© Libro N° 11136.
Cuadernos De La Cárcel 4. Gramsci,
Antonio. Emancipación. Abril 22 de 2023
Título original: ©
Cuadernos De La Cárcel 4. Antonio Gramsci
Versión Original: © Cuadernos De La Cárcel 4. Antonio Gramsci
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CUADERNOS DE LA CÁRCEL 4
Antonio Gramsci
Cuadernos
De La Cárcel 4
Antonio
Gramsci
Nota de
EHK sobre la conversión a libro digital para la formación.
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con las del libro original editado por “ediciones ERA”.
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exclusiva para uso interno y para
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estudio e investigación del pensamiento
marxista.
Euskal
Herriko Komunistak
http://www.ehk.eus
http://www.abertzalekomunista.net
Edición
Completa
TOMO 3
6 Tomos
Edición
crítica del Instituto Gramsci
A cargo
de Valentino Gerratana
Traducción
de Ana María Palos
Revisada
por José Luis González
Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla
Enrique
Dóger Guerrero
Rector
Guillermo
Nares Rodríguez
Secretario
General
Rigoberto
Benítez Trujillo
Vicerrector
de Extensión y Difusión de In Cultura Víctor Espínola Cabrera
Director
Editorial
2
Primera
edición en italiano: 1975
Título
original: Quaderni del carcere
1975,
Giulio Einaudi Editore s.p.s. Turín Primera edición en español: 1981, Ediciones
Era, S. A. de C. V.
Primera
reimpresión: 1985
ISBN:
968.411.074.X (obra completa)
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INDICE DE LOS 6 TOMOS JUNTOS
Páginas
Cuaderno 1 (XVI) 1929-1930 . . .
. . . . . . 41
Cuaderno 2 (XXIV) 1929-1933 . . .
. . . . 176
TOMO 2
Cuaderno 3 (XX) 1930 . . . . . .
. . . . . . . . . 266
Cuaderno 4 (XIII) 1930-1932 . . .
. . . . . 365
Cuaderno 5 (IX) 1930-1932 . . . .
. . . . . . 469
TOMO 3
Cuaderno 6 (VIII) 1930-1932 . . .
. . . . . 566
Cuaderno 7 (VII) 1930-1931 . . .
. . . . . . 671
Cuaderno 8 (XXVIII) 1931-1932 . .
. . . 731
TOMO 4
Cuaderno 9 (XIV) 1932 . . . . . .
. . . . . . . . 848
Cuaderno 10 (XXXIII) 1932-1935 .
. . . 931
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 . .
. . 1028
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 . . . ..
. . . . . . 1115
TOMO 5
Cuaderno 13 (XXX) 1932-1934 . . .
. . 1141
Cuaderno 14 (I) 1932-1935 . . .
.. . . . 1199
Cuaderno 15 (II) 1933 . . . . . .
. . . . . . . . 1258
Cuaderno 16 (XXII) 1933-1934 . .
. . . 1311
Cuaderno 17 (IV) 1933-1935 . . .
. . . . 1351
Cuaderno 18 (XXXII-IV bis) 1934 .
. . 1380
Cuaderno 19 (X) 1934-1935 ….. ..
. . . 1383
TOMO 6
Cuaderno 20 (XXV) 1934-1935 . . .
. 1459
Cuaderno 21 (XVII) 1934-1935 . .
. . 1474
Cuaderno 22 (V) 1934 . . . . . .
. . . . . . . 1491
Cuaderno 23 (VI) 1934 . . . . . .
. . . . . . . 1517
Cuaderno 24 (XXVII) 1934 . . . .
. . . . . 1561
Cuaderno 25 (XXIII) 1934 . . . .
. . . . . . 1571
Cuaderno 26 (XII) 193 . . . . . .
. . . . . . . 1580
Cuaderno 27 (XI) 1935 . . . . . .
. . . . . . 1587
Cuaderno 28 (III) 1935 . . . . .
. . . . . . . 1591
Cuaderno 29 (XXI) 1935 . . . . .
. . . . . . 1602
APENDICES
Descripción de los cuadernos . .
. . . . 1612
Indice analítico . . . . . . . .
. . .. . . . . . . . . . . 1651
Indice de nombres . . . . . . . .
. . .. . . . . . . 1814
Indice de obras citadas . . . . .
. . . . . . . . 1896
Notas y apuntes . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . .2000
3
Cuadernos de la cárcel
Antonio Gramsci
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TOMO 4
Edición
crítica del Instituto Gramsci
A cargo
de Valentino Gerratana
Cuadernos 9 (XVI) 1929-1930
(XXIV) 1929-1933
(XVIII) 1932-1933
(XXIX) 1932
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 849
CUADERNO
9 (XIV) 1932.
<Miscelánea
y Notas sobre el Risorgimento italiano>
13
<1>. Nociones enciclopédicas. El
gallito rojo. Del francés le coq rouge, término que debe ser de origen
campesino e indica el incendio provocado por razones políticas en las luchas de
facciones y en las jacqueries. Podría recordarse la llamada táctica del fósforo
predicada por Michelino Bianchi y Umberto Pasella en las zonas rurales
emilianas durante el predominio sindicalista hacía 1906.1
<2>). Los sobrinitos del padre
Bresciani. Una esfinge sin enigmas.
En el
Ambrosiano del 8 de marzo de 1932 Marco Ramperti escribió un artículo, "La
Corte di Salomone", en el cual, entre otras cosas, escribía: "Esta
mañana estuve intrigado con un 'logogrifo' de cuatro líneas, en torno al cual
había velado durante las últimas siete horas de soledad, sin, naturalmente,
sacar nada en limpio. ¡Densa oscuridad! ¡Misterio sin fin! Al despertar me di
cuenta, sin embargo, de que en la atonía febril había confundido la Corte di
Salomone con la Italia Letteraria, el 'logogrifo' enigmático con un poema del
poeta Ungaretti ..."2 A estas elegancias de Ramperti, Ungaretti responde
con una carta publicada en la Italia Letteraria del 10 de abril y que me parece
un "signo de los tiempos". Pueden extraerse cuáles "reivindicaciones"
propone Ungaretti a "su país" para ser compensado de sus méritos
nacionales y mundiales. (Ungaretti no es más que un bufoncillo de mediocre
inteligencia): "Querido Angioletti, de regreso de un viaje fatigoso para
ganar el escaso pan de mis hijos, encuentro los números del Ambrosiano y de la
Stampa en los cuales un cierto señor Ramperti ha creído ofenderme. Podría
responderle que mi poesía la entendían los campesinos, mis hermanos, en la
trinchera; la comprende mi Duce que ha querido honrarla con un prefacio; la comprenderán
siempre los simples y los eruditos de buena fe. Podría decirle que desde hace
quince años todo cuanto de nuevo se hace en Italia y fuera, lleva en poesía la
huella de mis sueños y de mi momento expresivo; que los críticos honestos,
italianos y extranjeros. no se hacen rogar para reconocerlo; y, por lo demás,
nunca he solicitado alabanzas a nadie. Podría decirle que una vida durísima
como 'la mía, orgullosamente italiana y fascista, siempre, ante extranjeros y
connacionales, merecería al menos no verse aumentar las dificultades por parte
de periódicos italianos y fascistas. Debería decirle que si hay algo de
enigmático en el año X (vivo de artículos en la absoluta incertidumbre del
mañana, ¡con más de cuarenta años cumplidos!), es sólo la obstinada mala
voluntad contra mi por parte de gente de... ingenio. —Con afecto —Giuseppe
Ungaretti".3 La carta es una obra maestra de
Michele Bianchi y Umberto Pasella,
posteriormente dirigentes del sindicalismo fascista, dirigieron como
anarco-sindicalistas las luchas agrarias en el ferrarés, particularmente duras
entre 1905 y 1907. En aquel periodo se atribuyeron a los anarco-sindicalistas
(partidarios de la táctica de los boicots) los numerosos incendios ocurridos en
aquel periodo en los campos, en perjuicio de las cosechas e instalaciones de
los cultivadores directos y grandes propietarios hostiles al movimiento de los
braceros y a las leyes. De ahí la definición de "táctica del
fósforo". A ésta alude incluso un editorial, no firmado, de L'Unità del 21
de febrero de 1924 ("Niente di nuovo"): "Los obreros y
campesinos atrapados y constreñidos en las Corporaciones Sindicales no pueden,
ciertamente, encontrar a sus intérpretes en los commendatori que de un brinco
han saltado al colaboracionismo de la prédica del sabotaje de las máquinas y
las cosechas; por más que hagan nunca podrán cancelar el recuerdo, Michelino
Bianchi el de la política del fósforo para reducir a la razón proletaria con el
incendio de las mieses, los
pajares y
los graneros a los campesinos reacios; y Edmondo Rossoni el de los discursos
vibrantes que aún en 1913 lo llevaron a Milán al banquillo de los acusados a
responder de incitación al odio de clase en compañía del anarquista Armando
Borghi".
La cita está tomada de la sección
`Rassegna della Stampa' ("La corte di Salomone"), en L'Italia
Letteraria, 27 de marzo de 1932
(año IV,
n. 13).
Cfr. L'Italia Letteraria, 10 de abril de
1932 (año IV, a. 15); la carta de Ungaretti está en la sección `Fatti
personan'.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 850
tartufería
literaria y de estupidez presuntuosa.
10
<3>. Nociones enciclopédicas.
Angherie.a El término se emplea todavía en Sicilia para indicar ciertas
obligaciones a las que está sometido el trabajador en sus relaciones con el
propietario o arrendatario o subarrendador en los contratos llamados de
medianía (y que son contratos de participación o de simple arriendo con pago en
especie establecido con la mitad de la cosecha o incluso más, además de las
"prestaciones especiales" o angherie). El término es todavía el de
los tiempos feudales, del cual ha derivado su significado en el lenguaje común
(vejación, etcétera). Por lo que respecta a la Toscana vale la pena citar un
fragmento de un artículo de F. Guicciardini (Nuova Antologia, 16 de abril de
1907), "Le recenti agitazioni agrarie in Toscana e i doveri della
proprietá": "Entre los pactos accesorios del contrato colonial, no
mencionaré los pactos que llamaré angéricos, en cuanto que constituyen
gravámenes del colono, que no tienen como correspondencia ninguna ventaja
especial; tales serían los lavados de ropa gratuitos, la extracción de agua, el
corte de leña y ramajes para las estufas del patrón, la contribución en víveres
a favor del guardián, el suministro de paja y heno para la cuadra de la
hacienda y en general todos los suministros gratuitos a favor del patrón. No
podría afirmar si estos hechos son residuos del régimen feudal que han
sobrevivido a la destrucción de los castillos y a la liberación de los colonos,
o bien si son incrustaciones formadas por abuso de los patrones y cobardía de
los colonos, en tiempos más cercanos a nosotros sobre el tronco genuino del
contrato" 1 Según Guicciardini estas prestaciones desaparecieron en casi
todas partes (en 1907), pero la cosa es incierta. No sólo en Toscana, sino
también en Piamonte (al menos para los esclavistas) hasta 1906 estaba difundido
el derecho del patrón a encerrar a los colonos dentro de casa a cierta hora de
la tarde, y lo mismo sucedía en Umbría, etcétera.
Angheria: vejación, violencia, extorsión.
[T.]
Cfr.
Cuaderno 16 (XXII), pp. 35-36.
<4>. Historia de las clases
subalternas. De Amicis. De De Amicis vale la pena ver la colección de discursos
Speranze e Glorie y el libro sobre Lotte civili.2 Su actividad literaria y de
orador en este sentido vab del 90 al 900 y debe verse para investigar la
actitud de ciertas corrientes intelectuales de la época en confrontación con la
política estatal. Puede verse cuáles eran los motivos dominantes, las
preocupaciones morales y los intereses de estas corrientes. Por lo demás no se
trata de una corriente única. Si bien debe hablarse de un socialnacionalismo o
socialpatriotismo en De Amicis, es evidente su diferencia con Pascoli, por
ejemplo: De Amicis estaba contra la política africanista, Pascoli, por el
contrario, era un colonialista de programa.
En el manuscrito: "van".
15
<5>. Risorgimento italiano.
Sublevación de Palermo en 1866. Era prefecto de Palermo Luigi Torelli, sobre el
cual cfr. Antonio Monti. II cante Luigi Torelli, Milán, R. Instituto Lombardo
de Ciencias y Letras, 1931, en 89, 513 pp., 30 liras. Después de la represión
Torelli recibió la medalla de oro al valor civil.3 Habrá que ver el libro
también porque Torelli tuvo
1 La cita
del artículo de Francesco Guicciardini en la Nuova Antologia de 1907 está
tomada del libro de Filippo Virgilii, agricola odierna, Hoepli, Milán, 1930
[FG, C. carc., Turi .1111 pp. 261-62.
No se ha conservado entre los libros de
Gramsci el primero de los dos libros aquí citados (Edmondo De Amicis, Speranze
e Gloríe, Giannotta, Carnria, 1900), mientras que el segundo se encuentra entre
los libros de la cárcel: cfr. Id., Lotte civill, Nerbini, Florencia, 1905 [G.
Ghilarza, C. carc.].
Los datos, así como las indicaciones
bibliográficas del libro de Antonio, Monti sobre .Luigi Tonelli, están tomadas
de una reseña de Luigi Candida en Nuova Rivista Storica, septiembre-diciembre
de 1931 (año XV, fase. V-VI), pp. 579-80.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 851
una
función bastante significativa en todo el Risorgimento.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 65-66.
<6>. Temas de cultura. El
movimiento y el fin. ¿Es posible mantener un movimiento sin que se tenga una
previsión del fin? El principio de Bernstein según el cual el movimiento es
todo y el fin no es nada, bajo una apariencia de interpretación "ortodoxa"
de la dialéctica, esconde una concepción puramente mecanicista del movimiento,
según la cual las fuerzas humanas son consideradas como pasivas y no
conscientes, como elementos no disímiles de las cosas materiales. Esto es
interesante observarlo porque Bernstein buscó sus armas en el revisionismo
idealista, que habría debido llevarlo, por el contrario, a valorar la
intervención de los hombres como decisiva en el desarrollo histórico. Pero sí
se analiza a fondo, se ve que en Bernstein la intervención humana es valorada,
aunque implícitamente, pera de forma unilateral, porque es considerada como
"tesis" mas no como "antítesis"; eficiente como tesis, o
sea en el momento de la resistencia y de la conservación, es rechazada como
antítesis, o sea como iniciativa y como impulso progresista. Pueden existir
"fines" para la resistencia y la conservación, no para el progreso y
la iniciativa. La pasividad es la consecuencia de tal concepción, porque, por
el contrario, precisamente la antítesis (que presupone el despertar de fuerzas
todavía latentes y dormidas) tiene necesidad de fines, inmediatos y mediatos,
para el movimiento. Sin la perspectiva de los fines concretos, no se consigue
mantener el movimiento.
Cfr.
Cuaderno 16 (XX/11), pp. 34 bis-35.
<7>. Temas de cultura. El mal
menor. Se podría tratar en forma de apólogo. El concepto de mal menor es de los
más relativos. Hay siempre un mal aún menor que el anteriormente menor y frente
a un peligro mayor en comparación con aquel anteriormente mayor. Cada mal mayor
se vuelve menor en comparación con otro mayor, y así hasta el infinito. Así
pues, se trata nada más que de la forma que adopta el proceso de adaptación a
un movimiento regresivo, cuyo desarrollo es conducido por aula fuerza eficiente,
mientras que la fuerza antitética está decidida a capitular progresivamente,
por pequeñas etapas, y no de un solo golpe, lo que sería beneficioso, por el
efecto psicológico condensado, para hacer nacer una fuerza competidora activa,
o a reforzarla si ya existiese. Como es correcto el principio de que los países
más avanzados en un cierto desarrollo son la imagen de lo que sucederá en los
demás países donde el movimiento se encuentra en sus comienzos,1 la comparación
es obligada.
Cfr.
Cuaderno 16 (=1), pp. 34-34 bis.
16
<8>. Pasado y presente. Acciones y
obligaciones. ¿Qué cambio radical aportará a la orientación del pequeño y
mediano ahorro la actual depresión si se prolonga aún durante algún tiempo? Se
puede observar que la caída del mercado de acciones ha determinado un
desmesurado traslado de riqueza y un fenómeno nunca visto, de expropiación
"simultánea" de inmensas masas de población, especialmente en
América, pero un poco en todas partes. El sistema introducido por el gobierno
italiano parece el más racional y orgánico, al menos para ciertos grupos de
países, ¿pero qué consecuencias podrá tener?
Gramsci se remite aquí (ampliando su
alcance) a una conocida afirmación de Marx, en el prefacio a la primera edición
de El Capital: "Los países Industrialmente más desarrollado no hacen más
que poner delante de los países menos progresivos el espejo de su propio
porvenir" (cfr, Marx, El Capital, t. I cit., p. XIV).
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 852
Se
observa una diferencia entre las acciones y las obligaciones industriales, y
aún otra diferencia entre acciones y obligaciones del mercado libre y
obligaciones del Estado. El público trata de deshacerse completamente de las
acciones, devaluadas en forma inaudita, prefiere las obligaciones industriales
a las acciones, pero prefiere las obligaciones del Estado a unas y otras. Puede
decirse que el público rompe todo vínculo directo con el régimen capitalista,
pero no rechaza la confianza en el Estado; quiere participar en la actividad
económica, pero a través del Estado, que garantice un interés módico, pero
seguro. El Estado asume así una función de primer orden como capitalista, como
empresa que concentra el ahorro que se ha de poner a disposición de la industria
y de la actividad privada, como inversor a mediano y largo plazo. (Instituto de
crédito inmobiliario). Pero, una vez asumida esta función, ¿puede el Estado
desinteresarse de la organización productiva? ¿Dejarla, como antes, a la
iniciativa de la competencia privada? Si esto sucediese, la desconfianza que
hoy afecta a la industria, arrastraría al Estado: una nueva depresión que
obligase al Estado a devaluar sus obligaciones, como se han devaluado las
acciones y obligaciones industriales, seria catastrófica para el conjunto de la
organización político-social. El Estado debe intervenir para controlar si sus
inversiones son bien administradas. Se comprende el desarrollo de por lo menos
un aspecto del régimen corporativo. Pero el simple control no será suficiente.
En efecto, no se trata de conservar el aparato productivo tal como es en un
momento dado. Hay que desarrollarlo paralelamente al aumento de la población y
de las necesidades colectivas. En estos desarrollos necesarios está el mayor
peligro de la iniciativa privada y ahí será mayor la intervención estatal.
Si el Estado se preocupase por iniciar un
proceso por el cual la producción del ahorro, de función de una clase
parasitaria, se convirtiese en función del mismo organismo productivo, estos
desarrollos serían progresivos, se insertarían en un proyecto global de
racionalización integral: habría que realizar una reforma agraria (abolición de
la renta agraria e incorporación de ésta en el organismo productivo, como
ahorro colectivo de reconstrucción y neoconstrucción) y una reforma industrial,
para conducir todos los réditos a necesidades técnico-industriales y no ya a
necesidades jurídicas de derecho quiritario.
En esta
situación general está la justificación histórica de las tendencias
corporativas, que se manifiestan como exaltación del Estado en general,
concebido en absoluto, y como desconfianza y aversión a las formas
tradicionales capitalistas. De ahí, base social[-política] del Estado [afirmada
y] buscada en la pequeña burguesía y en los intelectuales, pero en realidad
estructura plutocrática y vínculos con el capital financiero. Ambas cosas no
son contradictorias, todo lo contrario, como lo demuestra un país ejemplar,
Francia, donde precisamente no se comprendería el dominio del capital
financiero sin la base política de una democracia de rentistas pequeñoburgueses
y de pequeños campesinos. Sin embargo Francia, por razones complejas, sigue
teniendo una composición social bastante sana, porque contribuye a formarla la
pequeña y mediana propiedad agrícola. En otros países, por el contrario, los
ahorradores están alejados de la producción y del trabajo; el ahorro es
"socialmente" caro, porque es obtenido con un nivel de vida demasiado
bajo de los trabajadores tanto industriales como, especialmente, agrícolas. Si
la nueva estructura del crédito consolidase esta situación, en realidad la
empeoraría, porque si el ahorro parasitario no corriese ni siquiera los azares
generales del mercado normal, se daría la tendencia a un asalto de la propiedad
agraria parasitaria [por una parte] y las obligaciones industriales por la otra
acabarían por asegurar el dividendo legal a expensas del trabajo en forma
demasiado gravosa.
Cfr.
Cuaderno 22 (V), pp. 47-50.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 853
<9>. Pasado y presente. Las
prisiones del Estado pontificio. En el fascículo abril-septiembre de 1931 de la
Rassegna Storica del Risorgimento aparece publicado por Giovanni Maioli un
capítulo de una autobiografía inédita de Bartolo Talernoni, patriota de Forli.
El capítulo se refiere a los procedimientos judiciales y a la prisión sufrida
por Talentoni, cuando fue arrestado en 1855 como conspirador y partidario de
sectas en Romaña. Cárcel de Bolonia. Entre otras cosas se puede extractar esto:
"Todo aquello estaba calculado y jamás nos dejaban un momento tranquilos
[...]" Para que un sueño reparador no fortaleciese el espíritu y el cuerpo
de los presos se recurría a los medios más inverosímiles. El centinela hacía
retumbar la prisión con burras, durante la noche el cerrojo se descorría con la
más ruidosa violencia, etcétera. (Estos datos están tomados del Marzocco del 25
de octubre de 1931.)1
18
<10>. Los sobrinitos del padre
Bresciani. C. Malaparte. Cfr. en la Italia Letteraria del 3 de enero de 1932 el
artículo de Malaparte: "Analisi cinica dell' Europa". En los últimos
días de 1931, en los locales de la "École de la Paix" en París, el
ex-presidente Herriot pronunció un discurso acerca de los medios mejores para
organizar la paz europea. Después de Herriot habló Malaparte en contradictorio:
"Como también usted, en ciertos aspectos (sic), es un revolucionario, pienso
que estará en condiciones de entender que el problema de la paz debería ser
considerado no sólo desde el punto de vista del pacifismo académico, sino
también desde un punto de vista revolucionario. Solamente el espíritu
patriótico y el espíritu revolucionario (si es verdad, como es verdad, por
ejemplo, en el fascismo, que el uno no excluye al otro) pueden sugerir los
medios para asegurar la paz europea. —Yo no soy un revolucionario —me respondió
Herriot—; soy simplemente un cartesiano. Pero usted, querido Malaparte, no es
más que un patriota"2.
Así que
para Malaparte, también Herriot es un revolucionario, al menos en ciertos
aspectos, y entonces resulta todavía más difícil saber qué cosa significa
"revolucionario" para Malaparte. Si en el lenguaje común
revolucionario iba adoptando cada vez más el significado de
"activista" y de "intervencionista", de
"voluntarista", [“dinámico”], es difícil decir cómo Herriot pueda ser
calificado de tal, y Herriot con mucho ingenio respondió que es un
"cartesiano". Para Malaparte "revolucionario" me parece que
puede entenderse ya como un cumplido, como en otros tiempos
"gentilhombre", o "gran caballero", "verdadero
caballero", etcétera. Y también esto es brescianismo; después del 48 hubo
los verdaderos liberales y los libertinos y los demagogos.
Cfr.
Cuaderno 23 (VI), pp. 29-30.
<11>. Los sobrinitos del padre
Bresciani. Giovanni Ansaldo. Coa un lugarcito aparte, en la sección debe entrar
también Giovanni Ansaldo. Recordar su diletantismo político-literario, como el
de querer ser "pocos", de querer formar una aristocracia: sus
actitudes eran por lo tanto "snob", más que convicción
ético-política, un modo de hacer literatura distinguida. Y así Ansaldo se ha
convertido en la "Estrellita negra" del Lavara, que se preocupa de
que se vea que tiene sólo cinco puntas para no ser confundida con la que en
Problemi del Lavoro indica a Franz Weiss y que tiene seis puntas (que Ansaldo
da importancia a las cinco puntas se colige del Almanacco dalle Muse de 1931,
Almanaque de la Alianza del Libro —sección genovesa)3 Para Ansaldo todo se
convierte en elegancia literaria; la erudición, la precisión de
1 De la
sección `Marginalia' ("Una prosa autobiográfica Medita del
Risorgimento"), en Il Marzocco, 25 de octubre de 1931 (año XXXVI, n. 43).
Curzio Malaparte, "Analisi cínica
dell'Europa", en L'Italia Letteraria, 3 de enero de 1932 (año IV, n. L).
Numerosos son los almanaques literarios
conservados entre los libros de la cárcel, pero entre ellos no se encuentra el
Almanacco delle Muse de 1931, del texto se desprende que Gramsci lo tuvo en su
poder.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 854
la
cultura es elegancia literaria; la misma seriedad moral no es seriedad sino
elegancia, flor en el ojal. También esta actitud puede llamarse y es
jesuitismo, un culto de lo "especial" propio, en el orden del
intelecto, una exterioridad de sepulcro blanqueado.
Cfr.
Cuaderno 23 (VI), p. 30.
19
<12>. Lorianismo. Enrico Ferri.
Puede ser que la conferencia de Ferri sobre Zola en la que se contiene la
afirmación de la "objetividad" consistente en la ignorancia a sea el
escrito "Emilio Zola, artista e cittadino" contenido en el libro I
delinquenti nell'arte ed altre conferenze publicado por la Unión Tipográfica
Turinesa en 1926 ([segunda edición enteramente rehecha] en 8°, pp. XX-350, 35
liras). En el libro seguramente podrán encontrarse algunos otros detalles
"lorianos" no menos característicos que el "musical". Por
lo demás, en el libro se incluyen escritos que tendrán significado para otras
secciones, como los "Ricordi di giornalismo" y "La scienza e la
vita nel secolo XIX".1
En el manuscrito una variante
interlineal: "basada en la ignorancia".
<13>. Temas de cultura. Mar Nordau.
Gran difusión de los libros de Nordan en Italia en los estratos más cultos del
pueblo y de la pequeña burguesía urbana. Las mentiras convencionales de nuestra
civilización y Degeneración llegaron respectivamente a la octava edición (en
1921) y a la quinta edición (en 1923) en la publicación regular debida a los
Hermanos Bocea de Turín;2 pero estos libros pasaron en la posguerra a los
libreros tipo Madella y Barion, y fueron lanzados por los vendedores ambulantes
a precio bajísimo en cantidades muy notables. Así han contribuido a hacer
entrar en la ideología popular (sentido común) una cierta serie de creencias y
de "cánones críticos" que aparecen como el non plus ultra de la
intelectualidad y de la alta cultura, tal como las concibe el pueblo.
Cfr.
Cuaderno 16 (XXII), p. 35.
<14>. Pasado y presente. Franz
Weiss y sus proverbios. Cfr. Don Quijote, segunda parte, cap. XXXIV:
"Maldito seas de Dios y de todos sus santos, Sancho maldito —dijo Don
Quijote—
y cuándo será el día, como otras muchas
veces he dicho, donde yo te vea hablar sin refranes una razón corriente y
concertada" (confr. cuad. I, p. 47).3 En los consejos que Don Quijote da a
Sancho antes de convertirse éste en gobernador de la ínsula, un párrafo está
dedicado a criticar el exceso de proverbios <cap. XLIII>: "También,
Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que
sueles; que puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los
traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias. — Eso
Dios lo puede remediar, respondió Sancho, porque sé más refranes que un libro,
y viénenseme tantos juntos a la boca cuando hablo, que riñen por salir unos con
otros; pero la lengua va arrojando los primeros que encuentra, aunque no vengan
a pelo".
1 Este
parágrafo está vinculado a la precedente nota sobre Enrico Ferri del Cuaderno 8
(XXVIII), § 74, donde se aclaran las alusiones del texto. El escrito "Emil
Zola, artista e cittadino", contenido en el libro aquí citado por Gramsci
(cfr. Enrico Ferri, I delinquenti nell'arte ed altre conferenze e saggi di
scienza ed arte, 23 ed. Unione Tipografica Editrice Torinese, Turín, 1926, pp.
22947) es el texto de una conferencia pronunciada en Buenos Aires el 29 de
agosto de 1908 y en Roma el 6 de febrero de 1910; pero no se trata de la misma
conferencia mencionada por Gramsci al comienzo del parágrafo según una cita de
Croce que se remonta a un periodo anterior. Los Ricordi di giornalismo y La
scienza e la vita nel secolo XIX son títulos de otros dos escritos de Ferri
contenidos en el libio citado, del que probablemente Gramsci tuvo noticia a
través de un catálogo de Utet.
Cfr. Max Nordau, Le menzogne
convenzionali della nostra civilta, Bocea, Turín, 1921 (antes de la edición
Bocea este libro había sido publicado en traducción italiana por el editor
milanés Dumolard en 1885); Id.. Degenerazione, Bocca, Turín, 1953 (una edición
anterior, en dos tomos, apareció en 1893-94 en Dumolard). Es probable que los
datos de las ediciones Bocca de estos
dos
libros estén tomados de un catálogo. Entre los libros de la cárcel no se han
conservado obras de Max Nordau.
Cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), § 154.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 855
En el mismo capítulo XLIII: "¡Oh,
maldito seas de Dios, Sancho! < . . . >. ¡Sesenta mil salariases te
lleven a ti y a tus refranes! < . . .> Yo te aseguro que estos refranes
te han de llevar un día a la horca". Y Sancho: "LA qué diablos se
pudre de que yo me sirva de mi hacienda, que ninguna otra tengo, ni otro caudal
alguno, sino refranes y más refranes?".1 En el capitulo L, el cura del
pueblo de Don Quijote dice: "Yo no puedo creer sino que todos los de este
linaje de los Panzas nacieron cada uno con un costal de refranes en el cuerpo:
ninguno de ellos he visto que no los derrame a todas horas y en todas las
pláticas que tienen", después de haber oído que también Sanchica, hija de
Sancho, suelta proverbios a granel. Puede sostenerse en consecuencia que Franz
Weiss es descendiente de los lomos de los Panzas y que, cuando quiera latinizar
todo su nombre, además de Franz, no tendrá que llamarse Bianco, sino Panza, o
Pancia aún más italianamente.2
<15 >. Folklore. Raffaele Corso
llama al conjunto de los hechos folklóricos una "prehistoria
contemporánea",3 lo que es sólo un juego de palabras para definir un
fenómeno complejo que no se deja definir brevemente. Se puede recordar a este
propósito la relación entre las llamadas "artes menores" y las
llamadas "artes mayores", o sea entre la actividad de los creadores
de arte y la de los artesanos (de las cosas de lujo o por lo menos no
inmediatamente utilitarias). Las artes menores han estado siempre ligadas a las
artes mayores y han sido dependientes de ellas. Así el folklore siempre ha
estado ligado a la cultura de la clase dominante y, a su modo, ha tomado de
ella motivos que han ido a insertarse en combinación con las tradiciones
precedentes. Por lo demás, nada más contradictorio y fragmentario que el
folklore.
De todos
modos se trata de una "prehistoria" muy relativa y muy discutible, y
nada sería más disparatado que querer hallar en una misma área folklórica las
diversas estratificaciones. Pero también la confrontación entre áreas diversas,
aunque sea la única orientación metodológica racional, no puede permitir
conclusiones taxativas, sino sólo conjeturas probables, porque es difícil hacer
la historia de las influencias que cada área ha recibido y a menudo se comparan
entidades heterogéneas. El folklore, al menos en parte, es mucho más móvil y
fluctuante que la lengua y los dialectos, lo que por lo demás también puede
decirse respecto a la relación entre cultura de la clase culta y lengua
literaria: la lengua se modifica, en su parte sensible, mucho menos que el
contenido cultural; y sólo en la semántica se puede, naturalmente, registrar
una adhesión entre forma sensible y contenido intelectual.
21
<16>. Gran potencia. Política
exterior. "Así la política exterior italiana, tendiendo siempre a la misma
meta, ha sido siempre rectilínea, y sus pretendidas oscilaciones en realidad
sólo han sido determinadas por las incertidumbres y contradicciones ajenas,
como es inevitable en el campo internacional donde son infinitos los elementos
en contraste" (Aldo Valori, Corriere della Sera del 12 de mayo de 1932).4
Que los elementos de equilibrio de un sistema político internacional son
infinitos, es verdad, pero precisamente por ello el sistema debe ser
establecido de modo que, no obstante las fluctuaciones "externas", la
línea propia no oscile.
Cursivas de Gramsci.
Estas citas de Don Quijote, y las de los
sucesivos § § 18 y 95, están tomadas de la segunda parte, pero el texto del que
se sirvió Gramsci no se ha conservado entre los libros de la cárcel; podría
tratarse incluso de una antología escolar de pasajes elegidos del O uijot e y
de otras obras de Cervantes.
Esta definición de Raffaele Corso está
tomada con toda probabilidad de un artículo de Massimo Scagliero,
"Folklore calabrese",
en
L'Italia Letteraria, 27 de marzo de 1932, cit.
Cfr. Aldo Valori, "1 diritti
dentaba", en Corriere della Sera, 12 de mayo de 1932, cit.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 856
La línea
propia de un Estado hegemónico (o sea de una gran potencia) no oscila porque es
él quien determina la voluntad de los otros, y no es determinado, porque se
basa en lo que hay de permanente y no de casual e inmediato en las voluntades
ajenas.
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), pp. 22a-23.
<17>. Pasado y presente.
Bibliografía, En el Corriere della Sera del 12 de mayo de 1932 Arturo
Marescalchi ("Come vivono i rurali")1 habla de dos libros, sin dar
sus indicaciones bibliográficas: uno del doctor Guido Mario Tosi estudia el presupuesto
de una familia de pequeños propietarios en Bergamasco (el balance es pasivo);
el otro estudio, dirigido por el profesor Ciro Papi y realizado por los
doctores Filippo Scarponi y Achille Grietando, trata del presupuesto de una
familia de medieros en la provincia de Perugia en el valle medio del Tíber. La
familia del mediero está en mejores condiciones que la del pequeño propietario,
pero también este balance está lejos de ser seguro [Se trata de dos
publicaciones del Instituto Nacional de Economía Agraria, que también ha
publicado una encuesta sobre la nueva formación de la pequeña propiedad
agrícola en la posguerra. Los libros están en venta en
Treves-Treccani-Tumminelli].2
<18>. Pasado y presente. Sana
Sparacio. En el capítulo XXII de la segunda parte de Don Quijote: "el
humanista" que acompaña a Don Quijote a la "cueva de
Montesinos". "En el camino preguntó Don Quijote al primo de qué
género y calidad eran sus ejercicios, su profesión y estudios. A lo que él
respondió que su profesión era ser humanista, sus ejercicios y estudios
componer libros para dar a la estampa, todos de gran provecho y no menos
entretenimiento para la república: que el uno se intitulaba El de las libreas,
donde pintaba setecientas y tres libreas con sus colores, motes y cifras, de
donde podían sacar y tomar las que quisiesen en tiempo de fiestas y regocijos
los caballeros cortesanos, sin andarlas mendigando de nadie, ni lambicando,
como dicen, el cerbelo por sacarlas conformes a sus deseos e intenciones.
—Porque doy al celoso, al desdeñado, al olvidado y al ausente las que les
convienen, que les vendrán más justas que pecadoras.
22 Otro
libro tengo también, a quien he de llamar Metamorfóseos u Ovidio español, de
invención nueva y rara; porque en él, imitando a Ovidio a lo burlesco, pinto
quién fue la Giralda de Sevilla y el ángel de la Madalena, quién el Caño de
Vecinguerra, de Córdoba, quiénes los toros de Guisando, la Sierra Morena, las
fuentes de Leganitos y Lavapiés, en Madrid, no olvidándome de la del Piojo, de
la del Caño Dorado y de la Priora; y esto con sus alegorías, metáforas y
translaciones, de modo que alegran, suspenden y enseñan a un mismo punto. Otro
libro tengo, que le llamo Suplemento a Virgilio Polidoro, que trata de la
invención de las cosas, que es de grande erudición y estudio, a causa de las
cosas que se dejó de decir Polidoro de gran sustancia, las averiguo yo, y las
declaro por gentil estilo. Olvidósele a Virgilio de declararnos quién fue el
primero que tuvo catarro en el mundo, y el primero que tomó las unciones para
curarse del morbo gálico, y yo lo declaro al pie de la letra, y lo autorizo con
más de veinte y cinco autores; porque vea vuesa merced si he trabajado bien, y
si ha de ser útil el tal libro a todo el mundo".
Sancho se
interesa, como es natural, especialmente en este último libro, `y plantea
cuestiones al "humanista": "¿Quién fue el primero que se rascó
en la cabeza?" < . . . >. "¿Quién fue el primer volteador del
mundo?" y responde que el primero fue Adán, quien, teniendo
Cfr. Arturo Marescalchi, "Come
vivono i rurali" en Corriere della Sera, 12 de mayo de 1932 cit.
Estas indicaciones añadidas al parágrafo
están tomadas probablemente del índice de publicaciones del Instituto Nacional
de Economía Agraria, contenido en una de las publicaciones del mismo Instituto
recibida por Gramsci en la cárcel: Aldo Pagani, 1 braccianti della Valle
Padana, Treves-Treccani-Ttunminelli, Milán-Roma, 1932 [FG, C. carc., Turi
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 857
cabeza y
cabellos, ciertamente algunas veces debió rascarse la cabeza, y el segundo
Lucifer, quien, expulsado del cielo, cayó "volteando" hasta los
abismos del infierno.1
El tipo
mental del humanista retratado por Cervantes se ha conservado hasta ahora e
igualmente se han conservado en el pueblo las "curiosidades" de
Sancho, y precisamente esto es lo que a menudo suele llamarse
"ciencia". Este tipo mental, en comparación con aquellos
atormentados, por ejemplo, por el problema del movimiento perpetuo, es poco
conocido y demasiado poco ridiculizado, porque en ciertas regiones es un
verdadero flagelo. En la cárcel de Palermo, en diciembre de 1926, vi una docena
de volúmenes, escritos por sicilianos, y editados en la misma Sicilia, pero
también algunos en América, editados por emigrados, (seguramente enviados como
regalo a la cárcel o al capellán). El más típico de ellos era un volumen de un
cierto Santi Sparacio, empleado de la firma Florio, el cual resultaba autor
también de otras publicaciones. No recuerdo el título principal del libro; pero
en los subtítulos se afirmaba que se quería demostrar: I. la existencia de
Dios, II. la divinidad de Jesucristo, III. la inmortalidad del alma. Ninguna de
estas cuestiones se trataba realmente, pero en lugar de ello, en las cerca de
300 páginas del libro se contenían las cuestiones más dispares sobre todo lo
cognoscible: por ejemplo se trataba de cómo hacer para impedir la masturbación
en los muchachos, cómo evitar los choques tranviarios, cómo evitar que en las
casas se rompan tantos vidrios de las ventanas, etcétera. Esto de la
"rotura de los vidrios" era tratado como sigue: se rompen tantos
vidrios, porque se ponen las sillas con el respaldo demasiado próximo a los
vidrios y, al sentarse, por el peso el respaldo se inclina y el vidrio se
rompe. Por lo tanto hay que tener cuidado, etcétera; y así durante páginas y
más páginas. Por el tono del libro se comprendía que, en su ambiente, Sparacio
era considerado un gran sabio y erudito y que muchos recurrían a él en busca de
consejos, etcétera.
23
<19>. Maquiavelo. Política y arte
militar. El escritor militar italiano (general) De Cristoforis en su libro Che
cosa sia la guerra dice que por "destrucción del ejército enemigo"
(fin estratégico) no se entiende "la muerte de los soldados, sino la
disolución de su vínculo como masa orgánica"2 La fórmula me parece
acertada también para la terminología política. En política el vínculo orgánico
es dado por la economía, o sea por las relaciones de propiedad y de
organización jurídica que se basan en las <relaciones> de propiedad
(partidos, sindicatos, etcétera).
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), p. 23a.
<20>. Los sobrinitos del padre
Bresciani. G. Prezzolini. Cfr. el artículo de Giuseppe Prezzolini, "Monti,
Pellico, Manzoni, Foscolo veduti da viaggiatori americani", en Pégaso de
mayo de 1932. Prezzolini reproduce un pasaje del crítico de arte norteamericano
H. Y. Tuckermenn (The Italian Sketch-Book, 1848, p. 123): "Algunos de los
jóvenes elementos liberales, en Italia, se muestran muy desilusionados porque
uno de ellos, el cual estaba por convertirse en mártir de su causa, se haya pasado
por el contrario a la religión, y se muestran disgustados de que emplee su
pluma para escribir himnos católicos y odas religiosas". Así comenta
Prezzolini: "El despecho que los más arrebatados experimentaban por no
haber encontrado en Pellico un instrumento de pequeña polémica política, se
refleja en estas observaciones".3 Por qué haya de tratarse de vulgar
"despecho" y por qué, antes del 48, la
Cfr. nota 3 al precedente § 14.
La cita de Carlo De Cristoforis está
tomada de una nota ("La guerra nel passato, nel presente,
nell'avvenire") de la Rassegna di storia militare' de Piero Pieri, Nova
Rivista Storica, septiembre-diciembre de 1931 (año XV, fase. V-VI), p. 533.
Cfr. Giuseppe Prezzolini, "Monti,
Pellico, Manzoni, Foscolo veduti da viaggiatori americani", en Pégaso,
mayo de 1932 (año IV, n. 5), pp. 526-38; la cita está en la p. 531. Las
cursivas son de Gramsci.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 858
polémica
contra las persecuciones austriacas y clericales fuese "pequeña", es
justamente un misterio de la mentalidad brescianesca.
Cfr.
Cuaderno 23 (VI), pp. 30-31.
24
<21>. Maquiavelo. Historia de la
burocracia. El hecho de que en el desarrollo histórico y de las formas
económicas y políticas se haya venido formando el tipo del funcionario técnico
tiene una importancia primordial. ¿Ha sido una necesidad o una degeneración,
como sostienen los librecambistas? Cada forma de sociedad ha tenido su problema
de funcionarios, su modo de plantear y resolver el problema, su propio sistema
de selección, su propio "tipo" de funcionario que educar. Investigar
el desarrollo de todos estos elementos es de importancia capital. En parte,
este problema coincide con el problema de los intelectuales. Cada nueva
relación de propiedad ha tenido necesidad de un nuevo tipo de funcionario, o
sea, cada nueva clase dirigente ha planteado en forma nueva su propio problema
de funcionarios, pero no ha podido prescindir, durante cierto tiempo, de la
tradición y de los intereses establecidos, o sea de los grupos de funcionarios
ya preconstituidos en el momento de su advenimiento.
Unidad
del trabajo manual e intelectual como motivo para una orientación nueva en la
solución del problema de los intelectuales y los funcionarios.
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), pp. 23a-24.
<22>. Pasado y presente. Del
discurso del ministro de la guerra, Gazzera, pronunciado en el Senado el 19 de
mayo de 1932 (Cfr. Corriere della Sera del 20 de mayo): "El régimen de
disciplina de nuestro Ejército por virtud del Fascismo resulta hoy una norma
directiva que tiene valor para toda la Nación. Otros ejércitos han tenido y aún
conservan una disciplina formal y rígida. Nosotros tenemos siempre presente el
principio de que el Ejército está hecho para la guerra y que para ésta debe
prepararse; la disciplina de paz, por lo tanto, debe ser la misma del tiempo de
guerra, que en el tiempo de paz debe hallar su fundamento espiritual. Nuestra
disciplina se basa en un espíritu de cohesión entre los jefes y la tropa que es
fruto espontáneo del sistema seguido. Este sistema ha resistido magníficamente
durante una larga y durísima guerra hasta la victoria; es mérito del Régimen
fascista el haber extendido a todo el pueblo italiano una tradición
disciplinaria tan insigne. De la disciplina de los individuos depende el éxito
de la concepción estratégica y de las operaciones tácticas. La guerra ha
enseñado muchas cosas, y también aquí hay una separación profunda entre la
preparación de paz y la realidad de la guerra. Cierto es que, cualquiera que
sea la preparación. las operaciones iniciales de la campaña ponen a los
beligerantes ante problemas nuevos que dan lugar a sorpresas de una y otra
parte. Pero no hay que sacar la consecuencia de que [no] es útil tener una
concepción a priori y que ninguna enseñanza puede derivarse de la guerra
pasada. Se puede extraer de ella una doctrina de guerra que debe ser entendida
como disciplina intelectual y como medio para promover modos de razonamiento no
discordes y una tal uniformidad de lenguaje que permita a todos comprender y hacerse
comprender. Si, a veces, la unidad de doctrina ha amenazado con degenerar en
esquematismo, de inmediato se ha reaccionado con prontitud, imprimiendo a la
táctica, incluso para los progresos de la técnica, una rápida renovación. Tal
reglamentación, por lo tanto, no es estática, no es tradicional, como algunos
creen. La tradición es considerada sólo como fuerza y los reglamentos están
siempre en proceso de revisión, no por deseo de cambio, sino para
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 859
poderlos
adecuar a la realidad"1
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), p. 17.
25
<23>. Temas de cultura.
Individualismo e individualidad (conciencia de la responsabilidad individual) o
personalidad. Hay que ver cuánto hay de justo en la tendencia contra el
individualismo y cuánto de erróneo y peligroso. Actitud contradictoria necesariamente.
Dos aspectos, negativo y positivo, del individualismo. Cuestión, pues, que se
ha de plantear históricamente y no abstractamente, esquemáticamente. Reforma y
contrarreforma. La cuestión se plantea diferentemente en los países que han
tenido la reforma o que han sido paralizados por la contrarreforma. El
hombre-colectivo o conformismo impuesto y el hombre-colectivo o conformismo
propuesto (¿pero puede entonces seguirse llamando conformismo?). La conciencia
crítica no puede nacer sin una ruptura del conformismo católico o autoritario y
por lo tanto sin un florecimiento de la individualidad: la relación entre el
hombre y la realidad debe ser dirigida a través de una casta sacerdotal (¿como
la relación entre hombre y dios en el catolicismo? ¿que es además una metáfora
de la relación entre el hombre y la realidad?). Lucha contra el individualismo
es contra un determinado individualismo, con un determinado contenido social, y
precisamente contra el individualismo económico en un periodo en el cual éste
se ha vuelto anacrónico y antihistórico (no olvidar, sin embargo, que fue
necesario históricamente y que fue una fase del desarrollo progresivo). Que se
luche para destruir un conformismo autoritario, que se ha vuelto retrógrado y
estorboso, y a través de una fase de desarrollo de individualidades y
personalidades críticas se llegue al hombre-colectivo, es una concepción
dialéctica difícil de comprender para las mentalidades esquemáticas y
abstractas. Así como es difícil de comprender que se sostenga que, a través de
la destrucción de una maquinaria estatal, se llegue a crear con ella otra más
fuerte y compleja, etcétera.
<24>. Pasado y presente. Anécdota
contenida en la Holanda de De Amicis. Un general español muestra una naranja a
un campesino holandés: "Estos frutos mi país los produce dos veces al
año." El campesino muestra al general una barra de mantequilla: "Y mi
país produce dos veces al día estos otros frutos".2
26
<25>. Temas de cultura. El
maquiavelismo de Stenterello.a Stenterello es mucho más astuto que Maquiavelo.3
Cuando Stenterello se adhiere a una iniciativa política, quiere hacer saber a
todos que es muy astuto y que a él nadie se la pega, ni siquiera él a sí mismo.
Pi presta su adhesión a la iniciativa, porque es astuto, pero es aún más astuto
porque sabe que lo es y quiere hacérselo saber a todos. Por eso les explicará a
todos lo que significa "exactamente" la iniciativa a la que ha presentado
su adhesión: se trata, no hace falta decirlo, de una máquina bien montada, bien
armada, y su mayor astucia consiste en el hecho de que ha sido preparada en la
convicción de que todos son imbéciles y se dejarán engañar. Ni más ni menos:
Stenterello quiere hacer saber que no es que él se deje engañar. él que es tan
astuto; la acepta porque engañará a los otros, no a él. Y como entre los otros
hay algún otro astuto, Stenterello se dirige amistosamente a éste, y explica, y
analiza: "Soy de los vuestros, ¿eh? nosotros nos
1 Cfr.
Corriere della Sera, 20 de mayo de 1932; el pasaje del discurso del general
Gazzera está tomado de la crónica de la discusión sobre el balance de la guerra
promovida en el Senado (bajo el título "11 saldo spirito dell'Esercito
esaltado dal Ministro Gazzera").
Olanda, de De Amicis, no se ha conservado
entre los libros de la cárcel; también es posible que la anécdota mencionada
haya sido tomada de una fuente de segunda mano.
Cfr. nota 3 al Cuaderno 1 (XVI), § 48.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 860
entendemos.
No vayáis a creer que yo crea... Se trata de un 'maquiavelismo', ¿está
claro?" Y así es como Stenterello pasa por ser el más astuto de los
astutos, el más inteligente de los inteligentes, el heredero directo, y sin
necesidad de inventario, de la tradición de Maquiavelo.
Personaje de las farsas florentinas.
Otro
aspecto de la cuestión: cuando se hace la propuesta de una iniciativa política,
Stenterello no se preocupa por ver la importancia de la propuesta, por
aceptarla y trabajar para divulgarla, defenderla, sostenerla. Stenterello cree
que su misión es la de ser la Vestal del fuego sagrado. Reconoce que la
iniciativa no va contra las leyes sagradas y con eso cree haber cumplido su
parte. Él sabe que nos hallamos rodeados de traidores, de adulteradores, y está
con el fusil listo para defender el altar y el fuego sagrado. Aplaude y dispara
y así hace historia bebiéndose a continuación su medio litro.
(En torno
a esta sección, en forma de bocetos sobre Stenterello político, pueden
agruparse otros temas, como el de la desvalorización del adversario hecha por
política, pero que se convierte en una convicción y por lo tanto lleva a la
superficialidad y a la derrota, etcétera.) 1
<26>. Pasado y presente.
Economismo, sindicalismo, devaluación de todo movimiento cultural, etcétera.
Recordar polémica, antes de 1914, entre Tasca y Amadeo, con reflejo en la Unitá
de Florencia.2 Se dice a menudo que el extremismo "economista" estaba
justificado por el oportunismo culturalista (y eso se dice para toda el área
del conflicto), ¿pero no podría decirse igualmente lo contrario, que el
oportunismo culturalista estaba justificado por el extremismo economista? En
realidad ni uno ni otro eran "justificables" y no son nunca
justificables. Deberán ser "explicados" realistamente como los dos
aspectos de la misma inmadurez y del mismo primitivismo.
27
<27>. Temas de cultura. El
maquiavelismo de Stenterello. Stenterello piensa especialmente en el futuro. El
presente le preocupa menos que el futuro. Tiene un enemigo contra el que debe
combatir. Pero para qué combatir, si de todos modos el enemigo tendrá
necesariamente que desaparecer, arrollado por la fatalidad de la historia. Hay
cosas bien distintas que hacer que combatir al enemigo inmediato. Más
peligrosos son los enemigos mediatos, aquellos que amenazan la herencia de
Stenterello, aquellos que combaten al mismo enemigo que Stenterello,
pretendiendo que serán sus herederos. ¿Qué pretensiones son éstas? ¿Cómo se osa
poner en duda que Stenterello será el heredero? Así pues Stenterello no combate
al enemigo inmediato, sino a aquellos que pretenden combatir a este enemigo
para sucederle. Stenterello es tan astuto que sólo él comprende que éstos son
sus auténticos y únicos enemigos. ¡Sabe un rato largo, Stenterello!
<28>. Lorianismo. El señor Neptuno.
Al comienzo de esta serie de notas sobre lorianismo podrá citarse la historia
relatada por el barbero en los primeros capítulos de la segunda parte de Don
Quijote. El loco que recurre al obispo para salir del manicomio, sosteniendo,
en una
Cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), § 158.
Sobre la polémica Tasca-Bordiga (Amadeo)
en torno a las relaciones entre cultura y clase obrera (iniciada en el Congreso
juvenil socialista de septiembre de 1912) Gramsci tomó posiciones en el
artículo "Socialismo e cultura" (II Grido del Popolo, 29 de enero de
1916, ahora en SG, 22-26). Para los reflejos de la polémica en L'Unità de
Salvemini, a los que alude Gramsci, cfr. el artículo de Pietro Silva, "I
giovani socialisti", en el número del 12 de octubre de 1912 (año I, n.
44); y también: Angelo Tasca - Amadeo Bordiga - L'Unità, "I problemi della
cultura e giovani socialisti", en el número del 26 de octubre de 1912 (año
I, n. 46); Amadeo Bordiga - L'Unità "Ancora i giovani socialisti", en
el número del 9 de noviembre de 1912 (año I, n. 48); un comentario posterior
también en el artículo de Rodolfo Mondolfo, "Socialismo e filosofia, I: La
crisi e la necessitá di un orientamento filosofico", en el número del 3 de
enero de 1913 (año II, n. 1). Un informe analítico de esta polémica está ahora
en Paolo Spriano, Storia di Torino operaia e socialista, Einaudi, Turín, 1972,
pp. 252-56.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 861
carta
sensatísima, que es cuerdo y por lo tanto lo mantienen arbitrariamente
segregado del mundo. El arzobispo envía a un hombre de su confianza, quien se
convence de que realmente tiene que vérselas con un hombre sano de mente, hasta
que, al despedirse el presunto cuerdo de sus amigos del manicomio, sobreviene
la catástrofe. Un loco, que cree ser Júpiter, amenaza con que si su amigo se
va, él ya no hará llover sobre la tierra, y el amigo, temiendo que el enviado
del obispo se espante, dice: No se espante, porque si el señor Júpiter ya no
hace llover más, yo, que soy Neptuno, bien hallaré la forma de remediarlo.1
Pues bien, estas notas se refieren precisamente a escritores que en uno o en
muchos instantes de su actividad científica, han demostrado ser "el señor
Neptuno",
<29>. Acción Católica. Francia. En
los volúmenes que recogen las actas de las diversas sesiones de las Semanas
Sociales, se publica el índice alfabético y analítico de las materias tratadas
en todas las Semanas Sociales precedentes. La XXIII sesión, de 1931, celebrada
en Mulhouse, trató de La Morale Chrétienne et les Affaires (Lión, J. Gabalda,
1931, en 89, 610 pp, 30 fr.). En este volumen no se encuentran los índices
arriba mencionados, que fueron publicados aparte.2
<30>. Católicos, integrales,
jesuitas, modernistas. El 6 de abril de 1932 fue inscrita en el Índice la obra
de Felix Sartiaux, Joseph Turmel, prêtre, historien des dogmes. París, ed.
Rieder. Es una defensa de Turmel después de los últimos asombrosos casos
acaecidos a este ejemplar excepcional del mundo clerical francés.3
28
<31>. Acción Católica. Lucha en
torno a la filosofía neoescolástica. Polémicas recientes de católicos como
Gorgerino y Siro Contri (¿son la misma persona?) contra el padre Gemelli.4
Gemelli escribió en 1932 Il mio contributo alla filosofia neoscolastica, Milán,
Vita e Pensiero, en 89, 106 pp., 5 liras.5 Siro Contri escribe que la filosofía
de la Universidad Católica debe llamarse ya "arqueoescolástica".
porque parece que después de los intentos de conciliar con el tomismo primero
el positivismo y después el idealismo, para actualizar el pensamiento católico
con las exigencias de la vida moderna, Gemelli, (ayudado por los jesuitas, que
en la Civiltà Cattolica lo han defendido contra los ataques de Gorgerino) 6
quiere regresar al "tomismo" puro de los orígenes. Hay que ver si
esta "conversión" de Gemelli no está vinculada al Concordato, y a la
posición excepcional de monopolio que los católicos, dadas sus posibilidades de
concentración de las fuerzas intelectuales, pueden conquistar en Italia en el
mundo de la alta cultura oficial y académica. Por eso es ciertamente necesario
cortar todo vínculo y renunciar a toda forma de combinación con filosofías
acatólicas (como, por el
1 Esta
anécdota de Don Quijote es mencionada también por Croce en Cultura e vita
morase cit., pp. 68-69; pero no parece haber sido tomada de esta fuente
indirecta, incluso porque de otros parágrafos resulta que en este periodo
Gramsci estaba leyendo la obra de Cervantes.
Estas indicaciones están tomadas de una
reseña de la Civiltá Cattolica, 7 de mayo de 1932 (año LXXXIII, vol. II), pp.
274-75.
La noticia de la inclusión en el índice
del libro de Felix Sartiaux está tomada del citado número de la Civiltá
Cattolica del 7 de mayo de 1932, cit., p. 299.
La hipótesis de Gramsci de que Gorgerino
y Siro Contri fuesen la misma persona se basaba en la lectura de un artículo
del mismo Siro Contri, que constituye la fuente principal de este parágrafo.
Cfr. Siro Contri, "Filosofía e cattolicesimo: neoscolastici e
`archeoscolastia ", en L'Italialetteraria, 24 de abril de 1932 (año IV, n.
17). Al comienzo de este artículo se alude a una polémica
contra la
Universidad católica publicada en el Ambrosiano de Milán por Giuseppe Gorgerino
bajo el seudónimo de Asmodeo (que había sido 1111 seudónimo usado también por
Siro Contri).
La indicación bibliográfica está tomada
con toda probabilidad de La Civilta Cattolica, 7 de mayo de 1932 cit., p. 311
(lista de las 'Opere pervenute').
Cfr. "Letteratura cattolica
giovanile", en La Civiltá Cattolica, 2 de abril de 1932 (año LXXXVII, vol.
II); ahí se encuentra (p. 71 nota) una defensa del padre Agostino Gemelli de
los ataques de "un tal Gorgerino, joven genio incomprendido".
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 862
contrario,
antes era necesario hacer) y presentarse como filosofía intransigente y
exclusivista. Según las publicaciones de Contri resulta que Gemelli en lo
profundo de su alma es santamente indiferente a toda filosofía: para él la
filosofía es un "fardo".1 Sus intereses son puramente prácticos, de
conquista del mercado cultural por parte del catolicismo, y su actividad va
dirigida a asegurar al Vaticano aquel poder indirecto sobre la Sociedad y sobre
el Estado que es el fin estratégico esencial de los jesuitas y que fue
teorizado por su actual santa Roberto Bellarmino.
(Contri
ha comenzado o está por comenzar la publicación de una nueva revista,
Criterion, de "verdadera" neoescolástica, y ha publicado una Piccola
Enciclopedie filosofica, Editor Galleri, Bolonia, 12 liras.)2
<32>. Economía nacional. Toda la
actividad económica de un país puede ser juzgada sólo en relación con el
mercado internacional, "existe" y debe valorarse en cuanto que está
inserta en una unidad internacional. De ahí la importancia del principio de los
costos comparados y la solidez que mantienen los teoremas fundamentales de la
economía clásica contra las críticas verbalistas de los teóricos de toda nueva
forma de mercantilismo (proteccionismo, economía directa, corporativismo,
etcétera). No existe un "balance" puramente nacional de la economía,
ni en su conjunto, y ni siquiera para una actividad particular. Todo el
conjunto económico nacional se proyecta en el excedente que es exportado a
cambio de una correspondiente importación, y si en el conjunto económico
nacional cualquier mercancía o servicio cuesta demasiado, es producida de forma
antieconómica, esta pérdida se refleja en el excedente exportado, se convierte
en un "regalo" que el país hace al extranjero, o por lo menos (ya que
no siempre puede hablarse de "regalo") una pérdida neta del país, en
comparación con el extranjero, en la valoración de su estatura relativa y
absoluta en el mundo económico internacional.
Si en un país el trigo es producido a
precio caro, las mercancías industriales exportadas y producidas por
trabajadores nutridos con ese trigo, a precio igual con la equivalente
mercancía extranjera, contienen congelada una mayor cantidad de trabajo nacional,
una mayor cantidad de sacrificios que la que contiene la misma mercancía
extranjera. Se trabaja para el "extranjero" con sacrificio; los
sacrificios son hechos para el extranjero, no para el país propio. Las clases
que en el interior se benefician de tales sacrificios, no son la
"nación" sino que representan una explotación ejercida por
"extranjeros" sobre las fuerzas realmente nacionales, etcétera.
<33>. Pasado y presente. Élite y
décimo sumergido. Hay que plantearse la pregunta de si en cualquier sociedad es
posible la constitución de una élite, sin que en ella confluyan una gran
cantidad de elementos pertenecientes al "décimo sumergido"3 social.
Pero la pregunta
La indicación está tomada del citado
artículo de Siro Contri.
Con toda probabilidad la indicación
bibliográfica referente a la Piccola Enciclopedia filosofica de Contri está
tomada de L'Italia Letteraria, 22 de mayo de 1932 (año IV, n. 21), o de uno de
los números subsiguientes (cfr. los "anuncios económicos"). La
revista Criterion es anunciada por el contrario en los números precedentes (por
primera vez en el citado número del 12 de abril).
De una intervención de Gramsci en el
Congreso socialista de Biella de diciembre de 1920, parece que la metáfora del
"décimo sumergido" deriva de un proverbio inglés. Cfr. Gramsci,
"Per la veritá" cit., p. 357: "Un proverbio inglés dice que toda
multitud tiene un décimo sumergido. Y este décimo impide actuar a los otros
nueve décimos. Nosotros tenemos nuestro décimo de reformistas". Y ya en un
artículo de 1917: "Teofilo Rossi era el cliché de 3 millones y medio de
italianos: de aquella parte de italianos que en el agregado social 'Italia'
constituyen el décimo sumergido, la bola atada al pie, el lastre embarazoso
[...] El giolittismo es la marca política del décimo sumergido italiano: la
insinceridad, el oportunismo, el liberalismo clerical, el liberalismo
proteccionista, el liberalismo burocrático y regionalista" (SM, 321); en
un artículo sobre folia de 1918: "Una gran cantidad de las afirmaciones
seudocientíficas [...], que constituyen nuestro décimo sumergido, para
liberarnos del cual
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 863
se hace
necesaria si la élite se constituye sobre el terreno de una doctrina que puede
ser interpretada fatalistamente: entonces afluye creyendo poder justificar
idealmente su pobreza de iniciativa, su deficiente voluntad, su falta de
paciente perseverancia y concentración de los esfuerzos, todos los fracasados,
los mediocres, los derrotados, los descontentos de que el maná no llueva del
cielo y que los setos no produzcan salchichas, que también éstos son una forma
de "décimo sumergido" de las sociedades en las que la lucha por la
existencia es encarnizada y en los países pobres, en los que sólo se puede
conquistar un lugar al sol después de luchas encarnizadas. Así se puede tener
una élite al revés, una vanguardia de inválidos, una cabeza-cola.
<34>. Periodismo. Revistas tipo.
Para ser verdaderamente accesible a la cultura media del lector medio, cada
fascículo de la revista debería tener dos apéndices: 1] una sección en la que
todos los nombres y las palabras extranjeras que pueden haber sido empleadas en
los distintos artículos deberían estar representadas en una transcripción
fonética, la más exacta posible, de la lengua italiana. De ahí la necesidad de
construir, con criterios prácticos y unitarios como los que permite la
estructura del italiano escrito, una tabla de traducibilidad de los fonemas
extranjeros a fonemas italianos; 2] una sección en la que se dé el significado
de las palabras especializadas en los diversos lenguajes (filosófico, político,
científico, religioso, etcétera) o especializadas en el uso de un determinado
escritor.
La importancia de estas ayudas técnicas
no suele ser valorada porque no se reflexiona en la rémora que constituye, en
el recuerdo y especialmente en la expresión de las propias opiniones, la
ignorancia de cómo se pronuncian ciertos nombres y del significado de ciertos
términos. Cuando el lector se encuentra en demasiadas dificultades de
pronunciación o de significado, se detiene, pierde confianza en sus propias
fuerzas y actitudes y no se consigue hacerlo salir de un estado de pasividad
intelectual en el que empantana su inteligencia.
<35>. Pasado y presente. En el
corriere della Sera del 1º de junio se resumen, partiendo de la publicación
oficial, las nuevas normas para el empleo de las tropas regulares en servicio
de Seguridad Pública. Algunas disposiciones innovadoras son de gran
importancia, como aquella por la cual la autoridad militar puede decidir su
intervención por su propia iniciativa, sin ser llamada por la autoridad
política. Lo mismo la otra disposición según la cual la tropa interviene sólo
con las armas cargadas, para actuar, y, a lo que parece, no puede por ello ser
empleada en la formación de cordones, etcétera.1
<36>. Pasado y presente. Sobre el
apoliticismo del pueblo italiano. Entre los otros elementos que muestran
manifiestamente este apoliticismo, deben recordarse los tenaces residuos de
patriotería y otras tendencias que de costumbre se catalogan como
manifestaciones de un supuesto "espíritu peleonero y faccioso"
(luchas locales para impedir que las muchachas hagan el amor con jóvenes
"forasteros", incluso de pueblos vecinos, etcétera). Cuando se dice
que este primitivismo ha sido superado por los progresos de la civilización,
habría que precisar que ello ha sucedido mediante la difusión de una cierta
vida política de partido que ampliaba los intereses intelectuales y morales del
pueblo. Al llegar a
debemos
pasar tantas fatigas, han salido de la forja loriana" (SG, 162); y en un
artículo de L'Unità de 1926: "Los cuadros de la democracia legalista y de
los populares, reducidos hoy al mísero décimo sumergido de las relaciones de
dos diarios y un semanario, etcétera" (CPC, 355).
Cfr. "II nuovo regolamento per
I'esercito. Le norme di impiego delle truppe in servizio di P.S.", en
Corriere della Sera, 1° de junio de 1932.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 864
faltar
esta vida, los patrioterismos han renacido, por ejemplo a través del deporte y
las competencias deportivas, en formas a menudo salvajes y sangrientas. Junto
al "fanatismo" deportivo, existe el "fanatismo patrioteril"
deportivo.
<37>. Literatura popular. P.
Ginisty, Eugéne Sue (Grandes vies aventureuses), París, Berger-Levrault, 1932,
en 169, 228 pp., 10 francos.1
31
<38>. Función cosmopolita de los
intelectuales italianos. Sobre Algarotti. Del artículo "`Nicolino' e
l'Algarotti" de Carlo Cacaterra, en el Marzocco del 29 de mayo de 1932:
"Sigue impidiendo en el ánimo de muchos una evaluación ecuánime de los
escritos de arte de Algarotti la consideración de que fue el consejero y
proveedor de Augusto III de Sajonia en las adquisiciones para la galería de
Dresde, por lo que se le reprocha haber empobrecido a Italia en beneficio de
cortes extranjeras. Pero precisamente se ha dicho por Panzacchi y otros
estudiosos que en el cosmopolitismo del siglo XVIII esta obra de difusión del
arte italiano, como de belleza perteneciente a toda Europa, tiene un aspecto
menos odioso que el que con toda facilidad puede <hoy> serle atribuido".2
La observación del cosmopolitismo del siglo XVIII, que es exacta, es
profundizada y especificada: ¿el cosmopolitismo de los intelectuales italianos
es exactamente de la misma naturaleza que el cosmopolitismo de los demás
intelectuales nacionales? Éste es el punto: para los italianos se da en función
de una particular posición que es atribuida a Italia a diferencia de los demás
países, o sea que Italia es concebida como complementaria de todos los otros
países, como productora de belleza y de cultura para toda Europa.
<39>. Ternas de cultura. Elementos
de vida política francesa. Los monárquicos han construido la doctrina
histórico-política (que tratan de hacer popular) según la cual el Imperio y la
República han significado hasta ahora la invasión del territorio nacional
francés. Dos invasiones vinculadas con la política de Napoleón I (del 1814 y
del 1815), una con la política de Napoleón III (1870-71) y una con la de la
Tercera República (1914), dan el material de agitación. Los republicanos se
sirven también de los mismos materiales, pero naturalmente su punto de vista
no— es el de los monárquicos, que puede parecer incluso derrotista, en cuanto
que sitúa las causas de la invasión en las instituciones francesas y no por el
contrario, como sostienen los republicanos, en los enemigos hereditarios de
Francia, en primera línea Prusia (más que Alemania; y esta distinción tiene
importancia porque depende de la política francesa tendiente a aislar a Prusia
y a hacer aliados de Francia a Baviera y los alemanes meridionales, incluidos
los austriacos). Este modo de plantear la cuestión ante las masas populares por
parte de todas las diversas tendencias del nacionalismo está lejos de carecer
de eficacia. ¿Pero es históricamente exacto? ¿Cuántas veces ha sido Alemania
invadida por los franceses? (Habría que contar entre las invasiones francesas
también la ocupación del Ruhr de 1923.) ¿Y cuántas veces ha sido Italia
invadida por los franceses? ¿Y cuántas veces ha sido Francia invadida por los
ingleses, etcétera? (Las invasiones inglesas: la lucha de la nación francesa
para expulsar al invasor y liberar el territorio formó la nación francesa antes
de la Revolución; se da por descontada desde el punto de vista del patriotismo
y del nacionalismo, aunque el motivo antinglés, a causa de las guerras de la
revolución y de Napoleón, haya perdurado, especialmente en la literatura para
jóvenes —Veme, etcétera— hasta la época de la Tercera República y no haya
muerto todavía
Esta indicación está tomada del
'Bollettino bibliografico' de Leonardo, mayo de 1932 (año 111, n. 5), p. 234.
De la sección 'Cornmenti e frammenti'
(" `Nicolino' e I'Algarotti"), en Il Marzocco, 29 de mayo de 1932
(año XXXVII, n. 22).
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 865
totalmente.)
Pero después de 1870 el mito nacionalista del peligro prusiano ha absorbido
toda o casi toda la atención de los propagandistas de derecha y ha creado la
atmósfera de política exterior que sofoca a Francia.
32
<40>. Maquiavelo. Relaciones de
fuerza, etcétera. En el estudio del tercer grado o momento del sistema de
relaciones de fuerza existentes en una determinada situación; se puede recurrir
al concepto que en la ciencia militar es llamado de la "coyuntura
estratégica", o sea, con más precisión, del grado de preparación
estratégica del teatro de la lucha, uno de cuyos elementos principales es dado
por las condiciones cualitativas del personal dirigente y de las fuerzas
activas que se pueden llamar de primera línea (incluidas en éstas las de
asalto). El grado de preparación estratégica puede dar la victoria a fuerzas
"aparentemente" inferiores a las adversarias. (Puede decirse que esta
preparación tiende a reducir a cero los llamados "imponderables", o
sea las reacciones inmediatas, en un momento dado, de las fuerzas
tradicionalmente pasivas o semipasivas.) (Entre los elementos de esta
preparación estratégica deben contarse aquellos que son considerados en las
observaciones hechas sobre una "capa militar" que flanquea al
organismo técnico del ejército, cuya preparación es cuidada por todos los
países: oficiales de la reserva, asociaciones de cuerpos militares en la
reserva, que mantienen el espíritu de cuerpo incluso después de concluir el
servicio militar activo, etcétera.)1
Otro
elemento que añadir al parágrafo sobre el economismo es éste: como
ejemplificación de la llamada intransigencia, la aversión frígida] de principio
al compromiso con su manifestación subordinada del "temor a los
peligros". La aversión al compromiso está estrechamente ligada al
economismo, en cuanto que la concepción en que se basa esta aversión no puede
ser más que una fatal realización de ciertas situaciones favorables sin
necesidad de "prepararlas" con iniciativas voluntarias y
predispuestas según un plan; existe además el elemento de confiarse ciegamente
y sin criterio a la virtud de las armas. No se toma en cuenta el factor tiempo
y no se toma en cuenta, en último análisis, la misma "economía" en el
sentido de que no se comprende cómo en ciertos momentos el impulso debido al
factor económico es frenado o estorbado por un elemento ideológico tradicional,
que existe una lucha, en el seno de ciertos bloques sociales
económico-políticos, entre las exigencias de la posición económica de masas y
la fortuna política de los dirigentes tradicionales, y que una iniciativa
política apropiada por parte de una fuerza extraña al bloque es
"necesaria" para liberar el impulso económico del obstáculo político
y cambiar la dirección tradicional en una nueva dirección conforme al contenido
económico que se haya desarrollado en una fase más progresista, etcétera. Dos
fuerzas "semejantes" no pueden fundirse en un organismo nuevo más que
a través de una serie de compromisos, o bien con la fuerza de las armas;
aliándose en un plano de igualdad o subordinando una fuerza a la otra mediante
la coerción. Si la unidad de las dos fuerzas es necesaria para vencer a una
tercera fuerza, evidentemente el recurso a la coacción (dado que so tenga la
disponibilidad para ello) es una pura hipótesis metodológica y la única
posibilidad concreta es un compromiso.
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), pp. 17-17a.
33
<41>. Nociones enciclopédicas.
"Paritario". El significado de paritario es de los más interesantes y
curiosos. Paritario significa que 1.000.000 tiene los mismos derechos que
10.000, etcétera, a veces que 1 tiene los mismos derechos que 50.000. ¿Qué
significa paritario en las empresas Schneider de Creusot? ¿Qué significa en el
Consejo Nacional para la Industria
Cfr. Cuaderno 4 (XIII), § 66.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 866
de las
Minas de Carbón, existente en Inglaterra? ¿Qué significa en el Consejo
Directivo del OTT de Ginebra? etcétera.
Cfr.
Cuaderno 16 (XXII), pp. 28.
<42>. Los sobrinitos del padre
Bresciani. ¿Por qué formas de actividad tienen "simpatía" los
literatos italianos? ¿Por qué la actividad económica, el trabajo como
producción individual y de grupo no les interesa? Si en los libros se trata de
un tema económico, es el aspecto de la "dirección", del
"dominio", del mando, de un —héroe" sobre los productores lo que
les interesa. O bien les interesa la producción en general, el trabajo en
general en cuanto elemento de vida y de poder nacional, en cuanto elemento para
parrafadas retóricas. La vida del campesino ocupa un mayor espacio, pero
también en este caso no como trabajo, sino del campesino como
"folklore", como pintoresca representación de sentimientos y
costumbres curiosas y raras. Por eso la "mujer" tiene mucho espacio,
con los problemas sexuales en su aspecto más exterior y romántico. El
"trabajo" del empleado es fuente de comicicidad. El trabajo del
intelectual tiene poco espacio o bien es presentado en su expresión de "dominio",
de retórica.
Ciertamente
no se puede imponer a una o muchas generaciones de escritores el sentir
"simpatía" por uno u otro aspecto de la vida, pero que una o muchas
generaciones de escritores tengan ciertas simpatías y no otras tiene
ciertamente un significado, indica una cierta orientación con preferencia a
otras en el interés de los intelectuales. Incluso el verismo italiano (excepto,
en parte, Verga) se distingue de las corrientes realistas de los demás países
en cuanto que se limita a la "bestialidad" de la "naturaleza
humana" (al "verismo" entendido en sentido mezquino) y no ofrece
representaciones apreciables del trabajo y de la fatiga. Tiene cierto mérito
cultural corno reacción parcial a los empalagos y languideces románticas de
formas tradicionales, pero crea inmediatamente su propio cliché igualmente
amanerado. Pero no basta que los escritores no consideren digna de
"crónica e historia" una actividad que sin embargo absorbe, durante
casi toda su vida, a las nueve décimas partes de la nación; si se ocupan de
ello, su actitud es la del padre Bresciani, etcétera (ver los escritos de L.
Russo sobre Verga y sobre Abba).1
G. C. Abba puede ser citado como ejemplo
italiano de escritor "popular-nacional", aun no siendo
"populachero" o no perteneciendo a ninguna corriente que critique por
razones de "partido" o sectarias la posición de la clase dirigente.
Puedena analizarse no sólo los escritos de Abba que tienen un valor poético y
artístico, sino otros libros como el dirigido a los soldados, que incluso fue
premiado por entidades gubernamentales y militares y durante algún tiempo fue
difundido entre las tropas.2 En esta dirección puede citarse el estudio de
Papini publicado en Lacerba b tras los acontecimientos de junio de 1914.3 La
posición de Alfredo Oriani merece también señalarse, pero es abstracta y
retórica y anegada en su "titanismo" de genio incomprendido. Hay que
señalar algo en los escritos de Pirro Jahier (recordar las simpatías de Jahier
por Proudhon),4 también de carácter militar (en esto Jahier puede relacionarse
con Abba), estropeado por el estilo bíblico y claudeliano del escritor, que lo
hace menos eficaz, porque enmascara una forma snobista de retórica. (Toda la
literatura de Strapaese debería ser "nacional-popular" como programa,
pero precisamente lo es por
Cfr. Luigi Russo, Giovanni Verga,
Ricciardi, Nápoles, 1919; y "L'opera di Abba e la letteratura
garibaldina", ensayo antepuesto a
la
edición del libro de Abba, Da Quarto al Volturno, Vallecchi, Florencia, 1925
(el ensayo fue reeditado luego en un volumen separado con el título Abba e la
letteratura garibaldina dal Carducci al D'Annunzio, Libr. Ciuni, Palermo,
1933).
Sobre este libro de Giuseppe Cesare Abba,
cfr. también las anotaciones de Gramsci en el Cuaderno 6 (VIII), § 166.
3 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 3 (XX), § 143.
4 Sobre
las simpatías de fahier por Proudhon cfr. Cuaderno 1 (XVI), § 94, y Cuaderno 3
(XX), § 10.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 867
programa
y es una manifestación inferior de la cultura; Longanesi debe haber escrito
también un librito para los reclutas, lo que demostraría cómo la tendencia nace
también de preocupaciones militares).1 La preocupación nacional -popular en el
planteamiento crítico-estético aparece en Luigi Russo (del cual debe verse el
librito sobre los Narratori)2 como resultado de un retorno a la experiencia de
De Sanctis después del punto de llegada del crocianismo.
En el manuscrito: "Puede".
En el manuscrito: "en la
Acerba".
Observar
que en el fondo el brescianismo es "individualismo" antiestatal y
antinacional aun cuando y no obstante se vele de un nacionalismo y estatismo
frenético. "Estado" significa especialmente dirección consciente de
las grandes multitudes nacionales, o sea necesario "contacto"
sentimental e ideológico con ellas Y en cierta medida "simpatía" y
comprensión de sus necesidades y exigencias. De hecho la ausencia de una
literatura popular-nacional, debida a la ausencia de preocupaciones por estas
necesidades y exigencias, ha dejado el "mercado" literario abierto a
las influencias de los grupos intelectuales de otros países que,
"populares -nacionales" en su patria, lo son también en el extranjero
porque las exigencias y necesidades son similares. Así el pueblo italiano se ha
apasionado a través de la novela histórico- popular francesa, con las
tradiciones francesas, monárquicas y revolucionarias francesas y conoce los
amores de Enrique IV, la Revolución del 89, las invectivas de Victor Hugo
contra Napoleón III, se apasiona por un pasado que no es el suyo, se sirve en
su lenguaje y en su pensamiento de metáforas y referencias francesas, etcétera;
es, culturalmente, más francés que italiano.
Respecto a la orientación
nacional-popular dada por De Sanctis a la cultura italiana, debe verse también
el libro de Russo (F. De Sanctis e la cultura napoletana, 1860-1885, La Nuova
Italia editora, 1928)3 y el ensayo de De Sanctis "La scienza e la vita":4
me parece que De Sanctis sintió fuertemente el contraste Reforma-Renacimiento,
o sea precisamente el contraste entre Vida y Ciencia que había en la tradición
italiana como una debilidad de la estructura nacional-estatal y que trató de
reaccionar contra aquél. Por lo tanto el hecho de que en un cierto punto le
llevó a dejarse del idealismo especulativo y aproximarse al positivismo y al
verismo en literatura (simpatías por Zeda. como Russo por Verga y por S. Di
Giacomo), y como parece que observa Russo en su libro (Cfr, Marzot, en la Nuova
Italia de mayo de 1932), "el secreto de la eficacia de De Sanctis debe
buscarse enteramente en su espiritualidad democrática, la cual lo hace suspicaz
y enemigo de todo movimiento o pensamiento que adopte un carácter absolutista y
privilegiado < ...>; y en la tendencia y en la necesidad de concebir el
estudio como aspecto de una actividad más vasta, tanto espiritual como
práctica, encerrada en la fórmula de su famoso discurso “La scienza e la vita”5
Antidemocracia
en los escritores brescianescos no tiene otro significado que el de oposición
al movimiento popular-nacional, o sea es espíritu
"económico-corporativo", "privilegiado", de casta y no de
clase, de carácter político-medieval y no moderno.
Cfr.
Cuaderno 23 (VI), pp. 13-17.
Se trata probablemente del librito
Vade-mecum del perfetto fascista, seguito de dieci assiomi per il milite ovvero
avvisi idean di
Leo
Longanesi, Vallecchi, Florefleja, 1926, seguramente conocido por Gramsci sólo a
través de citas indirectas (no se trata propiamente de un librito para los
reclutas).
Cfr. Luigi Russo, I Narratori, Fondazione
Leonardo, Roma, 1926.
3 Cfr. nota 3 al Cuaderno 7 (VII), § 31.
4 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 7 (VII), § 31.
5 Cfr.
Giulio Marzot, "L'opera critica di L. Russo", en La Nuova Italia, 20
de mayo de 1932 (año III, n. 5), pp. 176-82; la cita está en la p. 181.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 868
<43>. Los sobrinitos de! padre
Bresciani. Libros de guerra. ¿Qué reflejos ha tenido la tendencia
"brescianista" en la literatura de guerra? La. guerra ha obligado a
los diversos estratos sociales a aproximarse, a conocerse, a apreciarse en el
sufrimiento común. ¿Qué han aprendido de la guerra los literatos? en general
qué han aprendido de la guerra aquellas capas de las que surgen normalmente los
más numerosos intelectuales y escritores? Dos líneas de investigación. La
primera, la concerniente a la clase social general, puede seguir el material ya
seleccionado por el profesor Adolfo Omodeo en la publicación Momenti della vita
di guerra. Dai diari e dalle lettere dei caduti que sale por entregas en la
Critica desde hace ya bastante tiempo. 1 La selección de Omodeo presenta un
material ya seleccionado, en el sentido nacional-popular, porque Omodeo se
propone demostrar cómo ya en 1915 se había formado una conciencia
nacional-popular y en la guerra tuvo ocasión de manifestarse y no ya el origen
palingenético. Que Omodeo consiga demostrar su suposición es otra cuestión
distinta: el caso es que Omodeo tiene una concepción propia de lo que es
conciencia nacional-popular, cuyos orígenes culturales son fáciles de rastrear;
él es un epígono de la tradición liberal moderada, y el paternalismo
democrático y popular se confunde a menudo en él con esa particular forma de
conciencia nacional-popular que es más moderna y menos borbonizante.
La literatura de guerra propiamente
dicha, o sea debida a escritores "profesionales", ha tenido en Italia
diversa fortuna. Inmediatamente después de la guerra fue escasa, y buscó su
fuente de inspiración en Le feu de Barbusse. Hubo una segunda oleada, que se
produjo después del éxito internacional del libro de Remarque2 y con el
propósito internacional de oponerse a la mentalidad de la literatura pacifista
tipo Remarque. Esta literatura es en general mediocre, en todos los sentidos,
como arte y como "cultura", o sea como creación práctica de
"masas de sentimientos" que se quiere hacer triunfar en el pueblo.
Mucha de esta literatura entra perfectamente en el "brescianismo".
Ejemplo típico el libro de C. Malaparte La rivolta dei santi maledetti que fue
presentado en su primera edición como barbussiano y que se ha vuelto
brescianesco en una segunda edición .3
Debe
verse la aportación hecha a esta literatura por el grupo de escritores que
pretenden ser llamados "vocianos" y que ya antes de 1914 trabajaban
para crear una conciencia nacional-popular moderna: creo que este grupo produjo
los mejores libros, por ejemplo el diario de Giani Stuparich. 4 El libro de
Ardengo Soffici, 5 aunque Soffici, exteriormente "vociano", tiene una
retórica repugnante. Una reseña de esta literatura de guerra dentro de la
sección del brescianismo sería muy interesante.
Cfr.
Cuaderno 23 (VI), pp. 31-33.
<44>. Temas de cultura.
Discusiones, dividir un pelo en cuatro, etcétera. Actitud de intelectuales es
la de mostrar fastidio por las discusiones demasiado largas y sutiles, que se
desmenuzan analíticamente en sus detalles mínimos y muestran no querer acabar
hasta que entre los disertantes se haya llegado a un acuerdo perfecto sobre
todo el tema en discusión y por lo menos cuando las opiniones en conflicto se
hayan enfrentado totalmente. El intelectual
1 La obra
de Adolfo Omodeo, Momenti della vita di guerra. Dai diari e dalle lettere dai
caduti, salió originalmente en doce entregas en La Critica del 20 de enero de
1929 (año XXVII, fase. 1), pp. 36-46, al 20 de noviembre de 1933 (año XXXI,
fase. VI), pp. 431-54.
Cfr. nota 3 al Cuaderno 6 (VIII), § 38.
3 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 1 (XVI), § 42.
4 Cfr.
Giani Stuparich, Guerra del '15 (Dal taccuino d'un volontario), Treves, Milán,
1931; las informaciones de Gram.sri sobre este libro se remontan probablemente
a las reseñas publicadas entre finales de 1931 y principios de 1932 (cfr. por
ejemplo en Pègaso de diciembre de 1931, pp. 758-61; y en Leonardo de febrero de
1932, pp. 73-74).
5 Cfr.
Ardengo Soffici, Kobilek. Giornale di battaglia, Librería della Voce,
Florencia, 1918.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 869
cree
suficiente un acuerdo sumario, sobre los principios generales, sobre las líneas
directrices y fundamentales, y presupone que el esfuerzo individual de
reflexión conducirá necesariamente al acuerdo sobre las "minucias".
Por eso en las discusiones entre intelectuales se procede a menudo por
alusiones rápidas: se tantea, por así decirlo, la formación cultural recíproca,
el "lenguaje" recíproco, y una vez hecho el descubrimiento de que se
encuentran en un terreno común, se sigue adelante rápidamente. La cuestión es,
precisamente, que las discusiones no se producen siempre entre intelectuales
profesionales, sino que incluso un terreno cultural común, un lenguaje común,
modos de razonamiento comunes, hay que crearlos entre no intelectuales, que no
han adquirido el hábito profesional y la disciplina intelectual necesaria para
la rápida conexión de conceptos aparentemente dispares, como viceversa para un
análisis rápido, descomposición, descubrimiento de las diferencias esenciales
entre conceptos aparentemente similares.
A menudo
en esta sección se ha aludido a la formación "hablada" de la cultura,
y a sus inconvenientes con respecto a lo escrito. Observaciones justas pero que
hay que integrar con estas que se hacen ahora, o sea con la necesidad, para
difundir orgánicamente una forma cultural, de la palabra hablada y de la
discusión minuciosa y "pedante". (Esto se observa en las relaciones
entre intelectuales profesionales y no intelectuales, que es además el caso
típico en todo grado de escuela, desde las elementales hasta la Universidad.)
El no técnico del trabajo intelectual, en su trabajo "individual",
con los libros, tropieza con una dificultad, que lo detiene, porque no puede
obtener inmediatamente la solución, lo que por el contrario es posible obtener
en las discusiones a viva voz inmediatamente. Por eso debe haber un justo
equilibrio entre el trabajo individual (escrito y con lo escrito) y el trabajo
"oral", de discusión, etcétera.
Cfr.
Cuaderno 16 (XXII), pp. 36-37.
37
<45>. Pasado y presente. La
política de lo menos malo. Pero "peor nunca está muerto", dice un
proverbio popular, y habrá un "menos malo" hasta el infinito, porque
lo peor de mañana será "menos malo" que lo "peor" de pasado
mañana y así indefinidamente.
Cfr.
Cuaderno 16 (XXII), pp. 34-34 bis.
<46>. RicciotII Garibaldi. No ha
aparecido en las ceremonias conmemorativas de 1932 (al menos su nombre no se
encuentra en el Corriera de aquellos días). Pero se encuentra en Italia. En una
crónica de Luciano Ramos en el Secolo Illustrato del 11 de junio de 1932
"Garibaldi fra le quinte. ." (donde se describen los ensayos para un
drama, Garibaldi de halo Sulliotti) se alude al hecho de la presencia de
Ricciotti (los ensayos se hacían en Milán).1
<47>. Nociones enciclopédicas.
Tiempo. En muchas lenguas extranjeras, la palabra italiana tempo, introducida a
través del lenguaje musical, ha adoptado un significado, incluso en la
terminología política, determinado, que la palabra tempo en italiano, por su
carácter genérico, no puede expresar (habría que decir "tempo" en
sentido musical, en el sentido en que se emplea en música, etcétera) y que por
lo tanto hay que traducir: "velocidad del ritmo", me parece la
explicación del término tempo en el sentido musical, que puede dar esta
traducción, que sin embargo será sólo "ritmo" cuando el término tempo
es adjetivado: "ritmo
1 El
Secolo Illustrato era una de las revistas que Gramsci recibía regularmente en
la cárcel (cfr. LC, 379). La investigación se remonta a 1928 (cfr. LC, 225)
pero no se sabe a partir de qué momento Gramsci comenzó a recibirla. Sobre los
artículos utilizados en los Cuadernos no se han efectuado los controles
habituales, por la imposibilidad de obtener una colección completa del
semanario.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 870
acelerado",
"ritmo disminuido", etcétera (velocidad del ritmo en sentido
elíptico, "medida de velocidad del ritmo").
Cfr.
Cuaderno 16 (XXII), p. 37.
38
<48>. Los sobrinitos del padre
Bresciani. Leoniada Répaci. Ha aparecido el primer tomo de una novela cíclica
de Leonida Répaci, I fratelli Rupe (Milán, Ceschina, 1932, 15 liras) que, en su
conjunto, debería representar la evolución de la vida italiana en estos treinta
años del siglo, vista desde Calabria (en un prefacio Répaci presenta el plan de
la obra).1 Hay que preguntarse si Calabria tuvo en este sentido una función
nacional representativa. Y en general si la provincia italiana ha tenido una función
progresista, o cualquier otra, en la dirección de un movimiento cualquiera del
país, en la selección de los dirigentes, en la acción de refrescar el ambiente
cerrado y corrompido de los centros de vida nacional. La provincia era en
realidad (como dirigente) mucho más corrompida que el centro. y los
provincianos aportaron una nueva corrupción: ejemplo los hermanos Répaci, que
fueron desde Palmi a Turín y a Milán. Los hermanos Rupe, se entiende, son los
hermanos Répaci; pero, si se exceptúa a Mariano, donde se halla el carácter
rupestre de Ciccio y de Leonida: el carácter débil e informe es predominante.
Répaci no tiene ninguna fantasía creadora: tiene una cierta disposición para
ampliar mecánicamente (por agregación, o por inflación) los pequeños sucesos
ocurridos en su familia, que es adoptada corno "mito" de su arte.
Este proceso de hinchazón mecánica puede ser demostrado analíticamente. Y por
otra parte es un mito bien extraño el de Répaci, falto de humanidad, de
dignidad. de decoro, por no decir de grandeza. El Último Cireneo,2 con las
escenas del obsceno debatirse del hermano impotente, demuestra de qué clase de
humanidad se halla provisto Répaci (también en este Fratelli Rupe hay un
impotente); el cual, al parecer, sería capaz de cometer incesto para poder
escribir una novela sobre el incesto y decir que su familia ha conocido todas
las tragedias incluso las de Fedra o Edipo.
Cfr,
Cuaderno 23 (VI), pp. 33-34.
<49>. Apólogos. El Cadí, el saquito
robado, los dos Benedetti y los cinco huesos do aceituna. Rehacer el cuento de
Las mil y una noches.3
Cfr.
Cuaderno 76 (XXII), p. 34.
<50>. Los sobrinitos del padre
Bresciani. Arnaldo Frateili. Es el crítico literario de La Tribuna, pero
pertenece al grupo de los Forges y no de los Baldino. Ha escrito una novela:
Capogiro (Milán, Bompiani, 1932). Frateili se me presenta en la fantasía como
lo vi en una caricatura-retrato: una cara de tonto presuntuoso con una gotita
en la nariz. (¿Tonta tabaco Frateili? [¿Tiene un romadizo A. Frateili?]) ¿Por
—qué esa gotita? ¿Se trata de un error de reproducción? ¿De un trazo de lápiz
fuera de programa? ¿Y por qué el dibujante no borró la gotita? Angustiosos
problemas, los únicos que interesan a propósito de Frateili.4
1 Es
probable que de esta novela de Leonida Répaci, I fratelli Rupe, Gramsci hubiera
tenido noticia a través de una reseña de Giovanni Titta Rosa, "11 primo
dei Rape", en L'Italia Letteraria, 12 de junio de 1932 (año IV, n. 24). Es
posible, pero no se ha comprobado, que Gramsci viera después también la novela,
que sin embargo no se ha conservado entre los libros de la cárcel. Para la
severidad de los juicios sobre Répaci cfr. nota 2 al Cuaderno 23 (VI), § 13.
Cfr. nota 17 al Cuaderno 1 (XVI), § 24.
Se trata con toda probabilidad de la
narración titulada "Storia di Harúrs ArRashid con Ali i1 persiano, cui
seque iI racconto del sacco e del curdo": cfr. Le mate e una notte, prima
versione integrale dalParaho diretta da Francesco Gabrjeli, Einaudi, Turín,
1972,
vol. II, pp. 208-11.
Para esta anotación satírica, Gramsci se
basó, con toda probabilidad, en una reseña de Giovanni Titta Rosa de la novela
Capogiro
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 871
Cfr.
Cuaderno 23 (VI). pp. 34-35.
39
<51>. Pasado y presente. En un
artículo de Mario Bonfantini, "L'arte di Carlo Bini", en la Italia
Letteraria del 22 de mayo de 1932, se citan estos dos versos (o casi): "La
prisión es una lima tan sutil, — que templando el pensamiento hace de él un
estilo".1 ¿Quién escribió esto? ¿El mismo Bini? Pero ¿acaso Bini ha estado
de verdad en la cárcel? (seguramente no mucho). La prisión es una lima tan
sutil, que destruye completamente el pensamiento; o bien hace como aquel
maestro artesano, al cual se le había encomendado un hermoso tronco de madera
de olivo preparada para hacer una estatua de san Padro, y corto por aquí, quita
por allá, corrige, esboza, hasta acabar por obtener un mango para lezna.
<52>. Pasado y presente. En el
segundo tomo de sus Memorias (ed. francesa, II, pp. 233 ss.) W. Steed cuenta
cómo el 30 de octubre de 1918 el doctor Kramár,a jefe del partido
juvenil-checo, que había sido encarcelado y condenado a muerte en Austria, se
encontró en Ginebra con Benes. Los dos tuvieron grandes dificultades para
"comprenderse". Desde 1915 Benes había vivido y trabajado en los
países de la Entente y había asimilado el modo de pensar de éstos, mientras que
Kramár, que había permanecido en Austria, había, a pesar de todo, recibido la
mayor parte de sus impresiones de guerra a través de la cultura y la propaganda
alemana y austriaca. "A medida que la conversación se prolongaba, Benes
comprendía cuán ancho era el abismo que separaba los puntos de vista de guerra
de los aliados y de la Europa central. Me comunicó sus impresiones a su regreso
a París y yo comprendí que si la diferencia de pensamiento podía ser tan grande
entre dos patriotas checos, tanto mayor debía serio entre los aliados y los
pueblos germánicos, tan grande, en verdad, que excluía toda posibilidad de
entendimiento entre ellos hasta que no se formulase un vocabulario o un grupo
de pensamientos comunes." 2 Por eso Steed propone a Northcliffe
transformar el departamento de propaganda y dedicarlo a este fin: crear la
posibilidad de hacer comprender a los alemanes lo que había sucedido y por qué,
con el objeto, por así decirlo, de "desencantar" al pueblo alemán y
hacerlo capaz de aceptar como necesaria la paz que la Entente habría impuesto.
En el manuscrito, basado en el —texto
franca citado, Kraniár es 'transcrito: "Kramarzh".
Se trata,
como se ve, de dos órdenes de hechos y de observaciones: 1º] Que los hombres
cuyo pensamiento es fundamentalmente idéntico, después de haber vivido
separados y en condiciones de vida tan distintas, acaban por tener dificultad
para entenderse, creándose así la necesidad de un periodo de trabajo común
necesario para acomodarse al mismo diapasón. Si no se comprende esta necesidad
se incurre en el riesgo banal de plantear polémicas sin sustancia, sobre
cuestiones de "vocabulario", cuando es algo bien distinto lo que
habría que hacer.
40 Esto
refuerza el principio de que en cada movimiento el grado de preparación del
personal no debe ser entendido abstractamente (como hecho exteriormente
cultural, de elevación cultural) sino como preparación "concorde" y
coordinada, de modo que en el personal, como visión, exista identidad en el
modo de razonar y por lo tanto rapidez en el entenderse para actuar
concertadamente en forma expedita. 2º] Que no sólo dos campos enemigos no se
comprenderán durante largo tiempo después de concluida la lucha, sino que no se
comprenderán tampoco los elementos afines entre sí que existen en los dos
campos como
de
Arnaldo Frateili, en Letteraria, 8 de mayo de 1932 (año IV, n. 18), donde
aparece también la caricatura-retrato de que se habla en el texto.
Cfr. Mario Bonfantini, "L'arte di
Carlo Bini", en L'Italia Letteraria, 22 de mayo de 1932 (año IV, n. 21).
2 Cfr.
Henry Wickam Steed, Mes souvenirs, vol. II, Plon, París, 1927 [FG, C. carc.,
'I'uri II], p. 234.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 872
masa y
que después de la lucha deberían amalgamarse rápidamente. Que no hay que pensar
que, dada la afinidad, la reunión debe producirse automáticamente, sino que hay
que predisponerla con un trabajo de amplio alcance en toda el área, o sea en
toda la extensión del dominio cultural y no abstractamente, o sea partiendo de
principios generales siempre válidos, pero concretamente, sobre la experiencia
del pasado inmediato y del inmediato presente, de donde los principios deben
parecer brotar como férrea necesidad y no como a priori.
<53>. Pasado y presente. Un
diálogo. Algo ha cambiado fundamentalmente. Y puede verse ¿Qué cosa? Antes,
todos querían ser labradores de la historia, tener partes activas, cada uno
quería tener una parte activa. Nadie quería ser "estiércol" de la
historia. ¿Pero es posible arar sin primero abonar la tierra? Por lo tanto,
debe haber el labrador y el "estiércol". Abstractamente todos lo
admitían. ¿Pero prácticamente? "Estiércol" por "estiércol"
era lo mismo que quedar atrás, volver a la sombra, a lo indistinto. Algo ha
cambiado, porque hay quien se adapta "filosóficamente" a ser
estiércol, sabe que tiene que serlo, y se adapta. Es como la cuestión del
hombre en punto de muerte, como suele decirse. Pero hay una gran diferencia,
porque en punto de muerte se está en un acto decisivo que dura un instante; por
el contrario, en la cuestión del estiércol la cuestión dura mucho tiempo, y se
representa cada momento. Se vive una sola vez, como se dice; la personalidad
propia es insustituible. No se ofrece, para representarla, una elección
espasmódica, de un instante, en la que todos los valores son apreciados
fulminantemente y hay que decidir sin remisión. Aquí la remisión es de cada
instante y la decisión debe repetirse cada instante. Por eso se dice que algo
ha cambiado. No se trata tampoco de vivir un día como león o cien años como
oveja. No se vive como león ni siquiera un minuto, todo lo contrario: se vive
como suboveja durante años y años y se sabe que hay que vivir así. La imagen de
Prometeo que, en vez de ser agredido por el águila, es devorado por los
parásitos. A Job lo pudieron imaginar los hebreos; a Prometen sólo podían
imaginarlo los griegos; pero los hebreos fueron más realistas, más despiadados,
y también dieron una mayor evidencia a su héroe.
41
<54>. Nociones enciclopédicas.
Bibliografía. Société française de philosophie. Vocabulaire technique et
critique de la philosophie, publicado por A. Lalande, IVe edición aumentada,
París. Alean, 1932, en 89, tres volúmenes, 180 francos.1
<55>. Renacimiento y Reforma. Cfr.
A. Oriani, La lotta politica (p. 128, edición milanesa): "La variedad del
ingenio italiano, que en la ciencia podía ir desde el sublime buen sentido de
Galileo a las deslumbrantes y extrañas intuiciones de Cardano, se adapta
igualmente a la Reforma, y ahí se descubren de inmediato a Marco Antonio
Flaminio, poeta latino, a Jacopo Nardi, historiador, a Renata d'Este, mujer del
duque Ercole II; Lelio Socini, ingenio superior a Lutero y Calvino, que llega
mucho más alto fundando la secta de los unitarios; Bernardo Ochino y Pietro
Martire Vermiglio, teólogo, que pasarán, éstos a la universidad de Oxford,
aquéllos al capítulo de Canterbury; Francesco Burlamacchi que volverá a
intentar la imposible empresa de Stefano Porcari y en ella perecerá como mártir
héroe; Pietro Carnesecchi y Antonio Palcario que entre ambos perderán allí
noblemente la vida. Pero este movimiento incomunicado al pueblo es más bien una
crisis del pensamiento filosófico y científico, naturalmente ritmada sobre la
gran revolución germánica, que un proceso de purificación y de elevación
religiosa. De hecho, al resumirlo Giordano Bruno y Tommaso
La indicación está tomada con toda
probabilidad del Solletino bibliografico' del Leonardo, junio de 1932 (año III,
n. 6), p. 283.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 873
Campanella,
por haber ambos vivido y muerto dentro de la órbita de una orden monástica, son
dos filósofos arrastrados por la especulación más allá de los confines no sólo
de la Reforma sino del propio cristianismo. En consecuencia, el pueblo
permanece tan insensible a su tragedia que casi parece ignorarla".1
¿Pero qué
significa todo esto? ¿Acaso que tampoco la Reforma es una crisis del
pensamiento filosófico y científico, o sea de la actitud con respecto al mundo,
del concepto del mundo? Por lo tanto hay que decir que, a diferencia de los
demás países, ni siquiera la religión era en Italia elemento de cohesión entre
el pueblo y los intelectuales, y por eso precisamente la crisis filosófica de
los intelectuales no se prolongaba en el pueblo, porque no tenía orígenes en el
pueblo, porque no existía un "bloque nacional-popular" en el campo
religioso. En Italia no existía "iglesia nacional", sino
cosmopolitismo religioso, porque los intelectuales italianos <estaban>
vinculados a toda la cristiandad inmediatamente como dirigentes anacionales. Separación
entre ciencia y vida, entre religión y vida popular, entre filosofía y
religión; los dramas individuales de Giordano Bruno, etcétera, son del
pensamiento europeo y no italiano.
42
<56>. Pasado y presente. El culto
provinciano a la inteligencia y su retórica. Cfr. la carta-prefacio de Emilio
Bodrero a la revista Accademie e Biblioteche d'Italia, vol. I, p. 5, donde se
dice poco más o menos que Italia "no tiene nada que exportar sino
inteligencia".2 (Cfr. "el eructo del párroco" de Maccari).3 En
los libros de Oriani este elemento es frenético. Recordar la anécdota de Oriani
quien, ante la pregunta de si tenía que declarar algo que causara impuesto,
respondió: "si la inteligencia paga impuestos, aquí la hay por
quintales".4 Habrá que señalar que tal actitud es de los intelectuales
mediocres y fallidos.
<57>. La cultura como expresión de
la sociedad. Una afirmación de Baldensperger, de que los grupos humanos
"crean las glorias según las necesidades y no según los méritos",5 es
justa y debe meditarse. Puede extenderse incluso más allá del campo literario.
<58>. La “nueva" ciencia.
Borgese y Michel Ardan. En la novela de Verne De la tierra a la luna, Michel
Ardan en su discurso dice líricamente que "el espacio no existe"
porque los astros están a tal punto cercanos los unos de los otros que se puede
pensar el universo como un todo sólido, cuyas distancias recíprocas pueden
parangonarse con las distancias existentes entre las moléculas del metal más
compacto como el oro o el platillo. Borgese, siguiendo las huellas de
Eddington. ha puesto de cabeza el razonamiento de Verne y sostiene que la
"materia sólida" no existe porque el vacío del átomo es tal que un
cuerpo humano, reducido a sus partes sólidas, se convertiría en un corpúsculo
sólo visible bajo el microscopio.6 Es la fantasía de Verne aplicada a la
"Ciencia" de los científicos y no ya a la de
1 La
edición milanesa de la Lotta politica in Italia, de la que está tomada esta
cita, es la realizada en 1895 por el editor Galli. No hay pruebas de que
Gramsci tuviese en la cárcel este libro; sin embargo es posible que haya
llegado a sus manos, quizás mediante un préstamo. Cfr. también el juicio sobre
Alfredo Oriani y sobre La lotta politica in Italia contenido en el Cuaderno 8
(XXVIII), § 165, parágrafo escrito aproximadamente en el mismo periodo.
La cita de Emilio Bodrero está tomada del
artículo de Luigi De Gregori, "La Biblioteca Nazionale", en Nuova
Antologia, lo. de
junio de
1932 (año LXVII, fase. 1447), pp. 88-96, cfr. en particular p. 89.
Cfr. Cuaderno 1 (XVI), § 141.
La anécdota está tomada de un artículo de
Lorenzo Viani, "Dieci tonnellate d'intelligenza a Torcello (La Biennale di
venticinque anni fa)", en Corriere della Sera, 29 de abril de 1932.
La afirmación de Fernand Baldensperger
está tomada de un artículo de Carlo Franelli, "Biografia: sinceritá e
maturitá", en Critica Fascista, 15 de julio de 1932 (año X, n. 14), pp.
279-80, cfr. en particular p. 280.
Cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), § 170 y nota 2.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 874
los
muchachos. (Verne imagina, en el momento en que Ardan expone su tesis, que
Maston, uno de los personajillos con los que hace ingeniosos sus libros, grita
con entusiasmo: "Si, ;las distancias no existen!", al tiempo que está
a punto de caer para probar así, en vivo, si las distancias existen o no.)1
Cfr.
Cuaderno 11 (XVIII), pp. 77bis-78.
<59>. Nociones enciclopédicas.
Empirismo. Significado equívoco del término. Se emplea el término de empirismo,
comúnmente, en el sentido de no-científico. Pero se lo emplea también en el
sentido de no categórico (propio de las categorías filosóficas) y por lo tanto
de "concreto" y real en el sentido "corpóreo" de la
palabra. Realidad empírica y realidad categórica, etcétera. Para Croce, por
ejemplo, las ciencias filosóficas son las únicas y auténticas ciencias,
mientras que las ciencias físicas o exactas son "empíricas" y
abstractas, porque para el idealismo la naturaleza es una abstracción
convencional, de "conveniencia", etcétera.
43
<60>. Pasado y presente. Sobre el
soñar con los ojos abiertos y el fantasear. Prueba de falta de carácter y de
pasividad. Se imagina que un hecho ha sucedido y que el mecanismo de la
necesidad se ha vuelto al revés. La iniciativa propia se ha vuelto libre. Todo
es fácil. Se puede lo que se quiere, y se quiere toda una serie de cosas de las
que actualmente se carece. Es, en el fondo, el presente vuelto al revés que se
proyecta en el futuro. Todo lo reprimido se desencadena. Por el contrario, hay
que atraer violentamente la atención al presente tal como es, si se quiere
transformarlo. Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad.2
<61>. Pasado y presente. Inglaterra
y Alemania. Una confrontación de los dos países con respecto a su
comportamiento frente a la crisis de depresión del 1929 y siguientes. De este
análisis debería desprenderse la estructura real de uno y otro y su recíproca
posición funcional en el conjunto económico mundial, elemento de la estructura
que no es, de costumbre, atentamente observado. Puede iniciarse el análisis con
el fenómeno de la desocupación. ¿Tienen el mismo significado las masas de
desocupados en Inglaterra y en Alemania? ¿El teorema de las "proporciones
definidas"3 en la división del trabajo interno se presenta del mismo modo
en los dos países? Puede decirse que la desocupación inglesa, aun siendo
inferior numéricamente a la alemana, indica que el coeficiente "crisis
orgánica" es mayor en Inglaterra que en Alemania, donde por el contrario
el coeficiente "crisis cíclica" es más importante. O sea que, en la
hipótesis de una recuperación "cíclica", la absorción de la
desocupación sería más fácil en Alemania que en Inglaterra. De qué elemento de
la estructura depende esta diferencia: de la mayor importancia que en
Inglaterra tiene el comercio en comparación con la producción industrial, o sea
de la existencia en Inglaterra de una masa de "proletarios"
vinculados a la función comercial superior a la alemana, donde, por el
contrario, es mayor la masa industrial. Composición de la población activa y su
distribución en las diversas actividades. Muchos comerciantes (banqueros,
agentes de cambio, representantes, etcétera) determinan un amplio empleo de
personal para sus servicios cotidianos: aristocracia más rica y poderosa que en
Alemania. Más numerosa la cantidad de "parásitos rituales" o sea de
elementos sociales empleados no en la producción directa, sino
1 Este
libro de hiles Verne no se ha conservado entre los libros de la cárcel; también
es posible que Gramsci lo tuviera en préstamo de la biblioteca de la cárcel, no
se sabe en qué edición.
Cfr. nota 8 al Cuaderno 1 (XVI), § 63.
Sobre el teorema de las
"proporciones definidas" —que Gramsci toma de Maffeo Pantaleoni— cfr.
el subsiguiente § 62.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 875
en la
distribución y en los servicios [personales] de las clases poseedoras.
44
<62>. Maquiavelo. El teorema de las
proporciones definidas. Este principio puede emplearse para hacer más claros
muchos razonamientos referentes a la organización e incluso a la política
general (en el análisis de las situaciones, de las relaciones de fuerza,
etcétera, en el problema de los intelectuales). Se entiende que hay que
recordar siempre que el recurso al principio de las proporciones definidas
tiene un valor metafórico, y no puede ser aplicado mecánicamente. Cada
organismo tiene su propio principio óptimo de proporciones definidas. Pero la
ciencia de la organización debe recurrir especialmente a este principio. En el
ejército se ve con claridad la aplicación del principio. Pero cada sociedad
tiene su ejército y cada tipo de ejército tiene su propio principio de
proporciones definidas, y está en continuo desarrollo incluso como tipo. El
ejército actual es ya distinto del que era en los inicios del desarrollo de la
actual forma social, etcétera. Relación entre tropa, tropa con grado,
suboficiales, oficiales subalternos, oficiales superiores, Estado Mayor
general, etcétera. Relación de las armas especiales. Relación de los servicios
de intendencia, etcétera. Cada cambio en cada uno de los elementos provoca
desequilibrios en las otras partes, etcétera.
Políticamente
el principio se puede estudiar en los partidos, en las fábricas, y ver cómo
cada grupo social tiene sus propias proporciones, según el nivel de cultura, de
independencia mental, de espíritu de iniciativa de sus miembros más atrasados y
periféricos.
La ley de
las proporciones definidas es resumida así por Pantaleoni en los PrincipII di
Economia Pura: "...Los cuerpos se combinan químicamente sólo en
proporciones definidas, y; cada cantidad de un elemento que supere la cantidad
exigida para una combinación con otros elementos, presentes en cantidades
definidas, queda libre; si la cantidad de un elemento es deficiente en relación
a la cantidad de otros elementos presentes, la combinación no se produce más
que en la medida en que es suficiente la cantidad del elemento que está
presente en cantidad menor que la de los otros".1 Sería posible servirse
metafóricamente de esta ley para hacer comprender cómo un
"movimiento" se vuelve partido, o sea fuerza política eficiente, en
la medida en que posee "dirigentes" de diverso grado y en la medida
en que estos dirigentes son "capaces". El automatismo histórico de
cierta premisa es potenciado políticamente por los partidos y los hombres
"capaces": su ausencia o deficiencia (cuantitativa y cualitativa)
hace "estéril" el propio automatismo: existe la premisa, pero las
consecuencias no se realizan. Por eso puede decirse que los partidos tienen la
misión de crear dirigentes, son la función de masa que selecciona, desarrolla y
multiplica los dirigentes necesarios para que la masa determinada (que es una
cantidad "fija", en cuanto se puede asumir y fijar cuántos son los
miembros de un cierto grupo social) se articule y convierta, de caos
tumultuoso, en ejército político orgánicamente predispuesto. Cuando en elecciones
sucesivas del mismo grado o de grado distinto (en Alemania por ejemplo:
elecciones para presidente de la república, para las dietas de los Lánder, para
el Reichstag, para los consejos comunales y así sucesivamente hasta los comités
de empresa),2 cuando un partido fluctúa en su masa de sufragios de máximos a
mínimos que parecen arbitrarios, se puede deducir que sus cuadros son
deficientes en cantidad y en calidad, o por cantidad y no por calidad
(relativamente) o por calidad y no por cantidad. Un partido que tiene muchos
votos sindicales
Cfr. Maffeo Pantaleoni, Principii di
Economia Pura, Treves, Milán, 1931, p. 112. Aunque este volumen no se ha
conservado entre los libros de la cárcel, de otras anotaciones —cfr. en
particular Cuaderno 10 (XXXIII) parte II, § 30— se desprende que Gramsci había
visto en Turi esta nueva edición de 1931 (pero también es probable que Gramsci
hubiera leído a su tiempo, en Turín,
durante
los años universitarios, una edición anterior: la, primera edición es de 1889).
Gramsci tenía presentes a este respecto
los datos de las elecciones prusianas, anotados en la p. 7 de este mismo
Cuaderno (cfr. DC) y tomados de una nota de la reseña de política internacional
de Educazione Fascista, 20 de mayo de 1932 (año X, n. 5), pp. 391-95.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 876
y menos
políticos, es deficiente cualitativamente en su dirección: posee muchos
subalternos, o al menos en número suficiente, pero no posee los grados
superiores proporcionadamente, etcétera. Puede hacerse un análisis de tal
género que ya fue sugerido en otras anotaciones.
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), pp. 22-22a.
45
<63>. Pasado y presente. Contra el
bizantinismo. Se puede llamar bizantinismo o escolasticismo la tendencia
degenerativa a tratar las cuestiones llamadas teóricas como si tuviesen un
valor por si mismas, independientemente de toda práctica determinada. Un
ejemplo típico de bizantinismo son las llamadas tesis de Roma,1 en donde se
aplica a los problemas el método matemático como en la economía pura. Se
plantea la cuestión de si una verdad teórica descubierta en correspondencia con
una determinada práctica puede ser generalizada y considerada universal en una
época histórica. La prueba de su universalidad consiste precisamente en lo que
aquélla se convierte: 1] estímulo para conocer mejor la realidad efectiva en un
ambiente distinto a aquél en el que fue descubierta, y en eso está su primer
grado de fecundidad; 2] habiendo estimulado y ayudado a esta mejor comprensión
de la realidad efectiva, se incorpora a esta realidad misma como si fuese su
expresión originaria. En este incorporarse está su universalidad concreta, no
simplemente en su coherencia lógica y formal y en el hecho de ser un
instrumento polémico útil pata confundir al adversario.
En suma,
debe estar siempre vigente el principio de que las ideas no nacen de otras
ideas, que las filosofías no son paridas por otras filosofías, sino que son la
expresión siempre renovada del desarrollo histórico real. La unidad de la
historia, o sea lo que los idealistas llaman unidad del espíritu, no es un
presupuesto, sino un continuo hacerse progresivo. Igualdad de realidad efectiva
determina identidad de pensamiento y no viceversa. De ahí se deduce además que
toda verdad, aun siendo universal, y aun pudiendo ser expresada con una fórmula
abstracta, de tipo matemático (para la tribu de los teóricos), debe su eficacia
a ser expresada en los lenguajes de las situaciones concretas particulares: si
no es expresable en lenguas particulares es una abstracción bizantina y
escolástica, buena para pasatiempo de los rumiadores de frases.
46
<64> .Maquiavelo (historia de las
clases subalternas). Importancia y significado de los partidos. Cuando se
escribe la historia de un partido se enfrenta toda una serie de problemas. ¿Qué
será la historia de un partido? ¿Será la simple narración de la vida interna de
una organización política, cómo nace, los primeras grupos que la constituyen,
las polémicas ideológicas a través de las cuales nace su programa y su
concepción del mundo y de la vida? En tal caso, sería la historia de
restringidos grupos intelectuales y en ocasiones la biografía política de una
sola personalidad. El cuadro deberá ser más amplio: será la historia de una
determinada masa de hombres que habrá seguido a aquellos hombres. los habrá
apoyado con su confianza, criticado "realistamente" con sus
dispersiones y su pasividad. ¿Pero esta masa estará constituida solamente por
los socios del partido? Habrá que seguir los congresos, las
1 Tesis
de Roma fueron llamadas las "tesis sobre la táctica", escritas por
Bordiga y presentadas por Bordiga y Terracini en el II Congreso Nacional del
Partido Comunista de Italia (Roma, 20-24 de marzo de 1922). Fueron discutidas y
aprobadas por el comité central del PCdI en la sesión del 19-20 de diciembre de
1921; sometidas a crítica por el comité ejecutivo de la Internacional
Comunista, se decidió su presentación al Congreso a título consultivo como
contribución a la preparación del IV Congreso Mundial Internacional (cfr. Paolo
Spriano, Storia del Partito Comunista Italiano, vol. I: Da Bordiga a Gramsci,
Einaudi, Turín, 1967, pp. 177-91). Para el juicio de Gramsci sobre las Tesis de
Roma deben verse sus artículos Necessita di una preparazione ideologica di
massa, en L'Unitá del 3 de mayo de 1925 (ahora en CPC, 50-57), y todavía ante
su carta a Togliatti, Terracini, etcétera, del 9 de febrero de 1924 (cfr.
Palmiro Togliatti, formazione del gruppo dirigente del partir° comunista
italiano, Editori Riuniti, Roma, 1962, pp. 192-93).
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 877
votaciones,
etcétera, todo el conjunto de modos de vida con los que una masa de partido
manifiesta su voluntad; ¿pero será suficiente? Evidentemente habrá que tomar en
cuenta el grupo social del que el partido es la expresión y la parte más
avanzada. y la historia de un partido no podrá dejar de ser la historia de un
determinado grupo social. Pero este grupo no está aislado en la sociedad, tiene
amigos, afines, adversarios, enemigos. Sólo del complejo cuadro de todo el
conjunto social resultará la historia de un determinado partido, y por lo tanto
puede decirse que escribir la historia de un partido significa escribir la
historia general de un país desde un punto de vista monográfico, para poner de
relieve un aspecto característico. Un partido habrá tenido mayor o menor
importancia, mayor o menor significado en la medida, precisamente, en que su
actividad particular haya tenido mayor o menor peso en la determinación de la
historia de un país. He aquí que del modo de escribir la historia de un partido
se desprende qué concepto se tiene de lo que un partido es y debe ser. El
sectario se exaltará con los pequeños sucesos internos, que tendrán para él un
significado esotérico y le llenarán de entusiasmo místico. Un
historiador-político dará a estos hechos la importancia que tienen en el cuadro
general e insistirá en la eficiencia real del partido, en su fuerza
determinante, positiva o negativa, en el haber contribuido a determinar un
suceso e incluso en el haber impedido su realización.
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), p. 23-23a.
<65>. Pasado y presente. La
historia maestra de la vida, las lecciones de la experiencia, etcétera. También
Benvenuto Cellini (Vida, Libro segundo, últimas palabras del parágrafo XVII),
escribe: "Es bien cierto lo que se dice: aprenderás todavía otra vez. Esto
no vale, porque la (fortuna) viene siempre de formas distintas y nunca
imaginadas".1 Quizá pueda decirse que la historia es maestra de la vida y
que la experiencia enseña, etcétera, no en el sentido de que se pueda, por la
forma como se ha desarrollado una serie de acontecimientos, extraer un criterio
seguro de acción y de conducta para acontecimientos similares, sino sólo en el
sentido de que, siendo la producción de acontecimientos reales el resultado de
una concurrencia contradictoria de fuerzas, hay que tratar de ser la fuerza
determinante.
47 Esto
debe ser entendido en muchos sentidos, porque es posible ser la fuerza
determinante no sólo por el hecho de ser la fuerza cuantitativamente
predominante (lo que no siempre es posible y factible) sino por el hecho de ser
la cualitativamente predominante, y esto puede lograrse si se tiene espíritu de
iniciativa, si se capta el "buen momento", si se mantiene en continuo
estado de tensión a la voluntad, con el fin de estar en condiciones de
dispararse en cualquier momento que se decida (sin necesidad de largos
preparativos que hacen pasar el momento más favorable) etcétera. Un aspecto de
tal modo de considerar las cosas lo expresa el aforismo de que la mejor táctica
defensiva es la ofensiva. Nosotros estamos siempre a la defensiva contra el
"acaso", o sea la aparición imprevisible de fuerzas contrarias que no
siempre pueden ser identificadas en su totalidad (y una sola que se pase por
alto impide prever la combinación efectiva de las fuerzas que siempre da
originalidad a los acontecimientos) y podemos "ofenderlo" en el
sentido de que intervenimos activamente en su producción, desde nuestro punto
de vista, lo volvemos menos "acaso" o "naturaleza" y más
afecto de nuestra actividad y voluntad.
<66>. Literatura popular. He
mencionado en otra nota2 cómo en Italia la música ha sustituido en cierta
medida, en la cultura popular, a aquella expresión artística que en otros
1 . No ha
sido posible averiguar si la cita es directa (en todo caso la obra de Cellini
no se ha conservado entre los libros de la cárcel) o tomada de una fuente
indirecta.
Cfr. Cuaderno 6 (VIII), § 147; pero
también Cuaderno 8 (XXVIII), § 46.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 878
países es
dada por la novela popular, y cómo los genios musicales han tenido la
popularidad que, por el contrario, les ha faltado a los literatos. Debe
investigarse: 1º] si el florecimiento de la ópera en música coincide en todas
sus fases de desarrollo (o sea no como expresión individual de artistas
geniales aislados, sino como hecho, manifestación histórico-cultural) con el
florecimiento de la épica popular representada por la novela. Me parece que sí:
la novela y el melodrama tienen su origen en el siglo XVIII y florecen en la
primera mitad del siglo XIX, o sea que coinciden con la manifestación y la
expansión de las fuerzas democráticas populares- nacionales en toda Europa. 2º]
Si coinciden la expansión europea de la novela anglo-francesa y la del melodrama
italiano.
¿Por qué
la "democracia" artística italiana ha tenido una expresión musical y
no "literaria"? ¿El que el lenguaje no haya sido nacional, sino
cosmopolita, como lo es la música, puede vincularse a la deficiencia de
carácter popular-nacional de los intelectuales italianos? En el mismo momento
que en cada país se produce una estrecha nacionalización de los intelectuales
indígenas, y este fenómeno se da también en Italia, aunque en menor medida
(también el siglo XVIII italiano, especialmente en su segunda mitad, es más
"nacional" que cosmopolita), los intelectuales italianos continúan su
función europea a través de la música.
Tal vez podría observarse que la trama de
los libretos no es nunca "nacional" sino europea, en dos sentidos: o
porque la "intriga" del drama se desarrolla en todos los países de
Europa y más raramente en Italia, partiendo de leyendas populares y de novelas
populares; o porque los sentimientos y las pasiones del drama reflejan la
particular sensibilidad europea dieciochesca y romántica, o sea una
sensibilidad europea, que no por ello coincide con elementos conspicuos de la
sensibilidad popular de todos los países, de los cuales, por lo demás, recibió
la corriente romántica. (Este hecho debe vincularse con la popularidad de
Shakespeare e incluso de los trágicos griegos, cuyos personajes, arrastrados
por pasiones elementales —celos, amor paterno, venganza, etcétera— son
esencialmente populares en todos los países.) Por eso puede decirse que la
relación melodrama italiano-literatura popular anglo-francesa no es
desfavorable críticamente al melodrama, porque la relación es histórico-popular
y no artístico-crítica. Verdi no puede ser comparado, por así decirlo, con
Eugenio Sue, como artista, si bien puede decirse que el éxito popular de Verdi
sólo puede ser parangonado con el de Sue, aunque para los estetizantes
(wagnerianos) aristocráticos de la música, Verdi ocupa el mismo puesto en la
historia de la música que Sue en la historia de la literatura. La literatura
popular en sentido peyorativo (tipo Sue y toda la secuela) es una degeneración
político-comercial de la literatura nacional-popular, cuyo modelo son precisamente
los trágicos griegos y Shakespeare.
Este
punto de vista sobre el melodrama puede también ser un criterio para comprender
la popularidad de Metastasio, quien la obtuvo especialmente como escritor de
libretos.
<67>. Pasado y presente. En la
exposición crítica de los acontecimientos subsiguientes a la guerra y a los
intentos constitucionales (orgánicos) para salir del estado de desorden y de
dispersión de las fuerzas, mostrar cómo el movimiento para valorizar la
fábrica1 en contraste (o mejor autónomamente) con la (de la) organización
profesional corresponde perfectamente al análisis que del desarrollo del
sistema de fábrica se hace en el primer volumen de la Crítica de la Economía
Política. Que una división del trabajo cada vez más perfecta reduce
objetivamente la posición del trabajador en la fábrica a movimientos de detalle
cada vez más "analíticos", de manera que al individuo se le escapa la
complejidad de la obra común, y en su misma conciencia la contribución propia
se deprecie hasta llegar a
Se alude aquí evidentemente al movimiento
de los consejos de fábrica, promovido por Gramsci en Turín en 1919-20 a través
de L'Ordine Nuovo.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 879
parecer
fácilmente sustituible en cada instante; que al mismo tiempo el trabajo
concertado y bien ordenado da una mayor productividad "social" y que
el conjunto de los obreros de la fábrica deba concebirse como un
"trabajador colectivo",2 son los presupuestos del movimiento de
fábrica que tiende a hacer volverse "subjetivo" lo que es dado
"objetivamente". Además ¿qué quiere decir objetivo en este caso?
49 Para
el trabajador aislado, "objetivo" es el encuentro de las exigencias
del desarrollo técnico con los intereses de la clase dominante. Pero este
encuentro, esta unidad entre desarrollo técnico y los intereses de la clase
dominante es sólo una fase histórica del desarrollo industrial, debe ser
concebido como transitorio. El vínculo puede disolverse; la exigencia técnica
puede ser pensada concretamente separada de los intereses de la clase
dominante,1 no sólo eso sino unida con los intereses de la clase todavía
subalterna. Que tal "escisión" y nueva síntesis esté históricamente
madura es algo demostrado perentoriamente por el hecho mismo de que un proceso
semejante es comprendido por la clase subalterna, que precisamente por ello no
es ya subalterna, o sea que da muestra de tender a salir de su condición
subordinada. El "trabajador colectivo" comprende que lo es y no sólo
en cada fábrica aislada sino en esferas más amplias de la división del trabajo
nacional e internacional, y esta conciencia adquirida da una manifestación
externa, política, precisamente en los organismos que representan la fábrica
como productora de objetos reales y no de ganancia.
<68>. Maquiavelo. Centralismo
orgánico y centralismo democrático. Hay que estudiar las relaciones económicas
y políticas reales que hallan su forma organizativa su articulación y su
funcionalidad en las manifestaciones de centralismo orgánico y de centralismo
democrático en una serie de campos: en la vida estatal (unitarismo,
federalismo, etcétera), en la vida interestatal (alianzas, formas diversas de
constelaciones políticas internacionales), en la vida de los partidos políticos
y de las asociaciones sindicales económicas (en un mismo país, entre países
distintos, etcétera). Las polémicas surgidas en el pasado (antes de 1914) a
propósito del predominio alemán2 en la vida de algunas fuerzas políticas
internacionales. Pero ¿era real este predominio o en qué consistía realmente?
Me parece que puede decirse; 1º] que ningún vínculo orgánico o disciplinario
establecía tal predominio, el cual, por lo tanto, era un simple hecho de
influencia cultural e ideológica abstracta; 2º] que tal influencia cultural no
tocaba para nada la actividad práctica efectiva, la cual, por el contrario, era
disgregada, localista, sin orientación de conjunto. En tal caso no se puede
hablar de ningún centralismo, ni orgánico ni democrático, ni de algún otro
género o mixto. La influencia cultural era resentida y sufrida por escasos
grupos intelectuales, sin vínculos con las masas, y precisamente esta ausencia
de vínculos caracterizaba la situación. Sin embargo, este estado de cosas es
digno de estudio porque sirve para explicar el proceso que ha conducido a las
teorías del centralismo orgánico, que es precisamente una crítica unilateral y
de intelectuales de aquel desorden y dispersión de fuerzas.3 Así pues hay que
distinguir especialmente en las teorías del centralismo orgánico entre aquellas
que ocultan un programa político preciso de predominio real de una parte sobre
el todo (ya sea que esta parte esté constituida por un estrato como el de los
intelectuales, ya sea que esté constituida por un grupo territorial
privilegiado) y aquellas que son una pura posición unilateral (también propia
de intelectuales), o sea un hecho sectario o
1 Gramsci
tiene presente aquí el duodécimo capítulo del libro I de El Capital (División
del trabajo y manufactura): para el concepto de "obrero colectivo"
("obrero colectivo total") cfr. en particular Marx, El Capital, cit.,
t. 1, pp. 274, 283 ss.
La referencia alude en particular a la
socialdemocracia alemana.
Hay aquí una probable alusión a las
concepciones de Bordiga: en los debates internos del PC4I, Bordiga fue quien
propuso adoptar la fórmula del "centralismo orgánico" en sustitución
de la del "centralismo democrático" (cfr. "Ver-bale della
Commissione politica per II congresso di Lione", en Critica Marxista,
septiembre-diciembre de 1963, año I, nn. 5-6, pp. 302-26, cfr. en particular p.
326).
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 880
de
fanatismo, inmediatamente, y que, aun ocultando un programa de predominio, está
sin embargo menos acentuado como hecho político consciente.
El nombre más exacto es el de centralismo
burocrático: la organicidad no puede serlo más que del centralismo democrático,
el cual es precisamente un "centralismo en movimiento" por así
decirlo, o sea una continua adecuación de la organización al movimiento
histórico real y es orgánico precisamente porque toma en cuenta el movimiento,
que es el modo orgánico de manifestarse de la realidad histórica. También es
orgánico porque toma en cuenta algo relativamente estable y permanente o por lo
menos que se mueve en una dirección más fácil de preverse, etcétera. Este
elemento de estabilidad en los Estados se encarna en el desarrollo orgánico de
la clase dirigente, así como en los partidos se encarna en el desarrollo
orgánico del grupo social hegemónico; en los Estados el centralismo burocrático
indica que se ha formado un grupo estrechamente privilegiado que tiende a
perpetuar sus privilegios regulando e incluso sofocando el nacimiento de
fuerzas contrariantes en la base, aunque estas fuerzas sean homogéneas en intereses
con los intereses dominantes (ejemplo en el hecho del proteccionismo en lucha
con el librecambismo). En los partidos que representan grupos socialmente
subalternos, el elemento de estabilidad representa la necesidad orgánica de
asegurar la hegemonía no a grupos privilegiados: sino a las fuerzas sociales
progresistas, orgánicamente progresistas en contraste con otras fuerzas aliadas
pero compuestas y oscilantes entre lo viejo y lo nuevo.
En todo
caso lo que importa observar es que en las manifestaciones del centralismo
burocrático a menudo la situación se ha formado por falta de iniciativa, o sea
por el primitivismo político, de las fuerzas periféricas, aun cuando éstas sean
homogéneas con el grupo territorial hegemónico. Especialmente en los organismos
territoriales [internacionales] la formación de tales situaciones es
extremadamente dañina y peligrosa. El centralismo democrático es una fórmula
elástica, que se presta a muchas "encarnaciones"; vive en cuanto que
es interpretada continuamente y continuamente adaptada a las necesidades:
consiste en la búsqueda crítica de lo que es igual en la aparente disformidad y
distinto y opuesto en la aparente uniformidad, y en el organizar y conectar
estrechamente lo que es semejante, pero de modo que tal organización y conexión
aparezca como una necesidad práctica "inductiva", experimental, y no
el resultado de un procedimiento racionalista, deductivo, abstraccionista, o
sea propio precisamente de intelectuales "puros". Este trabajo
continuo para entresacar el elemento "internacional" y
"unitario" en la realidad nacional y localista es en realidad la
operación política concreta, la única actividad productiva de progreso histórico.
Exige una unidad orgánica entre teoría y práctica, entre estratos intelectuales
y masa, entre gobernantes y gobernados. Las fórmulas de unidad y federación
pierden gran parte de su significado desde este punto de vista; por el
contrario tienen su veneno en la concepción "burocrática", para la
cual en realidad no existe unidad sino pantano estancado superficialmente
calmado y "mudo", y no federación sino saco de papas, o sea
yuxtaposición mecánica de "unidades" individuales sin relación entre
sí.
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), pp. 24-25.
51
<69>. Maquiavelo. [(El número y la
calidad en los regímenes representativos)]. Uno de los lugares comunes más
banales que suelen repetirse contra el sistema electivo de formación de los
órganos estatales es aquel de que "el número sea en él ley suprema" y
que la "opinión de cualquier imbécil que sepa escribir (e incluso de un
analfabeto, en ciertos países) valga, a los efectos de determinar el curso
político del Estado, exactamente lo mismo que la de aquel que dedica sus
mejores esfuerzos al Estado y a la Nación",1 etcétera. (Las
Cfr. Mario da Silva, "Sipario su
Weimar", en Critica Fascista, 15 de agosto de 1932 (año X, n. 16), pp.
303-4). La cita de Gramsci
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 881
formulaciones
son muchas, algunas incluso más felices que esta citada, que es de Mario da
Silva, en la Critica Fascista del 15 de agosto de 1932, pero el contenido es
siempre igual.) Ciertamente no es verdad que el número sea ley suprema, ni que
el peso de la opinión de cada elector sea "exactamente" igual. Los
números, incluso en este caso, son un simple valor instrumental, que da una
medida y una relación y nada más. Y además ¿qué es lo que se mide? Se mide
precisamente la eficacia y la capacidad de expansión y de persuasión de las
opiniones de pocos, de las minorías activas, de las elites, de las vanguardias,
etcétera, etcétera, o sea su racionalidad o historicidad o funcionalidad
concreta. Esto quiere decir también que no es cierto que el peso de las opiniones
de los individuos sea exactamente igual. Las ideas y las opiniones no
"nacen" espontáneamente en el cerebro de cada individuo: han tenido
un centro de irradiación y de difusión, un grupo de hombres o incluso un hombre
aislado que las ha elaborado y presentado en la forma política de actualidad.
La numeración de los "votos" es la manifestación terminal de un largo
proceso en el que la influencia máxima pertenece precisamente a aquellos que
"dedican sus mejores fuerzas al Estado y a la Nación" (cuando lo
son). Si estos presuntos próceres, no obstante las fuerzas materiales infinitas
que poseen, no tienen el consenso de las mayorías, deberán ser juzgados ineptos
y no representantes de los intereses "nacionales", que no pueden
dejar de ser predominantes para inducir la voluntad en un sentido mejor que en
otro. "Desgraciadamente" cada cual se inclina a confundir su propio
interés particular con el interés nacional y en consecuencia a encontrar
horrible, etcétera, que sea la "ley del número" la que decida. No se
trata pues de quien "hace mucho" que se siente reducido al nivel de
un cualquiera, sino precisamente de quien "hace mucho" que quiere
quitar a todos y cada uno incluso esa fracción infinitesimal de poder que posee
para decidir sobre el curso de la vida del Estado.
De la crítica (de origen oligárquico) al
régimen parlamentarista (que por el contrario debería ser criticado
precisamente porque la "racionalidad historicista" del consenso
numérico es sistemáticamente falsificada) estas afirmaciones banales han sido
extendidas a toda forma de sistema representativo, incluso no parlamentarista y
no forjado según los cánones de la democracia abstracta. Tanto menos es exacta
esta formulación. En estos otros regímenes el consenso no tiene en el momento
del voto una fase terminal: todo lo contrario. El consenso es supuesto
permanentemente activo, hasta el punto de que los que consienten podrían ser
considerados como "funcionarios" del Estado y las elecciones un modo
de enrolamiento voluntario de funcionarios estatales de cierto tipo, que en
cierto tiempo podrían coaligarse (en planos diversos) en self-government.
Produciéndose las elecciones no sobre programas genéricos y vagos, sino sobre
programas de trabajo inmediatos, quien consiente se compromete a hacer algo más
que el ciudadano legal común, para realizar las elecciones, es decir, a ser una
vanguardia de trabajo activo y responsable. El elemento
"voluntariedad" en la iniciativa no podría ser estimulado de otro
modo para las multitudes más vastas, y cuando éstas no estén formadas por
ciudadanos amorfos sino por elementos productivos calificados, se puede
entender la importancia que su manifestación puede y debe tener. (Estas
observaciones podrían desarrollarse más amplia y orgánicamente, poniendo de
relieve también otras diferencias entre los diversos tipos de eleccionismo,
según cambien las relaciones generales sociales y políticas.)
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), pp. 21-22.
<70>. Maquiavelo. Sobre el origen
de las guerras. ¿Cómo se puede decir que las guerras entre naciones tienen su
origen en las luchas de los grupos en el interior de cada nación? Es
está
ligeramente modificada; en el texto de Critica Fascista se lee: "la
opinión de un imbécil cualquiera que sepa leer y escribir" etcétera; el
inciso que sigue entre paréntesis es de Gramsci.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 882
cierto
que en cada nación debe existir una cierta (y determinada para cada nación)
expresión de la ley de las proporciones definidas. Esto es, los diversos grupos
deben estar en ciertas relaciones de equilibrio, cuyo trastorno radical podría
conducir a una catástrofe social. Estas relaciones varían según que un país sea
agrícola o industrial y según los diversos grados de desarrollo de las fuerzas
productivas. La clase dirigente tratará de mantener el equilibrio mejor para su
permanencia, y no sólo esto, sino para su permanencia en determinadas
condiciones de prosperidad e incluso para incrementar estas condiciones. Pero
como el área social de cada país es limitada, tenderá a extenderla a las zonas
coloniales y por lo tanto a entrar en conflicto con otras clases dirigentes que
aspiran al mismo fin, o en cuyo perjuicio redundaría necesariamente la
expansión de la primera, porque también el globo es limitado. Toda clase
dirigente tiende en abstracto a ampliar la base de la sociedad trabajadora de
la que obtiene plusvalía, pero la tendencia, de ser abstracta pasa a ser
concreta e inmediata cuando la extracción de la plusvalía en su base
tradicional se ha vuelto difícil y peligrosa más allá de ciertos límites que
son insuficientes.
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), p. 23a.
53
<71>. Pasado y presente. [(Cfr. p.
58)].1 Un aspecto esencial de la estructura del país es la importancia que en
su composición tiene la burocracia. ¿Cuántos son los empleados de la
administración estatal y local? ¿Y qué fracción de la población vive con el
producto de los empleos estatales y locales? Debe verse el libro del doctor
Renato Spaventa, Burocrazia, ordinamenti amministrativi e Fascismo, 1928,
editores Treves.2 Reproduce el juicio de un "ilustre economista" que
17 años antes, o sea cuando la población era de unos 35 millones, calculaba que
"aquellos que obtienen su subsistencia de un empleo público, oscilan
alrededor de los dos millones de personas".3
Parece que entre ellas no se calcularon
los empleados de los organismos locales, mientras que si parece que se
calcularon los ferroviarios y empleados de industrias monopolizadas que no
pueden calcularse como empleados administrativos, sino que deben ser
considerados aparte porque, bien o mal, producen bienes controlables y son
empleados por necesidades industriales controlables con exactitud. La
comparación entre los diversos Estados puede hacerse para los empleados
administrativos centrales y locales y para la parte del presupuesto que
consumen (y para la fracción de población que representan), no para los
pertenecientes a las industrias y servicios estatizados que no son semejantes y
homogéneos entre Estado y Estado. Por esta misma razón no pueden incluirse
entre los empleados estatales los maestros de escuela, que deben ser
considerados aparte, etcétera. Hay que aislar y confrontar aquellos elementos
de empleo estatal y local que existen en cada Estado moderno, incluso en el más
"librecambista", y considerar aparte todas las otras formas de
empleo, etcétera.
<72>. Temas de cultura.
Americanismo y fordismo. [(Cfr. p. 58)].4 En algunas notas dispersas en los
distintos cuadernos se han señalado algunos aspectos del fenómeno industrial
representado por el fordismo, especialmente por lo que concierne al significado
de los "altos salarios" pagados por Ford.5 La tesis es ésta: que toda
la ideología fordiana de los
Cfr. el subsiguiente § 73.
Las indicaciones en torno a este libro de
Renato Spaventa están tomadas del articulo de Salvatore Alessi, "Intorno
all'ordinamento burocratico", en Critica Fascista, 15 de agosto de 1932
cit., pp. 308-9.
Ibid., p. 308.
Cfr. el subsiguiente § 74.
Es probable que para estas nuevas
consideraciones sobre el fordismo Gramsci fuese estimulado polémicamente por un
articulo
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 883
altos
salarios es un fenómeno derivado de una necesidad objetiva de la industria
llegada a un determinado grado de desarrollo y no un fenómeno primario (lo que
no exonera del estudio de la importancia y de las repercusiones que la
ideología puede tener por su cuenta). Entre tanto ¿qué significa "alto
salario"? ¿Es "alto" el salario pagado por Ford sólo en
comparación con la media de los salarios norteamericanos, o es alto como precio
de la fuerza de trabajo que los obreros empleados por Ford consumen en las
fábricas Ford? No consta que esta investigación se haya hecho ya
sistemáticamente, pero sólo ella podría dar una respuesta concluyente.
Ciertamente la investigación es difícil, pero las causas mismas de esta
dificultad son una respuesta indirecta. La respuesta es difícil porque el
número de empleados de Ford es muy inestable. Por eso no es posible establecer
una media de mortalidad racional entre ellos que pueda confrontarse con la
media de las otras industrias.
54 ¿Pero
por qué esta inestabilidad? ¿Cómo es que un obrero prefiere un salario más bajo
que el que paga Ford? ¿No significa esto que los llamados altos salarios son
menos convenientes para reconstituir la fuerza de trabajo consumida de lo que
son los salarios más bajos de las otras industrias? Esta misma inestabilidad
demuestra que las condiciones normales de competencia entre los obreros no
operan, por lo que toca a la industria Ford, más que dentro de límites
restringidos: no opera el nivel distinto entre la media de salario y no opera
el ejército de reserva de desocupados. Esto significa que en la industria Ford
hay que buscar un elemento nuevo, que será la razón real tanto de los
"altos salarios" como de los otros fenómenos mencionados (inestabilidad,
etcétera). Este elemento no puede buscarse más que en esto: la industria Ford
exige una discriminación en sus obreros que las otras industrias no exigen, un
tipo de calificación de nuevo género, una forma de consumo de fuerzas y una
cantidad de fuerza consumida en el mismo tiempo medio que es más gravosa y más
grave que en otros lugares y que el salario no logra compensar, reconstituir en
las condiciones dadas por la sociedad.
Dadas
estas razones, se presenta el problema: si el tipo de industria y de
organización de la producción y del trabajo propio de Ford es
"racional", esto es, si puede y debe generalizarse, o si por el
contrario se trata de un fenómeno morboso que se debe combatir con la fuerza
sindical y con la legislación. O sea, si es posible, con la presión material de
la sociedad, conducir a los obreros como masa a sufrir todo el proceso de
transformación necesario para obtener que el tipo medio del obrero Ford se
convierta en el tipo medio del obrero moderno, o si esto es imposible porque
conduciría a la degeneración física y al deterioro de la raza, o sea destruiría
al obrero como tal, toda fuerza de trabajo social.
Cfr.
Cuaderno 22 (V), pp. 44-45.
<73>. Pasado y presente. La
burocracia (cfr. p. 55)1 Estudio analítico de F. A. Alpaci “Il costo della
burocrazia dello Stato" en la Riforma Sociale de mayo-junio de 1932. 2 Es
indispensable para profundizar el tema. Elabora el material total de los libros
estadísticos sobre la burocracia publicados por el Estado.
<74>. Temas de cultura.
Americanismo y fordismo. (Cfr. p. 56).3 En pequeña medida, pero sin embargo
relevante, fenómenos similares a aquellos que se producen con Ford, se
producían y producen en determinadas ramas de la industria o en empresas individuales.
de Luigi
Bondini, "I'idea Ford", en La Nuova Italia, 20 de julio de 1932 (año
IH, n. 7), pp. 256-63.
Cfr. el precedente § 71.
Cfr. Francesco Antonio Répaci, "II
costo della burocrazia dello Stato", en Riforma Sociale, mayo-junio de
1932 (año XXXIX, n. 3), pp. 259-90.
Cfr. el precedente § 72.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 884
Formar el
cuerpo de obreros de una fábrica o un grupo de trabajo especializado no es cosa
fácil, y una vez formados acaban algunas veces por disfrutar de un salario de
monopolio, y no sólo esto, sino que no son despedidos en caso de detención
temporal de la producción, porque los elementos que la constituyen se
dispersarían y sería imposible volverlos a agrupar, mientras que la
reconstrucción con elementos nuevos, de ocasión, costaría intentos y gastos no
indiferentes. Como nunca funciona y no funcionaba una ley de equiparación
perfecta de la producción y de los métodos productivos en todas las empresas de
una rama determinada, sucedió que cada empresa, al menos en cierta medida, es
única y se forma un cuerpo de obreros con una calificación de empresa particular
(secreto de fabricación y de trabajo, etcétera); a menudo se trata de
"trucos" que parecen desdeñables pero que, repetidos una infinidad de
veces, tienen un alcance económico ingente. Un caso particular puede verse en
el trabajo de los puertos, especialmente en aquellos en donde existe
desequilibrio entre embarque y desembarque de mercancías o donde se producen
conflictos temporales de trabajo. Es necesario crear un cuerpo de trabajadores
que esté siempre disponible [(que no se aleje, como sucede con los
provisionales)] para el mínimo de trabajo temporal o de otro género, de ahí las
nóminas cerradas, los altos salarios y otros privilegios en contraposición a
los llamados provisionales.
Cfr.
Cuaderno 22 (V), pp. 45-47.
55
<75> . Bibliografías. En el XII
Congreso Internacional de Ciencias Históricas que tendrá lugar en Varsovia del
21 al 28 de agosto de 1933 serán presentadas, por parte de estudiosos
italianos, estas ponencias que interesan a algunos temas tratados en estos
cuadernos:
1º] Piero
Pieri, La scienza militare italiana nel Rinascimento (para las notas sobre
Maquiavelo).
2º] F.
Chabod, Il Rinascimento nelle piú recenti interpretazioni (para la sección
"Reforma y Renacimiento" y sobre el carácter cosmopolita de los
intelectuales italianos).
3º] Aldo
Ferrabino, La storia come scienza della politica.1
<76>. Pasado y presente. En las
.catire [(sátira IX)] Alfieri escribió de los napolitanos que son "bocas
sin cabeza".2 Pero de cuánta gente podría decirse eso mismo, mientras que
no es cierto que pueda decirse de los napolitanos.
<77>. Loria. En la introducción al
artículo sobre el "Fascismo" publicado por la Enciclopedia italiana,
introducción escrita por el Jefe del Gobierno, se lee: "Semejante
concepción de la vida lleva al fascismo a ser la negación decidida de aquella
doctrina que constituyó la base del socialismo llamado científico o marxiano:
la doctrina del materialismo histórico, según el cual la historia de las
civilizaciones humanas se explicaría únicamente por la lucha de intereses entre
los diversos grupos sociales y con el cambio de los medios e instrumentos de
producción. Que las vicisitudes de la economía —descubrimientos de materias
primas, nuevos métodos de trabajo, inventos científicos— tengan su importancia,
nadie lo niega; pero que éstas basten para explicar la historia humana
excluyendo todos los demás factores, es absurdo; el fascismo cree aún y siempre
en la santidad y en el heroísmo, o
1 Estas
indicaciones sobre el XII Congreso Internacional de Ciencias Históricas están
tomadas de un noticiario de la Nuova Rivista Storica, marzo-junio de 1932 (año
XVI, fase. II-III), pp. 306-7. Otras informaciones del mismo noticiario son
utilizadas en el sucesivo § 109.
2 1 Esta
cita de las Satire de Alfieri está tomada de un artículo de Luigi Bartolini,
"Alfieri", en Critica Fascista, lo. de septiembre de
1932 (año
X, n. 17), pp. 326-28, cfr. en particular p. 326.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 885
sea en
actos en los cuales ningún motivo económico —lejano y cercano— actúa". 1
La influencia de las teorías de Loria es evidente.
56
<78>. Bibliografías. Michel
Mitzakis, Les Grands Problémes Italiens; 1931, 80 francos; Gustave Le Bon,
Bases scientifiques d'une philosophie de l'histoire (15 francos).2 (El jefe del
gobierno es un gran admirador de Le Bon; cfr. la entrevista de Le Bon en las
Nuovelles Littéraires con F. Lefèvre.)3
<79>. Los sobrinitos del padre
Bresciani. Literatura de guerra. Cfr. el capítulo IX: "Guerre et
Littérature" en el libro de B. Cremieux, Littérature italienne (ed. Kra,
1928, pp. 243 ss.)4 Para Cremieux la literaltura de guerra señala un descubrimiento
del pueblo por parte de los literatos. ¡Pero Cremieux exagera! Sin embargo, el
capítulo es interesante y digno de releerse.
Cfr.
Cuaderno 23 (VI), p. 35.
<80>. Pasado y presente. Cuando se
publicó la primera edición del ¿Chi é?, diccionario biográfico italiano del
editor Formiggini, el Jefe del Gobierno observó que faltaba un parágrafo para
el general Badoglio. Esta observación del Jefe del Gobierno fue mencionada por
Formiggini en la Italia che Scrive de la época, 5 y es un rasgo psicológico de
gran importancia.
<81>. Historia de las clases
subalternas. David Lazzaretti. Giuseppe Fatini llama la atención acerca de las
reliquias del lazzaretismo en la Illustrazione Toscana (cfr. Marzocco del 31 de
enero de 1932). Se creía que después de la ejecución de Lazzaretti por los
carabineros, los rastros del lazzaretismo se hubieran dispersado para siempre
incluso en las laderas de la Amiata grossetana. Por el contrario, los la
Tzaretistas o cristianos jurisdavídicos, como les gusta llamarse, siguen
viviendo; agrupados en su mayor parte en la aldea arquidiocesnna de Zancona,
con algunos prosélitos esparcidos en las aldeas adyacentes, extrajeron de la
guerra mundial nuevo alimento para unirse cada vez más en memoria de
Lazzaretti, quien según sus seguidores lo previó todo sobre la guerra mundial
en Caporetto, desde la victoria del pueblo latino hasta el nacimiento de la
Sociedad de las Naciones. De cuando en cuando esos fieles se muestran a la luz
fuera de su pequeño círculo con opúsculos de propaganda, dirigiéndolos a los
"hermanos del pueblo latino"; y en éstos reproducen alguno de los
tantos escritos, incluso poéticos, que el Maestro dejó inéditos y que sus
seguidores custodian celosamente.
1
Anticipaciones del escrito de Mussolini para el término "fascismo" de
la Enciclopedia italiana fueron publicadas en periódicos y revistas de
julio-agosto de 1932. Es probable que la cita de Gramsci haya sido tomada de
una Itassegna della stampa' ("Blondel e Mussolini") de Corrado
Pavolini, en L'Italia Letteralla, 17 de julio de 1932 (año IV, n. 29).
2 1 Estas
indicaciones bibliográficas de los libros de Michael Mitzakis (Les grands
probIlmes italiens, ed. Alean, París, 1931) y de Gustave Le Bon (Bases
scienlitigues d'une philosophie de l'histoire, Flammarion, París, 1931) están
tomadas probablemente de indicaciones bibliográficas de Les Nouvelles
Littéraires; el libro de Mitzakis, sin embargo, fue reseñado también por Lello
Gangemi en Educazione Fascista, 20 de julio de 1931 (año IX, n. 7), pp. 653-55,
y es probable que Gramsci hubiese visto también esta reseña.
Cfr. Frédéric Lefévre, "Une heure
avec le Dr. Gustave Le Bon (La philosophie scientifique)", en Les
Nouvelles Littéraires, 27 de septiembre de 1930 (año IX. n. 415). Sobre las
relaciones de Le Bon con Mussolini véase el siguiente pasaje de la entrevista:
"¿Usted conoció a Mussolini? —Nunca lo he visto personalmente, pero
mantengo correspondencia con él, su última carta fue del 22 de mayo de 1929,
resulta bastante curiosa, aquí la tengo: 'Querido maestro, contesto a su carta.
Democracia es el gobierno que da o trata de dar al pueblo la ilusión. de ser
soberano. Los instrumentos de esta ilusión han sido diversos según
las
épocas y los pueblos, pero el fondo y las metas no cambiaron nunca. Ésta es
categóricamente mi opinión. Aprovecho esta agradable ocasión para enviarle mis
más cordiales saludos' ".
Para el título exacto de este libro de
Benjamin Crémieux cfr. nota 3 al Cuaderno 1 (XVI), § 73.
Cfr. 'Rubrica dele rubriche' ("La
quadratura del circolo"), en L'Italia che Scrive, diciembre de 1928 (año
XI, n. 12), p. 326.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 886
57 ¿,Pero
qué es lo que quieren los cristianos jurisdavidicos? A quien todavía no le ha
tocado la gracia de poder penetrar en los secretos del lenguaje del unto, no le
es fácil comprender la sustancia de su doctrina. La cual es un despertar de
doctrinas religiosas de otros tiempos con una buena dosis de máximas
socialistoides y con alusiones genéricas a la redención moral del hombre;
redención que no podrá realizarse sino con la plena renovación del espíritu y
de la jerarquía de la Iglesia católica. El artículo XXIV que cierra el Simbolo
dello Spirito Santo, que constituye como el "Credo" de los
lazzaretistas, declara que "nuestro fundador David Lazzaretti, el ungido
del Señor, juzgado y condenado por la Curia Romana, es realmente el Cristo Duce
y Juez en la verdadera y auténtica figura de la segunda venida de nuestro Señor
Jesucristo al mundo, como hijo del hombre venido a dar cumplimiento a la
Redención fecunda de todo el género humano en virtud de la tercera ley divina
del Derecho y Reforma general del Espíritu Santo, la cual debe reunir a todos
los hombres en la fe de Cristo en el seno de la Iglesia católica en un solo
punto y en una sola ley en confirmación de las divinas promesas". Durante
cierto momento, en la posguerra, pareció que los lazzaretistas se encaminaban
"por una vía peligrosa"; pero supieron retraerse a tiempo y dieron su
plena adhesión a los vencedores. No ciertamente por su divergencia con la
Iglesia católica —"la secta de la Idolatría papal"—, sino por la
tenacidad con que defienden al Maestro y la Reforma, Fatini considera digno de
atención y de estudio el fenómeno religioso amiatino.1
Cfr.
Cuaderno 25 (XXIII), pp. 14-16.
<82>. Pasado y presente. Luigi
Orsini, Casa paterna. Ricordi d'infanzia e di adolescenza, Treves, 1931. Luigi
Orsini es sobrino de Felice. Recuerda las descripciones sobre la adolescencia
de Felice, narradas por el hermano, padre de Luigi. Parece que el libro es
interesante por el cuadro de la vida romañola de pueblo de hace algunas
décadas.2
<83>. Bibliografías. Sobre el
Imperio Británico: 1] Alfred Zimmerman, Il terzo Impero Britannico, traducción
de Mario 7enchi, Roma, Formiggini, 1931; 2] Fabio Mann, La posizione dei
Dominions e dell'India nel Commonwealth Britannico, Roma, Sociedad Ed. del Foro
Italiano, 1931. (Parece que están muy bien hechos y son de gran interés. Mann
es de la escuela de Jemolo, quien escribió el prefacio para el libro póstumo de
su discípulo.)3
58
<84>. Carácter cosmopolita de los
intelectuales italianos. Cesare Balbo escribió: "Una historia entera y
magnífica y peculiar de Italia debería ser hecha por los italianos fuera de
Italia". En 1890 se publicó un ensayo de Dizionario degli italiani
all'Estero, como obra póstuma de Leo Benvenuti (un estudioso modesto). En el
prefacio Benvenuti observaba que, dadas las condiciones de las investigaciones
bibliográficas en su época, no hubiera sido posible ir más-allá de un índice
que después habría debido servir a quien se decidiera a escribir la historia.
Las categorías en que Benvenuti subdivide la lista de nombres (los principales)
son: embajadores, anticuarios, arquitectos, artistas (dramáticos, coreógrafos,
acróbatas), astrónomos, botánicos, cantantes, eruditos, filósofos, físicos,
geógrafos, jurisconsultos, grabadores, ingenieros (civiles y militares),
lingüistas, maestros,
matemáticos, médicos y cirujanos,
maestros de música,
comerciantes, misioneros,
Todo el parágrafo está tomado, a menudo
literalmente, de la sección `Margina-lía' ("II profeta dell'Amiata"),
en. Il Marzocco, 31
de enero
de 1932 (año XXXVII, n. 5).
Las indicaciones sobre el libro de Luigi
Orsini están tomadas de la sección `Bibliografia' ("Ricordi
dell'adolescenza di Luigi Orsini"), en II Marzocco, 31 de enero de 1932,
cit.
Las indicaciones de estos dos libros de
Alfred Zimmern y Fabio Mann están tomadas de un articulo de Guido Ferrando.
"Studi e riflessioni sull'Impero Britannico", en II Marzocco, 31 de
enero de 1932 (año XXXVII, n. 5).
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 887
naturalistas,
nuncios apostólicos, pintores, escultores y poetas, soldados de mar, soldados
de tierra, soberanos, historiadores, teólogos, hombres de iglesia, viajeros,
estadistas. (Como se ve, Benvenuti no tenía otro punto de vista que el de la
nacionalidad, y su obra, de haberse completado, hubiera sido un censo de los
italianos en el extranjero; a mi juicio la investigación debe ser de carácter
cualitativo, es decir, estudiar cómo las clases dirigentes — políticas y
culturales— de una serie de países, fueron reforzadas por elementos italianos
los cuales contribuyeron a crear en ellos una cultura nacional, mientras que en
Italia faltaba una clase nacional y no lograba formarse: ésta es una emigración
de elementos dirigentes que representa un hecho histórico peculiar,
correspondiente a la imposibilidad italiana de utilizar y unificar a sus
ciudadanos más enérgicos y emprendedores.) Benvenuti inicia su estudio a partir
del año 1000.
Promovida
por el Jefe del Gobierno, confiada al Ministerio de Asuntos Exteriores, con la
colaboración del Real Instituto de Arqueología e Historia del Arte, se halla en
preparación una muy voluminosa publicación titulada L'Opera del Genio italiano
all'estero. Parece que la idea fue sugerida por Gioacchino Volpe, quien
escribió el programa de la obra (en un discurso ante la Academia, mencionado en
otro cuaderno, Volpe anunció este trabajo). 1 En el programa se lee: "La
Historia del Genio italiano en el Extranjero que nosotros queremos narrar pasa
por alto los tiempos antiguos separados de nosotros por siglos oscuros y parte
de la civilización que, surgida después del milenio, ha llegado, aunque entre
interrupciones y sobresaltos, hasta nuestros días, renovada por conquistas en
el campo de las ideas y por conquistas políticas, y de ahí la actual unidad del
alma y de la patria italiana. Será una obra objetiva, exenta de antagonismos y
polémicas, pero de justa celebración por cuanto el genio italiano, considerado
en su conjunto, actuó en el mundo para el bien de todos". La obra estará
dividida en doce series las cuales son indicadas en orden progresivo,
advirtiéndose que cada serie comprenderá uno o más volúmenes distribuidos por
regla general según el criterio geográfico. Las doce series serían: 1] Artistas
de cualquier arte; 2] Músicos; 3] Literatos; 4] Arquitectos militares; 5]
Hombres de guerra; 6] Hombres de mar; 7] Exploradores y Viajeros; 8] Príncipes;
9] Hombres políticos; 10] Santos, sacerdotes, misioneros; 11] Científicos; 12]
Banqueros, comerciantes, colonizadores. La obra estará ricamente ilustrada. La
Comisión Directiva está compuesta por el profesor Giulio Quirino Giglioli, por
S. E. Vincenzo Loiacono y por el senador Corrado Ricci. El secretario general
de la Comisión es el barón Giovanni Di Giura. La edición será de 1 000
ejemplares, de los cuales 50 de lujo. (Estas noticias están tomadas del
Marzocco del 6 de marzo de 1932.)2
59
<85>. Pasado y presente. Tendencia
al chisme, a la maledicencia, a las insinuaciones pérfidas y calumniosas en
oposición a la posibilidad de discusión libre, etcétera. Institución de la
"botica de provincia" que tiene su propia concepción del mundo cuyo
eje principal es que si las cosas van mal, significa que el diablo ha metido la
cola, y los acontecimientos son juzgados por los hombres, que son todos unos
bribones, ladrones, etcétera. Si además se descubre que un hombre político es
cornudo, todo resulta claro.
Revivir
la costumbre de la llamada "brida de la comadre", que era un modo de
poner en la picota a las mujeres chismosas, cizañeras y pendencieras. A la
mujer se le aplicaba un mecanismo que, fijado a la cabeza y al cuello, le
mantenía firme sobre la lengua un listoncillo de metal que le impedía hablar.3
Cfr. Cuaderno 7 (VII). § 66.
Cfr. la sección ‘Marginalia'
("L'opera del Genio italiano all'estero"), en II Marzocco, 6 de marzo
de 1932 (año XXXVII, n. 10).
Probablemente Grarnsei tenía presente una
nota de la sección `Marginalia' ("La museruola per le done
bisbetiche"), en Il Marzocco, 25 de octubre de 1931 (año XXXVI, n. 43),
donde se refieren algunas noticias históricas sobre el uso de la "brida de
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 888
<86>. Literatura de funcionarios.
El ministro plenipotenciario Antonino D'Alia ha escrito un Saggio di Scienza
politica (Roma, Treves, 1932, en 8°, pp. XXXII-710) que sería al mismo tiempo
una historia universal y un manual de política y de diplomacia (según Alberto
Lumbroso, que lo exalta en el Marzocco del 17 de abril de 1932).1
<87>. Intelectuales. Notas breves
de cultura inglesa. Guido Ferrando en el Marzocco del 4 de octubre de 1932
publica un artículo, "Educazione e Colonie" del que tomo algunos
datos. Ferrando asistió a una gran convención, "The British Commonwealth
Education Conference", en la que participaron centenares de docentes de
todos los grados, desde maestros elementales a profesores universitarios,
provenientes de todas partes del Imperio, del Canadá y la India, de Sudáfrica y
Australia, de Kenia y de Nueva Zelandia, y que tuvo lugar en Londres a fines de
julio.
El Congreso se propuso discutir los
diversos aspectos del problema educativo "in a changing Empire", en
un imperio en transformación; estaban presentes varios famosos educadores de
los Estados Unidos. Uno de los temas fundamentales del Congreso era el del
interracial unclerstanding, de cómo promover y desarrollar un mejor
entendimiento entre las distintas razas, especialmente entre los europeos
colonizadores y los africanos y asiáticos colonizados. "Era interesante
ver con cuánta franqueza y agudeza dialéctica los representantes de la India
reprochaban a los ingleses su incomprensión del alma hindú, que se revela, por
ejemplo, en aquel sentimiento casi de disgusto, en aquella actitud de
despectiva superioridad que la mayor parte del pueblo británico tiene todavía
hacia los hindúes, y que incluso durante la guerra impulsaba a los oficiales
ingleses a levantarse de la mesa y abandonar la habitación cuando entraba un
oficial hindú."
Entre los
muchos temas discutidos estuvo el del idioma. Esto es, se trataba de decidir si
era oportuno enseñar a leer incluso a las poblaciones semisalvajes de África
tomando como base el inglés en vez de su idioma nativo, si era mejor mantener
el bilingüismo o tender, por medio de la instrucción, a hacer desaparecer la
lengua indígena. Ormsby Gore, exsubsecretario de las colonias, sostuvo que era
un error el tratar de desnaturalizar a las tribus africanas y se declaró
partidario de una educación tendiente a dar a los africanos el sentido de su
propia dignidad de pueblo y la capacidad de gobernarse por sí mismos. En el
debate que siguió a la comunicación de Ormsby, "me impresionaron las
breves declaraciones de un africano, creo que era un zulú, el cual afirmó que
sus, llamémoslos así, connacionales, no tenían ningún deseo de convertirse en
europeos; se sentía en sus palabras un brote de nacionalismo, un ligero
sentimiento de orgullo de raza".
"No
queremos ser ingleses": a este grito que brotaba espontáneo del pecho de
los representantes de los indígenas de las colonias británicas de África y
Asia, hacía eco el otro grito de los representantes de los Dominions: "No
nos sentimos ingleses". Australianos y canadienses, ciudadanos de Nueva
Zelandia y de África del Sur estaban todos de acuerdo en afirmar esta
independencia no sólo política, sino también espiritual. El profesor Cillie,
presidente de la Facultad de Letras de una universidad sudafricana, observó
agudamente que Inglaterra, tradicionalista y conservadora, vivía en el ayer,
mientras que ellos, los sudafricanos, vivían en el mañana.2
las
comadres" en varios países europeos.
Cfr. Alberto Lumbroso, "Sono ancora
possibili le Çstorie universali'?", en Il Marzocco, 17 de abril de 1932
(año XXVII, n. 16).
Cfr. Guido Ferrando, "Educazione e
colonie (Impressioni di un congresso e di una esposizione)", en II
Marzocco, 4 de octubre de 1931 (año XXXVI, n. 40).
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 889
61
<88>. [Maquiavelo}. Grandes
potencias. La medida suprema de la gran potencia es dada por las guerras. El
concepto de gran potencia está estrechamente vinculado a las guerras. Entrando
en alianzas para una guerra, y toda guerra presupone sistemas de fuerzas
antagonistas, es gran potencia aquella que en el momento de la paz ha logrado
conservar la relación de fuerzas con los aliados, para estar en condiciones de
hacer mantener los pactos y promesas hechos al entrar en guerra. Pero un Estado
que para entrar en guerra tiene necesidad de grandes préstamos, que tiene
continua necesidad de armas y municiones para los soldados, de vituallas para
el ejército y para la población civil, de naves para el transporte, esto es,
que no puede hacer la guerra sin la ayuda continua de sus aliados, que durante
algún tiempo después de la paz sigue necesitando ayudas especialmente de
vituallas y en préstamos u otra forma de ayudas financieras, ¿cómo puede ser
igual a sus aliados e imponerse para que mantengan sus promesas? Semejante
Estado no puede ser considerado gran potencia más que en los documentos
diplomáticos, pero en la realidad es considerado como un simple suministrador
de soldados para la coalición que tiene los medios no sólo de soportar la
guerra con medios propios, sino que tiene medios abundantes de los que
disponer.a
Las últimas seis líneas de la p. 65 no
fueron escritas. Aquí termina el primer grupo de natas del Cuaderno 9 (XIV).
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), p. 22a.
Notas
sobre el risorgimento italiano
<89>. Dos trabajos: uno sobre la
Era del Risorgimento y otro de Introducción al Risorgimento.
La
Introducción debería ser una recopilación de ensayos sobre las épocas de la
historia mundial en sus reflejos italianos, después de la caída del Imperio
Romano: Medievo (o época de las Comunas o época de la formación molecular de
los nuevos grupos sociales urbanos); era del mercantilismo y de las monarquías
absolutas (o época en la que estos nuevos grupos se insertan poderosamente en
la estructura estatal, recreando esta estructura e introduciendo un nuevo
equilibrio de fuerzas que permite su desarrollo rápidamente progresivo)
anterior a la era del Risorgimento. También un ensayo sobre el periodo de
historia romana en cuanto que crea el mareo cultural de la futura nación
italiana (distintos significados de la palabra "Italia" según el
conocido ensaya de Carlo Cipoila).1
Estos
ensayos deben ser concebidos para un público determinado, con el fin de
destruir en él concepciones anticuadas y retóricas formadas empírica y
pasivamente por la penetración de las ideas difundidas en un determinado
ambiente de cultura populachera y para suscitar interés científico por las
mismas cuestiones tratadas, que por eso serán representadas como vivas y
actuantes incluso en el presente, como fuerzas en movimiento siempre actuales.
[1]2 Era del Risorgimento. La obra de
Omodeo3 me parece fallida en su conjunto. Conserva
Cfr. Cipolla, Intorno alla costituzione
etnografica della nazione italiana cit. Sobre la cuestión cfr. nota 2 al
Cuaderno 3 (XX), § 46.
2 Los
números 1 y 2, añadidos por Gramsci en este parágrafo y en algunos de los § §
subsiguientes, tenían por objeto distribuir el material según los dos tipos de
trabajos sobre el Risorgimento de los que se habla al comienzo del parágrafo.
3 Cfr.
Adolfo Omodeo, L'etit del Risorgimento italiano, 2a. ed. corregida y aumentada,
Principato. Messina, 1931 [FG, C. carc., Turi II].
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 890
mucho del
manual escolar, o sea que la descripción de los hechos es pura enunciación de
catálogo, sin nexos de necesidad histórica; el estilo es pésimo, irritante. Por
lo que toca a Italia, la intención de Omodeo parece que habría debido ser la de
mostrar que el Risorgimento es un hecho esencialmente italiano, cuyos orígenes
deben hallarse en Italia y no sólo o predominantemente en las consecuencias de
la Revolución francesa y de la invasión francesa. Pero esta intención no es
puesta en práctica más que en el hecho de iniciar la narración a partir de 1740
y no de 1789 o de 1799. El periodo de las monarquías iluminadas no es en Italia
un hecho autóctono y no es "original" italiano el movimiento de
pensamiento vinculado a él (Giannone y realistas). La monarquía ilustrada, me
parece, es la primera derivación política de la era del mercantilismo que
anuncia los tiempos nuevos, la civilización moderna; ¿pero ha habido en Italia
una era del mercantilismo como fenómeno nacional? El mercantilismo, de haberse
desarrollado orgánicamente, habría hecho aún más profundas, y seguramente
definitivas, las divisiones en Estados regionales.
Así pues,
me parece que en la conversión de su trabajo de manual escolar en libro de
cultura general con el título de Etá. del Risorgimento, Omodeo habría debido
cambiar toda la economía, reduciendo la parte europea y dilatando la parte
italiana. Desde el punto de vista europeo, la época es la de la
"Revolución francesa" y no del Risorgimento italiano, del
"liberalismo" como concepción general de la vida y como nueva
civilización y no sólo de una de sus fracciones, del "liberalismo
nacional". Ciertamente es posible hablar de una era del Risorgimento, pero
entonces hay que limitar la perspectiva y enfocar a Italia y no a Europa,
tomando de la historia europea y mundial aquellos nexos que modifican la
estructura general de las relaciones de fuerza internacionales que se oponían a
la formación de un gran Estado unitario en las penínsulas, amortiguando las
iniciativas en este sentido y sofocándolas en su nacimiento, y aquellas
corrientes que, por el contrario, influían en Italia desde el mundo
internacional, alentando a las fuerzas autónomas y locales de la misma
naturaleza y haciéndolas más válidas. Esto es, existe una Era del Risorgimento
en la historia de la península italiana, no existe en la historia de Europa y
del mundo; en ésta corresponde la Era de la Revolución francesa y del
liberalismo (como ha sido tratada por Croce, en forma incompleta, porque en el
cuadro de Croce falta la premisa, la revolución en Francia y las guerras de
Napoleón, y se presentan las derivaciones históricas como hecho en sí mismo, autónomo,
que contiene en sí sus propias razones de ser y no como parte de un mismo nexo
histórico con la revolución y las guerras napoleónicas).1
Sobre el
desarrollo autónomo de una nueva vida civil y estatal en Italia antes del
Risorgimento está preparando un trabajo Raffaele Ciasca, Germogli di vita nuova
nel 700 italiano (en los Annali della Facoltà di Filosofía e Lettere della R.
Università di Cagliari, 1930-31), en 89, 21 pp. Ciasca estudia la
"transformación que en el curso del siglo XVIII y especialmente en la
segunda mitad de éste se va realizando en la vida de casi todas las regiones de
Italia, y que no se limita a reformas fragmentarias impuestas por principios
iluminados y poco sentidos por la población, sino que afecta a toda la
constitución estatal, a toda la estructura económica del país, a todas las
relaciones entre las clases y se manifiesta en las corrientes predominantes en
el pensamiento político, social y económico" (Nuova Rivista Storica, 1931,
p. 577) 2 Las reformas administrativas y financieras, la poli -tica
eclesiástica, la historia del pensamiento ya habían sido estudiadas; Ciasca
aporta una contribución nueva para el estudio de la vida económica de la época.
1 4
Gramsci se refiere aquí evidentemente al libro de Croce Storia d'Europa nel
secolo decimonono cit., repitiendo algunas críticas ya formuladas en el
Cuaderno 8 (XXVIII), § 236.
2 5 La
cita y Tos datos bibliográficos del estudio de R. Ciasca están tomados de la
reseña de G, L. (Gino Lu77ato), en Nuova Rivista Storica, septiembre-diciembre
de 1931 cit., p. 577.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 891
[2]. Interpretaciones del Risorgimento
italiano. Existe buena cantidad de ellas y su estudio no carece de interés y
significado. Su valor es de carácter político e ideológico, no histórico, el
alcance nacional es escaso, bien sea por demasiado tendencioso, bien por la
ausencia de cualquier aportación constructiva, bien por el carácter demasiado
abstracto, a menudo extravagante y novelado. Puede verse que estas
interpretaciones florecen en los periodos más característicos de crisis
político-social y son conatos para determinar una reorganización de las fuerzas
políticas existentes, para suscitar nuevas corrientes intelectuales en los
viejos organismos de partido, o para exhalar suspiros y gemidos de
desesperación y negro pesimismo. Me parece que semejante literatura puede
dividirse provisionalmente en dos grandes grupos:
El de las interpretaciones propiamente
dichas, como sería aquella contenida en la Lotta politica in Italia y en los
demás escritos de polémica política de Alfredo Oriani,1 que ha provocado otras
a través de las obras de Mario Missiroli,2 como la de Gobetti y de Guido Dorso3
Junto a éstas las interpretaciones de Curzio Malaparte (sobre la Italia
barbara; lucha contra la Reforma protestante, etcétera); 4 y de Carlo Curcio
(L'eredita del Risorgimento, Florencia, La Nuova Italia, 1931, 114 pp., 12
liras).5 Hay que recordar los escritos de F. Montefredini (ver ensayo de Croce
a propósito en la Letteratura della nuova Italia)6 por las "rarezas",
y los de Aldo Ferrari (en la Nuova Rivista Storica y en libros y libritos) como
"rarezas" y novela al mismo tiempo.7
Otro grupo está representado por el libro
Gaetano Mosca, Teorica dei governi e governo parlamentare publicado por primera
vez en 1883 y reeditado en 1925 (Milán, Soc. An. Istituto Editoriale
Scientifico, en 89, 301 pp., 25 liras),8 del libro de Pasquale Turiello,
Gouerno e governati; de Leone Carpi, viviente; de Luigi Zini, Dei criteri e dei
morfi di governo; Giorgio Arcoleo, Gavera° di Gabinetto; Marco Minghetti, 1
partiti politici e la lora influenza nella justizia e nell' amministrazione;
libros de extranjeros como el de Laveleye, Lettere d'Italia; de von Loher, La
nuova Italia, y también de Brachet, L'Italie qu'on volt et l'Italie qu'on ne
voit pus; además de artículos de la Nuova Antologia [(y de la Rassegna
Settimanale de Sonnino, etcétera)], de P. Villari, de R. Bonghi, de Palma,
etcétera [(hasta el artículo de Sonnino "Torniamo silo Statuton ],9 Esta
literatura es una consecuencia de la caída de la derecha, del
1 6 Sobre
Oriani y La latía politica in Italia, cfr. el juicio de Gramsci en el Cuaderno
8 (XXVIII), § 165.
2 7 Cfr.
el subsiguiente § 111.
3 8 En
otra nota de los Cuadernos —cfr. Cuaderno 15 (II), § 52— Gramsci subraya el
alejamiento de Gobetti y Dorso del onanismo y de Missiroli.
4 9 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 6 (VIII), § 35.
5 10 No
parece que Gramsci viera directamente este libro de Carlo Curdo: las
indicaciones bibliográficas están tomadas con toda probabilidad de la resala de
G. L. (Gino Ln77.ato), en Nuova Rivista Storica, septiembre-diciembre de 1931
cit., pp. 581-82, donde se indica también la ubicación del libro en la
corriente historiográfica del "revisionismo" del Risorgimento.
Cfr. Benedetto Croce, La Letteratura
della nuova Italia, 2a. ed., vol. III, Laterza, Bari, 1922, pp. 355-66.
De los escritos de Aldo Ferrari en la
Nuova Rivista Storica Gramsci había visto directamente: "Fatti e figure
della terza Italia. Il trasformismo. 1881-1892", en Nuova Rivista Storica,
julio-septiembre de 1928 (año XII, fase. IV), pp. 357-83; "II trionfo di
Cavour" (reseña del libro de Paul Matter, Cavour et l'unité italienne,
Alean, París, 1927), en el citado número de la Nuova Rivista Storica, de
julio-septiembre de 1928; "II pensiero socialista europeo, autico e
moderno", en Nuova Rivista Storica, septiembre-octubre de 1929 (año XIII,
fase. V), pp. 420-52 (en el fascículo que tuvo en la cárcel este artículo
aparece subrayado y anotado por Gramsci). Otros artículos de Aldo Ferrari sobre
el Risorgimento, aparecidos en años anteriores en la Nuova Rivista Storica, son
mencionados y citados ampliamente por Alessandro Levi, "Ti pensiero
politico di Giuseppe Ferrari", en Nuova Rivista Storica, mayo-agosto de
1931 (año XV, fase. 111- IV), pp. 217-58, y septiembre-diciembre de 1931 cit.,
pp. 375-97. Además de
los
libros y folletos de Aldo Ferrari, Gramsci tenía en la cárcel: Aldo Ferrari,
Principi e forme della latía politica nella terza Italia (1871-1926), Schizzo
storico, Casa ed. P. Maglione, Roma, s.f. (pero 1927) [FG, C. carc., Turi I].
Aunque este libro de Mosca (Teorica dei
governi e governo parlamentare) no se ha conservado entre los libros de la
cárcel, por los juicios que se expresan más adelante en este mismo parágrafo y
también por el modo como son utilizadas las indicaciones
bibliográficas
contenidas en el volumen, se colige que Gramsci tuvo del mismo un conocimiento
directo. La fecha de 1883, indicada por Gramsci para la primera edición, es la
del prefacio; pero el libro fue publicado por primera vez en 1884.
Estas indicaciones bibliográficas están
tomadas del citado libro de Gaetano Mosca, p. 259 nota (pero para el libro de
Auguste Brachet cfr. p. 243 nota). Los títulos son reproducidos a menudo en
forma incompleta e inexacta, tal como son citados en el
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 892
advenimiento
al poder de la izquierda y de las innovaciones "de facto"
introducidas en el régimen parlamentario. En gran parte son lamentaciones,
recriminaciones, juicios pesimistas y catastróficos sobre la situación
italiana. De este fenómeno habla Croce en los primeros capítulos de su Storia
d'Italia dal 1871a al 1915. A ésta hace contrapunto la literatura de los
epígonos del Partido de Acción (típico el libro de Luigi Anelli impreso
recientemente por Arcangelo Ghisleri)1 tanto en libros, como en opúsculos y
artículos de revistas.
En el manuscrito: "dal 70".
Puede observarse este nexo entre las
diversas épocas de tal actividad seudo crítica: 1]2 literatura debida a
elementos conservadores, furiosos por la caída de la Derecha y de la Camarilla
(o sea por la disminuida importancia en la vida estatal de los grandes
propietarios terratenientes y de la aristocracia, porque de una sustitución de
clase no se puede hablar), amargada, biliosa, acrimoniosa, sin elementos
constructivos, porque en el pasado no existe ningún punto de referencia
reaccionario que pueda proponerse restaurar con cierto pudor y alguna dignidad;
en el pasado existen los viejos regímenes regionales, la influencia del Papa y
de Austria. La acusación de que el régimen parlamentario es "copiado"
de otras naciones, no es italiano, etcétera, sigue siendo una vacua
recriminación sin sentido: la referencia a una "tradición" italiana
de gobierno es necesariamente vaga y abstracta, porque esta tradición no tiene
perspectivas históricamente apreciables: en todo el pasado no existió nunca una
unidad territorial-estatal italiana, la perspectiva de la hegemonía papal
(propia del Medioevo y hasta el periodo de los dominios extranjeros) ya fue
destruida con el neogilelfismo. (Vemos que, por último, esta perspectiva será
hallada en la época romana, con fluctuaciones, según los partidos, entre la
Roma republicana y la Roma cesárea, pero el hecho tendrá un nuevo significado y
será característico de las nuevas orientaciones de las ideologías populares.)
Esa
literatura precede a la del grupo Oriani-Missiroli, que tiene un significado
más popular-nacional, y ésta precede a la del grupo Gobetti -Dorso que tiene
todavía otro significado más actual. De todos modos también estas dos nuevas
tendencias mantienen un carácter abstracto y literario: uno de los puntos
interesantes es el problema de la falta de una reforma protestante o religiosa
en Italia, que es visto de modo mecánico y exterior y repite uno de los cánones
históricos de Masaryk en sus estudios de historia de Rusiaa3
Toda esta
literatura tiene una importancia "documental" para las épocas en que
apareció. Los libros de los "derechistas" pintan la corrupción
política y moral en el periodo de la izquierda, pero la literatura de los
epígonos del Partido de Acción no presenta como mucho mejor el periodo del
gobierno de la derecha. Resulta que no hubo ningún cambio esencial en el paso
de la Derecha a la Izquierda: el marasmo en que se encuentra el país no se debe
al régimen parlamentario (que probablemente sólo hace público lo que antes
permanecía oculto o casi) sino a la debilidad general de la clase dirigente, y
a la gran miseria del país. Políticamente la situación es absurda: a la derecha
están los clericales, el partido del Sillabo, que niegan en bloque toda la
civilización moderna y boicotean al Estado, impidiendo que se constituya un
gran partido conservador; en el centro están todas las gamas liberales, desde
texto de
Mosca. Cfr. Pasquale Turiello, Governo e governati in Italia, Zanichelli,
Bolonia, 1882; Leone Carpi, vivente. (Aristocrazia di nascita e del deparo.
Borghesia, clero, burocrazia. Studi Vallardi, Milán, 1878; Luigi Zini, Dei
criteri e del modi di governo nel regno d'Italia, 7anichelli, Bolonia, 1876
(una continuación de este estudio está en Luigi Zini, Dei criteri e dei modi di
governo della ministra nel regno ¿Italia, Zanichelli, Bolonia, 1880). Giorgio
Arcaico, II gabinetto nei governi parlamentari, Joven; Nápoles, 1881; Marco
Minghetti, 1 partid politici e ringerenza loro nella giustizia e nella
amministrazione, Zanichelli, Bolonia, 1881; E. L.
V. de
Laveleye, Lettres d'Italie, 1878-1879, Dumolard, Milán, 1880 (pero también
Gernaer Bailliére, París, 1880); Auguste Brachet, L'Italie qu'on volt et
L'Italie qu'on ne voit pas, Marpon et Flammarion, París, 1882. Para el artículo
de Sidney Sonnino, – fornianao allo Statuto", cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), §
101 y nota 1.
Cfr. Luigi Anelli, I sedici anni del
governo dei moderad (1860-1876), a cargo del Museo de los desterrados
italianos, Como, 1929 1FG, C. carc., Turi III. 15 La numeración iniciada en
este punto no se continúa más.
La numeración iniciada en este punto no
se continúa más.
Cfr. Cuaderno 3 (XX), § 40 y nota 4, y
Cuaderno 7 (VII), § 44 y nota 2.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 893
los
moderados hasta los republicanos, sobre quienes actúan todos los recuerdos de
los odios de los tiempos de las luchas y que se desganan implacablemente; a la
izquierda el país miserable, atrasado, ignorante, expresa aunque sea en forma
esporádica una serie de tendencias subversivas anarcoides, sin consistencia ni
orientación política, que mantienen un estado febril sin futuro constructivo.
No existe un "partido económico", sino de grupos de ideólogos
declassés de todas las clases: gallos que anuncian un sol que nunca saldrá.
Los libros del grupo Mosca-Turiello
empezaban a volver a ponerse de moda en los años anteriores a la guerra (puede
verse en La Voce el constante mencionar a Turiello)1 y el libro de Mosca fue
reeditado en 1925 con algunas notas del autor para recordar que se trata de
ideas de 1883 y que el autor, en el 25, ya no está de acuerdo con el escritor
que tenía veinticuatro dios en 1883. La reedición del libro de Mosca es uno de
tantos episodios de la inconsciencia y el diletantismo político de los
liberales en la primera y secunda posguerras. El libro es tosco, confuso,
escrito apresuradamente por un joven que quiere "distinguirse" en su
época con una actitud extremista y con palabras fuertes y a menudo triviales en
sentido reaccionario. Los conceptos políticos del autor son vagos y
fluctuantes, su preparación filosófica es nula (y así permaneció durante toda
la carrera literaria de Mosca), sus principios de técnica politica son
igualmente vagos y abstractos y tienen un carácter más bien jurídico. El concepto
de "clase política", cuya afirmación se convertirá en el .entro de
todos los escritos de ciencia política de Mosca, es de extrema debilidad y no
es razonado ni justificado teóricamente. Sin embargo el libro de Mosca es útil
como documento. El autor quiere ser desprejuiciado por programa, no tener pelos
en la lengua y así acaba por sacar a la luz muchos aspectos de la vida italiana
de la época, que de otra manera no estarían documentados. Sobre la burocracia
civil y militar, sobre la policía, etcétera, ofrece cuadros a veces afectados,
pero con una sustancia de verdad (por ejemplo sobre los suboficiales en el
ejército, sobre los delegados de seguridad pública, etcétera). Sus
observaciones son especialmente válidas para Sicilia, por la experiencia
directa de Mosca de aquel ambiente. En 1925 Mosca había cambiado sus puntos de
vista y perspectivas, su material estaba superado, sin embargo reeditó el libro
por vanidad literaria, creyendo inmunizarlo con algunas notitas palinódicas.
[Bibliografía.] Sobre la situación política italiana precisamente en 1883 y
sobre la actitud de los clericales pueden encontrarse algunas ideas
interesantes en el libro del Mariscal Lyautey Lettres de Jeunesse, París,
Grasset (1931). Según Lyautey muchos italianos, entre los más devotos al Vaticano,
no creían en el futuro del reino; preveían su descomposición, de la que habría
nacido una Alta Italia con Florencia como capital, una Italia meridional con su
capital en Nápoles, y Roma en medio, con salida al mar. Sobre el ejército
italiano de entonces, que en Francia era poco apreciado, Lyautey refiere el
juicio del conde de Chambord: "Ne vous y trompez pas. Tout ce que j'en
sais (del ejército italiano), me la [(armée)] fait juger tras sérieuse, trés
digne d'attention. Sous leurs facons un peu théátrales et Ieurs plumets, les
officiers y sont fort instruits, fort appliqués. Cest d'ailleurs l'opinion de
mon neveu de Parme qui n'est pas payé pour les aimer".2
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 3-4, 11-13, 26, 27-33.
66
<90>. Las sectas en el
Risorgimento. Cfr. Pellegrino Nicolli, La Carbonería in Italia, Vicenza,
Edizioni Cristofari (1931). Nicolli trata de distinguir en el carbonarismo las
diversas corrientes, que a menudo lo componían, y de dar un cuadro de las
distintas sectas que
1 Cfr.,
por ejemplo, el artículo de Alberto Caroncini, "JI libro di Pasquale
Turiello", en La Voce, 21 de marzo de 1912 (año IV. n. 12).
Las noticias sobre el libro del mariscal
Louis-Hubert Lyautey y la cita están tomadas de la reseña ya citada de Edmond
Jalou en Les Nouvelles Littéraires, 8 de agosto de 1931 cit.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 894
pulularon
en Italia en la primera parte del siglo XIX. Del Marzocco del 25 de octubre de
1931 que reseña la publicación de Nicolli, reproduzco este fragmento: "Es
un enredo de nombres extraños, de emblemas, de ritos, de los que la mayor parte
de las veces se ignoran los orígenes; un confuso entremezclarse de propósitos
dispares, que varían no sólo de sociedad a sociedad, sino en la misma sociedad,
la cual, según las épocas y las circunstancias, cambia de métodos y programas.
Del vago sentimiento nacional se llega a las aberraciones del comunismo y, al
contrario, se tienen sectas que, inspirándose en los mismos sistemas
revolucionarios, asumen la defensa del trono y el altar. Parece que revolución
y reacción tuvieran necesidad de batirse en un campo cerrado, donde no penetre
el ojo profano, tramando conjuras a la luz de antorchas humeantes y armados con
puñales. No existe un hilo que nos guíe en medio de este laberinto y es inútil
pedírselo a Nicolli, quien sin embargo hizo lo más que pudo por encontrarlo.
Téngase también solamente presente el carbonarismo, que en cierto modo es el
gran río en el que confluyen todas las demás sociedades secretas". Nicolli
se propuso "recoger sintéticamente todo lo escrito hasta ahora por
notables historiadores" sobre las sociedades secretas en el Risorgimento.1
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 52-53.
<91>. [2]. Interpretaciones del
Risorgimento. Hay que recordar también el escrito de Vincenzo Cardarelli Parole
a l'Italia (edición Vallecchi, 1931).2
Cfr.
Cuaderno 19 (X), p. 28.
<92>). Corrientes populares en el
Risorgimento (historia de las clases subalternas). Carlo Bini. (Cfr. Le piú
belle pagine de Carlo Bini recopiladas por Dino Provenzal). 3 Giovanni
Rabizzani en su estudio sobre Laurence Steme en Italia (seguramente en edición
de Rocco Carabba de recopilación de fragmentos de Sterne sobre Italia en la
colección —de antes de la guerra— de "Italia en los escritos
extranjeros")4 recuerda a Bini y señala un notable contraste entre los
dos: Sterne más inclinado al análisis sentimental y menos escéptico, Bini más
atento a los problemas sociales, tanto que Rabizzani lo llama incluso
socialista.5 En todo caso hay que señalar que Livorno fue una de las poquísimas
ciudades (si no es que la única) que en los años 48-49 vio un profundo
movimiento popular, una intervención de masas que tuvo vastas repercusiones en
toda Toscana y que causó espanto a los grupos moderados y conservadores
(recordar las Memorie de Giuseppe Giusti).6 Por eso Bini debe verse, junto a
Montanelli, también en el cuadro del 1849 toscano.
1 La
reseña del fibra de Pellegrino Nicolli está en la sección 'Biblioteca di
cultura', con firma Z., del Marzocco, 25 de octubre de 1931 cit.
El título con el que este libro de
Vincenzo Cardarelli es mencionado aquí por Gramsci, es inexacto. Se trata,
ciertamente, de la obra Parliamo dell'Italia, Vallecchi, Florencia, 1931. La
indicación de Gramsci está tomada, probablemente, de una reseña de
Giovanni
Battista Angioletti, "Tre libri di Cardarelli", en L'Italia
Letteraria, 15 de febrero de 1931 (año VII, n. 7): el título de uno de los
otros dos libros aquí reseñados, Parole all'orecchio, es probablemente la causa
de la mención inexacta.
Le piü belle pagine di Carlo Bini,
escogidas por Dino Provenzal, Treves, Milán, 1931. Una idea para este parágrafo
está tomada
de una
reseña de Arturo Pompeati, "Il ritomo di Carlo Bini", en Il Marzocco,
10 de enero de 1932 (año XXXVII, n. 2). Otra reseña de este libro, aparecida en
L'Italia Letteraria, fue ya utilizada por Gramsci en este mismo Cuaderno: cfr.
nota 1 al precedente § 51.
La colección "L'Italia negli
scrittori stranieri" —mencionada aquí por Gramsci— era una serie de textos
traducidos, a cargo de Giovanni Rabizzani para el editor Rocco Carabba en los
años 1911-12. Rabizzani había publicado dos estudios sobre Sterne: Lorenzo
Sterne, Formiggini, Génova, 1914; Sterne in Italia. Riflessi nostrani
deltumorismo sentimentale, Formiggini, Roma, 1920;
este
segundo estudio es probablemente el que menciona Pompeati en el artículo citado
del Marzocco.
Estos juicios de Rabizzani son
mencionados en el citado artículo de Arturo Pompeati.
Gramsci se refiere a las Memorie inedite
di Giuseppe Giusti (1845-1849), publicadas por Ferdinando Martini en 1890 y
reeditadas numerosas veces; una nueva edición, que retoma el título del
manuscrito, Cronaca dei fatti di Toscana (18451849), fue realizada por Pietro
Pancrazi (Le Monnier, Florencia, 1943).
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 895
Cfr.
Cuaderno 19 (X). pp. 53-54.
67
<93>. Risorgimento y cuestión
oriental. En una serie de escritos se da importancia a las manifestaciones
literarias en el periodo del Risorgimento en las que la cuestión oriental es
concebida en función de los problemas italianos1 Plan de orientalización y
balcanización de Austria para compensarla por el Lombardo-Véneto perdido en
beneficio del renacimiento nacional italiano. No me parece que estos planes
sean prueba de gran capacidad política, como se pretende. Me parece que deben
interpretarse como síntomas de pasividad política y de desaliento frente a las
dificultades de la empresa nacional, desaliento que se encubre con proyectos
tanto más grandiosos cuanto más abstractos y vagos en cuanto que no dependía de
las fuerzas italianas el llevarlos a cabo. Puesto que "balcanizar" a
Austria significaba además crear una situación político-diplomática [europea]
(e implícitamente militar) forzada, por la cual Austria se dejase
"balcanizar"; esto es, significaba tener la hegemonía política y
diplomática de Europa; cosa de nada, como puede verse. No se entiende por qué
Austria no podía, conservando el Lombardo-Véneto, o sea la supremacía en Italia
y una posición dominante en el Mediterráneo central, conquistar también una
mayor influencia en los Balcanes y por lo tanto en el Mediterráneo oriental.
Este hubiera sido incluso el interés de Inglaterra, que basaba en Austria un
sistema de equilibrio europeo contra Francia y contra Rusia. Pero el mismo
escaso sentimiento de iniciativa política autónoma y la desconfianza en las
propias fuerzas que estaban implícitas en el pian de Balbo, debían hacer a
Inglaterra sorda a tales planes. Sólo un fuerte Estado italiano que hubiera
podido sustituir a Austria en su función antifrancesa en Europa central y en el
Mediterráneo central habría podido inclinar a Inglaterra a simpatías italianas,
como ocurrió después de la política de las anexiones en Italia central y la
empresa de los Mil contra tos Borbones (o sea, que antes de los hechos reales,
sólo un gran partido pleno de audacia y seguro de sus propios movimientos por
estar arraigado en las aspiraciones de las grandes masas populares <habría
obtenido seguramente el mismo resultado>.a pero precisamente esto no
existía, y Balbo con sus amigos no querían que se formase). La balcanización de
Austria después de la pérdida de la hegemonía en la península italiana, hubiera
tenido graves consecuencias para la política inglesa en el Mediterráneo. El
Estado napolitano i se habría convertido 72 bis en un feudo ruso, o sea, Rusia
hubiera tenido la posibilidad de una acción política militar de primer orden en
el centro mismo del Mediterráneo. (La cuestión de las relaciones entre los
Borbones de Nápoles y el zarismo es todo un aspecto de la historia desde 1799
hasta 1860 que se debe estudiar y profundizar: del libro de Nitti sobre el
Capitale straniero in Italia, editado en 1915 por Laterza, se ve que todavía
antes de la guerra existían en Italia meridional cerca de 150 millones de liras
de obligaciones estatales rusas,2 lo cual indica el residuo de un trabajo no
desdeñable de conexiones entre Italia meridional y Rusia.) No hay que olvidar
que la cuestión de oriente no tiene sus razones de ser esenciales en los
Balcanes y en Turquía, sino que es la forma político-diplomática de la lucha
entre Inglaterra y Rusia: es la cuestión de la India, la cuestión del
Mediterráneo, la cuestión del Cercano Oriente y el Asia central, la cuestión
del Imperio inglés, etcétera.
Integrado según el texto C.
1 Entre
los escritos que Gramsci podía tener presentes sobre esta cuestión cfr., por
ejemplo: Sergio Camerani, "La politica orientale del conte di
Cavour", en Il Marzocco, 18 de octubre de 1931 (año XXXVI, n. 42); y del
mismo autor, "II programma del Balbo nella politica italiana dal 1854 al
1914", ibid., 3 de enero de 1932 (año XXXVII, n. 1).
Cfr. Francesco Saverio Nitti, II capitate
straniero in Italia, Laterza, Bari, 1915, pp. 52-53. Los datos sobre las
obligaciones rusas son mencionados por Gramsci de memoria en forma aproximada.
Nitti afirma que en Italia meridional, en el periodo 1912-13, eran preferidos
los títulos de renta rusos y que en Nápoles en particular circulaban cerca de
100 millones en títulos de Estado extranjeros.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 896
El libro en el que Balbo defendía su
tesis, Le speranze d'Italia, fue publicado en 1844 y la tesis misma no tuvo
ninguna otra eficacia sino la de hacer conocer la cuestión oriental atrayendo
la atención sobre ella y por lo tanto la de facilitar (quizá) la política de
Cavour a propósito de la guerra de Crimea. No tuvo ninguna eficacia en el 59
(cuando el Piamonte e Italia pensaron suscitarle enemigos a Austria en los
Balcanes para debilitar su fuerza militar) porque esta acción estuvo
circunscrita, fue de poco alcance y en todo caso se redujo a un episodio de
organización de la actividad militar franco-piamontesa en Italia: lo mismo
puede decirse de 1866, cuando algo parecido fue pensado por el gobierno
italiano y por Bismarck para la guerra contra Austria. En caso de guerra,
buscar debilitar al enemigo suscitándole enemigos en el interior y en todo el
perímetro de los confines político-militares no es elemento de un plan político
para el Oriente, sino un hecho de la administración ordinaria de la guerra. Por
lo demás, después del 60 y de la formación de un Estado italiano de notable
importancia, la orientalización de Austria tenía un significado internacional
bien distinto y encontraba aprobación tanto en Inglaterra como en la Francia
napoleónica.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 63-65.
73
<94>. Bibliografía. Los escritos
del padre Curci, después de su conversión al catolicismo liberal, son útiles
para establecer la situación en torno a 1880. La conversión de Curci, célebre y
batallador jesuita de la Civiltà Cattolica, representa sin duda, después de
1870, el golpe más fuerte recibido por la política vaticana de boicot del nuevo
Estado unitario y el inicio de aquel proceso molecular que transformará al
mundo católico hasta la fundación del Partido Popular. Escritos del nuevo
periodo en la actividad del padre Carlo Maria Curci: Il moderno dissidio tra la
Chiesa e l'Italia, considerado en ocasión de un hecho particular, 2ª ed,
corregida y aumentada, en 8º, pp. XII-276, 1878, 4,50 liras; La nuova Italia e
i vecchi zelanti. Estudios útiles todavía para el ordenamiento de los partidos
parlamentarios, en 8º, pp. VIII-256, 1881, 5.25 liras; Il Vaticano Regio, tarlo
supersthe della Chiesa Cattolica. Estudios dedicados al joven clero y a los
laicos creyentes, en 80, pp. VIII-336, 1883, 4.50 liras; Lo scandalo del
"Vaticano Regio", duce la Provvidenza, buono a qualche cosa, en 8º,
pp. XVI-136, 1884, 2.25 liras (estos libros están todavía en venta en la Utet
de Turín, según el catálogo de 1928).1
Cfr.
Cuaderno 19 (X), p. 54.
<95>. Temas de cultura. La
tendencia a disminuir al adversario. (cfr. Cuad. I, p. 48 bis).2 Cfr. el cap.
XIV de la segunda parte de Don Quijote. El caballero de los Espejos sostiene
haber vencido a Don Quijote: "y héchole confesar que es más hermosa mi
Casildea que su Dulcinea: y en solo este vencimiento hago cuenta que he vencido
a todos los caballeros del mundo, porque el tal Don Quijote que digo, los ha
vencido ya a todos; y habiéndole yo vencido a él, su gloria, su fama, y su
honra, se ha transferido y pasado a mi persona.
Y tanto el vencedor es más honrado cuanto
más el vencido es reputado;
así que
ya corren por mi cuenta y son mías las innumerables hazañas del ya referido Don
Quijote".3
Cfr.
Cuaderno 16 (XXXII), p. 28.
Con toda verosimilitud las indicaciones
bibliográficas de las obras citadas del padre Curci están tomadas del catálogo
de Utet aquí mencionado.
Cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), § 158.
3 Cfr.
nota 3 al precedente § 14.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 897
<96>. Características populares del
Risorgimento. Voluntarios e intervención popular. En el número del 24 de mayo
de Gioventit Fascista (reproducido por el Corriere del 21 de mayo de 1932)1 se
publica este mensaje del onorevole Balbo: "Las creaciones originales de la
historia y de la civilización italiana, desde el día en que despertó del
letargo secular hasta hoy, se deben al voluntarismo de la juventud. La santa
canalla de Garibaldi, el heroico intervencionismo del 15, los Camisas Negras de
la revolución fascista han dado unidad y poder a Italia: han hecho, de un
pueblo disperso, una nación. A la generación que ahora se asoma a la vida bajo
el signo del Littorio, la misión de dar al nuevo siglo el nombre de Roma".
La afirmación central del onorevole Balbo, de que la Italia moderna se
caracteriza por el voluntarismo, es justa (puede añadirse el arditismo de
guerra), pero hay que señalar que el voluntarismo, aun con su mérito histórico
que no puede ser disminuido, ba sido —un sustituto de la intervención popular,
y en este sentido es una solución de compromiso con la pasividad de las grandes
masas. Voluntarismo-pasividad van juntos más de lo que se cree. La solución con
el voluntarismo es una solución de autoridad, legitimada
"formalmente" por un consenso, como se dice, de los
"mejores". Pero para construir una historia duradera no bastan los
"mejores", se necesitan las más vastas y numerosas energías
nacional-populares.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 54-55.
<97>. Marx-Engels e Italia. Una
recopilación sistemática de todos los escritos (incluso del epistolario)2 que
conciernen a Italia y consideran problemas italianos. Pero una recopilación que
se limitase a esta selección no sería orgánica y total. Existen escritos de
Marx y Engels que, aun sin referirse específicamente a Italia, tienen
importancia para Italia, importancia no genérica, se entiende, porque de otra
manera todas las obras de ambos escritores conciernen a Italia. El plan de la
obra podría ser construido según estos criterios: 1] escritos que conciernen
específicamente a Italia; 2] escritos que conciernen a argumentos
"específicos" de crítica histórica y política que, aun no
concerniendo a Italia, tienen relación con Italia. Ejemplos: el artículo sobre
la constitución española de 1812 tiene relación con Italia, por la función
política que tal constitución tuvo en los movimientos italianos hasta el 48.3
70 De
igual modo tiene relación con Italia la crítica de la Miseria de la filosofía
contra la falsificación de la dialéctica hegeliana hecha por Proudhon,4 que
corresponde a movimientos intelectuales italianos correspondientes (Gioberti,
el hegelianismo de los moderados, revolución pasiva, dialéctica de revolución,
restauración). Igual el escrito de Engels sobre los movimientos liberales
españoles de 18735 (después de la abdicación de Amadeo de Saboya) tiene
relación con Italia, etcétera. Quizá de esta segunda serie de escritos no es
preciso hacer la antología, sino que es suficiente un estudio
analítico-critico. Pero el plan más orgánico sería el de tres volúmenes:
introducción histórico-crítica general; escritos sobre Italia; escritos
referentes indirectamente a Italia.
Cfr.
Cuaderno 16 (XXII), pp. 26 bis-27.
Cfr. "La data del 24 maggio nel
pensiero dei Quadrumviri", en Corriere della Sera, 21 de mayo de 1932.
Gramsci tuvo en la cárcel algunos
volúmenes de la correspondencia Marx-Engels en la traducción francesa de
Molitor y el volumen, igualmente en traducción francesa, de las cartas de Marx
a Kugelmann: cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 1.
Cfr. Cuaderno 6 (VIII), § 199.
El significado de esta referencia debe
relacionarse con la observación del Cuaderno 8 (XXVIII), § 225, p. 74 bis
("la posición de
Crece es
como la de Proudhon criticada en la Miseria de la filosofía: hegelianismo
domesticado"). Cfr. nota 3 a dicho parágrafo.
Se trata del escrito de Engels "Los
bakuninistas en acción", incluido luego en Marx-Lenin, Acerca del
anarquismo y el anarcosindicalismo, ed. Progreso, Moscú, 1976, pp. 109-31.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 898
<98>. Mazzini y Garibaldi. Cfr. el
artículo de A. Luzio en el Corriere della Sera del 31 de mayo de 1932,
"Garibaldi e Mazzini".
<99>. [1]. La era del Risorgimento
de Omodeo y los orígenes de la Italia moderna. ¿Qué significa o puede
significar el hecho de que Omodeo inicia su narración con la paz de Aquisgrán,
que puso fin a la guerra por la sucesión en España?1 Omodeo no "razona"
este criterio metodológico suyo, no muestra que sea la expresión del hecho de
que un determinado nexo histórico europeo es al mismo tiempo nexo histórico
italiano, que necesariamente debe insertarse en el desarrollo de la vida
nacional italiana. Por el contrario, esto puede y debe ser
"declarado". La personalidad nacional (como la personalidad
individual) es una abstracción fuera del nexo internacional (y social). La
personalidad nacional expresa algo "distinto" del complejo internacional,
por lo tanto está vinculada a las relaciones internacionales. Hay un periodo de
dominio extranjero en Italia, directo durante cierto tiempo, de carácter
hegemónico posteriormente (o mixto, de dominio extranjero y de hegemonía). La
caída de Italia bajo la dominación extranjera en el siglo XIV provocó ya corno
reacción la orientación política, nacional-democrática, de Maquiavelo, que
expresaba al mismo tiempo el pesar por la independencia perdida en una forma
determinada (equilibrio interno entre los Estados italianos bajo la hegemonía
de la Florencia de Lorenzo el Magnífico) y la voluntad inicial de luchar para
reconquistarla en una forma históricamente superior, como monarquía absoluta
nacional según el tipo de España y Francia. En el siglo XVI el equilibrio
europeo Austria-Francia entra en una nueva fase con respecto a Italia; hay un
debilitamiento recíproco de las dos grandes potencias y surge una tercera gran
potencia: "Prusia". Por lo tanto los orígenes del movimiento del
Risorgimento, o sea el proceso de formación de las condiciones y de las
relaciones internacionales que permitirán a Italia reunirse en forma de nación
y a las fuerzas internas nacionales desarrollarse y extenderse, no deberá
buscarse en este o aquel suceso concreto registrado en una u otra fecha, sino
exactamente en el mismo proceso histórico de transformación del sistema europeo
precedente.
Este proceso, sin embargo, no es
independiente de los hechos internos italianos; un elemento importante y a
veces decisivo de los sistemas europeos lo fue siempre el Papado. En el curso
del siglo XVIII el debilitamiento de la posición del Papado como potencia
europea es francamente catastrófico. Con la Contrarreforma el Papado modificó
esencialmente la estructura de su poder; se alejó de las masas populares, se
hizo instigador de guerras europeas de exterminio, se mezcló con las clases
dominantes de manera irremediable. Por eso perdió la capacidad de dominar
indirectamente a las clases dirigentes a través de su influencia sobre las
clases populares fanáticas y fanatizadas; es notable que precisamente mientras
Bellarmino elaboraba su teoría del dominio indirecto de la Iglesia, la Iglesia
con su actividad concreta destruía las condiciones de todas sus formas de
dominio y especialmente del dominio indirecto, alejándose de las clases
populares. La política realista de las monarquías ilustradas esa esta desautorización
de la Iglesia como potencia europea y por lo tanto italiana, e inicia también
ella el Risorgimento, si es verdad, como lo es, que el Risorgimento se dio en
función de un debilitamiento del Papado tanto como potencia europea cuanto
italiana, o sea como posible fuerza que reorganizase los Estados de la
península bajo su hegemonía. Pero son elementos condicionantes; una
demostración históricamente válida, de que ya en el siglo XVIII se hubiesen
constituido en Italia fuerzas que tendieran concretamente a hacer de la
península un organismo político unitario e independiente, no se ha realizado
todavía en forma válida.
Cfr. nota 3 al precedente § 89.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 899
En el manuscrito una variante
interlineal: "representa".
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 13-14.
<100> Bibliografía. Francesco
Lemmi, Le origini del Risorgimento italiano, Milán, Hoepli. Del mismo Lerami,
La Bibliografía del Risorgimento italiano, Societá Anonima Romana. C. Morandi,
Idee e formazioni politiche in Lombardia dal 1748 al 1814, Turín, Bocea.
Massimo Lelj, Il Risorgimento dello spiríto Italiano (1725-1861), Milán,
L'Esame, Edizioni di storia moderna, 1928.1
Cfr.
Cuaderno 19 (X), p. 26.
<101>. [21. Orígenes del
Risorgimento. Las investigaciones sobre los orígenes del movimiento nacional
del Risorgimento están casi siempre viciadas por las tendencias políticas
inmediatas, no sólo por parte de los escritores italianos, sino también por
parte de los extranjeros, especialmente franceses. Hay una "doctrina"
francesa sobre los orígenes del Risorgitriento, esto es, la nación italiana
debe su fortuna a Francia, a los dos Napoleones, y esta doctrina tiene su
aspecto negativo-polémico: los nacionalistas monárquicos (Rainville) reprochan
a Napoleón el haber debilitado la posición relativa de Francia en Europa con su
política "nacionalitaria", o sea haber estado contra la tradición y
los intereses de la nación francesa, representados por la monarquía y los
partidos de derecha (clericales) siempre antitalianos.2
72 *En Italia las cuestiones "tendenciales
y tendenciosas— planteadas a este respecto son: 1] la tesis
democrático-francófila: el movimiento se debe a la Revolución francesa, es una
derivación de ella, que ha determinado la tesis opuesta: 21 La Revolución
francesa con su intervención en la península interrumpió el movimiento
"verdaderamente" nacional, tesis que tiene un doble aspecto: el
jesuítico (según el cual los sanfedistas eran "nacionalistas") y el
moderado que se refiere más bien a los principios reformadores. Algunos añaden
además: 3] el movimiento reformador fue interrumpido por temor a los
acontecimientos de Francia, de manera que la intervención de los ejércitos
franceses en Italia no interrumpió el movimiento autóctono sino que incluso
hizo posible su recuperación y cumplimiento. *
Estos
elementos se encuentran desarrollados en aquellas publicaciones mencionadas
bajo el título de "Interpretaciones del Risorginaento italiano" y
que, como ya se dijo, tienen significado en la historia de la cultura política
y no en la de la historiografía.3
*En un
artículo de Gioacchino Volpe, "Una scuola per la storia dell'Italia
moderna" (Corriere della Sera, 9 de enero de 1932) bastante notable, está
escrito: "Todos lo saben: para comprender el `Risorginnento' no basta con
remontarse a 1815 y ni siquiera a 1796, año en el que Napoleón irrumpió en la
península y provocó la tempestad. El 'Risorgimento', como reanudación de vida
italiana. como formación de una nueva burguesía, como conciencia creciente de
problemas no sólo municipales y regionales sino nacionales, como sensibilidad a
ciertas exigencias ideales, hay que buscarlo mucho antes de la Revolución:
también él es un síntoma, uno de los síntomas, de una revolución en marcha, no
sólo francesa, sino, en cierto sentido, mundial. Todos saben igualmente que la
historia del Risorgimento no se estudia sólo con documentos italianos y como
hecho únicamente italiano, sino en el cuadro de la vida europea; tanto si se
trata de corrientes de cultura, de transformaciones económicas, de situaciones
internacionales nuevas, que solicitan a los italianos a nuevos pensamientos, a
nuevas actividades, a un nuevo orden político".*
Todo
esto, en el libro de Omodeo, resulta inconexo y exterior. Se tiene la impresión
de que, tanto por el título como por el planteamiento cronológico, el libro de
Omodeo solamente quiso hacer un homenaje a la tendenciosidad histórica y no a
la historia, por razones de oportunismo poco claras y poco laudables.
En el siglo XVIII, cambiadas las
condiciones relativas de la península italiana en el cuadro de las relaciones
europeas, tanto por lo que concierne a la presión hegemónica de las grandes
potencias que no podían permitir el surgimiento de un Estado unitario italiano,
como por lo que concierne a la posición de potencia política (en Italia) y
cultural (en Europa) del Papado (y tanto menos podían permitir las grandes
potencias europeas un Estado unificado italiano
Esta bibliografía sobre los orígenes del
Risorgimento reúne títulos ya anotados por Gramsci de memoria en una lista de
libros
del
Cuaderno de traducciones de 1929, no incluido en esta edición.
Cfr. sobre este tema el Cuaderno 1 (XVI),
§ 44, p. 38 y nota 29.
3 Cfr. el
precedente § 89, pp. 69-71.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 900
bajo la
supremacía del Papa, o sea permitir que la función cultural de la Iglesia y su
diplomacia, ya bastante obstaculizadoras y limitativas del poder estatal en los
países católicos, se reforzasen apoyándose en un gran Estado territorial y en
su correspondiente ejército), cambia también la importancia y el significado de
la tradición literario-retórica que exaltaba el pasado romano, la gloria de las
comunas y del Renacimiento, la función universal del Papado italiano. Esta
atmósfera cultural italiana había permanecido hasta entonces indistinta y
genérica: beneficiaba especialmente al Papado, formaba el terreno ideológico de
la potencia papal en el mundo, el elemento para la selección del personal
eclesiástico y laico-eclesiástico del que el Papado tenía necesidad para su
organización práctica de centralización del organismo eclesiástico, y para todo
el conjunto de las actividades políticas, filosóficas, jurídicas,
publicitarias, culturales, que constituían la maquinaria para el ejercicio del
"poder indirecto", después de que en el periodo precedente a la
Reforma, había servido para el ejercicio del poder directo, o de aquellas
funciones de poder directo que pudieron realizarse concretamente en las
relaciones de fuerzas internas de cada uno de los países católicos.
En el
siglo XVIII se inicia un proceso de distinción en esta corriente tradicional:
una parte se conectó cada vez más conscientemente con la institución del Papado
como expresión de una función intelectual (ético -política de hegemonía) de
Italia en el mundo civilizado, y acabará por expresar el Primero giobertiano y
el neogüelfismo (a través de una serie de movimientos menores, más o menos
equívocos, como el sanfedismo, que son examinados en la sección de la
"Acción Católica" y sus orígenes) y por la concreción en forma
orgánica, bajo la dirección del mismo Papado, en el movimiento de Acción
Católica, en donde la función de Italia como nación es reducida al mínimo (a la
aportación de aquella parte del personal central vaticano que es italiano, pero
no puede poner en primera línea, como antes, su ser italiano); y se desarrolla
una parte "laica", incluso en oposición al Papado, que trata de
reivindicar una función de primacía italiana y de misión italiana en el mundo
independientemente del Papado. Esta segunda parte, que no puede referirse a un
organismo todavía tan poderoso como la Iglesia romana, y por lo tanto carece de
un punto de referencia centralizador, no tiene la misma solidez que el primero,
tiene varias líneas quebradas de desarrollo y puede decirse que confluye en el
mazzinianismo. Pero lo importante históricamente es que en el siglo XVIII esta
tradición comienza a concretarse y distinguirse, a moverse con una dialéctica
íntima: significa que esta tradición literario-retórica se está convirtiendo en
un elemento político, se está convirtiendo en la promoción del terreno
ideológico en el que las fuerzas políticas efectivas lograrán determinar el
alineamiento de las más vastas masas populares necesarias para alcanzar sus
fines propios, lograrán poner en jaque al Papado y a las otras fuerzas de
reacción existentes en la península junto al Papado. Que el liberalismo haya
conseguido crear la fuerza católico-liberal y obtener que el mismo Pío IX se
situase, aunque en pequeña medida, en el terreno del liberalismo (cuanto fue
suficiente para disgregar el aparato político católico y quitarle la confianza
en sí mismo) fue la obra maestra política del Risorgimento y uno de los puntos
de resolución más importantes de los viejos nudos que hasta entonces hablan
impedido pensar concretamente en la posibilidad de un Estado unitario italiano.
(Si este elemento de la transformación de la tradición cultural italiana es
postulado como elemento necesario en el estudio de los orígenes del
Risorgimento, y su disolución es concebida como un hecho positivo, como
condición necesaria para el surgimiento y desarrollo del elemento positivo
liberal-nacional, entonces adquieren cierto significado, no desdeñable,
movimientos como el "jansenista", que de otra manera resultarían
simples curiosidades de eruditos. En suma, se trataría de un estudio de los
"cuerpos catalíticos" en el campo histórico-político italiano,
elementos catalíticos que no dejan rastro de sí, pero que tuvieron una
insustituible función instrumental en la creación del nuevo organismo
histórico.)
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 901
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 15-19.
74
<102>. El 1849 en Florencia. En la
Rassegna Nazionale Aldo Romano ha publicado una carta de R. Bonghi y una de
Cirillo Monzania escritas a Silvio Spaventa en 1849 desde Florencia durante el
periodo de la dictadura Guerrazzi-Montanelli (cfr. Marzoco del 21 de febrero de
1932)1 que son interesantes para juzgar cuál era la actitud de los moderados
con respecto al periodo democrático de la revolución italiana 1848-49 y también
para extraer algún elemento objetivo de hecho. Impresiona ver cómo estos dos
moderados se muestran extraños a los acontecimientos, espectadores curiosos y
malévolos y no actores interesados. He aquí un pasaje de Bonghi, escrito quince
días después de la fuga del Gran Duque: "La facción republicana pretende
alzar en todas partes aquel árbol con tan poco concurso alzado en Florencia, a
partir de la noche en que se conoció la proclama de De Laugier, y mediante la
obra de algunos livorneses hechos venir a propósito. Este alzamiento tiene poca
o ninguna oposición en las ciudades principales o más populosas; pero tiene
mucha en las más pequeñas y muchísima en las zonas rurales. Ayer por la noche
se quiso alzar fuera de Porta Romana: hubo vítores; luego enfrentamientos entre
quienes querían y quienes no querían; luego cuchilladas y disparos de fusil;
por último una gran destrucción. Los campesinos de los alrededores, creyendo
que se trataba de un jolgorio que se hacía por el regreso del gran duque, o
porque ya hubieran sido instigados y preparados a la reacción, o por lo que
fuera, empezaron también ellos a gritar vivas a Leopoldo II, a disparar sus
fusiles, a enarbolar banderas, a agitar pañuelos, a disparar cohetes y cosas
parecidas". Más sintomático es el escrito de Monzani,a que ofrece una
muestra mejor de la que debía ser la propaganda derrotista de los moderados:
"La ceguera y lo que es aún peor, la mala fe, la astucia, el engaño, me
parecen llegados al colmo.
75 Se
habla mucho de patria, de libertad, pero pocos tienen a la patria en su
corazón, ni sabrían hacer sacrificios extremos, ni exponer la vida, para su
salvación. Estos santísimos nombres son desdichadamente profanados, y los más
se sirven de ellos como palanca para obtener o poder o riqueza. Tal vez me
engaño, pero esperar que la salvación nos venga de éstos me parecería
exactamente lo mismo que esperarla del turco. Yo no estoy acostumbrado a
ilusionarme, ni a correr tras fantasmas, que ya demasiado se han dejado atrapar
los italianos en las redes de las quimeras y de las utopías de ciertos
apóstoles, los cuales son ya demasiado perjudiciales para nuestra desgraciada
patria". Las dos cartas le fueron secuestradas a Spaventa en el momento de
su arresto. Los Borbones estaban demasiado atrasados para servirse de ellas
contra los liberales, haciéndolas comentar por sus escribidores (los Borbones
odiaban demasiado a los escribidores para tenerlos a su propio servicio), se
limitaron a pasarlas a las actas del proceso Spaventa. (¡Todo el espíritu de
Bonghi está en aquel continuo repetir "alzar" y
"alzamiento" a la napolitana!)
En el manuscrito: "Montazio".
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 59-60.
<103>. Momentos de vida
intensamente colectiva y unitaria en La vida del pueblo italiano. Buscar en la
historia italiana desde 1800 hasta hoy todos los momentos en los que el pueblo
italiano se ha propuesto resolver una tarea potencialmente común, en la que
habría podido darse una acción o un movimiento colectivos (en profundidad y en
complejidad) y unitarios. Estos momentos, en las diversas fases históricas,
pueden haber sido de distinta naturaleza,
1 1 El
artículo de Aldo Romano es resumido con amplias citas en la sección
`Marginalia' ("Vita politices florentina durante il 1849 (lettere inedite
del Bonghi e da/ Monzani a Silvio Spaventa e Mariano D'Ajala)", en
Rassegna Nazionale, enero de 1932 (año LIV, serie DI, vol. XVI), pp. 22-31.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 902
de
distinto alcance e importancia nacional-popular. Lo que importa en la
investigación es el carácter potencial (y por lo tanto la medida en que esta
"potencialidad" se ha traducido en actos) de colectividad y
unitariedad, o sea la difusión territorial (la región responde bien a estas
características, si no es que también la provincia) y la difusión de masas (o
sea la mayor o menor multitud de participantes, la mayor o menor repercusión
activa y pasiva —o negativa por las reacciones suscitadas—que la acción haya
tenido en los diversos estratos de la población).
Estos
momentos pueden haber tenido carácter y naturaleza distinta: guerras,
revoluciones, plebiscitos, elecciones generales de especial importancia y
significado. Guerras: 1848, 1859, 1860, 1866, 1870, guerra de África (Eritrea),
guerra de Libia (1911-12), guerra mundial (1915-18). Revoluciones: 1820- 21,
1831, 1848 -49, 1860, fasci sicilianos, 1898, 1904, 1914, 1919-20, 1924-25.
Plebiscitos para la formación del Reino: 1859-60, 1866,
1870.
Elecciones generales con distinta proporción de sufragio ampliado. Elecciones
típicas: la que lleva a la Izquierda al poder en 1876, la posterior a la
extensión del sufragio después de 1880, la de después de 1898, para el primer
periodo; la de 1913 es la primera elección con características populares
señaladas por la gran participación de masas; 1914 es la más importante de
todas por el carácter proporcional y regional, que obliga a los partidos a
reagruparse y porque en todo el territorio, por primera vez, se presentan los
mismos partidos con los mismos programas (a grandes rasgos).
76 En
medida mucho mayor y más orgánica que en 1913 (cuando el colegio uninominal
restringía las posibilidades y falsificaba las posiciones políticas de masas)
en 1919 en todo el territorio, en un mismo día, toda la parte más activa del
pueblo italiano se hizo la misma pregunta y trató de resolverla en su
conciencia histórico-política. El significado de las elecciones de 1919 lo
revela el conjunto de elementos 'unificadores" que en ellas confluyen: la
guerra había sido un elemento unificador de primer orden en cuanto que había
hecho conscientes a las grandes masas de la importancia que tiene para el
destino de cada individuo aislado la construcción del aparato de gobierno,
además de haber planteado una serie de problemas concretos, generales y
particulares, que reflejaban la unidad popular -nacional. Puede decirse que las
elecciones de 1919 tuvieron para el pueblo un carácter de Constituyente (este
carácter lo tuvieron también las elecciones de 1913, como puede recordar
cualquiera que haya asistido a las elecciones en los centros regionales donde
mayor fue la transformación del cuerpo electoral, y como fue demostrado por el
alto porcentaje de participación activa: se había difundido una convicción
mística de que todo debía cambiar con el voto, una auténtica palingénesis
social; así fue al menos en Cerdeña), aunque esa convicción mística ciertamente
no la sintieron por "ningún" partido político de la época: en esta
contradicción entre el pueblo y los partidos populares consistió el drama
histórico de 1919, que fue comprendido inmediatamente sólo por los grupos
dirigentes más avisados e inteligentes (y que más tenían que temer para su
futuro). Debe señalarse que precisamente el partido tradicional de la
constituyente en Italia, el partido republicano, demostró el mínimo de
sensibilidad histórica y de capacidad política, y se dejó imponer su propio
programa y su propia orientación (o sea defensa abstracta y retrospectiva de la
intervención en la guerra) por las clases dirigentes. El pueblo, a su manera,
miraba al futuro (y en ello está el carácter implícito de constituyente que el
pueblo dio a las elecciones de 1919); los partidos miraban al pasado (sólo al
pasado) concretamente y al futuro "abstractamente",
"genéricamente", como "tened confianza en vuestro partido"
y no como concepción histórico-política concreta, reconstructiva. Entre las
otras diferencias entre las elecciones del 13 y las del 19 hay que señalar la
participación "activa" de los católicos, con hombres propios, con su
partido propio, con su propio programa. También en 1913 los católicos
participaron en las elecciones, pero a través del pacto Gentiloni, en forma
solapada y que en gran medida
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 903
falsificaba
el alineamiento y la fuerza de las potencias políticas tradicionales. Respecto
a 1919 hay que recordar la actitud de los giolittianos tal como se desprende de
las campañas de Luigi Ambrosini en La Stampa para influir a los católicos. En
realidad los giolittianos fueron "históricamente" los vencedores, en
el sentido de que ellos imprimieron el carácter de constituyente sin
constituyente a las elecciones y lograron retraer las miradas del futuro al
pasado.1
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 60-63.
77
<104>. [2]. Todo el esfuerzo de
interpretación del pasado italiano y la serie de construcciones ideológicas y
de novelas históricas que del mismo se han derivado, está vinculado a la
"pretensión" de encontrar una unidad nacional, al menos de hecho, en
todo el periodo desde Roma hasta hoy. ¿Cómo nació esta pretensión? ¿Es un
indicio de fuerza o de debilidad? ¿Es el reflejo de una formación social nueva,
segura de sí, y que busca para sí misma [y se crea] títulos de nobleza en el
pasado, o bien es, por el contrario, el reflejo de "una voluntad de
creer", un elemento de fanatismo ideológico que debe precisamente servir
de remedio a las debilidades de estructura e impedir el derrumbe? Esta última
me parece la interpretación correcta, unida al hecho de la excesiva importancia
relativa de los intelectuales, o sea de los pequeñoburgueses, en comparación
con las clases económicas atrasadas y políticamente incapaces. La formación
nacional es sentida como aleatoria, porque fuerzas ignoradas, salvajes, elementalmente
destructivas, se agitan en su base. La dictadura de hierro de los intelectuales
y de algunos grupos urbanos con la propiedad rural se mantuvo solamente unida,
sobrexcitándose con este mito de fatalidad histórica, más fuerte que cualquier
carencia y cualquier ineptitud política y militar. Es en este terreno donde la
adhesión popular-nacional al Estado es sustituida por una selección de
—voluntarios" de la nación. Nadie ha pensado que precisamente el problema
planteado por Maquiavelo al proclamar la necesidad de milicias nacionales
contra los mercenarios queda irresuelto hasta que el "voluntarismo"
sea superado por el "hecho popular-nacional", porque el voluntarismo
es una solución intermedia, equívoca, tan peligrosa como el mercenarisrno.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 33-34.
<105>. [21] La cuestión italiana.
Cfr. los discursos pronunciados por el onorevole Grandi en el Parlamento sobre
política exterior en 1932 y las discusiones de ellos derivadas en la prensa
italiana y extranjera.2 El onorevole Grandi planteó la cuestión italiana como
cuestión mundial, a resolver juntó con las otras que forman la expresión
política de la crisis iniciada en 1929, es decir, el problema francés de la
seguridad, el problema alemán de la paridad de derechos, el problema del
establecimiento de los Estados danubianos y balcánicos. De ahí la tentativa de
obligar a cualquier posible Congreso mundial llamado a resolver estos
problemas, a ocuparse de la cuestión italiana como elemento fundamental de la
reconstrucción y pacificación europea y mundial, ¿En qué consiste la cuestión
italiana según este planteamiento? Consiste en el hecho de que el incremento
demográfico del país está en
1 Cfr.
sobre el mismo tema el Cuaderno 8 (XXVIII), § § 64, 83, 96 y nota 3 a este
último parágrafo. Los artículos de Luigi Ambrosini en la Stampa, recogidos
luego parcialmente en un libro (Fra Galindo alta cerca. Per la coscienza
politica del popolari) fueron mencionados por Gramsci en el § 83 del Cuaderno 8
(XXVIII), cfr. nota 9.
Gramsci se refiere a los discursos
pronunciados por el ministro del exterior Dino Grandi ante la Cámara, el 4 de
mayo, y ante el Senado el 3 de junio de 1932; para las discusiones provocadas
por tales discursos en la prensa italiana y extranjera, Gramsci tenía presente
probablemente un fascículo de la revista Educazione Fascista, junio de 1932
(año X): cfr. en particular Carlo Schanzer, "Spirito e ideali del fascismo
nella politica internazionale" (pp. 432-33), y la reseña de Umberto Nani, "L'Italia
e il mondo (Rassegna di politica internazionale)", pp. 486-89.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 904
oposición
con la pobreza relativa del país, o sea en la existencia de una sobrepoblación.
Por lo tanto, sería necesario que se le diese a Italia la posibilidad de
expandirse, tanto económica como demográficamente, etcétera. Agregados
necesarios al análisis de la situación italiana. Si es verdad que las
relaciones generales internacionales son desfavorables a Italia (especialmente
el nacionalismo económico que impide la libre circulación del trabajo humano),
también hay que preguntarse si a la construcción de tales relaciones no
contribuye la misma política italiana. La investigación principal debe ser en
este sentido: ¿la baja tasa individual de renta nacional es debida a la pobreza
"natural" del país o bien a factores histórico-sociales creados y
mantenidos por una determinada orientación política? Esto es, ¿no cuesta
demasiado caro el Estado, entendiendo por Estado no sólo la administración de
los servicios estatales, sino [también] el conjunto de las clases que lo
componen y lo dominan? Y, por lo tanto ¿es posible pensar que sin un cambio de
estas relaciones internas, la situación puede cambiarse aunque
internacionalmente las relaciones mejorasen? Y la proyección de la cuestión en
el campo internacional ¿no es acaso un medio para crearse una coartada frente a
las grandes masas del país?
Que la renta nacional sea baja puede
concederse, ¿pero acaso no es luego destruida (devorada) en gran parte por la
excesiva población pasiva, haciendo imposible ninguna capitalización progresiva
aunque fuese a ritmo reducido? Por lo tanto, la cuestión demográfica debe ser
analizada a su vez y hay que establecer si la composición demográfica es
"sana" incluso para un régimen capitalista y de propiedad. La pobreza
relativa de los países individuales, en la civilización moderna, tiene una
importancia relativa: a lo sumo impedirá ciertas ganancias marginales de
"posición" geográfica. La riqueza proviene de la división
internacional del trabajo, y de haber sabido seleccionar, entre las
posibilidades que esta división ofrece, la más rentable. Así pues, se trata
también de "capacidad directiva" de la clase dirigente económica, de
su espíritu de iniciativa y organización. Si estas cualidades faltan. no pueden
ser sustituidas por ningún acuerdo internacional. No existen ejemplos, en la
historia moderna, de colonias de "poblamiento". No existen. La
emigración y la colonización siguen el flujo de capitales invertidos en los
diversos países y no viceversa. La crisis actual, que se manifiesta
especialmente como caída de los precios de las materias primas y de los
cereales, demuestra que el problema no es de "riqueza natural" para
los diversos países del mundo, sino de organización social y de transformación
de las materias primas para ciertos fines y no para otros.
Que se
trata de organización y orientación político- económica se desprende del hecho
de que cada país ha tenido "emigración" en ciertas fases de su
desarrollo económico, pero tal emigración ha sido luego reabsorbida, o al menos
ha cesado. Que no se desee cambiar las relaciones internas y ni siquiera
rectificarlas racionalmente (o que no se pueda), se ve en la política de la
deuda pública, que aumenta continuamente el peso de la pasividad demográfica,
precisamente cuando la parte activa de la población está limitada por la
desocupación y la crisis. Disminuye la renta nacional, aumentan los parásitos,
el ahorro se restringe e, incluso así restringido, es revertido en la deuda
pública, o sea convertido en causa de nuevo parasitismo relativo y absoluto.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 44-46.
79
<106>. [2]. Historia fetichista.
Podría llamarse así el modo de representar los acontecimientos históricos en
las "interpretaciones" ideológicas de la formación italiana, por el
cual resultan protagonistas personajes abstractos y mitológicos. En la Lotta
politica de Oriani tenemos al más popular de estos esquemas mitológicos, aquel
que ha producido y parido una más larga serie de hijos degenerados. Ahí
encontramos la Federación, la Unidad,
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 905
la
Revolución, Italia, etcétera, etcétera. En Oriani está clara una de las causas
de este modo de concebir la historia. El criterio de investigación de que los
acontecimientos subsiguientes arrojan luz sobre los precedentes, o sea, que
todo el proceso histórico es un "documento" histórico de sí mismo, es
mecanizado y exteriorizado y reducido, en el fondo, a una ley determinista de
"rectilineidad" y de "unilinearidad". El problema de buscar
los orígenes históricos de un hecho concreto y circunstanciado, la formación
del Estado moderno italiano en el siglo xix, es transformado en el de
identificar este "Estado", como unidad o como nación o genéricamente
como Italia, en toda la I historia 80 precedente, como el pollo en el huevo
fecundado.
Para este
tratamiento deben verse las observaciones críticas de Antonio Labriola en los
Scritti vari (pp, 487-90; pp. 317-442 passim, y en el primero de los Saggi
sobre el materialismo histórico, pp. 50-52).1 (Sobre este punto véase también
Croce, Storia della storiografia, t. II, pp. 227-28 y en todo este trabajo el
estudio del origen "sentimental y poético" y "la crítica
imposibilidad" de una "Historia general de Italia".)2 Otras
observaciones vinculadas a éstas son las de A. Labriola a propósito de una historia
general del cristianismo, que a Labriola le parecía inconsistente como todas
las construcciones históricas que toman como sujeto entes inexistentes (31
Ensayo, p. 113).3
Una
reacción concreta en el sentido indicado por Labriola puede verse en los
escritos históricos de Salvemini, el cual no quería saber nada de
"güelfos" y "gibelinos", el uno partido de la nobleza y el
imperio, y el otro del pueblo y del papado, porque él los conocía sólo como
"partidos locales", combatientes por razones absolutamente locales,
que no coincidían con las del Papado y el Imperio. En el prefacio a su libro
sobre la Rivoluzione francese puede verse teorizada esta posición de Salvemini
con todas las exageraciones antihistóricas que entraña. "La innumerable
variedad de los sucesos revolucionarios" se suele atribuir en bloque a un
ente "Revolución", en vez de "asignar cada uno de los hechos al
individuo o grupo de individuos reales que fueron sus autores".1 Pero si
la historia se redujese sólo a esta investigación, sería cosa bien mísera y,
por lo demás, se volvería incomprensible. Habrá que ver cómo resuelve
concretamente Salvemini las incongruencias que resultan de su planteamiento
demasiado unilateral del problema metodológico, tomando en cuenta esta caución
crítica: si no se conociese por otras obras la historia aquí relatada, y sólo
tuviésemos este libro, <?> nos resultaría comprensible esa historia
<?>. O sea, ¿se trata de una historia "integral" o de una
historia "polémica" que— se propone sólo (u obtiene sin proponérselo,
necesariamente) añadir alguna pincelada a un cuadro ya esbozado por otros? Esta
cautela debería estar siempre presente en toda crítica, porque a menudo hay que
vérselas con obras que por sí "solas" no serían satisfactorias, pero
que son muy útiles en el cuadro general de una determinada cultura, como
"integrantes" de otros trabajos o investigaciones.
Cfr,
Cuaderno 19 (X), pp. 34-36.
80
<107>. [2]. Adolfo Omodeo. Cfr. La
Critica del 20 de julio de 1932, p. 280: "A los patriotas les ofrecía la
tesis que por entonces había vuelto a poner en circulación Salvemini: de la
historia del Risorgimento como pequeña historia, no suficientemente regada de
sangre: de la unidad, más bien don de una fortuna propicia qtte conquista
merecida de los italianos; del
1 Las
referencias a las obras de Antonio labriola, con la correspondiente indicación
de las páginas, están tomadas aquí del libro de Crece, Storia della
storiogratia italiana del secolo decimonono cit., vol. LE, p. 228.
Cfr. ibid., p. 227: "en otro lugar
[Labriolal destruía la añeja utopia de una historia general de Italia —de la
que en este tratado nuestro hemos narrado el origen sentimental y poético, y
demostrado su imposibilidad crítica—, esbozando en contraste lo
que
debería ser una historia de la Italia que ahora existe, de la Italia formada
con el Risorginnento".
También esta referencia a Labriola está
en ibid., p. 227. Para esta referencia a las obras de Salvemini cfr, ibid., p.
242.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 906
Risorgimento,
obra de minorías contra la apatía de la mayoría. Esta tesis generadaa por la
incapacidad del materialismo histórico para apreciar én sí la grandeza moral,
sin la estadística empírica de los bidones de sangre derramada y el cómputo de
los intereses (tenía una especiosidad fácil y estaba destinada a correr por
todas las revistas y periódicos, y a hacer denigrar por los ignorantes la dura
obra de Mazzini y de Cavour), esta tesis servía de base a Marconi para una
argumentación moralista de estilo vociano" (Omodeo se refiere a Piero
Marconi, muerto en la guerra, y a su publicación lo udII il comandamento,
Florencia, sin fecha).1
En el texto de Omodeo:
"germinada"
Pero
Omodeo, en su libro L'età del Risorgimento2 no logró dar una interpretación y
una reconstrucción que no sea extrínseca y de pura apariencia. Que el
Risorgimento haya sido la aportación italiana al gran movimiento europeo del
siglo XIX no demuestra que la hegemonía del movimiento estuviese en Italia. Por
lo demás se puede observar: si la historia del pasado no se puede dejar de
escribir con los intereses y por los intereses actuales, ¿la fórmula crítica de
que hay que hacer la historia de lo que el Risorgimento ha sido concretamente
no es insuficiente y demasiado limitada? Explicar cómo se hizo el Risorgimento
concretamente, cuáles son las fases del proceso histórico necesario que
culminaron en aquel determinado acontecimiento, es un nuevo modo de representar
la llamada "objetividad" externa y mecánica. Se trata a menudo de una
reivindicación "política" de quien está satisfecho y en el
"proceso" al pasado ve justamente un proceso al presente, una crítica
al presente. Por lo demás estas discusiones, en cuanto que son puramente de
metodología empírica, no son concluyentes. Y si escribir historia significa
hacer historia presente, es un gran libro de historia aquel que en el presente
crea fuerzas en desarrollo más conscientes de sí mismas y por lo tanto más
concretamente activas y operantes. El máximo defecto de todas estas
interpretaciones ideológicas del Risorgimento italiano consiste en el hecho de
que han sido simplemente ideológicas, o sea, que no se dirigían a fuerzas
políticas actuales concretas. Trabajos de literatura, diletantescas
construcciones realizadas por gentes que querían hacer despliegue de
inteligencia o de talento: o bien dirigidas a pequeñas camarillas intelectuales
sin futuro, o bien escritas para justificar fuerzas reaccionarias, prestándoles
intenciones que no tenían y fines imaginarios, y por consiguiente pequeños
servicios de lacayos intelectuales (el tipo más logrado de estos lacayos es
Missiroli) y de mercenarios de la ciencia.
Estas interpretaciones ideológicas de la
formación nacional y estatal italiana deben ser estudiadas también desde este
punto de vista: su sucesión "acrítica" por impulsos individuales de
personalidades más o menos "geniales" es un documento del
primitivismo de los partidos políticos italianos, del empirismo inmediato de
toda acción constructiva (incluida la del Estado), de la ausencia en la vida
italiana de cualquier movimiento — vertebrado" que tenga en sí
posibilidades de desarrollo permanente y continuo. La falta de perspectiva
histórica en los programas de partido, perspectiva reconstruida
"científicamente", o sea con seriedad escrupulosa, para basar en todo
el pasado los fines a alcanzar en el futuro y que se deben proponer al pueblo
como una necesidad en la que éste ha de colaborar conscientemente, permitió
precisamente el florecimiento de tantas novelas ideológicas, que en realidad
son la premisa de un movimiento político que se supone abstractamente
necesario, pero para crear el cual en realidad no se hace nada práctico. Éste
es un fenómeno muy útil para facilitar las "operaciones" de las que a
menudo se llaman las "fuerzas ocultas" o "irresponsables",
que actúan a través de los "periódicos independientes", crean
"artificialmente" movimientos de opinión ocasionales, a los que se
mantiene con vida
La referencia a la publicación de Piero
Marconi y la cita están en: Adolfo Omodeo, "Momenti della vita di guerra.
Dai diari e dalle lettere dei caduti", en La Crítica, 20 de julio de 1932
(año XXX. fase. IV), pp. 279-80.
Cfr. nota 3 al precedente § 89.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 907
hasta la
consecución de determinado objetivo y luego se dejan languidecer y morir. Son
precisamente "compañeros de viaje" ideológicos, prontos a servir a
los grupos plutocráticos o de otra naturaleza, con frecuencia fingiendo
precisamente luchar contra la plutocracia. Organizador típico de tales
"compañeros" ha sido Pippo Naldi,1 discípulo también él de Oriani y
organizador de los periódicos de M. Missiroli.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 36-39.
<108>. [21 Orígenes del
Risorgimento. Albert Pingaud, autor de un libro sobre Bonaparte, président de
la Republique Italienne, y que está preparando otro libro sobre Le premier
Royaume d'Italie (que ha sido ya publicado casi todo por fragmentos en diversos
periódicos) está entre aquellos que "sitúan en 1814 el punto de partida y
en Lombardía el hogar natal del movimiento político que concluyó en 1870 con la
toma de Roma". Baldo Peroni, que en la Nuova Antología del 16 de agosto de
1932 pasa revista a estos escritos aún dispersos de Pingaud, observa:
"Nuestro Risorgimento —entendido como despertar político— comienza cuando
el amor a la patria deja de ser una vaga aspiración sentimental o un motivo
literario y se vuelve pensamiento consciente, pasión que tiende a traducirse en
realidad mediante una acción que se desarrolla con continuidad y no se detiene
ni ante los más duros sacrificios. Ahora bien, semejante transformación se
produjo ya en la última década del siglo XVIII, y no solamente en Lombardía
sino también en Nápoles, en el Piamonte; en casi todas las regiones de Italia.
Los 'patriotas' que entre el 89 y el 96 fueron enviados al exilio o que
subieron al patíbulo, conspiraron, además de para instaurar la república,
también para dar a Italia independencia y unidad; y en los años siguientes es
el amor a la independencia el que inspira y anima la actividad de toda la clase
política italiana, tanto si colabora con los franceses como si intenta
movimientos insurreccionales cuando resulta evidente que Napoleón no quiere
conceder la libertad solemnemente prometida".2
82
Peroni, de todos modos, no cree que el movimiento italiano deba buscarse antes
de 1789, o sea que afirma una dependencia del Risorgimento respecto de la
Revolución francesa, tesis que no es aceptada por la historiografía
nacionalista. Sin embargo, parece cierto todo lo que Peroni afirma, si se
considera el hecho específico y de importancia decisiva, de la formación de un
grupo político que se desarrollará hasta la formación del conjunto de los
partidos que serán los protagonistas del Risorgimento. Si en el caso del siglo
XVIII empiezan a aparecer y a consolidarse las condiciones objetivas,
internacionales y nacionales, que hacen de la unificación nacional una misión
históricamente concreta (o sea no sólo posible sino necesaria), es cierto que
sólo después del 89 esta misión se vuelve consciente en grupos de hombres
dispuestos a la lucha. O sea, la Revolución francesa es uno de los
acontecimientos europeos que en mayor medida operan para profundizar un
movimiento ya iniciado en las "cosas", reforzando las condiciones
positivas del movimiento mismo y funcionando como centro de agregación y
centralización de las fuerzas humanas dispersas en toda la península y que de
otro modo habrían tardado en "encontrarse" y comprenderse entre
ellas.
Sobre
este mismo tema debe verse el artículo de Gioacchino Volpe "Storici del
Risorgimento á Congreso" en la Educazione Fascista de julio de 1932.3
Volpe informa sobre el Vigésimo Congreso de la Sociedad Nacional para la
Historia del Risorgimento, celebrado en Roma en mayo-junio de 1932. La historia
del Risorgimento fue concebida primero predominantemente como "historia
del patriotismo italiano". Luego empezó a profundizarse,
Sobre Pippo Naldi cfr. Cuaderno 1 (XVI),
§ 116, p. 76.
Cfr. Baldo Peroni, "Studi
napoleonicr,„ en Nuova Antologia, 16 de agosto de 1932 (año LXVII, fase. 1450),
pp. 569-74; la cita está
en la p.
574.
Cfr. Gioacchini Volpe, "Storici del
Risorgimento a Congresso", en Educazione Fascista, julio de 1932 (año X),
pp. 526-35.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 908
"a
ser vista como vida italiana del siglo XIX y casi disuelta en el cuadro de
aquella vida, encerrada toda ella en un proceso de transformación,
coordinación, unificación, ideales y vida práctica, cultura y política,
intereses privados y públicos". Del siglo XIX se retrocedió al siglo XVIII
y se vieron nexos antes ocultos, etcétera. El siglo XVIII "fue visto desde
el ángulo visual del Risorgimento, incluso como Risorgimento él mismo: con su
burguesía ya nacional; con su liberalismo que afecta la vida económica y la
vida religiosa y EN FIN a aquella política, y que no es tanto un 'principio'
como una exigencia de productores; con aquellas primeras aspiraciones concretas
a "una forma de unidad cualquiera" (Genovesi), por la insuficiencia
de los Estados aislados, ya reconocida, para hacer frente, con su limitada
economía, a la invasora economía de países mucho más vastos y fuertes. En el
mismo siglo se delineaba también una nueva situación internacional. Esto es,
entraban en pleno juego fuerzas políticas europeas interesadas en una
organización más independiente y coherente y menos estáticamente equilibrada de
la península italiana. En suma, una nueva "realidad" italiana y
europea, que da significado y valor incluso al nacionalismo de los literatos, resurgido
después del cosmopolitismo de la etapa anterior".1
Volpe no alude específicamente a la
relación nacional e internacional representada por el Vaticano, el cual también
sufrió en el siglo XVIII una radical transformación: disolución de los jesuitas
con lo que culmina el fortalecimiento del Estado laico contra la injerencia
religiosa, etcétera. Puede decirse que hoy, para la historiografía del
Risorgimento, debido a la nueva influencia ejercida por el Vaticano después del
Concordato, el Vaticano se ha convertido en una de las mayores, si no es que la
mayor, fuerza de rémora científica y de maltusianismo metodológico.
Anteriormente, junto a esta fuerza, que fue siempre muy relevante, ejercían una
función de restricción del horizonte histórico la monarquía y el miedo al
separatismo. Muchos trabajos históricos no fueron publicados por estas razones
(Storia della Sardegna dopo il 1830 del barón Manno,2 episodio Bollea durante
la guerra, etcétera),3 Los publicistas republicanos se especializaron en la
historia "libelista", aprovechando cualquier obra histórica que reconstruyese
científicamente los acontecimientos del Risorgimento, y de ahí se derivó una
limitación de las investigaciones y una prolongación de las historias
apologéticas y retóricas, la imposibilidad de utilizar ros archivos, etcétera,
toda la mezquindad de la historiografía del Risorgimento cuando se la compara
con la de la Revolución francesa. Hoy, las preocupaciones monárquicas y
separatistas han ido disminuyendo, pero han crecido las vaticanescas y
clericales. Una gran parte de los ataques a la Storia dell'Europa de Croce son
evidentemente de este origen.
En el
Vigésimo Congreso se trataron cuestiones muy interesantes para 4 esta 83
sección. Pietro Silva: Il problema italiano nella diploinazia europea del XVIII
secolo. Así resume Volpe el estudio de Silva: "El siglo XVIII quiere decir
influencia de grandes potencias en Italia, pero también las oposiciones a
éstas: y por esto, progresiva disminución del dominio extranjero directo y
desarrollo de dos fuertes organismos estatales en el norte y en el sur. Con el
trato de Aranjuez entre Francia y España, 1752, e inmediatamente después, con
el acercamiento Austria- Francia, se inicia un estancamiento de cuarenta años
para los dos reinos, aunque con muchos esfuerzos para romper el cerco
austro-francés, intentando acercamientos con Prusia, Inglaterra, Rusia. Pero estas
cuatro décadas señalan también el desarrollo de aquellas fuerzas autónomas que,
con la Revolución y con la ruptura del sistema austro- francés, saldrán a la
palestra para una solución en sentido nacional y unitario del problema
italiano. Y he ahí las reformas y los principios reformadores, objeto, en estos
últimos tiempos, de muchos
Cfr. ibid., pp. 526-27; las cursivas y
las mayúsculas son de Gramsei.
Sobre las obras de historia sarda de
Giuseppe Marino cfr. la carta de Gramsci a su madre del 3 de octubre de 1927
(LC, 131-32).
3 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 6 (VIII), § 46.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 909
estudios,
para el reino de Nápoles y Sicilia, para la Toscana, Parma y Piacenza,
Lombardía".1 Carlo Morandi: Le riforme settecentesque nei resultati della
recente storiografia, ha estudiado la posición de las reformas italianas en el
cuadro del reformismo europeo, y la relación entre reformas y Risorgimento.2
Sobre la
relación entre Revolución francesa y Risorgimento, Volpe escribe: "Es
innegable que la Revolución (francesa), tanto como ideologías, que como
pasiones (!), que como fuerza armada, que como Napoleón, introdujo elementos
nuevos en el flujo en movimiento de la vida italiana. No menos innegable es que
la Italia del Risorgimento, organismo vivo, asimilando lo asimilable de aquello
que llegaba de fuera y que, en cuanto ideas, era también un poco relaboración
de otros de lo que ya se había elaborado en Italia, reacciona, al mismo tiempo,
a esto, lo elimina y lo integra, de todos modos lo supera. Tiene tradiciones
propias, mentalidad propia, problemas propios, soluciones propias: que son
además la verdadera y profunda raíz, la verdadera característica del
Risorgimento, constituyen su continuidad sustancial con la época precedente, lo
hacen capaz a su vez de ejercer también él su acción sobre otros países: del
modo como tales acciones se pueden ejercer, no milagrosamente sino
históricamente, dentro del circulo de los pueblos vecinos y afines".3
Estas observaciones de Volpe no son
exactas: ¿cómo se puede hablar de "tradiciones, mentalidad, problemas,
soluciones" propios de Italia? O, al menos, ¿qué significa? Las
tradiciones, la mentalidad, los problemas, las soluciones eran múltiples,
contradictorios y no eran vistos unitariamente. Las fuerzas tendientes a la
unidad eran escasísimas, dispersas, sin vínculos entre sí y sin capacidad para
creárselos. Las fuerzas contrarias a las unitarias eran poderosísimas,
coaligadas, y especialmente como Iglesia absorbían en sí una gran parte de las
energías nacionales que de otra manera hubieran sido unitarias, dándoles una
orientación cosmopolita-clerical. Los factores internacionales y especialmente
la Revolución francesa, al debilitar a estas fuerzas reaccionarias y al
deteriorarlas, potencian por contragolpe a las fuerzas nacionales en sí mismas
escasas e ineficaces. Ésta es la contribución más importante de la Revolución,
muy difícil de evaluar y definir, pero cuyo peso se intuye decisivo en lo que
toca a la señal de arranque del movimiento del Risorgimento.
Entre las
otras memorias presentadas al Congreso debe señalarse la de Giacomo Lumbroso
sobre La reazione popolare contro i francesi alla fine del 1700. Lumbroso
sostiene que "las masas populares, especialmente las campesinas,
reaccionaron no por instigación de los nobles y ni siquiera por amor a la vida
tranquila (;de hecho, empuñaron las armas!) sino, en parte al menos, por un
oscuro y confuso amor patrio o apego a su tierra, a sus instituciones, a su
independencia (¡?): de ahí la frecuente apelación al sentimiento nacional de
los italianos, que hacen los 'reaccionarios', ya en 1799",4 pero la
cuestión está mal planteada así y llena de equívocos. ¿Qué quiere decir el
paréntesis irónico de Volpe, que no se puede hablar de amor a la vida tranquila
porque se empuñan las armas? No hay en absoluto contradicción, porque
"vida tranquila" se entiende en sentido político de aversión a las
cosas nuevas y conservadurismo, y no excluye la defensa armada de las propias
posiciones sociales. Por otra parte, la cuestión de la actitud de las masas
populares no puede plantearse independientemente de la de las clases
dirigentes, porque las masas populares se movían por razones inmediatas y
contingentes contra los "extranjeros" invasores en cuanto que nadie
les había enseñado a conocer una orientación política distinta de la localista
y limitada. Las reacciones espontáneas de las masas populares sirven para
indicar la fuerza de dirección de
Cfr. Volpe, "Storici del
Risorgimento a Congresso" cit., p. 529.
2 Ibid.
3 Cfr.
ibid., pp. 529-30.
4 Cfr.
ibid., p. 531.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 910
las
clases altas; en Italia los liberales-burgueses descuidaron siempre a las masas
populares, etcétera.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 19-25.
85
<109>. Bibliografía. En el XII
Congreso Internacional de Ciencias Históricas que tendrá lugar en Varsovia del
21 al 28 de agosto de 1933 se presentarán las siguientes ponencias sobre el
Risorgimento: 1º] G. Volpe, I rapporti politici diplomatci tra le grandi
potenze europee e l'Italia durante id Risorgimento; 2º] A. C. Jemolo, L'Italia
religiosa del secolo XVIII; Pietro Silva, Forze e iniziative nazionadi ed
influenza straniere nell'opera dell'assolutismo illuminato in Italia.1
Cfr.
Cuaderna 19 (X), pp. 26-27.
<110>. Rodolfo Morandi, Storia
della grande industria in Italia (ed. Laterza, Bari, 1931). En la Riforma
Sociale de mayo-junio de 1932 se publica una severa reseña del trabajo de
Morandi, reseña que contiene algunas ideas metodológicas de cierto interés (la
reseña es anónima, pero el autor podría ser De Viti De Marco).2 Se objeta ante
todo a Morandi que no toma en cuenta lo que ha costado la industria italiana:
"Al economista no le basta que le muestren fábricas que dan trabajo a
miles de obreros, saneamientos que crean tierras cultivables, y otros hechos
semejantes con los que generalmente se contenta el público en sus juicios sobre
un país, sobre una época. El economista sabe bien que el mismo resultado puede
representar un mejoramiento o un empeoramiento de una cierta situación
económica, según que sea obtenido con un conjunto de sacrificios menores o
mayores". (El criterio general que hay que estudiar es precisamente cuánto
ha costado la introducción de 'cierta industria en un país, quién ha hecho los
gastos, quién ha obtenido las ventajas, y si los sacrificios hechos no podían
haberse hecho en otra dirección más útilmente, pero no siempre es cierto que la
introducción de la industria empeore la situación general. Por otra parte, el
solo criterio económico no es suficiente para estudiar el paso de una forma de
Estado a otra; hay que tomar en cuenta también el criterio político, en cuanto
objetivamente necesario y correspondiente a un interés general. Que la
unificación de la península debiese costar sacrificios a una parte de la
población, por las necesidades inderogables de un gran Estado moderno, debe
admitirse; pero hay que ver cómo fueron distribuidos tales sacrificios y en qué
medida podían haberse ahorrado. Que la introducción del capitalismo en Italia
no se ha producido desde un punto de vista nacional, sino desde estrechos
puntos de vista regionales y de grupos restringidos y que no ha alcanzado sus
metas, determinando una emigración morbosa nunca reabsorbida y arruinando
económicamente regiones enteras, es ciertísimo.)
Morandi
no alcanza a valorar el significado del proteccionismo en el desarrollo de la
gran industria italiana_ Así, Morandi reprocha absurdamente a la burguesía
"el propósito deliberado y funestísimo de no haber intentado la aventura
saludable del sur, < . . . > donde malamente puede la producción agrícola
recompensar los grandes esfuerzos que exige al hombre". Morandi no se
pregunta si la miseria del Sur no estaba determinada por la legislación
proteccionista que permitió el desarrollo industrial del Norte y cómo podía
existir un mercado interno que explotar con impuestos y otros privilegios, si
el sistema
De una noticia de la Nuova Rivista
Storica, marzo-junio de 1932 cit.; cfr. nota 1 al precedente § 75.
Cfr. La Riforma Sociale, mayo-junio de
1932 cit., pp. 318-21 ("Intorno alla storia retente della grande industria
italiana"). Todo el parágrafo, incluidas las citas del libro de Morandi,
está basado en esta reseña; las observaciones de Gramsci aparecen entre
paréntesis. Sin embargo Gramsci, que en enero de 1932 había pedido este libro
de Morandi (cfr. LC, 563), conocía directamente la obra reseñada: cfr. Rodolfo
Morandi, Storia della grande industria in Italia, Laterza, Bari, 1931 [FG, C.
carc., Turi III].
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 911
proteccionista
se hubiera extendido a toda la península, transformando la economía rural del
Sur en economía industrial.
Se reprocha a Morandi la excesiva
severidad con que juzga y condena a hombres y cosas del pasado, porque basta
hacer una comparación entre las condiciones antes y después de la independencia
para ver que, a fin de cuentas, algo se ha hecho.
Parece
dudoso que pueda hacerse una historia de la gran industria haciendo abstracción
de los principales factores (desarrollo demográfico, política financiera y
aduanal, ferrocarriles, etcétera) que han contribuido a determinar las
características económicas del periodo considerado. (Crítica muy justa. Una
gran parte de la actividad de la vieja derecha desde Cavour hasta 1876 estuvo
dedicada, en efecto, a crear las condiciones técnicas generales en las que
fuese posible una gran industria y pudiese difundirse y prosperar un gran
capitalismo: sólo con la llegada de la izquierda y especialmente con Crispi se
da la "fabricación de fabricantes" a través del proteccionismo y los
privilegios. La política financiera de la derecha tendiente a equilibrar la
balanza hace posible la política "productivista" subsiguiente.)
"Así, por ejemplo, no se logra comprender cómo es que había tanta
abundancia de mano de obra en Lombardía en las primeras décadas después de la
unificación, y que por lo tanto el nivel de salarios permaneciese tan bajo, si
se representa al capitalismo como a un pulpo que extiende sus tentáculos para
seguir constantemente haciendo nuevas presas en los campos, en vez de tomar en
cuenta la transformación que contemporáneamente se produce en los contratos
agrarios y en general en la economía rural. Y es fácil concluir simplistamente
sobre la obstinación y estrechez de mente de las clases patronales observando
la resistencia que oponen a toda exigencia de mejoramiento de las condiciones
de las clases obreras, si no se tiene también presente lo que ha sido el
incremento de la población con respecto a la formación de nuevos
capitales." (Sin embargo, la cuestión no es tan simple. La tasa del ahorro
o de capitalización era baja porque los capitalistas prefirieron mantener toda
la herencia del parasitismo del periodo precedente, para que no disminuyera la
fuerza política de su clase.)
Crítica
de la definición de "gran industria" dada por Morandi, el cual no se
sabe por qué ha excluido de su estudio a muchas de las más importantes
actividades industriales (transportes, industrias alimentarias, etcétera).
Excesiva simpatía de Morandi por los organismos industriales colosales,
considerados demasiado a menudo, sin más, como formas superiores de actividad
económica, no obstante que se mencionan las quiebras desastrosas de Ilva, de
Ansaldo, de la Banca de Descuento, de Snia Viscosa, de Raigas. "Otro punto
de desacuerdo, el cual merece ser mencionado, porque nace de un error muy
difundido, es aquel en que el autor considera que un país debe necesariamente
permanecer sofocado por la competencia de los otros países si inicia después
que ellos su propia organización industrial. Esta inferioridad económica, a la
que estaría condenada también Italia, no parece en absoluto demostrada, porque
las condiciones de los mercados, de la técnica, de los ordenamientos políticos,
están en continuo movimiento y por consiguiente las metas a alcanzar y los
caminos a recorrer cambian tan a menudo y súbitamente que pueden encontrarse en
ventaja individuos y pueblos que habían permanecido más atrasados, o que casi
no se habían movido. Si no fuese así, mal se explicaría cómo pueden
continuamente surgir y prosperar nuevas industrias junto a las más viejas en el
mismo país, y cómo es que ha podido realizarse el enorme desarrollo industrial
del lapón a finales del siglo pasado".
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 46-50.
87
<111>. [2]. Missiroli y la historia
italiana moderna. Hay que compilar una bibliografía completa de Missiroli.
Algunos libros son: La monarchia socialista [(1913)], Polemica liberale,
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 912
Oninioni,
Il colpo di Stato [(1925)], Una battaglia perdura, Italia d'oggi (1932), La
repubblica degli accattonia (sobre Molinella), Ancore e fame, Date a Cesare...
(1929), (un libro sobre el papa en 1917).1 Los temas principales puestos en
circulación por Missiroli son: 1º que el Risorgimento fue una conquista regia y
no un movimiento popular; 2º que el Risorgimento no resolvió el problema de las
relaciones entre la Iglesia y el Estado, tema que está vinculado al primero
porque "un pueblo que no había sentido la libertad religiosa no podía
sentir la libertad política. El ideal de 1a independencia y de la libertad se
convirtió en patrimonio y programa de una minoría heroica, que concibió la
unidad contra la aquiescencia de las multitudes populares".2 La ausencia
de la Reforma protestante en Italia explicaría en último análisis todo el
Risorgimento y la historia moderna nacional. Missiroli aplica a Italia el
criterio hermenéutico aplicado por Masaryk para interpretar la historia rusa3
(si bien Missiroli aceptaba la crítica de Antonio Labriola contra el Masaryk
historiador).4 Como Masaryk, Missiroli (no obstante sus relaciones con G.
Sorel) no comprende que "reforma" moderna de carácter popular ha sido
la difusión de las ideas marxistas, aunque sea en forma de literatura de
opúsculo. Tampoco trata de analizar por qué la minoría que guió el movimiento
del Risorgimento no haya "ido al pueblo" ni
"ideológicamente" (lo que podía suceder en Italia sobre la base de la
"reforma agraria" dado que el campesinado era casi todo el pueblo de
entonces —por otra parte no hay que olvidar que muchas instituciones obreras de
socorro mutuo fueron fundadas por impulso de los liberales: la A.G..0. de Turín
tuvo entre sus fundadores a Cavour--, mientras que la reforma religiosa alemana
coincidió con una guerra de campesinos) ni económicamente con la reforma
agraria. "La unidad no pudo realizarse con el Papado, por naturaleza
propia universal y orgánicamente hostil a todas las libertades modernas; pero
tampoco logró triunfar sobre el Papado, contraponiendo a la idea católica una
idea similarmente universal que respondiese igualmente a la conciencia
individual y a la conciencia del mundo renovado por la Reforma y la
Revolución".5 (Afirmaciones abstractas y en gran parte carentes de
sentido. ¿Qué idea universal opuso al catolicismo la Revolución francesa? Y
entonces ¿por qué en Francia el movimiento fue popular y en Italia no?
En el manuscrito: "La reppublica del
mendicanti".
La famosa minoría italiana,
"heroica" por definición, que condujo el movimiento unitario, en
realidad se interesaba por intereses económicos más que por fórmulas ideales y
combatió más para impedir que el pueblo interviniese en la lucha y la hiciese
volverse social que contra los enemigos de la unidad. Missiroli escribe que el
nuevo factor aparecido en la historia italiana después de la unidad, el
socialismo, fue la forma más poderosa adoptada por la reacción antiunitaria y
antiliberal (lo cual es una tontería). Como escribe el mismo Missiroli:
"EI socialismo no sólo no vigorizó la pasión política, sino que ayudó
poderosamente a
De los libros de Mario Missiroli aquí
citados, Gramsci no conocía directamente, sino sólo a través de reseñas, la
obra L'Italia d'oggi, Zanichelli, Bolonia, 1932. El libro sobre el papa (que es
de 1915, y no de 1917: Il Papa in guerra, prefacio de Georges Sorel,
Zanichelli, Bolonia) fue reseñado por Gramsci en II Grido del Popolo del 15 de
enero de 1916 (cfr. SG, 14-17); también
son
mencionados de memoria: La Monarchia socialista, Laterza, Bari, 1914; Polemica
liberale, Zanichelli, Bolonia, 1919; Opinioni cit.; II colpo di Stato, P.
Gobetti ed., Turín, 1924; La Repubblica degli accattoni, Zanichelli, Bolonia,
s.f. (1917); Una battaglia perduta, Corbaccio, Milán, 1924. Gramsci tenía en la
cárcel: Amare e lame, La Voce An. Editorial, Roma, 1928 IFG, C. carc., Turi II;
Date a Cesare (La polemica religiosa di Mussolini con documenti inediti) cit.
Esta cita (del libro citado de Missiroli
L'Italia d'oggi) está tomada de un artículo de Alberto Spaini "Il mito e
l'eroe, Dal Risorgimento a Mussolini", en L'Italia Letteraria, 5 de junio
de 1932 (año IV, n. 23).
Cfr. Cuaderno 3 (XX), § 40 y nota 4, y
Cuaderno 7 (VII), § 44 y nota 2.
Se alude al articulo de Antonio Labriola,
"A proposito della crisi del marxismo", publicado por primera vez en
1899 en la Rivista Italiana di Sociología y reeditado en Apéndice a la 2a.
edición (1902) del ensayo Dei materialismo storico. Dilucidazione preliminare:
se trata, como es sabido, de una reseña polémica del libro de Thomas Masaryk,
Die philosophischen und sociologischen Grundlagen des Marxismus, Studien zur
socialen Frage (cfr. Antonio Labriola, Saggi mí materialismo storico, ed.
cit., pp.
303-19).
También esta cita, igual que las
siguientes (del libro de Missiroli, L'Italia d'oggi) están tomadas del citado
artículo de Alberto Spaini.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 913
extinguirla;
fue el partido de los pobres y de las plebes hambrientas: las cuestiones
económicas debían tomar ventaja rápidamente, los principios políticos ceder el
campo a los intereses materiales"; se creaba "una rémora, lanzando a
las masas a las conquistas económicas y evitando todas las cuestiones
institucionales". O sea, que el socialismo cometió el error (a la inversa)
de la famosa minoría: ésta sólo hablaba de ideas abstractas y de instituciones
políticas, aquél descuidó la política por la simple economía.
En
realidad Missiroli es sólo lo que se llama un escritor brillante: se tiene la
impresión de que se ríe de sus ideas, de Italia y de todo: sólo le interesa el
juego momentáneo de algunos conceptos abstractos y le interesa caer siempre de
pie con una nueva escarapela sobre el pecho.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 39-42.
<112>. La industria italiana. Al
hacer el análisis de la relación de la Banca Comercial Italiana en la asamblea
social para el ejercicio de 1931, Attilio Cabiati (Riforma Sociale,
julio-agosto de 1932, p. 464) escribe: "De estas consideraciones resalta
el vicio fundamental que siempre ha afligido a la vida económica italiana: la
creación y el mantenimiento de un andamiaje industrial demasiado superior bien
sea a la rapidez de formación de ahorro en el país, bien sea a la capacidad de
reabsorción de los consumidores internos; que por lo tanto, y en una parte
conspicua, sólo vive por la fuerza del proteccionismo y de ayudas estatales de
muy variadas formas. Pero el proteccionismo patrio, que en algunos casos
alcanza y supera el cien por ciento del valor internacional del producto,
encareciendo la vida retardaba a su vez la formación del ahorro, que para colmo
era disputado a la industria por el propio Estado, a menudo apremiado por sus
necesidades, desproporcionadas para nuestro andamiaje. La guerra, al ampliar
desmedidamente tal andamiaje, obligó a nuestros bancos, como escribe la citada
relación, "a una política de tesorería valerosa y pertinaz", la cual
consistió en solicitar préstamos "a rotación" en el extranjero, para
prestar a más largo plazo en el interior. "Semejante política de tesorería
tenía sin embargo —dice la relación— su límite natural en la necesidad para las
bancas de conservar a toda costa congruas reservas de inversiones líquidas o de
fácil realización". Cuando estalló la crisis mundial, las "inversiones
líquidas" no se podían realizar sino a un descuento formidable: el ahorro
extranjero detuvo su flujo: las industrias nacionales no podían pagar. De
manera que, exceptis excipiendis, el sistema bancario italiano se halló en una
situación en muchos aspectos idéntica a la del mercado financiero inglés a
mediados de 1931... (el error) antiguo consistía en haber querido dar vida a un
organismo industrial desproporcionado a nuestras fuerzas, creado con el fin de
hacernos "in-dependientes del extranjero": sin reflexionar que, a
medida que no "dependíamos" del extranjero para los productos, éramos
cada vez más dependientes para el capital".1
Se plantea el problema de si en otro
estado de cosas se podría ampliar la base industrial del país sin recurrir al
extranjero para los capitales. El ejemplo de otro país demuestra que sí: cada
forma de sociedad tiene su propia ley de acumulación del ahorro y debe
considerarse que también en Italia se puede obtener una acumulación más rápida.
Italia es el país, en las condiciones creadas el pasado siglo, con el
Risorgimento, que tiene el mayor número de población parasitaria que vive sin
intervenir para nada en la vida productiva, es el país de mayor cantidad de
pequeña y mediana burguesía rural y urbana que consume una fracción grande de
riqueza para ahorrar una pequeña parte.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 50-52.
1 1 Cfr.
Attilio Cabiati, "II problema dei cantieri navali. Il problema
attuale", en Riforma Sociale, julio-agosto de 1932 (año XXXIX, n. 4), pp.
459-66; el pasaje citado está en la p. 464.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 914
<113>. Publicaciones de libros y
memorias debidas a antiliberales, "antifranceses" en el periodo de la
Revolución y de Napoleón y reaccionarios en el periodo del Risorgimento. Estas
publicaciones son verdaderamente necesarias, en cuanto que las fuerzas adversas
al movimiento liberal italiano eran también una parte de la realidad, pero hay
que tomar en cuenta algunos criterios: 1º] muchas publicaciones, con el
Memorandum de Solaro della Margarita y quizá algunos libros compilados por Lovera
y el jesuita Rinieri,1 o tienen un objetivo actual, de reforzar ciertas
tendencias reaccionarias en la interpretación del Risorgimento (representadas
especialmente por los jesuitas de la Civiltá Cattolica) o son presentados como
textos para la acción actual (como el Memorandum de Solaro, el Papa de De
Maistre, etcétera).2 2º] Las descripciones de las intervenciones francesas en
Italia bajo el Directorio se deben, especialmente para ciertas partes de
Italia, sólo a reaccionarios: los jacobinos se enrolaban y por lo tanto tenían
otras cosas que hacer que escribir memoriales. Por consiguiente, los cuadros
son siempre tendenciosos y seria muy ingenuo reconstruir la realidad en base a
tales documentos. De estas publicaciones cfr. Ranuccio Ranieri, L'invasione
francese degli Abruzzi nel 1798-99, ed una memoria del tempo Medita di Giovanni
Battista Simone, Pescara, Edizioni dell' "Adriático", 1931. De la
narración de Simone, un antijacobino y legitimista, se desprende que en la
ciudad de Chieti la fuerza jacobina tenía cierta importancia, pero en el campo
(salvo excepciones debidas a rivalidades municipales y al deseo de tener
ocasión de ejecutar venganzas) predominaban las fuerzas reaccionarias 1 en la
lucha contra Chica Parece que más que la memoria de Simone, 87 bis enfática y verbosa,
es interesante la exposición de Ranieri que reconstruye la situación del
Abruzzo en aquel periodo de historia3
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 56-57.
90
<114>. Merimée y el 48. En la Revue
des Deux Mondes (fase. 15 de mayo de 1932) se publica un puñado de cartas de
Próspero Merimée a la Condesa De Boigne (autora de las famosas Memorias). Sobre
el 48 en Italia: "Los piamonteses no se preocupan para nada de nuestra
ayuda y nosotros impedimos a los italianos que los ayuden prometiendo el
refuerzoa de nuestro invencible ejército: un viajero que viene de Lombardía
relata que el país, como en pleno Medioevo, se encuentra dividido en tantas
pequeñas repúblicas cuantos son los pueblos y aldeas, hostiles unos contra
otros en espera de tomar las armas". Merimée era partidario de la unidad
italiana. Cuenta anécdotas picantes sobre la situación francesa: por ejemplo
los campesinos, votando por Luis Napoleón, creían votar por Napoleón I.
Inútilmente se trata de explicarles que los restos mortales del Emperador se
hallan sepultados en los Inválidos.4 (Que el equívoco de una posible ayuda del
ejército francés haya influido en el 48 en el sentido de no determinar un mayor
movimiento de voluntarios, etcétera, es posible: así se explicaría mejor el
lema de "Italia fará da sé", pero no se explicaría igualmente la
inercia militar incluso del Piamonte y la ausencia de una clara
<dirección> político-militar, en el
1 Se
alude aquí a la obra, conocida por Gramsci a través de reseñas (cfr., por
ejemplo, la de Adolfo Omodeo, en La Critica, 20 de septiembre de 1932, pp.
364-74) de Carlo Lovera y del padre liarlo Rinieri s.J., Clemente Solara della
Margarita, 3 vol., Bocea, Turín, 1931,
Sobre el Memorandum de Clemente Solano
della Margarita" y sobre el Papa de Joseph De Maistre cfr. Cuaderno 2
(XXIV), § 62, y Cuaderno 6 (VIII), § 176.
La segunda parte de este parágrafo tiene
su origen, con toda probabilidad, en una reseña bibliográfica (firmada Z.) del
Marzocco, 21 de febrero de 1932 cit., en la sección 'Biblioteca di cultura';
esta reseña se ocupa, entre otras cosas, del libro de Ranuccio
De esta carta de Merimée publicada en la
Revue des Deux Mondes del 15 de mayo de 1932, Gramsci tuvo conocimiento a
través de la sección Marginalia' ("Merimée e le giornate del giugno
1848") del Marzocco, 29 de mayo de 1932 cit.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 915
sentido
explicado en otro lugar.)
En el manuscrito: "la ayuda”.
Cfr.
Cuaderno .19 (X), pp. 57-58.
<115>. La revolución de 1831. En el
Archiginnasio (4-6, año XXVI, 1932) Albano Sorbelli publica y comenta el texto
del plan político constitutivo de la revolución de 1831 escrito por Ciro
Menotti. El documento ya había sido publicado por Enrico Ruffird en 1909 en el
Archivio Emiliano del Risorgimento Nazionale, Fasc. 10 y 11. También el libro
de Arrigo Solmi sobre los sucesos del 31 se basa en este plan. Ahora se ha
podido, con un reactivo, hacer revivir el escritto de Menotti y fotografiarlo
para el Archiginnasio.1
Cfr.
Cuaderno 19 (X), p. 57.
<116>. Carlo Felice. Es digna de
leerse la biografía escrita por Francesco Lemmi para la "Callana storica
sabauda" del editor Paravia. Puntos: aversión de Carlo Felice contra la
rama Carignana: en algunas cartas escritas a su hermano Vittorio Emanuele en
1804 se leen contra los padres de Carlo Alberto palabras ardientes que,
dictadas por no se sabe qué resentimiento, llegan a maldecir como una vergüenza
aquella no deseada sucesión. 1821. — Señala Lemmi que Carlo Felice no hizo una
política italiana, sino que buscó extender sus posesiones2
Cfr.
Cuaderno 19 (X), p. 57.
91
<117>. Martino Beltrani Sealia,
Giornali di Palermo nel 1848-1849, con breves alusiones a los de otras ciudades
principales de Italia en el mismo periodo, a cargo de su hijo Vito Beltrani,
Palermo, Sandron, 1931. Se trata de una exposición condensada en pocas líneas
del contenido de varios periódicos publicados en Palermo en 1848 y 1849 y
también en el año anterior, así como de numerosos periódicos del continente (de
Nápoles, de Roma, de la Toscana, del Piamonte), exposición hecha generalmente
(Va por día. Para los periódicos no sicilianos se daba importancia a lo que se
refería a Sicilia. En 1847 los periódicos palerrnitanos eran apenas seis; en
1848-49 Beltrani Scalia enumera ciento cuarenta y uno y no hay que excluir que
se le haya escapado alguno. De los resúmenes de Beltrani Scalia se desprende la
falta de partidos permanentes: se trata por lo general de opiniones personales,
a menudo contradictorias en la misma hoja. Parece que el ensayo de Beltrani
Scalia demuestra que tenía razón La Farina cuando en la Storia documentara
della revoluzione siciliana escribió que "la prensa periódica, salvo
escasas y honorables excepciones, no estuvo nunca a la altura de su misión: fue
escándalo, no fuerza"3
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 58-59.
<118>. La posición geopolítica de
Italia. La posibilidad de los bloqueos. En la sexta sesión de la Conferencia de
Washington (23 de diciembre de 1921) el delegado inglés Balfour, a
propósito
de la posición geopolítica de Italia, dijo: "Italia no es una isla, pero
puede
Las noticias de este parágrafo están
tomadas de la sección `Marginalia' ("Un prezioso cimelio del Risorgimento
tornato Ola
luce")
del Marzocco, 27 -de marzo de 1932 (año XXXVII, n. 13). El libro de Arrigo
Solmi al que se alude es Ciro Menotti e l'idea unitaria nell'insurrezione del
1831, Societá tipografica modenesa, Módena, 1931.
Todas las noticias de este parágrafo
están tomadas de una reseña (firmada Z.) del libro de Francesco Lemmi (Carlo
Felice, Paravia, Turín, 1931), en el Marzocco, 13 de septiembre de 1931 (año
XXXVI, n. 37), cfr. la sección 'Biblioteca di cultura'.
Todas las noticias fueron tomadas de una
reseña aparecida en la misma sección `Biblioteca di cultura' (del citado número
del Marzocco del 13 de septiembre de 1931) utilizada también para el precedente
§ 116.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 916
considerarse
como una isla. Recuerdo la extrema dificultad que tuvimos para suministrarle
incluso el mínimo de carbón necesario para mantener su actividad, sus arsenales
y sus empresas, durante la guerra. Dudo que pudiera alimentarse y
aprovisionarse, o seguir siendo una unidad de combate efectiva, si fuese
realmente sometida a un bloqueo y si su comercio marítimo fuese interrumpido.
Italia tiene cinco vecinos en el Mediterráneo. Espero y creo que la paz, paz
eterna, pueda reinar en los antiguos lares de la civilización, Pero nosotros
hacemos un examen frío y calculador como el de un miembro cualquiera del Estado
Mayor General. Éste, considerado el problema sin ningún prejuicio político y
solamente como una cuestión de estrategia, le diría a Italia: tenéis cinco
vecinos, cada uno de los cuales puede, si quiere, establecer un bloqueo de
vuestras costas sin emplear una sola nave de superficie. No sería necesario que
desembarcase tropas y diese batalla. Vosotros pereceríais sin ser
conquistados"1 Es cierto que Balfour hablaba especialmente bajo la
impresión de la guerra submarina y antes de los grandes progresos hechos por la
aviación de bombardeo, que no parece que pueda permitir un bloqueo inmune a
represalias, no obstante, en algunos aspectos su análisis es bastante
acertado.a
Termina aquí el bloque de notas sobre el
Risorgimento italiano iniciado con el 1 89. En el manuscrito el subsiguiente §
119 está separado de las notas precedentes por un renglón en blanco.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 55-56,
92
<119>. Cuestiones escolares. En el
Marzocco del 13 de septiembre de 1931, G. Ferrando examina un trabajo de
Carleton Washburne, pedagogo norteamericano que ha venido especialmente a
Europa para ver cómo funcionan las nuevas escuelas progresistas, inspiradas en
el principio de la autonomía del alumno y de la necesidad de satisfacer lo más
que se pueda sus necesidades intelectuales (New Schools in the Old World, Nueva
York, The John Day Company, 1930)2 Washburne describe doce escuelas, todas
ellas distintas entre sí, pero todas animadas por un espíritu reformador,
<que> en algunas <es> atemperado y se inserta en el viejo tronco de
la escuela tradicional, mientras que en otras adopta un carácter francamente
revolucionario. Cinco de estas escuelas están en Inglaterra, una en Bélgica,
una en Holanda, una en Francia, una en Suiza, una en Alemania y dos en
Checoslovaquia, y cada una de ellas nos presenta un aspecto del complejo
problema educativo.
La Public
School de Oundle, una de las más antiguas escuelas inglesas, se diferencia de
las escuelas del mismo tipo sólo porque junto a los cursos teóricos de materias
clásicas, ha instituido cursos manuales y prácticos. Todos los estudiantes
están obligados a frecuentar a su elección un taller mecánico o un laboratorio
científico: el trabajo manual va acompañado por el trabajo intelectual, y si
bien no existe ninguna relación directa entre ambos, de todos modos el alumno
aprende a aplicar sus conocimientos y desarrolla sus capacidades prácticas.
(Este ejemplo demuestra cuán necesario es definir exactamente el concepto de
escuela unitaria en la que el trabajo y la teoría están estrechamente unidos:
el acercamiento mecánico de ambas actividades puede ser un esnobismo. Se oye
decir de grandes intelectuales que se entretienen haciendo de torneros,
carpinteros, encuadernadores, etcétera: no se dirá por eso que sean un ejemplo
de unidad del trabajo manual e intelectual. Muchas de tales escuelas modernas
son precisamente de estilo esnob que no tiene nada que ver —más que
superficialmente— con la cuestión de crear un tipo de escuela que eduque a las
clases
La cita está tomada de un artículo de
Virgilio Gayda, "L'Italia nel Mediterraneo", en Gerarchia, septiembre
de 1932 (año XII, n.
9), pp.
761-66, cfr. en particular p. 764.
Con este
parágrafo termina el bloque de notas sobre el Risorgimento italiano iniciado en
la p. 421 (§ 89).
Cfr. Guido Ferrando, "Nuove scuole
nel vecchio mondo", en I2 Marzocco, 13 de septiembre de 1931 cit. Todas
las informaciones contenidas en el parágrafo están resumidas y a menudo
copiadas casi al pie de la letra de este artículo de Ferrando; los comentarios
de Gramsci aparecen entre paréntesis.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 917
instrumentales
y subordinadas para un papel dirigente en la sociedad, como conjunto y no como
individuos aislados.)
La escuela media femenina de Streatham
Hill aplica el sistema Dalton1 (al que Ferrando llama "un desarrollo del
método Montessori"); las niñas son libres de seguir las lecciones,
prácticas y teóricas, que deseen, con tal de que al final de cada mes hayan
llevado a cabo el programa que les fue asignado; la disciplina de las distintas
clases está confiada a las alumnas. El sistema tiene un gran defecto: en
general, las alumnas posponen hasta los últimos días del mes el cumplimiento de
sus tareas, lo que perjudica la seriedad de la escuela y constituye un
inconveniente serio para las maestras que deben ayudarlas y están sobrecargadas
de trabajo, mientras que en las primeras semanas tienen poco o nada que hacer.
(El sistema Dalton no es más que la extensión a las escuelas medias del método
de estudio seguido en las Universidades italianas, que dejan al alumno toda la
libertad para el estudio: en ciertas facultades se dan veinte exámenes al
cuarto año de Universidad y luego la licenciatura. el profesor ni siquiera
conoce al alumno.)
En el
pequeño pueblo de Kearsley, E. F. O'Neill ha fundado una escuela elemental en
la que se ha abolido "todo programa y todo método didáctico". El
maestro trata de darse cuenta de lo que necesitan aprender los niños y luego
empieza a hablar sobre ese tema, buscando despertar su curiosidad y su interés;
apenas lo ha conseguido, deja que ellos continúen por su propia cuenta,
limitándose a responder a sus preguntas y a guiarlos en su investigación. Esta
escuela, que representa una reacción contra todas las fórmulas, contra la
enseñanza dogmática, contra la tendencia a hacer mecánica la instrucción,
"ha dado resultados sorprendentes": los niños se apasionan de tal
manera con las lecciones que a veces se quedan en la escuela hasta caer la
noche, se aficionan a sus maestros que son para ellos compañeros y no
autocráticos pedagogos y experimentan su influencia moral; incluso
intelectualmente su progreso es muy superior al de los alumnos de las escuelas
comunes (es muy interesante como intento, pero ¿podría ser universalizado? ¿se
encontrarían maestros en número suficiente para el objetivo? ¿y no habrá
inconvenientes que no se mencionan, como por ejemplo el de los niños que deban
abandonar la escuela, etcétera? Podría ser una escuela de élites o un sistema
de "post -escuela", en sustitución de la vida familiar).
Un grupo
de escuelas elementales en Hamburgo: libertad absoluta para los niños; ninguna
distinción de clases, ninguna materia de estudio, ninguna enseñanza en el
sentido preciso de la palabra. La instrucción de los niños deriva sólo de las
preguntas que ellos dirigen a los maestros y del interés que demuestran por un
hecho determinado. El director de estas escuelas, señor Gláser, sostiene que el
maestro no tiene derecho ni siquiera de establecer qué es lo que los niños
deben aprender; él no puede saber lo que ellos serán en la vida, lo mismo que
ignora para qué tipo de sociedad deben ser preparados; la única cosa que sabe
es que ellos "poseen un alma que debe ser desarrollada y por lo tanto debe
tratar de ofrecerles todas las posibilidades de manifestarse". Para GIáser
la educación consiste "en liberar la individualidad de cada alumno, en
permitir a su alma abrirse y ensancharse". En ocho años los alumnos de
estas escuelas han obtenido buenos resultados.
Las otras escuelas de las que habla
Washburne son interesantes porque desarrollan ciertos aspectos del problema
educativo; así por ejemplo la escuela "progresista" de Bélgica se
funda en el principio de que los niños aprenden entrando en contacto con el
mundo y enseñando a los demás. La escuela Cousinet en Francia desarrolla el
hábito del esfuerzo colectivo, de la colaboración. La de Glarisegg en Suiza
insiste de manera especial en desarrollar el sentido de la libertad y
responsabilidad moral de cada alumno, etcétera. (Es útil seguir todas estas
Una alusión al sistema Dalton se
encuentra en la carta de Gramsci a su mujer del lo. de agosto de 1932 (cfr. LC,
654).
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 918
tentativas
que no son sino "excepcionales", seguramente más para ver lo que no
hay que hacer, que para otra cosa.)
<120>. Literatura popular. En el
Marzocco del 13 de septiembre de 1931, Aldo Sorano (que muchas otras veces, en
diversas revistas y periódicos, se ha ocupado de esta cuestión) escribe un
artículo, "Romanzieri popolari contemporanei", en el que comenta la
serie de artículos de Charensol sobre los "Illustri ignoti" en las
Nouvelles Littéraires (de la que hay una nota en otro cuaderno).1 "Se
trata de escritores popularísimos de novelas de aventuras y folletín,
desconocidos o casi para el público literario, pero adorados y seguidos
ciegamente por aquel público más amplio de lectores que decreta las tiradas
mastodónticas y que de literatura no entiende absolutamente nada, pero que
quiere ser interesado y apasionado por intrigas sensacionales de aventuras
criminales o amorosas. Para el pueblo éstos son los verdaderos escritores y el
pueblo siente por ellos una admiración y una gratitud que estos novelistas
mantienen vivas suministrando a editores y lectores una masa de trabajo tan
continua e importante que parece increíble e insostenible para fuerzas, no digo
ya intelectuales, sino físicas." Sorani observa muy desprejuiciadamente
que estos escritores "se han sometido a una tarea extenuante y cumplen un
servicio público real si en definitiva legiones de lectores y lectoras no
pueden prescindir de ellos y si los editores obtienen de su inagotable
actividad buenas ganancias". Como se ve, Sorani emplea el término de
"servicio público real", pero da del mismo una definición bien
mezquina, y que no corresponde a aquella de la que se habla en estas notas.
Sorani observa que estos escritores, como se desprende de tos artículos de
Charensol, "han hecho más austeras sus costumbres y más morigerada, en
general, su vida, desde los tiempos ya remotos en los que Ponson du Terrail o
Xavier de Montépin exigían una notoriedad mundana y hacían de todo para
conquistarla <.
. . >.
pretendiendo que, al fin y al cabo, no se distinguían de sus más académicos
colegas sino por una diferencia de estilo. Ellos escribían tal como se habla.
mientras que los otros escribían como no se habla...!" (Sin embargo,
incluso los "ilustres desconocidos" forman parte de las asociaciones
de literatos como Montépin. Recordar también el fastidio de Balzac contra Sue
por los éxitos mundanos y financieros de éste.)
Sigue escribiendo Sorani: "Un lado
no desdeñable de la persistencia de esta literatura popular (...) es ofrecido
por la pasión del público. Especialmente el gran público francés, aquel público
que algunos creen el más malicioso, crítico y blasé del mundo, ha permanecido
fiel a la novela de aventuras y de folletín. El periodismo francés de
información y de gran tiraje es el que aún no ha sabido o podido renunciar a la
novela por entregas. Proletariado y burguesía son todavía en grandes masas tan
ingenuos (?) que tienen necesidad de los interminables relatos emocionantes y
sentimentales, horripilantes o larmoyants para alimentación cotidiana de su
curiosidad y su sentimentalismo, todavía tienen necesidad de tomar partido
entre los héroes de la delincuencia y los de la justicia o de la
venganza". "A diferencia del público francés, el inglés o
norteamericano se ha vuelto hacia la novela de aventuras históricas (¿y los
franceses no?) o a la de aventuras policiacas", etcétera (lugares comunes
sobre caracteres nacionales). "En cuanto a llalla, creo que sería posible
preguntarse por qué la literatura popular no es popular en Italia. (No es
exacto: por qué no hay escritores, no lectores, que son una caterva). Después
de Mastriani e Invernizio, me parece que ya no existen entre nosotros
novelistas capaces de conquistar a la multitud haciendo horrorizar y lagrimear
a un público de lectores ingenuos, fieles e insaciables. ¿Por qué este género
de novelistas no ha continuado (?) entre nosotros? ¿Nuestra literatura ha sido
incluso en sus bajos fondos demasiado académica y letrada? ¿Nuestros editores
no han sabido cultivar una
Cfr. Cuaderno 7 (VII), § 49.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 919
planta
considerada demasiado despreciable? ¿Nuestros escritores no tienen fantasía
capaz de animar los suplementos y folletines? ¿O es que nosotros, también en
este campo, nos hemos conformado y nos conformamos con importar lo que producen
los otros mercados? Ciertamente no abundamos como Francia en 'ilustres
desconocidos', y alguna razón para esta deficiencia debe de haber y seguramente
valdría la pena buscarla."1 Concluye con lugares comunes.
Cfr.
Cuaderno 21 (XVII), pp. 11-13.
<121>. Ternas de cultura. Los
grandes genios nacionales. He mencionado en otra parte2 la importancia cultural
que en todo país han tenido los grandes genios (como Shakespeare para
Inglaterra, Dante para Italia, Goethe para Alemania). De ellos, que sean
operantes incluso hoy, o que hayan operado hasta antes de la guerra, sólo dos:
Shakespeare y Goethe, especialmente este último, por la singularidad de su
figura. Se ha afirmado que la misión de estas grandes figuras es la de enseñar
como filósofos lo que debemos creer, como poetas lo que debemos intuir
(sentir), como hombres lo que debemos hacer.3 ¿Pero cuántos pueden entrar en
esta definición? No Dante, por su lejanía en el tiempo, y por el periodo que
expresa, el paso del Medioevo a la edad moderna. Sólo Goethe es siempre de
cierta actualidad, porque expresa en forma serena y clásica lo que en Leopardi,
por ejemplo, es todavía turbio romanticismo: la fe en la actividad creadora del
hombre, en una naturaleza vista no como enemiga y antagonista, sino como una fuerza
que conocer y dominar, con el abandono sin lamentos y desesperación de las
"fábulas antiguas" de las que se conserva el perfume de poesía, que
las hace aún más muertas como creencias y fes. (Debe verse el libro de Emerson,
Hombres representativos, y los Héroes de Carlyle.)
96
<122>. Carácter cosmopolita de la
literatura italiana. La poesía provenzal en Italia. Ha sido publicada la
recopilación completa de las Poesie provenzali storiche relative all'Italia
(Roma, 1931, en la serie de las Fuentes del Instituto Histórico Italiano) al
cuidado de Vincenzo De Bartholomaeis, y de ella nos da un anuncio Mario Pelaez
en el Marzocco del 7 de febrero de 1932. "De cerca de 2 600 poesías
provenzales llegadas hasta nosotros, 400 entran en la Historia de Italia, o
porque tratan de temas italianos, aunque sean de poetas que jamás visitaron a
Italia, o por estar compuestas por poetas provenzales que vivieron allí, o en
fin por estar escritas por italianos. De las 400, cerca de la mitad son
puramente amorosas, las otras históricas, y unas más otras menos ofrecen
testimonios útiles para la reconstrucción de la vida y en general de la
historia italiana desde fines del siglo XIIa la mitad del XIV. Doscientas
poesías de cerca de ochenta poetas." Estos trovadores, provenzales o
italianos, vivían en las cortes feudales de la Italia septentrional, a la
sombra de las pequeñas Señorías y en las Comunas, participaban en la vida y en
las luchas locales, defendían los intereses de este o aquel señor, de esta o
aquella Comuna, con poesía de diversa forma, de las que es rica la lírica
provenzal: serventesios políticos, morales, satíricos, de cruzada, de
lamentación, de consejo;
1 Cfr.
Aldo Sorani, "Romanzieri popolare contemporanei", en II Marzocco, 13
de septiembre de 1931 cit., en la primera cita las cursivas espaciadas son de
Gramsci.
Cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), § 138.
La afirmación está tomada del artículo de
Adolfo Faggi, "II Goethe e la vita del genio", en II Marzocco, 24 de
abril de 1932 (año XXXVII, n. 17): "[Dan-te] ha sido para nosotros los
italianos no menos de lo que ha sido Goethe para los alemanes: también él nos
ha enseñado como filósofo lo que debemos creer, como poeta lo que debemos
intuir, como hombre lo que debemos hacer". También la idea general de este
parágrafo fue probablemente sugerida por este artículo, donde entre otras cosas
se cita también el libro de Emerson mencionado más adelante por Gramsci (cfr.
Ralph Waldo Emerson, Uomini rappresentativi, Bocea. Turín, 1929). Por el
contrario, no se menciona en este artículo el libro de Carlyle, probablemente
citado por Gramsci de memoria: cfr. Thomas Carlyle, Gli eroi, con prefacio de
Enrico Nencioni, Barbera, Florencia, 1897.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 920
canciones,
disputas, coplas, etcétera, que al aparecer oportunamente y circular en los
ambientes interesados, cumplían la función que tiene hoy el artículo de fondo
del periódico. De Bartholomaeis ha tratado de fechar estas poesías, cosa no
difícil por las alusiones que contienen; las ha enriquecido con todos los
recursos que facilitan su lectura, las ha traducido. De cada trovador se da una
breve información biográfica. Para la lectura del texto original se da un
glosario de las voces menos fáciles de entender. Sobre la poesía provenzal en
Italia debe verse el libro de Giulio Bertoni Trovatori d'Italia.1
<123>. Risorgimento. La
"enseñanza mutua". Por la importancia que tuvo en el movimiento
liberal del Risorgimento el principio de la "enseñanza mutua" cfr.
Arturo Linacher sobre Enrico Mayer 1 (dos tomos). Mayer fue uno de los principales
colaboradores de la Antología de Vieusseux y uno de los mayores propagandistas
de la nueva enseñanza.2
Cfr.
Cuaderno 19 (X), p. 65.
97
<124>. Crítica literaria. Que se
pueda hablar de lucha por una "nueva cultura" y no por un "nuevo
arte" me parece evidente. Seguramente tampoco se puede decir, exactamente,
que se lucha por un nuevo contenido del arte, porque éste no puede ser pensado
abstractamente separado de la forma. Luchar por un nuevo arte significaría
luchar para crear nuevos artistas individuales, lo cual es absurdo, porque no
se pueden crear artistas artificialmente. Se debe hablar de luchar por una nueva
cultura, o sea por una nueva vida moral que no puede dejar de estar
[íntimamente] ligada a una nueva concepción de la vida, hasta que ésta se
vuelva un nuevo modo de sentir y de intuir la realidad y por lo tanto un mundo
íntimamente conforme en el artista y en sus obras. Que la creación de artistas
no pueda ser producida artificialmente no significa, sin embargo, que un nuevo
mundo cultural, por cuya realización se lucha, suscitando pasiones y nuevo
calor de humanidad, no suscite también "artistas nuevos"; no se puede
decir a priori que Fulano o Mengano serán artistas, pero no se puede excluir e
incluso se puede afirmar que del movimiento nacerán nuevos artistas. Un nuevo
grupo que entra en la vida histórica hegemónica, con una seguridad en sí mismo
que antes no tenía, no puede dejar de suscitar de su interior personalidades
que antes no habrían encontrado una fuerza suficiente para manifestarse,
etcétera.
Cfr.
Cuaderno 23 (VI), pp. 10-11.
<125>. Pasado y presente. De
Virgilio Brocchi, Il Vuolo Nuziale (cfr. en el Secolo Illustrato, 1º de octubre
de 1932). "El gobierno parecía incierto, y negociaba la neutralidad y la
guerra: pero para que las negociaciones fuesen realmente productivas debía dar
al mundo y sobre todo a los aliados de ayer la sensación o la prueba de que no
podía contener por más tiempo la voluntad exasperada de la nación que estallaba
en mil incendios, desde la más humilde aldea hasta la capital y ardía incluso
dentro de los ministerios. Sobre las llamas, cada periódico —incluso aquellos
que hasta el día anterior habían exaltado la magnífica violencia de los
imperios centrales— arrojaban aceite y pólvora explosiva: contra todos se
manifestaba un solo periódico; pero quien lo dirigía, si bien era hombre
indefectible fe y de seguro valor, carecía de virtudes simpáticas y de
suficiente sagacidad, de manera que parecía defender, más que un supremo ideal
humano y el_ instinto de la civilización amenazada, el pávido_
1 Todo el
parágrafo es un resumen del artículo de Mario Pelaez, "Storia Italiana in
poesie provenzali", en II Marzocco, 7 de febrero de 1932 (año XXXVII, n.
6).
Las noticias de este parágrafo fueron
tomadas de un obituario de Arturo Linacher en la sección `Marginaiia' del
Marzocco, 10 de abril de 1932 (año XXXVII, n. 15). Otra alusión al principio de
la enseñanza mutua está en el Cuaderno 1 (XVI), § 46.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 921
egoísmo
de los proletarios para quienes la patria es sólo la patria de los señores y la
guerra una especulación infame de banqueros."1
98
<126>. Risorgimento. Significado de
la Vita Militare de De Amicis: hay que colocarla junto a algunas publicaciones
de G. C. Abba, no obstante el contraste íntimo y la distinta actitud. Abba, más
"educativo" y más nacional-popular", más
"democrático", por ser políticamente más robusto y austero. En la
Vita Militare debe verse el capítulo "L'Esercito italiano durante il
colera del 1867" porque pinta la actitud del pueblo siciliano con respecto
al gobierno y a los "italianos" después de la insurrección de septiembre
de 1866. 2 Guerra del 66, insurrección de Palermo, cólera: los tres hechos no
pueden ser separados. Habrá que ver la otra literatura sobre el cólera en todo
el Mediodía en 1866-67. No se puede juzgar el nivel de vida popular sin tratar
este tema, ¿Existen publicaciones oficiales sobre los delitos cometidos contra
las autoridades (soldados, oficiales, etcétera) durante el cólera?
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 65-66.
<127>. Risorgimento. El movimiento
nacional que condujo a la unificación del Estado italiano, ¿debe necesariamente
desembocar en el nacionalismo y en el imperialismo nacionalista y militar? Esta
salida es anacrónica y antihistórica; va realmente contra todas las tradiciones
italianas, romanas primero, católicas después. Las tradiciones son
cosmopolitas. Que el movimiento nacional debiese reaccionar contra las
tradiciones y dar lugar a un nacionalismo de intelectuales puede ser explicado,
pero no . es una reacción orgánico-popular. Por lo demás, también en el
Risorgimento, Mazzini-Gioberti tratan de insertar el movimiento nacional en la
tradición cosmopolita, de crear el mito de una misión de Italia renacida en una
nueva Cosmópolis europea y mundial, pero es un mito puramente verbal y de
papel, retórico, fundado en el pasado y no en las condiciones del presente, ya
existentes o en proceso de desarrollo. El que un hecho se haya producido en el
pasado no significa que se produzca en el presente y en el futuro; las
condiciones de una expansión italiana en el presente y para el futuro no
existen y no parece que estén en proceso de formación. La expansión moderna es
de origen capitalista-financiero. El elemento "hombre", en el
presente italiano, o es hombre-capital o es hombre-trabajo. La expansión
italiana es la del hombre-trabajo, no la del hombre-capital, y el intelectual
que representa al hombre-trabajo no es el tradicional, hinchado de retórica y
de recuerdos mecánicos del pasado. El cosmopolitismo italiano no puede dejar de
convertirse en internacionalismo. No el ciudadano del mundo, en cuanto civis
romanus o católico, sino en cuanto trabajador y productor de civilización. Por
eso se puede sostener que la tradición italiana se continúa dialécticamente en
el pueblo trabajador y en sus intelectuales, no en el ciudadano tradicional y
en el intelectual tradicional. El pueblo italiano es aquel que
"nacionalmente" está más interesado en el internacionalismo. No sólo
el obrero sino el campesino y especialmente el campesino meridional. Colaborar
para reconstruir el mundo económicamente de modo unitario está en la tradición
de la historia italiana y del pueblo italiano, no para dominarlo y apropiarse
los frutos del trabajo ajeno, sino para existir o desarrollarse. El nacionalismo
es una excrecencia anacrónica en la historia italiana, de gente que tiene la
cabeza vuelta hacia atrás como los condenados de Dante. La misión de
civilización del pueblo italiano está en la reanudación del cosmopolitismo
romano y medieval, pero en su forma más moderna y avanzada. Así sea nación
proletaria; proletaria
Cfr. nota 1 al precedente § 46.
Cfr. Edmondo De Amicis, La vita militare.
Bozzetti, Le Monnier, Florencia, 1869 (probablemente, sin embargo, Gramsci
conocía una edición posterior). Aunque el volumen no se ha conservado entre los
libros de la cárcel, es posible que Gramsci lo tuviera en su poder al escribir
este Cuaderno.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 922
como
nación porque ha sido el ejército de reserva de capitalismos extranjeros,
porque ha dado enseñanzas a todo el mundo, junto con los pueblos eslavos.
Precisamente por eso debe insertarse en el frente moderno de lucha para
reorganizar el mundo incluso no italiano, que ha contribuido a crear con su
trabajo.
Cfr.
Cuaderno 19 (X), pp. 42.44.
99
<128>. Catolicismo. El médico
católico es el enfermo (moribundo) acatólico. Cfr. Civiltá Cattolica del 19 de
noviembre de 1932, p. 381 (reseña del libro de Luiggi Scremin, Appunti di
morale professionale per i medici, Roma, ed. Studium, 1932, en 129, 118 pp., 5
liras): "...así en la p. 95, siempre citando a Prümmer, se dice mal que
'para un acatólico que desee y exija un ministro de su religión, es lícito para
el medico, a falta de otros, hacer conocer a dicho ministro el deseo del
enfermo, e incluso está obligado (sic) a hacerlo sólo cuando juzgue perjudicial
para el enfermo no satisfacer este deseo". La sentencia del moralista es
bien distinta; y en efecto Prümmer (1,526) nos dice quo no se debe llamar a un
ministro acatólico, el cual no tiene ningún poder para administrar los
sacramentos; sino más bien ayudar al enfermo a hacer un acto de contrición. Que
si el enfermo exige absolutamente que se llame al ministro acatólico y de la
negativa pudiesen nacer graves daños se puede (no ya se debe) hacer conocer a
dicho ministro el deseo del enfermo. Y se debería distinguir todavía, cuando el
enfermo fuese de buena fe, y perteneciese a un rito acatólico, en el que los
ministros fuesen investidos de verdaderas órdenes sagradas, como entre los
Griegos separados". 1 El fragmento es de gran significado.
Cfr.
Cuaderno 16 (XXII), pp. 28-28 bis.
<129>. Risorgimento. El nudo
histórico 1848-49. Sobre los movimientos populares de izquierda del 48-49 debe
verse Nicola Valdemiro Testa, Gli Irpini nei moti politici e nelle reazione del
184849, Nápoles, R. Contessa e Fratelli, 1932, en 89, 320 pp., 15 liras.2
Cfr.
Cuaderno 19 (X), p. 65.
<130>. Pasado y presente. Optimismo
y pesimismo. Debe observarse que el optimismo no es otra cosa, muy a menudo,
que un modo de defender la propia pereza, las propias irresponsabilidades, la
voluntad de no hacer nada. Es también una forma de fatalismo y de mecanicismo.
Se cuenta con factores extraños a la propia voluntad y actividad, se los
exalta, parece que se arde en un sagrado entusiasmo. Y el entusiasmo no es más
que exterior adoración de fetiches. Reacción necesaria, que debe tener como
punto de partida la inteligencia. El único entusiasmo justificable es el que
acompaña a la voluntad inteligente, a la actividad inteligente, la riqueza
inventiva en iniciativas concretas que modifican la realidad existente.
100
<131>. Pasado y presente. La
generación actual tiene una extraña forma de autoconciencia y ejerce consigo
misma una extraña forma de autocrítica. Tiene la conciencia de ser una
generación de transición, o mejor aún, cree ser algo así como una mujer
encinta: cree estar por parir, y espera que le nazca un gran vástago. Se lee a
menudo que "se está a la
1 La
reseña (anónima) del citado libro de Luigi Scremin está en la Civiltd
Cattolica, 19 de noviembre de 1932 (año LXXXIII, vol. IV), pp. 381-83. Las
cursivas son del crítico, el espaciado es de Gramsci.
El interés de Gramsci por este libro de
Nicola Valdimiro Testa está justificado probablemente por algunas ideas
contenidas en una reseña de la Civiltá Catfolica, 19 de noviembre de 1932 cit.,
pp. 374-75, de donde está tomada también la indicación bibliográfica. Otro
estudio del mismo autor sobre el mismo tema fue señalado por Gramsci en el
Cuaderno 7 (VII), § 108.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 923
espera de
un Cristóbal Colón que descubrirá una nueva América del arte, de la
civilización, de las costumbres". Se ha leído también que vivimos en una
época predantesca: se espera al Dame novel que sintetice poderosamente lo viejo
y lo nuevo y dé a lo nuevo el impulso vital. Este modo de pensar, recurriendo a
imágenes [míticas] tomadas del desarrollo histórico pasado es de los más
curiososa e interesantes para comprender el presente, su vaciedad, su
desocupación intelectual y moral. Se trata de una forma de "sentido
adivinatorio" de lo más extraordinario. En realidad, con todas las
profesiones de fe espiritualistas y voluntaristas, historicistas [y
dialécticas], etcétera, el pensamiento que domina es el evolucionista vulgar,
fatalista, positivista. Se podría plantear así la cuestión: toda
"bellota" puede pensar en llegar a ser encina. Si las bellotas
tuviesen ideología, esta sería precisamente la de sentirse "grávidas"
de encinas. Pero, en la realidad, el 999 por mil de las bellotas sirven de
alimento a los cerdos y, a lo sumo, contribuyen a crear salchichas y mortadela.
En el manuscrito: "de las más
curiosas".
<132>. Temas de cultura.
1.º] ¿Es
todavía posible, en el mundo moderno, la hegemonía cultural de una nación sobre
las otras? ¿O bien el mundo está ya a tal punto unificado en su estructura
económico- social, que un país, si bien puede tener
"cronológicamente" la iniciativa de una innovación, no puede sin
embargo conservar el "monopolio político" y en consecuencia servirse
de este monopolio para hacerse una base de hegemonía? ¿Qué significado, pues,
puede tener hoy el nacionalismo? ¿No es posible sólo como "imperialismo"
económico-financiero, pero ya no como "primacía civil" o hegemonía
político-intelectual?
2º] Formas de "neolalismo". El
neolalismo como manifestación patológica individual. ¿Pero no se puede emplear
el término en sentido metafórico, para indicar toda una serie de
manifestaciones culturales, artísticas, intelectuales? ¿Qué son todas las
escuelas y escuelitas artísticas y literarias, sino manifestaciones de
neolalismo cultural En los periodos de crisis se tienen las manifestaciones más
amplias y múltiples de neolalisnio. La lengua y las lenguas. Cada expresión
tiene una "lengua" históricamente determinada, cada actividad
intelectual y moral: esta lengua es lo que se llama también "técnica"
y también estructura. Si un literato se pusiera a escribir en urt lenguaje
personalmente arbitrario (o sea se convirtiese en un "neolálico" en
el sentido patológico de la palabra) y fuese imitado por otros, se hablaría de
"Babel" de las lenguas. La misma impresión no se experimenta para el
lenguaje (técnica) musical, pictórico, plástico, etcétera. Este punto debe
examinarse y meditarse. Desde el punto de vista de la historia de la cultura, y
por lo tanto también de la "creación" cultural (que no debe
confundirse con la "creación artística", sino que por el contrario se
debe relacionar con las actividades "políticas" —y de hecho en este
sentido se puede hablar de una "política cultural") entre el arte
literario y las otras artes (figurativas y musicales u orquestales) existe una
diferencia que habría que definir y precisar en forma teóricamente justificada
y comprensible. La expresión "verbal" tiene un carácter estrictamente
nacional-popular cultural; tina poesía de Goethe, en el original, puede ser
comprendida sólo por un alemán.; Dante puede ser entendido y revivido sólo por
un italiano culto, etcétera. Una estatua de Miguel Ángel, un fragmento musical
de Verdi, un ballet ruso, un cuadro de Rafael, etcétera, puede ser comprendido
casi inmediatamente por cualquier ciudadano del mundo, aunque no sea
cosmopolita, aunque no haya superado los estrechos límites de una provincia de
su país. Sin embargo, esto es así sólo en apariencia, superficialmente. La
emoción artística que un japonés o un lapón experimenta ante un cuadro de
Rafael o al escuchar un fragmento de Verdi es una emoción artística; el mismo
japonés o lapón no podría dejar de permanecer insensible y sordo si escuchase
recitar una poesía de Dante, de Goethe, de Shelley; hay pues
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 924
una
profunda diferencia entre la expresión "verbal" y la de las artes
figurativas, de la música, etcétera. Sin embargo, la emoción artística del
japonés o del lapón ante un cuadro de Rafael o un fragmento musical de Verdi no
será de la misma intensidad y calor que la emoción artística de un italiano
medio y mucho menos la de un italiano culto. O sea, junto a, o mejor aún por
debajo de, la expresión de carácter "cosmopolita" del lenguaje
musical, pictórico, etcétera, "internacional", hay una profunda
sustancia cultural más restringida, más "nacional-popular". No basta:
los grados de este "lenguaje" son distintos: hay un grado
"nacional-popular" (y a menudo antes de éste un grado
provincial-dialectal-folklórico), luego un grado de una determinada
"civilización", que puede determinarse por la religión (por ejemplo
cristiana, pero dividida en católica y protestante y ortodoxa, etcétera), y
también, en el mundo moderno, de una determinada "corriente
cultural-política". Durante la guerra, por ejemplo, un orador inglés,
francés, ruso, podía hablar a un público italiano en su lengua incomprendida de
las devastaciones alemanas en Bélgica: si el público simpatizaba con el orador,
esto es, si su modo de pensar coincidía en grandes líneas con el del orador, el
público escuchaba atentamente y "seguía" al orador, puede decirse que
lo "comprendía". Es verdad que en la oratoria la "palabra"
no es el único elemento: está el gesto, el tono de la voz, etcétera, o sea un
elemento musical que comunica el leit motiv del sentimiento predominante, de la
pasión principal y el elemento "orquestal", el gesto en sentido
amplio, que esconde y articula la onda sentimental y pasional.
Para una política de cultura estas
observaciones son indispensables, para una política de cultura de las masas
populares son fundamentales. He aquí la razón del "éxito.' internacional
del cinematógrafo modernamente y, antes, del "melodrama" en
particular y de la música en general.
Cfr,
Cuaderno 13 (XXX), pp. 19-19a y Cuaderno 23 (VI), pp. 11-13.
<133>. Maquiavelo. El cesarismo.
César, Napoleón I, Napoleón ILI, Croinwell, etcétera. Hacer un catálogo de los
acontecimientos históricos que han culminado en una gran personalidad
"heroica". Se puede decir que el cesarismo o bonapartismo expresa una
situación en la que las fuerzas en lucha se equilibran de modo catastrófico, o
sea que se equilibran de modo tal que la continuación de la lucha no puede
concluir más que con la destrucción recíproca. Cuando la fuerza progresiva A
lucha contra la fuerza regresiva B, puede suceder no sólo que A venza a B o B
venza a A, puede suceder también que no venza ni A ni B sino que se desangren
recíprocamente y una tercera fuerza C intervenga desde fuera, sometiendo a lo
que resta de A y de B. En Italia después de la muerte de Lorenzo el Magnífico
sucedió precisamente esto, como sucedió en el mundo antiguo con las invasiones
bárbaras. Pero el cesarismo, si bien expresa siempre la solución
"arbitral", confiada a una gran personalidad, de una situación
histórico-política de equilibrio de las fuerzas de tendencia catastrófica, no
tiene siempre el mismo significado histórico. Puede haber un cesarismo
progresista o un cesarismo regresivo, y el significado exacto de cada forma de
cesarismo, en último análisis, puede ser reconstruido por la historia concreta
y no por un esquema sociológico. Es progresista el cesarismo cuando su
intervención ayuda a la fuerza progresista a triunfar aunque sea con ciertos
compromisos limitativos de la victoria; es regresivo cuando su intervención ayuda
a triunfar a la fuerza regresiva, también en este caso con ciertos compromisos
y limitaciones, que no obstante tienen un valor, un alcance y un significado
distintos que en el caso precedente. César y Napoleón I son ejemplos de
cesarismo progresista. Napoleón III (y también Bismarck) de cesarismo
regresivo. Se trata de ver si en la dialéctica
"revolución-restauración" es el elemento revolución o el restauración
el que prevalece, porque es cierto que en el movimiento histórico no se vuelve nunca
atrás y no
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 925
existen
restauraciones "in toto".
Por lo
demás, el fenómeno "cesarista" es una fórmula más polémico-ideológica
que histórico-política. Se puede tener "solución cesarista" incluso
sin un césar, sin una gran personalidad "heroica" y representativa.
El sistema parlamentario dio el mecanismo para tales soluciones de compromiso.
Los gobiernos "laboristas" de Mac Donald eran soluciones de esa
especie en cierto grado; el grado de cesarismo se intensificó cuando se formó
el gobierno con Mac Donald de presidente y la mayoría conservadora. Lo mismo en
Italia en octubre de 1922, hasta la separación de los populares, y luego
gradualmente hasta el 3 de enero de 1925 y todavía hasta el 8 de noviembre de
1926, se dio un movimiento político-histórico en el que diversas gradaciones de
cesarismo se sucedieron hasta una forma más pura y permanente, si bien tampoco
inmóvil y estática. Todo gobierno de coalición es un grado inicial de
cesarismo, que puede o no desarrollarse hasta los grados más significativos.
En el mundo moderno, con sus grandes
coaliciones de carácter económico-sindical y político de partido, el mecanismo
del fenómeno cesarista es distinto del que fue hasta Napoleón III; en el
periodo, hasta Napoleón III las fuerzas militares regulares o de línea eran un
elemento decisivo del cesarismo y esto se materializaba con golpes de Estado
bien precisos, con acciones militares, etcétera. En el mundo moderno, las
fuerzas sindicales y políticas, con recursos financieros incalculables de los
que pueden disponer pequeños grupos de ciudadanos, complican el fenómeno; los
funcionarios de los partidos y de los sindicatos económicos pueden ser
corrompidos o aterrorizados, sin necesidad de acción militar en gran estilo,
tipo César o 18 Brumario. Se reproduce en este campo la misma situación
estudiada a propósito de la fórmula jacobino-cuarentaiochesca de la llamada
"revolución permanente"1 El "tecnicismo" político moderno
ha cambiado completamente después del 48, después de la expansión del parlamentarismo,
del régimen asociativo sindical y de partido, de la formación de vastas
burocracias estatales y "privadas" (político-privadas, de partido y
sindicales) y las transformaciones ocurridas en la organización de la policía
en sentido amplio, o sea no sólo del servicio estatal destinado a la represión
de la delincuencia, sino del conjunto de fuerzas organizadas por el Estado y
por los particulares para tutelar el dominio [político y económico] de la clase
dirigente. En este sentido, partidos "políticos" enteros y otras organizaciones
económicas o de otro tipo deben ser considerados organismos de policía política
de carácter "represivo" e "investigativo".
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), pp. 19a-20.
<134>. Literatura italiana.
Pirandello. En otra parte señalé que en un juicio crítico-histórico sobre
Pirandello, el elemento "historia de la 96 bis cultura" debe ser
superior al elemento "historia del arte", o sea que en la actividad
literaria pirandelliana prevalece el valor cultural sobre el valor estético.2
En el cuadro general de la literatura contemporánea, la eficacia de Pirandello
ha sido más grande como "innovador" del clima intelectual que como
creador de obras artísticas: ha contribuido mucho más que los futuristas a
"desprovincializar" al "hombre italiano", a suscitar una
actitud "crítica" moderna en oposición a la actitud
"melodramática" tradicional y decimonónica.
La cuestión, sin embargo, es aún más
compleja de lo que parece según lo dicho. Y se plantea así: los valores
poéticos del teatro pirandelliano (y el teatro es el terreno más propio de
Pirandello, la expresión más lograda de su personalidad poético-cultural) no
sólo deben ser aislados de su actividad predominantemente de cultura,
intelectual-moral, sino que deben
Para esta analogía cfr. Cuaderno 1 (XVI),
§ 44, última parte (p. 42).
2 Cfr.
Cuaderno 6 (VIII), § 26.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 926
sufrir
una limitación ulterior: la personalidad artística de Pirandello es múltiple y
compleja. Cuando Pirandello escribe un drama, no expresa
"literariamente", o sea con la palabra, más que un aspecto parcial de
su personalidad artística. tl "debe" integrar la "redacción
literaria" con su obra de director de una compañía de teatro y de director
de escena. El drama de Pirandello adquiere toda su expresividad sólo en cuanto
la "recitación" sea dirigida por el Pirandello director de actores, o
sea en cuanto Pirandello haya suscitado en los actores una determinada
expresión teatral y en cuanto Pirandello director de escena haya creado una
determinada relación estética entre el conjunto humano que recitará y el
aparato material de la escena (luces, colores, puesta en escena en sentido
amplio). O sea que el teatro pirandelliano está estrechamente vinculado a la
personalidad física del escritor y no sólo a los valores artístico-literarios
"escritos". Muerto Pirandello (o sea, si Pirandello, además de como
escritor, no actúa como director de actores y como director de escena) ¿qué
quedará del teatro de Pirandello? Un "cañamazo" genérico, que en
cierto sentido puede emparentarse con las obras del teaitro pregoldoniano:
"pretextos" teatrales, no "poesía" eterna. Se dirá que eso
sucede con todas las obras de teatro y en cierto sentido ello es cierto. Pero
sólo en cierto sentido. Es verdad que una tragedia de Shakespeare puede tener
distintas interpretaciones según los directores y directores de escena, o sea
es verdad que cada tragedia de Shakespeare se puede convertir en
"pretexto" para espectáculos teatrales diferentemente originales:
pero sigue siendo cierto que la tragedia "impresa" en libro, y leída
individualmente, tiene su vida artística independiente, que puede separarse de
la recitación teatral: es poesía y arte incluso fuera del teatro y del
espectáculo. Esto no ocurre con Pirandello: su teatro vive estéticamente en
mayor parte sólo si es "representado" teatralmente, y si es representado
teatralmente teniendo a Pirandello como director de actores y director de
escena. (Todo esto debe ser entendido con mucho discernimiento.)
<135>. Literatura nacional-popular.
Los "humildes". Esta expresión "los humildes" es
característica para comprender la actitud tradicional de los intelectuales
italianos con respecto al pueblo y en consecuencia el significado de la
literatura para los "humildes". No se trata de la relación contenida
en la expresión dostoievskiana de "humillados y ofendidos". En
Dostoievski es poderoso el sentimiento nacional-popular, o sea la conciencia de
una "misión de los intelectuales" con respecto al pueblo que tal vez
está "objetivamente" constituido por "humildes", pero que
debe ser liberado de esta "humildad", transformado, regenerado. En el
intelectual italiano la expresión de "humildes" indica una relación
de protección paterna y padreeternal, el sentimiento "suficiente" de
una superioridad propia indiscutida, la relación como entre dos raes, una
considerada superior y la otra inferior, la relación como entre adultos y niños
en la vieja pedagogía y peor aún, una relación de "sociedad protectora de
animales", o de Ejército de Salvación anglosajón con respecto a los
caníbales de Guinea.
Cfr.
Cuaderno 21 (XVIT), p. 13.
105
<136>. Maquiavelo. El cesarismo. El
esquema general de las fuerzas A y B en lucha con perspectiva catastrófica, o
sea con la perspectiva de que no venza ni A ni B por la existencia de un
equilibrio orgánico, del cual nace (puede nacer) el cesarismo, es una hipótesis
genérica, un esquema sociológico (de ciencia política) de tipo matemático. La
hipótesis puede hacerse aún más concreta, llevada a un grado mayor de
aproximación a la realidad histórica concreta. Esto puede obtenerse precisando
mejor algunos elementos fundamentales. Así, hablando de A y B, se ha dicho sólo
que son respectivamente una fuerza genéricamente progresiva y una fuerza
genéricamente regresiva: se puede precisar de qué tipo de fuerza regresiva y
progresiva se trata y obtener así mayor aproximación. En el caso de César y
Napoleón I se
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 927
puede
decir que A y B, aun siendo distantes y contrarias, no eran sin embargo tales
que no pudieran llegar "absolutamente" a una fusión y asimilación
recíproca después de un proceso molecular, lo que en efecto ocurre, en cierta
medida al menos (suficiente sin embargo para los fines histórico-políticos del
cese de la lucha orgánica fundamental y por lo tanto de la superación de la
fase catastrófica). Este es un elemento de mayor aproximación. Otro elemento es
el siguiente: la fase catastrófica puede establecerse por deficiencia política
[momentánea] de la fuerza dominante tradicional, y no ya por una deficiencia
orgánica insuperable necesariamente. Esto es precisamente lo sucedido en el
caso de Napoleón III. La fuerza dominante en Francia desde 1815 hasta 1848, se
había escindido políticamente en cuatro facciones: la legitimista, la
orleanista, la bonapartista, la republicano-jacobina. Las luchas internas de
facciones eran tales que hacían posible el avance de la fuerza antagonista B
(progresista) en forma "precoz"; sin embargo, la forma social
existente no había agotado aún sus posibilidades de desarrollo, como en efecto
la historia posterior demostró abundantemente. Napoleón III representó (a su
modo, o sea según la estatura del hombre, que no era grande) estas
posibilidades latentes o inmanentes; su cesarismo, pues, es todavía de un tipo
particular. Es objetivamente progresista, si bien no como el de César o el de
Napoleón 1. El cesarismo de César y de Napoleón I fue, por decirlo así, de
carácter cuantitativo-cualitativo, es decir, representó la fase histórica de
paso de un tipo de Estado a otro tipo, un paso en el que las innovaciones
fueron tantas cuantitativamente y tales, que representaron una completa
transformación cualitativa. El cesarismo de Napoleón III fue sólo y
limitadamente cuantitativo; no hubo paso de un tipo de Estado a otro, sino sólo
"evolución" del mismo tipo, según una línea ininterrumpida.
En el mundo moderno los fenómenos de
cesarismo son totalmente distintos, tanto los del tipo progresivo
César-Napoleón I, como incluso los del tipo Napoleón III, si bien se aproximan
a este último. En el mundo moderno el equilibrio de perspectivas catastróficas
no se da entre fuerzas contrarias que en último análisis podrían fundirse y
unificarse, aunque fuese después de un proceso fatigoso y sangriento, sino
entre fuerzas cuyo conflicto es irremediable históricamente y se profundiza aún
más especialmente con el advenimiento de formas cesaristas. El cesarismo tiene,
sin embargo, un mareen, más o menos grande, según los países y su significado
en la estructura mundial, porque una forma social tiene "siempre"
posibilidades marginales de ulterior desarrollo y ordenamiento organizativo, y
especialmente puede contar con la debilidad relativa de la fuerza antagonista y
progresiva, por la naturaleza y el modo de vida peculiar de ésta. El cesarismo
moderno más que militar es policiaco.
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), pp. 20-20a.
<137>. Temas de cultura. Sobre el
desarrollo de la técnica militar. El rasgo más característico y significativo
de la etapa actual de la técnica militar, y por consiguiente también de la
orientación en las investigaciones científicas en cuanto que están vinculadas
al desarrollo de la técnica militar (o tienden a este fin), me parece que debe
buscarse en esto: que la técnica militar en algunos de sus aspectos tiende a
hacerse independiente del conjunto de la técnica general y a convertirse en una
actividad aparte, autónoma. Hasta la guerra mundial la técnica militar era una
simple aplicación "especializada" de la técnica general, y por lo
tanto la potencia militar de un Estado o de un grupo de Estados (aliados para
integrarse recíprocamente) podía ser calculada con exactitud casi matemática
sobre la base de la potencia económica (industrial, agrícola, financiera,
técnico-cultural). De la guerra mundial en adelante este cálculo ya no es
posible, al menos con igual exactitud; esto constituye la más I formidable
incógnita de la situación político-militar actual. Como punto
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 928
de
referencia basta mencionar pocos elementos: el submarino. el avión de
bombardeo, el gas y los recursos químicos y bacteriológicos aplicados a la
guerra. Planteando la cuestión en sus términos-límite, por absurdo, se puede
decir que Andorra puede producir medios bélicos en gas y bacterias para
destruir a toda Francia.
Esta
situación del tecnicismo militar es uno de los elementos más
"silenciosamente" operantes de aquella transformación del arte
político que ha llevado a la transición, incluso en política, de la
"guerra de movimientos" a la "guerra de posiciones o de
asedio".
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), pp. 20a-21.
107
<138>. Pasado y presente. Anécdota
de Giustino Fortunato. Parece que es de 1925 o 1926. Contada por Lisa.1 Parece
que se hablaba con Fortunato de la lucha política en Italia. l habría dicho
que, según él, había en Italia dos hombres verdaderamente peligrosos, uno de
los cuales era Miglioli.a Habría estado presente, además de Lisa, un cierto
abogado Giordano Bruno, de quien nunca oí hablar no obstante su trágico nombre.
Bruno habría dicho: "Pero, senador. ¡son dos hombres de gran ingenio!"
ingenuamente, porque de costumbre "peligroso" tiene un significado
estrictamente "policiaco". Y Fortunato, riendo: "¡Precisamente
porque son inteligentes son peligrosos!" No sé si la anécdota sea cierta,
si Lisa la haya vivido o solamente "oído contar". Pero es verosímil y
encuadra perfectamente en el modo de pensar de Fortunato.
En el manuscrito: “Migl.”.
Recordar
la carta de Fortunato citada por Prezzolini en la primera edición de su libro
La Cultura italiana,2 y recordar el obituario de Piero Gobetti escrito por
Einaudi (y me parece que también Fortunato escribió algo en el mismo número
único del Baretti);3 de cualquier modo Fortunato mantenía relaciones con
Gobetti y trataba de inmunizarlo contra la influencia de la gente
"peligrosa".
<139>. Los intelectuales. Sobre la
función que tuvieron los intelectuales en España antes de la caída de la
monarquía, debe verse el libro de S. de Madariaga, Spagna. Saggio di storia
contemporanea, al cuidado de Alessandro Schiavi, Laterza, Bari, 1932. Sobre el
tema debe existir una amplia literatura en España actualmente, porque la
república se presenta como una república de intelectuales. El fenómeno español
tiene características propias, peculiares, determinadas por la especial
situación de las masas campesinas en España. Acaso deba compararse con la
función de la "inteligentsia" rusa, con la función de los
intelectuales italianos en el Risorgimento, de los intelectuales alemanes bajo
la dominación francesa y de los enciclopedistas del siglo XVm. Pero en España
la función de los intelectuales en la política tiene su carácter inconfundible
y puede valer la pena estudiarla.4
<140>. Sobre la civilización
inglesa. Las publicaciones sobre literatura inglesa de J. J.
Jusserand
(Storia letteraria del popolo inglese, Histoire littéraire, etcétera). La obra
de
Athos Lisa, compañero de cárcel de
Gramsci en Turi. En la anécdota sobre Giustino Fortunato aquí referida, el
mismo Gramsci, junto con Guido Miglioli, habría sido uno de los dos hombres
"verdaderamente peligrosos" en Italia. Lisa, liberado por amnistía a
principios de 1933, redactó un informe para el centro del PCI, publicado en
1964 con el título "Discussione politica con Gramsci in carcere", en
Rinascita, 12 de diciembre de 1964 (año XXI, n. 49), prefacio de Franco Ferri.
En realidad en este libro ya citado de
Prezzolini no se incluye ninguna carta de Giustino Fortunato; seguramente
Gramsci pretendía referirse aquí al episodio ya mencionado en el Cuaderno 1
(XVI), § 43, p, 26 (cfr. nota 8).
Cfr. nota 6 al Cuaderno 7 (VII), § 13.
Una idea para este parágrafo, junto a la
indicación bibliográfica de la obra de Salvador de Madariaga, fue tomada
probablemente de la reseña de Guido De Ruggiero, en La Critica, 20 de noviembre
de 1932 (año XXX, fase. VI), pp. 441-45.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 929
Jusserand
es fundamental también para los estudiosos ingleses. Jusserand fue diplomático
francés en Londres; fue alumno de Gaston Paris y de Hippolite Taine. En el
momento de su muerte (hacia septiembre de 1932) de la obra principal de
Jusserand, Histoire littéraire du Peuple Anglais, habían aparecido dos tomos;
un tercero y final debía seguirlos. Otros trabajos sobre literatura inglesa y
sobre la historia de la cultura inglesa del mismo autor.1
108
<141>. Pasado y presente.
Características del pueblo italiano. ¿Cómo se explica la relativa popularidad
"política" de G. D'Annunzio? Es innegable que en D'Annunzio siempre
han existido algunos elementos de "popularismo": desde sus discursos
como candidato al Parlamento, desde su gesto en el Parlamento, en la tragedia
La Gloria, en el Fuego (discurso sobre Venecia y el artesanado), en el Canto de
las calendas de mayo y así sucesivamente hasta las manifestaciones (al menos
algunas) políticas de Fiume. Pero no me parece que estos elementos sean
"concretamente" de real significado político (vagos, pero reales)
para explicar esta relativa popularidad. Otros elementos han cooperado: 1º] la
apoliticidad fundamental del pueblo italiano (especialmente de la pequeña
burguesía y de los pequeños intelectuales), apoliticidad inquieta, pendenciera,
que permitía cualquier aventura, que daba a cada aventurero la posibilidad de
tener un séquito de algunas decenas de miles de hombres, especialmente si la
policía pasaba las cosas por alto o se oponía sólo débilmente y sin método; 2º]
el hecho de que no se hallaba encarnada en el pueblo italiano ninguna tradición
de partido político de masas, esto es, que no existían "directivas"
histórico-políticas de masas, orientadoras de las pasiones populares,
tradicionalmente fuertes y dominantes; 3º] la situación de la posguerra, en la
que tales elementos se presentaban multiplicados, porque, después de cuatro
años de guerra, decenas de miles de hombres se habían convertido social y
moralmente en "vagabundos", desarraigados, ávidos de sensaciones no
ya impuestas por la disciplina estatal, sino libremente, voluntariamente
elegidas por ellos mismos; 4º] cuestiones sexuales, que después de cuatro años
de guerra se comprende debían hallarse enormemente agudizadas: las mujeres de
Fiume atraían a muchos (y acerca de este elemento insiste extrañamente incluso
Mino Daniele en su librito sobre D'Annunzio).2 Estos elementos parecen
superfluos sólo si no se piensa que los veinte mil jóvenes concentrados en
Fiume no representaban una masa social y territorialmente homogénea, sino que
eran "seleccionados" de toda Italia, y eran de los orígenes más
diversos y dispares; muchos eran jovencísimos y no habían hecho la guerra, pero
habían leído la literatura de guerra y novelas de aventuras,
Sin embargo, por debajo de estas
motivaciones momentáneas y de ocasión parece que debe señalarse también un
motivo más profundo y permanente, ligado a una característica permanente del
pueblo italiano: la admiración ingenua y fanática por la inteligencia como tal,
por el hombre inteligente como tal, que corresponde al nacionalismo cultural de
los italianos, quizá la única forma de chauvinismo popular en Italia.3 Para
apreciar este nacionalismo hay que pensar en la Scoperta dell’Arnerica de
Pascarella: Pascarella es el "aeda" de este nacionalismo y su tono
burlón es el más digno de tal epopeya. Este sentimiento es diferentemente
fuerte en las diversas partes de Italia (es más fuerte en Sicilia y en el
Mediodía), pero está difundido por todas partes en cierta dosis, incluso en
Milán y Turín (en Turín ciertamente menos que en Milán y otras partes): es más
o menos ingenuo, más o menos fanático, incluso más o menos "nacional"
(se tiene la impresión, por ejemplo, de que en Florencia es más regional que en
otros lugares, y lo mismo en Nápoles, donde es también de carácter más
espontáneo y popular en cuanto que los napolitanos creen ser más inteligentes
Estas noticias fueron tomadas de un
artículo de Diego Angel “J.-J. Iusserand e la sua opera", en Il Marzacco,
9 de octubre de 1932 (año XXXVII, n, 41).
Cfr. Daniele, "D'Annunzio
politica" cit.: cfr. Cuaderno 1 (XVI), § 81 y nota 1.
3 , Sobre
el culto provinciano a la inteligencia cfr. también el precedente § 56.
Cuaderno 9 (XVI) 1929-1930 Cuadernos de la cárcel 930
que todos
como masa y como individuos aislados; en Turín pocas "glorias"
literarias y más tradición político-nacional, por la tradición ininterrumpida
de independencia y libertad nacional). D'Annunzio se presentaba como la
síntesis popular de tales sentimientos: "apoliticidad" fundamental,
en el sentido de que de él se podían esperar todos los fines imaginables, desde
el más de izquierda al más de derecha, y el ser D'Annunzio considerado
popularmente el hombre más inteligente de Italia.
<142>. Maquiavelo. Voluntarismo y
"masa socia!". En toda una serie de cuestiones, de reconstrucción
histórica del pasado y de análisis histórico-político para la acción a cumplir,
no se toma en cuenta este elemento: que hay que distinguir y evaluar
diferentemente las empresas y las organizaciones de voluntarios, de las
empresas y organizaciones de "bloques homogéneos sociales". Esto
tiene gran importancia, especialmente en Italia: 1º] por el apoliticismo y la
pasividad tradicionales de las grandes masas populares que tiene como reacción
natural una relativa facilidad para el "reclutamiento de
voluntarios"; 2º] por la constitución social italiana, uno de cuyos
elementos es la morbosa cantidad de burgueses rurales o de tipo rural, medianos
y pequeños, que son el elemento que produce muchos intelectuales inquietos y en
consecuencia "voluntarios" para cualquier iniciativa, incluso la más
extraña que sea vagamente subversiva (a derecha o a izquierda). En el análisis
de los partidos políticos italianos, se puede ver que éstos han sido siempre de
"voluntarios'', en cierto sentido de desclasados, y nunca o casi nunca de
"bloques homogéneos sociales". Una excepción ha sido la "derecha
histórica" cavouriana y de ahí su superioridad orgánica y permanente sobre
el Partido de Acción mazziniano y garibaldino, que ha sido el prototipo de
todos los partidos italianos de "masas", que en realidad no eran
tales (o sea no contenían bloques homogéneos sociales) sino campamentos de
gitanos y nómadas de la política. Se puede encontrar un solo análisis de ese
tipo (pero impreciso y gelatinoso, desde un punto de vista sólo
"estadístico-sociológico") en Roberto Míchels en el libro Borghesia e
protetariato.1 La posición de Gottheb2 era exactamente la del Partido de Acción
mazziniano, también ésta gitaneril y nómada: el interés sindical era sólo
superficial y de origen polémico, no orgánico, no sistemático, no de búsqueda
de homogeneidad social, sino "paternalista", formalista, mecanicista.
Cfr.
Cuaderno 13 (XXX), p. 21
Cfr. Roberto Michels, tl proletariato e
la borghesia nel movimento socialista italiano, Bocea, Turín, 1908. El libro,
que Gramsci ciertamente conocía pero que no tenía en la cárcel, es mencionado
aquí de memoria.
Amadeo Bordiga (Gottlieb = Amadeo).
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 931
Cuaderno
10 (XXXIII) 1932-1935.
La
filosofía de Benedetto Croce
113
<PARTE
I> Puntos de referencia para un ensayo sobre Benedetto Croce
<Sumario>
[Introducción.
Notas generales: 1] Apuntes metódicos (cfr. 1ª nota)1 2] El hombre de partido:
el partido como resolución práctica de problemas particulares, como programa
orgánico político (colaboración en el Giornale d'Italia conservador, Stampa,
etcétera, Politica); el partido como tendencia general ideológica, como forma
cultural (p. 37 bis);2 3] Croce y G. Fortunato como "fermentos" (más
que guías) de los movimientos italianos culturales desde 1900 hasta 1914 (Voce,
L'Unità, etcétera, hasta Rivoluzione Liberale).]
1º La
actitud de Croce durante la guerra mundial como punto de orientación para
comprender los motivos de su actividad posterior de filósofo y de líder de la
cultura europea.
2º Croce
como líder intelectual de las tendencias revisionistas de los años 90:
Bernstein en Alemania, Sorel en Francia, la escuela económico- jurídica en
Italia.
3º Croce
desde 1912 hasta 1932 (elaboración de la teoría de la historia ético-política)
tiende a permanecer como líder de las tendencias revisionistas para conducirlas
hasta una crítica radical y a la liquidación (político-ideológica) incluso del
materialismo histórico atenuado y de la teoría económico-jurídica [cfr. nota al
margen en la página siguiente.].3
4º
Elementos de la relativa popularidad de Croce α] elemento estilístico literario
[falta de pedantería y de incomprensibilidad], β]elemento filosófico-metódico
(unidad de filosofía y sentido común), γ] elemento ético (serenidad olímpica).
5º Croce
y la religión: α] el concepto crociano de religión [la idea para el ensayo
"Religione e serenitá" está tomada del ensayo de De Sanctis "La
Nerina del Leopardi" de 1877 (Nuova Antologia, enero de 1877)], 4 β] Croce
y el cristianismo, γ] venturas y desventuras del crocismo entre los católicos
italianos (neoescolásticos italianos y diversas etapas de sus manifestaciones
filosóficas, filopositivistas, filoidealistas, y ahora por un retorno al
tomismo "puro"; carácter eminentemente "práctico" de la
actividad del padre Gemello y su agnosticismo filosófico), δ] artículos de
Papini y de Ferrabino en la Nuova Antologia, como manifestaciones eminentes del
pensamiento del laicismo católico [cuatro artículos de la Civiltá Cattolica (de
1932 y 1933), todos ellos dedicados sólo a la introducción de la Storia
d'Europa; después del 3er. artículo el libro es puesto en el Indice], 5 €) ¿es
Croce un
Cfr. el parágrafo introductorio
("Algunos criterios generales metodológicos para la crítica de fa
filosofía de Croco") de la parte II de este mismo Cuaderno.
Cfr. la parte II de este mismo Cuaderno,
S 59. I.
Se trata del pasaje (en nuestro texto
entre corchetes) añadido al final del punto II de este Sumario.
El ensayo de De Sanctis "La Merina
di Giacomo Leopardi" no está incluido en los tres volúmenes, poseídos por
Gramsci, de la citada edición de los Saggi critíci, realizada por P. Arcari; es
posible que este ensayo sea citado aquí basándose en una cita indirecta.
En realidad los cuatro articulas (no
firmados) de la Civiltá Cattolica sobre la Storia d'Europa de Croce aparecieron
todos ellos en 1932, y precisamente en los números del 7 de mayo, 18 de junio,
16 de julio, 6 de agosto de 1932 (año =XIII, vol. II, pp. 209-23, 521-34; vol.
III, pp. 105-19, 209-24), respectivamente con los siguientes títulos: “Il
fenomeno' antifilosofico e antireligioso di Benedetto Croce",
"Filosofia e Religione della libertó' di Benedetto Croce" (para el
segundo y tercer artículo), "'Le fedi religioso opposte' al liberalismo di
Benedetto Croce". La noticia de que el libro de Croco había sido incluido
en el Indice fue dada en el mismo número de la Civiltá Cattolica en el que se
publicó el cuarto artículo (16 de agosto de 1932, p. 289).
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 932
reformador
"religioso"? [cfr. algunos breves ensayos publicados en la Critica en
donde se traducen a lenguaje "especulativo" algunos puntos de la
teología católica (la gracia, etcétera) y en el ensayo sobre
"Caracciolo" de la teología calvinista, etcétera.
"Traducciones" e interpretaciones similares se hallan contenidas
incidentalmente en numerosos escritos de Croce].
6º Croce y la tradición italiana [o una
corriente determinada de la tradición italiana]: teorías históricas de la
Restauración; escuela de los moderados; la revolución pasiva de Cuoco se
convierte en fórmula de "acción", de "advertimiento" de
energética ético-nacional; dialéctica "especulativa" de la historia,
mecanicismo arbitrario de la misma (cfr. la posición de Proudhon criticada en
la Miseria de la filosofía); dialéctica de los "intelectuales" que se
conciben a sí mismos como personificadores de la tesis y la antítesis de esta
manera elaboradores de la síntesis; este no "empeñarse" enteramente
en el acto histórico ¿no es una forma de escepticismo? [¿o de poltronería? por
lo menos ¿no es éste mismo un "acto" político?]
7º
Significado real de la fórmula "historia ético-política". Es una
hipóstasis arbitraria y mecánica del momento de la "hegemonía". La
filosofía de la praxis no excluye la historia ético-política. La oposición
entre las doctrinas históricas crocianas y la filosofía de la praxis está en el
carácter especulativo de la concepción de Croce. Concepción del Estado en
Croce.
8º
Trascendencia-teología-especulación. Historicismo especulativo e historicismo
realista. Subjetivismo idealista y concepción de las superestructuras en la
filosofía de la praxis. Artimaña polémica de Croce que "hoy" da un
significado [metafísico, trascendente] especulativo a los términos de la
filosofía de la praxis, de donde la "identificación" de la
"estructura" con un "dios oculto". [De las diversas
ediciones de los libros y ensayos de Croce extraer los juicios sucesivos,
siempre modificados, sin una justificación específica, sobre la importancia y
la estatura filosófica de los fundadores de la filosofía de la praxis.]
9º La
historia de Europa vista como "revolución pasiva". ¿Puede hacerse una
historia de Europa del siglo XIX sin tratar orgánicamente la Revolución
Francesa y las guerras napoleónicas? ¿Y puede hacerse una historia de Italia en
los tiempos modernos sin las luchas del Risorgimento? En uno y otro caso Croce,
por razones extrínsecas y tendenciosas, prescinde del momento de la lucha, en
donde la estructura es elaborada y modificada, y plácidamente asume como
historia el momento de la expansión cultural o ético-político. ¿Tiene un
significado "actual" la concepción de la "revolución
pasiva"? ¿Estamos en un periodo de "restauración -revolución"
que se ha de establecer permanentemente, organizar ideológicamente. exaltar
líricamente? ¿Tendría Italia con respecto a la URSS la misma relación que
Alemania [y la Europa] de Kant-Hegel con la Francia de Robespierre-Napoleón?
10º La "libertad" como
identidad de historia y de espíritu y la "libertad" como ideología
inmediatamente circunstanciada, como "superstición", como instrumento
práctico de gobierno. [Si se dice que la "naturaleza del hombre es el
espíritu", se dice que ésta es la "historia", o sea el conjunto
de las relaciones sociales en proceso de desarrollo, o sea también el conjunto
de la naturaleza y de la historia, de las fuerzas materiales y de las
espirituales o culturales, etcétera.]
11º Sin
embargo ¿puede decirse que en la concepción de Croce, incluso después de la
elaboración sufrida en estos últimos años, no existen rastros de filosofía de
la praxis? ¿Su historicismo no se resiente de ninguna influencia de su
experiencia intelectual de los años desde el 90 al 900? La posición de Croen a
este respecto se desprende del prefacio de 1917 a la nueva edición del
Materialismo storico: Croce querría hacer creer que el valor de esta
experiencia ha sido esencialmente negativo, en el sentido de que habría
contribuido a
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 933
destruir
prejuicios, etcétera. Pero el mismo encarnizamiento de Croce en estos últimos
tiempos contra todo elemento de filosofía de la praxis resulta sospechoso
(especialmente la presentación del libro de De Man, mediocrísimo): impresión de
que Croce combate demasiado para evitar que se le pidan cuentas. Los vestigios
de una filosofía de la praxis se encuentran en la solución de problemas
particulares [tiene que verse si el conjunto de estos problemas particulares no
contiene implícitamente una elaboración total de la filosofía de la praxis, o
sea toda la metodología o filosofía de Croen, esto es, si los problemas no
directamente vinculables a los que corresponden a la filosofía de la praxis, no
lo son, sin embargo, con los otros directamente vinculables]: la doctrina del
error me parece la más típica. En general puede decirse que la polémica contra
la filosofía del acto puro ha obligado a Croce a un mayor realismo y a sentir
un cierto fastidio al menos por las exageraciones en el lenguaje especulativo
de los actualistas.
[Sobre
los "residuos" o supervivencias (pero en realidad son elaboraciones
que tienen su propia peculiar organicidad) en la filosofía de Croce de la
doctrina de la filosofía de la praxis, se está constituyendo una cierta
literatura: cfr. por ejemplo el ensayo de Erizo Tagliacozzo, "In memoria
di Antonio Labriola" (Nuova Italia, 20 de diciembre de 1934-20 de enero de
1935, especialmente en la segunda entrega),1 y el ensayo de Edmondo Cione
"La logica del storicismo", Nápoles, 1933 (seguramente extraído de las
actas de la Academia Real de ciencias morales y políticas) .2 (De una reseña de
este ensayo que publica la Nuova Rivista Storica de enero - febrero de 1935,
pp. 132-34, parece que para Cione sólo con la Storia d'Europa Croce se libera
completamente de las supervivencias de la filosofía de la praxis Este y otros
ensayos de Cione deben verse.) Nota: En una reseña de algunas publicaciones de
Cuido Calogero (Critica, mayo de 1935)3 Croce alude al hecho de que Calogero
llama "filosofía de la praxis" a una interpretación propia del
actualismo gentiliano. Cuestiones de terminología (pero seguramente no sólo de
terminología) que es preciso aclarar.]
12º ¿La concepción de la historia como
historia ético-política sería, pues, algo fútil? Hay que establecer que el
pensamiento historiográfico de Croce, incluso en su fase más reciente, debe ser
estudiado y meditado con atención. Representa esencialmente una reacción al
"economismo" y al meeanieismo fatalista, aunque se presente como
superación de la filosofía de la praxis. También para Croce vale el criterio de
que su pensamiento debe ser criticado y valorado no por lo que pretende ser,
sino por lo que es realmente y que se manifiesta en las obras históricas
concretas. Para la filosofía de la praxis el mismo método especulativo no es
futilidad sino que ha sido fecundo en valores "instrumentales" del
pensamiento, que la filosofía de la praxis se ha incorporado (la dialéctica,
por ejemplo). El pensamiento de Croce, por lo tanto, debe ser apreciado como
valor instrumental y así puede decirse que ha llamado enérgicamente la atención
sobre el estudio de los hechos de cultura y de pensamiento como elementos de
dominio político, sobre la función de los grandes intelectuales en la vida de
los Estados, sobre el momento de la hegemonía y del consenso como forma
necesaria del bloque histórico concreto. La historia ético-política es, por lo
tanto, uno de los cánones de interpretación histórica que hay que tener siempre
presente en el examen y profundización
del
desarrollo histórico, si se quiere hacer historia integral y no historias
parciales o
Cfr. Enzo Tagliacozzo, "In memoria
di Antonio Labriola (nel trentennio della morte)", en La Nuova Italia, 20
de diciembre de
1934 (año
V, n. 12), pp. 402-6; 20 de enero de 1935 (año VI, n. 1), pp. 16-20.
Cfr. Edmondo Cione, La logica dello
storicismo, Memoria leída en la Academia de ciencias morales y políticas de la
Real Sociedad de Nápoles, Nápoles, 1933. De la reseña (de A. Corsario) de la
Nuova Rivista Storica, enero-febrero de 1935 (año XIX, fase. I), pp. 132-34,
aquí mencionada por Gramsci, no se desprende que se tratase de un extracto de
la Academia de Ciencias morales
y
políticas de Nápoles; la indicación se encuentra, por el contrario, en una
reseña de Benedetto Croce en La Critica, 20 de septiembre de 1933 cit., pp.
375-76, que Gramsci probablemente había visto aunque aquí no la tuviera
presente.
Cfr. La Critica, 20 de mayo de 1935 (año
XXXIII, fase. III), pp. 221-22.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 934
extrínsecas.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 74-75. 75, 77-77bis, 78-78bis, 79-80.
<§>
1. Actitud de Croce durante la guerra mundial. Escritos de Croce a este
respecto recogidos en las Pagine sidra guerra (Laterza, 21 ed. aumentada, 25
liras); sería interesante, sin embargo, revisarlos en su primera redacción, a
medida que fueron publicados en la Critica o en otros periódicos,1 y tornar en
cuenta las otras cuestiones de carácter cultural y moral que contemporáneamente
interesaban a Croce y muestran ante qué otros sucesos conectados más o menos
directamente con la situación bélica él creía necesario reaccionar.
117 La
actitud de Croce durante la neutralidad y la guerra indicaa cuáles intereses
intelectuales y morales (y por lo tanto sociales) predominan incluso hoy en su
actividad literaria y filosófica. Croce reacciona contra el planteamiento
popular (con la consiguiente propaganda) de la guerra como guerra de
civilización y por lo tanto de carácter religioso, lo que teóricamente debería
conducir al aniquilamiento del enemigo. Croce ve en el momento de la paz el de
la guerra, y en el momento de la guerra el de la paz, y lucha para que nunca se
destruyan las posibilidades de mediación entre los dos momentos. La paz deberá
suceder a la guerra y la paz puede obligar a agrupamientos bien distintos de
los de la guerra: pero ¿cómo sería posible una colaboración entre Estados
después del desencadenamiento de fanatismos religiosos de la guerra? De ello se
desprende que ninguna necesidad inmediata de política puede y debe ser
ensalzada como criterio universal. Pero estos términos no abarcan exactamente
la actitud de Croce. No se puede decir, en efecto, que él esté contra el
planteamiento "religioso" de la guerra en cuanto que éste es
necesario políticamente para que las grandes masas populares movilizadas estén
dispuestas a sacrificarse en las trincheras y a morir; éste es un problema de
técnica política que les corresponde resolver a los técnicos de la política. Lo
que le importa a Croce es que los intelectuales no se rebajen al nivel de las
masas, sino que comprendan que una cosa es la ideología, instrumento práctico
para gobernar, y otra la filosofía y la religión, que no debe ser prostituida
en la conciencia de los propios sacerdotes. Los intelectuales deben ser
gobernantes y no gobernados, constructores-de ideologías para gobernar a los
otros y no charlatanes que se dejan morder y envenenar por sus propias víboras.
Croce, por lo tanto, representa la gran política contra la pequeña política, el
maquiavelismo de Maquiavelo contra el maquiavelismo de Stenterello. Él se
coloca a sí mismo muy en alto y ciertamente piensa que incluso las críticas
furibundas y los ataques personales más salvajes son "políticamente"
necesarios y útiles para que ésta su elevada posición sea posible de mantener.
La actitud de Croce durante la guerra puede parangonarse sólo con la del Papa,
que era el jefe de los obispos que bendecían las armas de los alemanes y de los
austriacos y el de los que bendecían las armas de los italianos y los
franceses, sin que en ello hubiese contradicción. [Cfr. Etica e Politica, p.
343: "Hombres de Iglesia, que aquí hay que entender como la Iglesia misma,
etcétera".]2
De la carta a Tania del 18 de abril de
1932 (LC, 607-9) —donde se desarrollan en términos muy semejantes los
argumentos de este parágrafo y de los dos siguientes— se desprende que Gramsci
no tenía en la cárcel este libro de Croce (Pagine s'una guerra, 2a. ed. cit.),
pero en su momento había leído los escritos ahí recogidos a medida que iban
siendo publicados en diversos periódicos (cfr. también LC, 610 nota 2).
El significado de esta cita, anotada por
Gramsci, en forma trunca y alusiva, es aclarado por el siguiente contexto:
"...en el campo que ahora consideramos, junto a los hombres de acción, a
los políticos, a los guerreros, a los capitanes de la industria y el comercio,
y también a los intrigantes, a los embrollones, a la gente de pocos escrúpulos
y pronta a prestar los correspondientes servicios, en suma, junto a la gente
variadamente mundana desde la más alta hasta la más baja, desde los dominadores
hasta los siervos, desde la aristocracia hasta la canalla, se encuentran los
hombres de Iglesia, que defienden a los débiles, reprenden y condenan y
anatematizan a los opresores, llaman a las almas a lo eterno y a Dios, mitigan
los feroces contrastes, los encaminan al bien, adoran y ruegan y anuncian y
preparan las vías del Señor. Hombres de Iglesia, que aquí hay que entender,
como la Iglesia misma, en sentido ideal, y que en la sociedad moderna y laica
son representados por los adoradores de la verdad, por los educadores de sí
mismos y de los demás, por los custodios de los ideales, por todos aquellos
que, a la par de los sacerdotes
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 935
En el manuscrito: "indican".
En el manuscrito: "alemanes".
[Esta
misma actitud, que no carece de inconvenientes, se encuentra en Croce con
respecto al modernismo. De hecho, puesto que no es posible imaginar un paso de
las masas populares de la fase religiosa a la "filosófica", y el
modernismo prácticamente erosionaba la maciza estructura práctico-ideológica de
la Iglesia, la actitud de Croce sirvió para fortalecer la posición de la
Iglesia. Así su actitud "revisionista" sirvió para fortalecer las
corrientes reaccionarias (a Labriola, que se lo hacía notar, Croce respondía:
"en cuanto a la política y a los conatos reaccionarios, caveant
consules").1 Lo mismo su acercamiento a Politica en 19204 y sus reales
actitudes prácticas en Nápoles (discursos etcétera, participación en el
gobierno Giolitti, etcétera). La posición de "intelectual puro" se
convierte en un auténtico "jacobinismo" decadente (en tal sentido,
cambiando las estaturas intelectuales, Amadeo puede ser emparentado con Croce,
como seguramente no pensaba Jacques Mesnil)2 o un "ponciopilatismo"
despreciable, o sucesivamente uno y otro o incluso simultáneamente uno y otro.]
[Para la guerra se puede referir a Croce
la observación de Lyautey:3 en realidad el sentimiento nacional de los
supuestos nacionalistas es "atemperado" por un cosmopolitismo a tal
punto acentuado, de casta, de cultura, etcétera, que puede considerarse como un
auténtico instrumento de gobierno, y sus "pasiones" pueden
considerarse como no inmediatas, sino subordinadas a la posesión del poder.]
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 74.
<§>
2. Croce como líder intelectual de las corrientes revisionistas de fines del
siglo XIX. En la carta de Georges Sorel a Croce fechada el 9 de septiembre de
1899 se dice: "flemstein vient de m'écrire qu'il a indiquè dans la Neue
Zeit n. 46 qu'il avait été inspiré, en une certaine mesure, par vos travaux.
Cela est intéressant, paree que les Allemands ne sont pas faits pour indiquer
des sources étrangéres á leurs idées".4 De las relaciones intelectuales
entre Sorel y Croce existe hoy una documentación muy importante en el
epistolario de Sorel a Croce publicado por la Critica (1927 sig.):5 resulta que
la dependencia intelectual de Sorel respecto de Croce fue mayor de lo que al
principio podía pensarse. Los ensayos del Croce revisionista están publicados
en el libro sobre el Materialismo storico, pero a ellos hay que añadir el cap.
XI del primer tomo de las Conversazioni critiche. 6 En el revisionismo crociano
hay que establecer los límites, y de esta primera fase me parece que los
límites se encuentran en la entrevista con el profesor Castellano publicada en
la Voce y reproducida en el libro Cultura e
de la
religión, tienen cura de almas"- (Croce, Etica e política cit., p. 343).
La cita no es textual; se trata de una
reminiscencia de Croce en Materialismo storico ed economia marristica cit., p.
141: "Si el peligro, por temor al cual parece oprimido y agitado Labriola,
de que cualquier crisis del marxismo, o el anuncio de ella, pueda ser
aprovechada por aquellos que tienen interés en desviar y desorientar el
movimiento proletario, existe verdaderamente, pro'videant comides."
Cfr. Cuaderno 6 (VIII), § 107 y nota 1.
Durante la guerra Jacques Mesnil publicó
extractos de artículos de Croce en el Mercare de France. Un artículo de Mesnil
sobre Croce es citado en el libro de Giovanni Castellano, Introduzione allo
studio dele opere di Benedetto Croce, Laterza, Bari, 1920 [FG, C. carc., Turi
In pp. 238-39. Pero aquí la referencia de Grarnsci debe relacionarse con una
correspondencia de Jacques Mesnil publicada en L'Huz.-7anité del 14 de marzo de
1922 ("Les tbéses originales du P.C. italíen"), en donde se sostenía
que
en las
Tesi di Roma (escritas por Bordiga) se sentía la influencia, de la filosofía de
Croce. Sobre las Teíi di Roma cfr. nota 1 al Cuaderno 9 (XIV), § 63.
Cfr. "Lettere di Georges Sorel a B.
Croce", en La Critica, 20 de septiembre de 1927 (año XXV, fase. V), p.
311. Cfr., sobre el mismo tema, la carta de Gramsci a Tania del 18 de abril de
1932: "Bernstein ha escrito él mismo que fue inducido a reelaborar su
pensamiento
filosófico y económico después de leer los ensayos de Croce" (LC, 609).
La publicación de las citadas
"Lettere di Georges Sorel a B. Cruce", iniciada en La Critica del 20
de enero de 1927 (año XXV, fase. I), fue proseguida, con algunas
interrupciones, en los fascículos subsiguientes, y fue concluida en el
fascículo del 20 de mayo
de 1930
(año XXVIII, fase. III).
Cfr. Croce, Materialismo storico ed
economía marristica cit.; Conversazioni critiche, serie I cit., pp. 279-326.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 936
vita
morale.1 La reducción de Croce del materialismo histórico a canon de
interpretación de la historia, fortalece críticamentea la orientación
"económico-jurídica" en la escuela italiana.2
En el manuscrito "fortalece
críticamente" es una variante subsiguiente, en sustitución de: "hacer
nacer".
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 74.
119
<§>
3. Elaboración de la teoría de la historia ético-política. Croce
"profundiza" sistemáticamente sus estudios de teoría de la historia y
esta nueva fase está representada por el libro Teoría e storia della
storiografia. 3 Pero lo más significativo de la biografía científica de Croce
es que él sigue considerándose el líder intelectual de los revisionistas y su
—ulterior elaboración de la teoría historiográfica es realizada con esta
preocupación: él quiere llegar a la liquidación del materialismo histórico,
pero quiere que esta evolución se produzca de modo que se identifique con un
movimiento cultural europeo. La afirmación, hecha durante la guerra, de que la
guerra misma puede llamarse la "guerra del materialismo histórico"; 4
los desarrollos históricos y culturales en la Europa oriental desde 1917 en
adelante: estos dos elementos determinan a Croce a desarrollar con mayor
precisión su teoría historiográfica que debería liquidar toda forma, incluso
atenuada, de filosofía de la praxis (ya antes de la guerra teorías
"activistas", fundadas en concepciones irracionalistas —desarrollo de
éstas en la posguerra— reacción de Croce: cfr. Storia d'Italia y luego
discursos y escritos sobre "Storia e Antistoria"). 5 Que las teorías
historiográficas vayan dirigidas contra la filosofía de la praxis lo dice Croce
explícitamente en una breve polémica con Cerrado Barbagallo publicada en la
Nuova Rivista Storica de 1928- 29.6 (Hay que señalar la actitud del profesor
Luigi Einaudi con respecto a algunas publicaciones de Crece que expresan esta
fase "liquidacionista". Según Einaudi, Croce hace todavía demasiadas
concesiones a la filosofía de la praxis, al reconocer a este movimiento de
cultura determinados beneficios científicos).7 La documentación del hecho de
que Croce siente con fuerza ser el líder de una corriente intelectual europea,
y juzga de gran importancia su posición con las obligaciones que de ella
derivan se puede ver especialmente en la Storia d'Italia, pero se desprende
también de toda una serie de escritos ocasionales y reseñas publicadas en la
Critica. Hay que recordar también ciertos reconocimientos de tal función
dirigente que se encuentran documentados: el más curioso es el de Bonomi en su
libro sobre Bissolati8 (sería interesante ver si Bonomi se refería
Se trata seguramente de la entrevista
recogida por Giovanni Castellano y publicada, con el título "Massoneria e
socialismo", en La Voce, 24 de noviembre de 1910 (año II, n. 50),
reeditada en Croce, Cultura e vita morarle cit., pp. 143-50. Es probable sin
embargo
que Gramsci pretendiese aludir a la otra entrevista de Croce, publicada en La
Voce, 9 de febrero de 1911 (año III, n. 6), con el título "La morte del
socialismo", firmada por Falca di Calcedonia, y reeditada en el mismo
libro cit. Cultura e vita morale, pp. 150-59.
A la influencia de Croce sobre la
historiografía económico-jurídica Gramsci alude también en la carta a Tania del
2 de mayo de
Cfr. Benedetto Croce, Teoría e storia
della storiografia, 3a. ed. aumentada, Laterza, Bari, 1927 [FG, C. carc., Turi
I]. Las dos primeras ediciones de este libro son de 1916 y 1919. De un juicio
que Gramsci daba de esta obra pidiendo la 3a. edición (cfr. LC, 157), se
desprende que él conocía ya una de las ediciones anteriores. El volumen se
encuentra en una lista de libros consignados a Carlo el 11 de noviembre de
1929, según una nota del Cuaderno 1 (XVI), p. 93 (cfr. también LC, 283).
Cfr. nota 2 al Cuaderno 1 (XVI), § 132.
Con el título de Storia e Antistoria,
como se desprende del § 41. IX de la parte II de este mismo Cuaderno, Gramsci
alude a la comunicación presentada por Croce al VII Congreso Internacional de
Filosofía de Oxford, recogida en el opúsculo: Punti di orientamento della
filosofía moderna. Antistoricismo. Dos ponencias en los Congresos
internacionales de filosofía de Cambridge (Mass.), 1926 y de Oxford, 1930,
Laterza, Bari, 1931 [FG, C. carc., Turi III]. Sobre este opúsculo cfr. LC, 563.
Cfr. nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 15.
Cfr. Luigi Einaudi, "Dei concetti di
liberalismo economico e di borghesia e sulle origini materialistiche della
guerra", en La Riforma Sociale, septiembre-octubre de 1928 (año XXXV,
fase. 9-10), pp. 501-16; "Dei diversi significati del concetto di
liberalismo economico e dei suoi rapporti con quelli di liberalismo",
ibid, marzo-abril de 1931 (año XXVIII, n. 2), pp. 186-94. El primer artículo es
una reseña de diversas publicaciones de Croce, mientras que el segundo se ocupa
de los capítulos introductorios de la Storia d'Europa; los dos artículos fueron
recogidos más tarde, con distinto título, en Luigi Einaudi, Il
buongoverno,
Laterza, Bari, 1954, pp. 187-218.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 1 (XVI), § 157.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 937
a Croce
en sus Vie Nuove).1 Prefacio de Schiavi al libro de De Man.2 Para el periodo
1890- 1900 es interesante la carta de Orazio Raimondo incluida por el profesor
Castellano en su libro sobre el éxito de las ideas crocianas (Introduzione allo
studio delle opere di B. Croce, Laterza, Bari).3
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 74.
120
<§>
4. Elementos de la relativa popularidad del pensamiento de Croce, tanto más
notable cuanto que en Croce no hay nada que pueda impresionar la fantasía y
suscitar fuertes pasiones o dar lugar a movimientos de carácter romántico (no
se tiene en cuenta, en este punto, la popularidad de las ideas estéticas de
Croce que han alimentado una literatura periodística de diletantes). Un
elemento es el estilístico-literario. Benjamin Crémieux escribió que Croce es
el más grande prosista italiano después de Manzoni,4 pero seguramente esta
referencia puede provocar preconceptos errados; me parece más exacto colocar
los escritos de Croce en la línea de la prosa científica italiana que ha tenido
escritores como Galileo. Otro elemento es el ético y reside en la firmeza de
carácter de que Croce ha dado prueba en numerosos momentos de la vida nacional
y europea, como la actitud mantenida durante la guerra y a continuación,
actitud que se puede llamar goethiana; mientras tantos intelectuales perdían la
cabeza, y no sabían orientarse en el caos general, renegaban de su propio
pasado, oscilaban lamentablemente en la duda de quién resaltaría el más fuerte,
Croce permaneció imperturbable en su serenidad y en la afirmación de su fe de
que "metafísicamente el mal no puede prevalecer y que la historia es
racionalidad". Pero hay que decir que el elemento más importante de la
popularidad de Croce es extrínseco a su mismo pensamiento y al método de su
pensar y debe buscarse en la mayor adhesión a la vida de la filosofía de Croce
que de cualquier otra filosofía especulativa. Desde este punto de vista es
interesante el escrito de Croce titulado "Il filosofo" (reeditado en
Eternità e storicitil della filosofia, Rieti, 1930; y todos los escritos
agrupados en esta obrita) en donde, en forma brillante, se establecen las
principales características que distinguen la actividad de Croce de la de los
"filósofos" tradicionales.5 Disolución del concepto de
"sistema" cerrado y definido y por lo tanto pedante y abstruso en
filosofía: afirmación de que la filosofía debe resolver los problemas que el
proceso histórico en su desarrollo presenta sucesivamente. El sistematismo es
buscado no en una estructura arquitectónica externa sino en la íntima
coherencia y fecunda comprensividad de cada solución particular. El pensamiento
filosófico no es concebido, pues, como un desarrollo —de un pensamiento otro
pensamiento— sino como pensamiento de la realidad histórica. Este planteamiento
explica la popularidad de Croce en los países anglosajones, superior a la de
los países germánicos; los anglosajones han preferido siempre las concepciones
del mundo que no se presentan como grandes y farragosos sistemas sino como
expresión del sentido común, integrado por la crítica y la reflexión, como
solución de problemas morales y prácticos. Croce ha escrito centenares y
centenares de ensayos breves (reseñas, apostillas) en las cuales su pensamiento
idealista circula íntimamente, sin pedanterías académicas; cada solución parece
completa en si misma, aceptable independientemente de las otras soluciones, en
cuanto que es presentada precisamente como expresión del buen sentido común.
Más aún: la actividad de Crece se presenta esencialmente como crítica, comienza
por destruir una serie de prejuicios
Cfr. Ivanoe Bonomi, Le vie nueve del
socialismo, Sandron, Palermo, 1907; con toda probabilidad Gramsci leyó a su
tiempo este
libro de
Bonomi, pero no tuvo modo de volverlo a ver en la cárcel. En el libro no hay
referencias a Croce.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 1 (XVI), § 157.
3 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 1 (XVI), § 157.
4 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 225.
5 Cfr.
Croce, Eternitá e storicitá della filosofía cit., pp. 81-86.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 938
tradicionales,
por mostrar como falsos e inconcluyentes una serie de problemas que eran el
cómico "dada" de los filósofos anteriores, etcétera, identificándose
en ello con la actitud que frente a estas antiguallas mostró desde siempre el
sentido común.1
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 74.
121
<§>
5. Croce y la religión. La posición de Croce con respecto a la religión es uno
de los puntos más importantes a analizar para comprender el significado
histórico del crocismo en la historia de la cultura italiana. Para Croce la
religión es una concepción de la realidad con una moral conforme a esta
concepción, presentada en forma mitológica. Por lo tanto es religión toda
filosofía, o sea toda concepción del mundo, en cuanto que se ha convertido en
"fe", o sea considerada no como actividad teorética (de creación de
nuevo pensamiento) sino como estímulo a la acción (actividad ético-política
concreta, de creación de nueva historia). Croce, sin embargo, es muy cauto en
sus relaciones con la religión tradicional: el escrito más "avanzado”, es
el capítulo IV de los "Fragmentos de Ética" (p. 23 del libro Etica e
politica), Religione e serenita, que fue publicado la primera vez durante la
guerra, hacia fines de 1916 o principios de 1917.2 Si bien parece que Croce no
quiere hacer ninguna concesión intelectual a la religión (ni siquiera del
género muy equívoco de las que hace Gentile) y a toda forma de misticismo, sin
embargo su actitud está lejos de ser combativa y militante. Esta posición es
muy significativa y digna de ponerse de relieve. Una concepción del mundo no
puede revelarse válida para permear toda una sociedad y convertirse en
"fe" sino cuando demuestra ser capaz de sustituir las concepciones y
fes precedentes en todos los grados de la vida estatal. Recurrir a la teoría
hegeliana de la religión mitológica como filosofía de las sociedades primitivas
[infancia de la humanidad] para justificar la enseñanza confesional aunque sólo
sea en las escuelas elementales, no significa otra cosa que representar en
forma sofisticada la fórmula de la "religión buena para el pueblo" y
en realidad abdicar y capitular ante la organización clerical. No puede dejar
de señalarse, además, que una fe que no logra traducirse en términos
"populares" demuestra por ello mismo ser característica de un
determinado grupo social.
No
obstante esta posición con respecto a la religión, la filosofía de Croce ha
sido muy estudiada por los católicos del grupo neoescolástico, y soluciones de
problemas particulares han sido acogidas por Olgiati y por Chiocchetti (el
libro de Olgiati sobre Marx está construido con materiales críticos crocianos;
Chiocchetti en su libro sobre la Filosofía di B. Croce defiende la aceptación
de algunas doctrinas crocianas, como la del origen práctico del error).3 Hubo
un periodo en el cual los neoescolásticos, que habían representado la tentativa
de incorporar en el tomismo las modernas doctrinas científicas y el positivismo
del siglo XIX frente al descrédito de que gozaba el positivismo entre los
intelectuales y los éxitos del neoidealismo, trataron de hallar un terreno de
acuerdo entre el tomismo y el idealismo y de ahí un cierto éxito, entre ellos,
de las filosofías de Croce y Gentile. Desde hace algún tiempo los
neoescolásticos están concentrándose en un terreno más restringido y más
propio, y combaten contra cualquier infiltración idealista en sus doctrinas:
ciertamente creen poder heredar todo lo que pueda ser salvado del positivismo y
apropiárselo, convirtiéndose en los únicos opositores teóricos del idealismo.
Actualmente la oposición de los católicos
a Croce se va intensificando, por razones
Los mismos argumentos de este parágrafo
son desarrollados en la carta a Tania del 25 de abril de 1932 (cfr. LC,
612-13).
2 Cfr. nota 7 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
3 Para el
libro de. Olgiati sobre Marx —que con toda probabilidad fue leído por Gramsci
antes de su arresto— cfr. nota 4 al Cuaderno 7 (VII), § 33; el otro libro
—conservado por el contrario entre los libros de la cárcel es: Emilio
Chiocchetti, La filosofía di Benedetto Croce, 3a. edición corregida y
aumentada, Soc. ed. "Vita e pensiero", Milán, 1924 1FG, C. carc.,
Turi III1.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 939
especialmente
prácticas (es muy distinta la posición crítica de la Civiltà Cartolica con
respecto a Croee y con respecto a Gentile); los católicos comprenden muy bien
que el significado y la función intelectual de Croce no son comparables con las
de los filósofos tradicionales, sino que son las de un verdadero reformador
religioso, que por lo menos consigue mantener la distancia entre intelectuales
y catolicismo y por lo tanto hacer difícil, en cierta medida, incluso una
fuerte recuperación clerical entre las masas populares. Para Croce,
"después de Cristo todos nos hemos vuelto cristianos",1 o sea que la
parte vital del cristianismo ha sido absorbida por la civilización moderna y se
puede vivir sin "religión mitológica".
La
polémica anticrociana por parte de los católicos laicos no es de gran
importancia: deben mencionarse el artículo de Giovanni Papini, "II Croce e
la Croce" en la Nuova Antología del 1º de marzo de 19322 y el de Aldo
Ferrabino, "L'Europa in Utopia" en la Nuova Antología del 1º de abril
de 1932.3
Nota 1ª.
La observación de mayor relieve hecha por Papini a la Storia d'Europa, y que
resulta congruente, es la referente a las órdenes religiosas. Pero la
observación no es válida, porque es ciertísimo que después del Concilio de
Trento y la fundación de la Compañía de Jesús, ya no volvió a surgir ninguna
orden religiosamente activa y fecunda de nuevas o renovadas corrientes de
sentimiento cristiano; surgieron nuevas órdenes, es cierto, pero tuvieron un
carácter, por así decirlo, predominantemente administrativo y corporativo. El
jansenismo y el modernismo, que fueron los dos grandes movimientos religiosos y
renovadores que surgieron en el seno de la Iglesia en este periodo, no
suscitaron órdenes nuevas ni renovaron las viejas.4
Nota 2ª.
El artículo de Ferrabino es más notable por una cierta reivindicación de
realismo histórico contra las abstracciones especulativas. Pero es abstracto
también él mismo y presenta una improvisación interpretativa de la historia del
siglo XIX muy inconexa y de carácter católico‑retórico, con predominio de la
retórica. La observación de la p. 348 referente a Marx es anacrónica,5 porque
las teorías marxistas sobre el Estado se habían elaborado todas ellas antes de
la fundación del Imperio alemán e incluso fueron abandonadas por la
socialdemocracia precisamente en el periodo de expansión del principio
imperial, lo que demuestra, al contrario de cuanto escribe Ferrabino, cómo el
Imperio tuvo la capacidad de influir en todas las fuerzas sociales de Alemania
y asimilarlas.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII). pp. 74-74 bis y 77.
123
<§>
6. Croce y la tradición historiográfica italiana. Puede decirse que la
historiografía de Croce es un renacimiento de la historiografía de la
Restauración adaptada a las necesidades y a los intereses del periodo actual.
Croce continúa la historiografía de la corriente neogüelfa de antes de 1848 tal
como fue fortalecida a través del hegelianismo de los moderados que después de
1848 continuaron la corriente neogüelfa. Esta historiografía es un hegelianismo
degenerado y mutilado, porque su preocupación fundamental es un temor pánico a
los movimientos jacobinos, a toda intervención activa de las grandes masas
populares como factor de progreso histórico. Es digno de verse cómo la fórmula
crítica de Vincenzo Cuoco
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
233.
2 Cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), § 105.
3 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 225.
4 Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), § 220 y nota 1.
5 Cfr.
Aldo Ferrabino, L'Europa in utopia, en Nuova Antología, lo. de abril de 1932
cit., p. 348: "Imperio sin genio y sin promesa, Alemania no tuvo más
probeta de palingénesis que Marx (israelita): pero la profecía, a través de
muchos vericuetos, concluía en una erosión del Estado, y por lo tanto era en el
fondo una acusación de que al Estado germánico lo movían fuerzas no
comprendidas en él, y una prueba de la autoridad y del crédito de los que
carecía".
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 940
sobre las
"revoluciones pasivas", que cuando fue emitida (después del trágico
experimento de la República Partenopea de 1799) tenía un valor de advertencia y
habría debido crear una moral nacional de mayor energía y de iniciativa
revolucionaria popular, se convirtió, a través del cerebro y el pánico social
de los neogüelfos-moderados, en una concepción positiva, en un programa
político y en una moral que tras los rutilantes oropeles retóricos y
nacionalistas de "primacía", de "iniciativa italiana", de
"Italia lo hará por sí sola", ocultaba la inquietud del
"aprendiz de nigromante" y la intención de abdicar y capitular a la
primera amenaza seria de una revolución italiana profundamente popular, o sea
radicalmente nacional.
Un
fenómeno cultural parangonable al de los neogüelfos-moderados, aunque en una
posición histórico-política más avanzada, es el sistema de ideología de
Proudhon en Francia. Aunque la afirmación pueda parecer paradójica, me parece
que puede decirse que Proudhon es el Gioberti de la situación francesa, porque
Proudhon tiene con respecto al movimiento obrero francés la misma posición de
Gioberti frente al movimiento liberal-nacional italiano. Se tiene en Proudhon
una mutilación del hegelianismo y de la dialéctica igual a la de los moderados
italianos, y por lo tanto la crítica a esta concepción político-historiográfica
es la misma, siempre viva y actual, que está contenida en la Miseria de la
filosofía.1 Esta concepción fue definida por Edgar Quinet como "revolución-restauración".2
que no es sino la traducción francesa del concepto de "revolución
pasiva" interpretado "positivamente" por los moderados
italianos.
124 El
error filosófico (¡de origen práctico!) de tal concepción consiste en el hecho
de que en el proceso dialéctico se presupone "mecánicamente" que la
tesis debe ser "conservada" por la antítesis para no destruir el
proceso mismo, que por lo tanto es "previsto", como una repetición al
infinito, mecánica, arbitrariamente prefijada. En realidad se trata de uno de
tantos modos de "ponerle frenos al mundo", de una de tantas formas de
racionalismo antihistoricista. La concepción hegeliana, aun en su forma especulativa,
no permite tales domesticaciones y constricciones mutiladoras, aunque sin dar
lugar con ello a formas de irracionalismo y arbitrariedad, como las que están
contenidas en la concepción bergsoniana. En la historia real la antítesis
tiende a destruir a la tesis, la síntesis será una superación, pero sin que se
pueda establecer a priori qué es lo que de la tesis será "conservado"
en la síntesis, sin que se pueda a priori "medir" los golpes como en
un "ring" convencionalmente regulado. Que esto suceda Juego de hecha
es cuestión de —política" inmediata, porque en la historia real el proceso
dialéctico se desmenuza en momentos parciales innumerables; el error consiste
en elevar a momento metodológico lo que es pura inmediatez, elevando la
ideología a filosofía (sería como si se considerase elemento
"matemático" lo que resulta de este apólogo: se pregunta a un niño:
tú tienes una manzana, le das la mitad a tu hermano ¿cuánta manzana comerás tú?
—El niño responde: —una manzana. —¿Pero cómo, no le has dado media manzana a tu
hermano? —Pero yo no se la di, etcétera. En el sistema lógico se introduce el
elemento pasional inmediato y luego se pretende que permanezca válido el valor
instrumental del sistema). Que tal modo de concebir la dialéctica era errado y "políticamente"
peligroso, fue advertido por los mismos moderados hegelianos del Risorgimento
como Spaventa: basta recordar sus observaciones sobre aquellos que querrían,
con la excusa de que el momento de la autoridad es imprescindible y necesario,
conservar al hombre siempre en la "cuna" y en la esclavitud.3 Pero no
podían reaccionar más allá de ciertos términos, más allá de los límites de su
grupo social al que se trataba "concretamente" de hacer salir de la
"cuna": el acuerdo fue encontrado en la concepción
"revolución-restauración", o sea en un conservadurismo reformista
atemperado. Se puede observar que semejante modo de
Cfr. nota 3 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
225, y Cuaderno 9 (XLV), § 97, pp. 73 bis-74.
2 De esta
fórmula de Quinet, Gramsci se ocupó ya en el Cuaderno 8 (XXVIII), § 25. 3 Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), § 53.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 941
concebir
la dialéctica es propio de los intelectuales, los cuales se conciben a sí
mismos como los árbitros y mediadores de las luchas políticas reales, aquellos
que personifican la "catarsis" del momento económico al momento
ético-político, o sea la síntesis del proceso dialéctico mismo, síntesis que
ellos "manipulan" especulativamente en su cerebro dosificando los
elementos "arbitrariamente" (o sea pasionalmente). Esta posición
justifica su no "comprometerse" enteramente en el acto histórico real
y es indudablemente cómoda: es la posición de Erasmo respecto a la Reforma.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p, 74 bis.
125
<§>
7. Definición del concepto de historia ético-política. Se observa que la
historia ético -política es una hipóstasis arbitraria y mecánica del momento de
la hegemonía, de la dirección política, del consenso, en la vida y en el
desarrollo de la actividad del Estado y de la sociedad civil. Este
planteamiento que Croce ha hecho del problema historiográfico reproduce su
planteamiento del problema estético; el momento ético -político es en la
historia lo que el momento de la "forma" <es> en el arte; es el
"lirismo de la historia", la "catarsis" de la historia.
Pero las cosas no son tan simples en la historia como en el arte. En el arte la
producción de "lirismo" es individualizada perfectamente en un mundo
cultural personalizado, en el cual se puede admitir la identificación de
contenido y forma y la llamada dialéctica de los distintos en la unidad del
espíritu (se trata sólo de traducir a lenguaje historicista el lenguaje
especulativo, esto es, de encontrar si este lenguaje especulativo tiene un
valor instrumental concreto que sea superior a los precedentes valores
instrumentales). Pero en la historia y en la producción de la historia la
representación "individualizada" de los Estados y de las naciones es
una simple metáfora. Las "distinciones" que en tales representaciones
es preciso hacer no son y no pueden ser presentadas
"especulativamente" so pena de caer en una nueva forma de retórica y
en una nueva especie de "sociología", que por ser
"especulativa" no sería menos una abstracta y mecánica sociología:
aquéllas existen como distinciones de grupos "verticales" y como
estratificaciones "horizontales", o sea coma una coexistencia y
yuxtaposición de civilizaciones y culturas diversas, vinculadas por la coacción
estatal y organizadas culturalmente en una "conciencia moral",
contradictoria y al mismo tiempo "sincrética". En este punto se
precisa una crítica de la concepción crociana del momento político como momento
de la "pasión" (inconcebibilidad de una "pasión" permanente
y sistemática), su negación de los "partidos políticos" (que son
precisamente la manifestación concreta de la inconcebible permanencia pasional,
la prueba de la contradicción íntima del concepto "política-pasión")
y por lo tanto la inexplicabilidad de los ejércitos permanentes y de la
existencia organizada de la burocracia militar y civil, y la necesidad para
Croce y para la filosofía crociana de ser la matriz del "actualismo"
gentiliano. En realidad, sólo en una filosofía ultraespeculativa como la
actualista, estas contradicciones e insuficiencias de la filosofía crociana
encuentran una composición formal y verbal, pero al mismo tiempo el actualismo
muestra en forma más evidente el carácter poco concreto de la filosofía de
Croce, así como el "solipsismo" documenta la íntima debilidad de la
concepción subjetiva-especulativa de la realidad. Que la historia
ético-política es la historia del momento de la hegemonía se puede ver por toda
una serie de escritos teóricos de Croce (y no sólo por los contenidos en el
volumen Etica e politica); de estos escritos habrá que hacer un análisis
concreto. Puede verse también y especialmente en algunas alusiones dispersas
sobre el concepto de Estado. Por ejemplo, en algún lugar Croce afirmó que no
siempre hay que buscar el "Estado" allí donde lo indicarían las
instituciones oficiales, porque a veces aquél podría encontrarse por el
contrario en los partidos revolucionarios:1 la afirmación no es paradójica
Cfr. nota 1 al Cuaderno 7 (VII), § 9.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 942
según la
concepción Estado-hegemonía-conciencia moral, porque en efecto puede suceder
que la dirección política y moral del país en una determinada situación difícil
no sea ejercida por el gobierno legal sino por una organización
"privada", e incluso por un partido revolucionario. Pero no es
difícil mostrar hasta qué punto es arbitraria la generalización que hace Croce
de esta observación de sentido común.
El problema más importante a discutir en
este parágrafo es éste: si la filosofía de la praxis excluye la historia
ético-política, o sea si no reconoce la realidad de un momento de la hegemonía,
no da importancia a la dirección cultural y moral y juzga realmente como
"apariencias" los hechos de superestructura. Puede decirse que no
sólo la filosofía de la praxis no excluye la historia ético-política, sino que
incluso la fase más reciente de desarrollo de ésta consiste precisamente en la
reivindicación del momento de la hegemonía como esencial en su concepción
estatal y en la "valorización" del hecho cultural, de la actividad
cultural, de un frente cultural como necesario junto a aquellos meramente
económicos y meramente políticos. Croce comete el grave error de no aplicar a
la crítica de la filosofía de la praxis los criterios metodológicos que aplica
al estudio de corrientes filosóficas mucho menos importantes y significativas.
Si empleara estos criterios, podría encontrar que el juicio contenido en el
término "apariencias" para las superestructuras no es otra cosa que
el juicio de la "historicidad" de éstas expresado en polémica con
concepciones dogmáticas populares y por lo tanto con un lenguaje
"metafórico" adecuado al público al que va dirigido. La filosofía de
la praxis criticará, pues, como indebida y arbitraria la reducción de la
historia únicamente a historia ético-política, pero no excluirá a ésta. La
oposición entre el crocismo y la filosofía de la praxis debe buscarse en el
carácter especulativo del crocismo.
[Relaciones
de las teorías crocianas sobre la historia ético-política o historia
"religiosa" con las teorías historiográficas de Fustel de Coulanges
tal como se hallan contenidas en el libro sobre la Cittá Antica. Debe
observarse que la Cittá Antica fue publicada por Laterza precisamente en años
pasados (quizá en 1928), más de 40 años después de ser escrita (Fustel de
Coulanges murió en 1889), e inmediatamente después de que una traducción fue
ofrecida por el editor Vallecchi.1 Puede pensarse que la atención de Croce haya
sido atraída por el libro francés mientras elaboraba sus teorías y preparaba
sus libros. Debe recordarse que en Con-tributo alla critica di inc stesso, en
las últimas líneas (1915), Croce anuncia que quiere escribir la Storia
d'Europa.2 Son las reflexiones sobre la guerra las que le han orientado hacia
estos problemas historiográficos y de ciencia política.] a
En el manuscrito el pasaje entre corcheas
está añadido al margen, al comienzo del parágrafo, entre las pp. 45 y 45a.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 75 y 77 bis.
127
<§>
8. Trascendencia — teología— especulación. Croce aprovecha toda ocasión para
poner de relieve cómo él, en su actividad de pensador,, ha tratado
estudiosamente de suprimir de su filosofía todo rastro y residuo de
trascendencia y de teología y por lo tanto de metafísica, entendida en el
sentido tradicional. Así él, enfrentándose al concepto de "sistema",
ha resaltado el concepto de problema filosófico, así ha negado que el
pensamiento produzca otro pensamiento, abstractamente, y ha afirmado que los
problemas que el filósofo debe resolver, no son una filiación abstracta del
pensamiento filosófico precedente, sino que son propuestos por el desarrollo
histórico actual, etcétera. Croce ha llegado a afirmar que su
Cfr. Numa-Denis Fustel de Coulanges, L.a
cittá antica, 2 vol., Laterza, Bari, 1925. Gramsci conocía sin embargo la
anterior
traducción
italiana de esta obra, que fue conservada entre sus libros desprovistos del
sello carcelario: cfr. Id., La citta antica.
Studio
sul culto, il diritto, la instituziani della Grecia e di Roma, Vallecchi,
Florencia, 1924 [FG].
Cfr. Benedetto Croce, Contribuir alía
crítica di me stesso, Laterza, Bari, 1926 IFG, C. caz-c., Turi II], p. 75. Este
ensayo autobiográfico de Croce fue reeditado más tarde en Etica e política
cit., pp. 363-411.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 943
ulterior
y reciente crítica de la filosofía de la praxis está vinculada precisamente a
esta su preocupación antimetafísica y antiteológica, en cuanto que la filosofía
de la praxis sería teologizante y el concepto de "estructura" no
sería más que la representación ingenua del concepto de un "dios
oculto".1 Hay que reconocer los esfuerzos de Croce para hacer adherir a la
vida la filosofía idealista, y entre sus contribuciones positivas al desarrollo
de la ciencia habrá que incluir su lucha contra la trascendencia y la teología
en sus formas peculiares del pensamiento religioso-confesional, Pero que Croce
haya tenido éxito en su intento en forma consecuente es algo imposible de
admitir: la filosofía de Croce sigue siendo una filosofía
"especulativa", y en esto no hay sólo un rastro de trascendencia y de
teología, sino que están toda la trascendencia y la teología, apenas liberadas
de la más tosca corteza mitológica. La misma imposibilidad en que parece
encontrarse Croco para comprender lo que plantea la filosofía de 462 la praxis
(tanto que deja la impresión de que se trata no de una grosera ignorantia
elenchi, sino de una artimaña polémica mezquina y abogadil) muestra cómo el
prejuicio especulativo lo ciega y desvía. La filosofía de la praxis se deriva
ciertamente de la concepción inmanentista de la realidad, pero de ésta en
cuanto depurada de todo aroma especulativo y reducida a pura historia o
historicidad o a puro humanismo. Si el concepto de estructura es concebido
"especulativamente", ciertamente se convierte en un "dios
oculto"; pero precisamente éste no debe ser concebido especulativamente,
sino históricamente, como el conjunto de las relaciones sociales en las que los
hombres reales se mueven y actúan, como un conjunto de condiciones objetivas que
pueden y deben ser estudiadas con métodos de la "filología" y no de
la "especulación". Como un "cierto" que será también
"verdadero", pero que debe ser estudiado ante todo en su
"certeza" para ser estudiado como "verdad".
128 No
sólo la filosofía de la praxis está conectada con el _inmanentismo, sino
también con la concepción subjetiva de la realidad, precisamente en cuanto que
la pone de cabeza, explicándola como hecho histórico, como "subjetividad
histórica de un grupo social", como hecho real, que se presenta como
fenómeno de "especulación" filosófica y es simplemente un acto
práctico, la forma de un contenido concreto social y el modo de conducir el
conjunto de la sociedad para forjarse una unidad moral. La afirmación de que se
trata de "apariencia", no tiene ningún significado trascendente y
metafísico, sino que es la simple afirmación de su "historicidad", de
su ser "muerte-vida", de su hacerse caduca porque una nueva
conciencia social y moral se está desarrollando, más comprensiva, superior, que
se presenta como la única "vida", corno única "realidad" en
confrontación con el pasado muerto y renuente a morir al mismo tiempo. La
filosofía de la praxis es la concepción historicista de la realidad, que se ha
liberado de todo residuo de trascendencia y de teología incluso en su última
encarnación especulativa; el historicismo idealista crociano permanece todavía
en la fase teológico-especulativa.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII). pp. 73 bis-74.
<§>
9. Paradigmas de historia ético- política. La Storia dell'Europa nel secolo XIX
parece ser el ensayo de historia ético -política que debe convertirse en el
paradigma de la historiografía crociana ofrecido a la cultura europea. Pero hay
que tener en cuenta los otros ensayos: Storia del regno di Napoli, Storia
d'Italia dal 1871 al 1915, y también La rivoluzione napoletana del
Gramsci se refiere aquí en particular al
siguiente pasaje de la carta publicada por La Nuova Italia sobre la polémica de
Croce con Lunacharsky, mencionada en el Cuaderno 7 (VII), § 1: "Debo
señalar además al señor Lunacharsky que, contrariamente a su creencia de que el
materialismo histórico es una concepción antimetafísica y sumamente realista,
esa doctrina es, aún peor que metafísica, incluso teológica, dividiendo el
proceso único de lo real en estructura y superestructura, nóumeno y fenómeno, y
poniendo en la base como nóumeno un Dios oculto, la Economía, que maneja todos
los hilos y que es la única realidad con las apariencias de moral, de religión,
de filosofía, de arte, y así sucesivamente".
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 944
1799 y
Storia dell'eta barocca in Italia. 1 Los más tendenciosos y demostrativos son,
sin embargo, la Storia d'Europa y la Storia d'Italia. Sobre estos dos ensayos
se plantean inmediatamente las preguntas: ¿es posible escribir (concebir) una
historia de Europa en el siglo XIX sin tratar orgánicamente de la Revolución
Francesa y de las guerras napoleónicas?. ¿y puede hacerse una historia de
Italia en la edad moderna sin tratar las luchas del Risorgirnento? O sea: ¿es
por casualidad o por una razón tendenciosa que Croce inicia sus narraciones
desde 1815 y 1871, o sea que prescinde del momento de la lucha, del momento en
el que se elaboran y agrupan y alinean las fuerzas en contraste, del momento en
que un sistema ético-político se disuelve y otro se elabora en el fuego y con
el hierro, en el que un sistema de relaciones sociales se desintegra y decae y
otro sistema surge y se afirma, y por el contrario asume plácidamente como
historia el momento de la expansión cultural o ético-político?
129 Puede
decirse, por lo tanto, que el libro sobre la Storia d'Europa no es más que un
fragmento de historia, el aspecto "pasivo" de la gran revolución que
se inició en Francia en 1789, se desbordó por el resto de Europa con los
ejércitos republicanos y napoleónicos, dando un poderoso empujón a los viejos
regímenes y determinando, no su hundimiento inmediato como en Francia, sino su
corrosión "reformista" que duró hasta 1870.2 Se plantea el problema
de si esta elaboración crociana, en su tendenciosidad no tiene una referencia
actual e inmediata, no tiene el fin de crear un movimiento ideológico
correspondiente al de la época tratada por Croce, de restauración-revolución,
en el que las exigencias que hallaron en Francia una expresión
jacobino-napoleónica fueron satisfechas en pequeñas dosis, legalmente,
reformistamente, y se consiguió así salvar la posición política y económica de
las viejas clases feudales, evitar la reforma agraria y especialmente evitar
que las masas populares atravesaran un periodo de experiencias políticas como
las que vivieron en Francia en los años del jacobinismo, en 1831, en 1848. Pero
en las condiciones actuales, el movimiento correspondiente al del liberalismo
moderado y conservador, ¿no sería más precisamente el movimiento fascista?
Seguramente no carece de significado el que en los primeros años de su
desarrollo el fascismo afirmase que se consideraba una prolongación de la
tradición de la vieja derecha o derecha histórica. Podría ser una de tantas
manifestaciones paradójicas de la historia (una astucia de la naturaleza, para
decirlo con Vico) ésta por la que Croce, movido por preocupaciones
determinadas, llegase a contribuir a un fortalecimiento del fascismo,
proporcionándole indirectamente una justificación mental después de haber
contribuido a depurarlo de algunas características secundarias, de orden
superficialmente romántico pero no por ello menos irritantes para la compostura
clásica de Goethe. La hipótesis ideológica podría ser presentada en estos
términos: se tendría una revolución pasiva en el hecho de que por la
intervención legislativa del Estado y a través de la organización corporativa,
en la estructura económica del país serían introducidas modificaciones más o
menos profundas para acentuar el elemento "plan de producción", esto
es, sería acentuada la socialización y cooperación de la producción sin por
ello tocar (o limitándose sólo a regular y controlar) la apropiación individual
y de grupo de la ganancia. En el cuadro concreto de las relaciones sociales italianas,
ésta podría ser la única solución para desarrollar las fuerzas productivas de
la industria bajo la dirección de las clases dirigentes tradicionales, en
competencia con las más avanzadas formaciones industriales de países que
monopolizan las materias primas y que han acumulado capitales imponentes. Que
tal esquema pueda traducirse en práctica y en qué medida y en cuáles formas,
tiene un valor
Dos de estos libros de Benedetto Croce,
La Storia del Regno di Napoli, y La rivoluzione napoletana de 1799, no se han
conservado
entre los
libros de la cárcel, pero es probable que Gramsci los haya tenido en Turi al
menos durante algún tiempo y que a continuación se hayan extraviado.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
236.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 945
relativo:
lo que importa política e ideológicamente es que puede tener y tiene realmente
la virtud de prestarse a crear un periodo de espera y de esperanzas,
especialmente en ciertos grupos sociales italianos, como la gran masa de los
pequeñoburgueses urbanos y rurales, y en consecuencia a mantener el sistema
hegemónico y las fuerzas de coacción militar y civil a disposición de las
clases dirigentes tradicionales. Esta ideología serviría como elemento de una
"guerra de posiciones" en el campo económico (la libre competencia y
el libre cambio corresponderían a la guerra de movimientos) internacional, así
como la "revolución pasiva" lo hace en el campo político. En la
Europa de 1789 a 1870 se dio una guerra de movimientos (política) en la
Revolución Francesa y una larga guerra de posiciones desde 1815 hasta 1870; en
la época actual, la guerra de movimientos se ha dado políticamente desde marzo
de 1917 hasta marzo de 1921 y le ha seguido una guerra de posiciones cuyo
representante, además de práctico (para Italia), ideológico, para Europa, es el
fascismo.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 78-78 bis.
130
<§>
10. La libertad como identidad de historia <y de espíritu> y la libertad
como religión-superstición, corno ideología inmediatamente circunstanciada,
como instrumento práctico de gobierno. Si la historia es historia de la
libertad —según la proposición de Hegel— la fórmula es válida para la historia
de todo el género humano de todo tiempo y todo lugar, es libertad incluso la
historia de las satrapías orientales. Libertad, entonces, significa sólo
"movimiento", desarrollo, dialéctica. Incluso la historia de las
satrapías orientales ha sido libertad, porque ha sido movimiento y desarrollo,
tanto es así que aquellas satrapías se han derrumbado. Aun más: la historia es
libertad en cuanto que es lucha entre libertad y autoridad, entre revolución y
conservación, lucha en la que la libertad y la revolución continuamente
prevalecen sobre la autoridad y la conservación. Pero en tal caso ¿no son cada
corriente y cada partido expresiones de la libertad, momentos dialécticos del
proceso de libertad? ¿Cuál es pues la característica del siglo XIX en Europa?
No la de ser historia de la libertad, sino ser historia de la libertad
consciente de serlo; en el siglo XIX en Europa existe una conciencia crítica
que antes no existía, se hace historia sabiendo lo que se hace, sabiendo que la
historia es historia de la libertad, etcétera. La acepción del término
"liberal", en Italia por ejemplo, fue en este periodo muy extensa y
comprensiva. En los Annali d'Italia de Pietro Vigo, liberales son todos los no
clericales, todos los adversarios del partido del Sillabo y por lo tanto el
liberalismo comprende incluso a los internacionalistas.1 Pero se constituyó una
corriente y un partido que se llamó específicamente liberal, que de la posición
especulativa y contemplativa de la filosofía hegeliana hizo una ideología
política inmediata, un instrumento práctico de dominio y de hegemonía social,
un medio de conservación de instituciones políticas y económicas particulares
fundadas en el curso de la Revolución Francesa, y del reflujo que la Revolución
Francesa tuvo en Europa. Un nuevo partido conservador había nacido, una nueva
posición de autoridad se había constituido, y este nuevo partido tendía
precisamente a fundirse con el partido del Sillabo. Y esta coalición sería
también llamada partido de la libertad.
131 Se
plantean algunos problemas: 1] ¿qué significa concretamente
"libertad" para cada una de las tendencias europeas del siglo XIX? 2]
¿Estas tendencias se movían por el concepto de libertad. o más bien por el
contenido particular con el que llenaban el concepto formal de libertad? ¿Y el
que ningún partido haya centralizado las aspiraciones de las grandes masas
campesinas para un' a reforma agraria, no ha impedido precisamente a estas
masas volverse fieles a la religión de la libertad, sino que libertad ha
significado para ellas sólo la libertad y el derecho a conservar sus
supersticiones bárbaras, su primitivismo, y por ello las ha
Cfr. nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
112.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 946
constituido
en ejército de reserva del partido del Sillabo? Un concepto como el de libertad
que se presta a ser empleado por los propios jesuitas, contra los liberales,
que se convierten en libertinos contra los "verdaderos" partidarios
de la justa libertad, no es solamente una envoltura conceptual que vale sólo
para el núcleo real que cada grupo social le introduce? ¿Y es que puede
hablarse, entonces, de "religión de la libertad"? ¿Y además qué cosa
significa en este caso "religión"? Para Croce es religión toda
concepción del mundo que se presente como una moral. ¿Pero ha ocurrido esto
para la "libertad"? asta ha sido religión para un pequeño número de
intelectuales; en las masas se ha presentado como elemento constitutivo de una
combinación o liga ideológica, de la que era parte constitutiva predominante la
vieja religión católica y de la que el otro elemento importante, si no es que
decisivo desde el punto de vista laico, fue el de "patria". Tampoco
se diga que el concepto de "patria" era un sinónimo de "libertad";
ciertamente era un sinónimo, pero de Estado, o sea de autoridad y no de
"libertad", era un elemento de "conservación" y una fuente
de persecuciones y de un nuevo Santo Oficio. Me parece que Croce no consigue,
ni siquiera desde su punto de vista, mantener la distinción entre
"filosofía" o "ideología", entre "religión" y
"superstición", que en su modo de pensar y en su polémica con la
filosofía de la praxis es esencial. Cree tratar de una filosofía y trata de una
ideología, cree tratar de una religión y trata de una superstición, cree
escribir una historia en la que el elemento de clase es exorcizado y por el
contrario describe con gran esmero y mérito la obra maestra política mediante
la cual una determinada clase logra presentar y hacer aceptar las condiciones
de su existencia y de su desarrollo de clase como principio universal, como
concepción del mundo, como religión, es decir, describe en acto el desarrollo
de un medio práctico de gobierno y de dominio.
132 El
error de origen práctico no fue cometido en tal caso por los liberales del
siglo XIX que incluso prácticamente triunfaron, alcanzaron los fines que se
proponían; el error de origen práctico es cometido por su historiador Croce
que, después de haber distinguido filosofía de ideología, termina por confundir
una ideología política con una concepción del mundo, demostrando prácticamente
que la distinción es imposible, que no se trata de dos categorías, sino de una
misma categoría histórica y que la distinción es sólo de arado; es filosofía la
concepción del mundo que representa la vida intelectual y moral (catarsis de
una determinada vida práctica) de un grupo social entero concebido en
movimiento y visto por lo tanto no sólo en sus intereses actuales e inmediatos,
sino también en aquellos futuros y mediatos; es ideología cada concepción
particular de los grupos internos de la clase que se proponen ayudar a la
resolución de problemas inmediatos y circunscritos. Pero para las grandes masas
de la población gobernada y dirigida, la filosofía o religión del grupo
dirigente y de sus intelectuales se presenta siempre como fanatismo y
superstición, como motivo ideológico propio de una masa servil. ¿Y el grupo
dirigente no se propone acaso perpetuar este estado de cosas? Croce debería
explicar cómo es que la concepción del mundo de la libertad no puede
convertirse en elemento pedagógico en la enseñanza de las escuelas elementales
y cómo él mismo, siendo ministro, introdujo en las escuelas elementales la
enseñanza de la religión confesional. Esta ausencia de "expansividad"
en las grandes masas es el testimonio del carácter restringido, práctico
inmediatamente, de la filosofía de la libertad.1
Nota I. A
propósito del concepto de autoridad y libertad debe meditarse especialmente el
capítulo "Estado e Iglesia en sentido ideal y su perpetua lucha en la
historia" del libro Etica e Politica (pp. 339 ss.). Este capítulo es de
gran interés porque en él se atenúan implícitamente la crítica y la oposición a
la filosofía de la praxis y el elemento "económico" y práctico halla
Para los temas desarrollados en este
parágrafo cfr. también la carta a Tania del 9 de mayo de 1932 (LC, 618-21).
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 947
una
consideración en la dialéctica histórica.1
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 35 bis.
<§>.
11. ¿Puede decirse, sin embargo, que en la concepción de Croce. aun después de
la elaboración sufrida en estos últimos años, no haya más rastros de filosofía
de la praxis? ¿El historicismo de Croce no resiente ya absolutamente ninguna
influencia de su experiencia intelectual de los años desde el 90 al 900? La
posición de Croce a este respecto resulta de varios escritos; interesantes
especialmente el prefacio de 1917 a la nueva edición de Materialismo storico,
la sección dedicada al materialismo histórico en la Storia della Storiografia
italiana net secolo X1X2 y el Contributo alla critica di me stesso.
133 Pero
si interesa lo que Croce piensa de sí mismo, esto no es suficiente y no agota
la cuestión. Según Croce, su posición con respecto a la filosofía de la praxis
no es la de un ulterior desarrollo (de una superación ) por el que la filosofía
de la praxis se haya convertido en, un momento de una concepción más elaborada,
pero el valor de la experiencia habría sido sólo negativo, en el sentido de que
habría contribuido a destruir prejuicios, residuos pasionales, etcétera. Para
emplear una metáfora tomada del lenguaje de la física, la filosofía de la
praxis habría actuado en la mentalidad de Croce como un agente catalizador, que
es necesario para obtener el nuevo producto, pero del cual no queda rastro 49
en el producto mismo. ¿Pero es cierto esto? A mí me parece que bajo la forma y
el lenguaje especulativo es posible rastrear más de un elemento de la filosofía
de la praxis en la concepción de Croce. Seguramente se podría decir más aún y
esta investigación sería de inmenso significado histórico e intelectual en la
época presente, es decir: que así como la filosofía de la praxis ha sido la
traducción del hegelianismo en lenguaje historicista, así la filosofía de Croce
es en una medida muy notable una retraducción a lenguaje especulativo del
historicismo realista de la filosofía de la praxis. En febrero de 1917, en una
breve nota que precedía a la reproducción del escrito de Croce "Religione
e serenitá" (cfr. Etica e Politica, pp. 23-25) que entonces acababa de
aparecer en la Critica,3 yo escribí que así como el hegelianismo había sido la
premisa de la filosofía de la praxis en el siglo XIX, en los orígenes de la
civilización contemporánea, así la filosofía crociana podía ser la premisa de
una recuperación de la filosofía de la praxis en nuestros días, para nuestras
generaciones. La cuestión fue apenas aludida, en una forma ciertamente
primitiva y ciertísimamente inadecuada, porque en aquel tiempo el concepto de
unidad de teoría y práctica, de filosofía y política no estaba claro en mí y yo
era de tendencia más bien crociarta..4
La observación debe relacionarse con
cuanto se dijo sobre el mismo capítulo de Etica e politica en el Qtaderno 6
(VIII), § § 81 y 139.
Cfr. Croce, Storia della storiografia
italiana nel secolo decimonono cit., vol. II, pp. 217-52 (cap. XVII: II
materialismo storico e il
risveglio
della storiograf la filosofica; cap. XVIII: La storiograf ia
economico-giuridica come derivazione del materialismo storico).
Cfr. nota 8 al Cuaderno 7 (VII), § I.
En la nota aquí mencionada por Gramsci,
aparecida como advertencia de la redacción al citado texto de Croce y a otro
fragmento de Armando Carlini ('Due inviti alía meditazione", en La Cilla
Futura, número único publicado por la Federación Juvenil Socialista Piamontesa,
Turín, 11 de febrero de 1917), se lee: "Sucede a menudo a los jóvenes
tener que responder en la discusión, a objeciones que se refieren a los
problemas últimos de la existencia. Los adversarios saben que estos problemas
son de los que hacen temblar las venas y los pulsos incluso al lógico más
consumado. Precisamente por eso los proponen, para tratar de confundir y hacer
callar incluso allá donde, en la polémica, resultarían infaliblemente
aniquilados. Reproducimos dos fragmentos a propósito. El primero de Benedetto
Croce, el más grande pensador de Europa en este momento, y ha sido publicado el
año pasado en la revista La Critica, dirigida por el propio Croce. El segundo
es de Armando Carlini, y es un fragmento del librito Avviamento ello studio
della filosofía, que se aconseja vivamente leer y meditar (forma parte de la
colección "Scuola e vita", editor Battiato, y cuesta una lira). La
dificultad de las respuestas que se pueden dar a ciertas preguntas, no autoriza
a nadie a plantearlas para crear turbación en los espíritus; (una línea y media
incomprensible). A los jóvenes aconsejamos la meditación. Cada pregunta puede
tener su respuesta. Por eso basta reflexionar. En la discusión es necesario en
estos casos atrincherarse tras la dificultad que para responder a ciertas
preguntas han sentido incluso los grandes pensadores. Si se quisiera hacer
suponer que se puede responder victoriosamente a toda objeción, seríamos
simplemente vanidosos vacuos e insulsos".
No parece
que en este pasaje haya sido enfrentado directamente el problema mencionado en
este punto de los Cuadernos,
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 948
Pero
ahora, aunque no con la madurez y la capacidad que serían necesarias al asunto,
me parece que la posición debe retomarse y presentarse en forma críticamente
más elaborada. Esto es: hay que rehacer, para la concepción filosófica de
Croce, la misma reducción que los primeros teóricos de la filosofía de la
praxis hicieron para la concepción hegeliana. Este es el único modo
históricamente fecundo de determinar una recuperación adecuada de la filosofía
de la praxis, de elevar esta concepción que, por las necesidades de la vida
práctica inmediata, se ha venido "vulgarizando", hasta la altura que
debe alcanzar para la solución de las tareas más complejas que el desarrollo
actual de la lucha propone, o sea hasta la creación de una nueva cultura integral,
que tenga las características de masas de la Reforma protestante y del
iluminismo francés y tenga las características de clasicismo de la cultura
griega y del Renacimiento italiano, una cultura que retomando las palabras de
Carducci sintetice a Miximilien Robespierre y a Emmanuel Kant, la política y la
filosofía en una unidad dialéctica intrínseca a un grupo social no sólo francés
o alemán, sino europeo y mundial. Es preciso que la herencia de la filosofía
clásica alemana sea no sólo inventariada, sino hecha nuevamente vida operante,
y para ello hay que hacer el balance de la filosofía de Croce, o sea, que para
nosotros los italianos ser herederos de la filosofía clásica alemana significa
ser herederos de la filosofía crociana, que representa el momento mundial actual
de la filosofía clásica alemana.
Croce combate con excesivo
encarnizamiento la filosofía de la praxis y en su lucha recurre a aliados
paradójicos, como el mediocrísimo De Man.1 Este encarnizamiento es sospechoso,
puede resultar una coartada para negar una rendición de cuentas. Hay, por el
contrario, que llegar a esta rendición de cuentas, del modo más amplio y
profundo posible. Un trabajo de este tipo, un Anti-Croce que en la atmósfera
cultural moderna pudiera tener el significado y la importancia que tuvo el
Anti-DIIhring para la generación anterior a la guerra mundial, valdría la pena
de que todo un grupo de hombres le dedicasen diez años de actividad.
Nota I.
Los rastros de la filosofía de la praxis pueden encontrarse especialmente en la
solución que Crece dio a problemas particulares. Un ejemplo típico me parece la
doctrina del origen práctico del error. En general se puede decir que la
polémica contra la filosofía del acto puro de Giovanni Gentile ha obligada a
Croce a un mayor realismo y a experimentar cierto fastidio e impaciencia al
menos frente a las exageraciones del lenguaje especulativo, convertido en jerga
y "ábrete, sésamo" de los fraile- catos menores actualistas.
Nota II.
Pero la filosofía de Crece no puede ser, sin embargo, examinada
independientemente de la de Gentile. Un Anti-Croce debe ser también un
Anti-Gentile; el actualismo dará los efectos de claroscuro en el cuadro que son
necesarios para un mayor relieve,
<§>
12. De todo lo dicho anteriormente se desprende que la concepción
historiográfica de Croce de la historia como historia ético-política no debe
ser juzgada como una futilidad que haya que rechazar sin más. Por el contrario,
hay que establecer con eran energía que el pensamiento historiográfico de
Croce, incluso en su fase más reciente, debe ser estudiado y
sobre el
significado que la filosofía crociana podía tener en relación con una
recuperación del marxismo. El planteamiento de dicho problema podía sin embargo
hallarse implícito en la "tendencia crocianista" de Gramsci en aquel
periodo. Por otra parte, para evaluar las importantes consecuencias que Gramsci
extrajo a su tiempo de la lectura del escrito de Croce, Religione e serenitil,
debe recordarse el testimonio de un breve fragmento no firmado, pero casi
ciertamente de Gramsci, publicado en el Grido del Popolo del 5 de enero de
1918, al pie del conocido artículo "La rivoluzione contro il
`Capitale'": "Nada puede ser sustituido si los innovadores no tienen
a su disposición algo sustituible. La religión es una necesidad. No es un
error. Representa la forma primordial e instintiva de las necesidades
metafísicas del hombre. Los socialistas deben sustituir la religión por la
filosofía. Por lo tanto deben tener una filosofía".
Se trata de un tema sobre el que Gramsci
vuelve muchas veces. Una primera alusión a la actitud de Croce con respecto a
De Man está ya en el Cuaderno 1 (XVI), § 132.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 949
meditado
con la máxima atención. Representa esencialmente una reacción frente al
"economismo" y al mecanicismo fatalista, aunque se presente como
superación destructiva de la filosofía de la praxis. Incluso en el juicio del
pensamiento crociano, vale el criterio de que una corriente filosófica debe ser
criticada y valorada no por lo que pretende ser, sino por lo que es realmente y
se manifiesta en las obras históricas concretas. Para la filosofía de la praxis
el mismo método especulativo no es futilidad, sino que ha sido fecundo en
valores "instrumentales" del pensamiento en el desarrollo de la
cultura, valores instrumentales que la filosofía de la praxis se ha incorporado
(la dialéctica, por ejemplo).
El pensamiento de Croce debe pues, por lo
menos, ser apreciado como valor instrumental, y así puede decirse que ha
atraído enérgicamente la atención sobre la importancia de los hechos de cultura
y de pensamiento en el desarrollo de la historia, sobre la función de los
grandes intelectuales en la vida orgánica de la sociedad civil y del Estado,
sobre el momento de la hegemonía y del consenso como forma necesaria del bloque
histórico concreto. Que esto no es "fútil" queda demostrado por el
hecho de que contemporáneamente a Croce, al más grande teórico moderno de la
filosofía de la praxis, en el terreno de la lucha y de la organización
política, con terminología política, en oposición a las diversas tendencias
"economistas" ha revalorizado el frente de lucha cultural y
construido la doctrina de la hegemonía corno complemento de la teoría del
Estado-fuerza y como forma actual de la doctrina cuarentaiochesca de la
"revolución permanente".1 Para la filosofía de la praxis, la
concepción de la historia ético-política, en cuanto dependiente de toda
concepción realista, puede Ser asumida como un "canon empírico" de
investigación histórica a tener siempre presente en el examen y profundización
del desarrollo histórico, si se quiere hacer historia integral y no historia
parcial y extrínseca (historia de las fuerzas económicas como tales, etcétera).
<§>
13. Notas.
1]
Elementos de historia ético-política en la filosofía de la praxis: concepto de
hegemonía, revalorización del frente filosófico, estudio sistemático de la
función de los intelectuales en la vida estatal e histórica, doctrina del
partido político como vanguardia de todo movimiento histórico progresista.
2] Croce-
Loria. Se puede demostrar que entre Croce y Loria la diferencia no es realmente
muy grande en el modo de interpretar la filosofía de la praxis. Croce,
reduciendo la filosofía de la praxis a un canon práctico de interpretación
histórica, con el cual se atrae la atención de los historiadores sobre la
importancia de los hechos económicos, no ha hecho más que reducirla a una forma
de "economismo". Si se despoja a Loria de todas sus extravagancias
estilísticas y desenfrenos fantasmagóricos (y ciertamente mucho de lo que es
característico de Loria se pierde de esta manera) se ve que éste se aproxima a
Croce en el núcleo más serio de su interpretación (cfr. a este propósito
Conversazioni Critiche, 1, pp. 291 ss.).2
3]
Historia especulativa y necesidad de una Minerva más gruesa. Leon Battista
Alberti
Cfr. la carta a Tania del 2 de mayo de
1932: "En verdad no se comprende por qué Croce cree en la capacidad de su
planteamiento de la teoría de la historia para liquidar definitivamente toda
filosofía de la praxis. - Ha sucedido precisamente que en el mismo periodo en
que Croce elaboraba esta su supuesta arma, la filosofía de la praxis, en sus
más grandes teóricos modernos, era elaborada en el mismo sentido y el momento
de la "hegemonía" o de la dirección cultural era sistemáticamente
revalorado en oposición a las concepciones mecanicistas y fatalistas del
economismo. Incluso ha sido posible afirmar que el rasgo esencial
de la más
moderna filosofía de la praxis consiste precisamente en el concepto
histórico-político de 'hegemonía'" (LC. 616). Otras alusiones a la teoría
leninista de la hegemonía se encuentran en el Cuaderno 4 (XIII), § 38 (cfr. en
particular pp. 74-74 bis), y en el Cuaderno (VII), §§ 33 y 35.
Gramsci remite aquí a una nota crítica de
Croce, "II Prof. Loria e il marxismo" (en Conversazioni critíche,
serie I cit., pp. 291-94), escrita originalmente como reseña del libro de
Achille Loria, Marx- e la sun doctrina (Sandron, Palermo, 1902).
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 950
escribió
de los matemáticos: "Éstos, con sólo su ingenio, separada toda materia,
miden las formas de las cosas. Nosotros, porque queremos las cosas puestas a la
vista, usaremos una Minerva más gruesa".1
4] Si fuese cierto, en forma tan
genérica, que la historia de Europa en el siglo XIX ha sido historia de la
libertad, toda la historia anterior habría sido, de manera igualmente genérica,
historia de la autoridad; todos los siglos precedentes habrían sido de un mismo
color gris e indistinto, sin desarrollo, sin lucha. Por otra parte: un
principio hegemónico (ético-político) triunfa después de haber vencido a otro
principio (y de haberlo asumido como su momento, diría precisamente Croce).
¿Pero por qué lo vencerá? ¿Por sus dotes intrínsecas de carácter
"lógico" y racional abstracto? No buscar las razones de esta victoria
significa hacer historia exteriormente descriptiva, sin relieve de nexos
necesarios y causales. Incluso el Borbón representaba un principio
ético-político, personificaba una "religión" que tenía a sus fieles
en los campesinos y en los holgazanes. Así pues, siempre ha habido lucha entre
dos principios hegemónicos, entre dos "religiones", y no sólo habrá
que describir la expansión triunfal de una de ellas, sino justificarla
históricamente. Habrá que explicar por qué en 1848 los campesinos croatas
combatieron contra los liberales milaneses y los campesinos lombardo-vénetos
combatieron contra Jos liberales vieneses. Entonces el vínculo real ético-político
entre gobernantes y gobernados era la persona del emperador o del rey
("¡hemos escrito en bronce, que viva Francisco III"), como más tarde
el vínculo será no el del concepto de libertad, sino el concepto de patria y de
nación. La "religión" popular sustituyendo al catolicismo (o mejor en
combinación con éste) ha sido la del "patriotismo" y del
nacionalismo. He leído que durante el affaire Dreyfus un científico francés
masón y ministro dijo explícitamente que su partido quería aniquilar la
influencia de la Iglesia en Francia, y puesto que la multitud tenía necesidad
de un fanatismo (los franceses usan en política el término
"mystique") se organizaría la exaltación del sentimiento patriótico.
Hay que recordar, por lo demás, el significado que asumió el término
"patriota" durante la Revolución Francesa (ciertamente significó
"liberal", pero con un significado concreto nacional) y cómo éste, a
través de las luchas del siglo XIX, fue sustituido por el de
"republicano", por el nuevo significado asumido por el término
patriota que se ha convertido en monopolio de los nacionalistas y derechistas
en general. Que el contenido concreto del liberalismo popular haya sido el
concepto de patria y de nación se puede ver por su misma evolución en
nacionalismo, y en la lucha contra el nacionalismo tanto de parte de Croce,
representante de la religión de la libertad, como del papa, representante del
catolicismo. (En forma popular una documentación de esta religión popular puede
extraerse de los sonetos sobre la &apena dell'America de Pascarella).2
5] La historia especulativa puede ser
considerada como un retorno, en formas literarias hechas más sagaces o menos
ingenuas por el desarrollo de la capacidad crítica, a modos de historia ya
caídos en descrédito como vacíos y retóricosa y registrados en diversos libros
del mismo Croce. La historia ético-política, en cuanto que prescinde del
concepto de bloque histórico en el cual contenido económico social y forma
ética-política se identifican concretamente en la reconstrucción de los
diversos periodos históricos, no es otra cosa que una presentación polémica de
filosofemas más o menos interesantes, pero no es historia. En las ciencias
naturales ello equivaldría a un retorno a las clasificaciones según el color de
la piel, de las plumas, del pelo de los animales, y no según la estructura
anatómica. La referencia a las ciencias naturales en el materialismo histórico
y el hablar de "anatomía" de la sociedad era sólo una metáfora y un
impulso de profundizar las investigaciones metodológicas y
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
226.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 1 (XVI), § 89.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 951
filosóficas.1
En la historia de los hombres, que no tiene la misión de clasificar de manera
naturalista los hechos, el "color de la piel" hace "bloque"
con la estructura anatómica y con todas las funciones fisiológicas; no se puede
pensar un individuo "desollado" como el verdadero
"individuo", pero tampoco el individuo "deshuesado" y sin
esqueleto. Un escultor, Rodin, ha dicho (cfr. Maurice Barrès, Mes Cahiers, IV
serie): "Si nous n'étions pas prévenus contre le squelette. nous verrions
comme il est beau".2 En un cuadro o en una estatua de Miguel Ángel se
"ve" el esqueleto de las figuras retratadas, se siente la solidez de
la estructura bajo los colores o el relieve del mármol. La historia de Croce
representa "figuras" deshuesadas, sin esqueleto, con carnes fláccidas
y flojas incluso bajo los afeites de los barnices literarios del escritor.
En el manuscrito: "caídas en
descrédito como vacías y retóricas".
6] El
transformismo como una forma de la revolución pasiva en el periodo desde 1870
en adelante.
7] Para
evaluar la función de Croce en la vida italiana recordar que tanto las Memorias
de Giolitti como las de Salandra concluyen con una carta de Croce.3
8] Con
lenguaje crociano se puede decir que la religión de la libertad se opone a la
religión del Sillabo, que niega en bloque la civilización moderna; la filosofía
de la praxis es una "herejía" de la religión de la libertad, porque
ha nacido en el mismo terreno de la civilización moderna.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 73 bis, 75, 79-80.
1 4 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 207.
2 5 Cir.
nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 240.
3 6 Cfr.
Giolitti, Memorie della mía vita cit., en la p. 615 del segundo tomo se
reproduce una carta de saludo a Giolitti escrita por Croce y firmada por todos
los ministros del último gobierno, Giolitti en ocasión de las dimisiones del
ministerio; para las memorias de Salandra, cfr. Antonio Salandra, L'intervento
(1915). Ricordi e pensieri, Mondadori, Milán, 1930 [FG, C. carc., Turi 11]; en
las pp. 320-21 se reproduce una carta escrita por Benedetto Croce a Giustino
Fortunato el 9 de junio de 1915 para congratularse por el discurso pronunciado
en el Capitolio por Salandra en ocasión de la intervención de Italia en la
guerra.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 952
138
<PARTE
II>. La filosofía de Benedetto Croce
Algunos
criterios generales metodológicos para la crítica de la filosofía de Crece.
Conviene, en un primer momento, estudiar la filosofía de Croce según algunos
criterios expuestos por el mismo Croce [criterios que, a su vez, forman parte
de la concepción general misma]:
1] No
buscar en Croce un "problema filosófico general", sino ver en su
filosofía aquel problema o aquella serie de problemas que más interesan en el
momento dado, esto es, que están más adscritos a la vida actual y que son como
su reflejo: este problema o serie de problemas me parece que es el de la
historiografía por una parte y el de la filosofía de la práctica, de la ciencia
política, de la ética, por la otra.
2] Hay
que estudiar atentamente los escritos "menores" de Croce, o sea
además de las obras sistemáticas y orgánicas, las recopilaciones de artículos,
de anotaciones, de pequeñas memorias, que tienen un mayor y evidente vínculo
con la vida, con el movimiento histórico concreto.
3] Hay
que establecer una "biografía filosófica" de Croce, o sea identificar
las diversas expresiones asumidas por el pensamiento de Croce, el diverso
planteamiento y resolución de ciertos problemas, los nuevos problemas surgidos
de su quehacer y que se impusieron a su atención, y para esta investigación es
especialmente útil el estudio de sus escritos menores, en la colección de la
Critica y en las otras publicaciones que los contienen; la base de esta
investigación puede ser dada por el Con-tributo clic: critica di me stesso y
por los escritos, ciertamente autorizados, de Francesco Flora y de Giovanni
Castellano.1
4]
Críticos de Croce: positivistas, neoescolásticos, idealistas actuales.
Objeciones de estos críticos.
<1 >.a ¿Cómo se puede plantear para
la filosofía de Croce el problema de "volver a poner al hombre sobre sus
pies", de hacerlo caminar con los pies y no con la cabeza?2 Es el problema
de los residuos de "trascendencia,a de metafísica, de teología" en
Croce, es el problema de la calidad de su "historicismo". Croce
afirma a menudo y gustosamente que ha hecho todos los esfuerzos posibles para
expurgar de su pensamiento todo rastro residual de trascendencia,a de teología,
de metafísica, hasta rechazar en filosofía toda idea de "sistema" y
de "problema fundamentar. ¿Pero es exacto que lo haya logrado?
En el manuscrito el signo de parágrafo
era seguido por el título, luego cancelado, "El hombre que camina sobre la
cabeza".
Croce se afirma "dialéctico"
(aunque introduce en la dialéctica una "dialéctica de los distintos",
además de la dialéctica de los opuestos, que no ha logrado demostrar qué es la
dialéctica o qué es exactamente), pero el punto a aclarar es éste: ¿en el
devenir ve él el devenir mismo o el "concepto" de devenir? Éste me
parece el punto del que hay que partir para profundizar: 1] el historicismo de
Croce, y en último análisis, su concepción de la realidad, del mundo, de la
vida, o sea su filosofía "tout court"; 2] su disensión respecto a
Gentile y al idealismo actual; 3] su incomprensión del materialismo histórico,
acompañada por la obsesión del materialismo histórico mismo. Que Croce ha
estado siempre obsesionado por el
Cfr. Francesco Flora, Croce, Ediciones
Athena, Milán, 1927 [FG, C. carc., Turi II] (la solicitud de este librito está
en una carta del
3 de
junio de 1929; cfr. LC, 279); Castellano, Introduzione allo studio delle opere
di Benedetto Croce cit. Para la Contributo alfa critica di me stesso cfr. la
nota 3 al § 7 de la parte 1 de este mismo Cuaderno.
Cfr. Cuaderno 1 (XVI), § 152 y nota 1.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 953
materialismo
histórico, y lo sigue estando en forma incluso más aguda que en el pasado, no
es difícil de demostrar. Que tal obsesión se haya vuelto espasmódica en estos
últimos años queda demostrado: por las menciones contenidas en los Elementi di
politica 1 por su intervención a propósito de la estética del materialismo
histórico en el Congreso de Oxford (cfr. noticia publicada en la Nuova
Italia),2 por la reseña de las obras completas de Marx-Engels publicada en la
Critica de 1930,3 por la alusión contenida en los Capitoli introduttivi di una
Storia dell'Europa nel secolo XIX,4 por las cartas a Barbagallo publicadas en
la Nuova Rivista Storica de 1928-295 y especialmente por la importancia dada al
libro de Fülóp-Miller, según resulta de algunas notas publicadas en la Critica
en 1925 (me parece) .6
Si es
necesario, en el perenne fluir de los acontecimientos, establecer conceptos,
sin los cuales la realidad no podría ser comprendida, también es preciso, y es
incluso imprescindible, establecer y recordar que realidad en movimiento y
concepto de la realidad, si lógicamente pueden ser separados, históricamente
deben ser concebidos como unidad inseparable. De otra manera ocurre lo que le
sucede a Croce, que la historia se convierte en una historia formal, una
historia de conceptos, y en último análisis una historia de los intelectuales,
incluso una historia autobiográfica del pensamiento de Croce, una historia
inútil. Croce está cayendo en una nueva y extraña forma de sociologismo
"idealista", no menos ridículo e inconciuyente que el sociologismo
positivista.
En el manuscrito originalmente:
"trascendentalismo"; luego corregido como "trascendencia".
140
<2>. Identidad de historia y
filosofia. La identidad de historia y filosofía es inmanente en el materialismo
histórico (pero, en cierto sentido, como previsión histórica de una fase
futura). ¿Ha tomado Croce el arranque de la filosofía de la praxis de Antonio
Labriola? De todos modos esta identidad se ha convertido, en la concepción de
Croce, en algo bien distinto de la que es inmanente en el materialismo
histórico: ejemplo los últimos escritos de historia ético-política del propio
Croce. La proposición de que el proletariado alemán es el heredero de la
filosofía clásica alemana7 contiene precisamente la identidad entre historia y
filosofía; lo mismo la proposición de que los filósofos hasta ahora sólo han
explicado el mundo y que ahora se trata de transformarlo.8
Esta
proposición de Croce de la identidad de historia y filosofía es la más rica en
consecuencias críticas; 1] está mutilada si no llega también a la identidad de
historia y de política (y deberá entenderse por política aquella que se realiza
y no sólo los intentos diversos y repetidos de realización [algunos de los
cuales fracasan tomados en sí mismos] y, 2] por lo tanto también la identidad
de política y filosofía. Pero si es necesario admitir esta identidad, ¿cómo
sigue siendo posible distinguir las ideologías (iguales, según Croce, a
instrumentos de acción política) de la filosofía? O sea, la distinción será
posible, pero sólo por grados (cuantitativa) y no cualitativamente. Las
ideologías, además, serán la "verdadera" filosofía, porque resultarán
ser aquellas "vulgarizaciones" filosóficas que llevan a las masas a
la acción concreta, a la transformación de la realidad. Ellas, por lo tanto,
serán el aspecto de
Cfr. nota 4 al Cuaderno 4 (XIII), § 15.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
3 Se
alude aquí a la reseña de Benedetto Croce al primer tomo de la
Historischkritische Gesamtausgabe de Karl Marx y Friedrich Engels, en La
Critica, 20 de noviembre de 1930 (año XXVIII, fase. VI), pp. 455-56.
4 Cfr.
Croce, Capitoli introduttivi di una storia dell'Europa nel secolo decimonono
cit., pp. 32-35.
5 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 15.
6 Cfr. La
Critica, 20 de septiembre de 1926 (año XXIV, fase. V), pp. 289-91 (reseña de
Benedetto Croce a René Geist und Gesicht des Bolschevismus. Darstellung und
Kritik des kulturelten Lebens in Sowiet-Russland, Amalthea Verl., Wien, 1926).
Para la traducción italiana de este libro de cfr. nota 2 al Cuaderno 6 (VIII),
§ 133.
7 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 56.
8 Cfr.
nota 5 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 208.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 954
masas de
toda concepción filosófica, que en el "filósofo" adquiere
características de universalidad abstracta, fuera del tiempo y del espacio,
características peculiares de origen literario y antihistórico.
La
crítica del concepto de historia en Croce es esencial: ¿no tiene un origen
puramente libresco y erudito? Sólo la identificación de historia y política
quita a la historia este carácter suyo. Si el político es un historiador (no
sólo en el sentido de que hace la historia, sino en el sentido de que operando
en el presente interpreta el pasado), el historiador es un político y en este
sentido (que por lo demás aparece también en Croce) la historia es siempre
historia contemporánea, o sea política: pero Croce no puede llegar hasta esta
conclusión necesaria, precisamente porque ella conduce a la identificación de
historia y política y por lo tanto de ideología y filosofía.
<3>. Croce y Bernstein. En la carta
de Sorel a Croce del 9 de septiembre de 1899 (confrontar toda la carta en la
Critica) está escrito: "Bernstein vient de m'écrire qu'il a indiqué dans
la Neue Zeit n. 46, qu'il avait été inspiré, en une certaine mesure, par vos
travaux. Cela est intéressant paree que les Allemands ne sont pas faits pour
indiquer des sources étrangéres á leurs idées".1
141
<4>. Croce y Hegel. Del articulo de
Guido Calogero, "II neohegelismo nel pensiero italiano
contemporaneo", Nuova Antologia, 16 de agosto de 1930 (se trata de la
ponencia leída en alemán por Calogero en el 1er. Congreso internacional hegeliano,
celebrado en La Haya del 21 al 24 de abril de 1930): "Para Croce <
...> el mérito de la doctrina hegeliana es ante todo el de su 'lógica de la
filosofía', o sea de su teoría de la dialéctica, como única forma del
pensamiento mediante el cual él puede realmente superar, unificándolos, todos
aquellos dualismos que en el plano de la clásica lógica intelectualista él no
puede más que constatar, debilitando con ello el sentido de la unidad de lo
real. La conquista inmortal de Hegel es la afirmación de la unidad de los opuestos,
concebida no en el sentido de una estática y mística coincidentia oppositorum
sino en el de una dinámica concordia díscors: la cual es absolutamente
necesaria a la realidad para que ésta pueda ser pensada como vida, desarrollo,
valor, en donde toda positividad sea obligada a realizarse juntamente afirmando
y eternamente superando su negatividad. Al mismo tiempo, la conciliación
dialéctica de los dualismos esenciales de lo real (bien y mal, verdadero y
falso, finito e infinito, etcétera) conduce a la exclusión categórica de todas
aquellas otras formas de dualismo, que se basan en la fundamental antítesis de
un mundo de la realidad y de un mundo de la apariencia, 1 de una esfera de la
trascendencia o del nóumeno y de una esfera de la inmanencia o del fenómeno:
antítesis que se eliminan todas por la rigurosa disolución de su elemento
trascendente o nouménico, que representa la simple exigencia, por tal vía
imposible de satisfacer y ahora de otra manera satisfecha, de salir del mundo
de las antinomias y de las contradicciones al de la inmóvil y pacífica
realidad. Hegel es así el verdadero instaurador del inmanentismo: en la
doctrina de la identidad de lo racional y de lo real es consagrado el concepto
del valor unitario del mundo en su concreto desarrollo, como en la crítica del
abstracto sollen se expresa típicamente la antítesis a toda negación de aquella
unidad y a toda hipostatización del ideal en una esfera trascendente a aquella
de su realización efectiva. Y desde este punto de vista, por primera vez, el
valor de la realidad se identifica absolutamente con el de su historia: en la
inmanencia hegeliana se conjunta, así, la fundación capital de todo el
historicismo moderno.
La misma cita de esta carta de Sorel a
Crece está en la parte I, § 2 de este mismo Cuaderno.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 955
Dialéctica,
inmanentismo, historicismo: éstos son, podría resumirse, los méritos esenciales
del hegelianismo desde el punto de vista del pensamiento crociano, que en este
aspecto puede realmente sentirse su seguidor y continuador."1
142
<5>. Ciencia de la política. ¿Qué
significa la acusación de "materialismo" que a menudo hace Croce a
determinadas tendencias políticas? ¿Se trata de un juicio de orden teórico,
científico, o de una manifestación de polémica política en acto? Materialismo,
en estas polémicas, parece que significa "fuerza material",
"coerción", "hecho económico", etcétera. ¿Pero acaso la
"fuerza material", la "coerción", el "hecho
económico" son "materialistas"? ¿Qué significaría
"materialismo" en este caso? Cfr. Etica e politica, p. 341: "Hay
tiempos en los cuales, etcétera".2
<6>. Introducción al estudio de la
filosofía.
I. El
término de "catarsis". Se puede emplear el término de
"catarsis" para indicar el paso del momento meramente económico (o
egoísta-pasional) al momento ético-político, o sea la elaboración superior de
la estructura en superestructura en la conciencia de los hombres. Esto
significa también el paso de lo "objetivo a lo subjetivo" y de la
"necesidad a la libertad". La estructura, de fuerza exterior que
aplasta al hombre, lo asimila a sí, lo hace pasivo, se transforma en medio de
libertad, en instrumento para crear una nueva forma ético -política, en origen
de nuevas iniciativas. La fijación del momento "catártico" se
convierte así, me parece, en el punto de partida para toda la filosofía de la
praxis; el proceso catártico coincide con la cadena de síntesis que son
resultado del desarrollo dialéctico. (Recordar los dos puntos entre los que
oscila este proceso: — que ninguna sociedad se plantea tareas para cuya
solución no existan ya o estén en vías de aparición las condiciones necesarias
y suficientes — y que ninguna sociedad perece antes de haber expresado todo su
contenido potencial) .3
Concepción subjetiva de la realidad y
filosofía de la praxis. La filosofía de la praxis "absorbe" la
concepción subjetiva de la realidad (el idealismo) en la teoría de las
superestructuras, la absorbe y la explica históricamente, o sea la "supera",
la reduce a un "momento" suyo. La teoría de las superestructuras es
la traducción en términos de historicismo realista de la concepción subjetiva
de la realidad.
Realidad del mundo externo. Además del
ejemplo de Tolstoi4 recordar la forma cómica en que un periodista representaba
al filósofo "profesional o tradicional" (representado por Croce en el
capítulo "El 'Filósofo' ") que durante años y años está sentado ante
su mesita, remirando el tintero y preguntándose: —Este tintero, ¿está dentro de
mí o está fuera de mí? 5
IV.
Traducibilidad de los lenguajes científicos. Las notas escritas en esta sección
deben ser
El artículo de Guido Calogero, del que
está tomada esta cita, fue ya señalado por Gramaci en el Cuaderno 6 (VIII), §
143. El
pasaje
citado está en las pp. 412-13 del fascículo cit. de la Nuova Antologia.
Cfr. Croce, Etica e politica cit., p.
.341: "Hay épocas en las cuales parece que todo es fuerza y política, todo
es utilidad y esfuerzo, épocas de pobreza y fatigas o de frenética idolatría
por la riqueza, de tiranía y servidumbre en las cuales ciertamente el espíritu
moral y religioso, al igual que el poético y especulativo, respira mal. Pero,
aunque respirando mal, ese espíritu no está nunca ausente ni activo; y el mismo
empírico predominio del elemento político, del `Estado' sobre la 'Iglesia', debe
interpretarse como la formación de algo que la Iglesia, siempre triunfante,
someterá y orientará a sus fines. Y por esto, como es sabido, los historiadores
llorones siempre se han equivocado, es decir han cometido la equivocación de no
ser historiadores" (el pasaje está tomado del capítulo, repetidas veces
mencionado por Gramsci, "Stato e Chiesa in senso ideale e loro perpetua
lotta nella
storia").
Cfr, Cuaderno 4 ()MI), § 38 y nota 1.
Cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), § 217, y
Cuaderno II (XVIII), § 57.
La apostilla de Croce "II
Tilosofo'" está incluida en el librito cit. Eternitd e storicitá della
filosofía, pp. 81-84; la frase del periodista mencionada por Gramsci está en
las pp. 85-86.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 956
recogidas
en la sección general sobre las relaciones de las filosofías especulativas y la
filosofía de la praxis y de su reducción a ésta como momento político que la
filosofía de la praxis explica "políticamente". Reducción a
"política" de todas las filosofías especulativas, a momento de la
vida histórico-política; la filosofía de la praxis concibe la realidad de las
relaciones humanas de conocimiento como elemento de "hegemonía"
política.
143
<7>. Identificación de individuo y
Estado. Para mostrar el verbalismo de las nuevas enunciaciones de
"economía especulativa" del grupo Spirito y Cía.1 basta recordar que
la identificación de individuo y Estado es también la identificación de Estado
e individuo; una identidad no cambia si un término es primero o segundo en el
orden gráfico o fónico, evidentemente. Por ello, decir que hay que identificar
individuo y Estado es menos que nada, es puro vaniloquio, si las cosas
estuvieran en estos términos. Si individuo significa "egoísmo" en
sentido burdo, "sórdidamente hebraico",2 la identificación no sería
más que un modo metafórico de acentuar el elemento "social" del
individuo, o sea de afirmar que "egoísmo" en sentido económico
significa algo distinto de "burdamente egoísta". Me parece que
también en este caso se trata de la ausencia de una clara enunciación del
concepto de Estado, y de la distinción en él entre sociedad civil y sociedad
política, entre dictadura y hegemonía, etcétera.
<8>. Libertad y
"automatismo" [o racionalidad]. ¿Están en oposición la libertad y el
llamado automatismo? El automatismo está en oposición con el arbitrio, no con
la libertad. El automatismo es una libertad de grupo, en oposición al arbitrio
individualista. Cuando Ricardo decía "establecidas estas condiciones"
se tendrán estas consecuencias en economía, no hacía "determinista"
la economía misma, ni su concepción era "naturalista". Observaba que
establecida la actividad solidada y coordinada de un grupo social, que opere
según ciertos principios aceptados por convicción (libremente) en vista de
ciertos fines, se tiene un desarrollo que puede llamarse automático y se puede
asumir como desarrollo de ciertas leyes reconocibles y aislables con el método
de las ciencias exactas. En todo momento hay una elección libre, que se da
según ciertas líneas directrices idénticas para una gran masa de individuos o
voluntades aisladas, en cuanto que éstas se han vuelto homogéneas en un
determinado clima ético-político. No hace falta decir que todas operan en forma
igual: los arbitrios individuales son también múltiples, pero la parte
homogénea predomina y "dicta la ley". Porque si el arbitrio se
generaliza, ya no es arbitrio sino traslación de la base del "automatismo",
nueva racionalidad. Automatismo no es sino racionalidad, pero en la palabra
"automatismo" existe el intento de dar un concepto despojado de
cualquier halo especulativo: es posible que la palabra racionalidad acabe por
atribuirse al automatismo en las operaciones humanas, mientras que la de
"automatismo" volverá a indicar el movimiento de las máquinas, que se
vuelven "automáticas" después de la intervención del hombre y cuyo
automatismo es sólo una metáfora verbal, como se ha dicho de las operaciones
humanas3
144
<9>. Introducción al estudio de la
filosofía. Inmanencia especulativa e inmanencia historicista o realista. Se
afirma que la filosofía de la praxis nació en el terreno del máximo desarrollo
de la cultura de la primera mitad del siglo XIX, cultura representada por la
filosofía
1
Probablemente Gramsci tenía presentes aquí los escritos de ligo Spirito y
Arnaldo Volpicelli aparecidos en el curso de 1932 en la revista Nuovi Studi di
Diritto, Economia e Politica; cfr. en particular el artículo citado más
adelante, "Individuo e Stato nella concezione corporativa", en la
revista cit., marzo-mayo de 1932 (vol. V, fasc. 2), pp, 84-93 (es el texto de
la relación presentada en la II Convención de estudios sindicales y
corporativos, Ferrara, mayo de 1932).
Cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), § 61 y nota 1.
Sobre el mismo tema cfr. Cuaderno 8
(XXVIII), § § 128 y 216.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 957
clásica
alemana, por la economía clásica inglesa, y por la literatura y práctica
política francesa. En el origen de la filosofía de la praxis se hallan estos
tres momentos culturales.1 ¿Pero en qué sentido hay que entender esta
afirmación? ¿Cómo es que cada uno de estos movimientos ha contribuido a
elaborar respectivamente la filosofía, la economía, la política de la filosofía
de la praxis? ¿O bien que la filosofía de la praxis ha elaborado sintéticamente
los tres movimientos, o sea toda la cultura de la época, y que en la síntesis
nueva, en cualquier momento que se la examine, momento teórico, económico,
político, se encuentra como "momento" preparatorio cada uno de los
tres movimientos? Esto es exactamente lo que a mí me parece. Y el momento sintético
unitario me parece que debe identificarse en el nuevo concepto de inmanencia,
que por su forma especulativa, ofrecida por la filosofía clásica alemana, ha
sido traducido en forma historicista con la ayuda de la política francesa y de
la economía clásica inglesa. Por lo que respecta a las relaciones de identidad
sustancial entre el lenguaje filosófico alemán y el lenguaje político francés,
cfr. las notas contenidas de manera dispersa en los diversos cuadernos. 2 Pero
una investigación de las más interesantes y fecundas me parece que debería
hacerse a propósito de las relaciones entre filosofía alemana, política
francesa y economía clásica inglesa. En cierto sentido me parece que puede
decirse que la filosofía de la praxis es igual a Hegel + David Ricardo. El problema
debe presentarse inicialmente así: ¿los nuevos cánones metodológicos
introducidos por Ricardo en la ciencia económica deben considerarse como
valores meramente instrumentales (para entendernos, como un nuevo capítulo de
la lógica formal) o han tenido un significado de innovación filosófica? ¿El
descubrimiento del principio lógico formal de la "ley de tendencia",
que lleva a definir científicamente los conceptos fundamentales en la economía
de "homo œconomicus" y de "mercado determinado", no ha sido
un descubrimiento de valor también gioseológico? ¿No implica precisamente una
nueva "inmanencia", una nueva concepción de la "necesidad' y de
la libertad, etcétera? Esta traducción me parece precisamente la que ha hecho
la filosofía de la praxis, que ha universalizado los descubrimientos de Ricardo
extendiéndolos adecuadamente a toda la historia, obteniendo con ello
originalmente una nueva concepción del mundo.
145 Habrá
que estudiar toda una serie de cuestiones: 1] resumir los principios
científico-formales de Ricardo en su forma de cánones empíricos; 2] buscar el
origen histórico de estos principios ricardianos que están vinculados al
surgimiento de la ciencia económica misma, o sea al desarrollo de la burguesía
como clase "concretamente mundial" y por lo tanto a la formación de
un mercado mundial ya bastante "denso" de movimientos complejos, para
que de él se puedan aislar y estudiar las leyes de regularidad necesarias, o
sea las leyes de tendencia, que son leyes no en sentido naturalista o del
determinismo especulativo, sino en sentido "historicista", o sea en
cuanto que en ellas se verifica el "mercado determinado" o sea un
ambiente orgánicamente vivo y vinculado en sus momentos de desarrollo. (La
economía estudia estas leyes de tendencia en cuanto expresiones cuantitativas
de los fenómenos; en el paso de la economía a la historia general el concepto
de cantidad es integrado en el de calidad y en la dialéctica cantidad que se
vuelve calidad [cantidad = necesidad; calidad = libertad. La dialécticas
cantidad- calidad es idéntica a la de necesidad-libertad]); 3] poner en
conexión a Ricardo con Hegel y con Robespierre; 4] cómo la filosofía de la
praxis ha llegado de la síntesis de estas tres corrientes vivas a la nueva
concepción de la inmanencia, depurada de todo
Cfr. Lenin, Tres fuentes y tres partes
integrantes del marxismo, en Obras Completas, t. XIX, ed. Cartago, 1972, pp,
205-12. Este escrito de Lenin (que es de 1913) ya había sido publicado en una
primera traducción italiana, conocida por Gramsci, en L'Unirá
del 24 de
octubre de 1925, con el título "Le tre sorgenti e le tre fonti costitutive
del marxismo": un anuncio previo de esta publicación está ya en L'Ordine
Nuovo del lo. de abril de 1924 (año I, serie III, n. 3-4).
Cfr. Cuaderno 1 (XVI), § 44, p. 39 (y
nota 32), § 151, p. 97; Cuaderno 3 (XX), § 48, p. 29 bis; Cuaderno 4 (XIII), §
3, p. 44 bis, § 42, p. 76; Cuaderno 8 (XXVIII), § 208, p. 65.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 958
rastro de
trascendencia y de teología.1
<10>. Introducción al estudio de la
filosofía.
1] Una
serie de conceptos a profundizar es también la de: empirismo-realismo
[historicista]-especulación filosófica.
2] Junto
a la investigación mencionada en el parágrafo anterior y relativa a la cuestión
de la aportación ricardiana a la filosofía de la praxis, hay que situar la
mencionada en la p. 49 de este mismo cuaderno,2 referente a la actitud de la
filosofía de la praxis frente a la actual continuación de la filosofía clásica
alemana representada por la moderna filosofía idealista italiana de Croce y
Gentile. ¿Cómo hay que entender la proposición de Engels sobre la herencia de
la filosofía clásica alemana?3 ¿Hay que entenderla como un círculo ya cerrado,
en el que la absorción de la parte vital del hegelianismo está ya
definitivamente cumplida, de una vez por todas, o se puede entender como un
proceso histórico todavía en movimiento, por el que se reproduce una necesidad
nueva de síntesis cultural filosófica? A mí me parece justa esta segunda
respuesta: en realidad se reproduce aún la posición recíprocamente unilateral
criticada en la primera tesis sobre Feuerbach entre materialismo e idealismo y
al igual que entonces, si bien en un momento superior, es necesaria la síntesis
en un momento de desarrollo superior de la filosofía de la praxis.
En el manuscrito una variante
interlínea!: "S nexo dialéctico".
146
<11>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre B. Croce. Para comprender la posición de Croce en la segunda
posguerra es útil recordar la respuesta enviada por Mario Missiroli a una
encuesta promovida por la revista Il Saggiatore y publicada en 1932 (sería
interesante conocer todas las respuestas a la encuesta). Missiroli escribió
(cfr. Critica Fascista del 15 de mayo de 1932): "No veo aún nada bien
delineado, sino sólo estados de ánimo, tendencias sobre todo morales. Difícil
prever cuál podrá ser la orientación de la cultura; pero no dudo en formular la
hipótesis de que se vaya hacia un positivismo absoluto, que vuelva a honrar la
ciencia y el racionalismo en el sentido antiguo de la palabra. La búsqueda
experimental podrá ser la gloria de esta nueva generación, que ignora y quiere
ignorar los verbalismos de las filosofías más recientes. No me parece temerario
prever un resurgimiento del clericalismo, que, personalmente, estoy lejos de
augurar".4
¿Qué
podrá significar "positivismo absoluto"? La "previsión" de
Missiroli coincide con la afirmación hecha varias veces en estas notas de que
toda la actividad teórica más reciente de Croce se explica por la previsión de
un nuevo arranque en gran estilo y con características tendencialmente
hegemónicas de la filosofía de la praxis, que pueda reconciliar la cultura
popular y la ciencia experimental con una visión del mundo que no sea el
grosero positivismo ni el alambicado actualismo ni el libresco neotoinismo.
Los argumentos de este parágrafo están
desarrollados también en la carta a Tania del 30 de mayo de 1932 (LC, 628-30).
2 Cfr.,
en este mismo Cuaderno, parte I, § 11.
3 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 56.
4
('Positivismo di ritorno?"). La encuesta a la que alude Gramsci fue
publicada con el título -Inchiesta sulla nuova generazione" de la revista
.11 Saggiatore en los fascículos de marzo-diciembre de 1932 (año III, nn.
1-10). La respuesta de Mario Missiroli, reproducida en el número citado de
Critica Fascista, había aparecido en el fascículo de abril (n. 2). Las otras
respuestas a la encuesta son de Francesco Orestano, Paolo Grano, Julios Evola,
Pietro De Francisci, Margherita Sarfatti, Erminio Troilo, Carlo Formichi,
Adriana Tilgher, Sante De Sanctis, Ugo D'Andrea, Ettore Marroni, Giacomo Tauro,
Ernesto Codignola, Corrado Alvaro, Antonio Anile, Giuseppe Antonio Borgese,
Giuseppe Bottai, Agostino Gemeili, Giulio Bertoni, Fiiippo Tommaso Marinetti,
Massimo Bontempeili, Filippo Burzio, Bonaventura Tecchi, Ugo Betti, Pietro
Maria Bardi. Las conclusiones de la redacción a la encuesta fueron publicadas
por ll Saggiatore en el fascículo de enero de 1933 (año III, n. 11).
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 959
<12>. Introducción al estudio de la
filosofía. La proposición contenida en la introducción a la Crítica de la
economía política de que los hombres toman conciencia de los conflictos de
estructura en el terreno de las ideologías,1 debe ser considerada como una
afirmación de valor gnoseológico y no puramente psicológico y moral. De ahí se
sigue que el principio teórico-práctico de la hegemonía tiene también un
alcance gnoseológico y por lo tanto en este campo debe buscarse la aportación
teórica máxima de Ilich a la filosofía de la praxis. Ilich habría hecho
progresar [efectivamente] la filosofía [como filosofía] en cuanto que hizo
progresar la doctrina y la práctica política. La realización de un aparato
hegemónico, en cuanto que crea un nuevo terreno ideológico, determina una
reforma de las conciencias y de los métodos de conocimiento, es un hecho de
conocimiento, un hecho filosófico. Con lenguaje crociano: cuando se consigue
introducir una nueva moral conforme a una nueva concepción del mundo, se acaba
por introducir también tal concepción, o sea que se determina toda una reforma
filosófica.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 74-74bis,
147
<13>. Introducción al estudio de la
filosofía. En el pasaje sobre el "materialismo francés en el siglo
XVIII" (Sagrada familia) está bastante bien y claramente mencionada la
génesis de la filosofía de la praxis: ésta es el "materialismo"
perfeccionado por la labor de la misma filosofía especulativa y fundido con el
humanismo. 2 Es verdad que con estos perfeccionamientos del viejo materialismo
queda sólo el realismo filosófico.
Otro
punto a meditar es éste: si la concepción de "espíritu" de la
filosofía especulativa no es una transformación puesta al día del viejo
concepto de "naturaleza humana", propio tanto de la trascendencia
como del materialismo vulgar, esto es, si en la concepción del
"espíritu" no hay nada más que el viejo "Espíritu santo"
especulativizado. Podría entonces decirse que el idealismo es intrínsecamente
teológico.
<14>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre B. Croce. La posición relativa de Croce en la jerarquía
intelectual de la clase dominante ha cambiado después del Concordato y de
producirse la fusión en una unidad moral de las dos ramas de esta misma clase.
Se necesita una doble obra de educación por parte de los responsables:
educación del nuevo personal dirigente a "transformar" y asimilar y
educación de la parte católica, que por lo menos deberá estar subordinada
(también subordinar y educar, en ciertas condiciones). La entrada en masa de
los católicos en la vida estatal después del Concordato (y esta vez han entrado
como y en cuanto que católicos e incluso con privilegios culturales) ha hecho
mucho más difícil la obra de "transformismo" de las fuerzas nuevas de
origen democrático. El que Gentile no haya comprendido el problema y sí lo haya
comprendida Croe; demuestra la distinta sensibilidad nacional entre los dos
filósofos: el que Gentile, por lo menos, si es que ha comprendido el problema,
se haya puesto en condiciones de no poder hacer nada, fuera del trabajo de
Universidad popular de los Institutos de Cultura (los rabiosos escritos de sus
discípulos en los Nuovi Studi contra el catolicismo3 tienen bien poco eco)
demuestra su reducción a una condición bien mísera de subalternidad
intelectual. No se trata en absoluto de una educación "analítica", o
sea de una "instrucción", de una acumulación de nociones, sino de una
educación "sintética", de la difusión de una concepción del mundo
convertida en norma de
Cfr. nota 6 al Cuaderno 4 (XIII), § 15.
Cfr. Marx-Engels, La sagrada familia,
cit., p. 192.
Cfr. por ejemplo, Arnaldo Volpicelli,
"L'encíclica pontificia e il problema dello Stato moderno", en Nuovi
Studi di Diritto, Economía e Politica, mayo-agosto de 1931 (vol. IV, fasc.
III-IV), pp. 145-51. Cfr. también una nota polémica anterior del mismo
Volpicelli en respuesta al artículo del Osservatore Romano, en el fascículo de
mayo-agosto de 1930 (vol. III, fase. 11I-IV), pp. 270-71.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 960
vida, de
una "religión" en el sentido crociano. Que el Concordato planteó el
problema, multiplicándolo, fue comprendido por Croce, como lo demuestra su
discurso ante el Senado.1 Por otra parte es precisamente el Concordato, con su
introducción en la vida estatal de una gran masa de católicos como tales, y
como tales privilegiados, el que ha planteado el problema de la educación de la
clase dirigente no en los términos del "Estado ético", sino en los
términos de "sociedad civil" educadora, o sea de una educación por
iniciativa "privada", que entra en competencia con la católica, que
en la sociedad civil ocupa ahora tanta parte y en condiciones especiales.
Para comprender hasta qué punto puede ser
apreciada la actividad de Croce en toda su perseverante inflexibilidad, por la
parte más responsable, lúcida (y conservadora) de la clase dominante, además de
la citada "previsión" de Missiroli2 (y es preciso comprender lo que
puede significar de implícito sentido crítico el término de
"previsión" en este caso), será útil recordar una serie de artículos
publicados por Camino Pellizzi en el Selvaggio de Mino Maccari (que sale ahora
en Roma en forma de revista mensual y que sería interesante analizar en toda la
colección y en sus diversas fases). De la Italia Letteraria del 29 de mayo de
1932 copio textualmente un fragmento de la Rassegna della Stampa' compilada por
Corrado Pavolini que comenta un pasaje de uno de estos artículos de Pellizzi:
"Creer en pocas cosas, ¡pero creer en ellas!" Y es una máxima
bellísima, legible en el último número del Selvaggio (1º. de mayo). Lo lamento
por Camilo Pellizzi, fascista de los primeros, caballero probado y agudísimo
ingenio: pero el estilo embrollado de su última carta abierta a Maccari:
"Il fascismo come liberta" me suscita la duda de que los conceptos de
los que habla no estén bien claros en su mente; o, si están claros, estén
pensados demasiado en abstracto para poder recibir aplicación práctica:
"El fascismo ha nacido como el supremo esfuerzo de un pueblo civilizado
(incluso, del pueblo más íntimamente civilizado entre todos) para poner en
práctica una forma de comunismo civilizado. O sea resolver el problema del
comunismo dentro del mayor problema de la civilización; pero puesto que no hay
civilización sin la espontánea manifestación de aquellos valores individuales
antiguos que constantemente se renuevan, de los cuales se ha hablado, nosotros
concluimos que el fascismo es, en su íntima y universal significación, un
comunismo libre; en el cual, para entenderse, lo comunal o colectivo es el
medio, el organismo empírico, el instrumento de acción que responde al problema
de un determinado momento de la historia, mientras que el fin real, el destino
último, es la civilización, o sea, en el sentido ya dicho y repetido, la
'libertad'. Es lenguaje indigesto de filósofo. 'Creer en pocas cosas ...' Por
ejemplo, creer simplistamente que el fascismo no es comunismo, nunca, en ningún
sentido, ni concreto ni traducido, puede resultar más 'útil' que fatigarse a la
busca de definiciones demasiado ingeniosas para no ser, en último análisis,
equívocas y nocivas. (Está además la ponencia de Spirito en la Convención
corporativa de Ferrara... )."3
Se
advierte bastante claramente que la serie de escritos de Pellizzi publicados
por el Selvaggio ha sido sugerida por el último libro de Croce y es un intento
de absorber la posición de Croce en una nueva posición que Pellizzi considera
superior y capaz de resolver todas las
El discurso pronunciado por Croce en el
Senado (24 de mayo de 1929) en la discusión sobre el Concordato fue recogido
más tarde, con el título "La Conciliazione e la politica scolastica",
en Benedetto Croce, Pagine sparse, vol. II, Ricciardi, Nápoles, 1943.
Probablemente Gramsci tenía presente el resumen del discurso publicado en el
libro de Missiroli, Date a Cesare cit., pp. 302-7.
Cfr. el precedente § 11.
Cfr. L'Italia Letteraria, 29 de mayo de
1932 (año VIII, n. 22): de la sección `Rassegna della stampa' ("Credere in
poche cose"). La
carta
abierta de Camillo Pellizzi a Mino Macead aquí citada, fue publicada con el
título "Postilla alfa lettera: il Fascismo come libertó", en 11
Selvaggio, lo. de mayo de 1932 (año IX, n. 3). Las anteriores cartas abiertas
de Pellizzi aparecieron en los siguientes números del mismo periódico: 30 de
octubre de 1931 (año VII', n. 17): "Lettera con varii ragionamenti";
31 de diciembre de 1931 (año VIII, n. 21): "Seconda lettera sopra gli
stessi argomento della prima"; 31 de marzo de 1932 (año IX, n. 1):
"Terza lettera". Estos números del Selvaggio se conservan en el Fondo
Gramsci, pero carecen del sello carcelario: Gramsci pidió que estos fascículos
con las cartas abiertas de Pellizzi fueran adquiridos y conservados porque el
Selvaggio no se contaba entre las revistas cuya lectura le era permitida (cfr.
LC, 635 y 679).
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 961
antinomias.
En realidad Pellizzi se mueve entre conceptos de Contrarreforma y sus
elucubraciones intelectualmente pueden dar lugar a una nueva "Ciudad del
Sol", prácticamente a una construcción como la de los jesuitas en
Paraguay. Pero esto importa poco, porque no se trata de posibilidades prácticas
próximas o remotas, ni para Pellizzi, ni para Spirito; se trata del hecho de
que tales evoluciones abstractas de pensamiento mantienen fermentos ideológicos
peligrosos, impiden que se forme una unidad ético-política en la clase
dirigente, amenazan con posponer al infinito la solución del problema de
"autoridad", o sea del restablecimiento por consenso de la dirección
política por parte de los grupos conservadores. La actitud de Pellizzi
demuestra que la posición de Spirito en Ferrara1 no era un "monstrum"
cultural; esto queda demostrado también por algunas publicaciones en Critica
Fascista más o menos confusas y equívocas.
149
<15>. Notas breves de economía. La
discusión en torno al concepto de "horno œconomicus" se ha convertido
en una de tantas discusiones sobre la llamada "naturaleza humana".
Cada uno de los contendientes tiene su propia "fe", y la sostiene con
argumentos de carácter predominantemente moralista. El "horno
œconomicus" es la abstracción de la actividad económica de una determinada
forma de sociedad, o sea de una determinada estructura económica. Cada forma
social tiene su "homo œconomicus", o sea su propia actividad
económica. Sostener que el concepto de homo œconomicus científicamente no tiene
valor no es más que un modo de sostener que la estructura económica y su
actividad correspondiente han cambiado radicalmente, o bien que la estructura
económica ha cambiado a tal punto que necesariamente debe cambiar el modo de
operar económico, para que resulte conforme a la nueva estructura. Pero
precisamente en esto hay disensión, y no tanto disensión científica objetiva,
sino política. ¿Qué significaría, por lo demás, un reconocimiento científico de
que la estructura económica ha cambiado radicalmente y que debe cambiar el modo
de operar económico para conformarse a la nueva estructura? Tendría un
significado de estímulo político, nada más. Entre la estructura económica y el
Estado con su legislación y su coerción está la sociedad civil, y ésta debe ser
radicalmente transformada en concreto y no sólo sobre el papel de la ley y de
los libros de los científicos; el Estado es el instrumenta para adecuar la
sociedad civil a la estructura económica, pero es preciso que el Estado
"quiera" hacerlo, esto es, que quienes guíen al Estado sean los
representantes del cambio producido en la estructura económica. Esperar que,
por vía de propaganda y de persuasión, la sociedad civil se adecúe a la nueva
estructura, que el viejo "homo œconomicus" desaparezca sin ser
sepultado con todos los honores que merece, es una nueva forma de retórica
económica, una nueva forma de moralismo económico vacuo e inconcluyente.2
150
<16>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre B. Croce. ¿Pueden haber tenido importancia para Croce las
amistosas advertencias de L. Einaudi a propósito de su actitud de crítico
"desinteresado" de la filosofía de la praxis?3 Es la misma cuestión
presentada en otra forma: cuál es el elemento práctico inmediato que impulsa a
Croce a su posición actual "liquidacionista". De hecho puede
observarse cómo Croce no pretende para nada entrar en polémica con los
filósofos de la praxis, y cómo esta polémica le interesa tan poco que no le
1 Se
alude a la relación presentada por Ugo Spirito en la II Convención de estudios
sindicales y corporativos, celebrada en Ferrara en mayo de 1932; la relación
fue publicada en la revista Nuovi Studi: cfr. nota 1 al precedente 5 7 (parte
II).
Un punto de partida polémico para las
observaciones de este parágrafo se encuentra probablemente en el artículo de
Ugo
Spirito,
"Politica ed economía corporativa", en Nuovi Studi di Diritto,
Economia e Politica, enero-febrero de 1932 (vol. V, fase. I), pp. 1-11.
Cfr., en este mismo Cuaderno, parte I, §
3 y nota 5.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 962
impulsa
siquiera a buscar informaciones un poco más abundantes y exactas que aquellas
de que evidentemente dispone, Se puede decir que Croce se interesa en combatir
no tanto la filosofía de la praxis como el economismo histórico, o sea el
elemento de filosofía de la praxis que ha penetrado en la concepción del mundo
tradicional, disgregándola y con ello haciéndola menos resistente
"políticamente"; se interesa no tanto en "convertir" a los
adversarios como en reforzar su campo; o sea que Croce presenta como "ofensiva"
una actividad que es simplemente "defensiva". Si no fuese así, Croce
debería (habría debido) revisar "sistemáticamente" su obra
especializada sobre la filosofía de la praxis, confesar haberse equivocado
completamente entonces, demostrar estos errores pasados en contraste con sus
convicciones actuales, etcétera. En un hombre tan cuidadoso y escrupuloso como
Croce, el nulo interés en cuanto a la objetiva exigencia de justificar
lógicamente este último pasaje de sus modos de pensar, es por lo menos extraño
y no puede ser explicado sino por intereses prácticos inmediatos.
<17>. introducción al estudio de la
filosofía. Principios y preliminares. (Cfr. cuad. 1, p. 63 bis).1 Qué es lo que
hay que entender por filosofía, por filosofía de una época histórica, y cuál es
la importancia y el significado de las filosofías de los filósofos en cada una
de tales épocas históricas. Aceptada la definición que B. Croce da de la
religión, o sea de una concepción del mundo que se ha convertido en norma de
vida, puesto que norma de vida no se entiende en sentido libresco sino realizada
en la vida práctica, la mayor parte de los hombres son filósofos en cuanto qud
operan prácticamente y en su operar práctico (en las líneas directivas de su
conducta) está contenida implícitamente una concepción del mundo, una
filosofía. La historia de la filosofía como se entiende comúnmente, o sea la
historia de las filosofías de los filósofos, es la historia de las tentativas y
de las iniciativas ideológicas de una determinada clase de personas para
cambiar, corregir, perfeccionar las concepciones del mundo existentes en cada
época determinada y por lo tanto para cambiar las correspondientes y relativas
normas de conducta, o sea para cambiar la actividad práctica en su conjunto.
Desde el punto de vista que nos interesa, el estudio de la historia y de la
lógica de las diversas filosofías de los filósofos no es suficiente.
151 Al
menos como orientación metodológica, hay que atraer la atención hacia las otras
partes de la historia de la filosofía; o sea hacia las concepciones del mundo
de las grandes masas, hacia las de los más restringidos grupos dirigentes (o
intelectuales) v en fin hacia los vínculos entre estos varios complejos
culturales y la filosofía de los filósofos. La filosofía de una época no es la
filosofía de uno u otro filósofo, de uno u otro grupo de intelectuales, de una
u otra gran sección de las masas populares: es una combinación de todos estos
elementos que culmina en una determinada dirección, en la que su culminar se
convierte en norma de acción colectiva, o sea que se convierte en —bis-
toña" concreta y completa (integral). La filosofía de una época histórica
no es, pues, más que la "historia" de esa misma época, no es más que
la masa de variaciones que el grupo dirigente ha logrado determinar en la
realidad precedente: historia y filosofía son inescindibiles en este sentido,
forman un "bloque". Pueden, sin embargo, ser "distintos"
los elementos filosóficos propiamente dichos, y en todos sus diversos grados:
como filosofía de los filósofos, como concepción de los grupos dirigentes
(cultura filosófica) y como religiones de las grandes masas, y ver cómo en cada
uno de estos grados hay que vérselas con formas distintas de
"combinación" ideológica.
§
<18>. Puntos de referencia para un ensayo sobre B. Croce. A propósito de
la nota
La referencia corresponde al Cuaderno 8
(XXVIII), § 204.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 963
precedente
de esta sección sobre las relaciones entre Croce y Einaudi,1 en una nota se
podría observar cómo Einaudi no es siempre un lector muy atento y cuidadoso de
Croce. En la p. 277 del año 1929 de la Riforma Sociale, Einaudi escribe:
"Una teoría no se atribuye a quien la intuyó, o por accidente la enunció o
expuso un principio del que podía ser deducida o refirió desligadamente las
diversas nociones, las cuales aspiraban a ser recompuestas en unidad". La
parte positiva de la proposición es mencionada a continuación de esta manera:
"¿en qué otro libro fue asumida como objeto 'deseado' de tratado
'particular' la siguiente proposición, etcétera?".
Croce, en
el Materialismo storico, IV, p. 26, escribió: "Una cosa es expresar una
observación incidental, que luego se, abandona sin desarrollarla, y otra es
establecer un principio del que se extraen sus fecundas consecuencias; una cosa
es enunciar un pensamiento genérico y abstracto y otra es pensarlo realmente y
en concreto; una cosa es, finalmente, inventar, y otra repetir de segunda o
tercera mano".2 La enunciación de Einaudi es derivada de Croce con las
adicionales y curibsas impropiedades lingüísticas y el estorbo teorético.
Además, ¿por qué Einaudi no citó a Croce? Seguramente porque el pasaje de Croce
está contenido en un escrito contra el profesor Loria. Otro ejemplo de
superficialidad de Einaudi puede encontrarse en un número posterior de la Riforma
Socicde, en la larga reseña de la Autobiografía de R. Rigola.3
Cfr.
Cuaderno 1 (XVI). pp. 4 bis-5.
152
<19>. Bizantinismo francés. La
tradición cultural francesa, que presenta los conceptos bajo la forma de acción
política, en la que especulación y práctica se desarrollan en un solo nudo
histórico global, parecería ejemplar. Pero esta cultura ha degenerado
rápidamente después de los acontecimientos de la gran revolución, se ha
convertido en una nueva Bizancio cultural. Los elementos de tal degeneración,
por otra parte, estaban ya presentes y activos incluso durante el desarrollo
del gran drama revolucionario, en los mismos jacobinos que lo personificaron
con mayor energía y plenitud. La cultura francesa no es
"pan-política" como nosotros lo entendemos actualmente, sino
jurídica. La forma francesa no es la forma activa y sintética del hombre o luchador
político, sino la del jurista sistematizador de abstracciones formales; la
política francesa es especialmente elaboración de formas jurídicas. El francés
no tiene una mentalidad dialéctica y concretamente revolucionaria ni siquiera
cuando actúa como revolucionario: su intención es siempre
"conservadora", porque su intención es la de dar una forma perfecta y
estable a las innovaciones que pone en práctica. Al innovar piensa ya en
conservar, en embalsamar la innovación en un código.
<20>. Puntos para el estudio de la
economía. Polémica EinaudiSpirito sobre el Estado.4 Debe relacionarse con la
polémica Einaudi-Benini (Cfr. Riforma Sociale de septiembre-octubre de 1931).5
Pero en la polémica Einaudi-Spirito han errado ambos litigantes: se refieren a
cosas distintas y emplean lenguajes diferentes. La polémica Benini-Einaudi
ilumina la polémica anterior. En estas dos polémicas Einaudi adopta la misma
posición que cuando trata de limitar, en polémica con Croe; cada función
científica de la filosofía de la praxis. La
Cfr. el precedente § 16.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 1 (XVI), § 11.
3 Cfr. nota 3 al Cuaderno 7 (VII), § 13.
4 Se
trata en realidad de la polémica Einaudi-Benini-Spirito, ya mencionada por
Gramsci anteriormente: cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 42.
5 Cfr.
Rodolfo Benini, "Su l'incidenza dell'interesse del capitale", en La
Riforma Sociale, septiembre-octubre de 1931 (año XXXVIII, vol. XLII, fase. 5),
pp. 449-57; sigue en el mismo fascículo de la revista (pp. 458-64) la respuesta
de Luigi Einaudi, "Contro osservazioni in. margine".
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 964
coherencia
de la posición de Einaudi es admirable "intelectualmente": él
comprende que cada concesión teórica al adversario, aunque sólo sea
intelectual, puede hacer desmoronarse todo el edificio propio.
En la
concepción del Estado: Einaudi piensa en la intervención gubernamental en los
hechos económicos, bien sea como regulador "jurídico" del mercado, es
decir, como la fuerza que da al mercado determinado la forma legal, en la que
todos los agentes económicos se muevan en "paridad de condiciones
jurídicas", bien sea en la intervención gubernamental como creador de
privilegios económicos, como perturbador de la competencia a favor de
determinados grupos. Spirito, por el contrario, se refiere a su concepción
especulativa del Estado, según la cual el individuo se identifica con el
Estado.
153 Pero
hay un tercer aspecto de la cuestión que se sobreentiende en uno y otro
escritor, y es aquel por el cual, identificándose el Estado con un grupo
social, la intervención estatal no sólo se produce en la forma mencionada por
Einaudi, o en la forma deseada por Spirito, sino que es una condición
preliminar de toda actividad económica colectiva, es un elemento del mercado
determinado, si no es además el mismo mercado determinado, porque es la misma
expresión político-jurídica del hecho por el que una determinada mercancía (el
trabajo) es preliminarmente depreciada, es puesta en condiciones de
inferioridad competitiva, paga por todo el sistema determinado. Este punto es
puesto de relieve por Benini,1 y ciertamente no se trata de un descubrimiento;
pero es interesante que Benini haya llegado a él y en qué modo ha llegado
partiendo de principios de la economía clásica, lo que precisamente irrita a
Einaudi.
Sin
embargo Einaudi, en la carta publicada en Nuovi Studi, aludió a la
"maravillosa capacidad" de Giovanni Vailati, de presentar un teorema
económico (o incluso filosófico) y su solución, en los diversos lenguajes
científicos surgidos del proceso histórico de desarrollo de las ciencias,2 o
sea que implícitamente admitió la traducibilidad recíproca de estos lenguajes:
Benini ha hecho precisamente esto, ha presentado en el lenguaje de la economía
liberal un hecho económico ya presentada en el lenguaje de la filosofía de la
praxis, aunque con todas las limitaciones y cautelas del caso (el episodio
Benini debe emparentarse con el episodio Spirito en la Convención de Ferrara).3
Recordar a este respecto la afirmación de Engels a propósito de la posibilidad
de llegar, aun partiendo de la concepción marginalista del valor, a las mismas
conclusiones (aunque fuese en forma vulgar) a que llega la economía crítica.4
La
Cfr. Benini, "Su l'incidenza
dell'interesse del capitale" cit., pp. 449-50: "En rigor, entre la
espera del trabajador que teme el ayuno y la espera del capitalista que
contempla los frutos futuros y entre tanto se sacia con los presentes, la
diferencia no es desdeñable Aquél, por consiguiente, que se halla en
condiciones de menor capacidad de resistencia, cede la mercancía o su propio
trabajo por un precio inferior al que habría podido esperar, si se hubiera
hallado en condiciones tales frente al adversario en cuestión. Entonces las
cosas suceden como si cierta porción de la mercancía o del trabajo por él
ofrecido fuese cedido gratuitamente al otro, al dominante. La deficiencia de
patrimonio resume en sí todas las condiciones desfavorables de los trabajadores,
como aquella de que se encuentran, en cuanto al número, fuera de las
proporciones definidas con los medios
técnicos
del momento, o la de tener a su cargo muchos hijos, los cuales constituyen la
oferta de mano de obra del día de mañana. Además, con la disminución del
patrimonio disminuye la instrucción, se restringe el ámbito de las relaciones
sociales, etcétera, todas ellas causas de inferioridad que se descuentan en el
precio humilde del trabajo".
2 4 Una
cita textual de este pasaje de la carta de Einaudi está en el Cuaderno 4
(XIII), § 42.
Cfr. nota 5 al precedente § 14 y nota 1
al precedente § 7.
La afirmación de Engels está en el
prefacio al tomo III de El Capital cfr. C. Marx, El Capital, Libro III, ed.
Fondo de Cultura Económica, México, 1972, p. 14: "No hace falta un gran
esfuerzo mental para darse cuenta de que esta explicación 'económico-vulgar' de
la ganancia del capital conduce prácticamente a los mismos resultados que la
teoría marxista de la plusvalía; de que los obreros se encuentran según la
concepción de Lexis exactamente en la misma 'situación desfavorable' que según
Marx; de que en ambos casos salen igualmente estafados, puesto que cualquiera
que no sea obrero puede vender sus mercancías más caras de lo que valen y el
obrero no, y de que sobre la base de esta teoría puede construirse un
socialismo vulgar tan plausible por lo menos como el que aquí en Inglaterra se
ha construido sobre la base de la teoría del valor de uso y de la
utilidad-límite
de
Jevons-Menger. Y hasta llego a sospechar que si el señor Georee Bernhard Shaw
conociese esta teoría de la ganancia tendería ambas manos hacia ella, se
despediría de Jevons y Karl Menger y reconstruiría sobre esta roca la iglesia
fabiana del porvenir.
En
realidad, esta teoría no es sino una transcripción de la de Marx."
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 965
afirmación
de Engels es analizada en todas sus consecuencias: una de ellas me parece ésta,
que si se quiere defender la concepción crítica de la economía, hay que
insistir sistemáticamente en el hecho de que la economía ortodoxa trata los
mismos problemas, en otro lenguaje, demostrando tal identidad de los problemas
tratados y demostrando que la solución crítica es superior: en suma, es preciso
que los textos sean siempre "bilingües", el texto auténtico, y la
traducción "vulgar" o de la economía liberal, al lado, o
interlineada.
<21>. introducción al estudio de la
filosofía. Filosofía "científica" y filosofía entendida en el sentido
vulgar de conjunto de ideas y opiniones. ¿Pero pueden ser disociadas? Se dice
"tomar las cosas con filosofía", "tener filosofía",
"tomarlo filosóficamente" etcétera. (Se podrían agrupar los modos de
expresión populares y las expresiones de los escritores de carácter populares
—tomándolas de los grandes diccionarios— en las que entran las expresiones filosofía
y filosóficamente, que tienen un significado muy preciso, de una superación de
las pasiones elementales y bestiales en una concepción de las cosas
"razonada", por la cual, al dársenos cuenta de su racionalidad y
necesidad, no nos abandonamos a arrebatos y actos impulsivos e irracionales,
sino que se da a la actuación propia una dirección consciente.)
En el manuscrito una variante
interlineal: "popular-nacional".
Cfr.
Cuaderno 11 (XVIII). pp. 13 bis-14.
154
<22>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre Croce. Por qué hay que escribir en el sentido en que fue redactado
el primer parágrafo en la p. 42.1 Hay que dar el sentido de la importancia
cultural que tiene Croce no sólo en Italia, sino en Europa, y por lo tanto del
significado que tiene la rápida y gran difusión de sus libros más recientes,
como las Historias de Italia y de Europa. Que Croce se propone la educación de
las clases dirigentes no me parece dudoso. ¿Pero cómo es acogida su obra educativa,
a cuáles "leyes" ideológicas da lugar? ¿Qué sentimientos positivos
hace nacer? Es un lugar común pensar que Italia ha atravesado todas las
experiencias políticas del desarrollo histórico moderno y que por lo tanto
ideologías e instituciones conformes a estas ideologías serían para el pueblo
italiano alimentos recalentados, repugnantes al paladar. Pero no es verdad que
se trate de alimentos recalentados: el "alimento" ha sido comido sólo
"metafóricamente" por los intelectuales, y sólo estaría recalentado
para éstos. No está "recalentado" y por lo tanto no es repugnante
para el pueblo (aparte del hecho de que el pueblo, cuando tiene hambre, come
alimentos recalentados incluso dos o tres veces). Croce tiene una buena manera
de acorazarse de sarcasmos por lo que toca a la igualdad, la fraternidad, y
exaltar la libertad —aunque sea especulativa—. Esta será comprendida como
igualdad y fraternidad y sus libros aparecerán como la expresión y
justificación implícita de un constituyentismo que brota de todos los poros de
aquella Italia "qu'on ne voit pas"2 y que sólo desde hace diez años
está haciendo su aprendizaje político.
Buscar en
los libros de Croce sus alusiones a la función del jefe del Estado. (Una
alusión
Cfr. en este mismo Cuaderno, parte 1, §
1.
Alusión al título del libro de Auguste
Brachet, L'halle qu'on volt et qu'on ne volt pas. "Este título —escribía
Gramsci en una carta a Tania del 19 de octubre de 1931— podría dársele a
cualquier libro sobre características nacionales, y lo que se ve de costumbre
son los intelectuales y lo que no se ve son especialmente los campesinos que
sin embargo, como la mayoría de la población, son precisamente la 'nación',
aunque cuentan poco en la dirección del Estado y aunque son desdeñados por los
intelectuales (aparte los intereses que despiertan algunos rasgos pintorescos).
Así se producen luego los fenómenos de los 'grandes miedos' como el de 1789-90
en Francia, cuando los campesinos se alzan: operan como fuerzas misteriosas,
desconocidas, como fuerzas elementales de la naturaleza y provocan el pánico de
los terremotos y los ciclones" (LC, 512). El libro de Brachet es citado
también (a través de una fuente indirecta) en el Cuaderno 9 (XIV), § 89, p. 69
bis.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 966
puede
encontrarse en la Segunda Serie de las Conversazioni critiche en la p. 176. en
la reseña del libro de Ernesto Masi: Asti e gli Alfieri nei ricordi della villa
di S. Martino: "También la vida moderna puede tener su elevada moral y su
sencillo heroísmo, aunque sobre distintos fundamentos. Y estos distintos
fundamentos los ha puesto la historia, que no consiente la antigua y simplista
fe en el rey, en el dios de los padres, en las ideas tradicionales, e impide el
prolongado encierro, como antes ocurría, en el estrecho círculo de la vida
familiar y de clase".1
Me parece recordar que D'Andrea, en la
reseña de la Storia d'Europa publicada en Critica Fascista, reprocha a Croce
otra de estas expresiones que D'Andrea considera deletérea.)2 (El libro de Masi
es de 1903 y por lo tanto es probable que la reseña de Croce haya sido
publicada en la Crítica poco después, en el mismo 1903 o en el 1904.)3 ¿Se
puede suponer que Croce, junto a la parte polémica, tenga una parte
reconstructiva en su pensamiento? ¿Y que entre una y otra pueda haber un
"salto"? No me parece que de sus escritos se desprenda esto. Pero
precisamente esta incertidumbre, pienso que es uno de los motivos por los
cuales incluso muchos que piensan como Croce, se muestran fríos o al menos
preocupados. Croce dirá: que en la parte reconstructiva piensen los prácticos,
los políticos, y en su sistema de distinciones teóricas la respuesta es
formalmente congruente. Pero sólo "formalmente", y en ello hace una
buena jugada Gentile en sus agresiones más o menos filosóficas, que me parecen
tanto más exasperadas en cuanto que no puede y no quiere plantear todo el
problema (posición del Vaticano con respecto al libro Una storia e un'idea),4
no puede y no quiere hablar claramente a Croce, hacerle ver a dónde puede
conducir su posición polémica ideológica y de principio. Pero habría que ver si
precisamente no es esto lo que se propone Croce, para obtener una actividad
reformista desde arriba, que atenúe las antítesis y la concilie en una nueva
legalidad obtenida "transformísticamente". Pero no puede haber un neomalthusianismo
voluntario en Croce, la voluntad de no "empeñarse" a fondo, que es el
modo de ocuparse sólo del propio "particular" del moderno
guicciardinismo propio de muchos intelectuales para los cuales parece que basta
el "decir": "Dixi, et salvavi animam meam", pero el alma no
se salva sólo por decirlo. ¡Hacen falta las obras, y de qué manera!
<23>. Puntos de meditación para el
estudio de la economía. ¿Dónde se pone especialmente el acento en las
investigaciones científicas de la economía clásica y dónde, por el contrario,
en las de la economía crítica,5 y por cuáles razones, o sea en vista de qué
fines prácticos a alcanzar, o en vista de cuáles determinados problemas
teóricos y prácticos que resolver? Para la economía crítica, parece que basta
con fijar el concepto de "trabajo socialmente necesario" para llegar
al concepto de valor, porque se quiere partir del trabajo de todos los
trabajadores para llegar a fijar su función en la producción económica y llegar
a fijar el concepto abstracto y científico de valor y plusvalía y la función de
todos los capitalistas como conjunto. Para la
La reseña de Croce del libro de Ernesto
Masi, Asti e gil Alfieri nei ricordi della villa di S. Martirio (Barbera,
Florencia, 1903), fue reeditada en Conversazioni critiche, serie II cit., pp.
174-77.
Cfr. Ugo D'Andrea, "La storia e la
liberta", en Critica Fascista, lo. de mayo de 1932 (año X, n. 9), pp.
166-69; a propósito de un pasaje de la Storia d'Europa de Croce sobre el
carácter desacralizante del regicidio de Carlos Stuart y de Luis Capeta en
relación
con la
teoría del origen divino del poder monárquico (cfr. Croce, Storia d'Europa
cit., pp. 34-35), D'Andrea comentaba: "¿No siente Croce el daño de
semejantes afirmaciones lanzadas desde lo alto de su cátedra de filósofo y
escritor?" (p. 166). Este artículo-reseña de Ugo D'Andrea en Critica
Fascista es recordado por Gramsci también en una carta a Tania del 9 de mayo de
1932 (LC, 620).
Cfr, La Critica, 20 de marzo de 1903 (año
I, fase. II), pp. 123-26.
Se trata del libro de Guido Miglioli, Una
storia e un'idea cit.; la actitud de los ambientes católicos oficiales con
respecto a este libro es comentada por Gramsci también en el Cuaderno 5 (IX), §
6.
En general Gramsci usa en los Cuadernos
el término "economía clásica" en sentido bastante lato, comprendiendo
en él todas las teorías económicas premarxistas y posmarxistas, en
contraposición a la economía marxista definida como "economía crítica".
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 967
economía
clásica, por el contrario, tiene importancia no el concepto abstracto y
científico de valor (al cual trata de llegar por otra vía, pero sólo para fines
formales, de sistema armónico lógicamente-verbalmente, y llega, o cree llegar,
a través de investigaciones psicológicas, con la utilidad marginal), sino el
concepto concreto y más inmediato de ganancia individual o de empresa; por eso
tiene importancia el estudio de la dinámica del "trabajo socialmente
necesario", que adopta diversos planteamientos teóricos —de teoría de los
costos comparados, de equilibrio económico estático y dinámico. Para la
economía crítica el problema interesante comienza después de que el
"trabajo socialmente necesario" ha sido ya establecido en una fórmula
matemática; para la economía clásica, por el contrario, todo el interés está en
la fase dinámica de la formación del "trabajo socialmente necesario"
local, nacional, internacional, y en los problemas que las diferencias de los
"trabajos analíticos" plantean en las diversas fases de tales
trabajos. Es el costo comparado, o sea la comparación del trabajo
"particular" cristalizado en las diversas mercancías, lo que interesa
a la economía clásica.
¿Pero no interesa esta investigación
también a la economía crítica? ¿Y es "científico" que en un trabajo
como el Précis1 no sean tratados también estos conjuntos de problemas? La
economía crítica tiene diversas fases históricas y en cada una de ellas es
natural que el acento recaiga sobre el nexo histórico y práctico históricamente
predominante. Cuando el gestor de la economía es la propiedad, el acento cae
sobre el "conjunto" del trabajo socialmente necesario, como síntesis
científica y matemática, porque prácticamente se quiere que el trabajo se haga
consciente de su conjunto, del hecho de que es especialmente un
"conjunto" y que como "conjunto" determina el proceso
fundamental del movimiento económico (por el contrario, a la propiedad le
interesa muy poco el trabajo socialmente necesario, incluso para los fines de
la propia construcción científica; le importa el trabajo particular, en las
condiciones determinadas por un aparato técnico dado y por un determinado
mercado de víveres inmediato, y por un determinado ambiente inmediato
ideológico y político, por lo cual, debiéndose fundar una empresa se tratará de
identificar estas condiciones más conformes al fin de la máxima ganancia
"particular" y no se razonará por "medias" socialmente necesarias).
Pero cuando el trabajo se ha convertido él mismo en gestor de la economía,
también él deberá, por el hecho de haber cambiado fundamentalmente de posición,
preocuparse de las utilidades particulares y de las comparaciones entre estas
utilidades para extraer iniciativas de movimiento progresivo. ¿Qué son, pues,
las "competencias",2 sino un modo de preocuparse por este nexo de
problemas y de comprender que el movimiento progresivo se produce por
"impulsos" particulares, o sea un modo de "comparar" los
costos y de insistir para reducirlos continuamente, identificando e incluso
suscitando las condiciones objetivas y subjetivas en las que ello es posible?
157
<24>. introducción al estudio de la
filosofía. En el planteamiento de los problemas histórico-críticos, no hay que
concebir la discusión científica como un proceso judicial, en el que hay un
acusado y hay un procurador que, por obligación del oficio, debe demostrar que
el acusado es culpable y digno de ser eliminado de la circulación. En la
discusión científica, como se supone que el interés es la búsqueda de la verdad
y el progreso de la ciencia, se demuestra más "avanzado" quien se sitúa
en el punto de vista de que el adversario puede
manifestar una
exigencia que debe
ser incorporada, aunque
sea como momento
Se trata del libro, mencionado por
Gramsci también en otras notas posteriores, de I. Lapidus y K. Ostrovitianov,
Précis d'économie politique (L'économie politique et la théorie de l'économie
soviétique), traducido del ruso por Victor Serge, Editions
Sociales
Internacionales, París, 1929. De las referencias a esta obra, contenidas en los
Cuadernos, se desprende que Gramsci la conocía directamente aunque no haya sido
conservada entre los libros de la cárcel.
Alusión a las competencias de emulación
socialista entre los trabajadores soviéticos.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 968
subordinado,
en su propia construcción. Comprender y evaluar realistamente la posición y las
razones del adversario (y a veces es adversario todo el pensamiento pasado)
significa precisamente haberse liberado de la prisión de las ideologías (en el
sentido peyorativo, de ciego fanatismo ideológico), o sea ponerse en un punto
de vista "crítico", el único fecundo en la investigación científica.
<25>. Puntos de meditación para el
estudio de la economía. ¿Cuándo se puede hablar de un comienzo de la ciencia
económica? (cfr. Luigi Einaudi, "Di un quesito intorno a la nascita della
scienza economica", en la Riforma Sociale, marzo-abril de 1932, a
propósito de algunas publicaciones de Mario De Bernardi sobre Giovanni Botero).
Se puede hablar de ese comienzo desde que se hizo el descubrimiento de que la
riqueza no consiste en el oro (y por lo tanto mucho menos en la posesión del
oro) sino que consiste en el trabajo. William Petty (A treatise of taxes and
contributions, 1662, y Verbum Sapientis, 1666) entrevió y Cantan (1730)
explícitamente afirmó que la riqueza no consiste en el oro: " . . . la
Richesse en elle-méme n'est autre chose que la nourriture, les commodités et
les agréments de la vie... le travail de l'homme donne la forme de richesse á
tout cela". Botero se aproximó a una afirmación muy semejante, en un
fragmento sobre el trabajo Delle cause della grandezza della cima impreso en 1588
(reeditado ahora por De Bernardi basándose en esta edición príncipe, en Tos
Testi inediti e rari publicados bajo la dirección del Instituto jurídico de la
Real Universidad de Turín, Turín, 1930, en 89, pp. xn-84, 10 liras): "Y
puesto que el arte compite con la naturaleza, me preguntará alguno cuál de las
dos cosas importa más para engrandecer y hacer populoso un lugar ¿la fecundidad
del terreno o la industria del hombre? La industria sin duda. Primero porque
las cosas ha producidas por la artificiosa mano del hombre son mucho más y de
mucho mayor precio que las cosas generadas por la naturaleza, puesto que la
naturaleza da la materia y el sujeto, pero la sutileza y el arte del hombre dan
la inenarrable variedad de las formas, etcétera". Según Einaudi, sin embargo,
no se puede reivindicar a Botero ni la teoría de la riqueza-trabajo ni la
paternidad de la ciencia económica, contra Cantillon, para el cual "no se
trata ya sólo de un parangón capaz de hacernos saber cuál de dos factores: la
naturaleza o el trabajo, da el mayor precio a las cosas, como busca Botero;
sino de la investigación teórica en torno a qué cosa es la riqueza".1
Si éste es el punto de partida de la
ciencia económica y si de tal modo ha sido fijado el concepto fundamental de la
economía, cualquier investigación ulterior no podrá más que profundizar
teóricamente el concepto de "trabajo", que entretanto no podrá ser
sumergido en el concepto más genérico de industria y de actividad, sino que por
el contrario deberá ser fijado en aquella actividad humana que en toda forma
social es igualmente necesaria. Esta profundización ha sido realizada por la
economía crítica.
Habrá que
ver La Storia delle dottrine economiche (Das Mehrwert);2 de Cannan, A Review of
Economic Theory.3
<26>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre Croce. Juicios de Croce sobre el libro de De Man Il superamento
muestran que en la actitud de Croce, en el periodo actual, el elemento
1 Las
citas y las indicaciones de las obras de William Petty y de Giovanni Botero
están tomadas del artículo de Luigi Einaudi, "Di un quesito intorno alla
nascita della seienza ecnnornica", en La Riforrna Sociale, marzo-abril de
1932, ya citado en el Cuaderno 8 (XXVIII), § 162.
Se trata de la obra póstuma de Marx
publicada por Kautsky con el título Theorien über den Mehrwert, conocida por
Gramsci en la traducción francesa cit., Histoire des doctrines économiques:
cfr. nota 6 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 162.
El libro de Edwin Cannan, A Review of
Economic Theory (King, Londres 1929), es mencionado sin indicaciones
bibliográficas en el artículo citado de Einaudi, "Di un quesito intorno
alla nascita della scienza economica".
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 969
"práctico"
inmediato predomina sobre la preocupación y los intereses teóricos y
científicos. De hecho, De Man es una derivación de la corriente psicoanalítica
y toda la pretendida originalidad de sus investigaciones se debe al empleo de
una terminología psicoanalítica exterior y mal aplicada.1 La misma observación
puede hacerse a propósito de De Ruggiero, que ha criticado no sólo Il
superamento sino también La gioia del lavara y además ha escrito un estudio un
poco apresurado y superficial sobre Freud y el psicoanálisis,2 pero sin haber
señalado que De Man depende de él estrechamente.
<27>. Puntos de meditación para el
estudio de la economía. A propósito del llamado horno œconomicus, o sea de la
abstracción de las necesidades del hombre, se puede decir que tal abstracción
no está para nada fuera de la historia, y por más que se presente bajo el
aspecto de formulaciones matemáticas, no es para nada de la misma naturaleza de
las abstracciones matemáticas. El homo œconomicus es la abstracción de las
necesidades y operaciones económicas de una determinada forma de sociedad, así
como el conjunto de las hipótesis planteadas por los economistas en sus
elaboraciones científicas no es otra cosa que el conjunto de las premisas que
están en la base de una determinada forma de sociedad. Se podría hacer un
trabajo útil recopilando sistemáticamente las "hipótesis" de algún
gran economista "puro", por ejemplo de M. Pantaleoni,3 y
coordinándolas con el fin de mostrar que éstas son precisamente la
"descripción" de una determinada forma de sociedad.
159
<28>. Introducción al estudio de la
filosofía.
1] Cfr.
Pietro Lippert, S. J., Visione Cattolica del Mondo (Die Weltanschauung des
Katholizismus), traducción de Ernesto Peternotli, Prefacio de M. Bendiscioli
("Il pensiero cattolico moderno", n. 4), Brescia, Morcelliana, 1931,
190 pp., 10 liras. Debe 1 leerse, tanto por el texto del padre Lippert, que es
uno 9 de los más conocidos escritores jesuitas alemanes, como por el prefacio
de Bendiscioli. El libro ha aparecido en la colección "Metaphysik und
Weltanschauung" dirigida por Driesch y Schingnitz. Lippert, como los
jesuitas alemanes, se preocupaa de dar una satisfacción a las exigencias que
estaban en la base del modernismo, pero sin caer en las desviaciones de la
ortodoxia que fueron características del modernismo porque en este
planteamiento del problema católico no hay rastro de inmanentismo; Lippert y
los jesuitas alemanes no se apartan de los dogmas establecidos por la Iglesia
con los recursos lógicos y metafísicos de la filosofía aristotélico -tomista y
ni siquiera los interpretan de forma nueva, sino que pretenden traducirlos para
el hombre moderno en la terminología de la filosofía moderna, "revestir
realidades eternas de formas mudables" dice literalmente Lippert.4
En el manuscrito: "preocupan".
2] Debe
observarse que la actual discusión entre "historia y antihistoria"5
no es otra cosa
Para la relación entre Henri De Man y
Sigmund Freud cfr. el Cuaderno 4 (XIII), § 35; sobre el juicio favorable de
Croce, mencionado repetidas veces por Gramsci, en tomo al libro de De Man, II
superamento del marxismo cit., cfr. nota 3 al Cuaderno 1 (XVI), § 132.
Para la reseña de De Ruggiero del libro
de De Man, II superamento del marxismo cit., cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII),
§ 2; la reseña del mismo De Ruggiero del otro libro de De Man, La gioia del
lavara cit., está en La Critica. 20 de mayo de 1931 (año
XXIX,
faso. III), pp. 213-16. En cuanto a la referencia a la demolición de Freud y
del psicoanálisis por parte de De Ruggiero, Gramsci tenía seguramente presente
el cap. XIII de sus Note sulla piú recente filosofía europea e americana,
publicado en La Critica, 20 de enero de 1932 (año XXX, fase. I), pp. 17-26, y
seguramente también el artículo de De Ruggiero "Freudiana", en La
Critica, 20 de mayo de 1932 (año XXX, fase. III), pp. 194- 98, en respuesta a
algunas polémicas suscitadas por el primer escrito.
Sobre Maffeo Pantaleoni cfr. el
subsiguiente § 30.
Esta indicación del libro de Lippert y
las indicaciones sobre su contenido están tomadas de una reseña de Giuseppe
Tarozzi en
L'Italia
che Scrive, junio de 1932 (año XV, n. 6), pp. 174-75.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
203.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 970
que la
repetición en los términos de la cultura filosófica moderna de la discusión,
que tuvo lugar a fines del siglo pasado, en los términos del naturalismo y del
positivismo, acerca de si la naturaleza y la historia proceden por
"saltos" o sólo por evolución gradual y progresiva. La misma
discusión se encuentra desarrollada también por las generaciones precedentes,
tanto en el campo de las ciencias naturales (doctrinas de Cuvier) como en el
campo filosófico (y se encuentra la discusión en Hegel).1 Se debería hacer la
historia de este problema en todas sus manifestaciones concretas y
significativas y se hallaría que el mismo es siempre actual, porque en todo
tiempo han existido conservadores y jacobinos, progresistas y reaccionarios.
Pero el significado "teórico" de esta discusión me parece que
consiste en lo siguiente: ella indica el punto de paso "lógico" de
toda concepción del mundo a la moral que le corresponde, de toda
"contemplación" a la "acción", de toda filosofía a la
acción política que de ella depende. O sea, es el punto en el que la concepción
del mundo, la contemplación, la filosofía se vuelven "reales" porque
tienden a modificar el mundo, a cambiar la praxis. Se puede decir por ello que
éste es el nexo central de la filosofía de la praxis, el punto en el que ésta
se actualiza, vive históricamente, o sea socialmente y no ya sólo en los
cerebros individuales, deja de ser "arbitraria" y se vuelve
necesaria- racional-real. El problema debe verse históricamente, por lo tanto.
El que tantos payasos nietzscheanos enfrentados verbalmente contra todo lo
existente, contra los convencionalismos, etcétera, hayan acabado por fastidiar
y quitar seriedad a ciertas actitudes, puede ser admitido, pero no hay que
dejarse guiar, en los propios juicios, por los payasos. Contra el titanismo
afectado, el estilo veleidoso, el abstraccionismo, hay que advertir la
necesidad de ser "sobrios" en las palabras y en las actitudes
exteriores, precisamente para que haya más fuerza en el carácter y en la
voluntad concreta. Pero ésta es una cuestión de estilo, no
"teorética".
La forma clásica de estos pasos de la
concepción del mundo a la norma práctica de conducta, me parece aquella por la
cual de la predestinación calvinista surge uno de los mayores impulsos a la
iniciativa práctica que se hayan dado en la historia mundial. Así cualquier
otra forma de determinismo en cierto punto ha evolucionado en espíritu de
iniciativa y en tensión extrema de voluntad colectiva.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 63 y 66 bis-67.
<29>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre Croce. <I>. Una vez establecido que las dos últimas
historias, la de Italia y la de Europa, fueron pensadas al comienzo de la
guerra mundial, para concluir un proceso de meditación y de reflexiones sobre
las causas de aquellos acontecimientos de 1914 y 1915, se puede preguntar qué
preciso objetivo "educativo" tienen. Preciso, especialmente preciso.
Y se concluye que no lo tienen, que también ellas entran en aquella literatura
sobre el Risorgimento de carácter marcadamente literario e ideológico, que en
la realidad no logróa interesar más que a restringidos grupos intelectuales:
ejemplo típico el libro de Oriani sobre la Lotta politica.2 Han sido señalados
los intereses actuales de Croce y por lo tanto los fines prácticos que de ellos
derivan: se observa precisamente que son "genéricos", de educación
abstracta y "metodológica" por así decirlo, "predicadores"
en una palabra. El único punto preciso es la cuestión "religiosa",
¿pero también éste puede llamarse "preciso"? La posición, incluso en
el problema de la religión, sigue siendo de intelectual y aunque no se pueda
negar que también esa posición es importante, hace falta decir que es
insuficiente.
En el manuscrito: "no logró ni
siquiera".
Las referencias a Cuvier y a Hegel están
tomadas probablemente del escrito de Plejánov, Des "bonds" dans la
nature e! dans l'histoire, citado en la nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 210.
Para el juicio de Gramsci sobre La lotta
politica in Italia de Alfredo Oriani, cfr. el Cuaderno 8 (XXVIII), § 165.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 971
El ensayo podría tener como núcleo
central el examen del concepto de historiografía ético-política, que realmente
corona todo el trabajo filosófico de Croce. Por lo tanto podría examinarse la
actividad de Croce como conducente toda ella a esta conclusión, en sus diversas
actitudes con respecto a la filosofía de la praxis, y llegar a la conclusión de
que el mismo trabajo de Croce fue realizado paralelamente por los mejores
teóricos de la filosofía de la praxis, puesto que la afirmación de
"definitiva superación" es simplemente una fanfarronada crítica, y
ello junto a la demostración analítica de que lo que hay de "sano" y
progresista en el pensamiento de Crece no es otra cosa que filosofía de la
praxis presentada en lenguaje especulativo.
161
<30>. Puntos de meditación para el
estudio de la economía. Observaciones sobre los Principi di economía pura de M.
Pantaleoni (nueva edición 1931, Treves-Treccani-Tumminelli).1
1] Al
releer el libro de Pantaleoni se comprenden mejor los motivos de los abundantes
escritos de Ugo Spirito.
2] La
parte primera del libro, donde se trata del postulado hedonista, podría más
adecuadamente servir como introducción a un refinado manual de arte culinario o
a un todavía más refinado manual sobre las posiciones de los amantes. Es una
lástima que los escritores de arte culinario no estudien economía pura, porque
con los subsidios de gabinetes de psicología experimental y del método
estadístico podrían llegar a tratados mucho más completos y sistemáticos que
aquellos vulgarmente difundidos: lo mismo puede decirse de la más clandestina y
esotérica actividad científica que se afana por elaborar el arte de los
placeres sexuales.
3] La
filosofía de Pantaleoni es el sensualismo del siglo XVIII, desarrollado en el
positivismo del siglo XIX: su "hombre" es el hombre en general, en
las premisas abstractas, o sea el hombre de la biología, un conjunto de
sensaciones dolorosas y placenteras, que sin embargo se convierte en el hombre
de una determinada forma social cada vez que de lo abstracto se pasa a lo
concreto, o sea cada vez que se habla de economía y no de ciencia natural en
general. ¡El libro de Pantaleoni es lo que se puede llamar una "obra
materialista" en sentido "ortodoxo" y científico!
4] Estos
economistas "puros" sitúan el origen de la ciencia económica en el
descubrimiento hecho por Cantillon de que la riqueza es el trabajo, es la
industria humana. Pero cuando tratan de hacer ciencia ellos mismos, olvidan los
orígenes y se ahogan en la ideología que fue-la primera en desarrollar, según
sus métodos, el descubrimiento inicial. De los orígenes ellos desarrollan no el
núcleo positivo, sino el halo filosófico ligado al mundo cultural de la época,
por más que este mundo haya sido criticado y superado por la cultura
subsiguiente.
5] ¿Qué
debería sustituir al llamado "postulado hedonista" de la economía
"pura" en una economía crítica e historicista? La descripción del
"mercado determinado", o sea la descripción de la forma social
determinada. del todo en confrontación con la parte, del todo que determina, en
esa determinada medida, ese automatismo y conjunto de uniformidad y regularidad
que la ciencia económica trata de describir con el máximo de exactitud y
precisión y plenitud. ¿Se puede demostrar que tal planteamiento de la ciencia
económica es superior al de la economía "pura"? Puede decirse que el
postulado hedonista no es abstracto, sino genérico: de hecho puede ser
antepuesto no sólo a la economía, sirio a toda una serie de operaciones
humanas, que pueden llamarse "económicas" sólo ampliando y
generalizando
Cfr. nota 1 al Cuaderno 9 (XIV), § 62.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 972
enormemente
la noción de economía hasta dejarla [empíricamente] vacía de significado o
hacerla coincidir con una categoría filosófica, como en realidad ha tratado de
hacer Croce.
162
<31>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre Croce. <I>. Nexo entre filosofía, religión, ideología (en el
sentido crociano). Si por religión se ha de entender una concepción del mundo
(una filosofía) con una norma de conducta correspondiente, ¿qué diferencia
puede existir entro religión e ideología (o instrumento de acción) y en último
análisis, entre ideología y filosofía? ¿Existe o puede existir filosofía sin
una voluntad moral correspondiente? Los dos aspectos de la religiosidad, la filosofía
y la norma de conducta, ¿pueden concebirse como disociados y cómo
<pueden> ser concebidos como disociados? Y si la filosofía y la moral
eson siempre unitarias, ¿por qué la filosofía debe ser lógicamente anterior a
la práctica y no viceversa? ¿O no es un absurdo semejante planteamiento y no
debe concluirse que "historicidad" de la filosofía no significa otra
cosa que su "practicidad"? Tal vez pueda decirse que Croce ha rozado
el problema en Conversazioni critiche, I, pp. 298-300, donde analizando algunas
de las Glosse al Feuerbach1 llega a la conclusión de que en ellas "ante la
filosofía preexistente" toman la palabra "no ya otros filósofos, como
se esperaría, sino los revolucionarios prácticos",2 que Marxa "no
tanto invirtió la filosofía hegeliana, como la filosofía en general, toda
especie de filosofía; y suplantó el filosofar con la actividad práctica".3
¿Pero no se trata, por el contrario, de la reivindicación, frente a la
filosofía "escolástica", puramente teórica o contemplativa, de una
filosofía que produzca una moral correspondiente, una voluntad actualizadora y
en ella se identifique en último análisis? La tesis XI: "Los filósofos no
han hecho más que interpretar en diversos modos el mundo; pero de lo que se
trata es de transformarlo", no puede ser interpretada como un gesto de
repudio a toda clase de filosofía, sino sólo de fastidio por los filósofos y su
papagayismo y la enérgica afirmación de una unidad entre teoría y práctica. Que
tal solución por parte de Croce es críticamente ineficiente se puede observar
también porque, incluso admitiendo como hipótesis absurda que Marxa quisiera
"suplantar" la filosofía en general con la actividad práctica, habría
que "desenvainar" el argumento perentorio de que no se puede negar la
filosofía sino filosofando, o sea reafirmando lo que se había querido =negar, y
el mismo Croce, en una nota del libro Materialismo storico ed economía
marxistica b reconoce (había reconocido) explícitamente como justificada la
exigencia de construir una filosofía de la praxis planteada por Antonio
Labriola.4
En el manuscrito: "M.".
En el manuscrito el título está
abreviado.
Estaa interpretación de las Glose al
Feuerbach como reivindicación de unidad entre teoría y práctica, y por lo tanto
como identificación de la filosofía con lo que Croce llama ahora religión
(concepción del mundo con una norma de conducta correspondiente) —lo que por lo
demás no es más que la afirmación de la historicidad de la filosofía hecha en
los términos de una inmanencia absoluta, de una "terrenidad
absoluta"— aún se puede justificar con la famosa proposición de que
"el movimiento obrero alemán es el heredero de la filosofía clásica
alemana", la cual no significa, como escribe Croce: "heredero que no
continuaría ya la obra del predecesor, sino que emprendería otra, de naturaleza
diversa y contraría", 5 sino que significaría precisamente que el
"heredero" continúa al predecesor, pero lo continúa
"prácticamente" porque ha deducido una voluntad activa,
transformadora del mundo, de la
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
198.
Cfr. Croce, Conversazioni critiche, serie
I cit., p. 298.
3 Ibid.,
p. 299.
4 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 198.
5 Cfr.
Croce, Conversazioni critiche cit., p. 300.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 973
simple
contemplación y en esta actividad práctica se halla contenido también el
"conocimiento" que sólo en la actividad práctica es
"conocimiento real" y no "escolasticismo". De ello se
deduce también que el carácter de la filosofía de la praxis es especialmente el
de ser una concepción de masas, una cultura de masas y de masas que operan
unitariamente, o sea que tienen normas de conducta no sólo universales en idea,
sino "generalizadas" en la realidad social. Y la actividad del
filósofo "individual" no puede ser concebida, por lo tanto, más que
en función de tal unidad social, o sea también ella como política, como función
de dirección política.
En el manuscrito: "Que ésta".
También
desde este punto se ve cómo Croce ha sabido sacar partido de su estudio de la
filosofía de la praxis. ¿Qué es de hecho la tesis crociana de la identidad de
filosofía e historia sino un modo, el modo crociano, de presentar el mismo
problema planteado por las glosas a Feuerbach y confirmado por Engels en su
opúsculo sobre Feuerbach?1 Para Engels "historia" es práctica (el
experimento, la industria), para Croce Historia es todavía un concepto
especulativo; o sea que Croce ha desandado el camino —desde la filosofía
especulativa se había llegado a una filosofía "concreta e histórica",
la filosofía de la praxis; Croce ha retraducido al lenguaje especulativo las
adquisiciones progresivas de la filosofía de la praxis y en esta retraducción
está lo mejor de su pensamiento.
Se puede
ver con mayor exactitud y precisión el significado que la filosofía de la
praxis ha dado a la tesis hegeliana de que la filosofía se convierte en la
historia de la filosofía, o sea de la historicidad de la filosofía. Esto nos
lleva a la consecuencia de que hay que negar la "filosofía absoluta"
abstracta o especulativa, o sea la filosofía que nace de la precedente
filosofía y de ella hereda los "problemas supremos", así llamados, o
aunque sólo sea el "problema filosófico", que se convierte por lo tanto
en un problema de historia, de cómo nacen y se desarrollan los determinados
problemas de la filosofía. La precedencia pasa a la práctica, a la historia
real de los cambios de las relaciones sociales, de los cuales por lo tanto (y
por lo tanto, en último análisis, de la economía) surgen (o son presentados)
los problemas que el filósofo se propone y elabora.
Según el concepto más amplio de
historicidad de la filosofía, o sea que una filosofía es "histórica"
en cuanto se difunde, en cuanto se vuelve concepción de la realidad de una masa
social (con una ética correspondiente). se comprende que la filosofía de la
praxis, no obstante la "sorpresa" y el "escándalo" de
Croce, estudie "en los filósofos precisamente (!) aquello que no es
filosófico: las tendencias prácticas, y los efectos sociales y de clase, que
aquéllos representan. Por lo que en el materialismo del siglo XVm ellos
descubrían la vida francesa de entonces, orientada toda ella al inmediato
presente, a lo cómodo y a lo útil; en Hegel, el Estado prusiano; en Feuerbach,
los ideales de la vida moderna, a los cuales la sociedad germánica todavía no
había ascendido; en Stirner, el alma de los mercaderes; en Schopenhauer, la de
los pequeño burgueses; y así sucesivamente".2
¿Pero no
era eso precisamente un "historizar" las respectivas filosofías, un
buscar el nexo histórico entre los filósofos y la realidad histórica de la que
partieron? Podrá decirse y de hecho se dice: ¿pero la "filosofía" no
es por el contrario precisamente lo que queda como "residuo" después
de este análisis por el cual se identifica lo que es "social" en la
obra del filósofo? Por lo pronto hay que establecer esta reivindicación y
justificarla mentalmente. Después de haber distinguido lo que es social o
"histórico" en una determinada filosofía, lo que corresponde a una
exigencia de la vida práctica, a una exigencia que no sea arbitraria y
fantasiosa (y ciertamente no siempre es fácil tal identificación, especialmente
si se intenta
Se trata del escrito de Engels, Ludwig
Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, cit.
2 Cfr.
Cruce, Conversazioni critiche cit., p. 300.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 974
inmediatamente,
o sea sin una suficiente perspectiva) habrá que evaluar este
"residuo", que por otra parte no será tan grande como parecería a
primera vista, si el problema se hubiera planteado partiendo del prejuicio
crociano de que el mismo es una futilidad o un escándalo. Que una exigencia
histórica sea concebida por un filósofo "individuo" en forma
individual y personal y que la personalidad particular del filósofo incida
profundamente en la forma expresiva concreta de su filosofía, es evidente sin
más. Que estos caracteres individuales tienen importancia, puede también
concederse sin más. ¿Pero qué significado tendrá esta importancia? No será
puramente instrumental y funcional, dado que si bien es cierto que la filosofía
no se desarrolla de otra filosofía, sino que es una continua solución de
problemas que el desarrollo histórico propone, también es verdad que cada
filósofo no puede pasar por alto a los filósofos que le han precedido e incluso
de costumbre actúa precisamente corno si su filosofía fuese una polémica o un
desarrollo de las filosofías precedentes, de las obras individuales concretas
de los filósofos precedentes. A veces incluso "ayuda" proponer el
descubrimiento propio de una verdad como si fuese desarrollo de una tesis
precedente de otro filósofo, porque es una fuerza insertarse en el particular
proceso de evolución de la ciencia particular en la que se colabora.
De todos modos se ve cuál fue el nexo
histórico por el que la filosofía de la praxis, aun continuando el
hegelianismo, lo "voltea". sin por ello, como cree Croce, querer
"suplantar" toda clase de filosofía. Si la filosofía es historia de
la filosofía, si la filosofía es "historia", si la filosofía se
desarrolla porque se desarrolla la historia general del mundo (y, esto es, las
relaciones sociales en las que viven los hombres) y no ya porque a un gran
filósofo sucede un filósofo aún mayor y así sucesivamente, está claro que
trabajando prácticamente en hacer historia, se hace también filosofía
"implícita", que será "explícita" en cuanto los filósofos
la elaboren coherentemente, se suscitan problemas de conocimiento que además de
la forma "práctica" de solución encontrarán, tarde o temprano, la
forma teórica por obra de los especialistas, después de haber inmediatamente
encontrado la forma ingenua del sentido común popular, o sea de los agentes
prácticos de las transformaciones históricas. Se ve cómo los crocianos no
comprenden este modo de plantear la cuestión de su maravilla (cfr. reseña de De
Ruggiero del libro de Arthur Feiler en la Critica del 20 de marzo de 1932)
frente a ciertos acontecimientos: ". . . se presenta el hecho paradójico
de una ideología toscamente, áridamente materialista, que da lugar, en la
práctica, a una pasión del ideal, a un ímpetu de renovación, al que no se puede
negar cierta (!) sinceridad", y la explicación abstracta a que recurren:
"Todo esto es cierto a grandes rasgos (!) y es también providencial,
porque demuestra que la humanidad tiene grandes recursos interiores, que entran
en juego en el momento mismo en que una razón superficial pretende
negarlas", o sea jueguitos de dialéctica formal de uso corriente: "La
religión del materialismo, por el hecho mismo de que es religión, no es ya
materia (!?) ; el interés económico, cuando es elevado a ética, no es ya simple
economía".1 Esta extravagancia de De Ruggiero o es una futileza o bien
debe elevarse a una proposición de Croen de que toda filosofía en cuanto tal no
es más que idealismo: pero planteada esta tesis, ¿por qué entonces tanta
batalla de palabras? ¿Será sólo por una cuestión de terminología?
[Masaryk
en su libro de memorias (La Résurrection d'un État. Souvenirs et reflexions.
1914-1918. París, Plon) reconoce la aportación positiva del materialismo
histórico, a través de la obra del grupo que lo encarna, al determinar una
nueva actitud ante la vida, activa, emprendedora y de iniciativa, o sea en el
campo en el que anteriormente él había teorizado
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
231. Respecto al texto A, en la nueva redacción las citas de la reseña de De
Ruggiero fueron revisadas e integradas.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 975
la
necesidad de una reforma religiosa.]1
A la alusión de De Ruggiero pueden
hacerse otras anotaciones críticas que no están fuera de lugar en estos apuntes
sobre Croce (este fragmento se podría reducir a una nota): 1] que estos
filósofos especulativos, cuando no saben explicarse un hecho, recurren
inmediatamente a la acostumbrada astucia de la providencia que naturalmente lo
explica todo; 2] que de superficial no hay más que la información
"filológica" de De Ruggiero, el cual se avergonzaría de no conocer
todos los documentos sobre un minúsculo hecho de historia de la filosofía, pero
desdeña informarse con mayor profundidad sobre acontecimientos gigantescos como
los que apenas son rozados en su reseña. La posición de la que habla De
Ruggiero, por la que una ideología "toscamente etcétera" da lugar en
la práctica a una pasión del ideal, etcétera, no es por lo demás nueva en la
historia: basta mencionar la teoría de la predestinación y de la gracia propia
del calvinismo y su consiguiente impulso a una vasta expansión del espíritu de iniciativa.
En términos de religión es el mismo hecho al que alude De Ruggiero, que De
Ruggiero no consigue penetrar seguramente por su mentalidad todavía
fundamentalmente católica y antidialéctica (cfr. cómo el católico Jemolo, en su
historia del jansenismo en Italia, no logra comprender esta conversión
activista de la teoría de la gracia, ignora la literatura a propósito y se
pregunta dónde habrá encontrado Anzilotti semejante despropósito).2
II. La
crítica crociana de la filosofía de la praxis puede partir de sus afirmaciones
perentorias al respecto en la Storia d'Italia y en la Storia d'Europa, en las
que Croce da como definitivas y comúnmente aceptadas sus conclusiones, pero
será expuesta en forma sistemática. Por lo pronto hay que señalar que las
afirmaciones de Croce han sido mucho menos axiomáticas y formalmente decisivas
de lo que él quiere ahora aparentar. La teoría del valor es todo menos
intrínsecamente negada en su ensayo principal:3 él afirma que la única
"teoría del valor" científica es la del grado final de utilidad, y
que la teoría del valor marxistaa es "otra cosa", pero como
"otra cosa" le reconoce la solidez y la eficacia y pide a los
economistas que para rebatirla utilicen argumentos bien distintos de los
usualmente empleados por Bóhm-Bawerk y Cía. Su tesis subsidiaria, por otra
parte, de que se trata de un parangón elíptico, además de no estar justificada,
de hecho queda inmediatamente invalidada por la observación de que se trata de
una continuación lógica de la teoría ricardiana del valor y que Ricardo
ciertamente no hacía "parangones elípticos". La reducción de la
filosofía de la praxis a canon empírico de interpretación es solamente afirmada
con método indirecto de exclusión, o sea aún no por lo intrínseco. Para Croce
se trata ciertamente de "alguna cosa" importante, pero como no puede
ser ni esto ni aquello, etcétera, será un canon de interpretación. No parece
que la demostración sea concluyente. La misma prudencia formal aparece en el
escrito sobre el descenso de la tasa de ganancia: 4 ¿qué habrá querido decir el
autor de la teoría? Si quiso decir esto. no es exacto. ¿Pero quiso decir esto?
Por lo tanto hay que meditarlo aún, etcétera. También hay que poner de relieve
cómo esta actitud prudente ha cambiado completamente en estos años y todo se ha
vuelto perentorio y definitivo en el mismo momento en que es mayormente
acrítico e injustificado.
En el manuscrito: "m".
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 61 bis-62 y 76 bis.
167
<32>. Puntos de ineditación para el
estudio de la economía. En torno a los Principi di
1 Cfr.
Cuaderno 7 (VII), § 44 y nota 4_ Este pasaje añadido al margen, utiliza una
parte del texto B del citado § 44 del Cuaderno 7 (VII).
Cfr. Cuaderno 1 (XVI), § 51 y nota I.
Gramsci alude aquí evidentemente al libro
de Croce, Materialismo storico ed economía marxistica cit.
4 Cfr.
ibid., pp. 149-61 (VI: "Una obiezione alla legge marxistica della caduta
del saggio di profitto").
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 976
Economia
Pura de Pantaleoni.1
<I>.
Hay que establecer con exactitud el punto en el que se distingue entre
"abstracción" y "generalización". Los agentes económicos no
pueden ser sometidos a un proceso de abstracción por el que la hipótesis de
homogeneidad viene a ser el hombre biológico; ésta no es abstracción sino
generalización o "indeterminación". Abstracción será siempre
abstracción de una categoría histórica determinada, vista precisamente en
cuanto categoría y no en cuanto múltiple individualidad. El horno œconomicus
está también él históricamente determinado aun siendo al mismo tiempo
indeterminado:a es una abstracción determinada. Este proceso en la economía
crítica se produce proponiendo como valor el valor de cambio y no el de uso y
reduciendo por lo tanto el valor de uso al valor de cambio, potencialmente, en
el sentido de que una economía de cambio modifica también los hábitos
fisiológicos y la escala psicológica de los gustos y los grados finales de
utilidad, que aparecen así como "superestructuras" y no como datos
económicos primarios, objeto de la ciencia económica.
En el manuscrito:
"determinado".
Es preciso establecer el concepto de
mercado determinado. Cómo es entendido en la economía "pura" y cómo
en la economía crítica. Mercado determinado en la economía pura es una
abstracción arbitraria, que tiene un valor puramente convencional para los
fines de un análisis pedante y académico. Mercado determinado para la economía
crítica, por el contrario, será el conjunto de las actividades económicas
concretas de una forma social determinada, asumida en sus leyes de uniformidad,
o sea "abstracta", pero sin que la abstracción deje de ser
históricamente determinada. Se abstrae la multiplicidad individual de los
agentes económicos de la sociedad moderna cuando se habla de capitalistas, pero
precisamente la abstracción está en el ámbito histórico de una economía
capitalista y no de una actividad económica genérica que abstraiga en sus
categorías todos los agentes económicos aparecidos en la historia mundial,
reduciéndolos genéricamente e indeterminadamente al hombre biológico.
III. Se puede preguntar si la economía
pura es una ciencia o bien si es "cualquier otra cosa" que sin
embargo se mueve con un método que en cuanto método tiene su rigor científico.
Que existen actividades de este género es demostrado por la teología. También
la teología parte de una cierta serie de hipótesis y en consecuencia construye
sobre ellas todo un formidable edificio doctrinal sólidamente coherente y
rigurosamente deducido. ¿Pero es por ello la teología una ciencia? Einaudi
(cfr. "Ancora intorno al modo di scrivere la storia del dogma
económico" en Riforma Sociale de mayo-junio de 1932) escribe que la
economía es "una doctrina que tiene la misma índole que las ciencias
matemáticas y físicas (afirmación ésta, obsérvese, que no tiene ningún vínculo
necesario con la otra de que sea necesario o útil en su estudio el empleo del
instrumento matemático)",2 pero sería difícil demostrar coherente y
rigurosamente esta afirmación. El mismo concepto fue expresado por Croce
(Critica, fascículo de enero de 1931) con las palabras: "La Economía no
cambia de naturaleza cualesquiera que sean los ordenamientos sociales,
capitalistas o comunistas, cualquiera que sea el curso de la historia, del
mismo modo que no cambia de naturaleza la aritmética por el variar de las cosas
que numerar.3 Por lo pronto me parece que no hay que confundir la matemática y
la física. La matemática se puede llamar una ciencia puramente
"instrumental", complementaria de toda una serie de ciencias
naturales "cuantitativas", mientras que la física es una ciencia
inmediatamente "natural". La matemática puede parangonarse con la
lógica
Cfr. nota 1 al Cuaderno 9 (XIV), § 62.
Cfr. Roberto Michels - Luigi Einaudi,
'Ancora intorno al modo di scrivere la storia del dogma economico", en La
Rif arma Sociale, mayo-junio de 1932 cit., pp. 303-13; el pasaje de Einaudi
citado por Gramsci está en la p. 310.
Este pasaje de Croee está en la
"Apostilla" —ya citada en el Cuaderno 6 (VIII), § 82 (cfr. nota 6)—
"L'Economia filosofata e attualizzata", en La Critica, 20 de enero de
1931 cit., p. 78.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 977
formal,
con la cual, por lo demás, la matemática superior se ha unificado en muchos
aspectos. ¿Puede decirse lo mismo de la economía pura? La discusión está
todavía vigente y no parece que esté por terminar. Por lo demás, ya en los
llamados economistas puros no hay gran unidad. Para algunos es economía pura
sólo la hipotética, que plantea sus demostraciones con un "supuesto
que", o sea que es economía pura también aquella que hace abstractos, esto
es, que generaliza todos las problemas económicos históricamente planteados.
Para otros, por el contrario, es economía pura sólo aquella que se puede
deducir del principio económico o postulado hedonista, es decir, que abstrae
completamente de toda historicidad y presupone sólo una genérica
"naturaleza humana" igual en el tiempo y en el espacio. Pero si se
toma en cuenta la carta abierta de Einaudi a Rodolfo Benini, publicada en los
Nuovi Studi hace algún tiempo,1 se ve que la posición de los economistas puros
es tambaleante e insegura.
169
<33>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre Croce. En el escrito sobre la caída tendencia! de la tasa de
ganancia2 hay que observar un error fundamental de Croce. Este problema está ya
planteado en el tomo I de la Crítica de la economía política, allí donde se
habla de la plusvalía relativa y del progreso técnico como causa, precisamente,
de plusvalía relativa; 3 en el mismo punto se observa cómo en este proceso se
manifiesta una contradicción, pues mientras por un lado el progreso técnico permite
una dilatación de la plusvalia, por el otro determina, por el cambio que
introduce en la composición del capital, la caída tendencial de la tasa de
ganancia y ello está demostrado en el tomo III de la Crítica de la economía
política. Croce presenta como objeción a la teoría expuesta en el tomo III
aquella parte del tratado contenida en el tomo I, o sea expone como objeción a
la ley de la caída tendencia' de la tasa de ganancia la demostración de la
existencia de una plusvalía relativa debida al progreso técnico, pero sin
aludir ni una sola vez al tomo I. coma si la objeción hubiese brotado de su
cerebro, o simplemente fuese fruto del buen sentido. (Sin embargo, habrá que
revisar los textos de la Crítica de la economía política antes de presentar
esta crítica a la objeción de Croce, cautela que por lo demás se entiende
necesaria para todas estas notas, que han sido escritas en grandísima parte
basándose en la memoria.) En todo caso hay que establecer que la cuestión de la
ley tendencial de la tasa de ganancia no puede ser estudiada solamente sobre la
exposición dada en el tomo III; este tratamiento es el aspecto contradictorio
del tratamiento expuesto en el tomo I, del cual no puede ser separada. Además
habrá seguramente que determinar mejor el significado de ley
"tendencial": puesto que ninguna ley en economía política puede dejar
de ser tendencia!, dado que se obtiene aislando un cierto número de elementos y
dejando de lado, por lo tanto, las fuerzas contrapuestas, seguramente habrá que
distinguir un grado mayor o menor de tendenciosidad, y mientras que
generalmente ei adjetivo "tendencia'" se sobrentiende como obvio, se
insiste por el contrario en él cuando la tendenciosidad se convierte en una
característica orgánicamente relevante como en este caso, en el que la caída de
la tasa de ganancia es presentada como el aspecto contradictorio de otra ley,
la de la producción de la plusvalía relativa, en la que una tiende a suprimir a
la otra con la previsión de que la caída de la tasa de ganancia será la predominante.
¿Cuándo se puede imaginar que la contradicción llegará a un nudo gordiano,
insoluble normalmente, pero que exija la intervención de una espada de
Alejandro? Cuando toda la economía mundial se haya vuelto capitalista y de un
cierto grado de desarrollo: esto es, cuando la "frontera móvil" del
mundo económico capitalista haya alcanzado sus columnas de Hércules. Las
fuerzas contraoperantes de la ley tendencial y que
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 42.
2 Cfr.
nota 12 al precedente § 31.
3 Gramsci
se refiere aquí a la Cuarta Sección ("La producción de la plusvalía
relativa") del libro I de El Capital (citado siempre en los Cuadernos con
la indicación del subtítulo Crítica de la economía política).
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 978
se
resumen en la producción de cada vez más plusvalía relativa tienen límites, que
son dados, por ejemplo, técnicamente por la resistencia elástica de la materia,
y socialmente por la medida soportable de desocupación en una determinada
sociedad. O sea que la contradicción económica se vuelve contradicción política
y se resuelve políticamente en una inversión de la praxis.
Sobre el argumento de la caída tendencial
de la tasa de ganancia recordar un trabajo reseñado en el primer año de Nuovi
Studi y debido a un economista alemán, discípulo disidente de Franz
Oppenheimer,1 y un libro más reciente de Grossmann reseñado en la revista
Economia de Trieste y en la Critique Sociale por Lucien Laurat.2
<34>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre Croce. Hasta qué punto es grande el cambio ocurrido en la posición
crítica de Croce con respecto a la filosofía de la praxis, puede verse
confrontando este fragmento del escrito “Il libro del prof. Stammler":
"Pero, para él (Stammler), en la obra de Marxa no se trata de tales
'pequeñas consideraciones': que la llamada vida económica ejerza una eficacia
sobre las ideas, sobre las ciencias, sobre las artes, y similares: cuestiones
viejas, de poca trascendencia. Así como el materialismo filosófico no consiste
en afirmar que los hechos corporales tengan eficacia sobre los espirituales,
sino en el hacer de éstos una simple apariencia, irreal, de aquéllos: así el
materialismo histórico debe consistir en afirmar que la economía es la
verdadera realidad y el derecho es la engañosa apariencia'' 3 —con los
capítulos finales de la Storia della storiografia italiana nel secolo XIX: 4 en
éstos Croce adopta precisamente esta posición de Stammler sin ni siquiera
tratar de justificarla con un principio o un ápice de demostración. Lo que en
1898 era simplemente un forzamiento arbitrario de Stammler, en 1915 se
convierte en una verdad obvia que ni siquiera vale la pena desarrollar.
En el manuscrito: "M.".
<35>. Introducción al estudio de la
filosofía. Se puede observar el desarrollo paralelo de la democracia moderna y
de determinadas formas de materialismo metafísico y de idealismo. La igualdad
es buscada por el materialismo francés del siglo XVIII en la reducción del
hombre a categoría de la historia natural, individuo de una especie biológica,
distinto no por calificaciones sociales e históricas, sino por dotes naturales;
en todo caso esencialmente igual a sus semejantes. Esta concepción ha pasado al
sentido común, que tiene como afirmación popular que "todos nacimos
desnudos" (aunque la afirmación del sentido común no es anterior a la
discusión ideológica de los intelectuales). En el idealismo se tiene la
afirmación de que la filosofía es la ciencia democrática por excelencia en
cuanto que se refiere a la facultad de razonar común a todos los hombres,5 cosa
por la que se explica el odio de los aristócratas por la filosofía y las
prohibiciones legales contra la enseñanza y la cultura por parte de las clases
del viejo régimen.
1 Se
trata del libro de Fritz Sternberg, Der Imperialismus, Malik-Verlag, Berlín,
1926, del que se ocupó Enrico De' Negri en la segunda parte de la reseña
"Recenti studi tedeschi sul marxismo", en Nuovi Studi di Diritto,
Economia e Política, enero de 1928 (vol. I, fase. II), pp. 132-44.
La reseña de la revista Economia,
realizada por Henryk Grossmann, "Das Akkumulations und
Zusammenbruchsgesetz des
kapitalischen
Systems", fue ya mencionada por Gramsci en el Cuaderno 7 (VII), § 41. De
la misma obra se ocupó, junto con otras publicaciones sobre el mismo asunto,
Lucien Laurat en el artículo "Le mouvement cyclique de la production
moderne", en La Critique Sociale, marzo de 1931 cit., pp. 5-8.
Probablemente es a este artículo al que Gramsci se refiere.
Cfr. Croce, Materialismo storico ed
economia marxistica cit., pp. 115-30. El pasaje citado está en la p. 118; el
espaciado es de Gramsci.
Cfr. nota 1 al § 11 de la parte 1 de este
mismo Cuaderno.
Cfr. Cuaderno 4 (XIII), § 45, p. 79 bis;
Cuaderno 6 (VIII), § 82, p. 36 bis; Cuaderno 7 (VII), § 38.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 979
171
<36>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre Croce, Después de señalar que en su escrito sobre la caída de la
tasa de ganancia Croce no hace más que presentar como objeción el otro aspecto
contradictorio del proceso vinculado al progreso técnico [o sea la teoría de la
plusvalía relativa], ya estudiado en el tomo I de la Crítica de la economía
politica,1 hay que observar que Croce olvida en su análisis un elemento
fundamental en la formación del valor y de la ganancia, o sea el "trabajo
socialmente necesario", cuya formación no puede ser estudiada y observada
en una sola fábrica o empresa. El progreso técnico da precisamente a la empresa
individual la oportunidad molecular de aumentar la productividad del trabajo
por encima de la media social y por tanto de obtener ganancias excepcionales
(como ha sido estudiado en el tomo I), pero apenas el progreso dado se
socializa, esta posición inicial se pierde gradualmente y funciona la ley de la
media social del trabajo, que a través de la competencia rebaja precios y
ganancias: en ese punto se tiene un descenso de la tasa de ganancia, porque la
composición orgánica del capital se manifiesta desfavorable. Los empresarios
tienden a prolongar lo más posible la ventaja inicial incluso por medio de la
intervención legislativa: protección de las patentes, de los secretos
industriales, etcétera, que sin embargo no puede sino estar limitada a algunos
aspectos del progreso técnico, seguramente secundarios, pero que de cualquier
modo tienen su peso ciertamente no irrelevante. El medio más eficaz de los
empresarios individuales para escapar a la ley de la caída es el de introducir
incesantemente nuevas modificaciones progresivas en todos los campos del
trabajo y de la producción, sin olvidar las aportaciones mínimas de progreso
que en las empresas muy grandes, multiplicadas a muy gran escala, dan
resultados muy apreciables. Toda la actividad industrial de Henry Ford se puede
estudiar desde este punto de vista: una lucha continua, incesante, para escapar
a la ley de la caída de la tasa de ganancia, manteniendo una posición de
superioridad sobre sus competidores. Ford tuvo que salir del campo
estrictamente industrial de la producción para organizar también los
transportes y la distribución de su mercancía, determinando así una distribución
de la masa de plusvalía más favorable al industrial productor. El error de
Croce es de naturaleza diversa: parte del supuesto de que todo proceso técnico
determina inmediatamente, como tal, un descenso de la tasa de ganancia, lo que
es erróneo porque la Crítica de la economía política afirma sólo que el
progreso técnico determina un proceso de desarrollo contradictorio, uno de
cuyos aspectos es la caída tendencial. Afirma tomar en cuenta todas las
premisas teóricas de la economía crítica y olvida la ley del trabajo
socialmente necesario. Olvida totalmente la parte de la cuestión tratada en el
tomo I, lo que le habría ahorrado toda esta serie de errores, olvido tanto más
grave en cuanto que él mismo reconoce que en el tomo III la sección dedicada a
la ley de la caída tendencial está incompleta, sólo esbozada, etcétera: una
razón perentoria para estudiar todo aquello que en otro lugar el mismo autor
escribió sobre el tema. (La cuestión del texto del tomo III puede ser
reestudiada ahora que se tiene a disposición, como creo, la edición diplomática
del conjunto de apuntes y notas que hubieran debido servir para su redacción
definitiva. No es de excluirse que en la edición tradicional hayan sido pasados
por alto pasajes que, después de las polémicas surgidas, podrían tener una
importancia mucho mayor que la que el primer ordenador del material
fragmentario pudiera imaginar.)
Un técnico de la economía debería retomar
la fórmula general de la ley de la caída tendencia!, que establece el momento
en que la ley misma se verifica, y críticamente establecer toda la serie de
pasos que tendencialmente conducen a ella como conclusión lógica.
Hay que
desarrollar la alusión al significado que debe tener "tendencia!",
referido a la ley
Cfr. el precedente § 33.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 980
de la
caída de la tasa de ganancia. Es evidente que en este caso la tendencialidad no
puede referirse sólo a las fuerzas contra-operantes en la realidad, toda vez
que de ella se abstraen algunos elementos aislados para construir una hipótesis
lógica. Puesto que la ley es el aspecto contradictorio de otra ley, la de la
plusvalía relativa que determina la expansión molecular del sistema de fábrica
y el propio desarrollo de! modo de producción capitalista, no puede tratarse de
tales fuerzas contraoperantes como las de las hipótesis económicas comunes. En
este caso la fuerza contraoperante es ella misma estudiada orgánicamente y da
lugar a una ley igualmente orgánica que la de la caída. El significado de
"tendencial" parece, por lo tanto, tener que ser de carácter
"histórico" real y no metodológico: el término sirve precisamente
para indicar este proceso dialéctico por el que el impulso molecular progresivo
conduce a un resultado tendencialmente catastrófico en el conjunto social,
resultado del que parten otros impulsos individuales progresivos en un proceso
de continua superación que sin embargo no puede preverse infinito, aunque se
disgrega en un número muy grande de fases intermedias de diversa medida e
importancia. Por la misma razón no es completamente exacto decir, como hace
Croce en el prefacio a la segunda edición de su libro, que la ley acerca de la
caída de la tasa de ganancia, si fuese establecida exactamente, como creía su
autor, "significaría ni más ni menos que el fin automático e inminente de
la sociedad capitalista". 1 Nada de automático y mucho menos de inminente,
Este razonamiento de Croce se debe justamente al error de haber examinado la
ley de la caída de la tasa de ganancia aislándola del proceso en el que fue
concebida y aislándola no para los fines científicos de una mejor exposición,
sino como si ella fuese válida "absolutamente" y no, por el
contrario, como término dialéctico de un proceso orgánico más vasto.
173 Que
muchos hayan interpretado la ley del mismo modo que Croce, no exonera a éste de
una cierta responsabilidad científica. Muchas afirmaciones de la economía
crítica han sido así "mitificadas" y no se ha dicho que tal formación
de mitos no haya tenido su importancia práctica inmediata y no pueda tenerla
todavía. Pero se trata de otro aspecto de la cuestión, que tiene muy poco que
ver con el planteamiento científico del problema y con la deducción Lógica:
podrá ser examinada en cuanto crítica de los métodos políticos y de los métodos
de política cultural. Es probable que desde este punto de vista se demuestre
inepto en último análisis, y productor de mayor daño que útil en definitiva, el
método político de forzar arbitrariamente una tesis científica para extraer de
ella un mito popular enérgico y propulsor: el método podría compararse con el
uso de estupefacientes que crean un instante de exaltación de las fuerzas
físicas y psíquicas pero debilitan permanentemente el organismo.
<37>. Puntos de meditación para el
estudio de la economía.
<I>.
En el examen de la cuestión del método de investigación económica y del
concepto de abstracción, debe verse si la observación crítica que Croce hace a
la economía crítica de proceder a través de "una continua mezcolanza de
deducciones teóricas y de descripciones históricas, de nexos lógicos y de nexos
de hecho" (MSEM4a, p. 160)2 no es por el contrario uno de los rasgos
característicos de la superioridad de la economía crítica sobre la economía
pura y una de las fuerzas que la hacen más fecunda para el progreso científico.
Por lo demás deben observarse las manifestaciones de insatisfacción y fastidio
por parte del mismo Croce par los procedimientos más comunes de la economía
pura, con sus bizantinismos y su manía escolástica de revestir de un pomposo manto
científico las más triviales banalidades del sentido común y las más huecas
generalizaciones. La economía crítica ha buscado una justa
Cfr. Croce, Materialismo storico ed
economia marxistica cit., página XIII
Con la sigla MSEM Gramsci indica aquí, y
más adelante, el libro de Croce, Materialismo storico ed economia marxistica
cit.; la cita está tomada del sexto ensayo recogido en el libro, "Una
obiezione alla legge marxistica della caduta del saggio di profitto."
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 981
contemporización
entre el método deductivo y el método inductivo, o sea construir hipótesis
abstractas no sobre la base indeterminada de un hombre en general,
históricamente indeterminado y que desde ningún punto de vista puede ser
reconocido abstracción de una realidad concreta, sino sobre la realidad
efectiva, "descripción histórica", que da la premisa real para
construir hipótesis científicas, o sea para abstraer el elemento económico o
aquellos aspectos del elemento económico sobre los que se quiere atraer la
atención y ejercer el examen científico. De tal modo no puede existir el horno
œconomicus genérico, pero puede abstraerse el tipo de cada uno de los agentes o
protagonistas de la actividad económica que se han sucedido en la historia: el
capitalista, el trabajador, el esclavo, el amo de esclavos, el barón feudal, el
siervo de la gleba. No por nada la ciencia económica nació en la época moderna,
cuando la difusión del sistema capitalista ha difundido un tipo relativamente
homogéneo de hombre económico, o sea ha creado las condiciones reales por las
que una abstracción científica se hacía relativamente menos arbitraria y
genéricamente vacía de cuanto antes fuese posible.
II. Debe reflexionarse sobre el siguiente
punto: cómo podría y debería ser compilado modernamente un sumario de ciencia
crítica económica que reprodujese el tipo representado en el pasado y por las
pasadas generaciones por los compendios de Cafiero, Deville, Kautsky, Aveling,
Fabietti, más modernamente por el compendio de Borchardt1 y, en una serie
distinta, por la literatura económica de divulgación escolar que en las lenguas
occidentales está representada por el Precis d'Économie politique de Lapidus y
Ostrovitianov,2 pero que en la lengua original debe de estar representado ya
por una cantidad considerable de compendios de diverso tipo y de importancia
muy variable según el público al que tales compendios están dedicados. Se
observa: 1] que hoy, después de la publicación de la edición crítica de las
distintas obras de economía crítica, el problema de la revisión de tales
compendios se ha vuelto de solución necesaria, científicamente obligatoria; 2]
que el compendio de Borchardt, en cuanto que no está compilado sólo sobre el
tomo I de la Crítica de la economía política sino sobre los tres tomos, es
evidentemente superior a los de Devine, Kautsky, etcétera (dejando de lado, por
el momento, el valor intrínseco de los distintos tratados); 3] que el tipo de compendio
moderno debería ser todavía más amplio que el de Borchardt, en cuanto que
debería tomar en cuenta todos los tratados económicos debidos al mismo autor y
presentarse como un compendio y una exposición de todo el cuerpo doctrinal de
la economía crítica y no sólo como un resumen de determinadas obras aunque sean
fundamentales; 4] que el método de la exposición no debería estar determinado
por las fuentes literarias dadas, sino que debería nacer y ser dictado por las
exigencias críticas y culturales de actualidad a las que se quiere dar una
solución científica y orgánica; 5] que por lo tanto, deben excluirse sin más
los resúmenes literales y materiales, pero todo el material debe ser refundido
y reorganizado de modo "original", preferiblemente sistemático, según
Aquí se citan de memoria algunos de los
más conocidos compendios de El Capital de Marx. El compendio más difundido en
Italia es el de Cafiero, cuya primera edición es de 1879 (cfr. Karl Marx, El
Capitale, brevemente compendiado por Carlo Cafiero, libro 1: Sviluppo della
produzione capitalistica Bigmani, Milán, 1879); una edición de 1913 se conserva
entre los libros die Gramsci: Carlo Cafiero, "Il Capitale" di Carlo
Marx brevemente compendiato, con cenni biografici ed apendice di James Guillaume,
"La Controcorrente”, Florencia, 1913 [FG]. La primera edición del
compendio de Devine es de 1883: cfr. Gabriel Deville, Le Capital de Karl Marx
résumé et accompagné d'un apereu sur le socialisme scientifique, Marpon et E.
Flammarion, París s.f.; El compendio de Kautsky (Karl Marx Oekonomische Lehren,
GemeinverstIindlich dargestellt und erlüutert, lª edición 1886) fue publicado
en traducción italiana en 1898: Karl Kautsky, Le doctrine econorniche di K.
Marx esposte e spiegate popolarmente, traducción del alemán de Romeo Lovera,
Bocea, Turín, 1898. Para el compendio de Fabietti, cfr. Karl Marx, Il Capitale,
vulgarizado por Ettore Fabietti, Nerbini, Florencia, 1902. Para el compendio de
Borchardt cfr. Id., Das Kap:tal. Kritik der politischen Oekonomie,
Gerneinverstándliche Ausgabe besorgt von Julian Borchardt, Berlín, 1919. Menos
conocido, por el contrario, el compendio de Aveling (citado sin embargo en una
nota, que probablemente Gramsci tenía presente al escribir este
parágrafo,
del libro de Croce, Materialismo storico ed economía marxistica cit., p. 69):
cfr. Edward B. Aveling, The Students' Marx.
An
Introduction fo the study of Karl Marx' "Capital", Sonnenschein and
C., Londres, 1892.
Cfr. nota 2 al precedente § 23.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 982
un
esquema que facilite "didácticamente" el estudio y el aprendizaje; 6]
que todo el conjunto de ejemplos y hechos concretos debe ser puesto al día, y
los que están contenidos en los textos originales deben y pueden ser
mencionados sólo en la medida en que la historia económica y la legislación del
país para los que el compendio fue hecho no ofrezcan otros correspondientes
para un diferente desarrollo del proceso histórico o que no sean tan relevantes
y expresivos; 7] que la exposición debe ser crítica y polémica, en el sentido
de que debe responder, aunque sea implícitamente y en forma sobrentendida, al
planteamiento que de los problemas económicos sea dado, en el país determinado,
por la cultura económica más difundida y por los economistas oficiales y en
auge.
175 El
manual de Lapidus y Ostrovitianov desde este punto de vista es
"dogmático", presenta sus afirmaciones y sus desarrollados como si
éstos no fuesen "impugnados" y rechazados radicalmente por nadie,
sino como si fuesen la expresión de una ciencia que desde el periodo de lucha y
de polémica para afirmarse y triunfar ha entrado ya en el periodo clásico de su
expansión orgánica. Evidentemente éste no es el caso, todo lo contrario. El
compendio debe ser enérgicamente polémico y agresivo y no dejar sin respuesta
(implícita y sobrentendida en su propio planteamiento autónomo, si acaso así es
mejor) toda cuestión esencial o que sea presentada como esencial por la
economía vulgar, con objeto de arrojar a ésta de todos sus refugios y defensas
y descalificarla ante las nuevas generaciones de estudiosos; 8] el compendio de
ciencia económica no puede estar desligado de un curso de historia de las
doctrinas económicas. El llamado tomo IV de la Crítica de la economía política
es precisamente una historia de las doctrinas económicas y justamente con este
título ha sido traducido al francés.1 Toda la concepción de la economía crítica
es historicista (lo cual no quiere decir que deba confundirse con la llamada
escuela histórica de la economía) y su tratamiento teórico no puede
desvincularse de una historia de la ciencia económica, cuyo núcleo central,
además de en el mencionado tomo IV, puede reconstruirse al menos en parte por
alusiones contenidas en forma dispersa en toda la obra de los escritores
originales; 9] tampoco puede prescindirse de una aunque sea breve introducción
general que, siguiendo las huellas del prefacio a la 2ª, edición del tomo I, dé
una exposición resumida de la filosofía de la praxis y de los principios
metodológicos más importantes y esenciales, extrayéndolos del conjunto de las
obras económicas, donde se hallan incorporados en el tratado o dispersos y
aludidos cuando se presenta la oportunidad concreta.
<38>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre Croce.
<I>.
Que la teoría del valor en la economía crítica no sea una teoría del valor,
sino "alguna otra cosa" basada en un parangón elíptico, o sea con
referencia a una hipotética sociedad futura, etcétera.2 Pero la demostración no
se ha logrado y su demostración está contenida implícitamente en el mismo Croce
(cfr. el primer capítulo del ensayo "Per la interpretazione e la
critica", etcétera).3 Es preciso decir que el hallazgo del parangón
elíptico es puramente literario; de hecho la teoría del valor-trabajo tiene
toda una historia que culmina en las doctrinas de Ricardo, y los representantes
históricos de tal doctrina no se proponían, ciertamente, hacer parangones
elípticos. (Esta objeción fue enunciada por el profesor Graziadei en el librito
Capitale e salari;4 habría que ver si fue presentada antes y por quién. La
misma es tan obvia que debería surgir de inmediato pon sí sola.)
176 Hay
que ver si Croce conocía el libro Das Mehrwert, en el que se contiene la
exposición del
Cfr. nota 6 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
162.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 1 (XVI), § 10.
3 Cfr.
Croce, Materialismo storico ed economia marxistica cit., pp. 55-69. 4 Cfr. nota
2 al Cuaderno 7 (VII), § 42.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 983
desarrollo
histórico de la teoría del valor-trabajo. (Confrontaciones cronológicas entre
la publicación del Mehrwert, que fue póstuma y después de los tomos 2 y 3 de la
Crítica de la economía política, y el ensayo de Croce.)1 Por lo tanto la
cuestión es ésta: el tipo de hipótesis científica propia de la economía crítica
que abstrae no principios económicos del hombre en general, de todos los
tiempos y lugares, sino de leyes de un determinado tipo de sociedad, ¿es
arbitrario o por el contrario más concreto que el tipo de hipótesis de la
economía pura? Y puesto que un tipo de sociedad se presenta pleno de
contradicciones. ¿es correcto abstraer sólo uno de los términos de esta
contradicción? Por lo demás, toda teoría es un parangón elíptico, porque
siempre hay un parangón entre los hechos reales y la "hipótesis"
derivada de estos hechos. Cuando Croce dice que la teoría del valor no es la
"teoría del valor" sino alguna otra cosa, en realidad no destruye la
teoría misma sino que plantea una cuestión formal de nomenclatura: he ahí por
qué los economistas ortodoxos no estuvieron satisfechos con su ensayo (cfr. en
el libro MSEM el artículo en polémica con el profesor Racca).2 Tampoco es
válida la observación a propósito del término "plusvalía", el cual
por el contrario expresa con mucha claridad lo que se quiere decir precisamente
por las razones por las que Croce lo critica; se trata del descubrimiento de un
hecho nuevo, el cual es expresado con un término cuya novedad consiste en la
formación, precisamente contradictoria en confrontación con la ciencia
tradicional; que no pueden existir "plusvalías" al pie de la letra
puede ser justo, pero el neologismo tiene un significado metafórico, no
literal, o sea es una nueva palabra que no se resuelve en el valor literal de
las formas etimológicas originales.
Seguramente sería oportuno, según la
amplitud del Ensayo, trazar un bosquejo de la tradición intelectual del
Mediodía (especialmente en el pensamiento político y filosófico) en
contraposición con el resto de Italia, esencialmente la Toscana, tal como se refleja
hasta la generación de Croce (y Giustino Fortunato). El libro de Luigi Russo
sobre De Saneas y la Universidad napolitana3 puede ser muy útil, incluso para
ver cómo la tradición meridional alcanzó con De Sanctis un grado de desarrollo
teórico-práctico frente al cual la posición de Croce representa un retroceso,
sin que la posición de Gentile, que sin embargo se empeñó más que Croce en la
acción práctica, pueda juzgarse una continuación de la actividad de De Sanctis
por otras razones. A propósito de la oposición cultural entre la Toscana y el
Mediodía se puede recordar (a título de curiosidad) el epigrama de Ardengo
Soffici (creo que en el Giornale di Bordo) sobre la "alcachofa".4 La
alcachofa toscana, escribe más o menos Soffici, no se presenta a primera vista
tan vistosa y atrayente como la alcachofa napolitana; es rasposa, dura, toda
espinas, hirsuta. Pero deshójenla; después de las primeras hojas leñosas e
incomibles, que hay que tirar, en el medio se encuentra el núcleo compacto,
pulposo, sabrosísimo. Tomen la alcachofa napolitana; inmediatamente después de
las primeras hojas hay algo que comer, pero qué acuosidad y banalidad de sabor;
siga deshojando, el sabor no mejora y en el centro no encontrarán nada, un
vacío lleno de fibrosidad desagradable. Oposición entre la cultura científica y
experimental de los toscanos y la cultura especulativa de los napolitanos. Sólo
que actualmente la Toscana no tiene una función particular en la cultura
nacional y se nutre de la vanidad de los recuerdos pasados.
Cfr.
Cuaderno 7 (VIII), pp. 73-72.
177
El ensayo de Croce, Per la
interpretazione e la critica di alcuni concetti del marxismo fue publicado por
primera vez en 1897; la
obra
póstuma de Marx, aquí mencionada por Gramsci, fue publicada por Kautsky en tres
.volúmenes, con el título Theorien über den Mehrwert, entre 1905 y 1910.
Cfr. Croce, Materialismo storico ed
economía marxistica cit., pp. 163-76 (VII: "Marxismo ed economía
pura").
3 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 7 (VII), § 31.
4 Cfr.
Ardengo Soffici, Giornale di Bordo, Vallecchi, Florencia 1921, pp. 76-78. Antes
de aparecer en forma de libro, el Giornale di Bordo de Soffici fue publicado
por capítulos en la revista Lacerba en 1913: cfr. nota al Cuaderno 1 (XVI), §
65.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 984
<39>.
Puntos de referencia para un ensayo sobre Croce. Nota sobre Luigi Einaudi. No
parece que Einaudi haya estudiado directamente las obras de economía crítica y
de filosofía de la praxis; puede incluso decirse que habla de las mismas,
especialmente de la filosofía de la praxis, de oídas, por haber oído decir, a
menudo de tercera o cuarta mano. Las nociones principales las ha tomado de
Croce (MSEM), pero de forma superficial y a menudo desaliñada (confrontar un
parágrafo precedente).1 Lo que más interesa es el hecho de que en la Riforma
Sociale ha sido siempre escritor apreciado (y durante algún tiempo, creo,
incluso miembro de la redacción) Achille Loria, o sea el divulgador de una
derivación degenerada de la filosofía de la praxis. Puede decirse también que
en Italia lo que pasa bajo la bandera de filosofía de la praxis no es otra cosa
que contrabando de pacotilla científica loriana. Recientemente, y precisamente
en la Riforma Sociale, Loria publicó un mamotreto de fichas caóticamente
dispuestas, titulándolo: "Nuove conferme dell'economismo storico".2
En la Riforma Sociale de noviembre- diciembre de 1930 Einaudi publicó una nota:
“Il mito (!) dello strumento tecnico"3 a propósito de la autobiografía de
Rinaldo Rigola, que refuerza la opinión esbozada más arriba. Precisamente Croce
mostró en su ensayo sobre Loria (en el MSEM) que el "mito
del instrumento técnico" fue una
invención particular de Loria,4 de lo cual Einaudi no hace mención, persuadido
como está de que se trata por el contrario de una doctrina de la filosofía de
la praxis. Por otra parte, Einaudi comete toda una serie de errores por
ignorancia de la cuestión: 1] confunde el desarrollo del instrumento técnico
con el desarrollo de las fuerzas económicas; para él, hablar de desarrollo de
las fuerzas de producción significa sólo hablar del desarrollo del instrumento
técnico; 2] considera que las fuerzas de producción son para la economía
crítica sólo las cosas materiales y no también las fuerzas y las relaciones
sociales, o sea humanas, que están incorporadas en las cosas materiales y de
las que el derecho de propiedad es la expresión jurídica; 3] resalta también en
este escrito el acostumbrado "cretinismo" economista que es propio de
Einaudi y de muchos de sus amigos librecambistas, los cuales como
propagandistas son verdaderos iluminados. Sería interesante revisar la recopilación
de los escritos de propaganda periodística de Einaudi;5 ellos mostrarían que
los capitalistas no han comprendido nunca sus verdaderos intereses y que
siempre se han comportado antieconómicamente.
Dada la innegable influencia intelectual
de Einaudi sobre un amplio estrato de intelectuales, valdría la pena hacer una
investigación de todas las notas en las que alude a la filosofía de la praxis.
Debe también recordarse el artículo necrológico sobre Piero Gobetti publicado
por Einaudi en Baretti, que explica la atención con que Einaudi replica
mordazmente a todo escrito de autor liberal en el que se reconozcan a la
filosofía de la praxis la importancia y la influencia tenidas en el desarrollo
de la cultura moderna. También debe recordarse a este propósito el fragmento
sobre Gobetti en el Piemonte de Giuseppe Prato.6
Gr.
Cuaderno 7 (VII), pp. 58 bis-59.
<40>. Introducción al estudio de la
filosofía. El "nóumeno" kantiano. Si la realidad es como nosotros la
conocemos y nuestro conocimiento cambia continuamente, o sea si ninguna
filosofía es definitiva sino que es históricamente determinada, es difícil
imaginar que la realidad cambie objetivamente con nuestro cambiar y es difícil
admitirlo no sólo para el
Cfr. el precedente § 18, y también
Cuaderno 1 (XVI), § 11.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 7 (VII), § 13, y
nota 6 al Cuaderno 1 (XVI), § 25.
3 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 7 (VII), § 13.
4 Cfr.
nota 4 al Cuaderno 7 (VII), § 13.
5 Cfr.
nota 5 al Cuaderno 7 (VII), § 13.
6 Para el
artículo de Einaudi sobre Gobetti y el pasaje sobre Giuseppe Trato cfr. nota 6
al Cuaderno 7 (VII), § 13.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 985
sentido
común sino también para el pensamiento científico. En La sagrada familia se
dice que la realidad se agota toda ella en los fenómenos y que más allá de los
fenómenos no hay nada,1 y así es ciertamente. Pero la demostración no es fácil.
¿Qué son los fenómenos? ¿Son algo objetivo, que existen en sí y por sí, o son
cualidades que el hombre ha identificado a consecuencia de sus intereses
prácticos (la construcción de su vida económica) y de sus intereses
científicos, o sea de la necesidad de encontrar un orden en el mundo y de
describir y clasificar las cosas (necesidad que está también ella ligada a
intereses prácticos mediatos y futuros)? Planteada la afirmación de que lo que
nosotros conocemos en las cosas no es sino a nosotros mismos, nuestras necesidades
y nuestros intereses, o sea que nuestros conocimientos son superestructuras (o
filosofías no definitivas) es difícil evitar que se piense en algo real más
allá de estos conocimientos, no en el sentido metafísico de un
"nóumeno", de un "dios ignoto" o de "un
incognoscible", sino en el sentido concreto de una "relativa
ignorancia" de la realidad, de algo todavía "desconocido" que
sin embargo podrá ser conocido un día cuando los instrumentos
"físicos" e intelectuales de los hombres sean más perfectos, o sea
cuando hayan cambiado, en sentido progresista. las condiciones sociales y
técnicas de la humanidad. Por lo tanto se hace una previsión histórica que
consiste simplemente en el acto del pensamiento que proyecta en el futuro un
proceso de desarrollo como el que se verificó desde el pasado hasta hoy. De
todos modos hay que estudiar a Kant y revisar sus conceptos exactamente.
179
<41>. Puntos de referencia para un
ensayo sobre Croce,
<I>.
Discurso de Croce en la sección de Estética del Congreso Filosófico de Oxford
(reproducido en la Nuova Italia del 20 de octubre de 1930):2 desarrolla en
forma extrema las tesis sobre filosofía de la praxis expuestas en la Storia
della Storiografía italiana nel secolo)
XIX.3
Este punto de vista crítico más reciente de Croce sobre la filosofía de la
praxis (que representa una completa innovación respecto del que sostiene en su
libro MSEM ), ¿cómo puede ser juzgado críticamente? Deberá juzgarse no como un
juicio de filósofo, sino como un acto político de alcance práctico inmediato.
Es cierto que en la filosofía de la praxis se ha formado una corriente
degradada, que puede ser considerada, en relación con la concepción de los
fundadores de la doctrina, como el catolicismo popular en relación con el
teológico o de los intelectuales: así como el catolicismo popular puede ser
traducido en los términos del paganismo, o de las religiones inferiores al
catolicismo por las supersticiones y las brujerías por las que estaban o están
dominadas, igual la filosofía de la praxis degradada puede ser traducida en
términos "teológicos", o trascendentales, o sea de las filosofías
prekantianas y precartesianas. Croce se comporta como los anticlericales
masónicos y racionalistas vulgares, que combaten al catolicismo con estas
confrontaciones y estas traducciones del catolicismo vulgar en lenguaje
"fetichista". Croce cae en la misma posición intelectualista que
Sorel reprochaba a Clemenceau, de juzgar un movimiento histórico por su literatura
de propaganda y de no entender que incluso los opúsculos banales pueden ser la
expresión de movimientos extraordinariamente importantes y vitales.4
¿Para una
filosofía es una fuerza o una debilidad el haber superado sus límites usuales
de restringidos círculos intelectuales y haberse difundido en las grandes masas
aunque sea
Esta referencia a la Sagrada Familia de
Marx y Engels, repetida también más adelante en el § 46, en realidad es poco
clara, y
difícilmente
identificable. Puede tratarse quizá de una interpretación personal del segundo
párrafo ("El misterio de la construcción especulativa") del cap. V.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
Cfr. nota 1 al § 11 de la parte I de este
mismo Cuaderno.
4 Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), § 44.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 986
adaptándose
a la mentalidad de éstas y perdiendo poco o mucho de su energía? ¿Y qué
significado tiene el hecho de una concepción del mundo que de tal modo se
difunde y se arraiga y continuamente tiene momentos de recuperación y de nuevo
esplendor intelectual? ¿Es una superstición de intelectuales fosilizados creer
que una concepción del mundo pueda ser destruida por críticas de carácter
racional: cuántas veces no se ha hablado de "crisis" de la filosofía
de la praxis? ¿Y qué significa esta crisis permanente?
180 ¿No
significa acaso la vida misma que procede por negaciones de negaciones? Ahora
bien, ¿quién ha conservado la fuerza de las sucesivas recuperaciones teóricas
sino la fidelidad de las masas populares que se apropiaron la concepción.
aunque fuese en formas supersticiosas y primitivas? Se dice a menudo que en
ciertos países el no haberse dado la reforma religiosa es causa de atraso en
todos los campos de la vida civil, y no se observa que precisamente la difusión
de la filosofía de la praxis es la gran reforma de los tiempos modernos, es una
reforma intelectual y moral que realiza a escala nacional lo que el liberalismo
no logró realizar sino para grupos restringidos de la población. Precisamente
el análisis que hizo Croce en la Storia dell'Europa de las religiones, y el
concepto de religión que Croce ha elaborado, sirven para comprender mejor el
significado histórico de la filosofía de la praxis y las razones de su
resistencia a todos los ataques y a todas las deserciones.
La
posición de Croce es la del hombre del Renacimiento frente a la reforma
protestante, con la diferencia de que Croce revive una posición que
históricamente ha demostrado ser falsa y reaccionaria y que él mismo (y sus
discípulos: cfr. el libro de De Ruggiero sobre Rinascimento e Riforma)1 ha
contribuido a demostrar que es falsa y reaccionaria. Que Erasmo pudiese decir a
Lutero: "donde aparece Lutero, muere la cultura",2 se puede
comprender. Que hoy Croce reproduzca la posición de Erasmo no se comprende, porque
Croce ha visto cómo de la primitiva tosquedad intelectual del hombre de la
Reforma brotó sin embargo la filosofía clásica alemana y el vasto movimiento
cultural del que nació el mundo moderno.3 Más aún: todo el tratamiento que hace
Croce en su Storia d'Europa del concepto de religión es una crítica implícita
de las ideologías pequeñoburguesas (Oriani, Missiroli, Gobetti, Dorso,
etcétera), que explican las debilidades del organismo nacional y estatal
italiano con la ausencia de una Reforma religiosa, entendida en sentido
estrechamente confesional. Ampliando y precisando el concepto de religión,
Croce muestra la mecánica y el esquematismo abstracto de estas ideologías, que
no eran más que construcciones de literatos. Pero precisamente por eso, más
grave aún debe parecer el no haber comprendido que precisamente la filosofía de
la praxis, con su vasto movimiento de masas, representó y representa un proceso
histórico similar a la Reforma, en contraste con el liberalismo, que reproduce
un Renacimiento estrechamente limitado a pocos grupos intelectuales y que en
cierto punto ha capitulado frente al catolicismo, hasta el punto de que el
único partido liberal eficiente era el partido popular, o sea una nueva forma
de catolicismo liberal.
Croce reprocha a la filosofía de la
praxis su "cientificismo", su superstición "materialista",
su presunto retorno al "medioevo intelectual". Son los reproches que
Erasmo, en el lenguaje de la época, lanzaba contra el luteranismo. El hombre
del Renacimiento y el hombre creado por el desarrollo de la Reforma se han
fundido en el intelectual moderno del tipo Croce, pero si este tipo sería
incomprensible sin la Reforma, él no consigue ya comprender el proceso
histórico por el cual del "medieval" Lutero se llegó necesariamente a
Hegel, y por eso, frente a la gran reforma intelectual y moral representada por
la difusión de la filosofía de la praxis, reproduce mecánicamente la actitud de
Erasmo. Esa posición de Croce se puede estudiar con
El título completo de esta obra de De
Ruggiero es Rinascimento, Riforma Controrif arma: cfr. nota 7 al Cuaderno 4
(XIII), § 3.
2 Cfr.
nota 5 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
3 Para la
analogía Croce-Erasmo cfr. también el fragmento de la carta a Tania citado en
la nota 2 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 987
mucha
precisión en su actitud práctica con respecto a la religión confesional. Croce
es esencialmente anticonfesional (no podemos decir antirreligioso dada su
definición del hecho religioso), y para un nutrido grupo de intelectuales
italianos y europeos su filosofía, especialmente en sus manifestaciones menos
sistemáticas (como las reseñas, las apostillas, etcétera, recogidas en libros
como Cultura e vita morale, Conversazioni critiche, Frammenti di Etica,
etcétera), ha sido una auténtica reforma intelectual y moral de tipo
"Renacimiento". "Vivir sin religión" (y se entiende sin
confesión religiosa) ha sido la sustancia que Sorel ha extraído de la lectura
de Croce (cfr. "Lettere di G. Sorel a B. Croce" publicadas en la
Critica de 1927 y sig.).1 Pero Croce no ha "ido al pueblo", no ha
querido convertirse en un elemento "nacional" (como no lo fueron los
hombres del Renacimiento, a diferencia de los luteranos y calvinistas), no ha
querido crear un grupo de discípulos que, en sustitución suya (dado que él
personalmente quisiera reservar su energía para la creación de alta cultura),
pudiesen popularizar su filosofía, tratando de convertirla en un elemento
educativo desde las escuelas elementales (y por lo tanto educativo para el
simple obrero y campesino, o sea para el simple hombre del pueblo). Seguramente
eso era imposible, pero valía la pena haberlo intentado, y el no haberlo
intentado tiene también un significado. Croce en algún libro ha escrito algo de
este género: "No se le puede quitar la religión al hombre del pueblo, sin
sustituirla inmediatamente con algo que satisfaga las mismas exigencias por las
que la religión nació y todavía permanece". 2 Hay algo de cierto en esta
afirmación, ¿pero no contiene ésta una confesión de la impotencia de la
filosofía idealista para convertirse en una concepción del mundo integral (y
nacional)? Y en realidad, ¿cómo se podría destruir la religión en la conciencia
del hombre del pueblo sin, al mismo tiempo, sustituirla? ¿Es posible en este
caso sólo destruir sin crear? Es imposible. El mismo anticlericalismo
vulgar-masónico, sustituye con una nueva concepción la religión que destruye
(en cuanto realmente destruye), y si esta nueva concepción es tosca y baja,
significa que la religión sustituida era realmente aún más tosca y baja. Por lo
tanto, la afirmación de Croce no puede ser más que un módo hipócrita de
representar el viejo principio de que la religión es necesaria para el pueblo.
182
Gentile, menos hipócritamente, y más consecuentemente, restableció la enseñanza
<de la religión> en las escuelas elementales (se ha ido incluso más allá
de lo que pretendía hacer Gentile y se ha extendido la enseñanza religiosa a
las escuelas medias) y ha justificado su acto con la concepción hegeliana de la
religión como filosofía de la infancia de la humanidad (debe verse el programa
escolar de Croce, desechado a causa de las vicisitudes parlamentarias del
gobierno Giolitti 1920- 21, pero que por lo que concierne a la religión no era
muy distinto del que fue el programa de Gentile, si mal no recuerdo),3 que se
ha convertido en un puro sofisma aplicado a los tiempos actuales, y un modo de
prestar un servicio al clericalismo. Debe
Cfr. nota 2 a la parte I de este mismo
Cuaderno, § 2. En la carta del 14 de noviembre de 1914 Sorel escribe: "El
gran problema
actual es
muy probablemente el que usted indica en su carta: 'vivir sin religión'; la
historia parece mostrar que eso es posible, pues muchas personas piensan que la
China es tan poco religiosa que se puede considerar como atea; ¿pero el arte y
la filosofía
no están
seriamente comprometidos por la ruina de las religiones populares?". Cfr.
La Critica, 20 de marzo de 1929 (año XXVII, fase. II), p. 114.
Cfr. nota 6 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
Con toda probabilidad Gramsci tenía en
mente, a este respecto, la relación parlamentaria de Croce, como ministro de
instrucción pública en el gobierno Giolitti, publicada a su tiempo en opúsculo
—cfr. Benedetto Croce, Le riforme degli esami e la sistemazione delle scuole
medie (Relazione in Parlamento), Societá Editrice "La Voce",
Florencia, 1913—, junto al discurso parlamentario del mismo Croce del 6 de
julio de 1920 (ahora en Discorsi parlamentari, Bardi, Roma, 1966, pp. 26-44).
En la edición de este discurso incluida en las Pagine sparse, Laterza, Bari
1960, vol. II, p. 336, se da en una nota un fragmento característico de una
entrevista a L'Idea Nazionale (8 de abril de 1920), donde se lee, entre otras
cosas, la frase: "me adhiero plenamente a la tesis sostenida por
Gentile". Del mismo tono es el artículo "II Crocefisso nene
scuole", aparecido en el Giornale d'Italia del 19 de agosto de 1925
(Pagine sparse, vol. II cit., pp. 457-58), donde sin embargo se precisa:
"todos los que conocen cuanto he escrito al respecto, saben que he sido
abiertamente partidario de la enseñanza religiosa en las escuelas elementales,
impartiéndola a los alumnos de las familias que la soliciten..." Poco
antes, en un artículo del 24 de marzo de 1925 (Pagine sparse, vol. II cit., p.
456), Croce había ratificado su general simpatía por la "reforma
Gentile".
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 988
recordarse
el "fragmento de Ética" sobre la religión;1 ¿por qué no ha sido
desarrollado? Seguramente era imposible. La concepción dualista y de la
"objetividad del mundo externo" tal cual fue arraigada en el pueblo
por las religiones y las filosofías tradicionales convertidas en "sentido
común", no puede ser desarraigada y sustituida más que por una nueva
concepción que se presente íntimamente fundida con un programa político y una
concepción de la historia que el pueblo reconozca como expresión de sus necesidades
vitales. No es posible pensar en la vida y en la difusión de una filosofía que
no sea al mismo tiempo política actual, estrechamente ligada a la actividad
preponderante en la vida de las clases populares, el trabajo, y que no se
presente por lo tanto, dentro de ciertos límites, como vinculada necesariamente
a la ciencia. Esa concepción nueva tal vez adoptará inicialmente formas
supersticiosas y primitivas como las de la religión mitológica, pero hallará en
sí misma y en las fuerzas intelectuales que el pueblo extraerá de su seno los
elementos para superar esa fase primitiva. Esta concepción conecta al hombre
con la naturaleza por medio de la técnica, manteniendo la superioridad del
hombre y exaltándola en el trabajo creador, y por ende exalta el espíritu y la
historia. (Debe verse el artículo de M. Missiroli sobre la ciencia publicado en
el Ordine Nuovoa con una apostilla de P. T.)2
En el manuscrito: "O. N.".
A
propósito de las relaciones entre el idealismo y el pueblo, es interesante este
pasaje de Missiroli (cfr. L'Italia Letteraria, 23 de marzo de 1930,
"Calendario: Relidone e filosofia"): "Es probable que algunas
veces, frente a la lógica del profesor de filosofía, especialmente si éste es
un seguidor del idealismo absoluto, el sentido común de los escolares y el buen
sentido de los maestros de otras materias, se inclinen a dar la razón al
teólogo más que al filósofo. No quisiera, en una eventual disputa, ante un
público') no iniciado, encontrarme ante el deber de perorar las razones de la
filosofía moderna.
183 La
humanidad es todavía totalmente aristotélica y la opinión común sigue aún aquel
dualismo, que es propio del realismo greco-cristiano. Que el conocer es un
'ver' en vez de un 'hacer', que la verdad está fuera de nosotros, existente en
sí y por sí, y no sea una creación nuestra, que la 'naturaleza' y el 'mundo'
son realidades intangibles, nadie lo duda y se corre el riesgo de pasar por
locos cuando se afirma lo contrario. Los defensores de la objetividad del
saber, los defensores más rígidos de la ciencia positiva, de la ciencia y del
método de Galileo contra la gnoseología del idealismo absoluto, hoy se
encuentran entre los católicos. Aquellos que Croce llama seudoconceptos y
aquello que Gentile define como pensamiento abstracto, son las últimas rocas
del objetivismo. De ahí la tendencia, cada vez más visible, de la cultura
católica a valorar la ciencia positiva y la experiencia contra la nueva
metafísica del absoluto. No es de excluirse que el pensamiento católico pueda
rejuvenecerse refugiándose en la ciudadela de la ciencia experimental. Desde
hace treinta años los jesuitas trabajan para eliminar los contrastes —en
realidad basados en equívocos— entre la religión y la ciencia, y no es casual
que Georges Sorel en un escrito hoy rarísimo observase que, entre todos los
científicos, los matemáticos son los únicos para quienes el milagro no tiene
nada de milagroso".3
b En el
manuscrito: "punto".
Esta
forma de ver las relaciones entre ciencia experimental y catolicismo no es muy
constante en Missiroli, y por otra parte su hipótesis no está muy fundada sobre
hechos reales. En el libro Date a Cesare, el cuadro que Missiroli presenta de
la cultura de los religiosos en Italia no es muy brillante ni prometedor de
cualquier desarrollo peligroso para la cultura
Cfr. nota 8 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
2 Cfr.
nota 9 al Cuaderno 7 (VII), § 1. 3 Cfr. nota 10 al Cuaderno 7 (VII), § I.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 989
laica.1
En una reciente respuesta a un referéndum del Saggiatore, Missiroli prevé en el
futuro italiano una difusión general de las ciencias naturales en perjuicio del
pensamiento especulativo y al mismo tiempo una oleada de anticlericalismo, o
sea que prevé que el desarrollo de las ciencias experimentales estará en
oposición a las corrientes religiosas.2 Que los jesuitas trabajen desde hace
treinta años para reconciliar ciencia y religión no parece muy exacto, al menos
en Italia. En Italia la filosofía neoescolástica, que se había encargado de
esta misión, está representada más bien por los franciscanos (que en la
Universidad del Sagrado Corazón se han rodeado de muchos laicos) que por los
jesuitas, entre los cuales parecen abundar sobre todo los estudiosos de
psicología experimental y de método erudito (ciencia bíblica, etcétera).
También se tiene la impresión de que los jesuitas (los de la Civiltá Cattolica,
por lo menos) observen con cierta suspicacia los estudios científicos e incluso
a la Universidad del Sagrado Corazón por el hecho de que los profesores de la
misma coquetean un poco excesivamente con las ideas modernas (la Civiltà
Cattolica no deja nunca de censurar toda adhesión demasiado, marcada al
darvinismo; etcétera. Por lo demás, los neoescolásticos del grupo Gemelli han
coqueteado no poco con Croce y con Gentile y de ellos, han acogido teorías
particulares: el libro de monseñor Olgiati sobre Carlo Marx —de 1920— está
totalmente construido con materiales críticos crocianos, y el padre Chiocchetti,
que ha escrito un libro sobre Croce, acepta de éstos la doctrina del origen
práctico del error, que no se ve cómo pueda ser aislada de todo el sistema
crociano).3
La actitud de Croce con respecto al
catolicismo se ha ido precisando después de 1925 y ha tenido su nueva
manifestación más conspicua con la Storia d'Europa nel secolo XIX, que ha sido
puesta en el índice. Hace algunos años Croce se maravillaba porque sus libros
no habían sido nunca puestos en el índice: ¿pero por qué hubiera debido suceder
tal cosa? La Congregación del Indice (que es también el. Santo Oficio de la
Inquisición) tiene su propia política sagaz y prudente. Pone en el Indice
librejos de poca monta, pero evita lo más que puede señalar ante la atención
pública, como contrarias a la fe, las obras de grandes intelectuales. Se
atrinchera en la excusa muy cómoda de que son [deben ser entendidos como]
automáticamente incluidos en el Indice todos lo libros que son contrarios a
ciertos principios enumerados en la introducción de las diversas ediciones de
los Indices. Así, con D'Annunzio, se decidió su inclusión en el Indice sólo
cuando el gobierno decidió hacer la edición nacional de sus obras, y con Croce
por la Storia d'Europa. En realidad, la Storia d'Europa es el primer libro de
Croce en el que las opiniones antirreligiosas del autor asumían un significado
de política activa y tenían una difusión desacostumbrada.
La
reciente actitud de Croce respecto a la filosofía de la praxis (cuya
manifestación más conspicua ha sido hasta ahora el discurso ante la sección de
Estética del Congreso de Oxford),4 no es sólo una renegación (incluso un
viraje) de la primera posición adoptada por Croce antes de 1900 (cuando
escribía que el nombre de "materialismo" era sólo un modo de decir y
polemizaba con Plejánov dando la razón a Lange por no haber hablado de la
filosofía de la praxis en su Historia del Materialismo), 5 viraje injustificado
lógicamente, pero es también una renegación, también ésta injustificada, de su
propia filosofía pasadaa (al menos de una parte conspicua de ella) en cuanto
que Croce era un filósofo de la praxis "sin saberlo" (habrá que ver
el ensayo de Gentile al respecto, contenido en el libro Saggi Critici, 2ª.
serie, edición Vallecchi, Florencia).6
Cfr. Missiroli, Date a Cesare cit., cap.
XV, en particular pp. 391-98.
2 Cfr. el
precedente § 11 y nota 1.
3 Cfr.,
en este mismo Cuaderno, parte I, § 5, pp. 43 a-44 y nota 2.
4 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
5 Cfr.
Crece, Materialismo storico ed economia marxistica cit., p. 6.
6 Se trata del artículo "II marxismo di
Benedetto Croce", ya publicado en el Resto del Carlino del 14 de mayo de
1918, y luego
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 990
En el manuscrito una variante
interlineal: "precedente".
Algunas
cuestiones planteadas por Croce son puramente verbales. Cuando escribe que las
superestructuras son concebidas como apariencias,1 ¿no piensa que ello puede
significar simplemente algo similar a su afirmación de la no
"definitividad" o sea de la "historicidad" de toda
filosofía? Cuando por razones "políticas", prácticas, para hacer a un
grupo social independiente de la hegemonía de otro grupo, se habla de
"ilusión", ¿cómo se puede confundir en buena fe un lenguaje polémico
con un principio gnoseológico?
¿Y cómo explica Croce la no definitividad
de las filosofías? Por una parte, él hace esta afirmación gratuitamente, sin
justificarla más que con el principio general del "devenir"; por la
otra, reafirma el principio (ya afirmado por otros) de que la filosofía no es
una cosa abstracta sino que es la resolución de los problemas que la realidad,
en su desarrollo, incesantemente presenta. La filosofía de la praxis, por el
contrario, se propone justificar, no con principios genéricos, sino con la historia
concreta, la historicidad de las filosofías, historicidad que es dialéctica
porque da lugar a luchas de sistemas, a luchas entre modos de ver la realidad,
y sería extraño que quien está convencido de su propia filosofía, considerase
concretas y no ilusorias las creencias adversarias (y de esto se trata, porque
de otra manera los filósofos de la praxis deberían considerar ilusorias sus
propias concepciones o ser escépticos o agnósticos). Pero lo más interesante es
esto: que la doctrina del origen práctico del error de Croce no es otra cosa
que la filosofía de la praxis reducida a una doctrina particular. En este caso
el error de Croce es la ilusión de los filósofos de la praxis. Sólo que error e
ilusión no debe significar en el caso de esta filosofía nada más que
"categoría histórica" transeúnte por los cambios de la práctica, o
sea, no sólo la afirmación de la historicidad de las filosofías, sino también
una explicación realista de todas las concepciones subjetivistas de la
realidad. La teoría de las superestructuras no es más que la solución
filosófica e histórica del idealismo subjetivista. Junto a la doctrina del
origen práctico del error debe situarse la teoría de las ideologías políticas
explicada por Croce en su significado de instrumentos prácticos de acción:
¿pero dónde hallar el límite entre lo que debe ser entendido como ideología en
el sentido estricto crociano y la ideología en el sentido de la filosofía de la
praxis, o sea todo el conjunto de las superestructuras? También en este caso la
filosofía de la praxis sirvió a Croce para construir una doctrina particular.
Por lo demás, tanto el "error" como la "ideología como
instrumento práctico de acción" también para Croce pueden ser
representados por sistemas filosóficos enteros que son todos ellos un error por
ser originados por necesidades prácticas y necesidades sociales. Aunque hasta
ahora no lo ha escrito explícitamente, no sería asombroso que Croce sostuviese
el origen práctico de las religiones mitológicas y por lo tanto explicase así
su erroneidad por una parte y su tenaz resistencia a las críticas de las
filosofías laicas, por la otra, porque alguna alusión en este sentido se podría
encontrar en sus escritos (Maquiavelo, con su concepción de la religión como
instrumento de dominio, podríaa haber enunciado ya la tesis del origen práctico
de las religiones).
En el manuscrito: "se podría".
La afirmación de Croce de que la
filosofía de la praxis "separa" la estructura de las
superestructuras, volviendo así a poner en vigor el dualismo teológico y
proponiendo un "dios ignoto-estructura",2 no es exacta y ni siquiera
es invención muy profunda. La acusación de dualismo teológico y de disgregación
del proceso de lo real es vacua y superficial. Es
incluido
en Giovanni Gentile, Saggi critichi, serie II, Vallecchi, Florencia, 1927 [FG.
C. carc., Turi IV], pp. 37-41; este libro de Gentile fue pedido por Gramsci en
la carta a Tania del 17 de abril de 1933 (cfr. Le, 773-74), pero es probable
que al escribir este parágrafo Gramsci sólo tuviese del mismo una noticia
indirecta.
Cfr. nota 15 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
2 2Cfr.
nota 16 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 991
extraño
que semejante acusación haya venido de Croce, quien ha introducido el concepto
de dialéctica de los distintos y que por ello es continuamente acusado por los
gentilianos precisamente de haber disgregado el proceso de lo real. Pero,
aparte de eso, no es verdad que la filosofía de la praxis "separa" la
estructura de las superestructuras cuando por el contrario concibe su
desarrollo como íntimamente vinculado y necesariamente interrelativo y
reciproco. Tampoco es la estructura, ni siquiera como metáfora, parangonable a
un "dios ignoto": ella es concebida en forma ultrarrealista, de tal
manera que puede ser estudiada con métodos de las ciencias naturales y exactas
e incluso precisamente por ésta su "consistencia" objetivamente controlable,
la concepción de la historia ha sido considerada "científica". Tal
vez la estructura es concebida como algo inmóvil y absoluto y no por el
contrario como la realidad misma en movimiento, y la afirmación de las Tesis
sobre Feuerbacha del "educador que debe ser educado",1 ¿no establece
una relación necesaria de reacción activa del hombre sobre la estructura,
afirmando la unidad del proceso de lo real?
El concepto de "bloque
histórico" construido por Sorel2 captaba plenamente esta unidad sostenida
por la filosofía de la praxis. Debe señalarse cuán cauto y prudente fue Croce
en los primeros ensayos recopilados en MSEM y cuántas reservas anteponía al
enunciar sus críticas y sus interpretaciones (será interesante registrar estas
reservas cautelosas), y qué diferente, por el contrario, es su método en estos
escritos recientes, que por lo demás, si dieran en el blanco, demostrarían que
él perdió su tiempo en el primer periodo y que fue de extraordinaria
simplicidad y superficialidad. Sólo que entonces Croce intentaba por lo menos
justificar lógicamente sus cautas afirmaciones, mientras que ahora se ha vuelto
perentorio y no cree necesaria ninguna justificación. Se podría hallar el
origen práctico de su actual error recordando el hecho de que antes de 1900 él
se consideraba honrado de pasar incluso políticamente por un seguidor de la
filosofía de la praxis, porque entonces la situación histórica hacía de este movimiento
un aliado del liberalismo, mientras que hoy las cosas han
cambiado
mucho y ciertos jueguitos resultarían peligrosos.
En el manuscrito: Tesis de Feuerbach.
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), pp. 51-53 bis.
187
<§
41>. II. Hay que recordar el juicio de Croce sobre Giovanni Botero en el
libro Storia dell'età barocca in Italia. Croce reconoce que los moralistas del
600, por más pequeños de estatura que fuesen comparados con Maquiavelo,
"representaban, en la filosofía política, una fase ulterior y
superior".3 Este juicio debe emparentarse con el de Sorel sobre
Clemenceau, que no lograba ver, incluso "a través" de una literatura
mediocre, las exigencias que tal literatura representaba y que éstas no eran
mediocres.4 Un prejuicio de intelectuales es el de medir los movimientos
históricos y políticos con el rasero del intelectualismo, de la originalidad.
de la "genialidad", o sea de la cumplida expresión literaria y de las
grandes personalidades brillantes, y no, por el contrario, de la necesidad
histórica y de la cienciaa política, o sea de la capacidad concreta y actual de
conformar el medio al fin. Este prejuicio es también popular, en ciertas fases
de la organización política (fase de los hombres carismáticos), y se confunde a
menudo con el prejuicio del "orador": el hombre político debe ser
gran orador y gran intelectual, debe tener el "carisma" del genio,
etcétera, etcétera. Se llega después a la fase inferior de ciertas regiones
campesinas o de los negros en las que para ser seguidos hay que tener barba.
En el manuscrito una variante
interlineal: "arte".
Cfr. nota 17 al Cuaderno 7 (VI1), § 1.
2 Cfr.
nota 8 al Cuaderno 4 (XIII), § 15.
3 Cfr.
Crece, Storia dell'etet barocca in Italia cit., p. 89. 4 Cfr. Crece, Storia
dell'etet barocca in Italia cit., p. 89.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 992
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), p. 55 bis.
<§
41>. III. La aproximación de los dos términos ética y política para indicar
la más reciente historiografía crociana es la expresión de las exigencias en
las que se mueve el pensamiento histórico crociano: la ética se refiere a la
actividad de la sociedad civil, a la hegemonía; la política se refiere a la
iniciativa y a la coerción estatal-gubernativa. Cuando hay oposición entre
ética y política, entre exigencias de la libertad y exigencias de la fuerza,
entre sociedad civil y Estado-gobierno, hay crisis y Croce llega a afirmar que
el verdadero "Estado", o sea la fuerza directiva del impulso
histórico, hay que buscarlo a veces no allí donde se creería, en el Estado
jurídicamente entendido, sino en las fuerzas "privadas" e incluso en
los llamados revolucionarios.1 Esta proposición de Croce es muy importante para
entender plenamente su concepción de la historia y la política. Sería útil
analizar en concreto estas tesis en los libros de historia de Croce en cuanto
que ahí se hallan incorporadas concretamente.
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), pp. 55 bis-56.
<§ 41
>. IV. Podría decirse que Croce es el último hombre del Renacimiento y que
expresa exigencias y relaciones internacionales y cosmopolitas. Esto no quiere
decir que no sea un "elemento nacional", también en el significado
moderno del término, quiere decir que, incluso de las relaciones y exigencias
nacionales, él expresa especialmente aquéllas que son más generales y coinciden
con nexos de civilización más vastos que el área nacional:
188
Europa. lo que suele llamarse civilización occidental, etcétera. Croce ha
logrado recrear en su personalidad y en su posición de líder mundial de la
cultura aquella función de intelectual cosmopolita que fue desempeñada casi
colegiadamente por los intelectuales italianos del Medioevo hasta fines del
600. Por otra parte, si en Croce están vivas las preocupaciones de líder
mundial, que lo inducen a asumir siempre actitudes equilibradas, olímpicas, sin
empeños demasiado comprometedores de carácter temporal y episódico, también es
cierto que él mismo ha inculcado el principio de que en Italia, si se quiere
desprovincializar la cultura y las costumbres (y el provincialismo todavía
perdura como residuo del pasado de disgregación política y moral), hay que elevar
el tono de la vida intelectual a través del contacto y el intercambio de ideas
con el mundo internacional (éste era el programa renovador del grupo florentino
de La Voce), por lo tanto en su posición y en su función es inmanente un
principio esencialmente nacional.
La
función de Croce se podría parangonar a la del papa católico y hay que decir
que Crece, en el ámbito de su influencia, a veces ha sabido conducirse más
hábilmente que el papa; en su concepto de intelectual, por lo demás, hay algo
de "católico y clerical", como puede verse por sus publicaciones del
tiempo de guerra y como se desprende incluso hoy de reseñas y apostillas; en
forma más orgánica y compacta su concepción del intelectual puede aproximarse a
la expresada por Julien Benda en el libro La trahison des cleros.2 Desde el
punto de vista de su función cultural, no hay que considerar tanto a Croce como
filósofo sistemático como algunos aspectos de su actividad; 1] Croce como
teórico de la estética y de la crítica literaria y artística (la última edición
de la Enciclopedia Britannica ha confiado a Croce la voz "Estética",
tratado publicado en Italia fuera de comercio con el título Aesthetica in
nuce;3 el Breviario d'Estetica ha sido compilado para los norteamericanos.4 En
Alemania hay muchos
Cfr. nota 1 al Cuaderno 7 (VII), § 9.
Cfr. Cuaderno 3 (XX), § 2 y notas 2 y 3;
y en este mismo Cuaderno 10 (XXXIII), el subsiguiente § 47.
3 Cfr.
Cuaderno 6 (VIII), § 124 y nota 1.
4 Cfr.
Benedetto Croce, Breviario di estetiea, Laterza, Bari, 1913 [FG, C. cene., Turi
II]. El libro es uno de los que Gramsci tenía en Roma antes de su arresto (cfr.
LC, 263). En la Advertencia el mismo Croce recuerda que el libro fue escrito
por invitación de una
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 993
seguidores
de la Estética crociana); 2] Croce como crítico de la filosofía de la praxis y
como teórico de la historiografía; 3] especialmente Croce como moralista y
maestro de vida, constructor de principios de conducta que prescinden de toda
confesión religiosa, incluso muestran cómo se puede "vivir sin
religión". El de Crece es un ateísmo de señores, un anticlericalismo que
aborrece la tosquedad y rudeza plebeya de los anticlericales desarrapados, pero
se trata siempre de ateísmo y de anticlericalismo; por ello se plantea la
pregunta de por qué Croce no se ha puesto a la cabeza, si no activamente, al
menos dando su nombre y su patrocinio, de un movimiento italiano de Kulturkamf,
lo que habría tenido enorme importancia histórica (respecto a la actitud hipócrita
de los crocianos hacia el clericalismo debe verse el artículo de G. Prezzolini
"La paura del prete" en el libro Mi pare ...
impreso
por la casa editorial Delta de Fiume).1
Tampoco puede decirse que no se haya
empellado en la lucha por consideraciones de carácter filisteo, pora
consideraciones personales, etcétera, porque él ha demostrado no preocuparse
por estas vanidades mundanas conviviendo libremente con una mujer muy inteligente,
que mantenía la vivacidad de su salón napolitano frecuentado por científicos
italianos y extranjeros y sabía despertar la admiración de estos
frecuentadores; esta unión libre impidió a Croce entrar en el Senado antes de
1912, cuando la señora ya hubo muerto y Croce volvió a ser para Giolitti una
persona "respetable". También debe observarse, a propósito de
religión, la actitud equívoca de Croce con respecto al modernismo: que Croce
tuviera que ser antimodernista podía entenderse, en cuanto anticatólico, pero
el planteamiento de la lucha ideológica no fue éste. Objetivamente Croce fue un
aliado valioso de los jesuitas contra el modernismo (en el Date a Cesare
Missiroli exalta ante los católicos la actitud de Croce y Gentile contra el modernismo
en este sentido),2 y la razón de esta lucha, que entre religión trascendental y
filosofía inmanentista no puede existir un tertium quid ancipite ed equivoco,
parece todo un pretexto. También en este caso aparece el hombre del
Renacimiento, el tipo de Erasmo, con la misma falta de carácter y de valor
civil. Los modernistas, dado el carácter de masas que les dio el contemporáneo
nacimiento de una democracia rural católica (ligada a la revolución técnica que
tenía lugar en el valle paduano con la desaparición de la figura del obbligato
o schiavandaro y la expansión del bracero y formas menos serviles de aparcería)
eran reformadores religiosos, aparecidos no según esquemas intelectuales
preestablecidos, tan apreciados por el hegelianismo, sino según las condiciones
reales e históricas de la vida religiosa italiana. Era una segunda oleada de
catolicismo liberal, mucho más extendido y de carácter más popular que el del
neogIIelfismo antes del 48 y del más genuino liberalismo católico posterior al
48. La actitud de Croce y Gentile (con el monaguillo Prezzolini) aisló a los
modernistas en el mundo de la cultura e hizo más fácil su aniquilamiento por
parte de los jesuitas, incluso pareció una victoria del papado contra toda la
filosofía moderna: la encíclica antimodernista es en realidad contra la
inmanencia y la ciencia moderna y en este sentido fue comentada en los
seminarios y en los círculos religiosos (es curioso que hoy la actitud de los
crocianos con respecto a los modernistas, o al menos los mayores de ellos —aunque
no contra Buonajuti— ha cambiado mucho como puede verse por la elaborada reseña
de Adolfo Omodeo, en la Critica del 20 de julio de 1.932, de las Mémoires pour
servir d l'histoire religieuse de notre temps de Alfred Loisy).3 ¿Por qué Croce
no dio del modernismo la misma explicación lógica que en la Storia d'Europa ha
dado del r catolicismo liberal, como de una victoria de la "religión de la
libertad",
universidad
norteamericana.
El título exacto del artículo de
Prezzolini es "La paura dei preti": cfr. Prezzolini, Mi pare... cit.,
pp. 95-100.
El libro de Missiroli contiene algunas
alusiones dispersas al modernismo, pero ninguna se encuentra en el contexto
aquí mencionado por Gramsci.
Cfr. La Critica, 20 de julio de 1932
cit., pp. 285-96.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 994
que
lograba penetrar incluso en la ciudadela de su más acérrimo antagonistab y
enemigo, etcétera? (Debe revisarse en la Storia d'Italia lo que se dice del
modernismo: pero tengo la impresión de que Croce lo pasa por alto,1 mientras
que exalta la victoria del liberalismo sobre el socialismo convertido en
reformismo por la actividad científica del propio Croce.)
En el manuscrito: "de".
En el manuscrito:
"antagonismo".
La misma observación puede hacerse a
Missiroli, también él antimodernista y antipopular: si el pueblo no puede
llegar al concepto de la libertad política y a la idea nacional sino después de
haber atravesado una reforma religiosa, o sea después de haber conquistado la
noción de libertad en la religión, no se comprende por qué Missiroli y los
liberales del Resto del Carlino han sido tan ferozmente antimodernistas: o se
comprende incluso demasiado; porque modernismo significaba políticamente
democracia cristiana, ésta era particularmente fuerte en la Emilia-Romaña y en
todo el valle paduano y Missiroli con sus liberales luchaban por la Agraria.
Se
plantea el problema de quién representa más adecuadamente a la sociedad
contemporánea italiana desde el punto de vista teórico y moral: el papa, Croce,
Gentile; o sea: 1] quién tiene más importancia desde el punto de vista de la
hegemonía, como ordenador de la ideología que da el cemento más íntimo a la
sociedad civil y por lo tanto al Estado; 2] quién representa mejor en el
extranjero la influencia italiana en el cuadro de la cultura mundial. El
problema no es de fácil solución, porque cada uno de los tres domina ambientes
y fuerzas sociales diversas. El papa como cabeza y guía de la mayoría de los
campesinos italianos y de las mujeres, y porque su autoridad e influencia
operan con toda una organización centrada y bien articulada, es una gran
fuerza, la mayor fuerza política del país después del gobierno; pero la suya es
una autoridad que se ha vuelto pasiva y aceptada por inercia, que incluso antes
del Concordato era, de hecho, un reflejo de la autoridad estatal.
Por esta razón es difícil establecer un
parangón entre la influencia del papa y la de un particular en la vida
cultural. Un parangón más racional puede establecerse entre Croce y Gentile, y
de inmediato resulta evidente que la influencia de Croce, no obstante todas las
apariencias, es en mucho superior a la de Gentile. Por otra parte, la autoridad
de Gentile dista mucho de ser admitida en su mismo bando político (recordar el
ataque de Paolo Orano en el Parlamento contra la filosofía de Gentile y el ataque
personal contra Gentile y los gentilianos en el semanario Roma por parte de G.
A. Fanelli).2 Me parece que la filosofía de Gentile, el actualismo, es más
nacional sólo en el sentido de que está estrechamente ligada a una fase
primitiva del Estado, a la fase económico-corporativa, cuando todos los gatos
son pardos. Por esta misma razón se puede creer en la mayor importancia e
influencia de esta filosofía, así como muchos creen que en el Parlamento un
industrial es más que un abogado representante de los intereses industriales (o
que un profesor o hasta un líder de los sindicatos obreros), sin pensar que, si
la mayoría parlamentaria en pleno fuese de industriales, el Parlamento perdería
inmediatamente su función de mediación política y todo prestigio (para el
corporativismo y economismo de Gentile debe confrontarse su discurso
pronunciado en Roma y publicado en el libro Cultura e Fascismo).3 La influencia
de Croce es menos ruidosa que la de Gentile pero más profunda y arraigada;
Croce es realmente una especie de papa laico, pero la moral de Croce es
demasiado para intelectuales, demasiado del tipo Renacimiento, no puede hacerse
popular, mientras que el papa y su doctrina influyen a masas
De hecho, en la Storia d'Italia sólo hay
una breve alusión incidental al movimiento modernista, en un pasaje en el que
se alude
a las
polémicas de Gentile contra los modernistas, "las cuates pretendieron
hacer de su pequeña herejía en el seno de la Iglesia católica una gran
renovación de pensamiento".
Para el discurso de Paolo Orano cfr. nota
2 al Cuaderno 6 (VIII), § 82; para el ataque de G. A. Fanelli a Gentile en el
semanario
Cfr. nota 1 al Cuaderno 7 (VII), § 17.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 995
incalculables
de pueblo con máximas de conducta que se refieren incluso a las cosas más
elementales. Es verdad que Croce afirma que estos modos de vida ya no son
específicamente cristianos y religiosos, porque "después de Cristo todos
somos cristianos", o sea que el cristianismo, en lo que es real exigencia
de vida y no mitología, ha sido absorbido por la civilización moderna (este
aforismo de Croce tiene ciertamente mucho de verdad: el senador Mariano
D'Amelio, primer presidente de Casación, combatió la objeción de que los
códigos occidentales no pueden introducirse en países no cristianos como el
Japón, Turquía, etcétera, precisamente porque fueron construidos con muchos
elementos introducidos por el cristianismo, recordando esta "simple verdad"
de Croce.1Ahora bien, los códigos occidentales son introducidos en los países
"paganos" como expresión de la civilización europea y no del
cristianismo como tal, y los buenos musulmanes no creen haberse convertido en
cristianos ni haber abjurado del isl amismo).
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), pp. 60 bis-61.
<§
41>. V. Debe criticarse el planteamiento que hace Croce de la ciencia
política. La política, según Croce, es la expresión de la "pasión". A
propósito de Sorel, Croce escribió (Cultura e vita morale, 29— ed., p. 158):
"El 'sentimiento de escisión' no lo habían garantizado (el sindicalismo)
suficientemente, probablemente también porque una escisión teorizada es una
escisión superada; tampoco el 'mito' lo entusiasmaba suficientemente,
seguramente porque Sorel, en el acto mismo de crearlo, lo había disipado, dando
su explicación doctrinal".2 Pero Croce no advirtió que las observaciones
hechas a Sorel se pueden volver contra el mismo Croce: ¿la pasión teorizada no
es también ella superada? La pasión de la que se da una explicación doctrinal,
¿no es también ella "disipada"?
192 Y no
se diga que la "pasión" de Croce es algo distinto del
"mito" soreliano, que la pasión significa la categoría, el momento
espiritual da la práctica, mientras que el mito es una determinada pasión que
como históricamente determinada puede ser superada y disipada sin que por ello
se aniquile la categoría de que es un momento perenne del espíritu: la objeción
es verdadera sólo en el sentido de que Croce no es Sorel, cosa obvia y banal.
Por lo pronto debe observarse que el planteamiento de Croce es intelectualista
e iluminista. Puesto que tampoco el mito concretamente estudiado por Sorel era
cosa de papel, una construcción arbitraria del intelecto soreliano, no podía
ser disipado por cualquier paginita doctrinal, conocida por grupos restringidos
de intelectuales, que luego difundían la teoría como prueba científica de la
verdad científica del mito, el cual ingenuamente apasionaba a las grandes masas
populares. Si la teoría de Croce fuese real, la ciencia política no debería ser
otra cosa más que una nueva "Medicina" de las pasiones y no puede
negarse que una gran parte de los artículos políticos de Croce es precisamente
una intelectualista e iluminista Medicina de las pasiones, así como acaba por
ser cómica la seguridad de Croce de haber aniquilado vastos movimientos
históricos en la realidad porque cree haberlos "superado y disuelto"
en idea. Pero en realidad tampoco es cierto que Sorel sólo haya teorizado y
explicado doctrinalmente un mito determinado: para Sorel la teoría de los mitos
es el principio científico de la ciencia política, es la "pasión" de
Croce estudiada en forma más concreta, es lo que Croce llama
"religión", o sea una concepción del mundo con una ética
correspondiente, es un intento de reducir a lenguaje científico la concepción
de las ideologías de la filosofía de la praxis vista precisamente a través del
revisionismo crociano. En este estudio del mito como sustancia de la acción
política, Sorel estudió también ampliamente el mito determinado que estaba en
la base de una cierta realidad social y que era su motor de progreso. Su
tratamiento tiene por ello dos aspectos: uno propiamente teórico, de ciencia
política, y un aspecto político
Esta afirmación de D'Amelio está en un
artículo de la Nuova Antologia del 1º. de abril de 1932: cfr. nota 1 al
Cuaderno 8 (XXVIII),
233.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 7 (VII), § 39.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 996
inmediato,
programático. Es posible, aunque muy discutible, que el aspecto político y
programático del sorelianismo haya sido superado y disipado; actualmente puede
decirse que ha sido superado en el sentido de que ha sido integrado y depurado
de todos los elementos intelectualistas y literarios, pero incluso hoy es
preciso reconocer que Sorel trabajó sobre la realidad efectiva y que tal
realidad no ha sido superada ni disipada.
Que Croce
no haya salido de estas contradicciones y que en parte tenga conciencia de
ello, se comprende por su actitud frente a los "partidos políticos"
tal como se revela en el capítulo “Il partito come giudizio e come
pregiudizio" del libro Cultura e vita tnorale1 y por lo que se dice de los
partidos en los Eleinenti di politica,2 esto último aún más significativo.
Croce reduce el acto político a la actividad de los "jefes de
partido" como individuos, que para satisfacer su pasión se construyen, en
los partidos, los instrumentos adecuados para el triunfo (de manera que la
medicina de las pasiones bastaría hacérsela beber a pocos individuos). Pero
tampoco esto explica nada.
Se trata de esto: los partidos han
existido siempre, permanentemente. aunque con otras formas y otros nombres, y
una pasión permanente es un contrasentido (sólo por metáfora se habla de locos
razonadores, etcétera), v aún más, siempre ha existido una organización
permanentemente militar, la cual enseña a ejecutar a sangre fría, sin pasión,
el acto práctico más extremo, la matanza de otros hombres que no son odiados
individualmente por esos individuos, etcétera. Por otra parte, el ejército es
el actor político por excelencia incluso en tiempos de paz: ¿cómo poner de
acuerdo la pasión con la permanencia, con el orden y la disciplina sistemática,
etcétera? La voluntad política debe tener algún otro motor además de la pasión,
un motor de carácter también permanente, ordenado, disciplinado, etcétera. No
se ha dicho que la lucha política, como la lucha militar, se resuelva siempre
sanguinariamente, con sacrificios personales que llegan hasta el sacrificio
supremo de la vida. La diplomacia es precisamente aquella forma de lucha
política internacional (y no se ha dicho que no exista una diplomacia incluso
para las luchas nacionales entre partidos) que influye para obtener victorias
(que no son siempre de poca envergadura) sin derramamiento de sangre, sin
guerra. La sola comparación "abstracta" entre las fuerzas militares y
políticas (alianzas, etcétera) de dos Estados rivales, convence al más débil
para que haga concesiones. He ahí un caso de "pasión" amaestrada y
razonable. En el caso de los jefes y los subordinados, sucede que los jefes y
los grupos dirigentes suscitan las pasiones de las masas astutamente y las
conducen a la lucha y a la guerra, pero en este caso no es la pasión la causa y
sustancia de la política, sino la conducta de los jefes que se mantienen fríamente
razonadores. La última guerra ha demostrado, además, que no era la pasión la
que mantenía a las masas militares en las trincheras, sino el terror de los
tribunales militares o un sentido del deber fríamente razonado y reflexivo.
Cfr.
Cuaderno 7 (VIII, pp. 70-70 bis.
<§
41>. VI. La teoría del valor como parangón elíptico. Además de la objeción
de que la teoría del valor tiene su origen en Ricardo, que ciertamente no se
proponía hacer un parangón elíptico en el sentido que piensa Croce, debe
añadirse aún otra serie de razonamientos. ¿Era arbitraria la teoría de Ricardo
y es arbitraria la solución más precisa de la economía crítica? ¿Y en qué punto
del razonamiento estaría el arbitrio o el sofisma? Habría que estudiar bien la
teoría de Ricardo sobre el Estado como agente económico, como la fuerza que
tutela el derecho de propiedad, o sea el monopolio de los medios de producción.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 7 (VII), § 39.
2 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 7 (VII), § 39.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 997
Es cierto que el Estado ut sic no produce
la situación económica, sin embargo puede hablarse del Estado como agente
económico en cuanto que precisamente el Estado es sinónimo de tal situación. De
hecho, si se estudia la hipótesis económica pura, como Ricardo pretendía hacer,
¿no hay que prescindir de esta situación de fuerza representada por los Estados
y por el monopolio legal de la propiedad? Que la cuestión no es ociosa queda
demostrado por los cambios aportados a la situación de fuerza existente en la sociedad
civil por el nacimiento de las trade-unions. por más que el Estado no haya
cambiado de naturaleza. Así pues, no se trataba en lo más mínimo de un parangón
elíptico, hecho en vista de una futura forma social distinta de la estudiada,
sino de una teoría resultante de la reducción de la sociedad económica a la
pura "economicidad", o sea al máximo de determinación del "libre
juego de las fuerzas económicas", en el que siendo la hipótesis la del
homo œconoinicus, no podía no prescindirse de la fuerza dada al conjunto por
una clase organizada en el Estado, de una clase que tenía en el Parlamento su
trade-union, mientras que los asalariados no podían coaligarse y hacer valer la
fuerza dada por la colectividad a cada individuo aislado. Ricardo, como por lo
demás los otros economistas clásicos, eran extremadamente desprejuiciados y la
teoría ricardiana del valor-trabajo no provocó ningún escándalo cuando fue
expresada (cfr. la Storia delle dottrine economiche de Gide y Rist),1 porque
entonces no representaba ningún peligro, parecía sólo, como era, una
constatación puramente objetiva y científica. El valor polémico y de educación
moral y política, aun sin perder su objetividad, habría de adquirirlo sólo con
la economía crítica. El problema está ligado además al problema fundamental de
la ciencia económica "pura", o sea a la identificación de lo que debe
ser el concepto y el hecho históricamente determinado, independiente de los
otros conceptos y hechos pertinentes a las otras ciencias: el hecho determinado
de la ciencia económica moderna no puede ser más que el de mercancía, de
producción y distribución de mercancías y no un concepto filosófico como
querría Croce, para el cual incluso el amor es un hecho económico y toda la
"naturaleza" es reducida al concepto de economía.
Habría
que señalar aún que, si se quiere, todo el lenguaje es una serie de parangones
elípticos, que la historia es un parangón implícito entre el pasado y el
presente (la actualidad histórica) o entre dos momentos distintos del
desarrollo histórico. ¿Y por qué la elipsis es ilícita si el parangón se
produce con una hipótesis futura, mientras que sería lícita si el parangón se
establece con un hecho pasado (el cual en tal caso es asumido justamente como
hipótesis, como punto de referencia útil para mejor comprender el presente)? El
mismo Croce, hablando de las previsiones, sostiene que la previsión no es otra
cosa que un juicio especial sobre la actualidad que es la única que se conoce,
porque no se puede conocer el futuro por definición porque éste no existe y no
ha existido y no se puede conocer lo inexistente (cfr. Conversazioni Critiche,
la. serie, pp. 15053).2 Se tiene la impresión de que el razonamiento de Croce
es más bien de literato y de constructor de frases efectistas.
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), pp 71-72.
195
<§
41>. VII. Sobre la tendencia descendente de la tasa de ganancia. Esta ley
debería ser estudiada sobre la base del taylorismo y del fordismo. ¿No son
estos dos métodos de producción y de trabajo intentos progresistas de superar
la ley tendencial, eludiéndola con la multiplicación de las variables en las
condiciones del aumento progresivo del capital constante? Las variables son
éstas (entre las más importantes, pero de los libros de Ford3 se
Cfr. nota 3 al Cuaderno 7 (VII), § 42.
La referencia de Gramsci alude a una
reseña de Croce del libro de Ludovico Limentani, La previsione dei fatti
sociali (Bocea, Turín, 1907), en Croce, Conversazioni critiche, serie I cit.,
pp. 150-52. Sobre el mismo tema cfr. Cuaderno 13 (XXX), § 1, p. 1 a.
Sobre los libros de Ford leídos por
Gramsci, cfr. nota 6 al Cuaderno 1 (XVI), § 61.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 998
podría
construir un registro completo y muy interesante): 1] las máquinas
continuamente introducidas son más perfectas y refinadas; 2] los metales más
resistentes y de mayor duración; 3] se crea un tipo nuevo de obrero
monopolizado con Tos altos salarios; 4] disminución del desperdicio en el
material de fabricación; 5] utilización cada vez mayor de los cada vez más
numerosos subproductos, o sea ahorro de desperdicios que antes eran necesarios
y que se ha hecho posible por la gran amplitud de las empresas; 6] utilización
del desperdicio de energías calóricas: por ejemplo, el calor de los altos
hornos que antes se dispersaba en la atmósfera es entubado y calienta las casas
habitación, etcétera. (La selección de un nuevo tipo de obrero hace posible, a
través de la racionalización taylorizada de los movimientos, una producción
relativa y absoluta más grande que la anterior con la misma fuerza de trabajo.)
Con cada una de estas innovaciones el industrial pasa de un periodo de costos
crecientes (o sea de descenso de la tasa de ganancia) a un periodo de costos
decrecientes, en cuanto que viene a gozar de un monopolio de iniciativa que
puede durar bastante tiempo (relativamente). El monopolio dura largo tiempo
también a causa de los altos salarios que tales industrias progresistas
"deben" dar, si quieren formar un cuerpo de obreros seleccionados y
si quieren disputar a sus competidores los obreros más predispuestos, desde el
punto de vista psicotécnico, para las nuevas formas de producción y de trabajo
(recordar el hecho similar del senador Agnelli, que para absorber en la Fiat a
las otras empresas automovilísticas, captó a todos los obreros hojalateros de
la plaza mediante altosa salarios; las fábricas, privadas así de sus secciones
especializadas para la producción de guardafangos, trataron de resistir
intentando fabricar guardafangos de madera comprimida, pero la innovación
fracasó y tuvieron que capitular). La extensión de los nuevos métodos determina
una serie de crisis, cada una de las cuales se plantea los mismos problemas de
los costos crecientes y cuyo ciclo se puede imaginar recurrente hasta que: 1]
no se haya alcanzado el límite extremo de resistencia del material; 2] no se
haya alcanzado el límite en la introducción de nuevas máquinas automáticas, o
sea la relación última entre hombres y máquinas; 3] no se haya alcanzado el
límite de saturación de industrialización mundial, tomando en cuenta la tasa de
crecimiento de la población (que por lo demás declina con la extensión del
industrialismo) y de la producción para renovar las mercancías de uso y los
bienes instrumentales. La ley de la tendencia descendente de la tasa de
ganancia estaría pues en la base del americanismo, o sea que sería la causa del
ritmo acelerado en el progreso de los métodos de trabajo y de producción y de
modificación del tipo tradicional de obrero.
En el manuscrito: "otros" (o
sea "altri" ea vez de "alti").
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), p. 68 bis.
196
<§
41>. VIII. El punto más importante en el que Croce resume las críticas,
según él decisivas y que habrían representado una época histórica, es la Storia
d'Italia dal 1871a al 1915 en el capítulo en que alude al destino de la
filosofía de la praxis y de la economía crítica.1 En el prefacio a la segunda
edición del libro MSEM fija en cuatro las tesis principales de su revisionismo:
la primera, que la filosofía de la praxis debe valer como simple canon de
interpretación, y la segunda, que la teoría del valor-trabajo no es otra cosa
sino el resultado de un parangón elíptico entre dos tipos de sociedad, él
afirma haber "sido generalmente acogidas", "se han vuelto
usuales, y ya se oyen repetir casi sin que se recuerde quién fue el primero en
ponerlas en circulación". La tercera tesis, crítica de la Iey acerca del
descenso de la tasa de ganancia ("ley que, si fuese exactamente
establecida, < . . . > significaría ni más ni menos que el fin automático
e inminente (!?) de la sociedad capitalista) "es seguramente más dura de
aceptar"; pero Croce se alegra de la adhesión del "economista y
filósofo" Ch. Andler
Cfr. Croce, Storia dal 1871 al 1915 cit.,
cap. VI: Ripresa e trasformazione di ideali, pp. 153-71 (cfr. en particular pp.
169-70).
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 999
(en las
Notes critiques de science sociale, año I, n. 5, París, 10 de marzo de 1900, p.
77). La cuarta tesis, la de una economía filosófica, "es ofrecida más
propiamente a la meditación de los filósofos" y Croce remite a su futuro
libro sobre la práctica. Respecto a las relaciones entre filosofía de la praxis
y hegelianismo, remite a su ensayo sobre Hegel.1
En el manuscrito: "1870".
En la "Conclusión" a su ensayo
"Per la interpretazione e la critica di alcuni concetti" (MSEM, pp.
55-113, la conclusión está en las pp. 11013), Croce resume en cuatro puntos los
resultados positivos de su investigación: 1] En lo tocante a la ciencia
económica, la justificación de la economía crítica, entendida no en cuanto
ciencia económica general, sino en cuanto economía sociológica comparativa, que
trata de las condiciones del trabajo en la sociedad; 2] En lo tocante a la
ciencia de la historia, la liberación de la filosofía de la praxis de todo
concepto apriorístico (bien sea herencia hegeliana o contagio de vulgar
evolucionismo), y el entendimiento de la doctrina como fecundo, pero simple
canon de interpretación histórica; 3] En lo tocante al aspecto práctico, la
imposibilidad de deducir el programa social del movimiento (como también
cualquiera otro programa social) de proposiciones de pura ciencia, debiéndose
llevar el juicio de los programas sociales al campo de la observación empírica
y de las persuasiones prácticas; 4] En lo tocante al aspecto ético, la negación
de la amoralidad intrínseca y de la antieticidad intrínseca de la filosofía de
la praxis.2 (Será útil buscar otros puntos de discusión y de crítica en todos
los escritos de Croce sobre el tema, resumiéndolos atentamente con todas las
anotaciones bibliográficas del caso, aunque conservándoles un puesto especial a
estos puntos que el mismo Croce indica como los que principalmente han atraído
su interés <y> sub reflexión más metódica y sistemática.)
En el manuscrito: "de
cualquier". b En el manuscrito: "su su".
<§
41>. IX. Para comprender mejor la teoría crociana expuesta en la relación
presentada en el Congreso de Oxford sobre "Historia y Antihistoria"
(y que en otro punto ha sido emparentada con la discusión desarrollada por la
generación pasada sobre el punto de la posibilidad de los "saltos" en
la historia y en la naturaleza),3 hay que estudiar el estudio de Croce
Interpretazione storica della proposizioni filosofiche,4 en el cual, además del
tema del que deriva el título, de por sí muy interesante y que no es observado
por Croce en su polémica última contra la filosofía de la praxis, se contiene
una interpretación restrictiva y capciosa de la proposición hegeliana: "lo
que es real es racional y lo que es racional es real", precisamente en el
sentido de la antihistoria.
<§
41>. X. La importancia que han tenido el maquiavelismo y el
antimaquiavelismo en Italia para el desarrollo de la ciencia política y el
significado que en este desarrollo ha tenido recientemente la proposición de
Croce sobre la autonomía del momento político-económico y las páginas dedicadas
a Maquiavelo. ¿Puede decirse que Croce no habría llegado a este resultado sin
la aportación cultural de la filosofía de la praxis? Debe recordarse a este
propósito que Croce escribió que no podía comprender cómo es que nunca nadie
pensó en desarrollar el concepto de que el fundador de la filosofía de la
praxis llevó a cabo, para un grupo social moderno, la misma obra realizada por
Maquiavelo en su tiempo.5 De este
Cfr. Croce, Materialismo storico ed
economía marxistica cit., pp. XII-X1V.
Los cuatro puntos son tomados al pie de
la letra del texto de Croce (cfr. Materialismo storico ed economia marxistica
cit., p. 111), con algunas variantes de carácter criptográfico referentes al
término "marxismo".
Cfr. el precedente § 28.
Cfr. Crork., Eternita e storiciti della
filosofía cit., pp. 51-59.
5 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 56.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1000
parangón
de Croce se podría deducir toda la injusticia de su actual posición cultural,
incluso porque el fundador de la filosofía de la praxis tuvo intereses mucho
más amplios que Maquiavelo y que el mismo Botero (que para Croce integra a
Maquiavelo en el desarrollo de la ciencia política, 1 aunque esto no sea muy
exacto, si de Maquiavelo no se considera sólo el Príncipe sino también los
Discursos), no sólo eso, sino que en él está contenido en embrión también el
aspecto ético- político de la política o la teoría de la hegemonía y del
consenso, además del aspecto de la fuerza y de la economía.
La cuestión es ésta: dado el principio
crociano de la dialéctica y de los distintos (que debe criticarse corno
solución puramente verbal de una exigencia metodológica real, en cuanto que es
verdad que no existen sólo los opuestos, sino también los distintos), ¿qué
relación que no sea la de "implicación en la unidad del espíritu"
existirá entre el momento económico-político y las otras actividades
históricas? ¿Es posible una solución especulativa de estos problemas, o sólo
una solución histórica, dada por el concepto de "bloque histórico"
presupuesto por Sorel?2 Por lo pronto se puede decir que mientras la obsesión
político-económica (práctica, didas, cálica) destruye el arte, la moral, la
filosofía, por el contrario estas actividades son también "política".
O sea que la pasión económico-política es destructiva cuando es exterior,
impuesta con la fuerza, según un plan prestablecido (y también el que sea así
puede ser necesario políticamente y se tienen periodos en los que el arte, la filosofía,
etcétera se adormecen, mientras que la actividad práctica está siempre viva),
pero puede volverse implícita en el arte, etcétera, cuando el proceso es
normal, no violento, cuando entre estructura y superestructuras hay
homogeneidad y el Estado ha superado su fase económico-corporativa. El mismo
Croce (en el libro Etica e politica) alude a estas diversas fases, una de
violencia, de miseria, de lucha encarnizada, de la que no se puede hacer
historia ético-política (en su sentido restringido), y una de expansión cultural
que sería la "verdadera" historia.3 En sus dos recientes libros:
Storia d'italia y Storia d'Europa, se omiten precisamente los momentos de la
fuerza, de la lucha, de la miseria y la historia comienza en uno después de
1870 y en el otro a partir de 1815. Según estos criterios esquemáticos, se
puede decir que el mismo Croce reconoce implícitamente la prioridad del hecho
económico, o sea de la estructura como punto de referencia y de impulso
dialéctico para las superestructuras, o sea los "momentos distintos del
espíritu". El punto de la filosofía crociana sobre el que hay que insistir
parece que debe ser precisamente la llamada dialéctica de los distintos. Hay
una exigencia real en el distinguir los opuestos de los distintos, pero hay
también una contradicción en los términos, porque dialéctica se tiene sólo de
los opuestos.
¿Ver las objeciones no verbalistas
presentadas por los lentilianos a esta teoría crociana y remontarse a Hegel?
Hay que ver si el movimiento desde Hegel hasta Croce-Gentile no ha sido un paso
atrás, una reforma "reaccionaria". ¿No han hecho ellos más abstracto
a Hegel? ¿No le han amputado la parte más realista, más historicista? ¿y no es,
por el contrario, precisamente de esta parte que sólo la filosofía de la
praxis, dentro de ciertos límites, es una reforma y una superación? ¿Y no ha
sido precisamente el conjunto de la filosofía de la praxis el que ha hecho
desviarse en este sentido a Croce y a Gentile, aunque ellos se hayan servido de
esta filosofía para doctrinas particulares? (Lo sea por razones implícitamente
politicas?). Entre Croce-Gentile y Hegel se ha formado un eslabón tradición
Vico-Spaventa-(Gioberti). ¿Pero no significa eso un paso atrás respecto a
Hegel? ¿Hegel no puede ser pensado sin la Revolución Francesa y Napoleón con
sus guerras, o sea sin las experiencias vitales e inmediatas de un periodo
histórico intensísimo de luchas, de miserias, cuando el mundo externo atrapa al
individuo y le hace tocar la tierra, lo aplasta contra la tierra, cuando todas
Cfr. el precedente § 41. II y nota 1.
Cfr. nota 8 al Cuaderno 4 (XIII), § 15.
Cfr. Croce, Etica e politica cit., pp.
273-83 ("Storia economice-politica e storia etico-politica".
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1001
las
filosofías pasadas fueron criticadas por la realidad de manera tan perentoria?
¿Qué podían dar de similar Vico y Spaventa? (¿Incluso Spaventa que participó en
sucesos históricos de alcance regional y provincial, en comparación con los
ocurridos desde 1789 hasta 1815 que trastornaron todo el mundo civilizado de
entonces y obligaron a pensar "mundialmente"? ¿Que pusieron en
movimiento la "totalidad" social, todo el género humano concebible,
todo el "espíritu"? ¿He ahí por qué Napoleón puede parecerle a Hegel
el "espíritu del mundo" a caballo!) ¿En qué movimiento histórico de
gran envergadura participa Vico? Por más que su talento consista precisamente
en haber concebido un vasto mundo desde un rincón muerto de la
"historia" ayudado por la concepción unitaria y cosmopolita del
catolicismo . . . Ahí está la diferencia esencial entre Vico y Hegel, entre
dios y la providencia y Napoleón - espíritu del mundo, entre una abstracción
remota y la historia de la filosofía concebida corno única filosofía, que
llevará a la identificación aunque sea especulativa entre historia y filosofía,
del hacer y del pensar, hasta el proletariado alemán como único heredero de la
filosofía clásica alemana.1
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 33-34.
<§
41>. XI. La biografía político-intelectual de Croce no está recogida por
entero en la obra Contributo alla critica di me stesso.2 Por lo que toca a sus
relaciones con la filosofía de la praxis, muchos elementos e ideas esenciales
se hallan diseminados en todas las obras. En el libro Cultura e vita morale (2ª
ed,, p. 45, pero también en otras páginas, como aquellas en donde se explica el
origen de sus simpatías por Sorel)3 él afirma que, no obstante sus tendencias
naturaliter democráticas (porque el filósofo no puede no ser democrático), su
estómago se negó a digerir la democracia, mientras ésta no tomase algún
condimento de la filosofía de la praxis, la cual, "cosa sabidísima, está
embebida de filosofía clásica alemana". Durante la guerra él afirma que
ésta es precisamente la guerra de la filosofía de la praxis (cfr. entrevista
con Croce de De Ruggiero reproducida en la Révue de Métaphysique et de Morale,
las Pagine di guerra, y la introducción de 1917 al MSEM.4
Cfr.
Cuaderna 4 (XIII), p. 53 bis.
200
<§
41>. XII. Uno de los puntos que más interesa examinar y profundizar es la
doctrina crociana de las ideologías políticas. No basta para ello Ieer los
Elementi di politica con el apéndice, sino que hay que buscar las reseñas
publicadas en la Critica (entre otras aquella del opúsculo de Malagodi sobre
las Ideologie politiche, un capítulo de las cuales estaba dedicado a Croce;5
estos escritos dispersos seguramente serán recogidos en el 39 y 49 tomos de las
Conversazioni Critiche). Croce, después de haber sostenido en el MSEM que la
filosofía de la praxis no era más que una forma de decir y que bien había hecho
Lange en no hablar de ella en su historia del materialismo6 (sobre las
relaciones entre Lange y la filosofía de la praxis, que fueron muy oscilantes e
inciertas, debe verse el ensayo de R. D'Ambrosio "La dialettica nena
natura" en la Nuova Rivista Storica, volumen de 1932, pp. 223-52),37 en
cierto
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 56.
Cfr., en este mismo Cuaderno, nota 3 al §
7 de la parte I.
Una alusión a las simpatías de Croce por
Sorel está en la entrevista "La lucirte del socialismo", en Cultura e
vita morale cit., p. 157; es posible sin embargo que Gramsci pensase también en
las páginas dedicadas por Croce a Sorel en Conversazioni critiche, serie I
cit., pp. 282-89, 306-22 (cfr. en particular pp. 306-7).
Para la entrevista de De Ruggiero a Croce
cfr. nota 2 al Cuaderno 1 (XVI), § 132; para la referencia a la actitud de
Croce en el prefacio de 1917 a Materialismo storico ed economía marxistica cfr.
la nota 3 al Cuaderno 1 (XVI), § 29.
Cfr. nota 5 al Cuaderno 4 (XIII), § 15.
Cfr. el precedente § 41_ I, p. 20 y nota
17-
Cfr. Renato D'Ambrosio, "La
dialettica nena natura nel pensiero di Engels e Marx", en Nuova Rivista
Storica, marzo-junio de 1932
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1002
punto
cambió de idea radicalmente y convirtió en eje de su nueva revisión
precisamente la definición construida por el profesor Stammler sobre Lange y
que el mismo Croce en el MSEM (IV edición, p. 118) refiere como sigue:
"Así corno el materialismo filosófico no consiste en afirmar que los
hechos corporales tengan eficacia sobre los espirituales, sino en el hacer de
éstos una mera apariencia, irreal, de aquéllos; lo mismo la 'filosofía de la
praxis' debe consistir en afirmar que la economía es la verdadera realidad y el
derecho es la engañosa apariencia".1 Ahora también para Croce las
superestructuras son meras apariencias e ilusiones, ¿pero acaso es razonado
este cambio de Croce y, especialmente, corresponde a su actividad de filósofo?
La doctrina de Croce sobre las ideologías políticas es de muy evidente
derivación de la filosofía de la praxis: éstas son construcciones prácticas,
instrumentos de dirección política, o sea, podría decirse, que las ideologías
son para los gobiernos meras ilusiones, un engaño sufrido, mientras que para
los gobernados son un engaño voluntario y consciente. Para la filosofía de la
praxis las ideologías son todo lo contrario de arbitrarias; son hechos
históricos reales, que hay que combatir y revelar en su naturaleza de instrumentos
de dominio no por razones de moral, etcétera, sino precisamente por razones de
lucha política: para hacer intelectualmente independientes a los gobernados de
los gobernantes, para destruir una hegemonía y crear otra, como momento
necesario del trastocamiento de la praxis.
201
Parece que Croce se aproxima más a la interpretación materialista vulgar que a
la filosofía de la praxis. Para la filosofía de la praxis las superestructuras
son una realidad (o se vuelven una realidad, cuando no son puras elucubraciones
individuales) objetiva y operante; ella afirma explícitamente que los hombres
toman conciencia de su posición social y por ende de sus obligaciones en el
terreno de las ideologías, lo que no es pequeña afirmación de realidad; la
misma filosofía de la praxis es una superestructura, es el terreno en el que
determinados grupos sociales toman conciencia de su propio ser social, de su
propia fuerza, de sus propias obligaciones, de su propio devenir. En este
sentido —es justa la afirmación del mismo Croce (MSEM, IV ed., p. 118) de que
la filosofía de la praxis "es historia hecha oa in fieri”2 Hay sin embargo
una diferencia fundamental entre la filosofía de la praxis y las otras
filosofías: las otras ideologías son creaciones inorgánicas porque son
contradictorias, porque se orientan a conciliar intereses opuestos y
contradictorios; su "historicidad" será breve porque la contradicción
aflora después de cada acontecimiento del que han sido instrumento. La
filosofía de la praxis, por el contrario, no tiende a resolver pacíficamente
las contradicciones existentes en la historia y en la sociedad, incluso es la
misma teoría de tales contradicciones; no es el instrumento de gobierno de
grupos dominantes para obtener el consenso y ejercer la hegemonía sobre clases
subalternas; es la expresión de estas clases subalternas que quieren educarse a
sí mismas en el arte de gobierno y que tienen interés en conocer todas las
verdades, incluso las desagradables, y en evitar los engaños (imposibles) de la
clase superior y tanto más de sí mismas. La crítica de las ideologías, en la
filosofía de la praxis, afecta al conjunto de las superestructuras y afirma su
caducidad rápida en cuanto tienden a ocultar la realidad, o sea la lucha y la
contradicción, aun cuando son "formalmente" dialécticas (como el crocismo)
o sea que explican una dialéctica especulativa y conceptual y no ven la
dialéctica en el mismo devenir histórico. Véase un aspecto de la posición de
Croce que en el prefacio de 1917 al MSEM escribe que al fundador de la
filosofía de la praxis "reservaremos < . . . > igualmente nuestra
gratitud por haber cooperado a hacernos insensibles a las alcinescas
(año XVI,
fase. pp. 223-52.
Cfr. el precedente § 34, donde este
pasaje de Croce es citado más extensamente, y sin la sustitución del término
"materialismo histórico" por el de "filosofía de la
praxis".
Cfr. Croce, Materialismo storico ed
economia marxistica cit.,. p. 118: "La crítica de la historia se hace con
la historia; y el materialismo histórico es a nuestro juicio historia hecha o
in fieri."
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1003
seducciones
< . . . > de la Diosa Justicia y de la Diosa Humanidad":1 ¿y por qué
no de la Diosa Libertad? Por el contrario, la libertad ha sido deificada por
Croce v él es el pontífice de una religión de la Libertad. Hay que señalar que
e'l significado de ideología no es el mismo en Croce y en la filosofía de la
praxis. En Croce el significado está restringido en forma un poco indefinible,
si bien para su concepto de "historicidad" incluso la filosofía
adquiere el valor de una ideología. Puede decirse que para Croce hay tres
grados de libertad: el librecambismo económico y el liberalismo político que no
son ni la ciencia económica ni la ciencia política (aunque respecto al
liberalismo político Croce es menos explícito), sino precisamente
"ideologías políticas" inmediatas; la religión de la libertad; el
idealismo. Incluso estando la religión de la libertad, como toda concepción del
mundo, vinculada con una ética correspondiente, no debería ser ciencia sino
ideología. Ciencia pura lo sería sólo el idealismo, porque Croce afirma que
todos los filósofos, en cuanto tales, no pueden no ser idealistas, quiéranlo o
no.2
En el manuscrito: "y".
El concepto del valor concreto
(histórico) de las superestructuras en la filosofía de la praxis debe ser
profundizado aproximándolo al concepto soreliano de "bloque
histórico".3 Si los hombres adquieren conciencia de su posición social y
de sus obligaciones en el terreno de las superestructuras, esto significa que
entre estructura y superestructura existe un vínculo necesario y vital. Habría
que estudiar contra cuáles corrientes historiográficas ha reaccionado la
filosofía de la praxis en el momento de su fundación y cuáles eran las
opiniones más difundidas en aquel tiempo incluso con respecto a las otras
ciencias. Las mismas imágenes y metáforas a las que recurren a menudo los
fundadores de la filosofía de la praxis dan indicios a este respecto: la afirmación
de que la economía es para la sociedad lo que la anatomía en las ciencias
biológicas; y debe recordarse la lucha que tuvo lugar en las ciencias naturales
para arrojar fuera del terreno científico principios de clasificación basados
en elementos exteriores y frágiles. Si los animales fuesen clasificados por el
color de la piel, o del pelo o de las plumas, todos protestarían actualmente.
En el cuerpo humano ciertamente no puede decirse que la piel (e incluso el tipo
de belleza física históricamente prevaleciente) sean simples ilusiones y que el
esqueleto y la anatomía sean la única realidad, sin embargo durante mucho
tiempo se dijo algo parecido. Dando valor a la anatomía y a la función del
esqueleto nadie ha querido afirmar que el hombre (y mucho menos la mujer)
puedan vivir sin ella. Continuando con la metáfora, se puede decir que no es el
esqueleto (en sentido estricto) lo que nos hace enamorarnos de una mujer, pero
que no obstante se comprende hasta qué punto el esqueleto contribuye a la
gracia de los movimientos, etcétera, etcétera.
Otro
elemento contenido en el prefacio del Zur Kritik ciertamente debe vincularse a
la reforma de la legislación procesal y penal. En el prefacio se dice que así
como no se juzga a un individuo por lo que éste piensa de sí mismo, tampoco se
puede juzgar a una sociedad por las ideologías. Seguramente puede decirse que
esta afirmación está vinculada a la reforma por la cual, en los juicios
penales, las pruebas testimoniales y materiales han acabado por sustituir a las
afirmaciones del acusado con las correspondientes torturas, etcétera.4
Aludiendo a las llamadas leyes naturales
y al concepto de naturaleza (derecho natural, estado natural, etcétera)
"que surgido en la filosofía del siglo XVII, fue dominante en el siglo
XVIII", Croce (p. 93 del MSEM) dice que "semejante concepción en
realidad sólo de refilón es rozada por la crítica de Marx,a el cual, analizando
el concepto de naturaleza, demostraba
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 15.
Cfr. Croce, Cultura e vita morale cit.,
pp. 295-300: "Para la filosofía del espiritualismo absoluto (y seguramente
para toda filosofía, si toda filosofía quiéralo o no es siempre idealismo), no
pueden subsistir fuerzas materiales".
Cfr. nota 8 al Cuaderno 4 (XIII), § 15.
Cfr., sobre el mismo tema, Cuaderno 1
(XVI), § 113, Cuaderno 8 (XXVIII), § 207, y Cuaderno 11 (XVIII), § 50.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1004
cómo éste
era el complemento ideológico del desarrollo histórico de la burguesía, un arma
potentísima de la que ésta se valió contra los privilegios y opresiones que
trataba de abatir". La alusión sirvió a Croce para la afirmación
metodológica siguiente: "Aquel concepto podría haber surgido como
instrumento para un fin práctico y ocasional y ser no obstante intrínsecamente
verdadero. 'Leyes naturales' equivale, en este caso, a leyes racionales'; y la
racionalidad y la excelencia de esas leyes hay que negarlas. Ahora bien,
precisamente por ser de origen metafísico, ese concepto se puede rechazar
radicalmente, pero no se puede refutar en particular. Decae junto con la
metafísica de la que formaba parte; y actualmente ya parece haber decaído de
veras. En paz descanse la 'gran bondad' de las leyes naturales".1 El
pasaje no es muy claro y límpido en su conjunto. Debe reflexionarse sobre el
hecho de que en general (o sea algunas veces) un concepto puede surgir como
instrumento para un fin práctico y ocasional y ser no obstante intrínsecamente
cierto. Pero no creo que sean muchos los que sostengan que una vez cambiada una
estructura, lodos los elementos de la correspondiente superestructura deban
necesariamente caer. Ocurre incluso que de una ideología surgida para guiar a
las masas populares y que por lo tanto no puede dejar de tomar en cuenta
algunos de sus intereses, sobreviven más elementos: el mismo derecho natural,
si bien ha decaído para las clases cultas, es conservado por la religión
católica y está vivo en el pueblo, más de lo que se cree. Pos otra parte, en la
crítica del fundador de la filosofía de la praxis se afirmaba la historicidad
del concepto, su caducidad, y su valor intrínseco estaba limitado a tal
historicidad pero no era negado.
En el manuscrito: "AL".
Nota I.
Los fenómenos de la moderna descomposición del parlamentarismo pueden ofrecer
muchos ejemplos sobre la función y el valor concreto de las ideologías. Cómo es
presentada esta descomposición para ocultar las tendencias reaccionarias de
ciertos grupos sociales, es del mayor interés. Sobre estos temas se han escrito
muchas notas dispersas en varios cuadernos (por ejemplo sobre la cuestión de la
crisis del principio de autoridad, etcétera)11 que, agrupadas, deben unirse a
estas notas sobre Croce.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp, 54-54 bis, 57 y 57 bis.
204
<§
41>. XIII. En un artículo sobre "Clemenceau", publicado en la
Nuova Antologia del 16 de diciembre de 1929 y en otro publicado en la Italia
Letteraria el 15 de diciembre (el primero firmado "Spectator", el
segundo con el nombre y apellido), Mario Missiroli reproduce dos importantes
pasajes de cartas enviadas a él por Sorel y referentes a Clemenceau2 (en la
Nuova Antologia los dos pasajes aparecen como un todo orgánico; en la Italia
Letteraria, por el contrario, como distintos, y entre el primero y el segundo
Missiroli intercala un "en otro lugar", lo que hace comprender mejor
estilísticamente el contexto): 1] "El [Clemenceau] juzga la filosofía de
Marx,a que constituye el esqueleto del socialismo contemporáneo, como una
doctrina oscura, buena para los bárbaros de Alemania. como siempre les ha
parecido a las inteligencias prontas y brillantes, habituadas a las lecturas
fáciles. Espíritus ligeros como el suyo no logran comprender lo que Renan
comprendía tan bien, esto es, que valores históricos de gran importancia pueden
aparecer unidos a una producción literaria de evidente mediocridad, tal cual es
precisamente la literatura socialista ofrecida al pueblo". 2] "Yo
creo que si Clemenceau durante largo tiempo hizo muy poco caso del socialismo,
menos aún debió hacerle cuando vio a Saufes convertirse en ídolo de los
partidos socialistas. La elocuente oratoria de Jaurès le irritaba. En su
'extrema ligereza' —la definición es de Joseph Reinach— juzgó que el socialismo
no podía contener 1 nada de serio, desde el momento en que un
Cfr. Croce, Materialismo storico ed
economia marxistica cit., p. 93. 11 Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 22.
2 Cfr.
notas 1 y 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 44.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1005
profesor
de universidad, reconocido como jefe de la nueva doctrina, no lograba obtener
de ella más que viento. No se preocupaba de saber si las masas, una vez
sacudidas por la vacua declamación de los jefes, no habrían sabido encontrar en
su seno aquellos directores capaces de conducirlas hacia regiones que los jefes
de la democracia no podían ni siquiera sospechar. Clemenceau no cree en la
existencia de una clase que se esfuerza por formarse la conciencia de una gran
misión histórica que cumplir, misión que tiene por objetivo la renovación total
de nuestra civilización. Cree que el deber de las democracias es el de ir en
socorro de los desheredados que aseguran la producción de las riquezas
materiales, de las que nadie puede prescindir. En los momentos difíciles un
poder inteligente debe hacer leyes para imponer sacrificios a los ricos,
destinados a salvar la solidaridad nacional. Una evolución bien ordenada, que
conduzca a una vida relativamente agradable, esto es todo lo que el pueblo
reclamaría en nombre de la ciencia, si tuviese buenos consejeros_ A sus ojos,
los socialistas son malos pastores cuando introducen, en la política de un país
democrático, la noción de la revolución. Como todos los hombres de su
generación, Clemenceau ha conservado vivo el recuerdo de la Comuna. Creo
firmemente que todavía no ha perdonado al pueblo de París la brutalidad con que
los guardias nacionales insurrectos lo arrojaron del palacio del Ayuntamiento
de Montmartre".
En el manuscrito: "M.-.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII). pp. 77 bis-78.
205
<§
41>. XIV. Los orígenes "nacionales" del historicismo crociano. Hay
que investigar qué significa exactamente y cómo se justifica en Edgar Quinet la
fórmula de la equivalencia de revolución-restauración en la historia italiana.
Según Daniele Mattalia ("Gioberti in Carducci" en la Nuova Italia del
20 de noviembre de 1931), la fórmula de Quinet habría sido adoptada por
Carducci a través del concepto giobertiano de "clasicismo nacional"
(Rinnovamento, edición Laterza. III, 88; Primato, edición Utet, 1, 5, 6. 7).1
Hay que ver si la fónuula de Quiset puede ser aproximada a la de
"revolución pasiva" de Cuoco; ambas expresan seguramente el hecho
histórico de la ausencia de una iniciativa popular unitaria en el desarrollo de
la historia italiana y el otro hecho de que el desarrollo se ha verificado como
reacción de las clases dominantes al subversivismo esporádico, elemental,
inorgánico de las masas populares con "restauraciones" que han
acogido una cierta parte de las exigencias de abajo, por lo tanto
"restauraciones progresistas" o
"revoluciones-restauraciones" o incluso "revoluciones
pasivas". Podría decirse que siempre se ha tratado de revoluciones del
"hombre de Guicciardini" (en el sentido desanctisiano), en el que los
dirigentes han salvado siempre su "particular": Cavour habría
"diplomatizado" la revolución del hombre de Guicciardini y él mismo
se aproximaba como tipo a Guicciardini.
Así pues,
el historicismo de Croce no sería sino una forma de moderacionismo político,
que establece como único método de acción política aquel en el que el progreso,
el desarrollo histórico, resulta de la dialéctica de conservación e innovación.
En lenguaje moderno este concepto se llama reformismo. La combinación de
conservación e innovación constituye precisamente el "clasicismo
nacional" de Gioberti, así como constituye el clasicismo literario y
artístico de la última estética crociana. Pero este historicismo de moderados y
reformistas no es en lo más mínimo una teoría científica, el
"verdadero" historicismo; es sólo el reflejo de una tendencia
práctico- política, una ideología en sentido peyorativo. En efecto, ¿por qué la
"conservación" debe ser precisamente esa determinada
"conservación". ese determinado elemento del pasado? ¿Y por qué se
debe ser "irracionalistas" y "antihistoricistas" si no se
conserva precisamente ese determinado elemento? En realidad, si bien es cierto
que el
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 25.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1006
progreso
es dialéctica de conservación e innovación y la innovación conserva el pasado
superándolo, también es verdad que el pasado es algo complejo, un complejo de
vivo y de muerto, en el que la elección no puede hacerse arbitrariamente, a
priori, por un individuo o una corriente política. Si la elección fue hecha de
tal modo (sobre el papel) no puede tratarse de historicismo sino de un acto de
voluntad arbitrario, del manifestarse de una tendencia práctico-política,
unilateral, que no puede dar fundamento a una ciencia, sino sólo a una
ideología política inmediata.
206 Lo
que del pasado sea conservado en el proceso dialéctico no puede ser determinado
a priori, sino que resultará del proceso mismo, tendrá un carácter de necesidad
histórica, y no de elección arbitraria por parte de los llamados científicos y
filósofos. Por otra parte, debe observarse que la fuerza innovadora, en cuanto
que ella misma no es un hecho arbitrario, no puede no ser ya inmanente en el
pasado, no puede no ser en cierto sentido ella misma el pasado, un elemento del
pasado, aquello del pasado que está vivo y en desarrollo, es ella misma
conservación-innovación, contiene en sí todo el pasado, digno de desarrollarse
y perpetuarse. Para esta especie de historicistas moderados, (y se entiende
moderados en sentido político, de clase, o sea de aquellas clases que operan en
la restauración después de 1815 y 1848) irracional era el jacobinismo,
antihistoria era igual a jacobinismo. Pero ¿quién podrá nunca probar
históricamente que los jacobinos fuesen guiados sólo por la arbitrariedad? ¿Y
no es ya una proposición histórica banal el que ni Napoleón ni la Restauración
destruyeron los "hechos consumados" por los jacobinos? ¿O acaso el
antihistoricismo de los jacobinos habría consistido en aquella parte de sus
iniciativas que no se ha "conservado" en un 100%, sino sólo en cierto
porcentaje? No parece plausible sostener esto porque la historia no se
reconstruye con cálculos matemáticos, y por otra parte ninguna fuerza
innovadora se realiza inmediatamente, sino que es precisamente siempre racionalidad
e irracionalidad, arbitrariedad y necesidad, es "vida", esto es, con
todas las debilidades y las fuerzas de la vida, con sus contradicciones y sus
antítesis.
Establecer
bien esta relación del historicismo de Croce con la tradición moderada del
Risorgimento y con el pensamiento reaccionario de la Restauración. Observar
cómo su concepción de la "dialéctica" hegeliana ha privado a ésta de
todo vigor y toda grandeza, volviéndola una cuestión académica de palabras.
Croce repite hoy la función de Gioberti y a éstos se aplica la crítica
contenida en la Miseria de la filosofía sobre el modo de no comprender el
hegelianismo.1 Y sin embargo, éste del "historicismo" es uno de los
puntos y de los motivos permanentes en toda la actividad intelectual y
filosófica de Croce y una de las razones del éxito y la influencia ejercida por
su actividad desde hace treinta años. En realidad Croce se inserta en la
tradición cultural del nuevo Estado italiano y reconduce la cultura nacional a
los orígenes, desprovincianizándola y depurándola de todas las escorias
grandilocuentes y extrañas del Risorgimento. Establecer con exactitud el
significado histórico y político del historicismo crociano significa
precisamente reducirlo a su alcance real de ideología política inmediata,
despojándolo de la grandeza brillante que se le atribuye como manifestación de
una ciencia objetiva, de un pensamiento sereno e imparcial que se sitúa por
encima de todas las miserias y contingencias de la lucha cotidiana, de una
desinteresada contemplación del eterno devenir de la historia humana.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 12 bis, 13-13 bis, 17.
<§
41>. XV. Examinar, una vez más, el principio crociano (o aceptado y
desarrollado por Croce) del "carácter volitivo de la afirmación
teorética" (a este propósito cfr. el capítulo "La
Cfr. en la primera parte de este
Cuaderno, el § 6, en la p. 44a.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1007
libertà
di coscienza e di scienza" en el volumen Cultura e morale, 21 edición, pp.
95 sig.).1 207
<§
41>. XVI. Hay que ver si, a su manera, el historicismo crociano no es una
forma, hábilmente disfrazada. de historia preconcebida, como todas las
concepciones liberales reformistas. Si bien se puede afirmar, genéricamente,
que la síntesis conserva lo que aún es vital de la tesis, superada por la
antítesis, no se puede afirmar, sin arbitrariedad, qué es lo que será
conservado, lo que a priori se considera vital, sin caer en el ideologismo, sin
caer en la concepción de una historia preconcebida. ¿Qué es lo que Croce
considera que se debe conservar de la tesis, porque es vital? No siendo sino
raramente un político práctico, Croce se cuida bien de toda enumeración de
institutos prácticos y de concepciones programáticas, reconociéndolas como
"intangibles", pero sin embargo éstos pueden ser deducidos del
conjunto de su obra. Pero aunque ni siquiera eso fuese factible, quedaría
siempre la afirmación de que es "vital" e intangible la forma liberal
del Estado, o sea la forma que garantiza a toda fuerza política moverse y
luchar libremente. ¿Pero cómo puede confundirse este hecho empírica con el
concepto de libertad, o sea de historia? ¿Cómo pedir que las fuerzas en lucha
"moderen" la lucha dentro de ciertos límites (los límites de la
conservación del Estado liberal) sin incurrir en arbitrariedad y en el plan
preconcebido? En la lucha "los golpes no se dan con condiciones" y
toda antítesis debe necesariamente plantearse como radical antagonista de la
tesis, hasta proponerse destruirla completamente y completamente sustituirla.
Concebir el desarrollo histórico como un juego deportivo con su árbitro y sus
normas preestablecidas que hay que respetar lealmente, es una forma de historia
preconcebida, en la que Ja ideología no se basa en el "contenido"
político sino en la forma y el método de la lucha. Es una ideología que tiende
a debilitar la antítesis, a despedazarla en una larga serie de momentos, o sea
a reducir la dialéctica a un proceso de evolución reformista
"revolución-restauración", en la que sólo el segundo término es
válido, porque se trata de remendar continuamente [desde fuera] un organismo
que no posee internamente su propia razón de salud. Por lo demás, podría
decirse que semejante actitud reformista es una "astucia de la
Providencia" para determinar una maduración más rápida de las fuerzas
internas que la práctica reformista mantiene refrenadas.
208
<42>. Apéndice. El conocimiento
filosófico como acto práctico, de voluntad. Se puede estudiar este problema
especialmente en Croce, pero en general en los filósofos idealistas, porque
éstos insisten especialmente en la vida íntima del individuo-hombre, en los
hechos y en la actividad espiritual. En Croce por la gran importancia que tiene
en su sistema la teoría del arte, la estética. ¿En la actividad espiritual, y
por la claridad del ejemplo, en la teoría del arte (pero también en la ciencia
económica, por lo que el punto de partida para el planteamiento de este
problema puede ser el ensayo "Le due scienze mondarte: l'Estetica e
l'Economica" publicado por Croce en la Critica del 20 de noviembre de
1931),2 las teorías de los filósofos descubren verdades hasta entonces
ignoradas, o "inventan", "crean" esquemas mentales, nexos
lógicos que cambian la realidad espiritual hasta entonces existente,
históricamente concreta como cultura difundida en un grupo de intelectuales, en
una clase, en una civilización? Éste es uno de tantos modos de plantear la
cuestión de la llamada "realidad del mundo externo" y de la realidad
sin más. ¿Existe una "realidad" externa al pensador individual (el
punto de vista del solipsismo puede ser útil didácticamente, las robinsonadas
filosóficas pueden ser tan útiles prácticamente, si se emplean con discreción y
El capitulo, aquí citado, del libro de
Croce, Cultura e vita morale cit., (pp. 95-102), era originalmente una reseña
del libro de Luigi Luzzatti, La libertó di coscienza e di scienza, Treves,
Milán, 1909.
Cfr. Croce, "Le due scienze escrito
fue recogido luego en 1935 [FG], pp. 43-58.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1008
gracia,
como las robinsonadas económicas), desconocida (o sea todavía no conocida, pero
no por ello "incognoscible", nouménica) en sentido histórico, y que
es "descubierta" (en sentido etimológico), o bien en el mundo
espiritual no se "descubre" nada (o sea no se revela nada) pero se
"inventa" y se "impone" al mundo de la cultura?
<43>. Introducción al estudio de la
filosofía. Debe verse, a este propósito, la obra de Vincenzo Gioberti, titulada
precisamente: Introduzione alto studio della Filosofía, segunda edición,
revisada y corregida por el autor, Bruselas, de la imprenta de Meline, Caus y
compañía, 1844, 4 tomos, en 8º. 1 No se trata de un trabajo técnicamente
orientado a "introducir" didácticamente al estudio de la filosofía,
sino de un trabajo enciclopédico que se propone "revolucionar" un
mundo cultural, en toda su complejidad, tratando todos los argumentos que
pueden interesar a una "cultura" nacional, a una concepción del mundo
nacional. La obra de Gioberti debe estudiarse precisamente desde este punto de
vista. Dadas la época y las circunstancias históricas y dada la personalidad de
Gioberti, la actividad filosófica del hombre no podía ser encerrada en esquemas
de intelectual profesional: el filósofo y pensador no podía ser separado del
hombre político y de partido. En este aspecto la personalidad histórica de Gioberti
puede ser comparada con la de Mazzini, con las diferencias determinadas por los
diversos fines y las diversas fuerzas sociales que representaban ambos, las que
precisamente determinaban los fines. Me parece que el prototipo puede
encontrarse en Fichte y en sus Discursos a la nación alemana.
209
<44>. Introducción al estudio de la
filosofía. El lenguaje, las lenguas, el sentido común. Propuesta la filosofía
como concepción del mundo y la actividad filosófica no concebida ya [solamente]
como elaboración "individual" de conceptos sistemáticamente
coherentes, sino además y especialmente como lucha cultural para transformar la
"mentalidad" popular y difundir las innovaciones filosóficas que
demostrarán ser "históricamente verdaderas" en la medida en que se
vuelvan concretamente, o sea históricamente, universales, la cuestión del
lenguaje y de las lenguas debe ser planteada "técnicamente" en primer
plano. Habrá que revisar las publicaciones a propósito de los pragmáticos. Cfr.
los Scritti di G. Vallad (Florencia, 1911). entre los cuales el estudio Il
linguaggio come ostacolo alfa eliminazione di contrasti illusori.2
En el
caso de los pragmáticos, como en general en el de cualquier otro intento de
sistematización orgánica de la filosofía, no se ha dicho que la referencia sea
a la totalidad del sistema o al núcleo esencial del mismo. Me parece poder
decir que la concepción del lenguaje de Vailati y de otros pragmáticos no es
aceptable: sin embargo, parece que tuvieron sentido de las exigencias reales y
las "describieron" con exactitud aproximativa, aun cuando no lograron
plantear los problemas y darles solución, Parece que puede decirse que
"lenguaje" es esencialmente un nombre colectivo, que no presupone una
cosa "única" ni en el tiempo ni en el espacio.. Lenguaje significa
también cultura y filosofía (aunque sea en el grado de sentido común), y por lo
tanto el hecho "lenguaje" es en realidad una multiplicidad de hechos
más o menos orgánicamente coherentes y coordinados: a lo sumo puede decirse que
todo ser hablante tiene su propio lenguaje personal, o sea su propio modo de
pensar y de sentir. La cultura, en sus diversos grados, unifica una mayor o
menor cantidad de individuos en estratos
La indicación de esta obra de Gioberti es
dada con toda probabilidad de segunda mano, sobre la base de una fuente que aún
no ha sido identificada.
El escrito de Giovanni Vailati aquí
mencionado por Gramsci, "Il linguaggio come ostacolo alla eliminazione di
contrasti ilIusori", fue publicado por primera vez en 1908 en la revista
Rinnovarnento; recogido luego en el libro póstumo Scritti di G. Vailati
(1863-1909), Barth, Leipzig, y posteriormente B. Seeber, Florencia, 1911 (cfr.
pp. 895-99).
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1009
numerosos,
más o menos en contacto expresivo, que se entienden entre sí en grados
diversos, etcétera. Son estas diferencias y distinciones histórico-sociales las
que se reflejan en el lenguaje común y producen aquellos "obstáculos"
y aquellas "causas de error" de las que trataron los pragmáticos.
De esto
se deduce la importancia que tiene el "momento cultural" incluso en
la actividad práctica (colectiva): cada acto histórico no puede ser realizado
sino por el "hombre colectivo", o sea que presupone el agrupamiento
de una unidad "cultural social", por la que una multiplicidad de
voluntades disgregadas, con heterogeneidad de fines, se funden para un mismo
fin, sobre la base de una concepción (igual) y común del mundo (general y
particular, transitoriamente operante —por vía emocional— o permanente, por lo
que la base intelectual es tan arraigada, asimilada, vivida, que puede
convertirse en pasión). Puesto que así sucede, se ve la importancia de la
cuestión lingüística general, o sea del logro colectivo de un mismo
"clima" cultural.
Este problema puede y debe ser
relacionado con el planteamiento moderno de la doctrina y de la práctica
pedagógica, según la cual la relación entre maestro y alumno es una relación
activa, de relaciones recíprocas y por lo tanto todo maestro es siempre alumno
y todo alumno maestro. Pero la relación pedagógica no puede limitarse a las
relaciones específicamente "escolares", por las cuales las nuevas
generaciones entran en contacto con las viejas y absorben sus experiencias y
los valores históricamente necesarios, "madurando" y desarrollando su
propia personalidad histórica y culturalmente superior. Esta relación existe en
toda la sociedad en su conjunto y para cada individuo respecto a otros
individuos, entre clases intelectuales y no intelectuales, entre gobernantes y
gobernados, entre élites y seguidores, entre dirigentes y dirigidos, entre
vanguardias y cuerpos de ejército. Toda relación de "hegemonía" es
necesariamente una relación pedagógica y se verifica no sólo en el interior de
una nación, entre las diversas fuerzas que la componen, sino en todo el campo
internacional y mundial, entre complejos de civilizaciones nacionales y
continentales.
Por eso
puede decirse que la personalidad histórica de un filósofo individual es dada
también por la relación activa entre él y el ambiente cultural que él quiere
modificar, ambiente que reacciona sobre el filósofo y, obligándolo a una
continua autocrítica, funciona como "maestro". Así ha sucedido que
una de las mayores reivindicaciones de las modernas clases intelectuales en el
campo político ha sido la de las llamadas "libertad de pensamiento y de
expresión del pensamiento (prensa y asociación)", porque sólo donde existe
esta condición política se realiza la relación de maestro-discípulo en los
sentidos más generales arriba mencionados y en realidad se realiza
"históricamente" un nuevo tipo de filósofo que se puede llamar
"filósofo democrático", o sea el filósofo convencido de que su
personalidad no se limita al propio individuo físico, sino que es una relación
social activa de modificación del ambiente cultural. Cuando el
"pensador" se conforma con su propio pensamiento, "subjetivamente"
libre, o sea abstractamente libre, hoy resulta motivo de burla: la unidad de
ciencia y vida es precisamente una unidad activa, en la que sólo se realiza la
libertad de pensamiento, es una relación maestro-alumno, filósofo -ambiente
cultural en el cual se ha de actuar, del cual se han de extraer los problemas
necesarios que habrá que plantear y resolver, es decir la relación
filosofía-historia.
211
<45> . Puntos para un ensayo sobre
Croce. Debe confrontarse a propósito de la Storia d'Europa e! ensayo de Arrigo
Cajumi "Dall'Ottocento ad oggi" (en la Cultura de abril-junio de
1932, pp. 323-50). Cajumi se ocupa de Croce específicamente en el parágrafo I
de los VII que componen el estudio, pero alusiones (útiles) a Croce se
encuentran aquí y allá en los otros
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1010
seis
parágrafos que se refieren a otras publicaciones recientes de carácter
histórico-político.1 El punto de vista de Cajumi en sus críticas y
observaciones es difícil de resumir con brevedad: es el de los principales
escritores de la Cultura, los cuales representan un grupo de intelectuales bien
definido en la vida cultural italiana y dignos de estudio en la actual fase de
la vida nacional. Se hallan vinculados a De Lollis, su maestro, y por lo tanto
a ciertas tendencias de la cultura francesa más seria y críticamente
sustanciosa, pero esto significa poco, porque De Lollis no elaboró un método
crítico fecundo en desarrollos y en universalizaciones. En realidad se trata de
una forma de "erudición", pero no en el sentido más común y
tradicional del término. Una erudición "humanista", que desarrolla el
"buen gusto" y la "glotonería" refinada; en los colaborades
de la Cultura aparecen a menudo los adjetivos "apetitoso",
"gustoso". Cajumi, entre los redactores de la Cultura, es el menos
"universitario", no en el sentido de que no se preocupe por la
"presentación" universitaria de sus escritos y sus investigaciones,
sino en el sentido de que su actividad se ha dirigido frecuentemente a empresas
"prácticas" y políticas, desde el periodismo militante hasta
operaciones incluso más prácticas (como la dirección del Ambrosiano que le dio
el financiero Gualino ciertamente no sólo por "mecenazgo"). Sobre
Cajumi se han escrito algunas notas en otros cuadernos.2 Sobre Riccardo Gualino
Cajumi escribió una nota muy vivaz y punzante en la Cultura de enero -marzo de
1932 ("Confessioni di un figlio del secolo", pp. 193-95, a propósito
del libro de Gualino Frammenti di vita),3 insistiendo precisamente en el hecho
de que Gualino se servía de su "mecenazgo" y de las empresas de
cultura para mejor engatusar a los ahorradores italianos. ¡Pero también el
cavalliere Enrico Cajurni (así firmaba Cajumi la gerencia del Ambrosiano)
recogió algunas migajas del mecenazgo gualineseo! 4
<46>. Introducción al estudio de la
filosofía. La cuestión de la "objetividad externa de lo real" en
cuanto se halla vinculada al concepto de la "cosa en sí" y del
"nóumeno" kantiano. Parece difícil excluir que la "cosa en
sí" sea una derivación de la "objetividad externa de lo real" [y
del llamado realismo greco-cristiano (Aristóteles-Santo Tomás)] y esto se ve
también en el hecho de que toda una tendencia del materialismo vulgar y del
positivismo ha dado lugar a la escuela neokantiana o neocrítica. Cfr. a
propósito de la kantiana "cosa en sí" lo que está escrito en la
Sagrada Familia.5
212
<47>. Puntos para un ensayo sobre
B. Croce y I. Benda. Se puede hacer un parangón entre las ideas y las
posiciones adoptadas por B. Croce y el diluvio de escritos de I. Benda sobre el
problema de los intelectuales (además del libro sobre La traición de los
intelectuales de Benda habría que examinar los artículos publicados en las
Nouvelles Littéraires y seguramente en otras revistas).6 En realidad, entre
Croce y Benda, no obstante ciertas apariencias, el acuerdo
1 Cfr.
Arrigo Cajumi, "Dall'Ottocento ad oggi", en La Cultura, abril-junio
de 1932 (año XL fase. II), pp. 323-50. Además de la Storia d'Europa de Croce,
este artículo de Cajumi pasa revista a las siguientes publicaciones: Harold I.
Laski, La liberta nello Stato moderno (Laterza, Bari, 1932); Joseph Barthélemy,
La crise de la denzocratie contemporaine (Libr. du Recueil Sirey, París, 1931);
Daniel Halévy, Décadence de la liberté (Grasset, París, 1931); Curzio
Malaparte, Technique du coup d'État (Grasset, París, 1931); Giorgio Sorel,
L'Europa sotto la tormenta (Corbaccio, Milán, 1931); Victor Margueritte,
Aristide Briand (Flanunarion, París, 1932).
Cfr. Cuaderno 6 (VIII), § 42, donde se
evocan también las circunstancias que indujeron a Gramsci a identificar
erróneamente a Arrigo Cajumi con Enrico Cajumi.
Cfr. La Cultura, enero-marzo de 1932 (año
XI, fase. I), pp. 193-95: la nota "Confessioni di un figlio del
secolo" está firmada "a.
ej.".
Gramsci había tenido en la cárcel el libro de Gualino: cfr. Riccardo Gualino,
Frammenti di vita, Mondador', Milán, 1931 [FG, C. carc., Turi 111].
Cfr. la precedente nota 2.
Cfr. nota 1 al precedente § 40.
Cfr. notas I y 2 al Cuaderno 3 (XX), § 2;
una confrontación entre Croce y Tienda se encuentra también en el texto del
parágrafo citado, y en el precedente § 41. IV de este mismo Cuaderno.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1011
es sólo
superficial o respecto a algún aspecto particular de la cuestión. En Croce
existe una construcción orgánica de pensamiento, una doctrina sobre el Estado,
sobre la religión y sobre la función de los intelectuales en la vida estatal,
que no existe en Benda, quien es más que nada un "periodista". Hay
que decir también que la posición de los intelectuales en Francia y en Italia
es muy distinta, orgánica e inmediatamente; las preocupaciones político
-ideológicas de Croce no son las de Benda, también por esta razón. Ambos son
"liberales", pero con tradiciones nacionales y culturales bien
distintas.
Croce y
el Modernismo. Debe confrontarse, en la entrevista sobre la masonería (Cultura
e vita morale, 2a. edición), lo que Croce dice del modernismo1 con lo que
escribe A. Ornodeo en la Critica del 20 de julio de 1932 reseñando los tres
volúmenes de Alfred Loisy (Mémoires pour servir á l'histoire religieuse);2 en
la p. 291 por ejemplo: "A los fáciles aliados acatólicos de Pío X, de la
misma república anticlerical (y, en Italia, Croce), 3 Loisy les reprocha la
ignorancia de lo que es el catolicismo absolutista y del peligro representado
por este imperio internacional en manos del papa; reprocha el perjuicio (ya
revelado en su época por Quinet) de dejar reducir tanta parte de la humanidad a
una estúpida grey vacía de pensamiento y de vida moral y solamente animada por
una pasiva aquiescencia. Indudablemente en estas observaciones hay gran parte
de verdad".
<48>. Introducción al estudio de la
filosofía.
<I>.
El sentido común o buen sentido. ¿En qué consiste exactamente el mérito de lo
que suele llamarse "sentido común" o "buen sentido"? No
solamente en el hecho de que, aunque sea implícitamente, el sentido común
emplea el principio de causalidad, sino en el hecho mucho más restringido de
que en una serie de juicios el sentido común identifica la causa exacta, simple
y a la mano, y no se deja desviar por fantasías y oscuridades metafísicas,
seudoprofundas, seudocientíficas, etcétera. El "sentido común" no podía
dejar de ser exaltado en los siglos VII y XVIII, cuando se reaccionó contra el
principio de autoridad representado por la Biblia y Aristóteles: se descubrió
que en el "sentido común" había cierta dosis de
"experimentalismo" y de observación directa de la realidad, aunque
empírica y limitada. Incluso hoy, en relaciones similares, se da el mismo
juicio de aprecio del sentido común, si bien la situación ha cambiado y el
"sentido común" actual tiene mucha más limitación en su mérito
intrínseco.
II. Progreso y devenir. ¿Se trata de dos
cosas distintas o de aspectos distintos de un mismo concepto? El progreso es
una ideología, el devenir es un concepto filosófico. El "progreso"
depende de una determinada mentalidad, en cuya constitución entran ciertos
elementos
Cfr. Croce, Cultura e vita morale cit.,
pp. 143-50; cfr. en particular pp. 14849: "—No obstante, a propósito de
los católicos, usted no ha tenido una actitud benévola frente al modernismo
religioso. ¿Acaso ahora ha atemperado sus opiniones a ese respecto? No, incluso
las ha hecho cada vez más precisas. Creo que el modernismo es en poquísimos
casos una condición de dolorosa y respetabilísima perplejidad de algunos
espíritus de noble temple, en los que luchan la fe y el pensamiento. En otros
casos más numerosos, es un diletantismo filosófico y religioso (que, sin
embargo, no es verdadera filosofía ni verdadera religión), ejercido como
pasatiempo, que charlan de estos temas por moda y celebran sus ritos en esos
templos que son los cafés. Y, en los restantes casos, es un intento poco
escrupuloso de curitas y frailecillos descreídos y deshonestos de permanecer
dentro de la Iglesia y disfrutar sus ventajas económicas o dirigir el poder
hacia sus propios fines. De estos tres elementos del modernismo, sólo el primer
caso merece simpatía, y ninguno de los tres tiene importancia especulativa.
—¿Pero cree Usted que se pueda considerar el modernismo únicamente desde el
aspecto especulativo? ¿No es este también un movimiento prácticamente eficaz?
La Iglesia católica, al excluir de si la parte más inteligente y más
modernamente educada del clero y de los católicos, ¿no se depaupera cada vez
más? —Esta depauperación no es tanto efecto del modernismo como del mundo
moderno, que corroe por todas partes a la Iglesia católica, la cual de este
modo probablemente se encamina a convertirse, poco a poco, en una superstición
popular, como el paganismo en sus últimos tiempos. Pero por ahora la Iglesia,
al liberarse de los modernistas, se ha liberado de gente desleal, y eso no
debilita sino que fortalece las instituciones".
Cfr. el precedente § 41. IV, p. 22 y nota
6.
El inciso del paréntesis en cursivas es
de Gramsci.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1012
culturales
históricamente determinados; el "devenir" es un concepto filosófico,
del cual puede estar ausente el "progreso". En la idea de progreso se
halla sobreentendida la posibilidad de una medición cuantitativa y cualitativa:
más es mejor. Se supone, pues, una medida "fija" o fijable, pero esta
medida es dada por el pasado, por una cierta fase del pasado, o por ciertos
aspectos mensurables, etcétera. (No es que se piense en un sistema métrico del
progreso). ¿Cómo nació la idea del progreso? ¿Representa este nacimiento un
hecho cultural fundamental, capaz de hacer época? Parece que sí. El nacimiento
y desarrollo de la idea de progreso corresponde a la conciencia difusa de que
ha sido alcanzada una cierta relación entre la sociedad y la naturaleza (incluyendo
en el concepto de naturaleza el de azar y de "irracionalidad") por la
cual los hombres, en su conjunto, están más seguros de su futuro, pueden
concebir "racionalmente" planes globales de su vida, Para combatir la
idea de progreso, Leopardi debe recurrir a las erupciones volcánicas, o sea a
aquellos fenómenos naturales que son aún "irresistibles" y sin
remedio. Pero en el pasado había muchas más fuerzas irresistibles: carestías,
epidemias, etcétera, que dentro de ciertos límites han sido dominadas. Que el
progreso haya sido una ideología democrática está fuera de duda; que haya
servido políticamente para la formación de los modernos Estados
constitucionales, etcétera, también. El que hoy ya no esté en auge, también;
¿pero en qué sentido? No en el de que se haya perdido la fe en la posibilidad
de dominar racionalmente la naturaleza y el azar, sino en sentido
"democrático"; o sea que los "portadores" oficiales del
progreso se han vuelto incapaces de este dominio, porque han suscitado fuerzas
destructivas reales tan angustiosas y peligrosas como las del pasado (ya
olvidadas "socialmente" si no por todos los elementos sociales, por
el hecho de que los campesinos siguen sin comprender el "progreso", o
sea creen estar, y lo están aún, demasiado a merced de las fuerzas naturales y
del azar, conservan pues una mentalidad "mágica", medieval,
"religiosa") como las "crisis", la desocupación, etcétera.
La crisis de la idea de progreso no es pues crisis de la idea misma, sino
crisis de los portadores de esa idea, que se han convertido en
"naturaleza" que dominar ellos mismos. Los asaltos a la idea de
progreso. en esta situación, son muy interesados y tendenciosos.
¿Puede
desligarse la idea de progreso de la de devenir? No lo parece. Nacieron juntas,
como política (en Francia), como filosofía (en Alemania, luego desarrollada en
Italia). En el "devenir" se ha tratado de salvar lo que de más
concreto hay en el 'progreso", el movimiento e incluso el movimiento
dialéctico (por lo tanto también una profundización, porque el progreso está
ligado a la concepción vulgar de la evolución).
De un articulejo de Aldo Capasso en la
Italia Letteraria del 4 de diciembre de 1932 reproduzco algunos pasajes que
presentan las dudas vulgares sobre estos problemas: "También entre
nosotros es común la irrisión frente al optimismo humanitario y democrático de
estilo decimonónico, y Leopardi no es un solitario cuando habla de los
'destinos progresistas' con ironía; pero se ha inventado ese astuto disfraz del
'Progreso' que es el idealista 'Devenir': idea que perdurará en la historia,
creemos, más aún como italiana que como alemana. ¿Pero qué sentido puede tener
un Devenir que prosigue ad infinituin, un mejoramiento que no será nunca
parangonable a un bien físico? Faltando el criterio de un última escalón
estable, falta la unidad de medida del 'mejoramiento'. Y por otra parte no se
puede llegar ni siquiera a contentarse con la fe de ser, nosotros hombres
reales y vivos, mejores, qué sé yo, que los romanos o los primeros cristianos,
porque entendiéndose el "mejoramiento' en un sentido totalmente ideal, es
perfectamente admisible que hay nosotros seamos todos "decadentes",
mientras que, entonces todos pudieron ser hombres completos o tal vez santos.
Puesto que, desde el punto de vista ético, la idea de ascensión ad infirdium
implícita en el concepto de Devenir resulta un tanto injustificable, dado que
el 'mejoramiento' ético es un hecho individual y que en el plano individual es
posible concluir, tomando caso por caso, que toda la época última es
inferior... Y entonces el concepto del Devenir optimista
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1013
se hace
inasible tanto en el plano ideal como en el plano real [ . . . ]. Es sabido que
Croce negaba el valor raciocinante de Leopardi, afirmando que pesimismo y
optimismo son actitudes sentimentales, no filosóficas. Pero el pesimista [ . .
. ] podría observar que, cabalmente, la concepción del Devenir idealista, es un
hecho de optimismo y de sentimiento: porque el pesimista y el optimista (si no
se hallan animados por la fe en lo Trascendente) conciben del misma modo la
Historia: como el discurrir de un rio sin desembocadura; y luego poner el
acento en la palabra 'río' o en la palabra 'sin desembocadura', según su estado
sentimental. Dicen los unos: no hay desembocadura, pero, como en un río
armonioso, bav la continuidad de las ondas y la supervivencia, desarro— llada,
en el ho-y, del ayer , .. Y los otros: hay la continuidad de un río, pero no
hay desembocadura... En suma, no olvidemos que el optimismo es sentimiento, no
menos que el pesimismo. Queda en pie que ninguna `filosofía' puede evitar
situarse sentimentalmente, como pesimismo o como optimismo",1 etcétera,
etcétera.
No hay
mucha coherencia en el pensamiento de Copasso, pero su modo de pensar es
expresivo de un estado de ánimo difundido, muy esnob e incierto, muy inconexo y
superficial e incluso a veces sin mucha honradez y lealtad intelectual y sin la
necesaria lógica formal.
La cuestión es siempre la misma: ¿qué es
el hombre? ¿qué es la naturaleza humana? Si se define al hombre como individuo,
psicológica y especulativamente, estos problemas del progreso y el devenir son
insolubles o se quedan en puras palabras. Pero si se concibe al hombre como el
conjunto de las relaciones sociales, resulta que cualquier parangón entre
hombres en el tiempo es imposible, porque se trata de cosas distintas, si no
heterogéneas. Por otra parte, puesto que el hombre es también el conjunto de sus
condiciones de vida, se puede medir cuantitativamente la diferencia entre el
pasado y el presente, porque se puede medir la medida en que el hombre domina
la naturaleza y el azar. La posibilidad no es la realidad, pero es también ella
una realidad: que el hombre pueda hacer una cosa o no pueda hacerla, tiene su
importancia para valorar lo que realmente se hace. Posibilidad quiere decir
"libertad". La medida de la libertad entra en el concepto de hombre.
Que existan las posibilidades objetivas de no morir de hambre, y que se muera
de hambre, tiene su importancia, por lo que parece. Pero la existencia de las
condiciones objetivas, o posibilidad o libertad no es todavía suficiente: hay
que "conocerlas" o saber servirse de ellas. Querer servirse de ellas.
El hombre, en este sentido, es voluntad concreta, o sea aplicación efectiva del
abstracto querer o impulso vital a los medios concretos que realizan tal
voluntad. Se crea la propia personalidad: 1] dando una orientación determinada
y concreta ("racional") al propio impulso vital o voluntad; 2]
identificando los medios que hacen tal voluntad concreta e indeterminada y no
arbitraria; 3] contribuyendo a modificar el conjunto de las condiciones
concretas que realizan esta voluntad en la medida de los propios límites de
potencia y en la forma más fructífera. El hombre debe concebirse como un bloque
histórico de elementos puramente individuales y subjetivos y de elementos de
masa y objetivos o materiales con los cuales el individuo se halla en relación
activa. Transformar el mundo externo, las relaciones generales, significa
potenciarse a sí mismo, desarrollarse a sí mismo. Que el
"mejoramiento" ético sea puramente individual es ilusión y error: la
síntesis de los elementos constitutivos de la individualidad es
"individual", pero ella no se realiza y desarrolla sin una actividad
frente a lo externo, modificadora de las relaciones externas, desde aquellas
con la naturaleza hasta aquellas con los otros hombres en varios grados, en los
distintos círculos sociales en que se vive, hasta la relación máxima, que
abraza a todo el género humano. Por eso puede decirse que el hombre es
esencialmente "político", porque la actividad para transformar y
Cfr. L'Italia Letteraria, 4 de diciembre
de 1932 (año IV, n. 49), en la sección `Libri d'ongi'; el escrito citado de
Aldo Capasso es una reseña del libro de Jean Rostand. Le journal d'un
caractére, Pasquelle, París.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1014
dirigir
conscientemente a los otros hombres realiza su "humanidad", su
"naturaleza humana".
216
<49>. Puntos para un ensayo sobre
Croce. De la halla Letteraria del 20 de marzo de 1932 reproduzco algunos
fragmentos del artículo de Roberto Forges Davanzati sobre la Storia d'Europa de
Croce, publicado en la Tribuna del 10 de marzo ("La storia come azione e
la storia come dispetto"): "Croce es sin duda un hombre típico, pero
típico precisamente de aquella monstruosidad cultural, raciocinante,
enciclopédica que ha acompañado al liberalismo político y está en bancarrota,
porque es la antítesis de la Poesía, de la Fe, de la Acción creyente, y esto
es, de la vida militante. Croce es estático, retrospectivo, analítico, incluso
cuando parece buscar una síntesis. Su odio pueril a la juventud guerrera,
deportiva, es también el odio físico de un cerebro que no sabe ponerse en
contacto con el infinito, con lo eterno, que el mundo nos muestra cuando se
vive en el mundo, y cuando se tiene la fortuna de vivir en la parte del mundo
que se llama Italia, donde lo divino más manifiestamente se revela. Ningunaa
sorpresa, por lo tanto, si este cerebro pasado de la erudición a la filosofía
carece de espíritu creadorb y en su inteligencia dialéctica no ha brillado
ninguna luz de fresca, ingenua o profunda intuición; pasado de la filosofía a
la crítica literaria ha confesado no tener aquel poco de poesía propia que es
necesario para entender la Poesía; y finalmente entrado en la historia política
ha demostrado y demuestra no comprender la historia de su tiempo, y se pone
fuera y contra la Fe, < . . . > principalmente contra la Fe revelada y
custodiada por aquella Iglesia que en Roma tiene su centro milenario. Ninguna
sorpresa si este cerebro está hoy condenado a ser secuestrado fuera del Arte,
de la Patria viviente, de la Fe católica, del espíritu y del gobierno de los
hombres de su tiempo, y es incapaz de llevar a conclusiones creídas y animosas
el gran peso de sus conocimientos, a los que se puede llegar sin creer y sin
seguir".1
En el manuscrito: "No causa". b
En el manuscrito: "creativo".
Forges
Davanzatí es verdaderamente un tipo, y un tipo de farsa intelectual. Su
carácter podría delinearse así: él es el "superhombre" representado
por un novelista o dramaturgo necio y es al mismo tiempo este novelista o
dramaturgo. La vida como obra de arte, pero obra de arte de un necio. Es sabido
que muchos jovenzuelos quieren representar al genio, pero para representar al
genio es preciso ser genio y de hecho la mayor parte de estos genios
representados son solemnísimos imbéciles: Forges Davanzati se representa a sí
mismo, etcétera.
<50>. introducción al estudio de la
filosofía.
<I>.
Debe verse el librito de Paul Nizan Les chiens de garde, París, Rieder, 1932;
polémica contra la filosofía moderna, parece que en apoyo de la filosofía de la
praxis. Sobre este librito cfr. dos articulejos en Critica Fascista del 19 de
febrero de 1933, de Giorgio Granata y Agostino Nasti. Puesto que Grana-ta
escribió que la filosofía de la praxis "deriva precisamente de los
sistemas idealistas y demuestra ser abstracta como la que más", Nasti se
empeña en hacernos saber que: "Si con las palabras 'sistemas idealistas'
Granata pretende aludir a la que se llama filosofía idealista, desde Hegel
hasta Gentile, repite una afirmación que hacen algunos, en estos tiempos, con
el ingenuo propósito de arrojar el descrédito sobre aquella filosofía",
etcétera; "Que Marx, él solo, haya creído seguir las huellas de Hegel,
puede incluso ser cierto; pero que nosotros se lo debamos reconocer, además de
haber adoptado como instrumento útil o conveniente para sus concepciones el
mecanicismo (!) lógico, puramente formal (!) de
De la sección `Rassegna della stampa'
("Sul Croce"), en L'Italia Letteraria, 20 de marzo de 1932 (año IV,
n. 12).
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1015
la
dialéctica de ser — no ser — devenir (!?), también una filiación o vinculación
sustancial con la filosofía idealista, esto nos parecería un despropósito
absolutamente gratuito."1
II. Cantidad y calidad. Puesto que no
puede existir cantidad sin calidad y calidad sin cantidad (economía sin
cultura, actividad práctica sin inteligencia y viceversa) toda contraposición
de los dos términos es un sinsentido racionalmente. Y en efecto, cuando se
contrapone la calidad a la cantidad con todas las variaciones tontas a la
Gughelnao Ferrero y Cía.,2 en realidad se contrapone una cierta calidad a otra
calidad, una cierta cantidad a otra cantidad, o sea se hace una cierta política
y no se hace una afirmación filosófica. Si el nexo cantidad-calidad es
indivisible, se plantea la cuestión: dónde es más útil aplicar la propia fuerza
de querer ¿para desarrollar la cantidad o la calidad? ¿cuál de los dos aspectos
es más controlable? ¿cuál es más fácilmente mensurable? ¿sobre cuál se pueden
hacer previsiones, construir planes de trabajo? La respuesta no parece dudosa:
sobre el aspecto cuantitativo. Por lo tanto, afirmar que se quiere trabajar
sobre la cantidad, que se quiere desarrollar el aspecto "corpóreo" de
lo real, no significa que se quiera descuidar la "calidad", sino por
el contrario significa que se quiere plantear el problema cuantitativo del modo
más concreto y realista, o sea se quiere desarrollar la calidad del único modo
en que tal desarrollo es controlable y mensurable.
La
cuestión se halla vinculada a la otra expresada en el proverbio: "Primum
vivere, deinde philosophari". En realidad no es posible separar el vivir
del filosofar; sin embargo, el proverbio tiene un significado práctico: vivir
significa ocuparse especialmente de la actividad práctica económica, filosofar
ocuparse de actividades intelectuales, di otium literatura. No obstante hay
quien "vive" solamente, quien está obligado a un trabajo servil,
extenuante, etcétera, sin lo cual algunos no podrían tener la posibilidad de
estar exonerados de la actividad económica para filosofar.
Sostener
la "calidad" contra la cantidad significa solamente esto: mantener
intactas determinadas condiciones de vida social en las que algunos son pura
cantidad, otros calidad. ¡Y qué agradable es considerarse representantes
patentados de la calidad, de la belleza, del pensamiento, etcétera! ¡No hay
señora del gran mundo que no crea representar tal función de conservar sobre la
tierra la calidad y la belleza!
218
<51>. Puntos para un ensayo sobre
Croce. Sobre el concepto de "libertad". Demostrar que, exceptuados
los "católicos", todas las demás corrientes filosóficas y prácticas
se desarrollan en el terreno de la filosofía de la libertad y de la actuación
de la libertad. Esta demostración es necesaria, porque es verdad que se ha
formado una mentalidad deportiva que ha hecho de la libertad un balón con el
que jugar futbol. Cada "villan che parteggiando viene" se imagina a
sí mismo como dictador y el oficio de dictador parece fácil: dar órdenes
imperiosas, firmar cartas, etcétera, porque se imagina que "por gracia de
dios" todos obedecerán y las órdenes verbales y escritas se convertirán en
acción: el verbo se hará carne. Si no se hará, quiere decir que habrá que
seguir esperando hasta que la "gracia" (o sea las llamadas
"condiciones objetivas") lo hagan posible.
<52>. introducción al estudio de la
filosofía. Establecido el principio de que todos los hombres son
"filósofos", o sea que entre Tos filósofos profesionales o
"técnicos" y los otros hombres no hay diferencia "cualitativa"
sino sólo "cuantitativa" (y en este caso "cantidad"
Cfr. Giorgio Granata, "La filosofía
contro la vita", con una apostilla de ag. n. (Agostino Nasti), en Critica
Fascista, lo. de febrero
de 1933
(año XI, n. 3), pp. 45-47.
Cfr. Cuaderno 3 (XX), § 68 y nota 1.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1016
tiene su
propio significado particular, que no puede ser confundido con suma aritmética,
porque indica mayor o menor "homogeneidad", "coherencia",
"lógica", etcétera, o sea cantidad de elementos cualitativos), falta
ver todavía en qué consiste exactamente la diferencia. Así, no será exacto
llamar "filosofía" a cualquier tendencia de pensamiento, a cualquier
orientación general, etcétera, y tampoco a cualquier "concepción del mundo
y de la vida". El filósofo podrá llamarse "un obrero calificado"
en comparación con los obreros manuales, pero tampoco esto es exacto, porque en
la industria, además del obrero manual y el obrero calificado está el
ingeniero, el cual no sólo conoce el oficio prácticamente, sino que lo conoce
teórica e históricamente. El filósofo profesional o técnico no sólo
"piensa" con mayor rigor lógico, con mayor coherencia, con mayor
espíritu de sistema que las otros hombres, sino que conoce toda la historia del
pensamiento, o sea que sabe explicarse el desarrollo que el pensamiento ha
tenido hasta él y es capaz de retomar los problemas en el punto en que se
encuentran después de haber sufrido el máximo de intentos de solución,
etcétera. En el campo del pensamiento tienen la misma función que en los
diversos campos científicos tienen los especialistas. Sin embargo, hay una
diferencia entre el filósofo especialista y los otros especialistas: que el
filósofo especialista se aproxima más a los otros hombres de lo que sucede con
los otros especialistas. El haber hecho del filósofo especialista una figura
semejante, en la ciencia, a los otros especialistas, es precisamente lo que ha
determinado la caricatura del filósofo. En efecto, se puede imaginar un
entomólogo especialista, sin que todos los demás hombres sean
"entomólogos" empíricos, un especialista de la trigonometría, sin que
la mayor parte de los otros hombres se ocupen de trigonometría, etcétera (se
pueden encontrar ciencias refinadísimas, especializadísimas, necesarias, pero
no por ello "comunes"), pero no se puede imaginar a ningún hombre que
no sea también filósofo, que no piense, precisamente porque el pensar es propio
del hombre como tal (a menos que sea patológicamente idiota).
219
<53>. Puntos de meditación sobre la
economía. Distribución de las fuerzas humanas de trabajo y de consumo. Se puede
observar cómo crecen cada vez más las fuerzas de consumo en comparación con las
de producción. La población económicamente pasiva y parasitaria. Pero el
concepto de "parásito" debe ser bien precisado. Puede suceder que una
función intrínsecamente parasitaria demuestre ser necesaria dadas las
condiciones existentes: eso hace aún más grave ese parasitismo. Precisamente
cuando un parasitismo es "necesario", el sistema que crea tales
necesidades está condenado en sí mismo. Pero no sólo los puros consumidores
aumentan en número, aumenta también su nivel de vida, o sea aumenta la cuota de
bienes que es por ellos consumida (o destruida). Si se observa bien se debe
llegar a la conclusión de que el ideal de cada elemento de la clase dirigente
es el de crear las condiciones en las que sus herederos puedan vivir sin
trabajar, de las rentas: ¿cómo es posible que una sociedad sea sana cuando se
trabaja para estar en condiciones de no trabajar más? Puesto que este ideal es
imposible y malsano, significa que todo el organismo está viciado y enfermo.
Una sociedad que dice trabajar para crear parásitos, para vivir del llamado
trabajo pasado (que es una metáfora para indicar el actual trabajo de los
otros), en realidad se destruye a sí misma.
<54>. Introducción al estudio de la
filosofía. ¿Qué es el hombre? lista es la pregunta primera y principal de la
filosofía. Cómo se puede responder. La definición se puede hallar en el hombre
mismo; o sea en cada hombre aislado. ¿Pero es justa? En cada hombre aislado se
puede encontrar qué es cada "hombre aislado", Pero a nosotros no nos
interesa lo que es cada hombre aislado, que además significa qué es cada hombre
aislado en cada momento aislado.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1017
Si lo
pensamos bien, vemos que planteándonos la pregunta de qué es el hombre queremos
decir: en qué puede convertirse el hombre, o sea, si el hombre puede dominar su
propio destino, puede "hacerse", puede crearse una vida.
220
Decimos pues que el hombre es un proceso y precisamente es el proceso de sus
actos. Si lo pensamos bien, la misma pregunta: ¿qué es el hombre? no es una
pregunta abstracta, u "objetiva". Nace de lo que hemos reflexionado
sobre nosotros mismos y sobre los otros y queremos saber, en relación a lo que
hemos reflexionado y visto, qué somos o qué podemos llegar a ser, si realmente
y dentro de cuáles límites somos "constructores de nosotros mismos",
de nuestra vida, de nuestro destino. Y esto queremos saberlo "hoy",
en las condiciones dadas hoy, de la vida "actual" y no de cualquier
vida y de cualquier hombre. La pregunta ha nacido, recibe su contenido de
especiales, o sea determinados modos de considerar la vida y el hombre: el más
importante de estos modos es la "religión" y una determinada
religión, el catolicismo. En realidad, preguntándonos: "qué es el
hombre", qué importancia tiene su voluntad y su actividad concreta en el
crearse a sí mismo y la vida que vive, queremos decir: "¿es el catolicismo
una concepción exacta del hombre y de la vida? Siendo católicos, o sea haciendo
del catolicismo una norma de vida ¿nos equivocamos o estamos en lo
cierto?" Todos tienen la vaga intuición de que haciendo del catolicismo
una norma de vida se equivocan, tanto es así que nadie se atiene al catolicismo
como norma de vida, aun declarándose católico. Un católico integral, o sea que
aplicase en cada acto de la vida las normas católicas, parecería un monstruo,
lo cual es, pensándolo bien, la crítica más rigurosa del catolicismo mismo y la
más perentoria. Los católicos dirán que ninguna otra concepción es seguida
puntualmente, y tienen razón, pero esto solamente demuestra que no existe de
hecho, históricamente, un modo de concebir y actuar igual para todos los
hombres y nada más; no tienen ninguna razón favorable al catolicismo, si bien
este modo de pensar y actuar desde hace siglos está organizado para este fin,
lo que aún no ha sucedido para ninguna otra religión con los mismos medios, con
el mismo espíritu de sistema, con la misma continuidad y centralización. Desde
el punto de vista "filosófico" lo que no satisface en el catolicismo
es el hecho de que éste, a pesar de todo, pone la causa del mal en el hombre
individuo mismo, o sea concibe al hombre como individuo bien definido y
limitado. Todas las filosofías que hasta ahora han existido puede decirse que
reproducen esta posición del catolicismo, o sea que conciben al hombre como
individuo limitado a su individualidad y el espíritu como tal individualidad.
Es sobre este punto que hay que reformar el concepto del hombre. Esto es, hay
que concebir al hombre como una serie de relaciones activas (un proceso) en el
que si bien la individualidad tiene la máxima importancia, no es sin embargo el
único elemento a considerar. La humanidad que se refleja en cada individualidad
está compuesta de diversos elementos: 1] el individuo; 2] los otros hombres; 3]
la naturaleza. Pero el 2º y el 3er. elementos no son tan simples como pueden
parecer.
El individuo no entra en relaciones con
los otros hombres por yuxtaposición, sino orgánicamente, o sea en cuanto entra
a formar parte de organismos desde los más simples hasta los más complejos.
Así, el hombre no entra en relación con la naturaleza simplemente, por el hecho
de ser él mismo naturaleza, sino activamente, por medio del trabajo y de la
técnica. Más aún. Estas relaciones no son mecánicas. Son activas y conscientes,
o sea que corresponden a un grado mayor o menor de inteligencia que de ellas tiene
el hombre individual. Por eso puede decirse que cada cual se cambia a sí mismo,
se modifica, en la medida en que cambia y modifica todo el conjunto de
relaciones de las que él es el centro de conjunción. En este sentido el
filósofo real es y no puede no ser distinto del político, o sea el hombre
activo que modifica el ambiente, entendiendo por ambiente el conjunto de
relaciones de las que cada individuo entra a formar parte. Si la propia
individualidad es el conjunto de estas relaciones, hacerse una personalidad
significa adquirir conciencia de tales relaciones,
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1018
modificar
la propia personalidad significa modificar el conjunto de estas relaciones.
Pero estas relaciones, como ya se dijo, no son simples. Para empezar, algunas
de ellas son necesarias, otras voluntarias. Además, tener de ellas una
conciencia más o menos profunda (o sea conocer más o menos el modo en que se
pueden modificar) ya las modifica. Las mismas relaciones necesarias, en cuanto
que son conocidas en su necesidad, cambian de aspecto y de importancia. El
conocimiento es poder, en este sentido. Pero el problema es complejo también en
otro aspecto: que no basta conocer el conjunto de relaciones en cuanto existen
en un momento dado como un sistema dado, sino que importa conocerlas
genéticamente, en su movimiento de formación, porque cada individuo no sólo es
la síntesis de las relaciones existentes sino también de la historia de estas
relaciones, o sea es el resumen de todo el pasado. Se dirá que lo que cada
individuo puede cambiar es bien poco, en relación con sus fuerzas. Lo cual es
verdad hasta cierto punto. Porque el individuo puede asociarse con todos
aquellos que quieren el mismo cambio y, si este cambio es racional, el
individuo puede multiplicarse por un número imponente de veces y obtener un
cambio mucho más radical que el que a primera vista puede parecer posible.
Sociedades
en las que un individuo puede participar: son muy numerosas, más de lo que
puede parecer. Es a través de estas "sociedades" que el individuo
forma parte del género humano. También son múltiples los modos en los que el
individuo entra en relación con la naturaleza, porque por técnica debe
entenderse no sólo aquel conjunto de nociones científicas aplicadas
industrialmente, como de costumbre se entiende, sino también los instrumentos
"mentales", el conocimiento filosófico.
Que el hombre no puede concebirse sino
viviendo en sociedad es un lugar común, sin embargo no se extraen todas las
consecuencias necesarias incluso individuales: que una determinada sociedad
humana presupone una determinada sociedad de las cosas y que la sociedad humana
es posible sólo en cuanto que existe una determinada sociedad de las cosas, es
también un lugar común. Es verdad que hasta ahora a estos organismos más que
individuales se les ha dado un significado mecanicista y determinista (tanto la
societas hominum como la societas rerum): de ahí la reacción. Hay que elaborar
una doctrina en la que todas estas relaciones sean activas y estén en
movimiento, estableciendo muy claramente que la sede de estas actividades es la
conciencia del hombre individual que conoce, quiere, admira, crea, en cuanto
que ya conoce, quiere, admira, crea, etcétera, y se concibe no aislado sino
rico en posibilidades que le ofrecen los otros hombres y la sociedad de las
cosas, de la que no puede no tener cierto conocimiento. (Así como todo hombre
es filósofo, todo hombre es científico, etcétera.)
<55>. Puntos de meditación sobre la
economía. Las ideas de Agnelli. (Cfr. Riforma Sociale, enero-febrero de 1933).1
Algunas observaciones preliminares sobre el modo de plantear el problema tanto
por parte de Agnelli como de Einaudi: 1] En tanto que el progreso técnico no se
produce "evolutivamente", poco a poco, por lo que se pueden hacer
previsiones más allá de cienos límites: el progreso se produce por impulsos
determinados, en ciertos campos. Si fuese así como razona especialmente Einaudi,
se llegaría a la hipótesis del país de Jauja, en el que las mercancías se
obtienen sin trabajo alguno. 2] Después, la cuestión más importante es la de la
producción de alimentos: no se piensa que "hasta ahora", dada la
multiplicidad de niveles de trabajo técnicamente más o menos avanzados, el
salario ha sido "elástico" sólo
Cfr., "La crisi e le ore di
lavoro", en La Riforma Sociale, enero-febrero de 1933 (año XL, n. 1), pp.
1-20: se trata de un intercambio de cartas entre Giovanni Agnelli, Presidente
de la Fiat, y Luigi Einaudi, a propósito de la propuesta (sostenida por Agnelli
en una entrevista concedida a la United Press) de reducir el horario laboral
para evitar las crisis económicas derivadas de la desocupación provocada por el
progreso técnico.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1019
porque se
ha permitido, dentro de cienos límites, una redistribución de los alimentos y
especialmente de algunos de éstos (de las que dan el tono a la vida) (con los
alimentos hay que poner el vestido y la habitación). Ahora bien, en la
producción de alimentos los límites de la productividad del trabajo son más
definidos que en la producción de bienes manufacturados (y se entiende
"cantidad global" de alimentos, no sus modificaciones como productos
comerciales, que no aumentan su cantidad). Las posibilidades de
"ocio" (en el sentido de Einaudi) más allá de ciertos límites, son
dadas por la posibilidad de multiplicación de los alimentos como cantidad, y no
por la productividad del trabajo y la "superficie de la tierra" con
el régimen de las estaciones etcétera, ponen limites férreos por más que haya
que admitir que antes de alcanzar tales límites falta aún recorrer mucho
camino.
Las polémicas tipo Agnelli-Einaudi hacen
pensar en el fenómeno psicológico de que durante el hambre se piensa más en la
abundancia de comida: son irónicas, por decir lo menos. Pero la discusión es
errónea psicológicamente, porque tiende a hacer creer que la actual
desocupación es "técnica", lo cual es falso. La desocupación
"técnica" es poca cosa en comparación con la desocupación general. Y
además, el razonamiento se hace como si la sociedad estuviese constituida por
"trabajadores" y por "industriales" (dadores de trabajo en
sentido estricto, técnico), esto es falso y conduce a razonamientos ilusorios.
Si así fuese, dado que el industrial tiene necesidades limitadas, la cuestión
sería realmente simple: la cuestión de recompensar al industrial con plus salarios
o premios de capacidad sería cosa de nada y que ningún hombre sensato
rechazaría tomar en consideración: el fanatismo de la igualdad no nace de los
"premios" que se dan a los industriales capaces. El hecho es éste:
que, dadas las condiciones generales, la mayor ganancia creada por los
progresos técnicos del trabajo, crea nuevos parásitos, o sea gente que consume
sin producir, que no "cambia" trabajo por trabajo, sino el trabajo de
los otros por su propio "ocio" (y ocio en sentido peyorativo). Dada
la relación antes señalada sobre el progreso técnico en la producción de
alimentos, se produce una selección de los consumidores de alimentos, en la que
los "parásitos" entran en la cuenta antes que los trabajadores
efectivos y especialmente antes que los trabajadores potenciales (o sea
actualmente desocupados). De esta situación es que nace el "fanatismo de
la igualdad", y seguirá siendo "fanatismo", o sea tendencia
extrema e irracional, mientras dure tal situación. Se ve que ésta desaparece ya
allí donde se ve que por lo menos se trabaja para hacer desaparecer o atenuar
tal situación general.
El hecho
de que la "sociedad industrial" no está constituida sólo por
"trabajadores" y "empresarios", sino por
"accionistas" errantes (especuladores) turba todo el razonamiento de
Agnelli: sucede que si el progreso técnico permite un margen de ganancia más
amplio, éste no será distribuido racionalmente sino "siempre"
irracionalmente a los accionistas y afines. Tampoco puede decirse actualmente
que existan "empresas sanas". Todas las empresas se han vuelto
malsanas, y esto no se dice por prevención moralista o polémica, sino
objetivamente. Es la misma "grandeza" del mercado accionario la que
ha creado la enfermedad: la masa de portadores de acciones es tan grande que
obedece ya a las leyes de la "multitud" (pánico, etcétera, que tiene
sus términos técnicos especiales en el "boom", en el "run",
etcétera) y la especulación se ha convertido en una necesidad técnica, más
importante que el trabajo de los ingenieros y los obreros.
La
observación sobre la crisis americana de 1929 sacó a la luz precisamente esto:
la existencia de fenómenos irrefrenables de especulación, que arrollan incluso
a las empresas "sanas", por lo que se puede decir que las
"empresas sanas" ya no existen más: por lo tanto puede usarse la
palabra "sana" acompañándola de una referencia histórica: "en el
sentido de otro tiempo", o sea cuando existían ciertas condiciones
generales que permitían ciertos fenómenos generales no sólo en sentido
relativo, sino también en sentido absoluto. (Sobre muchas notas de este
parágrafo debe verse el libro de Sir Artur Salter: Ricostruzione: come
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1020
finirà la
crisi, Milán, Bompiani, 1932, 398 pp., 12 liras).1 224
<56>. Puntos para un ensayo sobre
B. Croce. Pasión y política. El que Croce haya identificado la política con la
pasión 2 puede explicarse con el hecho de que él se ha aproximado seriamente a
la política, interesándose en la acción política de las clases subalternas, que
"estando constreñidas", "a la defensiva", encontrándose en
caso de fuerza mayor, tratando de liberarse de un mal presente (aunque sea
presunto, etcétera) o como de otro modo se quiera decir, realmente confunden
política con pasión (incluso en sentido etimológico). Pero la ciencia política
no sólo (según Croce) debe explicar una parte, la acción de una parte, sino
también la otra parte, la acción de la otra parte. Lo que se debe explicar es
la iniciativa política, sea ella "defensiva", por lo tanto
"apasionada", pero también "ofensiva" o sea no dirigida a
evitar un mal presente (aunque sea presunto, porque también el mal presunto
hace sufrir y en cuanto que hace sufrir un mal es real). Si se examina bien este
concepto crociano de "pasión" imaginado para justificar teóricamente
la política, se ve que él a su vez no puede ser justificado más que por el
concepto de lucha permanente, por el que la "iniciativa" es siempre
"apasionada" porque la lucha es incierta y se ataca continuamente
para evitar no sólo ser derrotado, sino para tener sometido al adversario que
"podría vencer" si no fuese continuamente persuadido de ser el más
débil, o sea continuamente derrotado. En suma, no puede haber
"pasión" sin antagonismo y antagonismo entre grupos de hombres,
porque en la lucha entre el hombre y la naturaleza la pasión se llama
"ciencia" y no "política". Puede decirse por lo tanto que
en Crece el término de "pasión" es un seudónimo para lucha social.
<57>. Puntos de meditación sobre la
economía. Plantear el problema de si puede existir una ciencia económica y en
qué sentido. Podría ser que la ciencia económica fuera una ciencia sui generis,
incluso única en su género. Puede verse en cuántos sentidos se emplea la
palabra ciencia, por las diversas corrientes filosóficas, y si alguno de estos
sentidos puede aplicarse a las investigaciones económicas. A mí me parece que
la ciencia económica es cosa aparte, o sea que es una ciencia única, porque no
se puede negar que es ciencia y no sólo en el sentido "metodológico",
o sea no sólo en el sentido de que sus procedimientos son científicos y
rigurosos.
Me parece también que la economía no
puede aproximarse a la matemática, si bien entre las diversas ciencias la
matemática seguramente se aproxima más que ninguna a la economía. De todos
modos la economía no puede ser considerada una ciencia natural (cualquiera que
sea el modo de concebir la naturaleza o el mundo externo, subjetivo u objetivo)
ni una ciencia "histórica" en el sentido común de la palabra,
etcétera. Uno de los prejuicios contra los que seguramente aún hay que luchar
es que, para ser "ciencia", una investigación debe agruparse con
otras investigaciones en un tipo y que tal "tipo" es la
"ciencia". Por el contrario, puede suceder no sólo que el
agrupamiento sea imposible, sino que una investigación sea "ciencia"
en un cierto periodo histórico y no en otro: otro prejuicio es que si una
investigación es "ciencia" habría podido serlo siempre y siempre lo
será. (No lo fue porque faltaron los "científicos", no la materia de
la ciencia.) Para la economía éstos son precisamente los elementos críticos que
hay que examinar: hubo un periodo en el que no podía haber "ciencia"
La indicación bibliográfica del libro de
Arthur Salter está tomada con toda probabilidad de una reseña de Emanuele Flora
en
Leonardo,
enero de 1933 (año IV, n. 1), pp. 23-25. Del mismo libro se ocupó también un
artículo (que Grarnsci probablemente había leído) de Edoardo Giretti, "11
protezionismo e la crisi", en La Riforma Sociale, noviembre-diciembre de
1932 (año XXXIX, n. 6), pp. 608-51.
Cfr. Cuaderno 7 (VII), § 39.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1021
no sólo
porque faltaban los científicos, sino porque faltaban ciertas premisas que
creaban aquella cierta "regularidad" o aquel cierto
"automatismo", cuyo estudio da origen precisamente a la investigación
científica. Pero la regularidad o el automatismo pueden ser de tipos diversos
en las diversas épocas y eso creará distintos tipos de "ciencias". No
debe creerse que habiendo siempre existido una "vida económica" deba
siempre existir la posibilidad de una "ciencia económica", así como
habiendo siempre existido un movimiento de los astros siempre ha existido la
"posibilidad" de una astronomía, aunque los astrónomos se llamaban
astrólogos, etcétera. En la economía el elemento "perturbador" es la
voluntad humana, voluntad colectiva, diferentemente dispuesta según las
condiciones generales en que los hombres vivían, o sea diferentemente
"conducente" u organizada.
<58>. Puntos para un ensayo sobre
B. Croce. Pasión y política. ¿Puede nacer pasión de la preocupación del precio
que puede alcanzar la manteca de cerdo? ¿Una vieja señora que tiene veinte
sirvientes puede sentir pasión ante el pensamiento de tener que reducirlos a
diecinueve? Pasión puede ser un sinónimo de economía, en el sentido no de
producción económica o de búsqueda de la ganancia económica, sino en el sentido
de continuo estudio para que una determinada relación no cambie
desfavorablemente, aunque el desfavor sea "utilidad general",
libertad general; pero entonces "pasión" y "economía"
significan "personalidad humana" determinada históricamente en una
cierta sociedad "jerárquica". ¿Qué es el "pundonor" del
hampa sino un pacto económico? ¿Pero no es también una forma de manifestarse
(polémica, de lucha) de la personalidad? Ser "depreciado"
(despreciado), es el temor morboso de todos los hombres en las formas de
sociedad en que la jerarquía se manifiesta en formas "refinadas"
(capilares), en minucias, etcétera.
En el hampa la jerarquía se basa en la
fuerza física y en la astucia: ser "burlados", hacerlos parecer
toritos, dejar que un ultraje quede impune, etcétera, degrada. De ahí todo un
protocolo y un ceremonial de convención, rico en matices y sobrentendidos en
las relaciones recíprocas de los socios; faltar al protocolo es una injuria.
Pero esto no sucede sólo en el hampa: las cuestiones de rango tienen vigencia
en toda forma de relación: desde las que existen entre los Estados hasta las
que existen entre parientes. Quien debe hacer un servicio durante cierto tiempo
y no es sustituido a la hora exacta, se enfurece y reacciona incluso con actos
de violencia extrema (incluso criminal); y esto aun cuando después del servicio
no tenga nada que hacer o no adquiera la plena libertad de movimientos (por
ejemplo: un soldado que tiene que hacer la guardia y después de su turno debe
aún permanecer en el cuartel). Que en estos episodios haya una manifestación de
"personalidad" quiere decir sólo que la personalidad de muchos
hombres es mezquina, estrecha: pero no deja de ser personalidad. Y es innegable
que existen fuerzas que tienden a mantenerla así y a hacerla aún más mezquina:
para demasiados, ser "algo" significa sólo que otros hombres son aún
"menos algo" (algo menos). Pero el que incluso estas pequeñas cosas,
estas insignificancias sean "todo" o "gran cosa" para
algunos, el resultado es que tales episodios determinan precisamente reacciones
en las que se arriesga la vida y la libertad personal.
<59>. Notas para un ensayo sobre B.
Croce.
<I>.
Croce como hombre de partido. Distinción del concepto de partido: I] El partido
como organización práctica (o tendencia práctica), o sea como instrumento para
la solución de un problema o de un grupo de problemas de la vida nacional e
internacional. En este sentido Crece no perteneció nunca explícitamente a
ninguno de los grupos liberales, es más, explícitamente combatió la idea misma
y el hecho de los partidos permanente, mente organizados ("Il Partito come
giudizio e pregiudizio", en Cultura e vita morale, ensayo
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1022
publicado
en uno de los primeros números de la Unità florentina)1 y se pronunció a favor
de los movimientos políticos que no se plantean un "programa"
definido, "dogmático", permanente, orgánico, sino que tienden en cada
ocasión a resolver problemas políticos inmediatos. Por otra parte, entre las
diversas tendencias liberales Croce manifestó su simpatía por la conservadora,
representada por el Giornale d'Italia. El Giornale d'Italia no sólo durante
largo tiempo publicó artículos de la Critica antes de que los fascículos de la
revista fuesen divulgados, sino que tuvo el "monopolio" de las cartas
que Croce escribía de tanto en tanto para expresar sus opiniones sobre
cuestiones de política y de política cultural que le interesaban y en torno a
las cuales consideraba necesario pronunciarse.
227 En la
posguerra también la Stampa publicó las primicias de la Crítica (o de escritos
de Croce publicados en Actas académicas), pero no las cartas que siguieron
siendo publicadas por el Giornale d'Italia en primer lugar y fueron
reproducidas por la Stampa y otros periódicos. 2] El partido como ideología
general, superior a los diversos agrupamientos más inmediatos. En realidad el
modo de ser del partido liberal en Italia después de 1876 fue el de presentarse
al país como un "orden disperso" de fracciones y de grupos nacionales
y regionales. Eran fracciones del liberalismo político tanto el catolicismo
liberal de los populares, como el nacionalismo (Croce colaboró en la Politica
de A. Rocco y F. Coppola),2 tanto las uniones monárquicas como el partido republicano
y gran parte del socialismo, tanto los radicales demócratas como los
conservadores tanto Sonnino-Salandra, como Giolitti, Orlando, Nitti y Cía.,
Croce fue el teórico de todo lo que todos estos grupos y grupitos, camarillas y
mafias tenían en común, el jefe de una oficina central de propaganda de la que
todos estos grupos se beneficiaban y se servían, el líder nacional de los
movimientos de cultura que nacían para renovar las viejas formas políticas.
Como ya
se observó en otro lugar, Croce compartió con Giustino Fortunato este oficio de
líder nacional de la cultura liberal democrática. Desde 1900 hasta 1914 e
incluso después (pero como resolución) Croce y Fortunato aparecían siempre como
inspiradores (como fermentos) de todo nuevo movimiento juvenil serio que se
propusiera renovar el "hábito" político y la vida de los partidos
burgueses: así para la Voce, la Unità la Azione Liberale, la Patria (de
Bolonia), etcétera.3 Con la Rivoluzione Liberale de Fiero Gobettia se produjo
una innovación fundamental: el término "liberalismo" fue interpretado
en el sentido más "filosófico" o más abstracto, y del concepto de
libertad en los términos tradicionales de la personalidad individual se pasa al
concepto de libertad en los términos de personalidad colectiva de grandes
grupos sociales y de la contienda no ya entre individuos sino entre grupos. 4
Este oficio de líder nacional del liberalismo hay que tenerlo en cuenta para
comprender cómo Croce amplió el círculo de su influencia directriz más allá de
Italia, sobre la base de un elemento de su "propaganda": el
revisionismo.
En el manuscrito: "P. G ".
228
<§
59>. II. ¿Cómo hay que entender la expresión "condiciones
materiales" y el "conjunto" de estas condiciones? 5 Como el
"pasado", la "tradición", concretamente entendidos,
Cfr. Croce, "Ti partito come
giudizio e come pregiudizio", en Cultura e vita morale cit., pp. 191-98.
Este artículo de Croce fue
publicado
por primera vez en l'Unità, 6 de abril de 1912 (año I, n. 17).
Cfr. nota 1 al Cuaderno 6 (VIII), § 107.
Cfr. Cuaderno 1 (XVI), § 44 en particular
pp. 36-36 bis (cfr. también Alcuni temí della quistione meridionale. en CPC,
155).
Cfr. Alcuni temí della quistione
meridionale, en CPC, 157: "Los principios del liberalismo son en ella (en
la concepción de Gobetti) proyectados desde el orden de los fenómenos
individuales a los de los fenómenos de masas. Las cualidades de excelencia y de
prestigio
en la vida de los individuos son transportadas a las clases, concebidas casi
como individualidades colectivas".
La expresión: "condiciones
materiales" y el "conjunto" de estas condiciones es citada de
memoria con la guía del conocido
pasaje
del prefacio de Marx a Para la crítica de la economía política: "En la
producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones
determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de
producción corresponden
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1023
objetivamente
constatables y "mensurables" con métodos de comprobación
"universalmente" subjetivos, o sea precisamente
"objetivos". El presente activo no puede dejar de continuar,
desarrollándolo, el pasado, no puede dejar de insertarse en la
"tradición". Pero, ¿cómo reconocer la "verdadera"
tradición, el "verdadero" pasado, etcétera? ¿O sea la historia real,
efectiva, y no la veleidad de hacer nueva historia que busca en el pasado su
justificación tendenciosa, de "superestructura"? Es pasado real
precisamente la estructura, porque ella es el testimonio, el
"documenta" incontrovertible de lo que se hizo y continúa
subsistiendo como condición del presente y del futuro. Se podrá observar que en
el examen de la "estructura" los críticos aislados podrán
equivocarse, declarando vital lo que está muerto o no es germen de nueva vida a
desarrollar, pero el método mismo no puede ser refutado perentoriamente. Que
existe posibilidad de error es admisible sin más, pero será error de críticos
individuales (hombres políticos, estadistas), no error de método. Cada grupo
social tiene una "tradición", un "pasado" y propone a éste
como el único y total pasado. Aquel grupo que, comprendiendo y justificando
todos estos "pasados", sepa identificar la línea de desarrollo real,
y por ello contradictoria, pero en la contradicción capaz de superación,
cometerá "menos errores", identificará más elementos
"positivos" sobre los que apoyarse para crear nueva historia.
229
<§
59>. III. Ver si el principio de "distinción", o sea lo que Croce
llama "dialéctica de los distintos" no fue determinado por la
reflexión sobre el concepto abstracto de "homo œconomicus" propio de
la economía clásica. Puesto que tal abstracción tiene un alcance y un valor
puramente "metodológicos" o directamente de técnica de la ciencia (o
sea inmediato y empírico), debe verse cómo elaboró Croce todo el sistema de los
"distintos". De todos modos tal elaboración, como por lo demás muchas
otras partes del sistema crociano, habrían tenido su origen en el estudio de la
economía política y más precisamente en el estudio de la filosofía de la
praxis, lo que sin embargo no puede sino significar que el sistema crociano
tuvo un origen y una determinación inmediata "económica". La misma
dificultad que muchos filósofos actualistas encuentran para comprender el
concepto de "horno œconomicus" la encuentran para comprender el
significado y el alcance de la "dialéctica de los distintos". La
investigación tiene dos aspectos: uno de carácter lógico y otro de carácter
histórico. La primera "distinción" planteada por Croce me parece que
fue "históricamente" precisamente la del "momento de la economía
o de la utilidad", que no coincide y no puede coincidir con la de los
economistas en sentido estricto, porque en el momento de la utilidad o
económico Croce hace entrar una serie de actividades humanas que para los fines
de la ciencia económica carecen de pertinencia (por ejemplo, el amor).1
230
<§
59>. IV. El idealismo actual hace coincidir verbalmente ideología y
filosofía (lo que, en último análisis, no es sino uno de los aspectos de la
unidad superficial postulada por aquél entre real e irreal, entre teoría y
práctica, etcétera), lo que representa una degradación de la filosofía
tradicional respecto de la altura a que la había elevado Croce con la llamada
dialéctica de los "distintos". Tal degradación es muy visible en los
desarrollos (o involuciones) que el idealismo actual muestra en los discípulos
de Gentile: los Nuovi Studi de
a un
grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El
conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica
de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura
jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia
social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida
social, política e intelectual en general". C. Marx, Contribución a la
crítica de la economía política, ed. de Cultura Popular, México, 1974, p. 12.
Cfr. nota 4 al Cuaderno 7 (VII), § 42.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1024
Ugo
Spirito y A. Volpicelli son el documento más vistoso de este fenómeno. La
unidad de ideología y filosofía, cuando es afirmada en esta forma, crea una
nueva forma de sociologismo, ni historia ni filosofía, sino un conjunto de
esquemas verbales abstractos, sostenidos por una fraseología tendenciosa y de
papagayos. La resistencia de Croce a esta tendencia es verdaderamente
"heroica": Croce tiene viva la conciencia de que todos los
movimientos del pensamiento moderno conducen a una revaloración triunfal de la
filosofía de la praxis, o sea trastocamiento de la posición tradicional de los
problemas filosóficos y a la disolución de la filosofía entendida del modo
tradicional. Croco se resiste con todas sus fuerzas a la presión de la realidad
histórica, con una inteligencia excepcional de los peligros y de los medios
idóneos para obviarlos. Por eso el estudio de sus escritos desde 1919 hasta hoy
tiene un enorme significado. La preocupación de Croce nace con la guerra
mundial que él mismo afirmó ser la "guerra del materialismo
histórico".1 Su posición au dessus, en cierto sentido, es ya indicio de
esta preocupación y es una posición de alarma (durante la guerra, filosofía e
ideología entraron en frenético connubio). También la posición de Croce con
respecto a libros como los de De Man, de Zibordi, etcétera,2 no puede
explicarse de otra forma porque está en estridente contradicción con sus
posiciones ideológicas y prácticas de antes de la guerra.
Este paso
de Croce de la posición "crítica" a una posición de tendencia
práctica y de preparación a la acción política efectiva (dentro de los limites
permitidos por las circunstancias y la posición social de Croce) es muy
significativa. ¿Qué importancia puede haber tenido su libro sobre la Storia
d'Italia? Algo puede deducirse del libro de Bonomi sobre Bissolati, del de
Zibordi antes citado, del prefacio de Schiavi al libro de De Man. 3 De Man
sirve también de puente de paso.
Debe
recordarse todavía la carta de Orazio Raimondo reproducida por G. Castellano en
su Introduzione allo studio delle opere di Benedetto Croce.4 La carta demuestra
la influencia que Croce ejercía en ciertos ambientes, penetrando por conductos
que permanecían incontrolados. Y se trata de Raimondo, masón, realmente
empapado de la ideología masónica hasta la médula y "francesamente"
democrático, como se demuestra en muchos también de sus discursos, pero
especialmente en el de defensa de la Tiepolo (o de la dama que asesinó al
ordenanza Polidori),a donde aparece el teísmo masónico en toda su ostentación y
evidencia.5
En el manuscrito el nombre Polidori
sustituye al nombre "¿Fioravante?", escrito en un primer momento y
luego tachado.
Cfr.
Cuaderno 1 (XVI), pp. 84-84 bis y 99 bis.
230
<60>. La proposición de que hay que
volver a poner "al hombre sobre sus pies". En el examen de la
influencia ejercida por el hegelianismo sobre el fundador de la filosofía de la
praxis, hay que recordar (teniendo en cuenta especialmente el carácter
eminentemente práctico-crítico de Marx)b que Marx" participó en la vida
universitaria alemana poco después de la muerte de Hegel, cuando debía estar
aún muy vivo el recuerdo de la enseñanza oral de Hegel y de las discusiones
apasionadas, con referencia a la historia efectiva reciente, que tal enseñanza
había suscitado, discusiones en las cuales la concreción histórica del
pensamiento hegeliano debía resultar mucho más evidente que en los escritos
sistemáticos. Parece que algunas proposiciones de la filosofía de la praxis
deben considerarse especialmente vinculadas a esta vivacidad coloquial: por
ejemplo, la afirmación de que Hegel hace caminar
Cfr. nota 2 al Cuaderno 1 (XVI), § 132.
2 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 1 (XVI), § 132. 3 Cfr. nota 1 al Cuaderno 1 (XVI), § 157. 4
Cfr. nota 2 al Cuaderno 1 (XVI), § 157. 5 Cfr. nota 3 al Cuaderno 1 (XVI), §
157.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1025
a los
hombres de cabeza. Hegel emplea esta expresión hablando de la Revolución
Francesa, cuando dice que en cierto momento parecía que el mundo caminaba de
cabeza (hay que comprobarlo con exactitud). Croce se pregunta (verificar dónde
y cómo) de dónde tomó Marxb esta imagen, como si la misma no hubiese sido
empleada por Hegel en sus escritos. La imagen es tan poco "libresca",
que da la impresión de haber brotado en una conversación.1
En el manuscrito: "M.".
Antonio
Labriola en el escrito Da un secolo all'altro escribe: "Le es propia
aquella coletilla de Hegel que dijo cómo aquellos hombres (de la Convención)
fueron los primeros, después de Anaxágoras, en intentar trastocar la noción del
mundo, apoyando a éste sobre la razón" (ed. Dal Pane, p. 45).2
Esta
proposición, tanto en el uso que le da Hegel, como en el que le da la filosofía
de la praxis, debe confrontarse con el paralelo, enunciado por el mismo Hegel y
que tiene un reflejo en la Sagrada Familia, entre el pensamiento
práctico-jurídico francés y el especulativo alemán (a este propósito debe verse
el cuaderno sobre "Introducción al estudio de la filosofía", p. 59).3
Cfr.
Cuaderno .1 (XVI), pp. 97-97 bis y 99.
231
<61 >. Puntos para un ensayo
crítico sobre las dos Historias de Croce: la de Italia y la de Europa. Relación
histórica entre el Estado moderno francés nacido de la revolución y los otros
Estados modernos de Europa continental. La confrontación es de importancia
vital, con tal que no se haga en base a abstractos esquemas sociológicos. asta
puede resultar del examen de los siguientes elementos: 1] explosión
revolucionaria en Francia con radical y violenta mutación de las relaciones
sociales y políticas; 2] oposición europea a la Revolución Francesa y a su
difusión por los "conductos" de clase; 3] guerra de Francia, con la
República y con Napoleón, contra Europa, primero para no ser sofocada, luego
para constituir una hegemonía permanente francesa con tendencia a formar un
imperio universal; 4] insurrecciones nacionales contra la hegemonía francesa y
nacimiento de los Estados modernos europeos por pequeñas oleadas reformistas
sucesivas, pero no por explosiones revolucionarias como la francesa original.
Las "oleadas sucesivas" están constituidas por una combinación de
luchas sociales, de intervenciones desde arriba del tipo monarquía iluminada y
de guerras nacionales, con predominio de estos dos últimos fenómenos. El
periodo de la "Restauración" es el más rico en desarrollos desde este
punto de vista: la restauración se convierte en la forma política en la que las
luchas sociales encuentran cuadros bastante elásticos para permitir a la
burguesía llegar al poder sin rupturas espectaculares, sin el aparato terrorista
francés. Las viejas clases feudales son degradadas de dominantes a
"gobernantes", pero no eliminadas, ni se intenta liquidarlas como
conjunto orgánico: de clases se convierten en "castas" con
determinadas características culturales y psicológicas, ya con funciones
económicas predominantes.
¿Puede
repetirse en otras condiciones este "modelo" de la formación de los
Estados modernos? ¿Debe excluirse esto en sentido absoluto, o bien puede
decirse que al menos en parte pueden darse evoluciones similares, bajo la forma
de advenimiento de economías programáticas? La cuestión es de suma importancia,
porque el modelo Francia-Europa ha creado una mentalidad, que por
"avergonzarse de sí misma" o bien por ser un "instrumento de
gobierno" no es por ello menos significativa.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 1 (XVI), § 152.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 1 (XVI), § 155.
3 La
remisión se refiere al Cuaderno 11 (XVIII), § 49, donde se precisan las fuentes
de esta referencia a Hegel.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1026
Una
cuestión importante vinculada a la precedente es la del oficio que han creído
tener los intelectuales en este largo proceso de fermentación político-social
incubado por la Restauración. La filosofía clásica alemana es la filosofía de
este periodo, ella vivifica los movimientos liberales nacionales desde 1848
hasta 1870. A este respecto debe señalarse también el paralelo hegeliano (y de
la filosofía de la praxis) entre la práctica francesa y la especulación
alemana.1 En realidad el paralelo puede ser definido: lo que es
"práctica" para la clase fundamental se vuelve
"racionalidad" y especulación para sus intelectuales (sobre esta base
de relaciones históricas debe explicarse todo el idealismo filosófico moderno).
[Cuestión más vasta: si es posible pensar
la historia únicamente como "historia nacional" en cualquier momento
del desarrollo histórico —si el modo de escribir la historia (y de pensar) no
ha sido siempre "convencional". El concepto hegeliano sobre el
"espíritu del mundo" que se personifica en este o aquel país es una
forma "metafórica" o fantasiosa de atraer la atención hacia este
problema metodológico, a cuya total explicación se oponen limitaciones de
origen diverso: el "orgullo" de las naciones, o sea limitaciones de
carácter político-práctico-nacional (que no son siempre inferiores);
limitaciones intelectuales (no comprensión del problema histórico en su
totalidad) e intelectuales-prácticas (falta de informaciones, bien sea porque
faltan documentos, bien porque es difícil tenerlos a disposición e
interpretarlos). (¿Cómo, por ejemplo, hacer una historia integral del
cristianismo si en ella se quiere incluir el cristianismo popular y no sólo el
de los intelectuales? En este caso sólo el desarrollo histórico posterior es
documento del desarrollo anterior, pero documento parcial) .] a
En el manuscrito, el pasaje entre
corchetes está añadido al margen al comienzo del parágrafo entre las pp. 39 y
39a.
La
concepción del Estado según la función productiva de las ciases sociales no
puede ser aplicada mecánicamente a la interpretación de la historia italiana y
europea desde la Revolución francesa hasta todo el siglo XIX. Aunque sea cierto
que para las ciases productivas fundamentales (burguesía capitalista y
proletariado moderno) el Estado no es concebible más que como forma concreta de
un determinado mundo económico, de un determinado sistema de producción, no se
ha establecido que la relación de medio y fin sea fácilmente determinable y
adopte el aspecto de un esquema simple y obvio a primera vista. Es verdad que
conquista del poder y afirmación de un nuevo mundo productivo son inseparables,
que la propaganda para una cosa es también propaganda para la otra y que en
realidad sólo en esta coincidencia reside la unidad de la clase dominante que
es al mismo tiempo económica y política; pero se presenta el complejo problema
de las relaciones de las fuerzas internas del país dado, de la relación de las
fuerzas internacionales, de la posición geopolítica del país dado. En realidad,
el impulso a la renovación revolucionaria puede ser originado por las
necesidades impelentes de un país dado, en circunstancias dadas, y tenemos la
explosión revolucionaria de Francia, victoriosa también internacionalmente;
pero el impulso para la renovación puede ser dado por la combinación de fuerzas
progresistas escasas e insuficientes de por sí (sin embargo de elevadísimo
potencial porque representan el futuro de su país) con una situación
internacional favorable a su expansión y victoria. El libro de Raffaele Ciasca
sobre los Origini del programma nazionale,2 al mismo tiempo que da la prueba de
que existían en Italia los mismos problemas impelentes que en la Francia del
antiguo régimen y una fuerza social que interpretaba y representaba tales
problemas en el mismo sentido francés, da también la prueba de que tales
fuerzas eran escasas y los problemas se mantenían al nivel de la "pequeña
política".
233 En
todo caso se ve cómo, cuando el impulso del progreso no va estrechamente ligado
a un
Cfr. el último párrafo del precedente §
60.
2 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 1 (XVI), § 150.
Cuaderno 10 (XXIV) 1929-19330 Cuadernos de la cárcel 1027
vasto
desarrollo económico local que es artificialmente limitado y reprimido, sino
que es el reflejo del desarrollo internacional que manda a la periferia sus
corrientes ideológicas, nacidas sobre la base del desarrollo productivo de los
países más avanzados, entonces el grupo portador de las nuevas ideas no es el
grupo económico, sino la capa de los intelectuales, y la concepción del Estado
de la que se hace propaganda cambia de aspecto: éste es concebido como una cosa
en sí, como un absoluto racional. La cuestión puede ser planteada así: siendo
el Estado la forma concreta de un mundo productivo, y siendo los intelectuales
el elemento social del que se extrae el personal gobernante, es propio del
intelectual no anclado fuertemente en un poderoso grupo económico presentar al
Estado como un absoluto: así es concebida como absoluta y preeminente la misma
función de los intelectuales, es racionalizada abstractamente su existencia y
su dignidad histórica, Este motivo es básico para comprender históricamente el
idealismo filosófico moderno y está vinculado al modo de formación de los
Estados modernos en la Europa continental como "reacción-superación
nacional" de la Revolución francesa. que con Napoleón tendía a establecer
una hegemonía permanente (motivo esencial para comprender el concepto de
"revolución pasiva", de "restauración-revolución" y para
comprender la importancia de la confrontación hegeliana entre los principios de
los jacobinos y la filosofía clásica alemana).
A este
respecto se puede observar que algunos criterios tradicionales de evaluación
histórica y cultural del periodo del Risorgimento deben ser modificados y en
ocasiones invertidos: 1] las corrientes italianas que son
"etiquetadas" como racionalismo francés e iluminismo abstracto son
seguramente, por el contrario, las más intrínsecas a la realidad italiana, en
cuanto que, en realidad, conciben al Estado como forma concreta de un
desarrollo económico italiano en devenir: a igual contenido conviene igual forma
política; 2] son por el contrario precisamente "jacobinas" (en el
sentido peyorativo que el término ha asumido para ciertas corrientes
historiográficas) las corrientes que parecen más autóctonas, en cuanto que
parecen desarrollar una tradición italiana. Pero en realidad esta corriente es
"italiana" sólo porque la "cultura" durante muchos siglos
fue la única manifestación "nacional" italiana. Se trata de una
ilusión verbal. ¿Dónde estaba la base de esta cultura italiana? No estaba en
Italia: esta cultura "italiana" es la continuación del cosmopolitismo
medieval ligado a la tradición del Imperio y a la Iglesia, concebidos como
universales con sede "geográfica" en Italia. Los intelectuales
italianos eran funcionalmente una concentración cultural cosmopolita, acogían y
elaboraban teóricamente los reflejos de la más sólida y autóctona vida del
mundo no italiano. Incluso en Maquiavelo se ve esta función, si bien Maquiavelo
trata de desarrollarla para fines nacionales (sin éxito y sin consecuencias
apreciables): de hecho El Príncipe es una elaboración de los acontecimientos
españoles, franceses, ingleses en la labor de la unificación nacional, que en
Italia no tiene fuerzas suficientes y ni siquiera interesa mucho. Puesto que
los representantes de la corriente tradicional realmente quieren aplicar a
Italia esquemas intelectuales y racionales, elaborados, sí, en Italia, pero
sobre experiencias anacrónicas, y no sobre necesidades inmediatas nacionales,
ellos son los jacobinos en el sentido peyorativo.
La cuestión es compleja, erizada de
contradicciones y por lo mismo debe ser profundizada. De todos modos, los
intelectuales meridionales en el Risorgimento parecen claramente ser estos
estudiosos del "puro" Estado, del Estado en sí. Y cada vez que los
intelectuales dirigen la vida política, a la concepción del Estado en sí sigue
todo el cortejo reaccionario que es su obligada compañía.
Cfr.
Cuaderno 1 (XVI), pp. 96 bis-97 y 95 bis-96 bis.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1028
Cuaderno
11 (XVIII) 1932-1933.
<Introducción
al estudio de la filosofía>
237
<Advertencia>
Las notas
contenidas en este cuaderno, como en los otros, han sido escritas a vuelapluma,
para apuntar un breve recordatorio. Todas ellas deberán revisarse y controlarse
minuciosamente, porque ciertamente contienen inexactitudes, falsas
aproximaciones, anacronismos. Escritas sin tener presentes los libros a que se
alude, es posible que después de la revisión deban ser radicalmente corregidas
porque precisamente lo contrario de lo aquí escrito resulte cierto.1
Cfr,
Cuaderno 4 (XIII), p. 55.
238
Apuntes y
referencias de carácter histórico-crítico
<1>. Antonio Labriola. Para
construir un ensayo completo sobre Antonio Labriola hay que tener presentes,
además de sus escritos, que son escasos y a menudo solamente alusivos o
extremadamente sintéticos, también los elementos y los fragmentos de conversaciones
relatados por sus amigos y discípulos (Labriola ha dejado memoria de
excepcional "conversador"). En los libros de B. Croce, en forma
dispersa, pueden recogerse muchos de tales elementos y fragmentos. Así en las
Conversazioni Critiche (2a. serie, pp. 60-61): "¿Cómo haría para educar
moralmente a un papú?" preguntó uno de nuestros condiscípulos, hace muchos
años, al profesor Labriola, en una de sus lecciones de Pedagogía, objetando
contra la eficacia de la pedagogía. "Provisionalmente (respondió con
viquiana y hegeliana aspereza el herbartiano profesor), provisionalmente lo
haría esclavo; y ésta sería la pedagogía del caso, hasta ver si con sus nietos
y biznietos es posible comenzar a utilizar algo de nuestra pedagogía."2
Esta respuesta de Labriola debe relacionarse con la entrevista que concedió
sobre la cuestión colonial (Libia) hacia 1903, reproducida en el volumen de los
Serial vari di filosofia e politica.3. Debe relacionarse también con el modo de
pensar de Gentile por lo que respecta a la enseñanza religiosa en las escuelas
primarias. Parece que se trata de un seudo-historicismo, de un mecanicismo
bastante empírico y muy cercano al más vulgar evolucionismo. Podría recordarse
aquí lo que dice Bertrando Spaventa a propósito de aquellos que querrían mantener
siempre a los hombres en la cuna (o sea en el momento de la autoridad, que sin
embargo educa para la libertad a los pueblos inmaduros) y piensan toda la vida
(de los otros) como una cuna.4 Me parece que históricamente el problema debe
plantearse de otro modo: esto es, si una nación o un grupo social que ha
llegado a un grado superior de civilización no puede (y por lo tanto debe)
"acelerar" el proceso de educación de los pueblos y grupos sociales
más atrasados, universalizando y traduciendo en forma adecuada su nueva
experiencia. Así, cuando los ingleses enrolan reclutas entre pueblos
primitivos, que nunca han visto un fusil moderno, no instruyen a estos reclutas
en el empleo
Cfr. nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 16.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
200.
3 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 200. 4 Cfr. el subsiguiente § 5.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1029
del arco,
del bumerang, de la cerbatana, sino que los instruyen en el manejo del fusil,
aunque las normas de instrucción sean necesariamente adaptadas a la
"mentalidad" de ese determinado pueblo primitivo.
239 El
modo de pensar implícito en la respuesta de Labriola, por lo tanto, no parece
dialéctico y progresista, sino más bien mecánico y retrógrado, como el
"pedagógico religioso" de Gentile que no es otra cosa que una
derivación del concepto de que la "religión es buena para el pueblo"
(pueblo = niño = fase primitiva del pensamiento a la que corresponde la
religión, etcétera) o sea la renuncia (tendenciosa) a educar al pueblo. En la
entrevista sobre la cuestión colonial, el mecanicismo implícito en el pensamiento
de Labriola resulta aún más evidente. En efecto: puede suceder perfectamente
que sea "necesario reducir a los papúes a la esclavitud" para
educarlos, pero no es menos necesario que alguien afirme que eso no es
necesario sino contingentemente, porque existen determinadas condiciones, o sea
que ésta es una necesidad "histórica" y no absoluta: es necesario
además que exista una lucha a este respecto, y esta lucha es precisamente la
condición por la cual los nietos o biznietos del papú serán liberados de la
esclavitud y serán educados con la pedagogía moderna. Que haya quien afirme
resueltamente que la esclavitud de los papués no es más que una necesidad del
momento y que se rebele contra tal necesidad es también un hecho filosófico
-histórico: 1] porque contribuirá a reducir al tiempo necesario el periodo de
esclavitud; 2] porque inducirá a los mismos papúes a reflexionar sobre sí
mismos, a autoeducarse, en cuanto que sentirán que están apoyados por hombres
de una civilización superior; 3] porque sólo esta resistencia demuestra que se
está realmente en un periodo superior de civilización y de pensamiento,
etcétera. El historicismo de Labriola y de Gentile es de un género muy
decadente: es el historicismo de los juristas para quienes el látigo no es un
látigo cuando es un látigo "histórico".1 Se trata, por otra parte, de
un modo de pensar muy nebuloso y confuso. Que en las escuelas elementales sea
necesaria una exposición "dogmática" de las nociones científicas o
que sea necesaria una "mitología", no significa que el dogma deba ser
el religioso y la mitología esa determinada mitología. Que un pueblo o un grupo
social atrasado tenga necesidad de una disciplina exterior coercitiva, para ser
educado civilizadamente, no significa que deba ser reducido a la esclavitud, a
menos que se piense que toda coerción estatal es esclavitud. Hay una coerción
de tipo militar incluso para el trabajo,2 que se puede aplicar también a la
clase dominante, y que no es "esclavitud" sino la expresión adecuada
de la pedagogía moderna orientada a educar a un elemento inmaduro (que es
ciertamente inmaduro, pero que lo es junto a elementos ya maduros, mientras que
la esclavitud orgánicamente es la expresión de condiciones universalmente
inmaduras). Spaventa, que se situaba en el punto de vista de la burguesía
liberal contra los "sofismas" historicistas de las clases
reaccionarias, expresaba, en forma sarcástica, una concepción mucho más
progresista y dialéctica que las de Labriola y Gentile.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 62.62 bis.
240
<2>. Alessandro Levi. Deben
buscarse sus escritos de filosofía e historia. Como Rodolfo Mondolfo, Levi es
de origen positivista (de la escuela paduana de R. Ardigó). Como punto de
referencia del modo de pensar de Levi es interesante este fragmento de su
estudio sobre "Giuseppe Ferrari" (Nuova Rivista Starica, 1931, p.
387):3 "No; a mí no me parece que en el Nuestro (Ferrari) haya un 'cierto'
y ni siquiera... un incierto, materialismo histórico. A mí me parece, por el
contrario, que hay un verdadero abismo entre la concepción ferrariana de la
Cfr. nota 4 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
200.
2 Cfr. nota 5 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 200.
3 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 218.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1030
historia
y de su pretendida filosofía de la historia y el materialismo histórico,
rectamente entendido, o sea no como un simple economismo (y también de éste, a
decir verdad, hay en Ferrari rastros mucho más vagos que en la historia
concreta de un Callo Cattaneo), sino como aquella dialéctica real, que entiende
la historia superándola con la acción, y no escinde historia y filosofía, sino
que, volviendo a poner a los hombres sobre sus pies, hace de ellos los
artífices conscientes de la historia, y no juguetes de la fatalidad, en cuanto
que sus principios, o sea sus ideales, chispas que brotan de las luchas
sociales, son precisamente estímulo para la praxis que, por obra de ellos, se
transforma. Superficial conocedor de la lógica hegeliana, Ferrari era un crítico
demasiado precipitado de la dialéctica idealista para lograr superarla con la
dialéctica real del materialismo histórico".
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 72-72 bis.
<3 >. Alessandra Chiappelli (muerto
en noviembre de 1931). Hacia mediados de la década 1890-1900, cuando
aparecieron los ensayos de Antonio Labriola y de B. Croce, Chiappelli escribió
su filosofía de la praxis. Debe existir de Chiappelli un libro o un ensayo
sobre Le premesse filosofiche del socialismo; debe verse la bibliografía.1
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 53 bis.
<4>. Luciano Herr. Un Rapport sur
l'état des études hégéliennes en France de A. Koyré aparece reproducido en los
Verhandlungen des ersten Hegelskongresses, vom 22 bis 25 april 1930 im Haag,
Mohr, Tübingen, 1931, en 89, pp. 243. Koyré, entre otros, habla de Luciano
Herr, que pasó veinticinco años de su vida estudiando el pensamiento hegeliano,
y que murió sin haber podido escribir el libro que se proponía realizar y que
hubiera ocupado un lugar junto a los de Delbos y de Xavier Léon; sin embargo dejó
un ensayo de estos estudios suyos, en el artículo sobre Hegel publicado en la
Grande Encyclopédie, notable por su lucidez y penetración2. Una Vie de Lucien
Herr ha sido publicada por Charles Andler en Europe del 15 de octubre de 1931 y
siguientes. Escribe Andler: "Lucien Herr est présent dans tout le travail
scientifique français depuis plus de quarante ans; et son action a été décisive
dans la formation du socialisme en France".3
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 57 bis.
241
<5>. Antonio Labriola (cfr. § en la
p. 3).4 Hegel afirmó que la servidumbre es la cuna de la libertad. Para Hegel,
como para Maquiavelo, el "principado nuevo" (o sea el periodo
dictatorial que caracteriza los inicios de cada nuevo tipo de Estado) y la
servidumbre a él vinculada son justificadosa sólo como educación y disciplina
del hombre aún no libre. Pero B. Spaventa (PrincipII di etica, Apéndice,
Nápoles, 1904) comenta oportunamente: "Pero la cima no es la vida. Algunos
nos querrían tener siempre en la cuna".5
En el manuscrito: "es
justificada".
(Un
ejemplo típico de la cuna que se convierte en toda la vida lo ofrece el
proteccionismo aduanal, que es siempre propugnado y justificado como
"cuna" pero tiende a convertirse en una cuna eterna.)
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
172.
2 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 181. 3 Cfr. nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
181. 4 La referencia atañe al precedente § 1.
5 Cfr.
nota I al Cuaderno 8 (XXVIII), § 53.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1031
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 20.
<6>. Giovanni Gentile. Sobre la
filosofía de Gentile debe confrontarse el artículo de la Civiltd Cattolica
("Cultura e filosofia dell'ignoto", 16 de agosto de 1930)1 que es
interesante para ver cómo la lógica formal escolástica puede ser idónea y
criticar los banales sofismas del idealismo actual que pretende ser la
perfección de la dialéctica. Y en efecto, ¿por qué la dialéctica
"formal" debería ser superior a la lógica "formal"? No se
trata más que de instrumentos lógicos y un buen utensilio viejo puede ser
superior a un deficiente utensilio más moderno; un buen velero es superior a
una motonave ruinosa. En todo caso es interesante leer las críticas de los
neoescolásticos sobre el pensamiento de Gentile (libros del padre Chiocchetti,2
etcétera).
Gentile, con su séquito de Volpicelli,
Spirito, etcétera (debe verse el grupo de colaboradores del Giornale Critico
della Filosofia Italiana) puede decirse que ha instaurado un auténtico
"preciosismo" literario, porque en la filosofía las argucias y las
frases hechas sustituyen al pensamiento.. Sin embargo, el parangón de este
grupo con el de Bauer satirizado en la Sagrada Familia es más ajustada y
literariamente más fecundo en desarrollos (los Nuovi Studi ofrecen muchas y
variadas ideas para el desarrollo).
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 56 bis y 73 bis.
242
<7>. A. Rosmini. Debe verse su
Saggio sul comunismo e sul socia— lismo, publicado bajo la revisión y con
prefacio de A. Canaletti-Gaudenti, en 169, pp. 85, Roma, Signorelli, 6 liras.3
Debe confrontarse con las encíclicas papales emanadas antes de 1848 y citadas
en el Sillabo, para servir de comentario histórico italiano al primer parágrafo
del Manifiesto;4 cfr. también el capítulo bibliográfico en el Mazzini de
"Return Scriptor".5
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), p. 34.
<8>. Antonino Lovecchio, Filosofia
della prassi e filosofía dello spirito, Pahni, Zappone, 1928, pp. 112, 7 liras.
De la reseña aparecida en la Italia che Scrive y escrita por Giuseppe Tarozzi
(junio de 1928)6 se extraen estas indicaciones: el libro consta de dos partes,
una sobre la filosofía de la praxis, la otra sobre el pensamiento de B. Croce,
que son vinculadas entre sí por la contribución de Croce a la crítica de la
filosofía de la praxis. La parte conclusiva se titula "Marx y Croce".
Discute las tesis sobre la filosofía de la praxis especialmente de Antonio
Labriola, Croce, Gentile, Rodolfo Mondan, Adelchi Baratono, Alfredo Poggi. Es
un crociano (parece muy inexperto críticamente). Tarozzi escribe que el librito
es un esbozo, rico en muchos y no leves defectos de forma. (Loveccbio es un
médico de Palmi.)
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), p. 60.
<9>. Ettore Ciccotti. Su obra:
Confronti storici, Biblioteca de la Nuova Rivista Storica n. 10, Societá. Ed.
Dante Alighieri, 1929, pp. wax-262, ha sido reseñado favorablemente por Guido
De Ruggiero en la Critica de enero de 1930 y por el contrario con mucha cautela
y en el fondo
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
178.
Cfr. Emilio Chiocchetti, La filosofía di
Giovanni Gentile, Soc. Ed. "Vita e Pensiero", Milán, 1922.
3 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 59. 4 Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 59. 5
Cfr. nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 59, 6 Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), §
28.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1032
desfavorablemente
por Mario de Bernardi en la Rifarma Sociale (ver)1 Un capítulo del libro de
Ciccotti (seguramente la introducción general) fue publicado en la Rivista
d'Italia del 15 de junio-15 de julio de 1927: "Elemento di `veritá' e di
`certezza' nella tradizione storica romana" y sólo a este capítulo se
alude aquí.2 Ciccotti examina y combate una serie de deformaciones
profesionales de la historiografía romana y muchas de sus observaciones son
justas negativamente: es para las afirmaciones positivas que subsisten dudas y
son necesarias muchas cautelas. La reseña de De Ruggiero es muy superficial:
justifica el método "analógico" de Ciccotti como un reconocimiento de
la identidad fundamental del espíritu humano, pero así se llega muy lejos, hasta
la justificación del evolucionismo vulgar y de las leyes sociológicas
abstractas, que también, a su modo, se fundan, con un lenguaje particular, en
la hipótesis de la identidad fundamental del espíritu humano.
Uno de los errores más graves de Ciccotti
parece consistir en la interpretación equivocada del principio viquiano de que
"lo cierto se convierte en lo verdadero". La historia no puede ser
más que certeza (con la aproximación de la búsqueda de la "certeza").
La conversión de lo "cierto" en lo "verdadero" puede dar
lugar a construcciones filosóficas (de la llamada historia eterna) que no
tienen sino muy poco en común con la historia "efectiva": pero la historia
debe ser "efectiva" y no novelada: su certeza debe ser ante todo
certeza de las documentos históricos (aunque la historia no se agota toda ella
en. los documentos históricos, cuya noción, por lo demás, es a tal punto
compleja y extensa, que puede dar lugar a conceptos siempre nuevos tanto de
certeza como de verdad). La parte sofística de la metodología de Ciccotti
resulta muy clara allí donde él afirma que la historia es drama, porque eso no
quiere decir que toda representación dramática de un determinado periodo
histórico sea la "efectiva", aunque sea viva, artísticamente
perfecta, etcétera. El sofisma de Ciccotti conduce a dar un valor excesivo a la
ornamentación histórica como reacción contra la erudición pedante y petulante:
de las pequeñas "conjeturas" filológicas se pasa a las "grandiosas"
conjeturas sociológicas, con poca ganancia para la historiografía.
En un
examen de la actividad histórica de Ciccotti hay que tener muy en cuenta este
libro. La "filosofía de la praxis" de Ciccotti es muy superficial: es
la concepción de Guglielmo Ferrero y de C. Barbagallo, o sea un aspecto de la
sociología positivista, condimentada con alguna dignidad viquiana. La
metodología de Ciccotti ha dado lugar precisamente a las historias tipo Ferrero
y a las curiosas elucubraciones de Barbagallo que acaba por perder el concepto
de distinción y concreción "individual" de cada momento del
desarrollo histórico y por descubrir dos originales dignidades: que "todo
el mundo es provincia" y que "cuanto más cambia todo, más se
parece".
Cfr.
Cuaderno 3 (XX), pp. 10 bis-II.
<10>. Giuseppe Rensi. Examen de
todo su desarrollo político-intelectual. Ha sido colaborador de la Critica
Sociale (también fue desterrado a Suiza después de 1898).3 Su actitud moralista
y lacrimosa actual (cfr. sus artículos en la Nuova Rivista Storica de hace
algunos años)4 debe confrontarse con sus manifestaciones literarias y
periodísticas del 21-22-23, en donde justifica un retorno de la esclavitud y
hace una interpretación de Maquiavelo estúpidamente cínica.5 Recordar su
polémica con Gentile en el Popolo d'Italia después del
Cfr. nota 1 al Cuaderno 3 (XX), § 15.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 3 (XX), § 15. 3 Cfr. nota 1 al Cuaderno 3 (XX), § 35. 4 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 3 (XX), § 35. 5 Cfr. nota 3 al Cuaderno 3 (XX), § 34.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1033
Congreso
de los filósofos1 celebrado en Milán en 1926: a debe haber firmado el llamado
Manifiesto de los Intelectuales redactado por Croce.2
En el manuscrito: "1925"
Cfr.
Cuaderno 3 (300, p. 18.
244
<11>. Comido Barbagallo. Su libro
L'oro e il fuoco3 debe ser examinado, teniendo en cuenta la determinación del
autor de encontrar en la antigüedad aquello que es esencialmente moderno, como
el capitalismo, la gran industria y las manifestaciones vinculadas a éstos.
Especialmente es preciso examinar sus conclusiones a propósito de las
corporaciones profesionales y de sus funciones, confrontándolas con las
investigaciones de los estudiosos del mundo clásico y del Medioevo. Cfr. las
conclusiones de Mommsen y de Marquardt a propósito de los collegia opificum et
artificum; para Marquardt éstas eran instituciones de carácter hacendario y
servían a la economía y a las finanzas del Estado en sentido estricto y poco o
nada instituciones sociales (cfr. el mir ruso). 4 Aparte de la observación de
que en todo caso el sindicalismo moderno debería hallar su correspondencia en
instituciones propias de los esclavos del mundo clásico. Lo que caracteriza,
desde este punto de vista, al mundo moderno, es que por debajo de los proletarios
no hay una clase a la cual le esté prohibido organizarse, como sucedía en el
Medioevo e incluso en el mundo clásico con toda Probabilidad; el artesano
romano podía servirse de los esclavos como trabajadores y éstos ciertamente no
pertenecían a los callegia y no está excluido que, en la misma plebe, alguna
categoría no servil se hallase excluida de la organizaciónb
En el manuscrito la p. 6 bis no está
completa; las páginas que siguen, desde la p. 7 hasta la p. 10 bis, quedaron en
blanco. El texto se reanuda en la p. 11.
Cfr.
Cuaderno 3 (XX), pp. 59 bis-60.
245
Apuntes
para una introducción y una iniciación en el estudio de la filosofía y de la
historia de la cultura
1.
Algunos puntos preliminares de referencia
<§.
12>. Hay que destruir el prejuicio muy difundido de que la filosofía es algo
muy difícil por el hecho de que es la actividad intelectual propia de una
determinada categoría de científicos especialistas o de filósofos profesionales
y sistemáticos. Por lo tanto, hay que demostrar preliminarmente que todos los
hombres son "filósofos", definiendo los límites y las características
de esta "filosofía espontánea", propia de "todo el mundo",
esto es de la
Cfr. nota 4 al Cuaderno 3 (XX), § 35.
En efecto, Rensi firmó el Manifiesto
crociana.
3 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 3 (XX), § 112. 4 Cfr. nota 2 al Cuaderno 3 (XX), § 112.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1034
filosofía
que está contenida: 1] en el lenguaje mismo, que es un conjunto de nociones y
de conceptos determinados y no solamente de palabras gramaticalmente vacías de
contenido; 2] en el sentido común y buen sentido; 3] en la religión popular y
por lo tanto en todo el sistema de creencias, supersticiones, opiniones, modos
de ver y actuar que se revelan en aquello que generalmente se llama
"folklore".
Habiendo
demostrado que todos son filósofos, aunque sea a su manera, inconscientemente,
porque incluso en la mínima manifestación de cualquier actividad intelectual,
el "lenguaje", se halla contenida una determinada concepción del
mundo, se pasa al segundo momento, al momento de la crítica y de la conciencia,
o sea a la cuestión: ¿es preferible "pensar" sin tener conciencia
crítica, en forma disgregada y ocasional, o sea "participar" en una
concepción del mundo "impuesta" mecánicamente por el ambiente externo,
y por lo tanto por uno de tantos grupos sociales en Tos cuales cada cual se
encuentra automáticamente incluido desde su entrada en el mundo consciente (y
que puede ser la propia aldea o la provincia, puede tener origen en la
parroquia y en la "actividad intelectual" del párroco o del viejo
patriarcal cuya "sabiduría" dicta leyes, en la mujercilla que ha
heredado la sabiduría de las brujas o en el pequeño intelectual agriado en su
propia estupidez e impotencia para actuar) o es preferible elaborar la propia
concepción del mundo consciente y críticamente y por lo tanto, en conexión con
tal esfuerzo del propio cerebro, elegir la propia esfera de actividad,
participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guía de
sí mismos y no ya aceptar pasivamente y supinamente desde el exterior el sello
de la propia personalidad?
Nota I. Por la propia concepción del
mundo se pertenece siempre a un determinado agrupamiento, y precisamente a
aquel de todos los elementos sociales que comparten un mismo modo de pensar y
actuar. Se es conformista de cierto conformismo, se es siempre hombres-masa u
hombres-colectivos. La cuestión es ésta: ¿de qué tipo histórico es el
conformismo, el hombre-masa del que se forma parte? Cuando la concepción del
mundo no es crítica y coherente sino ocasional y disgregada, se pertenece
simultáneamente a una multiplicidad de hombres-masa, la propia personalidad
está compuesta en forma extraña: se encuentran en ella elementos del hombre de
las cavernas y principios de la ciencia más moderna y avanzada, prejuicios de
todas las fases históricas pasadas toscamente localistas e intuiciones de una
filosofía futura tal como la que será propia del género humano unificado
mundialmente. Criticar la propia concepción del mundo significa, pues, hacerla
unitaria y coherente y elevarla hasta el punto al que ha llegado el pensamiento
mundial más avanzado. Significa, pues, también, criticar toda la filosofía que
hasta ahora ha existido, en cuanto que ésta ha dejado estratificaciones
consolidadas en la filosofía popular. El inicio de la elaboración crítica es la
conciencia de lo que es realmente, o sea un "conócete a ti mismo"
como producto del proceso histórico desarrollado hasta ahora que ha dejado en
ti mismo una infinidad de huellas recibidas sin beneficio de inventario. Hay
que hacer inicialmente ese inventario.
Nota II.
No se puede separar la filosofía de la historia de la filosofía y la cultura de
la historia de la cultura. En el sentido más inmediato y adherente, no se puede
ser filósofos, o sea tener una concepción del mundo críticamente coherente, sin
la conciencia de su historicidad, de la fase de desarrollo por ella
representada y del hecho de que ella está en contradicción con otras
concepciones o con elementos de otras concepciones. La propia concepción del
mundo responde a determinados problemas planteados por la realidad, que están
bien determinados y son "originales" en su actualidad. ¿Cómo es
posible pensar el presente o un presente bien determinado con un pensamiento
elaborado para problemas del pasado a menudo bien remoto y superado? Si esto
sucede, significa que se es "anacrónico" en
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1035
el tiempo
propio, que se es fósiles y no seres modernamente vivientes. Y en efecto sucede
que grupos sociales que en ciertos aspectos expresan la más avanzada
modernidad, en otros están en retraso con respecto a su posición social y por
lo tanto son incapaces de una autonomía histórica completa.
Nota III.
Si es cierto que todo lenguaje contiene los elementos de una concepción del
mundo y de una cultura, también será cierto que por el lenguaje de cada uno se
puede juzgar la mayor o menor complejidad de su concepción del mundo. Quien
habla sólo un dialecto o comprende la lengua nacional en grados diversos,
participa necesariamente de una intuición del mundo más o menos restringida y
provincial, fosilizada, anacrónica en comparación con las grandes corrientes de
pensamiento que dominan la historia mundial. Sus intereses serán limitados, más
o menos corporativos o economistas. no universales. Si no siempre es posible
aprender más lenguas extranjeras para ponerse en contacto con vidas culturales
distintas, es preciso al menos aprender bien la lengua nacional. Una gran
cultura puede traducirse en la lengua de otra gran cultura, o sea que una gran
lengua nacional, históricamente rica y compleja, puede traducir cualquier otra
gran cultura, o sea ser una expresión mundial. Pero un dialecto no puede hacer lo
mismo.
Nota IV. Crear una nueva cultura no
significa sólo hacer individualmente descubrimientos "originales",
significa también y especialmente difundir críticamente verdades ya
descubiertas, "socializarlas" por así decirlo y por lo tanto hacer
que se conviertan en base de acciones vitales, elemento de coordinación y de
orden intelectual y moral. El que una masa de hombres sea conducida a pensar
coherentemente y en forma unitaria el presente real es un hecho
"filosófico" mucho más importante y "original" que el hallazgo
por parte de un "genio" filosófico de una nueva verdad que permanece
como patrimonio de pequeños grupos intelectuales.
Conexión
entre el sentido común, la religión y la filosofía. La filosofía es un orden
intelectual, lo que no pueden ser ni la religión ni el sentido común. Ver cómo,
en la realidad, ni siquiera la religión y el sentido común coinciden, pero la
religión es un elemento del disgregado sentido común. Por lo demás,
"sentido común" es nombre colectivo, como "religión": no
existe un sólo sentido común, que es también él un producto y un devenir
histórico. La filosofía es la crítica y la superación de la religión y del
sentido común y en ese sentido coincide con el "buen sentido" que se
contrapone al sentido común.
Relaciones
entre ciencia- religión-sentido común. La religión y el sentido común no pueden
constituir un orden intelectual porque no pueden reducirse a unidad y
coherencia ni siquiera en la conciencia individual, para no hablar de la
conciencia colectiva: no pueden reducirse a unidad y coherencia
"libremente" porque "autoritariamente" ello podría suceder
como en efecto ha sucedido en el pasado dentro de ciertos límites. El problema
de la religión entendida no en el sentido confesional sino en el laico de unidad
de fe entre una concepción del mundo y una norma de conducta correspondiente;
¿pero por qué llamar a esta unidad de fe "religión" y no llamarla
"ideología" o incluso "política"?
De hecho, no existe la filosofía en
general: existen diversas filosofías o concepciones del mundo y siempre se hace
una elección entre ellas. ¿Cómo se hace esta elección? ¿Es esta elección un
hecho simplemente intelectual o más complejo? ¿Y no sucede a menudo que entre
el hecho intelectual y la norma de conducta existe contradicción? ¿Cuál será
entonces la concepción real del mundo: aquella lógicamente afirmada como hecho
intelectual, o aquella que resulta de la real actividad de cada uno, que está
implícita en su actuar? Y puesto que el actuar es siempre un actuar político,
¿no se puede decir que la filosofía real de cada uno está
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1036
toda ella
contenida en su política? Este contraste entre el pensar y el actuar, o sea la
coexistencia de dos concepciones del Inundo, una afirmada mediante palabras y
la otra que se explica en el actuar efectivo, no siempre es debido a mala fe.
La mala fe puede ser una explicación satisfactoria para algunos individuos
tomados aisladamente, o incluso para grupos más o menos numerosos, pero no es
satisfactoria cuando el contraste se verifica en la manifestación de vida de
grandes masas: entonces aquél no puede dejar de ser la expresión de contrastes
más profundos de orden histórico social. Significa que un grupo social, que
tiene su propia concepción del mundo, aunque sea embrionaria, que se manifiesta
en la acción, y por lo tanto a saltos, ocasionalmente, o sea cuando tal grupo
se mueve como un conjunto orgánico, por razones de sumisión y subordinación
intelectual, ha tomado una concepción no suya en préstamo de otro grupo y ésta
es la que afirma con palabras, y ésta es también la que cree seguir, porque la
sigue en "tiempos normales", o sea cuando la conducta no es
independiente y autónoma, sino precisamente sometida y subordinada. He ahí
pues, que no se puede separar la filosofía de la política e incluso se puede
mostrar que la elección y la crítica de una concepción del mundo es, también
ella, un hecho político.
Así,
pues, hay que explicar cómo sucede que en todo tiempo coexistan muchos sistemas
y corrientes de filosofía, cómo nacen, cómo se difunden, por qué en la difusión
siguen ciertas líneas de fractura y ciertas direcciones, etcétera. Esto
demuestra hasta qué punto es necesario sistematizar crítica y coherentemente
las propias intuiciones del mundo y de la vida, estableciendo con exactitud qué
debe entenderse por "sistema" para que no sea entendido en el sentido
pedante y magisterial de la palabra. Pero esta elaboración debe y sólo puede
hacerse en el cuadro de la historia de la filosofía que muestra qué elaboración
ha sufrido el pensamiento en el curso de los siglos y qué esfuerzo colectivo ha
costado nuestro actual modo de pensar que resume y compendia toda lista
historia pasada, incluso en sus errores y en sus delirios, que, por otra parte,
por haber sido cometidos en el pasado y haber sido corregidos no garantizan que
no se reproduzcan en el presente y no vuelvan a necesitar ser corregidos.
¿Cuál es la idea que se hace el pueblo de
la filosofía? Se puede reconstruir a través de los modos de decir del lenguaje
común. Uno de los más difundidos es el de "tomar las cosas con
filosofía", que, bien analizado, no merece ser desechado del todo. Es
cierto que en él se halla contenida una invitación implícita a la resignación y
a la paciencia, pero parece que el punto más importante es por el contrario la
invitación a la reflexión, a darse cuenta y razón de que lo que sucede es en el
fondo racional y que como tal hay que afrontarlo, concentrando las propias
fuerzas racionales y no dejándose arrastrar por los impulsos instintivos y
violentos. Se podrían agrupar estos modos de decir populares con las
expresiones similares de los escritores de carácter popular —tomándolos de los
grandes diccionarios— en las que entran los términos de "filosofía" y
"filosóficamente", y se podrá ver que éstos tienen un significado muy
preciso. de superación de las pasiones bestiales y elementales en una
concepción de la necesidad que da al propio actuar una dirección consciente.
Éste es el núcleo sano del sentido común, lo que precisamente podría llamarse
buen sentido y que merece ser desarrollado y hacérsele unitario y coherente.
Así resulta que también por eso no es posible separar lo que se llama filosofía
"científica" de la filosofía "vulgar" y popular que es sólo
un conjunto disgregado de ideas y opiniones.
Pero en
este punto se plantea el problema fundamental de toda concepción del mundo, de
toda filosofía, que se haya convertido en un movimiento cultural, en una
"religión", en una "fe", o sea que haya producido una
actividad práctica y una voluntad y en ellas se halle contenida como
"premisa" teórica implícita (una "ideología" podría
decirse, si al término ideología se le da precisamente el significado más alto
de una concepción del mundo que se
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1037
manifiesta
implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas
las manifestaciones de vida individuales y colectivas), o sea el problema de
conservar la unidad ideológica en todo el bloque social que precisamente esa
determinada ideología fusiona y unifica. La fuerza de las religiones, y
especialmente de la iglesia católica, ha consistido y consiste en que sienten
enérgicamente la necesidad de la unión doctrinal de toda la masa
"religiosa" y luchan para que los estratos intelectuales superiores
no se separen de los inferiores, La iglesia romana ha sido siempre la más tenaz
en la lucha para impedir que "oficialmente" se formen dos religiones,
la de los "intelectuales" y la de las "almas simples". Esta
lucha no ha carecido de graves inconvenientes para la propia iglesia, pero
estos inconvenientes están vinculados al proceso histórico que transforma toda
la sociedad civil y que en bloque contiene una crítica corrosiva de las
religiones; tanto más resalta la capacidad organizadora en la esfera de la
cultura del clero y la relación abstractamente racional y justa que en su
círculo la iglesia ha sabido establecer entre intelectuales y hombres simples.
Los jesuitas han sido indudablemente los mayores artífices de este equilibrio y
para conservarlo han imprimido a la iglesia un movimiento progresista que
tiende a dar ciertas satisfacciones a las exigencias de la ciencia y de la
filosofía, pero con ritmo tan lento y metódico que las mutaciones no son
percibidas por la masa de los simples, si bien parezcan
"revolucionarias" y demagógicas a los "integralistas".
Una de las mayores debilidades de las
filosofías inmanentistas en general consiste precisamente en el no haber sabido
crear una unidad ideológica entre lo bajo y lo alto, entre los
"simples" y los intelectuales. En la historia de la civilización
occidental el hecho se ha verificado a escala europea, con el fracaso inmediato
del Renacimiento y en parte también de la Reforma con respecto a la iglesia
romana. Esta debilidad se manifiesta en la cuestión escolar, en cuanto que por
parte de las filosofías inmanentistas ni siquiera se ha intentado construir una
concepción que pudiese sustituir a la religión en la educación infantil, y de
ahí el sofisma seudohistoricista por el que pedagogos arreligiosos
(aconfesionales), y en realidad ateos, conceden la enseñanza de la religión
porque la religión es la filosofía de la infancia de la humanidad que se
renueva en cada infancia no metafórica. El idealismo también se ha mostrado
adverso a los movimientos culturales de "marcha hacia el pueblo", que
se manifestaron en las llamadas universidades populares e instituciones
similares y no sólo por sus aspectos inferiores, porque en tal caso solamente
habrían tenido que tratar de hacerlo mejor. Sin embargo estos movimientos eran
dignos de interés, y merecían ser estudiados: tuvieron éxito, en el sentido de
que demostraron por parte de los "simples" un entusiasmo sincero y
una fuerte voluntad de elevarse a una forma superior de cultura y de concepción
del mundo. Faltaba sin embargo en ellos toda organicidad tanto de pensamiento filosófico
como de solidez organizativa y de centralización cultural; se tenía la
impresión de que se asemejaban a los primeros contactos entre los mercaderes
ingleses y los negros de África: se daban mercancías de pacotilla para recibir
pepitas de oro. Por otra parte, la organicidad de pensamiento y la solidez
cultural podía haberse dado sólo si entre los intelectuales y los simples
hubiese habido la misma unidad que debe haber entre teoría y práctica; esto es,
si los intelectuales hubieran sido orgánicamente los intelectuales de aquellas
masas, es decir, si hubieran elaborado y hecho coherentes los principios y los
problemas que aquellas masas planteaban con su actividad práctica,
constituyendo así un bloque cultural y social. Volvía a presentarse la misma
cuestión ya mencionada: ¿un movimiento filosófico es tal sólo en cuanto que se
aplica a desarrollar una cultura especializada para grupos restringidos de
intelectuales, o es tal, por el contrario, sólo en cuanto que, en el trabajo de
elaboración de un pensamiento superior al sentido común y científicamente
coherente, no olvida nunca permanecer en contacto con los "simples" e
incluso en este contacto halla la fuente de los problemas a estudiar y
resolver? Sólo por este contacto una filosofía se vuelve "histórica",
se
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1038
depura de
los elementos intelectualistas de naturaleza individual y se hace
"vida".
(Quizá es útil "prácticamente"
distinguir la filosofía del sentido común para mejor indicar el paso de uno a
otro momento: en la filosofía son especialmente marcadas las características de
elaboración individual del pensamiento; en el sentido común, por el contrario,
lo son las características difusas y dispersas de un pensamiento genérico de
una cierta época en un cierto ambiente popular. Pero toda filosofía tiende a
convertirse en sentido común de un ambiente también restringido —de todos los
intelectuales—. Se trata por lo tanto de elaborar una filosofía que teniendo ya
una difusión, o difusividad, por estar conectada con la vida práctica e
implícita en ella, se convierta en un renovado sentido común con la coherencia
y el nervio de las filosofías individuales: esto no puede suceder si no se
sigue sintiendo siempre la exigencia del contacto cultural con los
"simples".)
Una
filosofía de la praxis no puede sino presentarse inicialmente en una actitud
polémica y crítica, como superación de! modo de pensar precedente y del
pensamiento concreto existente (o mundo cultural existente). Por lo tanto, ante
todo como crítica del "sentido común" (después de haberse basado en
el sentido común para demostrar que "todos" son filósofos y que no se
trata de introducir ex novo una ciencia en la vida individual de
"todos", sino de innovar y hacer "crítica" una actividad ya
existente) y por lo tanto de la filosofía de los intelectuales, que ha dado
lugar a la historia de la filosofía, y que, en cuanto individual (y de hecho se
desarrolla esencialmente en la actividad de individuos aislados particularmente
dotados) puede considerarse como las "puntas" de progreso del sentido
común, por lo menos del sentido común de los estratos más cultos de la
sociedad, y a través de éstos también del sentido común popular. Vemos, pues,
que una iniciación al estudio de la filosofía debe exponer sintéticamente los
problemas nacidos en el proceso de desarrollo de la cultura general, que se
refleja sólo parcialmente en la historia de la filosofía, que sin embargo, a
falta de una historia del sentido común (imposible de construirse por la
ausencia de material documental) sigue siendo la fuente máxima de referencia
para criticarlos, demostrar su valor real (si es que aún lo tienen) o el
significado que han tenido como eslabones superados de una cadena y establecer
los problemas nuevos actuales o el planteamiento actual de los viejos
problemas.
La
relación entre filosofía "superior" y sentido común es asegurada por
la "política", así como es asegurada por la política la relación
entre el catolicismo de los intelectuales y el de los "simples". Las
diferencias en ambos casos, sin embargo, son fundamentales. Que la iglesia deba
afrontar un problema de los "simples" significa precisamente que ha
habido una ruptura en la comunidad de los "fieles", ruptura que no
puede subsanarse., elevando a los "simples" al nivel de los
intelectuales (la iglesia no propone ni siquiera esta tarea, ideal y
económicamente desproporcionada a sus fuerzas actuales), pero con una
disciplina de hierro sobre los intelectuales para que no traspasen ciertos
límites en la distinción y no la hagan catastrófica e irreparable.
En el pasado estas "rupturas"
en la comunidad de los fieles eran subsanadas por fuertes movimientos de masas
que determinaban o eran resumidos en la formación de nuevas órdenes religiosas
en torno a fuertes personalidades (Domingo, Francisco). (Los movimientos
heréticos del Medioevo como reacción simultánea a la politiquería de la iglesia
y a la filosofía escolástica que fue una expresión suya, sobre la base de los
conflictos sociales determinados por el nacimiento de las comunas, fueron una ruptura
entre masa e intelectuales en la iglesia "cicatrizada" por el
nacimiento de movimientos populares religiosos reabsorbidos por la iglesia en
la formación de las órdenes mendicantes y en una nueva unidad religiosa.) Pero
la Contrarreforma esterilizó este pulular de fuerzas populares: la Compañía de
Jesús es la última gran orden religiosa, de origen reaccionario y autoritario,
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1039
con
carácter represivo y "diplomático, que marcó, con su nacimiento, el
endurecimiento del organismo católico. Las nuevas órdenes surgidas después
tienen poquísimo significado "religioso" y un gran significado
"disciplinario" sobre la masa de los fieles, son ramificaciones y
tentáculos de la Compañía de Jesús o se han convertido en tales, instrumentos
de "resistencia" para conservar las posiciones políticas adquiridas,
no fuerzas renovadoras de desarrollo. El catolicismo se ha convertido en
"jesuitismo". El modernismo no ha creado "órdenes
religiosas" sino un partido político, la democracia cristiana. (Recordar
la anécdota referida por Steed en sus Memorias, del cardenal que explica al
protestante inglés filocatólico que los milagros de San Gennaro son útilesa
para el bajo pueblo napolitano, no para los intelectuales; que también en el
Evangelio hay "exageraciones", y a la pregunta: "¿pero no somos
cristianos?", responde, "nosotros somos prelados", o sea
"políticos" de la Iglesia de Roma).1
En el manuscrito una variante interlineal
a "útiles"; "artículos de fe".
La
posición de la filosofía de la praxis es antitética a esta filosofía católica:
la filosofía de la praxis no tiende a mantener a los "simples" en su
filosofía primitiva del sentido común, sino por el contrario a conducirlos a
una concepción superior de la vida. Si afirma la exigencia del contacto entre
intelectuales y simples no es para limitar la actividad científica y para
mantener una unidad al bajo nivel de las masas, sino precisamente para
construir un bloque intelectual-moral que haga políticamente posible un
progreso intelectual de masas y no sello de escasos grupos intelectuales.
El hombre activo de masas actúa
prácticamente, pero no tiene una clara conciencia teórica de este su actuar
que, sin embargo, es un conocer el mundo en cuanto que lo transforma. Su
conciencia teórica incluso puede estar históricamente en contraste con su
actuar. Casi puede decirse que tiene dos conciencias teóricas (o una conciencia
contradictoria), una implícita en su actuar y que realmente le une a todos sus
colaboradores en la transformación práctica de la realidad y una
superficialmente explícita o verbal que ha heredado del pasado y ha acogido sin
crítica. No obstante, esta concepción "verbal" no carece de
consecuencias: ata a un grupo social determinado, influye en la conducta moral,
en la orientación de la voluntad, de modo más o menos enérgico, que puede
llegar hasta un punto en el que la contradictoriedad de la conciencia no
permite ninguna acción, ninguna decisión, ninguna elección y produce un estado
de pasividad moral y política. La comprensión crítica de sí mismos se produce
pues a través de una lucha de "hegemonías" políticas, de direcciones
contrastantes, primero en el campo de la ética, luego de la política, para
llegar a una elaboración superior de la propia concepción de lo real. La
conciencia de ser parte de una determinada fuerza hegemónica (o sea la
conciencia política) es la primera fase para una ulterior y progresiva
autoconciencia en la que teoría y práctica finalmente se unifican. Tampoco la
unidad de teoría y práctica es un dato de hecho mecánico, sino un devenir
histórico, que tiene su fase elemental y primitiva en el sentido de
"distinción", de "desapego", de independencia apenas
instintivo, y progresa hasta la posesión real y completa de una concepción del
mundo coherente y unitaria. He ahí por qué debe hacerse resaltar cómo el
desarrollo político del concepto de hegemonía representa un gran progreso
filosófico además de político-práctico, porque necesariamente implica y supone
una unidad intelectual y una ética correspondiente a una concepción de lo real
que ha superado el sentido común y se ha convertido, aunque dentro de limites
todavía restringidos, en crítica.
Sin
embargo, en los más recientes desarrollos de la filosofía de la praxis, la
profundización del concepto de unidad de la teoría y de la práctica no está aún
más que en una fase inicial: quedan aún residuos de mecanicismo, porque se
habla de teoría como "complemento",
Cfr. nota 4 al Cuaderno 1 (XVI), § 93.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1040
"accesorio"
de la práctica, de teoría como sierva de la práctica. Parece justo que también
esta cuestión deba ser planteada históricamente, o sea como un aspecto de la
cuestión política de los intelectuales. Autoconciencia crítica significa histórica
y políticamente creación de una élite de intelectuales: una masa humana no se
"distingue" y no se vuelve independiente "por sí misma" sin
organizarse (en sentido lato) y no hay organización sin intelectuales, o sea
sin organizadores y dirigentes, o sea sin que el aspecto teórico del nexo
teoría-práctica se distinga concretamente en un estrato de personas
"especializadas" en la elaboración conceptual y filosófica. Pero este
proceso de creación de los intelectuales es largo, difícil, lleno de contradicciones,
de avances y retiradas, de desbandadas y reagrupamientos, en los que la
"fidelidad" de la masa (y la fidelidad y la disciplina son
inicialmente la forma que asume la adhesión de la masa y su colaboración en el
desarrollo de todo el fenómeno cultural) es sometida en ocasiones a duras
pruebas.
254 El
proceso de desarrollo está ligado a una dialéctica intelectuales-masa; el
estrato de los intelectuales se desarrolla cuantitativa y cualitativamente,
pero cada salto hacia una nueva "amplitud" y complejidad del estrato
de los intelectuales está ligado a un movimiento análogo de la masa de simples,
que se eleva hacia niveles superiores de cultura y amplía simultáneamente su
círculo de influencia, con puntas individuales o incluso de grupos más o menos
importantes hacia el estrato de los intelectuales especializados. Sin embargo,
en el proceso se repiten continuamente momentos en los que entre masa e
intelectuales (o algunos de éstos, o un grupo de éstos) se forma una
separación, una pérdida de contacto, de ahí la impresión de
"accesorio", de complementario, de subordinado. El insistir en el
elemento "práctico" del nexo teoría-práctica, después de haber
escindido, separado y no sólo distinguido los dos elementos (operación
meramente mecánica y convencional) significa que se atraviesa una fase
histórica relativamente primitiva, una fase todavía económico-corporativa, en
la que se transforma cuantitativamente el cuadro general de la
"estructura" y la calidad-superestructura adecuada está en vías de
surgir, pero no está aún orgánicamente formada. Debe ponerse de relieve la
importancia y el significado que tienen, en el mundo moderno, los partidos
políticos en la elaboración y difusión de las concepciones del mundo en cuanto
que esencialmente elaboran la ética y la política conformes a aquéllas, o sea
que funcionan casi como "experimentadores" históricos de aquellas
concepciones. Los partidos seleccionan individualmente la masa operante, y la
selección ocurre tanto en el campo práctico como en el teórico conjuntamente,
con una relación tanto más estrecha entre teoría y práctica cuanto más es la
concepción vital y radicalmente innovadora y antagónica a los viejos modos de
pensar. Por eso puede decirse que los partidos son los elaboradores de las
nuevas intelectualidades integrales y totalitarias, o sea el crisol de la
unificación de teoría y práctica entendida como proceso histórico real, y se
comprende cómo es necesaria la formación por adhesión individual y no del tipo
"laborista" porque, si se trata de dirigir orgánicamente "toda
la masa económicamente activa" se trata de dirigirla no según viejos
esquemas sino innovando, y la innovación no puede llegar a ser de masas en sus
primeras etapas, sino por mediación de una élite en la que la concepción
implícita en la humana actividad se haya convertido ya en cierta medida en
conciencia actual coherente y sistemática y voluntad precisa y decidida. Una de
estas fases se puede estudiar en la discusión por medio de la cual se han
producido los más recientes desarrollos de la filosofía de la praxis, discusión
resumida en un artículo de D. S. Mirskij ,a colaborador de la Cultura.1
En el manuscrito: "Mirschi".
Puede verse cómo se ha efectuado el paso
de una concepción mecanicista y puramente exterior a una concepción activista,
que se aproxima más, como se ha observado, a una justa
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
205.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1041
comprensión
de la unidad de teoría y práctica, si bien no ha alcanzado aun todo su
significado sintético. Se puede observar cómo el elemento determinista,
fatalista, mecanicista, ha sido un "aroma" ideológico inmediato de la
filosofía de la praxis, una forma de religión y de excitante (pero a la manera
de los estupefacientes), requerida y justificada históricamente por el carácter
"subalterno" de determinados estratos sociales. Cuando no se tiene la
iniciativa en la lucha y la lucha misma acaba en consecuencia por identificarse
con una serie de derrotas, el determinismo mecánico se convierte en una fuerza
formidable de resistencia moral, de cohesión, de perseverancia paciente y
obstinada. "Yo estoy derrotado momentáneamente, pero la fuerza de las cosas
trabaja para mí a largo plazo, etcétera." La voluntad real adopta la
apariencia de acto de fe, de una cierta racionalidad de la historia, de una
forma empírica y primitiva de finalismo apasionado que aparece como un
sustituto de la predestinación, de la providencia, etcétera, de las religiones
confesionales. Hay que insistir en el hecho de que en tal caso existe realmente
una fuerte actividad volitiva, una intervención directa sobre la "fuerza
de las cosas", pero precisamente en una forma implícita, velada, que se
avergüenza de sí misma y por lo tanto la conciencia es contradictoria, carece
de unidad crítica, etcétera. Pero cuando el "subalterno" se vuelve
dirigente y responsable de la actividad económica de masas, el mecanicismo
aparece en cierto punto como un peligro inminente, se produce una revisión de
todo el modo de pensar porque se ha producido una transformación en el modo
social de ser. ¿Por qué son restringidos los límites y el dominio de la
"fuerza de las cosas"? Porque, en el fondo, si el subalterno era ayer
una cosa, hoy no es ya una cosa sino una persona histórica, un protagonista, si
ayer era irresponsable porque era "resistente" a una voluntad
extraña, hoy siente ser responsable porque no es ya resistente sino agente y
necesariamente activo y emprendedor. ¿Pero incluso ayer era él mera
"resistencia", mera "cosa", mera
"irresponsabilidad"? Ciertamente no, e incluso debe ponerse de
relieve cómo el fatalismo no es más que un revestimiento en los débiles de una
voluntad activa y real. He ahí por qué siempre hay que demostrar la futilidad
del determinismo mecánico, que, explicable como filosofía ingenua de la masa en
cuanto que solamente tal elemento intrínseco de fuerza, cuando es asumido como
filosofía refleja y coherente por parte de los intelectuales, se convierte en
causa de pasividad, de imbécil autosuficiencia, y ello sin esperar a que el
subalterno se haya convertido en dirigente y responsable. Una parte de la masa
incluso subalterna es siempre dirigente y responsable y la filosofía de la
parte precede siempre a la filosofía del todo, no sólo como anticipación
teórica, sino como necesidad actual.
Que la concepción mecanicista haya sido
una religión de subalternos se desprende de un análisis del desarrollo de la
religión cristiana, que en cierto periodo histórico y en condiciones históricas
determinadas fue y sigue siendo una "necesidad", una forma necesaria
de la voluntad de las masas populares, una forma determinada de racionalidad
del mundo y de la vida y proporcionó los cuadros generales para la actividad
práctica real. En este fragmento de un artículo de la Civiltà Cattolica ("Individualismo
pagano e individualismo cristiano", fase. del 5 de marzo de 1932) me
parece bien expresada esta función del cristianismo: "La fe en un futuro
seguro, en la inmortalidad del alma, destinada a la beatitud, en la seguridad
de poder llegar al goce eterno, fue el mecanismo de propulsión para un trabajo
de intensa perfección interna y de elevación espiritual. El verdadero
individualismo cristiano encontró ahí el impulso para sus victorias. Todas las
fuerzas del cristiano se agruparon en torno a este noble fin. Liberado de las
fluctuaciones especulativas que enervan el alma en la duda, e iluminado por
principios inmortales, el hombre sintió renacer las esperanzas; seguro de que
una fuerza superior lo sostenía en la lucha contra el mal, hizo violencia
contra sí mismo y venció al mundo".1 Pero también en este caso, es el
cristianismo
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
213.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1042
ingenuo
lo que aquí se entiende; no el cristianismo jesuitizado, convertido en un puro
narcótico para las masas populares.
Pero la
posición del calvinismo, con su concepción férrea de la predestinación y de la
gracia, que determina una vasta expansión del espíritu de iniciativa (o se
convierte en la forma de este movimiento) es aún más expresiva y significativa.
(A este propósito se puede ver: Max Weber, L'etica protestante e lo spirito del
capitalismo, publicado en los Nuovi Studi, fascículos de 1931 y sig.,1 y el
libro de Groethuysen sobre los orígenes religiosos de la burguesía en
Francia.)2
¿Por qué
y cómo se difunden, haciéndose populares, las nuevas concepciones del mundo?
¿En este proceso de difusión (que es al mismo tiempo de sustitución del viejo y
muy a menudo de combinación entre el nuevo y el viejo) influyen, y cómo y en
qué medida, la forma racional en la que la nueva concepción es expuesta y
presentada, la autoridad (en cuanto que sea reconocida y apreciada al menos
genéricamente) del expositor y de los pensadores y científicos que el expositor
llama en su auxilio, el pertenecer a la misma organización de quien sostiene la
nueva concepción (aunque después de haber entrado en la organización por otro
motivo que no sea el compartir la nueva concepción)? Estos elementos en
realidad varían según el grupo social y el nivel cultural del grupo dado. Pero
la investigación interesa especialmente por lo que concierne a las masas
populares, que cambian más difícilmente de concepción, y que no la cambian
jamás, en todo caso, aceptándolas en la forma "pura", por así
decirlo, sino sólo y siempre como combinación más o menos heteróclito y
extraña.
La forma racional, lógicamente coherente,
la plenitud del razonamiento que no descuida ningún argumento positivo o
negativo de cierto peso, tiene su importancia, pero dista mucho de ser
decisiva; puede ser decisiva en forma subordinada, cuando la persona dada está
ya en condiciones de crisis intelectual, titubea entre lo viejo y lo nuevo, ha
perdido la fe en lo viejo y aún no se decide por lo nuevo, etcétera. Lo mismo
puede decirse en cuanto a la autoridad de los pensadores y científicos. Esta es
muy grande en el pueblo, pero de hecho cada concepción tiene sus pensadores y
científicos a los que apelar y la autoridad está dividida; además es posible en
el caso de cada pensador distinguir, poner en duda el que precisamente lo haya
dicho de tal forma, etcétera. Se puede concluir que el proceso de difusión de
las nuevas concepciones sucede por razones políticas, o sea en última instancia
sociales, pero que el elemento formal, de la coherencia lógica, el elemento
autoritario y el elemento organizativo tienen en este proceso una función muy
grande inmediatamente después de que la orientación general se ha producido,
tanto en los individuos aislados como en grupos numerosos. De ahí se concluye,
sin embargo, que en las masas en cuanto tales la filosofía no puede ser vivida
sino como una fe. Imagínese, por lo demás, la posición intelectual de un hombre
del pueblo; él se ha formado opiniones, convicciones, criterios de
discriminación y normas de conducta. Cada defensor de un punto de vista opuesto
al suyo, en cuanto que es intelectualmente superior, sabe argumentar sus
razones mejor que él, lo enreda lógicamente, etcétera. ¿debería por ello el
hombre del pueblo cambiar sus convicciones, porque en la discusión inmediata no
sabe hacerse valer? Pero entonces podría su— cederle tener que cambiar una vez
cada día, o sea cada vez que encuentre a un adversario ideológico
intelectualmente superior. ¿En qué elementos se basa, pues, su filosofía, y
especialmente su filosofía en la forma que para él tiene mayor importancia como
norma de conducta? El elemento más importante es indudablemente de carácter no
racional, de fe. ¿Pero en quién y
La primera traducción del conocido ensayo
de Weber, a cargo de Piero Bnrresi, apareció por capítulos en Nuovi Studi di
Diritto, Econornia e Politica, desde el fascículo de mayo-agosto de 1931 (vol.
IV, fase. III-1V) hasta el de junio-octubre de 1932 (vol. V,
fase.
111- 1V-V), con la excepción del fascículo de marzo-mayo de 1932 dedicado
enteramente al II Congreso de estudios sindicales y corporativos.
Cfr. Groethuysen, Origines de l'esprit
bourgeois en France, I: L'Église et la Bourgeoisie cit.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1043
en qué
cosa? Especialmente en el grupo social al cual pertenece en cuanto que piensa
difusamente como él: el hombre del pueblo piensa que tantos no pueden
equivocarse, así en bloque, como el adversario argumentador querría hacer
creer; que él mismo, es cierto, no es capaz de sostener y desarrollar sus
propias razones como el adversario las suyas, pero que en su grupo hay quienes
sí sabrían hacer esto, ciertamente aún mejor que aquel determinado adversario,
y él recuerda en efecto haber oído exponer difusamente, coherentemente, de
manera que él quedó convencido, las razones de su fe. No recuerda las razones
en concreto y no sabría repetirlas, pero sabe que existen porque las ha oído
exponer y ha quedado convencido. El haber sido convencido una vez en forma fulgurante
es la razón permanente de la permanencia de la convicción, aun cuando ya no se
sepa cómo argumentar ésta.
Pero estas consideraciones conducen a la
conclusión de una extrema fragilidad en las convicciones nuevas de las masas
populares, especialmente si estas nuevas convicciones están en contraste con
las convicciones (incluso nuevas) ortodoxas, socialmente conformistas según los
intereses generales de las clases dominantes. Puede verse esto reflexionando en
los destinos de las religiones y las iglesias. La religión, y una determinada
iglesia, mantiene su comunidad de fieles (dentro de ciertos límites, de las necesidades
del desarrollo histórico general) en la medida en que mantiene permanente y
organizadamente la fe propia, repitiendo su apologética infatigablemente,
luchando en todo momento y siempre con argumentos similares, y manteniendo una
jerarquía de intelectuales que dan a la fe al menos la apariencia de la
dignidad del pensamiento. Cada vez que la continuidad de las relaciones entre
iglesia y fieles ha sido interrumpida violentamente, por razones políticas,
como sucedió durante la Revolución francesa, las pérdidas sufridas por la
iglesia fueron incalculables, y si las condiciones de difícil ejercicio de las
prácticas habituales se hubiesen prolongado más allá de ciertos límites de
tiempo, cabe pensar que tales pérdidas habrían sido definitivas y una nueva
religión hubiera surgido, como por lo demás surgió en Francia en combinación
con el viejo catolicismo. De ahí se deducen determinadas necesidades para cada
movimiento cultural que tienda a sustituir el sentido común y las vieja:
concepciones del mundo en general: 1] no cansarse nunca de repetir sus propios
argumentos (variando literariamente su forma): la repetición es el medio
didáctico más eficaz para operar sobre la mentalidad popular, 2] trabajar sin
cesar para elevarla intelectualmente a estratos populares cada vez más vastos,
lo que significa trabajar para crear élites de intelectuales de un tipo nuevo
que surjan directamente de la masa aunque permaneciendo en contacto con ella
para convertirse en el "armazón" de busto. Esta segunda necesidad, si
es satisfecha, es la que realmente modifica el "panorama ideológico"
de una época. Por otra parte, estas elite, tampoco pueden constituirse y
desarrollarse sin que en su interior se produzca una jerarquización de
autoridad y de competencia intelectual, que puede culminar en un gran filósofo
individual, si éste es capaz de revivir concretamente las exigencias de la
masiva comunidad ideológica, de comprender que ésta no puede tener la ligereza
de movimientos propia de un cerebro individual y por lo tanto logre elaborar
formalmente la doctrina colectiva del modo más apegado y adecuado a los modos
de penca de un pensador colectivo.
Es
evidente que una construcción de masas de tal género no puede darse
"arbitrariamente", en torno a una ideología cualquiera, por la
voluntad formalmente constructiva de una personalidad o de un grupo que se lo
proponga por fanatismo de sus propias convicciones filosóficas o religiosas. La
adhesión de masas a una ideología o la no adhesión es el modo con que se
efectúa la crítica real de la racionalidad e historicidad de los modos de
pensar. Las construcciones arbitrarias son más o menos rápidamente eliminadas
de la competencia histórica, aunque a veces, por una combinación de
circunstancias inmediatas favorables, llegan a disfrutar de una cierta
popularidad, mientras que las construcciones que corresponden a las exigencias
de un periodo histórico complejo y
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1044
orgánico
acaban siempre por imponerse y prevalecer aunque atraviesan muchas fases
intermedias en las que su afirmación acaece sólo en combinaciones más o menos
extrañas o heteróclitas.
Estos desarrollos plantean muchos
problemas, los más importantes de los cuales se resumen en el modo y la calidad
de las relaciones entre los diversos estratos intelectualmente calificados, o
sea en la importancia y en la función que debe y puede tener la aportación
creativa de los grupos superiores en conexión con la capacidad orgánica de
discusión y de desarrollo de nuevos conceptos críticos por parte de los
estratos subordinados intelectualmente. Es decir, se trata de establecer los
límites de la libertad de discusión y de propaganda, libertad que no debe ser
entendida en el sentido administrativo y policiaco, sino en el sentido de
autolimitación que los dirigentes ponen a su propia actividad, o sea, en
sentido propio, de fijación de una orientación de política cultural. En otras
palabras: ¿quién establecerá los "derechos de la ciencia" y los
límites de la investigación científica, y podrán estos derechos y estos limites
ser apropiadamente fijados? Parece necesario que el trabajo de búsqueda de
nuevas verdades y de mejores, más coherentes y claras formulaciones de las
verdades mismas sea dejado a la libre iniciativa de los científicos
individuales, aunque éstos continuamente reponen en discusión los mismos
principios que parecen los más esenciales. Por lo demás, no será difícil poner
en claro cuándo tales iniciativas de discusión tengan motivos interesados y no
de carácter científico. No es imposible por lo demás pensar que las iniciativas
individuales sean disciplinadas y ordenadas, de modo que pasen a través del
cedazo de academias o institutos culturales de diverso género y sólo después de
haber sido seleccionadas se hagan públicas, etcétera.
Sería
interesante estudiar en concreto, para un solo país, la organización cultural
que tiene en movimiento el mundo ideológico y examinar su funcionamiento
práctico. Un estudio de la relación numérica entre e! personal que
profesionalmente está dedicado al trabajo cultural activo y la población de
cada país sería también útil, con un cálculo aproximado de las fuerzas libres.
La escuela, en todos sus grados, y la iglesia, son las dos mayores
organizaciones culturales en cada país, por el número del personal que ocupan.
Los periódicos, las revistas, y la actividad editorial, las instituciones
educativas privadas, tanto como integrantes de la escuela de Estado y como
instituciones de cultura del tipo universidades populares. Otras profesiones
incorporan en su actividad especializada una fracción cultural que no es
indiferente, como la de los médicos, los oficiales del ejército, la
magistratura. Pero debe notarse que en todos los países, aunque sea en distinta
medida, existe una gran fractura entre las masas populares y los grupos
intelectuales, incluso los más numerosos y más cercanos a la periferia
nacional, como los maestros y los curas. Y que esto sucede porque, incluso allí
donde los gobernantes lo afirman con sus palabras, el Estado como tal no tiene
una concepción unitaria, coherente y homogénea, por lo que los grupos
intelectuales están disgregados entre estrato y estrato y en la esfera del
mismo estrato. La universidad, excepto en algunos países, no ejerce ninguna
función unificadora; a menudo un pensador libre tiene más influencia que toda
la institución universitaria, etcétera.
Nota I. A propósito de la función
histórica desempeñada por la concepción fatalista de la filosofía de la praxis
se podría hacer un elogio fúnebre de la misma, reivindicando su utilidad para
cierto periodo histórico, pero precisamente por ello sosteniendo la necesidad
de sepultarla con todos los honores del caso. Verdaderamente se podría
parangonar su función con la de la teoría de la gracia y de la predestinación
en los comienzos del mundo moderno que luego culminó, sin embargo, en la
filosofía clásica alemana y en su concepción de la libertad como conciencia de
la necesidad. Ella ha sido un sucedáneo popular del grito "dios lo
quiere", sin embargo incluso en este plano primitivo y elemental era un
inicio de concepción más moderna y fecunda que la contenida en el "dios lo
quiere" o en la teoría de la
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1045
gracia.
¿Es posible que "formalmente" una nueva concepción se presente en
otra vestimenta que no sea la tosca y cruda de una plebe? Y sin embargo el
historiador, con toda la perspectiva necesaria, logra fijar y comprender que
los inicios de un mundo nuevo, siempre ásperos y lamentables, son superiores al
declinar de un mundo en agonía y a los cantos de cisne que esto produce. La
decadencia del "fatalismo" y del "mecanicismo" indica un
gran viraje histórico; de ahí la gran impresión causada por el estudio recapitulativo
de Mirskij. 1 Recuerdos que éste ha despertado; recordar en Florencia en
noviembre de 1917 la discusión con el abogado Mario Trozzi y la primera
indicación de bergsonismo, de voluntarismo, etcétera. 2 Podría hacerse un
cuadro semiserio de cómo se presentaba realmente esta concepción. Recordar
también la discusión con el profesor Presutti en Roma en junio de 1924.3
Parangón con el capitán Giulietti hecho por G. M. Serratia y que para él era
decisivo y de condena capital .4 Para G. M. Serrati,a Giulietti era como el
confuciano para el taoísta, el chino del sur, mercader activo y laborioso para
el literato mandarín del norte, que miraba, con supremo desprecio de iluminado
y sabio para quien la vida ya no tiene misterios, a estos hombrecillos del sur
que creían con sus movimientos inquietos de hormigas poder forrar la
"vía". Discurso de Claudio Treves sobre la expiación.5 Había en este
discurso cierto espíritu de profeta bíblico: quien había deseado y hecho la
guerra, quien había sacudido al mundo en sus cimientos y era por consiguiente
responsable del desorden de la posguerra, debía expiar cargando con la
responsabilidad de este mismo desorden. Habían pecado de
"veluntarismo", debían ser castigados en su pecado, etcétera. Había
cierta grandeza sacerdotal en este discurso, un aullido de maldiciones que
debían petrificar de espanto y por el contrario fueron una gran consolación,
porque indicaba que el sepulturero todavía no estaba preparado y Lázaro podía
resucitar.
En el manuscrito: "G. M. S.".
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 63 bis-64, 67 bis-68 bis, 72 bis-73 bis. 51 bis-52,
64-64 bis: y Cuaderno 10 (XXXIII), p. 6ª.
261
Observaciones y notas críticas sobre un
intento de "Ensayo popular de sociología".
<13>. Un trabajo como el Ensayo
popular, destinado esencialmente a una comunidad de lectores que no son
intelectuales de profesión, habría debido tomar como punto de partida el
análisis crítico de la filosofía del sentido común, que es la "filosofía
de los no filósofos", o sea la concepción del mundo absorbida
acríticamente por los diversos ambientes sociales y
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
205.
2 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 3 (XX), § 42.
3
Probablemente el profesor Enrico Presutti, jurista y hombre político. Diputado
en el Parlamento, Presutti sc había alineado después del delito Matteotti con
la oposición aventiniana. El encuentro y la discusión con Gramaci, aquí
recordados, se remontan probablemente al primer periodo de la secesión del
Aveutino, en la que Gramsci participó con los otros parlamentarios comunistas,
Sin embargo, sobre este episodio no se conocen otros detalles.
4 En
octubre de 1920 —pero también en otras ornsiones— Serrati había polemizado
públicamente, a través de la sección `Scarupoir del Avanti!, con el grupo del
Ordine Nuovo: véase una respuesta de Grarnsci en ON, 423-26. Sin embargó, no se
ha encontrado, en estas polémicas periodísticas, el parangón entre Gramsci y
Giuliettj referido en el texto. Podría también tratarse del recuerdo de una
discusión verbal.
5 Cfr. nota 3 al Cuaderno 3 (XX), § 42.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1046
culturales
en los que se desarrolla la individualidad moral del hombre medio. El sentido
común no es una concepción única, idéntica en el tiempo y en el espacio: es el
"folklore" de la filosofía y como el folklore se presenta en formas
innumerables: su rasgo fundamental y más característico es el de ser una
concepción (incluso en los cerebros individuales) disgregada, incoherente,
inconsecuente, correspondiente a la posición social y cultural de las
multitudes de las que aquél es la filosofía. Cuando en la historia se elabora
un grupo social homogéneo, se elabora también, contra el sentido común, una
filosofía homogénea, o sea coherente y sistemática. El Ensayo popular se
equivoca al partir (implícitamente) del presupuesto de que a esta elaboración
de una filosofía original de las masas populares se oponen los grandes sistemas
de las filosofías tradicionales y la religión del alto clero, o sea las
concepciones del mundo de los intelectuales y de la alta cultura. En realidad
estos sistemas son desconocidos para la multitud y no tienen eficacia directa
en su modo de pensar y actuar. Ciertamente esto no significa que carezcan
totalmente de eficacia histórica: pero esta eficacia es de otro género. Estos
sistemas influyen en las masas populares como fuerza política externa, como
elemento de fuerza cohesiva de las clases dirigentes, como elemento, pues, de
subordinación a una hegemonía exterior, que limita el pensamiento original de
las masas populares negativamente, sin influirlas positivamente, como fermento
vital de transformación íntima de lo que las masas piensan embrionaria y
caóticamente en torno al mundo y a la vida.
Los elementos principales del sentido
común son proporcionados por las religiones y por lo tanto la relación entre
sentido común y religión es mucho más íntima que entre sentido común y sistemas
filosóficos de los intelectuales. Pero también para la religión hay que
distinguir críticamente. Toda religión, incluso la católica (más especialmente
la católica, precisamente por sus esfuerzos para permanecer unitaria
"superficialmente", para no fragmentarse en iglesias nacionales y en
estratificaciones sociales) es en realidad una multiplicidad de religiones
distintas y a menudo contradictorias: hay un catolicismo de los campesinos, un
catolicismo de pequeñoburgueses y obreros urbanos, un catolicismo de las
mujeres y un catolicismo de los intelectuales igualmente variado e inconexo.
Pero en el sentido común influyen no sólo las formas mas toscas y menos
elaboradas de estos variados catolicismos, actualmente existentes; han influido
y son componentes del actual sentido común las religiones precedentes y las formas
precedentes del actual catolicismo, los movimientos heréticos populares, las
supersticiones científicas ligadas a las religiones pasadas, etcétera.
En el
sentido común predominan los elementos "realistas" materialistas, o
sea el producto inmediato de la sensación tosca, lo que por otra parte no está
en contradicción con el elemento religioso, todo lo contrario; pero estos
elementos son "supersticiosos", acríticos. He ahí por lo tanto un
peligro representado por el Ensayo popular; el cual a menudo confirma estos
elementos acríticos, por lo que el sentido común sigue siendo aún ptolomeico,
antropomórfico, antropocéntrico, en vez de criticarlos científicamente. Lo
antes dicho a propósito del Ensayo popular que critica las filosofías
sistemáticas en vez de tomar como punto de partida la crítica del sentido
común, debe ser entendido precisamente como metodológico, y dentro de ciertos
limites. Ciertamente no se quiere decir que haya que descuidar las críticas a
las filosofías sistemáticas de los intelectuales. Cuando, individualmente, un
elemento de la masa supera críticamente el sentido común, acepta, por este
mismo hecho, una filosofía nueva: he ahí pues la necesidad, en una exposición
de la filosofía de la praxis, de la polémica con las filosofías tradicionales.
También por este su carácter tendencial de filosofía de masas, la filosofía de
la praxis no puede ser concebida más que en forma polémica, de perpetua lucha.
Sin embargo, el punto de partida debe ser siempre el sentido común, que
espontáneamente es la filosofía de las multitudes que se trata de hacer
homogéneas ideológicamente.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1047
En la literatura filosófica francesa
existen tratados del "sentido común" más que en otras literaturas
nacionales: esto se debe al carácter más estrictamente
"popular-nacional" de la cultura francesa, o sea al hecho de que los
intelectuales tienden, más que en otras partes, por determinadas condiciones
tradicionales, a aproximarse al pueblo para guiarlo ideológicamente y
mantenerlo vinculado al grupo dirigente. Así pues, podrá encontrarse en la
literatura francesa mucho material sobre el sentido común que utilizar y
elaborar; la actitud de la cultura filosófica francesa con respecto al sentido
común puede ofrecer incluso un modelo de construcción ideológica hegemónica.
También las culturas inglesa y norteamericana pueden ofrecer muchos indicios,
pero no en forma tan completa y orgánica como la francesa. El "sentido
común" ha sido considerado de distintas maneras: incluso como base de la
filosofía; o ha sido criticado desde el punto de vista de otra filosofía. En
realidad, en todos los casos, el resultado fue el de superar un determinado
sentido común para crear otro más apegado a la concepción del mundo del grupo
dirigente. En las Nouvelles Littéraires del 17 de octubre de 1931, en un
artículo de Henri Gouhier sobre Léon Brunschvicg, hablando de la filosofía de
B. se dice: "Il n'y a qu'un seul et même mouvement de spiritualisation,
qu'il s'agisse de mathématiques, de physique, de biologie, de philosophie et de
morale; c'est l'effort par lequel l'esprit se débarrasse du sens commun et de
sa méthaphysique espontanée qui pose un monde de choses sensibles réelles et me
au milieu de ce monde". Obras de Léon Brunschvicg: Les étapes de la
philosophie mathématique, L'expérience humaine et la causalité phisique, Le
progrés de la consciente dans la philosophie occidentale, La connaissance de
soi, Introduction à la vie de l'esprit.1
Actitud
de Croce con respecto al "sentido común"; no parece clara. En Croce,
la proposición de que todo hombre es un filósofo pesa demasiado en su juicio
acerca del sentido común. Parece que a menudo Croce se complace de que
determinadas proposiciones filosóficas sean compartidas por el sentido común,
¿pero qué puede significar esto en concreto? El sentido común es un agregado
caótico de concepciones dispares y en él puede hallarse todo lo que se quiera.
Por lo demás, esta actitud de Croce con respecto al sentido común no ha llevado
a una concepción de la cultura fecunda desde el punto de vista nacional
-popular, o sea a una concepción más concretamente historicista de la
filosofía, lo que por lo demás sólo puede suceder en la filosofía de la praxis.
Para
Gentile debe verse su articula "La concezione umanistica del mondo"
(en la Nuova Antología del 1º de junio de 1931). Escribe Gentile: "La
filosofía se podría definir como un gran esfuerzo realizado por el pensamiento
reflejo para conquistar la certeza crítica de las verdades del sentido común y
de la conciencia ingenua, de aquellas verdades que cada hombre se puede decir
que siente naturalmente y que constituyen la estructura sólida de la mentalidad
de la que él se sirve para vivir".2 Esto parece otro ejemplo de la
tosquedad confusa del pensamiento gentiliano: la afirmación parece derivada
"ingenuamente" de las afirmaciones de Croce sobre el modo de pensar
del pueblo como confirmación de la verdad de determinadas proposiciones
filosóficas, Más adelante Gentile escribe:
264
"El hombre sano cree en Dios y en la libertad de su espíritu." Así,
ya en estas dos proposiciones de Gentile vemos: 1] una "naturaleza
humana" extrahistórica que no se sabe qué cosa sea exactamente; 2] la
naturaleza humana del hombre sano; 3] el sentido común del hombre sano y por lo
tanto también un sentido común del hombre no -sano. ¿Y qué querrá decir hombre
sano? ¿Físicamente sano, no loco? ¿o bien que piensa sanamente, bienpensante,
filisteo, etcétera? ¿Y qué querrá decir "verdad del sentido común"?
La filosofía de Gentile, por ejemplo, es toda ella contraria al sentido común,
bien sea que se entienda por éste la filosofía
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
173.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 175.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1048
ingenua
del pueblo, que detesta cualquier forma de idealismo subjetivista, bien sea que
se entienda como buen sentido, como actitud de desprecio por las cosas
abstrusas, Tos artificios, las oscuridades de ciertas exposiciones científicas
y filosóficas. Este coqueteo de Gentile con el sentido común es cosa muy amena.
Lo que se
ha dicho hasta ahora no significa que en el sentido común no haya verdades.
Significa que el sentido común es un concepto equívoco, contradictorio,
multiforme, y que referirse al sentido común como confirmación de la verdad es
una insensatez. Podrá decirse con exactitud que cierta verdad ha llegado a ser
de sentido común para indicar que se ha difundido más allá del círculo de los
grupos intelectuales, pero en tal caso no se hace otra cosa que una
constatación de carácter histórico y una afirmación de racionalidad histórica;
en este sentido, y siempre que se emplee con sobriedad, el argumento posee
cierto valor, precisamente porque el sentido común es toscamente retrógrado y
conservador y el haber logrado hacer penetrar en él una verdad nueva es prueba
de que tal verdad posee una notable fuerza de expansión y de evidencia.
Recordar
el epigrama de Giusti: "El buen sentido, que un día fue maestro de escuela
— ahora en nuestras escuelas ha muerto sin remedio. — La ciencia, su hija, — lo
mató para ver cómo estaba hecho". Puede servir para introducir un capítulo
y puede servir para indicar cómo se emplea el término de buen sentido y de
sentido común en forma equívoca: como "filosofía", como determinado
modo de pensar, con un cierto contenido de creencias y de opiniones, y como
actitud benévolamente indulgente, en su desprecio, con lo abstruso y lo
artificioso. Por ello era necesario que la ciencia matase a un determinado buen
sentido tradicional, para crear un "nuevo" buen sentido.
Una
alusión al sentido común y a la solidez de sus creencias se encuentra a menudo
en Marx.1 Pero se trata de una referencia no a la validez del contenido de
tales creencias sino precisamente a la solidez formal de éstas y por lo tanto a
su carácter imperativo cuando producen normas de conducta. En las referencias
se halla también implícita la afirmación de la necesidad de nuevas creencias
populares, o sea de un nuevo sentido común y por lo tanto de una nueva cultura
y de una nueva filosofía que se arraiguen en la conciencia popular con la misma
solidez y carácter imperativo de las creencias tradicionales.
Nota I. Hay que añadir a propósito de las
proposiciones de Gentile sobre el sentido común, que el lenguaje del escritor
es voluntariamente equívoco por un poco elogiable oportunismo ideológico.
Cuando Gentile escribe: "El hombre sano cree en Dios y en la libertad de
su espíritu" como ejemplo de una de aquellas verdades del sentido común de
las que el pensamiento reflejo elabora la certeza crítica, quiere hacer creer
que su filosofía es la conquista de la certeza crítica de las verdades del catolicismo,
pero los católicos no se dejan engañar y sostienen que el idealismo gentiliano
es puro paganismo, etcétera, etcétera, Sin embargo, Gentile insiste y mantiene
un equívoco que no carece de consecuencias para crear un ambiente de cultura
demi-monde, en el que todos los gatos son pardos, la religión se abraza con el
ateísmo, la inmanencia coquetea con la trascendencia y Antonio Bruers la goza
en grande porque cuanto más se enreda la cuestión y más se oscurece el
pensamiento, más reconoce haber tenido razón en su "sincretismo"
macarrónico. (En una nota se reproduce un fragmento de Bruers del más cómico
confusionismo filosófico.)2 Si las palabras de Gentile significasen lo que
dicen al pie de la letra, el idealismo actual se habría convertido en "el
siervo de la teología".
Nota II.
En la enseñanza de la filosofía, dirigida no a informar históricamente al
discípulo
Cfr. nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
175.
2 Cfr.
Cuaderno 1 (XVI), § 99.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1049
sobre el
desarrollo de la filosofía pasada, sino a formarlo culturalmente, a ayudarlo a
elaborar críticamente su propio pensamiento para participar en una comunidad
ideológica y cultural, es necesario partir de lo que el discípulo ya conoce, de
su experiencia filosófica (después de haberle demostrado que él posee tal
experiencia, que es "filósofo" sin saberlo). Y puesto que se
presupone cierta media intelectual y cultural de los discípulos, que
verosímilmente no han tenido aún más que informaciones salteadas y
fragmentarias, y carecen de toda preparación metodológica y crítica, no se
puede dejar de tomar como punto de partida el "sentido común" en
primer lugar, en segundo la religión, y sólo en un tercer tiempo los sistemas
filosóficos elaborados por los grupos intelectuales tradicionales.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 53 bis-54 bis y 55-55 bis.
<14>. Sobre la metafísica. ¿Se
puede extraer del Ensayo popular una crítica de la metafísica y de la filosofía
especulativa? Hay que decir que al autor se le escapa el concepto mismo de
metafísica, en cuanto que se le escapan los conceptos de movimiento histórico,
de devenir y por lo tanto de la misma dialéctica.
Pensar una afirmación filosófica como
verdadera en un determinado periodo histórico, o sea como expresión necesaria e
inseparable de una determinada acción histórica, de una determinada praxis,
pero superada y "nulificada" en un periodo posterior, sin por ello
caer en el escepticismo y en el relativismo moral e ideológico, o sea concebir
la filosofía como historicidad, es operación mental un. poco ardua y difícil.
El autor, por el contrario, cae de plano en el dogmatismo y por lo tanto en una
forma, aunque sea ingenua, de metafísica; esto está claro desde el principio,
desde el planteamiento del problema, de la voluntad de construir una
"sociología" sistemática de la filosofía de la praxis; sociología, en
este caso, significa precisamente metafísica ingenua. En el párrafo final de la
introducción, el autor no sabe responder a la objeción. de algunos críticos,
los cuales sostienen que la filosofía de la praxis sólo puede vivir en obras
concretas de historia.1 Él no consigue elaborar el concepto de filosofía de la
praxis como "metodología histórica" y ésta como
"filosofía", como la única filosofía concreta, esto es, no logra
plantearse y resolver desde el punto de vista de la dialéctica real el problema
que Croce se ha planteado y ha tratado de resolver desde el punto de vista
especulativo. En vez de una metodología histórica, de una filosofía, él
construye una casuística de cuestiones particulares concebidas y resueltas
dogmáticamente cuando no son resueltas de forma puramente verbal, con
paralogismos tan ingenuos como presuntuosos. Esta casuística podría incluso ser
útil e interesante, con tal de que se presentase como tal, sin otra pretensión
que la de dar esquemas aproximativos de carácter empírico, útiles para la
práctica inmediata. Por lo demás se comprende que así debe ser porque en el
Ensayo popular la filosofía de la praxis no es una filosofía autónoma y
original, sino la "sociología" del materialismo metafísico.
Metafísica para él significa sólo una determinada formulación filosófica, la formulación
especulativa del idealismo y no ya cualquier formulación sistemática que se
pantee como [verdad] extrahistórica, como un universal abstracto fuera del
tiempo y del espacio.
La
filosofía del Ensayo popular (implícita en él) puede ser llamada un
aristotelismo positivista, una adaptación de la lógica formal a los métodos de
las ciencias físicas y naturales. La ley de causalidad, la búsqueda de la
regularidad, normalidad, uniformidad, son utilizadas en sustitución de la
dialéctica histórica. ¿Pero cómo de este modo de concebir puede deducirse la
superación, el "hundimiento de la praxis"? El efecto, mecánicamente,
no puede nunca superar la causa o el sistema de causas, por lo tanto no puede
haber otra evolución
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
174.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1050
más que
la plana y vulgar del evolucionismo.
Si el
"idealismo especulativo" es la ciencia de las categorías y de la
síntesis a priori del espíritu, o sea una forma de abstracción
antihistoricista, la filosofía implícita en el Ensayo popular es un idealismo
al revés, en el sentido de que conceptos y clasificaciones empíricas sustituyen
a las categorías especulativas, tan abstractas y antihistóricas como éstas.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 54 bis-55 y 59.
267
<15>. El concepto de
"ciencia". El planteamiento del problema como una búsqueda de leyes,
de líneas constantes, regulares, uniformes, está ligado a una exigencia,
concebida de modo un poco pueril e ingenuo, de resolver perentoriamente el problema
práctico de la previsibilidad de los acontecimientos históricos. Puesto que
"parece", por un extraño trastocamiento de las perspectivas, que las
ciencias naturales dan la capacidad de prever la evolución de los procesos
naturales, la metodología histórica ha sido concebida "científica"
sólo en cuanto capacita abstractamente para "prever" el futuro de la
sociedad. De ahí la búsqueda de las causas esenciales, incluso de la
"causa primera", de la "causa de las causas".Pero las Tesis
sobre Feuerbach habían ya criticado anticipadamente esta concepción simplista.
En realidad se puede prever "científicamente" sólo la lucha, pero no
los momentos concretos de ésta, que no pueden sino ser resultado de fuerzas
contrastantes en continuo movimiento, no reductibles nunca a cantidades fijas,
porque en ellas la cantidad se convierte continuamente en cualidad. Realmente
se "prevé" en la medida en que se actúa, en que se aplica un esfuerzo
voluntario y con ello se contribuye concretamente a crear el resultado
"previsto". La previsión se revela, pues, no como un acto científico
de conocimiento, sino como la expresión abstracta del esfuerzo que se hace, el
modo práctico de crear una voluntad colectiva.
¿Y cómo
podría la previsión ser un acto de conocimiento? Se conoce lo que ha sido o es,
no lo que será, que es un "no existente" y por lo mismo incognoscible
por definición. El prever es por lo tanto sólo un acto práctico que no puede,
en cuanto que no sea una futilidad o una pérdida de tiempo, tener otra
explicación que la arriba expuesta. Es necesario plantear exactamente el
problema de la previsibilidad de los acontecimientos históricos para estar en
condiciones de criticar exhaustivamente la concepción del causalismo mecánico,
para vaciarla de todo prestigio científico y reducirla a puro mito que fue
quizá útil en el pasado, en un periodo atrasado de desarrollo de ciertos grupos
sociales subalternos (ver una nota precedente) .1
Pero es
el concepto mismo de "ciencia", tal como se desprende del Ensayo
popular, el que hay que destruir críticamente; éste está tomado enteramente de
las ciencias naturales, como si éstas fuesen la única ciencia, o la ciencia por
excelencia, tal como fue establecido por el positivismo. Pero en el Ensayo
popular el término de ciencia es empleado en muchos significados, algunos
explícitos, otros sobreentendidos o apenas sugeridos. El sentido explícito es
el que "ciencia" tiene en las investigaciones físicas.
268 Pero
otras veces parece indicar el método. ¿Pero existe un método en general y, si
existe, no significa acaso simplemente filosofía? Podría significar otra veces
simplemente la lógica formal, ¿pero se puede llamar a ésta un método y una
ciencia? Hay que establecer que toda investigación tiene su método determinado
y construye su ciencia determinada, y que el método se ha desarrollado y ha
sido elaborado juntamente con el desarrollo y la elaboración de aquella
determinada investigación y ciencia, y forma un todo con ellas.[Creer que se
puede hacer progresar una 'investigación científica aplicándole un método tipo,
elegido porque ha
Cfr. el precedente § 12, Pp. 17 bis - 18
bis.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1051
dado
buenos resultados en otra investigación a la cual era connatural, es un extraño
error que tiene poco que ver con la ciencia. Hay también sin embargo criterios
generales que se puede decir que constituyen la conciencia crítica de todo
científico, cualquiera que sea su "especialización" y que deben
siempre ser espontáneamente vigilantes en su trabajo. Así puede decirse que no
es científico quien demuestra escasa seguridad en sus criterios particulares,
que no tiene una plena inteligencia de los conceptos adoptados, que tiene
escasa información e inteligencia del estado precedente de los problemas
tratados, que no es muy cauto en sus afirmaciones, que no progresa en forma
necesaria sino arbitraria y sin concatena-miento, que no sabe tomar en cuenta
las lagunas que existen en los conocimientos alcanzados sino que los omite y se
conforma con soluciones o nexos puramente verbales en vez de declarar que se
trata de posiciones provisionales que podrán ser retomadas y desarrolladas,
etcétera. (Cada uno de estos puntos puede ser desarrollado, con las
ejemplificaciones oportunas.)]
Una
precisión que puede hacerse a muchas referencias polémicas del Ensayo popular
es el desconocimiento sistemático de la posibilidad de error por parte de los
autores citados, por lo que se atribuyen a un grupo social, del cual los
científicos serían siempre los representantes, las opiniones más dispares y las
voluntades más contradictorias. Esto va ligado a un criterio metodológico más
general, a saber: no es muy "científico" o más simplemente "muy
serio" elegir los adversarios entre los más estúpidos y mediocres, o
también elegir entre las opiniones de los propios adversarios las menos
esenciales y las más ocasionales y presumir de haber "destruido"
"todo" el adversario porque se ha destruido una de sus opiniones
secundaria e incidental o de haber destruido una ideología o una doctrina
porque se ha demostrado la insuficiencia teórica de sus representantes de
tercer o cuarto orden. Asimismo "hay que ser justos con los
adversarios", en el sentido de que hay que esforzarse por comprender lo
que ellos quisieron realmente decir y no detenerse maliciosamente en los
significados superficiales e inmediatos de sus expresiones. Esto debe ser así
si el fin propuesto es el de elevar el tono y el nivel intelectual de los
seguidores propios y no el inmediato de hacer el desierto en torno a nosotros,
con cualquier medio y manera. Hay que situarse en este punto de vista: que el
propio seguidor debe discutir y sostener su propio punto de vista en discusión
con adversarios capaces e inteligentes y no sólo con personas groseras e
impreparadas que se convencen "autoritariamente" o por vía
"emocional". La posibilidad de error debe ser afirmada y justificada,
sin faltar con ello a la propia concepción, porque lo que importa no es la
opinión de Fulano, Mengano o Zutano, sino aquel conjunto de opiniones que se
han hecho colectivas, un elemento y una fuerza social; éstas son las que hay
que refutar, en sus exponentes teóricos más representativos y dignos incluso de
respeto por la elevación de su pensamiento, así como por "desinterés"
inmediato y no ya pensado en haber con ello "destruido" el elemento y
la fuerza social correspondiente (que sería puro racionalismo iluminista), sino
sólo en haber con ello contribuido: 1] a mantener de la propia parte y reforzar
el espíritu de distinción y de escisión; 2] a crear el terreno para que la
propia parte absorba y vivifique una doctrina original propia, correspondiente
a las condiciones de vida propias.
Debe observarse que muchas deficiencias
del Ensayo popular están vinculadas a la "oratoria". El autor, en el
prefacio, recuerda, casi a título de honor, el origen "hablado" de su
obra.1 Pero, como ya observó Macaulay a propósito de las discusiones orales
entre los griegos, es precisamente a las "demostraciones orales" y a
la mentalidad de los oradores que se vinculan las superficialidades lógicas y
de argumentación más asombrosas.2 Por lo demás,
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
229.
2 Cfr.
Cuaderno 1 (XVI), § 122 y nota 1.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1052
esto no
disminuye la responsabilidad de los autores, que no revisan, antes de
imprimirlos, los tratamientos elaborados oralmente, a menudo improvisando,
cuando la mecánica y casual asociación de ideas con frecuencia sustituye a la
trama lógica. Lo peor es cuando, en esta práctica oratoria, la mentalidad
facilona se solidifica y los frenos críticos dejan de funcionar. Podría hacerse
una lista de las ignorantiae y mutationes elenchi del Ensayo popular
probablemente debidas al "ímpetu" oratorio. Un ejemplo típico me
parece el parágrafo dedicado al profesor Stammler,1 de los más superficiales y
sofísticos.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 61 bis, 63, 61-61 bis, 75 bis.
<16>. Cuestiones de nomenclatura y
de contenido. Una de las características de los intelectuales como categoría
social cristalizada (o sea que se concibe a sí misma como continuación
ininterrumpida en la historia, por lo tanto independientemente de la lucha de
los grupos y no como expresión de un proceso dialéctico, por el que cada grupo
social dominante elabora una categoría propia de intelectuales) debe
relacionarse precisamente, en la esfera ideológica, con una precedente
categoría intelectual a través de una misma nomenclatura de conceptos. Cada
nuevo organismo histórico (tipo de sociedad) crea una nueva superestructura,
cuyos representantes especializados y abanderados (los intelectuales) no pueden
sino concebirse como también ellos "nuevos" intelectuales, surgidos
de la nueva situación y no continuación de la precedente intelectualidad. (Si
los "nuevos" intelectuales se sitúan como continuación directa de la
precedente intelligentzia, no son en absoluto "nuevos", es decir, no
están ligados al nuevo grupo social que representa orgánicamente la nueva
situación histórica, sino que son un residuo conservador y fosilizado del grupo
social superado históricamente) (lo que por otra parte es lo mismo que decir
que la nueva situación 'histórica no ha llegado todavía al grado de desarrollo
necesario para tener la capacidad de crear nuevas superestructuras, sino que
vive aún en el cascarón carcomido de la vieja historia).
Sin embargo, hay que tener en cuenta que
ninguna nueva situación histórica, aunque sea debida al cambio más radical,
transforma completamente el lenguaje, al menos en su aspecto externo, formal.
Pero el contenido del lenguaje debería ser transformado, aunque de tal mutación
es difícil tener conciencia exacta inmediatamente. El fenómeno, por lo demás,
es históricamente complejo y complicado por la existencia de diversas culturas
típicas en los diversos estratos del nuevo grupo social, algunos de los cuales,
en el terreno ideológico, están aún inmersos en la cultura de situaciones
históricas precedentes a veces incluso a la más recientemente superada. Una
clase, de la que algunos estratos permanecen aún en la concepción ptolomeica
del mundo, puede sin embargo ser la representante de una situación histórica
muy avanzada; atrasados ideológicamente (o al menos en algunas secciones de la
concepción del mundo, que es en ellos todavía disgregada e ingenua) estos
estratos están sin embargo avanzadísimos prácticamente, o sea como función
económica y política. Si la misión de los intelectuales consiste en determinar
y organizar la reforma moral e intelectual, o sea de adecuar la cultura a la
función práctica, es evidente que los intelectuales "cristalizados"
son conservadores y reaccionarios. Porque mientras que el grupo social nuevo
siente al menos estar escindido y ser distinto del precedente, éstos no sienten
ni siquiera tal distinción, sino que creen poderse vincular al pasado.
Por lo
demás, no se ha dicho que toda la herencia del pasado deba ser rechazada: hay
"valores instrumentales" que no pueden dejar de ser acogidos
íntegramente para seguir siendo elaborados y refinados. ¿Pero cómo distinguir
los valores instrumentales del valor
Cfr. Bujarin, Teoría del materialismo
histórico cit., cap. I, pp. 45-49.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1053
filosófico
caduco que debe rechazarse sin más? A menudo sucede que porque se ha aceptado
un valor filosófico caduco de una determinada tendencia pasada, se rechaza
luego un valor instrumental de otra tendencia por ser contradictoria de la
primera, aunque tal valor instrumental hubiera sido útil para expresar el nuevo
contenido histórico cultural.
Así se ha visto el término
"materialismo" acogido con contenido pasado y por el contrario el
término "inmanencia" rechazado porque en el pasado tenía un
determinado contenido histórico cultural. (La dificultad de adecuar la
expresión literaria al contenido conceptual y de confundir las cuestiones de
terminología con las cuestiones sustanciales y viceversa es característica del
diletantismo filosófico, de la falta de sentido histórico en la captación de
los diferentes momentos de un proceso de desarrollo cultural, o sea de una
concepción antidialéctica, dogmática, prisionera de los esquemas abstractos de
la lógica formal.)
El
término de "materialismo" en la primera mitad del siglo xix hay que
entenderlo no sólo en el significado técnico filosófico estricto, sino en el
significado más amplio que fue asumiendo polémicamente en las discusiones
planteadas en Europa con el surgimiento y desarrollo victorioso de la cultura
moderna. Se llamó materialismo a cualquier doctrina filosófica que excluyese la
trascendencia del dominio del pensamiento y por lo tanto en realidad a todo el
panteísmo y el inmanentismo, y no sólo eso, sino que se llamó materialismo
incluso a cualquier actitud práctica inspirada en el realismo político, que se
opusiera a ciertas corrientes inferiores del romanticismo político, como las
doctrinas de Mazzini popularizadas y que no hablaban más que de "misiones",
de "ideales" y de otras semejantes vaguedades nebulosas y
abstracciones sentimentales. Incluso en las polémicas actuales de los
católicos, el término materialismo es utilizado a menudo en este servido;
materialismo es lo opuesto a espiritualismo en sentido estricto, o sea
espiritualismo religioso, y por lo tanto se comprende en él todo el
hegelianismo y en general la filosofía clásica alemana, además del sensualismo
y el iluminismo franceses. Así, en los términos del sentido común, se llama
materialismo a todo aquello que tiende a encontrar en esta tierra, y no en el
paraíso, el fin de la vida. Toda actividad económica que saliera de los límites
de la producción medieval era "materialismo" porque parecía un
"fin en sí misma", la economía por la economía, la actividad por la
actividad, así como hoy para el europeo medio es "materialista"
Norteamérica, porque el empleo de las máquinas y el volumen de las empresas y
de los negocios excede cierto límite que al europeo medio le parece el
"justo", aquel dentro del cual las exigencias
"espirituales" no son mortificadas. Así una retorsión polémica de la
cultura feudal contra la burguesía en desarrollo es adoptada hoy día por la
cultura burguesa europea contra un capitalismo más desarrollado que el europeo
por una parte y, por la otra, contra la actividad práctica de los grupos
sociales subalternos para los cuales, inicialmente y para toda una época
histórica, o sea en tanto que no hayan construido su propia economía y su
propia estructura social, la actividad no puede sino ser predominantemente
económica o al menos expresarse en términos económicos y de estructura. Rastros
de esta concepción del materialismo perduran en el lenguaje: en alemán
geistlich significa también "clerical", propio del clero, lo mismo
que en ruso dujovietz; y que esta concepción sea la predominante puede
extraerse de muchos escritores de filosofía de la praxis, para los cuales,
justamente, la religión, el teísmo, etcétera, son los puntos de referencia para
reconocer a los "materialistas consecuentes".
Una de las razones, y quizá la
predominante, de la reducción del materialismo histórico al materialismo
metafísico tradicional, debe buscarse en el hecho de que el materialismo
histórico no podía ser sino una fase predominantemente crítica y polémica de la
filosofía, mientras se tenía necesidad de un sistema ya completo y perfecto.
Pero los sistemas completos y perfectos son siempre obra de filósofos
independientes, y en ellos, junto a la parte históricamente actual, o sea
correspondiente a las condiciones de vida
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1054
contemporáneas,
existe siempre una parte abstracta, "ahistórica", en el sentido de
que está ligada a las filosofías precedentes y responde a necesidades
exteriores y pedantes de arquitectura del sistema o es debida a idiosincrasias
personales; por eso la filosofía de una época no puede ser ningún sistema
individual y de tendencia: ella es el conjunto de todas las filosofías
individuales y de tendencia, más las opiniones científicas, mas la religión ,
mas el sentido común. ¿Se puede formar un sistema de ese género
artificiosamente? ¿por obra de individuos y de grupos? La actividad crítica es
la única posible, especialmente en el sentido de plantear y resolver
críticamente los problemas que se presentan como expresión del desarrollo
histórico. Pero el primero de estos problemas que hay que plantear y comprender
es éste: que la nueva filosofía no puede coincidir con ningún sistema del
pasado, como quiera que éste se llame. Identidad de términos no significa
identidad de conceptos.
Un libro
a estudiar a propósito de esta situación es la Storia del materialismo de
Lange. La obra estará más o menos superada, por los estudios sucesivos sobre
los filósofos materialistas, pero su importancia cultural permanece intacta
desde este punto de vista: a ella se han referido, para informarse de los
precedentes y para tener los conceptos fundamentales del materialismo, toda una
serie de seguidores del materialismo histórico. Puede decirse que esto ha
sucedido esquemáticamente: se ha partido del presupuesto dogmático de que el
materialismo histórico es sin más el materialismo tradicional un poco revisado
y corregido (corregido con la "dialéctica" que así es asumida como un
capítulo de la lógica formal y no como una lógica en sí misma, o sea una teoría
del conocimiento); se ha estudiado en Lange qué ha sido el materialismo
tradicional y los conceptos de éste han sido representados como conceptos del
materialismo histórico. De modo que puede decirse que para la mayor parte del
cuerpo de conceptos que se presenta bajo la etiqueta del materialismo
histórico, el jefe de la escuela y fundador ha sido Lange y nadie más.
273 He
ahí por qué el estudio de esta obra presenta un gran interés cultural y
crítico, tanto más cuanto que Lange es un historiador concienzudo y agudo, que
tiene del materialismo un concepto muy preciso, definido y limitado y por ello,
con gran estupor y casi desprecio de algunos (como, Plejánov), 1 no considera
materialistas ni al materialismo histórico y ni siquiera a la filosofía de
Feuerbach. Podrá verse también aquí cómo la terminología es convencional, pero
tiene su importancia para determinar errores y desviaciones cuando se olvida
que siempre hay que remontarse a las fuentes culturales para identificar el
valor exacto de los conceptos, porque bajo el mismo sombrero pueden encontrarse
cabezas distintas. Es sabido, por otra parte, que el jefe de escuela de la
filosofía de la práctica no llamó nunca "materialista" a su
concepción, y cómo hablando del materialismo francés lo critica y afirma que la
crítica debería ser más exhaustiva. Igualmente, no adopta nunca la fórmula de
"dialéctica materialista" sino "racional" en contraposición
a "mística", lo que da al término "racional" un significado
bien preciso.
Sobre
esta cuestión debe revisarse lo que escribe Antonio Labriola en sus ensayos. De
la Historia de Lange se anunció una traducición italiana en la Casa Editorial
Athena de Milán y recientemente ha aparecido una realizada por el editor
Monanni de Milán.2
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 52 bis-53 bis, 67-67 bis. 64 bis.
<17>. La llamada "realidad del
mundo externo". Toda la polémica contra la concepción subjetivista de la
realidad, con la cuestión "terrible" de la "realidad objetiva
del mundo
Para las críticas de Plejánov a Lange,
cfr. Plejánov, Les questions fondamentales du rnarrisme cit., pp. 14-16 y nota
8 en la p. 16.
2 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 206.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1055
externo",
está mal planteada, peor conducida y en gran parte es fútil y ociosa (me
refiero también a la memoria presentada en el Congreso de historia de las
ciencias, celebrado en Londres en junio-julio de 1931).1 Desde el punto de
vista de un "ensayo popular", todo el tratamiento responde más a un
prurito de pedantería intelectual que a una necesidad lógica. El público
popular no cree ni siquiera que se pueda plantear semejante problema, de si el
mundo externo existe objetivamente. Basta enunciar así el problema para sentir
un irrefrenable y pantagruélico estallido de hilaridad. El público
"cree" que el mundo externo es objetivamente real, pero aquí nace
precisamente la cuestión: ¿cuál es el origen de esta "creencia" y qué
valor crítico tiene "objetivamente"? De hecho esta creencia es de
origen religioso, aunque quien participe de ella sea religiosamente
indiferente. Puesto que todas las religiones han enseñado y enseñan que el
mundo, la naturaleza, el universo ha sido creado por dios antes de la creación
del hombre y por lo tanto el hombre ha encontrado el mundo ya listo y acabado,
catalogado y definido de una vez por todas, esta creencia se ha convertido en
un dato férreo del sentido común y vive con la misma solidez aunque el
sentimiento religioso se haya apagado o adormecido. He ahí entonces que basarse
en esta experiencia del sentido común para destruir con la
"comicidad" la concepción subjetivista, tiene un significado más bien
"reaccionario", de retorno implícito al sentimiento religioso; en
efecto, los escritores o los oradores católicos recurren al mismo medio para
obtener el mismo efecto de ridículo corrosivo.
En la memoria presentada en el Congreso
de Londres, el autor del Ensayo popular responde implícitamente a este punto
(que por otra parte es de carácter externo, si bien tiene su importancia)
señalando que Berkeley, al cual se debe la primera enunciación completa de la
concepción subjetivista, era un arzobispo (de ahí parece que debe deducirse el
origen religioso de la teoría) y luego diciendo que sólo un "Adán"
que se encuentra por primera vez en el mundo, puede pensar que éste exista sólo
porque él lo piensa (y también aquí se insinúa el origen religioso de la
teoría, pero sin mucha o ninguna fuerza de convicción).2
Por el
contrario, me parece que el problema es éste: ¿cómo se puede explicar que tal
concepción, que ciertamente no es una futilidad, incluso para un filósofo de la
praxis, hoy, expuesta al público, sólo pueda provocar la risa y el sarcasmo? Me
parece el caso más típico de la distancia que se ha venido formando entre
ciencia y vida, entre ciertos grupos de intelectuales, que sin embargo se
encuentran en la dirección "central" de la alta cultura, y las
grandes masas populares: y cómo el lenguaje de la filosofía se ha convertido en
una jerga que obtiene el mismo efecto que la de Arlequín. Pero si el
"sentido común" se burla, el filósofo de la praxis debería igualmente
buscar una explicación tanto del significado real que tiene la concepción, como
de por qué la misma ha nacido y se ha difundido entre los intelectuales, y
también de por qué hace reír al sentido común. Es cierto que la concepción
subjetivista es propia de la filosofía moderna en su forma más cumplida y
avanzada, si de ella y como superación de ella ha nacido el materialismo
histórico, que en la teoría de las superestructuras pone en lenguaje realista e
historicista lo que la filosofía tradicional expresaba en forma especulativa.
La demostración de este asunto, que aquí es apenas sugerido, tendría el mayor
alcance cultural, porque pondría fin a una serie de discusiones tan fútiles
como ociosas y permitiría un desarrollo orgánico de la filosofía de la praxis,
hasta
Gramsci se refiere al escrito de Bujarin,
Theory and practice from the standpoint of dialecticai materialism, incluido en
el libro Science at the Cross Roads: cfr. nota 1 al Cuaderno 7 (VII), § 47.
Cfr. bid., pp. 1-2: "Casi todas las
escuelas de filosofía, desde la metafísica teologizante hasta la filosofía
Avenarius-Mach de la 'descripción pura' y el `pragmatismo' renovado, con la
excepción del materialismo dialéctico (el Marxismo), parten de la tesis,
considerada irrefutable, que 'a mí' me han sido 'dadas' sólo `mis' propias
'sensaciones'. Este planteamiento. cuyo defensor más brillante fue el Arzobispo
Berkeley, ha sido innecesariamente elevado al nivel de un nuevo evangelio de la
epistemología [.. .]. De hecho, un planteamiento como este puede hacerse
solamente en el caso del Adán recién creado, recién manufacturado del barro y
que ve por primera vez, de nuevo con los ojos abiertos por primera vez, el
paisaje del paraíso con todos sus atributos".
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1056
llevarla
a convertirse en exponente hegemónico de la alta cultura. Verdaderamente
asombra que el nexo entre la afirmación idealista de que la realidad del mundo
es una creación del espíritu humano y la afirmación de la historicidad y
caducidad de todas las ideologías por parte de la filosofía de la praxis,
porque las ideologías son expresiones de la estructura y se modifican con el
modificarse de ésta, no haya sido nunca afirmado y desarrollado
convenientemente.
La
cuestión está estrechamente vinculada, y se comprende, con la cuestión del
valor de las ciencias llamadas exactas o físicas y con la posición que éstas
han venido asumiendo en el cuadro de la filosofía de la praxis como un casi
fetichismo, incluso como la única y auténtica filosofía o conocimiento del
mundo.
¿Pero qué habrá que entender por
concepción subjetivista de la realidad? ¿Podrá asumirse una cualquiera de las
tantas teorías subjetivistas elucubradas por toda una serie de filósofos y
profesores, hasta las solipsistas? Es evidente que la filosofía de la praxis,
incluso en este caso, no puede dejar de ser relacionada con el hegelianismo,
que representa la forma más completa y genial de esta concepción, y que de las
sucesivas teorías deberán tomarse en consideración sólo algunos aspectos
parciales y los valores instrumentales. Y habrá que buscar las formas extrañas
que la concepción ha adoptado, tanto en sus seguidores como en los críticos más
o menos inteligentes. Así debe recordarse lo que escribe Tolstoi en sus
memorias de infancia y de juventud: Tolstoi refiere que se había enfervorizado
tanto por la concepción subjetivista de la realidad, que a menudo le daba
vueltas la cabeza, porque giraba bruscamente sobre sus pies, persuadido de
poder captar el momento en el que no vería nada porque su espíritu no podía
haber tenido tiempo de "crear" la realidad (o algo parecido: el
pasaje de Tolstoi es característico y muy interesante literariamente).1 Así, en
sus Linee di filosofía critica (p. 159), Bernardino Varisco escribe: "Abro
un periódico para informarme de la realidad; ¿querríais sostener que las
noticias las he creado yo al abrir el periódico?".2 Que Tolstoi diese a la
proposición subjetivista un significado tan inmediato y mecánico es cosa que
puede explicarse. ¿Pero no es asombroso que de tal modo pueda haber escrito
Varisco, el cual, si bien hoy se ha orientado hacia la religión y el dualismo
trascendental, sin embargo es un estudioso serio y debería conocer su materia?
La crítica de Varisco es la del sentido común y es notable que precisamente tal
crítica sea desdeñada por los filósofos idealistas, mientras que por el
contrario es de extrema importancia para impedir la difusión de un modo de
pensar y de una cultura. Se puede recordar un artículo de Mario Missiroli en la
Italia Letteraria en el que Missiroli escribe que a él le resultaría muy
embarazoso tener que sostener, ante un público común y en confrontación con un
neo-escolástico, por ejemplo, el punto de vista subjetivista: Missiroli
observa, pues, cómo el catolicismo tiende, en competencia con la filosofía
idealista, a acaparar para sí las ciencias naturales y físicas.3 En otro lugar
Missiroli ha escrito previendo un periodo de decadencia de la filosofía
especulativa y una difusión cada vez mayor de las ciencias experimentales y
"realistas"4 (en este segundo escrito, sin embargo, publicado por el
Saggiatore, él prevé también una oleada de anticlericalismo, o sea que no
parece que siga creyendo en el acaparamiento de las ciencias por parte del
catolicismo). Igualmente debe recordarse en el volumen de Scritti vari de
Roberto Ardigiá, recopilado y ordenado por G. Marchesini (Lemonnier, 1922) la
"polémica del zoquete": en un periodicucho clerical de provincia, un
escritor (un sacerdote de la Curia arzobispal), para descalificar a Ardigó
frente al público popular, lo llamó lisamente "uno de
Este pasaje de Tolstoi es reproducido
íntegramente por Gramsci más adelante en el subsiguiente § 57.
2 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 217.
3 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 217.
4 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 10 (XXXIII), parte II, § 11.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1057
aquellos
filósofos que sostienen que la catedral (de Mantua o de otra ciudad) existe
sólo porque ellos la piensan y cuando dejan de pensarla, la catedral
desaparece, etcétera", con áspero resentimiento de Ardigó que era
positivista y estaba de acuerdo con los católicos en el modo de concebir la
realidad externa."1
Hay que demostrar que la concepción
"subjetivista", después de haber servido para criticar la filosofía
de la trascendencia por una parte y la metafísica ingenua del sentido común y
del materialismo filosófico, puede hallar su verificación y su interpretación
historicista sólo en la concepción de las superestructuras, mientras que en su
forma especulativa no es sino una simple novela filosófica. Una alusión a una
interpretación un poco más realista del subjetivismo en la filosofía clásica
alemana se puede encontrar en una reseña de G. De Ruggiero a los escritos
póstumos (me parece que cartas) de B. Constant (me parece) publicados en la
Critica de hace algunos años.2
La
observación que debe hacerse al Ensayo popular es la de haber presentado la
concepción subjetivista tal como la misma aparece según la crítica del sentido
común y haber acogido la concepción de la realidad objetiva del mundo externo
en su forma más trivial y acrítica, sin ni siquiera sospechar que a ésta se le
puede hacer la objeción de misticismo, como en efecto se le hizo. (En la
memoria presentada en el Congreso de Londres, el autor del Ensayo popular alude
a la acusación de misticismo atribuyéndola a Sombart y desdeñándola
despectivamente: ciertamente Sombart la tomó de Croce). 3 Sólo que analizando
esta concepción, ya no es tan fácil justificar un punto de vista de objetividad
exterior tan mecánicamente entendida. ¿Parece que pueda existir una objetividad
extra-histórica y extrahumana? ¿Pero quién juzgará sobre tal objetividad?
¿Quién podrá ponerse en esta especie de "punto de vista del cosmos en
sí" y qué significará semejante punto de vista? Puede perfectamente
sostenerse que se trata de un residuo del concepto de dios, precisamente en su
concepción mística de un dios ignoto. La formulación de Engels de que "la
unidad del mundo consiste en su materialidad demostrada [. ..] por el largo y
laborioso desarrollo de la filosofía y las ciencias naturales"4 contiene
precisamente el germen de la concepción justa, porque se recurre a la historia
y al hombre para demostrar la realidad objetiva. Objetivo significa siempre
"humanamente objetivo", lo que puede corresponder exactamente a "históricamente
subjetivo", o sea que objetivo significaría "universal
subjetivo". El hombre conoce objetivamente en cuanto que el conocimiento
es real para todo el género humano históricamente unificado en un sistema
cultural unitario; pero este proceso de unificación histórica se produce con la
desaparición de las contradicciones internas que desgarran la sociedad humana,
contradicciones que son la condición de la formación de los grupos y del
nacimiento de las ideologías no universales concretas, sino hechas caducas inmediatamente
por el origen práctico de su sustancia. Hay pues una lucha por la objetividad
(para liberarse de las ideologías parciales y falaces) y esta lucha es la misma
lucha para la unificación cultural del género humano. Lo que los idealistas
llaman "espirito" no es ún punto de partida, sino de llegada, el
conjunto de las superestructuras en devenir hacia la unificación concreta y
Cfr. nota 4 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
217.
2 Cfr.
nota 5 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 217.
3 Cfr.
Bujarin, Theory and practice from the standpoint of dialectical materialism, en
Science at the Cross Roads, cit., pp. 22, nota
"Muy distinta ha sido la evolución
filosófica de W. Sombart, quien en su último libro apunta que el marxismo debe
su poder `montruoso"ausschiussilich den in Mystin ausleufenden
geschichts-philosophischen Konstruktionen dieser Heilslehre' (Werner Sombart,
Die drei Nationaliikonomien, p. 32). Esta acusación de misticismo levantada
contra el marxismo es tan
estúpida
como los antes mencionados 'esencia' y `sentido' de la más reciente 'sociología
del sentido'. ¡La ciencia burguesa empieza evidentemente a divagar en sus
acusaciones contra la teoría del proletariado revolucionario!"
Esta cita de Engels está tomada del
cuarto capítulo de la parte I del Anti-Diihring (cfr. p. 30: "La real
unidad del mundo estriba en su materialidad, y ésta no queda probada por unas
pocas frases de prestidigitador, sino por un largo y laborioso desarrollo de la
filosofía y de la ciencia de la naturaleza"). Puesto que no se sabe que
Gramsci tuviera en la cárcel el Anti-Dühring, es de presumirse que la cita sea
indirecta, aunque la fuente no ha sido identificada.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1058
objetivamente
universal y no ya un presupuesto unitario, etcétera.
La ciencia experimental ha sido (ha
ofrecido) hasta ahora el terreno en el que semejante unidad cultural ha
alcanzado el máximo de extensión: ella ha sido el elemento de conocimiento que
más ha contribuido a unificar el "espíritu", a hacerlo ser más
universal; ella es la subjetividad más objetivada y universalizada
concretamente.
El
concepto de "objetivo" del materialismo metafísico parece querer
significar una objetividad que existe incluso fuera del hombre, pero cuando se
afirma que una realidad existiría incluso aunque no existiese el hombre, o se
hace una metáfora o sea cae en una forma de misticismo. Nosotros conocemos la
realidad sólo en relación al hombre, y puesto que el hombre es devenir
histórico también el conocimiento y la realidad son un devenir, también la
objetividad es un devenir, etcétera.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 70 bis, 71 bis-72, 56-56 bis; y Cuaderno 7 (VII), p.
73 bis.
<18>. Juicio sobre las filosofías
pasadas. La superficial crítica del subjetivismo en el Ensayo popular cabe en
una cuestión más general, que es la de la actitud adoptada con respecto a las
filosofías y los filósofos pasados. Juzgar todo el pasado filosófico como un
delirio y una locura no sólo es un error de antihistoricisrno, porque contiene
la pretensión anacrónica de que en el pasado se debió haber pensado como hoy,
sino que es un auténtico residuo de metafísica porque supone un pensamiento dogmático
válido en todos los tiempos y en todos los países, según el cual se juzga todo
el pasado. El antihistoricismo metodológico no es otra cosa que metafísica. Que
los sistemas filosóficos pasados hayan sido superados no excluye que hayan sido
válidos históricamente y que hayan desempeñado una función necesaria: su
caducidad debe considerarse desde el punto de vista del desarrollo histórico
total y de la dialéctica real; el que fuesen dignos de caer no es un juicio
moral o de higiene del pensamiento, emitido desde un punto de vista
"objetivo", sino un juicio dialéctico-histórico. Se puede confrontar
la presentación hecha por Engels de la proposición hegeliana de que "todo
lo que es racional es real y lo real es racional", proposición que será
válida también para el pasado.1 En el Ensayo popular se juzga el pasado como
"irracional" y "monstruoso" y la historia de la filosofía
se convierte en un tratado histórico de teratología, porque se parte de un
punto de vista metafísico.
278 (Y
por el contrario en el Manifiesto se contiene el más alto elogio del mundo
perecedero.)2 Si este modo de juzgar el pasado es un error teórico, es una
desviación de la filosofía de la praxis ¿podrá tener algún significado
educativo, será inspirador de energías? No parece, porque la cuestión se
reduciría a presumir de ser algo sólo porque se ha nacido en el tiempo
presente, en vez de en uno de los siglos pasados. Pero en todo tiempo ha
existido un pasado y una contemporaneidad y el ser "contemporáneo" es
un título bueno sólo para chascarrillos. (Se cuenta la anécdota del burguesillo
francés que en sus tarjetas de visita había hecho imprimir
"contemporáneo": creía no ser nada y un día descubrió que era algo,
precisamente un "contempráneo".)
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 72 bis y 76 bis-77.
<19>. Sobre el arte. En el capítulo
dedicado al arte, se afirma que incluso las obras más recientes sobre estética
establecen la identidad de forma y contenido.3 Esto puede tomarse como uno de
los ejemplos más llamativos de la incapacidad crítica para establecer la
historia
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
219.
2 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 17.
3 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 201.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1059
de los
conceptos y para identificar el significado real de los conceptos mismos según
las diversas teorías. De hecho, la identificación de contenido y forma es
afirmada por la estética idealista (Croce) pero sobre presupuestos idealistas y
con terminología idealista. "Contenido" y "forma" no
tienen, pues el significado que el Ensayo popular supone. Que forma y contenido
se identifiquen significa que en el arte el contenido no es el "sujeto
abstracto", o sea la intriga novelesca y la masa particular de sentimientos
genéricos. sino el arte mismo, una categoría filosófica, un momento
"distinto" del espíritu, etcétera. Así pues, tampoco forma significa
"técnica", como el Ensayo popular supone. Todas las ideas .y las
menciones de estética y de crítica artística contenidas en el Ensayo deben
extraerse y analizarse. Pero mientras tanto puede servir de ejemplo el párrafo
dedicado al Prometen de Goethe.1 El juicio dado es superficial y extremadamente
genérico. El autor, por lo que parece, no conoce ni la historia exacta de esta
oda de Goethe, ni la historia del mito de Prometen en la literatura mundial
antes de Goethe y especialmente en el periodo precedente y contemporáneo a la
actividad literaria de Goethe. ¿Pero se puede dar un juicio, como el que se da
en el Ensayo, sin conocer precisamente estos elementos? De otro modo, ¿cómo
distinguir lo que es más estrictamente personal de Goethe de lo que es
representativo de una época y de un grupo social? Este género de juicios sólo
están justificados en la medida en que no son huecas generalidades en las que
pueden entrar las cosas más dispares, sino que son precisos, demostrados,
perentorios; de otra manera están destinados únicamente a difamar una teoría y
a suscitar un modo superficial de tratar las cuestiones (siempre debe
recordarse la frase de Engels contenida en la carta a un estudiante publicada
por el Sozialistische Akademiker).2
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 62 bis-63 y 68 bis.
279
<20>. Objetividad real del mundo
externo. El neoescolástico Casotti (Mario Casotti, Maestro e scolaro, p. 49)
escribe: "Las investigaciones de los naturalistas y de los biólogos
presuponen ya existentes la vida y el organismo real",3 expresión que se
aproxima a la de Engels en el Anti-Dühring.4
Acuerdo
del catolicismo con el aristotelismo sobre la cuestión de la objetividad de lo
real. Para entender exactamente los significados que puede tener el problema de
la realidad del mundo externo, puede ser oportuno desarrollar el ejemplo de las
nociones de "Oriente" y "Occidente" que no dejan de ser
"objetivamente reales", si bien ante el análisis demuestran no ser
otra cosa que una "construcción" convencional o sea
"histórico-cultural" (a menudo los términos "artificial" y
"convencional"
indican hechos "históricos", productos del desarrollo de la
civilización y no ya construcciones racionalistamente
arbitrarias o individualmente artificiosas). Debe recordarse también el ejemplo
contenido en un librito de Bertrand Russell traducido al italiano y editado en
una nueva colección científica de la Casa editorial Sonzogno (es uno de los
primeros volúmenes de la colección) [Bertrand Russell, I problemi della
filosofia (núm. 5 de la "Sezione Scientifica Sonzogno", 5 liras)].
Russell dice poco más o menos como sigue: "Nosotros no podemos pensar, sin
la existencia del hombre sobre la tierra, en la existencia de Londres y
Edimburgo, pero podemos pensar en la existencia de dos puntos en el espacio,
donde hoy se encuentran Londres y Edimburgo. uno al Norte y el otro al
Sur".5 Se puede objetar que sin pensar en la existencia del hombre no se
puede pensar en "pensar", no se puede pensar en general en ningún
hecho o relación que
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
214.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
214, y nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 26.
3 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 7 (VII), § 47.
4 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 7 (VII), § 47.
5 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 41; la remisión está ya en la nota 1 al Cuaderno
7 (VII), § 25.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1060
existe
sólo en cuanto que existe el hombre. ¿Qué significaría Norte-Sur, Este-Oeste
sin el hombre? Éstas son relaciones reales y sin embargo no existirían sin ci
hombre y sin el desarrollo de la civilización. Es evidente que Este y Oeste son
construcciones arbitrarias, convencionales, o sea históricas, porque fuera de
la historia real cada punto de la tierra es Este y Oeste al mismo tiempo. Esto
se puede ver más claramente en el hecho de que estos términos han cristalizado
no desde el punto de vista de un hipotético y melancólico hombre en general,
sino desde el punto de vista de las clases cultas europeas que a través de su
hegemonía mundial los han hecho aceptar dondequiera. El Japón es Extremo
Oriente no sólo para el europeo sino seguramente también para el norteamericano
de California y para el mismo japonés, el cual a través de la cultura política
inglesa podrá llamar Cercano Oriente a Egipto.
280 Así,
a través del contenido histórico que se ha ido aglutinando al término
geográfico, las expresiones Oriente y Occidente han acabada por indicar
determinadas relaciones entre complejos de civilizaciones distintas. Así los
italianos, hablando de Marruecos, a menudo lo indicarán como un país
"oriental", para referirse a la civilización musulmana y árabe. Y sin
embargo estas referencias son reales, corresponden a hechos reales, permiten
viajar por tierra y por mar y llegar exactamente a donde se había decidido
llegar, permiten "prever" el futuro, objetivar la realidad,
comprender la objetividad del mundo externo. Racional y real se identifican.
Parece que sin haber comprendido esta relación no se puede comprender la
filosofía de la praxis, su posición frente al idealismo y el materialismo
mecánico, la importancia y el significado de la doctrina de las
superestructuras. No es exacto que en la filosofía de la praxis la
"idea" hegeliana haya sido sustituida por el "concepto" de
estructura, como afirma Croce. 1 La "idea" hegeliana es resuelta
tanto en la estructura como en las superestructuras y todo el modo de concebir
la filosofía ha sido "historizado", o sea que se ha iniciado el
nacimiento de un nuevo modo de filosofar más concreto e histórico que el
precedente.
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), pp. 73 bis y 64-64 bis.
<21>. La ciencia y los instrumentos
científicos. Se afirma, en el Ensayo popular, que los progresos de las ciencias
son dependientes, como el efecto de la causa, del desarrollo de los
instrumentos científicos.2 Es éste un corolario del principio general, aceptado
en el Ensayo, y de origen loriano, sobre la función histórica del
"instrumento de producción y de trabajo" que sustituye al conjunto de
las relaciones sociales de producción. Pero en la ciencia geológica no se
emplea otro instrumento fuera del martillo, y los progresos técnicos del
martillo ciertamente no son parangonables a los progresos de la geología. Si la
historia de las ciencias puede reducirse, según el Ensayo, a la historia de sus
instrumentos particulares, ¿cómo podrá construirse una historia de la geología?
Tampoco vale decir que la geología se funda [también] en los progresos de un
conjunto de otras ciencias, por lo que la historia de los instrumentos de éstas
sirve para indicar el desarrollo de la geología, porque con esta escapatoria se
acabaría por decir una hueca generalidad y por remontarse a movimientos cada
vez más vastos, hasta las relaciones de producción. Es justo que para la
geología el lema sea "mente et malleo".
Se puede decir en general que el avance
de las ciencias no puede ser documentado materialmente; la historia de las
ciencias sólo puede ser reavivada en el recuerdo, y no en el
Cfr., para esta referencia, el fragmento
de la polémica de Croce con Lunacharsky citado en la nota 1 al Cuaderno 10
(XXXIII),
parte I,
§ 8; la remisión está ya en la nota 2 al Cuaderno 7 (VII), § 25.
Cfr. Bujarin, Teoría del materialismo
histórico, cit., en particular en la p. 171: "el contenido de la ciencia
está determinado, en última instancia, por la fase económica y técnica de la
sociedad".
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1061
caso de
todas ellas, con la descripción del sucesivo perfeccionarse de los instrumentos
que han sido uno de los medios del progreso, y con la descripción de las
máquinas que han sido la aplicación de las ciencias mismas. Los principales
"instrumentos" del progreso científico son de orden intelectual (y
también político), metodológico, y justamente Engels ha escrito que los
"instrumentos intelectuales" no han nacido de la nada, no son innatos
en el hombre, sino que son adquiridos, se han desarrollado y se desarrollan
históricamente,1 ¿Cuánto ha contribuido al progreso de las ciencias la
expulsión de la autoridad de Aristóteles y de la Biblia del campo científico? Y
esta expulsión, ¿no fue debida al progreso general de la sociedad moderna?
Recordar el ejemplo de las teorías sobre el origen de los manantiales. La
primera formulación exacta del modo como se producen los manantiales se
encuentra en la Enciclopedia de Diderot, etcétera; mientras que se puede
demostrar que los hombres del pueblo incluso antes tenían opiniones exactas al
respecto, en el campo de los científicos se sucedían las teorías más
arbitrarias y absurdas que tendían a poner de acuerdo a la Biblia y Aristóteles
con las observaciones experimentales del buen sentido.
Otra
cuestión es ésta: si fuese cierta la afirmación del Ensayo, ¿en qué se
distinguiría la historia de las ciencias de la historia de la tecnología? Con
el desarrollo de los instrumentos "materiales" científicos,
<que> se inicia históricamente [con] el advenimiento del método
experimental, se ha desarrollado una ciencia particular, la ciencia de los
instrumentos, estrechamente ligada al desarrollo general de la producción y de
la tecnología.
Sobre
este argumento debe verse: G. Boffito, Gli strumenti della scienza e la scienza
degli strunenti, Libraría Internazionale Sceber, Florencia, 1929.2
Hasta qué
punto es superficial la afirmación del Ensayo puede verse en el ejemplo de las
ciencias matemáticas, que no tienen necesidad de instrumento material alguno
(el desarrollo del ábaco no creo que pueda tenerse en cuenta) y que son ellas
mismas "instrumento" de todas las ciencias naturales.
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), p. 54.
<22>. Cuestiones generales.
I. No
está tratado este punto fundamental: cómo nace el movimiento histórico sobre la
base de la estructura. Sin embargo, el problema es al menos sugerido en los
Problemi fondamentali de Plejánov3 y se podía desarrollar. este es además el
punto crucial de todas las cuestiones surgidas en torno a la filosofía de la
praxis y sin haberlo resuelto no se puede resolver otra de las relaciones entre
la sociedad y la "naturaleza", a la cual en el Ensayo se le dedica un
capítulo especial.4
Las dos proposiciones del prefacio a la
Crítica de la Economía política: 1] La humanidad se plantea siempre solamente
aquellas tareas que puede resolver; . . . la tarea misma surge sólo allí donde
las condiciones materiales para su solución existen ya o al menos están en el
proceso de su devenir; 2] Una formación social no perece antes de que se hayan
desarrollado todas las fuerzas productivas para las cuales ella es todavía
suficiente y de que nuevas y más elevadas relaciones de producción hayan ocupado
su lugar: antes de que las condiciones materiales de existencia de estas
últimas hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja
Cfr., para esta referencia a Engels, el
Cuaderno 4 (XIII), § 18 y nota 1; la remisión está ya en la nota 1 al Cuaderno
7 (VII), § 5.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 7 (VII), § 5.
3 Se
trata de la obra de Plejánov que Gramsci poseía en la traducción francesa. Les
questions fundamentales du marxisme, cit.
4 El
capitulo V del libro citado de Bujarin, Teoría del materialismo histórico (pp.
98-115), tiene precisamente por título "El equilibrio entre la sociedad y
la naturaleza".
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1062
sociedad1
—habrían debido ser analizadas en todo su alcance y consecuencia. Sólo en este
terreno puede ser eliminado todo mecanicismo y todo rastro de
"milagro" supersticioso, debe ser planteado el problema de la
formación de los grupos políticos activos y, en último análisis, también el
problema de la función de las grandes personalidades de la historia.
Habría que compilar un registro
"ponderado" de científicos cuyas opiniones son citadas o combatidas
con alguna difusión, acompañando cada nombre con anotaciones sobre su
significado y su importancia científica (esto también para los defensores de la
filosofía de la praxis, que son citados ciertamente no de acuerdo a su
originalidad y significado). En realidad, las alusiones a los grandes
intelectuales son fugacísimas. Se plantea la cuestión: ¿no habría sido preciso,
por el contrario, referirse sólo a los grandes intelectuales adversarios y
dejar de lado los secundarios, los remasticadores de frases hechas? Se tiene la
impresión, justamente, de que se quiera combatir solamente contra los más
débiles y acaso contra las posiciones más débiles (o más inadecuadamente
sostenidas por los más débiles) para obtener fáciles victorias verbales (porque
no se puede hablar de victorias reales). Se engañan pensando que existe alguna
semejanza (que no sea formal y metafórica) entre un frente ideológico y un
frente político-militar. En la lucha política y militar puede convenir la
táctica de atacar en los puntos de menor resistencia para estar en condiciones
de atacar e! punto más fuerte con el máximo de fuerzas disponibles precisamente
por haber eliminado a los auxiliares más débiles, etcétera. Las victorias
políticas y militares, dentro de ciertos límites, tienen un valor permanente y
universal y el fin estratégico puede ser alcanzado en forma decisiva con
efectos generales para todos. En el frente ideológico, por el contrario, la
derrota de los auxiliares y de los seguidores menores tiene una importancia
casi desdeñable; en éste hay que combatir contra los más eminentes. De otra
manera se confunde el periódico con el libro, la pequeña polémica cotidiana con
el trabajo científico; los menores deben ser abandonados a la infinita
casuística de la polémica periodística.
Una
ciencia nueva alcanza la prueba de su eficiencia y vitalidad fecunda cuando
demuestra saber afrontar a los grandes campeones de tendencias opuestas, cuando
resuelve con sus propios medios las cuestiones vitales que aquéllos han
planteado o demuestra perentoriamente que tales cuestiones son falsos
problemas.
Es cierto que una época histórica y una
determinada sociedad son más bien representadas por la media de los
intelectuales y por lo tanto por los mediocres, pero la ideología difundida, de
masas, debe ser distinguida de las obras científicas, de las grandes síntesis
filosóficas que son en realidad sus verdaderas claves y éstas deben ser
netamente superadas, ya sea negativamente, demostrando su falta de fundamento,
o positivamente, contraponiendo síntesis filosóficas de mayor importancia y
significado. Leyendo el Ensayo, se tiene la impresión de alguien que no puede
dormir por la claridad lunar y se esfuerza por matar el mayor número de
luciérnagas que puede, convencido de que la claridad disminuirá o desaparecerá.
III. ¿Es
posible escribir un libro elemental, un manual, un Ensayo popular de una
doctrina que está todavía en la etapa de la discusión, de la polémica, de la
elaboración? Un manual popular no puede ser concebido sino como la exposición,
formalmente dogmática, estilísticamente sosegada, científicamente serena, de un
determinado argumento; no puede ser más que una introducción al estudio
científico, y no la exposición de investigaciones científicas originales,
destinado a los jóvenes o a un público que desde el punto de vista de la
disciplina científica está en las condiciones preliminares de la edad juvenil y
que por lo mismo tiene necesidad inmediatamente de "certezas", de
opiniones que se presentan como
Cfr. Cuaderno 4 (XIII), § 38 y nota 1; la
remisión está ya en la nota 1 al Cuaderno 7 (VII), § 20.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1063
verídicas
y fuera de discusión, al menos formalmente. Si una determinada doctrina no ha
alcanzado todavía esta fase "clásica" de su desarrollo, todo intento
de "manualizarla" debe necesariamente fracasar, su sistematización
lógica es sólo aparente e ilusoria, se tratará, por el contrario, como es
precisamente el caso del Ensayo, de una yuxtaposición mecánica de elementos
dispares, y que permanecen inexorablemente inconexos y desligados no obstante
el barniz unitario dado a la redacción literaria. ¿Por qué, entonces, no
plantear la cuestión en sus justos términos teóricos e históricos y contentarse
con un libro en el que la serie de los problemas esenciales de la doctrina es
expuesta monográficamente? Sería más serio y más "científico". Pero
se cree vulgarmente que ciencia quiere decir absolutamente "sistema"
y por eso se construyen sistemas de cualquier manera, que del sistema no tienen
la coherencia íntima y necesaria sino sólo la mecánica exterioridad.
IV. En el
Ensayo falta todo tratamiento de la dialéctica. La dialéctica es presupuesta,
muy superficialmente, no expuesta, cosa absurda en un manual que debería
contener los elementos esenciales de la doctrina tratada y cuyas referencias
bibliográficas deben ir dirigidas a estimular el estudio para ampliar y
profundizar el tema y no sustituir al manual mismo.
La falta
de un tratamiento de la dialéctica puede tener dos orígenes; el primero puede
consistir en el hecho de que se supone a la filosofía de la praxis escindida en
dos elementos: una teoría de la historia y de la política concebida como
sociología, o sea a construirse según el método de las ciencias naturales
(experimental en el sentido toscamente positivista), y una filosofía
propiamente dicha, que vendría a ser el materialismo filosófico o metafísico o
mecánico (vulgar).
(Incluso después de la gran discusión
sostenida contra el mecanicismo, el autor del Ensayo no parece haber cambiado
mucho el planteamiento del problema filosófico. Como se desprende de la memoria
presentada en el Congreso de Historia de la Ciencia de Londres,1 él sigue
considerando que la filosofía de la praxis está siempre escindida en dos: la
doctrina de la historia y de la política y la filosofía que él sin embargo dice
ser el materialismo dialéctico y no ya el viejo materialismo filosófico.)
Así
planteada la cuestión, no se entiende ya la importancia y el significado de la
dialéctica que, de doctrina del conocimiento y sustancia medular de la
historiografía y de la ciencia de la política, es degradada a una subespecie de
lógica formal, a una escolástica elemental. El significado a de la dialéctica
sólo puede ser concebido en toda su fundamentalidad, sólo si la filosofía de la
praxis es concebida como una filosofía integral y original que inicia una nueva
fase en la historia y en el desarrollo mundial del pensamiento en cuanto que
supera (y al superar incluye en sí los elementos vitales) tanto el idealismo
como el materialismo, expresiones tradicionales de las viejas sociedades. Si la
filosofía de la praxis no es pensada más que subordinadamente a otra filosofía,
no se puede concebir la nueva dialéctica, en la cual precisamente se efectúa y
se expresa esa superación.
En el manuscrito: "La función y el
significado".
El
segundo origen parece ser de carácter psicológico. Se siente que la dialéctica
es cosa muy ardua y difícil, en cuanto que el pensar dialécticamente va contra
el sentido común vulgar que es dogmático, ávido de certezas perentorias y tiene
la lógica formal como expresión. Para entender mejor se puede pensar en lo que
sucedería si en las escuelas primarias y secundarias las ciencias naturales y
físicas fuesen enseñadas sobre la base del relativismo de Einstein y
acompañando a la noción tradicional de "ley de la naturaleza" aquella
de ley estadística o de los grandes números. Los niños no entenderían nada de
nada
Se trata del ensayo citado de Bujarin,
Theory and practice from Me standpoint of dialectical materialism, incluido en
el volumen Science at the Cross Roads cit.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1064
y el
choque entre la enseñanza escolar y la vida familiar y popular sería tal que la
escuela se convertiría en objeto de escarnio y de escepticismo caricaturesco.
Este
motivo me parece que es un freno psicológico para el autor del Ensayo; a
realmente capitula ante el sentido común y el pensamiento vulgar porque no se
ha planteado el problema en los términos teóricos exactos y por lo tanto se
halla prácticamente desarmado e impotente. El ambiente ineducado y grosero ha
dominado al educador, el sentido común vulgar se ha impuesto a la ciencia y no
viceversa; si el ambiente es el educador, éste debe ser educado a su vez,1 pero
el Ensayo no comprende esta dialéctica revolucionaria.
285 La
raíz de todos los errores del Ensayo y de su autor (cuya posición no ha variado
ni siquiera tras la gran discusión, a consecuencia de la cual parece que ha
repudiado su libro, como se desprende de la memoria presentada al Congreso de
Londres)2 consiste precisamente en esta pretensión de dividir la filosofía de
la praxis en dos partes: una "sociología" y una filosofía
sistemática. Escindida de la teoría de la historia y de la política, la
filosofía no puede ser más que metafísica, mientras que la gran conquista en la
historia del pensamiento moderno, representada por la filosofía de la praxis,
es precisamente la historicización concreta de la filosofía y su identificación
con la historia.
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), pp. 61 bis, 64 bis-65, 65 bis-66.
<23>. La teleología. ¿En la
concepción de "misión histórica"3 no podría descubrirse una raíz
teleológica? Y en efecto en muchos casos ésta asume un significado equívoco y
místico. Pero en otros casos tiene un significado que, después del concepto
kantiano de la teleología,4 puede ser sostenido y justificado por la filosofía
de la praxis.
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), p. 73
<24>. El lenguaje y las metáforas.
En algunos puntos del Ensayo se afirma, así, sin ninguna otra explicación, que
los primeros escritores de la filosofía de la praxis emplean los términos de
"inmanencia" e "inmanente" sólo en sentido metafórico;5
parece que la pura afirmación es en sí misma exhaustiva. Pero la cuestión de
las relaciones entre el lenguaje y las metáforas no es simple, todo lo
contrario. El lenguaje, entre tanto, es siempre metafórico. Si tal vez no se
puede decir exactamente que todo discurso es metafórico con respecto a la cosa
u objeto material y sensible indicados (o al concepto abstracto) para no
ampliar demasiado el concepto de metáfora, se puede sin embargo decir que el
lenguaje actual es metafórico con respecto a los significados y al contenido
ideológico que las palabras han tenido en los anteriores periodos de
civilización. Un tratado de semántica, el de Michel Bréal,6 por ejemplo, puede
ofrecer un catálogo histórica y críticamente reconstruido de las mutaciones
semánticas de determinados grupos de palabras. Del no tener en cuenta este
hecho, y por lo tanto del no tener un concepto crítico e historicista del
fenómeno lingüístico, derivan muchos errores tanto en el campo de la ciencia
como en el campo práctico: 1] Un error de carácter estético que en la
actualidad va corrigiéndose cada vez más, pero que en el pasado fue
Cfr. nota 17 al Cuaderno 7 (VII), § 1.
La impresión de que Bujarin había
repudiado su libro sobre el materialismo histórico pudo dársela a Grarnsci el
hecho de que falta cualquier referencia al mismo en la comunicación presentada
por el mismo Bujarin en el Congreso de Londres de 1931 (después de su
alejamiento del grupo dirigente del PC de la URSS), Theory and practice cit.;
la tercera y última parte de esta comunicación (bajo el título Theory and
Practice of the URSS and the Empírica! Test of Historical Materialism) es una
exaltación
de la
unidad de teoría y práctica (ciencia y política) en la planificación soviética.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 7 (VII), § 46.
Sobre la concepción kantiana de la
teleología cfr. el Cuaderno 4 (XIII), § § 16 y 27.
Cfr. Cuaderno 4 (XIII), § 17 (la remisión
está ya en la nota 1 al correspondiente texto A).
6 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 7 (VIl), § 36.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1065
doctrina
dominante, es el de considerar "bellas" en sí ciertas expresiones a
diferencia de otras en cuanto que son metáforas cristalizadas; los retóricos y
los gramáticos se derriten por ciertas palabritas, en las cuales descubren
quién sabe qué virtudes y esencias artísticas abstractas.
286 Se
confunde la "alegría" totalmente libresca del filólogo que se
acongoja por el resultado de algunos de sus análisis etimológicos o semánticos
con el goce propiamente artístico: recientemente se ha dado el caso patológico
del escrito Linguaggio e poesía de Giulio Bertoni.1 2] Un error práctico que
tiene muchos seguidores es la utopía de las lenguas fijas y universales. 3] Una
tendencia arbitraria al neolalismo, que nace de la cuestión planteada por
Pareto y los pragmatistas a propósito del "lenguaje como causa de
error". Pareto, como los pragmatistas, en cuanto que creen haber originado
una nueva concepción del mundo o al menos haber innovado una determinada
ciencia (o haber por consiguiente dado a las palabras un significado o al menos
un matiz nuevo, o haber creado nuevos conceptos) se encuentra ante el hecho de
que las palabras tradicionales, en el uso común especialmente pero también en
el uso de la clase culta e incluso en el uso del sector de especialistas que
tratan la misma ciencia, continúan manteniendo el viejo significado no obstante
la innovación de contenido y reaccionan. Pareto crea su propio
"diccionario" manifestando la tendencia a crear su propia lengua
"pura" o "matemática".2 Los pragmatistas teorizan abstractamente
sobre el lenguaje como causa de error (ver el librito de G. Prezzolini).3 ¿Pero
es posible quitar al lenguaje sus significados metafóricos y extensivos? Es
imposible. El lenguaje se transforma con la transformación de toda la
civilización, por el aflorar de nuevas clases a la cultura, por la hegemonía
ejercida por una lengua nacional sobre otras, etcétera, y precisamente asume
metafóricamente las palabras de las civilizaciones y culturas precedentes.
Actualmente nadie piensa que la palabra "desastre" esté vinculada a
la astrología y se considera inducido a error sobre las opiniones de quien la
usa; así incluso un ateo puede hablar de "desgracia" sin ser
considerado creyente en la predestinación, etcétera. El nuevo significado
"metafórico" se extiende con la extensión de la nueva cultura, que
por otra parte crea también palabras totalmente nuevas y las toma en préstamo
de otras lenguas con un significado preciso, o sea' sin el halo extensivo que
tenían en la lengua original. Así, es probable que para muchos el término de
"inmanencia" sea conocido y comprendido y usado por primera vez sólo
en el nuevo significado "metafórico" que le ha sido dado por la
filosofía de la praxis.
Cfr.
Cuaderno 7 (VID, pp. 69a bis-70.
287
<25>. Reducción de la filosofía de
la praxis a una sociología. Esta reducción ha representado la cristalización de
la tendencia decadente ya criticada por Engels (en las cartas a dos estudiantes
publicadas en el Sacialistische Akademiker), consistente en reducir una
concepción del mundo a un formulario mecánico que da la impresión de tener toda
la historia en el bolsillo4. Éste ha sido el mayor incentivo a las fáciles
improvisaciones periodísticas de los "genialoides", La experiencia en
que se basa la filosofía de la praxis no puede ser esquematizada; ella es la
historia misma en su infinita variedad y multiplicidad cuyo estudio puede dar
lugar al nacimiento de la "filología" como método de erudición en la
averiguación de hechos particulares y al nacimiento de la filosofía entendida
como metodología general de la historia. Seguramente esto es lo que querían
decir aquellos escritores que, como sugiere muy apresuradamente el ensayo en su
primer capítulo, niegan que se pueda construir una
Cfr. nota 3 al Cuaderno 7 (VII), § 36.
2 Cfr.
nota 4 al Cuaderno 7 (Vil), § 36.
3 La
mención se refiere al librito de Prezzolini, II linuaggio come causa di errare,
ya numerosas veces recordado por Gramsci: cfr. nota 6 al Cuaderno 4 (XIII), §
18.
4 Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 26, y
nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 214.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1066
sociología
de la filosofía de la praxis y afirman que la filosofía de la praxis vive sólo
en los ensayos históricos particulares1 (la afirmación, en esa forma cruda y
desnuda, es ciertamente errónea y sería una nueva y curiosa forma de
nominalismo y de escepticismo filosófico). Negar que se pueda construir una
sociología, entendida como ciencia de la sociedad, o sea como ciencia de la
historia y de la política, que no sea la misma filosofía de la praxis, no
significa que no se pueda construir una compilación empírica de observaciones
prácticas que amplíen la esfera de la filosofía como es entendida
tradicionalmente. Si la filología es la expresión metodológica de la
importancia de que los hechos particulares sean averiguados y precisados en su
inconfundible "individualidad", no se puede excluir la utilidad
práctica de identificar ciertas "leyes de tendencia" más generales
que corresponden en la política a las leyes estadísticas o de los grandes
números que han servido para hacer progresar algunas ciencias naturales. Pero
no se ha puesto de relieve que la ley estadística puede ser empleada en la
ciencia y en el arte político sólo mientras que las grandes masas de la
población permanezcan esencialmente pasivas —con [respecto al las cuestiones
que interesan al historiador y al político— o se supone que permanezcan
pasivas. Por lo demás, la extensión de la ley estadística a la ciencia y al
arte político puede tener consecuencias muy graves en cuanto que se asume para
construir perspectivas y programas de acción; si en las ciencias naturales la
ley sólo puede determinar despropósitos y errores garrafales, que podrán ser
fácilmente corregidos por nuevas investigaciones y que de todos modos sólo
ponen en ridículo al científico individual que hizo uso de ella, en la ciencia
y en el arte políticos puede tener como resultado verdaderas catástrofes, cuyos
daños "brutos" no podrán nunca ser resarcidos. De hecho, en la
política la adopción de la ley estadística como ley esencial, fatalmente
operante, no sólo es un error científico, sino que se convierte en error
práctico efectivo; por otra parte, favorece la pereza mental y la
superficialidad programática. Debe observarse que la acción política tiende
precisamente a hacer salir a las multitudes de la pasividad, o sea a destruir
las leyes de los grandes números; ¿cómo puede entonces considerarse ésta una
ley sociológica?
288 Si se
reflexiona bien, la misma reivindicación de una economía planificada, o
dirigida, está destinada a destruir la ley estadística mecánicamente entendida,
o sea producida por la agregación casual de infinitos actos arbitrarios
individuales, aunque tendrá que basarse en la estadística, lo cual, sin
embargo, no significa lo mismo: en realidad el conocimiento humano sustituye a
la "espontaneidad" naturalista. Otro elemento que en el arte político
conduce al trastocamiento de los viejos esquemas naturalistas es la colocación,
en la función directiva, de organismos colectivos (los partidos) en sustitución
de los individuos independientes, de los jefes individuales (o carismáticos,
como dice Michels). 2 Con la extensión de los partidos de masa y su adhesión
orgánica a la vida más íntima (económico-productiva) de la masa misma, el
proceso de estandarización de los sentimientos populares, de mecánico y casual
(o sea producto de la existencia ambiente de condiciones y presiones similares)
se vuelve consciente y crítico. El conocimiento y el juicio de importancia de
tales sentimientos no se produce ya por parte de los jefes por intuición
apuntalada por la identificación de leyes estadísticas, o sea por vía racional
e intelectual, demasiado a menudo falaz —que el jefe traduce en ideas- fuerza,
en palabras- fuerza—, sino que se produce por parte del organismo colectivo por
"comparticipación activa y consciente", por "con-pasión",
por experiencia de los detalles inmediatos, por un sistema que podría llamarse
de "filología viviente". Así se forma un vínculo estrecho entre la
gran masa, partido, grupo dirigente, y todo el conjunto, bien articulado, se
puede mover como un "hombre-colectivo".
Cfr. nota 1 al Cuaderno 7 (VII), § 6.
Sobre el concepto de "jefe
carismático" en Robert Michels, cfr. Cuaderno 2 (XXIV), § 75.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1067
El libro
de Henri De Man,1 si es que tiene algún valor, lo tiene precisamente en este
sentido: que incita a "informarse" particularmente de sentimientos
reales y no de aquellos supuestos según leyes sociológicas, de los grupos y de
los individuos. Pero De Man no ha hecho ningún descubrimiento nuevo ni ha
hallado un principio original que pueda superar la filosofía de la praxis o
demostrarla científicamente errada o estéril: ha elevado a principio científico
un criterio empírico de arte político ya conocido y aplicado, si bien estuviese
insuficientemente definido y desarrollado. De Man ni siquiera ha sabido limitar
exactamente su criterio, porque ha acabado por crear una nueva ley estadística
e inconscientemente, con otro nombre, un nuevo método de matemática social y de
clasificación externa, una nueva sociología abstracta.
Cfr.
Cuaderno 7 (VII). pp. 54-55.
289
<26>. Cuestiones generales. Una de
las observaciones preliminares es ésta: que el título no corresponde al
contenido del libro.2 "Teoría de la filosofía de la praxis" debería
significar sistematización lógica y coherente de los conceptos filosóficos que
son conocidos en forma dispersa bajo el nombre de filosofía de la praxis (y que
muy a menudo <son> espurios, de derivación extraña y como tales deberían
ser criticados y expuestos). En los primeros capítulos deberían ser tratadas las
cuestiones: ¿qué es la filosofía? ¿en qué sentido una concepción del mundo
puede llamarse filosofía? ¿cómo ha sido concebida hasta ahora la filosofía? ¿la
filosofía de la praxis innova esta concepción? ¿qué significa una filosofía
"especulativa"? ¿podrá alguna vez la filosofía de la praxis tener una
forma especulativa? ¿qué relaciones existen entre las ideologías, las
concepciones del mundo, las filosofías? ¿cuáles son o deben ser las relaciones
entre teoría y práctica? ¿cómo son concebidas estas relaciones por las filosofías
tradicionales? etcétera, etcétera. La respuesta a estas y otras preguntas
constituye la "teoría" de la filosofía de la praxis.
En el
Ensayo popular ni siquiera está justificada coherentemente la premisa implícita
en la exposición y explícitamente mencionada— en alguna parte, casualmente, de
que la verdadera filosofía es el materialismo filosófico y que la filosofía de
la praxis es una pura "sociología". ¿Qué significa realmente esta
afirmación? Si fuese cierta, la teoría de la filosofía de la praxis sería el
materialismo filosófico. Pero en tal caso ¿qué significa que la filosofía de la
praxis es una sociología? ¿Y qué sería esta sociología? ¿Una ciencia de la
política y de la historiografía? ¿O bien una recopilación sistemática y
clasificada según un cierto orden de observaciones puramente empíricas de arte
político y de cánones externos de investigación histórica? Las respuestas a
estas preguntas no se encuentran en el libro, y sin embargo sólo ellas serían
una teoría. Así, no se justifica el vínculo entre el título general Teoría
etcétera, y el subtítulo Ensayo popular. 3 El subtítulo sería un título más
exacto si al término de "sociología" se le diese un significado muy
circunscrito. De hecho, se presenta la cuestión de ¿qué es la
"sociología"? ¿No es ésta un intento de una llamada ciencia exacta (o
sea positivista) de los hechos sociales, o sea de la política y de la historia?
¿o sea un embrión de filosofía? ¿La sociología no ha tratado de hacer algo
similar a la filosofía de la praxis? Pero hay que aclarar lo siguiente: la
filosofía de la praxis nació bajo la forma de aforismos y de criterios
prácticos por pura casualidad, porque su fundador dedicó sus fuerzas
intelectuales a otros problemas, especialmente económicos (en forma
sistemática): pero en estos criterios
Cfr. nota 2 al Cuaderno 7 (VII), § 6.
La mención se refiere evidentemente no al
subtítulo abreviado de Ensayo popular, usado comúnmente por Gramsci para
indicar el libro de Bujarin, sino al título original La teoría del materialismo
histórico.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 13.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1068
prácticos
y en estos aforismos se halla implícita toda una concepción del mundo, una
filosofía. La sociología ha sido un intento de crear un método de la ciencia
histórico-política, en dependencia de un sistema filosófico ya elaborado, el
positivismo evolucionista, sobre el cual la sociología ha reaccionado, pero
sólo parcialmente. Así pues, la sociología se ha convertido en una tendencia en
sí misma, se ha convertido en la filosofía de los no filósofos, un intento de
describir y clasificar esquemáticamente hechos históricos y políticos, según
criterios construidos sobre el modelo de las ciencias naturales.
290 La
sociología es, pues, un intento de descubrir "experimentalmente" las
leyes de evolución de la sociedad humana en forma de "prever" el
futuro con la misma certeza con que se prevé que de una bellota crecerá una
encina. El evolucionismo vulgar está en la base de la sociología que no puede
conocer el principio dialéctico con el paso de la cantidad a la calidad, paso
que turba toda evolución y toda ley de uniformidad entendida en sentido
vulgarmente evolucionista. En todo caso, toda sociología presupone una
filosofía, una concepción del mundo, de la cual es un fragmento subordinado. No
hay que confundir con la teoría general, o sea con la filosofía, la particular
"lógica" interna de las diversas sociologías, lógica por la cual
éstas adquieren una coherencia mecánica. Esto no quiere decir, naturalmente,
que la búsqueda de las "leyes" de uniformidad no sea algo útil e
interesante y que un tratado de observaciones inmediatas de arte político no
tenga su razón de ser; pero hay que llamar al pan, pan, y presentar los
tratados de tal género como lo que son.
Todos
éstos son problemas "teóricos", no los que el autor del Ensayo
plantea como tales. Las cuestiones que él plantea son cuestiones de orden
inmediato, político, ideológico, entendida la ideología como fase intermedia
entre la filosofía y la práctica cotidiana, son reflexiones sobre hechos
individuales histórico-políticos, desligados y casuales. Una cuestión teórica
se le presenta al autor desde el principio cuando menciona una tendencia que
niega la posibilidad de construir una sociología de la filosofía de la praxis y
sostiene que ésta puede expresarse sólo en trabajos históricos concretos. La
objeción, que es importantísima, no es resuelta por el autor más que de
palabra.1 Ciertamente que la filosofía de la praxis se realiza en el estudio
concreto de la historia pasada y en la actividad actual de creación de nueva
historia. Pero se puede hacer la teoría de la historia y de la política, porque
si los hechos son siempre identificados y mudables en el flujo del movimiento
histórico, los conceptos pueden ser teorizados; de otra manera no se podría ni
siquiera saber qué cosa es el movimiento o la dialéctica y se caería en una
nueva forma de nominalismo. (Es el no haber planteado con exactitud la cuestión
de qué es la "teoría" lo que ha impedido plantear la cuestión de qué
es la religión y dar un juicio histórico realista de las filosofías pasadas que
son presentadas todas ellas como delirio y locura.)
Nota I.
Las llamadas leyes sociológicas, que son asumidas como causas —y tal hecho
sucede por tal ley, etcétera— no tienen ningún alcance causal; son casi siempre
tautologías y paralogismos. Por lo general no son más que un duplicado del
mismo hecho observado. Se describe el hecho o una serie de hechos, con un
proceso mecánico de generalización abstracta, se deriva una relación de
semejanza y a esto se le llama ley, que es asumida en función de causa. ¿Pero
en realidad qué es lo que se ha encontrado de nuevo? De nuevo no hay más que el
nombre colectivo dado a una serie de hechos menudos, pero los nombres no son
novedades. (En los tratados de Michels se puede encontrar un registro completo
de tales generalizaciones tautológicas: la última y más famosa es la del
"jefe carismático").2 No se observa que así se cae en una forma
barroca de idealismo platónico, porque estas leyes abstractas se parecen
extrañamente a las ideas puras de Platón que son la esencia de los
Cfr. nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 13.
Cfr. el ya citado § 75 del Cuaderno 2
(XXIV)
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1069
hechos
reales terrestres.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 52-53 y 58.
291
<27>. Concepto de
"ortodoxia". De algunos puntos desarrollados anteriormente, se
desprende que el concepto de "ortodoxia" debe ser renovado y
reconducido a sus orígenes auténticos. La ortodoxia no debe ser buscada en este
o aquel seguidor de la filosofía de la praxis, en esta o aquella tendencia
vinculada a corrientes extrañas a la doctrina original, sino en el concepto
fundamental de que la filosofía de la praxis "se basta a si misma",
contiene en sí todos los elementos fundamentales para construir una concepción
del mundo total e integral, una total filosofía y teoría de las ciencias
naturales, y no sólo eso, sino también para vivificar una organización práctica
integral de la sociedad, o sea para convertirse en una total, integral
civilización. Este concepto así renovado de ortodoxia, sirve para precisar
mejor el atributo de "revolucionario" que con tanta facilidad se
suele aplicar a diversas concepciones del mundo, teorías, filosofías. El
cristianismo fue revolucionario en comparación con el paganismo porque fue un
elemento de completa escisión entre los defensores del viejo y del nuevo mundo.
Una teoría es "revolucionaria" precisamente en la medida en que es
elemento de separación y distinción consciente en dos campos, en cuanto que es
un vértice inaccesible al campo adversario. Considerar que la filosofía de la
praxis no es una estructura de pensamiento completamente autónoma e
independiente, antagónica a todas las filosofías y las religiones
tradicionales, significa en realidad no haber cortado los lazos con el viejo
mundo, si no es que significa, además, haber capitulado. La filosofía de la
praxis no tiene necesidad de apoyos heterogéneos, ella misma es tan robusta y
fecunda en nuevas verdades que el viejo mundo recurre a ella para equipar su
arsenal con armas más modernas y eficaces. Esto significa que la filosofía de
la praxis comienza a ejercer su propia hegemonía sobre la cultura tradicional,
pero ésta, que es todavía robusta y sobre todo es más refinada y amanerada,
trata de reaccionar como la Grecia derrotada, para acabar por vencer al tosco
vencedor romano.
decirse que gran parte de la obra
filosófica de B. Cruce representa este intento de reabsorber la filosofía de la
praxis e incorporarla como sierva de la cultura tradicional. Pero como se ve en
el Ensayo, incluso partidarios que se llaman "ortodoxos" de la
filosofía de la praxis caen en la trampa y ellos mismos conciben su filosofía
como subordinada a una teoría general materialista (vulgar) como otros a la
idealista. (Esto no quiere decir que entre la filosofía de la praxis y las
viejas filosofías no existan relaciones, pero éstas son menores
<respecto> a las existentes entre el cristianismo y la filosofía griega.)
En el librito de Otto Bauer sobre la religión se pueden encontrar algunos
indicios de las combinaciones a que ha dado lugar este erróneo concepto de que
la filosofía de la praxis no es autónoma e independiente, sino que tiene
necesidad de apoyarse en otra filosofía, materialista o idealista, según el
caso. Bauer sostiene, corno tesis política, el agnosticismo de los partidos y
el permiso dado a sus miembros de agruparse en idealistas, materialistas,
ateos, católicos, etcétera, o sea del más abyecto y vil oportunismo .1
Nota I.
Una de las causas del error por el que se va en busca de una filosofía general
que esté en la base de la filosofía de la praxis y se niega implícitamente a
ésta una originalidad de contenido y de método, parece consistir en lo
siguiente: que se crea una confusión entre la cultura filosófica personal del
fundador de la filosofía de la praxis, o sea entre las corrientes filosóficas y
los grandes filósofos en los que se interesó intensamente cuando joven y cuyo
Cfr. Bauer, Le socialisme, la religion et
l'Églisse cit., en particular el capítulo titulado "La socialdemocratie et
les prolétaires croyants", pp. 85-96.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1070
lenguaje
a menudo reproduce (aunque siempre con espíritu de desapego y haciendo notar en
ocasiones que así quiere hacer comprender mejor su propio concepto), y los
orígenes o las partes constitutivas de la filosofía de la praxis. Este error
tiene toda una historia, especialmente en la crítica literaria, y es sabido que
el trabajo de reducir grandes obras poéticas a sus fuentes constituyó, en
cierta época, el esfuerzo máximo de muchos insignes eruditos. La cuestión se
sitúa en su forma externa en los llamados plagios, pero también es sabido que
incluso para algunos "plagios" e incluso reproducciones literales, no
está excluido que se pueda alegar una originalidad de la obra plagiada o
reproducida. Pueden citarse dos ejemplos insignes: 1] El soneto de Tansillo
reproducido por Giordano Bruno en los Eroici furori (o en la Cena della Ceneri)
"Poiché spiegate ho l'ah al bel desio" (que en Tansillo era un soneto
de amor para la marquesa del Vasto); 2] Los versos para los muertos de Dogali
ofrecidos por D'Annunzio como propios para un número único y que fueron
copiados al pie de la letra de una antología de Tommaseo de cantos servios.1
Sin embargo, en Bruno y en D'Annunzio estas reproducciones adquieren un gusto
nuevo y original que hace olvidar su origen. El estudio de la cultura
filosófica de un hombre como el fundador de la filosofía de la praxis no sólo
es interesante, sino que es necesario siempre que no se olvide que forma parte
exclusivamente de la reconstrucción de su biografía intelectual y que los
elementos de espinozismo, de feuerbachismo, de hegelianismo, de materialismo
francés, etcétera, no son en absoluto partes esenciales de la filosofía de la
praxis ni ésta se reduce a aquéllos, sino que lo que más interesa es
precisamente la superación de las viejas filosofías, la nueva síntesis o los
elementos de una nueva síntesis, el nuevo modo de concebir la filosofía en la
que los elementos se hallan contenidos en los aforismos o dispersos en los
escritos del fundador de la filosofía de la praxis y que justamente hay que
identificar y desarrollar coherentemente. En cuanto teoría, la filosofía de la
praxis no se confunde y no se reduce a ninguna otra filosofía: no sólo es
original en cuanto que supera a las filosofías precedentes, sino especialmente
en cuanto que abre un camino completamente nuevo, o sea que renueva de arriba
abajo el modo de concebir la filosofía misma.
En cuanto investigación
histórico-biográfica se estudiará cuáles fueron los intereses que sirvieron de
base al fundador de la filosofía de la praxis para su filosofar, tomando en
cuenta la psicología del joven estudioso que en cada caso se deja atraer intelectualmente
por cada nueva corriente que estudia y examina, y que se forma su propia
individualidad por este mismo errar que crea el espíritu crítico y la fuerza de
pensamiento original después de haber experimentado y confrontado tantos
pensamientos contrastantes —qué elementos incorporó haciéndolos homogéneos a su
pensamiento, pero especialmente aquello que es nueva creación. Es cierto que el
hegelianismo es el más importante (relativamente) de los motivos del filosofar
de nuestro autor, incluso y especialmente porque el hegelianismo intentó
superar las concepciones tradicionales de idealismo y materialismo en una nueva
síntesis que ciertamente tuvo una importancia excepcional y representa un
momento histórico-mundial de la investigación filosófica. Así sucede que cuando
en el Ensayo se dice que el término "inmanencia" en la filosofía de
la praxis se emplea en sentido metafórico,2 no se dice nada en absoluto; en
realidad el término inmanencia ha adquirido un significado peculiar que no es
el de los "panteístas", ni tiene otro significado
metafísico-tradicional, sino que es nuevo y precisa ser establecido. Se ha
olvidado, en una expresión muy común, que había que poner el acento en el
segundo término "histórico" y no en el primero de origen
Los dos episodios de "plagio"
son recordados aquí, indudablemente, sobre la base de antiguas reminiscencias
de Gramsci; es
posible,
sin embargo, que éstas hubieran sido refrescadas por una relectura de Problemi
di estetica de Croco cit., que se ocupa en las pp. 133-37 del soneto de
Giordano Bruno (en los Eroici furori) tomado de los versos de Tansillo, y en
las pp. 495-97 de los versos de D'Annunzio por los muertos de Dogali.
Cfr. el sucesivo § 28.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1071
metafísico.
La filosofía de la praxis es el "historicismo" absoluto, la
mundanización y terrenalidad absoluta del pensamiento, un humanismo absoluto de
la historia_ En esta línea hay que excavar el filón de la nueva concepción del
mundo.
Nota II.
A propósito de la importancia que puede tener la nomenclatura para las cosas
nuevas. En el Marzocco del 2 de octubre de 1927, en el capítulo XI de los
"Bonaparte a Roma" de Diego Angeli, dedicado a la princesa Carlota
Napoleón (hija del rey José y mujer de Napoleón Luis, hermano de Napoleón III,
muerto en la insurrección de Romaña en 1831) se reproduce una carta de Pietro
Giordani a la princesa Carlota, en la que Giordani escribe algunos de sus
pensamientos personales sobre Napoleón I. En 1805, en Bolonia, Napoleón fue a
visitar el "Instituto" (Academia de Bolonia) y conversó largamente
con aquellos científicos (entre quienes se encontraba Volta). Entre otras cosas
dijo:
294
"...Yo creo que cuando en las ciencias se encuentra algo verdaderamente
nuevo, hay que adjudicarle un vocablo completamente nuevo, para que la idea
resulte precisa y definida. Si dais un nuevo significado a un viejo vocablo,
aun cuando declaréis que la antigua idea ligada a aquella palabra no tiene nada
en común con la idea que se le atribuye actualmente, las mentes humanas jamás
podrán dejar de considerar que exista alguna semejanza y conexión entre la idea
antigua y la nueva; y eso confunde la ciencia y produce además inútiles
disputas".1 Según Angeli, la carta de Giordani, sin fecha, puede
considerarse como escrita en la primavera de 1831 (por lo que puede pensarse
que Giordani recordaba el contenido general de la conversación con Napoleón,
pero no la forma exacta). Habría que ver si Giordani, en sus libros sobre la
lengua, expone conceptos sobre esta cuestión.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 53-53 bis, 51-51 bis y 65.
<28>. La inmanencia y la filosofía
de la praxis. En el Ensayo se indica que en la filosofía de la praxis los
términos de "inmanencia" e "inmanente" son ciertamente
usados, pero que "evidentemente" este uso es sólo "metafórico".
2 Perfectamente. ¿Pero acaso así se ha explicado que es lo que
"metafóricamente" significan inmanencia e inmanente? ¿Por qué estos
términos han seguido siendo usados y no han sido sustituidos? ¿Sólo por el
honor a crear nuevos vocablos? De costumbre, cuando una nueva concepción del mundo
sucede a una precedente, el lenguaje precedente sigue siendo usado, pero es
usado metafóricamente. Todo el lenguaje es un continuo proceso de metáforas, y
la historia de la semántica es un aspecto de la historia de la cultura: el
lenguaje es al mismo tiempo una cosa viva y un museo de fósiles de la vida y
las civilizaciones pasadas. Cuando yo empleo la palabra desastre nadie puede
culparme de creencias astrológicas, y cuando digo "¡por Baco!" nadie
puede creer que yo sea un adorador de las divinidades paganas, sin embargo esas
expresiones son una prueba de que la civilización moderna es un desarrollo
tanto del paganismo como de la astrología. El término "inmanencia" en
la filosofía de la praxis tiene su significado preciso, que se esconde bajo la
metáfora y esto es lo que había que definir y precisar; en realidad esta
definición habría sido verdaderamente "teoría". La filosofía de la
praxis continúa la filosofía de la inmanencia, pero la depura de todo su
aparato metafísico y la conduce al terreno concreto de la historia. El uso es
metafórico sólo en el sentido de que la vieja inmanencia está superada, ha sido
superada, pero sin embargo sigue considerándose como eslabón en el proceso de
pensamiento del que ha nacido lo nuevo. Por otra parte, el nuevo concepto de
"inmanencia" ¿es completamente nuevo? Parece que en Giordano Bruno,
por ejemplo, se encuentran muchos rastros de tal concepción nueva; los
fundadores de la filosofía de la praxis conocían
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 34.
2 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 17.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1072
a Bruno.
Lo conocían y quedan rastros de obras de Bruno apostilladas por ellos.1 Por lo
demás, Bruno no dejó de tener influencia en la filosofía clásica alemana,
etcétera. He aquí muchos problemas de historia de la filosofía que no
carecerían de utilidad.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 55-55 bis.
295
<29>. El "instrumento
técnico". La concepción del "instrumento técnico" 2 es
completamente errada en el Ensayo popular. Del ensayo de B. Croce sobre Achille
Loria (Materialismo storico ed economía marxistica) se desprende que precisamente
fue Loria el primero en emplear arbitrariamente (o por vanidad pueril de
descubrimientos originales) la expresión de "instrumento técnico" en
sustitución de la de "fuerzas materiales de producción" y de
"conjunto de relaciones sociales".3
En el
prefacio a la Crítica de la economía política se dice: "En la producción
social de su vida los hombres entran entre ellos en relaciones determinadas,
necesarias e independientes de su arbitrio, o sea en relaciones de producción,
las cuales corresponden a un determinado grado de desarrollo de las fuerzas
materiales de producción. El conjunto de tales relaciones constituye la
estructura económica de la sociedad, o sea la base real sobre la cual se eleva
una superestructura política y jurídica, y a la cual corresponden determinadas
formas sociales de la conciencia [...] En un punto determinado de su
desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad se encuentran en
contradicción con las relaciones de producción prexistentes (o sea con las relaciones
de la propiedad, lo que es el equivalente jurídico de tal expresión), dentro de
las cuales aquellas fuerzas se movían anteriormente. Estas relaciones de
producción, de fuerzas de desarrollo de las fuerzas productivas, se convierten
en su impedimento. Y entonces da comienzo una época de revolución social. Con
la transformación del fundamento económico se revoluciona y precipita, más o
menos rápidamente, la colosal superestructura que se halla encima [ . . .] Una
formacióna social no perece, mientras no se hayan desarrollado todas las
fuerzas productivas para las cuales tiene campo suficiente; y nuevas relaciones
de producción no se inician, si antes las condiciones materiales para su
existencia no han sido incubadas en el seno de la sociedad ya existente."
(Traducido al italiano por Antonio Labriola en su escrito: In memoria.)4
En el manuscrito: "forma".
Y he aquí la recomposición de Loria (en
La terror e il sistema sociale, Verona, Drucker, 1892 p. 19, pero Croce afirma
que en otros escritos de Loria existen otras): "A una determinada etapa
del instrumento productivo corresponde, y sobre él se erige, un sistema de
producción dado, y por lo tanto de relaciones económicas, las cuales forjan
después todo el modo de ser de la sociedad. Pero la evolución incesante de los
métodos productivos genera antes o después una metamorfosis radical del
instrumento técnico, la cual hace intolerable aquel sistema de producción y de
economía, que se basaba en la etapa anterior de la técnica. Entonces la fuerza
económica envejecida es destruida mediante una revolución social y sustituida
por una forma económica superior, que responde a la nueva fase del instrumento
productivo".5 (Un ensayo brillantísimo y digno de fama es el que ha
escrito Loria sobre las
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 17.
Gramsci responde aquí afirmativamente a la interrogación abierta en el texto A
acerca del eventual conocimiento directo que Marx y Engels podían tener de la
obra de Bruno. No está claro a qué fuente debió Gramsci tal confirmación, junto
a la noticia de la existencia de obras de Bruno anotadas por Marx. Ambas
afirmaciones, por lo demás, no han sido comprobadas a la luz del estado actual
de los estudios marxianos.
Cfr. nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 19.
3 Cfr.
nota 4 al Cuaderno 4 (XIII), § 19.
4 Esta
cita del prefacio a Para la crítica de la economía política de Marx, en la
traducción de Labriola, está tomada del ensayo de Croce sobre Loria (en
Materialismo storico ed economía marxislica cit., pp. 39-40).
5 También
esta cita de Loria está tomada del libro de Croco, Materialismo storico ed
economía marxistica cit., p. 40.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1073
virtudes
insólitas del instrumento técnico en el artículo "L'influenza sociale
dell'aeroplano" publicado en la Rassegna Contemporanea del duque de Cesaró
en un fascículo de 1912.)1 Croce añade que en la Crítica de la Economía
Política (vol. 1, p. 143 n. y en 335-36 n.) y en otras partes se pone de
relieve la importancia de los inventos técnicos y se invoca una historia de la
técnica, pero no existe ningún escrito en el que el "instrumento
técnico" se presente como la causa única y suprema del desarrollo económico.
El párrafo del <prefacio a> Zur Kritik contiene las expresiones
"grado de desarrollo de las fuerzas materiales de producción",
"modo de producción de la vida material", "condiciones
económicas de la producción" y similares, las cuales afirman ciertamente
que el desarrollo económico es determinado por condiciones materiales, pero
nunca reducen éstas a la sola "metamorfosis del instrumento técnico".
Croce añade, además, que el fundador de la filosofía de la praxis nunca se
propuso estas investigaciones en torno a la causa última de la vida económica.
"Su filosofía no era tan barata. No había 'coqueteado' en vano con la
dialéctica de Hegel, para ir luego a buscar las causas últimas."2
Hay que
señalar que en el Ensayo popular ni se reproduce el fragmento del prefacio a
Zur Kritik ni se hace mención del mismo.3 Lo cual resulta bastante extraño,
tratándose de la fuente auténtica más importante para una reconstrucción de la
filosofía de la praxis. Por otra parte, a este respecto, el modo de pensar
expuesto en el Ensayo no es diferente del de Loria, si no es incluso más
criticable y superficial. En el Ensayo no se comprende exactamente qué cosa es
la estructura, la superestructura, el instrumento técnico: todos los conceptos
generales son en él nebulosos y vagos. El instrumento técnico es concebido en
forma tan genérica que viene a significar cualquier herramienta y utensilio,
hasta los instrumentos que emplean los científicos en sus experimentos y los
instrumentos musicales. Este modo de plantear la cuestión hace las cosas
inútilmente complicadas. Partiendo de este barroco modo de pensar surge toda
una serie de cuestiones barrocas: por ejemplo, ¿las bibliotecas son estructura
o superestructuras? ¿y los gabinetes experimentales de los científicos?
297 Si
puede sostenerse que un arte o una ciencia se desarrollan mediante el
desarrollo de sus respectivos instrumentos técnicos, ¿por qué no podría
sostenerse respectivamente lo contrario o incluso que ciertas formas
instrumentales son al mismo tiempo estructura y superestructura? Podría decirse
que ciertas superestructuras tienen su propia estructura particular aunque sin
dejar de ser superestructuras: así el arte tipográfico sería la estructura
material de toda una serie o más bien de todas las ideologías, y bastaría la
existencia de la industria tipográfica para justificar materialistamente toda
la historia. Quedaría aún el caso de la matemática pura, del álgebra, que no
teniendo instrumentos propios no podrían desarrollarse. Es evidente que toda la
teoría del instrumento técnico del Ensayo es sólo un abracadabra y que puede
parangonarse con la teoría de la "memoria" elucubrada por Croce para
explicar por qué los artistas no se conforman con concebir sus obras sólo
idealmente sino que las escriben o las esculpen, etcétera (con la fenomenal
objeción de Tigher a propósito de la arquitectura, en la que sería un poco
difícil de aceptar que para mantener la memoria de un palacio, el ingeniero lo
construya),4 etcétera. Es cierto que todo ello es una desviación infantil de la
filosofía de la praxis, determinada por la convicción barroca de que cuanto más
se recurre a objetos "materiales", tanto más ortodoxo se es.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 1 (XVI), § 25.
2 Cfr.
nota 7 al Cuaderno 4 (XIII), § 19.
3 En
realidad esta anotación de Gramsci no es exacta. El fragmento del prefacio de
Marx a Para la crítica de la economía política, citado por Gramsci en este
parágrafo en forma parcial, está reproducido íntegramente, pero subdividido en
tres partes, en el libro de Bujarin: cfr. Bujarin, La théorie du matérialisme
historique cit., pp. 219, 262-63, 271
4 Cfr.
Adriano Tilgher, Perché l'artista scrive o dipinge a scolpisce, ecc.?, en
L'Italia che Scrive, febrero de 1929 ya citado por Gramsci en el § 103 del
Cuaderno 2 (XXIV). Véase en particular en la p. 32: "...¿quién creerá
nunca que la construcción de edificios imponentes y costosos no tenga otra
finalidad que la de poner remedio a las deficiencias de nuestra memoria?"
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1074
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 56 bis-57 y 5/ bis-52
<30>. La "materia". ¿Qué
entiende por "materia" el Ensayo popular? En un ensayo popular, más
aún que en un libro para especialistas, y especialmente en éste que pretende
ser el primer trabajo de su clase, hay que definir con exactitud no sólo los
conceptos fundamentales, sino toda la terminología, para evitar las causas de
error ocasionadas por las acepciones populares y vulgares de las palabras
científicas. Es evidente que para la filosofía de la praxis la
"materia" no debe ser entendida ni en el significado que se desprende
de las ciencias naturales (física, química, mecánica, etcétera, y estos
significados deben registrarse y estudiarse en su desarrollo histórico) ni en
sus significados tales como se desprenden de las diversas metafísicas
materialistas. Las diversas propiedades físicas (químicas, mecánicas, etcétera)
de la materia <que> en su conjunto constituyen la materia misma (a menos
que no se recaiga en una concepción del nóumeno kantiano) son consideradas,
pero sólo en cuanto resultan "elemento económico" productivo. La
materia, pues, no debe ser considerada como tal, sino como social e
históricamente organizada para la producción, y de ahí la ciencia natural como
esencialmente una categoría histórica, una relación humana. ¿El conjunto de las
propiedades de todo tipo de material ha sido alguna vez el mismo?
La historia de las ciencias técnicas
demuestra que no. ¿Durante cuanto tiempo no se hizo caso de la fuerza mecánica
del vapor? ¿Y puede decirse que tal fuerza mecánica existiera antes de ser
utilizada por las máquinas humanas? Entonces, ¿en qué sentido y hasta qué punto
no es cierto que la naturaleza no da lugar a descubrimientos e inventos de
fuerzas preexistentes, de cualidades preexistentes de la materia, sino sólo a
"creaciones" que están estrechamente ligadas a los intereses de la
sociedad, al desarrollo y a las ulteriores necesidades de desarrollo de las
fuerzas productivas? Y el concepto idealista de que la naturaleza no es otra
cosa que la categoría económica, ¿no podría, depurado de sus superestructuras
especulativas, ser reducido a términos de filosofía de la praxis y ser
demostrado históricamente como vinculado a ésta y como un desarrollo de ésta?
En realidad la filosofía de la praxis no estudia una máquina para conocer y
establecer la estructura atómica de su material, las propiedades físico-químico-mecánicas
de sus componentes naturales (objeto de estudio de las ciencias exactas y de la
tecnología), sino en cuanto que es un momento de las fuerzas materiales de
producción, en cuanto que es objeto de propiedades de determinadas fuerzas
sociales, en cuanto que expresa una relación social y ésta corresponde a un
determinado periodo histórico. El conjunto de las fuerzas materiales de
producción es el elemento menos variable en el desarrollo histórico, es aquél
que una y otra vez puede ser identificado y medido con exactitud matemática,
que puede dar lugar por lo tanto a observaciones y a criterios de carácter
experimental y por lo tanto a la reconstrucción de un robusto esqueleto del
futuro histórico. La variabilidad del conjunto de las fuerzas materiales de
producción es también mensurable y se puede establecer con cierta precisión
cuando su desarrollo pasa a ser de cuantitativo a cualitativo. El conjunto de
las fuerzas materiales de producción es al mismo tiempo una cristalización de
toda la historia pasada y la base de la historia presente y futura, es un
documento y al mismo tiempo una activa fuerza actual de propulsión. Pero el
concepto de actividad de estas fuerzas no puede ser confundido y ni siquiera
parangonado con la actividad en el sentido físico o metafísico. La electricidad
es históricamente activa, pero no como simple fuerza natural (como descarga
eléctrica que provoca incendios, por ejemplo), sino como un elemento de
producción dominado por el hombre e incorporado al conjunto de las fuerzas materiales
de producción; objeto de propiedad privada. Como fuerza natural abstracta, la
electricidad existía incluso antes de su reducción a fuerza productiva, pero no
operaba en la historia, y era un tema de hipótesis en
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1075
la
historia natural (y antes era la "nada" histórica, porque nadie se
ocupaba de ella y, es más, todos la ignoraban).
Estas observaciones sirven para hacer
comprender cómo el elemento causal adoptado por las ciencias naturales para
explicar la historia humana es un puro arbitrio, cuando no es un regreso a las
viejas interpretaciones ideológicas. Por ejemplo, el Ensayo afirma que la nueva
teoría atómica destruye el individualismo (las robinsonadas).1 ¿Pero qué
significa esto? ¿Qué significa este acercamiento de la política a las teorías
científicas sino que la historia es movida por estas teorías científicas, o sea
por las ideologías, por lo que por querer ser ultramaterialistas se incurre en
una forma barroca de idealismo abstracto? Tampoco se puede responder que no es
la teoría atómica la que ha destruido el individualismo, sino la realidad
natural que la teoría describe y comprueba, sin caer en las más complicadas
contradicciones, porque esta realidad natural se supone anterior a la teoría y
por lo tanto operante cuando el individualismo estaba en auge. ¿Cómo es que,
entonces, no operaba la realidad "atómica" siempre, si ésta era y es
una ley natural, sino que para operar tuvo que esperar a que los hombres
construyesen una teoría? ¿Los hombres obedecen sólo a las leyes que conocen,
como si fuesen leyes emanadas de los Parlamentos? ¿Y quién podría hacer
observar a los hombres las leyes que ignoran, de acuerdo con el principio de la
legislación moderna según el cual la ignorancia de la ley no puede ser invocada
por el reo? (Tampoco puede decirse que las leyes de una determinada ciencia
natural son idénticas a las leyes de la historia, o que siendo todo el conjunto
de las ideas científicas una unidad homogénea, se puede reducir una ciencia a
otra o una ley a otra, porque en este caso ¿en virtud de qué privilegio este
determinado elemento de la física y no otro puede ser reducible a la unidad de
la concepción del mundo?) En realidad, éste es sólo uno de tantos elementos del
Ensayo popular que demuestran el superficial planteamiento del problema de la
filosofía de la praxis, el no haber sabido dar a esta concepción del mundo su
autonomía científica y la posición que le corresponde frente a las ciencias
naturales, incluso, peor aún, frente a aquel vago concepto de ciencia en
general que es propio de la concepción vulgar del pueblo (para el cual hasta
los juegos de prestidigitación son ciencia). ¿La teoría atómica moderna es una
teoría "definitiva", establecida de una vez por todas? ¿Quién, qué
científico osaría afirmarlo? ¿O no es, por el contrario, simplemente una
hipótesis científica que podrá ser superada, o sea absorbida en una teoría más
vasta y general? ¿Por qué, pues, la referencia a esta teoría debería haber sido
decisiva y haber puesto fin a la cuestión del individualismo y de las
robinsonadas? (Aparte del hecho de que las robinsonadas pueden ser en ocasiones
esquemas prácticos construidos para indicar una tendencia o para una
demostración mediante el absurdo: incluso el autor de la Economía crítica
recurrió a algunas robinsonadas). Pero hay otras cuestiones: si la teoría
atómica fuese lo que el Ensayo pretende, dado que la historia de la sociedad es
una serie de mutaciones y las formas de sociedad han sido numerosas, mientras
que la teoría atómica sería el reflejo de una realidad natural siempre igual
¿cómo es que la sociedad no ha obedecido siempre a esta ley? ¿O se pretendería
que la transición del régimen corporativo medieval al individualismo económico
haya sido anticientífica, un error de la historia y la naturaleza? Según la
teoría de la praxis es evidente que no es la teoría atómica la que explica la
historia humana, sino viceversa, esto es, que la teoría atómica, como todas las
hipótesis y las opiniones científicas, son superestructuras. [La teoría atómica
serviría para explicar al hombre biológico como un agregado de cuerpos diversos
y para explicar la sociedad de los hombres. ¡Qué teoría más amplia!]
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 58 bis-59 bis.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 25.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1076
300
<31>. La causa última. Uno de los
rasgos más visibles de vieja metafísica en el Ensayo popular es el intento de
reducirlo todo a una causa, la causa última, la causa final.1 Se puede
reconstruir la historia del problema de la causa única y última y demostrar que
ésta es una de las manifestaciones de la "búsqueda de dios". Contra
este dogmatismo recordar una vez más las dos cartas de Engels publicadas en el
Sozialistische Akadetniker.2
<32>. Cantidad y calidad. En el
Ensayo popular se dice (ocasionalmente, porque la afirmación no está
justificada, valorada, no expresa un concepto fecundo, sino que es casual, sin
nexos antecedentes y subsecuentes) que cada sociedad es algo más que la mera
suma de sus componentes individuales. 3 Esto es cierto abstractamente, ¿pero
qué significa concretamente? La explicación que se nos ha dado, empíricamente,
ha, sido a menudo una cosa barroca. Se ha dicho que cien vacas una por una son
algo bien distinto de cien vacas juntas que entonces son un rebaño, haciendo
una simple cuestión de palabras. Así se ha dicho que, en la numeración,
llegados a diez tenemos una decena, como si no existiese el par, el terceto, el
cuarteto, etcétera, o sea un simple modo distinto de numerar. La explicación
teórico-práctica más concreta se tiene en el primer volumen de la Crítica de la
economía política, donde se demuestra que en el sistema de fábrica existe una
cuota de producción que no puede ser atribuida a ningún trabajador individual,
sino al conjunto de los obreros, al hombre colectivo.4 Algo semejante sucede
para la sociedad entera, que está basada en la división del trabajo y de las
funciones y por lo tanto vale más que la suma de sus componentes. Cómo ha
"concretado" la filosofía de la praxis la ley hegeliana de la
cantidad que se convierte en calidad es otro de aquellos problemas teóricos que
el Ensayo popular no plantea, sino que considera ya sabidos, cuando no se
conforma con simples juegos de palabras como aquellos sobre el agua que al
cambiar de temperatura cambia de estado (sólido, líquido, gaseoso), que es un
hecho puramente mecánico, determinado por un agente externo (el fuego, el sol,
o la evaporación del ácido carbónico sólido, etcétera).
¿Quién será en el hombre este agente
externo? En la fábrica es la división del trabajo, etcétera, condiciones
creadas por el hombre mismo. En la sociedad es el conjunto de las fuerzas
productivas. Pero el autor del Ensayo no ha pensado que si cada agregado social
es algo más (e incluso algo distinto) que la suma de sus componentes, ello
significa que la ley o el principio que explica el desarrollo de la sociedad no
puede ser una ley física, porque en la física no se sale nunca de la esfera de
la cantidad si no es en metáfora. Sin embargo, en la filosofía de la praxis la
calidad está siempre vinculada a la cantidad, e incluso seguramente en tales
conexiones es su parte más original y fecunda. De hecho, el idealismo
hipostatiza este algo más, la calidad, hace de ella un ente en sí mismo, el
"espíritu", así como la religión hizo de ella la divinidad. Pero si
es hipóstasis la de la religión y la del idealismo, o sea abstracción
arbitraria y no proceso de distinción analítica prácticamente necesario por
razones pedagógicas, es también hipóstasis la del materialismo vulgar, que
diviniza una materia hipostática.
Hay que
confrontar este modo de ver en la concepción de la sociedad con la concepción
del Estado propia de los idealistas actuales. Para los actualistas el Estado
acaba por ser precisamente este algo de superior a los individuos (si bien
después de las consecuencias que Spirito sacó a propósito de la propiedad de la
identificación idealista del individuo y del
Cfr. el precedente § 29, p. 44 bis.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XII/), § 26-
3 Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 32.
4 Cfr.
Cuaderno 9 (XIV), § 67, p. 50 y nota 2.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1077
Estado,
Gentile en la Educazione Fascista de agosto de 19321 ha precisado
prudentemente). La concepción de los actualistas vulgares cayó tan bajo en el
puro psitacismo, que la única crítica posible era la caricatura humorística. Se
podía imaginar un recluta que expone a los oficiales reclutadores la teoría del
Estado superior a los individuos y pide que dejen libre su persona física y
material y enrolen a aquella cosita que contribuye a construir ese algo
nacional que es el Estado. O recordar la historia del Novellino en la que el
sabio Saladino dirime la disputa entre el cocinero que quiere ser pagado por el
uso de las emanaciones aromáticas de sus viandas y el mendigo que no quiere
pagar: Saladino hace pagar con el tintineo de las monedas v dice al cocinero
que se embolse el sonido así como el mendigo se comió los efluivios
aromáticos.2
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 64-64 bis.
<33>. Cuestiones generales. Un
tratamiento sistemático de la filosofía de la praxis no puede pasar por alto
ninguna de las partes constitutivas de la doctrina de su fundador. ¿Pero en qué
sentido debe entenderse esto? Tal examen debe tratar toda la parte general
filosófica, por lo tanto debe desarrollar coherentemente todos los conceptos
generales de una metodología de la historia y de la política, y además del
arte, de la economía, de la ética y debe, en la relación general, hallar lugar
para una teoría de las ciencias naturales.
302 Una
concepción muy difundida es que la filosofía de la praxis es una pura
filosofía, la ciencia de la dialéctica, y que las otras partes son la economía
y la política, por lo que se dice que la doctrina está formada de tres partes
constitutivas, que son al mismo tiempo la coronación y la superación del grado
más alto que hacia 1848 había alcanzado la ciencia de las naciones más
avanzadas de Europa: la filosofía clásica alemana, la economía clásica inglesa
y la actividad y la ciencia política francesas. 3 Esta concepción, que es más
una investigación general de las fuentes históricas que una clasificación
nacida de lo íntimo de la doctrina, no puede contraponerse como esquema
definitivo a cualquier otra organización de la doctrina que sea más apegada a la
realidad. Se preguntará si la filosofía de la praxis no es acaso
específicamente una teoría de la historia, y se responde que ello es cierto,
pero por eso la política y la economía no pueden separarse de la historia,
incluso en las fases especializadas, de ciencia y arte de la política y de
ciencia y política económica. Esto es, después de haber, en la parte filosófica
general (que <es> la filosofía de la praxis propiamente dicha, la ciencia
de la dialéctica o gnoseología, en la que los conceptos generales de historia,
de política, de economía se anudan en una unidad orgánica) desarrollado la
tarea principal, es útil, en un ensayo popular, dar las nociones generales de
cada momento o parte constitutiva, incluso en cuanto ciencia independiente y distinta.
Si se observa bien, se ve que en el Ensayo popular todos estos puntos son por
lo menos rozados, pero casualmente, no coherentemente, en forma caótica e
indistinta, porque falta todo —concepto claro y preciso de qué es la misma
filosofía de la praxis.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), p. 74 bis.
<34>. La objetividad del mundo
externo. La expresión de Engels de que "la materialidad del mundo es
demostrada por el largo y laborioso desarrollo de la filosofía y de las
ciencias
1 Cfr.
Giovanni Gentile, "Individuo e Stato o la corporazione propietaria",
en Educazione Fascista, agosto de 1932 (año X), pp. 635-
En este artículo, reproducido del
fascículo de agosto del Giornale Critico della Filosofía Italiana, se expresan
reservas sobre la tesis de Ugo Spirito en torno a la "corporación
propietaria".
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 32.
Hay aquí —más claramente que en el texto
A— una reminiscencia del escrito de Lenin Tres fuentes y tres partes
integrantes del marxismo, que Gramsci ciertamente conocía: cfr. sobre el mismo
tema Cuaderno 10 (XXXIII), parte II, § 9 y nota 1.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1078
naturales"1
debería ser analizada y precisada. ¿Se entiende por ciencia la actividad
teórica o la actividad práctico-experimental de los científicos? ¿o la síntesis
de ambas actividades? Podría decirse que en esto se tendría el proceso unitario
típico de lo real, en la actividad experimental del científico que es el primer
modelo de mediación dialéctica entre el hombre y la naturaleza, la célula
histórica elemental por la que el hombre, poniéndose en relación con la
naturaleza a través de la tecnología, la conoce y la domina. Es indudable que
el afianzamiento del método experimental separa dos mundos de la historia, dos
épocas, e inicia el proceso de disolución de la teología y de la metafísica y
de desarrollo del pensamiento moderno, cuya coronación está en la filosofía de
la praxis. La experiencia científica es la primera célula del nuevo método de
producción, de la nueva forma de unión activa entre el hombre y la naturaleza.
El científico-experimentador es [también] un obrero, no un puro pensador, y su
pensar es continuamente controlado por la práctica y viceversa, hasta que se
forma la unidad perfecta de teoría y práctica.
Nota I. Debe estudiarse la posición del
profesor Lukacs con respecto a la filosofía de la praxis. Parece que Lukacs
afirma que se puede hablar de dialéctica sólo para la historia de los hombres y
no para la naturaleza.2 Puede estar equivocado y puede tener razón. Si su
afirmación presupone un dualismo entre la naturaleza y el hombre está
equivocado porque cae en una concepción de la naturaleza propia de la religión
y de la filosofía greco-cristiana e incluso propia del idealismo, que realmente
no logra unificar y poner en relación al hombre y a la naturaleza más que
verbalmente. Pero si la historia humana debe concebirse también como historia
de la naturaleza (incluso a través de la historia de la ciencia), ¿cómo puede
la dialéctica ser apartada de la naturaleza? Seguramente Lukacs, por reacción
contra las teorías barrocas del Ensayo popular, ha caído en el error opuesto,
en una forma de idealismo. Es cierto que en Engels (Anti-Dühring) se encuentran
muchas ideas que pueden conducir a las desviaciones del Ensayo. Se olvida que
Engels, no obstante haber trabajado largo tiempo, dejó muy pocos materiales
sobre la obra prometida para demostrar la dialéctica ley cósmica y se exagera
al afirmar la identidad de pensamiento entre los dos fundadores de la filosofía
de la praxis.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 80 y 77-77 bis.
<35>. La teleología. En la cuestión
de la teleología resalta aún más vívidamente el defecto del Ensayo al presentar
las doctrinas filosóficas pasadas en un mismo plano de trivialidad y banalidad,
de manera que al lector le parece que toda la cultura pasada fue una
fantasmagoría de bacantes presas de delirio. El método es reprobable desde
muchos puntos de vista: un lector serio, que extienda sus nociones y profundice
sus estudios, cree que ha sido objeto de burla y extiende sus sospechas a todo
el conjunto del sistema. Es fácil aparentar que se ha superado una posición
rebajándola, pero se trata de pura ilusión verbal. Presentar tan burlescamente
las cuestiones puede tener un significado en Voltaire, pero no es Voltaire todo
el que quiere serlo, es decir, no es gran artista.
Así el
Ensayo presenta la cuestión de la teleología en sus manifestaciones más
infantiles, mientras que olvida la solución dada por Kant.3 Seguramente se
podría demostrar que en el Ensayo hay mucha teleología inconsciente que
reproduce sin saberlo el punto de vista de Kant: por ejemplo el capítulo sobre
el "Equilibrio entre la naturaleza y la sociedad".4
1 1 Cfr.
nota 10 al precedente § 17.
2 2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 43.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 16.
4 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 16.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1079
De las Xenie de Goethe: "EI
Teleólogo: —Al buen Creador del mundo adoramos, que, cuando
— creó el
alcornoque, inventó juntamente el tapón" (traducción de B. Croce en el
libro sobre Goethe, p. 262). Croce pone esta nota: "Contra el finalismo
extrínseco, generalmente aceptado en el siglo XVIII, y que Kant había criticado
recientemente sustituyéndolo por un más profundo concepto de la
finalidad".1 En otro lugar y otra forma Goethe repite este mismo motivo y
dice haberlo derivado de Kant: "Kant es el más eminente de los filósofos
modernos, aquél cuyas doctrinas han influido principalmente en mi cultura. La
distinción del sujeto y el objeto y el principio científico de que cada cosa
existe y se desarrolla por su propia e intrínseca razón (que el alcornoque,
para decirlo proverbialmente, no nace para servir de tapón a nuestras botellas)
la tuve yo en común con Kant, y a continuación apliqué mucho estudio a su
filosofía".2
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 54 bis-55 y 60; y Cuaderno 8 (XXVIII). p. 79.
III. La
ciencia y las ideologías "científicas"
<36>. La afirmación de Eddington:
"Si en el cuerpo de un hombre eliminásemos todo el espacio carente de
materia y reuniésemos sus protones y electrones en una sola masa, el hombre (el
cuerpo del hombre) se reduciría a un corpúsculo apenas visible bajo el
microscopio" (cfr. La naturaleza del mundo físico, edición francesa, p.
20)3 ha impresionado y puesto en movimiento la fantasía de G. A. Borgese (cfr.
su librito).4 ¿Pero qué significa concretamente la afirmación de Eddington? Si
reflexionamos un poco, no significa absolutamente nada, aparte de su
significado literal. Aún suponiendo que la reducción arriba descrita fuese
llevada a cabo (¿por quién?) pero se extendiese a todo el mundo, las relaciones
no cambiarían, las cosas quedarían tal y como están. Las cosas cambiarían
solamente si los hombres o determinados hombres sufriesen esta reducción de
modo que tuviéramos, en hipótesis, una realización de algunos capítulos de los
Viajes de Gulliver, con los liliputienses, los gigantes y Borgese-Gulliver
entre ellos.
En
realidad se trata de puros juegos de palabras, de ciencia novelada, no de un
nuevo pensamiento científico o filosófico, de un modo de plantear las
cuestiones apto solamente para hacer fantasear a las cabezas huecas. ¿Acaso la
materia vista bajo el microscopio no es ya materia realmente objetiva, sino una
creación del espíritu humano que no existe objetivamente o empíricamente? Se
podría recordar, a este propósito, el cuento judío de la muchacha que ha
sufrido un daño pequeño, tic.. . como un golpecito de uña. En la física de
Eddington y en muchas otras manifestaciones científicas modernas, la sorpresa
del lector ingenuo depende del hecho de que las palabras empleadas para indicar
determinados hechos son forzadas para indicar arbitrariamente hechos absolutamente
distintos. Un cuerpo sigue siendo "masivo" en el sentido tradicional
por más que la "nueva" física demuestre que está constituido por
1/1.000.000 de materia y 999.999 partes de vacío. Un cuerpo es
"poroso" en el sentido tradicional y no se vuelve poroso en el
sentido de la "nueva" física incluso después de la afirmación de
Eddington. La posición del hombre sigue siendo la misma, ninguno de los
conceptos fundamentales de la vida es desequilibrado en lo más mínimo y mucho
menos trastocado. Las glosas de los distintos Borgese servirán únicamente, a la
larga, para hacer que resulten ridículas las concepciones subjetivistas de la
realidad que permiten tan banales
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 27.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
239.
3 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 170. 4 Cfr. nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
170.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1080
jueguitos
de palabras.
El profesor Mario Camis (Nuova Antologia
del 1º de noviembre de 1931, en la sección "Scienze biologiche e
mediche" escribe: "Considerando la insuperada minuciosidad de estos
métodos de investigación nos venía a la memoria la expresión de un miembro del
último congreso filosófico de Oxford, el cual, según refiere Borgese, hablando
de los fenómenos infinitamente pequeños a los que hoy se dirige la atención de
tantos, observaba que 'no se pueden considerar independientemente del sujeto
que los observa'. Son palabras que inducen a muchas reflexiones y que vuelven a
sacar a la luz, desde puntos de vista completamente nuevos, los grandes
problemas de la existencia subjetiva del universo y del significado de las
informaciones sensoriales en el pensamiento científico". Por lo que nos
consta, éste es uno de los pocos ejemplos de infiltración entre los científicos
italianos del modo de pensar funambulesco de ciertos científicos, especialmente
ingleses, a propósito de la "nueva" física. El profesor Camis habría
debido reflexionar que si la observación citada por Borgese hace reflexionar,
la primera reflexión debería ser ésta: que la ciencia no puede ya existir tal
como ha sido concebida hasta ahora, sino que debe transformarse en una serie de
actos de fe en las afirmaciones de los distintos experimentadores, porque los
hechos observados no existen independientemente de su espíritu. ¿Todo el
progreso científico no se ha manifestado hasta ahora en el hecho de que las
nuevas experiencias y observaciones han corregido y ampliado las experiencias y
observaciones precedentes? ¿Cómo podría suceder esto si la experiencia dada no
se reprodujese no obstante que, cambiado el observador, no pudiese ser
controlada, ampliada, dando lugar a nexos nuevos y originales? Pero la
superficialidad de la observación de Carvis se desprende precisamente del
contexto del artículo por el que se hace la cita referida, porque en aquél
Carvis explica implícitamente cómo es que la expresión que tanto hizo delirar a
Borgese puede y debe entenderse en un sentido simplemente empírico y no
filosófico. El escrito de Camis es una crítica de la obra On the principies of
renal function de Gata Ekehorn (Estocolmo, 1931).1
Se habla de experimentos con elementos
tan pequeños que no pueden ser descritos (e incluso esto se entiende en sentido
relativo) con palabras que sean válidas y representativas para los otros, y que
por lo tanto el experimentador no logra aún escindir de su propia personalidad
subjetiva y objetivar: cada experimentador debe llegar a la percepción con
medios propios, directamente, siguiendo minuciosamente todo el proceso. Hágase
esta hipótesis: que no existan microscopios y que sólo algunos hombres tengan
la fuerza visual natural igual a la del ojo normal armado de un microscopio. En
esta hipótesis es evidente que los experimentos del observador dotado de una
vista excepcional no pueden ser separados de su personalidad física y psíquica
y no pueden ser "repetidos". Sólo la invención del microscopio
emparejerá las condiciones físicas de observación y permitirá a todos los
científicos reproducir el experimento y desarrollarlo colectivamente. Pero esta
hipótesis permite observar e identificar sólo una parte de las dificultades; en
los experimentos científicos no sólo está en juego la fuerza visible. Como dice
Camis: Ekehorn pincha un corpúsculo de riñón de rana con una cánula "cuya
preparación es obra de tanta delicadeza y tan ligada a las indefinibles e inimitables
intuiciones manuales2 del experimentador, que el mismo Ekehorn, al describir la
operación del corte al sesgo del capilar de vidrio, dice que no puede comunicar
los preceptos mediante palabras, sino que debe conformarse con una vaga
indicación". El error consiste en creer que semejantes fenómenos tienen
lugar solamente en el experimento científico. En realidad, en todas las
fábricas, para ciertas operaciones industriales de precisión, existen
especialistas individuales, cuya capacidad se basa precisa y
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
176.
2 Las
cursivas son de Gramsci.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1081
únicamente
en la extremada sensibilidad de la vista, del tacto, de la rapidez del gesto.
En los libros de Ford se pueden encontrar ejemplos a este respecto: en la lucha
contra la fricción, para obtener superficies sin las mínimas granulosidades o
desigualdades (lo que permite un ahorro notable de material) se han hecho
avances increíbles con la ayuda de las máquinas eléctricas, que comprueban la
adherencia perfecta del material como no podría hacerlo el hombre. Debe
recordarse el hecho referido por Ford de un técnico escandinavo que logró dar
al acero tal igualdad de superficie que para separar dos superficies adheridas
hacía falta el peso de varios quintales.1
Por lo
tanto, lo que observa Camis no tiene ninguna coherencia con las fantasías de
Borgese y de sus fuentes. Si fuera verdad que los fenómenos infinitamente
pequeños en cuestión no se pueden considerar existentes independientemente del
sujeto que los observa, en realidad no serían ni siquiera
"observados", sino "creados" y caerían en el mismo dominio
de la pura intuición fantástica del individuo. Habría también que plantear la
cuestión de si el mismo individuo puede "dos veces" crear (observar)
el mismo hecho. No se trataría siquiera de "solipsismo" sino de
demiurgia o de brujería. No los fenómenos (inexistentes) sino estas intuiciones
fantásticas serían entonces el objeto de la ciencia, como las obras de arte.
306 La
masa de los científicos, que no goza de facultades demiúrgicas, estudiaría
científicamente el pequeño grupo de los grandes científicos taumaturgos. Pero
si por el contrario, no obstante todas las dificultades prácticas inherentes a
la diversa sensibilidad individual, el fenómeno se repite y puede ser observado
objetivamente por varios científicos, independientemente unos de otros, ¿qué
significa la afirmación hecha por Borgese sino precisamente que se hace una
metáfora para indicar las dificultades inherentes a la descripción y a la
representación objetiva de los fenómenos observados? Y no parece difícil
explicar esta dificultad: 1] con la incapacidad literaria de los científicos,
didácticamente preparados hasta ahora para describir y representar sólo los
fenómenos macroscópicos; 2] con la insuficiencia del lenguaje común, forjado
también para los fenómenos macroscópicos; 3] con el desarrollo relativamente
pequeño de estas ciencias minimoscópicas, que aguardan un desarrollo ulterior
de sus métodos y criterios para ser comprendidas por los muchos por
comunicación literaria (y no sólo por visión experimental directa, que es
privilegio de poquísimos); 4] todavía hay que recordar que muchos experimentos
minimoscópicos son experimentos indirectos, en cadena, cuyo resultado "se
ve" en los resultados y no en acción (tal como los experimentos de
Rutherford) .2
Se trata,
de todos modos, de una fase transitoria e inicial de una nueva época
científica, que ha producido, combinándose con una gran crisis intelectual y
moral, una nueva forma de "sofistica", que recuerda los clásicos
sofismas de Aquiles y la tortuga, del montón y el grano, de la flecha disparada
por el arco que no puede afirmarse, etcétera. Sofismas que, sin embargo, han
representado una fase en el desarrollo de la filosofía y de la lógica y han
servido para refinar los instrumentos del pensamiento.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 52-52 bis y 55 bis-56.
<37>. Recopilar las principales
definiciones que se han dado de la ciencia (en el sentido de ciencia natural).
"Estudio de los fenómenos y de sus leyes de semejanza (regularidad), de
coexistencia (coordinación), de sucesión (causalidad)." Otras tendencias,
tomando en cuenta el ordenamiento más cómodo que la ciencia establece entre los
fenómenos, en forma de
Cfr. Ford, Aujourd'hui et demain cit.,
pp. 108-10; el técnico escandinavo es el sueco Carl E. Sohanssen.
Los experimentos de Rutherford en torno a
la estructura del átomo (1911) son descritos en un libro de james Jeans, que
Gramsci quiso leer por la indicación que del mismo se hacía en el artículo
citado de Mirsky, Bourgeois history and historical materialisrn (cfr. LC, 454):
James Jeans, L'universo intorno a noi, trad. italiana Laterza, Bari, 1931 [FG,
C. carc., Turi III], pp. 116-19.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1082
poder
hacerlos más controlables por el pensamiento y dominarlos para los fines de la
acción, definen la ciencia como "la descripción más económica de la
realidad". La cuestión más importante a resolver en tomo al concepto de
ciencia es ésta: si la ciencia puede dar, y de qué manera, la
"certeza" de la existencia objetiva de la llamada realidad externa.
Para el sentido común la cuestión ni siquiera existe; ¿pero dónde se ha
originado la certeza del sentido común? Esencialmente en la religión (al menos
del cristianismo en Occidente); pero la religión es una ideología, la ideología
más arraigada y difundida, no una prueba o una demostración. Se puede sostener
que es un error pedir a la ciencia como tal la prueba de la objetividad de lo
real, porque esta objetividad es una concepción del mundo, una filosofía y no
puede ser un dato científico.
308 ¿Qué
puede dar la ciencia en esta dirección? La ciencia selecciona las sensaciones,
tos elementos primordiales del conocimiento: considera ciertas sensaciones como
transitorias, como aparentes, como falaces porque dependen de condiciones
individuales especiales, y algunas otras como duraderas, como permanentes, como
superiores a las condiciones especiales individuales. El trabajo científico
tiene dos aspectos principales: uno que incesantemente rectifica el modo del
conocimiento, rectifica y refuerza los órganos de las sensaciones, elabora
principios nuevos y complejos de inducción y deducción, o sea que afina los
instrumentos mismos de la experiencia y de su control; y otro que aplica este
complejo instrumental (de instrumentos materiales y mentales) para establecer
aquello que en las sensaciones es necesario y aquello que es arbitrario,
individual, transitorio. Se establece lo que es común a todos los hombres, lo
que todos los hombres pueden controlar del mismo modo, independientemente unos
de otros, con tal de que hayan observado igualmente las condiciones técnicas de
investigación. "Objetivo" significa precisa y únicamente esto: que se
afirma ser objetivo, realidad objetiva, aquella realidad que es establecida por
todos los hombres, que es independiente de todo punto de vista simplemente
particular o de grupo. Pero en el fondo también ésta es una concepción
particular del mundo, es una ideología. Sin embargo esta concepción, en su
conjunto y por la dirección que indica, puede ser aceptada por la filosofía de
la praxis en tanto que debe recha zarse la del sentido común, que sin embargo
concluye materialmente del mismo modo. El sentido común afirma la objetividad
de lo real en cuanto que la realidad, el mundo, ha sido creado por dios
independientemente del hombre, antes del hombre; es por lo tanto expresión de
la concepción mitológica del mundo; por lo demás, el sentido común, al
describir esta objetividad, cae en los errores más groseros, en gran parte
permanece aún en la fase de la astronomía ptolomeica, no sabe establecer los
nexos reales de causa y efecto, etcétera, o sea que afirma como
"objetiva" una cierta "subjetividad" anacrónica, porque ni
siquiera sabe concebir que pueda existir una concepción subjetiva del mundo y
qué es lo que eso quiere o puede significar. ¿Pero todo lo que la ciencia
afirma es "objetivamente" verdadero? ¿De forma definitiva? Si las
verdades científicas fuesen definitivas, la ciencia habría dejado de existir
como tal, como investigación, como nuevos experimentos, y la actividad científica
se reduciría a una divulgación de lo ya descubierto. Lo cual no es cierto, por
suerte para la ciencia. Pero si las verdades científicas no son ni siquiera
ellas mismas definitivas y perentorias, también la ciencia es una categoría
histórica, es un movimiento en continuo desarrollo. Sólo que la ciencia no
plantea ninguna forma de "incognoscible" metafísico, sino que reduce
lo que el hombre no conoce a un empírico "no conocimiento" que no
excluye la cognoscibilidad, sino que la condiciona al desarrollo de los
elementos físicos instrumentales y al desarrollo de la inteligencia histórica
de los científicos individualmente considerados.
Si así es, lo que interesa a la ciencia
no es tanto la objetividad de lo real, sino el hombre que elabora sus métodos
de investigación, que rectifica continuamente sus instrumentos materiales que
refuerzan los órganos sensorios y los instrumentos lógicos (incluidas las
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1083
matemáticas)
de discriminación y de averiguación, o sea la cultura, o sea la concepción del
mundo, o sea la relación entre el hombre y la realidad con la mediación de la
tecnología. También en la ciencia, buscar la realidad fuera de los hombres,
entendido esto en el sentido religioso o metafísico, resulta ser ni más ni
menos que una paradoja. Sin el hombre, ¿qué significaría la realidad del
universo? Toda la ciencia está ligada a las necesidades, a la vida, a la
actividad del hombre. Sin la actividad del hombre, creadora de todos los
valores, incluso científicos, ¿qué sería la "objetividad"? Un caos, o
sea nada, el vacío, si es que así puede decirse, porque realmente, si se
imagina que no existe el hombre, no se puede imaginar la lengua ni el pensamiento.1
Para la filosofía de la praxis el ser no puede ser disociado del pensar, el
hombre de la naturaleza, la actividad de la materia, el sujeto del objeto; si
se hace esta disociación se cae en una de tantas formas de religión o en la
abstracción sin sentido.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 75-76.
53
<38>. Postular la ciencia como base
de la vida, hacer de la ciencia la concepción del mundo por excelencia, la que
limpia los ojos de toda ilusión ideológica, la que pone al hombre ante la
realidad tal como ella es, significa recaer en el concepto de que la filosofía
de la praxis tiene necesidad de apoyos filosóficos exteriores a sí misma. Pero
en realidad también la ciencia es una superestructura, una ideología_ ¿Se puede
decir, sin embargo, que en el estudio de las superestructuras la ciencia ocupa
un puesto privilegiado, por el hecho de que su reacción sobre la estructura
tiene un carácter particular, de mayor extensión y continuidad de desarrollo,
especialmente después del siglo XVIII, desde el momento en que se le hizo a la
ciencia un lugar aparte en el aprecio general? Que la ciencia es una
superestructura lo demuestra también el hecho de que ha tenido periodos enteros
de eclipse, oscurecida como lo fue por otra ideología dominante, la religión,
que afirmaba haber absorbido a la ciencia misma: así la ciencia y la técnica de
los árabes les parecían a los cristianos pura brujería. Además la ciencia, no
obstante todos los esfuerzos de los científicos, no se presenta nunca como
desnuda noción objetiva: aparece siempre revestida de una ideología y concretamente
es ciencia la unión del hecho objetivo con una hipótesis o un sistema de
hipótesis que superan el simple hecho objetivo. Es verdad, sin embargo, que en
este campo es relativamente fácil distinguir la noción objetiva del sistema de
hipótesis, con un proceso de abstracción que está incluido en la misma
metodología científica, de modo que es posible apropiarse la una y rechazar la
otra. He ahí por qué un grupo social puede apropiarse la ciencia de otro grupo
sin aceptar la ideología (la ideología de la evolución vulgar, por ejemplo), de
manera que las observaciones a ese respecto de Missiroli (y de Sorel) se vienen
abajo.2
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), p. 49.
310
<39>. Debe señalarse que junto al
más superficial entusiasmo por las ciencias, existe en realidad la mayor
ignorancia de los hechos y los métodos científicos, cosas muy difíciles y que
cada vez van siendo más difíciles por la progresiva especialización de nuevas
ramas de la investigación. La superstición científica lleva consigo ilusiones
tan ridículas y concepciones tan infantiles que la misma superstición religiosa
resulta ennoblecida. El progreso científico ha hecho nacer la creencia y la
expectativa de un nuevo tipo de Mesías, que realizará en esta tierra el país de
Jauja; las fuerzas de la naturaleza, sin ninguna intervención del esfuerzo
humano, sino por obra de mecanismos cada vez más perfeccionados, darán a la
sociedad en
1 1 En el
texto A, el punto de partida para estas consideraciones lo da una afirmación de
Bertrand Russell, retomada luego en el Cuaderno 7 (VII), § 25.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 7.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1084
abundancia
todo lo necesario para satisfacer sus necesidades y vivir desahogadamente.
Contra esta ilusión, cuyos peligros son evidentes (la supersticiosa fe
abstracta en la fuerza taumatúrgica del hombre, paradójicamente conduce a
esterilizar las bases mismas de esta misma fuerza y a destruir todo amor al
trabajo concreto y necesario, para fantasear, como si se hubiese fumado una
nueva especie de opio), hay que combatir con diversos medios, de los cuales el
más importante debería ser un mejor conocimiento de las nociones científicas
esenciales, divulgando la ciencia por medio de científicos y estudiosos serios
y no ya de periodistas omnisapientes y de autodidactas presuntuosos. En
realidad, puesto que se espera demasiado de la ciencia, se la concibe como una
brujería de tipo superior, y por ello no se logra valorar de manera realista
aquello que concretamente ofrece la ciencia.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), p. 39 bis.
311
IV. Los
instrumentos lógicos del pensamiento
<§
40>. Cfr. Mario Govi, Fondazione della Metodología. Logica ed Epistemologia,
Turín, Bocea, 1929, pp. 579. Govi es un positivista y su libro tiende a renovar
el viejo positivismo clásico, a crear un neopositivismo, En el fondo, para Govi
"metodología" tiene un significado muy restringido, de "pequeña
lógica": se trata para él de construir una nueva lógica formal, abstraída
de todo contenido, incluso donde habla de las diversas ciencias (clasificadas
según la metodología general, pero siempre exteriormente) que son presentadas
en su particular lógica abstracta (especializada, pero abstracta), que Govi
llama Epistemología, Govi divide la Metodología en dos partes: Metodología
general o Lógica propiamente dicha y Metodología especial o Epistemología. La
Epistemología tiene como fin primario y principal el conocimiento exacto de
aquel especial objetivo cognoscitivo al que se dirige cada diversa
investigación, para poder luego determinar los medios y el procedimiento para
conseguirlo. Govi reduce a tres los diversos objetivos cognoscitivos legítimos
de la investigación humana; estos tres objetivos constituyen toda la ciencia
humana y son irreductibles a uno solo, o sea que son esencialmente distintos.
Dos son objetivos cognoscitivos finales: el conocimiento teorético o de la
realidad, el conocimiento práctico o de lo que se debe o no se debe hacer; el
tercero consiste en los conocimientos que son medios para la adquisición de los
anteriores. Se tienen, pues, tres partes en la Epistemología: ciencia teorética
o de la realidad, ciencia práctica, ciencia instrumental. De ahí toda una
clasificación analítica de las ciencias. El concepto de legítimo tiene gran
importancia en el sistema de Govi (éste es parte de la metodología general o
ciencia del juicio): cada juicio, considerado en si, es verdadero o falso;
considerado subjetivamente, o sea como producto de la actividad del pensamiento
de quien lo hace, es legítimo o ilegítimo. Un juicio puede ser conocido como
verdadero o falso sólo en cuanto que es reconocido como legítimo o ilegítimo.
Son legítimos los juicios que son iguales en todos los hombres (que los tengan
o los hagan) y son formados en todos igualmente: son por lo tanto legítimos los
conceptos primitivos formados naturalmente y sin los cuales no se puede pensar,
los conceptos científicos formados metodológicamente, los juicios primitivos y
los juicios metodológicamente derivados de los juicios legítimos.
Estas
ideas están tomadas del artículo "Metodología o agnosticismo", en la
Civiltà Cattolica del 15 de noviembre de 1930.1 Parece que el libro de Govi es
interesante por el material histórico que incluye especialmente en torno a la
Lógica general y especial, al problema del conocimiento y a las teorías sobre
el origen de las ideas, a la clasificación de las ciencias y a
Cfr. nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
184.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1085
las
varias divisiones del saber humano, a las varias concepciones y divisiones de
la Ciencia teorética, práctica, etcétera. A su filosofía la llama Govi
"empirista-integralista", distinguiéndola de la concepción religiosa
y de la racionalista, en la cual predomina la filosofía kantiana: la distingue
también, pero en forma subordinada, de la concepción
"empirista-particularista" que es el positivismo. se distingue del
positivismo en cuanto que rebate algunos de sus excesos como la negación no
sólo de toda metafísica religiosa o racionalista, sino también de toda
posibilidad y legitimidad de una metafísica; Govi admite por el contrario la
legitimidad de una metafísica, pero con fundamentos puramente empíricos (!) y
construida, en parte, después y sobre la base de las ciencias reales
particulares. (Cfr. cuánto ha sido tomado de las teorías de Govi por los
neo-realistas ingleses y especialmente por Bertrand Rusell).1
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 58-58 bis.
312
<41>. La dialéctica corno parte de
la lógica formal y de la retórica. Cfr. para el modo de concebir la dialéctica
de los neotomistas, el librito Dialettica de los padres Liberatore y Corsi de
la Compañía de Jesús (Nápoles, Tipografia commerciale, 1930, en 8º, pp. 80, 7
liras).2 El padre Liberatore ha sido uno de los más célebres polemistas
jesuitas y director de la Civiltá Cattolica.
Debena
confrontarse también los dos volúmenes sobre la Dialettica de B. Labanca,
católico. 3 Por lo demás, en su capítulo sobre "Dialéctica y lógica"
en los Problemas fundamentales, Plejánov concibe la dialéctica como una sección
de la lógica formal, como la lógica del movimiento en confrontación con la
lógica del estancamiento.4 El vínculo entre dialéctica y retórica continúa
incluso hoy en el lenguaje común, en sentido superior cuando se quiere indicar
una oratoria apremiante, en la que la deducción o el nexo entre causa y efecto
es de carácter particularmente convincente, y en sentido peyorativo para la
oratoria charlatanesca, que deja con la boca abierta a los ignorantes.
En el manuscrito: "Debe".
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 58.
<42>. Valor puramente instrumental
de la lógica y de la metodología formales. Se puede aproximar la lógica formal
y la metodología abstracta a la "filología". También la filología
tiene un valor estrictamente instrumental, junto con la erudición. Una función
análoga es la de las ciencias matemáticas. Concebida como valor instrumental,
la lógica formal tiene su propio significado y su propio contenido (el
contenido está en su función), así como tienen su valor y su significado los
instrumentos y los utensilios de trabajo. Que una "lima" puede ser
usada indiferentemente para limar hierro, cobre, madera, diversas aleaciones
metálicas, etcétera, no significa que sea "sin contenido", puramente
formal, etcétera. Igualmente la lógica formal tiene su propio desarrollo, su
propia historia, etcétera; puede ser enseñada, enriquecida, etcétera.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 59 bis-60.
313
§
<43>. Bibliografía. Ver el libro de Tobias Dantzig, profesor de
matemáticas en la
Sobre Russell cfr. Cuaderno 4 (XII), §
41, y Cuaderno 7 (VII), § 25.
2 Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 183.
3 No ha
sido identificada la fuente de la que Gramsci obtuvo la indicación de esta obra
de Baldassarre Labanca (publicada en Florencia en 1874).
4 Cfr.
Plejánov, Les questions fondamentales du marxisme cit., pp. 97-107.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1086
universidad
de Maryland, Le nombre (Payot, París, 1931 ¿o 1932?), historia del número y de
la posterior formación de los métodos, de las nociones, de las investigaciones
matemáticas.1
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 60 bis.
<44>. La técnica del pensar. Sobre
este argumento debe confrontarse la afirmación contenida en el prefacio del
Anti-Dühring (3ª edición, Stuttgart, 1894, p. XIX) de que "el arte de
aperar con conceptos no es algo innato o dado en la conciencia común, sino que
es un trabajo técnico del pensamiento, que tiene una larga historia, ni más ni
menos que la investigación experimental de las ciencias naturales" (citado
por Croce en Materialismo storico ed economia marxistica, 1921, IV, p. 31).2 Este
concepto reaparece en numerosas notas.3 Debe verse el texto original de Engels,
para situar el pasaje en su contexto general. Crece, citándolo, señala entre
paréntesis que no se trata de un concepto "peregrino", sino que se
había hecho de sentido común ya antes de Engels. Pero no se trata de la mayor o
menor originalidad o peregrinidad del concepto, en este caso y para este
tratamiento: se trata de su importancia y del lugar que debe ocupar en un
sistema de filosofía de la praxis, y se trata de ver si recibe el reconocimiento
"práctico y cultural" que debe recibir. A este concepto hay que
remitirse para entender lo que quiere decir Engels cuando escribe que, después
de las innovaciones aportadas por la filosofía de la praxis, de la vieja
filosofía queda, entre otras cosas, la lógica formal, afirmación que Croce
reproduce en su ensayo sobre Hegel acompañándola con un signo de admiración.4
El estupor de Croce por la "rehabilitación" de la lógica formal que
parece implícita en la afirmación de Engels debe ser relacionado con su
doctrina de la técnica del arte, por ejemplo, y a toda una serie de otras
opiniones suyas que constituyen la suma de su efectivo
"antihistoricismo" y abstraccionismo metódico (las
"distinciones", cuyo principio "metódico" Crece se envanece
de haber introducido en la tradición "dialéctica", de principio
científico pasan a ser causa de "abstracción" y de antihistoricismo
en su aplicación formalista). Pero la analogía entre la técnica artística y la
técnica del pensamiento es superficial y falaz, al menos en cierto sentido.
Puede existir un artista que "conscientemente" o
"reflejamente" no conozca nada de la elaboración técnica precedente
(su técnica él la tomará ingenuamente del sentido común); pero esto no puede
suceder en la esfera de la ciencia en donde existe progreso y debe existir
progreso, en donde el progreso del conocimiento está estrechamente vinculado al
progreso instrumental, técnico, metodológico y está incluso condicionado por
éste, igual que en las ciencias experimentales en sentido estricto.
Además hay que plantear la cuestión de si
el idealismo moderno, y particularmente el crocismo, con su reducción de la
filosofía a una metodología de la historia no es esencialmente una
"técnica"; si el mismo concepto de "especulación" no es
esencialmente una investigación "técnica", ciertamente entendida en
un significado superior, menos extrínseco y material que la investigación que
culminó en la construcción de la lógica formal escolástica. No parece alejado
de semejante punto de vista Adolfo Omodeo cuando escribe (Critica del 20 de
julio de 1932, p. 295): (Loisy) "que había hecho la experiencia de los
sistemas de teología, desconfía de los de filosofía. Teme que una fórmula de
sistema mate todo interés por la historia concreta, que una deducción más o
menos dialéctica aniquile la plenitud humana de la efectiva formación
espiritual. Y en verdad, en todas las filosofías poskantianas, junto con la
iniciación a una visión panhistórica, está activa una tendencia
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
194.
2 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 18.
3 Cfr.
Cuaderno 1 (XVI), § 153; en particular pp. 98-98 bis. 4 Cfr. nota 3 al Cuaderno
4 (XIII), § 18.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1087
metahistórica
que querría dar de por sí un concepto metafísico del espíritu. Loisy advierte
la misma necesidad que en Italia ha generado la tentativa de reducir la
filosofía a simple metodología abstracta de la historia, contra la jactancia
metafísica que desprecia 'las burdas materialidades de la historia'. Él aclara
muy bien su concepto en el problema de la moral. Descarta las fórmulas
filosóficas porque éstas, con una consideración refleja sobre la moral, anulan
el problema de la vida y de la acción moral, de la formación de la personalidad
y de la conciencia, aquello que nosotros acostumbramos llamar la historicidad
del espíritu, la cual no es corolario de filosofía abstracta. Pero seguramente
la exigencia es llevada demasiado lejos, hasta desconocer la función de la
filosofía como control metódico de nuestros conceptos".1
En la
afirmación de Engels puede verse, aunque sea expresada en términos no
rigurosos, esta exigencia metodológica, que es tanto más viva cuanto más se
hace la referencia sobreentendida no para los intelectuales y para las llamadas
clases cultas, sino para las masas populares incultas, para las cuales todavía
es necesaria la conquista de la lógica formal, de la más elemental gramática
del pensamiento y de la lengua. Podrá surgir la cuestión del lugar que
semejante técnica debe ocupar en los cuadros de la ciencia filosófica, esto es,
si es que forma parte de la ciencia como tal, ya elaborada, o de la
propedéutica científica, del proceso de elaboración como tal. (De igual modo
nadie puede negar la importancia, en la química, de los cuerpos catalíticos,
porque no queda rastro de ellos en el resultado final.) También para la
dialéctica se presenta el mismo problema: ésta es un nuevo modo de pensar, una
nueva filosofía, pero también por ello una nueva técnica.
315 El
principio de la distinción, sostenido por Croce, y por lo tanto todas sus
polémicas con el actualismo gentiliano, ¿no son también cuestiones técnicas?
¿Se puede separar el hecho técnico del filosófico? Pero sí se le puede aislar
para los fines didascálicos prácticos. Y de hecho debe señalarse la importancia
que tiene la técnica del pensamiento en la construcción de los programas
didácticos. Tampoco se puede hacer el parangón entre la técnica del pensamiento
y las viejas retóricas. utas no creaban artistas, ni creaban el gusto, ni daban
criterios para apreciar la belleza: sólo eran útiles para crear un
"conformismo" cultural y un lenguaje de conversación entre literatos.
La técnica del pensamiento, elaborada como tal, no creará ciertamente grandes
filósofos, pero dará criterios de juicio y de control y corregirá las
torceduras del modo de pensar del sentido común.
Sería
interesante un examen comparativo de la técnica del sentido común, de la
filosofía del hombre de la calle, y la técnica del pensamiento reflejo y
coherente. También a este respecto vale la observación de Macaulay sobre las
debilidades lógicas de la cultura producidas por vía oratoria y declamatoria.2
Todo este
argumento debe ser bien estudiado, después de haberse recogido todo el material
posible al respecto. Debe vincularse a este argumento la cuestión, planteada
por los pragmáticos, del lenguaje como causa de error: Prezzolini, 3 Pareto, 4
etcétera. Debe profundizarse la cuestión del estudio de la técnica del
pensamiento como propedéutica, como proceso de elaboración, pero hay que ser
cautos porque la imagen de "instrumento" técnico puede llevar a
error. Entre "técnica" y "pensamiento en acto" existen más
identidades de las que existen en las ciencias experimentales entre
"instrumentos materiales" y ciencia propiamente dicha. Seguramente es
concebible un astrónomo que no sepa servirse de sus instrumentos (puede obtener
de otros el material de investigación que ha de elaborar
Cfr. la crítica de Adolfo Omodeo a Alfred
Loisy, Mémoires 'loar servir ir l'histoire religeuse de notre temps, Em.
Nourty, París,
1931, en
La Critica, 26 de julio de 1932 (año XXX, fase. IV), pp. 285-96.
Cfr. Cuaderno 1 (XVI), § 122 y nota 1.
3 Cfr.
nota 6 al Cuaderno 4 (XIII), § 18.
4 Cfr.
nota 7 al Cuaderno 4 (XI1T), § 18, y nota. 4 al Cuaderno 7 (VII), § 36_
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1088
matemáticamente)
porque las relaciones entre "astronomía" e "instrumentos
astronómicos" son exteriores y mecánicas y también en astronomía existe
una técnica del pensamiento además de la técnica de los instrumentos
materiales. Un poeta puede no saber leer y escribir: en cierto sentido también
un pensador puede hacerse leer y escribir todo aquello que le interesa de los
otros o que él ya ha pensado. Puesto que el leer y el escribir se refieren a la
memoria, son una ayuda de la memoria. La técnica del pensamiento no puede ser
parangonada con estas operaciones, por lo que puede decirse que importa enseñar
esta técnica así como importa enseñar a leer y escribir sin que ello interese a
la filosofía del mismo modo que el leer y el escribir no interesa al poeta como
tal.
"Los instrumentos mentales y morales
de que el hombre dispone son siempre los mismos (?): la observación, el
experimento, el razonamiento inductivo y deductivo, la habilidad manual (?) y
la fantasía inventiva.Según el método con el que estos medios son usados se
tiene una orientación empírica o científica de la actividad humana, con esta
diferencia entre ambas: que la segunda es mucho más rápida y tiene un
rendimiento mucho mayor" (Mario Camis, L'aeronautica e le scienze
biologiche, en Nuova Antologia del 16 de marzo de 1928).1
Ejemplos
de un modo de razonar simplista que, según la opinión común, es el modo de
razonar de la gran mayoría de los hombres (los cuales no se controlan y por lo
tanto no advierten hasta qué punto el sentimiento y el interés inmediato
enturbian el procesoa lógico). El razonamiento de Babbitt sobre las
organizaciones sindicales (en la novela de Sinclair Lewis): "Una buena
asociación obrera es una cosa buena porque impide los sindicatos
revolucionarios que destruirían la propiedad. Sin embargo, nadie debe ser
obligado a entrar en una asociación. Todos los agitadores laborales que
intentan obligar a quien sea a entrar en una asociación deberían ser ahorcados.
En pocas palabras, y entre nos sea dicho, no habría que permitir ninguna
asociación; y como ésta es la mejor manera de combatirlas, todo hombre de
negocios debería pertenecer a una asociación de empresarios y a la Cámara de
Comercio. La unión hace la fuerza. Por eso todo solitario egoísta que no forma
parte de la Cámara de Comercio debería ser obligado a afiliarse".2
En el manuscrito una variante
interlineal: "rigor".
El
razonamiento de don Ferrante es impecable formalmente, pero errado en las
premisos de hecho y en la presunción del razonador, de donde nace el sentido
del humorismo.
El modo
de razonar de Ilich en la novela de Tolstoi La muerte de Iván Ilich ("Los
hombres son mortales, Fulano es hombre, Fulano es mortal, pero yo no soy
Fulano", etcétera).3
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 55 bis-56 bis y 57-57 bis.
<45>. Esperanto filosófico y
científico. Del no comprender la historicidad de los lenguajes y por lo tanto
de las filosofías, de las ideologías y de las opiniones científicas, se sigue
la tendencia, que es propia de todas las formas de pensamiento (incluso de las
idealistas-historicistas), a construirse a sí mismas como un esperanto o
volapük de la filosofía y de la ciencia. Se puede decir que se ha perpetuado
(en formas siempre distintas y más o menos atenuadas) el estado de ánimo de los
pueblos primitivos con respecto a los otros pueblos con los que entraban en
relación. Cada pueblo primitivo se llamaba (o llama) a sí mismo con una palabra
que significa también "hombre" y a los otros con palabras que
significan "mudos" o "balbuceantes" (bárbaros), en cuanto
que no conocen la "lengua de los hombres" (de ahí ha venido la
bellísima paradoja por la que "caníbal" o comedor de hombres
significa
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 21.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 21.
11)
3 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 21.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1089
originalmente
—etimológicamente— "hombre por excelencia" u "hombre
verdadero").
Para los esperantistas de la filosofía y
de la ciencia, todo lo que no es expresado en su lenguaje es delirio, es
prejuicio, es superstición, etcétera; ellos (con un proceso análogo al que se
opera en la mentalidad sectaria) transforman en juicio moral o en diagnosis de
orden psiquiátrico lo que debería ser un simple juicio histórico. Muchos
rastros de esta tendencia se encuentran en el Ensayo popular. El esperantismo
filosófico está especialmente arraigado en las concepciones positivistas y
naturalistas; la "sociología" es seguramente el mayor producto de tal
mentalidad. Así las tendencias a la "clasificación" abstracta, al
metodologismo y a la lógica formal. La lógica y la metodología general son
concebidas como existentes en sí y por sí, como fórmulas matemáticas,
abstraídas del pensamiento concreto y de las concretas ciencias particulares
(así como se supone que la lengua existe en el vocabulario y en las gramáticas,
la técnica fuera del trabajo y de la actividad concreta, etcétera). Por lo
demás, no hay que pensar que la forma de pensamiento
"antiesperantista" signifique escepticismo o agnosticismo o
eclecticismo. Es cierto que toda forma de pensamiento debe considerarse a sí
misma como "exacta" y "verdadera" y combatir a las otras
formas de pensamiento; pero esto "críticamente". Por lo tanto la
cuestión es sobre las dosisa de "criticismo" y de
"historicismo" que están contenidas en cada forma de pensamiento. La
filosofía de la praxis, reduciendo la "especulatividad" a sus límites
justos (esto es, negando que la "especulatividad" como la entienden
incluso los historicistas del idealismo sea el carácter esencial de la
filosofía) parece ser la metodología histórica más apegada a la realidad y a la
verdad.
En el manuscrito: "sobre la
dosis".
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), pp. 53 bis-54.
V.
Traducibilidad de los lenguajes científicos y filosóficos
<46>. En 1921, tratando de
cuestiones de organización, Vilici escribió y dijo (poco más o menos) así: no
hemos sabido "traducir" a las lenguas europeas nuestra lengua.1
Cfr.
Cuaderno 7 (VII), p. 53 bis.
318
<47>. Hay que resolver el problema:
si la traducibilidad recíproca de los diversos lenguajes filosóficos y
científicos es un elemento "crítico"propio de toda concepción del
mundo o solamente propio de la filosofía de la praxis (en forma orgánica) y
sólo parcialmente apropiable por otras filosofías. La traducibilidad presupone
que una determinada fase de la civilización tiene una expresión cultural
"fundamentalmente" idéntica, aunque el lenguaje es históricamente
distinto, determinado por la particular tradición de cada cultura nacional y de
cada sistema filosófico, por el predominio de una actividad intelectual o
práctica, etcétera. Así, hay que ver si la traducibilidad es posible entre
expresiones de fases diversas de civilización, en cuanto que estas fases son
momentos de desarrollo una de la otra, y por lo tanto se integran
alternativamente, o si una expresión determinada puede ser traducida con los
términos de una fase anterior de una misma civilización, fase anterior que sin
embargo es más comprensible que el lenguaje dado, etcétera. Parece que puede
decirse precisamente que sólo en la filosofía de la praxis la
"traducción" es orgánica y profunda, mientras que desde otros puntos
de vista a menudo es un simple juego de "esquematismos" genéricos.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 7 (VII), § 2.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1090
<48>. Giovanni Vailati y la
traducibilidad de los lenguajes demicos. Pasaje de la Sagrada Familia en el que
se afirma que el lenguaje político francés de Proudhon corresponde y puede
traducirse al lenguaje de la filosofía clásica alemana.1 Esta afirmación
<es> muy importante para comprender algunos aspectos de la filosofía de
la praxis y para encontrar la solución de muchas aparentes contradicciones del
desarrollo histórico y para responder a algunas objeciones superficiales contra
esta teoría historiográfica (también útil para combatir algunos
abstraccionismos mecanicistas).
Debe
verse si este principio crítico puede emparentarse o confundirse con
afirmaciones análogas. En el fascículo de septiembre-octubre de 1930 de los
Nuovi Studi di Dirátto, Economia e Politica, en una carta abierta de Luigi
Einaudi a Rodolfo Benini ("Se esista, storicamente, la pretesa repugnanza
degli economisti verso il concetto dello Stato produttore")2 en una nota
de la p. 303 se lee: "Si yo poseyera la maravillosa facultad que en sumo
grado tenía el llorado amigo Vailati de traducir cualquier teoría del lenguaje
geométrico al algebraico, del hedonista al de la moral kantiana, de la
terminología económica pura normativa a la aplicada preceptista, podría
intentar traducir la página de Spirito a tu formalística, o sea economística
clásica. Sería un ejercicio fecundo, semejante a aquellos que refiere Loria,
emprendidos por él en su juventud, de exponer sucesivamente una determinada
demostración económica primero en el lenguaje de Adam Smith y luego en el de
Ricardo, y luego en el de Marx, de Stuart- Mili y de Cairnes. Pero son
ejercicios que después de hechos, como hacía Loria, se guardan en un cajón.
319
Sirven para enseñarnos humildad a cada uno de nosotros, cuando por un momento
nos imaginamos haber visto algo nuevo. Porque si esta novedad podía haberse
dicho con sus palabras y encuadrarse en el pensamiento de los viejos, es señal
de que esa cierta cosa se hallaba contenida en aquel pensamiento. Pero no
pueden ni deben impedir que cada generación use el lenguaje que mejor se adapta
a su modo de pensar y de entender el mundo. Se reescribe la historia; ¿por qué
no habría de reescribirse la ciencia económica, primero en términos de costo de
producción y luego de utilidad y luego de equilibrio histórico y por último de
equilibrio dinámico?" La observación metodológico-crítica de Einaudi está
muy circunscrita y se refiere más que a lenguajes de culturas nacionales, a
lenguajes particulares de personalidades de la ciencia. Einaudi se remite a la
corriente representada por algunos pragmatistas italianos, de Pareto, de
Prezzolini. Con su carta se propone fines críticos y metodológicos bastante
limitados: quiere dar una pequeña lección a ligo Spirito, en el cual, muy a
menudo, la novedad de las ideas, de los métodos, del planteamiento de los
problemas, es pura y simplemente una cuestión verbal, de terminología, de una
"jerga" personal o de grupo. Sin embargo debe verse si éste no es el
primer grado del más vasto y profundo problema que está implícito en la
afirmación de la Sagrada Familia. Así como dos "científicos",
formados en el terreno de una misma cultura fundamental, creen sostener "verdades"
distintas sólo porque emplean un lenguaje científico diferente (y no está
excluido que entre ellos no exista una diferencia y que ésta no tenga su
significado), lo mismo dos culturas nacionales, expresiones de civilizaciones
fundamentalmente semejantes, creen ser diferentes, opuestas, antagónicas, una
superior a la otra, porque emplean lenguajes de tradición distinta, formados en
actividades características y particulares de cada una de ellas: lenguaje
político- jurídico en Francia, filosófico, doctrinario, teórico en Alemania.
Para el historiador, en realidad, estas civilizaciones son traducibles
recíprocamente, reducibles la una a la otra. Esta traducibilidad no es
"perfecta", ciertamente, en todos los detalles, incluso
Cfr. Cuaderno 1 (XVI), _§ 44 y nota 31;
Cuaderno 1 (XVI), § 151; Cuaderno 3 (XX), § 48; Cuaderno 4 (XIII), § 3.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 42.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1091
importantes
(¿pero qué lengua es exactamente traducible a otra? ¿qué palabra aislada es
traducible exactamente a otra lengua?), pero lo es en el "fondo"
esencial. También es posible que una sea realmente superior a la otra, pero
casi nunca en aquello que sus representantes y sus partidarios fanáticos
pretenden, y especialmente casi nunca en su conjunto: el progreso real de la
civilización se produce por la colaboración de todos los pueblos, por
"impulsos" nacionales, pero tales impulsos casi siempre conciernen a
determinadas actividades culturales o grupos de problemas.
La
filosofía gentiliana es hoy la que más se ocupa de "palabras", de
"terminología", de "jerga", que toma por
"creaciones" nuevas [las que son] expresiones verbales nuevas no
siempre muy felices y adecuadas. La nota de Einaudi ha exasperado por eso mismo
a ligo Spirito, que sin embargo no logra responder nada concluyente.1 (Ver toda
la polémica en la revista citada.)
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp, 76-77.
320
<49>. La observación contenida en
la Sagrada Familia de que el lenguaje político francés equivale al lenguaje de
la filosofía clásica alemana 2 fue expresada "poéticamente" por
Carducci en la expresión: "decapitaron. Emmanuel Kant, a Dios —
Maximiliano Robespierre, al rey". A propósito de esta aproximación
carducciana entre la política práctica de M. Robespierre y el pensamiento
especulativo de E. Kant, B. Croce registra una serie de "fuentes"
filológicas muy interesantes, pero que para Croce tienen un alcance puramente
filológico y cultural, sin ningún significado teórico o
"especulativo". Carducci tomó el motivo de Heinrich Heine (tercer
libro del Zur Geschichte der Religion und Philosophie in Deutschland de 1834).
Pero la aproximación de Robespierre a Kant no es original de Heine. Croce, que
buscó el origen de la aproximación, escribe haber hallado una lejana alusión en
una carta del 21 de julio de 1795 de Hegel a Schelling (contenida en Briefe von
und an Hegel, Leipzig, 1887, I, 14-16), desarrollada luego en las lecciones que
el mismo Hegel dictó sobre la historia de la filosofía y sobre la filosofía de
la historia. En las primeras lecciones de historia de la filosofía, Hegel dice
que "la filosofía de Kant, de Fichte y de Schelling contiene en forma de
pensamiento la revolución", a la cual el espíritu en los últimos tiempos
se ha adelantado en Alemania, esto es, en una gran época de la historia
universal, en la que "sólo dos pueblos han tomado parte, los alemanes y
los franceses, por opuestos que sean entre sí, incluso precisamente por ser
opuestos"; de manera que, ahí donde el nuevo principio en Alemania
"ha hecho irrupción como espíritu y concepto", en Francia por el
contrario se ha manifestado "como realidad efectiva" (cfr. Vorles
über die Gesch. d. Philos., 2a. <ed.>. Berlín, 1844, ni, 485). En las
lecciones de filosofía de la historia, Hegel explica que el principio de la
voluntad formal, de la libertad abstracta, según el cual "la simple unidad
de la autoconciencia, el Yo, es la libertad absolutamente independiente y la
fuente de todas las determinaciones universales", "siguió siendo
entre los alemanes una tranquila teoria, 3 pero los franceses quisieron
realizarlo prácticamente" (Vorlesungen über die Philosophie der
Geschichte, 3a. <ed.>. Berlín, 1848, 531-32). Este pasaje de Hegel es
precisamente, a lo que parece, parafraseado en la Sagrada Familia donde se
defiende una afirmación de Proudhon contra Bauer,4 o, si no se la defiende, se
la explica según este canon hermenéutico hegeliano. Pero el pasaje de Hegel
parece mucho más importante como "fuente" del pensamiento expresado
en las Tesis sobre Feuerbach de que "los filósofos no han hecho más que
interpretar de diversos modos el mundo pero de lo
Cfr. nota 4 al Cuaderno 4 (XIII), § 42.
Véanse las remisiones contenidas en la
nota I al parágrafo precedente.
3 Las
cursivas son de Gramsci.
4 Cfr.
nota 4 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 208.
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que se
trata es de transformarlo",1 o sea que la filosofía debe convertirse en
política para verificarse, para seguir siendo filosofía, que la "tranquila
teoría" debe ser "ejecutada prácticamente", debe hacerse
"realidad efectiva", como fuente de la afirmación de Engels de que la
filosofía clásica alemana tiene como heredero legítimo al "pueblo"
alemán, y en fin como elemento para la teoría de la unidad de teoría y de
práctica.2
A, Ravá. en su libro Introduzione allo
studio della filosofia di Fichte (Módena, Formigaini, 1909, 6-8 n.) hace
observar a Croce que ya en 1791 Baggesen, en una carta a Reinhold, aproximaba
las dos revoluciones, que el escrito de Fichte de 1792 sobre la Revolución
francesa está animado por este sentido de afinidad entre la obra de la
filosofía y el acontecimiento político, y que en 1794 Schaumann desarrolló
particularmente el parangón, señalando que la revolución política de Francia
"hace sentir desde el exterior la necesidad de una determinación
fundamental de los derechos humanos" y la reforma filosófica alemana
"muestra desde el interior los medios y la vía mediante los cuales y por
la cual solamente puede ser satisfecha esta necesidad"; también el mismo
parangón daba motivo en 1797 a un escrito salir' ico contra la filosofía
kantiana. Ravá concluye que "el parangón estaba en el aire".
El
parangón fue repetido muchísimas veces en el curso del siglo xix (por Marx, por
ejemplo, en la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel) y
"dilatado" por Heine. En Italia, algunos años antes de Carducci, se
lo reencuentra en una carta de Bertran do Spaventa, bajo el título
"Paolottismo, positivismo e razionalismo", publicada en la Rivista
Bolognese de mayo de 1868 y reeditada en los Scritti filosofici (ed. Gentile,
p. 301). Croce concluye expresando algunas reservas sobre el parangón en cuanto
"afirmación de una relación lógica e histórica". "Porque si bien
es cierto que al Kant jusnaturalista responde muy bien en el campo de los
hechos a la revolución francesa, también es verdad que aquel Kant pertenece a
la filosofía del siglo XIX, que precedió e informó aquel movimiento político;
de donde el Kant que abre el futuro, el Kant de la síntesis a priori, es el
primer eslabón de una nueva filosofía, la cual sobrepasa a la filosofía que se
encarnó en la revolución francesa."3 Se comprende esta reserva de Croce
que sin embargo es impropia e incongruente, porque las mismas citas que Croce
hace de Hegel muestran que no se trata del particular parangón de Kant con
Robespierre, sino de algo más amplio y general, del movimiento político francés
en su conjunto y de la reforma filosófica alemana en su totalidad. Que Croce
sea favorable a las "tranquilas teorías" y no a las "realidades
efectivas", que una reforma "en idea" le parezca la fundamental
y no una en acción, se comprende: en tal sentido la filosofía alemana ha
influido en Italia en el periodo del Risorgimento, con el
"moderacionismo" liberal (en el sentido más estricto de
"libertad nacional"), por más que en De Sanctis se sienta la
intolerancia de esta posición "intelectualista" como se desprende de
su paso a la "Izquierda" y de algunos escritos, especialmente
"Scienza e vita",4 y los artículos sobre el verismo, etcétera.
Toda la cuestión debería ser revisada,
reestudiándose las referencias dadas por Croce y Ravk buscando otras, para
encuadrarlas en la cuestión que es tema de la sección, esto es, que dos
estructuras fundamentalmente similares tienen superestructuras "equivalentes"
y recíprocamente traducibles, cualquiera que sea el lenguaje particular
nacional. De este hecho tenían conciencia los contemporáneos de la Revolución
francesa y esto es de sumo interés. (Las notas de Croce sobre el parangón carducciano
entre Robespierre y Kant están publicadas en la 2a. Serie de las Conversazioni
Critiche, pp. 292 ss.).
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 65-66.
Cfr. nota 5 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
208.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 56.
3 Vale
hasta este punto la advertencia de la nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), 208.
4 Para el
discurso de De Sanctis "La scienza e la vita" cfr. Cuaderno 7 (VII),
§ 31, y Cuaderno 9 (XIV), § 42.
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VI.
Apuntes misceláneos
<50>. Historia de la terminología y
de las metáforas. La expresión tradicional de que la "anatomía" de la
sociedad está constituida por su "economía" 1 es una simple metáfora
tomada de las discusiones que tuvieron lugar en torno a las ciencias naturales
y a la clasificación de las especies animales, clasificación que entró en su
fase "científica" precisamente cuando se partió de la anatomía y no
ya de características secundarias y accidentales. La metáfora estaba justificada
también por su "popularidad", o sea por el hecho de que ofrecía
incluso a un público no refinado intelectualmente, un esquema de fácil
comprensión (este hecho casi nunca se tiene debidamente en cuenta: que la
filosofía de la praxis, proponiéndose reformar intelectual y moralmente a estratos
sociales culturalmente atrasados, recurre a metáforas a veces "groseras y
violentas" en su popularidad). El estudio del origen lingüístico-cultural
de una metáfora empleada para indicar un concepto o una relación nuevamente
descubierta, puede ayudar a comprender mejor el concepto mismo, en cuanto que
éste es remitido al mundo cultural, históricamente determinado, en el que
surgió, así como es útil para precisar los limites de la metáfora misma, o sea
para impedir que ésta se materialice y se mecanice. Las ciencias experimentales
y naturales han sido, en cierta época, un "modelo", un
"tipo"; y puesto que las ciencias sociales (la política y la
historiografía) trataban de encontrar un fundamento objetivo y científicamente
adecuado para darles la misma seguridad y energía de las ciencias naturales, es
fácil comprender que se haya recurrido a éstas para crear su lenguaje.
Por otra
parte, desde este punto de vista, es preciso distinguir entre los dos
fundadores de la filosofía de la praxis, cuyo lenguaje no tiene el mismo origen
cultural y cuyas metáforas reflejan intereses distintos.
Otra observación "lingüística"
está ligada al desarrollo de las ciencias jurídicas: se dice en el prólogo a la
Contribución a la crítica de la economía política que "no se puede juzgar
una época histórica por lo que ella piensa de sí misma", o sea por el
conjunto de sus ideologías. Este principio debe vincularse a aquél casi
contemporáneo por el que un juez no puede juzgar al acusado por lo que el
acusado piensa de sí mismo y de sus propios actos u omisiones (si bien esto no
significa que la nueva historiografía sea concebida corno una actividad de
tribunal), principio que ha llevado a la reforma radical de los métodos
procesales, ha contribuido a hacer abolir la tortura y ha dado a la actividad
judicial y penal una base moderna2
A este
mismo orden [de] observaciones pertenece la otra cuestión referente al hecho de
que las superestructuras son consideradas como simples y caducas
"apariencias". También en este "juicio" debe verse más un
reflejo de las discusiones nacidas en el terreno de las ciencias naturales (de
la zoología y de la clasificación de las especies, del descubrimiento de que la
"anatomía" debe ser colocada en la base de las clasificaciones) que
un derivado coherente del materialismo metafísico, para el cual los hechos espirituales
son una simple apariencia, irreal, ilusoria, de los hechos corporales. A este
origen históricamente verificable del "juicio" se ha venido en parte
sobreponiendo y en parte incluso sustituyendo lo que se puede llamar una simple
"actitud psicológica" sin alcance "cognoscitivo o
filosófico", como no es difícil demostrar, en la que el contenido teórico
es, escasísimo (o indirecto, y probablemente se limita a un acto de voluntad,
que en cuanto universal, tiene un valor
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
207.
Cfr., sobre el mismo tema, Cuaderno 1
(XVI), § 113 y Cuaderno 10 (XXXIII), parte II, § 41. XII.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1094
filosófico
o cognoscitivo implícito) y predomina la inmediata pasión polémica no sólo
contra una exagerada y deformada afirmación en sentido inverso (que sólo lo
"espiritual" sea real) sino contra la "organización"
político-cultural de la que tal teoría es la expresión. Que la afirmación de la
"apariencia" de las superestructuras no es un acto filosófico, de
conocimiento, sino sólo un acto práctico, de polémica política, se desprende
del hecho de que no es postulada como "universal", sino sólo para
determinadas superestructuras. Se puede observar, planteando la cuestión en
términos individuales, que quien es escéptico para el "desinterés" de
los otros, pero no para su propio "desinterés", no es
"escéptico" filosóficamente, sino que hace una cuestión de
"historia concreta individual"; el escepticismo sería tal, o sea un
acto filosófico, si el "escéptico" dudase de sí mismo o de su propia
capacidad filosófica, como consecuencia. Y de hecho es una observación obvia
que el escéptico, filosofando para negar la filosofía, en realidad la exalta y
la afirma. En el presente caso, la afirmación de la "apariencia" de
las superestructuras significa solamente la afirmación de que una determinada
"estructura" está condenada a perecer, debe ser destruida y el
problema que se plantea es si esta afirmación es de pocos o de muchos, si ya es
o está por convertirse en una fuerza histórica decisiva o si es puramente la
opinión aislada (o aislable) de algún fanático aislado obsesionado por ideas
fijas.
La actitud "psicológica" que
sustancia la afirmación de la "apariencia" de las superestructuras,
podría parangonarse con la actitud que se ha dado en ciertas épocas (¡también
ellas "materialistas" y naturalistas"!) con respecto a la
"mujer" y al "amor". Se veía a una graciosa jovencita,
dotada de todas aquellas cualidades físicas que tradicionalmente provocan el
juicio de "amabilidad". El hombre "práctico" valoraba su
estructura "esquelética", la amplitud de la "pelvis",
trataba de conocer a su madre y a su abuela, para ver cuál probable proceso de
deformación hereditaria sufriría con los años la actual jovencita, para tener
la posibilidad de prever qué "mujer" tendría después de diez, veinte,
treinta años. El joven "satánico", ateniéndose al pesimismo
ultrarrealista, habría observado a la jovencita con ojos "de
escalpelo": la habría juzgado "en realidad" un puro saco de
podredumbre, la habría imaginado ya muerta y enterrada, con "las órbitas
fétidas y vacías", etcétera, etcétera. Parece que esta actitud psicológica
es propia de la edad inmediatamente posterior a la pubertad, ligada a las
primeras experiencias, a las primeras reflexiones, a los primeros desengaños,
etcétera. Sin embargo es superada por la vida y una "determinada"
mujer no suscitará ya tales pensamientos.
En el
juicio de "apariencia" de las superestructuras hay un hecho del mismo
género: un "desengaño", un seudopesimismo, etcétera, que desaparece
de golpe cuando se ha "conquistado" el Estado y las superestructuras
son las del propio mundo intelectual y moral. Y de hecho estas desviaciones de
la filosofía de la praxis están ya en gran parte vinculadas a grupos de
intelectuales "vagabundos" socialmente, desencantados, etcétera,
desanclados, pero dispuestos a anclarse en cualquier buen puerto.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 65 y 77 bis.
<51 >. Serie de conceptos y de
posiciones filosóficas a examinar en una introducción al estudio de la
filosofía: trascendencia, teología, filosofía especulativa, historicismo
especulativo. ¿La "especulación" (en sentido idealista) no ha introducido
una trascendencia de nuevo tipo en la reforma filosófica caracterizada por las
concepciones inmanentistas? Parecería que sólo la filosofía de la praxis fuera
la concepción consiguientemente "inmanentista". Deben especialmente
revisarse y criticarse todas las teorías historicistas de carácter
especulativo. Se podría escribir un nuevo Anti-Dühring que podría ser un
"Anti-Croce" desde este punto de vista, reanudando no sólo la
polémica contra la filosofía
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1095
especulativa,
sino también la polémica contra el positivismo y el mecanicismo y las formas
inferiores de la filosofía de la praxis.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 77 bis-78.
325
<52>. Regularidad y necesidad.
¿Cómo surgió, en el fundador de la filosofía de la praxis, el concepto de
regularidad y de necesidad en el desarrollo histórico? No parece posible pensar
en una derivación de las ciencias naturales, sino que por el contrario parece
que debe pensarse en una elaboración de conceptos nacidos en el terreno de la
economía política, especialmente en la forma y en la metodología que la ciencia
económica recibió de David Ricardo. Concepto y hecho de "mercado
determinada", o sea verificación científica de que determinadas fuerzas
decisivas y permanentes han aparecido históricamente, fuerzas cuyo operador se
presenta con un cierto "automatismo" que consiente una cierta medida
de "previsibilidad" y de certeza para el futuro de las iniciativas
individuales que a tales fuerzas consienten después de haberlas intuido o
verificado científicamente. "Mercado determinado" equivale por lo
tanto a decir "determinada relación de fuerzas sociales en una determinada
estructura del aparato de producción", relación garantizada (o sea hecha
permanente) por una determinada superestructura política, moral, jurídica.
Después de haber verificado estas fuerzas decisivas y permanentes y su
espontáneo automatismo (o sea su relativa independencia de los arbitrios
individuales y de las intervenciones arbitrarias gubernativas), el científico,
como hipótesis, ha hecho absoluto el automatismo mismo, ha aislado los hechos
meramente económicos de las combinaciones más o menos importantes en que
realmente se presentan, ha establecido relaciones de causa y efecto, de premisa
y consecuencia, y así ha dado un esquema abstracto de una determinada sociedad
económica (a esta construcción científica realista y concreta a continuación se
ha ido sobreponiendo una nueva abstracción más generalizada del
"hombre" como tal, "ahistórico", genérico, abstracción que
ha parecido como la "verdadera" ciencia económica).
Dadas
estas condiciones en las que nació la economía clásica, para que se pueda
hablar de una nueva "ciencia" o de un nuevo planteamiento de la
ciencia económica (lo que es lo mismo) habría que haber demostrado que se han
ido verificando nuevas relaciones de fuerza, nuevas condiciones, nuevas
premisas, esto es, que se ha "determinado" un nuevo mercado con su
propio nuevo "automatismo" y fenomenismo que se presenta como algo de
"objetivo", parangonable al automatismo de los hechos naturales. La
economía clásica ha dado lugar a una "crítica de la economía
política", pero no parece que hasta ahora sea posible una nueva ciencia o
un nuevo planteamiento del problema científico. La "crítica" de la
economía política parte del concepto de la historicidad del "mercado
determinado" y de su "automatismo", mientras que los economistas
puros conciben estos elementos como "eternos", "naturales";
la crítica analiza realistamente las relaciones de las fuerzas que determinan
el mercado, profundiza sus contradicciones, valora las modificaciones
relacionadas con la aparición de nuevos elementos y con su reforzamiento y
presenta la "caducidad" y la "sustituibilidad" de la
ciencia criticada; la estudia como vida pero también como muerte y halla en su
interior los elementos que la disolverán y la superarán infaliblemente, y
presenta al "heredero" que será presuntivo —mientras no haya dado
pruebas manifiestas de vitalidad, etcétera. Que en la vida económica moderna el
elemento "arbitrario", bien sea individual, o de consorcios, o del
Estado, haya asumido una importancia que antes no tenía y que haya turbado
profundamente el automatismo tradicional, es un hecho que no justifica de por
si el planteamiento de nuevos problemas científicos, precisamente porque estas
intervenciones son "arbitrarías", de medida diversa, imprevisibles.
Puede justificar la afirmación de que la vida económica es modificada, que hay
"crisis", pero esto es obvio; por otra parte no se ha dicho que el
viejo
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1096
"automatismo"
haya desaparecido, éste se verifica [sólo] a escalas más grandes que [las]
<de> antes, para los grandes fenómenos económicos, mientras que los
hechos particulares han "enloquecido".
Hay que tomar estas consideraciones como
punto de partida para establecer lo que significan "regularidad",
"ley", "automatismo" en los hechos históricos. No se trata
de "descubrir" una ley metafísica de "determinismo" y
tampoco de establecer una ley "general" de causalidad. Se trata de
verificar cómo en el desarrollo histórico se constituyen fuerzas relativamente
"permanentes", que operan con una cierta regularidad y automatismo.
Incluso la ley de los grandes números, aunque sea muy útil como término de comparación,
no puede ser asumida como la "ley" de los hechos históricos. Para
establecer el origen histórico de este elemento de la filosofía de la praxis
(elemento que es, además, nada menos que su modo particular de concebir la
"inmanencia") habrá que estudiar el planteamiento que de las leyes
económicas fue hecho por David Ricardo. Se trata de ver que Ricardo no tuvo
importancia en la fundación de la filosofía de la praxis sólo por el concepto
del "valor" en economía, sino que tuvo una importancia "filosófica",
sugirió un modo de pensar y de intuir la vida y la historia. El método del
"puesto que",1 de la premisa que da una cierta consecuencia, parece
que debe set identificado como uno de los puntos de partida (de los estímulos
intelectuales) de las experiencias filosóficas de los fundadores de la
filosofía de la praxis. Debe verse si David Ricardo ha sido estudiado alguna
vez desde este punto de vista.
(Igualmente
hay que ver el concepto filosófico de "caso" y de "ley", el
concepto de una "racionalidad" o de una "providencia" por
donde se acaba en el teleologismo trascendental si no trascendente y el
concepto de "caso", como en el materialismo metafísico "que da
por supuesto al mundo".)
Parece que el concepto de
"necesidad" histórica está estrechamente vinculado al de
"regularidad" y de "racionalidad". La "necesidad"
en el sentido "especulativo-abstracto" y en el sentido
"histórico-concreto". Existe necesidad cuando existe una premisa
eficiente y activa, cuyo conocimiento en los hombres se ha vuelto actuante
planteando fines concretos a la conciencia colectiva, y constituyendo un
conjunto de convicciones y de creencias poderosamente actuante como las
"creencias populares". En la premisa deben hallarse contenidas, ya
desarrolladas o en vías de desarrollo, las condiciones materiales necesarias y
suficientes para la realización del impulso de voluntad colectiva, pero está
claro que de esta premisa "material", calculable cuantitativamente,
no puede ser separado un cierto nivel de cultura, es decir, un complejo de
actos intelectuales y de éstos (como su producto y consecuencia) un cierto
complejo de pasiones y sentimientos imperiosos, o sea que tengan la fuerza de
inducir a la acción "a toda costa".
Como se
ha dicho, sólo por esta vía es posible llegar a una concepción historicista (y
no especulativa-abstracta) de la "racionalidad" en la historia (y en
consecuencia de la "irracionalidad").
Conceptos
de "providencia" y de "fortuna" en el sentido en que son
empleados (especulativamente) por los filósofos idealistas italianos y
especialmente por Croce; habrá que ver el libro de Croce sobre G. B. Vico, en
el que el concepto de "providencia" es traducido en términos
especulativos y en el que se da principio a la interpretación idealista de la
filosofía de Vico. Para el significado de "fortuna" en Maquiavelo
debe verse Luigi Russo (nota en la p. 23 de la edición del Príncipe).2 Según
Russo, para Maquiavelo "fortuna" tiene un doble significado, objetivo
y subjetivo. La "fortuna" es la fuerza natural de las cosas (o sea el
nexo
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
128.
2 Cfr.
nata 1 al Cuaderna 8 (XXVIII), § 237.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1097
causal),
la concurrencia propicia de los acontecimientos, la que será la Providencia de
Vico, o bien es aquella potencia trascendente con la que fantaseaba la vieja
doctrina medieval —o sea dios— y para Maquiavelo esto no es en definitiva más
que la virtud misma del individuo y su potencia tiene raíces en la misma
voluntad del hombre. La virtud de Maquiavelo, como dice Russo, no es ya la
virtud de los escolásticos, la cual tiene un carácter ético y deriva su fuerza
del cielo, y tampoco la de Tito Livio, que sirve para significar principalmente
el valor militar, sino la virtud del hombre del Renacimiento, que es capacidad,
habilidad, industria, potencia individual, sensibilidad, olfato para las
oportunidades y medida de las propias posibilidades.1
Russo
fluctúa a continuación en su análisis. Para él el concepto de
"fortuna" como fuerza de las cosas, que en Maquiavelo como en los
humanistas conserva aún un carácter naturalista y mecánico hallará su
verificación y profundización histórica sólo en la Providencia racional de Vico
y de Hegel. Pero es preciso advertir que tales conceptos, en Maquiavelo, no
tienen nunca un carácter metafísico como en los auténticos filósofos del
humanismo, sino que son simples y profundas intuiciones (¡¡por lo tanto, filosofía!!)
de la vida, y como símbolos de sentimiento son entendidos y explicados.2
Sobre la lenta formación metafísica de
estos conceptos, para el periodo premaquiavélico, Russo remite a Gentile,
Giordano Bruno e il pensiero del Rinascimento (cap. “Il concetto dell'uomo nel
Rinascimento" y el "Appendice"), Florencia, Vallecchi. (Sobre
los mismos conceptos de Maquiavelo cfr. F. Ercole, La politica di Machiavelli.)
3
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), pp. 40-41 y 78 bis-79,
<53>. Filosofía especulativa. No
hay que ocultarse las dificultades que presenta la discusión y la crítica del
carácter "especulativo" de ciertos sistemas filosóficos y la
"negación" teórica de la "forma especulativa" de las
concepciones filosóficas. Cuestiones que se presentan: 1] ¿el elemento
"especulativo" es propio de toda filosofía, es la forma misma que
debe asumir toda construcción teorica en cuanto tal, o sea
"especulación" es sinónimo de filosofía y de teoría? 2] o bien debe
plantearse una cuestión "histórica": ¿el problema es sólo un problema
histórico y no teórico en el sentido de que toda concepción del mundo, en una
de sus fases históricas determinadas, asume una forma "especulativa"
que representa su apogeo y el inicio de su disolución? Analogía y relación con
el desarrollo del Estado, que de la fase "económico-corporativa" pasa
a la fase "hegemónica" (de consenso [activo]). Esto es, puede decirse
que cada cultura tiene su momento especulativo o religioso, que coincide con el
periodo de completa hegemonía del grupo social que expresa y quizá coincide
precisamente con el momento en que la hegemonía real se disgrega en la base,
molecularmente, pero el sistema de pensamiento, precisamente por eso (para
reaccionar contra la disgregación) se perfecciona dogmáticamente, se convierte
en una "fe" trascendental: por eso se observa que cada época
considerada de decadencia (en la que se produce una disgregación del viejo
mundo) se caracteriza por un pensamiento refinado y altamente "especulativo".
Por lo tanto, la crítica debe resolver la especulación en sus términos reales
de ideología política, de instrumento de acción práctica; pero la crítica misma
tendrá su fase especulativa, que marcará su apogeo. La cuestión es ésta: si
este apogeo no existe para ser el inicio de una fase histórica de nuevo tipo,
en la que habiéndose necesidad-libertad compenetrado orgánicamente, no habrá
más contradicciones sociales y la única
Cfr. nota 2 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
237.
Casi todo el párrafo es una cita textual
del comentario de Luigi Russo, aunque en el texto C, a diferencia del texto A.
fueron eliminadas las comillas. Cfr. nota 3 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 237.
Cfr. nata 4 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
237.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1098
dialéctica
será la ideal, la de los conceptos y no ya la de las fuerzas históricas.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 79.
329
<54>. Unidad de la teoría y la
práctica. Hay que investigar, analizar y criticar la diversa forma en que se ha
presentado en la historia de las ideas el concepto de unidad de la teoría y la
práctica, porque parece indudable que cada concepción del mundo y cada
filosofía se han preocupado de este problema.
Afirmación
de S. Tomás y de la escolástica: "Intellectus speculativus extensione fit
practicus", la teoría por simple extensión se hace práctica, o sea
afirmación de la necesaria conexión entre el orden de las ideas y el de la
acción.
Aforismo
de Leibniz, tan repetido por los idealistas italianos: "quo magis
speculativa, magis practica" dicho de la ciencia.1
La
proposición de G. B. Vico "verum ipsum factum" tan discutida y
diversamente interpretada (cfr. el libro de Croce sobre Vico y otros escritos
polémicos del mismo Croce)2 y que Croce desarrolla en el sentido idealista de
que el conocer es un hacer y que se conoce aquello que se hace, en d que
"hace" tiene un significado particular, tan particular que además
significa nada menos que "conocer" o sea que se resuelve en una
tautología (concepción que sin embargo debe ser puesta en relación con la
concepción propia de la filosofía de la praxis).
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 62.
<55>. Originalidad y orden
intelectual. Una máxima de Vauvenargues: "Es más fácil decir cosas nuevas
que poner de acuerdo las que ya han sido dichas".3 Se puede analizar esta
máxima en sus elementos. Es más difícil instaurar un orden intelectual
colectivo que inventar arbitrariamente principios nuevos y originales.
Necesidad de un orden intelectual, junto al orden moral, y al orden... público.
Para crear un orden intelectual, necesidad de un "lenguaje común"
(contra neolalismo intelectual y bohemismo). Originalidad "racional";
también el filisteo es un original, así como el disoluto. En la pretensión de
la originalidad hay mucha vanidad e individualismo, y poco espíritu creador,
etcétera.
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 60.
<56>. Buen sentido y sentido común.
Manzoni hace una distinción entre sentido común y buen sentido (cfr. Los
novios, cap. XXXII sobre la peste y sobre los untadores).a Hablando del hecho
de que a pesar de todo había algunos que no creían en los untadores, pero que
no podían sostener su opinión contra la opinión vulgar difundida, escribe:
"Se ve que era un desahogo secreto de la verdad, una confidencia
doméstica; el buen sentido existía; pero permanecía oculto, por miedo al
sentido común".4
Untore: individuo que, en el siglo XVIn,
se creía contagiaba la peste a los milaneses untándoles con un veneno. [T.]
Cfr.
Cuaderno 8 (XXVIII), p. 8 bis.
330
<57>. La realidad del mundo
externo. Cfr. Tolstoi, vol. r de los Racconti autobiografici
(Infanzia-Adolescenza, ed. Slavia, Turín, 1930, p. 232 (cap. XIX de la
Adolescenza titulado
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
199.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 8-(XXVIII), § 199. 3 Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
192. 4 Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), § 13.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1099
precisamente
"L'Adolescenza"): "Pero ninguna corriente filosófica me fascinó
tanto como la del escepticismo, que en cierto momento me condujo a un estado
próximo a la locura. Imaginaba que fuera de mí nadie y nada existía en todo el
mundo, que los objetos no eran objetos, sino imágenes, las cuales se me
aparecían sólo cuando fijaba la atención en ellas, y que apenas dejaba de
pensar en ellas, aquellas imágenes se desvanecían inmediatamente. En una
palabra, me hallaba de acuerdo con Schlegel al considerar que no existen los
objetos, sino nuestra relación con ellos. Había momentos en que, bajo la
influencia de esta idea fija, llegaba a rozar la locura, a tal punto que
rápidamente giraba sobre mí mismo hacia el lado opuesto, esperando sorprender
el vacío (le néant) allí donde yo no estaba".1
<58>. Ética. La máxima de E. Kant:
"Actúa de manera que tu conducta pueda convertirse en norma para todos los
hombres, en condiciones semejantes"2 es menos simple y obvia de lo que
parece a primera vista. ¿Qué se entiende por "condiciones
semejantes"? ¿Las condiciones inmediatas en que se actúa, o las
condiciones generales complejas y orgánicas, cuyo conocimiento exige una
investigación larga y críticamente elaborada? (Fundamento en la ética
socrática, en la que la voluntad —moral—tiene su base en el intelecto, en la
sabiduría, por lo que el mal obrar es debido a la ignorancia, etcétera y la
búsqueda del conocimiento crítico es la base de una moral superior o de la
moral sin más). La máxima kantiana puede ser considerada una perogrullada,
porque es difícil encontrar a alguien que no actúe creyendo encontrarse en las
condiciones en que todos actuarían como él. Quien roba por hambre considera que
quien tuviera hambre robaría, quien mata a la mujer infiel considera que todos
los maridos traicionados deberían matar, etcétera. Sólo los "locos"
en sentido clínico actúan sin creer que están en lo justo. La cuestión está
vinculada a otras: 1] cada uno es indulgente consigo mismo, porque cuando actúa
en forma "no conformista" conoce el mecanismo de sus propias
sensaciones y de sus propios juicios, de la cadena de causas y efectos que lo
han llevado a actuar, mientras que para los otros es rigorista, porque no
conoce [su] vida interior; 2] cada cual actúa según su cultura, o sea la
cultura de su ambiente, y "todos los hombres" para él son su
ambiente, aquellos que piensan como él: la máxima de Kant presupone una sola
cultura, una sola religión, un conformismo "mundial". La objeción que
no parece exacta es ésta, que "condiciones semejantes" no existen
porque entre las condiciones está incluido quien actúa, su individualidad,
etcétera.
Puede decirse que la máxima de Kant está
ligada a la época, al iluminismo cosmopolita, y a la concepción crítica del
autor, o sea que está ligada a la filosofía de los intelectuales como casta
cosmopolita. Por lo tanto quien actúa es el portador de las "condiciones
semejantes", o sea el creador de aquéllas; o sea que él "debe"
actuar según un "modelo" que desearía difundido entre todos los
hombres, según un tipo de civilización para cuyo advenimiento trabaja y para
cuya conservación "resiste" contra las fuerzas disgregadoras,
etcétera.
<59>. ¿Qué es la filosofía? ¿Una
actividad puramente receptiva o a lo sumo ordenadora, o bien una actividad
absolutamente creativa? Hay que definir qué se entiende por
"receptivo", "ordenador", "creativo".
"Receptivo" implica la certeza de un mundo externo absolutamente
inmutable,
que existe "en general"; objetivamente en el sentido vulgar del
término.
Gramsci había pedido a Tatiana que le
enviara dos volúmenes de los Racconti autobiografici de Tolstoi publicados por
la casa
editorial
Slavia de Turín (vol. I: Infanzia, adolescenza, vol. II: Giovinezza, Ricordi
dinfanzia), en una carta del 22 de septiembre de 1930 (cfr. LC, 369). Los dos
volúmenes no se han conservado entre los libros de la cárcel, pero según la
cita reproducida en este parágrafo resulta confirmado que Gramsci los había
recibido.
La misma máxima kantiana es comentada por
Gramsci en el Cuaderno 8 (XXVIII), § 156, repetido luego en el Cuaderno 16
(XXIII), § 12.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1100
"Ordenador"
se aproxima a "receptivo": si bien implica una actividad en el
pensamiento, esta actividad es limitada y estrecha. ¿Pero qué significa
"creativo"? ¿Significará que el mundo externo es creado por el
pensamiento? ¿Pero por qué pensamiento y de quién? Se puede caer en el
solipsismo y de hecho toda forma de idealismo cae en el solipsismo
necesariamente. Para escapar al solipsismo y al mismo tiempo a las concepciones
mecanicistas que están implícitas en la concepción del pensamiento como
actividad receptiva y ordenadora, hay que plantear la cuestión
"historicistamente" y al mismo tiempo poner en la base de la
filosofía la "voluntad" (en último análisis la actividad práctica o
política), pero una voluntad racional, no arbitraria, que se realiza en cuanto
que corresponde a necesidades objetivas históricas, o sea en cuanto que es la
misma historia universal en el momento de su actuación progresiva; si esta
voluntad está representada inicialmente por un solo individuo, su racionalidad
es documentada por el hecho de que es acogida por el gran número, y acogida
permanentemente, o sea que se convierte en una cultura, un "buen
sentido", una concepción del mundo, con una ética conforme a su
estructura. Hasta la filosofía clásica alemana, la filosofía fue concebida como
una actividad receptiva o a lo sumo ordenadora, o sea que fue concebida como
conocimiento de un mecanismo que funcionaba objetivamente fuera del hombre. La
filosofía clásica alemana introdujo el concepto de "creatividad" del
pensamiento, pero en sentido idealista y especulativo. Parece que sólo la
filosofía de la praxis hizo dar un paso adelante al pensamiento, sobre la base
de la filosofía clásica alemana, evitando toda tendencia al solipsismo,
historizando el pensamiento en cuanto que lo asume como concepción del mundo,
como "buen sentido" difundido en el gran número (y tal difusión no
sería en absoluto imaginable sin la racionalidad o historicidad) y difundido en
tal modo que se convierta en norma activa de conducta. Por lo tanto, creativo
hay que entenderlo en el sentido "relativo", de pensamiento que
modifica el modo de sentir del mayor número y por lo tanto de la realidad misma
que no puede ser pensada sin este mayor número. Creativo también en el sentido
de que enseña que no existe una "realidad" válida por sí misma, en sí
y por sí, sino en relación histórica con los hombres que la modifican,
etcétera.
332
<60>. Realidad del inundo externo.
¿Puede la concepción "subjetiva" de Berkeley ser disociada de la
religión, y de qué manera Berkeley vinculaba su concepción con sus creencias
religiosas? El Ensayo popular, así como el ensayo sobre Teoría y práctica, en
su simplismo no logra comprender cómo pueden estar vinculados con la religión
tanto el materialismo mecánico como el subjetivismo más extremo.1 Tampoco
Berkeley fue un "hereje" en religión: incluso su concepción es un
modo de concebir la relación entre la divinidad y el pensamiento humano, en el
fondo una "teología". En el ensayo sobre Teoría y práctica se cita La
vida es sueño, sin pensar que se trata de cuestiones de lenguaje, porque si
todo es sueño e incluso los sueños son sueños, sueño significa "vida"
y "realidad".2
<61>. Filósofos-literatos y
filósofos-científicos. ¿Tiene algún valor el hecha de que un filósofo haya
tomado como punto de partida una experiencia científica o una experiencia
"literaria"? Es decir, ¿qué filosofía es más "realista": la
que parte de las ciencias "exactas" o la que parte de la
"literatura", o sea de la observación del hombre en cuanto
intelectualmente activo y no sólo "parte mecánica de la naturaleza"?
1 Para
las referencias al escrito de Bujarin, Theory and practice cit., cfr. el
precedente § 17 y notas 1 y 2. Las anotaciones de Bujarin sobre Berkeley, en el
libro La théorie du matérialisme historique cit., se encuentran en las pp.
56-57.
Una cita de algunos versos de La vida es
sueño de Calderón de la Barca está en el ensayo citado de Bujarin, incluido en
el volumen Science at the Cross Ramis, en las pp. 6-7.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1101
<62>. Historicidad de la filosofía
de la praxis. Que la filosofía de la praxis se concibe a sí misma
historicistamente, esto es como una fase transitoria del pensamiento
filosófico, además de implícitamente de todo su sistema, se desprende explícitamente
de la conocida tesis de que el des-. arrollo histórico estará caracterizado en
cierto punto por el paso del reino de las necesidades al reino de la libertad.1
Todas las filosofías (los sistemas filosóficos) que han existido hasta ahora
han sido la manifestación de las íntimas contradicciones que han lacerado a la
sociedad. Pero cada sistema filosófico tomado en sí mismo no ha sido la
expresión consciente de estas contradicciones, porque tal expresión podía ser
dada sólo por el conjunto de los sistemas en lucha entre sí. Cada filósofo está
y no puede dejar de estar convencido de que expresa la unidad del espíritu
humano, o sea la unidad de la historia y de la naturaleza; de hecho, si no
hubiera tal convicción, los hombres no actuarían, no crearían nueva historia, o
sea que las filosofías no podrían convertirse en "ideologías", no
podrían asumir en la práctica la granítica solidez fanática de las
"creencias populares" que anmen la misma energía de las "fuerzas
materiales".2
En la historia del pensamiento
filosófico, Hegel representa un papel particular, porque, en su sistema, en una
u otra forma, aun en la forma de "novela filosófica", se logra
comprender qué es la realidad, o sea que se tiene, en un solo sistema y en un
solo filósofo, aquella conciencia de las contradicciones que antes era
resultado del conjunto de los sistemas, del conjunto de los filósofos, en
polémica entre sí, en contradicción entre sí.
En cierto
sentido, por lo tanto, la filosofía de la praxis es una reforma y un desarrollo
del hegelianismo, es una filosofía liberada (o que trata de liberarse) de todo
elemento ideológico unilateral y fanático, es la conciencia plena de las
contradicciones, en las que el mismo filósofo, entendido individualmente o
entendido como todo un grupo social, no sólo comprende las contradicciones sino
que se postula a sí mismo como elemento de la contradicción, eleva este
elemento a principio de conocimiento y por lo tanto de acción. El "hombre
en general", como quiera que se presente, es negado y todos los conceptos
dogmáticamente "unitarios" son menospreciados y destruidos en cuanto
expresión del concepto de "hombre en general" o de "naturaleza
humana" inmanente en cada hombre.
Pero si
también la filosofía de la praxis es una expresión de las contradicciones
históricas, incluso es su expresión más cumplida por consciente; significa que
ella también está ligada a la "necesidad" y no a la
"libertad" que no existe y no puede todavía existir históricamente.
Por lo tanto, si se demuestra que desaparecerán las contradicciones, se
demuestra implícitamente que también desaparecerá, o sea que será superada, la
filosofía de la praxis: en el reino de la "libertad" el pensamiento,
las ideas, no podrán ya nacer en el terreno de las contradicciones y de las
necesidades de la lucha. Actualmente el filósofo (de la praxis) sólo puede
hacer esta afirmación genérica y no ir más allá: de hecho no puede evadirse del
actual terreno de las contradicciones, no puede afirmar, más que genéricamente,
un mundo sin contradicciones sin crear inmediatamente una utopía.
Esto no
significa que la utopía no pueda tener un valor filosófico, porque ella tiene
un valor político, y toda política es implícitamente una filosofía aunque sea
inconexa y en esbozo. En este sentido la religión es la más gigantesca utopía,
o sea la más gigantesca "metafísica", aparecida en la historia,
porque es el intento más grandioso de conciliar en forma mitológica las
contradicciones reales de la vida histórica: ella afirma, en efecto, que el
hombre tiene la misma "naturaleza", que existe el hombre en general,
en cuanto creado por Dios, hijo de Dios,
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XLII), § 40.
Para las alusiones implícitas en estas
expresiones cfr. notas 1 y 2 al Cuaderno 7 (VII), § 21.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1102
por ello
hermano de los demás hombres, igual a los otros hombres, libre entre los otros
y como los otros hombres, y que él se puede concebir como tal reflejándose en
Dios, "autoconciencia" de la humanidad, pero afirma también que todo
esto no es de este mundo y para este mundo, sino de otro (—utópico—). Así las
ideas de igualdad, de fraternidad, de, libertad, fermentan entre Los hombres,
en aquellos estratos de hombres que no se ven ni como iguales, ni como hermanos
de otros hombres, ni como libres respecto a ellos. Así ha sucedido que en cada
sacudida radical de las multitudes, de un modo u otro, bajo formas e ideologías
determinadas, se han planteado estas reivindicaciones.
En este punto se inserta un elemento
propuesto por Vilici: en el programa de abril de 1917, en el párrafo dedicado a
la escuela unitaria y precisamente en la nota explicativa de tal párrafo (cfr.
la edición de Ginebra de 1918) se recuerda que el químico y pedagogo Lavoisier,
guillotinado durante el Tenor, sostuvo precisamente el concepto de la escuela
unitaria y ello en relación a los sentimientos populares de la época, que en el
movimiento democrático de 1789 veían una realidad en desarrollo y no sólo una
ideología-instrumento de gobierno y sacaban consecuencias igualitarias
concretas. 1 En Lavoisier se trataba de un elemento utópico (elemento que
aparece más o menos en todas las corrientes culturales que presuponen la
unicidad de "naturaleza" del hombre), sin embargo para Vilici esto
tenía el significado demostrativo-teórico de un principio político.
Si la
filosofía de la praxis afirma teóricamente que toda "verdad" creída
eterna y absoluta ha tenido orígenes prácticos y ha representado un valor
"provisional" (historicidad de toda concepción del mundo y de la
vida), es muy difícil hacer comprender "prácticamente" que semejante
interpretación es válida también para la misma filosofía de la praxis, sin
hacer tambalear aquellas convicciones que son necesarias para la acción. —Ésta
es, por lo demás, una dificultad que se vuelve a presentar para cada filosofía
historicista: de ella abusan los polemistas baratos (especialmente los
católicos) para contraponer en el mismo individuo al "científico" y
al "demagogo", al filósofo y al hombre de acción, etcétera, y para
deducir que el historicismo conduce necesariamente al escepticismo moral y a la
depravación. De esta dificultad nacen muchos "dramas" de conciencia
en los hombres pequeños y en los grandes, las actitudes "olímpicas" a
la Wolfgang Goethe.
He ahí
por qué la proposición del paso del reino de la necesidad al de la libertad
debe ser analizada y elaborada con mucha finura y delicadeza. Por eso sucede
también que la misma filosofía de la praxis tiende a convertirse en una
ideología en el peor sentido, o sea un sistema dogrnático de verdades absolutas
y eternas; especialmente cuando, como en el Ensayo popular, éste es confundido
con el materialismo vulgar, con la metafísica de la "materia" que no
puede ser sino eterna y absoluta.
Debe decirse también que el paso de la
necesidad a la libertad se da en la sociedad de los hombres y no en la
naturaleza (si bien podrá tener consecuencias en la intuición de la naturaleza,
en las opiniones científicas, etcétera).
Se puede
incluso llegar a afirmar que mientras todo el sistema de la filosofía de la
praxis puede llegar a ser caduco en un mundo unificado, muchas concepciones
idealistas, o al menos algunos aspectos de ellas, que son utópicas durante el
reino de la necesidad, podrían volverse "verdades" después del paso,
etcétera. No se puede hablar de "Espíritu" cuando la sociedad se
halla agrupada, sin necesariamente concluir que se trata de... espíritu de
cuerpo (cosa que es reconocida implícitamente cuando, como hace Gentile en el
libro sobre el "Modernismo", se dice, siguiendo las huellas de
Schopenhauer, que la religión es la filosofía de las multitudes, mientras que
la filosofía es la religión de los hombres más selectos, o sea de los grandes
Cfr. nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 45.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1103
intelectuales),
1 pero se podrá hablar de ello cuando se haya producido la unificación,
etcétera.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 78 bis-79 y 74 bis-75.
<63>. Concepto de
"ideología". La "ideología" ha sido un aspecto del
"sensualismo", o sea del materialismo francés del siglo XVIII. Su
significado original era el de "ciencia de las ideas" y puesto que el
análisis era el único método reconocido y aplicado de la ciencia, significaba
"análisis de las ideas" o sea "búsqueda del origen de las
ideas". Las ideas debían ser descompuestas en sus "elementos"
originales y éstos no podían ser más que las "sensaciones": las ideas
se derivan de las sensaciones. Pero el sensualismo podía asociarse sin
demasiada dificultad con la fe religiosa, con las creencias más extremas en la
"potencia del Espíritu" y en sus "destinos inmortales", y
así sucedió que Manzoni, incluso después de su conversión o regreso al
catolicismo, incluso cuando escribió los Inri sacri, mantuvo su adhesión en
líneas generales al "sensualismo", hasta que conoció la filosofía de
Rosrnini.
El más
eficaz propagador literario de la ideología fue Destutt de Tracy (1754-1836)
por la facilidad y popularidad de su exposición; otro, el doctor Cabanis con su
Rapport du Physique et du Moral (Condillac, Helvétius, etcétera, son más
estrictamente filósofos). Vínculo entre catolicismo e ideología: Manzoni,
Cabanis, Borget, Taine (Taine es jefe de escuela para Maurras y otros de
orientación católica); "novela psicológica" (Stendhal fue discípulo
de Tracy, etcétera). La obra principal de Destutt de Tracy es Eléments
d'Ideologie, París, 1817-18), que es más completa en la traducción italiana:
Elementi di Ideología del cante Destutt de Tracy, traducida por G. Compagnoni,
Milán, Stamperia di Giambattista Sonzogno, 1819 (en el texto francés falta una
sección entera, creo que la que trata del Amor, que Stendhal conoció y utilizó
de la traducción italiana).2
Cómo es que el concepto de Ideología de
"ciencia de las ideas", de "análisis sobre el origen de las
ideas", ha pasado a significar un determinado "sistema de ideas"
es algo que debe examinarse históricamente, porque lógicamente el proceso es
fácil de captar y comprender.
Se puede
afirmar que Freud es el último de los Ideólogos y que un "ideólogo"
es De Man, por lo que resulta aún más extraño el entusiasmo por De Man de parte
de Croce y los crocianos, si no hubiese una justificación "práctica"
de tal entusiasmo.
Debe
examinarse cómo el autor del Ensayo popular quedó atrapado en la Ideología,
mientras que la filosofía de la praxis representa una clara superación e
históricamente se contrapone precisamente a la Ideología. El mismo significado
que el término de "ideología" ha asumido en la filosofía de la praxis
contiene implícitamente un juicio de desvalor y excluye que para sus fundadores
el origen de las ideas debiera buscarse en las sensaciones y por lo tanto, en
último análisis, en la fisiología: esta misma "ideología" debe ser
analizada históricamente, según la filosofía de la praxis, como una
superestructura.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 65 bis-66.
<64>. "Objetividad" del
conocimiento. Para los católicos ". . . toda la teoría idealista se apoya
en la negación de la objetividad de todo nuestro conocimiento y en el monismo
idealista del 'Espíritu' (equivalente, en cuanto monismo, al positivista de la
'Materia') por lo que el fundamento mismo de la religión, Dios, no existe
objetivamente fuera de nosotros, sino
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 40.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 35.
También la última anotación entre paréntesis que faltaba en el texto A está
tomada del artículo citado del Marzoma.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1104
que es
una creación del intelecto. Por lo tanto el idealismo, no menos que el
materialismo, es radicalmente contrario a la religión". (Cfr. artículo del
padre Mario Barbera en la Civiltá Catiolica del 19 de junio de 1929).1
La
cuestión de la "objetividad" del conocimiento según la filosofía de
la praxis puede ser elaborada partiendo de la proposición (contenida en el
prólogo de Contribución a la crítica de la economía política) de que "los
hombres se vuelven conscientes (del conflicto entre las fuerzas materiales de
producción) en el terreno ideológico" de las formas jurídicas, políticas,
religiosas, artísticas, filosóficas.2 Pero tal conciencia ¿está limitada al
conflicto entre las fuerzas materiales de producción y las relaciones de
producción —según la letra del texto— o se refiere a todo conocimiento
consciente? Éste es el punto a elaborar y que puede elaborarse con todo el
conjunto de la doctrina filosófica del valor de las superestructuras. ¿Qué
significará, en tal caso, el término "monismo"? Ciertamente no el
materialista ni el idealista, sino identidad de los contrarios en el acto
histórico concreto, o sea actividad humana (historia-espíritu) en concreto,
conectada indisolublemente a una cierta "materia" organizada (historicizada),
a la naturaleza transformada por el hombre. Filosofía del acto (praxis,
desarrollo), pero no del acto "puro", sino precisamente del acto
"impuro", real en el sentido más profano y mundano de la palabra.
Cfr,
Cuaderno 4 (XIII), pp. 66 bis-67.
337
<65>. Filosofía-política-economía.
Si estas tres actividades son los elementos constitutivos necesarios de una
misma concepción del mundo, necesariamente debe existir, en sus principios
teóricos, convertibilidad de la una a la otra, traducción recíproca en el
propio lenguaje específico de cada elemento constitutivo: el uno está implícito
en el otro, y todos juntos forman un círculo homogéneo (cfr. las notas
precedentes sobre la traducibilidad recíproca de los lenguajes cientificos).3
De estas proposiciones (que deben ser elaboradas) se derivan, para el
historiador de la cultura y de las ideas, algunos criterios de investigación y
cánones críticos de gran significado. Puede suceder que una gran personalidad
exprese su pensamiento más fecundo no en el lugar que aparentemente debería ser
el más "lógico", desde el punto de vista clasificatorio externo, sino
en otro lugar que aparentemente puede ser juzgado extraño. Un hombre político
escribe de filosofía: puede suceder que su "verdadera" filosofía deba
buscarse por el contrario en los escritos de política. En toda personalidad hay
una actividad dominante y predominante: es en ésta donde hay que buscar su
pensamiento, implícito las más de las veces y en ocasiones en contradicción con
el que se expresa ex profeso. Es verdad que en tal criterio de juicio histórico
se hallan contenidos muchos peligros de diletantismo y que en la aplicación es
preciso ser muy cautos, pero esto no quita que el criterio sea fecundo en
verdades.
Realmente
el "filósofo" ocasional difícilmente consigue abstraerse de las
corrientes que dominan en su época, de las interpretaciones que han llegado a
ser dogmáticas sobre una cierta concepción del mundo, etcétera; mientras que,
por el contrario, como científico de la política se siente libre de estos
ídolos del tiempo o del grupo, se enfrenta más inmediatamente y con toda
originalidad a la misma concepción, penetra en lo más íntimo y la desarrolla de
forma vital. A este respecto sigue siendo útil y fecundo el pensamiento
expresado por Luxemburgo sobre la imposibilidad de afrontar ciertas cuestiones
de la filosofía de la praxis en cuanto que éstas todavía no se han vuelto
actuales para el curso de la historia general o de
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 37.
Cfr. nota 6 al Cuaderno 4 (XIII), § 15;
la remisión está ya en la nota 2 al § 37 del mismo Cuaderno.
3 Cfr. la
V sección de este Cuaderno (§ § 46-49).
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1105
un
determinado agrupamiento social.1 A la fase económico-corporativa, a la fase de
lucha por la hegemonía en la sociedad civil, a la fase estatal, corresponden
actividades intelectuales determinadas que no se pueden improvisar o anticipar
arbitrariamente. En la fase de la lucha por la hegemonía se desarrolla la
ciencia de la política; en la fase estatal todas las superestructuras deben
desarrollarse, so pena de la disolución del Estado.
Cfr.
Cuaderno 4 (X111), pp. 79 bis-80.
338
<66>. Sorel, Proudhon, De Man.
[(Cfr. p. 78)].2 La Nuova Antologia del 1º de diciembre de 1928 ha publicado un
largo (desde la p. 289 hasta la p. 307) ensayo de Georges Sorel intitulado
Ultime meditalzioni (Scritto paritario inedito).3 Se trata de un escrito de
1920, que debía servir de prefacio a una recopilación de artículos publicados
por Sorel en periódicos italianos desde 1910 hasta 1920 (recopilación que ha
sido publicada por la Casa Ed. "Corbaccio" de Milán, a cargo de Mario
Missiroli con el título L'Europa sotto la tormenta, seguramente con criterios
muy distintos a los que hubieran sido aplicados en 1920 cuando el prefacio fue
escrito: sería útil ver si en el libro se hallan reproducidos algunos artículos
como aquel dedicado a la Fiat y algunos otros).4 El retraso en la publicación
del libro no es independiente de las oscilaciones que en Italia ha tenido el
renombre de Sorel, debido a una serie de equívocos más o menos desinteresados,
y que hoy ha descendido mucho: existe ya una literatura antisoreliana.
El ensayo
publicado por la Nuova Antologia resume todos los méritos y todas las carencias
de Sorel: es tortuoso, desigual, incoherente, superficial, sibilino, etcétera;
pero ofrece o sugiere puntos de vista originales, encuentra nexos impensados y
no obstante ciertos, obliga a pensar y a profundizar.
¿Cuál es
el significado de este ensayo? este es claramente revelado por todo el
artículo, que fue escrito en 1920, y es una patente falsificación la notita
introductiva de la Nuova Antologia (debida probablemente al mismo Missiroli, de
cuya lealtad intelectual más vale no fiarse) que concluye con estas palabras:
"... un escritor, que asignó a la Italia de la posguerra la primacía
intelectual y política en Europa". (¿A cuál Italia? Algo al respecto
podría decir explícitamente Missiroli o se podría encontrar en las cartas
privadas de Sorel a Missiroli (cartas que deberían ser publicadas, según lo que
fue anunciado, pero que no lo serán o no lo serán íntegramente),5 pero se puede
argüir a partir de numerosos artículos de Sorel. De este ensayo es útil, como
recordatorio, anotar algunas ideas, recordando que todo el ensayo es muy
importante para comprender a Sorel y su actitud de la posguerra:
a] Bernstein sostuvo (Socialismo teorico
e socialdemocrazia practica, trad. francesa, pp. 53-
que un respeto supersticioso por la
dialéctica hegeliana condujo a Marx a preferir a las construcciones de los
utópicos tesis revolucionarias bastante próximas a las de la tradición
jacobina, babeuvista o blanquista; no se comprende entonces, sin embargo, cómo
es que en el Manifiesto no se habla de la literatura babeuvista que Marx
indudablemente conocía. Andler es del parecer (vol. II de su edición del
Manifiesto, p. 191) que Marx hace una alusión llena de desprecio por la
conspiración de los Iguales, cuando habla del ascetismo universal y
Cfr. nota 4 al Cuaderno 3 (XX), § 31; la
remisión está ya en la nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 46.
2 Cfr. el
subsiguiente § 69, que es una continuación de este § 66.
3 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 31.
4
Escribiendo, en septiembre de 1930, la primera redacción de este texto, Gramsci
dudaba que esta recopilación de artículos de Sorel, ya anunciada en 1929,
llegase a ser publicada. En la redacción de este texto C, Gramsci toma en
cuenta la publicación del libro, ya ocurrida (Sorel, L'Europa salto la tormenta
cit.), pero, aunque todavía no lo había recibido, creía poder anticipar una
reserva sobre los criterios seguidos en la selección de los artículos. Tal
reserva será precisada y confirmada por Gramsci después de haber visto el
libro: cfr. el subsiguiente § 69.
5 Cfr.
nota 5 al Cuaderno 4 (XIII), § 31.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1106
grosero
que se encuentra en las más antiguas reivindicaciones proletarias después de la
Revolución francesa.
b] Parece
que Marx no pudo liberarse nunca completamente de la idea hegeliana de la
historia, según la cual diversas eras se suceden en la humanidad, siguiendo el
orden de desarrollo del espíritu, que trata de alcanzar la perfecta realización
de la razón universal. A la doctrina de su maestro él añade la de la lucha de
clases: si bien los hombres no conocen más que las guerras sociales, a las que
son empujados por sus antagonismos económicos, cooperan inconscientemente en
una obra que sólo el metafísico supone.1 Esta hipótesis de Sorel es muy
aventurada y él no la justifica; pero evidentemente le concede gran
importancia, bien sea por su exaltación de Rusia, bien sea por su previsión de
la función civil de Italia (debe señalarse, a propósito de este acercamiento
Rusia-Italia, la actitud de D'Annunzio, en una época casi coincidente, en los
manuscritos que se hicieron circular en la primavera de 1920;2 ¿conoció Sorel
esta actitud dannunziana? Sólo Missiroli podría dar una respuesta). Según
Sorel, "Marx tenía una confianza tan grande en la subordinación de la
historia a las leyes del desarrollo del espíritu, que enseñó que, después de la
caída del capitalismo, la evolución hacia el Comunismoa perfecto se produciría
sin ser provocada por una lucha de clases (Carta sobre el programa de Gotha).
Parece que Marxb creía, como Hegel, que los diversos momentos de la evolución
se manifiestan en países distintos, cada uno de los cuales es especialmente
apto para cada uno de esos momentos (ver el prefacio del 21 de enero de 1882 a
una traducción rusa del Manifiesto). Él no hizo nunca una exposición explícita
de su doctrina; así, muchos marxistas están convencidos de que todas las fases
de la evolución capitalista deben producirse en la misma forma, en todos los
pueblos modernos. Estos marxistas son demasiado poco hegelianos".3
En el manuscrito: "Com.". b En
el manuscrito: "M.".
c] La cuestión: ¿antes o después de 18487
Sorel no entiende el significado de este problema, no obstante la literatura al
respecto (aunque sea literatura de pacotilla) y alude al "curioso"
(sic) cambio que se produjo en el espíritu de Marx a fines de 1850: en marzo
éste firmó un manifiesto de los revolucionariosa refugiados en Londres, en el
cual se trazaba el programa de una agitación revolucionariab a emprenderse en
vista de un nuevo y próximo sacudimiento social, que Bernstein encuentra digno
del bisoño de los revolucionarios de club (Socialismo teórico . ., p. 51),
mientras que después se convenció de que la revolución nacida de la crisis de
1847 acababa con aquella crisis. Ahora bien, los años siguientes al 48 fueron
de una prosperidad sin igual: faltaba pues para la revolución proyectada la
primera de las condiciones necesarias: un proletariado reducido al ocio y
dispuesto a combatir (cfr. Andler, T, pp. 55-56) ¿pero de qué edición?). Así
habría nacido en los marxistas la concepción de la miseria creciente, que
habría debido servir para espantar a los obreros e inducirlos a combatir en
vista de un empeoramiento probable incluso en una situación próspera
(explicación infantil y contradictoria de los hechos, si bien es cierto que de
la teoría de la miseria creciente se ha hecho un. instrumento de tal género, un
argumento de inmediata persuasión: y por lo demás, ¿se trató de un arbitrio?
Sobre la época en que nació la teoría de la miseria creciente debe verse la
publicación de Roberto Michels) 4
En el manuscrito: "Rival.", que
sustituye al término "comunista" empleado en el texto de Sorel citado
por Gramsei.
En el manuscrito: "rev.". En
general en este parágrafo los términos "revolución" y
"revolucionario" están abreviados, así como el término
En esta nueva redacción a] y b]
corresponden A. Cfr. nota 6 al Cuaderno 4 (XIII), § 31.
2 Cfr.
nota 7 al Cuaderno 4 (XIII), § 31.
3 Cfr.
nota 8 al Cuaderno 4 (XIII), § 31.
4 El
párrafo e] corresponde al punto 3o. del texto A. Cfr. nota 9 al Cuaderno
(XIII), § 31. Para la alusión a la publicación de Michels cfr. Roberto Michels,
La teoria de .1C Marx salla miseria creseente e le rae arigini. Contribuir) ala
staria dele domine economiche, Bocea, Turín, 1922.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1107
"proletariado".
d] Sobre
Proudhon: "Proudhon pertenecía a aquella parte de la burguesía más cercana
al proletariado; por eso los marxistas han podido acusarlo de ser un burgués,
mientras que los escritores más sagaces lo consideran como un admirable
prototipo de nuestros (es decir, franceses) campesinos y de nuestros artesanos
(cfr. Daniele Halévy en Débats del 3 de enero de 1913).1 Este juicio de Sorel
se puede aceptar. Y he aquí cómo explica Sorel la mentalidad
"jurídica" de Prouhon: "En razón de la modestia de sus recursos,
los campesinos, los propietarios de las fábricas más pequeñas, los pequeños
comerciantes están obligados a defender enérgicamente sus intereses ante los
tribunales. Un socialismo que se proponga proteger a las capas situadas en los
niveles más bajos de la economía, está naturalmente destinado a dar gran
importancia a la seguridad del derecho; y una tendencia semejante es
particularmente fuerte entre aquellos escritores que, como Proudhon, tienen la
cabeza llena de recuerdos de la vida rural".2 Y da todavía otras ideas
para reforzar este análisis, que no acaba de convencer: la mentalidad jurídica
de Proudhon está ligada a su antijacobinismo, a los recuerdos literarios de la
Revolución francesa y del antiguo régimen que se supone condujo a la explosión jacobina
precisamente por la arbitrariedad de la justicia: la mentalidad jurídica es la
sustancia del reformismo pequeño burgués de Proudhon y sus orígenes sociales
contribuyeron a formarla por otro y "más alto" nexo de conceptos y de
sentimientos: en este análisis Sorel se confunde con la mentalidad de los
"ortodoxos" tan despreciados por él. Lo extraño es que Sorel,
teniendo tal convicción sobre la tendencia social de Proudhon, lo exalte y en
ocasiones lo proponga como modelo o fuente de principios para el proletariado
moderno; si la mentalidad jurídica de Proudhon tiene este origen, ¿por qué los
obreros tendrían que ocuparse de la cuestión de un "nuevo derecho",
de una "seguridad del derecho", etcétera?
En este punto, se tiene la impresión de
que el ensayo de Sorel ha sido mutilado y que falta precisamente una parte,
referente al movimiento italiano de las fábricas: por el texto publicado, es
posible imaginar que Sorel habría encontrado en el movimiento de las comisiones
internas dirigidas a controlar los reglamentos de las fábricas y en general la
"legislación" interna de las fábricas que dependía únicamente del
arbitrio incontrolado de los empresarios, el equivalente de las exigencias que
Proudhon reflejaba para los campesinos y los artesanos. El ensayo, tal como
está publicado, es incoherente e incompleto; su conclusión, referente a Italia
("Muchas razones me habían conducido a suponer, desde hacía mucho tiempo,
que lo que un hegeliano llamaría el Weitgeist, corresponde hoy a Italia.
Gracias a Italia, la luz de los tiempos nuevos no se apagará"3) no tiene
ninguna demostración, aunque fuese en esbozos y alusiones, al modo de Sorel. En
la última nota hay una alusión a los consejos de los obreros y campesinos en
Alemania, "que yo consideraba afines al espíritu proudhoniano" y una
cita de los Materiali per una teorice . . . (pp. 164 y 394). 4 Sería
interesante saber si verdaderamente el ensayo fue mutilado y por quién: si
directamente por Missiroli o por otros.
Nota I.
No se puede comprender a Sorel como figura de "intelectual
revolucionario" si no se piensa en la Francia posterior a 1870, así como
no se puede comprender a Proudhon sin el "pánico antijacobino" de la
época de la Restauración. El 70 y el 71 vieron en Francia dos terribles
derrotas, la nacional, que pesó sobre los intelectuales burgueses, y la derrota
popular de la Comuna que pesó sobre los intelectuales revolucionarios: la
primera creó tipos como Clémenceau, quintaesencia del jacobinismo nacionalista
francés, la segunda creó al
Cfr. nota 10 al Cuaderno 4 (XIII), § 31.
2 Cfr.
nota 11 al Cuaderno 4 (XIII), § 31. 3 Cfr. nota 12 al Cuaderno 4 (XIII), § 31.
4 Cfr. nota 13 al Cuaderno 4 (XIII), § 31.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1108
antijacobino
Sorel y el movimiento sindicalista "antipolítico". El curioso
antagonismo de Sorel, sectario, mezquino, antihistórico, es una consecuencia
del desangramiento popular del 71 (debe verse a este respecto la "Lettre á
M. Daniel Halévy" en el Mouvement Socialiste, 16 de agosto y 15 de
septiembre de 1907);1 de ahí viene una curiosa luz para sus Reflexiones sobre
la violencia. El derramamiento de sangre de 1871, cortó el cordón umbilical
entre el "nuevo pueblo" y la tradición de 1793: Sorel habría querido
ser el representante de esta ruptura entre pueblo y jacobinismo histórico, pero
no lo logró.
Nota II. Los escritos de Sorel de la
posguerra tienen cierta importancia para la historia de la cultura occidental.
Sorel atribuye al pensamiento de Proudhon toda una serie de instituciones y de
actitudes ideológicas de este periodo. ¿Por qué pudo Sorel hacer esto? ¿Es
absolutamente arbitrario este juicio suyo? Y dada la agudeza de Sorel como
teórico de las ideas, que excluye, al menos en gran parte, una tal
arbitrariedad, ¿de qué experiencias culturales partió Sorel, y no es todo ello
importante para un juicio global de la obra soreliana? Es cierto que hay que
reestudiar a Sorel, para captar por debajo de las incrustaciones parasitarias
depositadas sobre su pensamiento por admiradores diletantes e intelectuales, lo
que en aquél es más esencial y petmanente. Hay que tener presente que se ha
exagerado mucho sobre la "austeridad" y "seriedad" moral e
intelectual de Sorel; del epistolario con Croco se desprende que él no siempre
vencía los estímulos de la vanidad: eso lo revela, por ejemplo, el tono remiso
de la carta en la que quiere explicar a Croce su adhesión (titubeante e incluso
platónica) al "Círculo Proudhon" de Valois y su coqueteo con. Los
elementos jóvenes de la tendencia monárquica y clerical.2
Más aún:
había mucho diletantismo, mucho "no empeñarse nunca a fondo", por lo
tanto mucha intrínseca irresponsabilidad en las actitudes "políticas"
de Sorel, que no eran nunca estrictamente políticas, sino
"culturales-políticas", "intelectuales-políticas", "au
dessus de la mélee": también a Sorel se le podrían hacer muchas
acusaciones semejantes a las contenidas en el opúsculo de uno de sus
discípulos, I misfatti degli intellettuali. 3 Él mismo era un intelectual
"puro" y por eso habría que separar, con un análisis cuidadoso, lo
que hay en sus obras de superficial, de brillante, de accesorio, ligado a las
contingencias de la polémica extemporánea, y lo que hay de "carnoso"
y sustancioso, para hacerlo entrar, así definido, en el círculo de la cultura
moderna.
Nota III.
En 1929, después de la publicación de una carta en la que Sorel hablaba de
Oberdan,4 se multiplicaron los artículos de protesta por algunas expresiones
usadas por Sorel en sus cartas a Croco y Sorel fue "demolido"
(particularmente violento fue un artículo de Arturo Stanghellini reproducido en
la Italia Letteraria de aquellos días).5 El epistolario fue interrumpido en el
número siguiente de la Critica y reanudado, sin mención alguna del incidente,
pero con algunas novedades: bastantes nombres fueron publicados sólo con las
iniciales y se tuvo la impresión de que algunas cartas no fueron publicadas o
que fueron expurgadas. Desde este momento comienza en el periodismo una nueva
valoración de Sorel y de sus relaciones con Italia.
En
ciertos aspectos Sorel se puede parangonar con De Man, pero ¡qué diferencia
entre los dos! De Man se embrolla absurdamente en la historia de las ideas y se
deja deslumbrar por las apariencias superficiales; si alguna reconvención se le
puede hacer a Sorel es precisamente en sentido contrario, la de que analiza
demasiado minuciosamente la sustancia
Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 70.
Cfr. nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 44 y
nota 2 al Cuaderno 2 (XXIV), § 74.
3 Cfr.
nota 4 al Cuaderno 4 (XIII), § 44. 4 Cfr. nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 63. 5
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 63.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1109
de las
ideas y de que pierde a menudo el sentido de las proporciones.
343 Sorel
encuentra que una serie de acontecimientos de la posguerra son de carácter
proudhoniano; Croce encuentra que De Man señala un retorno a Proudhon,1 pero De
Man, típicamente, no comprende los acontecimientos de la posguerra indicados
por Sorel. Para Sorel es proudhoniano lo que es creación "espontánea"
del pueblo, es "ortodoxo" lo que es de origen burocrático, porque
tiene siempre ante sí como obsesiones, de una parte la burocracia de la
organización alemana y de la otra el jacobinismo, ambos fenómenos de
centralización mecánica con las palancas de mando en manos de una banda de
funcionarios. De Man fue siempre, en realidad, un ejemplar pedante de la
burocracia laborista belga: todo es pedante en él, incluso el entusiasmo. Cree
haber hecho descubrimientos grandiosos, porque repite con un formulario
"científico" la descripción de una serie de hechos más o menos
individuales: es una típica manifestación de positivismo, que duplica el hecho,
describiéndolo y generalizándolo en una fórmula y después de la formulación del
hecho hace la ley del hecho mismo. Para Sorel, como se desprende del ensayo
publicado por la Nuova Antologia, lo que cuenta en Proudhon es la orientación
psicológica, no ya la actitud práctica concreta, sobre la cual, en verdad,
Sorel no se pronuncia explícitamente: esta orientación psicológica consiste en
"confundirse" con los sentimientos populares (campesinos y
artesanos), que concretamente brotan de la situación real impuesta al pueblo
por los ordenamientos económico- estatales, en "hundirse" en ellos
para comprenderlos y expresarlos en forma jurídica, racional; esta o aquella
interpretación, o incluso el conjunto de ellas, pueden ser erróneas, o
fantásticas, o incluso ridículas, pero la actitud general es lo más productivo
de consecuencias valiosas. La actitud de De Man, por el contrario, es la
"cientificista": se inclina ante el pueblo no para comprenderlo
desinteresadamente, sino para "teorizar" sus sentimientos, para
construir esquemas seudocientíficos; no para ponerse al unísono y extraer
principios jurídico-educativos, sino como el zoólogo observa un mundo de
insectos, como Maeterlinck observa las abejas y las hormigas.
De Man
tiene la pretensión pedante de sacar a la luz y al primer plano los llamados
"valores psicológicos y éticos" del movimiento obrero; ¿pero puede
eso significar, como pretende De Man, una refutación perentoria y radical de la
filosofía de la praxis?2 Eso sería como decir que el sacar a la luz el hecho de
que la gran mayoría de los hombres está aún en la fase ptolomeica, signifique
refutar las doctrinas copernicanas, y que el folklore deba sustituir a la
ciencia. La filosofía de la praxis sostiene que los hombres adquieren
conciencia de su posición social en el terreno de las ideologías;3 ¿acaso habrá
excluido al pueblo de este modo de tomar conciencia de sí? Pero es una
observación obvia que el mundo de las ideologías está (en su conjunto) más
atrasado que las relaciones técnicas de producción: un negro apenas llegado de
África puede convertirse en empleado de la Ford, aunque durante mucho tiempo
siga siendo fetichista y aunque siga convencido de que la antropofagia es un
modo de nutrirse normal y justificado. De Man, si se hiciera una encuesta al
respecto, ¿qué conclusiones sacaría de ella? Que la filosofía de la praxis debe
estudiar objetivamente lo que los hombres piensan de sí mismos y de los otros a
este respecto está fuera de toda duda, ¿pero debe aceptar supinamente como
eterno este modo de pensar? ¿No sería éste el peor de los mecanicismos y de los
fatalismos? Tarea de toda iniciativa histórica es la de modificar las fases
culturales precedentes, la de hacer homogénea la cultura a un nivel superior al
precedente, etcétera. En realidad la filosofía de la praxis siempre ha
trabajado en ese terreno que De Man cree haber descubierto, pero ha trabajado
en él para innovar, no para conservar supinamente. El
"descubrimiento" de De Man es un lugar común y su refutación es un
refrito
Cfr. nota 14 al Cuaderno 4 (XIII), § 31.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 8 (XXVIII), §
167.
3 Cfr.
nota 6 al Cuaderno 4 (XIII), § 15.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1110
poco
sabroso.
Con este "conservadurismo" se
explica el discreto éxito de De Man, incluso en Italia, al menos en ciertos
ambientes (especialmente en el ambiente crociano-revisionista y en el
católico). Del libro principal de De Man, Croce escribió un anuncio en la
Critica de 1928,1 De Ruggiero escribió una reseña en la Critica de 1929;2 la
Civiltá Cattolica y el Leonardo reseñas en 1929;3 G. Zibordi lo mencionó en su
librito sobre Prampolini;4 un anuncio editorial muy elogioso hizo de él la Casa
Laterza para la traducción de Schiavi5 y Schiavi habló de él como de algo
grande en su prefacio;6 artículos de adhesión publicó I Problemi del Lavoro, Ve
reprodujo las tesis finales no reproducidas en la traducción de Schiavi.7 La
Italia Letteraria del 11 de agosto de 1929 publicó una reseña de Umberto
Barbaro. Escribe Barban): ". . una crítica del marxismo que, si bien se
vale de las anteriores 'revisiones' de carácter económico, en general está
basada en una cuestión táctica (sic) relativa a la psicología de las masas obreras".
"De los muchos intentos de ir au de là del marxismo (el traductor, el
conocido abogado Alessandro Schiavi, modifica un poco el título, en
'superación' en sentido crociano y muy justificadamente (!) por lo demás,
porque el mismo De Man considera la suya como una posición en antítesis
necesaria para una síntesis superior) éste no es ciertamente de los más
poderosos y mucho menos de los más sistemáticos; incluso porque la crítica se
basa predominantemente en aquella misteriosa y huidiza, aunque ciertamente fascinante,
seudociencia que es la psicología. Con respecto al 'movimiento' este libro es
más bien derrotista y a veces proporciona incluso argumentos a las tendencias
que quiere combatir: al fascismo por un grupo de observaciones sobre los
estados afectivos y sobre los 'complejos' (en sentido freudiano) de los obreros
de los que se derivan ideas de 'alegría del trabajo' y de 'artesanado', y al
comunismo y al fascismo juntos por la escasa eficacia de los argumentos en
defensa de la democracia y del reformismo".8
Reseña de Paulo Milano en la Italia che
Scrive de septiembre de 1929.9 Milano distingue en la obra de De Man dos
aportaciones: <1°> la masa de observaciones psicológicas sobre la fase de
desarrollo, las desviaciones, las reacciones contradictorias del movimiento
obrero y socialista en años recientes, una sagaz colección de datos y
documentos sociales, en suma: el análisis de la evolución reformista de las
masas obreras por un lado y de los grupos patronales por el otro, según Milano,
es rica y satisfactoria; <2º> y la discusión teórica de la que debería
resultar la "superación del marxismo" (exactamente, para De Man, el
"repudio" del marxismo). Para De Man la filosofía de la praxis, en
su. fondo mecanicista y racionalista (!), es superada por las investigaciones
más recientes, que han asignado a la concatenación racional solamente un lugar,
y ni siquiera el más importante, en la serie de Tos movimientos de los actos
humanos. A la reacción mecánica (!) de la dialéctica marxista, la ciencia
moderna
ha sustituido victoriosamente (!) una
reacción psicológica, cuya intensidad no es proporcional (?) a la causa agente.
Para Milano: "Ya está claro que cualquier crítica a la concepción marxista
de la historia Lleva automáticamente a plantear el contraste entre
interpretación materialista e interpretación idealista del mundo y a asignar en
sustancia una. prioridad al ser o al conocer". De Man ha escapado a este
problema, o mejor, se ha detenido a medio camino, declarándose por una
concepción de los hechos humanos como generados
Cfr. nota 4 al Cuaderno 1 (XVI), § 132;
para el libro de De Man cfr. nota 13 al § 61 del mismo Cuaderno.
2 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 2.
3 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 2.
4 Cfr.
nota 4 al Cuaderno 4 (XIII), § 2.
5 Cfr.
nota 5 al Cuaderno 4 (XIII), § 2.
6 Cfr.
nota 6 al Cuaderno 4 (XIII), § 2.
7 Cfr.
nota 7 al Cuaderno 4 (XIII), § 2.
8 Cfr.
nota 8 al Cuaderno 4 (XIII), § 2.
9 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 30.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1111
por
"motores psicológicos" y por "complejos" sociales, o sea
que De Man está influido por la psicología freudiana, sobre todo a través de
las aplicaciones a las doctrinas sociales, intentadas por Adler (¿quizá Max
Adler? ¿y en qué escritos?).1 Observa Milano: "Se sabe por lo demás qué
débil terreno es la psicología en las investigaciones históricas: tanto más
equívoco en investigaciones del tipo de éstas de que se habla. Los fenómenos
psicológicos, en efecto, se prestan en distintas ocasiones a ser indicados como
tendencias volitivas o como hechos materiales; entre estas opuestas
interpretaciones oscila también De Man y evita por lo tanto una toma de
posición sobre el punto crucial de la confrontación. Un lector sagaz juzgará
más bien verdaderamente psicológico el origen de la obra de De Man: nacida de
una crisis de desencanto y de la comprobación de la insuficiencia de las
doctrinas marxistas integrales para explicar los fenómenos que se habían
ofrecido a la observación del autor durante su trabajo político cotidiano. No
obstante sus óptimas intenciones, el tenor del libro no supera esta documentada
y animada comprobación ni logra una refutación teórica en el plano adecuado y
con el vigor 'necesario' " .y concluye: "La prueba nos la da el
último capítulo, en el que el tratamiento verbal querría concluir con la
recomendación de una posición política práctica. De Man, evitando igualmente
los dos extremos de una táctica de toma del poder y de un apostolado
exclusivamente idealista, aconseja una educación genérica de las masas y con
ello se pone fuera de aquel socialismo del que sin embargo, a lo largo de toda
la obra, se había declarado fiel e iluminado partidario".
En la Civiltá Cattolica del 7 de
septiembre de 1929, en el artículo "Per la pace sociale" (del padre
Brucculeri) que comenta el famoso laudo emitido por la Congregación del
Concilio en el conflicto entre obreros e industriales católicos de la región
Roubaix-Tourcoing, hay este pasaje: "El marxismo —como demuestra De Man en
sus más bellas páginas— fue una corriente materializadora del mundo obrero
moderno".2 O sea, las páginas de De Man son todas bellas, pero algunas son
todavía más bellas. (Dada esta actitud de los católicos con respecto a la
tendencia de De Man, puede explicarse cómo Giuseppe Prezzolini, aludiendo en el
Pégaso de septiembrea de 1930 al libro de Philip sobre el Movimento operaio
americano, califica a Philip como un "demócrata cristiano", si bien
del libro no se desprende ni está justificada semejante calificación).3
En el manuscrito: "de octubre".
En los
fascículos de la Civiltá Cattolica del 5 de octubre y del 16 de noviembre de
1929 se publica un ensayo muy difundido sobre el libro de De Man.4 La obra de
De Man es reputada "no obstante sus deficiencias, la más importante y,
digamos aún, genial, de cuantas hasta ahora existen en la literatura
antimarxista".5 Hacia el final del ensayo se encuentra esta impresión
general: "El autor (De Man), aunque ha superado una crisis de pensamiento
rechazando, con gesto magnánimo, el marxismo, está aún titubeante, y su
inteligencia ávida de verdad no está plenamente satisfecha. Él se agita en los
umbrales de la verdad, capta sus rayos, pero no se lanza adelante para hundirse
en la luz. Auguramos a De Man que, una vez superada su crisis, podrá elevarse,
como el gran obispo de Tagaste, del divino reflejo que es la ley moral en el
alma, al divino infinito, a la fuente eternamente espléndida de todo aquello
que por el universo se expande".6
Cir.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 61 64, 39, 78-78 bis, 36: Cuaderno 8 (XXVIII), p. 51, y
Cuaderno
(XIII), pp. 42-42 bis, 60-61 y 80 bis.
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 30.
2 Cfr.
nota 1 al Cuaderno 4 (XIII), § 48. 3 Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 48. 4
Cfr. nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 2.
5 Cfr.
nota 4 al Cuaderno 4 (XIII), § 48. 6 Cfr. nota 5 al Cuaderno 4 (XIII), § 2.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1112
<67> . Paso del saber al
comprender, al sentir, y viceversa, del sentir al comprender, al saber. El
elemento popular "siente", pero no siempre comprende o sabe; el
elemento intelectual "sabe", pero no siempre comprende y especialmente
"siente". Por lo tanto, los dos extremos son la pedantería y el
filisteismo por una parte y la pasión ciega y el sectarismo por la otra. No es
que el pedante no pueda ser apasionado, todo lo contrario; la pedantería
apasionada es tan ridícula y peligrosa como el sectarismo y la demagogia más
desenfrenados.
El error del intelectual consiste <en
creer> que se pueda saber comprender y especialmente sin sentir y ser
apasionado (no sólo del saber en sí, sino por el objeto del saber) o sea que el
intelectual puede ser tal (y no un puro pedante) si es distinto y separado del
pueblo-nación, o sea sin sentir las pasiones elementales del pueblo,
comprendiéndolas y en consecuencia explicándolas y justificándolas en esa
situación histórica determinada, y vinculándolas dialécticamente a las leyes de
la historia, a una concepción superior del mundo, científica y coherentemente
elaborada, el "saber"; no se hace política-historia sin esta pasión,
o sea sin esta conexión sentimental entre intelectuales y pueblo-nación. En
ausencia de tal nexo las relaciones del intelectual con el pueblo-nación son o
se reducen a relaciones de orden puramente burocrático, formal; los
intelectuales se convierten en una casta o un sacerdocio (el llamado
centralismo orgánico). Si la relación entre los intelectuales y el
pueblo-nación, entre dirigentes y dirigidos, entre gobernantes y gobernados, es
dada por una adhesión orgánica en la que el sentimiento-pasión se convierte en
comprensión y por lo tanto en saber (no mecánicamente, sino en forma viva),
sólo entonces la relación es de representación, y se produce el intercambio de
elementos individuales entre gobernados y gobernantes, entre dirigidos y
dirigentes, o sea que se realiza la vida de conjunto que es la única fuerza
social, se crea el "bloque histórico". De Man "estudia" los
sentimientos populares, no consiente con ellos para guiarlos y conducirlos a
una catarsis de civilización moderna; su posición es la del estudioso de
folklore que tiene continuamente el temor de que la modernidad le destruya el
objeto de su ciencia. Por lo demás, hay en su libro el reflejo pedante de una
exigencia real: que los sentimientos populares sean conocidos y estudiados tal
como se presentan objetivamente y no considerados como algo desdeñable e inerte
en el movimiento histórico.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 64 bis-65.
<68>. La "nueva" ciencia.
G. A. Borgese y Michel Ardan. En la novela de Julio Veme De la tierra a la
luna, Michel Ardan, en su discurso programático, dice líricamente que "el
espacio no existe, porque los astros están a tal punto próximos los unos de los
otros que se puede pensar el universo como un todo sólido, cuyas distancias
recíprocas pueden compararse a las distancias existentes entre las moléculas
del metal más compacto como el oro o el platino". Borgese, siguiendo las huellas
de Eddington, ha volteado el razonamiento de Veme y sostiene que la
"materia sólida" no existe, porque el vacío en el átomo es tal que un
cuerpo humano, reducido a las partes sólidas, se convertiría en un corpúsculo
sólo visible bajo el microscopio.1 Es la "fantasía" de Verne aplicada
a la ciencia de los científicos y no ya a la de los niños. (Veme imagina que en
el momento en que Arden expone su tesis, Mastou, uno de los persona-jifias con
los que hace ingeniosos sus libros, al gritar con entusiasmo: "¡Sí, las
distancias no existen!" está a punto de caer, probando así, con sus
propios huesos, si las distancias existen o no).2
Cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), § 170 y nota 2;
la remisión está ya en la nota 1 al Cuaderno 9 (XIV), § 58.
2 Cfr. nota 2 al Cuaderno 9 (XLV), § 58.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1113
Cfr.
Cuaderno 9 (XIV), pp. 41-42.
348
<69>. Sorel, Proudhon, De Man
(continuación página 70 bis y s.).1 Mario Missiroli publicó en 1932 en las
Edizioni Corbaccio de Milán, la "anunciada" recopilación de artículos
escritos por Georges Sorel en periódicos italianos desde 1910 hasta 1921, con
el título L'Europa sotto la tormenta. E1 escrito de Sorel, publicado en la
Nuova Antologia del 19 de diciembre de 1928 con el título "Ultime
meditazioni (Scritto pos-turno medito)" no se encuentra reproducido en el
volumen, no obstante haber sido anunciado como escrito por Sorel a modo de
prefacio: la selección de los artículos reproducidos, por lo demás, no permitía
la impresión de tal prefacio, que no tiene nada que ver con el contenido del
libro. Parece evidente que Missiroli no se atuvo a las indicaciones que Sorel
debió de darle para compilar la selección, indicaciones que se pueden obtener
del "prefacio" descartado. La recopilación fue hecha ad usum
delphini, tomando en cuenta únicamente una de tantas direcciones del
pensamiento soreliano, que no se puede considerar que fuese juzgada por el
escritor como la más importante, porque de otro modo el "prefacio"
hubiera tenido otra entonación. A la recopilación precede, por el contrario, un
prefacio de Missiroli, que es unilateral y en estridente contraste con el
prefacio censurado, del cual, poco lealmente, ni siquiera se hace mención.
<70>. Antonio Labriola. Sería de
gran utilidad un resumen objetivo y sistemático (aunque fuese de tipo
escolar-analítico) de todas las publicaciones de Antonio Labriola sobre la
filosofía de la praxis para sustituir los libros agotados. Un trabajo de ese
género es preliminar a toda iniciativa dirigida a volver a poner en circulación
la posición filosófica de Labriola que es muy poco conocida fuera de un
reducido círculo. Es asombroso que en sus Memorias León Bronstein hable del
"diletantismo" de Labriola2 (revisar). No se comprende este juicio (a
menos que quisiera significar la separación entre teoría y práctica en la
persona de Labriola, lo que no parece ser el caso) sino como un reflejo
inconsciente de la pedantería seudocientífica del grupo intelectual alemán que
tuvo tanta influencia en Rusia. En realidad Labriola, al afirmar que la
filosofía de la praxis es independiente de cualquier otra corriente filosófica,
que es auto-suficiente, es el único que trató de construir científicamente la
filosofía de la praxis. La tendencia dominante se ha manifestado en dos
corrientes principales:
1] La llamada ortodoxa, representada por
Plejánov (cfr. I Problemi fondamentali)3 que en realidad, no obstante sus
afirmaciones en contrario, recae en el materialismo vulgar. No ha sido bien
planteado el problema de los "orígenes" del pensamiento del fundador
de la filosofía de la praxis: un estudio cuidadoso de la cultura filosófica de
Marxa (y del ambiente filosófico general en el que se formó directa e
indirectamente) es ciertamente necesario, pero como premisa al estudio, mucho
más importante, de su propia y "original" filosofía, que no puede
agotarse en algunas "fuentes" y en "su cultura personal":
es preciso, ante todo, tomar en cuenta su actividad creadora y constructora. El
modo de plantear el problema por parte de Plejánov es típicamente propio del
método positivista y muestra sus escasas facultades especulativas e
historiográficas.
En el manuscrito: "M.".
2] La
tendencia "ortodoxa" ha determinado su puesta: la de vincular la
filosofía de la praxis al kantismo o a otras tendencias filosóficas no
positivistas y materialistas, hasta la
Cfr. el precedente § 66.
Cfr. nota 1 al Cuaderno 3 (XX), § 31.
3 Cfr.
nota 2 al Cuaderno 3 (XX), § 31.
Cuaderno 11 (XVIII) 1932-1933 Cuadernos de la cárcel 1114
conclusión
"agnóstica" de Otto Bauer que en su librito sobre la
"religión" escribe que el marxismo') puede ser sostenido e integrado
por cualquier filosofía, por lo tanto también por el tomismo. 1 Esta segunda,
por lo tanto, no es una tendencia en sentido estricto, sino un conjunto de
todas las tendencias que no aceptan la llamada "ortodoxia" del
pedantismo alemán, hasta la freudiana de De Man.
En e] manuscrito: "m.".
¿Por qué
Labriola y su planteamiento del problema filosófico han tenido tan escaso
éxito? A este respecto puede decirse lo que Rosa dijo a propósito de la
economía crítica2 y de sus problemas más elevados: en el periodo romántico de
la lucha, del Sturm und Drang popular, todo el interés se orienta hacia las
armas más inmediatas, hacia los problemas de táctica en política y hacia los
problemas culturales menores en el campo filosófico. Pero desde el momento en
que un grupo subalterno se vuelve realmente autónomo y hegemónico suscitando un
nuevo tipo de Estado, nace concretamente la exigencia de construir un nuevo
orden intelectual y moral, o sea un nuevo tipo de sociedad y por lo tanto la
exigencia de elaborar los conceptos más universales, las armas ideológicas más
refinadas y decisivas. De ahí la necesidad de volver a poner en circulación a
Antonio Labriola y de hacer predominar su planteamiento del problema
filosófico. Se puede plantear así la lucha por una cultura superior autónoma;
la parte positiva de la lucha que se manifiesta en forma negativa y polémica
con los a- privativos y los anti- (anticlericalismo, ateísmo, etcétera). Se da
una forma moderna y actual al humanismo laico tradicional que debe ser la base
ética del nuevo tipo de Estado.
El
tratamiento analítico y sistemático de la concepción filosófica de Antonio
Labriola podría convertirse en la sección filosófica de una revista del tipo
medio Voce, Leonardo (Ordine Nuovo),a de lo cual se habla en la sección de
periodismo. Habría que recopilar una bibliografía internacional sobre Labriola
(Neue Zeit, etcétera).
En el manuscrito: "O. N.",
Cfr.
Cuaderno 3 (XX), pp. 16-17.
Cfr. nota 3 al Cuaderno 3 (XX), § 31.
2 Cfr.
nota 4 al Cuaderno 3 (XX), § 31.
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1115
353
Cuaderno
12 (XXIX) 1932
Apuntes y
notas dispersas para un grupo de ensayos sobre la historia de los intelectuales
<§
1> ¿Son los intelectuales un grupo social autónomo e independiente, o bien
cada grupo social tiene su propia categoría especializada de intelectuales? El
problema es complejo por las variadas formas que ha adoptado hasta ahora el
proceso histórico real de formación de las diversas categorías intelectuales.
Las más importantes de estas formas son dos:
1] Cada
grupo social, naciendo en el terreno originario de una función esencial en el
mundo de la producción económica, se crea al mismo tiempo, orgánicamente, una o
más capas de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia
función no sólo en el campo económico, sino también en el social y político: el
empresario capitalista crea junto con él al técnico de la industria, al
científico de la economía política, al organizador de una nueva cultura, de un
nuevo derecho, etcétera, etcétera. Hay que observar el hecho de que el
empresario representa una elaboración social superior, ya caracterizada por una
cierta capacidad dirigente y técnica (o sea intelectual): debe tener una cierta
capacidad técnica, además de en la esfera circunscrita de su actividad y de su
iniciativa, también en otras esferas, al menos en aquellas más cercanas a la
producción económica (debe ser un organizador de masas de hombres, debe ser un
organizador de la "confianza" de los ahorradores en su empresa, de
los compradores de su mercancía, etcétera). Si no todos los empresarios, al
menos una élite de ellos debe tener una capacidad de organizador de la sociedad
en general, en todo su complejo organismo de servicios, hasta el organismo
estatal, por la necesidad de crear las condiciones más favorables a la
expansión de su propia clase; o debe poseer por lo menos la capacidad de
escoger los "delegados" (empleados especializados) a los que se
confiará esta actividad organizativa de las relaciones generales externas a la
empresa. Puede observarse que los intelectuales "orgánicos" que cada
nueva clase crea consigo y elabora en su desarrollo progresivo, son en su mayor
parte "especializaciones" de aspectos parciales de la actividad
primitiva del tipo social nuevo que la nueva clase ha sacado a la luz. (Incluso
los señores feudales eran detentadores de una particular capacidad técnica, la
militar, y es precisamente desde el momento en que la aristocracia pierde el
monopolio de la capacidad técnico-militar que se inicia la crisis del feudalismo.
Pero la formación de los intelectuales en el mundo feudal y en el precedente
mundo clásico es una cuestión a examinar aparte: esta formación y elaboración
sigue vías y modos que hay que estudiar concretamente. Así hay que señalar que
la masa de los campesinos, por más que desempeñe una función esencial en el
mundo de la producción, no elabora sus propios intelectuales
"orgánicos" y no "asimila"a ningún estrato de intelectuales
"tradicionales", por más que de la masa de los campesinos otros
grupos sociales extraigan muchos de sus intelectuales y gran parte de los
intelectuales tradicionales sean de origen campesino.)
En el manuscrito: "asimile".
2] Pero todo grupo social
"esencial", emergiendo a la historia desde la precedente estructura
económica y como expresión de su desarrollo (de esta estructura), ha
encontrado, al menos en la historia conocida hasta ahora, categorías sociales
preexistentes y que incluso
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1116
aparecían
como representantes de una continuidad histórica ininterrumpida incluso por los
más complicados y radicales cambios de las formas sociales y políticas. La más
típica de estas categorías intelectuales es la de los eclesiásticos,
monopolizadores durante largo tiempo (durante toda una fase histórica que
incluso se caracteriza en parte por este monopolio) de algunos servicios
importantes: la ideología religiosa, o sea la filosofía y la ciencia de la
época, con la escuela, la instrucción, la moral, la justicia, la beneficencia,
la asistencia, etcétera.
La
categoría de los eclesiásticos puede ser considerada como la categoría
intelectual orgánicamente ligada a la aristocracia terrateniente: era
equiparada jurídicamente a la aristocracia, con la que compartía el ejercicio
de la propiedad feudal de la tierra y el uso de los privilegios-estatales
ligados a la propiedad. Pero el monopolio de las superestructuras por parte de
los eclesiásticos (de ahí nació la acepción general de "intelectual"
—o de "especialista"— de la palabra "clérigo", en muchas
lenguas de origen neolatino o influidas fuertemente, a través del latín
eclesiástico, por las lenguas neolatinas, con su correlativo de
"laico" en el sentido de profano —no especialista) no fue ejercido
sin luchas y limitaciones, y por lo tanto se produjo el nacimiento, en varias
formas (que habrá que buscar y estudiar concretamente) de otras categorías,
favorecidas y engrandecidas por el fortalecimiento del poder central del
monarca, hasta el absolutismo. Así se fue formando la aristocracia de la toga, con
sus propios privilegios; un estrato de administradores, etcétera, científicos,
teóricos, filósofos no eclesiásticos, etcétera.
Así como
estas diversas categorías de intelectuales tradicionales sienten con
"espíritu de cuerpo" su ininterrumpida continuidad histórica y su
"calificación", de igual manera se ven a sí mismas como autónomas e
independientes del grupo social dominante; esta autoposición no carece de
consecuencias en el campo ideológico y político, consecuencias de vasto alcance
(toda la filosofía idealista puede fácilmente conectarse con esta posición
asumida por el complejo social de los intelectuales y se puede definir la
expresión de esta utopía social por la que los intelectuales se creen
"independientes", autónomos, revestidos de características propias a
ellos solos, etcétera. Hay que señalar, sin embargo, que si el papa y la alta
jerarquía de la Iglesia se creen más ligados a Cristo y a los apóstoles que a
los senadores Agnelli y Benni, no sucede lo mismo con Gentile y Croce, por
ejemplo; Croce, especialmente, se siente fuertemente ligado a Aristóteles y
Platón, pero no oculta, tampoco, que está ligado a los senadores Agnelli y
Benni y es precisamente en esto donde hay que buscar el carácter más relevante
de la filosofía de Croce).
(Esta investigación sobre la historia de
los intelectuales no será de carácter "sociológico", sino que dará
lugar a una serie de ensayos de "historia de la cultura"
(Kulturgeschichte) y de historia de la ciencia política. Sin embargo, será
difícil evitar algunas formas esquemáticas y abstractas que recuerdan a las de
la "sociología": por lo tanto, habrá que encontrar la forma literaria
más adecuada para que la exposición sea "no-sociológica". La primera
parte de la investigación podría ser una crítica metodológica de las obras ya
existentes sobre los intelectuales, que son casi todas de carácter sociológico.
Por lo tanto es indispensable recopilar la bibliografía sobre el tema.)
¿Cuáles
son los límites "máximos" de la acepción de "intelectual"?
¿Se puede encontrar un criterio unitario para caracterizar igualmente todas las
diversas y dispares actividades intelectuales y para distinguir éstas al mismo
tiempo y en forma esencial de las actividades de los otros agrupamientos
sociales? El error metodológico más difundido me parece el de haber buscado
este criterio de distinción en lo intrínseco de las actividades intelectuales y
no, por el contrario, en el conjunto del sistema de relaciones en el que
aquéllas (y por lo tanto los grupos que las encarnan) vienen a encontrarse en
el complejo general de las relaciones sociales. Y en verdad el obrero o
proletario, por ejemplo, no es específicamente caracterizado
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1117
por el
trabajo manual o instrumental (aparte la consideración de que no existe trabajo
puramente físico y que incluso la expresión de Taylor de "gorila
amaestrado" 1 es una metáfora para indicar un límite en una determinada
dirección: en cualquier trabajo físico, incluso el más mecánico y degradado,
existe un mínimo de calificación técnica, o sea un mínimo de actividad
intelectual creadora), sino por este trabajo en determinadas condiciones y en
determinadas relaciones sociales. Y ya ha sido observado que el empresario, por
su misma función, debe tener en cierta medida un cierto número de
calificaciones de carácter intelectual, si bien su figura social no sea
determinada por ellas sino por las relaciones generales sociales que
precisamente caracterizan la posición del empresario en la industria.
Todos los hombres son intelectuales,
podría decirse por lo tanto; pero no todos los hombres tienen en la sociedad la
función de intelectuales (de igual modo, porque puede darse que cualquiera en
cualquier momento se fría dos huevos o se remiende un desgarrón del abrigo, no
se dirá que todos son cocineros y sastres). [Se forman así históricamente
categorías especializadas para el ejercicio e la función intelectual, se forman
en conexión con todos los grupos sociales, pero especialmente en conexión con
los grupos sociales más importantes y sufren elaboraciones más amplias y
complejas en conexión con el grupo social dominante]. Una de las
características más relevantes de cada grupo que se desarrolla hacia el dominio
es su lucha por la asimilación y la conquista "ideológica" de los
intelectuales tradicionales, asimilación y conquista que es tanto más rápida y
eficaz cuanto más elabora simultáneamente el grupo dado sus propios
intelectuales orgánicos. El enorme desarrollo alcanzado por la actividad y la
organización escolar (en sentido amplio) en las sociedades surgidas del mundo
medieval indica qué importancia han asumido en el mundo moderno las categorías
y las funciones intelectuales: así como se ha tratado de profundizar y dilatar
la "intelectualidad" de cada individuo, así se ha tratado también de
multiplicar las especializaciones y de afinarlas. Ello resulta de las
instituciones escolares de diverso grado, hasta llegar a los organismos para
promover la llamada "alta cultura", en cada campo de la ciencia y de
la técnica. (La escuela es el instrumento para elaborar los intelectuales de
diverso grado. La complejidad de la función intelectual en los diversos Estados
se puede medir objetivamente por la cantidad de escuelas especializadas y por
su jerarquización: cuanto más extensa es el "área" escolar y cuanto
más numerosos los "grados" "verticales" de la escuela,
tanto más complejo es el mundo cultural, la civilización, de un determinado
Estado. Se puede tener un término de parangón en la esfera de la técnica industrial;
la industrialización de un país se mide por su capacidad en la construcción de
máquinas para construir máquinas y en la fabricación de instrumentos cada vez
más precisos para construir máquinas e instrumentos para construir máquinas,
etcétera. El país que tiene la mejor infraestructura para construir
instrumentos para los laboratorios experimentales de los científicos y para
construir instrumentos para la verificación de estos instrumentos, puede
considerarse el más complejo en el campo técnico-industrial, el más civilizado,
etcétera. Lo mismo en la preparación de los intelectuales y en las escuelas
dedicadas a esta preparación: escuelas e institutos de alta cultura son
asimilables.) (También en este campo la cantidad no puede separarse de la calidad.
A la más refinada especialización técnico-cultural no puede dejar de
corresponder la mayor extensión posible de la difusión de la instrucción
primaria y la mayor solicitud para favorecer los grados intermedios en el mayor
número posible. Naturalmente esta necesidad de crear la más amplia base posible
para la selección y elaboración de las más altas calificaciones intelectuales
—esto es, de dar a la alta cultura y a la técnica superior una estructura
democrática— no carece de inconvenientes: se crea así la posibilidad de vastas
Cfr. nota al Cuaderno 4 (XIII), § 49.
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1118
crisis de
desocupación de los estratos medios intelectuales, tal como de hecho sucede en
todas las sociedades modernas.)
[Hay que señalar que la elaboración de
estratos intelectuales en la realidad concreta no ocurre sobre un terreno
democrático abstracto, sino según procesos históricos tradicionales muy
concretos]. Se han formado estratos que tradicionalmente "producen"
intelectuales y son los mismos que de costumbre están especializados en el
"ahorro", o sea la pequeña y mediana burguesía terrateniente y
algunos estratos de la pequeña y mediana burguesía urbana. La diversa
distribución de los diversos tipos de escuelas (clásicas y profesionales) en el
territorio "económico" y las diversas aspiraciones de las varias
categorías de estos estratos, determinan o dan forma a la producción de las
diversas ramas de especialización intelectual. Así, en Italia, la burguesía
rural produce especialmente funcionarios estatales y profesionistas libres,
mientras que la burguesía citadina produce técnicos para la industria: y por
eso Italia septentrional produce especialmente técnicos e Italia meridional
especialmente funcionarios y profesionistas.
La
relación entre los intelectuales y el mundo de la producción no es inmediata,
como sucede para los grupos sociales fundamentales, sino que es
"mediada", en diverso grado, por todo el tejido social, por el
conjunto de las superestructuras, de las que, precisamente, los intelectuales
son los "funcionarios". Podría medirse la "organicidad" de
los diversos estratos intelectuales, su más o menos estrecha conexión con un
grupo social fundamental, estableciendo una gradación de las funciones y de las
superestructuras desde abajo hacia arriba (desde la base estructural para
arriba). Es posible, por ahora, establecer dos grandes "planos"
superestructurales, el que se puede llamar de la "sociedad civil", o
sea del conjunto de organismos vulgarmente llamados "privados", y el
de la "sociedad política o Estado" y que corresponden a la función de
"hegemonía" que el grupo dominante ejerce en toda la sociedad y al de
"dominio directo" o de mando que se expresa en el Estado y en el
gobierno "jurídico". Estas funciones son precisamente organizativas y
conectivas. Los intelectuales son los "encargados" por el grupo
dominante para el ejercicio de las funciones subalternas de la hegemonía social
y del gobierno político, esto es: 1] del consenso "espontáneo" dado
por las grandes masas de la población a la orientación imprimida a la vida
social por el grupo dominante fundamental, consenso que nace
"históricamente" del prestigio (y por lo tanto de la confianza)
derivadoa por el grupo dominante de su posición y de su función en el mundo de
la producción; 2] del aparato de coerción estatal que asegura
"legalmente" la disciplina de aquellos grupos que no
"consienten" ni activa ni pasivamente, pero que está constituido por
toda la sociedad en previsión de los momentos de crisis en el mando y en la
dirección en que el consenso espontáneo viene a faltar.
358 Este
planteamiento del problema da como resultado una extensión muy grande del
concepto de intelectual, pero sólo así es posible llegar a una aproximación
concreta de la realidad. Este modo de plantear la cuestión choca contra
prejuicios de casta: es verdad que la misma función organizativa de la
hegemonía social y del dominio estatal da lugar a una cierta división del
trabajo y por lo tanto a toda una gradación de calificaciones, en algunas de
las cuales no aparece ya ninguna atribución directiva y organizativa: en el
aparato de dirección social y estatal existe toda una serie de empleos de
carácter manual e instrumental (de orden y no de concepto, de agente y no de
oficial o cíe funcionario, etcétera), pero evidentemente hay que hacer esta
distinción, igual que habrá que hacer también algunas otras.
En el manuscrito: "de la".
De hecho
la actividad intelectual debe ser diferenciada en grados incluso desde el punto
de vista intrínseco, grados que en los momentos de extrema oposición dan una
auténtica diferencia cualitativa: en el escalón más elevado habrá que poner a
los creadores de las
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1119
diversas
ciencias, de la filosofía, del arte, etcétera; en el más bajo a los más
humildes "administradores" y divulgadores de la riqueza intelectual
ya existente, tradicional, acumulada. El organismo militar, también en este
caso, ofrece un modelo de estas complejas graduaciones: oficiales subalternos,
oficiales superiores. Estado mayor; y no hay que olvidar a los graduados de
tropa, cuya importancia real es superior a lo que suele pensarse. Es
interesante notar que todas estas partes se sienten solidarias e incluso que
los estratos inferiores manifiestan un espíritu de cuerpo más marcado y extraen
del mismo una jactancia que a menudo los exporte a millas y chanzas.
En el
mundo moderno, la categoría de los intelectuales, así entendida, se ha ampliado
de forma inaudita. Han sido elaboradas por el sistema social democrático-
burocrático masas imponentes, no todas ellas justificadas por las necesidades
sociales de la producción, aunque sí justificadas por las necesidades políticas
del grupo dominante fundamental. De ahí la concepción loriana del
"trabajador" improductivo (¿pero improductivo con referencia a quién
y a qué modo de producción?), que podría en parte justificarse si se toma en
cuenta que estas masas explotan su posición para hacerse asignar tajadas
ingentes de la renta nacional. La formación de masas ha estandarizado a los
individuos tanto como calificación individual y como psicología, determinando
los mismos fenómenos que en todas las demás masas estandarizadas: competencia
que plantea la necesidad de la organización profesional de defensa,
desocupación, superproducción escolar, emigración, etcétera.
(Diversa
posición de los intelectuales de tipo urbano y de tipo rural.1 Los
intelectuales de tipo urbano han crecido junto con la industria y están ligados
a su destino. Su función puede ser parangonada con la de los oficiales
subalternos en el ejército: no tienen ninguna iniciativa autónoma para
construir los planes de construcción; ponen en relación, articulándola, la masa
instrumental con el empresario, elaboran la ejecución inmediata del plan de
producción establecido por el estado mayor de la industria, controlando sus
fases laborales elementales. En su media general, los intelectuales urbanos
están muy estandarizados; los altos intelectuales urbanos se confunden siempre
con el auténtico estado mayor industrial.)
Los intelectuales de tipo rural son en
gran parte "tradicionales", o sea ligados a la masa social campesina
y pequeñoburguesa, de ciudad (especialmente de los centros menores), todavía no
elaborada y puesta en movimiento por el sistema capitalista: este tipo de
intelectual pone en contacto a la masa campesina con la administración estatal
o local (abogados, notarios, etcétera) y por esta misma función tiene una gran
función político-social, porque la mediación profesional es difícilmente separable
de la mediación política. Además: en el campo el intelectual (cura, abogado,
maestro, notario, médico, etcétera) tiene un nivel de vida medio superior o al
menos distinto del correspondiente al campesino medio y por ello representa
para éste un modelo social en la aspiración a salir de su condición y
mejorarla. El campesino piensa siempre que al menos uno de sus hijos podría
llegar a ser intelectual (especialmente cura), o sea convertirse en un señor,
elevando el grado social de la familia y facilitando su vida económica con las
afinidades que no podrá dejar de tener con los otros señores. La actitud del
campesino con respecto al intelectual es dual y parece contradictoria: admira
la posición social del intelectual y en general del empleado estatal, pero en
ocasiones finge despreciarla, o sea que su admiración está teñida
instintivamente de elementos de envidia y rabia apasionada. No se comprende
nada de la vida colectiva de los campesinos y de los gérmenes y fermentos de
desarrollo que en ella existen si no se toma en consideración, si no se estudia
en concreto y no se profundiza, esta subordinación efectiva a los
intelectuales: todo desarrollo orgánico de las masas campesinas, hasta cierto
punto, está
Cfr. sobre el mismo tema Algunos temas de
la cuestión meridional (en CPC 150 sig.).
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1120
vinculado
a los movimientos de los intelectuales y depende de ellos.
Otro es
el caso de los intelectuales urbanos: los técnicos de fábrica no explican
ninguna función política sobre sus masas instrumentales, o al menos ésta es una
fase ya superada; a veces ocurre precisamente lo contrario, que las masas
instrumentales, al menos a través de sus propios intelectuales orgánicos,
ejercen una influencia política sobre los técnicos.
(El punto
central de la cuestión sigue siendo la distinción entre intelectuales como
categoría orgánica de todo grupo social fundamental, e intelectuales como
categoría tradicional; distinción de la que brota toda una serie de problemas y
de posibles investigaciones históricas) El problema más interesante es el que
concierne, si se considera desde este punto de vista, al partido político
moderno, sus orígenes reales, sus desarrollos, sus formas. ¿Qué viene a ser el
partido político por lo que toca al problema de los intelectuales? Hay que
hacer algunas distinciones:
1] para algunos grupos sociales el
partido político no es otra cosa que el modo propio de elaborar su propia
categoría de intelectuales orgánicos, que se forman así y no pueden dejar de
formarse, dadas las características generales y las condiciones de formación,
de vida y desarrollo del grupo social dado, directamente en el campo político y
filosófico y no ya en el campo de la técnica productiva (en el campo de la
técnica productiva se forman aquellos estratos que puede decirse corresponden a
los "graduados de tropa" en el ejército, o sea los obreros
calificados y especializados en la ciudad y en forma más compleja los medierosa
y colonos en el campo, porque el mediero y el colono en general corresponden
más bien al tipo artesano, que es el obrero calificado de una economía
medieval);
2] el
partido político, para todos los grupos, es precisamente el mecanismo que en la
sociedad civil cumple la misma función que cumple el Estado, en medida más
vasta y más sintéticamente, en la sociedad política, o sea que procura la
fusión entre intelectuales orgánicos de un dado grupo, el dominante, e
intelectuales tradicionales, y esta función el partido la cumple precisamente
en dependencia de su función fundamental que es la de elaborar sus propios
componentes, elementos de un grupo social nacido y desarrollado corno
"económico", hasta hacerlos convertirse en intelectuales políticos
calificados, dirigentes, organizadores de todas las actividades y las funciones
inherentes al desarrollo orgánico de una sociedad integral, civil y política.
Puede decirse incluso que, en su ámbito, el partido político cumple su función
mucho más cumplida y orgánicamente de lo que el Estado cumple la suya en un
ámbito más vasto: un intelectual que entra a formar parte del partido político
de un determinado grupo social, se confunde con los intelectuales orgánicos del
grupo mismo, se liga estrechamente al grupo, lo que no sucede a través de la
participación en la vida estatal sino mediocremente y a veces de ningún modo.
También sucede que muchos intelectuales creen que ellos son el Estado, creencia
que, dada la masa imponente de la categoría, a veces tiene consecuencias
notables y lleva a complicaciones desagradables para el grupo económico
fundamental que realmente es el Estado.
En el manuscrito: "con los
medieros".
Que todos
los miembros de un partido político deban ser considerados como intelectuales
es una afirmación que puede prestarse a la burla y a la caricatura; no
obstante, si se reflexiona, nada es más exacto. Habrá que hacer distinciones de
grados, un partido podrá tener una mayor o menor composición del grado más alto
o del más bajo, no es eso lo que importa: importa la función que es directiva y
organizativa, o sea educativa, o sea intelectual. Un comerciante no entra a
formar parte de un partido político para hacer comercio, ni un industrial para
producir más a costos reducidos, ni un campesino para aprender nuevos métodos
de cultivar la tierra, aunque algunos aspectos de estas exigencias del
comerciante, del industrial, del campesino puedan hallar satisfacción en el
partido político (la opinión general contradice lo anterior, afirmando que el
comerciante, el industrial, el campesino
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1121
"politiqueros"
pierden en vez de ganar, y son los peores de su categoría, lo cual puede
discutirse). Para estos fines, dentro de ciertos límites, existe el sindicato
profesional en el que la actividad económico- corporativa del comerciante, del
industrial, del campesino, encuentra su cuadro más adecuado. En el partido
político los elementos de un grupo social económico superan este momento de su
desarrollo histórico y se convierten en agentes de actividades generales, de
carácter nacional e internacional. Esta función del partido político debería
aparecer mucho más clara después de un análisis histórico concreto de cómo se
han desarrollado las categorías orgánicas y las categorías tradicionales de los
intelectuales tanto en el terreno de las diversas historias nacionales como en
el del desarrollo de los diversos grupos sociales más importantes, en el cuadro
de las diversas naciones, especialmente en aquellos grupos cuya actividad
económica ha sido predominantemente instrumental.
La formación de los intelectuales
tradicionales es el problema histórico más interesante. Está ciertamente
vinculado a la esclavitud del mundo clásico y a la posición de los libertas de
origen griego y oriental en la organización social del Imperio romano. Esta
separación no sólo social sino nacional, de raza, entre masas notables de
intelectuales y la clase dominante del Imperio romano se reproduce después de
la caída del Imperio entre guerreros germánicos e intelectuales de origen
romanizado, continuadores de la categoría de los libertas. Se entrelaza con
estos fenómenos el nacimiento y desarrollo del catolicismo y la organización
eclesiástica que durante muchos siglos absorbió la mayor parte de las
actividades intelectuales y ejerció el monopolio de la dirección cultural, con
sanciones penales para quienes quisieran oponerse o incluso eludir el
monopolio. En Italia se da el fenómeno, más o menos intenso según las épocas,
de la función cosmopolita de los intelectuales de la península. Mencionaré las
diferencias que saltan inmediatamente a la vista en el desarrollo de los
intelectuales en toda una serie de países, al menos las más notables, con la
advertencia de que estas observaciones deberán ser controladas y profundizadas
(por lo demás, todas estas notas deben ser consideradas simplemente como
apuntes y temas para la memoria, que deben ser controladas y profundizadas):
Para
Italia el hecho central es precisamente la función internacional y cosmopolita
de sus intelectuales, que es causa y efecto del estado de disgregación en que
permaneció la península desde la caída del Imperio romano hasta 1870.
Francia
ofrece un tipo logrado de desarrollo armónico de todas las energías nacionales
y especialmente de las categorías intelectuales; cuando en 1789 un nuevo
agrupamiento social aflora políticamente a la historia, está completamente
equipado para todas sus funciones sociales y por ello lucha por el dominio
total de la nación, sin entrar en compromisos especiales con las viejas clases,
sino por el contrario subordinándolas a sus propios fines. Las primeras células
intelectuales del nuevo tipo nacen con las primeras células económicas: la
misma organización eclesiástica resulta influida (galicanismo, luchas muy
precoces entre la Iglesia y el. Estado). Esta masiva construcción intelectual
explica la función de la cultura francesa en los siglos XVIII y XIX, función de
irradiación internacional y cosmopolita y de expansión de carácter imperialista
y hegemónico de modo orgánico, por lo tanto muy distinta de la italiana, de
carácter inmigratorio personal y disgregado, que no refluye sobre la base
nacional para potenciarla sino que por el contrario coopera a hacer imposible
la constitución de una sólida base nacional.
En Rusia diversos aspectos: la
organización política y económico-comercial es creada por los normandos
(variegos), la religiosa por los griegos bizantinos; en un segundo tiempo los
alemanes y los franceses llevan a Rusia la experiencia europea y dan un primer
esqueleto consistente a la gelatina histórica rusa_ Las fuerzas nacionales son
inertes, pasivas y receptivas, pero seguramente por eso mismo asimilan
completamente las influencias
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1122
extranjeras
y a los mismos extranjeros, rusificándolos. En el periodo histórico más
reciente ocurre el fenómeno inverso: una élite de personas entre las más
activas, enérgicas, emprendedoras y disciplinadas, emigra al extranjero,
asimila la cultura y las experiencias históricas de los países más avanzados de
Occidente, sin por ello perder las características más esenciales de su propia
nacionalidad, esto es, sin romper los vínculos sentimentales e históricos con
su propio pueblo; hecho así su aprendizaje intelectual, regresa a su país,
obligando al pueblo a un forzado despertar, a una marcha acelerada, hacia
adelante, quemando etapas. La diferencia entre esta élite y la alemana
importada (por Pedro el Grande, por ejemplo) consiste en su carácter esencial nacional-popular:
no puede ser asimilada por la pasividad inerte del pueblo ruso, porque ella
misma es una enérgica reacción rusa a su propia inercia histórica.
En otro
terreno y en muy distintas condiciones de tiempo y lugar, este fenómeno ruso
puede parangonarse con el nacimiento de la nación norteamericana (Estados
Unidos): los inmigrantes anglosajones son también ellos una élite intelectual,
pero especialmente moral. Naturalmente queremos referimos a los primeros
inmigrados, a los pioneros, protagonistas de las luchas religiosas y políticas
inglesas, derrotados, pero no humillados ni deprimidos en su patria de origen.
Ellos importan a América, con ellos mismos, además de la energía moral y
volitiva, un cierto grado de civilización, una cierta fase de la evolución
histórica europea, que trasplantada al suelo virgen americano por tales
agentes, continúa desarrollando las fuerzas implícitas en su naturaleza pero con
un ritmo incomparablemente más rápido que en la vieja Europa, donde existe toda
una serie de frenos (morales intelectuales políticos económicos, incorporados
en determinados grupos de la población, reliquias de los regímenes pasados que
no quieren desaparecer) que se oponen a un proceso rápido y equilibran en la
mediocridad toda iniciativa, diluyéndola en el tiempo y en el espacio.
En Inglaterra el desarrollo es muy
distinto que en Francia. El nuevo agrupamiento social nacido sobre la base del
industrialismo moderno, tiene un sorprendente desarrollo económico-corporativo,
pero avanza a tientas en el campo intelectual-político. Muy vasta la categoría
de los intelectuales orgánicos, esto es, nacidos en el mismo terreno industrial
con el grupo económico, pero en la esfera más elevada encontramos conservada la
posición de casi monopolio de la vieja clase terrateniente, que pierde la supremacía
económica pero conserva durante largo tiempo una supremacía
político-intelectual y es asimilada como "intelectuales
tradicionales" y estrato dirigente por el nuevo grupo en el poder. La
vieja aristocracia terrateniente se une a los industriales con un tipo de
estructura que en otros países es precisamente el que une a los intelectuales
tradicionales a las nuevas clases dominantes.
El
fenómeno inglés se presentó también en Alemania, complicado por otros elementos
históricos y tradicionales. Alemania, como Italia, fue la sede de una
institución y de una ideología universalista, supranacional (Sacro Romano
Imperio de la Nación alemana) y dio una cierta cantidad de personal a la
cosmópolis medieval, depauperando sus propias energías internas y suscitando
luchas que derivaban de los problemas de organización nacional y mantenían la
disgregación territorial de la Edad Media. El desarrollo industrial se produjo
bajo una apariencia semifeudal que duró hasta noviembre de 1918 y los junkers
mantuvieron una supremacía político-intelectual mucho mayor que la del mismo
grupo inglés. Ellos fueron los intelectuales tradicionales de los industriales
alemanes, pero con especiales privilegios y con una fuerte conciencia de ser un
grupo social independiente, basada en el hecho de que ejercían un notable poder
económico sobre la tierra, más "productiva" que en Inglaterra. Los
junkers prusianos se parecen a una casta sacerdotal-militar, que tiene un casi
monopolio de las funciones directivas-organizativas en la sociedad
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1123
política,
pero que tiene al mismo tiempo una base económica propia y no depende
exclusivamente de la liberalidad del grupo económico dominante. Por otra parte,
a diferencia de los nobles terratenientes ingleses, los junkers constituían la
oficialidad de un gran ejército permanente, lo que les daba cuadros
organizativos sólidos, favorables a la conservación del espíritu de cuerpo y
del monopolio político (en el libro Parlamento e governo nel nuevo ordinamento
della Germania de Max Weber1 se pueden hallar muchos elementos para ver cómo el
monopolio político de los nobles impidió la elaboración de un personal político
burgués vasto y experimentado y cómo se encuentra en la base de las continuas
crisis parlamentarias y de la disgregación de los partidos liberales y
democráticos; de ahí la importancia del Centro Católico y de la
socialdemocracia, que en el periodo imperial lograron elaborar su propio
estrato parlamentario y directivo bastante notable).
En los Estados Unidos debe observarse la
ausencia, en cierta medida, de los intelectuales tradicionales y por lo tanto
el diverso equilibrio de los intelectuales en general. Se dio una formación
masiva sobre la base industrial de todas las superestructuras modernas. La
necesidad de un equilibrio no es dada por el hecho de que hay que fusionar a
los intelectuales orgánicos con los tradicionales que no existen como categoría
cristalizada y misoneísta, sino por el hecho de que hay que fusionar en un
único crisol nacional de cultura unitaria tipos de culturas distintas traídas
por los inmigrados de diversos orígenes nacionales. La falta de una vasta
sedimentación de intelectuales tradicionales, como la que se dio en los países
de antigua civilización, explica en parte, tanto la existencia de dos únicos
grandes partidos políticos, que en realidad podrían fácilmente reducirse a uno
solo (cfr. no sólo con la Francia de la posguerra, cuando la multiplicación de
los partidos se convirtió en fenómeno general) y al contrario la multiplicación
ilimitada de las sectas religiosas (me parece que se han catalogado más de
doscientas: cfr. con Francia y con las encarnizadas luchas sostenidas para
mantener la unidad religiosa y moral del pueblo francés).
Una
manifestación interesante está todavía por estudiarse en los Estados Unidos y
es la formación de un número sorprendente de intelectuales negros, que absorben
la cultura y la técnica americana. Puede pensarse en la influencia indirecta
que estos intelectuales negros pueden ejercer sobre las masas atrasadas de
África y en la influencia directa si se verificase una de estas hipótesis: 1]
que el expansionismo norteamericano se sirva de los negros nacionales como
agentes para conquistar los mercados africanos y extender a éstos su propio
tipo de civilización (algo parecido ha ocurrido ya, pero ignoro en qué medida);
2] que las luchas por la unificación del pueblo americano se agudicen en tal
medida que determinen el éxodo de los negros y el retorno a África de los
elementos intelectuales más independientes y enérgicos y por lo tanto menos
propensos a someterse a una posible legislación todavía más humillante que las
costumbres actualmente vigentes. Nacerían de ahí dos cuestiones fundamentales:
1] de la lengua, o sea ¿podría el inglés convertirse en la lengua culta de
África, unificadora de la existente multiplicidad de dialectos? 2] la de si
este estrato intelectual puede tener la capacidad asimiladora y organizadora en
tal medida que llegue a convertir en "nacional" el actual sentimiento
primitivo de raza despreciada, elevando al continente africano al mito y a la
función de patria común de todos los negros. Me parece que. por ahora, los
negros de América deben de tener un espíritu de raza y nacional más negativo
que positivo, esto es, suscitado por la lucha que los blancos conducen para
aislarlos y aplastarlos: ¿pero no fue éste el caso de los judíos hasta terminar
el siglo XVIII? La Liberia ya americanizada y con el inglés como lengua oficial
podría convertirse en la Sión de los negros americanos, con la tendencia a
constituirse en el Piamonte africano.
En la América meridional y central la
cuestión de los intelectuales me parece que debe
Cfr. Cuaderno 3 (XX), § 119, p. 63 y nota
1.
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examinarse
tomando en cuenta estas condiciones fundamentales: tampoco en la América
meridional y central existe una vasta categoría de intelectuales tradicionales,
pero la cosa no se presenta en los mismos términos de los Estados Unidos. En
efecto, encontramos en la base del desarrollo de estos países los cuadros de
las civilizaciones española y portuguesa de los siglos XVI y XVu, caracterizada
por la Contrarreforma y el militarismo parasitario. Las cristalizaciones
resistentes todavía hoy en estos países son el clero y una casta militar, dos
categorías de intelectuales tradicionales fosilizadas en la forma de la madre
patria europea. La base industrial es muy restringida y no ha desarrollado
superestructuras complicadas: la mayor cantidad de intelectuales es de tipo
rural y puesto que domina el latifundio, con extensas propiedades
eclesiásticas, estos intelectuales están vinculados al clero y a los grandes
propietarios. La composición nacional es muy desequilibrada incluso entre los
blancos, pero se complica por las masas notables de indios que en algunos
países son la mayoría de la población. Puede decirse en general que en estas
regiones americanas existe aún una situación de Kulturkampf y de proceso
Dreyfus, o sea una situación en la que el elemento laico y burgués no ha
alcanzado aun la fase de la subordinación a la política laica del Estado
moderno de los intereses y de la influencia clerical y militarista.
Así sucede que por oposición al
jesuitismo tiene todavía mucha influencia la masonería y el tipo de
organización cultural como la "Iglesia positivista". Los
acontecimientos de estos últimos tiempos (noviembre de 1930), desde el
Kulturkampf de Calles en México a las insurrecciones militares-populares en la
Argentina, en el Brasil, en el Perú, en Chile, en Bolivia, demuestran
precisamente la exactitud de estas observaciones.
Otros
tipos de formación de las categorías intelectuales y de sus relaciones con las
fuerzas nacionales se pueden encontrar en la India, en la China, en el Japón.
En el Japón tenemos una formación del tipo inglés y alemán, o sea de una
civilización industrial que se desarrolla dentro de una envoltura
feudal-burocrática con características propias inconfundibles.
En la China existe el fenómeno de la
escritura, expresión de la completa separación de los intelectuales y el
pueblo. En la India y en la China la enorme distancia entre los intelectuales y
el pueblo se manifiesta también en el campo religioso. El problema de las
diversas creencias y del modo diverso de concebir y practicar la misma religión
entre los diversos estratos de la sociedad, pero especialmente entre clero e
intelectuales y pueblo, debería ser estudiado en general, porque se manifiesta
en todas partes en cierta medida, sí bien en los países del Asia oriental tiene
sus manifestaciones más extremas. En los países protestantes la diferencia es
relativamente pequeña (la multiplicación de las sectas está ligada a la
exigencia de una sutura completa entre intelectuales y pueblo, lo cual
reproduce en la esfera de la organización superior todas las escabrosidades de
la concepción real de las masas populares). Es muy notable en los países
católicos, pero en grados diversos: menos grande en la Alemania católica y en
Francia, más grande en Italia, especialmente en el Mediodía y en las islas;
grandísima en la península ibérica y en los países de la América latina. El
fenómeno aumenta de volumen en los países ortodoxos en los que hay que hablar
de tres grados de la misma religión: el del alto clero y los monjes, el del
clero secular y el del pueblo. Se vuelve absurdo en el Asia oriental, donde la
religión del pueblo a menudo no tiene nada que ver con la de los libros, por
más que a ambas se les dé el mismo nombre.
Aspectos
diversos de la cuestión de los intelectuales, además de los arriba
mencionados.(Hay que realizar un plan orgánico, sistemático y razonado.
Registro de la actividad de carácter predominantemente intelectual.
Instituciones ligadas a la actividad cultural. Método y problemas de método del
trabajo intelectual y cultural, tanto creativo como divulgativo. Escuela,
academia, círculos de diverso tipo como instituciones de elaboración colegial
de la vida cultural. Revistas y periódicos como medios para organizar y
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1125
difundir
determinados tipos de cultura.)
Puede
observarse en general que en la civilización moderna todas las actividades
prácticas se han vuelto tan complejas y las ciencias se han entrelazado a tal
punto con la vida, que toda actividad práctica tiende a crear una escuela para
sus propios dirigentes y especialistas y por consiguiente a crear un grupo de
intelectuales especialistas de grado más elevado, que enseñen en estas
escuelas. Así, junto al tipo de escuela que se podría llamar
"humanista", y es el tradicional más antiguo, y que estaba orientada
a desarrollar en todo individuo humano la cultura general todavía
indiferenciada, la potencia fundamental de pensar y saber dirigirse en la vida,
se ha ido creando todo un sistema de escuelas particulares de diverso grado,
para ramas profesionales enteras o para profesiones ya especializadas e
indicadas con precisa identificación. Puede incluso decirse que la crisis
escolar que hoy nos amenaza está precisamente ligada al hecho de que este
proceso de diferenciación y particularización se produce caóticamente, sin
principios claros y precisos, sin un plan bien estudiado y conscientemente
establecido: la crisis del programa y de la organización escolar, o sea de la
orientación general de una política de formación de los modernos cuadros
intelectuales, es en gran parte un aspecto y una complicación de la crisis
orgánica más amplia y general. La división fundamental de la escuela en clásica
y profesional era un esquema racional: la escuela profesional para las clases
instrumentales, la clásica para las clases dominantes y para los intelectuales.
El desarrollo de la base industrial tanto en la ciudad como en el campo tenía
una creciente necesidad del nuevo tipo de intelectual urbano; se desarrolló,
junto a la escuela clásica, la escuela técnica (profesional pero no manual), lo
que puso en discusión el principio mismo de la orientación concreta de cultura
general, de la orientación humanista de la cultura general fundada sobre la
tradición grecorromana. Esta orientación, una vez puesta en discusión, puede
considerarse arruinada, porque su capacidad formativa se basaba en gran parte
en el prestigio general y tradicionalmente indiscutido de una determinada forma
de civilización.
Hoy la tendencia es la de abolir todo
tipo de escuela "desinteresada" (no inmediatamente interesada) y
"formativa" o de dejar de ella sólo un ejemplar reducido para una
pequeña élite de señores y damas que no tienen que pensar en prepararse un
futuro profesional, y la de difundir cada vez más las escuelas profesionales
especializadas en las que el destino del alumno y su futura actividad se hallan
predeterminadas. La crisis tendrá una solución que racionalmente debería seguir
esta línea: escuela única inicial de cultura general, humanista, formativa, que
equilibre justamente el desarrollo de las capacidades de trabajar manualmente
(técnicamente, industrialmente) y el desarrollo de las capacidades del trabajo
intelectual. De este tipo de escuela única, a través de experiencias repetidas
de orientación profesional, se pasará a una de las escuelas especializadas o al
trabajo producitvo.
Debe
tenerse presente la tendencia en desarrollo por la que toda actividad práctica
tiende a crearse su propia escuela especializada, así como cada actividad
intelectual tiende a crearse sus propios círculos de cultura, que asumen la
función de instituciones posescolares especializadas para organizar las
condiciones en las que sea posible mantenerse al corriente de los progresos que
se realizan en cada rama científica Se puede observar también que cada vez más
los órganos deliberantes tienden a distinguir su actividad en dos aspectos
"orgánicos", la deliberativa que les es esencial y la
técnica-cultural por la que las cuestiones acerca de las que hay que tomar
resoluciones son primero examinadas por expertos y analizadas científicamente.
Esta actividad ha creado ya todo un cuerpo burocrático de una nueva estructura,
porque además de los oficios especializados de competentes que preparan el
material técnico para los cuerpos deliberantes, se crea un segundo cuerpo de
funcionarios, más o
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1126
menos
"voluntarios" y desinteresados, elegidos según las ocasiones en la
industria, en la banca, en las finanzas.
368 Es
éste uno de los mecanismos a través de los cuales la burocracia de carrera
acabó por controlar los regímenes democráticos y parlamentarios; ahora el
mecanismo se va extendiendo orgánicamente y absorbe en su círculo a los grandes
especialistas de la actividad práctica privada, que así controla tanto a los
regímenes como a la burocracia. Puesto que se trata de un desarrollo orgánico
necesario que tiende a integrar el personal especializado en la técnica
política con personal especializado en las cuestiones concretas de
administración de las actividades prácticas esenciales de las grandes y
complejas sociedades nacionales modernas, todo intento de exorcizar estas
tendencias desde el exterior no produce otro resultado que prédicas moralistas
y gemidos retóricos. Se plantea la cuestión de modificar la preparación del
personal técnico político integrando su cultura según las nuevas necesidades, y
la de elaborar nuevos tipos de funcionarios especializados que colegialmente
integren la actividad deliberante. El tipo tradicional del
"dirigente" político, preparado sólo para las actividades jurídico-
formales, se vuelve anacrónico y representa un peligro para la vida estatal: el
dirigente debe tener aquel mínimo de cultura general técnica que le permita, si
no "crear" autónomamente la solución justa, si saber juzgar entre las
soluciones presentadas por los expertos y elegir en consecuencia la que es
justa desde el punto de vista "sintético" de la técnica política. Un
tipo de colegio deliberante que busca incorporarse la competencia técnica
necesaria para operar realistamente fue ya descrito en otro lugar,1 donde se
habla de lo que sucede en las redacciones de ciertas revistas, que funcionan al
mismo tiempo como redacciones y como círculos de cultura. El círculo critica
colegialmente y contribuye así a elaborar los trabajos de los redactores, cuyas
tareas están organizadas según un plan y una división del trabajo racionalmente
dispuesta. A través de la discusión y la crítica colegial (hecha de
sugerencias, consejos, indicaciones metodológicas, crítica constructiva y
orientada a la educación recíproca) por la que cada uno funciona como
especialista en su materia para integrar la competencia colectiva, en realidad
se consigue elevar el nivel medio de los redactores, para alcanzar la elevación
o la capacidad del más preparado, asegurando a la revista una colaboración cada
vez más elegida y orgánica, y no sólo eso, sino creando las condiciones para el
surgimiento de un grupo homogéneo de intelectuales preparado para producir una
actividad "librera" regular y metódica (no sólo de publicaciones de
ocasión y de ensayos parciales, sino de trabajos orgánicos de conjunto).
Indudablemente, en esta especie de actividad colectiva, cada trabajo produce
nuevas capacidades y posibilidades de trabajo, porque crea condiciones de
trabajo cada vez más orgánicas: ficheros, clasificaciones bibliográficas,
recopilación de obras especializadas fundamentales, etcétera. Se exige una
lucha rigurosa contra las tendencias al diletantismo, a la improvisación, a las
soluciones "oratorias" y declamatorias. El trabajo debe hacerse
especialmente por escrito, así como por escrito deben ser las críticas, en
notas apretadas y sucintas, lo que puede obtenerse distribuyendo a tiempo el
material, etcétera; el escribir las notas y las críticas es un principio
didáctico que se hace necesario por la necesidad de combatir los hábitos de
prolijidad, de la declamación y el paralogismo creados por la oratoria. Este
tipo de trabajo intelectual es necesario para hacer adquirir a los autodidactos
la disciplina de los estudios que procura una carrera escolar regular, para
taylorizar el trabajo intelectual. Así, es útil el principio de los
"ancianos de Santa Zita" del que habla De Sanctis en sus recuerdos
sobre la escuela napolitana de Basilio Puoti:2 o sea que es útil una cierta
"estratificación" de las capacidades y actitudes y la formación de
grupos de trabajo bajo la guía de los más expertos y avanzados,
Cfr. Cuaderno 3 (XX), § 28. La remisión
está ya en la nota 8 al Cuaderno § 49.
2 Cfr.
nota 3 al Cuaderno 1 (XVI), § 153.
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1127
que
aceleren la preparación de los más atrasados y toscos.
Un punto importante en el estudio de la
organización práctica de la escuela unitaria es el que concierte a la carrera
escolar en sus diversos grados conforme a la edad y al desarrollo
intelectual-moral de los alumnos y a los fines que la propia escuela quiere
alcanzar. La escuela unitaria o de formación humanista (entendido este término
de humanismo en sentido amplio y no sólo en el sentido tradicional) o de
cultura general, debería proponerse introducir en la actividad social a los
jóvenes después de haberlos conducido a cierto grado de madurez y capacidad
para la creación intelectual y práctica y de autonomía en la orientación y en
la iniciativa. El establecimiento de la edad escolar obligatoria depende de las
condiciones económicas generales, porque éstas pueden obligar a exigir a los
jóvenes y a los niños cierta aportación productiva inmediata. La escuela
unitaria exige que el Estado pueda asumir los gastos que hoy están a cargo de
las familias para el mantenimiento de los escolares, o sea que transforma el
balance del Ministerio de Educación nacional de arriba a abajo, extendiéndolo
en forma inaudita y complicándolo: toda la función de la educación y formación
de las nuevas generaciones pasa a ser de privada, pública, porque sólo así
puede abarcar a todas las generaciones sin divisiones de grupos o castas. Pero
esta transformación de la actividad escolar exige una ampliación inaudita de la
organización práctica de la escuela, o sea de los edificios, del material
científico, del cuerpo docente, etcétera. El cuerpo de docentes especialmente
debería ser aumentado, porque la eficiencia de la escuela es tanto mayor y más
intensa cuanto más pequeña es la relación entre maestro y alumnos, lo que
plantea otros problemas de no fácil ni rápida solución. Tampoco la cuestión de
los edificios es sencilla, porque este tipo de escuela debería ser una
escuela-colegio, con dormitorios, refectorios, bibliotecas especializadas,
salas adecuadas para el trabajo de seminario, etcétera. Por eso inicialmente el
nuevo tipo de escuela deberá y no podrá ser sino propia de grupos restringidos,
de jóvenes seleccionados por concurso o indicados bajo su responsabilidad por
instituciones idóneas.
La escuela unitaria debería corresponder
al periodo representado hoy por las elementales y las medias, reorganizadas no
sólo por lo que toca al contenido y al método de la enseñanza, sino también por
la disposición de los diversos grados de 7ª carrera escolar. El primer grado
elemental no debería ser de más de 3-4 años y junto a la enseñanza de las
primeras nociones "instrumentales" de la instrucción —leer, escribir,
hacer cuentas, geografía, historia— debería desarrollar especialmente la parte
hoy descuidada de los "derechos y deberes", o sea las primeras
nociones del Estado y de la sociedad, como elementos primordiales de una nueva
concepción del mundo que entra en lucha contra las concepciones dadas por los
diversos ambientes sociales tradicionales, o sea las concepciones que se pueden
llamar folklóricas. El problema didáctico a resolver es el de atemperar y
fecundar la orientación dogmática que no puede ser otra en estos primeros años.
El resto del curso no debería durar más de seis años, de modo que a los 15-16
años se debería poder cumplir todos los grados de la escuela unitaria. Se puede
objetar que semejante curso es demasiado fatigoso por su rapidez, si se quieren
efectivamente alcanzar los resultados que la actual organización de la escuela
clásica se propone pero no alcanza. Se puede decir, sin embargo, que el
conjunto de la nueva organización deberá contener en sí misma los elementos
generales por los que hoy, al menos para una parte de los alumnos, el curso es
por el contrario demasiado lento, ¿Cuáles son estos elementos? En una serie de
familias, especialmente de los estratos intelectuales, los niños encuentran en
la vida familiar una preparación, una prolongación y una integración de la vida
escolar, absorben, como suele decirse, del "aire" toda una cantidad
de nociones y actitudes que facilitan la carrera escolar propiamente dicha:
ellos conocen ya y desarrollan el conocimiento de la lengua literaria, o sea el
medio de expresión y de conocimiento, técnicamente superior a los medios poseídos
por la media de la población escolar desde los
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1128
seis a
los doce años. Así los alumnos de la ciudad, por el solo hecho de vivir en la
ciudad, han absorbido ya antes de los seis años una cantidad de nociones y
actitudes que hacen más fácil, más provechosa y más rápida la carrera escolar.
En la organización íntima de la escuela unitaria deben crearse al menos las
principales de estas condiciones, además del hecho, que es de suponer, de que
paralelamente a la escuela unitaria se desarrolle una red de asilos de infancia
y otras instituciones en las que, incluso antes de la edad escolar, los niños
sean habituados a cierta disciplina colectiva y adquieran nociones y actitudes
preescolares. De hecho, la escuela unitaria debería ser organizada como
colegio, con vida colectiva diurna y nocturna, liberada de las actuales formas
de disciplina hipócrita y mecánica, y el estudio debería hacerse
colectivamente, con la asistencia de los maestros y de los mejores alumnos,
incluso en las horas de aplicación llamada individual, etcétera.
El problema fundamental se plantea para
aquella fase de la actual carrera escolar que hoy está representada por el
liceo y que hoy no se diferencia en nada, como tipo de enseñanza, de las clases
precedentes, a no ser por la suposición abstracta de una mayor madurez
intelectual y moral del alumno conforme a la edad mayor y a la experiencia
precedentemente acumulada. De hecho, entre liceo y universidad, esto es, entre
la escuela propiamente dicha y la vida, hay un salto, una verdadera solución de
continuidad, no un pasa racional de la cantidad (edad) a la calidad (madurez
intelectual y moral). De la enseñanza casi puramente dogmática, en la que la
memoria tiene gran parte, se pasa a la fase creativa o de trabajo autónomo e
independiente; de la escuela con disciplina de estudio impuesta y controlada
autoritariamente se pasa a una fase de estudio y trabajo profesional en la que
la autodisciplina intelectual y la autonomía moral es teóricamente ilimitada. Y
esto sucede inmediatamente después de la crisis de la pubertad, cuando el fuego
de las pasiones instintivas y elementales no ha terminado aún de luchar con los
frenos del carácter y de la conciencia moral en formación. En Italia, además,
donde en las universidades no se halla difundido el principio del trabajo de
"seminario", el paso es todavía más brusco y mecánico.
He ahí
pues que en la escuela unitaria la fase última debe ser concebida y organizada
como la fase decisiva en la que se tiende a crear los valores fundamentales del
"humanismo", la autodisciplina intelectual y la autonomía moral
necesarias para la ulterior especialización, bien sea de carácter científico
(estudios universitarios), bien sea de carácter inmediatamente práctico
-productivo (industria, burocracia, organización de cambios, etcétera). El
estudio y aprendizaje de los métodos creativos en la ciencia y en la vida debe
comenzar en esta última fase de la escuela y no ser más un monopolio de la
Universidad o ser dejado al acaso de la vida práctica: esta fase escolar debe
ya contribuir a desarrollar el elemento de la responsabilidad autónoma en los
individuos, ser una escuela creativa (hay que distinguir entre escuela creativa
y escuela activa, incluso en la forma dada por el método Dalton.1 Toda la
escuela unitaria es escuela activa, si bien es preciso poner límites a las
ideologías libertarias en este campo y reivindicar con cierta energía el deber
de las generaciones adultas, o sea del Estado, de "conformar" a las
nuevas generaciones. Se está aún en la fase romántica de la escuela activa, en
la que los elementos de la lucha contra la escuela mecánica y jesuítica se han
dilatado morbosamente por razones de contraste y de polémica: hay que entrar en
la fase "clásica", racional, encontrar en los fines a alcanzar la
fuente natural para elaborar los métodos y las formas. La escuela creativa es
la coronación de la escuela activa: en la primera fase se tiende a disciplinar,
por lo tanto también a nivelar, a obtener una cierta especie de
"conformismo" que se puede llamar "dinámico"; en la fase
creativa, sobre el fundamento alcanzado de "colectivización" del tipo
social, se tiende a expandir la personalidad, convertida en autónoma y
responsable, pero con una conciencia moral y social
Sobre el método Dalton cfr., Cuaderno 9
(XIV), § 119, y LC, 654.
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1129
sólida y
homogénea. Así, escuela creativa no significa escuela de "inventores y
descubridores"; se indica una fase y un método de investigación y de
conocimiento, y no un "programa" predeterminado con la obligación de
la originalidad y de la innovación a toda costa. Indica que el aprendizaje se
produce especialmente por un esfuerzo espontáneo y autónomo del estudiante, en
el que el maestro ejerce sólo una función de guía amigable como sucede o
debería suceder en la Universidad. Descubrir por sí mismos, sin sugerencias y
ayudas externas, una verdad, es creación, aunque la verdad sea vieja, y
demuestra la posesión del método; indica que de cualquier modo se ha entrado en
la fase de madurez intelectual en la que se pueden descubrir verdades nuevas.
Por eso en esta fase la actividad escolar fundamental se desarrollará en los
seminarios, en las bibliotecas, en los laboratorios experimentales; en ésta se
recogerán las indicaciones orgánicas para la orientación profesional).
El advenimiento de la escuela unitaria
significa el comienzo de nuevas relaciones entre trabajo intelectual y trabajo
industrial no sólo en la escuela, sino en toda la vida social. El principio
unitario se reflejará por lo tanto en todos los organismos de cultura,
transformándolos y dándoles un nuevo contenido. Problema de la nueva función
que podrán asumir las Universidades y las Academias. Hoy estas dos
instituciones son independientes la una de la otra y las Academias son el
símbolo, a menudo justamente ridiculizado, de la separación existente entre la
alta cultura y la vida, entre los intelectuales y el pueblo (de ahí el cierto
éxito que tuvieron los futuristas en su primer periodo de Sturm und Drang
antiacadémico, antitradicionalista, etcétera). En una nueva situación de
relaciones entre vida y cultura, entre trabajo intelectual y trabajo
industrial, las academias deberían convertirse en la organización cultural (de
sistematización, expansión y creación intelectual) de aquellos elementos que
después de la escuela unitaria pasarán al trabajo profesional, y en un terreno
de encuentro entre ellos y los universitarios. Los elementos sociales empleados
en el trabajo profesional no deben caer en la pasividad intelectual, sino que
deben tener a su disposición (por iniciativa colectiva y no de individuos
aislados, como función social orgánica reconocida de pública necesidad y
utilidad) institutos especializados en todas las ramas de investigación y
trabajo científico, en los cuales podrán colaborar y en los que encontrarán
todos los subsidios necesarios para cualquier forma de actividad cultural que
se propongan emprender. La organización académica <deberá ser>
reorganizada y vivificada de arriba abajo. Territorialmente tendrá una
centralización de competencias y de especializaciones: centros nacionales que
se agregarán las grandes instituciones existentes, secciones regionales y
provinciales y círculos locales urbanos y rurales. Se seccionará por
competencias científico-culturales, que estarán todas representadas en los
centros superiores pero sólo parcialmente en los círculos locales. Unificar los
diversos tipos de organización cultural existentes:
Academias, Institutos de cultura,
círculos filológicos, etcétera, integrando el trabajo académico tradicional,
que se explica predominantemente en la sistematización del saber pasado o en el
intento de establecer una media del pensamiento nacional como guía de la
actividad intelectual, con actividades vinculadas a la vida colectiva, al mundo
de la producción y del trabajo. Se controlarána las conferencias industriales,
la actividad de la organización científica del trabajo, los laboratorios
experimentales de fábrica, etcétera. Se construirá un mecanismo para
seleccionar y hacer avanzar las capacidades individuales de la masa popular,
que hoy son sacrificadas y se debilitan en errores y tentativas sin salida.
Cada círculo local debería tener necesariamente la sección de ciencias morales
y políticas, y poco a poco organizará las otras secciones especiales para
discutir los aspectos técnicos de los problemas industriales, agrarios, de
organización y racionalización del trabajo, de fábrica, agrícola, burocrático,
etcétera. Congresos periódicos de diverso grado harán conocer a los
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1130
más
capaces.
En el manuscrito: "se
controlará".
Sería
útil tener la lista completa de las Academias y de las otras organizaciones
culturales actualmente existentes y de los temas que son predominantemente
tratados en sus trabajos y publicados en sus Actas: en gran parte se trata de
cementerios de la cultura, pero no obstante tienen una función en la psicología
de la clase dirigente.
La
colaboración entre estos organismos y las universidades deberá ser estrecha,
así como con todas las escuelas superiores especializadas de todo género
(militares, navales, etcétera). El objetivo es obtener una centralización y un
impulso de la cultura nacional que serían superiores a los de la Iglesia
Católica.
(Este
esquema de organización del trabajo cultural según los principios generales de
la escuela unitaria, debería ser desarrollado en todas sus partes
cuidadosamente y servir de guía en la constitución incluso del más elemental y
primitivo centro de cultura, que debería ser concebido como un embrión y una
molécula de toda la estructura más masiva. Incluso las iniciativas que se saben
transitorias y experimentales deberían ser concebidas como capaces de ser
absorbidas en el esquema general y al mismo tiempo como elementos vitales que
tienden a crear todo el esquema. Estudiar con atención la organización y el
desarrollo del Rotary Club.)
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 11-19, 19-21 bis.
<§
2>. Observaciones sobre la escuela: para la búsqueda del principio
educativo. La fractura determinada por la reforma Gentile entre la escuela
elemental y media por una parte y la superior por la otra. Antes de la reforma
existía una fractura similar, sólo que de modo menos marcado, entre la escuela
profesional de una parte y las escuelas medias y superiores de la otra: la
escuela elemental estaba colocada en una especie de limbo, por algunas de sus
características particulares.
En las escuelas elementales dos elementos
se prestaban a la educación y a la formación de los niños: las primeras
nociones de ciencias naturales y las nociones de derechos y deberes del
ciudadano. Las nociones científicas debían servir para introducir al niño en la
"societas rerum", los derechos y deberes en la vida estatal y en la
sociedad civil. Las nociones científicas entraban en lucha con la concepción
mágica del mundo y de la naturaleza que el niño absorbe del ambiente impregnado
de folklore, así como las nociones de derechos y deberes entran en lucha con
las tendencias a la barbarie individualista y localista, que es también un
aspecto del folklore. La escuela con su enseñanza lucha contra el folklore, con
todas las sedimentaciones tradicionales de concepción del mundo para difundir
una concepción más moderna, en la que los elementos primitivos y fundamentales
son dados por el aprendizaje de la existencia de las leyes de la naturaleza
como algo objetivo y rebelde a lo que hay que adaptarse para dominarlas, y por
las leyes civiles y estatales que son un producto de una actividad humana, que
están establecidas por el hombre y pueden ser cambiadas por el hombre para los
fines de su desarrollo colectivo; la ley civil y estatal ordena a los hombres
en el modo históricamente más adecuado para dominar las leyes de la naturaleza,
o sea para facilitar su trabajo, que es el modo propio del hombre de participar
activamente en la vida de la naturaleza para transformarla y socializarla cada
vez más profunda y extensamente. Puede decirse por ello que el principio
educativo que era fundamento de las escuelas elementales era el concepto de
trabajo, que no puede realizarse en toda su potencia de expansión y de
productividad sin un conocimiento exacto y realista de las leyes naturales y
sin un orden legal que regule orgánicamente la vida de los hombres entre sí,
orden que debe ser respetado por
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1131
convicción
espontánea y no sólo por imposición externa, por necesidad reconocida y
propuesta a sí mismos como libertad y no por simple coacción. El concepto y el
hecho del trabajo (de la actividad teórico- práctica) es el principio educativo
inmanente en las escuelas elementales, porque el orden social y estatal
(derechos y deberes) es introducido e identificado por el trabajo en el orden
natural. El concepto del equilibrio entre orden social y orden natural sobre el
fundamento del trabajo, de la actividad teórico-práctica del hombre, crea los
primeros elementos de una intuición del mundo, liberada de toda magia y
brujería, y da la base al desarrollo ulterior de una concepción histórica,
dialéctica, del mundo, para comprender el movimiento y el devenir, para valorar
la suma de esfuerzos y de sacrificios que ha costado el presente al pasado y
que el futuro cuesta al presente, para concebir la actualidad como síntesis del
pasado, de todas las generaciones pasadas, que se proyecta en el futuro. Este
es el fundamento de la escuela elemental; que éste haya dado todos sus frutos,
que en el cuerpo de los maestros haya existido la conciencia de su misión, es
otra cuestión, vinculada a la crítica del grado de conciencia civil de toda la
nación, de la que el cuerpo magisterial era sólo una expresión, todavía
devaluada, y ciertamente no una vanguardia.
No es completamente exacto que la
instrucción no sea también educación: el haber insistido demasiado en esta
distinción ha sido un grave error de la pedagogía idealista y se ven ya los
efectos en la escuela reorganizada por esta pedagogía. Para que la instrucción
no fuese también educación sería preciso que el escolar fuese una simple
pasividad, un "recipiente mecánico" de nociones abstractas, lo que es
absurdo y por lo demás es "abstractamente" negado por los defensores
de la pura educatividad precisamente contra la simple instrucción mecanicista.
Lo "cierto" se vuelve "verdadero" en la conciencia del
niño. Pero la conciencia del niño no es ninguna cosa "individual" (y
mucho menos individualizada), es el reflejo de la fracción de sociedad civil en
la que el niño participa, de las relaciones sociales tal como se anudan en la
familia, en la vecindad, en la población, etcétera. La conciencia individual de
la inmensa mayoría de los niños refleja relaciones civiles y culturales distintas
y antagónicas con respecto a las que son representadas por los programas
escolares: lo "cierto" de una cultura avanzada, se convierte en
"verdadero" en los cuadros de una cultura fosilizada y anacrónica, no
hay unidad entre escuela y vida, y por eso no hay unidad entre instrucción y
educación. Por lo tanto puede decirse que en la escuela el nexo
instrucción-educación sólo puede ser representado por el trabajo vivo del
maestro, en cuanto que el maestro es consciente de los contrastes entre el tipo
de sociedad y de cultura que él representa y el tipo de sociedad y de cultura
representado por los alumnos, y es consciente de su tarea que consiste en
acelerar y disciplinar la formación del niño conforme al tipo superior en lucha
contra el tipo inferior. Si el cuerpo magisterial es deficiente y el nexo
instrucción-educación es disuelto para resolver la cuestión de la enseñanza
según esquemas acartonados en los que la educatividad es exaltada, la obra del
maestro resultará aún más deficiente: se tendrá una escuela retórica, sin
seriedad, porque faltará la sustancia material de lo cierto, y lo verdadero
será verdadero en palabras, o sea en retórica. La degeneración se ve aún mejor
en la escuela media, en los cursos de literatura y filosofía. Antes los
alumnos, por lo menos, se formaban un cierto "bagaje" o
"moblaje" (según los gustos) de nociones concretas: ahora que el
maestro debe ser especialmente un filósofo y un esteta, el alumno descuida las
nociones concretas y se "llena la cabeza" de fórmulas y palabras que
para él no tienen sentido la mayor parte de las veces, y que inmediatamente son
olvidadas.
La lucha contra la vieja escuela era
justa, pero la reforma no era tan sencilla como parecía, no se trataba de
esquemas programáticos, sino de hombres, y no de los hombres que inmediatamente
son maestros, sino de todo el conjunto social del que los hombres son
expresión. En realidad, un maestro mediocre puede lograr obtener que los
alumnos se hagan más instruidos, no logrará obtener que sean más cultos;
desarrollará con escrúpulo y
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1132
conciencia
burocrática la parte mecánica de la escuela y el alumno, si es un cerebro
activo, ordenará por su propia cuenta, y con la ayuda de su ambiente social, el
"bagaje" acumulado. Con los nuevos programas, que coinciden con un
descenso general del nivel del cuerpo de enseñanza, no habrá ningún
"bagaje" que ordenar. Los nuevos programas habrían debido abolir
completamente los exámenes: hacer un examen, ahora, debe ser terriblemente más
un "juego de azar" que antiguamente. Una fecha es siempre una fecha,
quien quiera que sea el profesor que examine, y una "definición" es
siempre una definición; ¿pero un juicio, un análisis estético o filosófico?
La
eficacia educativa de la vieja escuela media italiana, tal cual la había
organizado la vieja ley Casati, 1 no debía buscarse (o negarse) en la voluntad
expresa de ser o no escuela educativa, sino en el hecho de que su organización
y sus programas eran la expresión de un modo tradicional de vida intelectual y
moral, de un clima cultural difundido en toda la sociedad italiana por
antiquísima tradición. Que tal clima y tal modo de vivir hayan entrado en
agonía y que la escuela se haya divorciado de la vida, ha determinado la crisis
de la escuela. Criticar los programas y la organización disciplinaria de la
escuela, quiere decir menos que nada, si no se toman en cuenta tales
condiciones. Así se vuelve a la participación realmente activa del alumno en la
escuela, que sólo puede existir si la escuela está ligada a la vida. Los nuevos
programas, cuanto más afirman y teorizan la actividad del discípulo y su
colaboración activa con el trabajo del docente, tanto más están organizados
como si el discípulo fuese una simple pasividad. En la vieja escuela el estudio
gramatical de las lenguas latina y griega, unido al estudio de las literaturas
e historias políticas respectivas, era un principio educativo en la medida en
que el ideal humanista, que se encarna en Atenas y Roma, estaba difundido en
toda la sociedad, era un elemento esencial de la vida y la cultura nacional.
Incluso el aspecto mecánico del estudio gramatical estaba basado en la
perspectiva cultural. Las nociones aisladas no eran asimiladas para un fin inmediato
práctico- profesional: el aprendizaje parecía desinteresado, porque el interés
era el desarrollo interior de la personalidad, la formación del carácter a
través de la absorción y asimilación de todo el pasado cultural de la moderna
civilización europea. No se aprendía el latín y el griego para hablarlos, para
trabajar como camareros, como intérpretes, como agentes comerciales. Se
aprendía para conocer directamente la civilización de ambos pueblos,
presupuesto necesario de la civilización moderna, o sea para ser uno mismo y
conocerse a uno mismo conscientemente.
377 Las
lenguas latina y griega se aprendían según la gramática, mecánicamente; pero
hay mucha injusticia e impropiedad en la acusación de mecanicismo y aridez. Hay
que vérselas con muchachitos, a los que hay que hacer contraer ciertos hábitos
de diligencia, de exactitud, de compostura incluso física, de concentración
psíquica en determinados temas que no se pueden adquirir sin una repetición
mecánica de actos disciplinados y metódicos. ¿Un estudioso de cuarenta años
sería capaz de permanecer ante su escritorio durante dieciséis horas seguidas,
si de niño no hubiese adquirido coactivamente, por coacción mecánica, los
hábitos psicofísicos apropiados?2 Si se desea seleccionar grandes científicos,
todavía hay que comenzar por ese punto y hay que presionar sobre toda el área
escolar para lograr hacer emerger esos miles o centenares o incluso sólo
docenas de estudiosos de gran clase, de los que toda civilización tiene
necesidad (si bien es posible mejorar mucho en este campo, con la ayuda de
subsidios científicos adecuados, sin regresar a los métodos escolares de los
jesuitas).
Se
aprende el latín (o mejor dicho, se estudia el latín), se lo analiza hasta en
sus partes más elementales, se lo analiza como una cosa muerta, es cierto, pero
ningún análisis hecho por un
Para un juicio de Gramsci sobre la ley
Casati cfr. también el artículo "Uomin o macchine?", publicado en
Avanti! del 24 de diciembre de 1916 (SG, 57-59)
Cfr. nota 2 al Cuaderno 4 (XIII), § 55.
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1133
niño
puede ser sino sobre cosas muertas; por otra parte no hay que olvidar que donde
se hace este estudio, en estas formas, la vida de los romanos es un mito que en
cierta medida ha interesado ya al niño y le interesa, puesto que en lo muerto
hay siempre presente un algo vivo más grande. Además: la lengua está muerta, es
analizada como una cosa inerte, como un cadáver sobre la mesa anatómica, pero
revive continuamente en los ejemplos, en las narraciones. ¿Se podría hacer el
mismo estudio con el italiano? Imposible: ninguna lengua viva podría ser
estudiada como el latín: sería y parecería absurdo. Ninguno de los niños conoce
el latín cuando se inicia el estudio con ese método analítico. Una lengua viva
podría ser conocida y bastaría que un solo niño la conociese, para romper el
encanto: todos irían a la escuela Berlitz, inmediatamente. El latín se presenta
(igual que el griego) a la fantasía como un mito, incluso para el maestro. El
latín no se estudia para aprender latín; el latín, desde hace mucho tiempo, por
una tradición cuItural-escolar cuyo origen y desarrollo se podrían investigar,
se estudia como elemento de un programa escolar ideal, elemento que resume y
satisface toda una serie de exigencias pedagógicas y psicológicas; se estudia
para habituar a los niños a estudiar de un modo determinado, a analizar un
cuerpo histórico que se puede tratar como un cadáver que continuamente se
recompone en vida, para habituarlos a razonar, a abstraer esquemáticamente aun
siendo capaces a remitirse de la abstracción a la vida real inmediata, para ver
en cada hecho o dato lo que tiene de general y lo que tiene de particular, el
concepto y el individuo. ¿Y qué no significa, educativamente, el continuo
parangón entre el latín y la lengua que se habla? La distinción y la identificación
de las palabras y los conceptos, toda la lógica formal, con las contradicciones
de los opuestos y el análisis de los distintos, con el movimiento histórico del
conjunto lingüístico, que se modifica en el tiempo, que tiene un devenir y no
sólo un estatismo.
378 En
los ocho años de gimnasio-liceo se estudia toda la lengua históricamente real,
después de haberla visto fotografiada en un instante abstracto, en forma de
gramática: se estudia desde Enio (e incluso desde las palabras de los
fragmentos de las doce tablas) hasta Pedro y los cristianos-latinos: un proceso
histórico es analizado desde su aparición hasta su muerte en el tiempo, muerte
aparente, porque se sabe que el italiano, con el que el latín es continuamente
confrontado, es latín moderno. Se estudia la gramática de cierta época, una
abstracción, el vocabulario de un periodo determinado, pero se estudian (por
comparación) la gramática y el vocabulario de cada autor determinado, y el
significado de cada término en cada "periodo" [estilístico]
determinado: se descubre así que la gramática y el vocabulario de Pedro no son
los de Cicerón, ni los de Planto, o de Lactancio y Tertuliano, que un mismo
nexo de sonidos no tiene el mismo significado en los diversos tiempos, ni en
los diversos escritores. Se comparan continuamente el latín y el italiano: pero
cada palabra es un concepto, una imagen, que asume matices diversos en los
tiempos, en las personas, en cada una de las dos lenguas comparadas. Se estudia
la historia literaria, de los libros escritos en aquella lengua, la historia
política, la gesta de los hombres que hablaron esa lengua. De todo este
complejo orgánico resulta determinada la educación del joven, del hecho de que
aunque sólo sea materialmente ha recorrido todo aquel itinerario, con aquellas etapas,
etcétera. Se ha sumergido en la historia, ha adquirido una intuición
historicista del mundo y de la vida, que se convierte en una segunda
naturaleza, casi una espontaneidad, porque no ha sido pedantemente inculcada
por "voluntad" extrínsecamente educativa. Este estudio educaba sin
tener la voluntad expresamente declarada, con la mínima intervención
"educativa" del maestro: educaba porque instruía. Se hacían
experimentos lógicos, artísticos, psicológicos sin "reflexionar en ellos",
sin mirarse continuamente al espejo, y se hacía especialmente un gran
experimento "sintético", filosófico, de desarrollo histórico-real.
Esto no
quiere decir (y sería torpe pensarlo) que el latín y el griego, como tales,
tengan cualidades intrínsecamente taumatúrgicas en el campo educativo. Es toda
la tradición
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1134
cultural,
que vive también y especialmente fuera de la escuela, la que en un determinado
ambiente produce tales consecuencias. Se ve, por lo demás, cómo, cambiada la
tradicional intuición de la cultura, la escuela ha entrado en crisis y ha
entrado en crisis el estudio del latín y del griego.
Habrá que
sustituir el latín y el griego como crisol de la escuela formativa y se
sustituirán, pero no será fácil organizar la nueva materia o la nueva serie de
materias en un orden didáctico que dé resultados equivalentes de educación y
formación general de la personalidad, partiendo de los niños hasta el umbral de
la elección profesional. En este periodo, en efecto, el estudio o la parte
mayor del estudio debe ser (o parecerles a los discípulos) desinteresado, esto
es, no tener objetivos prácticos inmediatos o demasiado inmediatos, debe ser
formativo, aunque sea "instructivo", o sea rico de nociones
concretas.
En la escuela actual, por la crisis
profunda de la tradición cultural y de la concepción de la vida y del hombre,
tiene lugar un proceso de degeneración progresiva: las escuelas de tipo
profesional, o sea preocupadas por satisfacer intereses prácticos inmediatos,
pierdena su posición de vanguardia en la escuela formativa, inmediatamente
desinteresada. El aspecto más paradójico es que este nuevo tipo de escuela
aparece y es predicada como democrática, mientras que por el contrario ella no
sólo está destinada a perpetuar las diferencias sociales, sino a cristalizarlas
en formas chinas.
En el manuscrito: "toma".
La
escuela tradicional ha sido oligárquica por estar destinada a la nueva
generación de los grupos dirigentes, destinada a su vez a volverse dirigente:
pero no era oligárquica por el modo de su enseñanza. No es la adquisición de
capacidades directivas, no es la tendencia a formar hombres superiores lo que
da el sello social a un tipo de escuela. El sello social es dado por el hecho
de que cada grupo social tiene su propio tipo de escuela, destinado a perpetuar
en estos estratos una determinada función tradicional, directiva o
instrumental. Si se quiere destruir esta trama, es preciso, pues, no
multiplicar y graduar los tipos de escuela profesional, sino crear un tipo
único de escuela preparatoria (elemental-media) que conduzca al joven hasta el
umbral de la elección profesional, formándolo entre tanto como persona capaz de
pensar, de estudiar, de dirigir o de controlar a quien dirige.
La
multiplicación de tipos de escuela profesional tiende, pues, a eternizar las
diferencias tradicionales, pero como, en estas diferencias, tiende a suscitar
estratificaciones internas, he ahí que hace nacer la impresión de poseer una
tendencia democrática. Obrero manual y obrero calificado, por ejemplo;
campesino y geómetra o ayudante de agrónomo, etcétera. Pero la tendencia
democrática, intrínsecamente, no sólo puede significar que un obrero
descalificado se vuelve calificado, sino que todo "ciudadano" puede
volverse "gobernante" y que la sociedad lo pone, aunque sea
"abstractamente", en las condiciones generales de poder llegar a
serlo; la democracia política tiende a hacer coincidir a gobernantes y
gobernados (en el sentido del gobierno con el consenso de los gobernados),
asegurando a todo gobernado el aprendizaje gratuito de la capacidad y la
preparación técnica general necesarias al —fin. Pero el tipo de escuela que se
desarrolla como escuela para el pueblo no tiende ni siquiera a mantener la
ilusión, porque se organiza cada vez más en forma de restringir la base de la
clase gobernante técnicamente preparada, en un ambiente social político que
restringe aún más la "iniciativa privada" en el sentido de impartir
esta capacidad y preparación técnico-política, de modo que se regresa en
realidad a las divisiones de "orden" jurídicamente establecidas y
cristalizadas más que a laa superación de las divisiones en grupos: la
multiplicación de las escuelas profesionales cada vez más especializadas desde
el comienzo de la carrera de los estudios es una de las manifestaciones más
visibles de esta tendencia.
En el manuscrito: "de".
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1135
A propósito del dogmatismo y del
criticismo-historicismo en la escuela elemental y media, debe observarse que la
nueva pedagogía ha querido dar la batalla al dogmatismo precisamente en el
campo de la instrucción, del aprendizaje de nociones concretas, o sea
precisamente en el campo en el que un cierto dogmatismo es prácticamente
imprescindible y puede ser reabsorbido— disuelto sólo en el ciclo entero del
curso escolar (no se puede enseñar gramática histórica en las escuelas
elementales y en el gimnasio), pero se ve obligada luego a ver introducido el
dogmatismo por excelencia en el campo del pensamiento religioso e
implícitamente a ver descrita toda la historia de la filosofía como una
sucesión de locuras y delirios.
En la
enseñanza de la filosofía, el nuevo curso pedagógico (al menos para aquellos
alumnos, y son la inmensa mayoría, que no reciben ayudas intelectuales fuera de
la escuela, en la familia o en el ambiente familiar, y deben formarse sólo con
las indicaciones que reciben en clase) empobrece la enseñanza y rebaja su nivel
prácticamente, no obstante que racionalmente parezca bellísimo, de una belleza
utópica. La filosofía descriptiva tradicional, reforzada por un curso de
historia de la filosofía y de la lectura de cierto número de filósofos,
prácticamente parece lo mejor. La filosofía descriptiva y definidora será una
abstracción dogmática, como la gramática y las matemáticas, pero es una
necesidad pedagógica y didáctica. 1 = 1 es una abstracción, pero nadie es
conducido por ello a pensar que una mosca es igual a un elefante. Incluso las
reglas de la lógica formal son abstracciones del mismo género, son como la
gramática del pensar normal, y no obstante es preciso estudiarlas, porque no
son algo innato, sino que deben ser adquiridas con el trabajo y la reflexión.
El nuevo curso presupone que la lógica formal es algo que ya se posee cuando se
piensa, pero no explica cómo se la debe adquirir, lo que prácticamente es como
si se la supusiera innata. La lógica formal es como la gramática: es asimilada
en forma "viviente" aunque el aprendizaje necesariamente haya sido
esquemático y abstracto, porque el discípulo no es un disco de gramófono, no es
un recipiente pasivamente mecánico, aunque la convencionalidad litúrgica de los
exámenes lo haga aparecer así en ocasiones.
381 La
relación de estos esquemas educativos con el espíritu infantil es siempre
activa y creativa, como activa y creativa es la relación entre el obrero y sus
utensilios de trabajo: un calibrador es también él un conjunto de
abstracciones, y sin embargo no se producen objetos sin previamente
calibrarlos, objetos reales que son relaciones sociales y contienen,
implícitas, ideas. El niño que se esfuerza con los barbara, baralipton,1 se
fatiga, es cierto, y hay que procurar que sufra la fatiga indispensable y no
más, pero también es cierto que siempre deberá fatigarse para aprender a
forzarse a si mismo a privaciones y limitaciones de movimiento físico, o sea
someterse a un aprendizaje psico-físico. Hay que persuadir a mucha gente de que
también el estudio es un oficio, y muy fatigoso, con su especial aprendizaje,
además de intelectual, también muscular-nervioso: es un proceso de adaptación,
es un hábito adquirido mediante el esfuerzo, el aburrimiento e incluso el
sufrimiento. La participación de masas más vastas en la escuela media acarrea
la tendencia a disminuir la disciplina del estudio, a exigir
"facilidades". Muchos piensan incluso que las dificultades son
artificiosas, porque están acostumbrados a considerar como trabajo y fatiga
sólo el trabajo manual. La cuestión es compleja. Ciertamente, el niño de una
familia tradicional de intelectuales supera más fácilmente el proceso de
adaptación psico-física; desde la primera vez que entra a clase tiene numerosos
puntos de ventaja sobre sus compañeros, tiene una orientación ya adquirida por
los hábitos familiares: concentra la atención con mayor facilidad, porque tiene
el hábito del control físico, etcétera. Del mismo modo el hijo de un obrero de
ciudad sufre menos al entrar a la fábrica que un hijo de campesinos o un joven
campesino ya desarrollado para la
Cfr. nota 3 al Cuaderno 4 (XIII), § 55.
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1136
vida
rural. También el régimen alimenticio tiene su importancia, etcétera. He ahí
por qué muchos del pueblo piensan que en la dificultad del estudio hay un
"truco" en su perjuicio (cuando no piensan que son estúpidos por
naturaleza): ven al señor (y para muchos, en el campo especialmente, señor
quiere decir intelectual) realizar con soltura y aparente facilidad el trabajo
que a sus hijos les cuesta lágrimas y sangre, y piensan que debe de haber un
"truco". En una nueva situación, estas cuestiones pueden hacerse
agudísimas y habrá que resistir la tendencia a hacer fácil aquello que no puede
serlo sin desnaturalizarse. Si se quiere crear un nuevo estrato de
intelectuales, hasta llegar a las más grandes especializaciones, de un grupo
social que tradicionalmente no ha desarrollado las aptitudes correspondientes,
habrá que superar dificultades inauditas.
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 29-32 bis.
382
<3>. Cuando se distingue entre
intelectuales y no-intelectuales en realidad nos referimos solamente a la
inmediata función social de la categoría profesional de los intelectuales, esto
es, se toma en cuenta la dirección en que gravita el peso mayor de la actividad
específica profesional, si en la elaboración intelectual o en el esfuerzo
muscular-nervioso. Esto significa que si se puede hablar de intelectuales, no
se puede hablar de no-intelectuales, porque no-intelectuales no existen. Pero
la misma relación entre esfuerzo de elaboración intelectual-cerebral y esfuerzo
muscular-nervioso no es siempre igual, por lo tanto se tienen diversos grados
de actividad específica intelectual. No existe actividad humana de la que se
pueda excluir toda intervención intelectual, no se puede separar el homo faber
del homo sapiens. Todo hombre, en fin, fuera de su profesión explica una
determinada actividad intelectual, es un "filósofo", un artista, un
hombre de gusto, participa de una concepción del mundo, tiene una línea de
conducta moral consciente, por lo tanto contribuye a sostener o modificar una
concepción del mundo, o sea a suscitar nuevos modos de pensar. El problema de
la creación de una nueva clase intelectual consiste por lo tanto en elaborar
críticamente la actividad intelectual que en cada uno existe en cierto grado de
desarrollo, modificando su relación con el esfuerzo muscular-nervioso hacia un
nuevo equilibrio y obteniendo que el mismo esfuerzo muscular-nervioso, en
cuanto elemento de una actividad práctica general, que renueva perpetuamente el
mundo físico y social, se convierta en fundamento de una concepción del mundo
nueva e integral. El tipo tradicional y vulgarizado del intelectual lo
representa el literato, el filósofo, el artista. Por eso los periodistas, que
se consideran literatos, filósofos, artistas, se consideran a si mismos también
como los "verdaderos" intelectuales. En el mundo moderno la educación
técnica, estrechamente vinculada al trabajo industrial, incluso al más
primitivo o descalificado, debe formar la base del nuevo tipo de intelectual.
Sobre esta base ha trabajado el Ordine Nuovoa semanal para desarrollar ciertas
formas de nuevo intelectualismo y para determinar sus nuevos conceptos, y ésta
no ha sido una de las menores razones de su éxito, porque tal planteamiento
correspondía a aspiraciones latentes y correspondía al desarrollo de las formas
reales de vida. El modo de ser del nuevo intelectual no puede seguir
consistiendo en la elocuencia, motriz exterior y momentánea de los afectos y las
pasiones, sino en el mezclarse activamente en la vida práctica, como
constructor, organizador, "persuasor permanentemente" porque no puro
orador, y sin embargo superior al espíritu abstracto matemático; de la
técnica-trabajo llega a la técnica-ciencia y a la concepción humanista
histórica, sin la cual se permanece como "especialista" y no se llega
a "dirigente" (especialista político).
En el manuscrito: "O. N.".
Cfr.
Cuaderno 4 (XIII), pp. 21 bis, 39 bis-40.
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1137
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1138
INDICE
TOMO 1
Cuaderno
1 (XVI) 1929-1930
Primer
cuaderno
Cuaderno
2 (XXIV) 1929-1933
Miscelánea
1
Apéndice
I.
Descripción de los cuadernos
II. Notas
TOMO 2
Cuaderno
3 (XX) 1930
Miscelánea
Cuaderno
4 (XIII) 1930-1932
Apuntes
de filosofía 1 / Miscelánea / El canto décimo del Infierno
Cuaderno
5 (IX) 1930-1932
Miscelánea
TOMO 3
Cuaderno
6 (VIII) 1930-1932
Miscelánea
Cuaderno
7 (VII) 1930-1931
Apuntes
de filosofía II y Miscelánea
Cuaderno
8 (XXVIII) 1931-1932
Miscelánea
y Apuntes de filosofía III
TOMO 4
Cuaderno
9 (XIV) 1932
Miscelánea
y Notas sobre el Risorgimento italiano Cuaderno 10 (XXXIII) 1932-1935
La
filosofía de Benedetto Croco
Cuaderno
11 (XVIII) 1932-1933
Introducción
al estudio de la filosofía
Cuaderno
12 (XXIX) 1932
Apuntes y
notas para un grupo de ensayos sobre la historia de los intelectuales
TOMO 5
Cuaderno
13 (XXX) 1932-1934
Notas
breves sobre la política de Maquiavelo
Cuaderno
14 (I) 1932-1935
Miscelánea
Cuaderno
15 (II) 1933
Miscelánea
Cuaderno
16 (XXII) 1933-1934
Cuaderno 12 (XXIX) 1932 Cuadernos de la cárcel 1139
Temas de
cultura. 1º
Cuaderno
17 (IV) 1933-1935
Miscelánea
Cuaderno
18 (XXXII-IV bis) 1934
Nicolás
Maquiavelo II
Cuaderno
19 (X) 1934-1935
Risorgimento
italiano
TOMO 6
Cuaderno
20 (XXV) 1934-1935
Acción
Católica / Católicos integrales / jesuitas / modernistas
Cuaderno
21 (XVII) 1934-1935
Problemas
de la cultura nacional italiana. 19 Literatura popular
Cuaderno
22 (V) 1934
Americanismo
y fordismo
Cuaderno
23 (VI) 1934
Crítica
literaria
Cuaderno
24 (XXVII) 1934
Periodismo
Cuaderno
25 (XXIII) 1934
Al margen
de la historia. Historia de los grupos sociales subalternos
Cuaderno
26 (XII) 1935
Temas de
cultura. 29
Cuaderno
27 (XI) 1935
Observaciones
sobre el "folklore"
Cuaderno
28 (III) 1935
Lorianismo
Cuaderno
29 (XXI) 1935
Notas
para una introducción al estudio (le la gramática
Cuaderno
13 (XXX) 1932-1934 Cuadernos de la
cárcel 1140
Cuadernos
de la cárcel
Antonio
Gramsci
Nota de
EHK sobre la conversión
a libro
digital para facilitar su estudio.
En el
lateral de la izquierda aparecerán
los
números de las páginas que
se
corresponde con las del libro
editado
por “ediciones ERA”.
El corte
de página no es exacto,
porque no
hemos querido cortar
ni
palabras ni frases,
es
simplemente una referencia..
Este
trabajo ha sido convertido a libro digital
en
exclusiva para uso interno y para
el
estudio e investigación del pensamiento
marxista.
Euskal
Herriko Komunistak
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