© Libro N° 11010. La Recepción De Las Obras Económicas De Karl Marx Entre 1867-1910. Gaido, Daniel. Emancipación. Marzo 18 de 2023
Título original: © La Recepción De Las Obras Económicas De Karl
Marx Entre 1867-1910. Daniel Gaido
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Obras Económicas De Karl Marx Entre 1867-1910. Daniel Gaido
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LA RECEPCIÓN DE LAS OBRAS
ECONÓMICAS DE KARL MARX Entre 1867-1910
Daniel Gaido
La Recepción De Las Obras Económicas De Karl Marx
Entre 1867-1910
Daniel Gaido
LA RECEPCIÓN DE LAS OBRAS ECONÓMICAS DE KARL MARX ENTRE 1867-1910
Daniel Gaido*
El problema que los discípulos de Marx encontraron repetidamente luego
de su muerte, acaecida en 1883, fue que su obra manuscrita estuvo durante
cuatro décadas en proceso de elaboración. Sabemos por el prólogo a la Contribución
a la Crítica de la Economía Política que Marx pretendía considerar el
sistema de la economía burguesa en seis libros (capital, propiedad de la
tierra, trabajo asalariado; estado, comercio exterior, mercado mundial), sin
embargo, sólo el primer volumen del primer libro fue publicado en vida de Marx.
Durante varias décadas después de su muerte, nuevos e importantes manuscritos
fueron apareciendo, incluyendo el segundo y tercer volúmenes de El
Capital y los tres tomos de Teorías sobre la plusvalía,
que se terminaron de publicar recién en 1910, todos los cuales son esenciales
para una comprensión completa del proyecto de Marx. Como resultado, los
discípulos de Marx tenían continuamente que adaptar las interpretaciones de su
obra a medida que estos nuevos materiales iban apareciendo. La historia de este
proceso de descubrimiento y exégesis se reconstruye en este ensayo.
Miseria de la filosofía y Trabajo asalariado y capital (1847)
Durante la primera mitad de la década de 1840, Marx y Engels evolucionan
de la filosofía hegeliana a la elaboración de los principios fundamentales del
materialismo histórico. Sus escritos de esos años abundan en energía creativa,
pero en muchos aspectos también fueron experimentales y provisionales en sus
conclusiones. Sus ideas estaban en movimiento, y las consecuencias finales
comenzarían a aparecer sólo desde finales de los años 1850 en adelante. En el
camino a la economía política, Marx hizo su primera ruptura con el grupo de
izquierda hegeliana1, luego emprendió una crítica filosófica provisional
de la economía política basada en el concepto de alienación (Entfremdung:
enajenación) de Feuerbach en los Manuscritos de 1844 (Marx
2010), después fue más allá del humanismo de Feuerbach mediante el concepto más
activo de praxis humana (Marx 1975a) y, finalmente, debatió
cuestiones económicas directamente en su polémica contra el libro de
Pierre-Joseph Proudhon Système des contradictions économiques, ou,
Philosophie de la misère, publicado en 1846 (Marx 1987).
La respuesta de Marx a Proudhon apareció por primera vez en 1847
como Misère de la philosophie. En 1885 una edición alemana del
libro fue publicada después de que fuera traducido por Eduard Bernstein y Karl
Kautsky. En el prefacio a dicha edición, fechado el 13 de octubre de 1884,
Engels señaló que «los términos empleados en esta obra no coinciden del todo
con la terminología de El Capital. Por ejemplo, en vez de fuerza de trabajo
(Arbeitskraft), en este libro se habla todavía de trabajo (Arbeit) como mercancía,
de la compra y venta de trabajo.» (Marx 1987, p. 181). En una nota
posterior, Engels también criticó «la tesis de que el precio ‘natural’, es
decir, normal, de la fuerza de trabajo coincide con el mínimo de salario, esto
es, con el equivalente del valor de los medios de subsistencia absolutamente
indispensables para la vida del obrero y para la prolongación de su especie«,
indicando que «en El Capital, Marx corrigió la mencionada tesis» (Marx
1987, p. 187).2
Engels se enfrentó a problemas similares cuando preparó una nueva
edición del Trabajo asalariado y capital de Marx, una serie de conferencias
dictadas ante el Club de los Trabajadores Alemanes de Bruselas, en 1847, y
publicadas por primera vez en varias entregas en el periódico Neue
Rheinische Zeitung (Nueva gaceta renana) a partir del 4 de abril de
1849. En su introducción a la nueva edición, fechada el 30 de abril de 1891,
Engels volvió a señalar que, contrariamente a lo que Marx había dicho en un
principio, los trabajadores no venden su trabajo a cambio de un salario sino
su fuerza de trabajo, agregando:
En la década del cuarenta, Marx no había terminado aún su crítica de la
economía política. Fue hacia fines de la década del cincuenta cuando dio
término a esta obra. Por eso, los trabajos publicados por él antes de la
aparición del primer fascículo de la Contribución a la crítica de la economía
política (1859), difieren en algunos puntos de los que vieron la luz después de
esa fecha; contienen expresiones y frases enteras que, desde el punto de vista
de las obras posteriores, parecen poco afortunadas y hasta inexactas (Marx y Engels 1974b, introducción de F. Engels a la edición de
1891).
Fue en su exilio londinense que Marx elaboró por primera vez en forma
acabada sus categorías económicas, comenzando por su análisis de la teoría del
valor.
Contribución a la crítica de la economía política (1859)
Contribución a la crítica de la economía política (1859), la primera obra económica madura de Marx, es significativa
hoy principalmente por su exposición inigualada de los principios generales del
materialismo histórico en su extraordinario prólogo, en el que Marx describió
la sociedad actual como la última etapa en «la prehistoria de la sociedad
humana» (Marx 2008, p. 6), después de la cual los productores ya no serían
dominados por los productos de su propio trabajo. El capitalismo estaba creando
las condiciones técnicas y sociales para la transición a una formación social
superior, en la que las personas ejercerían un control consciente sobre sus
procesos de producción, reduciendo la jornada de trabajo y haciendo posible la
superación de la división entre el trabajo manual y el intelectual. Pero
incluso este libro sigue siendo incompleto en términos de su exposición de
la forma del valor (Wertform).
En Contribución a la crítica de la economía política, Marx
todavía no distingue estrictamente entre el contenido del valor y su forma;
trata al valor cuantitativamente, mientras que en El Capital añadió
una dimensión cualitativa: la distinción entre la «relación de valor» (Wertverhältnis)
-que relaciona la cantidad de trabajo materializado en una mercancía con la de
otra, mostrando su identidad como valores- y la «expresión de valor» (Wertausdruck),
en la que una de las mercancías se expresa en términos del valor de uso de la
otra mercancía. En este último caso, la primera mercancía asume la «forma
relativa» y la segunda la «forma equivalente», una diferencia cualitativa que
apunta al valor de cambio como una «forma» de valor. Ambos lados de la ecuación
todavía contienen la misma cantidad de trabajo materializado, su «denominador
común», pero el cambio de forma en la «expresión de valor» pone en marcha la
transformación dialéctica (lógica e histórica) de una forma de valor a la otra.
La distinción «polar» en El Capital entre la forma «relativa»
y la forma «equivalente» de valor apunta a la aparición del dinero, como el
equivalente general, y a la distinción de Marx entre trabajo concreto y trabajo
abstracto.
La necesidad de tal distinción surgió del hecho de que Ricardo no
diferencia entre el valor y el valor de cambio, debido a que para él la
conversión de la mercancía en dinero parecía ser un acto puramente formal y
externo. El resultado, sin embargo, fue crear un abismo infranqueable entre el
valor y el valor de cambio, lo que llevó a Samuel Bailey, un crítico de
Ricardo, a argumentar que la teoría laboral del valor no tiene sentido (Bailey
1825). La diferencia entre Ricardo y Bailey fue que el primero ignoró la forma
del valor, mientras que el segundo pensaba que era posible operar sin el
concepto de valor. La estructura de la argumentación de Marx en El
capital, a diferencia de la Contribución a la crítica de la
economía política, es el resultado de la necesidad de abordar dos desafíos
al mismo tiempo. En primer lugar, Marx tuvo que responder a las críticas de
Bailey a Ricardo; en segundo lugar, tuvo que aclarar la confusión dejada por
Ricardo mismo. Como consecuencia, Marx terminó por reescribir el material de
la Contribución a la crítica de la economía política y por
incorporarlo en el primer volumen de El Capital bajo el título
Primera parte: Mercancías y Dinero».
La recepción del primer volumen de El Capital (1867)
En una carta a Ludwig Kugelmann, del 11 de febrero de 1869, Marx culpó a
la «cobardía de los expertos, por un lado, y a la conspiración de silencio
de la prensa burguesa y reaccionaria, por el otro» por la limitada
circulación del primer volumen de El Capital (MECW, vol. 43,
pp. 213-214). Sin embargo, en el otoño de 1871 la primera edición había sido
vendida, y en el epílogo a la segunda edición, del 24 de enero de 1873, Marx
respondió a dos comentarios rusos sobre su obra: el libro de Nikolai Ivanovich
Sieber, La teoría del valor y del capital de David Ricardo en relación
con las últimas aportaciones e interpretaciones, 3 y una
reseña escrita por Illarion Ignat’evich Kaufman, «El punto de vista de Karl
Marx en su crítica político-económica«. Kaufman encontraba difícil
comprender la relación entre ciencia y filosofía, argumentando que Marx utilizó
una terminología hegeliana en una obra que, de hecho, adoptaba el enfoque
científico de las ciencias biológicas. En su epílogo a la segunda edición
de El Capital, Marx tradujo parte de la descripción que hizo
Kaufman de su método de investigación, con el fin de demostrar que, a pesar de
la aversión de Kaufman a la dialéctica, lo que en realidad describía en su
reseña de El Capital no era otra cosa que el método dialéctico
de análisis, despojado de la influencia mistificadora del idealismo hegeliano
(Kaufman 1872).4 Marx consideraba el movimiento dialéctico de los
conceptos, descubierto a través de un análisis histórico y lógico, como formas
de pensamiento que reflejan el desarrollo de la vida real.
Aparte de su importancia teórica, el primer volumen de El
Capital también tuvo un profundo efecto en la táctica de la
socialdemocracia alemana, al fomentar la lucha por una jornada de trabajo
normal (de ocho horas) y el desarrollo de la política sindicalista. Por
ejemplo, en un artículo sobre Rodbertus, escrito en 1884, Karl Kautsky declaró:
Mientras el trabajo sea una mercancía, que está sujeta a las leyes de la
oferta y la demanda, el único medio para mejorar su situación es la reducción
de la oferta y el aumento de la demanda. En la medida en que esto es posible,
se puede hacer a través de una organización sindical sólida y una corta jornada
de trabajo normal. Estos son los objetivos que los trabajadores deben
inicialmente fijarse (Kautsky 1884, p. 400).
Este comentario aparece en uno de los primeros ensayos económicos de
Kautsky, titulado «El Capital de Rodbertus«, que defendía la
originalidad de las teorías de Marx frente a las acusaciones de plagio que
surgieron de la publicación póstuma de la cuarta «Carta Social a Kirchmann» de
Rodbertus (Rodbertus-Jagetzow, 1884). Kautsky no tuvo dificultad en demostrar
el método ahistórico de Rodbertus, su enfoque legalista (es decir, idealista)
de la economía política, y sus nociones nacionalistas de cómo el capitalismo
puede ser «regulado» con el fin de evitar las crisis periódicas. Al mismo
tiempo, el ensayo de Kautsky revela las limitaciones de la comprensión
existente en la socialdemocracia sobre las categorías de Marx en ese momento, y
la tendencia a confundirlas con la terminología de Ferdinand Lassalle. En un
pasaje, por ejemplo, Kautsky escribió: «La falta de planificación del modo
actual de producción y la circunstancia de que la clase obrera no recibe el
producto íntegro de su trabajo hacen posible la crisis económica» (Kautsky
1884, p. 398). El fin de esta confusión sólo se produjo en 1891, cuando
la Crítica del Programa de Gotha, de Marx, fue publicada en Die
neue Zeit (Marx 1891).
Uno de los comentarios tempranos más importantes sobre el primer volumen
de El Capital se produjo en 1907, cuando el teórico
austromarxista Otto Bauer marcó el cuadragésimo aniversario de su publicación
con un ensayo titulado «La historia de un libro» (Bauer 1908). Bauer escribía
en las postrimerías de la controversia revisionista de 1898-1903, durante la
cual los revolucionarios dentro de la Segunda Internacional se vieron obligados
a defender la teoría marxista ante el intento de Bernstein de convertir a la
socialdemocracia en un partido reformista en el marco de la democracia
parlamentaria burguesa.5
Tal vez bajo la influencia de las notas de Marx sobre el método de
la economía política -hoy disponibles como introducción a los Grundrisse,
pero publicadas por primera vez por Kautsky en Die neue Zeit en
1903 como «Introducción a la Crítica de la economía política» (Marx
1903)- Bauer hizo un avance importante en relación a las exposiciones
anteriores de El Capital, señalando sus vínculos con las categorías
de Ciencia de la Lógica de Hegel:
El gran hecho que subyace a la lógica de Hegel, así como a su crítica a
Kant, son las ciencias naturales. Hegel, como Kant, no deja de reconocer su
carácter empírico, y no tiene dudas de que «todo nuestro conocimiento comienza
con la experiencia»; pero él llama característicamente a lo empírico «lo
inmediato», y al procesamiento conceptual lógico de la experiencia, la
«negación de lo dado inmediatamente».6 Detrás de lo inmediato, Hegel busca lo verdadero y lo real. Él
encuentra lo verdadero y lo real en el «reino de las sombras, el mundo de las
simples esencialidades, liberado de toda concreción sensible».7 En la categoría de existencia
[Dasein], la determinación [Bestimmtheit] -la condición [Beschaffenheit]
cualitativa empírica concreta- es una con el ser [Sein]; pero sólo si esta
condición es sublimada [aufgehoben], planteada como indiferente, sólo entonces
podemos llegar al ser puro, que no es más que cantidad. Pero la cantidad
[Quantum], a la cual está ligada una existencia o una calidad [Qual], es medida
[Maß].8 La medida es la verdad concreta del ser; en ella se encuentra la idea
de la esencia [Wesen]. «La verdad del ser es la esencia. El ser es lo
inmediato. Puesto que el saber quiere conocer lo verdadero, lo que el ser es en
sí y por sí, no se detiene en lo inmediato y en sus determinaciones, sino que
penetra a través de aquél, suponiendo que detrás de este ser existe algo más
que el ser mismo, y que este fondo constituye la verdad del ser» (Hegel 1982,
p. 9). Este fondo, esta esencia del ser, es la medida; llegamos a ella al
postular las determinaciones del ser como indiferentes, cuando pasamos de la
existencia cualitativamente determinada al ser puro como cantidad pura (Bauer 1908, p. 29).
Bauer llamó la terminología de Hegel «extraña«, afirmando que «sonaba
a mística«, pero se propuso demostrar que las categorías de Hegel eran
esenciales para la comprensión de la lógica de El Capital de
Marx:
Marx ciertamente imita el método de Hegel. También él busca detrás de la
«apariencia de la competencia» lo verdadero y lo real. Y él también quiere
encontrar la verdad detrás de la inmediatez del ser, superando la determinación
cualitativa del ser en su existencia empírica, postulándola como indiferente y
pasando al ser como cantidad pura. Así, en los famosos primeros capítulos del
primer volumen de El Capital, las mercancías concretas son despojadas de su
determinación (como un vestido, o 20 yardas de lino) y postuladas como meras
cantidades de trabajo social. De la misma manera, el trabajo individual
concreto se ve privado de su determinación y considerado como una mera «forma
de manifestación» del trabajo social general. Incluso los sujetos económicos, estos
hombres de carne y hueso, con el tiempo pierden su existencia aparente y se
convierten en meros «órganos del trabajo» y «agentes de la producción», uno la
encarnación de una cierta cantidad de capital social, y el otro la
personificación de un cantidad de fuerza de trabajo social. La cantidad, a la
que la existencia o la calidad están ligadas como la medida de Hegel, es aquí
el trabajo social. Es la esencia de los fenómenos económicos que, como decía
Hegel, no sólo pasa a través de sus determinaciones – recordemos la descripción
de Marx de la circulación del capital, que hace que el mismo valor asuma las
formas siempre cambiantes de dinero, mercancía, dinero, capital-dinero, capital
productivo, capital mercantil- sino que también les gobierna como su ley. El
trabajo social se convierte finalmente -y sería una tarea atractiva desarrollar
esta idea en detalle– en lo que Hegel llama sustancia, absoluta
actividad-de-forma [Formtätigkeit], poder absoluto, del que todos los
accidentes surgen (Bauer 1908, p. 30).
Aunque Bauer, bajo la influencia del neo-kantismo entonces imperante en
los círculos intelectuales de Viena, agregara que «la ontología de Hegel nos
parece hoy una aberración difícilmente comprensible después de la crítica
kantiana de la razón«, estaba lo suficientemente versado en la filosofía
clásica alemana para darse cuenta de que «no debe considerarse como una
coincidencia el hecho de que Marx le deba su formación lógica a Hegel«.
Hegel representaba «un avance significativo en relación a Kant«, ya que,
«mientras la crítica kantiana del conocimiento todavía se orientaba
principalmente hacia las ciencias naturales matemáticas, en Hegel la historia
humana aparece en el corazón de su sistema» (Bauer 1908, p. 31).
La recepción del segundo volumen de El Capital (1885)
El segundo volumen de El Capital fue publicado en 1885
y reseñado por Kautsky en Die neue Zeit, junto con la primera
edición alemana de La Miseria de la Filosofía (Kautsky 1886).
Kautsky señaló que los lectores de El Capital por lo general
suponían que Marx era el único en atribuir el valor a la actividad laboral. De
hecho, los economistas burgueses habían hecho hace mucho tiempo esta conexión.
La contribución única de Marx consistió en asociar la categoría de valor con la
producción de mercancías, como un sistema históricamente desarrollado de
relaciones sociales:
Lo que es peculiar en la teoría del valor de Marx no es la reducción de
valor al trabajo, sino la presentación del valor como una categoría histórica,
por un lado, y como una relación social, por el otro, que sólo se puede derivar
de las funciones sociales y no de las propiedades naturales de la mercancía.
Eso es lo que nadie había hecho antes de Marx, y eso es lo que consideramos
como el rasgo distintivo propio de Marx (Kautsky 1886, p.
57).
Kautsky ofreció la siguiente descripción del «método característico»
de Marx:
En El Capital vemos su concepción de las categorías económicas como
históricas, por un lado, y como relaciones puramente sociales, por el otro,
claramente diferenciadas de sus formas naturales subyacentes. Sus
peculiaridades son deducidas de la observación de sus movimientos, de sus
funciones, no de sus respectivas manifestaciones externas. En una palabra, Marx
desarrolla las categorías económicas a partir del desarrollo y del movimiento
de las relaciones sociales. Contra el fetichismo peculiar de la economía
burguesa, que convierte el carácter social, económico que las cosas reciben en
el proceso de producción social en un carácter natural que brota de la
naturaleza material de las cosas, Marx afirma: «No se trata aquí de
definiciones bajo las cuales se subsumen las cosas. Se trata de funciones
determinadas que se expresan en categorías determinadas» (Kautsky 1886, p. 50, citando a Marx 1976a, p. 276).
Recapitulando los argumentos de Marx en el primer volumen de El
Capital, Kautsky deduce este doble carácter de las mercancías de la doble
naturaleza del trabajo empleado en su producción:
Después de que Marx distingue rigurosamente el carácter social de la
mercancía de la forma natural del producto del trabajo, hace una distinción
igualmente importante en el trabajo en sí: por un lado, el trabajo [concreto]
que determina la forma natural de la sustancia, y por otro lado el trabajo como
un elemento social en su contexto social. Sólo en este último sentido el
trabajo genera valor (Kautsky 1886, p. 51).
Mientras que el primer volumen de El Capital se ocupaba
de la creación del plusvalor en el proceso de producción y, por lo tanto, de la
división entre el capital constante y el variable, el segundo volumen
investigaba su realización en el proceso de circulación, y por ende, la
consiguiente división entre capital fijo y circulante (Kautsky 1886, pp. 54-55,
193-194). Kautsky destacó el siguiente pasaje del segundo volumen como
particularmente revelador del método de Marx:
El capital como valor que se valoriza no sólo implica relaciones de
clase, determinado carácter social que se basa en la existencia del trabajo
como trabajo asalariado. Es un movimiento, un proceso cíclico a través de
distintas fases que, a su vez, encierra tres formas distintas del proceso
cíclico. Por eso sólo se lo puede concebir como movimiento y no como cosa
estática (Marx, El Capital, tomo II, vol. 4,
p. 123).
Una de las contribuciones más importantes del segundo volumen de El
Capital, como Kautsky explica en su reseña, era la nueva descripción que
Marx ofrecía de la reproducción y circulación del capital social global. Si
bien el análisis de la reproducción de los capitales individuales podía dejar
de lado la forma natural de los productos, la reproducción del capital total se
ve afectada no sólo por las determinaciones de valor de los productos, sino
también por su contenido material. Un modelo social de la producción de valores
de cambio necesariamente presupone, como Marx lo demostró, que los valores de
uso se producen en proporciones objetivamente determinadas.
El segundo volumen de El Capital ha tenido una fortuna
extraña. En una carta a Friedrich Sorge, del 3 de junio de 1885, Engels se
preocupaba de que su tema complejo atrajera pocos lectores:
El segundo volumen causará gran decepción, por ser un trabajo puramente
científico con poco material para la agitación. En cambio, el tercer volumen
volverá a tener el efecto de un rayo, ya que tratará de la totalidad de la
producción capitalista por primera vez, rechazando de plano toda la economía
política burguesa (MECW 47, pp. 296-297).
De hecho, sin embargo, el segundo volumen de El Capital se
convirtió en el objeto de mucho escrutinio crítico por dos razones principales:
primero, porque su análisis del proceso de circulación del capital social
global proporciona herramientas esenciales para la investigación de las crisis
cíclicas 9; y, en segundo lugar, porque sus esquemas de
reproducción jugaron un papel central tanto en la disputa de Lenin con los
populistas rusos (que negaban que el capitalismo podía crear su propio mercado
interno en un país predominantemente agrario) 10 y asimismo en
la teoría del imperialismo de Rosa Luxemburg, que también afirmaba que el
capitalismo no podía llevar adelante una reproducción ampliada continua sin
conquistar mercados externos no capitalistas. 11
La recepción del tercer volumen de El Capital (1894)
El tercer volumen de El Capital fue reseñado en Die
neue Zeit nada menos que por Eduard Bernstein, el futuro teórico del
revisionismo en el Partido Socialdemócrata de Alemania (Sozialdemokratische
Partei Deutschlands, SPD) (Bernstein 1895). Su largo comentario, publicado en
siete entregas separadas, hacía hincapié en que la transformación de los
valores en precios de producción no era solamente una etapa en el análisis de
Marx, sino que fue también un escenario histórico real en el desarrollo de la
producción de mercancías, que marcó su transición a la producción capitalista
plenamente desarrollada (Bernstein 1895, p. 485). En el párrafo final de su
reseña, Bernstein escribió:
Cuando apareció el primer volumen de El Capital, alguien que
personalmente se oponía completamente a Marx y había sido criticado amargamente
por él -Johann Baptist von Schweitzer- tuvo que decirse a sí mismo después de
leer esa obra: el socialismo es una ciencia. Nadie va a terminar de leer este
tercer volumen sin sentir lo mismo (Bernstein 1895, p.
632).
A pesar de esta conclusión positiva, sólo dos años más tarde Bernstein
comentó en una carta a Kautsky, escrita el 1 de septiembre de 1897, que desde
hacía mucho sentía algunas dudas en cuanto a El Capital, y que el
tercer volumen fue «el colmo«: «Es un anticlímax con respecto al
primer volumen, no sólo en cuanto a la forma, sino también por su contenido»
(Roth 2004, pp. 937-8). Aunque Bernstein estaba cercano a Engels en 1895,
Engels tenía sus reservas respecto a él, y consideró su reseña como «muy
confusa» (Engels a Víctor Adler, 16 de marzo 1895, MECW, vol. 50, p. 468).
Gran parte del artículo consistía en largas citas de Marx, y Bernstein ni
siquiera reseñó los capítulos finales del tercer tomo sobre la teoría de la
renta de la tierra, que se comprometió a tratar en un ensayo posterior.
Una reseña mucho más sustantiva del tercer volumen de El capital provino
de Werner Sombart, uno de los más destacados economistas, junto con Max Weber,
de la tercera generación de la «escuela histórica» alemana de economía política
(Shionoya 2005). 12 Engels tomó los comentarios de Sombart muy
en serio, respondiéndole en su «Apéndice y notas complementarias al tomo III
de El Capital» y en una carta personal (Engels a Werner Sombart en Breslau,
Londres, 11 de marzo 1895, MECW, Vol. 50, pp. 460-462).
Cuando la reseña de Sombart apareció, en 1894, Eugen von Böhm-Bawerk,
entonces el autor más famoso de la escuela austriaca de la teoría económica
marginalista, consideró que hacía la apología del marxismo. 13 Desde
un punto de vista político, esto era una tontería: Sombart nunca fue
socialista, y sus trabajos posteriores fueron ampliamente criticados por
marxistas destacados como Rosa Luxemburg, Ernest Belfort Bax y Max Adler
(Luxemburg 1900, Bax 1900, Adler 1903, Luxemburg 1903). Sin embargo, la
reacción de Böhm-Bawerk era bastante comprensible viniendo de un representante
de la teoría subjetiva del valor, porque según Sombart la economía política
estaba dividida en «dos mundos de… pensamiento [que] existen uno al lado del
otro, casi de forma independiente el uno del otro; dos tipos de observación
científica que no tienen nada más que el nombre en común» (Sombart 1894, p.
592).
Por un lado, la escuela subjetivista se concentró en la determinación de
precios a través de juicios individuales de utilidad en el acto de intercambio,
un enfoque que, según Sombart, «desemboca naturalmente en el psicologismo«.
El sistema económico de Marx, por el contrario, se caracterizaba por un
objetivismo extremo, con el resultado de que «todas las contradicciones,
parciales y completas, más o menos justificadas, más o menos claras, más o
menos trilladas, en nuestras escuelas, que han sido tema de discusión tan a
menudo últimamente, se resuelven, en última instancia, en esta oposición,
metodológicamente primordial, entre el objetivismo y el subjetivismo»
(Sombart 1894, pp. 592-593).
Sombart señaló que, a diferencia de Böhm-Bawerk y la escuela
subjetivista, Marx subrayaba las «condiciones económicas que son
independientes» de la voluntad del individuo, a fin de determinar «lo
que sucede detrás de su espalda, en virtud de relaciones independientes de él«:
El tren de pensamiento [de Marx] es el siguiente: los precios se forman
por la competencia … Pero la competencia está ella misma regulada por la tasa
de ganancia, la tasa de ganancia por la tasa de plusvalor, y ésta por el valor,
que es en sí mismo la expresión de un hecho socialmente determinado, de la
productividad social [del trabajo]. [Esta sucesión] se presenta ahora en el
sistema de Marx en orden inverso: valor – plusvalor – ganancia – la competencia
– los precios [de producción], etc. Si quisiéramos un eslogan, podríamos decir:
lo que le interesa a Marx nunca es la motivación, sino siempre la limitación
del capricho individual de los agentes económicos (Sombart 1894, p. 591).
La reseña de Sombart incluía una detallada -y, según Engels, «en
general excelente» 14– presentación de los principales
argumentos en el tercer volumen de El Capital. Donde Sombart
difería de Marx era en relación al valor (y, por tanto, al plusvalor), al cual
consideraba como un concepto meramente heurístico cuyo objetivo era «dar al
concepto técnico de la productividad, o de las fuerzas productivas, una forma
económica adecuada, haciéndolo así adecuado para el pensamiento económico.»
Según Sombart, «el valor de las mercancías es la forma histórica específica
en la que la productividad social del trabajo, que determina todos los procesos
económicos, se manifiesta en última instancia» en una sociedad basada en el
intercambio entre los productores privados (Sombart 1894, p. 577). Aunque
Engels tenía un alto concepto de la reseña de Sombart en términos generales,
rechazaba su conclusión de que «el valor no es un hecho empírico, sino
conceptual«.15
La tendencia de Sombart a considerar al valor como una construcción
teórica, fue también evidente en su visión de la igualación de la tasa de
ganancia por la competencia entre capitales: «Esas ‘nivelaciones’ de tasas
de ganancia altas y bajas, entre capitales de diferente composición orgánica, a
un tasa media de ganancia son operaciones mentales, pero no eventos de la vida
real» (Sombart 1894, p. 586). En su carta a Sombart, Engels señalaba que
Marx no tenía en mente ni conceptos heurísticos ni operaciones mentales, sino
un proceso histórico real:
¿Cómo se produce, pues, el proceso de nivelación? … En el comienzo del
cambio, cuando los productos se fueron transformando paulatinamente en
mercancías, se cambiaban aproximadamente con arreglo a su valor. El único
criterio de la confrontación cuantitativa del valor de dos artículos era el
trabajo invertido para producirlos. En consecuencia, el valor tenía una
existencia inmediatamente real. Sabemos que esta realización inmediata del
valor en el cambio ha cesado, no existe más. Creo que no le costará mucho
trabajo advertir, al menos en rasgos generales, los eslabones intermediarios
que llevan desde este valor inmediatamente real al valor bajo la forma de
producción capitalista; este último está tan profundamente oculto que nuestros
economistas pueden negar tranquilamente su existencia. La exposición
auténticamente histórica de este proceso que, hay que reconocerlo, requiere un
estudio minucioso de la materia, pero cuyos resultados serían particularmente
remunerativos, sería un complemento valioso para El Capital” (F. Engels a Werner Sombart en Breslau, Londres, 11 de marzo de 1895,
MECW, Vol. 50, pp. 461-462).
Engels insistió en que «la ley del valor tiene para la producción
capitalista una significación mucho mayor y determinada que la de una mera
hipótesis, para no hablar de una ficción, aunque fuese necesaria»
(Friedrich Engels, «Apéndice y notas complementarias al tomo III de El
Capital«, Marx 1976b, p. 1131). En lo que respecta a la transformación de
valores en precios de producción, «no sólo se trata… de un proceso puramente
lógico, sino de un proceso histórico y su reflejo explicativo en el
pensamiento, de la consecución lógica de sus conexiones internas»
(Friedrich Engels, «Apéndice y notas complementarias al tomo III de El
Capital«, Marx 1976b, p. 1131).
Engels resumió de esta manera su posición:
la ley marxiana del valor tiene vigencia general en la medida en que
tienen vigencia las leyes económicas durante todo el período de la producción
mercantil simple, es decir hasta el momento en que esta experimenta una
modificación por el establecimiento de la forma capitalista de producción.
Hasta entonces, los precios gravitan hacia los valores determinados por la ley
de Marx y oscilan en torno a esos valores, de modo que, cuanto más plenamente
se desarrolle la producción mercantil simple, tanto más coincidirán dentro de
los límites de diferencias desdeñables los precios medios con los valores
durante prolongados períodos, no interrumpidos por perturbaciones violentas
externas. Por consiguiente, la ley marxiana del valor tiene vigencia económica
general por un lapso que se extiende desde el comienzo del intercambio que
transforma los productos en mercancías hasta el siglo XV de nuestra era. Ahora
bien: el intercambio de mercancías data de una época situada antes de cualquier
historia escrita, que en Egipto nos remonta por lo menos a tres mil quinientos
o acaso cinco mil años, y en Babilonia a cuatro mil, y quizá seis mil años
antes de nuestra era; por lo tanto, la ley del valor estuvo en vigencia durante
un período de cinco a siete milenios. (Friedrich Engels,
«Apéndice y notas complementarias al tomo III de El Capital», Marx 1976b, vol.
8, p. 1137).
Una respuesta al tercer volumen de El Capital que, por
razones de espacio, cae fuera del ámbito de este trabajo, es la aplicación de
la teoría de la renta de la tierra de Marx al análisis de la crisis agraria del
último cuarto del siglo XIX en Europa por Parvus y Kautsky. Nos estamos
refiriendo a la serie de artículos de Parvus El mercado mundial y la
crisis agraria (Parvus 1896) – ver la opinión laudatoria de la edición
rusa de esta obra en Lenin 1899b–, así como al libro de Kautsky La
cuestión agraria, originalmente publicado en 1899 (Kautsky 2002). En su
reseña, Lenin calificó al libro de Kautsky como «el acontecimiento más
importante de la literatura económica actual desde el tercer volumen de El
Capital» (Lenin 1899c, p. 94).
La recepción de las Teorías sobre la plusvalía (1905-1910)
Es sólo debido a circunstancias históricas fortuitas (el hecho de que
Engels muriera antes de completar su tarea de edición de los manuscritos de
Marx) que la historia de la economía política escrita por Marx no apareció como
el cuarto volumen de El Capital. En su lugar, fue editada y
publicada, en forma de borrador, por Kautsky (Marx 1905-1910), en tres
volúmenes separados y bajo un título diferente, Teorías sobre la
plusvalía.16
El primer volumen de las Teorías sobre la plusvalía fue
reseñado por Heinrich Cunow (1862-1936), uno de los editores de Die
neue Zeit y Vorwärts, respectivamente la revista teórica
del SPD y su órgano central de prensa (Cunow 1905).17 Cunow haría
más tarde un espectacular giro de 180 grados durante la Primera Guerra Mundial
y se convertiría en un social-patriota estridente, pero por el momento era un
miembro del campo «ortodoxo», y en 1907 se convirtió en profesor de la escuela del
partido en Berlín, enseñando junto a Franz Mehring, Rudolf Hilferding y Rosa
Luxemburg. Sus trabajos teóricos incluyen varios estudios de antropología, una
historia de la prensa revolucionaria durante la Revolución Francesa y dos
pioneros análisis del imperialismo, en los que destacó el papel central de los
bancos y del capital financiero en el expansionismo imperialista.18
La reseña de Cunow resume la evaluación que hace Marx de los
mercantilistas ingleses 19, la fisiocracia y Adam Smith, señalando
cómo el foco de la investigación económica se había movido de la esfera de la
circulación en el mercantilismo, a la esfera de la producción en los
fisiócratas. Cunow pasa a reseñar a continuación el concepto de trabajo
productivo e improductivo en Adam Smith y, por último, la crítica del
capitalismo en el sistema económico de Marx. El único punto en el que se
diferencia de Marx es en su valoración de Sir James Steuart. Cunow pensaba que
la evaluación que Marx hace de Steuart como mercantilista tardío era errónea, y
que Marx había subestimado los logros teóricos de Steuart.
Pero la cuestión principal que Cunow destacó en su reseña fue la
distinción entre trabajo productivo e improductivo. Explicó que el concepto de
trabajo productivo está determinado por el carácter de cada formación social,
con el resultado de que no hay trabajo productivo, abstractamente entendido,
que puede ser tratado aparte de los modos históricamente dados de producción.
En el contexto capitalista, «el trabajo productivo es el trabajo comprado
por un capitalista con una parte de su capital y empleado en la producción con
el fin de extraer de él plusvalor, mientras que el trabajo improductivo, por el
contrario, es trabajo que proporciona a alguien servicios o valores de uso para
la satisfacción de sus necesidades, y que se paga con su ingreso» (Cunow
1905, p. 621). 20
El segundo volumen de las Teorías sobre la plusvalía fue
reseñado por Gustav Eckstein (1874-1916), más tarde un miembro prominente del
«centro» kautskista, a quien León Trotsky hace referencia en su obituario como
«uno de los más destacados marxistas austro-alemanes» (Trotsky 1918).
Eckstein concedía gran importancia a la crítica de Marx a la teoría de la
renta, tal como ésta aparece en las obras de Smith, Ricardo y Rodbertus
(Eckstein 1906).
Los fisiócratas veían al trabajo agrícola como el único trabajo
productivo y, por lo tanto, consideraban a la agricultura como la fuente del
excedente social, aunque sacaron un corolario burgués progresista (la defensa
de un «impuesto único» sobre la renta de la tierra) de su análisis
aparentemente retrógrado. Thomas Malthus afirmaba que el consumo de lujo de los
terratenientes era esencial para garantizar un mercado adecuado para la
industria. Adam Smith y David Ricardo asignaron a los terratenientes un papel
diferente, viendo la renta como una desviación de los ingresos sociales de su
uso productivo. Smith escribió que «tan pronto como la tierra de cualquier
país se ha convertido enteramente en propiedad privada, a los terratenientes,
como a todos los hombres, les encanta cosechar donde nunca sembraron, y exigen
una renta incluso por sus productos naturales» (Smith 2007, p. 32).
Ricardo, a su vez, derivó la renta de la tierra de los rendimientos
decrecientes obtenidos del cultivo de parcelas de tierra cada vez menos
productivas, y explicó la tendencia decreciente de la tasa de ganancia por
medio de este constante aumento de la renta. La perspectiva de una tasa
decreciente de ganancia se convirtió en el principal argumento en contra de
leyes cerealeras (Corn Laws) de Gran Bretaña, que eran un impuesto a las
importaciones de granos y que fueron derogadas en 1846. El análisis de Ricardo
puso al descubierto el antagonismo de clase existente entre los terratenientes
y los capitalistas, mostrando que la renta de la tierra es un ingreso no
derivado del trabajo, una mera deducción de las ganancias, lo que hizo que sus
discípulos más radicales llegaran a la conclusión de que la tierra debía ser
nacionalizada.
Marx criticó a Ricardo por centrarse en la renta diferencial y excluir
la posibilidad de una renta absoluta, un punto que Gustav Eckstein elabora en
su reseña. Eckstein mostró que la renta absoluta, derivada de la ganancia
extraordinaria obtenida por el exceso de los precios de mercado sobre los
precios de producción, presupone una distinción entre los valores y los precios
de producción no contemplada en el sistema de Ricardo. Con libre competencia,
los capitales suelen pasar de ramas con una composición orgánica superior a la
media a los que tienen una composición orgánica inferior, con la esperanza de
capturar un mayor porcentaje del plusvalor. Eckstein señaló que industrias «con
baja composición orgánica no pueden, por regla general, evitar la afluencia de
nuevos capitales y realizar para sí mismos el plusvalor superior a la tasa de
ganancia» (Eckstein 1906, p. 249). Sin embargo, dado que los terratenientes
tienen un monopolio sobre un medio de producción no renovable, el influjo de
capitales a la agricultura, con su composición orgánica típicamente baja, no
ocurrirá sin una «compensación especial» que se paga a los propietarios de
tierras en la forma de renta absoluta; es decir, un elemento de la renta total
que no puede ser explicado en términos de la diferente productividad de la
tierra. Pero este análisis también mostraba que la renta absoluta era un hecho
puramente histórico, que pertenecía a una determinada fase de desarrollo de la
agricultura y podía desaparecer en una etapa superior. Eckstein comentó que
esta posibilidad ya se estaba materializando en 1906:
Antes de la introducción de maquinaria en la industria, el papel del
trabajo vivo era aún mayor en la industria que en la producción primaria. Desde
entonces, sin embargo, esta relación ha cambiado por completo: con el
florecimiento de la química agrícola y la penetración de las máquinas [en la
agricultura], un cambio de tendencia se ha producido recientemente también en
este campo; la diferencia entre los valores y los precios de producción se ha
reducido en la agricultura, y con ella también la renta absoluta de la
tierra (Eckstein 1906, p. 251).
Eckstein llegó a la conclusión de que, «en cuanto a la claridad
metodológica, la presentación de la renta del suelo, y en particular de la
renta absoluta, es superior en este trabajo en comparación con el tercer
volumen de El Capital» (Eckstein 1906, p. 330).
El tercer volumen de Teorías sobre la plusvalía fue
reseñado por Rudolf Hilferding en un tour de force de
penetración teórica y claridad conceptual (Hilferding 1911-1912). Dado que
Ricardo no distinguía entre capital constante y capital variable, no pudo
desarrollar el concepto de lo que Marx llamó la composición orgánica del
capital, es decir, la relación entre los elementos constantes y variables.
Tomando prestado las ideas del físico austriaco Ernst Mach sobre cómo y por qué
la ciencia progresa, Hilferding atribuyó la eventual desintegración del sistema
de Ricardo -el tema del tercer volumen de las Teorías sobre la
plusvalía– a su incapacidad para dar cabida a un hecho fundamentalmente
nuevo de la revolución industrial, a saber, que la maquinaria desplaza cada vez
más trabajo vivo y da lugar a una composición orgánica creciente del capital,
lo que a su vez implica una tasa decreciente de ganancia, ya que sólo el
trabajo vivo puede producir plusvalor.
Entre los pensadores cuyas obras Marx critica al retratar la
desintegración de la escuela ricardiana, los más destacados fueron Thomas
Malthus, James Mill, John Ramsay McCulloch y Richard Jones. Hilferding reseña
la manera en que Mill trató de mantener la consistencia lógica del sistema de
Ricardo soslayando las nuevas realidades; cómo McCulloch confundió las
«acciones» de la maquinaria con el trabajo vivo y el capital fetichizado; y,
por último, cómo Jones criticó el método de Ricardo desde un punto de vista
historicista.
Hilferding consideraba a Richard Jones (1790-1855), un sacerdote
anglicano y profesor de economía política conservador de la Universidad de
Cambridge, como «uno de los más importantes precursores de la concepción
materialista de la historia» (Hilferding 1911-1912, p. 347, énfasis en el
original). De todos los economistas que precedieron a Marx, «Jones fue el
que más claramente reconoció y enunció el carácter histórico del capitalismo»
(Hilferding 1911-1912, p. 346). Jones escribió que «los principios generales
de la economía política hasta ahora han sido establecidos por los escritores
ingleses contemplando exclusivamente la forma y la estructura de la sociedad
existente en Gran Bretaña» (Richard Jones, Lectures on Labour and Capital,
en Jones 1859, p. 1) es decir, en una sociedad caracterizada por el hecho de
que la mayoría de los trabajadores, tanto en la industria como en la
agricultura, eran obreros asalariados, empleados por una clase de capitalistas
que poseen los medios de producción, distinta de la clase de los
terratenientes. Tal disposición de las clases, argumentó Jones en 1833, podía
ser observada sólo en Inglaterra y los Países Bajos, y en algunos lugares de
Europa Occidental y de los Estados Unidos. No describía la estructura social de
la humanidad durante la mayor parte de su historia, y desde luego no la de la
mayor parte del mundo en el momento en el que estaba escribiendo.
En su comentario sobre Richard Jones en Teorías sobre la
plusvalía, Marx escribió que «la verdadera ciencia de la economía
política desemboca en la concepción de las relaciones de producción burguesas
como relaciones puramente históricas, que conducen a otras más altas, en las
que desaparecerá el antagonismo que aquéllas entrañan» (Marx 1980, Vol.
III, p. 380-381). En términos de Hilferding, esto significaba que
con Jones, la economía política llega al punto en que su anterior
suposición consciente o inconsciente -la necesidad, o la existencia asumida
implícitamente, de la forma burguesa de producción– tenía que ser abandonada
con el fin de hacer posible un mayor progreso de la ciencia. Es el punto a
partir del cual la economía va hacia atrás, a la economía vulgar, o hacia al
socialismo científico (Hilferding 1911-1912, p. 352).
Hilferding compartía la conclusión de Kautsky de que «Karl Marx
comienza donde Richard Jones se detuvo«, a lo que añadió que «Marx
también comienza donde Ricardo se detiene«: «El elemento
fundamentalmente nuevo en Marx fue su intento de combinar la concepción
histórica que Jones contrapone al ‘método abstracto’ de Ricardo con este
último, para de esa manera completarlo y revolucionarlo» (Hilferding
1911-1912, p. 350, énfasis en el original). Jones no había ido «más allá de
la descripción histórica a la comprensión teórica. Ese es precisamente el logro
de Marx» (Hilferding 1911-1912, p. 351, énfasis en el original). Hilferding
concluía que «La teoría económica del marxismo científico surgió de la unión
específicamente marxista del ‘método inductivo’ de Jones y del método abstracto
de Ricardo. Y las categorías económicas, una vez descubiertas, se mantuvieron
históricas» (Hilferding 1911-1912, p. 351, énfasis en el original). De esto
Hilferding extraía una conclusión política: «La característica distintiva
del socialismo científico es precisamente que el socialismo no es más que el
resultado del pleno desarrollo de la economía capitalista» (Hilferding
1911-1912, p. 351).
La publicación del tercer volumen de Teorías sobre la plusvalía también
dio lugar a una reseña conjunta de los tres volúmenes por Otto Bauer, quien en
1910 escribió que sólo después de un lapso de 51 años «tenemos la
oportunidad de conocer la parte final de la obra –la parte que Friedrich
Engels tenía la intención de publicar como un cuarto volumen de El
Capital- cuya primera parte Karl Marx publicó en 1859» (Bauer 1910a, p.
365). Al igual que en su ensayo anterior para el cuadragésimo aniversario del
primer volumen de El Capital, Bauer explora la relación entre Marx
y Hegel, en este caso entre Teorías sobre la plusvalía y el
método empleado por Hegel en sus Lecciones sobre la Historia de la
Filosofía:
Así como Hegel organiza todos los viejos sistemas filosóficos como
partes integrantes de su propia sistema, como fases de su desarrollo,
identificando este desarrollo con el auto-desarrollo de Espíritu en general,
Marx no sólo busca las ideas básicas de su teoría, sino también cada uno de sus
componentes en los economistas de los dos siglos anteriores, y muestra que el
desarrollo interno de esos elementos hasta su organización sistemática en su
propia doctrina refleja el desarrollo de la sociedad burguesa (Bauer 1910a, p. 365).
Mientras que Cunow, Eckstein y Hilferding habían explorado autores
particulares y problemas teóricos específicos, Bauer resume toda la historia de
la economía política de Marx, explicando cómo los conceptos clave se
correspondían con los preceptos fundamentales del materialismo histórico:
El desarrollo de las fuerzas productivas encuentra su expresión
económica específica en el progreso a una composición orgánica del capital más
alta. Así, la teoría supera el viejo problema estático de la distribución del
valor, para investigar el problema de las leyes de movimiento de la economía
capitalista. Los problemas de la acumulación y la tasa de ganancia, ya
planteados por los antiguos economistas, ahora toman nueva forma (Bauer 1910a, p. 374).
Como las contradicciones y los antagonismos se desarrollaron junto con
las fuerzas productivas, el análisis del modo de producción capitalista se
convirtió en su crítica y llevó al descubrimiento de que las relaciones
capitalistas deben ser sustituidas por otras relaciones de producción. En este
sentido, Bauer estuvo de acuerdo con Hilferding en su evaluación de Richard
Jones,
el cual consideraba al modo de producción capitalista como una fase
transitoria en el desarrollo de la humanidad, una etapa de desarrollo que puede
ser seguida por otras, en las que los propios trabajadores serán los dueños de
los medios de producción y de las reservas necesarias para el trabajo. Mientras
investigaba los cambios en las fuerzas productivas y en las relaciones de
producción, Jones también reconoció que la superestructura ideológica cambiaba
con ellos. Así, Jones ya enunció las ideas fundamentales de la concepción
materialista de la historia (Bauer 1910a, p.
371).
Más allá de El Capital
En su ensayo «La historia de un libro» (Bauer 1908), Otto Bauer
lamentaba el hecho de que, ante la necesidad de defender a Marx contra el
revisionismo, él y sus correligionarios se vieron obligados a aparecer como
meros defensores «ortodoxos» de una verdad recibida. Bauer sentía que los marxistas
no podían solamente defender la herencia revolucionaria de Marx, sino que
también debían redescubrir su uso del método dialéctico de Hegel con el fin de
aplicarlo a las nuevas circunstancias de la vida económica y política.
Dos años después, en junio de 1910, Bauer escribió una reseña del libro
de Rudolf Hilferding, El capital financiero: Un estudio de la fase más
reciente del desarrollo capitalista (Hilferding 1985) en la que
concordaba con la descripción que ofreció Kautsky del mismo como «una
continuación de El Capital de Marx» (Kautsky 1911, p. 765). Según Bauer, la
economía política marxista había hecho pocos progresos desde la muerte de Marx,
sobre todo porque los marxistas «ortodoxos» se habían preocupado por la defensa
de El Capital contra el revisionismo. Mientras tanto,
había surgido un nuevo mundo, y las antiguas presentaciones de las tendencias
de desarrollo del capitalismo ya no bastaban. Bauer llegó a la conclusión de
que «las lagunas resultantes de esta situación han sido, finalmente,
llenadas al menos en parte. El capital financiero de Rudolf Hilferding nos da
lo que siempre hemos necesitado» (Bauer 1910b, en Day y Gaido 2011, p.
415). A la misma conclusión llegó Julian Marchlewski (Karski), uno de los
colaboradores más cercanos de Rosa Luxemburg, en su propia reseña del libro de
Hilferding (Marchlewski 1910) y, por supuesto, Lenin, quien lo convirtió en la
base teórica de su folleto sobre el imperialismo, escrito en 1916 para explicar
las causas de la Primera Guerra Mundial (Lenin 1974).
NOTAS
* Argentino, Ph.D. (2000), Universidad de Haifa (Israel), es
investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET). Es autor de The Formative Period of
American Capitalism (London: Routledge, 2006) y co-editor, junto
con Richard B. Day, de Witnesses to Permanent Revolution: The
Documentary Record (Brill, 2009, Haymarket, 2011) y Discovering
Imperialism: Social Democracy to World War I (Brill, 2011,
Haymarket, 2012). danielgaid@gmail.com
1 La mejor reseña del ascenso y caída de la izquierda hegeliana, que
condujo a la redacción del libro de Marx y Engels La ideología
alemana en 1846 (Marx y Engels 1974a), es Cornu 1955-1970.
2 En el primer volumen de El Capital Marx escribió: “Si
el propietario de la fuerza de trabajo ha trabajado en el día de hoy, es
necesario que mañana pueda repetir el mismo proceso bajo condiciones iguales de
vigor y salud. La suma de los medios de subsistencia, pues, tiene que alcanzar
para mantener al individuo laborioso en cuanto tal, en su condición normal de
vida. Las necesidades naturales mismas –como alimentación, vestido,
calefacción, vivienda, etc.– difieren según las peculiaridades climáticas y las
demás condiciones naturales de un país. Por lo demás, hasta el volumen de las
llamadas necesidades imprescindibles, así como la índole de su satisfacción, es
un producto histórico y depende por tanto en gran parte del nivel cultural de
un país, y esencialmente, entre otras cosas, también de las condiciones bajo
las cuales se ha formado la clase de los trabajadores libres y, por tanto, de
sus hábitos y aspiraciones vitales. Por oposición a las demás mercancías, pues,
la determinación del valor de la fuerza laboral encierra un elemento histórico
y moral. Aun así, en un país determinado y en un período determinado, está dado
el monto medio de los medios de subsistencia necesarios” (Marx 1975, p.
208).
3 El capítulo sobre «La teoría del valor y del dinero de Marx» ha sido
traducido al inglés, ver Sieber 1871.
4 Agradezco al Prof. Richard B. Day de la Universidad de Toronto por
haberme proporcionado una versión inglesa de este ensayo.
5 Vea los primeros documentos de la controversia revisionista en Tudor
1988. Para libros que resumen la polémica ver Kautsky 1899, Bernstein 1982,
Luxemburg 1989.
6 ‘El nacimiento de la filosofía…, tiene como punto
de partida a la experiencia, o sea, a la conciencia
inmediata y razonadora. Estimulado por eso como por un excitante, el
pensamiento se comporta esencialmente de tal modo que se eleva sobre
la conciencia natural, sensible y raciocinante, … y se coloca así por de pronto
en relación negativa con aquel comienzo’ (Hegel 2005, pp.
113-114).
7 ‘El sistema de la lógica es el reino de las sombras, el mundo de las
simples esencialidades, liberado de toda concreción sensible’ (Hegel 2011, pp.
207).
8 ‘La medida es el quantum cualitativo … al que está ligada una
existencia o una cualidad’ (Hegel 2005, pp. 206).
9 Ver, por ejemplo, Bauer 1904 y Hilferding 1985, pp. 269-336.
10 Véase la respuesta de Lenin a los populistas en Lenin 1972.
11 Sobre el libro de Luxemburg, La acumulación del capital: Una
contribución a la explicación económica del imperialismo (1913),
véase Day 1980, Day y Gaido, 2011, pp. 675-752, 913-926, Gaido y Quiroga 2013.
12 El libro de Sombart ¿Por qué no hay socialismo en los Estados
Unidos? (1906) ha sido reeditado recientemente en castellano (Sombart
2010). Ver la crítica al mismo en Kautsky 2009.
13 “Werner Sombart se reveló hace poco como un apologista de Marx, tan
entusiasta como ingenioso” (Böhm-Bawerk et al., 1974, p. 113). Ver
la crítica al sistema de Marx por Böhm-Bawerk, así como la refutación de esta
crítica por Rudolf Hilferding, en dicho volumen de la Biblioteca de Pasado y
Presente, titulado Economía burguesa y economía socialista.
14 «En el ‘Archiv für soziale Gesetzgebung’ de Braun, VII, fasc.
4, Werner Sombart ofrece una exposición a grandes rasgos, en general excelente,
del sistema de Marx. Es la primera vez que un profesor universitario alemán
logra ver en líneas generales, en los escritos de Marx, lo que éste ha dicho;
que declara que la crítica del sistema marxiano no podría consistir en una
refutación ‘de la cual podrá ocuparse el advenedizo político’, sino sólo en un
ulterior desarrollo» (Friedrich Engels, «Apéndice y notas complementarias al
tomo III de El Capital«, Marx 1976b, p. 1130).
15 En una carta a Conrad Schmidt, Engels comentó: «También en el
artículo de Sombart, por lo demás muy bueno, sobre el volumen III, encuentro la
misma tendencia a diluir la teoría del valor: es evidente que también él había
esperado una solución algo diferente» (Engels a Conrad Schmidt en Zúrich, 12 de
marzo 1895, MECW, vol. 50, p. 466). Según Engels, la reseña de Conrad Schmidt
del tercer volumen de El Capital, disponible en línea en francés,
sufría de la misma mistificación (Schmidt 1895). Véase también la carta de
Engels a Conrad Schmidt en Zurich, 12 de marzo de 1895, en MECW, Vol. 50, pp.
462-467.
16 Isaak Illich Rubin más adelante logró resumir los argumentos de Marx
y darles una expresión acabada en un solo volumen (Rubin 1979). Por desgracia,
dejó fuera del volumen la exposición que hizo Marx de la obra de Richard Jones
en el tercer volumen de Teorías sobre la plusvalía. Véase las
observaciones de Hilferding sobre Jones en Hilferding 1911-1912, pp. 343-354.
17 Véase también la reseña que hizo Franz Mehring del primer volumen
de Teorías sobre la plusvalía (Mehring 1905).
18 Heinrich Cunow, ‘Trade-Agreements and Imperialist Expansion Policy’
(May 1900), y ‘American Expansionist Policy in East Asia’ (June-July 1902), en
Day y Gaido 2011, pp. 177-210.
19 Véase también la evaluación de Hilferding sobre Thomas Mun y el
mercantilismo en Hilferding 1911.
20 Es de lamentar que la reseña de Cunow omita el mejor comentario breve
contenido en el primer volumen de Teorías sobre la plusvalía, es
decir, la referencia irónica de Linguet a Montesquieu: ‘L’esprit
des lois, c’est la propriété’ (‘El espíritu de las leyes es la
propiedad’).
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