© Libro N° 10985. Había Un Hombre Que Vivía Junto A Un Cementerio. James, M.R. Emancipación. Marzo
11 de 2023
Título original: © There Was A Man Dwelt By A Churchyard, M.R.
James (1862-1936)
Versión Original: © Había Un Hombre Que
Vivía Junto A Un Cementerio. M.R. James
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión
original de textos:
http://elespejogotico.blogspot.com/2009/11/habia-un-hombre-que-vivia-junto-al.html
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una
licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro
contenido, con la única condición de citar la fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo
con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o
reconstruir este texto.
Portada E.O. de Imagen original:
https://4.bp.blogspot.com/-P8INSxIEJtE/Wm74v0SVbFI/AAAAAAAAn5A/xUklyyuOX2knEEGsCBSzHkTrwsXO4ZHcACLcBGAs/s640/hombre_cementerio_m_r_james.jpg
© Edición, reedición
y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS
SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
HABÍA UN HOMBRE QUE VIVÍA
JUNTO A UN CEMENTERIO
M.R. James
«HABÍA UN HOMBRE QUE VIVÍA JUNTO A UN CEMENTERIO»:
M.R. JAMES; RELATO Y ANÁLISIS
Había un hombre que vivía junto a un cementerio
(There Was a Man Dwelt by a Churchyard) es un relato de fantasmas del escritor
inglés M.R. James (1862-1936), publicado originalmente en la edición del 6 de
diciembre de 1924 de la revista Snapdragon, y luego reeditado en la antología
de 1931: Las historias de fantasmas de M.R. James (The Collected Ghost Stories
of M.R. James).
Había un hombre que vivía junto a un cementerio,
sin dudas uno de los cuentos de fantasmas de M.R. James más importantes, nos
sitúa durante el período isabelino, y narra la historia de un fantasma
vengativo que acecha a un hombre luego de que este saqueara la tumba de una
mujer.
El título de este gran relato de M.R. James
proviene del segundo acto de Un cuento de invierno (A Winter's Tale), de
William Shakespeare. Había un hombre que vivía junto a un cementerio es como el
joven Mamillius comienza a relatarle a su madre, la reina Hermione, una
escalofriante historia de espíritus.
Había Un Hombre Que Vivía Junto A Un Cementerio
M.R. James
Ése es, como sabéis, el principio del cuento de
trasgos y duendes que Mamilius, la mejor criatura de Shakespeare, estaba
contando a su madre la reina y a sus damas de compañía, cuando entra el rey con
su guardia y la manda a prisión.
Y no hay más: Mamilius muere poco después sin haber
tenido ocasión de terminarlo. Pero ¿cómo habría sido? Shakespeare lo sabía,
claro está; y yo voy a permitirme el atrevimiento de decir que también. No iba
a ser un cuento nuevo; muy probablemente era uno que habéis oído, incluso que
habéis contado. Cualquiera de nosotros puede situarlo en el marco que más le
plazca. Éste es el mío:
Había un hombre que vivía junto a un cementerio. Su
casa tenía una planta baja de piedra y un piso de madera. Las ventanas
delanteras daban a la calle y las de atrás al cementerio. Antes había
pertenecido al cura de la parroquia; pero el cura (es la época de la reina
Isabel) estaba casado y quería disponer de más espacio.
Además, a su mujer no le gustaba contemplar de
noche el cementerio desde la ventana de su cuarto. Decía que veía... pero no
importa lo que dijera; el caso es que no daba tregua a su marido, hasta que
éste accedió a mudarse a una casa más amplia de la calle del pueblo. Y esta
otra pasó a ocuparla John Poole, un viudo que vivía solo. Este Poole era un
hombre mayor de vida retraída; la gente decía que era algo avaro.
Probablemente era verdad: desde luego, tenía otras
rarezas. En aquel entonces era corriente enterrar a los muertos de noche a la
luz de las antorchas; y se había observado que cuando se acercaba un sepelio
John Poole estaba siempre asomado a una ventana, bien de arriba o bien de
abajo, según fuera a presenciarlo mejor desde un sitio o desde otro.
Y llegó una noche en que hubo que enterrar a una
anciana. Había sido bastante rica, aunque no querida en el lugar. En vida se
había dicho de ella que no era cristiana, que noches como la de la víspera de
san Juan y de Todos los Santos las pasaba fuera de casa y que tenía unos ojos
rojos que daba miedo mirar. Ningún mendigo se acercó jamás a llamar a su
puerta. Sin embargo, al morir había dejado a la Iglesia una bolsa de dinero.
No hubo tormenta la noche que la enterraron: fue
una noche cálida y tranquila. Pero costó encontrar quienes la llevaran, y
hombres que alumbraran con antorchas, a pesar de que había dejado más dinero
del que solía pagarse por ese trabajo. La enterraron sin ataúd, envuelta en un
paño de lana. Sólo estuvieron presentes los hombres imprescindibles... y John
Poole que miraba desde su ventana. Antes de empezar a echar tierra, el cura se
inclinó y dejó caer algo sobre el cadáver —algo que tintineó—, murmuró unas palabras
que sonaron algo así como:
—Púdrase tu dinero contigo —y se fue a
continuación; y lo mismo los demás, quedándose sólo uno a alumbrar al
sepulturero y su hijo para que acabasen de cubrir el hoyo.
No fue un trabajo esmerado; porque al día
siguiente, que era domingo, los que acudieron al servicio religioso
reconvinieron al sepulturero, diciéndole que era la sepultura más desastrosa
del cementerio. Y efectivamente, cuando él fue a verla, la encontró peor de lo
que creía haberla dejado.
Entretanto, John Poole andaba con una expresión muy
rara en la cara, medio exultante, medio nerviosa por así decir. Empezó a pasar
alguna que otra velada en la taberna, cosa totalmente contraria a sus hábitos;
y dio a entender a los que solían hablar con él que había heredado cierto
dinero y que iba a ver si encontraba una casa mejor.
—Bueno, no me sorprende —dijo el herrero una
noche—. A mí no me gustaría vivir en esa casa que tienes. Me pasaría las noches
imaginando cosas.
El tabernero preguntó qué clase de cosas.
—Bueno, pues que alguien subía a la ventana de mi
cuarto y cosas así —dijo el herrero—; la vieja Wilkins, por ejemplo, que fue
enterrada hace hoy una semana, ¿eh?
—Vamos, vamos; deberías tener más en cuenta los
sentimientos de las personas —dijo el tabernero—. Eso no es muy considerado con
el señor Poole, ¿no crees?
—Al señor Poole le tiene eso sin cuidado —dijo el
herrero—. Lleva viviendo ahí lo bastante como para estar curado de espanto. Yo
lo único que digo es que no escogería esa casa. Entre los desfiles con
campanilla y antorchas cada vez que hay un entierro, y el silencio de las
tumbas cuando no lo hay. Aunque dicen que se ven luces. ¿Ve usted luces, señor
Poole?
—No; nunca he visto luces —dijo el señor Poole
arrugando el ceño.
Y pidió otro vaso, y regresó a su casa tarde ya.
Esa noche, acostado arriba en su cuarto, empezó a
gemir un viento alrededor de la casa que no le dejaba conciliar el sueño. Se
levantó, fue a una pequeña alacena que había en la pared, sacó algo que
tintineaba, y se lo metió bajo la pechera del camisón.
Después fue a la ventana y se asomó al cementerio.
¿Habéis visto alguna vez esa antigua estatua de
bronce que hay en una iglesia, que es una figura humana envuelta en un sudario?
¿Con el sudario fruncido y atado en lo alto de la cabeza de manera singular?
Pues algo así vio John Poole emerger del suelo, en un lugar del cementerio que
él conocía bien. Corrió a meterse en la cama, y allí se quedó completamente
quieto.
Un instante después oyó retemblar débilmente la
ventana. Muerto de miedo y contra su voluntad, John Poole volvió los ojos en
esa dirección.
¡Horror!
Entre él y la luz de la luna se alzaba la negra
silueta de cabeza tapada con el lienzo fruncido. Y de repente, la figura estaba
en la habitación. Sonaron un repiqueteo de tierra seca en el suelo, una voz
cascada que preguntó:
—¿Dónde está?
Y unos pasos que iban de un lado para otro, unos
pasos vacilantes, como de alguien que camina con dificultad. John Poole la vio
registrar los rincones, agacharse a mirar bajo las sillas; por último, la oyó
manotear en las puertas de la alacena, abrirlas de par en par. Sus uñas largas
arañaron las baldas vacías. Y entonces la figura se volvió súbitamente, se
quedó inmóvil un instante junto a la cama, alzó los brazos, y con una ronca
exclamación:
—¡Lo TIENES TÚ!
Al llegar a este punto, su alteza el príncipe
Mamilius (que habría acortado este cuento bastante más que yo) se arrojó con un
alarido sobre la más joven de las damas presentes, que respondió con un grito
igualmente penetrante. Al punto lo agarró su majestad la reina Hermione y,
reprimiendo unas ganas enormes de echarse a reír, lo zarandeó y le dio una
sonora bofetada.
Completamente colorado y al borde del llanto,
estuvo a punto de ser enviado a la cama. Pero por intercesión de su víctima,
que se había recobrado del susto, se le permitió finalmente quedarse hasta su
hora habitual de retirarse; para entonces se había tranquilizado lo bastante
como para afirmar, al dar las buenas noches a la reunión, que sabía otro cuento
el triple de horripilante, y que lo contaría en la primera ocasión.
______________________________
M.R. JAMES
(1862-1936)
M.R. James, hacedor de fantasmas
De como un erúdito lingüista y paleógrafo es hoy recordado no por su
obra académica sino por su hobbie de escritor de cuentos de "fantasmas
gentiles".
Denis Montejo
Artículo originalmente publicado en Pasadizo
El Autor
M.R. James, el gran perfeccionador del cuento fantasmagórico moderno
Montague Rhodes James está considerado hoy por hoy y en perspectiva como
"El Gran Maestro del Cuento de Fantasmas", honor ganado a pulso con
cada uno de sus magníficos relatos, ideados para amenizar más de una Navidad,
en compañía de sus allegados.
James vio la luz en el año 1862, en la rectoría de Goodnestone, Kent,
lugar donde su padre ejercía como coadjutor [1]. Ya a una temprana edad, en la que otros niños se contentaban con
dedicar sus horas a cualquier simple juego, el joven James desarrolló ya su
nunca olvidada pasión por los libros antiguos, lo que le llevaría a pasarse
horas y horas entre el polvo acumulado en viejas bibliotecas. Una anécdota
explicativa del grado de su amor por los libros cuenta que a los seis años,
enfermo de bronquitis y en pleno proceso de curación, pasó largas tardes
acostado en su cama en compañía de una antigua Biblia holandesa del siglo XVII,
propiedad de un amigo de su padre, el obispo Ryle.
Fue educado en el elitista Eton College, pasando posteriormente a
Cambridge, al King's College, siendo con el tiempo director y vice-director de
ambos.
El erudito Montague Rhodes James como persona se puede decir que está a
años luz de las torturadas figuras de antecesores suyos en el arte de asustar
como Edgard Allan Poe, Guy de Maupassant o Joseph Sheridan LeFanu. El trasfondo
de sus obras poco tiene que ver con los oníricos mundos que poblaban las mentes
de estos autores. Su personalidad destacaba por su lucidez y equilibrio, amén
de su escepticismo, tiznado con un agudo sentido del humor, en lo tocante al
mundo de los espíritus y los fenómenos paranormales tan en boga durante finales
del siglo XIX y principios del XX.
Podríamos decir que su vida transcurrió en una continua investigación
del pasado, entre viejos manuscritos, clases y reuniones docentes, visitas a
antiguas ruinas, bibliotecas polvorientas, iglesias dejadas de la mano de
Dios... Ésa fue su vida, ya que nunca contrajo matrimonio, ni tuvo hijos. La
universidad, Eton, y los libros constituyeron el entramado de su existencia.
Fue un medievalista de prestigio contrastado, lingüista y un estudioso
bíblico. Su inteligencia, mente perspicaz y extraordinaria memoria
posibilitaron la realización de estudios pioneros de gran calidad, como la
traducción del Apocryphal New Testament (Nuevo Testamento
Apócrifo) en 1924.
Entre sus intereses y aficiones cabe mencionar desde la arqueología
(llegó a ser miembro del departamento de arqueología del museo Fitzwilliam),
hasta la paleografía (catalogó muchas de las colecciones manuscritas de
Cambridge, una tarea que le llevó 40 años completar, además de prologar
el Romance of Alexander, conservado en la Biblioteca Bodleina de
Oxford); de la filología al arte eclesiástico (descubrió un mural del siglo XV
en la capilla de Eton, y restauró los vitrales de la capilla del King's College);
de las antigüedades (fue miembro de la Society of Antiquaries) a los estudios
históricos y bibliográficos, revisando a menudo ejemplares para las sociedades
bibliográficas e históricas especializadas. Sin olvidarnos de la traducción
(como por ejemplo una excelente versión inglesa de los cuentos de Andersen), el
ensayo, o la disertación académica: con The Apocalypse of St. Peter (El
Apocalipsis según San Pedro) fue distinguido con la orden Fellow of King's en
el King's College.
Dedicó décadas de su vida a tales estudios, llevándole sus
investigaciones a menudo al extranjero, a países como Chipre, Dinamarca,
Baviera, Austria o Suecia, donde precisamente situó su ghost story Count
Magnus, inspirada en el personaje real del siglo XVII, el conde Magnus
Gabriel de la Gardie.
Todos estos datos nos hablan bien a las claras de su erudición en
diversos campos. Mas toda esta labor histórica queda reducida a círculos
académicos minoritarios, siendo recordado en la actualidad únicamente por sus
ghost stories, o historias de fantasmas.
M.R. James murió en Eton en 1936, suponemos que de un modo tan apacible
y rutinario como transcurrió toda su vida.
La obra
Para algunos estudiosos, el cuento de fantasmas o ghost story, como se
bautizó en la
No deja de ser una ironía que James logre la celebridad con sus cuentos,
quedando el resto de su obra condenada al ostracismo, pues sus historias de
fantasmas no fueron para él más que un pasatiempo. Escribía estos cuentos por
puro entretenimiento, para distraerse de sus tareas docentes y de sus largas y
pesadas investigaciones en los muchos campos que trataba.
Interesado como en tantas otras cosas por lo sobrenatural de una manera
sana y objetiva, era un admirador reconocido del escritor irlandés Joseph
Sheridan LeFanu, siendo ésta quizás la influencia más representativa en sus
obras. Precisamente a James se debe la resurrección literaria de LeFanu cuando
éste comenzaba a ser olvidado por el público. En 1923 publicó una antología con
los mejores cuentos del autor irlandés titulada Madam Crowl's Ghost. Si para
muchos James es el mejor escritor de ghost stories, él reconocía con tal
calificativo a LeFanu.
Sin romper por completo con las formas que habían distinguido al relato
de fantasmas hasta entonces, uno de los grandes méritos de M.R. James se basa
en la creación de un fantasma desconocido en la época en que vivió. En este
detalle radica la diferencia primordial con todo lo escrito durante el
romanticismo, dominante hasta entonces. James se distancia del fantasma
victoriano, característicamente lívido, estático y digno de compasión por su
desdichada fortuna. Todo lo contrario, las apariciones espectrales de James son
manifestaciones abominables, criaturas cuya procedencia no puede ser sino el
infierno. Tales apariciones son extravagantes, e incluso ridículas sin llegar a
caer en la comicidad. Sus seres inefables son cuasi monstruos que llegan a
helarnos el alma más que cualquier Jason cinematográfico de nuestros días. En
palabras de Lovecraft: "El espectro habitual de M.R. James es delgado,
enano y peludo: una abominación perezosa e informal de la noche, a medio camino
entre la bestia y el hombre... este espectro tiene una constitución de lo más
excéntrica: es un rollo de franela con ojos de araña, o una entidad invisible
modelada con las ropas de una cama cuyo rostro lo forma una sábana
arrugada".
De igual modo, encontramos también en todos sus relatos, rebosantes de
un sano humor socarrón, un atisbo de aclaración racional para los misterios que
se nos muestran, detalle también desconocido en la literatura del género hasta
la fecha. Aunque, en sus propias palabras "este resquicio debe ser tan
estrecho que apenas sea practicable", para que así el relato no pierda
fuerza ni quede reducido a una mera sugestión enfermiza de sus protagonistas en
un momento dado de la trama.
La escritura de ghost stories puede considerarse un arte, y el propio
James llegó a citar las características de semejante oficio en el prefacio
de Ghost and Marvels (The
Si bien en lo primero no llega al refinamiento de ilustres antecesores
como Arthur Machen, con su peculiar estilo de atmósfera envolvente y opresiva,
o contemporáneos como Lovecraft, respecto al adecuado desarrollo de la historia
se muestra como un maestro consagrado. Ese crescendo que nos conduce al
desenlace final entre el engendro y el atribulado protagonista logra
mantenernos en una atenta tensión hasta el clímax final.
Siguiendo con sus palabras, analicemos el sentido del indispensable
realismo, "Seánnos, pues, presentados los personajes con suma placidez;
contemplémoslos mientras se dedican a sus quehaceres cotidianos, ajenos a todo
mal presentimiento y en plena armonía con el mundo que les rodea". Ahí
radica otra de sus características innovadoras, conduce al lector por un mundo
que ya conoce, que vive día a día en su propio "marco familiar". Sus
personajes hablan, viven, se mueven, como sus potenciales lectores de principios
del siglo XX. Esta misma característica la podemos contemplar en la actualidad
en el mayor exponente del género de terror de las últimas décadas, Stephen
King, quien de igual modo logra contactar con el público gracias al logrado
reflejo, plasmado en sus obras, de la sociedad en la que vive. Recordemos que
hasta la irrupción de James en la literatura, los fantasmas habían sido seres
amarrados a sus herrumbrosas cadenas, arrastrándose amargados por castillos
medievales, algo muy alejado de la sociedad burguesa de la época.
Uno de los recursos de James para introducirnos en esta familiaridad
cotidiana es su relajado humor, frecuentemente mostrado de forma coloquial
entre sus personajes.
Un típico humor británico, que nos hace sentirnos aún más sosegados y
confiados en ese ambiente seguro y reconocible. Un humor que casi sin
enterarnos da paso al
Siguiendo con la descripción del autor, "en esta atmósfera
tranquilizadora, hagamos que el elemento siniestro asome una oreja, al
principio de modo discreto, luego con mayor insistencia, hasta que por fin se
haga dueño de la escena". Esta técnica de no revelar nunca por completo al
fantasma, dejando a la imaginación del lector la recreación de lo vagamente
sugerido, se ve ya claramente en LeFanu, aunque James la forja
impecablementesuperando a su maestro en el firme propósito de inquietar. Podríamos
añadir que buena parte del terror en los cuentos de James reside en lo que se
menciona como de pasada, en detalles aparentemente carentes de importancia y
que cobran todo su significado en el desenlace final
Como señala Louis Vax en su libro L'art et la littérature
fantastiquies (P.U.F., Paris, 1963), la obra de James da un paso
adelante en la creación de relatos de horror, y al contrario que en sus
predecesores "el lector ya ha olfateado la presencia del monstruo e
incluso ha intercambiado con él signos de inteligencia. Sólo la víctima no
sospecha nada. La angustia no está en ella (como ocurría en los cuentos de
LeFanu o Maupassant), sino en el lector... Esta técnica permite a M.R. James
conservar el suspense hasta el último segundo, en el que el monstruo se abate
brutalmente sobre la víctima, que al fin abre los ojos a la realidad".
Otros rasgos inequívocos de la obra de James los menciona Howard
Phillips Lovecraft en su excelente ensayo Supernatural Horror in
Literature, atribuyéndolos a palabras del propio James: "Sus fenómenos
espectrales deben ser malévolos más que beneficiosos, ya que la emoción que hay
que suscitar ante todo es el miedo"; adiós, pues, a fantasmas dignos de
compasión: "... debe evitarse escrupulosamente la jerga técnica del
ocultismo o pseudociencia, con objeto de que la verosimilitud casual no se vea
ahogada por una pedantería nada convincente".
Mencionemos también, cómo no, otra característica que ni el propio James
hubiera podido evitar de haberlo querido, el antecedente histórico que provoca
las espectrales apariciones. Este precursor del horror, obligatorio en todas
sus historias, le permite hacer gala de sus excelsos conocimientos en las
diversas materias que marcaron su vida. Incluso podríamos decir que sus
protagonistas no dejan de ser sino clones del propio James: hombres apacibles,
comedidos, íntegros, sin sospechosos antecedentes relacionados con sucesos
paranormales... A lo largo de sus obras nos encontramos con arqueólogos (Aviso
a los Curiosos), anticuarios (El Diario de Mr. Poynter), paleógrafos
(El Maleficio de las Runas), latinistas (El Tesoro del Abad
Sus relatos, sin profundizar demasiado en la caracterización psicológica
de los personajes, nos seducen con una minuciosa recreación documental de los
ambientes en que se desarrollan. Para recrear este ambiente erudito James echó
mano de un truco muy utilizado después por otros autores como Lovecraft, Borges
o Clark Ashton Smith, inventándose libros, manuscritos o citas en latín que
dieran mayor calado a los sucesos que se narraban en sus cuentos.
El encanto de los temblores que provocan sus ghost stories sigue vigente
hoy en día pese a los numerosos giros y mutaciones que ha sufrido el género de
terror. Más de uno quizás piense que en la era de la informática, relatos
escritos a principios del pasado ya siglo XX han perdido toda capacidad de
asustar... Habiendo visto a Freddy, Jason, Pinhead, o el fantoche disfrazado
precisamente de fantasma en Scream, ¿cómo va a conseguir asustarnos un aburrido
profesor que nació antes incluso de que se inventase el cine? Descúbranlo por
ustedes mismos...
Por alguna razón su obra se sigue leyendo hoy en día, y su estilo e
ideas han servido de inspiración a gran cantidad de autores modernos, algunos
de tan reconocido prestigio como J. Ramsey Campbell. Sesenta y cinco años
después de su muerte, su popularidad en todo el mundo es indiscutible,
creciendo si cabe día a día.
Bibliografía completa de sus ghost stories
La obra de M.R. James, en cuanto al relato de fantasmas se compone de 31
relatos reunidos en los cinco volúmenes citados a continuación:
Ghost Stories of an Antiquary. Esta obra fue
publicada en 1904 por los señores Arnold, al igual que los libros restantes. La
primera edición incluía cuatro ilustraciones de James McBryde, y constaba de
los siguientes relatos:
Canon Alberic's Scrap-Book (El álbum del
canónigo Alberico), escrito en 1894 y publicado anteriormente en la revista
National Review.
Lost Hearts (Corazones perdidos), publicado
anteriormente en Pall Mall Magazine. Escrito es 1895.
The Mezzotint (El grabado).
The Ash-Tree (El fresno).
Number 13 (El Número trece), escrito en
1890.
Count Magnus (El Conde Magnus).
¡O Whistle, and I'll Come To You, My Lad! (¡Silba y acudiré!).
The Treasure of Abbot Thomas (El Tesoro
del Abad Thomas), escrito en 1904.
More Ghost Stories of an Antiquary. Este segundo
libro, dedicado a las historias de fantasmas, apareció en 1911. Constaba de los
siguientes relatos:
A School Story (Una historia escolar), escrito
expresamente para la escuela del coro del King's College.
The Rose Garden (La rosaleda).
The Tractate Middoth (El tratado Middoth).
Casting the Runes (El maleficio de las runas).
Relato llevado años después, en 1957, al cine, en la película Curse of
the Demon.
The Stalls of Barchester Cathedral (Los sitiales
de la Catedral de Barchester), escrito en 1910 y publicado en Contemporary
Review.
Martin's Close (El cercado de Martin).
Mr. Humphreys and His Inheritance (El señor
Humphreys y su herencia), escrito según palabras del propio James con el único
propósito de completar este segundo volumen.
A Thin Ghost and Others. La publicación de
este volumen data de 1919, y en él podemos encontrar:
The Residence at Whitminster (La
residencia de Whitminster).
The Diary of Mr. Poynter (El diario del
señor Poynter).
An Episode of Cathedral History (Un episodio
de la historia de una catedral), aparecido anteriormente en la revista
Cambridge Review.
The Story of a Disappearance and an Appearance (Historia de una desaparición y una aparición), aparecido
igualmente en Cambridge Review en 1913.
Two Doctors (Dos médicos).
A Warning to the Curious and Other Ghost Stories es el cuarto libro de cuentos, fechada su publicación en 1925. En
él encontramos:
The Haunted Doll's House (La casa de
muñecas embrujada), escrito para la biblioteca de la Casa de Muñecas de su
Majestad la Reina [2], y que también apareció en la Empire Review.
The Uncommon Prayer-Book (El libro
insólito de oraciones), publicado anteriormente en la Atlantic Monthly.
A Neighbour's Landmark (Los mojones
de una propiedad vecina), escrito en 1924 y publicado en The Eton Chronic.
A View From a Hill (Panorama desde una colina).
A Warning to the Curious (Aviso a los
curiosos), publicado anteriormente en el London Mercury.
An Evening's Entertainment (Una velada
junto al fuego).
The Collected Ghost Stories of M.R. James, publicado en 1931, cinco años antes de su muerte, es su último libro.
Se trata de un recopilatorio de todos sus relatos antes citados con la
inclusión de cinco más, aparecidos en diversas publicaciones. Los relatos no
incluidos en anteriores libros son:
There was a Man Dwelt by a Churchyard (Había un
hombre que vivía junto a un cementerio).
Rats (Ratas), escrito originalmente
para At Random en 1929, y posteriormente incluido en una
antología titulada Shudders.
After Dark in the Playing Fields ("Cuando
anochece en el parque").
Wailing Well (El pozo de las lamentaciones),
escrito expresamente para el grupo de Boy Scouts de Eton College en 1927.
Stories I Have Tried to Write (Historias
que he intentado escribir), el cual más que un relato propiamente dicho es un
pequeño comentario a algunas ideas que no llegó a plasmar en forma escrita.
A Ghostly Cry (1931).
The Malice of Inanimate Objects (1933).
A Vignette (1936).
En España podemos encontrar la obra de M.R. James en diversas ediciones,
entre ellas:
- Trece historias de fantasmas. Madrid: Alianza Editorial,
1973.
- Cuentos de Fantasmas. Madrid: Ediciones Siruela, 1988.
- Historias Sobrenaturales. Madrid: Ediciones Mirach, 1991.
- Corazones Perdidos. Madrid: Valdemar Ediciones, 1997.
Siendo especialmente recomendable esta última al tratarse de las obras
completas del autor, publicado anteriormente en inglés como The
Collected Ghost Stories of M.R. James.
Denis Montejo (Vitoria. España)
Notas
[1] Eclesiástico que tiene título y disfruta dotación para
ayudar al sacerdote párroco en la curación de almas. (Nota de los Editores).
[2] En un cumpleaños de la Reina le fue regalada una casa
de muñecas que reconstruía fielmente el Palacio de Buckingham. La Biblioteca
del mini-palacio fue llenada de pequeños libritos donde diversos autores de
fama durante la época escribieron diversos relatos, como James, con la obra que
se menciona, o Sir Arthur Conan Doyle, que añadió una nueva historia a las
aventuras de Sherlock Holmes. (N. de los E.).
__________________
Fuente:
http://www.cinefania.com/terroruniversal/index.php?id=191

No hay comentarios:
Publicar un comentario