© Libro N° 10953. La Vida Y El Universo. Mora Vélez, Antonio. Emancipación. Marzo 4 de 2023
Título original: © La
Vida Y El Universo. Antonio Mora Vélez
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Antonio Mora Vélez
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Antonio Mora Vélez
La Vida Y El Universo
Antonio Mora Vélez
El hombre siempre se ha preguntado por su origen y por el de las grandes
realidades que le acompañan. El Universo, La Tierra, La Vida… son algunos de
los grandes interrogantes. Y a ellos le han dado repuestas las viejas
mitologías, las religiones, la filosofía y las ciencias, cada una desde su
perspectiva. Casi se puede afirmar que en gran parte el desarrollo de estas
disciplinas de la inteligencia ha estado directamente relacionado con el afán
de resolver los citados enigmas.
El Universo es el más estudiado y el menos comprendido de todos estos
misterios. Desde las viejas mitologías griegas hasta nuestros días es mucho lo
que se ha escrito sobre el tema. Y siempre en la línea de desarrollo del
conocimiento señalada por los epistemólogos: del mito a la razón y de ésta a la
ciencia: asignándole a la ciencia el papel de criterio rector en la búsqueda de
la verdad.
La teoría del “Big Bang” en su etapa actual, divulgada por Stephen
Hawking, parece ser la más acertada interpretación del origen del Universo.
Según esta teoría toda la materia del universo estuvo inicialmente concentrada
en un “huevo cósmico” que explotó y dio origen en su expansión a las estrellas
y planetas, a la vida y al hombre. El final sobrevendrá, bien en la etapa final
de la expansión en la que el Universo estará “en un estado de desorden casi
completo” y en el cual “todas las estrellas se habrán quemado y los protones y
los neutrones se habrán desintegrado probablemente en partículas ligeras y
radiación”; o en el “Big Crunch”, después de que todo el universo haya
recorrido el camino inverso, es decir, el proceso de contracción, y se fusione
nuevamente en el “huevo” original. Dos variantes de esta teoría, debidas al
físico ruso Friedman, sostienen que el universo se expande tan rápidamente que
la atracción gravitatoria no podrá pararlo, aunque lo frenará un poco, o que se
continúa expandiendo a una velocidad tal que impedirá al colapso gravitatorio.
Stephen Hawking sostiene que el origen de la vida y del hombre sólo son
posibles en la dirección de la flecha termodinámica, que es la dirección del
tiempo en el que el desorden y la entropía aumentan y que se sucede en el
proceso de expansión del universo en el que estamos actualmente. Afirma que en
toda la etapa de contracción del universo no habrá posibilidad de que exista de
nuevo la vida y el pensamiento. De suceder tal cosa –dice Hawking- los hijos
serían anteriores a los padres y un vaso estaría primero roto en el piso que
completo y lleno de vino sobre la mesa (1). El tiempo, en este fantasioso
evento, transcurriría hacia atrás, lo cual resulta ilógico para la razón, pero
benéfico para la ciencia ficción, que ha utilizado tal recurso en varias oportunidades
(2).
Pero ocurre que Empédocles, filósofo griego del siglo V a.n.e., expuso
una hipótesis cosmogónica similar a la del “Big Bang” y en ella sostuvo que la
vida era también posible en la fase contractiva. Sostuvo que el universo se
originó en un punto de materia indiferenciada denominado “Sphairos”, en el cual
los cuatro elementos (agua, tierra, fuego y aire) se encuentran fusionados. Por
la acción del “odio” tales elementos empezaron a separarse, y luego a
combinarse en virtud del “amor”, para dar origen a los cuerpos y al mundo. En
esta fase, no obstante las uniones particulares, prima el odio, el cual logra
conducir al cosmos hasta un estadio de total separación de los cuatro elementos
(“Acosmia”) en donde no es posible la existencia de los cuerpos. En este estadio
el proceso se invierte, gracias a la acción del “amor”, hasta retornar al
“divino Sphairos”, pasando por otro momento intermedio de equilibrio y lucha de
las dos fuerzas en donde nuevamente tienen lugar el mundo y la vida (3).
Sobre el particular de las grandes similitudes entre las dos teorías: la
aún mítica de Empédocles y la científica del “Big Bang” me ocupé en un breve
comentario anterior publicado en “El Universal” Dominical de Cartagena (octubre
14/90). En dicho comentario resalté las siguientes y asombrosas semejanzas: 1)
El origen fusionado del cosmos («Sphairos”, “Big Bang”) y el retorno a una
fusión final (“Sphairos” y “Big Crunch”); 2) Los procesos de unión y separación
de elementos para formar los cuerpos; 3) La vida como fase intermedia entre el
origen fusionado y el fin disperso del universo; 4) La característica señalada
de total dispersión de la materia en la “Acosmia” de Empédocles y el límite
máximo expansivo de Friedman y Hawking; 5) La teoría del equilibrio y lucha de
las dos fuerzas que permite en Empédocles la formación de los cuerpos al
combinarse los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y agua) entre sí y en la
ciencia moderna el torbellino generador de las galaxias.
Por lo anterior escribí que Empédocles bien podía tener la razón frente
a Hawking al afirmar que la vida era también posible en la etapa contractiva
del universo; no obstante la tesis ya señalada de que la vida es generadora
permanente de entropía, y la paradoja del tiempo en sentido inverso arriba
descrita. Y la razón que tenía para tal afirmación era muy sencilla: Que
resultaba insostenible que Empédocles y Hawking coincidieran en todo menos en
lo referente al origen de la vida en la fase contractiva.
Para avalar tal fe en el autor de “Las Purificaciones” agregué entonces
que no se podía olvidar que fue discípulo de Pitágoras y que, según Heráclides,
murió arrebatado por un carro de fuego que era conducido por seres que hablaban
con “voces sobrehumanas”; y que fue expulsado de la Liga Pitagórica por haber
divulgado los conocimientos esotéricos en sus poemas. Ni tampoco que su
maestro, el sabio de Samos, estudió en Egipto, país fundado por descendientes
de los atlantes y cuna de la Gran Pirámide “que debió ser un libro de piedra y
testimonio de los conocimientos técnicos llegados del cielo”. En síntesis, que
la explicación mítica del origen del universo propuesta por Empédocles no era
tal sino ciencia pura heredada de algún tipo de conocimiento anterior, bien
guardado por los sabios de la época y aprendido en las escuelas de iniciados
del Oriente Asiático y el norte de África (4).
Pero ahora se me ocurren otras reflexiones en torno al tema. Desde la
perspectiva de escritor de Ciencia Ficción y aficionado a la cosmología, estimo
que los defensores de la hipótesis de la expansión infinita no tienen razón ni
mucho menos los sostenedores de la llamada “muerte térmica” del universo. En
esto coinciden Hawking y Empédocles. El universo se contraerá y en la fase de
casi desorden absoluto producida por la entropía ocurrirá un equilibrio
temporal de miles de millones de años que será roto por la acción de la fuerza
gravitatoria de la materia en estado cuántico y del espacio en el que se
sucedió la “gran explosión”, que debió ser, como lo afirman Friedman y Hawking,
una “singularidad” en el tiempo real, suficiente para frenar la expansión e invertir
la dirección del proceso. El equilibrio, como todo equilibrio, es temporal; el
movimiento, la transformación, son eternos; así lo afirman Heráclito, la
Dialéctica y la moderna Teoría del Caos. De modo que la fuerza del “amor” de
Empédocles (la gravitación, según la ciencia) no dejará de actuar y tarde o
temprano pondrá a andar de nuevo el reloj cósmico en sentido contrario.
En relación con la hipótesis de la vida en la etapa de contracción del
universo, cabe señalar, con la ciencia ficción, que no sería igual a la nuestra
porque ocurriría en un universo que en lugar de disipar, concentraría energía,
aunque es perfectamente posible que en alguna regiones haya disipación y que en
esta quepan otra vez la vida y la razón humana, del mismo modo que la línea
expansiva generada por la explosión original del universo no se contradice con
la concentración de materias en esas zonas de cosmos en donde, gracias a ello
se han formado las galaxias. Así lo afirma Empédocles. Para él, en esta fase
que va de la “Acosmia” al “Sphairos”, la fuerza del “amor” une nuevamente las
partículas para formar los cuerpos, en abierta lucha con el “odio”, que tiende
a separarlas.
En este último evento (menos del agrado de la CF) y en relación con los
seres inteligentes, si los hubiere, las cosas ocurrirían de un modo normal; del
mismo modo que al hipotético navegante del espacio que ve transcurrir el tiempo
del viaje como si estuviera en la Tierra, y a su regreso constata que han
pasado muchos años más de los vividos por él en el interior de la nave. El
habitante de ese Cosmos contractivo sabrá que está en él porque no verá el
corrimiento del espectro hacia el rojo, como nuestros científicos, sino hacia
la banda azul. En lo demás probablemente sea similar a nosotros.
Debo añadir finalmente que creo, como lo sostiene Umberto Eco, que la
Ciencia igual que la Ciencia Ficción apuesta en cada descubrimiento o creación
a la conjetura y que ésta es filosofía e imaginación (5). Muchas de las
opiniones de Hawking en su magistral obra son eso, conjeturas científicas, y no
por ello, menos importantes, de allí que comparta su criterio de la necesaria
vinculación de la filosofía con la ciencia en la gran tarea de descifrar el
origen y fin del universo. En este artículo he querido ser consecuente con tal
posición y resaltar la importancia de Empédocles como pensador y sostener que
el pensamiento de las civilizaciones antiguas tiene más de un nexo con la
ciencia moderna, y que, en temas como el que nos ocupa, debe ser tenido en
cuenta como referente metodológico al momento de pensar las alternativas o
conjeturas elaboradas para interpretar los enigmas del universo.
___________________
NOTAS
(1) Hawking Stephen, La Historia del Tiempo, Grijalbo, Barcelona, 1988
(2) “2.001, Odisea del Espacio” de A.C. Clark
(3) Capellle Wilhelm, Historia de la Filosofía Griega, Griega, Gredos,
Madrid, 1.981
(4) Laercio Diógenes, Vida y doctrina de los grandes filósofos de la
antigüedad, (Ediciones Claridad, Buenos Aires, 1947); Atienza Juan G., Los
supervivientes de la Atlántida (edic. Martínez Roca, Barcelona, 1.984) y Guirao
Pedro, La Protohistoria (Edic. Plaza y Janés, Barcelona, 1.979)
(5) Eco Umberto, CF: el arte de la conjetura. Suplemento Intermedio,
Barranquilla, agosto 4 de 1.985
(Publicado en la Revista Institucional CECAR No. 13 enero – junio 1.998)

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