© Libro N° 9468. Relación Acerca De Las Antigüedades De Los Indios. Crónica De Indias. Pan, Fray Ramón. Emancipación. Enero 8 de 2022.
Título original: © Relación Acerca De Las Antigüedades De Los
Indios. Crónica De Indias. Fray Ramón Pan
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RELACIÓN ACERCA DE LAS
ANTIGÜEDADES DE LOS INDIOS
Crónica De Indias
Fray Ramón Pan
Relación Acerca De Las Antigüedades De Los Indios
Crónica De Indias
Fray Ramón Pan
é
INTRODUCCIÓN
Relación de Fray Ramón acerca de las antigüedades
de los indios, las cuales, con diligencia, como hombre que sabe el idioma de
éstos, recogió por mandato del Almirante.1
Yo, fray Ramón, pobre ermitaño de la Orden de San
Jerónimo, por mandado del ilustre señor Almirante, Virrey y Gobernador de las
islas y de la tierra firme de las Indias, escribo lo que he podido averiguar y
saber acerca de las creencias e idolatría de los indios, y cómo veneran a sus
dioses, lo cual trataré en la presente relación.
Cada uno, al adorar los ídolos que tienen en casa y
les llaman cemíes, guarda un modo particular y superstición. Creen que hay en
el Cielo un ser inmortal, que nadie puede verlo y que tiene madre, mas no tiene
principio; a éste llaman Yocahu Vagua Maorocoti,2 y a su madre llaman Atabex,
Iermaoguacar, Apito y Zuimaco, que son cinco nombres.3 Estos de los que escribo
son [p. 37] de la isla Española, porque de las demás
islas no sé cosa alguna, pues no las he visto. También saben de qué parte
vinieron, y de dónde tuvieron su origen el sol y la luna y cómo se hizo el mar
y dónde van los muertos. Creen que los muertos se aparecen por los caminos
cuando alguno va solo, porque cuando van muchos juntos, no se les presentan.
Todo esto les han hecho creer sus antepasados, porque ellos no saben leer, ni
contar hasta más de diez.
CAPITULO I
De dónde proceden los indios y de qué manera.
La isla Española tiene una provincia llamada
Caonao,4 en la que hay una montaña [p. 38] de nombre
Canta,5 y en ella dos grutas denominadas Cacibayagua y Amayauba.6 De
Cacibayagua salió la mayor parte de la gente que pobló la isla. Cuando vivían
en aquella gruta, ponían guardia de noche, y se encomendaba este cuidado a uno
que se llamaba Marocael, el cual, porque un día tardó ir a la puerta, dicen que
lo arrebató el sol. Viendo, pues, que el sol se había llevado a éste por su
mala guardia, le cerraron la puerta, y fue transformado en piedra, cerca de la
entrada. Dicen también que otros, [p. 39] habiendo ido
a pescar, fueron cogidos por el sol y se convirtieron en árboles llamados
jobos, y de otro modo Mirobalanos. El motivo por que Marocael velaba y hacía la
guardia era para ver a qué parte enviaría la gente o la repartiría, y no parece
sino que tardó para su mayor mal.
CAPITULO II
Cómo se separaron los hombres de las mujeres.
Sucedió que uno que se llamaba Guaguyona dijo a
otro, de nombre Yadruvava, que fuese a coger una hierba llamada digo, con la
que se limpian el cuerpo cuando van a bañarse; éste fué delante de ellos, mas
lo arrebató el sol en el camino y se convirtió en pájaro que canta por la
mañana, como el ruiseñor, y se llama Yahuva Bayael. Guaguyona, viendo que éste
no volvía cuando lo envió a coger el digo, resolvió salir de la gruta
Cacibayagua.
CAPITULO III
Entonces, Guaguyona, indignado, resolvió marcharse,
viendo que no volvían aquellos que había enviado a coger el digo para bañarse,
y dijo a las mujeres: dejad a vuestros maridos, vámonos a otras tierras y
llevemos mucho digo.7 Dejad a vuestros hijos, y llevemos solamente dicha hierba
con nosotros, que después volveremos por ellos.
CAPITULO IV
Guaguyona salió con todas las mujeres, anduvo
buscando otros países y llegó a Matinino, donde muy luego dejó las mujeres y se
fue a otra región llamada Guanín; habían dejado los niños pequeños junto a un
arroyo. Después, cuando el hambre empezó a molestarles, dícese que lloraban y
llamaban a sus madres que se habían ido. Los padres no podían dar consuelo a
los hijos, que llamaban con hambre a sus madres, diciendo mamá, indudablemente
para demandar la teta. Llorando así al pedir la teta diciendo too, too, como
quien demanda una cosa con gran deseo y mucho ahínco, fueron transformados en
animalillos a modo de ranas, que se llaman tona, por la petición que hacían de
la teta, y de esta manera quedaron todos los hombres sin mujeres.
CAPITULO V
Cómo volvieron después las mujeres a la isla
llamada Española, que antes llevaba el nombre de Haití, y así la llaman los
habitantes de ella; anteriormente, ésta y las otras islas se llamaban Bouhi.
Como los indios no tienen escrituras, ni letras, no
pueden dar buena información de lo que saben acerca de sus antepasados, y por
esto no concuerdan en lo que dicen, y menos se puede escribir ordenadamente lo
que refieren. Cuando se marchó Guaguyona, aquel que se llevó [a] todas las
mujeres, también se fueron con él las de su cacique, llamado Anacacuya,
engañándolo como engañó a otros; también se fue un cuñado de Guahayona,8 dicho
Anacacuya, que entró en el mar, y dijo Guahayona a su cuñado estando en la canoa:
“mira qué hermoso cobo hay en el agua”; el cobo es el caracol de mar. Cuando
Anacacuya miraba el agua para ver el cobo, su cuñado Guahayona lo cogió por los
pies y tirólo al mar; luego tomó todas las mujeres para sí y dejó las de
Matanino, donde hoy se dice que no hay más que hembras; él se fue a otra isla,
llamada Guanin y se llamó así por lo que se llevó cuando fue allí.
CAPITULO VI
Cómo Guahayona volvió a la mencionada Canta, de
donde había antes sacado a las mujeres.
Dicen que estando Guahayona en la tierra donde
había ido, vio que había dejado en el mar una mujer, de lo que él recibió gran
alegría, y muy luego buscó muchos lavatorios para limpiarse, por estar lleno de
aquellas úlceras que nosotros llamamos mal francés. Fue puesto luego en una
guanara, que quiere decir lugar apartado, y estando allí curó de sus llagas.9
Después pidió permiso para seguir su camino y ella se lo concedió. Llamábase
esta mujer Guabonito, y Guahayona cambió de nombre, llamándose en lo sucesivo
Biberoci Guahayona. La dueña Guabonito dio a Biberoci Guahayona muchos guanines
y muchas cibas, para que las llevara sujetas a los brazos, pues en aquel país
las cibas son piedras que semejan mucho al mármol, y las llevan pendientes de
los brazos, y al cuello. Los guanines los llevan en las orejas, que se las
agujerean cuando son pequeños; son aquéllos de metal como de florín. El origen
de estos guanines dicen que fueron Guabonito, Albeborael, Guahayona y el padre
de Albeborael. Guahayona se quedó en la tierra con su padre, llamado Yauna. Su
hijo, de parte de padre, se llamaba Hia Guaili Guanin, que quiere decir hijo de
Yauna; después se llamó Guanin, y hoy lleva el mismo nombre. Como los indios no
tienen letras, ni escrituras, no saben contar bien estas fábulas, ni yo puedo
escribirlas con exactitud. Por lo cual creo que pongo primeramente lo que debía
ser lo último, y lo último lo que debía estar antes; pero todo lo que escribo
es según me lo contaron, y por tanto, yo lo refiero como lo supe de los indios.
CAPITULO VII
Cómo volvieron las mujeres de la isla de Haití, que
ahora se llama la Española.
Digo que un día fueron a bañarse los hombres;
estando en el agua llovía recio, y sentían mucho deseo de tener mujeres; muchas
veces, cuando llovía, habían ido a buscar las huellas de sus mujeres, pero no
podían encontrar alguna noticia de éstas; mas aquel día, bañándose, dicen que
vieron echarse de encima de algunos árboles, por medio de las ramas10, cierta
forma de personas que no eran ni hombres, ni mujeres, pues no tenían sexo de
varón, ni de hembra; procuraron cogerlas, pero ellas se escurrían como si fuesen
anguilas; por esto llamaron a dos o tres hombres, por mandato de su cacique,
para que, pues ellos no podían cogerlas, esperasen cuantas fuesen, y buscasen
para cada una un hombre que fuese Caracaracol, esto es, que tuviera las manos
ásperas, y así, las sujetarían fuertemente. Dijeron al cacique que había
cuatro, y llevaron estos cuatro hombres que eran caracaracoles; caracaracol es
una enfermedad como roña, que hace al cuerpo muy áspero. Después que las
hubieron cogido, deliberaron cómo podrían convertirlas en mujeres, pues no
tenían sexo de varón, ni de hembra.
CAPITULO VIII
Cómo hallaron medio de que fuesen mujeres.
Buscaron un pájaro que se llama inriri, y
antiguamente inrire cahuvayal, que vive en los árboles, y en nuestro idioma se
llama pico. Juntamente tomaron aquellas personas sin sexo de varón, ni de
hembra, les ataron los pies y las manos, cogieron el ave mencionada y se la
ataron al cuerpo; el pico creyendo que aquéllas eran maderos, comenzó la obra
que acostumbra, picando y agujereando en el lugar donde ordinariamente suele
estar la naturaleza de las mujeres. De este modo dicen los indios que tuvieron
mujeres, según contaban los muy viejos; como yo escribí con presura y no tenía
papel bastante, no podré poner en un lugar lo que por error llevé a otro; pero
con todo ello no me he equivocado, porque ellos lo creen como lo llevo escrito.
Volvamos ahora a lo que habíamos de colocar antes; esto es, acerca de la
opinión de los indios en punto al origen y principio del
CAPITULO IX
Cómo cuentan que fue hecho el mar.
Hubo un hombre llamado Yaya, del que no saben su
nombre11; el hijo de éste llamábase Yayael, que quiere decir hijo de Yaya;
queriendo Yayael matar a su padre, éste lo desterró, y así estuvo ausente
cuatro meses; después, su padre lo mató, puso los huesos en una calabaza y la
colgó en el techo de su casa12, donde estuvo pendiente algún tiempo. Sucedió un
día que con deseo de ver a su hijo, Yaya dijo a su mujer: quiero ver a nuestro
hijo Yayael; ella se alegró con esto y tomando la calabaza la volcó para ver los
huesos de su hijo; de ella salieron muchos peces grandes y pequeños, por lo que
viendo que aquellos huesos se habían transformado en peces resolvió comérselos.
Dicen que, un día, habiendo ido Yaya a sus conucos, que quiere decir
posesiones, que eran de una herencia, llegaron cuatro hijos de una mujer
llamada Itiba Yauvava, todos de un vientre y gemelos, pues esta mujer, habiendo
muerto de parto, la abrieron y sacaron los cuatro dichos hijos. El primero que
extrajeron fue Caracaracol, que quiere decir lleno de roña; Caracaracol fue
llamado13; los otros no tenían nombre.
CAPITULO X
Cómo los cuatro hijos gemelos de Itiba Tauvava, que
murió de parto, fueron juntos a coger la calabaza de Yaya, donde estaba su hijo
Yayael, que se había convertido en pez, y ninguno se atrevió a tamarla sino
Dimivan Caracaracol, que la descolgó y todos se hartaron de peces.
Mientras comían sintieron que venía Yaya de sus
posesiones, y queriendo en aquel apuro colgar la calabaza, no la colgaron bien,
de modo que cayó en tierra y se rompió. Dicen que fue tanta el agua que salió
de aquella calabaza que llenó toda la tierra, y con ella murieron muchos peces.
Entonces dicen que tuvo origen el mar. Salidos después de allí hallaron un
hombre al que llamaron Conel, que era mudo.
CAPITULO XI
De lo que aconteció a los cuatro hermanos cuando
iban huyendo de Yaya.
Estos, tan luego como llegaron a la puerta de
Basamanaco14 y notaron que llevaba cazabi, le dijeron: Ayacavo Guarocoel, que
quiere decir: conozcamos a nuestro abuelo. Entonces, Demivan Caracaracol,
viendo delante a sus hermanos, entró a su casa para ver si podía hallar algún
cazabi, que es el pan que se come en aquel país. Caracaracol, entrado en casa
de Ayamanaco, le pidió cazabi, que es el mencionado pan; éste se puso la mano
en la nariz y le echó en la espalda una mucosidad15 llena de cohoba, que había
mandado hacer aquel día; la cohoba es cierto polvo que ellos toman algunas
[p. 52] veces para purgarse y para otros efectos que
después se dirán. Toman ésta con una caña, medio brazo de larga; ponen un
extremo en la nariz, y otro en aquel polvo, y así lo aspiran por la nariz y les
hace purgar grandemente16. De este modo les dio por pan aquella mucosidad, en
vez del pan que hacía, y se fue muy indignado porque se lo habían pedido.
Caracaracol, después de esto, volvió a sus hermanos y les contó lo que le había
sucedido con Bayamanicoel, y cómo le había echado una mucosidad en la espalda,
la que le dolía fuertemente. Entonces, sus hermanos le miraron la espalda y
vieron que la tenía muy hinchada; creció tanto aquella hinchazón, que estuvo a
punto [p. 53] de morir, por lo que procuraron cortarla,
y no pudieron; mas tomando una hacha de piedra, se la abrieron y salió fuera
una tortuga viva, hembra17; entonces edificaron una casa y llevaron a ella la
tortuga. De esto yo no he sabido más; poco vale lo que llevo escrito. Dicen
también que el sol y la luna salieron de una gruta que está en el país de un
cacique llamado Maucia Tivuel, a cuya gruta, que llaman Yobovava, la veneran
mucho y la tienen toda pintada a su modo, sin alguna figura humana, pero con
muchos follajes y otras cosas semejantes. En aquella gruta estaban dos cemíes
hechos de piedra, del tamaño de medio brazo, con las manos atadas y en actitud
de sudar; cuyos cemíes estiman ellos mucho, y cuando no llovía dicen que
entraban allí a visitarlos y de repente venía la lluvia. De estos cemíes, a uno
llamaban Boinayol y al otro Maroya.
CAPITULO XII
De lo que piensan acerca de andar vagando los
muertos; cómo son éstos y lo que hacen.
Creen que hay un lugar al que van los muertos, que
se llama Coaibai, que está en un extremo de la isla, llamado Soraya. El primero
que estuvo en el Coaibai dicen que fue uno llamado Maquetaurie Guayaba, que era
señor del Coaibai, casa y habitación de los muertos.
CAPITULO XIII
Del aspecto que dicen tener los muertos.
Dicen que durante el día los muertos están
recluidos; por la noche van a recreo y comen cierto fruto que se llama guabaza,
que tiene sabor de…18 que de día están… [p. 55]
[encerrados]19. A la noche, se convierten en fruta, tienen su recreo, y van
juntamente con los vivos. Para conocer los muertos tienen esta manera: que con
la mano les tocan el vientre, y si no les encuentran el ombligo dicen que es
operito, que quiere decir muerto, pues dicen que los muertos no tienen ombligo;
y así se engañan algunas veces, porque no reparando en esto, yacen con alguna
mujer de las del Coaibai, y cuando piensan abrazarlas, no tienen nada, porque
desaparece de repente. Tal es lo que creen hasta hoy acerca de esto. Mientras
vive una persona llaman al alma goeiz, y después de muerta la denominan opia;
el goeiz dicen que se aparece muchas veces, ya en forma de hombre, o ya de
mujer, y afirman que ha habido hombre que se atrevió a pelear con un goeiz, y
queriendo abrazarlo, éste desaparecía y el indio metía los brazos más allá,
encima de algunos árboles, de los cuales quedaba [p.
56] colgado. Esto lo creen todos en general, lo mismo los pequeños
que los mayores, y también que se les aparecen los muertos en forma de padre,
de madre, de hermanos, de parientes, o de otras formas. El fruto del que dicen
alimentarse los muertos, es del tamaño de un melocotón. Los muertos no se les
aparecen de día, sino siempre de noche, y por ello, no sin gran miedo se atreve
algún indio a ir solo de noche.
CAPITULO XIV
De dónde procede esto, y lo que les hace estar en
tal creencia.
Hay algunos hombres que practican entre ellos,
llamados bohutis, los cuales hacen muchos engaños, como más adelante diremos,
para hacerles creer que hablan con los muertos, y por esto saben todos los
hechos y los secretos de los indios, y cuando están enfermos les quitan la
causa del mal, y así los engañan, como yo lo tengo visto en [p.
57] parte con mis ojos, bien que de las otras cosas conté solamente
lo que había oído a muchos, especialmente a los principales, con los cuales he
tratado más que con otros; pues éstos creen en tales fábulas con mayor
certidumbre que los otros, porque, lo mismo que los moros, tienen su ley
expuesta en canciones antiguas, por las que se gobiernan, igualmente que los
moros por la escritura20. Cuando quieren cantar sus canciones, tañen cierto
instrumento que se llama mayohavau, que es de madera, cóncavo, fuerte y muy
delgado, largo de un brazo, y ancho de medio brazo; la parte donde se toca
tiene la forma de tenazas de herrador, y el otro lado semejante a una
[p. 58] maza, de modo que parece una calabaza con el
cuello largo. Este instrumento que ellos tañen hace tanto ruido que se oye a
distancia de una legua y media. Al son de éste cantan sus canciones, que las
saben de memoria; lo tocan los hombres principales, que aprenden a manejarlo
desde niños, y a cantar según su costumbre. Pasemos ahora a tratar de otras
muchas cosas acerca de las ceremonias y costumbres de estos gentiles.
CAPITULO XV
De las observaciones de estos indios buhuitihu;
cómo profesan la medicina, enseñan a los indios, y en sus curas medicinales
muchas veces se engañan.
Todos o la mayor parte de los indios de la isla
Española tienen muchos cemíes de diversos géneros. Unos donde tienen los huesos
de su padre, de su madre, de los parientes y de otros sus antepasados, los
cuales [p. 59] están hechos de piedra o de madera; de
ambas clases poseen muchos; hay algunos que hablan; otros que hacen nacer las
cosas de comer; otros que hacen llover, y otros que hacen correr los vientos;
todo lo cual creen aquellos simples ignorantes, que lo hacen los ídolos, o por
hablar más propiamente el demonio, pues no tienen conocimiento de nuestra Santa
Fe. Cuando alguno está enfermo, le llevan el buhuitihu, que es el médico21;
éste es obligado a guardar dieta, lo mismo que el doliente, y a poner cara de
enfermo, lo cual se hace así para lo que ahora sabréis. Es preciso que el
médico se purgue también como el enfermo, y para purgarse toma cierto polvo
llamado cohoba, aspirándolo por la nariz, el cual les embriaga de tal
[p. 60] modo que luego no saben lo que se hacen, y así
dicen muchas cosas fuera de juicio, afirmando que hablan con los cemíes, y que
éstos les han dicho de dónde provino la enfermedad.
CAPITULO XVI
De lo que hacen dichos buhitihus.
Cuando van a visitar a algún enfermo, antes que
salgan de su casa toman hollín de los pucheros, o carbón molido, y con él se
ponen negra toda la cara, para hacer creer al enfermo lo que quieran acerca de
su dolencia. Luego toman algunos huesecillos y un poco de carne, y envolviendo
todo aquello en algo para que no se caiga, se lo meten en la boca, estando ya
el enfermo purgado con el polvo que hemos dicho. Entrado el médico en casa del
doliente se sienta y todos callan; si allí hay niños los echan fuera, para que
no impidan su oficio al buhitihu, no quedando en la casa sino [p.
61] uno o dos de los más principales. Estando ya solos, toman
algunas matas del gueyo, anchas, y otra hierba, envuelta en una hoja de
cebolla, media cuarta de larga; la de las matas de gueyo es la que toman todos
comúnmente; amasada con la mano la reducen a pasta, y luego se la ponen en la
boca por la noche, para vomitar aquello que han comido, a fin de que no les
haga daño. Entonces comienzan a entonar el canto mencionado, y tomando una
antorcha beben aquel jugo. Hecho esto lo primero, después de poco tiempo se
levanta el buhitihu, va hacia el enfermo, que está solo en medio de la casa,
como se ha dicho, le da dos vueltas, como le parece; luego se lo pone delante,
le toma por las piernas, le palpa los muslos y de allí hasta los pies; después,
tira de él fuertemente, como si quisiera arrancar alguna cosa; va a la puerta
de la casa, la cierra, y habla diciendo: “Vete luego a la montaña, o al mar, o
donde quieras”, y da un soplo como si despidiese una paja; vuelve de nuevo,
junta las manos, cierra la boca; le tiemblan aquéllas [p.
62] como si tuviese frío; se las sopla; aspira el resuello, como
cuando chupa la médula del hueso, y sorbe al enfermo por el cuello, el
estómago, la espalda, las mejillas, el pecho, el vientre y por otras partes del
cuerpo. Hecho esto comienza a toser, y a poner mala cara, como si hubiese
comido alguna cosa amarga, escupe en la mano y saca lo que ya hemos referido
que se puso en la boca en su casa, o por el camino, sea piedra o hueso o carne,
como ya se ha dicho. Si es cosa de comer dice al enfermo: “Has de saber que tú
has comido una cosa que te ha producido el mal que padeces; mira cómo te lo he
sacado del cuerpo, donde tu cemí te lo había puesto porque no le hiciste
oración, o no le fabricaste algún templo, o no le diste alguna heredad”. Si es
piedra dice: “Guárdala muy bien.” Algunas veces, por estar cierto de que estas
piedras son buenas y ayudan a parir a las mujeres, las tienen muy custodiadas,
y envueltas en algodón, las ponen en cestillas, y les dan de comer lo mismo que
a ellos; igualmente hacen con los cemíes que tienen [p.
63] en casa. Si algún día solemne llevan mucho de comer, ya sean
peces, carne, pan o cualquier otra cosa, ponen todo en la casa del cemí, para
que coma de ello el ídolo. Al día siguiente, llevan toda esta provisión a sus
casas, después que ha comido el cemí. Y así les ayuda Dios, como el cemí come
de aquello, ni de otra cosa, porque el cemí es obra muerta, hecha de piedra o
de madera.
CAPITULO XVII
Cómo se engañan a veces estos médicos.
Cuando después de haber hecho las cosas
mencionadas, sin embargo, el enfermo llega a morir, si el muerto tiene muchos
parientes, o es señor de un pueblo y puede hacer frente a dicho buhitihu , que
quiere decir médico, pues los que poco pueden no se atreven a disputar con
estos médicos, aquel que le quiere dañar hace lo siguiente: Queriendo saber si
el enfermo ha muerto por [p. 64] culpa del médico, o
porque no guardó la dieta como éste le ordenó, toman una hierba que se llama
gueyo, que tiene las hojas semejantes al basílicon, gruesa y larga, por otro
nombre llamada zacón. Sacan el jugo de la hoja, cortan al muerto las uñas y los
cabellos que tiene encima de la frente, los reducen a polvo entre dos piedras,
mezclan esto con el jugo de dicha hierba y lo dan a beber al muerto por la
boca, o por la nariz, y haciendo esto preguntan al muerto si el médico fue
ocasión de su muerte, y si observó la dieta. Esto se lo demandan muchas veces
hasta que al fin habla tan claramente como si fuese vivo, de modo que viene a
responder todo aquello que se le pedía, diciendo que el buhitihu no observó la
dieta, y fue ocasión entonces de su muerte; añaden que le pregunta el médico si
está vivo, y cómo habla tan claramente; y él responde que está muerto. Después
que han sabido lo que querían, lo vuelven al sepulcro de donde lo sacaron para
saber de él lo que hemos dicho. Hacen también de otro modo las mencionadas
ceremonias para saber [p. 65] lo que quieren; toman al
muerto; encienden una gran hoguera semejante a la de los carboneros al hacer
carbón, y cuando los leños se han convertido en ascuas, echan el muerto en
aquel fuego, lo cubren de tierra, como el carbonero cubre el carbón, y allí lo
dejan cuanto quieren; estando así, le preguntan, como ya hemos dicho en el otro
caso; el muerto responde que nada sabe; se lo interrogan diez veces, y en
adelante ya no habla más. Le preguntan si está muerto, pero él no habla más que
estas diez veces.
CAPITULO XVIII
Cómo los parientes del muerto se vengan cuando han
tenido respuesta por medio de las bebidas.
Júntanse un día los parientes del muerto, esperan
al mencionado buhitihu, y le dan tantos palos que le rompen las piernas, los
brazos y la cabeza, de modo que lo muelen, [p. 66] y
dejándolo así, creen haberle muerto. A la noche dicen que van muchas sierpes de
diversas clases, blancas, negras, verdes y de otros muchos colores, las cuales
lamen la cara y todo el cuerpo del médico que dejaron por muerto, como hemos
dicho. Este permanece así dos o tres noches; en este tiempo, dicen que los
huesos de las piernas y de los brazos tornan a unirse y se sueldan, de modo que
se levanta, camina despacio y se vuelve a su casa; quienes lo ven le interrogan
diciendo: “¿no estabas muerto?”; pero él responde que los cemíes fueron en su
auxilio en forma de culebras. Los familiares del muerto, muy airados, como
creían haber vengado la muerte de su pariente, viéndolo vivo se desesperan, y
procuran tenerle a mano para matarlo; si lo pueden coger otra vez, le sacan los
ojos y le rompen los testículos, porque dicen que ninguno de estos médicos
puede morir a palos y golpes, por muchos que reciba, si antes no le arrancan
los testículos. [p. 67]
[CAPITULO XVIII BIS]
Cómo saben lo que quieren, por lo que queman, y
cómo cumplen su venganza.
Cuando descubren el fuego, el humo que se levanta,
sube hacia arriba hasta que lo pierden de vista y hace ruido al salir del
horno; vuelve luego abajo, entra en casa del médico buhitihu, y éste, de
repente, en aquel instante enferma si no observó la dieta, se llena de úlceras
y se le pela todo el cuerpo; así tienen prueba de que no ha guardado la dieta,
y por ello murió el enfermo. Por lo cual procuran matarlo, según hemos dicho
del otro. Estas son las hechicerías que suelen hacer.
CAPITULO XIX
Cómo hacen y guardan los cemíes de madera o de
piedra.
Los de madera se hacen de la siguiente manera:
Cuando alguno va de camino y le [p. 68] parece ver
algún árbol que se mueve hasta la raíz, aquel hombre se detiene asustado y le
pregunta quién es; el árbol responde: “Trae aquí un buhitihu; él te dirá quién
soy”22 . Aquel indio, llegado al médico, le dice lo que ha visto. El hechicero
o brujo va luego a ver el árbol de que el otro le habló, se sienta junto a él y
hace la cohoba, como arriba hemos dicho en la historia de los cuatro hermanos.
Hecha la cohoba, se levanta y le dice todos sus títulos como si fueran de un
gran señor, y le dice: “Dime quién eres, qué haces aquí, qué quieres de mí y
por qué me han hecho llamar; dime si quieres que te corte, o si quieres venir
conmigo, y cómo quieres que te lleve; yo te construiré una casa con una
heredad.” Entonces, aquel árbol o cemí, hecho [p. 69]
ídolo o diablo, le responde diciendo la forma en que quiere que lo haga. El
brujo lo corta y lo hace del modo que se le ha ordenado, le edifica su casa con
una posesión, y muchas veces al año le hace la cohoba, cuya cohoba es para
tributarle oración, para complacerle, para saber del cemí algunas cosas malas o
buenas, y también para pedirle riquezas. Cuando quieren saber si alcanzarán
victoria contra sus enemigos, entran en una casa en la que no penetra nadie
sino los hombres principales; su señor es el primero que comienza a hacer la
cohoba y toca un instrumento. Mientras éste hace la cohoba ninguno de los que
están en su compañía habla hasta que éste ha concluido. Después que acaba su
discurso, está algún tiempo con la cabeza baja, y los brazos encima de las
rodillas; luego alza la cabeza mirando al cielo y habla. Entonces, todos
contestan a un tiempo con voz alta, y luego que han hablado todos para darle
gracias, les cuenta la visión que tuvo embriagado con la cohoba que tomó por la
nariz y se le subió a la cabeza; dice haber [p. 70]
hablado con los cemíes, y que los indios conseguirán victoria; que sus enemigos
huirán; que habrá una gran mortandad, guerras, hambres u otras cosas tales,
según él, que está borracho, quiere decir. Júzguese cómo tendrán el cerebro,
pues dicen que han visto las casas con los cimientos hacia arriba, y que los
hombres caminan con los pies mirando al cielo. Esta cohoba se la hacen no solamente
a los cemíes de piedra y de madera, mas también a los cuerpos de los muertos,
según arriba hemos dicho. Los cemíes de piedra son de diversas hechuras;
algunos hay que suponen sacados por los médicos del cuerpo de los enfermos; de
éstos guardan aquellos que son mejores para el parto de mujeres preñadas. Hay
otros que hablan, los cuales son de figura de un grande nabo con las hojas
extendidas por tierra, y largas como las de las alcaparras. Estas hojas se
parecen generalmente a las del olmo; otras, tienen tres puntas y creen que
ayudan a nacer la yuca; su raíz es semejante al rábano, la hoja tiene
generalmente seis o siete puntas; no sé a qué cosa compararla, [p.
71] porque no he visto alguna que se le parezca en España, ni en otro
país. El tallo de la yuca es de la altura de un hombre. Digamos ahora de la fe
que tienen en lo que se refiere a sus ídolos y cemíes, y de los grandes engaños
que de éstos reciben.
CAPITULO XX
Del cemí Buyayba, del que dicen que cuando hubo
guerras lo quemaron, y después, lavándolo con el jugo de la yuca, le crecieron
los brazos, le nacieron de nuevo los ojos y creció de cuerpo.
La yuca era pequeña, y la lavaron con el agua y el
jugo mencionado para que fuese grande. Afirman que da enfermedades a quienes
han hecho este cemí, por no haberle llevado yuca para comer. Este cemí era
llamado Vaibrama 23 . Cuando alguno [p. 72] enfermaba,
llamaban al buhitihu y le preguntaban de qué procedería su dolencia; éste
respondía que Vaibrama se la había enviado, porque no les envió de comer a los
que tenían cuidado de su casa. Esto decía el buhitihu que lo había revelado el
cemí Vaibrama.
CAPITULO XXI
Del cemí de Guamorete.
Dicen que cuando hicieron la casa de Guamorete, que
era un hombre principal, pusieron allí un cemí que tenía encima de aquélla, y
era llamado Corocote. Después, dicen que éste se levantó y se fue a distancia
de un tiro de ballesta, junto al agua. Añaden que cuando estaba encima de la
casa, bajaba de noche y yacía con las mujeres, y que después de morir Guamorete
[p. 73] dicho cemí se fue a la casa de otro cacique,
donde también allí dormía con las mujeres. Dicen más, que en la cabeza le
nacieron dos coronas, por lo que solía decirse: “Pues tiene dos coronas,
ciertamente es hijo de Corocote.” Así lo tenían por muy cierto. Este cemí lo
tuvo luego otro cacique de nombre Guatabanex, cuyo pueblo era llamado Yacaba.
CAPITULO XXII
De otro cemí que se llamaba Opiyelguoviran, que lo
tenía un hombre principal de nombre Cavavaniovava, que tenía muchos vasallos a
su mando.
Del cemí Opiyelguoviran dicen que tiene cuatro pies
como de perro; es de madera; muchas veces, por la noche salía de casa y se
escondía en la selva, donde iban a buscarle, y vuelto a casa lo ataban con
cuerdas, pero él se volvía al bosque. Cuando los cristianos llegaron a la isla
Española, [p. 74] dicen que éste huyó y se fue a una
laguna; que lo siguieron por sus huellas, pero no lo vieron más, ni saben nada
de él. Como lo compré así lo vendo.
CAPITULO XXIII
De otro cemí llamado Guabancex.
El cemí Guabancex estaba en el país de un gran
cacique de los principales, que se llamaba Aumatex; este cemí es mujer, y dicen
que hay otros dos en su compañía: el uno es anunciador, y el otro recogedor y
gobernador de las aguas. Cuando Guabancex se encoleriza, dicen que hace correr
el viento y el agua, echa por tierra todas las cosas y arranca los árboles;
este cemí dicen que es mujer, y está hecho de piedras de aquel país; los otros
dos cemíes que están en su compañía don dichos, el uno Guatauva, y es pregonero
y heraldo, que por mandato de Guabancex ordena que todos los otros cemíes de
aquella provincia ayuden [p. 75] a que haga viento y
caiga lluvia. El otro se llama Coatrisquie, y de éste dicen que recoge las
aguas en los valles entre las montañas, y después las deja correr para que
destruyan el país. Así lo tienen por cierto.
CAPITULO XXIV
Lo que creen de otro cemí que se llama Faraguvaol.
Este cemí pertenece a un cacique principal de la
isla Española; es un ídolo y se le dan distintos nombres; fue hallado de la
siguiente manera: Dícese que un día, antes [de] que la isla fuese descubierta,
en el tiempo pasado, no saben cuánto, yendo de caza hallaron cierto animal tras
del que corrieron y él se arrojó a una fosa; mirando en ésta vieron un madero
que parecía cosa viva; el cazador, notando esto, fue a su señor, que era
cacique y padre de Guarayonel, y le dijo lo que había observado. Luego [p.
76] fueron allá y vieron que aquello era como el cazador decía, por
lo que cerca de aquel tronco le edificaron una casa. Dicen que el cemí salía de
aquella casa varias veces y se iba al paraje de donde le habían traído, pero no
en el mismo lugar, sino cerca; por esto, el mencionado señor, o su hijo
Guarayonel, lo mandaron buscar y lo hallaron escondido; lo ataron de nuevo y lo
pusieron en un saco. Sin embargo de esto, andaba, atado, lo mismo que antes.
Así lo tiene por cierto aquella gente ignorante.
CAPITULO XXV
De las cosas que afirman haber dicho dos caciques
principales de la isla Española; uno de ellos Cacivaquel, padre del mencionado
Guarionel; el otro, Gamanacoal.
El gran Señor que dicen morar en el cielo, según
está escrito en el principio de este libro, mandó Cacivaquel hacer el ayuno
[p. 77] que observan comúnmente todos ellos24, para lo
que están recluídos cinco o seis días sin comer cosa alguna, excepto jugos de
las hierbas con que se lavan. Acabado este tiempo comienzan a comer algunas
cosas que les dan sustento. En el tiempo que están sin comer, por la debilidad
que sienten en el cuerpo y en la cabeza, dicen que han visto algunas cosas,
quizá por ellos anheladas, pues todos hacen aquel ayuno en honor de los cemíes
que tienen, para saber si alcanzarán victoria de sus enemigos, por adquirir
riquezas o por cualquier otra cosa que desean. Dicen que este cacique afirmó
haber hablado con Yiocavugama, quien les había anunciado que cuantos viviesen
después de su muerte, gozarían poco de su dominio, porque llegaría al país una
gente vestida que les dominaría y mataría, y se morirían de hambre. Pero ellos
pensaron [p. 78] que éstos serían los caníbales; mas
luego, considerando que éstos no hacían sino robar y marcharse, creyeron que
sería otra gente aquella de la que el cemí hablaba. Por eso creen ahora ser el
Almirante y los hombres que llevó consigo. Ahora referiré lo que yo he visto y
pasado cuando yo y otros hermanos estábamos en la isla Española25; yo fray
Ramón, pobre ermitaño, me quedé y fui a la Magdalena, una fortaleza que mandó
construir don Cristóbal Colón26, Almirante, Virrey y Gobernador de las islas y
tierra firme de las Indias, por mandato del Rey D. Fernando y de la Reina doña
Isabel, nuestros señores. Estando yo en aquella fortaleza en compañía de
Arteaga, su capitán, por mandado del mencionado Gobernador D. Cristóbal Colón,
quiso Dios iluminar con la luz de la Santa Fe católica toda una casa de la
gente [p. 79] principal de la fortaleza de la
Magdalena, cuya provincia se llamaba Marcorix27, y el señor de ella
Guavaoconel, que quiere decir hijo de Guavaenequin. En dicha casa estaban sus
servidores y favoritos, que son llamados yahu naboriu28 y eran en total diez y
seis personas, todos parientes, entre los cuales había cinco hermanos varones.
De éstos, uno murió, y los otros cuatro recibieron el agua del santo bautismo.
Creo que murieron mártires, por lo que se vio en su perseverancia y su muerte.
El primero que recibió la muerte, o sea el agua del santo bautismo, fue un
indio llamado Guaticava, que después recibió el nombre de Juan. Éste fue el
primer cristiano que sufrió muerte cruel, y tengo por cierto que la tuvo de
mártir, porque, según he oído [p. 80] de algunos que
estuvieron cuando murió, decía: Dios naboria daca, Dios naboria daca, que
quiere decir: yo soy siervo de Dios. Así murió también su hermano Antonio, y
con éste otro, diciendo lo mismo que aquél. Los de esta casa siempre estuvieron
conformes en hacer cuanto me agradaba. Todos los que quedaron vivos y aún viven
hoy, son cristianos, por obra del mencionado D. Cristóbal Colón, Virrey y
Gobernador de las Indias; ahora hay muchos más cristianos por la gracia de Dios.
Diremos ahora lo que sucedió en la fortaleza de la
Magdalena. Hallándome en la mencionada Magdalena, fue el señor Almirante en
socorro de Arteaga y de algunos cristianos asediados por sus enemigos, vasallos
de un cacique principal llamado Caonabó. Entonces el señor Almirante me dijo
que Macorix, provincia de la Magdalena, tenía lengua distinta de la otra, y que
no era usado su idioma en toda la isla; por lo que yo, me fuese a vivir con
otro cacique principal, de nombre Guarionex, señor de muchos vasallos, pues la
lengua de éste se [p. 81] entendía por todo el país.
Así, por su mandato, me fui a vivir con el dicho Guarionex. Verdad es que dije
al señor Gobernador don Cristóbal Colón: “Señor, ¿cómo quiere Vuestra Señoría
que yo vaya a estar con Guarionex, no sabiendo más lengua que la de Macorix?
Déme Vuestra Señoría licencia para que venga conmigo alguno de los del
Nuhuirci, que después fueron cristianos, y sabían las dos lenguas”. Me lo
concedió y dijo que llevase a quien quisiera. Dios, por su bondad, me dio por
compañía el mejor de los indios, el más experto en la santa Fe católica;
después me lo quitó; alabado sea Dios que me lo dio y luego me lo arrebató.
Verdaderamente, yo lo tenía por buen hijo y hermano; era éste Guaicavanu29, que
después fue cristiano y se llamó Juan. De las cosas que allí nos acontecieron,
yo, pobre ermitaño, diré alguna; cómo salimos yo y Guaicavanu, fuimos a la
Isabela y allí esperamos al señor Almirante hasta [p.
82] que volvió del socorro que dio a la Magdalena; tan pronto como
llegó, nosotros nos fuimos adonde el señor Gobernador nos había mandado, en
compañía de uno que se llamaba Juan de Ayala, que tuvo a su cargo una fortaleza
que dicho Gobernador don Cristóbal Colón hizo fabricar, media legua del lugar
donde nosotros habíamos de residir. El señor Almirante mandó a dicho Juan de
Ayala que nos diese de comer de todo lo que había en la fortaleza, que es
llamada la Concepción. Estuvimos con aquel cacique Guarionex casi dos años,
enseñándole siempre nuestra Santa Fe y las costumbres de los cristianos. Al
principio mostró buen deseo, y dio esperanza de que haría cuanto nosotros
quisiésemos, y de ser cristiano, pues decía que le enseñásemos el Padrenuestro,
el Ave María , el Credo y todas las otras oraciones y cosas que son propias de
un cristiano. Aprendió el Pater noster, el Ave María y el Credo; lo mismo
hicieron muchos de su casa; todas las mañanas decía sus oraciones y hacía que
las rezasen dos veces los de su casa. Pero después [p.
83] se enojó y abandonó su buen propósito, por culpa de otros
principales de aquel país, los cuales le reprendían porque obedecía la ley
cristiana, siendo así que los cristianos eran crueles y se habían apoderado de
sus tierras por la fuerza. Por esto le aconsejaban que no se ocupase más en las
cosas de los cristianos, sino de concertarse y conjurarse para matarlos, porque
no podían contentarlos, y habían resuelto no seguir en algún modo sus
costumbres. Por esto se apartó de su buen propósito, y nosotros, viendo que se
separaba y dejaba lo que le habíamos enseñado, resolvimos marchamos e ir donde
se pudiese hacer más fruto, enseñando a los indios y doctrinándolos en las
cosas de la santa fe. Así, que nos fuimos a otro cacique principal, que
mostraba buena voluntad, diciendo que quería ser cristiano, el cual se llamaba
Maviatúe.
[CAPITULO XXV BIS]
Cómo salimos para ir al país de Maviatúe, yo, fray
Ramón Pané, pobre ermitaño, fray Juan de Borgoña, de la Orden de San Francisco,
y Juan Mateo, el primero que recibió el agua del santo bautismo en la isla
Española.
Al día siguiente que salimos del pueblo y morada de
Guarionex, para ir a otro cacique llamado Maviatúe, la gente de Guarionex
edificaba una casa junto a la de oración; en ésta habíamos dejado algunas
imágenes, ante las cuales se arrodillaban y rezaban los catecúmenos, que eran
la madre, los hermanos y los parientes del mencionado Juan Mateo, el primer
cristiano, a los que se agregaron otros siete; después, todos los de su casa se
hicieron cristianos y perseveraron en su buen propósito según nuestra fe; de modo
que toda la familia quedaba para guardar la casa de oración y algunas
posesiones que yo había labrado o hecho labrar. Habiendo quedado en custodia
[p. 85] de dicha casa, el segundo día después que nos
fuimos a Maviatúe, llegaron seis hombres a la casa de oración que dichos
catecúmenos, en número de siete, tenían bajo su custodia, y por mandato de
Guarionex, les dijeron tomasen aquellas imágenes que yo les había dejado en su
poder a los catecúmenos, y las rompiesen y destrozasen, pues fray Ramón y sus
compañeros se habían marchado y no sabrían los autores de esto. Los seis
criados de Guarionex que fueron allí, encontraron a los seis muchachos que
custodiaban la casa de oración, temiendo lo que después sucedió; los muchachos,
advertidos, se opusieron a que entraran, mas ellos penetraron a la fuerza,
tomaron las imágenes y se las llevaron.
CAPITULO XXVI
De lo que aconteció con las imágenes, y del milagro
que Dios hizo para mostrar su poder.
Salidos los indios de la casa de oración, tiraron
las imágenes al suelo, las cubrieron con tierra y después las pisaron,
diciendo: “Ahora serán buenos y grandes tus frutos”; esto lo decían por
haberlas sepultado en un campo de labor, y, por tanto, sería bueno el fruto que
allí se había plantado; todo ello, por vituperio. Visto lo referido por los
muchachos que guardaban la casa de oración por mandato de los mencionados
catecúmenos, fueron a los mayores, que estaban en sus posesiones, y les
contaron cómo la gente de Guarionex había destrozado y escarnecido las
imágenes. Tan luego como lo supieron, dejaron lo que hacían, y corrieron
gritando a decírselo a D. Bartolomé Colón, que tenía el gobierno por el
[p. 87] Almirante, su hermano, cuando éste se fue a
Castilla. D. Bartolomé, como lugarteniente del Virrey y Gobernador de las
islas, formó proceso contra los malhechores, y, sabida la verdad, los hizo
quemar públicamente. No obstante Guarionex y sus vasallos no se apartaron del
mal propósito que tenían de matar los cristianos en cierto día designado para
que llevasen el tributo de oro que pagaban. Pero tal conjuración fue
descubierta, y luego apresados el mismo día que se proponían llevarla a efecto.
Sin embargo, continuando en su perverso designio, lleváronlo a ejecución, y
mataron a cuatro hombres y a Juan Mateo, escribano mayor, y a su hermano
Antonio, que habían recibido el santo bautismo; luego corrieron adonde estaban
escondidas las imágenes y las tiraron hechas pedazos. Pasados algunos días, el
señor de aquel campo fue a sacar ajes, que son ciertas raíces semejantes a
nabos, y otras, parecidas a rábanos; en el lugar donde estaban las imágenes
enterradas habían nacido dos o tres ajes, como si los hubiesen puesto el uno
por medio del [p. 88] otro, en forma de cruz. No era
probable que alguien encontrase tal cruz, y, sin embargo, la halló la madre de
Guarionex, la mujer más mala que he conocido en aquellas tierras, la cual juzgó
que esto era un gran milagro, y dijo al castellano de la fortaleza de la Concepción:
“Este prodigio ha mostrado Dios donde fueron halladas las imágenes. Dios sabe
para qué”.
Digamos ahora cómo se hicieron cristianos los
primeros que recibieron el santo bautismo, y lo que es necesario hacer para que
se hagan todos cristianos.
Verdaderamente, la isla necesita mucha gente para
castigar a los señores cuando no son dignos; enseñar a los indios las cosas de
la santa fe católica y doctrinarlos en ésta, porque no pueden o no saben
oponerse; yo puedo decirlo con verdad, pues me he fatigado para saber todo esto
y tengo certeza que se habrá entendido por lo que hasta ahora llevo escrito; y
al buen entendedor pocas palabras bastan.
Los primeros cristianos que hubo en la isla
Española fueron los que ya hemos mencionado, [p. 89] a
saber: Yavauvariu, en casa del cual había diez y siete personas que todas se
hicieron cristianas solamente con darles a conocer que hay un Dios que ha hecho
todas las cosas y creó el cielo y la tierra, sin discutir acerca de otra cosa,
ni se les diese más a entender, porque eran propensos a la fe. Pero, con los
otros se necesita fuerza e ingenio, porque no son todos del mismo carácter,
pues algunos tienen buen principio y mejor fin; otros, que comienzan bien, y se
ríen luego de lo que les habían enseñado; para éstos hacen falta la fuerza y el
castigo. El primero que recibió el bautismo en la isla Española fue Juan Mateo,
que se bautizó el día del evangelista San Mateo, en el año 1496, y después toda
su casa, donde hubo muchos cristianos.
Aún se iría más adelante, si hubiese quien los
amaestrase y enseñase la fe católica, y gente que los refrenase. Si alguno me
pregunta por qué yo creo tan fácil este negocio, diré que lo he visto por
experiencia, y especialmente en un cacique principal llamado [p.
90] Mahuviativire, el cual hace ya tres años que continúa en la
buena voluntad de ser cristiano, y no tiene más que una mujer, aunque suelen
tener dos o tres, y los principales, hasta diez, quince y veinte.
Esto es lo que yo he podido entender y saber acerca
de las costumbres y los ritos de los indios de la Española, por la diligencia
que puse. En lo cual no pretendo alguna utilidad espiritual, ni temporal. Plega
a nuestro señor que todo ello se convierta en alabanza y servicio suyo, y en
darme gracia de perseverar; y si ha de ser de otra manera, que me quite el
conocimiento.
Fin de la obra del pobre ermitaño Ramón Pané.
NOTAS
[nota 1]
Se ha perdido el texto original de este opúsculo,
aprovechado por Pedro Mártir de Angleria en su Década I, lib.
IX, caps. IV a VII, y en sus Epístolas, núms. 177, 180, 189 y
190; luego, por el P. Las Casas en su Apologética, Capitulos
CXX, CLXVI y CLXVII.
Hay una buena edición del opúsculo de Fr. Ramón en
la Raccolta Colombiana, parte I, vol. I, págs. 213 a 223,
donde se coteja el texto de Ulloa con las citas de Pedro Mártir, el P. Las
Casas y el Trevisano.
Las Casas, Apologética, cap. CXX,
dice de Fr. Ramón que era “un catalán que había tomado hábito de ermitaño…,
hombre simple y de buena intuición que sabía algo de la lengua de los indios”.
En el cap. CLXVII dice de Fr. Ramón : “vino a ella [a Española] cinco años
antes que yo”.
[nota 2]
Las Casas, Apologética, cap. CXX:
“nombráronlo Yocahu Vagua Maorocoti; no sé lo que por este nombre quisieron
significar”.
[nota 3]
Las Casas, Apologética, cap. CXX:
“Dios tenía madre, cuyo nombre era Atabex, y un hermano suyo, Guaca, y otros
desta manera.”
“El mismo Dios dicen que tiene madre, llamada con
estos cinco nombres, a saber: Attabeira, Mamona, Guacarapita, Iella, Guimazoa.”
–Pedro M. Angleria, Década, I, libro IX, cap. IV.
[nota 4]
El P. Las Casas, que describe las provincias de la
isla Española (Apologética, caps. II a IX), no cita alguna de
dicho nombre; quizá se trate de la llamada Cubao, muy montuosa.
[nota 5]
“La roca en que se abren las cuevas la llaman
Canta: la cueva mayor, Cazibaxagua; la menor, Amayauva.” –P. M. de
Angleria, Década I, lib. X, cap. V.
[nota 6]
En la versión de Ulloa, estos y otros nombres
indígenas usados en la isla Española, están acomodados a las grafías del
italiano, y así, transcribe ya, por gia; por lo
que debemos leer Cacibayagua, por Cacibagiagua; Guaguyona, por Guagugiona;
Yahuba, por Giahuba.
[nota 7]
Ulloa, assai gioie, traducción
inexacta.
[nota 8]
Guahayona es el mismo que antes ha llamado
Ulloa Guagugiona, y éste parece su verdadero nombre.
[nota 9]
El palo de guayacán, en cocimiento, era eficacísimo
para la curación del mal de las bubas. Esto, y la dieta, eran los medios
empleados por los indios, como escribe Fernández de Oviedo, Hist. de
las Indias, lib. X, cap. II: “se han visto muy grandes curas que ha hecho
este árbol en hombres que de mucho tiempo estaban tollidos e hechos pedaços, de
muy cruda llagas, y con extremados dolores… Toman astillas delgadas deste palo,
e algunos le hacen picar menudo, y en cantidad de dos açumbres de agua echan
media libra de palo, o algo más, e cuece hasta que mengua las dos partes, e
quítanlo del huego e reposase; e después bebe el paciente una escudilla de
aquella agua por la mañana, en ayunas, veynte o treynta días… y en aquel tiempo
guarda mucha dieta, e no come carne, ni pescado, sino passas e cosas secas e
poca cantidad”.
El guayacán abundaba muchísimo en la Isla Española
y en las inmediatas.
[nota 10]
Pedro Mártir, Déc., I, 1. IX, c.
V: “veluti formicarum agmina reptare per arbores myrobalanos”.
[nota 11]
Ulloa: “Fu un uomo chiamato Giaia, di cui non sanno
il nome.”
[nota 12]
Pedro Mártir, ep. 180: “cineres cucurbicula
inclusit, myrobalano arbori, ne terra macularentur, appendit”.
[nota 13]
Falta el nombre.
[nota 14]
Pedro Mártir, Déc. I, lib. IX,
cap. V: pistoris domum.
[nota 15]
Pedro Mártir, loc cit., conspuisse.
[nota 16]
Las Casas, Apologética, cap.
CLXVI: “Tenían hechos ciertos polvos de ciertas yerbas… estos ponían en un
plato redondo, no llano, sino un poco algo combado o hondo, hecho de madera,
tan hermoso, liso y lindo, que no fuera muy más hermoso de oro o de plata; era
cuasi negro y lucio como de azabache.”
En el texto de Ulloa hay una palabra, Cirtose, que
es errata del traductor o del impresor.
[nota 17]
Pedro Mártir, Déc. I, lib. IX,
cap. V: “ex cuius ulcere natam aiunt feminam qua mutuo fratres illi omnes usi
sunt, atque ab ea ferunt filios filiasque genuisse”.
[nota 18]
Falta una palabra en el texto de Ulloa.
[nota 19]
Laguna de otra palabra.
[nota 20]
Fernández de Oviedo, Historia general de
las Indias, libro V, cap. I: “En esta isla [Española], a lo que he
podido entender, sólo sus cantares, que ellos llaman areytos, es
su libro o memorial que de gente en gente queda de los padres a los hijos, y de
los presentes a los venideros.”
A continuación describe cómo se hacían estas
danzas, y se recitaban los areytos.
[nota 21]
Fernández de Oviedo, Historia general de
las Indias, libro V, cap. I, los llama huhitís: ” Tenían
ciertos hombres entre sí, que llamaban buhití, que servían de
arúspices o agoreros.”
El P. Las Casa, Apologética, cap.
CXX, los denomina behiques y bohiques.
[nota 22]
Las Casas, Apologética, cap. CXX:
“Cuando algún indio iba camino y vía algún árbol que con el viento más que otro
se movía, de lo cual el indio tenía miedo, llegábase a él y preguntábale: ¿Tú
quién eres? Y respondía el árbol: Llámame aquí un bohique y él te dirá quién yo
soy.”
[nota 23]
Las Casas, Apologética, cap.
CLXVI: “Como lo que contaban del Cemí de Buyayba (que creo era un pueblo) y el
Cemí nombraban Vaybrama, la penúltima sílaba luenga.”
[nota 24]
Las Casas, Apologética, cap.
CLXVII, “había fama y credulidad en esta Isla, que cierto cacique y rey dellos
hizo cierta abstinencia al Señor Grande que vive en el cielo.”
[nota 25]
Ulloa, Castiglia.
[nota 26]
Las Casas, lib. I, cap. CX: “mandó hacer dos
fortalezas, una que llamó la Magdalena… en la cual puso por alcaide a… Luis de
Artiaga.”
[nota 27]
“Macorix de abajo… tierra de un señor que se
llamaba Guavaoconel.” Las Casas, Historia, lib. I, cap. CX.
[nota 28]
Los naboriu, sirvientes, criados, era una clase
social de los indios, conservada luego por los españoles con el título de naborías.
[nota 29]
Antes, le ha llamado Ulloa, Guaticava.
FIN

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