© Libro N° 9448. La Revolucion Socialista Y El Derecho
De Las Naciones A La Autodeterminacion (TESIS). Lenin, V. I. Emancipación. Enero
1 de 2022.
Título original: © La Revolucion Socialista Y El Derecho De Las
Naciones A La Autodeterminacion (TESIS). V. I. Lenin
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LA REVOLUCION SOCIALISTA Y
EL DERECHO DE LAS NACIONES A LA AUTODETERMINACION
(TESIS)
V. I. Lenin
La Revolucion Socialista Y El Derecho De Las Naciones A La
Autodeterminacion
(TESIS)
V. I. Lenin
LA REVOLUCION SOCIALISTA Y EL DERECHO DE LAS
NACIONES A LA AUTODETERMINACION
(TESIS)
Escrito en enero-febrero de
1916.
Publicado en abril de 1916,
en la revista Vorbote, núm.
2.
Se publicó en ruso, en
octubre
de 1916, en Sbórnik
Sotsial-
Demokrata, núm. 1.
INDICE
LA REVOLUCION SOCIALISTA Y EL DERECHO
DE LAS 1
NACIONES A LA AUTODETERMINACION (Tesis)
1.
El imperialismo, el socialismo y la liberación de
las naciones
oprimidas 1
2.
La revolución socialista y la lucha por la
democracia 2
3.
El significado del derecho a la autodeterminación y
su relación con la federación 5
4.
El enfoque revolucionario del proletariado frente
al problema
de la autodeterminación de las naciones 7
5.
Marxismo y proudhonismo en el problema nacional 9
6.
Tres tipos de países, en lo que se refiere a la
auto- determinación de las
naciones 11
7.
El socialchovinismo y la autodeterminación de las naciones 13
8.
Las tareas concretas del proletariado en un futuro inmediato 14
9. Actitud
de la socialdemocracia rusa y polaca, y de la II Internacional frente a la
autodeterminación de las naciones 16
NOTAS
1. El imperialismo, el socialismo y la liberación
de las naciones oprimidas
El imperialismo es la fase superior del desarrollo
del capitalismo. En los países adelantados, el capital sobrepasó los marcos de
los Estados nacionales y colocó al monopolio en el lugar de la competencia,
creando todas las premisas objetivas para la realización del socialismo. Por
eso, en Europa occidental y en Estados Unidos se plantea en la orden del día la
lucha revolucionaria del proletariado por el derrocamiento de los gobiernos
capitalistas y por la expropiación de la burguesía. El imperialismo empuja a
las masas hacia esta lucha al agudizar en grado enorme las contradicciones de
clase, al empeorar la situación de las masas, tanto en el sentido económico --
trusts, carestía -- como en el político: ascenso del militarismo, mayor
frecuencia de las guerras, recrudecimiento de la reacción, afianzamiento y
ampliación de la opresión nacional y de la rapiña colonialista. El socialismo
victorioso debe necesariamente realizar la democracia total; por consiguiente,
no sólo tiene que poner en práctica la absoluta igualdad de derechos entre las
naciones, sino también realizar el derecho de las naciones oprimidas a su
autodeterminación, es decir, el derecho a la libre separación política. Los
partidos socialistas que no demostraran en toda su actividad, ahora, durante la
revolución, como luego de su victoria, ser capaces de liberar a las naciones
avasalladas y construir las relaciones con las mismas sobre la base de una
unión libre -- y una unión libre, sin libertad de separación, es una frase
mentirosa --, esos partidos cometerían una traición al socialismo.
Desde luego, la democracia también es una forma de
Estado que deberá desaparecer cuando desaparezca el Estado, pero eso sólo
ocurrirá cuando se produzca la transición del socialismo, definitivamente
victorioso y consolidado, al comunismo integral.
2. La
revolución socialista y la lucha por la democracia
La revolución socialista no es un acto único, ni
una batalla en un frente aislado, sino toda una época de agudos conflictos de
clases, una larga serie de batallas en todos los frentes, es decir, en todos
los problemas de la economía y de la política, batallas que sólo pueden
culminar con la expropiación de la burguesía. Sería por completo erróneo pensar
que la lucha por la democracia pueda distraer al proletariado de la revolución
socialista, o relegarla, posponerla, etc. Por el contrario, así como es imposible
un socialismo victorioso que no realizara la democracia total, así no puede
prepararse para la victoria sobre la burguesía un proletariado que no libre una
lucha revolucionaria general y consecuente por la democracia.
No menos erróneo sería eliminar uno de los puntos
del programa democrático, por ejemplo, el derecho de las naciones a su
autodeterminación, fundándose en que es aparentemente "irrealizable"
o "ilusorio" bajo el imperialismo. La afirmación de que el derecho de
las naciones a la autodeterminación es irrealizable dentro de los límites del
capitalismo puede interpretarse en un sentido absoluto, económico, o en un
sentido condicional, político.
En el primer caso, esta afirmación es radicalmente
errónea desde el punto de vista teórico. En primer lugar, en este sentido son
irrealizables, bajo el capitalismo, por ejemplo, la moneda-trabajo o la
supresión de las crisis, etc. Pero es en todo sentido inexacto que la
autodeterminación de las naciones sea igualmente irrealizable. En segundo
lugar, el solo ejemplo de haberse separado Noruega de Suecia en 1905 basta para
refutar la "irrealizabilidad" en ese sentido. En tercer lugar, sería
ridículo negar que con una pequeña modificación en las relaciones mutuas,
políticas y estratégicas, entre Alemania e Inglaterra, por ejemplo, hoy o
mañana podría ser perfectamente "realizable" la formación de un nuevo
Estado polaco, hindú, etc. En cuarto lugar, el capital financiero, en su
tendencia a la expansión, puede "libremente" comprar y sobornar al
más libre gobierno democrático y republicano, y a los funcionarios electos de
cualquier país, aunque fuera "independiente". El dominio del capital
financiero, lo mismo que del capital en general, no puede ser eliminado con
ninguna transformación en la esfera de la democracia política, y la
autodeterminación pertenece entera y exclusivamente a esta esfera. Pero el
dominio del capital financiero no destruye en absoluto la significación de la
democracia política como la forma más libre, más amplia y más clara de la
opresión clasista y de la lucha de clases. Por lo tanto, toda argumentación
sobre lo "irrealizable", en el sentido económico, de una de las
reivindicaciones de la democracia política bajo el capitalismo, no es más que
una definición teóricamente inexacta de las relaciones generales y básicas
entre el capitalismo y la democracia política en general.
En el segundo caso, esta afirmación es incompleta e
inexacta. Pues no sólo el derecho de las naciones a la autodeterminación, sino
todas las reivindicaciones fundamentales de la democracia política son
"realizables" bajo el imperialismo sólo en forma incompleta,
deformada y como rara excepción (por ejemplo, cuando Noruega se separó de
Suecia en 1905). La reivindicación de inmediata liberación de las colonias, que
formulan todos los socialdemócratas revolucionarios, es también
"irrealizable" bajo el capitalismo sin una serie de revoluciones.
Pero lo que se infiere de ello no es en modo alguno la renuncia de la
socialdemocracia a la lucha inmediata y decidida por todas estas
reivindicaciones -- tal renuncia hubiera sido sólo ventajosa para la burguesía
y la reacción --, sino justamente lo contrario, la necesidad de formular y
poner en práctica estas demandas, no a la manera reformista, sino al modo
revolucionario; no dejarse constreñir por los marcos de la legalidad burguesa,
sino romperlos; no sentirse satisfechos con las intervenciones parlamentarias y
las protestas verbales, sino atraer a las masas a la lucha activa, ampliando y
avivando la lucha por toda demanda democrática fundamental, hasta el directo
ataque del proletariado contra la burguesía, es decir, hasta la revolución
socialista que expropia a la
burguesía. La revolución socialista puede estallar,
no solamente a raíz de una gran huelga, o una manifestación callejera, o un
motín de hambrientos, o una insurrección militar, o un levantamiento colonial,
sino también a consecuencia de cualquier crisis política, como por ejemplo el
caso Dreyfus[1], o el incidente de Saverne[2], o de un referéndum con motivo de
la separación de una nación oprimida, etc.
El recrudecimiento de la opresión nacional bajo el
imperialismo exige a la socialdemocracia, no que renuncie a la lucha --
"utópica", al decir de la burguesía -- por la libertad de separación
de las naciones, sino, por el contrario, que utilice más intensamente los
conflictos que surgen también en este terreno, como motivo para la acción de
las masas y para los actos revolucionarios contra la burguesía.
3. El
significado del derecho a la autodeterminación y su relación con la federación
El derecho de las naciones a la autodeterminación
significa exclusivamente su derecho a la independencia en el sentido político,
el derecho a la libre separación política respecto de la nación que la oprime.
En términos concretos, esta reivindicación de la democracia política significa
una libertad total de propaganda por la separación, y la solución de ese
problema mediante un referéndum en la nación que se separa. De modo que esta
reivindicación no equivale en absoluto a la de separación, fragmentación y formación
de pequeños Estados. Significa sólo una manifestación consecuente de lucha
contra toda opresión nacional. Cuanto más próximo el régimen democrático de un
Estado a la plena libertad de separación, tanto más infrecuentes y débiles
serán en la práctica las tendencias a la separación, pues las ventajas de los
Estados grandes son indudables, tanto desde el punto de vista del progreso
económico como de los intereses de las masas, y además estas ventajas aumentan
continuamente con el crecimiento del capitalismo. El reconocimiento de la
autodeterminación no es equivalente al reconocimiento de la federación como
principio. Se puede ser un decidido adversario de dicho principio y partidario
del centralismo democrático, pero preferir la federación a la desigualdad
nacional, como único camino hacia el centralismo democrático total.
Precisamente desde este punto de vista, Marx, siendo centralista, prefería
incluso la federación de Irlanda e Inglaterra, antes que la sumisión forzada de
Irlanda a los ingleses.[3]
El objetivo del socialismo no es sólo eliminar el
fraccionamiento de la humanidad en pequeños Estados y todo aislamiento de las
naciones, no es sólo el acercamiento mutuo de las naciones, sino también la
fusión de éstas. Y para lograr esta finalidad debemos, por una parte, explicar
a las masas la naturaleza reaccionaria de la idea de Renner y O. Bauer sobre la
así llamada "autonomía cultural nacional"[4] y, por otra parte,
exigir la liberación de las naciones oprimidas, no en difusas frases generales,
no en declamaciones desprovistas de contenido, no "postergando" el
problema hasta el socialismo, sino en un programa político formulado con
claridad y precisión, que tenga en cuenta muy especialmente la hipocresía y
cobardía de los socialistas en las naciones
opresoras. Del mismo modo que la humanidad puede llegar a la supresión de
clases sólo a través del período de transición de la dictadura de la clase
oprimida, así también puede llegar a la inevitable fusión de las naciones sólo
a través del período de transición de la total liberación de todas las naciones
oprimidas, es decir, de su libertad de separación.
4. El
enfoque revolucionario del proletariado frente al problema de la
autodeterminación de las naciones
No sólo la reivindicación de la autodeterminación
de las naciones, sino todos los puntos de nuestro programa mínimo democrático
fueron planteados anteriormente, ya en los siglos XVII y XVIII, por la pequeña
burguesía. Y hasta estos momentos, la pequeña burguesía sigue planteándolos
todos, en forma utópica, sin advertir la lucha de clases, sin ver que esta
lucha se aviva bajo la democracia, y creyendo en el capitalismo
"pacífico". Precisamente así es la utopía de una pacífica unión de
naciones equiparadas en derechos bajo el imperialismo, utopía que engaña al
pueblo y que los kautskianos defienden. En oposición a esta utopía
pequeñoburguesa, oportunista, el programa de la socialdemocracia debe postular
la división de las naciones en opresoras y oprimidas, como un hecho esencial,
fundamental e inevitable bajo el imperialismo.
El proletariado de las naciones opresoras no puede
limitarse a pronunciar frases generales, estereotipadas, contra las anexiones y
por la igualdad de derechos de las naciones en general, frases que cualquier
burgués pacifista repite. El proletariado no puede silenciar el problema,
particularmente "desagradable" para la burguesía imperialista,
relativo a las fronteras de un Estado basado en la opresión nacional. El
proletariado no puede dejar de luchar contra el mantenimiento por la fuerza de
las naciones oprimidas dentro de las fronteras de un Estado determinado, y eso
equivale justamente a luchar por el derecho a la autodeterminación. Debe exigir
la libertad de separación política de las colonias y naciones que
"su" nación oprime. En caso contrario, el internacionalismo del
proletariado sería vacío y de palabra; ni la confianza, ni la solidaridad de
clase entre los obreros de la nación oprimida y la opresora serían posibles;
quedaría sin desenmascarar la hipocresía de los defensores reformistas y
kautskianos de la autodeterminación, quienes nada dicen de las naciones que
"su propia" nación oprime y retiene por la fuerza en "su
propio" Estado.
Por otra parte, los socialistas de las naciones
oprimidas deben defender y poner en práctica con especial ahínco la unidad
completa e incondicional, incluyendo en ello la unidad organizativa, de los
obreros de la nación oprimida con los de la nación opresora. Sin eso no es
posible defender la política independiente del proletariado y su solidaridad de
clase con el proletariado de otros países, en vista de todos los engaños,
traiciones y fraudes de la burguesía. Pues la burguesía de las naciones
oprimidas siempre trasforma las consignas de liberación nacional en engaño a
los obreros: en la política interna utiliza estas
consignas para los acuerdos reaccionarios con la
burguesía de las naciones dominadoras (por ejemplo, los polacos de Austria y
Rusia, que entran en componendas con la reacción para oprimir a los judíos y
ucranianos); en política exterior, trata de concertar negociaciones con una de
las potencias imperialistas rivales, para realizar sus fines de rapiña (la
política de los pequeños países de los Balcanes, etc.).
La circunstancia de que la lucha por la libertad
nacional contra una potencia imperialista pueda ser aprovechada, en
determinadas condiciones, por otra "gran" potencia en beneficio de
sus finalidades, igualmente imperialistas, no puede obligar a la
socialdemocracia a renunciar al reconocimiento del derecho de las naciones a la
autodeterminación, así como tampoco los múltiples casos en que la burguesía
utiliza las consignas republicanas con fines de engaño político y rapiña
financiera, como por ejemplo en los países románicos, pueden obligar a los
socialdemócratas a renunciar a su republicanismo.[*]
5. Marxismo
y proudhonismo en el problema nacional
En contraposición a los demócratas
pequeñoburgueses, Marx veía en todas las reivindicaciones democráticas sin
excepción, no un hecho absoluto, sino la expresión histórica de la lucha en las
masas populares, dirigidas por la burguesía, contra el feudalismo. No hay una
sola de estas reivindicaciones que no pudiera servir, y que no haya servido en
ciertas circunstancias, de instrumento de engaño de los obreros por parte de la
burguesía. Destacar en este sentido una de las reivindicaciones de la
democracia política, o sea, la autodeterminación de las naciones, para
contraponerla a las demás, es radicalmente falso desde el punto de vista
teórico. En la práctica, el proletariado sólo puede conservar su independencia
subordinando su lucha por todas las reivindicaciones democráticas, sin excluir
la re pública, a su lucha revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía.-
________________________________
* No es
necesario decir que sería completamente ridículo rechazar el derecho a la
autodeterminación a causa de que del mismo dimana, al parecer, "la defensa
de la patria". Con igual razón -- o sea, con igual falta de seriedad -- se
remiten los socialchovinistas en 1914-1916 a cualquier reivindicación de la
democracia (por ejemplo, su republicanismo) y a cualquier fórmula de lucha
contra la opresión nacional, para justificar "la defensa de la
patria". El marxismo deduce la aceptación de la defensa de la patria en
las guerras, por ejemplo, en las de la Gran Revolución Francesa, o en las
guerras de Garibaldi en Europa, y también la negación de la defensa de la
patria en la guerra imperialista de 1914-1916, del análisis de las concretas
particularidades históricas de cada guerra, y de ningún modo de algún
"principio general", o de un punto cualquiera del programa.
Por otra parte, en contraposición a los
proudhonianos, que "negaban" el problema nacional "en nombre de
la revolución social", Marx, teniendo en vista más que nada los intereses
de la lucha de clase del proletariado de los países adelantados, destacaba en
un primer plano el principio fundamental del internacionalismo y del
socialismo: no puede ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos[5].
Precisamente desde el punto de vista de los intereses del movimiento
revolucionario de los obreros alemanes, Marx exigía en 1848 que la democracia
victoriosa de Alemania proclamara y realizara la libertad de los pueblos
oprimidos por los alemanes[6]. Precisamente desde el punto de vista de la lucha
revolucionaria de los obreros ingleses, Marx exigía en 1869 que se separara
Irlanda de Inglaterra, añadiendo: "aun si después de la separación se
llegase a la federación"[7]. Sólo formulando esta reivindicación educaba
Marx realmente a los obreros ingleses en un espíritu internacionalista. Sólo
así pudo oponer la solución revolucionaria de ese problema histórico a los
oportunistas y al reformismo burgués, que hasta los momentos actuales, medio
siglo más tarde, todavía no realizó la "reforma" irlandesa. Sólo así
pudo Marx defender -- en contraposición a los apologistas del capital, que
vociferan sobre el carácter utópico e irrealizable de la libertad de separación
de las pequeñas naciones y sobre lo progresista de la concentración, no
solamente económica, sino también política -- el carácter progresista de esta
concentración cumplida de una manera no imperialista, y defender el
acercamiento mutuo de las naciones, no sobre una base de fuerza, sino sobre la
base de la libre unión de los proletarios de todos los países. Sólo así pudo
Marx contraponer al reconocimiento retórico y a menudo hipócrita de la igualdad
de derechos y de la autodeterminación de las naciones, la acción revolucionaria
de las masas también para la solución de los problemas nacionales. La guerra
imperialista de 1914-1916 y los establos de Augías de la hipocresía oportunista
y kautskiana, que esta guerra puso de manifiesto, confirmaron palpablemente la
justeza de la política de Marx, que debe convertirse en ejemplo para todos los
países adelantados, pues en la actualidad cada uno de ellos oprime a otras
naciones.[*]
6. Tres
tipos de países, en lo que se refiere a la autodeterminación de las naciones
En este aspecto es necesario distinguir tres tipos
principales de países:
En primer lugar, los países capitalistas
adelantados de Europa occidental y Estados Unidos. Los movimientos nacionales
burgués- progresistas terminaron en éstos desde hace mucho tiempo. Cada una de
estas "grandes" naciones oprime a otras en las colonias y dentro del
país. Las tareas del proletariado de las naciones dominantes son exactamente iguales
a las que tuvo el proletariado de Inglaterra en el siglo XIX con respecto a
Irlanda.[*]
* Suele
arguirse -- por ejemplo recientemente lo hizo el chovinista alemán Lensch, en
los núms. 8 y 9 de Die Glocke [8] -- que la posición negativa de Marx respecto
del movimiento nacional de algunos pueblos, por ejemplo, los checos en 1848,
refuta la necesidad de reconocer la autodeterminación de las naciones desde el
punto de vista marxista. Pero es falso, pues en 1848 hubo razones históricas y
políticas para establecer una diferencia entre naciones
"reaccionarias" y democrático revolucionarias. Marx estaba en lo
cierto al condenar a las primeras y apoyar a las segundas[9]. El derecho a la
autodeterminación es una de las reivindicaciones de la democracia, que
lógicamente debe supeditarse a los intereses generales de ésta. En 1848, y años
siguientes, dichos intereses generales residían, en primer lugar, en la lucha
contra el zarismo.
En segundo lugar, el este de Europa: Austria, los
Balcanes y, en especial, Rusia. Aquí, el siglo XX imprimió un particular
desarrollo a los movimientos nacionales democrático-burgueses, y agudizó la
lucha nacional. Las tareas del proletariado de estos países, tanto en lo
tocante a la culminación de su transformación democrático-burguesa como en lo
que se refiere a la ayuda a la revolución socialista de otros países, no pueden
cumplirse sin defender el derecho de las naciones a la autodeterminación. Aquí
es particularmente difícil e importante la tarea de fusionar la lucha de clase
de los obreros de las naciones opresoras y oprimidas.
En tercer lugar, los países semicoloniales, como
China, Persia, Turquía y todas las colonias; en total, cerca de 1.000 millones
de habitantes. Aquí los movimientos democrático-burgueses, en parte se
encuentran apenas en su comienzo y en parte están lejos de haber terminado. Los
socialistas deben exigir, no sólo una incondicional e inmediata liberación sin
indemnizaciones de las colonias -- y esta exigencia, en su expresión política,
no significa otra cosa que el reconocimiento del derecho a la autodeterminación
--; los socialistas deben apoyar de la manera más decidida a los elementos más
revolucionarios de los movimientos democrático-burgueses de liberación nacional
de estos países y ayudar a su rebelión -- y si se da el caso, también a su
guerra revolucionaria -- contra las potencias imperialistas que los oprimen.__________
* En
algunos pequeños países que quedaron al margen de la guerra de 1914-1916, por
ejemplo Holanda y Suiza, la burguesía explota enérgicamente la consigna
"autodeterminación de las naciones" para justificar la participación
en la guerra imperialista. Este es uno de los motivos que impulsa a los
socialdemócratas de estos países a negar el derecho de autodeterminación. Se
defiende con argumentos desacertados una política proletaria acertada, a saber:
negar "la defensa de la patria" en la guerra imperialista. Resulta
así una tergiversación del marxismo en la teoría y, en la práctica, una especie
de mezquina estrechez nacionalista, un olvido de los centenares de millones de
habitantes, de las naciones avasalladas por las "grandes potencias".
El camarada Gorter, en su excelente folleto Imperialismo, guerra y
socialdemocracia, niega desacenadamente el principio de la autodeterminación de
las naciones, pero aplica este principio con acierto cuando exige
inmediatamente "la independencia política y nacional " de las Indias
holandesas y desenmascara a los oportunistas holandeses, quienes rehusan
presentar esta reivindicación y luchar por ella.
7. El
socialchovinismo y la autodeterminación de las naciones
La época imperialista y la guerra de 1914-1916
hicieron que adquiriese especial relieve la tarea de luchar contra el
chovinismo y nacionalismo en los países avanzados. En el problema de la
autodeterminación se distinguen dos matices principales entre los
socialchovinistas, o sea, los oportunistas y los kautskianos, quienes
embellecen la guerra imperialista reaccionaria, aplicándole el concepto
"la defensa de la patria".
Por una parte, vemos a los sirvientes harto
declarados de la burguesía, que defienden las anexiones alegando que el
imperialismo y la concentración política son progresistas, y negando el derecho
a la autodeterminación, pretendidamente utópico, ilusorio, pequeñoburgués, etc.
Entre ellos figuran Cunow, Parvus y los ultraoportunistas de Alemania, una
parte de los fabianos y de los líderes tradeunionistas de Inglaterra, los
oportunistas de Rusia: Siemkovski, Libman, Iurkiévich, etc.
Por otra parte, vemos a los kautskianos, entre los
que se cuentan Vandervelde, Renaudel y muchos pacifistas de Inglaterra y
Francia. Ellos están por la unidad con los anteriormente mencionados, y en la
práctica coinciden por completo con éstos, al defender el derecho a la
autodeterminación de un modo puramente retórico e hipócrita: consideran
"excesiva" (zu viel verlangt: Kautsky en Neue Zeit [*] del 21 de mayo
de 1915) la reivindicación de la libertad de separación política, no sostienen
la necesidad de la táctica revolucionaria de los socialistas de las naciones
opresoras, sino que, por el contrario, ocultan sus obligaciones
revolucionarias, justifican su oportunismo, facilitan su engaño al pueblo,
eluden el problema de las fronteras de un Estado que retiene por la fuerza bajo
su dominio a naciones privadas de derechos, etc.
Tanto unos como otros son oportunistas que
prostituyen el marxismo, habiendo perdido toda capacidad para comprender la
significación teórica y la urgencia práctica de la táctica que Marx explicó con
el ejemplo de Irlanda.
En cuanto a las anexiones en particular, este
problema adquirió una especial actualidad a raíz de la guerra. ¿Pero qué es una
anexión? Es fácil advertir que la protesta contra las anexiones, o bien se
resume en el reconocimiento de la autodeterminación de las naciones, o se basa
en una fraseología pacifista, que defiende el statu quo y se opone a toda
violencia, incluso revolucionaria. Semejante fraseología es fundamentalmente
falsa e incompatible con el marxismo.
8. Las
tareas concretas del proletariado en un futuro inmediato
La revolución socialista puede
comenzar en el futuro más cercano. En este caso, se
planteará al proletariado la tarea inmediata de la conquista del Poder, la
expropiación de los bancos y la realización de otras medidas dictatoriales. La
burguesía -- y en especial modo la intelectualidad de tipo fabiano y kautskiano
-- procurará en ese momento parcializar y frenar la revolución, imponiéndole
objetivos democráticos, limitados. Todas las demandas puramente democráticas,
en condiciones de un ataque ya iniciado del proletariado contra los fundamentos
del Poder burgués, pueden desempeñar en cierto sentido el papel de obstáculo
para la revolución; pero la necesidad de proclamar y realizar la libertad de
todos los pueblos oprimidos (es decir, su derecho a la autodeterminación) será.
tan urgente en la revolución socialista como lo fue para la victoria de la
revolución democrático-burguesa, por ejemplo, en Alemania en 1848, o en Rusia
en 1905.
* Tiempo
Nuevo -- N. de T.
Sin embargo, es posible que antes del comienzo de
la revolución socialista pasen 5, 10 ó más años. Entonces la tarea por realizar
será la educación revolucionaria de las masas en un sentido tal, que haga
imposible la permanencia en el partido obrero de socialistas-chovinistas y
oportunistas, y su victoria, semejante a la victoria de 1914-1916. Los
socialistas deberán explicar a las masas que los socialistas ingleses -- que no
exigen la libertad de separación de las colonias y de Irlanda --, los socialistas
alemanes -- que no exigen la libertad de separación para las colonias --, los
alsacianos, daneses y polacos -- que no extienden la inmediata propaganda
revolucionaria y la acción revolucionaria de masas a la esfera de la lucha
contra la opresión nacional, que no aprovechan incidentes tales como el de
Saverne para 12 más amplia propaganda ilegal en el proletariado de la nación
opresora, para organizar manifestaciones callejeras y actos revolucionarios de
masas --; los socialistas rusos -- los que no exigen la libertad de separación
de Finlandia, Polonia, Ucrania, etc. --, se comportan como chovinistas, como
lacayos, cubiertos de sangre y lodo, de las monarquías imperialistas y la
burguesía imperialista.
9. Actitud
de la socialdemocracia rusa y polaca, y de la II Internacional frente a la
autodeterminación de las naciones
Las divergencias entre los socialdemócratas
revolucionarios de Rusia y los socialdemócratas polacos en torno al problema de
la autodeterminación se habían manifestado ya en 1903, en el Congreso que
aprobó el programa del P.0.S.D.R. y que, pese a la protesta de la delegación
socialdemócrata polaca, incluyó en dicho programa el parágrafo 9, que reconoce
el derecho de las naciones a la autodeterminación. Desde entonces, los
socialdemócratas polacos nunca repitieron, en nombre de su Partido, la
proposición de eliminar el parágrafo 9 del programa de nuestro Partido, o de
sustituirlo por alguna otra formulación.
En Rusia, donde pertenece a las naciones oprimidas
no me nos del 57 por ciento de la población, más de 100 millones de personas;
donde estas naciones ocupan principalmente las regiones periféricas; donde
parte de estas naciones es más culta que los gran rusos; donde el régimen
político se distingue por su carácter particularmente bárbaro y medieval; donde
todavía no se llevó a cabo la revolución democrático-burguesa, el
reconocimiento del derecho a la libre separación de Rusia por parte de las
naciones oprimidas por el zarismo, es absolutamente obligatorio para los
socialdemócratas, en nombre de sus objetivos democráticos y socialistas.
Nuestro Partido, reconstituido en enero de 1912, aprobó en 1913 una
resolución[10] en la
que confirmó el derecho a la autodeterminación y 1a
explicó precisamente en el sentido concreto que acabamos de señalar. El
desenfreno del chovinismo gran ruso en 1914-1916, que se operó tanto en la
burguesía como en los socialistas oportunistas (Rubanóvich, Plejánov, Nashe
Dielo, etc.), nos impulsa más aún a insistir en esta exigencia y a afirmar que
quienes la niegan sirven de apoyo en la práctica, al chovinismo gran ruso y al
zarismo. Nuestro Partido declara que declina rotundamente toda responsabilidad por
tales manifestaciones contra el derecho a la autodeterminación.
La reciente formulación de la posición de la
socialdemocracia polaca en el problema nacional (la declaración de la
socialdemocracia polaca en la Conferencia de Zimmerwald) con tiene las
siguientes ideas:
Dicha declaración fustiga al gobierno alemán y a
otros gobiernos que consideran a las "regiones polacas" como una
prenda en el próximo juego de las compensaciones, "privando al pueblo
polaco de la posibilidad de resolver por sí mismo su destino ", "La
socialdemocracia polaca protesta categórica y solemnemente contra el
fraccionamiento y el desmembramiento de un país entero " . . . Fustiga a
los socialistas que dejaron en manos de los Hohenzollern. . . "la causa de
la liberación de los pueblos oprimidos ". Expresa la convicción de que
sólo la participación en la inminente lucha del proletariado revolucionario
internacional, la lucha por el socialismo, "romperé las cadenas de la
opresión nacional, destruirá todas las formas de la dominación extranjera y
asegurará al pueblo polaco la posibilidad de un libre y amplio desarrollo en
todos los aspectos, en calidad de miembro igual de la unión de los
pueblos". La declaración califica a la guerra de "doblemente
fratricida" "para los polacos " (Boletín de la Comisión Socialista
Internacional, núm. 2, pág. 15, 27 de setiembre de 1915; la traducción rusa
apareció en la recopilación La Internacional y la guerra, pág. 97).
Estas tesis no difieren, en lo esencial, del
reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación, pero
adolecen de nebulosidad y vaguedad de las formulaciones políticas, mayores aún
que en la mayoría de los programas y resoluciones de la II Internacional.
Cualquier tentativa de expresar estas ideas en formulaciones políticas
precisas, y de determinar si son aplicables al régimen capitalista, o sólo al
socialista,
demostrará con la mayor evidencia el error que
cometen los socialdemócratas polacos al negar la autodeterminación de las
naciones.
La resolución del Congreso Socialista Internacional
de Londres, de 1896, que reconoce el derecho de las naciones a la
autodeterminación, debe completarse, en base a las tesis que acabamos de
exponer, con las siguientes indicaciones: 1) de la particular urgencia de dicha
reivindicación bajo el imperialismo; 2) del carácter políticamente condicional
y del contenido clasista de todas las reivindicaciones de la democracia
política, sin excluir a ésta;
3) de la
necesidad de diferenciar las tareas concretas de los socialdemócratas de las
naciones opresoras y los de las naciones oprimidas; 4) del reconocimiento
inconsecuente, puramente retórico y por lo tanto hipócrita en su significación
política, que hacen de la autodeterminación los oportunistas y los kautskianos;
5) de la coincidencia real con los chovinistas por parte de aquellos
socialdemócratas, particularmente los de las grandes potencias (los gran rusos,
anglo-norteamericanos, alemanes, franceses, italianos, japoneses, etc.), que no
defienden la libertad de separación de las colonias y países oprimidos por
"su" nación; 6) de la necesidad de supeditar la lucha por esa
reivindicación, como asimismo por todas las reivindicaciones fundamentales de
la demo-
pág. 19
cracia política, a la directa lucha revolucionaria
de masas por el derrocamiento de los gobiernos burgueses y por la realización
del socialismo.
Trasladar a la Internacional el punto de vista de
algunas pequeñas naciones, y en especial de los socialdemócratas polacos, a
quienes su lucha contra la burguesía polaca, que engaña al pueblo con las
consignas nacionalistas, llevó a negar erróneamente la autodeterminación,
habría sido un error teórico, habría sido suplantar el marxismo por el
proudhonismo, y en la práctica equivaldría a un involuntario apoyo al más
peligroso chovinismo y oportunismo de las grandes potencias.
La Redacción de Sotsial-Demokrat,
órgano central del P. O. S. D. R.
Poscriptum. En Neue Zeit del 3 de marzo de 1916,
que acaba de aparecer, Kautsky tiende abiertamente la mano cristiana de
conciliación al representante del más sucio chovinismo alemán, Austerlitz,
cuando rechaza la libertad de separación de las naciones oprimidas para la
Austria de los Habsburgo, pero la admite para la Polonia rusa, para brindar un
servicio de lacayo a Hindenburg y Guillermo II. ¡Difícil sería desear un modo
mejor de autodesenmascararse para el kautskismo!
NOTAS
[pág. 5]
[1] El caso
Dreyfus: proceso de provocación organizado en 1894 por los círculos
reaccionarios monárquicos del militarismo francés contra el oficial judío
Dreyfus, del Estado Mayor General, que fue falsamente acusado de espionaje y de
traición al Estado. Dreyfus fue condenado por el Tribunal Militar a prisión
perpetua. El movimiento social que se desarrolló en Francia en favor de la
revisión del caso Dreyfus se realizó en medio de una lucha encarnizada entre
los republicanos y los monárquicos, y dio por resultado la absolución de
Dreyfus en 1906.
Lenin llamó al caso Dreyfus "una de entre las
miles y miles de vergonzosas maquinaciones del militarismo reaccionario".
[2] El
incidente de Saverne se produjo en la ciudad de Saverne (Alsacia) en noviembre
de 1913, a consecuencia de las vejaciones infligidas a los alsacianos por parte
de un oficial prusiano. Esto provocó un indignado estallido de la población,
francesa en su mayoría, contra el yugo del militarismo prusiano. Con respecto a
este incidente, véase el artículo de V. I. Lenin "Saverne", Obras
Completas, t. XIX. [pág. 5]
[3] Véase C.
Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XXXI, cartas del 2 y 30 de noviembre de
1867 a Engels.
[pág. 6]
[4] Respecto
a la crítica de la llamada "autonomía cultural nacional", ideas
reaccionarias de K. Renner y O. Bauer, véase los trabajos de Lenin "La
autonomía 'cultural nacional'" (V. I. Lenin, Obras Completas, t. XIX) y
"Notas críticas sobre el problema nacional" (Obras Completas, t. XX)
y también el trabajo de Stalin "El marxismo y la cuestión nacional"
(J. V. Stalin, Obras, t. II). [pág. 6]
[5] Véase C.
Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XVIII.
[pág. 10]
pág. 40
[6] Véase C.
Marx y F. Engels, Obras Completas, t. V. La tesis que cita Lenin es de F.
Engels y Lenin la tomó del libro Aus dem literarischen Nachlass von Karl Marx,
Friedrich Engels und Ferdinand Lassalle (Hrsg. von Franz Mehring, Stuttgart,
1902, Bd. III, S. 108-114), donde no se indica quién es el autor de ese
artículo. -- N. de T. [pág. 10]
[7] Véase C.
Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XXXI, carta del 2 de noviembre de 1867 a
Engels. [pág.
10]
[8] Die
Glocke (La Campana ): Revista quincenal editada en Munich, y posteriormente en
Berlín, de 1915 a 1925, por el miembro del Partido Socialdemócrata alemán, el
socialchovinista Parvus (Helphand), agente del imperialismo alemán. [pág. 11]
[9] Véase C.
Marx y P. Engels, Obras Completas, t. VI. Lenin utilizó el libro Aus dem
literarischen Nachlass von Karl Marx, Friedrich Engels und Ferdinand Lassalle
(Hrsg. von Franz Mehring, Stuttgart, 1902, Bd. III, S. 246-264), donde no se
indica quién es el autor de ese artículo. [pág. 11]
[10] Lenin se
refiere a la resolución sobre el problema nacional, escrita por él y aprobada
por la Conferencia del C.C. del P.O.S.D.R. con los militantes responsables del
Partido, que tuvo lugar el 6-14 de octubre de 1913, en el pueblo de Poronin
(cerca de Cracovia). Por razones de conspiración, solían llamar a esta
conferencia "de verano" o "de agosto". La resolución se
publicó en el tomo XIX. [pág. 16]

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