© Libro N° 9027. El Tejido Del Cosmos. Greene, Brian. Emancipación. Septiembre 11 de 2021.
Título
original: © El Tejido Del Cosmos. Brian
Greene
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Brian Greene
El Tejido Del Cosmos
Brian Greene
CONTENIDO
Agradecimientos
Prefacio
Parte I. La realidad de la arena
1. Caminos a la realidad
2. El universo y el cubo
3. La relatividad y lo absoluto
4. Entrelazando el espacio
Parte II. Tiempo y experiencia
5. El río congelado
6. El azar y la flecha
7. El tiempo y lo cuántico
Parte III. Espacio tiempo y cosmología
8. De copos de nieve y el espaciotiempo
9. Evaporando el vacío
10. Deconstruyendo el bang
Parte IV. Orígenes y unificación
11. Los cuantos en el cielo con diamantes
12. El mundo en una cuerda
Parte V. Realidad e imaginación
13. El universo en una brana
14. Arriba en el cielo y abajo en la Tierra
15. Máquinas teleportadoras y máquinas del tiempo
16. El porvenir de una alusión
Agradecimientos
Mis delirios de gratitud para con amigos y colegas
que han influido en este libro
Elaine Hawkes Watson, con su ilimitada curiosidad
por el Universo, me inspiró al embarcarme en este libro. Durante mis quince
años de escritura intermitente, he recibido ánimos y apoyo inestimables de
varios amigos íntimos y familiares: Linda Thorne, Kares Thorne, Bret Thorne,
Alison Thorne, Estelle Gregory, Bonnie Schumaker, y muy especialmente mi mujer,
Carolee Winstein.
Estoy en deuda con algunos de mis colegas físicos,
astrofísicos y astrónomos que aceptaron que les entrevistase y grabase sus
recuerdos de los acontecimientos históricos y los trabajos de investigación
descritos en este libro. Sus nombres aparecen en la lista de entrevistas
grabadas al comienzo de la bibliografía.
Cuatro de mis colegas, Vladimir Braginsky, Stephen
Hawking, Werner Israel y Cari Sagan, tuvieron la amabilidad de leer el
manuscrito entero y hacer críticas detalladas. Muchos otros leyeron capítulos
aislados o varios capítulos y me corrigieren importantes detalles históricos y
científicos: Vladimir Belinsky, Roger Blandford, Carlton Caves, S.
Chandrasekhar, Ronald Drever, Vitaly Ginzburg, Jesse Greenstein, Isaac
Khalatnikov, Igor Novikov, Roger Penrose, Dennis Sciama. Robert Serber, Robert
Spero, Alexi Starobinsky, Rochus Vogt, Robert Wald, John Wheeler y Yakov
Borisovich Zel'dovich. Sin sus consejos, el libro sería mucho menos exacto de
lo que es. Sin embargo, sería erróneo suponer que mis colegas coinciden conmigo
o aprueban todas mis interpretaciones de nuestra historia conjunta.
Inevitablemente han existido algunos desacuerdos sobre puntos de vista. En el
texto, por razones pedagógicas, me atengo a mi propio punto de vista (a menudo,
pero no siempre, significativamente influido por las críticas de mis colegas).
En las notas, por razones de exactitud histórica, expongo algunos de los
desacuerdos.
Linda Obst hizo trizas buena parte de la primera
versión del libro. Se lo agradezco. K. C. Colé hizo trizas la segunda versión y
luego, pacientemente, me dio consejos importantes, borrador tras borrador,
hasta que la presentación quedó depurada. Estoy en deuda especial con K. C.
También agradezco a Debra Makay su meticulosa revisión del manuscrito final:
ella es aún más perfeccionista que yo.
El libro mejoró significativamente gracias a las
críticas de varios lectores que no son físicos: Ludmila (Lily) Birladeanu,
Doris Drücker, Linda Feferman, Rebecca Lewthwaite, Peter Lyman, Deanna Metzger,
Phil Richman, Barrie Thorne, Alison Thorne y Carolee Winstein. Se lo agradezco,
y agradezco a Helen Knudsen la localización de varias referencias y hechos,
algunos increíblemente oscuros.
Tuve la suerte de tropezar con los deliciosos
dibujos de Matthew Zimet en el libro The Cosmic Code, de Heinz Pagels, y
convencerle de que ilustrase también mi libro. Sus ilustraciones constituyen
una importante aportación. Finalmente, deseo agradecer al Programa de Libros de
la Commonwealth Fund y especialmente a Alexander G. Bearn y Antonina W. Bouis,
y también a Ed Barber de la W. W. Norton and Company, su apoyo, su paciencia y
su confianza en mí como escritor durante los años que fueron necesarios para llevar
a término este libro.
Para Tracy
Prefacio
Espacio y tiempo atrapan la imaginación como ningún
otro tema científico. Y hay una buena razón para ello. Ambos constituyen la
arena de la realidad, el propio tejido del cosmos. Toda nuestra existencia ,
todo lo que hacemos, pensamos y sentimos, tiene lugar en alguna región del
espacio durante algún intervalo de tiempo. Pese a todo, la ciencia sigue
luchando por entender qué son realmente el espacio y el tiempo. ¿Son entidades
físicas reales o son simplemente ideas útiles? Si son reales, ¿son fundamentales
o emergen de constituyentes más básicos? ¿Qué significa que el espacio esté
vacío? ¿Tiene el tiempo un comienzo? ¿Hay una flecha, que fluye inexorablemente
del pasado al futuro, como parece indicar la experiencia común? ¿Podemos
manipular espacio y tiempo? En este libro seguimos trescientos años de
investigación apasionada en busca de respuestas, o al menos, conatos de
respuestas, a estas cuestiones básicas pero profundas sobre la naturaleza del
universo.
Nuestro viaje también nos lleva repetidamente a otra pregunta íntimamente
relacionada, tan general como escurridiza: ¿qué es la realidad? Nosotros los
seres humanos sólo tenemos acceso a las experiencias interiores de percepción y
pensamiento, así que ¿cómo podemos estar seguros de que verdaderamente reflejan
un mundo externo? Este es un problema que los filósofos conocen desde hace
tiempo. Los cineastas lo han popularizado en argumentos que incluyen mundos
artificiales, generados por estimulación neurológica muy precisa, que existen
solamente dentro de las mentes de sus protagonistas. Y los físicos, entre los
que me incluyo, son agudamente conscientes de que la realidad que observamos ,
la materia que evoluciona en el escenario del espacio y el tiempo, puede tener
poco que ver con la realidad que hay fuera, si es que la hay. De todas formas,
puesto que las observaciones son todo lo que tenemos, las tomamos en serio.
Escogemos como guías los datos duros y el armazón de las matemáticas, no una
imaginación desbordada ni un escepticismo recalcitrante, y buscamos las teorías
más simples pero más amplias capaces de explicar y predecir el resultado de los
experimentos actuales y futuros. Esto restringe severamente las teorías que
perseguimos. (En este libro, por ejemplo, no vamos a encontrar ningún indicio
de que yo esté flotando en un tanque, conectado a miles de cables de
estimulación cerebral que me hacen pensar que ahora escribo este texto.) Pero
durante los últimos cien años, descubrimientos en física han sugerido
revisiones en nuestro sentido cotidiano de la realidad que son tan
espectaculares como asombrosas, y tan destructoras de paradigmas como la
ciencia ficción más imaginativa. Estos cambios revolucionarios enmarcarán
nuestro paso por las páginas que siguen.
Muchas de las cuestiones que exploramos son las mismas que, con disfraces
diversos, preocuparon a Aristóteles, Galileo, Newton, Einstein y muchos otros a
lo largo de las épocas. Y puesto que este libro trata de transmitir la ciencia
que se está haciendo, seguimos estas cuestiones tal como han sido respondidas
por una generación, cambiadas por sus sucesores, y refinadas y reinterpretadas
por los científicos en los siglos que siguieron.
Por ejemplo, sobre la enigmática cuestión de si el espacio completamente vacío
es, como un lienzo en blanco, una entidad real o meramente una idea abstracta,
seguimos el péndulo de la opinión científica a medida que oscila entre la
declaración de Isaac Newton en el siglo XVII de que el espacio es real, la
conclusión de Ernst Mach en el siglo XIX de que no lo es, y la espectacular
reformulación de Einstein en el siglo XX de la propia cuestión, en la que él
fusionó espacio y tiempo y básicamente refutó a Mach. Luego encontramos
descubrimientos posteriores que transformaron la cuestión una vez más
redefiniendo el significado de «vacío», imaginando que el espacio está
inevitablemente lleno de lo que se denominan campos cuánticos y posiblemente
una difusa energía uniforme llamada constante cosmológica , ecos modernos de la
vieja y desacreditada idea de un éter que llena el espacio . Y lo que es más,
luego describimos cómo algunos experimentos espaciales venideros pueden
confirmar aspectos particulares de las conclusiones de Mach que resultan estar
de acuerdo con la relatividad general de Einstein, lo que ilustra muy bien la
madeja fascinante y enmarañada del desarrollo científico.
En nuestra propia era encontramos intuiciones gratificantes de la cosmología
inflacionaria en la flecha del tiempo, el rico surtido de dimensiones
espaciales extras de la teoría de cuerdas, la radical sugerencia de la teoría M
según la cual el espacio en el que habitamos puede ser sólo una tabla flotando
en un cosmos más grande, y la actual especulación desbocada de que el universo
que vemos puede ser no otra cosa que un holograma cósmico. Aún no sabemos si
las más recientes de estas propuestas teóricas son correctas. Pero por
escandalosas que suenen, las investigamos meticulosamente porque a ellas nos
conduce nuestra búsqueda de las leyes más profundas del universo. Una realidad
extraña y poco familiar puede aparecer no sólo de la fértil imaginación de la
ciencia ficción, sino que también puede emerger del filo de la navaja de la
física moderna.
El tejido del cosmos está dirigido principalmente al lector general que tiene
poca o ninguna formación en ciencias pero cuyo deseo de comprender el
funcionamiento del universo es un incentivo para luchar con varios conceptos
complejos y desafiantes. Como hice en mi primer libro, El universo elegante, he
permanecido cerca de las ideas científicas, aunque prescindiendo de los
detalles matemáticos en favor de metáforas, analogías, historias e
ilustraciones. Cuando llegamos a las secciones más difíciles del libro,
advierto al lector y doy breves resúmenes para quienes decidan saltarse o pasar
deprisa por estas discusiones más complicadas. De este modo, el lector debería
ser capaz de seguir el camino del descubrimiento y obtener no sólo un
conocimiento de la visión del mundo de la física actual, sino una comprensión
de cómo y por qué esta visión del mundo ha ganado aceptación.
Los estudiantes, los lectores ávidos de ciencia a un nivel general, los
profesores y los profesionales también deberían encontrar muchas cosas
interesantes en el libro. Aunque los capítulos iniciales cubren el material
básico necesario pero estándar en relatividad y en mecánica cuántica, su
énfasis en la corporeidad del espacio y el tiempo es un enfoque poco
convencional. Los capítulos posteriores cubren un amplio abanico de temas, el
teorema de Bell, los experimentos de elección diferida, la medida cuántica, la
expansión acelerada, la posibilidad de producir agujeros negros en la próxima
generación de aceleradores de partículas, las fantásticas máquinas de tiempo en
agujeros de gusano, por citar unos pocos , y de este modo pondrán al día a
dichos lectores sobre varios de los avances más sorprendentes y debatidos.
Parte del material que cubro es controvertido. Cuando se trata de cuestiones
que están en el aire, he discutido los puntos de vista dominantes en el texto
principal. En el caso de los puntos de discusión en los que creo que se ha
llegado a un consenso, he relegado a las notas los puntos de vista diferentes.
Algunos científicos, especialmente quienes sostienen puntos de vista
minoritarios, quizá se opongan a algunos de mis juicios, pero a través del
texto principal y las notas he intentado un tratamiento equilibrado. En las
notas, el lector particularmente diligente encontrará también explicaciones más
completas, clarificaciones y reservas que son relevantes para puntos que he
simplificado, así como (para quienes tengan esta inclinación) breves
contrapartidas matemáticas para el enfoque libre de ecuaciones adoptado en el
texto principal. Un breve glosario proporciona una referencia rápida para
algunos de los términos científicos más especializados.
Ni siquiera un libro de esta longitud puede agotar el vasto tema del espacio y
el tiempo. Yo me he centrado en aquellos aspectos que encuentro a la vez
excitantes y esenciales para formar una imagen completa de la realidad que
pinta la ciencia moderna. Sin duda, muchas de estas elecciones reflejan un
gusto personal, y por ello pido perdón a quienes sienten que su propio trabajo
o su área de estudio favorita, no recibe la atención adecuada.
Mientras escribía El tejido del cosmos he tenido la fortuna de recibir una
valiosa realimentación de varios lectores devotos. Raphael Kasper, Lubos Motl,
David Steinhart y Ken Vineberg leyeron diversas versiones del manuscrito
entero, a veces, de forma repetida, y ofrecieron sugerencias numerosas,
detalladas y perspicaces que ampliaron sustancialmente la claridad y la
exactitud de la presentación. Se lo agradezco calurosamente. David Albert, Ted
Baltz, Nicholas Boles, Tracy Day, Peter Demchuk, Richard Easther, Anna Hall,
Keith Goldsmith, Shelley Goldstein, Michael Gordin, Joshua Greene, Arthur
Greenspoon,, Gavin Guerra, Sandra Kauffman, Edward Kastenmeier, Robert
Krulwich, Andrei Linde, Shani Offen,, Maulik Parikh, Michael Popowits, Marlin
Scully, John Stachel y Lars Straeter leyeron todo o parte del manuscrito, y sus
comentarios fueron extraordinariamente útiles. Me beneficié de conversaciones
con Andreas Albrecht, Michael Basseú Sean Carrol, Andrea Cross, Rita Greene,
Wendy Green, Susan Greene, Alan Guth„ Mark Jackson, Daniel Kabat, Will Kinney,
Justin Khoury, Hiranya Peiris, Saúl Perlmutter, Koenraad Schalm, Paul
Steinhardt, Leonard Susskind, Neil Turok, Henry Tye, William Warmus y Erick
Weinberg. Debo una gratitud especial a Raphael Gunner, cuyo agudo sentido del
argumento genuino y su disposición a criticar varios de mis intentos fueron de
valor incalculable. Eric Martínez ofreció una asistencia crítica e incansable
en la fase de producción del libro, y Jason Severs hizo un trabajo estelar en
la creación de las ilustraciones. Doy las gracias a mis agentes, Katinka Matson
y John Brockman. Y tengo una gran deuda de gratitud con mi editor, Marty Asher,
por ofrecerme un manantial de ánimo, consejo e intuición que mejoraron
sustancialmente la calidad de la presentación.
En el curso de mi carrera, mi investigación científica ha sido financiada por
el Departamento de Energía, la National Science Foundation y la Alfred P Sloan
Foundation. Reconozco y agradezco su apoyo.
Parte I
La realidad de la arena
Capítulo 1
Caminos a la realidad
El espacio, el tiempo y por qué las cosas son como son
Contenido:
§. La realidad clásica
§. La realidad relativista
§. La realidad cuántica
§. La realidad cosmológica
§. La realidad unificada
§. Realidad pasada y realidad futura
§. La mayoría de edad del espacio y el tiempo
Ninguno de los libros de la vieja y polvorienta
librería de mi padre estaba prohibido. Pese a todo, cuando yo era pequeño nunca
vi a nadie coger uno. La mayoría de ellos eran gruesos volúmenes, una historia
general de la civilización, volúmenes a juego de grandes obras de la literatura
occidental, muchos otros que ya no puedo recordar, que parecían casi fundidos
con las estanterías que se combaban ligeramente tras décadas de tenaz soporte.
Pero en la balda más alta había un pequeño libro que, de vez en cuando, captaba
mi atención porque parecía tan fuera de lugar como Gulliver entre los
Brobdingnagianos. Visto en retrospectiva, no estoy muy seguro de por qué esperé
tanto antes de echarle una mirada. Quizá, a medida que pasaban los años, los
libros se parecían menos al material que uno lee y más a las reliquias
familiares que uno admira de lejos. Finalmente, esa reverencia dejó paso a la
arrogancia de la adolescencia. Tomé el pequeño libro, le quité el polvo y lo
abrí por la primera página. Las primeras líneas eran, como mínimo, llamativas.
«Sólo hay un problema realmente filosófico, y es el
del suicidio», empezaba el texto. Me sobrecogí. «Que el mundo tenga o no tres
dimensiones o que haya nueve o doce categorías mentales», continuaba, «viene
después»; tales cuestiones, explicaba el texto, eran parte del juego al que
jugaba la Humanidad, pero sólo merecían atención una vez que hubiese sido
dirimida la cuestión verdadera. El libro era El mito de Sísifo, y
estaba escrito por el filósofo de origen argelino y premio Nobel Albert Camus.
Tras un momento de desconcierto, la gelidez de sus palabras se derritió a la
luz de la comprensión. Sí, por supuesto, pensé. Uno puede sopesar esto o
analizar aquello hasta que las ranas críen pelo, pero la cuestión real es si
todas estas cavilaciones y análisis le convencen a uno de que la vida es digna
de vivirse. A eso es a lo que se reduce todo. Todo lo demás son detalles. Mi
encuentro casual con el libro de Camus debe haber ocurrido durante una etapa
particularmente impresionable porque sus palabras me han acompañado más que
cualquier otra cosa que yo haya leído. Muchas veces he imaginado cómo
responderían a la más importante de todas las cuestiones algunas personas a las
que había conocido, o había oído hablar, o había visto en televisión. Visto en
retrospectiva, sin embargo, fue su segunda afirmación, relativa al papel del
progreso científico, la que para mí se mostró particularmente desafiante. Camus
reconocía el valor de comprender la estructura del universo, pero por lo que yo
podía entender, rechazaba la posibilidad de que dicha comprensión pudiese
suponer la más mínima diferencia para nuestro juicio sobre el valor de la vida.
Por supuesto, mi lectura adolescente de la filosofía existencial era tan
sofisticada como la lectura que podría hacer Bart Simpson de la poesía
romántica, pero incluso así, la conclusión de Camus me dejó bastante
desconcertado. Para este aspirante a físico, una valoración informada de la
vida requeriría necesariamente una completa comprensión del escenario de la
vida: el universo. Me recuerdo pensando en que si nuestra especie morara en
refugios cavernosos enterrados en el subsuelo profundo y aún tuviera que
descubrir la superficie de la Tierra, la brillante luz del Sol, una brisa
oceánica y las estrellas que hay más allá, o si la evolución hubiese seguido un
camino diferente y aún tuviéramos que adquirir todos los sentidos salvo el del
tacto, de modo que todo lo que conociéramos viniera sólo de nuestras
impresiones táctiles de nuestro entorno inmediato, o si las facultades mentales
humanas dejaran de desarrollarse durante la primera infancia de modo que
nuestras capacidades emocionales y analíticas nunca pasaran de las de un niño
de cinco años, si nuestras experiencias sólo formaran un pálido retrato de la
realidad, nuestra valoración de la vida estaría gravemente comprometida. Cuando
finalmente encontrásemos nuestro camino a la superficie de la Tierra, o cuando
finalmente alcanzásemos la capacidad de ver, oír, oler, y saborear, o cuando
nuestras mentes quedaran finalmente libres para desarrollarse como lo hacen
normalmente, nuestra visión colectiva de la vida y el cosmos cambiaría
radicalmente. Nuestra comprensión de la realidad, antes muy restringida,
arrojaría una luz muy diferente sobre la más fundamental de todas las
cuestiones filosóficas.
Pero, podría usted preguntar, ¿qué pasa con ello?
Por supuesto, cualquier juicio serio concluiría que aunque no podamos
comprender todo sobre el universo, cada aspecto del comportamiento de la
materia o de la función de la vida, somos conscientes de las grandes pinceladas
que adornan el lienzo de la Naturaleza. Por supuesto, como sugería Camus, los
progresos en física, tales como comprender el número de dimensiones espaciales;
o los progresos en neuropsicología, tales como comprender todas las estructuras
organizativas del cerebro; o, para lo que nos importa, los progresos en
cualquier otra empresa científica, pueden rellenar detalles importantes, pero
su impacto sobre nuestra valoración de la vida y la realidad sería mínimo. Por
supuesto, la realidad es lo que pensamos que es; la realidad se nos revela por
nuestras experiencias.
En una u otra medida, esta visión de la realidad es
la que muchos de nosotros mantenemos, aunque sólo sea de forma implícita.
Ciertamente me encuentro a mí mismo pensando de esta manera en la vida
cotidiana; es fácil quedar seducido por el rostro que la Naturaleza revela
directamente a nuestros sentidos. Pese a todo, en las décadas transcurridas
desde que tropecé por primera vez con el texto de Camus he aprendido que la
ciencia moderna nos cuenta una historia muy diferente. La lección más
importante que hemos sacado de la investigación científica durante el último
siglo es que la experiencia humana es a menudo una guía equívoca a la verdadera
naturaleza de la realidad. Apenas por encima de la superficie de lo cotidiano
hay un mundo que apenas habíamos reconocido. Los seguidores de lo oculto, los
devotos de la astrología y los que mantienen principios religiosos que hablan a
una realidad más allá de la experiencia, han llegado hace tiempo, desde
perspectivas muy variables, a una conclusión similar. Pero no es eso lo que yo
tengo en mente. Yo me estoy refiriendo al trabajo de innovadores ingeniosos e
investigadores incansables, los hombres y mujeres de ciencia, que han quitado
capa tras capa de la cebolla cósmica, enigma a enigma, y han revelado un
universo que es a un tiempo sorprendente, poco familiar, excitante, elegante y
completamente diferente de lo que cualquiera esperara.
Estos desarrollos no son otra cosa que detalles.
Los avances fundamentales en física han obligado, y siguen obligando, a
revisiones drásticas de nuestra idea del cosmos. Sigo ahora tan convencido como
lo estaba hace décadas de que Camus escogió correctamente el valor de la vida
como la cuestión definitiva, pero las ideas de la física moderna me han
persuadido de que valorar la vida a través de las lentes de la experiencia
cotidiana es como mirar un Van Gogh a través de una botella de Coca-Cola vacía.
La ciencia moderna ha sido punta de lanza en un asalto tras otro a la evidencia
recogida por nuestras percepciones rudimentarias, mostrando que a menudo éstas
dan una idea nebulosa del mundo en que vivimos. Y así, mientras Camus separaba
las cuestiones físicas y las calificaba de secundarias, yo he llegado a
convencerme de que son primarias. Para mí, la realidad física fija el escenario
y al mismo tiempo proporciona la iluminación para tratar la cuestión de Camus.
Valorar la existencia sin tener en cuenta las ideas de la física moderna sería
como luchar en la oscuridad con un adversario desconocido. Al profundizar en
nuestra comprensión de la verdadera naturaleza de la realidad física,
reconfiguramos profundamente nuestro sentido de nosotros mismos y nuestra experiencia
del universo.
El objetivo central de este libro es explicar
algunas de las más destacadas revisiones en nuestra imagen de la realidad,
centrando el foco en aquellas que afectan al proyecto a largo plazo de nuestra
especie para entender el espacio y el tiempo. Desde Aristóteles a Einstein,
desde el astrolabio al Telescopio Espacial Hubble, desde las pirámides a los
observatorios en las cimas de las montañas, espacio y tiempo han enmarcado el
pensamiento desde que el pensamiento empezó. Con la llegada de la era científica
moderna, su importancia ha crecido. Durante los tres últimos siglos los
desarrollos en física han mostrado al espacio y al tiempo como los conceptos
más desconcertantes y atractivos, y como los instrumentos más fundamentales en
nuestro análisis científico del universo. Estos desarrollos han mostrado
también que espacio y tiempo encabezan la lista de las construcciones
científicas de épocas pasadas que están siendo fantásticamente revisadas por la
investigación de vanguardia.
Para Isaac Newton, espacio y tiempo simplemente
eran: constituían un escenario cósmico universal e inerte en el que se
representaban los sucesos del universo. Para su contemporáneo y frecuente rival
Gottfried Wilhelm Leibniz, «espacio» y «tiempo» eran meramente el vocabulario
de las relaciones entre dónde estaban los objetos y cuándo tenían lugar los
sucesos. Nada más. Pero para Albert Einstein, espacio y tiempo eran la materia
prima subyacente a la realidad. Con sus teorías de la relatividad, Einstein cambió
nuestro pensamiento sobre espacio y tiempo y mostró el papel principal que
tenían en la evolución del universo. Desde entonces, espacio y tiempo han sido
las joyas resplandecientes de la física. Son a un tiempo familiares y
desconcertantes; entender completamente el espacio y el tiempo se ha convertido
en el desafío más importante y el premio más buscado de la física.
Los desarrollos que cubriré en este libro
entretejen de maneras diversas el tejido del espacio y el tiempo. Algunas ideas
desafiarán aspectos del espacio y el tiempo tan básicos que durante siglos, si
no milenios, han parecido incuestionables. Otras buscarán el vínculo entre
nuestra comprensión teórica del espacio y el tiempo y las características que
normalmente experimentamos. Y otros plantearán cuestiones incomprensibles
dentro de los confines limitados de las percepciones ordinarias.
Hablaremos sólo mínimamente de filosofía (y nada en
absoluto del suicidio y el significado de la vida). Pero no nos limitaremos en
nuestra búsqueda científica por resolver los misterios del espacio y el tiempo.
Desde la más pequeña mota de polvo y los primeros momentos del universo hasta
sus más lejanos confines y más distante futuro, examinaremos el espacio y el
tiempo en entornos familiares y lejanos, con una mirada permanente en busca de
su verdadera naturaleza. Puesto que la historia del espacio y el tiempo está
aún por escribirse completamente, no llegaremos a ninguna valoración final.
Pero encontraremos una serie de desarrollos, algunos muy extraños, otros
profundamente satisfactorios, algunos verificados experimentalmente, otros
totalmente especulativos, que mostrarán cuán cerca hemos llegado a envolver con
nuestras mentes la estructura del cosmos y tocar la verdadera textura de la
realidad.
§. La realidad clásica
Los historiadores discrepan sobre cuándo comenzó exactamente la era científica
moderna, pero ciertamente ya estaba en marcha y a buen paso en la época en que
Galileo Galilei, Rene Descartes e Isaac Newton se habían expresado. En aquellos
días se estaba forjando la nueva mente científica, a medida que las pautas
encontradas en los datos terrestres y astronómicos dejaban cada vez más claro
que hay un orden para todas las idas y venidas del cosmos, un orden accesible
al razonamiento cuidadoso y el análisis matemático. Estos primeros pioneros del
pensamiento científico moderno argumentaban que, cuando se examinan de la forma
correcta, los sucesos en el universo son no sólo explicables sino también
predecibles. Se había revelado el poder de la ciencia para predecir aspectos
del futuro de forma consistente y cuantitativa.
El estudio científico temprano se centraba en los
tipos de cosas que uno podría ver o experimentar en la vida cotidiana. Galileo
dejó caer pesos desde una torre inclinada (o así dice la leyenda) y observó
bolas que rodaban por superficies inclinadas; Newton estudió manzanas que caían
(o así dice la leyenda) y la órbita de la Luna. El objetivo de estas
investigaciones era acostumbrar al oído científico naciente a las armonías de
la Naturaleza. Por supuesto, la realidad física era la materia de la experiencia,
pero el reto era oír la rima y la razón tras el ritmo y la regularidad. Muchos
héroes cantados y no cantados contribuyeron al rápido e impresionante progreso,
pero fue Newton quien se hizo con el espectáculo. Con un puñado de ecuaciones
matemáticas sintetizó todo lo conocido sobre el movimiento en la Tierra y en
los cielos, y al hacerlo compuso la partitura para lo que ha llegado a
conocerse como física clásica.
En las décadas que siguieron a la obra de Newton,
sus ecuaciones fueron desarrolladas en una elaborada estructura matemática que
ampliaba de forma significativa su alcance y su utilidad práctica. La física
clásica se convirtió poco a poco en una disciplina científica madura y
sofisticada. Pero brillando claramente entre todos estos avances estaba el faro
de las ideas originales de Newton. Incluso hoy, más de trescientos años
después, uno puede ver las ecuaciones de Newton escritas en las pizarras de las
clases de introducción a la física en todo el mundo, impresas en las
trayectorias de las naves espaciales calculadas en los planes de vuelo de la
NASA, e inmersas dentro de los cálculos complejos de la investigación de
vanguardia. Newton incluyó una gran riqueza de fenómenos físicos dentro de una
única herramienta teórica.
Pero mientras formulaba sus leyes de movimiento,
Newton encontró un obstáculo crítico, un obstáculo que es de particular
importancia para nuestra historia (capítulo 2). Todo el mundo sabía que las
cosas podían moverse, pero ¿qué pasaba con el escenario en el que tenía lugar
el movimiento? Bien, eso es el espacio, hubiéramos respondido todos. Pero,
replicaba Newton, ¿qué es el espacio? ¿Es el espacio una entidad física real o
es una idea abstracta nacida de la lucha humana por abarcar el cosmos? Newton comprendió
que había que responder a esta pregunta clave, porque sin adoptar una postura
sobre el significado de espacio y tiempo sus ecuaciones que describen el
movimiento no tendrían sentido. La comprensión requiere contexto; la intuición
debe estar anclada.
Y así, con unas pocas frases breves en sus Principia
Mathematica, Newton articuló una idea del espacio y el tiempo,
declarándolos entidades absolutas e inmutables que proporcionaban al universo
un escenario rígido e invariable. Según Newton, espacio y tiempo proporcionaban
un andamiaje invisible que daba forma y estructura al universo.
No todos estaban de acuerdo. Algunos argumentaban
convincentemente que tenía poco sentido asignar existencia a algo que uno no
puede sentir, captar o ser afectado por ello. Pero el poder explicatorio y
predictivo de las ecuaciones newtonianas acallaba a los críticos. Durante los
doscientos años siguientes, su concepto absoluto del espacio y el tiempo fue un
dogma.
§. La realidad relativista
La visión del mundo newtoniana clásica era gratificante. No sólo describía los
fenómenos naturales con sorprendente exactitud, sino que los detalles de la
descripción, las matemáticas, estaban en buen acuerdo con la experiencia. Si
usted empuja algo, lo acelera. Cuanto más fuerte golpea un balón, mayor es el
impacto cuando éste choca con una pared. Si usted presiona algo, siente que eso
le devuelve la presión. Cuanto más masivo es algo, más fuerte es su atracción
gravitatoria. Éstas están entre las propiedades más básicas del mundo natural,
y cuando uno aprende la herramienta de Newton, las ve representadas en sus
ecuaciones, claras como la luz del día. A diferencia de los galimatías
inescrutables de una bola de cristal, el funcionamiento de las leyes de Newton
estaba a la vista para todos los que tuviesen una mínima formación matemática.
La física clásica proporcionaba una base rigurosa para la intuición humana.
Newton había incluido la fuerza de gravedad en sus
ecuaciones, pero hubo que esperar a la década de 1860 para que el científico
escocés James Clerk Maxwell ampliara la herramienta de la física clásica para
tener en cuenta fuerzas eléctricas y magnéticas. Para hacerlo, Maxwell necesitó
ecuaciones adicionales y unas matemáticas cuya comprensión plena requería un
mayor nivel de formación. Pero sus nuevas ecuaciones fueron tan satisfactorias
para explicar los fenómenos eléctricos y magnéticos como lo fueron las de
Newton para la descripción del movimiento. A finales del siglo XIX era evidente
que los secretos del universo no podían competir con el poder del intelecto
humano.
De hecho, con la incorporación satisfactoria de la
electricidad y el magnetismo hubo una sensación creciente de que la física
teórica pronto estaría completa. La física, sugerían algunos, iba a convertirse
rápidamente en una disciplina acabada y sus leyes pronto estarían grabadas en
piedra. En 1894, el reputado físico experimental Albert Michelson comentaba que
«la mayoría de los grandes principios subyacentes han sido firmemente
establecidos» y citaba a un «eminente científico», muchos creen que era el físico
británico lord Kelvin, que afirmaba que todo lo que quedaba por hacer era
completar detalles en la determinación de algunos números con un mayor número
de cifras decimales. [1] En 1900, el propio Kelvin señaló que «dos nubes» se cernían sobre
el horizonte: una tenía que ver con las propiedades del movimiento de la luz y
la otra con aspectos de la radiación que emiten los objetos cuando se
calientan. [2] Pero la sensación general era que se trataba de meros detalles
que, sin duda, pronto serían abordados.
En menos de una década, todo cambió. Como se había
previsto, los dos problemas que Kelvin había planteado fueron rápidamente
abordados, pero no eran en absoluto menores. Cada uno de ellos inició una
revolución, y cada uno de ellos exigió una reescritura fundamental de las leyes
de la Naturaleza. Los conceptos clásicos de espacio, tiempo y realidad, los que
durante cientos de años no sólo habían funcionado, sino que también habían
expresado de forma concisa nuestra sensación intuitiva del mundo, fueron derrocados.
La revolución de la relatividad, que abordaba la
primera de las «nubes» de Kelvin, data de 1905 y 1915, cuando Albert Einstein
completó sus teorías de la relatividad especial y general (capítulo 3).
Mientras luchaba con enigmas que implicaban a la electricidad, el magnetismo y
el movimiento de la luz, Einstein se dio cuenta de que la idea de Newton de
espacio y tiempo, la piedra angular de la física clásica, era errónea. En el
curso de unas intensas semanas en la primavera de 1905 él determinó que el espacio
y el tiempo no son independientes y absolutos, como Newton había pensado, sino
que están mezclados de una forma que contradice la experiencia común. Unos diez
años más tarde, Einstein clavó un último clavo en el ataúd newtoniano al
reescribir las leyes de la física gravitatoria. Esta vez, Einstein no sólo
demostró que espacio y tiempo son parte de un todo unificado, sino que también
demostró que deformándose y curvándose participan en la evolución cósmica.
Lejos de ser las estructuras rígidas e inmutables imaginadas por Newton,
espacio y tiempo son, en la reformulación de Einstein, flexibles y dinámicos.
Las dos teorías de la relatividad están entre los
logros más preciosos de la Humanidad, y con ellos Einstein derribó la idea de
Newton de la realidad. Aunque la física newtoniana parecía captar
matemáticamente mucho de lo que experimentamos físicamente, la realidad que
describe no es la realidad de nuestro mundo. La nuestra es una realidad
relativista. Pero, debido a que la desviación entre la realidad clásica y la
relativista sólo se manifiesta en condiciones extremas (como extremos de
velocidad y gravedad), la física newtoniana sigue proporcionando una
aproximación que se muestra extraordinariamente precisa y útil en muchas
circunstancias. Pero utilidad y realidad son valores muy diferentes. Como
veremos, aspectos del espacio y tiempo que para muchos de nosotros son una
segunda naturaleza han resultado ser productos de una perspectiva newtoniana
falsa.
§. La realidad cuántica
La segunda anomalía a la que se refería lord Kelvin llevó a la revolución
cuántica, una de las grandes convulsiones a la que se ha visto sometido el
conocimiento humano moderno. Cuando se apagaron los fuegos y se disipó el humo,
el barniz de la física clásica aparecía chamuscado en el marco recién emergente
de la realidad cuántica.
Una característica central de la física clásica es
que si usted conoce las posiciones y velocidades de todos los objetos en un
instante particular, las ecuaciones de Newton, junto con su puesta al día
maxwelliana, pueden decirle cuáles serán sus posiciones y velocidades en
cualquier otro instante, ya sea pasado o futuro. Sin equivocación, la física
clásica declara que el pasado y el futuro están grabados en el presente. Esta
característica es también compartida por la relatividad especial y la general. Aunque
los conceptos relativistas de pasado y futuro son más sutiles que sus
familiares contrapartidas clásicas (capítulos 3 y 5), las ecuaciones de la
relatividad, junto con una evaluación completa del presente, los determinan por
completo.
Sin embargo, en la década de 1930 los físicos se
vieron obligados a introducir todo un nuevo esquema conceptual llamado mecánica
cuántica. De forma completamente inesperada, encontraron que sólo las
leyes cuánticas eran capaces de resolver un montón de rompecabezas y explicar
una gran variedad de datos recién adquiridos procedentes de los átomos y el
reino subatómico. Pero incluso si usted hace las medidas más perfectas posibles
de cómo son hoy las cosas, lo más que puede esperar es predecir la probabilidad de
que las cosas sean de una manera u otra en un instante escogido en el futuro, o
de que las cosas fueron de una manera u otra en algún instante escogido en el
pasado. El universo, según la mecánica cuántica, no está
grabado en el presente; el universo, según la mecánica cuántica, participa en
un juego de azar.
Aunque sigue habiendo controversia sobre cómo
deberían interpretarse exactamente estos desarrollos, la mayoría de los físicos
están de acuerdo en que la probabilidad está profundamente entretejida en el
tejido de la realidad cuántica. Mientras que la intuición humana, y su
encarnación en la física clásica, imagina una realidad en la que las cosas son
siempre decididamente de una manera o de otra, la mecánica cuántica describe
una realidad en la que las cosas a veces se mantienen en un estado confuso entre
ser parcialmente de una manera y parcialmente de otra. Las cosas sólo se hacen
definidas cuando una observación apropiada las obliga a abandonar las
posibilidades cuánticas y asentarse en un resultado específico. Sin embargo, el
resultado que se hace real no puede predecirse: sólo podemos predecir las
probabilidades de que las cosas resulten de una manera o de otra.
Esto, hablando francamente, es muy extraño. No
estamos acostumbrados a una realidad que permanece ambigua hasta que es
percibida. Pero la singularidad de la mecánica cuántica no se detiene aquí. Tan
sorprendente al menos como ésta es una característica que se remonta a un
artículo escrito por Einstein en 1935 con dos colegas más jóvenes, Nathan Rosen
y Boris Podolsky, que pretendía ser un ataque a la teoría cuántica. [3] Con los giros posteriores del progreso científico, el artículo de
Einstein puede considerarse ahora como uno de los primeros en señalar que la
mecánica cuántica, si se toma al pie de la letra, implica que algo que uno
observa aquí puede estar instantáneamente ligado a algo que
está sucediendo allí, independientemente de la distancia. Einstein consideraba
absurdas tales conexiones instantáneas e interpretaba su emergencia de las
matemáticas de la teoría cuántica como una prueba de que la teoría necesitaba mucho
desarrollo antes de que alcanzase una forma aceptable. Pero en la década de
1980, cuando tanto los desarrollos teóricos como los tecnológicos permitieron
someter a escrutinio experimental a estos supuestos absurdos cuánticos, los
investigadores confirmaron que puede haber un vínculo instantáneo entre lo que
sucede en lugares ampliamente separados. En condiciones de laboratorio
prístinas, lo que Einstein consideraba absurdo sucede realmente (capítulo 4).
Las implicaciones de estas características de la
mecánica cuántica para nuestra imagen de la realidad son tema de investigación
en curso. Muchos científicos, yo mismo incluido, las ven como parte de una
radical puesta al día cuántica del significado y las propiedades del espacio.
Normalmente, la separación espacial implica independencia física. Si usted
quiere controlar lo que está sucediendo en el otro lado de un campo de fútbol,
tiene que ir allí, o, como mínimo, tiene que enviar a alguien o algo (el ayudante
del entrenador, moléculas de aire que transmiten el habla, un destello de luz
para llamar la atención de alguien, etc.) que cruce el campo para transmitir su
influencia. Si no lo hace, si se queda espacialmente aislado, usted no tendrá
ningún impacto, puesto que el espacio interpuesto asegura la ausencia de una
conexión física. La mecánica cuántica desafía esta visión revelando, al menos
en ciertas circunstancias, una capacidad para trascender el espacio; las
conexiones cuánticas de largo alcance pueden puentear la separación espacial.
Dos objetos pueden estar muy alejados en el espacio, pero por lo que concierne
a la mecánica cuántica es como si fueran una única entidad. Además, debido al
rígido vínculo entre espacio y tiempo encontrado por Einstein, las conexiones
cuánticas también tienen tentáculos temporales. Pronto veremos algunos
experimentos ingeniosos y realmente maravillosos que han explorado
recientemente varias de las sorprendentes interconexiones espaciotemporales
implicadas por la mecánica cuántica y que, como veremos, desafían fuertemente
la visión del mundo clásica e intuitiva que muchos de nosotros mantenemos.
A pesar de estas ideas impresionantes, sigue
habiendo una característica muy básica del tiempo, que parece tener una
dirección que apunta del pasado al futuro, para la que ni la relatividad ni la
mecánica cuántica han ofrecido una explicación. En su lugar, el único progreso
convincente ha venido de la investigación en un área de la física llamada cosmología.
§. La realidad cosmológica
Abrir nuestros ojos a la verdadera naturaleza del universo ha sido siempre uno
de los objetivos fundamentales de la física. Es difícil imaginar una
experiencia más reveladora que aprender, como hemos hecho durante el último
siglo, que la realidad que experimentamos es tan sólo un pálido reflejo de la
realidad que es. Pero la física tiene también el encargo igualmente importante
de explicar los elementos de realidad que de verdad experimentamos. De nuestro
rápido paseo a través de la historia de la física podría parecer que esto ya se
ha conseguido, que la experiencia ordinaria es explicada por los avances
científicos previos al siglo XX. En cierta medida, esto es cierto. Pero incluso
cuando se trata de lo cotidiano, estamos lejos de una comprensión completa. Y
entre las características de la experiencia común que se han resistido a una
explicación completa hay una que incide en uno de los más profundos misterios
no resueltos de la física moderna: el misterio que el gran físico británico sir
Arthur Eddington llamó la flecha del tiempo. [4]
Damos por supuesto que hay una dirección en la
forma en que las cosas se despliegan en el tiempo. Los huevos se rompen, pero
no se desrompen; las velas se consumen, pero no se recomponen; los recuerdos
son del pasado, pero nunca del futuro; las personas envejecen, pero no
rejuvenecen. Estas asimetrías gobiernan nuestras vidas; la distinción entre
hacia delante y hacia atrás en el tiempo es un elemento dominante de la
realidad de la experiencia. Si hacia delante y hacia atrás en el tiempo
mostrasen la misma simetría que vemos entre izquierda y derecha, o delante y
detrás, el mundo sería irreconocible. Los huevos se desromperían con tanta
frecuencia como se rompían; las velas se reharían con tanta frecuencia como se
consumían; recordaríamos tanto del futuro como del pasado; las personas
rejuvenecerían con tanta frecuencia como envejecían. Ciertamente, semejante
realidad con simetría temporal no es nuestra realidad. Pero ¿de dónde procede
esta asimetría temporal? ¿Qué es responsable de la más básica de las propiedades
del tiempo?
El caso es que las leyes de la física aceptadas y
conocidas no muestran tal asimetría (capítulo 6); cada dirección del tiempo,
hacia delante y hacia atrás es tratada por las leyes sin distinción. Y
ése es el origen de un enorme interrogante. Nada en las ecuaciones de
la física fundamental muestra ningún indicio de tratar una dirección del tiempo
de forma diferente de la otra, y eso está en total contradicción con todo lo
que experimentamos. [5]
Sorprendentemente, incluso si nos estamos centrando
en una característica familiar de la vida cotidiana, la resolución más
convincente de este desajuste entre la física fundamental y la experiencia
básica requiere que contemplemos el menos familiar de los sucesos: el comienzo
del universo. Esta comprensión tiene sus raíces en la obra del gran físico del
siglo XIX Ludwig Boltzmann, y en los años transcurridos desde entonces ha sido
desarrollada por muchos investigadores, muy especialmente el matemático británico
Roger Penrose. Como veremos, condiciones físicas especiales en el nacimiento
del universo (un entorno altamente ordenado en o inmediatamente después
del big bang) pueden haber impreso una dirección en el tiempo, algo
parecido a dar cuerda a un reloj retorciendo su muelle hasta un estado inicial
altamente ordenado, lo que le permite ponerse en marcha. Así, en un sentido que
haremos preciso, la ruptura, en oposición a la recomposición, de un huevo
guarda testimonio de las condiciones en el nacimiento del universo hace unos
14.000 millones de años.
Este vínculo inesperado entre la experiencia
cotidiana y el universo primitivo proporciona una idea de por qué los sucesos
se desarrollan en una dirección del tiempo y nunca en la inversa, pero no
resuelve por completo el misterio de la flecha del tiempo. En su lugar,
desplaza el enigma al ámbito de la cosmología, el estudio del
origen y evolución del cosmos entero, y nos obliga a descubrir si el universo
tuvo realmente el comienzo altamente ordenado que requiere esta explicación de
la flecha del tiempo.
La cosmología es una de las disciplinas más
antiguas en cautivar a nuestra especie. Y eso no es extraño. Somos contadores
de historias, y ¿qué historia puede ser más grande que la historia de la
creación? Durante los últimos milenios, las tradiciones filosóficas y
religiosas en todo el mundo han ofrecido muchas versiones de cómo empezaron
todas las cosas, es decir, cómo empezó el universo. También la ciencia, durante
su larga historia, ha hecho pruebas en cosmología. Pero fue el descubrimiento
de Einstein de la relatividad general el que marcó el nacimiento de la
cosmología científica moderna.
Muy poco después de que Einstein publicara su
teoría de la relatividad general, él y otros la aplicaron al universo como un
todo. En pocas décadas, su investigación llevó a la herramienta tentativa para
lo que ahora se denomina la teoría del big bang, una
aproximación que explicaba satisfactoriamente muchas características de las
observaciones astronómicas (capítulo 8). A mediados de la década de 1960 se
acumuló evidencia en apoyo de la cosmología del big bang, a
medida que las observaciones revelaban un brillo casi uniforme de radiación de
microondas que llena el espacio, invisible a simple vista pero fácilmente
medido por detectores de microondas, que estaba predicho por la teoría. Y
ciertamente en la década de 1970, tras una década de examen más detallado y
progreso sustancial en la determinación de cómo responden los ingredientes
básicos del cosmos a cambios extremos en calor y temperatura, la teoría
del big bang se aseguró su lugar como teoría cosmológica
dominante (capítulo 9).
A pesar de sus éxitos, no obstante, la teoría tuvo
reveses importantes. Tenía problemas para explicar por qué el espacio tiene la
forma global revelada por observaciones astronómicas detalladas, y no ofrecía
ninguna explicación de por qué la temperatura de la radiación de microondas,
intensamente estudiada desde su descubrimiento, aparece completamente uniforme
en el cielo. Además, lo que es de interés fundamental para la historia que
estamos contando, la teoría del big bang no ofrecía ninguna
razón convincente de por qué el universo podría haber estado altamente ordenado
casi en el mismo principio, como requería la explicación para la flecha del
tiempo.
Estas y otras cuestiones abiertas inspiraron un
avance fundamental a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980,
conocido como cosmología inflacionaria (capítulo 10). La
cosmología inflacionaria modifica la teoría del big bang insertando
un estallido extraordinariamente breve de expansión sorprendentemente rápida
durante los primeros momentos del universo (en este enfoque, el tamaño del
universo aumentó en un factor mayor de un billón de trillones en menos de una
billonésima de trillonésima de segundo). Como quedará claro, este tremendo
crecimiento del universo joven hace mucho para llenar los huecos que deja el
modelo del big bang, explicar la forma del espacio y la uniformidad
de la radiación de microondas, y también sugerir por qué el universo primitivo
podría haber estado altamente ordenado, proporcionando así un avance importante
hacia la explicación de las observaciones astronómicas y la flecha del tiempo
que todos experimentamos (capítulo 11).
Pero a pesar de estos éxitos crecientes, durante
dos décadas la cosmología inflacionaria ha estado ocultando su propio secreto
embarazoso. Como la teoría del big bang estándar a la que
modificó, la cosmología inflacionaria descansa en las ecuaciones que Einstein
descubrió con su teoría de la relatividad general. Aunque volúmenes de
artículos de investigación atestiguan la potencia de las ecuaciones de Einstein
para describir con precisión objetos grandes y masivos, los físicos sabían que
un análisis teórico preciso de objetos pequeños, tales como el universo
observable cuando sólo tenía una edad de una fracción de segundo, requiere el
uso de la mecánica cuántica. El problema, no obstante, es que cuando las
ecuaciones de la relatividad general se combinan con las de la mecánica
cuántica, el resultado es desastroso. Las ecuaciones fracasan por completo, y
esto nos impide determinar cómo nació el universo y si en su nacimiento
satisfacía las condiciones necesarias para explicar la flecha del tiempo.
No es exagerado describir esta situación como una
pesadilla para el teórico: la ausencia de herramientas matemáticas con las que
analizar un dominio vital que yace más allá de la accesibilidad experimental. Y
puesto que espacio y tiempo están tan completamente entretejidos en este
dominio inaccesible particular, el origen del universo, entender completamente
el espacio y el tiempo requiere que encontremos ecuaciones que puedan tratar
las condiciones extremas de enormes densidad, energía y temperatura características
de los primeros momentos del universo. Éste es un objetivo absolutamente
esencial, y un objetivo que, en opinión de muchos físicos, requiere desarrollar
lo que se denomina una teoría unificada.
§. La realidad unificada
Durante los últimos siglos, los físicos han tratado de consolidar nuestra
comprensión del mundo natural demostrando que fenómenos diversos y
aparentemente distintos están gobernados en realidad por un único conjunto de
leyes físicas. Para Einstein, este objetivo de unificación, de explicar el
conjunto más amplio de fenómenos con los mínimos principios físicos, se
convirtió en la pasión de su vida. Con sus dos teorías de la relatividad,
Einstein unificó espacio, tiempo y gravedad. Pero este éxito sólo le animó a
pensar en algo más grande. Soñó con encontrar una herramienta única y general
capaz de abarcar todas las leyes de la Naturaleza. Llamó a esa herramienta una
teoría unificada. Aunque de vez en cuando corrieron rumores de que Einstein
había encontrado una teoría unificada, todas esas afirmaciones resultaron
carecer de base; el sueño de Einstein quedó insatisfecho.
La fijación de Einstein en una teoría unificada
durante sus últimos treinta años de vida le distanció de la corriente principal
de la física. Muchos científicos más jóvenes pensaban que su búsqueda tenaz de
la más grande de todas las teorías eran desvaríos de un gran hombre que, en sus
últimos años, había tomado un camino equivocado. Pero en las décadas
transcurridas desde la muerte de Einstein, un número creciente de físicos han
asumido su búsqueda inacabada. Hoy, desarrollar una teoría unificada figura entre
los problemas más importantes de la física teórica.
Durante muchos años, los físicos encontraron que el
mayor obstáculo para hacer realidad una teoría unificada era el conflicto
fundamental entre los dos mayores avances de la física del siglo XX: la
relatividad general y la mecánica cuántica. Aunque estas dos herramientas se
aplican normalmente en dominios muy diferentes, la relatividad general a las
cosas grandes como estrellas y planetas, y la mecánica cuántica a cosas
pequeñas como moléculas y átomos, cada teoría pretende ser universal y trabajar
en todos los dominios. Sin embargo, como se mencionó antes, cuando quiera que
la teorías se utilizan conjuntamente, sus ecuaciones combinadas generan
respuestas absurdas. Por ejemplo, cuando se utiliza la mecánica cuántica con la
relatividad general para calcular la probabilidad de que tenga lugar un proceso
u otro en el que intervendrá la gravedad, la respuesta que se suele encontrar
no es algo como una probabilidad del 24 por 100 o el 63 por 100 o el 91 por
100; en su lugar, de las matemáticas combinadas surge una probabilidad infinita. Esto
no significa una probabilidad tan alta que usted debería apostar todo su dinero
a ella porque es un chollo. Las probabilidades mayores que el 100 por 100 no
tienen significado. Los cálculos que dan una probabilidad infinita muestran
simplemente que las ecuaciones combinadas de la relatividad general y la
mecánica cuántica han perdido el sentido. Los científicos han sido conscientes
de la tensión entre relatividad general y mecánica cuántica durante más de
medio siglo, pero durante mucho tiempo sólo unos pocos relativamente se
sintieron obligados a buscar una solución. La mayoría de los investigadores
utilizaban la relatividad general solamente para analizar objetos grandes y
masivos, mientras reservaban la mecánica cuántica solamente para analizar
objetos pequeños y ligeros, manteniendo ambas teorías a una distancia segura
una de otra de modo que su hostilidad mutua no se manifestara. Durante años,
esta aproximación ha permitido avances espectaculares en nuestra comprensión de
cada dominio, pero no dio una paz duradera.
Unos pocos dominios, situaciones físicas extremas
que son a la vez masivas y minúsculas, caen directamente en la zona
desmilitarizada, requiriendo que se utilicen simultáneamente la relatividad
general y la mecánica cuántica. El centro de un agujero negro, en el que una
estrella entera ha sido comprimida por su propio peso en un punto minúsculo, y
el big bang, en el que se supone que todo el universo
observable ha sido comprimido en una pepita mucho más pequeña que un simple
átomo, ofrecen los dos ejemplos más familiares. Sin una unión satisfactoria
entre relatividad general y mecánica cuántica, el final de las estrellas que
colapsan y el origen del universo seguirían siendo misteriosos para siempre.
Muchos científicos estaban dispuestos a dejar de lado estos dominios, o al
menos a no reflexionar sobre ellos hasta que se hubieran superado otros
problemas más tratables.
Pero algunos investigadores no podían esperar. Un
conflicto en las leyes de la física conocidas significa un fallo para entender
una verdad profunda y eso era suficiente para impedir el descanso de estos
científicos. Quienes se sumieron en ello, sin embargo, encontraron las aguas
profundas y las comentes rápidas. Durante largos períodos de tiempo, la
investigación hizo pequeños progresos; las cosas parecían poco prometedoras.
Incluso así, la tenacidad de aquellos que tuvieron la determinación de permanecer
en la carrera y mantener vivo el sueño de unir la relatividad general y la
mecánica cuántica está siendo recompensada. Los científicos están ahora
recorriendo caminos desbrozados por aquellos exploradores y acercándose a una
fusión armoniosa de las leyes de lo grande y lo pequeño. Muchos coinciden en
que la mejor candidata para ello es una aproximación conocida como la teoría
de supercuerdas (capítulo 12).
Como veremos, la teoría de supercuerdas empieza
proponiendo una respuesta nueva a una pregunta antigua: ¿cuáles son los
constituyentes más pequeños e indivisibles de la materia? Durante muchas
décadas, la respuesta convencional ha sido que la materia está compuesta de
partículas, electrones y quarks, que pueden ser modeladas como puntos que son
indivisibles y que no tienen tamaño ni estructura interna. La teoría
convencional afirma, y los experimentos confirman, que estas partículas se
combinan de diversas maneras para dar protones, neutrones, y la amplia variedad
de átomos y moléculas que forman todo lo que siempre hemos encontrado. La
teoría de supercuerdas cuenta una historia diferente. No niega el papel clave
desempeñado por electrones, quarks y las otras especies de partículas reveladas
por el experimento, pero afirma que estas partículas no son puntos. En lugar de
ello, según la teoría de supercuerdas, cada partícula está compuesta de un
minúsculo filamento de energía, unos cien trillones de veces más pequeños que
un simple núcleo atómico (un tamaño mucho más pequeño que lo que actualmente
podemos sondear), que tiene la forma de una pequeña cuerda. E igual que una
cuerda de violín puede vibrar con pautas diferentes, cada una de las cuales
produce un tono musical diferente, los filamentos de la teoría de supercuerdas
también pueden vibrar con pautas diferentes. Estas vibraciones, sin embargo, no
producen notas musicales diferentes; lo que la teoría afirma, y esto es
extraordinario, es que producen diferentes propiedades de partículas. Una
cuerda minúscula que vibra con una pauta tendría la masa y la carga eléctrica
de un electrón; según la teoría, semejante cuerda vibrante podría ser lo que
tradicionalmente hemos llamado un electrón. Una cuerda minúscula que vibra con
una pauta diferente tendría las propiedades exigidas para identificarla como un
quark, un neutrón o cualquier otro tipo de partícula. Todas las especies de
partículas están unificadas en la teoría de supercuerdas puesto que cada una
aparece de una pauta vibratoria diferente ejecutada por la misma entidad
subyacente.
Podría parecer que ir de puntos a
cuerdas-tan-pequeñas-que-parecen puntos no es un cambio de perspectiva
terriblemente importante. Pero lo es. A partir de estos comienzos humildes, la
teoría de supercuerdas combina la relatividad general y la mecánica cuántica en
una teoría única y consistente, eliminando las probabilidades perniciosamente
infinitas que afligen a las uniones intentadas previamente. Y por si eso no
fuera suficiente, la teoría de supercuerdas ha revelado la anchura necesaria
para hilvanar todas las fuerzas de la Naturaleza y toda la materia en el mismo
tapiz teórico. En resumen, la teoría de supercuerdas es un candidato
fundamental para la teoría unificada de Einstein.
Éstas son grandes afirmaciones y, si son correctas,
representan un paso adelante trascendental. Pero la característica más
sorprendente de la teoría de supercuerdas, una que no dudo que haría latir con
fuerza el corazón de Einstein, es su profundo impacto en nuestra comprensión
del tejido del cosmos. Como veremos, la fusión que propone la teoría de
supercuerdas entre la relatividad general y la mecánica cuántica sólo es
razonable matemáticamente si sometemos nuestra idea de espaciotiempo a otro
cambio. En lugar de las tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal de
la experiencia común, la teoría de supercuerdas requiere nueve dimensiones
espaciales y una dimensión temporal. Y, en una encarnación más robusta de la
teoría de supercuerdas conocida como teoría M, la unificación
requiere diez dimensiones espaciales y una dimensión temporal,
un substrato cósmico compuesto de un total de once dimensiones
espaciotemporales. Puesto que no vemos estas dimensiones extras, la teoría de
supercuerdas nos está diciendo que hasta ahora sólo hemos atisbado una
magra rebanada de realidad.
Por supuesto, la falta de evidencia observacional
de dimensiones extras también podría significar que no existen y que la teoría
de supercuerdas es errónea. Sin embargo, sacar esta conclusión sería
extraordinariamente apresurado. Incluso décadas antes del descubrimiento de la
teoría de supercuerdas, científicos visionarios, incluyendo a Einstein,
sopesaron la idea de dimensiones espaciales más allá de las que vemos, y
sugirieron dónde podrían estar ocultas. Los teóricos de cuerdas han refinado
sustancialmente estas ideas y han encontrado que las dimensiones extras podrían
estar tan apretadamente estrujadas que son demasiado pequeñas para que las
veamos nosotros o cualquiera de nuestros aparatos actuales (capítulo 12), o
podrían ser grandes pero invisibles para la forma en que sondeamos el universo
(capítulo 13). Cualquiera de estos escenarios tiene profundas implicaciones.
Mediante su impacto en las vibraciones de las cuerdas, las formas geométricas
de dimensiones minúsculas apretadas podrían tener respuestas para algunas de
las preguntas más básicas, tales como por qué nuestro universo tiene estrellas
y planetas. Y el lugar que ofrecen grandes dimensiones espaciales extras podría
permitir algo aún más extraordinario: otros mundos vecinos, no vecinos en el espacio
ordinario sino vecinos en las dimensiones extra, de los que hasta ahora hemos
sido completamente inconscientes.
Aunque es una idea atrevida, la existencia de
dimensiones extras no es simplemente un castillo en el aire. Puede ser
verificable dentro de poco. Si existen, las dimensiones extras pueden llevar a
resultados experimentales en la siguiente generación de colisionadores de
átomos, como serían la primera síntesis humana de un agujero negro microscópico
o la producción de una enorme variedad de nuevas especies de partículas nunca
antes descubiertas (capítulo 13). Estos y otros resultados exóticos pueden
ofrecer la primera evidencia de dimensiones más allá de las directamente
visibles, que nos llevan un paso más cerca de establecer la teoría de
supercuerdas como la teoría unificada largo tiempo buscada.
Si la teoría de supercuerdas se prueba correcta
estaremos obligados a aceptar que la realidad que hemos conocido es tan sólo
una gasa delicada que cubre el tejido cósmico grueso y de rica textura. A pesar
de la declaración de Camus, determinar el número de dimensiones espaciales, y,
en particular, descubrir que no hay sólo tres, proporcionaría mucho más que un
interesante detalle científico pero en definitiva intrascendente. El
descubrimiento de dimensiones extras mostraría que la totalidad de la experiencia
humana nos había dejado completamente ignorantes de un aspecto básico y
esencial del universo. Afirmaría que incluso estas características del cosmos
que hemos pensado que son fácilmente accesibles a los sentidos humanos no
tienen por qué serlo.
§. Realidad pasada y realidad futura
Con el desarrollo de la teoría de supercuerdas los investigadores se sienten
optimistas porque finalmente tenemos una herramienta que no fallará en ninguna
circunstancia, por extrema que sea, permitiéndonos un día escudriñar con
nuestras ecuaciones y aprender cómo eran las cosas en el mismo momento en que
se puso en marcha el universo tal como lo conocemos. Hasta la fecha, nadie ha
alcanzado la destreza suficiente con la teoría para aplicarla inequívocamente
al big bang, pero comprender la cosmología según la teoría de
supercuerdas se ha convertido en una de las máximas prioridades de la
investigación actual. Durante los últimos años, intensos programas de
investigación en cosmología de supercuerdas en todo el mundo han dejado nuevos
marcos cosmológicos (capítulo 13), han sugerido nuevas maneras de poner a
prueba la teoría de supercuerdas utilizando observaciones astrofísicas
(capítulo 14), y han proporcionado algunas de las primeras ideas sobre el papel
que puede desempeñar la teoría para entender la flecha del tiempo.
La flecha del tiempo, a través del papel
definitorio que desempeña en la vida cotidiana y su íntimo vínculo con el
origen del universo, yace en un umbral singular entre la realidad que
experimentamos y la realidad más refinada que la ciencia de vanguardia trata de
desvelar. Como tal, la cuestión de la flecha del tiempo ofrece un hilo común
que corre a lo largo de muchos de los desarrollos que discutiremos, y este hilo
aflorará repetidamente en los capítulos que siguen. Esto es adecuado. De los
muchos factores que configuran nuestras vidas, el tiempo está entre los más
dominantes. A medida que sigamos ganando facilidad con la teoría de
supercuerdas y su extensión, la teoría M, nuestras ideas cosmológicas se harán
más profundas, y arrojarán una luz más precisa sobre el origen del tiempo y su
flecha. Si dejamos volar a nuestra imaginación, podemos incluso concebir que la
profundidad de nuestra comprensión nos permitirá un día navegar en el
espaciotiempo y con ello explorar dominios que, hasta este momento de nuestra
experiencia, permanecen mucho más allá de lo que podemos acceder (capítulo 15).
Por supuesto, es extraordinariamente poco probable
que alguna vez consigamos ese poder. Pero incluso si nunca alcanzamos esa
capacidad de controlar el espacio y el tiempo, una comprensión profunda
confiere su propia autoridad. Nuestra comprensión de la verdadera naturaleza
del espacio y el tiempo sería un testimonio de la capacidad del intelecto
humano. Finalmente llegaríamos a conocer el espacio y el tiempo, los
silenciosos y siempre presentes marcadores que delimitan las más remotas
fronteras de la experiencia humana.
§. La mayoría de edad del espacio y el tiempo
Cuando hace muchos años pasé la última página de El mito de Sísifo estaba
sorprendido por la sensación general de optimismo que se desprendía del texto.
Después de todo, un hombre condenado a empujar una roca hasta la cima de una
colina con el pleno conocimiento que volverá a rodar hasta abajo, obligándole a
empujar de nuevo, no es el tipo de historia que uno espera que tenga un final
feliz. Pero Camus encontraba mucha esperanza en la capacidad de Sísifo para ejercer
su libre albedrío, para enfrentarse a innumerables obstáculos, y para afirmar
su decisión de sobrevivir incluso estando condenado a una tarea absurda dentro
de un universo indiferente. Renunciando a todo lo que hay más allá de la
experiencia inmediata, y dejando de buscar cualquier tipo de comprensión más
profunda o de sentido más profundo, argumentaba Camus, Sísifo triunfa.
Me conmovió la capacidad de Camus para discernir
esperanza donde la mayoría de los demás sólo vería desesperación. Pero cuando
era adolescente, y aún más en las décadas posteriores, yo encontré que no podía
aceptar la afirmación de Camus de que una comprensión más profunda del universo
no haría la vida más rica o más valiosa. Mientras Sísifo era el héroe de Camus,
los más grandes de los científicos, Newton, Einstein, Niels Bohr y Richard
Feynman, se convirtieron en los míos. Y cuando leí la descripción que hacía
Feynman de una rosa, donde explicaba que él podía sentir la fragancia y la
belleza de la flor tan bien como cualquiera, pero que su conocimiento de la
física enriquecía enormemente la experiencia porque también podía incluir la
maravilla y magnificencia de los procesos subatómicos, atómicos y moleculares
subyacentes, quedé enganchado para siempre. Quería lo que Feynman describía:
valorar la vida y experimentar el universo en todos los niveles posibles, no
sólo en aquellos que han resultado ser accesibles a nuestros frágiles sentidos
humanos. La búsqueda de la comprensión más profunda del cosmos se convirtió en
la pasión de mi vida.
Como físico profesional, hace tiempo que he
comprendido que había mucha ingenuidad en mi encaprichamiento con la física en
el instituto. Los físicos no pasan sus días de trabajo en general contemplando
flores en un estado de sobrecogimiento cósmico. En lugar de ello, dedicamos
mucho de nuestro tiempo a bregar con ecuaciones matemáticas complicadas
garabateadas en pizarras repletas. El avance puede ser lento. Ideas
prometedoras llevan, en la mayoría de los casos, a ninguna parte. Así es la
naturaleza del progreso científico. Pese a todo, incluso durante períodos de
progresos mínimos, he descubierto que el esfuerzo dedicado a devanarme los
sesos y calcular sólo me hace sentirme en más íntima conexión con el cosmos. He
descubierto que uno puede conocer el universo no sólo resolviendo sus misterios
sino también sumergiéndose en ellos. Las respuestas son grandes. Las respuestas
confirmadas por los experimentos son aún más grandes. Pero incluso las
respuestas que en última instancia se muestran erróneas representan el
resultado de un compromiso profundo con el cosmos, un compromiso que arroja una
luz intensa sobre las preguntas, y con ello sobre el propio universo. Incluso
cuando la roca asociada con una exploración científica concreta rueda hasta
abajo, aprendemos algo y nuestra experiencia del cosmos se enriquece.
Por supuesto, la historia de la ciencia revela que
la roca de nuestra indagación científica colectiva, con contribuciones de
innumerables científicos de todos los continentes y en todos los siglos, no
rueda montaña abajo. A diferencia de Sísifo, no empezamos desde cero. Cada
generación recoge de las anteriores, presta homenaje a la creatividad,
intuición y trabajo duro de sus predecesoras y los lleva un poco más lejos.
Nuevas teorías y medidas más refinadas son la marca del progreso científico, y
dicho progreso construye sobre lo que vino antes, sin borrar la pizarra casi
nunca. Puesto que es así, nuestra tarea no es absurda ni estéril. Empujando la
roca montaña arriba emprendemos la más exquisita y noble de las tareas:
desvelar este lugar que llamamos hogar, revelar las maravillas que descubrimos
y pasar nuestro conocimiento a los que nos siguen.
Para una especie que, para escalas de tiempo
cósmicas, apenas ha aprendido a caminar derecho, los desafíos son tremendos.
Pese a todo, durante los trescientos últimos años, a medida que hemos avanzado
desde la realidad clásica a la relativista y luego a la realidad cuántica, y
hemos pasado ahora a exploraciones de la realidad unificada, nuestras mentes e
instrumentos han barrido la gran extensión de espacio y tiempo, llevándonos más
cerca que nunca de un mundo que se ha mostrado como un hábil maestro del disfraz.
Y a medida que hemos continuado desenmascarando lentamente el cosmos, hemos
ganado la intimidad que sólo viene cuando nos acercamos a la claridad de la
verdad. Las exploraciones tienen mucho por recorrer, pero para muchos parece
que nuestra especie está llegando finalmente al fin de la infancia.
Por supuesto, hace tiempo que se está gestando
nuestra mayoría de edad aquí, en las afueras de la Vía Láctea. [6] De una forma u otra, hemos estado explorando nuestro mundo y
contemplando el cosmos durante miles de años. Pero durante la mayor parte de
ese tiempo sólo hemos hecho breves incursiones en lo desconocido, volviendo a
casa cada vez algo más sabios pero básicamente sin cambios. Se requiere el
desparpajo de un Newton para plantar la bandera de la indagación científica
moderna y no volver atrás. Desde entonces hemos llegado cada vez más alto. Y
todos nuestros viajes empezaron con una simple pregunta.
¿Qué es el espacio?
Capítulo 2
El universo y el cubo
¿Es el espacio una abstracción humana o una entidad física?
Contenido:
§. Relatividad antes de Einstein
§. El cubo
§. Space Jam
§. Mach y el significado del espacio
§. Mach, el movimiento y las estrellas
§. Mach frente a Newton
No es muy corriente que un cubo de agua sea el
protagonista en un debate de trescientos años de duración. Pero un cubo que
perteneció a sir Isaac Newton no es un cubo cualquiera, y un pequeño
experimento que él describió en 1689 ha tenido una profunda influencia sobre
algunos de los más grandes físicos del mundo desde entonces. El experimento es
éste: tome un cubo lleno de agua, cuélguelo de una cuerda, retuerza la cuerda
con fuerza de modo que esté lista para desenroscarse, y suéltela. Al principio,
el cubo empieza a girar pero el agua en su interior permanece en reposo; la
superficie del agua permanece clara y plana. A medida que el cubo toma
velocidad, su movimiento se comunica poco a poco al agua por fricción, y el
agua empieza a girar también. Cuando lo hace, la superficie del agua toma una
forma cóncava, más alta en el borde y más baja en el centro, como en la figura
2.1.
Ése es el experimento, no es algo que haga que el
corazón se acelere. Pero un poco de reflexión mostrará que este cubo de agua en
rotación es extraordinariamente enigmático. Y comprenderlo, algo que todavía no
hemos hecho al cabo de tres siglos, figura entre los pasos más importantes
hacia la comprensión de la estructura del universo. Entender por qué necesitará
cierta base, pero bien vale la pena el esfuerzo.
Figura 2.1. La superficie del agua empieza plana y continúa así cuando el
cubo comienza a girar. Posteriormente, cuando el agua también empieza a girar,
su superficie se hace cóncava, y sigue cóncava mientras el agua gira, incluso
cuando el cubo se frena y se detiene.
§. Relatividad antes de Einstein
«Relatividad» es una palabra que asociamos con Einstein, pero el concepto se
remonta mucho más atrás. Galileo, Newton y muchos otros eran perfectamente
conscientes de que la velocidad, la rapidez y dirección del movimiento de un
objeto, es relativa. En términos modernos, desde el punto de vista del bateador
una bola rápida bien lanzada podría estar acercándose a 150 kilómetros por
hora. Desde el punto de vista de la bola es el bateador el que se está
aproximando a 150 kilómetros por hora. Las dos descripciones son exactas; se
trata simplemente de una cuestión de perspectiva. El movimiento tiene
significado sólo en un sentido relacional: la velocidad de un objeto sólo puede
especificarse con relación a la de otro objeto. Usted probablemente lo ha
experimentado. Cuando el tren en el que se encuentra está al lado de otro y
usted ve el movimiento relativo, no puede decir inmediatamente qué tren se está
moviendo realmente sobre la vía. Galileo describió este efecto utilizando
el medio de transporte de su época, los barcos.
Dejemos caer una moneda en un barco que se mueve uniformemente, decía Galileo,
y caerá en nuestros pies como lo haría en tierra firme. Desde su perspectiva,
usted está justificado para declarar que está en reposo y es el agua la que
pasa rozando el casco del barco. Y puesto que desde este punto de vista usted
no se está moviendo, el movimiento de la moneda con respecto a su pie será
exactamente el que habría sido antes de que usted se embarcara.
Por supuesto, hay circunstancias en las que su
movimiento parece intrínseco, cuando usted puede sentirlo y parece capaz de
afirmar, sin recurrir a comparaciones externas, que usted se está moviendo
decididamente. Esto es lo que sucede con el movimiento acelerado, movimiento en
el que cambia su velocidad y/o su dirección. Si el barco en el que se encuentra
se inclina repentinamente a un lado u otro, o se frena o acelera, o cambia de
dirección dando un giro, o queda atrapado en un remolino y da vueltas y vueltas,
usted sabe que se está moviendo, y se da cuenta de esto sin mirar afuera y
comparar su movimiento con algún punto de referencia escogido. Incluso si sus
ojos están cerrados, usted sabe que se está moviendo porque lo siente. Así
pues, mientras que usted no puede sentir el movimiento con celeridad constante
que se dirige en una trayectoria invariable en línea recta, movimiento
convelocidad constante, se denomina, usted sí puede sentir cambios en
su velocidad.
Pero si piensa en ello un momento, hay algo extraño
en esto. ¿Qué hay en los cambios en velocidad que les permite por sí solos
tener un significado intrínseco? Si la velocidad es algo que tiene sentido sólo
por comparación, diciendo que esto se está moviendo con respecto a aquello,
¿cómo es que los cambios en velocidad son de algún modo diferentes y no
requieren también comparaciones para darles significado? De hecho, ¿es cierto
realmente que no requieran hacer una comparación? ¿No cabe la posibilidad de que
haya una comparación implícita u oculta que realmente actúa cada vez que
experimentamos o nos referimos a un movimiento acelerado? Ésta es una pregunta
fundamental hacia la que nos encaminamos porque, quizá sorprendentemente,
afecta a las cuestiones más profundas que rodean el significado de espacio y
tiempo.
Las ideas de Galileo sobre el movimiento, y muy
especialmente su afirmación de que la Tierra misma se mueve, la costaron la ira
de la Inquisición. Un Descartes más cauto, en sus Principia
Philosophiae, trató de evitar un destino similar y expresó su idea del
movimiento en un marco equivocado que no pudo resistir el riguroso examen a que
la sometió Newton unos treinta años más tarde. Descartes hablaba de objetos que
manifestaban una resistencia a los cambios en su estado de movimiento: algo que
está en reposo permanecerá en reposo a menos que alguien o algo le obligue a
moverse; algo que se está moviendo en línea recta a velocidad constante
mantendrá ese movimiento hasta que alguien o algo le obligue a cambiar.
Pero ¿qué, preguntaba Newton, significan realmente
estas nociones de «reposo» o «línea recta a velocidad constante»? ¿Reposo o
velocidad constante con respecto a qué? ¿Reposo o velocidad constante desde qué
punto de vista? Si la velocidad no es constante, ¿con respecto a qué o desde
qué punto de vista no es constante? Descartes discutió correctamente aspectos
del significado de movimiento, pero Newton comprendió que dejaba sin responder
preguntas clave.
Newton, un hombre tan impulsado por la búsqueda de
la verdad que en cierta ocasión introdujo una aguja roma entre su ojo y la
cuenca ósea para estudiar la anatomía ocular y, más tarde como maestro de la
Moneda, impuso el más duro de los castigos a los monederos falsos, enviando a
más de un centenar a la horca, no toleraba el razonamiento falso o incompleto.
De modo que decidió dejar las cosas claras. Esto le llevó a introducir el cubo.[7]
§. El cubo
Cuando dejamos el cubo, tanto éste como el agua en su interior estaban girando,
con la superficie del agua formando una forma cóncava. La cuestión que
planteaba Newton es ¿por qué la superficie del agua adopta esta forma?
Bien, porque está girando, dice usted, y de la
misma manera que nos sentimos empujados contra el costado de un automóvil
cuando toma una curva cerrada, el agua se aprieta contra la pared del cubo
cuando gira. Y la única posibilidad que le queda al agua presionada es ir hacia
arriba. Este razonamiento es correcto, tal como está, pero elude el propósito
real de la pregunta de Newton.
Él quería saber qué significa decir que el agua
está girando: girando con respecto a qué. Newton bregaba con el fundamento
mismo del movimiento y no estaba dispuesto a aceptar que el movimiento
acelerado, tal como una rotación, es algo que está más allá de la necesidad de
comparaciones externas.[i]
Una sugerencia natural es utilizar el propio cubo
como el objeto de referencia. Sin embargo, como Newton argumentó, esto falla.
Al principio, cuando soltamos el cubo para que empiece a girar, hay
decididamente un movimiento relativo entre el cubo y el agua,
porque el agua no se mueve inmediatamente. Incluso así, la superficie del agua
permanece plana. Luego, un poco más tarde, cuando el agua está girando y no
hay movimiento relativo entre el cubo y el agua, la superficie del
agua es cóncava. Entonces, tomando el cubo como nuestro objeto
de referencia obtenemos exactamente lo contrario de lo que esperamos: cuando
hay movimiento relativo, la superficie del agua es plana; y cuando no hay
movimiento relativo, la superficie es cóncava.
De hecho, podemos llevar el experimento del cubo de
Newton un pequeño paso más allá. Conforme el cubo siga girando, la cuerda se
retorcerá de nuevo (en dirección contraria) haciendo que el cubo se frene y
llegue por un instante al reposo, mientras el agua en su interior sigue
girando. En este instante, el movimiento relativo entre el agua y el cubo
es el mismo que era casi al principio del experimento (excepto
por la diferencia intrascendente de movimiento en dirección de las agujas del
reloj frente a movimiento contrario a las agujas), pero la forma de la
superficie del agua es diferente (antes era plana, ahora es
cóncava); esto muestra de forma concluyente que el movimiento relativo no puede
explicar la forma de la superficie.
Habiendo descartado el cubo como referencia
relevante para el movimiento del agua, Newton dio valientemente el paso
siguiente.
Imaginemos, sugirió, otra versión del experimento
del cubo giratorio llevado a cabo en el espacio profundo, frío y completamente
vacío. No podemos hacer exactamente el mismo experimento, puesto que la forma
de la superficie del agua dependía en parte de la atracción de la gravedad
terrestre, y en esta versión la Tierra está ausente. Entonces, para crear un
ejemplo más factible, imaginemos que tenemos un cubo enorme, un cubo tan grande
como un tiovivo de un parque de atracciones, que está flotando en la oscuridad
del espacio vacío, e imaginemos que un valiente astronauta, Homer, está atado a
la pared interior del cubo. (Newton no utilizó realmente este ejemplo; él
sugirió utilizar dos piedras unidas por una cuerda, pero el punto en cuestión
es el mismo.) El signo revelador de que el cubo está girando, el análogo a que
el agua es empujada hacia afuera para dar una superficie cóncava, es que Homer
se sentirá presionado contra el interior del cubo, la piel de su cara se
estirará, su estómago se comprimirá ligeramente, y su pelo (los dos pelos)
apuntará hacia la pared del cubo. Ésta es la pregunta: en el espacio totalmente
vacío, no hay Sol, no hay Tierra, no hay aire, no hay donuts, no hay nada,
¿qué podría servir como el «algo» con respecto al cual está girando el cubo? A
primera vista, puesto que estamos imaginando que el espacio está completamente
vacío salvo por el cubo y su contenido, parece como si sencillamente no hubiese
nada más para servir como el algo. Newton discrepaba.
Él respondió fijando el contenedor último como el
sistema de referencia relevante: el propio espacio. Propuso que el
escenario transparente y vacío en la que todos estamos inmersos, y dentro del
cual tiene lugar todo movimiento, existe como una entidad física real a la que
llamó espacio absoluto. [8] No podemos captar el espacio absoluto, no podemos saborear ni oler
ni oír el espacio absoluto, pero de todas formas Newton afirmaba que el espacio
absoluto es algo. Es el algo, propuso, que ofrece la referencia más verdadera
para la descripción del movimiento. Un objeto se está moviendo verdaderamente
cuando se está moviendo con respecto al espacio absoluto. Y, más importante,
concluía Newton, un objeto está acelerando verdaderamente cuando está
acelerando con respecto al espacio absoluto.
Newton utilizó esta propuesta para explicar el
experimento del cubo en la Tierra de la siguiente manera. Al principio del
experimento, el cubo está girando con respecto al espacio absoluto, pero el
agua está en reposo con respecto al espacio absoluto. Por eso es por lo que la
superficie del agua es plana. Cuando el agua gira con el cubo, está ahora
girando con respecto al espacio absoluto, y por eso es por lo que la superficie
se vuelve cóncava.
Cuando el cubo se frena debido a la rigidez de la
cuerda, el agua sigue girando, girando con respecto al espacio absoluto, y por
eso es por lo que su superficie sigue siendo cóncava. Y así, mientras que el
movimiento relativo entre el agua y el cubo no puede dar cuenta de las
observaciones, el movimiento relativo entre el agua y el espacio absoluto sí
puede hacerlo. El propio espacio proporciona el sistema de referencia verdadero
para definir el movimiento.
El cubo es tan sólo un ejemplo; el razonamiento es
por supuesto mucho más general. Según la perspectiva de Newton, cuando usted
toma una curva en un automóvil siente el cambio en su velocidad porque está
acelerando con respecto al espacio absoluto. Cuando el avión en el que usted se
encuentra se está preparando para despegar, usted se ve presionado contra el
respaldo de su asiento porque está acelerando con respecto al espacio absoluto.
Cuando usted da vueltas sobre patines de hielo, siente que sus brazos se
despegan hacia fuera porque está acelerando con respecto al espacio absoluto.
Por el contrario, si alguien fuera capaz de girar toda la pista de patinaje
mientras usted está quieto (suponiendo una situación idealizada de patines sin
fricción), que da lugar al mismo movimiento relativo entre usted y el hielo, no
sentirá que sus brazos se despegan hacia fuera, porque no se está acelerando
con respecto al espacio absoluto. Y sólo para asegurar que usted no se ha
distraído por los detalles irrelevantes de ejemplos que utilizan el cuerpo
humano, cuando las dos piedras de Newton unidas por una cuerda giran en el
espacio vacío, la cuerda se pone tensa porque las piedras se están acelerando
con respecto al espacio absoluto. El espacio absoluto tiene la última palabra
en lo que significa moverse.
Pero ¿qué es realmente el espacio absoluto? Al
tratar esta cuestión Newton respondió con un juego de piernas imaginativo y la
fuerza del decreto. En el comienzo de los Principia escribió:
«Yo no defino tiempo, espacio, lugar y movimiento pues son bien conocidos para
todos», [9] eludiendo cualquier intento de describir estos conceptos con rigor
o precisión.
Sus próximas palabras se han hecho famosas: «El
espacio absoluto, por su propia naturaleza, sin referencia a nada externo,
permanece siempre homogéneo e inmóvil». Es decir, el espacio absoluto
simplemente es, y es para siempre. Punto. Pero hay indicios de que Newton no se
sentía cómodo declarando simplemente la existencia e importancia de algo que no
se puede ver, medir ni afectar directamente. Escribió:
Ciertamente es muy difícil descubrir los verdaderos
movimientos de los cuerpos individuales y distinguirlos de los movimientos
aparentes, porque las partes de ese espacio inmóvil en que los cuerpos se
mueven no dejan impresión en los sentidos. [10]
De modo que Newton nos deja en una posición algo
difícil. Pone el espacio absoluto en el centro de la descripción del elemento
más básico y esencial de la física, el movimiento, pero deja su definición vaga
y reconoce su propia incomodidad por jugarse todo a una carta tan escurridiza.
Muchos otros han compartido esta incomodidad.
§. Space Jam
Einstein dijo una vez que si alguien utiliza palabras como «rojo», «duro» o
«decepcionado», todos sabemos básicamente lo que significan. Pero cuando se
trata de la palabra «espacio», «cuya relación con la experiencia psicológica es
menos directa, existe una gran incertidumbre en la interpretación».[11]
Esta incertidumbre se remonta a muy atrás: la lucha
por entender el significado del espacio es antigua. Demócrito, Epicuro,
Lucrecio, Pitágoras, Platón, Aristóteles y muchos de sus seguidores a lo largo
de los tiempos lucharon de una manera u otra con el significado de «espacio».
¿Hay una diferencia entre espacio y materia? ¿Tiene el espacio una existencia
independiente de la presencia de objetos materiales? ¿Hay algo como un espacio
vacío? ¿Son espacio y materia mutuamente excluyentes? ¿Es el espacio finito o
infinito?
Durante milenios, las discusiones filosóficas del
espacio surgieron a menudo asociadas a disquisiciones teológicas. Dios, según
algunos, es omnipresente, una idea que da al espacio un carácter divino. Esta
línea de razonamiento fue adelantada por Henry More, un filósofo/teólogo del
siglo XVII quien, piensan algunos, pudo haber sido uno de los mentores de
Newton. [12] More creía que si el espacio estuviera vacío no existiría, pero
también argumentó que ésta es una observación irrelevante porque, incluso
cuando está privado de objetos materiales, el espacio está lleno de espíritu,
de modo que nunca está verdaderamente vacío. El propio Newton
adoptó una versión de esta idea, permitiendo que el espacio esté lleno de
«sustancia espiritual» tanto como de sustancia material, pero tuvo cuidado en
añadir que semejante materia espiritual «no puede ser un obstáculo para el
movimiento de la materia; no más que si no hubiera nada en su camino». [13] El espacio absoluto, declaró Newton, es el sensorio de Dios.
Estas especulaciones filosóficas y religiosas sobre
el espacio pueden ser atractivas y provocativas, pero, como en el aleccionador
comentario de Einstein, carecen de una precisión descriptiva crítica. Pero de
dicho discurso emerge una pregunta fundamental y formulada de forma precisa:
¿deberíamos atribuir una realidad independiente al espacio, como hacemos para
otros objetos materiales más corrientes como el libro que usted está
sosteniendo ahora, o deberíamos considerar el espacio meramente como un lenguaje
para describir relaciones entre objetos materiales ordinarios?
El gran filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz,
que era contemporáneo de Newton, creía firmemente que el espacio no existe en
ningún sentido convencional. Hablar de espacio, afirmaba, no es nada más que
una forma fácil y conveniente de codificar dónde unas cosas se relacionan con
otras. Sin los objetos en el espacio, decía Leibniz, el propio espacio no tiene
significado o existencia independiente. Pensemos en el alfabeto.
Proporciona un orden para veintiocho letras,
proporciona relaciones tales como b viene a continuación
de a, d está seis letras antes de j, x está
tres letras después de u, y similares. Pero sin las letras, el
alfabeto no tiene significado, no tiene una existencia independiente
«supraletra». Más bien, el alfabeto nace con las letras cuyas relaciones
lexicográficas suministra. Leibniz afirmaba que lo mismo es cierto para el
espacio: el espacio no tiene significado aparte de proporcionar el lenguaje
natural para discutir la relación entre la localización de un objeto y la de
otro. Según Leibniz, un espacio del que se eliminaran todos los objetos, un
espacio completamente vacío, tendría tan poco sentido como un alfabeto al que
le faltan sus letras.
Leibniz presentó varios argumentos en apoyo de esta
posición denominada relacionista. Por ejemplo, argumentó que si el
espacio existe realmente como una entidad, como una sustancia de fondo, Dios
habría tenido que escoger en qué parte de esta sustancia colocar el universo.
Pero ¿cómo podía Dios, cuyas decisiones tienen una justificación profunda y
nunca son aleatorias o casuales, haber distinguido una localización de otra
dentro del vacío uniforme del espacio, pues todas eran iguales? Para el oído
científicamente receptivo, este argumento es muy débil. Sin embargo, si
eliminamos el elemento teológico, como hizo el propio Leibniz en otros
argumentos que presentó, nos quedamos con cuestiones espinosas: ¿cuál es la
localización del universo dentro del espacio? Si el universo se moviera como un
todo, dejando intactas todas las posiciones relativas de los objetos
materiales, diez metros a la izquierda o a la derecha, ¿cómo lo sabríamos?
¿Cuál es la velocidad del universo entero a través
de la sustancia del espacio?
Si somos fundamentalmente incapaces de detectar el
espacio o cambios dentro del espacio, ¿cómo podemos afirmar que existe
realmente?
Es aquí donde Newton intervino con su cubo y cambió
drásticamente la naturaleza del debate. Aunque Newton estaba de acuerdo en que
ciertas características del espacio absoluto parecen difíciles o quizá
imposibles de detectar directamente, él argumentó que la existencia del espacio
absoluto tiene consecuencias que son observables: las aceleraciones, como las
que están en juego en el cubo giratorio, son aceleraciones con respecto al
espacio absoluto. Así, la forma cóncava del agua, según Newton, es una consecuencia
de la existencia del espacio absoluto. Y Newton argumentaba que una vez que se
tiene una evidencia sólida a favor de la existencia de algo, por indirecta que
sea, eso pone fin a la discusión. En un golpe astuto, Newton desplazó el debate
sobre el espacio desde las elucubraciones filosóficas a los datos
científicamente verificables. El efecto fue palpable. Con el tiempo Leibniz se
vio obligado a admitir, «concedo que hay una diferencia entre el movimiento
verdadero absoluto de un cuerpo y un mero cambio relativo de su situación con
respecto a otro cuerpo». [14] Esto no era una capitulación ante el espacio absoluto de Newton,
pero suponía un serio revés para la firme posición relacionista.
Durante los doscientos años siguientes, los
argumentos de Leibniz y otros en contra de atribuir al espacio una realidad
independiente apenas generaron un eco en la comunidad científica. [15] El péndulo se había inclinado claramente hacia la visión del
espacio de Newton; sus leyes del movimiento, basadas en su concepto de espacio
absoluto, ocuparon el centro del escenario.
Ciertamente, el éxito de estas leyes para describir
las observaciones era la razón esencial para su aceptación. Sin embargo, es
sorprendente señalar que el propio Newton consideraba todos sus logros en
física como la mera formación de una base sólida para soportar lo que él
consideraba su descubrimiento realmente importante: el espacio absoluto. Para
Newton todo se refería al espacio.[16]
§. Mach y el significado del espacio
Cuando era pequeño, solía jugar con mi padre mientras paseábamos por las calles
de Manhattan. Uno de nosotros miraba alrededor, fijándose en secreto en algo
que estaba sucediendo, un autobús que pasaba, una paloma que se posaba en una
ventana, un hombre al que accidentalmente se le caía una moneda, y trataba de
describir cómo se vería desde una perspectiva inusual tal como la rueda del
autobús, la paloma en vuelo o la moneda cayendo hacia la tierra. El reto
consistía en adoptar una descripción poco familiar como «estoy andando sobre
una superficie cilíndrica oscura rodeada de paredes bajas y suaves, y del cielo
desciende un racimo desordenado de gruesos tentáculos blancos», e imaginar que
eso era la visión de una hormiga andando sobre un perrito caliente al que un
vendedor callejero le estaba poniendo la salsa. Aunque dejamos de jugar años
antes de que yo siguiera mi primer curso de física, el juego tiene en parte la
culpa de que yo sintiese cierta desazón cuando me encontré con las leyes de
Newton.
El juego animaba a ver el mundo desde diferentes
puntos de vista y resaltaba que cada uno de ellos era tan válido como cualquier
otro. Pero según Newton, aunque uno es ciertamente libre para contemplar el
mundo desde cualquier perspectiva que escoja, los diferentes puntos de vista no
están en absoluto en pie de igualdad. Desde el punto de vista de una hormiga en
la bota de un patinador sobre hielo son el hielo y la pista de patinaje los que
están girando; desde el punto de vista de un espectador en la grada, es el
patinador el que está girando. Los dos puntos de vista parecen ser igualmente
válidos, parecen estar en pie de igualdad, parecen guardar la relación
simétrica de cada sistema giratorio con respecto al otro. Pero según Newton una
de estas perspectivas es más correcta que la otra puesto que es realmente el
patinador el que está girando, y sus brazos se despegan de su cuerpo, mientras
que si es realmente la pista la que está girando, sus brazos
no se despegarán. Aceptar el espacio absoluto de Newton significaba aceptar un
concepto absoluto de aceleración y, en particular, aceptar una respuesta
absoluta respecto a quién o qué está girando realmente. Yo me esforzaba por
entender cómo podía ser esto cierto. Cada fuente que consultaba, libros de
texto y profesores por igual, coincidía en que sólo el movimiento relativo
tenía relevancia cuando se considera el movimiento con velocidad constante, de
modo que ¿por qué demonios, me preguntaba sin cesar, iba a ser diferente el
movimiento acelerado? ¿Por qué no podía ser la aceleración relativa,
como la velocidad relativa, la única cosa relevante cuando se considera el
movimiento con velocidad que no es constante? La existencia del espacio
absoluto decretaba lo contrario, pero para mí esto parecía muy peculiar.
Mucho después aprendí que durante los últimos
siglos muchos físicos y filósofos, a veces en voz alta, a veces calladamente,
habían luchado con la misma cuestión. Aunque el cubo de Newton parecía mostrar
definitivamente que el espacio absoluto es lo que selecciona una perspectiva
antes que la otra (si alguien o algo está girando con respecto al espacio
absoluto, entonces están girando realmente; de lo contrario no lo están), esta
solución dejaba insatisfechas a muchas personas que reflexionaban sobre estas cuestiones.
Más allá de la sensación intuitiva de que ninguna
perspectiva debería ser «más correcta» que las demás, y más allá de la
propuesta eminentemente razonable de Leibniz de que sólo el movimiento relativo
entre objetos materiales tiene significado, el concepto de espacio absoluto
dejaba muchas preguntas acerca de por qué el espacio absoluto puede permitirnos
identificar el verdadero movimiento acelerado, como sucede con el cubo,
mientras que no puede proporcionar una manera de identificar el verdadero movimiento
con velocidad constante. Después de todo, si el espacio absoluto existe
realmente, debería proporcionar una referencia para todo movimiento, no sólo el
movimiento acelerado. Si el espacio absoluto existe realmente, ¿por qué no
proporciona una manera de identificar dónde estamos situados en un sentido
absoluto, una manera que no necesite utilizar nuestra posición con respecto a
otros objetos materiales como punto de referencia? Y, si el espacio absoluto
existe realmente, ¿cómo puede afectarnos (haciendo que nuestros brazos se
despeguen del cuerpo si giramos, por ejemplo) mientras que aparentemente no
tenemos ninguna manera de afectarlo?
En los siglos transcurridos desde la obra de Newton
estas cuestiones fueron ocasionalmente debatidas, pero sólo a mediados del
siglo XIX, cuando el físico y filósofo austríaco Ernst Mach entró en escena, se
sugirió un nuevo punto de vista atrevido, profético y extraordinariamente
influyente sobre el espacio, una visión que, entre otras cosas, tendría con el
tiempo un profundo impacto en Albert Einstein.
Para entender la idea de Mach, o más exactamente,
una lectura moderna de ideas que se suelen atribuir a Mach [ii], volvamos al
cubo por un momento. Hay algo extraño en el argumento de Newton. El experimento
del cubo nos reta a explicar por qué la superficie del agua es plana en una
situación y cóncava en otra. En busca de explicaciones, examinábamos las dos
situaciones y nos dábamos cuenta de que la diferencia clave entre ellas era si
el agua estaba girando o no. De forma nada sorprendente, tratábamos de explicar
la forma de la superficie del agua apelando a su estado de movimiento. Pero
aquí está la cuestión: antes de introducir el espacio absoluto, Newton se
centró únicamente en el cubo como referencia posible para determinar el
movimiento del agua y, como vimos, este enfoque falla.
Sin embargo, hay otras referencias que podríamos
utilizar de forma natural para calibrar el movimiento del agua, tal como el
laboratorio en el que el experimento tiene lugar, su suelo, su techo y sus
paredes. O si estábamos realizando el experimento en un día soleado a cielo
abierto, los edificios o árboles del entorno, o el suelo bajo nuestros pies,
proporcionarían la referencia «en reposo» para determinar si el agua estaba
girando. Y si resultara que estábamos realizando este experimento flotando en el
espacio exterior, acudiríamos a las estrellas distantes para que sirvieran de
referencia en reposo.
Esto lleva a la siguiente pregunta. ¿Es posible que
Newton dejara de lado el cubo con demasiada facilidad y no reparara en el
movimiento relativo que somos capaces de invocar en la vida real, como el
movimiento del agua respecto al laboratorio, del agua respecto a la Tierra, o
del agua respecto a las estrellas fijas en el cielo? ¿Es posible que tal
movimiento relativo pueda explicar la forma de la superficie del agua,
eliminando la necesidad de introducir el concepto de espacio absoluto? Ésta era
la línea de indagación que planteó Mach en la década de 1870.
Para entender mejor el punto de vista de Mach,
imagine que está usted flotando en el espacio exterior, con una sensación de
tranquilidad, inmovilidad e ingravidez. Usted mira y puede ver las estrellas
lejanas, y también ellas parecen estar perfectamente en reposo. (Es un
auténtico momento zen.) Entonces, alguien que se acerca flotando le agarra y le
hace girar. Usted notará dos cosas. En primer lugar, sentirá que sus
extremidades tienden a despegarse de su cuerpo y usted dejará que se abran. En
segundo lugar, cuando usted mire hacia las estrellas, éstas ya no parecerán
estacionarias. En su lugar, parecerá que están girando describiendo grandes
arcos de círculo a través del cielo distante. Su experiencia revela así una
íntima asociación entre sentir una fuerza sobre su cuerpo y presenciar un
movimiento con respecto a las estrellas lejanas. Tenga esto en mente cuando
tratemos el experimento de nuevo pero en un ambiente diferente.
Imagine ahora que usted está inmerso en la
oscuridad del espacio completamente vacío: no hay estrellas,
no hay galaxias, no hay planetas, no hay aire, no hay nada salvo una oscuridad
total. (Un auténtico instante existencial.) Esta vez, si usted empieza a girar,
¿qué sentirá? ¿Habrá un tirón de sus brazos y piernas hacia afuera? Nuestras
experiencias en la vida diaria nos llevan a responder que sí: cada vez que
pasamos de no girar (un estado en el que no sentimos nada) a girar, sentimos la
diferencia en que nuestras extremidades sufren un tirón hacia afuera. Pero el
ejemplo presente es diferente a cualquier cosa que cualquiera de nosotros haya
experimentado alguna vez. En el universo tal como lo conocemos hay siempre
otros objetos materiales, ya sean vecinos o, cuando menos, muy lejanos (tales
como estrellas distantes), que pueden servir como referencia para nuestros
diversos estados de movimiento. En este ejemplo, sin embargo, usted no tiene
absolutamente ninguna manera de distinguir «no girar» de «girar» mediante
comparaciones con otros objetos materiales; no hay ningún otro objeto material.
Mach tomó en serio esta observación y dio un paso gigante más allá.
Sugirió que en este caso tampoco podría haber
ninguna forma de sentir una diferencia entre diversos estados de rotación. Más
exactamente, Mach argumentó que en un universo vacío no hay distinción entre
girar y no girar, no hay concepto de movimiento o aceleración si no hay puntos
de referencia para comparar, y por lo tanto girar y no girar es lo mismo. Si
las dos piedras de Newton unidas por una cuerda se pusieran a girar en un
universo por lo demás vacío, Mach decía que la cuerda permanecería flácida.
Si usted girase en un universo por lo demás vacío,
sus brazos y piernas no se despegarían de su cuerpo, y el fluido de sus oídos
no sería afectado; usted no sentiría nada.
Esta es una sugerencia profunda y sutil. Para
asimilarla realmente, usted necesita meterse seriamente en el ejemplo e
imaginar la quietud uniforme y negra del espacio totalmente vacío. No es como
una habitación oscura en la que usted siente el suelo bajo sus pies o en la que
sus ojos se adaptan lentamente a la minúscula cantidad de luz que se filtra
desde fuera por la puerta o la ventana; ahora estamos imaginando que no hay
cosas, de modo que no hay suelo y no hay ninguna luz a la que adaptarse.
Independientemente de dónde usted vaya o mire, no
sentirá ni verá nada absolutamente. Usted está encerrado en un capullo de
oscuridad inmutable, sin ninguna referencia material para comparar. Y sin esa
referencia, argumentaba Mach, los propios conceptos de movimiento y aceleración
dejan de tener significado. No se trata sólo de que usted no sentiría nada si
gira; es mucho más básico. En un universo por lo demás vacío, permanecer
perfectamente inmóvil y girar uniformemente son indistinguibles. [iii]
Newton, por supuesto, hubiera discrepado. Él
afirmaba que incluso el espacio completamente vacío tiene espacio.
Y, aunque el espacio no es tangible o directamente asible, Newton argumentaba
que aún proporciona un algo con respecto al cual puede decirse que se mueven
los objetos materiales.
Pero recordemos cómo llegó Newton a esta
conclusión: él consideró el movimiento de rotación y supuso que
los resultados familiares en el laboratorio (la superficie del agua se hace
cóncava; Homer se siente presionado contra la pared del cubo; sus brazos se
extienden hacia afuera cuando usted gira; la cuerda entre dos piedras en
rotación se pone tensa) seguiría siendo verdadero si los experimentos se
realizaran en el espacio vacío. Esta hipótesis le llevó a buscar algo en el
espacio vacío con respecto a lo cual pudiera definirse el movimiento, y el algo
a lo que llegó era el propio espacio. Mach cuestionó con fuerza la hipótesis
clave: argumentó que lo que sucede en el laboratorio no es lo que sucedería en
el espacio completamente vacío.
El de Mach fue el primer desafío importante a la
obra de Newton en más de dos siglos, y durante años envió ondas de choque a
través de la comunidad de la física (y más allá: en 1909, mientras vivía en
Londres, Vladimir Lenin escribió un panfleto filosófico que, entre otras cosas,
discutía aspectos de la obra de Mach. [17] Pero si Mach tenía razón y no había noción de rotación en un
espacio por lo demás vacío, un estado de cosas que eliminaría la justificación
de Newton para un espacio absoluto, eso aún deja el problema de explicar el
experimento del cubo en la Tierra, en el que el agua ciertamente adopta una
forma cóncava. Sin apelar al espacio absoluto, si el espacio absoluto no es un
algo, ¿cómo explicaría Mach la forma del agua? La respuesta sale de una
reflexión sobre una simple objeción al razonamiento de Mach.
§. Mach, el movimiento y las estrellas
Imagine un universo que no está completamente vacío, como Mach concibió, sino
que tiene solamente un puñado de estrellas salpicadas por el cielo. Si usted
realiza ahora el experimento de rotación en el espacio exterior, las estrellas,
incluso si aparecen como meros alfilerazos de luz que llegan desde una enorme
distancia, proporcionan un medio de calibrar su estado de movimiento. Si usted
empieza a girar, los puntos distantes de luz parecerán dar vueltas a su
alrededor. Y puesto que las estrellas proporcionan una referencia visual que le
permite distinguir rotación de no rotación, usted esperaría ser capaz también
de experimentarlo. Pero ¿cómo pueden unas pocas estrellas lejanas suponer tal
diferencia, de modo que su presencia o ausencia actúa como un interruptor que
enciende o apaga la sensación de girar (o con más generalidad, la sensación de
movimiento acelerado)? Si usted puede sentir el movimiento de rotación en un
universo con sólo unas pocas estrellas lejanas, quizá eso significa que la idea
de Mach es errónea; quizá, como supuso Newton, en un universo vacío usted seguiría
sintiendo la sensación de giro.
Mach ofreció una respuesta a esta objeción. En un
universo vacío, según Mach, usted no siente nada si gira (más exactamente, no
hay siquiera un concepto de girar frente a no girar). En el otro extremo del
espectro, en un universo poblado por todas las estrellas y los demás objetos
materiales existentes en nuestro universo real, la fuerza sobre sus brazos y
piernas es la que usted experimenta cuando gira realmente. (Inténtelo.) Y, aquí
está la clave, en un universo que no está vacío pero que tiene menos materia
que el nuestro, Mach sugería que la fuerza que usted sentiría al girar estaría
entre nada y la que sentiría en nuestro universo. Es decir, la fuerza que usted
siente es proporcional a la cantidad de materia en el universo. En un universo
con una única estrella, usted sentiría una fuerza minúscula sobre su cuerpo si
empezara a girar. Con dos estrellas, la fuerza se haría un poco mayor, y así
sucesivamente hasta llegar a un universo con el contenido material del nuestro,
en el que usted siente toda la fuerza familiar del giro. En este enfoque, la
fuerza que usted siente de la aceleración surge como un efecto colectivo, una
influencia colectiva del resto de la materia en el universo.
Una vez más, la propuesta vale para todo tipo de
movimiento acelerado, no sólo para la rotación. Cuando el avión en el que usted
se encuentra está frenando en la pista, cuando el automóvil en el que usted se
encuentra se detiene con un chirrido, cuando el ascensor en el que usted se
encuentra empieza a subir, las ideas de Mach implican que la fuerza que usted
siente representa la influencia combinada del resto de la materia que
constituye el universo. Si hubiera más materia, usted sentiría una fuerza mayor.
Si hubiera menos materia, sentiría una fuerza menor. Y si no hubiera materia,
no sentiría nada en absoluto. Por ello, en la forma de pensar de Mach, sólo
cuentan el movimiento relativo y la aceleración relativa. Usted siente
aceleración sólo cuando acelera con respecto a la distribución media del
resto del material que hay en el cosmos . Sin otro material, sin
ningún punto de referencia para comparar, Mach afirmaba que no habría manera de
experimentar la aceleración.
Para muchos físicos, ésta es una de las propuestas
más seductoras sobre el cosmos propuestas durante el último siglo y medio.
Generaciones de físicos han encontrado profundamente perturbador imaginar que
el intocable, inasible e impalpable tejido del espacio es realmente un algo, un
algo suficientemente sustancial para proporcionar la referencia última y
absoluta para el movimiento. Para muchos ha parecido absurdo, o al menos
científicamente irresponsable, basar una comprensión del movimiento en algo tan
imperceptible, tan completamente más allá de nuestros sentidos, que bordea lo
místico. Pero estos mismos físicos seguían preguntándose de qué otra manera se
podría explicar el cubo de Newton. Las ideas de Mach produjeron excitación
porque planteaban la posibilidad de una nueva respuesta, una en la que el
espacio no es un algo, una respuesta que apunta de nuevo hacia la concepción
relacionista del espacio defendida por Leibniz. El espacio, en la visión de
Mach, es muy parecido a lo que Leibniz imaginaba: es el lenguaje para expresar
la relación entre la posición de un objeto y la de otro. Pero, como un alfabeto
sin letras, el espacio no goza de una existencia independiente.
§. Mach frente a Newton
Yo supe de las ideas de Mach cuando era estudiante de licenciatura, y eso fue
un regalo del cielo. Aquí, finalmente, había una teoría del espacio y el
movimiento que volvía a poner todas las perspectivas en pie de igualdad, puesto
que sólo el movimiento relativo y la aceleración relativa tenían significado. A
diferencia de la referencia newtoniana para el movimiento, una cosa invisible
llamada espacio absoluto, la referencia propuesta por Mach estaba abierta a que
todos lo vieran: la materia que está distribuida por todo el cosmos. Yo estaba
seguro de que la de Mach tenía que ser la respuesta. También aprendí que yo no
era el único que reaccionaba así; estaba siguiendo una larga línea de físicos,
Albert Einstein incluido, quien ya había desaparecido cuando ellos encontraron
por primera vez las ideas de Mach.
¿Tiene razón Mach? ¿Estaba Newton tan atrapado en
el giro de su cubo que llegó a una conclusión descuidada al considerar el
espacio? ¿Existe el espacio absoluto de Newton, o se había vuelto a inclinar el
péndulo decididamente hacia la perspectiva relacionista? Durante las primeras
décadas posteriores a que Mach introdujera sus ideas, estas cuestiones no
pudieron ser respondidas. En gran parte, ello era debido a que la sugerencia de
Mach no era una teoría o una descripción completa, puesto que él no especificó
nunca la forma en que el contenido de materia del universo podría ejercer la
influencia propuesta. Si sus ideas eran correctas, ¿cómo contribuyen las
estrellas lejanas y la casa de al lado a su sensación de que usted está girando
cuando da vueltas? Sin especificar un mecanismo físico para realizar su
propuesta, era difícil investigar con cualquier precisión las ideas de Mach.
Desde nuestro punto de vista moderno, una conjetura
razonable es que la gravedad podría tener algo que ver con las influencias
implicadas en la sugerencia de Mach. En las décadas siguientes, esta
posibilidad captó la atención de Einstein, y él sacó mucha inspiración de la
propuesta de Mach mientras desarrollaba su propia teoría de la gravedad, la
teoría de la relatividad general. Cuando el polvo que levantó la relatividad se
hubo asentado finalmente, la cuestión de si el espacio es un algo, de si es correcto
el punto de vista absolutista o el relacionista, se había transformado de una
forma que hacía añicos todas las formas anteriores de considerar el universo.
Capítulo 3
La relatividad y lo absoluto
¿Es el espaciotiempo una abstracción einsteiniana o una entidad física
Contenido:
§. ¿Está vacío el espacio vacío?
§. Espacio relativo, tiempo relativo
§. Sutil pero no malicioso
§. Pero ¿qué pasa con el cubo?
§. Cortando espacio y tiempo
§. Inclinando las rebanadas
§. El cubo, según la relatividad especial
§. La Gravedad y la Antigua Pregunta
§. La equivalencia entre gravedad y aceleración
§. Deformaciones, curvas y gravedad
§. La relatividad general y el cubo
§. El espaciotiempo y el tercer milenio
Algunos descubrimientos proporcionan respuestas a
preguntas. Otros descubrimientos son tan profundos que arrojan nueva luz sobre
las preguntas, demostrando que los misterios anteriores se habían percibido
equivocadamente por la falta de conocimiento. Uno podría pasar toda una vida,
en la Antigüedad algunos lo hicieron, preguntándose por lo que sucede cuando se
llega al borde de la Tierra, o tratando de calcular quién o qué vive en el
subsuelo de la Tierra. Pero cuando uno aprende que la Tierra es redonda, ve que
los misterios anteriores no están resueltos; en lugar de ello, se han vuelto
irrelevantes.
Durante las primeras décadas del siglo XX, Albert
Einstein hizo dos profundos descubrimientos. Cada uno de ellos causó un cambio
radical en nuestra comprensión del espacio y el tiempo. Einstein desmanteló las
estructuras rígidas y absolutas que Newton había erigido, y construyó su propia
torre, sintetizando espacio y tiempo de una manera totalmente imprevista.
Cuando lo hizo, el tiempo estaba tan fundido con el espacio que la realidad de
uno ya no podía ser considerada por separado del otro. Y por eso, en la tercera
década del siglo XX la cuestión de la corporeidad del espacio estaba pasada de
moda. En su reformulación einsteiniana, de la que pronto hablaremos, se
transformó en: ¿es el espaciotiempo un algo? Con esa
modificación aparentemente ligera, nuestra comprensión del escenario de la
realidad quedó transformada.
§. ¿Está vacío el espacio vacío?
La luz fue el primer actor en el drama de la relatividad escrito por Einstein
en los primeros años del siglo XX. Y fue la obra de James Clerk Maxwell la que
puso el escenario para las ideas de Einstein. A mediados del siglo XIX, Maxwell
descubrió cuatro poderosas ecuaciones que, por primera vez, establecían un
marco teórico riguroso para entender la electricidad, el magnetismo y su íntima
relación. [18] Maxwell desarrolló estas ecuaciones estudiando cuidadosamente la
obra del físico inglés Michael Faraday, quien a comienzos del siglo XIX había
realizado decenas de miles de experimentos que mostraban características hasta
entonces desconocidas de la electricidad y el magnetismo. La idea clave de
Faraday fue el concepto de campo. Ampliado más tarde por Maxwell y muchos
otros, este concepto ha tenido una enorme influencia sobre el desarrollo de la
física durante los dos últimos siglos, y subyace a muchos de los pequeños
misterios que encontramos en la vida cotidiana. Cuando usted atraviesa los
arcos de seguridad del aeropuerto, ¿cómo es posible que una máquina que no le
toca pueda determinar si usted lleva objetos metálicos? Cuando usted se somete
a una resonancia magnética, ¿cómo es posible que un aparato que permanece fuera
de su cuerpo pueda tomar una imagen detallada de su interior? Cuando usted mira
una brújula, ¿cómo es posible que la brújula oscile y apunte hacia el norte
incluso si nada parece moverla? La respuesta familiar a la última pregunta
apela al campo magnético de la Tierra, y el concepto de campo magnético sirve
para explicar también los dos ejemplos anteriores.
Nunca he visto una manera mejor de hacerse una idea
intuitiva de un campo magnético que la demostración de la escuela elemental en
la que se esparcen limaduras de hierro en la vecindad de un imán. Después de
agitarlas un poco, las limaduras de hierro se alinean en una disposición
ordenada de arcos que parten del polo norte del imán y se curvan para terminar
en el polo sur del imán, como en la figura 3.1. La figura formada por las
limaduras de hierro es una prueba directa de que el imán crea un algo invisible
que permea el espacio a su alrededor, un algo que puede ejercer, por ejemplo,
una fuerza sobre trozos de metal. El algo invisible es el campo
magnético y, para nuestra intuición, se parece a una neblina o esencia
que puede llenar una región del espacio y ejercer con ello una fuerza más allá
de la extensión física del propio imán.
Figura 3.1. Limaduras de hierro esparcidas cerca de un imán siguen su campo
magnético.
Un campo magnético proporciona a un imán lo que un
ejército proporciona a un dictador y lo que los auditores proporcionan a
Hacienda: influencia más allá de sus fronteras físicas, lo que permite que la
fuerza se ejerza en el «campo». Por eso es por lo que un campo magnético se
denomina también un campo de fuerza.
Es la capacidad de los campos magnéticos de
penetrar y de llenar el espacio lo que les hace tan útiles. El campo magnético
de un detector de metales del aeropuerto se filtra a través de su ropa y hace
que los objetos metálicos emitan sus propios campos magnéticos, campos que
entonces ejercen una influencia inversa sobre el detector, haciendo que suene
su alarma. El campo magnético de un aparato de resonancia magnética penetra en
su cuerpo, haciendo que unos átomos particulares giren en el sentido correcto para
generar sus propios campos magnéticos, campos que la máquina puede detectar y
decodificar para dar una imagen de los tejidos internos. El campo magnético de
la Tierra penetra en la brújula y hace girar la aguja, haciendo que apunte a lo
largo de un arco que, como resultado de procesos geológicos de larga duración,
está alineado en una dirección casi norte-sur.
Los campos magnéticos son un tipo familiar de
campo, pero Faraday también analizó otro: el campo eléctrico. Éste
es el campo que hace que salten chispas de su bufanda de lana, que se cargue su
mano cuando usted toca el pomo metálico de una puerta en una habitación con
moqueta y que hace que sienta un hormigueo en su piel cuando se encuentra en
una montaña durante una tormenta eléctrica. Y si usted examinara una brújula
durante una tormenta semejante, la forma en que se desvía la aguja magnética
cuando se produce un relámpago cercano le daría un indicio de una profunda
interconexión entre los campos eléctricos y magnéticos, algo descubierto por
primera vez por el físico danés Hans Oersted e investigado minuciosamente por
Faraday mediante laboriosos experimentos. De la misma forma que la evolución
del mercado de valores puede afectar a las acciones que luego pueden afectar a
su vez al mercado de valores, y así sucesivamente, estos científicos
encontraron que cambios en un campo eléctrico pueden producir cambios en un
campo magnético vecino, que entonces puede causar cambios en el campo
eléctrico, y así sucesivamente.
Maxwell encontró la base matemática para estas
interrelaciones, y puesto que sus ecuaciones demostraron que los campos
eléctrico y magnético están tan entretejidos como las hebras en los rizos de un
rastafari, fueron finalmente bautizados como campos electromagnéticos,
y la influencia que ejercen como fuerza electromagnética.
Hoy estamos inmersos constantemente en un mar de
campos electromagnéticos. Su teléfono móvil y la radio de su automóvil
funcionan a enormes distancias porque los campos electromagnéticos emitidos por
las compañías telefónicas y las estaciones de radio bañan regiones del espacio
enormemente amplias. Lo mismo sucede con las conexiones inalámbricas de
Internet; los computadores pueden pasearse por toda la World Wide Web gracias a
los campos electromagnéticos que están vibrando alrededor de nosotros, y, de hecho,
a través de nosotros. Por supuesto, en la época de Maxwell, la tecnología
electromagnética estaba menos desarrollada, pero entre los científicos su
hazaña no fue menos reconocida: mediante el lenguaje de los campos, Maxwell
había demostrado que electricidad y magnetismo, aunque inicialmente
considerados distintos, son en realidad tan sólo aspectos diferentes de una
única entidad física.
Más tarde encontraremos otros tipos de campos,
campos gravitatorios, campos nucleares, campos de Higgs, y demás, y se hará
cada vez más claro que el concepto de campo es fundamental para nuestra
formulación moderna de la ley física. Pero por ahora el siguiente paso crítico
en nuestra historia se debe también a Maxwell. Al analizar con más detalle
ecuaciones encontró que los cambios o perturbaciones en los campos
electromagnéticos viajan de una manera ondulatoria a una velocidad particular:
1.080 millones de kilómetros por hora. Como éste es precisamente el valor que
otros experimentos habían encontrado para la velocidad de la luz, Maxwell se
dio cuenta de que la luz no debe ser otra cosa que una onda electromagnética,
una onda que tiene las propiedades correctas para interaccionar con las
sustancias químicas en nuestra retina y damos la sensación de visión. Este
logro hizo que los ya trascendentales descubrimientos de Maxwell se hiciesen
aún más extraordinarios: él había unido la fuerza producida por imanes, la
influencia ejercida por cargas eléctricas y la luz que utilizamos para ver el
universo, pero también planteó una cuestión profunda.
Cuando decimos que la velocidad de la luz es de
1.080 millones de kilómetros por hora, la experiencia, y nuestra discusión
hasta ahora, nos enseña que éste es un enunciado carente de significado si no
especificamos con respecto a qué se está midiendo esta velocidad. Lo divertido
era que las ecuaciones de Maxwell daban precisamente este número, 1.080
millones de kilómetros por hora, sin especificar o basarse aparentemente en
ninguna referencia semejante. Era como si alguien diese el lugar de una fiesta
a 30 kilómetros al norte sin especificar la referencia, sin especificar al
norte de qué. La mayoría de los físicos, Maxwell incluido, intentaron explicar
la velocidad que daban sus ecuaciones de la siguiente manera: las ondas
familiares, tales como las ondas del océano o las ondas sonoras, son
transmitidas por una sustancia, un medio. Las ondas del océano son transmitidas
por el agua. Las ondas sonoras son transmitidas por el aire. Y las velocidades
de estas ondas están especificadas con respecto al medio. Cuando
hablamos de la velocidad del sonido a temperatura ambiente de 1.230 kilómetros
por hora (también conocida como Mach 1, por el mismo Ernst Mach que encontramos
antes) queremos decir que las ondas sonoras viajan a esta velocidad a través
del aire que, salvo por esto, está en reposo. Era natural, entonces, que los
físicos supusieran que las ondas luminosas, ondas electromagnéticas, también
debían viajar a través de un medio particular, un medio que nunca había sido
visto o detectado pero que debía existir. Para dar su debido respeto a este
algo invisible que transportaba la luz, se le dio un nombre: el éter
luminífero, o el éter para abreviar, siendo este último un
término antiguo que utilizó Aristóteles para describir la sustancia mágica
comodín de la que se suponía que estaban hechos los cuerpos celestes. Y, para
cuadrar esta propuesta con los resultados de Maxwell se sugirió que sus
ecuaciones adoptaban implícitamente la perspectiva de alguien en reposo con
respecto al éter. Los 1.080 millones de kilómetros por hora a los que llegaban
sus ecuaciones eran entonces la velocidad de la luz con respecto al éter en
reposo.
Como usted puede ver, hay una similitud
sorprendente entre el éter luminífero y el espacio absoluto de Newton. Ambos
tenían su origen en intentos de proporcionar una referencia para definir el
movimiento; el movimiento acelerado llevó al espacio absoluto, el movimiento de
la luz llevó al éter luminífero. De hecho, muchos físicos vieron el éter como
una representación terrenal del espíritu divino que Henry More, Newton y otros
habían concebido permeando el espacio absoluto. (Newton y otros en su época habían
utilizado incluso el término «éter» en sus descripciones del espacio absoluto.)
Pero ¿qué es realmente el éter? ¿De qué está hecho? ¿De dónde procede? ¿Existe
en todo lugar?
Estas preguntas sobre el éter son las mismas que
durante siglos habían sido planteadas acerca del espacio absoluto. Pero
mientras que el test machiano para el espacio absoluto implicaba girar en un
universo completamente vacío, los físicos fueron capaces de proponer
experimentos factibles para determinar si el éter existía realmente. Por
ejemplo, si usted nada en el agua hacia una ola que se acerca, la onda se
aproxima a usted más rápidamente; si nada alejándose de la ola, ésta se
aproxima más lentamente.
Análogamente, si usted se mueve a través del
supuesto éter hacia o alejándose de una onda luminosa, la aproximación de la
onda debería ser, por el mismo razonamiento más rápida o más lenta que 1.080
millones de kilómetros por hora. Sin embargo, en 1887, cuando Albert Michelson
y Edward Morley midieron la velocidad de la luz, una y otra vez encontraron
exactamente la misma velocidad de 1.080 millones de kilómetros por horaindependientemente
de su movimiento o del movimiento de la fuenteluminosa. Se idearon todo
tipo de argumentos ingeniosos para explicar estos resultados. Quizá, sugirieron
algunos, los experimentadores estaban arrastrando con ellos inadvertidamente al
éter cuando se movían. Quizá, aventuraron unos pocos, el aparato se estaba
deformando cuando se movía a través del éter, corrompiendo la medida. Pero no
hubo una explicación clara hasta que Einstein tuvo su idea revolucionaria.
§. Espacio relativo, tiempo relativo
En junio de 1905 Einstein escribió un artículo con el modesto título «Sobre la
electrodinámica de cuerpos en movimiento», que de una vez por todas sentenció
el final del éter luminífero. De un golpe, cambió también para siempre nuestra
comprensión del espacio y el tiempo. Einstein desarrolló las ideas del artículo
durante un intenso período de cinco semanas entre abril y mayo de 1905, pero
las cuestiones a las que finalmente llegó le habían estado preocupando durante
toda la década anterior. Cuando era adolescente, Einstein se preguntaba qué
aspecto tendría una onda luminosa si uno fuera tras ella exactamente a la
velocidad de la luz. Puesto que la onda luminosa y el que la persigue estarían
atravesando el éter exactamente a la misma velocidad, el perseguidor se
mantendría al paso con la luz. Y por lo tanto, concluía Einstein, desde su
perspectiva la luz parecería como si no se estuviera moviendo. Sería posible
alcanzarla y atrapar un puñado de luz sin movimiento igual que se puede recoger
un puñado de nieve recién caída.
Pero aquí está el problema. Resulta que las
ecuaciones de Maxwell no permiten que la luz parezca estacionaria, es decir,
verla como si estuviera en reposo. Y ciertamente no hay ningún informe fiable
de nadie que realmente haya cogido un trozo estacionario de luz. Entonces, se
preguntaba el adolescente Einstein, ¿qué vamos a hacer con esta aparente
paradoja?
Diez años más tarde, Einstein dio al mundo su
respuesta con su teoría de la relatividad especial. Ha habido mucho debate
sobre las raíces intelectuales del descubrimiento de Einstein, pero no hay duda
de que su inquebrantable creencia en la simplicidad jugó un papel crítico.
Einstein era consciente al menos de algunos experimentos que habían fracasado
en detectar la existencia del éter.[19] Así que, ¿por qué dar vueltas tratando de encontrar fallos en los
experimentos? En lugar de ello, declaró Einstein, adoptemos el enfoque más
simple: los experimentos estaban fracasando en encontrar el éter porque no hay
éter. Y puesto que las ecuaciones de Maxwell que describen el movimiento de la
luz, el movimiento de las ondas electromagnéticas, no invocan ningún medio
semejante, experimento y teoría convergían en la misma conclusión: la luz, a
diferencia de cualquier otro tipo de onda encontrada, no necesita un medio que
la transmita. La luz es un viajero solitario. La luz puede viajar a través del
espacio vacío.
Pero ¿qué vamos a hacer entonces con las ecuaciones
de Maxwell que dan a la luz una velocidad de 1.080 millones de kilómetros por
hora? Si no hay éter que proporcione el patrón de reposo, ¿qué es el eso con
respecto al cual hay que interpretar esta velocidad? Una vez más, Einstein
desafió la convención y respondió con una radical simplicidad. Si la teoría de
Maxwell no apela a ningún patrón de reposo particular, la interpretación más
directa es que no necesitamos uno. La velocidad de la luz, declaró Einstein, es
de 1.080 millones de kilómetros por hora con respecto a nada y a todo .
Bien, éste es ciertamente un enunciado simple;
encaja con una máxima a menudo atribuida a Einstein: «Hacer todo tan simple
como sea posible, pero no más». El problema es que también parece descabellada.
Si usted corre detrás de un rayo de luz, el sentido común dicta que, desde su
perspectiva, la velocidad de la luz tiene que ser menor que 1.080 millones de
kilómetros por hora. Si usted corre hacia un rayo de luz que se aproxima, el
sentido común dicta que, desde su perspectiva, la velocidad de la luz que se
aproxima será mayor que 1.080 millones de kilómetros por hora. Durante toda su
vida, Einstein desafió el sentido común, y esta vez no fue una excepción.
Argumentó vigorosamente que, independientemente de
lo rápido que se mueva hacia o alejándose de un rayo de luz, usted siempre
medirá que su velocidad es de 1.080 millones de kilómetros por hora, no un poco
más rápida, no un poco más lenta, no importa qué. Esto resolvería ciertamente
la paradoja que le desconcertaba cuando era adolescente: la teoría de Maxwell
no permite luz en reposo porque la luz nunca está en reposo; independientemente
de cuál sea su estado de movimiento, ya persiga usted a un rayo de luz, o se
aleje de él, o simplemente se quede quieto, la luz conserva una velocidad fija
y siempre constante de 1.080 millones de kilómetros por hora. Pero es natural
preguntar: ¿cómo puede la luz comportarse de una manera tan extraña?
Pensemos en la velocidad por un momento. La
velocidad se mide por cuánto ha recorrido algo dividido por el tiempo que ha
tardado en llegar allí.
Es una medida de espacio (la distancia recorrida)
dividida por una medida de tiempo (la duración del viaje). Desde Newton, el
espacio se había considerado absoluto, como algo que está ahí fuera, como algo
que existe «sin referencia a nada externo». Por consiguiente, las medidas de
espacio y las separaciones espaciales deben ser también absolutas:
independientemente de quién mida la distancia entre dos cosas en el espacio, si
las medidas se hacen con el cuidado debido, las respuestas siempre coincidirán.
Y aunque todavía no lo hemos discutido directamente, Newton afirmó que lo mismo
es cierto del tiempo. Su descripción del tiempo en los Principia refleja
el lenguaje que utilizó para el espacio: «El tiempo existe en sí mismo y por su
propia naturaleza, y fluye uniformemente, sin referencia a nada externo». En
otras palabras, según Newton, hay un concepto absoluto y universal de tiempo
que se aplica en todo lugar y en cualquier instante. En un universo newtoniano,
independientemente de quién mida cuánto tiempo tarda algo en suceder, si las
medidas se hacen con precisión, las respuestas coincidirán siempre.
Estas hipótesis sobre el espacio y el tiempo están
de acuerdo con nuestras experiencias cotidianas y por esa razón son la base
para nuestra conclusión de sentido común de que la luz debería parecer viajar
más lentamente si corremos tras ella. Para verlo, imaginemos que Bart, quien
acaba de recibir un nuevo monopatín impulsado por energía nuclear, decide
aceptar el reto definitivo y echar una carrera con un rayo de luz. Aunque él
está algo decepcionado al ver que la velocidad máxima de la tabla es sólo de 800
millones de kilómetros por hora, él está decidido a intentarlo. Su hermana Lisa
permanece quieta con un láser; cuenta hacia atrás desde 11 (el número favorito
de su héroe Schopenhauer) y cuando llega a cero Bart y la luz del láser salen
disparados. ¿Qué ve Lisa? Bien, por cada hora que pasa, Lisa ve que la luz
recorre 1.080 millones de kilómetros mientras que Bart recorre sólo 800
millones de kilómetros, de modo que Lisa deduce correctamente que la luz se
está adelantando a Bart a 280 millones de kilómetros por hora.
Traigamos ahora a Newton a esta historia. Sus ideas
dictaminan que las observaciones de Lisa sobre el espacio y el tiempo son
absolutas y universales en el sentido de que cualquier otro que realizara estas
medidas obtendría las mismas respuestas. Para Newton, tales hechos sobre el
movimiento a través de espacio y tiempo eran tan objetivos como 2 + 2 son igual
a 4. Por eso, según Newton, Bart estaría de acuerdo con Lisa e informaría que
el rayo de luz iba por delante de él a 280 millones de kilómetros por hora.
Pero cuando Bart regresa, no está de acuerdo en
absoluto. Por el contrario, afirma con desaliento que hiciera lo que hiciese,
por mucho que forzase el monopatín, veía que la luz se le escapaba a 1.080
millones de kilómetros por hora, ni un kilómetro menos. [20] Y si, por alguna razón, usted no confía en Bart, tenga en cuenta
que miles de experimentos meticulosos realizados durante los últimos cien años,
que han medido la velocidad de la luz utilizando fuentes y receptores en
movimiento, apoyan con precisión sus observaciones.
¿Cómo puede ser esto?
Einstein lo investigó, y la respuesta que encontró
es una extensión lógica pero profunda de la discusión que hemos llevado hasta
ahora. Debe ocurrir que las medidas de distancias y duraciones que hace Bart,
los datos de entrada que utiliza para calcular con qué rapidez se aleja la luz
de él, son diferentes de las medidas de Lisa. Pensemos en ello. Puesto que la
velocidad no es otra cosa que distancia dividida por tiempo, no hay otro modo
de que Bart haya encontrado una respuesta diferente de la de Lisa para la
rapidez con la que la luz le está dejando atrás. Por lo tanto, concluía
Einstein, las ideas de Newton de espacio absoluto y tiempo absoluto eran
erróneas. Einstein se dio cuenta de que los experimentadores que se están
moviendo uno con respecto a otro, como Bart y Lisa, no encontrarán valores
idénticos para medidas de distancias y duraciones. Los enigmáticos datos
experimentales sobre la velocidad de la luz sólo pueden explicarse si sus
percepciones de espacio y tiempo son diferentes.
§. Sutil pero no malicioso
La relatividad del espacio y el tiempo es una conclusión sorprendente. Yo la he
conocido hace más de veinticinco años, pero incluso así, cada vez que me siento
tranquilamente y pienso en ello, me quedo asombrado. A partir del enunciado de
que la velocidad de la luz es constante, deducimos que espacioy tiempo
están en el ojo del que contempla. Cada uno de nosotros lleva su propio
reloj, su propio monitor del paso del tiempo. Cada reloj es igualmente preciso,
pero cuando nos movemos uno con respecto a otro, estos relojes no coinciden.
Pierden su sincronización; miden cantidades diferentes de tiempo transcurrido
entre dos sucesos escogidos. Lo mismo es cierto de la distancia.
Cada uno de nosotros lleva su propia regla, su
propio monitor de distancia en el espacio. Cada regla es igualmente precisa,
pero cuando nos movemos uno con respecto a otro, estas reglas no coinciden;
miden distancias diferentes entre las localizaciones de dos sucesos
especificados. Si el espacio y el tiempo no se comportaran de esta manera, la
velocidad de la luz no sería constante y dependería del estado de movimiento
del observador. Pero es constante; espacio y tiempo sí se comportan de esta
manera. Espacio y tiempo se ajustan de una manera que se compensa exactamente,
de modo que las observaciones de la velocidad de la luz den el mismo resultado,
independientemente de la velocidad del observador.
Obtener los detalles cualitativos de cómo difieren
exactamente las medidas de espacio y tiempo es más complicado, pero solamente
requiere el álgebra de la escuela secundaria. No es la profundidad de las
matemáticas la que hace desafiante la relatividad especial de Einstein sino el
grado en que las ideas son extrañas y aparentemente incompatibles con nuestras
experiencias cotidianas. Pero una vez que Einstein tuvo la intuición clave, la
idea de que necesitaba romper con la perspectiva newtoniana de más de doscientos
años sobre el espacio y el tiempo, no fue difícil completar los detalles. Él
fue capaz de demostrar exactamente cómo deben diferir las medidas de distancias
y duraciones que hace una persona de las que hace otra para garantizar que cada
una de ellas mide un valor idéntico para la velocidad de la luz.[21]
Para hacerse una idea más completa de lo que
encontró Einstein, imagine que Bart, a regañadientes, ha puesto el limitador
obligado de su monopatín, que ahora tiene una velocidad máxima de 100
kilómetros por hora. Si él se dirige hacia el norte a la máxima velocidad,
leyendo, silbando, bostezando y ocasionalmente mirando la carretera, y luego
sale a una autopista que apunta en dirección hacia el nordeste, su velocidad en
la dirección norte será menor que 100 kilómetros por hora. La razón es clara.
Inicialmente, toda su velocidad iba destinada al movimiento hacia el norte,
pero cuando cambió de dirección parte de esa velocidad se desvió al movimiento
hacia el este, dejando un poco menos en dirección norte. Esta idea
extraordinariamente simple nos permite captar la idea clave de la relatividad
especial. He aquí cómo:
Estamos acostumbrados al hecho de que los objetos
pueden moverse a través del espacio, pero hay otro tipo de movimiento que es
igualmente importante: los objetos también se mueven a través del tiempo.
Precisamente ahora, el reloj de su muñeca y el reloj de la pared están en
marcha, demostrando que usted y todo lo que le rodea están moviéndose
implacablemente a través del tiempo, moviéndose implacablemente de un segundo
al siguiente y al siguiente. Newton pensaba que el movimiento a través del
tiempo era completamente independiente del movimiento a través del espacio;
pensaba que estos dos tipos de movimiento no tenían nada que ver uno con otro.
Pero Einstein encontró que están íntimamente ligados. De hecho, el
descubrimiento revolucionario de la relatividad especial es éste: cuando usted
mira algo como un automóvil aparcado, que desde su punto de vista está en
reposo, es decir, no está en movimiento a través del espacio, todo su
movimiento es a través del tiempo. El automóvil, su conductor, la calle, usted,
su ropa, todo se está moviendo a través del tiempo en perfecta sincronía:
segundo tras segundo, marchando uniformemente. Pero si el automóvil se pone en
marcha, parte de su movimiento a través del tiempo se desvía a movimiento a
través del espacio. E igual que la velocidad de Bart hacia el norte se reducía
cuando él desviaba algo de su movimiento hacia el norte a movimiento hacia el
este, la velocidad del automóvil a través del tiempo se reduce cuando desvía
algo de su movimiento a través del tiempo a movimiento a través del espacio.
Esto significa que el avance del automóvil a través del tiempo se frena y por
lo tanto el tiempo discurre más lentamente para el automóvil en
movimiento y su conductor de lo que discurre para usted y todo lo demás
que permanece en reposo .
Eso, en pocas palabras, es la relatividad especial.
De hecho, podemos ser un poco más precisos y llevar la descripción un paso más
lejos. Debido al limitador Bart no tiene otra elección que limitar su velocidad
a 100 kilómetros por hora. Esto es importante para la historia, puesto que si
él hubiera acelerado lo suficiente cuando dobla hacia el nordeste, podría haber
compensado la desviación de velocidad y con ello mantenido la misma velocidad
neta hacia el norte. Pero con el limitador, por mucho que él revolucione el
motor de su monopatín, su velocidad total, la combinación de su velocidad hacia
el norte y su velocidad hacia el este, permanecía fija en el máximo de 100
kilómetros por hora. Y por eso, cuando él cambió su dirección un poco hacia el
este, necesariamente provocó una disminución de la velocidad hacia el norte.
La relatividad especial dicta una ley similar para
todo movimiento: la velocidad combinada del movimiento de
cualquier objeto a través del espacio y su movimiento a través del tiempo
es siempre exactamente igual a la velocidad de la luz . Al
principio es fácil que usted retroceda ante este enunciado puesto que todos
estamos acostumbrados a que nada salvo la luz puede viajar a la velocidad de la
luz. Pero esa idea familiar se refiereúnicamente al movimiento a través
del espacio. Ahora estamos hablando de algo relacionado, pero más rico: el
movimiento combinado de un objeto a través del espacio y el tiempo. El hecho
clave, descubrió Einstein, es que estos dos tipos de movimiento son siempre
complementarios. Cuando el automóvil aparcado que usted está observando se pone
en marcha, lo que realmente sucede es que algo de su movimiento a velocidad de
la luz se desvía de movimiento a través del tiempo a movimiento a través del
espacio, manteniendo invariable su total combinado. Tal desviación significa
incuestionablemente que el movimiento del automóvil a través del tiempo se
frena.
Como ejemplo, si Lisa hubiera sido capaz de ver el
reloj de Bart cuando él iba a 800 millones de kilómetros por hora, habría visto
que dicho reloj marchaba a dos tercios de la velocidad del suyo. Por cada tres
horas que pasaran en el reloj de Lisa, ella vería que sólo pasaban dos en el de
Bart. Su movimiento rápido a través del espacio habría mostrado una pérdida
importante de su velocidad a través del tiempo.
Además, la velocidad máxima a través del espacio se
alcanza cuando todo el movimiento a velocidad de la luz a través del tiempo se
desvía completamente a movimiento a velocidad de la luz a través del espacio,
una manera de entender por qué es imposible ir a través del espacio a velocidad
mayor que la luz. La luz, que siempre viaja a la velocidad de la luz a través
del espacio, es especial en cuanto que siempre alcanza tal desviación total. Es
igual que conducir hacia el este no deja movimiento para viajar al norte,
moverse a velocidad de la luz a través del espacio no deja movimiento para
moverse a través del tiempo. El tiempo se para cuando se viaja a velocidad de
la luz a través del espacio. Un reloj llevado por una partícula de luz no
marcharía en absoluto. La luz realiza los sueños de Ponce de León y la
industria cosmética: no envejece. [22]
Como queda claro en esta descripción, los efectos
de la relatividad especial son más pronunciados cuando las velocidades (a
través del espacio) son una fracción significativa de la velocidad de la luz.
Pero la naturaleza complementaria, y poco familiar, del movimiento a través del
espacio y el tiempo siempre es válida. Cuanto menor es la velocidad, más
pequeña es la desviación de la física prerelativista, es decir, del sentido
común, pero la desviación sigue existiendo, por supuesto.
Realmente. Esto no es un juego de manos o una
ilusión psicológica. Así es como trabaja el universo.
En 1971, Joseph Hafele y Richard Keating colocaron
relojes atómicos de haces de cesio a bordo de un avión comercial de Pan Am que
dio la vuelta al mundo. Cuando compararon los relojes del avión con relojes
idénticos que habían quedado en reposo en el suelo, encontraron que había
transcurrido menos tiempo en los relojes en movimiento. La diferencia era
minúscula, unas pocas cienmilésimas de millonésima de segundo, pero estaba
exactamente en acuerdo con los descubrimientos de Einstein. Es difícil tener algo
más claro que esto.
En 1921, se empezó a difundir el rumor de que
experimentos más recientes y más refinados estaban encontrando evidencia a
favor del éter. [23]
Si hubiera sido así, habría significado que había
un patrón absoluto de reposo y que la relatividad especial de Einstein era
errónea. Al oír este rumor, Einstein respondió: «El Señor es sutil, pero no
malicioso». Escudriñar meticulosamente el funcionamiento de la Naturaleza para
extraer intuiciones sobre el espacio y el tiempo era un profundo desafío, un
desafío que había exigido lo mejor de cualquiera hasta Einstein. Pero permitir
que exista esa teoría sorprendente y bella, y pese a todo hacerla irrelevante
para el funcionamiento del universo, eso sería malicioso. Einstein no lo creía;
descartó los nuevos experimentos. Su confianza estaba justificada. Finalmente
se demostró que los experimentos estaban equivocados y el éter luminífero se
evaporó del discurso científico.
§. Pero ¿qué pasa con el cubo?
Ésta es ciertamente una historia ordenada para la luz. Teoría y experimento
coinciden en que la luz no necesita ningún medio que transporte sus ondas y en
que, independientemente del movimiento de la fuente de luz o de la persona que
observa, su velocidad es fija e invariable. Todos los puntos de vista están en
pie de igualdad con todos los demás. No hay ningún patrón de reposo absoluto o
preferido. Perfecto. Pero ¿qué pasa con el cubo?
Recordemos que aunque muchos veían el éter
luminífero como la sustancia física que daba credibilidad al espacio absoluto
de Newton, no era ésa la razón por la que Newton introdujo el espacio absoluto.
La verdadera razón era que, después de bregar con el movimiento acelerado tal
como el del cubo en rotación, Newton no vio otra opción que apelar a algún ente
de fondo invisible con respecto al cual podría definirse el movimiento sin
ambigüedad.
Prescindir del éter no significaba prescindir del
cubo, de modo que ¿cómo trataron la cuestión Einstein y su teoría de la
relatividad especial?
Bien, a decir verdad, en la relatividad especial el
interés principal de Einstein estaba en un tipo de movimiento especial: el
movimiento a velocidad constante. Sólo en 1915, unos diez años más tarde,
afrontó plenamente el movimiento acelerado más general en su teoría de la
relatividad general.
Incluso así, Einstein y otros consideraron
repetidamente la cuestión del movimiento de rotación utilizando las ideas de la
relatividad especial; y concluyeron, como Newton y a diferencia de Mach, que
incluso en un universo por lo demás completamente vacío usted sentiría el tirón
hacia fuera de la rotación, Homer se sentiría presionado contra la pared
interior de un cubo en rotación; la cuerda entre las dos piedras giratorias se
tensaría, . [24]
Tras haber desmantelado el espacio absoluto y el
tiempo absoluto de Einstein, ¿cómo explica esto Einstein?
La respuesta es sorprendente. A pesar de su nombre,
la teoría de Einstein no afirma que todo es relativo. La relatividad especial
afirma que algunas cosas son relativas: las velocidades son relativas; las
distancias a través del espacio son relativas; las duraciones de tiempo
transcurrido son relativas.
Pero la teoría introduce en realidad un nuevo y
gran concepto absoluto: el espaciotiempo absoluto. El espaciotiempo
absoluto es tan absoluto para la relatividad especial como el espacio absoluto
y el tiempo absoluto lo eran para Newton, y en parte por esta razón Einstein no
sugirió ni le gustaba particularmente el nombre «teoría de la relatividad». En
su lugar, él y otros físicos sugirieron teoría de invariancia,
resaltando que la teoría, en esencia, implica algo en lo que todo el mundo está
de acuerdo, algo que no es relativo. [25]
El espaciotiempo absoluto es el siguiente capítulo
vital en la historia del cubo, porque, incluso si está privado de todos los
puntos de referencia materiales para definir el movimiento, el espaciotiempo
absoluto de la relatividad especial proporciona un algo con respecto al cual
puede decirse que se aceleran los objetos.
§. Cortando espacio y tiempo
Para ver esto, imaginemos que Marge y Lisa, buscando alguna cualidad del
tiempo, se apuntan a un curso de extensión sobre renovación urbana en el
Instituto Bums. Como primera tarea, se les pide que vuelvan a diseñar el
trazado de calles y avenidas de Springfield, sometido a dos requisitos:
primero, la malla de calles/avenidas debe estar configurada de modo que el
monumento al Hongo Nuclear esté localizado exactamente en el centro de la
malla, en el cruce de la calle Cinco y la Quinta Avenida, y segundo, el diseño
debe utilizar calles de cien metros de largo, y avenidas, perpendiculares a las
calles, que también sean de cien metros de largo. Inmediatamente antes de la
clase, Marge y Lisa comparan sus planos y se dan cuenta de que algo está
terriblemente equivocado. Tras configurar adecuadamente su malla de modo que el
monumento esté en el centro, Margie encuentra que Kwik-E-Mart está en el cruce
de la calle Ocho y la Quinta Avenida, y la central de energía nuclear está en
el cruce de la calle Tres y la Quinta Avenida, como se muestra en la figura
3.2a. Pero en el plano de Lisa, las direcciones son completamente diferentes:
el Kwik-E-Mart está cerca de la esquina de la calle Siete y la Tercera Avenida,
mientras que la central está en la calle Cuatro y la Séptima Avenida, como en
la figura 3.2b. Evidentemente, alguien ha cometido un error.
Sin embargo, tras un momento de reflexión, Lisa se
da cuenta de lo que pasa. No hay errores. Tanto ella como Marge tienen razón.
Simplemente escogieron orientaciones diferentes para sus mallas de calles y
avenidas. Las calles y avenidas de Marge corren a un ángulo con respecto a las
de Lisa; sus mallas están rotadas una respecto a otra; han seccionado
Springfield en calles y avenidas de dos maneras diferentes (ver Fig. 3.2c). La
lección aquí es simple pero importante. Hay libertad en la forma de organizar Springfield,
una región del espacio, en calles y avenidas. No hay calles «absolutas» ni
avenidas «absolutas». La elección de Marge es tan válida como la de Lisa, o,
para el caso, como cualquier otra orientación posible.
Figura 3.2. (a) Diseño de calles de Marge, (b) Diseño de calles de Lisa.
Tengamos esta idea en mente al introducir el tiempo
en la imagen.
Estamos acostumbrados a pensar en el espacio como
el escenario del universo, pero los procesos físicos ocurren en una región del
espacio duranteun intervalo de tiempo. Como ejemplo, imaginemos que
Itchy y Scratchy se están batiendo en duelo, como se ilustra en la figura 3.3a,
y los sucesos se registran momento a momento, como en uno de esos libros
antiguos de imágenes fijas que dan la sensación de movimiento cuando las
páginas se pasan rápidamente. Cada página es una «rebanada temporal», como un
fotograma en una película, que muestra lo que sucedió en una región del espacio
en un instante de tiempo. Para ver lo que sucedió en un instante de tiempo
diferente, usted salta a una página diferente. [iv] (Por
supuesto, el espacio es tridimensional mientras que las páginas son
bidimensionales, pero obviemos esta simplificación por comodidad de pensamiento
y para dibujar las figuras. No afectará a ninguna de nuestras conclusiones.) A
modo de terminología, una región de espacio considerada durante un intervalo de
tiempo se denomina una región de espaciotiempo; usted puede
considerar una región de espaciotiempo como un registro de todas las cosas que
suceden en una región del espacio durante una extensión particular de tiempo.
Figura 3.2. (c) Visión de conjunto de los diseños de calles/avenidas de
Marge y de Lisa. Sus mallas difieren por una rotación.
Ahora, siguiendo la idea del profesor de
matemáticas de Einstein, Hermann Minkowski (que en una ocasión calificó a su
joven estudiante de perro perezoso), consideremos la región del espaciotiempo
como una entidad en sí misma: consideremos el libro completo como un objeto por
sí mismo.
Para hacerlo, imaginemos que, como en la figura
3.3b, ampliamos la encuadernación del libro de imágenes fijas y luego
imaginemos que, como en la figura 3.3c, todas las páginas son completamente
transparentes, de modo que cuando usted mira el libro ve un bloque continuo que
contiene todos los sucesos que sucedieron durante un intervalo de tiempo dado.
Desde esta perspectiva, las páginas deberían considerarse como algo que
simplemente proporciona una forma conveniente de organizar el contenido del
bloque, es decir, de organizar los sucesos del espaciotiempo, .
Figura 3.3. (a) Libro de imágenes fijas del duelo, (b) Libro de imágenes
fijas con el lomo ampliado.
De la misma forma que una malla de calles/avenidas
nos permite especificar fácilmente lugares en una ciudad, dando la dirección de
su calle y avenida, la división del bloque espaciotemporal en páginas nos
permite especificar fácilmente un suceso (Itchy disparando su pistola, Scratchy
siendo herido, y así sucesivamente) dando el tiempo en el que ocurrió el
suceso, la página en la que aparece, y la localización dentro de la región del
espacio mostrada en las páginas.
Figura 3.3. (c) Bloque de espaciotiempo que contiene el duelo. Las páginas,
o «rebanadas de tiempo», organizan los sucesos en el bloque. Los espacios entre
rebanadas se muestran sólo por claridad visual; no pretenden sugerir que el
tiempo sea discreto, una cuestión que discutimos más tarde.
Éste es el punto clave: de la misma forma que Lisa
se dio cuenta de que hay diferentes maneras igualmente válidas de seccionar una
región del espacio en calles y avenidas, Einstein se dio cuenta de que hay
diferentes maneras igualmente válidas de seccionar una región del
espaciotiempo, un bloque como el de la figura 3.3c, en regiones de espacio en
instantes de tiempo. Las páginas en las figuras 3.3a, b y c, donde,
de nuevo, cada página denota un instante de tiempo, proporcionan
sólo uno de los muchos cortesposibles. Esto puede sonar como una ampliación
menor de lo que sabemos intuitivamente sobre el espacio, pero es la base para
superar alguna de las intuiciones más básicas que hemos mantenido durante miles
de años. Hasta 1905 se pensaba que todo el mundo experimenta el paso del tiempo
de forma idéntica, que todo el mundo coincide en qué sucesos ocurren en un
instante de tiempo dado, y por ello, que todo el mundo coincidiría en lo que
pertenece a una página dada en el libro del espaciotiempo. Pero cuando Einstein
comprendió que dos observadores en movimiento relativo tienen relojes que
marchan de forma diferente, todo esto cambió. Relojes que se están moviendo
unos con respecto a otros pierden la sincronización y por lo tanto dan nociones
diferentes de simultaneidad. Cada página en la figura 3.3b no es sino la visión
de un observador de los sucesos en el espacio que tienen lugar en un instante
dado de su tiempo. Otro observador, en movimiento con respecto al primero,
declarará que no todos los sucesos en una sola de estas páginas suceden al
mismo tiempo.
Esto se conoce como la relatividad de la
simultaneidad, y podemos verlo directamente. Imaginemos que Itchy y
Scratchy, pistolas en mano, se enfrentan ahora uno a otro desde extremos
opuestos de un largo vagón en movimiento, con un juez en el tren y otro que
oficia desde el andén. Para hacer el duelo lo más justo posible, todas las
partes han acordado olvidar la regla de los tres pasos y, en su lugar, los
duelistas dispararán cuando explote un pequeño montón de pólvora colocado a
mitad de camino entre ellos. El primer árbitro, Apu, enciende la mecha, toma un
sorbo de su refrescante Chutney Squishee, y retrocede. La pólvora se inflama, y
ambos, Itchy y Scratchy, apuntan y disparan. Puesto que Itchy y Scratchy están
a la misma distancia de la pólvora, Apu está seguro de que la luz de la
llamarada les llega simultáneamente, de modo que él levanta la bandera verde y
declara un duelo limpio. Pero el segundo árbitro, Martin, que estaba observando
desde el andén, gritará juego sucio, afirmando que Itchy vio la señal luminosa
de la explosión antes que Scratchy. Él explica que puesto que el tren se estaba
moviendo hacia delante, Itchy se estaba dirigiendo hacia la luz mientras que
Scratchy se alejaba de ella. Esto significa que la luz no tenía que viajar
tanto para llegar a Itchy, puesto que éste se movía acercándose a ella; más
aún, la luz tenía que viajar más lejos para llegar a Scratchy, puesto que éste
se alejaba de ella. Puesto que la velocidad de la luz, moviéndose a izquierda o
derecha desde cualquier perspectiva, es constante, Martin afirma que la luz
necesitó más tiempo para llegar a Scratchy puesto que tuvo que viajar más, lo
que hace el duelo injusto.
¿Quién tiene razón, Apu o Martin? La respuesta
inesperada de Einstein es que ambos la tienen. Aunque las conclusiones de
nuestros dos árbitros difieren, las observaciones y el razonamiento de cada uno
de ellos no tienen fallo. Como el bate y la bola de béisbol, ellos simplemente
tienen perspectivas diferentes de la misma secuencia de sucesos. Lo que
Einstein puso de manifiesto es que sus diferentes perspectivas generan
afirmaciones diferentes pero igualmente válidas de qué sucesos suceden al mismo
tiempo. Por supuesto, a las velocidades cotidianas como la del tren, la
disparidad es pequeña, Martin afirma que Scratchy vio la luz menos de una
billonésima de segundo después de Itchy, pero si el tren se estuviera moviendo
más rápido, casi a la velocidad de la luz, la diferencia temporal sería
sustancial.
Pensemos en lo que esto significa para las páginas
del libro que seccionan una región del espaciotiempo. Puesto que los
observadores que se mueven uno con respecto a otro no están de acuerdo en qué
cosas suceden simultáneamente, la forma en que cada uno de ellos seccionará un
bloque de espaciotiempo en páginas, cada una de las cuales contiene todos los
sucesos que suceden en un instante dado, desde la perspectiva de cada
espectador, tampoco estará de acuerdo. En su lugar, los observadores que se
mueven uno con respecto a otro, seccionarán un bloque del espaciotiempo en
páginas, en rebanadas de tiempo, de maneras diferentes pero igualmente válidas.
Einstein encontró para el espacio tiempo lo que Lisa y Mage encontraron para el
espacio.
§. Inclinando las rebanadas
La analogía entre mallas calle/avenida y rebanadas de tiempo puede llevarse aún
más lejos. De la misma forma que los planos de Mage y Lisa difieren por una
rotación, las rebanadas de tiempo de Apu y Martin, sus páginas de libro también
difieren por una rotación, pero una rotación que implica tanto a espacio como a
tiempo. Esto se ilustra en las figuras 3.4a y 3.4b, en las que vemos que las
rebanadas de Martin están rotadas con respecto a las de Apu, lo que le lleva a
concluir que el duelo no es limpio. Una diferencia de detalle crítica, no
obstante, es que mientras el ángulo de rotación entre los esquemas de Marge y
Lisa se debía a una mera elección de los planos, el ángulo de rotación entre
las rebanadas de Apu y Martin está determinado por su velocidad relativa. Con
mínimo esfuerzo podemos ver por qué.
Figura 3.4. Rebanadas de tiempo según (a) Apu y (b) Martin, que están en
movimiento relativo. Sus rebanadas difieren por una rotación en el espacio y el
tiempo. Según Apu, que está en el tren, el duelo es justo; según Martin, que
está en el andén, no lo es. Ambos puntos de vista son igualmente válidos. En
(b) se resalta el ángulo diferente en que están sus rebanadas del
espaciotiempo.
Imaginemos que Itchy y Scratchy se han
reconciliado. En lugar de tratar de dispararse uno a otro, sólo quieren
asegurar que los relojes que hay en la parte delantera y la parte trasera del
tren están perfectamente sincronizados.
Puesto que ellos siguen estando a la misma
distancia de la pólvora, urden el siguiente plan. Acuerdan poner sus relojes en
hora al mediodía justo cuando vean la luz de la pólvora inflamada. Desde su
perspectiva, la luz tiene que viajar la misma distancia para llegar a cada uno
de ellos y, puesto que la velocidad de la luz es constante, les llegará
simultáneamente. Pero, por la misma razón que antes, Martin y cualquier otro
que mire desde el andén dirá que Itchy se dirige hacia la luz emitida mientras
que Scratchy se está alejando de ella, y por eso Itchy recibirá la señal
luminosa un poco antes que Scratchy.
Los observadores del andén concluirán así que Itchy
puso su reloj a las 12.00 antes que Scratchy y por lo tanto afirmarán que el
reloj de Itchy está un poco adelantado con respecto al de Scratchy. Por
ejemplo, para un observador en el andén como Martin, cuando son las 12.06 en el
reloj de Itchy, pueden ser sólo las 12.04 en el de Scratchy (los números
exactos dependen de la longitud y la velocidad del tren; cuanto más largo sea y
más rápido vaya, mayor es la discrepancia). Pero desde el punto de vista de Apu
y de cualquiera que vaya en el tren, Itchy y Scratchy realizaron la
sincronización perfectamente. Una vez más, aunque es difícil de aceptarlo
visceralmente, no hay aquí paradoja: los observadores en movimiento
relativo no están de acuerdo en la simultaneidad, no están de acuerdo en
qué cosas suceden al mismo tiempo .
Esto significa que una página del libro tal como se
ve desde la perspectiva de los que están en el tren, una página que contiene
sucesos que consideran simultáneos, tales como la puesta en hora de los relojes
de Itchy y Scratchy, contiene sucesos que están en páginas diferentes desde
la perspectiva de los que observan desde el andén (según los observadores del
andén, Itchy puso en hora su reloj antes que Scratchy, de modo que estos dos
sucesos están en diferentes páginas desde la perspectiva del observador del
andén). Y ahí lo tenemos. Una misma página desde la perspectiva de quienes
están en el tren contiene sucesos que están en páginas anteriores y páginas
posteriores de un observador en el andén. Por esto es por lo que las rebanadas
de Martin y Apu en la figura 3.4 están rotadas unas respecto a otras: lo que es
una única rebanada de tiempo desde una perspectiva corta muchas rebanadas de
tiempo desde la otra perspectiva.
Si la idea de Newton de espacio absoluto y tiempo
absoluto fuera correcta, todos estarían de acuerdo en un único rebanamiento del
espaciotiempo. Cada rebanada representaría el espacio absoluto visto en un
instante dado de tiempo absoluto. Sin embargo, no es así como funciona el
mundo, y el cambio desde el tiempo newtoniano rígido a la flexibilidad
einsteiniana recién descubierta inspira un cambio en nuestra metáfora. Más que
ver el espaciotiempo como un libro rígido, a veces será útil considerarlo como una
barra de pan enorme y recién hecha. En lugar de las páginas fijas que
constituyen un libro, las rebanadas de tiempo newtoniano fijas, consideraremos
la variedad de ángulos en los que uno puede cortar una barra en rebanadas de
pan paralelas, como en la figura 3.5a. Cada rebanada de pan representa el
espacio en un instante de tiempo desde la perspectiva de un observador. Pero
como se ilustra en la figura 3.5b, otro observador, en movimiento con respecto
al primero, cortará la barra de espaciotiempo a un ángulo diferente. Cuanto
mayor es la velocidad relativa de los dos observadores mayor es el ángulo entre
sus respectivos cortes paralelos (como se explica en las notas finales, la
velocidad límite impuesta por la luz se traduce en un ángulo máximo de rotación
de 45° para estos cortes) [26] y mayor es la discrepancia entre lo que los observadores
informarán que ha sucedido en el mismo instante.
§. El cubo, según la relatividad especial
La relatividad de tiempo y espacio requiere un tiempo drástico en nuestro
pensamiento. Pese a todo, hay un punto importante, antes mencionado y ahora
ilustrado por la barra de pan, que a menudo se pasa por alto: no todo
enrelatividad es relativo. Incluso si usted y yo imagináramos que se rebana
una barra de pan de dos maneras diferentes, hay algo en lo que estaríamos
plenamente de acuerdo: la totalidad de la propia barra. Aunque nuestras
rebanadas difiriesen, si yo imaginara que junto todas mis rebanadas y usted
imaginara que hace lo mismo con todas sus rebanadas, los dos reconstruiríamos
la misma barra de pan. ¿Cómo podría ser de otra manera? Se supone que ambos
cortamos la misma barra.
Análogamente, la totalidad de todas las rebanadas
de espacio en instantes sucesivos de tiempo, desde la perspectiva de cualquier
único observador (ver figura 3.4), da colectivamente la misma región de
espaciotiempo. Diferentes observadores rebanan una región de espaciotiempo de
diferentes maneras, pero la región misma, como la barra de pan, tiene una
existencia independiente. Así, aunque Newton estaba decididamente equivocado,
su intuición de que había algo absoluto, algo en lo que todos estarían de acuerdo,
no fue completamente descartada por la relatividad especial. El espacio
absoluto no existe. El tiempo absoluto no existe. Pero según la relatividad
especial, el espaciotiempo absoluto sí existe. Con esta observación,
revisitemos una vez más el cubo.
Figura 3.5. De la misma forma que una barra de pan puede ser rebanada a
ángulos diferentes, un bloque de espaciotiempo es «rebanado temporalmente» a
ángulos diferentes por observadores en movimiento relativo. Cuanto mayor es la
velocidad relativa, mayor es el ángulo (con un ángulo máximo de 45°
correspondiente a la velocidad máxima fijada por la luz).
En un universo por lo demás vacío, ¿con respecto a
qué está girando el cubo? Según Newton, la respuesta es el espacio absoluto.
Según Mach, no hay ningún sentido siquiera en el que se pueda decir que el cubo
gira. Según la relatividad especial de Einstein, la respuesta es el
espaciotiempo absoluto.
Para entender esto, consideremos de nuevo los
trazados de calles y avenidas propuestos para Springfield. Recordemos que Marge
y Lisa discrepaban sobre la dirección de la calle y avenida del Kwik-E-Mart y
de la central nuclear porque sus mallas estaban rotadas una respecto a otra.
Incluso así, independientemente de cómo escoja la malla cada una de ellas, hay
algunas cosas en las que decididamente seguirán de acuerdo. Por ejemplo, si con
el fin de incrementar el rendimiento de los trabajadores durante la hora de
comer, se pinta una raya en el suelo que va directamente desde la central
nuclear hasta el Kwik-E-Mart, Marge y Lisa no estarán de acuerdo en las calles
y avenidas por las que pasa la raya, como usted puede ver en la figura 3.6,
pero sí seguirán de acuerdo en la forma de la raya: estarán de acuerdo en que
es una línea recta. La forma geométrica de la raya pintada es independiente de
la malla calles/avenidas concreta que cada una esté utilizando.
Figura 3.6. Independientemente de qué malla de calles se utilice, todos
están de acuerdo en la forma de un sendero, en este caso una línea recta.
Einstein se dio cuenta de que algo similar es
válido para el espaciotiempo.
Incluso si dos observadores en movimiento relativo
rebanan el espaciotiempo de maneras diferentes, hay cosas en las que siguen de
acuerdo. Como un primer ejemplo, consideremos una línea recta no sólo a través
del espacio, sino a través del espaciotiempo. Aunque la inclusión del tiempo
hace que dicha trayectoria sea menos familiar, un momento de reflexión revela
su significado. Para que la trayectoria de un objeto a través del espaciotiempo
sea recta, el objeto no sólo debe moverse en una línea recta a través del
espacio, sino que su movimiento también debe ser uniforme a través del tiempo;
es decir, tanto su velocidad como su dirección deben ser invariables, y por
ello debe moverse con velocidad constante. Ahora bien, incluso si diferentes
observadores rebanan la barra del espaciotiempo a ángulos diferentes y por ello
no coincidirán en cuánto tiempo ha transcurrido o cuánta distancia se ha
cubierto entre varios puntos de una trayectoria, dichos observadores seguirán
de acuerdo, como Marge y Lisa, en si una trayectoria a través del espaciotiempo
es una línea recta. Del mismo modo que la forma geométrica de la raya pintada
hasta el Kwik-E-Mart es independiente del corte calles/avenidas que uno
utilice, también las formas geométricas de las trayectorias en el espaciotiempo
son independientes del corte temporal que uno utilice. [27]
Ésta es una idea simple pero crucial, porque con
ella la relatividad especial proporcionó un criterio absoluto, uno en el que
todos los observadores coincidirían, independientemente de sus velocidades
relativas constantes, para decidir si algo se está acelerando o no. Si la
trayectoria que sigue un objeto a través del espaciotiempo es una línea recta,
como la del astronauta en reposo (a) en la figura 3.7, no se está acelerando.
Si la trayectoria que sigue un objeto tiene cualquier otra forma diferente de
una línea recta a través del espacio, se está acelerando. Por ejemplo, ¿si el
astronauta encendiera su equipo de propulsión y se pusiera a dar vueltas, como
el astronauta (b) en la figura 3.7, o si saliera disparado hacia el espacio
profundo a velocidad cada vez mayor, como el astronauta (c), ¿su trayectoria a
través del espaciotiempo sería curva (el signo revelador de la aceleración)?
Y así, con estos desarrollos aprendemos que las
formas geométricas de las trayectorias en el espaciotiempo proporcionan el
patrón absoluto que determina si algo se está acelerando . El
espaciotiempo, no el espacio solo, proporciona la referencia.
Figura 3.7. Caminos a través del espaciotiempo seguidos por tres
astronautas. El astronauta (a) no está acelerado y por ello sigue una línea
recta a través del espaciotiempo. El astronauta (b) describe círculos
repetidamente, y por eso sigue una espiral en el espaciotiempo. El astronauta
(c) acelera en el espacio profundo, y por eso sigue otra trayectoria curva en
el espacio.
En este sentido, la relatividad especial nos dice
que el propio espaciotiempo es el árbitro último del movimiento acelerado. El
espaciotiempo proporciona el telón de fondo con respecto al cual puede decirse
que algo, como un cubo en rotación, se acelera incluso en un universo por lo
demás vacío. Con esta idea, el péndulo hizo una nueva oscilación: de Leibniz el
relacionista había pasado a Newton el absolutista, luego a Mach el
relacionista, y ahora pasaba de nuevo a Einstein, cuya relatividad especial demostraba
una vez más que el escenario de la realidad, visto como espaciotiempo, no como
espacio, es suficiente para ofrecer la referencia definitiva para el
movimiento. [28]
§. La Gravedad y la Antigua Pregunta
En este momento usted podría pensar que hemos llegado al final de la historia
del cubo, con las ideas de Mach desacreditadas y con la victoria de la radical
actualización por parte de Einstein de los conceptos absolutos de espacio y
tiempo de Newton. La verdad, sin embargo, es más sutil y más interesante.
Pero si para usted son nuevas las ideas que hemos
cubierto hasta ahora, quizá necesite una pausa antes de seguir hacia las
últimas secciones de este capítulo.
|
Tabla 3.1 |
|
|
Newton |
El espacio es una entidad: el movimiento
acelerado no es relativo; posición absolutista. |
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Leibniz |
El espacio no es una entidad: todos los
aspectos del movimiento son relativos; posición relacionista. |
|
Mach |
El espacio no es una entidad; el movimiento
acelerado es relativo a la distribución media de masa en el universo;
posición relacionista. |
|
Einstein (relatividad especial) |
Espacio y tiempo son relativos
individualmente; el espacio tiempo es una entidad absoluta |
En la tabla 3.1 encontrará un resumen para
refrescar su memoria cuando esté listo para reemprender la marcha.
Muy bien. Si usted está leyendo estas palabras,
deduzco que está listo para el siguiente paso importante en la historia del
espaciotiempo, un paso catalizado en gran medida por no otro que Ernst Mach.
Aunque la relatividad especial, a diferencia de la teoría de Mach, concluye que
incluso en un universo por lo demás vacío usted se sentiría presionado contra
la pared interior de un cubo en rotación y que la cuerda atada entre las dos
piedras que giran se tensaría, Einstein seguía profundamente fascinado por las
ideas de Mach. No obstante, comprendió que una seria consideración de estas
ideas requería ampliarlas de forma significativa. Mach nunca especificó
realmente un mecanismo mediante el que las estrellas lejanas y el resto de la
materia en el universo pudiera desempeñar un papel en la fuerza que hace que se
abran sus brazos cuando usted gira o con la que se siente presionado contra la
pared interior de un cubo en rotación. Einstein empezó a sospechar que si
hubiera un mecanismo semejante podría tener algo que ver con la gravedad.
TABLA 3.1. Sumario de varias posiciones naturales
en el espacio y espaciotiempo Esta idea tenía un aliciente particular para
Einstein, porque en la relatividad especial, con el fin de mantener el análisis
en un nivel tratable, había ignorado por completo la gravedad. Quizá, pensó,
una teoría más robusta, que englobara la relatividad especial y la gravedad,
llegaría a una conclusión diferente respecto a las ideas de Mach. Quizá,
supuso, una generalización de la relatividad especial que incorporara la gravedad
mostraría que la materia, tanto próxima como lejana, determina la fuerza que
sentimos cuando aceleramos.
Einstein también tenía una segunda razón, algo más
apremiante, para volver su atención hacia la gravedad. Comprendió que la
relatividad especial, con su lema central de que la velocidad de la luz es la
velocidad más rápida con la que cualquier objeto o cualquier perturbación puede
viajar, estaba en conflicto directo con la ley de la gravitación universal de
Newton, ese logro incomparable que durante más de doscientos años había
predicho con fantástica precisión el movimiento de la Luna, los planetas, los
cometas y todas las cosas lanzadas hacia el cielo. Independientemente del éxito
experimental de la ley de Newton, Einstein se dio cuenta de que, según Newton,
la gravedad ejerce su influencia de un lugar a otro, del Sol a la Tierra, de la
Tierra a la Luna, de aquí a allí, instantáneamente, sin que transcurra ningún
tiempo, mucho más rápida que la luz, y eso contradecía directamente
la relatividad especial.
Para ilustrar esta contradicción, imagine que usted
ha tenido una tarde realmente decepcionante (ha perdido el club de baloncesto
de su ciudad, nadie recordó su cumpleaños, alguien se comió el último trozo de
Velveeta) y necesita estar solo algún tiempo, así que se lleva el velero de la
familia para pasar una noche relajada a bordo. La Luna está sobre su cabeza y
hay marea alta (es la atracción gravitatoria de la Luna sobre las masas de agua
la que crea las mareas), y en la superficie ondulada del agua danzan bellos
reflejos de luz. Pero entonces, como si su noche no hubiera sido ya lo bastante
irritante, unos alienígenas hostiles acaban con la Luna y la envían al otro
lado de la galaxia. Por supuesto, la repentina desaparición de la Luna sería
extraña, pero si la ley de la gravedad de Newton fuera correcta el episodio
mostraría algo aún más extraño. La ley de Newton predice que la marea alta
empezaría a retirarse debido a la pérdida del tirón gravitatorio de la Luna,
aproximadamente un segundo y medio antes de que usted viera que la Luna
desaparecía del cielo. Como un corredor de velocidad que sale antes
del pistoletazo, el agua parecería retirarse un segundo y medio
demasiado pronto .
La razón es que, según Newton, en el mismo momento
en que la Luna desaparece su tirón gravitatorio desaparecería también instantáneamente,
y sin la gravedad de la Luna las mareas empezarían a disminuir inmediatamente.
Pero, puesto que la luz necesita un segundo y medio para recorrer los casi
400.000 kilómetros entre la Luna y la Tierra, usted no vería inmediatamente que
la Luna había desaparecido; durante un segundo y medio parecería que las mareas
estaban retrocediendo de una Luna que seguía brillando en lo alto como de la
forma habitual. Así pues, según el enfoque de Newton, la gravedad puede
afectarnos antes que la luz, la gravedad puede superar a la luz, y esto,
Einstein estaba seguro, era erróneo.[29]
Y así, en 1907 Einstein llegó a obsesionarse con la
idea de formular una nueva teoría de la gravedad, una que fuera al menos tan
precisa como la de Newton pero que no estuviera en conflicto con la teoría de
la relatividad especial. Ésta resultó ser un desafío mayor que todos los demás.
El formidable intelecto de Einstein había encontrado finalmente la horma de su
zapato. Su cuaderno de este período está lleno de ideas a medio formular,
propuestas en las que pequeños errores daban como resultado largas divagaciones
por caminos espúreos, y exclamaciones de que había resuelto el problema sólo
para darse cuenta inmediatamente después de que había cometido otro error.
Finalmente, en 1915, Einstein salió a la luz. Aunque Einstein tuvo ayuda en
momentos críticos, muy en particular del matemático Marcel Grossman, el
descubrimiento de la relatividad general fue la rara lucha
heroica de una única mente por dominar el universo. El resultado es la joya de
la corona de la física precuántica.
El viaje de Einstein hacia la relatividad general
empezó con una pregunta clave que Newton, con cierta vergüenza, había dejado de
lado dos siglos antes. ¿Cómo ejerce la gravedad su influencia a través de
enormes extensiones de espacio? ¿Cómo afecta el Sol, que está a tan enorme
distancia, al movimiento de la Tierra? El Sol no toca a la Tierra, de modo que
¿cómo lo hace? En resumen, ¿cómo hace la gravedad su trabajo? Aunque Newton
descubrió una ecuación que describía el efecto de la gravedad con gran precisión,
él reconocía abiertamente que había dejado sin responder la pregunta importante
de cómo actúa realmente la gravedad. En sus Principia Newton
escribió: «Dejo este problema a la consideración del lector».[30]
Como usted puede ver, hay una similitud entre este
problema y el que Faraday y Maxwell resolvieron en el siglo XIX, utilizando la
idea de un campo magnético, concerniente a la forma en que un imán ejerce su
influencia sobre objetos con los que no está literalmente en contacto. Así que
se podría sugerir una respuesta similar: la gravedad ejerce su influencia
mediante otro campo, el campo gravitatorio. Y, hablando en términos generales,
ésta es la sugerencia correcta. Pero formular esta respuesta de una manera que
no entre en conflicto con la relatividad especial es algo más fácil de decir
que de hacer.
Mucho más fácil. Fue a esta tarea a la que el
propio Einstein se dedicó con arrojo, y con el marco deslumbrante que forjó
tras cerca de una década de búsqueda en la oscuridad, Einstein destronó a la
reverenciada teoría de la gravedad de Newton. Y lo que es igualmente
deslumbrante, la historia cierra el círculo porque la idea clave de Einstein
estaba firmemente ligada a la cuestión que Newton ilustró con el cubo: ¿cuál es
la verdadera naturaleza del movimiento acelerado?
§. La equivalencia entre gravedad y aceleración
En la relatividad especial, Einstein se centraba principalmente en los
observadores que se movían con velocidad constante, observadores que no sienten
movimiento y por eso están justificados para afirmar que están en reposo y que
es el resto del mundo el que se mueve. Itchy, Scratchy y Apu, que van en el
tren, no sienten ningún movimiento. Desde su perspectiva, es Martin y todos los
demás en el andén los que se están moviendo. Martin tampoco siente ningún movimiento.
Para él, es el tren y sus pasajeros los que están en movimiento. Ninguna de las
dos perspectivas es más correcta que la otra. Pero el movimiento acelerado es
diferente, porque uno puede sentirlo.
Usted se siente presionado contra el asiento de un
automóvil cuando acelera, se siente empujado de lado cuando un tren da una
curva cerrada, se siente presionado contra el suelo de un ascensor que acelera
hacia arriba.
De todas formas, las fuerzas que usted siente
resultaban muy familiares para Einstein. Cuando usted se acerca a una curva
cerrada, por ejemplo, pone su cuerpo rígido preparándose para aguantar el
empuje lateral, porque la fuerza es inevitable. No hay ninguna manera de
protegerse frente a su acción.
La única manera de evitar la fuerza es cambiar de
plan y no tomar la curva.
Esto llamó la atención de Einstein. Él reconoció
que esto mismo es lo que caracteriza a la fuerza gravitatoria. Si usted está de
pie en el planeta Tierra, está sujeto a la atracción gravitatoria del planeta
Tierra. Es inevitable. No hay escape. Aunque usted puede protegerse de las
fuerzas electromagnéticas y nucleares, no hay ninguna manera de protegerse
frente a la gravedad. Y un día de 1907 Einstein comprendió que ésta no era una
mera analogía. En uno de esos destellos de intuición que los científicos esperan
durante toda una vida, Einstein comprendió que gravedad y movimiento acelerado
son dos caras de la misma moneda.
De la misma forma que al cambiar su movimiento
planeado (para evitar la aceleración) usted puede evitar el sentirse presionado
contra el asiento de su automóvil o sentirse empujado de lado en el tren,
Einstein comprendió que cambiando adecuadamente su movimiento usted también
puede evitar las sensaciones normales asociadas con la atracción de la
gravedad. La idea es maravillosamente simple. Para entenderla, imagine que
Barney está tratando desesperadamente de ganar la Copa Springfield, una
competición de un mes de duración entre todos los hombres de cintura generosa
para ver quién puede adelgazar el mayor número de centímetros. Pero al cabo de
dos semanas de dieta líquida (Cerveza Duff), cuando su tripa todavía no le deja
ver la balanza del cuarto de baño, pierde toda esperanza. Y así, en un ataque
de frustración, salta desde la ventana del cuarto de baño con la balanza pegada
a sus pies. En su caída, inmediatamente antes de sumergirse en la piscina de su
vecino, Barney mira la escala de la balanza ¿y qué ve? Bien, Einstein fue la
primera persona en comprender, y comprender plenamente, que Barney verá que la
escala de la balanza marca cero. La balanza cae exactamente a la misma
velocidad que Barney, de modo que sus pies no presionan contra ella. En caída
libre, Barney experimenta la misma ingravidez que los
astronautas experimentan en el espacio exterior .
De hecho, si imaginamos que Barney salta de su
ventana a un gran pozo del que se ha evacuado todo el aire, entonces en su
caída no sólo estaría eliminada la resistencia del aire, sino que, debido a que
cada átomo de su cuerpo estaría cayendo a exactamente la misma velocidad, todas
las tensiones habituales del cuerpo, sus pies presionando contra sus
zapatillas, sus piernas presionando en sus pantalones, sus brazos colgando de
sus hombros,
estarían también eliminadas. [31] Al cerrar los ojos durante el descenso, Barney sentiría
exactamente lo que sentiría si estuviera flotando en la oscuridad del espacio
profundo. (Y por si usted es más feliz con ejemplos no humanos: si deja caer
dos piedras unidas por una cuerda en el pozo vaciado, la cuerda permanecerá
flácida, como lo haría si las piedras estuvieran flotando en el espacio
exterior.) Así pues, cambiando su estado de movimiento, «abandonándose
plenamente a la gravedad», Barney es capaz de simular un ambiente libre de
gravedad. (De hecho, para habituar a los astronautas al ambiente libre de
gravedad del espacio exterior, la NASA les lleva en un avión 707 modificado,
apodado el Cometa Vómito, que periódicamente entra en un estado de
caída libre hacia la Tierra.)
De forma análoga, mediante un cambio adecuado en el
movimiento usted puede crear una fuerza que es esencialmente idéntica a la
gravedad. Por ejemplo, imagine que Barney se une a los astronautas que flotan
ingrávidos en su cápsula espacial, con la balanza de baño aún pegada a sus pies
y aún marcando cero. Si la cápsula encendiera sus cohetes y acelerase, las
cosas cambiarían significativamente. Barney se sentiría presionado contra el
suelo de la cápsula, igual que usted se siente presionado contra el suelo de un
ascensor que se acelera hacia arriba. Y puesto que los pies de Barney están
ahora presionando contra la balanza, la escala ya no marca cero. Si el capitán
enciende los cohetes en el instante correcto, la escala de la balanza marcará
exactamente lo que Barney veía en el cuarto de baño. Gracias a una aceleración
adecuada, Barney está ahora experimentando una fuerza que es indistinguible de
la gravedad.
Lo mismo es cierto para otros tipos de movimiento
acelerado. Si Barney se uniera a Homer en el cubo en el espacio exterior, y,
cuando el cubo gira, estuviese perpendicular a Homer, pies y balanza contra la
pared interior del cubo, la balanza registraría una lectura distinta de cero
puesto que sus pies presionarían contra ella. Si el cubo gira a la velocidad
correcta, la balanza dará la misma lectura que Barney encontró antes en el
cuarto de baño: la aceleración del cubo giratorio también puede simular la gravedad
de la Tierra.
Todo esto llevó a Einstein a concluir que la fuerza
que uno siente de la gravedad y la fuerza que uno siente de la aceleración son
la misma. Son equivalentes. Einstein llamó a esto el principio de
equivalencia.
Echemos una mirada a lo que significa. Precisamente
ahora usted siente la influencia de la gravedad. Si está de pie, sus pies
sienten el suelo que soporta su peso. Si está sentado, siente el apoyo en
alguna otra parte, y a menos que esté leyendo en un avión o en un automóvil
también es probable que piense que está en reposo, que no está acelerando o ni
siquiera moviéndose. Pero según Einstein usted está realmente acelerando.
Puesto que usted sigue estando sentado, esto suena algo estúpido, pero no olvide
hacer la pregunta habitual: ¿acelerando con respecto a qué?, ¿acelerando desde
qué punto de vista?
Con la relatividad especial Einstein afirmó que el
espaciotiempo absoluto proporciona la referencia. Pero la relatividad especial
no tiene en cuenta la gravedad. Luego, mediante el principio de equivalencia,
Einstein proporcionó una referencia más robusta que incluye los efectos de la
gravedad. Y esto entrañaba un radical cambio de perspectiva. Puesto que
la gravedad y la aceleración son equivalentes, si usted siente la
influencia de la gravedad debe estar acelerando . Einstein
argumentó que sólo aquellos observadores que no sienten ninguna fuerza en
absoluto, incluyendo la fuerza de la gravedad, están justificados cuando
declaran que no están acelerando.
Dichos observadores libres de fuerzas proporcionan
los verdaderos puntos de referencia para discutir el movimiento, y es este
reconocimiento el que requiere un cambio importante en nuestra forma de
considerar estas cosas.
Cuando Barney salta de su ventana hacia el espacio
evacuado, le describiríamos normalmente diciendo que está acelerando hacia la
superficie de la Tierra. Pero Einstein no estaría de acuerdo con esta
descripción. Según Einstein Barney no está acelerando. Él no
siente ninguna fuerza. Él está ingrávido. Él se
siente como si estuviera flotando en la profunda oscuridad del espacio
vacío. Él proporciona el patrón frente al que debe compararse
todo movimiento. Y en esta comparación, cuando usted está leyendo tranquilamente
en casa, está acelerando. Desde la perspectiva de Barney en su caída libre
desde la ventana, la perspectiva, según Einstein, de una verdadera referencia
para el movimiento, usted y la Tierra y todos los demás objetos que normalmente
consideramos en reposo están acelerandohacia arriba. Einstein diría
que era la cabeza de Newton la que se elevó para tropezar con la manzana, y no
al revés.
Evidentemente, ésta es una manera radicalmente
diferente de pensar en el movimiento. Pero está anclada en el simple
reconocimiento de que usted siente solo la influencia de la gravedad cuando se
resiste a ella. Por el contrario, cuando usted se abandona completamente a la
gravedad no la siente. Suponiendo que no esté sometido a ninguna otra
influencia (tal como la resistencia del aire), cuando se abandona a la gravedad
y se deja caer libremente usted siente lo que sentiría si estuviera flotando
libremente en el espacio vacío, una perspectiva que, sin ninguna duda,
consideramos que no está acelerada.
En resumen, sólo cuando esos individuos que están
flotando libremente, independientemente de si están en las profundidades del
espacio exterior o en curso de chocar con la superficie de la Tierra, están
justificados para afirmar que no están experimentando aceleración. Si usted
pasa frente a un observador semejante y hay aceleración relativa entre ustedes
dos, entonces, según Einstein, usted está acelerando.
De hecho, notemos que ni Itchy, ni Scratchy, ni
Apu, ni Martin, estaban verdaderamente justificados para decir que él estaba en
reposo durante el duelo, puesto que todos ellos sentían la atracción hacia
abajo de la gravedad.
Esto no afecta a nuestra discusión anterior, porque
entonces estábamos interesados sólo en el movimiento horizontal, movimiento que
no estaba afectado por la gravedad vertical experimentada por todos los
participantes.
Pero una cuestión de principio importante es que el
vínculo que Einstein encontró entre gravedad y aceleración significa, una vez
más, que sólo estamos justificados para considerar en reposo a aquellos
observadores que no sienten ninguna fuerza.
Habiendo establecido el vínculo entre gravedad y
aceleración, Einstein estaba ahora listo para aceptar el desafío de Newton y
buscar una explicación de cómo la gravedad ejerce su influencia.
§. Deformaciones, curvas y gravedad
Mediante la relatividad especial, Einstein demostró que cada observador corta
el espaciotiempo en rebanadas paralelas que para él son el espacio entero en
sucesivos instantes de tiempo, con el giro inesperado de que los observadores
que se mueven uno respecto a otro a velocidad constante cortarán el
espaciotiempo a ángulos diferentes. Si uno de estos observadores empezara a
acelerar, usted podría conjeturar que los cambios instante-a-instante en su
velocidad y/o dirección de movimiento darían como resultado cambios
instante-a-instante en el ángulo y orientación de sus rebanadas. Hablando en
términos generales, esto es lo que sucede. Einstein (utilizando ideas
geométricas articuladas por Cari Friedrich Gauss, George Bernhard Riemann y
otros matemáticos del siglo XIX) desarrolló esta idea, a trompicones, y
demostró que los cortes a ángulos diferentes de la barra espaciotemporal se
funden suavemente en rebanadas que están curvadas pero encajan
con tanta perfección como las cucharas en una cubertería de plata, como se
ilustra esquemáticamente en la figura 3.8.Un observador acelerado corta
rebanadasespaciales que están deformadas.
Con esta idea, Einstein pudo invocar el principio
de equivalencia con profundas consecuencias. Puesto que gravedad y aceleración
son equivalentes, Einstein comprendió que la propia gravedad no debe ser otra
cosa que deformaciones y curvas en el tejido del espaciotiempo. Veíamos lo que
esto significa.
Figura 3.8. Según la relatividad general, no sólo la barra espaciotemporal
será rebanada en el espacio en instantes de tiempo a diferentes ángulos (por
observadores en movimiento relativo), sino que las propias rebanadas estarán
deformadas o curvadas por la presencia de materia y energía.
Si usted hace rodar una canica a lo largo de un
suelo de madera uniforme, ésta se moverá en línea recta. Pero si usted ha
sufrido recientemente una terrible inundación y el suelo se ha secado dejando
todo tipo de baches y deformaciones, una canica que rueda ya no se moverá a lo
largo del mismo camino. En su lugar, será guiada en una u otra dirección por
los baches y curvas de la superficie del suelo. Einstein aplicó esta sencilla
idea al tejido del universo. Imaginó que en ausencia de materia o energía, no hay
Sol, no hay Tierra, no hay estrellas, el espaciotiempo, como el suelo de madera
uniforme, no tiene baches ni curvas. Es plano. Esto se ilustra esquemáticamente
en la figura 3.9a, en la que nos centramos en una sección del espacio. Por
supuesto, el espacio es realmente tridimensional, y por ello la figura 3.9b es
una representación más exacta, pero los dibujos que ilustran dos dimensiones
son más fáciles de entender, de modo que seguiremos utilizándolos. Einstein
imaginó entonces que la presencia de materia o energía tiene un efecto sobre el
espacio muy parecido al efecto que la inundación tuvo sobre el suelo. Materia y
energía, como el Sol, hacen que el espacio (y el espaciotiempo[32][v]) se deforme
y curve como se ilustra en las figuras 3.10a y 3.10b. Y de la misma forma que
una canica que rueda por el suelo deformado sigue una trayectoria curva,
Einstein demostró que algo que se mueva a través del espacio deformado, como la
Tierra moviéndose en la vecindad del Sol, viajará a lo largo de una trayectoria
curva, como se ilustra en la figura 3.11a y la figura 3.11b.
Figura 3.9. (a) Espacio plano (versión 2-d). (b) Espacio plano (versión
3-d).
Es como si la materia y la energía imprimieran una
red de conductos y valles a lo largo de la cual los objetos son guiados por la
mano invisible del tejido del espaciotiempo. Así es, según Einstein, como la
gravedad ejerce su influencia. La misma idea se aplica también más cerca de
casa. Precisamente ahora, a su cuerpo le gustaría deslizarse por una muesca en
el tejido del espaciotiempo provocada por la presencia de la Tierra. Pero su
movimiento está siendo bloqueado por la superficie sobre la que usted está
sentado o de pie. El empuje hacia arriba que usted siente en casi todos los
instantes de su vida, sea desde el terreno, el suelo de su casa, la silla
plegable o su cama enorme, está actuando para impedirle deslizar cuesta abajo
hacia un valle en el espaciotiempo. Por el contrario, si usted se arroja desde
un trampolín, se abandona a la gravedad permitiendo que su cuerpo se mueva
libremente a lo largo de uno de sus conductos espaciotiemporales.
Figura 3.10. (a) El Sol deformando el espacio (versión 2-d). (b) El Sol
deformando el espacio (versión 3-d).
Figura 3.11. La Tierra permanece en órbita alrededor del Sol porque sigue
curvas en el tejido del espaciotiempo causadas por la presencia del Sol. (a)
Versión 2-d. (b) Versión 3-d.
Las figuras 3.9, 3.10 y 3.11 ilustran
esquemáticamente el triunfo de los diez años de lucha de Einstein. Gran parte
de su trabajo durante estos años estaba destinado a determinar la forma y el
tamaño precisos de la deformación que provocaría una cantidad dada de materia o
energía. El resultado matemático que encontró Einstein subyace a estas figuras
y está encarnado en las que se denominan ecuaciones de campo de
Einstein. Como su nombre indica, Einstein veía la deformación del
espaciotiempo como manifestación, la encarnación geométrica, de un campo
gravitatorio.
Enmarcando geométricamente el problema, Einstein
fue capaz de encontrar ecuaciones que hacen para la gravedad lo que las
ecuaciones de Maxwell hacían para el electromagnetismo. [33] Y utilizando estas ecuaciones, Einstein y muchos otros hicieron
predicciones de la trayectoria que seguiría este o aquel planeta, o incluso la
luz emitida por una estrella lejana cuando atraviesa el espaciotiempo curvo.
Estas predicciones no sólo han sido confirmadas con un gran nivel de exactitud
sino que, puesta en competición frontal con las predicciones de la teoría de
Newton, la teoría de Einstein se ajusta a la realidad con mayor fidelidad.
La misma importancia tiene el hecho de que, puesto
que la relatividad general especifica el mecanismo detallado mediante el que
actúa la gravedad, la teoría proporciona una herramienta matemática para
determinar con qué rapidez transmite su influencia. La velocidad de transmisión
se reduce a la cuestión de con qué rapidez puede cambiar en el tiempo la forma
del espacio.
Es decir, con qué rapidez pueden ir de un lugar a
otro las deformaciones y rizos del espacio, rizos como los que causa en la
superficie de un estanque una piedra que cae. Einstein fue capaz de calcularla
y la respuesta a la que llegó era enormemente satisfactoria. Encontró que
deformaciones y rizos, es decir, la gravedad, no viajan instantáneamente de un
lugar a otro, como lo hacen en los cálculos newtonianos de la gravedad. En su
lugar, viajanexactamente a la velocidad de la luz. Ni un poco más
rápidos ni un poco más lentos, plenamente de acuerdo con la velocidad límite
establecida por la relatividad especial. Si los alienígenas sacaran a la Luna
de su órbita, las mareas retrocederían un segundo y medio después, exactamente
en el mismo momento en que hubiéramos visto que la Luna había desaparecido.
Donde fallaba la teoría de Newton, prevalecía la teoría de Einstein.
§. La relatividad general y el cubo
Además de dar al mundo una teoría elegante, conceptualmente poderosa y, por
primera vez, completamente consistente de la gravedad, la teoría de la
relatividad general también reconfiguró por completo nuestra visión del espacio
y el tiempo. Tanto en la concepción de Newton como en la de la relatividad
especial, espacio y tiempo proporcionaban un escenario invariable para los
sucesos del universo. Incluso si seccionar el cosmos en rebanadas de espacio en
instantes sucesivos tiene una flexibilidad en la relatividad especial
impensable en la época de Newton, espacio y tiempo no responden a
acontecimientos en el universo. El espaciotiempo, la barra, como lo hemos
estado llamando, se toma como dado, de una vez por todas. En la relatividad
general, todo esto cambia. Espacio y tiempo se hacen actores en el cosmos en
evolución. Cobran vida. La materia aquí hace que el espacio se deforme allí, lo
que hace que la materia de ahí se mueva, lo que hace el espacio allí se deforme
aún más, y así sucesivamente. La relatividad general proporciona la coreografía
para una danza cósmica del espacio, el tiempo, la materia y la energía.
Éste es un desarrollo asombroso. Pero volvamos
ahora a nuestro tema central: ¿qué pasa con el cubo? ¿Proporciona la
relatividad general la base física para las ideas relacionistas de Mach, tal
como esperaba Einstein?
Durante años, esta pregunta ha generado mucha
controversia.
Inicialmente, Einstein pensó que la relatividad
general incorporaba plenamente la perspectiva de Mach, un punto de vista que
consideraba tan importante que lo bautizó como principio de Mach.
De hecho, en 1930 mientras Einstein estaba trabajando arduamente para poner en
su lugar las últimas piezas de la relatividad general, escribió a Mach una
carta entusiasta en la que describía cómo la relatividad general podría
confirmar el análisis de Mach del experimento del cubo de Newton. [34] Y en 1918, cuando Einstein escribió un artículo enumerando las
tres ideas esenciales tras la relatividad general, el tercer punto en su lista
era el principio de Mach. Pero la relatividad general es sutil y tenía aspectos
que necesitaron muchos años para que los físicos, incluyendo al propio
Einstein, los apreciaran por completo. Cuando estos aspectos fueron mejor
entendidos, Einstein encontró cada vez más difícil incorporar plenamente el
principio de Mach en la relatividad general.
Poco a poco, se desilusionó con las ideas de Mach,
y en los últimos años de su vida llegó a rechazarlas. [35]
Con medio siglo más de investigación e intuición,
podemos considerar de nuevo en qué medida la relatividad general se conforma al
razonamiento de Mach. Aunque sigue habiendo alguna controversia, creo que el
enunciado más preciso es que en algunos aspectos la relatividad general tiene
un sabor característicamente machiano, pero no se adapta a la plena perspectiva
relacionista que defendía Mach.
Esto es lo que quiero decir. Mach argumentaba [36] que cuando la superficie del agua en rotación se hace cóncava, o
cuando usted siente que sus brazos se extienden hacia afuera, o cuando la
cuerda atada a las dos piedras se pone tensa, esto no tiene nada que ver con
una hipotética, y, en su visión, completamente equivocada, noción de espacio
absoluto (o espaciotiempo absoluto, en nuestro conocimiento más moderno). Más
bien, él argumentó que ello es prueba de movimiento acelerado con respecto a
toda la materia que hay dispersa en el cosmos. Si no hubiera materia, no habría
noción de aceleración y no sucedería ninguno de los efectos físicos enumerados
(agua cóncava, brazos extendidos, cuerda tensa).
§.¿Qué dice la relatividad general?
Según la relatividad general, las referencias para
todo movimiento, y para el movimiento acelerado en particular, son los
observadores en caída libre, observadores que se han abandonado completamente a
la gravedad y sobre los que no actúa ninguna otra fuerza. Ahora, un punto clave
es que la fuerza gravitatoria a la que se somete un observador en caída libre
surge de toda la materia (y energía) dispersa a lo largo del cosmos. La Tierra,
la Luna, los planetas lejanos, estrellas, nubes de gas, cuásares y galaxias,
todos contribuyen al campo gravitatorio (en lenguaje geométrico, a la curvatura
del espaciotiempo) precisamente donde usted está sentado ahora. Las cosas que
son más masivas y están menos lejanas ejercen una mayor influencia
gravitatoria, pero el campo gravitatorio que usted siente representa la
influencia combinada de toda la materia que hay ahí fuera. [37] El camino que usted hubiera tomado para abandonarse plenamente a
la gravedad y adoptar un movimiento de caída libre, la referencia en que usted
se hubiera convertido para juzgar si algún otro objeto se está
acelerando, estaría influida por toda la materia en el cosmos,
por las estrellas en el cielo y por la casa de al lado. Así pues, en
relatividad general, cuando se dice que un objeto está acelerando, se quiere
decir que el objeto está acelerando con respecto a una referencia determinada
por la materia dispersa por todo el universo. Ésa es una conclusión que tiene
el sentido de lo que Mach defendía. Por ello, en este sentido, la relatividad
general incorpora algo del pensamiento de Mach.
De todas formas, la relatividad general no confirma
todo el razonamiento de Mach, como podemos ver directamente considerando, una
vez más, el cubo en rotación en un universo por lo demás vacío. En un universo
invariable vacío, sin estrellas, sin planetas, sin nada en absoluto, no hay
gravedad. [38] Y sin gravedad, el espaciotiempo no está deformado, adopta la
forma simple y no curvada mostrada en la figura 3.9b, y eso significa que
estamos de nuevo en el escenario más simple de la relatividad especial.
(Recordemos que Einstein ignoró la gravedad
mientras desarrollaba la relatividad especial. La relatividad general corregía
esta deficiencia incorporando la gravedad, pero cuando el universo es vacío e
invariable no hay gravedad, y así la relatividad general se reduce a la
relatividad especial.) Si ahora introducimos el cubo en este universo vacío, su
masa es tan minúscula que su presencia apenas afecta a la forma del espacio y
por ello la discusión que hicimos antes para el cubo en relatividad especial se
aplica igualmente a la relatividad general. Contrariamente a lo que Mach
hubiera predicho, la relatividad general llega a la misma respuesta que la
relatividad especial, y afirma que incluso en un universo por lo demás vacío
usted se sentiría presionado contra la pared interna del cubo
en rotación; en un universo por lo demás vacío, sus brazos se sentirían impulsados
hacia afuera si usted girara; en un universo por lo demás vacío, la cuerda
entre dos piedras que giran se pondría tensa. La conclusión
que extraemos es que, incluso en relatividad general, el espaciotiempo vacío
proporciona una referencia para el movimiento acelerado.
Por ello, aunque la relatividad general incorpora
algunos elementos del pensamiento de Mach, no suscribe la idea completamente
relativa del movimiento que defendía Mach. [39] El principio de Mach es un ejemplo de una idea provocativa que
inspiró un descubrimiento revolucionario, incluso si finalmente ese
descubrimiento no incorporaba plenamente la idea que lo inspiró.
§. El espaciotiempo y el tercer milenio
El cubo giratorio ha hecho un largo viaje. Hemos pasado del espacio absoluto y
el tiempo absoluto de Newton a las concepciones relaciónales de Leibniz y
después de Mach; más tarde a la idea de Einstein en la relatividad especial de
que el espacio y el tiempo son relativos y pese a todo en su unión llenan el
espaciotiempo absoluto; y finalmente a su posterior descubrimiento en la
relatividad general de que el espaciotiempo es un actor dinámico en el cosmos
en desarrollo; y el cubo siempre ha estado allí. Siempre presente en la mente,
ha ofrecido un test sencillo y silencioso de si el material invisible,
abstracto e impalpable del espacio y, con más generalidad, el espaciotiempo es
lo bastante sustancial como para proporcionar la referencia última para el
movimiento. ¿El veredicto? Aunque la cuestión sigue siendo debatida, como
acabamos de ver, la lectura más directa de Einstein y su relatividad general es
que el espaciotiempo puede ofrecer esa referencia: el espaciotiempo es
unalgo .[40]
Note, sin embargo, que esta conclusión es también
motivo de celebración entre los defensores de una perspectiva relacionista
definida de una manera más general. En la visión de Newton, y posteriormente la
de la relatividad especial, el espacio y luego el espaciotiempo se invocaban
como entidades que proporcionan la referencia para definir el movimiento
acelerado, y puesto que, según estas perspectivas, el espacio y el
espaciotiempo son absolutamente inmutables, esta noción de aceleración es
absoluta. En la relatividad general, sin embargo, el carácter del espaciotiempo
es completamente diferente. El espaciotiempo y, en particular, la manera en que
se deforma y curva, es una encarnación del campo gravitatorio. Así pues, en
relatividad general la aceleración con respecto al espaciotiempo es un lejano
eco de la idea absoluta invocada por teorías anteriores. En su lugar, como
Einstein expuso elocuentemente pocos años antes de morir, [41] la aceleración con respecto al espaciotiempo de la relatividad
general es relacional. No es una aceleración con respecto a
objetos materiales como piedras o estrellas, sino que es aceleración con
respecto a algo real, tangible y mutable: un campo, el campo
gravitatorio. [vi]
En este sentido, el espaciotiempo, siendo la
encarnación de la gravedad, es tan real en relatividad general que la
referencia que ofrece es una que muchos relacionistas pueden aceptar
cómodamente.
El debate sobre las cuestiones discutidas en este
capítulo continuará sin duda mientras sigamos tratando de entender lo que
realmente son el espacio, el tiempo y el espaciotiempo. Con el desarrollo de la
mecánica cuántica, el argumento sólo se complica. Los conceptos de espacio
vacío y de nada asumen un significado totalmente nuevo cuando la
indeterminación cuántica entra en escena. De hecho, desde 1905, cuando Einstein
prescindió del éter luminífero, la idea de que el espacio está lleno con
sustancias invisibles ha hecho una firme reaparición. Como veremos en capítulos
posteriores, desarrollos clave en la física moderna han restituido diversas
formas de una entidad de tipo éter, ninguna de las cuales establece un patrón
absoluto para el movimiento, como hacía el éter luminífero original, pero todas
ellas desafían la concepción ingenua de lo que se entiende por el hecho de que
el espaciotiempo sea vacío. Además, como ahora veremos, el papel más básico que
el espacio desempeña en un universo clásico, como el medio que separa un objeto
de otro, como el material interpuesto que nos permite declarar decididamente
que un objeto es distinto e independiente de otro, es fuertemente cuestionado
por las sorprendentes conexiones cuánticas.
Capítulo 4
Entrelazando el espacio
¿Qué significa estar separado en un universo cuántico?
Contenido:
§. El mundo según el cuanto
§. El rojo y el azul
§. Lanzando una onda
§. La probabilidad y las leyes de la física
§. Einstein y la mecánica cuántica
§. Heisenberg y la incertidumbre
§. Einstein, la incertidumbre y la cuestión de la realidad
§. La respuesta cuántica
§. Bell y el espín
§. Poniendo a prueba la realidad
§. Contando ángeles con ángulos
§. No humo, sino fuego
§. Entrelazamiento y relatividad especial: la visión estándar
Aceptar la relatividad especial y general es
abandonar el espacio absoluto y el tiempo absoluto newtonianos. Aunque no es
fácil, usted puede entrenar su mente para hacerlo. Cada vez que se mueva,
imagine que su ahora se está desplazando respecto a los ahora que experimentan
todos los que no se mueven con usted. Cuando esté conduciendo por una
autopista, imagine que su reloj marcha a un ritmo diferente de los relojes de
las casas por las que está pasando. Cuando esté observando desde la cima de una
montaña, imagine que, debido a la deformación del espaciotiempo, el tiempo pasa
más rápidamente para usted que para los que están sometidos a una gravedad más
fuerte en el terreno que hay más abajo. Yo digo «imagine» porque en
circunstancias normales tales como éstas, los efectos de la relatividad son tan
minúsculos que pasan completamente desapercibidos. La experiencia cotidiana no
puede revelar cómo funciona realmente el universo, y por eso es por lo que cien
años después de Einstein, casi nadie, ni siquiera los físicos profesionales,
tiene una sensación visceral de la relatividad. Esto no es sorprendente; uno
tiene dificultades para encontrar qué ventaja para la supervivencia ofrece una
sólida idea de la relatividad. Las concepciones fallidas de Newton de espacio
absoluto y tiempo absoluto funcionan maravillosamente bien a las bajas
velocidades y la gravedad moderada que encontramos en la vida diaria, de modo
que nuestros sentidos no están bajo ninguna presión evolutiva para desarrollar
la perspicacia relativista. Por consiguiente, una comprensión profunda y un
verdadero conocimiento requieren que utilicemos diligentemente nuestro
intelecto para llenar las lagunas que dejan nuestros sentidos.
Aunque la relatividad representó una ruptura
trascendental con las ideas tradicionales sobre el universo, entre 1900 y 1930
otra revolución estaba también poniendo la física al revés. Empezó a comienzos
del siglo XX con un par de artículos sobre las propiedades de la radiación, uno
de Max Planck y otro de Einstein. Éstos llevaron, tras tres décadas de intensa
investigación, a la formulación de la mecánica cuántica. Como sucede con la
relatividad, cuyos efectos se hacen importantes en condiciones extremas de
velocidad o gravedad, la nueva física de la mecánica cuántica sólo se muestra
generosamente en otra situación extrema: el reino de lo extraordinariamente
minúsculo. Pero hay una clara diferencia entre los cambios radicales que
introducen la relatividad y la mecánica cuántica. La extrañeza de la
relatividad aparece porque nuestra experiencia personal del espacio y el tiempo
difiere de la experiencia de los demás. Es una extrañeza que nace de la
comparación. Estamos obligados a admitir que nuestra visión de la realidad es
sólo una entre muchas, infinitas, de hecho, que encajan dentro del todo sin
fisuras del espaciotiempo.
La mecánica cuántica es diferente. Su extrañeza se
hace evidente sin comparación. Es más difícil entrenar su mente para tener
intuición mecanocuántica, porque la mecánica cuántica hace añicos nuestra
propia concepción personal e individual de la realidad.
§. El mundo según el cuanto
Cada época elabora sus historias o metáforas de cómo fue concebido y está
estructurado el universo. Según un antiguo mito indio de la Creación, el
universo fue creado cuando los dioses desmembraron al gigante primordial
Purusa, cuya cabeza se convirtió en el cielo, cuyos pies se convirtieron en la
Tierra y cuyo aliento se convirtió en el viento. Para Aristóteles el universo
era una colección de cincuenta y cinco esferas cristalinas concéntricas; la más
exterior era el cielo, que rodeaba a las de los planetas, la Tierra y sus
elementos, y finalmente los siete círculos del infierno.[42] Con Newton y su formulación matemática determinista y precisa del
movimiento, la descripción cambió de nuevo. El universo fue asemejado a un
enorme y gran reloj mecánico: después de darle cuerda y ponerlo en su estado
inicial, el universo mecánico sigue en marcha desde un instante al siguiente
con completa regularidad y predecibilidad.
La relatividad especial y general señaló sutilezas
importantes de la metáfora del reloj: no hay un único reloj universal y
preferido; no hay consenso en lo que constituye un instante, lo que constituye
un ahora. Incluso así, usted puede seguir contando una historia mecánica sobre
el universo en evolución. El reloj es su reloj. La historia es su historia.
Pero el universo se desarrolla con la misma regularidad y predecibilidad que en
el marco newtoniano. Si por algún medio usted conoce el estado del universo
precisamente ahora, si usted sabe dónde está cada partícula y con qué rapidez y
en qué dirección se está moviendo, entonces, coinciden Newton y Einstein, usted
puede, en principio, utilizar las leyes de la física para predecir todo sobre
el universo en un futuro arbitrariamente lejano o calcular cómo era en el
pasado arbitrariamente lejano. [43]
La mecánica cuántica rompe con esta tradición. Ni
siquiera podemos saber la posición exacta y la velocidad exacta de una única
partícula. No podemos predecir con total certeza ni siquiera el resultado del
experimento más simple, y mucho menos la evolución del cosmos entero. La
mecánica cuántica muestra que lo mejor que podemos hacer es predecir la
probabilidad de que un experimento salga de esta manera o de aquélla. Y puesto
que la mecánica cuántica ha sido verificada a lo largo de décadas de experimentos
fantásticamente precisos, el reloj cósmico newtoniano, incluso con su
actualización einsteiniana, es una metáfora insostenible; decididamente no es
cómo funciona el mundo.
Pero la ruptura con el pasado es aún más completa.
Incluso si las teorías de Newton y Einstein difieren claramente en lo que
respecta a la naturaleza del espacio y el tiempo, coinciden en ciertos hechos
básicos, ciertas verdades que parecen ser evidentes. Si hay espacio entre dos
objetos, si hay dos pájaros en el cielo y uno sale volando hacia la derecha y
el otro sale volando hacia la izquierda, podemos considerar, y lo hacemos, que
los objetos son independientes. Los consideramos como entidades separadas y
distintas. El espacio, cualquier cosa que sea fundamentalmente, proporciona el
medio que separa y distingue un objeto de otro. Eso es lo que hace el espacio.
Cosas que ocupan lugares diferentes en el espacio son cosas diferentes. Además,
para que un objeto influya en otro, debe franquear de alguna manera el espacio
que los separa. Un pájaro puede volar hacia el otro, atravesando el espacio
entre ambos, y entonces picotear o empujar a su compañero. Una persona puede
influir en otra disparando un tirachinas, haciendo que una piedra atraviese el
espacio entre ellas; o puede influir gritando, causando un efecto dominó de
moléculas de aire que chocan unas con otras, poniendo en movimiento a las
vecinas hasta producir un bang en el tímpano del receptor. Siendo aún más
sofisticados, uno puede ejercer influencia sobre otro encendiendo un láser, que
genera una onda electromagnética, un rayo de luz, que atraviesa el espacio
interpuesto; o, siendo más ambicioso (como los extraterrestres del último
capítulo) uno puede agitar o desplazar un cuerpo masivo (como la Luna) enviando
una perturbación gravitatoria desde un lugar a otro. Por supuesto, si estamos
aquí podemos influir en alguien allí, pero, no importa cómo lo hagamos, el
procedimiento siempre implica a alguien o algo que viaja de aquí a allí, y sólo
cuando alguien o algo llega allí puede ejercerse la influencia.
Los físicos llaman a esta característica del
universo localidad, lo que resalta el hecho de que usted puede influir
directamente sólo en las cosas que están próximas, que son locales. El vudú
contraviene la localidad, puesto que implica hacer algo aquí e influir en algo
allí sin necesidad de que nada viaje de aquí a allí, pero la experiencia común
nos lleva a pensar que experimentos repetibles y verifícales confirmarían la
localidad. [44] Y la mayoría lo hacen.
Pero una clase de experimentos realizados durante
las dos últimas décadas han mostrado que algo que hacemos aquí (tal como medir
ciertas propiedades de una partícula) puede estar sutilmente entretejido con
algo que sucede allí (tal como el resultado de medir ciertas propiedades de
otra partícula distante) sin que se envíe nada de aquí a allí. Aunque
intuitivamente desconcertante, este fenómeno se ajusta por completo a las leyes
de la mecánica cuántica, y fue predicho utilizando la mecánica cuántica mucho
antes de que existiera la tecnología para hacer el experimento y observar, lo
que resulta extraordinario, que la predicción es correcta. Esto suena como el
vudú; Einstein, que estaba entre los primeros físicos en reconocer, y criticar
seriamente, esta posible característica de la mecánica cuántica, la llamó
«fantasmal». Pero como veremos, los vínculos a larga distancia que estos
experimentos confirman son extraordinariamente delicados y, en un sentido
preciso, están fundamentalmente más allá de nuestra capacidad de control.
De todas formas, estos resultados, que proceden de
consideraciones tanto teóricas como experimentales, apoyan con fuerza la
conclusión de que el universo admite interconexiones que son no locales. [45] Algo que sucede aquí puede estar entrelazado con algo que sucede
allí incluso si nada viaja de aquí a allí, e incluso si no hay tiempo
suficiente para que algo, ni siquiera la luz, viaje entre los sucesos. Esto
significa que el espacio no puede considerarse como lo fue una vez: el espacio
interpuesto, por mucho que haya, no asegura que dos objetos estén separados,
puesto que la mecánica cuántica permite un entrelazamiento, un tipo de
conexión, que existe entre ellos. Una partícula, como una de las innumerables
partículas que le constituyen a usted o a mí, puede pasar pero no puede
ocultarse. Según la teoría cuántica y los muchos experimentos que apoyan sus
predicciones, la conexión cuántica entre dos partículas puede persistir incluso
si están en lados opuestos del universo. Desde el punto de vista de su
entrelazamiento, independientemente de los muchos billones de kilómetros de
espacio entre ellas, es como si estuviesen una encima de otra.
Numerosos asaltos a nuestra idea de la realidad
están emergiendo de la física moderna; encontraremos muchos en los capítulos
siguientes. Pero de entre los que han sido verificados experimentalmente, no
encuentro ninguno más extraordinario que la reciente comprensión de que nuestro
universo es no local.
§. El rojo y el azul
Para hacemos una idea del tipo de no localidad que emerge de la mecánica
cuántica imaginemos que la agente Scully, que hacía tiempo que se merecía unas
vacaciones, se ha retirado a la hacienda de su familia en Provence. Antes de
que tenga tiempo de deshacer sus maletas suena el teléfono. Es el agente Mulder
que llama desde América.
«¿Recibiste la caja, la envuelta en papel rojo y
azul?» Scully, que al entrar ha puesto todo su correo en un montón, mira y ve
el paquete. «Mulder, por favor, no hice todo el camino hasta Aix-en-Provence
para trabajar con otro montón de ficheros.»
«No, no, el paquete no es mío. Yo también recibí
uno, y dentro hay esas pequeñas cajas herméticas de titanio, numeradas de 1 a
1.000, y una carta que dice que tú también recibirías un paquete idéntico.»
«Sí, ¿y qué?», responde Scully lentamente,
empezando a temer que las cajas de titanio puedan poner fin a sus vacaciones.
«Bien», continúa Mulder, «la carta dice que cada
caja de titanio contiene una esfera alienígena que emitirá un destello rojo o
azul en el momento en que se abra la pequeña puerta lateral que tiene.»
«Mulder, ¿se supone que tengo que estar
impresionada?»
«Todavía no, pero escucha. La carta dice que antes
de que se abra cualquier caja dada, la esfera tiene la capacidad de emitir un
destello o rojo o azul, y decide aleatoriamente entre un color u otro en el
momento en que se abre la puerta. Pero aquí viene la parte extraña. La carta
dice que aunque tus cajas funcionan exactamente igual que las mías, incluso si
las esferas dentro de cada una de nuestras cajas eligen aleatoriamente entre
emitir un destello rojo o uno azul, nuestras cajas de algún modo funcionan
conjuntamente. La carta afirma que existe una conexión misteriosa, de modo que
si yo veo un destello azul cuando abra mi caja 1, tú también verás un destello
azul cuando abras tu caja 1; si yo veo un destello rojo cuando abra mi caja 2,
tú también verás un destello rojo al abrir tu caja 2, y así sucesivamente.»
«Mulder, estoy realmente agotada. Deja estar los
trucos de salón y espera hasta que esté de vuelta.»
«Por favor, Scully. Ya sé que estás de vacaciones,
pero no podemos dejarlo. Sólo necesitamos unos minutos para ver si es cierto.»
A regañadientes, Scully se da cuenta de que es
inútil resistirse, de modo que va y abre sus pequeñas cajas. Y al comparar los
colores de los destellos de cada caja, Scully y Mulder encuentran realmente el
acuerdo que predecía la carta. A veces la esfera de una caja emite un destello
rojo, y a veces azul, pero al abrir cajas con el mismo número, Scully y Mulder
ven siempre un destello del mismo color. Él está cada vez más excitado y
agitado por las esferas alienígenas pero ella sigue totalmente impertérrita.
«Mulder», dice seriamente Scully por el teléfono,
«realmente necesitas unas vacaciones. Esto es una tontería. Obviamente, la
esfera que hay dentro de cada una de nuestras cajas ha sido programada para
emitir un destello rojo o ha sido programada para emitir un destello azul
cuando se abre la puerta de su caja. Y quienquiera que nos envió esta cosa
absurda programó nuestras cajas de forma idéntica de modo que tú y yo vemos un
destello del mismo color en cajas con el mismo número.»
«Pero, Scully, la carta dice que cada esfera
alienígena escoge aleatoriamente entre emitir un destello azul y un destello
rojo cuando se abre la puerta, no que la esfera haya sido preprogramada para
escoger un color o el otro.»
«¡Mulder!», grita Scully. «Mi explicación tiene
perfecto sentido y encaja todos los datos. ¿Qué más quieres? Y mira aquí, al
final de la carta. Aquí está lo más gracioso de todo. La pequeña imprenta
“alienígena” nos informa de que no sólo la apertura de la puerta de una caja
hará que la esfera en su interior emita un destello, sino que cualquier otra
manipulación con la caja para descubrir cómo funciona, por ejemplo, si tratamos
de examinar la composición química o el color de la esfera antes de que la caja
se abra, también hará que emita un destello. En otras palabras, no podemos
analizar la supuesta selección aleatoria de rojo o azul porque cualquier
intento contaminará el propio experimento que estamos tratando de realizar. Es
como si yo te dijera que realmente soy rubia, pero me convierto en pelirroja
cuando tú o cualquier otro mira mi pelo o lo analiza de cualquier manera. ¿Cómo
podrías demostrar alguna vez que estoy equivocada? Tus hombrecillos verdes son
muy astutos, ellos han hecho las cosas de modo que no puedan ser
desenmascarados. Ahora, ve y juega con tus pequeñas cajas mientras yo disfruto
de un poco de paz y tranquilidad.»
Parecería que Scully se ha puesto del lado de la
ciencia. Pese a todo, aquí está el problema. Los mecánicos cuánticos, los
científicos, no los alienígenas, han estado haciendo durante casi ochenta años
afirmaciones sobre el funcionamiento del universo que se parecen mucho a las
descritas en la carta. Y el caso es que ahora hay fuerte evidencia científica
en apoyo de un punto de vista parecido al de Mulder y al de Scully. Por
ejemplo, según la mecánica cuántica una partícula puede estar en una especie de
limbo a medias entre tener una u otra propiedad particular, como una esfera
«alienígena» indecisa entre emitir destellos rojos y emitir destellos azules
antes de que se abra la puerta de su caja, y sólo cuando la partícula es
examinada (medida) se compromete aleatoriamente con una propiedad definida u
otra. Por si esto no fuera suficientemente extraño, la mecánica cuántica
predice también que puede haber conexiones entre partículas, similares a las
que se dice que existen entre las esferas alienígenas. Dos partículas pueden
estar tan entrelazadas por los efectos cuánticos que su selección aleatoria de
una propiedad u otra está correlacionada: de la misma forma que cada una de las
esferas alienígenas escoge aleatoriamente entre rojo y azul y, pese a todo, los
colores escogidos por las esferas en las cajas con el mismo número están
correlacionados (ambas emiten destellos rojos o ambas emiten destellos azules),
también las propiedades escogidas aleatoriamente por las dos partículas,
incluso si están muy separadas en el espacio, pueden estar en perfecta
correspondencia. Hablando en términos generales, incluso si las dos partículas
están ampliamente separadas la mecánica cuántica muestra que haga lo que haga
una partícula, también la hará la otra.
Como un ejemplo concreto, si usted lleva un par de
gafas de sol, la mecánica cuántica muestra que existe una probabilidad 50-50 de
que un fotón particular, como uno que es reflejado hacia usted desde la
superficie de un lago o desde una carretera asfaltada, atravesará sus lentes
polarizadas para reducir el brillo: cuando el fotón incide en las gafas,
«escoge» aleatoriamente entre reflejarse y atravesarlas. Lo sorprendente es que
dicho fotón puede tener un fotón compañero que ha ido a kilómetros de distancia
en dirección opuesta y, pese a todo, cuando se enfrenta a la misma probabilidad
50-50 de atravesar otra lente de gafas polarizada hará lo que hace el fotón
inicial. Incluso si cada resultado se decide aleatoriamente e incluso si los
fotones están muy separados en el espacio, si un fotón pasa, también lo hará el
otro. Éste es el tipo de no localidad predicha por la mecánica cuántica.
Einstein, que nunca fue un gran fan de la mecánica
cuántica, era reacio a aceptar que el universo actuara según reglas tan
extrañas. Defendió explicaciones más convencionales que prescindían de la idea
de que las partículas seleccionan aleatoriamente atributos y resultados cuando
son medidas. En su lugar, Einstein argumentó que si se observa que dos
partículas ampliamente separadas comparten ciertos atributos, esto no es
evidencia de ninguna misteriosa conexión cuántica que correlaciona
instantáneamente sus propiedades. De la misma forma que Scully argumentaba que
las esferas no escogen aleatoriamente entre rojo y azul, sino que están
programadas para emitir destellos de un color concreto cuando son observadas,
Einstein afirmaba que las partículas no escogen aleatoriamente entre tener una
propiedad u otra, sino que están similarmente «programadas» para tener una
propiedad definida y particular cuando son medidas adecuadamente. La
correlación entre el comportamiento de fotones ampliamente separados es una prueba,
afirmaba Einstein, de que los fotones estaban dotados de propiedades idénticas
cuando fueron emitidos, y no de que estén sometidos a algún extraño
entrelazamiento cuántico a larga distancia.
Durante cerca de cinco décadas, la cuestión de
quién tenía razón, Einstein o los defensores de la mecánica cuántica, quedó sin
respuesta porque, como veremos, el debate se hizo muy parecido al que mantenían
Scully y Mulder: cualquier intento de refutar las extrañas conexiones
mecanocuánticas propuestas y dejar intacta la idea más convencional de Einstein
tropezaba con la afirmación de que los propios experimentos contaminarían
necesariamente las propiedades mismas que trataban de estudiar. Todo esto cambió
en la década de 1960. Con una intuición sorprendente, el físico irlandés John
Bell demostró que la cuestión podía dirimirse experimentalmente, y en la década
de 1980 lo fue. La lectura más directa de los datos es que Einstein estaba
equivocado y existen conexiones extrañas y «fantasmales» entre cosas aquí y
cosas allí. [46]
El razonamiento que hay tras esta conclusión es tan
sutil que los físicos necesitaron más de tres décadas para apreciarlo
plenamente. Pero después de cubrir los aspectos esenciales de la mecánica
cuántica veremos que el núcleo del argumento se reduce a algo que no es más
complicado que un rompecabezas Click y Clack.
§. Lanzando una onda
Tome un trozo de película fotográfica de 35 milímetros, sobreexpóngala hasta
que quede negra y raspe la emulsión en dos líneas muy estrechas y próximas.
Si ahora dirige un puntero láser hacia este trozo
de película, usted verá la prueba directa de que la luz es una onda. Si nunca
hizo esto, vale la pena intentarlo (puede utilizar muchas cosas en lugar de la
película, la malla metálica de un filtro de cafetera, por ejemplo).
Figura 4.1. Un haz láser que atraviesa dos rendijas grabadas en un trozo de
película negra da una figura de interferencia en una pantalla detectora, lo que
demuestra que la luz es una onda.
La imagen que verá cuando la luz láser atraviese
las rendijas de la película e incida en una pantalla consiste en bandas
brillantes y oscuras, como en la figura 4.1, y la explicación para esta figura
se basa en una característica básica de las ondas. Las ondas de agua son las
más fáciles de visualizar, de modo que expliquemos primero el punto esencial
con ondas en un lago grande y tranquilo, y luego las aplicaremos a nuestra
comprensión de la luz.
Una onda de agua perturba la superficie plana de un
lago creando regiones donde el nivel del agua es mayor que lo habitual y
regiones donde es menor que lo habitual. La parte más alta de una onda se
denomina su cresta y la parte más baja se denomina su vientre. Una onda típica
implica una sucesión periódica: crestas seguidas de vientres seguidos de
crestas, y así sucesivamente. Si dos ondas se dirigen una hacia otra, si, por
ejemplo, usted y yo dejamos caer una piedra en el lago en posiciones vecinas, produciendo
ondas circulares que parten de los puntos de caída y se acercan una a otra,
cuando se crucen darán como resultado un efecto importante conocido como
interferencia, ilustrado en la figura 4.2a.
Cuando se cruzan una cresta de una onda y una
cresta de la otra, la altura del agua es aún mayor, al ser la suma de las
alturas de las dos crestas. Análogamente, cuando se cruzan un vientre de una
onda y un vientre de la otra, la depresión en el agua es aún más profunda, al
ser la suma de dos depresiones. Y ahora viene la combinación más importante:
cuando una cresta de una onda se cruza con un vientre de la otra, se cancelan
mutuamente, pues la cresta trata de hacer que el agua suba mientras que el vientre
trata de arrastrarla hacia abajo. Si la altura de la cresta de una onda iguala
a la profundidad del vientre de la otra, habrá cancelación perfecta cuando se
crucen, de modo que el agua en esa posición no se moverá en absoluto.
El mismo principio explica la figura que forma la
luz cuando atraviesa las dos rendijas en la figura 4.1. La luz es una onda
electromagnética; cuando atraviesa las dos rendijas, se divide en dos ondas que
se dirigen hacia la pantalla. Como las dos ondas de agua que acabamos de
comentar, las dos ondas de luz interfieren mutuamente. Cuando inciden en
diferentes puntos de la pantalla, hay veces en que ambas ondas están en su
cresta, haciendo que la pantalla brille; otras veces ambas ondas están en sus
vientres, haciéndola brillar también; pero a veces una onda está en su cresta y
la otra está en su vientre y se cancelan, haciendo que quede oscuro el punto de
la pantalla.
Ilustramos esto en la figura 4.2b.
Figura 4.2. (a) El solapamiento de ondas de agua produce una figura de
interferencia. (b) El solapamiento de ondas luminosas produce una figura de
interferencia.
Cuando se analiza con detalle el movimiento de la
onda, incluyendo los casos de cancelación parcial entre ondas en diversas fases
entre crestas y vientres, se puede demostrar que los puntos brillantes y
oscuros llenan las bandas vistas en la figura 4.1. Las bandas brillantes y
oscuras son por lo tanto una señal reveladora de que la luz es una onda, una
cuestión que había sido ardientemente debatida desde que Newton afirmó que la
luz no es una onda, sino que está constituida de un chorro de partículas (más sobre
esto dentro de un momento). Además, este análisis se aplica igualmente a
cualquier tipo de onda (onda luminosa, onda de agua, onda sonora, ponga usted
las que quiera) y así, las figuras de interferencia proporcionan la señal de
humo metafísica: usted sabe que está tratando con una onda si, cuando se le
obliga a atravesar dos rendijas del tamaño correcto (determinado por la
distancia entre las crestas y los vientres de la onda) la figura de intensidad
resultante se parece a la de la figura 4.1 (con regiones brillantes que
representan intensidad alta y regiones oscuras que son de baja intensidad).
En 1927, Clinton Davisson y Lester Germer lanzaron
un haz de electrones, entidades de tipo partícula sin ninguna conexión aparente
con las ondas, contra un trozo de cristal de níquel; los detalles no nos
interesan, pero lo que importa es que este experimento es equivalente a
disparar un haz de electrones contra una barrera con dos rendijas.
Figura 4.3. (a) La física clásica predice que los electrones lanzados contra
una barrera con dos rendijas producirán dos franjas brillantes en un detector,
(b) La física cuántica predice, y los experimentos confirman, que los
electrones lanzados contra una barrera con dos rendijas producirán una figura
de interferencia, lo que muestra que incorporan características tipo onda.
Cuando los experimentadores permitieron que los
electrones que atravesaban las rendijas continuaran su viaje hasta una pantalla
de fósforo donde la posición de su impacto era registrada por un destello
minúsculo (el mismo tipo de destellos responsables de la imagen en la pantalla
de su televisor), los resultados fueron asombrosos.
Considerando los electrones como pequeñas píldoras
o balas, usted esperaría naturalmente que las posiciones de sus impactos
estuvieran alineadas con las dos rendijas, como en la figura 4.3a. Pero no es
eso lo que encontraron Davisson y Germer. Su experimento produjo los datos
ilustrados esquemáticamente en la figura 4.3b: las posiciones de los impactos
electrónicos formaban una figura de interferencia característica de las ondas.
Davisson y Germer habían encontrado la señal.
Habían demostrado que el haz de electrones debe ser, inesperadamente, un cierto
tipo de onda.
Quizá usted no considere esto particularmente
sorprendente. El agua está hecha de moléculas de H2O, y una onda de agua
aparece cuando muchas moléculas se mueven en una pauta coordinada. Un grupo de
moléculas de H2O sube en un lugar, mientras que otro desciende en un lugar
vecino. Quizá los datos ilustrados en la figura 4.3 muestran que los
electrones, como las moléculas de H2O, se mueven a veces al unísono, creando
una pauta ondulatoria en su movimiento macroscópico y global. Aunque a primera
vista esto podría parecer una sugerencia razonable, la historia real es mucho
más inesperada.
Inicialmente imaginábamos que un diluvio de
electrones era disparado continuamente desde el cañón de electrones en la
figura 4.3. Pero podemos ajustar el cañón de modo que dispare cada vez menos
electrones por segundo.
De hecho, podemos ajustarlo hasta que dispare,
digamos, sólo un electrón cada diez segundos. Con suficiente paciencia podemos
realizar este experimento durante un largo período de tiempo y registrar la
posición de los impactos de cada electrón individual que atraviesa las
rendijas. Las figuras 4.4a-4.4c muestran los datos acumulados al cabo de una
hora, de medio día y de un día entero. En la década de 1920, imágenes como ésta
sacudieron los fundamentos de la física. Vemos que incluso electrones individuales,
que se mueven hacia la pantalla de uno en uno, individualmente, forman la
figura de interferencia característica de las ondas.
Figura 4.4. Electrones lanzados uno a uno hacia las rendijas forman una
figura de interferencia punto a punto. En (a)-(c) ilustramos la figura a medida
que se va formando a lo largo del tiempo.
Esto es como si una molécula individual de H2O
pudiera encarnar todavía algo afín a una onda de agua. Pero ¿cómo diantres
podría ser así? El movimiento ondulatorio parece ser una propiedad colectiva
que no tiene significado cuando se aplica a ingredientes independientes. Si los
espectadores que están en las gradas se ponen de pie y se sientan cada pocos
minutos, independientemente unos de otros, ellos no están haciendo la ola.
Más que eso, la interferencia de ondas parece
exigir que una onda procedente de aquí se cruce con una onda procedente de
allí. Así que ¿cómo puede darse interferencia con ingredientes simples e
individuales? Pero el caso es que de algún modo, como atestiguan los datos de
interferencia en la figura 4.4, incluso si los electrones individuales son
partículas minúsculas de materia, todos y cada uno de ellos encaman también una
naturaleza de tipo onda.
§. La probabilidad y las leyes de la física
Si un electrón individual es también una onda, ¿qué es lo que está ondulando?
Erwin Schrödinger hizo la primera conjetura: quizá
el material del que están hechos los electrones puede estar extendido por el
espacio y es esta esencia electrónica extendida la que ondula. Desde este punto
de vista, un electrón sería un pico estrecho en una niebla electrónica. Sin
embargo, rápidamente se vio que esta sugerencia no podía ser correcta, porque
incluso una forma de onda con un pico abrupto, tal como una ola de marea
gigante, acaba dispersándose. Y si la onda electrónica puntiaguda se dispersara
esperaríamos encontrar parte de la carga electrónica de un único electrón aquí
o parte de su masa allí. Pero nunca lo hacemos. Cuando localizamos un electrón,
siempre encontramos toda su masa y toda su carga concentrada en una región
minúscula puntual. En 1927, Max Born propuso una sugerencia diferente, que
resultó ser el paso decisivo que obligó a los físicos a entrar en un reino
radicalmente nuevo. La onda, afirmaba, no es un electrón disperso, ni es nada
encontrado antes en la ciencia. La onda, proponía Born, es una onda de
probabilidad.
Para entender lo que esto significa, imagine una
fotografía de una onda de agua que muestra regiones de alta intensidad (cerca
de las crestas y los vientres) y regiones de baja intensidad (cerca de las
regiones más planas de transición entre crestas y vientres). Cuanto mayor es la
intensidad, mayor es la capacidad que tiene la onda de agua para ejercer fuerza
sobre barcos próximos o sobre estructuras costeras. Las ondas de probabilidad
imaginadas por Born también tienen regiones de alta y baja intensidad, pero el
significado que él atribuía a estas formas de onda era inesperado: el tamaño de
una onda en un punto dado en el espacio es proporcional a la probabilidad de
que el electrón esté localizado en dicho punto en el espacio. Lugares donde la
onda de probabilidad es grande son lugares donde es más probable encontrar al
electrón. Lugares donde la onda de probabilidad es pequeña son lugares donde es
poco probable encontrar al electrón. Y lugares donde la onda de probabilidad es
cero son lugares donde no se encontrará al electrón.
La figura 4.5 da una «instantánea» de una onda de
probabilidad con las etiquetas que resaltan la interpretación probabilista de
Born. No obstante, a diferencia de una fotografía de ondas de agua, esta imagen
no podría haberse tomado con una cámara.
Figura 4.5. La onda de probabilidad de una partícula, tal como un electrón,
nos dice la probabilidad de encontrar la partícula en un lugar u otro.
Nadie ha visto nunca directamente una onda de
probabilidad, y el razonamiento mecanocuántico convencional dice que nadie la
verá.
En su lugar, utilizamos ecuaciones matemáticas
(desarrolladas por Schrödinger, Niels Bohr, Werner Heisenberg, Paul Dirac y
otros) para calcular cómo debería ser la onda de probabilidad en una situación
dada.
Entonces ponemos a prueba dichos cálculos teóricos
comparándolos con resultados experimentales de la siguiente manera. Después de
calcular la supuesta onda de probabilidad del electrón en un montaje
experimental dado, realizamos versiones idénticas del experimento una y otra
vez partiendo de cero, registrando cada vez la posición medida del electrón.
Contrariamente a lo que Newton habría esperado, experimentos idénticos y
condiciones de partida idénticas no conducen necesariamente a medidas
idénticas. En su lugar, nuestras medidas dan una variedad de localizaciones
medidas. A veces encontramos al electrón aquí, a veces allí, y de cuando en
cuando lo encontramos mucho más allá. Si la mecánica cuántica es correcta, el
número de veces que encontramos al electrón en un punto dado debería ser
proporcional al tamaño (en realidad, al cuadrado del tamaño) que tiene en ese
punto la onda de probabilidad que hemos calculado. Ocho décadas de experimentos
han mostrado que las predicciones de la mecánica cuántica son confirmadas con
una precisión espectacular.
Sólo una porción de la onda de probabilidad de un
electrón se muestra en la figura 4.5: según la mecánica cuántica, cada onda de
probabilidad se extiende por todo el espacio, por el universo entero. [47] Sin embargo, en muchas circunstancias la onda de probabilidad de
una partícula cae rápidamente hasta un valor muy próximo a cero fuera de una
región pequeña, lo que indica que hay una probabilidad aplastante de que la
partícula esté en dicha región. En tales casos, la parte de la onda de
probabilidad que queda fuera de la figura 4.5 (la parte que se extiende por el
resto del universo) se parece mucho a la parte próxima a los límites de la
figura: completamente plana y cerca de un valor cero. De todas formas, puesto
que la onda de probabilidad en algún lugar de la galaxia Andrómeda tiene un
valor no nulo, por pequeño que sea, hay una probabilidad minúscula pero
genuina, no nula, de que el electrón pudiera ser encontrado allí.
Así pues, el éxito de la mecánica cuántica nos
obliga a aceptar que el electrón, un constituyente de la materia que
normalmente imaginamos que ocupa una minúscula región puntual del espacio,
también tiene una descripción que incluye una onda que, por el contrario, está
extendida por todo el universo. Además, según la mecánica cuántica esta fusión
partícula-onda vale para todos los constituyentes de la Naturaleza, no sólo
para los electrones: los protones son a la vez de tipo partícula y tipo onda,
los neutrones son a la vez de tipo partícula y tipo onda. Y experimentos a
principios del siglo XX establecieron que la luz, que demostrablemente se
comporta como una onda, como se ve en la figura 4.1, puede describirse también
en términos de ingredientes de tipo partícula, los pequeños «paquetes de luz»
llamados fotones que se han mencionado antes.[48] Por ejemplo, las familiares ondas electromagnéticas emitidas por
una bombilla de 100 vatios pueden describirse igualmente bien en términos de la
emisión por la bombilla de aproximadamente un centenar de trillones de fotones
cada segundo. En el mundo cuántico hemos aprendido que todo tiene a la vez
atributos tipo partícula y tipo onda.
Durante las últimas ocho décadas, la ubicuidad y
utilidad de las ondas de probabilidad mecanocuánticas para predecir y explicar
resultados experimentales han quedado establecidas más allá de cualquier duda.
Pese a todo, todavía no hay un consenso universal sobre la forma de concebir
qué son realmente las ondas de probabilidad mecanocuánticas. Aún se debate si
deberíamos decir que la onda de probabilidad de un electrón es el electrón, o
que está asociada con el electrón, o que es un artificio matemático para
describir el movimiento del electrón, o que es la encarnación de lo que podemos
saber sobre el electrón. Lo que es evidente, no obstante, es que a través de
dichas ondas la mecánica cuántica inyecta probabilidad en las leyes de la
física de una manera que nadie había previsto. Los meteorólogos utilizan la
probabilidad para predecir la posibilidad de lluvia. Los casinos utilizan la
probabilidad para predecir la posibilidad de que usted saque dos ases. Pero la
probabilidad desempeña un papel en estos ejemplos porque no tenemos toda la
información necesaria para hacer predicciones definitivas. Según Newton, si
conociéramos con todo detalle el estado del entorno (las posiciones y
velocidades de cada uno de sus ingredientes), podríamos predecir (dada la
suficiente destreza de cálculo) con certeza si lloverá mañana a las 16.07; si
conociéramos todos los detalles físicos de relevancia en un juego de dados (la
forma y composición precisas de los dados, su velocidad y orientación cuando
salen de la mano, la composición de la mesa y su superficie, y todo lo demás)
podríamos predecir con certeza cómo acabaría el dado. Puesto que, en la
práctica, no podemos reunir toda esta información (e, incluso si pudiéramos,
aún no disponemos de ordenadores suficientemente potentes para realizar los
cálculos necesarios para hacer tales predicciones), nos fijamos una meta más
modesta y predecimos sólo la probabilidad de un resultado dado para el tiempo
atmosférico o en el casino, haciendo conjeturas razonables sobre los datos que
no tenemos.
La probabilidad introducida por la mecánica
cuántica es de un carácter diferente y más fundamental. Independientemente de
mejoras en la recolección de datos o en la potencia de los ordenadores, lo más
que podemos hacer, según la mecánica cuántica, es predecir la probabilidad de
que un electrón, o un protón, o un neutrón, o cualquier otro de los
constituyentes de la Naturaleza sea encontrado aquí o allí. La probabilidad
reina suprema en el microcosmos.
Como ejemplo, la explicación que da la mecánica
cuántica en el caso de los electrones que, individualmente, de uno en uno,
forman con el tiempo la figura de bandas brillantes y oscuras en la figura 4.4,
es ahora clara. Cada electrón individual está descrito por su onda de
probabilidad. Cuando se dispara un electrón, su onda de probabilidad fluye a
través de ambas rendijas.
E igual que las ondas de luz y las ondas de agua,
las ondas de probabilidad que emanan de las dos rendijas interfieren
mutuamente. En algunos puntos de la pantalla detectora las dos ondas de
probabilidad se refuerzan y la intensidad resultante es grande. En otros puntos
las ondas se cancelan parcialmente y la intensidad es pequeña. Y en otros
puntos, las crestas y vientres de las ondas de probabilidad se cancelan por
completo y la intensidad de la onda resultante es exactamente cero. Es decir,
hay puntos en la pantalla donde es muy probable que llegue un electrón, puntos
donde es mucho menos probable que llegue y lugares donde no hay ninguna
posibilidad de que llegue un electrón.
Con el tiempo, las posiciones de llegada de los
electrones se distribuyen según este perfil de probabilidad, y con ello
obtenemos algunas regiones brillantes, algunas más oscuras y algunas regiones
completamente negras en la pantalla. El análisis detallado muestra que estas
regiones brillantes y oscuras se verán exactamente como en la figura 4.4.
§. Einstein y la mecánica cuántica
Debido a su naturaleza intrínsecamente probabilista, la mecánica cuántica
difiere radicalmente de cualquier descripción fundamental previa del universo,
cualitativa o cuantitativa. Desde su nacimiento en el siglo pasado, los físicos
se han esforzado en hacer compatible este marco extraño e inesperado con la
visión del mundo común; este esfuerzo aún está en marcha.
El problema está en reconciliar la experiencia
macroscópica de la vida cotidiana con la realidad microscópica revelada por la
mecánica cuántica.
Estamos acostumbrados a vivir en un mundo que,
aunque sujeto a los caprichos de los sucesos económicos o políticos, parece
estable y fiable al menos en lo que respecta a sus propiedades físicas. A usted
no le preocupa que los constituyentes atómicos del aire que está respirando
ahora se disuelvan repentinamente, dejándole jadeante cuando manifiestan su
carácter ondulatorio cuántico rematerializándose en el lado oculto de la Luna.
Y usted tiene razón en no preocuparse por esto, porque según la mecánica cuántica
la probabilidad de que suceda, aunque no nula, es absurdamente pequeña. Pero
¿qué hace tan pequeña a la probabilidad?
Hay dos razones principales. Primera, en una escala
fijada por átomos, la Luna está enormemente lejos. Y, como se ha mencionado, en
muchas circunstancias (aunque no en todas), las ecuaciones cuánticas muestran
que una onda de probabilidad tiene típicamente un valor apreciable en una
región pequeña del espacio y rápidamente cae casi a cero cuando uno se aleja de
dicha región (como en la figura 4.5). De modo que la probabilidad de que
incluso un único electrón que usted espera que esté en la misma habitación que
está usted, como uno de los que usted acaba de exhalar, se encuentre en un
momento en el lado oculto de la Luna, aunque no cero, es extraordinariamente
pequeña. Tan pequeña que hace que la probabilidad de que usted se case con
Nicole Kidman o con Antonio Banderas parezca enorme en comparación. En segundo
lugar, hay un montón de electrones, tantos como protones y neutrones, que
forman el aire de su habitación. La probabilidad de que todas estas partículas
hagan lo que es extraordinariamente poco probable incluso para una es tan
pequeña que apenas vale la pena dedicarle un momento de reflexión. Sería no
sólo como casarse con su estrella de cine favorita, sino ganar también todas
las loterías todas las semanas durante un período de tiempo que haría que la
edad actual del universo parezca un simple parpadeo cósmico.
Esto da un sentido a por qué no encontramos
directamente los aspectos probabilistas de la mecánica cuántica en la vida
cotidiana. De todas formas, puesto que los experimentos confirman que la
mecánica cuántica describe la física fundamental, ella presenta un asalto
frontal a nuestras creencias básicas acerca de lo que constituye la realidad.
Einstein, en particular, estaba profundamente molesto por el carácter
probabilista de la teoría cuántica. La física, decía una y otra vez, se dedica
a determinar con certeza qué ha sucedido, qué está sucediendo y qué sucederá en
el mundo a nuestro alrededor. Los físicos no son contables, y la física no es
el negocio de calcular probabilidades. Pero Einstein no podía negar que la
mecánica cuántica era enormemente acertada para explicar y predecir, aunque en
un marco estadístico, las observaciones experimentales del micromundo. Y por
eso, más que intentar demostrar que la mecánica cuántica estaba equivocada, una
tarea que aún parece el sueño de un loco a la luz de sus éxitos sin paralelo,
Einstein dedicó mucho esfuerzo a tratar de mostrar que la mecánica cuántica no
era la última palabra sobre cómo funciona el universo. Incluso si no podía
saber cuál era, Einstein trataba de convencer a todos de que había una
descripción más profunda y menos extraña del universo aún por encontrar.
A lo largo de muchos años, Einstein acumuló una
serie de desafíos cada vez más sofisticados con el objetivo de mostrar lagunas
de la estructura de la mecánica cuántica. Uno de estos desafíos, planteado en
1927 en la Quinta Conferencia de Física del Instituto Solvay, [49] concierne al hecho de que incluso si la onda de probabilidad de un
electrón podría parecerse a la de la figura 4.5, cuando quiera que medimos el
paradero del electrón siempre lo encontramos en una posición definida u otra.
Así, preguntaba Einstein, ¿no significa eso que la onda de probabilidad es
meramente un sucedáneo temporal para una descripción más precisa, aún por
descubrir, que prediría con certeza la posición del electrón? Después de todo,
si se encuentra el electrón en X, ¿no significa eso, en realidad, que estaba en
o muy cerca de X un instante antes de que se hiciera la medida? Y si es así,
seguía Einstein, el hecho de que la mecánica cuántica dependa de la onda de
probabilidad, una onda que, en este ejemplo, dice que el electrón tenía una
probabilidad de haber estado lejos de X, ¿no es reflejo de la inadecuación de
la teoría para describir la verdadera realidad subyacente?
El punto de vista de Einstein es simple y
atractivo. ¿Qué podría ser más natural que esperar que una partícula esté
localizada en o, al menos, muy cerca de donde es encontrada un instante
después? Si éste es el caso, una comprensión más profunda de la física debería
proporcionar esa información y prescindir de la herramienta más grosera de las
probabilidades. Pero el físico danés Niels Bohr y su séquito de defensores de
la mecánica cuántica discrepaban. Tal razonamiento, argumentaban, está
enraizado en el pensamiento convencional según el cual cada electrón sigue un
camino único y definido cuando va de un lado a otro. Y este pensamiento es
fuertemente cuestionado por la figura 4.4, puesto que si cada electrón siguiera
un camino definido, como la imagen clásica de una bala disparada desde una
pistola, sería extraordinariamente difícil explicar la figura de interferencia
observada:
¿qué estaría interfiriendo con qué? Las balas
ordinarias disparadas de una en una desde una única pistola no pueden
interferir, de modo que si los electrones viajaran como balas, ¿cómo
explicaríamos la figura de la figura 4.4?
Pero según Bohr y la interpretación de Copenhague
de la mecánica cuántica que él defendió enérgicamente, antes de que uno mida la
posición del electrón ni siquiera tiene sentido preguntar dónde está. No tiene
una posición definida. La onda de probabilidad codifica la probabilidad de que
el electrón, cuando se examina adecuadamente, sea encontrado aquí o allí, y eso
es todo lo que puede decirse sobre su posición. Punto. El electrón tiene una
posición definida, en el sentido intuitivo habitual, sólo en el momento en que
lo «miramos», en el momento en que medimos su posición, e identificamos su
localización con certeza. Pero antes (y después) de que lo hagamos, todo lo que
tiene son posiciones potenciales descritas por una onda de probabilidad que,
como cualquier onda, está sujeta a efectos de interferencia. No es que el
electrón tenga una posición y que nosotros no la conozcamos antes de hacer
nuestra medida. Más bien, contrariamente a lo que usted hubiera esperado, el
electrón sencillamente no tiene una posición definida antes de que se haga la
medida.
Ésta es una realidad radicalmente extraña. En este
punto de vista, cuando medimos la posición del electrón no estamos midiendo una
característica objetiva y preexistente de la realidad. Más bien, el acto de
medida está profundamente implicado en crear la propia realidad que está
midiendo.
Llevando esto desde los electrones a la vida
cotidiana, Einstein bromeaba:
«¿Realmente cree usted que la Luna no está allí
cuando nadie la mira?». Los defensores de la mecánica cuántica respondían con
una versión de la vieja historia de un árbol que cae en un bosque: si nadie
está mirando la Luna, si nadie «está midiendo su localización por el hecho de
verla», no hay ninguna forma de que sepamos si está allí, de modo que no tiene
sentido plantear la pregunta. Einstein encontraba esto profundamente
insatisfactorio. Estaba totalmente reñido con su concepción de la realidad; él
creía firmemente que la Luna está allí, ya esté alguien mirándola o no. Pero
los incondicionales cuánticos no estaban convencidos.
El segundo desafío de Einstein, planteado en la
Conferencia Solvay de 1930, seguía de cerca al primero. Él describió un aparato
hipotético que (mediante una inteligente combinación de una báscula, un reloj y
un obturador) parecía establecer que una partícula tal como un electrón debía
tener propiedades definidas, antes de ser medida o examinada, que según la
mecánica cuántica no podía tener. Los detalles no son esenciales pero la
resolución es particularmente irónica.
Cuando Bohr supo del desafío de Einstein, casi se
cayó de espaldas, al principio, no podía ver ningún fallo en el argumento de
Einstein. Pero en unos días se recuperó y refutó por completo la afirmación de
Einstein. Y lo sorprendente es que la clave de la respuesta de Bohr estaba en
la relatividad general. Bohr se dio cuenta de que Einstein no había considerado
su propio descubrimiento de que la gravedad deforma el tiempo, que un reloj
marcha a un ritmo que depende del campo gravitatorio que experimenta. Cuando se
incluyó esta complicación en el argumento, Einstein se vio obligado a admitir
que sus conclusiones encajaban perfectamente con la teoría cuántica ortodoxa.
Incuso si sus objeciones fueron desbaratadas,
Einstein siguió sintiéndose profundamente incómodo con la mecánica cuántica. En
los años siguientes mantuvo en guardia a Bohr y sus colegas, planteando un
nuevo desafío tras otro. Su ataque más potente y de mayor alcance se centró en
algo conocido como el principio de incertidumbre, una consecuencia directa de
la mecánica cuántica enunciada en 1927 por Werner Heisenberg.
§. Heisenberg y la incertidumbre
El principio de incertidumbre proporciona una medida precisa y cuantitativa de
cómo está tejida la probabilidad en el tejido de un universo cuántico. Para
entenderlo, pensemos en los menús de precio fijo en algunos restaurantes
chinos. Los platos están dispuestos en dos columnas, A y B, y si, por ejemplo,
usted pide el primer plato en la columna A no se le permite pedir el primer
plato en la columna B; si usted pide el segundo plato en la columna A, no se le
permite pedir el segundo plato en la columna B, y así sucesivamente. De esta
manera, el restaurante ha establecido un dualismo dietario, una
complementariedad culinaria (una, en particular, que está diseñada para impedir
escoger los platos más caros). En el menú de precio fijo usted puede tener pato
pequinés o langosta cantonesa, pero no ambos.
El principio de incertidumbre de Heisenberg es
similar. Dice, hablando en términos generales que las características físicas
del dominio microscópico (posiciones de partículas, velocidades, energías,
momentos angulares y demás) pueden dividirse en dos listas, A y B. Y como
Heisenberg descubrió, el conocimiento de la primera característica de la lista
A compromete fundamentalmente su capacidad para tener conocimiento de la
primera característica de la lista B; el conocimiento de la segunda
característica de la lista A compromete fundamentalmente su capacidad para
tener conocimiento de la segunda característica de la lista B; y así
sucesivamente. Además, como si estuviese permitido que un plato contenga algo
de pato pequinés y algo de langosta cantonesa, pero sólo en proporciones que
sumen el mismo precio total, cuanto más preciso es su conocimiento de una
característica de una lista, menos preciso puede ser su conocimiento de la
correspondiente característica de la segunda lista. La incapacidad fundamental
para determinar simultáneamente todas las características de ambas listas,
determinar con certeza todas estas características del dominio microscópico, es
la incertidumbre revelada por el principio de Heisenberg.
Como ejemplo, cuanto más precisamente conoce usted
dónde está una partícula, menos precisamente puede conocer su velocidad.
Análogamente, cuanto más precisamente conoce con qué rapidez se está moviendo
una partícula, menos puede saber acerca de dónde está. La teoría cuántica
establece con ello su propia dualidad: usted puede determinar con precisión
ciertas características físicas del dominio microscópico, pero al hacerlo
elimina la posibilidad de determinar con precisión algunas otras
características complementarias.
Para entender por qué, sigamos una descripción
aproximada elaborada por el propio Heisenberg que, aunque incompleta en
aspectos particulares que discutiremos, da una útil imagen intuitiva. Cuando
medimos la posición de cualquier objeto, generalmente interaccionamos con él de
alguna manera. Si buscamos el interruptor de luz en una habitación oscura,
sabemos que lo hemos localizado cuando lo tocamos. Pero si un murciélago está
buscando un ratón de campo, lanza señales de sonar para que reboten en su blanco
e interpreta la onda reflejada. El ejemplo más común de todo esto es localizar
algo viéndolo, recibiendo luz que se ha reflejado en el objeto y entra en
nuestros ojos. El punto clave es que estas interacciones no sólo nos afectan a
nosotros, sino que afectan también al objeto cuya posición se está
determinando. Incluso la luz que rebota en un objeto le da un minúsculo
empujón. Ahora bien, para los objetos cotidianos tales como el libro que usted
tiene en las manos o un reloj de pared, el pequeñísimo empujón de la luz que
rebota no tiene efecto apreciable. Pero cuando golpea a una partícula minúscula
como un electrón sí tiene un gran efecto: cuando la luz rebota en el electrón,
cambia la velocidad del electrón, de forma muy parecida a como la velocidad con
que usted se mueve queda afectada por un fuerte viento que bate una esquina de
una calle. De hecho, cuanto más exactamente quiera usted identificar la
posición del electrón, más estrechamente definida y más energética tiene que
ser la luz, dando un efecto aún mayor al momento del electrón.
Esto significa que si usted mide la posición de un
electrón con alta precisión, necesariamente contamina su propio experimento: el
acto de medida de la posición perturba la velocidad del electrón. Por
consiguiente, usted puede saber dónde está el electrón exactamente, pero no
puede saber también exactamente con qué rapidez se estaba moviendo en ese
instante.
Recíprocamente, usted puede medir exactamente con
qué rapidez se está moviendo un electrón, pero al hacerlo contaminará su
capacidad para determinar con precisión su posición. La Naturaleza tiene un
límite intrínseco sobre la precisión con la que pueden determinarse tales
características complementarias. Y aunque nos estamos centrando en los
electrones, el principio de incertidumbre es completamente general: se aplica a
todo.
En la vida cotidiana hablamos rutinariamente de
cosas tales como un automóvil que pasa una señal de Stop particular (posición)
mientras viaja a 150 kilómetros por hora (velocidad), especificando como si tal
cosa estas dos características físicas. En realidad, la mecánica cuántica dice
que este enunciado no tiene un significado preciso puesto que usted no puede
nunca medir simultáneamente una posición definida y una velocidad definida. La
razón de que sigamos con tales descripciones incorrectas del mundo físico es
que en las escalas cotidianas la cantidad de incertidumbre implicada es
minúscula, y en general pasa desapercibida. Ya ve usted que el principio de
Heisenberg no sólo declara incertidumbre, sino que también especifica, con
completa certeza, la mínima cantidad de incertidumbre en cada situación. Si
aplicamos esta fórmula a la velocidad de su automóvil cuando pasa por una señal
de Stop cuya posición es conocida con un margen de un centímetro, entonces la
incertidumbre en la velocidad resulta ser sólo de una trillonésima de
trillonésima de kilómetro por hora. Un policía estaría perfectamente acorde con
las leyes de la física cuántica si afirmara que su velocidad estaba entre
149,999999999999999999999999999999999999 y 90,000000000000000000000000000000000001
kilómetros por hora cuando usted se pasó la señal de Stop; demasiado para una
posible defensa del principio de incertidumbre. Pero si nosotros reemplazáramos
su automóvil masivo por un electrón delicado cuya posición conociéramos con un
margen menor de una milmillonésima de metro, entonces la incertidumbre en su
velocidad sería de 150.000 kilómetros por hora. La incertidumbre está siempre
presente, pero se hace importante sólo a escalas microscópicas.
La explicación de la incertidumbre como algo que
surge a través de la inevitable perturbación causada por el proceso de medida
ha ofrecido a los físicos una guía intuitiva útil, así como una herramienta
explicatoria poderosa en ciertas situaciones específicas. Sin embargo, también
puede ser equívoca.
Puede dar la impresión de que la incertidumbre
aparece sólo cuando los experimentadores se enfrentan con los objetos. Esto no
es cierto. La incertidumbre está incorporada en la estructura de ondas de la
mecánica cuántica y existe realicemos o no alguna medida. Como ejemplo, echemos
una mirada a una onda de probabilidad particularmente simple de una partícula,
el análogo de una onda en el océano, mostrada en la figura 4.6.
Figura 4.6. Una onda de probabilidad con una sucesión uniforme de crestas y
valles representa una partícula con una velocidad definida. Pero puesto que las
crestas y valles están uniformemente distribuidos, la posición de la partícula
está completamente indeterminada. Tiene la misma probabilidad de estar en
cualquier parte.
Puesto que todas las crestas se están moviendo
uniformemente hacia la derecha, usted podría conjeturar que esta onda describe
una partícula que se mueve con la velocidad de las crestas de la onda; los
experimentos confirman esta suposición. Pero ¿dónde está la partícula? Puesto
que la onda está uniformemente extendida por el espacio, no tenemos ninguna
manera de decir que el electrón está aquí o allí. Cuando se mida, podría ser
encontrado literalmente en cualquier parte.
Así, aunque sabemos exactamente con qué rapidez se
está moviendo la partícula, hay una enorme incertidumbre sobre su posición. Y
como usted ve, esta conclusión no depende de que perturbemos la partícula.
Nunca la tocamos. Más bien se basa en una característica básica de las ondas:
pueden dispersarse.
Aunque los detalles se hacen más complicados, un
razonamiento similar se aplica a todas las otras formas de onda, de modo que la
lección general es clara. En mecánica cuántica, la incertidumbre simplemente
es.
§. Einstein, la incertidumbre y la cuestión de la
realidad
Una pregunta importante, que quizá ya se le haya ocurrido, es si el principio
de incertidumbre es un enunciado sobre lo que podemos saber sobre la realidad o
es un enunciado sobre la propia realidad. Los objetos que forman el universo
¿tienen realmente una posición y una velocidad, como nos dice nuestra imagen
clásica habitual de casi todo, una bola de béisbol que se eleva, un corredor
haciendo footing, un girasol que sigue lentamente el movimiento del Sol en el
cielo, aunque la incertidumbre cuántica nos diga que estas características de
la realidad están para siempre más allá de nuestra capacidad de conocerlas
simultáneamente, incluso en principio? ¿O la incertidumbre cuántica rompe por
completo el molde clásico, y nos dice que la lista de atributos que nuestra
intuición clásica asigna a la realidad, una lista encabezada por las posiciones
y las velocidades de los ingredientes que constituyen el mundo, está
equivocada? ¿Nos dice la incertidumbre cuántica que la partícula sencillamente
no posee una posición definida y una velocidad definida en un instante dado?
Para Bohr, esta pregunta recordaba un koan zen. La
física trata sólo de cosas que podemos medir. Desde el punto de vista de la
física, eso es la realidad. Tratar de utilizar la física para examinar una
realidad «más profunda», una realidad más allá de lo que podemos conocer a
través de medidas, es como pedir a la física que analice el sonido de una sola
mano aplaudiendo. Pero en 1935, Einstein, junto con dos colegas, Boris Podolsky
y Nathan Rosen, planteó esta cuestión de una forma tan firme e inteligente que
lo que había empezado como el aplauso de una mano reverberó durante cincuenta
años hasta convertirse en un aplauso atronador que anunciaba un asalto a
nuestra comprensión de la realidad mucho mayor que lo que Einstein había
imaginado nunca.
El artículo Einstein-Podolsky-Rosen pretendía
demostrar que la mecánica cuántica, aunque sin duda acertada al hacer
predicciones y explicar datos, no podía ser la última palabra con respecto a la
física del microcosmos. Su estrategia era sencilla, y estaba basada en las
cuestiones recién planteadas: ellos querían demostrar que toda partícula posee
una posición definida y una velocidad definida en cualquier instante de tiempo
dado, y con ello querían concluir que el principio de incertidumbre revela una limitación
fundamental del enfoque mecanocuántico. Si toda partícula tiene una posición y
una velocidad, pero la mecánica cuántica no puede tratar con estas
características de la realidad, entonces la mecánica cuántica sólo proporciona
una descripción parcial del universo. La mecánica cuántica, pretendían
demostrar, era por lo tanto una teoría incompleta de la realidad física, y,
quizá, meramente un jalón hacia una herramienta más profunda que esperaba a ser
descubierta. En realidad, como veremos, pusieron el pavimento para demostrar
algo incluso más espectacular: la no localidad del mundo cuántico.
Einstein, Podolsky y Rosen (EPR) fueron inspirados
en parte por la explicación aproximada que daba Heisenberg del principio de
incertidumbre: cuando se mide dónde está algo, necesariamente se perturba,
contaminando así cualquier intento de determinar simultáneamente su velocidad.
Aunque, como hemos visto, la incertidumbre cuántica es más general que lo que
indica esta explicación basada en la «perturbación», Einstein, Podolsky y Rosen
idearon lo que parecía ser un rodeo convincente e inteligente que evitaba
cualquier fuente de incertidumbre. ¿Qué pasa si usted pudiera realizar una
medida indirecta de la posición y la velocidad de una partícula de un modo que
nunca le ponga en contacto con la propia partícula? Por ejemplo, utilizando una
analogía clásica, imagine que Rod y Todd Flanders deciden hacer una caminata en
solitario por el recién creado Desierto Nuclear en Springfield. Ellos empiezan
espalda contra espalda en el centro del desierto y acuerdan caminar en línea
recta, en direcciones opuestas, a la misma velocidad preacordada. Imagine
además que, nueve horas después, su padre, Ned, al volver de su paseo por el
monte Springfield, ve a Rod, corre tras él y le pregunta desesperadamente por
el paradero de Todd. Bien, en ese instante, Todd está muy lejos, pero aun así,
preguntando y observando a Rod, Ned puede aprender mucho sobre Todd. Si Rod
está exactamente a 50 kilómetros al este de la posición de partida, Todd debe
estar exactamente a 50 kilómetros al oeste de la posición de partida. Si Rod
está andando a exactamente 5 kilómetros por hora hacia el este, Todd debe estar
andando a exactamente 5 kilómetros por hora hacia el oeste. De este modo,
incluso si Todd está a 100 kilómetros, Ned puede determinar su posición y
velocidad, aunque sea indirectamente.
Einstein y sus colegas aplicaron una estrategia
similar al dominio cuántico. Hay procesos físicos bien conocidos en los que dos
partículas emergen de una misma localización con propiedades que están
relacionadas de una forma muy parecida al movimiento de Rod y Todd. Por
ejemplo, si una única partícula inicial se desintegrara en dos partículas de la
misma masa que salen despedidas «espalda contra espalda» (como dos fragmentos
que salen despedidos de una explosión en direcciones opuestas), algo que es habitual
en el dominio de la física de partículas subatómicas, las velocidades de los
dos constituyentes serán iguales y opuestas. Además, las posiciones de las dos
partículas constituyentes estarán también estrechamente relacionadas, y por
simplicidad se puede pensar que las partículas están siempre equidistantes de
su origen común.
Una diferencia importante entre el ejemplo clásico
que implica a Rod y Todd y la descripción cuántica de las dos partículas es
que, aunque podemos decir con certeza que hay una relación definida entre las
velocidades de las dos partículas, si se midiera una y se encontrara que se
está moviendo hacia la derecha a una velocidad dada, entonces la otra se
estaría moviendo necesariamente hacia la izquierda a la misma velocidad, no
podemos predecir el valor numérico real de la velocidad con la que se mueven las
partículas. En su lugar, lo más que podemos hacer es utilizar las leyes de la
física cuántica para predecir la probabilidad de que se alcance cualquier
velocidad concreta. Análogamente, aunque podemos decir con certeza que hay una
relación definida entre las posiciones de las partículas, si se mide una en un
instante dado y se encuentra que está en cierta localización, la otra está
necesariamente localizada a la misma distancia del punto de partida pero en
dirección contraria, no podemos predecir con certeza la localización real de
ninguna de las partículas. En su lugar, lo más que podemos hacer es predecir la
probabilidad de que una de las partículas esté en una localización dada. Así
pues, aunque la mecánica cuántica no da respuestas definidas con respecto a las
velocidades o las posiciones de la partícula, en ciertas situaciones sí da
enunciados definitivos respecto a las relaciones entre las velocidades y
posiciones de las partículas.
Einstein, Podolsky y Rosen trataron de explotar
estas relaciones para demostrar que cada una de las partículas tiene realmente
una posición definida y una velocidad definida en todo instante de tiempo. He
aquí cómo: imagínese que mide la posición de la partícula que se mueve hacia la
derecha y de esta manera aprende, indirectamente, la posición de la partícula
que se mueve hacia la izquierda. EPR argumentaban que puesto que usted no le ha
hecho nada, absolutamente nada, a la partícula que se mueve hacia la izquierda,
ésta debe haber tenido esta posición, y todo lo que usted ha hecho es
determinarla, aunque indirectamente.
Luego ellos señalaban inteligentemente que en su
lugar usted podía haber decidido medir la velocidad de la partícula que se
mueve hacia la derecha. En este caso usted habría determinado, indirectamente,
la velocidad de la partícula que se mueve hacia la izquierda sin perturbarla en
absoluto. Una vez más, EPR argumentaban que puesto que usted no habría hecho
nada, absolutamente nada, a la partícula que se mueve hacia la izquierda, ésta
debe haber tenido esta velocidad, y todo lo que usted habría hecho es determinarla.
Juntando ambas cosas, la medida que usted hizo y la medida que podía haber
hecho, EPR concluían que la partícula que se mueve hacia la izquierda tiene una
posición definida y una velocidad definida en cualquier instante dado.
Como esto es sutil y crucial, déjeme decirlo de
nuevo. EPR razonaban que nada en su acto de medir la partícula que se mueve
hacia la derecha podía tener ningún efecto sobre la partícula que se mueve
hacia la izquierda, porque son entidades separadas y lejanas. La partícula que
se está moviendo hacia la izquierda es totalmente ajena a lo que usted ha hecho
o podría haber hecho a la partícula que se mueve hacia la derecha. Las
partículas podrían estar a metros, kilómetros o años luz de distancia cuando usted
hace sus medidas en la partícula que se mueve hacia la derecha, de modo que, en
resumen, la partícula que se mueve hacia la izquierda no podría preocuparse de
lo que usted hace. Así pues, cualquier propiedad de la partícula que se mueve
hacia la izquierda que usted aprende realmente, o podría aprender en principio,
a partir del estudio de su contrapartida que se mueve hacia la derecha, debe
ser una propiedad existente y definida de la partícula que se mueve hacia la
izquierda, totalmente independiente de su medida. Y puesto que si usted hubiera
medido la posición de la partícula derecha habría aprendido la posición de la
partícula izquierda, y si usted hubiera medido la velocidad de la partícula
derecha habría aprendido la velocidad de la partícula izquierda, debe ser que
la partícula que se mueve hacia la izquierda tiene realmente una posición y una
velocidad definida a la vez. Por supuesto, toda esta discusión podría hacerse
intercambiando los papeles de las partículas que se mueven hacia la izquierda y
hacia la derecha (y, de hecho, antes de hacer cualquier medida ni siquiera
podemos decir qué partícula se está moviendo hacia la izquierda y cuál se está
moviendo hacia la derecha); esto lleva a la conclusión de que ambas partículas
tienen posiciones y velocidades diferentes.
Así pues, EPR concluían que la mecánica cuántica es
una descripción incompleta de la realidad. Las partículas tienen posiciones y
velocidades definidas, pero el principio de incertidumbre de la mecánica
cuántica muestra que estas características de la realidad están más allá de los
límites de lo que la teoría puede manejar. Si, de acuerdo con estos y muchos
otros físicos, usted cree que una teoría completa de la Naturaleza debería
describir cada atributo de la realidad, el fracaso de la mecánica cuántica para
describir a la vez las posiciones y las velocidades de las partículas significa
que pasa por alto algunos atributos, y por consiguiente no es una teoría
completa; no es la última palabra. Eso es lo que Einstein, Podolsky y Rosen
argumentaban vigorosamente.
§. La respuesta cuántica
Aunque EPR concluían que toda partícula tiene una posición y una velocidad
definidas en cualquier instante dado, note que si usted sigue su procedimiento
quedará muy lejos de determinar realmente estos atributos. Dije antes que usted
podría haber decidido medir la velocidad de la partícula que se mueve hacia la
derecha. Si lo hubiera hecho, habría perturbado su posición; por el contrario,
si hubiera decidido medir su posición habría perturbado su velocidad. Si usted
no tiene a mano ambos atributos de la partícula que se mueve hacia la derecha,
tampoco los tiene de la partícula que se mueve hacia la izquierda. Así pues, no
hay conflicto con el principio de incertidumbre.
Einstein y sus colaboradores reconocían
abiertamente que no podían identificar a la vez la posición y la velocidad de
cualquier partícula dada.
Pero, y ésta es la clave, incluso sin determinar a
la vez la posición y la velocidad de una u otra de las partículas, el
razonamiento de EPR muestra que cada una tiene una posición y una velocidad
definidas. Para ellos se trataba de una cuestión de realidad. Para ellos, una
teoría no podía afirmar que es completa si hubiera elementos de realidad que no
podía describir.
Tras alguna agitación intelectual en respuesta a
esta observación inesperada, los defensores de la mecánica cuántica se
refugiaron en su aproximación pragmática habitual, bien resumida por el
eminente físico Wolfgang Pauli: «El problema de si existe algo de lo que no se
puede saber nada es parecido a la vieja pregunta de cuántos ángeles caben en la
punta de un alfiler. Uno no debería atormentarse el cerebro con el primero más
de lo que lo hace con la segunda». [50] La física en general, y la mecánica cuántica en particular, sólo
pueden tratar de las propiedades medibles del universo.
Cualquier otra cosa no está simplemente en el
dominio de la física. Si no se puede medir a la vez la posición y la velocidad
de una partícula, entonces no tiene sentido hablar de si tiene a la vez una
posición y una velocidad.
EPR discrepaban. La realidad, mantenían, era más
que la lectura de detectores; era más que la suma total de todas las
observaciones en un instante dado. Cuando nadie, absolutamente nadie, ningún
aparato, ningún equipo, nada en absoluto está «mirando» la Luna, la Luna seguía
estando allí. Ellos creían que seguía siendo parte de la realidad.
En cierto sentido, esta posición es reflejo del
debate entre Newton y Leibniz sobre la realidad del espacio. ¿Puede algo ser
considerado real ni no puede tocarse ni verse o medirse de alguna forma? En el
capítulo 2 describí cómo el cubo de Newton cambió el carácter del debate del
espacio, al sugerir de repente que una influencia del espacio podría ser
observada directamente en la superficie curva del agua en rotación. En 1964, en
un golpe sorprendente que un comentarista ha calificado como «el descubrimiento
más profundo de la ciencia» [51], el físico irlandés John Bell hizo lo mismo para el debate de la
realidad cuántica.
En las cuatro secciones siguientes describiremos el
descubrimiento de Bell, tratando de aclarar todo con un mínimo de tecnicismos.
Sin embargo, incluso si la discusión utiliza un razonamiento menos sofisticado
que calcular las probabilidades en un juego de dados, incluye un par de pasos
que debemos describir y luego juntar. Dependiendo de cuál sea su gusto por el
detalle, quizá llegue un punto en el que usted sólo quiera el remate final. Si
es así, siéntase libre para saltar a la página 152, donde encontrará un resumen
y una discusión de las conclusiones que se derivan del descubrimiento de Bell.
§. Bell y el espín
John Bell transformó la idea central del artículo Einstein-Podolsky-Rosen. De
una especulación filosófica se convirtió en una pregunta que podía ser
respondida por una medida experimental concreta. Sorprendentemente, todo lo que
necesitaba para lograrlo era considerar una situación en la que no había solo
dos propiedades, por ejemplo, posición y velocidad, que la incertidumbre
cuántica nos impide determinar simultáneamente. Él demostró que si hay tres o
más características que caen simultáneamente bajo el paraguas de la
incertidumbre, tres o más características con la propiedad de que al medir una
se contaminan las otras y por eso no se puede determinar nada sobre ellas,
entonces hay un experimento para abordar la cuestión de la realidad. El más
simple de tales ejemplos implica algo conocido como el espín.
Desde la década de 1920 los físicos han sabido que
las partículas giran, ejecutan un movimiento rotacional parecido al de un balón
de fútbol que va dando vueltas mientras se dirige a la portería. Sin embargo,
el giro de la partícula cuántica difiere de la imagen clásica en varios
aspectos esenciales, y los principales para nosotros son los dos puntos
siguientes. En primer lugar, las partículas, por ejemplo, electrones o fotones,
sólo pueden girar en la dirección de las agujas del reloj o en dirección contraria
a una velocidad invariable alrededor de cualquier eje particular; el eje de
giro de una partícula puede cambiar de dirección pero su velocidad de rotación
no puede aumentar ni disminuir. En segundo lugar, la incertidumbre cuántica
aplicada al espín muestra que de la misma forma que no se puede medir
simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula, tampoco se puede
determinar simultáneamente el espín de una partícula alrededor de más de un
eje. Por ejemplo, si un balón de fútbol está girando alrededor de un eje que
apunta hacia el nordeste, su giro es compartido entre un eje que apunta hacia
el norte y un eje que apunta hacia el este, y mediante una medida adecuada,
usted podría determinar la fracción de giro en tomo a cada eje. Pero si usted
mide el espín de un electrón alrededor de cualquier eje escogido
aleatoriamente, nunca encontrará una cantidad de espín fraccionaria. Es como si
la propia medida obligara al electrón a reunir todo su movimiento giratorio y
dirigirlo en el sentido de las agujas o en sentido contrario alrededor del eje
en el que usted se ha centrado casualmente. Además, debido a la influencia de
su medida sobre el espín del electrón, usted pierde la capacidad de determinar
cómo estaba girando alrededor de un eje horizontal, alrededor de un eje de
delante a atrás, o alrededor de cualquier otro eje, anterior a su medida. Estas
características del espín mecanocuántico son difíciles de representar, y la
dificultad ilustra los límites de las imágenes clásicas para revelar la verdadera
naturaleza del mundo cuántico. De todas formas, las matemáticas de la teoría
cuántica y décadas de experimentos nos aseguran que estas características del
espín cuántico están más allá de cualquier duda.
La razón para introducir aquí el espín no es
sumergirnos en las complejidades de la física de partículas. Más bien, el
ejemplo del espín de una partícula proporcionará, dentro de un momento, un
simple laboratorio para extraer maravillosas e inesperadas respuestas a la
cuestión de la realidad. Es decir, ¿tiene simultáneamente una partícula una
cantidad de espín definida alrededor de todos y cada uno de los ejes, aunque
nunca podamos conocerla para más de un eje en un instante dado debido a la
incertidumbre cuántica?
¿O el principio de incertidumbre nos dice algo
diferente? ¿Nos dice, contrariamente a cualquier noción clásica de realidad,
que una partícula simplemente no posee y no puede poseer tales propiedades
simultáneamente?
¿Nos dice que una partícula reside en un estado de
limbo cuántico, sin tener espín definido sobre ningún eje dado, hasta que
alguien o algo lo mide, haciéndole volver a la realidad y alcanzar, con una
probabilidad determinada por la teoría cuántica, un valor de espín concreto u
otro (en dirección de las agujas del reloj o en dirección contraria) alrededor
del eje seleccionado? Estudiando esta cuestión, esencialmente la misma que
planteamos en el caso de posiciones y velocidades de partículas, podemos utilizar
el espín para sondear la naturaleza de la realidad cuántica (y extraer
respuestas que trascienden enormemente el ejemplo específico del espín).
Veamos esto.
Como demostró explícitamente el físico David
Bohm, [52] el razonamiento de Einstein, Podolsky y Rosen, puede extenderse
fácilmente a la cuestión de si las partículas tienen espines definidos
alrededor de todos y cualquiera de los ejes escogidos. He aquí cómo. Coloquemos
dos detectores capaces de medir el espín de un electrón incidente, uno en el
lado derecho del laboratorio y otro en el lado izquierdo. Dispongamos que dos
electrones salgan espalda con espalda desde una fuente a mitad de camino entre
los dos detectores, de tal modo que sus espines, en lugar de sus posiciones y
velocidades como en nuestro ejemplo anterior, estén correlacionados. Los
detalles de cómo se hace esto no son importantes; lo que es importante es que
puede hacerse y, de hecho, puede hacerse fácilmente. La correlación puede ser
dispuesta de modo que si los detectores izquierdo y derecho están montados para
medir los espines a lo largo de ejes que apuntan en la misma dirección, ellos
darán el mismo resultado: si los detectores están montados para medir el espín
de sus respectivos electrones incidentes alrededor de un eje vertical y el
detector izquierdo encuentra que el espín está en el sentido de las agujas,
también lo hará el detector derecho; si los detectores están montados para
medir el espín a lo largo de un eje a 60° de la vertical y el detector
izquierdo mide un espín en sentido contrario a las agujas, también lo hará el
detector derecho, y así sucesivamente. Una vez más, en mecánica cuántica lo más
que podemos hacer es predecir la probabilidad de que los detectores encuentren
espín en el sentido de las agujas o en sentido contrario, pero podemos predecir
con un 100 por 100 de certeza que encuentre lo que encuentre un detector,
también lo encontrará el otro.[vii]
El refinamiento de Bohm del argumento EPR es ahora,
a todos los efectos, el mismo que era en la versión original que se centraba en
posición y velocidad. La correlación entre los espines de las partículas nos
permite medir indirectamente el espín alrededor de un eje de la partícula que
se mueve hacia la izquierda midiendo el espín alrededor.
Entrelazando el espacio 145 de dicho eje de su
compañera que se mueve hacia la derecha. Puesto que esta medida se hace en el
extremo derecho del laboratorio, no puede influir de ningún modo a la partícula
que se mueve hacia la izquierda. Por ello, la última debe haber tenido todo el
tiempo el valor de espín que se acaba de determinar; todo lo que hicimos fue
medirlo, aunque indirectamente. Además, puesto que podríamos haber escogido
realizar esta medida en tomo a cualquier eje, la misma conclusión debe ser válida
para cualquier eje: el electrón que se mueve hacia la izquierda debe tener un
espín definido en tomo a todos y cada uno de los ejes, incluso si sólo podemos
determinarlo explícitamente alrededor de un eje en un instante dado.
Por supuesto, los papeles de izquierda y derecha
pueden invertirse, lo que lleva a la conclusión de que cada partícula tiene un
espín definido alrededor de cualquier eje. [53]
En esta fase, al no ver ninguna diferencia obvia
con el ejemplo posición/velocidad, usted podría seguir el camino de Pauli y
sentirse tentado a responder que no tiene sentido pensar en tales cuestiones.
Si usted no puede medir realmente el espín en tomo a ejes diferentes, ¿qué
sentido tiene preguntar si la partícula tiene en cualquier caso un espín
definido, en el sentido de las agujas versus sentido contrario a las agujas, en
tomo a cada uno? La mecánica cuántica, y con más generalidad la física, sólo está
obligada a explicar características del mundo que puedan medirse. Y ni Bohm, ni
Einstein, ni Podolsky ni Rosen habían argumentado que las medidas pueden
hacerse. Lo que argumentaban es que las partículas poseen propiedades
prohibidas por el principio de incertidumbre incluso si nunca podemos conocer
explícitamente sus valores concretos. Tales propiedades han llegado a conocerse
como propiedades ocultas, o más comúnmente, variables ocultas.
Aquí es donde John Bell lo cambió todo. Él
descubrió que si una partícula tiene un espín definido en tomo a todos los
ejes, incluso si realmente no se puede determinar el espín en tomo a más de
uno, entonces hay consecuencias observables y comprobables de dicho espín.
§. Poniendo a prueba la realidad
Para hacemos una idea de la intuición de Bell, volvamos a Mulder y Scully e
imaginemos que cada uno de ellos ha recibido otro paquete, que contiene también
cajas de titanio, pero con una importante característica nueva. [54] En lugar de tener una puerta, cada caja de titanio tiene tres: una
arriba, una en un lado y otra delante. La carta que las acompaña les informa
que la esfera dentro de cada caja escoge ahora aleatoriamente entre emitir
destellos rojos y destellos azules cuando se abre cualquiera de las tres
puertas de la caja. Si se abriera una puerta diferente (la de arriba versus la
lateral versus la frontal) en una caja dada, el color aleatoriamente
seleccionado por la esfera podría ser diferente, pero una vez que una puerta se
ha abierto y la esfera ha emitido un destello, no hay manera de determinar qué
hubiera sucedido si se hubiera escogido otra puerta. (En la aplicación física,
esta característica resume la incertidumbre cuántica: una vez que se mide una
propiedad no se puede determinar nada sobre las otras.) Finalmente, la carta
les dice que hay de nuevo una conexión misteriosa, un entrelazamiento extraño
entre los dos conjuntos de cajas de titanio. Incluso si todas las esferas
escogen aleatoriamente en qué color emitir destellos cuando se abre una de las
tres puertas de sus cajas, si tanto Mulder como Scully abren casualmente la
misma puerta de una caja con el mismo número, la carta predice que ambos verán
el mismo color. Si Mulder abre la puerta de arriba de su caja 1 y ve azul,
entonces la carta predice que Scully también verá azul si ella abre la puerta
de arriba de su caja 1; si Mulder abre la puerta lateral de su caja 2 y ve
rojo, entonces la carta predice que Scully también verá rojo si abre la puerta
lateral de su caja 2, y así sucesivamente. De hecho, cuando Scully y Mulder
abren las doce primeras cajas, acordando por teléfono qué puerta van a abrir en
cada una, verifican las predicciones de la carta.
Aunque a Mulder y Scully se les está presentando
una situación algo más complicada que antes, a primera vista parece que el
mismo razonamiento que utilizó antes Scully se aplica ahora igualmente.
«Mulder», dice Scully, «éste es tan estúpido como
el paquete de ayer.
Tampoco ahora hay ningún misterio. Sencillamente la
esfera dentro de cada caja debe estar programada. ¿No lo ves?»
«Pero ahora hay tres puertas», advierte Mulder «de
modo que la esfera no puede “saber” qué puerta escogeríamos para abrir, ¿no es
verdad?»
«No es necesario», explica Scully. «Eso es parte de
la programación.
Mira, éste es un ejemplo. Coge la siguiente caja no
abierta, la caja 37, y yo haré lo mismo. Imagina ahora por razón del argumento,
que la esfera en mi caja 37 está programada, digamos, para emitir un destello
rojo si se abre la puerta de arriba, emitir un destello azul si se abre la
puerta lateral, y emitir un destello rojo si se abre la puerta frontal. Llamaré
a este programa rojo, azul, rojo. Es evidente entonces que si quienquiera que
nos está enviando este material ha introducido este mismo programa en tu caja
37, y si los dos abrimos la misma puerta, veremos un destello del mismo color.
Esto explica “la conexión misteriosa”: si las cajas con el mismo número en
nuestras colecciones respectivas han sido programadas con las mismas
instrucciones, entonces veremos el mismo color si abrimos la misma puerta. ¡No
hay ningún misterio!»
Pero Mulder no cree que las esferas estén
programadas. Cree lo que dice la carta. Cree que las esferas están escogiendo
aleatoriamente entre rojo y azul cuando se abre una de las puertas de su caja y
con ello cree, fervientemente, que sus cajas y las de Scully tienen una
misteriosa conexión de largo alcance.
¿Quién tiene razón? Puesto que no hay manera de
examinar las esferas antes o durante la supuesta selección aleatoria de color
(recordemos que cualquier manipulación hará que la esfera elija instantánea y
aleatoriamente entre rojo y azul, confundiendo cualquier intento de investigar
cómo funciona realmente), parece imposible demostrar definitivamente si es
Scully o Mulder quien tiene razón.
Pero, notablemente, tras pensar un poco, Mulder se
da cuenta de que hay un experimento que zanjará la cuestión por completo. El
razonamiento de Mulder es simple, pero requiere un toque matemático más
explícito que la mayoría de las cosas que hemos visto. Decididamente vale la
pena tratar de seguir los detalles, que no son tantos, pero no se preocupe si
algo de ello se le escapa; dentro de poco resumiremos la conclusión clave.
Mulder se da cuenta de que él y Scully sólo han
considerado hasta ahora lo que sucede si cada uno de ellos abre la misma puerta
en una caja con un número dado. Y, como dice con excitación a Scully después de
llamarla de nuevo, hay mucho que aprender si no siempre escogen la misma puerta
y, en su lugar, escogen aleatoria e independientemente qué puerta abrir en cada
una de sus cajas.
«Mulder, por favor, déjame disfrutar de mis
vacaciones. ¿Qué podemos aprender haciendo eso?»
«Bien, Scully, podemos determinar si tu explicación
es correcta o errónea.»
«OK, tengo que oír eso.»
«Es simple», continúa Mulder. «Si tú tienes razón,
entonces esto es lo que yo entiendo: si tú y yo escogemos independiente y
aleatoriamente qué puerta abrir en una caja dada y registramos el color del
destello que vemos, entonces, después de hacer esto con muchas cajas debemos
encontrar que vimos el mismo color de destello más del 50 por 100 de las veces.
Pero si no es así, si encontramos que no estamos de acuerdo en el color en más
del 50 por 100 de las cajas, entonces tú no puedes tener razón.»
«¿Sí?, ¿cómo es eso?» Scully se está interesando un
poco más.
«Bien» continúa Mulder. «He aquí un ejemplo.
Supongamos que tienes razón, y que cada esfera actúa de acuerdo con un
programa. Sólo por concretar, imaginemos que el programa para la esfera en una
caja particular resulta ser azul, azul, rojo. Ahora, puesto que nosotros dos
escogemos entre tres puertas, hay un total de nueve combinaciones de puertas
posibles que podríamos seleccionar para abrir en esta caja. Por ejemplo, yo
podría escoger la puerta de arriba de mi caja mientras tú podrías escoger la
puerta lateral de tu caja; o yo podría escoger la puerta frontal y tú podrías
escoger la puerta de arriba; y así sucesivamente.»
«Sí, por supuesto» salta Scully. «Si llamamos 1 a
la puerta de arriba, 2 a la puerta lateral y 3 a la puerta frontal, entonces
las nueve combinaciones de puertas posibles son simplemente (1,1), (1,2),
(1,3), (2.1), (2,2), (2,3), (3,1), (3,2), (3,3).»
«Sí, así es», continúa Mulder. «Ahora éste es el
punto: nota que de estas nueve posibilidades cinco combinaciones de puertas,
(1,1), (2.2), (3,3), (1,2), (2,1), darán como resultado que veamos que las
esferas de nuestras cajas emiten destellos del mismo color. Las primeras tres
combinaciones de puertas son aquellas en las que casualmente escogemos la misma
puerta, y como sabemos, eso siempre da como resultado que veamos el mismo
color.
Las otras dos combinaciones, (1,2) y (2,1),, dan
como resultado el mismo color porque el programa dicta que las esferas emitirán
destellos del mismo color, azul, si se abre o bien la puerta 1 o bien la puerta
2. Ahora bien, puesto que 5 es más que la mitad de 9, esto significa que para
más de la mitad, más del 50 por 100, de las combinaciones de puertas posibles
que podríamos seleccionar para abrir, las esferas emitirán destellos del mismo
color.»
«Pero espera», protesta Scully. «Eso es sólo un
ejemplo de un programa concreto: azul, azul, rojo. En mi explicación propuse
que cajas con diferentes números pueden tener, y generalmente tienen, programas
diferentes.»
«En realidad eso no importa. La conclusión vale
para todos los programas posibles. Mi razonamiento con el programa azul, azul,
rojo sólo se basaba en el hecho de que dos de los colores en el programa eran
el mismo, y por eso se sigue una conclusión idéntica para cualquier programa:
rojo, rojo, azul, o rojo, azul, rojo, y todos los demás. Cualquier programa
tiene que tener al menos dos colores iguales; los únicos programas que son
realmente diferentes son aquellos en los que los tres colores son iguales: rojo,
rojo, rojo y azul, azul, azul. Pero para las cajas con uno cualquiera de estos
programas, obtendremos el mismo color del destello independientemente de qué
puertas abramos, y por lo tanto la fracción global en la que estaríamos de
acuerdo no hará más que aumentar. Así, si tu explicación es correcta y las
cajas actúan según programas, incluso con programas que varían de una caja
numerada a otra, debemos coincidir en el color que vemos más del 50 por 100 de
las veces.»
Ese es el argumento. La parte difícil ha pasado. La
conclusión es que hay un test para determinar si Scully tiene razón y cada
esfera opera de acuerdo con un programa que determina definitivamente el color
del destello dependiendo de qué puerta se abra. Si ella y Mulder deciden
independiente y aleatoriamente cuál de las tres puertas en cada una de sus
cajas abrir, y luego comparan los colores que ven, caja por caja numerada,
deben encontrar acuerdo en más del 50 por 100 de las cajas. Puesto en el lenguaje
de la física, como se hará en la próxima sección, la idea de Mulder no es otra
que la intuición extraordinaria de John Bell.
§. Contando ángeles con ángulos
La traducción de este resultado a la física es directa. Imaginemos que tenemos
dos detectores, uno en el lado izquierdo del laboratorio y otro en el lado
derecho, que miden el espín de una partícula incidente tal como un electrón,
como en el experimento discutido en la penúltima sección. Los detectores
requieren que usted escoja el eje (vertical, horizontal, de delante a atrás, o
uno de los innumerables ejes que yacen entre éstos) a lo largo del cual se va a
medir el espín; por simplicidad, imaginemos que tenemos detectores fijos que
ofrecen sólo tres elecciones para los ejes. En cualquier realización del
experimento, usted encontrará que el electrón incidente está girando o bien en
el sentido de las agujas o en sentido contrario en tomo al eje que usted
seleccionó.
Según Einstein, Podolsky y Rosen, cada electrón
incidente proporciona al detector en el que entra lo que equivale a un
programa: incluso si está oculto, incluso si usted no puede medirlo, EPR
afirmaban que cada electrón tiene una cantidad de espín definida, o en el
sentido de las agujas o en sentido contrario, en tomo a todos y cada uno de los
ejes. Por lo tanto, cuando un electrón entra en un detector, el electrón
determina definitivamente si usted medirá que su espín está en el sentido de
las agujas o en sentido contrario en tomo a cualquiera que sea el eje que usted
ha escogido. Por ejemplo, un electrón que está girando en el sentido de las
agujas en tomo a cada uno de los tres ejes proporciona el programa sentido de
las agujas, sentido de las agujas, sentido de las agujas, un electrón que está
girando en el sentido de las agujas en tomo a los dos primeros ejes y en
sentido contrario en tomo al tercero proporciona el programa sentido de las
agujas, sentido de las agujas, sentido contrario a las agujas, y así
sucesivamente. Para explicar la correlación entre los electrones que se mueven
hacia la izquierda y los que se mueven hacia la derecha, Einstein, Podolsky y
Rosen afirman simplemente que tales electrones tienen espines idénticos y por
ello proporcionan a los detectores en los que entran programas idénticos. Así
pues, si se escogen los mismos ejes para los detectores derecho e izquierdo,
los detectores de espín encontrarán idénticos resultados.
Nótese que estos detectores de espín reproducen
exactamente todo lo que encontraron Scully y Mulder, aunque con sustituciones
sencillas: en lugar de escoger una puerta en una caja de titanio, estamos
escogiendo un eje; en lugar de ver un destello rojo o azul, registramos un
espín en el sentido de las agujas o en sentido contrario. Así, de la misma
forma que abrir las mismas puertas en un par de cajas de titanio idénticamente
numeradas da como resultado el mismo color de destello, escoger los mismos ejes
en dos detectores da como resultado que se mida la misma dirección de espín.
Asimismo, de la misma forma que abrir una puerta particular en una caja de
titanio nos impide conocer con qué color hubiese emitido un destello si
hubiéramos escogido otra puerta, medir el espín del electrón en torno a un eje
particular nos impide, vía incertidumbre cuántica, conocer qué dirección de
espín habríamos encontrado si hubiéramos escogido un eje diferente.
Todo lo anterior significa que el análisis de
Mulder de cómo saber quién tiene razón se aplica a esta situación exactamente
de la misma manera que se aplicaba al caso de las esferas alienígenas. Si EPR
tienen razón y cada electrón tiene realmente un valor definido del espín en
tomo a los tres ejes, si cada electrón proporciona un «programa» que determina
definitivamente el resultado de cualquiera de las tres medidas de espín
posible, entonces podemos hacer la siguiente predicción. El examen de los datos
recogidos de muchas realizaciones del experimento, realizaciones en las que el
eje para cada detector es seleccionado aleatoria e independientemente, mostrará
que más de la mitad de las veces los espines de los electrones coinciden,
estando ambos en el sentido de las agujas o ambos en sentido contrario. Si los
espines de los electrones no coinciden más de la mitad de las veces, entonces
Einstein, Podolsky y Rosen están equivocados.
Este es el descubrimiento de Bell. Muestra que
incluso si no se puede medir realmente el espín de un electrón en tomo a más de
un eje, incluso si no se puede «leer» explícitamente el programa que se supone
que suministra al detector en el que entra, esto no significa que tratar de
saber si de todas formas tiene una cantidad de espín definida en tomo a más de
un eje es equivalente a contar ángeles en la punta de un alfiler. Ni mucho
menos. Bell encontró que hay una consecuencia verificable asociada con que una
partícula tenga valores de espín definidos. Utilizando ejes a tres ángulos,
Bell proporcionó una manera de contar los ángeles de Pauli.
§. No humo, sino fuego
Por si usted se ha perdido algunos de los detalles, resumamos dónde hemos
llegado. Mediante el principio de incertidumbre de Heisenberg, la mecánica
cuántica afirma que hay características del mundo, como la posición y la
velocidad de una partícula, o el espín de una partícula en tomo a varios ejes,
que no pueden tener valores definidos simultáneamente. Una partícula, según la
teoría cuántica, no puede tener una posición definida y una velocidad definida;
una partícula no puede tener un espín definido (en el sentido de las agujas o
en sentido contrario) en torno a más de un eje; una partícula no puede tener
simultáneamente atributos definidos para cosas que están en lados opuestos de
la divisoria de la incertidumbre. En su lugar, las partículas se mantienen en
un limbo cuántico, en una mezcla borrosa, amorfa y probabilista de todas las
posibilidades; sólo cuando se mide se selecciona un resultado definido de entre
los muchos posibles. Evidentemente, ésta es una imagen de la realidad drásticamente
diferente de la que pintaba la física clásica.
Siempre escéptico acerca de la mecánica cuántica,
Einstein, junto con sus colegas Podolsky y Rosen, trató de utilizar este
aspecto de la mecánica cuántica como un arma contra la propia teoría. EPR
argumentaban que incluso si la mecánica cuántica no permite que tales
propiedades sean determinadas simultáneamente, las partículas tienen valores
definidos de la posición y la velocidad; las partículas tienen valores de espín
definidos en tomo a todos los ejes; las partículas tienen valores definidos
para todas las cosas prohibidas por la incertidumbre cuántica. EPR argumentaban
así que la mecánica cuántica no puede manejar todos los elementos de la
realidad física, no puede manejar la posición y la velocidad de una partícula;
no puede manejar el espín de una partícula en tomo a más de un eje, y por lo
tanto es una teoría incompleta.
Durante mucho tiempo, la cuestión de si EPR tenían
razón o no pareció más una cuestión de metafísica que de física. Como decía
Pauli, si no se pueden medir realmente propiedades prohibidas por la
incertidumbre cuántica, ¿qué diferencia podría haber si, pese a todo, existen
en un pliegue oculto de la realidad? Pero, de forma notable, John Bell encontró
algo que se le había escapado a Einstein, a Bohr y todos los demás gigantes de
la física teórica del siglo XX: encontró que la mera existencia de ciertas cosas,
incluso si están más allá de la medida o la determinación explícita, supone una
diferencia, y una diferencia que puede comprobarse experimentalmente. Bell
demostró que si EPR tuvieran razón, los resultados encontrados por dos
detectores ampliamente separados que miden propiedades de partículas (espín
alrededor de diversos ejes arbitrariamente escogidos, en la aproximación que
hemos adoptado) tendrían que coincidir más del 50 por 100 de las veces.
Bell tuvo esta idea en 1964, pero en esa época no
existía la tecnología para acometer los experimentos requeridos. A comienzos de
la década de 1970 ya existía. Empezando con Stuart Freedman y John Clauser en
Berkeley, siguiendo con Edward Fry y Randall Thompson en Texas A&M, y
culminando a principios de la década de 1980 con la obra de Aspect y
colaboradores que trabajaban en Francia, se realizaron versiones cada vez más
refinadas de estos experimentos. En el experimento de Aspect, por ejemplo, los dos
detectores estaban colocados a 13 metros de distancia, y un contenedor de
átomos de calcio excitados estaba situado a medio camino entre ellos. La física
que entendemos bien muestra que cada átomo de calcio, cuando vuelve a su estado
normal de menor energía, emitirá dos fotones, que viajan espalda contra
espalda, cuyos espines están perfectamente correlacionados, como sucede en el
ejemplo de los espines electrónicos correlacionados que hemos estado
discutiendo. De hecho, en el experimento de Aspect, cuando los dos detectores
están preparados para medir el espín en tomo al mismo eje, los espines medidos
para los dos fotones están perfectamente alineados. Si se conectaran luces a
los detectores de Aspect que emitiesen un destello rojo en respuesta a un espín
en sentido de las agujas del reloj y un destello azul en respuesta a un espín
en sentido contrario, los fotones incidentes provocarían que los detectores
emitieran destellos del mismo color.
Pero, y éste es el punto crucial, cuando Aspect
examinó los datos de un gran número de realizaciones del experimento, datos en
los que las medidas que hacían los detectores izquierdo y derecho no eran
siempre las mismas, sino que se cambiaban aleatoria e independientemente de una
realización a otra, él encontró que los detectores no coinciden más del 50 por
100 de las veces.
Este resultado es demoledor. Es el tipo de
resultado que le debería dejar sin aliento. Pero por si no lo ha hecho, déjeme
explicarlo de nuevo. Los resultados de Aspect muestran que el experimento, no
la teoría, no la reflexión, sino la Naturaleza, probaba que Einstein, Podolsky
y Rosen estaban equivocados. Y eso significa que tiene que haber algo erróneo
en el razonamiento que utilizaron EPR para concluir que las partículas poseen
valores definidos para propiedades, como valores de espín alrededor de distintos
ejes, para las que los valores definidos están prohibidos por el principio de
incertidumbre.
Pero ¿dónde podían haberse equivocado? Bien,
recordemos que Einstein, Podolsky y Rosen se basan en una hipótesis central: si
en un instante dado usted puede determinar una propiedad de un objeto mediante
un experimento hecho sobre otro objeto espacialmente lejano, entonces el primer
objeto debe haber tenido siempre dicha propiedad. La lógica para esta hipótesis
era simple y completamente razonable. Su medida se hacía aquí mientras que el
primer objeto estaba allí. Los dos objetos estaban separados espacialmente, y
por ello su medida no podía haber tenido ningún efecto sobre el primer objeto.
Más exactamente, puesto que nada va más rápido que la velocidad de la luz, si
su medida en un objeto llegara a causar de alguna manera un cambio en el otro,
por ejemplo, hacer que el otro adoptara un movimiento de rotación idéntico en
tomo a un eje escogido, tendría que pasar un tiempo antes de que esto pudiera
suceder, un tiempo al menos tan grande como el tiempo que necesitaría la luz
para atravesar la distancia entre los dos objetos. Pero tanto en nuestro
razonamiento abstracto como en los experimentos reales las dos partículas son
examinadas por los detectores al mismo tiempo. Por consiguiente, sea lo que sea
lo que aprendemos de la primera partícula al medir la segunda, debe ser una
propiedad que la primera partícula poseía con total independencia de que
hiciéramos la medida. En resumen, el núcleo del argumentó de Einstein, Podolsky
y Rosen es que un objeto allí no tiene que preocuparse por lo que usted hace
con otro objeto aquí.
Pero como acabamos de ver, este razonamiento lleva
a la predicción de que los detectores deberían encontrar el mismo resultado más
de la mitad de las veces, una predicción que queda refutada por los resultados
experimentales. Nos vemos obligados a concluir que la hipótesis hecha por
Einstein, Podolsky y Rosen, por muy razonable que parezca, no puede responder a
la forma en que se comporta nuestro universo cuántico. Así pues, mediante este
razonamiento indirecto pero cuidadosamente elaborado, los experimentos nos
llevan a concluir que un objeto allí se preocupa por lo que usted hace con otro
objeto aquí.
Incluso si la mecánica cuántica muestra que las
partículas adquieren aleatoriamente esta o aquella propiedad cuando son
medidas, aprendemos que la aleatoriedad puede tener vínculos a través del
espacio. Pares de partículas adecuadamente preparadas, se denominan partículas
entrelazadas, no adquieren sus propiedades medidas de forma independiente. Son
como un par de dados mágicos, uno lanzado en Atlantic City y el otro en Las
Vegas, cada uno de los cuales da aleatoriamente un número u otro, pero tales
que los dos se las arreglan de algún modo para coincidir siempre. Las
partículas entrelazadas actúan de forma similar, excepto que no requieren
magia. Las partículas entrelazadas, incluso si están espacialmente separadas,
no actúan de forma autónoma.
Einstein, Podolsky y Rosen se proponían demostrar
que la mecánica cuántica proporciona una descripción incompleta del universo.
Medio siglo más tarde, ideas teóricas y resultados experimentales inspirados
por su trabajo nos obligan a volver su análisis del revés y concluir que la
parte más básica, intuitivamente razonable y clásicamente sensible de su
razonamiento es errónea: el universo es no local. El resultado de lo que usted
hace en un lugar puede estar ligado a lo que sucede en otro lugar, incluso si nada
viaja entre los dos lugares, incluso si no hay tiempo suficiente para que nada
pueda completar el viaje entre los dos lugares. La sugerencia intuitivamente
satisfactoria de Einstein, de Podolsky y de Rosen de que tales correlaciones de
largo alcance aparecen meramente porque las partículas tienen propiedades
definidas, preexistentes y correlacionadas queda descartada por los datos. Eso
es lo que hace esto tan extraordinario. [55]
En 1997, Nicolás Gisin y su equipo en la
Universidad de Ginebra llevaron a cabo una versión del experimento de Aspect en
la que los dos detectores estaban situados a 11 kilómetros de distancia. Los
resultados no cambiaban.
En la escala microscópica de las longitudes de onda
del fotón, 11 kilómetros es una distancia gigantesca. Para el caso, daría igual
11 millones de kilómetros u 11.000 millones de años luz. Hay todas las razones
para creer que la correlación entre los fotones persistiría por muy separados
que se coloquen los detectores.
Esto suena muy extraño. Pero hay ahora evidencia
abrumadora a favor de este denominado entrelazamiento cuántico. Si dos fotones
están entrelazados, la medida satisfactoria del espín de cualquiera de los
fotones en tomo a un eje «fuerza» al otro fotón distante a tener el mismo espín
en tomo al mismo eje; el acto de medir un fotón «obliga» al otro fotón, que
puede estar a gran distancia, a salir de la niebla de probabilidad y adoptar un
valor de espín definitivo, un valor que coincide precisamente con el espín de
su compañero distante. Y eso es algo ante lo que la mente se queda atónita.[viii][56]
Entrelazamiento y relatividad especial: la visión
estándar He puesto las palabras «fuerza» y «obliga» entre comillas porque
aunque transmiten la sensación que anhela nuestra intuición clásica, su
significado preciso en este contexto es crítico para saber si estamos o no
asistiendo a más de una convulsión. Con sus definiciones cotidianas, estas
palabras evocan una imagen de causalidad volitiva: escogemos hacer algo aquí
para provocar o forzar que un algo particular suceda allí. Si ésta fuera la
descripción correcta de cómo están correlacionados los dos fotones, la
relatividad especial estaría contra las cuerdas. Los experimentos muestran que
desde el punto de vista de un experimentador en el laboratorio, en el preciso
instante en que se mide un fotón el otro fotón adopta inmediatamente la misma
propiedad de espín. Si algo estuviera viajando desde el fotón izquierdo al
fotón derecho, para avisar al fotón derecho de que se había determinado el
espín del fotón izquierdo mediante una medida, tendría que viajar entre ambos
fotones instantáneamente, en conflicto con la velocidad límite establecida por
la relatividad especial.
El consenso entre los físicos es que este conflicto
aparente con la relatividad especial es ilusorio. La razón intuitiva es que
incluso si los dos fotones están espacialmente separados, su origen común
establece un vínculo fundamental entre ellos. Aunque se alejan uno de otro y se
hacen espacialmente separados, su historia los entreteje; incluso cuando están
distantes, siguen formando parte de un sistema físico. De modo que no se trata
realmente de que una medida sobre un fotón obligue a otro fotón distante a
adoptar propiedades idénticas. Más bien, los dos fotones están tan íntimamente
ligados que está justificado considerarlos, incluso si están espacialmente
separados, como partes de una entidad física. Entonces podemos decir que una
medida sobre esta única entidad, una entidad que contiene dos fotones, afecta a
la entidad entera; es decir, afecta a ambos fotones a la vez.
Aunque esta imaginería puede hacer más fácil de
tragar la conexión entre los fotones, tal como está es vaga: ¿qué significa
realmente decir que dos cosas especialmente separadas son una? Un argumento más
preciso es el siguiente. Cuando la relatividad especial dice que nada puede
viajar más rápido que la velocidad de la luz, el «nada» se refiere a la materia
o la energía familiares. Pero lo que tenemos ahora es más sutil, porque no
parece que ninguna materia ni energía esté viajando entre los dos fotones, y por
ello no hay nada cuya velocidad tengamos que medir. No obstante, hay un modo de
saber si hemos chocado frontalmente con la relatividad especial. Una
característica común a la materia y la energía es que cuando viajan de un lugar
a otro pueden transmitir información. Los fotones que viajan desde una emisora
de radio a su receptor llevan información. Los electrones que viajan por los
cables de Internet hasta su ordenador llevan información. Así, en cualquier
situación donde se supone que algo, incluso algo no identificado
, ha viajado más rápido que la velocidad de la luz,
un test sencillo es preguntar si ha transmitido, o al menos podía haberlo
hecho, información. Si la respuesta es no, sigue el razonamiento estándar,
entonces nada ha superado la velocidad de la luz, y la relatividad especial no
se cuestiona. En la práctica éste es el test que suelen utilizar los físicos
para determinar si algún proceso sutil ha violado las leyes de la relatividad
especial. (Nadie ha sobrevivido a este test.) Apliquémoslo aquí.
¿Hay alguna forma en la que, midiendo el espín en
tomo a un eje dado de los fotones que se mueven a la izquierda y hacia la
derecha, podamos enviar información de uno a otro? La respuesta es no. ¿Por
qué? Bien, el resultado encontrado en el detector izquierdo o en el derecho no
es otra cosa que una secuencia aleatoria de resultados
espín-en-sentido-de-las-agujas o espín-en-sentido-contrario, puesto que en
cualquier realización dada hay la misma probabilidad de que la partícula se
encuentre girando en un sentido o en otro.
De ninguna manera podemos controlar o predecir el
resultado de cualquier medida concreta. Así pues, no hay mensaje, no hay código
oculto, no hay ninguna información en ninguna de estas dos listas aleatorias.
La única cosa interesante sobre las dos listas es que son idénticas, pero eso
no puede saberse hasta que las dos listas sean reunidas y comparadas por algún
medio convencional más lento que la luz (fax, e-mail, llamada telefónica,
etc.). El argumento estándar concluye así que aunque medir el espín de un fotón
parece afectar instantáneamente al otro, ninguna información se transmite de
uno a otro y la velocidad límite de la relatividad especial sigue en vigor. Los
físicos dicen que los resultados del espín están correlacionados, pero no están
en una relación causa-a-efecto tradicional porque no hay nada que viaje entre
los dos lugares distantes.
Entrelazamiento y relatividad especial: la visión
contraria
¿Es así? ¿Está totalmente resuelto el conflicto
potencial entre la no localidad de la mecánica cuántica y la relatividad
especial? Es probable.
Sobre la base de las consideraciones anteriores, la
mayoría de los físicos lo resumen diciendo que hay una coexistencia armoniosa
entre la relatividad especial y los resultados de Aspect sobre partículas
entrelazadas. En pocas palabras, la relatividad especial sobrevive por un pelo.
La mayoría de los físicos encuentran esto convincente, pero otros tienen una
sensación persistente de que hay más en la historia.
A un nivel visceral yo siempre he compartido la
visión de la coexistencia, pero no hay que negar que la cuestión es delicada.
Al final, independientemente de qué palabras holísticas se utilicen o que falta
de información se subraye, dos partículas ampliamente separadas, cada una de
las cuales está gobernada por la aleatoriedad de la mecánica cuántica,
permanecen de alguna manera suficientemente «en contacto» para que haga lo que
haga una, la otra también lo haga instantáneamente. Y eso parece sugerir que un
algo más-rápido-que-la-luz está actuando entre ellas.
¿Dónde estamos? No hay ninguna respuesta
universalmente aceptada.
Algunos físicos y filósofos han sugerido que para
avanzar debemos reconocer que la discusión se ha centrado hasta ahora en un
punto que no es el adecuado: el núcleo real de la relatividad especial, señalan
correctamente, no es tanto que la luz fija una velocidad límite, sino que la
velocidad de la luz es algo en lo que coinciden todos los observadores,
independientemente de su propio movimiento. [57] Con más generalidad, el principio central de la relatividad
especial es que ningún punto de vista observacional es preferido a cualquier
otro. Así, estos investigadores proponen (y muchos otros están de acuerdo) que
si el tratamiento igualitario de todos los observadores con velocidad constante
pudiera hacerse compatible con los resultados experimentales con partículas
entrelazadas, entonces desaparecería la tensión con la relatividad especial.[58] Pero conseguir este objetivo no es una tarea trivial. Para ver
esto en concreto, pensemos en cómo explican el experimento de Aspect los buenos
libros de texto de mecánica cuántica a la antigua usanza.
Según la mecánica cuántica estándar, cuando
realizamos una medida y encontramos que una partícula está aquí provocamos que
su onda de probabilidad cambie: el abanico previo de resultados potenciales se
reduce al resultado real que encontramos en nuestra medida, como se ilustra en
la figura 4.7. Los físicos dicen que la medida hace que la onda de probabilidad
colapse e imaginan que cuanto mayor es la onda de probabilidad inicial en un
lugar, mayor es la probabilidad de que la onda colapse a ese punto, es decir,
mayor es la probabilidad de que la partícula sea encontrada en ese punto. En la
versión estándar el colapso sucede instantáneamente en todo el universo: una
vez que uno encuentra la partícula aquí, dice el argumento, la probabilidad de
que sea encontrada en cualquier otro lugar cae inmediatamente a cero, y esto se
refleja en un colapso inmediato de la onda de probabilidad.
En el experimento de Aspect, cuando se mide el
espín del fotón que se está moviendo hacia la izquierda y se encuentra,
digamos, que es en sentido de las agujas del reloj en tomo a un eje, esto
colapsa su onda de probabilidad en todo el espacio, haciendo instantáneamente
que la parte en sentido contrario a las agujas sea cero. Puesto que este
colapso ocurre en todas partes, ocurre también en la posición del fotón que se
mueve hacia la derecha. Y resulta que esto afecta a la parte en sentido
contrario a las agujas de la onda de probabilidad del fotón que se mueve hacia
la derecha, haciendo que también colapse a cero. Así, por muy lejos que esté el
fotón que se mueve hacia la derecha del fotón que se mueve hacia la izquierda,
su onda de probabilidad es afectada instantáneamente por la onda de
probabilidad del fotón que se mueve hacia la izquierda, lo que asegura que
tiene el mismo espín que el fotón que se mueve hacia la izquierda a lo largo
del eje elegido.
Así, en la mecánica cuántica estándar es este
cambio instantáneo en las ondas de probabilidad el responsable de la influencia
más rápida que la luz.
Figura 4.7. Cuando una partícula es observada en un lugar, la probabilidad
de encontrarla en otro lugar cae a cero, mientras que su probabilidad asciende
repentinamente al 100 por cien en el lugar donde es observada.
Las matemáticas de la mecánica cuántica hacen
precisa esta discusión cualitativa. Y, de hecho, las influencias de largo
alcance que aparecen de las ondas de probabilidad que colapsan cambian la
predicción de con qué frecuencia los detectores izquierdo y derecho de Aspect
(cuando sus ejes son escogidos aleatoria e independientemente) deberían
encontrar el mismo resultado.
Se requiere un cálculo matemático para obtener la
respuesta exacta (vea las notas de la sección[59] si está interesado) pero, cuando se hace, este cálculo predice que
los detectores deberían coincidir precisamente el 50 por 100 de las veces (en
lugar de predecir acuerdo en más del 50 por 100 de las veces, resultado, como
hemos visto, que se encuentra utilizando la hipótesis de EPR de un universo
local, ). Con impresionante exactitud, esto es precisamente lo que Aspect
encontró en sus experimentos, un 50 por 100 de acuerdo. La mecánica cuántica
estándar encaja los datos de forma impresionante.
Éste es un éxito espectacular. De todas formas, hay
un pero. Después de más de siete décadas, nadie entiende cómo sucede, o
siquiera si sucede realmente, el colapso de una onda de probabilidad. Durante
años, la hipótesis de que las ondas de probabilidad colapsan ha dado un vínculo
poderoso entre las probabilidades que predice la teoría cuántica y los
resultados definidos que revelan los experimentos. Pero es una hipótesis llena
de enigmas. Para empezar, el colapso no sale de las matemáticas de la teoría
cuántica; hay que meterlo a mano, y no hay ninguna forma consensuada ni
experimentalmente justificada para hacerlo. En segundo lugar, ¿cómo es posible
que por encontrar un electrón en su detector en Nueva York, usted provoque que
la onda de probabilidad del electrón en la galaxia Andrómeda caiga a cero
instantáneamente? [60] Por supuesto, una vez que usted encuentra la partícula en Nueva
York es seguro que no será encontrada en Andrómeda pero ¿qué mecanismo
desconocido asegura esto con una eficacia tan espectacular? En un lenguaje más
vago, ¿cómo «sabe» la onda de probabilidad en Andrómeda, y en cualquier otro
lugar, que tiene que caer a cero simultáneamente?
Abordaremos este problema de la medida en mecánica
cuántica en el capítulo 7 (y como veremos, hay otras propuestas que evitan
totalmente la idea de ondas de probabilidad que colapsan), pero baste apuntar
aquí, como discutimos en el capítulo 3, que algo que es simultáneo desde una
perspectiva no es simultáneo desde otra perspectiva en movimiento. (Recuerde a
Itchy y Scratchy poniendo en hora sus relojes en un tren en movimiento.) De
modo que si una onda de probabilidad llegara a sufrir un colapso simultáneo en
el espacio según un observador, no sufriría tal colapso simultáneo según otro
observador que esté en movimiento. En la práctica, dependiendo de su
movimiento, unos observadores informarán de que el fotón izquierdo fue medido
primero, mientras que otros observadores, igualmente dignos de confianza,
informarán que el fotón derecho fue medido primero. Así, incluso si la idea de
ondas de probabilidad que colapsan fuera correcta, dejaría de ser una verdad
objetiva en lo que concierne a qué medida, sobre el fotón izquierdo o sobre el
derecho, afecta a la otra. Así, el colapso de ondas de probabilidad parecería
discriminar un punto de vista especial, aquél según el cual el colapso es
simultáneo en el espacio, aquél según el cual las medidas izquierda y derecha
ocurren en el mismo instante. Pero discriminar una perspectiva especial crea
una tensión importante con el núcleo igualitario de la relatividad especial. Se
han hecho propuestas para evitar este problema, pero continúa el debate
respecto a cuáles, si hay alguna, son acertadas. [61]
Así pues, aunque la opinión de la mayoría sostiene
que hay una coexistencia armoniosa, algunos físicos y filósofos consideran que
la relación exacta entre mecánica cuántica, partículas entrelazadas y
relatividad especial es una cuestión abierta. Es ciertamente posible, y en mi
opinión probable, que la opinión de la mayoría prevalezca en última instancia
en alguna forma más definitiva. Pero la historia muestra que los problemas
fundacionales sutiles siembran a veces las semillas de revoluciones futuras. Sobre
ésta, sólo el tiempo dirá.
¿Qué vamos a hacer de todo esto?
El razonamiento de Bell y los experimentos de
Aspect muestran que el tipo de universo que imaginaba Einstein puede existir en
la mente, pero no en la realidad. El de Einstein era un universo en el que lo
que usted hace aquí tiene relevancia inmediata sólo para las cosas que están
también aquí. La física, en esta visión, era puramente local. Pero ahora vemos
que los datos descartan esta forma de pensar; los datos descartan este tipo de
universo.
El de Einstein era también un universo en el que
los objetos poseen valores definidos de todos los atributos físicos posibles.
Los atributos no cuelgan en el limbo, esperando que la medida de un
experimentador los llame a la existencia. La mayoría de los físicos diría que
Einstein también estaba equivocado en este punto. Las propiedades de las
partículas en esta visión mayoritaria nacen cuando las medidas les obligan a
ello, una idea que examinaremos más detalladamente en el capítulo 7. Cuando las
partículas no están siendo observadas o interaccionando con el entorno, sus
propiedades tienen una existencia borrosa y nebulosa caracterizada únicamente
por una probabilidad de que una u otra potencialidad pudiera realizarse. Los
más radicales entre quienes sostienen esta opinión llegarían a declarar que, de
hecho, cuando nadie y nada está «mirando» o interaccionando con la Luna de
ninguna manera, la Luna no está allí.
Sobre esta cuestión, todavía no hay veredicto.
Einstein, Podolsky y Rosen afirmaban que la única explicación razonable al
hecho de que las medidas pudieran revelar que partículas ampliamente separadas
tenían propiedades idénticas era que las partículas poseyeran estas propiedades
definidas durante todo el tiempo (y, en virtud de su pasado común, sus
propiedades estuvieran correlacionadas). Décadas más tarde, el análisis de Bell
y los datos de Aspect demostraron que esta sugerencia intuitivamente atractiva,
basada en la premisa de que las partículas tienen siempre propiedades
definidas, falla como explicación de las correlaciones no locales observadas
experimentalmente. Pero el fallo en explicar los misterios de la no localidad
no significa que la noción de partículas que siempre poseen propiedades
definidas esté descartada. Los datos descartan un universo local, pero no
descartan que las partículas tengan tales propiedades ocultas.
De hecho, en la década de 1950 Bohm construyó su
propia versión de la mecánica cuántica que incorpora a la vez no localidad y
variables ocultas. En esta aproximación las partículas tienen siempre una
posición definida y una velocidad definida, incluso si nunca podemos medir
ambas simultáneamente.
La aproximación Bohm hacía predicciones que
coincidían totalmente con las de la mecánica cuántica convencional, pero su
formulación introducía un elemento de no localidad aún más acentuado en el que
las fuerzas que actúan sobre una partícula en un lugar dependen
instantáneamente de las condiciones en lugares distantes. En cierto sentido, la
versión de Bohm sugería cómo se podría ir hacia el objetivo de Einstein de
restaurar algunas de las características intuitivamente razonables de la física
clásica, que las partículas tienen propiedades definidas, que habían sido
abandonadas por la revolución cuántica, pero también demostraba que eso se
hacía al precio de aceptar una no localidad todavía más flagrante. Con este
enorme coste, Einstein habría encontrado poco solaz en este enfoque.
La necesidad de abandonar la localidad es la
lección más sorprendente que surge de la obra de Einstein, Podolsky, Rosen,
Bohm, Bell y Aspect, así como los muchos otros que desempeñaron papeles
importantes en esta línea de investigación. En virtud de su pasado, objetos que
en el presente están en regiones enormemente diferentes del universo pueden
formar parte de un todo entrelazado mecanocuánticamente. Incluso si están
ampliamente separados, tales objetos están comprometidos para comportarse de
una manera aleatoria pero coordinada.
Estamos acostumbrados a pensar que una propiedad
básica del espacio es que separa y distingue un objeto de otro. Pero ahora
vemos que la mecánica cuántica desafía radicalmente esta idea. Dos cosas pueden
estar separadas por una enorme cantidad de espacio y pese a todo no tener una
existencia completamente independiente. Una conexión cuántica puede unirlas,
haciendo que las propiedades de cada una dependan de las propiedades de la
otra. El espacio no distingue tales objetos entrelazados. El espacio no puede superar
su interconexión. El espacio, incluso una enorme cantidad de espacio, no
debilita su interdependencia mecanocuántica.
Algunas personas han interpretado esto como si nos
dijera que «todo está conectado con todo lo demás» o que «la mecánica cuántica
nos entrelaza a todos en un todo universal». Al fin y al cabo, sigue el
razonamiento, en el big bang todo emergió de un lugar puesto que, así lo
creemos, todos los lugares que ahora consideramos diferentes eran el mismo
lugar en el principio. Y puesto que, como los dos fotones que emergen del mismo
átomo de calcio, todo emergió del mismo algo en el principio, todo debería estar
entrelazado mecanocuánticamente con todo lo demás.
Aunque me gusta la sensación, todas estas
divagaciones son vagas y exageradas. Las conexiones cuánticas entre los dos
fotones que salen del átomo de calcio existen, ciertamente, pero son
extraordinariamente delicadas.
Cuando Aspect y otros llevan a cabo sus
experimentos, es crucial que se permita que los fotones viajen sin ningún
impedimento desde su fuente a los detectores. Si fuesen golpeados por
partículas perdidas o tropezasen con piezas del aparato antes de alcanzar uno
de los detectores, la conexión cuántica entre los fotones se haría enormemente
más difícil de identificar. En lugar de buscar correlaciones en las propiedades
de dos fotones, ahora sería necesario buscar una pauta completa de
correlaciones que impliquen a los fotones y a todo lo demás con lo que pudieran
haber chocado. Y a medida que todas estas partículas siguieran su camino,
chocando con otras partículas, el entrelazamiento cuántico se extendería de tal
modo a través de estas interacciones con el entorno que se haría virtualmente
imposible de detectar.
Para todos los efectos, el entrelazamiento original
entre los fotones habría quedado borrado.
De todas formas, es verdaderamente sorprendente que
estas conexiones existan, y que en condiciones de laboratorio cuidadosamente
preparadas puedan ser observadas directamente sobre distancias importantes.
Ellas nos muestran, fundamentalmente, que el espacio no es lo que en otro
tiempo pensábamos que era.
¿Qué pasa con el tiempo?
Parte II
Tiempo experiencia
Capítulo 5
El río congelado
Contenido:
§. Tiempo y experiencia
§. ¿Fluye el tiempo?
§. La persistente ilusión de pasado, presente y futuro
§. La experiencia y el flujo del tiempo
El tiempo es uno de los conceptos más familiares
pero menos conocidos con que se ha encontrado la humanidad. Decimos que vuela,
decimos que es oro, tratamos de ahorrarlo, nos disgustamos cuando lo perdemos.
Pero ¿qué es el tiempo? Parafraseando a san Agustín, y al juez
Potter Stewart,[ix] lo
reconocemos cuando lo vemos pero, por supuesto, en el alba del tercer milenio
nuestra comprensión del tiempo debería ser más profunda que eso. En algunos
aspectos lo es. En otros, no lo es. A lo largo de siglos de interrogación y
reflexión, hemos sacado ideas sobre algunos de los misterios del tiempo, pero
muchos otros permanecen. ¿De dónde procede el tiempo?
¿Qué significaría tener un universo sin tiempo?
¿Podría haber más de una dimensión temporal, igual que hay más de una dimensión
espacial? ¿Podemos «viajar» al pasado? Si lo hiciéramos, ¿podríamos cambiar el
desarrollo posterior de los acontecimientos? ¿Hay una cantidad de tiempo mínima
y absoluta? ¿Es el tiempo un ingrediente verdaderamente fundamental en la
constitución del cosmos, o es simplemente un constructo útil para organizar
nuestras percepciones, aunque no forme parte del léxico con el que están escritas
las leyes más fundamentales? ¿Podría ser el tiempo una noción derivada, una
noción que emerge de un concepto más básico aún no descubierto?
Encontrar respuestas completas y plenamente
convincentes a estas preguntas figura entre los objetivos más ambiciosos de la
ciencia moderna.
Pero las grandes preguntas no son ni mucho menos
las únicas. Incluso la experiencia cotidiana del tiempo incide en algunos de
los enigmas más espinosos del universo.
§. Tiempo y experiencia
Las relatividades especial y general hicieron añicos la universalidad, la
unicidad del tiempo. Estas teorías demostraron que podemos tomar un trozo del
viejo tiempo universal de Newton y llevarlo con nosotros. Se convierte en
nuestro propio reloj personal, nuestra propia vía personal que nos arrastra
implacablemente de un instante al siguiente. Nos sorprende la teoría de la
relatividad porque aunque nuestro propio reloj personal parece marchar
uniformemente, acorde con nuestra sensación intuitiva del tiempo, la
comparación con otros relojes revela diferencias. El tiempo para usted no tiene
por qué ser el mismo que el tiempo para mí.
Aceptemos esta lección como algo dado. Pero
¿cuál es la verdadera naturaleza del tiempo para mí? ¿Cuál es
el carácter pleno del tiempo tal como es experimentado y concebido por el
individuo, sin un interés primario en hacer comparaciones con las experiencias
de otros? ¿Reflejan exactamente estas experiencias la verdadera naturaleza del
tiempo? ¿Y qué nos dicen sobre la naturaleza de la realidad?
Nuestras experiencias nos enseñan, sin género de
dudas, que el pasado es diferente del futuro. El futuro parece presentar una
riqueza de posibilidades, mientras que el pasado está ligado a una sola cosa, a
lo que sucedió realmente. Nos sentimos capaces de influir, de moldear y de
afectar al futuro en un grado u otro, mientras que el pasado parece inmutable.
Y entre pasado y futuro está el escurridizo
concepto del ahora, un punto de soporte temporal que se
reinventa a cada momento, como los fotogramas de un filme cuando pasan por la
luz intensa del proyector y se convierten en el presente momentáneo. El tiempo
parece marchar a un ritmo imparable y perfectamente uniforme, que marca el
destino fugaz del ahora con cada golpe de la baqueta en el
tambor.
Nuestras experiencias nos enseñan también que hay
un sesgo evidente en la forma en que se desarrollan las cosas en el tiempo. De
nada vale lamentarse por la leche derramada, porque una vez derramada no puede
desderramarse y nunca veremos que las salpicaduras de la leche se vuelvan a
juntar, suban desde el suelo y se concentren dentro de un vaso en una encimera
de la cocina. Nuestro mundo parece atenerse perfectamente a una flecha temporal
unidireccional, que nunca se desvía de una regla por la cual las cosas pueden
empezar de esta manera y terminar de aquélla, pero
nunca pueden empezar de aquélla y terminar de ésta.
Nuestras experiencias, por consiguiente, nos
enseñan dos cosas primordiales. Primero, el tiempo parece fluir. Es
como si estuviéramos en la ribera del río del tiempo mientras avanza la
poderosa corriente, trayendo el futuro hacia nosotros, convirtiéndose en
el ahora en el instante en que nos alcanza y siguiendo su
rápido curso cuando se aleja corriente abajo hacia el pasado. O, si eso es
demasiado pasivo para su gusto, invirtamos la metáfora: nosotros viajamos en el
río del tiempo que avanza implacablemente, arrastrándonos desde un ahora al
siguiente, mientras el pasado se aleja con el paisaje que pasa y el futuro nos
espera corriente abajo. (Nuestras experiencias también nos han enseñado que el
tiempo puede inspirar algunas de las metáforas más sensibleras.) Segundo, el
tiempo parece tener una flecha. El flujo del tiempo parece ir en una
dirección y sólo en una, en el sentido de que las cosas suceden en una y sólo
en una secuencia temporal. Si alguien le pasa una caja que contiene una corta
película de un vaso de leche que se derrama, pero la película está fragmentada
en fotogramas individuales, usted no necesita ninguna ayuda o instrucción del
cineasta para recomponer los fotogramas en el orden correcto: le basta con
examinar el montón de imágenes. El tiempo parece tener una dirección
intrínseca, que apunta desde lo que llamamos pasado hacia lo que llamamos
futuro, y las cosas parecen cambiar, la leche se derrama, los huevos se rompen,
las velas se consumen, las personas envejecen, en acuerdo universal con esta
dirección.
Estos rasgos del tiempo, fáciles de sentir, generan
algunos de sus enigmas más intrigantes. ¿Fluye realmente el tiempo? Si lo hace,
¿qué está fluyendo en realidad? ¿Y con qué rapidez fluye esta cosa temporal?
¿Realmente tiene el tiempo una flecha? El espacio, por ejemplo, no parece tener
una flecha intrínseca, para un astronauta en lo más recóndito del espacio,
izquierda y derecha, delante y detrás, y arriba y abajo, estarían en pie de
igualdad, de modo que ¿de dónde vendría una flecha del tiempo? Si existe una
flecha del tiempo, ¿es absoluta? ¿O hay cosas que pueden evolucionar en una
dirección opuesta a la dirección en que parece apuntar la flecha del tiempo?
Vamos a exponer nuestro conocimiento actual
reflexionando en primer lugar sobre estas cuestiones en el contexto de la
física clásica. Así que en lo que queda de este capítulo y en el próximo (en
los que discutiremos el flujo del tiempo y la flecha del tiempo,
respectivamente) ignoraremos la probabilidad cuántica y la indeterminación
cuántica. No obstante, mucho de lo que vamos a aprender se traduce directamente
al dominio cuántico, y en el capítulo 7 adoptaremos la perspectiva cuántica.
§.¿Fluye el tiempo?
Desde la perspectiva de los seres sintientes, la
respuesta parece obvia.
Mientras escribo estas palabras yo siento claramente
cómo fluye el tiempo.
Con cada golpe de tecla, cada ahora da paso al
siguiente. Cuando usted lee estas palabras, sin duda siente también el flujo
del tiempo a medida que sus ojos exploran una palabra tras otra a lo largo de
la página. Pese a todo, por mucho que los físicos lo hayan intentado, nadie ha
encontrado dentro de las leyes de la física ninguna prueba convincente que
apoye esta sensación intuitiva de que el tiempo fluye. De hecho, una
reformulación de algunas de las ideas de Einstein en la relatividad especial
proporciona evidencia de que el tiempo no fluye.
Para entender esto, volvamos a la representación
del espaciotiempo como una barra-de-pan que introdujimos en el capítulo 3.
Recordemos que las rebanadas que constituyen la barra son los ahoras de
un observador dado; cada rebanada representa el espacio en un instante de
tiempo desde su perspectiva. La unión obtenida colocando una rebanada junto a
la siguiente, en el orden en que el observador las experimenta, llena una
región de espaciotiempo. Si llevamos esta perspectiva a un extremo lógico e
imaginamos que cada rebanada muestra todo el espacio en un instante de tiempo
dado según el punto de vista de un observador, y si incluimos todas las
rebanadas posibles, desde el pasado antiguo al futuro distante, la barra
englobará todo el universo a lo largo de todo el tiempo: la totalidad del
espaciotiempo. Cada ocurrencia, independientemente de cuándo o dónde, está
representada por un punto en la barra.
Esto se ilustra esquemáticamente en la figura 5.1,
pero la perspectiva debería plantearle algunas dudas. La perspectiva «exterior»
de la figura, en la que estamos examinando el universo entero, es decir, todo
el espacio en todo instante de tiempo, es un punto de vista ficticio que
ninguno de nosotros tendrá nunca. Todos estamos dentro del
espaciotiempo. Todo lo que experimentamos usted o yo alguna vez ha ocurrido en
una localización del espacio en un instante de tiempo. Y puesto que la figura
5.1 pretende mostrar todo el espaciotiempo, abarca la totalidad de tales
experiencias, las suyas, las mías, y las de todos y todo. Si usted pudiera
acercarse y examinar de cerca todas las idas y venidas en el planeta Tierra,
podría ver a Alejandro Magno recibiendo una lección de Aristóteles, a Leonardo
da Vinci dando la pincelada final a la Mona Lisa, y a George Washington
cruzando el Delaware; cuando siguiera examinando la imagen de izquierda a
derecha, podría ver a su abuela jugando de pequeña, a su padre celebrando su
décimo cumpleaños, y su propio primer día en la escuela; mirando aún más
a la derecha de la imagen, podría verse a usted
mismo leyendo este libro, el nacimiento de su tataranieta y, un poco más allá,
su investidura como presidente. Dada la poca resolución de la figura 5.1, no
puede ver realmente estos instantes, pero puede ver la historia (esquemática)
del Sol y el planeta Tierra, desde su nacimiento a partir de una nube de gas
coalescente hasta la muerte de la Tierra, cuando el Sol se convierta en una
gigante roja y la engulla. Todo está allí.
Figura 5.1. Una representación esquemática de todo el espacio a lo largo de
todo el tiempo (que, por supuesto, sólo representa parte del espacio a lo largo
de parte del tiempo) que muestra la formación de algunas galaxias tempranas, la
formación del Sol y la Tierra, y la muerte de la Tierra cuando el Sol se hincha
como una gigante roja en lo que ahora consideramos nuestro futuro lejano.
Sin duda, la figura 5.1 es una perspectiva
imaginaria. Está fuera del espacio y el tiempo. Es la visión desde ningún lugar
y ningún tiempo. Incluso así, incluso si no podemos ir realmente más allá de
los confines del espaciotiempo y abarcar la plena extensión del universo, la
representación esquemática de la figura 5.1 proporciona un medio poderoso de
analizar y clarificar las propiedades básicas del espacio y el tiempo. Como
primer ejemplo, el sentido intuitivo del flujo del tiempo puede ser retratado vívidamente
en este marco por una variante de la metáfora del proyector de cine. Podemos
imaginar una luz que ilumina una rebanada de tiempo tras otra, haciendo
momentáneamente que la rebanada viva en el presente, haciéndola el ahora momentáneo,
sólo para volver a sumirse instantáneamente en la oscuridad cuando la luz pasa
a la siguiente rebanada. Precisamente ahora, en esta manera intuitiva de
considerar el tiempo, la luz está iluminando la rebanada en la que usted,
sentado en el planeta Tierra, está leyendo esta palabra, y
ahora está iluminando la rebanada en la que usted está leyendo esta palabra.
Pero, de nuevo, mientras esta imagen parece encajar con la experiencia, los
científicos han sido incapaces de encontrar algo en las leyes de la física que
encarne esta luz en movimiento. No han encontrado ningún mecanismo físico que
distinga a un instante después de otro como momentáneamente real, el ahora momentáneo,
a medida que el mecanismo avanza siempre hacia el futuro.
Todo lo contrario. Aunque la perspectiva de
la figura 5.1 es ciertamente imaginaria, hay evidencia convincente de que la
barra de espaciotiempo, la totalidad del espaciotiempo, no de rebanada en
rebanada, es real. Una consecuencia de la obra de Einstein no muy ampliamente
reconocida es que la realidad relativista especial trata todos los instantes
por igual. Aunque la noción de ahora desempeña un papel
central en nuestra visión del mundo, la relatividad subvierte una vez más
nuestra intuición y hace del nuestro un universo igualitario en el que cualquier
instante es tan real como cualquier otro. Tropezamos con esta idea en el
capítulo 3 cuando reflexionábamos sobre el experimento del cubo rotatorio en el
contexto de la relatividad especial.
Allí, mediante un razonamiento indirecto análogo al
de Newton, concluíamos que el espaciotiempo es un algo suficiente para ofrecer
la referencia para el movimiento acelerado. Aquí asumimos la cuestión desde
otro punto de vista y vamos más lejos. Argumentamos que cada parte de la barra
del espaciotiempo en la figura 5.1 existe en pie de igualdad con todas las
demás, lo que sugiere, como creía Einstein, que la realidad engloba pasado,
presente y futuro porigual y que el flujo que imaginamos que
lleva una sección a la luz mientras otra pasa a la oscuridad es ilusorio.
§. La persistente ilusión de pasado, presente y
futuro
Para entender la perspectiva de Einstein necesitamos una definición operativa
de la realidad, un algoritmo, si usted quiere, para determinar qué cosas
existen en un instante dado. Éste es un enfoque común. Cuando yo contemplo la
realidad, lo que existe en este instante, represento en mi mente una especie de
instantánea, una imagen mental congelada del universo entero precisamente ahora. Mientras
escribo estas palabras, mi sensación de lo que existe precisamente ahora, mi
sensación de la realidad, equivale a una lista de todas esas cosas, el tic de
medianoche en el reloj de mi cocina; mi gato estirado en pleno salto del suelo
a la ventana; el primer rayo del sol de la mañana iluminando Dublín; el vocerío
del parqué en la bolsa de Tokio; la fusión de dos átomos de hidrógeno concretos
en el Sol, la emisión de un fotón desde la nebulosa de Orion; el último momento
de una estrella moribunda antes de colapsar en un agujero negro, que están, en
este instante, en mi imagen mental congelada. Estas son las cosas que suceden
precisamente ahora, de modo que son las cosas que yo afirmo
que existen precisamente ahora. ¿Existe precisamente ahora
Carlomagno? No. ¿Existe precisamente ahora Nerón? No. ¿Existe precisamente
ahora Lincoln? No. ¿Existe precisamente ahora Elvis? No. Ninguno de ellos están
en mi lista, ahora actual. ¿Existe ahora alguien nacido en el año 2300 o en el
3500 o en el 57000? No. Una vez más, ninguno de ellos está en mi imagen
congelada mental, ninguno de ellos está en mi rebanada de tiempo actual, y por
eso, ninguno de ellos está en mi lista-ahora actual. Por consiguiente, digo sin
duda que no existen actualmente. Así es como yo defino la realidad en cualquier
instante dado; es un enfoque intuitivo que utilizamos la mayoría de nosotros, a
veces de forma implícita, cuando pensamos en la existencia.
Utilizaré esta idea más adelante, pero seamos
conscientes de un punto delicado. Una lista de ahora, la realidad en esta
manera de pensar, es una cosa curiosa. Nada de lo que usted ve precisamente
ahora pertenece a su lista-ahora, porque la luz necesita un tiempo para llegar
hasta sus ojos. Cualquier cosa que usted ve precisamente ahora ya
ha sucedido. Usted no está viendo las palabras de esta página como son ahora, más
bien, si está manteniendo el libro a 30 centímetros de su rostro, las está
viendo tal como eran hace una milmillonésima de segundo. Si mira al otro lado
de una habitación de tamaño medio, está viendo las cosas tal como eran hace
entre 10 milmillonésimas y 20 milmillonésimas de segundo; si mira el Gran Cañón
está viendo el otro lado tal como era hace una diezmilésima de segundo; si mira
la Luna, la está viendo tal como era hace un segundo y medio; si mira el Sol,
lo ve como era hace 8 minutos; en el caso de las estrellas visibles a simple
vista, las ve cómo eran entre aproximadamente hace unos años y hace 10.000
años.
Curiosamente, entonces, aunque una imagen mental
congelada recoge nuestra sensación de realidad, nuestra sensación intuitiva de
lo que existe «ahí fuera», dicha imagen consta de sucesos que no podemos
experimentar, ni a los que podemos afectar, y ni siquiera registrar
precisamente ahora. En su lugar, una lista-ahora actual sólo puede ser
recopilada a posteriori. Si conoce a qué distancia está algo, usted puede
determinar cuándo emitió la luz que ve ahora y por eso puede determinar a qué
rebanada de tiempo pertenece, en qué lista, ahora ya pasada debería estar
registrada. De todas formas, y éste es el punto principal, cuando utilizamos
esta información para recopilar la lista-ahora para cualquier instante dado,
actualizándola continuamente a medida que recibimos luz de objetos cada vez más
lejanos, las cosas que se incluyen en la lista son las cosas que intuitivamente
creemos que existían en ese instante.
Es notable que esta forma aparentemente directa de
pensar nos lleva a una concepción inesperadamente ampliada de la realidad. Ya
ha visto que según el espacio absoluto y el tiempo absoluto de Newton, la
imagen congelada que tenemos todos del universo en un instante dado contiene
exactamente los mismos sucesos; el ahora de cada uno de nosotros es el mismo
ahora, y por ello la lista-ahora de cada uno para un instante dado es idéntica.
Si alguien o algo está en su lista-ahora para un instante dado, entonces también
está necesariamente en mi lista-ahora para ese instante. La intuición de la
mayoría de las personas está aún ligada a esta manera de pensar, pero la
relatividad especial nos cuenta una historia muy diferente. Miremos de nuevo la
figura 3.4. Dos observadores en movimiento relativo tienen ahoras, instantes
únicos de tiempo, desde la perspectiva de cada uno, que son diferentes:
sus ahoras rebanan el espaciotiempo a ángulos diferentes. Y
diferentes ahoras significan diferentes listas ahora. Los
observadores que se mueven uno con respecto a otro tienen diferentes
concepciones de lo que existe en un instante dado, y por ello tienen
diferentes concepciones de la realidad.
A las velocidades cotidianas los ángulos entre las
rebanadas-ahora de dos observadores es minúsculo: por eso es por lo que en la
vida cotidiana no advertimos ninguna discrepancia entre nuestra definición de
ahora y la de cualquier otro. Por esta razón, la mayoría de las discusiones
sobre la relatividad general se centran en lo que sucedería si viajáramos a
velocidades enormes, velocidades próximas a la de la luz, puesto que este
movimiento amplificaría enormemente los efectos. Pero hay otra forma de amplificar
la distinción de las concepciones del ahora de dos
observadores, y creo que ofrece una aproximación particularmente ilustrativa a
la cuestión de la realidad. Se basa en el siguiente hecho simple: si usted y yo
rebanamos una barra a ángulos ligeramente diferentes, apenas tendrá un efecto
en las rebanadas de pan resultantes. Pero si la barra es enorme, la
conclusión es diferente. De la misma forma que una abertura minúscula entre las
hojas de unas tijeras enormemente largas se traduce en una gran separación
entre las puntas de las hojas, cortar una enorme barra de pan a ángulos
ligeramente diferentes da rebanadas que se desvían una gran cantidad a
distancias alejadas de donde se cruzan las rebanadas. Puede ver esto en la
figura 5.2.
Lo mismo es cierto para el espaciotiempo. A las
velocidades cotidianas, las rebanadas que representan el ahora para
dos observadores en movimiento relativo estarán orientadas en ángulos que sólo
difieren ligeramente. Si los dos observadores están próximos, esto apenas
tendrá efecto. Pero, igual que en la barra de pan, ángulos minúsculos generan
grandes separaciones entre las rebanadas cuando su impacto se examina sobre
grandes distancias. Y en el caso de las rebanadas de espaciotiempo, una gran
desviación entre rebanadas significa un desacuerdo importante sobre qué sucesos
considera cada observador que están sucediendo ahora. Esto se ilustra en las
Figuras 5.3 y 5.4, e implica que individuos que se mueven uno con respecto a
otro, incluso a las velocidades cotidianas ordinarias, tendrán concepciones
cada vez más diferentes del ahora si están cada vez más lejos
en el espacio.
Figura 5.2. (a) En una barra ordinaria, las rebanadas cortadas a ángulos
ligeramente diferentes no se separan de forma significativa, (b) Pero cuanto
mayor es la barra, para el mismo ángulo, mayor es la separación.
Para concretar, imagine que Chewie está en un
planeta en una galaxia muy lejana, a 10.000 millones de años luz de la Tierra,
sentado ocioso en su sala de estar. Imagine también que usted (también sentado,
leyendo estas palabras) y Chewie se están moviendo uno con respecto a otro
(ignoremos, por simplicidad, el movimiento de los planetas, la expansión del
universo, los efectos gravitatorios y demás). Puesto que están en reposo
relativo, usted y Chewie están en completo acuerdo en cuestiones de espacio y tiempo:
ustedes rebanarían el espaciotiempo de manera idéntica, y por ello sus
listas-ahora coincidirían exactamente. Al cabo de un rato, Chewie se levanta y
va a dar un paseo, con un paso suave y relajado, en una dirección que resulta
alejarse directamente de usted. Este cambio en el estado de movimiento de
Chewie significa que su concepción del ahora, su rebanamiento
del espaciotiempo, rotará ligeramente (ver figura 5.3). Este minúsculo cambio
angular no tiene ningún efecto apreciable en la vecindad de Chewie: la
diferencia entre su nuevo ahora y el de cualquier otro aún
sentado en su sala de estar es minúscula. Pero sobre la enorme distancia de
10.000 millones de años luz, este minúsculo cambio en la noción del ahora de
Chewie se amplifica (como en el paso de la figura 5.3a a 5.3b, pero ahora los
protagonistas están separados una enorme distancia, lo que acentúa
significativamente el cambio de sus ahoras). El ahora de él y el de
usted, que eran uno y el mismo mientras él seguía sentado, se separan
debido a su modesto movimiento.
Las figuras 5.3 y 5.4 ilustran esquemáticamente la
idea clave, pero utilizando las ecuaciones de la relatividad especial podemos
calcular cuán diferentes se hacen sus ahoras. [62] Si Chewie se aleja de usted a unos 15
kilómetros por hora (Chewie tiene una buena
zancada) los sucesos en la Tierra que pertenecen a su nueva lista-ahora son
sucesos que según usted ocurrieron ¡hace aproximadamente 150 años! Según la
concepción de Chewie del ahora, una concepción que es tan
válida como la de usted y que hasta hace un momento coincidía plenamente con
ella, usted todavía no ha nacido. Si él se moviese hacia usted a la misma
velocidad, el cambio angular sería opuesto, como se ilustra esquemáticamente en
la figura 5.4, de modo que el ahora de él coincidiría con lo
que para usted estaría ¡a 150 años en el futuro! Ahora, según el ahora de
él, usted quizá ya no sería parte de este mundo.
Figura 5.3. (a) Dos individuos en reposo relativo uno con respecto al otro
tienen concepciones idénticas del ahora y por lo tanto rebanadas de tiempo
idénticas. Si un observador se aleja del otro, las rebanadas de tiempo de cada
uno de ellos, lo que cada observador considera ahora, rotan con respecto a las
del otro; como se ilustra, la rebanada ahora oscurecida para el observador en
movimiento rota hacia el pasado del observador en reposo, (b) Una mayor
separación entre los observadores da una mayor desviación entre rebanadas, una
mayor desviación en sus concepciones del ahora.
Y si, en lugar de sólo caminar, Chewie se montase
en el HalcónMilenario y viajara a 1.500 kilómetros por hora
(una velocidad menor que la de un Concorde), su ahora incluiría
sucesos en la Tierra que desde la perspectiva de usted ocurrieron hace 15.000
años o están a 15.000 años en el futuro, dependiendo de si él volara alejándose
o acercándose a usted. Con las elecciones adecuadas de dirección y velocidad de
movimiento, Elvis o Nerón o Carlomagno o Lincoln o alguien nacido en la Tierra
en lo que usted llama el futuro pertenecerá a la nueva lista-ahora de él.
Aunque sorprendente, nada de esto genera ninguna
contradicción o paradoja porque, como explicamos antes, cuanto más lejos está
algo, más tiempo se tarda en recibir la luz que emite y determinar así que
pertenece a una lista-ahora concreta. Por ejemplo, incluso si la aproximación
de John Wilkes Booth al palco presidencial en el Teatro Ford pertenecerá a la
nueva lista-ahora de Chewie si él se levanta y camina alejándose de la Tierra a
aproximadamente 15 kilómetros por hora, [63] él no puede hacer nada para salvar al presidente Lincoln. A una
distancia tan enorme, se requiere una enorme cantidad de tiempo para recibir e
intercambiar mensajes, de modo que sólo los descendientes de Chewie, miles de
millones de años después, recibirán realmente la luz procedente de esa noche
fatídica en Washington. El punto, no obstante, es que cuando sus descendientes
usan esa información para actualizar la inmensa colección de listas-ahora
pasadas, encontrarán que el asesinato de Lincoln pertenece a la misma
lista-ahora que contiene a Chewie levantándose y empezando a caminar alejándose
de la Tierra. Y pese a todo, encontrarán también que un momento antes de que
Chewie se levantara, su lista-ahora contenía, entre muchas otras cosas, a
usted, en la Tierra en el siglo XXI, todavía sentado, leyendo estas
palabras. [64]
Del mismo modo, hay cosas sobre nuestro futuro,
tales como quién ganará la elección presidencial en Estados Unidos en el año
2100, que parecen completamente abiertas: es más que probable que los
candidatos a dicha elección todavía no hayan nacido, y mucho menos que hayan
decidido presentarse al cargo.
Pero si Chewie se levanta de su silla y camina
hacia la Tierra a aproximadamente 10 kilómetros por hora, su rebanada-ahora, su
concepción de lo que existe, su concepción de lo que ha sucedido, incluirá la
elección del primer presidente del siglo XXII.
Algo que parece completamente indecidido para
nosotros es algo que ya ha sucedido para él.
Figura 5.4. (a) Lo mismo que la figura 5.3a, excepto que cuando un
observador se mueve hacia el otro, su rebanada ahora rota hacia el futuro, no
hacia el pasado, del otro observador, (b) Lo mismo que la figura 5.3b, una
mayor separación da una mayor desviación en las concepciones del ahora, para la
misma velocidad relativa, con rotación hacia el futuro en lugar del pasado.
De nuevo, Chewie no sabrá el resultado de la
elección hasta dentro de miles de millones de años, puesto que ése es el tiempo
que tardarán en llegarle nuestras señales de televisión. Pero cuando los
resultados de la elección lleguen a los descendientes de Chewie y los utilicen
para poner al día el libro de imágenes congeladas de historia de Chewie, su
colección de listas-ahora pasadas, encontrarán que los resultados de la
elección pertenecen a la misma lista-ahora en la que Chewie se levantó y empezó
a caminar hacia la Tierra, una lista-ahora, advierten los descendientes de
Chewie, que ocurre tan sólo un instante después de uno que lo contiene a usted,
en los primeros años del siglo XXI de la Tierra, lo que cierra este párrafo.
Este ejemplo ilustra dos puntos importantes.
Primero, aunque estamos acostumbrados a la idea de que los efectos relativistas
se hacen evidentes a velocidades próximas a la de la luz, los efectos
relativistas pueden ser enormemente amplificados incluso a bajas velocidades
cuando se consideran sobre grandes distancias en el espacio. Segundo, el
ejemplo aporta una idea sobre la cuestión de si el espaciotiempo (la barra) es
realmente una entidad o sólo un concepto abstracto, una unión abstracta del
espacio precisamente ahora con su historia y su pretendido
futuro.
Ya ve usted que la concepción de la realidad de
Chewie, su imagen mental congelada, su concepción de lo que existe ahora, es
tan real para él como nuestra concepción de la realidad es para nosotros. Así
pues, al establecer lo que constituye la realidad, pecaríamos de estrechez de
miras si no incluyésemos también su perspectiva. Para Newton, tal enfoque
igualitario no supondría la más mínima diferencia, porque, en un universo con
espacio absoluto y tiempo absoluto, las rebanadas-ahora de todo el mundo coinciden.
Pero en un universo relativista, nuestro universo, supone una gran diferencia.
Mientras que nuestra concepción familiar de lo que existe precisamente ahora
equivale a una única rebanada, ahora, nosotros vemos normalmente el pasado como
ido y el futuro como todavía por venir, debemos aumentar esta imagen con la
rebanada-ahora de Chewie, una rebanada, ahora que, como reveló la discusión,
puede diferir sustancialmente de la nuestra. Además, puesto que la posición
inicial y la velocidad con la que se mueve Chewie son arbitrarias, deberíamos
incluir las rebanadas-ahora asociadas con todas las posibilidades. Estas
rebanadas-ahora, como en nuestra discusión anterior, estarían centradas en la
posición inicial de Chewie, o algún otro observador real o hipotético, en el
espacio y estaría rotada un ángulo que depende de la velocidad escogida. (La
única restricción procede del límite de velocidad establecido por la luz y,
como se explica en las notas, en la representación gráfica que estamos
utilizando esto se traduce en un límite sobre el ángulo de rotación de 45°,
bien en el sentido de las agujas o bien en el sentido contrario.) Como usted
puede ver, en la figura 5.5, el conjunto de todas estas rebanadas, ahora llena
una región sustancial de la barra espaciotemporal. De hecho, si el espacio es
infinito, si las rebanadas-ahora se extienden
infinitamente lejos, entonces las rebanadas-ahora
rotadas pueden estar centradas arbitrariamente lejos, y por ello su unión
barre todo punto en la barra espaciotemporal.[x][65]
Así pues: si usted acepta la noción de que
la realidad consiste en las cosas que hay en su imagen mental congelada
precisamente ahora, y si usted está de acuerdo en que su ahora no es más
válido que el ahora de alguien situado muy lejos en el espacio y que puede
moverse libremente, entonces la realidad engloba todos los sucesos en el
espaciotiempo. La barra total existe.
De la misma manera que imaginamos que todo el
espacio está realmente ahí fuera, que existe realmente, también
deberíamos imaginar que todo el tiempo está realmente ahí
fuera, que también existe realmente. Pasado, presente y futuro
parecen ser ciertamente entidades distintas. Pero, como Einstein dijo en cierta
ocasión: «Para nosotros físicos convencidos, la distinción entre pasado,
presente y futuro es sólo una ilusión, por persistente que sea». [66] Lo único que es real es la totalidad del espaciotiempo.
Figura 5.5 Una muestra de rebanadas-ahora para una variedad de observadores
(reales o hipotéticos) situados a una variedad de distancias de la Tierra, que
se mueven con una variedad de velocidades.
§. La experiencia y el flujo del tiempo
En esta manera de pensar, los sucesos, independientemente de cuándo ocurran
desde cualquier perspectiva concreta, simplemente son. Todos existen.
Ocupan eternamente su punto concreto en el
espaciotiempo. No hay flujo. Si usted lo hubiera pasado bien en la Nochevieja
de 1999, usted lo sigue pasando bien, puesto que ésa es sólo una localización
inmutable en el espaciotiempo. Es duro aceptar esta descripción, pues nuestra
visión del mundo distingue claramente entre pasado, presente y futuro. Pero si
observamos atentamente este familiar esquema temporal y lo confrontamos con los
hechos fríos y duros de la física moderna, su único lugar de cobijo parece estar
dentro de la mente humana.
Es innegable que nuestra experiencia consciente
parece barrer las rebanadas. Es como si nuestra mente proporcionara el
proyector mencionado antes, de modo que los instantes de tiempo nacen cuando
son iluminados por el poder de la conciencia. La sensación fluyente de un
momento al siguiente surge de nuestro reconocimiento consciente del cambio en
nuestros pensamientos, sentimientos y percepciones. Y la secuencia de cambio
parece tener un movimiento continuo; parece desplegarse en una historia
coherente. Pero, sin ninguna pretensión de precisión psicológica o
neurobiológica, podemos imaginar cómo podríamos experimentar un flujo de tiempo
incluso si en realidad no hay tal cosa. Para ver lo que quiero decir,
imaginemos que estamos viendo Lo que el viento sellevó en un
DVD defectuoso que salta aleatoriamente hacia delante o hacia atrás: un
fotograma aparece momentáneamente en la pantalla y es seguido inmediatamente
por otro de una parte completamente diferente de la película.
Cuando usted observe esta versión desordenada le
será difícil dar sentido a lo que está pasando. Pero Scarlett y Rhett no tienen
ningún problema. En cada fotograma hacen lo que siempre han hecho en dicho
fotograma. Si usted pudiera detener el DVD en un fotograma concreto y
preguntarles sobre sus pensamientos y recuerdos, ellos responderían con las
mismas respuestas que hubieran dado si usted viera el DVD en un reproductor que
funcionase correctamente. Si usted les preguntara si no estaban confusos al atravesar
la guerra civil sin orden, ellos le mirarían con sorpresa y se imaginarían que
usted se había tomado demasiadas copas. En cualquier fotograma dado ellos
tendrían los pensamientos y los recuerdos que siempre habían tenido en ese
fotograma, y, en particular, esos pensamientos y recuerdos les darían la
sensación de que el tiempo está fluyendo de manera suave y coherente hacia
delante, como es habitual.
Análogamente, cada momento en el espaciotiempo,
cada rebanada de tiempo, es como uno de los fotogramas de una película. Existe
ya esté o no iluminado por una luz. Como sucede con Scarlett y Rhett, para el
usted que está en cualquier momento semejante, éste es el ahora, es
el instante que usted experimenta en dicho instante. Y siempre lo será. Además,
dentro de cada rebanada individual, sus pensamientos y recuerdos son
suficientemente ricos para dar una sensación de que el tiempo ha fluido
continuamente hasta ese instante. Este sentimiento, esta sensación de que el
tiempo está fluyendo, no requiere instantes previos, fotogramas previos, que
sean «iluminados secuencialmente». [67]
Y si usted piensa en ello durante un instante más,
se dará cuenta de que eso es algo muy bueno, porque la noción de un proyector
de luz que crea secuencialmente instantes es altamente problemática por otra
razón aún más básica. Si el proyector hiciese adecuadamente su trabajo e
iluminase un instante dado, digamos, las campanadas de la Nochevieja de 1999,
¿qué significaría que dicho instante pasa a la oscuridad? Si el instante fuera
iluminado, entonces estar iluminado sería una característica del instante, una
característica tan duradera e invariable como todo lo demás que sucede en dicho
instante. Experimentar iluminación, estar «vivo», ser el presente, ser el
ahora, y luego experimentar oscuridad, estar «durmiente», ser el
pasado, ser lo que fue, es experimentar cambio. Pero el concepto de
cambio no tiene significado con respecto a un único instante en el
tiempo. El cambio tendría que ocurrir a través del tiempo, el cambio
marcaría el paso del tiempo, pero ¿qué noción de tiempo podría ser ésa? Por
definición, los instantes no incluyen el paso del tiempo, al
menos, no el tiempo del que somos conscientes, porque los instantes simplemente
son, ellos son la materia prima del tiempo, ellos no cambian.
Un instante particular no puede cambiar en el tiempo más que un lugar
particular puede moverse en el espacio: si el lugar se moviera, sería un lugar
diferente en el espacio; si un instante en el tiempo cambiara, sería un
instante diferente en el tiempo. La imagen intuitiva de un proyector que hace
nacer cada nuevo ahora no resiste un examen cuidadoso. En su
lugar, cada instante es iluminado, y cada instante permanece iluminado. Cada
instante es. Bajo un escrutinio más detallado, el río fluyente del tiempo se
parece a un enorme bloque de hielo con cada instante congelado para siempre en
su lugar. [68]
Esta concepción del tiempo es significativamente
diferente de la que la mayoría de nosotros hemos interiorizado. Incluso si
salió de sus propias ideas, Einstein no estaba preparado para la dificultad de
absorber plenamente un cambio tan profundo en perspectiva. Rudolf Carnap [69] cuenta una maravillosa conversación que mantuvo con Einstein sobre
este tema:
«Einstein dijo que el problema del ahora le
preocupaba seriamente. Explicó que la experiencia del ahora significa algo
especial para el hombre, algo esencialmente diferente del pasado y el futuro,
pero que esta diferencia importante no se da y no puede darse dentro de la
física. Que esta experiencia no pudiera ser captada por la ciencia le parecía
una cuestión a la que había que renunciar lamentable pero inevitablemente».
Esta renuncia deja abierta una cuestión central:
¿es la ciencia incapaz de captar una cualidad fundamental del tiempo que la
mente humana capta tan fácilmente como los pulmones toman aire, o es la mente
humana la que impone en el tiempo una cualidad de su propia factura, una
cualidad que es artificial y que por ello no se manifiesta en las leyes de la
física? Si usted me hiciera esta pregunta durante las horas de trabajo, yo me
pondría del lado de la última perspectiva, pero por la noche, cuando el pensamiento
crítico se diluye en las rutinas ordinarias de la vida, es difícil plantear
mucha resistencia al primer punto de vista. El tiempo es un tema sutil y
estamos lejos de entenderlo plenamente. Es posible que alguna persona perspicaz
conciba algún día una nueva manera de considerar el tiempo y revelar un
fundamento físico válido para un tiempo que fluye. Entonces una vez más, la
discusión anterior, basada en la lógica y la relatividad, quizá resulte ser
toda la historia.
Ciertamente, sin embargo, la sensación de que el
tiempo fluye está perfectamente enraizada en nuestra experiencia e impregna
completamente nuestro pensamiento y nuestro lenguaje. Tanto es así que hemos
caído, y seguiremos cayendo, en las descripciones habituales y coloquiales que
remiten a un tiempo que fluye. Pero no confundamos lenguaje con realidad.
El lenguaje humano es mucho mejor para captar la
experiencia humana que para expresar leyes físicas profundas.
Capítulo 6
El azar y la flecha
¿Tiene el tiempo una dirección?
Contenido:
§. El rompecabezas
§. Pasado, futuro y las leyes fundamentales de la física
§. Simetría de inversión temporal
§. Pelotas de tenis y huevos aplastados
§. Teoría y práctica
§. Entropía
§. Siguiendo las matemáticas
§. Un barrizal
§. Dar un paso atrás
§. El huevo, la gallina y el big bang
§. Entropía y gravedad
§. El ingrediente crítico
§. El enigma restante
Incluso si el tiempo no fluye, aún tiene sentido
preguntar si tiene una flecha: si la forma en que las cosas se
desarrollan en el tiempo tiene una dirección que pueda
discernirse en las leyes de la física. Es la cuestión de si existe un orden
intrínseco en el modo en que están salpicados los sucesos a lo largo del
espaciotiempo, y si existe una diferencia científica esencial entre un
ordenamiento de sucesos y el ordenamiento inverso. Como ya sabemos todos,
realmente parece haber una gran distinción de este tipo; es lo que llena la
vida de promesas y hace que la experiencia sea importante. Pese a todo, como
veremos, explicar la distinción entre pasado y futuro es más difícil de lo que
usted hubiera pensado. De forma muy notable, la respuesta que vamos a encontrar
está íntimamente ligada a las condiciones precisas en el origen del universo.
§. El rompecabezas
Mil veces al día nuestras experiencias revelan una distinción entre las cosas
que se despliegan en una dirección del tiempo y en la inversa. Una pizza bien
caliente se enfría mientras está en camino desde la pizzería, pero nunca
encontramos una pizza que llegue más caliente que cuando fue sacada del homo.
La leche removida en el café da un líquido de un marrón uniforme, pero nunca
vemos que una taza de café con leche se separe en leche blanca y café negro.
Los huevos caen, se rompen y salpican, pero nunca vemos que las salpicaduras de
huevo se junten para dar huevos intactos. El dióxido de carbono comprimido en
una botella de Coca-Cola sale cuando desenroscamos el tapón, pero nunca
encontraremos que el dióxido de carbono que ha escapado se reúna y vuelva a
entrar en la botella. Los cubos de hielo puestos en un vaso de agua a
temperatura ambiente se funden, pero nunca vemos que partes del agua contenida
en un vaso a temperatura ambiente se unan dando cubos de hielo. Estas
secuencias de sucesos comunes, así como otras muchas, sólo se dan en un orden
temporal. Nunca suceden al revés, y por ello proporcionan una noción de antes y
después, nos dan una noción consistente y aparentemente universal de pasado y
futuro. Estas observaciones nos convencen de que si examináramos todo el
espaciotiempo desde fuera (como en la figura 5.1), veríamos una asimetría
importante a lo largo del eje temporal. Los huevos salpicados estarían a un
lado, el lado que convencionalmente llamamos el futuro, de sus contrapartidas
intactas.
Quizá el ejemplo más señalado de todos es que
nuestras mentes parecen tener acceso a un conjunto de sucesos que llamamos el
pasado, nuestros recuerdos, pero ninguno de nosotros parece capaz de recordar
el conjunto de sucesos que llamamos el futuro. Así que parece obvio que hay una
gran diferencia entre el pasado y el futuro. Parece haber una orientación
evidente en cómo evoluciona en el tiempo una enorme diversidad de cosas. Parece
haber una distinción evidente entre las cosas que podemos recordar (el pasado)
y las que no podemos (el futuro). Esto es lo que entendemos al decir que el
tiempo tiene una orientación, una dirección o una flecha. [70]
La física, y con más generalidad la ciencia, se
basa en regularidades. Los científicos estudian la Naturaleza, encuentran
patrones y codifican estos patrones en leyes naturales. Por lo tanto, usted
pensaría que la enorme riqueza de regularidad que nos lleva a percibir una
evidente flecha del tiempo sería prueba de una ley fundamental de la
Naturaleza. Una manera tonta de formular una ley semejante sería introducir la
Ley de la Leche Derramada, que establece que los vasos de leche se derraman
pero no se desderraman, o la Ley de los Huevos Salpicados, que establece que
los huevos se rompen y salpican pero nunca se desrompen. Pero una ley de ese
tipo no nos aporta nada: es meramente descriptiva y no ofrece ninguna
explicación aparte de referir una simple observación de lo que sucede. Pese a
todo esperamos que en alguna parte en las profundidades de la física debe haber
una ley menos tonta que describe el movimiento y las propiedades de las
partículas que componen la pizza, la leche, los huevos, el café, las personas y
las estrellas, los ingredientes fundamentales de todas las cosas, que muestre
por qué las cosas evolucionan a través de una secuencia de pasos pero nunca a
la inversa.
Una ley semejante daría una explicación fundamental
para la flecha del tiempo observada.
Lo desconcertante es que nadie ha descubierto
ninguna ley semejante. Y lo que es más, las leyes de la física que han sido
formuladas desde Newton, pasando por Maxwell y Einstein, hasta hoy muestran unacompleta
simetríaentre pasado y futuro. [xi]
En ninguna de estas leyes encontramos una
estipulación que afirme que se aplican en una dirección en el tiempo pero no en
la otra. En ninguna parte hay ninguna diferencia entre cómo se ven o se
comportan las leyes cuando se aplican en una u otra dirección en el tiempo. Las
leyes tratan lo que llamamos pasado y futuro en pie de igualdad. Incluso si la
experiencia muestra una y otra vez que existe una flecha en la manera en que
evolucionan los sucesos en el tiempo, esta flecha no parece encontrarse en las
leyes fundamentales de la física.
§. Pasado, futuro y las leyes fundamentales de la
física
¿Cómo puede ser esto? ¿No proporcionan las leyes de la física ningún apoyo que
distinga pasado de futuro? ¿Cómo es posible que ninguna ley de la física
explique que los sucesos se desarrollan en este orden pero
nunca al revés?
La situación es aún más enigmática. Las leyes de la
física conocidas afirman realmente, contrariamente a las experiencias de
nuestra vida, que el café con leche puede separarse en café negro y leche
blanca; una yema salpicada y unos trozos de cáscara pueden reunirse y formar un
huevo intacto; el hielo fundido en un vaso de agua a temperatura ambiente puede
solidificarse de nuevo en cubos; el gas liberado cuando usted abre su botella
de soda puede precipitarse de nuevo dentro de la botella. Todas las leyes físicas
que tenemos apoyan plenamente lo que se conoce como simetría
deinversión temporal. Ésta afirma que si una secuencia de sucesos
puede desplegarse en un orden temporal (la leche y el café se mezclan, los
huevos se rompen, el gas se escapa) entonces dichos sucesos también pueden
desplegarse al revés (la leche y el café se separan, los huevos se recomponen,
el gas penetra). Desarrollaré más esto en un momento, pero el resumen en pocas
palabras es que no sólo las leyes conocidas no nos dicen por qué vemos que los
sucesos se despliegan sólo en un orden, sino que también nos dicen que, en
teoría, los sucesos pueden desplegarse en el orden inverso. [xii]
La cuestión candente es ¿por qué no vemos
nunca estas cosas? Creo que se puede apostar con seguridad a que nadie
ha sido nunca testigo de que un huevo salpicado se recomponga. Pero si las
leyes de la física lo permiten, y si, además, dichas leyes tratan la rotura y
la recomposición del huevo por igual, ¿por qué uno no sucede nunca mientras que
el otro sí lo hace?
§. Simetría de inversión temporal
Como primer paso para resolver este rompecabezas necesitamos entender en
términos más concretos lo que significa que las leyes de la física conocidas
sean simétricas bajo inversión temporal. Para ello, imagine que estamos en el
siglo XXV y usted está jugando al tenis en la nueva Liga Interplanetaria con su
socio Coolstroke Williams. Poco acostumbrado a la gravedad reducida de Venus,
Coolstroke da un revés enorme que lanza la bola a la profunda y aislada
oscuridad del espacio. Una lanzadera espacial que pasa filma la bola cuando
sale y envía la grabación a la CNN (Celestial News NetWork) para su emisión.
Ésta es la pregunta: si los técnicos de la CNN cometieran un error y pasaran la
filmación de la pelota de tenis a la inversa, ¿habría alguna forma de
averiguarlo? Bien, si usted supiese la orientación de la cámara durante la
filmación podría reconocer su error. Pero ¿podría descubrirlo solamente mirando
la propia filmación sin ninguna información adicional? La respuesta es no. Si
en la dirección temporal correcta (hacia delante) la película mostraba la
pelota pasando de izquierda a derecha, entonces en la dirección inversa
mostraría la pelota pasando de derecha a izquierda. Y por supuesto, las leyes
de la física clásica permiten que las pelotas de tenis se muevan a la izquierda
o a la derecha. De modo que el movimiento que usted ve cuando la película se
pasa en la dirección temporal hacia delante o en la dirección temporal inversa
es totalmente compatible con las leyes de la física.
Hasta ahora hemos supuesto que no había ninguna
fuerza actuando sobre la pelota de tenis, de modo que se movía a velocidad
constante. Consideremos ahora la situación más general que incluye fuerzas.
Según Newton, el efecto de una fuerza es cambiar la velocidad de un objeto: las
fuerzas imparten aceleraciones. Imaginemos entonces que, después de flotar un
tiempo a través del espacio, la pelota es capturada por la atracción
gravitatoria de Júpiter, lo que hace que se mueva con velocidad creciente
describiendo un arco descendente hacia la superficie de Júpiter, como en las
Figuras 6.1a y 6.1b. Si usted pasa una película de este movimiento al revés, la
pelota de tenis parecerá moverse en un arco que asciende hacia la izquierda
desde Júpiter, como en la figura 6.1c. He aquí la nueva pregunta: el movimiento
representado por la película cuando se pasa hacia atrás, el movimiento en orden
temporal invertido respecto al que realmente se filmó, ¿está permitido por las
leyes clásicas de la física? ¿Es un movimiento que podría ocurrir en el mundo
real? Al principio, la respuesta parece que es obviamente sí: las pelotas de
tenis pueden moverse tanto en arcos descendentes hacia la derecha como en arcos
ascendentes hacia la izquierda, o, para el caso, en otras innumerables trayectorias.
Así que ¿cuál es la dificultad? Bien, aunque la respuesta es realmente sí, este
razonamiento es demasiado débil y yerra en el propósito real de la pregunta.
Figura 6.1. (a) Una pelota de tenis volando de Venus a Júpiter junto con (b)
un primer plano, (c) El movimiento de la pelota de tenis si su velocidad se
invierte inmediatamente antes de que choque contra Júpiter.
Cuando usted pasa la película al revés, ve que la
pelota de tenis salta desde la superficie de Júpiter, moviéndose hacia arriba y
hacia la izquierda, exactamente con la misma velocidad (pero en la dirección
exactamente opuesta) que cuando incidió en el planeta. Esta parte inicial de la
película es ciertamente compatible con las leyes de la física: podemos
imaginar, por ejemplo, a alguien que lanza la pelota de tenis desde la
superficie de Júpiter precisamente con esta velocidad. La cuestión esencial es si
el resto del paso invertido es también compatible con las
leyes de la física. ¿Se movería una pelota lanzada con esta velocidad inicial,
y sujeta a la gravedad de Júpiter que tira hacia abajo, a lo largo de la
trayectoria mostrada en el resto de la película pasada al revés? ¿Desandaría
exactamente su trayectoria descendente original, pero al revés?
La respuesta a esta pregunta más refinada es sí.
Para evitar cualquier conclusión, expliquémoslo con detalle. En la figura 6.1a,
antes de que la gravedad de Júpiter tuviera cualquier efecto significativo, la
pelota se dirigía puramente hacia la derecha. Luego, en la figura 6.1b, la
poderosa fuerza gravitatoria de Júpiter atrapó la bola y la atrajo hacia el
centro del planeta, una atracción que es básicamente hacia abajo pero, como
usted puede ver en la figura, es también parcialmente hacia la derecha. Esto significa
que cuando la pelota se acercaba a la superficie de Júpiter, su velocidad hacia
la derecha había aumentado algo pero su velocidad hacia abajo había aumentado
espectacularmente. Por consiguiente, en la película pasada al revés el
lanzamiento de la pelota desde la superficie de Júpiter podría estar dirigido
un poco hacia la izquierda pero predominantemente hacia arriba, como en la
figura 6.1c. Con esta velocidad de partida, la gravedad de Júpiter habría
tenido su máximo impacto sobre la velocidad hacia arriba de la pelota,
haciéndola ir cada vez más lenta, al tiempo que también disminuye la velocidad
hacia la izquierda de la pelota aunque menos espectacularmente. Y con la
velocidad ascendente de la pelota en rápida disminución, su movimiento pasaría
a estar dominado por su velocidad en dirección hacia la izquierda, haciéndola
seguir una trayectoria en arco ascendente hacia la izquierda. Casi al final de
este arco la gravedad habría debilitado todo el movimiento hacia arriba tanto
como la velocidad adicional hacia la derecha que la gravedad de Júpiter
impartió a la pelota en su caída, dejando a la bola moviéndose puramente hacia
la izquierda con exactamente la misma velocidad que tenía en su aproximación
inicial.
Todo esto puede hacerse cuantitativo, pero el punto
que cabe señalar es que esta trayectoria es exactamente la inversa del
movimiento original de la pelota. Con sólo invertir la velocidad de la pelota,
como en la figura 6.1c, lanzándola con la misma velocidad pero en dirección
contraria, se puede rehacer completamente su trayectoria original, pero al
revés. Trayendo de nuevo la película a la discusión, vemos que la trayectoria
en arco ascendente hacia la izquierda, la trayectoria que acabamos de calcular
con un razonamiento basado en las leyes de movimiento de Newton, es exactamente
la que veríamos al pasar la película al revés. De modo que el movimiento de la
bola con el tiempo invertido, como se muestra en la película pasada al revés,
se adecúa a las leyes de la física con la misma seguridad que el movimiento
hacia delante en el tiempo. El movimiento que habríamos visto al pasar la
película al revés es movimiento que podría suceder realmente en el mundo real.
Aunque hay algunas sutilezas que he relegado a las
notas finales, esta conclusión es general.[71] Todas las leyes conocidas y aceptadas concernientes al movimiento,
desde la mecánica de Newton recién discutida a la teoría electromagnética de
Maxwell, las teorías de la relatividad especial y general de Einstein
(recuerde, estamos dejando fuera la mecánica cuántica hasta el próximo
capítulo), incorporan la simetría bajo inversión temporal: el movimiento que
puede ocurrir en la dirección habitual hacia delante en el tiempo puede ocurrir
igualmente a la inversa. Puesto que la terminología puede ser algo confusa,
déjeme volver a hacer énfasis en que no estamos invirtiendo el tiempo. El
tiempo está haciendo lo que hace siempre. En su lugar, nuestra conclusión es
que podemos hacer que un objeto describa su trayectoria al revés
por el simple procedimiento de invertir su velocidad en cualquier punto de
su camino. De forma equivalente, el mismo procedimiento, invertir la
velocidad del objeto en un punto de su camino, haría que el objeto ejecute el
movimiento que hubiéramos visto en una película pasada al revés.
Pelotas de tenis y huevos aplastados
Observar una pelota de tenis lanzada entre Venus y
Júpiter, en una u otra dirección, no es particularmente interesante. Pero
puesto que la conclusión que hemos alcanzado es aplicable en general, vayamos
ahora a algún lugar más excitante: su cocina. Coloque un huevo en la encimera
de su cocina, hágalo rodar hacia el borde y déjelo caer al suelo y aplastarse.
Por supuesto, hay mucho movimiento en esta secuencia de sucesos. El huevo cae.
El huevo se rompe. La clara se dispersa por aquí y por allá. Las baldosas
vibran. Se forman remolinos en el aire circundante. La fricción genera calor,
haciendo que los átomos y moléculas del huevo, el suelo y el aire vibren un
poco más rápido. Pero de la misma forma que las leyes de la física nos muestran
cómo podemos hacer que la pelota de tenis describa su camino exacto al revés,
las mismas leyes muestran cómo podemos hacer que cada trozo de la cáscara de
huevo, cada gota de yema, cada sección del suelo y cada bolsa de aire describa
exactamente su movimiento al revés. «Todo» lo que tenemos que hacer es invertir
la velocidad de todos y cada uno de los constituyentes del revoltijo. Más
exactamente, el razonamiento utilizado con la pelota de tenis implica que si,
hipotéticamente, fuéramos capaces de invertir simultáneamente la velocidad de
cada átomo y cada molécula involucrados directa o indirectamente en el huevo
espachurrado, todo el movimiento de la salpicadura procedería al revés.
Una vez más, igual que con la pelota de tenis, si
tuviéramos éxito al invertir todas estas velocidades habríamos visto lo que
parecería una película pasada al revés. Pero, a diferencia de la pelota de
tenis, la inversión del movimiento del huevo salpicado sería
extraordinariamente impresionante.
Una onda de moléculas de aire agitadas y minúsculas
vibraciones del suelo convergería en el lugar de la colisión desde todas las
partes de la cocina, haciendo que cada trozo de cáscara y gota de yema se
dirigiese de nuevo hacia el lugar del impacto. Cada ingrediente se movería
exactamente con la misma velocidad que tenía en el proceso de salpicadura
original, pero cada uno se movería ahora en dirección contraria. Las gotas de
yema volarían de nuevo hasta formar un glóbulo al tiempo que se juntaban los pequeños
fragmentos de cáscara, perfectamente alineados para unirse formando un
contenedor ovoide liso. Las vibraciones del aire y el suelo conspirarían de
forma precisa con el movimiento de la miríada de gotas de yema y trozos de
cáscara para dar al huevo recién reconstruido el golpe exacto para saltar desde
el suelo, subir hasta la encimera de la cocina y aterrizar suavemente en el
borde con el movimiento rotacional exacto para rodar unos pocos centímetros y
detenerse suavemente. Esto es lo que sucedería si pudiéramos realizar la tarea
de la inversión total y exacta de velocidad de todo lo involucrado.[72]
Así pues, ya sea un suceso simple, como una pelota
de tenis volando, o algo más complejo, como la salpicadura de un huevo, las
leyes de la física muestran que lo que sucede en una dirección temporal también
puede suceder, al menos en principio, al revés.
§. Teoría y práctica
Las historias de la pelota de tenis y el huevo hacen más que ilustrar la
simetría bajo inversión temporal de las leyes de la Naturaleza. También
sugieren por qué, en el mundo real de la experiencia, vemos muchas cosas que
suceden de una manera pero nunca a la inversa. Hacer que la pelota de tenis
desandará su camino no era tan difícil. La cogíamos y la lanzábamos con la
misma velocidad en la dirección opuesta. Eso es. Pero hacer que todos los
detritus caóticos del huevo desanden su camino sería enormemente más difícil.
Tendríamos que coger cada fragmento de la
salpicadura, y lanzar cada uno de ellos simultáneamente a la misma velocidad
pero en dirección contraria.
Evidentemente, eso está más allá de lo que nosotros
(o incluso todos los caballos del rey y todos los hombres del rey) podemos
hacer realmente.
¿Hemos encontrado la respuesta que hemos estado
buscando? La razón de que los huevos se aplasten pero no se desaplasten,
incluso si ambas acciones están permitidas por las leyes de la física, ¿es una
simple cuestión de lo que se puede y lo que no se puede en la práctica? ¿Se
trata simplemente de que es fácil hacer que un huevo se aplaste, basta dejarlo
rodar por la encimera, pero extraordinariamente difícil hacer que se
desaplaste?
Bien, créame que si ésta fuera la respuesta, yo no
me hubiese ocupado tanto de ella. La cuestión de facilidad frente a dificultad
es una parte esencial de la respuesta, pero la historia completa en la que esto
encaja es mucho más sutil y sorprendente. Llegaremos allí a su debido tiempo,
pero primero tenemos que precisar un poco más la discusión de esta sección. Y
eso nos lleva al concepto de entropía.
§. Entropía
Grabada en una lápida en el Zentralfriedhof en Viena, cerca de las tumbas de
Beethoven, Brahms, Schubert y Strauss, hay una simple ecuación, S = k log
W, que expresa la formulación matemática de un poderoso concepto conocido
como entropía. La lápida lleva el nombre de Ludwig Boltzmann,
uno de los físicos más ingeniosos de finales del siglo XIX. En 1906, con mala
salud y sufriendo de depresión, Boltzmann se suicidó mientras estaba de
vacaciones en Trieste con su mujer y su hija. Irónicamente, pocos meses más
tarde los experimentos empezaron a confirmar que las ideas que había defendido
Boltzmann apasionadamente durante toda su vida eran correctas.
La noción de entropía fue desarrollada inicialmente
durante la revolución industrial por científicos interesados en la operación de
calderas y máquinas de vapor, quienes ayudaron a desarrollar el campo de la
termodinámica. A lo largo de muchos años de investigación, las ideas
subyacentes fueron refinadas, culminando en la aproximación de Boltzmann. Su
versión de la entropía, expresada concisamente por la ecuación que hay en su
lápida, utiliza el razonamiento estadístico para ofrecer un vínculo entre el enorme
número de ingredientes individuales que constituyen el sistema físico y las
propiedades globales del sistema. [73]
Para hacerse una idea, imagine que desencuaderna
una copia de Guerra ypaz, arrojando al aire sus 693 hojas a
doble cara, y luego hace un montón con las hojas desparramadas. [74] Cuando examine la pila resultante, será muchísimo más probable que
las páginas estén desordenadas y no que estén ordenadas. La razón es obvia. Hay
muchas maneras en que puede barajarse el orden de las páginas, pero sólo una
forma de que el orden sea el correcto. Para estar en orden, por supuesto, las
páginas deben estar dispuestas exactamente como 1, 2; 3, 4; 5, 6; y así
sucesivamente hasta 1.385, 1.386. Cualquier otra disposición está desordenada.
Una observación simple pero esencial es que, si todo lo demás sigue igual,
cuantas más sean las formas en que algo puede suceder, más probable es que
suceda. Y si algo puede suceder de muchísimas más maneras,
como que las páginas aterricen en el orden numérico erróneo, es muchísimo más
probable que suceda. Todos sabemos esto intuitivamente.
Si usted compra un billete de lotería, hay sólo una
forma de que pueda ganar.
Si usted compra un millón de billetes, cada uno con
números diferentes, hay un millón de formas de que pueda ganar, de modo que sus
probabilidades de hacerse rico son un millón de veces más altas.
La entropía es un concepto que precisa esta idea
contando el número de formas, compatibles con las leyes de la física, en que
puede realizarse cualquier situación física dada. Alta entropía significa que
hay muchas maneras; baja entropía significa que hay pocas maneras. Si las
páginas de Guerra y paz están apiladas en el orden numérico
adecuado, ésa es una configuración de baja entropía, porque hay uno y sólo un
ordenamiento que satisface el criterio. Si las páginas no están en orden
numérico, ésa es una situación de alta entropía, porque un poco de cálculo
muestra que hay
124552198453778343366002935370498829163361101246389045136887691264686895591852984504377394069294743950794189338751876527656714059286627151670747391295713823538000161081264653018234205620571473206172029382902912502131702278211913473582655881541071360143119322157534159733855428467298691398151599251190858672609934810561430341343830563771367151105704786941333912934192440961051428879847790853609508954014012593285063290603410951314946638983905267676104278041667301549455228188610250246338662603601508886647010142970854584815141598392546876231295293347829518681237077459652243214888735167928448340300078717063668462384353624245167362286109198539391815030760468904664912978940625033265186858373227136370247390401891094064988139838026545111487816491403426444110871911844164280902757137738686489509067258708430215795015899162320458130129508343865379081918237777385214375363122531641598589268105976528144801387748697026525462643937189392730592179674716916697815519856976926924946738364227822733457767180733162404336369527711836741042844934722347792234027225630721193853912472880929072034271692377936207650190457109788774453544358680331916095924987744319498699770033324946307324375535322906744817657953956218403295168144271042227608124289048716428664872403070364864934832509996672897344642531034930062662201460431205110109328239624925119689782833061921508282708143936599873268490479941668396577478902124562796195600187060805768778947870098610692265944872693410000872699876339900302559168582063973485103562967646116002251592001137227412733180748295472481928076532664070230832754286312646671501355905966429773337131834654748547607012423301287213532123732873272187482526403991104970017214756470049929226458643522650111999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999999
aproximadamente 101878 disposiciones
diferentes de páginas desordenadas.[75] Si usted arroja al aire las páginas y luego las reúne en un
montón, es casi seguro que caerán fuera del orden numérico, porque tales
configuraciones tienen una entropía muchísimo más alta, hay muchas más formas
de llegar a un resultado desordenado, que la única disposición en la que están
en el orden numérico correcto.
En principio, podríamos utilizar las leyes de la
física clásica para averiguar dónde aterrizará exactamente cada página después
de que la pila total haya sido lanzada al aire. De modo que, una vez más en
principio, podríamos predecir exactamente la disposición resultante de las
páginas y con ello (a diferencia de lo que sucede en mecánica cuántica, que
ignoraremos hasta el próximo capítulo) [76] parecería que no hay necesidad de basarse en nociones
probabilistas tales como qué resultado es más o menos probable que otro. Pero
el razonamiento estadístico es a la vez potente y útil. Si Guerra ypaz fuera
un panfleto de sólo un par de páginas podríamos ser capaces de completar
satisfactoriamente los cálculos necesarios, pero sería imposible hacer esto con
elGuerra y Paz real. [77] Seguir el movimiento preciso de 693 hojas blandas de papel
mientras son arrastradas por suaves corrientes de aire y se frotan, deslizan y
golpean una contra otra sería una tarea monumental, mucho más allá de la
capacidad incluso del supercomputador más potente.
Además, y esto es crítico, tener la respuesta
exacta ni siquiera sería útil. Cuando usted examina el montón de páginas
resultante, está mucho menos interesado en los detalles exactos de dónde
resulta estar cada página que en la cuestión general de si las páginas están en
el orden correcto. Si lo están, perfecto. Usted podría sentarse y seguir
leyendo sobre Ana Pavlovna y Nicolai Ilych Rostov, como es habitual. Pero si
usted encontrara que las páginas no estaban en su orden correcto, los detalles
precisos de la disposición de las páginas son algo que probablemente no le
preocuparía mucho. Si usted ha visto una disposición de páginas desordenada, ha
visto prácticamente todas. A menos que por alguna extraña razón reparara en las
minucias de qué páginas resultan estar en una u otra posición en el montón,
usted apenas notaría si alguien barajase todavía más una disposición de páginas
desordenada que usted le hubiese dado inicialmente. El montón inicial parecería
desordenado y la pila barajada todavía más también parecería desordenada. De
modo que el razonamiento estadístico no sólo es enormemente más fácil de
realizar, sino que la respuesta que da, ordenado frente a desordenado, es más
relevante para nuestro interés real, para el tipo de cosas de las que normalmente
tomaríamos nota.
Este tipo de pensamiento a grandes rasgos es
fundamental para la base estadística del razonamiento entrópico. De la misma
forma que cualquier billete de lotería tiene la misma probabilidad de salir
ganador que cualquier otro, al cabo de muchos lanzamientos de Guerra y
paz cualquier ordenación particular de las páginas tiene tanta
probabilidad de ocurrir como cualquier otra. Lo que hace que funcione
razonablemente el razonamiento estadístico es nuestra declaración de que hay
dos clases interesantes de configuraciones de páginas: ordenada y desordenada.
La primera clase tiene un miembro (el ordenamiento de páginas correcto 1, 2; 3,
4; y así sucesivamente) mientras que la segunda clase tiene un número enorme de
miembros (cualquier otro ordenamiento posible). Es razonable utilizar estos dos
tipos de clases puesto que, como antes, recogen la valoración general que usted
hubiera hecho al ir pasando las hojas en cualquier disposición.
Incluso así, quizá usted sugiera que podrían
hacerse distinciones más finas entre estas dos clases, tales como disposiciones
con sólo un puñado de páginas desordenadas, disposiciones con sólo las páginas
del primer capítulo desordenadas, y cosas así. De hecho, a veces puede ser útil
considerar estas clases intermedias. Sin embargo, el número de disposiciones de
páginas posibles en cada una de estas nuevas subclases sigue siendo
extraordinariamente pequeño comparado con el número en la clase totalmente desordenada.
Por ejemplo, el número total de disposiciones desordenadas que implican sólo
las páginas en la Parte Uno de Guerra y paz es 1O“178 del 1
por 100 del número total de disposiciones desordenadas que incluyen todas las
páginas. Así, aunque en los lanzamientos iniciales del libro desencuadernado la
disposición de páginas resultante pertenecería probablemente a una de las intermedias,
y no totalmente desordenadas, es casi seguro que si usted repite la acción de
lanzarlas muchas veces, el orden de páginas no mostrará finalmente ninguna
pauta obvia. La disposición de páginas evoluciona hacia la clase completamente
desordenada, puesto que hay muchas disposiciones de páginas que cuadran esta
cuenta.
El ejemplo de Guerra y paz destaca
dos características esenciales de la entropía. En primer lugar,la entropía
es una medida de la cantidad dedesorden en un sistema físico. Alta
entropía significa que muchas reordenaciones de los ingredientes que
constituyen el sistema pasarían inadvertidas, y esto significa a su vez que el
sistema está altamente desordenado (cuando todas las páginas de Guerra
y paz están desordenadas, cualquier barajado posterior apenas será
advertido puesto que simplemente deja las páginas en un estado desordenado).
Baja entropía significa que muy pocos reordenamientos pasarían inadvertidos, y
esto significa a su vez que el sistema está altamente ordenado (cuando las
páginas de Guerra y paz empiezan en su orden adecuado, usted
puede detectar fácilmente casi cualquier reordenamiento). En segundo lugar, en
sistemas físicos con muchos constituyentes (por ejemplo, libros con muchas
páginas arrojadas al aire) hay una evolución natural hacia un mayor desorden,
puesto que el desorden puede conseguirse de muchas más maneras que el orden. En
el lenguaje de la entropía, éste es el enunciado de quelos sistemas físicos
tienden aevolucionar hacia un estado de entropía más alta.
Por supuesto, para hacer el concepto de entropía
preciso y universal la definición física no implica contar el número de
disposiciones de páginas de un libro u otro que le dejen con la misma
apariencia, ya sea ordenada o desordenada. En su lugar, la definición física
cuenta el número de reordenamientos de los constituyentes fundamentales,
átomos, partículas subatómicas y demás, que dejan inalteradas las propiedades
globales, «de trazo grueso», de un sistema físico. Como en el ejemplo de Guerra
y paz, baja entropía significa que muy pocos reordenamientos pasarían
inadvertidos, de modo que el sistema está altamente ordenado, mientras que alta
entropía significa que muchos reordenamientos pasarían inadvertidos, y eso
significa que el sistema está muy desordenado.[xiii]
Para un buen ejemplo físico, uno que pronto nos
resultará útil, pensemos en la botella de Coca-Cola antes mencionada. Cuando un
gas, como el dióxido de carbono que estaba inicialmente confinado en la
botella, se dispersa uniformemente por una habitación, hay muchos reordenamientos
de las moléculas individuales que no tendrán ningún efecto apreciable. Por
ejemplo, si usted agita los brazos, las moléculas de dióxido de carbono se
moverán de un lado a otro, cambiando rápidamente sus posiciones y velocidades.
Pero en conjunto no habrá ningún efecto cualitativo sobre su disposición. Las
moléculas estaban uniformemente dispersas antes de que usted agitara los
brazos, y estarán uniformemente dispersas después de que usted lo haya hecho.
La configuración del gas uniformemente disperso es insensible a un número
enorme de reordenamientos de sus constituyentes moleculares, y por lo tanto
está en un estado de alta entropía. Por el contrario, si el gas estuviese
disperso en un espacio más pequeño, como cuando estaba en la botella, o
confinado por una barrera en un rincón de la habitación, tiene una entropía
significativamente menor. La razón es simple. Igual que los libros más delgados
tienen menos reordenamientos de páginas, los espacios más pequeños ofrecen
menos lugares donde pueden estar localizadas las moléculas, y por lo tanto
permiten menos reordenamientos.
Pero cuando usted desenrosca el tapón de la botella
o elimina la barrera, abre todo un nuevo universo a las moléculas de gas, y
mediante sus choques y vibraciones éstas se dispersan rápidamente para
explorarlo. ¿Por qué? Es el mismo razonamiento estadístico que en el caso de
las páginas de Guerra ypaz. Sin duda, algunas de las
vibraciones moverán unas pocas moléculas de gas dentro de la nube inicial de
gas o harán que unas pocas que han dejado la masa vuelvan a la nube densa de
gas inicial. Pero puesto que el volumen de la habitación supera al de la nube
de gas inicial, hay muchos más reordenamientos disponibles para las moléculas
si se dispersan fuera de la nube que los que hay si permanecen dentro de ella.
En promedio, las moléculas de gas se difundirán desde la nube inicial y se
aproximarán lentamente a un estado de dispersión uniforme por toda la
habitación. Así pues, la configuración inicial de entropía más baja, con todo
el gas agrupado en una región pequeña, evoluciona naturalmente hacia la configuración
de entropía más alta, con el gas uniformemente disperso en el espacio más
grande. Y una vez que ha alcanzado tal uniformidad, el gas tenderá a mantener
este estado de alta entropía: los golpes y los empujones siguen haciendo que
las moléculas se muevan de aquí para allá, dando lugar a un reordenamiento tras
otro, pero la aplastante mayoría de estos reordenamientos no afectan a la
apariencia global del gas. Eso es lo que significa tener alta entropía. [78]
En principio, como sucedía con las páginas de Guerra
y paz, podríamos utilizar las leyes de la física clásica para
determinar exactamente dónde estará cada molécula de dióxido de carbono en un
instante dado. Pero debido al enorme número de moléculas de CO2,
aproximadamente 1024 en una botella de Coca-Cola, llevar a cabo
tales cálculos es prácticamente imposible. E incluso si fuéramos capaces de
hacerlo de alguna manera, tener una lista de un cuatrillón de posiciones y
velocidades de partículas difícilmente nos daría una idea de cómo estaban
distribuidas las moléculas. Centramos en características estadísticas de trazo
grueso, ¿está el gas disperso o agrupado, es decir, tiene alta o baja
entropía?, es mucho más ilustrativo.
§. Entropía, la segunda ley y la flecha del tiempo
La tendencia de los sistemas físicos a evolucionar hacia estados de entropía
más alta se conoce como la segunda ley de la termodinámica. (La
primera ley es la familiar conservación de la energía.) Como antes, la base de
la ley es simple razonamiento estadístico: hay muchas más maneras de que un
sistema tenga entropía más alta, y «más maneras» significa que es más probable
que un sistema evolucione hacia una de estas configuraciones de alta entropía.
Nótese, sin embargo, que ésta no es una ley en el sentido convencional puesto
que, aunque tales sucesos son raros y poco probables, algo puede pasar
de un estado de alta entropía a otro de entropía menor.
Cuando usted arroja un montón de páginas al aire y
luego las reúne en una pila, puede suceder que queden en un orden numérico
perfecto. Usted no apostaría mucho a que esto suceda, pero es posible. También
es posible que los choques y los empujones hagan que todas las moléculas de
óxido de carbono dispersas se muevan al unísono y vuelvan al interior de su
botella abierta de Coca-Cola. No contenga la respiración esperando este
resultado, pero puede suceder. [79]
El gran número de páginas en Guerra y paz y
el gran número de moléculas en la habitación es lo que hace tan enorme la
diferencia de entropía entre las disposiciones desordenadas y ordenadas, y lo
que hace que los resultados de baja entropía sean tan terriblemente
improbables. Si usted arrojara sólo dos páginas al aire una y otra vez, usted
encontraría que aterrizan en el orden correcto aproximadamente un 12,5 por 100
de las veces.
Con tres páginas esto descendería hasta
aproximadamente un 2 por 100 de los lanzamientos, con cuatro páginas es
aproximadamente 0,3 por 100, con cinco páginas es aproximadamente un 0,03 por
100, con seis páginas es aproximadamente un 0,002 por 100, con diez páginas es
0,000000027 por 100 y con 693 páginas el porcentaje de lanzamientos que daría
el orden correcto es tan pequeño, incluye tantos ceros después de la coma
decimal, que el editor me ha convencido de que no utilice otra página para
escribirlo explícitamente. Análogamente, si usted dejara caer sólo dos
moléculas de gas lado a lado en una botella de Coca-Cola vacía, encontraría que
a temperatura ambiente su movimiento aleatorio las volvería a juntar (a menos
de un milímetro una de otra), en promedio, aproximadamente en unos pocos
segundos. Pero en el caso de un grupo de tres moléculas, tendría que esperar
días, para cuatro moléculas tendría que esperar años, y para una gota densa
inicial de un cuatrillón de moléculas se necesitaría un tiempo mucho mayor que
la edad actual del universo para que su movimiento aleatorio y dispersivo las
vuelva a juntar en un grupo pequeño y ordenado. Que los sistemas con muchos
constituyentes evolucionan hacia el desorden es algo que podemos dar por cierto
con más seguridad aún que la muerte y los impuestos.
Aunque quizá no sea inmediatamente evidente, ahora
hemos llegado a un punto intrigante. La segunda ley de la termodinámica parece
habernos dado una flecha del tiempo,una flecha que se manifiesta cuando los
sistemasfísicos tienen un gran número de constituyentes. Si usted
observara una película de un par de moléculas de dióxido de carbono que han
sido colocadas juntas en una pequeña caja (con un trazador que muestra los
movimientos de cada una), tendría muchas dificultades para decir si la película
se estaba pasando hacia delante o al revés. Las dos moléculas irían de un lado
a otro, juntándose a veces, separándose otras, pero sin mostrar nunca ningún
comportamiento global que distinga una dirección en el tiempo de la contraria.
Sin embargo, si usted observara una película de 10 24 moléculas
de dióxido de carbono que hubieran sido colocadas en la caja (digamos que como
una nube pequeña y densa de moléculas), podría determinar fácilmente si la
película se estaba pasando hacia delante o a la inversa: es abrumadoramente
probable que la dirección hacia delante en el tiempo sea una en la que las
moléculas de gas se dispersan uniformemente, alcanzandouna entropía
cada vez mayor. Si, en su lugar, la película mostrase moléculas de gas
uniformemente dispersas que se juntan en un grupo compacto, usted reconocería
inmediatamente que la estaba viendo a la inversa.
El mismo razonamiento vale esencialmente para todas
las cosas que encontramos en la vida diaria, es decir, cosas que tienen un gran
número de constituyentes: la flecha hacia delante en el tiempo apunta en la
dirección de la entropía creciente. Si usted observa una película de un vaso
con hielo colocado en una barra, puede determinar cuál es la dirección hacia
delante en el tiempo comprobando que el hielo se funde: sus moléculas de H2O se
dispersan por el vaso, alcanzando con ello una entropía más alta.
Figura 6.2. (a) Tal como se describe habitualmente, la segunda ley de la
termodinámica implica que la entropía aumenta hacia el futuro de cualquier
instante dado, (b) Puesto que las leyes de la Naturaleza conocida tratan las
direcciones hacia atrás y hacia delante en e] tiempo de forma idéntica, la
segunda ley implica en realidad que la entropía aumenta tanto hacia el futuro
como hacia el pasado de cualquier instante dado.
Si observa una película de un huevo aplastado,
puede determinar cuál es la dirección hacia delante en el tiempo comprobando
que los constituyentes del huevo se hacen cada vez más desordenados, que el
huevo salpica y no desalpica, alcanzando así también una entropía más alta.
Como usted puede ver, el concepto de entropía
proporciona una versión precisa de la conclusión «fácil versus difícil»
que encontramos antes. Es fácil que las páginas de Guerra y paz caigan
desordenadas porque hay muchas disposiciones desordenadas. Es difícil que las
páginas caigan en orden perfecto porque sería necesario mover centenares de
páginas de la forma correcta para que aterricen en la única secuencia que
Tolstoi pretendió. Es fácil que un huevo salpique porque hay muchas maneras de
salpicar. Es difícil que un huevo desalpique porque un enorme número de
constituyentes salpicados deben moverse con perfecta coordinación para producir
el resultado único y singular de un huevo prístino sobre la encimera. En el
caso de objetos con muchos constituyentes, pasar de entropía más baja a más
alta, de orden a desorden, es fácil, de modo que sucede continuamente. Pasar de
entropía más alta a más baja, de desorden a orden, es más difícil, de modo que
sucede raramente, en el mejor de los casos.
Nótese, también, que esta flecha entrópica no es
completamente rígida; no se pretende que esta definición de la dirección del
tiempo sea 100 por 100 infalible. En su lugar, esta aproximación tiene una
enorme flexibilidad para permitir que estos y otros sucesos ocurran también a
la inversa. Puesto que la segunda ley afirma que el aumento de entropía es sólo
una posibilidad estadística, y no un hecho inviolable de la Naturaleza, permite
la rara posibilidad de que las páginas puedan caer en el orden numérico correcto,
que las moléculas de gas puedan reunirse y reentrar en una botella, y que los
huevos puedan desaplastarse. Usando las matemáticas de la entropía, la segunda
ley expresa precisamente cuán poco probable son estadísticamente estos sucesos
(recuerde, el enorme número en las páginas 200-201 refleja cuánto más probable
es que las páginas aterricen desordenadas), pero reconoce que puede suceder.
Esto parece una historia convincente. El
razonamiento estadístico y probabilista nos ha dado la segunda ley de la
termodinámica. A su vez, la segunda ley nos ha proporcionado una distinción
intuitiva entre lo que llamamos pasado y lo que llamamos futuro. Nos ha dado
una explicación práctica de por qué las cosas en la vida diaria, cosas que
están compuestas normalmente de números enormes de constituyentes, empiezan
de esta forma y terminan de aquélla, mientras
que nunca vemos que empiecen de aquélla y terminen de ésta. Pero
en el curso de muchos años, y gracias a contribuciones importantes de físicos
como lord Kelvin, Joseph Loschmidt, Henri Poincaré, S. H. Burbury, Ernst
Zermelo y Willard Gibb, Ludwig Boltzmann llegó a apreciar que la historia
completa de la flecha del tiempo es más sorprendente. Boltzmann se dio cuenta
que aunque la entropía había iluminado aspectos importantes del rompecabezas,
no había respondido a la pregunta de por qué el pasado y el futuro parecen tan
diferentes. Más bien, la entropía había redefinido la cuestión de una manera
importante, una manera que lleva a una conclusión inesperada.
Entropía: pasado y futuro
Antes introdujimos el dilema de pasado versus futuro
comparando nuestras observaciones cotidianas con las propiedades de las leyes
de Newton de la física clásica. Hicimos hincapié en que continuamente
experimentamos una direccionalidad obvia en el modo que en las cosas se
despliegan en el tiempo pero que las propias leyes tratan lo que nosotros
llamamos hacia delante y hacia atrás en el tiempo en pie de igualdad. Puesto
que no hay ninguna flecha dentro de las leyes de la física que asigne una
dirección al tiempo, ningún puntero que señale «utilice estas leyes en esta
orientación temporal pero no a la inversa», nos vemos llevados a preguntar: si
las leyes que subyacen a la experiencia tratan simétricamente ambas
orientaciones temporales, ¿por qué las propias experiencias tienen este sesgo
temporal tan obvio, pues suceden siempre en una dirección pero no en la otra.
¿De dónde procede la direccionalidad del tiempo observada y experimentada?
Parecía que en la última sección habíamos hecho
progresos, gracias a la segunda ley de la termodinámica que aparentemente
distingue el futuro como la dirección en la que aumenta la entropía. Pero
pensando un poco más, eso no es tan simple. Nótese que en nuestra discusión de
la entropía y la segunda ley no modificamos de ninguna manera las leyes de la
física clásica. Todo lo que hicimos fue utilizar las leyes en un marco
estadístico «de trazo grueso»: ignoramos los detalles finos (el orden exacto de
las páginas desencuadernadas de Guerra y paz, las
localizaciones y velocidades exactas de los constituyentes de un huevo, las
localizaciones y velocidades exactas de las moléculas de CO2 en una botella de
Coca-Cola) y en su lugar centramos nuestra atención en características globales
(páginas ordenadas versus desordenadas, huevo aplastado versus no-aplastado,
moléculas de gas dispersas versus no-dispersas). Encontramos
que cuando los sistemas físicos son suficientemente complicados (libros con
muchas páginas, objetos frágiles que pueden romperse en muchos fragmentos,
gases con muchas moléculas), hay una enorme diferencia de entropía entre sus
configuraciones ordenada y desordenada. Y esto significa que hay una enorme
probabilidad de que los sistemas evolucionen de menor a mayor entropía, que es
un enunciado tosco de la segunda ley de la termodinámica. Pero el hecho clave
que cabe advertir es que la segunda ley es una ley derivada: es
meramente una consecuencia del razonamiento probabilista aplicado a las leyes
de movimiento de Newton.
Esto nos lleva a un punto simple pero
sorprendente: puesto que las leyes de la física de Newton no
tienen incorporada una orientación temporal, todo el razonamiento que
hemos utilizado para argumentar que los sistemas evolucionarán de menor a
mayor entropía hacia el futuro funcionaigualmente cuando se aplica hacia el
pasado. Una vez más, puesto que las leyes de la física subyacentes son
simétricas bajo inversión temporal, no hay forma de que distingan siquiera
entre lo que llamamos el pasado y lo que llamamos el futuro. De la misma forma
que no hay postes de señalización en la profunda oscuridad del espacio vacío
que afirmen que esta dirección es hacia arriba y esa dirección es hacia abajo,
no hay nada en las leyes de la física clásica que diga que esta dirección es el
tiempo futuro y esa dirección es el tiempo pasado. Las leyes no ofrecen una
orientación temporal; ésta es una distinción a la que son completamente
insensibles. Y puesto que las leyes del movimiento son responsables de cómo
cambian las cosas, tanto hacia lo que llamamos el futuro como hacia lo que
llamamos el pasado, el razonamiento estadístico/probabilista que hay tras la
segunda ley de la termodinámica se aplica por igual en ambas direcciones
temporales. Por lo tanto, no sólo hay una aplastante probabilidad de
que la entropía de un sistema físico sea más alta en lo que llamamos el
futuro, sino que hay la misma aplastante probabilidad de que fuera mayor
en lo que llamamos el pasado. Ilustramos esto en la figura 6.2.
Éste es el punto clave para todo
lo que sigue, pero es también engañosamente sutil. Un error común es que si,
según la segunda ley de la termodinámica, la entropía aumenta hacia el futuro,
entonces la entropía necesariamente disminuye hacia el pasado. Pero es aquí
donde interviene la sutileza. La segunda ley dice realmente que si en cualquier
instante de interés un sistema físico no posee la máxima entropía posible, es
extraordinariamente probable que el sistema físico tenga posterior y anteriormente
más entropía.
Éste es el contenido de la figura 6.2b. Con leyes
que son ciegas a la distinción pasado-versus-futuro tal simetría temporal es
inevitable.
Ésa es la lección esencial. Nos dice que la flecha
entrópica del tiempo tiene dos puntas. A partir de cualquier
instante especificado, la flecha del aumento de entropía apunta hacia el futuro
y hacia el pasado. Y eso es lo que hace decididamente complicado proponer la
entropía como la explicación de la flecha de-dirección-única del tiempo de la
experiencia.
Pensemos en lo que la flecha entrópica de dos
puntas implica en términos concretos. Si es un día caluroso y usted ve cubos de
hielo parcialmente fundidos en un vaso de agua, tiene la plena confianza de que
media hora más tarde los cubos estarán más fundidos, puesto que cuanto más
fundidos están, más entropía tienen.[80] Pero usted debería tener exactamente la misma confianza en que
media hora antes estaban también más fundidos, puesto que exactamente el
mismo razonamiento estadístico implica que la entropía debería aumentar hacia
el pasado. Y la misma conclusión se aplica a los muchos otros ejemplos que
encontramos todos los días. Su seguridad de que la entropía aumenta hacia el
futuro, desde moléculas de gas parcialmente dispersas hasta una dispersión
mayor, o de páginas parcialmente ordenadas que se barajan más, debería
ser exactamente la misma que la de que la entropía era también
mayor en el pasado.
Lo molesto es que la mitad de estas conclusiones
parecen completamente equivocadas. El razonamiento entrópico lleva a
conclusiones precisas y razonables cuando se aplica en una dirección temporal,
hacia lo que llamamos el futuro, pero da conclusiones aparentemente imprecisas
y ridículas cuando se aplica hacia lo que llamamos el pasado. Los vasos de agua
con cubos de hielo medio fundidos no empiezan normalmente como vasos de agua
sin ningún cubo de hielo en los que las moléculas de agua se juntan y se enfrían
para dar trozos de hielo, sólo para empezar a fundirse de nuevo. Las páginas
desencuadernadas de Guerra y paz no empiezan normalmente con
un desorden numérico completo y se hacen menos desordenadas tras lanzamientos
posteriores, sólo para empezar a desordenarse de nuevo. Y volviendo a la
cocina, los huevos no empiezan en general aplastados, y luego se recomponen en
un huevo entero prístino, sólo para aplastarse algún tiempo después.
¿O sí lo hacen?
§. Siguiendo las matemáticas
Siglos de investigación científica han mostrado que las matemáticas
proporcionan un lenguaje poderoso e incisivo para analizar el universo. De
hecho, la historia de la ciencia moderna está repleta de ejemplos en los que
las matemáticas hicieron predicciones que parecían contradecir tanto la
intuición como la experiencia (que el universo contiene agujeros negros, que el
universo tiene antimateria, que partículas lejanas pueden estar entrelazadas, y
demás) pero que los experimentos y las observaciones fueron en última instancia
capaces de confirmar. Tales desarrollos han causado profunda impresión en la
cultura de la física teórica. Los físicos se han dado cuenta de que las
matemáticas, cuando se utilizan con suficiente cuidado, son un sendero probado
hacia la verdad.
Así que cuando un análisis matemático de las leyes
de la Naturaleza muestra que la entropía debería ser mayor hacia el
futuro y hacia el pasado de cualquier instante dado, los
físicos no lo desprecian. En su lugar, algo parecido a un juramento hipocrático
de los físicos anima a los investigadores a mantener un sano y profundo
escepticismo respecto a las verdades aparentes de la experiencia humana y, con
la misma actitud escéptica, seguir diligentemente las matemáticas y ver adonde
llevan. Sólo entonces podemos valorar e interpretar adecuadamente cualquier
desajuste remanente entre la ley física y el sentido común.
Para este fin, imaginemos que son las 22.30 y que
durante la última media hora usted ha estado mirando un vaso de agua con hielo
(es una larga noche en el bar), observando cómo los cubos se funden lentamente
dando formas más pequeñas e irregulares. Usted no tiene absolutamente ninguna
duda de que media hora antes el camarero puso cubos de hielo completamente
formados en el vaso; usted no tiene duda porque confía en su memoria. Y si, por
algún azar, su confianza con respecto a lo que sucedió durante la última media
hora no fuera muy firme, siempre puede preguntar al tipo de al lado, que
también estuvo observando cómo se fundían los cubos de hielo (es una
noche realmente lenta en el bar), o quizá comprobar el vídeo
grabado por la cámara de vigilancia del bar, y ambos confirmarían que su
memoria es exacta.
Si usted se preguntara entonces qué espera que
suceda con los cubos de hielo durante la próxima media hora, probablemente
concluiría que continuarían fundiéndose. Y si usted estuviera suficientemente
familiarizado con el concepto de entropía, explicaría su predicción apelando a
la aplastante probabilidad de que la entropía aumente en el futuro respecto a
lo que usted ve, exactamente ahora a las 22.30. Todo eso tiene buen sentido y
encaja con nuestra intuición y experiencia.
Pero como hemos visto, tal razonamiento entrópico,
razonamiento que simplemente dice que es más probable que las cosas estén
desordenadas puesto que hay más maneras de estar desordenado, razonamiento que
es demostrablemente poderoso para explicar cómo evolucionan las cosas hacia el
futuro, afirma que es igualmente probable que la entropía haya sido más alta en
el pasado. Esto significaría que los cubos medio fundidos que usted ve a las
22.30 habrían estado realmente más fundidos en instantes anteriores; significaría
que a las 22.00 no habían empezado como cubos de hielo sólido sino que, por el
contrario, se formaron lentamente a partir de agua a temperatura ambiente
mientras se acercaban a las 22.30, con la misma seguridad con que se fundirán
lentamente en agua a temperatura ambiente mientras se acerquen a las 23.00.
Sin duda eso suena extraño, o, quizá diría usted,
absurdo. A decir verdad, no sólo las moléculas de H2O en un vaso de agua a
temperatura ambiente tendrían que agruparse espontáneamente en cubos de hielo
formados sino que los bits digitales en la cámara de vigilancia, así como las
neuronas de su cerebro y las del cerebro del tipo que está al lado, tendrían
que ordenarse espontáneamente a las 22.30 para atestiguar que había un conjunto
de cubos de hielo completamente formados que se fundieron, incluso si nunca
estuvieron. Pero a esta extraña conclusión es adonde lleva una aplicación fiel
del razonamiento entrópico, el mismo razonamiento que usted acepta sin duda
para explicar por qué el hielo medio fundido que ve a las 22.30 sigue
fundiéndose hacia las 23.00, cuando se aplica de la forma con simetría temporal
dictada por las leyes de la física. Éste es el problema de tener leyes
fundamentales de movimiento sin ninguna distinción incorporada entre pasado y
futuro, leyes cuyas matemáticas tratan el futuro y el pasado de cualquier
instante dado exactamente de la misma manera [81]
Descanse con la seguridad de que pronto
encontraremos una salida del extraño lugar al que nos ha llevado un uso
igualitario del razonamiento entrópico; no voy a tratar de convencerle de que
sus recuerdos y registros son de un pasado que nunca ocurrió (disculpas para
los fans de Matrix). Pero encontraremos muy útil señalar
precisamente la separación entre intuición y leyes matemáticas. De modo que
dejémoslo seguir.
§. Un barrizal
Su intuición rechaza un pasado con mayor entropía porque, visto en el
desarrollo normal de los sucesos hacia delante en el tiempo, requeriría un
crecimiento espontáneo del orden: moléculas de agua enfriándose espontáneamente
hasta cero grados Celsius y convirtiéndose en hielo, cerebros que adquieren
espontáneamente recuerdos de cosas que no sucedieron, cámaras de vídeo que
producen espontáneamente imágenes de cosas que nunca fueron, y así
sucesivamente, todas las cuales parecen extraordinariamente poco probables, una
explicación del pasado de la que incluso Oliver Stone se burlaría. En este
punto, las leyes físicas y las matemáticas de la entropía coinciden plenamente
con su intuición. Semejante secuencia de sucesos, cuando se ve en la dirección
hacia delante en el tiempo desde las 22.00 hasta las 22.30 va contra el núcleo
de la segunda ley de la termodinámica, da como resultado una disminución de la
entropía, y así, aunque no imposible, es muy improbable.
Por el contrario, su intuición y experiencia le
dicen que una secuencia de sucesos un poco más probable es que los cubos de
hielo que estaban completamente formados a las 22.00 se fundieron parcialmente
para dar lo que usted ve en su vaso, precisamente ahora, a las 22.30. Pero en
este punto, las leyes de la física y las matemáticas de la entropía sólo
coinciden en parte con sus expectativas. Las matemáticas y la intuición
coinciden en que si realmente había cubos de hielo completamente formados a las
22.00, entonces la secuencia más probable de sucesos sería que se fundieran
para dar los cubos más pequeños que usted ve a las 22.30: el incremento de la
entropía resultante está de acuerdo con la segunda ley de la termodinámica y
con la experiencia. Pero donde las matemáticas y la intuición se separan es en
que nuestra intuición, a diferencia de las matemáticas, no logra tener en
cuenta la probabilidad, o carencia de ella, de tener realmente cubos de hielo
completamente formados a las 22.00, dada la observación que
estamos tomando como incuestionable, como plenamente digna de confianza,
de que precisamente ahora, a las 22.30, usted ve cubos medio fundidos.
Éste es el punto central, de modo que déjeme
explicarlo. La lección principal de la segunda ley de la termodinámica es que
los sistemas físicos tienen una abrumadora tendencia a estar en configuraciones
de alta entropía porque hay muchas maneras de realizar tales estados. Y una vez
en tales estados de alta entropía, los sistemas físicos tienen una abrumadora
tendencia a permanecer en ellos. La entropía alta es el estado de ser natural.
Usted nunca debería sorprenderse o sentir la necesidad de explicar por qué
cualquier sistema físico está en un estado de alta entropía. Tales estados son
la norma.
Por el contrario, lo que necesita explicación es
por qué cualquier sistema físico dado está en un estado de orden, un estado de
baja entropía.
Ciertamente pueden darse. Pero desde el punto de
vista de la entropía, tales estados ordenados son raras aberraciones que
reclaman una explicación. Así que un hecho dentro del episodio que estamos
tomando como incuestionablemente cierto, su observación a las 22.30 de cubos de
hielo parcialmente formados de baja entropía, es un hecho que necesita una
explicación.
Y desde el punto de vista de la probabilidad, es
absurdo explicar este estado de baja entropía apelando a un estado de entropía
aún menor, un estado aún menos probable, en
el que, a las 22.00, había cubos de hielo aún másordenados, de mayor
tamaño, que eran observados en un ambiente más ordenado, más prístino.
Por el contrario, es enormemente más probable que las cosas empezaran en un
estado de alta entropía totalmente normal y nada sorprendente: un vaso de agua
líquida uniforme sin nada de hielo. Luego, a través de una improbable pero
ocasionalmente esperable fluctuación estadística, el vaso de agua fue contra el
núcleo de la segunda ley y evolucionó hacia un estado de menor entropía en el
que aparecieron cubos de hielo a medio formar. Esta evolución, aunque requiere
procesos raros y poco familiares, evita por completo el estado aún más raro,
aún menos probable, aún de menor entropía, en el que hay cubos de hielo
completamente
formados. En todo instante entre las 22.00 y las
22.30 esta evolución extraña tiene entropía más alta que el
escenario de fusión de hielo normal, como usted puede ver en la figura 6.3, y
así encaja con la observación aceptada a las 22.30 de una manera que es
más probable, enormemente más probable, que el escenario en el
que se fundían cubos de hielo plenamente formados. [82] Éste es el quid de la cuestión.[xiv]
Boltzmann sólo necesitó un pequeño paso para darse
cuenta que la totalidad del universo está sometida a este mismo análisis.
Cuando usted mira al universo precisamente ahora, lo que ve refleja una gran
cantidad de organización biológica, estructura química y orden físico. Aunque
el universo podría ser un amasijo totalmente desorganizado, no lo es. ¿Por qué
es así?
Figura 6.3. Una comparación entre dos propuestas de cómo llegaron los cubos
de hielo a su estado medio fundido, precisamente ahora, a las 22.30. La
propuesta 1 se ajusta a sus recuerdos del hielo fundiéndose, pero requiere un
punto de partida de entropía relativamente baja a las 22.00. La propuesta 2
cuestiona sus recuerdos pues en ésta el hielo medio fundido que usted ve a las
22.30 se ha formado a partir de vaso de agua que empieza en una configuración
de desorden altamente probable y de alta entropía a las 22.00. En cada paso del
camino hacia las 22.30, la propuesta 2 implica estados que son más probables
que los de la propuesta 1, porque, como usted puede ver en la gráfica, tienen
mayor entropía, y la propuesta 2 es estadísticamente favorecida.
¿De dónde procede el orden? Bien, igual que sucede
con los cubos de hielo, desde el punto de vista de la probabilidad es
extraordinariamente improbable que el universo que vemos evolucionara a partir
de un estado aún más ordenado, aún menos probable, en el pasado distante que se
ha desarrollado lentamente hasta su forma actual. Más bien, puesto que el
cosmos tiene tantos constituyentes, las escalas de lo ordenado versus lo
desordenado están enormemente ampliadas. Y por ello lo que es cierto en el bar
es muchísimo más cierto para el universo entero: es mucho más
probable, inimaginablemente más probable, que el universo entero que ahora
vemos surgiera como una fluctuación estadísticamente rara a partir de una
configuración normal, poco sorprendente y completamente desordenada, de alta
entropía.
Considérelo de esta manera: si usted arroja un
puñado de monedas una y otra vez, más pronto o más tarde todas caerán de cara.
Si usted tiene la paciencia casi infinita necesaria para arrojar al aire una y
otra vez las páginas de Guerra y paz, más pronto o más tarde
caerán en el orden numérico correcto. Si usted espera con su botella abierta de
Coca-Cola, más pronto o más tarde la vibración aleatoria de las moléculas de
dióxido de carbono hará que vuelvan a entrar en la botella. Y, en el órdago
Boltzmann, si el universo espera lo suficiente, durante casi una eternidad,
quizá, su estado normal, de alta entropía, altamente probable y totalmente
desordenado se agrupará, más pronto o más tarde, a través de sus propios
golpes, empujones y corrientes aleatorias de partículas y radiación, en la
configuración que todos vemos precisamente ahora. Nuestros cuerpos y cerebros
emergerían completamente formados a partir del caos, provistos de recuerdos,
conocimientos y habilidades, incluso si en el pasado que parecen reflejar nunca
hubiese ocurrido realmente. Todo lo que conocemos, todo lo que valoramos, no
sería nada más que una rara pero ocasionalmente esperable fluctuación
estadística que interrumpe momentáneamente una casi eternidad de desorden. Esto
se ilustra esquemáticamente en la figura 6.4.
Figura 6.4. Una gráfica esquemática de la entropía total del universo a lo
largo del tiempo.
La gráfica muestra que el universo pasa la mayor
parte de su tiempo en un estado de desorden total, un estado de alta entropía,
y de cuando en cuando experimenta fluctuaciones a estados de grados de orden
variable, estados variables de menor entropía. Cuanto mayor es el descenso de
entropía, menos probable es la fluctuación. Descensos significativos en la
entropía, como los del tipo de orden en el universo actual, son
extraordinariamente poco probables y sucederían muy raramente.
§. Dar un paso atrás
Cuando tropecé con esta idea por primera vez hace muchos años, fue para mí una
conmoción. Hasta ese momento, yo había pensado que entendía el concepto de
entropía bastante bien, pero el hecho era que, siguiendo el enfoque de los
libros de texto que había estudiado, yo sólo había considerado las
implicaciones de la entropía para el futuro. Y, como acabamos de ver, aunque la
entropía aplicada hacia el futuro confirma nuestra intuición y nuestra
experiencia, la entropía aplicada hacia el pasado las contradice totalmente. No
era tan malo como descubrir repentinamente que uno ha sido traicionado por un
amigo de la infancia, pero para mí fue algo muy parecido.
De todas formas, a veces es bueno no cambiar de
juicio demasiado rápidamente, y el fracaso aparente de la entropía para
satisfacer las expectativas ofrece un ejemplo. Como probablemente está usted
pensando, la idea de que todo lo que nos es familiar acaba de nacer es tan
atractiva como difícil de tragar. No se trata «meramente» de que esta
explicación del universo cuestione la veracidad de todo lo que mantenemos que
es real e importante. También deja cuestiones críticas sin responder. Por
ejemplo, cuanto más ordenado es hoy el universo, más profundo es el mínimo en
la figura 6.4, más sorprendente e improbable es la aberración estadística
necesaria para que nazca. De modo que si el universo pudiera haberse ahorrado
cualquier rincón, haciendo que las cosas parezcan más o menos como las vemos
ahora aunque reduciendo la cantidad real de orden, el razonamiento probabilista
nos lleva a creer que lo habría hecho. Pero cuando examinamos el universo,
parece que se han perdido muchas oportunidades para ello, puesto que hay muchas
cosas que están más ordenadas que lo que tienen que estar. Si Michael Jackson
nunca hubiera grabado Thriller y los millones de copias de
este álbum ahora distribuidas por todo el mundo fueran parte de una fluctuación
aberrante hacia una menor entropía, la aberración habría sido mucho menos
extrema si sólo se hubieran formado un millón o medio millón o sólo unos pocos
álbumes. Si la evolución nunca hubiese sucedido y nosotros los seres humanos
hubiéramos llegado aquí por un salto aberrante hacia una entropía más baja, la
aberración habría sido mucho menos extrema si no hubiera un registro fósil
evolutivo tan consistente y ordenado.
Si el big bang nunca hubiera
sucedido y los más de 100.000 millones de galaxias que vemos ahora surgieron
como un salto aberrante hacia una entropía más baja, la aberración habría sido
menos extrema si hubiera 50.000 millones, o 5.000, o sólo un puñado, o tan sólo
una galaxia. Y así, si la idea de que nuestro universo es una fluctuación
estadística, un feliz golpe de suerte, tiene alguna validez, habría que abordar
cómo y por qué el universo se pasó en tanto y consiguió un estado de tan baja
entropía.
Aún más urgente, si usted no puede confiar
realmente en sus recuerdos y registros, entonces tampoco puede confiar en las
leyes de la física. Su validez descansa en numerosos experimentos cuyos
resultados positivos están atestiguados solamente por esos mismos recuerdos y
registros. Así que todo el razonamiento basado en la simetría bajo inversión
temporal de las leyes aceptadas de la física quedaría totalmente destruido,
minando con ello nuestra comprensión de la entropía y la base entera de la
discusión actual. Al aceptar la conclusión de que el universo que conocemos es
una rara pero no imposible fluctuación estadística a partir de una
configuración de desorden total, nos vemos llevados rápidamente a un atolladero
en el que perdemos cualquier comprensión, incluyendo la cadena misma de
razonamiento que nos llevó a considerar una explicación tan singular en primer
lugar.
Así pues, al suspender la incredulidad y seguir
diligentemente las leyes de la física y las matemáticas de la entropía,
conceptos que en combinación nos dicen que es abrumadoramente probable que el
desorden aumente tanto hacia el futuro como hacia el pasado de cualquier
instante dado, nos hemos metido hasta el cuello en un terreno fangoso. Y aunque
eso pudiera no sonar agradable, es muy bueno por dos razones. En primer lugar,
muestra con precisión por qué la desconfianza en los recuerdos y registros, algo
que desechamos intuitivamente, no tiene sentido. En segundo lugar, al llegar a
un punto donde todo nuestro andamiaje analítico está a punto de colapsar, nos
damos cuenta, obligadamente, de que debemos haber dejado algo crucial fuera de
nuestro razonamiento.
Por consiguiente, para evitar el abismo
explicatorio, nos preguntamos:
¿qué nueva idea o concepto, más allá de la entropía
y de la simetría temporal de las leyes de la Naturaleza, necesitamos para
volver a confiar en nuestros recuerdos y nuestros registros, nuestra
experiencia de cubos de hielo a temperatura ambiente que se funden y no se
desfunden, de leche y café que se mezclan pero no se desmezclan, de huevos que
se aplastan pero no se desaplastan? En resumen, ¿dónde nos vemos llevados si
tratamos de explicar un despliegue asimétrico de sucesos en el espaciotiempo,
con entropía más alta en nuestro futuro pero entropía más baja en nuestro
pasado?
¿Es posible?
Lo es. Pero sólo si las cosas fueron muy especiales
al principio. [83]
§. El huevo, la gallina y el big bang
Para ver lo que esto significa, tomemos el ejemplo de un huevo prístino, de
baja entropía, completamente formado. ¿Cómo nació este sistema físico de baja
entropía? Bien, poniendo de nuevo nuestra confianza en los recuerdos y los
registros, todos sabemos la respuesta. El huevo vino de una gallina. Y esa
gallina vino de un huevo, que vino de una gallina, que vino de un huevo y así
sucesivamente. Pero, como resaltó con más fuerza el matemático inglés Roger
Penrose,[84] esta historia del huevo y la gallina nos enseña en realidad algo
profundo y nos lleva a algún lugar definido.
Una gallina, o para el caso cualquier ser vivo, es
un sistema físico con un orden sorprendentemente alto. ¿De dónde procede esta
organización y cómo se sostiene? Una gallina está viva y, en particular, vive
el tiempo suficiente para poner huevos, porque come y respira. El alimento y el
oxígeno proporcionan las materias primas de las que los seres vivos extraen la
energía que necesitan. Pero hay un aspecto crítico de esta energía que debe ser
resaltado si queremos entender realmente lo que está pasando. En el curso de su
vida, una gallina que sigue viva toma tanta energía en forma de alimento como
devuelve al ambiente, fundamentalmente en forma de calor y otros residuos
generados por sus procesos metabólicos y actividades ovíparas. Si no existiese
ese equilibrio de energía entrante y energía saliente, la gallina se haría cada
vez más grande.
El punto esencial, sin embargo, es que no todas las
formas de energía son iguales. La energía que devuelve una gallina al entorno
en forma de calor está altamente desordenada, a menudo da como resultado que
algunas moléculas de aire en un lado o en otro tengan una mayor agitación que
la que tendrían de lo contrario. Dicha energía tiene alta entropía, es difusa y
está entremezclada con el entorno, y por ello no puede ser fácilmente
aprovechada para cualquier fin útil. Por el contrario, la energía que toma la
gallina de su alimento tiene baja entropía y es rápidamente aprovechada para
actividades importantes que sostienen la vida. De modo que la gallina y, de
hecho, toda forma viva es un conducto para tomar energía de baja entropía y
devolver energía de alta entropía.
Esta idea hace retroceder otro paso la cuestión de
dónde se origina la baja entropía de un huevo. ¿Cómo es que la energía de la
gallina, el alimento, tiene una entropía tan baja? ¿Cómo explicamos esta
aberrante fuente de orden? Si el alimento es de origen animal, nos vemos
llevados de nuevo a la cuestión inicial de cómo tienen los animales una
entropía tan baja. Pero si seguimos la cadena alimenticia, llegamos finalmente
a animales (como es mi caso) que sólo comen plantas. ¿Cómo mantienen las
plantas y sus productos frutales y verduras comestibles su baja entropía?
Mediante la fotosíntesis, las plantas utilizan la luz del Sol para descomponer
el dióxido de carbono ambiente en oxígeno, que es devuelto al entorno, y
carbono, que utilizan las plantas para crecer y florecer. De modo que podemos
rastrear las fuentes no animales de energía de baja entropía hasta llegar al
Sol.
Esto retrotrae un paso más la cuestión de explicar
la baja entropía: ¿de dónde procedía nuestro Sol altamente ordenado? El Sol se
formó hace aproximadamente 5.000 millones de años a partir de una nube de gas
inicialmente difusa que empezó a arremolinarse y a agruparse bajo la atracción
gravitatoria mutua de todos sus constituyentes. A medida que la nube de gas se
hacía más densa, la atracción gravitatoria de unas partes sobre otras se hacía
más fuerte, haciendo que la nube colapsara más sobre sí misma.
Y a medida que la gravedad comprimía más la nube,
ésta se hacía más caliente. Finalmente, se hizo suficientemente caliente para
desencadenar procesos nucleares que generaban suficiente radiación que fluía
hacia fuera para contener la contracción gravitatoria del gas. Había nacido una
estrella caliente, estable y brillante.
De modo que ¿de dónde provenía la nube de gas
difusa? Probablemente se formó a partir de los residuos de estrellas más viejas
que llegaron al final de su vida, se hicieron supernovas y eyectaron sus
contenidos al espacio. ¿De dónde procedía el gas difuso responsable de estas
primeras estrellas?
Pensamos que el gas se formó en el período que
siguió al big bang. Nuestras teorías más refinadas del origen
del universo, nuestras teorías cosmológicas más refinadas, nos
dicen que cuando el universo tenía un par de minutos, estaba lleno de un gas
caliente casi uniforme compuesto de aproximadamente un 75 por
100 de hidrógeno, un 23 por 100 de helio y pequeñas cantidades de deuterio y
litio. El punto esencial es que este gas que llenaba el universo tenía una
entropía extraordinariamente baja. El big bang puso
en marcha el universo en un estado de baja entropía, y ese estado parece ser la
fuente del orden que vemos actualmente. En otras palabras, el orden
actual es unareliquia cosmológica. Discutamos con más detalle esta
importante idea.
§. Entropía y gravedad
Puesto que teoría y observación muestran que pocos minutos después del bigbang el
gas primordial estaba uniformemente disperso por el universo joven, usted
podría pensar, dada nuestra discusión anterior de la Coca-Cola y las moléculas
de dióxido de carbono, que el gas primordial estaba en un estado desordenado de
alta entropía. Pero esto no resulta ser cierto. Nuestra primera discusión de la
entropía ignoraba por completo la gravedad, algo razonable porque la gravedad
apenas desempeña un papel en el comportamiento de la mínima cantidad de gas que
sale de una botella de Coca-Cola. Y con esta hipótesis encontramos que el gas
disperso de manera uniforme tiene alta entropía. Pero cuando la gravedad es
importante, la historia es muy diferente.
La gravedad es una fuerza universalmente atractiva;
por ello, si usted tiene una masa de gas suficientemente grande, cada región
del gas atraerá a todas las demás y esto hará que el gas se rompa en grumos, de
forma parecida a como la tensión superficial hace que el agua derramada sobre
una hoja de papel impermeable se rompa en gotas. Cuando la gravedad interviene,
como lo hacía en el universo primitivo de alta densidad, la aglomeración, no la
uniformidad, es la norma. Es el estado al que tiende a evolucionar un gas, como
se ilustra en la figura 6.5.
Incluso si los grumos parecen estar más ordenados
que el gas inicialmente difuso, de la misma forma que una habitación de juegos
con juguetes que están guardados en cajones está más ordenada que una en la que
los juguetes están uniformemente desperdigados por el suelo, al calcular la
entropía usted tiene que contar las contribuciones de todas las fuentes. En el
caso de la habitación, la entropía disminuye al pasar de los juguetes
desperdigados a su «agrupación» en cajones que está más que compensada por el aumento
de entropía de la grasa quemada y el calor generado por los padres que pasan
horas limpiando y ordenando todo. Análogamente, en el caso de la nube de gas
inicialmente difusa usted encuentra que la disminución de entropía por la
formación de grumos ordenados está más que compensada por el calor generado
cuando se comprime el gas y, en definitiva, por la enorme cantidad de calor y
luz liberados cuando empiezan a producirse los procesos nucleares.
Figura 6.5. En volúmenes enormes de gas, cuando la gravedad cuenta, átomos y
moléculas evolucionan desde una configuración suave y uniformemente dispersa
hasta otra que implica grumos mayores y más densos.
Éste es un punto importante que es pasado por alto
a veces. La tendencia aplastante hacia el desorden no significa que no puedan
formarse estructuras ordenadas como estrellas y planetas, o formas de vida
ordenadas como plantas y animales. Pueden hacerlo. Y obviamente lo hacen. Lo
que implica la segunda ley de la termodinámica es que en la formación de orden
hay generalmente una generación de desorden que-compensa-con-creces. La hoja de
balance de la entropía sigue estando en números negros incluso si ciertos
constituyentes se han hecho más ordenados. Y de las fuerzas fundamentales de la
Naturaleza, la gravedad es la que explica esta característica de la entropía.
Puesto que la gravedad opera a lo largo de enormes distancias y es
universalmente atractiva, ella instiga la formación de los grumos ordenados,
estrellas, que devuelven la luz que vemos en un cielo nocturno despejado,
manteniendo el balance neto del aumento de entropía.
Cuanto más comprimida, densa y masiva sea la nube
de gas, mayor es la entropía global. Los agujeros negros, la forma más extrema
de agolpamiento y compresión gravitatoria en el universo, lleva esto al límite.
La atracción gravitatoria de un agujero negro es tan intensa que nada, ni
siquiera la luz, puede escapar, lo que explica por qué los agujeros negros son
negros. Así pues, a diferencia de las estrellas ordinarias, los agujeros negros
mantienen tozudamente toda la entropía que producen: nada de ella puede escapar
de la poderosa garra gravitatoria del agujero negro. [85] De hecho, como discutiremos en el capítulo 16, nada en el universo
contiene más desorden, más entropía, que un agujero negro. [xv] Esto
tiene buen sentido intuitivo: alta entropía significa que muchos
reordenamientos de los constituyentes de un objeto pasan inadvertidos. Puesto
que no podemos ver dentro de un agujero negro, nos es imposible detectar
cualquier reordenamiento de sus constituyentes, cualesquiera que dichos
constituyentes puedan ser, y por ello los agujeros negros tienen máxima
entropía. Cuando la gravedad contrae sus músculos al límite, se hace el
generador más eficaz de entropía en el universo conocido.
Hemos llegado lo más lejos que podemos.La fuente
de orden final, debaja entropía, debe ser el propio big bang. Por
alguna razón, en lugar de estar lleno de contenedores gigantescos de entropía,
tales como agujeros negros, como esperaríamos a partir de consideraciones
probabilistas, el universo naciente estaba lleno de una mezcla caliente y
uniforme de hidrógeno y helio.
Aunque esta configuración tiene alta entropía
cuando las densidades son tan bajas que podemos ignorar la gravedad, la
situación es otra cuando la gravedad no puede ser ignorada; entonces, dicho gas
uniforme tiene entropía extraordinariamente baja. En comparación con los
agujeros negros, el gas difuso y casi uniforme estaba en un estado de entropía
extraordinariamente baja. Desde entonces, de acuerdo con la segunda ley de la
termodinámica, la entropía global del universo ha estado haciéndose cada vez
mayor; la cantidad total de desorden ha estado aumentando poco a poco. Al cabo
de aproximadamente 1.000 millones de años la gravedad hizo que el gas
primordial se aglutinase, y los grumos formaron finalmente estrellas, galaxias
y algunos grumos más ligeros que se convirtieron en los planetas. Al menos uno
de estos planetas tenía una estrella próxima que proporcionaba una fuente de
entropía relativamente baja que permitió que se desarrollaran formas de vida de
baja entropía, y entre tales formas de vida había casualmente una gallina que
puso un huevo que llegó hasta la encimera de su cocina y, para su pesar, ese
huevo siguió la trayectoria implacable hacia un estado de entropía más alta
rodando por la encimera y aplastándose contra el suelo. El huevo, más que desaplastarse,
se aplasta porque está siguiendo la tendencia hacia una entropía más alta que
se inició en el estado de entropía extraordinariamente baja con el que empezó
el universo. Un orden increíble al principio es lo que puso todo en marcha, y
desde entonces hemos estado viviendo gracias al despliegue gradual hacia un
desorden más alto.
Ésta es la sorprendente conexión a la que nos ha conducido todo el
capítulo. Un huevo aplastado nos dice algo profundo sobre el big
bang. Nos dice que el big bang dio lugar a un cosmos naciente
extraordinariamente ordenado.
La misma idea se aplica a todos los demás ejemplos.
La razón por la que arrojar al aire las páginas recién desencuadernadas
de Guerra y paz da como resultado un estado de mayor entropía
es que ellas empezaron en una forma altamente ordenada de baja entropía. Su
forma ordenada inicial las hacía propicias para un aumento de entropía. Por el
contrario, si las páginas estuvieran inicialmente sin ningún orden numérico,
arrojarlas al aire apenas supondría una diferencia por lo que se refiere a la
entropía. De modo que, una vez más, la pregunta es: ¿cómo llegaron a estar tan
ordenadas? Bien, Tolstoi las escribió para ser presentadas en ese orden y el
impresor y el encuadernador siguieron sus instrucciones. Y los cuerpos y mentes
altamente ordenados de Tolstoi y los editores del libro, que les permitieron, a
su vez, crear un volumen de tan alto orden, pueden explicarse siguiendo la
misma cadena de razonamiento que acabamos de seguir para un huevo, que una vez
más nos devuelve al big bang. ¿Qué pasa con los cubos de hielo
parcialmente fundidos que usted vio a las 22.30? Ahora que tenemos recuerdos y
registros fiables, usted recuerda que justo antes de las 22.00 el camarero puso
en su vaso cubos de hielo totalmente formados. Él sacó los cubos de hielo de un
congelador, que fue diseñado por un ingeniero inteligente y fabricado por
hábiles operarios, todos los cuales fueron capaces de crear algo de un orden
tan alto porque ellos mismos son formas de vida altamente ordenadas. Y de
nuevo, podemos rastrear secuencialmente su orden hasta el origen altamente
ordenado del universo.
§. El ingrediente crítico
La revelación a la que hemos llegado es que podemos confiar en nuestros
recuerdos de un pasado con menor, y no mayor, entropía sólo si el big
bang, el proceso, suceso o contingencia que hizo nacer al universo,
puso en marcha al universo en un estado extraordinariamente especial y
altamente ordenado de baja entropía. Sin ese ingrediente crítico, nuestra
anterior comprensión de que la entropía debería aumentar hacia el futuro tanto
como hacia el pasado de cualquier instante dado nos llevaría a concluir que
todo el orden que vemos surgió de una fluctuación casual a partir de un estado
desordenado ordinario de alta entropía, una conclusión que, como hemos visto,
socava el propio razonamiento sobre la que está basada. Pero al incluir en
nuestro análisis el improbable punto de partida de baja entropía del universo,
vemos ahora que la conclusión correcta es que la entropía aumenta hacia el
futuro, puesto que el razonamiento probabilista opera plenamente y sin ninguna
restricción en esa dirección; pero la entropía no aumenta hacia el pasado,
puesto que ese uso de la probabilidad entraría en conflicto
con nuestra nueva condición de que el universo empezó en un estado de baja, y
no alta, entropía.[86] Así pues, las condiciones en el nacimiento del universo son
críticas para dirigir la flecha del tiempo. El futuro es la dirección de
entropía creciente. La flecha del tiempo, el hecho de que las cosas
empiezan de esta manera y terminan de aquélla pero nunca empiezan de
aquélla y terminan de ésta, empezó su vuelo en el estado altamente
ordenado y de baja entropía en que se encontraba el universo en su
origen. [87]
§. El enigma restante
Que el universo primitivo fija la dirección de la flecha del tiempo es una
conclusión maravillosa y gratificante, pero no hemos acabado. Todavía queda un
enorme enigma. ¿Cómo es posible que el universo empezara en una configuración
tan altamente ordenada, poniendo en marcha las cosas de modo que durante miles
de millones de años todo pudiera evolucionar lentamente, pasando por
configuraciones menos ordenadas, hacia una entropía cada vez mayor? No perdamos
de vista lo extraordinario que es esto. Como subrayamos, desde el punto de
vista de la probabilidad es mucho más probable que los cubos de hielo medio
fundidos que usted vio a las 22.30
estuvieran allí porque un golpe de suerte
estadístico actuó en un vaso de agua líquida, y no que tuvieran su origen en el
incluso menos probable estado de cubos de hielo formados. Y lo que es cierto
para los cubos de hielo es muchísimo más cierto para el universo entero.
Hablando en términos de probabilidades, es
inimaginablemente más probable que todo lo que vemos ahora en el universo
surgiera de una rara pero ocasionalmente esperable aberración estadística a
partir del desorden total, y no que haya evolucionado lentamente a partir de un
punto de partida aún más improbable, el increíblemente más ordenado y asombroso
punto de partida exigido por el bigbang. [88]
Pese a todo, cuando seguimos con las apuestas e
imaginamos que todo nació por un golpe de azar estadístico, nos encontramos en
un atolladero: esa ruta apela a las propias leyes de la física. Y por eso
estamos inclinados a no hacer caso de los corredores de apuestas y seguir con
un big bang de baja entropía como explicación para la flecha
del tiempo. El rompecabezas entonces consiste en explicar cómo empezó el
universo en una configuración tan improbable y altamente ordenada. Ésa es la
cuestión a la que apunta la flecha del tiempo. Todo se reduce a cosmología.[89]
Abordaremos una discusión detallada de la
cosmología en los capítulos 8 a 11, pero notemos primero que nuestra discusión
del tiempo adolece de un serio inconveniente: todo lo que hemos dicho ha estado
basado puramente en la física clásica. Consideremos ahora cómo afecta la
mecánica cuántica a nuestra comprensión del tiempo y nuestra búsqueda de su
flecha.
Capítulo 7
El tiempo y lo cuántico
Ideas sobre la naturaleza del tiempo, procedentes del dominio cuántico
Contenido:
§. El pasado según lo cuántico
§. Hacia Oz
§. Pro elección
§. Podando la historia
§. La contingencia de la historia
§. Borrando el pasado
§. Dando forma al pasado
§. Mecánica cuántica y experiencia
§. El rompecabezas de la medida cuántica
§. La realidad y el problema de la medida cuántica
§. La decoherencia y la realidad cuántica
§. La mecánica cuántica y la flecha del tiempo
Cuando pensamos en algo como el tiempo, algo dentro
de lo que estamos, algo que está plenamente integrado en nuestra existencia
cotidiana, algo que es tan penetrante, es imposible separarse, siquiera
momentáneamente, del lenguaje común; nuestro razonamiento está conformado por
nuestras experiencias. Estas experiencias cotidianas son experiencias clásicas;
se ajustan con gran exactitud a las leyes de la física formuladas por Newton
hace más de trescientos años. Pero de todos los descubrimientos de la física durante
los últimos cien años, la mecánica cuántica es con mucho el más extraordinario,
puesto que socava todo el esquema conceptual de la física clásica.
Por eso vale la pena ampliar nuestras experiencias
clásicas y considerar algunos experimentos que revelan aspectos asombrosos de
la evolución de los procesos cuánticos en el tiempo. En este contexto ampliado,
continuaremos la discusión del último capítulo y preguntaremos si existe una
flecha temporal en la descripción mecanocuántica de la Naturaleza. Llegaremos a
una respuesta, aunque sea una respuesta que todavía despierta controversia
incluso entre los físicos. Y una vez más nos devolverá al origen del universo.
§. El pasado según lo cuántico
La probabilidad desempeñó un papel crucial en el último capítulo, pero, como
subrayé en un par de ocasiones, aparecía solamente debido a su conveniencia
práctica y a la utilidad de la información que proporciona. Seguir el
movimiento exacto de las 1024 moléculas de H2O en un vaso del agua
está mucho más allá de nuestra capacidad de computación, e incluso si fuera
posible, ¿qué haríamos con la montaña de datos resultante? Determinar a partir
de una lista de 1024 posiciones y velocidades si había cubos de
hielo en el vaso sería una tarea hercúlea. Por eso nos volvemos al razonamiento
probabilista, que es tratable computacionalmente y, además, trabaja con
propiedades macroscópicas, orden versus desorden; por ejemplo,
hielo versus agua, en las que generalmente estamos
interesados. Pero tengamos presente que la probabilidad no está en modo alguno
cosida de una manera fundamental en el tejido de la física clásica. Ésta nos
dice que si conociéramos exactamente cómo eran las cosas ahora, si conociéramos
las posiciones y velocidades de cada una de las partículas que constituyen el
universo, podríamos, en principio, utilizar dicha información para predecir
cómo serán las cosas en cualquier instante dado en el futuro o cómo fueron en
cualquier instante dado en el pasado. Ya siga o no realmente su desarrollo
momento a momento según la física clásica, usted puede hablar sobre el pasado y
sobre el futuro, en principio, con una confianza que depende del detalle y la
precisión de sus observaciones del presente. [90]
La probabilidad desempeñará un papel central
también en este capítulo.
Pero puesto que la probabilidad es un elemento
inevitable de la mecánica cuántica, altera fundamentalmente nuestra
conceptualización del pasado y el futuro. Ya hemos visto que la incertidumbre
cuántica impide el conocimiento simultáneo de posiciones exactas y velocidades
exactas. En consecuencia, también hemos visto que la física cuántica sólo
predice la probabilidad de que se realice uno u otro futuro. Tenemos confianza
en estas probabilidades, por supuesto, pero puesto que son probabilidades
aprendemos que hay un inevitable elemento de azar cuando se
trata de predecir el futuro.
Existe también una diferencia crítica entre la
física clásica y la cuántica cuando se trata de describir el pasado. En física
clásica, de acuerdo con su tratamiento igualitario de todos los instantes de
tiempo, los sucesos que conducen a algo que observamos se describen utilizando
exactamente el mismo lenguaje y empleando exactamente los mismos atributos que
utilizamos para describir la propia observación. Si vemos un meteoro brillante
en el cielo nocturno, hablamos de su posición y velocidad; si reconstruimos
cómo llegó allí, hablamos de una única sucesión de posiciones y velocidades
mientras el meteoro cruzaba el espacio en dirección a la Tierra. En física
cuántica, sin embargo, una vez que hemos observado algo entramos en el reino
enrarecido en el que conocemos algo con 100 por 100 de certeza (ignorando
cuestiones asociadas con la precisión de nuestros aparatos y cosas de este
tipo). Pero el pasado, por lo que entendemos específicamente el pasado
«inobservado», el tiempo anterior a que nosotros, o cualquiera, o algo, haya
realizado una observación dada, permanece en el reino habitual de la
incertidumbre cuántica, de las probabilidades. Incluso si medimos la posición
de un electrón y encontramos que está aquí precisamente ahora, todo lo que
tenía hace un momento eran probabilidades de estar aquí, o allí, o más allá.
Y como hemos visto, no es que el electrón (o
cualquier partícula, para el caso) estuviera realmente localizado en una sola
de estas posiciones posibles, y que simplemente no sabíamos en cuál. [91] Más bien, en cierto sentido el electrón estaba en todos los
lugares, porque cada una de las posibilidades, cada una de las historias
posibles, contribuye a lo que observamos ahora.
Recordemos que vimos pruebas de esto en el
experimento, descrito en el capítulo 4, en el que los electrones eran obligados
a atravesar dos rendijas. La física clásica, que descansa en la creencia
comúnmente aceptada de que los sucesos tienen historias únicas y
convencionales, diría que cualquier electrón que llega a la pantalla detectora
atravesó o bien la rendija izquierda o bien la rendija derecha. Pero esta
visión del pasado nos llevaría por un camino equivocado: prediría los
resultados ilustrados en la figura 4.3a, que no coinciden con lo que realmente
sucede, como se ilustra en la figura 4.3b. La figura de interferencia observada
puede explicarse solamente apelando a un solapamiento entre algo que pasa a
través de ambas rendijas.
La física cuántica proporciona precisamente tal
explicación, pero al hacerlo cambia drásticamente nuestras historias del
pasado, nuestras descripciones de cómo llegaron a ser las cosas concretas que
observamos, .
Según la mecánica cuántica, la onda de probabilidad
de cada electrón atraviesa ambas rendijas, y cuando se juntan las partes de la
onda que emergen de cada rendija el perfil de probabilidad resultante
manifiesta una figura de interferencia, y con ello también lo hacen las
posiciones de llegada del electrón.
Comparada con la experiencia cotidiana, esta
descripción del pasado del electrón en términos de ondas de probabilidad que se
entrecruzan es muy poco familiar. Pero, olvidando cualquier precaución, usted
podría sugerir que llevemos esta descripción mecanocuántica un paso más allá,
lo que conduce a una posibilidad que suena aún más extraña. Quizá cada electrón
individual atraviesa realmente ambas rendijas en su camino hacia la pantalla, y
los datos son resultados de una interferencia entre estas dos clases de
historias. Es decir, es tentador pensar que las ondas que emergen de las dos
rendijas representan dos historias posibles para un electrón individual,
atravesando la rendija izquierda o atravesando la rendija derecha, y puesto que
ambas ondas contribuyen a lo que observamos en la pantalla, quizá la mecánica
cuántica nos está diciendo que ambas historias potenciales del electrón también
contribuyen.
Sorprendentemente, esta idea extraña y maravillosa,
hija del premio Nobel Richard Feynman, uno de los físicos más creativos del
siglo XX, ofrece una manera perfectamente viable de pensar en mecánica
cuántica.
Según Feynman, si hay formas alternativas de
alcanzar un resultado dado, por ejemplo, un electrón incide en un punto de la
pantalla detectora atravesando la rendija izquierda, o incide en el mismo punto
de la pantalla pero atravesando la rendija derecha, entonces hay un sentido en
el que todas las historias alternativas suceden, y suceden simultáneamente.
Feynman demostró que cada una de estas historias contribuiría a la probabilidad
de que se realizase su resultado común, y si estas contribuciones fueran sumadas
correctamente, el resultado coincidiría con la probabilidad total predicha por
la mecánica cuántica.
Feynman llamó a esto la aproximación de suma
sobre historias a la mecánica cuántica; muestra que una onda de
probabilidad incorpora todos los pasados posibles que podrían haber precedido a
una observación dada, e ilustra bien que para tener éxito donde la física
clásica fallaba, la mecánica cuántica tenía que ampliar sustancialmente el
marco de la historia.[92]
§. Hacia Oz
Hay una variante del experimento de la doble rendija en el que la interferencia
entre historias alternativas se hace aún más evidente porque las dos rutas
hacia la pantalla detectora están más ampliamente separadas. Es un poco más
fácil describir el experimento utilizando fotones en lugar de electrones, de
modo que empezamos con una fuente de fotones, un láser, y la disparamos hacia
lo que se conoce como un divisor de haz. Este dispositivo está
construido a partir de un espejo semiplateado, del tipo utilizado para
vigilancia, que refleja la mitad de la luz que incide sobre él mientras permite
que pase la otra mitad. El haz de luz inicial es así dividido en dos, el haz
izquierdo y el haz derecho, de forma similar a lo que le sucede a un haz de luz
que incide sobre las dos rendijas en el montaje de la doble rendija. Utilizando
espejos completamente reflectantes colocados adecuadamente, como en la figura
7.1, los dos haces son reunidos de nuevo aguas abajo en la localización del
detector. Si tratamos la luz como una onda, como en la descripción de Maxwell,
esperamos, y, de hecho encontramos, una figura de interferencia en la pantalla.
La longitud del trayecto hasta un punto cualquiera de la pantalla, salvo el
punto central, es ligeramente diferente para las rutas izquierda y derecha y,
por ello, cuando la onda del haz izquierdo esté alcanzando una cresta en un
punto dado de la pantalla detectora, la onda del haz derecho puede estar
alcanzando una cresta, un vientre, o algo intermedio.
El detector registra la altura combinada de las dos
ondas y por ello obtiene la figura de interferencia característica.
La distinción clásico-cuántico se hace evidente
cuando disminuimos drásticamente la intensidad del láser de modo que emita
fotones de uno en uno, por ejemplo, uno cada pocos segundos. Cuando un único
fotón incide en el divisor de haz, la intuición clásica dice que o bien pasará
o bien será reflejado.
El razonamiento clásico ni siquiera permite un
indicio de ningún tipo de interferencia, puesto que no hay nada para
interferir: todo lo que tenemos son fotones únicos, individuales y concretos
que pasan de la fuente al detector, de uno en uno, algunos yendo por la
izquierda, otros yendo por la derecha.
Figura 7.1. (a) En un experimento con divisor de haz, la luz del láser se
desdobla en dos haces que recorren dos caminos independientes hasta la pantalla
detectora. (b) La intensidad del láser puede reducirse de modo que lance
fotones individuales; con el tiempo, las posiciones de impacto de los fotones
formarán una figura de interferencia.
Pero cuando se hace el experimento, los fotones
individuales registrados a lo largo del tiempo, como en la figura 4.4, dan una
figura de interferencia, como en la figura 7.1b. Según la física cuántica, la
razón es que cada fotón detectado podría haber llegado al
detector por la ruta izquierda o por la ruta derecha. Así pues, estamos
obligados a combinar estas dos historias posibles al determinar la probabilidad
de que un fotón incida en la pantalla en un punto concreto u otro. Cuando las ondas
de probabilidad izquierda y derecha para cada fotón individual se funden de
esta manera, dan la figura de probabilidad ondulante de la interferencia entre
ondas. Y así, a diferencia de Dorita, que queda asombrada cuando el
Espantapájaros señala tanto a izquierda como a derecha para indicarle las
direcciones a Oz, los datos pueden ser explicados perfectamente imaginando que
cada fotón toma los dos caminos, izquierdo y derecho, hacia el detector.
§. Pro elección
Aunque hemos descrito la fusión de historias posibles en el contexto de sólo un
par de ejemplos concretos, esta manera de pensar en mecánica cuántica es
general. Mientras que la física clásica describe el presente como poseedor de
un único pasado, las ondas de probabilidad de la mecánica cuántica amplían el
escenario de la historia: en la formulación de Feynman el presente observado
representa una amalgama, un tipo concreto de promedio, de
todos los pasados posibles compatibles con lo que vemos ahora.
En el caso de los experimentos de la doble rendija
y del divisor de haz, hay dos modos de que un electrón o un fotón vaya de la
fuente a la pantalla detectora, por la izquierda o por la derecha, y sólo
combinando las historias posibles obtenemos una explicación para lo que
observamos. Si la barrera tuviera tres rendijas, habríamos tenido que tomar en
cuenta los tres tipos de historias; con trescientas rendijas, tendríamos que
incluir las contribuciones de la totalidad de historias posibles. Llevando esto
al límite, si imaginamos un número enorme de rendijas, tantas, de hecho, que la
barrera desaparece prácticamente, la física cuántica dice que cada electrón
atravesaría cada camino posible en su ruta hacia un punto concreto de la
pantalla, y sólo al combinar las probabilidades asociadas con cada una de estas
historias podríamos explicar los datos resultantes. Eso puede sonar extraño.
(Es extraño.) Pero este tratamiento extraño de los tiempos pasados explica los
datos de la figura 4.4, la figura 7.1b y cualquier otro experimento que trata
con el micromundo.
Quizá usted se pregunta con qué literalidad debería
tomar la descripción de suma sobre historias. ¿Realmente un electrón que incide
en la pantalla detectora llega allí viajando a lo largo de todos los caminos
posibles, o es la receta de Feynman un mero artificio matemático astuto que da
la respuesta correcta? Esta es una de las preguntas clave para valorar la
verdadera naturaleza del reino cuántico, así que me gustaría poder darle una
respuesta definitiva. Pero no puedo hacerlo. A menudo los físicos encuentran
extraordinariamente útil imaginar un enorme conjunto de historias que se
combinan; yo mismo utilizo esta imagen en mi investigación con tanta frecuencia
que ciertamente parece real. Pero eso no es lo mismo que decir que es real. El
punto importante es que los cálculos cuánticos nos dan inequívocamente la
probabilidad de que un electrón llegue a un punto u otro de la pantalla, y
estas predicciones coinciden con los datos. Por lo que respecta a la
verificación de la teoría y la utilidad predictiva, la historia que contemos de
cómo llegó el electrón a ese punto de la pantalla tiene poca relevancia.
Pero, seguirá usted diciendo, seguro que podemos
dirimir la cuestión de lo que sucede realmente si cambiamos el montaje
experimental de modo que también podamos observar la pretendida mezcla borrosa
de caminos posibles que se fusionan en el presente observado. Es una buena
sugerencia, pero ya sabemos que tiene que haber un pero. En el capítulo 4
aprendimos que las ondas de probabilidad no son directamente observables;
puesto que las historias coalescentes de Feynman no son otra cosa que una forma
concreta de pensar en ondas de probabilidad, también ellas deben evitar la
observación directa. Y lo hacen. Las observaciones no pueden separar historias
individuales; más bien, las observaciones reflejan promedios de todas las
historias posibles. Así, si usted cambia el montaje y coloca un detector para
observar los electrones en vuelo, verá que cada electrón pasa por su detector
adicional en una posición u otra; nunca verá historias múltiples borrosas.
Cuando utilice la mecánica cuántica para explicar
por qué vio el electrón en un lugar u otro, la respuesta implicará promediar
sobre todas las historias posibles que podrían haber llevado a esa observación
intermedia. Pero la observación sólo tiene acceso a historias que ya se han
fusionado. Al mirar el electrón en vuelo, usted simplemente ha hecho retroceder
la idea de lo que entiende por una historia. La mecánica cuántica es
lacónicamente eficiente: explica lo que usted ve pero le impide ver la explicación.
Usted podría seguir preguntando: ¿por qué,
entonces, la física clásica, la física del sentido común, que describe el
movimiento en términos de historias únicas es absolutamente relevante para el
universo? ¿Por qué funciona también para explicar y predecir el movimiento de
cualquier cosa, desde pelotas de béisbol a planetas o cometas? ¿Cómo no hay
evidencia en la vida cotidiana de la extraña manera en que el pasado se
despliega aparentemente en el presente? La razón, discutida brevemente en el
capítulo 4 y que pronto será desarrollada con más precisión, es que pelotas de
béisbol, planetas y cometas son relativamente grandes, al menos cuando se
comparan con partículas como los electrones. Y en mecánica cuántica, cuanto más
grande es algo, más puntiagudo se hace el promedio: todas las trayectorias
posibles contribuyen al movimiento de una bola de béisbol en vuelo, pero la
contribución del camino normal, el único camino predicho por las leyes de
Newton, es mucho mayor que la de todos los demás caminos combinados.
En el caso de objetos grandes sucede que los
caminos clásicos son, con mucho, la contribución dominante al hacer el promedio
y por ello son los que nos resultan familiares. Pero cuando los objetos son
pequeños, como los electrones, quarks y fotones, muchas historias diferentes
contribuyen aproximadamente al mismo nivel y por ello todas tienen papeles
importantes al hacer la media.
Usted podría preguntar finalmente ¿qué hay tan
especial en el acto de observar o medir que puede obligar a que todas las
historias posibles se fusionen y den un único resultado? ¿Cómo le dice nuestro
acto de observar a una partícula que es el momento de reunir las historias,
promediarlas y llegar a un resultado definido? ¿Por qué nosotros los seres
humanos, y los aparatos que construimos, tenemos este poder especial?
¿Realmente es especial? ¿O quizá el acto humano de observación es parte de un
marco más amplio de influencia ambiental que muestra, mecanocuánticamente
hablando, que no somos tan especiales después de todo? Abordaremos estas
preguntas desconcertantes y controvertidas en la segunda mitad de este
capítulo, pues no sólo son centrales para la naturaleza de la realidad cuántica
sino que ofrecen un marco importante para pensar la mecánica cuántica y la
flecha del tiempo.
Calcular promedios mecanocuánticos requiere un
importante entrenamiento técnico. Y entender plenamente cómo, cuándo y dónde
realizar los promedios requiere conceptos que los físicos aún se esfuerzan en
formular. Pero una lección clave puede enunciarse de forma simple: la mecánica
cuántica es el escenario proelección final: cada posible «elección» que algo
pudiera hacer al ir de aquí a allí está incluida en la probabilidad
mecanocuántica asociada con un resultado posible u otro.
Hizo esta imagen en mi investigación con tanta
frecuencia que ciertamente parece real. Pero eso no es lo mismo que decir que
es real. El punto importante es que los cálculos cuánticos nos dan
inequívocamente la probabilidad de que un electrón llegue a un punto u otro de
la pantalla, y estas predicciones coinciden con los datos. Por lo que respecta
a la verificación de la teoría y la utilidad predictiva, la historia que
contemos de cómo llegó el electrón a ese punto de la pantalla tiene poca
relevancia.
Pero, seguirá usted diciendo, seguro que podemos
dirimir la cuestión de lo que sucede realmente si cambiamos el montaje
experimental de modo que también podamos observar la pretendida mezcla borrosa
de caminos posibles que se fusionan en el presente observado. Es una buena
sugerencia, pero ya sabemos que tiene que haber un pero. En el capítulo 4
aprendimos que las ondas de probabilidad no son directamente observables;
puesto que las historias coalescentes de Feynman no son otra cosa que una forma
concreta de pensar en ondas de probabilidad, también ellas deben evitar la
observación directa. Y lo hacen. Las observaciones no pueden separar historias
individuales; más bien, las observaciones reflejan promedios de todas las
historias posibles. Así, si usted cambia el montaje y coloca un detector para
observar los electrones en vuelo, verá que cada electrón pasa por su detector
adicional en una posición u otra; nunca verá historias múltiples borrosas.
Cuando utilice la mecánica cuántica para explicar
por qué vio el electrón en un lugar u otro, la respuesta implicará promediar
sobre todas las historias posibles que podrían haber llevado a esa observación
intermedia. Pero la observación sólo tiene acceso a historias que ya se han
fusionado. Al mirar el electrón en vuelo, usted simplemente ha hecho retroceder
la idea de lo que entiende por una historia. La mecánica cuántica es
lacónicamente eficiente: explica lo que usted ve pero le impide ver la explicación.
Usted podría seguir preguntando: ¿por qué,
entonces, la física clásica, la física del sentido común, que describe el
movimiento en términos de historias únicas es absolutamente relevante para el
universo? ¿Por qué funciona también para explicar y predecir el movimiento de
cualquier cosa, desde pelotas de béisbol a planetas o cometas? ¿Cómo no hay
evidencia en la vida cotidiana de la extraña manera en que el pasado se
despliega aparentemente en el presente? La razón, discutida brevemente en el
capítulo 4 y que pronto será desarrollada con más precisión, es que pelotas de
béisbol, planetas y cometas son relativamente grandes, al menos cuando se
comparan con partículas como los electrones. Y en mecánica cuántica, cuanto más
grande es algo, más puntiagudo se hace el promedio: todas las trayectorias
posibles contribuyen al movimiento de una bola de béisbol en vuelo, pero la
contribución del camino normal, el único camino predicho por las leyes de
Newton, es mucho mayor que la de todos los demás caminos combinados.
En el caso de objetos grandes sucede que los
caminos clásicos son, con mucho, la contribución dominante al hacer el promedio
y por ello son los que nos resultan familiares. Pero cuando los objetos son
pequeños, como los electrones, quarks y fotones, muchas historias diferentes
contribuyen aproximadamente al mismo nivel y por ello todas tienen papeles
importantes al hacer la media.
Usted podría preguntar finalmente ¿qué hay tan
especial en el acto de observar o medir que puede obligar a que todas las
historias posibles se fusionen y den un único resultado? ¿Cómo le dice nuestro
acto de observar a una partícula que es el momento de reunir las historias,
promediarlas y llegar a un resultado definido? ¿Por qué nosotros los seres
humanos, y los aparatos que construimos, tenemos este poder especial?
¿Realmente es especial? ¿O quizá el acto humano de observación es parte de un
marco más amplio de influencia ambiental que muestra, mecanocuánticamente
hablando, que no somos tan especiales después de todo? Abordaremos estas
preguntas desconcertantes y controvertidas en la segunda mitad de este
capítulo, pues no sólo son centrales para la naturaleza de la realidad cuántica
sino que ofrecen un marco importante para pensar la mecánica cuántica y la
flecha del tiempo.
Calcular promedios mecanocuánticos requiere un
importante entrenamiento técnico. Y entender plenamente cómo, cuándo y dónde
realizar los promedios requiere conceptos que los físicos aún se esfuerzan en
formular. Pero una lección clave puede enunciarse de forma simple: la mecánica
cuántica es el escenario proelección final: cada posible «elección» que algo
pudiera hacer al ir de aquí a allí está incluida en la probabilidad
mecanocuántica asociada con un resultado posible u otro.
La física clásica y la física cuántica tratan el
pasado de formas muy diferentes.
§. Podando la historia
Es totalmente incompatible con nuestra educación clásica imaginar un objeto
indivisible, un electrón o un fotón, moviéndose simultáneamente a lo largo de
más de un camino. Incluso aquellos de nosotros con el máximo autocontrol
tendríamos dificultades para resistimos a la tentación de fisgar: cuando el
electrón o el fotón atraviesa la pantalla con doble rendija o el divisor de
haz, ¿por qué no echar una mirada rápida para ver qué camino sigue realmente en
su viaje hacia el detector? En el experimento de la doble rendija, ¿por qué no
colocar pequeños detectores delante de cada rendija que nos digan si el
electrón atravesó una abertura, la otra o ambas (aunque permitiendo que el
electrón siga hacia el detector principal)? En el experimento del divisor de
haz, ¿por qué no colocar en cada camino que sale del divisor de haz, un pequeño
detector que diga si el electrón tomó la ruta izquierda, la ruta derecha o
ambas rutas (aunque permitiendo, una vez más, que el fotón siga adelante hacia
el detector)?
La respuesta es que usted puede insertar
estos detectores adicionales, pero si lo hace encontrará dos cosas: primero,
cada electrón y cada fotón serán encontrados siempre atravesando uno y sólo uno
de los detectores; es decir, usted puede determinar qué camino sigue cada
electrón o cada fotón, y encontrará que siempre va por un camino u otro, y no
por ambos. En segundo lugar, usted encontrará también que los datos resultantes
registrados por los detectores principales han cambiado. En lugar de obtener
las figuras de interferencia de la figura 4.3b y 7.1b, usted obtiene los
resultados esperados a partir de la física clásica, como en la figura 4.3a. Al
introducir nuevos elementos, los nuevos detectores, usted ha cambiado sin
querer los experimentos. Y el cambio es tal que la paradoja que estaba a punto
de resolver, que usted sabe ahora qué camino tomó cada partícula, de modo que
¿cómo podría haber interferencia con otro camino que la partícula patentemente
no tomó?, queda eliminada. La razón se sigue inmediatamente de la última
sección. Su nueva observación separa aquellas historias que podrían haber
precedido a cualquier cosa que revelara su nueva observación. Y puesto que esta
observación determinaba qué trayectoria tomó el fotón,sólo consideramos
aquellas historias que recorren este camino,eliminando así la posibilidad de
interferencia.
A Niels Bohr le gustaba resumir estas cosas
utilizando su principio decomplementariedad. Cada electrón,
cada fotón, cada cosa, de hecho, tiene al mismo tiempo aspectos tipo onda y
tipo partícula. Son características complementarias. Pensar puramente en el
marco de partícula convencional, en el que las partículas se mueven a lo largo
de trayectorias únicas, es incompleto, porque pasa por alto los aspectos tipo
onda puestos de manifiesto por las figuras de interferencia. [xvi] Pensar
puramente en el marco tipo onda es incompleto, porque pasa por alto los
aspectos tipo partícula puestos de manifiesto por medidas que encuentran
partículas localizadas que pueden ser registradas, por ejemplo, por un único
punto en una pantalla. (Ver figura 4.4.) Una imagen completa requiere que ambos
aspectos complementarios sean tenidos en cuenta. En cualquier situación dada
usted puede obligar a que una característica sea más prominente en virtud de
cómo decida usted interaccionar. Si permite que los electrones viajen de la
fuente a la pantalla sin ser observados, pueden emerger sus cualidades tipo
onda, dando interferencia. Pero si observa al electrón en ruta, usted sabe qué
camino tomó, de modo que no podría explicar la interferencia. La realidad viene
al rescate.
Su acto de observación poda las ramas de la
historia cuántica. Obliga al electrón a comportarse como una partícula; puesto
que las partículas siguen un camino o el otro, no se forma ninguna figura de
interferencia, de modo que no hay nada que explicar.
La Naturaleza hace cosas extrañas. Vive en el
límite. Pero es cuidadosa y se detiene ante el golpe fatal de la paradoja
lógica.
§. La contingencia de la historia
Estos experimentos son notables. Proporcionan una prueba simple pero poderosa
de que nuestro mundo está gobernado por las leyes cuánticas descubiertas por
los físicos en el siglo XX, y no por las leyes clásicas descubiertas por
Newton, Maxwell y Einstein, leyes que ahora reconocemos como aproximaciones
intuitivas y poderosas para describir sucesos a escalas suficientemente
grandes. Ya hemos visto que las leyes cuánticas desafían las leyes
convencionales de lo que sucedió en el pasado, esos sucesos inobservados que
son responsables de lo que vemos ahora. Algunas variantes simples de estos
experimentos plantean este desafío a nuestra noción intuitiva de cómo se
despliegan las cosas en el tiempo en un nivel aún mayor y aún más sorprendente.
La primera variante se denomina el experimento de
la elección diferida y fue sugerido en 1980 por el eminente
físico John Wheeler. El experimento se enfrenta a una pregunta extraña:
¿depende el pasado del futuro? Note que esto no es lo mismo que preguntar si
podemos volver y cambiar el pasado (un tema que abordaremos en el capítulo 15).
En lugar de ello, el experimento de Wheeler, que ha sido realizado y analizado
con considerable detalle, expone una provocativa interrelación entre sucesos
que imaginamos que tienen lugar en el pasado, incluso el pasado distante, y los
que vemos que tienen lugar precisamente ahora.
Para hacerse una idea de la física, imagine que
usted es un coleccionista de arte y el Sr. Smithers, presidente de la nueva
Sociedad de Arte y Embellecimiento de Springfield, va a examinar varias obras
que usted ha puesto en venta. Usted sabe, sin embargo, que lo que realmente le
interesa al Sr. Smithers es The Full Monty, un cuadro que a
usted nunca le gustó mucho pero que heredó de su muy amado tío abuelo Monty
Bums, de modo que decidir si lo vende o no supone para usted una lucha
emocional. Cuando llega el Sr. Smithers, usted habla de su colección, de las
subastas recientes, del espectáculo actual en el Metropolitan; para su
sorpresa, se entera de que, años atrás, Smithers fue un gran ayudante de su tío
abuelo. Al final de la conversación usted decide que está dispuesto a
deshacerse de The Full Monty, son muchas las obras que a usted
le gustan y debe moderarse o su colección no tendrá un centro definido. En el
mundo del coleccionismo de arte, se ha dicho usted siempre a sí mismo, a veces
más es menos.
Cuando usted reconsidera esta decisión parece,
visto en retrospectiva, que usted ya había decidido vender antes de que llegara
el Sr. Smithers. Aunque siempre ha tenido cierta estima por The Full
Monty, siempre se ha cuidado de acumular una extensa colección y el
realismo erótico-nuclear de finales del siglo XX es un área que intimida a
cualquier coleccionista salvo los más avezados. Incluso si usted recuerda que
antes de la llegada de su visitante había estado pensando en que no sabía qué
hacer, desde su punto de vista actual parece como si realmente lo supiera. No
es exactamente que los sucesos futuros hayan afectado al pasado, pero su
agradable encuentro con el Sr. Smithers y su declaración posterior de su
disposición a vender han iluminado el pasado de una forma que hace definidas
cosas concretas que entonces parecían no decididas. Es como si el encuentro y
su declaración le ayudaran a aceptar una decisión que ya estaba tomada, una
decisión que estaba esperando a ser sacada a la luz. El futuro le ha ayudado a
contar una historia más completa de lo que estaba sucediendo en el pasado.
Por supuesto, en este ejemplo los sucesos futuros
están afectando sólo a su percepción o interpretación del pasado, de modo que
los sucesos no son ni enigmáticos ni sorprendentes. Pero el experimento de
elección diferida de Wheeler traslada esta interrelación psicológica entre el
futuro y el pasado al reino cuántico, donde se hace a la vez precisa y
sorprendente. Empezamos con el experimento de la figura 7.1a, modificado de
modo que el láser emite fotones de uno en uno, como en la figura 7. Ib, y
añadiendo también un nuevo detector de fotones próximo al divisor de haz. Si el
nuevo detector está desconectado (ver figura 7.2b), entonces volvemos al
montaje experimental original y los fotones generan una figura de interferencia
en la pantalla fotográfica. Pero si se conecta el nuevo detector (figura 7.2a),
éste nos dice qué camino siguió cada fotón: si detecta un fotón, entonces el
fotón tomó ese camino; si no detecta un fotón, entonces el fotón tomó el otro
camino. Esta información «qué-camino», como se la llama, obliga al fotón a
actuar como una partícula, de modo que ya no se genera la figura de
interferencia tipo onda.
Figura 7.2. (a) Conectando detectores «qué-camino», destruimos la figura de
interferencia, (b) Cuando se desconectan los nuevos detectores, volvemos a la
situación de la figura 7.1 y se forma la figura de interferencia.
Cambiemos ahora las cosas, a la Wheeler, moviendo
el nuevo detector de fotones y alejándolo aguas abajo a lo largo de uno de los
dos caminos. En principio, los caminos pueden ser tan largos como usted quiera,
de modo que el nuevo detector puede estar a una distancia considerable del
divisor de haz.
Una vez más, si se desconecta este nuevo detector
de fotones, estamos en la situación habitual y los fotones llenarán una figura
de interferencia en la pantalla. Si se conecta, proporciona información
qué-camino y con ello impide la existencia de una figura de interferencia.
La nueva rareza procede del hecho de que la medida
qué-camino tiene lugar mucho después de que el fotón tuviera
que «decidir» en el divisor de haz si actuar como una onda y recorrer ambos
caminos o actuar como una partícula y recorrer sólo uno. Cuando el fotón está
atravesando el divisor de haz, no puede «saber» si el nuevo detector está
conectado o desconectado, en la práctica, el experimento puede montarse de modo
que el interruptor que conecta el detector se acciona después de
que el fotón ha pasado por el divisor. Para estar preparada para la posibilidad
de que el detector esté apagado, la onda cuántica del fotón tendría que haberse
desdoblado y recorrer ambos caminos, de modo que una amalgama de los dos pueda
producir la figura de interferencia observada. Pero si el nuevo detector
estuviera conectado, o si fue conectado después de que el fotón atravesara el
divisor, parecería presentar al fotón una crisis de identidad: al atravesar el
divisor ya se habría comprometido con su carácter tipo onda recorriendo ambos
caminos, pero ahora, algún tiempo después de tomar esta decisión, «se da
cuenta» de que necesita volver a ser una partícula que recorre uno y sólo un
camino.
De algún modo, sin embargo, los fotones siempre
hacen lo correcto.
Cuando quiera que el detector está conectado, una
vez más, incluso si la decisión de conectarlo se retrasa hasta mucho tiempo
después de que un fotón dado haya atravesado el divisor de haz, el fotón actúa
completamente como una partícula. Se encuentra que está en una y sólo una ruta
hacia la pantalla (si colocáramos detectores de fotones aguas abajo a lo largo
de ambas rutas, cada fotón emitido por el láser sería detectado por uno u otro
detector, nunca por los dos); los datos resultantes no muestran ninguna figura
de interferencia.
Cuando quiera que el nuevo detector está
desconectado, de nuevo, incluso si esta decisión se hace después de que cada
fotón ha pasado por el divisor, los fotones actúan completamente como una onda,
dando la famosa figura de interferencia que muestra que han recorrido ambos
caminos. Es como si los fotones ajustaran su comportamiento en el pasado de
acuerdo con la elección futura de si el nuevo detector está conectado o no; es
como si los fotones tuvieran una «premonición» de la situación experimental que
encontrarán aguas abajo, y actuaran en consecuencia. Es como si una historia
consistente y definida se hiciera manifiesta sólo después de que el futuro al
que conduce ha sido plenamente establecido. [93]
Hay una analogía con su experiencia de decidir
vender The Full Monty.
Antes del encuentro con el Sr. Smithers, usted
estaba en un estado ambiguo, indeciso, borroso y mezclado entre estar a la vez
dispuesto y no dispuesto a vender el cuadro. Pero al hablar los dos del mundo
del arte y saber el afecto de Smithers por su tío abuelo usted se sintió cada
vez más cómodo con la idea de vender. La conversación le llevó a una decisión
firme, que a su vez permitió que una historia de la decisión cristalizara a
partir de la incertidumbre previa. Visto en retrospectiva, se siente como si la
decisión hubiese estado realmente tomada desde el principio. Pero si usted no
hubiese hecho tan buenas migas con el Sr. Smithers, si él no le hubiera
confiado que The Full Monty estaría en manos dignas de
confianza, usted muy bien podría haber decido no vender. Y la historia del
pasado que pudiera contar en esta situación podría incluir fácilmente un
reconocimiento de que usted había decidido no vender hacía mucho tiempo, que no
importa cuán razonable pudiera ser vender el cuadro, usted siempre ha sabido en
lo más íntimo que la conexión sentimental era demasiado fuerte para dejarlo
escapar. El pasado real, por supuesto, no cambió un ápice. Pero una experiencia
diferente le llevaría ahora a describir una historia diferente.
En el escenario psicológico reescribir o
reinterpretar el pasado es un lugar común; nuestra historia del pasado suele
estar informada por nuestras experiencias en el presente. Pero en el escenario
de la física, un escenario que normalmente consideramos objetivo y grabado en
piedra, una contingencia futura de la historia hace que uno vuelva la cabeza.
Para hacer el giro aún más serio, Wheeler imagina una versión cósmica del
experimento de la elección diferida en la que la fuente
luminosa no es un láser de laboratorio sino, en su lugar, un potente cuásar en
el espacio profundo. El divisor de haz tampoco es un aparato de laboratorio,
sino una galaxia interpuesta cuya atracción gravitatoria puede actuar como una
lente que concentra los fotones que pasan y los dirige hacia la Tierra, como en
la figura 7.3.
Figura 7.3. La luz procedente de un cuásar distante, desdoblada y
concentrada por una galaxia interpuesta, dará, en principio, una figura de
interferencia. Si se conectara un detector adicional que permite la
determinación del camino seguido por cada fotón, los fotones siguientes ya no
formarían una figura de interferencia.
Aunque nadie ha realizado todavía el experimento,
si se recogieran suficientes fotones procedentes del cuásar deberían formar, en
teoría, una figura de interferencia en una placa fotográfica sometida a una
exposición prolongada, igual que en el experimento del divisor de haz. Pero si
colocáramos otro detector de fotones precisamente cerca del final de una ruta o
la otra, proporcionaría información qué camino sobre los fotones, destruyendo
con ello la figura de interferencia.
Lo que choca en esta versión es que, desde nuestra
perspectiva, los fotones podrían haber estado viajando durante muchos miles de
millones de años. Su decisión para seguir un camino en la galaxia, como una
partícula, o ambos caminos, como una onda, parecería haberse tomado mucho antes
de que existiera el detector, cualquiera de nosotros o incluso la Tierra. Pero,
miles de millones de años después, se construyó el detector, se instaló a lo
largo de uno de los caminos que los fotones toman para llegar a la Tierra, y se
conectó. Y estos actos recientes aseguran de algún modo que los fotones en
consideración actúan como partículas. Actúan como si hubieran estado viajando
precisamente a lo largo de un camino u otro en su largo viaje hacia la Tierra.
Pero si, al cabo de unos minutos, desconectamos el detector, los fotones que
posteriormente alcanzan la placa fotográfica empiezan a formar una figura de
interferencia, lo que indica que durante miles de millones de años han estado
viajando juntos con sus compañeros fantasmas, siguiendo caminos opuestos en
tomo a la galaxia.
¿Ha afectado nuestra conexión o desconexión del
detector en el siglo XXI al movimiento de los fotones unos miles de millones de
años antes?
Ciertamente no. La mecánica cuántica no niega que
el pasado haya sucedido, y sucedido plenamente. La tensión surge simplemente
porque el concepto depasado según lo cuántico es diferente del
concepto de pasado según la intuición clásica. Nuestra
educación clásica nos hace decir que un fotón dado hizo esto
o hizo aquello. Pero en un mundo cuántico, nuestro mundo, este
razonamiento impone al fotón una realidad que es demasiado restrictiva.
Como hemos visto, en mecánica cuántica la norma es
una realidad híbrida, indeterminada y borrosa que consta de muchas hebras, que
sólo cristalizan en una realidad más familiar y definida cuando se realiza una
observación adecuada. No es que el fotón decidiera hace miles de millones de
años seguir un camino u otro, o ambos, en tomo a la galaxia. Más bien, durante
miles de millones de años ha estado en la norma cuántica: un híbrido de
posibilidades.
El acto de observación vincula esta realidad
cuántica poco familiar con la experiencia clásica cotidiana. Las observaciones
que hacemos hoy hacen que una de las hebras de la historia cuántica adquiera
prominencia en nuestro recuento del pasado. En este sentido, aunque la
evolución cuántica del pasado hasta ahora no es afectada por nada de lo que
hacemos ahora, la historia que contamos del pasado puede llevar la huella de
las acciones de hoy. Si insertamos detectores de fotones a lo largo de los dos
caminos que toma la luz hacia una pantalla, entonces nuestra historia del
pasado incluirá una descripción de qué camino tomó cada fotón; al insertar los
detectores de fotones, aseguramos que la información qué-camino es un detalle
esencial y definitivo de nuestra historia. Pero si no insertamos los detectores
de fotones, nuestra historia del pasado será necesariamente diferente. Sin los
detectores de fotones no podemos recontar nada sobre qué camino tomaron los
fotones; sin los detectores de fotones, los detalles qué-camino son
fundamentalmente inaccesibles. Ambas teorías son válidas. Ambas historias son
interesantes.
Simplemente describen situaciones diferentes.
Por consiguiente, una observación de hoy puede
ayudar a completar la historia que contamos de un proceso que empezó ayer, o
anteayer, o quizá mil millones de años antes. Una observación de hoy puede
delinear los tipos de detalles que podemos y debemos incluir en el recuento de
hoy del pasado.
§. Borrando el pasado
Es esencial advertir que en estos experimentos el pasado no es en modo alguno
alterado por las acciones de hoy, y que ninguna modificación astuta del
experimento conseguirá este objetivo resbaladizo. Esto plantea la pregunta: si
usted no puede cambiar algo que ya ha sucedido, ¿puede hacer lo más parecido y
borrar su impacto sobre el presente? En un grado u otro, a
veces esta fantasía puede realizarse. Un jugador de béisbol que, con dos
eliminados en la parte final de la novena entrada, deja caer una bola fácil
permitiendo que el equipo contrario esté a punto de cerrar una carrera, puede
deshacer el impacto de su error mediante una espectacular captura de la bola
golpeada por el siguiente bateador. Y, por supuesto, dicho ejemplo no es nada
misterioso. Sólo pensaríamos que había algo raro cuando un suceso en el pasado
parece impedir definitivamente que suceda otro suceso en el futuro (como la
bola caída impide definitivamente un juego perfecto) y sin embargo nos contaran
posteriormente que el suceso impedido había sucedido realmente. El borrador
cuántico, sugerido por primera vez en 1982 por Marlan Scully y Kai Drühl, se
basa en este tipo de rarezas del mundo cuántico.
Una versión simple del experimento del borrador
cuántico hace uso del montaje de la doble rendija, modificado de la siguiente
manera. Un dispositivo de etiquetado se coloca delante de cada rendija; marca
cualquier fotón que pasa, de modo que cuando el fotón es examinado más tarde
usted puede decir por qué rendija pasó. La cuestión de cómo puede usted hacer
una marca en un fotón, cómo puede hacer el equivalente a colocar una «I» en un
fotón que pasa por la rendija izquierda y una «D» en un fotón que pasa por la
rendija derecha, es una buena pregunta, pero los detalles no son
particularmente importantes. De manera aproximada, el proceso se basa en
utilizar un dispositivo que permite que un fotón pase libremente por una
rendija pero obliga a que el eje de su espín apunte en una dirección concreta.
Si los dispositivos que hay delante de las rendijas
izquierda y derecha manipulan los espines de los fotones de formas específicas
pero distintas, entonces una pantalla detectora más refinada, que no sólo
registra el lugar de impacto del fotón sino que también mantiene un registro de
la orientación del espín del fotón, revelará a través de qué rendija pasó un
fotón dado en su camino hacia el detector.
Cuando se hace este nuevo experimento de
doble-rendija-con-etiquetas, los fotones no forman una figura de interferencia,
como en la figura 7.4a. Por ahora la explicación debería ser familiar; los
nuevos aparatos de etiquetado permiten obtener la información qué-camino, y la
información qué-camino distingue una historia u otra; los datos muestran que
cualquier fotón dado pasó o bien por la rendija izquierda o bien por la rendija
derecha. Y sin la combinación de trayectorias de rendija-izquierda y rendija-derecha,
no hay ondas de probabilidad que se solapen, de modo que no se genera una
figura de interferencia.
Figura 7.4. En el experimento del borrador cuántico, un aparato colocado
ante las dos rendijas marca los fotones de modo que un examen posterior pueda
revelar por qué rendija pasó cada fotón. En (a) vemos que esta información
qué-camino destruye la figura de interferencia. En (b) se inserta un
dispositivo que borra las marcas de los fotones justo delante de la pantalla
detectora. Puesto que la información qué-camino es eliminada, la figura de
interferencia desaparece.
Ahora viene la idea de Scully y Drühl. ¿Qué pasa
si, inmediatamente antes de que el fotón incida en la pantalla detectora, usted
elimina la posibilidad de determinar por qué rendija pasó borrando la marca
impresa por el dispositivo etiquetador? Sin medios, siquiera en principio, de
extraer la información qué-camino del fotón detectado, ¿entrarán en juego ambas
clases de historias haciendo que vuelva a aparecer la figura de interferencia?
Nótese que este tipo de «deshacer» el pasado caería más allá de la categoría
chocante de la captura de bola por parte del jugador de béisbol en la novena
entrada.
Cuando se conectan los aparatos de etiquetado,
imaginamos que el fotón actúa obedientemente como una partícula, pasando por la
rendija izquierda o por la derecha. Si de algún modo,
inmediatamente antes de que incida en la pantalla, borramos la marca
qué-rendija que lleva, parece que ya es demasiado tarde para permitir que se
forme una figura de interferencia. Para la interferencia necesitamos que el
fotón actúe como una onda. Debe pasar por ambas rendijas de modo que pueda
cruzarse y mezclarse consigo mismo en el camino hacia la pantalla detectora.
Pero nuestro etiquetado inicial del fotón parece garantizar que actúe como una
partícula y pase por la rendija izquierda o por la rendija derecha, impidiendo
que se produzca la interferencia.
En un experimento realizado por Raymond Chiao, Paul
Kwiat y Aephraim Steinberg el montaje era, esquemáticamente, como el de la
figura 7.4, con un nuevo dispositivo borrador insertado precisamente delante de
la pantalla detectora. Una vez más, los detalles no son esenciales, pero dicho
brevemente el borrador funciona asegurando que, independientemente de que entre
un fotón procedente de la rendija izquierda o de la rendija derecha, su espín
es manipulado para que apunte en una misma dirección fija. El examen posterior
de su espín no da así ninguna información sobre la rendija que atravesó, y con
ello la marca qué-camino ha sido borrada. Notablemente, los fotones detectados
por la pantalla tras este borrado producen una figura de interferencia. Cuando
se inserta el borrador precisamente delante de la pantalla detectora, deshace,
borra, el efecto de haber etiquetado los fotones cuando estaban cerca de las
rendijas. Como en el experimento de elección diferida, este tipo de borrado
podría ocurrir en principio miles de millones de años antes de la influencia
que está frustrando, deshaciendo en efecto el pasado, incluso deshaciendo el
pasado antiguo.
¿Cómo vamos a dar sentido a esto? Bien, tengamos en
cuenta que los datos se ajustan perfectamente a la predicción teórica de la
mecánica cuántica.
Scully y Drühl propusieron este experimento porque
sus cálculos mecanocuánticos les convencieron de que funcionaría. Y lo hace.
Así que, como es habitual con la mecánica cuántica, el enigma no enfrenta la
teoría con el experimento. Enfrenta la teoría, confirmada por el experimento,
con nuestra sensación intuitiva del tiempo y la realidad. Para relajar la
tensión, note que si usted colocara un detector de fotones
delante de cada rendija, la lectura del detector establecería con certeza si el
fotón pasó por la rendija izquierda o por la rendija derecha, y no habría
ninguna forma de borrar esa información definitiva, no habría ninguna forma de
recuperar una figura de interferencia. Pero los dispositivos de etiquetado son
diferentes porque sólo proporcionan el potencial para determinar la información
qué-camino y las potencialidades son precisamente el tipo de cosas que pueden
borrarse. Un dispositivo de etiquetado modifica un fotón que pasa de tal manera
que, en términos aproximados, el fotón sigue atravesando ambos caminos, pero la
parte izquierda de su onda de probabilidad está borrosa con respecto a la
derecha, o la parte derecha de su onda de probabilidad está borrosa con
respecto a la izquierda. A su vez, la secuencia ordenada de crestas y vientres
que normalmente saldría de cada rendija, como en la figura 4.b, está también
borrosa, de modo que ninguna figura de interferencia se forma en la pantalla
detectora. La idea crucial, sin embargo, es que tanto la onda izquierda como la
derecha siguen estando presentes. El borrador funciona porque reconcentra las
ondas. Como harían unas gafas, compensa la borrosidad, vuelve a enfocar las dos
ondas y les permite combinarse de nuevo en una figura de interferencia. Es como
si, una vez que los dispositivos de etiquetado cumplen su tarea, la figura de
interferencia desapareciera de la visión pero quedara pacientemente en espera
para que alguien o algo la resucite.
Esta explicación puede hacer al borrador cuántico
un poco menos misterioso, pero aquí está el final: una variante sorprendente
del experimento del borrador cuántico que desafía aún más las nociones
convencionales de espacio y tiempo.
§. Dando forma al pasado[xvii]
Este experimento, el borrador cuántico con
elección diferida, fue también propuesto por Scully y Drühl. Empieza
con el experimento del borrador cuántico de la figura 7.1, modificado
insertando dos denominados conversores-a-la-baja, uno en cada camino. Los
conversores a la baja son dispositivos que toman un fotón como entrada y
producen dos fotones como salida, cada uno de ellos con la mitad de la energía
(«convertidos a la baja») del original. Uno de los dos fotones (llamado el
fotón señal) es dirigido a lo largo del camino que hubiera
seguido el fotón original hacia la pantalla detectora. El otro fotón producido
por el conversor a la baja (llamado el fotón ocioso) es
enviado en una dirección completamente diferente, como en la figura 7.5a. En
cada realización del experimento podemos determinar qué camino hacia la
pantalla toma el fotón original observando qué conversor a la baja escupe el
fotón ocioso asociado. Y una vez más, la capacidad para recoger información
qué-camino de los fotones señal, incluso si es totalmente indirecta, puesto que
no estamos interaccionando en absoluto con ningún fotón señal, tiene el efecto
de impedir que no se forme ninguna figura de interferencia.
Ahora viene la parte más extraña. ¿Qué pasa si
manipulamos el experimento de modo que resulte imposible determinar de qué
conversor a la baja salió un fotón ocioso dado? Es decir, ¿qué pasa si borramos
la información qué-camino encarnada en el fotón ocioso? Bien, algo sorprendente
sucede: incluso si no hemos hecho nada directamente con los fotones señal, al
borrar la información qué-camino que llevan sus asociados ociosos podemos
recuperar una figura de interferencia de los fotones señal.
Déjeme mostrarle cómo sucede esto porque es
verdaderamente notable.
Echemos una mirada a la figura 7.2b, que incorpora
todas las ideas esenciales. Pero no se sienta intimidado. Es más simple de lo
que parece, y ahora la recorreremos en pasos tratables. El montaje de la figura
7.5b difiere del de la figura 7.5a en la forma en que detectamos los fotones
ociosos después de que hayan sido emitidos. En la figura 7.3a los detectábamos
directamente, y por eso podíamos determinar inmediatamente de qué conversor a
la baja procedía cada uno, es decir, qué camino siguió un fotón señal dado. En
el nuevo experimento, cada fotón ocioso es enviado a través de un laberinto, lo
que compromete nuestra capacidad para hacer esa determinación. Por ejemplo,
imagine que un fotón ocioso es emitido desde el conversor a la baja etiquetado
«I». En lugar de entrar inmediatamente en un detector (como en la figura 7.5a)
este fotón es enviado a un divisor de haz (etiquetado «a») y por ello tiene un
50 por 100 de probabilidades de dirigirse a lo largo del camino etiquetado «A»
y un 50 por 100 de probabilidades de dirigirse a lo largo del camino etiquetado
«B». Si se dirigiera a lo largo del camino A entraría en un detector de fotones
(etiquetado «1») y su llegada sería oportunamente registrada. Pero si el fotón
ocioso siguiera el camino B estaría sometido todavía a más penalidades.
Figura 7.5. (a) Un experimento con divisor de haz, ampliado con conversores
a la baja, no da una figura de interferencia, puesto que los fotones ociosos
dan información qué-camino. (b) Si los fotones ociosos no se detectan
directamente, sino que en su lugar se envían a través del laberinto mostrado,
entonces a partir de los datos puede extraerse una figura de interferencia. Los
fotones ociosos que son detectados por los detectores 2 o 3 no dan información
qué-camino y por ello sus fotones señal llenarán una figura de interferencia.
Sería dirigido a otro divisor de haz (etiquetado
«c») y por ello tendría un 50 por 100 de probabilidades de dirigirse a lo largo
del camino E al detector etiquetado «2», y un 50 por 100 de probabilidades de
dirigirse a lo largo del camino F al detector etiquetado «3». Ahora, quédese
conmigo, pues hay un punto importante en todo esto, exactamente el mismo
razonamiento, cuando se aplica a un fotón ocioso emitido desde el otro
conversor a la baja, etiquetado «D», nos dice que si el fotón ocioso se dirige
a lo largo del camino G será registrado por el detector 4, pero si se dirige a
lo largo del camino C será detectado o por el detector 3 o por el detector 2,
dependiendo del camino que siga después de pasar por el divisor de haz c.
Vayamos ahora a por qué hemos añadido toda esta
complicación. Note que si un fotón ocioso es detectado por el detector 1,
aprendemos que el correspondiente fotón señal siguió el camino izquierdo,
puesto que no hay modo de que un fotón ocioso que fue emitido desde el
conversor a la baja D encuentre su camino a este detector. Análogamente, si un
fotón ocioso es detectado por el detector 4, aprendemos que su fotón señal
asociado siguió el camino derecho. Pero si un fotón ocioso acaba en el detector
2, no tenemos ninguna idea de qué camino siguió su fotón señal asociado puesto
que hay la misma probabilidad de que fuera emitido por el conversor a la baja I
y siguiera el camino BE, o que fuera emitido por el conversor a la baja D y
siguiera el camino C-E. Análogamente, si un fotón ocioso es detectado por el
detector 3, podría haber sido emitido por el conversor a la baja I y haber
recorrido el camino B-F, o por el conversor a la baja D y seguido el camino
C-F. Así pues, para fotones señal cuyos compañeros ociosos son
detectados por el detector 1 o el 4, tenemos información qué-camino, pero
para aquellos cuyos compañeros ociosos son detectados por el detector 2 o
el 3, la información qué-camino está borrada.
¿Significa este borrado de parte de la información
qué-camino, incluso si no hemos hecho nada directamente a los
fotones señal, que pueden recuperarse los efectos de interferencia? De hecho lo
hace, pero sólo para aquellos fotones señal cuyos asociados acabaron en el
detector 2 o el detector 3. A saber, la totalidad de las posiciones de impacto
de los fotones señal en la pantalla se verá como los datos de la figura 7.5a,sin
mostrar el más mínimoindicio de una figura de interferencia, como es
característico de los fotones que han seguido un camino u otro. Pero si nos
centramos en un subconjunto de los puntos, por ejemplo, en aquellos fotones
señal cuyos ociosos entran en el detector 2, entonces ese conjunto de
puntos llenará una figura de interferencia. Estos fotones
señal, cuyos ociosos, por azar, no proporcionan ninguna información qué-camino,
¡actúan como si hubieran seguido ambos caminos! Si conectamos el aparato de
modo que la pantalla muestre un punto rojo para la posición de cada fotón señal
cuyo compañero ocioso fuera detectado por el detector 2, y un punto verde para
todos los demás, alguien que fuese ciego a los colores no vería ninguna figura
de interferencia, pero cualquier otro vería que los puntos rojos estaban
dispuestos en bandas brillantes y oscuras, una figura de interferencia. Lo
mismo es cierto con el detector 3 en lugar del detector 2. Pero no habría tal
figura de interferencia si distinguimos los fotones señal cuyos ociosos acaban
en el detector 1 o en el detector 4, puesto que son los ociosos los que dan
información qué-camino sobre sus asociados.
Estos resultados, que han sido confirmados por los
experimentos [94], son espectaculares: al incluir conversores a la baja que tienen el
potencial de ofrecer información qué-camino, perdemos la figura de
interferencia, como en la figura 7.a. Y sin interferencia, deberíamos concluir
de forma natural que cada fotón siguió el camino izquierdo o el camino derecho.
Pero ahora vemos que esta sería una conclusión precipitada. Eliminando
cuidadosamente la información potencial qué-camino que llevan algunos de los
ociosos, podemos tratar los datos para que den una figura de interferencia, lo
que indica que algunos de los fotones siguieron realmente ambos caminos.
Note también el resultado quizá más espectacular de
todos: los tres divisores de haz adicionales y los cuatro detectores de fotones
ociosos pueden estar en el otro extremo del laboratorio o incluso en el otro
extremo del universo, puesto que nada en nuestra discusión dependía en absoluto
de si recibían un fotón ocioso dado antes o después de que su fotón señal
asociado haya incidido en la pantalla. Imaginemos, entonces, que todos estos
aparatos están muy alejados, digamos a diez años luz de distancia, para ser
precisos, y pensemos en lo que ello implica. Usted realiza el experimento de la
figura 7.5b hoy, registrando, uno tras otro, los lugares de impacto de un
número enorme de fotones señal, y observa que no muestran ningún signo de
interferencia. Si alguien le pide que explique los datos, usted podría verse
tentado a decir que, debido a los fotones ociosos, hay información qué camino
disponible y por ello cada fotón señal siguió decididamente el camino izquierdo
o el camino derecho, eliminando cualquier posibilidad de interferencia. Pero,
como antes, ésta sería una conclusión precipitada sobre lo que sucedió; sería
una discusión muy prematura del pasado.
En efecto, diez años más tarde el cuarto detector
recibirá, uno tras otro, los fotones ociosos. Si usted es informado
posteriormente de qué ociosos llegaron, digamos, al detector 2 (e. g., llegan
el primero, séptimo, octavo, duodécimo… de los ociosos), y si usted vuelve
entonces a los datos que recogió años antes y marca la correspondiente señal de
los lugares de los fotones en la pantalla (e. g., el primero, séptimo,
duodécimo… de los fotones señal que llegaron), encontrará que los puntos
marcados formarán una figura de interferencia, lo que revela que aquellos
fotones señal deberían describirse como si hubieran recorrido ambos caminos.
Alternativamente, si 9 años y 364 días después de que usted recogiera los datos
de los fotones señal, un bromista saboteara el experimento eliminando los
divisores de haz a y b, asegurando que cuando lleguen los fotones ociosos al
día siguiente todos van o bien al detector 1 o bien al detector 4, conservando
así toda la información qué-camino, entonces, cuando usted
reciba esta información concluirá que cada fotón señal fue o
bien por el camino izquierdo o bien por el camino derecho, y no habrá ninguna
figura de interferencia que extraer de los datos de los fotones señal. Así
pues, como esta discusión destaca con fuerza, la historia que usted habría contado
para explicar los datos de los fotones señal depende significativamente de
medidas realizadas diez años después de que se recogieran dichos datos.
Déjeme resaltar una vez más que las medidas futuras
no cambian nada en absoluto de las cosas que tuvieron lugar en su experimento
de hoy; las medidas futuras no cambian de ningún modo los datos que usted
recogió hoy.
Pero las medidas futuras sí influyen
en los detalles a los que usted puede acudir cuando describa posteriormente lo
que sucedió hoy. Antes de que usted tenga los resultados de las medidas de los
fotones ociosos no puede decir nada en absoluto sobre la historia qué-camino de
cualquier fotón señal dado. Sin embargo, una vez que tiene los resultados,
usted concluye que los fotones señal cuyos asociados ociosos fueron utilizados
satisfactoriamente para obtener información qué-camino pueden describirse como
si hubieran viajado, años antes, a través del camino izquierdo o del camino
derecho. Usted concluye también quelos fotones señal cuyos asociados ociosos
teníanborrada su información qué-camino no pueden describirse como si,
años antes, hubieran seguido decididamente un camino o el otro (una conclusión
que puede confirmar convincentemente utilizando los datos de fotones ociosos
recién adquiridos para poner de manifiesto la figura de interferencia antes
oculta en esta última clase de fotones señal). Vemos así que el futuro ayuda a
conformar la historia que cuenta usted del pasado.
Estos experimentos son una tremenda afrenta para
nuestras nociones convencionales de espacio y tiempo. Algo que tiene lugar
mucho más tarde y muy lejos de alguna otra cosa es de todas formas vital para
nuestra descripción de esa otra cosa. Para cualquier razonamiento clásico, de
sentido común, eso es una locura. Por supuesto, ésa es la clave: el
razonamiento clásico es el tipo que razonamiento que no se puede utilizar en un
universo cuántico. De la discusión de Einstein-Podolsky-Rosen hemos aprendido
que la física cuántica no es local en el espacio. Si usted ha asimilado
perfectamente esta lección, dura de aceptar por sí misma, estos experimentos,
que implican un tipo de entrelazamiento a lo largo del espacio y a través del
tiempo, quizá no parezcan totalmente extravagantes. Pero ciertamente lo son
para los cánones de la experiencia diaria.
§. Mecánica cuántica y experiencia
Recuerdo que cuando supe por primera vez de estos experimentos tardé unos días
en recuperarme. Tenía la sensación de que había alcanzado a ver el lado velado
de la realidad. La experiencia común, las actividades mundanas y ordinarias del
día a día, parecía repentinamente formar parte de una charada clásica que
oculta la verdadera naturaleza de nuestro mundo cuántico. El mundo de lo
cotidiano parecía repentinamente no otra cosa que un juego de magia invertido,
un acto que lleva a su audiencia a creer en las ideas usuales y familiares de
espacio y tiempo mientras la sorprendente verdad de la realidad cuántica yace
cuidadosamente oculta por los juegos de manos de la Naturaleza.
En años recientes, los físicos han dedicado mucho
esfuerzo a tratar de explicar la Naturaleza, a descubrir de qué forma precisa
las leyes fundamentales de la física cuántica se transforman en las leyes
clásicas que son tan acertadas para explicar la experiencia común, en esencia,
descubrir cómo lo atómico y lo subatómico pierden su extrañeza mágica cuando se
combinan para formar objetos macroscópicos. La investigación continúa, pero ya
se ha aprendido mucho. Veamos algunos aspectos de particular relevancia para la
cuestión de la flecha del tiempo, pero ahora desde el punto de vista de la
mecánica cuántica.
La mecánica clásica se basa en las ecuaciones que
descubrió Newton a finales del siglo XVII. El electromagnetismo se basa en
ecuaciones que descubrió Maxwell a finales del siglo XIX. La relatividad
especial se basa en ecuaciones que descubrió Einstein en 1905, y la relatividad
general se basa en ecuaciones que él descubrió en 1915. Lo que todas estas
ecuaciones tienen en común, y lo que es fundamental para el dilema de la flecha
del tiempo, como se explicó en el último capítulo, es su tratamiento completamente
simétrico de pasado y futuro. En ningún lugar en ninguna de estas ecuaciones
hay algo que distinga «hacia delante en el tiempo» de «hacia atrás en el
tiempo». Pasado y futuro están en pie de igualdad.
La mecánica cuántica se basa en una ecuación que
descubrió Erwin Schrödinger en 1926.[95] Usted no necesita saber nada sobre esta ecuación aparte del hecho
de que toma como ingrediente la forma de una onda de probabilidad
mecanocuántica en un instante de tiempo, tal como en la figura 4.5, y permite
determinar cómo será la onda de probabilidad en cualquier otro instante, antes
o después. Si la onda de probabilidad está asociada con una partícula, tal como
un electrón, usted puede utilizarla para predecir la probabilidad de que, en
cualquier instante específico, un experimento encuentre al electrón en
cualquier lugar específico. Como las leyes clásicas de Newton, Maxwell y
Einstein, la ley cuántica de Schrödinger incluye un tratamiento igualitario del
tiempo futuro y el tiempo pasado. Una «película» que muestre una onda de
probabilidad que empieza de esta forma y termina de aquélla podría
pasarse a la inversa, mostrando una onda de probabilidad que empieza de aquella forma
y termina de ésta, y no habría ninguna manera de decir que una
evolución era correcta y la otra era falsa. Ambas serían soluciones igualmente
válidas de la ecuación de Schrödinger. Ambas representarían maneras igualmente
razonables en que podrían evolucionar las cosas. [96]
Por supuesto, la «película» ahora mencionada es
completamente diferente de las utilizadas al analizar el movimiento de una
pelota de tenis o un huevo aplastado en el último capítulo. Las ondas de
probabilidad no son cosas que podamos ver directamente; no hay cámaras que
puedan captar las ondas de probabilidad en una película. En su lugar, podemos
describir ondas de probabilidad utilizando ecuaciones matemáticas y,
mentalmente, podemos imaginar las más simples de ellas con formas como las de
las figuras 4.5 y 4.6. Pero el único acceso que tenemos a las propias ondas de
probabilidad es indirecto, mediante el proceso de medida.
Es decir, como se subrayó en el capítulo 4 y se ve
repetidamente en los experimentos anteriores, la formulación estándar de la
mecánica cuántica describe el desarrollo de los fenómenos utilizando dos fases
completamente diferentes. En la primera, la onda de probabilidad, o, en el
lenguaje más preciso del campo, la función de onda, de un
objeto tal como un electrón evoluciona según la ecuación descubierta por
Schrödinger. Esta ecuación asegura que la forma de la función de onda cambia
suave y gradualmente, de forma muy parecida a como una ola cambia de forma
cuando viaja de un lado a otro en un lago. [xviii] En la
descripción estándar de la segunda fase tomamos contacto con la realidad
observable midiendo la posición del electrón, y cuando lo hacemos la forma de
la función de onda cambia abruptamente. La función de onda del electrón es
diferente de los ejemplos más familiares de las ondas de agua y las ondas
sonoras: cuando medimos la posición del electrón, su función de onda se hace
puntiaguda o, como se ilustra en la figura 4.7, colapsa, cayendo al valor cero
en todo lugar en donde no se ha encontrado la partícula y elevándose al 100 por
100 de probabilidad en el único lugar en donde la partícula es encontrada por
la medida.
La fase uno, la evolución de la función de onda
según la ecuación de Schrödinger, es matemáticamente rigurosa, totalmente
inequívoca y plenamente aceptada por la comunidad física. Por el contrario, la
fase dos, el colapso de una función de onda bajo medida, es algo que durante
las ocho últimas décadas ha mantenido a los físicos, en el mejor de los casos,
ligeramente confusos, y en el peor de los casos ha planteado problemas, enigmas
y paradojas potenciales que han arruinado carreras. La dificultad, como se mencionó
al final del capítulo 4, es que según la ecuación de Schrödinger las funciones
de onda no colapsan. El colapso de la función de onda es un
añadido. Fue introducido después de que Schrödinger descubriera su ecuación, en
un intento por explicar lo que realmente ven los experimentadores. Mientras que
una función de onda en bruto y no colapsada encarna la extraña idea de que una
partícula está a la vez aquí y allí, los experimentadores nunca ven esto. Ellos
siempre encuentran una partícula decididamente en un lugar u otro; nunca la ven
parcialmente aquí y parcialmente allí; la aguja de sus aparatos de medida nunca
se mantiene en una mezcla fantasmagórica de apuntar a este valor y también a
ese valor.
Lo mismo sucede, por supuesto, con nuestras
observaciones casuales del mundo que nos rodea. Nunca observamos que una silla
esté a la vez aquí y allí; nunca observamos que la Luna esté en una parte del
cielo nocturno tanto como en otra; nunca vemos un gato que esté a la vez muerto
y vivo. La noción de colapso de la función de onda se pone de acuerdo con
nuestra experiencia al postular que el acto de medida hace que la función
abandone el limbo cuántico y acomoda a una de las muchas potencialidades (partícula
aquí, o partícula allí) en la realidad.
§. El rompecabezas de la medida cuántica
Pero ¿cómo el acto de la medida por parte de un experimentador hace que colapse
una función de onda? De hecho, ¿sucede realmente el colapso de la función de
onda, y si lo hace, qué pasa realmente en el nivel microscópico?
¿Cualquier medida produce un colapso? ¿Cuándo
sucede el colapso y cuánto dura? Puesto que, según la ecuación de Schrödinger,
las funciones de onda no colapsan, ¿qué ecuación domina en la segunda fase de
la evolución cuántica, y cómo destrona esta nueva ecuación a la de Schrödinger,
usurpando su poder férreo sobre los procesos cuánticos? Y, lo que es importante
para nuestro interés actual en la flecha del tiempo, mientras que la ecuación
de Schrödinger, la ecuación que gobierna la primera fase, no hace distinción
entre adelante y atrás en el tiempo, ¿introduce la ecuación para la fase dos
una asimetría fundamental entre el tiempo antes y el tiempo después de que se
realice una medida? Es decir, ¿introduce la mecánica cuántica, incluyendo
su interfaz con el mundo de lo cotidiano vía medidas y
observaciones, una flecha del tiempo en las leyes básicas de la
física? Después de todo, antes discutimos cómo el tratamiento cuántico del
pasado difiere del de la física clásica, y por pasado entendíamos
antes de que hubiera tenido lugar una observación o medida concreta. Así que
¿establecen las medidas, con el colapso de la función de onda incorporado en la
fase dos, una asimetría entre pasado y futuro, entre antes y después de que se
haga una medida?
Estas preguntas se han resistido tozudamente a una
solución completa y siguen siendo controvertidas. Pese a todo, a lo largo de
décadas, el poder predictivo de la teoría cuántica apenas se ha visto
comprometido. La formulación fase uno/fase dos de la teoría cuántica, incluso
si la fase dos ha seguido siendo misteriosa, predice probabilidades de medir un
resultado u otro y estas predicciones han sido confirmadas repitiendo un
experimento dado una y otra vez y examinando la frecuencia con que se encuentra
uno u otro resultado. El fantástico éxito experimental de esta aproximación ha
contrapesado con creces la incomodidad de no tener una articulación precisa de
lo que realmente sucede en la fase dos.
Pero la incomodidad ha existido siempre. Y no se
trata simplemente de que todavía no se hayan desarrollado completamente algunos
detalles del colapso de la función de onda. El problema de la medida
cuántica, como se denomina, es una cuestión que afecta a los límites y
la universalidad de la mecánica cuántica. Es sencillo de ver. La aproximación
fase uno/fase dos introduce una separación entre lo que está siendo observado
(un electrón, o un protón, o un átomo, por ejemplo) y el experimentador que
hace la observación. Antes de que el experimentador entre en escena, las
funciones de onda evolucionan feliz y suavemente según la ecuación de
Schrödinger. Pero luego, cuando el experimentador se mezcla con las cosas para
realizar una medida, las reglas del juego cambian repentinamente. La ecuación
de Schrödinger es dejada de lado y domina el colapso de la fase dos. Pese a
todo, puesto que no hay ninguna diferencia entre los átomos, protones y
electrones que constituyen el experimentador y el aparato que utiliza, y los
átomos, protones y electrones que estudia, ¿por qué diantres hay una división
en cómo los trata la mecánica cuántica? Si la mecánica cuántica es una teoría
universal que se aplica a todo sin limitaciones, lo observado
y el observador deberían ser tratados exactamente de la misma manera.
Niels Bohr discrepaba. Él afirmaba que los
experimentadores y sus equipos son diferentes de las
partículas elementales. Incluso si están hechos de las mismas partículas, ellos
son conjuntos «grandes» de partículas elementales y por ello están gobernados
por las leyes de la física clásica. En alguna parte entre el mundo minúsculo de
los átomos y partículas subatómicas individuales y el mundo familiar de las
personas y sus aparatos, las reglas cambian porque los tamaños cambian. La
motivación para afirmar esta división está clara: una partícula minúscula,
según la mecánica cuántica, puede estar localizada en una mezcla borrosa de
aquí y allí, pero nosotros no vemos este comportamiento en el mundo grande y
cotidiano. Pero ¿dónde está exactamente la frontera? Y, de vital importancia,
¿cómo se conectan los dos conjuntos de reglas cuando el gran mundo de lo
cotidiano se confronta con el mundo minúsculo de lo atómico, como en el caso de
una medida? Bohr afirmaba decididamente que estas preguntas no se plantean, por
lo que él entendía, a decir verdad, que estaban más allá de los límites de lo
que él o cualquier otro podía responder. Y puesto que incluso sin abordarlas la
teoría hace predicciones sorprendentemente precisas, durante mucho tiempo tales
preguntas quedaban muy abajo en la lista de preguntas críticas que los físicos
se veían impulsados a zanjar.
Pero para comprender por completo la mecánica
cuántica, para determinar plenamente lo que dice sobre la realidad y para
establecer qué papel podría desempeñar en establecer una dirección para la
flecha del tiempo, debemos entender el problema de la medida cuántica.
En las dos secciones siguientes describiremos
algunos de los más destacados y prometedores intentos de hacerlo. La
conclusión, por si usted quisiera en cualquier momento pasar a la última
sección que se centra en la mecánica cuántica y la flecha del tiempo, es que
mucho trabajo ingenioso sobre el problema de la medida cuántica ha
proporcionado un progreso significativo, pero una solución generalmente
aceptada aún parece más allá de nuestro alcance. Muchos ven esto como la laguna
más importante en nuestra formulación de la ley cuántica.
§. La realidad y el problema de la medida cuántica
Durante años ha habido muchas propuestas para resolver el problema de la medida
cuántica. Irónicamente, aunque implican concepciones diferentes de la realidad,
algunas drásticamente diferentes, cuando se trata de predicciones de lo que
medirá un investigador en casi cualquier experimento, todas coinciden y cada
una funciona de maravilla. Cada propuesta supone el mismo espectáculo, aunque,
si usted echara una mirada a lo que hay detrás del escenario, vería que
sus modi operandi difieren sustancialmente.
Cuando se trata de entretenimiento, usted
generalmente no quiere saber qué está sucediendo entre bastidores; está muy
contento centrándose solamente en el resultado. Pero cuando se trata de
entender el universo, hay una sed insaciable de correr todas las cortinas,
abrir todas las puertas y mostrar por completo los mecanismos internos de la
realidad. Bohr consideraba que este impulso no tenía fundamento y estaba
equivocado. Para él la realidad era la representación. Como sucede en un
monólogo de Spalding Gray, las medidas desnudas de un experimentador son el
espectáculo completo. No hay nada más. Según Bohr, no hay bastidores. Tratar de
analizar cómo, cuándo y por qué una función de onda cuántica renuncia a todas
las posibilidades salvo una y da un único número definido en un aparato de
medida es errar la cuestión. El número medido es todo lo que es digno de
atención.
Durante décadas, esta perspectiva dominó. Sin
embargo, y a pesar de su efecto tranquilizador en la lucha de la mente con la
teoría cuántica, uno no puede dejar de tener la sensación de que el fantástico
poder predictivo de la mecánica cuántica significa que está dando con una
realidad oculta que subyace a los mecanismos del universo. Uno no puede dejar
de querer ir más allá y entender cómo se conecta la mecánica cuántica con la
experiencia común, cómo salva el hueco entre función de onda y observación, y
qué realidad oculta subyace a las observaciones. Durante años, varios
investigadores han asumido este desafío; aquí hay algunas propuestas que han
desarrollado.
Una aproximación, con raíces históricas que se
remontan a Heisenberg, consiste en abandonar la idea de que las funciones de
onda son características objetivas de la realidad cuántica y, en su lugar,
verlas simplemente como una encarnación de lo que sabemos de la realidad. Según
esta idea, antes de que realicemos un experimento no sabemos dónde está el
electrón, y nuestra ignorancia de su posición se refleja en que la función de
onda del electrón lo describe como si estuviera en varias posiciones diferentes.
En el momento que medimos su posición, sin embargo, nuestro conocimiento de su
paradero cambia repentinamente: ahora conocemos su posición, en principio, con
total precisión. (Por el principio de incertidumbre, si conocemos su posición,
necesariamente seremos completamente ignorantes acerca de su velocidad, pero
ésa no es una cuestión para la discusión actual.) El cambio repentino en
nuestro conocimiento, según esta perspectiva, se refleja en un cambio repentino
en la función de onda del electrón: repentinamente colapsa y toma la forma
puntiaguda de la figura 4.7, que indica nuestro conocimiento decidido de la
posición del electrón. En esta aproximación, el colapso abrupto de una función
de onda no es nada sorprendente: no es otra cosa que el cambio abrupto en el
conocimiento que todos experimentamos cuando aprendemos algo nuevo.
Una segunda aproximación, iniciada en 1957 por un
estudiante de Wheeler, Hugh Everett, niega que las funciones de onda colapsen
nunca. En su lugar, todos y cada uno de los resultados potenciales encarnados
en una función de onda ven la luz del día; la luz que ve cada uno, sin embargo,
penetra a través de su propio universo independiente. En esta aproximación, la
interpretación de los Muchos Mundos, el concepto de «el
universo» se amplía para incluir innumerables «universos paralelos»,
innumerables versiones de nuestro universo, de modo que cualquier cosa que la
mecánica cuántica predice que podría suceder, incluso si sólo
fuera con probabilidad minúscula, sí sucede al menos en una de
las copias. Si una función de onda dice que un electrón puede estar aquí, ahí y
más allá, entonces en un universo una versión de usted lo encontrará aquí; en
otro universo, otra copia de usted lo encontrará ahí; y en un tercer universo,
todavía otro usted encontrará al electrón más allá. La secuencia de
observaciones que cada uno de nosotros hacemos de un segundo al siguiente
refleja así la realidad que tiene lugar en sólo una parte de esta red infinita
y gigantesca de universos, cada uno de ellos poblado por copias de usted y yo y
cualquier otro que siga estando vivo en un universo en el que ciertas
observaciones han dado ciertos resultados. En uno de esos universos usted está
ahora leyendo estas palabras, en otro se ha tomado un descanso para navegar por
la web, en otro está esperando ansiosamente que se levante el telón para su debut
en Broadway. Es como si no hubiera un único bloque espaciotemporal como se
mostraba en la figura 5.1, sino un número infinito, en cada uno de los cuales
se realiza un curso de sucesos posible. En la aproximación de los Muchos Mundos
ningún resultado potencial queda simplemente como potencial. Las funciones de
onda no colapsan. Cada resultado potencial se da en uno de los universos
paralelos.
Una tercera propuesta, desarrollada en la década de
1950 por David Bohm, el mismo físico que encontramos en el capítulo 4 cuando
discutimos la paradoja de Einstein-Podolsky-Rosen, adopta una aproximación
completamente diferente.[97] Bohm argumentaba que partículas tales como los electrones poseen
posiciones definidas y velocidades definidas, como en la física clásica y como
Einstein había esperado. Pero, en consonancia con el principio de
incertidumbre, estas características están ocultas a la vista; son ejemplos de
las variables ocultas mencionadas en el capítulo 4. Usted no
puede determinar ambas simultáneamente. Para Bohm tal incertidumbre
representaba un límite a lo que podemos conocer, pero no implicaba nada sobre
los atributos reales de las propias partículas. Su aproximación no entra en
conflicto con los resultados de Bell porque, como discutimos hacia el final del
capítulo 4, poseer propiedades definidas prohibidas por la incertidumbre
cuántica no está descartado; sólo la localidad está descartada, y la
aproximación de Bohm es no local. [98] En su lugar, Bohm imaginaba que la función de onda de una
partícula es otro elemento independiente de larealidad, un
elemento que existe además de la propia partícula. No se trata
de partículas u ondas, como en la filosofía de la
complementariedad de Bohr; según Bohm, se trata de partículas y ondas.
Además, Bohm postulaba que la función de onda de una partícula interacciona con
la propia partícula, «guía» o «empuja» a la partícula, de una manera que
determina su movimiento posterior. Aunque esta aproximación está en completo
acuerdo con las predicciones acertadas de la mecánica cuántica estándar, Bohm
encontró que cambios en la función de onda en un lugar son capaces de empujar
inmediatamente a una partícula en un lugar distante, un hallazgo que pone de manifiesto
explícitamente la no localidad de su aproximación. En el experimento de la
doble rendija, por ejemplo, cada partícula pasa por una rendija o por la otra,
mientras que su función de onda atraviesa ambas y sufre interferencia. Puesto
que la función de onda guía el movimiento de la partícula, no debería
sorprender demasiado que las ecuaciones muestren que es probable que la
partícula aterrice donde el valor de la función de onda es grande y es poco
probable que aterrice donde es pequeño, lo que explica los datos de la figura
4.4. En la aproximación de Bohm, no hay una fase separada de colapso de la
función de onda puesto que, si se mide la posición de una partícula y se la
encuentra aquí, es aquí donde verdaderamente estaba un momento
antes de que tuviera lugar la medida.
Una cuarta aproximación, desarrollada por los
físicos italianos Giancarlo Ghirardi, Alberto Rimini y Tullio Weber, hace la
atrevida jugada de modificar la ecuación de Schrödinger de una forma ingeniosa
que apenas tiene ningún efecto sobre la evolución de las partículas
individuales, pero tiene un impacto espectacular sobre la evolución cuántica
cuando se aplica a «grandes» objetos cotidianos. La modificación propuesta
imagina que las funciones de onda son intrínsecamente inestables; incluso sin
ninguna mezcla, sugieren estos investigadores, tarde o temprano cada función de
onda colapsa por sí misma a una forma puntiaguda. Para una partícula
individual, Ghirardi, Rimini y Weber postulan que el colapso de la función de
onda sucede espontánea y aleatoriamente, en promedio, sólo una vez cada mil
millones de años aproximadamente. [99] Esto es tan infrecuente que sólo implica un mínimo cambio para la
descripción mecanocuántica usual de las partículas individuales, y eso es
bueno, puesto que la mecánica cuántica describe el micromundo con una exactitud
sin precedentes. Pero para objetos grandes tales como los experimentadores y
sus aparatos, que tienen trillones y trillones de partículas, hay altas
probabilidades de que en una minúscula fracción de cualquier segundo dado el
colapso espontáneo postulado actuará en al menos una partícula constituyente,
haciendo que su función de onda colapse. Y, como argumentaban Ghirardi, Rimini,
Weber y otros, la naturaleza entrelazada de todas las funciones de onda
individuales en un objeto grande asegura que este colapso desencadena una
especie de efecto dominó cuántico en el que las funciones de onda de todas las
partículas constituyentes colapsan también. Puesto que esto sucede en una breve
fracción de segundo, la modificación propuesta asegura que los objetos grandes
están siempre esencialmente en una configuración definida: los punteros en el
aparato de medida apuntan siempre a un valor definido; la Luna está siempre en
un lugar definido en el cielo; los cerebros dentro de los experimentadores
tienen siempre una experiencia definida; los gatos están siempre o muertos o
vivos.
Cada una de estas aproximaciones, así como otras
varias que no voy a discutir, tiene sus defensores y sus detractores. La
aproximación «función de onda como conocimiento» resuelve la cuestión del
colapso de la función de onda negando cualquier realidad a las funciones de
onda, convirtiéndolas en su lugar en meros descriptores de lo que conocemos.
Pero ¿por qué, pregunta un detractor, debería estar la física fundamental tan
íntimamente unida a la conciencia humana? Si no estuviésemos aquí para observar
el mundo, ¿colapsarían alguna vez las funciones de onda o, quizá, no existiría
el concepto mismo de una función de onda? ¿Era el universo un lugar
completamente diferente antes de que evolucionase la conciencia humana en el
planeta Tierra? ¿Qué pasaría si, en lugar de experimentadores humanos, los
únicos observadores fueran ratones u hormigas o amebas o computadores?
¿Es adecuado el cambio en su «conocimiento» para
estar asociado con el colapso de una función de onda? [100]
Por el contrario, la interpretación de los Muchos
Mundos evita la cuestión del colapso de la función de onda, puesto que en esta
aproximación las funciones de onda no colapsan. Pero el precio a pagar es una
enorme proliferación de universos, un precio que más de un detractor ha
encontrado intolerablemente exorbitante. [101] La aproximación de Bohm también evita el colapso de la función de
onda; pero, afirman sus detractores, al conceder realidad independiente a
partículas y a ondas, la teoría carece de economía.
Además, argumentan correctamente los detractores,
en la formulación de Bohm la función de onda puede ejercer influencias más
rápidas que la luz sobre las partículas que empuja. Los defensores señalan que
la primera queja es como mucho subjetiva, y la última se ajusta a la no
localidad que Bell demostró que era inevitable, de modo que ninguna de las dos
críticas es convincente. De todas formas, quizá injustificablemente, la
aproximación de Bohm no ha calado nunca. [102] La aproximación de Ghirardi, Rimini y Weber trata directamente el
colapso de la función de onda, cambiando las ecuaciones para incorporar un
nuevo mecanismo de colapso espontáneo. Pero, señalan los detractores, todavía
no hay un ápice de evidencia experimental que apoye la modificación propuesta
de la ecuación de Schrödinger.
La investigación en busca de una conexión sólida y
completamente transparente entre el formalismo de la mecánica cuántica y la
experiencia de la vida cotidiana seguirá sin duda durante algún tiempo en el
futuro, y es difícil decir cuál de las aproximaciones conocidas, si lo hace
alguna de ellas, conseguirá finalmente un consenso mayoritario. Si se hiciese
hoy una encuesta entre los físicos, no creo que hubiera una favorita
aplastante. Por desgracia, el aporte experimental es de ayuda limitada. Aunque
la propuesta de Ghirardi, Rimini y Weber hace predicciones que, en ciertas
situaciones, difieren de la mecánica cuántica fase uno/fase dos estándar, las
desviaciones son demasiado pequeñas para ser puestas a prueba con la tecnología
de hoy.
La situación con las otras dos propuestas es peor
porque impiden un veredicto experimental de manera aún más definitiva.
Coinciden plenamente con la aproximación estándar, y por ello, cada una de
ellas da las mismas predicciones para cosas que puedan ser observadas y
medidas. Difieren sólo en lo que sucede entre bastidores, por así decir. Es
decir, sólo difieren con respecto a lo que la mecánica cuántica implica para la
naturaleza subyacente de la realidad.
Incluso si el problema de la medida cuántica sigue
sin estar resuelto, durante las últimas décadas se ha estado desarrollando un
marco que, aunque aún incompleto, tiene un amplio soporte como ingrediente
probable de cualquier solución viable. Se denomina decoherencia.
§. La decoherencia y la realidad cuántica
Cuando uno se encuentra por primera vez con el aspecto probabilista de la
mecánica cuántica, una reacción natural es pensar que no es más exótico que las
probabilidades que aparecen en lanzamientos de dados o en la ruleta. Pero
cuando estudia la interferencia cuántica se da cuenta de que la probabilidad
interviene en la mecánica cuántica de una forma mucho más fundamental. En los
ejemplos cotidianos se asignan probabilidades a varios resultados, caras versus cruces,
rojo versus negro, un número de lotería versus otro,
en el bien entendido de que uno u otro resultado sucederá definitivamente y que
cada resultado es el producto final de una historia definida e independiente.
Cuando se lanza una moneda, a veces su movimiento
giratorio es el preciso para que salga cara y a veces es el preciso para que
salga cruz. La probabilidad 5050 que asignamos a cada resultado se refiere no
sólo al resultado final, caras o cruces, sino también a las historias que
llevan a cada resultado. La mitad de las maneras posibles de lanzar una moneda
dan un resultado de cara, y la mitad dan un resultado de cruz. Las propias
historias, sin embargo, son alternativas totalmente independientes. No tiene sentido
decir que diferentes movimientos de la moneda se refuerzan o se cancelan
mutuamente. Todos son independientes.
Pero en mecánica cuántica las cosas son diferentes.
Los caminos alternativos que puede seguir un electrón desde las dos rendijas al
detector no son historias independientes. Las historias posibles se combinan
para producir el resultado observado. Algunas trayectorias se refuerzan unas a
otras, mientras que otras se cancelan. Tal interferencia cuántica entre las
varias historias posibles es responsable de la pauta de bandas brillantes y
oscuras en la pantalla detectora. Así, la diferencia reveladora entre
las nociones cuántica y clásica de probabilidad es que la primera está
sujeta a interferencia y la segunda no.
La decoherencia es un fenómeno ampliamente
extendido que forma un puente entre la física clásica de lo pequeño y la física
clásica de lo no tan pequeño al suprimir la interferencia cuántica, es decir,
al disminuir abruptamente la diferencia esencial entre las probabilidades
cuántica y clásica. La importancia de la coherencia fue comprendida ya en los
primeros días de la teoría cuántica, pero su encarnación moderna data de un
artículo inicial del físico alemán Dieter Zeh en 1970, [103] y desde entonces ha sido desarrollada por muchos investigadores,
incluyendo a Erich Joos, también en Alemania, y Wojciech Zurek del Laboratorio
Nacional de Los Álamos en Nuevo México.
Ésta es la idea. Cuando se aplica la ecuación de
Schrödinger en una situación sencilla, como el caso de fotones aislados que
atraviesan una pantalla con dos rendijas, el resultado es la famosa figura de
interferencia.
Pero hay dos características muy especiales de este
ejemplo de laboratorio que no son características de los sucesos del mundo
real. En primer lugar, las cosas que encontramos en la vida del día a día son
mayores y más complicadas que un simple fotón. En segundo lugar, las cosas que
encontramos en las cosas del día a día, no están aisladas: interaccionan con
nosotros y con el entorno. El libro que tiene ahora en las manos está sometido
a contacto humano y, con más generalidad, está siendo golpeado continuamente
por fotones y moléculas de aire. Además, puesto que el propio libro está hecho
de muchas moléculas y átomos, estos constituyentes agitados están rebotando
continuamente unos en otros. Lo mismo es cierto para los punteros de los
aparatos de medida, para los gatos, para los cerebros humanos y para casi
cualquier cosa que usted encuentra en la vida diaria. A escalas astrofísicas,
la Tierra, la Luna, los asteroides y los otros planetas están siendo
bombardeados continuamente por fotones procedentes del Sol. Incluso un grano de
polvo que flota en la oscuridad del espacio exterior está sujeto a golpes
continuados de los fotones de microondas de baja energía que han estado
recorriendo el espacio desde poco tiempo después del big bang. Y
así, para entender lo que dice la mecánica cuántica sobre los sucesos del mundo
real, frente a los experimentos prístinos de laboratorio, deberíamos aplicar
las ecuación de Schrödinger a estas situaciones más complejas y mezcladas.
En esencia, esto es lo que Zeh resaltó, y su
trabajo, junto con el de muchos otros que lo han seguido, ha revelado algo
totalmente maravilloso.
Aunque fotones y moléculas de aire son demasiado
pequeños para tener cualquier efecto significativo sobre el movimiento de un
objeto grande como este libro o un gato, son capaces de hacer otra cosa.
Continuamente «dan codazos» a la función de onda de los objetos grandes o, en
la jerga física, perturban su coherencia: desordenan su secuencia ordenada de
crestas seguidas de vientres seguidos de crestas. Esto es crucial, porque el
ordenamiento de una función de onda es fundamental para generar efectos de interferencia
(ver figura 4.2). Y así, de la misma forma que añadir aparatos de etiquetado al
experimento de la doble rendija emborrona la función de onda resultante y con
ello borra efectos de interferencia, el bombardeo constante de objetos por los
constituyentes de su entorno también borra la posibilidad de fenómenos de
interferencia. A su vez, una vez que la interferencia cuántica ya no es
posible, las probabilidades intrínsecas en la mecánica cuántica son, para
cualquier fin práctico, las probabilidades intrínsecas en lanzamientos de
monedas y giros de ruleta. Una vez que la decoherencia ambiental emborrona una
función de onda, la naturaleza exótica de las probabilidades cuánticas se funde
en las probabilidades más familiares de la vida cotidiana. [104] Esto sugiere una resolución del enigma de la medida cuántica, una
solución que, si se diera, sería casi lo mejor que podríamos esperar. La
describiré primero a la luz más optimista, y luego resaltaré lo que aún queda
por hacer.
Si una función de onda de un electrón aislado
muestra que tiene, digamos, un 50 por 100 de probabilidades de estar aquí y un
50 por 100 de probabilidades de estar allí, debemos interpretar estas
probabilidades utilizando la consabida extrañeza de la mecánica cuántica.
Puesto que ambas alternativas pueden revelarse al combinarse y generar una
figura de interferencia, debemos considerarlas igualmente reales. En un
lenguaje vago, hay un sentido en el que el electrón está en ambos lugares. ¿Qué
sucede ahora si medimos la posición de un electrón con un instrumento de
laboratorio no aislado y de tamaño cotidiano? Bien, en correspondencia con el
ambiguo paradero del electrón, el puntero del instrumento tiene un 50 por 100
de probabilidades de apuntar a este valor y un 50 por 100 de probabilidades de
apuntar a ese otro. Pero debido a la decoherencia, el puntero no estará
en una mezcla fantasmagórica de apuntar a ambos valores; debido a la
decoherencia, podemos interpretar estas probabilidades en el sentido usual, clásico
y cotidiano. De la misma forma que una moneda lanzada tiene un 50 por 100 de
probabilidades de salir cara y un 50 por 100 de probabilidades de salir cruz,
pero sale o bien cara o bien cruz, también el puntero tiene un 50 por 100 de
probabilidades de apuntar a este valor y un 50 por 100 de probabilidades de
apuntar a ese otro valor, pero decididamente apunta a uno o al otro.
Un razonamiento similar se aplica a todos los demás
objetos complejos y no aislados. Si un cálculo cuántico revela que un gato,
situado en una caja cerrada, tiene un 50 por 100 de probabilidades de estar
muerto y un 50 por 100 de probabilidades de estar vivo, porque hay un 50 por
100 de probabilidades de que un electrón incida en un mecanismo que somete al
gato a gas venenoso y un 50 por 100 de probabilidades de que el electrón no
incida en la trampa explosiva, la decoherencia sugiere que el gato no estará en
un absurdo estado mezcla de estar a la vez vivo y muerto. Aunque se han
dedicado décadas de debate acalorado a preguntas como ¿qué significa que un
gato esté a la vez vivo y muerto?, ¿cómo obliga el acto de abrir la caja y
observar el gato a que éste escoja un estatus definido, muerto o vivo?, la
decoherencia sugiere que mucho antes de que usted abra la caja el entorno ya ha
completado miles de millones de observaciones que, casi instantáneamente,
convirtieron todas las misteriosas probabilidades cuánticas en sus menos
misteriosas contrapartidas clásicas. Mucho antes de que usted lo mire, el
entorno ha obligado al gato a adoptar una condición única y definida.
La decoherencia obliga a que buena parte de la
extrañeza de la física cuántica se «escape» de un objeto grande puesto que,
poco a poco, las innumerables partículas incidentes del entorno se llevan la
extrañeza cuántica.
Es difícil imaginar una solución más satisfactoria
al problema de la medida cuántica. Siendo más realista y abandonando la
hipótesis simplificadora que ignora el entorno, una simplificación que era
crucial para hacer progresos durante el desarrollo temprano del campo,
encontraríamos que la mecánica cuántica tiene una solución incorporada. La
conciencia humana, los experimentadores humanos y las observaciones humanas ya
no desempeñarían un papel especial puesto que ellos (¡nosotros!) serían
simplemente elementos del entorno, como las moléculas de aire o los fotones,
que pueden interaccionar con un sistema físico dado. Ya no habría una división
fase uno/fase dos entre la evolución de los objetos y el experimentador que los
mide. Todo, observado y observador, estaría en pie de igualdad. Todo, observado
y observador, estaría sujeto exactamente a la misma ley mecanocuántica como se
establece en la ecuación de Schrödinger. El acto de medida ya no sería
especial; sería simplemente un ejemplo concreto de contacto con el entorno.
¿Es así? ¿Resuelve la coherencia el problema de la
medida cuántica? ¿Es la decoherencia responsable de que las funciones de onda
cierren la puerta a todos salvo uno de los resultados potenciales a los que
pueden conducir?
Algunos así lo piensan. Investigadores como Robert
Griffiths, de Carnegie Mellon; Roland Omnés, de Orsay; el premio Nobel Murray
Gell-Mann, del Instituto de Santa Fe, y Jim Hartle, de la Universidad de
California en Santa Barbara han hecho grandes progresos y afirman que han
desarrollado la decoherencia hasta dar un marco completo (llamado historias
decoherentes) que resuelve el problema de la medida. Otros, como yo
mismo, están intrigados pero aún no completamente convencidos. La virtud de la
decoherencia es que elimina satisfactoriamente la barrera artificial que
levantó Bohr entre los sistemas físicos grandes y pequeños, haciendo que todo
esté sometido a las mismas fórmulas mecanocuánticas. Esto es un avance
importante y pienso que Bohr lo hubiera encontrado satisfactorio. Aunque el no
resuelto problema de la medida cuántica nunca disminuyó la capacidad de los
físicos para reconciliar cálculos teóricos con datos experimentales, condujo a
Bohr y sus colegas a articular un marco mecanocuántico con algunas características
incómodas. A muchos les ponía nerviosos la necesidad de utilizar palabras
borrosas sobre el colapso de la función de onda o la noción imprecisa de
sistemas «grandes» perteneciente al dominio de la física clásica. Al tener en
cuenta la decoherencia los investigadores han hecho en gran medida innecesarias
estas ideas vagas.
Sin embargo, una cuestión clave que pasé por alto
en la descripción anterior es que, incluso si la decoherencia suprime la
interferencia cuántica, y con ello hace que las extrañas probabilidades
cuánticas sean como sus familiares contrapartidas clásicas, cada uno de los
resultados potenciales encarnados en una función de onda sigue siendo
susceptible de realización. Y por eso nos seguimos preguntando cómo «vence» un
resultado y dónde «van» las muchas otras posibilidades cuando aquél sucede
realmente. Cuando se arroja una moneda, la física clásica da una respuesta para
la pregunta análoga.
Dice que si examina cómo empieza a girar la moneda
con la precisión adecuada, usted puede predecir, en principio, si caerá cara o
caerá cruz. En un examen más detallado, un resultado está exactamente
determinado por los detalles que usted pasó por alto inicialmente. No puede
decirse lo mismo en física cuántica. La decoherencia permite que las
probabilidades cuánticas sean interpretadas como las clásicas, pero no
proporciona ningún detalle más fino que seleccione uno de los muchos resultados
posibles para que suceda realmente.
Con un espíritu muy parecido al de Bohr, algunos
físicos creen que buscar una explicación semejante de cómo surge un resultado
único y definido es equivocada. Estos físicos argumentan que la mecánica
cuántica, con su puesta al día para incluir decoherencia, es una teoría bien
formulada cuyas predicciones explican el comportamiento de los aparatos de
medida del laboratorio. Y, según esta idea, ése es el objetivo
de la ciencia. Buscar una explicación de lo que está pasando
realmente, esforzarse en comprender cómo puede salir un
resultado concreto, perseguir un nivel de realidad másallá de
las lecturas del detector y las impresiones del computador revela una
irrazonable avaricia intelectual.
Muchos otros, entre los que me incluyo, tienen una
perspectiva diferente.
La ciencia trata de explicar los datos. Pero muchos
físicos creen que la ciencia trata también de abarcar las teorías que los datos
confirman e ir más allá para obtener la máxima intuición sobre la naturaleza de
la realidad. Tengo la fuerte sospecha de que se pueden ganar muchas ideas
avanzando hacia una solución completa del problema de la medida.
Así pues, aunque hay un amplio acuerdo en que la
decoherencia inducida por el entorno es una parte crucial de la estructura que
llena la divisoria cuántico/clásico, y aunque muchos esperan que estas
consideraciones convergerán un día en una conexión completa entre las dos, casi
nadie está convencido de que el puente haya sido completamente construido.
§. La mecánica cuántica y la flecha del tiempo
De modo que ¿dónde estamos en el problema de la medida, y qué significa para la
flecha del tiempo? Hablando en términos generales, hay dos clases de propuestas
para vincular a la experiencia común con la realidad cuántica. En la primera
clase (por ejemplo, la función de onda como conocimiento; los Muchos Mundos; la
decoherencia), la ecuación de Schrödinger es toda la historia; las propuestas
ofrecen simplemente maneras diferentes de interpretar lo que significa la
ecuación para la realidad física. En la segunda clase (por ejemplo, Bohm;
Ghirardi-Rimini-Weber), la ecuación de Schrödinger debe complementarse con
otras ecuaciones (en el caso de Bohm, una ecuación que muestra cómo una función
de onda empuja a una partícula) o debe modificarse (en el caso
Ghirardi-Rimini-Weber, para incorporar un mecanismo de colapso nuevo y
explícito). Una pregunta clásica para determinar el impacto sobre la flecha del
tiempo es si estas propuestas introducen una asimetría fundamental entre una
dirección en el tiempo o la otra. Recordemos que la ecuación de Schrödinger,
igual que las de Newton, Maxwell y Einstein, trata hacia delante y hacia atrás
en el tiempo en pie de igualdad. No proporciona ninguna flecha para la
evolución temporal.
§.¿Cambia esto alguna de las propuestas?
En la primera clase de propuestas, el marco de
Schrödinger no se modifica en absoluto, de modo que se mantiene la simetría
temporal. En la segunda clase, la simetría temporal puede sobrevivir o no,
dependiendo de los detalles.
Por ejemplo, en la aproximación de Bohm, la nueva
ecuación propuesta trata el tiempo futuro y el tiempo pasado en pie de
igualdad, y por lo tanto no se introduce ninguna asimetría. Sin embargo, la
propuesta de Ghirardi-Rimini-Weber introduce un mecanismo de colapso que sí tiene
una flecha temporal, una función de onda «no colapsante», una que va desde una
forma puntiaguda a una forma extendida, que no estaba en las ecuaciones que se
han modificado. Así pues, dependiendo de la propuesta, la mecánica cuántica,
junto con una solución al enigma de la medida cuántica, puede o no puede seguir
tratando igualmente cada dirección del tiempo. Consideremos las implicaciones
de cada posibilidad.
Si la simetría temporal persiste (como sospecho que
lo hará), todos los razonamientos y todas las conclusiones del último capítulo
pueden trasladarse con pocos cambios al dominio cuántico. El núcleo de la
física que entraba en nuestra discusión de la flecha del tiempo era la simetría
bajo inversión temporal de la física clásica. Aunque el lenguaje y el marco
básico de la física cuántica difieren de los de la física clásica, funciones de
onda en lugar de posiciones y velocidades; ecuación de Schrödinger en lugar de
leyes de Newton, la simetría bajo inversión temporal de todas las ecuaciones
cuánticas aseguraría que el tratamiento de la flecha del tiempo no sufriría
cambios. La entropía en el mundo cuántico puede definirse igual que en física
clásica en tanto que describamos las partículas en términos de sus funciones de
onda. Y la conclusión de que la entropía debería ir siempre en aumento,
aumentando tanto hacia lo que llamamos el futuro como hacia lo que llamamos el
pasado, seguiría siendo válida.
Llegaríamos así al mismo enigma que encontramos en
el capítulo 6. Si tomamos como dadas nuestras observaciones del mundo ahora,
como innegablemente reales, y si la entropía debería aumentar tanto hacia el
futuro como hacia el pasado, ¿cómo explicamos cómo llegó a ser el mundo tal
como es y cómo evolucionará posteriormente? Y se presentarían las mismas dos
posibilidades: o bien todo lo que vemos nació repentinamente por un golpe de
suerte estadístico que cabe esperar que suceda alguna vez en un universo eterno
que pasa la inmensa mayoría del tiempo totalmente desordenado, o bien, por
alguna razón, la entropía era asombrosamente baja justo después del big
bang y durante los últimos catorce mil millones de años ha estado
desenvolviéndose lentamente y seguirá haciéndolo hacia el futuro. Como en el
capítulo 6, para evitar el atolladero de memorias, registros no fiables, y las
leyes de la física nos centramos en la segunda opción, un bang de
baja entropía, y buscamos una explicación a cómo y por qué las cosas empezaron
en un estado tan especial.
Si, por el contrario, se pierde la simetría
temporal, si la solución del problema de la medida que se acepte un día revela
un tratamiento asimétrico fundamental de futuro versus pasado
dentro de la mecánica cuántica, eso muy bien podría proporcionar la explicación
más directa de la flecha del tiempo. Podría mostrar, por ejemplo, que los
huevos se aplastan pero no se desaplastan porque, a diferencia de lo que
encontramos utilizando las leyes de la física clásica, el aplastamiento
resuelve las ecuaciones cuánticas pero el desaplastamiento no lo hace. Una
película pasada al revés de un huevo aplastado mostraría entonces un movimiento
que no podría suceder en el mundo real, lo que explicaría por qué nunca lo
hemos visto. Y así sería.
Es posible. Pero si incluso esto parecería ofrecer
una explicación muy diferente de la flecha del tiempo, quizá no sea en realidad
tan diferente como parece. Como resaltamos en el capítulo 6, para que las
páginas de Guerra ypaz se hagan cada vez más desordenadas
deben empezar ordenadas; para que un huevo se haga desordenado al aplastarse,
debe empezar como un huevo prístino y ordenado; para que la entropía aumente
hacia el futuro, la entropía debe ser baja en el pasado de modo que las cosas
tengan la capacidad de hacerse desordenadas. Sin embargo, el simple hecho de
que una ley trate el pasado y el futuro de forma diferente no asegura que la
ley dicte un pasado con entropía más baja. La ley podría seguir implicando
entropía más alta hacia el pasado (quizá la entropía aumentaría de forma
asimétrica hacia el pasado y hacia el futuro), y es incluso posible que una ley
con asimetría temporal fuera incapaz de decir algo sobre el pasado. Lo último
es cierto en la propuesta de Ghirardi-Rimini-Weber, una de las únicas
propuestas con asimetría temporal sustantiva en el mercado. Una vez que su
mecanismo de colapso hace el truco, no hay forma de deshacerlo, no hay manera
de partir de la función colapsada y evolucionar de vuelta a su forma previa
extendida. La forma detallada de la función de onda se pierde en el colapso, se
hace puntiaguda, y por ello es imposible «retrodecir» cómo eran las cosas en
cualquier instante anterior a que ocurriera el colapso.
Así pues, incluso si una ley con asimetría temporal
ofreciera una explicación parcial a por qué las cosas se despliegan en un orden
temporal pero nunca en el orden inverso, podría muy bien apelar al mismo
complemento clave requerido por las leyes con simetría temporal: una
explicación de por qué la entropía era baja en el pasado lejano. Esto es cierto
en las modificaciones con asimetría temporal para la mecánica cuántica que se
han propuesto hasta ahora. Y por ello, a menos que algún descubrimiento futuro
revele dos características, ambas de las cuales considero poco probable
, una solución con asimetría temporal al problema
de la medida cuántica que, adicionalmente, asegure que la entropía decrece
hacia el pasado, nuestro esfuerzo para explicar la flecha del tiempo nos
devuelve, una vez más, al origen del universo, el tema de la siguiente parte
del libro.
Como esos capítulos dejarán claro, las
consideraciones cosmológicas siguen su camino a través de muchos misterios en
el corazón del espacio, el tiempo y la materia. De modo que en el viaje hacia
las ideas de la cosmología moderna sobre la flecha del tiempo, vale la pena que
no nos precipitemos a través del paisaje, sino que más bien, demos un paseo
tranquilo a través de la historia cósmica.
Parte III
Espacio tiempo y cosmología
Capítulo 8
De copos de nieve y el espaciotiempo
La simetría y la evolución del cosmos
Contenido:
§. La simetría y las leyes de la física
§. La simetría y el tiempo
§. Estirando el tejido
§. El tiempo en un universo en expansión
§. Características sutiles de un universo en expansión
§. Cosmología, simetría y la forma del espacio
§. La cosmología y el espaciotiempo
§. Formas alternativas
§. Cosmología y simetría
Richard Feynman dijo en cierta ocasión que si él
tuviera que resumir en una frase el descubrimiento más importante de la ciencia
moderna elegiría «El mundo está hecho de átomos». Cuando reconocemos que buena
parte de nuestra comprensión del universo se basa en las propiedades e
interacciones de los átomos, desde la razón por la que las estrellas brillan y
el cielo es azul a la explicación de por qué siente usted este libro en sus
manos y ve estas palabras con sus ojos, podemos apreciar muy bien la elección de
Feynman para resumir nuestro legado científico. Muchos de los científicos más
destacados de hoy coinciden en que si se les permitiera una segunda frase
escogerían «La simetría subyace a las leyes del universo».
Durante los últimos siglos ha habido muchas
transformaciones en la ciencia, pero los descubrimientos más duraderos tienen
una característica común: han identificado características del mundo natural
que permanecen invariables incluso cuando se les somete a un amplio abanico de
manipulaciones. Estos atributos invariables reflejan lo que los físicos llaman
simetrías, y han desempeñado un papel crucial creciente en muchos avances
importantes. Esto ha proporcionado abundantes pruebas de que la simetría, en todos
sus aspectos misteriosos y sutiles, arroja una luz poderosa en la oscuridad
donde la verdad espera a ser descubierta.
De hecho, veremos que la historia del universo es,
en gran medida, la historia de la simetría. Los momentos más decisivos en la
evolución del universo son aquellos en los que equilibrio y orden cambian
repentinamente, dando escenarios cósmicos cualitativamente diferentes de los de
eras precedentes. La teoría actual sostiene que el universo pasó por varias de
estas transiciones durante sus primeros momentos y que todo lo
que hemos encontrado alguna vez es un residuo tangible de una época cósmica
anterior y más simétrica. Pero hay un sentido aún más amplio, un metasentido,
en el que la simetría yace en el núcleo de un cosmos en evolución. El propio
tiempo está íntimamente entrelazado con la simetría. Como se hará claro, la
connotación práctica del tiempo como una medida de cambio, así como la
existencia misma de un tipo de tiempo cósmico que nos permite hablar
razonablemente de cosas como «la edad y evolución del universo en su conjunto»,
se basa sensiblemente en aspectos de la simetría. Y conforme los científicos
han examinado dicha evolución, mirando atrás hacia el principio en busca de la
verdadera naturaleza del espacio y el tiempo, la simetría se ha establecido
como la más segura de las guías, una guía que ofrece ideas y respuestas que de
otra forma hubiesen estado totalmente fuera de nuestro alcance.
§. La simetría y las leyes de la física
La simetría abunda. Sostenga una bola de billar en la mano y gírela en un
sentido u otro, dele vueltas alrededor de cualquier eje, y parece exactamente
igual. Coloque un plato llano sobre un mantel y gírelo en tomo a su centro:
parecerá totalmente inalterado. Coja suavemente un copo de nieve recién
formado, gírelo de modo que cada punta pase a la posición que previamente tenía
su vecina, y tendrá que esforzarse mucho para advertir que había hecho algo.
Tome la letra «A», inviértala respecto a un eje vertical que pasa por su
vértice, y tendrá una copia perfecta de la original.
Como estos ejemplos dejan claro, las simetrías de
un objeto son las manipulaciones, reales o imaginarias, a las que puede ser
sometido sin que tengan ningún efecto en su apariencia. Cuantos más tipos de
manipulaciones pueda sufrir un objeto sin ningún efecto discernible, más
simétrico es. Una esfera perfecta es altamente simétrica, puesto que cualquier
rotación alrededor de su centro, utilizando un eje arriba- abajo, un eje
izquierda-derecha, o de hecho cualquier eje, la deja con la misma apariencia
exacta. Un cubo es menos simétrico, puesto que solamente las rotaciones en
unidades de 90º alrededor de ejes que pasan por los centros de sus caras (y
combinaciones de ellas) dejan su apariencia invariable. Por supuesto, si
alguien realizara cualquier otra rotación, tal como la de la figura 8.1c, usted
seguiría pudiendo reconocer el cubo, pero también podría ver claramente que
alguien lo había alterado. Por el contrario, las simetrías son como los
merodeadores más hábiles; son manipulaciones que no dejan ninguna evidencia.
Todos éstos son ejemplos de simetrías de objetos en
el espacio. Las simetrías subyacentes a las leyes de la física conocidas están
estrechamente relacionadas con éstas, pero apuntan a una cuestión más
abstracta: ¿qué manipulaciones, una vez más, reales o imaginadas, pueden
realizarse sobre usted o sobre el entorno que no tengan absolutamente ningún
efecto sobre las leyes que explican los fenómenos físicos que usted observa?
Note que para ser una simetría no se requiere que una manipulación de este tipo
deje sus observaciones invariables. Ahora estamos interesados en si las leyes
que gobiernan dichas observaciones, las leyes que explican lo que usted ve
antes, y luego lo que ve después de alguna manipulación, son invariables.
Como ésta es una idea fundamental, veámosla en
acción en algunos ejemplos.
Figura 8.1. Si un cubo, como en (a) se rota 90°, o múltiplos de eso,
alrededor de ejes que atraviesan cualquiera de sus caras, parece inalterado,
como en (b). Pero cualquier otra rotación puede ser detectada, como en (c).
Imagine que usted es un gimnasta olímpico y que
durante los últimos cuatro años se ha estado entrenando diligentemente en su
centro gimnástico de Connecticut. Gracias a repeticiones aparentemente
interminables, usted ha asimilado perfectamente sus movimientos rutinarios,
usted sabe exactamente cómo soltar la barra fija para ejecutar un salto, hasta
qué altura debe saltar en el ejercicio sobre el suelo para dar un doble giro,
con qué rapidez debe balancearse en las paralelas para lanzar su cuerpo hacia una
perfecta salida en doble salto mortal. De hecho, su cuerpo ha asumido un
sentido innato de las leyes de Newton, puesto que son estas mismas leyes las
que gobiernan el movimiento de su cuerpo. Ahora, cuando usted hace finalmente
sus ejercicios delante de una audiencia abarrotada en la ciudad de Nueva York,
donde se celebra la competición olímpica, usted se está basando en las mismas
leyes, puesto que pretende realizar sus ejercicios exactamente como los hacía
en la práctica. Todo lo que sabemos sobre las leyes de Newton da crédito a su
estrategia. Las leyes de Newton no son específicas de un lugar u otro. No
funcionan de una manera en Connecticut y de otra en Nueva York.
Más bien creemos que dichas leyes funcionan
exactamente de la misma manera independientemente de dónde esté usted. Incluso
si ha cambiado de lugar, las leyes que gobiernan el movimiento de su cuerpo
siguen tan inalteradas como la apariencia de una bola que ha sido rotada.
Esta simetría se conoce como simetría de
traslación o invarianciatraslacional. Se aplica no
sólo a las leyes de Newton, sino también a las leyes del electromagnetismo de
Maxwell, a las relatividades especial y general de Einstein, a la mecánica
cuántica y a cualquier propuesta en la física moderna que alguien haya tomado
en serio.
Nótese, no obstante, una cosa importante. Los
detalles de sus observaciones y experiencias pueden variar y a veces lo hacen
de un lugar a otro. Si usted realizase sus ejercicios gimnásticos en la Luna,
descubriría que la trayectoria que seguía su cuerpo en respuesta a la misma
fuerza impulsora de sus piernas era muy diferente. Pero entendemos plenamente
esta diferencia particular y está ya integrada en las propias leyes. La Luna es
menos masiva que la Tierra, de modo que ejerce menos atracción gravitatoria;
como resultado, su cuerpo viaja a lo largo de trayectorias diferentes. Y este
hecho, que la atracción gravitatoria de un cuerpo depende de su masa, es una
parte integral de la ley de la gravedad de Newton (así como de la más refinada
relatividad general de Einstein). La diferencia entre sus experiencias
terrestre y lunar no implica que la ley de la gravedad haya cambiado de un
lugar a otro.
Más bien, refleja simplemente una diferencia
ambiental que la ley de la gravedad ya acomoda. De modo que cuando decíamos que
las leyes de la física se aplican igualmente en Connecticut o en Nueva York, o,
añadimos ahora, en la Luna, eso era cierto, pero tenga en cuenta que usted
puede necesitar especificar diferencias ambientales de las que dependen las
leyes.
De todas formas, y ésta es la conclusión clave, el
marco explicatorio que proporcionan las leyes no es alterado en absoluto por un
cambio en la localización. Un cambio en la localización no requiere que los
físicos vuelvan a la mesa de dibujo y lleguen a nuevas leyes.
Las leyes de la física no tenían por qué actuar de
esta manera. Podemos imaginar un universo en que las leyes físicas sean tan mutables
como las de los gobiernos nacionales y locales; podemos imaginar un universo en
el que las leyes de la física con las que estamos familiarizados no nos digan
nada sobre las leyes de la física en la Luna, en la galaxia Andrómeda, en la
nebulosa del Cangrejo o en el otro extremo del universo. De hecho, no sabemos
con absoluta certeza si las leyes que funcionan aquí son las mismas que
funcionan en los confines remotos del cosmos. Pero sabemos que si las leyes
cambiaran de algún modo ahí fuera, debe ser muy ahí fuera,
porque observaciones astronómicas cada vez más precisas han proporcionado una
prueba cada vez más convincente de que las leyes son uniformes en todo el
espacio, al menos el espacio que podemos ver. Esto subraya el sorprendente
poder de la simetría. Estamos ligados al planeta Tierra y su vecindad. Y, pese
a todo, debido a la simetría de traslación podemos aprender sobre leyes
fundamentales en acción en el universo entero sin salir de casa, puesto que las
leyes que descubrimos aquí son esas leyes.
La simetría de rotación o invariancia
rotacional es prima hermana de la invariancia traslacional. Se basa en
la idea de que cada dirección espacial está en pie de igualdad con cualquier
otra. La visión desde la Tierra no le lleva ciertamente a esta conclusión.
Cuando usted mira arriba, ve cosas muy diferentes
que cuando usted mira abajo. Pero, una vez más, esto refleja detalles del
entorno; no es una característica de las propias leyes subyacentes. Si usted
deja la Tierra y flota en el espacio profundo, lejos de cualquier estrella,
galaxia u otro cuerpo celeste, la simetría se hace evidente: en el vacío oscuro
no hay nada que distinga una dirección particular de otra. Todas están a la
par. Usted no tendría que dedicar un momento de reflexión a si un laboratorio en
el espacio profundo en el que usted se dispone a investigar las propiedades de
la materia o de las fuerzas debería estar orientado en este sentido o en aquél,
puesto que las leyes subyacentes son insensibles a esta elección. Si una noche
algún travieso cambiara las posiciones de los giróscopos del laboratorio,
haciéndole rotar varios grados alrededor de un eje particular, usted esperaría
que esto no tenga ninguna consecuencia para las leyes de la física sondeadas
por sus experimentos. Cada medida realizada confirma plenamente esta
expectativa.
Así pues, creemos que las leyes que gobiernan los
experimentos que usted realiza y explican los resultados que encuentra son
insensibles a su localización, simetría de traslación, y a su orientación en el
espacio, simetría de rotación. [105]
Como discutimos en el capítulo 3, Galileo y otros
eran perfectamente conscientes de otra simetría que deberían respetar las leyes
de la física. Si su laboratorio en el espacio profundo se está moviendo a
velocidad constante, independientemente de si usted se está moviendo a 5
kilómetros por hora en esta dirección o a 100.000 kilómetros por hora en
aquélla, el movimiento no debería tener absolutamente ningún efecto sobre las
leyes que explican sus observaciones, porque usted tiene tanta razón como el
vecino para afirmar que está en reposo y es todo lo demás lo que se está
moviendo. Como hemos visto, Einstein amplió esta simetría de una forma
completamente inesperada al incluir la velocidad de la luz entre las
observaciones que no serían afectadas por su movimiento o el movimiento de la
fuente luminosa. Ésta fue una jugada contundente porque normalmente arrojamos
las particularidades de la velocidad de un objeto a la papelera de los detalles
ambientales, reconociendo que la velocidad observada depende generalmente del
movimiento del observador. Pero Einstein, viendo la simetría de la luz a través
de las grietas en la fachada newtoniana de la Naturaleza, elevó la velocidad de
la luz a la categoría de ley inviolable de la Naturaleza, declarándola
inalterada por el movimiento como la bola de billar es inalterada por las
rotaciones.
La relatividad general, el siguiente descubrimiento
importante de Einstein, encaja perfectamente con esta marcha hacia teorías con
simetría cada vez mayor. De la misma forma que usted puede pensar que la
relatividad especial establece simetría entre todos los observadores que se
mueven unos con respecto a otros a velocidad constante, puede considerar la
relatividad general como algo que va un paso más allá y establece simetría
también entre todos los puntos de vista acelerados. Esto es extraordinario porque,
como hemos resaltado, aunque no se puede sentir el movimiento a velocidad
constante, sí se puede sentir el movimiento acelerado. De modo que podría
parecer que las leyes de la física que describen sus observaciones deben ser
diferentes cuando usted está acelerado, para explicar la fuerza adicional que
usted siente. Tal es el caso con la aproximación de Newton; sus leyes, las que
aparecen en todos los libros de texto de física de primer curso, deben ser
modificadas si son utilizadas por un observador acelerado. Pero mediante el
principio de equivalencia, discutido en el capítulo 3, Einstein se dio cuenta
de que la fuerza que usted siente debido a la aceleración es indistinguible de
la fuerza que siente en un campo gravitatorio de intensidad adecuada (cuanto
mayor es la aceleración, mayor es el campo gravitatorio). Así pues, según la
perspectiva más refinada de Einstein, las leyes de la física no cambian cuando
usted acelera, siempre que incluya un campo gravitatorio en su descripción del
entorno. La relatividad general trata por igual a todos los observadores, son
completamente simétricos, incluso a los que se mueven a velocidades arbitrarias
no constantes, puesto que cada uno puede afirmar que está en reposo atribuyendo
las diferentes fuerzas sentidas al efecto de diferentes campos gravitatorios.
Por lo tanto, la diferencia entre las observaciones de un observador acelerado
y de otro no son más sorprendentes y no ofrecen mayor evidencia de un cambio en
las leyes de la naturaleza que las diferencias que usted encuentra cuando
realiza sus ejercicios gimnásticos en la Tierra o en la Luna. [106]
Estos ejemplos dan cierto sentido a por qué muchos
consideran, y sospecho que Feynman hubiera estado de acuerdo, que las copiosas
simetrías que subyacen a la ley natural presentan un segundo candidato frente a
la hipótesis atómica como resumen de nuestras más profundas intuiciones
científicas. Pero hay más en la historia. Durante las últimas décadas, los
físicos han elevado los principios de simetría al más alto peldaño de la escala
explicatoria. Cuando usted encuentra una ley propuesta de la naturaleza, una
pregunta natural es: ¿por qué esta ley?, ¿por qué la relatividad especial?,
¿por qué la relatividad general?, ¿por qué la teoría del electromagnetismo de
Maxwell?, ¿por qué las teorías de Yang-Mills de las fuerzas nucleares fuerte y
débil (que pronto veremos)? Una respuesta importante es que estas teorías hacen
predicciones que han sido repetidamente confirmadas con experimentos precisos.
Esto, por supuesto, es esencial para la confianza que tienen los físicos en las
teorías, pero deja fuera algo importante.
Los físicos creen también que estas teorías están
en la vía correcta porque, de algún modo difícil de describir, tienen el presentimiento de
que son correctas, y las ideas de simetría son esenciales para esta sensación.
Se presiente que es correcto que ningún lugar del universo es especial
comparado con cualquier otro, de modo que los físicos tienen confianza en que
la simetría de traslación debería estar entre las simetrías de las leyes de la
naturaleza. Se presiente que es correcto que ningún movimiento particular a
velocidad constante es especial comparado con cualquier otro, de modo que los
físicos tienen confianza en que la relatividad especial, al abrazar plenamente
la simetría entre todos los observadores con velocidad constante, es una parte
esencial de las leyes de la naturaleza. Se presiente que es correcto, además,
que cualquier punto de vista observacional, independientemente del movimiento
posiblemente acelerado implicado, debería ser tan válido como cualquier otro, y
por eso los físicos creen que la relatividad general, la teoría más simple que
incorpora esta simetría, está entre las verdades profundas que gobiernan los
fenómenos naturales. Y, como pronto veremos, las teorías de las tres fuerzas
distintas de la gravedad, el electromagnetismo y las fuerzas nucleares fuerte y
débil, están basadas en otros principios de la naturaleza igualmente abstractos
pero igualmente convincentes. Así que las simetrías de la naturaleza no son
meramente consecuencias de las leyes de la naturaleza. Desde nuestra perspectiva
moderna, las simetrías son la base de la que manan las leyes.
§. La simetría y el tiempo
Más allá de su papel en dar forma a las leyes que gobiernan las fuerzas de la
Naturaleza, las ideas de simetría son vitales para el propio concepto de
tiempo. Nadie ha encontrado todavía la definición fundamental y definitiva del
tiempo pero, indudablemente, parte del papel del tiempo en la constitución del
cosmos consiste en llevar la contabilidad del tiempo. Reconocemos que el tiempo
ha transcurrido al advertir que las cosas ahora son diferentes de lo que eran
entonces. La manecilla de la hora en su reloj apunta a un número diferente, el
Sol está en una posición diferente en el cielo, las páginas de su copia
desencuadernada de Guerra y paz están más desordenadas, el
dióxido de carbono gaseoso que se escapa de su botella de Coca-Cola está más
disperso, todo esto deja claro que las cosas han cambiado, y el tiempo es lo
que ofrece el potencial para que se de tal cambio. Parafraseando a John
Wheeler, el tiempo es la manera que tiene la Naturaleza de impedir que todo, es
decir, todo cambio, suceda a la vez.
La existencia del tiempo descansa así en la ausencia de
una simetría particular: las cosas en el universo deben cambiar de
un instante a otro para que siquiera definamos una noción de momento a
momento que guarde cualquier parecido con nuestra idea intuitiva. Si
hubiera simetría perfecta entre cómo son las cosas ahora y cómo eran antes, si
el cambio de momento a momento no tuviese más consecuencia que el cambio por
girar una bola de billar, el tiempo tal como lo concebimos normalmente no
existiría. [107] Esto no quiere decir que no existiría el intervalo
espaciotiemporal, ilustrado esquemáticamente en la figura 5.1; podría hacerlo.
Pero puesto que todo sería completamente uniforme a lo largo del eje temporal,
no habría ningún sentido en el que el universo evolucione o cambie. El tiempo
sería una característica abstracta de este escenario de la realidad, la cuarta
dimensión del continuo espaciotemporal, pero de lo contrario, sería
irreconocible.
De todas formas, incluso si la existencia del
tiempo coincide con la falta de una simetría particular, su aplicación a escala
cósmica requiere que el universo sea altamente respetuoso con una simetría
diferente. La idea es simple y responde a una pregunta que quizá se le haya
ocurrido mientras leía el capítulo 3. Si la relatividad nos enseña que el paso
del tiempo depende de con qué rapidez se mueve usted y del campo gravitatorio
en el que resulta estar inmerso, ¿qué quiere decir cuando los astrónomos y los
físicos hablan de que el universo entero esté en una edad definida particular,
una edad que actualmente se considera que es de aproximadamente 14.000 millones
de años, ? ¿14.000 millones de años según quién? ¿14.000 millones de años de
qué reloj? Si hubiera seres vivos en la lejana galaxia del Renacuajo
¿concluirían también que el universo tiene 14.000 millones de años, y si es
así, qué hubiera asegurado que sus relojes han estado siempre en sincronía con
los nuestros? La respuesta descansa en la simetría: la simetría en el espacio.
Si sus ojos pudieran ver la luz cuya longitud de
onda es mucho mayor que la del naranja o el rojo, usted no sólo sería capaz de
ver el interior de su homo microondas en actividad cuando presiona el botón de
inicio; también vería un resplandor tenue y casi uniforme disperso a lo largo
de lo que el resto de nosotros percibimos como un cielo nocturno oscuro. Hace
más de cuatro décadas los científicos descubrieron que el universo está lleno
de radiación de microondas, luz de larga longitud de onda, que es una reliquia
fría de las condiciones inmediatamente posteriores al big bang. [108] Esta radiacióncósmica de microondas es
perfectamente inocua. Al principio era extraordinariamente caliente, pero a
medida que el universo evolucionó y se expandió, la radiación se diluyó y
enfrió continuamente. Hoy es de tan sólo unos 2,7 grados por encima del cero
absoluto, y el mayor daño que produce es su contribución de una pequeña
fracción de la nieve que usted ve en su televisor cuando desconecta la antena y
sintoniza una estación que no está emitiendo.
Pero este ruido débil ofrece a los astrónomos lo
que los huesos de tiranosaurio ofrecen a los paleontólogos: una ventana abierta
a épocas anteriores que es crucial para reconstruir lo que sucedió en el pasado
lejano.
Una propiedad esencial de la radiación, revelada
por medidas de precisión realizadas desde satélites durante la última década,
es que es extraordinariamente uniforme. La temperatura de la radiación en una
parte del cielo difiere de la temperatura en otra parte en menos de una
milésima de grado. En la Tierra, una simetría semejante haría que la
información del tiempo meteorológico no tuviera mucho interés. Si en Yakarta
estuvieran a 30 grados, usted sabría inmediatamente que en Adelaida, Shanghái,
Cleveland, Anchorage, y cualquier otro lugar para el caso, estarían a una
temperatura entre 29,999 y 30,001 grados. A escala cósmica, por el contrario,
la uniformidad de la temperatura de la radiación es fantásticamente interesante,
pues suministra dos ideas críticas.
En primer lugar, proporciona evidencia
observacional de que en sus fases más tempranas el universo no estaba poblado
por aglomeraciones de materia grandes y de alta entropía, tales como agujeros
negros, puesto que tal entorno heterogéneo habría dejado una huella heterogénea
en la radiación. Por el contrario, la uniformidad de la temperatura de la
radiación pone de manifiesto que el universo joven era homogéneo; y, como vimos
en el capítulo 6, cuando la gravedad cuenta, como lo hacía en el universo denso
primitivo, la homogeneidad implica baja entropía. Eso es bueno, porque nuestra
discusión de la flecha del tiempo se basaba firmemente en un comienzo del
universo con baja entropía. Uno de nuestros objetivos en esta parte del libro
es llegar tan lejos como podamos en la explicación de esta observación:
queremos comprender cómo llegó a ser el entorno homogéneo, de baja entropía y
altamente improbable del universo primitivo. Esto nos llevaría mucho más cerca
de entender el origen de la flecha del tiempo.
En segundo lugar, aunque el universo ha estado
evolucionando desde el big bang, la evolución debe haber sido
en promedio casi idéntica en todo el cosmos. Para que la temperatura aquí y en
la galaxia del Torbellino, y en el cúmulo Coma, y en cualquier otro lugar
coincida hasta cuatro cifras decimales, las condiciones físicas en cada región
del espacio deben haber evolucionado esencialmente de la misma manera desde
el big bang. Ésta es una deducción importante, pero hay que
interpretarla adecuadamente. Una mirada al cielo nocturno revela ciertamente un
cosmos variado: planetas y estrellas de varios tipos están salpicados aquí y
allá a lo largo del espacio. El punto importante, sin embargo, es que cuando
analizamos la evolución del universo entero adoptamos una perspectiva macro que
promedia estas variaciones a pequeña escala, y los promedios a gran escala
parecen casi completamente uniformes. Pensemos en un vaso de agua. A la escala
de las moléculas, el agua es extraordinariamente heterogénea: hay una molécula de
H2O aquí, un intervalo de espacio vacío, otra molécula de H2O allí, y así
sucesivamente. Pero si promediamos sobre la agrupación molecular a pequeña
escala y examinamos el agua en las escalas «grandes» cotidianas podemos ver a
simple vista que el agua del vaso parece perfectamente uniforme. La no
uniformidad que vemos cuando miramos al cielo es como la visión microscópica
desde una única molécula de H2O. Pero como sucede con el vaso de
agua, cuando el universo se examina a escalas suficientemente grandes, escalas
del orden de cientos de millones de años luz, aparece extraordinariamente
homogéneo. La uniformidad de la radiación es así un testimonio fosilizado de la
uniformidad de las leyes de la física y de los detalles del entorno a lo largo
del cosmos.
Esta conclusión es de gran trascendencia porque la
uniformidad del universo es lo que nos permite definir un concepto de tiempo
aplicable al universo en conjunto. Si consideramos que la medida de cambio es
una definición activa del tiempo transcurrido, la uniformidad de las
condiciones a lo largo del espacio es una prueba de la uniformidad del cambio a
lo largo del cosmos, y con ello implica también la uniformidad del tiempo
transcurrido.
De la misma manera que la uniformidad de la
estructura geológica de la Tierra permite a un geólogo en América, y a otro en
África, y a otro en Asia estar de acuerdo en la historia y edad de la Tierra,
la uniformidad de la evolución cósmica a lo largo del todo el espacio permite
que un físico en la galaxia Andrómeda, otro en la Vía Láctea y otro en la
galaxia del Renacuajo estén de acuerdo en la historia y edad del universo. En
concreto, la evolución homogénea del universo significa que un reloj aquí, un
reloj en la galaxia Andrómeda y un reloj en la galaxia del Renacuajo habrán
estado sometidos, en promedio, a condiciones físicas casi idénticas y con ello
habrán marcado el tiempo aproximadamente de la misma manera. La homogeneidad
del espacio proporciona así una sincronía universal.
Aunque hasta ahora he excluido detalles importantes
(tales como la expansión del espacio, que se cubrirá en la próxima sección) la
discusión subraya el núcleo de esta cuestión: el tiempo está en las
encrucijadas de la simetría. Si el universo tuviera simetría temporal perfecta,
si fuera completamente invariable, sería difícil siquiera definir lo que el
tiempo significa. Por otra parte, si el universo no tuviera ninguna simetría en
el espacio, si, por ejemplo, la radiación de fondo fuera completamente aleatoria,
con temperaturas tremendamente diferentes en regiones diferentes, el tiempo en
un sentido cosmológico tendría poco significado. Relojes en lugares diferentes
marcarían el tiempo a ritmos diferentes, y por eso si usted preguntara cómo
eran las cosas cuando el universo tenía 3.000 millones de años, la respuesta
dependería de qué reloj estuviera mirando para ver que esos 3.000 millones de
años habían transcurrido. Eso sería complicado. Por fortuna,
nuestro universo no tiene tanta simetría como para dejar al tiempo sin
significado, pero tiene suficiente simetría para que podamos evitar tales
complejidades, lo que nos permite hablar de su edad global y su evolución
global a través del tiempo.
Así que, dirijamos nuestra atención a dicha
evolución y consideramos la historia del universo.
§. Estirando el tejido
La historia del universo parece un gran tema, pero en un esbozo a grandes
pinceladas es sorprendentemente simple y se basa en gran parte en un hecho
esencial: el universo se está expandiendo. Puesto que éste es el elemento
central en el desarrollo de la historia cósmica y, por supuesto, es uno de los
descubrimientos más profundos de la Humanidad, examinemos brevemente cómo
sabemos que es así.
En 1929, Edwin Hubble, utilizando el telescopio de
100 pulgadas en el observatorio del monte Palomar en Pasadena, California,
encontró que el par de docenas de galaxias que pudo detectar se estaban
alejando. [109] De hecho, Hubble encontró que cuanto más lejana está una galaxia,
más rápida es su recesión. Para dar un sentido de escala, versiones más
refinadas de las observaciones originales de Hubble (que han estudiado miles de
galaxias utilizando, entre otros aparatos, el telescopio espacial Hubble)
muestran que galaxias que están a 100 millones de años luz de nosotros se están
alejando a aproximadamente 9 millones de kilómetros por hora, las que están a
200 millones de años luz se están alejando el doble de rápido, a
aproximadamente 18 millones de kilómetros por hora, las que están a 300
millones de años luz de distancia se están alejando tres veces más rápido, a
aproximadamente 27 millones de kilómetros por hora, y así sucesivamente. El
descubrimiento de Hubble supuso una conmoción porque el prejuicio filosófico y
científico sostenía que el universo era, en las escalas más grandes, estático,
eterno, fijo e invariable.
Pero de un golpe, Hubble hizo añicos esa idea. Y en
una maravillosa confluencia de experimento y teoría, la relatividad general de
Einstein fue capaz de ofrecer una bella explicación del experimento de Hubble.
En realidad, quizá usted piense que dar con una
explicación no fuera particularmente difícil. Después de todo, si usted pasara
por una fábrica y viera todo tipo de materiales que salen violentamente
expulsados en todas direcciones, probablemente pensaría que se había producido
una explosión. Y si usted retrocediera a lo largo de las trayectorias seguidas
por los trozos de metal y pedazos de hormigón, encontraría que todas convergían
en un lugar que probablemente sería un recipiente en donde ocurrió la explosión.
Por el mismo razonamiento, puesto que la vista desde la Tierra, como atestiguan
las observaciones de Hubble y posteriores, muestra que las galaxias se están
alejando, usted podría pensar que nuestra posición en el espacio era el lugar
de una antigua explosión que escupió uniformemente el material en bruto de
estrellas y galaxias. El problema con esta teoría, sin embargo, es que
discrimina una región del espacio, la nuestra, como región singular al hacerla
el lugar de nacimiento del universo. Y si fuera así, implicaría una asimetría
profundamente asentada: las condiciones físicas en regiones alejadas de la
explosión primordial, lejos de nosotros, serían muy diferentes de las de aquí.
Puesto que no hay evidencia de dicha asimetría en los datos astronómicos, y
además, puesto que recelamos mucho de las explicaciones antropocéntricas unidas
al pensamiento precopernicano, buscamos una interpretación más sofisticada del
descubrimiento de Hubble, una en la que nuestra posición en el espacio no ocupe
un lugar especial en el orden cósmico.
La relatividad general ofrece esa explicación. Con
la relatividad general, Einstein encontró que el espacio y el tiempo son
flexibles, y no fijos, elásticos, y no rígidos; y él ofreció explicaciones que
nos dicen precisamente cómo responden el espacio y el tiempo a la presencia de
materia y energía. En la década de 1920 el matemático y meteorólogo ruso
Alexander Friedmann e, independientemente, el sacerdote y astrónomo belga
Georges Lemaître, analizaron las ecuaciones de Einstein cuando se aplican al universo
entero, y los dos encontraron algo sorprendente. De la misma manera que la
atracción gravitatoria de la Tierra implica que una pelota de béisbol que sale
por encima del catcher debe estar dirigida o bien hacia arriba o bien hacia
abajo pero evidentemente no puede estar estática (excepto en el único momento
en que alcanza su punto más alto), Friedmann y Lemaître se dieron cuenta de que
la atracción gravitatoria de la materia y la radiación dispersas por el cosmos
entero implica que el tejido del espacio debe estar estirándose o contrayéndose
pero que no podría mantener un tamaño fijo. De hecho, éste es uno de los raros
ejemplos en los que la metáfora no sólo capta la esencia de la física sino
también su contenido matemático, puesto que las ecuaciones que gobiernan la
altura de la pelota de béisbol sobre el suelo son casi idénticas a las
ecuaciones de Einstein que gobiernan el tamaño del universo. [110]
La flexibilidad del espacio en la relatividad
general ofrece una manera profunda de interpretar el descubrimiento de Hubble.
Más que explicar el movimiento hacia afuera de las galaxias por una versión
cósmica de la explosión de la fábrica, la relatividad general dice que durante
miles de millones de años el espacio se ha estado estirando. Y a medida que se
hinchaba, el espacio ha arrastrado a las galaxias alejándolas unas de otras
como se alejan las pasas en un pudin cuando la masa crece al hornear. Así pues,
el origen del movimiento hacia afuera surge de este implacable hinchamiento del
propio espacio.
Para captar mejor esta idea, consideremos también
el extraordinariamente útil modelo del globo para la expansión del universo al
que a menudo acuden los físicos (una analogía que puede rastrearse al menos
hasta el chiste gráfico, que puede ver usted en las notas finales, que apareció
en un periódico holandés en 1930 tras una entrevista con Willem de Sitter, un
científico que hizo contribuciones fundamentales a la cosmología). [111] Esta analogía asemeja nuestro espacio tridimensional a la
superficie bidimensional más fácil de visualizar de un globo esférico, como en
la figura 8.2a, que está hinchándose y alcanzando un tamaño cada vez mayor. Las
galaxias están representadas por numerosas monedas de un centavo, con la efigie
de Lincoln, uniformemente espaciadas pegadas a la superficie del globo. Note
que conforme se expande el globo, las monedas se alejan unas de otras, lo que
ofrece una sencilla analogía de cómo el espacio en expansión hace que las
galaxias se separen.
FIGURA 8.2. (a) Si se pegan monedas de centavo
igualmente espaciadas a la superficie de una esfera, la vista que ve cada
Lincoln es la misma que la que ve cualquier otro. Esto concuerda con la
creencia de que la vista que se ve desde cualquier galaxia en el universo es,
en promedio, la misma que la que se ve desde cualquier otra, (b) Si la esfera
se expande, las distancias entre todas las monedas aumentan. Además, cuanto más
separadas están dos monedas en 8.2a, mayor es la separación que experimentan por
la expansión en 8.2b. Esto concuerda con nuestras medidas que muestran que
cuanto más alejada está una galaxia de un punto de vista dado, más rápidamente
se aleja de dicho punto. Nótese que ninguna moneda se distingue como especial,
también en consonancia con nuestra creencia de que ninguna galaxia en el
universo es especial o el centro de expansión del espacio.
Una característica importante de este modelo es que
hay completa simetría entre las monedas, puesto que lo que ve cualquier Lincoln
particular es lo mismo que ve cualquier otro Lincoln. Para representarlo,
imagine que usted se contrae hasta el tamaño de una moneda y mira en todas
direcciones a lo largo de la superficie del globo (recuerde, en esta analogía
la superficie del globo representa todo el espacio, de modo que mirar fuera de
la superficie del globo no tiene significado)- ¿Qué observará usted? Bien,
usted verá monedas que se alejan en todas direcciones a medida que el globo se
expande. Y si está en una moneda diferente ¿qué observará? La simetría asegura
que usted verá lo mismo: monedas que se alejan en todas direcciones. Esta
imagen tangible capta bien nuestra creencia, apoyada por exámenes astronómicos
cada vez más precisos, que un observador en cualquiera de los más de cien mil
millones de galaxias del universo, contemplando su cielo nocturno con un
potente telescopio, vería en promedio una imagen similar a la que vemos
nosotros: galaxias que nos rodean alejándose en todas direcciones.
Y así, a diferencia de la explosión en una fábrica
dentro de un espacio fijo y preexistente, si el movimiento hacia fuera es
debido a que el espacio se está estirando no hay necesidad de ningún punto
especial, ninguna moneda especial, ninguna galaxia especial, que sea el centro
del movimiento hacia afuera. Cada punto, cada moneda, cada galaxia, es
exactamente igual que cualquier otro. La vista desde cualquier lugar parece igual
que la vista desde el centro de una explosión: cada Lincoln ve a todos los
demás Lincoln alejándose; un observador, como nosotros, en cualquier galaxia ve
a todas las demás galaxias alejándose. Pero puesto que esto es cierto para
todos los lugares, no hay ningún lugar único o especial que sea el centro
del que emana el movimiento hacia afuera.
Además, esta explicación no sólo da cuenta
cualitativamente del movimiento hacia fuera de las galaxias de una manera que
es espacialmente homogénea, sino que también explica los detalles cuantitativos
encontrados por Hubble y confirmados con mayor precisión por observaciones
posteriores.
Como se ilustra en la figura 8.2b, si el globo se
hincha durante algún intervalo de tiempo, duplicando su tamaño por ejemplo,
todas las separaciones espaciales duplicarán también su tamaño: monedas que
estaban a 1 centímetro estarán ahora a 2 centímetros, monedas que estaban a 2
centímetros estarán ahora a 4 centímetros, monedas que estaban a 3 centímetros
estarán ahora a 6 centímetros, y así sucesivamente. Así pues, en cualquier
intervalo de tiempo dado el incremento de la separación entre dos monedas es proporcional
a la distancia inicial entre ellas. Y puesto que un mayor incremento en la
separación durante un intervalo de tiempo dado significa una velocidad mayor,
monedas que están más lejanas una de otra se separan más rápidamente. En
esencia, cuanto más alejadas estén dos monedas, más superficie de globo hay
entre ellas, y por eso más rápidamente son empujadas cuando se hincha.
Aplicando exactamente el mismo razonamiento al espacio en expansión y a las
galaxias que contiene, obtenemos una explicación de las observaciones de
Hubble. Cuanto más apartadas están dos galaxias, más espacio hay entre ellas,
de modo que más rápidamente son alejadas una de otra cuando el espacio se
hincha.
Atribuyendo el movimiento observado de las galaxias
al hinchamiento del espacio, la relatividad general proporciona una explicación
que no sólo trata simétricamente a todos los lugares del espacio sino que
también da cuenta de todos los datos de Hubble de un plumazo. Una explicación
de este tipo, una explicación que sale elegantemente de su caja (que
realmente utiliza la «caja», esto es, el espacio, ) para
explicar las observaciones con precisión cuantitativa y simetría artística, es
para los físicos algo demasiado bello para ser falso. Hay esencialmente un
acuerdo universal en que el tejido del espacio se está estirando.
§. El tiempo en un universo en expansión
Utilizando una ligera variante del modelo del globo, podemos entender ahora más
exactamente cómo la simetría en el espacio, incluso si el espacio se está
expandiendo, da una noción de tiempo que se aplica uniformemente en todo el
cosmos. Imagine que se reemplaza cada moneda por un reloj idéntico, como en la
figura 8.3. Sabemos por la relatividad que los relojes idénticos marcarán el
tiempo a ritmos diferentes si están sujetos a influencia físicas diferentes,
movimientos diferentes o campos gravitatorios diferentes, .
Pero la observación simple, y pese a ello clave, es
que la simetría completa entre todos los Lincolns en el globo que se infla se
traduce en una simetría completa entre todos los relojes. Todos los relojes
experimentan condiciones físicas idénticas, de modo que todos marchan
exactamente al mismo ritmo y registran cantidades idénticas de tiempo
transcurrido. Análogamente, en un universo en expansión en el que hay un alto
grado de simetría entre todas las galaxias, los relojes que se mueven
junto con una u otra galaxia también marcan el mismo ritmo y por ello
registran una cantidad idéntica de tiempo transcurrido. ¿Cómo
podría ser de otra manera? Cada reloj está a la par con cualquier otro,
habiendo experimentado, en promedio, condiciones físicas casi idénticas. Esto
muestra de nuevo el contundente poder de la simetría. Sin ningún cálculo o
análisis detallado, nos damos cuenta de que la uniformidad del entorno físico,
tal como pone de manifiesto la uniformidad de radiación de fondo de microondas
y la distribución uniforme de las galaxias en el espacio,[112] nos permite inferir la uniformidad del tiempo.
Aunque el razonamiento aquí es directo, la
conclusión puede ser confusa.
Puesto que todas las galaxias se están alejando a
medida que el espacio se expande, los relojes que se mueven junto con una u
otra galaxia también se están alejando. Y lo que es más, se están moviendo unos
con respecto a otros con una gran variedad de velocidades determinadas por la
enorme variedad de las distancias entre ellos. ¿No hace este movimiento que los
relojes pierdan sincronización como nos enseñó Einstein con la relatividad
especial? Por varias razones, la respuesta es no; hay una manera particularmente
útil de considerarlo.
Recordemos del capítulo 3 que Einstein descubrió
que los relojes que se mueven a través del espacio de maneras
diferentes marcan el tiempo a ritmos diferentes (porque desvían diferentes
cantidades de su movimiento a través del tiempo a movimiento a través del
espacio; recordemos la analogía con Bart y su monopatín, dirigiéndose primero
al norte y desviando luego algo de su movimiento hacia el este). Pero los
relojes que estamos discutiendo ahora no se están moviendo a través del
espacio. Del mismo modo que cada moneda está pegada a un punto en el globo y
sólo se mueve con respecto a las otras monedas debido al hinchamiento de la
superficie del globo, cada galaxia ocupa una región del espacio y sólo se mueve
con relación a otras galaxias debido básicamente a la expansión del espacio. Y
esto significa que, con respecto al propio espacio, todos los relojes están
realmente en reposo, de modo que marcan el tiempo de forma idéntica. Son
precisamente estos relojes, relojes cuyo único movimiento procede de la
expansión del espacio, los que proporcionan los relojes cósmicos
sincronizados utilizados para medir la edad del universo.
Figura 8.3. Los relojes que se mueven junto con las galaxias, cuyo
movimiento, en promedio, se debe sólo a la expansión del espacio, proporcionan
cronómetros cósmicos universales. Permanecen sincronizados incluso si se
separan uno de otro, puesto que se mueven con el espacio pero no a través del
espacio.
Note, por supuesto, que usted es libre para tomar
su reloj, subir a bordo de un cohete y lanzarse en esta dirección o ésa a
través del espacio a enormes velocidades, experimentando un movimiento que
supera de forma significativa el flujo cósmico de la expansión espacial. Si lo
hace, su reloj marchará a un ritmo diferente y usted encontrará una
longitud diferente de tiempo transcurrido desde el bang. Este
es un punto de vista perfectamente válido, pero es completamente
individualista: el tiempo transcurrido medido está unido a la historia de sus
paraderos y estados de movimiento particulares.
Sin embargo, cuando los astrónomos hablan de la
edad del universo están buscando algo universal, están buscando una medida que
tenga el mismo significado en todas partes. La uniformidad del cambio a través
del espacio proporciona una manera de hacerlo. [113]
De hecho, la uniformidad de la radiación de fondo
de microondas proporciona un test a medida para saber si usted se está moviendo
realmente con el flujo cósmico del espacio. Aunque la radiación de microondas
es homogénea en el espacio, si usted emprende un movimiento adicional al del
flujo cósmico de la expansión espacial ya no observará que la radiación sea
homogénea. De la misma forma que la bocina de un automóvil veloz tiene un tono
más alto cuando se acerca que cuando se aleja, si usted va lanzado en una nave
espacial, las crestas y vientres de las microondas que llegan de frente a su
nave incidirán con una frecuencia más alta que las microondas que le llegan
desde atrás. Microondas de frecuencia más alta se traducen en temperatura más
alta, de modo que usted encontraría que la radiación en la dirección a la que
usted se dirige es un poco más caliente que la radiación que le llega por
detrás. Y el caso es que aquí, en la «nave espacial Tierra», los astrónomos
encuentran que el fondo de microondas es un poco más caliente en una dirección
del espacio y un poco más frío en la dirección opuesta. La razón es que la
Tierra no sólo se mueve alrededor del Sol, y el Sol se mueve alrededor del
centro galáctico, sino que la Vía Láctea entera tiene una pequeña velocidad,
además de la debida a la expansión cósmica, dirigida hacia la constelación de
la Hidra. Una vez que los astrónomos corrigen el efecto que estos movimientos
adicionales relativamente pequeños tienen sobre las microondas que recibimos,
la radiación muestra la exquisita uniformidad de temperatura entre una parte
del cielo y otra. Es esta uniformidad, esta simetría general entre una
localización y otra, la que nos permite hablar razonablemente del tiempo cuando
describimos el universo entero.
§. Características sutiles de un universo en
expansión
Unos pocos puntos sutiles en nuestra explicación de la expansión cósmica son
dignos de señalar. En primer lugar, recordemos que en la metáfora del globo es
sólo la superficie del globo la que desempeña un papel, una
superficie que es sólo bidimensional (cada lugar puede especificarse dando dos
números análogos a la latitud y la longitud en la Tierra), mientras que el
espacio que vemos cuando miramos a nuestro alrededor tiene tres dimensiones.
Utilizamos este modelo de menos dimensiones porque retiene los conceptos
esenciales para la verdadera historia tridimensional pero es mucho más fácil de
visualizar. Es importante que tenga esto en cuenta, especialmente si ha estado
tentado a decir que hay un punto especial en el modelo del globo: el punto
central en el interior del globo del cual se está alejando la superficie
elástica entera. Aunque esta observación es cierta, la analogía del globo deja
aquí de ser válida porque cualquier punto que no está en la superficie del
balón no desempeña ningún papel. La superficie del globo representa todo el
espacio; puntos que no están en la superficie del globo son simplemente
subproductos irrelevantes de la analogía y no corresponden a ningún lugar en el
universo.[xix]
En segundo lugar, si la velocidad de recesión es
cada vez mayor para las galaxias que están cada vez más lejos, ¿no significa
eso que las galaxias que están suficientemente distantes se alejan de nosotros
a una velocidad mayor que la velocidad de la luz? La respuesta es un sí rotundo
y definitivo, pero esto no está en conflicto con la relatividad especial. ¿Por
qué? Bien, está íntimamente relacionado con la razón por la que los relojes que
se separan debido al flujo cósmico del espacio siguen estando sincronizados.
Como resaltamos en el capítulo 3, Einstein demostró que nada puede moverse a
través del espacio más rápido que la luz. Pero las galaxias, en promedio,
apenas se mueven a través del espacio. Su movimiento es debido casi por
completo al estiramiento del propio espacio. Y la teoría de
Einstein no prohíbe que el espacio se expanda de una manera que arrastre a dos
puntos, dos galaxias, alejándolos uno de otro a velocidad mayor que la de la
luz.
Sus resultados sólo limitan las velocidades de las
que se ha sustraído el movimiento de la expansión espacial. Las observaciones
confirman que para galaxias típicas que se mueven con el flujo cósmico, tal
movimiento en exceso es mínimo, en completa consonancia con la relatividad
especial, incluso si su movimiento con respecto a cada una de las demás, debido
al hinchamiento del propio espacio, puede superar la velocidad de la luz. [xx]
En tercer lugar, si el espacio se está expandiendo,
¿no significaría eso que además de que las galaxias se separan unas de otras,
el hinchamiento del espacio dentro de cada galaxia haría que todas sus
estrellas se separen, y el hinchamiento del espacio dentro de cada estrella, y
dentro de cada planeta, y dentro de usted y de mí y dentro de cualquier otra
cosa, haría que se alejaran todos los átomos constituyentes, y el hinchamiento
del espacio dentro de cada átomo haría que se alejaran todos los constituyentes
subatómicos? En resumen, ¿no haría el hinchamiento del espacio que todo crezca en
tamaño, incluyendo nuestras varas de medir, y de esa manera haría imposible
discernir qué hubiera ocurrido realmente una expansión? Respuesta: no. Piense
de nuevo en el modelo del globo y las monedas. A medida que se hincha la
superficie del globo, todas las monedas se separan, pero las monedas mismas no
se expanden. Si hubiéramos representado las galaxias por círculos pequeños
dibujados en el globo con un rotulador negro, entonces a medida que el globo
creciera en tamaño también crecerían los círculos pequeños. Pero son las
monedas, no los círculos negros, las que captan lo que realmente sucede. Cada
moneda mantiene su tamaño fijo porque las fuerzas que mantienen juntos sus
átomos de cobre y cinc son mucho más intensas que el tirón hacia afuera del
globo en expansión en la que están pegadas.
Análogamente, la fuerza nuclear que mantiene unidos
los átomos individuales, y la fuerza electromagnética que mantiene unidos sus
huesos y su piel, y la fuerza gravitatoria que mantiene unidos a los planetas y
las estrellas en las galaxias, son más intensas que la expansión hacia afuera
del espacio, y por ello ninguno de estos objetos se expande. Sólo en las
escalas mayores, en escalas mucho mayores que las galaxias individuales, el
hinchamiento del espacio encuentra poca o ninguna resistencia (la atracción
gravitatoria entre galaxias ampliamente separadas es relativamente pequeña,
debido a las grandes separaciones implicadas) y por eso sólo en tales escalas
supergalácticas el hinchamiento del espacio aparta los objetos.
§. Cosmología, simetría y la forma del espacio
Si alguien le despertara de un profundo sueño en mitad de la noche y le pidiera
que le dijera la forma del universo, la forma global del espacio, difícilmente
podría dar una respuesta. Incluso en su estado de aturdimiento, usted sabe que
Einstein demostró que el espacio es algo parecido a la Silly Putty [xxi] y por
ello, en principio, puede tomar prácticamente cualquier forma.
¿Cómo puede usted responder entonces a la pregunta
de su interrogador?
Vivimos en un pequeño planeta en órbita en tomo a
una estrella en las afueras de una galaxia que no sino una entre los cientos de
miles de millones dispersas en el espacio, de modo que ¿cómo diantres puede
esperarse que usted sepa algo sobre la forma del universo entero? Bien, cuando
las nieblas del sueño empiezan a disiparse, usted se da cuenta poco a poco de
que el poder de la simetría llega una vez más en su ayuda.
Si tiene en cuenta la creencia ampliamente
sostenida por los científicos de que sobre promedios a gran escala todos los
lugares y todas las direcciones en el universo están simétricamente
relacionados, entonces usted está en buen camino para responder a la pregunta
del interrogador. La razón es que casi todas las formas dejan de satisfacer
este criterio de simetría, porque una parte o una región de la forma difiere
fundamentalmente de otra. Una pera es más ancha en su parte inferior y menos en
la superior; un huevo es más plano en el centro pero más puntiagudo en sus
extremos. Estas formas, aunque muestran cierto grado de simetría, no poseen
simetría completa. Descartando tales formas, y limitándose sólo a aquellas en
que toda región y dirección es como cualquier otra, usted es capaz de reducir
fantásticamente las posibilidades.
Ya hemos tropezado con una forma que satisface el
requisito. La forma esférica del globo era el ingrediente clave al establecer
la simetría entre todos los Lincolns en su superficie hinchada, y por eso la
versión tridimensional de esta forma, la denominada tres-esfera, es
un candidato para la forma del espacio. Pero ésta no es la única forma que da
simetría completa. Siguiendo el razonamiento con los modelos bidimensionales
más fácilmente visualizados, imagine una lámina elástica infinitamente ancha
e infinitamente larga, una lámina que está completamente
recta, con monedas uniformemente espaciadas pegadas a su superficie. Conforme
se expande la lámina entera, hay una vez más simetría espacial completa y
compatibilidad completa con el descubrimiento de Hubble: cualquier Lincoln ve a
cualquier otro Lincoln alejarse con una velocidad proporcional a su distancia,
como en la figura 8.4. [114]
Así, una versión tridimensional de esta forma como
un cubo infinito en expansión de goma transparente con galaxias uniformemente
salpicadas por su interior es otra forma posible para el espacio. (Si usted
prefiere metáforas culinarias, piense en una versión infinitamente grande del
pudin de pasas mencionado antes, una que tiene la forma de un cubo pero que se
prolonga indefinidamente, con pasas que desempeñan el papel de galaxias. Cuando
el pudin se hornea, la masa se expande, haciendo que cada pasa se aleje de las
demás.) Esta forma se denomina espacio plano porque, a
diferencia del ejemplo esférico, no tiene curvatura (un significado de «plano»
que utilizan los matemáticos y los físicos pero que difiere del significado
coloquial de «en forma de pastel»). [115]
Una cosa bonita sobre las formas esférica y plana
infinita es que usted puede caminar interminablemente y no llegar nunca a un
borde o una frontera.
Esto es atractivo porque nos permite evitar
cuestiones espinosas: ¿qué hay más allá del borde del espacio?, ¿qué sucede si
usted camina hasta una frontera del espacio? Si el espacio no tiene bordes ni
fronteras, la pregunta no tiene significado. Pero notemos que las dos formas
realizan esta característica atractiva de diferentes maneras. Si usted camina
en línea recta en un espacio de forma esférica, encontrará, como la expedición
de Magallanes, que más pronto o más tarde volverá a su punto de partida, sin haber
encontrado nunca un borde. Por el contrario, si usted camina en línea recta en
un espacio plano infinito, encontrará que como el conejito de Energizer, puede
seguir y seguir, sin encontrar nunca un borde, pero también sin volver nunca al
lugar donde empezó su viaje. Aunque esto podría parecer una diferencia
fundamental entre la geometría de una forma curva y una plana, hay una simple
variante del espacio plano que sorprendentemente se parece a la esfera a este
respecto.
Figura 8.4. (a) La vista desde cualquier moneda en un plano infinito es la
misma que la vista desde cualquier otra, (b) Cuanto más alejadas están dos
monedas en la figura 8.4a, mayor es el aumento en su separación cuando el plano
se expande.
Para representarlo, pensemos en uno de esos
videojuegos en los que la pantalla parece tener bordes pero en realidad no los
tiene, puesto que usted no puede salir de ella realmente: si sale por el borde
derecho, reaparece en el izquierdo; si sale por el borde superior, reaparece en
el inferior. La pantalla «se enrolla» identificando superior con inferior e
izquierda con derecha, y de esa manera la forma es plana y tiene tamaño finito pero
no tiene borde.
Matemáticamente, esta forma se denomina un toro
tridimensional, se ilustra en la figura 8.5a. [116]
Figura 8.5. (a) Una pantalla de videojuego es plana (en el sentido de «no
curvada») y tiene un tamaño finito, pero no contiene bordes ni fronteras puesto
que se «enrolla». Matemáticamente, una forma semejante se denomina un toro
tridimensional. (b) Una versión tridimensional de la misma forma, llamada un
toro tridimensional, es también plana (en el sentido de no curvada) y tiene un
volumen finito, y tampoco tiene bordes ni fronteras, porque se enrolla. Si
usted atraviesa una cara, entra por la cara opuesta.
La versión tridimensional de esta forma, un toro
tridimensional, ofrece otra forma posible para el tejido del espacio. Puede
pensar en esta forma como un cubo enorme que se enrolla a lo largo de los tres
ejes: cuando usted atraviesa la parte superior reaparece en la inferior, cuando
usted atraviesa la parte trasera, reaparece delante, cuando atraviesa el lado
izquierdo reaparece en el derecho, como en la figura 8.5b. Dicha forma es
plana, de nuevo, en el sentido de no estar curvada, no en el sentido de ser como
un pastel, tridimensional, finita en todas las direcciones y pese a todo no
tiene bordes ni fronteras.
Además de estas posibilidades hay aún otra forma
compatible con la explicación del espacio en expansión simétrica para el
descubrimiento de Hubble. Aunque es difícil de representar en tres dimensiones,
como sucede con el ejemplo esférico, hay un buen sustituto bidimensional: una
versión infinita de una patata frita Pringle. Esta forma, a menudo conocida
como sillade montar, es una especie de inversa de la esfera.
Mientras que una esfera es simétricamente hinchada hacia afuera, la silla de
montar está simétricamente contraída hacia adentro, como se ilustra en la
figura 8.6. Usando un poco de terminología matemática, decimos que la esfera
está positivamente curvada (hinchada hacia afuera), la silla
de montar está negativamente curvada (se contrae hacia
adentro), y el espacio plano, ya sea infinito o finito, no
tienecurvatura (ni hinchazón ni contracción). [xxii]
Los investigadores han demostrado que esta lista,
uniformemente positiva, negativa o cero, agota las curvaturas posibles para el
espacio que son compatibles con el requisito de simetría entre todas las
posiciones y en todas las direcciones. Y eso es verdaderamente asombroso.
Estamos hablando de la forma del universo entero, algo para lo que hay
infinitas posibilidades.
Pese a todo, invocando el inmenso poder de la
simetría, los investigadores han podido estrechar firmemente las posibilidades.
Y por ello, si usted permite que la simetría guíe su respuesta, y su
interrogador de la noche pasada le deja que haga un simple puñado de
conjeturas, usted será capaz de afrontar su desafío.[117]
Figura 8.6. Utilizando la analogía bidimensional para el espacio, hay tres
tipos de curvatura que son completamente simétricos, es decir, curvaturas en
que la vista desde cualquier lugar es la misma que desde cualquier otro. Éstas
son (a) curvatura positiva, que se abomba uniformemente hacia afuera, como en
una esfera; (b) curvatura cero, que no se abomba en absoluto, como en un plano
infinito o una pantalla de videojuego; (c) curvatura negativa, que se contrae
uniformemente hacia adentro, como en una silla de montar.
De todas formas, usted podría preguntar por qué
hemos llegado a una variedad de formas posibles para el tejido del espacio.
Habitamos en un único universo, de modo que ¿por qué no podemos especificar una
única forma?
Bien, las formas que hemos enumerado son las únicas
compatibles con nuestra creencia en que cualquier observador,
independientemente de dónde esté situado en el universo, debería ver un cosmos
idéntico en la escala máxima. Pero tales consideraciones de simetría, aunque
altamente selectivas, no son capaces de llegar hasta el final y seleccionar una
respuesta única. Para eso necesitamos las ecuaciones de Einstein de la
relatividad general.
Como entrada, las ecuaciones de Einstein toman la
cantidad de materia y energía en el universo (que, de nuevo por consideraciones
de simetría, se suponen uniformemente distribuidas) y como salida dan la
curvatura del espacio. La dificultad está en que durante muchas décadas los
astrónomos han sido incapaces de ponerse de acuerdo en cuánta materia y energía
hay realmente. Si toda la materia y la energía en el universo estuviesen
repartidas uniformemente a lo largo del espacio, y si, después de hacer esto,
resultara ser más que la denominada densidad crítica de aproximadamente
0,00000000000000000000001 (10-23) gramos en cada metro cúbico[xxiii],
aproximadamente 5 átomos de hidrógeno por metro cúbico, las ecuaciones de
Einstein darían una curvatura positiva para el espacio; si fuera menos que la
densidad crítica, las ecuaciones implicarían curvatura negativa; si fuera
exactamente la densidad crítica, las ecuaciones nos dirían que el espacio no
tiene curvatura global. Aunque esta cuestión observacional está todavía por
zanjar definitivamente, los datos más refinados están inclinando la aguja del
lado de la no curvatura: la forma plana. Pero la cuestión de si el conejito de
Energizer podría moverse para siempre en una dirección y desaparecer en la
oscuridad, o si un día completaría el círculo y aparecería por detrás, si el
espacio continúa para siempre o se enrolla como una pantalla de vídeo, sigue
estando completamente abierta. [118]
Incluso así, incluso sin una respuesta final para
la forma del tejido cósmico, lo que es bastante claro es que la simetría
es el factor esencial que nos permite abarcar espacio y tiempo
cuando se aplican al universo en conjunto. Sin invocar el poder de la simetría,
hubiéramos quedado atascados en la primera esquina.
§. La cosmología y el espaciotiempo
Ahora podemos ilustrar la historia cósmica combinando el concepto de espacio en
expansión con la descripción de la barra de pan del espaciotiempo del capítulo
3. Recuerde que en la descripción de la barra de pan, cada rebanada, incluso si
es bidimensional, representa todo el espacio tridimensional en un único
instante de tiempo desde la perspectiva de un observador particular. Diferentes
observadores rebanan la barra a diferentes ángulos, dependiendo de los detalles
de su movimiento relativo. En los ejemplos encontrados previamente, no tuvimos
en cuenta la expansión del espacio y, en su lugar, imaginamos que el tejido del
cosmos era fijo e invariable en el tiempo.
Figura 8.7, (a) Una imagen esquemática que muestra todo el espacio
precisamente ahora, suponiendo que el espacio es plano y finito en extensión,
i. e., con la forma de una pantalla de videojuego. Nótese que la galaxia de
arriba a la derecha aparece de nuevo por la izquierda, (b) Una imagen
esquemática que muestra todo el espacio cuando evoluciona a lo largo del
tiempo, donde se han resaltado por claridad unas pocas rebanadas temporales.
Nótese que el tamaño global del espacio y la separación, entre galaxias,
disminuye a medida que miramos más atrás en el tiempo.
Ahora podemos refinar esos ejemplos incluyendo la
evolución cosmológica.
Para hacerlo, adoptaremos la perspectiva de
observadores que están en reposo con respecto al espacio, es decir,
observadores cuyo movimiento se debe únicamente a la expansión cósmica, igual
que los Lincolns pegados al globo. Una vez más, incluso si se están moviendo
unos respecto a otros, hay simetría entre todos estos observadores, todos sus
relojes coinciden, y por ello rebanan la barra del espaciotiempo exactamente de
la misma manera.
Sólo el movimiento relativo que excede del que
procede de la expansión del espacio, sólo el movimiento relativo a
través del espacio frente al movimiento del hinchamiento del espacio,
daría como resultado que sus relojes se desincronizaran y sus rebanadas de la
barra espaciotemporal fueran a ángulos diferentes. También tenemos que
especificar la forma del espacio, y para fines de comparación consideraremos
algunas de las posibilidades discutidas más arriba.
El ejemplo más fácil de dibujar es el de la forma
plana e infinita, el videojuego. En la figura 8.7a mostramos una rebanada en
dicho universo, una imagen esquemática que usted debería considerar que
representa todo el espacio precisamente ahora. Por simplicidad, imagine que
nuestra galaxia, la Vía Láctea, está en el centro de la figura, pero tenga en
cuenta que ningún lugar es en absoluto especial comparado con cualquier otro.
Incluso los bordes son ilusorios. El borde superior no es un lugar donde el espacio
termina, puesto que usted puede cruzarlo y reaparecer por el borde inferior;
análogamente, el borde izquierdo no es un lugar donde el espacio termina,
puesto que puede cruzarlo y reaparecer por el borde derecho. Para acomodar las
observaciones astronómicas, cada lado debería extenderse al menos hasta 14.000
millones de años luz (unos 130.000 trillones de kilómetros) desde su punto
central, pero cada uno podría ser mucho mayor.
Note que precisamente ahora no podemos ver
literalmente las estrellas y galaxias tal como están dibujadas en esta rebanada
ahora puesto que, como discutimos en el capítulo 5, la luz emitida precisamente
ahora por cualquier objeto necesita tiempo para llegar hasta nosotros. La luz
que vemos cuando miramos al cielo en una noche clara fue emitida hace tiempo,
hace millones e incluso miles de millones de años, y sólo ahora ha completado
el largo viaje hacia la Tierra, ha entrado en nuestros telescopios y nos ha
permitido extasiamos ante las maravillas del espacio profundo. Puesto que el
espacio se está expandiendo, cuando esta luz fue emitida, hace eones de tiempo,
el universo era mucho más pequeño. Ilustramos esto en la figura 8.7b en la que
hemos colocado nuestra rebanada ahora actual en el lado derecho de la barra e
incluido una secuencia de rebanadas a la izquierda que muestran nuestro
universo en momentos cada vez más tempranos de tiempo. Como usted puede ver, el
tamaño global del espacio y las separaciones entre galaxias individuales
decrecen a medida que miramos el universo en instantes cada vez más tempranos.
En la figura 8.8 puede ver también la historia de
la luz, emitida por una lejana galaxia quizá hace mil millones de años,
mientras viajaba hacia nosotros aquí en la Vía Láctea. En la rebanada inicial
de la figura 8.8a, la luz es emitida primero, y en rebanadas posteriores puede
ver que la luz se acerca cada vez más incluso a medida que el universo se hace
cada vez mayor, y finalmente puede ver que nos alcanza en la rebanada más
extrema a la derecha.
Figura 8.8. (a) La luz emitida hace mucho tiempo desde una galaxia lejana
está cada vez más cerca de la Vía Láctea en rebanadas de tiempo posteriores.
(b) Cuando finalmente vemos la galaxia lejana, estamos mirando a través del
espacio y el tiempo, puesto que la luz fue emitida hace mucho tiempo. Se
resalta la trayectoria que sigue la luz a través del espaciotiempo. (c) Las
trayectorias a través del espaciotiempo que sigue la luz emitida desde varios
cuerpos astronómicos que vemos hoy.
En la figura 8.8b, que conecta los lugares de cada
rebanada que atravesó el frente de la luz durante su viaje, mostramos la
trayectoria de la luz a través del espaciotiempo. Puesto que recibimos luz de
muchas direcciones, la figura 8.8c representa una muestra de trayectorias a
través del espacio y el tiempo que siguen diversos rayos de luz para llegar
hasta nosotros.
Las figuras muestran de forma espectacular cómo
puede utilizarse la luz que viene del espacio como una cápsula de tiempo
cósmico.
Cuando miramos a la galaxia Andrómeda, la luz que
recibimos fue emitida hace unos tres millones de años, de modo que estamos
viendo Andrómeda tal como era en el pasado lejano. Cuando miramos el cúmulo
Coma, la luz que recibimos fue emitida hace unos 300 millones de años y por
ello estamos viendo el cúmulo Coma tal como era en una época aún muy anterior.
Si precisamente ahora todas las estrellas en todas las galaxias de este cúmulo
se convirtieran en supernovas, aún seguiríamos viendo la misma imagen no perturbada
del cúmulo Coma y lo haríamos así durante otros 300 millones de años; sólo
entonces la luz de las estrellas que explosionan habrían tenido el tiempo
suficiente para llegar hasta nosotros. Análogamente, si un astrónomo en el
cúmulo Coma que está en nuestra rebanada de tiempo ahora orienta un potente
supertelescopio hacia la Tierra, verá una abundancia de helechos, artrópodos y
reptiles primitivos; no verá la Gran Muralla china o la Torre Eiffel durante
casi otros 300 millones de años. Por supuesto, este astrónomo, bien instruido
en cosmología básica, se da cuenta que está viendo la luz emitida en el pasado
lejano de la Tierra, y al dibujar su propia barra espaciotemporal cósmica
asignará las bacterias primitivas de la Tierra a su época adecuada, a su
conjunto adecuado de rebanadas de tiempo.
Todo esto supone que tanto nosotros como el
astrónomo del cúmulo Coma nos estamos moviendo sólo con el flujo cósmico de la
expansión espacial, puesto que esto asegura que su rebanamiento de la barra del
espaciotiempo coincide con el nuestro, asegura que sus listas ahora coinciden
con las nuestras. Sin embargo, si él rompiera filas y se moviera a través del
espacio superando sustancialmente el flujo cósmico, sus rebanadas estarían
inclinadas respecto a las nuestras, como en la figura 8.9. En este caso, como encontramos
con Chewie en la capítulo 5, el ahora de este astrónomo coincidirá con lo que
nosotros consideramos nuestro futuro o nuestro pasado (dependiendo de si el
movimiento adicional es hacia o alejándose de nosotros). Note, sin embargo, que
sus rebanadas ya no serán espacialmente homogéneas. Cada rebanada inclinada en
la figura 8.9 corta al universo en un abanico de épocas diferentes y por ello
las rebanadas ya no son uniformes.
Esto complica significativamente la descripción de
la historia cósmica, y ésa es la razón por la que los físicos y los astrónomos
no contemplan en general tales perspectivas. En su lugar, normalmente sólo
consideran la perspectiva de observadores que se mueven únicamente con el flujo
cósmico, puesto que esto da rebanadas que son homogéneas, pero, hablando en
términos fundamentales, cada punto de vista es tan válido como cualquier otro.
Figura 8.9. La rebanada de tiempo de un observador que se mueve
significativamente en exceso con respecto al flujo cósmico de la expansión
espacial.
A medida que miramos más a la izquierda en la barra
espaciotemporal cósmica, el universo se hace cada vez más pequeño y cada vez
más denso. E igual que la rueda de una bicicleta se hace cada vez más caliente
cuando usted comprime cada vez más aire en su interior, el universo se hace
cada vez más caliente a medida que materia y radiación son comprimidas cada vez
más por la contracción del espacio. Si retrocedemos hasta unas simples diez
millonésimas de segundo después del comienzo, el universo se hace tan denso y
tan caliente que la materia ordinaria se desintegra en un plasma primordial de
constituyentes elementales de la naturaleza. Y si continuamos nuestro viaje,
directamente hasta casi el propio instante cero, el instante del bigbang, el
universo entero conocido está comprimido en un tamaño tal que, comparado con
él, el punto final de esta frase parece gigantesco. Las densidades en una época
tan temprana eran tan grandes, y las condiciones tan extremas, que las teorías
físicas más refinadas que tenemos actualmente son incapaces de damos una idea
de lo que sucede. Por razones que se harán cada vez más evidentes, las
altamente satisfactorias leyes de la física desarrolladas en el siglo XX dejan
de valer en condiciones tan intensas, dejándonos sin timón en nuestra búsqueda
por comprender el inicio del tiempo.
Figura 8.10. Historia cósmica, la «barra» espaciotemporal, para un universo
que es plano y de extensión espacial finita. La borrosidad en la parte superior
denota nuestra carencia de conocimiento cerca del comienzo del universo.
Pronto veremos que desarrollos recientes están
proporcionando un faro esperanzador, pero por ahora admitimos nuestra
incompleta comprensión de lo que sucedió en el comienzo colocando una región
borrosa en el extremo izquierdo de la barra del espaciotiempo cósmico, nuestra
versión de la térra incógnita en los mapas antiguos. Con este
toque final, presentamos la figura 8.10 como una ilustración a grandes rasgos
de la historia cósmica.
§. Formas alternativas
Hasta ahora hemos supuesto que el espacio tiene la forma de una pantalla de
videojuego, pero muchas de las características de esta historia son válidas
para las otras posibilidades. Por ejemplo, si los datos muestran en última
instancia que la forma del espacio es esférica, entonces, a medida que
retrocedemos en el tiempo, el tamaño de la esfera se hace cada vez menor, el
universo se hace cada vez más denso y más caliente, y en el instante cero
encontramos algún tipo de comienzo big bang. Es retador
dibujar una ilustración análoga a la de la figura 8.10 puesto que las esferas
no se apilan limpiamente una junto a otra (por ejemplo, usted puede imaginar
una «barra esférica» en la que cada rebanada es una esfera que rodea a la
anterior), pero aparte de las complicaciones gráficas, la física es básicamente
la misma.
Los casos de espacio plano infinito y espacio
infinito en forma de silla de montar comparten también muchas características
con las dos formas ya discutidas, pero difieren en un aspecto esencial. Echemos
una mirada a la figura 8.11, en la que las rebanadas representan espacio plano
que se prolonga indefinidamente (del que sólo podemos mostrar una parte, por
supuesto). A medida que usted mira instantes más tempranos, el espacio se
contrae; las galaxias se acercan cada vez más cuanto más atrás mira usted en la
figura 8.11b. Sin embargo, el tamaño global del espacio sigue siendo el mismo.
¿Por qué? Bien, el infinito es una cosa divertida. Si el espacio es infinito y
usted contrae todas las distancias en un factor dos, el tamaño del espacio se
hace la mitad de infinito, y eso sigue siendo infinito. De modo que aunque todo
se hace más próximo y las densidades se hacen cada vez mayores a medida que
usted retrocede más en el tiempo, el tamaño total del universo sigue siendo
infinito; las cosas se hacen más densas en todas partes en un espacio de
extensión infinita. Esto da una imagen bastante diferente del big bang.
Normalmente imaginamos que el universo empezó como
un punto, aproximadamente como en la figura 8.10, en el que no hay tiempo ni
espacio exterior. Luego, por algún tipo de erupción, el espacio y el tiempo se
desplegaron desde su forma comprimida y tomó vuelo la expansión del universo.
Pero si el universo es espacialmente infinito,ya había una extensiónespacial
infinita en el instante del «big bang». En este instante inicial, la
densidad de energía se disparó y se alcanzó una temperatura incomparablemente
alta, pero estas condiciones extremas existían en todas partes, no sólo en un
único punto. En este escenario, el big bang no tuvo lugar en
un punto; más bien, la erupción del big bang tuvo lugar en
todas partes de la extensión infinita. Comparando esto con el comienzo
convencional en un único punto, es como si hubiera muchos big
bangs, uno en cada punto de la extensión espacial infinita. Después
del bang el espacio se hinchó, pero su tamaño total no aumentó
porque algo que ya es infinito no puede hacerse más grande. Lo que aumentó
fueron las separaciones entre objetos como galaxias (una vez que se hubieron
formado), como puede ver mirando de izquierda a derecha en la figura 8.11b. Un
observador como usted o como yo, mirando desde una u otra galaxia, vería alejarse
todas las galaxias circundantes, precisamente lo que descubrió Hubble.
Figura 8.11. (a) Representación esquemática del espacio infinito, poblado
por galaxias, (b) El espacio se contrae en tiempos cada vez anteriores, de modo
que las galaxias están más próximas y más densamente empaquetadas en tiempos
anteriores, pero el tamaño global del espacio infinito sigue siendo infinito.
Nuestra ignorancia de lo que sucede en los instantes más tempranos se denota de
nuevo por una región borrosa, pero aquí la región se extiende a través de la
extensión espacial infinita.
Tenga en cuenta que este ejemplo del espacio plano
infinito es mucho más que académico. Veremos que hay evidencia creciente de que
la forma global del espacio no es curva, y puesto que por ahora no hay
evidencia de que el espacio tenga la forma de un videojuego, la forma espacial
plana e infinitamente grande es el primer candidato para la estructura a gran
escala del espaciotiempo.
§. Cosmología y simetría
Las consideraciones de simetría han sido claramente indispensables para el
desarrollo de la moderna teoría cosmológica. El significado del tiempo, su
aplicabilidad al universo en conjunto, la forma global del espacio, e incluso
el marco subyacente de la relatividad especial, todo descansa sobre fundamentos
de simetría. Incluso así, hay aún otra manera en que las ideas de simetría han
conformado el cosmos en evolución. En el curso de la historia, la temperatura
del universo ha barrido un enorme intervalo, desde los instantes terriblemente
calientes inmediatamente después del big bang hasta los pocos
grados sobre el cero absoluto que usted encontraría si colocara un termómetro
en el espacio profundo. Y, como explicaré en el próximo capítulo, debido a una
interdependencia crítica entre calor y simetría, lo que vemos hoy es probablemente
tan sólo un residuo frío de la simetría mucho más rica que moldeó el universo
primitivo y determinó algunas de las características más familiares y esenciales
del cosmos.
Capítulo 9
Caminos a la realidad
El calor, la nada y la unificación
Contenido:
§. Calor y simetría
§. Fuerza, materia y campos de Higgs
§. Campos en un universo que se enfría
§. El océano de Higgs y el origen de la masa
§. Unificación en un universo que se enfría
§. Gran unificación
§. El retomo del éter
§. Entropía y tiempo
Durante el 95 por 100 de la historia del universo,
un corresponsal cósmico especializado en dar noticias de la forma general y a
grandes rasgos del universo habría contado más o menos la misma historia: El universo
sigue expandiéndose. La materia sigue dispersándose debido a la expansión.
La densidad del universo sigue disminuyendo. La temperatura sigue bajando.
En las escalas más grandes el universo mantiene unaapariencia homogénea y simétrica. Pero
no siempre habría sido tan fácil cubrir el cosmos. Las etapas más tempranas
habrían requerido una actividad informativa muy agitada, porque en aquellos
momentos iniciales el universo sufrió un rápido cambio. Y ahora sabemos que lo
que sucedió entonces ha desempeñado un papel dominante en lo que experimentamos
hoy.
En este capítulo nos centraremos en los momentos
críticos en la primera fracción de segundo después del big bang, cuando
se cree que la cantidad de simetría incorporada en el universo ha cambiado
abruptamente, y cada cambio inicia una época profundamente diferente en la
historia cósmica.
Aunque el corresponsal puede ahora enviar
tranquilamente las mismas pocas líneas cada pocos miles de millones de años, en
aquellos primeros instantes de simetría rápidamente cambiante el trabajo habría
sido muchísimo más exigente, porque la estructura básica de la materia y las
fuerzas responsables de su equilibrio habrían sido completamente desconocidos.
La razón está ligada a la interrelación entre calor y simetría, y requiere un
replanteamiento completo de lo que entendemos por las nociones de espacio vacío
y de nada. Como veremos, tal replanteamiento no sólo enriquece sustancialmente
nuestra comprensión de los primeros momentos del universo sino que también nos
lleva un paso más cerca de realizar un sueño del que hablaron Newton, Maxwell
y, en particular, Einstein: el sueño de la unificación. De igual importancia,
estos desarrollos fijan el escenario para el marco cosmológico más moderno,
la cosmología inflacionaria, una aproximación que anuncia
respuestas a algunas de las preguntas más apremiantes y los enigmas más
espinosos sobre los que calla el modelo estándar del big bang.
§. Calor y simetría
Cuando las cosas se hacen muy calientes o muy frías, a veces cambian. Y a veces
el cambio es tan pronunciado que uno ni siquiera puede reconocer las cosas con
las que empezó. Debido a las tórridas condiciones inmediatamente después
del bang, y la posterior caída rápida de la temperatura
conforme el espacio se expandía y enfriaba, comprender los efectos de un cambio
de temperatura es crucial para tratar de resolver la historia temprana del
universo. Pero empecemos con lo más sencillo. Empecemos con hielo.
Si usted calienta un pedazo de hielo muy frío, al
principio no suceden muchas cosas. Aunque su temperatura aumenta, su apariencia
casi no cambia.
Pero si usted eleva su temperatura hasta los 0
grados Celsius y sigue calentando, algo espectacular sucede de repente. El
hielo sólido empieza a fundirse y se convierte en agua líquida. No deje que la
familiaridad de esta transformación devalúe el espectáculo. Sin experiencias
previas que incluyan hielo y agua, sería un reto darse cuenta de la íntima
conexión entre ellos. Uno es sólido como una roca mientras que la otra es un
líquido viscoso. Una simple observación no revela ninguna evidencia directa de
que su constitución molecular, H2O, es idéntica. Si usted no hubiera
visto antes hielo o agua y se le presentaran en sendos recipientes, es probable
que al principio pensara que no estaban relacionados. Y pese a todo, cuando
cualquiera de ellos cruzara los 0 grados Celsius, usted sería testigo de una
maravillosa alquimia cuando uno se transforma en otro.
Si usted sigue calentando agua líquida, encontrará
otra vez que durante un tiempo no sucede casi nada aparte de un aumento
continuo de la temperatura.
Pero luego, cuando llega a los 100 grados Celsius,
hay otro cambio brusco: el agua líquida empieza a hervir y transformarse en
vapor, un gas caliente que una vez más no está obviamente relacionado con el
agua líquida o el hielo sólido. Pero de hecho, los tres comparten la misma
composición molecular.
Los cambios de sólido a líquido y de líquido a gas
se conocen como transiciones de fase. La mayoría de las
sustancias pasan por una serie similar de cambios si sus temperaturas varían en
un rango suficientemente amplio. [119]
La simetría desempeña un papel central en las
transiciones de fase. En casi todos los casos, si comparamos una medida
adecuada de la simetría de algo antes o después de que sufra una transición de
fase, encontramos un cambio importante. En una escala molecular, por ejemplo,
el hielo tiene una forma cristalina con las moléculas de H2O
dispuestas en una red hexagonal ordenada. Como las simetrías de la caja en la
figura 8.1, la pauta general de las moléculas de hielo queda invariable sólo
frente a ciertas manipulaciones especiales, tales como rotaciones en unidades
de 60 grados alrededor de ejes particulares de la disposición hexagonal. Por el
contrario, cuando calentamos hielo, la formación cristalina se funde en un
agregado uniforme y agitado de moléculas, agua líquida, que permanece
invariable bajo rotaciones de cualquier ángulo alrededor de cualquier eje. Así
que, calentando el hielo y haciéndole sufrir una transición de fase
sólido-a-líquido, lo hemos hecho más simétrico. (Recuerde, aunque usted podría pensar
intuitivamente que algo más ordenado, como el hielo, es más simétrico, lo
cierto es todo lo contrario: algo es más simétrico si puede someterse a más
transformaciones, tales como rotaciones, sin que cambie su apariencia.)
Análogamente, si calentamos agua líquida y se
convierte en vapor gaseoso, la transición de fase también da como resultado un
aumento de simetría. En el agua, las moléculas de H2O individuales están, en
promedio, empaquetadas con el hidrógeno de una molécula contiguo al oxígeno de
su vecina. Si usted rotara una u otra molécula perturbaría apreciablemente el
patrón molecular. Pero cuando el agua hierve y se convierte en vapor, las
moléculas van de un lado a otro libremente; ya no hay ninguna pauta para las orientaciones
de las moléculas de H2O, y por ello, si usted rotara una molécula o
un grupo de moléculas, el gas parecería igual. Así pues, de la misma forma que
la transición hielo-a-agua da como resultado un aumento de la simetría, la
transición agua-a-vapor también lo hace. La mayoría de las sustancias (pero no
todas) se comportan de forma similar, experimentando un aumento de simetría
cuando sufren transiciones de fase sólido-a-líquido y líquido-a-gas.[120]
La historia es muy parecida cuando usted enfría
agua o casi cualquier otra sustancia; simplemente tiene lugar al revés. Por
ejemplo, cuando usted enfría vapor gaseoso, al principio no sucede mucho, pero
cuando su temperatura cae hasta 100 grados Celsius, repentinamente empieza a
condensarse en agua líquida; cuando usted enfría agua líquida, no mucho sucede
hasta que llega a 0 grados Celsius, momento en que repentinamente empieza a
congelarse en hielo sólido. Y siguiendo el mismo razonamiento con respecto a las
simetrías, pero a la inversa, concluimos que ambas transiciones de fase están
acompañadas por una reducción de simetría.[xxiv]
Esto es lo que se refiere al hielo, agua, vapor y
sus simetrías. ¿Qué tiene que ver todo esto con la cosmología? Bien, en la
década de 1970 los físicos se dieron cuenta de que no sólo los objetos en el
universo pueden sufrir transiciones de fase sino que también puede sufrirlas el
cosmos en conjunto.
Durante los últimos 14.000 millones de años el
universo se ha expandido y descomprimido continuamente. Y de la misma forma que
una rueda de bicicleta que pierde presión se enfría, la temperatura del
universo en expansión ha descendido continuamente. Durante buena parte de esta
disminución de la temperatura no sucedió mucho. Pero hay razones para creer que
cuando el universo atravesó unas temperaturas críticas concretas, las análogas
de los 100 grados Celsius para el vapor y 100 grados Celsius para el agua, sufrió
un cambio radical y experimentó una reducción drástica de la simetría. Muchos
físicos creen que ahora estamos viviendo en una fase «condensada» o «congelada»
del universo, una fase que es muy diferente de épocas anteriores. Las
transiciones de fase cosmológicas no implican literalmente un gas que se
condensa para dar un líquido, o un líquido que se congela para dar un sólido,
aunque hay muchas similitudes cualitativas con estos ejemplos más familiares.
Más bien, la «sustancia» que se condensó o congeló cuando el universo se enfrió
hasta temperaturas concretas es un campo: más exactamente un campo de
Higgs. Veamos lo que esto significa.
§. Fuerza, materia y campos de Higgs
Los campos proporcionan el marco para buena parte de la física moderna. El
campo electromagnético, discutido en el capítulo 3, es quizá el campo más
simple y más ampliamente apreciado de los campos de la Naturaleza.
Viviendo entre emisiones de radio y televisión,
comunicaciones de teléfonos móviles, el calor y la luz del Sol, estamos
constantemente inmersos en un mar de campos electromagnéticos. Los fotones son
los constituyentes elementales de los campos electromagnéticos, y pueden
considerarse los transmisores microscópicos de la fuerza electromagnética.
Cuando usted ve algo, puede considerarlo en términos de un campo
electromagnético ondulante que entra en su ojo y estimula su retina, o en
términos de fotones que entran en su ojo y hacen lo mismo. Por esta razón, el
fotón es descrito a veces como la partículamensajera de la
fuerza electromagnética.
El campo gravitatorio es también familiar puesto
que nos ancla constante y consistentemente, y a todo lo que nos rodea, a la
superficie de la Tierra.
Como sucede con los campos electromagnéticos, todos
estamos inmersos en un mar de campos gravitatorios; el de la Tierra es
dominante, pero también sentimos los campos gravitatorios del Sol, la Luna y
los demás planetas. De la misma forma que los fotones son partículas que
constituyen un campo electromagnético, los físicos creen que los gravitones son
partículas que constituyen un campo gravitatorio. Los gravitones todavía no han
sido descubiertos experimentalmente, pero eso no es sorprendente. La gravedad es
con mucho la más débil de todas las fuerzas (por ejemplo, un imán normal de
frigorífico puede sostener un clip, superando así la atracción del campo
gravitatorio de la Tierra entera) y por ello es comprensible que los
experimentadores no hayan detectado todavía los constituyentes más mínimos de
la fuerza más débil. Incluso sin confirmación experimental, no obstante, la
mayoría de los físicos creen que igual que los fotones trasmiten la fuerza
electromagnética (son las partículas mensajeras de la fuerza electromagnética)
los gravitones trasmiten la fuerza gravitatoria (son las partículas mensajeras
de la fuerza gravitatoria). Cuando usted deja caer un vaso, puede considerar el
suceso en términos del campo gravitatorio de la Tierra tirando del vaso, o, utilizando
la descripción geométrica más refinada de Einstein, puede considerarlo en
términos del deslizamiento del vaso a lo largo de una muesca en el tejido del
espaciotiempo provocado por la presencia de la Tierra, o, si los gravitones
existen realmente, también puede considerarlo en términos de gravitones que van
de un lado a otro entre la Tierra y el vaso, comunicando un «mensaje»
gravitatorio que «dice» al vaso que caiga hacia la Tierra.
Además de estos campos de fuerzas bien conocidos,
hay otras dos fuerzas de la Naturaleza, la fuerza nuclear fuerte y
la fuerza nuclear débil, que también ejercen su influencia vía
campos. Las fuerzas nucleares son menos familiares que el electromagnetismo y
la gravedad porque actúan sólo a escalas atómica y subatómica. Incluso así, su
impacto en la vida diaria, a través de la fusión nuclear que hace que el Sol
brille, la fisión nuclear en acción en los reactores atómicos, y la
desintegración radiactiva de elementos como el uranio y el plutonio, no es
menos importante. Los campos de fuerzas nucleares fuerte y débil se
denominan campos de Yang-Mills, pues C. N. Yang y Robert Mills
desarrollaron sus bases teóricas en la década de 1950. Y de la misma forma que
los campos electromagnéticos están compuestos de fotones, y los campos
gravitatorios están, según se cree, compuestos de gravitones, los campos fuerte
y débil también tienen partículas constituyentes.
Las partículas de la fuerza fuerte se
denominan gluones y los de la fuerza débil se denominan
partículas W y Z. La existencia de estas partículas fue confirmada por
experimentos en aceleradores llevados a cabo en Alemania y en Suiza a finales
de la década de 1970 y principios de la de 1980.
El marco del campo se aplica también a la materia.
Hablando en términos generales, las ondas de probabilidad de la mecánica
cuántica pueden considerarse como campos que llenan el espacio y proporcionan
la probabilidad de que una u otra partícula de materia esté en uno u otro
lugar.
Un electrón, por ejemplo, puede considerarse como
una partícula, una que deja un punto en una pantalla de fósforo, como en la
figura 4.4, pero también puede (y debe) considerarse en términos de un campo
ondulante, un campo que puede contribuir a una figura de interferencia en una
pantalla de fósforo como en la figura 4.3b. [121] De hecho, aunque no voy a entrar aquí en mayor detalle, [122] la onda de probabilidad de un electrón está estrechamente asociada
con algo denominado un campo electrónico, un campo que en
muchos aspectos es similar a un campo electromagnético pero en el que el
electrón desempeña un papel análogo al del fotón, siendo el constituyente más
pequeño del campo electrónico. El mismo tipo de descripción mediante un campo
es válido también para todas las demás especies de partículas materiales.
Habiendo discutido campos de materia y campos de
fuerza, usted podría pensar que hemos cubierto todo. Pero hay un consenso
general en que la historia contada hasta ahora no es completa. Muchos físicos
creen firmemente que hay todavía un tercer tipo de campo, un tipo que nunca ha
sido detectado experimentalmente pero que durante las dos últimas décadas ha
desempeñado un papel central tanto en el pensamiento cosmológico moderno como
en la física de las partículas elementales. Se denomina un campo de Higgs, por
el físico escocés Peter Higgs. [123] Y si las ideas de la próxima sección son correctas, el universo
entero está permeado por un océano de campo de Higgs, una reliquia fría
del big bang, que es responsable de muchas de las propiedades
de las partículas de las que estamos hechos usted, yo y cualquier otra cosa que
hayamos encontrado.
§. Campos en un universo que se enfría
Los campos responden a la temperatura como lo hace la materia ordinaria.
Cuanto más alta es la temperatura, más
violentamente variará arriba y abajo, como la superficie de un puchero de agua
hirviendo, el valor de un campo.
A la temperatura característica del espacio
profundo hoy (2,7 grados sobre el cero absoluto, o 2,7 Kelvin, como se denota
habitualmente), o incluso a las temperaturas más calientes aquí en la Tierra,
las ondulaciones del campo son minúsculas. Pero la temperatura inmediatamente
después del big bang era tan enorme, se cree que a los 10^3
segundos después del bang la temperatura ha sido de unos 1032
Kelvin, que todos los campos variaban violentamente.
A medida que el universo se expandía y enfriaba, la
inicialmente enorme densidad de materia y radiación cayó continuamente, la
vasta extensión del universo se hizo cada vez más vacía y las ondulaciones del
campo se hicieron cada vez más suaves. Para la mayoría de los campos esto
significó que sus valores, en promedio, se acercaron a cero. En algún momento,
el valor de un campo concreto podría fluctuar ligeramente por encima de cero
(una cresta) y un instante después podría caer ligeramente por debajo de cero
(un vientre), pero en promedio el valor de la mayoría de los campos era próximo
a cero: el valor que asociamos intuitivamente con ausencia o vaciedad.
Aquí es donde entra el campo de Higgs. Los
investigadores han llegado a la idea de que se trata de una variedad de campo
que tenía propiedades similares a las de otros campos a las temperaturas
inconcebiblemente altas inmediatamente después del big bang: también
fluctuaba salvajemente arriba y abajo. Pero los investigadores creen que, de la
misma forma que cuando la temperatura del vapor desciende lo suficiente se
condensa en agua líquida, cuando la temperatura del universo descendió lo
suficiente el campo de Higgs se condensó en un valor concreto no nulo en
todo el espacio. Los físicos llaman a esto la formación de un valor
esperado no nulo del campo de Higgsdel vacío, pero para simplificar la
jerga técnica, yo lo llamaré formación de un océano de Higgs.
Es similar a lo que sucedería si usted dejara caer
una rana dentro de un cuenco metálico caliente, como en la figura 9.1a, con un
montón de gusanos en el centro. Al principio la rana saltaría de un lado a
otro, arriba, abajo, a la izquierda, a la derecha, en un intento desesperado de
no quemarse las patas, y en promedio estaría tan lejos de los gusanos que ni
siquiera sabría que estaban allí. Pero a medida que el cuenco se enfriara, la
rana se tranquilizaría, apenas saltaría y, en lugar de ello, se dejaría deslizar
suavemente hacia abajo hasta el lugar más relajado en el fondo del cuenco.
Allí, estando cerca del centro del cuenco, empezaría finalmente su cita con la
comida, como en la figura 9.1b.
Pero si el cuenco tuviera una forma diferente, como
en la figura 9.1c, las cosas resultarían distintas. Imagine de nuevo que el
cuenco empieza muy caliente y que la pila de gusanos sigue estando en el centro
del cuenco, ahora en lo alto de una protuberancia central. Si usted dejara caer
la rana, de nuevo saltaría incontroladamente a un lado y a otro, inconsciente
del premio colocado en la meseta central. Luego, cuando el cuenco se enfriara,
la rana se calmaría de nuevo, reduciría sus saltos y se deslizaría por los
lados suaves del cuenco. Pero debido a la nueva forma, la rana nunca llegaría
hasta el centro del cuenco. En lugar de ello, se deslizaría hasta el valle del
cuenco y se quedaría a una cierta distancia de la pila de gusanos, como en la
figura 9.1d.
Figura 9.1. (a) Una rana que se deja caer en un cuenco de metal caliente
salta sin cesar, (b) Cuando el cuenco se enfría, la rana se calma, salta mucho
menos y desliza hasta el centro del cuenco, (c) Como en (a), pero con un cuenco
caliente de una forma diferente, (d) Como en (b), pero ahora cuando el cuenco
se enfría la rana desliza hasta el valle que está a cierta distancia del centro
del cuenco (donde están situados los gusanos).
Si imaginamos que la distancia entre la rana y los
gusanos representa el valor de un campo, cuanto más lejos está la rana de los
gusanos, mayor es el valor del campo, y la altura de la rana representa la
energía contenida en ese valor del campo, cuanto más alta está la rana, más
energía contiene el campo, entonces estos ejemplos trasmiten el comportamiento
de los campos cuando el universo se enfría. Cuando el universo está caliente,
los campos saltan incontroladamente de un valor a otro, igual que la rana salta
de un lugar a otro en el cuenco. Cuando el universo se enfría, los campos «se
tranquilizan», saltan con menos frecuencia y menos frenesí, y sus valores se
deslizan hacia la energía más baja.
Pero aquí está la clave. Como sucede con el ejemplo
de la rana, existe la posibilidad de dos resultados cualitativamente
diferentes. Si la forma del cuenco de energía del campo, su denominada energía
potencial, es similar a la de la figura 9.1a, el valor del campo en todo el
espacio se deslizará hasta cero, el centro del cuenco, igual que la rana se
desliza hasta la pila de gusanos. Sin embargo, si la energía potencial del
campo es como la de la figura 9.1c, el valor del campo no llegará hasta cero,
hasta el centro del cuenco de energía. En lugar de ello, de la misma forma que
la rana se deslizará hasta el valle, que está a una distancia no nula del
montón de gusanos, el valor del campo también se deslizará hasta el valle, a
una distancia no nula del centro del cuenco, y eso significa que el campo
tendrá un valor no nulo?[124] El último comportamiento es característico de los campos de Higgs.
Cuando el universo se enfría, el valor del campo de Higgs queda atrapado en el
valle y nunca llega a cero. Y puesto que lo que estamos describiendo sucedería
uniformemente en todo el espacio, el universo estaría permeado por un campo de
Higgs uniforme y no nulo: un océano de Higgs.
La razón por la que esto sucede arroja luz sobre la
peculiaridad fundamental de los campos de Higgs. A medida que una región del
espacio se hace cada vez más fría y más vacía, a medida que materia y radiación
se hacen cada vez más dispersas, la energía en la región se hace cada vez
menor. Llevando esto al límite, usted sabe que ha alcanzado la región del
espacio más vacía que puede haber cuando ha reducido su energía todo lo
posible. Para campos ordinarios que llenan una región del espacio, su contribución
a la energía es mínima cuando su valor ha llegado hasta el centro del cuenco
como en la figura 9. Ib; tienen energía cero cuando su valor es cero. Eso tiene
buen sentido intuitivo puesto que asociamos vaciar una región del espacio con
poner todo, incluso los valores del campo, a cero.
Pero en el caso de un campo de Higgs las cosas
funcionan de forma diferente. Un rana sólo puede alcanzar la meseta central en
la figura 9.1c, y estar a distancia cero de la pila de
gusanos, si tiene energía suficiente para saltar a la meseta desde el valle que
la rodea. Del mismo modo, un campo de Higgs sólo puede alcanzar el centro del
cuenco, y tener valor cero, si incorpora energía suficiente
para superar la protuberancia central del cuenco.
Si, por el contrario, la rana tiene poca o ninguna
energía, se deslizará hasta el valle en la figura 9.1d, una distancia no
nula de la pila de gusanos, .
Análogamente, un campo de Higgs con poca o ninguna
energía también se deslizará hasta el valle del cuenco, a una distancia no nula
del centro del cuenco, y así tendrá un valor no nulo.
Para obligar a un campo de Higgs a tener un valor
nulo, el valor que parecería ser lo más cerca que se puede llegar a eliminar
por completo el campo de la región, el valor que parecería ser lo más cerca que
puede llegar a un estado de nada, usted tendría que elevar su
energía y, hablando en términos energéticos, la región del espacio no sería tan
vacía como podría ser.
Incluso si suena contradictorio, eliminar el campo
de Higgs, es decir, reducir su valor a cero, es equivalente a añadir energía a
la región. A modo de tosca analogía, piense en uno de esos fantásticos cascos
para reducir el ruido que producen ondas sonoras que cancelan las que proceden
del ambiente y que, de lo contrario, incidirían en sus tímpanos. Si los cascos
trabajan perfectamente, usted oye silencio cuando ellos producen sus sonidos,
pero usted oye el ruido ambiente si los desconecta. Los investigadores han
llegado a creer que, de la misma forma que usted oye menos cuando los cascos
están llenos de los sonidos para los que están programados, también el espacio
frío y vacío alberga la mínima energía que puede albergar, está lo más vacío
que puede estar, cuando está lleno de un océano de campo de Higgs. Los
investigadores se refieren a lo más vacío que puede estar el espacio como el
vacío, y así aprendemos que el vacío debe estar permeado realmente por
un campo de Higgs permanente.
El proceso por el que se supone que aparece un
valor no nulo de un campo de Higgs en todo el espacio, se forma un océano de
Higgs, se denomina ruptura espontánea de simetría [xxv][125] y es una de las ideas más importantes que han aparecido en las
últimas décadas de la física teórica del siglo XX. Veamos por qué.
§. El océano de Higgs y el origen de la masa
Si un campo de Higgs tiene un valor no nulo, si todos estamos inmersos en un
océano de campo de Higgs, ¿no deberíamos sentirlo o verlo o ser conscientes del
mismo de alguna manera? Absolutamente. Y la teoría moderna afirma que lo
hacemos. Mueva su brazo de un lado a otro. Usted puede sentir sus músculos en
acción impulsando la masa de su brazo a izquierda y derecha y vuelta atrás. Si
sostiene una bola de bolos, sus músculos tendrán que trabajar más, puesto que
cuanto más grande es la masa que ha de moverse, mayor es la fuerza que debe
ejercer. En este sentido, la masa de un objeto representa la resistencia que
ofrece a ser movido; más exactamente, la masa representa la resistencia que
ofrece un objeto a los cambios de movimiento, a las aceleraciones, tales como
ir primero hacia la izquierda y luego hacia la derecha y luego de nuevo hacia
la izquierda. Pero ¿de dónde procede esta resistencia a ser acelerado? O, en el
lenguaje de la física, ¿qué da a un objeto su inercia?
En los capítulos 2 y 3 encontramos varias
propuestas que adelantaron Newton, Mach y Einstein como respuestas parciales a
esta pregunta. Estos científicos trataban de especificar un patrón de reposo
con respecto al cual podrían definirse las aceleraciones, tales como las que
aparecen en el experimento del cubo giratorio. Para Newton, el patrón era el
espacio absoluto; para Mach, eran las estrellas lejanas, y para Einstein, era
inicialmente el espaciotiempo absoluto (en la relatividad especial) y luego el
campo gravitatorio (en la relatividad general). Pero una vez que habían
definido un patrón de reposo y, en particular, habían especificado una
referencia para definir las aceleraciones, ninguno de estos científicos dio el
paso siguiente para explicar por qué los objetos se resisten a las
aceleraciones.
Es decir, ninguno de ellos especificó un mecanismo
por el que un objeto adquiere su masa, su inercia, que es el atributo que se
opone a las aceleraciones. Con el campo de Higgs los físicos han sugerido ahora
una respuesta.
Los átomos que constituyen su brazo, y la bola que
usted haya cogido, están hechos de protones, neutrones y electrones. A finales
de la década de 1960 los experimentadores demostraron que protones y neutrones
están compuestos de tres partículas más pequeñas conocidas como quarks. Así,
cuando usted balancea el brazo de un lado a otro, está balanceando realmente
todos los quarks y todos los electrones que lo constituyen, lo que nos lleva al
punto que nos interesa. El océano de Higgs en el que, según la teoría moderna,
todos estamos inmersos interacciona con quarks y electrones:
opone resistencia a sus aceleraciones de forma muy parecida a como un tanque de
melaza opone resistencia al movimiento de una pelota de ping-pong que se ha
sumergido en el mismo. Y esta resistencia, esta fricción sobre las partículas
constituyentes, contribuye a lo que usted percibe como la masa de su brazo y la
bola que está balanceando, o como la masa de un objeto que está arrojando, o
como la masa de todo su cuerpo cuando acelera hacia la línea de meta en una
carrera de cien metros. Y así sentimos el océano de Higgs. Las fuerzas que
todos ejercemos miles de veces al día para cambiar la velocidad de un objeto u
otro, para impartir una aceleración, son fuerzas que luchan contra la fricción
del océano de Higgs. [126]
La metáfora de la melaza capta bien algunos
aspectos del océano de Higgs. Para acelerar una pelota de ping-pong sumergida
en melaza usted tendría que empujarla mucho más que cuando
juega con ella en su mesa del sótano, se resiste a sus intentos de cambiar su
velocidad con más fuerza que lo hace cuando no está en la melaza,, y así se
comporta como si el estar sumergida en barro haya aumentado su masa. Análogamente,
como resultado de sus interacciones con el ubicuo océano de Higgs, las
partículas elementales se resisten a los intentos de cambiar sus velocidades:
adquieren masa. Sin embargo, la metáfora del barro tiene tres características
confusas de las que usted debería ser consciente.
En primer lugar, usted siempre puede meter la mano
en la melaza, sacar la pelota de ping-pong y ver cómo disminuye su resistencia
a la aceleración.
Esto no es cierto en el caso de las partículas.
Creemos que, hoy, el océano de Higgs llena todo el espacio, de modo que no hay
manera de aislar a las partículas de su influencia; todas las partículas tienen
las masas que tienen independientemente de dónde están. En segundo lugar, la
melaza se opone a todo movimiento, mientras que el campo de Higgs sólo se opone
al movimiento acelerado. A diferencia de una pelota de ping-pong moviéndose en
la melaza, una partícula que se mueve en el espacio exterior a velocidad
constante no sería frenada por la «fricción» con el océano de Higgs. Por el
contrario, su movimiento continuaría invariable. Sólo cuando tratamos de
acelerar o de frenar la partícula es cuando el océano de Higgs deja conocer su
presencia por la fuerza que tenemos que ejercer. En tercer lugar, cuando se
trata de la materia familiar compuesta de conglomerados de partículas
fundamentales, hay otra fuente de masa importante. Los quarks que constituyen
los protones y los neutrones están unidos por la fuerza nuclear fuerte: los
gluones (las partículas mensajeras de la fuerza fuerte) fluyen entre los
quarks, «pegándolos». Los experimentos han mostrado que estos gluones tienen
alta energía, y puesto que la E = mc2 de Einstein
nos dice que la energía (E) puede manifestarse como masa (ni), aprendemos
que los gluones dentro de los protones y los neutrones aportan una fracción
importante de la masa total de dichas partículas. Así pues, una imagen más
precisa es considerar la fuerza de fricción del océano de Higgs como algo que
da masa a las partículas fundamentales tales como electrones y quarks; pero
cuando estas partículas se combinan en partículas compuestas como protones,
neutrones y átomos, otras fuentes de masa (bien entendidas) entran en juego.
Los físicos suponen que la resistencia que presenta
el océano de Higgs a la aceleración de una partícula varía con el tipo concreto
de partícula. Esto es esencial, porque todos los tipos conocidos de partículas
fundamentales tienen masas diferentes. Por ejemplo, mientras que protones y
neutrones están compuestos de dos tipos de quarks (llamados quarks-up y quarks-down. un
protón está hecho de dos up y un down; un neutrón, de dos down y un up), los
experimentadores que utilizan colisionadores de átomos han descubierto otros
cuatro tipos de quarks, cuyas masas cubren un amplio intervalo, desde 0,0047 a
189 veces la masa de un protón. Los físicos creen que la explicación para la
diversidad de masas es que los diferentes tipos de partículas interaccionan con
mayor o menor intensidad con el océano de Higgs. Si una partícula se mueve
suavemente a través del océano de Higgs con poca o ninguna interacción, habrá
poca o ninguna fricción y la partícula tendrá poca o ninguna masa. El fotón es
un buen ejemplo. El fotón pasa completamente desapercibido a través del océano
de Higgs y por eso no tiene masa en absoluto. Si, por el contrario, una
partícula interacciona de forma significativa con el océano de Higgs, tendrá
una masa más alta. El quark más pesado (se denomina quarktop), con
una masa que es unas 350.000 veces la de un electrón, interacciona con el
océano de Higgs 350.000 veces más intensamente que un electrón; tiene mayor
dificultad para acelerarse a través del océano de Higgs y ésa es la razón por
la que tiene una masa mayor. Si asemejamos la masa de una partícula a la fama
de una persona, entonces el océano de Higgs es como los paparazzi: quienes son
desconocidos pasan con facilidad a través del enjambre de fotógrafos, pero los
políticos y las estrellas de cine famosas tienen que esforzarse mucho más para
llegar a su destino. [127]
Esto da un bonito marco para pensar por qué una
partícula tiene una masa diferente de otra, pero, hoy por hoy, no hay ninguna
explicación fundamental para la manera exacta en que cada una de las partículas
conocidas interacciona con el océano de Higgs. Como resultado, no hay ninguna
explicación fundamental de por qué las partículas conocidas tienen las masas
concretas que se han mostrado experimentalmente. Sin embargo, la mayoría de los
físicos creen que si no fuera por el océano de Higgs,todas laspartículas
fundamentales serían como el fotón y no tendrían masa. De hecho, como
veremos ahora, quizá eran así las cosas en los primeros momentos del universo.
§. Unificación en un universo que se enfría
Mientras que el vapor gaseoso se condensa en agua líquida a 100 grados Celsius,
y el agua líquida se congela en hielo sólido a 0 grados Celsius, los estudios
teóricos han mostrado que el campo de Higgs se condensa en un valor no nulo a
mil billones (1015) de grados. Eso es casi cien millones de veces la
temperatura en el centro del Sol, y es la temperatura a la que se cree que ha
caído el universo aproximadamente un cienmilmillonésima (10“H) de segundo
después del big bang. Antes de los 10-11 segundos
después del bigbang el campo de Higgs fluctuaba entre un valor
y otro pero tenía un valor promedio nulo; como sucede con el agua por encima de
100 grados Celsius, a tales temperaturas no podía formarse un océano de Higgs
porque era demasiado caliente. El océano se habría evaporado inmediatamente. Y
sin un océano de Higgs no había resistencia a que las partículas experimentasen
movimiento acelerado (los paparazzi desaparecían), lo que implica que todas las
partículas conocidas (electrones, quarks-up, quarks-down, y demás) tenían la
misma masa: cero.
Esta observación explica en parte por qué la
formación de un océano de Higgs se describe como una transición de fase
cosmológica. En las transiciones de fase de vapor a agua y de agua a hielo,
suceden dos cosas esenciales. Hay un cambio cualitativo importante en la
apariencia, y la transición de fase está acompañada por una reducción de
simetría. Vemos las dos mismas características en la formación del océano de
Higgs. En primer lugar, hubo un cambio cualitativo importante: tipos de
partículas que habían carecido de masa adquirieron repentinamente masas
distintas de cero, las masas que ahora se encuentran para dichas partículas. En
segundo lugar, este cambio estuvo acompañado de una reducción de simetría:
antes de la formación del océano de Higgs, todas las partículas tenían la misma
masa, cero, un estado de cosas altamente simétrico. Si usted intercambiara un
tipo de partículas por otro nadie lo sabría, puesto que todas las masas eran
iguales.
Pero después de que se condensara el campo de
Higgs, los valores de las masas de las partículas se hicieron diferentes de
cero, y desiguales, y por eso la simetría entre las masas se perdió.
De hecho, la reducción de la simetría que surge de
la formación del océano de Higgs es todavía mayor. Por encima de 1015 grados,
cuando el campo de Higgs aún no se había condensado, no sólo todos los tipos de
partículas fundamentales de materia carecían de masa; sin la fuerza de
resistencia de un océano de Higgs, también carecían de masa todos los tipos de
partículas de fuerza. (Hoy, las partículas mensajeras W y Z de la fuerza
nuclear débil tienen masas que están entre 86 y 97 veces la masa del protón.)
Y, como originalmente descubrieron en la década de 1960 Sheldon Glashow, Steven
Weinberg y Abdus Salam, la carencia de masa de todas las partículas de fuerzas
estuvo acompañada de otra simetría fantásticamente bella.
A finales del siglo XIX, Maxwell se dio cuenta de
que electricidad y magnetismo, aunque en un tiempo consideradas fuerzas
independientes, son en realidad diferentes facetas de la misma fuerza: la
fuerza electromagnética (ver capítulo 3). Su trabajo demostró que electricidad
y magnetismo se complementan mutuamente; son el yin y el yang de un todo más
unificado y simétrico. Glashow, Salam y Weinberg descubrieron el siguiente
capítulo en esta historia de unificación. Comprendieron que antes de que se
formara el océano de Higgs, no sólo todas las partículas de fuerza tenían masas
idénticas
, cero, sino que los fotones y las partículas W y Z
también eran esencialmente idénticos en todo lo demás. [128] De la misma forma que un copo de nieve no es afectado por las
rotaciones especiales que intercambian las posiciones de sus puntas, los
procesos físicos en ausencia del océano de Higgs habrían sido inalterados por
intercambios concretos de partículas de fuerzas electromagnética y nuclear
débil, por intercambios concretos de fotones y partículas W y Z. Y de la misma
forma que la insensibilidad de un copo de nieve al ser rotado refleja una
simetría (simetría de rotación), la insensibilidad al intercambio de estas
partículas de fuerzas también refleja una simetría, una que por razones
técnicas se denomina una simetría gauge.
Tiene una consecuencia profunda. Puesto que dichas
partículas transmiten sus respectivas fuerzas, son las partículas mensajeras de
sus fuerzas, la simetría entre ellas significa que había simetría entre las
fuerzas. Por consiguiente, a temperaturas suficientemente altas, temperaturas a
las que se evaporaría el vacío actual lleno de Higgs, no hay diferencia entre
la fuerza nuclear débil y la fuerza electromagnética. Es decir, a temperaturas
suficientemente altas el océano de Higgs se evapora; cuando lo hace, también se
evapora la diferencia entre las fuerzas débil y electromagnética.
Glashow, Weinberg y Salam habían ampliado el
descubrimiento de Maxwell de un siglo antes demostrando que las fuerzas
electromagnética y nuclear débil son en realidad parte de una misma y única
fuerza. Habían unificado la descripción de estas dos fuerzas en lo que ahora se
denomina fuerza electrodébil.
La simetría entre las fuerzas electromagnética y
débil no es hoy evidente porque cuando se enfrió el universo, se formó el
océano de Higgs, y, esto es vital, los fotones y las partículas W y Z
interaccionan de forma diferente con el campo de Higgs condensado. Los fotones
cruzan el océano de Higgs con tanta facilidad como una vieja gloria de serie B
pasa en medio de los paparazzi, y por consiguiente sigue sin tener masa. Sin
embargo, las partículas W y Z, como Bill Clinton y Madonna, tienen que luchar
para abrirse camino, adquiriendo masas que son 86 y 97 veces la de un protón,
respectivamente. (Nota: esta metáfora no está a escala.) Por eso es por lo que
las fuerzas electromagnética y nuclear débil parecen tan diferentes en el mundo
que nos rodea. La simetría subyacente entre ellas está «rota», u oscurecida,
por el océano de Higgs.
Éste es un resultado verdaderamente impresionante.
Dos fuerzas que parecen muy diferentes a las temperaturas actuales, la fuerza
electromagnética responsable de la luz, la electricidad y la atracción
magnética, y la fuerza nuclear débil responsable de la desintegración
radiactiva, son en esencia partes de la misma fuerza, y sólo parecen ser
diferentes porque el campo de Higgs no nulo oscurece la simetría entre ellas.
Así pues, lo que normalmente consideramos espacio
vacío, el vacío, la nada, desempeña un papel central en hacer que las cosas del
mundo tengan la apariencia que tienen. Sólo evaporando el vacío, elevando la
temperatura lo suficiente de modo que el campo de Higgs se evapore, es decir,
adquiera un valor medio nulo en todo el espacio, se haría evidente la completa
simetría de las leyes de la Naturaleza.
Cuando Glashow, Weinberg y Salam estaban
desarrollando estas ideas, las partículas W y Z todavía no se habían
descubierto experimentalmente. Era la gran fe que tenían estos físicos en la
potencia de la teoría y la belleza de la simetría la que les dio confianza para
seguir adelante. Sus ideas se probaron bien fundadas. A su debido tiempo, las
partículas W y Z fueron descubiertas y la teoría electrodébil fue confirmada
experimentalmente. Glashow, Weinberg y Salam habían mirado más allá de las
apariencias superficiales, habían penetrado en la nube que oscurecía la nada,
para revelar una simetría profunda y sutil que entreteje dos de las cuatro
fuerzas de la Naturaleza.
Fueron galardonados con el premio Nobel de 1979 por
la unificación satisfactoria de la fuerza nuclear débil y el electromagnetismo.
§. Gran unificación
Cuando yo era estudiante de primer curso en la facultad, iba a ver de vez en
cuando a mi tutor, el físico Howard Georgi. Yo nunca tenía mucho que decir,
pero apenas importaba. Siempre había algo con lo que Georgi estaba entusiasmado
y quería compartir con los estudiantes interesados. En una ocasión en
particular, Georgi estaba especialmente excitado y habló ininterrumpidamente
durante una hora llenando la pizarra varias veces con símbolos y ecuaciones.
Mientras, yo movía la cabeza con entusiasmo. Pero, francamente, apenas entendía
una palabra. Años más tarde comprendí que Georgi me había estado hablando de
proyectos para poner a prueba el descubrimiento de lo que él había
llamado gran unificación.
La gran unificación aborda una cuestión que sigue
de forma natural al éxito de la unificación electrodébil. Si dos fuerzas de la
Naturaleza fueron parte de un todo unificado en el universo primitivo, ¿podría
darse el caso de que, incluso a temperaturas más altas y en instantes aún
anteriores en la historia del universo, las diferencias entre tres o
posiblemente las cuatro fuerzas pudiera evaporarse de forma análoga dando una
simetría aún mayor?
Esto plantea la intrigante posibilidad de que
pudiera haber realmente una sola fuerza fundamental de la Naturaleza que, a
través de una serie de transiciones de fase cosmológicas, ha cristalizado en
las cuatro fuerzas aparentemente diferentes que conocemos actualmente. En 1974,
Georgi y Glashow propusieron la primera teoría para ir hacia este objetivo de
unidad total. Su teoría de gran unificación, junto con ideas
posteriores de Georgi, Helen Quinn y Weinberg, sugería que tres de las cuatro
fuerzas, las fuerzas fuerte, débil y electromagnética, eran parte de una fuerza
unificada cuando la temperatura estaba por encima de 10.000 billones de
billones (1028) de grados, unos 1.000 trillones de veces la
temperatura en el centro del Sol, condiciones extremas que existían antes de 10-35 segundos
después del bang.
Por encima de dicha temperatura, sugerían estos
físicos, los fotones, los gluones de la fuerza fuerte, así como las partículas
W y Z, podrían intercambiarse libremente entre sí, una simetría gauge más
robusta que la de la teoría electrodébil, sin ninguna consecuencia observable.
Georgi y Glashow sugerían así que a estas altas energías y temperaturas habría
simetría completa entre las partículas de las tres fuerzas no gravitatorias, y
con ello simetría completa entre las tres fuerzas no gravitatorias.[129]
La teoría de gran unificación de Glashow y Georgi
seguía diciendo que no vemos esta simetría en el mundo que nos rodea, la fuerza
nuclear fuerte que mantiene pegados protones y neutrones en los átomos parece
completamente independiente de las fuerzas débil y electromagnética, porque
cuando la temperatura cayó por debajo de 1028 grados otro tipo
de campo de Higgs entró en la historia. Este campo de Higgs se denomina
el Higgs de granunificación. (Cuando quiera que pudieran
confundirse, el campo de Higgs implicado en la unificación electrodébil se
denomina Higgs electrodébil.) Similar a su primo electrodébil,
el Higgs de gran unificación fluctuaba incontroladamente por encima de 10 28 grados,
pero los cálculos sugerían que se condensó en un valor no nulo cuando el
universo cayó por debajo de esta temperatura. Y, como sucede con el campo
electrodébil, cuando se formó este océano de Higgs de gran unificación, el
universo sufrió una transición de fase con una consiguiente reducción de
simetría. En este caso, debido a que el océano de Higgs de gran unificación
tiene un efecto diferente sobre los gluones que el que tiene sobre las otras
partículas de fuerzas, la fuerza fuerte se desgajó de la fuerza
electromagnética, dando dos fuerzas no gravitatorias distintas donde
previamente había sólo una. Una fracción de segundo y un descenso de trillones
de grados más tarde, el Higgs electrodébil se condensó, haciendo que también se
separarán las fuerzas débil y electromagnética.
Aunque es una idea bella, la gran unificación (a
diferencia de la unificación electrodébil) no ha sido confirmada
experimentalmente. Por el contrario, la propuesta original de Georgi y Glashow
predecía una huella, una consecuencia residual de la primitiva simetría del
universo que hoy debería ser manifiesta, algo que permitiría que los protones
se transmutaran de vez en cuando en otras especies de partículas (tales como
antielectrones y partículas conocidas como piones). Pero tras años de laboriosa
búsqueda de dicha desintegración del protón en sofisticados
experimentos subterráneos, el experimento que Georgi me había descrito
excitadamente en su despacho hacía años, no se encontró; esto descartaba la
propuesta de Georgi y Glashow. No obstante, desde entonces los físicos han
elaborado variantes del modelo original que no están descartadas por tales
experimentos; pero hasta el momento no se ha confirmado ninguna de estas
teorías alternativas.
El consenso entre los físicos es que la gran
unificación es una de las grandes ideas, todavía no realizadas, de la física de
partículas. Puesto que la unificación y las transiciones de fase cosmológicas
se han mostrado tan potentes para el electromagnetismo y la fuerza nuclear
débil, muchos sienten que es sólo cuestión de tiempo el que otras fuerzas se
unan también dentro de un marco unificado. Como veremos en el capítulo 12, se
han dado grandes pasos en esta dirección utilizando una aproximación diferente,
la teoría de supercuerdas, que, por primera vez, ha unido todas las fuerzas,
incluyendo la gravedad, en una teoría unificada, aunque una teoría que en el
momento de escribir esto todavía está en firme desarrollo. Pero lo que ya está
claro, incluso considerando solamente la teoría electrodébil, es que el
universo que vemos actualmente sólo muestra un remanente de la resplandeciente
simetría del universo primitivo.
§. El retomo del éter
El concepto de ruptura de simetría, y su realización mediante el campo de Higgs
electrodébil, desempeña claramente un papel central en física de partículas y
en cosmología. Pero la discusión quizá le haya dejado preguntándose sobre lo
siguiente: si un océano de Higgs es un algo invisible que llena lo que
normalmente consideramos espacio vacío, ¿no es eso simplemente otra encarnación
de la hace tiempo desacreditada noción de éter?
La respuesta: sí y no. La explicación: sí, en
algunos aspectos un océano de Higgs recuerda al éter. Como el éter, un campo de
Higgs condensado permea el espacio, nos envuelve a todos, se filtra a través de
todo lo material y, como una característica intrínseca del espacio vacío (a
menos que recalentemos el universo por encima de 1015 grados,
lo que en realidad no podemos hacer) redefine nuestra concepción de la nada.
Pero a diferencia del éter original, que fue introducido como un medio
invisible para transportar ondas luminosas de la misma manera que el aire
transporta ondas sonoras, un océano de Higgs no tiene nada que ver con el
movimiento de la luz; no afecta de ninguna manera a la velocidad de la luz, y
por eso los experimentos de finales de siglo que descartaron el éter estudiando
el movimiento de la luz no guardan ninguna relación con el océano de Higgs.
Además, puesto que el océano de Higgs no tiene
ningún efecto sobre nada que se mueva a velocidad constante, no selecciona un
punto de vista observacional como algo especial, como hacía el éter. Por el
contrario, incluso con un océano de Higgs, todos los observadores con velocidad
constante siguen estando en total pie de igualdad, y por ello un océano de
Higgs no entra en conflicto con la relatividad especial. Por supuesto, estas
observaciones no prueban que existan los campos de Higgs; lo que muestran es que,
pese a ciertas similitudes con el éter, los campos de Higgs no están en
conflicto con ninguna teoría o experimento.
No obstante, si hay un océano de campos de Higgs
debería tener otras consecuencias que fueran experimentalmente comprobables en
los próximos años. Como ejemplo primordial, de la misma forma que los campos
electromagnéticos están compuesto de fotones, los campos de Higgs están
compuesto de partículas que, de forma nada sorprendente, se denominan partículas
de Higgs. Cálculos teóricos han mostrado que si existe un océano de
Higgs que permea el espacio, debería haber partículas de Higgs entre los restos
de las colisiones de alta energía que tendrán lugar en el Gran Colisionador de
Hadrones, un acelerador de átomos gigante que ahora está en construcción en el
Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN) en Ginebra, Suiza, y que estará
operativo en 2007. Hablando en términos generales, colisiones frontales entre
protones con enormes energías deberían poder sacar una partícula de Higgs del
océano de Higgs de una forma similar a como colisiones energéticas submarinas
pueden sacar moléculas de H2O del Atlántico. Con el tiempo, estos
experimentos nos permitirán determinar si esta forma moderna de éter existe o
si seguirá el mismo camino que su antecesora. Dirimir esta cuestión es crucial
porque, como hemos visto, los campos de Higgs condensados desempeñan un papel profundo
y central en nuestra formulación actual de la física fundamental.
Figura 9.2. Una línea cronológica que ilustra esquemáticamente el modelo del
big bang estándar de la cosmología.
Si no se encontrara el océano de Higgs se
necesitaría un replanteamiento importante de un marco teórico que ha estado en
su lugar durante más de treinta años. Pero si se encontrara, el suceso sería un
éxito de la física teórica: confirmaría la potencia de la simetría para
conformar correctamente nuestro razonamiento matemático cuando nos aventuramos
en lo desconocido.
Además de esto, la confirmación de la existencia
del océano de Higgs haría otras dos cosas. En primer lugar, ofrecería evidencia
directa de una era antigua en la que varios aspectos del universo actual que
parecen distintos eran parte de un todo simétrico. En segundo lugar,
establecería que nuestra noción intuitiva de espacio vacío, el resultado final
de eliminar todo lo que podemos de una región de modo que su energía y su
temperatura se hagan lo más bajas posibles, ha sido ingenua durante mucho
tiempo. El estado vacío más vacío no tiene por qué implicar un estado de nada
absoluta. Por consiguiente, sin apelar a lo espiritual podemos mejorar el
pensamiento de Henry More (capítulo 2) en nuestra búsqueda científica por
entender el espacio y el tiempo. Para More, el concepto habitual de espacio
vacío era absurdo puesto que el espacio está siempre lleno del espíritu divino.
Para nosotros, el concepto habitual de espacio vacío puede ser similarmente
escurridizo, puesto que el espacio vacío del que somos conscientes siempre está
lleno de un océano de campo de Higgs.
§. Entropía y tiempo
La línea del tiempo en la figura 9.2 sitúa las transiciones de fase que hemos
discutido en su contexto histórico y con ello nos da una idea más firme de la
secuencia de sucesos por la que ha pasado el universo desde el big bang hasta
el huevo en la encimera de su cocina. Pero todavía hay información crucial
oculta dentro de la región borrosa. Recuerde que conocer cómo empiezan las
cosas, el orden de la pila de páginas de Guerra y paz, las
moléculas de dióxido de carbono presurizado en su botella de Coca-Cola, el
estado del universo en el big bang, es esencial para entender
cómo evolucionan. La entropía puede aumentar sólo si se le da más espacio para
aumentar. La entropía puede aumentar sólo si empieza baja. Si las páginas
de Guerra y paz empiezan completamente desordenadas,
lanzamientos posteriores las dejarán simplemente desordenadas; si el universo
empezó en un estado completamente desordenado de alta entropía, la evolución
cósmica posterior simplemente mantendría el desorden.
La historia ilustrada en la figura 9.2 no es
manifiestamente una crónica de un desorden invariable y eterno. Incluso si se
han perdido simetrías particulares a través de transiciones de fase cósmicas,
la entropía global del universo ha aumentado continuamente. Por consiguiente,
en el principio el universo debe haber estado altamente ordenado. Este hecho
nos permite asociar «hacia delante» en el tiempo con la dirección de entropía
creciente, pero todavía tenemos que encontrar una explicación para la entropía
increíblemente baja, el estado de uniformidad increíblemente alta, del universo
recién nacido. Esto requiere que retrocedamos aún más de lo que hemos hecho
hasta ahora y tratemos de entender más de lo que sucedió en el principio,
durante la región borrosa en la figura 9.2; una tarea a la que nos dirigimos
ahora.
Capítulo 10
Deconstruyendo el bang
Qué hizo ¡bang!
Contenido:
§. Einstein y la gravedad repulsiva
§. De ranas que saltan y superenfriamiento
§. Inflación
§. El marco inflacionario
§. La inflación y el problema del horizonte
§. La inflación y el problema de la planitud
§. Ahora, el rompecabezas.
§. Progreso y predicción
§. Una predicción de oscuridad
§. El universo desbocado
§. El 70 por 100 ausente
§. Interrogantes y progresos
Una falsa idea muy extendida es que el big
bang ofrece una teoría de los orígenes cósmicos. No lo hace. El big
bang es una teoría, descrita en parte en los dos últimos capítulos,
que delinea la evolución cósmica a partir de una fracción de segundo después de
lo que fuera que dio nacimiento al universo, pero no dice nada en
absoluto sobre el propio instante cero. Y puesto que, según la teoría
del big bang, el bang es lo que se supone que
ha sucedido en el comienzo, el big bang deja fuera al bang. No
nos dice nada sobre lo que hizo bang, por qué hizo bang, cómo
hizo bang, o, simplemente, si siquiera hizo bang. [130] De hecho, si usted lo piensa por un momento se dará cuenta de que
el big bang nos presenta un gran rompecabezas. A las enormes
densidades de materia y energía características de los primeros momentos del
universo, la gravedad era con mucho la fuerza dominante. Pero la gravedad es
una fuerza atractiva. Impulsa a las cosas a juntarse. De modo
que ¿cuál sería el posible responsable de la fuerza hacia afuera que
impulsa al espacio a expandirse? Parece que algún tipo de poderosa fuerza
repulsiva tendría que haber desempeñado un papel crítico en el momento
del big bang, pero ¿cuál de las fuerzas de la Naturaleza pudo
hacerlo?
Durante muchas décadas esta pregunta, la más básica
entre todas las preguntas cosmológicas, quedó sin responder. Luego, en la
década de 1980, se resucitó una vieja observación de Einstein en una nueva
forma, dando lugar a lo que se ha llegado a conocer como cosmología
inflacionaria. Y con este descubrimiento pudo atribuirse finalmente el
crédito del bang a la fuerza que lo merecía: la gravedad. Es
sorprendente, pero los físicos se dieron cuenta de que en el entorno correcto
la gravedad puede ser repulsiva, y, según la teoría, las condiciones necesarias
imperaban durante los primeros momentos de la historia cósmica. Durante un
intervalo de tiempo que haría que un nanosegundo parezca una eternidad, el
universo primitivo proporcionó un escenario en el que la gravedad ejercía su
lado repulsivo con creces, alejando cada región del espacio de todas las demás
con una ferocidad implacable. Tan potente era el empuje repulsivo de la
gravedad que no sólo se identificó el bang, sino que se reveló
más fuerte, mucho más fuerte, que lo que cualquiera hubiera imaginado
anteriormente. En el marco inflacionario, el universo primitivo se expandió en
un factor absolutamente enorme comparado con lo que predice la teoría del big
bang estándar, lo que ampliaba nuestra visión cosmológica en una
medida que eclipsaba la idea adquirida durante el último siglo de que la
nuestra no es sino una galaxia entre centenares de miles de millones. [131]
En este capítulo y el siguiente discutiremos la
cosmología inflacionaria.
Veremos que ofrece un «frente» para el modelo
del big bang estándar que presenta modificaciones críticas a
las afirmaciones de la teoría estándar sobre lo que sucedió durante los
primeros momentos del universo. Al hacerlo, la cosmología inflacionaria
resuelve cuestiones clave que están más allá del alcance del big bang estándar,
hace varias predicciones que han sido y seguirán siendo sometidas a
comprobación experimental en el próximo futuro y, quizá lo más sorprendente,
muestra cómo los procesos cuánticos pueden alisar, gracias a la expansión
cosmológica, minúsculas arrugas en el tejido del espacio que dejan una huella
visible en el cielo nocturno. Y más allá de estos logros, la cosmología
inflacionaria da una idea importante de cómo el universo primitivo puede haber
adquirido su entropía extraordinariamente baja, lo que nos lleva más cerca que
nunca de una explicación de la flecha del tiempo.
§. Einstein y la gravedad repulsiva
Después de dar los toques finales a la relatividad general en 1915, Einstein
aplicó sus nuevas ecuaciones para la gravedad a una variedad de problemas.
Uno de éstos, que venía de tiempo atrás, era que
las ecuaciones de Newton no podían explicar la denominada precesión del
perihelio de la órbita de Mercurio, el hecho observado de que Mercurio no sigue
la misma trayectoria cada vez que describe una órbita alrededor del Sol: por el
contrario, cada órbita sucesiva cambia ligeramente con respecto a la anterior.
Cuando Einstein rehízo los cálculos orbitales estándares con sus nuevas
ecuaciones, obtuvo exactamente la precesión del perihelio observada, un resultado
que encontró tan excitante que le produjo palpitaciones del corazón.[132]
Einstein también aplicó la relatividad general a la
cuestión de cómo se modificaría, debido a la curvatura del espaciotiempo, la
trayectoria de la luz emitida por una estrella lejana cuando pasara cerca del
Sol en su camino hacia la Tierra. En 1919, dos equipos de astrónomos, uno
destinado a la isla del Príncipe en la costa occidental de África, y otro a
Brasil, comprobaron su predicción durante un eclipse solar comparando
observaciones de la luz estelar que pasaba rozando la superficie del Sol (éstos
son los rayos luminosos más afectados por la presencia del Sol, y sólo son
visibles durante un eclipse) con fotografías tomadas cuando la Tierra se había
colocado entre esas mismas estrellas y el Sol, lo que eliminaba prácticamente
el impacto gravitatorio del Sol sobre la trayectoria de la luz estelar. La
comparación revelaba un ángulo de curvatura que, una vez más, confirmaba los
cálculos de Einstein. Cuando la prensa lanzó a los cuatro vientos el resultado,
Einstein se convirtió de la noche a la mañana en una celebridad mundial. Con la
relatividad general, es justo decir, Einstein tuvo una buena racha.
Pero a pesar de los éxitos acumulados de la
relatividad general, años después de que aplicara por primera vez su teoría al
más inmenso de todos los desafíos, comprender el universo entero, Einstein
seguía negándose a aceptar la respuesta que salía de las matemáticas. Antes de
los trabajos de Friedman y Lemaître discutidos en el capítulo 8, también
Einstein se había dado cuenta de que las ecuaciones de la relatividad general
mostraban que el universo no podía ser estático; el tejido del espacio podía
estirarse o contraerse, pero no podía mantener un tamaño fijo. Esto sugería que
el universo podría haber tenido un comienzo definido, cuando el tejido estaba
comprimido al máximo, y podría incluso tener un final definido. Einstein se
resistía tozudamente a esta consecuencia de la relatividad general, porque él y
todos los demás «sabían» que el universo era eterno y, en la mayor de las
escalas, fijo e invariable. Por ello, pese a la belleza y los éxitos de la
relatividad general, Einstein reabrió su cuaderno y buscó una modificación de
las ecuaciones que permitieran un universo que se ajustara al prejuicio
dominante. No le llevó mucho tiempo. En 1917 consiguió el objetivo
introduciendo un nuevo término en las ecuaciones de la relatividad general:
la constante cosmológica?[133]
La estrategia de Einstein al introducir esta
modificación no es difícil de entender. La fuerza gravitatoria entre dos
objetos cualesquiera, ya sean pelotas de béisbol, planetas, estrellas, cometas,
o lo que usted quiera, es atractiva, y como resultado la gravedad actúa
constantemente para llevar unos objetos hacia otros. La atracción gravitatoria
entre la Tierra y un bailarín que salta hacia arriba hace que el bailarín se
frene, alcance una altura máxima y luego caiga de nuevo. Si un coreógrafo
buscara una figura estática en la que el bailarín flote en el aire, tendría que
haber una fuerza repulsiva entre el bailarín y la Tierra que equilibrara
exactamente su atracción gravitatoria: una figura estática sólo puede aparecer
cuando hay una cancelación perfecta entre atracción y repulsión. Einstein
comprendió que exactamente el mismo razonamiento es válido para el universo
entero. De la misma manera que la atracción de la gravedad actúa para frenar el
ascenso del bailarín, también actúa para frenar la expansión del espacio. Y de
la misma forma que el bailarín no puede conseguir el éxtasis, no puede
mantenerse a una altura fija, sin una fuerza repulsiva que contrarreste la
atracción normal de la gravedad, el espacio no puede ser estático, el espacio
no puede mantenerse en un tamaño global fijo, sin que haya también algún tipo
de fuerza repulsiva compensadora. Einstein introdujo la constante cosmológica
porque descubrió incluyendo este nuevo término en las ecuaciones que la
gravedad podía ofrecer precisamente dicha fuerza repulsiva.
Pero ¿qué física hay detrás de este término
matemático? ¿Qué es la constante cosmológica, de qué está hecha, y cómo se las
arregla para ir en contra de la gravedad atractiva normal y ejercer un empuje
repulsivo hacia afuera? Bien, la lectura moderna del trabajo de Einstein, una
lectura que se remonta a Lemaître, interpreta la constante cosmológica como una
forma exótica de energía que llena de manera uniforme y homogénea todo el
espacio. Digo «exótica» porque el análisis de Einstein no especificaba de dónde
podría venir esta energía y, como pronto veremos, la descripción matemática a
la que él apelaba aseguraba que no podía estar compuesta de nada familiar como
protones, neutrones, electrones o fotones. Los físicos actuales apelan a
expresiones como «la energía del propio espacio» o «energía oscura» cuando
discuten el significado de la constante cosmológica de Einstein, porque si
hubiera una constante cosmológica el espacio estaría lleno de una presencia
amorfa y transparente que usted no sería capaz de ver directamente; el espacio
lleno con una constante cosmológica seguiría pareciendo oscuro. (Esto se parece
a la vieja noción de un éter y a la noción más nueva de un campo de Higgs que
ha adquirido un valor no nulo en todo el espacio. La última similitud es más
que mera coincidencia puesto que hay una conexión importante entre una
constante cosmológica y un campo de Higgs, como veremos dentro de poco.) Pero
incluso sin especificar el origen o la identidad de la constante cosmológica,
Einstein fue capaz de calcular sus implicaciones gravitatorias, y la respuesta
que encontró era extraordinaria.
Para entenderla, usted tiene que ser consciente de
una característica de la relatividad general que todavía tenemos que discutir.
En la aproximación de Newton a la gravead, la intensidad de la atracción entre
dos objetos depende solamente de dos cosas: sus masas y la distancia entre
ellos. Cuanto más masivos son los objetos y más próximos están, mayor es la
atracción gravitatoria que se ejercen mutuamente. La situación en la
relatividad general es muy parecida, excepto que las ecuaciones de Einstein muestran
que Newton se limitaba demasiado al centrar la atención en la masa. Según la
relatividad general, no es sólo la masa (y la separación) de los objetos la que
contribuye a la intensidad del campo gravitatorio. Energía y presión contribuyen
también. Esto es importante, de modo que dediquemos un momento a ver lo que
significa.
Imagine que estamos en el siglo XXV y usted está en
la Sala de los Ingenios, el más reciente experimento del Departamento
Correccional que sigue un enfoque meritocrático para disciplinar a los
delincuentes de cuello blanco. A cada uno de los convictos se le da un
rompecabezas, y ellos sólo pueden recuperar su libertad resolviéndolo. El tipo
que está en la celda contigua a la suya tiene que descubrir por qué las
reposiciones de Isla de Gilligan [xxvi] tuvieron un gran éxito en el siglo XXII y ha sido el programa más
popular desde entonces, de modo que es probable que él tenga que comparecer
ante la Sala durante mucho tiempo. El rompecabezas que tiene que resolver usted
es más sencillo. Se le dan dos cubos idénticos de oro, son del mismo tamaño y
cada uno está hecho exactamente de la misma cantidad de oro. Su desafío
consiste en encontrar una manera de hacer que los cubos den pesos diferentes
cuando están en reposo en una balanza fija y exquisitamente precisa, con una
condición: a usted no se le permite cambiar la cantidad de materia en ninguno
de los dos cubos, de forma que no hay lascas, raspaduras, limaduras,
soldaduras, etc. Si usted planteara este rompecabezas a Newton, él hubiera
declarado inmediatamente que no tiene solución. Según las leyes de Newton,
cantidades idénticas de oro se traducen en masas idénticas, y puesto que cada
cubo descansará en la misma balanza fija, la atracción gravitatoria de la
Tierra sobre ellos será idéntica. Newton habría concluido que los dos cubos
deberían dar un peso idéntico, en cualquier situación.
Con los conocimientos de relatividad general que ha
adquirido en un instituto del siglo XXV, usted ve una salida. La relatividad
general muestra que la intensidad de la atracción gravitatoria entre dos
objetos no sólo depende de sus masas [134] (y su separación) sino también de todas y cada una de las
contribuciones adicionales a la energía total de cada objeto.
Y hasta ahora no hemos dicho nada de las temperaturas de cada uno de los cubos
de oro. La temperatura es una medida de la rapidez con la que se están moviendo
de un lado a otro, en promedio, los átomos de oro que constituyen cada cubo, es
una medida de lo energéticos que son los átomos (refleja su energía cinética). Así,
usted se da cuenta de que si calienta un cubo, sus átomos serán más energéticos,
de modo que pesará un poco más que el cubo más frío. Éste es un hecho que
Newton no conocía (un aumento de 10 grados Celsius aumentaría el peso de un
cubo de un kilo en aproximadamente una milbillonésima de kilogramo, de modo que
el efecto es minúsculo), y con esta solución usted sería puesto en libertad por
la Sala.
Bueno, casi. Puesto que su crimen era
particularmente tortuoso, en el último minuto la junta de libertad condicional
decide que usted debe resolver un segundo rompecabezas. Se le dan dos juguetes
idénticos, de esos en los que un payaso sale despedido de una caja, impulsado
por un muelle, al levantar la tapa de la caja. Su nuevo reto consiste en
encontrar una forma de que cada uno de ellos tenga un peso diferente. Pero esta
vez no sólo se le prohíbe cambiar la cantidad de masa en cualquiera de los
objetos sino que también se le exige que mantenga ambos a exactamente la misma
temperatura. Una vez más, si le planteara a Newton este rompecabezas, él se
resignaría inmediatamente a pasar su vida la Sala. Puesto que los juguetes
tienen masas idénticas, él concluiría que sus pesos son idénticos, y por ello
el rompecabezas es irresoluble. Pero, una vez más, el conocimiento que tiene
usted de la relatividad general viene en su ayuda. En uno de los juguetes usted
comprime el muelle, estrujando fuertemente el payaso bajo la tapa cerrada,
mientras que en el otro deja al payaso en su posición levantada. ¿Por qué?
Bien, un muelle comprimido tiene más energía que
uno no comprimido; usted tuvo que ejercer una fuerza para comprimir el muelle y
puede ver la prueba de su trabajo porque el muelle comprimido ejerce presión
haciendo que la tapa del juguete se combe ligeramente hacia afuera. Y, una vez
más, según Einstein, cualquier energía adicional afecta a la
gravedad, lo que da como resultado un peso adicional. Así, el juguete cerrado,
con su muelle comprimido que ejerce presión hacia afuera, pesa un poco más que
el juguete abierto, cuyo muelle no está comprimido. Esto es algo que se le
habría escapado a Newton, y con ello usted se gana finalmente la libertad.
La solución al segundo rompecabezas depende de la
característica sutil pero crucial de la relatividad general tras la que vamos.
En el artículo en el que presentaba la relatividad general Einstein demostraba
matemáticamente que la fuerza gravitatoria no sólo depende de la masa, y no
sólo de la energía (tal como el calor), sino también de cualquier presión que
pueda ejercerse. Y ésta es la física esencial que necesitamos si queremos
entender la constante cosmológica. He aquí la razón. La presión dirigida hacia
afuera, como la ejercida por un muelle comprimido, se denomina presión
positiva. De forma bastante natural, la presión positiva da una
contribución positiva a la gravedad. Pero, y éste es el punto crítico, hay
situaciones en las que la presión en una región, a diferencia de la masa y la
energía total, puede ser negativa, lo que significa que la
presión aspira hacia adentro en lugar de empujar hacia afuera. Y aunque eso
quizá no suene particularmente exótico, la presión negativa puede dar como
resultado algo extraordinario desde el punto de vista de la relatividad
general: mientras que la presión positiva contribuye a
una gravedad atractiva ordinaria, la presión negativa contribuye a una
gravedad «negativa», es decir, ¡a gravedad repulsiva! [135]
Con esta contundente idea, la relatividad general
de Einstein mostraba una salida a la creencia de más de doscientos años de que
la gravedad es siempre una fuerza atractiva. Planetas, estrellas y galaxias,
como mostró correctamente Newton, ejercen un tirón gravitatorio atractivo. Pero
cuando la presión se hace importante (para la materia ordinaria en condiciones
cotidianas, la contribución gravitatoria de la presión es despreciable) y, en
particular, cuando la presión es negativa (para la materia ordinaria, como los
protones y los electrones, la presión es positiva, y ésa es la razón por la que
la constante cosmológica no puede estar compuesta de nada familiar) hay una
contribución a la gravedad que hubiera conmocionado a Newton. Esrepulsiva.
Este resultado es fundamental para mucho de lo que
sigue y fácilmente es malinterpretado, de modo que permítame resaltar un punto
esencial. La gravedad y la presión son dos personajes relacionados pero
independientes en esta historia. Las presiones, o más exactamente las
diferencias de presión, pueden ejercer sus propias fuerzas no gravitatorias.
Cuando usted bucea bajo el agua, sus tímpanos pueden sentir la diferencia de
presión ente el agua que les empuja desde fuera y el aire que les empuja desde
el interior. Todo eso es cierto. Pero lo que ahora estamos señalando sobre
presión y gravedad es completamente diferente. Según la relatividad general, la
presión puede ejercer indirectamente otra fuerza, puede ejercer una fuerza
gravitatoria, porque la presión contribuye al campo gravitatorio. La presión,
como la masa y la energía, es una fuente de gravedad. Y notablemente, si la
presión en una región es negativa, aporta un empuje gravitatorio
al campo gravitatorio que impregna la región, y no un tirón gravitatorio.
Esto significa que cuando la presión es negativa
hay competición entre la gravedad atractiva ordinaria, que aparece de la masa y
la energía ordinaria, y la gravedad repulsiva exótica, que aparece de la
presión negativa. Si la presión negativa en una región es suficientemente
negativa, la gravedad repulsiva dominará; la gravedad separará las cosas en
lugar de juntarlas. Aquí es donde la constante cosmológica entra en la
historia. El término cosmológico que Einstein añadió a las ecuaciones de la
relatividad general significaría que el espacio está uniformemente lleno de
energía, pero, de forma crucial, las ecuaciones muestran que esta energía tiene
una presión negativa uniforme. Y lo que es más, la repulsión gravitatoria de la
presión negativa de la constante cosmológica domina a la atracción gravitatoria
que procede de su energía positiva, y así la gravedad repulsiva gana la
competición: una constante cosmológica ejerce una fuerza
gravitatoria repulsiva global. [136]
Para Einstein, esto era precisamente lo que
recetaba el doctor. La materia y la radiación ordinaria, dispersas por el
universo, ejercen una fuerza gravitatoria atractiva, lo que hace que cada
región del espacio atraiga a cualquier otra. El nuevo término cosmológico, que
él imaginaba como algo disperso uniformemente por el universo, ejerce una
fuerza gravitatoria repulsiva, lo que hace que cada región del espacio empuje a
cualquier otra.
Escogiendo cuidadosamente el tamaño del nuevo
término, Einstein encontró que podía equilibrar exactamente la fuerza
gravitatoria atractiva habitual con la recién descubierta fuerza gravitatoria
repulsiva, y producir un universo estático.
Además, puesto que la nueva fuerza gravitatoria
repulsiva aparece a partir de la energía y la presión en el propio espacio,
Einstein encontró que su intensidad es acumulativa; la fuerza se hace más
fuerte sobre mayores separaciones espaciales, puesto que más espacio
interpuesto significa más empuje hacia afuera. Einstein demostró que en las
escalas de distancia de la Tierra o el sistema solar entero la nueva fuerza
gravitatoria repulsiva es inconmensurablemente minúscula. Sólo se hace
importante sobre extensiones cosmológicas enormemente mayores, preservando de
este modo todos los éxitos tanto de la teoría de Newton como de su propia
relatividad general cuando se aplican más cerca de casa. En resumen, Einstein
encontró que podía nadar y guardar la ropa: podía mantener todas las
características atractivas y experimentalmente confirmadas de la relatividad
general mientras conservaba la eterna serenidad de un cosmos invariable, un
cosmos que no se estaba expandiendo ni contrayendo.
Con este resultado, Einstein dio sin duda un
respiro de alivio. Qué descorazonador hubiera sido si la década de
investigación que había dedicado a formular la relatividad general diera como
resultado una teoría que fuera incompatible con el universo estático aparente
para cualquiera que mire el cielo nocturno. Pero como hemos visto, una docena
de años más tarde la historia dio un giro brusco. En 1929, Hubble demostró que
las miradas superficiales pueden ser engañosas. Sus observaciones sistemáticas
revelaron que el universo no es estático. Se está expandiendo.
Si Einstein hubiera confiado en las ecuaciones originales de la relatividad
general, habría predicho la expansión del universo más de una década antes de
que se descubriera observacionalmente. Esto le hubiera colocado ciertamente
entre los mayores descubrimientos, podría haber sido el mayor descubrimiento,
de todos los tiempos. Después de conocer los resultados de Hubble, Einstein
lamentó el día en que había pensado en la constante cosmológica, y cuidadosamente
la borró de las ecuaciones de la relatividad general. Quería que todo el mundo
olvidase este episodio lamentable, y durante muchas décadas todos lo hicieron.
Sin embargo, en la década de 1980 la constante
cosmológica salió de nuevo a la superficie de una forma nueva y sorprendente y
provocó uno de los cambios más dramáticos en el pensamiento cosmológico desde
que nuestra especie se introdujo por primera vez en el pensamiento cosmológico.
§. De ranas que saltan y superenfriamiento
Si usted mira una pelota de béisbol que vuela hacia arriba, podría utilizar la
ley de la gravedad de Newton (o las ecuaciones más refinadas de Einstein) para
calcular su trayectoria posterior. Y si usted realizase los cálculos
necesarios, tendría una sólida comprensión del movimiento de la pelota. Pero
todavía quedaría una cuestión sin responder: ¿quién o qué lanzó la pelota hacia
arriba en primer lugar?, ¿cómo adquirió la pelota el movimiento inicial hacia
arriba cuya evolución posterior usted ha calculado matemáticamente?
En este ejemplo, todo lo que se necesita
generalmente para encontrar la respuesta es algo más de investigación (a menos,
por supuesto, que el aspirante a las grandes ligas se dé cuenta de que la
pelota dio en el parabrisas de un Mercedes aparcado). Pero una versión más
difícil de una pregunta similar se sigue de la explicación que da la
relatividad general a la expansión del universo.
Las ecuaciones de la relatividad general, como
mostraron originalmente Einstein, el físico holandés Willem de Sitter y,
posteriormente, Friedmann y Lemaître, permiten un universo en expansión. Pero
de la misma forma que las ecuaciones de Newton no nos dicen nada sobre cómo se
inició el viaje ascendente de una pelota, las ecuaciones de Einstein no nos
dicen nada sobre cómo se inició la expansión del universo. Durante muchos años,
los cosmólogos tomaban la expansión inicial del espacio como un dato inexplicado,
y simplemente desarrollaban las ecuaciones a partir de ese dato.
Esto es lo que yo quería decir antes cuando dije
que el big bang es silencioso acerca del bang.
Este era el caso hasta una noche histórica en
diciembre de 1979, cuando Alan Guth, un estudiante posdoctoral que trabajaba en
el Centro del Acelerador Lineal de Stanford (ahora es profesor en el MIT),
demostró que podemos hacerlo mejor. Mucho mejor. Aunque existen detalles que
hoy, más de dos décadas después, todavía no están completamente resueltos, Guth
hizo un descubrimiento que finalmente llenaba el silencio cosmológico
proporcionando un bang para el big bang, y
un bang que era más grande que lo que cualquiera hubiera
esperado.
Guth no tenía formación como cosmólogo. Su
especialidad era la física de partículas, y a finales de la década de 1970,
junto con Henry Tye de la Universidad de Cornell, estaba estudiando varios
aspectos de los campos de Higgs en las teorías de gran unificación. Recuerde de
la discusión en el último capítulo de la ruptura espontánea de simetría que un
campo de Higgs aporta la mínima energía posible a una región del espacio cuando
su valor se asienta en un número no nulo particular (un número que depende de la
forma detallada de su cuenco de energía potencial). Discutimos cómo en el
universo primitivo, cuando la temperatura era extraordinariamente alta, el
valor de un campo de Higgs fluctuaría incontroladamente de un número a otro,
como la rana en el cuenco de metal caliente que se quemaba las patas, pero
cuando el universo se enfriaba, el Higgs rodaría pendiente abajo por el cuenco
hasta un valor que minimizaría su energía.
Guth y Tye estudiaban las razones por las que el
campo de Higgs podría retrasarse en alcanzar la configuración menos energética
(el valle del cuenco en la figura 9.1c). Si aplicamos la analogía de la rana,
la pregunta que Guth y Tye planteaban, era ésta: ¿qué pasa si la rana, en uno
de sus primeros saltos cuando el cuenco estaba empezando a enfriarse,
aterrizaba por azar en la meseta central? ¿Y qué pasa si, mientras el cuenco
sigue enfriándose, la rana se mantiene en la meseta central (comiendo gusanos
tranquilamente), en lugar de deslizarse hacia el valle del cuenco? O, en
términos físicos, ¿qué pasa si el valor de un campo de Higgs fluctuante cayera
en la meseta central del cuenco de energía y se quedara allí mientras el
universo seguía enfriándose? Si esto sucede, los físicos dicen que el campo de
Higgs se ha sobreenfriado, lo que indica que incluso si la
temperatura del universo ha caído hasta el punto en donde usted hubiera
esperado que el valor de Higgs se aproxime al valle de mínima energía, el campo
continúa atrapado en una configuración de energía más alta. (Esto es análogo al
agua altamente purificada que puede ser sobreenfriada por debajo de 0 grados
Kelvin, la temperatura a la que usted hubiera esperado que se convierta en
hielo, y permanece líquida porque la formación de hielo requiere pequeñas
impurezas en tomo a las cuales pueda crecer el cristal.)
Guth y Tye estaban interesados en esta posibilidad
porque sus cálculos sugerían que podría ser relevante para un problema (el
problema del monopolo magnético)[137] con el que los investigadores se habían tropezado en varios
intentos de gran unificación. Pero Guth y Tye advirtieron que podría haber otra
implicación, y visto en retrospectiva ésa es la razón de que su trabajo se
mostrase fundamental. Ellos sospechaban que la energía asociada con un campo de
Higgs sobreenfriado, recuerde que la altura del campo representa su energía, de
modo que el campo tiene energía cero sólo si su valor está en el valle del
cuenco, podría tener un efecto sobre la expansión del universo. A primeros de
diciembre de 1979, Guth siguió esta corazonada y esto es lo que encontró.
Un campo de Higgs que ha quedado atrapado en una
meseta no sólo llena el espacio de energía, sino que, como Guth advirtió,
también aporta una presión negativa uniforme. De hecho,
encontró que por lo que respecta a la energía y la presión, un campo de Higgs
que está atrapado en una meseta tiene las mismas propiedades que una constante
cosmológica: llena el espacio de energía y presión negativas, y exactamente en
las mismas proporciones que una constante cosmológica. Así que Guth descubrió
que un campo de Higgs sobreenfriado tiene un efecto importante en la expansión
del espacio: igual que una constante cosmológica, ejerce una fuerza
gravitatoria repulsiva que impulsa al espacio a expandirse. [138]
En este momento, puesto que usted ya está
familiarizado con la presión negativa y la gravedad repulsiva, quizá esté
pensando: muy bien, es muy bonito que Guth encontrase un mecanismo físico
específico para realizar la
idea de Einstein de una constante cosmológica,
pero, ¿y qué?, ¿qué tiene eso de importante? El concepto de una constante
cosmológica había sido abandonado hacía tiempo. Su introducción en la física no
significaba otra cosa que un engorro para Einstein. ¿Por qué excitarse al
redescubrir algo que había quedado desacreditado hacía más de seis décadas?
§. Inflación
Bien, he aquí por qué. Aunque un campo de Higgs sobreenfriado comparte ciertas
características con una constante cosmológica, Guth comprendió que no son
completamente idénticos. Hay dos diferencias clave, diferencias que hacen toda
la diferencia.
En primer lugar, mientras que una constante
cosmológica es constante, no varía con el tiempo, de modo que proporciona un
empuje hacia afuera invariable y constante, un campo de Higgs sobreenfriado no
tiene por qué ser constante.
Figura 10.1. (a) Un campo de Higgs sobreenfriado es uno cuyo valor está
atrapado en la meseta de alta energía del cuenco de energía, como la rana en
una protuberancia, (b) Normalmente, un campo de Higgs sobreenfriado encontrará
rápidamente su salida de la meseta y caerá a un valor con energía más baja,
como el salto de la rana fuera de la protuberancia.
Piense en una rana posada en la protuberancia de la
figura 10.1a. Puede permanecer allí durante un tiempo pero, más pronto o más
tarde, un salto aleatorio a un lado u otro, un salto dado no porque el cuenco
esté caliente (ya no lo está), sino simplemente porque la rana está inquieta,
sacará a la rana de la protuberancia, después de lo cual deslizará hasta el
punto más bajo del cuenco, como en la figura 10.1b. Un campo de Higgs puede
comportarse de forma similar. Su valor en todo el espacio puede quedarse atascado
en la protuberancia central de su cuenco de energía mientras la temperatura se
hace demasiado baja para impulsar una agitación térmica importante. Pero los
procesos cuánticos inyectarán saltos aleatorios en el valor del campo de Higgs,
y un salto suficientemente grande le sacará de la meseta, permitiendo que su
energía y su presión se relajen a cero. [139] Los cálculos de Guth demostraban que, dependiendo de la forma
precisa de la protuberancia del cuenco, este salto podría haber ocurrido
rápidamente, quizá en un tiempo tan corto como
0,00000000000000000000000000000000001 (10 -30) segundos.
Posteriormente, Andrei Linde, que entonces trabajaba en el Instituto Físico
Lebedev en Moscú, y Paul Steindhart, que entonces trabajaba con su estudiante
Andreas Albrecht en la Universidad de Pensilvania, descubrieron una manera de
que la relajación del campo de Higgs a energía y presión nulas en todo el
espacio sucediera de forma aún más eficiente y significativamente más uniforme
(resolviendo con ello ciertos problemas técnicos intrínsecos en la propuesta
original de Guth). [140] Ellos demostraron que si el cuenco de energía potencial se hubiese
hecho poco a poco más suave y más inclinado, como en la figura 10.2, no habría
sido necesario ningún salto cuántico: el valor del campo de Higgs hubiera
rodado rápidamente hasta el valle, de forma muy parecida a como una bola rueda
cuesta abajo por una colina. El resultado es que si un campo de Higgs actuaba
como una constante cosmológica, lo hacía solamente durante un breve instante.
La segunda diferencia es que mientras Einstein
escogió cuidadosa y arbitrariamente el valor de la constante cosmológica, la
cantidad de energía y presión negativa que aportaba a cada volumen de espacio,
de modo que su fuerza repulsiva hacia afuera equilibrara exactamente la fuerza
atractiva hacia adentro que surge de la materia y radiación ordinaria en el
cosmos, Guth pudo estimar la energía y la presión negativa aportada por los
campos de Higgs que él y Tye habían estado estudiando.
Figura 10.2. Una protuberancia más suave permitirá que el valor del campo de
Higgs ruede hasta el valle de energía cero más fácilmente y más uniformemente
en todo el espacio.
Y la respuesta que encontró era más de
10000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000
(10100) veces mayor que el valor que Einstein había escogido. Este
número es enorme, obviamente, y por ello el empuje hacia afuera suministrado
por la gravedad repulsiva del campo de Higgs es monumental comparado con lo que
Einstein imaginó originalmente con la constante cosmológica.
Ahora bien, si combinamos estas dos observaciones,
que el campo de Higgs permanece en la meseta, en el estado de presión negativa
y alta energía, sólo durante el más breve de los instantes, y que mientras está
en la meseta, el empuje repulsivo hacia afuera que genera es enorme, ¿qué
tenemos? Bien, como Guth comprendió, tenemos una ráfaga expansiva de corta
vida. En otras palabras, tenemos exactamente lo que le faltaba a la teoría
del big bang: un bang, y uno grande. Por eso
es por lo que el descubrimiento de Guth es algo que provoca excitación. [141]
La imagen cosmológica que emerge de la idea
revolucionaria de Guth es entonces la siguiente. Hace mucho tiempo, cuando el
universo era enormemente denso, su energía estaba transportada por un campo de
Higgs asentado en un valor lejos del punto más bajo de su cuenco de energía
potencial. Para distinguir este campo de Higgs particular de otros (tales como
el campo de Higgs electrodébil responsable de dar masa a los tipos de
partículas familiares, o el campo de Higgs que aparece en teorías de gran
unificación)[142] se le denomina normalmente el campo inflatón. Debido a su presión
negativa, el campo inflatón generó una repulsión gravitatoria gigantesca que
impulsó a cada región del espacio a alejarse de todas las demás; en el lenguaje
de Guth, el inflatón impulsó al universo a inflarse. La
repulsión duró sólo unos 10-5 segundos, pero fue tan poderosa
que incluso en ese breve momento el universo se hinchó en un factor enorme.
Dependiendo de detalles tales como la forma precisa de la energía potencial del
campo inflatón, el universo pudo haberse expandido fácilmente en un factor de
10 30, 1050, o 10100 o más.
Estos números son espectaculares. Un factor de
expansión de 1030 , una estimación conservadora, sería como
ampliar la escala de una molécula de ADN hasta aproximadamente el tamaño de la
Vía Láctea, y en un intervalo de tiempo que es mucho más corto que una
milmillonésima de una trillonésima de un parpadeo. En comparación, incluso este
factor de expansión conservador es trillones de veces la expansión que hubiera
ocurrido según la teoría del big bang estándar durante el
mismo intervalo de tiempo, y supera al factor de expansión total que ha
ocurrido de forma acumulativa sobre los 14.000 millones de años siguientes. En
los muchos modelos de inflación en los que el factor de expansión calculado es
mucho mayor que 1030, la extensión espacial resultante es tan enorme
que la región que podemos ver, incluso con el telescopio más potente, no es
sino una minúscula fracción del universo total. Según estos modelos, ninguna de
la luz emitida desde la inmensa mayor parte del universo podría habernos
llegado todavía, y gran parte de ella no llegará hasta mucho después de que el
Sol y la Tierra hayan muerto. Si el cosmos entero se redujera en escala hasta
el tamaño de la Tierra, la parte accesible a nosotros sería mucho más pequeña
que un grano de arena.
Aproximadamente 10-35 segundos
después de que empezara la ráfaga, el campo inflatón encontró su salida de la
meseta de alta energía y su valor en todo el espacio se deslizó hasta el fondo
del cuenco, desactivando el empuje repulsivo. Y cuando el campo inflatón rodó
hacia abajo, cedió su energía sobrante para la producción de partículas de
materia ordinaria y radiación, como una niebla que se concentra en la hierba en
el rocío de la mañana, que llenaron uniformemente el espacio en expansión.[143] A partir de entonces, la historia es esencialmente la de la teoría
del big bang estándar: el espacio siguió expandiéndose y
enfriándose tras la ráfaga expansiva, permitiendo que las partículas de materia
se agruparan en estructuras como galaxias, estrellas y planetas que lentamente
se disponían en el universo que vemos actualmente, como se ilustra en la figura
10.3.
El descubrimiento de Guth, bautizado como cosmología
inflacionaria, junto con las importantes mejoras aportadas por Linde,
y por Albrecht y Steinhardt, proporcionó una explicación para lo que
desencadena la expansión del espacio. Un campo de Higgs asentado en su valor de
energía cero puede proporcionar una explosión que impulsa al espacio a
hincharse. Guth proporcionó un bang al big bang.
§. El marco inflacionario
El descubrimiento de Guth fue recibido rápidamente como un avance importante y
se ha convertido en un elemento fundamental de la investigación cosmológica.
Pero advierta dos cosas. En primer lugar, en el modelo del bigbang estándar
se supone que el bang sucedió en el instante cero, en el
comienzo mismo del universo, de modo que se ve como el suceso de la creación.
Pero de la misma forma que un cartucho de dinamita sólo explota cuando se
prende de la manera adecuada, en la cosmología inflacionaria el bang ocurría
solamente cuando las condiciones eran las correctas, cuando había un campo
inflatón cuyo valor proporcionaba la energía y la presión negativa que
alimentaba la ráfaga expansiva de la gravedad repulsiva, y eso no tenía por qué
coincidir con la «creación» del universo. Por esta razón, el bang inflacionario
es considerado como un suceso que experimentó el universo
preexistente, pero no necesariamente como el suceso que creó
el universo. Representamos esto en la figura 10.3 manteniendo algo de la región
borrosa de la figura 9.2, lo que indica que seguimos ignorando del origen
fundamental: específicamente, si la cosmología inflacionaria es correcta,
ignoramos por qué hay un campo inflatón, por qué su cuenco de energía potencial
tiene la forma correcta para que haya ocurrido la inflación, por qué hay
espacio y tiempo dentro del cual tiene lugar toda la discusión, y, en la
ostentosa expresión de Leibniz, por qué hay algo en lugar de nada.
Una segunda observación, relacionada con la
anterior, es que la cosmología inflacionaria no es una sola teoría. Más bien,
es un marco cosmológico construido en tomo a la idea de que la gravedad puede
ser repulsiva y puede así impulsar un hinchamiento del espacio. Los detalles
precisos de la ráfaga expansiva, cuándo sucedió, cuánto duró, la intensidad del
empuje, el factor en que se expandió el universo durante la ráfaga, la cantidad
de energía que depositó la inflación en la materia ordinaria cuando la ráfaga
finalizó, y así sucesivamente, depende de detalles, muy en especial de la forma
y tamaño de la energía potencial del campo inflatón, que están actualmente más
allá de nuestra capacidad de deducir a partir de consideraciones teóricas
solamente. De modo que durante muchos años los físicos han estudiado todo tipo
de posibilidades, varias formas para la energía potencial, varios números de
los campos inflatón que funcionan en conjunto, y así sucesivamente, y han
determinado qué elecciones dan lugar a teorías compatibles con las
observaciones astronómicas. Lo importante es que hay aspectos de las teorías
cosmológicas inflacionarias que trascienden los detalles y son comunes a
prácticamente cualquier realización. La propia ráfaga expansiva, por
definición, es una de estas características y por ello cualquier modelo
inflacionario tiene un bang. Pero hay otras características
inherentes a todos los modelos inflacionarios que son vitales porque resuelven
problemas importantes que han desconcertado a la cosmología del big
bang estándar.
Figura 10.3. (a) La cosmología inflacionaria introduce una ráfaga rápida e
intensa de expansión espacial en un momento temprano en la historia del
universo, (b) Tras la ráfaga, la evolución del universo se empalma con la
evolución estándar que predice la teoría en el modelo del big bang.
§. La inflación y el problema del horizonte
Uno de estos problemas se denomina el problema del horizonte y
se refiere a la uniformidad de la radiación de fondo de microondas que
encontramos antes. Recuerde que la temperatura de la radiación de microondas
que nos llega de una dirección del espacio coincide con la que llega desde otra
dirección con una fantástica precisión (mejor que una milésima de grado).
Este hecho observacional es fundamental, porque
pone de manifiesto la homogeneidad en todo el espacio, lo que permite
simplificaciones enormes en los modelos teóricos del cosmos. En capítulos
anteriores utilizamos esta homogeneidad para reducir drásticamente las formas
posibles para el espacio y defender un tiempo cósmico uniforme. El problema
aparece cuando tratamos de explicar cómo se hizo tan uniforme el universo.
¿Cómo es que regiones enormemente distantes del universo se las han arreglado
para tener temperaturas prácticamente idénticas?
Si reconsidera el capítulo 3, una posibilidad es
que de la misma manera que el entrelazamiento cuántico no local puede
correlacionar los espines de las partículas ampliamente separadas, quizá
también pueda correlacionar la temperatura de dos regiones del espacio
ampliamente separadas. Aunque ésta es una sugerencia interesante, la tremenda
dilución del entrelazamiento en todos los escenarios salvo los más controlados,
como se discutió al final de dicho capítulo, lo descarta prácticamente. Muy
bien, quizá hay una explicación más simple. Quizá hace mucho tiempo, cuando
cada región del espacio estaba más próxima a todas las demás, sus temperaturas
se igualaron gracias a su estrecho contacto de forma muy similar a como una
cocina caliente y una sala de estar fría llegan a la misma temperatura cuando
se deja abierta durante un tiempo una puerta que las separa.
Imagine que observa una película que muestra el
curso completo de la evolución cósmica desde el principio hasta hoy. Pare la
película en algún instante arbitrario y pregúntese: ¿podrían dos regiones
particulares del espacio, como la cocina y la sala de estar, haber influido
mutuamente en sus temperaturas? ¿Podrían haber intercambiado luz y calor? La
respuesta depende de dos cosas: la distancia entre las regiones y el tiempo que
ha transcurrido desde el big bang. Si su separación es menor
que la distancia que pudo recorrer la luz en el tiempo transcurrido desde
el big bang, entonces las regiones podrían haberse influido
mutuamente; en caso contrario, no podrían hacerlo. Ahora, usted podría pensar
que todas las regiones del universo observable podrían haber interaccionado con
todas las demás si nos remontamos hasta casi el principio, porque cuanto más
hacia atrás rebobinamos la película, más se acercan las regiones y con ello es
más fácil que interaccionen. Pero este razonamiento es demasiado precipitado;
no tiene en cuenta el hecho de que las regiones del espacio no sólo estaban más
próximas sino que también había menos tiempo para que se comunicaran.
Para hacer un análisis adecuado, imagine que pasa
la película cósmica al revés, aunque centrándose en dos regiones del espacio
que actualmente están en lados opuestos del universo observable, regiones que
están tan distantes que actualmente cada una de ellas está más allá de la
esfera de influencia de la otra. Si para reducir a la mitad su separación
tenemos que rebobinar la película cósmica más de la mitad de su metraje,
entonces, incluso si las regiones del espacio estaban más próximas, la
comunicación entre ellas todavía era imposible: estaban a la mitad de
distancia, pero el tiempo transcurrido desde el big bang era
menos de la mitad de lo que es hoy, y por ello la luz sólo había podido
recorrer menos de la mitad. Del mismo modo, si desde ese momento de la película
tenemos que retroceder más de la mitad hasta el principio para reducir de nuevo
a la mitad la separación entre las regiones, la comunicación se hace aún más
difícil. Con este tipo de evolución cósmica, incluso si las regiones estaban
más próximas en el pasado, se hace más enigmático, no menos, que se las
arreglaran de alguna manera para igualar sus temperaturas. Comparado con la
distancia que la luz puede recorrer, las regiones se separan cada vez más a
medida que las examinamos cada vez más atrás en el tiempo.
Esto es exactamente lo que sucede en la teoría
del big bang estándar. En el big bang estándar,
la gravedad actúa solamente como una fuerza atractiva, y así, desde el
principio ha estado actuando para frenar la expansión del espacio. Ahora bien,
si algo se está frenando, necesitará más tiempo para cubrir una distancia dada.
Por ejemplo, imagine que Secretariat [xxvii] ha salido con un ritmo trepidante y ha cubierto la primera mitad
de una carrera en dos minutos, pero puesto que no está en su mejor día, se
frena bastante durante la segunda mitad y tarda tres minutos más en llegar a la
meta. Cuando viéramos una película de la carrera al revés, tendríamos que
rebobinar la película más de la mitad para ver a Secretariat en
la marca de mitad de la carrera (habríamos tenido que rebobinar los cinco
minutos de película de la carrera hasta la marca de los dos minutos). Análogamente,
puesto que en la teoría del big bang estándar la gravedad
frena la expansión del espacio, desde cualquier punto en la película cósmica
tenemos que rebobinar más de la mitad en el tiempo para reducir a la mitad la
separación entre las dos regiones. Y, como antes, esto significa que, incluso
si las regiones del espacio estaban más próximas en tiempos anteriores, era más
difícil, no menos, que se influyeran mutuamente y por ello más enigmático, no
menos, que de alguna manera llegaran a la misma temperatura.
Los físicos definen el horizonte cósmico de
una región (u horizonte para abreviar) como las regiones más
distantes del espacio circundante que están suficientemente próximas a la
región dada para que las dos hayan intercambiado señales luminosas en el tiempo
transcurrido desde el big bang.
Es algo análogo a los objetos más distantes que
podemos ver en la superficie de la Tierra desde cualquier punto de vista
particular. [144] El problema del horizonte es, entonces, el enigma, inherente en
las observaciones, que plantea el hecho de que regiones cuyos horizontes han
estado siempre separados, regiones que nunca podrían haber interaccionado,
comunicado o ejercido ningún tipo de influencia unas sobre otras, tienen pese a
todo temperaturas casi idénticas.
El problema del horizonte no implica que el modelo
del big bang estándar sea erróneo, pero reclama una
explicación. La cosmología inflacionaria ofrece una.
En la cosmología inflacionaria había un breve
instante durante el cual la gravedad era repulsiva y esto impulsó al espacio a
expandirse cada vez más rápido. Durante esta parte de la película cósmica,
usted tendría que rebobinar la película menos de la mitad para
reducir a la mitad la distancia entre las dos regiones. Piense en una carrera
en la que Secretaria! cubre la primera mitad de la carrera en dos minutos y,
puesto que está haciendo la carrera de su vida, acelera y cubre la segunda mitad
en un minuto. Usted sólo habría tenido que rebobinar la película de tres
minutos de la carrera hasta la marca del minuto dos, menos de la mitad hacia
atrás, para verlo en el punto medio de la carrera. Análogamente, la separación
cada vez más rápida de dos regiones cualesquiera del espacio durante la
expansión inflacionaria implica que reducir a la mitad su separación requiere
rebobinar la película cósmica menos, mucho menos, que la mitad de su metraje.
Por lo tanto, a medida que vamos más hacia atrás en el tiempo se hace más
fácil que dos regiones cualesquiera del espacio se influyan
mutuamente, porque, hablando en términos proporcionales, tienen más tiempo para
comunicarse. Los cálculos muestran que si la fase de expansión inflacionaria
impulsó al espacio para expandirse en al menos un factor 1O30, una cantidad que
se consigue fácilmente en simulaciones específicas de la expansión
inflacionaria, todas las regiones del espacio que vemos actualmente, todas las
regiones del espacio cuya temperatura hemos medido, pudieron comunicarse tan
fácilmente como la cocina y la sala de estar contigua, y con ello llegar
eficientemente a una temperatura común en los instantes más tempranos del
universo.[145] En pocas palabras, el espacio se expande con suficiente lentitud
al principio para que se haya establecido en general una temperatura uniforme,
y luego, mediante una intensa ráfaga expansiva cada vez más rápida, el universo
compensa la salida más lenta y separa ampliamente las regiones vecinas.
Así es como la cosmología inflacionaria explica la
de otro modo misteriosa uniformidad de la radiación de fondo de microondas que
llena el espacio.
§. La inflación y el problema de la planitud
Un segundo problema abordado por la cosmología inflacionaria tiene que ver con
la forma del espacio. En el capítulo 8 impusimos el criterio de simetría
espacial uniforme y encontramos tres maneras en que puede curvarse el tejido
del espacio. Recurriendo a nuestra visualización bidimensional, las
posibilidades son curvatura positiva (la forma de la superficie de una bola),
curvatura negativa (forma de silla de montar) y curvatura nula (la forma de un
tablero de mesa plano e infinito o de una pantalla de videojuego de tamaño
finito). Desde los primeros días de la relatividad general, los físicos han
entendido que la materia y la energía totales en cada volumen de espacio,
la densidad de materia/energía, determina la curvatura del
espacio. Si la densidad de materia/energía es alta, el espacio se curva sobre
sí mismo en la forma de una esfera; es decir, tendrá curvatura positiva. Si la
densidad de materia/energía es baja, el espacio se vuelve hacia afuera como una
silla de montar; es decir, tendrá curvatura negativa. O, como se mencionó en el
último capítulo, para una cantidad muy espacial de densidad de materia/energía,
la densidad crítica, igual a la masa de unos cinco átomos de hidrógeno (unos 10-23 gramos)
en cada metro cúbico, el espacio estará justo entre estos dos extremos, y será
perfectamente plano: es decir, no habrá curvatura.
§. Ahora, el rompecabezas.
Las ecuaciones de la relatividad general, que subyacen al modelo del big
bang estándar, muestran que si la densidad de materia/energía en el
principio era exactamente igual a la densidad crítica,
entonces permanecería igual a la densidad crítica a medida que el espacio se
expandía.[146] Pero si la densidad de materia/energía fuera siquiera ligeramente
más o ligeramente menos que la densidad crítica, la expansión posterior la
alejaría enormemente de la densidad crítica. Sólo para hacerse una idea de los
números, si un segundo después del big bang el universo estaba
casi en la criticalidad, teniendo un 99,99 por 100 de la densidad crítica, los
cálculos muestran que hoy su densidad se habría rebajado hasta 0,00000000001 de
la densidad crítica. Esto se parece a la situación a la que se enfrenta un
escalador que está caminando por una cresta estrecha con una pierna a cada
lado. Si su paso es correcto, seguirá sobre ella. Pero incluso un minúsculo
paso en falso hacia la izquierda o hacia la derecha será amplificado para dar
un resultado muy diferente. (Y, a riesgo de tener demasiadas analogías, esta
característica del modelo estándar me recuerda también la ducha que había en el
dormitorio de mi facultad hace años: si uno conseguía mantener el grifo
perfectamente, podía obtener una temperatura del agua agradable. Pero si se
equivocaba en lo más mínimo, en un sentido o en otro, se exponía a quedar
escaldado o congelado. Algunos estudiantes dejaron de ducharse.)
Durante décadas, los físicos han estado intentando
medir la densidad de materia/energía en el universo. En la década de 1980,
aunque las medidas estaban lejos de ser completas, una cosa era segura: la
densidad de materia/energía del universo no es miles y miles de veces más
pequeña o más grande que la densidad crítica; dicho de forma equivalente, el
espacio no está curvado de forma sustancial, ni positiva ni negativamente. Esto
arrojaba una luz incómoda sobre el modelo del big bang estándar.
Implicaba que para que el big bang estándar fuera compatible
con las observaciones, algún mecanismo, uno que nadie podía explicar o
identificar, debía haber ajustado la densidad materia/energía del universo
primitivo en un valor extraordinariamente próximo a la
densidad crítica. Por ejemplo, los cálculos mostraban que un segundo después
del big bang, la densidad de materia/energía del universo
tendría que haber estado a menos de unamillonésima de millonésima de un
uno por 100 de la densidad crítica; si la densidad de materia/energía
se desviara del valor crítico en algo más que esta minúscula cantidad, el
modelo de big bang estándar predice para hoy una densidad de
materia/energía que es enormemente diferente de la que observamos. Según el
modelo del big bang estándar, el universo primitivo, igual que
el escalador, se mantenía sobre un filo extraordinariamente estrecho. Una
minúscula desviación en las condiciones hace miles de millones de años habría
llevado a un universo actual muy diferente del que revelan las medidas de los
astrónomos. Esto se conoce como el problema de la planitud.
Aunque hemos cubierto la idea esencial, es
importante entender en qué sentido el problema de la planitud es un problema.
El problema de la planitud no prueba en modo alguno que el modelo del big
bang estándar sea erróneo.
Un creyente convencido reacciona al problema de la
planitud con un encogimiento de hombros y la réplica «así es simplemente como
era entonces», tomando la densidad de materia/energía finamente ajustada del
universo primitivo, que el big bang estándar requiere para
hacer predicciones que encajen con las observaciones, como un dato inexplicado.
Pero esta respuesta hace retroceder a la mayoría de
los físicos. Los físicos sienten que una teoría es muy poco natural si su éxito
se basa en ajustes extraordinariamente precisos de las características para los
que carecemos de una explicación fundamental. Sin suministrar una razón de por
qué la densidad de materia/energía del universo primitivo habría estado tan
finamente ajustada a un valor aceptable, muchos físicos encuentran el modelo
del big bang estándar muy retorcido. Así pues, el problema de
la planitud ilustra la extrema sensibilidad del modelo del big bang estándar
a condiciones en el pasado remoto de las que sabemos muy poco; muestra cómo
debe suponer la teoría que era exactamente el universo para
que pueda funcionar.
Por el contrario, los físicos desean teorías cuyas
predicciones sean insensibles a cantidades desconocidas tales como el estado de
las cosas hace mucho tiempo. Dichas teorías parecen robustas y naturales porque
sus predicciones no dependen de detalles que son difíciles, o quizá incluso
imposibles, de determinar directamente. Este es el tipo de teoría que
proporciona la cosmología inflacionaria, y su solución al problema de la
planitud ilustra por qué.
La observación esencial es que mientras que la
gravedad atractiva amplifica cualquier desviación respecto a la densidad de
materia/energía crítica, la gravedad repulsiva de la teoría inflacionaria hace
lo contrario: reduce cualquier desviación respecto a la
densidad crítica. Para hacerse una idea de por qué es así, es más fácil
utilizar la estrecha conexión entre la densidad de materia/energía del universo
y su curvatura para razonar geométricamente. En particular, nótese que incluso
si la forma del universo fuera significativamente curva al principio, tras la
expansión inflacionaria una porción del espacio suficientemente grande para
abarcar el universo observable actual parecería aproximadamente plana. Esta es
una característica de la geometría que todos conocemos: la superficie de un
balón de baloncesto es obviamente curva, pero se necesitó tiempo y tanteos
antes de que todo el mundo se convenciera de que la superficie de la Tierra era
también curva. La razón es que, si todo lo demás se mantiene igual, cuanto más
grande es algo, menor es su curvatura y más plana parece una región de su
superficie de un tamaño dado. Si usted dibuja el estado de Nebraska sobre una
esfera de sólo algunos cientos de kilómetros de diámetro, como en la figura
10.4a, parecería curvado, pero en la superficie de la Tierra parece plano,
precisamente como entienden todos los nebraskianos. Si usted extendiera
Nebraska sobre una esfera mil millones de veces mayor que la Tierra, parecería
más plano aún. En la cosmología inflacionaria el espacio estaba estirado en un
factor tan colosal que el universo observable, la parte que podemos ver, no es
sino un pequeño parche en un cosmos gigantesco. Y así, igual que sucede con
Nebraska extendida en una esfera gigante como en la figura 10.4b, el universo
observable sería muy aproximadamente plano incluso si el universo entero
estuviera curvado. [147]
Figura 10.4. Una forma de tamaño fijo, tal como la del estado de Nebraska,
parece cada vez más plana cuando se extiende sobre esferas cada vez mayores. En
esta analogía, la esfera representa al universo entero, mientras que Nebraska
representa el universo observable, la parte dentro de nuestro horizonte
cósmico.
Es como si en las botas del escalador y el filo
estrecho por el que camina hubiera imanes potentes y orientados en sentido
opuesto. Incluso si da un paso en falso, la fuerte atracción entre los imanes
asegura que sus pies seguirán correctamente en el filo. Análogamente, incluso
si el universo primitivo se desviara un poco de la densidad de materia/energía
crítica y con ello estuviera lejos de ser plano, la expansión inflacionaria
aseguraría que la parte del espacio a la que tenemos acceso fue impulsada hacia
una forma plana y que la densidad de materia/energía a la que tenemos acceso
fue impulsada al valor crítico.
§. Progreso y predicción
Las ideas de la cosmología inflacionaria sobre los problemas del horizonte y la
planitud representan un tremendo avance. Para que la evolución cosmológica dé
un universo homogéneo cuya densidad de materia/energía esté siquiera
remotamente próxima a la que observamos hoy, el modelo del big bang estándar
requiere un ajuste preciso, inexplicado y casi fantástico de las condiciones
iniciales. Este ajuste puede darse por supuesto, como defienden los defensores
acérrimos del big bang estándar, pero la falta de una
explicación hace que la teoría parezca artificial. Por el contrario,
independientemente de las propiedades detalladas de la densidad de
materia/energía en el universo primitivo, la evolución cosmológica
inflacionaria predice que la parte que podemos ver debería ser muy
aproximadamente plana; es decir, predice que la densidad de materia/energía que
observamos debería estar muy cerca del 100 por 100 de la densidad crítica.
La insensibilidad a las propiedades detalladas del
universo primitivo es una característica maravillosa de la teoría
inflacionaria, porque permite predicciones definitivas independientemente de
nuestra ignorancia de las condiciones tiempo ha. Pero ahora debemos preguntar:
¿cómo apoyan estas predicciones las observaciones detalladas y precisas?
¿Apoyan los datos la predicción que hace la cosmología inflacionaria de que
deberíamos observar un universo plano que contiene la densidad de
materia/energía crítica?
Durante muchos años parecía que la respuesta era
«No del todo».
Numerosos exámenes astronómicos midieron
cuidadosamente la cantidad de materia/energía que podía verse en el cosmos, y
la respuesta a que llegaron era de aproximadamente un 5 por 100 de la densidad
crítica. Esto está lejos de las enormes o minúsculas densidades a las que lleva
de forma natural el bigbang estándar, sin ajuste fino
artificial, y a eso es a lo que me refería antes cuando dije que las
observaciones establecen que la densidad de materia/energía del universo no es
miles y miles de veces mayor o menor que la cantidad crítica. Incluso así, el 5
por 100 está muy lejos del 100 por 100 que predice la inflación. Pero los
físicos han comprendido hace tiempo que hay que tener cuidado al valorar los
datos. Los exámenes astronómicos que dan el 5 por 100 tenían en cuenta
solamente la materia y la energía que desprende luz y por ello podía verse con
los telescopios de los astrónomos. Y durante décadas, incluso antes del
descubrimiento de la cosmología inflacionaria, ha habido evidencia creciente de
que el universo tiene un fuerte lado oscuro.
§. Una predicción de oscuridad
Durante los primeros años de la década de 1930, Fritz Zwicky, un profesor de
astronomía del Instituto de Tecnología de California (un científico con fama de
cáustico cuya apreciación de la simetría le llevó a llamar a sus colegas
bastardos esféricos porque, explicaba, eran bastardos por cualquier lado que se
les mirara) [148] se dio cuenta de que las galaxias periféricas del cúmulo Coma, un
conjunto de miles de galaxias a unos 370 millones de años luz de la Tierra, se
movían demasiado rápidas para que la fuerza gravitatoria debida a toda su masa
visible pudiera mantenerlas unidas al grupo. Por el contrario, su análisis
demostraba que muchas de las galaxias con movimiento más rápido deberían
desprenderse del cúmulo como se desprenden gotas de agua de una rueda de
bicicleta que gira. Y pese a todo ninguna se desprendía. Zwicky conjeturó que
podría haber materia adicional en el cúmulo que no emitía luz pero
proporcionaba la atracción gravitatoria adicional necesaria para mantener al
cúmulo unido. Sus cálculos demostraban que si esta explicación era correcta, la
inmensa mayoría de la masa del cúmulo estaría formada por este material no
luminoso. En 1936, Sinclair Smith, del observatorio del Monte Wilson, que
estaba estudiando el cúmulo Virgo, encontró evidencia que lo corroboraba y
llegó a conclusiones similares. Pero puesto que en las observaciones de ambos,
así como en otras posteriores, había varias incertidumbres, muchos siguieron
sin convencerse de que había una voluminosa materia invisible cuya atracción
gravitatoria estaba manteniendo agrupadas a las galaxias.
Durante los treinta años siguientes siguió
acumulándose evidencia observacional a favor de materia no luminosa, [149] pero fue el trabajo de la astrónoma Vera Rubín de la Institución
Carnegie de Washington, junto con Kent Ford y otros, el que realmente resolvió
el caso. Rubín y sus colaboradores estudiaron el movimiento de estrellas dentro
de numerosas galaxias en rotación y concluyeron que si lo que se ve es lo que
hay, entonces muchas de las estrellas de las galaxias deberían salir despedidas
continuamente. Sus observaciones demostraron concluyentemente que la materia
galáctica visible no podía ejercer un tirón gravitatorio suficientemente fuerte
para impedir que se desprendan las estrellas de movimiento más rápido.
Sin embargo, sus análisis detallados demostraban
también que las estrellas permanecerían unidas gravitatoriamente si las
galaxias en las que habitaban estuvieran inmersas en una bola gigante de
materia no luminosa (como en la figura 10.5), cuya masa total superara con
mucho la masa del material luminoso de la galaxia. Y así, de la misma forma que
los espectadores en un teatro infieren la presencia de un mimo vestido de negro
incluso si solamente ven sus manos con guantes blancos revoloteando en un escenario
oscuro, los astrónomos concluyeron que el universo debe estar lleno de materia
oscura, materia que no se condensa en estrellas y por ello no emite
luz, y que así ejerce una atracción gravitatoria sin revelarse visiblemente.
Los constituyentes luminosos del universo, estrellas, se revelaron como boyas
flotando en un océano gigante de materia oscura.
Figura 10.5. Una galaxia inmersa en una bola de materia oscura (con la
materia oscura artificialmente resaltada para hacerla visible en la figura).
Pero si la materia oscura debe existir para
producir los movimientos observados de estrellas y galaxias, ¿de qué está
hecha? Hasta ahora, nadie lo sabe. La identidad de la materia oscura sigue
siendo un misterio amenazador, aunque astrónomos y físicos han sugerido
numerosos constituyentes posibles que van desde varios tipos de partículas
exóticas hasta un baño cósmico de agujeros negros en miniatura. Pero incluso
sin determinar su composición, analizando cuidadosamente sus efectos
gravitatorios los astrónomos han podido determinar con gran precisión cuánta
materia oscura hay dispersa por el universo. Y la respuesta que han encontrado
equivale a aproximadamente un 25 por 100 de la densidad crítica. [150]
Así, junto con el 5 por 100 encontrado en la
materia visible, la materia oscura eleva nuestra cuenta hasta el 30 por 100 de
la cantidad predicha por la cosmología inflacionaria.
Bien, esto es ciertamente un progreso, pero durante
mucho tiempo los científicos se rascaron la cabeza preguntándose cómo dar
cuenta del 70 por 100 restante del universo, que, si la cosmología
inflacionaria era correcta, se había ausentado sin permiso. Pero luego, en
1998, dos grupos de astrónomos llegaron a la misma conclusión sorprendente, que
hace que nuestra historia cierre el círculo y revela una vez más la perspicacia
de Albert Einstein.
§. El universo desbocado
De la misma forma que usted puede buscar una segunda opinión para confirmar un
diagnóstico médico, también los físicos buscan segundas opiniones cuando tienen
datos o teorías que apuntan a resultados enigmáticos.
De estas segundas opiniones, las más convincentes
son las que llegan a la misma conclusión desde un punto de vista que difiere
drásticamente del análisis original. Cuando las flechas explicatorias convergen
en un punto desde ángulos diferentes hay una buena probabilidad de que estén
apuntando en la buena dirección. Era natural entonces, teniendo en cuenta que
la cosmología inflacionaria sugería algo muy extraño, que el 70 por 100 de la
masa/energía del universo tiene aún que ser medida o identificada, que los
físicos desearan una confirmación independiente. Se sabía desde hacía tiempo
que las medidas del parámetro de deceleración servirían para
este propósito.
Desde inmediatamente después de la ráfaga
inflacionaria inicial, la gravedad atractiva ordinaria ha estado frenando la
expansión del espacio. El ritmo al que ocurre este frenado se denomina
parámetro de deceleración. Una medida precisa del parámetro proporcionaría una
idea independiente sobre la cantidad total de materia en el universo: más
materia, ya emita luz o no, implica una mayor atracción gravitatoria y con ello
un frenado más pronunciado de la expansión espacial.
Durante muchas décadas, los astrónomos han estado
tratando de medir la deceleración del universo, pero aunque hacerlo es simple
en teoría, es un reto en la práctica. Cuando observamos cuerpos celestes
lejanos tales como galaxias o cuásares los estamos viendo tal como eran hace
mucho tiempo: cuanto más lejos están, más atrás en el tiempo estamos mirando.
Por eso, si pudiéramos medir con qué rapidez se están alejando de nosotros,
tendríamos una medida de con qué rapidez se estaba expandiendo el universo en
el pasado lejano. Además, si pudiéramos llevar a cabo tales medidas para
objetos astronómicos situados a distancias muy diferentes, habríamos medido el
ritmo de expansión del universo en momentos muy diferentes en el pasado.
Comparando estos ritmos de expansión, podríamos
determinar cómo se está frenando en el tiempo la expansión del espacio y
determinar así el parámetro de deceleración.
Así pues, llevar a cabo esta estrategia para medir
el parámetro de deceleración requiere dos cosas: un medio de determinar la
distancia a un objeto astronómico dado (de modo que sepamos cuánto atrás en el
tiempo estamos mirando) y un medio de determinar la velocidad con la que el
objeto se está alejando de nosotros (de modo que sepamos el ritmo de la
expansión espacial en ese instante en el pasado). El último ingrediente es más
fácil de obtener. De la misma forma que el tono de la sirena de un coche de la
policía desciende a tonos más bajos cuando se aleja rápidamente de nosotros, la
frecuencia de vibración de la luz emitida por una fuente astronómica también
desciende cuando el objeto se aleja. Y puesto que la luz emitida por átomos
como los de hidrógeno, helio y oxígeno, átomos que están entre los
constituyentes de estrellas, cuásares y galaxias, ha sido cuidadosamente
estudiada en condiciones de laboratorio, puede hacerse una determinación
precisa de la velocidad del objeto examinando cómo difiere la luz que recibimos
de éste de la luz que vemos en el laboratorio.
Pero el primer ingrediente, un método para
determinar exactamente la distancia a la que está un objeto ha sido un dolor de
cabeza para el astrónomo.
Cuanto más lejos está algo, más tenue esperamos que
se vea, pero convertir esta simple observación en una medida cuantitativa es
difícil. Para estimar la distancia a un objeto por su brillo aparente usted
necesita saber su brillo intrínseco, cómo brillaría si estuviese cerca de
usted. Y es difícil determinar el brillo intrínseco de un objeto a miles de
millones de años luz.
La estrategia general consiste en buscar un tipo de
cuerpos celestes que, por razones astrofísicas fundamentales, siempre se
consumen con un brillo estándar. Si el espacio estuviera salpicado de bombillas
brillantes de 100 vatios, eso serviría, puesto que podríamos determinar
fácilmente la distancia a una bombilla dada basándonos en lo tenue que se ve
(aunque sería un reto ver bombillas de 100 vatios muy alejadas). Pero puesto
que el espacio no está dotado de ellas, ¿qué puede desempeñar el papel de bombillas
con brillo estándar o, en la jerga astronómica, qué puede desempeñar el papel
de candelas estándar! Durante años los astrónomos han
estudiado varias posibilidades, pero la candidata más satisfactoria hasta la
fecha es una clase particular de explosiones de supernova.
Cuando las estrellas agotan su combustible nuclear,
la presión hacia afuera originada por la fusión nuclear en el corazón de la
estrella disminuye y la estrella empieza a implosionar bajo su propio peso.
Cuando el corazón de la estrella se aplasta sobre sí mismo, su temperatura
aumenta rápidamente, lo que a veces produce una enorme explosión que desprende
las capas externas de la estrella en una brillante exhibición de fuegos
artificiales celestes. Dicha explosión se conoce como una supernova; durante algunas
semanas, una simple estrella que explota puede verse tan brillante como mil
millones de soles. Esto es verdaderamente desconcertante: ¡una única estrella
tan brillante como casi toda una galaxia! Diferentes tipos de estrellas, de
diferentes tamaños, con diferentes abundancias atómicas y demás, dan lugar a
diferentes tipos de explosiones de supernova, pero durante muchos años los
astrónomos se han dado cuenta de que ciertas explosiones de supernova siempre
parecen tener el mismo brillo intrínseco. Éstas son las explosiones de
supernova tipo la.
En una supernova tipo la, una estrella enana
blanca, una estrella que ha agotado su suministro de combustible nuclear pero
tiene una masa insuficiente para producir por sí misma una explosión de
supernova, absorbe el material de la superficie de una estrella acompañante
próxima.
Cuando la masa de la estrella enana alcanza un
valor crítico particular, aproximadamente 1,4 veces la masa del Sol, sufre una
reacción nuclear desbocada que hace que la estrella pase a supernova. Puesto
que tales explosiones de supernova ocurren cuando la estrella enana alcanza la
misma masa crítica, las características de la explosión, incluyendo su brillo
intrínseco global, son básicamente las mismas de un episodio a otro. Además,
puesto que las supernovas, a diferencia de las bombillas de 100 vatios, son tan
fantásticamente potentes, no sólo tienen un brillo estándar sino que también
pueden verse de forma clara a través del universo. Son así candidatas
principales para candelas estándar. [151]
En la década de 1990, dos grupos de astrónomos, uno
dirigido por Saúl Perlmutter en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, y el
otro dirigido por Brian Schmidt en la Universidad Nacional Australiana, se
propusieron determinar la deceleración, y con ello la masa/energía total, del
universo midiendo las velocidades de recesión de supernovas tipo la.
Identificar una supernova de tipo la es bastante simple porque la luz que
genera su explosión sigue una pauta característica de ascenso rápido para
disminuir luego poco a poco en intensidad. Pero captar una supernova tipo la en
el momento exacto de producirse no es pequeña hazaña, puesto que sólo ocurren
aproximadamente una vez cada algunos cientos de años en una galaxia típica.
No obstante, gracias a la técnica innovadora de
observar simultáneamente miles de galaxias con telescopios de amplio campo de
visión, los equipos pudieron encontrar casi cuatro docenas de supernovas de
tipo la a varias distancias de la Tierra. Después de determinar laboriosamente
las distancias y velocidades de recesión de cada una, ambos grupos llegaron a
un conclusión completamente inesperada: desde que el universo tenía unos 7.000
millones de años, su ritmo de expansión no ha estado decelerándose. Por el
contrario, el ritmo de expansión ha estado acelerándose.
Los grupos concluyeron que la expansión del
universo se frenó durante los primeros 7.000 millones de años tras la ráfaga
inicial, de forma muy parecida a como un automóvil se frena cuando se acerca al
peaje de una autopista. Esto era lo esperado. Pero los datos revelaban que,
como un conductor que aprieta el pedal del acelerador después de pasar por la
cabina de pago, la expansión del universo ha estado acelerándose desde
entonces. El ritmo de expansión del espacio 7.000 millones de años después del bang era
menor que el ritmo de expansión 8.000 millones de años después del bang, que
era menor que el ritmo de expansión 9.000 millones de años después del bang, y
así sucesivamente, todos los cuales son menores que el ritmo de expansión hoy.
La deceleración esperada de la expansión espacial ha resultado ser una aceleración inesperada.
Pero ¿cómo podía ser esto? Bien, la respuesta
ofrece la segunda opinión corroboradora con respecto al 70 por 100 ausente de
la masa/energía que los físicos habían estado buscando.
§. El 70 por 100 ausente
Si mira atrás a 1917 ya la introducción por Einstein de la constante
cosmológica, tiene información suficiente para sugerir cómo sería posible que
el universo se estuviera acelerando. La materia y la energía ordinarias
producen gravedad atractiva ordinaria, que frena la expansión espacial. Pero a
medida que el universo se expande y las cosas se diluyen cada vez más, esta
atracción gravitatoria cósmica, aunque sigue actuando para frenar la expansión,
se hace más débil. Y esto nos lleva a un giro nuevo e inesperado.
Si el universo tuviera una constante cosmológica, y
si su magnitud tuviera el valor pequeño, su repulsión gravitatoria hubiese
quedado abrumadoramente superada por la atracción gravitatoria normal de la
materia ordinaria correcta hasta aproximadamente siete mil millones de años
después del bang, dando un frenado neto de la expansión en
consonancia con los datos. Pero luego, a medida que la materia ordinaria se
dispersaba y su atracción gravitatoria disminuía, el empuje repulsivo de la
constante cosmológica (cuya intensidad no cambia cuando la materia se dispersa)
habría ganado gradualmente la mano, yla era de expansión espacial
deceleradahabría dado paso a una nueva era de expansión acelerada.
A finales de la década de 1990, este razonamiento y
un análisis en profundidad de los datos llevó tanto al grupo de Perlmutter como
al grupo de Schmidt a sugerir que Einstein no se había equivocado ocho décadas
antes cuando introdujo una constante cosmológica en las ecuaciones
gravitatorias.
El universo, sugirieron, tiene una constante
cosmológica. [152] Su magnitud no es la que Einstein propuso, puesto que él buscaba
un universo estático en el que la atracción y la repulsión gravitatoria se
compensaran exactamente, y estos investigadores encontraron que durante miles
de millones de años ha dominado la repulsión. Pero independientemente de los
detalles, si el descubrimiento de estos grupos siguiera superando el examen
profundo y los estudios posteriores que hay ahora en curso, ello querría decir
que, una vez más, Einstein había visto una característica fundamental del
universo, una característica que esta vez necesitó más de ochenta años para ser
confirmada experimentalmente.
La velocidad de recesión de una supernova depende
de la diferencia entre la atracción gravitatoria de la materia ordinaria y el
empuje gravitatorio de la «energía oscura» suministrado por la constante
cosmológica. Considerando que la cantidad de materia, visible y oscura, es de
aproximadamente un 30 por 100 de la densidad crítica, los investigadores de
supernovas concluyeron que la expansión acelerada que habían observado requería
un empuje hacia afuera de una constante cosmológica cuya energía oscura aporta
aproximadamente el 70 por 100 de la densidad crítica.
Éste es un número extraordinario. Si es correcto, no sólo la materia ordinaria,
protones, neutrones, electrones, constituye apenas un raquítico 5 por 100 de la
masa/energía del universo, y no sólo la forma actualmente no identificada de
materia oscura constituye al menos cinco veces esa cantidad,
sino que también la mayoría de la masa/energía en el universo es aportada por
una forma completamente diferente y más bien misteriosa de energía oscura que
está distribuida por el espacio. Si estas ideas son correctas, amplían de forma
espectacular la revolución copernicana: no sólo no somos el centro del
universo, sino que la materia de la que estamos hechos es una especie de restos
flotantes en el océano cósmico. Si protones, neutrones y electrones hubieran
quedado fuera del gran diseño, la masa/energía total del universo apenas
hubiera disminuido.
Pero hay una segunda razón igualmente importante
por la que el 70 por 100 es un número extraordinario. Una constante cosmológica
que aporta el 70 por 100 de la densidad crítica, junto con el 30 por 100
procedente de la materia ordinaria y la materia oscura, elevaría la
masa/energía total del universo hasta el 100 por 100 predicho por la cosmología
inflacionaria. Así pues, el empuje hacia afuera puesto de manifiesto por los
datos de supernovas puede explicarse precisamente por la cantidad correcta de
energía oscura necesaria para dar cuenta del 70 por 100 invisible del universo
que los cosmólogos inflacionarios habían estado buscando. Las medidas de
supernovas y la cosmología inflacionaria son maravillosamente complementarias.
Cada una de ellas confirma la otra. Cada una proporciona una segunda opinión
corroboradora para la otra. [153]
Combinando los resultados observacionales de las
supernovas con las ideas teóricas de la inflación llegamos al siguiente esbozo
de la evolución cósmica, resumido en la figura 10.6. Inicialmente la energía
del universo era transportada por el campo inflatón, que estaba fuera de su
estado de mínima energía. Debido a su presión negativa, el campo inflatón
desencadenó una intensa ráfaga de expansión inflacionaria. Luego, unos 10 35
segundos más tarde, cuando el campo inflatón se deslizó hacia abajo por su cuenco
de energía potencial, la ráfaga de expansión llegó a su fin y el inflatón
liberó su energía sobrante para la producción de materia y radiación
ordinarias.
Durante muchos miles de millones de años, estos
constituyentes familiares del universo ejercieron una atracción gravitatoria
ordinaria que frenó la expansión espacial. Pero a medida que el universo crecía
y se enrarecía, la atracción gravitatoria disminuyó. Hace aproximadamente 7.000
millones de años la atracción gravitatoria ordinaria se hizo suficientemente
débil para que la repulsión gravitatoria de la constante cosmológica del
universo se hiciera dominante, y desde entonces el ritmo de expansión espacial
ha estado creciendo continuamente.
Figura 10.6. Una línea cronológica de evolución cósmica, (a) Ráfaga
inflacionaria. (b) Evolución big bang estándar, (c) Era de expansión acelerada.
Aproximadamente 100.000 millones de años a partir
de ahora, todas las galaxias salvo las más próximas serán arrastradas por el
hinchamiento del espacio a velocidad más rápida que la luz y así sería
imposible que las viéramos, independientemente de la potencia de los
telescopios utilizados. Si estas ideas son correctas, en el futuro lejano el
universo será un lugar enorme, vacío y solitario.
§. Interrogantes y progresos
Con estos descubrimientos parecía evidente que las piezas del rompecabezas
cosmológico estaban encajando. Las preguntas que dejaba sin respuesta la teoría
del big bang estándar, ¿qué desencadenó el hinchamiento del
espacio?, ¿por qué es tan uniforme la temperatura de la radiación de fondo de
microondas?, ¿por qué el espacio parece tener una forma plana?, eran abordadas
por la teoría inflacionaria. Incluso así, se han seguido acumulando las
cuestiones espinosas respecto a los orígenes fundamentales: ¿hubo una era antes
de la ráfaga inflacionaria, y si la hubo, cómo fue?, ¿qué introdujo un campo
inflatón desplazado de su configuración de mínima energía para iniciar la
expansión inflacionaria? Y, la pregunta más reciente de todas, ¿por qué está el
universo aparentemente compuesto de tal mezcla de ingredientes, 5 por 100 de
materia familiar, 25 por 100 de materia oscura, 70 de energía oscura?. A pesar
del hecho enormemente gratificante de que esta receta cósmica coincide con la
predicción de la inflación de que el universo debería tener un 100 por 100 de
la densidad crítica, y aunque simultáneamente explica la expansión acelerada
encontrada en los estudios de supernova, muchos físicos consideran esta
mezcolanza muy poco atractiva. ¿Por qué, se han preguntado muchos, la
composición del universo ha resultado ser tan complicada? ¿Por qué hay un
puñado de ingredientes dispares con abundancias tan aparentemente aleatorias?
¿Hay algún plan subyacente razonable que los estudios teóricos aún no han
revelado?
Nadie ha adelantado ninguna respuesta convincente a
estas preguntas; están entre los problemas de investigación apremiantes que
impulsan la investigación cosmológica actual y sirven para recordarnos muchos
de los nudos entrelazados que aún debemos desenredar antes de que podamos
afirmar que hemos entendido por completo el nacimiento del universo. Pero a
pesar de los desafíos importantes que quedan, la inflación sigue en la
vanguardia de la teoría cosmológica. Por supuesto, la creencia de los físicos
en la inflación está basada en los logros que hemos discutido hasta ahora.
Pero la confianza en la cosmología inflacionaria
tiene raíces aún más profundas. Como veremos en el próximo capítulo, otras
consideraciones, procedentes de descubrimientos tanto teóricos como
observacionales, han convencido a muchos físicos que trabajan en el campo de
que el marco inflacionario es la contribución más importante y más duradera de
nuestra generación a la ciencia cosmológica.
Parte IV
Orígenes y unificación
Capítulo 11
Los cuantos en el cielo con diamantes
Inflación, agitaciones cuánticas y la flecha del tiempo
Contenido:
§. Escritura celeste cuántica
§. La edad de oro de la cosmología
§. Creando un universo
§. Inflación, suavidad y la flecha del tiempo
§. Entropía e inflación
§. Boltzmann Redux
§. La inflación y el huevo
§. ¿La mosca en la miel?
El descubrimiento del marco inflacionario abrió una
nueva era en la investigación cosmológica, y en las décadas transcurridas desde
entonces se han escrito muchos miles de artículos sobre el tema. Los
científicos han explorado cada rincón y resquicio de la teoría que usted
pudiera imaginar. Aunque muchos de estos trabajos se han centrado en detalles
de importancia técnica, otros han ido más lejos y han mostrado cómo la
inflación no sólo resuelve problemas cosmológicos específicos fuera del alcance
del big bang estándar sino que también proporciona nuevas y
potentes aproximaciones a varias cuestiones antiguas. De éstas, hay tres
desarrollos, que tienen que ver con la formación de estructuras agrupadas tales
como galaxias; la cantidad de energía requerida para generar el universo que
vemos; y (de importancia primordial para nuestra historia) el origen de la
flecha del tiempo, en la que la inflación ha sido preludio de un progreso
sustancial y, algunos dirían, espectacular.
§. Escritura celeste cuántica
La solución de la cosmología inflacionaria a los problemas del horizonte y de
la planitud fue su paso inicial a la fama. Como hemos visto, éstos fueron
logros importantes. Pero en los años transcurridos desde entonces, muchos
físicos han llegado a creer que otros logros de la inflación comparten el
número uno de la lista de contribuciones más importantes de la teoría.
La idea alabada concierne a una cuestión que, hasta
este momento, no le he animado a considerar: ¿Cómo es que hay galaxias,
estrellas, planetas y otros objetos compactos en el universo? En los tres
últimos capítulos le pedí que se centrara en escalas astronómicamente grandes,
escalas en las que el universo parece homogéneo, escalas tan grandes que
galaxias enteras pueden considerarse como simples moléculas de H2O
mientras que el propio universo es el vaso de agua entero. Pero antes o después
la cosmología tiene que enfrentarse al hecho de que cuando se examina el cosmos
en escalas «más finas» se descubren estructuras compactas como galaxias. Y
aquí, una vez más, nos enfrentamos a un rompecabezas.
Si el universo es realmente suave, uniforme y
homogéneo a grandes escalas, características que están apoyadas por la
observación y que están en el corazón de todos los análisis cosmológicos, ¿de
dónde pudo proceder la existencia de grumos en escalas más pequeñas? El
creyente acérrimo en la cosmología del big bang estándar
puede, una vez más, no darle importancia a esta cuestión apelando a condiciones
altamente favorables y misteriosamente ajustadas en el universo primitivo.
«Casi en el mismo principio», podría decir ese creyente, «las cosas eran, más o
menos, suaves y uniformes, pero no perfectamente uniformes. No
puedo decir cómo se dieron esas condiciones.
Sencillamente eran así. Con el tiempo, esta
minúscula granulosidad creció, puesto que un grumo tiene mayor atracción
gravitatoria, al ser más denso que su entorno, y por eso captura más material
vecino y se hace aún mayor.
Finalmente, los grumos se hacen suficientemente
grandes para formar estrellas y galaxias.» Ésta sería una historia convincente
si no fuera por dos deficiencias: la total carencia de una explicación para la
homogeneidad global inicial y para estas importantes y minúsculas no
uniformidades. Aquí es donde la cosmología inflacionaria proporciona un avance
satisfactorio. Ya hemos visto que la inflación ofrece una explicación para la
uniformidad a gran escala, y como aprenderemos ahora, el poder explicatorio de
la teoría va aún más lejos. Según la cosmología inflacionaria, la no
uniformidad inicial que dio como resultado final la formación de estrellas y
galaxias tuvo su origen en la mecánica cuántica.
Esta magnífica idea sale de un contacto entre dos
áreas de la física aparentemente dispares: la expansión inflacionaria del
espacio y el principio de incertidumbre cuántico. El principio de incertidumbre
nos dice que siempre hay compromisos en la precisión con que pueden
determinarse varias características físicas complementarias en el cosmos. El
ejemplo más familiar (ver el capítulo 4) implica a la materia: cuanto más
precisamente se determina la posición de una partícula, con menos precisión
puede determinarse su velocidad. Pero el principio de incertidumbre también se
aplica a los campos.
Por un razonamiento esencialmente idéntico al que
utilizamos en su aplicación a las partículas, el principio de incertidumbre
implica que cuanto más precisamente se determina el valor de un campo en una
localización en el espacio, con menos precisión puede determinarse su ritmo de
cambio en ese lugar. (La posición de una partícula y la velocidad de cambio de
su posición, su velocidad, desempeñan en mecánica cuántica papeles idénticos al
valor de un campo y la velocidad de cambio del valor del campo en una localización
dada en el espacio.)
Me gusta resumir el principio de incertidumbre
diciendo, en términos generales, que la mecánica cuántica hace las cosas
agitadas y turbulentas. Si la velocidad de una partícula no puede determinarse
con total precisión, tampoco podemos determinar dónde estará localizada la
partícula siquiera una fracción de segundo más tarde, puesto que la
velocidad ahora determina la posición luego. En
cierto sentido, la partícula es libre para adoptar esta o esa velocidad o, más
exactamente, asumir una mezcla de muchas velocidades diferentes, y con ello
agitarse frenéticamente, yendo al azar de un lado a otro.
En el caso de los campos, la situación es similar.
Si la velocidad de cambio de un campo no puede determinarse con total
precisión, entonces no podemos determinar cuál será el valor del campo, en
ningún lugar, ni siquiera un momento después. En cierto sentido, el campo
ondulará arriba y abajo a una u otra velocidad, o, más exactamente, asumirá una
extraña mezcla de muchas velocidades de cambio diferentes, y con ello su valor
experimentará una agitación frenética, borrosa y aleatoria.
En la vida cotidiana no somos conscientes
directamente de esta agitación, ya sea en partículas o en campos, porque tiene
lugar a escalas subatómicas.
Pero aquí es donde la inflación tiene un gran
impacto. La repentina ráfaga de expansión inflacionaria estiró el espacio en un
factor tan enorme que lo que inicialmente habitaba lo microscópico fue llevado
a lo macroscópico. Como ejemplo clave, los pioneros [154] de la cosmología inflacionaria se dieron cuenta de que diferencias
aleatorias entre las agitaciones cuánticas en una localización espacial y otra
habrían generado ligeras inhomogeneidades en el dominio microscópico; debido a
la agitación cuántica indiscriminada, la cantidad de energía en una
localización habría sido algo diferente de lo que era en otra. Luego, gracias
al posterior hinchamiento inflacionario del espacio, estas minúsculas
variaciones habrían sido estiradas hasta escalas mucho mayores que el dominio
cuántico, dando una pequeña cantidad de granulosidad, de forma muy parecida a
como se estiran minúsculas líneas onduladas dibujadas en un globo con un
rotulador a lo largo de su superficie cuando usted lo hincha. Éste es, en
opinión de los físicos, el origen de la granulosidad que el creyente acérrimo
en el modelo del big bang estándar despacha simplemente
diciendo que «era así», sin dar ninguna justificación.
Gracias al enorme estiramiento de las inevitables
fluctuaciones cuánticas, la cosmología inflacionaria ofrece una explicación: la
expansión inflacionaria estira las minúsculas e inhomogéneas agitaciones
cuánticas y las extiende por el cielo.
Durante los miles de millones de años siguientes,
estos grumos minúsculos siguieron creciendo gracias al agolpamiento
gravitatorio. Igual que en la imagen del big bang estándar,
los grumos tienen una atracción gravitatoria ligeramente mayor que sus
entornos, de modo que atraen material vecino y se hacen aún más grandes. Con el
tiempo, los grumos se hacen lo bastante grandes como para dar la materia que
constituye las galaxias y las estrellas que las pueblan. Ciertamente, hay muchos pasos
detallados cuando se pasa de un grumo a una galaxia, y muchos de ellos todavía
están por explicar. Pero el marco global es claro: en un mundo cuántico, nada
es nunca perfectamente uniforme debido a la agitación inherente al principio de
incertidumbre. Y en un mundo cuántico que experimente expansión inflacionaría,
tal uniformidad puede estirarse desde el micromundo hasta escalas mucho
mayores, proporcionando las semillas para la formación de grandes cuerpos
astrofísicos como galaxias.
Ésa es la idea básica, de modo que siéntase libre
para saltar al próximo párrafo. Pero para quienes estén interesados, me
gustaría hacer la discusión un poco más precisa. Recordemos que la expansión
inflacionaria terminaba cuando el valor del campo inflatón se deslizaba hacia
abajo por el cuenco de energía potencial y el campo cedía toda su energía
retenida y su presión negativa. Describíamos esto como algo que sucedía
uniformemente en todo el espacio, el valor inflatón aquí, allí y en todo lugar
experimentó la misma evolución, pues eso es lo que sale de forma natural de las
ecuaciones que lo gobiernan. Sin embargo, esto es estrictamente cierto sólo si
ignoramos los efectos de la mecánica cuántica. En promedio, el
valor del campo inflatón se deslizó realmente hacia abajo por el cuenco, como
esperamos al pensar en un sencillo objeto clásico como una canica que rueda por
un plano inclinado.
Pero de la misma forma que es probable que la rana
que se desliza por el cuenco salte y se agite, la mecánica cuántica nos dice
que el campo inflatón experimentó temblores y agitaciones. En su deslizamiento
hacia abajo, el valor del campo puede haber saltado o haber sufrido una pequeña
agitación en uno u otro lugar. Y debido a esta agitación, el inflatón alcanzó
el valor de mínima energía en diferentes lugares en instantes ligeramente
diferentes. A su vez, la expansión inflacionaria cesó en instantes ligeramente
diferentes en diferentes localizaciones en el espacio, de modo que la cantidad
de expansión espacial varió ligeramente de un lugar a otro, dando lugar a
inhomogeneidades, arrugas, similares a las que se ven cuando el que prepara la
pizza estira la masa un poco más en un lugar que en otro y crea un pequeño
bulto. Ahora, la intuición normal dice que las agitaciones que surgen de la
mecánica cuántica serían demasiado pequeñas para ser relevantes a escalas
astrofísicas. Pero con inflación, el espacio se expandió a una velocidad tan
colosal, duplicándose en tamaño cada 10-37 segundos, que
incluso una duración de la inflación ligeramente diferente en lugares vecinos
dio como resultado una arruga importante. De hecho, los cálculos llevados a
cabo para realizaciones específicas de la inflación han mostrado que las
realizaciones generadas de esta manera tienen tendencia a ser demasiado
grandes; los investigadores suelen tener que ajustar los detalles en un modelo
inflacionario dado (la forma precisa del cuenco de energía potencial del campo
inflatón) para asegurar que la agitación cuántica no predice un universo que
sea demasiado grumoso. Y de ese modo, la cosmología
inflacionaria proporciona un mecanismo a medida para entender cómo emergió la
uniformidad a pequeña escala responsable de estructuras grumosas como estrellas
y galaxias en un universo que en la mayor de las escalas aparece completamente
homogéneo.
Según la inflación, los más de 100.000 millones de
galaxias, salpicadas por el espacio como diamantes celestes, no son otra cosa
que mecánica cuántica escrita en letras grandes en el cielo. Para mí, esta idea
es una de las mayores maravillas de la era científica moderna.
§. La edad de oro de la cosmología
Una prueba espectacular en apoyo de estas ideas procede de minuciosas
observaciones de la temperatura de la radiación de fondo de microondas
realizadas desde satélites. He resaltado varias veces que la temperatura de la
radiación en una parte del cielo coincide con la de otra parte con gran
exactitud. Pero lo que aún no he mencionado es que en la cuarta cifra tras la
coma decimal las temperaturas en diferentes lugares sí difieren.
Medidas de precisión, realizadas por primera vez en 1992 por COBE (el satélite
Cosmic Background Explorer) y más recientemente por WMAP (la Wilkinson
Microwave Anisotropy Probe), han determinado que aunque la temperatura podría
ser de 2,7249 Kelvin en un punto del espacio, podría ser de 2.7250 Kelvin en
otro, y 2.7251 en otro. Lo maravilloso es que estas variaciones de temperatura
extraordinariamente pequeñas siguen una pauta en el cielo que puede ser
explicada atribuyéndolas al mismo mecanismo que se ha sugerido para sembrar la
formación de galaxias: fluctuaciones cuánticas estiradas por la inflación. La
idea es que cuando las minúsculas agitaciones cuánticas se extienden por el
espacio, se hacen ligeramente más calientes en una región y ligeramente más
frías en otra: los fotones recibidos desde una región ligeramente más densa gastan
más energía para superar el campo gravitatorio ligeramente más intenso, y con
ello su energía y temperatura son ligeramente más bajas que las de los fotones
recibidos de una región menos densa. Los físicos han hecho cálculos precisos
basados en esta propuesta, y han generado predicciones de cómo debería variar
la temperatura de la radiación de microondas de un lugar a otro en el cielo,
como se ilustra en la figura 11.1a.
(Los detalles no son esenciales, pero el eje
horizontal está relacionado con la separación angular de dos puntos en el cielo
y el eje vertical está relacionado con su diferencia de temperaturas.) En la
figura 11.1b estas predicciones se comparan con observaciones desde satélites,
representadas por diamantes pequeños, y como usted puede ver hay un acuerdo
extraordinario.
Figura 11.1. (a) Predicción de la cosmología inflacionaria para variaciones
de temperatura de la radiación de fondo de microondas de un punto a otro en el
cielo, (b) Comparación de dichas predicciones con observaciones desde
satélites.
Espero que usted esté sorprendido por este acuerdo
de teoría y observación, porque, si no es así, eso significa que he fracasado
en transmitirle la plena maravilla del resultado. Así que, por si acaso, déjeme
resaltar de nuevo lo que está pasando: telescopios a bordo de satélites han
medido recientemente la temperatura de los fotones de microondas que han estado
viajando hacia nosotros, libremente, durante casi 14.000 millones de años. Han
encontrado que fotones que llegan desde diferentes direcciones del espacio
tienen temperaturas casi idénticas, que no difieren en más de unas
diezmilésimas de grado. Además, las observaciones han mostrado que estas
minúsculas diferencias de temperatura forman una figura concreta en el cielo,
mostrada por la ordenada progresión de diamantes en la figura 11.1b. Y
maravilla de maravillas, los cálculos hechos hoy utilizando el marco
inflacionario son capaces de explicar la pauta de estas minúsculas variaciones
de temperatura, variaciones asentadas hace casi 14.000 millones de años, y, por
si fuera poco, la clave para esta explicación implica agitaciones que aparecen
de la incertidumbre cuántica. ¡No está mal!
Este éxito ha convencido a muchos físicos de la
validez de la teoría inflacionaria. Y lo que es de la misma importancia, estas
y otras medidas de precisión, que sólo recientemente se han hecho posibles, han
permitido que la cosmología madure y pase de ser un campo basado en la
especulación y la conjetura a uno más fundado en la observación, una era que ha
inspirado a muchos que trabajan en el campo a calificarla como la edad de oro
de la cosmología.
§. Creando un universo
Con semejante avance, los físicos se han sentido motivados para ver hasta dónde
puede ir la cosmología inflacionaria. ¿Puede, por ejemplo, resolver el último
misterio, recogido en la pregunta de Leibniz de por qué existe siquiera un
universo? Bien, al menos con nuestro nivel de comprensión actual, eso es
preguntar demasiado. Incluso si una teoría cosmológica fuera a abordar
directamente esta cuestión, podríamos preguntar por qué esa teoría concreta,
sus hipótesis, ingredientes y ecuaciones, era relevante, llevando así
simplemente la cuestión del origen un paso más allá. Si la lógica sola
requiriese de algún modo que el universo exista y esté gobernado por un único
conjunto de leyes con ingredientes únicos, entonces quizá hubiéramos tenido una
historia convincente. Pero, hasta la fecha, esto no es nada más que un sueño.
Una pregunta relacionada pero algo menos ambiciosa,
que también ha sido formulada de varias maneras a lo largo de los tiempos es:
¿de dónde procedía toda la masa/energía que constituye el universo? Aquí,
aunque la cosmología inflacionaria no ofrece una respuesta completa, sí ha
arrojado una nueva e intrigante luz sobre la cuestión.
Para entender cómo, piense en una caja enorme pero
flexible llena de muchos miles de niños bulliciosos, que corren y saltan sin
cesar. Imagine que la caja es totalmente impermeable, de modo que no puede
escapar el calor ni la energía, pero, puesto que es flexible, sus paredes
pueden moverse hacia afuera. Cuando los niños se lanzan implacablemente sobre
cada una de las paredes de la caja, centenares a la vez, seguidos
inmediatamente de otros centenares, la caja se expande continuamente. Usted
podría esperar que, puesto que las paredes son impermeables, la energía
encarnada por los bulliciosos niños se quedara por completo dentro de la caja
en expansión.
Después de todo, ¿dónde más podría ir su energía?
Bien, aunque es una proposición razonable, no es completamente correcta. Tiene
un lugar para ir.
Los niños gastan energía cada vez que se lanzan
contra una pared, y gran parte de esta energía se transfiere al movimiento de
la pared. La propia expansión de la caja absorbe, y con ello reduce, la energía
de los niños.
Incluso si el espacio no tiene paredes, un tipo
similar de transferencia de energía tiene lugar cuando el universo se expande.
De la misma forma que los niños que se mueven rápidamente trabajan en contra de
la fuerza hacia adentro que ejercen las paredes de la caja que se expande, las
partículas que se mueven rápidamente en nuestro universo trabajan contra una
fuerza hacia adentro cuando el espacio se expande: trabajan en contra de la
fuerza hacia adentro de la gravedad. Y de la misma forma que la energía total
que encarnan los niños se reduce porque es transferida continuamente a la
energía de las paredes de la caja que se expande, la energía total transportada
por las partículas ordinarias de materia y la radiación se reduce porque es
continuamente transferida a la gravedad conforme el universo se expande. En
resumen, haciendo una analogía entre la fuerza hacia adentro que ejercen las
paredes de la caja y la fuerza hacia adentro que ejerce la gravedad (una
analogía que se puede formular matemáticamente), concluimos que la gravedad
reduce la energía de las partículas de materia que se mueven rápidamente y de
la radiación cuando el espacio se hincha. La pérdida de energía de las
partículas de movimiento rápido debida a la expansión cósmica ha sido
confirmada por observación de la radiación de fondo de microondas. [xxviii]
Modifiquemos ahora un poco nuestra analogía para
hacemos una idea del impacto de un campo inflatón en nuestra descripción del
intercambio de energía a medida que el espacio se expande. Imagine que algunos
de los niños más traviesos enganchan varias bandas elásticas entre las paredes
opuestas que se mueven hacia afuera. Las bandas elásticas ejercen una presión
negativa hacia adentro sobre las paredes de la caja que tiene un efecto
exactamente opuesto a la presión positiva hacia afuera de los niños; en lugar de
transferir energía a la expansión de la caja, la presión negativa de las bandas
elásticas «chupa» la energía de la expansión. Cuando la caja se expande, las
bandas elásticas se tensan cada vez más, lo que significa que incorporan
cantidades crecientes de energía.
Este escenario modificado es relevante para la
cosmología porque, como hemos aprendido, al igual que las bandas elásticas de
los niños traviesos, un campo inflatón uniforme ejerce una presión negativa
dentro de un universo en expansión. Y así, de la misma forma que la energía
total encarnada por las bandas elásticas aumenta cuando la caja se expande
porque extraen energía de las paredes de la caja, la energía total encarnada
por el campo inflatón aumenta conforme el universo se expande porque extrae
energía de la gravedad. [xxix]
Para resumir: a medida que el universo se
expande, la materia y la radiación ceden energía a la gravedad mientras
que un campo inflatón gana energía de la gravedad.
La naturaleza fundamental de estas observaciones se
hace evidente cuando tratamos de explicar el origen de la materia y la
radiación que constituyen las galaxias, estrellas y todo lo demás que puebla el
cosmos. En la teoría del big bang estándar, la masa/energía
transportada por la materia y la radiación ha decrecido continuamente a medida
que el universo se ha expandido, y por ello la masa/energía en el universo
primitivo superaba con mucho a la que vemos hoy. Así pues, en lugar de ofrecer
una explicación de dónde se originó toda la masa/energía que actualmente puebla
el universo, el big bang estándar libra una batalla incesante
cuesta arriba: cuanto más atrás mira la teoría, más masa/energía
debe explicar de alguna forma.
En la cosmología inflacionaria, sin embargo, lo
cierto es lo contrario.
Recordemos que la teoría inflacionaria defiende que
materia y radiación fueron producidas al final de la fase inflacionaria cuando
el campo inflatón liberó su energía retenida rodando desde la cima al valle en
su cuenco de energía potencial. Por consiguiente, la pregunta relevante es si
la teoría puede dar cuenta de un campo inflatón que, precisamente cuando la
fase inflacionaria llegaba a un final, tenía la fabulosa cantidad
de masa/energía necesaria para dar la materia y la radiación en el universo
actual.
La respuesta a esta pregunta es que la inflación
puede hacerlo, sin ningún esfuerzo. Tal como se acaba de explicar, el campo
inflatón es un parásito gravitatorio, se alimenta de la gravedad, y por eso la
energía total que llevaba el campo inflatón aumentó a medida que el espacio se
expandía. Más exactamente, el análisis matemático muestra que la densidad de
energía en el campo inflatón permaneció constante durante la fase inflacionaria
de expansión rápida, lo que implica que la energía total que incorporaba creció
en proporción directa al volumen del espacio que llenaba. En el capítulo
anterior vimos que el tamaño del universo aumentó en al menos un factor 1030 durante
la inflación, lo que significa que el volumen del universo aumentó en un factor
de al menos (1030) 3 = 1090. Por
consiguiente, la energía incorporada en el campo inflatón se incrementó en este
mismo factor enorme: cuando la fase inflacionaria llegó a su fin, unos 10-35 segundos
después de que empezara, la energía en el campo inflatón creció en un factor
del orden de 1090, si no más. Esto significa que en el
inicio de la inflación el campo inflatón no necesitaba tener mucha
energía, puesto que la enorme expansión que iba a generar amplificaría
enormemente la energía que portaba. Un sencillo cálculo muestra que
una minúscula pepita, del orden de 10 -26 centímetros de
diámetro, llena con un campo inflatón uniforme, y que apenas pesara 10 kilos,
adquiriría, gracias a la expansión inflacionaria correspondiente, suficiente
energía para dar cuenta de todo lo que vemos en el universo actual. [155]
Así pues, en abierto contraste con la teoría
del big bang estándar en la que la masa/energía total del
universo primitivo estaba mucho más allá de las palabras, la cosmología
inflacionaria, «extrayendo» la gravedad, puede producir toda la materia
ordinaria y la radiación en el universo a partir de una minúscula mota de 10
kilogramos de espacio lleno de inflatón. Esto no responde en absoluto a la
pregunta de Leibniz de por qué hay algo en lugar de nada, puesto que aún
tenemos que explicar por qué hay un inflatón o incluso el espacio que ocupa.
Pero lo que necesita explicación pesa mucho menos que mi perro Rocky, y eso es
ciertamente un punto de partida muy diferente del imaginado en el big
bang estándar.[xxx]
§. Inflación, suavidad y la flecha del tiempo
Quizá mi entusiasmo ha revelado ya mi preferencia, pero de todos los avances
que la ciencia ha logrado en nuestra era, los avances en cosmología me llenan
de la máxima admiración y humildad. Parece que nunca haya perdido la excitación
que sentí inicialmente hace años cuando leí por primera vez las ideas básicas
de la relatividad general y comprendí que desde nuestro minúsculo rincón del
espaciotiempo podemos aplicar la teoría de Einstein para aprender acerca de la
evolución del cosmos entero. Ahora, algunas décadas más tarde, el progreso
tecnológico está sometiendo estas propuestas en otro tiempo abstractas acerca
del comportamiento del universo en sus primeros momentos a pruebas
observacionales, y las teorías realmente funcionan.
Recordemos, no obstante, que además de la
relevancia general de la cosmología para la historia del espacio y el tiempo,
los capítulos 6 y 7 nos lanzaron a un estudio de la historia primitiva del
universo con un objetivo específico: encontrar el origen de la flecha del
tiempo. Recuerde de aquellos capítulos que el único marco convincente que
encontramos para explicar la flecha del tiempo era que el universo primitivo
tenía un orden extraordinariamente alto, es decir, una entropía
extraordinariamente baja, que fijó el escenario para un futuro en el que la
entropía se hiciera cada vez mayor. De la misma forma que las páginas de Guerra
y paz no hubieran tenido la capacidad de desordenarse cada vez más si
no hubieran estado ordenadas en algún momento, tampoco el universo hubiera
tenido la capacidad de hacerse cada vez más desordenado, leche que se derrama,
huevos que se rompen, personas que envejecen, a menos que hubiera estado en una
configuración altamente ordenada al principio. El rompecabezas con el que
tropezamos consiste en explicar cómo llegó a darse este punto de partida de
alto orden y baja entropía.
La cosmología inflacionaria ofrece un avance
sustancial, pero déjeme recordarle primero más exactamente el rompecabezas, en
caso de que se le hayan pasado algunos de los detalles relevantes.
Hay una fuerte evidencia y pocas dudas de que,
pronto en la historia del universo, la materia estaba uniformemente dispersa
por el espació.
Normalmente, esto sería caracterizado como una
configuración de alta entropía, igual que las moléculas de dióxido de carbono
de una botella de Coca-Cola se dispersan uniformemente por una habitación, y
sería tan tópico que apenas requeriría una explicación. Pero cuando la gravedad
cuenta, como lo hace cuando consideramos el universo entero, una distribución
de materia es una rara configuración altamente ordenada y de baja entropía,
porque la gravedad impulsa a la materia a formar grumos. Análogamente, una curvatura
espacial suave y uniforme también tiene muy baja entropía; es altamente
ordenada comparada con una curvatura espacial no uniforme y fuertemente
bacheada. (De la misma manera que hay muchas formas de que las páginas de Guerra
y paz estén desordenadas pero sólo una forma de que estén ordenadas,
también hay muchas maneras de que el espacio tenga una forma desordenada y no
uniforme, pero muy pocas maneras en las que puede estar completamente ordenado,
suave y uniforme.) De modo que nos queda el interrogante: ¿por qué el universo
primitivo tenía una distribución de materia uniforme (altamente ordenada) de
baja entropía en lugar de una distribución de materia granulada (altamente
desordenada) y de alta entropía como puede ser una población de agujeros negros?
¿Y por qué la curvatura del espacio era suave, ordenada y uniforme con
extraordinaria aproximación en lugar de estar equipada con una variedad de
arrugas enormes y curvas severas, como las generadas por agujeros negros?
Como discutieron en detalle por primera vez Paul
Davies y Don Page, [156] la cosmología inflacionaria sugiere intuiciones importantes sobre
estas cuestiones. Para ver cómo, tenga en mente que una hipótesis esencial del
rompecabezas es que una vez que se forma un grumo aquí o allá, su mayor tirón
gravitatorio atrae todavía más materia, haciendo que crezca más; en
correspondencia, una vez que se forma aquí o allá una arruga en el espacio, su
mayor tirón gravitatorio tiende a hacer la arruga aún más pronunciada, lo que
lleva a una curvatura espacial bacheada y altamente no uniforme. Cuando la
gravedad cuenta, las configuraciones ordinarias, poco notables y de alta
entropía son grumosas y bacheadas.
Pero advierta lo siguiente: este razonamiento se
basa completamente en la naturaleza atractiva de la gravedad
ordinaria. Grumos y baches crecen porque tiran con fuerza del
material vecino, convenciendo a dicho material para unirse al grumo. Durante la
breve fase inflacionaria, sin embargo, la gravedad era repulsiva y
eso lo cambió todo. Considere la forma del espacio. El enorme empuje hacia
afuera de la gravedad repulsiva hizo que el espacio se hinchara tan rápidamente
que los baches y alabeos iniciales fueron estirados, de forma muy parecida a
como hinchar totalmente un globo arrugado estira su superficie. [xxxi] Más
aún, puesto que el volumen del espacio aumentó en un factor colosal durante el
breve período inflacionario, la densidad de cualquier agrupación de materia
quedó completamente diluida, de la misma forma que la densidad de peces en su
acuario quedaría diluida si el volumen del tanque aumentase repentinamente
hasta el de una piscina olímpica. Así, aunque la gravedad atractiva hace que
crezcan agregados de materia y arrugas del espacio, la gravedad repulsiva hace
lo contrario: hace que disminuyan, lo que lleva a un resultado cada vez más
suave y más uniforme.
Así pues, al final de la ráfaga inflacionaria el
tamaño del universo había crecido fantásticamente, cualquier no uniformidad en
la curvatura del espacio se había estirado y cualquier agrupamiento inicial se
había diluido hasta hacerse irrelevante. Además, cuando el campo inflatón se
deslizó hasta el fondo de su cuenco de energía potencial, poniendo fin a la
ráfaga de expansión inflacionaria, su energía retenida se convirtió en un baño
casi uniforme de partículas de materia ordinaria en todo el espacio (uniforme
hasta llegar a las minúsculas pero críticas inhomogeneidades procedentes de la
agitación cuántica). En total, todo esto parece un gran avance. El resultado al
que hemos llegado vía inflación,una expansión del espacio suave yuniforme
poblada por una distribución de materia casi uniforme, era exactamente
el que estábamos tratando de explicar. Es exactamente la configuración de baja
entropía que necesitamos para explicar la flecha del tiempo.
§. Entropía e inflación
Realmente es un avance significativo. Pero quedan dos cuestiones importantes.
En primer lugar, parece que llegamos a la
conclusión de que la ráfaga inflacionaria suaviza las cosas y con ello reduce
la entropía total, incorporando un mecanismo físico, no sólo un golpe de azar
estadístico, que parece violar la segunda ley de la termodinámica. Si ese fuera
el caso, o nuestra comprensión de la segunda ley o nuestro razonamiento actual
tendrían que ser erróneos. Pero, en realidad, no tenemos que enfrentamos a
ninguna de estas opciones, porque la entropía total no decrece como resultado
de la inflación. Lo que sucede realmente durante la ráfaga inflacionaria es que
la entropía total aumenta, pero aumenta mucho menos de lo que podría
haberhecho. Al final de la fase inflacionaria el espacio estaba
alisado, y por eso la contribución gravitatoria a la entropía, la entropía
asociada con la posible forma bacheada, no ordenada y no uniforme, era mínima.
Sin embargo, cuando el campo inflatón se deslizó por su cuenco y cedió su
energía retenida, se estima que produjo aproximadamente 1O80 partículas de
materia y radiación. Este enorme número de partículas, como un libro con un
número enorme de páginas, encierra una enorme cantidad de entropía. Así pues,
incluso si la entropía gravitatoria se redujo, el aumento de entropía por la
producción de todas estas partículas compensó de sobra dicha reducción. La
entropía total aumentó, precisamente como esperamos de la segunda ley.
Pero, y éste es el punto importante, la ráfaga
inflacionaria, al suavizar el espacio y asegurar un campo gravitatorio
homogéneo, uniforme y de alta entropía, creó un hueco enorme
entre lo que era la contribución de la gravedad a la entropía y lo que podría
haber sido. La entropía total aumentó durante la inflación, pero lo hizo en una
cantidad ridícula comparada con lo que podía haber aumentado. En este sentido
es en el que la inflación generó un universo de baja entropía: al final de la
inflación, la entropía había aumentado, aunque en un factor que quedaba muy
lejos del factor en el que había aumentado la extensión espacial. Si la
entropía se asemejara a los impuestos de sociedades, sería como si la ciudad de
Nueva York adquiriera el desierto del Sahara. Los impuestos totales recaudados
aumentarían, pero en una cantidad minúscula comparada con el aumento total de
terreno.
Desde el final de la inflación, la gravedad ha
estado tratando de maquillar la diferencia de entropía. Cada agrupamiento, sea
una galaxia, o una estrella en una galaxia, o un planeta, o un agujero negro,
que la gravedad ha sacado posteriormente de la uniformidad (sembrado por la
minúscula no uniformidad de las agitaciones cuánticas) ha aumentado la entropía
y ha llevado a la gravedad un paso más cerca de hacer real su entropía
potencial. En este sentido, entonces, la inflación es un mecanismo que produjo
un gran universo con entropía gravitatoria relativamente baja, y de este modo
fijó el escenario para los siguientes miles de millones de años de agrupamiento
gravitatorio de cuyos efectos somos ahora testigos. Y por eso, la cosmología
inflacionaria da una dirección a la flecha del tiempo al generar un pasado con
entropía gravitatoria extraordinariamente baja; el futuro es la dirección en la
que crece esta entropía. [157]
La segunda cuestión se hace evidente cuando
seguimos descendiendo por el camino en el que la flecha del tiempo nos llevaba
en el capítulo 6. Desde un huevo a la gallina que lo puso, al alimento de la
gallina, al reino vegetal, al calor y la luz del Sol, al gas primordial
uniformemente distribuido del bigbang, seguíamos la evolución
del universo hacia un pasado que tenía cada vez un orden mayor, haciendo
retroceder en cada etapa el rompecabezas de la larga entropía un paso más en el
tiempo. Ahora acabamos de comprender que una etapa incluso anterior de
expansión inflacionaria puede explicar de forma natural las secuelas suaves y
uniformes del bang. Pero ¿qué pasa con la propia inflación?
¿Podemos explicar el eslabón inicial en esta cadena que hemos seguido? ¿Podemos
explicar por qué las condiciones eran las correctas para que sucediera siquiera
una ráfaga inflacionaria?
Ésta es una cuestión de importancia trascendental.
Por muchos rompecabezas que la cosmología inflacionaria resuelva en teoría, si
nunca tuvo lugar una era de expansión inflacionaria la aproximación sería
irrelevante. Además, puesto que no podemos volver al universo primitivo y
determinar directamente si la inflación ocurrió o no, valorar si hemos hecho
progresos reales en fijar una dirección para la flecha del tiempo requiere que
determinemos la probabilidad de que se consiguiera la
condición necesaria para una ráfaga inflacionaria. Los físicos se erizan ante
la dependencia del bigbang estándar de condiciones iniciales
homogéneas muy bien ajustadas que, aunque motivadas observacionalmente, están
inexplicadas teóricamente. Es profundamente insatisfactorio que el estado de
baja entropía del universo primitivo sea simplemente supuesto; parece vano que
la flecha del tiempo sea impuesta al universo sin explicación. A primera vista,
la inflación ofrece progresos al demostrar que lo que se da por supuesto en
el big bang estándar surge a partir de la evolución
inflacionaria. Pero si el inicio de la inflación requiere aún otras condiciones
altamente especiales con entropía extraordinariamente baja, nos encontramos de
nuevo en el punto de salida.
Simplemente hemos cambiado las condiciones
especiales del big bang por aquellas necesarias para
desencadenar la inflación, y el rompecabezas de la flecha del tiempo
permanecerá igual de enigmático.
¿Cuáles son las condiciones necesarias para la
inflación? Hemos visto que la inflación es el resultado inevitable de que el
valor del campo inflatón quede atascado, durante sólo un momento y sólo dentro
de una minúscula región, en la meseta de alta energía en su cuenco de energía
potencial. Por consiguiente, lo que tenemos que hacer es determinar cuán
probable es realmente esta configuración de partida para la inflación. Si
iniciar la inflación se prueba fácil, estaremos en buen camino. Pero si la
probabilidad de alcanzar las condiciones necesarias es extraordinariamente
pequeña, simplemente habremos desplazado la cuestión de la flecha del tiempo un
paso más atrás: encontrar la explicación para la configuración del campo
inflatón de baja entropía que echó la bola a rodar.
Describiré en primer lugar el pensamiento actual
sobre esta cuestión a la luz más optimista, y luego volveré a los elementos
esenciales de la historia que permanecen nublados.
§. Boltzmann Redux
Como se mencionó en el capítulo anterior, la ráfaga inflacionaria se considera
mejor como un suceso que ocurre en un universo preexistente, más que
considerarse como la creación del propio universo. Aunque no tenemos una
comprensión incuestionable de cómo era el universo durante dicha era
preinflacionaria, veamos hasta dónde podemos llegar si suponemos que las cosas
estaban en un estado totalmente normal de alta entropía. En concreto,
imaginemos que el espacio preinflacionario primordial estaba lleno de alabeos y
baches, y que el campo inflatón era también altamente desordenado, que su valor
saltaba de un lado a otro como la rana en el cuenco de metal caliente.
Ahora, de la misma forma que usted espera que si
juega pacientemente en una máquina tragaperras, más pronto o más tarde los
cilindros que giran aleatoriamente acabarán por dar diamantes triples,
esperamos que más pronto o más tarde una fluctuación aleatoria dentro de esta
arena turbulenta y altamente energética del universo primordial hará que el
valor del campo inflatón salte al valor correcto y uniforme en alguna pequeña
pepita de espacio, lo que desencadena una ráfaga de expansión inflacionaria.
Como se explicó en la sección anterior, los cálculos muestran que la pepita de
espacio sólo tiene que haber sido minúscula, del orden de 10“26 centímetros de
diámetro, para que la expansión cosmológica consiguiente (expansión
inflacionaria seguida por expansión big bang estándar) lo haya
estirado hasta hacerla mayor que el universo que vemos hoy. Así, en lugar de
suponer o simplemente declarar que las condiciones en el universo primitivo
eran las correctas para que tuviera lugar la expansión inflacionaria, en esta
forma de considerar las cosas una fluctuación ultramicroscópica con un peso de
apenas 10 kilogramos, que ocurre dentro de un ambiente de desorden ordinario y
poco notable, dio lugar a las condiciones necesarias.
Más aún, de la misma forma que la máquina
tragaperras generará también una gran variedad de resultados no ganadores, en
otras regiones del espacio primordial habrían sucedido también otros tipos de
fluctuaciones del campo inflatón. En la mayoría de ellas la fluctuación no
habría tenido el valor correcto o no habría sido suficientemente uniforme para
que ocurriera expansión inflacionaria. (Incluso en una región que es de apenas
10 -26 centímetros de diámetro, el valor del campo puede
variar incontroladamente.) Pero todo lo que nos importa es que había una pepita
que generó la ráfaga inflacionaria que suaviza el espacio y proporcionó el
primer eslabón en la cadena de baja entropía, lo que llevó en última instancia
a nuestro cosmos familiar. Puesto que sólo vemos nuestro único y gran universo,
sólo necesitamos que la máquina tragaperras cósmica dé el premio una vez.[158]
Puesto que estamos rastreando el universo hasta una
fluctuación estadística a partir del caos primordial, esta explicación para la
flecha del tiempo comparte ciertas características con la propuesta original de
Boltzmann. Recordemos del capítulo 6 que Boltzmann sugirió que todo lo que
vemos ahora surgió como una rara pero alguna vez esperable fluctuación a partir
del desorden total. El problema con la formulación original de Boltzmann, sin
embargo, era que no podía explicar por qué la fluctuación aleatoria había ido
tan lejos y producido un universo enormemente más ordenado que lo que se
necesitaría para soportar la vida tal como la conocemos. ¿Por qué es el
universo tan enorme, con miles de millones de galaxias, cada una con miles de
millones de estrellas, cuando podría haber hecho drásticos recortes quedándose,
digamos, con tan sólo unas pocas galaxias, o incluso sólo una?
Desde el punto de vista estadístico, una
fluctuación más modesta que produjera algún orden pero no tanto como el que
vemos actualmente sería mucho más probable. Además, puesto que la entropía
media está aumentando, el razonamiento de Boltzmann sugiere que sería mucho más
probable que todo lo que vemos hoy hubiese aparecido precisamente ahora como
un raro salto estadístico a entropía más baja. Recordemos la razón: cuanto más
atrás sucediera la inflación, más baja tendría que haber sido la entropía (la
entropía empieza a aumentar después de cualquier descenso a baja entropía, como
en la figura 6.4, de modo que si la fluctuación sucedió ayer, debió haber
descendido hasta la entropía más baja de ayer, y si sucedió hace 1.000 millones
de años, debió haber descendido hasta la entropía aún más baja de dicha era).
Por lo tanto, cuanto más retrocedemos en el tiempo, más drástica e improbable
es la fluctuación requerida. Así pues, es mucho más probable que el salto acabe
de suceder. Pero si aceptamos esta conclusión, no podemos confiar en los
recuerdos, los registros o incluso las leyes de la física que subyacen a la
propia discusión, una posición completamente insostenible.
La tremenda ventaja de la encarnación inflacionaria
de la idea de Boltzmann es que una pequeña fluctuación al
principio, un saltomodesto a las condiciones favorables, dentro de
una minúscula pepita de espacio, da inevitablemente el
universo enorme y ordenado que conocemos. Una vez que se puso en marcha la
expansión inflacionaria, la pequeña pepita fue estirada inexorablemente hasta
escalas al menos tan grandes como el universo que vemos actualmente, y por ello
no hay ningún misterio en por qué el universo no redujo esquinas; no hay ningún
misterio en por qué el universo es inmenso y está poblado por un enorme número
de galaxias. Desde la salida, la inflación dio al universo un trato
sorprendente. Un salto a entropía más baja dentro de una minúscula pepita de
espacio fue compensado por expansión inflacionaria en los inmensos confines del
cosmos. Y, de máxima importancia, el estiramiento inflacionario no dio
simplemente un universo grande y viejo. Dio nuestro gran
universo, la inflación explica la forma del espacio, explica la uniformidad a
gran escala y explica incluso las inhomogeneidades a escala «más pequeña» tales
como galaxias y variaciones de temperatura en la radiación de fondo. La
inflación reúne una riqueza de poder explicatorio y predictivo en una única
fluctuación a baja entropía.
Y así es muy posible que Boltzmann haya estado en
lo cierto. Todo lo que vemos puede haber sido resultado de una fluctuación
aleatoria a partir de un estado altamente desordenado de caos primordial. En
esta realización de sus ideas, no obstante, podemos confiar en nuestros
registros y podemos confiar en nuestros recuerdos: la fluctuación no sucedió
precisamente ahora. El pasado sucedió realmente. Nuestros registros son
registros de cosas que tuvieron lugar. La expansión inflacionaria amplifica una
mota de orden minúscula en el universo primitivo, «desenrolla» el universo en
una extensión enorme con mínima entropía gravitatoria, de modo que los 14.000
millones de años de evolución posterior, de posterior agrupación en galaxias,
estrellas y planetas no presenta ningún enigma.
De hecho, esta aproximación nos dice incluso un
poco más. De la misma forma que es posible dar con el premio gordo en varias
máquinas tragaperras en un casino, en el estado primordial de alta entropía y
caos general no había ninguna razón para que las condiciones necesarias para la
expansión inflacionaria aparecieran solamente en una única pepita espacial. En
su lugar, como ha propuesto Andrei Linde, podría haber habido muchas pepitas
diseminadas aquí y allí que sufrieron expansión inflacionaria que suavizara el
espacio. Si así fuera, nuestro universo sería simplemente uno entre muchos que
brotaron, y quizá siguen brotando, cuando fluctuaciones aleatorias dieron las
condiciones correctas para una ráfaga inflacionaria, como se ilustra en la
figura 11.2. Puesto que estos otros universos estarían probablemente separados
para siempre del nuestro, es difícil imaginar cómo podríamos establecer alguna
vez si esta imagen «multiverso» es verdadera. Sin embargo, como marco
conceptual, es a la vez rica y tentadora. Entre otras cosas, sugiere un cambio
posible en nuestro pensamiento cosmológico: en el capítulo 10 describí la
inflación como un «frente» en la teoría del big bang estándar,
en la que el bang se identifica con una ráfaga fugaz de rápida
expansión. Pero si consideramos el brote inflacionario de cada nuevo universo
en la figura 11.2 como su propio bang, se ve mejor la propia
inflación como el marco cosmológico primordial dentro del que suceden
evoluciones tipo big bang, burbuja a burbuja. Así pues, en
lugar de estar incorporada la inflación en la teoría del big bang estándar,
en esta aproximación es el big bang estándar el que está
incorporado en la inflación.
§. La inflación y el huevo
Así que ¿por qué vemos un huevo que se aplasta pero no se desaplasta? ¿De dónde
procede la flecha del tiempo que todos experimentamos? Hasta aquí es dónde nos
ha llevado esta aproximación. Gracias a una fluctuación rara pero no imposible
a partir de un estado primordial poco notable y con alta entropía, una
minúscula pepita de espacio de 10 kilogramos logró las condiciones que llevaron
a una breve ráfaga de expansión inflacionaria. El tremendo hinchamiento produjo
un espacio estirado enormemente grande y extraordinariamente suave, y, cuando
la ráfaga terminó, el campo inflatón liberó su energía enormemente amplificada
llenando el espacio casi uniformemente de materia y radiación. Cuando se redujo
la gravedad repulsiva del inflatón, la gravedad atractiva ordinaria se hizo
dominante. Y, como hemos visto, la gravedad atractiva explota minúsculas
inhomogeneidades provocadas por agitaciones cuánticas para hacer que la materia
se aglutine, formando galaxias y estrellas y llevando en última instancia a la
formación del Sol, la Tierra, el resto del sistema solar, y las otras
características de nuestro universo observado. (Como se discutió, unos 7.000
millones de años después del bang la gravedad repulsiva se
hizo una vez más dominante, pero esto es sólo relevante en la mayor de las
escalas cósmicas y no tiene impacto directo sobre entidades más pequeñas como
las galaxias individuales o nuestro sistema solar, donde sigue reinando la
gravedad atractiva ordinaria.) La energía de relativa baja entropía del Sol fue
utilizada por las formas de vida animal y vegetal de baja entropía en la Tierra
para producir aún más formas de vida de baja entropía, elevando lentamente la
entropía total mediante calor y residuos. Finalmente, esta cadena produjo una
gallina que produjo un huevo, y usted ya conoce el resto de la historia: el
huevo rodó por la encimera de su cocina y se aplastó contra el suelo como parte
del impulso incesante del universo hacia mayor entropía. Es la naturaleza
uniformemente suave, altamente ordenada y de baja entropía del tejido del
espacio producido por el estiramiento inflacionario que es el análogo a tener
las páginas de Guerra y paz en su disposición numérica
adecuada; es este estado de orden primitivo, la ausencia de baches o alabeos
severos o agujeros negros gigantescos, el que preparó al universo para la
evolución posterior hacia entropía más alta y con ello proporcionó la flecha
del tiempo que todos experimentamos. Con nuestro nivel de comprensión actual,
ésta es la explicación más completa que se ha dado para la flecha del tiempo.
§.¿La mosca en la miel?
Para mí, esta historia de la cosmología
inflacionaria y la flecha del tiempo es muy bonita. A partir de un reino
energético y salvaje de caos primordial, surgió una fluctuación
ultramicroscópica de campo inflatón uniforme con un peso mucho menor que el límite
de equipaje autorizado en un avión. Esto inició la expansión inflacionaria que
dio una dirección a la flecha del tiempo, y el resto es historia.
Figura 11.2. La inflación puede ocurrir repetidamente, brotando nuevos
universos de los más viejos.
Pero al contar esta historia hemos hecho una
hipótesis central que todavía no está justificada. Para evaluar la probabilidad
de que se inicie la inflación, hemos tenido que especificar las características
del reino preinflacionario a partir del cual se supone que ha emergido la
expansión inflacionaria. El reino particular que hemos imaginado, salvaje,
caótico, energético, suena razonable, pero delinear esta descripción intuitiva
con precisión matemática se muestra desafiante. Además, es sólo una conjetura. La
conclusión es que no sabemos cómo eran las condiciones en el reino
preinflacionario supuesto, la región borrosa de la figura 10.3, y sin esa
información somos incapaces de hacer una evaluación convincente de la
probabilidad de iniciar la inflación; cualquier cálculo de la probabilidad
depende sensiblemente de las hipótesis que hagamos. [159]
Con esta laguna en nuestro conocimiento, el resumen
más razonable es que la inflación ofrece un marco explicatorio poderoso que
agrupa problemas aparentemente dispares, el problema del horizonte, el problema
de la planitud, el problema del origen de estructura, el problema de la baja
entropía del universo primitivo, y ofrece una única solución que aborda todos
ellos.
Esto está muy bien. Pero para dar el paso siguiente
necesitamos una teoría que pueda tratar las condiciones extremas
características de la región borrosa, calor extremo y densidad colosal, de modo
que tengamos una probabilidad de sacar una idea precisa e inequívoca de los
primeros momentos del cosmos.
Como aprenderemos en el próximo capítulo, esto
requiere una teoría que pueda superar quizá el máximo obstáculo al que se ha
enfrentado la física teórica durante los últimos ochenta años: un abismo
fundamental entre la relatividad general y la mecánica cuántica. Muchos
investigadores creen que una aproximación relativamente nueva llamada teoría
de supercuerdas puede haberlo conseguido, pero si la teoría de
supercuerdas es correcta, el tejido del cosmos es mucho más extraño que lo que
cualquiera imaginó.
Capítulo 12
El mundo en una cuerda
El espacio, el tiempo y por qué las cosas son como son
Contenido:
§. Agitación cuántica y espacio vacío
§. Agitaciones y su descontento
§. ¿Importa?
§. El improbable camino a una solución
§. La primera revolución
§. Teoría de cuerdas y unificación
§. ¿Por qué funciona la teoría de cuerdas?
§. El tejido cósmico en el reino de lo pequeño
§. Los puntos más finos
§. Propiedades de partículas en la teoría de cuerdas
§. Demasiadas vibraciones
§. Las dimensiones ocultas
§. La teoría de cuerdas y las dimensiones ocultas
§. La forma de las dimensiones ocultas
§. Física de cuerdas y dimensiones extras
§. El tejido del cosmos según la teoría de cuerdas
Imagine un universo en el que para entender algo
usted tendría que entenderlo todo. Un universo en el que para decir algo acerca
de por qué un planeta describe órbitas en torno a una estrella, de por qué una
pelota de béisbol sigue una trayectoria particular, de cómo funciona un imán o
una batería, de cómo actúan la luz y la gravedad, un universo en el que para
decir algo acerca de algo, usted necesitaría desvelar las leyes más
fundamentales y determinar cómo actúan sobre los constituyentes más finos de la
materia. Afortunadamente, este universo no es nuestro universo.
Si lo fuera, es difícil ver cómo hubiera podido
avanzar la ciencia. Durante siglos, la razón por la que hemos sido capaces de
avanzar es que hemos sido capaces de trabajar por partes; hemos sido capaces de
desvelar misterios paso a paso, y cada nuevo descubrimiento iba un poco más
lejos que el anterior.
Newton no necesitó saber sobre los átomos para
hacer grandes avances en la comprensión del movimiento y la gravedad. Maxwell
no necesitó saber sobre electrones y otras partículas cargadas para desarrollar
una poderosa teoría del electromagnetismo. Einstein no necesitó abordar la
encarnación primordial del espacio y el tiempo para formular una teoría de cómo
se curvan al servicio de la fuerza gravitatoria. Más bien, cada uno de estos
descubrimientos, así como los muchos otros que subyacen a nuestra concepción
actual del cosmos, tuvo lugar dentro de un contexto limitado que
inevitablemente dejaba muchas cuestiones básicas sin respuesta.
Cada descubrimiento pudo aportar su propia pieza al
rompecabezas, incluso si nadie sabía, y seguimos sin saber, qué gran imagen de
síntesis comprende todas las piezas del rompecabezas.
Una observación íntimamente relacionada es que
aunque la ciencia de hoy difiere drásticamente de la de hace incluso cincuenta
años, sería simplista resumir el progreso científico como una sucesión de
nuevas teorías que destronan a sus predecesoras. Una descripción más correcta
es que cada nueva teoría refina a su predecesora proporcionando un marco más
exacto y de más amplio alcance. La teoría de la gravedad de Newton ha sido
reemplazada por la relatividad general de Einstein, pero sería ingenuo decir que
la teoría de Newton era falsa. En el dominio de los objetos que no se mueven en
ningún lugar a una velocidad próxima a la de la luz y no producen campos
gravitatorios tan intensos como los de agujeros negros, la teoría de Newton es
fantásticamente precisa. Pero esto no quiere decir que la teoría de Einstein
sea una variante menor de la de Newton; al mejorar la aproximación a la
gravedad de Newton, Einstein introdujo todo un nuevo esquema conceptual, un
esquema que alteraba radicalmente nuestra comprensión del espacio y el tiempo.
Pero la potencia del descubrimiento de Newton dentro del dominio que él
pretendía (movimiento planetario, movimiento terrestre común y demás) es
incuestionable.
Imaginamos que cada nueva teoría nos lleva más
cerca del escurridizo objetivo de la verdad, pero la pregunta de si hay o no
una teoría final, una teoría que no pueda ser refinada más, porque ha revelado
finalmente el funcionamiento del universo en el nivel más profundo posible, es
una pregunta que nadie puede responder. Incluso así, la pauta seguida durante
los trescientos últimos años de descubrimientos nos ofrece unos indicios
tentadores de que puede desarrollarse una teoría semejante. Hablando en general,
cada nuevo avance importante ha reunido un abanico más amplio de fenómenos
físicos bajo menos paraguas teóricos. Los descubrimientos de Newton mostraron
que las fuerzas que gobiernan el movimiento planetario son las mismas que las
que gobiernan la caída de objetos aquí en la Tierra.
Los descubrimientos de Maxwell demostraron que
electricidad y magnetismo son dos caras de la misma moneda. Los descubrimientos
de Einstein demostraron que espacio y tiempo son tan inseparables como el toque
de Midas y el oro. Los descubrimientos de una generación de físicos a
principios del siglo XX establecieron que miríadas de misterios de la
microfísica podían explicarse con precisión utilizando la mecánica cuántica.
Más recientemente, los descubrimiento de Glashow, Salam y Weinberg demostraron
que el electromagnetismo y la fuerza nuclear débil son dos manifestaciones de
una única fuerza, la fuerza electro-débil, y existe incluso evidencia
circunstancial y provisional de que la fuerza nuclear fuerte puede unirse a la
fuerza electrodébil en una síntesis aún mayor. [160] Juntando todo esto, vemos una pauta que va de la complejidad a la
simplicidad, una pauta que va de la diversidad a la unidad. Las flechas
explicatorias parecen estar convergiendo en un marco poderoso todavía por
descubrir que unificaría todas las fuerzas de la Naturaleza y toda la materia
dentro de una única teoría capaz de describir todos los fenómenos físicos.
El crédito por iniciar la búsqueda moderna de una
teoría unificada se atribuye correctamente a Albert Einstein, quien durante más
de tres décadas trató de combinar electromagnetismo y relatividad general en
una única teoría. Durante largos períodos en esas décadas, él fue el único
buscador de esa teoría unificada, y su búsqueda apasionada pero solitaria le
alienó de la corriente principal de la comunidad de la física. Durante los
últimos 20 años, sin embargo, ha habido un resurgimiento en la búsqueda de una
teoría unificada; el sueño solitario de Einstein se ha convertido en la fuerza
impulsora para toda una generación de físicos. Pero con los descubrimientos
realizados desde la época de Einstein se ha producido un desplazamiento en el
centro de atención. Incluso si aún no tenemos una teoría satisfactoria que
combine la fuerza nuclear fuerte y la fuerza electrodébil, estas tres fuerzas
(electromagnética, débil, fuerte) han sido descritas por un único lenguaje
uniforme basado en la mecánica cuántica. Pero la relatividad general, nuestra
teoría más refinada de la cuarta fuerza, queda fuera del marco. La relatividad
general es una teoría clásica: no incorpora ninguno de los conceptos
probabilistas de la teoría cuántica. Un objetivo primordial del programa de unificación
moderno es, por consiguiente, combinar relatividad general y mecánica cuántica,
y describir las cuatro fuerzas dentro del mismo marco mecanocuántico. Esto ha
resultado ser uno de los problemas más difíciles a los que se ha enfrentado
nunca la física teórica.
Veamos por qué.
§. Agitación cuántica y espacio vacío
Si yo tuviera que seleccionar la característica única y más reveladora de la
mecánica cuántica, habría escogido el principio de incertidumbre.
Probabilidades y funciones de onda proporcionan
ciertamente un marco radicalmente nuevo, pero es el principio de incertidumbre
el que resume la ruptura con la física clásica. Recordemos que en los siglos
XVII y XVIII los científicos creían que una descripción completa de la realidad
física equivalía a especificar las posiciones y velocidades de cada
constituyente de la materia que formaba el cosmos. Y con la llegada del
concepto de campo en el siglo XIX, y su posterior aplicación a las fuerzas
electromagnética y gravitatoria, esta visión se amplió para incluir el valor de
cada campo, es decir, la intensidad de cada campo, y la velocidad de cambio del
valor de campo, en cada lugar en el espacio. Pero en la década de 1930, el
principio de incertidumbre desmanteló esta idea de la realidad al demostrar que
no se puede conocer a la vez la posición y la velocidad de una partícula; no se
puede conocer a la vez el valor de un campo en un lugar en el espacio y con qué
rapidez está cambiando el valor del campo. La incertidumbre cuántica lo
prohíbe.
Como discutimos en el último capítulo, esta
incertidumbre cuántica asegura que el micromundo es un reino agitado y
turbulento. Antes, nos centramos en las agitaciones cuánticas inducidas por la
incertidumbre para el campo inflatón, pero la incertidumbre cuántica se aplica
a todos los campos.
El campo electromagnético, los campos de las
fuerzas nucleares fuerte y débil, el campo gravitatorio, todos están sometidos
a frenéticas agitaciones cuánticas en escalas microscópicas. De hecho, estas
agitaciones del campo existen incluso en el espacio que usted hubiera
considerado vacío normalmente, espacio que no parecería contener materia ni
campos. Ésta es una idea de importancia crítica, pero si usted no la ha
encontrado con anterioridad es natural que esté intrigado. Si una región del
espacio no contiene nada, si es un vacío, ¿no significa eso que no hay nada que
se pueda agitar? Bien, ya aprendimos que el concepto de nada es sutil. Piense
simplemente en el océano de Higgs que según la teoría moderna permea el espacio
vacío. Las agitaciones cuánticas a las que me refiero ahora sirven solamente
para hacer la noción de «nada» todavía más sutil. He aquí lo que quiero decir.
En la física precuántica (y preHiggs), hubiéramos
declarado que una región del espacio está completamente vacía si no contenía
partículas y el valor de cualquier campo era uniformemente cero.[xxxii], [161]
Consideremos ahora esta noción clásica de vacío a
la luz del principio de incertidumbre cuántico.
Si un campo llegara a tener y mantener un valor
nulo, conoceríamos su valor, cero, y también la velocidad de cambio de su
valor, también cero.
Pero según el principio de incertidumbre, es
imposible que ambas propiedades estén definidas a la vez. En su lugar, si un
campo tiene un valor definido en un instante, cero en nuestro caso, el
principio de incertidumbre nos dice que su velocidad de cambio es completamente
aleatoria. Y una velocidad de cambio aleatoria significa que en instantes
posteriores el valor del campo fluctuará aleatoriamente arriba y abajo, incluso
en lo que normalmente consideramos como espacio completamente vacío. De modo
que la noción intuitiva de vacío, una noción en la que todos los campos tienen
y mantienen el valor cero, es incompatible con la mecánica cuántica. El valor
de un campo puede fluctuar alrededor del valor cero pero no puede ser
uniformemente cero en una región durante más de un breve instante.[162] En lenguaje técnico los físicos dicen que los campos sufren fluctuaciones
delvacío.
La naturaleza aleatoria de las fluctuaciones de
campo del vacío asegura que en todas las regiones salvo las más microscópicas
hay tantas variaciones «arriba» como «abajo» y por ello su promedio es cero, de
la misma forma que la superficie de una canica parece perfectamente lisa a
simple vista incluso si un microscópico electrónico revela que está rayada a
escalas minúsculas. No obstante, incluso si no podemos verlas directamente,
hace más de medio siglo que la realidad de las agitaciones del campo cuántico,
incluso en el espacio vacío, fue establecida de forma concluyente gracias a un
descubrimiento sencillo pero profundo.
En 1948, el físico holandés Hendrik Casimir calculó
cómo podrían detectarse experimentalmente las fluctuaciones de vacío del campo
electromagnético. La teoría cuántica dice que las agitaciones del campo
electromagnético en el espacio vacío adoptarán diversas formas, como se ilustra
en la figura 12.1a. La idea de Casimir consistió en advertir que colocando dos
placas metálicas ordinarias en una región por lo demás vacía, como en la figura
12.1b, se podría inducir una sutil modificación en estas agitaciones de campo
de vacío. Es decir, las ecuaciones cuánticas muestran que en la región
comprendida entre las placas habrá menos fluctuaciones (sólo están permitidas
aquellas fluctuaciones del campo electromagnético cuyos valores se anulan en la
posición de cada placa). Casimir analizó las consecuencias de esta reducción en
las agitaciones del campo y encontró algo extraordinario. De la misma forma que
una reducción en la cantidad de aire en una región crea un desequilibrio de
presión (por ejemplo, a gran altitud usted puede sentir que el aire más
enrarecido ejerce menos presión sobre el exterior de sus tímpanos), la
reducción en las agitaciones del campo cuántico entre las placas también
produce un desequilibrio de presión: las agitaciones de campo cuántico entre las
placas se hacen un poco más débiles que las de fuera de las placas, y este
desequilibrio impulsa a lasplacas una hacia otra.
Figura 12.1. (a) Fluctuaciones de vacío del campo electromagnético, (b)
Fluctuaciones de vacío entre dos placas metálicas y las exteriores a las
placas.
Piense en lo extraño que es esto. Usted coloca dos
placas metálicas ordinarias, lisas y descargadas, en una región vacía del
espacio, una frente a otra. Puesto que sus masas son minúsculas, la atracción
gravitatoria entre ellas es tan pequeña que puede ser completamente ignorada.
Puesto que no hay nada más alrededor, usted concluye naturalmente que las
placas no se moverán. Pero no es esto lo que los cálculos de Casimir predecían
que sucedería. Él concluyó que las placas serían guiadas suavemente por el brazo
fantasmal de las fluctuaciones de vacío cuántico para moverse una hacia otra.
Cuando Casimir anunció por primera vez estos
resultados teóricos no existían aparatos suficientemente sensibles para poner a
prueba sus predicciones. Pero antes de una década, otro físico holandés, Marcus
Spaamay, pudo iniciar el primer test rudimentario de esta fuerza de
Casimir, y desde entonces se han realizado experimentos cada vez más
precisos. En 1997, por ejemplo, Steve Lamoreaux, entonces en la Universidad de
Washington, confirmó las predicciones de Casimir con una precisión del 5 por
100. [163] (Para placas del tamaño aproximado de una carta de baraja y
separadas una diezmilésima de centímetro, la fuerza entre ellas es
aproximadamente igual al peso de una simple lágrima; esto muestra el reto que
supone medir la fuerza de Casimir.) Ahora hay pocas dudas de que la noción
intuitiva de espacio vacío como un escenario estático, tranquilo, uniforme
carece de base. Debido a la incertidumbre cuántica, el espacio vacío rebosa de
actividad cuántica.
Los científicos necesitaron la mayor parte del
siglo XX para desarrollar por completo las matemáticas necesarias para
describir dicha actividad cuántica de la fuerza electromagnética y las fuerzas
nucleares fuerte y débil. Los esfuerzos valieron la pena: los cálculos
realizados con esta herramienta matemática coinciden con los hallazgos
experimentales con una precisión sin paralelo (e. g., los cálculos del efecto
de las fluctuaciones del vacío sobre las propiedades magnéticas de los
electrones coinciden con los resultados experimentales hasta una parte en mil
millones). [164]
Pero a pesar de todos estos éxitos, durante muchas
décadas los físicos han sido conscientes de que las agitaciones cuánticas han
estado fomentando el descontento dentro de las leyes de la física.
§. Agitaciones y su descontento[165]
Hasta ahora sólo hemos discutido agitaciones
cuánticas para campos que existen dentro del espacio. ¿Qué pasa con las
agitaciones cuánticas del propio espacio? Aunque esto pueda sonar misterioso,
realmente es sólo otro ejemplo de agitación de campo cuántica, un ejemplo, sin
embargo, que se muestra particularmente problemático. En la teoría de la
relatividad general Einstein estableció que la fuerza gravitatoria puede
describirse por deformaciones y curvas en el tejido del espacio; demostró que
los campos gravitatorios se manifiestan a través de la forma o la geometría del
espacio (y del espaciotiempo, con más generalidad). Ahora bien, igual que
cualquier otro campo, el campo gravitatorio está sometido a agitaciones
cuánticas. El principio de incertidumbre asegura que sobre escalas de
distancias minúsculas, el campo gravitatorio fluctúa arriba y abajo. Y puesto
que el campo gravitatorio es sinónimo de la forma del espacio, tales
agitaciones cuánticas significan que la forma del espacio fluctúa aleatoriamente.
Una vez más, como sucede con los ejemplos de incertidumbre cuántica, en escalas
de distancias cotidianas las agitaciones son demasiado pequeñas para sentirse
directamente, y el entorno circundante parece liso, plácido y predecible. Pero
cuanto más pequeña es la escala de la observación, más grande es la
incertidumbre, y más tumultuosas se hacen las fluctuaciones cuánticas.
Figura 12.2. Amplificaciones sucesivas del espacio revelan que por debajo de
la longitud de Planck el espacio se hace irreconociblemente tumultuoso debido a
las agitaciones cuánticas. (Éstas son lentes de aumento imaginarias, cada una
de las cuales amplifica entre 10 millones y 100 millones de veces.)
Esto se ilustra en la figura 12.2, en la que
ampliamos secuencialmente el tejido del espacio para revelar su estructura a
distancias cada vez menores. El nivel más bajo de la figura muestra las
ondulaciones cuánticas del espacio en las escalas familiares y, como se puede
ver, no hay nada que ver, las ondulaciones son inobservablemente pequeñas, de
modo que el espacio parece tranquilo y plano, pero cuando seguimos ampliando
secuencialmente la región, vemos que las ondulaciones del espacio se hacen cada
vez más frenéticas. En el nivel superior de la figura, que muestra el tejido
del espacio a escalas más pequeñas que lalongitud de Planck, una
milbillonésima de trillonésima (10 -33) de centímetro, el
espacio se hace un caldero hirviente de fluctuaciones frenéticas. Como deja
claro la ilustración, las nociones habituales de izquierda/derecha,
atrás/adelante y arriba/abajo quedan tan revueltas en el tumulto
ultramicroscópico que pierden todo significado. Incluso la noción habitual de
antes/después, que hemos estado ilustrando por rebanadas secuenciales en la
barra del espaciotiempo, pierde significado por las fluctuaciones cuánticas en
escalas de tiempo más cortas que el tiempo de Planck, aproximadamente
una diezmillonésima de trillonésima de trillonésima (10-43) de
segundo (que es aproximadamente el tiempo que tarda la luz en recorrer una
longitud de Planck). Como una fotografía borrosa, las ondulaciones salvajes en
la figura 12.2 hacen imposible distinguir inequívocamente una rebanada temporal
de otra cuando el intervalo temporal entre ellas se hace más corto que el
tiempo de Planck. El resultado es que en escalas más cortas que las distancias
y duraciones de Planck, la incertidumbre cuántica hace el tejido del cosmos tan
retorcido y distorsionado que los conceptos habituales de espacio y tiempo ya
no son aplicables.
Aunque exótica en detalle, la lección de trazo
grueso ilustrada por la figura 12.2 es una con la que ya estamos
familiarizados: conceptos y conclusiones relevantes en una escala pueden no ser
aplicables en todas las escalas. Éste es un principio clave en física, y un
principio que encontramos repetidamente incluso en contextos mucho más
prosaicos. Tomemos un vaso de agua. Describir el agua como un líquido suave y
uniforme es a la vez útil y relevante en escalas cotidianas, pero es una
aproximación que se viene abajo si analizamos el agua con precisión
submicroscópica. A escalas minúsculas, la imagen suave da paso a un marco
completamente diferente de moléculas y átomos ampliamente separados.
Análogamente, la figura 12.2 muestra que la idea de Einstein, de un espacio
geométrico y un tiempo uniformes y suavemente curvados, aunque poderosa y
precisa para describir el universo a grandes escalas, se viene abajo si
analizamos el universo a escalas de tiempo y distancia extraordinariamente
cortas. Los físicos creen que, como sucede con el agua, la imagen suave del
espacio y el tiempo es una aproximación que cede paso a otro marco más
fundamental cuando se considera a escalas ultramicroscópicas. Cuál es ese
marco, qué constituye las «moléculas» y «átomos» de espacio y tiempo, es una
cuestión que actualmente se persigue con gran vigor. Todavía está por resolver.
Incluso así, lo que queda absolutamente claro de la
figura 12.2 es que en escalas minúsculas el carácter suave del espacio y el
tiempo imaginado por la relatividad general se da de bruces con el carácter
frenético y agitado de la mecánica cuántica. El principio central de la
relatividad general de Einstein, que espacio y tiempo tienen una forma
geométrica que se curva suavemente, se da de bruces con el principio central de
la mecánica cuántica, el principio de incertidumbre que implica un ambiente
salvaje, tumultuoso y turbulento en las escalas más minúsculas. El choque
violento entre las ideas centrales de la relatividad general y la mecánica
cuántica ha hecho de la fusión de las dos teorías uno de los desafíos más
difíciles con que los físicos han tropezado durante los últimos ochenta años.
§. ¿Importa?
En la práctica, la incompatibilidad entre la relatividad general y la mecánica
cuántica se manifiesta de una forma muy concreta. Si usted utiliza las
ecuaciones combinadas de la relatividad general y la mecánica cuántica, casi
siempre dan una respuesta: infinito. Y ése es un problema. Es absurdo. Los
experimentadores nunca miden una cantidad infinita de nada. Los botones de los
aparatos nunca giran hasta el infinito. Los metros nunca llegan al infinito.
Las calculadoras nunca registran infinito. Casi
siempre, una respuesta infinita carece de significado. Todo lo que nos dice es
que las ecuaciones de la relatividad general y de la mecánica cuántica, cuando
se fusionan, pierden sentido.
Nótese que esto es totalmente distinto de la
tensión entre relatividad especial y mecánica cuántica a la que llegamos en
nuestra discusión de la no localidad cuántica en el capítulo 4. Allí
encontramos que reconciliar las principios de la relatividad especial (en
particular, la simetría entre todos los observadores a velocidad constante) con
el comportamiento de las partículas entrelazadas requiere una comprensión más
completa del problema de la medida cuántica que la que se ha conseguido hasta
ahora (ver páginas 159-163). Pero esta cuestión no completamente resuelta no da
lugar a inconsistencias matemáticas o a ecuaciones que den respuestas absurdas.
Por el contrario, las ecuaciones combinadas de la relatividad especial y la
mecánica cuántica han sido utilizadas para hacer las predicciones confirmadas
con más exactitud en la historia de la ciencia. La tensión silencios entre
relatividad especial y mecánica cuántica apunta a un área que necesita más
desarrollo teórico, pero apenas tiene ningún impacto en su poder predictivo
combinado. No sucede lo mismo con la unión explosiva entre relatividad general
y la mecánica cuántica, en la que se pierde todo poder predictivo.
No obstante, usted puede seguir preguntando si la
incompatibilidad entre relatividad general y mecánica cuántica importa
realmente. Ciertamente, las ecuaciones combinadas pueden dar lugar a absurdos,
pero ¿cuándo necesita realmente utilizarlas juntas? Años de observaciones
astronómicas han mostrado que la relatividad general describe el macromundo de
estrellas, galaxias, e incluso la extensión entera del cosmos con impresionante
precisión; décadas de experimentos han confirmado que la mecánica cuántica hace
lo mismo para el micromundo de moléculas, átomos y partículas subatómicas.
Puesto que cada teoría funciona maravillosamente en su propio dominio, ¿por qué
preocuparse en combinarlas? ¿Por qué no mantenerlas separadas? ¿Por qué no
utilizar la relatividad general para objetos que son grandes y masivos, la
mecánica cuántica para objetos que son minúsculos y ligeros, y celebrar la
impresionante hazaña de la Humanidad que supone el comprender
satisfactoriamente un abanico tan amplio de fenómenos físicos?
En la práctica, esto es lo que la mayoría de los
físicos han hecho desde las primeras décadas del siglo XX, y no hay que negar
que ha sido un enfoque bastante fructífero. El progreso que ha hecho la ciencia
trabajando en este marco disjunto es impresionante. Sin embargo, hay varias
razones por las que el antagonismo entre la relatividad general y la mecánica
cuántica debe reconciliarse. He aquí dos de ellas.
En primer lugar, a un nivel visceral es difícil
aceptar que la comprensión más profunda del universo consiste en una unión
incómoda entre dos poderosos marcos teóricos que son mutuamente incompatibles.
El universo no viene equipado con una línea en la arena que separa los objetos
que son adecuadamente descritos por la mecánica cuántica de los objetos
adecuadamente descritos por la relatividad general. Dividir el universo en dos
dominios separados parece artificial y caprichoso. Para muchos, esto es prueba
de que debe haber una verdad más profunda y unificada que supera el abismo
entre relatividad general y mecánica cuántica y que puede aplicarse a cualquier
cosa. Tenemos un universo y, por lo tanto, muchos creen firmemente que
deberíamos tener una teoría.
En segundo lugar, aunque la mayoría de los objetos
son o grandes y pesados o pequeños y ligeros, y por consiguiente, en la
práctica, pueden describirse utilizando la relatividad general o la mecánica
cuántica, esto no es cierto para todos los objetos. Los agujeros negros
proporcionan un buen ejemplo. Según la relatividad general, toda la materia que
constituye un agujero negro está comprimida en un único punto minúsculo en el
centro del agujero negro.[166] Esto hace el centro de un agujero negro enormemente masivo e
increíblemente minúsculo, y con ello cae a ambos lados de la divisoria
propuesta: necesitamos utilizar la relatividad general porque la masa grande
crea un campo gravitatorio importante, y también tenemos que utilizar la
mecánica cuántica porque toda la masa está comprimida en un tamaño minúsculo.
Pero en combinación, las ecuaciones dejan de ser válidas, de modo que nadie ha
sido capaz de determinar lo que sucede precisamente en el centro de un agujero
negro.
Éste es un buen ejemplo, pero si usted es un
escéptico real, aún podría preguntar si esto es algo que no dejará dormir por
la noche. Puesto que no podemos ver dentro de un agujero negro a menos que
saltemos a su interior y, además, si saltáramos al interior no seríamos capaces
de comunicar nuestras observaciones al mundo exterior, nuestra comprensión
incompleta del interior de un agujero negro quizá no le parezca particularmente
preocupante. Para los físicos, sin embargo, la existencia de un dominio en el que
dejan de ser válidas las leyes conocidas de la física, por muy esotérico que el
dominio pudiera parecer, levanta las banderas de alarma. Si las leyes conocidas
de la física dejan de ser válidas bajo cualesquiera circunstancias, es una
clara señal de que no hemos alcanzado el conocimiento más profundo posible.
Después de todo, el universo funciona; hasta donde podemos decir, el universo
no se viene abajo. La teoría correcta del universo debería satisfacer, como
mínimo, el mismo estándar.
Bien, eso ciertamente parece razonable. Pero para
mí, la plena urgencia del conflicto entre relatividad general y mecánica
cuántica se revela solamente a través de otro ejemplo. Mire de nuevo la figura
10.6. Como puede ver, hemos dado grandes zancadas al componer una historia
consistente y predictiva de la evolución cósmica, pero la imagen sigue siendo
incompleta debido a la región borrosa cerca del nacimiento del universo. Y
dentro de la neblina de estos primerísimos instantes hay una intuición sobre el
más tentador de los misterios: el origen y naturaleza fundamental del espacio y
el tiempo. ¿Qué nos ha impedido penetrar en la niebla? La culpa recae
directamente en el conflicto entre la relatividad general y la mecánica
cuántica. El antagonismo entre las leyes de lo grande y las de lo pequeño es la
razón de que la región borrosa permanezca oscura y todavía no tengamos una idea
de lo que sucedió en el comienzo mismo del universo.
Para entender por qué, imagine, como en el capítulo
10, que pasa una película del cosmos en expansión al revés, hacia el big
bang. Al revés, todo lo que ahora se está apartando se acerca, y por
eso, cuando más atrás vamos en la película, más pequeño, más caliente y más
denso se hace el universo.
Cuando nos acercamos al instante cero, el universo
observable entero está comprimido en un tamaño similar al del Sol, luego más
comprimido en el tamaño de la Tierra, luego estrujado hasta el tamaño de una
bola de bolos, un guisante, un grano de arena, el universo se contrae cada vez
a medida que la película se rebobina hacia sus fotogramas iniciales. Llega un
momento en esta película pasada al revés en el que todo el universo conocido
tiene un tamaño cercano a la longitud de Planck, la milbillonésima de trillonésima
de centímetro en la que la relatividad general y la mecánica cuántica se
encuentran enfrentadas. En este momento toda la masa y toda la energía
responsables de generar el universo observable están contenidas en una mota que
es menor que una centésima de trillonésima del tamaño de un simple átomo. [167]
Así pues, como sucede en el caso del centro de un
agujero negro, el universo primitivo cae a ambos lados de la divisoria. La
enorme densidad del universo primitivo requiere el uso de la relatividad
general. El minúsculo tamaño del universo primitivo requiere el uso de la
mecánica cuántica. Pero una vez más, en combinación las leyes se vienen abajo.
El proyector se atranca, la película cósmica se quema, y somos incapaces de
acceder a los primerísimos instantes del universo. Debido al conflicto entre la
relatividad general y la mecánica cuántica, seguimos ignorantes de lo que
sucedió en el principio y nos vemos reducidos a dibujar una región borrosa en
la figura 10.6.
Si queremos entender alguna vez el origen del
universo, una de las preguntas más profundas de toda la ciencia, debemos resolver
el conflicto entre la relatividad general y la mecánica cuántica. Debemos
zanjar las diferencias entre las leyes de lo grande y las leyes de lo pequeño y
fundirlas en una única teoría armoniosa.
§. El improbable camino a una solución .[xxxiii]
Como ejemplifica la obra de Newton y Einstein, las
grandes ideas científicas nacen a veces del genio de un único científico, puro
y simple. Pero eso es raro. Con mucha más frecuencia las grandes ideas
representan el esfuerzo colectivo de muchos científicos, cada uno de los cuales
construye sobre las ideas de los otros para conseguir lo que ningún individuo
podría haber conseguido aisladamente. Un científico podría aportar una idea que
pone en marcha el pensamiento de un colega, que lleva a una observación que
revela una relación inesperada que inspira un avance importante, lo que inicia
de nuevo el ciclo de descubrimiento. Conocimiento amplio, facilidad técnica,
flexibilidad de pensamiento, apertura a conexiones inesperadas, inmersión en el
flujo libre de ideas, trabajo duro y suerte son las partes críticas del
descubrimiento científico. En tiempos recientes quizá no ha habido un avance
más importante que ejemplifique esto mejor que el desarrollo de la teoría
desupercuerdas.
La teoría de supercuerdas es una aproximación que
muchos científicos creen que fusiona satisfactoriamente la relatividad general
y la mecánica cuántica. Y como veremos, hay razones para esperar aún más.
Aunque hay todavía mucho trabajo en marcha, la teoría de supercuerdas puede ser
una teoría completamente unificada de todas las fuerzas y toda la materia, una
teoría que alcance el sueño de Einstein y más allá, una teoría, creemos yo y
muchos otros, que está señalando los inicios de un camino que nos llevará un
día a las más profundas leyes del universo. A decir verdad, sin embargo, la
teoría de supercuerdas no estaba concebida como un medio ingenioso para
alcanzar estos viejos y nobles objetivos. En su lugar, la historia de la teoría
de supercuerdas está llena de descubrimientos accidentales, salidas en falso,
oportunidades erradas y casi carreras hundidas. Es también, en un sentido
preciso, la historia del descubrimiento de la solución correcta al problema
erróneo.
En 1968, Gabriele Veneziano, un joven investigador
posdoctoral que trabajaba en el CERN, era uno de los muchos físicos que
trataban de entender la fuerza nuclear fuerte estudiando los resultados de
colisiones de partículas de alta energía producidas en aceleradores de átomos
en todo el mundo. Tras meses de analizar pautas y regularidades en los datos,
Veneziano reconoció una conexión sorprendente e inesperada con un área
esotérica de las matemáticas. Se dio cuenta de que una fórmula con doscientos
años de antigüedad descubierta por el famoso matemático suizo Leonhard Euler
(la función beta de Euler) parecía encajar con precisión los
datos de la fuerza nuclear fuerte. Aunque esto pudiera no sonar particularmente
anormal, los físicos teóricos trabajan continuamente con fórmulas arcanas, era
un caso sorprendente de un carro que rueda kilómetros por delante del caballo.
En la mayor parte de los casos los físicos elaboran primero una intuición, una
imagen mental, una amplia idea de los principios físicos subyacentes a lo que
quiera que estén estudiando, y sólo entonces buscan las ecuaciones necesarias
para basar su intuición en matemáticas rigurosas. Veneziano, por el contrario,
saltó directo a la ecuación; su brillantez consistió en reconocer pautas
inusuales en los datos y establecer el vínculo imprevisto con una fórmula
concebida siglos antes por intereses puramente matemáticos. Pero aunque
Veneziano tenía la fórmula a mano, no tenía ninguna explicación de por qué
funcionaba. Carecía de una imagen física de por qué la función beta de Euler
debería ser relevante para las partículas que se influyen mutuamente a través
de la fuerza nuclear fuerte. En menos de dos años la situación cambió por
completo. En 1970, artículos de Leonard Susskind de Standford, Holger Nielsen
del Instituto Niels Bohr y Yohichiro Nambu de la Universidad de Chicago
revelaron los soportes físicos del descubrimiento de Veneziano.
Estos físicos demostraron que si la fuerza fuerte
entre dos partículas fuera debida a una hebra minúscula, extraordinariamente
delgada, casi como una goma elástica que conectara las partículas, entonces los
procesos cuánticos que Veneziano y otros habían estado examinando se
describirían matemáticamente utilizando la fórmula de Euler. Las pequeñas
hebras elásticas fueron bautizadas como cuerdas y ahora,
colocado el caballo adecuadamente delante del carro, la teoría de cuerdas había
nacido oficialmente.
Pero no saque aún el champán. Para los implicados
en esta investigación, era gratificante entender el origen físico de la
intuición de Veneziano, puesto que sugería que los físicos estaban en el camino
para desenmascarar la fuerza nuclear fuerte. Pese a todo, el descubrimiento no
fue acogido con entusiasmo universal. Lejos de ello. Muy lejos. De hecho, el
artículo de Susskind fue devuelto por la revista a la que lo envió con el
comentario de que el trabajo era de mínimo interés, una valoración que Susskind
recuerda muy bien:
«Estaba desconcertado, me caía de la silla, estaba
deprimido, así que me fui a casa y me puse a beber» [168] Finalmente, su artículo y los otros que anunciaban el concepto de
cuerda fueron publicados, pero eso fue no mucho antes de que la teoría sufriera
otros dos reveses devastadores. Una examen detallado de datos más refinados
sobre la fuerza nuclear fuerte, recogidos durante los primeros años de la
década de 1970, mostraron que la aproximación de la cuerda no podía describir
adecuadamente los resultados más recientes. Además, una nueva propuesta
llamada cromodinámicacuántica, que estaba firmemente enraizada
en los ingredientes tradicionales de partículas y campos, nada de cuerdas en
absoluto, fue capaz de describir convincentemente todos los datos. Y así, en
1974 la teoría de cuerdas había recibido un doble K. O. O así parecía.
John Schwarz era uno de los primeros entusiastas de
las cuerdas. En una ocasión me dijo que desde el primer momento él había tenido
una sensación visceral de que la teoría era profunda e importante. Schwarz pasó
varios años analizando sus diversos aspectos matemáticos; entre otras cosas,
esto llevó al descubrimiento de la teoría de supercuerdas, como veremos, un
refinamiento importante de la propuesta de cuerdas original. Pero con el
ascenso de la cromodinámica cuántica y el fracaso del marco de las cuerdas para
describir la fuerza fuerte, la justificación para seguir trabajando en teoría
de cuerdas empezaba a agotarse. No obstante, había un desajuste concreto ente
la teoría de cuerdas y la fuerza nuclear fuerte que seguía molestando a
Schwarz, y él encontró que no podía dejarla. Las ecuaciones mecanocuánticas de
la teoría de cuerdas predecían que una partícula concreta bastante inusual
debería ser producida copiosamente en las colisiones a alta energía que tienen
lugar en los aceleradores de átomos. La partícula tendría masa nula, como un
fotón, pero la teoría de cuerdas predecía que tendría espín dbs, lo
que significa, hablando en términos generales, que giraría el doble de rápido
que un fotón. Ninguno de los experimentos había encontrado nunca una partícula
semejante, de modo que ésta parecía estar entre las predicciones erróneas de la
teoría de cuerdas.
Schwarz y su colaborador Joel Scherk se devanaron
los sesos con este caso de una partícula ausente, hasta que en un magnífico
salto establecieron una conexión con un problema completamente diferente.
Aunque nadie había sido capaz de combinar la relatividad general y la mecánica
cuántica, los físicos habían determinado ciertas características que surgirían
de una unión acertada. Y, como se indicó en el capítulo 9, una característica
que encontraron era que de la misma forma que una fuerza electromagnética es
transmitida microscópicamente por fotones, la fuerza gravitatoria debería ser
transmitida microscópicamente por otra clase de partículas, los gravitones (los
paquetes cuánticos más elementales de la gravedad). Aunque los gravitones
todavía no han sido detectados experimentalmente, todos los análisis teóricos
coinciden en que los gravitones deben tener dos propiedades: deben carecer de
masa y deben tener espín dos. Para Schwarz y Scherk esto hizo sonar una
campana, éstas eran precisamente las propiedades de la partícula predicha por
la teoría de cuerdas, y les inspiró a hacer una jugada atrevida, una que iba a
transformar un fallo de la teoría de cuerdas en un éxito sorprendente.
Ellos propusieron que la teoría de cuerdas no
debería considerarse como una teoría mecanocuántica de la fuerza nuclear
fuerte. Argumentaron que incluso si la teoría había sido descubierta en un
intento de comprender la fuerza fuerte, era en realidad la solución a un
problema diferente. Era en realidad la primera teoría mecanocuántica de la
fuerza gravitatoria.
Afirmaron que la partícula sin masa de espín dos
predicha por la teoría de cuerdas era el gravitón, y que las ecuaciones de la
teoría de cuerdas incorporaban necesariamente una descripción mecanocuántica de
la gravedad.
Schwarz y Scherk publicaron su propuesta en 1974 y
esperaban una reacción importante por parte de la comunidad física. Pero su
trabajo fue ignorado. Visto en retrospectiva, no es difícil entender por qué.
Para algunos parecía que el concepto de cuerda se había convertido en una
teoría en busca de una aplicación. Parecía que, una vez que el intento de
utilizar la teoría de cuerdas para explicar la fuerza nuclear fuerte había
fracasado, sus proponentes no aceptaban la derrota y, en su lugar, estaban
decididos a encontrar relevancia para la teoría en otro lugar. Se añadió
gasolina al fuego de esta visión cuando se hizo evidente que Schwarz y Scherk
necesitaban cambiar el tamaño de las cuerdas en su teoría de forma radical para
que la fuerza transmitida por los candidatos a gravitón tuviera la intensidad
conocida y familiar de la gravedad. Puesto que la gravedad es una fuerza
extraordinariamente débil y puesto que, como es el caso, cuanto más larga es la
cuerda, más fuerte es la fuerza transmitida, Schwarz y Scherk encontraron que
las cuerdas tenían que ser extraordinariamente minúsculas para transmitir una
fuerza con la débil intensidad de la gravedad; tenían que tener un tamaño de
aproximadamente la longitud de Planck, cien trillones de veces menor que el
imaginado previamente. Tan pequeño, señalaban sardónicamente los escépticos,
que no había ningún aparato que fuera capaz de verlas, lo que significaba que
la teoría no podía ser puesta a prueba experimentalmente. [169]
Por el contrario, la década de 1970 fue testigo de
un éxito tras otro para las teorías más convencionales y no basadas en cuerdas,
formuladas con partículas puntuales y campos. Teóricos y experimentadores por
igual tenían la cabeza y las manos llenas de ideas concretas para investigar y
predicciones para comprobar. ¿Por qué dirigirse a la teoría de cuerdas
especulativa cuando había tanto trabajo excitante que hacer dentro de un marco
de ensayo y error?
En el mismo sentido, aunque los físicos eran
conscientes de que el problema de fundir gravedad y mecánica cuántica
permanecía irresuelto utilizando métodos convencionales, no era un problema que
llamara la atención. Casi todos reconocían que era una cuestión importante que
habría que abordar algún día, pero con la riqueza de trabajo aún por hacer
sobre las fuerzas no gravitatorias, el problema de cuantizar la gravedad fue
relegado a un rincón y, finalmente, a mitad de la década de 1970 la teoría de
cuerdas estaba lejos de haber sido completamente desarrollada. Tener un
candidato para el gravitón era un éxito, pero todavía había que abordar muchas
cuestiones conceptuales y técnicas. Parecía bastante plausible que la teoría
fuera incapaz de superar una o más de estas cuestiones, de modo que trabajar en
la teoría de cuerdas significaba correr un riesgo considerable. En pocos años
la teoría podría estar muerta.
Schwarz no se arredró. Creía que el descubrimiento
de la teoría de cuerdas, la primera aproximación plausible para describir la
gravedad en el lenguaje de la mecánica cuántica, era una idea importante. Si
nadie quería oír, allá ellos. Él seguiría y desarrollaría la teoría, de modo
que cuando la gente estuviera dispuesta a prestar atención, la teoría de
cuerdas estaría mucho más avanzada. Su determinación se mostró profética.
A finales de los setenta y principios de los
ochenta, Schwarz formó equipo con Michael Green, entonces en el Queen Mary
College de Londres, y ambos se propusieron trabajar en uno de los obstáculos
técnicos a los que se enfrentaba la teoría de cuerdas. Principal entre éstos
era el problema de las anomalías. Los detalles no importan,
pero, hablando en términos generales, una anomalía es un efecto cuántico
pernicioso que condena a una teoría pues da a entender que viola ciertos
principios sagrados, tales como la conservación de la energía. Para ser viable,
una teoría debe estar libre de anomalías. Las investigaciones iniciales habían
revelado que la teoría de cuerdas estaba plagada de anomalías, lo que era una
de las principales razones técnicas por las que no había generado mucho
entusiasmo. Las anomalías significaban que aunque la teoría de cuerdas parecía
proporcionar una teoría cuántica de la gravedad, puesto que contenía
gravitones, en una inspección más detallada la teoría adolecía de sus propias y
sutiles inconsistencias matemáticas.
Sin embargo, Schwarz se dio cuenta de que la
situación no era clara.
Había una posibilidad, nada segura, de que un
cálculo completo revelara que las diversas contribuciones cuánticas a las
anomalías que afectaban a la teoría de cuerdas se cancelaran mutuamente cuando
se combinaran de la forma correcta. Junto con Green, Schwarz emprendió la ardua
tarea de calcular estas anomalías, y en el verano de 1984 los dos tuvieron su
recompensa. Una noche tormentosa, trabajando hasta altas horas en el Centro
Aspen de Física en Colorado, completaron uno de los más importantes cálculos del
campo, un cálculo que demostraba que todas las anomalías potenciales se
cancelaban mutuamente de una forma que parecía casi milagrosa. La teoría de
cuerdas, revelaron, estaba libre de anomalías y por ello no adolecía de ninguna
inconsistencia matemática. La teoría de cuerdas, demostraron convincentemente,
era mecanocuánticamente viable.
Esta vez los físicos escucharon. Era a mediados de
la década de 1980 y el clima en física había cambiado considerablemente. Muchas
de las características esenciales de las tres fuerzas no gravitatorias habían
sido calculadas teóricamente y confirmadas experimentalmente. Aunque quedaban
por resolver detalles importantes, y algunos aún no lo están, la comunidad
estaba dispuesta a abordar el siguiente problema importante: la fusión de la
relatividad general y la mecánica cuántica. Entonces, desde un poco conocido
rincón de la física, Green y Schwarz entraron en escena con una propuesta
definida, matemáticamente consistente y estéticamente agradable sobre cómo
proceder. Casi de la noche a la mañana, el número de investigadores que
trabajaban en teoría de cuerdas saltó de dos a más de un millar. La primera
revolución de las cuerdas estaba en marcha.
§. La primera revolución
Yo empecé mis estudios en la facultad en la Universidad de Oxford en el otoño
de 1984, y al cabo de unos pocos meses los pasillos bullían con rumores de una
revolución en física. Puesto que todavía no se había extendido el uso de
Internet, el rumor era el canal dominante para la difusión rápida de la
información, y cada día traía noticia de nuevos avances. Los investigadores
comentaban que la atmósfera estaba cargada de un modo que no se había visto
desde los primeros días de la mecánica cuántica, y se decía seriamente que el
fin de la física teórica estaba al alcance.
La teoría de cuerdas era nueva para casi todo el
mundo, de modo que en aquellos primeros días sus detalles no eran de
conocimiento común. Nosotros fuimos particularmente afortunados en Oxford:
Michael Green nos había visitado recientemente para dar lecciones sobre teoría
de cuerdas, de modo que muchos de nosotros estábamos familiarizados con las
ideas básicas y las afirmaciones esenciales de la teoría. Y las afirmaciones
eran realmente impresionantes. En pocas palabras, esto es lo que decía la
teoría: Tome cualquier trozo de materia, un bloque de hielo, un pedazo de roca,
una tableta de hierro, e imagine que lo corta por la mitad, y luego corta de
nuevo una de las piezas por la mitad y así sucesivamente; imagine que corta
continuamente el material en piezas cada vez más pequeñas. Hace unos 2.500
años, los antiguos griegos habían planteado el problema de determinar los
ingredientes más finos e indivisibles que serían el producto final de semejante
procedimiento. En nuestra época hemos aprendido que más pronto o más tarde se
llega a los átomos, pero los átomos no son la respuesta a la pregunta de los
griegos, porque pueden fragmentarse en constituyentes más finos. Los átomos
pueden dividirse. Hemos aprendido que constan de electrones que pululan en tomo
a un núcleo central que está compuesto de otras partículas aún más finas:
protones y neutrones. Y a finales de la década de 1960, experimentos en el
Acelerador Lineal de Stanford revelaron que incluso los propios neutrones y
protones están hechos de constituyentes más fundamentales: cada protón y cada
neutrón consiste en tres partículas conocidas como quarks, como se mencionó en
el capítulo 9 y se ilustra en la figura 12.3a.
La teoría convencional, apoyada por los
experimentos actuales, concibe los electrones y los quarks como puntos sin
ninguna extensión espacial; de esta forma, por consiguiente, marcan el final de
la línea, la última de las muñecas rusas de la Naturaleza a encontrar en la
constitución microscópica de la materia. Aquí es donde hace su aparición la
teoría de cuerdas. La teoría de cuerdas desafía la imagen convencional al
proponer que electrones y quarks no son partículas de tamaño
cero. Según la teoría de cuerdas el modelo convencional de partícula-puntual es
una aproximación a una descripción más refinada en la que cada partícula es en
realidad un filamento de energía minúsculo y vibrante, llamado una cuerda, como
se puede ver en la figura 12.3b. Se supone que estas hebras de energía vibrante
no tienen grosor, sólo longitud, y por eso las cuerdas son entidades
unidimensionales. Pero, puesto que las cuerdas son tan pequeñas, unos cien
trillones de veces más pequeñas que un simple núcleo atómico (10 -33 centímetros),
parecen ser puntos incluso cuando las examinamos con nuestros aceleradores más
avanzados.
Figura 12.3. (a) La teoría convencional se basa en electrones y quarks como
los constituyentes básicos de la materia, (b) La teoría de cuerdas sugiere que
cada partícula es en realidad una cuerda vibrante.
Puesto que nuestra comprensión de la teoría de
cuerdas está lejos de ser completa, nadie sabe con seguridad si la historia
termina aquí, si, suponiendo que la teoría es correcta, las cuerdas son
realmente la última muñeca rusa, o si las propias cuerdas podrían estar
compuestas de ingredientes aún más finos. Volveremos a esta cuestión, pero de
momento sigamos el desarrollo histórico del tema e imaginemos que las cuerdas
son realmente donde todo termina; imaginemos que las cuerdas son los
ingredientes más elementales del universo.
§. Teoría de cuerdas y unificación
Esto es en resumen la teoría de cuerdas, pero para transmitir la potencia de
esta nueva aproximación tengo que describir un poco más en detalle la física de
partículas convencional. Durante los últimos cien años, los físicos han
pinchado, aporreado y pulverizado la materia en busca de los constituyentes
elementales del universo. Y, de hecho, han encontrado que en casi todo con lo
que alguien ha tropezado alguna vez los ingredientes fundamentales son los
electrones y los quarks recién mencionados, más exactamente, como en el
capítulo 9, electrones y dos tipos de quarks, quarks-up y quarks-down, que
difieren en masa y carga eléctrica.
TABLA 12.1. Las tres familias de partículas
fundamentales y sus masas (en múltiplos de la masa del protón). Se sabe que los
valores de las masas de los neutrinos son distintos de cero, pero sus valores
exactos han eludido hasta ahora la determinación experimental Según la teoría
de cuerdas, hay sólo un ingrediente fundamental, la cuerda, y la riqueza de
tipos de partículas refleja simplemente las diferentes pautas vibracionales que
puede ejecutar una cuerda. Es parecido a lo que sucede con cuerdas más familiares
como las de un violín o un violonchelo.
Pero los experimentos revelaron también que el
universo tiene otros tipos de partículas más exóticas que no aparecen en la
materia ordinaria.
Además de quarks-up y quarks-down, los
experimentadores han identificado otros cuatro tipos de quarks(quarks-charm,
quarks-strange, quarks-bottom y quarks-top) y otros
dos tipos de partículas que son muy parecidas a los electrones sólo que más
pesadas (muones y taus).
Es probable que estas partículas abundaran
inmediatamente después del big bang, pero hoy sólo son
producidas como los detritus efímeros de colisiones de alta energía entre los
tipos de partículas más familiares. Finalmente, los experimentadores han
descubierto también tres tipos de partículas fantasmales llamadas neutrinos
(neutrinos electrónicos,neutrinos muónicos y neutrinos tau) que
pueden atravesar billones de kilómetros de plomo con tanta facilidad como
nosotros atravesamos el aire.
Estas partículas, el electrón y sus dos primos más
pesados, los seis tipos de quarks y los tres tipos de neutrinos, constituyen la
respuesta de un físico de partículas actual a la pregunta de los antiguos
griegos sobre la constitución de la materia. [170]
La lista de los tipos de partículas puede
organizarse en tres «familias» o «generaciones» de partículas, como en la tabla
12.1. Cada familia tiene dos de los quarks, uno de los neutrinos y una de las
partículas del tipo del electrón; la única diferencia entre partículas
correspondientes en cada familia es que sus masas aumentan en cada familia
sucesiva. La división en familias sugiere ciertamente una pauta subyacente,
pero el aluvión de partículas puede provocarle mareos (o, peor, hacer que sus
ojos se pongan vidriosos). Espere, no obstante, porque una de las
características más bellas de la teoría de cuerdas es que proporciona un medio
para domar esta aparente complejidad.
Una cuerda de violonchelo puede vibrar de muchas
maneras diferentes, y oímos cada pauta como una nota musical diferente. De esta
forma, una cuerda de violonchelo puede producir un abanico de sonidos
diferentes. Las cuerdas en la teoría de cuerdas se comportan de forma similar:
también pueden vibrar en pautas diferentes. Pero en lugar de dar diferentes
tonos musicales, las diferentes pautas vibracionales en la teoría
de cuerdas corresponden a diferentes tipos de partículas. La idea
clave es que la pauta de vibración detallada ejecutada por una cuerda produce
una masa específica, una carga eléctrica específica, un espín específico y así
sucesivamente, es decir, la lista específica de propiedades que distingue un
tipo de partícula de otro, .
Una cuerda que vibra con una pauta particular
podría tener las propiedades de un electrón, mientras que una cuerda que vibra
con una pauta diferente podría tener las propiedades de un quark up, un quark
down, o cualquiera de los otros tipos de partículas de la tabla 12.1. No es que
una «cuerda electrónica» constituya un electrón, o una «cuerda quark up»
constituya un quark up, o una «cuerda quark down» constituya un quark down. Se
trata, más bien, de que un tipo únicos de cuerdas pueden
explicar una gran variedad de partículas porque la cuerda puede ejecutar una
gran variedad de pautas vibracionales.
Como puede ver, esto representa un paso
potencialmente gigante hacia la unificación. Si la teoría de cuerdas es
correcta, la lista de partículas mareante de la tabla 12.1 muestra el
repertorio vibracional de un único ingrediente básico. Hablando metafóricamente,
las diferentes notas que pueden ser tocadas por un único tipo de cuerda
explicarían todas las diferentes partículas que han sido detectadas. En el
nivel ultramicroscópico, el universo sería parecido a una sinfonía de cuerdas
que da existencia a la materia.
Éste es un marco deliciosamente elegante para
explicar las partículas en la tabla 12.1, pero la unificación propuesta por la
teoría de cuerdas va aún más lejos. En el capítulo 9 y en nuestra discusión
anterior observamos cómo las fuerzas de la Naturaleza son transmitidas en el
nivel cuántico por otras partículas, las partículas mensajeras que están
resumidas en la tabla 12.2. La teoría de cuerdas explica las partículas
mensajeras exactamente igual que explica las partículas de materia. A saber,
cada partícula mensajera es una cuerda que está ejecutando una pauta
vibracional particular. Un fotón es una cuerda que vibra con una pauta
particular, una partícula W es una cuerda que vibra con una pauta diferente, un
gluón es una cuerda que vibra con otra pauta. Y, de importancia primordial, lo
que Schwarz y Scherk demostraron en 1971 es que hay una pauta vibracional
particular que tiene todas las propiedades de un gravitón, de modo que la
fuerza gravitatoria está incluida en el marco mecanocuántico de la teoría de cuerdas.
Así, no sólo las partículas de materia surgen de cuerdas vibrantes, sino que
también lo hacen las partículas mensajeras, incluso la partícula mensajera de
la gravedad.
TABLA 12.2. Las cuatro fuerzas de la Naturaleza,
junto con sus partículas de fuerza asociadas y sus masas en términos de la masa
del protón. (En realidad hay dos partículas W, una con carga +1 y otra con
carga -1, que tienen la misma masa; por simplicidad ignoramos este detalle y
llamamos a ambas partícula W).
Y así, además de ofrecer la primera aproximación
satisfactoria para fusionar gravedad y mecánica cuántica, la teoría de cuerdas
reveló su capacidad para proporcionar una descripción unificada de toda la
materia y todas las fuerzas. Ésa es la afirmación que hizo agitarse a miles de
físicos en sus sillas a mediados de la década de 1980; cuando se levantaron y
se limpiaron el polvo, muchos se habían convertido.
§.¿Por qué funciona la teoría de cuerdas?
Antes del desarrollo de la teoría de cuerdas, el
camino del progreso científico estaba lleno de intentos insatisfactorios por
fusionar la gravedad y la mecánica cuántica. Entonces, ¿qué hay en la teoría de
cuerdas que le ha permitido tener este éxito? Hemos contado cómo Schwarz y
Scherk descubrieron, para su sorpresa, que una pauta vibracional particular de
una cuerda tenía las propiedades correctas para la partícula gravitón, lo que
les llevó a afirmar que la teoría de cuerdas proporcionaba un marco a medida
para fusionar las dos teorías. Históricamente es así como surgió fortuitamente
el poder y la promesa de la teoría de cuerdas, pero esto no explica muy bien
por qué la aproximación de las cuerdas triunfó donde todos los demás intentos
fallaban. La figura 12.2 resume el conflicto entre la relatividad general y la
mecánica cuántica, a escalas de distancia ultracortas, el frenesí de la
incertidumbre cuántica se hace tan violento que el modelo geométrico uniforme
del espaciotiempo subyacente a la relatividad general se viene abajo, de modo
que la pregunta es ¿cómo resuelve el problema la teoría de cuerdas? ¿Cómo la
teoría de cuerdas calma las tumultuosas fluctuaciones del espaciotiempo a
distancias ultramicroscópicas?
La principal característica novedosa de la teoría
de cuerdas es que su ingrediente básico no es una partícula puntual, un punto
sin tamaño, sino que es un objeto que tiene extensión espacial. Esta diferencia
es la clave del éxito de la teoría de cuerdas para fusionar la gravedad y la
mecánica cuántica.
El frenesí salvaje representado en la figura 12.2
surge de aplicar el principio de incertidumbre al campo gravitatorio; en
escalas cada vez más pequeñas, el principio de incertidumbre implica que las
fluctuaciones en el campo gravitatorio se hacen cada vez más grandes. No
obstante, a escalas de distancia tan extraordinariamente minúsculas deberíamos
describir el campo gravitatorio en términos de sus constituyentes
fundamentales, los gravitones, de la misma manera que a escalas moleculares
deberíamos describir el agua en términos de moléculas de H2O. En este lenguaje,
las frenéticas ondulaciones del campo gravitatorio deberían considerarse como
grandes números de gravitones saltando incontroladamente en una dirección u
otra, como motas de polvo y suciedad atrapadas en un feroz tomado. Ahora bien,
si los gravitones fueran partículas puntuales (como se imaginaban en todos los
anteriores y fallidos intentos de fusionar la relatividad general y la mecánica
cuántica), la figura 12.2 reflejaría con precisión su comportamiento colectivo:
escalas de distancia cada vez más cortas, agitación cada vez mayor. Pero la
teoría de cuerdas cambia esta conclusión.
En la teoría de cuerdas cada gravitón es una cuerda
vibrante, algo que no es un punto, sino que tiene un tamaño aproximado de una
longitud de Planck (10-33 centímetros). [171] Y puesto que los gravitones son los constituyentes más finos y más
elementales de un campo gravitatorio, no tiene sentido hablar del
comportamiento de campos gravitatorios en escalas de longitud subPlanck. De la
misma forma que la resolución de la pantalla de su televisor está limitada por
el tamaño de los píxeles individuales, la resolución del campo gravitatorio en
la teoría de cuerdas está limitada por el tamaño de los gravitones. Así, el
tamaño no nulo de los gravitones (y de cualquier otra cosa) en la teoría de
cuerdas establece un límite, aproximadamente en la escala de Planck, al detalle
con que puede resolverse un campo gravitatorio.
Esta es la idea crucial. Las fluctuaciones
cuánticas incontrolables ilustradas en la figura 12.2 aparecen solamente cuando
consideramos incertidumbre cuántica en escalas de distancia arbitrariamente
cortas, escalas más cortas que la longitud de Planck. En una teoría basada en
partículas puntuales de tamaño nulo, una aplicación semejante del principio de
incertidumbre está prohibida y, como vemos en la figura, esto nos lleva a un
terreno salvaje fuera del alcance de la relatividad general de Einstein. Sin embargo,
una teoría basada en cuerdas incluye un seguro. En la teoría de cuerdas las
cuerdas son los ingredientes más pequeños, de modo que nuestro viaje a lo
ultramicroscópico acaba cuando alcanzamos la longitud de Planck, el tamaño de
las propias cuerdas. En la figura 12.2, la escala de Planck está representada
por el segundo nivel más alto; como se puede ver, en tales escalas sigue
habiendo ondulaciones en el tejido espacial porque el campo gravitatorio sigue
estando sujeto a agitaciones cuánticas. Pero las agitaciones son
suficientemente suaves para evitar un conflicto irreparable con la relatividad
general. Las matemáticas precisas que subyacen a la relatividad general deben
ser modificadas para incorporar estas ondulaciones cuánticas, pero esto puede hacerse
y las matemáticas siguen siendo razonables.
Así, limitando cuán pequeño uno puede hacerse, la
teoría de cuerdas limita la violencia que pueden alcanzar las agitaciones del
campo gravitatorio, y el límite es suficientemente grande para evitar el choque
catastrófico entre mecánica cuántica y relatividad general. De esta manera, la
teoría de cuerdas reduce el antagonismo entre los dos marcos y es capaz, por
primera vez, de unirlos.
§. El tejido cósmico en el reino de lo pequeño
¿Qué significa esto para la naturaleza ultramicroscópica del espacio y, con más
generalidad, del espaciotiempo? Por una parte, desafía firmemente la noción
convencional de que el tejido del espacio y el tiempo es continuo, que siempre
se puede dividir por la mitad la distancia entre aquí y allí o la duración
entre ahora y luego, y que puede hacerse de nuevo, dividiendo indefinidamente
el espacio y el tiempo en unidades cada vez más pequeñas, .
En su lugar, cuando descendemos a la longitud
Planck (la longitud de una cuerda) y el tiempo de Planck (el tiempo que
tardaría la luz en recorrer la longitud de una cuerda) y tratamos de dividir el
espacio y el tiempo de forma más fina, encontramos que no se puede hacer. El
concepto de «ir a lo más pequeño» deja de tener significado una vez que se
llega al tamaño del constituyente más pequeño del cosmos. Para partículas de
tamaño nulo esto no introduce ninguna restricción, pero puesto que las cuerdas
tienen tamaño, sí la hay. Si la teoría de cuerdas es correcta, los conceptos
usuales de espacio y tiempo, el marco en el que tienen lugar todas nuestras
experiencias cotidianas, simplemente no se aplica a escalas más finas que la
escala de Planck, la escala de las propias cuerdas.
Respecto a qué conceptos los sustituyen, no hay
todavía consenso. Una posibilidad que encaja con la explicación anterior de
cómo la teoría de cuerdas funde mecánica cuántica y relatividad general es que
el tejido del espacio en la escala de Planck se parezca a un retículo o una
malla, en la que el «espacio» entre las líneas de la malla está fuera de los
límites de la realidad física. De la misma forma que una hormiga microscópica
que caminara en una pieza ordinaria de tejido tendría que saltar de una hebra a
otra, quizá el movimiento a través el espacio a escalas ultramicroscópicas
requiera análogamente saltos discretos de una «hebra» de espacio a otra.
También el tiempo podría tener una estructura granular, con instantes
individuales fuertemente empaquetados pero no fundidos en un continuo sin
fisuras. En esta forma de pensar, los conceptos de intervalos de espacio y
tiempo cada vez más pequeños llegarían abruptamente a un final en la escala de
Planck.
De la misma forma que no hay nada como una moneda
americana de valor menor que un céntimo, si el espaciotiempo ultramicroscópico
tuviera una estructura de malla no habría una distancia más corta que la
longitud de Planck o una duración más corta que el tiempo de Planck.
Otra posibilidad es que espacio y tiempo no dejen
abruptamente de tener sentido en escalas extraordinariamente pequeñas, sino que
se transformen poco a poco en conceptos más fundamentales. Una contracción más
pequeña que la escala de Planck estaría fuera de los límites no porque se
tropiece con una malla fundamental, sino porque los conceptos de espacio y
tiempo se funden sin solución de continuidad en nociones para las que
«contracción más pequeña» es tan carente de significado como preguntar si el
número 9 es feliz.
Es decir, podemos imaginar que a medida que el
espacio y el tiempo macroscópicos familiares se transforman poco a poco en sus
contrapartidas ultramicroscópicas poco familiares, muchas de sus propiedades
habituales, tales como longitud y duración, se hacen irrelevantes o carentes de
significado. Por ejemplo, usted puede estudiar razonablemente la temperatura y
la viscosidad del agua líquida, conceptos que se aplican a las propiedades
macroscópicas de un fluido, pero cuando desciende a la escala de las moléculas
de H2O estos conceptos dejan de ser significativos. Quizá, de modo análogo,
aunque usted pueda dividir una y otra vez por la mitad regiones del espacio y
duraciones del tiempo en las escalas cotidianas, cuando pasa a la escala de
Planck ellos sufren una transformación que deja sin significado a esa división.
Muchos teóricos de cuerdas, entre los que me
incluyo, sospechan que algo de este tipo sucede, pero para ir más lejos
necesitamos descubrir los conceptos más fundamentales en los que se transforman
el espacio y el tiempo.[xxxiv] Hasta
la fecha ésta es una pregunta no respondida, pero la investigación de
vanguardia (descrita en el último capítulo) ha sugerido algunas posibilidades
con consecuencias de gran alcance.
§. Los puntos más finos
Con la descripción que he dado hasta ahora podría parecer desconcertante que
cualquier físico se resistiese al atractivo de la teoría de cuerdas. Aquí,
finalmente, hay una teoría que promete realizar el sueño de Einstein y más; una
teoría que podría sofocar la hostilidad entre la mecánica cuántica y la
relatividad general; una teoría con la capacidad de unificar toda la materia y
todas las fuerzas describiendo todo en términos de cuerdas vibrantes; una
teoría que sugiere un reino ultramicroscópico en los que el espacio y el tiempo
familiares podrían ser tan pintorescos como un teléfono con marcador de disco;
una teoría, en resumen, que promete llevar nuestra comprensión del universo a
todo un nuevo nivel. Pero tenga en cuenta que nadie ha visto nunca una cuerda
y, salvo por algunas ideas heterodoxas discutidas en el último capítulo, es
probable que, incluso si la teoría de cuerdas es correcta, nadie las vea. Las
cuerdas son tan pequeñas que una observación directa sería equivalente a leer
el texto de esta página a 100 años luz de distancia; requeriría un poder de
resolución casi un trillón de veces más fino que lo que permite nuestra
tecnología actual. Algunos científicos argumentan locuazmente que una teoría
tan alejada de la comprobación empírica directa yace en el dominio de la
filosofía o la teología, pero no en el de la física.
Yo encuentro esta visión miope o, como mínimo,
prematura. Aunque quizá nunca tengamos una tecnología capaz de ver las cuerdas
directamente, la historia de la ciencia está repleta de teorías que fueron
puestas a prueba experimentalmente con medios indirectos. [172] La teoría de cuerdas no es modesta. Sus objetivos y promesas son
grandes. Y esto es excitante y útil, porque si una teoría va a ser la teoría de
nuestro universo, debe ajustarse al mundo real no sólo en el esbozo a grandes
rasgos discutido hasta ahora sino también en los más mínimos detalles. Como
discutiremos ahora, en ellos se basan los test potenciales.
Durante las décadas de 1960 y 1970 los físicos de
partículas dieron grandes pasos para entender la estructura cuántica de la
materia y de las fuerzas no gravitatorias que rigen su comportamiento. El marco
al que fueron llevados finalmente por los resultados experimentales y las ideas
teóricas se denomina el modelo estándar de la física de
partículas y se basa en la mecánica cuántica, las partículas de materia de la
tabla 12.1 y las partículas de fuerza de la tabla 12.2 (ignorando el gravitón,
puesto que el modelo estándar no incorpora la gravedad, e incluyendo la
partícula de Higgs, que no figura en las tablas), todas ellas vistas como
partículas puntuales. El modelo estándar es capaz de explicar esencialmente
todos los datos producidos por los aceleradores de átomos en el mundo, y
durante años sus inventores han sido laureados merecidamente con los más altos
honores. Incluso así, el modelo estándar tiene limitaciones importantes. Ya
hemos discutido cómo este modelo, y cualquier otra aproximación anterior a la
teoría de cuerdas, fracasaba en el intento de fusionar la gravedad y la
mecánica cuántica. Pero también tiene otros defectos.
El modelo estándar dejaba sin explicar por qué las
fuerzas son transmitidas por la lista precisa de partículas de la tabla 12.2 y
por qué la materia está compuesta de la lista precisa de partículas de la tabla
12.1. ¿Por qué hay tres familias de partículas de materia y por qué cada
familia tiene las partículas que tiene? ¿Por qué no dos familias o simplemente
una? ¿Por qué el electrón tiene tres veces la carga eléctrica del quark-down?
¿Por qué el muón pesa 23,4 veces más que el quark-up, y por qué el quark-up
pesa una 350.000 veces más que un electrón? ¿Por qué está construido el
universo con este abanico de números aparentemente aleatorios? El modelo
estándar toma las partículas en las tablas 12.1 y 12.2 (de nuevo, ignorando el
gravitón) como input, y luego hace predicciones impresionantemente exactas de
cómo interaccionarán y se influirán mutuamente las partículas. Pero el modelo
estándar no puede explicar el input, las partículas y sus propiedades, igual
que su calculadora no puede explicar los números que usted introdujo la última
vez que la utilizó.
Preguntarse sobre las propiedades de estas
partículas no es una pregunta académica de por qué este o ese detalle esotérico
resulta ser de una forma u otra. Durante el último siglo los científicos se han
dado cuenta de que el universo tiene las características familiares por la
experiencia común solamente porque las partículas de las tablas 12.1 y 12.2
tienen precisamente las propiedades que tienen. Incluso cambios menores en las
masas o las cargas eléctricas de algunas de las partículas las harían, por ejemplo,
incapaces de participar en los procesos nucleares que alimentan las estrellas.
Y sin estrellas, el universo sería un lugar
completamente diferente. Así, las características detalladas de las partículas
elementales están entretejidas con lo que muchos ven como la cuestión más
profunda en toda la ciencia: ¿por qué las partículas elementales
tienen las propiedades correctas para permitir que ocurran procesos
nucleares, que se enciendan las estrellas, que se formen planetas
alrededor de las estrellas, y que al menos en uno de estos planetas exista
vida?
El modelo estándar no puede ofrecer ninguna
intuición sobre esta cuestión porque las propiedades de las partículas son
parte de su input necesario. La teoría no empieza a producir resultados hasta
que no se especifiquen las propiedades de las partículas. Pero la teoría de
cuerdas es diferente. En la teoría de cuerdas las propiedades de las partículas
están determinadas por las pautas vibracionales de las cuerdas y por eso la
teoría mantiene la promesa de proporcionar una explicación.
§. Propiedades de partículas en la teoría de
cuerdas
Para entender el nuevo marco explicatorio de la teoría de cuerdas necesitamos
tener una idea mejor de cómo resultan las propiedades de las partículas a
partir de las vibraciones de las cuerdas, así que consideremos las propiedad
más simple de una partícula, su masa.
A partir de E = mc2 sabemos
que masa y energía son intercambiables; como dólares y euros, son monedas
convertibles (pero a diferencia de las divisas monetarias, tienen un tipo de
cambio fijo, dado por la velocidad de la luz multiplicada por sí misma, c2).
Nuestra supervivencia depende de la ecuación de Einstein, puesto que el calor y
la luz del Sol que sostienen la vida están generados por la conversión de 4,3
millones de toneladas de materia en energía cada segundo; un día, las
reacciones nucleares en la Tierra quizá emulen al Sol aprovechando con
seguridad la ecuación de Einstein para proporcionar a la Humanidad un
suministro de energía esencialmente ilimitado.
En estos ejemplos, la energía es producida a partir
de la masa. Pero la ecuación de Einstein funciona perfectamente a la inversa,
en la dirección en la que la masa se produce a partir de la energía, y ésa es
la dirección en la que la teoría de cuerdas utiliza la ecuación de Einstein.
La masa de una partícula en la teoría de cuerdas no es otra
cosa que la energía de su cuerda vibrante. Por ejemplo, la explicación que
ofrece la teoría de cuerdas de por qué una partícula es más pesada que otra es
que la cuerda que constituye la partícula más pesada está vibrando más rápida y
más furiosamente que la cuerda que constituye la partícula más ligera. Una
vibración más rápida y más furiosa significa energía más alta, y energía más
alta se traduce, vía la ecuación de Einstein, en masa mayor. Recíprocamente,
cuanto más ligera es una partícula, más lenta y menos frenética es la
correspondiente vibración de la cuerda; una partícula sin masa como un fotón o
un gravitón corresponde a una cuerda que ejecuta la pauta vibracional más
plácida y suave que puede ejecutar. [173]
Otras propiedades de una partícula, tales como su
carga eléctrica y su espín, están codificadas mediante características más
sutiles de las vibraciones de la cuerda. Comparadas con la masa, estas
características son más difíciles de describir de forma no matemática, pero
siguen la misma idea básica: la pauta vibracional es la huella dactilar de la
partícula; todas las propiedades que utilizamos para distinguir una partícula
de otra están determinadas por la pauta vibracional de la cuerda de la
partícula.
A principios de la década de 1970, cuando los
físicos analizaron las pautas vibracionales que aparecen en la primera
encarnación de la teoría de cuerdas, la teoría de cuerdas
bosónica, para determinar los tipos de propiedades de las partículas
que predecía la teoría, encontraron una pega. Cada pauta vibracional en la
teoría de cuerdas bosónica tenía una cantidad de espín entera: espín 0, espín
1, espín 2 y así sucesivamente. Esto era un problema, porque aunque las
partículas mensajeras tienen valores de espín de este tipo, las partículas de
materia (como electrones y quarks) no lo tienen. Estas últimas tienen una
cantidad de espín fraccionaria, espín ½. En 1971, Pierre Ramond de la
Universidad de Florida se propuso remediar esta deficiencia; pronto encontró
una manera de modificar las ecuaciones de la teoría de cuerdas bosónica para
permitir también pautas vibracionales semienteras.
De hecho, en un examen más detallado, la
investigación de Ramond, junto con resultados encontrados por Schwarz y su
colaborador André Neveu e ideas posteriores de Ferdinando Gliozzi, Joel Scherk
y David Olice, reveló un perfecto equilibrio, una nueva simetría, entre las
pautas vibracionales con diferentes espines en la teoría de cuerdas modificada.
Estos investigadores encontraron que las nuevas pautas vibracionales aparecían
en pares cuyos valores de espín diferían en media unidad. Por cada pauta vibracional
con espín ½ había una pauta vibracional asociada con espín 0. Por cada pauta
vibracional de espín 1, había una pauta vibracional asociada de espín ½, y así
sucesivamente. La relación entre valores de espín entero y semientero fue
llamada supersimetría, y con estos resultados nació lateoría
de cuerdassupersimétrica, o teoría de supercuerdas. Casi
una década más tarde, cuando Schwarz y Green demostraron que todas las
anomalías potenciales que amenazaban la teoría de cuerdas se cancelaban
mutuamente, ellos estaban trabajando realmente en el marco de la teoría de
supercuerdas, y así la revolución que inició su artículo de 1984 es llamada
como más propiedad la primera revolución de las supercuerdas. (En
lo que sigue, me referiré a menudo a cuerdas y a teoría de cuerdas, pero eso es
tan sólo una abreviatura; siempre entendemos supercuerdas y teoría de
supercuerdas.) Con esta base podemos afirmar ahora qué significa que la teoría
de cuerdas vaya más allá de las características a grandes rasgos y explique el
universo en detalle. Se reduce a esto: entre las pautas vibracionales que
pueden ejecutar las cuerdas, debe haber pautas cuyas propiedades coinciden con
las de los tipos de partículas conocidas. La teoría tiene pautas vibracionales
con espín 1/2, pero debe tener pautas vibracionales de espín ½ que se
ajusten precisamente a las partículas de materia conocidas,
resumidas en la tabla 12.1. La teoría tiene pautas vibracionales de espín 1,
pero debe tener pautas vibracionales de espín 1 que se ajusten precisamente a
las partículas mensajeras conocidas, resumidas en la tabla 12.2. Finalmente, si
los experimentos descubren partículas de espín 0, tales como se predicen para
los campos de Higgs, la teoría de cuerdas debe dar pautas vibracionales que se
ajusten precisamente a las propiedades de estas partículas. En
resumen, para que la teoría de cuerdas sea viable, sus pautas vibracionales
deben dar y explicar las partículas del modelo estándar.
Ésta es, entonces, la gran oportunidad de la teoría
de cuerdas. Si la teoría de cuerdas es correcta, hay una
explicación para las propiedades de las partículas que han medido los
experimentadores, y se encuentra en las pautas vibracionales resonantes que
pueden ejecutar las cuerdas. Si las propiedades de estas pautas vibracionales
se ajustan a las propiedades de la partículas de las tablas 12. y 12.2, creo
que eso convencería incluso a los escépticos más recalcitrantes de la veracidad
de la teoría de cuerdas, ya se haya visto o no directamente la estructura
ampliada de una cuerda. Y además de establecerse como la largo tiempo buscada
teoría unificada, con dicho encaje entre teoría y datos experimentales, la
teoría de cuerdas ofrecería la primera explicación fundamental de por qué el
universo es como es.
De modo que ¿cómo afronta la teoría de cuerdas este
test crítico?
§. Demasiadas vibraciones
Bien, a primera vista, la teoría de cuerdas falla. De entrada, hay un número
infinito de diferentes pautas vibracionales de cuerdas, y las primeras de una
serie inacabable se ilustran esquemáticamente en la figura 12.4. Pero las
tablas 12.1 y 12.2 contienen sólo una lista de partículas finita, y por eso
desde el principio parece que tenemos un enorme desajuste entre la teoría de
cuerdas y el mundo real. Y lo que es más, cuando analizamos matemáticamente las
energías posibles, y con ello las masas, de estas pautas vibracionales,
tropezamos con otro importante desajuste entre teoría y observación. Las masas
de las pautas vibracionales de cuerdas permisibles no guardan ningún parecido
con las masas de las partículas medidas experimentalmente que se recogen en las
tablas 12.1 y 12.2. No es difícil ver por qué.
Desde los primeros días de la teoría de cuerdas los
investigadores han advertido que la rigidez de una cuerda es inversamente
proporcional a su longitud (a su longitud al cuadrado, para ser más precisos):
mientras que las cuerdas largas son fáciles de doblar, cuanto más corta es la
cuerda más rígida se hace. En 1974, cuando Schwarz y Scherk propusieron reducir
el tamaño de las cuerdas de modo que incorporaran una fuerza gravitatoria de la
intensidad correcta, también propusieron por la misma razón aumentar la tensión
de las cuerdas, hasta, como es el caso, mil trillones de trillones(1039)
de toneladas, unas 100000000000000000000000000000000000000000 (1041)
veces la tensión de una cuerda de piano media. Ahora, si imagina que está
doblando una cuerda minúscula y extraordinariamente rígida para dar una de las
cada vez más complicadas pautas de la figura 12.4, usted se dará cuenta de que
cuanta más crestas y vientres hay, más energía tendrá que ejercer.
Recíprocamente, una vez que una cuerda está
vibrando en una pauta tan complicada, incorpora una enorme cantidad de energía.
Así pues, todas las pautas vibracionales de cuerdas salvo las más simples son
altamente
energéticas, y con ello corresponden, vía E
= mc2, a partículas con masas enormes.
Figura 12.4. Los primeros ejemplos de pautas vibracionales de cuerdas.
Y por enorme quiero decir realmente enorme. Los
cálculos muestran que las masas de las vibraciones de cuerdas siguen una serie
análoga a la de los armónicos musicales: todas son múltiplos de una masa
fundamental, la masade Planck, igual que los sobretonos son
todos múltiplos de una frecuencia o tono fundamental. Para los patrones de la
física de partículas, la masa de Planck es colosal, es unos diez trillones
(1019) de veces la masa de un protón, aproximadamente la masa de una mota de
polvo o de una bacteria, .
Así, las masas posibles de las vibraciones de
cuerdas son 0 veces la masa de Planck, 1 vez la masa de Planck, 2 veces la masa
de Planck, 3 veces la masa de Planck, y así sucesivamente, lo que muestra que
las masas de todas las vibraciones de cuerdas salvo la masa 0 son
gigantescas. [174]
Como puede ver, algunas de las partículas en las
tablas 12.1 y 12.2 carecen realmente de masa, pero la mayoría la tienen. Y las
masas no nulas en las tablas están más lejos de la masa de Planck de lo que
está el sultán de Brunei de necesitar un préstamo. Así pues, vemos claramente
que las masas de las partículas conocidas no encajan en la pauta adelantada por
la teoría de cuerdas. ¿Significa esto que la teoría de cuerdas está descartada?
Usted podría pensarlo, pero no es así. Tener una lista inacabable de pautas
vibracionales cuyas masas se alejan cada vez más de las de las partículas
conocidas es un reto que la teoría debe superar. Años de investigación han
revelado estrategias prometedoras para hacerlo.
De entrada, note que experimentos con los tipos de
partículas conocidas nos han enseñado que las partículas pesadas tienden a ser
inestables; típicamente, las partículas pesadas se desintegran rápidamente en
un chaparrón de partículas de masas menores generando en última instancia los
tipos más ligeros y más familiares de las tablas 12.1 y 12.2. (Por ejemplo, el
quark top se desintegra en aproximadamente 10-24 segundos.)
Esperamos que esta lección siga siendo válida para las pautas vibracionales de
las cuerdas «superpesadas», y eso explicaría por qué, incluso si fueron
producidas copiosamente en el universo primitivo y caliente, pocas de ellas, si
es que lo ha hecho alguna, han sobrevivido hasta hoy. Incluso si la teoría de
cuerdas es correcta, nuestra única oportunidad de ver las pautas vibracionales
superpesadas sería producirlas mediante colisiones de alta energía en los
aceleradores de partículas. Sin embargo, puesto que los aceleradores actuales
sólo pueden alcanzar energías equivalentes a aproximadamente 1.000 veces la
masa de un protón, son demasiado débiles para excitar otras que no sean las
pautas vibracionales más plácidas de la teoría de cuerdas. Así, la predicción
de la teoría de cuerdas de una torre de partículas con masas que empiezan por
ser mil billones de veces mayores que las alcanzables con la tecnología actual
no está en conflicto con la observación.
Esta explicación también aclara que el contacto
entre la teoría de cuerdas y la física de partículas implicará solamente las
vibraciones de cuerdas de energía más baja, las carentes de masa, puesto que
las otras están más allá de lo que podemos alcanzar con la tecnología actual.
Pero ¿qué hay del hecho de que la mayoría de las partículas de las tablas 12.1
y 12.2 sí tienen masa?
Es una cuestión importante, pero menos perturbadora
de lo que podría parecer al principio. Puesto que la masa de Planck es enorme,
e incluso la partícula más masiva conocida, el quark top, pesa sólo
0,0000000000000000116 (aproximadamente 10-17) veces la masa de
Planck.
En cuanto al electrón, pesa
0,000000000000000000000034 (aproximadamente 10 -23) veces la
masa de Planck. De modo que, en primera aproximación, válida hasta una
parte en 1017, todas las partículas en las tablas 12.1 y
12.2 tienen masas iguales a cero veces la masa de Planck (de la misma manera
que la mayoría de las fortunas de la Tierra son, en primera aproximación, 0
veces la del sultán de Brunei), precisamente como «predecía» la teoría de
cuerdas. Nuestro objetivo es mejorar esta aproximación y demostrar que la
teoría de cuerdas explica las minúsculas desviaciones de 0 veces la masa de
Planck características de las partículas en las tablas 12.1 y 12.2. Pero las
pautas vibracionales sin masa no están tan en contra de los datos como usted
podría haber pensado inicialmente.
Esto es alentador, pero un examen detallado revela
aún más desafíos.
Utilizando las ecuaciones de la teoría de
supercuerdas los físicos han hecho una lista de todas las pautas vibracionales
de cuerdas sin masa. Una entrada es el gravitón de espín 2, y ése es el gran
éxito que lanzó la teoría; garantiza que la gravedad es parte de la teoría de
cuerdas cuántica. Pero los cálculos muestran también que hay muchas más pautas
vibracionales de espín 1 sin masa que partículas en la tabla 12.2, y hay muchas
más pautas vibracionales de espín 1/2 sin masa que partículas en la tabla 12.1.
Además, la lista de pautas vibracionales de espín 1/2 no muestra ninguna traza
de agolpamientos repetitivos como la estructura en familias de la tabla 12.1.
De modo que con un examen menos superficial parece cada vez más difícil ver
cómo las vibraciones de cuerdas se adaptarían a los tipos de partículas
conocidas.
Así, a mediados de la década de 1980, aunque había
razones para excitarse por la teoría de supercuerdas, también había razones
para ser escéptico. Es innegable que la teoría de supercuerdas presentaba un
paso capital hacia la unificación. Al proporcionar la primera aproximación
consistente para fusionar gravedad y mecánica cuántica, hacía para la física lo
que Roger Bannister hizo para la milla en cuatro minutos: demostró que lo
aparentemente imposible es posible. La teoría de supercuerdas estableció definitivamente
que podíamos atravesar la barrera aparentemente impenetrable que separa los dos
pilares de la física del siglo XX.
Pese a todo, al tratar de ir más lejos y demostrar
que la teoría de supercuerdas podía explicar las características detalladas de
la materia y las fuerzas de la Naturaleza, los físicos encontraron
dificultades. Esto llevó a los escépticos a proclamar que la teoría de
supercuerdas, a pesar de todo su potencial para la unificación, era meramente
una estructura matemática sin relevancia directa para el universo físico.
Con ser importantes estos problemas recién
discutidos, en el primer lugar de la lista de defectos de la teoría de
supercuerdas para los escépticos había una característica que aún tengo que
introducir. La teoría de supercuerdas proporciona realmente una fusión acertada
de la gravedad y la mecánica cuántica, una fusión que está libre de las
inconsistencias matemáticas que plagaban todos los intentos anteriores. Sin
embargo, por extraño que pueda sonar, a los pocos años de su descubrimiento los
físicos encontraron que las ecuaciones de la teoría de supercuerdas no tienen
estas propiedades deseables si el universo tiene tres dimensiones espaciales.
En lugar de ello, las ecuaciones de la teoría de supercuerdas son
matemáticamente consistentes sólo si el universo tiene nueve dimensiones
espaciales o, incluyendo la dimensión temporal, ¡funcionan sólo en un universo
con diez dimensiones espaciotemporales!
En comparación con esta extrañísima afirmación, la
dificultad de establecer una correspondencia detallada entre pautas
vibracionales de cuerdas y tipos de partículas conocidas parece una cuestión
secundaria. La teoría de supercuerdas requiere la existencia de seis
dimensiones del espacio que nadie ha visto todavía. Eso no es un punto
menor, eso es un problema.
¿O no lo es?
Descubrimientos teóricos hechos durante las
primeras décadas del siglo XX, mucho antes de que la teoría de cuerdas entrara
en escena, sugerían que las dimensiones extras no tenían por qué ser un
problema. Y con la actualización de finales del siglo XX, los físicos
demostraron que estas dimensiones extras tienen la capacidad de salvar el hueco
entre las pautas vibracionales de la teoría de cuerdas y las partículas
elementales que los experimentadores han descubierto.
Éste es uno de los desarrollos más gratificantes de
la teoría; veamos cómo funciona.
§. Unificación en dimensiones más altas
En 1919 Einstein recibió un artículo que fácilmente podía haber sido despachado
como desvaríos de un loco. Estaba escrito por un matemático alemán poco
conocido llamado Theodor Kaluza, y en unas pocas páginas exponía una
aproximación para unificar las dos fuerzas conocidas en la época, la gravedad y
el electromagnetismo. Para conseguir este objetivo, Kaluza proponía una
separación radical de algo tan básico, tan completamente tomado como dado, que
parecía fuera de dudas. Proponía que el universo no tiene tres dimensiones
espaciales. En su lugar, Kaluza pedía a Einstein y al resto de la comunidad de
la física que contemplara la posibilidad de que el universo tenga cuatro dimensiones
espaciales, de modo que, junto con el tiempo, tiene un total de cinco
dimensiones espaciotemporales.
Para empezar, ¿qué demonios significa eso? Bien,
cuando decimos que hay tres dimensiones espaciales queremos decir que hay tres
direcciones o ejes independientes a lo largo de los cuales podemos movemos.
Desde su posición actual usted puede definirlas como izquierda/derecha,
delante/detrás y arriba/abajo; en un universo con tres dimensiones espaciales,
cualquier movimiento que emprenda es una combinación de movimientos a lo largo
de estas tres direcciones. Una forma equivalente de expresarlo es que en un universo
con tres dimensiones espaciales usted necesita exactamente tres elementos de
información para especificar una posición. En una ciudad, por ejemplo, usted
necesita dar la calle de un edificio, una calle transversal que fija la manzana
y un número de planta para especificar dónde va a dar una fiesta. Y si usted
quiere que la gente se presente con la comida aún caliente, también necesita
especificar un cuarto dato: un tiempo. Eso es lo que entendemos cuando decimos
que el espaciotiempo es tetradimensional.
Kaluza propuso que además de izquierda/derecha,
delante/detrás y arriba/abajo,el universo tiene en realidad una dimensión
espacial más que,por alguna razón, nadie ha visto aún. Si es correcto,
esto significaría que hay otra dirección independiente en la que pueden moverse
los objetos y, por lo tanto, que necesitamos dar cuatro elementos de
información para especificar un lugar exacto en el espacio, y un total de cinco
elementos de información si especificamos también un tiempo.
Muy bien; eso es lo que proponía el artículo que
Einstein recibió en abril de 1919. La pregunta es: ¿por qué Einstein no lo
tiró? Nosotros no vemos otra dimensión espacial, nunca nos encontramos
caminando sin rumbo porque una calle, otra calle transversal y un número de
planta sean insuficientes para especificar una dirección, de modo que ¿por qué
contemplar una idea tan extraña? Bien, he aquí por qué. Kaluza comprendió que
las ecuaciones de la teoría de la relatividad general de Einstein podían
extenderse fácilmente de forma matemática a un universo que tuviera una
dimensión espacial más.
Kaluza realizó esta extensión y encontró, de forma
bastante natural, que la versión de la relatividad general en dimensiones más
altas no sólo incluía las ecuaciones de la gravedad originales de Einstein sino
que, debido a la dimensión espacial extra, también tenía ecuaciones extras.
Cuando Kaluza estudió estas ecuaciones extras, descubrió algo extraordinario:
las ecuaciones extras no eran otras que las ecuaciones que Maxwell había
descubierto en el siglo XIX para describir el campo electromagnético. Al imaginar
un universo con una nueva dimensión espacial, Kaluza había propuesto una
solución a lo que Einstein veía como uno de los problemas más importantes de
toda la física. Kaluza había encontrado un marco que combinaba las
ecuaciones originales de Einstein de la relatividad general con las
ecuaciones de Maxwell del electromagnetismo. Por eso es por lo
que Einstein no tiró el artículo de Kaluza.
Intuitivamente, usted puede considerar así la
propuesta de Kaluza. En relatividad general, Einstein despertaba al espacio y
el tiempo. Cuando éstos se flexionaban y estiraban, Einstein se dio cuenta de
que había encontrado la encarnación geométrica de la fuerza gravitatoria. El
artículo de Kaluza sugería que el alcance geométrico del espacio y el tiempo
era aún mayor.
Mientras que Einstein se dio cuenta de que los
campos gravitatorios pueden describirse como deformaciones y rizos en las tres
dimensiones espaciales y una dimensión temporal habituales, Kaluza comprendió
que en un universo con una dimensión espacial adicional habría deformaciones y
rizos adicionales. Y estas deformaciones y rizos, demostraba su análisis,
serían las precisas para describir los campos electromagnéticos. En manos de
Kaluza, la aproximación geométrica del propio Einstein al universo se mostró suficientemente
poderosa para unir gravedad y electromagnetismo.
Por supuesto, seguía habiendo un problema. Aunque
las matemáticas funcionaban, no había evidencia, y sigue sin haberla, de
ninguna dimensión espacial además de las tres que todos conocemos. Así que el
descubrimiento de Kaluza ¿era una mera curiosidad, o era algo relevante para
nuestro universo? Kaluza tenía gran confianza en la teoría, por ejemplo, él
aprendió a nadar estudiando un tratado de natación y arrojándose luego al mar
, pero la idea de una dimensión espacial invisible,
por muy atractiva que fuera la teoría, aún sonaba escandalosa. Entonces, en
1926, el físico sueco Oscar Klein dio un nuevo giro a la idea de Kaluza, uno
que sugería dónde podría estar oculta la dimensión extra.
§. Las dimensiones ocultas
Para entender la idea de Klein, imaginemos a Philippe Petit [xxxv] caminando
por una cuerda tendida entre el monte Everest y Lhotse. Vista a una distancia
de muchos kilómetros, como en la figura 12.5, la cuerda parece ser un objeto
unidimensional como una línea, un objeto que sólo tiene extensión a lo largo de
su longitud. Si nos dijeran que un gusano minúsculo estaba deslizándose por la
cuerda por delante de Philippe, le animaríamos a gritos porque tendría que ir
siempre por delante de los pasos de Philippe para evitar el desastre. Por
supuesto, tras un momento de reflexión todos nos damos cuenta de que hay más en
la superficie de la cuerda que la dimensión izquierda/derecha que podemos
percibir directamente. Aunque difícil de ver a simple vista desde una gran
distancia, la superficie de la cuerda tiene una segunda dimensión: la dimensión
a favor/en contra de las agujas del reloj que está «enrollada» a su alrededor.
Con la ayuda de un telescopio modesto, esta dimensión circular se hace visible
y vemos que el gusano puede moverse no sólo a lo largo de la dirección izquierda/derecha,
sino también en la corta dirección «enrollada» a favor/en contra de las agujas
del reloj. Es decir, en cada punto de la cuerda el gusano puede moverse en dos
direcciones independientes (eso es lo que queremos decir cuando decimos que la
superficie de la cuerda es bidimensional, [xxxvi] de modo
que puede ponerse a salvo del pisotón de Philippe o bien deslizándose por
delante de él, como imaginábamos inicialmente, o arrestándose alrededor de la
minúscula dimensión circular y dejando que Philippe pase por encima.
Figura 12.5. A distancia, un cable parece unidimensional, aunque con un
telescopio suficientemente potente se hace visible su segunda dimensión
enrollada.
La cuerda ilustra que las dimensiones, las
direcciones independientes en las que algo puede moverse, vienen en dos
variedades cualitativamente distintas. Pueden ser grandes y fáciles de ver,
como la dimensión izquierda/derecha de la superficie de la cuerda, o pueden ser
minúsculas y más difíciles de ver, como la dirección a favor/en contra de las
agujas del reloj que circula alrededor de la superficie de la cuerda. En este
ejemplo, no era un reto importante ver el pequeño tamaño circular de la
superficie de la cuerda. Todo lo que necesitábamos era un instrumento que diera
un aumento razonable. Pero como usted puede imaginar, cuanto más pequeña es una
dimensión enrollada, más difícil es detectarla. A una distancia de algunos
kilómetros una cosa es revelar la dimensión circular de la superficie de una
cuerda, pero sería otra completamente diferente revelar la dimensión circular
de algo tan fino como un hilo dental o una estrecha fibra nerviosa.
La contribución de Klein consistió en sugerir que
lo que es cierto para un objeto dentro del universo podría ser cierto para el
tejido del propio universo.
A saber, de la misma forma que la superficie de una
cuerda tiene dimensiones grandes y pequeñas, también las tiene el tejido del
espacio. Quizá las tres dimensiones que todos conocemos, izquierda/derecha,
delante/detrás y arriba/abajo, son, como la extensión horizontal de la cuerda,
dimensiones de la variedad grande y fácil de ver. Pero de la misma forma que la
superficie de la cuerda tiene una dimensión adicional, pequeña, enrollada y
circular, quizá el tejido del espacio tiene también una dimensión pequeña,
enrollada y circular, una dimensión tan pequeña que nadie tiene un aparato
amplificador suficientemente potente para revelar su existencia. Debido a su
minúsculo tamaño, argumentaba Klein, la dimensión estaría oculta.
¿Cuán pequeña es pequeña? Bien, incorporando
ciertas características de la mecánica cuántica en la propuesta original de
Kaluza, el análisis matemático de Klein revelaba que el radio de una dimensión
espacial circular extra sería aproximadamente la longitud de Planck [175] ciertamente demasiado pequeña para ser accesible experimentalmente
(los aparatos actuales no pueden resolver nada más pequeño que aproximadamente
una milésima del tamaño de un núcleo atómico, lo que queda muy lejos de la
longitud de Planck en un factor de mil billones). Pese a todo, para un
imaginario gusano del tamaño de Planck, esta dimensión minúscula, enrollada y
circular ofrecería una nueva dirección en la que podría deambular tan
libremente como un gusano ordinario recorre la dimensión circular de la cuerda
en la figura 12.5. Por supuesto, de la misma forma que un gusano ordinario
encuentra que no hay mucho lugar para explorar en la dirección de las agujas
del reloj antes de que se encuentre de nuevo en su punto de partida, un gusano
de tamaño de Planck que se arrastra a lo largo de una dimensión del espacio
enrollada también volvería repetidamente a su punto de partida.
Pero aparte de la longitud del viaje que
permitiera, una dimensión enrollada proporcionaría una dirección en la que el
gusano minúsculo podría moverse con tanta facilidad como lo hace en las tres
dimensiones desplegadas familiares.
Para hacerse una idea intuitiva de cómo es esto,
note que lo que hemos estado citando como la dimensión enrollada de una cuerda,
la dirección a favor/en contra de las agujas del reloj, existe en cada punto a
lo largo de su dimensión extendida. El gusano puede arrastrarse alrededor de la
cuerda en cualquier punto a lo largo de su longitud estirada, y por eso la
superficie de la cuerda puede describirse como algo que tiene una dimensión
larga con una dirección minúscula y circular cosida en cada punto, como la
figura 12.6. Ésta es una imagen útil para tener en mente porque también se
aplica a la propuesta de Klein para ocultar la dimensión del espacio extra de
Kaluza.
Para verlo, examinemos de nuevo el tejido del
espacio mostrando secuencialmente su estructura en escalas de distancia cada
vez más pequeñas, como en la figura 12.7. En los primeros niveles de aumento,
nada nuevo se revela: el tejido del espacio sigue pareciendo tridimensional (lo
que, como es habitual, representamos esquemáticamente en la página impresa por
una malla bidimensional). Sin embargo, cuando descendemos a la escala de
Planck, el máximo nivel de ampliación en la figura, Klein sugería que una nueva
dimensión enrollada se hacía visible. De la misma forma que la dimensión
circular de la cuerda existe en cada punto a lo largo de su dimensión grande y
extendida, la dimensión circular en esta propuesta existe en cada punto de las
tres dimensiones familiares extendidas de la vida diaria.
En la figura 12.7 ilustramos esto dibujando la
dimensión circular adicional en varios puntos a lo largo de las dimensiones
extendidas (puesto que dibujar el círculo en cada punto oscurecería la imagen)
y usted puede ver inmediatamente la similitud con la cuerda de la figura 12.6.
Por lo tanto, en la propuesta de Klein el espacio debería concebirse como algo
que tiene tres dimensiones desplegadas (de las que sólo mostramos dos en la
figura) con una dimensión circular adicional cosida en cada punto. Note que la
dimensión extra no es un bache o un lazo dentro de las tres dimensiones
espaciales habituales, como podrían llevarle a pensar las limitaciones gráficas
de la figura.
Figura 12.6. La superficie de una cuerda tiene una dimensión larga con una
dimensión circular cosida en cada punto.
En su lugar, la dimensión extra es una nueva
dirección, completamente distinta de las tres que conocemos, que existe en cada
punto en nuestro espacio tridimensional ordinario, pero es tan pequeña que
escapa a la detección incluso con nuestros instrumentos más sofisticados.
Figura 12.7. La propuesta de Kaluza-Klein consiste en que en escalas muy
pequeñas el espacio tiene una dimensión circular extra cosida en cada punto
familiar.
Con esta modificación de la idea original de
Kaluza, Klein ofrecía una respuesta a la pregunta de cómo podría tener el
universo más de las tres dimensiones espaciales de la experiencia común y
quedar ocultas, un marco que desde entonces se ha conocido como teoría
de Kaluza-Klein, y puesto que una dimensión espacial extra era todo lo
que Kaluza necesitaba para fusionar la relatividad general y el
electromagnetismo, la teoría de Kaluza-Klein parecería ser lo que Einstein
estaba buscando. De hecho, Einstein y muchos otros se emocionaron con la
posibilidad de una unificación a través de una nueva dimensión espacial oculta,
y se puso en marcha un gran esfuerzo para ver si esta unificación funcionaría
en todos los detalles. Pero no pasó mucho tiempo antes de que la teoría de
Kaluza-Klein tropezara con sus propios problemas. Quizá el más manifiesto era
que todos los intentos por incorporar el electrón en la representación
extradimensional se mostraron intratables. [176] Einstein siguió haciendo incursiones en el marco de Kaluza-Klein
hasta finales de la década de 1940, pero la promesa inicial de la aproximación
no pudo materializarse, y el interés desapareció poco a poco.
En pocas décadas, sin embargo, la teoría de
Kaluza-Klein haría una reaparición espectacular.
§. La teoría de cuerdas y las dimensiones ocultas
Además de las dificultades que encontró la teoría de Kaluza-Klein al tratar de
describir el micromundo, había otra razón por la que los científicos se
mostraban indecisos ante esta aproximación. Muchos encontraban arbitrario y
extravagante postular una dimensión espacial oculta. Kaluza no había llegado a
la idea de una nueva dimensión espacial a través de una cadena rígida de
razonamiento deductivo. Más bien, él se sacó la idea del sombrero y al analizar
sus implicaciones descubrió un vínculo inesperado entre la relatividad general
y el electromagnetismo. Así, aunque era un gran descubrimiento por sí mismo,
carecía del sentido de inevitabilidad. Si usted preguntara a Kaluza y a Klein
por qué el universo tenía cinco dimensiones espaciales en lugar de cuatro, o
seis, o siete, o siete mil para el caso, ellos no hubieran tenido una respuesta
mucho más convincente que «¿por qué no?».
Más de tres décadas después, la situación cambió
radicalmente. La teoría de cuerdas es la primera aproximación para fusionar la
relatividad general y la mecánica cuántica; además, tiene el potencial para
unificar nuestra comprensión de todas las fuerzas y toda la materia. Pero las
ecuaciones mecanocuánticas de la teoría de cuerdas no funcionan en cuatro
dimensiones espaciotemporales, ni en cinco, seis, siete o siete mil. En su
lugar, por razones discutidas en la próxima sección, las ecuaciones de la teoría
de cuerdas funcionan solamente en diez dimensiones espaciotemporales, nueve de
espacio más una de tiempo. La teoría de cuerdas exige más
dimensiones.
Éste es un resultado de un tipo fundamentalmente
diferente, uno nunca antes encontrado en la historia de la física. Antes de las cuerdas, ninguna teoría decía nada
sobre el número de dimensiones espaciales en el universo.
Cada teoría desde Newton hasta Einstein, pasando
por Maxwell, suponía que el universo tenía tres dimensiones espaciales, igual
que todos nosotros suponemos que el Sol saldrá mañana. Kaluza y Klein
presentaron un desafío sugiriendo que había cuatro dimensiones espaciales, pero
esto equivalía a otra hipótesis, una hipótesis diferente, pero una hipótesis en
cualquier caso, .
Ahora, por primera vez, la teoría de cuerdas
proporcionaba ecuaciones que predecían el número de
dimensiones espaciales. Un cálculo, no una hipótesis, no una conjetura
inspirada, determina el número de dimensiones espaciales según la teoría de
cuerdas, y lo sorprendente es que el número calculado no es tres, sino nueve.
La teoría de cuerdas nos lleva, inevitablemente, a un universo con seis
dimensiones espaciales extra y con ello proporciona un contexto convincente y
listo para apelar a las ideas de Kaluza y Klein.
La propuesta original de Kaluza y Klein suponía
sólo una dimensión oculta, pero es fácilmente generalizable a dos, tres, o
incluso las seis dimensiones extras requeridas por la teoría de cuerdas. Por
ejemplo, en la figura 12.8a reemplazamos la dimensión circular adicional de la
figura 12.7, una forma unidimensional, por la superficie de una esfera, una
forma bidimensional (recuerde de la discusión del capítulo 8 que la superficie
de una esfera es bidimensional porque usted necesita dos elementos de información,
como la latitud y la longitud en la superficie de la Tierra, para especificar
una posición). Como sucede con el círculo, usted debería imaginar la esfera
cosida en cada punto de las dimensiones habituales, incluso si en la figura
12.8a, para mantener la imagen nítida, dibujamos sólo aquellas que yacen en las
intersecciones de las líneas de la malla. En un universo de este tipo, usted
necesitaría un total de cinco elementos de información para ubicar una
posición en el espacio: tres elementos para ubicar
su posición en las dimensiones grandes (calle, calle transversal, número de
planta) y dos elementos para ubicar su posición en la esfera (latitud,
longitud) cosida en ese punto. Ciertamente, si el radio de la esfera fuera
minúsculo, miles de millones de veces menor que un átomo, los dos últimos
elementos de información no importarían mucho para seres relativamente grandes
como nosotros. No obstante, la dimensión extra sería una parte integrante de la
constitución ultramicroscópica del tejido espacial. Un gusano ultramicroscópico
necesitaría los cinco elementos de información y, si incluimos el tiempo,
necesitaría seis elementos de información para llegar a la fiesta correcta en
el momento correcto.
Figura 12.8. Un primer plano de un universo con las tres dimensiones
normales, representadas por la malla, y (a) dos dimensiones enrolladas en forma
de esferas huecas, y (b) tres dimensiones enrolladas en forma de bolas sólidas.
Pasemos a una dimensión más. En la figura 12.8a
considerábamos sólo la superficie de las esferas. Imagine ahora que, como en la
figura 12.8b, el tejido del espacio incluye también el interior de las esferas,
nuestro pequeño gusano de tamaño de Planck puede taladrar la esfera, como hacen
los gusanos ordinarios con las manzanas, y moverse libremente por su interior,
.
Especificar la posición del gusano requeriría ahora
seis elementos de información: tres para situar su posición en las dimensiones
espaciales extendidas habituales, y tres más para situar su posición en la bola
cosida en ese punto (latitud, longitud, profundidad de penetración). Sumando el
tiempo, éste es así un ejemplo de un universo con siete dimensiones
espaciotemporales.
Ahora llega un salto. Aunque es imposible de
dibujar, imagine que en cada punto en las tres dimensiones extendidas de la
vida cotidiana el universo tiene no una dimensión extra como en la figura 12.7,
no dos dimensiones extras como en la figura 12.8a, no tres dimensiones extras
como en la figura 12.8b, sino seis dimensiones espaciales extras. Por supuesto,
yo no puedo visualizarlo y nunca he conocido a nadie que pueda hacerlo. Pero su
significado es claro. Especificar la localización espacial de un gusano de
tamaño de Planck en dicho universo requiere nueve elementos de información:
tres para ubicar su posición en las dimensiones extendidas habituales y seis
más para ubicar su posición en las dimensiones enrolladas cosidas en ese punto.
Cuando se tiene en cuenta también al tiempo, éste es un universo de diez
dimensiones espaciotemporales, como el que requieren las ecuaciones de la
teoría de cuerdas. Si las seis dimensiones extras están suficientemente
enrolladas, escaparían fácilmente a la detección.
§. La forma de las dimensiones ocultas
Las ecuaciones de la teoría de cuerdas determinan en realidad más que sólo el
número de dimensiones espaciales. También determinan los tipos de formas que
pueden adoptar las dimensiones extra. [177] En las figuras anteriores nos centrábamos en las formas más
simples, círculos, esferas huecas, bolas sólidas, pero las ecuaciones de la
teoría de cuerdas escogen una clase significativamente más complicada de formas
hexadimensionales conocidas como formas de Calabi-Yau o espacios de Calabi-Yau.
Estas formas reciben el nombre de dos matemáticos, Eugenio Calabi y Shing-Tung
Yau, que las descubrieron matemáticamente mucho antes de que se entendiera su
relevancia para la teoría de cuerdas; una ilustración aproximada de un ejemplo
se da en la figura 12.9a. Tenga en cuenta que en esta figura un gráfico
bidimensional ilustra un objeto hexadimensional, y esto produce una variedad de
distorsiones importantes. Incluso así, la imagen da una vaga idea de cómo son
estas formas. Si la forma de Calabi-Yau particular de la figura 12.9a
constituyera las seis dimensiones extras de la teoría de cuerdas, en escalas
ultramicroscópicas el espacio tendría la forma que se ilustra en la figura
12.9b. Puesto que la forma de Calabi-Yau estaría cosida en cada punto en las
tres dimensiones habituales, usted y yo y cualquier otro estaríamos ahora
rodeados y llenos de estas pequeñas formas. Literalmente, cuando usted caminara
de un lugar a otro, su cuerpo atravesaría las nueve dimensiones,
circunnavegando rápida y repetidamente la forma completa, lo que en promedio
haría que pasase desapercibido que usted estaba atravesando las seis
dimensiones extras.
Figura 12.9. (a) Un ejemplo de una forma de Calabi-Yau. (b) Una porción muy
amplificada del espacio con dimensiones adicionales en forma de una minúscula
forma de Calabi-Yau.
Si estas ideas son correctas, el tejido
ultramicroscópica del universo está bordado con la más rica de las texturas.
§. Física de cuerdas y dimensiones extras
La belleza de la relatividad general reside en que la física de la gravedad
está controlada por la geometría del espacio. Con las dimensiones espaciales
extras propuestas por la teoría de cuerdas, usted conjeturaría naturalmente que
el poder de la geometría para determinar la física aumentaba sustancialmente.
Y lo hace. Veamos esto primero asumiendo una
pregunta que hasta ahora he pasado por alto. ¿Por qué la teoría de cuerdas
requiere diez dimensiones espaciotemporales? Ésta es una pregunta difícil de
responder sin matemáticas, pero déjeme explicar lo suficiente para ilustrar
cómo se reduce a un intercambio entre geometría y física.
Imagine una cuerda que está obligada a vibrar sólo
en la superficie bidimensional en un tablero de mesa plano. La cuerda podrá
ejecutar varias pautas vibracionales, pero sólo aquellas que impliquen
movimiento en las dirección izquierda/derecha y delante/detrás de la superficie
de la mesa. Si entonces se libera la cuerda para que vibre en la tercera
dimensión, con movimiento en la dimensión arriba/abajo que se sale de la
superficie de la mesa, se harán accesibles pautas vibracionales adicionales.
Ahora, aunque es difícil representarla en más de tres dimensiones, esta
conclusión, que más dimensiones significa más pautas vibracionales, es general.
Si una cuerda puede vibrar en una cuarta dimensión espacial, puede ejecutar más
pautas vibracionales que las que podría ejecutar en sólo tres; si una cuerda
puede vibrar en una quinta dimensión espacial, puede ejecutar más pautas
vibracionales de lo que podría hacer en sólo cuatro, y así sucesivamente. Ésta
es una idea importante, porque hay una ecuación en la teoría de cuerdas que
exige que el número de pautas vibracionales independientes satisfaga una
ligadura precisa. Si se viola la ligadura, las matemáticas de la teoría de
cuerdas fallan y sus ecuaciones se quedan sin significado. En un universo con
tres dimensiones espaciales el número de pautas vibracionales es demasiado
pequeño y la ligadura no se satisface; con cuatro dimensiones espaciales, el
número de pautas vibracionales sigue siendo demasiado pequeño; con cinco, seis,
siete u ocho dimensiones sigue siendo demasiado pequeño; pero con nueve
dimensiones espaciales, la ligadura sobre el número de pautas vibracionales
queda perfectamente satisfecha. Y así es cómo la teoría de cuerdas determina el
número de dimensiones espaciales [178] ,[xxxvii], [179]
Aunque esto ilustra bien el juego entre geometría y
física, su asociación dentro de la teoría de cuerdas va más lejos, y de hecho,
ofrece una manera de abordar un problema crítico que encontramos antes.
Recordemos que al tratar de establecer un contacto detallado entre las pautas
vibracionales de cuerdas y los tipos de partículas conocidas, los físicos
tropezaron con problemas.
Encontraron que había demasiadas pautas
vibracionales de cuerdas sin masa y, además, las propiedades detalladas de las
pautas vibracionales no encajaban con las de la materia y las fuerzas
conocidas. Pero lo que yo no mencioné antes, porque todavía no habíamos
discutido la idea de dimensiones extras, es que aunque estos cálculos daban
cuenta del número de dimensiones extras (lo que explica en parte, por qué se
encontraban tantas pautas vibracionales extras), no tenían en cuenta el pequeño
tamaño y la forma compleja de las dimensiones extras, suponían que todas las
dimensiones eran planas y totalmente desplegadas, y eso supone una diferencia
sustancial.
Las cuerdas son tan pequeñas que incluso cuando las
dimensiones extras están estrujadas en una forma de Calabi-Yau, las cuerdas
siguen vibrando en dichas direcciones. Esto es extraordinariamente importante
por dos razones.
En primer lugar, asegura que las cuerdas vibran
siempre en las nueve dimensiones espaciales, y con ello la ligadura sobre el
número de pautas vibracionales sigue satisfaciéndose, incluso cuando las
dimensiones extras están apretadamente estrujadas. En segundo lugar, de la
misma forma que las pautas vibracionales de las corrientes de aire sopladas a
través de una tuba están afectadas por las curvas y vueltas del instrumento,
las pautas vibracionales de las cuerdas están influidas por las curvas y
vueltas en la geometría de las seis dimensiones extras. Si usted cambiara la
forma de una tuba haciendo un pasaje más estrecho o haciendo un pabellón más
largo, las pautas vibracionales del aire, y con ello el sonido del instrumento,
cambiarían. Análogamente, si la forma y el tamaño de las dimensiones extras
fueran modificados, las propiedades precisas de cada pauta vibracional posible
de una cuerda también serían significativamente afectadas. Y puesto que la
pauta vibracional de una cuerda determina su masa y su carga, esto significa
que las dimensiones extras desempeñan un papel central en la determinación de
las propiedades de las partículas.
Ésta es una idea clave. El tamaño y forma
precisos de las dimensiones extras tienen un profundo impacto en las
pautas vibracionales de cuerdas, y con ello en las propiedades de las
partículas. Puesto que la estructura básica del universo, desde la
formación de galaxias y estrellas a la existencia de vida tal como la
conocemos, depende sensiblemente de las propiedades de las partículas, el
código del cosmos puede muy bien estar escrito en la geometría de una forma de
Calabi-Yau.
Vimos un ejemplo de una forma de Calabi-Yau en la
figura 12.9, pero hay al menos centenares de miles de otras posibilidades. La
pregunta, entonces, es qué forma de Calabi-Yau, si existe, constituye la parte
extradimensional del tejido del espaciotiempo. Ésta es una de las preguntas más
importantes a las que se enfrenta la teoría de cuerdas, puesto que sólo con una
elección definida de la forma de Calabi-Yau se determinan las características
detalladas de las pautas vibracionales de cuerdas. Hasta la fecha la pregunta
sigue sin respuesta. La razón es que la comprensión actual de las ecuaciones de
la teoría de cuerdas no ofrece ninguna idea de cómo escoger una forma entre las
muchas posibles; desde el punto de vista de las ecuaciones conocidas, cada
forma de Calabi-Yau es tan válida como cualquier otra. Las ecuaciones ni
siquiera determinan el tamaño de las dimensiones extras. Puesto que no vemos
las dimensiones extras, éstas deben de ser pequeñas, pero cuán pequeñas
exactamente sigue siendo una cuestión abierta.
¿Es esto un defecto fatal de la teoría de cuerdas?
Es posible. Pero yo no lo creo. Como discutiremos más en detalle en el próximo
capítulo, las ecuaciones exactas de la teoría de cuerdas han esquivado a los
teóricos durante muchos años, y por eso buena parte del trabajo ha utilizado
ecuaciones aproximadas. Éstas han suministrado ideas sobre muchas
características de la teoría de cuerdas, pero para ciertas cuestiones,
incluyendo la forma y el tamaño exactos de las dimensiones extras, las
ecuaciones aproximadas se quedan cortas. A medida que seguimos afinando nuestro
análisis matemático y mejoramos estas ecuaciones aproximadas, determinar la
forma de las dimensiones extras es un objetivo primario, y en mi opinión
alcanzable. Hasta ahora, este objetivo sigue estando más allá de nuestro
alcance.
No obstante, aún podemos preguntar si cualquier
elección de una forma de Calabi-Yau da pautas vibracionales de cuerdas que se
aproximen estrechamente a las partículas conocidas. Y aquí la respuesta es
bastante satisfactoria.
Aunque estamos lejos de haber investigado todas las
posibilidades, se han encontrado ejemplos de formas de Calabi-Yau que dan lugar
a pautas vibracionales de cuerdas en acuerdo aproximado con las tablas 12.1 y
12.2.
Por ejemplo, a mediados de la década de 1980 Philip
Candelas, Gary Horowitz, Andrew Strominger y Edward Witten (el equipo de
físicos que advirtió la relevancia de las formas de Calabi-Yau para la teoría
de cuerdas) descubrieron que cada agujero, el término se utiliza en un sentido
matemático definido de forma precisa, contenido dentro de una forma de
Calabi-Yau da lugar a una familia de pautas vibracionales de
cuerdas de energía mínima. Una forma de Calabi-Yau con tres agujeros
proporcionaría así una explicación para la estructura repetitiva de tres
familias de partículas elementales en la tabla 12.1. De hecho, se han
encontrado varias formas de Calabi-Yau con tres agujeros. Además, entre estas
formas de Calabi-Yau preferidas hay unas que también dan el número correcto de
partículas mensajeras así como las cargas eléctricas y las propiedades de las
fuerzas nucleares correctas para encajar las partículas de las tablas 12.1 y
12.2.
Éste es un resultado extraordinariamente alentador;
en modo alguno estaba asegurado. Al fusionar la relatividad general y la
mecánica cuántica, la teoría de cuerdas podría haber alcanzado un objetivo sólo
para encontrar que era imposible acercarse al otro objetivo igualmente
importante de explicar las propiedades de las partículas de materia y de fuerza
conocidas. Los investigadores se alegran de que la teoría haya evitado esta
desagradable posibilidad. Ir más lejos y calcular las masas exactas de las partículas
es mucho más desafiante. Como discutimos, las partículas en las tablas 12.1 y
12.2 tienen masas que se desvían de las vibraciones de cuerdas de energía
mínima, cero veces la masa de Planck, en menos de una parte en mil billones.
Calcular tales desviaciones infinitesimales requiere un nivel de precisión más
allá de lo que podemos conseguir con nuestra comprensión actual de las
ecuaciones de la teoría de cuerdas.
En la práctica, sospecho, como hacen muchos otros
teóricos de cuerdas, que las masas minúsculas en las tablas 12.1 y 12.2
aparecen en teoría de cuerdas de forma similar a como lo hacen en el modelo
estándar. Recordemos del capítulo 9 que en el modelo estándar un campo de Higgs
toma un valor no nulo en todo el espacio, y la masa de una partícula depende de
cuánta fuerza de fricción experimente cuando se mueve a través del océano de
Higgs. Un escenario similar aparece probablemente en la teoría de cuerdas. Si
todo un enorme conjunto de cuerdas vibra de la manera coordinada correcta en
todo el espacio, puede ofrecer un fondo uniforme que para cualquier propósito
sería indistinguible de un océano de Higgs. Las vibraciones de cuerdas que
inicialmente daban masa cero adquirirían entonces minúsculas masas no nulas
gracias a la fuerza de fricción que experimentan cuando se mueven y vibran a
través de la versión del océano de Higgs en teoría de cuerdas.
Nótese, no obstante, que en el modelo estándar la
fuerza de fricción experimentada por una partícula dada, y con ello la masa que
adquiere, está determinada por medida experimental y especificada como un dato
de entrada para la teoría. En la versión de teoría de cuerdas, la fuerza de
fricción, y con ello las masas de las pautas vibracionales, se remontaría a las
interacciones entre cuerdas (puesto que el océano de Higgs estaría hecho de
cuerdas) y debería ser calculable. La teoría de cuerdas, al menos en principio,
permite que todas las propiedades de las partículas sean determinadas por la
propia teoría.
Nadie lo ha conseguido, pero, como se ha subrayado,
la teoría de cuerdas sigue siendo un trabajo en curso. Con tiempo, los
investigadores confían en entender por completo el enorme potencial de esta
aproximación a la unificación. La motivación es fuerte porque la recompensa
potencial es grande. Con trabajo duro y bastante suerte la teoría de cuerdas
puede explicar algún día las propiedades de las partículas fundamentales y, a
su vez, explicar por qué el universo es como es.
El tejido del cosmos según la teoría de cuerdas
Incluso si buena parte de la teoría de cuerdas está aún más allá de los límites
de nuestra comprensión, ya ha mostrado nuevas vistas espectaculares. Y lo más
sorprendente, al salvar el abismo entre relatividad general y mecánica
cuántica, la teoría de cuerdas ha revelado que el tejido del cosmos puede tener
muchas más dimensiones que las que percibimos directamente, dimensiones que
pueden ser la clave para resolver algunos de los más profundos misterios del
universo. Además, la teoría sugiere que las nociones familiares de espacio y
tiempo no se extienden al reino subplanckiano, lo que sugiere que el espacio y
el tiempo tal como los entendemos actualmente pueden ser meras aproximaciones a
conceptos más fundamentales que aún esperan a que los descubramos.
En los instantes iniciales del universo, estas
características del tejido del espaciotiempo que, hoy, sólo pueden ser
accesibles matemáticamente, habrían sido manifiestas. Al principio, cuando las
tres dimensiones espaciales familiares eran también pequeñas, hubiera habido
poca o ninguna diferencia entre las que ahora llamamos dimensiones grandes y
dimensiones enrolladas de la teoría de cuerdas. Su disparidad de tamaño actual
sería debida a la evolución cosmológica que, de una forma que todavía no entendemos,
habría escogido tres de las dimensiones espaciales como especiales, y sometido
sólo a ellas a los 14.000 millones de años de expansión discutidos en capítulos
anteriores. Mirando aún más atrás en el tiempo, todo el universo observable
estaría contraído en el dominio subplanckiano, de modo que lo que hemos estado
llamando la región borrosa (en la figura 10.6) puede ahora identificarse como
el reino donde el espacio y el tiempo familiares tienen aún que emerger a
partir de las entidades más fundamentales, cualesquiera que puedan ser, que la
investigación actual se esfuerza por entender.
Un progreso adicional en la comprensión del
universo primordial, y con ello en la valoración del origen del espacio, el
tiempo y la flecha del tiempo, requiere una buena puesta a punto de las
herramientas teóricas que utilizamos para entender la teoría de cuerdas, un
objetivo que, no hace demasiado tiempo, parecía noble pero distante. Como
veremos ahora, con el desarrollo de la teoría M, el progreso ha superado muchas
de las predicciones optimistas de incluso los más optimistas.
Parte V
Realidad e imaginación
Capítulo 13
El universo en una brana
Especulaciones sobre el espacio y el tiempo en la teoría M
Contenido:
§. La segunda revolución de las supercuerdas
§. El poder de la traducción
§. Once dimensiones
§. Branas
§. Mundobrana
§. Branas adhesivas y cuerdas vibrantes
§. Nuestro universo como una brana
§. La gravedad y las dimensiones extras, grandes
§. Dimensiones extras, grandes y cuerdas grandes
§. ¿Resiste frente al experimento la teoría de cuerdas?
§. Cosmología de mundobranas
§. Cosmología cíclica
§. Una breve valoración
§. Nuevas visiones del espaciotiempo
La teoría de cuerdas tiene una de las historias más
retorcidas de cualquier avance científico importante. Incluso hoy, más de tres
décadas después de su articulación inicial, la mayoría de los que trabajan en
la teoría creen que aún no tenemos una respuesta general para la pregunta
elemental: ¿qué es la teoría de cuerdas? Sabemos bastante sobre teoría
de cuerdas. Conocemos sus características básicas, conocemos sus éxitos clave,
conocemos lo que promete y conocemos los desafíos a los que se enfrenta; también
podemos utilizar las ecuaciones de la teoría de cuerdas para hacer cálculos
detallados de cómo se comportarían las cuerdas e interaccionarían en un amplio
abanico de circunstancias. Pero la mayoría de los investigadores tienen la
sensación de que nuestra formulación actual de la teoría de cuerdas carece aún
del tipo de principio nuclear que encontramos en el corazón de otros avances
importantes. La relatividad especial tiene la constancia de la velocidad de la
luz. La relatividad general tiene el principio de equivalencia. La mecánica
cuántica tiene el principio de incertidumbre. Los teóricos de cuerdas siguen
buscando un principio semejante que capture de la misma forma la esencia de la
teoría.
En gran medida, esta deficiencia existe porque la
teoría de cuerdas se desarrolló por partes en lugar de emerger de una gran
visión global. El objetivo de la teoría de cuerdas, la
unificación de todas las fuerzas y toda la materia en un marco mecanocuántico,
es tan grande como suena, pero la evolución de la teoría ha estado claramente
fragmentada.
Tras su descubrimiento casual hace más de tres
décadas, la teoría de cuerdas se ha ido pavimentando a medida que un grupo de
teóricos descubría propiedades clave estudiando unas ecuaciones,
mientras que otro grupo revelaba implicaciones críticas examinando otras.
Los teóricos de cuerdas pueden asemejarse a una
tribu primitiva excavando una nave espacial enterrada con la que se han
encontrado.
Tanteando y jugueteando, la tribu descubriría
lentamente aspectos del funcionamiento de la nave espacial, y esto alimentaría
una sensación de que todos los botones trabajan conjuntamente de una manera
coordinada y unificada. Una sensación similar domina entre los teóricos de
cuerdas.
Resultados encontrados a lo largo de muchos años de
investigación están encajando y convergiendo. Esto ha infundido una confianza
creciente entre los investigadores en que la teoría de cuerdas se está
acercando a un marco coherente y poderoso, que aún tiene que ser completamente
desenterrado, pero que en definitiva expondrá el funcionamiento interno de la
Naturaleza con una claridad y generalidad sin precedentes.
En tiempos recientes, nada ilustra esto mejor que
la idea que prendió la mecha de la segunda revolución de las
supercuerdas, una revolución que, entre otras cosas, mostró otra
dimensión oculta entrelazada en el tejido espacial, abrió nuevas posibilidades
para test experimentales de la teoría de cuerdas, sugirió que nuestro universo
puede ser uno entre otros, reveló que los agujeros negros pueden ser creados en
la próxima generación de aceleradores de alta energía y llevó a nueva teoría
cosmológica en la que el tiempo y su flecha, como el esbelto arco de los
anillos de Saturno, puede dar vueltas una y otra vez.
§. La segunda revolución de las supercuerdas
Hay un detalle incómodo en relación con la teoría de cuerdas que aún tengo que
exponer, pero que los lectores de mi libro anterior, El universo
elegante, quizá recuerden. Durante las tres últimas décadas se han
desarrollado no una, sino cinco versiones distintas de la
teoría de cuerdas. Aunque sus nombres no son de interés ahora, se
denominan Tipo 1, Tipo HA, Tipo IIB, Heterótica-0 y Heterótica-E. Todas
comparten las características esenciales introducidas en el último capítulo,
los ingredientes básicos son hebras de energía vibrante,
y, como revelaron cálculos en las décadas de 1970 y
1980, cada teoría requiere seis dimensiones espaciales extras; pero cuando se
analizan en detalle, aparecen diferencias importantes. Por ejemplo, la teoría
Tipo I incluye los lazos de cuerda vibrantes discutidos en el último capítulo,
denominados cuerdas cerradas, pero a diferencia de las otras
teorías de cuerdas, también contiene cuerdas abiertas, trozos
de cuerdas vibrantes que tienen dos cabos sueltos. Además, los cálculos
muestran que la lista de pautas vibracionales de cuerdas y la forma en que cada
pauta interacciona con las demás difiere de una formulación a otra.
Los más optimistas de entre los teóricos de cuerdas
imaginaban que estas diferencias servirían para eliminar cuatro de las cinco
versiones cuando algún día pudiera llevarse a cabo una comparación detallada
con los datos experimentales. Pero, francamente, la mera existencia de cinco
formulaciones diferentes de la teoría de cuerdas era una fuente de
insatisfacción callada. El sueño de la unificación es un sueño en el que los
científicos son llevados a una única teoría del universo. Si la investigación
estableciera que sólo un marco teórico podía englobar a la vez a la mecánica
cuántica y la relatividad general, los teóricos alcanzarían el nirvana de la
unificación. Tendrían un fuerte argumento a favor de la validez del marco
incluso en ausencia de verificación experimental directa. Después de todo, ya
existe una riqueza de soporte experimental para la mecánica cuántica y la
relatividad general, y parece claro como el día que las leyes que gobiernan el
universo deberían ser mutuamente compatibles. Si una teoría particular fuera el
único arco matemáticamente consistente entre los dos pilares experimentalmente
confirmados de la física del siglo XX, eso proporcionaría una prueba poderosa,
aunque indirecta, de la inevitabilidad de la teoría.
Pero el hecho de que haya cinco versiones de la
teoría de cuerdas, similares en la superficie pero distintas en detalle,
parecería querer decir que la teoría de cuerdas no pasa el test de unicidad.
Incluso si los optimistas quedan reivindicados algún día y sólo una de las
cinco teorías de cuerdas es confirmada experimentalmente, seguiríamos
intrigados por la cuestión de por qué hay otras cuatro formulaciones
consistentes. ¿Serían las otras cuatro simples curiosidades matemáticas?
¿Tendrían alguna importancia para el mundo físico? ¿Podría ser su existencia la
punta de un iceberg teórico en el que científicos más ingeniosos mostraran
posteriormente que hay realmente otras cinco versiones, o seis, o siete, o
quizá incluso un número inagotable de variaciones matemáticas diferentes sobre
un tema de cuerdas?
Durante finales de la década de 1980 y principios
de la de 1990, cuando muchos físicos perseguían tenazmente una comprensión de
una u otra de las teorías de cuerdas, el enigma de las cinco versiones no era
un problema que los investigadores tratasen normalmente en el día a día. Más
bien, era una de esas preguntas calladas que todos suponían que sería abordada
en un futuro lejano, cuando la comprensión de cada teoría de cuerdas individual
se hubiese hecho significativamente más refinada.
Pero en la primavera de 1995, con poca advertencia,
estas modestas esperanzas fueron superadas con creces. Basándose en el trabajo
de varios teóricos de cuerdas (entre los que se incluyen Chris Hull, Paul
Townsend, Ashoke Send, Michael Duff, John Schwarz, y muchos otros), Edward
Witten, quien durante dos décadas ha sido el más renombrado teórico de cuerdas
del mundo, descubrió una unidad oculta que unía las cinco teorías de cuerdas.
Witten demostró que más que ser distintas, las cinco teorías son en realidad
tan sólo cinco maneras diferentes de analizar matemáticamente una sola teoría.
De la misma forma que las traducciones de un libro en cinco lenguas diferentes
podrían parecer, para un lector monolingüe, ser cinco textos distintos, las
cinco formulaciones de cuerdas parecían distintas sólo porque Witten tenía que
escribir aún el diccionario para traducir entre ellas.
Pero una vez revelado, el diccionario ofrecía una
demostración convincente de que, como un único texto maestro a partir del que
se han hecho las cinco traducciones, una única teoría maestra enlaza las cinco
formulaciones de cuerdas. La teoría maestra unificadora ha sido denominada
provisionalmente teoría M, siendo M una
percha tentadora cuyo significado, ¿Maestra? ¿Majestuosa? ¿Madre? ¿Mágica?
¿Misterio? ¿Matriz?, espera el resultado de una vigorosa investigación en todo
el mundo que ahora trata de completar la nueva visión iluminada por la poderosa
idea de Witten.
Este descubrimiento revolucionario fue un salto
adelante satisfactorio.
Witten demostró en uno de los artículos más
preciados del campo (y en un importante trabajo posterior con Petr Horava) que
la teoría de cuerdas es una única teoría. Los teóricos de cuerdas ya no tenían
que matizar a su candidato para la teoría unificada que buscaba Einstein
añadiendo, con cierto embarazo, que el marco unificado propuesto carecía de
unidad porque venía en cinco versiones diferentes. Por el contrario, la forma
de ajustar la propuesta de mayor alcance para una teoría unificada iba a ser el
sujeto de una metaunificación. Gracias al trabajo de Witten, la unidad
encarnada por cada teoría de cuerdas individual se extendía al marco de cuerdas
entero.
La figura 13.1 esboza el estatus de las cinco
teorías de cuerdas antes y después del descubrimiento de Witten, y es una buena
imagen resumen para tener en mente. Ilustra que la teoría M no es una nueva
aproximación per se, sino que al limpiar las nubes promete una formulación más
refinada y completa de la ley física que la que proporciona cualquiera de las
teorías de cuerdas individuales. La teoría M une y abraza por igual las cinco
teorías de cuerdas mostrando que cada una es parte de una síntesis teórica mayor.
§. El poder de la traducción
Aunque la figura 13.1 transmite esquemáticamente el contenido esencial del
descubrimiento de Witten, expresada de esta manera podría parecerle el interior
de una pelota de béisbol. Antes de la idea de Witten, los investigadores
pensaban que había cinco versiones independientes de la teoría de cuerdas;
después de su idea, no lo hicieron. Pero si usted no había sabido nunca que
había cinco teorías de cuerdas distintas, ¿por qué debería preocuparle que el
más inteligente de todos los teóricos de cuerdas demostrara que no son
distintas después de todo? En otras palabras, ¿por qué era revolucionario el
descubrimiento de Witten y no simplemente una idea modesta que corregía una
concepción errónea previa? He aquí por qué.
Durante las últimas décadas, los teóricos de
cuerdas han estado intrigados repetidamente por un problema matemático. Puesto
que las ecuaciones exactas que des criben una cualquiera de las cinco teorías
de cuerdas se han mostrado tan difíciles de deducir y analizar, los teóricos
han basado buena parte de su investigación en ecuaciones aproximadas con las
que es mucho más fácil trabajar.
Figura 13.1. (a) Imagen esquemática de las cinco teorías de cuerdas antes de
1955. (b) Imagen esquemática de la metaunificación revelada por la teoría M.
Aunque hay buenas razones para creer que las
ecuaciones aproximadas deberían dar, en muchas circunstancias, respuestas
próximas a las dadas por las ecuaciones verdaderas, en las aproximaciones, como
en las traducciones, siempre falta algo. Por esta razón, algunos problemas
clave se han mostrado más allá del alcance matemático de las ecuaciones
aproximadas, impidiendo el progreso de forma significativa.
Para la imprecisión inherente a las traducciones de
textos, los lectores tienen un par de remedios inmediatos. La mejor opción, si
las capacidades lingüistas del lector están a la altura de la tarea, es
consultar el manuscrito original. Por el momento, una opción análoga no está
disponible para los teóricos de cuerdas. En virtud de la consistencia del
diccionario desarrollado por Witten y otros, tenemos fuerte evidencia de que
las cinco teorías de cuerdas son descripciones diferentes de una única teoría
maestra, la teoría M, pero los investigadores aún tienen que desarrollar una
comprensión completa de este nexo teórico. Hemos aprendido mucho sobre la
teoría M en los últimos años, pero aún tenemos mucho que avanzar antes de que
alguien pueda afirmar razonablemente que es adecuada o completamente entendida.
En teoría de cuerdas es como si tuviéramos cinco
traducciones de un texto maestro aún por descubrir.
Otro remedio útil, bien conocido por los lectores
de traducciones que o no tienen el original (como en la teoría de cuerdas) o,
lo que es más habitual, no entienden el idioma en el que está escrito, es
consultar varias traducciones del texto maestro en los idiomas con los que
están familiarizados. Los pasajes en los que las traducciones coinciden dan
confianza, los pasajes en los que difieren señalan posibles inexactitudes o
interpretaciones muy diferentes. Esta es la aproximación que Witten hizo disponible
con su descubrimiento de que las cinco teorías de cuerdas son traducciones de
la misma teoría subyacente.
De hecho, su descubrimiento proporcionó una versión
extraordinariamente potente de esta línea de ataque que se entiende mejor
gracias a una ligera ampliación de la analogía de la traducción.
Imagine un manuscrito maestro lleno de un abanico
tan enorme de chistes, rimas y sobreentendidos, bromas sensibles a la cultura,
que el texto completo no puede expresarse con gracia en ninguno de los cinco
idiomas en los que está siendo traducido. Algunos pasajes podrían traducirse al
swahili con facilidad, mientras que otras partes podrían mostrarse
completamente impenetrables en esta lengua. Muchas intuiciones acerca de estos
últimos pasajes podrían emerger de la traducción al inuit; pero en otras secciones
esa traducción podría ser completamente opaca. El sánscrito podría captar la
esencia de alguno de estos pasajes difíciles, pero para otras secciones
particularmente problemáticas las cinco traducciones podrían dejarle parado y
sólo el texto maestro sería inteligible. Esto está mucho más cerca de la
situación con las cinco teorías de cuerdas. Los teóricos han encontrado que
para ciertas cuestiones una de las cinco puede dar una descripción transparente
de las implicaciones físicas, mientras que la descripciones dadas por las otras
cuatro son demasiado complejas matemáticamente para ser útiles. Y en ello
reside el poder del descubrimiento de Witten. Antes de su idea los
investigadores en teoría de cuerdas que encontraran situaciones intratablemente
difíciles estarían atascados. Pero el trabajo de Witten demostró que cada una
de estas cuestiones admite cuatro traducciones matemáticas, cuatro
reformulaciones matemáticas, y a veces una de las cuestiones reformuladas se
muestra mucho más sencilla de responder. Así, el diccionario para
traducir entre las cinco teorías puede ofrecer a veces un medio de
traducir cuestiones imposiblemente difíciles en otras
relativamente simples.
No es infalible. De la misma forma que las cinco
traducciones de ciertos pasajes del texto maestro podrían ser igualmente
incomprensibles, a veces las descripciones matemáticas que dan las cinco
teorías de cuerdas son igualmente difíciles de entender. En tales casos, de la
misma forma que necesitaríamos consultar el propio texto original, también
necesitaríamos una comprensión plena de la esquiva teoría M para avanzar.
Incluso así, en muchas circunstancias el diccionario de Witten ha proporcionado
una herramienta nueva y poderosa para analizar la teoría de cuerdas.
Con ello, de la misma forma que cada traducción de
un texto completo sirve a un propósito importante, cada formulación de las
cuerdas también lo hace. Combinando intuiciones obtenidas desde la perspectiva
de cada una de ellas somos capaces de responder preguntas y revelar
características que están completamente fuera del alcance de cualquier
formulación única de las cuerdas. El descubrimiento de Witten dio así a los
teóricos una potencia de fuego cinco veces mayor para avanzar la línea del
frente de la teoría de cuerdas. Y eso, en buena parte, es lo que inició una
revolución.
§. Once dimensiones
Así que, con nuestro poder recién adquirido para analizar la teoría de cuerdas,
¿qué ideas han surgido? Han sido muchas. Me centraré en aquellas que han tenido
el mayor impacto sobre la historia del espacio y el tiempo.
Una de importancia fundamental, que reveló el
trabajo de Witten, es que las ecuaciones aproximadas de la teoría de cuerdas
utilizadas en las décadas de 1970 y 1980 para deducir que el universo debe
tener nueve dimensiones espaciales habían errado en uno el número
verdadero. Su análisis demostraba que la respuesta correcta es que el
universo según la teoría M tiene diez dimensiones espaciales, es decir, once
dimensiones espaciotemporales. De forma parecida a como Kaluza encontró que un
universo con cinco dimensiones espaciotemporales proporcionaba un marco para
unificar el electromagnetismo y la gravedad, y de forma parecida a como los
teóricos de cuerdas encontraron que un universo con diez dimensiones
espaciotemporales proporcionaba un marco para unificar la mecánica cuántica y
la relatividad general, Witten encontró que un universo con once dimensiones
espaciotemporales proporcionaba un marco para unificar todas las teorías de
cuerdas. Como cinco pueblos que, vistos desde el suelo, aparecen completamente
separados, pero cuando se ven desde la cima de una montaña, haciendo uso de una
dimensión vertical adicional, se ven conectados por una red de senderos y
carreteras, la dimensión espacial adicional que emerge del análisis de Witten
era crucial para su hallazgo de conexiones entre las cinco teorías de cuerdas.
Aunque el descubrimiento de Witten se ajusta en la
pauta histórica de conseguir unidad gracias a más dimensiones, cuando él
anunció el resultado en la Conferencia Internacional Anual de Teoría de Cuerdas
en 1995, sacudió los fundamentos del campo. Los investigadores, entre los que
me incluyo, habían reflexionado largo y tendido sobre las ecuaciones
aproximadas que había que usar, y todos tenían confianza en que los análisis
habían dicho la última palabra sobre el número de dimensiones. Pero Witten
reveló algo sorprendente.
Él demostró que todos los análisis anteriores
habían hecho una simplificación matemática que equivalía a suponer que
una hasta entonces no reconocida dimensión espacial sería extraordinariamente
pequeña, mucho más pequeña que todas las demás. Tan pequeña, de hecho, que las
ecuaciones de la teoría de cuerdas aproximadas que todos los investigadores
estaban utilizando carecían del poder de resolución para revelar siquiera un
indicio matemático de la existencia de la dimensión. Y eso condujo a todo el
mundo a concluir que la teoría de cuerdas sólo tenía nueve dimensiones
espaciales.
Pero con las nuevas ideas del marco unificado de la
teoría M, Witten pudo ir más allá de las ecuaciones aproximadas, sondear de
forma más precisa y demostrar que una dimensión espacial había sido pasada por
alto. De este modo, Witten demostró que los cinco marcos decadimensionales que
los teóricos de cuerdas habían desarrollado durante más de una década eran en
realidad cinco descripciones aproximadas de una única teoría subyacente de once
dimensiones.
Usted podría preguntarse si esta comprensión
inesperada invalidaba el trabajo anterior en teoría de cuerdas. En general, no
lo hacía. La décima dimensión espacial recién encontrada añadía una
característica imprevista a la teoría, pero si la teoría M/de cuerdas es
correcta, y si la décima dimensión espacial resultase ser mucho más pequeña que
todas las demás, como durante mucho tiempo se había supuesto inadvertidamente,
el trabajo anterior seguiría siendo válido. Sin embargo, puesto que las
ecuaciones conocidas siguen siendo incapaces de fijar los tamaños o las formas
de las dimensiones extras, los teóricos de cuerdas han dedicado mucho esfuerzo
durante los últimos años a investigar la nueva posibilidad de una décima
dimensión espacial no tan pequeña. Entre otras cosas, los resultados de amplio
alcance de estos estudios han colocado la ilustración esquemática del poder
unificador de la teoría M, figura 13.1, sobre una firme base matemática.
Sospecho que la actualización de diez a once
dimensiones, independientemente de su gran importancia para la estructura
matemática de la teoría M/de cuerdas, no altera sustancialmente la imagen
mental que se ha hecho usted de la teoría. Para todos salvo los iniciados,
tratar de imaginar siete dimensiones retorcidas es un ejercicio prácticamente
idéntico a tratar de imaginar seis.
Pero una segunda, e íntimamente relacionada, idea
resultante de la segunda revolución de las supercuerdas sí altera la imagen
intuitiva básica de la teoría de cuerdas. Las ideas colectivas de varios
investigadores, Witten, Duff, Hull, Townsend y muchos otros, establecieron quela
teoría decuerdas no es tan sólo una teoría de cuerdas.
§. Branas
Una pregunta natural, que quizá se le haya ocurrido en el último capítulo, es
¿por qué cuerdas? ¿Por qué los ingredientes unidimensionales son tan
especiales? Vimos que algo crucial para reconciliar la mecánica cuántica y la
relatividad general es que las cuerdas no son puntos sino que tienen un tamaño
no nulo. Pero ese requisito puede ser satisfecho con ingredientes
bidimensionales como discos en miniatura o Frisbees, o por ingredientes
tridimensionales, con formas como pelotas de béisbol o trozos de arcilla. O,
puesto que la teoría tiene tal abundancia de dimensiones espaciales, podemos
imaginar incluso ingredientes con aún más dimensiones. ¿Por qué no desempeñan
estos ingredientes ningún papel en nuestras teorías fundamentales?
En la década de 1980 y comienzos de la de 1990 la
mayoría de los teóricos de cuerdas tenían lo que parecía una respuesta
convincente.
Argumentaban que había habido
intentos de formular una teoría fundamental de la materia basada en
constituyentes tipo gotas por parte, entre otros, de iconos de la física del
siglo XX tales como Werner Heisenberg y Paul Dirac.
Pero su trabajo, así como muchos estudios
posteriores, demostró que era extraordinariamente difícil desarrollar una
teoría basada en gotas minúsculas que satisficiera los requisitos físicos más
básicos, por ejemplo, asegurar que todas las probabilidades mecanocuánticas
estén entre cero y uno (no puede darse ningún sentido a probabilidades
negativas o a probabilidades mayores que uno), y prohibir comunicación más
rápida que la luz. En caso de partículas puntuales, medio siglo de
investigación iniciada en la década de 1920 demostraba que estas condiciones
podían ser satisfechas (mientras se ignorase la gravedad). Y en la década de
1980, más de una década de investigación por parte de Schwarz, Scherk, Green y
otros estableció, para sorpresa de la mayoría de los investigadores, que las
condiciones también podían ser satisfechas por ingredientes unidimensionales,
cuerdas (lo que necesariamente incluía la gravedad). Pero
parecía imposible pasar a ingredientes fundamentales con dos o más dimensiones
espaciales. La razón, dicho en pocas palabras, es que el número de simetrías
respetado por las ecuaciones tiene un máximo pronunciado para objetos
unidimensionales (cuerdas) y cae de forma brusca para otras dimensiones. Las
simetrías en cuestión son más abstractas que las discutidas en el capítulo 8
(tienen que ver con cómo cambian las ecuaciones si, mientras se estudia el
movimiento de una cuerda o un ingrediente de dimensión más alta, hacemos un
zoom que cambia súbita y arbitrariamente la resolución de nuestras observaciones).
Estas transformaciones se muestran críticas para
formular un conjunto físicamente razonable de ecuaciones, y parecía que más
allá de las cuerdas la fecundidad de simetrías requerida estaba ausente. [180]
Por todo lo anterior, la mayoría de los teóricos de
cuerdas sufrieron otra conmoción cuando el artículo de Witten y una avalancha
de resultados posteriores[181] llevaron a la comprensión de que la teoría de cuerdas, y el marco
M-teórico a la que ahora pertenece, sí contiene otros ingredientes además de
las cuerdas. Los análisis demostraron que hay objetos bidimensionales llamados,
de forma bastante natural, membranas (otro posible significado
para la «M» en la teoría M) o, como deferencia para nombrar sistemáticamente a
sus primas de dimensiones más altas, dos-branas. Hay objetos
con tres dimensiones espaciales llamados tres-branas y, aunque
cada vez más difíciles de visualizar, los análisis demostraron que hay también
objetos con p dimensiones espaciales, donde p puede
ser cualquier número entero menor que diez, conocidas, sin que haya nada
despectivo en ello, como p-branas. Así, las cuerdas son sólo
un ingrediente en la teoría de cuerdas, no el ingrediente.
Estos otros ingredientes habían escapado antes a la
investigación teórica por la misma razón que lo hizo la décima dimensión
espacial: las ecuaciones de cuerdas aproximadas se mostraron demasiado toscas
para revelarlos. En los contextos teóricos que los investigadores de cuerdas
habían investigado matemáticamente, resulta que todas las p-branas
son significativamente más pesadas que las cuerdas. Y cuanto más masivo es
algo, más energía se requiere para producirlo. Pero una limitación de las
ecuaciones de cuerdas aproximadas, una limitación inherente en las ecuaciones y
bien conocida para todos los teóricos de cuerdas, es que se hacen cada vez
menos exactas cuando las entidades y procesos que describen implican más y más
energía. A las energías extremas relevantes para las p-branas, las ecuaciones
aproximadas carecían de precisión para mostrar las branas que moran en las
sombras, y por eso es por lo que pasaron décadas sin que su presencia fuera
advertida en las matemáticas. Pero con los diversos replanteamientos y nuevas
aproximaciones proporcionadas por el marco unificado M-teórico, los
investigadores fueron capaces de saltar algunos de los obstáculos técnicos
anteriores, y allí, en una visión matemática completa, encontraron toda una
panoplia de ingredientes de dimensiones más altas. [182]
La revelación de que hay otros ingredientes además
de cuerdas en la teoría de cuerdas no invalida ni hace obsoleto el trabajo
anterior más que lo hacía el descubrimiento de la décima dimensión espacial. La
investigación muestra que si las branas de dimensiones más altas son mucho más
masivas que las cuerdas, como había sido supuesto inconscientemente en los
estudios previos, ellas tienen un mínimo impacto sobre un amplio abanico de
cálculos teóricos. Pero de la misma forma que la décima dimensión espacial no
necesita ser mucho más pequeña que las demás, tampoco las branas de dimensiones
más altas tienen que ser mucho más pesadas. Hay una variedad de circunstancias,
siempre hipotéticas, en las que la masa de una brana de dimensiones más altas
puede ser comparable con las pautas vibracionales de cuerdas de mínima energía,
y en tales casos la brana sí tiene un impacto importante en la física
resultante. Por ejemplo, mi propio trabajo con Andrew Strominger y David
Morrison demostró que una brana puede enrollarse alrededor de una porción
esférica de una forma de Calabi-Yau, de forma muy parecida a como el plástico
se enrolla alrededor de una fruta envasada al vacío; si la porción de espacio
se contrajera, la breña enrollada también se contraería, haciendo que disminuyera
su masa. Esta disminución en la masa, pudimos demostrar, permite que la porción
de espacio colapse por completo y se rasgue, el propio espacio puede rasgarse,
mientras que la brana enrollada asegura que no hay consecuencias físicas
catastróficas.
Discutí en detalle este punto en El
universo elegante y volveré brevemente a ello cuando discutamos el
viaje en el tiempo en el capítulo 15, de modo que no voy a desarrollarlo más
aquí. Pero este apunte aclara que las branas de dimensiones más altas pueden
tener un efecto importante en la física de la teoría de cuerdas.
Para lo que ahora nos interesa, sin embargo, hay
otra manera en que las branas tienen un impacto profundo en la visión del
universo según la teoría M/de cuerdas. La gran extensión del cosmos, la
totalidad del espaciotiempo del que somos conscientes, quizá no sea otra cosa
que una enorme brana.
Nuestro mundo puede ser un mundobrana.
§. Mundobrana
Poner a prueba la teoría de cuerdas es un desafío porque las cuerdas son
ultrapequeñas. Pero recuerde cuál era la física que determinaba el tamaño de
las cuerdas. La partícula mensajera de la gravedad, el gravitón, está entre las
pautas vibracionales de cuerdas de energía más baja, y la intensidad de la
fuerza gravitatoria que comunica es proporcional a la longitud de la cuerda.
Puesto que la gravedad es una fuerza tan débil, la
longitud de la cuerda debe ser minúscula; los cálculos muestran que debe estar
dentro de un factor de diez más o menos de la longitud de Planck para la pauta
vibracional gravitónica de la cuerda para comunicar una fuerza gravitatoria de
la intensidad observada.
Dada esta explicación, vemos que una cuerda
altamente energética no está restringida a ser minúscula, puesto que ya no
tiene ninguna conexión directa con la partícula gravitón (el gravitón es una
pauta vibracional de masa cero y baja energía). De hecho, cuanto más energía se
bombea en una cuerda, al principio vibrará cada vez más frenéticamente. Pero
llegado un cierto momento, la energía adicional tendrá un efecto diferente:
hará que la longitud de la cuerda aumente, y no hay límite a cuánto puede crecer.
Al bombear energía suficiente en una cuerda usted podría incluso hacerla crecer
hasta un tamaño macroscópico. Con la tecnología actual no podríamos llegar
cerca de lograr esto, pero es posible que en la etapa extraordinariamente
energética y caliente que siguió al big bang se produjeran
cuerdas largas. Si algunas han conseguido sobrevivir hasta hoy, podrían
perfectamente estar extendidas en el cielo. Aunque raro, es incluso posible que
tales cuerdas largas puedan dejar huellas minúsculas pero detectables en los
datos que recibimos del espacio, lo que quizá permita que la teoría de cuerdas
sea confirmada algún día mediante observaciones astronómicas.
Las p-branas de dimensiones más altas tampoco
necesitan ser minúsculas, y puesto que tienen más dimensiones que las cuerdas,
se abre una posibilidad cualitativamente nueva. Cuando representamos una cuerda
larga, quizá infinitamente larga, imaginamos un objeto unidimensional largo que
existe dentro de las tres dimensiones espaciales grandes de la vida cotidiana.
Una línea de tendido eléctrico que se extiende hasta donde la vista puede
alcanzar proporciona una imagen razonable. Análogamente, si representamos una dos-brana grande,
quizá infinitamente grande, imaginamos una superficie bidimensional grande que
existe dentro de las tres dimensiones espaciales grandes de la experiencia
común. Yo no conozco ninguna analogía realista, pero una pantalla de cine al
aire libre ridículamente enorme, extremadamente fina pero tan alta y ancha como
la vista puede alcanzar, ofrece una imagen visual que puede servir. Sin
embargo, cuando se llega a una tres-brana grande nos
encontramos en una situación cualitativamente nueva. Una tres-brana tiene
tres dimensiones, de modo que si fuera grande, quizá infinitamente grande,
llenaría las tres dimensiones espaciales grandes. Mientras que una uno-brana y
una dos-brana, como la línea eléctrica y la pantalla del cine,
son objetos que existen dentro de nuestras tres dimensiones espaciales grandes,
una tres-brana grande ocuparía todo el espacio del que somos
conscientes.
Esto plantea una posibilidad intrigante. ¿Es
posible que nosotros, precisamente ahora, estemos viviendo dentro de una
tres-brana? Como Blancanieves, cuyo mundo existe dentro de una pantalla de cine
bidimensional, una dos-brana, que a su vez reside dentro de un universo de
dimensión más alta (las tres dimensiones espaciales de la sala de cine), quizá
todo lo que conocemos existe dentro de una pantalla tridimensional, una
tres-brana, que a su vez reside dentro del universo de dimensiones más altas de
la teoría M/de cuerdas. ¿No podría ser que lo que Newton, Leibniz, Mach y
Einstein llamaban espacio tridimensional sea en realidad una entidad
tridimensional particular en la teoría de cuerdas/M? O, en lenguaje más
relativista, ¿no podría ser que el espaciotiempo tetradimensional desarrollado
por Minkowski y Einstein sea en realidad la estela que deja una tres-brana
cuando evoluciona en el tiempo? En resumen, ¿no podría ser el universo que
conocemos una brana? [183]
La posibilidad de que estemos viviendo dentro de
una tres-brana, el denominado escenario mundobrana, es el
último giro en la historia de la teoría M/de cuerdas. Como veremos, ofrece una
forma cualitativamente nueva de considerar la teoría M/de cuerdas, con
ramificaciones numerosas y de gran alcance. La física esencial es que las
branas son más bien como un velero cósmico; de una forma particular que ahora
discutiremos, son muy adhesivas.
§. Branas adhesivas y cuerdas vibrantes
Una de las motivaciones para introducir el término «teoría M» es que ahora
comprendemos que la «teoría de cuerdas» sólo resalta uno de los muchos
ingredientes de la teoría. Los estudios teóricos revelaron cuerdas
unidimensionales décadas antes de que análisis más refinados descubrieran las
branas de dimensiones más altas, de modo que la «teoría de cuerdas» es un
concepto histórico. Pero incluso si la teoría M muestra una democracia en la
que están representados objetos extensos de dimensiones diversas, las cuerdas
siguen desempeñando un papel central en nuestra formulación actual. En un
sentido esto es inmediatamente claro. Cuando todas las p-branas de dimensiones
más altas son mucho más pesadas que las cuerdas, pueden ser ignoradas, como
habían hecho inconscientemente los investigadores desde la década de 1970. Pero
hay otra forma más general en la que las cuerdas son primeras entre iguales.
En 1955, muy poco después de que Witten anunciara
su idea revolucionaria, Joe Polchinski de la Universidad de California en Santa
Bárbara empezó a reflexionar. Años antes, en un artículo que había escrito con
Robert Leigh y Jin Dai, Polchinski había descubierto una característica
interesante aunque bastante oscura de la teoría de cuerdas. La motivación y el
razonamiento de Polchinski eran algo técnicos y los detalles no son esenciales
para nuestra discusión, pero sus resultados sí lo son. El encontró que en
ciertas situaciones los puntos extremos de cuerdas abiertas, recuerde, hay
segmentos de cuerda con dos cabos sueltos, no serían capaces de moverse con
completa libertad. En su lugar, de la misma forma que una cuenta en un alambre
es libre de moverse, pero debe seguir el contorno del alambre, y de la misma
forma que una bola de billar eléctrico es libre de moverse, pero debe seguir
los contornos de la superficie de la mesa del billar eléctrico, los puntos
extremos de una cuerda abierta serían libres para moverse pero estarían
restringidos a formas o contornos particulares en el espacio. Aunque la cuerda
seguiría siendo libre para vibrar, Polchinski y sus colaboradores demostraron
que sus puntos extremos estarían «adheridos» o «atrapados» dentro de ciertas regiones.
En algunas situaciones, la región podría ser
unidimensional, en cuyo caso los puntos extremos de la cuerda serían como dos
cuentas que se deslizan por un alambre, siendo la cuerda propiamente dicha
similar a un cordel que las une. En otras situaciones, la región podría ser
bidimensional, en cuyo caso los puntos extremos de la cuerda serían muy
similares a dos bolas de billar eléctrico conectadas por un cordel, rodando por
una mesa de billar eléctrico.
Y en otras situaciones, la región podría tener
tres, cuatro o cualquier otro número de dimensiones espaciales menor que diez.
Estos resultados, como demostraron Polchinski y también Petr Horava y Michael
Green, ayudaban a resolver un viejo interrogante en la comparación de cuerdas
abiertas y cerradas, pero durante años el trabajo atrajo una atención
limitada. [184] En octubre de 1995, cuando Polchinski terminó de reformular estas
ideas anteriores a la luz de los nuevos descubrimientos de Witten, eso cambió.
Una pregunta que el artículo previo de Polchinski
dejaba sin una respuesta completa es una que quizá se le haya ocurrido mientras
leía el último párrafo: si los puntos extremos de cuerdas abiertas están
adheridos dentro de una región concreta del espacio, ¿a qué es a lo que
están adheridos! Los cables y las máquinas de billar eléctrico tienen
una existencia tangible independiente de las cuentas o las bolas que están
restringidas a moverse a lo largo de ellos.
¿Qué pasa con las regiones del espacio a las que
están restringidos los puntos extremos de cuerdas abiertas? ¿Están llenas de
algún ingrediente fundamental e independiente de la teoría de cuerdas, un
ingrediente que celosamente retiene los puntos extremos de la cuerda abierta?
Antes de 1995, cuando se pensaba que la teoría de cuerdas era una teoría de
cuerdas solamente, no parecía haber ningún candidato para la tarea. Pero
después de la idea de Witten y el torrente de resultados que inspiró, la
respuesta se hizo obvia para Polchinski: si los puntos extremos de las cuerdas
abiertas están restringidos a moverse dentro de una región /^dimensional del
espacio, entonces esa región del espacio debe estar ocupada por una p-brana.[xxxviii] Sus cálculos demostraron que las p-branas recién descubiertas
tienen exactamente las propiedades correctas para ser los objetos que ejercen
un agarre irrompible sobre los puntos extremos de las cuerdas abiertas, lo que
las obliga a moverse dentro de la región p- dimensional del
espacio que llenan.
Para hacerse una idea mejor de lo que esto
significa, mire la figura 13.2.
En (a) vemos un par de dos-branas con un manojo de
cuerdas abiertas moviéndose y vibrando, todas ellas con sus puntos extremos
restringidos a un movimiento a lo largo de sus respectivas branas. Aunque es
cada vez más difícil de dibujar, la situación con branas de dimensiones más
altas es idéntica. Los puntos extremos de cuerdas abiertas pueden moverse
libremente sobre y dentro de la p-brana, pero no pueden dejar la propia brana.
Cuando se trata de la posibilidad de movimiento fuera de una brana las branas son
las cosas más adhesivas imaginables. Es también posible que un extremo de una
cuerda abierta está adherido a una p-brana y su otro extremo esté adherido a
una p- brana diferente, una que puede tener las mismas
dimensiones que la primera (figura 13.2b) o puede tener otras (figura 13.2c).
Tras el descubrimiento de Witten de la conexión
entre las diversas teorías de cuerdas, el nuevo artículo de Polchinski ofreció
un manifiesto para la segunda revolución de supercuerdas. Aunque algunas de las
grandes mentes de la física teórica del siglo XX se habían esforzado y habían
fracasado en formular una teoría que contenga ingredientes fundamentales con
más dimensiones que puntos (cero dimensiones) o cuerdas (una dimensión), los
resultados de Witten y Polchinski, junto con ideas importantes de muchos de los
investigadores destacados de hoy, mostraron el camino para avanzar.
Estos físicos no sólo establecieron que la teoría
M/de cuerdas contiene ingredientes de dimensiones más altas, sino que las ideas
de Polchinski en particular proporcionaron un medio para analizar teóricamente
sus propiedades físicas detalladas (si se demostrase que existen). Las
propiedades de una brana, decía Polchinski, están recogidas en gran medida en
las propiedades de las cuerdas vibrantes abiertas cuyos puntos extremos
contiene.
Figura 13.2. (a) Cuerdas abiertas con puntos extremos unidos a branas
dos-dimensionales, o dos-branas. (b) Cuerdas que se extienden desde una
dos-brana a otra, (c ) Cuerdas que se extienden desde una dos-brana a una
uno-brana.
De la misma forma que usted puede aprender mucho
sobre una alfombra pasando la mano por su pelo, los trozos de lana cuyos puntos
extremos están unidos al reverso de la alfombra, muchas cualidades de una brana
pueden determinarse estudiando las cuerdas cuyos puntos extremos sujeta.
Éste era un resultado trascendental. Demostraba que
décadas de investigación que produjeron finos métodos matemáticos para estudiar
objetos unidimensionales, cuerdas, podían utilizarse para estudiar objetos de
dimensiones más altas, p-branas. Luego, de forma maravillosa, Polchinski reveló
que el análisis de objetos de dimensiones más altas se reducía, en gran medida,
al análisis completamente familiar, aunque aún hipotético, de las cuerdas. En
este sentido es en el que las cuerdas son especiales entre los iguales. Si
usted entiende el comportamiento de las cuerdas, ya tiene hecho un largo camino
hacia la comprensión del comportamiento de las p- branas.
Con estas ideas, volvamos al escenario mundobrana,
la posibilidad de que estemos viviendo dentro de una tres-brana.
§. Nuestro universo como una brana
Si estamos viviendo dentro de una tres-brana, si nuestro espaciotiempo
tetradimensional no es otra cosa que la historia barrida a lo largo del tiempo
por una tres-brana, entonces la venerable pregunta de si el espaciotiempo es un
algo se vería a una nueva luz. El espaciotiempo tetradimensional familiar
surgiría de una entidad física real en la teoría M/de cuerdas, una tres-brana,
y no a partir de una idea vaga o abstracta. En esta aproximación, la realidad
de nuestro espaciotiempo tetradimensional estaría al nivel de la realidad de un
electrón o un quark. (Por supuesto, usted podría seguir preguntando si el
espaciotiempo más grande dentro del cual existen cuerdas y branas, las once
dimensiones de la teoría M/de cuerdas, es en sí mismo una entidad; no obstante,
la realidad del escenario espaciotemporal que experimentamos directamente se
haría obvia.) Pero si el universo del que somos conscientes es realmente una
tres-brana, ¿no revelaría una mirada siquiera informal que estamos inmersos
dentro de algo, dentro de la tres-brana interior?
Bien, ya hemos visto varias cosas dentro de las
cuales la física moderna sugiere que podemos estar inmersos, un océano de
Higgs; espacio lleno de energía oscura; miríadas de fluctuaciones de campo,
aunque ninguna de ellas se hace directamente manifiesta para las percepciones
humanas desnudas. De modo que no supondría una conmoción aprender que la teoría
M/de cuerdas añade otro candidato a la lista de cosas invisibles que pueden
llenar el espacio «vacío». Pero no vayamos tan rápido. Para cada una de las posibilidades
anteriores, entendemos su impacto sobre la física y sabemos cómo podríamos
establecer que existe verdaderamente. De hecho, hemos visto que para dos de las
tres, energía oscura y fluctuaciones cuánticas, ya se ha recogido fuerte
evidencia en apoyo de su existencia; y se están buscando pruebas en apoyo del
campo de Higgs en los acelerados actuales y futuros. De modo que ¿cuál es la
situación correspondiente para la vida dentro de una tres-brana? Si el
escenario es correcto, ¿por qué no vemos la tres-brana y cómo estableceríamos
que existe?
La respuesta subraya cómo las implicaciones físicas
de la teoría M/de cuerdas en el contexto mundobrana difieren radicalmente de
los anteriores escenarios «libres de branas» (o, como se les denomina a veces,
sin branas).
Consideremos, como un ejemplo importante, el
movimiento de la luz, el movimiento de los fotones. En la teoría de cuerdas, un
fotón, como usted sabe ahora, es una pauta vibracional de cuerda particular.
Más específicamente, los estudios matemáticos han demostrado que en el
escenario mundobrana sólo las vibraciones de cuerdas abiertas, no las cerradas,
producen fotones, y esto supone una gran diferencia. Los puntos extremos de
cuerdas abiertas están restringidos a moverse dentro de la tres-brana, pero por
lo demás son completamente libres. Esto implica que los fotones (cuerdas
abiertas que ejecutan el modo de vibración fotónico) viajarían sin ninguna
ligadura u obstrucción a través de nuestra tres-brana. Y eso haría que la brana
parezca completamente transparente, completamenteinvisible, impidiéndonos
así ver que estamos inmersos dentro de ella.
De la misma importancia, puesto que los puntos
extremos de las cuerdas abiertas no pueden dejar una brana, son incapaces de
entrar en las dimensiones extras. De la misma forma que el alambre restringe a
sus cuentas y el billar eléctrico restringe a sus bolas, nuestra tres-brana
adhesiva permitiría que los fotones se muevan sólo dentro de nuestras tres
dimensiones espaciales. Puesto que los fotones son las partículas mensajeras
del electromagnetismo, esto implica que la fuerza electromagnética, la luz, estaría
atrapada dentro de nuestras tres dimensiones, cómo se ilustra (en dos
dimensiones para poder dibujarlo) en la figura 13.3.
Esta es una gran idea con consecuencias
importantes. Antes requeríamos que las dimensiones extras de la teoría de
cuerdas M estén fuertemente enrolladas. La razón, por supuesto, es que no vemos
las dimensiones extras y por eso deben estar ocultas. Y una manera de
ocultarlas es hacerlas más pequeñas de lo que nosotros o nuestros aparatos
podemos detectar. Pero reexaminemos ahora esta cuestión en el escenario
mundobrana. ¿Cómo detectamos las cosas? Bien, cuando utilizamos nuestros ojos,
utilizamos la fuerza electromagnética; cuando utilizamos instrumentos potentes
como microscopios electrónicos, también utilizamos la fuerza electromagnética;
cuando utilizamos colisionadores de átomos, una de las fuerzas que utilizamos
para sondear lo ultrapequeño es, una vez más, la fuerza electromagnética.
Pero si la fuerza electromagnética está confinada
en nuestra tres-brana, en nuestras tres dimensiones espaciales, es incapaz de
sondear las dimensiones extras, independientemente de su tamaño. Los fotones no
pueden escapar de nuestras dimensiones, entrar en las dimensiones extras y
luego viajar de nuevo hasta nuestros ojos o aparatos permitiéndonos detectar
las dimensiones extras, incluso si éstas fueran tan grandes como las
dimensiones espaciales familiares.
Así, si vivimos en una tres-brana hay una
explicación alternativa a por qué no somos conscientes de las dimensiones
extras. No se trata de que necesariamente las dimensiones extras sean
extraordinariamente pequeñas.
Figura 13.3. (a) En el escenario mundobrana, los fotones son cuerdas
abiertas con puntos extremos atrapados dentro de la brana, de modo que ellos,
la luz, no pueden dejar la propia brana. (b) Nuestro mundobrana podría estar
flotando en una gran extensión de dimensiones adicionales que permanece
invisible para nosotros, porque la luz que vemos no puede dejar nuestra brana.
También podría haber otros mundobranas flotando próximos.
Podrían ser grandes. No las vemos debido a la forma
en que vemos. Vemos utilizando la fuerza electromagnética, que es incapaz de
acceder a cualquier dimensión más allá de las tres que conocemos. Como una
hormiga que camina a lo largo de un capullo de lirio, completamente
inconsciente de las aguas profundas que hay por debajo de la superficie
visible, nosotros podíamos estar flotando dentro de un espacio grande y extenso
de dimensiones más altas, como en la figura 13.3b, pero la fuerza
electromagnética, eternamente atrapada dentro de nuestras dimensiones, sería
incapaz de revelarlo.
Muy bien, podría decir usted, pero la fuerza
electromagnética es sólo una de las cuatro fuerzas de la Naturaleza. ¿Qué pasa
con las otras tres? ¿Pueden ellas sondear las dimensiones extras,
permitiéndonos revelar su existencia?
Para las fuerzas nucleares fuerte y débil la
respuesta es de nuevo no. En el escenario mundobrana, los cálculos muestran que
las partículas mensajeras de dichas fuerzas, los gluones y las partículas W y
Z, surgen también de pautas vibracionales de cuerdas abiertas, de modo que
están tan atrapadas como los fotones, y los procesos que implican a las fuerzas
nucleares fuerte y débil son igualmente ciegos a las dimensiones extras. Lo
mismo es válido para las partículas de materia. Electrones, quarks y todas las
demás especies de partículas aparecen también a partir de las vibraciones de
cuerdas abiertas con puntos extremos atrapados. Así pues, en el
escenario mundobrana, usted y yo y todo lo que hemos visto estamos
permanentemente prisioneros dentro de nuestra tres-brana. Teniendo
en cuenta el tiempo, todo está atrapado dentro de nuestra rebanada
tetradimensional de espaciotiempo.
Bueno, casi todo. Para la fuerza de la gravedad, la
situación es diferente.
Análisis matemáticos del escenario mundobrana han
mostrado que los gravitones surgen de la pauta vibracional de cuerdas cerradas,
como lo hacen en los escenarios sin branas discutidos previamente. Y las
cuerdas cerradas, cuerdas sin puntos extremos, no están atrapadas por branas.
Son tan libres de dejar una brana como lo son de entrar en ella o atravesarla.
Así, si estuviéramos viviendo en una brana, no estaríamos completamente
aislados de las dimensiones extras. A través de la fuerza gravitatoria podríamos
influir y ser influidos por las dimensiones extras. La gravedad, en un
escenario semejante, proporcionaría nuestro único medio para interaccionar más
allá de nuestras tres dimensiones espaciales.
¿Qué tamaño podrían tener las dimensiones extras
antes de que llegáramos a ser conscientes de ellas a través de la fuerza
gravitatoria? Ésta es una pregunta interesante y crítica, así que echemos un
vistazo. [xxxix]
§. La gravedad y las dimensiones extras, grandes
Volviendo a 1687, cuando Newton propuso su ley de la gravitación universal
estaba haciendo realmente una fuerte afirmación sobre el número de dimensiones
espaciales. Newton no decía simplemente que la fuerza de atracción entre dos
objetos se hace más débil a medida que la distancia entre ellos se agranda.
Propuso una fórmula, la ley de la inversa del cuadrado, que describe
exactamente cómo disminuirá la atracción gravitatoria a medida que se separen
dos objetos. Según esta fórmula, si usted duplica la distancia entre los
objetos, su atracción gravitatoria se reducirá en un factor de 4 (22); si
triplica la distancia, se reducirá en un factor de 9 (32); si cuadruplica la
distancia, se reducirá en un factor de 16 (42), y con más generalidad, la
fuerza gravitatoria disminuye en proporción al cuadrado de la separación. Como
se ha hecho evidente durante los últimos centenares de años, esta fórmula
funciona.
Pero ¿por qué la fuerza depende del cuadrado de la
distancia? ¿Por qué la fuerza no disminuye como el cubo de la separación (de
manera que si usted duplica la distancia, la fuerza se reduce en un factor 8) o
de la cuarta potencia (de manera que si usted duplica la distancia, la fuerza
se reduce en un factor 16), o quizá, incluso más simplemente, por qué la fuerza
gravitatoria entre dos objetos no disminuye en proporción directa a la
separación (de modo que si usted duplica la distancia, la fuerza se reduce en
un factor 2)? La respuesta está ligada directamente al número de dimensiones
del espacio.
Una manera de verlo es pensar en cómo depende el
número de gravitones emitidos y absorbidos por los dos objetos de la separación
entre éstos, o pensar en cómo disminuye la curvatura del espaciotiempo que cada
objeto experimenta a medida que aumenta la distancia entre ellos. Pero sigamos
una aproximación más simple, y más a la antigua usanza, que nos lleva rápida e
intuitivamente a la respuesta correcta. Dibujemos una figura (figura 13.4a) que
ilustra esquemáticamente el campo gravitatorio producido por un objeto masivo,
digamos el Sol, de forma parecida a como la figura 3.1 ilustra esquemáticamente
el campo magnético producido por una barra magnética.
Aunque las líneas de campo magnético van del polo
norte del imán a su polo sur, note que las líneas de campo gravitatorio emanan
radialmente hacia afuera en todas las direcciones y siguen este curso. La
intensidad del tirón gravitatorio que sentiría otro objeto, imagine que es un
satélite en órbita, a una distancia dada es proporcional a la densidad de
líneas de campo en ese lugar. Cuanto más líneas de campo atraviesan el
satélite, como en la figura 13.4b, mayor es el tirón gravitatorio al que está
sometido.
Ahora podemos explicar el origen de la ley de la
inversa del cuadrado de Newton. Una esfera imaginaria centrada en el Sol y que
pasa por la posición del satélite, como en la figura 13.4c, tiene un área que,
como la superficie de cualquier esfera en el espacio tridimensional, es
proporcional al cuadrado de su radio, que en este caso es
el cuadrado de la distancia entre el Sol y el satélite. Esto
significa que la densidad de las líneas de campo que atraviesan la esfera, el
número total de líneas de campo dividido por el área de la esfera, disminuye
como el cuadrado de la separación Sol-satélite. Si usted duplica la distancia,
el mismo número de líneas de campo están ahora uniformemente repartidas sobre
una esfera con un área cuatro veces mayor, y por eso el tirón gravitatorio a
esa distancia se reducirá en un factor de cuatro.
La ley de la inversa del cuadrado de Newton para la
gravedad es así reflejo de una propiedad geométrica de las esferas en tres
dimensiones espaciales.
Por el contrario, si el universo tuviera dos e
incluso sólo una dimensión espacial, ¿cómo cambiaría la fórmula de Newton?
Figura 13.4. (a) La fuerza gravitatoria ejercida por Sol sobre un objeto,
tal como un satélite, es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia
entre ellos. La razón es que las líneas del campo gravitatorio del Sol se
esparcen uniformemente como (b) y por ello tienen una densidad a una distancia
d que es inversamente proporcional al área de una esfera imaginaria de radio d,
esquemáticamente dibujada en (c), un área que la geometría elemental muestra
que es proporcional a d2.
Bien, la figura 13.5a muestra una versión
bidimensional del Sol y su satélite en órbita. Como usted puede ver, a
cualquier distancia dada las líneas del campo gravitatorio del Sol se reparten
uniformemente sobre un círculo, el análogo a una esfera en una dimensión menor.
Puesto que la circunferencia del círculo es proporcional a su radio (no al
cuadrado de su radio), si usted duplica la separación Sol-satélite la densidad
de líneas de campo se reducirá en un factor de 2 (no 4) y por eso la intensidad
del tirón gravitatorio del Sol disminuiría sólo en un factor de 2 (no 4). Si el
universo tuviera solamente dos dimensiones espaciales, el tirón gravitatorio
sería inversamente proporcional a la separación, no al cuadrado de la
separación.
Si el universo tuviera solamente una dimensión
espacial, como en la figura 13.5b, la ley de la gravedad sería aún más simple.
Figura 13.5. (a) En un universo con sólo dos dimensiones espaciales, la
fuerza de gravedad decrece en proporción a la separación, porque las líneas del
campo gravitatorio se esparcen uniformemente sobre un círculo cuya
circunferencia es proporcional a su radio, (b) En un universo con una dimensión
espacial, las líneas del campo gravitatorio no tienen lugar para esparcirse, de
modo que la fuerza gravitatoria es constante, independientemente de la
separación.
Las líneas de campo gravitatorio no tendrían lugar
para expandirse, y por eso la fuerza de la gravedad no decrecería con la
separación. Si usted duplicara la distancia entre el Sol y el satélite
(suponiendo que pudieran existir versiones de tales objetos en un universo
semejante), el mismo número de líneas de campo penetraría en el satélite y con
ello la fuerza de gravedad que actúa entre ellos no cambiaría en absoluto.
Aunque es imposible dibujarla, la pauta ilustrada
por las figuras 13.4 y 13.5 se extiende directamente a un universo con cuatro o
cinco o seis o cualquier número de dimensiones espaciales. Cuantas más
dimensiones hay, más lugar tienen para esparcirse las líneas de fuerza
gravitatorias. Y cuanto más se esparcen, más rápidamente disminuye la fuerza de
la gravedad a medida que aumenta la separación. En cuatro dimensiones
espaciales, la ley de Newton sería una ley de la inversa del cubo (si se
duplica la separación, la fuerza se reduce en un factor 8); en cinco
dimensiones espaciales, sería una ley de la inversa de la cuarta potencia (si
se duplica la separación, la fuerza se reduce en un factor 16); en seis
dimensiones espaciales, sería una ley de la inversa de la quinta potencia (si
se duplica la separación, la fuerza se reduce en un factor 32); y así
sucesivamente para universos de dimensión cada vez más alta.
Usted podría pensar que los éxitos de la versión de
la inversa del cuadrado de la ley de Newton en la explicación de una gran
cantidad de datos, desde el movimiento de los planetas a las trayectorias de
los cometas, confirma que vivimos en un universo con exactamente tres
dimensiones espaciales.
Pero esa conclusión sería precipitada. Sabemos que
la ley de la inversa del cuadrado funciona a distancias astronómicas, [185] y sabemos que funciona en escalas terrestres, y que encaja con el
hecho de que en tales escalas vemos tres dimensiones espaciales. Pero ¿sabemos
que trabaja a escalas más pequeñas?
¿Hasta qué nivel en el microcosmos se ha comprobado
la ley de la inversa del cuadrado para la gravedad? Los experimentadores la han
confirmado hasta sólo una décima de milímetro; si dos objetos se acercan hasta
una separación menor de una décima de milímetro, los datos verifican que la
intensidad de su atracción gravitatoria sigue las predicciones de la ley de la
inversa del cuadrado. Pero hasta ahora ha sido un importante desafío técnico
poner a prueba la ley de la inversa del cuadrado en escalas más cortas (los
efectos cuánticos y la debilidad de la gravedad complican el experimento). Ésta
es una cuestión crítica, porque las desviaciones de la ley de la inversa del
cuadrado serían una señal convincente de dimensiones extras.
Para ver esto explícitamente, trabajemos con un
ejemplo de juguete con dimensión más baja que podemos dibujar y analizar
fácilmente. Imagine que vivimos en un universo con una dimensión espacial, o
que así lo pensamos, porque sólo una dimensión espacial era visible y, además,
siglos de experimentos han mostrado que la fuerza de la gravedad no varía con
la separación entre los objetos. Pero imagine también que en todos esos años
los experimentadores habían sido capaces de poner a prueba la ley de la gravedad
sólo hasta distancias de aproximadamente una décima de milímetro.
Para distancias más cortas que ésa, no había ningún
dato. Ahora, imagine además que, desconocida para todos salvo para un puñado de
físicos teóricos, el universo tenía realmente una segunda dimensión espacial
enrollada que hace su forma como la superficie de la cuerda de Philippe Petit,
como en la figura 12.5. ¿Cómo afectaría esto a test futuros y más refinados de
la gravitación? Podemos deducir la respuesta mirando la figura 13.6. Cuando dos
objetos minúsculos se aproximan lo suficiente, mucho más próximos que la
circunferencia de la dimensión enrollada, el carácter bidimensional del espacio
se haría evidente inmediatamente, porque en estas escalas las líneas de campo
gravitatorio tendrían lugar para esparcirse (figura 13.6a).
Más que ser independiente de la distancia, la
fuerza de la gravedad variaría inversamente con la separación cuando los
objetos estuvieran suficientemente próximos.
Así pues, si usted fuera un experimentador en este
universo, y desarrollara métodos exquisitamente precisos para medir la
atracción gravitatoria, esto es lo que usted encontraría. Cuando dos objetos
estuvieran extraordinariamente
próximos, mucho más próximos que el tamaño de la
dimensión enrollada, su atracción gravitatoria disminuiría en proporción a su
separación, igual que esperaría en un universo con dos dimensiones espaciales.
Pero luego, cuando los objetos estuvieran tan alejados como la circunferencia
de la dimensión enrollada, las cosas cambiarían. Más allá de esta distancia,
las líneas de campo gravitatorio no podrían esparcirse más. Se habrían
esparcido todo lo que podían en la segunda dimensión enrollada, habrían saturado
esa dimensión, y así a partir de esta distancia en adelante la fuerza
gravitatoria ya no disminuiría más, como se ilustra en la figura 13.6b. Usted
puede comparar esta saturación como la fontanería en una casa vieja.
Figura 13.6. (a) Cuando los objetos están próximos, la atracción
gravitatoria varía como lo hace en dos dimensiones espaciales, (b) Cuando los
objetos están más alejados, la atracción gravitatoria se comporta como lo hace
en una dimensión espacial: es constante.
Si alguien abre el grifo de la cocina cuando usted
está a punto de ponerse el champú en su cabello, la presión del agua puede
disminuir porque el agua se reparte entre los dos grifos. La presión disminuirá
de nuevo si alguien abriera el grifo del lavadero, puesto que el agua se
repartiría aún más. Pero una vez que todos los grifos de la casa están
abiertos, la presión permanecerá constante. Aunque quizá no proporcionará la
experiencia relajante del agua a alta presión que usted había previsto, la
presión en la ducha no disminuiría más una vez que el agua se ha repartido
completamente por todos los grifos «extras». Análogamente, una vez que el campo
gravitatorio se ha repartido por completo por la dimensión curvada extra, ya no
disminuirá con la separación.
A partir de sus datos usted deduciría dos cosas.
Primero, del hecho de que la fuerza gravitatoria disminuía en proporción a la
distancia cuando los objetos están muy próximos, usted habría concluido que el
universo tiene dos dimensiones espaciales, no una. Segundo, del hecho de que a
partir de un cierto punto la fuerza gravitatoria es constante, el resultado
conocido por cientos de años de experimentos anteriores, usted habría concluido
que una de estas dimensiones está enrollada, con un tamaño aproximadamente
igual a la distancia a partir de la cual se da este valor constante. Y con este
resultado, usted habría dado la vuelta a siglos, si no milenios, de creencia
con respecto a algo tan básico, el número de dimensiones del espacio, que
parecía casi más allá de cualquier duda.
Aunque he contado esta historia en un universo de
dimensión más baja, por facilidad de visualización, nuestra situación podría
ser la misma.
Centenares de años de experimentos han confirmado
que la gravedad varía inversamente con el cuadrado de la distancia, lo que da
fuerte evidencia de que hay tres dimensiones espaciales. Pero hasta 1998 ningún
experimento había sondeado la intensidad de la gravedad a separaciones menores
que un milímetro (hoy, como se mencionó, esto se ha acortado hasta una décima
de milímetro). Esto llevó a Savas Dimopoulos, de Standford, Nima Arkani-Hamed,
ahora en Harvard, y Gia Dvali, de la Universidad de Nueva York a proponer
que en el escenario mundobrana las dimensiones extras podrían
ser tan grandes como un milímetro y todavía no habrían sido
detectadas. Esta sugerencia radical inspiró a varios grupos
experimentales a iniciar un estudio de la gravedad a distancias submilimétricas
con la esperanza de encontrar violaciones de la ley de la inversa del cuadrado;
hasta ahora no se ha encontrado ninguna, hasta una décima de milímetro. Así
pues, incluso con los experimentos sobre gravedad hoy disponibles, si
estamos viviendo dentro de una tres-brana, las dimensiones extras podrían
ser tan grandes como una décima de milímetro, y todavía no lo sabríamos.
Ésta es una de las ideas más sorprendentes de la
última década. Utilizando las tres fuerzas no gravitatorias podemos sondear
hasta aproximadamente una trillonésima (10“'8) de metro, y nadie ha encontrado
ninguna evidencia de dimensiones extras. Pero en el escenario mundobrana, las
fuerzas no gravitatorias son impotentes en la búsqueda de dimensiones extras
puesto que están atrapadas en la propia brana. Sólo la gravedad puede dar idea
de la naturaleza de las dimensiones extras y, hoy por hoy, las dimensiones
extras podrían ser tan gruesas como un cabello humano y pese a todo habrían
sido completamente invisibles para nuestros instrumentos más sofisticados.
Precisamente ahora, precisamente cerca de usted,
precisamente cerca de mí, y precisamente cerca de cualquier otro podría haber
otra dimensión espacial, una dimensión más allá de izquierda/derecha,
delante/detrás y arriba/abajo, una dimensión que está enrollada pero todavía es
suficientemente grande para tragar algo tan grueso como esta página, que
permanece más allá de nuestro alcance. [xl]
§. Dimensiones extras, grandes y cuerdas grandes
Al atrapar tres de las cuatro fuerzas, el escenario mundobrana relaja
significativamente las ligaduras experimentales al tamaño que pueden tener las
dimensiones extras, pero las dimensiones extras no son la única cosa que esta
aproximación permite que se haga más grande. Basándose en ideas de Witten, Joe
Lykken, Constantin Bachas y otros, Ignatios Antoniadis, junto con Arkani-Hamed,
Dimopoulos y Dvali, se dio cuenta de que en el escenario mundobrana incluso
desexcitado, cuerdas de baja energía pueden ser mucho mayores
que lo que se pensaba previamente. De hecho, las dos escalas, el tamaño de las
dimensiones extras y el tamaño de las cuerdas, están íntimamente relacionadas.
Recordemos del capítulo anterior que el tamaño
básico de una cuerda está determinado al requerir que su pauta vibracional de
gravitón comunique una fuerza gravitatoria de la intensidad observada. La
debilidad de la gravedad se traduce en que las cuerdas sean muy cortas,
aproximadamente de la longitud de Planck (1033 centímetros). Pero esta
conclusión depende fuertemente del tamaño de las dimensiones extras. La razón
es que en la teoría M/de cuerdas, la intensidad de la fuerza gravitatoria que
observamos en nuestras tres dimensiones extendidas representa un equilibrio
entre dos factores. Un factor es la intensidad fundamental intrínseca de la
fuerza gravitatoria. El segundo factor es el tamaño de las dimensiones extras.
Cuanto más grandes son las dimensiones extras, más se puede repartir la
gravedad en ellas y más débil parecerá su fuerza en las dimensiones familiares.
De la misma forma que tuberías más grandes dan una presión de agua más débil
porque permiten que el agua tenga más espacio para esparcirse, las dimensiones
extras más grandes dan una gravedad más débil, porque dan a la gravedad más
lugar para esparcirse.
Los cálculos originales que determinaban la
longitud de las cuerdas suponían que las dimensiones extras eran tan
minúsculas, del orden de la longitud de Planck, que la gravedad no podía entrar
en ellas. Bajo esta hipótesis, la gravedad aparece débil porque es débil. Pero
ahora, si trabajamos en el escenario mundobrana y permitimos que las
dimensiones extras sean mucho más grandes que lo que se había considerado
previamente, la debilidad observada de la gravedad ya no significa que sea
intrínsecamente débil. En su lugar, la gravedad podría ser una fuerza
relativamente poderosa que parece débil sólo porque las dimensiones extras
relativamente grandes, como las tuberías grandes, diluyen su intensidad
intrínseca. Siguiendo esta línea de razonamiento, si la gravedad es mucho más
fuerte que lo que en un tiempo se pensó, las cuerdas también pueden ser mucho
más largas que lo que un tiempo se pensó.
Hoy por hoy, la pregunta de exactamente cómo de
largas no tiene una respuesta única y definida. Con la libertad recién
encontrada para variar el tamaño de las cuerdas y el tamaño de las dimensiones
extras en un rango mucho más amplio que el que se imaginaba previamente, hay
varias posibilidades. Dimopoulos y sus colaboradores han argumentado que los
resultados experimentales existentes, procedentes tanto de la física de
partículas como de la astrofísica, muestran que las cuerdas desexcitadas no
pueden ser mayores que aproximadamente una trillonésima (10-18) de
metro.
Aunque pequeño para los patrones cotidianos, esto
es casi cien mil billones (1017) de veces mayor que la longitud de
Planck,casi cien mil billones deveces mayor que lo que previamente se
pensaba. Como veremos ahora, eso sería suficientemente grande para que
señales de cuerdas pudieran ser detectadas por la próxima generación de
aceleradores de partículas.
§.¿Resiste frente al experimento la teoría de
cuerdas?
La posibilidad de que estemos viviendo dentro de
una gran tres-brana es, por supuesto, sólo una posibilidad. Y, dentro del
escenario mundobrana, la posibilidad de que las dimensiones extras pudieran ser
mucho mayores que lo que un tiempo se pensó, y la posibilidad relacionada de
que también las cuerdas pudieran ser mucho mayores de lo que en un tiempo se
pensó, son también sólo eso: posibilidades. Pero son posibilidades
tremendamenteexcitantes. Cierto es que, incluso si el escenario
mundobrana es correcto, las dimensiones extras y el tamaño de las cuerdas
podrían ser todavía planckianos. Pero la posibilidad dentro de la teoría M/de
cuerdas de que las cuerdas y las dimensiones extras sean mucho más grandes, de
estar apenas más allá del alcance de la tecnología actual, es fantástica.
Significa que hay al menos una oportunidad de que en los años venideros la
teoría M/de cuerdas entre en contacto con la física observable y se convierta
en una ciencia experimental.
¿Con qué probabilidad? Yo no lo sé, ni ningún otro
lo sabe. Mi intuición me dice que es poco probable, pero mi intuición está
conformada por una década y media de trabajo dentro del marco convencional de
cuerdas de tamaño de Planck y dimensiones extras de tamaño de Planck. Quizá mi
instinto está pasado de moda. Afortunadamente, la cuestión será establecida sin
que sea afectada en lo más mínimo por la intuición de alguien. Si las cuerdas
son grandes, o si alguna de las dimensiones extras es grande, las implicaciones
para los experimentos venideros son espectaculares.
En el próximo capítulo consideraremos varios
experimentos que pondrán a prueba, entre otras cosas, las posibilidades de
cuerdas relativamente grandes y dimensiones extras, grandes, así que aquí sólo
voy a abrirle el apetito. Si las cuerdas son tan grandes como una trillonésima
(10 -18) de metro, las partículas correspondientes a las
vibraciones de armónicos superiores en la figura 12.4, no tendrán masas
enormes, muy por encima de la masa de Planck, como en el escenario estándar. En
su lugar, sus masas serán sólo de un millar o algunos miles de veces la de un
protón, y eso es suficientemente bajo para estar dentro del alcance del Gran
Colisionador de Hadrones (LHC) que ahora se está construyendo en el CERN. Si
estas vibraciones de cuerdas fueran excitadas mediante colisiones de alta
energía, los detectores de los aceleradores lucirían como la bola de cristal de
Times Square en Año Nuevo. Se produciría todo un montón de partículas nunca
antes vistas, y sus masas estarían relacionadas mutuamente de forma parecida a
como están los diversos armónicos en un violonchelo. La firma de la teoría de
cuerdas estaría grabada en los datos con un detalle que hubiera impresionado a
John Hancock. [xli] Los
investigadores no podrían pasarla por alto, ni siquiera sin sus gafas.
Además, en el escenario mundobrana, las colisiones
de alta energía podrían producir incluso agujeros negros en miniatura. Aunque
normalmente pensamos en los agujeros negros como estructuras gigantescas en el
espacio profundo, desde los primeros días de la relatividad general se ha
sabido que si usted acumula suficiente materia en la palma de la mano, crearía
un minúsculo agujero negro. Esto no sucede porque nadie, ni ningún dispositivo
mecánico, tiene un agarre siquiera remotamente fuerte para ejercer una fuerza
de compresión suficiente. En su lugar, el único mecanismo aceptado para la
producción de agujeros negros implica la atracción gravitatoria de una estrella
enormemente masiva que supera a la presión hacia afuera normalmente ejercida
por los procesos de fusión nuclear dentro de la estrella, lo que hace que la
estrella colapse sobre sí misma. Pero si la intensidad intrínseca de la
gravedad en escalas pequeñas es mucho mayor que lo que antes se pensaba, se
podrían producir minúsculos agujeros negros con una fuerza de compresión
significativamente menor que lo que antes se creía.
Los cálculos muestran que el Gran Colisionador de
Hadrones puede tener la potencia de compresión suficiente para crear una
cornucopia de agujeros negros microscópicos mediante colisiones de alta energía
entre protones. [186]
Piense en lo sorprendente que sería. El Gran
Colisionador de Hadrones podría resultar una factoría para producir agujeros
negros microscópicos. Estos agujeros negros serían tan pequeños y durarían un
tiempo tan corto que no nos plantearían la más mínima amenaza (hace años
Stephen Hawking demostró que todos los agujeros negros se desintegran vía
procesos cuánticos, los grandes muy lentamente, los minúsculos muy rápidamente,
), pero su producción ofrecería una confirmación de una de las ideas más
exóticas nunca contempladas.
§. Cosmología de mundobranas
Un objetivo primordial de la investigación actual, uno que está siendo
perseguido ardientemente por científicos en todo el mundo (yo incluido), es
formular una comprensión de la cosmología que incorpore las nuevas ideas de la
teoría M/de cuerdas. La razón es evidente: la cosmología no sólo trata de
resolver cuestiones grandes que se atragantan, y tampoco se trata simplemente
de llegar a entender qué aspectos de la experiencia familiar, tales como la
flecha del tiempo, están ligados a condiciones en el nacimiento del universo;
la cosmología también ofrece a un teórico lo que Nueva York proporcionó a
Sinatra: un terreno de prueba por excelencia. Si una teoría puede funcionar en
las condiciones extremas características de los primeros momentos del universo,
puede hacerlo en cualquier parte.
Hoy por hoy, la cosmología según la teoría M/de
cuerdas es un trabajo en curso, con investigadores que siguen dos senderos
principales. La primera aproximación, y la más convencional, imagina que de la
misma forma que la inflación proporcionó un frente mínimo pero profundo a la
teoría del big bang estándar, la teoría M/de cuerdas
proporciona un frente aún anterior y quizá aún más profundo para la inflación.
La idea es que la teoría M/de cuerdas aclarará la región borrosa que hemos
utilizado para denotar nuestra ignorancia de los primeros momentos del
universo, y después de eso, el drama cosmológico se desenvolverá de acuerdo con
el guión extraordinariamente exitoso de la teoría inflacionaria, contado en
capítulos anteriores.
Aunque ha habido avances sobre detalles específicos
requeridos por esta visión (tales como tratar de entender por qué sólo tres de
las dimensiones espaciales del universo sufrieron expansión, así como
desarrollar métodos matemáticos que puedan probarse relevantes para analizar el
reino aespacial/atemporal que puede preceder a la inflación), todavía no se han
dado los momentos eureka. La idea es que mientras la cosmología inflacionaria
imagina que el universo observable se hace cada vez más pequeño en instantes
cada vez anteriores, y así es cada vez más caliente, más denso y más
energéticos, la teoría M/de cuerdas domestica este comportamiento desordenado
(en la jerga física, «singular») introduciendo un tamaño mínimo por debajo del
cual se hacen relevantes magnitudes físicas nuevas y menos singulares. Este
razonamiento yace en el corazón de la fusión satisfactoria que hace la teoría
M/de cuerdas de la relatividad general y la mecánica cuántica, y muchos
investigadores esperan que pronto determinaremos cómo se puede aplicar el mismo
razonamiento en el contexto de la cosmología. Pero por ahora la región borrosa
sigue pareciendo borrosa, y nadie sabe cuándo se alcanzará la claridad.
La segunda aproximación utiliza el escenario
mundobrana, y en su encarnación más radical postula un marco cosmológico
completamente nuevo. No está ni mucho menos claro si esta aproximación
sobrevivirá a un examen matemático detallado, pero proporciona un buen ejemplo
de cómo los avances trascendentales en la teoría fundamental pueden sugerir
nuevos caminos a través de territorios bien trillados. La propuesta se denomina
el modelo cíclico.
§. Cosmología cíclica
Desde el punto de vista del tiempo, la experiencia ordinaria nos enfrenta a dos
tipos de fenómenos: los que tienen un comienzo claramente delimitado (este
libro, un partido de béisbol, una vida humana) y los que son cíclicos, que
suceden una y otra vez (el cambio de las estaciones, la salida y puesta del
Sol, las bodas de Larry King). Por supuesto, en un examen más cercano
aprendemos que los fenómenos cíclicos también tienen un inicio y un final,
puesto que los ciclos no continúan en general para siempre. El Sol ha estado
saliendo y poniéndose, es decir, la Tierra ha estado girando sobre su eje
mientras da vueltas alrededor del Sol, todos los días durante unos 5.000
millones de años. Pero antes de eso, el Sol y el sistema solar todavía tenían
que formarse. Y un día, unos 5.000 millones de años a partir de ahora, el Sol
se convertirá en una estrella gigante roja, engullendo a los planetas
interiores, engullendo a la Tierra, y ya no habrá siquiera una noción de salida
y puesta del Sol, al menos no aquí.
Pero éstos son reconocimientos científicos
modernos. Para los antiguos, los fenómenos cíclicos parecían eternamente
cíclicos. Y para muchos los fenómenos cíclicos, que siguen su curso y
continuamente vuelven a empezar de nuevo, eran los fenómenos primordiales. Los
ciclos de los días y las estaciones fijan el ritmo del trabajo y la vida, de
modo que a nadie maravilla que algunas de las más antiguas cosmologías
conocidas concibieran el despliegue del mundo como un proceso cíclico. Más que
postular un comienzo, un centro y un final, una cosmología cíclica imagina que
el mundo cambia a través del tiempo de la misma forma que la Luna cambia a
través de fases. Una vez que haya recorrido una secuencia completa, las
condiciones están listas para que todo empiece de nuevo e inicie otro ciclo.
Desde el descubrimiento de la relatividad general,
se han propuesto varios modelos cosmológicos cíclicos; el más conocido fue
desarrollado en la década de 1930 por Richard Tolman del Instituto de
Tecnología de California.
Tolman sugirió que la expansión observada del
universo podría frenarse y detenerse algún día, y ser seguida de un período de
contracción en el que el universo se hiciera cada vez más pequeño. Pero en
lugar de alcanzar un violento final en el que implosiona sobre sí mismo y llega
a su fin, el universo podría sufrir, proponía Tolman, un rebote, el
espacio podría contraerse hasta un tamaño pequeño y luego rebotar, iniciando un
nuevo ciclo de expansión seguido una vez más de contracción. Un universo que
repita eternamente este ciclo, expansión, contracción, rebote, expansión de
nuevo, evitaría elegantemente las espinosas cuestiones del origen: en un
escenario semejante, el concepto mismo de origen sería inaplicable, puesto que
el universo siempre fue y siempre sería.
Pero Tolman se dio cuenta de que mirando hacia
atrás en el tiempo desde hoy, los ciclos podrían haberse repetido durante un
tiempo, pero no indefinidamente. La razón es que durante cada ciclo la segunda
ley de la termodinámica dicta que la entropía crecería en promedio. [187] Y según la relatividad general, la cantidad de entropía en el
comienzo de cada nuevo ciclo determina cuánto durará ese ciclo. Más entropía
significa un período más largo de expansión antes de que el movimiento hacia
afuera llegue a pararse y el movimiento hacia adentro tome el mando. Cada ciclo
sucesivo duraría así mucho más que su predecesor; de forma equivalente, los
ciclos anteriores serían cada vez más cortos. Cuando se analiza
matemáticamente, el acortamiento constante de los ciclos implica que no pueden
extenderse infinitamente lejos en el pasado. Incluso en el marco cíclico de
Tolman, el universo tendría un comienzo.
La propuesta de Tolman suponía un universo esférico
que, como hemos visto, ha sido descartado por las observaciones. Pero
recientemente se ha desarrollado una versión radicalmente nueva de la
cosmología cíclica, que incluye un universo plano, dentro de la teoría M/de
cuerdas. La idea procede de Paul Steinhardt y su colaborador Neil Turok de la
Universidad de Cambridge (que hace uso de resultados descubiertos en sus
colaboraciones con Burt Ovrut, Nathan Seiberg y Justin Khoury) y propone un
nuevo mecanismo para impulsar la evolución cósmica. [188] Dicho brevemente, ellos sugieren que estamos viviendo dentro de
una tres-brana que colisiona violentamente cada pocos billones de años con otra
tres-brana vecina y paralela. Y el bang de la colisión inicia
un nuevo ciclo cosmológico.
El montaje básico de la propuesta se ilustra en la
figura 13.7 y fue sugerido hace algunos años por Horava y Witten en un contexto
no cosmológico. Horava y Witten estaban tratando de completar la unidad
propuesta por Witten entre las cinco teorías de cuerdas y encontraron que si
una de las siete dimensiones extras en la teoría M tuviera una forma muy
simple, no un círculo, como en la figura 12.7, sino un pequeño segmento de una
línea recta, como en la figura 13.7, y estuviera acotada por las denominadas
branas del fin-del-mundo unidas como las tapas de un libro, entonces podría
establecerse una conexión directa entre la teoría de cuerdas Heterótica-E y
todas las demás. Los detalles de cómo llegaron a esta conexión no son ni obvios
ni esenciales para nosotros ahora (si usted está interesado, vea, por
ejemplo, El universo elegante, capítulo 12); lo que importa
aquí es que es un punto de partida que surge de forma natural de la propia
teoría.
Steinhardt y Turok lo tomaron para su propuesta
cosmológica.
En concreto, Steinhardt y Turok imaginan que cada
brana de la figura 13.7 tiene tres dimensiones espaciales, y que el segmento de
línea entre ellas proporciona la cuarta dimensión espacial. Las seis
dimensiones espaciales restantes están enrolladas en un espacio de Calabi-Yau
(no mostrado en la figura) que tiene la forma correcta para que las pautas
vibracionales de cuerdas den cuenta del tipo de partículas conocidas. [189] El universo del que somos directamente conscientes corresponde a
una de estas tres-branas; si quiere, puede considerar la segunda tres-brana
como otro universo cuyos habitantes, si los hay, también serían conscientes de
sólo tres dimensiones espaciales, suponiendo que su tecnología y habilidad
experimental no superasen enormemente a las nuestras. En este montaje,
entonces, otra tres-brana, otro universo, está justo en la puerta de al lado.
Está a no más de una fracción de un milímetro (estando la separación en la
cuarta dimensión espacial, como en la figura 13.7), pero puesto que nuestra
tres-brana es tan adhesiva y la gravedad que experimentamos tan débil, no
tenemos ninguna evidencia directa de su existencia y sus hipotéticos habitantes
no tienen ninguna evidencia de la nuestra.
FIGURA 13.7. Dos tres-branas, separadas por un
corto intervalo.
Pero, según el modelo cosmológico cíclico de
Steinhardt y Turok, la figura 13.7 no es como ha sido siempre o como siempre
será. Por el contrario, en su aproximación, las dos branas se atraen
mutuamente, casi como si estuvieran conectadas por minúsculas bandas elásticas,
y esto implica que cada una de ellas impulsa la evolución cosmológica de la
otra: las branas se enzarzan en un ciclo interminable de colisión, rebote y
colisión de nuevo, regenerando eternamente sus mundos tridimensionales en
expansión. Para ver cómo es esto, mire la figura 13.8, que ilustra un ciclo
completo, paso a paso.
En la Fase 1, las dos tres-branas acaban de chocar,
y ahora están rebotando. La tremenda energía de la colisión deposita una
cantidad importante de radiación de alta temperatura y de materia en cada una
de las tres-branas que rebotan, y, ésta es la clave, Steinhardt y Turok
argumentan que las propiedades detalladas de esta materia y
radiación tienen un perfil casi idéntico al que se produce en el modelo
inflacionario.
Aunque hay todavía alguna controversia sobre este
punto, Steinhardt y Turok afirman que la colisión entre las dos tres- branas da
como resultado unas condiciones físicas extraordinariamente próximas a lo que
habrían sido un momento antes de la ráfaga de expansión inflacionaria en la
aproximación más convencional discutida en el capítulo 10.
Figura 13.8. Varias etapas en el modelo cosmológico cíclico mundobrana.
No es sorprendente entonces que para un observador
hipotético dentro de nuestra tres-brana, las siguientes etapas en el modelo
cosmológico cíclico sean esencialmente las mismas que las de la aproximación
estándar, como se ilustra en la figura 9.2 (donde ahora se interpreta que dicha
figura representa la evolución en una de las tres-branas).
A saber, cuando nuestra tres-brana rebota de la
colisión, se expande y enfría, y poco a poco se forman estructuras cósmicas
tales como estrellas y galaxias a partir del plasma primordial, como usted
puede ver en la Fase 2. Entonces, inspirados por las recientes observaciones de
supernovas discutidas en el capítulo 10, Steinhardt y Turok configuran su
modelo de modo que aproximadamente 7.000 millones de años dentro del ciclo,
Fase 3
, la energía en la materia y la radiación ordinaria
queda suficientemente diluida por la expansión de la brana para que una
componente de energía oscura gane la mano y, debido a su presión negativa,
impulse una era de expansión acelerada. (Esto requiere un ajuste arbitrario de
detalles, pero permite que el modelo encaje con la observación, y así,
argumentan los proponentes del modelo cíclico, está bien motivado.) Unos 7.000
millones de años más tarde, nosotros los seres humanos nos encontramos aquí en
la Tierra, al menos en el ciclo actual, experimentando las primeras fases de la
etapa acelerada. Luego, durante aproximadamente el siguiente billón de años, no
mucho nuevo sucede aparte de la expansión acelerada y continua de nuestra
tres-brana. Eso es tiempo suficiente para que nuestro espacio tridimensional se
haya estirado en un factor tan colosal que materia y radiación están casi
completamente diluidas, dejando que el mundobrana parezca casi completamente
vacío y completamente uniforme: Fase 4.
En este momento, nuestra tres-brana ha completado
su rebote desde la colisión inicial y ha empezado a acercarse de nuevo a la
segunda tres-brana.
A medida que nos aproximamos cada vez más a otra
colisión, las agitaciones cuánticas de las cuerdas ligadas a nuestra brana
pueblan su vacío uniforme con minúsculos rizos, Fase 5. A medida que seguimos
ganando velocidad, los rizos siguen creciendo; luego, en una colisión
cataclísmica chocamos con la segunda tres-brana, rebotamos y el ciclo empieza
de nuevo. Los rizos cuánticos imprimen minúsculas inhomogeneidades en la
radiación y la materia producidas durante la colisión e, igual que en el
escenario inflacionario, estas desviaciones de la uniformidad perfecta crecen
para dar grumos que finalmente generan las estrellas y las galaxias.
Éstas son las fases principales en el modelo
cíclico (también conocido como el big splatf Su premisa,
mundobranas en colisión, es muy diferente de la teoría inflacionaria, pero hay,
no obstante, significativos puntos de contacto entre las dos aproximaciones.
Una similitud esencial es que ambos se basan en la agitación cuántica para generar
no uniformidades iniciales. De hecho, Steinhardt y Turok argumentan que las
ecuaciones que gobiernan los rizos cuánticos en el modelo cíclico son casi
idénticas a las de la imagen inflacionaria, de modo que las no uniformidades
resultantes predichas por las dos teorías son también casi idénticas. [190] Además, aunque no hay una ráfaga inflacionaria en el modelo
cíclico, hay un período de un billón de años (que empieza en la Fase 3) de
expansión acelerada más suave. Pero se trata simplemente de una cuestión de
prisa versus paciencia; lo que consigue el modelo
inflacionario en un flash, el modelo cíclico lo consigue en una eternidad
relativa. Puesto que la colisión en el modelo cíclico no es el comienzo del
universo, se permite el lujo de resolver lentamente cuestiones cosmológicas
(como los problemas de la planitud y del horizonte) durante el billón de años
final de cada ciclo previo. Eones de expansión acelerada suave
pero continua al final de cada ciclo estiran nuestra tres-brana hasta hacerla
plana y, excepto por minúsculas pero importantes fluctuaciones cuánticas, la
hacen casi completamente uniforme. Y así, la larga etapa final de cada ciclo,
seguida por el choque en el comienzo del ciclo siguiente, da un ambiente muy
parecido al producido por el corto brote de expansión en la aproximación
inflacionaria.
§. Una breve valoración
En sus niveles de desarrollo actual, tanto el modelo inflacionario como el
modelo cíclico proporcionan marcos cosmológicos ingeniosos, pero ninguno de
ellos ofrece una teoría completa. Ignorando las condiciones dominantes durante
los primeros instantes del universo los proponentes de la cosmología
inflacionaria suponen simplemente, sin justificación teórica, que se dieron las
condiciones requeridas para iniciar la inflación. Si lo hicieron, la teoría
resuelve numerosos enigmas cosmológicos y lanza la flecha del tiempo. Pero
tales éxitos dependen de que suceda la inflación en primer lugar. Y lo que es
más, la cosmología inflacionaria no ha sido introducida sin fisuras dentro de
la teoría de cuerdas y por eso no es todavía parte de una fusión consistente de
la mecánica cuántica y la relatividad general.
El modelo cíclico tiene su propia cuota de
inconvenientes. Como sucede con el modelo de Tolman, consideraciones de
crecimiento de entropía (y también de mecánica cuántica) [191] aseguran que los ciclos del modelo cíclico no pueden haber
sucedido siempre. En su lugar, los ciclos empezaron en algún instante definido
en el pasado, y así, como sucede con la inflación, necesitamos una explicación
de cómo llegó a empezar el primer ciclo. Si lo hizo, entonces la teoría,
también como la inflación, resuelve los problemas cosmológicos suaves y pone la
flecha del tiempo apuntando desde cada choque de baja entropía en adelante a
través de las fases siguientes de la figura 13.8. Pero, tal como se concibe
actualmente, el modelo cíclico no ofrece ninguna explicación de cómo o por qué
el universo se encuentra en la configuración necesaria de la figura 13.8. ¿Por
qué, por ejemplo se enrollan seis dimensiones espaciales en una forma de
Calabi-Yau particular, mientras que una de las dimensiones extras toma la forma
de un segmento espacial que separa dos tres-branas. ¿Cómo es que las dos
tres-branas del fin-del-mundo se alinean tan perfectamente y se atraen
mutuamente con la fuerza exacta de modo que la fases de la figura 13.8 se
sucedan como hemos descrito? Y, de importancia crítica, ¿qué sucede realmente
cuando las dos tres-branas colisionan en la versión de un bang en
el modelo cíclico?
Sobre esta última pregunta existe la esperanza de
que el choque en el modelo cíclico sea menos problemático que la singularidad
encontrada en el tiempo cero en la cosmología inflacionaria. En lugar de estar
todo el espacio infinitamente comprimido, en la aproximación cíclica sólo la
única dimensión entre las branas queda comprimida; las propias branas
experimentan una expansión global, no contracción, durante cada ciclo. Y esto,
han argumentado Steinhardt y Turok y sus colaboradores, implica temperatura finita
y densidades finitas en las propias branas. Pero ésta es una conclusión muy
provisional porque, hasta ahora, nadie ha sido capaz de obtener lo máximo de
las ecuaciones y calcular lo que sucedería si las branas se juntaran. De hecho,
los análisis realizados hasta ahora apuntan a que el choque esté sujeto al
mismo problema que aflige a la teoría inflacionaria en el tiempo cero. Las
matemáticas se vienen abajo. Así pues, las cosmología sigue necesitando una
solución rigurosa a su inicio singular, sea el verdadero inicio del universo o
inicio de nuestro ciclo actual.
La característica más atractiva del modelo cíclico
es la forma en que incorpora la energía oscura y la expansión acelerada
observada. En 1998, el descubrimiento de que el universo está sufriendo una
expansión acelerada supuso una completa sorpresa para físicos y astrónomos.
Aunque podía ser incorporada en la imagen cosmológica inflacionaria suponiendo
que el universo contiene la cantidad exacta de energía oscura, la expansión
acelerada parece un añadido caprichoso. En el modelo cíclico, por el contrario,
el papel de la energía oscura es natural y central. El período de un billón de
años de expansión acelerada lenta pero continua es crucial para borrar la
pizarra, para diluir el universo observable hasta casi la nada, y para
reiniciar las condiciones para preparar el próximo ciclo. Desde este punto de
vista, tanto el modelo inflacionario como el modelo cíclico se basan en la
expansión acelerada, el modelo inflacionario cerca de su inicio y el modelo
cíclico al final de cada uno de sus ciclos, pero sólo el último tiene apoyo
observacional directo. (Recuerde, la aproximación cíclica está diseñada de modo
que acabamos de entrar en la fase de un billón de años de expansión acelerada,
y tal expansión ha sido observada realmente.) Eso es un punto a favor del
modelo cíclico, pero también significa que si la expansión acelerada dejara de
ser confirmada por observaciones futuras, el modelo inflacionario podría
sobrevivir (aunque el enigma del 70 por 100 que falta en el presupuesto de
energía del universo se plantearía de nuevo) y el modelo cíclico no podría
hacerlo.
§. Nuevas visiones del espaciotiempo
Tanto el escenario mundobrana como el modelo cosmológico cíclico que genera son
altamente especulativos. Los he discutido aquí no tanto porque esté seguro de
que son correctos sino porque quiero ilustrar las sorprendentes nuevas maneras
de pensar acerca del espacio en el que habitamos, y la evolución que ha
experimentado, que han sido inspiradas por la teoría M/de cuerdas. Si estamos
viviendo dentro de una tres-brana, la vieja pregunta de siglos con respecto a
la corporeidad del espacio tridimensional tendría su respuesta más definida: el
espacio sería una brana, y así sería más definitivamente un algo. También
podría no ser algo particularmente especial pues podría haber muchas otras
branas, de varias dimensiones, flotando dentro de la extensión de dimensiones
más altas de la teoría M/de cuerdas. Y si la evolución cosmológica en nuestra
tres-brana está impulsada por colisiones repetidas con una brana próxima, el
tiempo como lo conocemos llenaría sólo uno de los muchos ciclos del universo,
con un big bang seguido de otro, y luego otro.
Para mí, ésta es una idea excitante; también nos
hace ser más humildes.
Puede haber en el espacio y el tiempo mucho más de
lo que preveíamos; si lo hay, lo que consideramos que es «todo» quizá sea tan
sólo un pequeño constituyente de una realidad mucho más rica.
Capítulo 14
Arriba en el cielo y abajo en la Tierra
Experimentando con el espacio y el tiempo
Contenido:
§. Einstein disfrazado
§. Pillando la onda
§. La caza de las dimensiones extras
§. La Higgs, la supersimetría y la teoría de cuerdas
§. Orígenes cósmicos
§. Materia oscura, energía oscura y el futuro del universo
§. Espacio, tiempo y especulación
Hemos recorrido un largo camino desde que
Empédocles de Agrigento explicaba el universo utilizando tierra, aire, fuego y
agua.
Y muchos de los avances que hemos hecho, desde
Newton hasta los revolucionarios descubrimientos del siglo XX, han sido
corroborados espectacularmente mediante la confirmación experimental de
predicciones teóricas precisas y detalladas. Pero desde mediados de la década
de 1980 hemos sido víctimas de nuestro propio éxito. Con el impulso incesante
para llevar aún más lejos los límites del conocimiento, nuestras teorías han
entrado en dominios que están fuera del alcance de nuestra tecnología actual.
No obstante, con diligencia y suerte, muchas ideas
de vanguardia serán puestas a prueba durante las próximas décadas. Como
discutiremos en este capítulo, experimentos planeados o en curso pueden aportar
muchas ideas sobre la existencia de dimensiones extras, la composición de la
materia oscura y de la energía oscura, el origen de la masa y el océano de
Higgs, aspectos de la cosmología del universo primitivo, la relevancia de la
supersimetría y, posiblemente, la veracidad de la propia teoría de cuerdas. Y
así, con un poco más de suerte, quizá puedan ponerse a prueba finalmente
algunas ideas imaginativas e innovadoras con respecto a la unificación, la
naturaleza del espacio y del tiempo y nuestros orígenes cósmicos.
§. Einstein disfrazado[xlii]
Durante sus diez años de lucha por formular la
teoría de la relatividad general, Einstein buscó inspiración en varias fuentes.
Las más influyentes fueron las ideas sobre las matemáticas de las superficies
curvas desarrolladas en el siglo XIX por luminarias matemáticas entre las que
se incluían Cari Friedrich Gauss, János Bolyai, Nikolai Lobachevski y Georg
Bernhard Riemann. Como discutimos en el capítulo 3, Einstein se inspiró también
en las ideas de Ernst Mach. Recuerde que Mach defendía una concepción relacionista
del espacio; para él, el espacio proporcionaba el lenguaje para especificar la
localización de un objeto con respecto a otro pero no era en sí mismo una
entidad independiente. Inicialmente, Einstein fue un defensor entusiasta de la
perspectiva de Mach, porque era lo más parecido a lo que podía ser una teoría
que aceptase la relatividad. Pero cuando Einstein llegó a una comprensión más
profunda de la relatividad general, se dio cuenta de que no incorporaba
plenamente las ideas de Mach. Según la relatividad general, el agua en el cubo
de Newton, girando en un universo por lo demás vacío, adoptaría una forma
cóncava, y esto estaba en conflicto con la perspectiva puramente relacional de
Mach, puesto que implica una noción absoluta de aceleración.
Incluso así, la relatividad general incorpora
algunos aspectos del punto de vista de Mach, y en los próximos años un
experimento que se ha estado preparando durante cerca de cuarenta años y en el
que se han invertido más de quinientos millones de dólares pondrá a prueba una
de las características machianas más destacadas.
La física que se va a estudiar se conoce desde
1918, cuando los investigadores austríacos Joseph Lense y Hans Thirring
utilizaron la relatividad general para mostrar que de la misma manera que un
objeto masivo deforma el espacio y el tiempo, como una bola de bolos colocada
sobre una cama elástica, también un objeto que rota arrastra al espacio (y el
tiempo) que le rodea, como una piedra que gira sumergida en un cubo de jarabe.
Esto se conoce como arrastre de sistema e implica, por
ejemplo, que un asteroide en caída libre hacia una estrella de neutrones o un
agujero negro que giran rápidamente quedará atrapado en un remolino de espacio
en rotación y empezará a dar vueltas a medida que desciende. El efecto se
denomina arrastre de sistema porque desde el punto de vista del asteroide,
desde su sistema de referencia, no está siendo desviado en absoluto. En su
lugar, está cayendo directamente a lo largo de la malla espacial, pero puesto
que el espacio está arremolinado (como en la figura 14.1) la malla se retuerce,
de modo que el significado de «directamente» difiere del que usted hubiera
esperado desde una perspectiva lejana no arremolinada.
Para ver la conexión con Mach, piense en una
versión del arrastre del sistema en la que el objeto masivo en rotación es una
esfera enorme y hueca.
Figura 14.1. Un objeto masivo en rotación arrastra el espacio, los sistemas
en caída libre, a su alrededor.
Los cálculos iniciados en 1912 por Einstein
(incluso antes de que completase la relatividad general), que fueron
significativamente ampliados en 1965 por Dieter Brill, y finalmente completados
en 1985 por los físicos alemanes Herbert Pfister y K. Braun, demostraban que el
espacio dentro de la esfera hueca sería arrastrado por el movimiento rotacional
y puesto a girar como una especie de remolino. [192] Si dentro de dicha esfera en rotación se colocara un cubo en
reposo lleno de agua, en reposo visto desde un punto de vista lejano, los
cálculos muestran que el espacio en rotación ejercería una fuerza sobre el agua
en reposo, haciéndola subir por las paredes del cubo y tomar una forma cóncava.
Este resultado le hubiera gustado mucho a Mach.
Aunque quizá no le hubiera gustado la descripción en términos de «espacio en
rotación», puesto que esta expresión retrata al espaciotiempo como un algo,
habría encontrado extraordinariamente gratificante que el movimiento de
rotación relativo entre la esfera y el cubo haga que la forma
del agua cambie. De hecho, para una corteza que contenga suficiente masa, una
cantidad comparable a la contenida en el universo entero, los cálculos muestran
que apenas importa si usted piensa que la esfera está girando alrededor del
cubo o es el cubo el que está girando dentro de la esfera hueca. Como defendía
Mach, lo único que importa es el movimiento de rotación relativo entre los dos.
Y puesto que los cálculos que he mencionado sólo hacen uso de la relatividad
general, éste es un ejemplo explícito de una característica claramente machiana
de la teoría de Einstein. (No obstante, mientras que el razonamiento machiano
estándar afirmaría que el agua permanecería plana si el cubo girara en un
universo infinito y vacío, la relatividad general discrepa. Lo que muestran los
resultados de Pfister y Braun es que una esfera en rotación suficientemente
masiva es capaz de bloquear completamente la influencia usual del espacio que
yace más allá de la propia esfera.)
En 1960, Leonard Schiff, de la Universidad de
Stanford e, independientemente, George Pugh, del Departamento de Defensa de
Estados Unidos, sugirieron que la predicción de arrastre de sistema de la
relatividad general podría ser puesta a prueba experimentalmente utilizando el
movimiento rotacional de la Tierra. Schiff y Pugh se dieron cuenta de que según
la física newtoniana, un giróscopo en rotación, un volante giratorio que está
unido a un eje, flotando en órbita por encima de la superficie de la Tierra apuntaría
en una dirección fija e invariable. Pero según la relatividad general su eje
rotaría ligeramente debido al efecto de arrastre de espacio de la Tierra.
Puesto que la masa de la Tierra es despreciable comparada con la hipotética
esfera hueca utilizada en el cálculo de Pfister y Braun, el grado de arrastre
de sistema causado por la rotación de la Tierra es minúsculo. Los cálculos
detallados mostraban que si el eje de rotación del giróscopo estuviera
inicialmente dirigido hacia una estrella de referencia escogida, al cabo de un
año el espacio lentamente arremolinado habría desplazado la dirección de su eje
en aproximadamente una cienmilésima de grado. Éste es el ángulo que barre el
segundero de un reloj en aproximadamente dos millonésimas de segundo, de modo
que su detección presenta un importante desafío científico, tecnológico y de
ingeniería.
Cuatro décadas de desarrollo y casi un centenar de
tesis doctorales más tarde, un equipo de Stanford dirigido por Francis Everitt
y financiado por la NASA está listo para hacer el experimento. Durante los
próximos años su satélite Gravity Probe B, flotando a más de 600 kilómetros en
el espacio y provisto de cuatro de los giróscopos más estables nunca
construidos, intentará medir el arrastre de sistema provocado por la rotación
de la Tierra. Si el experimento tiene éxito, será una de las confirmaciones más
precisas de la relatividad general nunca conseguida, y proporcionará la primera
evidencia directa de un efecto machiano. [193] Igualmente excitante es la posibilidad de que los experimentos
detecten una desviación de lo que predice la relatividad general. Una grieta
minúscula de este tipo en los fundamentos de la relatividad general podría ser
precisamente lo que necesitamos para echar una ojeada a las hasta ahora
propiedades ocultas del espaciotiempo.
§. Pillando la onda
Una lección esencial de la relatividad general es que masa y energía hacen que
el tejido del espaciotiempo se deforme; ilustramos esto en la figura 3.10
mostrando el entorno curvado que rodea al Sol. Sin embargo, una limitación de
una figura estática es que no puede mostrar cómo evolucionan las deformaciones
y curvas del espaciotiempo cuando la masa y la energía se mueven o cambian de
alguna manera su configuración. [194] La relatividad general predice que de la misma forma que una cama
elástica adopta una forma fija y deformada cuando usted está encima
perfectamente quieto, pero sube y baja cuando usted salta, el espacio puede
adoptar una forma fija y curvada si la materia está perfectamente inmóvil, como
se supone en la figura 3.10, pero aparecen rizos ondulantes a través de su
tejido cuando la materia se mueve de un lado a otro. Einstein llegó a darse
cuenta de esto entre 1916 y 1918, cuando utilizó las recientemente formuladas
ecuaciones de la relatividad general para demostrar que, igual que las cargas
eléctricas que se mueven arriba y abajo en una antena emisora producen ondas
electromagnéticas (así es como se producen las ondas de radio y televisión), la
materia que se mueve a gran velocidad (como en una explosión de supernova)
produce ondas gravitatorias. Y puesto que la gravedad es curvatura, una onda
gravitatoria es una onda de curvatura. De la misma manera que arrojar una
piedra en un estanque produce rizos en el agua que se extienden hacia afuera,
la materia que gira genera rizos espaciales que se extienden hacia afuera;
según la relatividad general, una explosión de supernova lejana es como una
piedra cósmica que ha sido arrojada a un estanque espaciotemporal, como se
ilustra en la figura 14.2. La figura resalta una importante característica
distintiva de las ondas gravitatorias: a diferencia de las ondas
electromagnéticas, las ondas sonoras y las ondas de agua, ondas que viajan a
través del espacio, las ondas gravitatorias viajan dentro del
espacio. Son distorsiones viajeras en la geometría del propio espacio.
Aunque las ondas gravitatorias son ahora una
predicción aceptada de la relatividad general, durante muchos años el fenómeno
estuvo envuelto en confusión y controversia, debido al menos en parte a una
adhesión excesiva a la filosofía machiana. Si la relatividad general
incorporase plenamente las ideas de Mach, entonces la «geometría del espacio»
sería meramente un lenguaje conveniente para expresar la localización y
movimiento de un objeto masivo con respecto a otro. El espacio vacío sería, en
esta forma de pensar, un concepto vacío, de modo que ¿cómo podría ser razonable
hablar de un espacio vacío ondulante? Muchos físicos trataron de demostrar que
las supuestas ondas en el espacio equivalían a una interpretación errónea de
las matemáticas de la relatividad general. Pero con el tiempo los análisis
teóricos convergieron en la conclusión correcta: las ondas gravitatorias son
reales, y el .espacio puede rizarse.
Figura 14.2. Las ondas gravitatorias son rizos en el tejido del
espaciotiempo.
Con cada cresta y vientre que pasa, la geometría
distorsionada de una onda gravitatoria estira el espacio, y todo lo que hay en
él, en una dirección y luego comprime el espacio, y todo lo que hay en él, en
una dirección perpendicular, como en la representación muy exagerada de la
figura 14.3. En principio, usted podría detectar el paso de una onda
gravitatoria midiendo repetidamente las distancias entre una variedad de
localizaciones y encontrar que las razones entre dichas distancias habían
cambiado momentáneamente.
En la práctica, nadie ha sido capaz de hacer esto,
de modo que nadie ha detectado directamente una onda gravitatoria. (Sin
embargo, hay alguna prueba indirecta convincente a favor de las ondas
gravitatorias.) [195] La dificultad está en que la influencia distorsionante del paso de
una onda gravitatoria es normalmente minúscula.
Figura 14.3. El paso de una onda gravitatoria estira un objeto en una
dirección y luego en la otra. (En esta imagen, la escala de distorsión para una
onda gravitatoria típica está enormemente exagerada.)
La bomba atómica probada en Trinidad el 16 de julio
de 1945 tenía un poder explosivo equivalente a 20.000 toneladas de TNT y era
tan brillante que testigos a kilómetros de distancia tenían que llevar gafas de
protección para evitar graves daños debidos a las ondas electromagnéticas que
generó. Pese a todo, incluso si usted hubiera estado situado al pie de la torre
de acero de 30 metros de altura sobre la que estaba la bomba, las ondas
gravitatorias que produjo su explosión habrían estirado su cuerpo en una dirección
u otra tan sólo en una minúscula fracción de un diámetro atómico. Así son de
relativamente débiles las perturbaciones gravitatorias, lo que da una idea de
los retos tecnológicos que implica el detectarlas. (Puesto que una onda
gravitatoria también puede considerarse como un enorme número de gravitones que
viajan de una forma coordinada, igual que una onda electromagnética está
compuesta de un enorme número de fotones coordinados, esto también da una idea
de lo difícil que es detectar un único gravitón.)
Por supuesto, no estamos particularmente
interesados en detectar las ondas gravitatorias producidas por armas nucleares,
pero la situación con las fuentes astrofísicas no es mucho más fácil. Cuanto
más próxima esté y más masiva sea la fuente astrofísica, y más enérgico y
violento sea el movimiento implicado, más intensas serían las ondas
gravitatorias que recibiríamos. Pero incluso si una estrella a una distancia de
10.000 años luz se transformara en supernova, cuando la onda gravitatoria
resultante pasara por la Tierra estiraría una vara de un metro de longitud en
sólo una milbillonésima de centímetro, apenas una centésima del tamaño de un
núcleo atómico. Así, a menos que un suceso astrofísico altamente inesperado y
de proporciones verdaderamente cataclísmicas suceda relativamente cerca,
detectar una onda gravitatoria requerirá un aparato capaz de responder a
cambios de longitud fantásticamente pequeños.
Los científicos que diseñaron y construyeron el
Láser Interferometer Gravitational Wave Observatory (LIGO) (gestionado
conjuntamente por el Instituto de Tecnología de California y el Instituto de
Tecnología de Massachusetts y financiado por la Fundación Nacional de la
Ciencia) han aceptado el desafío. LIGO es impresionante y la sensibilidad
esperada es asombrosa. Consiste en dos tubos huecos, cada uno de cuatro
kilómetros de longitud y un poco más de un metro de diámetro, que
están dispuestos formando una L gigante. Haces de luz láser enviados
simultáneamente a lo largo de túneles de vacío dentro de cada tubo, y
reflejados por espejos altamente pulidos, se utilizan para medir la longitud
relativa de cada uno con fantástica precisión. La idea es que si pasara una
onda gravitatoria, estiraría un tubo con respecto al otro, y si el estiramiento
es suficientemente grande, los científicos serían capaces de detectarlo.
Los tubos son largos porque el estiramiento y la
compresión que produce la onda gravitatoria son acumulativos. Si una onda
gravitatoria estirara algo de cuatro metros de longitud en, digamos, 10-20 metros,
estiraría algo de cuatro kilómetros de longitud mil veces más, 10 -17 metros.
Así, cuanto más larga es la extensión monitorizada, más fácil es detectar un
cambio en su longitud. Para sacar el mejor partido de esto, los
experimentadores de LIGO dirigen en realidad los láseres para que reboten más
de cien veces entre espejos colocados en los extremos de cada tubo, aumentando
la distancia monitorizada hasta unos 800 kilómetros por haz. Con estos trucos
inteligentes y estas hazañas de ingeniería LIGO debería ser capaz de detectar
cualquier cambio en las longitudes de los tubos que supere una billonésima del
grosor de un cabello humano, una cienmillonésima del tamaño de un átomo.
¡Ah!, y hay en realidad dos de estos aparatos con
forma de L. Uno está en Livingstone, Luisiana, y el otro a unos 3.200
kilómetros en Hanford, Washington. Si una onda de gravedad procedente de alguna
catástrofe astrofísica lejana pasara por la Tierra, debería afectar de forma
idéntica a cada detector, de modo que cualquier onda captada por un experimento
tendría que manifestarse también en el otro. Éste es un test de consistencia
importante, puesto que pese a todas las precauciones que se han tomado para apantallar
los detectores, las perturbaciones de la vida cotidiana (el temblor de un
camión que pasa, el impacto de un árbol que cae, y todo lo demás) podrían pasar
como ondas gravitatorias. Requerir coincidencia entre detectores distantes
sirve para descartar estos falsos positivos.
Los investigadores también han calculado
cuidadosamente las frecuencias de las ondas gravitatorias, el número de crestas
y vientres que debería atravesar su detector cada segundo, que esperan que sean
producidas por un abanico de fenómenos astrofísicos incluyendo explosiones de
supernova, el movimiento rotatorio de estrellas de neutrones no esféricas y las
colisiones entre agujeros negros. Sin esta información, los experimentadores
estarían buscando una aguja en un pajar; con ellas pueden concentrar los detectores
en una estrecha banda de frecuencias de interés físico. Curiosamente, los
cálculos revelan que algunas frecuencias de las ondas gravitatorias deberían
estar en el rango de unos miles de ciclos por segundo; si fueran ondas sonoras,
estarían precisamente en el intervalo de audibilidad humana. Las estrellas de
neutrones coalescentes sonarían como un chirrido con un tono rápidamente
creciente, mientras que un par de agujeros negros en colisión imitarían el
gorjeo de un gorrión que haya recibido un golpe. Hay una enorme cacofonía de
ondas gravitatorias que oscilan a través del tejido del espaciotiempo, y si
todo va según los planes, LIGO será el primer instrumento en
sintonizarla. [196]
Lo que hace todo esto tan excitante es que las
ondas gravitatorias maximizan la utilidad de dos características principales de
la gravedad: su debilidad y su ubicuidad. Esto implica que las ondas
gravitatorias pueden atravesar materiales que son opacos a la luz, dando acceso
a dominios astrofísicos previamente ocultos. Y lo que es más, puesto que todo
está sometido a la gravedad (mientras que la fuerza electromagnética, por
ejemplo, sólo afecta a objetos que tienen una carga eléctrica), todo tiene la
capacidad de generar ondas gravitatorias y producir con ello una firma
observable.
LIGO marca así un punto de retomo importante en la
forma en que examinamos el cosmos.
Hubo un tiempo en el que todo lo que podíamos hacer
era levantar los ojos y mirar al cielo. En el siglo XVII Hans Lippershey y
Galileo Galilei cambiaron eso. Con la ayuda del telescopio, la gran vista del
cosmos estuvo al alcance de la Humanidad. Pero con el tiempo comprendimos que
la luz visible representaba una banda estrecha de ondas electromagnéticas. En
el siglo XX, con la ayuda de telescopios de infrarrojos, ondas de radio, rayos
X y rayos gamma el cosmos se abrió de nuevo a nosotros, revelando maravillas
invisibles en las longitudes de onda de la luz a las que nuestros ojos se
habían acostumbrado por la evolución. Ahora, en el siglo XXI, estamos abriendo
los cielos una vez más. Con LIGO y sus mejoras posteriores[xliii] veremos
el cosmos de una forma completamente nueva. Más que utilizar ondas
electromagnéticas utilizaremos ondas gravitatorias; más que utilizar la fuerza
electromagnética, utilizaremos la fuerza gravitatoria.
Para apreciar lo revolucionaria que puede ser esta
nueva tecnología imagine un mundo en el que científicos alienígenas estuvieran
a punto de descubrir la forma de detectar ondas electromagnéticas, luz, y
piense en el profundo cambio que sufriría su visión del universo. Estamos en la
víspera de nuestra primera detección de ondas gravitatorias y por ello quizá en
una posición similar. Durante milenios hemos mirado al cosmos; ahora es como
si, por primera vez en la historia humana, lo fuéramos a oír.
§. La caza de las dimensiones extras
Antes de 1996 la mayoría de los modelos teóricos que incorporaban dimensiones
extras imaginaban que su extensión espacial era aproximadamente planckiana (10-33 centímetros).
Puesto que esto es diecisiete órdenes de magnitud más pequeño que algo
resoluble utilizando los equipos actualmente disponibles, sin el descubrimiento
de una nueva tecnología milagrosa la física planckiana permanecerá fuera de
alcance. Pero si las dimensiones extras son «grandes», lo que significa mayores
que una centésima de trillonésima (1O“20) de metro, aproximadamente una
millonésima del tamaño de un núcleo atómico, hay esperanzas.
Como discutimos en el capítulo 13, si cualquiera de
las dimensiones extras es «muy grande», a pocos órdenes de magnitud de un
milímetro, medidas de precisión de la intensidad de la gravedad deberían
revelar su existencia. Tales experimentos han estado en curso durante algunos
años y las técnicas se han refinado rápidamente. Hasta ahora no se ha
encontrado ninguna desviación de la ley de la inversa del cuadrado
característica de tres dimensiones espaciales, de modo que los investigadores
están acudiendo a distancias más pequeñas. Una señal positiva sacudiría, cuando
menos, las bases de la física. Proporcionaría evidencia de dimensiones extras
accesibles sólo a la gravedad, y eso daría fuerte apoyo circunstancial al
escenario mundobrana de la teoría M/de cuerdas.
Si las dimensiones extras son grandes pero no muy
grandes, es poco probable que sean detectadas en experimentos de precisión con
la gravedad, pero siguen estando disponibles otras aproximaciones indirectas.
Por ejemplo, mencionamos antes que las dimensiones extras grandes implicarían
que la intensidad intrínseca de la gravedad es mayor que lo que se pensaba
previamente. La debilidad observada de la gravedad sería atribuida a su fuga en
las dimensiones extras, no a que sean fundamentalmente débiles; a escalas de
distancia cortas, antes de que ocurra dicha fuga, la gravedad sería fuerte.
Entre otras implicaciones, esto significa que la
creación de agujeros negros minúsculos requeriría una masa y una energía mucho
menores que en un universo en el que la gravedad es intrínsecamente mucho más
débil. En el capítulo 13 discutimos la posibilidad de que tales agujeros negros
microscópicos pudieran ser generados por colisiones protón-protón de alta
energía en el Gran Colisionador de Hadrones, el acelerador de partículas ahora
en construcción en Ginebra, Suiza, y cuya terminación está prevista en 2007.
Ésta es una perspectiva excitante. Pero hay otra posibilidad tentadora que fue
planteada por Alfred Shapere, de la Universidad de Kentucky, y Jonathan Feng,
de la Universidad de California en Irving. Estos investigadores señalaron que
los rayos cósmicos, partículas elementales que fluyen a través del espacio y
bombardean continuamente nuestra atmósfera, también podrían desencadenar la
producción de agujeros negros microscópicos.
Las partículas de los rayos cósmicos fueron
descubiertas en 1912 por el científico austríaco Victor Hess; más de nueve
décadas después siguen presentando muchos misterios. Cada segundo, rayos
cósmicos penetran en la atmósfera e inician una cascada de miles de millones de
partículas que llueven hacia la superficie de la Tierra y atraviesan su cuerpo
y el mío.
Algunas de ellas son detectadas por una variedad de
instrumentos destinados a ello en todo el mundo. Pero nadie está completamente
seguro de qué tipo de partículas constituyen los rayos cósmicos incidentes
(aunque hay un consenso creciente en que son protones), y pese a que se cree
que algunas de estas partículas de alta energía proceden de explosiones de
supernova, nadie tiene ninguna idea de dónde se originan los rayos cósmicos de
energía más alta. Por ejemplo, el 15 de octubre de 1991, el detector de rayos
cósmicos Ojo de Mosca, en el desierto de Utah, midió una partícula que cruzó el
cielo con una energía equivalente a 30.000 millones de veces la masa de un
protón. Ésta es una energía casi tan alta como la de una bola rápida lanzada
por Mariano Rivera pero contenida en una única partícula subatómica, y es unos
100 millones de veces mayor que las energías de las partículas que serán
producidas por el Gran Colisionador de Hadrones. [197] Lo enigmático es que ningún proceso astrofísico conocido podría
producir partículas con una energía tan alta; los experimentadores están
recogiendo más datos con detectores más sensibles con la esperanza de resolver
el misterio.
Para Shapere y Feng, el origen de las partículas de
rayos cósmicos superenergéticas era de importancia secundaria. Ellos
comprendieron que independientemente de cuál sea el origen de tales partículas,
si la gravedad a escalas microscópicas es mucho más intensa de lo que antes se
pensaba, las partículas de rayos cósmicos de la máxima energía podrían tener la
fuerza suficiente para crear minúsculos agujeros negros cuando chocan
violentamente con las capas altas de la atmósfera.
Como sucede con su producción en los colisionadores
de átomos, tales agujeros negros minúsculos no supondrían el más mínimo peligro
para los experimentadores o el mundo en general. Tras su creación, se
desintegrarían rápidamente, emitiendo una cascada característica de otras
partículas más normales. De hecho, los agujeros negros microscópicos tendrían
una vida tan corta que los experimentadores no los buscarían directamente; en
su lugar, buscarían evidencia de agujeros negros a través de estudios detallados
de los chaparrones de partículas resultantes que caerían en sus detectores.
Actualmente se está construyendo en una vasta
extensión de tierra en el oeste de Argentina el más sensible de los detectores
de rayos cósmicos en todo el mundo, el Observatorio Pierre Auger, con un área
de observación del tamaño de Road Island. Shapere y Feng estiman que si todas
las dimensiones extras son tan grandes como 10-14 metros,
entonces al cabo del equivalente a un año de recogida de datos, el detector
Auger verá los residuos de partículas característicos de aproximadamente una
docena de agujeros negros minúsculos producidos en la parte superior de la
atmósfera. Si no se encuentran estas firmas de agujeros negros, el experimento
concluirá que las dimensiones extras son más pequeñas. Encontrar los restos de
agujeros negros producidos en colisiones de rayos cósmicos es ciertamente
difícil, pero el éxito abriría la primera ventana experimental a las
dimensiones extras, agujeros negros, teoría de cuerdas y gravedad cuántica.
Además de la producción de agujeros negros, hay
otra manera en la que los investigadores buscarán dimensiones extras durante la
próxima década con la ayuda de los aceleradores. Esta idea es una variante
sofisticada de la explicación «espacio-entre-los-cojines» para las monedas
perdidas que le faltan en su bolsillo.
Un principio central de la física es el principio
de conservación de la energía. La energía puede manifestarse de muchas formas,
la energía cinética del movimiento de una bola cuando sale disparada de un bate
de béisbol, energía potencial cuando la bola vuela hacia arriba, energía sonora
y calorífica cuando la bola golpea en el suelo y excita todo tipo de
movimientos vibratorios, la energía de la masa que está encerrada en la propia
bola, y demás, pero cuando se han tenido en cuenta todos los portadores de energía,
la cantidad con la que usted termina es siempre igual a la cantidad con la que
empezó. [198] Hasta la fecha, ningún experimento contradice esta ley de balance
energético perfecto.
Pero dependiendo del tamaño preciso de las
dimensiones extras supuestas, experimentos de alta energía que van a realizarse
en la instalación recién actualizada en Fermilab y en el Gran Colisionador de
Hadrones pueden revelar procesos que parecen violar la conservación de la
energía: la energía al final de una colisión puede ser menor que la energía al
principio. La razón es que, de forma muy parecida a sus monedas desaparecidas,
la energía (transportada por los gravitones) puede esconderse en las grietas, el
minúsculo espacio adicional, que proporcionan las dimensiones extras y ser así
pasada por alto en los cálculos del balance energético. La posibilidad de una
«señal de energía faltante» semejante proporciona aún otro medio para
establecer que el tejido del cosmos tiene una complejidad mucho más allá de la
que podemos ver directamente.
Sin duda, cuando se trata de dimensiones extras, yo
no soy imparcial. He trabajado en aspectos de las dimensiones extras durante
más de quince años, de modo que ellas tienen un lugar especial en mi corazón.
Pero, hecha esta confesión, me resulta difícil imaginar un descubrimiento que
fuera más excitante que encontrar evidencia a favor de dimensiones además de
las tres que a todos nos son familiares. En mi opinión, no hay actualmente
ninguna otra propuesta seria cuya confirmación sacudiera tanto la base de la
física y, con ello, estableciera que debemos estar dispuestos a cuestionar los
elementos básicos, aparentemente evidentes, de la realidad.
§. La Higgs, la supersimetría y la teoría de
cuerdas
Además de los desafíos científicos de buscar en lo desconocido, y la
posibilidad de encontrar evidencia de dimensiones extras, hay un par de
motivaciones especiales para las mejoras recientes del acelerador Fermilab y la
construcción del gigantesco Gran Colisionador de Hadrones. Una es encontrar
partículas de Higgs. Como discutimos en el capítulo 9, las escurridizas
partículas de Higgs serían los constituyentes más pequeños de un campo de
Higgs, un campo, suponen los físicos, que forma el océano de Higgs y con ello
da masa a los otros tipos de partículas fundamentales, .
Estudios teóricos y experimentales actuales
sugieren que la Higgs debería tener una masa comprendida entre un centenar y un
millar de veces la masa del protón, Si el extremo más bajo de este intervalo
resulta ser correcto, Fermilab tiene una oportunidad razonable de descubrir una
partícula de Higgs en el futuro próximo. Y ciertamente, si Fermilab no lo
descubre y el intervalo de masa estimado es en cualquier caso correcto, el Gran
Colisionador de Hadrones debería producir partículas de Higgs en cantidad para
finales de la década. La detección de partículas de Higgs sería un jalón
fundamental, pues confirmaría la existencia de campos que los físicos teóricos
de partículas y los cosmólogos han invocado durante décadas, sin ninguna
evidencia experimental que lo apoye.
Otro objetivo importante de Fermilab y del Gran
Colisionador de Hadrones es detectar evidencia de supersimetría. Recordemos del
capítulo 12 que pares de partículas supersimétricas cuyos espines difieren en
media unidad es una idea que surgió originalmente de estudios de la teoría de
cuerdas a principios de la década de 1970. Si la supersimetría es relevante
para el mundo real, entonces por cada tipo de partícula conocido con espín ½
debería haber una partícula asociada con espín 0; por cada tipo de partícula
conocida de espín 1, debería haber una partícula asociada de espín ½. Por
ejemplo, para el electrón de espín ½ debería haber una partícula supersimétrica
de espín 0 llamada electrón supersimétrico, o selectrón, para
abreviar; para los quarks de espín ½ debería haber quarks
supersimétricas, osquarks, para neutrinos de espín ½
debería haber neutrinos de espín 0; para gluones, fotones y
partículas W y Z de espín 1 debería haber gluinos, fotinos ywinos y
zinos de espín 0. (Sí, los físicos no pueden evitarlo.) Nadie ha
detectado todavía ninguna de estas pretendidas contrafiguras.
Los físicos cruzan los dedos confiando en que eso
se explica porque las partículas supersimétricas son sustancialmente más
pesadas que sus contrapartidas conocidas. Consideraciones teóricas sugieren que
las partículas supersimétricas podrían ser mil veces más masivas que un protón,
y en ese caso no tendría ningún misterio que no aparezcan en los datos
experimentales: los colisionadores de átomos no tienen la energía adecuada para
producirlos.
En la próxima década todo esto cambiará. Ya, el
recién mejorado acelerador en Fermilab intenta descubrir partículas
supersimétricas. Y, como sucede con la Higgs, si el Fermilab no llegara a
encontrar evidencia de supersimetría, y si el rango de masas esperado para las
partículas supersimétricas es aproximado, el Gran Colisionador de Hadrones
podría producirlas con facilidad.
La confirmación de la supersimetría sería el
desarrollo más importante en la física de partículas elementales en más de dos
décadas. Establecería el próximo paso en nuestra comprensión más allá del
exitoso modelo estándar de la física de partículas y proporcionaría evidencia
circunstancial de que la teoría de cuerdas está en el camino correcto. Pero
note que eso no demostraría la teoría de cuerdas propiamente dicha. Incluso si
la supersimetría se descubrió mientras se desarrolla la teoría de cuerdas, los
físicos han sabido desde hace tiempo que la supersimetría es un principio más
general que puede incorporarse con facilidad en la aproximación tradicional de
partículas puntuales. La confirmación de la supersimetría establecería un
elemento vital del marco de las cuerdas y guiaría mucha investigación
posterior, pero no sería una prueba definitiva de la verdad de la teoría de
cuerdas.
Por el contrario, si el escenario mundobrana es
correcto, los próximos experimentos en los aceleradores tienen la capacidad
para confirmar la teoría de cuerdas. Como se mencionó brevemente en el capítulo
13, si las dimensiones extras en el escenario mundobrana fueran tan grandes
como 10“16 centímetros, no sólo la gravedad sería intrínsecamente más intensa
de lo que antes se pensaba sino que las cuerdas serían también
significativamente más largas. Puesto que las cuerdas más largas son menos
rígidas, necesitarían menos energía para vibrar. Mientras que en el marco de
cuerdas convencional las pautas vibracionales de las cuerdas tenían energías
que están mil billones de veces más allá de nuestro alcance experimental, en el
escenario mundobrana las energías de las pautas vibracionales de cuerdas
podrían reducirse hasta mil veces la masa del protón. Si así
fuera, las colisiones de alta energía en el Gran Colisionador de Hadrones
serían similares a una pelota de golf bien golpeada rebotando en el interior de
un piano; la colisión tendría energía suficiente para excitar muchas «octavas»
de pautas vibracionales de cuerdas. Los experimentos detectarían una panoplia
de nuevas partículas nunca vistas, es decir, nuevas pautas vibracionales de
cuerdas nunca vistas, cuyas energías corresponderían a las resonancias
armónicas de la teoría de cuerdas.
Las propiedades de estas partículas y las
relaciones entre ellas mostrarían inequívocamente que todas forman parte de la
misma partitura cósmica, que todas son diferentes pero están relacionadas, que
todas son pautas vibracionales diferentes de un mismo tipo de objeto: una
cuerda. En un futuro previsible, éste es el escenario más probable para una
confirmación directa de la teoría de cuerdas.
§. Orígenes cósmicos
Como vimos en capítulos anteriores, la radiación de fondo cósmico de microondas
ha desempeñado un papel dominante en la investigación cosmológica desde su
descubrimiento a mediados de la década de 1960. La razón es clara: en las
etapas tempranas del universo, el espacio estaba lleno de un baño de partículas
cargadas eléctricamente, electrones y protones, que, a través de la fuerza
electromagnética, azotaban incesantemente a los fotones en una dirección u
otra. Pero apenas 300.000 años después del bang, el universo
se enfrió lo suficiente como para que electrones y protones se combinaran en
átomos eléctricamente neutros, y desde ese instante en adelante, la radiación
ha viajado por el espacio, básicamente inalterada, ofreciendo una instantánea
del universo primitivo. Hay aproximadamente 400 millones de estos fotones de
microondas cósmicas primordiales fluyendo por cada metro cúbico de espacio,
como reliquias prístinas del universo primitivo.
Las medidas iniciales de la radiación de fondo de
microondas revelaron que su temperatura es extraordinariamente uniforme, pero
como discutimos en el capítulo 11, un examen más detallado, realizado por
primera vez en 1992 por el Cosmic Background Explorer (COBE) y mejorado desde
entonces por varios proyectos observacionales, encontró evidencia de pequeñas
variaciones de temperatura, como se ilustra en la figura 14.4a. Los datos están
codificados en una escala de grises, con regiones claras y oscuras que indican
variaciones de temperatura de unas pocas diezmilésimas de grado. Las manchas de
la figura muestran las no uniformidades minúsculas pero innegablemente reales
de la temperatura de la radiación en el cielo.
Aunque era un descubrimiento impresionante por sí
mismo, el experimento de COBE también marcó un cambio fundamental en la
naturaleza de la investigación cosmológica. Antes de COBE, los datos
cosmológicos eran toscos. A su vez, una teoría cosmológica se consideraba
viable si podía ajustar las características a grandes rasgos de las
observaciones astronómicas.
Figura 14.4. (a) Datos de la radiación de fondo cósmico de microondas
recogida por el satélite COBE. La radiación ha estado viajando sin obstáculos a
través del espacio desde hace unos 300.000 años después del big bang, de modo
que esta imagen muestra las minúsculas variaciones de temperatura presentes en
el universo hace casi 14.000 millones de años, (b) Datos mejorados recogidos
por el satélite WMAP.
Los teóricos podían proponer un esquema tras otro
con sólo una mínima consideración para satisfacer las ligaduras
observacionales. Sencillamente no había muchas ligaduras observacionales, y las
que existían no eran particularmente precisas. Pero COBE inició una nueva era
en la que los estándares se habían hecho mucho más exigentes. Hay ahora un
cuerpo creciente de datos precisos con los que cualquier teoría debe estar en
buen acuerdo para ser siquiera considerada. En 2001, el satélite Wilkinson
Microwave Anisotropy Probe (WMAP), una empresa conjunta de la NASA y la
Universidad de Princeton, fue lanzado para medir la radiación de fondo de
microondas con una resolución y sensibilidad aproximadamente 40 veces mayor que
la de COBE. Comparando los resultados iniciales, figura 14.4b, con los de COBE,
figura 14.4a, usted puede ver inmediatamente el detalle mucho más fino que la
imagen puede proporcionar. Otro satélite, Planck, que se está desarrollando en
la Agencia Espacial Europea, está programado para su lanzamiento en 2007 y, si
todo va según los planes, mejorará la resolución en un factor de 10.
La llegada de datos precisos ha aventado el campo
de las propuestas cosmológicas, siendo el modelo inflacionario, con mucho, el
candidato destacado. Pero como se mencionó en el capítulo 10, la cosmología
inflacionaria no es una teoría única. Los teóricos han propuesto muchas
versiones diferentes (inflación nueva, inflación vieja, inflación caliente,
inflación híbrida, hiperinflación, inflación asistida, inflación eterna,
inflación extendida, inflación caótica, inflación doble, inflación de escala
débil, inflación hipernatural, por nombrar sólo algunas), cada una de las
cuales incluye la marca de la breve ráfaga de expansión rápida, pero todas
difieren en los detalles del número de campos y sus formas de energía
potencial, en qué campos están asentados en mesetas, y demás. Estas diferencias
dan lugar a predicciones ligeramente diferentes para las propiedades de la
radiación de fondo de microondas (campos diferentes con energías diferentes
tienen fluctuaciones cuánticas ligeramente diferentes). La comparación con los
datos de WMAP y Planck sería capaz de descartar muchas propuestas y refinar
sustancialmente nuestra comprensión.
De hecho, los datos pueden estrechar el campo
todavía más. Aunque las fluctuaciones cuánticas estiradas por la expansión
inflacionaria ofrecen una explicación convincente para las variaciones de
temperatura observadas, este modelo tiene un competidor. El modelo cosmológico
cíclico de Steinhardt y Turok, descrito en el capítulo 12, ofrece una propuesta
alternativa. Cuando las dos tres-branas del modelo cíclico se dirigen
lentamente una hacia otra, las fluctuaciones cuánticas hacen que partes
diferentes se acerquen a velocidades ligeramente diferentes. Cuando finalmente
se juntan, aproximadamente un billón de años más tarde, localizaciones
diferentes en las branas tomarán contacto en instantes ligeramente diferentes,
como si se juntaran dos hojas de papel de lija grueso. Las minúsculas
desviaciones respecto a un impacto perfectamente uniforme dan minúsculas
desviaciones respecto a una evolución perfectamente uniforme en cada brana.
Puesto que se supone que una de las branas es nuestro espacio tridimensional,
las desviaciones de la uniformidad son desviaciones que deberíamos poder
detectar. Steinhardt, Turok y sus colaboradores han argumentado que las
inhomogeneidades generan desviaciones de temperatura similares a las que salen
del marco inflacionario, y así, con los datos de hoy, el modelo cíclico ofrece
una explicación igualmente viable para las observaciones.
Sin embargo, los datos más refinados que se recojan
durante la próxima década pueden ser capaces de distinguir entre las dos
aproximaciones. En el marco inflacionario, no sólo las fluctuaciones cuánticas
del campo inflatón son estiradas por la ráfaga de expansión exponencial, sino
que el intenso estiramiento genera minúsculos rizos cuánticos en el tejido del
espacio.
Puesto que los rizos en el espacio no son otra cosa
que ondas gravitatorias (como vimos en nuestra discusión anterior de LIGO), el
marco inflacionario predice que ondas gravitatorias fueron producidas en los
primeros momentos del universo.[199] Se las suele llamar ondas gravitatorias
primordiales, para distinguirlas de las generadas más recientemente
por violentos sucesos astrofísicos. En el modelo cíclico, por el contrario, la
desviación de la uniformidad perfecta se forma suavemente, durante el curso de
una longitud de tiempo casi inimaginable, ya que las branas tardan un billón de
años en acercarse lentamente hacia su próximo choque. La ausencia de un cambio
enérgico en la geometría de las branas, y en la geometría del espacio,
significa que no se generan rizos espaciales, de modo que el modelo cíclico
predice una ausencia de ondas gravitatorias primordiales. Así pues, si se
detectaran ondas gravitatorias cosmológicas primordiales, ello sería otro
triunfo para el marco inflacionario y descartaría definitivamente la
aproximación cíclica.
Es poco probable que LIGO tenga la suficiente
sensibilidad para detectar las ondas gravitatorias predichas de la inflación,
pero es posible que sean observadas indirectamente o bien por Planck o bien por
otro experimento desde un satélite llamado experimento Cosmic Microwave
Background Polarization (CMBPol) que ahora está en fase de diseño. Planck, y
CMBPol en particular, no se centrarán únicamente en las variaciones de
temperatura de la radiación de fondo de microondas, sino que también medirán la polarización, las
direcciones de espín promedio de los fotones de microondas detectados. Mediante
una cadena de razonamientos demasiado complicada para describir aquí, resulta
que las ondas gravitatorias procedentes del bang dejarían una
huella característica en la polarización de la radiación de fondo de
microondas, una huella quizá suficientemente grande para ser medida.
Así, en menos de una década podemos tener una buena
idea de si el bang fue realmente un colisión, y si el universo que conocemos es
realmente una tres-brana. En la edad dorada de la cosmología, algunas de las
ideas más fantásticas pueden ser realmente puestas a prueba.
§. Materia oscura, energía oscura y el futuro del
universo
En el capítulo 10 expusimos la fuerte evidencia teórica y observacional que
indica que apenas un 5 por 100 del universo procede de constituyentes que se
encuentran en la materia familiar, protones y neutrones (los electrones dan
cuenta de menos del 0,05 por 100 de la masa de la materia ordinaria), mientras
que el 25 por 100 procede de la materia oscura y el 70 por 100 de la energía
oscura. Pero sigue habiendo una incertidumbre importante con respecto a la
identidad detallada de todo este material oscuro. Una conjetura natural es que
la materia oscura esté también compuesta de protones y neutrones, que de algún
modo evitaron agruparse para formar estrellas que emiten luz. Pero otras
consideraciones teóricas hacen muy improbable esta posibilidad.
Mediante observaciones detalladas, los astrónomos
tienen un conocimiento claro de las abundancias medias relativas de los
elementos ligeros, hidrógeno, helio, deuterio y litio, que están dispersos por
el cosmos. Hasta un alto grado de precisión, las abundancias están de acuerdo
con los cálculos teóricos de los procesos que se cree que han sintetizado estos
núcleos durante los primeros minutos del universo. Este acuerdo es uno de los
grandes éxitos de la teoría cosmológica moderna. Sin embargo, estos cálculos
suponen que el grueso de la materia oscura no está compuesto de protones y
neutrones; si, en escalas cosmológicas, los protones y los neutrones fueran un
constituyente dominante, la receta cósmica no vale y los cálculos dan
resultados que están descartados por las observaciones.
Entonces, si no son protones y neutrones, ¿qué
constituye la materia oscura? Hoy por hoy, nadie lo sabe, pero no hay escasez
de propuestas. Los nombres de los candidatos van desde axiones a zinos, y
quienquiera que encuentre la respuesta tendrá asegurada una visita a Estocolmo.
Que nadie haya detectado todavía una partícula de materia oscura impone
ligaduras importantes a cualquier propuesta. La razón es que la materia oscura
no sólo está situada en el espacio exterior; está distribuida a lo largo del universo
y por eso también está cerca de nosotros aquí en la Tierra. Según muchas de las
propuestas, precisamente ahora miles de millones de partículas de materia
oscura están atravesando su cuerpo cada segundo, de modo que los candidatos
viables son sólo aquellas partículas que pueden atravesar gran cantidad de
materia sin dejar una huella importante.
Los neutrinos son una posibilidad. Los cálculos
estiman que sus reliquias abundan desde que fueron producidos en el big
bang, aproximadamente 55 millones por metro cúbico de espacio, de modo
que si cualquiera de las tres especies de neutrinos pesara aproximadamente una
cienmillonésima (10-8) parte de la masa de un protón, ellos
suministrarían la materia oscura. Aunque experimentos recientes han
proporcionado fuerte evidencia de que los neutrinos tienen masa, según los
datos actuales son demasiado ligeros para suministrar la materia oscura; se
quedan cortos en un factor de más de 100.
Otra propuesta prometedora implica partículas
supersimétricas, especialmente el fotino, el zino y
el higgino (los socios del fotón, la Z y la Higgs). Estas son
las más extrañas de las partículas supersimétricas, podrían atravesar sin
problemas toda la Tierra sin el más mínimo efecto en su movimiento, y por eso
podrían haber escapado fácilmente a la detección. [200]
A partir de cálculos de cuántas de estas partículas
habrían sido producidas en el big bang y sobrevivido hasta
hoy, los físicos estiman que tendrían que tener una masa del orden de 100 a
1.000 veces la del protón para suministrar la materia oscura. Éste es un número
intrigante, porque varios estudios de modelos de partículas supersimétricas así
como de la teoría de supercuerdas han llegado al mismo rango de masas para
estas partículas, sin ninguna preocupación por la materia oscura o la
cosmología. Esto sería una confluencia enigmática y completamente inesperada, a
menos, por supuesto, que la materia oscura esté compuesta de partículas
supersimétricas. Así pues, la búsqueda de partículas supersimétricas en los
acelerados actuales y futuros del mundo puede verse también como búsqueda de
los candidatos favoritos a materia oscura.
También se están realizando investigaciones más
directas de las partículas de materia oscura que atraviesan la Tierra, aunque
son experimentos extraordinariamente difíciles. Del millón aproximadamente de
partículas de materia oscura que estarían atravesando cada segundo un área del
tamaño de un palmo, al menos una por día dejaría algún rastro en los aparatos
que varios experimentadores han construido específicamente diseñados para
detectarlos.
Hasta la fecha no se ha conseguido ninguna
detección confirmada de partículas de materia oscura. [201] Con el premio aún en el aire, los investigadores están avanzando
con mucha rapidez. Es muy posible que dentro de los próximos años quede
establecida la identidad de la materia oscura.
La confirmación definitiva de que la materia oscura
existe, y la determinación directa de su composición, sería un avance
fundamental. Por primera vez en la historia aprenderíamos algo que es a la vez
totalmente básico y sorprendentemente escurridizo: la constitución de la
inmensa mayoría del contenido material del universo.
De todas formas, como vimos en el capítulo 10,
datos recientes sugieren firmemente que incluso con la identificación de la
materia oscura habría todavía un giro argumental importante cuyos orígenes
necesitarían comprobación experimental: las observaciones de supernova que dan
evidencia de una constante cosmológica que presiona hacia afuera y da cuenta
del 70 por 100 de la energía total en el universo. Siendo el descubrimiento más
excitante e inesperado de la última década, las pruebas a favor de una constante
cosmológica, una energía que llena el espacio, necesitan una firme
confirmación. Varias aproximaciones están en proyecto o ya en desarrollo.
Los experimentos concernientes al fondo de
microondas desempeñan también aquí un papel importante. El tamaño de las
manchas en la figura 14.4, donde, una vez más, cada mancha es una región de
temperatura uniforme, refleja la forma global del tejido del espacio. Si el
espacio tuviera la forma de una esfera, como en la figura 8.6a, la hinchazón
hacia afuera haría que las manchas fueran un poco más grandes que las de la
figura 14.4b; si el espacio tuviera la forma de una silla de montar, como en la
figura 8.6c, la contracción haría que las manchas fueran un poco más pequeñas;
y si el espacio fuera plano, como en la figura 8.6b, el tamaño de las manchas
sería intermedio. Las medidas precisas iniciadas por COBE, y desde entonces
mejoradas por WMAP, apoyan con fuerza la propuesta de que el espacio es plano.
Esto no sólo encaja con las expectativas teóricas procedentes de los modelos
inflacionarios, sino que también encaja perfectamente con los resultados de
supernovas. Como hemos visto, un universo es-Arriba en el cielo y abajo en la
Tierra parcialmente plano requiere que la densidad total de masa/energía sea
igual a la densidad crítica. Con una contribución aproximada de un 30 por 100
de materia ordinaria y oscura, y una contribución aproximada de un 70 por 100 de
energía oscura, todo encaja de forma impresionante.
Una confirmación más directa de los resultados de
supernovas es el objetivo de la SuperNova/Acceleration Probe (SNAP). Propuesta
por científicos del Lawrence Berkeley Laboratory, SNAP sería un telescopio a
bordo de un satélite en órbita con capacidad de observar y medir un número de
supernovas veinte veces mayor que el estudiado hasta ahora. No sólo podría
confirmar el resultado anterior de que el 70 por 100 del universo es energía
oscura, sino que también debería poder determinar más exactamente la naturaleza
de la energía oscura.
Ya ve que aunque he descrito la energía oscura como
si fuera una versión de la constante cosmológica de Einstein, una energía
constante e invariable que empuja al espacio a expandirse, hay una posibilidad
íntimamente relacionada pero alternativa. Recordemos de nuestra discusión de la
cosmología inflacionaria (y de la rana que salta) que un campo cuyo valor está
asentado por encima de su configuración de mínima energía puede actuar como una
constante cosmológica, impulsando una expansión acelerada del espacio, pero
normalmente sólo lo hará durante un corto tiempo. Antes o después el campo
encontrará su camino hasta el fondo de su cuenco de energía potencial, y el
empuje hacia afuera desaparecerá. En la cosmología inflacionaria esto sucede en
una minúscula fracción de segundo. Pero introduciendo un nuevo campo y
escogiendo cuidadosamente su forma de energía potencial, los físicos han
encontrado maneras de que la expansión acelerada sea mucho más suave en su
empuje hacia afuera pero dure un tiempo mucho mayor, para que el campo impulse
una fase de expansión espacial relativamente lenta y continuamente acelerada
que dure no una fracción de segundo, sino miles de millones de años, a medida
que el campo rueda lentamente hasta el valor de mínima energía. Esto plantea la
posibilidad de que, precisamente ahora, estemos experimentando una versión
extraordinariamente suave de la ráfaga inflacionaria que se cree que ha
sucedido durante los primeros momentos del universo.
La diferencia entre una verdadera constante
cosmológica y la última posibilidad, conocida como quintaesencia, es
hoy de mínima importancia, pero tiene un profundo efecto en el futuro a largo
plazo del universo. Una constante cosmológica es constante, proporciona una
expansión acelerada sin fin, de modo que el universo se expandirá cada vez más
rápidamente y se hará cada vez más disperso, diluido y vacío. Pero la
quintaesencia proporciona una expansión acelerada que termina en algún momento,
lo que sugiere un futuro mucho menos vacío y desolado que el que se sigue de
una expansión acelerada que es eterna. Midiendo cambios en la aceleración del
espacio durante largos períodos de tiempo (mediante observaciones de supernovas
a varias distancias y, por lo tanto, en varios instantes en el pasado), SNAP
puede ser capaz de distinguir entre las dos posibilidades.
Determinando si la energía oscura es verdaderamente
una constante cosmológica, SNAP daría una idea sobre el destino del universo a
largo plazo.
§. Espacio, tiempo y especulación
El viaje para descubrir la naturaleza del espacio y el tiempo ha sido largo y
lleno de sorpresas; sin duda está aún en sus primeras etapas. Durante los
últimos siglos hemos visto cómo un gran avance tras otro rehacen radicalmente
nuestra concepción de espacio y tiempo y la rehacen de nuevo.
Las propuestas teóricas y experimentales que hemos
cubierto en este libro representan la comprensión que de estas ideas tiene
nuestra generación, y probablemente serán una parte importante de nuestro
legado científico. En el capítulo 16 discutiremos algunos de los avances más
recientes y especulativos en un esfuerzo por arrojar luz sobre los que podrían
ser los próximos pasos del viaje. Pero primero, en el capítulo 15,
especularemos en una dirección diferente.
Aunque no hay ninguna pauta fijada para el
descubrimiento científico, la historia muestra que una profunda comprensión es
a menudo el primer paso hacia un control tecnológico. La comprensión de la
fuerza electromagnética en el siglo XIX llevó finalmente al telégrafo, la radio
y la televisión. Con ese conocimiento, junto con la comprensión posterior de la
mecánica cuántica, fuimos capaces de desarrollar computadores, láseres y
artilugios electrónicos demasiado numerosos para mencionar. La comprensión de las
fuerzas nucleares llevó al peligroso dominio de las armas más poderosas que el
mundo ha conocido, y al desarrollo de tecnologías que podrían satisfacer un día
todas las necesidades de energía del mundo con sólo unos vasos de agua salada.
¿Podría ser nuestra comprensión cada vez más profunda del espacio y el tiempo
el primer paso en una pauta similar de descubrimiento y desarrollo tecnológico?
¿Seremos algún día señores del espacio y el tiempo y haremos cosas que por
ahora son solamente parte de la ciencia ficción?
Nadie lo sabe. Pero veamos hasta dónde hemos
llegado y qué éxito podríamos tener.
Capítulo 15
Máquinas teleportadoras y máquinas del tiempo
Viajando a través del espacio
Contenido:
§. Teleportación en un mundo cuántico
§. Entrelazamiento cuántico y teleportación cuántica
§. Teleportación realista
§. Los enigmas del viaje en el tiempo
§. Replanteando los rompecabezas
§. Libre albedrío, muchos mundos y viaje en el tiempo
§. ¿Es posible el viaje en el tiempo al pasado?
§. Plano para una máquina del tiempo agujero de gusano
§. Construyendo una máquina del tiempo agujero de gusano
§. Turismo cósmico
Quizá fuera simplemente que yo carecía de
imaginación en la década de 1960, pero lo que realmente me parecía increíble
era el computador de a bordo del Enterprise. Mis
sensibilidades en la escuela primaria admitían la licencia poética de un
impulso de deformación y un universo poblado por alienígenas que hablaban
perfectamente en inglés. Pero ¿una máquina que podía mostrar inmediatamente, a
petición, una imagen de cualquier figura histórica que hubiera vivido, dar las
especificaciones técnicas de cualquier pieza de aparato construido o
proporcionar acceso a cualquier libro? Eso ponía a prueba mi
capacidad para dejar en suspenso el escepticismo. A finales de la década de
1960, ese niño estaba seguro de que nunca habría una forma de reunir, almacenar
y dar acceso directo a tal riqueza de información. Y pese a todo, menos de
medio siglo después, puedo sentarme aquí en mi cocina con un portátil conectado
inalámbricamente a Internet, con un software de reconocimiento de voz e imitar
a Kirk, hojeando un enorme almacén de conocimiento, desde lo básico a lo
pueril, sin levantar un dedo. Es verdad que la velocidad y la eficiencia de los
computadores mostrados en el mundo del siglo XXIII de Star Trek es
aún envidiable, pero es fácil imaginar que cuando llegue esa era nuestra
tecnología habrá superado las expectativas imaginadas.
Este ejemplo es tan sólo uno de los muchos que han
hecho un cliché de la capacidad de la ciencia ficción para presagiar el futuro.
Pero ¿qué pasa con el más tentador de todos los aparatos, aquel en el que
alguien entra en una cámara, mueve un interruptor y es transportado a algún
lugar lejano o a un tiempo diferente? ¿Es posible que un día nos liberemos de
la escasa extensión espacial y temporal en la que hemos estado confinados hasta
ahora y podamos explorar los confines más lejanos del espacio y el tiempo? ¿O
seguirá existiendo siempre esta diferencia entre la ciencia ficción y la
realidad?
Habiendo sido advertido de mi fracaso infantil en
anticipar la revolución informática, usted podría cuestionar mi capacidad para
adivinar los futuros avances tecnológicos. Así que en lugar de especular sobre
la probabilidad de lo que puede ser, en este capítulo describiré hasta dónde
hemos llegado realmente, tanto en la teoría como en la práctica, en la
realización de máquinas teleportadoras y máquinas del tiempo, y lo que se
tardaría en ir más allá y alcanzar el control sobre el espacio y el tiempo.
§. Teleportación en un mundo cuántico
En las obras de ciencia ficción convencional, una máquina teleportadora (o,
en Star Trek, transportadora) examina un objeto para
determinar su composición detallada y envía la información a un lugar distante,
donde el objeto es reconstruido. Que el objeto sea «desmaterializado», y sus
átomos y moléculas sean enviados junto con el plano para ensamblarlos de nuevo,
o que los átomos y moléculas estén ya localizados en el extremo receptor y sean
utilizados para construir una réplica exacta del objeto, eso varía de una
versión de ficción a otra. Como veremos, la aproximación científica a la
teleportación desarrollada en la última década está más cercana en espíritu a
la segunda categoría, y esto plantea dos cuestiones esenciales. La primera es
un enigma filosófico estándar pero espinoso. ¿Cuándo, si alguna vez, debería
una réplica exacta ser identificada, llamada, considerada o tratada como si
fuera el original? La segunda es la cuestión de si es posible, siquiera en
principio, examinar un objeto y determinar su composición con completa
precisión de modo que podamos dibujar un plano perfecto con el que reconstruirlo.
En un universo gobernado por las leyes de la física
clásica, la respuesta a la segunda pregunta sería sí. En principio, los
atributos de cada partícula que constituye un objeto, la identidad, posición,
velocidad y demás propiedades de cada partícula, podrían ser medidos con total
precisión, transmitidos a un lugar distante y utilizados como un manual de
instrucciones para recrear el objeto. Hacer esto para un objeto compuesto de
más de tan sólo un puñado de partículas elementales estaría absolutamente fuera
de alcance, pero en un universo clásico el obstáculo sería la complejidad, no
la física.
En un universo gobernado por las leyes de la física
cuántica, nuestro universo, la situación es mucho más sutil. Hemos aprendido
que el acto de la medida hace que uno de la miríada de atributos potenciales de
un objeto salga de la niebla cuántica y tome un valor definido. Cuando
observamos una partícula, por ejemplo, los rasgos definidos que vemos no
reflejan en general la mezcla cuántica borrosa de atributos que tenía un
momento antes de que mirásemos.[202] Así, si queremos replicar un objeto, nos enfrentamos a una
Trampa-22 cuántica. Para replicar debemos observar, de modo que sepamos lo que
hay que replicar. Pero el acto de observación produce un cambio, de modo que si
replicamos lo que vemos, no replicaremos lo que había antes de que mirásemos.
Esto sugiere que la teleportación en un universo cuántico es inalcanzable, no
meramente debido a limitaciones prácticas que surgen de la complejidad, sino
debido a limitaciones fundamentales inherentes a la física cuántica. No
obstante, como veremos en la próxima sección, a principios de la década de 1990
un equipo internacional de físicos encontró una forma ingeniosa de evitar esta
conclusión.
En cuanto a la primera cuestión, con respecto a la
relación entre la réplica y el original, la física cuántica da una respuesta
que es a la vez precisa y alentadora. Según la mecánica cuántica cada electrón
en el universo es idéntico a todos los demás, en cuanto que tienen exactamente
la misma masa, exactamente la misma carga eléctrica, exactamente las mismas
propiedades en relación con las fuerzas fuerte y débil, y exactamente el mismo
espín total.
Además, nuestras descripciones mecanocuánticas bien
comprobadas dicen que éstos agotan los atributos que puede
tener un electrón; todos los electrones son idénticos con respecto a estas
propiedades, y no hay otras propiedades que considerar. En el mismo sentido,
todo quark-up es idéntico a todos los demás, todo quark-down es idéntico a
todos los demás; todo fotón es idéntico a todos los demás, y así para todos los
demás tipos de partículas.
Como reconocieron quienes trabajaban en mecánica
cuántica hace muchos años, las partículas pueden considerarse como los paquetes
mínimos de un campo (e. g. los fotones son los paquetes mínimos del campo
electromagnético), y la física cuántica muestra que los paquetes constituyentes
mínimos del mismo campo son siempre idénticos. (O, en el marco de la teoría de
cuerdas, las partículas del mismo tipo tienen propiedades idénticas, pues son
vibraciones idénticas de un único tipo de cuerdas.)
Lo que puede diferir entre las partículas del mismo
tipo son las probabilidades de que estén localizadas en diversas posiciones,
las probabilidades de que sus espines estén apuntando en distintas direcciones,
y las probabilidades de que tengan energías y velocidades concretas. O, como
los físicos dicen más sucintamente, las dos partículas pueden estar en
diferentes estados cuánticos. Pero si dos partículas del mismo
tipo están en el mismo estado cuántico, excepto, posiblemente, que una
partícula tenga una alta probabilidad de estar aquí mientras
que la otra tiene una alta probabilidad de estar allí, las leyes de
la mecánica cuántica aseguran que son indistinguibles, no sólo en la práctica
sino también en teoría. Son gemelas perfectas. Si alguien intercambiara las
posiciones de las partículas (más exactamente, si intercambiara las
probabilidades de las dos partículas de estar localizadas en una posición dada)
no habría absolutamente ninguna forma de descubrirlo.
Así, si imaginamos que empezamos con una partícula
localizada aquí, [xliv] y de
alguna manera colocamos otra partícula del mismo tipo exactamente en el mismo
estado cuántico (mismas probabilidades para la orientación del espín, energía y
demás) en una posición distante, la partícula resultante sería indistinguible
de la original y el proceso sería denominado correctamente teleportación
cuántica. Por supuesto, si la partícula original sobrevive intacta al proceso,
usted podría estar tentado de llamar a este proceso clonación cuántica o,
quizá, fax cuántico. Pero como veremos, la realización cuántica de estas ideas
no conserva la partícula original, es inevitablemente modificada por el proceso
de teleportación, de modo que no nos enfrentamos a este dilema taxonómico.
Una preocupación mayor, y una que los filósofos han
considerado en detalle en formas diversas, es si lo que es cierto para una
partícula individual lo es también para un conglomerado. Si usted fuera capaz
de teleportar de un lugar a otro cada una de las partículas que constituyen su
DeLorean [xlv] asegurando
que el estado cuántico de cada una de ellas, incluyendo su relación con todas
las demás, fuera reproducido con un 100 por 100 de fidelidad, ¿habría
conseguido teleportar el vehículo? Aunque no tenemos evidencia empírica que nos
guíe, el argumento teórico en apoyo de haber teleportado el automóvil es
fuerte. Las configuraciones atómicas y moleculares determinan cómo se ve y
siente un objeto, cómo suena y huele, e incluso cómo sabe, de modo que el
vehículo resultante debería ser idéntico al DeLorean original, golpes, muescas,
chirrido de la puerta izquierda, olor del perro de la familia, todo ello, y el
automóvil debería tomar una curva cerrada y responder cuando se pisa a fondo el
acelerador exactamente igual que lo hacía el original. La cuestión de si el
vehículo es realmente el original o, más bien, es un duplicado exacto, no tiene
importancia. Si usted pidiera a las Líneas Marítimas Cuánticas Unidas que
llevaran su automóvil en barco desde Nueva York a Londres pero, sin que usted
lo supiera, ellos lo teleportaran de la forma descrita, nunca podría advertir
la diferencia, ni siquiera en teoría.
Pero ¿qué pasa si la compañía de transportes
hiciera lo mismo con su gato, o si, harto de la comida de los aviones, usted
decidiera hacer su viaje transatlántico por teleportación? ¿Sería el gato o la
persona que sale de la cámara receptora el mismo que entró en la máquina
teleportadora.
Personalmente así lo creo. Una vez más, puesto que
no tenemos datos relevantes, lo mejor que yo o cualquiera podemos hacer es
especular. Pero, en mi opinión, un ser vivo cuyos átomos o moléculas
constituyentes están en el mismo estado cuántico que yo es yo. Incluso si el yo
«original» siguiera existiendo después de haber hecho la «copia», yo (nosotros)
diríamos sin duda que cada uno de nosotros era yo. Seríamos de la misma
opinión, literalmente, al afirmar que ninguno de los dos tenía prioridad sobre
el otro.
Ideas, recuerdos, emociones y juicios tienen una
base física en las propiedades atómicas y moleculares del cuerpo humano; un
estado cuántico idéntico de estos constituyentes elementales debería implicar
un ser consciente idéntico. Con el paso del tiempo, nuestras experiencias
harían que nos fuésemos diferenciando, pero creo verdaderamente que en adelante
habría dos yo, no un original que de alguna forma era «realmente» yo y una
copia que de alguna forma no lo era.
De hecho, estoy dispuesto a ser un poco más vago.
Nuestra composición física sufre numerosas transformaciones continuamente,
algunas menores, otras drásticas, pero seguimos siendo la misma persona. Desde
el Háagen-Dazs que inunda nuestro flujo sanguíneo de grasa y azúcar a la imagen
por resonancia magnética que invierte la dirección de espín de varios núcleos
atómicos en el cerebro, pasando por los transplantes de corazón y la
liposucción, los billones de átomos en un cuerpo humano medio que son reemplazados
cada millonésima de segundo, sufrimos cambios constantes, pero nuestra
identidad personal permanece inalterada. Así, incluso si un ser teleportado se
ajusta a mi estado físico con total exactitud, podría ser muy bien
perfectamente indistinguible de mí. En mi libro, podría muy bien ser yo.
Ciertamente, si usted cree que hay más en la vida,
y en la vida consciente en particular, que su constitución física, sus
requisitos para una teleportación satisfactoria son más estrictos que los míos.
Esta cuestión delicada, en qué medida está ligada nuestra identidad personal a
nuestro ser físico, ha sido debatida durante años en una variedad de formas sin
ser respondida a satisfacción de todos. Aunque yo creo que toda la identidad
reside en lo físico, otros discrepan, y nadie puede afirmar que tiene la respuesta
definitiva.
Pero sea cual sea su punto de vista sobre la
hipotética cuestión de teleportar un ser vivo, los científicos han establecido
ahora que, mediante las maravillas de la mecánica cuántica,las partículas
individuales pueden ser, ylo han sido, teleportadas.
Veamos cómo.
§. Entrelazamiento cuántico y teleportación
cuántica
En 1997, un grupo de físicos dirigido por Antón Zeilinger, entonces en la
Universidad de Innsbruck, y otro grupo dirigido por A. Francesco de Martini en
la Universidad de Roma, [203] llevaron a cabo la primera teleportación con éxito de un fotón
individual. En ambos experimentos, un fotón inicial en un estado cuántico
particular fue teleportado una corta distancia a través de un laboratorio, pero
existen todas las razones para pensar que el procedimiento hubiera funcionado
igualmente a cualquier distancia. Cada grupo utilizó una técnica basada en
ideas teóricas propuestas en 1993 por un equipo de físicos, Claude Bennett del
Watson Research Center de IBM, Gilíes Brassard, Claude Crepeau y Richard Josza
de la Universidad de Montreal, el físico israelí Asher Peres; y William Wooters
del Williams College, que se basan en el entrelazamiento cuántico (capítulo 4).
Recuerde que dos partículas entrelazadas, digamos
dos fotones, tienen una fuerte e íntima relación. Aunque cada una de ellas
tiene solamente una cierta probabilidad de girar en un sentido u otro, y aunque
cada una, cuando se mide, parece «escoger» aleatoriamente entre las diversas
posibilidades, cualquier «elección» que haga una será hecha inmediatamente
también por la otra, independientemente de su separación espacial. En el
capítulo 4 explicamos que no hay forma de utilizar partículas entrelazadas para
enviar un mensaje de un lugar a otro a velocidad mayor que la de la luz. Si una
serie de fotones entrelazados fueran medidos en lugares ampliamente separados,
los datos recogidos en uno u otro detector darían una serie aleatoria de
resultados (siendo compatible la frecuencia global de estar girando en un
sentido u otro con las ondas de probabilidad de las partículas). El
entrelazamiento sólo se haría manifiesto al comparar las dos listas de
resaltados y ver, de forma notable, que eran idénticas. Pero dicha comparación
requiere algún tipo de comunicación ordinaria, a velocidad menor que la de la
luz. Y puesto que antes de la comparación no podía detectarse ninguna huella
del entrelazamiento, no podría enviarse ninguna señal más rápida que la luz.
Sin embargo, incluso si el entrelazamiento no puede
utilizarse para comunicación superlumínica, uno no puede dejar de tener la
sensación de que la correlación entre partículas a gran distancia es tan
extraña que tendría que ser útil para algo extraordinario. En 1993, Bennett y
sus colaboradores descubrieron una de estas posibilidades. Demostraron que el
entrelazamiento cuántico podía utilizarse para la teleportación cuántica. Quizá
usted no fuera capaz de enviar un mensaje a una velocidad mayor que la de la
luz, pero si se propusiera la teleportación más lenta que la luz de una
partícula de un lugar a otro, el entrelazamiento es el candidato.
El razonamiento que hay tras esta conclusión,
aunque matemáticamente simple, es agudo e ingenioso. He aquí una idea de cómo
procede.
Imagine que yo quiero teleportar un fotón
particular, un fotón que llamaré Fotón A, desde mi casa en Nueva York a mi
amigo Nicholas en Londres. Por simplicidad, veamos cómo yo hubiera teleportado
el estado cuántico exacto del espín del fotón, es decir, cómo hubiera asegurado
que Nicholas tendría un fotón cuyas probabilidades de girar en un sentido u
otro fueran idénticas a las del Fotón A.
Yo no puedo medir simplemente el espín del Fotón A,
llamar a Nicholas y decirle que manipule un fotón en su extremo de modo que su
espín encaje con mi observación; el resultado que yo encuentro estaría afectado
por la observación que hago, y por ello no reflejaría el verdadero estado del
Fotón A antes de que yo lo mirara. De modo que ¿qué puedo hacer? Bien, según
Bennett y sus colegas, el primer paso es asegurar que Nicholas y yo tenemos
cada uno un miembro de un par de fotones adicionales, llamémosles Fotón B y
Fotón C, que están entrelazados. Cómo obtenemos estos fotones no es
particularmente importante. Supongamos simplemente que Nicholas y yo estamos
seguros de que incluso si estamos en orillas opuestas del Atlántico, si yo
midiera el espín del Fotón B en tomo a cualquier eje dado, y él hiciera lo
mismo con el Fotón C, ambos encontraríamos exactamente el mismo resultado.
El siguiente paso, según Bennett y colaboradores,
no es directamente medir el Fotón A, el fotón que espero teleportar, puesto que
eso sería una intervención demasiado drástica. En lugar de ello, yo mediría una
propiedad conjunta del Fotón A y el Fotón B del par entrelazado. Por ejemplo,
la teoría cuántica me permite medir si el Fotón A y el Fotón B tienen el mismo
espín en tomo a un eje vertical, sin medir sus espines individualmente.
Análogamente, la teoría cuántica me permite medir
si los Fotones A y B tienen el mismo espín en tomo a un eje horizontal, sin
medir sus espines individualmente. Con esa medida conjunta, no conozco el espín
del Fotón A, pero conozco cómo está relacionado el espín del Fotón A con el del
Fotón B.
Y eso es información importante.
El Fotón C distante está entrelazado con el Fotón
B, de modo que si yo sé cómo están relacionados el Fotón A y el Fotón B, puedo
deducir cómo está relacionado el Fotón A con el Fotón C. Si ahora comunico por
teléfono esta información a Nicholas, diciéndole cómo está girando el Fotón A
con respecto a su fotón C, él puede determinar cómo tiene que manipular el
Fotón C para que su estado cuántico coincida con el del Fotón A. Una vez que él
lleva a cabo la manipulación necesaria, el estado cuántico del fotón en
posesión de él será idéntico al del Fotón A, y eso es todo lo que necesitamos
para declarar que el Fotón A ha sido teleportado con éxito. En el caso más
simple, por ejemplo, si mi medida revelara que el espín del Fotón B es idéntico
al del Fotón A concluiríamos que el espín del Fotón C es también idéntico al
del Fotón A, y sin más que decir, la teleportación sería completa.
El Fotón C estaría en el mismo estado cuántico que
el Fotón A, como se deseaba.
Bueno, casi. Ésa es la idea aproximada, pero para
explicar la teleportación cuántica en pasos tratables he dejado fuera hasta
ahora un elemento de la historia absolutamente crucial, que ahora voy a
introducir. Cuando llevo a cabo la medida conjunta sobre los Fotones A y B,
aprendo de hecho cómo está relacionado el espín del Fotón A con el del Fotón B.
Pero, como sucede con todas las observaciones, la propia medida afecta a los
fotones. Por lo tanto, yo no aprendo cómo estaba relacionado el espín del Fotón
A con el del Fotón B antes de la medida. En su lugar, aprendo cómo están
relacionados después de que ambos hayan sido perturbados por el acto de la
medida. Por ello, a primera vista, parece que nos encontramos con el mismo
obstáculo para replicar el Fotón A que describí al principio: la inevitable
perturbación provocada por el proceso de medida. Ahí es donde viene al rescate
el Fotón C. Puesto que los Fotones B y C están entrelazados, la perturbación
que yo provoqué en el Fotón B en Nueva Yorkse reflejará también en el estado
delFotón C en Londres. Esa es la maravillosa naturaleza del
entrelazamiento cuántico, como se desarrolló en el capítulo 4. De hecho,
Bennett y sus colaboradores demostraron matemáticamente que gracias a su
entrelazamiento con el Fotón B la perturbación provocada por mi medida queda
impresa en el Fotón C distante.
Y eso es fantásticamente interesante. Gracias a mi
medida somos capaces de aprender cómo está relacionado el espín del Fotón A con
el del Fotón B, pero con el problema añadido de que ambos fotones son
perturbados por mi mediación. Gracias al entrelazamiento, sin embargo, el Fotón
C está ligado a mi medida, incluso si está a miles de kilómetros de distancia,
y esto nos permite aislar el efecto de la perturbación y con ello tener acceso
a información normalmente perdida en el proceso de medida. Si ahora yo llamo
por teléfono a Nicholas y le digo el resultado de mi medida, él aprenderá cómo
están relacionados los espines de los Fotones A y B después de la perturbación,
y, vía el Fotón C, tendrá acceso al impacto de la propia perturbación. Esto
permite a Nicholas utilizar el Fotón C para, hablando en términos generales,
restar la perturbación causada por mi medida y salvar así el obstáculo para
duplicar el Fotón A. De hecho, como Bennett y sus colaboradores demuestran en
detalle, con una simple manipulación del espín del Fotón C (basada en mi
llamada telefónica informándole de cómo está girando el Fotón A con relación al
Fotón B), Nicholas asegurará que el Fotón C, en lo que concierne a su espín,
replica exactamente el estado cuántico del Fotón A antes de mi medida. Además,
aunque el espín es sólo una característica de un fotón, otras características
del estado cuántico del Fotón A, tal como la probabilidad de que tenga una
energía u otra) pueden ser replicadas de forma análoga.
Así, utilizando este procedimiento, podríamos
teleportar el Fotón A de Nueva York a Londres. [204]
Como puede ver, la teleportación cuántica implica
dos etapas, cada una de las cuales transmite información crítica y
complementaria. Primero, hacemos una medida conjunta sobre el fotón que
queremos teleportar y un miembro de un par de fotones entrelazados. La
perturbación asociada con la medida queda impresa en el compañero distante del
par entrelazado gracias a la extrañeza de la no localidad cuántica. Ésa es la
Etapa 1, la parte específicamente cuántica del proceso de teleportación. En la
Etapa 2, el resultado de la propia medida es comunicado al lugar de recepción
distante mediante un medio más estándar (teléfono, fax, e-mail…) en la que
podría ser llamada la parte clásica del proceso de teleportación. En
combinación, la Etapa 1 y la Etapa 2 permiten que el estado cuántico exacto del
fotón que queremos teleportar sea reproducido por una operación simple (tal
como una rotación de cierta cantidad en tomo a ejes concretos) en el miembro
distante del par entrelazado.
Nótese, también, un par de características clave de
la teleportación cuántica. Puesto que el estado cuántico original del Fotón A
fue perturbado por mi medida,el Fotón C en Londres es ahora el único en
dicho estadooriginal. No hay dos copias del Fotón A original, y por
eso, más que llamar a esto fax cuántico, es más exacto llamarlo teleportación
cuántica.[205] Además, incluso si teleportamos el Fotón A de Nueva York a
Londres, incluso si el fotón en Londres se hace indistinguible del fotón
original que teníamos en Nueva York, no aprendemos el estado cuántico del Fotón
A. El fotón en Londres tiene exactamente la misma probabilidad de girar en un
sentido u otro que la que tenía el Fotón A antes de mi mediación, pero no
sabemos cuál es esa probabilidad. De hecho, ése es el truco que subyace a la
teleportación cuántica. La perturbación causada por la medida no impide
determinar el estado cuántico del Fotón A, pero en la aproximación
descrita, nonecesitamos saber el estado cuántico del fotón para
teleportarlo.
Necesitamos saber solamente un aspecto de su estado
cuántico, que aprendemos de la medida conjunta con el Fotón B. El
entrelazamiento cuántico con el Fotón C distante hace el resto.
Implementar esta estrategia para la teleportación
cuántica no fue pequeña hazaña. A comienzos de la década de 1990, crear un par
entrelazado de fotones era un procedimiento estándar, pero realizar una medida
conjunta de dos fotones (la medida conjunta sobre los Fotones A y B descrita
arriba, llamada técnicamente una medida de estado-de-Bell) nunca
se había conseguido. La hazaña de los grupos de Zeilinger y de De Martini fue
inventar técnicas experimentales ingeniosas para la medida conjunta y
realizarlas en el laboratorio. [206] En 1997 habían conseguido este objetivo, convirtiéndose en los
primeros grupos en conseguir la teleportación de una única partícula.
§. Teleportación realista
Puesto que usted y yo y un DeLorean y cualquier otra cosa estamos compuestos de
muchas partículas, el siguiente paso natural es imaginar que se aplica la
teleportación cuántica a estas grandes colecciones de partículas, lo que nos
permite «emitir» objetos macroscópicos de un lugar a otro. Pero el salto desde
teleportar una única partícula a teleportar una colección macroscópica de
partículas es espectacular, y muchísimo más allá de lo que los investigadores
pueden lograr ahora y lo que muchos líderes en el campo imaginan que se puede
alcanzar incluso en el futuro lejano. Pero por si acaso, he aquí cómo sueña
imaginativamente Zeilinger que podríamos hacerlo algún día.
Imagine que quiero teleportar mi DeLorean de Nueva
York a Londres. En lugar de hacemos cada uno, Nicholas y yo, con un miembro de
un par entrelazado de fotones (lo que necesitábamos para teleportar un único
fotón), cada uno de nosotros debe tener una cámara de partículas que contiene
suficientes protones, neutrones, electrones y demás para construir un DeLorean,
estando todas las partículas de mi cámara cuánticamente entrelazadas con todas
las de la cámara de Nicholas (ver figura 15.1). Yo necesito también un aparato
que mida propiedades conjuntas de todas las partículas que constituyan mi
DeLorean con todas las partículas que se mueven de un lado a otro dentro de mi
cámara (el análogo a medir características conjuntas de los Fotones A y B).
Figura 15.1. Una aproximación fantasiosa a la teleportación imagina que se
tienen dos cámaras de partículas cuánticamente entrelazadas en lugares
distantes, y un medio de realizar medidas conjuntas apropiadas de las
partículas que constituyen el objeto a ser teleportado con las partículas en
una de las cámaras. El resultado de estas medidas proporcionaría entonces la
información necesaria para manipular las partículas de la segunda cámara para
replicar el objeto, y completar la teleportación.
Gracias al entrelazamiento de las partículas en las
dos cámaras, el impacto de las medidas conjuntas que yo haga en Nueva York
quedará impreso en la cámara de partículas de Nicholas en Londres (el análogo
al estado del Fotón C que refleja la medida conjunta en A y B). Si yo llamo a
Nicholas y le comunico los resultados de mis medidas (sería una llamada
costosa, pues tendré que dar a Nicholas unos 1O30 resultados), los datos le
informarán de cómo tiene que manipular las partículas en su cámara (igual que
en mi llamada telefónica anterior le informaba de cómo tenía que manipular el
Fotón C). Cuando él acabe, cada partícula de su cámara estará exactamente en el
mismo estado cuántico que cada partícula en el DeLorean (antes de que fuera
sometida a cualquier medida) y así, como en nuestra discusión anterior,
Nicholas tendrá ahora el DeLorean. [xlvi] Su
teleportación de Nueva York a Londres será completa.
Note, no obstante, que hoy por hoy cualquier paso
en esta versión macroscópica de la teleportación cuántica es pura fantasía. Un
objeto tal como un DeLorean tiene mucho más de 1.000 cuatrillones de
partículas.
Aunque los experimentadores están ganando facilidad
para entrelazar más de un único par de partículas, están extraordinariamente
lejos de llegar a los números relevantes para entidades macroscópicas. [207] Conseguir las dos cámaras de partículas entrelazadas está así
absolutamente fuera del alcance actual. Además, la medida conjunta de dos fotones
era, en sí misma, una hazaña difícil e impresionante. Extender esto a una
medida conjunta de trillones de partículas es hoy por hoy inimaginable. Desde
nuestro punto de vista actual, una valoración desapasionada concluiría que
teleportar un objeto macroscópico, al menos de la manera hasta ahora utilizada
para una única partícula, está a eones de tiempo, si no a una eternidad.
Pero, puesto que una constante en la ciencia y la
tecnología es la superación de profecías, yo señalaré simplemente lo obvio: la
teleportación de cuerpos macroscópicos parece poco probable. Pero ¿quién sabe?
Hace cuarenta años el computador del Enterprise también
parecía totalmente improbable. [208]
§. Los enigmas del viaje en el tiempo
No hay que negar que la vida sería diferente si la teleportación de objetos
macroscópicos fuera tan fácil como llamar a SEUR o subir a un metro. Viajes
impracticables o imposibles se harían accesibles, y el concepto de viaje a
través del espacio quedaría revolucionado hasta ese grado en que un salto en
conveniencia y viabilidad marca un cambio fundamental en la visión del mundo.
Incluso así, el impacto de la teleportación en
nuestra idea del universo palidecería en comparación con la convulsión que
traería el conseguir un viaje voluntario a través del tiempo. Todo el mundo
sabe que con esfuerzo y dedicación suficiente podemos, al menos en principio,
ir de aquí a allí.
Aunque hay limitaciones tecnológicas en nuestros
viajes a través del espacio, dentro de dichas limitaciones nuestros viajes
están guiados por la elección y el capricho. Pero ¿ir de ahora a entonces?
Nuestras experiencias atestiguan abrumadoramente que sólo hay una ruta: debemos
esperar, un segundo debe seguir a otro hasta que el ahora cede metódicamente el
lugar al entonces. Y esto supone que «entonces» es posterior a «ahora». Si
entonces precede a ahora, la experiencia dicta que no hay ninguna ruta; viajar
al pasado no parece una opción. A diferencia de los viajes a través del
espacio, los viajes a través del tiempo parecen todo lo contrario de una
cuestión de elección y capricho.
Cuando se trata del tiempo, nos vemos arrastrados
en una dirección, ya lo queramos o no.
Si fuéramos capaces de navegar en el tiempo tan
fácilmente como navegamos en el espacio, nuestra visión del mundo no sólo
cambiaría, sino que sufriría el cambio más dramático en la historia de nuestra
especie. A la luz de un impacto tan innegable, no deja de sorprenderme que
pocas personas se dan cuenta de que los soportes teóricos para un tipo de viaje
en el tiempo, viaje en el tiempo al futuro, han existido desde principios del
siglo pasado.
Cuando Einstein descubrió la naturaleza del
espaciotiempo de la relatividad especial, trazó un plano para ir hacia el
futuro. Si usted quiere ver lo que está sucediendo en el planeta Tierra 1.000 o
10.000 o 10 millones de años en el futuro, las leyes de la física einsteiniana
nos dicen cómo hacerlo.
Usted construye un vehículo cuya velocidad puede
alcanzar, digamos, un 99,9999999996 por 100 de la velocidad de la luz. A todo
tren usted se encamina hacia el espacio profundo durante un día, o diez días, o
un poco más de 27 años según el reloj de su nave, luego vira de golpe y se
dirige de vuelta a la Tierra, de nuevo a todo tren. A su regreso, habrán transcurrido
1.000 o 10.000 0 10 millones de años de tiempo terrestre. Ésta es una
predicción indiscutida y experimentalmente verificada de la relatividad especial;
es un ejemplo del frenado del tiempo con el aumento de la velocidad descrito en
el capítulo 3. [209] Por supuesto, puesto que vehículos de semejante velocidad están
más allá de lo que podemos construir, nadie ha comprobado estas predicciones
literalmente. Pero como discutimos antes, los investigadores han confirmado el
frenado predicho del tiempo en el caso de un avión comercial, que viaja a una
pequeña fracción de la velocidad de la luz, así como el de las partículas
elementales como los muones que viajan en los aceleradores a una velocidad muy
próxima a la de la luz (los muones en reposo se desintegran en otras partículas
en aproximadamente dos millonésimas de segundo, pero cuanto más veloces viajan
más lento es el tictac de su reloj interno, y por eso más tiempo parecen vivir
los muones).
Hay todas las razones para creer, y ninguna razón
para no creer, que la relatividad especial es correcta, y su estrategia para
alcanzar el futuro funcionaría como se predice. La tecnología, y no la física,
nos mantiene a todos nosotros atados a esta época. [xlvii]
Surgen cuestiones espinosas, no obstante, cuando
pensamos en el otro tipo de viaje en el tiempo, el viaje al pasado. Sin duda
usted está familiarizado con algunas de ellas. Por ejemplo, existe el escenario
estándar en el que usted viaja al pasado e impide su propio nacimiento. En
muchas descripciones de ficción esto se logra con violencia; sin embargo,
cualquier intervención menos drástica pero igualmente efectiva, tal como
impedir que sus padres se conozcan, también serviría. La paradoja es clara: si
usted no hubiera nacido, ¿cómo llegó a ser y, en particular, cómo viajó al
pasado e impidió que sus padres se conocieran? Para viajar al pasado y separar
a sus padres, usted tendría que haber nacido; pero si hubiera nacido, viajado
al pasado y mantenido a sus padres separados, usted no habría nacido.
Tropezamos directamente con un impasse lógico.
Una paradoja similar, sugerida por el filósofo de
Oxford Michael Dummett y subrayada por su colega David Deutsch, retuerce el
cerebro de una forma ligeramente diferente, quizá aún más desconcertante. He
aquí una versión. Imagine que yo construyo una máquina del tiempo y viajo diez
años al futuro. Tras un rápido almuerzo en Tofu- 4-U (la cadena que reemplazó a
MacDonald’s después de que la gran pandemia de las vacas locas hiciese caer el
entusiasmo por las hamburguesas), entro en el cibercafé más cercano y me
conecto online para ver qué progresos se han hecho en teoría de cuerdas. Y me
encuentro con una magnífica sorpresa. Leo que todas las cuestiones abiertas en
teoría de cuerdas han sido resueltas. La teoría ha sido completamente
desarrollada y utilizada con éxito para explicar todas las propiedades de las
partículas conocidas. Se ha encontrado evidencia incontrovertible de las
dimensiones extras, y se han confirmado las predicciones de la teoría de
partículas supersimétricas asociadas, sus masas, cargas eléctricas y demás, en
el Gran Colisionador de Hadrones. Ya no hay ninguna duda: la teoría de cuerdas
es la teoría unificada del universo.
Cuando profundizo un poco más para ver quién es el
responsable de estos grandes avances, tengo una sorpresa aún mayor. El artículo
fundamental fue escrito un año antes por no otra persona que Rita Green. Mi
madre. Quedo conmocionado. No pretendo ser irrespetuoso: mi madre es una
persona maravillosa, pero no es una científica, no puede entender por qué
alguien sería un científico y, por ejemplo, sólo leyó unas pocas páginas
de El universoelegante antes de dejarlo, diciendo que le daba
dolor de cabeza. De modo que ¿cómo diantres podía haber escrito el artículo
clave en teoría de cuerdas?
Bien, leo su artículo online, me desconcierta el
razonamiento sencillo pero profundamente intuitivo, y veo que al final
ella me agradece los años de intensa formación en matemáticas
y física después de que un seminario de Tony Robbins le persuadiera para
superar sus temores y seguir a su física interior. Vaya, pienso yo. Ella se
acababa de matricular en ese seminario cuando yo me embarqué en mi viaje al
futuro. Mejor será que me vuelva a mi propio tiempo para empezar la formación.
Bien, vuelvo en el tiempo y empiezo a instruir a mi
madre en teoría de cuerdas. Pero eso no va bien. Pasa un año. Luego dos. Y
aunque ella lo está intentando arduamente, no lo consigue. Empiezo a
preocuparme. Seguimos con ello durante otro par de años, pero el progreso es
mínimo. Ahora estoy realmente preocupado. No queda mucho tiempo para la
supuesta fecha de aparición de su artículo. ¿Cómo va a escribirlo? Finalmente
tomo una gran decisión. Cuando leo su artículo en el futuro, deja tal impresión
en mí que lo recuerdo claro como el día. Y así, en lugar de que ella lo
descubra por sí misma, algo que está pareciendo cada vez menos probable, le
digo lo que tiene que escribir, asegurando que ella incluye todo exactamente
como yo recuerdo haberlo leído. Ella envía el artículo, e inmediatamente pone
en ascuas al mundo de la física. Todo lo que yo leo durante mi estancia en el
futuro llega a suceder.
Ahora, he aquí la cuestión enigmática. ¿Quién
debería recibir el crédito por el artículo fundamental de mi madre? Yo no
debería. Yo conocí los resultados leyéndolos en su artículo. Pero ¿cómo puede
recibir mi madre el crédito, cuando ella escribió sólo lo que yo le conté? Por
supuesto, aquí no se trata en realidad de crédito, se trata de la procedencia
del nuevo conocimiento, las nuevas intuiciones y la nueva comprensión que
presenta el artículo de mi madre. Adonde puedo apuntar y decir: «Esta persona o
este computador dieron con los nuevos resultados». Yo no tuve las ideas, ni las
tuvo mi madre, no había nadie más involucrado, y no utilizamos un computador.
Sin embargo, estos brillantes resultados están de algún modo en su artículo.
Aparentemente, en un mundo que permite el viaje en el tiempo tanto hacia el
futuro como hacia el pasado el conocimiento puede materializarse a partir del
aire. Aunque no es tan paradójico como impedir el propio nacimiento, es
decididamente extraño.
¿Qué deberíamos hacer con tal paradoja y extrañeza?
¿Deberíamos concluir que aunque el viaje en el tiempo al futuro está permitido
por las leyes de la física, cualquier intento de regresar al pasado debe
fracasar? Algunos ciertamente lo han pensado. Pero, como veremos ahora, hay
maneras de evitar las cuestiones difíciles a las que llegamos. Esto no
significa que el viaje al pasado sea posible, eso es una cuestión separada que
consideraremos pronto, pero sí demostrará que el viaje hacia atrás en el tiempo
no puede ser descartado apelando simplemente a los rompecabezas que acabamos de
discutir.
§. Replanteando los rompecabezas
Recordemos que en el capítulo 5 discutimos el flujo del tiempo, desde la
perspectiva de la física clásica, y llegamos a una imagen que difiere
sustancialmente de nuestra imagen intuitiva. Una reflexión cuidadosa nos llevó
a concebir el espaciotiempo como un bloque de hielo con cada instante congelado
para siempre, frente a la imagen familiar del tiempo como un río que nos
arrastra hacia delante desde un instante al siguiente. Estos momentos
congelados están agrupados en ahoras, en sucesos que ocurren
al mismo tiempo, de diferentes maneras por observadores en diferentes estados
de movimiento. Y para acomodar esta flexibilidad de rebanar el bloque
espaciotemporal en diferentes nociones de ahora, acudíamos también a una
metáfora equivalente en la que el espaciotiempo se ve como una barra de pan que
puede ser rebanada a ángulos diferentes.
Pero independientemente de la metáfora, la lección
del capítulo 5 es que instantes, los sucesos que constituyen la barra del
espacio tiempo, simplemente son. Son intemporales. Cada instante, cada suceso u
ocurrencia, existe, de la misma forma que existe cada punto en el espacio. Los
instantes no nacen momentáneamente cuando son iluminados por el «foco» del
presente de un observador; esa imagen se ajusta a nuestra intuición pero no
puede resistir un análisis lógico. En lugar de ello, una vez iluminado, siempre
iluminado. Los instantes no cambian. Los instantes son. Ser iluminado es
simplemente una de las muchas características inmutables que constituyen un
instante. Esto es particularmente evidente desde la perspectiva intuitiva
aunque imaginaria de la figura 5.1, en la que están a la vista todos los
sucesos que constituyen la historia del universo; todos están allí estáticos e
inmutables. Observadores diferentes no coinciden en cuáles de los sucesos
ocurren en el mismo instante, ellos rebanan la barra del espaciotiempo a
ángulos diferentes, pero la barra total y sus sucesos constituyentes son
literalmente universales.
La mecánica cuántica ofrece ciertas modificaciones
a esta perspectiva clásica sobre el tiempo. Por ejemplo, vimos en el capítulo
12 que en escalas extraordinariamente cortas, el espacio y el espaciotiempo se
hacen inevitablemente ondulados y bacheados. Pero (capítulo 7), una valoración
completa de la mecánica cuántica y del tiempo requiere una resolución del
problema de la medida cuántica. Una de las propuestas para hacerlo, la
interpretación de los Muchos Mundos, es particularmente relevante para tratar
las paradojas que surgen del viaje en el tiempo, y las abordaremos en la
próxima sección. Pero en esta sección, sigamos clásicos y traigamos la
representación bloque de hielo/barra de pan del espaciotiempo para tratar estos
rompecabezas.
Tomemos el ejemplo paradójico de que usted ha
vuelto atrás en el tiempo y ha impedido que sus padres se conozcan.
Intuitivamente, todos sabemos lo que se supone que esto significa. Antes de que
usted viajara al pasado, sus padres se habían conocido, digamos en las
campanadas de medianoche del 31 de diciembre de 1965, [xlviii] en una
fiesta de Año Nuevo, y, en su momento, su madre le da a luz. Luego, muchos años
más tarde, usted decide viajar al pasado, de vuelta al 31 de diciembre de 1965,
y una vez allí usted cambia las cosas; en particular, usted mantiene a sus
padres alejados, impidiendo su propia concepción y nacimiento. Pero ahora
enfrentamos esta descripción intuitiva con la representación del tiempo como
barra espaciotemporal argumentada con más detalle.
En esencia, la descripción intuitiva no tiene
sentido porque supone que los instantes pueden cambiar. La imagen intuitiva
imagina que el inicio de las campanadas de la medianoche del 31 de diciembre de
1965 (utilizando el rebanamiento temporal estándar en la Tierra) es
«inicialmente» el instante en que se encuentran sus padres, pero imagina además
que su interferencia cambia «posteriormente» las cosas de modo que en las
campanadas de medianoche del 31 de diciembre de 1965 sus padres están a
kilómetros de distancia, si no en continentes separados. El problema con esta
nueva narración de los sucesos, no obstante, es que los instantes no cambian;
como hemos visto, simplemente son. La barra espaciotemporal existe, fija e
invariable. No tiene sentido que un instante sea «inicialmente» de una manera y
«posteriormente» sea de otra manera.
Si usted viajó en el tiempo de vuelta al 31 de
diciembre de 1965, entonces usted estaba allí, estuvo allí siempre, estará allí
siempre, nunca dejó de estar allí. El 31 de diciembre de 1965 no sucedió dos
veces, sin que usted estuviese en el debut pero asistiese al bis. Desde la
perspectiva intemporal de la figura 5.1, usted existe, estático e invariable,
en varias localizaciones en la barra espaciotemporal. Si hoy usted coloca los
botones de su máquina del tiempo para que le envíen a las 23.50, del 31 de diciembre
de 1965, entonces este último instante estará entre las localizaciones en la
barra espaciotemporal en las que usted puede ser encontrado. Pero su presencia
en la Nochevieja de 1965 será una característica eterna e inmutable del
espaciotiempo.
Esta idea nos sigue llevando a algunas conclusiones
extrañas, pero evita las paradojas. Por ejemplo, usted aparecería en la barra
espaciotemporal a las 23.50, del 31 de diciembre de 1965, pero antes de ese
momento no habría ningún registro de su existencia. Esto es extraño, pero no
paradójico. Si alguien le viera aparecer de repente a las 23.50, y le
preguntara, con pánico en los ojos, de dónde venía, usted podría responder
tranquilamente: «Del futuro». En este escenario, al menos hasta ahora, no hemos
caído en un impasse lógico. Donde las cosas se hacen más interesantes, por
supuesto, es cuando usted trata de llevar a cabo su misión e impedir que sus
padres se conozcan. ¿Qué sucede? Bien, manteniendo cuidadosamente la
perspectiva de «bloque espaciotemporal», concluimos inevitablemente que usted
no puede tener éxito. No importa lo que haga en esa fatídica Nochevieja, usted
fracasará. Mantener a sus padres separados, aunque parece estar dentro del
ámbito de las cosas que usted puede hacer, equivale en realidad a un
rompecabezas lógico. Sus padres se encontraron en las campanadas de medianoche.
Usted estuvo allí. Y usted estará «siempre» allí. Cada instante simplemente es;
no cambia. Aplicar el concepto de cambio a un instante tiene tanto sentido como
someter a una piedra a un psicoanálisis. Sus padres se conocieron en las
campanadas de medianoche del 31 de diciembre de 1965, y nada puede cambiar eso
porque su encuentro es un suceso inmutable, invariable, que ocupa eternamente
su lugar en el espaciotiempo.
De hecho, ahora que usted piensa en ello recuerda
que en algún momento de su adolescencia, cuando usted preguntó a su padre cómo
se declaró a su madre, él le dijo que no había planeado declararse en absoluto.
Apenas había conocido a su madre antes de plantearle la gran pregunta. Pero
aproximadamente diez minutos antes de Nochevieja en una fiesta de Año Nuevo, se
asustó tanto al ver aparecer de repente a un hombre de ninguna parte, un hombre
que decía ser del futuro, que cuando conoció a su madre decidió declararse
directamente.
La cuestión es que el conjunto completo e
invariable de sucesos en el espaciotiempo necesariamente encaja en un todo
coherente y auto-consistente. El universo tiene sentido. Si usted viaja en el
tiempo de vuelta al 31 de diciembre de 1965, está realmente cumpliendo su
propio destino. En la barra espaciotemporal hay alguien presente a las 23.50,
del 31 de diciembre de 1965, que no está allí en ningún instante anterior.
Desde la perspectiva exterior imaginaria de la figura 5.1, podríamos ver esto
directamente: también veríamos, innegablemente, que la persona es usted en su
edad actual. Para que estos sucesos, situados hace décadas, tengan sentido,
usted debe viajar en el tiempo de vuelta a 1965. Y lo que es más, desde nuestra
perspectiva exterior podemos ver a su padre haciéndole una pregunta
inmediatamente después de las 23.50, del 31 de diciembre de 1965, quedando
aterrorizado, echando a correr y encontrando a su madre a medianoche; un poco
más a lo largo de la barra, podemos ver la boda de sus padres, su nacimiento,
su infancia posterior y, más tarde, su entrada en la máquina del tiempo. Si el
viaje en el tiempo hacia el pasado fuera posible, ya no podríamos explicar los
sucesos en un instante solamente en términos de sucesos en instantes anteriores
(desde ninguna perspectiva dada) pero la totalidad de los sucesos constituirían
necesariamente una historia razonable, coherente y no contradictoria.
Como se ha subrayado en la última sección, esto no
significa, por mucho que forcemos la imaginación, que el viaje en el tiempo al
pasado sea posible.
Pero sí sugiere con fuerza que las pretendidas
paradojas, tales como impedir su propio nacimiento, nacen de fallos lógicos. Si
usted viaja en el tiempo al pasado, no puede cambiarlo como no puede cambiar el
valor de pi. Si usted viaja al pasado, está, estará, y siempre formará parte
del pasado, el mismísimo pasado que lleva a que usted viaje a él.
Desde la perspectiva exterior de la figura 5.1,
esta explicación es firme y coherente. Examinando la totalidad de sucesos en la
barra del espaciotiempo vemos que están entrelazados con la rígida economía de
un crucigrama cósmico. Declaré antes que incluso si usted puede estar decidido
a impedir que sus padres se conozcan, no puede tener éxito en la aproximación
clásica a este problema. Usted puede observar que se encuentran. Incluso puede
facilitar su encuentro, quizá sin quererlo como en la historia que acabo de
contar. Usted puede viajar hacia atrás en el tiempo repetidamente, de modo que
hay muchos usted presentes en cada intento de impedir el encuentro de sus
padres. Pero tener éxito en impedir que sus padres se encuentren sería cambiar
algo con respecto a lo cual el concepto de cambio carece de sentido.
Pero, incluso con la idea de estas observaciones
abstractas, no podemos dejar de preguntar: ¿qué le impide tener éxito? Si usted
está en la fiesta a las 23.50 y ve a su madre de joven, ¿qué le impide llevarse
a su madre? O si ve a su padre de joven, ¿qué le impide, ¡oh, qué caray!,
digámoslo claramente, pegarle un tiro? ¿No tiene usted libre albedrío? Aquí es
donde, algunos sospechan, puede intervenir la mecánica cuántica.
§. Libre albedrío, muchos mundos y viaje en el
tiempo
El libre albedrío es una cuestión complicada, incluso sin el factor de
complicación que introduce el viaje en el tiempo. Las leyes de la física
clásica son deterministas. Como vimos antes, si usted conociera exactamente
cómo son las cosas ahora (la posición y la velocidad de cada partícula en el
universo), las leyes de la física clásica le dirían exactamente cómo fueron las
cosas o cómo serían en cualquier otro instante que usted especificara. Las
ecuaciones son indiferentes a la supuesta libertad de la voluntad humana.
Algunos han considerado que esto significa que en
un universo clásico el libre albedrío sería una ilusión. Usted está hecho de un
conjunto de partículas, de modo que si las leyes de la física clásica pudieran
determinar todo sobre sus partículas en cualquier instante, dónde estaban, cómo
se movían y demás, su capacidad voluntaria para decidir sus acciones aparecería
muy comprometida. Este razonamiento me convence, pero los que creen que somos
más que la suma de nuestras partículas quizá estén en desacuerdo.
En cualquier caso, la relevancia de estas
observaciones es limitada, puesto que el nuestro es un universo cuántico, no
clásico. En física cuántica, la física del mundo real, hay similitudes con esta
perspectiva clásica; también hay diferencias potencialmente fundamentales. Como
usted leyó en el capítulo 7, si conoce la función de onda cuántica precisamente
ahora para cada partícula en el universo, la ecuación de Schrödinger le dice
cómo era o será en cualquier otro instante que usted especifique. Esta componente
de la física cuántica es completamente determinista, igual que en física
clásica. Sin embargo, el acto de observación complica la historia
mecanocuántica y, como hemos visto, calienta aún más el debate sobre el
problema de la medida cuántica. Si los físicos concluyen un día que la ecuación
de Schrödinger es todo lo que hay en la mecánica cuántica, entonces la física
cuántica, en su totalidad, sería en todo tan determinista como la física
clásica. Como sucede con el determinismo clásico, algunos dirían que esto
significa que el libre albedrío es una ilusión, y otros no. Pero si actualmente
estamos pasando por alto parte de la teoría cuántica, si el paso de
probabilidades a resultados definidos requiere algo más allá del marco cuántico
estándar, es cuando menos posible que el libre albedrío pudiera hallar una
realización concreta dentro de la ley física. Quizá encontremos algún día, como
han conjeturado algunos físicos, que el acto de observación consciente es un
elemento integrante de la mecánica cuántica, siendo el catalizador que hace que
se realice un resultado a partir de la niebla cuántica. [210] Personalmente encuentro esto demasiado improbable, pero no conozco
ninguna manera de descartarlo.
El resultado es que el estatus del libre albedrío y
su papel dentro de la ley física fundamental sigue sin estar resuelto. De modo
que consideremos las dos posibilidades: que el libre albedrío sea ilusorio y
que el libre albedrío sea real.
Si el libre albedrío es una ilusión, y el viaje en
el tiempo al pasado es posible, entonces su incapacidad para impedir que sus
padres se conozcan no plantea ningún enigma. Aunque usted sienta que tiene
control sobre sus actos, las leyes de la física son las que realmente pulsan
las cuerdas. Cuando usted va a llevarse a su madre o a matar a su padre, las
leyes de la física se ponen en medio. Le máquina del tiempo le deja en el lado
equivocado de la ciudad y usted llega después de que sus padres se hayan conocido;
o usted aprieta el gatillo y la pistola se encasquilla; o aprieta el gatillo
pero yerra el blanco y en su lugar le da al único competidor de su padre por la
mano de su madre, allanando el camino para su unión; o, quizá, cuando usted
sale de la máquina del tiempo ya no tiene ganas de impedir que sus padres se
conozcan.
Independientemente de sus intenciones cuando entra
en la máquina del tiempo, sus actos cuando sale son parte de la historia
consistente del espaciotiempo. Las leyes de la física triunfan sobre todos los
intentos de frustrar la lógica. Todo lo que usted hace encaja perfectamente.
Siempre lo ha hecho y siempre lo hará. Usted no puede alterar lo inalterable.
Si el libre albedrío no es una ilusión, y el viaje
al pasado es posible, la física cuántica da sugerencias alternativas para lo
que puede suceder, y es característicamente diferente de la formulación basada
en la física clásica.
Una propuesta particularmente atractiva, defendida
por Deutsch, hace uso de la interpretación de los Muchos Mundos de la mecánica
cuántica. Recuerde del capítulo 7 que en el marco de los Muchos Mundos cada
resultado potencial encarnado en una función de onda cuántica, el giro de una
partícula en uno u otro sentido, el que otra partícula esté aquí o allí, se
realiza en su propio universo paralelo e independiente. El universo del que
somos conscientes en un instante dado es tan sólo uno de un número infinito en
el que cada posible evolución permitida por la física cuántica se realiza por
separado. En este marco es tentador sugerir que la libertad que sentimos al
tomar una u otra decisión refleja la posibilidad que tenemos de entrar en uno u
otro universo paralelo en un instante posterior. Por supuesto, puesto que hay
infinitas copias de usted y yo salpicadas en los universos paralelos, los
conceptos de identidad personal y de libre albedrío tienen que ser
interpretados en este contexto más amplio.
Por lo que concierte al viaje en el tiempo y las
paradojas potenciales, la interpretación de los Muchos Mundos sugiere una nueva
solución. Cuando usted viaja a las 23.50 del 31 de diciembre de 1965, saca su
arma, apunta a su padre y aprieta el gatillo, la pistola funciona y usted le da
al blanco pretendido. Pero puesto que esto no es lo que sucedió en el universo
en el que usted se embarcó en su odisea de viaje en el tiempo, su viaje debe
haber sido no sólo a través del tiempo, debe habersido también de un universo
paralelo a otro. El universo paralelo en el que usted se encuentra
ahora es uno en el que sus padres nunca se conocieron, un universo que la
interpretación de los Muchos Mundos nos asegura que está ahí (puesto que cada
posible universo compatible con las leyes de la mecánica cuántica está ahí). Y
así, en esta aproximación, no nos enfrentamos a ninguna paradoja lógica porque
hay varias versiones de un instante dado, cada una de ellas situada en un
universo paralelo diferente; en la interpretación de los Muchos Universos, es
como si hubiera infinitas barras espaciotemporales, no sólo una. En el universo
de origen sus padres se encontraron el 31 de diciembre de 1965, usted nació,
creció, le guardó rencor a su padre, se fascinó con el viaje en el tiempo y se
embarcó en un viaje al 31 de diciembre de 1965.
En el universo en el que usted llega, su padre es
asesinado el 31 de diciembre de 1965, antes de conocer a su madre, por un
pistolero que afirma ser su hijo procedente del futuro. En ese universo nunca
ha nacido una versión de usted, pero es perfecto, puesto que el usted que
apretó el gatillo no tiene padres.
Resulta simplemente que ellos viven en un universo
paralelo diferente. Si alguien en este universo cree su historia o, por el
contrario, le ve como un loco delirante, eso no puedo decirlo. Pero lo que está
claro es que en cada universo, el que usted dejó y el universo en el que entró,
evitamos situaciones contradictorias.
Y lo que es más, incluso en este contexto ampliado,
su expedición de viaje en el tiempo no cambia el pasado. En el universo que
usted dejó, eso es evidente, puesto que nunca visita su pasado. En el universo
en el que entra, su presencia a las 23.50 del 31 de diciembre de 1965 no cambia
ese instante: en ese universo usted estaba, y siempre estará, presente en dicho
instante. Una vez más, en la interpretación de los Muchos Mundos, cada
secuencia físicamente consistente de sucesos ocurre en uno de los universos
paralelos.
El universo en el que usted entra es uno en el que
las acciones criminales que usted decide emprender se realizan. Su presencia el
31 de diciembre de 1965, y todo el desbarajuste que crea, son parte del tejido
invariable de la realidad del universo.
La interpretación de los Muchos Mundos ofrece una
solución similar para la cuestión del conocimiento que aparentemente se
materializa de la nada, como en el escenario de mi madre escribiendo un
artículo decisivo sobre teoría de cuerdas. Según la interpretación de los
Muchos Mundos, en uno de la miríada de universos paralelos mi madre se
convierte rápidamente en una experta en teoría de cuerdas, y descubre por sí
misma todo lo que yo leo en su artículo. Cuando yo emprendo mi excursión al
futuro, mi máquina del tiempo me lleva a ese universo. Los
resultados que leo en el artículo de mi madre mientras estoy allí fueron
realmente descubiertos por la versión de mi madre en ese universo. Luego,
cuando viajo de vuelta en el tiempo, entro en otro de los universos paralelos,
uno en el que mi madre tiene dificultades para entender la física. Tras años de
tratar de enseñarle, me rindo y finalmente le digo lo que tiene que escribir en
el artículo. Pero en este escenario no hay ningún enigma respecto a quién es
responsable de la idea fundamental. La descubridora es la versión de mi madre
en el universo en el que ella es un genio de la física. Todo lo que sucedió
como resultado de mis diversos viajes en el tiempo es que sus descubrimientos
son comunicados a una versión de sí misma en otro universo paralelo. Suponiendo
que usted encuentra los universos paralelos más fáciles de tragar que los
descubrimientos sin autor, una proposición discutible, esto proporciona una
explicación menos desconcertante del intercambio de conocimiento y el viaje en
el tiempo.
Ninguna de las propuestas que hemos discutido en
esta sección o en la anterior es necesariamente la solución a los enigmas y
paradojas del viaje en el tiempo. Más bien, estas propuestas pretenden
demostrar que enigmas y paradojas no descartan el viaje en el tiempo hacia el
pasado puesto que, con nuestro estado actual de conocimiento, la física ofrece
posibles caminos para rodear los problemas. Pero no descartar algo no es ni
mucho menos declararlo posible. Así que ahora nos vemos llevados a la pregunta importante:
¿Es posible el viaje en el tiempo al pasado?
La mayoría de los físicos responderían que no. Pero
a diferencia del no definitivo que usted obtendría si preguntara si la
relatividad especial permite que un objeto masivo se acelere y supere la
velocidad de la luz, o si la teoría de Maxwell permite que una partícula con
una unidad de carga eléctrica se desintegre en partículas con dos unidades de
carga eléctrica, éste es un no matizado.
El hecho es que nadie ha demostrado que las leyes
de la física descarten absolutamente el viaje en el tiempo dirigido al pasado.
Por el contrario, algunos físicos incluso han establecido instrucciones
hipotéticas de cómo una civilización con proezas tecnológicas ilimitadas, que
operan completamente dentro de las leyes de la física conocidas, podría llegar
a construir una máquina del tiempo (cuando hablamos de máquinas del tiempo,
queremos decir algo que es capaz de viajar tanto hacia el futuro como al pasado).
Las propuestas no guardan ningún parecido con el artilugio giratorio descrito
por H. G. Wells o con el DeLorean trucado de Doc Brown. Y todos los elementos
del diseño superan los límites de la física conocida, lo que lleva a muchos
investigadores a sospechar que con posteriores refinamientos en nuestra
comprensión de las leyes de la Naturaleza, las propuestas actuales y futuras
para máquinas del tiempo serán estimadas más allá de los límites de lo que es
físicamente posible. Pero hoy por hoy, la sospecha se basa en sensaciones
viscerales y pruebas circunstanciales, no en pruebas sólidas.
El propio Einstein, durante la década de intensa
investigación que llevó a la publicación de su teoría de la relatividad
general, reflexionó sobre la cuestión del viaje al pasado. [211] Francamente, hubiera sido extraño que no lo hiciera. Puesto que su
radical replanteamiento del espacio y el tiempo desechaba un dogma largo tiempo
aceptado, una pregunta siempre presente era hasta dónde llegaría la convulsión.
¿Qué características, si hubiera alguna, del tiempo intuitivo, cotidiano y
familiar sobrevivirían? Einstein nunca escribió mucho sobre la cuestión del
viaje en el tiempo porque, según su propia explicación, nunca hizo muchos
progresos. Pero en las décadas posteriores a la difusión de su artículo sobre
la relatividad general, de forma lenta pero segura, otros físicos lo hicieron.
Entre los primeros artículos sobre la relatividad
general con relevancia para las máquinas del tiempo estaban los escritos en
1937 por el físico escocés W. J. van Stockum [212] y en 1949 por un colega de Einstein en el Instituto de Estudio
Avanzado, Kurt Gödel. Van Stockum estudió un hipotético problema en relatividad
general en el que un cilindro muy denso e infinitamente largo se pone en
movimiento giratorio en tomo a su eje (infinitamente) largo. Aunque un cilindro
infinito no es físicamente realista, el análisis de Van Stockum llevaba a una
revelación interesante. Como vimos en el capítulo 14, los objetos masivos en
rotación arrastran al espacio en un remolino. En este caso, el remolino es tan
importante que, como muestra el análisis matemático, no sólo el espacio sino
también el tiempo quedaría atrapado en el remolino. Hablando en términos
generales, la rotación retuerce la dirección del tiempo, de modo que el
movimiento circular alrededor del cilindro le lleva al pasado. Si su nave
espacial rodea al cilindro, usted puede volver al punto de partida en el
espacio antes de que usted emprenda su viaje.
Ciertamente, nadie puede construir un cilindro
giratorio infinitamente largo, pero este trabajo era un primer indicio de que
quizá la relatividad general no prohíba el viaje en el tiempo al pasado.
El artículo de Gödel también investigaba una
situación que incluía un movimiento rotacional. Pero en lugar de centrarse en
un objeto rotatorio en el espacio, Gödel estudió lo que sucede si todo el
espacio sufre un movimiento de rotación. Mach hubiera considerado esto absurdo.
Si el universo entero está rotando, entonces no hay nada con respecto a lo cual
se está dando la pretendida rotación. Mach concluiría que un universo en
rotación y un universo en reposo son uno y el mismo. Pero éste es otro ejemplo
en el que la relatividad general no se ajusta totalmente a la concepción
relacional del espacio. Según la relatividad general, tiene sentido hablar de
la rotación del universo entero, y con esta posibilidad llegan simples
consecuencias observacionales. Por ejemplo, si usted dispara un láser en un
universo en rotación, la relatividad general muestra que parecerá viajar a lo
largo de una trayectoria espiral antes que en línea recta (algo parecido a la
trayectoria que usted vería que sigue una bala si disparara una pistola de
juguete hacia arriba mientras viajara en un tiovivo). La característica
sorprendente del análisis de Gödel era su comprensión de que si su nave
espacial siguiera trayectorias adecuadas en un universo giratorio, usted
también podría volver a su lugar de origen en el espacio antes del instante de
su partida. Un universo en rotación sería en sí mismo una máquina del tiempo.
Einstein felicitó a Gödel por su descubrimiento,
pero sugirió que una investigación posterior podría demostrar que las
soluciones a las ecuaciones de la relatividad general que permiten el viaje al
pasado no satisfacen otros requisitos físicos esenciales, haciéndolas no más
que curiosidades matemáticas. Por lo que respecta a la solución de Gödel, las
observaciones de gran precisión han minimizado la relevancia directa de su
trabajo al establecer que nuestro universo no está girando. Pero Van Stockum y
Gödel habían sacado al genio de la botella; en menos de dos décadas, se
encontraron aún más soluciones de las ecuaciones de Einstein que permiten el
viaje en el tiempo al pasado.
En décadas recientes se ha reavivado el interés por
los diseños de hipotéticas máquinas del tiempo. En la década de 1970 Frank
Tipler reanalizó y refinó la solución de Van Stockun, y en 1991 Richard Gott de
la Universidad de Princeton descubrió otro método para construir una máquina
del tiempo haciendo uso de las denominadas cuerdas cósmicas (remanentes
filamentosos, hipotéticos, infinitamente largos de transiciones de fase en el
universo primitivo). Todas éstas son contribuciones importantes, pero la propuesta
más simple de describir, utilizando conceptos que hemos desarrollado en
capítulos anteriores, fue descubierta por Kip Thome y sus estudiantes en el
Instituto de Tecnología de California. Hace uso de agujeros de gusano.
§. Plano para una máquina del tiempo agujero de
gusano
Expondré primero la estrategia básica para construir la máquina del tiempo
agujero de gusano de Thome, y en la próxima sección discutiré los retos a los
que se enfrentaría un contratista al que contratara Thome para ejecutar los
planes.
Un agujero de gusano es un túnel
hipotético a través del espacio. Un tipo de túnel más familiar, tal como uno
que ha sido horadado en la falda de una montaña, ofrece un atajo para ir de un
lugar a otro. Los agujeros de gusano sirven para un fin similar, pero difieren
de los túneles convencionales en un aspecto importante. Mientras que los
tune-Máquinas teleportadoras y máquinas del tiempo, las convencionales
proporcionan una nueva ruta a través del espacio existente, la montaña y el
espacio que ocupa existe antes de que se construya un túnel, un agujero de
gusano proporciona un túnel desde un punto del espacio a otro a lo largo de
un tubo de espacio nuevo y no existente
previamente. Si usted eliminara el túnel que atraviesa la montaña, el espacio
que ocupaba seguiría existiendo. Si eliminara un agujero de gusano, el espacio
que ocupaba desaparecería.
La figura 15.2a ilustra un agujero de gusano que
conecta el Kwik- E-Mart y la Central Nuclear de Sprinfield, pero el dibujo es
confuso porque el agujero de gusano parece extenderse por el espacio aéreo de
Springfield. Para ser más exactos, el agujero de gusano debería considerarse
como una nueva región de espacio que se conecta con el espacio familiar
ordinario sólo en sus extremos: sus bocas. Si mientras camina por las calles de
Springfield, usted examinara la línea del cielo en busca del agujero de gusano,
no vería nada. La única manera de verlo sería saltar al Kwik-E-Mart, donde
usted encontraría una abertura en el espacio ordinario: una boca del agujero de
gusano. Mirando a través de la abertura usted vería el interior de la central,
la localización de la segunda boca, como en la figura 15.2.b.
Figura 15.2. (a) Un agujero de gusano que va desde el Kwik-E-Mart a la
central nuclear, (b) La vista a través del agujero de gusano, mirando desde la
boca en el Kwik-E-Mart hacia la boca en la central nuclear.
Otra característica confusa de la figura 15.2a es
que el agujero de gusano no parece ser un atajo. Podemos corregir esto
modificando la ilustración como en la figura 15.3. Como puede ver, la ruta
usual desde la central al Kwik-E-Mart es de hecho más larga que el nuevo pasaje
espacial del agujero de gusano. Las contorsiones de la figura 15.3 reflejan las
dificultades para dibujar en una página la geometría de la relatividad general,
pero la figura da una idea intuitiva de la nueva conexión que proporcionaría un
agujero de gusano.
Nadie sabe si existen los agujeros de gusano, pero
hace muchas décadas los físicos establecieron que están permitidos por las
matemáticas de la relatividad general y son así aptos para el estudio teórico.
En la década de 1950, John Wheeler y sus colaboradores estuvieron entre los
primeros investigadores que investigaron los agujeros de gusano y descubrieron
muchas de sus propiedades matemáticas fundamentales. Más recientemente, no
obstante, Thorne y sus colaboradores revelaron toda la riqueza de los agujeros
de gusano al darse cuenta de que no sólo pueden proporcionar atajos a través
del espacio, sino que también pueden proporcionar atajos a través del tiempo.
Ésta es la idea. Imagine que Bart y Lisa están en
extremos opuestos del agujero de gusano de Springfield, Bart en la central y
Lisa en el Kwik-E-Mart, hablando tranquilamente uno con otro de qué regalar a
Homer para su cumpleaños, cuando Bart se decide a tomar un corto crucero
transgaláctico (para traerle a Homer unos de sus palitos de pescado
andromedeanos favoritos). A Lisa no le apetece el viaje pero como siempre quiso
ver Andrómeda convence a Bart de que cargue su boca de agujero de gusano en su
nave y se lo lleve de modo que ella pueda echar una mirada. Usted quizá espera
que esto significa que Bart tendrá que seguir estirando el agujero de gusano a
medida que avanza en su viaje, pero eso supone que el agujero de gusano conecta
el Kwik-E-Mart y la nave de Bart a través del espacio ordinario.
Figura 15.3. Geometría que muestra con más claridad que el agujero de gusano
es un atajo. (Las bocas del agujero de gusano están realmente dentro del
Kwik-E-Mart y de la central nuclear, aunque esto es difícil de mostrar en esta
representación.)
No es así. Y, como se ilustra en la figura 15.4,
gracias a las maravillas de la geometría de la relatividad general, la longitud
del agujero de gusano puede permanecer fija a lo largo de todo el viaje. Este
es un punto clave. Incluso si Bart sale disparado hacia Andrómeda, su distancia
a Lisa a través del agujero de gusano no cambia.
Esto hace manifiesto el papel del agujero de gusano
como atajo a través del espacio.
Para ser precisos, digamos que Bart sale a una
velocidad del 99,999999999999999999 por 100 de la velocidad de la luz y viaja
cuatro horas hasta Andrómeda, mientras continúa hablando con Lisa a través del
agujero de gusano, igual que estaban haciendo antes del vuelo. Cuando la nave
llega a Andrómeda, Lisa le dice a Bart que se aparte de modo que ella pueda
tener una visión sin ningún impedimento.
Figura 15.4. (a) Un agujero de gusano que conecta el Kwik-E-Mart y la
central nuclear, (b) La abertura inferior del agujero de gusano transportada
(desde la central nuclear) al espacio exterior (en la nave espacial, no
mostrada). La longitud del agujero de gusano permanece fija, (c) La abertura
del agujero de gusano llega a la galaxia Andrómeda; la otra abertura sigue
estando en el Kwik-E- Mart. La longitud del agujero de gusano no varía a lo
largo del viaje.
Ella está exasperada por la insistencia de él en
recoger rápidamente un plato preparado en la tienda de alimentación y volver a
Springfield, pero está de acuerdo en seguir hablando hasta que él regrese.
Cuatro horas y unas pocas docenas de tictacs más
tarde Bart posa su nave sin problemas en el césped de Springfield High.
Sin embargo, cuando mira por la ventana de la nave,
Bart sufre una conmoción. Los edificios parecen completamente diferentes, y en
el marcador que flota por encima del estadio figura una fecha de unos seis
millones de años después de su partida. «¡Guay!», se dice a sí mismo, pero un
momento más tarde todo se aclara. La relatividad especial, recuerda de una
conversación íntima que tuvo recientemente con Sideshow Bob, asegura que cuanto
más rápido viaja uno más lentos marchan sus relojes. Si usted viaja en el
espacio a gran velocidad y luego regresa, podrían haber transcurrido sólo unas
horas a bordo de su nave, aunque habrán transcurrido miles o millones de años,
si no más, según alguien en reposo. Con un cálculo rápido, Bart confirma que a
la velocidad a la que estaba viajando ocho horas transcurridas en la nave
significarían 6.000 millones de años transcurridos en la Tierra. La fecha en el
marcador es correcta; Bart se da cuenta de que ha viajado lejos al futuro de la
Tierra.
«…¡Bart! Hola, ¡Bart!» grita Lisa a través del
agujero de gusano. «¿Me has estado escuchando? Vamos. Quiero estar en casa a
tiempo para cenar.»
Bart mira dentro de la boca de su agujero de gusano
y dice a Lisa que él ya ha aterrizado en el césped de Springfield High. Mirando
con más atención a través del agujero de gusano Lisa ve que Bart está diciendo
la verdad, pero mirando fuera del Kwik-E-Mart hacia Springfield High ella no ve
la nave en el césped. «Yo no lo entiendo», dice.
«En realidad, tiene perfecto sentido», responde
Bart orgullosamente.
«Yo he aterrizado en Springfield High, pero a seis
millones de años en el futuro. Tú no puedes verme mirando por la ventana del
Kwik-E-Mart porque estás mirando en el lugar correcto pero no estás mirando en
el tiempo correcto. Estás mirando seis millones de años demasiado pronto.»
«Oh, bien, es esa dilatación de tiempo de la
relatividad especial», acepta Lisa. «Tranquilo. En cualquier caso, yo quiero ir
a casa a tiempo para cenar, de modo que ven por el agujero de gusano, porque
tenemos que damos prisa.»
«Muy bien», dice Bart, arrastrándose por el agujero
de gusano. Compra una Butterfinger de Apu y él y Lisa se dirigen a casa.
Note que aunque Bart sólo tardó un momento en
atravesar el agujero de gusano, le transportó seis millones de años
atrás en el tiempo. Él y su nave y la boca del agujero de gusano
habían aterrizado en el futuro lejano de la Tierra. Si hubiera salido, hablado
con la gente y visto el periódico, todo habría confirmado esto. Pero, cuando él
atravesó el agujero de gusano y se reunió con Lisa, él se encontró de vuelta en
el presente. Lo mismo es cierto para cualquier otro que pudiera seguir a Bart a
través de la boca del agujero de gusano: también viajaría seis millones atrás
en el tiempo. Análogamente, cualquiera que se introduzca en la boca del agujero
de gusano en el Kwik-E-Mart y salga por la boca que Bart dejó en su nave
viajaría seis millones de años al futuro. El punto importante es que Bart no se
llevó simplemente una de las bocas del agujero de gusano en un viaje a través
del espacio. Su viaje también transportó la boca del agujero de gusano a través
del tiempo. El viaje de Bart le llevó a él y a la boca del agujero
de gusano al futuro de la Tierra.
En resumen, Bart transformó un túnel a través del espacio en un túnel
a través del tiempo; convirtió un agujero de gusano en una máquina
del tiempo.
Una forma tosca de visualizar lo que está
sucediendo se representa en la figura 15.5. En la figura 15.5a vemos un agujero
de gusano que conecta una localización espacial con otra, con la configuración
del agujero de gusano dibujada de modo que resalte que yace fuera del espacio
ordinario. En la figura 15.5b mostramos la evolución temporal de este agujero
de gusano, suponiendo que sus dos bocas se mantienen en reposo. (Las rebanadas
de tiempo son las de un observador en reposo.) En la figura 15.5c mostramos lo
que sucede cuando una boca del agujero de gusano se carga en una nave espacial
y se lleva en un viaje de ida-y-vuelta. El tiempo para la boca en movimiento,
igual que el tiempo en un reloj en movimiento, se frena, de modo que la boca en
movimiento se transporta al futuro. (Si transcurre una hora en un reloj en
movimiento pero transcurren mil años en relojes en reposo, el reloj en
movimiento habrá saltado al futuro de los relojes en reposo.) Así pues, en
lugar de conectar la boca del agujero de gusano en reposo, vía el túnel del
agujero de gusano, a una boca en la misma rebanada temporal, lo conecta a una
boca en una rebanada de tiempo futuro, como en la figura
15.5c.
Figura 15.5. (a) Un agujero de gusano, creado en cierto instante en el
tiempo, conecta un lugar en el espacio con otro, (b) Si las bocas del agujero
de gusano no se mueven una con respecto a otra, ellas «pasan» a través del
tiempo al mismo ritmo, de modo que el túnel conecta las dos regiones en el
mismo instante, (c) Si una boca del agujero de gusano se lleva en un viaje de
ida y vuelta (no mostrado), menos tiempo transcurrirá para dicha boca, y por
ello el túnel conectará las dos regiones del espacio en instantes diferentes de
tiempo. El agujero de gusano se ha transformado en una máquina del tiempo.
A menos que las bocas del agujero de gusano se
lleven más lejos, la diferencia de tiempo entre ellas permanecerá bloqueada. En
ese instante, si usted entrara por una boca y saliera por la otra se habría
convertido en un viajero en el tiempo.
§. Construyendo una máquina del tiempo agujero de
gusano
Ahora está claro cómo hacer un plano para construir una máquina del tiempo.
Paso 1: encontrar o crear un agujero de gusano
suficientemente ancho para que usted o lo que quiera enviar a través del
tiempo, pueda pasar por él. Paso 2: establecer una diferencia de tiempo entre
las bocas del agujero de gusano, por ejemplo, moviendo una con respecto a la
otra. Eso es. En teoría.
¿Qué pasa en la práctica? Bien, como mencioné de
entrada, nadie sabe siquiera si los agujeros de gusano existen. Algunos físicos
han sugerido que minúsculos agujeros de gusano podrían ser abundantes en la
constitución microscópica del tejido del espacio, siendo producidos
continuamente por fluctuaciones cuánticas del campo gravitatorio. Si es así, el
reto consistiría en agrandar uno hasta un tamaño macroscópico. Se han hecho
propuestas de cómo podría hacerse, pero apenas están más allá de vuelos teóricos
de la fantasía. Otros físicos han concebido la creación de grandes agujeros de
gusano como un proyecto de ingeniería en relatividad general aplicada.
Sabemos que el espacio responde a la distribución
de materia y energía, de modo que con suficiente control sobre materia y
energía podríamos hacer que una región del espacio genere un agujero de gusano.
Esta aproximación presenta una complicación adicional, porque de la misma forma
que debemos horadar la falda de una montaña para poner la boca de un túnel,
debemos horadar el tejido del espacio para poner la boca de un agujero de
gusano. [213]
Nadie sabe si estos desgarrones en el espacio están
permitidos por las leyes de la física.
El trabajo en el que yo he estado involucrado en
teoría de cuerdas ha demostrado que ciertos tipos de desgarrones espaciales son
posibles, pero por ahora no tenemos ninguna idea de si estos desgarrones
podrían ser relevantes para la creación de agujeros de gusano. La conclusión es
que la adquisición intencionada de un agujero de gusano macroscópico es una
fantasía que, en el mejor de los casos, está muy lejos de ser
realizada.
Además, incluso si de algún modo nos las
arregláramos para conseguir un agujero de gusano macroscópico, no habríamos
terminado; aún tendríamos que enfrentamos a un par de obstáculos importantes.
Primero, la década de 1960 Wheeler y Robert Fuller demostraron, utilizando las
ecuaciones de la relatividad general, que los agujeros de gusano son
inestables. Sus paredes tienden a colapsar hacia adentro en una fracción de
segundo, lo que elimina su utilidad para cualquier tipo de viaje. Más
recientemente, no obstante, los físicos (entre los que se incluyen Thome y
Morris, y también Matt Visser) han encontrado una forma potencial de rodear el
problema del colapso. Si el agujero de gusano no está vacío, sino que en su
lugar contiene un material, denominado materia exótica, que
puede ejercer un empuje hacia afuera en sus paredes, entonces sería posible
mantener el agujero de gusano abierto y estable. Aunque similar en sus efectos
a una constante cosmológica, la materia exótica generaría gravedad repulsiva
que presiona hacia afuera en virtud de tener energía negativa (no sólo la
presión negativa característica de una constante cosmológica). [214] En situaciones altamente especializadas, la mecánica cuántica
permite energía negativa, [215] pero sería un desafío tremendo generar suficiente materia exótica
para mantener abierto un agujero de gusano. (Por ejemplo, Visser ha calculado
que la cantidad de energía negativa necesaria para mantener abierto un agujero
de gusano de un metro de ancho es aproximadamente igual en magnitud a la
energía total producida por el Sol en más de 10.000 millones de años.) [216]
Segundo, incluso si de algún modo se encontrara o
creara un agujero de gusano macroscópico, e incluso si de algún modo fuéramos
capaces de apuntalar sus paredes contra el colapso inmediato, e incluso si
fuéramos capaces de inducir una diferencia de tiempo entre las bocas del
agujero de gusano (por ejemplo, lanzando una boca a alta velocidad), quedaría
otro obstáculo para adquirir una máquina del tiempo. Varios físicos, incluyendo
a Stephen Hawking, han planteado la posibilidad de que fluctuaciones de vacío,
las agitaciones que surgen de la incertidumbre cuántica experimentada por todos
los campos, incluso en el espacio vacío, discutidas en el capítulo 12, podrían
destrozar un agujero de gusano precisamente cuando se encontraba en situación
de ser una máquina del tiempo. La razón es que, justo en el momento en que se
hace posible el viaje en el tiempo a través del agujero de gusano, un mecanismo
de realimentación devastador, algo parecido al chirrido generado cuando los
niveles del micrófono y el altavoz en un sistema de sonido no están ajustados
adecuadamente, puede entrar en juego. Las fluctuaciones de vacío del futuro
pueden viajar a través del agujero de gusano al pasado, y entonces pueden
viajar a través del espacio y el tiempo ordinarios al futuro, entrar en el
agujero de gusano y viajar de nuevo al pasado, creando un ciclo sin fin a
través del agujero de gusano y llenándolo con energía cada vez mayor.
Presumiblemente, una acumulación de energía tan intensa destruiría el agujero
de gusano. La investigación teórica sugiere que esto es una posibilidad real,
pero los cálculos necesarios fuerzan nuestra comprensión actual de la
relatividad general y la mecánica cuántica en un espaciotiempo curvo, de modo
que no hay prueba concluyente.
Los desafíos para construir una máquina del tiempo
agujero de gusano son evidentemente inmensos. Pero la palabra final no se dará
hasta que nuestra comprensión de la mecánica cuántica y la gravedad se refine
más, quizá mediante avances en la teoría de supercuerdas. Aunque a un nivel
intuitivo los físicos están de acuerdo en general en que el viaje en el tiempo
al pasado es imposible, hoy por hoy la cuestión todavía no está completamente
cerrada.
§. Turismo cósmico
Pensando en el viaje en el tiempo, Hawking ha planteado un punto interesante.
Se pregunta por qué si el viaje en el tiempo es posible no hemos tenido una
avalancha de visitantes del futuro. Bien, podría decir usted, quizá la hemos
tenido. Y podría ir más lejos y decir que hemos puesto a tantos viajeros del
tiempo en celdas que la mayoría de los demás no se atreven a identificarse. Por
supuesto, Hawking lo dice medio en broma, como lo hago yo, pero plantea una
cuestión seria. Si usted cree, como creo yo, que no hemos sido visitados desde
el futuro, ¿es eso equivalente a creer que el viaje en el tiempo es imposible?
Por supuesto, si la gente tuviera éxito en construir máquinas del tiempo en el
futuro, algún historiador acabará obteniendo una beca para estudiar, de cerca y
personalmente, la construcción de la primera bomba atómica, o el primer viaje a
la Luna, o la primera incursión en la telerrealidad. Así, si creemos que nadie
nos ha visitado desde el futuro, quizá estamos diciendo implícitamente que no
creemos que esa máquina del tiempo se construya nunca.
En realidad, no obstante, ésta no es una conclusión
necesaria. Las máquinas del tiempo que se han propuesto hasta
ahora no permiten viajar a un tiempo anterior a la construcción de la
primera máquina del tiempo. En el caso de la máquina del tiempo
agujero de gusano esto es fácil de ver examinando la figura 15.5. Aunque hay
una diferencia de tiempo entre las bocas de los agujeros de gusano, y aunque
esa diferencia permite viajar hacia delante y hacia atrás en el tiempo, usted
no puede alcanzar un tiempo anterior a que se estableciera la diferencia de
tiempo. El propio agujero de gusano no existe en el extremo izquierdo de la
barra del espaciotiempo. De modo que no hay ninguna manera de que usted pueda
utilizarlo para ir allí. Así, si la primera máquina del tiempo se construye,
digamos, dentro de 10.000 años, ese momento atraerá sin duda a
muchos turistas viajeros del tiempo, pero todos los tiempos anteriores, como el
nuestro, seguirán siendo inaccesibles.
Encuentro curioso y atractivo que nuestra
comprensión actual de las leyes de la Naturaleza no sólo sugiere cómo evitar
las aparentes paradojas del viaje en el tiempo sino que también presenta
propuestas de cómo podría conseguirse realmente el viaje en el tiempo. No me
malinterprete; yo mismo me cuento entre los físicos serios que sienten
intuitivamente que un día descartaremos el viaje en el tiempo al pasado. Pero
hasta que no haya una demostración definitiva, creo que está justificado y es
apropiado mantener una mente abierta. Como mínimo, los investigadores que se
centran en estas cuestiones están profundizando sustancialmente nuestra
comprensión del espacio y el tiempo en circunstancias extremas. En el mejor de
los casos, pueden estar dando los primeros pasos críticos para integramos en la
superautopista del espaciotiempo. Después de todo, cada momento que pasa sin
que tengamos éxito en construir una máquina del tiempo es un momento que estará
para siempre más allá de nuestro alcance y el alcance de todos los que nos
siguen.
Capítulo 16
El porvenir de una alusión
Perspectivas sobre el espacio y el tiempo
Contenido:
§. ¿Son espacio y tiempo conceptos fundamentales?
§. Promedio cuántico
§. Geometría en traducción
§. ¿De dónde viene la entropía de los agujeros negros?
§. ¿Es el universo un holograma?
§. Los constituyentes del espaciotiempo
§. Espacio interior y espacio exterior
Los físicos pasan buena parte de su vida en un
estado de confusión.
Es una ocupación de riesgo. Sobresalir en física es
abrazar la duda mientras se recorre el sinuoso camino hacia la claridad. La
incómoda sensación de perplejidad es lo que inspira a hombres y mujeres por lo
demás corrientes para realizar extraordinarias hazañas de ingenio y
creatividad; nada centra tanto la mente como los detalles disonantes que
esperan una resolución armoniosa. Pero en camino a una explicación, en su
búsqueda de nuevos marcos para abordar cuestiones sobresalientes, los teóricos
deben andar con cuidado por la jungla de perplejidad, guiados básicamente por
corazonadas, ideas, indicios y cálculos. Y puesto que la mayoría de los
investigadores tienen tendencia a borrar sus huellas, los descubrimientos
suelen dejar poca evidencia del arduo terreno que se ha cubierto. Pero no
perdamos de vista el hecho de que nada viene fácilmente. La Naturaleza no cede
sus secretos a la ligera.
En este libro hemos considerado numerosos capítulos
de la historia de los intentos de nuestra especie por entender el espacio y el
tiempo. Y aunque hemos encontrado algunas ideas profundas y sorprendentes, aún
tenemos que llegar al último momento eureka en el que toda confusión desaparece
y se impone una claridad total. Aún estamos básicamente caminando en la jungla.
Así que ¿de dónde venimos? ¿Cuál es el próximo
capítulo en la historia del espaciotiempo? Por supuesto, nadie lo sabe con
seguridad. Pero en años recientes han salido a la luz varias claves, y aunque
aún tienen que ser integradas en una imagen coherente, muchos físicos creen que
están llegando a la próxima gran convulsión en nuestra comprensión del cosmos.
Con el tiempo, el espacio y el tiempo como actualmente se conciben pueden ser
reconocidos como meras alusiones a unos principios más sutiles, más profundos y
más fundamentales que subyacen a la realidad física. En el capítulo final de
esta exposición vamos a considerar algunas de estas claves y alcanzaremos a ver
dónde puede llevamos nuestra búsqueda continua por captar el tejido del cosmos.
§.¿Son espacio y tiempo conceptos fundamentales?
El filósofo alemán Immanuel Kant sugirió que
prescindir del espacio y el tiempo cuando pensamos en el universo no sería
simplemente difícil, sería completamente imposible. Con franqueza, puedo ver de
dónde venía Kant.
Cada vez que me siento, cierro los ojos y trato de
pensar en cosas sin representarlas de algún modo ocupando espacio o
experimentando el paso del tiempo, me quedo corto. Muy corto. El espacio, a
través del contexto, o el tiempo, a través del cambio, siempre se las arreglan
para aparecer.
Irónicamente, lo más cerca que llego a limpiar mis
ideas de una asociación espaciotemporal directa es cuando estoy absorto en un
cálculo matemático (que a menudo tiene que ver con el espaciotiempo), porque la
naturaleza del ejercicio parece capaz de engullir mis pensamientos, aunque sólo
sea momentáneamente, en un escenario abstracto que parece privado de espacio y
tiempo. Pero las ideas mismas y el cuerpo en el que tienen lugar son, en
cualquier caso, parte del espacio y el tiempo familiares. Eludir verdaderamente
el espacio y el tiempo es más difícil que escapar de la propia sombra.
No obstante, muchos de los físicos destacados de
hoy sospechan que espacio y tiempo, aunque persistentes, quizá no sean
verdaderamente fundamentales. De la misma forma que la dureza de una bala de
cañón emerge de las propiedades colectivas de sus átomos, y de la misma forma
que el olor de una rosa emerge de las propiedades colectivas de sus moléculas,
y de la misma forma que la rapidez de un guepardo emerge de las propiedades
colectivas de sus músculos, nervios y huesos, así también las propiedades del espacio
y el tiempo, nuestra preocupación en gran parte de este libro, quizá emerjan
del comportamiento colectivo de algunos otros constituyentes más fundamentales
que aún tenemos que identificar.
Los físicos resumen a veces esta posibilidad
diciendo que el espaciotiempo puede ser una ilusión, una burla provocadora,
pero cuyo significado requiere una interpretación adecuada. Después de todo, si
usted fuese golpeado por una bala de cañón, o inhalara la atractiva fragancia
de una rosa, o viera a un rápido guepardo, no negaría su existencia simplemente
porque cada uno de ellos está compuesto de entidades más básicas. Por el
contrario, pienso que la mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo en que estas
agrupaciones de materia existen, y además, que hay mucho que aprender
estudiando cómo emergen sus características familiares de sus constituyentes
atómicos. Pero puesto que son compuestos, lo que no trataríamos de hacer es
construir una teoría del universo basada en balas de cañón, rosas y guepardos.
Del mismo modo, si espacio y tiempo resultan ser
entidades compuestas, eso no significaría que sus manifestaciones familiares,
desde el cubo de Newton a la gravedad de Einstein sean ilusorias; hay poca duda
de que espacio y tiempo retendrán sus posiciones globales en la realidad de la
experiencia, independientemente de los desarrollos futuros en nuestra
comprensión. Más bien, el espaciotiempo compuesto significaría que todavía está
por descubrir una descripción aún más elemental del universo, una que sea aespacial
y atemporal. La ilusión, entonces, sería de nuestra propia cosecha: la errónea
creencia de que la comprensión más profunda del cosmos pondría al espacio y el
tiempo ante el foco más nítido posible. De la misma manera que la dureza de una
bala de cañón, y el olor de la rosa, y la velocidad del guepardo desaparecen
cuando usted examina la materia en el nivel atómico y subatómico, también el
espacio y el tiempo pueden disolverse cuando se examinan con la formulación más
fundamental de las leyes de la Naturaleza.
Que el espaciotiempo no esté entre los ingredientes
cósmicos fundamentales puede parecerle algo extravagante. Y muy bien podría
tener razón. Pero los rumores de la salida inmediata del espaciotiempo de la
ley física profunda no nacen de la pura teorización. Por el contrario, esta
idea está sugerida con fuerza por varias consideraciones bien argumentadas.
Echemos una mirada a algunas de las más destacadas.
§. Promedio cuántico
En el capítulo 12 discutimos cómo el tejido del espaciotiempo, como todo lo
demás en nuestro universo cuántico, está sometido a las agitaciones de la
incertidumbre cuántica. Son estas fluctuaciones, recordará usted, las que se
llevaban por delante a las teorías de partículas puntuales, impidiéndoles
proporcionar una teoría razonable de la gravedad. Reemplazando las partículas
puntuales por lazos y trozos, la teoría de cuerdas diluye las fluctuaciones,
reduciendo sustancialmente su magnitud, y así es como da una unificación
satisfactoria de la mecánica cuántica y la relatividad general.
De todas formas, las fluctuaciones reducidas del
espaciotiempo siguen existiendo (como se ilustra en el penúltimo nivel de
ampliación de la figura 12.2), y dentro de ellas podemos encontrar claves
importantes para el destino del espaciotiempo.
En primer lugar, aprendemos que el espacio y el
tiempo familiares que llenan nuestros pensamientos y soportan nuestras
ecuaciones emergen de una especie de proceso de promediado. Piense en la imagen
pixelada que usted ve cuando se acerca a pocos centímetros de una pantalla de
televisor. Esta imagen es muy diferente de la que ve cuando está a una
distancia más cómoda, porque una vez que usted ya no puede resolver píxeles
individuales, sus ojos los combinan en un promedio que parece suave. Pero note
que es sólo gracias al proceso de promediado por lo que los píxeles producen
una imagen familiar continua. De modo análogo, la estructura microscópica del
espaciotiempo está rizada con ondulaciones cuánticas, pero no somos
directamente conscientes de ellas porque carecemos de la capacidad para
resolver el espaciotiempo en escalas tan minúsculas. En su lugar, nuestros
ojos, e incluso nuestros aparatos más potentes, combinan las ondulaciones en un
promedio, de forma muy parecida a lo que sucede con los píxeles. Puesto que las
ondulaciones son aleatorias, en una región pequeña hay normalmente tantas
ondulaciones «arriba» como «abajo», de modo que cuando se promedian tienden a
cancelarse, dando un espaciotiempo plácido. Pero, como en la analogía del
televisor,la forma suave y tranquila del espaciotiempoemerge solamente
debido al proceso de promediado.
El promediado cuántico ofrece una interpretación
más práctica de la afirmación de que el espaciotiempo familiar puede ser
ilusorio. Los promedios son útiles para muchos fines, pero, por diseño, no
proporcionan una imagen clara de los procesos subyacentes. Aunque la familia
media en Estados Unidos tiene 2,2 hijos, yo le pondría en un compromiso si le
pidiera que me presentara a una familia así. Y aunque el precio medio de un
galón de leche es 2,783 dólares, es poco probable que usted encuentre una
tienda que lo venda exactamente a ese precio. Así también, quizá el
espaciotiempo familiar, resultado él mismo de un proceso de promediado, no
describa los detalles de algo a lo que nos hubiera gustado llamar fundamental.
Quizá el espacio y el tiempo sean sólo concepciones aproximadas y colectivas,
extraordinariamente útiles al analizar el universo a todas las escalas salvo
las ultramicroscópicas, pero tan ilusorio como una familia de 2,2 hijos.
Una segunda idea, relacionada con la anterior, es
que las agitaciones cuánticas cada vez más intensas que aparecen en escalas
cada vez menores sugieren que la idea de poder dividir distancias o duraciones
en unidades cada vez más pequeñas llega probablemente a un final a
aproximadamente la longitud de Planck (10-33 centímetros) y el
tiempo de Planck (10 -43 segundos). Encontramos esta idea
en el capítulo 12, donde subrayamos que, aunque la noción está en conflicto
total con nuestras habituales experiencias del espacio y el tiempo, no es
particularmente sorprendente que una propiedad relevante para lo cotidiano no
sobreviva cuando se lleva al microrreino. Y puesto que la divisibilidad
arbitraria del espacio y el tiempo es una de sus propiedades cotidianas más
familiares, la inaplicabilidad de este concepto a escalas ultrapequeñas da otro
indicio de que hay algo más escondido en las microprofundidades, algo que
podría llamarse el substrato básico del espaciotiempo, la entidad a la que
alude la noción familiar de espaciotiempo. Esperamos que este ingrediente, la
materia espaciotemporal más elemental, no admita disección en piezas cada vez
más pequeñas debido a las violentas fluctuaciones que aparecerían en última
instancia, y así es completamente diferente al espaciotiempo a gran escala que
experimentamos directamente. Parece probable, por consiguiente, que la
apariencia de los constituyentes fundamentales del espaciotiempo, cualesquiera
que puedan ser, es alterada significativamente por el proceso de promediado por
el que dan el espaciotiempo de la experiencia común.
Así, buscar el espaciotiempo familiar en las leyes
más profundas de la Naturaleza quizá sea como tratar de tocar la Novena
Sinfonía de Beethoven solamente nota a nota o pintar uno de los cuadros de heno
de Monet solamente pincelada a pincelada. Al igual que estas obras maestras de
la expresión humana, el espaciotiempo entero de la Naturaleza puede ser tan
diferente de sus partes que nada que se le parezca existe en el nivel más
fundamental.
§. Geometría en traducción
Otra consideración, una que los físicos llaman dualidad geométrica, también
sugiere que quizá el espaciotiempo no sea fundamental, pero lo sugiere a partir
de un punto de vista muy diferente. Su descripción es un poco más técnica que
el promediado cuántico, de modo que siéntase libre para saltársela si esta
sección se hace en algún momento demasiado pesada. Pero puesto que muchos
investigadores consideran que este material está entre las características más
emblemáticas de la teoría de cuerdas, vale la pena tratar de entender la
esencia de las ideas.
En el capítulo 13 vimos cómo las cinco teorías de
cuerdas supuestamente distintas son en realidad diferentes traducciones de una
y la misma teoría.
Entre otras cosas, hicimos hincapié en que ésta es
una poderosa idea porque, cuando se traduce, cuestiones extraordinariamente
difíciles se hacen a veces mucho más fáciles de responder. Pero hay una
característica del diccionario de la traducción que unifica las cinco teorías
que no he mencionado hasta ahora. De la misma forma que el grado de dificultad
de una pregunta puede cambiar radicalmente por la traducción de una formulación
de cuerdas a otra, así también puede hacerlo la descripción de la forma geométrica
del espaciotiempo. Esto es lo que quiero decir.
Puesto que la teoría de cuerdas requiere más de las
tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal de la experiencia común,
nos vimos motivados en los capítulos 12 y 13 a asumir la cuestión de dónde
podrían estar ocultas las dimensiones extras. La respuesta que encontramos es
que pueden estar enrolladas en un tamaño que, hasta ahora, ha eludido la
detección porque es más pequeño que lo que podemos sondear experimentalmente.
También encontramos que la física en nuestras dimensiones grandes familiares es
dependiente del tamaño y la forma precisos de las dimensiones extras porque sus
propiedades geométricas afectan a las pautas geométricas que pueden ejecutar
las cuerdas. Bueno. Ahora la parte que dejé fuera.
El diccionario que traduce las preguntas planteadas
en una teoría de cuerdas en preguntas diferentes planteadas en otra teoría de
cuerdas también traduce la geometría de las dimensiones extras en
la primera teoría en una geometría extradimensional diferente en la
segunda teoría. Si, por ejemplo, usted está estudiando las
consecuencias físicas de, digamos, la teoría de cuerdas Tipo IIA con
dimensiones extra enrolladas en una forma y tamaño particular, entonces cada
conclusión a la que usted pueda llegar puede deducirse, al menos en teoría,
considerando preguntas traducidas adecuadamente a, digamos, la teoría de
cuerdas Tipo IIB. Pero el diccionario para llevar a cabo la traducción exige
que las dimensiones extras en la teoría de cuerdas Tipo IIB estén enrolladas en
una forma geométrica precisa que depende de, aunque generalmente
difiere de, la forma dada por la teoría Tipo IIA. En resumen, una
teoría de cuerdas dada con dimensiones enrolladas en una forma geométrica es
equivalente a, es una traducción de, otra teoría de cuerdas con dimensiones
enrolladas en una forma geométrica diferente.
Y las diferencias en la geometría espaciotemporal
no tienen por qué ser menores. Por ejemplo, si una de las dimensiones extras
de, digamos, la teoría de cuerdas Tipo IIA debería estar enrollada en un
círculo, como en la figura 12.7, el diccionario de traducción muestra que esto
es absolutamente equivalente a la teoría de cuerdas Tipo IIB con una de sus
dimensiones extras también enrollada en un círculo, pero una cuyo radio es
inversamente proporcional al original. Si un círculo es minúsculo, el otro es grande,
y viceversa, y pese a todo no hay ninguna manera de distinguir entre las dos
geometrías. (Expresando las longitudes como múltiplos de la longitud de Planck,
si un círculo tiene radio R, el diccionario matemático muestra
que el otro círculo tiene radio 1/7?.) Usted pensaría que podría distinguir
fácil e inmediatamente entre una dimensión grande y una pequeña, pero en la
teoría de cuerdas no siempre es así. Todas las observaciones derivan de las
interacciones entre cuerdas, y estas dos teorías, la Tipo IIA con una gran
dimensión circular y la Tipo IIB con una dimensión circular pequeña, son
meramente traducciones diferentes, formas diferentes de expresión, de la misma
física. Cada observación que usted describe dentro de una teoría de cuerdas
tiene una descripción alternativa e igualmente viable dentro de la otra teoría
de cuerdas, incluso si el lenguaje de cada teoría y la interpretación que da
pueden diferir. (Esto es posible porque hay dos configuraciones
cualitativamente diferentes para el movimiento de cuerdas en una dimensión
circular: aquellas en las que la cuerda está enrollada alrededor del círculo
como una goma elástica alrededor de una lata, y aquellas en las que la cuerda
reside en una porción del círculo pero no se enrolla a su alrededor. Las primeras
tienen energías que son proporcionales al radio del círculo
(cuanto mayor es el radio, más estiradas están las cuerdas enrolladas, de modo
que más energía incorporan), mientras que la última tiene energías que
son inversamente proporcionales al radio (cuanto menor es el
radio, más dobladas están las cuerdas, de modo que más energéticamente se
mueven debido a la incertidumbre cuántica). Nótese que si reemplazáramos el
círculo original por uno de radio inverso, aunque intercambiando también
cuerdas «enrolladas» y «no enrolladas» las energías físicas, y, tal como
resulta, la física con más generalidad, quedarían inalteradas. Esto es
exactamente lo que requiere el diccionario que traduce desde la teoría Tipo IIA
a la teoría Tipo IIB, y es la razón por la que dos geometrías aparentemente
diferentes, una dimensión circular grande y una pequeña, pueden ser
equivalentes.
Una idea similar es válida también cuando las
dimensiones circulares son reemplazadas por las formas de Calabi-Yau más
complicadas introducidas en el capítulo 12. Una teoría de cuerdas dada con
dimensiones extras enrolladas en una forma de Calabi-Yau particular es
traducida por el diccionario en una teoría de cuerdas diferente con dimensiones
extras enrolladas en una forma de Calabi-Yau diferente (una forma que se
denomina espejo o dual de la original). En
estos casos, no sólo pueden diferir los tamaños de las Calabi-Yaus, sino que
también pueden hacerlo sus formas, incluyendo el número y variedad de sus
agujeros. Pero el diccionario de traducción asegura que difieren precisamente
de la forma correcta, de modo que incluso si las dimensiones extras tienen
formas y tamaños diferentes, la física que se sigue de cada teoría es
absolutamente idéntica. (Hay dos tipos de agujeros en una forma de Calabi-Yau
dada, pero sucede que las pautas vibracionales de cuerdas, y con ello las
consecuencias físicas, son sensibles sólo a la diferencia entre el número de
agujeros de cada tipo. De modo que si una Calabi-Yau tiene, digamos, dos
agujeros del primer tipo y cinco del segundo, mientras que otra Calabi-Yau
tiene cinco agujeros del primer tipo y dos del segundo, entonces incluso si
difieren como formas geométricas pueden dar lugar a físicas idénticas. [xlix]
Desde otra perspectiva, esto despierta también la
sospecha de que el espacio no es un concepto fundacional. Alguien que describa
el universo utilizando una de las cinco teorías de cuerdas afirmaría que el
espacio, incluyendo las dimensiones extras, tiene un tamaño y una forma
concretos, mientras que algún otro que utilice una de las otras teorías de
cuerdas afirmaría que el espacio, incluyendo las dimensiones extras, tiene una
forma y un tamaño diferentes. Puesto que ambos observadores estarían utilizando
simplemente descripciones matemáticas alternativas del mismo universo físico,
no se trata de que uno estuviera en lo cierto y el otro estuviera equivocado.
Ambos podrían tener razón, incluso si sus conclusiones sobre el espacio, su
tamaño y forma, difiriesen. Note también que no se trata de que estuvieran
rebanando el espaciotiempo de maneras diferentes e igualmente válidas, como en
la relatividad especial. Estos dos observadores no estarían de acuerdo en la
estructura global del propio espaciotiempo. Y éste es el punto importante. La
mayoría de los físicos espera que si el espaciotiempo fuera realmente
fundamental, todos, independientemente de la perspectiva, independientemente
del lenguaje o teoría utilizados, estarían de acuerdo en sus propiedades geométricas.
Pero el hecho de que, al menos dentro de la teoría de cuerdas, no tiene por qué
ser necesariamente así, sugiere que el espaciotiempo puede ser un fenómeno
secundario.
Así que nos vemos llevados a preguntar: si las
ideas descritas en las dos últimas secciones nos llevan en la dirección
correcta, y el espaciotiempo familiar no es sino una manifestación a gran
escala de una entidad más fundamental, ¿cuál es esa entidad y cuáles son
propiedades esenciales? Hoy por hoy nadie lo sabe. Pero en busca de respuestas,
los investigadores han encontrado todavía más claves, y las más importantes han
venido de la reflexión sobre los agujeros negros.
§. ¿De dónde viene la entropía de los agujeros
negros?
Los agujeros negros tienen la cara de póquer más inescrutable del universo.
Desde el exterior parecen lo más simple que usted
pueda ver. Las tres características que distinguen a un agujero negro son su
masa (que determina lo grande que es: la distancia desde su centro a su
horizonte de sucesos, la envolvente superficie de no retomo), su carga
eléctrica y la rapidez con que está girando. Ya está. No hay más detalles que
aprender al examinar el rostro que un agujero negro presenta al cosmos. Los
físicos resumen esto con el dicho «los agujeros negros no tienen pelo», lo que
quiere decir que carecen del tipo de características detalladas que permiten
una individualidad. Cuando usted ha visto un agujero negro con una masa, carga
y rotación dadas (aunque haya deducido estas propiedades indirectamente, a
través de su efecto sobre el gas y las estrellas circundantes, puesto que los
agujeros negros son negros), decididamente los ha visto todos.
Sin embargo, tras su semblante pétreo los agujeros
negros albergan las mayores reservas de desorden que el universo haya conocido.
Entre todos los sistemas físicos de un tamaño dado con cualquier composición
posible, los agujeros negros contienen la máxima entropía posible. Recordemos
del capítulo 6 que una manera aproximada de pensar en esto procede directamente
de la definición de entropía como una medida del número de reordenamientos de
los constituyentes internos de un sistema que no tienen ningún efecto sobre su
apariencia. Cuando se trata de agujeros negros, incluso si no podemos decir
cuáles son realmente sus constituyentes, puesto que no sabemos qué sucede
cuando la materia se aplasta en el centro del agujero negro, podemos decir con
seguridad que reordenar estos constituyentes afecta tanto a la masa, carga o
rotación de un agujero negro como reordenar las páginas de Guerra y paz afecta
al peso del libro. Y puesto que masa, carga y rotación determinan por completo
la cara que muestra un agujero negro al mundo externo, todas esas
manifestaciones pasan inadvertidas y podemos decir que un agujero negro tiene
máxima entropía.
Incluso así, usted podría sugerir un aumento de la
entropía de un agujero negro de la siguiente forma simple. Usted construye una
esfera hueca del mismo tamaño que un agujero negro dado, la llena de gas
(hidrógeno, helio, dióxido de carbono, lo que sea) y deja que éste se difunda
en su interior.
Cuanto más gas bombea usted dentro, mayor es la
entropía, puesto que más constituyentes significan más reordenamientos
posibles. Usted podría conjeturar, entonces, que si sigue bombeando y
bombeando, la entropía del gas aumentará continuamente y, con el tiempo,
superará a la del agujero negro dado. Es una estrategia astuta, pero la
relatividad general muestra que falla. Cuando más gas se bombea dentro, más
masivos se hacen los contenidos de la esfera. Y antes de que usted llegue a la
entropía de un agujero negro del mismo tamaño, la masa cada vez mayor dentro de
la esfera alcanzará un valor crítico que hace que la esfera y sus
contenidos seconviertan en un agujero negro. No hay modo de
evitarlo. Los agujeros negros tienen un monopolio sobre el desorden máximo.
¿Qué pasa si usted trata de aumentar aún más la
entropía en el espacio interior del propio agujero negro bombeando todavía más
gas? La entropía seguirá aumentando, pero usted habrá cambiado las reglas del
juego.
Conforme la materia se sumerge en el voraz
horizonte de sucesos de un agujero negro, no sólo aumenta la entropía del
agujero negro sino que también lo hace su tamaño. El tamaño de un agujero negro
es proporcional a su masa, de modo que a medida que vierte más materia en el
agujero, éste se hace más grande y más pesado. Así, una vez que usted maximiza
la entropía en una región del espacio al crear un agujero negro, cualquier
intento de aumentar más la entropía en dicha región fracasará. Sencillamente la
región no puede soportar más desorden. Está saturada de entropía. Cualquier
cosa que haga usted, ya sea bombear gas o arrojar un todoterreno,
necesariamente haría que el agujero negro crezca y con ello ocupe una región
espacial más grande. Así, la cantidad de entropía contenida dentro de un
agujero negro no sólo nos dice una característica fundamental del agujero
negro, sino que también nos dice algo fundamental acerca del propio
espacio: la entropía máxima que puede ser embutida dentro de una
región del espacio, cualquier región del espacio, en cualquier lugar, en
cualquier tiempo, es igual a la entropía contenida dentro de un agujero
negro cuyo tamaño iguala al de la región en cuestión.
Así pues, ¿cuánta entropía contiene un agujero
negro de un tamaño dado?
Aquí es donde las cosas se hacen interesantes.
Razonando intuitivamente, empecemos con algo más fácilmente visualizable como
el aire en un recipiente Tupperware. Si usted uniera dos recipientes
semejantes, duplicando el volumen total y el número de moléculas de aire,
podría conjeturar que había duplicado la entropía. Los cálculos
detallados [217] confirman esta conclusión y muestran que, si todo lo demás
(temperatura, densidad y demás variables) es igual, las entropías de los
sistemas físicos familiares son proporcionales a sus volúmenes. Una siguiente
conjetura natural es que la misma conclusión se aplicaría a cosas menos
familiares, como agujeros negros, lo que nos lleva a esperar que la entropía de
un agujero negro sea también proporcional a su volumen.
Pero en la década de 1970 Jakob Bekenstein y
Stephen Hawking descubrieron que esto no es correcto. Sus análisis matemáticos
demostraron que la entropía de un agujero negro no es proporcional a su
volumen, sino que, en su lugar, es proporcional al área de su
horizonte de sucesos, aproximadamente hablando, al área de su superficie. Ésta
es una respuesta muy diferente. Si usted duplica el radio de un agujero negro
su volumen aumentará en un factor 8 (23), aunque el área de su superficie sólo
aumentará en un factor 4 (22); si usted aumentara su radio en un factor 100, su
volumen aumentaría en un factor de 1 millón (1003), aunque el área de su
superficie aumentaría sólo en un factor de 10.000 (1002). Los agujeros negros
tienen mucho más volumen que área de superficie. [218] Así, incluso si los agujeros negros contienen la máxima entropía
entre todos los objetos de un tamaño dado, Bekenstein y Hawking demostraron que
la cantidad de entropía que contienen es menor que lo que hubiéramos
conjeturado ingenuamente.
Que la entropía sea proporcional al área de la
superficie no es simplemente una diferencia curiosa entre los agujeros negros y
el Tupperware, de la que podemos tomar nota y seguir adelante. Hemos visto que
los agujeros negros fijan un límite a la cantidad de entropía que, incluso en
principio, puede ser embutida en una región del espacio: tome un agujero negro
cuyo tamaño sea exactamente igual que el de la región en cuestión, calcule
cuánta entropía tiene el agujero negro y ése es el límite absoluto a la cantidad
de entropía que la región del espacio puede contener. Puesto que esta entropía,
como demostraron los trabajos de Bekenstein y Hawking es proporcional al área
de la superficie del agujero negro, que es igual al área de la superficie de la
región, puesto que los escogimos del mismo tamaño,
concluimos que la máxima entropía que puede
contener cualquier región del espacio dada es proporcional al área de la
superficie de dicha región. [219]
La discrepancia entre esta conclusión y la
encontrada al considerar el aire atrapado en un Tupperware (donde encontramos
que la cantidad de entropía era proporcional al volumen del
Tupperware, y no a su superficie) es fácil de señalar. Puesto que suponíamos
que el aire estaba uniformemente disperso, el razonamiento del Tupperware
ignoraba la gravedad: recuerde, cuando la gravedad cuenta, las cosas se
aglomeran. Ignorar la gravedad está bien cuando las densidades son bajas, pero
cuando usted está considerando una gran entropía, las densidades son altas, la
gravedad cuenta y el razonamiento del Tupperware ya no es válido. En su lugar,
tales condiciones extremas requieren los cálculos basados en la gravedad de
Bekenstein y Hawking, con la conclusión de que la máxima entropía potencial
para una región del espacio es proporcional al área de su superficie, y no a su
volumen.
Todo muy bien, pero ¿por qué deberíamos
preocupamos? Hay dos razones.
Primero, la entropía acotada da aún otra clave de
que el espacio ultramicroscópico tiene una estructura atomizada. En detalle,
Bekenstein y Hawking encontraron que si usted imagina que dibuja un patrón de
tablero de ajedrez en el horizonte de sucesos de un agujero negro, siendo cada
casilla de una longitud de Planck por una longitud de Planck (de modo que cada
uno de estos «cuadrados de Planck» tiene un área de aproximadamente 1066
centímetros cuadrados), entonces la entropía del
agujero negro iguala al número de tales casillas que caben en su
superficie. [220] Es difícil pasar por alto la conclusión a la que apunta con fuerza
este resultado: cada cuadrado de Planck es una unidad fundamental y mínima de
espacio, y cada una lleva una única unidad mínima de entropía. Esto sugiere que
no hay nada, ni siquiera en principio, que pueda tener lugar dentro de un
cuadrado de Planck, porque una actividad semejante podría aportar desorden y
con ello el cuadrado de Planck podría contener más que la unidad de entropía
encontrada por Bekenstein y Hawking. Una vez más, desde una perspectiva
completamente diferente nos vemos llevados a la noción de una entidad espacial
elemental.[221]
En segundo lugar, para un físico, el límite
superior para la entropía que puede existir en una región de espacio es una
cantidad crítica, casi sagrada.
Para entender por qué, imagine que está trabajando
para un psiquiatra conductista y su tarea consiste en mantener un registro
detallado, momento a momento, de las interacciones entre grupos de niños
intensamente hiperactivos. Cada mañana usted reza para que el grupo de ese día
se porte bien, porque cuanto más desorden crean los niños, más difícil es su
tarea. La razón es intuitivamente obvia, pero vale la pena decirla
explícitamente: cuanto más desordenados son los niños, de más cosas tiene usted
que seguir la pista. El universo presenta a un físico un desafío muy parecido.
Una teoría física fundamental pretende describir todo lo que pasa, o podría
pasar, siquiera en teoría, en una región de espacio dada. Y, como sucede con
los niños, cuanto más desorden contiene la región, siquiera en teoría, más
cosas debe ser capaz de seguir la teoría. Así pues, la máxima entropía que
puede contener una región ofrece una test simple pero incisivo: los físicos
esperan que una teoría verdaderamente fundamental sea una que encaje
perfectamente con la entropía máxima en una región espacial dada. La teoría
debería estar tan estrechamente sintonizada con la Naturaleza que su capacidad
máxima para seguir la pista del desorden iguale exactamente al desorden máximo
que una región puede contener, ni más ni menos.
El punto importante es que, si la conclusión del
Tupperware hubiera tenido una validez ilimitada, una teoría fundamental habría
necesitado la capacidad de dar cuenta del valor del volumen de desorden en una
región dada. Pero puesto que el razonamiento falla cuando se incluye la
gravedad, y puesto que una teoría fundamental debe incluir la gravedad,
aprendemos que una teoría fundamental sólo necesita ser capaz de explicar el
valor de desorden del área de la superficie en cualquier región. Y como
mostramos con un par de ejemplos numéricos hace unos pocos párrafos, para
regiones grandes el último es mucho más pequeño que el primero.
Así pues, el resultado de Bekenstein y Hawking nos
dice que una teoría que incluya la gravedad es, en cierto sentido, más sencilla
que una teoría que no lo hace. Hay menos «grados de libertad», menos cosas que
pueden cambiar y así contribuir al desorden, que la teoría debe describir. Esta
es una idea interesante por sí misma, pero si seguimos esta línea de
razonamiento un paso más, parece decimos algo muy extraño. Si la entropía
máxima en cualquier región de espacio dada es proporcional al área de la superficie
de dicha región, y no a su volumen, entonces quizá los verdaderos y
fundamentales grados de libertad, los atributos que tienen el potencial de dar
lugar a ese desorden, residen en realidad en la superficie de la región y no
dentro de su volumen. Es decir, quizá los procesos físicos reales del universo
tienen lugar en una delgada superficie lejana que nos rodea, y todo lo que
vemos y experimentamos es meramente una proyección de dicho proceso. Es decir,
quizá el universo es algo parecido a un holograma.
Esta es una idea extraña, pero como discutiremos
ahora, ha recibido recientemente un apoyo sustancial.
§.¿Es el universo un holograma?
Un holograma es un trozo bidimensional de plástico
grabado que, cuando se ilumina con una luz láser adecuada, proyecta una imagen
tridimensional. [222]
A comienzos de la década de 1990, el premio Nobel
holandés Gerard ‘t Hooft y Leonard Susskind, el mismo físico que coinventó la
teoría de cuerdas, sugirieron que el propio universo podría actuar de una
manera análoga a un holograma. Propusieron la idea sorprendente de que las idas
y venidas que observamos en las tres dimensiones de la vida cotidiana podrían
ser proyecciones holográficas de procesos físicos que tienen lugar en una
superficie bidimensional lejana. En su nueva y peculiar visión, nosotros y todo
lo que hacemos o vemos seríamos similares a imágenes holográficas.
Platón imaginaba que las percepciones comunes
revelan una mera sombra de la realidad; el principio holográfico coincide con
esto, pero pone la metáfora del revés. Las sombras, las cosas que están
aplanadas y por ello viven en una superficie de dimensión más baja, son reales,
mientras que lo que parecen ser las entidades de dimensiones más altas y con
más rica estructura (nosotros; el mundo que nos rodea) son proyecciones
evanescentes de las sombras.[l]
De nuevo, aunque es una idea fantásticamente
extraña y una idea cuyo papel en la comprensión final del espaciotiempo no está
ni mucho menos claro, el denominado principio holográfico de
‘t Hooft y Susskind está bien motivado. Pues, como discutimos en la última
sección, la entropía máxima que una región del espacio puede contener escala
con el área de su superficie, no con el volumen de su interior. Es natural
conjeturar, entonces, que los ingredientes más fundamentales del universo, sus
grados de libertad más básicos, las entidades que pueden portar la entropía del
universo igual que las páginas de Guerra y paz portan su
entropía, residiría en una superficie frontera y no en el interior del
universo. Lo que experimentamos en el «volumen» del universo estaría
determinado por lo que tiene lugar en la superficie frontera, de la misma forma
que lo que vemos en una proyección holográfica está determinado por la
información codificada en un trozo de plástico. Las leyes de la física
actuarían como el láser del universo, iluminando los procesos reales del
cosmos, procesos que tienen lugar en una superficie delgada y distante, y
generando las ilusiones holográficas de la vida diaria.
Todavía no hemos explicado cómo podría realizarse
este principio holográfico en el mundo real. Un problema es que, en la
descripción convencional del universo, se imagina que éste se prolonga
indefinidamente, o si no, se enrolla sobre sí mismo como una esfera o una
pantalla de videojuego (como en el capítulo 8), y así no tendría bordes ni
fronteras.
Entonces, ¿dónde estaría localizada la supuesta
«superficie holográfica frontera»? Además, los procesos físicos parecen estar
ciertamente bajo nuestro control, precisamente aquí, en el interior profundo
del universo. No parece que algo en una frontera difícil de localizar sea de
algún modo lo que manda en lo que sucede aquí en el volumen. ¿Implica el
principio holográfico que esta sensación de control y
autonomía es ilusoria? ¿O es mejor pensar que la holografía expresa una especie
de dualidad en la que, sobre la base del gusto, no de la física, uno puede
escoger entre una descripción familiar en la que las leyes fundamentales actúan
aquí en el volumen (lo que se ajusta a la intuición y la percepción) y una
descripción poco familiar en la que la física fundamental tiene lugar en alguna
especie de frontera del universo, siendo igualmente válido cada punto de vista?
Éstas son preguntas esenciales que siguen siendo controvertidas.
Pero en 1997, basado en ideas anteriores de varios
teóricos de cuerdas, el físico argentino Juan Maldacena tuvo una idea que hizo
avanzar de manera espectacular el pensamiento sobre estas cuestiones. Su
descubrimiento no tiene relevancia directa para la cuestión del papel de la
holografía en nuestro universo real, pero en la física tradicional él encontró
un contexto hipotético, un universo hipotético, en el que las reflexiones
abstractas sobre la holografía podían hacerse precisas y concretas utilizando
las matemáticas. Por razones técnicas, Maldacena estudió un universo hipotético
con cuatro dimensiones espaciales grandes y una dimensión temporal que tiene
una curvatura negativa uniforme, una versión en dimensiones más altas de las
patatas fritas Pringle, figura 8.6c. El análisis matemático estándar revela que
este espaciotiempo pentadimensional tiene una frontera[223] que, como todas las fronteras, tiene una dimensión menos que la
forma que limita: tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal. (Como
siempre, los espacios de dimensiones más altas son difíciles de imaginar, de
modo que si usted quiere una imagen mental, piense en una lata de sopa de
tomate, la sopa líquida tridimensional es análoga al espaciotiempo
pentadimensional, mientras que la superficie bidimensional de la lata es
análoga a la frontera espaciotemporal tetradimensional, .) Después de incluir dimensiones
enrolladas adicionales como requiere la teoría de cuerdas, Maldacena argumentó
convincentemente que la física de la que sería testigo un observador que
viviera dentro de este universo (un observador en la «sopa») podría describirse
completamente en términos de física que tiene lugar en la frontera del universo
(física en la superficie de la lata).
Aunque no es realista, este trabajo proporcionó el
primer ejemplo concreto y matemáticamente tratable en el que el principio
holográfico era explícitamente realizado. [224] Al hacerlo, arrojó mucha luz sobre la noción de holografía
aplicada a un universo entero. Por ejemplo, en el trabajo de Maldacena la
descripción de volumen y la descripción de la frontera están en absoluto pie de
igualdad. No es una principal y la otra secundaria. En el mismo espíritu que la
relación entre las cinco teorías de cuerdas, las teorías de volumen y de
frontera son traducción una de otra. Sin embargo, la característica inusual de
esta traducción particular es que la teoría de volumen tiene más dimensiones
que la teoría equivalente formulada en la frontera.
Además, mientras que la teoría de volumen incluye
la gravedad (puesto que Maldacena la formuló utilizando la teoría de cuerdas),
los cálculos muestran que la teoría de la frontera no lo hace. No obstante,
cualquier pregunta formulada o cualquier cálculo realizado en una de las
teorías puede ser traducido a una pregunta o cálculo equivalente en la otra,
Aunque alguien poco familiarizado con el diccionario pensaría que las preguntas
y cálculos correspondientes no tienen absolutamente nada que ver entre sí (por
ejemplo, puesto que la teoría de la frontera no incluye la gravedad, las
preguntas que implican a la gravedad en la teoría de volumen se traducen en
preguntas sin gravedad aparentemente muy diferentes en la teoría de la
frontera), alguien versado en ambos lenguajes, un experto en ambas teorías,
reconocería su relación y se daría cuenta de que las respuestas a preguntas
correspondientes y los resultados de los cálculos correspondientes deben
coincidir. De hecho, todos los cálculos hechos hasta la fecha, y se han hecho
muchos, apoyan esta afirmación.
Los detalles de todo esto son difíciles de captar
plenamente, pero no dejemos que oscurezcan el punto esencial. El resultado de
Maldacena es sorprendente. El encontró una realización concreta, aunque
hipotética, de la holografía dentro de la teoría de cuerdas. Demostró que una
teoría cuántica particular sin gravedad es una traducción de, es indistinguible
de, otra teoría cuántica que incluye a la gravedad pero está formulada con una
dimensión espacial más. Hay ahora en marcha intensos programas de investigación
para determinar cómo podrían aplicarse estas ideas a un universo más realista,
nuestro universo, pero el progreso es lento pues el análisis está lleno de
obstáculos técnicos. (Maldacena escogió el ejemplo hipotético particular porque
se mostraba relativamente fácil de analizar matemáticamente; los ejemplos más
realistas son mucho más difíciles de tratar.) No obstante, ahora sabemos que la
teoría de cuerdas, al menos en ciertos contextos, tiene la capacidad de apoyar
el concepto de holografía. Y, como sucede con el caso de las traducciones
geométricas antes descritas, esto proporciona otro indicio más de que el
espaciotiempo no es fundamental. No sólo puede cambiar el tamaño y la forma del
espaciotiempo en la traducción de una formulación de la teoría a otra forma
equivalente, sino que también puede cambiar las dimensiones espaciales.
Además, estas claves apuntan a la conclusión de que
la forma del espaciotiempo es un detalle ornamental que varía de una
formulación de una teoría física a la siguiente, en lugar de ser un elemento
fundamental de la realidad. Igual que el número de letras, sílabas y vocales en
la palabra gato difiere de las de cat, su
traducción inglesa, la forma del espaciotiempo, su forma, su tamaño e incluso
el número de sus dimensiones, también cambia en la traducción. Para un
observador dado que esté utilizando una teoría para pensar el universo, el
espaciotiempo puede parecer real e indispensable. Pero si ese observador
cambiara la formulación de la teoría que utiliza por una versión traducida
equivalente, lo que una vez pareció real e indispensable también cambia necesariamente.
Así pues, si estas ideas son correctas, y debería subrayar que aún tienen que
ser rigurosamente demostradas incluso si los teóricos han reunido gran cantidad
de evidencia en su apoyo, desafían con fuerza la primacía del espacio y el
tiempo.
De todas las claves aquí discutidas, para mí es el
principio holográfico el que tiene la mayor probabilidad de desempeñar un papel
dominante en la investigación futura. Emerge de una característica básica de
los agujeros negros, su entropía, cuya comprensión, en eso coinciden muchos
físicos, descansa sobre bases teóricas firmes. Incluso si los detalles de
nuestras teorías cambiaran, confiamos en que cualquier descripción razonable de
la gravedad permitiría que los agujeros negros, y con ello las cotas de entropía
que dan pie a esta discusión, persistan y la holografía se aplique. El hecho de
que la teoría de cuerdas incorpora de forma natural el principio holográfico,
al menos en ejemplos susceptibles de análisis matemático, es otra prueba
importante que sugiere la validez del principio. Yo espero que
independientemente de dónde pueda llevamos la búsqueda de los fundamentos del
espacio y el tiempo, independientemente de las modificaciones de la teoría M/de
cuerdas que puedan estar esperándonos a la vuelta de la esquina, la holografía
seguirá siendo un concepto guía.
§. Los constituyentes del espaciotiempo
A lo largo de este libro hemos aludido periódicamente a los constituyentes
ultramicroscópicos del espaciotiempo pero, aunque hemos dado argumentos
indirectos a favor de su existencia, aún tenemos que decir algo sobre cuáles
podrían ser realmente dichos constituyentes. Y por una buena razón. En
realidad, no tenemos ninguna idea de cuáles son. O, quizá debería decir, cuando
se trata de identificar ingredientes elementales del espaciotiempo, no tenemos
ninguna idea de en cuáles podemos confiar realmente. Ésta es una laguna
importante en nuestra comprensión, pero vale la pena ver el problema en su
contexto histórico.
Si usted hubiera hecho una encuesta entre los
científicos de finales del siglo XIX sobre sus opiniones acerca de los
constituyentes elementales de la materia, no habría encontrado un acuerdo
universal. Hace un siglo la hipótesis atómica era controvertida; había
científicos bien conocidos, Ernst Mach era uno, que pensaban que era falsa.
Además, ya desde que la hipótesis atómica recibió amplia aceptación en la
primera parte del siglo XX, los científicos han estado actualizando
continuamente la imagen que dicha hipótesis proporciona con los que se cree que
son ingredientes cada vez más elementales (por ejemplo, primero protones y
neutrones, luego quarks). La teoría de cuerdas es el último paso en este
camino, pero puesto que aún tiene que ser confirmada experimentalmente (e
incluso si lo fuera, eso no impediría la existencia de una teoría aún más
refinada que espera desarrollo), debemos reconocer que la búsqueda de los
constituyentes materiales básicos de la Naturaleza continúa.
La incorporación del espacio y el tiempo en un
contexto científico moderno se remonta a Newton en el siglo XVII, pero una
seria reflexión respecto a su constitución microscópica requirió los
descubrimientos en el siglo XX de la relatividad general y la mecánica
cuántica. Así, en escalas de tiempo históricas, sólo hemos empezado a analizar
el espaciotiempo, de modo que la falta de una propuesta definitiva para sus
«átomos», los constituyentes más elementales del espaciotiempo, no supone una
mala nota en este tema. Ni mucho menos. Lo que hemos obtenido hasta ahora,
hemos revelado numerosas características del espacio y el tiempo mucho más allá
de la experiencia común, testimonia un progreso incalculable respecto a hace un
siglo. La búsqueda de los ingredientes más fundamentales de la Naturaleza, ya
sea de la materia o del espaciotiempo, es un formidable desafío que
probablemente nos ocupará durante bastante tiempo futuro.
En el caso del espaciotiempo, hay actualmente dos
direcciones prometedoras en la búsqueda de constituyentes elementales. Una
propuesta procede de la teoría de cuerdas y la otra procede de una teoría
conocida como gravedad cuántica de lazo.
La propuesta de la teoría de cuerdas, dependiendo
de cuánto reflexiones sobre ella, es o bien intuitivamente agradable o
completamente desconcertante. Puesto que hablamos del «tejido» del
espaciotiempo, dice la sugerencia, quizá el espaciotiempo está tejido con
cuerdas de la misma forma que una camisa está tejida con hilo. Es decir, de la
misma forma que unir numerosos hilos en una pauta adecuada produce el tejido de
una camisa, quizá unir numerosas cuerdas en una pauta apropiada produzca lo que
normalmente llamamos el tejido del espaciotiempo. La materia, como usted y yo,
equivaldría entonces a aglomeraciones adicionales de cuerdas vibrantes, como
música sonora tocada en un estruendoso silencio o una figura complicada bordada
en un trozo liso de material, que se mueven dentro del contexto cosido por las
cuerdas del espaciotiempo.
Para mí ésta es una propuesta atractiva y
convincente, pero nadie ha transformado todavía estas palabras en un enunciado
matemático preciso. Por lo que puedo decir, los obstáculos para hacerlo no son
desdeñables. Por ejemplo, si su camisa se deshilacliara por completo usted se
quedaría con un montón de hilo, un resultado que, dependiendo de las
circunstancias, podría encontrar embarazoso o irritante, aunque probablemente
no muy misterioso.
Pero pone a la mente (al menos a mi mente) en un
aprieto al pensar en la situación análoga con las cuerdas,, las hebras del
espaciotiempo en esta propuesta. ¿Qué haríamos con un «montón» de cuerdas que
se hubieran desenredado del tejido del espaciotiempo o, quizá más oportuno, no
hubieran llegado a unirse para producir el tejido del espaciotiempo? Podríamos
tener la tentación de considerarlas como hacemos con el hilo de la camisa, como
materia prima que necesita ser unida, pero eso pasa por alto una sutileza
absolutamente esencial. Representamos las cuerdas vibrando en el espacio y a
través del tiempo, pero sin el tejido del espaciotiempo que se supone que
generan las propias cuerdas gracias a su unión ordenada, no hay espacio ni
tiempo. En esta propuesta, los conceptos de espacio y tiempo dejan de tener
significado hasta que se entretejen innumerables cuerdas para producirlos.
Así pues, para que esta propuesta tenga sentido
necesitaríamos un marco para describir las cuerdas que no suponga de entrada
que están vibrando en un espacio preexistente. Necesitaríamos una formulación
totalmente aespacial y atemporal de la teoría de cuerdas, en la que el
espaciotiempo emerge del comportamiento colectivo de las cuerdas.
Aunque ha habido progresos hacia este objetivo,
nadie ha dado todavía con semejante formulación aespacial y atemporal de la
teoría de cuerdas, algo que los físicos llaman una formulación independiente
del fondo (el término procede de la vaga noción de espaciotiempo como
telón de fondo ante el que tienen lugar los fenómenos físicos). En su lugar,
prácticamente todas las aproximaciones conciben las cuerdas moviéndose y
vibrando en un espaciotiempo que es introducido «a mano» en la teoría; el
espaciotiempo no emerge de la teoría, como los físicos imaginan que lo haría en
un marco independiente del fondo, sino que es suministrado a la teoría por el
teórico.
Muchos investigadores consideran que el desarrollo
de una formulación independiente del fondo es el mayor problema no resuelto al
que se enfrenta la teoría de cuerdas. No sólo daría una idea sobre el origen
del espaciotiempo, sino que un marco independiente del fondo sería
probablemente instrumental para resolver el mayor cabo suelto encontrado al
final del capítulo 12, la incapacidad actual de la teoría para seleccionar la
forma geométrica de las dimensiones extras. Una vez que su formalismo
matemático básico esté desenredado de cualquier espaciotiempo concreto, dice el
razonamiento, la teoría de cuerdas debería tener la capacidad de examinar todas
las posibilidades y quizá hacer una adjudicación entre ellas.
Otra dificultad a la que se enfrenta la propuesta
cuerdas-como-hilos-del-espaciotiempo es que, como aprendimos en el capítulo 13,
la teoría de cuerdas tiene otros ingredientes además de las cuerdas. ¿Qué papel
desempeñan estos otros componentes en la constitución fundamental del
espaciotiempo? Esta pregunta adquiere un relieve especialmente claro en el
escenario mundobrana.
Si el espacio tridimensional en el que vivimos es
una tres-brana, ¿es la propia brana imposible de descomponer o está formada a
partir de la combinación de los otros ingredientes de la teoría? ¿Están hechas
las branas, por ejemplo, de cuerdas, o son las branas tan elementales como las
cuerdas? ¿O deberíamos considerar aún otra posibilidad, la de que branas y
cuerdas pudieran estar hechas de algunos ingredientes aún más finos? Estas
cuestiones están en la vanguardia de la investigación actual, pero puesto que
este capítulo final trata de indicios y claves, déjeme señalar una idea
relevante que ha recibido mucha atención.
Antes hablamos de las diversas branas que uno
encuentra en la teoría M/de cuerdas: uno-branas, dos-branas, tres-branas,
cuatro-branas y así sucesivamente. Aunque no lo resalté antes, la teoría
también contiene cero-branas, ingredientes que no tienen extensión espacial,
parecidos a partículas puntuales. Esto podría parecer contradictorio con el
espíritu global de la teoría M que se alejaba del marco de la partícula puntual
en un esfuerzo por domesticar las ondulaciones salvajes de la gravedad
cuántica. Sin embargo, las cero-branas, igual que sus primas de dimensiones más
altas en la figura 13.2, vienen con cuerdas unidas, literalmente, y así sus
interacciones están gobernadas por cuerdas. No es sorprendente entonces que las
cero-branas se comporten de modo muy diferente de las partículas puntuales
convencionales y, lo que es más importante, participen plenamente en la
dispersión y la reducción de las agitaciones espaciotemporales
ultramicroscópicas; las cero-branas no introducen los defectos fatales que afligen
a los esquemas de partícula puntual que intentan fusionar la mecánica cuántica
y la relatividad general.
De hecho, Tom Banks de la Rutgers University y
Willy Fischler de la Universidad de Texas en Austin, junto con Leonard Susskind
y Stephen Shenker, ahora ambos en Standford, han formulado una versión de la
teoría M/de cuerdas en la que cero-branas son los ingredientes fundamentales
que pueden combinarse para generar cuerdas y otras branas de dimensión más
alta. Esta propuesta, conocida como teoría Matrix, otro posible
significado para la «M» en «teoría M», ha generado una avalancha de
investigación posterior, pero las difíciles matemáticas implicadas han impedido
hasta ahora a los científicos llevar la aproximación hasta el final. No
obstante, los cálculos que los físicos han logrado realizar en este marco
parecen apoyar la propuesta. Si la teoría Matrix es verdadera, podría
significar que todo, cuerdas, branas y quizá los propios espacio y tiempo, está
compuesto de agregados adecuados de cero-branas. Es una perspectiva excitante,
y los investigadores son cautamente optimistas en que el progreso durante los
próximos años arrojará mucha luz sobre su validez.
Hasta ahora hemos examinado el camino que ha
seguido la teoría de cuerdas en búsqueda de ingredientes espaciotemporales,
pero como mencioné, hay un segundo camino procedente de la principal
competidora de la teoría de cuerdas, la gravedad cuántica de lazo. La gravedad
cuántica de lazo data de mediados de la década de 1980 y es otra propuesta
prometedora para fusionar la relatividad general y la mecánica cuántica. No
intentaré una descripción detallada (si usted está interesado, eche una mirada
al excelente libro de Lee Smolin Three Roads to Quantum Gravity), sino
que en su lugar mencionaré algunos puntos clave que son particularmente
ilustrativos para nuestra discusión actual.
Tanto la teoría de cuerdas como la gravedad
cuántica de lazo afirman haber conseguido el objetivo largo tiempo buscado de
proporcionar una teoría cuántica de la gravedad, pero lo hacen de maneras
diferentes. La teoría de cuerdas brotó de la tradición de la física de
partículas exitosa que durante décadas ha buscado los ingredientes elementales
de la materia; para la mayoría de los primeros investigadores en cuerdas, la
gravedad tenía un interés secundario y lejano, en el mejor de los casos. Por el
contrario, la gravedad cuántica de lazo brotó de una tradición firmemente
basada en la teoría de la relatividad general; para la mayoría de quienes
trabajan en esta aproximación, la gravedad ha sido siempre el interés
principal. Un resumen comparativo diría que los teóricos de cuerdas empiezan
con lo pequeño (teoría cuántica) y pasan a englobar lo grande (gravedad),
mientras que quienes se adhieren a la gravedad cuántica de lazo empiezan con lo
grande (gravedad) y pasan a englobar lo pequeño (teoría cuántica). [225] De hecho, como vimos en el capítulo 12, la teoría de cuerdas fue
inicialmente desarrollada como una teoría cuántica de la fuerza nuclear fuerte
que actúa dentro de los núcleos atómicos; sólo más tarde se reconoció, por
azar, que la teoría de cuerdas incluía realmente a la gravedad. La gravedad
cuántica de lazo, por el contrario, toma la relatividad general de Einstein
como punto de partida y trata de incorporar la mecánica cuántica.
Estos puntos de partida en extremos opuestos del
espectro se reflejan en la forma en que las dos teorías se han desarrollado
hasta ahora. En cierta medida, los principales logros de cada una resultan ser
los fallos de la otra.
Por ejemplo, la teoría de cuerdas une todas las
fuerzas y toda la materia, incluyendo la gravedad (una unificación completa que
evita la aproximación del lazo), al describir todo en el lenguaje de cuerdas
vibrantes. La partícula de la gravedad, el gravitón, no es sino una pauta
vibracional de cuerdas particular, y por eso la teoría describe de forma
natural cómo estos paquetes elementales de gravedad se mueven e interaccionan
mecanocuánticamente.
Sin embargo, como se acaba de señalar, el principal
defecto de las formulaciones actuales de la teoría de cuerdas es que presuponen
un espaciotiempo de fondo dentro del que se mueven y vibran las cuerdas. Por el
contrario, el logro principal de la gravedad cuántica de lazo, un logro
impresionante, es que no supone un espaciotiempo de fondo. La gravedad cuántica
de lazo es un marco independiente del fondo. Sin embargo, extraer el espacio y
el tiempo ordinarios, así como las características familiares y satisfactorias
de la relatividad general cuando se aplica sobre grandes escalas de distancia
(algo fácil de hacer con las formulaciones actuales de la teoría de cuerdas), a
partir de este punto de partida aespacial/atemporal extraordinariamente poco
familiar, es un problema nada trivial, que los investigadores aún tratan de
resolver. Además, en comparación con la teoría de cuerdas, la gravedad cuántica
de lazo ha hecho muchos menos progresos en la comprensión de la dinámica de los
gravitones.
Una posibilidad armoniosa es que los entusiastas de
las cuerdas y los aficionados a la gravedad cuántica de lazo estén construyendo
en realidad la misma teoría, pero desde puntos de partida enormemente
diferentes. Que cada teoría incluya lazos, en la teoría de cuerdas éstos son
lazos de cuerda; en la gravedad cuántica de lazo son más difíciles de describir
sin matemáticas, pero, hablando aproximadamente, son lazos elementales de
espacio, sugiere que podría haber tal conexión. Esta posibilidad está apoyada además
por el hecho de que en los pocos problemas accesibles a ambas, tales como la
entropía de un agujero negro, las dos teorías están plenamente de
acuerdo. [226] Y sobre la cuestión de los constituyentes del espaciotiempo ambas
teorías sugieren que hay algún tipo de estructura atomizada. Ya hemos visto las
claves que apuntan a esta conclusión que surgen de la teoría de cuerdas; las
que proceden de la gravedad cuántica de lazo son atractivas e incluso más
explícitas. Los investigadores de lazos han demostrado que muchos lazos en la
gravedad cuántica de lazo pueden estar entremezclados, de modo parecido a
minúsculos lazos de lana pegados en un jersey, y producir estructuras que, a
escalas grandes, parecen aproximarse a regiones de espaciotiempo. Lo más
convincente de todo, los investigadores de lazos han calculado las áreas
permitidas de tales superficies del espacio. Y de la misma forma que usted
puede tener un electrón o dos electrones o 202 electrones, pero no puede tener
1,6 electrones o cualquier otra fracción, los cálculos muestran que las
superficies pueden tener áreas que son una longitud de Planck cuadrada, o dos
longitudes de Planck cuadradas, o 202 longitudes de Planck cuadradas, pero no
son posibles las fracciones. Una vez más, ésta es una fuerte clave teórica de
que el espacio, como los electrones, viene en pedazos discretos e indivisibles.[227]
Si tuviera aventurar una conjetura sobre los
desarrollos futuros imaginaría que las técnicas independientes del fondo
desarrolladas por la comunidad de la gravedad cuántica de lazo se adaptarán a
la teoría de cuerdas, allanando el camino para una formulación de cuerdas que
sea independiente del fondo. Y sospecho que ésa es la chispa que iniciará una
tercera revolución de supercuerdas en la que, soy optimista, se resolverán
muchos de los profundos misterios restantes. Tales desarrollos también harían
probablemente que se cierre el círculo de la larga historia del espaciotiempo.
En capítulos anteriores seguíamos el péndulo de la opinión mientras oscilaba
entre las posiciones relacionista y absolutista sobre el espacio, el tiempo y
el espaciotiempo.
Preguntábamos: ¿es el espacio un algo o no lo es?
¿Es el espaciotiempo un algo o no lo es? Y, a lo largo de algunos siglos de
reflexión encontramos opiniones diferentes. Yo creo que una unión independiente
del fondo, confirmada experimentalmente, entre la relatividad general y la
mecánica cuántica daría una solución satisfactoria a esta cuestión. En virtud
de la independencia del fondo, los ingredientes de la teoría podrían guardar
alguna relación entre sí, pero con la ausencia de un espaciotiempo que esté introducido
de entrada en la teoría no habría ningún escenario de fondo en el que
estuvieran inmersos. Sólo importarían las relaciones mutuas, una solución en el
espíritu de los relacionistas como Leibniz y Mach. Luego, a medida que los
ingredientes de la teoría, sean cuerdas, branas, lazos o alguna otra cosa
descubierta en el curso de la investigación futura, se fusionen para producir
un espaciotiempo familiar a gran escala (ya sea nuestro espaciotiempo real o
ejemplos hipotéticos útiles para experimentos mentales), su ser «algo» se
recuperaría, igual que en nuestra anterior discusión de la relatividad general:
en un espaciotiempo infinito, plano, por lo demás vacío (uno de los ejemplos
hipotéticos útiles), el agua en el cubo giratorio de Newton adoptaría una forma
cóncava. El punto esencial sería que la distinción entre espaciotiempo y
entidades materiales más tangibles se evaporaría a medida que ambos emergieran
de agregados adecuados de ingredientes más básicos en una teoría que es
fundamentalmente relacional, sin espacio y sin tiempo. Si es así como sucede,
Leibniz, Newton, Mach y Einstein podrían reclamar una parte de la victoria.
§. Espacio interior y espacio exterior
Especular sobre el futuro de la ciencia es un ejercicio entretenido y
constructivo. Sitúa nuestros proyectos actuales en un contexto más amplio y
resalta los objetivos primordiales en pos de los que estamos trabajando lenta y
deliberadamente. Pero cuando tales especulaciones se dirigen al propio futuro
del espaciotiempo, adquieren una cualidad casi mística: estamos considerando el
futuro de las cosas mismas que dominan nuestro sentido de la realidad. De nuevo
no se cuestiona que, independientemente de los descubrimientos futuros, el
espacio y el tiempo seguirán enmarcando nuestra experiencia individual; espacio
y tiempo, por lo que respecta a la vida cotidiana, están aquí para quedarse. Lo
que seguirá cambiando, y probablemente cambiando drásticamente, es nuestra
comprensión del marco que ofrecen, es decir, el escenario de la realidad de la
experiencia. Tras siglos de pensamiento, sólo podemos retratar al espacio y el
tiempo como los más familiares entre los extraños. Siguen su camino
imperturbables a través de nuestra vida, pero ocultan hábilmente su
constitución fundamental a las propias percepciones en las que tan
decisivamente influyen.
Durante el último siglo hemos llegado a estar
íntimamente familiarizados con algunas características previamente ocultas del
espacio y el tiempo gracias a las dos teorías de la relatividad de Einstein y a
la mecánica cuántica.
El frenado del tiempo, la relatividad de la
simultaneidad, los rebanamientos alternativos del espaciotiempo, la gravedad
como deformación y curvatura del espacio y el tiempo, la naturaleza
probabilista de la realidad, y el entrelazamiento cuántico a larga distancia no
estaban en la lista de cosas que incluso el mejor de los físicos del mundo del
siglo XIX hubiera esperado encontrar a la vuelta de la esquina. Y pese a todo,
ahí estaban, como dan testimonio tanto los resultados experimentales como las
explicaciones teóricas.
En nuestra época hemos dado con nuestra propia
panoplia de ideas inesperadas: materia oscura y energía oscura que parecen ser,
con mucho, los constituyentes dominantes del universo. Ondas gravitatorias,
rizos en el tejido del espaciotiempo, que fueron predichas por la relatividad
general de Einstein y quizá un día nos permitan mirar más atrás en el tiempo
que nunca.
Un océano de Higgs, que permea todo el espacio y
que si se confirmara nos ayudará a entender cómo las partículas adquieren masa.
Expansión inflacionaria, que puede explicar la forma del cosmos, resolver el
enigma de por qué es tan uniforme a grandes escalas y fijar la dirección de la
flecha del tiempo. La teoría de cuerdas, que postula lazos y trozos de energía
en lugar de partículas puntuales y promete una versión atrevida del sueño de
Einstein en el que todas las partículas y todas las fuerzas se combinan en una
única teoría.
Dimensiones espaciales extras, que emergen de las
matemáticas de la teoría de cuerdas, y que quizá puedan detectarse en
experimentos en aceleradores durante la próxima década. Un mundobrana, en el
que nuestras tres dimensiones espaciales quizá sean un universo entre muchos,
flotando en un espaciotiempo de más dimensiones. Y quizá un espaciotiempo
emergente, en el que el propio tejido del espacio y el tiempo está compuesto de
entidades más fundamentales aespaciales y atemporales.
Durante la próxima década, aceleradores cada vez
más potentes harán una aportación experimental muy necesaria, y muchos físicos
confían en que los datos recogidos de las colisiones a alta energía para los
que se han diseñado confirmarán varias de estas construcciones teóricas. Yo
comparto este entusiasmo y espero ávidamente los resultados. Hasta que no
entren en contacto con fenómenos observables y verificables, nuestras teorías
permanecen en el limbo, siguen siendo prometedores conjuntos de ideas que pueden
o no tener relevancia para el mundo real. Los nuevos aceleradores adelantarán
el solapamiento entre teoría y experimento de forma sustancial y, esperamos,
acomodarán muchas de estas ideas en el dominio de la ciencia establecida.
Pero hay otra aproximación que, aunque a más largo
plazo, me llena de un asombro incomparable. En el capítulo 11 discutimos cómo
pueden verse los efectos de minúsculas agitaciones cuánticas en un claro cielo
nocturno puesto que están enormemente estirados por la expansión cósmica, dando
como resultado grumos que constituyen las semillas para la formación de
estrellas y galaxias. (Recordemos la analogía de pequeños garabatos, dibujados
en un globo, que se estiran a lo largo de su superficie cuando el globo se
hincha.) Esta idea da acceso a la física cuántica por medio de observaciones
astronómicas. Quizá pueda ser llevada aún más lejos. Quizá la expansión cósmica
pueda estirar las huellas de procesos o características de escala aún menor, la
física de cuerdas, o la gravedad cuántica con más generalidad, o la estructura
atomizada del propio espaciotiempo ultramicroscópico, y ampliar su influencia,
de alguna manera sutil pero observable, a lo largo de los cielos. Es decir,
quizá el universo ha extraído ya fibras microscópicas del tejido del cosmos y
las ha desplegado a lo largo del cielo, y todo lo que necesitamos es aprender a
reconocer la pauta.
Evaluar las propuestas de vanguardia para leyes
físicas profundas muy bien puede requerir la potencia feroz de aceleradores de
partículas capaces de recrear violentas condiciones no vistas desde instantes
después del big bang.
Pero para mí no habría nada más poético, ningún
resultado más agradable, ninguna unificación más completa, que llegar a
confirmar nuestras teorías de lo ultrapequeño, nuestras teorías sobre la
constitución ultramicroscópica del espacio, el tiempo y la materia, orientando
nuestros más potentes telescopios al cielo y mirando silenciosamente a las
estrellas.
Notas:
[1] Lord Kelvin fue citado por el físico Albert Michelson en su
alocución en 1894 con motivo de la dedicatoria del Laboratorio Ryerson de la
Universidad de Chicago (ver D. Kleppner, Physics Today, noviembre 1998).
[2] Lord Kelvin, «Nineteenth Century Clouds over the Dynamical Theory
of Heat and Light», Phil. Mag. li, 6th series, 1 (1901).
[3] A. Einstein, N. Rosen y B. Podolsky, Phys. Rev. 47, 777 (1935).
[4] Sir Arthur Eddington, The Nature of the Physical World (Cambridge,
Cambridge University Press, 1928). [Hay trad. cast.: La Naturaleza del
Mundo Físico, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1945 (agotado).]
[5] Como se describe con más detalle en la nota 2 del capítulo 6, esto
es una
exageración porque hay ejemplos, referidos a partículas relativamente
esotéricas (tales como los mesones K o los mesones B), que muestran que la
denominada fuerza nuclear débil no trata el pasado y el futuro de forma
completamente simétrica. Sin embargo, en mi opinión y la de muchos otros
que han reflexionado sobre ello, puesto que estas partículas no desempeñan
básicamente ningún papel en la determinación de las propiedades de los
objetos materiales cotidianos, es poco probable que sean importantes para
explicar el enigma de la flecha del tiempo (aunque, me apresuro a añadir,
nadie lo sabe con seguridad). De modo que aunque técnicamente es una
exageración, supondré todo el tiempo que el error cometido al afirmar que las
leyes tratan pasado y futuro en pie de igualdad es mínimo, al menos en lo
que respecta a explicar el enigma de la flecha del tiempo.
[6] T. Ferris, Corning of Age in the Milky Way (Nueva York, Anchor,
1989).
[7] Isaac Newton, Sir Isaac Newton’s Mathematical Principle of Natural
Philosophy and His System of the World, trans. A. Motte and Florian Cajori
(Berkeley, University of California Press, 1934), vol I, p. 10. [Hay edición en
castellano de los Principia: Principios Matemáticos de la Filosofía Natural,
edición de Eloy Rada, Alianza, Madrid, 1988.]
[8] Isaac Newton, Sir Isaac Newton’s Mathematical Principle of Natural
Philosophy and His System of the World, trans. A. Motte and Florian Cajori
(Berkeley, University of California Press, 1934), vol I, p. 6
[9] Isaac Newton, Sir Isaac Newton’s Mathematical Principle of Natural
Philosophy and His System of the World, trans. A. Motte and Florian Cajori
(Berkeley, University of California Press, 1934), vol I, p. 10. [Hay edición en
castellano de los Principia: Principios Matemáticos de la Filosofía Natural,
edición de Eloy Rada, Alianza, Madrid, 1988.]
[10] Isaac Newton, Sir Isaac Newton’s Mathematical Principle of Natural
Philosophy and His System of the World, trans. A. Motte and Florian Cajori
(Berkeley, University of California Press, 1934), vol I, p. 12.
[11] Albert Einstein, en Prólogo a Max Jammer, Concepts of Space: The
Histories ofTheories of Space in Physics (Nueva York, Dover, 1993).
[12] A. Rupert Hall, Isaac Newton, Adventurer in Thought (Cambridge,
Cambridge University Press, 1992), p. 1.927
[13] A. Rupert Hall, Isaac Newton, Adventurer in Thought (Cambridge,
Cambridge University Press, 1992), p. 1.927
[14] H. G. Alexander, ed., The Leibniz-Clarke Correspondence
(Manchester, Manchester University Press, 1956).
[15] Me centro en Leibniz como representante de quienes se oponían a
atribuir al espacio una existencia independiente de los objetos que lo habitan,
pero esta opinión también era defendida enérgicamente por muchos otros, entre
ellos Christian Huygens y el Obispo Berkeley.
[16] Ver, por ejemplo, Max Jammer, p. 116.
[17] V. I. Lenin, Materialism and Empirocriticism: Critical Comments on
a Reactionary Philosophy (Nueva York, International Publications, 1909).
Segunda edición inglesa de Materializm’ i Empirokrititzism’: Kriti-cheskia
Zametki ob’ Odnoi Reaktsionnoi Filosofii (Moscú, Zveno Press, 1909). [Hay
edición en castellano: Materialismo y Empirocriticismo, Editorial Fundamentos,
Madrid, 1974.]
[18] Para el lector con formación matemática estas cuatro ecuaciones
son
donde E, B, ρ, J, ε0,
μ0 denotan el campo eléctrico, el campo magnético, la densidad
de carga eléctrica, la densidad de corriente eléctrica, la permitividad del
espacio libre y la permeabilidad del espacio libre, respectivamente. Como puede
verse, las ecuaciones de Maxwell relacionan la velocidad de cambio de los
campos electromagnéticos con la presencia de cargas y corrientes eléctricas. No
es difícil demostrar que estas ecuaciones implican una velocidad para las ondas
electromagnéticas dada por 1/(ε0μ0) 1/2,
cuyo valor da de hecho la velocidad de la luz.
[19] Hay cierta controversia en cuanto al papel que tales experimentos
desempeñaron en el desarrollo de la relatividad especial por parte de Einstein.
En su biografía de Einstein Subtle is the Lord: The Science and the Life of
Albert Einstein (Oxford, Oxford University Press, 1982), Abraham Pais sostiene,
utilizando las propias declaraciones de Einstein en sus últimos años, que éste
conocía el resultado de Michelson-Morley. Albrecht Fölsing en Albert Einstein:
A Biography (Nueva York, Viking, 1997), pp. 217-220, argumenta también que
Einstein conocía el resultado de Michelson-Morley, así como anteriores
resultados nulos experimentales en busca de evidencia del éter, tales como el
trabajo de Armand Fizeau. Pero Fölsing y muchos otros historiadores de la
ciencia han argumentado también que tales experimentos desempeñaron, como
mucho, un papel secundario en el pensamiento de Einstein. Einstein estaba
principalmente guiado por consideraciones de simetría matemática, simplicidad y
una extraordinaria intuición física.
[20] Para que nosotros veamos algo, la luz tiene que viajar hasta
nuestros ojos; análogamente, para que veamos luz, la propia luz tendría que
hacer el mismo viaje. Así, cuando yo digo que Bart ve la luz que se está
alejando, es una forma de abreviar. Estoy imaginando que Bart tiene un pequeño
ejército de ayudantes, todos ellos moviéndose a la velocidad de Bart pero
situados a diversas distancias a lo largo del camino que siguen él y el rayo de
luz. Estos ayudantes ponen al día a Bart acerca de la velocidad que llevaba la
luz y el momento en que la luz alcanzó tales lugares distantes. Entonces, sobre
la base de esa información, Bart puede calcular con qué rapidez se está
alejando la luz de él.
[21] Hay muchas deducciones matemáticas elementales de las ideas de
Einstein acerca del espacio y el tiempo que surgen de la relatividad especial.
Si está interesado puede echar, por ejemplo, una mirada al capítulo 2 de El
universo elegante (y a los detalles matemáticos que se dan en las notas finales
a ese capítulo). Una exposición más técnica pero extraordinariamente lúcida es
Edwin Taylor y John Archibald Wheeler, Spacetime Physics: Introduction to
Special Relativity (Nueva York, W. H. Freeman & Co., 1992).
[22] La detención del tiempo a la velocidad de la luz es una noción
interesante, pero es importante no ver demasiado en ello. La relatividad
especial demuestra que ningún objeto material puede alcanzar nunca la velocidad
de la luz: cuanto más rápido viaja un objeto material, más difícil será
empujarlo para que aumente su velocidad. Si fuera casi a la velocidad de la
luz, tendríamos que dar al objeto un empujón esencialmente infinito para que
fuera más rápido, y eso es algo que nunca podemos hacer. Así, la perspectiva
«atemporal» del fotón está limitada a objetos sin masa (de los que el fotón es
un ejemplo), y así la «atemporalidad» está permanentemente más allá de lo que
ninguna partícula, salvo unos pocos tipos, puede alcanzar.
Aunque es un ejercicio interesante y frudtífero imaginar cómo sería el universo
cuando nos movemos a la velocidad de la luz, finalmente necesitamos centramos
en perspectivas que los objetos materiales, tales como nosotros mismos, pueden
alcanzar, si queremos extraer inferencias de cómo afecta la relatividad
especial a nuestra experiencia del tiempo.
[23] Ver Abraham Pais, Subtle is the Lord, pp. 113-114.
[24] Para ser más exactos, definimos que el agua está girando si adopta
una forma cóncava, y que no está girando si no lo hace. Desde una perspectiva
machiana, en un universo vacío no hay concepto de giro, de modo que la
superficie del agua siempre sería plana (o, para evitar cuestiones derivadas de
la falta de la gravedad que tira del agua, podemos decir que la cuerda atada
entre dos piedras siempre estará flácida). Lo que importa aquí es que, por el
contrario, en la relatividad especial hay una noción de rotación, incluso en un
universo vacío, de modo que la superficie del agua puede ser cóncava (y la
cuerda atada entre las piedras puede estar tensa). En este sentido, la
relatividad especial viola las ideas de Mach.
[25] Albrecht Fölsing, Albert Einstein (Nueva York, Viking Press,
1967), pp. 208-210.
[26] El lector con inclinación matemática advertirá que si escogemos
las unidades de modo que la velocidad de la luz toma la forma de una unidad de
espacio por una unidad de tiempo (como un año-luz por año o un segundo-luz por
segundo, donde un año-luz es aproximadamente 9 billones y medio de kilómetros y
un segundo-luz es aproximadamente 300.000 kilómetros), entonces la luz se mueve
a través del espaciotiempo en rayos inclinados a 45 grados (porque tales líneas
diagonales son las que cubren una unidad de espacio en una unidad de tiempo,
dos unidades de espacio en dos unidades de tiempo, etc.). Puesto que nada puede
superar la velocidad de la luz, cualquier objeto material debe cubrir menos
distancia en el espacio en un intervalo de tiempo dado que la que cubriría un
rayo de luz, y por eso la trayectoria que sigue a través del espaciotiempo debe
formar un ángulo con la línea central del diagrama (la línea que recorre el
centro de la barra de corteza a corteza) menor de 45 grados.
Además, Einstein demo que red las rebanadas para un observador que se mueve con
velocidad V, Todo el espacio en un instante de tiempo de tal
observador, tienen una ecuación (Suponiendo por simplicidad una dimensión
espacial) dada portmovimiento = (treposo –
(v/c2) Χreposo, donde γ = (1-v2/ c2)½ y c es
la velocidad de la luz. En unidades donde c = 1, notamos
que v <1, y por eso, una rebanada temporal en movimiento,
el lugar geométrico donde tmovimiento toma un valor
fijo, es de la forma treposo –v Χ reposo =
constante. Tales rebanadas temporales están inclinadas respecto a las
rebanadas temporales en reposo (los lugares geométricos de la forma treposo =
constante y puesto que v<c, el ángulos entre ellas es
menor que 45º.
[27] Para el lector con inclinación matemática, lo que se está
afirmando es que las geodésicas del espaciotiempo de Minkowski, las
trayectorias de longitud espaciotemporal extrema entre dos puntos dados, son
entidades geométricas que no dependen de ninguna elección particular de
coordenadas o sistema de referencia. Son características intrínsecas, absolutas
y geométricas del espaciotiempo. Explícitamente, utilizando la métrica de
Minkowski estándar, las geodésicas (de género espacio) son líneas rectas (cuyo
ángulo con respecto al eje de tiempo es menor de 45 grados, puesto que la
velocidad implicada es menor que la de la luz).
[28] Hay algo más de importancia en lo que todos los observadores,
independientemente de su movimiento, también estarán de acuerdo. Está implícito
en lo que hemos descrito, pero vale la pena afirmarlo directamente. Si un
suceso es causa de otro (yo tiro una piedra que hace que se rompa una ventana),
todos los observadores están de acuerdo en que la causa precedió al efecto
(todos los observadores estarán de acuerdo en que yo tiré la piedra antes de
que se rompiese la ventana). Para el lector con inclinación matemática, no es
realmente difícil ver esto utilizando nuestra representación esquemática del
espaciotiempo. Si el suceso A es la causa del suceso B, entonces una recta
trazada de A a B corta a cada una de las rebanadas de tiempo (rebanadas de
tiempo de un observador en reposo con respecto a A) a un ángulo mayor de 45
grados (el ángulo entre los ejes espaciales, ejes que están en cualquier
rebanada de tiempo dada, y la recta entre A y B es mayor que 45 grados). Por
ejemplo, si A y B tienen lugar en la misma localización en el espacio (la goma
elástica enrollada en mi dedo[A] hace que mi dedo se ponga blanco[B]) entonces
la línea que conecta A y B forma un ángulo de 90 grados con respecto a las
rebanadas de tiempo. Si A y B tienen lugar en diferentes lugares en el espacio,
cualquier cosa que viajó de A a B para ejercer la influencia (mi piedra que
viaja desde el tirachinas a la ventana) lo hizo a velocidad menor que la de la
luz, lo que significa que el ángulo difiere de 90 grados (el ángulo cuando no
hay ninguna velocidad implicada) en menos de 45 grados, por ejemplo, el ángulo
con respecto a las rebanadas de tiempo (los ejes espaciales) es mayor que 45
grados. (Recuerde de la nota final 9 de este capítulo que la velocidad de la
luz fija el límite y dicho movimiento traza líneas de 45 grados.) Ahora, como
en la nota final 9, las diferentes rebanadas de tiempo asociadas con un
observador en movimiento están inclinadas con respecto a las de un observador
en reposo, pero el ángulo es siempre menor que 45 grados (puesto que el
movimiento relativo entre dos observadores materiales es siempre menor que la
velocidad de la luz). Y puesto que el ángulo asociado con sucesos causalmente
relacionados es siempre mayor que 45 grados, las rebanadas de tiempo del
observador, que necesariamente viaja a velocidad menor que la de la luz, no
pueden encontrar el efecto primero y encontrar la causa más tarde. Para todos
los observadores la causa precederá al efecto.
[29] La noción de que las causas preceden a sus efectos (ver la nota
precedente) sería cuestionada, entre otras cosas, si las influencias pudieran
viajar más rápido que la velocidad de la luz.
[30] Isaac Newton, Sir Isaac Newton ’s Mathematical Principies of
Natural Philosophy and His System ofthe World, trans. A. Motte and Florian
Ca-jori (Berkeley, University of California Press, 1934), vol I, p. 634.
[31] Puesto que la atracción gravitatoria de la Tierra difiere de un
lugar a otro, un observador en caída libre, con extensión espacial, aún puede
detectar una influencia gravitatoria residual. A saber: si el observador,
mientras cae, suelta dos pelotas de béisbol, una desde su brazo derecho
extendido y la otra desde su brazo izquierdo, cada una de ellas caerá a lo
largo de una trayectoria dirigida hacia el centro de la Tierra. Así, desde la
perspectiva del observador, él estará cayendo directamente hacia el centro de
la Tierra, mientras que la pelota liberada de su mano izquierda viajará hacia
abajo y ligeramente hacia la izquierda y la pelota liberada de su mano
izquierda viajará hacia abajo y ligeramente hacia la derecha. Así, mediante
medidas cuidadosas, el observador verá que la distancia entre las dos pelotas
disminuye lentamente; se mueven una hacia otra. No obstante, para este efecto
es crucial que las bolas se liberen en lugares ligeramente diferentes en el
espacio, de modo que sus trayectorias en caída libre hacia el centro de la
Tierra sean también ligeramente diferentes. Así, un enunciado más preciso de la
idea de Einstein es que cuanto menor es la extensión espacial de un objeto, más
completamente puede eliminar la gravedad desplomándose en caída libre. Aunque
es un punto importante, esta complicación puede ser ignorada sin problemas en
la discusión.
[32] Para una explicación más detallada, aunque a un nivel general, de
la curvatura del espacio y el tiempo según la relatividad general, ver, por
ejemplo, el capítulo 3 de El universo elegante.
[33] Para el lector con formación matemática las ecuaciones de Einstein
son Gmv = (8kG/c4)Tuv, donde el primer miembro describe la curvatura
del espaciotiempo utilizando el tensor de Einstein y el segundo miembro
describe la distribución de materia y energía en el universo utilizando el
tensor energía-momento.
[34] Charles Misner, Kip Thome y John Archibald Wheeler, Gravitation,
(San Francisco, W.H. Freeman and Co., 1973), pp. 544-545.
[35] En 1954 Einstein escribió a un colega: «De hecho, uno ya no
debería hablar del principio de Mach en absoluto» (citado en Abraham Pais,
Subtle is the Lord, p. 288).
[36] Como se mencionó antes, sucesivas generaciones han atribuido las
ideas siguientes a Mach incluso si sus propios escritos no expresan las cosas
explícitamente de esta manera.
[37] Un matiz aquí es que objetos que están tan lejanos que no ha
habido tiempo suficiente desde el comienzo del universo para que su luz, o
influencia gravitatoria, nos haya llegado no tienen ningún impacto sobre la
gravedad que sentimos.
[38] El lector experto reconocerá que este enunciado es, técnicamente
hablando, demasiado fuerte, pues no hay soluciones no triviales en el espacio
vacío (es decir, el espacio no-Minkowski) para la relatividad general. Aquí
estoy utilizando simplemente el hecho de que la relatividad especial puede
considerarse un caso especial de la relatividad general en el que se ignora la
gravedad.
[39] Para ser ecuánime, déjeme señalar que hay físicos y filósofos que
no están de acuerdo con esta conclusión. Incluso si Einstein abandonó el
principio de Mach, durante los últimos 30 años ha cobrado vida por sí mismo. Se
han propuesto varias versiones e interpretaciones de la idea de Mach y, por
ejemplo, algunos físicos han sugerido que la relatividad general engloba
básicamente las ideas de Mach; se trata simplemente de que algunas formas
particulares que puede tener el espaciotiempo, tal como el espaciotiempo plano
infinito de un universo vacío, no lo hacen. Quizá, sugieren estos físicos,
cualquier espaciotiempo que sea remotamente realista, poblado por estrellas y
galaxias, y todo lo demás, sí satisface el principio de Mach. Otros han
presentado reformulaciones del principio de Mach en el que la cuestión ya no es
cómo se comportan los objetos, tales como piedras atadas por una cuerda o cubos
llenos de agua, en un universo por lo demás vacío, sino más bien cómo las
diversas rebanadas de tiempo, las diversas geometrías espaciales
tridimensionales, se relacionan mutuamente a través del tiempo. Una referencia
iluminadora sobre el pensamiento moderno acerca de estas ideas es Mach ’s
Principie: From Newton’s Bucket to Quantum Gravity, Julián Barbour and Herbert Pfister,
eds. (Berlín, Birkhäuser, 1995), que es una colección de ensayos sobre el tema.
Una parte interesante de esta referencia es una encuesta entre aproximadamente
cuarenta físicos y filósofos acerca de su opinión sobre el principio de Mach.
La mayoría (más del 90 por 100) coincidían en que la relatividad general no se
ajusta plenamente a las ideas de Mach. Otra discusión excelente y
extraordinariamente interesante de estas ideas, desde una perspectiva
decididamente pro-machiana y de un nivel apropiado para el gran público, es el
libro de Julián Barbour The End of Time (Oxford, Oxford University Press,
1999).
[40] El lector con inclinación matemática podría encontrar ilustrativo
saber que Einstein creía que el espaciotiempo no tenía existencia independiente
de su métrica (el artificio matemático que da las relaciones de distancia en el
espaciotiempo), de modo que si se eliminara todo, incluyendo la métrica, el
espaciotiempo no sería un algo. Por «espaciotiempo» entiendo siempre una
variedad junto con una métrica que es solución de las ecuaciones de Einstein, y
por eso la conclusión a la que hemos llegado, en lenguaje matemático, es que el
espaciotiempo métrico es un algo.
[41] Max Jammer, Concepts of Space, p. XVII.
[42] Con más exactitud, ésta parece ser una concepción medieval con
raíces históricas que se remontan a Aristóteles.
[43] Como discutiremos más adelante en este libro, hay dominios (tales
como el big bang y los agujeros negros) que aún presentan muchos misterios,
debido en parte a las condiciones extremas de tamaño pequeño y densidades
enormes que hacen que incluso la teoría más refinada de Einstein deje de ser
válida. Así, la afirmación se aplica a todos los contextos salvo los más
extremos en los que las propias leyes conocidas se hacen sospechosas.
[44] Un primer lector de este texto que, sorprendentemente, tiene un
especial conocimiento del vudú, me ha informado de que en este rito se supone
que algo va de un lugar a otro llevando las intenciones de quien practica el
vudú: a saber, un espíritu. De modo que mi ejemplo de un fantástico proceso no
local puede fallar, dependiendo de su consideración del vudú. No obstante, la
idea es clara.
[45] Para evitar cualquier confusión, permítame volver a resaltar de
entrada que cuando digo, «El universo es no local», o «Algo que hacemos aquí
puede estar entrelazado con algo allí», no me estoy refiriendo a la capacidad
de ejercer un control intencionado instantáneo sobre algo lejano. En lugar de
ello, como quedará claro, el efecto al que me estoy refiriendo se manifiesta
como correlaciones entre sucesos que tienen lugar, habitualmente en forma de
correlaciones entre resultados de medidas, en localizaciones distantes
(localizaciones para las que no habría tiempo suficiente para que ni siquiera
la luz viajara de una a la otra). Me estoy refiriendo, pues, a lo que los
físicos llaman correlaciones no locales. A primera vista, tales correlaciones
quizá no le parezcan particularmente sorprendentes. Si alguien le envía una
caja que contiene un miembro de un par de guantes, y envía el otro miembro del
par a un amigo suyo que está a miles de kilómetros, habrá una correlación entre
la mano del guante que ve cada uno de ustedes al abrir sus cajas respectivas:
si usted ve el guante izquierdo, su amigo verá el derecho; si usted ve el
derecho, su amigo verá el izquierdo. Y, evidentemente, nada en estas
correlaciones es misterioso. Pero, como iremos describiendo, las correlaciones
que se dan en el mundo cuántico parecen ser de una naturaleza muy diferente. Es
como si usted tuviera un par de «guantes cuánticos» en el que cada miembro
puede ser o bien de mano izquierda o bien de mano derecha, y adquiere una mano
definida sólo cuando es adecuadamente observado o se interacciona con él. La
extrañeza aparece porque, aunque cada guante parece escoger su mano al azar
cuando es observado, los guantes trabajan en conjunto, incluso si están
ampliamente separados: si uno escoge izquierda, el otro escoge derecha, y
viceversa.
[46] La mecánica cuántica hace predicciones sobre el micromundo que
están en fantástico acuerdo con las observaciones experimentales. Sobre esto
hay un consenso universal. No obstante, puesto que las características
detalladas de la mecánica cuántica, que se discuten en este capítulo, difieren
significativamente de aquellas de la experiencia común y, además, puesto que
hay diferentes formulaciones matemáticas de la teoría (y diferentes
formulaciones de cómo llena la teoría el hueco entre el micromundo de los fenómenos
y el macromundo de los resultados medidos), no hay consenso en cómo interpretar
varios aspectos de la teoría (y varios datos enigmáticos que la teoría es
capaz, no obstante, de explicar matemáticamente), incluyendo cuestiones de no
localidad. En este capítulo he adoptado un punto de vista concreto, el que me
resulta más convincente, basado en el conocimiento teórico y los resultados
experimentales actuales. Pero advierto en que no todos están de acuerdo con
esta opinión, y en una nota final posterior, después de explicar la perspectiva
con más detalle, señalaré brevemente algunas de las otras perspectivas e
indicaré dónde puede usted leer más sobre ellas. Déjeme resaltar también, como
se discutirá más adelante, que los experimentos contradicen la creencia de
Einstein en que los datos sólo podrían ser explicados sobre la base de
partículas que siempre poseen propiedades definidas, aunque ocultas, sin ningún
uso o mención de entrelazamiento no local. Sin embargo, el fracaso de esta
perspectiva sólo descarta un universo local. No descarta la posibilidad de que
las partículas tengan esas características ocultas definidas.
[47] Para el lector con inclinación matemática, déjeme señalar un
aspecto potencialmente equívoco de esta descripción. Para sistemas de muchas
partículas, la onda de probabilidad (la función de onda en terminología
estándar) tiene esencialmente la misma interpretación que se acaba de
describir, pero se define como una función en el espacio de configuración de
las partículas (para una única partícula, el espacio de configuración es
isomorfo al espacio real, pero para un sistema de N partículas tiene 3N dimensiones).
Es importante tener esto en mente cuando se reflexiona sobre si la función de
onda es una entidad física real o meramente un artificio matemático, puesto que
si uno adopta la primera postura, necesitará aceptar también la realidad del
espacio de configuración, una variante interesante de los temas de los
capítulos 2 y 3. En la teoría cuántica de campos relativista, los campos pueden
definirse en las cuatro dimensiones espaciotiemporales habituales de la
experiencia común, pero hay también formulaciones menos utilizadas que apelan a
funciones de onda generalizadas denominadas funcionales de onda definidos en un
espacio aún más abstracto, el espacio de campos.
[48] Los experimentos a los que me refiero son aquellos sobre el efecto
fotoeléctrico, en los que la luz que incide sobre varios metales hace que sean
expulsados electrones de la superficie del metal. Los experimentadores
encontraron que cuanto mayor es la intensidad de la luz, mayor es el número de
electrones emitidos. Además, los experimentos revelaron que la energía de cada
electrón expulsado estaba determinada por el color, la frecuencia, de la luz.
Esto, como argumentó Einstein, es fácil de entender si la luz está compuesta de
partículas, puesto que mayor intensidad luminosa se traduce en más partículas
de luz (más fotones) en el haz, y cuantos más fotones hay, a más electrones
golpearán y expulsarán de la superficie metálica. Además, la frecuencia de la luz
determinaría la energía de cada fotón, y con ello la energía de cada electrón
expulsado, en acuerdo preciso con los datos. Las propiedades tipo partícula de
los fotones fueron finalmente confirmadas por Arthur Compton en 1923 mediante
experimentos que implican la dispersión elástica de fotones y electrones.
[49] Institut International de Physique Solvay, Rapport et discussions
du 5éme Conseil (París, 1928), pp. 253ss.
[50] Irene Born, trans., The Born-Einstein Letters (Nueva York, Walker,
1971), p. 223.[Hay trad. cast.: Correspondencia (1916-1955), Siglo XXI, México,
1971.]
[51] Henry Stapp, Nuovo Cimento 40B (1977), pp. 191-204.
[52] David Bohm fue una de las mentes creativas que trabajaron en
mecánica cuántica durante el siglo XX. Nació en Pensilvania en 1917 y fue
estudiante de Oppenheimer en Berkeley. Mientras enseñaba en la Universidad de
Princeton fue llamado a comparecer ante el Comité de Actividades
AntiAmericanas, pero se negó a testificar en las audiencias. Fue expulsado de
Estados Unidos y se convirtió en profesor en la Universidad de Sao Paulo en
Brasil, luego en el Technion en Israel, y finalmente en el Birbeck College de la
Universidad de Londres. Vivió en Londres hasta su muerte en 1992.
[53] Por supuesto, si usted espera lo suficiente, lo que usted le hace
a una partícula puede, en principio, afectar a la otra: una partícula podría
enviar una señal que alerte a la otra de que ha sido sometida a una medida, y
esta señal podría afectar a la partícula receptora. Sin embargo, puesto que
ninguna señal puede viajar a mayor velocidad que la de la luz, este tipo de
influencia no es instantánea. El punto clave en la discusión actual es que en
el mismo momento en que medimos el espín de una partícula en tomo a un eje
escogido conocemos el espín de la otra partícula sobre dicho eje. Y así,
cualquier tipo de comunicación «estándar» entre las partículas, comunicación
lumínica o sublumínica, no es relevante.
[54] En esta sección y en la próxima, la depuración del descubrimiento
de Bell que estoy utilizando es una «dramatización» inspirada por los
maravillosos artículos de David Mermin «Quantum Misteries for Anyone», Journal
of Philosophy, 78 (1981), pp. 397-408; «Can you Help Your Time Tonight by
Watching on TV?», en Philosophical Consequences of Quantum Theory: Reflections
on Bell ’s Theoreme, James T. Cushing and Ernán Mac Mullin, eds. (University of
Notre Dame, 1989; «Spoky Action at a Distan-ce: Mysteries of the Quantum
Theory», en The Great Ideas Today (Ency-clopaedia Britannica, Inc., 1988) que
están también recogidos en N. David Mermin Boojums All the Way Through
(Cambridge, Cambridge University Press, 1990). Para cualquiera interesado en
seguir estas ideas de una manera más técnica, no hay mejor lugar para empezar
que los artículos del propio Bell, muchos de los cuales están reunidos en J. S.
Bell, Speakable and Unspeakable in Quantum Mechanics (Cambridge, Cambridge
University Press, 1997).
[55] [55][55][55] Aunque la hipótesis de localidad es fundamental para
el argumento de Einstein, Podolski y Rosen, los investigadores han tratado de
encontrar fallos en otros elementos de su razonamiento en un intento de evitar
la conclusión de que el universo admite características no locales. Por
ejemplo, se afirma a veces que todo lo que los datos requieren es que
abandonemos el denominado realismo, la idea de que los objetos poseen las
propiedades que se les mide independientemente del proceso de medida. En este
contexto, no obstante, esta afirmación yerra el punto esencial. Si el
razonamiento EPR hubiera sido confirmado por el experimento, no habría nada
misterioso en las correlaciones a larga distancia de la mecánica cuántica; no
habrían sido más sorprendentes que las correlaciones a larga distancia
clásicas, tales como que su hallazgo del guante izquierdo aquí asegura que su
compañero hallará allí un guante derecho. Pero tal razonamiento queda refutado
por los resultados de Bell/Aspect. Ahora bien, si en respuesta a esta
refutación de EPR abandonamos el realismo, como hacemos en la mecánica cuántica
estándar, eso no debilita en nada la contundente extrañeza de las correlaciones
a larga distancia entre procesos aleatorios ampliamente separados; cuando renunciamos
al realismo, los guantes, como en la nota final 4, se hacen «guantes
cuánticos». Abandonar el realismo no hace de ningún modo menos extrañas las
correlaciones no locales observadas. Es cierto que si a la luz de los
resultados de EPR, Bell y Aspect tratamos de mantener el realismo, por ejemplo,
como en la teoría de Bohm discutida más adelante en el capítulo, el tipo de no
localidad que necesitamos para ser consistentes con los datos parece ser más
severo, incluyendo interacciones no locales, y no sólo correlaciones no
locales. Muchos físicos se han negado a esta opción y han abandonado el
realismo.
[56] Ver, por ejemplo, Murray Gellmann, The Quark and the Jaguar (Nueva
York, Freeman, 1994), y Huw Price, Time’s Arrow and Archimedes’ Point (Oxford,
Oxford University Press, 1996)
[57] La relatividad especial prohíbe que algo que ha viajado alguna vez
más lento que la luz cruce la barrera de la velocidad de la luz. Pero que algo
haya estado viajando siempre más rápido que la velocidad de la luz no está
estrictamente descartado por la relatividad especial. Partículas hipotéticas de
este tipo se denominan taquiones. La mayoría de los físicos creen que los
taquiones no existen, pero otros disfrutan jugando con la posibilidad de que lo
hagan. Hasta ahora, sin embargo, fundamentalmente debido a las características
extrañas que tendrían esas partículas más rápidas que la luz según las
ecuaciones de la relatividad general, nadie ha encontrado ningún uso particular
para ellas, ni siquiera hablando hipotéticamente. En estudios modernos, se
considera generalmente que una teoría que dé lugar a taquiones adolece de
inestabilidad.
[58] El lector con inclinación matemática debería advertir que, en su
núcleo, la relatividad especial afirma que las leyes de la física deben ser
invariantes Lorentz, es decir, invariantes bajo transformaciones de coordenadas
en el espaciotiempo de Minkowski. La conclusión, entonces, es que la mecánica
cuántica encajaría con la relatividad especial si pudiera ser formulada de una
manera totalmente invariante Lorentz. Ahora bien, la mecánica cuántica
relativista y la teoría cuántica de campos relativista han recorrido un largo
camino hacia ese objetivo, pero aún no hay un pleno acuerdo respecto a si han
abordado el problema de la medida cuántica en un marco invariante Lorentz. En
la teoría cuántica relativista, por ejemplo, es sencillo calcular, de una
manera completamente invariante Lorentz, las amplitudes de probabilidad y las
probabilidades para los resultados de varios experimentos. Pero el tratamiento
estándar queda lejos de describir también la forma en que emerge un resultado
particular u otro del abanico de posibilidades cuánticas, es decir, qué sucede
en el proceso de medida. Esta es una cuestión particularmente importante para
el entrelazamiento, pues el fenómeno depende en efecto de lo que hace un
experimentador, el acto de medir una de las propiedades de la partícula
entrelazada. Para una discusión más detallada, ver Tim Maudlin, Quantum
Non-locality and Relativity (Oxford, Blackwell, 2002).
[59] Para el lector con inclinación matemática he aquí el cálculo
mecanocuántico que hace predicciones en acuerdo con estos experimentos. Suponga
que los ejes a lo largo de los cuales los detectores miden el espín son un eje
vertical y otros dos a 120 grados en el sentido de las agujas y en sentido
contrario respecto a la vertical (como las doce en punto, las cuatro en punto y
las ocho en punto en dos relojes, uno por cada detector, que están uno enfrente
de otro) y considere, por razón del argumento, dos electrones que salen espalda
contra espalda y se dirigen hacia estos detectores en el denominado estado
singlete. Éste es el estado cuyo espín total es cero, lo que asegura que si se
encuentra que un electrón está en el estado espín-arriba, el otro estará en el
estado espín-abajo, en tomo a un eje dado, y viceversa. (Recordemos que, para
simplificar, en el texto he descrito las correlaciones entre los electrones
como si asegurasen que si uno está en espín-arriba también lo está el otro, y
si uno está espín-abajo, también lo está el otro; en realidad, la correlación
es tal que los espines apuntan en direcciones opuestas. Para enlazar con el
texto principal, usted siempre puede imaginar que los dos detectores están
calibrados de forma opuesta, de modo que lo que uno llama espín-arriba el otro
llama espín-abajo.) Un resultado estándar de la mecánica cuántica elemental
demuestra que si el ángulo entre los ejes a lo largo de los cuales nuestros dos
detectores miden los espines de los electrones es q, entonces la probabilidad
de que midan valores de espín opuestos es eos2 (q/2). Así, si los ejes de los
detectores están alineados (q = 0), decididamente miden valores de espín
opuestos. (El análogo a que los detectores en el test principal midan siempre
el mismo valor cuando se fijan en la misma dirección), y si se fijan a o bien
+120° o bien -120°, la probabilidad de que midan espines opuestos es cos2(+120°
o -120°) = 1/4. Ahora, si los ejes de los detectores se fijan aleatoriamente,
1/3 de las veces apuntarán en la misma dirección, y 2/3 de las veces no lo
harán. Así, en todas las realizaciones, esperamos encontrar espines opuestos
(l/3)(l)+(2/3)(l/4) = 1/2 de las veces, como se encuentra en los datos. Quizá
usted encuentre extraño que la hipótesis de localidad dé una correlación de
espín más alta (mayor que el cincuenta por 100) que la que encontramos con la
mecánica cuántica estándar (exactamente el cincuenta por 100); usted pensaría
que el entrelazamiento a larga distancia de la mecánica cuántica debería dar
una correlación mayor. De hecho, lo hace. Una manera de verlo es ésta: con sólo
una correlación del cincuenta por 100 sobre todas las medidas, las mecánica
cuántica da una correlación del cien por 100 para medidas en las que los ejes
de los detectores izquierdo y derecho se escogen apuntando en la misma
dirección. En el universo local de Einstein, Podolski y Rosen, se requiere una
correlación mayor del 55 por 100 sobre todas las medidas para asegurar un cien
por 100 de acuerdo cuando se escogen los mismos ejes. Entonces, de forma
aproximada, en un universo local una correlación de un cincuenta por 100 sobre
todas las medidas implicaría una correlación de menos del cien por 100 cuando
se escogen los mismos ejes, por ejemplo, una correlación menor que la que
encontramos en nuestro universo cuántico no-local.
[60] Usted podría pensar que un colapso instantáneo superaría la
velocidad límite fijada por la luz y por ello aseguraría un conflicto con la
relatividad especial. Y si las ondas de probabilidad fuesen realmente como las
ondas de agua, usted habría tenido una prueba irrefutable. Que el valor de una
onda de probabilidad cayese repentinamente a cero en una enorme extensión sería
mucho más sorprendente que si toda el agua del Océano Pacífico se hiciera
instantáneamente plana y dejara de moverse. Pero, dicen los que utilizan la
mecánica cuántica, las ondas de probabilidad no son como las ondas de agua. Una
onda de probabilidad, aunque describe la materia, no es en sí misma algo
material y, siguen diciendo los practicantes, la barrera de la velocidad de la
luz se aplica sólo a objetos materiales, cosas cuyo movimiento puede verse,
sentirse y detectarse directamente. Si una onda de probabilidad de un electrón
ha caído a cero en la Galaxia Andrómeda, un físico de Andrómeda sencillamente
fracasaría, con un cien por 100 de certeza, en detectar el electrón. Nada en
las observaciones del físico de Andrómeda revela el cambio repentino en la onda
de probabilidad asociado con la detección acertada, digamos, del electrón en
Nueva York. En tanto que el propio electrón no viaja de un lugar a otro a
velocidad mayor que la luz, no hay conflicto con la relatividad especial. Y,
como usted puede ver, todo lo que ha sucedido es que el electrón fue encontrado
en Nueva York y no en ningún otro lugar. Su velocidad nunca entró en la discusión.
Así, aunque el colapso instantáneo de la probabilidad es un marco que trae
enigmas y problemas (discutidos con más detalle en el capítulo 7), no implica
necesariamente un conflicto con la relatividad especial.
[61] Para una discusión de algunas de estas propuestas, ver Tim
Maudlin, Quantum Non, locality and Reality.
[62] Para el lector con inclinación matemática. a partir de la ecuacióntmovimiento = (treposo - ( v/c2))
(discutirla en el capítulo 3) encontramos que la lisia-ahora de Chewie en un
instante dado contendrá sucesos que los observadores en la Tierra afirmarán que
sucedieron (v/c2)Χ tierra antes,
donde Χtierra es la distancia de Chewie a la Tierra.
Esto supone que Chewie se está alejando de la Tierra. En el caso del movimiento
hacia la Tierra, v tiene el signo opuesto, de modo que los
observadores en la Tierra afirmarán que tales sucesos sucedieron ( v/c2)Χtierra más
tarde. Haciendo v = 15 kilómetros por hora y Χ tierra =
1010 años-luz, encontrarnos que (v/c2)Χtierra es
aproximadamente 150 años.
[63] Este número, y un número similar dado algunos párrafos después
para describir el movimiento de Chewie hacia la Tierra, eran válidos en el
momento de la publicación del libro. Pero a medida que pasa el tiempo en la
Tierra, se harán ligeramente inadecuados.
[64] El lector con inclinación matemática debería advertir que la
metáfora de rebanar la barra del espaciotiempo a ángulos diferentes es el
concepto usual de diagrama espaciotemporal que se enseña en los cursos de
relatividad especial. En los diagramas espaciotiemporales, las tres dimensiones
espaciales en un instante dado de tiempo, según un observador que se considera
en reposo, se denotan por una línea horizontal (o, en diagramas más elaborados,
por un plano horizontal), mientras que el tiempo se denota por el eje vertical.
(En nuestra representación, cada «rebanada de pan», un plano, representa todo
el espacio en un instante de tiempo, mientras que el eje que recorre el centro
de la barra, de corteza a corteza, es el eje temporal.) Los diagramas
espaciotiemporales proporcionan una manera intuitiva de ilustrar el punto a
tener en cuenta acerca de las rebanadas ahora de usted y Chewie.
[65] El lector experto reconocerá que estoy suponiendo que el
espacio-tiempo es núnkowskiano. Un argumento similar en otras geometrías no
dará necesariamente el espaciotiempo entero.
[66] Albert Einstein and Michele Besso: Correspondence 1903-1955, P.
Speziali, ed. (París, Hermán, 1972)[Hay trad. cast.: Correspondencia con
Michele Besso, Tusquets, Barcelona, 1994.]
[67] La discusión aquí pretende dar una idea cualitativa de cómo una
experiencia precisamente ahora, junto los recuerdos que usted tiene
precisamente ahora, forman la base de su sensación de haber experimentado una
vida en la que ha vivido dichos recuerdos. Pero si, por ejemplo, su cerebro y
su cuerpo fueran colocados exactamente en el mismo estado en que están
precisamente ahora, usted tendría la misma sensación de haber vivido la vida
que sus recuerdos testimonian (suponiendo, como yo lo hago, que la base de toda
experiencia puede encontrarse en el estado físico del cerebro y el cuerpo),
incluso si dichas experiencias nunca sucedieron realmente sino que fueron
impresas artificialmente en su estado cerebral. Una simplificación en la
discusión es la hipótesis de que podemos sentir o experimentar cosas que
suceden en un único instante cuando, en realidad, se necesita un tiempo de
procesamiento para que el cerebro reconozca e interprete cualquier estímulo que
reciba. Aunque cierto, esto no es de especial relevancia para lo que estoy
señalando; es una complicación interesante pero básicamente irrelevante que
surge de analizar el tiempo de una manera directamente ligada a la experiencia
humana. Como discutimos antes, los ejemplos humanos ayudan a hacer nuestra
discusión más visceral, pero requieren que prescindamos de aquellos aspectos de
la discusión que son más interesantes desde una perspectiva biológica frente a
una perspectiva física.
[68] Usted podría preguntarse qué relación tiene la discusión en este
capítulo con nuestra descripción en el capítulo 3 de objetos que se mueven a
través del espaciotiempo a la velocidad de la luz. Para el lector sin
inclinación matemática, la respuesta aproximada es que la historia de un objeto
está representada por una curva en el espaciotiempo, una trayectoria a través
de la barra del espaciotiempo que resalta cada lugar en el que ha estado el
objeto en el instante en que estaba allí (como vemos en la figura 5.1). La
noción intuitiva de moverse a través del espaciotiempo puede expresarse
entonces en un lenguaje «sin flujo» especificando simplemente esta parte
(frente a imaginar la trayectoria trazada ante sus ojos). La «velocidad»
asociada con esta trayectoria es entonces una medida de la longitud del camino
(desde un punto escogido a otro), dividida por la diferencia de tiempos
registrada en un reloj llevado por alguien o algo entre los dos puntos
escogidos en la trayectoria. Esto, una vez más, es una concepción que no
implica ningún flujo de tiempo: usted simplemente mira lo que dice el reloj en
cuestión en los dos puntos de interés. Resulta que la velocidad que se
encuentra de esta forma, para cualquier movimiento, es igual a la velocidad de
la luz. El lector con inclinación matemática se dará cuenta de que la razón
para ello es inmediata. En el espaciotiempo de Minkowski la métrica es ds2 =
c dt2 - dx2 (donde dx2 es la
longitud euclídea dx2 + dx 22 +
dx32), mientras que el tiempo llevado por un reloj
(tiempo «propio») viene dado por dt2 = ds2/c2.
Así, evidentemente, la velocidad a través del espaciotiempo recién definida
está dada matemáticamente por ds/dt, que es igual a c
[69] Rudolf Carnap, «Autobiography», en The Philosophy of Rudolf
Carnap, P. A. Schilpp, ed. (Chicago Library of Living Philosophers, 1963), p.
37.
[70] Note que la asimetría a la que nos referimos, la flecha del
tiempo, surge del orden en el que los sucesos tienen lugar en el tiempo. Usted
también podría preguntarse sobre simetrías en el propio tiempo, -por ejemplo,
como veremos en capítulos posteriores, según algunas teorías cosmológicas el
tiempo puede haber tenido un comienzo pero puede no tener un fin. Son nociones
distintas de asimetría temporal, y nuestra discusión aquí se centra en la
primera. Incluso así, al final de este capítulo llegaremos a la conclusión de
que la asimetría temporal de las cosas en el tiempo se basa en condiciones
especiales en el principio de la historia del universo, y así vinculan la
flecha del tiempo con aspectos de la cosmología.
[71] Para el lector con inclinación matemática, déjeme señalar más
exactamente lo que se entiende por simetría de inversión temporal y apuntar una
excepción intrigante cuya importancia para las cuestiones que estamos
discutiendo en este capítulo todavía no ha sido completamente establecida. La
noción más simple de simetría de inversión temporal es la afirmación de que un
conjunto de leyes de la física es simétrico frente a inversión temporal si dada
una solución cualquiera de las ecuaciones, digamos S(t), entonces S(-t) es
también una solución de las ecuaciones. Por ejemplo, en mecánica newtoniana,
con fuerzas que dependen de las posiciones de las partículas, sí x(t) = x1(t), x2(t),xn(t),
son las posiciones de n partículas en tres dimensiones
espaciales, entonces el hecho de que x(t) es solución de d2x(t)/dt2 = F(x(t)) implica
que x(-t) es también una solución de las ecuaciones de Newton,
i.c., d2x(-t)/dt2 = F(x(-t)).
Nótese que x(-t) representa el movimiento de una partícula que
pasa por las misma posiciones que x(t), pero en orden invertido,
con velocidades invertidas. Con más generalidad, un conjunto de leyes físicas
nos proporciona un algoritmo para hacer evolucionar un estado inicial de un
sistema físico en un ínstamet0 hasta otro instante 1
+ t0. En concreto, este algoritmo puede verse como una
aplicación U(t) que toma una entrada S(t0) y
produce S(t + t0), es decir: S(t +t0) = U(t)S(t0).
Decimos que las leyes que dan lugar a U(t) son simétricas
frente a inversión temporal si existe una aplicación T que
satisface U(-t) = T-1U(t) T. En
lenguaje normal, esta ecuación dice que mediante una manipulación adecuada del
estado de un sistema físico en un instante (lo que haceT),la evolución
en una cantidad t de tiempo hacia adelante según las leyes de
la teoría (lo que hace U(t)) es equivalente a haber hecho
evolucionar el sistema t unidades de tiempo hacia atrás en el
tiempo (denotado por U(-t)).
[72] A veces encuentro que hay resistencia a aceptar la afirmación
teórica de que los trozos de la cáscara de huevo se unirían de nuevo realmente
para dar una cáscara intacta y prístina. Pero la simetría de inversión temporal
de las leyes de la Naturaleza, tal como se ha desarrollado con mayor precisión
en la nota anterior, asegura que esto es lo que sucedería. Microscópicamente,
la rotura de un huevo es un proceso físico que implica a las diversas moléculas
que constituyen la cáscara. Si aparecen grietas y se rompe la cáscara es porque
el impacto que sufre el huevo obliga a grupos de moléculas a separarse. Si
estos movimientos moleculares tuvieran lugar al revés, las moléculas se
juntarían de nuevo, recomponiendo la cáscara en su forma anterior.
[73] Para seguir centrados en las formas modernas de considerar estas
ideas, estoy saltándome una historia muy interesante. El propio pensamiento de
Boltzmann sobre el tema de la entropía sufrió refinamientos importantes durante
las décadas de 1870 y 1880 del siglo xix, cuando interacciones y comunicaciones
con físicos tales como James Clerk Maxwell, Lord Kelvin, Jo-sef Loschmidt,
Josiah Willard Gibbs, Henri Poincaré, S. H. Burbury y Emst Zermelo fueron
instrumentales. De hecho, Boltzmann pensaba inicialmente que podía demostrar
que la entropía sería siempre y absolutamente no decreciente para un sistema
físico aislado, y no que fuera altamente poco probable que tuviese lugar tal
reducción de entropía. Pero objeciones planteadas posteriormente por estos y
otros físicos llevaron a Boltzmann a resaltar la aproximación
estadística/probabilista al tema, la aproximación que se sigue utilizando hoy.
[74] Estoy imaginando que utilizamos la edición de Guerra y Paz de la
Modem Library Classics con 1.386 páginas de texto.
[75] El lector con inclinación matemática debería advertir que puesto
que los números pueden hacerse tan grandes, la entropía se define realmente
como el logaritmo del número de configuraciones posibles, un detalle que no nos
preocupará aquí. Sin embargo, como cuestión de principio esto es importante
porque es muy conveniente que la entropía sea una magnitud extensiva, lo que
significa que si usted junta dos sistemas, la entropía de su unión es la suma
de sus entropías individuales. Esto es cierto solamente para la forma
logarítmica de la entropía, porque el número de configuraciones en dicha
situación está dado por el producto de las configuraciones individuales, de
modo que el logaritmo del número de configuraciones es aditivo.
[76] Aunque, en principio, podemos predecir dónde caerá cada página,
quizá a usted le preocupe que exista un elemento adicional que determina el
ordenamiento de las páginas: cómo las recoge usted y hace con ellas un montón.
Esto no es relevante para la física que se está discutiendo, pero, en caso de
que le moleste, imagine que nos ponemos de acuerdo en que usted irá cogiendo
las páginas, una a una, empezando con la que tenga más cerca, y luego cogiendo
la página más próxima a ésta, y así sucesivamente. (Y, por ejemplo, podemos
estar de acuerdo en medir distancias desde la esquina más próxima a la página
en cuestión.)
[77] La idea de calcular el movimiento de siquiera unas pocas páginas
con la precisión requerida para predecir su ordenamiento (después de utilizar
algún algoritmo para apilarlas en un montón, tal como en la nota anterior) es
en realidad extraordinariamente optimista. Dependiendo de la flexibilidad y
peso del papel, dicho cálculo relativamente «simple» podría seguir estando más
allá de la potencia computacional de hoy.
[78] Podría preocuparle el hecho de que existe una diferencia
fundamental entre definir una noción de entropía para el ordenamiento de
páginas y definir una para un conjunto de moléculas. Después de todo, los
ordenamientos de páginas son discretos, usted puede contarlos, uno a uno, y
así, aunque el número total de posibilidades puede ser grande, es en cualquier
caso finito. Por el contrario, el movimiento y la posición de cada molécula
individual son continuos, usted no puede contarlos uno a uno, y por eso hay (al
menos según la física clásica) un número infinito de posibilidades. Así que
¿cómo puede hacerse un recuento preciso de re-ordenamientos moleculares? Bien,
la respuesta breve es que ésta es una buena pregunta, pero una que ya ha sido
respondida plenamente, de modo que si eso basta para aliviar su preocupación,
siéntase libre para saltarse lo que sigue. La respuesta más larga requiere un
poco de matemáticas, de modo que sin una formación puede ser duro seguirla por
completo. Los físicos describen un sistema clásico de muchas partículas
apelando a un espacio de fases, un espacio de 6N dimensiones (donde N es el
número de partículas) en el que cada punto denota todas las posiciones y
velocidades de las partículas (cada posición requiere tres números, como lo
hace cada velocidad, lo que explica la 6N dimensionalidad del espacio de
fases). El punto esencial es que ese espacio de fases puede dividirse en
regiones tales que todos los puntos en una región dada corresponden a
configuraciones de las posiciones y velocidades de las moléculas que tienen una
misma apariencia y características globales. Si la configuración de las
moléculas se cambiara de un punto en una región dada del espacio de fases a
otro punto en la misma región, una estimación macroscópica encontraría las dos
configuraciones indistinguibles. Ahora, en lugar de contar el número de puntos
en una región dada, el análogo más directo a contar el número de diferentes
reordenamientos de páginas, pero algo que ciertamente daría como resultado una
respuesta infinita, los físicos definen la entropía en términos del volumen de
cada región en el espacio de fases. Un volumen mayor significa más puntos y con
ello una mayor entropía. Y el volumen de una región, incluso una región en un
espacio de dimensiones más altas, es algo a lo que puede darse una definición
matemática rigurosa. (Matemáticamente requiere escoger algo llamado una medida
y, para el lector con inclinación matemática, señalaré que normalmente
escogemos la medida que es uniforme sobre todos los microestados compatibles
con un macroestado dado, es decir, cada configuración microscópica asociada con
un conjunto dado de propiedades macroscópicas se supone igualmente probable, .)
[79] Específicamente, sabemos una forma en la que esto podía suceder:
si unos pocos días antes el CO2 estaba inicialmente en la
botella, entonces sabemos de nuestra discusión anterior que si, precisamente
ahora, usted invirtiese simultáneamente las velocidades de todas y cada una de
las moléculas de CO2, y de cada molécula y átomo que ha
interaccionado con las moléculas de CO2, y espera los mismos días,
todas las moléculas se agruparían de nuevo en la botella. Pero esta inversión
de velocidades no es algo que pueda conseguirse en la práctica, ni mucho menos
algo que sea probable que suceda por sí mismo. No obstante, yo podría señalar
que se puede demostrar matemáticamente que si usted espera el tiempo
suficiente, todas las moléculas de CO 2, por sí mismas,
encontrarán su camino de vuelta a la botella. Un resultado demostrado en el
siglo XIX por el matemático francés Joseph Liouville puede utilizarse para
establecer lo que se conoce como el teorema de recurrencia de Poincaré. Este
teorema demuestra que, si usted espera el tiempo suficiente, un sistema con una
energía finita y confinado a un volumen espacial finito (como las moléculas de
CO2 en una habitación cerrada) volverá a un estado
arbitrariamente próximo a su estado inicial (en este caso, todas las moléculas
de CO2 situadas dentro de la botella). La cuestión es cuánto
tiempo tendrá usted que esperar para que esto suceda. Para sistemas con un
número elevado de constituyentes, el teorema demuestra que usted tendría que
esperar mucho más que la edad del universo para que los constituyentes se
reagruparan por sí mismos en su configuración inicial. No obstante, como
cuestión de principio, es provocativo señalar que con paciencia y longevidad
sin límites cada sistema físico limitado espacialmente volverá a su
configuración inicial.
[80] Usted podría preguntarse por qué el agua nunca se convierte en
hielo, puesto que eso da como resultado que las moléculas de H 2O
se hagan más ordenadas, es decir, alcancen una entropía menor, y no mayor.
Bien, la respuesta aproximada es que cuando el agua líquida se convierte en
hielo sólido, cede energía al ambiente (lo contrario de lo que sucede cuando el
hielo se funde, en que toma energía del ambiente), y eso eleva la entropía del
ambiente. A temperaturas ambiente suficientemente bajas, es decir, por debajo
de cero grados Celsius, el aumento de la entropía del ambiente supera la
disminución en la entropía del agua, de modo que la congelación se hace
entrópicamente favorecida. Por esto es por lo que se forma hielo en el frío del
invierno. Análogamente, cuando se forman cubos de hielo en su refrigerador, su
entropía baja pero el propio refrigerador bombea calor al ambiente, y si éste
se tiene en cuenta, hay un incremento neto de entropía total. La respuesta más
precisa, para el lector con inclinación matemática, es que los fenómenos
espontáneos del tipo que estamos discutiendo están gobernados por lo que se
conoce como energía libre. Intuitivamente, la energía libre es esa parte de la
energía de un sistema que puede ser aprovechada para hacer algún trabajo.
Matemáticamente, la energía libre, F, se define por F = U - TS, donde U
representa la energía total, T representa la temperatura y S representa la
entropía. Un sistema sufrirá un cambio espontáneo si eso da como resultado una
disminución de su energía libre. A bajas temperaturas, la caída en U asociada
con que el agua líquida se transforme en hielo sólido supera a la disminución
en S (supera al aumento en -TS), y por ello ocurrirá. A altas temperaturas (por
encima de cero grados Celsius), no obstante, el cambio de hielo a agua líquida
o vapor gaseoso está entrópicamente favorecido (el aumento en S supera los
cambios en U) y así ocurrirá.
[81] Para una discusión inicial de cómo una simple aplicación del
razonamiento entrópico nos llevaría a concluir que los recuerdos y los
registros históricos no son exposiciones del pasado dignas de confianza, ver C.
F. von Weizsäcker en The Unit of Nature (Nueva York, Farrar, Straus and Giroux,
1980), pp. 138-146 (originalmente publicado en Annalen del Physik 36, 1939).
Para una excelente discusión reciente, ver David Albrecht Time and Chance
(Cambridge, Mass., Harvard University Press, 2000).
[82] De hecho, puesto que las leyes de la física no distinguen entre
hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, la explicación de tener cubos de
hielo totalmente formados media hora antes, a las 22.00, sería exactamente
igual de absurda, hablando entrópicamente, que predecir que media hora más
tarde, a las 23:00, los pequeños trozos de hielo habrían crecido hasta cubos de
hielo totalmente formados. Por el contrario, la explicación de tener agua
líquida a las 22.00, que lentamente forma pequeños trozos de hielo a las 22.30,
es exactamente igual de razonable que predecir que a las 23.00 los pequeños
trozos de hielo se fundirán en agua líquida, algo que es familiar y totalmente
esperado. Esta última explicación, desde la perspectiva de la observación a las
22.30, es perfectamente simétrica con respecto al tiempo y, además, coincide
con nuestras observaciones posteriores.
[83] El lector especialmente cuidadoso podría pensar que he prejuzgado
la discusión con la expresión «al principio» puesto que introduce una asimetría
temporal. Lo que quiero decir, en lenguaje más preciso, es que no necesitaremos
condiciones especiales que prevalezcan en (al menos) un extremo de la dimensión
temporal. Como se hará claro, las condiciones especiales equivalen a una
condición de contorno de baja entropía y llamaré el «pasado» a una dirección en
la que se satisface esta condición.
[84] La idea de que la flecha del tiempo requiere un pasado de baja
entropía tiene una larga histroia que se remonta a Boltzmann y otros; fue
discutida en detalle en Hans Reichenbach, The Direction of Time (Mineola, Nueva
York, Dover Publications, 1984) y fue defendida de una manera cuantitativa
particularmente interesante en Roger Penrose, The Emperor’s New Mind (Nueva
York, Oxford University Press, 1989), pp. 317 ss.
[85] Recordemos que nuestra discusión en este capítulo no tiene en
cuenta la mecánica cuántica. Como demostró Stephen Hawking en la década de
1970, cuando se consideran efectos cuánticos los agujeros negros permiten que
se fugue cierta cantidad de radiación, pero esto no afecta a que sean los
objetos en el cosmos de máxima entropía.
[86] Una pregunta natural es cómo sabemos que no hay alguna ligadura
futura que tenga también un impacto en la entropía. La conclusión es que no lo
sabemos, y algunos físicos han sugerido incluso experimentos para detectar la
posible influencia que tal ligadura futura pudiera tener sobre las cosas que
podemos observar hoy. Para un artículo interesante que discute la posibilidad
de ligaduras pasadas y futuras sobre la entropía ver Murray Gell-Mann y James
Hartle, «Time Symmetry and Asymmetry in Quantum Me-chanics and Quantum
Cosmology», en Physical Origins ofTime Asymmetry, J.J. Halliwell, J.
Pérez-Mercader, W.H. Zurek, eds. (Cambridge, Cambridge University Press, 1996),
así como otros artículos en las partes 4 y 5 de esta recopilación.
[87] En este capítulo hemos hablado de la flecha del tiempo haciendo
referencia al hecho aparente de que hay una asimetría a lo largo del eje
temporal (eje temporal de cualquier observador) del espaciotiempo: una enorme
variedad de secuencia de sucesos está dispuesta en un orden a lo largo del eje
temporal, pero el ordenamiento inverso de tales sucesos apenas ocurre, si es
que lo hace alguna vez. Durante años, físicos y filósofos han dividido estas
secuencias de sucesos en subcategorías cuyas asimetría temporales podrían estar
sujetas, en teoría, a explicaciones lógicamente independientes. Por ejemplo, el
calor fluye de objetos calientes a otros más fríos, pero no de objetos fríos a
los calientes; las ondas electromagnéticas emanan de fuentes como estrellas y bombillas,
pero nunca parecen converger en tales fuentes; el universo parece estar
expandiéndose uniformemente, y no contrayéndose; y nosotros recordamos el
pasado y no el futuro (éstas son las denominadas flecha del tiempo
termondinámica, electromagnética, cosmológica y psicológica, respectivamente).
Todos estos son fenómenos asimétricos en el tiempo, pero en principio podrían
adquirir su asimetría temporal a partir de principios físicos completamente
diferentes. Mi opinión, una que muchos comparten (pero otros no), es que,
excepto posiblemente la flecha cosmológica, estos fenómenos temporalmente
asimétricos no son fundamentalmente diferentes y, en última instancia, están
sujetos a la misma explicación, la que hemos descrito en este capítulo. Por
ejemplo, ¿por qué la radiación electromagnética viaja en ondas que se expanden
hacia afuera pero no en ondas que se contraen hacia adentro, incluso si ambas
son soluciones perfectamente buenas de las ecuaciones del electromagnetismo de
Maxwell? Bien, porque nuestro universo tiene fuentes ordenadas, coherentes, de
baja entropía para tales ondas hacia afuera, estrellas y bombillas por citar
dos, y la existencia de estas fuentes ordenadas deriva del entorno aún más
ordenado en el nacimiento del universo, como se discute en el texto principal.
La flecha del tiempo psicológica es más difícil de abordar puesto que hay mucho
sobre la base microfísica del pensamiento humano que aún tenemos que entender.
Pero se han hecho muchos progresos en entender la flecha del tiempo cuando se
trata de computadores, emprender, completar y luego producir un registro de una
computación es una secuencia computacional básica cuyas propiedades entrópicas
son bien entendidas (como desarrollaron Charles Benett, Rolf Landauer y otros),
y ajustan perfectamente dentro de la segunda ley de la termodinámica. Así, si
el pensamiento humano puede asemejarse a procesos computacionales, puede
aplicarse una explicación termodinámica similar. Nótese también que la
asimetría asociada con el hecho de que el universo se está expandiendo y no
contrayendo está relacionada, aunque es lógicamente distinta, con la flecha del
tiempo que hemos estado explorando. Si la expansión del universo se frenara,
detuviera y luego se convirtiera en una contracción, la flecha del tiempo
seguiría apuntando en la misma dirección. Los procesos físicos (huevos que se
rompen, personas que envejecen y demás) seguirían sucediendo en la dirección
habitual, incluso si la expansión del universo se hubiera invertido.
[88] Para el lector con inclinación matemática, note que cuando hacemos
este tipo de afirmación probabilista estamos suponiendo una medida de
probabilidad concreta: la que es uniforme sobre todos los microestados
compatibles con lo que vemos precisamente ahora. Hay, por supuesto, otras
medidas a las que podríamos apelar. Por ejemplo, David Albert en Time and
Chance ha defendido la utilización de una medida de probabilidad que es
uniforme sobre todos los microestados compatibles con lo que vemos ahora y que
él llama la hipótesis del pasado, el hecho aparente de que el universo empezó
en un estado de baja entropía. Utilizando esta medida, eliminamos la
consideración de todas las historias salvo las que son compatibles con el
pasado de baja entropía atestiguado por nuestros recuerdos, registros y teorías
cosmológicas. En esta manera de pensar, no hay interrogante proba-bilístico
sobre un universo con baja entropía; empezó así, por hipótesis, con
probabilidad 1. Sigue existiendo el mismo enorme interrogante de por qué empezó
así, incluso si no se expresa en un contexto probabilista.
[89] Quizá usted esté tentado a argumentar que el universo conocido
tenía baja entropía al principio simplemente porque era mucho más pequeño en
tamaño de lo que es hoy, y por eso, como un libro con menos páginas, permitía
muchas menos organizaciones de sus constituyentes. Pero por sí solo esto no
sirve. Incluso un universo pequeño puede tener una enorme entropía. Por
ejemplo, un destino posible (aunque poco probable) para nuestro universo es que
la expansión actual se detenga un día, se invierta y el universo implosione,
terminando en el denominado big crunch. Los cálculos muestran que si incluso el
tamaño del universo decreciera durante la fase de implosión, la entropía
seguiría aumentando, lo que demuestra que tamaño pequeño no asegura baja
entropía. En el capítulo 11, sin embargo, veremos que el pequeño tamaño inicial
del universo desempeña un papel en nuestra mejor explicación actual del
comienzo con baja entropía.
[90] Es bien sabido que las ecuaciones de la física clásica no pueden
resolverse exactamente si se está estudiando el movimiento de tres o más
cuerpos en interacción mutua. Así, incluso en física clásica, cualquier
predicción real sobre el movimiento de un gran conjunto de partículas será
necesariamente aproximada. El punto importante, no obstante, es que no hay
ningún límite fundamental a lo buena que pueda ser esta aproximación. Si el
mundo estuviera gobernado por la física clásica, entonces con computadores cada
vez más potentes y datos iniciales cada vez más precisos de las posiciones y
velocidades, podríamos acercamos cada vez más a la respuesta exacta.
[91] Al final del capítulo 4 señalé que los resultados de Bell, Aspect
y otros no descartan la posibilidad de que las partículas tengan siempre
posiciones y velocidades definidas, incluso si no se pueden determinar tales
características simultáneamente. Además, la versión de Bohm de la mecánica
cuántica realiza explícitamente esta posibilidad. Así, aunque la idea
ampliamente sostenida de que un electrón no tiene una posición hasta que sea
medida es una característica estándar de la aproximación convencional a la
mecánica cuántica, es, estrictamente hablando, demasiado fuerte como enunciado.
Tenga en cuenta, no obstante, que en la aproximación de Bohm como discutiremos
más tarde en este capítulo, las partículas están «acompañadas» de ondas de
probabilidad; es decir, la teoría de Bohm siempre apela a partículas y ondas,
mientras que la aproximación estándar concibe una complementariedad que puede
resumirse aproximadamente como partículas u ondas. Así pues, la conclusión tras
la que vamos, que la descripción mecanocuántica del pasado sería incompleta si
hablamos exclusivamente de que una partícula ha pasado por un único punto en el
espacio en cada instante definido en el tiempo (lo que haríamos en física
clásica), es cierta de todas formas. En la aproximación convencional a la
mecánica cuántica debemos incluir también una enorme variedad de otras
localizaciones que podría haber ocupado una partícula en un instante dado,
mientras que en la aproximación de Bohm debemos incluir también la onda
«piloto», un objeto que también se extiende a lo largo de una enorme variedad
de otras localizaciones. (El lector experto debería advertir que la onda piloto
es simplemente la función de onda de la mecánica cuántica convencional, aunque
su encarnación en la teoría de Bohm es bastante diferente.) Para evitar
matizaciones interminables, la discusión que sigue se hará desde la perspectiva
de la mecánica cuántica convencional (la aproximación más ampliamente
utilizada), dejando los comentarios sobre la aproximación de Bohm y otras para
la última parte del capítulo.
[92] Para una explicación matemática pero muy pedagógica ver R. P.
Feynman y A.R. Hibbs, Quantum Mechanics and Path Integráis (Burr Ridege, III,
McGraw-Hill Higher Education, 1965).
[93] Quizá esté tentado a apelar a la discusión del capítulo 3, en la
que aprendimos que a la velocidad de la luz el tiempo se frena hasta pararse,
para argumentar que desde la perspectiva del fotón todos los instantes son el
mismo instante, de modo que el fotón «sabe» cómo está el interruptor del
detector cuando pasa por el divisor de haz. Sin embargo, estos experimentos
pueden realizarse con otros tipos de partículas, tales como electrones, que
viajan más lentas que la luz, y los resultados no cambian. Así pues, esta
perspectiva no ilumina la física esencial.
[94] El montaje experimental discutido, así como resultados
experimentales que lo confirman, procede de Y. Kim, R. Yu, S. Kulik, Y. Shih,
M. Scully, Phys. Rev. Lett, vol. 84, n.° 1, pp. 1-5.
[95] La mecánica cuántica puede fundamentarse también en una ecuación
equivalente presentada en una forma diferente (conocida como mecánica de
matrices) por Werner Heisenberg en 1925. Para el lector con inclinación
matemática, la ecuación de Schrödinger: HY(x,t) = ih(dY(x,t)/dt), donde H
representa el hamiltoniano, Y(x,t) representa la función de onda y h es la
constante de Planck.
[96] El lector experto advertirá que aquí estoy suprimiendo un punto
sutil. A saber, tendríamos que tomar el conjugado complejo de la función de
onda de la partícula para asegurar que es solución de la versión con el tiempo
invertido de la ecuación de Schrödinger. Es decir, la operación T descrita en
la nota 2 del capítulo 6 toma una función de onda Y (x,t) y la aplica en
Y(x,t). Esto no tiene ningún impacto importante sobre la discusión que se hace
en el texto.
[97] En realidad Bohm redescubrió y desarrolló una aproximación que se
remonta al príncipe Louis de Broglie, de modo que esta aproximación se denomina
a veces la aproximación de Broglie-Bohm.
[98] Para el lector con inclinación matemática, la aproximación de Bohm
es local en el espacio de configuración pero ciertamente no-local en el espacio
real. Cambios en la función de onda en un lugar en el espacio real ejercen
inmediatamente una influencia sobre partículas localizadas en otros lugares
distantes.
[99] Para un tratamiento excepcionalmente claro de la aproximación de
Ghirardi-Rimini-Weber y su relevancia para entender el entrelazamiento
cuántico, ver John Bell, Speakable and Unspeakable in Quantum Mechanics
(Cambridge, Cambridge University Press, 1993).
[100] Algunos físicos consideran que las preguntas en esta lista son
subproductos irrelevantes de confusiones anteriores con respecto a la mecánica
cuántica. La función de onda, afirma esta visión, es meramente una herramienta
teórica para hacer predicciones (probabilistas) y no se le debería atribuir
ninguna realidad matemática (una visión a veces llamada la aproximación «calla
y calcula», puesto que anima a utilizar la mecánica cuántica y las funciones de
onda para hacer predicciones, sin pararse a pensar sobre lo que las funciones
de onda significan y hacen realmente). Una variante de este tema argumenta que
las funciones de onda nunca colapsan realmente, sino que las interacciones con
el entorno hacen que así lo parezca. (Pronto discutiremos una versión de esta
aproximación.) Soy favorable a estas ideas y, de hecho, creo firmemente que en
última instancia prescindiremos de la idea de colapso de la función de onda.
Pero no encuentro satisfactoria la primera aproximación, pues no estoy
dispuesto a renunciar a entender lo que sucede en el mundo cuando no estamos
mirando, y la segunda, aunque, en mi opinión, en la dirección correcta,
necesita más desarrollo matemático. La conclusión es que la medida hace algo
que es o se parece o está enmascarado como un colapso de función de onda. Bien
a través de una mejor comprensión de la influencia ambiental o bien a través de
alguna otra aproximación aún por sugerir, este efecto aparente tiene que ser
abordado, y no simplemente descartado.
[101] Hay otras cuestiones controvertidas asociadas con la
interpretación de los muchos mundos que van más allá de su extravagancia obvia.
Por ejemplo, hay problemas técnicos para definir una noción de probabilidad en
un contexto que incluye un número infinito de copias de cada uno de los
observadores cuyas medidas se suponen sometidas a dichas probabilidades. Si un
observador dado es realmente una de entre muchas copias, ¿en qué sentido
podemos decir que él tiene una probabilidad particular de medir este o aquel
resultado? ¿Quién es «él»? Cada copia del observador medirá, con probabilidad
1, cualquier resultado que se dé en esa copia particular del universo en el que
reside, de modo que el marco probabilista entero requiere (y se le ha dado, y
sigue dándosele) un examen cuidadoso en el marco de los Muchos Mundos. Además,
en una nota más técnica, el lector con inclinación matemática se dará cuenta de
que, dependiendo de cómo se definan exactamente los Muchos Mundos, quizá haya
que seleccionar una base propia privilegiada. Pero ¿cómo debería escogerse
dicha base propia? Ha habido muchas discusiones y se ha escrito mucho sobre
todas estas cuestiones, pero hasta la fecha no hay ninguna solución
universalmente aceptada. La aproximación basada en la decoherencia, discutida
brevemente, ha arrojado mucha luz sobre estas cuestiones y ha ofrecido una
intuición concreta sobre la cuestión de la selección de la base propia.
[102] La aproximación de Bohm o de De Broglie-Bohm nunca ha recibido
amplia atención. Quizá una razón para esto, como señalaba John Bell en su
artículo «The Impossible Pilot Wave», recogido en Speakable and Unspeakable in
Quantum Mechanics, es que ni De Broglie ni Bohm estaban particularmente
orgullosos de lo que habían desarrollado. Pero, de nuevo como señala Bell, la
aproximación de De Broglie-Bohm prescinde de buena parte de la vaguedad y
subjetividad de la aproximación más estándar. Aunque no hubiera otra razón,
incluso si la aproximación es errónea, vale la pena saber que las partículas
pueden tener posiciones definidas y velocidades definidas en todos los
instantes (que están más allá de nuestra capacidad de medir, incluso en
principio), y seguir ajustándose perfectamente a las predicciones de la
mecánica cuántica estándar, incertidumbre y demás. Otro argumento en contra de
la aproximación de Bohm es que la no-localidad en este marco es más «severa»
que la de la mecánica cuántica estándar. Por esto se entiende que la
aproximación de Bohm tiene interacciones no-locales (entre la función de onda y
las partículas) como un elemento central de la teoría desde el principio,
mientras que en mecánica cuántica la no-localidad está enterrada más
profundamente y aparece sólo a través de correlaciones no-locales entre medidas
ampliamente separadas. Pero, como han argumentado los defensores de esta
aproximación, el que algo esté oculto no lo hace menos presente y, además, como
la aproximación estándar es vaga con respecto al problema de la mecánica
cuántica, el mismo lugar donde se hace evidente la no-localidad, una vez que la
cuestión esté completamente resuelta quizá la no-localidad no esté tan oculta
después de todo. Otros han argumentado que hay obstáculos para hacer una
versión relativista de la aproximación de Bohm, aunque también se han hecho
progresos en este frente (ver, por ejemplo, John Bell, Beables for Quantum
Field Theory, en el volumen recopilado indicado arriba). Y así, decididamente
vale la pena tener en mente esta aproximación alternativa, incluso si sólo es
una protección contra conclusiones precipitadas acerca de lo que la mecánica
cuántica implica inevitablemente. Para el lector con inclinación matemática, un
tratamiento muy bonito de la teoría de Bohm y las cuestiones del
entrelazamiento cuántico puede encontrarse en Tim Maudlin, Quantum Non-locality
and Relativity (Malden, Mass., Blackwell, 2002).
[103] Para una discusión en profundidad de la flecha del tiempo en
general, y el papel de la decoherencia en particular, ver H. D. Zeh, The
Physical Basis of the Direction of Time (Heidelberg, Springer, 2001).
[104] Sólo para darle una idea de la velocidad con que tiene lugar la
decoherencia, con qué rapidez la influencia ambiental suprime la interferencia
cuántica y con ello convierte las probabilidades cuánticas en las familiares
probabilidades clásicas, he aquí algunos ejemplos. Los números son aproximados,
pero el punto que transmiten es claro. La función de onda de un grano de polvo
que flota en su sala de estar, bombardeado por moléculas de aire agitadas,
sufrirá decoherencia en aproximadamente una trillonésima de trillonésima
(10-36) de segundo. Si el grano de polvo se mantiene en una perfecta cámara de
vacío y sometido sólo a interacciones con la luz del Sol, su función de onda
sufrirá decoherencia un poco más lentamente, necesitante una milésima de
trillonésima (10“21) de segundo. Y si el grano de polvo está flotando en las
profundidades más oscuras del espacio vacío y sometido solamente a
interacciones con los fotones de microondas reliquias del big bang, su función
de onda sufrirá decoherencia en aproximadamente una millonésima de segundo.
Estos números son extraordinariamente pequeños, lo que demuestra que la
decoherencia para algo incluso tan minúsculo como un grano de polvo ocurre muy
rápidamente. Para objetos más grandes, la decoherencia ocurre aún más rápida.
No es asombroso entonces que, incluso si el nuestro es un universo cuántico, el
mundo que nos rodea parezca lo que parece. (Ver, por ejemplo, E. Joos,
«Elements of Environmental Decoherence», en Decoherence: Theoretical,
Experimental and Conceptual Problems, Ph. Blanchard, D. Giulini, E. Joos, C.
Kiefer, I.-O. Stamatescu, eds. [Berlín, Springer, 2000]).
[105] Para ser más exactos, la simetría entre las leyes en Connecticut y
las leyes en Nueva York hace uso tanto de la simetría de traslación como de la
simetría de rotación. Cuando usted actúa en Nueva York, no sólo habrá cambiado
de lugar desde Connecticut, sino que es más que probable que inicie sus
ejercicios a lo largo de una dirección algo diferente (quizá en dirección este
versus dirección norte) que durante sus entrenamientos.
[106] Normalmente se describen las leyes de movimiento de Newton como
leyes relevantes para «observadores inerciales», pero cuando uno mira cómo se
especifican tales observadores, todo suena circular: los observadores
inerciales son aquellos observadores para los que son válidas las leyes de
Newton. Una buena manera de considerar lo que está sucediendo en realidad es
que las leyes de Newton dirigen nuestra atención a una clase grande y
particularmente útil de observadores: aquellos cuya descripción del movimiento
encaja completa y cualitativamente dentro del marco de Newton. Por definición,
éstos son observadores inerciales. De forma operacional, los observadores
inerciales son aquellos sobre los que no están actuando fuerzas de ningún tipo,
es decir, observadores que no experimentan aceleraciones. La relatividad
general de Einstein, por el contrario, se aplica a todos los observadores,
independientemente de su estado de movimiento.
[107] Si viviéramos en una era durante la cual se hubiera detenido todo
cambio, no experimentaríamos ningún paso del tiempo (todas las funciones del
cuerpo y del cerebro también estarían congeladas). Pero que esto significara
que el bloque espaciotemporal en la figura 5.1 llegaba a un final o, por el
contrario, seguía sin ningún cambio a lo largo del eje del tiempo, es decir, si
el tiempo llegaría a un final o seguiría existiendo en algún tipo de sentido
formal y primario, es una pregunta hipotética que es a la vez difícil de
resolver y básicamente irrelevante para algo que pudiéramos medir o
experimentar. Adviértase que esta situación hipotética es diferente de un
estado de desorden máximo en el que la entropía no puede aumentar más, pero
siguen teniendo lugar cambios microscópicos, como que las moléculas de gas
sigan un camino u otro.
[108] La radiación cósmica de microondas fue descubierta en 1964 por los
científicos Amo Penzias y Robert Wilson, del Laboratorio Bell, mientras
probaban una gran antena diseñada para uso en comunicaciones por satélite.
Penzias y Wilson encontraron un mido de fondo que se mostraba imposible de
eliminar (incluso después de rascar los excrementos de pájaro, «raido blanco»,
del interior de la antena) y, con las ideas clave de Robert Dicke en Princeton
y sus estudiantes Peter Roll y David Wilkinson, junto con Jim Peebles, se
comprendió finalmente que la antena estaba captando radiación de microondas que
se originó en el big bang. (Un importante trabajo en cosmología que fijó el
escenario para este descubrimiento fue realizado antes por George Gamow, Ralph
Alpher y Robert Hermán.) Como discutimos en capítulos posteriores, la radiación
nos da una imagen no adulterada del universo cuando tenía unos 300.000 años.
Fue entonces cuando las partículas cargadas eléctricamente como electrones y
protones, que interrumpen el movimiento de los rayos luminosos, se combinaron
para formar átomos eléctricamente neutros que, en general, permiten que la luz
viaje libremente. Desde entonces, esa luz antigua, producida en las primeras
etapas del universo, ha viajado sin obstáculos, y hoy llena todo el espacio con
fotones de microondas.
[109] El fenómeno físico implicado aquí, como se discute en el capítulo
11, se conoce como desplazamiento hacia el rojo. Los átomos comunes tales como
el hidrógeno y el oxígeno emiten luz a longitudes de onda que han sido bien
documentadas en experimentos de laboratorio. Cuando tales sustancias son
constituyentes de galaxias que se alejan, la luz que emiten se alarga, de la
misma forma que la sirena de un coche de policía que se aleja también se alarga
haciendo que disminuya el tono. Puesto que el rojo es la máxima longitud de
onda de la luz que puede verse a simple vista, este estiramiento de la luz se
denomina efecto de desplazamiento hacia el rojo. La cantidad de desplazamiento
hacia el rojo crece cuando aumenta la velocidad de recesión, y por ello
midiendo las longitudes de onda de la luz recibida y comparándola con
resultados de laboratorio puede determinarse la velocidad de objetos lejanos.
(Éste es en realidad solo un tipo de desplazamiento hacia el rojo, similar al
efecto Doppler. Los desplazamientos hacia el rojo también pueden ser causados
por la gravedad: los fotones se alargan cuando remontan un campo gravitatorio.)
[110] Más exactamente, el lector con inclinación matemática advertirá
que una partícula de masa m, situada en la superficie de una bola de radio R y
densidad de masa r, experimenta una aceleración d2R/dt2 dada
por (4π/3)R3Gr/R 2, y así (1/R) d2R/dt2 =
(4π/3)Gr. Si identificamos formalmente R con el radio del universo, y r con la
densidad de masa del universo, ésta es la ecuación de Einstein para la
evolución del tamaño del universo (suponiendo ausencia de presión).
[111] Ver P. J. Peebles, Principies of Physical Cosmology (Princeton,
Princeton University Press, 1993), p. 81.
El pie de figura dice: «¿ Pero quién está
inflando realmente este globo? ¿Qué hace que el universo se expanda o infle?
¡Un Lambda hace el trabajo! » No vale otra respuesta. Lambda se
refiere a algo conocido como la constante cosmológica, una idea que
encontraremos en el capítulo 10.
[112] Para evitar confusión, déjeme señalar que un inconveniente del
modelo de las monedas es que cada moneda es esencialmente idéntica a todas las
demás, mientras que esto no es cierto para las galaxias. Pero el punto
importante es que se cree que en la mayor de las escalas, escalas de 100
millones de años-luz, las diferencias individuales entre galaxias se promedian,
de modo que cuando se analizan volúmenes enormes de espacio las propiedades
globales de cada uno de estos volúmenes son extraordinariamente similares a las
propiedades de cualquier otro.
[113] Usted también podría viajar hasta el borde exterior de un agujero
negro y permanecer allí con los motores encendidos para evitar caer dentro. El
fuerte campo gravitatorio del agujero negro se manifiesta en una severa
deformación del espaciotiempo, y eso da como resultado que su reloj marche
mucho más lento de lo que lo haría en lugar más normal en la galaxia (como en
una extensión espacial relativamente vacía). De nuevo, la duración del tiempo
medida por su reloj es perfectamente válida pero, puesto que va a alta
velocidad, es una perspectiva totalmente individualista. Cuando se analizan las
características del universo en conjunto, es más útil tener una noción de
tiempo transcurrido ampliamente aplicable y consensuada, y ésa es la que
proporcionan los relojes que se mueven con el flujo cósmico de la expansión
espacial y que están sometidos a un campo gravitatorio mucho más suave.
[114] El lector con inclinación matemática notará que la luz viaja a lo
largo de geodésicas nulas de la métrica espaciotemporal que, por definición,
podemos tomar como ds2 = dt2 - dz2 (t)(dx2),
donde dx2 = dx2 + dx22 +
dx32, y las xi son coordenadas comóviles.
Haciendo ds2 = 0, que es apropiado para una geodésica nula,
podemos escribir | (dt/a(t)) para la distancia total que la luz emitida en el
instante t puede recorrer en el instante to. Si multiplicamos esto por valor
del factor de escala a(t0) en el instante t0, entonces
habremos calculado la distancia física que ha viajado la luz en este intervalo
de tiempo. Este algoritmo puede ser ampliamente utilizado para calcular hasta
dónde puede viajar la luz en cualquier intervalo de tiempo dado, lo que revela
si dos puntos en el espacio, por ejemplo, están en contacto causal. Como puede
ver, en el caso de expansión acelerada, incluso para to arbitrariamente grande,
la integral está acotada, lo que demuestra que la luz nunca alcanzará lugares
arbitrariamente lejanos. Así, en un universo con expansión acelerada, hay
lugares con los que nunca podremos comunicamos y, recíprocamente, regiones que
nunca pueden comunicarse con nosotros. Se dice que tales regiones están más
allá de nuestro horizonte cósmico.
[115] Cuando analizan formas geométricas, los matemáticos y los físicos
utilizan una aproximación cuantitativa a la curvatura, desarrollada en el siglo
xix, que hoy es parte de un corpus de conocimiento matemático conocido como
geometría diferencial. Una forma no técnica de considerar esta medida de
curvatura es estudiar triángulos dibujados en o dentro de la forma de interés.
Si los ángulos del triángulo suman 180 grados, como lo hacen cuando se dibuja
en un tablero plano, decimos que la forma es plana. Pero si los ángulos suman
más o menos que 180 grados, como hacen cuando el triángulo está dibujado en la
superficie de una esfera (la hinchazón hacia afuera de la esfera hace que la
suma de los ángulos supere los 180 grados) o en la superficie de una silla de montar
(la contracción hacia adentro de la forma de una silla hace que la suma de los
ángulos sea menor que los 180 grados), decimos que la forma es curvada. Esto se
ilustra en la figura 8.6.
[116] Si usted pegara los bordes verticales opuestos de un toro (lo que
es razonable, puesto que están identificados (cuando usted atraviesa un borde
inmediatamente reaparece en el otro) obtendría un cilindro. Y si luego hiciera
lo mismo con los bordes superior e inferior (que ahora serían en forma de
círculos), usted obtendría un donut. Así, un donut es otra manera de considerar
o representar un toro. Una complicación de esta representación es que el donut
ya no parece plano. Sin embargo, realmente lo es. Utilizando la noción de
curvatura dada en la nota anterior, usted encontraría que todos los triángulos
dibujados en la superficie del donut tienen ángulos que suman 180 grados. El
hecho de que el donut parezca curvado es un artificio que resulta de la forma en
que hemos insertado una forma bidimensional en nuestro mundo tridimensional.
Por esta razón, en el contexto actual es más útil utilizar las representaciones
manifiestamente no-curvadas de los toros bi y tridimensionales, como se discute
en el texto.
[117] Nótese que hemos sido vagos al distinguir los conceptos de forma y
curvatura. Hay tres tipos de curvaturas para el espacio completamente
simétrico: positiva, cero y negativa. Pero dos formas pueden tener la misma
curvatura y pese a todo no ser idénticas, siendo el ejemplo más simple la
pantalla de video plana y el tablero de mesa infinito plano. Así, la simetría
nos permite reducir la curvatura del espacio a tres posibilidades, pero hay
algo más que tres formas para el espacio (que difieren en lo que los matemáticos
llaman sus propiedades globales) que realizan estas tres curvaturas.
[118] Hasta ahora nos hemos centrado exclusivamente en la curvatura del
espacio tridimensional, la curvatura de las rebanadas espaciales en la barra
espaciotemporal. Sin embargo, aunque es difícil de imaginar, en los tres casos
de curvatura espacial (positiva, cero, negativa), la totalidad del
espaciotiempo tetradimensional está curvada, con los tres grados de curvatura
haciéndose cada vez mayores a medida que examinamos el universo cada vez más
cerca del big bang. De hecho, casi en el instante del big bang la curvatura
tetradimensional del espaciotiempo se hace tan grande que las ecuaciones de
Einstein dejan de ser válidas. Discutiremos esto más ampliamente en capítulos
posteriores.
[119] Si usted elevara mucho más la temperatura, encontraría un cuarto
estado de la materia conocido como un plasma, en el que los átomos están
desintegrados en sus partículas componentes.
[120] Hay sustancias curiosas, tales como las sales Rochelle, que se
hacen más ordenadas a altas temperaturas, y menos ordenadas a bajas
temperaturas, al revés de lo que se espera normalmente.
[121] Una diferencia entre campos de fuerza y de materia está expresada
por el principio de exclusión de Wolfgang Pauli. Este principio muestra que
mientras que un enorme número de partículas de fuerza (como los fotones) pueden
combinarse para producir campos accesibles a un físico pre-cuántico como
Maxwell, campos que usted ve cada vez que entra en una habitación oscura y
enciende una luz, las leyes de la física cuántica impiden en general que las
partículas de materia cooperen de dicha manera organizada y coherente. (Más
exactamente, dos partículas del mismo tipo, tales como dos electrones, no
pueden ocupar el mismo estado, mientras que no hay tal restricción para los
fotones. Así pues, los campos de materia no tienen en general una manifestación
macroscópica de tipo clásico.)
[122] En el marco de la teoría cuántica de campos, cada partícula
conocida se ve como una excitación de un campo subyacente asociado con el tipo
del que la partícula es un miembro. Los fotones son excitaciones del campo
fotónico, es decir, el campo electromagnético; un quark-up es una excitación
del campo de quarks-up; un electrón es una excitación del campo electrónico, y
así sucesivamente. De este modo, toda la materia y todas las fuerzas se
describen en un lenguaje mecanocuántico uniforme. Un problema clave es que se
ha mostrado muy difícil describir en este lenguaje todas las características
cuánticas de la gravedad, una cuestión que discutiremos en el capítulo 12.
[123] Aunque el campo de Higgs lleva el nombre de Peter Higgs, otros
físicos, Thomas Kibble, Philip Anderson, R. Brout y François Eglert, entre
otros, desempeñaron un papel vital en su introducción en la física y su
desarrollo teórico.
[124] Tenga en cuenta que el valor del campo está dado por su distancia
al centro del cuenco, de modo que incluso si el campo tiene energía cero cuando
su valor está en el valle del cuenco (puesto que la altura sobre el valle
denota la energía del campo), su valor es distinto de cero.
[125] En la descripción del texto, el valor del campo de Higgs está dado
por su distancia al centro del cuenco, y por eso quizá usted se esté
preguntando cómo puntos en el valle circular del cuenco, puntos que están todos
a la misma distancia del centro del cuenco, dan lugar a valores distintos de
Higgs. La respuesta, para el lector con inclinación matemática, es que puntos
diferentes en el valle representan valores del campo de Higgs con la misma
magnitud pero fases diferentes (el valor del campo de Higgs es un número
complejo).
[126] En teoría, dos conceptos de masa entran en la física. Uno es el
concepto descrito en el texto: masa como esa propiedad de un objeto que se
opone a la aceleración. Normalmente, esta noción de masa se denomina masa
inercial. El segundo concepto de masa es el relevante para la gravedad: masa
como esa propiedad de un objeto que determina con qué fuerza será atraído por
un campo gravitatorio de una intensidad específica (tal como el de la Tierra).
Normalmente a esta noción de masa se le denomina masa gravitatoria. A primera
vista, el campo de Higgs es relevante solamente para una comprensión de la masa
inercial. Sin embargo, el principio de equivalencia de la relatividad general
afirma que la fuerza sentida por un movimiento acelerado y por un campo
gravitatorio son indistinguibles, es decir, son equivalentes. Y eso implica una
equivalencia entre los conceptos de masa inercial y masa gravitatoria. Así, el
campo de Higgs es relevante para ambos tipos de masa puesto que, según
Einstein, son el mismo.
[127] Agradezco a Rafael Kaspher el haberme señalado que esta
descripción es una variante de la metáfora del profesor David Miller, enviada
en respuesta al desafío que planteó en 1993 el ministro de Ciencia británico
William Waldegrave a la comunidad de la física británica para explicar por qué
debería gastarse el dinero de los contribuyentes en buscar la partícula de
Higgs.
[128] El lector con inclinación matemática debería advertir que en la
teoría electrodébil los fotones y los bosones W y Z se describen en la
representación adjunta del grupo SU(2) x U(l), y por ello son intercambiados
por la acción de este grupo. Además, las ecuaciones de la teoría electrodébil
poseen simetría completa bajo la acción de este grupo y es en este sentido en
el que describimos las partículas de fuerza como interrelacionadas. Más
exactamente, en la teoría electrodébil el fotón es una mezcla particular del
bosón gauge de la simetría U(l) manifiesta y el subgrupo U(l) de SU(2); está
así estrechamente relacionado con los bosones gauge débiles. Sin embargo,
debido a la estructura producto del grupo de simetría, los cuatro bosones (en
realidad hay dos bosones W con cargas eléctricas opuestas) no se mezclan por
completo bajo su acción. En cierto sentido, entonces, las interacciones débil y
electromagnética son parte de un único marco matemático, pero un marco que no
está completamente unificado como podría estarlo. Cuando se incluyen las
interacciones fuertes, el grupo aumenta al incluir un factor SU(3), «color»
SU(3), y el hecho de que este grupo tenga tres factores independientes, SU(3) x
SU(2) x U(l), sólo resalta todavía más la falta de unidad completa. Esto es una
parte de la motivación para la gran unificación, discutida en la próxima
sección: la gran unificación busca un único grupo semisimple, un grupo con un
único factor, que describa las fuerzas a escalas de energía más altas.
[129] El lector con inclinación matemática debería advertir que la
teoría de gran unificación de Georgi y Glashow se basaba en el grupo SU(5), que
incluye a SU(3), el grupo asociado con la fuerza nuclear fuerte, y también a
SU(2) x U(l), el grupo asociado con la fuerza electrodébil. Desde entonces, los
físicos han estudiado las implicaciones de otros grupos de gran unificación
potenciales, tales como SO(IO) y E6.
[130] Como hemos visto, el bang del big bang no es una explosión que
tuvo lugar en una localización en una extensión espacial pre-existente, y por
eso es por lo que no nos hemos preguntado también dónde hizo bang. La
descripción bromista de la deficiencia del big bang que hemos utilizado se debe
a Alan Guth; ver por ejemplo, su El Universo Inflacionario (Reading, Perseus
Books, 1997), p. XIII.
[131] A veces se utiliza el término big bang para denotar el suceso que
ocurrió en el propio instante cero, dando nacimiento al universo. Pero puesto
que, como discutiremos en el próximo capítulo, las ecuaciones de la relatividad
general dejan de ser válidas en el tiempo cero, nadie tiene ninguna idea de qué
fue realmente este suceso. Esta omisión es lo que entendemos al decir que la
teoría del big bang deja fuera al bang. En este capítulo nos restringimos a
dominios en los que las ecuaciones no dejan de ser válidas. La cosmología
inflacionaria hace uso de estas ecuaciones con buen comportamiento para mostrar
un breve hinchamiento explosivo del espacio que naturalmente tomamos como el
bang que deja fuera la teoría del big bang. Ciertamente, no obstante, esta aproximación
deja sin responder la pregunta de lo que sucedió en el instante inicial de la
creación del universo, si realmente hubo tal instante.
[132] Abraham Pais, Subtle is the Lord. (Oxford, Oxford University
Press, 1982), p. 283.
[133] Para el lector con inclinación matemática: Einstein reemplazó la
ecuación original Gmn = 8p Tmn por Gmn + L Tmn = 8p Tmn, donde L es un número
que denota el tamaño de la constante cosmológica.
[134] Cuando me refiero a la masa de un objeto en este contexto, me
estoy refiriendo a la suma total de las masas de sus partículas constituyentes.
Si un cubo, pongamos por caso, estuviera compuesto de 1.000 átomos de oro, me
estaría refiriendo a 1.000 veces la masa de uno solo de tales átomos. Esta
definición concuerda con la perspectiva de Newton. Las leyes de Newton dicen
que dicho cubo tendría una masa que es 1.000 veces la de un único átomo de
otro, y eso pesaría 1.000 veces más que un único átomo de oro. Según Einstein,
no obstante, el peso del cubo depende también de la energía cinética de los
átomos (así como de todas las demás contribuciones a la energía del cubo). Esto
se sigue de E = me2: más energía (E), independientemente de su fuente, se
traduce en más masa (m). Así, una forma equivalente de expresarlo es que,
puesto que Newton no conocía E = me2, su ley de la gravedad utiliza una
definición de masa que pasa por alto varias contribuciones a la energía, tal
como la energía asociada al movimiento.
[135] Esta discusión sugiere la física subyacente pero no la capta por
completo. La presión ejercida por el muelle comprimido no influye de hecho en
la intensidad con la que la caja es atraída hacia la Tierra. Pero esto se debe
a que el muelle comprimido afecta a la energía total de la caja y, como se
discute en el párrafo anterior, según la relatividad general es la energía
total lo que es relevante. Sin embargo, el punto que estoy explicando aquí es
que la propia presión, no sólo a través de la contribución que hace a la
energía total, genera gravedad de forma parecida a como lo hacen la masa y la
energía. Según la relatividad general, la presión gravita. Nótese también que
la gravedad repulsiva a la que nos estamos refiriendo es el campo gravitatorio
interno experimentado dentro de una región de espacio llena de algo que tiene
presión negativa en lugar de positiva. En tal situación, la presión negativa
contribuirá con un campo gravitatorio repulsivo que actúa dentro de la región.
[136] Matemáticamente, la constante cosmológica está representada por un
número, normalmente denotado por L (ver nota 4). Einstein encontró que su
ecuación tenía perfecto sentido independientemente de que L se escogiera
positivo o negativo. La discusión en el texto se centra en el caso de interés
particular para la cosmología moderna (y las observaciones modernas, como se
discutirá) en el que L es positivo, puesto que esto da lugar a presión negativa
y gravedad repulsiva. Un valor negativo para L da gravedad atractiva ordinaria.
Nótese, también, que puesto que la presión ejercida por la constante
cosmológica es uniforme, esta presión no ejerce directamente ninguna fuerza:
sólo las diferencias de presión, como la que sienten sus oídos cuando usted
está bajo el agua, dan como resultado una fuerza de presión. Por el contrario,
la fuerza ejercida por la constante cosmológica es una fuerza puramente
gravitatoria.
[137] Los imanes familiares siempre tienen un polo norte y un polo sur.
Por el contrario, las teorías de gran unificación sugieren que puede haber
partículas que son como un polo magnético puramente norte o puramente sur.
Tales partículas se denominan monopolos y podrían tener un impacto importante
en la cosmología del big bang estándar. Nunca han sido observados.
[138] Guth y Tye reconocieron que un campo de Higgs sobreenfriado
actuaría como una constante cosmológica, una idea que había tenido antes
Martinus Veltman y otros. De hecho, Tye me ha contado que si no fuera por una
limitación de páginas en Physical Review Letters, la revista a la que él y Guth
enviaron su artículo, ellos no habrían llegado a una frase final en la que
señalaban que su modelo implicaría un período de expansión exponencial. Pero
Tye señala también que fue mérito de Guth el advertir la importancia de las
implicaciones cosmológicas de un período de expansión exponencial (que se
discute más tarde en éste y en el próximo capítulo), y con ello puso la
inflación en el centro de los mapas de los cosmólogos. En la historia a veces
retorcida del descubrimiento, el físico ruso Alexei Starobinsky había
encontrado, algunos años antes, un medio de generar lo que ahora llamamos
expansión inflacionaria, un trabajo descrito en un artículo que no fue
ampliamente conocido entre los científicos occidentales. Sin embargo,
Starobinsky no hacía énfasis en que un período de tal expansión rápida
resolvería problemas cosmológicos clave (tales como los problemas del horizonte
y de la planitud, que serán discutidos pronto), lo que explica, en parte, por
qué su trabajo no generó la respuesta entusiasta que recibió el de Guth. En
1981, el físico japonés Katsuhiko Sato desarrolló también una versión de la
cosmología inflacionaria, e incluso antes (en 1978), los físicos rusos Gennady
Chibisov y Andrei Linde dieron con la idea de inflación, pero advirtieron que,
cuando se estudiaba en detalle, adolecía de un problema clave (discutido en la
nota 11) y por ello no publicaron su trabajo. El lector con inclinación
matemática debería advertir que no es difícil ver como aparece la expansión
acelerada. Una de las ecuaciones de Einstein es (l/a)(d2a/dt2)
= -4π/3( r + 3p) donde a, r y p son el factor de escala del universo (su
«tamaño»), la densidad de energía y la densidad de presión, respectivamente.
Nótese que si el segundo miembro de esta ecuación es positivo, el factor de
escala crecerá a un ritmo creciente: el ritmo de crecimiento del universo se
acelera con el tiempo. Para un campo de Higgs situado sobre una meseta, su
densidad de presión resulta ser igual al negativo de su densidad de energía
(esto mismo también es cierto para una constante cosmológica y, así, de hecho,
el segundo miembro es positivo).
[139] La física subyacente a estos saltos cuánticos es el principio de
incertidumbre expuesto en el capítulo 4. Discutiré explícitamente la aplicación
de la incertidumbre cuántica a campos en los capítulos 11 y 12, pero para
anticipar ese material nótese brevemente lo siguiente. El valor de un campo en
un punto dado del espacio, y la velocidad de cambio del valor del campo en
dicho punto, desempeñan el mismo papel para los campos que la posición y
velocidad (momento) desempeñan para una partícula. Así pues, de la misma forma
que nunca podemos conocer a la vez una posición definida y una velocidad
definida para una partícula, un campo no puede tener un valor definido y una
velocidad de cambio de dicho valor definida en ningún punto dado del espacio.
Cuanto más definido está el valor del campo en un instante, más incierta es la
velocidad de cambio de dicho valor, es decir, más probable es que el valor del
campo cambie un instante después. Y dicho cambio, inducido por la incertidumbre
cuántica, es lo que entiendo cuando me refiero a saltos cuánticos en el valor
del campo.
[140] La física subyacente a estos saltos cuánticos es el principio de
incertidumbre expuesto en el capítulo 4. Discutiré explícitamente la aplicación
de la incertidumbre cuántica a campos en los capítulos 11 y 12, pero para
anticipar ese material nótese brevemente lo siguiente. El valor de un campo en
un punto dado del espacio, y la velocidad de cambio del valor del campo en
dicho punto, desempeñan el mismo papel para los campos que la posición y
velocidad (momento) desempeñan para una partícula. Así pues, de la misma forma
que nunca podemos conocer a la vez una posición definida y una velocidad
definida para una partícula, un campo no puede tener un valor definido y una
velocidad de cambio de dicho valor definida en ningún punto dado del espacio.
Cuanto más definido está el valor del campo en un instante, más incierta es la
velocidad de cambio de dicho valor, es decir, más probable es que el valor del
campo cambie un instante después. Y dicho cambio, inducido por la incertidumbre
cuántica, es lo que entiendo cuando me refiero a saltos cuánticos en el valor
del campo.
[141] Quienes estén familiarizados con la historia de este tema se darán
cuenta de que la excitación que provocó descubrimiento de Guth fue generada por
las soluciones que daba a problemas cosmológicos clave, tales como los
problemas del horizonte y de la planitud, que describiremos en breve. Las ideas
de Linde y de Albrecht y Steinhardt, ahora llamadas inflación nueva, corregían
estos problemas. Cambiando la forma del cuenco de energía potencial por la de
la figura 10.2, estos investigadores comprendieron que el inflatón podía
relajarse a su valor de energía cero «rodando» cuesta abajo por la colina de
energía hasta el valle, un proceso gradual que no tenía necesidad del salto
cuántico de la propuesta original. Y, como demostraron sus cálculos, este
rodamiento algo más gradual cuesta abajo prolongaba suficientemente la ráfaga
inflacionaria de modo que una única burbuja se hacía suficientemente grande
para abarcar el universo observable entero. Así, en esta aproximación, no hay
necesidad de preocuparse por burbujas que se fusionan. Y lo que es de la misma
importancia, antes que convertir la energía del campo inflatón en la de
partículas y radiación ordinarias mediante colisiones de burbujas, en la nueva
aproximación el inflatón conseguía gradualmente esta conversión de energía de
forma uniforme a lo largo del espacio por un proceso afín a la fricción: a
medida que el campo rodaba cuesta abajo, uniformemente en todo el espacio,
cedía su energía «frotando contra» (interaccionando con) campos más familiares
para partículas y radiación. La inflación nueva retenía así todos los éxitos de
la aproximación de Guth, pero resolvía los problemas importantes con los que
ésta se había encontrado. Aproximadamente un año después del importante avance
que proporcionó la inflación nueva, Andrei Linde tuvo otra idea revolucionaria.
Para que la inflación nueva ocurra satisfactoriamente, todo un número de
elementos clave debe caer en su sitio: el cuenco de energía potencial debe
tener la forma correcta, el valor del campo inflatón debe empezar alto en el
cuenco (y, de forma algo más técnica, el valor del campo inflatón debe ser
uniforme sobre una extensión espacial suficientemente grande). Aunque es
posible que el universo alcance tales condiciones, Linde encontró una manera de
generar una ráfaga inflacionaria en un escenario más simple y menos retorcido.
Linde advirtió que incluso con un cuenco de energía potencial simple, como el
de la figura 9.1a, e incluso sin preparar con detalle el valor inicial del
campo inflatón, la inflación podía seguir teniendo lugar de forma natural. La
idea es ésta. Imagine que en el mismo universo primitivo las cosas eran
«caóticas», por ejemplo, imagine que había un campo inflatón cuyo valor bailaba
aleatoriamente entre un número y otro. En un lugar en el espacio su valor
podría haber sido pequeño, en otro lugar su valor podría haber sido intermedio,
y en otro lugar del espacio su valor podría haber sido alto. Ahora, nada
particularmente digno de atención habría sucedido en regiones donde el valor
del campo era pequeño o intermedio. Pero Linde comprendió que algo
fantásticamente interesante habría tenido lugar en regiones donde el campo
inflatón hubiera alcanzado un valor alto (incluso si la región fuera minúscula,
apenas 10-33 centímetros de diámetro). Cuando el valor del campo inflatón es
alto, cuando está alto en el cuenco de energía de la figura 9. la, empieza un
tipo de fricción cósmica: el valor del campo trata de rodar cuesta abajo hasta
una energía potencial menor, pero su alto valor contribuye a una fuerza de
fricción resistiva, y por ello rueda muy lentamente. Así, el valor del campo
inflatón habría sido casi constante y (de forma muy similar a un inflatón en la
parte superior de la colina de energía potencial en la inflación nueva) habría
aportado una energía y una presión negativa aproximadamente constantes. Como
ahora sabemos, éstas son las condiciones requeridas para impulsar una ráfaga de
expansión inflacionaria. Así, sin apelar a un cuenco de energía potencial muy
especial, y sin colocar el campo inflatón en una configuración especial, el
entorno caótico del universo primitivo podría haber dado lugar de forma natural
a una expansión inflacionaria. No es nada sorprendente que Linde llamara a esta
aproximación inflación caótica. Muchos físicos consideran que es la realización
más convincente del paradigma inflacionario.
[142] Usted podría preguntarse si el campo de Higgs electrodébil, o el
campo de Higgs de gran unificación, pueden hacer una doble tarea: desempeñar el
papel que describimos en el capítulo 9 e impulsar también la expansión
inflacionaria en instantes anteriores, antes de la formación de un océano de
Higgs. Se han propuesto modelos de este tipo, pero normalmente adolecen de
problemas técnicos. Las realizaciones más convincentes de la expansión
inflacionaria incluyen un nuevo campo de Higgs para desempeñar el papel del
inflatón.
[143] Ver nota 3 anteriores de este capítulo.
[144] Por ejemplo, usted podría considerar nuestro horizonte como una
esfera imaginaria gigante en cuyo centro estamos nosotros, que contiene
aquellas cosas con las que podíamos haber comunicado (las cosas dentro de la
esfera) en el tiempo transcurrido desde el bang. Hoy, el radio de nuestra
«esfera horizonte» es aproximadamente 14.000 millones de años-luz; en el
comienzo de la historia del universo, su radio era mucho menor, puesto que
había habido mucho menos tiempo para que viajara la luz. Ver también la décima
nota del capítulo 8.
[145] Aunque así es en esencia cómo la cosmología inflacionaria resuelve
el problema del horizonte, para evitar confusiones déjeme resaltar un elemento
clave de la solución. Si una noche usted y un amigo están en un campo
intercambiando felizmente señales de luz encendiendo y apagando linternas, note
que por muy rápido que ustedes se alejen, siempre podrán intercambiar señales
de luz. ¿Por qué? Bien, para que usted no llegue a recibir la luz de la
linterna de su amigo, o para que su amigo no llegue a recibir la luz que usted
le envía, ustedes tendrían que alejarse a una velocidad mayor que la de la luz,
y eso es imposible. Así, ¿cómo es posible que regiones del espacio que eran
capaces de intercambiar señales de luz al principio de la historia del universo
(y llegar así a la misma temperatura, por ejemplo) se encuentren ahora más allá
del alcance comunicativo de las demás? Como el ejemplo de la linternas deja
claro, debe ocurrir que ellas se estaban alejando a una velocidad mayor que la
de la luz. Y, de hecho, el colosal empuje hacia afuera de la gravedad repulsiva
durante la fase inflacionaria impulsó a cada región del espacio a alejarse de
todas las demás a una velocidad mucho mayor que la de la luz. De nuevo, esto no
presenta ninguna contradicción con la relatividad especial, puesto que la
velocidad límite fijada por la luz se refiere a movimiento a través del
espacio, no a movimiento derivado del propio hinchamiento del espacio. De modo
que una característica nueva e importante de la cosmología inflacionaria es que
implica un corto período en el que hay expansión superlumínica del espacio.
[146] Note que el valor numérico de la densidad crítica disminuye a
medida que el universo se expande. Pero el punto importante es que si la
densidad real de masa/energía del universo es igual a la densidad crítica en un
instante, disminuirá exactamente de la misma manera y seguirá siendo igualdad a
la densidad crítica en todo instante.
[147] El lector con inclinación matemática debería advertir que durante
la fase inflacionaria el tamaño de nuestro horizonte cósmico permaneció fijo
aunque el espacio se hinchaba enormemente (como puede verse fácilmente tomando
una forma exponencial para el factor de escala en la nota 10 del capítulo 8).
En este sentido es en el que, en el marco inflacionario, nuestro universo
observable es una mota minúscula en un cosmos gigantesco.
[148] R. Preston, First Light (Nueva York, Random House Trade
Paper-marks, 1996), p. 118.
[149] Para una excelente exposición de la materia oscura a un nivel
general ver L. Krauss, Quintessence: The Mystery of Missing Mass in the
Universe (Nueva York, Perseus, 2000).
[150] El lector experto reconocerá que no estoy distinguiendo entre los
diversos problemas de materia oscura que emergen en diferentes escalas de
observación (galáctica, cósmica) pues la contribución de materia oscura a la
densidad de masa cósmica es lo único que me interesa aquí.
[151] Hay en realidad alguna controversia en cuanto a si éste es el
mecanismo detrás de todas las supemovas de tipo la (agradezco a D. Spergel por
señalarme esto), pero la uniformidad de estos sucesos, que es lo que
necesitamos para la discusión, tiene una firme base observacional.
[152] Para una excelente exposición de la materia oscura a un nivel
general ver L. Krauss, Quintessence: The Mystery of Missing Mass in the
Universe (Nueva York, Perseus, 2000).
[153] El lector experto reconocerá que no estoy distinguiendo entre los
diversos problemas de materia oscura que emergen en diferentes escalas de
observación (galáctica, cósmica) pues la contribución de materia oscura a la
densidad de masa cósmica es lo único que me interesa aquí.
[154] Entre los líderes de principios de la década de 1980 en la
determinación de cómo las fluctuaciones cuánticas darían inhomogeneidades
estaban Stephen Hawking, Alexei Starobinsky, Alan Guth, So-Young Pi, James
Bar-deen, Paul Steinhardt, Michael Tumer, Viatcheslav Mukhanov y Gennady
Chibisov
[155] Quizá siga usted intrigado, a pesar de la discusión que se hace en
el texto principal, por el hecho de que una minúscula cantidad de masa/energía
en una pepita inflatón pudiera dar la enorme cantidad de masa/energía que
constituye el universo observable. ¿Cómo se puede terminar con más masa/energía
que con la que se empezó? Bien, como se explica en el texto principal, el campo
inflatón, en virtud de su presión negativa, «chupa» energía de la gravedad.
Esto significa que a medida que aumenta la energía en el campo inflatón,
disminuye la energía en el campo gravitatorio. La característica especial del
campo gravitatorio, conocida desde los días de Newton, es que su energía puede
hacerse arbitrariamente negativa. Así pues, la gravedad es como un banco que está
dispuesto a prestar cantidades ilimitadas de dinero, la gravedad encarna un
suministro esencialmente ilimitado de energía, que el campo inflatón extrae a
medida que el universo se expande. La masa y el tamaño concretos de la pepita
inicial del campo inflatón uniforme depende de los detalles del modelo de
cosmología inflacionaria que se estudia (muy especialmente, de los detalles
precisos del cuenco de energía potencial del campo inflatón). En el texto, yo
he imaginado que la densidad de energía del campo inflatón era de unos 1082 gramos
por centímetro cúbico, de modo que un volumen de (10 26 centímetros)3 =
1078 centímetros cúbicos tendría una masa total de unos 10
kilogramos. Estos valores son típicos de una clase bastante convencional de
modelos inflacionarios, pero sólo pretenden darle una noción aproximada de los
números implicados. Para dar una idea del rango de posibilidades, déjeme
señalar que en los modelos de inflación caótica de Andrei Linde (ver nota 11
del capítulo 10), nuestro universo observable habría surgido de una pepita
inicial de tamaño aún menor, 10-33 centímetros de diámetro (la
denominada longitud de Planck), cuya densidad de energía era aún mayor, unos 1094 gramos
por centímetro cúbico, que se combinan para dar una masa total menor de unos
10-5 gramos (la denominada >masa de Planck). En estas versiones de la
inflación, la pepita inicial habría pesado tanto como un grano de polvo.
[156] Ver Paul Davies, «Inflation and Time Asymmetry in the Universe»,
en Nature, vol. 301, p. 398; Don Page, «Inflation Does Not Explain Time
Asymmetry», en Nature, vol. 304, p. 39, y Paul Davies, «Inflation in the
Universe and Time Asymmetry», en Nature, vol. 312, p. 324.
[157] Para explicar el punto esencial es conveniente separar la entropía
en una parte debida al espaciotiempo y la gravedad, y una parte restante debida
a todo lo demás, pues esto recoge intuitivamente las ideas clave. Sin embargo,
debería advertir que se muestra escurridizo dar un tratamiento matemático
riguroso en el que la contribución gravitatoria a la entropía esté limpiamente
identificada, separada y explicada. No obstante, esto no compromete las
conclusiones cualitativas a las que llegamos. En caso de que usted encuentre
esto molesto, note que toda la discusión puede ser reexpresada básicamente sin
referencia a la entropía gravitatoria. Como subrayamos en el capítulo 6, cuando
la gravedad atractiva ordinaria es relevante la materia se une en grumos. Al hacerlo,
la materia convierte la energía potencial gravitatoria en energía cinética que,
posteriormente, se convierte parcialmente en radiación que emana del propio
grupo. Ésta es una secuencia de sucesos de entropía creciente (mayores
velocidades medias de las partículas incrementan el volumen del espacio de
fases relevante; la producción de radiación mediante interacciones incrementa
el número total de partículas, y ambos incrementan la entropía total, ). De
esta manera, lo que llamamos en el texto entropía gravitatoria puede ser
reexpresada como entropía de materia generada por la fuerza gravitatoria.
Cuando decimos que la entropía gravitatoria es baja, queremos decir que la
fuerza gravitatoria tiene la capacidad de generar cantidades importantes de
entropía mediante condensación gravitatoria. Al realizar tal potencial de
entropía, los grumos de materia crean un campo gravitatorio no uniforme y no
homogéneo, deformaciones y rizos en el espaciotiempo, que, en el texto, he
descrito como de entropía más alta. Pero como aclara esta discusión, realmente
puede considerarse en el sentido de que la materia aglomerada (y la radiación
producida en el proceso) tiene entropía más alta (que cuando está uniformemente
dispersa). Esto es bueno puesto que el lector experto advertirá que si viéramos
un fondo gravitatorio clásico (un espaciotiempo clásico) como un estado
coherente de gravitones, éste es un estado esencialmente único y por ello tiene
baja entropía. Sólo con un granulado grueso apropiado sería posible una asignación
de entropía. Como subraya esta nota, no obstante, eso no es particularmente
necesario. Por el contrario, si hubiera acumulación de materia suficiente para
crear agujeros negros, entonces dispondríamos de una asignación de entropía
incuestionable : el área del horizonte de sucesos del agujero negro (como se
explica en el capítulo 16) es una medida de la entropía del agujero negro, y
esta entropía puede ser llamada inequívocamente entropía gravitatoria.
[158] De la misma forma que es posible que un huevo se rompa y que las
piezas de la cáscara rota se reagrupen en un huevo intacto, es posible que las
fluctuaciones cuánticamente inducidas crezcan para dar inhomogeneidades mayores
(como hemos descrito) o que inhomogeneidades suficientemente correlacionadas
trabajen a la par para inhibir dicho crecimiento. Así, la contribución
inflacionaria para resolver la flecha del tiempo requiere también fluctuaciones
cuánticas suficientemente poco correlacionadas. De nuevo, si pensamos a la
manera de Boltzmann, entre todas las fluctuaciones que dan condiciones para la
inflación, más pronto o más tarde habrá una que satisfaga también esta
condición, lo que permite que se inicie el universo tal y como lo conocemos.
[159] Hay físicos que afirmarían que la situación es mejor que la
descrita. Por ejemplo, Andrei Linde argumenta que en la inflación caótica (ver
nota 11, capítulo 10), el universo observable salió de una pepita de tamaño de
Planck que contenía un campo inflatón con densidad de energía a escala de
Planck. Bajo ciertas hipótesis, Linde argumenta además que la entropía de un
campo inflatón uniforme en dicha pepita minúscula es aproximadamente igual a la
entropía de cualquier otra configuración de campo inflatón, y por eso las
condiciones necesarias para conseguir la inflación no eran especiales. La
entropía de la pepita de tamaño de Planck era pequeña pero del mismo orden de
la entropía podría haber tenido la pepita del tamaño de Planck. La consiguiente
ráfaga inflacionaria creó entonces, en un destello, un universo enorme con una
entropía enormemente más alta, pero un universo que, debido a su distribución
suave y uniforme de materia, estaba también enormemente lejos de la entropía
que podría tener. La flecha del tiempo apunta en la dirección en la que está
disminuyendo este agujero de entropía. Aunque yo soy favorable a esta visión
optimista, hasta que tengamos una idea mejor de la física de la que se supone
que ha surgido la inflación, se recomienda cautela. Por ejemplo, el lector
experto advertirá que esta aproximación hace hipótesis favorables pero
injustificadas sobre los modos del campo (transplanckiano) de alta energía,
modos que pueden afectar al inicio de la inflación y desempeñar un papel clave
en la formación de estructuras.
[160] La prueba circunstancial que tengo en mente aquí descansa en el
hecho de que las intensidades de las tres fuerzas no-gravitatorias dependen de
la energía y temperatura del ambiente en el que las fuerzas actúan. A bajas
energías y temperaturas, tales como las de nuestro entorno cotidiano, las
intensidades de las tres fuerzas son diferentes. Pero hay evidencia teórica y
experimental indirecta de que a temperaturas muy altas, tales como las que se
dieron en los primeros instantes del universo, las intensidades de las tres
fuerzas convergen, lo que indica, aunque indirectamente, que las tres fuerzas
pueden estar fundamentalmente unificadas, y aparecer distintas sólo a bajas
energías y temperaturas. Para una discusión más detallada ver, por ejemplo, El
universo elegante, capítulo 7.
[161] Una vez que sabemos que un campo, como cualquiera de los campos de
fuerzas conocidos, es un ingrediente en la constitución del cosmos, entonces
sabemos que existe en todas partes, está cosido en el tejido del cosmos. Es
imposible extirpar el campo, igual que es imposible extirpar el propio espacio.
Lo más cerca que podemos llegar a eliminar la presencia de un campo, por
consiguiente, es hacer que tome un valor que minimice su energía. Para campos
de fuerzas, como la fuerza electromagnética, dicho valor es cero, como se
discute en el texto. Para campos como el inflatón o el campo de Higgs del
modelo estándar (que, por simplicidad, no consideramos aquí), dicho valor puede
ser algún número no-nulo que depende de la forma precisa de la energía
potencial del campo, como discutimos en los capítulos 9 y 10. Como se menciona
en el texto, para simplificar la discusión sólo estamos discutiendo
explícitamente fluctuaciones cuánticas de campo cuyo estado de mínima energía
se consigue cuando su valor es cero, aunque las fluctuaciones asociadas con
campos de Higgs o campos inflatón no requieren ninguna modificación de nuestras
conclusiones.
[162] En realidad, el lector con inclinación matemática debería advertir
que el principio de incertidumbre dicta que las fluctuaciones de energía son
inversamente proporcionales a la resolución temporal de nuestras medidas, de
modo que cuanto más fina es la resolución temporal con la que examinamos la
energía de un campo, más incontroladamente ondulará el campo.
[163] En este experimento, Lamoreaux comprbó la fuerza de Casimir en un
montaje modificado que implica la atracción entre una lente esférica y una
placa de cuarzo. Más recientemente, Gianni Carugno, Roberto Onofrio y sus
colaboradores en la Universidad de Padua han emprendido el experimento más
difícil que implica el marco de Casimir original de dos placas paralelas.
(Mantener las placas perfectamente paralelas es un gran desafío experimental.)
Hasta ahora, ellos han confirmado las predicciones de Casimir con un margen de
error del quince por 100.
[164] Visto en retrospectiva, estas intuiciones demuestran también que
si Einstein no hubiera introducido la constante cosmológica en 1917, los
físicos cuánticos habrían introducido su propia versión unas décadas más tarde.
Como usted recordará, la constante cosmológica era una energía que Einstein
imaginaba llenando todo el espacio, pero cuyos orígenes, él y los proponentes
actuales de una constante cosmológica, dejaron sin especificar. Ahora
entendemos que la física cuántica llena el espacio vacío con campos agitados, y
como vemos directamente a través del experimento de Casimir, el campo
microscópico resultante llena frenéticamente el espacio con energía. De hecho,
un desafío importante al que se enfrenta la física teórica es demostrar que la
contribución combinada de todas las agitaciones de los campos da una energía
total en el espacio vacío, una constante cosmológica total, que está dentro del
límite observacional actualmente determinado por las observaciones de superno
vas discutidas en el capítulo 10. Hasta ahora, nadie ha sido capaz de hacerlo;
llevar a cabo el análisis exactamente se ha mostrado más allá de la capacidad
de los métodos teóricos actuales, y cálculos aproximados han dado respuestas
muchísimo mayores que lo que permiten las observaciones, lo que sugiere con
fuerza que las aproximaciones son incorrectas. Muchos consideran que explicar
el valor de la constante cosmológica (ya sea cero, como se pensó durante mucho
tiempo, o pequeña y no-nula como sugiere la inflación y los datos de supernovas)
es uno de los problemas abiertos más importantes en física teórica.
[165] En esta sección describo una manera de ver el conflicto entre la
relatividad general y la mecánica cuántica. Pero debería advertir, en
consonancia con nuestra idea de buscar la verdadera naturaleza del espacio y el
tiempo, que otros enigmas menos tangibles pero potencialmente importantes
surgen al tratar de fusionar relatividad general y mecánica cuántica. Uno que
es particularmente tentador surge cuando la aplicación directa del
procedimiento para transformar teorías no-gravitatorias clásicas (como la electrodinámica
de Maxwell) en una teoría cuántica se extiende a la relatividad general clásica
(como demostró Bryce DeWitt en lo que ahora se conoce como la ecuación
Wheeler-DeWitt). En la ecuación central que emerge, resulta que no aparece la
variable tiempo. Así, en lugar de tener una encarnación del tiempo matemática y
explícita, como es el caso con cualquier otra teoría fundamental, en esta
aproximación a la gravedad cuántica la evolución temporal se sigue a través de
una característica física del universo (tal como su densidad) que esperamos que
cambie de una manera regular. De momento, nadie sabe si este procedimiento para
cuantizar la gravedad es apropiado (aunque recientemente se han conseguido
muchos avances en un descendiente de este formalismo, llamado gravedad cuántica
de lazo; ver capítulo 16) de modo que no está claro si la ausencia de una
variable temporal explícita está ocultando algo profundo (¿tiempo como un
concepto emergente?) o no. En este capítulo nos centramos en una aproximación
diferente para fusionar relatividad y mecánica cuántica, la teoría de
supercuerdas.
[166] Es algo confuso hablar del «centro» de un agujero negro como si
fuera un lugar en el espacio. La razón, hablando en términos aproximados, es
que cuando se cruza el horizonte de sucesos de un agujero negro, su borde
exterior, los papeles de espacio y tiempo se intercambian. De hecho, de la
misma forma que usted no puede resistirse a ir de un segundo al siguiente en el
tiempo, tampoco puede resistirse a ser atraído al «centro» del agujero negro
una vez que ha cruzado el horizonte de sucesos. Resulta que esta analogía entre
ir hacia adelante en el tiempo e ir hacia el centro de un agujero negro está
motivada fuertemente por la descripción matemática de los agujeros negros. Así,
más que considerar el centro del agujero negro como un lugar en el espacio, es
mejor considerarlo como un lugar en el tiempo. Además, puesto que usted no
puede ir más allá del centro del agujero negro, estaría tentado a considerarlo
como un lugar en el espaciotiempo donde el tiempo acaba. Esto muy bien puede
ser cierto. Pero puesto que las ecuaciones de la relatividad general estándar
dejan de ser válidas en situaciones tan extremas de enorme densidad de masa,
nuestra capacidad para hacer afirmaciones definidas de este tipo queda
comprometida. Evidentemente, esto sugiere que si tuviéramos ecuaciones que no
dejaran de ser válidas dentro de un agujero negro podríamos sacar ideas
importantes sobre la naturaleza del tiempo. Éste es uno de los objetivos de la
teoría de supercuerdas.
[167] Como en capítulos anteriores, por «universo observable» entiendo
esa parte del universo con la que podríamos haber tenido comunicación, al menos
en teoría, durante el tiempo transcurrido desde el big bang. En un universo que
tenga extensión espacial infinita, como se discutió en el capítulo 8, la
totalidad del espacio no se contrae a un punto en el momento del bang.
Ciertamente, todo lo que hay en la parte observable del universo se comprimiría
en un espacio cada vez menor cuando retrocedemos hacia el principio, pero,
aunque difícil de representar, hay cosas, infinitamente lejos, que permanecerán
para siempre separadas de nosotros, incluso a medida que la densidad de materia
y energía se hagan cada vez más altas.
[168] Leonard Susskind, en «The Elegant Universe», NOVA, serie de tres
horas de PBS emitida por primera vez el 28 de octubre y 4 de noviembre de 2003.
[169] De hecho, la dificultad de diseñar tests experimentales para la
teoría de supercuerdas ha sido un obstáculo crucial, que ha impedido
sustancialmente la aceptación de la teoría. Sin embargo, como veremos en
capítulos posteriores, ha habido muchos avances en esta dirección; los teóricos
de cuerdas tienen muchas esperanzas en que futuros experimentos en aceleradores
o en el espacio proporcionarán al menos evidencia circunstancial en apoyo de la
teoría y, con suerte, quizá todavía más.
[170] Aunque no lo he cubierto explícitamente en el texto, nótese que
cada partícula conocida tiene una anti-partícula, una partícula con la misma
masa pero cargas de fuerza opuestas (como un signo opuesto de la carga
eléctrica). La anti-partícula del electrón es el positrón, la anti-partícula
del quark-up es, lo que no sorprende, el anti-quark-up; y así sucesivamente.
[171] Como veremos en el capítulo 13, trabajos recientes en teorías de
cuerdas han sugerido que las cuerdas pueden ser mucho más largas que la
longitud de Planck, y esto tiene varias implicaciones críticas importantes,
incluyendo la posibilidad de hacer la teoría experimentalmente comprobable.
[172] La existencia de los átomos fue argumentada inicialmente por
medios indirectos (como una explicación de las proporciones concretas en que se
combinaban los diversos elementos químicos, y posteriormente, mediante el
movimiento browniano); la existencia de los primeros agujeros negros fue
confirmada (para satisfacción de muchos físicos) viendo su efecto en el gas que
cae hacia ellos desde estrellas vecinas, en lugar de «verlos» directamente.
[173] Puesto que incluso una cuerda que vibra plácidamente tiene cierta
cantidad de energía, usted quizá se pregunte cómo es posible que una pauta
vibracional de cuerda dé una partícula sin masa. La respuesta, una vez más,
tiene que ver con la incertidumbre cuántica. Por muy plácida que sea una
cuerda, la incertidumbre cuántica implica que tiene una cantidad mínima de
agitación. Y, debido al carácter extraño de la mecánica cuántica, estas
agitaciones inducidas por la incertidumbre tienen energía negativa. Cuando ésta
se combina con la energía positiva de las vibraciones de cuerdas ordinarias más
suaves, la masa/energía total es cero.
[174] Para el lector con inclinación matemática, la afirmación más
precisa es que los cuadrados de las masas de los modos vibracionales de las
cuerdas vienen dados por múltiplos enteros del cuadrado de la masa de Planck.
De forma aún más precisa (y de relevancia para desarrollos recientes cubiertos
en el capítulo 13), los cuadrados de dichas masas son múltiplos enteros de la
escala de cuerdas (que es proporcional a la inversa del cuadrado de la longitud
de la cuerda). En las formulaciones convencionales de la teoría de cuerdas, la
escala de cuerdas y la masa de Planck están próximas, y ésa es la razón por la
que he simplificado el texto principal y sólo he introducido la masa de Planck.
Sin embargo, en el capítulo 13 consideraremos situaciones en las que la escala
de cuerdas puede ser diferente de la masa de Planck.
[175] No es demasiado difícil entender, en términos aproximados, cómo
entra la longitud de Planck en el análisis de Klein. La relatividad general y
la mecánica cuántica apelan a tres constantes fundamentales de la Naturaleza: c
(la velocidad de la luz), G (la intensidad básica de la fuerza gravitatoria) y
h (constante de Planck que describe el tamaño de los efectos cuánticos). Estas
tres constantes pueden combinarse para dar una cantidad con unidades de
longitud: (hG/c3)1/2, que, por definición, es la longitud
de Planck. Después de sustituir los valores numéricos de las tres constantes,
se encuentra que la longitud de Planck es aproximadamente 1,616 × 10-33 centímetros.
Así pues, a menos que un número adimensional, con un valor sustancialmente
diferente de uno, emergiera de la teoría, algo que no suele suceder en una
teoría física simple y bien formulada, esperamos que la longitud de Planck sea
el tamaño característico de longitudes, tales como la longitud de la dimensión
espacial enrollada. No obstante, notemos que esto no descarta la posibilidad de
que las dimensiones puedan ser mayores que la longitud de Planck, y en el
capítulo 13 veremos un trabajo reciente interesante que ha investigado esta
posibilidad.
[176] Incorporar una partícula con la carga del electrón, y con su masa
relativamente minúscula, resulta un reto formidable.
[177] Nótese que el requisito de simetría uniforme que utilizamos en el
capítulo 8 para limitar la forma del universo estaba motivado por observaciones
astronómicas (tales como las de la radiación de fondo de microondas) dentro de
las tres dimensiones grandes. Estas ligaduras de simetría no tienen ninguna
relación con la forma de las seis posibles dimensiones espaciales minúsculas
extra. La figura 12.9a se basa en una imagen creada por Andrew Hanson.
[178] Quizá usted se pregunte si no podría haber sólo dimensiones
espaciales extra, sino también dimensiones temporales extra. Investigadores
(tales como Itzhak Bars en la Universidad de California del Sur) han
investigado esta posibilidad, y han demostrado que es cuando menos posible
formular teorías con una segunda dimensión temporal que parecen físicamente
razonables. Pero si esta segunda dimensión temporal está realmente en pie de
igualdad con la dimensión temporal ordinaria, o si es sólo un artificio matemático,
no ha sido establecido por completo; la sensación general se inclina más hacia
la segunda alternativa que hacia la primera. Por el contrario, la lectura más
directa de la teoría de cuerdas dice que las dimensiones espaciales extra son
tan reales como las tres que conocemos.
[179] Los expertos en teoría de cuerdas (y los que hayan leído El
universo elegante, capítulo 12) reconocerán que una afirmación más precisa es
que ciertas formulaciones de la teoría de cuerdas (discutidas en el capítulo 13
de este libro) admiten límites que implican once dimensiones espaciotemporales.
Sigue habiendo debate sobre si la teoría de cuerdas se puede considerar mejor
como una teoría de once dimensiones espaciales o si la formulación de once
dimensiones debería verse como un límite particular (por ejemplo, cuando la
constante de acoplamiento de cuerdas se toma grande en la formulación Tipo Ha),
junto con otros límites. Puesto que esta distinción no tiene mucho impacto en
nuestra discusión a nivel general, he escogido el primer punto de vista,
básicamente por la facilidad lingüística de tener un número total fijo y
uniforme de dimensiones.
[180] Para el lector con inclinación matemática: aquí me estoy
refiriendo a la simetría conforme, simetría bajo cualquier transformación
arbitraria que conserve los ángulos en el volumen del espaciotiempo barrido por
el constituyente fundamental propuesto. Las cuerdas barren superficies
espaciotemporales dos-dimensionales, y las ecuaciones de la teoría de cuerdas
son invariantes bajo el grupo conforme bidimensional, que es un grupo de
simetría de dimensión infinita. Por el contrario, en otros números de dimensiones
espaciales, asociados con objetos que no son en sí mismos unidimensionales, el
grupo conforme es de dimensión finita.
[181] Muchos físicos han hecho contribuciones importantes a estos
desarrollos, tanto preparando el terreno, como con descubrimientos posteriores:
Michael Duff, Paul Howe, Takeo Inami, Kelley Stelle, Eric Bergshoeff, Er-gin
Szegin, Paul Townsend, Chris Hull, Chris Pope, John Schwarz, Ashoke Sen, Andrew
Strominger, Curtís Callan, Joe Polchinski, Petr Horava, J. Di, Robert Leigh,
Hermann Nicolai y Bemard DeWitt, entre muchos otros.
[182] De hecho, como se explica en el capítulo 12 de El universo
elegante, hay una conexión más estrecha entre la décima dimensión espacial
pasada por alto y las p-branas. Cuando usted aumenta el tamaño de la décima
dimensión espacial en, digamos, la formulación Tipo lia, las cuerdas
unidimensionales se estiran en membranas bidimensionales a modo de un tubo
interno. Si usted supone que la décima dimensión es muy pequeña, como siempre
se había hecho implícitamente antes de estos descubrimientos, los tubos internos
se ven y se comportan como cuerdas. Como sucede con las cuerdas, la pregunta de
si estas branas recién encontradas son indivisibles o, en su lugar, están
hechas de constituyentes aún más finos, sigue sin respuesta. Los investigadores
están abiertos a la posibilidad de que los ingredientes hasta ahora
identificados en la teoría M/de cuerdas no pongan fin a la búsqueda de los
constituyentes elementales del universo. Sin embargo, es también posible que lo
hagan. Puesto que mucho de lo que sigue es insensible a esta cuestión,
adoptaremos la perspectiva más simple e imaginaremos que todos los
ingredientes, cuerdas y branas de varias dimensiones, son fundamentales. Y ¿qué
pasa con el razonamiento anterior que sugería que objetos fundamentales de
dimensiones más altas no podían ser incorporados en un marco físicamente
razonable? Bien, ese razonamiento estaba basado en otro esquema de aproximación
mecanocuántica, un esquema que es estándar y bien comprobado pero que, como
cualquier aproximación, tiene limitaciones. Aunque los investigadores tienen
todavía que explicar todas las sutilezas asociadas a la incorporación de
objetos de dimensiones más altas en una teoría cuántica, estos ingredientes
encajan de forma tan perfecta y consistente dentro de las cinco formulaciones
de cuerdas que casi todos creen que no existirán las temidas violaciones de
principios físicos básicos y sagrados.
[183] De hecho, podríamos estar viviendo en una brana de dimensiones aún
más altas (una cuatro-brana, una cinco-brana …) tres de cuyas dimensiones
llenan el espacio ordinario, y cuyas otras dimensiones llenan algunas de las
dimensiones extra más pequeñas que requiere la teoría.
[184] El lector con inclinación matemática debería advertir que durante
muchos años los teóricos de cuerdas han sabido que las cuerdas cerradas
respetan algo llamado T-dualidad (como se explica con más detalle en el
capítulo 16, y en el capítulo 10 de El universo elegante). Básicamente, la
T-dualidad afirma que si hubiera una dimensión extra en forma de círculo, la
teoría de cuerdas es totalmente insensible a si el radio del círculo es R o
1/R. La razón es que las cuerdas pueden moverse alrededor del círculo («modos
de momento») y/o enrollarse alrededor del círculo («modos envueltos») y, bajo
el reemplazamiento de R por 1/R, los físicos se han dado cuenta de que los
papeles de estos dos modos simplemente se intercambian, manteniendo inalteradas
las propiedades físicas globales de la teoría. Esencial para este razonamiento
es que las cuerdas sean lazos cerrados, puesto que si son abiertos no hay
ninguna noción topológicamente estable de su enrollamiento en una dimensión
circular. Así, a primera vista, parece que las cuerdas abiertas y las cerradas
se comportan de forma totalmente diferente para la T-dualidad. Con un examen
más rigoroso, y haciendo uso de las condiciones de contorno de Dirichlet para
cuerdas abiertas (la «D» en D-branas), Polchinski, Dai, Leigh, así como Horava,
Green y otros investigadores resolvieron este enigma.
[185] Propuestas que han tratado de sortear la introducción de materia
oscura o energía oscura han sugerido que incluso el comportamiento aceptado de
la gravedad en escalas grandes puede diferir del que habían pensado Newton o
Einstein, y de esa manera intentan explicar efectos gravitatorios incompatibles
con la sola existencia del material que podemos ver. Por ahora, estas
propuestas son altamente especulativas y tienen poco apoyo, ya sea experimental
o teórico.
[186] Los físicos que introdujeron esta idea son S. Giddings y S.
Thomas, y S. Dimopoulos y G. Landsberg.
[187] Nótese que la fase de contracción de semejante universo con
rebotes no es la misma que la fase de expansión pasada al revés. Procesos
físicos tales como huevos que se aplastan y velas que se funden sucederían en
la dirección habitual «hacia adelante» en el tiempo durante las fases de
expansión, y seguirían haciéndolo durante la fase de contracción posterior. Por
esto es por lo que la entropía aumentaría durante ambas fases.
[188] El lector experto advertirá que el modelo cíclico puede expresarse
en el lenguaje de la teoría de campos efectiva tetradimensional en una de las
tres-branas, y de esta forma comparte muchas características con los modelos
inflacionarios más familiares impulsados por campos escalares. Cuando digo
«mecanismo radicalmente nuevo», me estoy refiriendo a la descripción conceptual
en términos de branas que colisionan, que en sí mismo es una nueva y
sorprendente manera de pensar en cosmología.
[189] No hay que confundirse en el recuento de dimensiones. Las dos
tres-branas, junto con el intervalo espacial entre ellas, hacen cuatro
dimensiones. Con el tiempo suman cinco. Esto deja seis más para el espacio de
Calabi-Yau.
[190] Una excepción importante, mencionada al final de este capítulo y
discutida con más detalle en el capítulo 14, tiene que ver con inhomogeneidades
en el campo gravitatorio, denominadas ondas gravitatorias primordiales. La
cosmología inflacionaria y el modelo cíclico difieren a este respecto, y así
hay una probabilidad de que puedan ser distinguidas experimentalmente.
[191] La mecánica cuántica asegura que hay siempre una probabilidad
no-nula de que una fluctuación aleatoria interrumpa el proceso cíclico (por
ejemplo, una brana se retuerza con respecto a la otra), haciendo que el modelo
se atasque. Incluso si la probabilidad es minúscula, más pronto o más tarde
acabará ocurriendo, y por ello los ciclos no pueden seguir indefinidamente.
[192] A. Einstein, «Vierteljahrschrift für gerichtliche Medizin und
óffentli-ches Sanitatwessen» 44 37 (1912). D. Brill and J. Cohén, Phys. Rev.
vol. 143, n.° 4, p. 1.011 (1966); H. Pfister y K. Braun, Class. Quantum Grav.
n.° 2, p. 909 (1985).
[193] En las cuatro décadas transcurridas desde la propuesta inicial de
Schiff y Pugh se han emprendido otros tests del arrastre del sistema. Estos
experimentos (realizados por, entre otros, Bruno Bertotti, Ignazio Ciufolini y
Peter Bender; y 1.1. Shapiro, R. D. Reasenberg, J. F. Chandler y R. W.
Bab-cock) han estudiado el movimiento de la Luna así como de satélites en
órbita alrededor de la Tierra, y han encontrado alguna evidencia de efectos de
arrastre de sistemas. Una ventaja importante de Gravity Probe B es que se trata
del primer experimento completamente contenido, uno que está bajo completo
control de los experimentadores, y por eso debería dar la evidencia más exacta
y más directa de arrastre de sistema.
[194] Aunque son eficaces para dar una idea del descubrimiento de
Einstein, otra limitación de las imágenes estándar del espacio deformado es que
no ilustran la deformación del tiempo. Esto es importante porque la relatividad
general muestra que para un objeto ordinario como el Sol, en contraposición a
algo extremo como un agujero negro, la deformación del tiempo (cuanto más cerca
está del Sol, más lentos marcharán sus relojes) es mucho más pronunciada que la
deformación del espacio. Es más sutil representar gráficamente la deformación
del tiempo, y es más difícil transmitir cómo contribuye el tiempo deformado a
las trayectorias espaciales curvas tales como la órbita elíptica de la Tierra
alrededor del Sol, y por eso es por lo que la figura 3.10 (y casi cualquier
otro intento de visualizar la relatividad general que yo haya visto) se centra
únicamente en el espacio deformado. Pero es bueno tener en cuenta que en muchos
ambientes astrofísicos comunes es la deformación del tiempo la dominante.
[195] En 1974, Russell Hulse y Joseph Taylor descubrieron un sistema
púlsar binario, dos púlsares (estrellas de neutrones en rápida rotación), que
describen órbitas una en tomo a la otra. Puesto que los púlsares se mueven muy
rápidamente y están muy próximos, la relatividad general de Einstein predice
que emitirán una abundante cantidad de radiación gravitatoria. Aunque es un
gran desafío detectar esta radiación directamente, la relatividad general
demuestra que la radiación debería manifestarse indirectamente por otros
medios: la energía emitida vía radiación debería hacer que el período orbital
de los dos púlsares disminuya poco a poco. Los púlsares han sido observados de
forma continua desde su descubrimiento, y de hecho, su período orbital ha
disminuido, y de una manera que está de acuerdo con la predicción de la
relatividad general en aproximadamente una parte entre mil. Así pues, incluso
sin detección directa de la radiación gravitatoria emitida, esto proporciona
una fuerte evidencia a favor de su existencia. Por su descubrimiento, Hulse y
Taylor fueron galardonados con el Premio Nobel de Física en 1993.
[196] Sin embargo, ver nota anterior
[197] Desde el punto de vista de la energética, por consiguiente, los
rayos cósmicos proporcionan un acelerador que se da forma natural y que es
mucho más potente que cualquiera que hayamos construido o construyamos en un
futuro previsible. El inconveniente es que aunque las partículas de los rayos
cósmicos pueden tener energías extraordinariamente altas, no tenemos control de
qué choca con qué, cuando se trata de colisiones de rayos cósmicos, somos
observadores pasivos. Además, el número de partículas de rayos cósmicos con una
energía dada decrece rápidamente cuando aumenta dicha de energía. Aunque
aproximadamente 10.000 millones de partículas de rayos cósmicos con una energía
equivalente a la masa de un protón (aproximadamente una milésima de la
capacidad prevista del Gran Colisionador de Hadrones) golpean cada kilómetro
cuadrado de la superficie terrestre cada segundo (y muchas atraviesan su cuerpo
también cada segundo), sólo una aproximadamente de las partículas más
energéticas (de unos 100.000 millones de veces la masa de un protón) incidirá
en un kilómetro cuadrado dado de la superficie de la Tierra cada siglo.
Finalmente, los aceleradores pueden reunir partículas para hacer que se muevan
rápidamente en direcciones opuestas, creando con ello una gran energía de
centro de masas. Las partículas de rayos cósmicos, por el contrario, chocan con
partículas con movimiento relativamente lento en la atmósfera. No obstante,
estos inconvenientes no son insuperables. Durante décadas, los experimentadores
han aprendido mucho del estudio de los datos de los rayos cósmicos más
abundantes de baja energía, y para paliar la escasez de colisiones de alta
energía, los experimentadores han construido redes enormes de detectores para
atrapar el máximo de partículas posible.
[198] El lector experto se dará cuenta de que la conservación de la
energía en una teoría con espaciotiempo dinámico es una cuestión sutil.
Ciertamente, el tensor de tensiones de todas las fuentes en las ecuaciones de
Einstein se conserva de forma covariante, pero esto no se traduce
necesariamente en una ley de conservación global para la energía. Y con buenas
razones. El tensor de tensiones no tiene en cuenta la energía gravitatoria, una
noción notoriamente difícil en relatividad general. Sobre distancias y escalas
de tiempo suficientemente cortas, tales como las que se dan en experimentos en
aceleradores, la conservación local de la energía es válida, pero las
afirmaciones sobre conservación global tienen que tratarse con más cuidado.
[199] Esto es cierto en los modelos inflacionarios más sencillos. Los
investigadores han encontrado que realizaciones más complicadas de la inflación
pueden suprimir la producción de ondas gravitatorias.
[200] Un candidato viable a materia oscura debe ser una partícula
estable o una de vida muy larga, una que no se desintegre en otras partículas.
Se espera que esto sea cierto para las partículas más ligeras de las compañeras
supersimétricas, y por eso una afirmación más precisa es que la más ligera de
entre las zino, higgssino o fotino es una candidata adecuada para materia
oscura.
[201] No hace demasiado tiempo, un grupo de investigación italo-chino
conocido como el Experimento de Materia Oscura (Dark Matter Experiment, DAMA),
que trabajaba en el Laboratorio del Gran Sasso en Italia, hizo el anuncio
excitante de que habían conseguido la primera detección directa de materia
oscura. Hasta ahora, sin embargo, ningún otro grupo ha sido capaz de
verificarlo. De hecho, otro experimento, Búsqueda Criogénica de Materia Oscura
(Cryogenic Dark Matter Search), con base en Standford y que incluye a investigadores
de Estados Unidos y Rusia, ha acumulado datos que muchos creen que descartan
los resultados de DAMA con un alto grado de confianza. Además de estas
búsquedas de materia oscura, hay muchas otras en camino. Para leer sobre
algunas de éstas, eche una mirada a
http://hepwww.rl.ac.uk/ukdmc/dark_matter/other_searches.html.
[202] Esta afirmación ignora las aproximaciones con variables ocultas,
tales como la de Bohm. Pero incluso en dichas aproximaciones, querríamos
teleportar el estado cuántico de un objeto (su función de onda), de modo que
sería inadecuada una mera medida de la posición o la velocidad.
[203] El grupo de investigación de Zeilinger incluía también a Dick
Bouwmerster, Jian-Wi Pan, Klaus Mattle, Manfred Eibl y Harald Weinfurter, y en
el grupo de De Martini figuraban S. Giacomini, G. Milani, F. Sciarrino y E.
Lombardi.
[204] Para el lector que esté familiarizado con el formalismo de la
mecánica cuántica éstos son los pasos esenciales en la teleportación cuántica.
Imagine que el estado inicial de un fotón que tengo en Nueva York está dado por
|Ψ⟩1 = α|0⟩ 1 + β|l⟩1 donde |0⟩ y |l⟩, son los dos estados de polarización del fotón, y admitimos valores
definidos, normalizados, pero arbitrarios de los coeficientes. Mi objetivo es
dar a Nicholas suficiente información para que él pueda obtener un fotón en
Londres exactamente en el mismo estado cuántico. Para hacerlo, Nicholas y yo
adquirimos en primer lugar un par de fotones entrelazados en el estado,
digamos, |Ψ⟩23 =
(l/√2)|0 203> - (1/√2)|l2l3⟩. El estado inicial del sistema de tres fotones es
así |Ψ⟩ 23 = (α/√2){|010203⟩ - |(1/√2)|01l2l3⟩} + β/√2){|010203⟩ - |(1/√2)|l1l 2l3⟩}. Cuando yo realizo una medida de estado de Bell
sobre los fotones 1 y 2, proyecto esta parte del sistema en uno de los cuatro
estados |Φ⟩±= (1/√2){|0102> ± |l1l2⟩} y |Ω⟩±= (1/√2){|0112> ± |l 102⟩}. Ahora, si reexpresamos el estado inicial
utilizando esta base de estados propios para las partículas 1 y 2, encontramos
|Ψ⟩123 = ½{|Φ+ (α|0 3⟩ - β|l3⟩) + |Φ- (α|03 ⟩ + β|l3⟩) + ½{|Ω+ (α|l3⟩ + β|03⟩) + |Ω- (-α|l3⟩ - β|0 3⟩). Así pues, después de realizar mi medida, yo
«colapsaré» el sistema en uno de estos cuatro sumandos. Una vez que comunique a
Nicholas (por medios ordinarios) qué sumando encuentro, él sabe cómo manipular
el Fotón 3 para reproducir el estado original del Fotón 1. Por ejemplo, si yo
encuentro que mi medida da el estado |Φ-, entonces Nicholas no tiene
que hacer nada al fotón 3, puesto que, como se ha visto, ya está en el estado
original del fotón 1. Si yo encuentro cualquier otro resultado, Nicholas tendrá
que realizar una rotación adecuada (dictada, como usted puede ver, por el
resultado que yo encuentro), para colocar al Fotón 3 en el estado deseado.
[205] De hecho, el lector con inclinación matemática advertirá que no es
difícil demostrar el denominado teorema de no-clonación cuántica. Imagine que
tenemos un operador de clonación unitario U que toma cualquier estado dado como
input y produce dos copias del mismo como resultado (U aplica |α⟩→|α⟩|α⟩), para cualquier estado |α⟩. Nótese que U actuando sobre un estado como |α⟩|β⟩ da |α⟩|α⟩|β⟩|β⟩, que no es una copia doble del estado original (|α⟩+|β⟩)(|α⟩+|β⟩), y por ello no existe tal operador U para llevar a cabo la clonación
cuántica (esto fue demostrado por primera vez por Wooters y Zurek a comienzos
de la década de 1980).
[206] Muchos investigadores han estado involucrados en el desarrollo de
la teoría y la realización experimental de la teleportación cuántica. Además de
los discutidos en el texto, el trabajo de Sandu Popescu mientras estaba en la
Universidad de Cambridge desempeñó un papel importante en los experimentos de
Roma y el grupo de Jeffrey Kimble en el Instituto de Tecnología de California
ha sido pionero en la teleportación de propiedades continuas en un estado
cuántico, por citar algunos.
[207] Para progresos extraordinariamente interesantes sobre el
entrelazamiento de sistemas de muchas partículas, ver, por ejemplo, B.
Julsgaard, A. Kozhekin y E. S. Polzik, «Experimental long-lived entanglement of
two macroscopical objects», Nature 413 (Srpt. 2001), 400-403.
[208] Una de las áreas de investigación más excitantes y activas que
hace uso del entrelazamiento cuántico y la teleportación cuántica es el campo
de la computación cuántica para representaciones recientes a un nivel general
de la computación cuántica, ver Tom Siegfried, The Bit and the Pendulum (Nueva
York, John Wiley, 2000) y George Johnson, A Shortcut Through Time (Nueva York,
Knopf, 2003).
[209] Un aspecto del frenado del tiempo a velocidad creciente, que no
discutimos en el capítulo 3 pero que tendrá un papel importante en este
capítulo, es la denominada paradoja de los gemelos. La cuestión es simple de
enunciar: si usted y yo nos estamos moviendo uno con respecto al otro a
velocidad constante, yo pensaré que su reloj se está frenando con respecto al
mío. Pero puesto que usted tiene tantas razones como yo para afirmar que está
en reposo, usted pensará que el reloj en movimiento es el mío y, por lo tanto,
es el que se frena. Que cada uno de nosotros piense que el reloj del otro se
está frenando puede parecer paradójico, pero no lo es. A velocidad constante,
nuestros relojes seguirán alejándose y por eso no permiten una comparación
directa cara a cara para determinar cuál se está frenando «realmente». Y todas
las demás comparaciones indirectas (por ejemplo, si comparamos las horas que
marcan nuestros relojes mediante una llamada telefónica) implican un tiempo
transcurrido para cubrir la separación espacial, lo que necesariamente
introduce las complicaciones de las nociones de ahora de los diferentes
observadores, como en los capítulos 3 y 5. No voy a entrar en ello aquí, pero
cuando estas complicaciones de la relatividad especial entran en el análisis,
no hay contradicción en que cada uno de nosotros declare que el reloj del otro
se está frenando (ver, por ejemplo, E. Taylor y J. A. Wheeler, Spacetime
Physics, para una discusión completa y técnica pero elemental). Cuando las
cosas parecen hacerse más enigmáticas es si, por ejemplo, usted se frena, para,
da la vuelta y se dirige de nuevo hacia mí de modo que podamos comparar
nuestros relojes cara a cara, eliminando las complicaciones de las diferentes
nociones de ahora. Cuando nos encontramos, ¿qué reloj irá por delante? Ésta es
la denominada paradoja de los gemelos: si usted y yo somos gemelos, cuando nos
volvamos a encontrar ¿tendremos la misma edad, o uno de nosotros parecerá más
viejo? La respuesta es que mi reloj irá adelantado con respecto al suyo, si
somos gemelos, yo pareceré mayor. Hay muchas maneras de explicar por qué, pero
la más sencilla consiste en señalar que cuando usted cambia su velocidad y
experimenta una aceleración se pierde la simetría entre nuestras perspectivas,
usted puede afirmar definitivamente que se está moviendo puesto que, por
ejemplo, lo siente, o, utilizando la discusión del capítulo 3, su viaje a
través del espaciotiempo, a diferencia del mío, no ha seguido una línea recta
y, por ello, su reloj se frena con respecto al mío. Ha transcurrido menos
tiempo para usted que para mí.
[210] John Wheeler, entre otros, ha sugerido un posible papel central
para observadores en un universo cuántico resumido en su famoso aforismo:
«Ningún fenómeno elemental es un fenómeno hasta que es un fenómeno observado».
Usted puede leer más sobre la fascinante vida de Wheeler en la física en John
Archibald Wheeler y Kenneth Ford, Geons, Black Holes and Quantum Foam: A Life
in Physics (Nueva York, Norton, 1998). Roger Penrose también ha estudiado la
relación entre la física cuántica y la mente en su The Emperor’s New Mind y
también en Shadows of the Mind: A Searchfor the Missing Science of
Consciousness (Oxford, Oxford University Press, 1994). [Hay trad. cast.:
Sombras de la Mente, Crítica, Barcelona, 1996.]
[211] Ver, por ejemplo, «Reply to Criticisms» en Albert Einstein, vol. 7
de The Library of Living Philosophers, P.A. Schilpp, ed. (Nueva York, MJF
Books, 2001).
[212] W. J. van Stockum, Proc. R. Soc. Edin. A 57 (1937), 135.
[213] El lector experto reconocerá que estoy simplificando las cosas. En
1966, Robert Geroch, que era un estudiante de John Wheeler demostró que es
cuando menos posible, en principio, construir un agujero de gusano sin
des-garrar el espacio. Pero a diferencia de la aproximación más intuitiva y
rasgando el espacio para construir agujeros de gusano en la que la mera
existencia del agujero de gusano no implica viaje en el tiempo, en la
aproximación de Geroch la propia fase de construcción requeriría necesariamente
que el tiempo se distorsione tanto que uno podría viajar libremente hacia atrás
y hacia adelante en el tiempo (pero no antes del propio inicio de la
construcción).
[214] Hablando en términos aproximados, si usted atravesará una región
que contiene dicha materia exótica a una velocidad muy próxima a la de la luz y
tomase el promedio de todas las medidas de la densidad de energía que
detectara, la respuesta que encontraría sería negativa. Los físicos dicen que
dicha materia exótica viola la denominada condición de energía débil promedio.
[215] La realización más simple de materia exótica procede de las
fluctuaciones de vacío del campo electromagnético entre las placas paralelas en
el experimento de Casimir discutido en el capítulo 12. Los cálculos muestran
que el decrecimiento de las fluctuaciones cuánticas entre las placas, con
respecto al espacio vacío, implica densidad de energía promediada negativa
(tanto como presión negativa).
[216] Para una exposición pedagógica, pero técnica, de los agujeros de
gusano, ver Matt Visser, Lorentzian Wormholes: From Einstein to Hawking (Nueva
York, American Institute of Physics Press, 1996).
[217] Para el lector con inclinación matemática, recordemos de la nota 6
del capítulo 6 que la entropía se define como el logaritmo del número de
reordenamientos (o estados), y eso es importante para obtener la respuesta
correcta en este ejemplo. Cuando usted une dos recipientes Tupperware, los
diversos estados de las moléculas de aire pueden describirse dando el estado de
las moléculas de aire en el primer recipiente y, luego, dando el estado de las
del segundo. Así, el número de ordenamientos para los recipientes juntos es el
cuadrado del número de ordenamientos de cada uno de ellos por separado. Después
de tomar el logaritmo, esto nos dice que la entropía se ha duplicado.
[218] Usted advertirá que realmente no tiene mucho sentido comparar un
volumen con un área, pues se miden en unidades diferentes. Lo que en realidad
quiero decir aquí, como indica el texto, es que la tasa a la que crece el
volumen con el radio es mucho más rápida que la tasa a la que crece el área de
la superficie. Así pues, puesto que la entropía es proporcional al área de la
superficie y no al volumen, crece más lentamente con el tamaño de una región
que si fuera proporcional al volumen.
[219] Aunque esto capta el espíritu de la cota de entropía, el lector
experto reconocerá que estoy simplificando. La cota más precisa, como propuso
Rapharl Bousso, establece que el flujo de entropía a través de una
hipersuperficie nula (con un parámetro de concentración q no positivo en todas
partes) está acotado por A/4, donde A es el área de la sección eficaz de género
espacio de la hipersuperficie nula (la «ola de luz»).
[220] Más exactamente, la entropía de un agujero negro es el área de su
horizonte de sucesos, expresada en unidades de Planck, dividida por cuatro, y
multiplicada por la constante de Boltzmann.
[221] El lector con inclinación matemática quizá recuerde de las notas
finales al capítulo 8 que hay otra noción de horizonte, un horizonte cósmico,
que es la superficie divisoria entre aquellas cosas con las que un observador
puede y no puede estar en contacto causal. Se cree que tales horizontes también
soportan entropía, una vez más proporcional al área de su superficie.
[222] En 1971, el físico de origen húngaro Dennis Gabor fue galardonado
con el Premio Nobel por el descubrimiento de algo llamado holografía. Motivado
inicialmente por el objetivo de mejorar el poder de resolución de los
microscopios electrónicos, Gabor trabajó en la década de 1940 sobre modos de
captar una mayor cantidad de la información codificada en las ondas luminosas
que rebotan en un objeto. Una cámara, por ejemplo, registra la intensidad de
dichas ondas luminosas; lugares donde la intensidad es alta dan regiones más
brillantes en la fotografía, y lugares donde la intensidad es baja son más
oscuros. Gabor y muchos otros comprendieron, no obstante, que la intensidad es
sólo parte de la información que transporta la luz. Vimos esto, por ejemplo, en
la figura 4.2b: aunque la figura de interferencia está afectada por la
intensidad (la amplitud) de la luz (ondas de mayor amplitud dan una figura
global más brillante), la figura misma aparece debido a que las ondas que se
solapan procedentes de cada una de las rendijas alcanzan cresta, su vientre y
varias alturas en diferentes lugares a lo largo de la pantalla detectora. La
última información se denomina información de fase, se dice que dos ondas
luminosas en un punto dado están en fase si se refuerzan mutuamente (ambas
alcanzan una cresta o un vientre al mismo tiempo), fuera de fase si se cancelan
mutuamente (una alcanza una cresta mientras que la otra alcanza un vientre), y,
con más generalidad, tienen relaciones de fase intermedias entre estos dos
extremos en puntos donde se refuerzan parcialmente o se cancelan parcialmente.
Una figura de interferencia registra así información de fase de las ondas
luminosas que interfieren. Gabor desarrolló una manera de registrar, en una
película especialmente diseñada, tanto la intensidad como la fase de la luz que
rebota en un objeto. Traducido al lenguaje moderno, su aproximación es muy
similar al montaje experimental de la figura 7.1, salvo que uno de los dos
láseres rebota en el objeto de interés en su camino hacia la pantalla
detectora. Si la pantalla está revestida con una película que contiene una
emulsión fotográfica adecuada, registrará una figura de interferencia, en forma
de minúsculas líneas grabadas en la superficie de la película, entre el haz
directo y el que se ha reflejado en el objeto. La figura de interferencia
codificará tanto la intensidad de la luz reflejada como las relaciones de fase
entre los dos rayos de luz. Las ramificaciones de la idea de Gabor para la
ciencia han sido sustanciales, permitiendo enormes mejoras en un amplio abanico
de técnicas de medida. Pero para el público en general, el impacto más
destacado ha sido el desarrollo artístico y comercial de hologramas. Las
fotografías ordinarias se ven planas porque registran sólo la intensidad de la
luz. Para obtener profundidad, usted necesita información de fase. La razón es
que una onda luminosa que viaja va pasando de cresta a vientre y de nuevo a
cresta, y así la información de fase, o, más exactamente, las diferencias de
fase entre rayos de luz que se reflejan en partes vecinas de un objeto,
codifica diferencias en la distancia que han viajado los rayos luminosos. Por
ejemplo, si usted mira un gato de frente, los ojos del gato están un poco más
lejos que su nariz y esta diferencia de profundidad está codificada en la
diferencia de fase entre los rayos de luz que refleja cada elemento de la cara.
Al hacer pasar un láser a través de un holograma, somos capaces de explotar la
información de fase que registra el holograma, y así se añade profundidad a la imagen.
Todos hemos visto los resultados: sorprendentes proyecciones tridimensionales
generadas por trozos bidimensionales de plástico. Note, no obstante, que sus
ojos no utilizan información de fase para ver profundidad. En su lugar, sus
ojos utilizan paralaje: la ligera diferencia entre los ángulos a los que viaja
la luz procedente de un punto dado para alcanzar su ojo izquierdo y su ojo
derecho suministra información que su cerebro descodifica para obtener la
distancia al punto. Por eso es por lo que, por ejemplo, si usted pierde la
visión en un ojo (o simplemente lo mantiene cerrado durante un momento), su
percepción de profundidad se ve comprometida.
[223] Para el lector con inclinación matemática lo que se afirma aquí es
que un rayo de luz, o de partículas sin masa con más generalidad, puede viajar
de un punto en el interior de un espacio antideSitter al infinito espacial y
volver en tiempo finito.
[224] Para el lector con inclinación matemática, Maldacena trabajaba en
el contexto de AdS5 x S5, con la teoría frontera que aparece de la frontera de
AdS5.
[225] Ésta es una afirmación más sociológica que física. La teoría de
cuerdas salió de la tradición de la física de partículas cuántica, mientras que
la gravedad cuántica de lazo salió de la tradición de la relatividad general.
Sin embargo, es importante señalar que, hoy por hoy, sólo la teoría de cuerdas
puede entrar en contacto con las predicciones acertadas de la relatividad
general, puesto que sólo la teoría de cuerdas se reduce convincentemente a la
relatividad general en escalas de distancia grandes. La gravedad cuántica de
lazo se entiende bien en el dominio cuántico, pero puentear el hueco con los
fenómenos a gran escala se ha mostrado difícil.
[226] Más exactamente, como se discute en el capítulo 13 de El universo
elegante, hemos sabido cuanta entropía contienen los agujeros negros desde el
trabajo de Bekenstein y Hawking en la década de 1970. Sin embargo, la
aproximación que utilizaron estos investigadores era más bien indirecta, y
nunca identificaron los reordenamientos microscópicos, como en el capítulo 6,
que explicaran la entropía que encontraban. A mediados de la década de 1990,
esta laguna fue llenada por dos teóricos de cuerdas, Andrew Strominger y Cumrun
Vafa, que hábilmente encontraron una relación entre los agujeros negros y
ciertas configuraciones de branas en la teoría M/de cuerdas. Dicho de forma
aproximada, fueron capaces de establecer que ciertos agujeros negros especiales
admitirían exactamente el mismo número de reordenamientos de sus ingredientes
básicos (cualesquiera que pudieran ser dichos elementos) como lo hacen en
particular contribuciones especiales de las branas. Cuando contaron el número
de dichos reordenamientos de branas (y tomaron el logaritmo) la respuesta que
encontraron era el área del agujero negro correspondiente, en unidades de
Planck, dividida por 4, exactamente la respuesta para la entropía del agujero
negro que se había encontrado años antes. En la gravedad cuántica de lazo los
investigadores también han podido demostrar que la entropía de un agujero negro
es proporcional al área de su superficie, pero obtener la respuesta exacta
(área de la superficie en unidades de Planck dividida por cuatro) se ha
mostrado más difícil. Si se escoge de la forma apropiada un parámetro
particular, conocido como el parámetro de Immirzi, entonces la entropía exacta
del agujero negro emerge de las matemáticas de lá gravedad cuántica de lazo,
pero hasta ahora no hay ninguna explicación fundamental universalmente
aceptada, dentro de la propia teoría, de qué es lo que fija el valor correcto
de este parámetro.
[227] En este capítulo, estoy suprimiendo parámetros numéricos
cuantitativamente importantes pero conceptualmente irrelevantes.
Notas complementarias:
[i] Es habitual utilizar los términos centrífugo y centrípeto cuando
se describe el movimiento acelerado. Pero son meras etiquetas. Nuestra
intención es entender por qué el movimiento giratorio da lugar a una fuerza.
[ii] Hay debate sobre cuáles eran las ideas
exactas de Mach respecto a las materias que siguen. Algunos de sus escritos son
algo ambiguos y algunas de las ideas que se le atribuyen surgen de
interpretaciones posteriores de su obra. Puesto que él parece haber sido
consciente de estas interpretaciones y nunca las corrigió, algunos han sugerido
que él estaba de acuerdo con sus conclusiones. Pero haríamos un mejor servicio
a la exactitud histórica si cada vez que yo escribo «Mach argumentaba» o «ideas
de Mach», usted lo lee como «la interpretación dominante de una aproximación
iniciada por Mach»
[iii] Aunque me gustan los ejemplos con seres humanos porque establecen
una conexión inmediata entre la física que estamos discutiendo y las
sensaciones innatas, tienen la desventaja de que somos capaces de mover, a
voluntad, una parte de nuestro cuerpo con respecto a otra —de hecho, utilizar
una parte de nuestro cuerpo como referencia para el movimiento de otra parte
(como alguien que gira uno de los brazos con respecto a su cabeza)—. Hago
hincapié en movimiento de rotación uniforme —movimiento de rotación en el que
todas las partes del cuerpo giran a la vez— para evitar estas complicaciones
irrelevantes. Así, cuando hablo de la rotación de su cuerpo, imagine que, como
las dos piedras de Newton unidas por una cuerda o un patinador al final de un
ejercicio olímpico, cada parte de su cuerpo gira a la misma velocidad que todas
las demás.
[iv] Como las páginas de cualquiera de los libros de este tipo, las
páginas de la figura 3.3 sólo muestran instantes representativos. Esto puede
sugerirle la interesante pregunta de si el tiempo es discreto o es
infinitamente divisible. Volveremos más tarde a esta pregunta, pero por ahora
imagine que el tiempo es infinitamente divisible, de modo que nuestro libro
debería tener realmente un número infinito de páginas que interpolan las
mostradas.
[v] Es más fácil representar el espacio deformado, pero debido a su
íntima conexión, también el tiempo es deformado por la materia y la energía. Y
de la misma forma que una deformación del espacio significa que el espacio está
estirado o comprimido, como en la figura 3.10, una deformación en el tiempo
significa que el tiempo está estirado o comprimido. Es decir, relojes que
experimentan diferentes atracciones gravitatorias —como uno en el Sol y otro en
el espacio vacío— marchan a ritmos diferentes. De hecho, sucede que la
deformación del espacio producida por cuerpos ordinarios como la Tierra y el
Sol (frente a agujeros negros) es menos pronunciada que las deformaciones que
producen en el tiempo
[vi] En la relatividad especial —el caso particular de la relatividad
general en el que el campo gravitatorio es nulo— esta idea se aplica sin
cambios: un campo gravitatorio nulo sigue siendo un campo, uno que puede ser
medido y cambiado, y con ello proporciona un algo con respecto al cual puede
definirse la aceleración.
[vii] Para evitar complicaciones lingüísticas, estoy describiendo los
espines electrónicos como si estuvieran perfectamente correlacionados, incluso
si la descripción más convencional es una en la que están perfectamente
anticorrelacionados: cualquiera que sea el resultado que encuentre un detector,
el otro encontrará lo contrario. Para comparar con la descripción convencional,
imagine que en los detectores hemos intercambiado las etiquetas de sentido de
las agujas y sentido contrario a las agujas del reloj.
[viii] Muchos investigadores, incluyéndome a mí, creen que el argumento
de Bell y el experimento de Aspect establecen concluyentemente que las
correlaciones observadas entre partículas ampliamente separadas no pueden
explicarse por un razonamiento como el de Scully —razonamiento que atribuye la
correlación a nada más sorprendente que el hecho de que las partículas
adquirieron propiedades definidas cuando estuvieron (previamente) juntas—.
Otros han tratado de evitar o aminorar la sorprendente conclusión de no localidad
a la que esto nos ha llevado. Yo no comparto su escepticismo, pero en las notas
de la sección se citan algunas obras de divulgación que discuten algunas de
estas alternativas.
[ix] Potter Stewart fue miembro del Tribunal Supremo de Estados Unidos
Cuando le preguntaron cuál era para él la diferencia entre un filme obsceno y
un filme pornográfico, que tienen un tratamiento legal diferente, Stewart
contestó: «Lo sé cuando lo veo». (N. del t.)
[x] Escoja cualquier punto en la barra. Dibuje una rebanada que
incluya al punto y que corte a nuestra rebanada-ahora actual a un ángulo que
sea menor que 45°. Esta rebanada representará la rebanada-ahora —realidad— de
un observador distante que estaba inicialmente en reposo con respecto a
nosotros, como Chewie, pero que ahora se está moviendo con respecto a nosotros
a velocidad menor que la de la luz. Por diseño, esta rebanada incluye el punto
(arbitrario) en la rebanada que usted escogió casualmente.
[xi] Hay una excepción a esta afirmación que tiene que ver con cierto
tipo de partículas exóticas. En lo que concierne a las cuestiones discutidas en
este capítulo, considero probable que tengan poca relevancia y por eso no
volveré a expresar esta reserva. Si usted está interesado, se discute
brevemente en la nota 2.
[xii] Note que la simetría de inversión temporal no dice que el propio
tiempo esté invertido o «corriendo». Más bien, como hemos descrito, de lo que
trata la simetría de inversión temporal es de si los sucesos que ocurren en el
tiempo, en un orden temporal concreto, pueden ocurrir también en el orden
inverso. Una frase más apropiada sería inversión de sucesos o inversión de
procesos o inversión del orden de los sucesos, pero me atendré al término
convencional.
[xiii] La entropía es otro ejemplo de cómo la terminología complica las
ideas. No se preocupe de si tiene que recordarse repetidamente que baja
entropía significa alto orden y que alta entropía significa bajo orden (o, de
forma equivalente, alto desorden). Yo tengo que hacerlo a menudo.
[xiv] Recuerde que en las páginas anteriores mostramos la enorme
diferencia entre el número de configuraciones ordenadas y desordenadas de unas
simples 693 hojas de papel a doble cara. Ahora estamos discutiendo el
comportamiento de aproximadamente 10 24 moléculas de H2O,
de modo que la diferencia entre el número de configuraciones ordenadas y
desordenadas es inimaginable. Además, el mismo razonamiento vale para todos los
demás átomos y moléculas dentro de usted y dentro del entorno (cerebros,
cámaras de seguridad, moléculas de aire y demás). A saber, en la explicación
estándar en la que usted puede confiar en sus recuerdos, no sólo los cubos de
hielo parcialmente fundidos habrían empezado, a las 22.00, en un estado más
ordenado —menos probable— sino que así lo habría hecho todo lo demás: cuando
una cámara de vídeo registra una secuencia de sucesos, hay un aumento neto de
entropía (debido al calor y ruido liberado por el proceso de grabación);
análogamente, cuando un cerebro graba un recuerdo, aunque no entendamos tan bien
los detalles microscópicos, hay un aumento neto de entropía (el cerebro puede
ganar orden pero, como sucede con cualquier suceso que produce orden, si
tenemos en cuenta el calor generado, hay un aumento neto de entropía). Así
pues, si comparamos la entropía total en el bar entre las 22.00 y las 22.30 en
los dos escenarios —uno en el que usted confía en sus recuerdos y otro en el
que las cosas se organizan simultáneamente desde un estado inicial de desorden
para ser consistentes con lo que usted ve, ahora, a las 22.30— hay una enorme
diferencia de entropía. El último escenario, en cada paso del camino, tiene una
entropía enormemente mayor que el primer escenario, y así, desde el punto de
vista de la probabilidad, es enormemente más probable.
[xv] Es decir, un agujero negro de un tamaño dado contiene más entropía
que cualquier otra cosa del mismo tamaño.
[xvi] Incluso si pudiera parecer que la aproximación de suma sobre
historias de Feynman destaca el aspecto de partícula, es tan sólo una
interpretación particular de las ondas de probabilidad (puesto que implica
muchas historias para una sola partícula, cada una de las cuales da su
contribución probabilista), y por eso está recogida en el lado tipo onda de la
complementariedad. Cuando hablamos de que algo se comporta como una partícula,
siempre entendemos una partícula convencional que sigue una u otra trayectoria.
[xvii] Si encuentra esta sección difícil de seguir, puede pasar a la
siguiente sin pérdida de continuidad. Pero le animo a que trate de seguirla,
pues los resultados son verdaderamente extraordinarios.
[xviii] La mecánica cuántica, justificadamente, tiene reputación de ser
cualquier otra cosa que suave y gradual; más bien, como veremos explícitamente
en capítulos posteriores, revela un microcosmos agitado y turbulento. El origen
de esta agitación está en la naturaleza probabilista de la función de onda —
incluso si las cosas pueden ser de una manera en un momento, existe una
probabilidad de que sean significativamente diferentes un instante después— y
no en una cualidad agitada siempre presente de la propia función de onda.
[xix] Ir más allá de la metáfora bidimensional de la superficie de un
globo y tener un modelo esférico tridimensional es fácil matemáticamente pero
difícil de representar, incluso para los matemáticos y los físicos
profesionales. Usted podría estar tentado a pensar en una bola sólida
tridimensional, como una bola de bolos sin los agujeros para introducir los
dedos. Ésta, sin embargo, no es una forma aceptable. Queremos que todos los
puntos en el modelo estén en pie de igualdad, puesto que creemos que cada lugar
en el espacio es (en promedio) igual que cualquier otro. Pero la bola de bolos
tiene todo tipo de puntos diferentes: algunos están en la superficie exterior,
otros están en el interior, y uno está exactamente en el centro. En su lugar,
de la misma forma que la superficie bidimensional de un globo rodea una región
esférica tridimensional (que contiene el aire del globo), una aceptable forma
redonda tridimensional tendría que rodear una región esférica tetradimensional.
De modo que la superficie esférica tridimensional de un globo en un espacio
tetradimensional es una forma aceptable. Pero si eso aún le deja buscando una
imagen, haga simplemente lo que hacen todos los profesionales: atenerse a las
analogías de menor dimensión y más fáciles de visualizar. Éstas captan casi
todas las características esenciales. Más adelante consideraremos el espacio
plano tridimensional, frente a la forma redonda de un esfera, y ese espacio
plano puede visualizarse.
[xx] Dependiendo de si la velocidad de expansión del universo se está
acelerando o frenando con el tiempo, la luz emitida desde tales galaxias puede
luchar una batalla que enorgullecería a Zenón: la luz puede fluir hacia
nosotros a la velocidad de la luz mientras que la expansión del espacio hace
que la distancia que todavía le queda por cubrir sea cada vez mayor, lo que
impide que nos llegue la luz. Vea las notas de la sección para más detalles.
[xxi] Sustancia gelatinosa fácilmente moldeable. (N. del t.)
[xxii] De la misma forma que la pantalla del videojuego da una versión de
tamaño finito del espacio plano que no tiene bordes ni fronteras, hay versiones
en dimensión finita de una forma de silla de montar que tampoco tiene bordes ni
fronteras. No voy a discutir esto más, salvo para señalar que implica que las
tres curvaturas posibles (positiva, cero, negativa) pueden realizarse en formas
de tamaño finito sin bordes ni fronteras. (En principio, entonces, un
Magallanes espacial podría llevar a cabo una versión cósmica de su expedición
en un universo cuya curvatura esté dada por cualquiera de las tres
posibilidades.)
[xxiii] En el universo actual la materia es más abundante que la
radiación, de modo que es conveniente expresar la densidad crítica en unidades
más relevantes para la masa —gramos por metro cúbico—. Note también que, aunque
10-23 gramos por metro cúbico puede no parecer mucho, hay
muchos metros cúbicos de espacio en el cosmos. Además, cuanto más atrás miramos
en el tiempo, más pequeño es el espacio en el que está comprimida la
materia/energía, de modo que más denso se hace el universo.
[xxiv] Incluso si una reducción de simetría significa que menos
manipulaciones pasan desapercibidas, el calor liberado al entorno durante estas
transformaciones asegura que la entropía global —incluyendo la del entorno —
sigue aumentando.
[xxv] La terminología no es especialmente importante, pero brevemente,
éste es su origen. El valle en la figura 9.1c y 9. Id tiene una forma simétrica
—es circular— estando cada punto a la par con cualquier otro (cada punto denota
un valor del campo de Higgs de mínima energía posible). Pero cuando el valor
del campo de Higgs desliza por el cuenco, acaba en un punto concreto en el
valle circular, y al hacerlo selecciona «espontáneamente» un lugar en el valle
como especial. A su vez, los puntos en el valle ya no están todos en pie de
igualdad, puesto que uno ha sido seleccionado, y así el campo de Higgs perturba
o «rompe» la simetría que había antes entre ellos. Así, juntando las palabras,
el proceso por el que el campo de Higgs se desliza hasta un valor particular no
nulo en el valle se denomina ruptura espontánea de simetría. Más adelante en el
texto describiremos aspectos más tangibles de la reducción de simetría asociada
con dicha formación de un océano de Higgs.
[xxvi] Se trata de una famosa serie de televisión de la década de 1960.
(N. del t.)
[xxvii] Secretariat es un famoso caballo de carreras, ganador de los más
importantes premios en Estados Unidos. (N. del t.)
[xxviii] A medida que el universo se expande, la pérdida de energía de los
fotones puede observarse directamente porque sus longitudes de onda se estiran
—sufren un desplazamiento hacia el rojo— y cuanto mayor es la longitud de onda
de un fotón, menor es su energía. Los fotones del fondo de microondas han
sufrido este desplazamiento hacia el rojo durante 14.000 millones de años, lo
que explica sus largas longitudes de onda —en el rango de las microondas— y su
baja temperatura. La materia sufre una pérdida similar de su energía cinética
(la energía del movimiento de las partículas), pero la energía total ligada a
la masa de las partículas (su energía en reposo —la energía equivalente de su
masa, cuando están en reposo—) permanece constante.
[xxix] Aunque útil, la analogía de las bandas elásticas no es perfecta.
La presión negativa hacia adentro ejercida por las bandas elásticas impide la
expansión de la caja, mientras que la presión negativa del inflatón impulsa la
expansión del espacio. Esta diferencia importante ilustra la clarificación
resaltada en la página 357: en cosmología, no es que esa presión negativa
uniforme impulse la expansión (sólo las diferencias de presión dan fuerzas como
resultado, de modo que la presión uniforme, ya sea positiva o negativa, no
ejerce fuerza). Más bien, la presión, como la masa, da lugar a una fuerza
gravitatoria. Y la presión negativa da lugar a una fuerza gravitatoria
repulsiva que impulsa la expansión. Esto no afecta a nuestras conclusiones.
[xxx] Algunos investigadores, entre los que se incluyen Alan Guth y
Eddie Farhi, han investigado si se podría crear, hipotéticamente, un nuevo
universo en el laboratorio sintetizando una pepita de campo inflatón. Aparte
del hecho de que todavía no tenemos una verificación experimental directa de
que existe tal cosa como un campo inflatón, note que los 10 kilogramos del
campo inflatón tendrían que estar embutidas en un espacio minúsculo, de
aproximadamente 1026 centímetros de lado, y así la densidad
sería enorme —unas 1067 veces la densidad de un núcleo atómico—
mucho más allá de lo que podemos producir, ahora o quizá nunca.
[xxxi] No se confunda con esto: el estiramiento inflacionario de las
agitaciones cuánticas discutido en la última sección sigue produciendo una
minúscula e inevitable no uniformidad de aproximadamente 1 parte en 100.000.
Pero esa minúscula no uniformidad se superponía a un universo por lo demás
suave. Ahora estamos describiendo cómo puede darse la suave uniformidad
subyacente.
[xxxii] Por facilidad de escritura, consideraremos sólo campos que
alcanzan su mínima energía cuando sus valores son nulos. La discusión en el
caso de otros campos —campos de Higgs— es idéntica, excepto que la agitación
fluctúa en tomo al valor no nulo, de mínima energía, del campo. Si usted se
siente tentado a decir que una región del espacio está vacía sólo si no hay
materia presente y todos los campos están ausentes, y no sólo que tienen el
valor cero, vea las notas de la sección.
[xxxiii] El resto de este capítulo vuelve a contar el descubrimiento de la
teoría de supercuerdas y discute las ideas esenciales de la teoría en relación
con la unificación y la estructura del espaciotiempo. Los lectores de El
universo elegante (especialmente los capítulos 6 a 8) estarán familiarizados
con buena parte de este material, y deberían sentirse libres para leer por
encima este capítulo y pasar al siguiente.
[xxxiv] Podría señalar que los defensores de otra aproximación para
fusionar la
relatividad general y la mecánica cuántica, la gravedad cuántica de
lazo, que
se discutirá brevemente en el capítulo 16, adoptan un punto de vista que está
más próximo a la primera conjetura —que el espaciotiempo tiene una
estructura discreta en la menor de las escalas.
[xxxv] La relación con la masa que surge de un océano de Higgs se
discutirá más adelante en el capítulo.
[xxxvi] Funámbulo de origen francés que saltó a la fama al recorrer un
cable tendido entre las Torres Gemelas de Nueva York. (N. del t.)
[xxxvii] Si usted contara izquierda, derecha, sentido de las agujas,
sentido contrario a las agujas por separado, concluiría que el gusano puede
moverse en cuatro direcciones. Pero cuando hablamos de direcciones
«independientes», siempre agrupamos las que yacen a lo largo del mismo eje
geométrico —como izquierda y derecha, y también sentido de las agujas y sentido
contrario a las agujas.
[xxxviii] Déjeme prepararle para un desarrollo relevante que encontraremos
en el próximo capítulo. Los teóricos de cuerdas han sabido durante décadas que
las ecuaciones que utilizan generalmente para analizar matemáticamente la
teoría de cuerdas son aproximadas (las ecuaciones exactas se han mostrado
difíciles de identificar y entender). Sin embargo, la mayoría piensa que las
ecuaciones aproximadas son suficientemente precisas para determinar el número
requerido de dimensiones extras. Más recientemente (y para conmoción de la
mayoría de los físicos que trabajan en este campo), algunos teóricos de cuerdas
demostraron que en las ecuaciones aproximadas faltaba una dimensión; ahora se
acepta que la teoría necesita siete dimensiones extras. Como veremos, esto no
compromete el material discutido en este capítulo, pero muestra que encaja
dentro de un marco mayor y, de hecho, más unificado.
[xxxix] El nombre más preciso para estas entidades adhesivas es p-branas
de Dirich- let, o D- p-branas para abreviar. Aquí nos atendremos al más corto
p-brana.
[xl] Hay incluso una propuesta, de Lisa Randall, de Harvard, y Raman
Sundrum, de Johns Hopkins, en la que la gravedad también puede estar atrapada,
no por una brana adhesiva, sino por dimensiones extras que se curvan de la
forma correcta, lo que relaja aún más las ligaduras sobre su tamaño.
[xli] John Hancock fue uno de los firmantes de la Declaración de
Independencia de EE.UU. Su firma se hizo famosa por ser la más legible e
inmediatamente reconocible de todos los firmantes. (N. del t.)
[xlii] Einstein in Drag-, juego de palabras con el frame dragging de que
trata esta sección. (N. del t.)
[xliii] Una de éstas es el proyectado Láser Interferometer Space Antenna
(LISA), una versión de LIGO en el espacio que comprende varias naves
espaciales, separadas a millones de kilómetros, que desempeñan el papel de los
tubos de cuatro kilómetros de LIGO. Hay también otros detectores que están
desempeñando un papel crítico en la búsqueda de ondas gravitatorias, entre los
que se incluyen el detector alemán GEO600, el detector franco-italiano VIRGO, y
el detector japonés TAMA300.
[xliv] Puesto que la teleportación empieza con algo aquí y trata de hacer
que aparezca en un lugar distante, en esta sección hablaré con frecuencia como
si las partículas tuvieran posiciones definidas. Para ser más preciso debería
decir siempre, «empezando con una partícula que tiene una alta probabilidad de
ser localizada aquí» o «empezando con una probabilidad del 99 por 100 de ser
localizada aquí», y utilizar un lenguaje similar donde la partícula es
teleportada, pero por brevedad utilizaré el lenguaje más vago.
[xlv] Recordemos que DeLorean era la marca del automóvil que se
utilizaba como máquina del tiempo en la película Regreso al Futuro. (N. del t.)
[xlvi] Para colecciones de partículas —frente a partículas individuales—
el estado cuántico codifica también la relación de cada partícula de la
colección con todas las demás. Así, reproduciendo exactamente el estado
cuántico de las partículas que constituyen el DeLorean, aseguramos que todas
están en ]a misma relación con las demás; el único cambio que experimentan es
que su localización global se habrá desplazado de Nueva York a Londres.
[xlvii] La fragilidad del cuerpo humano es otra limitación práctica: la
aceleración requerida para alcanzar esas altas velocidades en una longitud de
tiempo razonable está mucho más allá de lo que el cuerpo puede soportar.
Nótese, también, que el frenado del tiempo da una estrategia, en principio,
para alcanzar lugares distantes en el espacio. Si un cohete dejara la Tierra y
se dirigiera a la galaxia Andrómeda, viajando a un 99,999999999999999999 por
100 de la velocidad de la luz, tendríamos que esperar casi 6 millones de años
para que volviera. Pero a esa velocidad, el tiempo en el cohete se frena con
respecto al tiempo en la Tierra de forma tan espectacular que a su regreso el
astronauta habría envejecido sólo 8 horas (dejando aparte el hecho de que no
podría haber sobrevivido a la aceleración necesaria para alcanzar esa
velocidad, dar la vuelta y finalmente detenerse).
[xlviii] Por supuesto, realmente debería decir 1 de enero de 1966, pero no
nos preocupemos por eso.
[xlix] Para detalles sobre la dualidad geométrica que implica tanto
círculos como formas de Calabi-Yau, ver El universo elegante, capítulo 10.
[l] Si usted es reacio a enmendar a Platón, el escenario mundobrana da
una versión de una holografía en la que las sombras son devueltas a su lugar
adecuado. Imagine que vivimos en una tres-brana que rodea una región de cuatro
dimensiones (igual que la piel bidimensional de una manzana rodea al interior
tridimensional de la manzana). El principio holográfico en esta situación diría
que nuestras percepciones tridimensionales serían las sombras de física
tetradimensional que tienen lugar en la región rodeada por nuestra brana.
CONTENIDO
Agradecimientos
Prefacio
Parte I. La realidad de la arena
1. Caminos a la realidad
2. El universo y el cubo
3. La relatividad y lo absoluto
4. Entrelazando el espacio
Parte II. Tiempo y experiencia
5. El río congelado
6. El azar y la flecha
7. El tiempo y lo cuántico
Parte III. Espacio tiempo y cosmología
8. De copos de nieve y el espaciotiempo
9. Evaporando el vacío
10. Deconstruyendo el bang
Parte IV. Orígenes y unificación
11. Los cuantos en el cielo con diamantes
12. El mundo en una cuerda
Parte V. Realidad e imaginación
13. El universo en una brana
14. Arriba en el cielo y abajo en la Tierra
15. Máquinas teleportadoras y máquinas del tiempo
16. El porvenir de una alusión
© 2001 Patricio Barros y Antonio Bravo

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