© Libro N° 8932. ¿Cómo se produjo el origen del hombre? Fernando Ramírez Rozzi. Emancipación. Agosto 14 de 2021.
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¿Cómo se produjo el origen del hombre?
Fernando Ramírez Rozzi
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Ramírez Rozzi
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¿CÓMO SE PRODUJO EL ORIGEN DEL HOMBRE?
Fernando Ramírez Rozzi
¿Cómo Se Produjo El Origen Del Hombre?
Fernando Ramírez Rozzi
¿Cómo se produjo el origen del hombre?*
Fernando Ramírez Rozzi
Centre National de la Recherche Scientifique, Dynamique de I'Evolution
Humaine Station M.
Berthelot, Meudon la Forêt, Francia.
El hombre, único representan-te actual de los homínidos, se distingue
del resto de los pri-mates por la marcha bípeda (bipedismo) y el gran
desarro-llo del cerebro (encefaliza-ción). Por lo tanto, toda expli-cación que
quiera responder a la pregunta de cómo se produ-jo el origen del hombre debe
dar cuenta de la aparición de estas características.
El bipedismo y la encefaliza-ción son el resultado de un proceso
evolutivo que comenzó hace 4,2 millones de años en África Oriental como
consecuencia del cambio del clima y su influencia sobre el hábitat donde vivían
los primeros homínidos.
Hasta hace muy pocos años, la idea que se tenía sobre la evolu-ción del
hombre era muy sencilla, al extremo de representarla
* Procedencia: CIENCIA HOY-
Volumen 9, nº.54. -1999 - Revista de Divul-gación Científica y Tecnológica de
la Asociación Ciencia Hoy.
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como una simple línea a lo largo de la cual una especie daba origen a la
siguiente.
Este limitado conocimiento llevaba a considerar la evolución del hombre
como una mera sucesión de especies pero no incluía explicaciones que dieran
cuenta de las causas que determinaron dicha evolución. En los últimos años, con
el desarrollo de nue-vas áreas de estudio y el gran aumento de especialistas
dedica-dos al tema, se ha alcanzado no solo un mejor conocimiento de las
especies que forman el pasado evolutivo del hombre sino que, lo que es aún más
importante y atractivo, se está empezan-do a comprender cómo se produjo la
evolución del hombre. En particular, ahora se conocen las causas que produjeron
la aparición de los homínidos (familia Hominidae en la cual está incluída el
hombre) y cómo, luego, tuvo lugar la aparición del hombre (género Homo).
¿El hombre desciende del mono?
La frase afirmación -el hombre desciende del mono- es tomada por muchos
como que el hombre tiene una filiación directa, esto es una relació de
ancestro- des-cendiente, con alguna de las es-pecies de monos existentes en la
actualidad.
En particular, se cree que el hombre desciende del chimpancé. Esta idea,
más común de lo que uno se puede imaginar, va acompañada en general por una
representación en la cual la evo-lución del hombre aparece como una cadena en
cuyo extremo izquierdo figura el chimpancé (el ancestro) y en el extremo
de-recho el hombre (el descendiente).
La posición correcta no es esta sino aquella que postula que el hombre
desciende de un antepasado común con el mono (ver figura). En particular, se
considera que el chimpancé y el gorila, denominados en conjunto grandes monos
africanos, poseen un antepasado común con el hombre. Esto significa que durante
un período de tiempo, la historia evolutiva del gorila y del chim-pancé fue la
misma que la del hombre. Esto terminó hace 6 mi-llones de años cuando las
historias evolutivas comienzan a di-vergir. Existen dudas acerca de cuáles de
los grandes monos africanos inició primero una historia evolutiva propia. Lo
más probable es que hace 6 millones de años la historia evolutiva del gorila
haya seguido un camino propio, diferente a la historia evolutiva hombre-chimpancé.
A su vez, la historia evolutiva del chimpancé habría comenzado a ser distinta
de la del hombre hace 5 millones de años, momento en que habría vivido el
an-cestro común a estas dos especies.
Los homínidos y las tres etapas de su evolución
La especie humana es la única especie viviente del grupo de los
homínidos. Bajo este nombre se agrupan también las especies fósiles (ya
extinguidas) de hombres y el género Australo-pithecus. Para evitar referencias
a causas finales (del tipo "esto sucedió para que...") se omitirán
términos como "origen o evo-lución del hombre" y se llamará a este
proceso hominización o evolución de los homínidos. Esta evolución ocupa tres
grandes etapas sucesivas:
La primera se extiende desde hace 4,2 millones de años, cuando aparecen
los primeros homínidos, hasta hace 2,8 millones de años. Los homínidos de esta
etapa han sido hallados principal-mente en África Oriental: Etiopía, Kenia y
Tanzania, pero recientemente también se han encontrado restos de ellos en
África Central (Chad) y Meridional (República Sudafricana).
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Huellas de pisadas halladas en Laetoli (Tanzania) producidas hace 3.6
millones de años por homínidos. Estas huellas, dejadas por dos individuos, son
la prueba irrefuta-ble de que los Australopithecus eran capaces de locomoción
bípeda mucho antes de la aparición de los primeros hombres.
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Los homínidos de este período se agrupan bajo el nombre de
Australopithecus, es probable sin embargo que algunos de ellos estén
estrechamente vinculados con el género Homo. De este período proviene Lucy, un
esqueleto incompleto de un individuo que vivió hace un poco más de 3 millones
de años en Hadar (Etiopía). Los homínidos de esta etapa se caracterizan por una
baja capacidad craneana, no mayor a la de un chimpancé actual. Su cráneo se
ubicaba detrás del rostro y, al igual que el chim-pancé, presentaban un
prognatismo acentuado (esto es, la man-díbula se proyecta por delante del resto
de la cara). A diferencia del chimpancé, sus dientes caninos eran pequeños.
Aunque la forma del cuerpo de estos homínidos indica que todavía conser-vaban
una vida arborícola, lo más llamativo es que eran capaces de marchar sobre los
miembros posteriores (bipedismo). Este hecho está demostrado por el
espectacular descubrimiento reali-zado en 1979 en Laetoli (Tanzania) de pisadas
fósiles prove-nientes de hace 3,6 millones de años.
La segunda etapa de la evolución de los homínidos se extiende desde hace
2,8 hasta hace 1 millón de años. Comprende nume-rosas especies de homínidos
cuyo cerebro es más voluminoso que el de las especies que les precedieron.
Hasta hace poco, los Australopithecus de este periodo eran separados en
"gráciles" y "robustos". Esta diferencia se basaba
solamente en el desarrollo del aparato masticador y no, como se creyó durante
mucho tiempo, en diferencias de peso o tamaño. Si bien las especies llamadas
"robustas" son identificables como tales, los nuevos hallazgos
realizados en África Oriental y Meridional han hecho perder sentido al término
"grácil" para designar las especies no robustas de Australopithecus.
LosAustralpithecus "robustos" han sido hallados en África
Oriental y Meridio-nal. Se caracterizan por una faz ancha con un aplanamien-to
anterior, una marcada reducción de los dientes ante-riores (incisivos y
caninos) y un gran desarrollo en tama-ño de los dientes posteriores
(premo-lares y molares) que muestran un esmal-te dentario hiperes-peso. Estas
caracte rísticas más una mandíbula robusta y la presencia de grandes crestas en
los huesos del cráneo debidas a la inserción de poten-tes músculos, indican el
desarrollo de un poderoso aparato de masticación (ver figura 3).
Diferencias entre los cráneos de australopithecus “no robustos” y
“robustos” comparados con el cráneo de un hombre moderno.
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Son muy pocos, sólo tres, los restos datados en aproximadamen-te 2.5
millones de años atribuidos al género Homo. Uno de ellos es esta mandíbula
procedente del sitio Uraha en Malawi. Su morfo-logía recurda la de especies de
Homo de aparición posterior, por esta razón se la puede reconocer como
representante de los prime-ros hombres.
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Este se habría originado como adaptación a una alimentación herbívora y
coriácea (esto es, de material duro y fibroso) lo que induce a pensar que los
Australopithecus "robustos" vi-vían en un medio seco y abierto de
tipo sabana.
Los Australopithecus "no robustos" se diferencian de los
ante-riores por la ausencia de todos los rasgos propios de una masti-cación
poderosa. Presentan un cierto prognatismo, un cráneo redondeado con un foramen
magnum (el orificio por donde pasa la médula espinal para conectarse con los
otros componentes del sistema nervioso central de localización endocraneana)
ubicado en la base del cráneo lo que es un indicio de la capacidad para la
locomoción bípeda (ver figura 3). Sin embargo, varias caracte-rísticas de estos
Australopithecus recuerdan a las de los grandes monos, lo que induce a pensar
que otro(s) tipo(s) de locomoción acompañaban al bipedismo. El régimen
alimenticio debió haber sido de tipo frugívoro incluyendo también elementos
coriáceos.
Los primeros representantes del género Homo provienen de esta etapa, y
han sido datados como procedentes de hace 2,5 millo-nes de años (ver figura 4).
Se caracterizan por un cráneo más voluminoso que el de los Australopithecus
ubicado por encima y no detrás del rostro. El prognatismo es menor que en el
Austra-lopithecus y los dientes, en particular los premolares, son más
estrechos. Las características del cuerpo en relación al modo de locomoción no
están bien definidas, ya que hay individuos cuyo bipedismo es casi idéntico al
del hombre actual, mientras que otros reflejan una gran adaptación a la vida
arborícola.
Durante este período, tiene una gran expansión geográfica el género
Homo. En Asia (Indonesia), sus representantes más anti-guos han sido datados en
1,9 millones de años y en la periferia asiática de Europa (Georgia), en 1,8
millones de años.
En esta etapa también hacen su aparición los primeros utensi-lios,
datados en alrededor de 2,5 millones de años. No es posible atribuir con
certeza estos utensilios a algún homínido en particu-lar. Lo más probable es
que todas las especies de homínidos, y no solo el hombre, los hayan usado, ya
que la anatomía de la mano de los Australopithecus sugiere que estos eran
capaces de efectuar una prensión fina y manipular objetos con delicadeza y
precisión.
Los Australopithecus "no robustos" se extinguieron hace 1,8
millones de años y los últimos representantes de los Australo-pithecus
"robustos" fueron hallados en depósitos de 1 millón de años de
antigüedad.
En la tercera etapa, que se extiende desde hace un millón de años hasta
el presente, los únicos homínidos representados son los hombres. Su capacidad
craneana aumenta y su locomoción adquiere las características propias de la
locomoción bípeda del hombre actual. Se asiste también a una gran diversidad
cultural.
El hombre moderno (Homo sapiens) hizo su aparición en África hace
alrededor de 200.000 años y desde allí en sucesivas oleadas se expandió hacia
los otros continentes reemplazando a las espe-cies más antiguas de Homo, las
que se fueron extinguiendo.
La distinción entre el Homo y otros homínidos
La división en tres etapas que se esbozó arriba proporciona una visión
muy simplificada de la evolución de los homínidos. Sin embargo, pone en
evidencia que es necesario tener presente que las diferencias entre los
homínidos no son cualitativas sino cuantitativas. Así, las especies del género
Homo se diferencian de las especies de Australopithecus en el tamaño o grado de
desarrollo de una serie de características morfológicas (ver fig.3).
Además, la evolución se produce en mosaico, esto significa que mientras
algunas características cambian, otras permanecen estables. Por lo tanto, la
separación entre lo que es y lo que no es Homo se vuelve arbitraria. Por este
motivo, se prefiere hablar de tendencias y no de características para definir a
las especies o a los grupos de especies.
La marcha bípeda se halla presente en todos los homínidos, aun en los
más antiguos, mientras que está ausente en los otros gru-pos de primates (el
orden de los Primates, incluye los prosimios o primates inferiores [como los
lemures], los monos, los grandes simios sin cola [gorilas, chimpancés,
orangutanes y gibones] y el hombre).
El aumento en la capacidad craneana es muy manifiesto desde los primeros
hasta los últimos representantes evolutivos del gé-nero Homo. Puede afirmarse
entonces que los homínidos se ca-racterizan por una tendencia al bipedismo y
los hombres por una tendencia a la encefalización (aumento del tamaño del
encéfalo, término que designa a las estructuras del sistema nervioso que se ubican
en el interior de cráneo). Por lo tanto, toda hipótesis que quiera dar una
explicación sobre cómo se produjo la aparición de los homínidos y del hombre
deberá explicar la aparición del bipedismo y de la encefalización.
¿Cómo se produjo la evolución de los homínidos?
Lograr una explicación sobre cómo han interactuado los diferen-tes
mecanismos que participan en la evolución biológica para que ocurra la
transformación de una especie en otra, no es nada sencillo. Se conoce que la
dinámica básica de este proceso con-siste en que ciertas mutaciones (esto es,
cambios heredables en los genes) resultaron ventajosas en un momento
determinado al aumentar la capacidad de sobrevivencia frente a ciertas
condi-ciones del medio (presiones de selección). Determinar las condi-ciones de
vida de los homínidos y las presiones de selección a las que fueron sometidos
constituye el aspecto más atrapante de la paleoantropología porque este tipo de
estudios requiere la síntesis de conocimientos de diversas disciplinas, tales
como la climatología, la sedimentología, el paleomagnetismo, la ecolo-gía, la
paleontología de vertebrados y de invertebrados, la pa-leobotánica, la
antropología, la anatomía comparada, entre otras.
Sobre esta base se construye una representación del medio am-biente, de
sus cambios y de la influencia que este tuvo sobre las especies. A esta
representación se la llama escenario.
La evolución del clima y del medio así como las presiones de selección
ejercidas sobre los prehomínidos y posteriormente sobre el precursor del
hombre, permite reconstruir escenarios de cómo se produjo la aparición de los
homínidos y como sucedió el origen del hombre.
El grupo geológico del río Omo
Los depósitos datados entre 3 y 2 millones de años no son abun-dantes,
se encuentran en áfrica Oriental, alrededor del lago Tur-kana, en Etiopía y
Kenia, formando el Grupo geológico del Omo. Estos cubren en forma continua un
período que va desde antes de 3 a después de 2 millones de años. Los sedimentos
son fluviales, deltaicos y lacustres, intercalados con niveles de ceni-za
volcánica (tufa). Las tufas del Grupo del Omo han permitido una datación
precisa y continua de los depósitos, además son utilizadas para separar los
estratos sucesivos en unidades geoló-gicas. En cada unidad geológica, la
asociación de fauna y flora fue caracterizada y datada permitiendo describir
los cambios ambientales.
El bipedismo, la aparición de los homínidos
La teoría de la deriva continental sostiene que la corteza terres-tre
está compuesta de placas que se despla-zan y con ellas los continentes. Las
pla-cas, en su desplaza-miento pueden chocar o separarse. Así, las
correspondientes a África y a América del Sur se separan alrededor de 2
centí
metros por año mientras que la placa correspondiente a la India choca
con la asiática produciendo el levantamiento y el plega-miento del Himalaya y
del macizo tibetano.
La zona de separación entre dos placas se conoce como rift. De-bido a su
inestabilidad geológica, numerosos volcanes se desa-rrollan en las regiones de
los rift. Hace 17 millones de años co-menzó a desarrollarse un rift al Este del
continente africano (ver figura 5); se encuentra sumergido en el Mar Rojo, se
prolonga a lo largo de Etiopía atravesándola de Noreste a Sudoeste y conti-nua
hacia el Sur en dos brazos originando una serie de lagos: Turkana, Tanganika,
Victoria, Alberto y finalmente Malawi (ver figura 6). Denominado rift Valley o
valle de rift, separa el Africa Oriental o Cuerno de Africa del resto del
continente.
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Figura 6- Extremo sur del rift Valley (o valle de rift) en el actual
Malawi
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Hasta hace 10 millones de años, la selva ecuatorial y la sabana arbórea
(la sabana es un tipo de vegetación que se desarrolla en climas cálidos y que
se caracteriza por árboles dispersos y un manto continuo de pasto alto) se
extendían del trópico de Cáncer al trópico de Capricornio desde el golfo de
Guinea hasta el Océano Índico. En esta época se registra una reactivación del
valle de rift que conduce a la formación de murallas y a la ele-vación del
conjunto de África Oriental. Esto provocó la separa-ción en dos partes de la
banda continua de vegetación que se extendía del Golfo de Guinea al Océano
Índico: la occidental, influenciada siempre por la humedad y las
precipitaciones pro-venientes del Atlántico, conservó las características de
selva ecuatorial y sabana arbórea; mientras que en la zona oriental, al este
del valle de rift, la vegetación cambió paulatinamente a me-dida que la humedad
y las precipitaciones provenientes del Atlántico eran detenidas sobre el lado
oeste de la cadena monta-ñosa formada por el rift. Es así como la selva
tropical y la saba-na arbórea del Africa Oriental fueron desapareciendo y
siendo reemplazadas por una vegetación herbácea originando un am-biente cada
vez más abierto (ver figura 7).
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Figura 7- Evolución del medio y cambio de la fauna y de la flora en
Africa Oriental en el período que va desde 8 hasta 1,8 millones de años atrás.
Durante ese período, y como conse-cuencia de la activación del valle de rift y
la consecuente ecuatorial fue reemplazada por un ambiente cada vez más abierto.
Este cambio del medio generó una fuerte presión de selección que se considera
responsa-ble de la aparición de los homínidos.
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¿Cómo se produjo el origen del hombre? Continuación
De acuerdo con los indicios fósiles, el ancestro común de los homínidos
y de los grandes monos africanos habitaba esta zona. Los cambios geográficos
primero y del ambiente después divi-dieron en dos las poblaciones de este
ancestro, unas al este y otras al oeste del rift en el África Ecuatorial. Cada
población siguió su propia evolución, determinada en gran medida por el
ambiente en que habitaba. Según esta hipótesis, llamada
"am-bientalista", las poblaciones al oeste del rift Valley que conti-nuaron
viviendo en un ambiente de tipo selva habrían dado ori-gen al gorila y al
chimpancé, especies que se encuentran actual-mente en esa región; mientras que
las poblaciones al este del rift, donde la selva fue desapareciendo, habrían
evolucionado originando a los homínidos.
La adquisición del bipedismo debió haber sido un proceso gra-dual. Muy
probablemente la especie antecesora de los homíni-dos ya era capaz de un tipo
de desplazamiento cercano al bipe-dismo. Esta marcha casi bípeda habría sido
utilizada como me-dio de desplazamiento en los árboles. A medida que los
árboles fueron desapareciendo, quienes pudieran desplazarse sobre sus miembros
posteriores habrían estado en mejores condiciones para incursionar en las áreas
abiertas del medio.
Los indicios indican que un ambiente arbóreo aún persistía en África
Oriental hace 3 millones de años, sin embargo los restos óseos así como las
pisadas fósiles halladas en Laetoli (ver figura
3) que provienen de hace 3,6
millones de años indican, sin lugar a dudas, que los primeros homínidos ya se
desplazaban en forma bípeda y eran capaces de explotar los recursos de un medio
abierto.
La marcha bípeda ha debido tener un gran valor en el proceso de
adaptación a un ambiente abierto. El ponerse de pie sobre los miembros
posteriores debe haber permitido a los primeros ho-mínidos, una vez en el
suelo, elevarse por sobre las hierbas y escudriñar los alrededores en busca de
alimentos y/o en preven-ción de fieras al acecho.
Es probable que la alimentación de los primeros homínidos es-tuviera
basada prácticamente en semillas y/o frutos que obtenían en árboles
distribuidos de forma dispersa. El desplazamiento de un árbol a otro se habría
realizado sobre dos pies para hacerlo más rápido, economizando energía y
aumentando así la eficacia de la recolección de alimentos. Es probable también
que los primeros homínidos hayan tenido una mayor eficiencia repro-ductora,
teniendo crías con bastante frecuencia. Una ventaja adicional del bipedismo es
la liberación de las manos las que entonces podrían haber sido utilizadas por
las hembras para tras-ladar la cría y por los machos para transportar alimentos
desde los lugares de recolección o caza al sitio donde se encontraba su grupo.
La liberación de las manos también habría permitido su uso en la
fabricación y el transporte de los utensilios necesarios para compensar, en el
caso de la alimentación, una dentición poco poderosa y, en el caso de la
defensa, caninos poco desarrollados.
A pesar de que la hipótesis ambientalista tiene aspectos critica-bles,
ella es importante porque pone de relieve la influencia del cambio ambiental en
el origen de los homínidos. En el caso de África Oriental estos cambios habrían
actuado como una presión de selección cuya influencia fue determinante en la
aparición del bipedismo, característica propia de los homínidos, hace 5-6
mi-llones de años.
Paleoambiente
Los ambientes en períodos geológicos pasados (paleoambientes) son
inferidos a partir de la fauna y la flora fósil. Si bien la flora puede ser
descripta gracias a los restos fósiles de troncos u ho-jas, estos rara vez
están conservados. Por eso la mejor forma de describir la flora fósil es
mediante el estudio de los granos de polen (palinología) conservados en el
sedimento. Los granos de polen son las células reproductivas masculinas de las
plantas cuya capa externa, la exina, es muy dura y resistente y presenta una
morfología propia en cada especie. De esta manera, el análi-sis de los granos
de polen permite reconocer qué especies esta-ban representadas y cuáles
predominaban en cada nivel geológi-co.
En la estepa o la sabana, la vegetación de tipo herbácea predo-mina
sobre los arbustos o los arboles. Si el análisis polínico in-dica que los
granos de polen de especies herbáceas son más abundantes, es muy probable que
el sedimento analizado haya sido formado en un ambiente abierto, de tipo estepa
o sabana. En cuanto a la fauna fósil, la asociación de especies en un nivel
geológico determinado es comparada con las asociaciones fau-nísticas actuales
de distintos ambientes para determinar a cuál se asemeja más e inferir así el
hábitat en el que habitó dicha fauna fósil. Por ejemplo, especies adaptadas a
la carrera como las ce-bras, los impalas y los chitas habitan ambientes
abiertos como la estepa o la sabana. Restos fósiles de estos grupos indicarán
la presencia de un paleoambiente abierto.
Si los fósiles no tienen representantes actuales se sigue el mismo tipo
de razonamiento, pero esta vez haciendo hincapié en ciertos aspectos de la
morfología. Por ejemplo, si en una especie fósil se comprueba que los huesos de
las extremidades han sido fusiona-dos y el contacto con el suelo es realizado
solo por el extremo de un dedo (condición observada en el caballo actual y en
las ce-bras) es dable inferir que la especie fósil estaba adaptada a la carrera
y que por lo tanto habitaba un ambiente abierto. Los dientes son de suma
importancia para inferir los paleoambientes. De acuerdo con el crecimiento,
existen básicamente dos tipos de dientes, el braquiodonte y el hipsodonte. Los
dientes braquiodontes son aquellos formados en un corto período en la vida del
individuo, como son los dientes del hombre. En los dientes hip-sodontes, al
contrario, el crecimiento es continuo y la formación de dientes puede
prolongarse durante toda la vida del individuo, como es el caso de los
incisivos de los roedores. Los dientes molares hipsodontes son característicos
de varios grupos de mamíferos, en particular de aquellos cuyo régimen
alimenticio es herbívoro (caballo, antílope, etc.). Las hierbas poseen células
que contienen cristales de sílice, un mineral muy duro y abrasivo que produce
un fuerte desgaste de los dientes.
A medida que el diente es gastado por la abrasión, el crecimien-to
continuo permite que reponga este desgaste y sea siempre utilizable. Por lo
tanto, se supone que los dientes hipsodontes son una respuesta, una adaptación,
a este fuerte desgaste. La presencia de molares hipsodontes en especies fósiles
indican entonces que estas vivían en un ambiente abierto de tipo estepa o
sabana donde predominan las hierbas. Los grupos de mamífe-ros que han adquirido
dientes hipsodontes a lo largo de la evolu-ción como los suidos (cerdos), los
elefántidos y los bóvidos (an-tílopes), son buenos indicadores del tipo de
hábitat que prevale-ció en un momento dado. Estos grupos presentan una
distribu-ción extensa en el tiempo y están bien representados en el Grupo del
Omo, por lo tanto han sido utilizados para establecer sucesi-vas asociaciones
faunísticas y determinar las modificaciones del ambiente.
La encefalización, y la aparición del hombre
El ambiente de África del Este siguió cambiando gradualmente a lo largo
del tiempo hasta que hace aproximadamente 3 millones de años comenzó un período
de desertización. La descripción de estos cambios en el ambiente ha sido
posible merced al estudio de la fauna y de la flora fósil de esa región (ver
recuadro "El Grupo geológico del Omo").
El estudio de la fauna fósil permitió reconocer tres asociaciones
faunísticas en África Oriental. El reemplazo de una asociación por otra se
efectuó gradualmente, aunque es posible distinguir un cambio abrupto en la
fauna hace alrededor de 2,3 millones de años.
En ese período se constata el aumento progresivo de la hip-sodoncia en
dientes de suidos y elefantidos al igual que la apari-ción de antílopes y
équidos que además de presentar dientes hipsodontes se hallan adaptados para la
carrera en un ambiente abierto (para definiciones ver recuadro
"Paleoambientes").
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Figura 8 Bosque de Miombo en el sitio Uraha de Malawi. Este paisaje
arbóreo con espacios totalmente abiertos da una idea del ambiente que
prevaleció en Africa Oriental hace 3 millones de años.
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Respecto de la flora, el estudio de los pólenes fósiles muestra que con
el paso del tiempo el número de especies arbóreas dis-minuyó, mientras que el
de especies herbáceas aumentó, particu-larmente hace 2,3 millones de años
cuando desaparecieron espe-cies arbóreas cuya ausencia es considerada como un
índice de la disminución del nivel de humedad del ambiente.
Estos datos indican que en África Oriental, hace aproximada-mente 3
millones de años, un hábitat húmedo y arbóreo co-menzó a ser reemplazado por un
medio más seco y abierto con un paisaje de tipo estepa. Este cambio fue notorio
hace 2,3 mi-llones de años (ver figura 8).
Si bien la desertificación de Africa Oriental está en relación con el
desarrollo del valle de rift, este hecho es incapaz de explicar todos los
fenómenos observados, como por ejemplo el cambio abrupto alrededor de 2,3
millones de años atrás. El medio de-pende en gran medida de las condiciones
climáticas y la evolu-ción del clima es de suma importancia para conocer las
modifi-caciones del hábitat.
El estudio de paleoclimas a partir del porcentaje de los isótopos del
oxígeno en conchas fósiles permitió determinar una tenden-cia general en el
clima del planeta que comenzó hace alrededor 50 millones de años. Desde esa
época hasta ahora se ha produci-do, con ciertos períodos de oscilación, un
enfriamiento progresi-vo de la Tierra. El clima del período localizado entre 3
y 2,5 millones de años corresponde a una oscilación con temperaturas templadas,
mientras que aquel localizado entre 2,5 y 2,3 millo-nes de años corresponde a
un descenso abrupto en la temperatu-ra global. Este evento se llama cambio de
enfriamiento global o pulso de cambio y se lo ha relacionado con el cambio de
hábitat y el reemplazo de especies.
¿Cuál fue el impacto de estos cambios en los homínidos?
Hemos visto que en el caso de la flora y de la fauna, hubo un importante
reemplazo de especies. Es razonable pensar que el cambio de clima y de medio
produjo la aparición de nuevas es-pecies de homínidos.
Se considera que el cambio que dio lugar al enfriamiento global fue el
fenómeno responsable tanto de la aparición de los Austra-lopithecus
"robustos", en África Oriental y Meridional así como del origen del
grupo Homo en África Oriental, hace alrededor 2,5 millones de años.
En el caso de los Australopithecus "robustos", la evidencia
del impacto de este fenómeno está dada por la presencia de un apa-rato
masticatorio poderoso propio de una adaptación a una ali-mentación dura, muy
probablemente herbácea, típica del paisaje de África del Este y del Sur en ese
momento. Por lo tanto, los Australopithecus "robustos" se habrían
originado como respues-ta a la degradación climática que produjo un ambiente
abierto con paisaje de estepa.
Por otro lado, en el caso del género Homo, los efectos del pulso de
cambio se observan en la aparición de la tendencia a la ence-falización. La
vida en un ambiente abierto (que implica búsque-da de alimentos y otras
actividades intensivas tales como la re-colección, la caza y el transporte)
expuso a ciertos homínidos a nuevas presiones de selección, en particular a una
mayor expo-sición al sol y con el consiguiente riesgo de aumento de la
tem-peratura corporal (hipertermia), fenómeno cuya probabilidad aumenta al
aumentar el tamaño de los organismos. En estas nue-vas condiciones, el
mantenimiento de la temperatura del cere-bro, fue seguramente un factor
limitante en su desarrollo ya que un cerebro voluminoso sólo podría evolucionar
en un organismo que contara con un sistema capaz de asegurar el mantenimiento
de una temperatura adecuada.
Con el bipedismo y la postura erecta, la circulación sanguínea del
cerebro, ubicado en posición más elevada que el corazón, debe hacerse mediante
mecanismos capaces de vencer la fuerza de gravedad. Uno de estos mecanismos fue
el desarrollo de un amplio sistema de pequeñas venas emisarias que conectan una
red de venas subcutáneas con otra ubicada en el interior del crá-neo. (Ver
figura 9)
Estudios tanto de los efectos de la hipotermia como de hiperter-mia
realizados en el hombre actual, han mostrado que la sangre en las venas
emisarias del cráneo fluye del cerebro hacia el exte-rior en los casos de
hipotermia, y en dirección opuesta durante una hipertermia. En este último
caso, la sangre del exterior del cráneo, enfriada por la vasodilatación y la
evaporación de la transpiración enfriará y mantendrá el cerebro a una
temperatura adecuada. Así, el sistema de venas emisarias que se habría desa-rrollado
junto al bipedismo como una adaptación para vencer la gravedad e irrigar el
cerebro, se habría revelado eficaz para en-friarlo permitiendo a los individuos
hacer frente más efectiva-mente a los riesgos de hipertermia.
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Figura 9- Sistema de venas en el cráneo de un niño.Las venas emi-sarias
se sitúan entre la piel (trazo azul) y los huesos del cráneo (trazo negro).
Ponen en comunica-ción la red de venas del cerebro con la zona subcutánea lo
que permite controlar la temperatura del cerebro por medio de un cam-bio en el
flujo de la sangre. En casos de hipertermia, la sangre en vez de fluir del
cerebro hacia la zona subcutánea, lo hará en senti-do contrario, de esta
manera, la sangre enfriada por transpiración y vasodilatación en la zona
subcutá-nea fluye hacia el cerebro y dis-minuye la temperatura. Este me-canismo
cumplió un papel impor-tantísimo en el proceso de encefalización durante la
evolución de los homínidos.
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El sistema de venas emisarias continuó modificándose a lo largo del
tiempo posibilitando un aumento del tamaño del cerebro, esto es, la
encefalización. Así, las presiones de selección de un ambiente abierto,
explicarían cómo se habría favorecido la ten-dencia hacia un cerebro voluminoso
en el género Homo.
Otros factores seguramente han desempeñado un cierto papel en la
evolución de un órgano tan complejo como el cerebro. Es muy probable que junto
al desarrollo del cerebro se haya opera-do un cambio en la alimentación de los
primeros seres humanos ya que un cerebro de mayor tamaño requiere más energía,
la que solo puede ser provista mediante una dieta adecuada. Es proba-ble que la
dieta, seguramente omnívora en los primeros Homo, haya incluido una mayor
proporción de carne para suplir las calorías necesarias. Los primeros hombres
pueden haber cazado animales pequeños. Al no poseer las aptitudes anatómicas de
los depredadores, solo pueden haber obtenido la carne de grandes presas a
partir de los restos dejados por las fieras.
Puede por lo tanto concluirse que los numerosos y variados es-tudios
sobre la evolución de los homínidos indican que esta fue mucho más compleja que
lo que se creía. Pero gracias a la gran cantidad de datos obtenidos, se conocen
los procesos evolutivos responsables de la hominización. La reactivación del
valle de rift con el consecuente cambio hacia la aridez del paisaje en África
Oriental y el enfriamiento general del planeta caracteri-zado por un descenso
abrupto de la temperatura hace 2,5 y 2,3 millones de años atrás, originaron
presiones de selección que determinaron en un grupo de primates dos tendencias
de cam-bio, la marcha bípeda primero y luego la encefalización. De ese modo
aparecieron los homínidos hace 5-6 millones de años, y el hombre hace 2,5
millones de años.
www.omegalfa.es
Biblioteca Libre
Lecturas sugeridas
AA.VV., -El origen del hombre-, Temas de Investigacion y Ciencia, número
17, diciembre 1999.
Bromage, Tim & Schrenk, Friedemann (eds.), 1999, African
Biogeography, climate change, and early hominid evolution. Oxford University
Press.
Ramirez Rozzi, Fernando, 1999, El dónde, cuándo y cómo del origen del
hombre, -Coleccion Sin Careta-, Ediciones Colihue, Buenos Aires.
Vrba, E.; Denton, G.; Partridge, T. & Burckle, L (eds.), 1995,
Paleoclimate and Evolution, New Haven and London: Yale University Press.

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