Libro N° 8043. Lenin Y El Debate De La Socialdemocracia Sobre La Cuestión Nacional (1912-1916). Eidelman, Ariel.
© Libro N° 8043.
Lenin Y El Debate De La Socialdemocracia Sobre La
Cuestión Nacional (1912-1916). Eidelman, Ariel.
Emancipación. Diciembre 5 de 2020.
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Lenin Y El Debate De La Socialdemocracia Sobre
La Cuestión Nacional (1912-1916). Ariel Eidelman
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LENIN Y EL
DEBATE DE LA SOCIALDEMOCRACIA SOBRE LA CUESTIÓN NACIONAL
(1912-1916)
Ariel
Eidelman
Lenin Y El Debate De La
Socialdemocracia Sobre La Cuestión Nacional (1912-1916)
Ariel Eidelman
Introducción
A partir de 1912 el problema nacional se colocó en
el centro de las preocupaciones del dirigente
bolchevique. (2) Esto fue así por varias razones. Por un lado, el
problema nacional pasó al centro de la política rusa oficial y su discusión ocupó
los debates de la IV Duma, a la que los bolcheviques enviaron 6 diputados.
Por otra parte, pesó el desarrollo de la política imperialista europea y el
creciente deterioro de la situación internacional hasta el estallido de la
primera guerra mundial en 1914. Junto a estos dos elementos, se dio un
fuerte debate al interior de la socialdemocracia alrededor de la cuestión
nacional, en el marco de una crisis del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia
(POSDR) y de la Internacional Socialista. Tras la derrota de la revolución
de 1905‐1906 y en una etapa de reflujo de las masas, la socialdemocracia
rusa conoció durante algunos años un retroceso en su influencia, un
incremento de sus debates internos, luchas facciosas y un proceso de
fragmentación organizativa y diferenciación política. No se trataba solamente
de la consolidación de las históricas diferencias entre bolcheviques y
mencheviques, sino de escisiones que ambas fracciones conocieron en su
interior. (3)
Después de 1910‐1912 la división entre los
principales grupos al interior del POSDR se volvió permanente, aunque la
apelación a la socialdemocracia internacional por parte de los
mencheviques retrasó el reconocimiento de una situación que era definitiva. (4)
Los cuestionamientos dentro de la socialdemocracia
rusa en general a la posición leninista sobre la cuestión nacional aumentaron,
con lo cual las divisiones que vivía por entonces el POSDR tendían a
justificarse e interpretarse por las diferencias respecto del problema
nacional. Los debates teóricos y las discusiones político‐organizativas se
volvieron difíciles de diferenciar. En ese sentido, varias reuniones
partidarias, como la Conferencia de Viena de agosto de 1912, defendieron
la autonomía nacional cultural extraterritorial, solución al problema
nacional postulada por los marxistas austríacos, quienes defendían al
mismo tiempo la organización federativa. Esa posición, que tradicionalmente
había sido defendida en el imperio zarista por algunas de las organizaciones
socialdemócratas de base nacional, encontró por esos años el apoyo de la
fracción menchevique. Al mismo tiempo, Rosa Luxemburg, referente de la
izquierda de la socialdemocracia germana y dirigente del Partido Social
Demócrata del Reino de Polonia y Lituania (PSDRPyL) ejercía por entonces
una creciente influencia sobre algunos bolcheviques que llamaban a abandonar el
derecho de las naciones a la autodeterminación, denunciándolo como un
objetivo burgués. Lenin se vio obligado a defender su
posición y la ortodoxia de la socialdemocracia frente a ambos
cuestionamientos y se dedicó a polemizar directamente con los dos
intelectuales que eran la fuente teórica de las posiciones que cuestionaban la
definición sobre el problema nacional que se había adoptado en el programa de
1903 del POSDR: Otto Bauer y Rosa Luxemburg. (5)
Después de agosto de 1914, el despliegue del
socialpatriotismo y sus consecuencias generaron una fuerte reacción en la
extrema izquierda de la socialdemocracia, que respondió cuestionando con más
fuerza que nunca el derecho a la autodeterminación nacional. Intentando
mantener una posición de equilibrio a medio camino de las tendencias extremas
en esa polémica, Lenin realizó un gran esfuerzo por defender
sus posiciones respecto del problema nacional. Para eso se apoyó en la
ortodoxia socialdemócrata y la defensa del programa, al mismo tiempo que
criticaba las posiciones más extremas como desviaciones de derecha y de
izquierda, en contradicción con los principios y objetivos del
socialismo.(6)
Los debates de preguerra
Desde fines del siglo XIX los austromarxistas
defendían una concepción de nación que, sin desconocer los factores
objetivos y materiales, hacía fuerte eje en el carácter individual, consciente
y cultural del fenómeno. El principal trabajo teórico del
austromarxismo lo produjo un dirigente del ala izquierda del
partido: Otto Bauer. La cuestión de las nacionalidades y la
socialdemocracia apareció en 1907, en la revista teórica Marx‐Studien. Bauer desarrolló
una compleja teoría sobre el problema nacional que incluía un largo debate
teórico con las concepciones existentes respecto del tema y también
un intento de validar su propia interpretación en una larga parte de
análisis del desarrollo histórico de la nación, en Alemania y en el
imperio Austro‐Húngaro, a lo largo de varios siglos. Para Bauer, la
nación era “el conjunto de los seres humanos vinculados por
una comunidad de destino en una comunidad de carácter” (1979: 42).
Definición en la que el eje estaba puesto en una comunidad de cultura como
factor clave. En su opinión, la máxima autodeterminación que una nación
podía lograr en el contexto del imperio era la plena autonomía cultural y
administrativa. Bauer defendía la organización
federativa que se había dado el Partido Socialdemócrata de Austria, aunque
negaba ese tipo de organización para la rama sindical. Las posiciones del
austromarxismo sobre la cuestión nacional ejercieron una fuerte influencia
en diferentes partidos políticos del imperio ruso y en organizaciones
socialdemócratas como el Bund (Unión general de trabajadores judíos de Rusia,
Polonia y Lituania), creado en 1897. Este partido había sido el principal
impulsor de la creación del POSDR y se incorporó al mismo desde su
congreso fundacional en 1898. (7)
Aunque originalmente Lenin encargó
a Stalin la misión de responder al austromarxismo y sus
posiciones sobre la cuestión nacional mediante un artículo que se publicó
en la revista partidaria en 1913 y que le brindó al autor fama de
especialista en el tema, poco después asumió personalmente la tarea.
Para Lenin, la autonomía nacional cultural era una concesión a
la ideología nacionalista, contradictoria con el internacionalismo.
Aseguraba que no constituía una solución al
problema nacional y brindaba como ejemplo las dificultades del Partido
Socialdemócrata de Austria para sobrellevar la presión y los reclamos
nacionalistas. Acusaba a Bauer de sostener una concepción
psicológica e idealista de la nación. La extraterritorialidad, en su
opinión, era indefendible ya que la nación tenía como base material una
lengua y un territorio específicos. El idioma era concebido por él más
como un instrumento de comunicación que como un aspecto de
la cultura. Lenin acusaba a Bauer de
entrar en contradicción al defender una autonomía nacional cultural
extraterritorial y, al mismo tiempo, negarla a los judíos. También
se oponía intransigentemente a la organización federativa. Siguiendo
a Karl Kautsky y otros autores, Lenin cuestionaba
el concepto de cultura nacional y su valoración. Destacaba que la cultura
del proletariado era internacionalista y que la cultura nacional no era
otra cosa que la cultura de la clase dominante, de la burguesía. Por eso sostenía que
“en cada nación moderna hay dos naciones. En cada cultura nacional hay dos
culturas”. (8)
Fue a partir de esta discusión con el
austromarxismo en los años 1913‐1914 que Lenin defendió
explícitamente la interpretación del derecho de las naciones a la
autodeterminación, como un derecho a la separación y a la conformación de un
Estado‐nación. Frente al planteo de la autonomía cultural, para él el
derecho a la autodeterminación constituía una política más
consecuentemente democrática e internacionalista y postuló como medidas
concretas la defensa de la autonomía regional y la administración autónoma
local.
Al mismo tiempo que daba su pelea contra los
marxistas austríacos y su influencia, Lenin se enfrentaba
a Rosa Luxemburg y su concepción del problema nacional. El
cuestionamiento de la dirigente polaca era menos mediatizado que el implicado
por Bauer y la respuesta de Lenin tenía
un retraso de cinco años, pero coincidía con la coyuntura en que sus
relaciones personales y políticas estaban en el peor momento de su historia
por la crisis interna del POSDR. En una serie de artículos conocidos con
el título de “La cuestión nacional y la autonomía”, publicados en la
revista del PSDRPyL en los años 1908 y 1909, Luxemburg había
cuestionado directamente el derecho de las naciones a la autodeterminación y su
inclusión en el programa del POSDR como una consigna nacionalista, que
contradecía el análisis de clase y que en su opinión no ofrecía ninguna
orientación práctica. Las acusaciones de idealismo y concesiones al
nacionalismo que Lenin utilizaba contra Bauer, previamente
lo habían tenido a él por objeto en la crítica de la revolucionaria polaca.
Para Luxemburg, “la fórmula del derecho de las naciones a
la autodeterminación no es en esencia una consigna ni una guía política o
programática para abordar la cuestión de las nacionalidades sino tan sólo
un medio para eludir la cuestión” (1998: 21). En su opinión, el
derecho de las naciones a la autodeterminación no podía equipararse a los
otros derechos democráticos que los socialdemócratas defendían:
los derechos de asociación y de reunión, de
expresión, de prensa, etc., constituyen las formas legales de existencia de una
sociedad burguesa madura. En cambio el derecho de las naciones a la
autodeterminación es tan sólo una formulación metafísica de una idea que en la
sociedad burguesa es impracticable y sólo es posible realizarla en el
marco de un régimen socialista (1998: 53).
A Luxemburg el derecho a la
autodeterminación nacional le parecía tan utópico que estaba más cerca de
la solución práctica postulada por el austromarxismo. En su opinión, el
desarrollo histórico del capitalismo mostraba una fuerte tendencia a la
centralización y los socialdemócratas debían defender la autonomía local y
nacional para compensar esa orientación, ya que el federalismo y la búsqueda de
la separación política eran utópicos y reaccionarios. También compartía
con Bauer el reconocimiento de la cultura nacional como factor
positivo y una aceptación de la relevancia de los aspectos culturales y la
defensa de la autonomía local (Luxemburg, 1998: 83‐84 y 173‐178).
La principal respuesta de Lenin a Rosa
Luxemburg se encuentra en “El derecho de las naciones a la
autodeterminación”, un artículo publicado entre abril y junio de 1914,
en la revista bolchevique Prosveschenie, probablemente su
principal trabajo sobre la cuestión nacional hasta el estallido de la
guerra. Lenin consideraba que la posición de Luxemburg y
su negación del derecho de las naciones a la autodeterminación brindaban
argumentos a liquidadores y bundistas y es esta apropiación la que origina su
crítica. (9) La base del ataque de Lenin a Luxemburg era
la acusación de que en su afán de oponerse al nacionalismo polaco, al negar el
derecho nacional a la autodeterminación, coincidía objetivamente con el
nacionalismo gran ruso. Para Lenin, no reconocer ese
derecho implicaba apoyar el nacionalismo de la nación opresora, mucho peor
que el de la nación oprimida. Le aseguraba que “negar el derecho a la
autodeterminación o a la separación significa inevitablemente, en la
práctica, apoyar los privilegios de la nación dominante”. (10)
Otra acusación central era que ella en su
izquierdismo e internacionalismo intransigente tendía a subvalorar los aspectos
políticos, básicamente la importancia de la lucha democrática y que
consecuentemente tenía una posición economicista. En su opinión,
la marxista polaca se basaba en el análisis económico del capitalismo para
sostener la inevitabilidad de la dependencia de todas las naciones
respecto del capital. Señalaba que al “problema de la autodeterminación
política de las naciones en la sociedad burguesa, Rosa Luxemburg lo sustituye
por el problema de su autonomía e independencia económica”. (11) Para
el dirigente bolchevique, la existencia de la dependencia económica no
impedía la reivindicación de la independencia política formal y del derecho a
la autodeterminación nacional.
Un aspecto particular del debate entre Lenin y Luxemburg era
que se jugaba una interpretación de Marx y Engels frente
al problema nacional y una competencia por la utilización correcta de la teoría
marxista. Lenin apeló al tratamiento de los casos polaco
e irlandés por parte de los fundadores del materialismo histórico y la
discusión de la negación del factor nacional por los proudhonistas en la
Asociación Internacional del Trabajo para sostener su posición. Para él
tenía una relevancia fundamental el caso irlandés, conocido en profundidad a
partir de la edición en Alemania de la correspondencia de Marx y Engels en
1913, y la relación que implicaba entre lucha de clases y
lucha nacional. Lenin aseguraba que “en comparación
con el problema obrero, la importancia subordinada del problema nacional
no ofrece dudas para Marx. Pero su teoría está tan lejos de desentenderse
de los movimientos nacionales como el cielo de la tierra”. (12) Frente a
quienes interpretaban que la defensa del derecho de las naciones a la
autodeterminación implicaba el apoyo efectivo de la separación y la formación
de nuevos estados nacionales, Lenin insistía con un
ejemplo: “Acusar a los que apoyan la libertad de autodeterminación, es
decir, la libertad de separación, de fomentar el separatismo, es tan necio
e hipócrita como acusar a los que abogan por la libertad de divorcio de
fomentar la destrucción de los vínculos familiares”.(13)
Lenin admitía
que el derecho a la autodeterminación nacional podía no ser práctico, pero
constituía la posición correcta desde el punto de vista político y teórico. En
su opinión era más consecuente con la democracia y el internacionalismo, al
oponerse a las desigualdades y las opresiones, que las otras opciones.
Para ello defendía la idea de que a una nación debía corresponder un
Estado. Contra la acusación por parte de la marxista polaca de que el derecho
de las naciones a la autodeterminación era utópico y que la cuestión
nacional sólo tendría solución con la instauración del socialismo, Lenin presentaba
los ejemplos de países con importantes minorías como Suiza y Noruega, que
gracias a una organización democrática escapaban a los problemas típicos de
Europa Oriental y sus imperios multinacionales.
Con el estallido de la guerra, las diferencias del
dirigente bolchevique tanto con la autonomía cultural del austromarxismo como
con el internacionalismo intransigente de Luxemburg pasaron a
segundo plano, aunque el cuestionamiento del derecho de las naciones a la
autodeterminación volvería a surgir entre varios militantes bolcheviques
y otros revolucionarios con renovadas fuerzas en los años siguientes.
La guerra y el imperialismo
Los análisis políticos y los desarrollos
intelectuales del líder bolchevique posteriores ajulio de 1914 daban cuenta de
la entrada de la sociedad burguesa en una época inédita. El estallido de
la guerra y la discusión sobre su carácter la bancarrota de la
II Internacional junto al desarrollo del socialpatriotismo y el abandono
de facto del internacionalismo por muchos de los partidos socialdemócratas
colocaron a la cuestión nacional en el centro del debate político
internacional y la postulación de una solución revolucionaria como única
salida de la guerra hizo que ese tema fuese una constante preocupación de
los escritos de Lenin en estos años. (14)
Como respuesta al fenómeno imperialista, dentro de
la socialdemocracia internacionalse daba un importante debate sobre el
imperialismo desde hacía muchos años. El eje de la discusión había sido
establecer la relación entre el modo de producción capitalista y el
fenómeno económico y político del imperialismo. Este debate en la
socialdemocracia internacional también había tendido a reproducir del debate
sobre el revisionismo, un enfrentamiento entre una posición catastrofista y
otra optimista, menos crítica del desarrollo del capitalismo y sus
contradicciones. (15)
El trabajo donde se condensan los desarrollos
teóricos y políticos de Lenin a partir de la guerra
es El Imperialismo, etapa superior del capitalismo, redactado en la
primera mitad de 1916 y publicado por primera vez al año siguiente. En ese
texto, que tenía por objetivo brindar una base a la línea política de la
izquierda de Zimmerwald, Lenin analizaba la determinación
del imperialismo por el desarrollo capitalista e intentaba explicar la guerra y
la crisis de la II Internacional, al mismo tiempo que justificaba la
caracterización de la coyuntura como una etapa revolucionaria, en la que
las condiciones objetivas para la transición al socialismo estaban
maduras.
La principal característica del texto, que en su
análisis económico estaba influenciado por El capital financiero (1910),
de Rudolf Hilferding, La acumulación del capital (1913),
de Rosa Luxemburg y El imperialismo y la economía
mundial (1915), del bolchevique Nicolai Bujarin, era
reflejar tendencias fuertemente contradictorias. El imperialismo era expresión
del desarrollo capitalista, al mismo tiempo que su negación. El desarrollo
desigual, concepto muy utilizado en este trabajo, planteaba que las
naciones que llegaban más tarde al capitalismo eran las que se
desarrollaban más rápido, al mismo tiempo que se sostenía que en ellas y
por esa razón se desarrollaba un antimperialismo anticapitalista y que
aumentaba la desigualdad mundial. Lenin afirmaba que la
exportación de capital, rasgo fundamental del imperialismo, aceleraba el
desarrollo, por lo cual era progresivo, pero el imperialismo representaba
la reacción política y en lo económico el parasitismo. Aseguraba que con
su desarrollo aumentaba la competencia internacional, al mismo tiempo que
señalaba que la tendencia al monopolio era su principal característica.
La teoría del imperialismo permitía colocar las ideas sobre la cuestión
nacional que Lenin había desarrollado antes de la guerra, la
centralidad del derecho de las naciones a la autodeterminación como un
derecho a la construcción estatal y la diferenciación entre naciones
opresoras y oprimidas, en un lugar central de su estrategia política y
revolucionaria.
Si los debates respecto de la cuestión nacional ya
estaban fuertemente instalados desde antes del conflicto internacional, el
estallido de la guerra reforzó la discusión de esa problemática. Lenin polemizó
tanto con los socialpatriotas como con la reacción que aquéllos generaron en la
extrema izquierda socialista, dentro de la cual él se ubicaba crecientemente. A
los traidores del internacionalismo, Lenin los acusaba de
confundir las etapas históricas y sus implicancias para poder apoyar un bando
en la pugna interburguesa. La denuncia del chovinismo y el nacionalismo
bastaban para rebatir a esos grupos. Para Lenin, “de liberador de
naciones que lo fue en la lucha contra el feudalismo, el capitalismo en su
etapa imperialista se ha convertido en el más grande opresor de
naciones. El capitalismo, que era progresista, se ha vuelto reaccionario”. (16)
Como una reacción al social‐nacionalismo, varios
sectores de la izquierda socialista tendieron a negar el derecho a la
autodeterminación. Esa parte de la socialdemocracia internacional participó
activamente de las conferencias internacionales de Zimmerwald (septiembre
de 1915) y Kienthal (abril de 1916). (17) Es en sus órganos teóricos
y en distintas revistas que esos grupos expresaron sus posiciones.
Lenin tenía
fuertes vínculos políticos e ideológicos con el resto de la izquierda
socialdemócrata. Esa relación se estrechó fuertemente con la guerra y la
división del socialismo entre reformistas/patriotas y
revolucionarios/internacionalistas. Se identificaron básicamente a través del
nombre de internacionalistas y en varios países se formaron grupos con esa
denominación. Las organizaciones más importantes eran las que nucleaban a
la izquierda alemana en distintas ciudades. Durante la guerra varios de
esos grupos cambiaron su nombre por el de comunistas, para diferenciarse de la
socialdemocracia tradicional y su línea oficial. Algunos de esos socialistas
actuaban en varios países y organizaciones simultáneamente, como Rosa
Luxemburg, Anton Pannekoek y Karl Radek. Las
conferencias internacionales que se realizaron durante la guerra sirvieron para
unificar a la izquierda socialista internacional y para crear organizaciones de
coordinación y medios de prensa comunes. De allí salieron los militantes y
los grupos que tendrían un rol fundacional en la III Internacional. Muchos
de esos socialdemócratas de izquierda, Lenin incluido, vivieron en Suiza desde
el estallido de la guerra, con lo que la influencia mutua y la discusión
se vio facilitada. Pero aunque compartían una perspectiva sobre el
imperialismo, la guerra y la socialdemocracia oficial, chocaron sobre el
problema nacional (ver Nation, 1989: 106‐112).
Los polacos del PSDRPyL, Luxemburg y
sus compañeros, asumieron que la guerra confirmaba sus análisis de la cuestión
nacional y reforzaron su concepción de que ese problema no tenía solución
dentro de los marcos del capitalismo, que el capital era cada vez más
internacional y que la solución estaba, exclusivamente, en la revolución
socialista. Para ellos, defender el derecho a la autodeterminación era
plantear una lucha ilusoria. En 1915, Radek criticó al
manifiesto de Zimmerwald por defender ese derecho. Ese punto de vista
también se expresó en el importante folleto de Luxemburg, firmado
con el seudónimo de Junius La crisis de la
socialdemocracia, y en algunos artículos publicados en el segundo número de la
revista Der Vorbote, de abril de 1916, órgano de la izquierda
de Zimmerwald.
Una tendencia similar surgió entre los socialistas
holandeses conocidos como los tribunistas, por el nombre de su órgano de
prensa, que habían roto con el Partido Obrero Socialista Holandés. Ellos
serían conocidos como consejistas, una corriente importante entre 1917 y
1923. Entre ellos se destacaban Herman Gorter y Pannekoek. Su
posición respecto de la cuestión nacional se expresó en el proyecto de
programa de 1916, escrito por Henriette Roland‐Holst. Incluso
entre los bolcheviques del exilio esa corriente encontró defensores: Nicolai
Bujarin, Giorgi Piatakov y Eugenia Bosch.
Estos tres firmaron en 1915 las tesis “La consigna del derecho de las
naciones a la autodeterminación”, redactadas por Bujarin, donde
criticaban el lugar que ese derecho tenía en el programa del POSDR. Ellos
se vincularon de manera estrecha con Radek. El grupo funcionó
a partir de la revista Kommunist, que tuvo un único número en
setiembre de 1915, publicado en Ginebra. Esa revista fue una empresa común
con el Comité Central del POSDR(b). (18)
Incluso bolcheviques tan prominentes como Grigori
Zinoviev, mano derecha de Lenin desde 1907 y miembro del
núcleo bolchevique por muchos años, se mostraron permeables al planteo y fueron
acusados de ser conciliadores con el internacionalismo intransigente. Esa
fracción se expresó en la conferencia del partido bolchevique realizada
en Berna en febrero de 1915, volvería a hacerlo en los distintos congresos
del partido hasta 1919 y, tras la revolución de octubre de 1917, tendrá
una importante continuidad en el comunismo de izquierda de 1918. (19)
Frente a este planteo, Lenin reiteró
las críticas que le había hecho en el pasado a Luxemburg. En
uno de sus principales artículos contra esa tendencia, “Balance de
una discusión sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación”,
de julio de 1916, los acusó de sustentar un economismo
imperialista (20) y de subvalorar la democracia y las
reivindicaciones democráticas. También de coincidir con los socialchovinistas
al negar el derecho a la autodeterminación. Lenin destacaba
la importancia de los movimientos de liberación nacional, como el futuro
de “Oriente, Asia y África”. (21) Aseguraba que las guerras
nacionales de los países oprimidos serían “inevitables, progresistas y
revolucionarias” (22) y los acusaba de sostener posiciones no
principistas, por no defender incondicionalmente el derecho a la
autodeterminación y por expresar posiciones que podían asumir los
social‐nacionalistas. En su opinión, el énfasis puesto en el análisis
económico, y la idea de dependencia económica, tendían a desconocer el carácter
estrictamente político de la reivindicación del derecho de las naciones a la
autodeterminación. Para Lenin los errores políticos de los
polacos y holandeses surgían de las condiciones objetivas de sus
respectivos países y no se justificaban como concepciones alternativas a la
suya. (23)
Para Lenin, la etapa imperialista
mostraba que se reforzaba el carácter reaccionario de la burguesía
europea, de las naciones europeas y de Europa en general y lo
progresivo de los movimientos nacionales en el mundo colonial. Lenin asumía
que una característica central de la época era la división de las naciones en
opresoras y oprimidas. Si el imperialismo representaba un aumento de la
opresión nacional, el socialismo revolucionario no podía dejar pasar la
oportunidad de apoyarse en los movimientos de liberación nacional para
atacar al capitalismo y generar aliados para la revolución. Por ello señalaba
que “Para no traicionar al socialismo debemos apoyar toda insurrección
contra nuestro enemigo principal, la burguesía de los grandes países, siempre
que no se trate de la insurrección de una clase reaccionaria”. (24) De
allí concluía una definición de la revolución que se avecinaba, “pues
creer que la revolución social es concebible sin sublevaciones de las
pequeñas naciones en las colonias y en Europa, sin estallidos revolucionarios
de una parte de la pequeña burguesía, con todos sus prejuicios… creer todo
esto equivale a renegar de la revolución social”.
Si en el pasado no había dudado de la posibilidad
de la solución del problema nacional en el capitalismo, aunque
exclusivamente con la democracia más consecuente, ahora reconocía que la
solución definitiva del mismo pasaba por la democracia plena, es
decir, por la transición al socialismo. Más allá de la fuerte crítica y de
que él hacía eje en las diferencias, los planteos de Lenin mostraban
importantes coincidencias teóricas y políticas con la izquierda
socialdemócrata, respecto de la caracterización de la guerra y
el imperialismo.
Conclusiones
A partir de 1913 la división de las naciones en
opresoras y oprimidas adquiere una centralidad destacada y creciente en la
posición de Lenin sobre el problema. Estos conceptos, como una
pareja de opuestos, fueron tomados de los escritos que en los años 1860 Marx y Engels habían
dedicado al caso irlandés. De esta forma y de manera cada vez más evidente
se postulaba la existencia de una contradicción fundamental entre los intereses
de la burguesía imperialista europea y el resto del mundo. También se daba un reforzamiento
de la sustentación de su posición en los principios democráticos. Lenin no
se cansaba de repetir que abandonar el derecho de las naciones a la
autodeterminación era abandonar los principios democráticos y que eso era,
aparte de una concesión al nacionalismo y la reacción, una contradicción
con los objetivos del socialismo.
Un contexto que, tanto a nivel internacional como
en el imperio zarista, mostraba un aumento de los conflictos políticos y
de la discusión del problema nacional, provocó un fuerte crecimiento de la
preocupación por el tema en las filas socialdemócratas. Lenin construyó
una posición que apuntaba dar respuesta a los problemas prácticos y concretos
que implicaban las crecientes demandas nacionalistas, con una estrategia
revolucionaria y socialista. El debate con los principales teóricos marxistas
del tema implicó para Lenin una mayor definición de sus
posiciones.
El comienzo de la guerra llevó a una fuerte
radicalización en la caracterización de la realidad por parte de Lenin y,
al mismo tiempo, a la consolidación de una estrategia revolucionaria. Esos
cambios se expresaron en la teoría del imperialismo y colocaron en
un lugar absolutamente central de su estrategia política a su
interpretación de la cuestión nacional. Instalado en Suiza desde agosto de
1914, el dirigente bolchevique se dedicó a estudiar el desarrollo del
capitalismo contemporáneo y llegó a la conclusión de que la guerra entre
las grandes potencias demostraba el agotamiento histórico de la
sociedad burguesa y el potencial subversivo de los reclamos nacionalistas
de las minorías nacionales oprimidas y las colonias. Desde agosto de 1914 en adelante,
prácticamente todas las reflexiones políticas de Lenin incluyeron
una referencia a la cuestión nacional y colonial. Casi todos sus textos sobre
la guerra y el imperialismo incluyeron una mención o un análisis sobre el
nacionalismo y sobre la opresión nacional, su consecuencia en el escenario
internacional. Al mismo tiempo, destacó varias veces el hecho de que
en Europa la patria, eje de las posiciones chovinistas tanto en el campo
burgués como en el socialista, estaba siendo transformada por la realidad
en una categoría histórica superada, frente a la cual sólo el internacionalismo
constituía una alternativa. Lenin se apoyó reiteradamente en la definición
de la patria del Manifiesto Comunista, texto central en sus reflexiones
políticas de la época, como una categoría histórica y transitoria.
La etapa imperialista y la idea de que tras esta
fase capitalista sólo podía estar el socialismo, brindaban un lugar destacado
para los movimientos de liberación nacional, ya que éstos al cuestionar el
imperialismo subvertían las bases de los superbeneficios que permitían
sobornar a la clase obrera europea y que posibilitaban al capitalismo
no enfrentar una crisis de sobreproducción por el constante descenso de la
tasa de ganancia. El imperialismo permitía ligar lógicamente los desarrollos
políticos y económicos a nivel mundial, más allá de las etapas o fases que
atravesaba cada región, país o nación. El imperialismo tenía para Lenin efectos
contradictorios. En Europa, se expresaba en una tendencia antidemocrática,
chovinista y reaccionaria, al mismo tiempo que sobornaba al proletariado. En el
resto del mundo dependiente y colonial, por el contrario, despertaba a las
masas a la historia, a la lucha de clases, expandía el capitalismo, el
proletariado y acercaba la posibilidad del socialismo. También reforzaba los
progresistas y revolucionarios reclamos de liberación nacional y los
movimientos democrático‐burgueses. La asunción de la dimensión específicamente
política de la cuestión nacional, el derecho a la autodeterminación
nacional, el internacionalismo proletario y el antimperialismo se combinaron en
esos años en el pensamiento de Lenin y pasaron a caracterizar
al leninismo y a ser parte de las herramientas teóricas y políticas con las que
el partido bolchevique afrontó los desafíos de la revolución de 1917 y la etapa
revolucionaria que le siguió.
NOTAS
1 Este artículo se basa en una vieja tesis de
Licenciatura en Historia, defendida en la UBA hace 10 años. Fue escrita antes
de comenzar una militancia política en el Partido Obrero, heredero de la
tradición bolchevique y leninista. Cuando escribí la tesis tenía diferencias
teóricas y políticas con el trotskismo y el leninismo, hace mucho tiempo
desaparecidas. Al mismo tiempo, considero que la crisis capitalista
internacional le da mucha actualidad a esos viejos debates de la
socialdemocracia sobre la cuestión nacional.
2 Sobre el leninismo como tradición política y
teórica se puede consultar Harding (1996).
3 Sobre las polémicas al interior del bolchevismo,
ver Williams (1986).
4 Para el vínculo entre los bolcheviques y la
Internacional, ver Haupt (1986).
5 Sobre la perspectiva de Lenin acerca de la
cuestión nacional por estos años se puede consultar, entre otros,
Pipes (1997: 36‐46), Nimni (1994), Carrère D’Encausse (1992: 40‐43), Haupt
(1980: 70‐81) y Boersner (1957).
6 El derecho de las naciones a la autodeterminación
fue adoptado en una resolución por la Internacional Socialista en su
congreso de Londres de 1986. La resolución fue propuesta de Karl Kautsky en
base a un debate sobre la cuestión de la independencia polaca.
7 Sobre el Bund, ver Minczeles (1999) y Traverzo
(1996).
8 “Notas críticas sobre el problema nacional”,
octubre‐diciembre,1913.
9 Liquidadores eran los socialdemócratas que tras
la derrota de la revolución de 1905‐1906 e incluso en el contexto de la guerra
mundial llamaban a terminar con las estructuras clandestinas de la
socialdemocracia y a diluir al POSDR en un nuevo partido.
10 “El derecho de las naciones a la
autodeterminación”, abril‐junio 1914.
11 Ibidem.
12 Ibidem.
13 Ibidem.
14 Sobre la primera guerra mundial y la II
Internacional, ver Haupt (1972).
15 Sobre el debate socialista del imperialismo, ver
Brewer (1990).
16 “El socialismo y la guerra”, julio‐agosto 1915.
17 Sobre el movimiento de Zimmerwald, ver Nation
(1989: 65 y ss.).
18 POSDR(b) es el nombre con el que fue conocido el
partido bolchevique después de la Conferencia de Praga de enero 1912, en
las que los bolcheviques se separaron definitivamente de los mencheviques.
19 Sobre la discusión de la cuestión nacional
entre Lenin y el grupo izquierdista del partido, ver Kowalski
(1991: 32‐43).
20 “Balance de una discusión sobre el derecho de
las naciones a la autodeterminación”, julio 1916.
21 “El proletariado revolucionario y el derecho de
las naciones a la autodeterminación”, octubre 1916.
22 “El folleto de Junius”, julio 1916.
23 “Balance de una discusión sobre el derecho de
las naciones a la autodeterminación”, julio 1916.
24 Ibidem.
Referencias
Textos de Lenin:
“Notas críticas sobre el problema nacional”,
octubre‐diciembre 1913.
“El programa nacional del POSDR”, diciembre 1913.

