Libro N° 8042. Discurso De La Revolución, Discurso Critico. Echevarría, Bolivar.
© Libro N° 8042.
Discurso De La Revolución, Discurso Critico. Echevarría,
Bolivar. Emancipación. Diciembre 5 de 2020.
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Discurso De La Revolución, Discurso Critico. Bolivar
Echevarría
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Critico. Bolivar Echevarría
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DISCURSO DE LA
REVOLUCIÓN, DISCURSO CRITICO
Bolivar
Echevarría
Discurso De La Revolución,
Discurso Critico
Bolivar Echevarría
“La obra de que se trata en primer lugar es
Crítica de las categorías económicas o, if you like, el sistema de la economía
burguesa expuesto críticamente. Es al mismo tiempo exposición del sistema y,
mediante la exposición, crítica del mismo.“
Marx a Lasalle, carta del 22 de febrero de 1858.
En situaciones históricas como las de América
Latina en la primera mitad de este siglo, la combinación de dos procesos
revolucionarios de distinto orden, el liberal y el comunista, determina en el
plano propiamente discursivo de la existencia social la presencia de un
fenómeno paradójico que podría ser descrito así: el discurso liberal
restaurador (“vulgar”) proveniente de la burguesía europea
posrevolucionaria o conservadora —discurso cuya virtud más aparente es la
racionalidad analítica— es asumido por la intelectualidad representante de la
clase proletaria —enfrentada a un contorno significativo de irracionalidad
precapitalista— como discurso básico o de partida en su intento de formular un
discurso comunista concreto.
La mayoría de los investigadores de izquierda de la
realidad social latinoamericana no ve ninguna contradicción en el hecho de
entreverar en su labor categorías metódicas y conceptos descriptivos de la
sociología positivista, por un lado, y del materialismo histórico, por otro.
Confiados en un efecto directo y determinante de sus intenciones políticas
sobre su producción teórica, no reparan en que los orígenes y las tendencias
discursivas contrapuestos de estos dos aparatos teóricos se hallan inscritos y
permanecen activos en la estructura de los mismos, ni en que, al yuxtaponer los
dos funcionamientos, someten necesariamente —aunque sea contra su voluntad— la
eficacia del aparato más débil, el insurgente o revolucionario, a la del más
fuerte, el establecido o contrarevolucionario.
Esta situación del discurso político y de la
ciencia social en América Latina comenzó a cambiar en la década de 1950.
La “sociología marxista” se ha planteado ya,
tanto metodológicamente como en sus investigaciones concretas, el problema de
su especificidad como teoría revolucionaria. La discusión está abierta. Lo que
intentamos a continuación es introducir en ella la consideración del modo peculiar
(y, creemos, ejemplar) —la crítica— en que esa relación entre el discurso
burgués —la ciencia de la economía política— y el discurso revolucionario del
proletariado —el comunismo científico— tiene lugar en la obra teórica de Marx.
1. TEORÍA REVOLUCIONARIA Y REVOLUCIÓN DE LA TEORÍA
La principal obra teórica de Marx, la
crítica de la economía política, pertenece en calidad de elemento central a la
realización de un proyecto teórico mucho más amplio y diferenciado, el del
comunismo científico; éste le adjudica su función predominante y, sobre todo,
le imprime su carácter crítico.
El proyecto teórico del comunismo científico se
afirma como proyecto crítico en la medida en que se realiza como un proyecto a
la vez científico y revolucionario; aún más, revolucionario por ser científico
y científico por ser revolucionario.
Una doble exigencia —que por el año de 1844 se
concentra en la situación de Marx, el filósofo y el militante—
obliga a esta doble realización. Es por un lado una exigencia que aparece en el
terreno propio de la teoría, es por otro una exigencia que viene directamente
de la revolución.
a] De la teoría a la revolución
La actualidad de la revolución comunista comporta
una radicalidad tal que afecta y pone en juego incluso al estrato más profundo
de la realidad, aquel que no pudo ser tocado por las otras revoluciones de la “era
histórica” (o, mejor, “prehistórica“): la esfera en que ella se
distingue en cuanto tal (lo “cósmico“) de la materia en sí (lo “caótico“).
Dentro de la perspectiva de la ocupación teórica,
científico-filosófica —que es la perspectiva inicial de Marx—, este
efecto de la actualidad de la revolución comunista se experimenta bajo la forma
de un cuestionamiento. La noción tradicional acerca de una determinación
metafísica (extrasocial) e idealista (espiritual) de las posibilidades que
tiene un discurso de ser científico o de producir un saber verdadero exige ser
superada, y no sólo en términos dialécticos e historizadores (Kant, Hegel)
sino también en términos materialistas.
Las tesis de Marx “ad Feuerbach”
resumen esa superación. En términos dialéctico-materialistas, las posibilidades
de verdad que hay para el saber se definen dentro de un horizonte
social-natural de objetividad o sentido que va siendo constituido prácticamente
como negación o re-ordenamiento de lo puramente natural. Es la tendencia básica
que llevan las modificaciones históricas (revoluciones) adoptadas por la praxis
o proceso social de reproducción (trabajo) la que marca la dirección dentro de
la cual la intención de un saber puede ser verdadera o científica.
De ahí el primer aspecto de la autoafirmación
teórica comunista-marxista: realizarse como teoría científica quiere decir
realizarse como teoría de la revolución, esto es, como teoría que participa en
la revolución y teoría sobre la revolución. Y como la totalidad del proceso
social de reproducción ha entrado, desde las primeras crisis del capitalismo,
en toda una época de destrucción y reestructuración radicales, en la época de
la revolución total, el desarrollo de un saber verdadero sólo puede corresponder
a un discurso que siga necesariamente el impulso de este movimiento: al
discurso comunista o compuesto a partir de la práctica de la clase propiamente
anticapitalista y revolucionaria, la clase proletaria.
b] De la revolución a la teoría
Pero el movimiento revolucionario comunista se
construye lentamente, probando y desechando distintos esbozos; la formación de
su identidad sigue una historia dura y larga: la historia de las luchas que
llevan a la masa de proletarios miserables, aislados, desesperados, indefensos,
a constituirse como clase social organizada y como contrapoder efectivo,
impulsor de una alternativa política global frente al mundo de los explotadores
capitalistas. Y cuando Marx se suma al proletariado esta
historia se halla aún a medio camino.
La intervención de Marx parte
precisamente de la constatación de una insuficiencia decisiva del movimiento
proletariado revolucionario y culmina en la solución de la misma.
La insuficiencia: el movimiento obrero ha llegado a
ser ya una fuerza social y política de importancia central, pero “algo”
hace que su impulso se desvíe, en unos casos hacia lo inesencial o inofensivo
(“reformismo“), en otros hacia lo irreal y autodestructivo (“utopismo“).
Su actividad se halla todavía sometida —sea absorbida o neutralizada— a la
acción del mecanismo reproductor de las relaciones sociales-institucionales
capitalistas.
La solución: para la construcción del contrapoder
(“partido“) comunista se requiere que la clase proletaria alcance todo
un nuevo grado de independencia organizativa y de radicalidad programática, y
ello sólo puede darse si tiene lugar un acontecimiento propiamente discursivo o
que pertenece al terreno específico de la lucha ideológica, pero que ha
adquirido una función relativamente predominante o ha concentrado en sí
coyunturalmente la función resolutiva de todos los demás acontecimientos
—incluso los más determinantes— del movimiento revolucionario: el desarrollo de
un saber científico —es decir, propio de la clase proletaria y liberado de las
limitaciones impuestas por el discurso burgués dominante— sobre las condiciones
del tránsito del modo capitalista de la reproducción social a su organización
comunista.
De ahí el segundo aspecto de la autoafirmación
teórica comunista-marxista —y, al mismo tiempo, la definición de su tarea
teórica—: realizarse como teoría revolucionaria quiere decir realizar la
revolución también como revolución en el terreno específico del discurso
teórico. Y primeramente como revolución en el discurso que versa sobre la
realidad económico-social (política), puesto que en toda la era mercantil y
capitalista el conjunto del discurso teórico gira —abierta o embozadamente— en
torno a él.
2. LA NECESIDAD DEL CARÁCTER CRÍTICO DEL DISCURSO
COMUNISTA
La necesidad, para la teoría, de volverse teoría de
la revolución y la necesidad, para la revolución, de ampliarse como revolución,
en la teoría: ambas se resuelven unitariamente en la realización del proyecto
teórico comunista-marxista como discurso teórico esencialmente crítico. Esto es
así porque ni esa conversación de la teoría ni este perfeccionamiento de la
revolución pueden tener lugar de manera positiva y pura (acrítica) —como
creación de un saber meramente sustitutivo a partir de la nada—, sino sólo de
manera negativa y comprometida, como resultado de la elaboración
permanentemente conflictiva, en contra pero dentro del dominio ideológico
capitalista, de un saber de la revolución comunista.
1. Las condiciones del dominio ideológico
“El lenguaje mismo es tanto el producto de una
comunidad como, desde otra perspectiva, la misma existencia concreta [Dasein] de
la comunidad como existencia concreta que implica al ser hablante [selbstedena].”
Marx. Grundrisse…,
p. 390.
Las ideas de la clase dominante capitalista no sólo
son dominantes porque son expuestas (e impuestas) con medios de difusión de un
alcance y una eficacia inmensamente mayores que los de los gestos y las
palabras con que protestan las clases sometidas. Sin duda, los mensajes que
hacen la apología del orden social establecido se vuelcan de manera abrumadora
sobre todos los individuos sociales; pero no es esta brutal insistencia la que
sustenta el carácter dominante de las ideas dominantes. La lucha ideológica no
consiste simplemente en un enfrentamiento entre dos cuerpos de doctrina que se
disputen el derecho a asentarse sobre la “conciencia social” y a
ocuparla, y en el que uno, el de la burguesía, se imponga y acalle al otro
debido tan sólo a una supremacía física en el acceso a los aparatos de
comunicación.
Las ideas del burgués dominan porque —como
dice Marx (La ideología alemana, III, 1: “El viejo
testamento“, 6, B) — él puede “demostrar” fácilmente con el lenguaje
de la época la “identidad” entre las “relaciones individuales o
humanas en general” y las “relaciones mercantiles“. Y puede hacerlo
porque “este propio lenguaje es un producto de la burguesía y, por tanto, igual
que en la realidad, también en el lenguaje las relaciones de intercambio
valorizador [Schacher] han sido convertidas en la base de todas las demás”. La
lucha ideológica y el dominio ideológico son hechos que ocurren en primer lugar
y de manera determinante, en la esfera profunda del “lenguaje de la vida real”,
allí donde se produce el discurso, el “lenguaje propiamente dicho”, es decir,
“la conciencia y las ideas”.
Dos hechos que pertenecen a esta esfera serían,
así, las causas que determinan el carácter dominante del discurso o las ideas
de la clase dominante burguesa en el modo de reproducción capitalista. El
primero y principal es de orden general y afecta así directamente a todo el
proceso de producción/consumo de significaciones o proceso comunicativo de la
sociedad; el segundo, supeditado al primero, sólo afecta directamente de manera
particular a la producción/consumo discursiva o propiamente ideológica de significaciones,
como rama central pero aislada dentro del proceso comunicativo.
Primer hecho: únicamente en el caso de las
significaciones concretas (inclusive significaciones discursivas o ideas)
compuestas por la clase burguesa para defender sus propios intereses su
eficiencia o verosimilitud se encuentra potencializada por la acción de un
dispositivo normador o subcodificador del código comunicativo general, que
imprime a toda la producción/consumo de significaciones un sentido apologético
elemental respecto del modo capitalista de la reproducción social.
1. La praxis o el proceso social de reproducción
(R), como todo proceso de reproducción gregario, es un proceso de
producción/consumo indirecto del sujeto (S) mediante producción/consumo directo
de objetos intermedios o de naturaleza (N) transformada. La especificidad de la
praxis o proceso social de reproducción reside en que es además —como
dice Marx en el capítulo V de El Capital, I— un
proceso de “realización“: un proceso de reproducción indirecta en el
cual todos los objetos intermedios poseen en mayor o menor medida un carácter
instrumental o son aptos para dar lugar a un conjunto abierto de efectos (y no
a uno solo o a una serie cerrada de ellos), por cuanto se hallan mediando o
posibilitando, como objetos prácticos, productos útiles (con valor de uso) o
bienes producidos (B/P), el cumplimiento de un conjunto de fines
(satisfacciones de necesidades) que siempre está todavía por ser elegido o
decidido, pro-puesto o proyectado por el sujeto. Dicho en otros términos: la
especificidad de la praxis reside en que es un proceso colectivo de
reproducción que sólo puede cumplirse como proceso de autorreproducción: un
proceso en el que toda la reproducción natural se halla al servicio (o sometida
a la finalidad) de un proceso reproductivo de otro orden y que lo transciende:
el proceso de producción/consumo de la estructura misma de las relaciones
sociales (políticas) que constituyen al sujeto.
En tanto que proceso de “realización“, el
proceso de reproducción social posee necesariamente una dimensión dentro de la
cual él mismo es un proceso de producción y consumo de significaciones. El
proceso de “realización” sólo puede llevarse a cabo en la medida en que
procede como ciclo comunicativo, como movimiento que, al producir/consumir
objetos, sintetiza a un sujeto carente de unidad consolidada o de figura
preestablecida. Al “realizar” objetos, el sujeto social debe realizarse:
debe crear o re-crear su propia identidad social o esencia política. En otros
términos, debe constantemente salvar en sí mismo un hiatus o superar una
escisión que le es constitutiva: la falta de una coincidencia natural o una
correspondencia espontánea entre las dos perspectivas de su existencia: como
sujeto en acto de producir (p) y como sujeto en acto de consumir (c). Debe, por
tanto, emitir/recibir (producir/consumir) el mensaje con el que, estando en un
momento dado (t1), define su figura futura o se proyecta a sí mismo para el
momento siguiente (t2).
Por esta razón, todo objeto propiamente
instrumental o práctico es siempre una cosa significativa o dotada de sentido:
una porción de materia sustancializada (estrato natural) por una forma (estrato
social) que la determina (circunscribe, recorta) de manera biplanar, con un
aspecto de significado o contenido y con otro de significante o expresión,
dentro de esa tensión autorreproductiva y comunicativa.
El conjunto de leyes de acuerdo al cual se
organizan las posibilidades de figuración concreta del sujeto social en su
autorreproducción implica necesariamente un código general que organiza las
posibilidades concretas de su comunicación o su significar. Y así como ese
conjunto de leyes cambia históricamente, lleva una tendencia estructural en su
modificación y califica positiva o negativamente en referencia a ella a toda
acción social posible, así también el código general sigue esa tendencia básica
en su dinámica específica y califica de verdaderos o falsos, según se adecuen o
no a ella, a todos los mensajes concretos posibles.
2. Pero el modo de funcionamiento propiamente
capitalista del proceso social de reproducción o trabajo sólo coincide de
manera contradictoria con las determinaciones estructurales o básicas del
mismo. El proceso de trabajo capitalista, dice Marx, es la “unidad
contradictoria del proceso de trabajo (T) con un proceso de valorización del
valor (Vv)“. (Es la configuración más acabada —absolutizadora o
universalizadora— de la modalidad histórica del proceso de reproducción social
como serie inconexa de procesos productivistas-privados del trabajo, es decir,
como proceso reproductivo cuya totalidad se encuentra organizada y regulada
contradictoriamente por un proceso espontáneo o casual de formación e
intercambio de valores.)
En la modalidad capitalista del proceso de vida
social global, la autorreproducción del sujeto comunitario sólo se lleva a cabo
en la medida en que se halla subordinada a la satisfacción de un sistema de
necesidades que es heterogéneo respecto del suyo propio: el que se determina en
la dinámica autorreproductiva y acumulativa del capital —relación social que
adjudica a una parte del sujeto la función de “cosa valiosa” para la
otra— o “sujeto automático” por sustitución. Para el sujeto comunitario,
autorreproducirse de manera capitalista es, por ello, realizar (afirmar) su
propia supervivencia, pero hacerlo —he aquí su contradicción— en tanto que
sujeto explotado (negado) tanto en lo físico (el derecho al disfrute del
producto de su labor) como en lo especificamente humano (en su autarquía o
facultad de decidir sobre sí mismo).
Los objetos prácticos, mediante los cuales tiene
lugar este proceso, adoptan, consecuentemente, una forma peculiar, de doble
estrato social como la de los fetiches u objetos de culto religioso. Junto a la
objetividad que es en ellos básica o estructural, la concreta o social-natural
—la de productos que se expresan como bienes (B/P)—, adquieren otra, derivada
de la primera, que actúa sobre ella y que la configura o refuncionaliza: la
objetividad abstracta o social por valorización —la de valores que se expresan
como valores de cambio o precios ($/V). Se vuelven mercancías, objetos “sensorialmente
suprasensoriales“, propios de la autorreproducción de la comunidad (“terrenales“)
y propios de ellas como autovalorización del capital (“celestiales“),
objetos “místicos“.
3. La modificación capitalista del proceso social
de reproducción o trabajo implica necesariamente una modificación similar de su
dimensión específicamente comunicativa. Lo que es configuración capitalista de
la estructura y la tendencia básica del proceso de reproducción se presenta
también como refuncionalización capitalista de su dimensión comunicativa, como
normación o subcodificación capitalista del código y la tendencia general de la
reproducción/consumo de significaciones.
En la vigencia de esta subcodificación, todo sucede
como si un mensaje singular resultara “naturalizado” o convertido en el
principio inherente e incuestionable de una restricción sistemática de todo el
conjunto de posibilidades que el código general delimita para la
producción/consumo de significaciones. Un mensaje singular absurdo según la
tendencia elemental del propio código, pero necesario históricamente como la
organización capitalista de la reproducción social: el mensaje que afirma la
identidad entre autoproducción del sujeto comunitario y autovaloración del
valor.
En estas condiciones, significar con verdad, esto
es, con adecuación respecto de la tendencia estructural o básica que sigue el
devenir de la praxis social, parece ser lo mismo que significar con adecuación
respecto de la configuración capitalista de esa tendencia. Por ello, el sentido
o la significatividad coextensiva al objeto práctico mercantil (de forma
fetichoide) es un sentido o una significatividad fetichista. En la mercancía la
significatividad estructural básica que ella tiene como todo objeto práctico es
tratada —diría Hjelmslev en La stratification du
langage— como simple material y convertida en la sustancia (II) de una
forma (II) superpuesta y parasitaria que la configura de un modo particular
(capitalista). En ella, la presencia del sentido básico se vuelve indirecta y “misteriosa“:
se encuentra, dice Marx, como en un “jeroglífico“.
Dentro de la conveniencia social capitalista
comunicar se vuelve una acción en la que el agente concreto no queda como el
único emisor/receptor de sus significaciones; junto a él, “despertado”
por él, entra en escena otro agente, inasible pero efectivo: el capital como
modo cosificado (enajenado) de existencia del sujeto social. Su aporte consiste
en intensificarles el sentido apologético respecto del orden social establecido
a las significaciones que iban ya a tenerlo, dotarles de uno a las que iban a
pretenderse neutras y delibitarles o invertirles el suyo a las que iban a ser
impugnadoras. De esta manera, toda significación producida/consumida dentro del
modo capitalista de reproducción conlleva necesariamente un estrato
dependiente pero dominante que se sirve de ella para “repetir”
una vez más la intención de ese “mensaje” procapitalista difuso y
omnipresente.
4. Una subcodificación o normación restrictiva,
montada sobre el código general y confundida con él, instituye por tanto a esa
identificación apologética entre la modalidad capitalista del proceso de
trabajo y la estructura del mismo, que sólo es de interés positivo para una
parte de la sociedad —para la clase burguesa o clase cuya existencia depende de
que la reproducción social se realice como producción de plusvalor—, como algo
dotado de un interés positivo social universal (algo perteneciente al código,
incuestionable).
Es por ello que la lucha de clases en la esfera de
la producción/consumo de significaciones —inclusive, por supuesto, la lucha
propiamente discursiva o ideológica—, cuando es una lucha que tiene lugar en
condiciones normales, es decir, como enfrentamiento y forcejeo directo
(duelístico) sobre el mismo terreno, se encuentra ya decidida de antemano. Ni
aún proponiéndoselo, el significar burgués puede perder ante el significar
proletario: el terreno de la lucha es el de una cuesta sumamente inclinada en
su favor. Normalidad no es otra cosa que acondicionamiento absolutamente
beneficioso para él. Debe vencer porque hay una como “verdad” que está de
su lado: el sentido “objetivo” de los hechos del mundo capitalista —que
se entrega en los datos sensoriales que son, como se sabe, “a prueba de toda
duda”— y su propio sentido “subjetivo” burgués son uno solo; tiene,
por tanto, que coincidir. El significar revolucionario del proletariado, en
cambio, debe luchar también, y en primer lugar, contra el propio instrumento de
que se sirve, en el que hay un dispositivo (la subcodificación capitalista) que
lo reprime espontaneámente: que le permite hacerse presente pero sólo como
significar desvirtuado en su intención (invertido en su tendencia) o, si se
prefiere, como significar morboso y absurdo.
Segundo hecho: únicamente en el caso de las ideas o
significaciones discursivas concretas compuestas por la clase burguesa para
defender sus propios intereses, su capacidad persuasiva se encuentra apoyada
por el contorno significativo no discursivo (técnico e institucional)
resultante de toda la actividad social como actividad organizada para perpetuar
el modo capitalista de su realización.
1. La producción/consumo de significaciones
discursivas o ideas es la producción/consumo de objetos prácticos que se “especializa”
en aquellos cuyo carácter práctico se concentra exclusivamente en su
comunicatividad o en su función de portar o transmitir un mensaje. Precisamente
porque su especialidad consiste en la producción/consumo de objetos que son
significaciones en estado de independencia, su capacidad productiva/consuntiva
de significaciones es de un orden superior (cualitativa y cuantitativamente) respecto
de la del resto de la producción/consumo de objetos prácticos, que sólo
produce/consume significaciones atadas o insertadas en la practicidad básica de
los objetos.
Sin embargo, durante toda la era mercantil —era de
la atomización del sujeto social y de la enajenación de su socialidad—, la
producción/consumo discursiva o de significaciones en estado puro, pese a su
capacidad funcional superior, que hace de ella la ocupación más directamente
política o decisora de la figura de las relaciones sociales, no recibe
adjudicada ninguna tarea especialmente central dentro de la totalidad del
proceso reproductivo social. Su independencia técnica, en estas condiciones,
equivale más bien a una desvinculación y una pérdida relativa de influencia
sobre el conjunto de la producción/consumo de significaciones en estado
práctico. Ese aumento de la pureza y el volumen de su producción/consumo de
significaciones redunda aquí en una disminución relativa de la capacidad
persuasiva que debería corresponderle.
Sobre todo en la época del modo capitalista de
reproducción, la capacidad persuasiva de las ideas o significaciones que
aparecen en la producción/consumo discursiva es débil y subordinada: depende en
gran parte de lo que acontezca en el contorno significativo básico,
producido/consumido por todo ese “lenguaje” no discursivo “de la
convivencia” (al que se refieren Marx y Engels en La
ideología alemana). Depende de si este contorno las apoya (corrobora,
completa) o las rechaza (desmiente, contradice).
2. Y ese “lenguaje” no discursivo es
precisamente el que “hablan” los individuos sociales al ejercer su
actividad concreta en tanto que ejecución de los designios emanados del proceso
abstracto de valorización del valor (producción de plusvalor y acumulación del
capital) como proceso en el que se ha cosificado la autarquía del sujeto
comunitario. Es el “lenguaje” de todos los actos de una convivencia
social que, al realizarse y continuarse, reafirma y prolonga la vigencia de la
supraestructura institucional o modo capitalista de convivencia como condición
“natural” e indispensable de sí misma.
Es por ello que, dentro de la lucha de clases
propiamente ideológica del capitalismo, las ideas apologéticas del discurso
burgués cuentan con el respaldo de este contorno significativo
superestructurado en sentido capitalista, y adquieren así una mayor fuerza
persuasiva. A la inversa, las ideas impugnadoras del discurso proletario son
oprimidas por ese mismo contorno: “todo habla” en contra de ellas, un “consenso”
implícito las declara ilusorias, irrealistas, y merma así su capacidad
persuasiva.
2. Las posibilidades de romper el dominio
ideológico
“…a estas relaciones petrificadas hay que
obligarlas a bailar cantándoles su propia melodía“.
Marx, Contribución
a la crítica de la filosofía hegeliana del derecho. Introducción.
El discurso teórico comunista-marxista tiene el
carácter de un discurso crítico en tanto que existe y se desarrolla dentro de
la lucha ideológica de clase propias de la época culminante del modo histórico
capitalista de la reproducción social: dentro de un enfrentamiento constante
con este doble dominio ideológico de la clase burguesa.
a.
La lucha contra la segunda causa —la causa
extradiscursiva, supeditada y mediata— del carácter dominante del discurso
burgués no puede ser llevada a cabo por el discurso comunista en cuanto
discurso. Se trata de una lucha que se confunde con la empresa revolucionaria
en su conjunto, es decir, con la actividad comunista general de la clase
proletaria.
Esta actividad, que se constituye en torno a las
posibilidades reales —presentes en el propio mundo capitalista— de una nueva
forma (comunitaria) para las relaciones de reproducción social, actualizándolas
desde ahora en las organizaciones obreras y en el contrapoder revolucionario,
afecta también, necesariamente, a esa producción/consumo de las significaciones
no discursivas en el “lenguaje de la convivencia” cotidiana.
La nueva sociedad se esboza ya —siempre como
negación determinada de la sociedad actual— y elabora los elementos de un
significar social liberado creando su propio contracontorno significativo
básico. Contrarresta así la acción del contorno capitalista dominante y crea el
ambiente favorable o campo de persuasión donde su discurso puede encontrar y
desplegar su cientificidad crítica.
b.
La crítica es el carácter que corresponde
propiamente a la presencia del significar revolucionario del proletariado o
significar comunista en la esfera específica de la producción/consumo
discursiva, y, por tanto, de la lucha ideológica dentro del modo de
reproducción social capitalista. En otros términos, la crítica es el único modo
adecuado que puede adoptar la construcción científica de un saber proletario
revolucionario en las condiciones de subcodificación o normación apologética
impuesta en beneficio propio por el modo capitalista de la reproducción social
a la producción/consumo de significaciones en general.
En efecto, la primera causa —la causa específica,
principal e inmediata— del carácter dominante del discurso capitalista no puede
ser combatida por el significar proletario de manera a-crítica, ingenua o
normal. Un enfrentamiento de tal naturaleza lo sometería a las reglas de juego
del discurso burgués y haría de él, en última instancia —y a pesar suyo—, un
discurso apologético del orden capitalista.
En este sentido, dos ilusiones acerca de la
conveniencia revolucionaria de este enfrentamiento directo —que estaría
dirigido a vencer al saber burgués en el escenario de la Ciencia y a
sustituirlo por un saber proletario— deben ser desechadas.
Primera ilusión: el significar revolucionario puede constituirse en un discurso
positivo, similar u homogéneo respecto del discurso burgués, aunque alternativo
frente a él y con mayor capacidad de verdad.
Se trata de una ilusión porque refleja sobre las
posibilidades de cientificidad del discurso revolucionario el deseo imposible
de repetir la figura histórica concreta que ha adoptado la cientificidad en el
discurso teórico de la era mercantil y de la época capitalista.
Para disiparla es necesario reconocer que, por el
contrario, el significar revolucionario comunista se compone en medio de la
actualización o vigencia adelantada de unas relaciones sociales de reproducción
—las comunitarias— que pertenecen a un tiempo nuevo, esencialmente diferente de
la era mercantil y capitalista.
En efecto, el significar revolucionario comunista
acontece en la realización del proceso de reproducción social capitalista en lo
que él tiene de proceso fundamental o proceso concreto de producción/consumo de
objetos prácticos, es decir, en lo que él tiene de proceso de reproducción del
factor subjetivo real (la comunidad explotada).
Acontece, por tanto, en la realización básica o
estructural del proceso social de reproducción, que se halla subsumida y
explotada por la realización del proceso sobrepuesto o proceso de acumulación
del capital.
Se trata de un significar propiamente
revolucionario porque tiene lugar como actividad mediadora entre proyectos y
necesidades concretas que contradicen estructuralmente el modo capitalista de
reproducción; proyectos y necesidades que sólo pueden desarrollarse
orgánicamente en la medida en que el sujeto social real (la clase proletaria)
comienza a recobrar y reasumir la función sintetizadora de la socialidad (la
autarquía, la sujetidad) que se halla enajenada como funcionamiento automático
del “valor que se valoriza“, del capital. En otras palabras, se trata de
un significar revolucionario porque la intención central de todos sus mensajes
es verdadera, concuerda con la tendencia marcada por la nueva modificación
(liberación) del código básico, o sea, por la formación de la nueva
objetividad: la objetividad social-natural del nuevo vivir comunitario.
Es, por tanto, un significar que se compone en un
plano esencialmente heterogéneo respecto del que sirve de plataforma al
significar burgués. Su desarrollo como discurso no parte de una necesidad de
refutación directa (de rectificación o perfeccionamiento) del discurso burgués,
sino, por el contrario, de una necesidad de abolirlo y superarlo radicalmente.
Por lo tanto, su relación polémica adecuada con el
discurso burgués sólo puede darse de manera indirecta, haciendo intervenir a
los linderos de ese terreno, poniendo en cuestión las condiciones normales del
enfrentamiento. Y sólo puede consistir en la composición de su propio saber en
tanto que negación inmediata del saber capitalista o construcción sistemática
de lo que no puede ser sabido por el saber adquirido de manera capitalista.
Segunda ilusión: el significar comunista puede desarrollarse como discurso científico
de manera independiente respecto del discurso científico burgués, y puede
levantar ya, antes del revolucionamiento total, un saber completo, al margen
del saber capitalista, exclusivamente a partir de la experiencia de la clase
proletaria.
Se trata de una ilusión porque refleja sobre las
posibilidades actuales (en situación de sometimiento) de desarrollo del
discurso comunista la imagen deseada pero aún irrealizable de lo que ellas
habrán de ser en el futuro (en situación de libertad).
Las relaciones comunistas de reproducción social se
hallan ya formalmente presentes en la reproducción social capitalista, es
decir, en el interior de las relaciones propiamente capitalistas que
constituyen al sujeto social. Pero su presencia es subordinada y reprimida; se
delínea como una estructura en negativo —posible pero constantemente
obstaculizada— en torno al conjunto de fallas o puntos de fracaso del propio
orden capitalista. En consecuencia, la posibilidad de su presencia real no
implica la creación de un mundo absolutamente desvinculado del que existe como
mundo capitalista, sino, por el contrario, la construcción de otro
esencialmente diferente de él pero que se esboza a partir de sus
imposibilidades.
Igualmente, el discurso de las relaciones
comunistas de reproducción formalmente presentes —discurso indirecto y
negativo— se desarrolla dentro de las condiciones concretas del discurso en
general: subordinado, por tanto, a la configuración capitalista que todavía
afecta estructuralmente a éste durante todo el periodo de transición o
revolucionamiento. Es un discurso que, en la época capitalista, se formula
sobre la base del significar revolucionario del proletariado; significar que, a
su vez, sólo existe efectivamente como significar transgresor de las normas del
significar dominante: como “mal uso” o empleo “defectuoso” del
conjunto de posibilidades (restringido en sentido capitalista) de significar en
general.
Por ello, la relación polémica adecuada del
discurso comunista con el discurso burgués sólo puede darse dentro del discurso
teórico general y precisamente a través de una transgresión organizada de las
normas específicamente capitalistas que rigen concretamente la producción del
saber.
En conclusión, el discurso teórico propio del
comunismo científico sólo puede ser un discurso crítico como el de Marx en El
Capital: capaz de apropiarse del saber formado a partir de la objetividad
capitalista, de someterlo a la acción desestructuradora de las significaciones
espontáneas del proletariado y de recomponerlo de manera tal, que los vacíos
dejados por el discurso burgués que lo produjo se vuelvan evidentes como
sistema y constituyan, así, el saber necesario para la revolución.

