Libro N° 8040. El Materialismo De Marx. Echeverría, Bolívar.
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El Materialismo De Marx. Echeverría,
Bolívar. Emancipación. Diciembre 5 de 2020.
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El Materialismo De Marx. Bolívar Echeverría
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Bolívar
Echeverría
El Materialismo De Marx
Bolívar Echeverría
DATOS
Además del manuscrito que ocupó a Marx durante
los primeros mese de su estadía en Bruselas, el de su primera “Crítica de la
economía política“, elaborado en 1844, en París; además de los cuadernos
con los apuntes de lectura que acompañaban a sus estudios de economía, teoría
social e historia; además del manuscrito de La ideología alemana,
redactado junto con Engels en 1845 y 1846, se conserva
también, entre otros documentos de esta época de su vida, la agenda o
memorándum que le sirvió entre 1844 y 1847. En esta libreta, que contiene casi
exclusivamente títulos de libros y recados domésticos, se encuentran también
algunas anotaciones sumarias o esquemáticas de Marx que tienen
una relación directa con sus manuscritos propiamente teóricos.
La principal de estas anotaciones teóricas es la
que se compone de las famosas once tesis “ad Feuerbach“.
Se supone generalmente que las Tesis fueron
anotadas por Marx en marzo de 1845; otras consideraciones
permitirían pensar, sin embargo, que fueron escritas a principios de 1846. Lo
que sí puede afirmarse con seguridad es que su redacción tuvo que ver
directamente con la intervención de Marx y Engels,
durante 1845 y 1846, en la discusión propiamente alemana de los problemas del
socialismo; es decir, que sus aseveraciones forman parte del tratamiento
crítico al que fueron sometidas por Marx y Engels en
esos años tanto las versiones de la doctrina socialista que prevalecían en
Alemania como las construcciones filosóficas en que ellas pretendían encontrar
su justificación teórica.
Es en enero de 1846 cuando Marx y Engels deciden
ampliar y transformar sustancialmente el escrito que preparaban contra Bauer y Stirner.
La redacción de esta nueva obra, La ideología alemana, que debe
incluir un capítulo inicial sobre Feuerbach, es, después de la redacción
de La sagrada familia, la oportunidad más próxima que tiene Marx de
abordar una consideración global del materialismo y de la filosofía de Feuerbach.
(Cf. Marx-Engels-Lenin Institut., K. Marx, Chronik
seines Lebens, Moscú, 1934, pág. 30.)
CONSIDERACIÓN GENERAL
Una comparación analítica del texto de las Tesis con
los textos de los dos escritos principales de Marx en estos
años —los “Manuscritos de París” y La ideología alemana —
revela fácilmente que todas las aseveraciones singulares discernibles en el
primero pueden también ser reconocidas sea en uno de los otros dos o en ambos.
Basta eliminar del texto de las Tesis el plano aparentemente
accidental en que tiene lugar su unidad, el plano de su formulación ocasional
como sucesión de once enunciados aforísticos (donde sí es innegable la
presencia de expresiones nuevas y exclusivas), para que el residuo, la lista de
aseveraciones aisladas que se encuentran en él, resulte carente de todo aporte
original o indispensable en el nivel propiamente conceptual, y para que, en
consecuencia, todo el texto pierda lo propio o distintivo y se vuelva
reductible a los dos textos mayores.
Pero el mensaje comunicado en el texto de las Tesis:
reconocerlo como una totalidad significativa perteneciente a un proceso
discursivo que aprovecha precisamente la peculiaridad de su expresión, al
adjudicarle su sentido definitivo, para que se revelen las posibilidades que
tiene su mensaje de ser original o irreductible, es decir, no redundante sino
complementario con respecto al mensaje aportado por los “Manuscritos de
París” y La ideología alemana.
El examen de las tesis que
intentaremos hacer en las páginas siguientes se guía por una idea general
acerca de cómo se da y en qué consiste este carácter original e irreductible
del mensaje transmitido en su texto.
Pensamos que la manera en que el texto reúne a las
once tesis o enunciados aforísticos en el plano de la formulación ocasional —la
figura de un programa o manifiesto que postula un conjunto de principios sobre
un tema determinado— posee una función significativa propia en la medida en la
que delimita una dirección e indica una tendencia a las aseveraciones
organizadas según ella. Que esta función consiste en convertir a las once
tesis, motivadas por la presencia teórico-política de Feuerbach, en
una serie de pasos de argumentación cuya sucesión elabora una región
problemática más general, cumpliendo un requerimiento indispensable del proceso
discursivo en que se efectúa la revolución teórica comunista.
Afirmamos además que la región problemática
circunscrita de modo especial o predominante mediante esta secuencia
argumental, por el conjunto de las Tesis constituye un sector
decisivo, central o fundamental del campo problemático general abierto en el
proceso de fundación de la teoría marxista, un sector que en otros textos sólo
es tratado de manera general, tangencial o supeditada. Que esta zona decisiva
de la problemática teórica marxista es precisamente aquella en que aparecen las
cuestiones tendientes a la definición del carácter y el tipo esenciales del
discurso teórico comunista, y que contiene por tanto el problema de la
especificidad de la teoría marxista.
Creemos, en efecto, que la cuestión central en
torno a la cual se organiza la problemática interna del texto de las Tesis —y
que hace de su mensaje un aporte original, es decir, esencialmente
complementario dentro del sistema teórico marxista— puede ser explicada en
estos términos: ¿cómo es posible un discurso teórico propiamente comunista? Es
decir: ¿cómo afecta la peculiaridad del mensaje comunista a la configuración
fundamental del discurso teórico? ¿De qué afirmación básica sobre la
objetividad y sobre el tipo de actividad teórica adecuada a ella parte el
discurso teórico comunista?
Así, pues, la idea general que orienta nuestro
examen de las Tesis —y que trata de ratificarse y
pormenorizarse en ellos— considera a su escritura o redacción como un paso
necesario dentro de esta intervención propiamente teórica de Marx en
el proceso de constitución del movimiento comunista a la que hemos calificado
de revolución teórica. Necesario por cuanto precisamente a través de él esa
intervención adviene a su autorreconocimiento y, por tanto, a su autoafirmación
como revolución teórica, es decir, como reconfiguración fundamental del campo
de posibilidades de composición del discurso teórico.
La redacción de las Tesis se nos
presenta, entonces, como un intento constitutivo de la intervención teórica
de Marx en el cual ésta define sobre la marcha el carácter y
el alcance de su propia realización; como un acto de reconocimiento provisional
del trayecto recorrido y del que queda por recorrer en el proceso de la
revolución teórica; como un acto de afirmación, por una parte, de la diferencia
entre el discurso teórico comunista y el discurso teórico tradicional, y, por
otra, de la problemática fundamental que promueve esta especificidad del nuevo
discurso y adquiere con él la posibilidad de su formulación adecuada.
EL ORDEN DE LAS TESIS
Un reconocimiento inicial del texto de las Tesis en
su conjunto revela que su unidad en el plano de la formulación inmediata
resulta de la presencia de un cierto orden de argumentación esbozado en la
secuencia de los once enunciados aforísticos que lo componen; que su
constitución como totalidad de significación se debe a que cada una de sus
aseveraciones se halla contribuyendo al cumplimiento aproximado de una
intención argumental determinada.2
Este orden y esta intención lógicos, constatables
en el texto de las Tesis, poseen o siguen un sentido deductivo: la
Tesis I cumple la función de premisa, mientras las otras diez ilustran,
explican o particularizan lo postulado por ella. Si en la Tesis I
encontramos una definición del carácter específico del nuevo materialismo, en
las demás reconocemos las conclusiones o resultados de la aplicación de esa
definición al tratamiento de varias cuestiones especiales, tales como la
explicación de los límites teóricos e históricos de la filosofía tradicional,
la delimitación de la necesidad, el objeto y la función de la nueva teoría
comunista, la ubicación de la base real de la enajenación, la caracterización
del proceso de transformación social, etcétera.
Pero debemos observar también que la manera como se
muestran este orden y esta intención refleja el carácter provisional e
inconcluso del texto de las Tesis, el hecho de que se trata de un
escrito no acabado, resultado de una redacción interrumpida. No aparecen, en
efecto, ni como un orden lógico construido y equilibrado en toda su coherencia
ni como una intención argumental depurada y desarrollada en todas sus
implicaciones esenciales. La exposición de las Tesis presenta
ciertas características —interrupciones, saltos, repeticiones, etcétera— que,
si bien no afectan a la composición de su sentido general, sí lo vuelven menos
evidente.
Resulta entonces conveniente comenzar el examen de
las Tesis con una primera intervención destinada a fortalecer
la consistencia de la distribución propia del texto y a permitir así que el
orden y la intención argumentales de su exposición resalten con mayor nitidez.
En nuestra opinión, esta intervención debe consistir en el trazo de una
división en la serie de las Tesis que acentúe la pertenencia
de cada una de ellas —reubicándolas incluso, en ciertos casos— a uno de los
pasos de la argumentación reconocida en el texto.
La división que nosotros proponemos distingue
cuatro temas predominantes en el contenido del texto y delimita en referencia a
ellos cuatro grupos en la serie de las once Tesis; destaca además al primero de
éstos en calidad de premisa de los demás. Nuestro examen distribuye, pues, el
texto de las Tesis en los siguientes grupos:
el grupo A, cuyo tema predominante es la
determinación del carácter dialéctico materialista (o práctico) como carácter
específico del discurso teórico comunista, que está compuesto centralmente por
casi toda la Tesis I y por la Tesis V, y que incluye también a las Tesis II y
VIII, en las que, a manera de corolario, se determina a la actividad teórica
como momento constitutivo de la praxis social material;
el grupo B, cuyo tema predominante es la
determinación de la historia de las configuraciones de la sociedad como
problemática específica del discurso dialéctico materialista, que está
compuesto por las Tesis IV, VI y VII;
el grupo C, cuyo tema predominante es la
determinación de la necesidad histórica del discurso dialéctico materialista,
que está compuesto por las Tesis IX y X y por la última parte de la Tesis I, y
el grupo D, cuyo tema predominante es la
determinación del concepto dialéctico materialista de transformación social,
que está compuesto por las Tesis III y XI.
LAS TESIS DEL GRUPO A
Los pasajes del texto de las Tesis que hemos
reunido en este grupo son los siguientes: 3
En primer lugar, la parte inicial de la Tesis I:
“La principal insuficiencia de todo el materialismo
tradicional [bishering] [incluido el de Feuerbach] es que [, en él] el
objeto I [Gegenstand], la realidad, la materialidad [Sinnlichkeit]
sólo es captada bajo la forma del objeto II [Objekt] o de la intuición
sensible [Anschauung]; y no como actividad humana material [sinnlich],
(como) praxis; no subjetivamente. De ahí que, en oposición al materialismo, el
aspecto activo [haya sido] desarrollado de manera abstracta por el idealismo
—el cual, naturalmente, no conoce la actividad real, material [sinnlich]
en cuanto tal.”
A continuación, la Tesis V y la parte intermedia de
la Tesis I:
“Feuerbach, insatisfecho con el pensamiento
abstracto, quiere [volver a] la intuición sensible [Anschauung]; pero no
capta la materialidad [Sinnlichkeit] como actividad práctica,
material-humana.”
“Feuerbach quiere [referirse a] objetos materiales
[sinnliche Objekte], realmente diferentes de los objetos pensados [Gedankenobjekte]:
pero no capta la propia actividad humana como actividad objetiva [gegenständlich].”
En segundo lugar, la Tesis VIII y la Tesis II:
“Toda vida social es esencialmente práctica. Todos
los misterios que inducen [veranlassen] a la teoría al misticismo
encuentra su solución racional en la praxis humana y en la comprensión [Begreifen]
de esta praxis.”
“La cuestión de si al pensamiento humano le
corresponde [zukomme] una verdad objetiva [gegenständiche] no es
una cuestión de la teoría sino una cuestión práctica. En la praxis debe el
hombre demostrar la verdad, esto es, la realidad y el poder [Macht], la
terrenalidad [Diesseitigkeit] de su pensamiento. La disputa sobre la
realidad o irrealidad [Nichtwirklichkeit] del pensamiento —que está
aislado de la praxis— es una cuestión puramente escolástica.”
Pero conviene observar que la función determinante
o de premisa que pretendemos reconocer en este grupo no se extiende por igual a
todos lo pasajes que lo integran. Se concentra en el pasaje inicial del texto,
es decir, en el primero de los tres que hemos transcrito en primer lugar. Los
otros dos incluidos a continuación y las Tesis VIII y II, transcritas en
segundo lugar, sólo participan de manera secundaria o derivada de esa función
de premisa; aquéllos aportan una ilustración de lo afirmado en el pasaje inicial,
mientras éstas lo confirman sobre una cuestión particular, a manera de
corolario.
En consecuencia, nuestro examen debe también
concentrar su atención en el pasaje inicial y determinante del texto de
las Tesis.
1
¿Cuál es y cómo se halla realizado el propósito
teórico del pasaje inicial de las Tesis?
Ésta es la pregunta que debe responder una primera
aproximación a su texto.
Su preocupación más evidente está dirigida a las
virtudes y los defectos del “materialismo” (tradicional) y del “idealismo“.
Esta preocupación —que de por sí no parece distinguirse de una curiosidad
filosófica puramente profesional— define su sentido cuando la relacionamos con
la última frase de la misma Tesis I y la consideramos dentro
de las vicisitudes del proceso global de trabajo teórico que ocupa a Marx en
esos años.
De acuerdo a esa frase, lo que es necesario
comprender es “la significación de la actividad revolucionaria“; y si
interesa un juicio sobre el “materialismo” (tradicional) y el “idealismo”
es precisamente en la medida en que éstos son los dos modos básicos en que se
suele de hecho satisfacer esa necesidad. Ahora bien, como hemos indicado
anteriormente, la necesidad de esta comprensión es experimentada por el nuevo
movimiento comunista, en el que interviene teóricamente Marx, como
una necesidad que pone en crisis al campo vigente de posibilidades de
comprensión de todo objeto del tipo de la “actividad revolucionaria,
crítico-práctica“. Las aporías en que van a encerrarse las elaboraciones
doctrinales socialistas de la década de 1840 demuestran la imposibilidad de que
el discurso teórico revolucionario alcance autosuficiencia, coherencia y
efectividad bajo la sujeción ideológica a la estructura del discurso
capitalista y a su dinámica de autoafirmación y autoreproducción. La necesidad
de pensar el proceso revolucionario resulta ser, simultáneamente, necesidad de
revolucionar el proceso de pensar.
Podemos decir, entonces, que lo que busca
centralmente el pasaje inicial de las Tesis es el carácter que
conviene al discurso teórico comunista como discurso revolucionario:
revolucionario por tratar adecuadamente de la revolución y por ser, él mismo,
momento constitutivo (teórico) de la revolución. Es esta búsqueda la que se
abre paso mediante el juicio crítico sobre el “materialismo”
(tradicional) y el “idealismo” en tanto que caracteres contrapuestos
pero complementarios del discurso teórico que es necesario revolucionar.
Efectivamente, la delimitación del carácter
específico del discurso teórico comunista sigue un procedimiento negativo o
crítico: marca con precisión —en referencia a la “actividad revolucionaria”
como objeto por pensar— los defectos esenciales de que adolece el discurso
teórico tradicional e indica, en calidad de tarea por cumplir, la posibilidad
de un nuevo discurso teórico que no esté afectado por ellos.
2
Pero ¿qué es propiamente lo que entra en la mira de
la crítica de Marx cuando se refiere al “materialismo”
(tradicional) y al “idealismo“? No es, sin duda, el contenido de los
filosofemas definitorios de dos doctrinas presentes en el panorama de la
historia del pensamiento: no se trata de elegir entre dos posiciones u
opiniones filosóficas ni de sintetizarlas o superarlas en otra concepción del
mundo. Marx habla claramente del “materialismo”
(tradicional) y el “idealismo” como horizontes o ámbitos de la aprehensión
cognoscitiva, como campos de posibilidad del comportamiento teórico en los que
un objeto puede ser “captado” (gefaszt) o no. Su crítica apunta
no tanto hacia el saber producido explícitamente en el discurso
científico-filosófico moderno, sino precisamente hacia el horizonte de
posibilidades cognoscitivas planteado como condición de ese discurso, hacia su
carácter o hacia la configuración específica de su estructura fundamental. Es
esta estructura básica del discruso teórico —generalmente implícita o latente
pero siempre determinante en todas las formulaciones científicofilosóficas
desarrolladas de hecho— la que es tenida en cuenta por Marx en
su juicio crítico sobre el “materialismo” (tradicional) y el “idealismo“;
éstos son tratados como las dos modalidades particulares complementarias de la
configuración moderna o capitalista de la estructura fundamental del discurso
teórico.
¿Y en qué consiste esta estructura básica del
discurso teórico, su horizonte o campo de posibilidades cognoscitivas? El
pasaje que examinamos parece definirla a partir de lo que podríamos llamar el
núcleo de todo mensaje teórico latente, es decir, más precisamente, a partir de
una significación central que, por su máxima simplicidad y radicalidad, se
inscribe en el nivel del código lingüístico y lo penetra decisivamente,
esbozando así una subcodificación totalizadora, capaz de sobredeterminar todo
mensaje explícito posible. En efecto, lo que el texto de Marx reconoce
como determinante y característico del campo de posibilidades cognoscitivas o
de “captación” teórica es la definición última, más simple y más
radical, contenida en él de lo que es la objetividad (el “objeto I“),
“la realidad, la materialidad” del objeto (“objeto II“). Lo más
elemental y fundamental, lo determinante “en” el ámbito de una teoría es
la manera en que allí se da cuenta de la experiencia irreductible de la
presencia de sentido en lo real, de la presencia de lo real como dotado de
sentido y no como un caos inefable o como un en-sí abolutamente indefinido; o,
lo que es lo mismo, la manera en que allí se da cuenta de la propia capacidad
de aseverar algo —así sea la simple existencia— del objeto, de la propia
capacidad de producir significaciones.
Es la versión que la época moderna o burguesa
ofrece de esta “definición” fundamental la que es tratada críticamente
por Marx cuando delimita las virtudes y los defectos del “materialismo”
(tradicional) y el “idealismo“. Dicho en otras palabras, lo que
propiamente es afectado por la crítica del pasaje inicial de las Tesis son
las dos modalidades que presenta la significación central de la estructura del
discurso teórico cuando éste se especifica históricamente como discurso teórico
capitalista.
Y el texto de este pasaje llega a una conclusión
precisa como resultado de su labor crítica: mientras la modalidad
materialista-empirista del discurso teórico moderno se basa en una
problematización insuficiente o poco radical de la objetividad del objeto, la
modalidad idealista-racionalista se comporta de manera inconsecuente con el
principio de problematización adecuada del que ella parte en su “captación”
teórica de la objetividad.
3
La modalidad materialista-empirista de la
estructura del discurso teórico moderno o capitalista se levanta en torno a una
noción básica de objetividad (“objeto I“), en la que ésta queda reducida
o asimilada a la constitución propia del objeto de la intuición o contemplación
(“objeto II“), es decir, a la constitución de un objeto que se impone,
en plena exterioridad, como pura presencia casual a un sujeto preexistente que
lo constata. En esta delimitación básica, la objetividad es aprehendida
teóricamente como una sustancia inherente al objeto, independiente de todo tipo
de relación sujeto-objeto; la presencia de sentido en lo real es tratada como
un estado expresivo espontáneo o inerte de las cosas, como una significatividad
constituida naturalmente, previa a toda actividad de comunicación y
significación.
La crítica de Marx pone en
evidencia el defecto o la limitación principal de esta problematización de la
objetividad en el discurso materialista-empirista. Éste trata de fijarla como
substrato metafísico, como cosa exterior siempre ya dada frente al sujeto, pero
lo específico de la objetividad desborda el alcance de este intento teórico.
Para problematizar adecuadamente lo que distingue a la objetividad en cuanto
tal es necesario considerarla “subjetivamente“, esto es, como proceso en
curso, y como proceso que afecta esencialmente y por igual tanto al objeto como
al sujeto que aparecen en él; considerarla “como actividad“, como praxis
que funda toda relación cognoscitiva sujeto-objeto y que constituye, por tanto,
el sentido de lo real y la posibilidad de comunicar y significar.
Esta evidente insuficiencia del discurso
materialista empirista no impide, sin embargo, que Marx se
reconozca a sí mismo como un continuador revolucionario de su desarrollo. En la
metafísica “objetivista” de este discurso Marx distingue
la exageración de un elemento teórico que el discurso comunista debe rescatar:
la insistencia en el carácter irreductible de la esencia del objeto a la
actividad unilateral del sujeto.
A su vez, la modalidad idealista-racionalista de la
estructura del discurso teórico moderno, según la crítica que de ella esboza
este pasaje de las Tesis, se revela inconsecuente: dueña de un
principio válido al que ella, sin embargo deforma y mistifica.
La noción básica propia de este discurso implica
una problematización de la objetividad que sí alcanza a plantearla en su
especificidad; la considera “subjetivamente“, como proceso fundante,
como actividad de constitución. Para el “idealismo” moderno, la objetividad es
siempre un acto de conversión fundamental de un en-sí, de un algo unitario
simple e indiferenciado en una unidad o totalidad compleja y diferenciada de
sujeto y objeto; totalidad dentro de la cual únicamente se constituye un
sentido, esto es, una conexión correlativa entre una realidad significativa y
una conciencia significadora.
Pero es precisamente esta problematización adecuada
de la objetividad, planteada por la modalidad idealista del discurso teórico
moderno, la que, contradictoriamente, sólo se encuentra en ella de manera
deformada y mistificada: empobrecida de un elemento central o de una componente
esencial de ella misma. El “idealismo” descuida y deja de lado el
carácter prioritario de la relación sujeto-objeto con respecto a cada uno de
sus dos términos, y erige al primero de ellos, al sujeto, en calidad de fuente
y fundamento de ella; abandona, así, al mismo tiempo que la presupone, la
noción de objetividad como proceso de constitución tanto del sujeto como del
objeto, e introduce en su lugar una noción diferente, en la cual el proceso de
constitución aparece como un acto unilateral de construcción del objeto por
parte del sujeto.
La inconsecuencia del discurso
idealista-racionalista consiste, pues, en que se desdice del principio en que
se sustenta al presentarlo de manera menguada y unilateral; en que reduce la
noción de objetividad a la de un proceso emanado del acto en que el sujeto “pone”
al objeto.
El pasaje inicial de las Tesis califica
de “abstracta” a esta manera inconsecuente en que el discurso teórico
idealista-racionalista “desarrolla el aspecto activo” o “subjetivo”
de la objetividad. Y explica: este desarrollo es abstracto —es decir, deja de
lado la totalidad del proceso de constitución u sólo tiene en cuenta,
exagerándola, la actividad pura del sujeto— porque la estructura teórica básica
en que tiene lugar se ha formado también en referencia (abstracta) a un solo
nivel de la praxis social: al nivel de la actividad espiritual o
teórico-especulativa. La “definición” idealista-racionalista de
objetividad se da dentro de una problemática fundamental que “no conoce la
actividad real, material, en cuanto tal” (en la que sujeto y objeto
prácticos se constituyen recíprocamente), o que “conoce” únicamente la
actividad en la que la razón o la fantasía parecen expresarse soberanamente en
un medio pasivo a su entera disposición.
4
La crítica del discurso teórico moderno o
capitalista cumple su función cuando confronta entre sí a las dos modalidades
estructurales de este discurso con el fin de delinear por contraste, a partir
de los resultados de esa confrontación y desde la perspectiva de las
necesidades teóricas de la revolución comunista, la posibilidad de un nuevo
discurso, del discurso teórico propiamente comunista.
En efecto, esta posibilidad es reconocible a partir
de la constatación de que la estructura del discurso teórico moderno tiene
necesariamente que elegir entre dos versiones igualmente contradictorias de una
“captación” teórica inadecuada de la objetividad: o bien, en la versión
de su modalidad materialista-empirista, olvida el “aspecto activo” de la
objetividad, preocupada hasta la exageración metafísica por rescatar la
irreductibilidad de ésta a las determinaciones del sujeto; o bien, en la
versión de su modalidad idealista-racionalista, elimina esta irreductibilidad
en favor de una acentuación mistificada y abstracta de ese “aspecto activo“.
La posibilidad de un discurso teórico a salvo de
este dilema que afecta estructuralmente al discurso teórico capitalista es
reconocida por la teoría comunista, que se autodefine y se desarrolla, en este
escrito de Marx, como una tarea por cumplir. Esto lo advertimos
cuando, para completar la realización del principal propósito del pasaje
inicial de las Tesis, volvemos explícitas las determinaciones
centrales que esa posibilidad indica como específicas para el carácter del
discurso teórico comunista y definimos a éste como un discurso teórico cuya
estructura básica debe ser dialéctica y materialista.
En efecto, el nuevo discurso teórico debe, en
primer lugar, vencer la limitación o insuficiencia de la problematización
materialista-empirista de la objetividad y asumir al mismo tiempo la
radicalidad, traicionada por el idealismo-racionalismo, de su problematización
“subjetiva” o (según la terminología definitiva y más adecuada de Marx)
dialéctica: debe sustentarse en una aprehensión teórica de la objetividad como
proceso o praxis fundante de toda relación sujeto-objeto y, por tanto, de toda
presencia de sentido en lo real.
Debe, en segundo lugar, “poner de pie” y
recobrar la totalidad de la problematización dialéctica de la objetividad,
mistificada y parcializada en su desarrollo idealista-racionalista,
planteándola —mediante una adopción crítica de la insistencia
materialista-empirista— como una problematización dialético-práctica o
dialéctico-materialista: debe sustentarse en una aprehensión teórica de
ese proceso fundante como un proceso básicamente material, como un proceso de “metabolismo”
práctico entre el hombre y la naturaleza.4
El complejo proceso histórico-teórico que lleva
a Marx a delimitar la estructura básica o el carácter
específico que conviene al discurso teórico comunista culmina, en la segunda
mitad de la década de 1840, con la crítica de los intentos socialistas alemanes
destinados a construir una base teórica para su doctrina y su lucha mediante la
adopción y politización de la filosofía materialista de Feuerbach.
Es precisamente el examen crítico del discurso feuerbachiano, como matriz
propuesta para el discurso revolucionario, el que —realizado a la luz de las
necesidades teóricas del movimiento proletario en su proceso de constitución en
movimiento comunista— conduce a Marx a las conclusiones
anotadas en el pasaje inicial de este Grupo A de las Tesis.
Decisiva en una perpectiva histórico-teórica, esta
presencia de la filosofía de Feuerbach en la elaboración de la
teoría marxista sólo puede reproducirse en calidad de ejemplo o ilustración en
la perspectiva de la construcción lógica de las Tesis. El discurso
materialista de Feuerbach aparece, en los dos pasajes que
hemos transcrito a continuación del primero como ejemplo de lo que no debe ser
el discurso materialista del movimiento comunista; como ilustración de un
intento bien intencionado pero fallido de trazar los lineamientos fundamentales
de la teoría revolucionaria del proletariado.
Un intento doblemente fallido, pues oscila entre la
insuficiencia del materialismo-empirismo y la inconsecuencia del
idealismo-racionalismo. Las pretensiones del discurso de Feuerbach se
desvanecen por una doble razón: porque —según el primero de estos pasajes—
cuando quiere ser materialista descuida el “aspecto activo” de la
objetividad (“la materialidad como actividad“), no llega a ser “subjetivo“,
dialéctico, y porque —de acuerdo al otro pasaje— cuando quiere considerar ese “aspecto
activo” (“la propia actividad humana“) deja de ser materialista.
Circunscrito a la consideración de aquella
actividad particular que sirve de paradigma al discurso idealista-racionalista
en su aprehensión del “aspecto activo” o “subjetivo” de la
objetividad, la actividad específicamente teórica, el discurso
dialéctico-materialista debe arribar a un corolario, anotado por Marx en
sus Tesis VIII y II: el campo y el material significativos,
cuya elaboración específicamente conceptual da base a la necesidad de la
actividad teórica en cuanto tal, deben ser concebidos como condición de ésta y
no como su producto o resultado. La praxis social, que funda toda relación
sujeto-objeto, es ella misma proceso de constitución de sentido en lo real, de
relación específicamente semiótica; las significaciones que se componen en este
nivel fundamental delimitan y estructuran el campo de posibilidades de
significar de la actividad teórica específica.
La “verdad” del discurso teórico —y por
tanto también su “falsedad” su evasión “al misticismo“— sólo
puede ser explicada si ese discurso es concebido como momento componente del
proceso práctico-histórico en su totalidad (y no como acto independiente de
figuración adecuada o inadecuada, “realista” o “irrealista” de
una cosa). Es este proceso el que, según la tendencia inmamente de su
desarrollo general, organiza en cada una de sus épocas el campo de
posibilidades de la producción de significaciones, es decir: jerarquiza los
niveles y las regiones de problematicidad en lo real y ubica la perspectiva
desde la cual esta problematicidad puede ser abordada eficazmente. Por esta
razón, lo que constituye la “verdad” del discurso teórico es
precisamente su compenetración con este proceso —como elaboración conceptual de
las significaciones que en él se producen y que, trabajadas, deben revertirse
sobre él para su autotransformación—: en otras palabras, su “verdad” es
su “poder“, su contribución o participación específica en la realización
concreta de la tendencia fundamental de este proceso práctico-histórico.
LAS TESIS DEL GRUPO B
La Tesis IV:
“Feuerbach parte del factum de la
autoenajenación religiosa, de la duplicación del mundo en uno religioso y otro
mundano. Su trabajo consiste en disolver [auflösen] el mundo religioso
en su base [Grundlage] mundana. Pero el [hecho de] que la base mundana
se desprende [abhebt] de sí misma y se fija (como) un reino
independiente en las nubes sólo es explicable a partir del autodesmembramiento
[Selbstzerrissenheit] y [del] autocontradecirse de esta base mundana. Es
ésta entonces, en sí misma, la que debe ser tanto comprendida [verstanden]
en su contradicción como revolucionada prácticamente. Es decir, por ejemplo,
una vez que la familia terrenal [irdische] ha sido descubierta como el
misterio de la Sagrada Familia, debe ahora ser aniquilada [vernichtet]
teórica y prácticamente.”
La Tesis VI:
“Feuerbach disuelve la esencia religiosa [das
religiose Wesen] en la esencia humana [das menschliche Wesen]. Pero
la esencia humana no es un abstractum inherente [inwohned]
al individuo singular. En su realidad, es el conjunto de las relaciones
sociales [das ensemble der gesellschaftlichen Verhältnisse].
“Feuerbach, que no entra en la crítica de esta
esencia real [dieses wirklichen Wesen], está obligado, por tanto:
“1) a hacer abstracción del acontecer [Verlauf]
histórico y a fijar como independiente [für sich] al ánimo [Gemüt]
religioso, y a presuponer un individuo humano abstracto [aislado].
“2) por lo tanto, la esencia [das Wesen]
sólo puede ser captada como «genero» [Gattung], como universalidad
interior, inexpresiva [stumme], que conecta [verbindende]
naturalmente a los muchos individuos.”
La Tesis VII:
“Feuerbach no ve, por tanto, que el propio «ánimo
religioso», es un producto social, y que el individuo abstracto que él analiza
pertenece a una forma determinada de sociedad [einer bestimmten
Gesellschftsform].”
El tema predominante en el conjunto de estas
tres Tesis se halla supeditado directamente al que es tratado
en calidad de premisa por el grupo A. Mientras en éste tiene lugar la
definición del carácter específico del discurso teórico comunista en tanto que
momento del proceso práctico, en el grupo B se lleva a cabo la determinación de
lo que debe ser la problemática específica del mismo en tanto que discurso
sobre ese proceso práctico.
Basta considerar al discurso teórico
dialéctico-materialista como un discurso que por necesidad está situado
históricamente dentro del proceso práctico para que se vuelva evidente que su
propio carácter dialéctico-materialista implica ya una jerarquización del campo
problemático que se abre ante él. Si lo real, concebido como proceso práctico,
se encuentra en una era en que su acontecer lo determina esencialmente como
proceso de transformación fundamental de la socialidad, resulta necesario que
su problematicidad se concentre precisamente en el lado de su estructura que
entra en crisis en una época tal: en lo que es propiamente su composición
histórico-social. El discurso dialéctico materialista se define, así,
concretamente en referencia a la problemática específica de la historia de las
formas sociales dentro de las cuales se realiza el proceso productivo, la
praxis o actividad práctica constituyente; se configura como materialismo
histórico, como teoría materialista y dialéctica de la sociedad y de su historia.
Los lineamientos centrales de esta concretización
de la definición del discurso teórico comunista son los que encontramos
trazados en el grupo B de las Tesis. El procedimiento mediante el
cual se llega a este esbozo consiste en una crítica del concepto con el que el
discurso materialista de Feuerbach intenta pensar la situación
revolucionaria de su tiempo: el concepto de “autoenajenación religiosa de la
esencia humana“. Se demuestra primero la insuficiencia de la
problematización feuerbachiana para aprehender teóricamente el lugar (el mundo
de la “esencia humana“) en que se da esa situación revolucionaria, ese
fenómeno de “enajenación“; y después se convierte a esta demostración en
una indicación de lo que debe ser la problematización suficiente para tal
efecto: la problematización histórico-materialista.
¿Cómo explicar el hecho de la enajenación
religiosa: “la duplicación del mundo en uno religioso y otro mundano” y
la sujeción de éste bajo el primero? Esta es la cuestión que se plantea el
discurso de Feuerbach y que intenta resolver, en dirección
materialista, mediante la determinación de la vigencia de la entidad divina a
partir de una necesidad constituida en la existencia profana; mediante una
argumentación que “disuelve el mundo religioso en su base mundana“. El
hecho de la enajenación se comprenderá así como el resultado de un acto de
enajenación: un acto en el que la “base mundana” o mundo del sujeto, de
la esencia humana, cede o transfiere la función “subjetiva“, activa o
determinante, que le pertenece esencialmente, al “mundo religioso“,
mundo creado o mundo-objeto.
En este intento feuerbachiano de problematizar el
fenómeno de la enajenación, las Tesis encuentran una debilidad
constitutiva: la ausencia de los elementos conceptuales necesarios para dar
cuenta, en general, de ese proceso de enajenación, cesión o transferencia de la
función de sujeto, y, en particular, de esa forma religiosa que él puede adoptar.
En efecto, en una concepción como la de Feuerbach —para la
cual el “mundo mundano” es el medio de la realización, autoafirmación u
objetivación de la “esencia humana“, y ésta es un conjunto unitario y
fijo de necesidades, potencialidad o ánimos común a todos los individuos de la
especie o “género” humano— el origen de ese “mundo enajenado” que
“se desprende” del mundo real queda como un hecho casual o innecesario,
es decir, inexpicable. Igualmente, el concepto feuerbachiano de la composición
de esa “esencia humana“, que exalta al “ánimo religioso” como su
elemento predominante, no tiene otra necesidad teórica que la de ser la
descripción fáctica o casual del tipo de individuos humanos (el “individuo
abstracto” de la religión moderna) que es observable en una sociedad
peculiar, la sociedad que transita de la forma feudal a la forma burguesa.
Para concebir a la enajenación como determinación
de la situación revolucionaria, indica este grupo de las Tesis, se
requiere una problematización que, en lugar de “diluir” el “mundo
enajenado” en su “base mundana“, muestre la necesidad de que el
primero “se desprenda” de ésta y cumpla con respecto a ella una función
determinante. Una problematización que únicamente puede darse a partir de la
estructura del discurso dialéctico-materialista por cuanto sólo ella permite
concebir a esa “base mundana“, no como una sustancia ya constituida y
permanente, sino como el proceso en el que se constituye la totalidad de un
sujeto social y un objeto práctico, y en el que, por tanto, esas “autocontradicciones“,
“duplicaciones” o “enajenaciones” y “revolucionarios” se
producen como momentos necesarios.
Esta indicación queda precisada (en la Tesis VI)
cuando Marx enfrenta a la definición que da Feuerbach del
sujeto de la enajenación, de la “esencia humana“, la suya propia: la “esencia
humana real“, anota, “es el conjunto de las relaciones sociales“.5
Son éstas, entonces, las que en el fenómeno de enajenación neutralizan su
contradicción con las necesidades del proceso práctico, instituyéndose en un
mundo autónomo que actúa determinantemente sobre él, y las que, al obstaculizar
así su desarrollo, lo conducen a una situación revolucionaria.
Precisada en estos términos, la indicación del
grupo B de las Tesis es al mismo tiempo una delimitación del
campo problemático específico donde el carácter dialéctico-materialista del
discurso comunista se realiza concretamente: el campo problemático de la
historia de las “formas determinadas de sociedad“. La posibilidad
histórica real del materialismo dialéctico está en el trabajo teórico del
materialismo histórico.
LAS TESIS DEL GRUPO C
En este grupo hemos reunido, en primer lugar y de
manera central, a la Tesis X y, en segundo lugar y en papel
complementario, a la Tesis IX y a la parte final de la Tesis I.
Transcribimos:
La Tesis X:
“La posición [Standpunkt] del viejo
materialismo es la sociedad civil [o burguesa] [die bürgerliche Gesellschaft],
la posición del nuevo es la sociedad humana o la humanidad social.”
La Tesis IX:
“Lo máximo a lo que llega el materialismo de la
intuición sensible [der anschauende Materialismus], es decir, el
materialismo que no concibe [begrift] a la materialidad [Sinnlichkeit]
como actividad práctica, es a la observación [Anschauung] de los
individuos singulares y de la sociedad civil [der bürgerlichen Gesellschaft].”
La parte final de la Tesis I:
“De ahí [—de la insufiencia de su materialismo—]
que [Feuerbach], en La esencia del cristianismo, sólo considere al
comportamiento teórico como el auténticamente humano mientras la praxis sólo es
captada y fijada en su forma suciamente judía de manifestación [in ihrer
schmutzing jüdischen Erscheinungsform]. De ahí que no comprende [begreift]
la significación [Bedeutung] de la actividad «revolucionaria»,
«crítico-práctica».”
El tema predominante que unifica a estos pasajes
del texto de las Tesis no es ya una derivación inmediata del
primero y principal, elaborado en el grupo A. Resulta, más bien, de la
realización o el ejercicio efectivo del discurso dialéctico-materialista, como
teoría histórica materialista, en el tratamiento de una cuestión particular de
importancia excepcional: la cuestión de la actualidad o de la necesidad
histórico-social de su propia existencia. ¿Cuál es, y en qué circunstancias
históricas se configura como determinante la problematicidad peculiar cuyo
tratamiento exige la acción de un discurso teórico de carácter
dialéctico-materialista? Ésta es la doble pregunta central que creemos
reconocer como motivo de las anotaciones reunidas en este grupo C.
El procedimiento que lleva a su respuesta —es
decir, tanto a la identificación de tal problematicidad como a su ubicación
histórica— consiste, también en este caso, en una contraposición crítica de la
fuente de determinación que da origen al discurso materialista-dialéctico con
aquella de la que proviene el discurso materialista tradicional. A su vez, esta
fuente de determinación es considerada, en ambos casos, tanto en su sentido
sincrónico —esto es, como nivel de la problematicidad social— como en su sentido
diacrónico —esto es, como proyecto histórico efectivo—.
La identificación de la fuente social de
determinación del materialismo dialéctico se realiza mediante la siguiente
contraposición: mientras el discurso materialista tradicional trabaja sobre la
base de la problematicidad que se constituye en el nivel propiamente “civil”
del comportamiento social, el discurso dialéctico-materialista trabaja sobre la
base de la problematicidad que se constituye en el nivel propiamente “humano”
del comportamiento social (o en el nivel propiamente “social” del
comportamiento humano).
El nivel “civil” de la socialidad es, de
acuerdo a la tradición hegeliana de su definición,6 aquel nivel del
comportamiento y de la estructura sociales compuesto por el conjunto de las
relaciones que mantienen entre sí los hombres en calidad de personas libres o
aisladas, propietarias privadas de mercancías, o de distribución de la riqueza
abstracta. Por el contrario, el nivel propiamente “humano” de la
socialidad es, de acuerdo al contexto de la obra de Marx en
estos años,7 aquel nivel básico del comportamiento y la estructura
sociales compuesto por el conjunto de las relaciones que mantienen entre sí los
hombres en tanto que agentes de la producción de la riqueza social cualitativa,
es decir, en tanto que elementos singularmente diferenciados dentro del sujeto
colectivo o comunitario de la praxis o actividad práctica fundamental. Pero
esta identificación del nivel de la socialidad cuya problematicidad requiere o
exige una elaboración dialéctico-materialista no es suficiente para indicar la
necesidad real del discurso teórico dialéctico-materialista. Para serlo debe
avanzar hasta volverse un reconocimiento de la oportunidad, adecuación o
actualidad histórica de ese requerimiento o exigencia. Por ello, las Tesis del
grupo C consideran a la fuente de determinación de la necesidad de los dos “materialismos”
también en su sentido diacrónico: son dos movimientos o proyectos históricos
reales, representativos de esos dos niveles o modos diferentes de la sociedad
los que constituyen verdaderamente a los dos tipos de problematicidad
abordados, respectivamente, por el “viejo” discurso materialista y por
el “nuevo“.
La problemática del materialismo empirista o
tradicional se levanta en realidad a partir de un movimiento histórico: del
movimiento histórico “burgués” [bürgerlich], del comportamiento
social en su función de nivel predominante o principal de toda la estructura
social.8 Por el contrario, la problemática propia del materialismo
dialéctico se constituye a partir del movimiento histórico tendiente a la
instauración del nivel práctico-comunitario del comportamiento social como
nivel predominante o estructurante de la socialidad en su conjunto; se
constituye, por lo tanto, a partir de un movimiento histórico tendencialmente
comunista, radicalmente revolucionario con relación a la organización vigente
de la sociedad en términos burgueses.
Podemos decir, en resumen, que en el grupo C de
las Tesis, el discurso teórico materialista dialéctico es
presentado como un discurso que tiene una necesidad histórica en la medida en
que es discurso teórico comunista: un discurso teórico que elabora una
problemática nueva —la problemática del proceso histórico de la praxis social—,
abierta para él por el movimiento histórico de la revolución comunista.
Complementarias del tratamiento directo dado al
tema de este grupo C por la Tesis X son las observaciones,
anotadas en la Tesis IX y en la parte final de la Tesis I,
sobre el intento hecho por Feuerbach de aprender teóricamente
la actividad social.
Dentro de la problemática de un materialismo como
el de Feuerbach —materialismo empirista, que gira en torno al
comportamiento social “civil” o “burgués“—, todo intento por
concebir conceptualmente la praxis o la actividad cualitativamente productiva
tiende necesariamente a reducir esta actividad fundamental al modelo de la
actividad propia de los burgueses, de los individuos civiles aislados o
interconectados sólo por el movimiento del dinero: al modelo de la actividad “suciamente
judía“.9
Por ello, cuando Feuerbach impugna
el orden social imperante tiene obligadamente que desconocer la posibilidad de
la actividad como actividad revolucionaria, como actividad materialmente o “prácticamente
crítica“. Tiende, más bien, con igual necesidad, a exaltar la actividad
teórica como la única que escapa a la sordidez burguesa que él quisiera
combatir. Tiende a ver la transformación del mundo burgués más como un proceso
pedagógico que como un proceso revolucionario.
LA TESIS DEL GRUPO D
La Tesis III:
“La doctrina materialista acerca de la
transformación de las circunstancias [Umstände] y de la educación olvida
que las circunstancias deben ser transformadas por los hombres y que el propio
educador debe ser educado. Tiene por tanto que dividir [sondieren] a la
sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de ella [über ihr
erhaben ist].
“La coincidencia [Zusammenfallen] del cambio
de las circunstancias y de la actividad humana o [la] autotransformación sólo
puede ser captada y comprendida racionalmente [gefaszt und rationell
verstanden werden] como praxis revolucionaria.”
La Tesis XI:
Los filósofos sólo han interpretado [interpretiert]
el mundo de distintas maneras; de lo que se trata es de transformarlo.”
El tema predominante en estas dos Tesis10 resulta
de una exploración más detenida del tema tratado en el grupo B. La
determinación de la problemática específica que concretiza al discurso
dialéctico materialista como teoría histórico-materialista —la problemática de
la historia de las “formas de sociedad” en que tiene lugar el proceso
práctico— circunscribe necesariamente al concepto de “transformación”
social, de modificación histórica del sujeto práctico, en calidad de concepto
clave dentro de esa problemática. Y las Tesis del grupo D insisten precisamente
en él; parecen responder a esta pregunta: ¿cuál debe ser el concepto
propiamente dialéctico e histórico-materialista de “transformación social“?.
El concepto materialista humanista de
transformación social se construye dentro de una problemática —derivada de la
experiencia básica de la relación sujeto-objeto como una relación innecesaria o
de exterioridad— que parte de la aprehensión teórica de la vida social como un
proceso de adecuación o de conflicto entre dos entidades heterogéneas,
preexistentes a su enfrentamiento: el “hombre” y las “circunstancias”
(materiales o económico-políticas y espirituales o cultural-educativas).
Sometido a este dualismo, el núcleo de la teoría social del materialismo
tradicional oscila entre dos explicaciones antinómicas, ambas unilaterales e
insuficientes —la una fatalista, la otra voluntarista— de la relación de
determinación entre el sujeto social y el medio social: o bien define al sujeto
social como resultado del medio (material y espiritual), y entonces “olvida”
la actividad humana (olvida que las circunstancias son transformables por él);
o bien define al medio social como pura construcción o creación (material y espiritual)
del sujeto, y entonces “olvida” la vigencia autónoma de las
instituciones (olvida que las circunstancias “educan” al hombre). Para
este núcleo teórico del materialismo social tradicional, pensar la unidad de
ambas determinaciones es tarea imposible.
De ahí que cuando la concepción materialista
humanista —a diferencia de la concepción materialista mecanicista— de la
transformación social intenta salvar eclécticamente este dilema adoptando la
posición voluntarista pero sin rechazar la fatalista lo único que hace es
compendiar sus dos deficiencias. La transformación social aparece entonces como
la actividad ejercida por un sector del sujeto social por una elite reformadora
y educadora —para la cual el mundo institucional sería materia dúctil, absolutamente
determinable, mero resultado o creación— sobre el resto del sujeto social —para
el cual el mundo institucional será imposición férrea, absolutamente
determinante—.
Una verdadera superación del dilema inherente a la
problematización materialista tradicional de la vida social sólo puede darse
dentro de una problemática estructurada en torno a una aprehensión (dialéctica)
de la realidad social como proceso totalizador, constitutivo por igual del
sujeto y del objeto sociales, de los agentes y de las instituciones sociales;
en una problematización que reconozca una relación necesaria o de interioridad
entre ellos. Esta problematización, como hemos visto, es precisamente la que
lleva a cabo el discurso teórico histórico-materialista.
Cuando el materialismo histórico desarrolla su
concepto de transformación social, no está obligado a elegir ni entre fatalismo
y voluntarismo ni entre humanismo elitista y mecanicismo espontaneísta; rebasa
el planteamiento teórico que desemboca en estas encrucijadas y parte de la
aprehensión básica del proceso histórico como proceso de “autotransformación”
de la sociedad, de interpenetración de la dinámica “objetiva” o de las
instituciones sociales, por un lado, y la dinámica “subjetiva” o de los agentes
sociales, por otro. En su concepto, la transformación social decisiva es el
momento del proceso o la praxis social en que sus dos dinámicas
interrelacionadas (el “cambio de las circunstancias” y la “actividad
humana“) “coinciden” en el plano de lo concreto: es un proceso o “praxis
revolucionaria“.
Esta definición permite precisar el corolario que
destacabamos en el grupo A de las Tesis, sobre la actividad teórica
como elemento constitutivo del proceso práctico. El pasaje final del texto, la
Tesis XI, aporta esta precisión.
Si es la praxis social la que funda la relación
semiótica básica y la que entrega así a la actividad teórica el campo y el
material significativos sobre los cuales ésta realiza su labor específicamente
conceptual; y si la praxis social es un proceso histórico que deside sus
configuraciones concretas (y por tanto las estructuraciones efectivas del campo
semiótico) en los movimientos revolucionarios o de transformación social,
resulta necesario concluir que también las posibilidades concretas que tiene la
actividad teórica de alcanzar la “verdad“, la calidad propia de su
producción, dependen esencialmente de esas “transformaciones del mundo“.
La “verdad” de la producción teórica sólo puede consistir en su “poder”
revolucionario específico, es decir, en la realización concreta, en su plano
conceptual de esa reestructuración y transformación radical del campo semiótico
que es esbozada por el proceso revolucionario y que debe desarrollarse como
componente esencial del mismo. Al asumir y efectuar la necesidad de revolución
inscrita espontáneamente en el campo de trabajo teórico, la actividad teórica
deviene, al mismo tiempo que revolucionaria (dotada de “poder“), “verdadera“:
supera las limitaciones ideológicas en lugar de someterse a ellas.
Así, de lo que se trata para la teoría, si pretende
ser “verdadera“, es de ser revolucionaria: de intervenir en el sentido
del proceso que decide las posibilidades de su trabajo específico. No hacerlo
sería comportarse como “los filósofos“: los que ratifican con su
actividad una problemática que invierte este orden real de determinación, y
parten, por tanto, de la presuposición de que la configuración histórica del
sistema semiótico en la que teorizan o bien es inmutable o bien se transforma
en virtud de una dinámica autosuficiente del propio sistema. Sería, en
consecuencia, operar repetitivamente pero bajo la ilusión de una creatividad
teórica independiente: pretender que se es el origen de un nuevo saber al
tiempo que lo único que se hace en realidad es componer mensajes redundantes
dentro de un campo discursivo solidificado y pasivamente enigmático, superado
ya por el proceso histórico práctico. Sería, en fin, enfrentarse al mundo
ofreciéndole productos teóricos pretendidamente nuevos, que deberían iluminarlo
y guiarlo, y no entregarle más que imágenes remozadas de lo que él fue en el
pasado: hermenéuticas, “interpretaciones” de lo que él ya no es.
NOTAS
1 Publicado originalmente en Historia y
sociedad, núm. 6, México, 1975.
2. Ernest Bloch ha sido el primero en reconocer la
ganancia teórica que implica el tratar a todas las Tesis como
un texto unitario y proponer un reordenamiento de las mismas capaz de mejorar
la eficacia de su exposición. Reproducimos a continuación un pasaje (pp.
293-94) de la parte de su libro Das Prinzip Hoffnung (Francfort/Main
1959) en el que introduce al lector en su comentario de las Tesis:
“Pero numeración no es sistematicidad, es un recurso para suplirla, del cual
Marx es quien menos necesidad tiene. Por ello, el ordenamiento debe ser
filosófico y no aritmético: la sucesión de las Tesis sólo puede ser la de sus
temas y contenidos. No existe, de lo que se puede ver, ningún comentario sobre
las «once Tesis»: sin embargo, solamente con él —como algo que tiene lugar a
partir de un compromiso común— se manifiesta la interdependencia dinámica de su
brevedad y su profundidad. Aparece entonces, en primer lugar, el grupo de
teoría del conocimiento, referido a intuición y actividad (Tesis V, I, III); en
segundo lugar, el grupo hsitórico-antropológico, referido a la autoenajenación,
sus causas reales y el verdadero materialismo (Tesis IV, VI, VII, IX, X); en
tercer lugar, el grupo sintetizador o grupo «teórico-práctico», referido a la
prueba y a la demostración (Tesis II, VIII). Resulta, en último lugar, la tesis
más importante, a manera de consigna ante la cual los espíritus toman partido
definitivamente y, una vez que se sirven de ella, dejan de ser espíritus puros
(Tesis XI) ” Prescindimos, por razones de espacio, de la necesaria discusión
que debería comparar este reordenamiento de las Tesis con el
nuestro.
3. Transcribimos de acuerdo al texto original,
publicado por primera vez por D. Riazanov en Marx-Engels Archiv, t.
I, Francfort/M, 1928, pp. 222-30.
4. En el examen de este pasaje inicial de las Tesis hemos
recogido algunas ideas del ensayo “La cosificación y la conciencia del
proletariado” en G. Lukács, Geschichte und Klassenbewusztsein, Der
Malik Verlag, Berlín, 1923, pp. 94-228.
5. No nos parecen convincentes las razones aducidas
por A. Schaff (“Au sujet de la traduction des Thèses de Marx sur Feuerbach”,
en L’homme et la société, núm. 22, pp. 30-31), para traducir “das
menschliche Wesen“, al comienzo de la Tesis VI, por “un être humain“.
El injustificado cambio de la determinación del artículo exagera la
“terrenalización” del concepto de “esencia” —en el paso de “la Esencia
(metafísica, intemporal) del Hombre” a “la esencia (histórica) “humana”— al
identificarlo con “estructura singular de la persona” y no, como sería lo
indicado por el contexto, con “estructura general del sujeto histórico”.
6. “B Sociedad civil, unión de los miembros como
individuos independientes en una universalidad que es por ello formal, en
virtud de sus necesidades y gracias a la carta jurídica como medio para la
seguridad de las personas y de la propiedad y a través de un orden exterior,
para sus intereses particulares y comunes” Hegel, Grundlinien der
Philosophie des Rechts, Werke, t. VII, 157, pág. 306, Sunhrkamp,
Francfort/Main, 1970. Allí mismo 182— 188, pp. 339-46.
7 “La creación práctica de un mundo objetivo, la
elaboración de la naturaleza no orgánica es la efectuación del hombre como un
ser genérico consciente, es decir, como un ser que se comporta en referencia al
género como a su propia esencia o que se comporta como un ser genérico. […] .
“Precisamente en la elaboración del mundo objetivo el hombre se efectúa
realmente como ser genérico. Esta producción es su vida social en el trabajo. A
través de ella aparece la naturaleza como su obra y su realidad. ” Marx, Manuscritos
económico-filosóficos, MEGA, Berlín, 1932, I, 3, pp. 88-89. “La producción
de la vida, tanto de la propia en el trabajo como de la ajena en la
procreación, se manifiesta inmediatamente como un doble relación —de una parte,
como una relación natural, y de otra como una relación social— […]” “Esta
concepción de la historia [la del nuevo materialismo] se basa, pues, en la
comprensión del proceso real de la producción, partiendo para ello de la
producción material de la vida inmediata, y en la concepción de la forma de
ccnvivencia correspondiente a este modo de producción y engendrada por él, es
decir, de la sociedad civil en sus diferentes fases, como el terreno de toda la
historia” Marx, La ideología alemana, MEGA, Berlín, 1932, I, 5, pp.
19 y 27. Cf. Neuveröffentlichung des Kapitels I, en Deutsche
Zeitschrift fur Philosophie, núm. 10, Berlín, 1966, pp. 1212 y 1221.
8 Los dos usos —estructural e histórico— del
término “bürgerliche Gesellschaft” “sociedad civil”, “sociedad burguesa”
son distinguidos con claridad por Marx en La ideología alemana, pp.
25-26: “La sociedad civil abarca todo el intercambio material de los individuos
en una fase determinada de desarrollo de las fuerzas productivas” “La sociedad
civil en cuanto tal sólo se desarrolla con la burguesía” Cf. también el
apéndice de la carta de Engels a Marx del 23 de septiembre de 1852, en MEW, t.
28, pág. 139.
9 Sobra decir que por actividad “suciamente judía”
Marx no entiende la actividad propia de una comunidad religiosa o de un grupo
étnico determinado, sino la actividad propia de aquella función tesaurisadora o
acumuladora de capital-dinero que las sociedades europeas adjudicaron a
determinados miembros de la comunidad judía durante la época mercantilista de
la acumulación originaria del capital. Cf. Marx, La cuestión judía,
MEGA, Francfort, 1927, pp. 605-06.
10 En el examen de las Tesis de este grupo hemos
tenido en cuenta, sobre todo, el estudio que de ellas hace Adolfo Sánchez
Vázquez en las pp. 130-135 de su libro Filosofía de la praxis,
Grijalbo, México, 1967.

