Libro N° 8039. Esquema De El Capital. Echeverría, Bolívar.
© Libro N° 8039.
Esquema De El Capital. Echeverría,
Bolívar. Emancipación. Diciembre 5 de 2020.
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Esquema De El Capital. Bolívar Echeverría
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Bolívar Echeverría
Esquema De El Capital
Bolívar Echeverría
Ciencia de la riqueza:
El libro El capital de Marx
pretende ser una descripción científica de lo que es la riqueza en
la sociedad moderna. Ordenar los muchos datos que se tienen de
ella, jerarquizarlos según su valor de determinación, establecer las relaciones
más esenciales que existen entre ellos.
Construir una imagen conceptual explicativa de la
riqueza moderna que, debido a su grado adecuado de abstracción, constituya el
instrumento intelectual más efectivo para la comprensión de los fenómenos de la
historia cotidiana que tiene que ver con ella.
Todo el conjunto de la vida social tiene
que ver con la riqueza objetiva, con el cúmulo de bienes que
posibilitan su reproducción. Y esto no tanto en el sentido pragmático burgués
de que “ni siquiera los poetas viven del aire”, sino en el sentido materialista
de que el modo en que los hombres se ocupan en el
conjunto de su vida depende del modo en que se ocupan
de la riqueza objetiva; del modo como trabajan para lograrla, de cómo la
reparten entre sí, de cómo la disfrutan. La “comprensión materialista de la
historia” se resume, en verdad, en el reconocimiento de un
hecho originario que se mantuvo a lo largo de la historia y que ha
entrado en proceso de perder su vigencia: la debilidad
de las sociedades frente a la naturaleza, la hostilidad de ésta hacia el ser
humano, la escasez con que entrega los bienes que el
hombre pretende arrancar de ella para cumplir los requerimientos de su vida.
Hecho originario que se completa cuando, interiorizado por la vida
social, obliga a que tanto el proyecto de existencia humana, de
realización de un ideal transnatural de convivencia, se someta a una
estrategia para la consecución de los bienes, para el acaso a la
naturaleza.
Pero nunca antes el conjunto de la vida social ha
tenido que ver con la “economía”, con la problemática de la riqueza objetiva,
como en la época moderna, cuando es justamente la relación ancestral de
interdependencia entre ambos -la totalidad- de la vida y la “economía”,- la que
parece haber entrado en crisis, es decir, cuando
la necesidad de un reordenamiento global de la
existencia social emerge por todas partes. La descripción científica que Marx
pretende hacer de lo que es la riqueza moderna sólo tiene un sentido para él en
la medida en que la concibe como un aporte intelectual a la realización civilizada de
ese reordenamiento radical de la sociedad. Este movimiento histórico
revolucionario enfrentado a la amenaza de una barbarie que
conserve esa relación ancestral o que la anule caóticamente, es para Marx
el comunismo. La discusión teórica de éste es la que él
pretende enriquecer con su libro El Capital.
El discurso crítico
¿Cómo describir científicamente lo que es la
riqueza moderna? El intelecto no es una potencia pura enfrentada a hechos
innombrados. Todo inteligir está en función del discurso concreto
de alguien empeñado en una disputa concreta acerca de
lo que algo es en realidad. Por otro lado, todo hecho, con sólo presentarse,
recibe ya, espontáneamente, un nombre, una definición. Describir algo no es
mostrar su retrato reflejado en la mente; es siempre consentir o
disentir con su nombre espontáneo, es abundar en la definición que
da de él discurso social establecido o pretender introducir una diferencia. Y
nada hay más difícil, aventurado e incluso, en ocasiones, suicida que la
disensión o la propuesta de una diferencia. Porque
el disentir del nombre dado a un fenómeno sólo puede hacerse
empleando los mismos términos que con su sola gravitación constituyen el que se
rechaza; porque la definición diferente tiene que formularse
a contracorriente del flujo definidor que se mueve con
el discurso establecido. Marx pretende decir lo que la riqueza moderna es en
realidad. Pero su discurso es disidente. Habla a partir de la experiencia de la
crisis de la relación ancestral entre vida y riqueza, sociedad y
“economía”, y argumenta en favor de su transformación radical: su discurso es
comunista. Por ello, advertido de la dificultad que encierra la disensión, Marx
inaugura la estrategia que le es adecuada: la crítica. La
“exposición de la economía política” -la descripción del
comportamiento económico o referido a la riqueza objetiva- “debe ser
simultáneamente la crítica de la economía política”
-la destrucción discursiva, del discurso que da nombre
a la riqueza moderna, del conjunto de definiciones que componen la ciencia
económica espontánea. Cientificidad es criticidad. El
discurso comunista debe ser crítico ya que su afirmación sólo puede existir
como negación, a contracorriente del discurso establecido; no como una simple
refutación, que intenta desviar la dirección de éste pero respetando su misma
pendiente.
La estructura argumental (1)
La peculiar cientificidad que inaugura El
Capital determina que el procedimiento de descripción y
explicación de su objeto -la riqueza social moderna sea especialmente complejo.
Esta obra de Marx fuerza al discurso científico
espontáneo sobre la riqueza -la economía política que, saltando por sobre sí
mismo, diga aquello que él, siendo lo que es, debe dejar fuera de lo
decible como algo denegado o censurado; hace que se trascienda y
hable sobre aquello que le está constitutivamente prohibido mencionar. Se diría
que, para él el conjunto de conceptos que convergen en la definición moderna
-burguesa-capitalista- de la riqueza comporta una sumisión tan fundamental de
aquella relación en crisis entre lo económico y la
totalidad de lo social, que su reordenamiento positivo para
efectos de pensar esa misma crisis resulta imposible. La
imagen teórica de lo que la riqueza moderna es en realidad no puede así
resultar de un trabajo -por más contradictorio que sea- con ese conjunto de
conceptos sino sólo de un trabajo que atraviese esa constelación conceptual y,
al atravesarla, la destruya o la desconstituya radicalmente.
La complejidad argumental de El Capital no es pues
fortuita, resultado de una pretensión “cientifista” de Marx; por el contrario,
refleja la dificultad que debe enfrentar todo discurso disidente que defiende
las posibilidades de la razón aún ahí donde ésta se encuentra
aparentemente identificada con la lógica de la destrucción de lo humano. ¿Cómo
fuerza Marx al discurso científico-espontáneo de la economía política a decir
aquello que le quita el suelo bajo los pies? ¿En qué consiste el uso crítico o
desestructurador de las categorías que definen la riqueza social moderna?
Puede afirmarse que la argumentación de Marx
en El Capital cumple tres etapas claramente
diferenciadas:
Examen de la apariencia
A) En la primera etapa (expuesta en las dos
primeras secciones del Libro I). Analiza la descripción más general que es
posible hacer en términos científicos, espontáneos de lo que es la riqueza
social en el mundo moderno. Somete a un examen implacable la validez de los
conceptos que intervienen en esa descripción y la coherencia de las
formulaciones que la componen.
Todo entendimiento tiene que atenerse de partida a
la evidencia empírica y ésta se impone con el siguiente contenido cuando atañe
el objeto riqueza: en el mundo moderno, riqueza -a
diferencia de pobreza (disposición de los bienes apenas
necesarios para la reproducción) y de miseria (carencia
incluso de esos bienes necesarios) -es la disposición de una suma de
dinero en calidad de inversión, es decir, de una cantidad de
dinero en proceso de crecer o de generar un beneficio o ganancia: riqueza
es el derecho de propiedad sobre un capital. En
términos más técnicos, este capital -que constituye el contenido de la riqueza
moderna- debe ser descrito de la siguiente manera: una cantidad de valor sujeta
necesariamente a un proceso de incrementación, en la
medida en que, de estar incorporada en una suma de dinero, pasa primero a estar
incorporada a otra suma de dinero. Capital es dinero de
inversión, dinero, que se cambia en mercancía y que vuelve a
cambiarse en dinero, pero de magnitud incrementada. La fórmula
general del capital sería, así:
D – M – D’
en donde D’ = D + ΔD
Capital, dinero que genera más
dinero: esta sería la descripción sucinta del objeto de la riqueza
moderna. En ella, el punto crítico está marcado evidentemente por la palabra
“genera”. ¿A qué hacemos referencia cuando decimos que este objeto tiene la
virtud de autoincrementarse, de “producir” o “generar” un plus de
sí mismo? ¿Cuál es la consistencia de este objeto tan peculiar? ¿Cómo es
posible su existencia? La parte analítica inicial de El
Capital, está dedicada al intento de responder a estas cuestiones.
Uno por uno, integrados en conjuntos cada vez más complejos- “relación de
intercambio”, “circulación mercantil”, “modo capitalista de la circulación
mercantil”, todos los conceptos que intervienen en la fórmula general del
capital -“mercancía”, “valor”, “dinero”, “precio”, etc. – son sometidos por
Marx a un examen riguroso. El rigor de este examen se aplica a la pretensión,
inherente a la descripción empírica de la riqueza como capital, de tener ya
explicada la “generación” de ese plus de valor, de
no necesitar planteársela como problema, de operar con ella como con algo
“natural” y comprensible por sí mismo. El acoso de Marx es implacable. Obliga a
este conjunto de conceptos a dar el máximo de su capacidad explicativa y, una
vez que lo ha llevado hasta el extremo de su efectividad, lo muestra sumido en
la paradoja, embrollado en la necesidad absurda de sostener
posiciones incompatibles. El entendimiento científico espontáneo de la economía
política, abismado ante sí mismo, no alcanza a ir más allá de la afirmación
siguiente: el plus de valor no puede generarse
a cambiar en dinero; pero, por otro lado, sólo puede generarse
en ese mismo proceso.
Puede decirse que lo que Marx cumple en la primera
parte de la argumentación de El Capital, en este
cuestionamiento de los teoremas básicos del discurso económico espontáneo, es
una puesta en duda sistemática de todo el campo de la empiria, de
“la experiencia directa e incontrovertible” sobre la que pretende fundarse la
ciencia de la economía política.
Se trata de una puesta en duda que culmina en la
formulación de algo que por lo pronto sólo es una suposición: todo ese campo de
la experiencia económica empírica no puede ser otra cosa que una apariencia un
tejido superficial de hechos o datos, que se encuentra ahí con la función
precisa de esconder, confundir o mistificar justamente aquello
que pretende mostrar o hacer evidente: lo que la riqueza social moderna y su
economía son en realidad.
El primer momento de la argumentación de El
Capital avanza hasta establecer las condiciones que el discurso
económico espontáneo tendría que introducir para convertir la paradoja de
su afirmación acerca del origen del plusvalor en un verdadero problema teórico. Y esas
condiciones son nada menos que las de un salto que lo llevaría más allá de si
mismo. El “hic Rhodiis, hic salta!” es la invitación a un salto
suicida. En efecto, la principal de esas condiciones es la siguiente:
El plusvalor sólo puede ser explicado si esa mercancía en la que el dinero
tiene que convertirse primero para luego reconvertirse en dinero incrementado
es concebida como una no-mercancía o como una mercancía
tan sui generis, que, lejos de ser, como todas las otras, sólo
portadora de valor, fuera además una mercancía generadora de
valor. Sólo si la economía política introdujera en su discurso la
distinción entre dos formas diferentes de ser mercancía, la
que caracteriza a la mercancía común y la que sería propia de
una mercancía no-mercancía -una mercancía especial que Marx
ubica de manera inconfundible como mercancía fuerza de trabajo- estaría
en capacidad de salir del embrollo teórico en el que le encierra su definición
de la riqueza moderna. Pero esta capacidad le costaría la descalificación de su
discurso. Introducir esa distinción implicaría para ella reconocer que su
discurso parte de una reducción injustificable: que la adquisición que el
propietario del dinero-capital (D-M-D’) hace de la mercancía generadora de
valor es concebida como si fuera la adquisición de una mercancía común,
sólo portadora de valor; que la presencia de un fenómeno
específicamente mercantil-capitalista es reconocida como si se tratara sólo de
un hecho mercantil en general; que el acto de apropiación de un valor
ajeno es ocultado, confundido o mistificado como un simple intercambio de
objetos equivalentes.
Exploración de la esencia:
B) En una segunda etapa (expuesta en la mayor parte
del libro I y en todo el libro II), la argumentación de El
Capital explora, describe y explica justamente aquello cuya
mistificación, confusión u ocultamiento constituye según la suposición anterior
de Marx la condición de validez de la definición inmediatista de la riqueza
moderna. Si la fórmula general del capital (D-M-D’) sustenta su validez
empírica en la incuestionabilidad de uno de los elementos que la componen -el
elemento intermedio, mercancía (M)-, será precisamente
el estudio de la esencia de este elemento lo que hará evidente la existencia de
tal mistificación, de su sentido y, sobre todo, de su fundamento o su razón de
ser.
La mercancía que el capitalista, el rico moderno,
primero adquiere y luego vende con por su dinero-capital es una mercancía
misteriosa: posee la peculiaridad de aumentar de valor cuando es
consumida. Recién adquirida, es mercancía medios de producción y
mercancía fuerza de trabajo (M=Mmp + Mft), y tiene un valor Ci (Capital
inicial); después del consumo que el capitalista hace de ella, se convierte en
mercancía producto (M = Mp) y tiene ahora un valor C = C1 + Δ C1
(capital resultante, igual al capital inicial más un incremento del mismo). El
secreto de esta mercancía misteriosa se concentra así en el momento en que el
capitalista la consume. ¿Qué acontece en este momento?
Nada que por sí mismo sea misterioso; lo que tiene lugar es el proceso en que
la fuerza de trabajo se combina con los medios de producción, los consume
productivamente: el proceso de trabajo o producción.
El análisis de Marx ha mostrado que en la
descripción del objeto de la riqueza social moderna es
indispensable incluir el proceso de producción de valores de uso
como un momento constitutivo de la existencia misma de ese objeto. La
pregunta queda entonces planteada: ¿qué es el proceso de producción/consumo
cuando aparece, como aquí, en calidad de ocasión o
pretexto de la valorización del valor de un dinero-capital? ¿Qué sucede en este
proceso de producción cuando tiene lugar como consumo capitalista de Mmp y Mft?
¿Qué es producir y consumir, en general? ¿Cómo se modifica su esencia cuando
se efectúa como un proceso subsumido o subordinado al proceso descrito por la
fórmula general del capital? La parte central y principal de la argumentación
de El Capital está constituida por una respuesta
sistemática a estas preguntas, por una teoría del modo capitalista de la
producción, la circulación y el consumo del objeto de la riqueza social; una
teoría del proceso en que el producto con valor de uso es
reproducido con la forma de plusvador destinado a su inversión como
capital. La exploración de aquello que hace que la riqueza moderna sea tal, de
su esencia, la lleva a cabo Marx de la siguiente manera: describe y efectúa el
modo o la forma que recibe o adopta una
determinada sustancia trans-histórica o forma
fundamental del proceso de reproducción del objeto de la riqueza,
cuando ésta se encuentra en la situación histórica moderna: cuando debe
cumplirse como un proceso de producción de plusvalor y de conversión del mismo
en capital. La contraposición entre esa sustancia transhistórica o forma
fundamental y este modo capitalista o forma histórica moderna es el
procedimiento que Marx emplea una y otra vez, en diferentes niveles y con mayor
o menor complejidad, según lo requiere el tema, a todo lo largo de esta
argumentación destinada a establecer las leyes determinantes de la producción,
la circulación y el consumo de la riqueza capitalista. Se trata de un
procedimiento en el que la estructura lógica posee de manera inherente
un mensaje o contenido: una toma de posición crítica. El modo
capitalista es descrito y explicado como una forma que contradice y deforma
-reprime o hipertrofia- la sustancia que la soporta y sobre la que ella se
asienta parasitariamente: el proceso de producción/consumo en general. La
contraposición que Marx establece es siempre entre la forma social-natural o
estrato de valor de uso del proceso de producción/consumo y la forma
social-capitalista o estrato de valor (valorizándose) que subsume o subordina a
la primera.
Esta idea de una contradicción entre un nivel de
valor de uso y un nivel de valor constituye en verdad la hipótesis principal a
partir de la cual el discurso teórico de Marx genera su capacidad de descubrir
los rasgos esenciales de la reproducción de la riqueza capitalista. Hay una
teoría de la producción-consumo en general y, por tanto, del valor de uso en
general, como teoría de la incompatibilidad de éstos con su forma
mercantil-capitalista, que acompaña, paso a paso, (volviéndose más explícita en
el Libro I, Cap. 5), la demostración de que la contradicción entre esos dos
estratos o niveles es la esencial de todo producir, consumir, circular e
incrementar el objeto de la riqueza en su forma capitalista. Desde la
definición puntual del capital constante (c) y el capital variable (v) como
formas capitalistas de los factores de la producción, de los medios de
producción y la fuerza de trabajo (Libro I, cap. 6), hasta la
caracterización global de la reproducción ampliada de todo el sistema
productivo/consuntivo capitalista (libro II,3ª sección) Marx insiste y subraya
de múltiples maneras la demostración de esta esencia. Su proceder es
rigurosamente metódico. Para eliminar las confusiones que necesariamente
provoca un objeto teórico tan complejo, su aprehensión teórica de la totalidad
del proceso reproductivo de la riqueza capitalista tiene lugar mediante una
serie de aproximaciones acopladas unas a otras a manera de los segmentos de un
cilindro de telescopio. Cada una de ellas aporta una nueva perspectiva en la que
el objeto aparece con un grado mayor de complejidad.
La primera serie de aproximaciones (expuesta en el
libro I), la más abstracta, es la que mira al proceso como una totalidad de
producción y consumo en la que estas dos fases se encuentran conectadas directa
o inmediatamente entre si. En esta perspectiva al quedar fuera de consideración
la existencia del momento circulatorio entre una fase y otra, la esencia de
cada una de éstas, de su unidad y su dinámica se muestra en su mayor pureza. Se
trata -lo demuestra Marx- de un proceso que para poder realizarse tiene que
llevarse a cabo de un modo que deforma su sentido originario o fundamental
hasta el grado de invertirlo o convertirlo en su contrario:
a) El proceso capitalista de producción es, en
efecto, un objetivarse del factor subjetivo, una donación de forma al objeto de
trabajo, que es una emanación de su constitución o capacidad productiva. Pero
es un objevitarse que, por ser capitalista –por ser la conjunción de c+v, cuyo
resultado debe implicar la conversión de c en c+p (plusvalor)-, se cumple
contradiciéndose a sí mismo: como un succionar que el factor objetivo ejerce
sobre el sujeto de trabajo con el fin de apresar la mayor cantidad posible de
formas producidas por éste. (Libro I: 3ª, 4ª y 5ª seccs.)
b) El proceso capitalista de consumo es un
subjetivar formas objetivas por parte del sujeto, un aceptar la acción
natural-social incorporada en el bien producido; pero, asimismo, lo es sólo en
la medida en que el sujeto se convierte en un “bien” para el objeto, en la
medida en que su consumir se cumple como soporte o vehículo de un proceso de
restauración mejorada del factor objetivo. En efecto, éste sólo existe en
calidad de medios de producción capitalistas, es decir, de componente principal
de un capital inicial renovado (C ) que es mayor que el capital inicial
anterior (C ), (Libro I, Caps. 21 y 22).
C) La reproducción de la riqueza capitalista como
unidad de una fase productiva y otra consuntiva se revela entonces
como un proceso cíclico en el cual el contenido de esa riqueza se repone e
incrementa en tanto que condición objetiva de la existencia del
factor subjetivo; pero se trata de un proceso que sólo es posible
como soporte de un proceso de acumulación y reproducción ampliada del capital y
que, por tanto, sólo se cumple invirtiendo su sentido fundamental, en la medida
en que implica el sacrificio necesario de una dimensión de ese
factor subjetivo, la condena de una parte del mismo a la situación
de excedentaria o sin derecho a la existencia. (Libro 1, Cap. 23).
D) Esta primera serie de aproximaciones
de El Capital a la esencia de la riqueza capitalista
culmina en el reconocimiento de una tendencia en el proceso histórico de su
formación, consolidación y expansión. La conjunción contradictoria entre
reproducción social-natural de la riqueza y reproducción del capital parece
seguir una vía que va de una situación, en la que la subordinación de la
primera a la segunda resulta relativamente favorable para la primera, a otra
situación completamente diferente, en la que la marcha expansiva de la segunda
resulta ser absolutamente destructiva para la primera. (Libro I, caps. 24
y 25).
Entre la fase productiva y la fase consuntiva del
proceso de reproducción, existe un momento mediador, el
proceso de circulación, que modifica considerablemente
el cumplimiento de ambas fases. La segunda serie de aproximaciones se distingue
porque abre para la exploración esencial de la riqueza moderna toda la densidad
problemática que resulta de este hecho. El conjunto de productos portadores de
un valor valorizado no puede convertirse en conjunto de bienes capitalistas, es
decir, en factores de la producción portadores de un cúmulo potenciado de
valor, si no se redistribuye o “cambia de manos” entre los propietarios
privados, sometiéndose al funcionamiento del mecanismo inerte o fortuito de la
circulación mercantil. El objeto de la riqueza capitalista debe cumplir un
ciclo trifásico (de su figura funcional como capital-dinero, CD, pasa a otro
como capital-mercancía, CM). Es un ciclo que lo hace pasar necesariamente por
el momento improductivo de la circulación mercantil y
que le obliga a adoptar dos figuras materiales (la de capital fijo, CF, y
capital circulante, CC) de acuerdo con los diferentes ritmos con que rotan o
cumplen el ciclo sus distintas fracciones, ligada cada una de ellas a un
sustrato material diferente.
El carácter contradictorio del proceso de
circulación mercantil-capitalista no sólo se muestra en el modo como el ser
valor (tener que pasar por el mercado) estorba al ser valor de uso
(capital-producción) y el ser valor de uso (tener una materia que se repone
lentamente) estorba al ser valor (capital-dinero) (Libro II, respectivamente:
la Secc, y 2ª Secc.). Se muestra principalmente en el modo como el
funcionamiento global de la circulación mercantil misma, del “mecanismo inerte
del cambio de manos”, se encuentra sometido a una reorganización esencial de sí
mismo, proviene de la necesidad práctica de servir preferentemente-a la
reproducción del capital. Desdobla en dos ámbitos contrapuestos pero
complementarios:
el mercado de mercancía y el mercado de trabajo, la
esfera de la circulación mercantil-capitalista es el medium dentro
del cual -al expresarse el valor y constituirse el valor de cambio de todas las
mercancías- la armonía de la reproducción del capital se alcanza en
virtud del traslado de todas las desarmonía al ámbito de la reproducción de la
fuerza de trabajo, al mismo tiempo que esta armonía neutraliza la
contradicción entre trabajo (valor de uso) y capital (valor) y posibilita así
la reproducción del capitalismo como relación social. (Libro II, tercera
sección).
Desmitificación de la realidad:
C) En su tercera y última etapa (expuesta en la 6ª
sección del Libro I y en todo el Libro III) la argumentación de Marx en El
Capital describe –como quien desmonta un mecanismo- la conversión
mistificadora de la esencia contradictoria de la riqueza capitalista en la
apariencia armónica descrita por la fórmula general del capital. ¿Cómo es
posible que aquello que es plustrabajo arrancado sin
contrapartida por el capitalista a los obreros se presente como
el fruto genuino del dinero capitalista cuando sirve para comprar una mercancía
que luego será revendida? Marx explica esta transfiguración de
la esencia en la apariencia como un conjunto de imbricaciones entre, por un
lado, el proceso capitalista de apropiación/utilización del plusvalor explotado
a los obreros y, por otro, el funcionamiento mecánico y neutral de la
circulación de los equivalentes, en calidad de riqueza mercantil simple.
Habitada centralmente por dos tipos de mercancía
-la mercancía capitalista de los capitalistas y la mercancía simple de los
obreros- la esfera de la circulación capitalista es el escenario de
un conflicto dominante, el de la constitución contrapuesta pero complementaria
de los precios de estas dos mercancías.
La constitución del “precio del trabajo” es el
secreto de la constitución de todo precio. Lo que distingue al propietario capitalista del
simplemente mercantil es que su dinero puede comprar como mercancía no sólo
objetos útiles producidos sino procesos de producción de objetos Útiles. Así el
precio de su mercancía no expresa sólo su valor sino un valor que se valoriza
en mayor o menor grado. Y justamente el grado de esta valorización y la
magnitud de ese precio dependen del precio que el propietario capitalista ha
pagado por el proceso de producción del que se sirve, es decir, por la fuerza
de trabajo cuya existencia activa es precisamente ese proceso de producción.
Marx avanza por partes. Lo primero a lo que
responde es: ¿cómo se transfigura el factor subjetivo del
proceso de trabajo en mercancía fuerza de
trabajo? La clave de toda la mistificación se encuentra aquí. A
partir de aquí pueden resolverse las dos cuestiones básicas de la tercera parte
argumental de su obra:
a) ¿Cómo se transfigura la sustancia del valor de
la mercancía fuerza de trabajo en “precio del trabajo? (Libro
I, 6ª sección).
b) ¿Cómo se transfigura la sustancia del valor de
la mercancía capitalista (medios de sustancia y medios de producción) en precio de
la mercancía capitalista? (Libro III, la., 2ª, y 3ª secciones)
El precio de la mercancía capitalista depende del
modo en que el plusvalor explotado a los obreros se procesa como ganancia de
los capitalistas. De ahí el estudio minucioso que Marx dedica a este tema:
¿Cómo se forma una tasa media de ganancia para todos los capitalistas? ¿Qué
función cumple en este proceso la transfiguración del plusvalor extra en renta
monopólica (del propietario de naturaleza o de tecnología)? (Libro III,6ª.
Sección). ¿Qué tendencia sigue en el tiempo la formación de esa tasa media de
ganancia? ¿Cómo se reparte el plusvalor entre los distintos tipos de capital
(industrial, comercial y bancario) al convertirse en ganancia? Todas estas son
cuestiones centrales en cuya solución Marx encuentra oportunidad para insistir
en el único modo que el discurso crítico tiene para hablar de la realidad de la
riqueza moderna, la desmitificación de su realidad convertida en apariencia.
Hay, sin embargo, una conclusión final en la que este sentido de argumentación
se concentra y resume. Se trata del examen crítico de la “fórmula trinitaria”
del discurso económico espontáneo, aquella que justifica la distribución del
ingreso entre las principales clases de la sociedad moderna, los capitalistas,
los propietarios monopólicos y los obreros, en vista de su contribución, con
capital, tierra, o tecnología, y trabajo, a la existencia de la “riqueza
nacional” (Libro III, 7ª. sección).
La apropiación de trabajo ajeno, que está en la
esencia de la riqueza capitalista, no tiene lugar en contra, sino en virtud del
buen funcionamiento de la circulación mercantil. El incremento de D en D’
–el beneficio del prestamista, las utilidades del
mercader- resulta precisamente de la compra-venta de todas las mercancías,
simples o capitalistas, a su precio justo. ¿Cómo se
constituye el precio justo de las mercancías? Es en la descripción de su
constitución en donde se descubre de manera central, ese mecanismo mistificador
de la realidad, esa conversión de la esencia de la riqueza capitalista en su
apariencia.
La estructura argumental: III
Discurso científico sobre la riqueza social
moderna: del examen de su apariencia a la exploración de su esencia, de ésta a
la desmitificación de su realidad. El discurso de Marx El Capital define su
cientificidad específica como criticidad no sólo en virtud de su contenido -la
demostración del carácter contradictorio del modo de reproducción social
capitalista-, sino también, especialmente, en virtud de su expresión. Las tres
etapas de su movimiento argumental siguen un itinerario circular que es expresivo
por sí mismo que transmite su sentido (“como un todo artístico”) a todos los
recursos expresivos particulares o puntuales que se emplean en la obra. (Véase
Fig. 1) La estructura circular de la argumentación expresa – la peculiar
criticidad del discurso de El Capital. La realidad de la riqueza-social
capitalista sólo puede ‘ser tratada por el discurso comunista de manera
indirecta, a través del discurso que la mistifica. Para la realidad moderna
sólo existe la posibilidad de un
Fig. 1 El movimiento circular de las tres
etapas de argumentación en El Capital
discurso positivo: el que se constituye junto con
ella y que, necesariamente, al explicarla la mistifica. La existencia
postmoderna del comunismo sólo le permite un discurso sobre la realidad moderna
constituido como de-strucción del discurso moderno, como discurso crítico.
Hablar sobre la riqueza capitalista es, por ello, para Marx, hacer “una
exposición de la economía política que sea al mismo tiempo una crítica de la
economía política”. (Véase Fig. 2).
El mismo campo conceptual empírico de la economía
política -dominado por la presencia de la fórmula general del capital-, que es
examinado en la parte primera de la argumentación (línea a-b, sobre la cara 1
del Plano 1), es re-visitado, en un retorno circular, en la tercera parte
(línea c’ -d, sobre la cara 2 del plano 1), pero en un sentido que, al “ver por
debajo” lo que acontece en ese campo conceptual (Plano 1),
Esquema de El Capital
LA RIQUEZA CAPITALISTA
Fig. 2 La estructura de la argumentación en
El Capital
lo exhibe como espacio de mistificación. Este
retorno desmitificador (esta “crítica” que modifica la “exposición”) sólo es
posible en virtud de un cambio de campo o
espacio conceptual (salto de la línea, del Plano 1 al Plano 11)
que permite al discurso desentrañar en abstracto, (línea b-c), es decir, en
referencia a una teoría trans-histórica o general de la producción y
reproducción de la riqueza, la composición esencial de los hechos que aparecen
en el terreno empírico. Este recurso a la esencia del producir/consumir humano
le está permitido al discurso crítico justamente por su carácter de discurso
de transición histórica.
Discurso que disiente de la historia capitalista,
que la trasciende en dirección a otra historia, vislumbrada apenas en el deseo
por el movimiento de revolución que viene sacudiendo a la sociedad
contemporánea.

