Libro N° 7068. Historia De La Matemática. Rey Pastor, Julio y Babini, Jose.
© Libro N° 7068.
Historia De La Matemática. Rey Pastor, Julio y Babini, Jose. Emancipación. Marzo
7 de 2020.
Título
original: © Historia
De La Matemática. Julio Rey Pastor y Jose Babini
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Pastor y Jose Babini
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Miranda
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ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
HISTORIA DE LA MATEMÁTICA
Julio Rey Pastor y Jose Babini
Historia De La Matemática
Julio Rey Pastor Y Jose
Babini
CONTENIDO
Prefacio
1. La matemática empírica
2. La matemática prehelénica
3. La matemática helénica
4. La matemática helenística
5. El período grecorromano
6. La época medieval
7. La matemática renacentista
8. El siglo XVII
9. El siglo XVIII
10. El siglo XIX
11. Hacia la matemática del siglo XX
Tabla Cronológica
Prefacio
Allá por los años cuarenta,
cuando me debatía en una serie de vacilaciones sobre si la carrera que yo debía
seguir sería la de físicas o bien la de letras, empecé a oír hablar de un
manual ampliamente concebido y claramente expuesto, titulado Curso Cíclico de
Matemáticas, de don Julio Rey Pastor. Terminadas mis dudas y embarcado ya en el
estudio de la Filosofía Semántica para poder leer, en su original, los
documentos de Historia dé la Ciencia que a mí me interesaba trabajar — textos
astronómicos y náuticos principalmente—, tuve ocasión de conocer a don Julio,
llevado de la mano de mi Maestro, José M. Millás, que era buen amigo de aquél.
Desde ese momento se estableció entre los dos
una corriente de afecto que se transformó en verdadera amistad con el correr de
los años y con el intercambio de ideas acerca de la historia de la cartografía,
que a ambos nos interesaba aunque fuese en áreas culturales distintas. Cuando
charlábamos acerca de sus problemas le entendía rápidamente; todo lo contrario
ocurría si tenía que hacerme con el contenido de una carta manuscrita suya
escrita, con frecuencia, con lápiz y letra enmarañada y pequeña: la dificultad
no estribaba en las ideas, sino en la letra. Para evitar estos inconvenientes
de su caligrafía, que él era el primero en reconocer, procuraba utilizar la
máquina de escribir siempre que podía y pergeñar en pocas líneas lo que me
atrevería a llamar su pensamiento analítico-sintético.
Terminados mis estudios de letras, y en espera
de unas oposiciones que nunca acababan de llegar, me enfrasqué, para aprovechar
el tiempo, en el Análisis matemático, el Curso Cíclico y… la Historia de la
Matemática que hoy, como consecuencia de aquellas querencias, tengo ocasión de
prologar por deferencia del Prof. J Babini y del Sr. Rey Pastor, hijo.
Juan Verney
Capítulo 1
La matemática empírica
Contenido:
La prehistoria
Letras y números
Formas y problemas
La prehistoria
La expresión: el mundo está
impregnado de matemática, convertida en lugar común en una era tecnológica como
la actual, es una expresión válida para todas las épocas humanas, tan
consustanciados están el contar y el comparar con las especificas actividades
del hombre: pensar, hablar y fabricar instrumentos.
En la mente y en la acción del hombre
prehistórico no están ausentes los números más simples, las formas más
elementales y la ordenación más visible de las cosas. En el hombre que da
nombre a las cosas y a los actos; que conserva el fuego e imagina trampas para
cazar animales; que construye viviendas y tumbas; que observa el movimiento de
los astros y destaca direcciones especiales; que computa distancias con su
cuerpo y sus pasos; que graba escenas de un impresionante realismo; en ese
hombre y en esas actividades están prefigurados los conceptos básicos de la
matemática: número, medida, orden.
Al pasar de la etapa paleolítica a la neolítica
el proceso se afina: las nuevas técnicas agrícolas y pastoriles, la cerámica y
la carpintera; la industria textil; la minería y la metalurgia, el trueque de
bienes y objetos, la navegación y el transporte, las normas que rigen la
naciente organización familiar, social y económica exigen una precisión cada
vez mayor en el contar, en el medir y en el ordenar. El hallazgo del proceso
deductivo y de la relación causa-efecto y los inagotables recursos de la
imaginación humana harán el resto.
Y cuando asoma la escritura, como subproducto de
la cultura urbana, ese saber matemático, aún vago y nebuloso. Comienza a
adquirir consistencia.
Una hipótesis verosímil acerca del origen de la
escritura vincula este origen con prácticas aritméticas. En efecto, según tal
hipótesis, la escritura nace a mediados del IV milenio antes de Cristo en la
Baja Mesopotamia, en el seno de la cultura urbana de los sumerios cuyas
ciudades estaban construidas alrededor del templo, edificado sobre una colina
artificial, como una torre escalonada, que no sólo representaba la unidad
espiritual de la comunidad, sino que encerraba además su riqueza económica. Los
bienes del templo, acumulados en sus talleres y graneros, eran administrados
por los sacerdotes. Y es explicable que a medida que esos bienes aumentaban con
el crecimiento de la población, se tomaba más difícil retener de memoria las
"cuentas del templo", es decir, los datos relativos a los tributos
que se debían al dios y la cantidad de semillas y de ganado que se entregaba a
los campesinos y pastores; de ahí la necesidad de fijar signos convencionales que
permitieran retener esos datos sin confiar en la memoria individual. Que tal
fuera el origen de los primeros signos grabados, lo comprobaría el hecho de que
las tablillas pictográficas de Erech del 3.500 a. C., que son las más antiguas
que se conocen, contienen signos que representan una cabeza de vaca, una espiga
de trigo, un pez, acompañados de signos especiales que sin duda representan
signos numéricos. Por lo demás, cabe recordar que entre los sumerios existía la
costumbre de marcar con sellos individuales los objetos de propiedad personal,
y que por ser el dios de la ciudad el único propietario de la tierra y de todos
sus frutos, los sellos que marcaban los bienes del templo adquirirían un
sentido más convencional y una mayor difusión.
Letras y números
Esta notación numérica de las "cuentas del
templo" pone de relieve ciertas conexiones entre la escritura y los
sistemas de numeración que pueden dar pábulo a la tentadora hipótesis de
admitir que los sistemas escritos de numeración fueron anteriores a la
escritura misma.
Observemos en primer lugar que todos los pueblos
sin excepción, sean o no primitivos, tengan o no escritura, disponen de
palabras especiales para designar los números y fracciones sencillas, así como
disponen de gestos y signos convencionales para indicar números o unidades.
Igualmente se encuentra en los pueblos
primitivos una gran variedad de procedimientos de cómputos, que se presentan
siempre como una relación cualitativa de un signo a la cosa significada, y
siempre también bajo el imperio de una imagen concreta.
Nota complementaria
Los “números corporales”
Es natural que el hombre para contar y hasta para
sumar haya acudido a lo que tenía más cerca: su propio cuerpo; en especial los
dedos de las manos y eventualmente de los pies. Aun hoy hablamos de dígitos
(del latín digítus = dedo) para referirnos a las cifras 1 a 9
inclusive. Los antiguos romanos hablaban de "numerarse por dígitos":
contar por los dedos; también el primitivo y el niño "cuentan con los
dedos" (no "cuentan los dedos"). Este cálculo digital se ha
extendido y convertido en un "calculo corporal", como ocurre con
ciertos pueblos primitivos, que además de los dedos de las manos y de los pies
utilizan otras partes del cuerpo, para contar y sumar; mientras que el cálculo
digital mismo, mediante simbolismos adecuados relacionados con las posiciones
de los dedos frente a otras partes del cuerpo, se perfecciono permitiendo el
recuento de números bastante grandes, como presenta en sistemas de épocas
históricas; ya en la antigüedad y hasta en tiempos medievales.
Tal presencia constante de lo concreto en la
numeración primitiva se puede presentar bajo diversos aspectos. Así, un
primitivo dirá que ha tomado tantos peces como dedos tiene la mano, y si
designa este hecho con una palabra que deriva de la palabra "mano",
esa palabra no quiere significar el número 5, sino solamente que los objetos en
cuestión son tantos como los dedos de la mano. Por otra parte, el ejemplo
abstracto no cabe en la mentalidad primitiva. Así, un indio norteamericano, a
quien se trataba de familiarizar con el inglés, no pudo traducir: "Ayer el
hombre blanco mató seis osos”, pues ese hecho significaba una imposibilidad
material.
En otros casos los números 1, 2, 3 se designan
con vocablos diferentes según se refieran a personas, días u objetos, y en este
último caso según sean ellos esféricos o alargados. Quizá pueda verse un
residuo en nuestro léxico actual cuando al referimos a zapatos decimos "un
par", mientras que para los bueyes, por ejemplo, decimos "una
yunta".
También se han facilitado los cálculos mediante
el uso de objetos materiales, como hojas secas o piedrecillas, que actúan a la
manera de unidades en la forma como aún se acostumbra para el puntaje en los
juegos de naipes. Nuestra palabra "cálculo" proviene del latín calculí (guijarros), y los ábacos para contar y sumar que se
perfeccionaron en los tiempos históricos, hasta construir rudimentarias
máquinas de calcular, no son sino dispositivos mecánicos fundados en el
agrupamiento de objetos materiales.
En este campo como en tantos otros la variedad
preside la actividad humana: así nativos de la isla Fidji indican el número de
víctimas logrado en la caza mediante entalladuras en sus mazas, con la
característica de que después de nueve entalladuras iguales, la siguiente es
algo más larga, de ahí que con un sistema limitado de numeración hablada pueden
llegar a contar números relativamente grandes. Por ejemplo, al observar cinco
entalladuras largas y cuatro últimas cortas, el nativo tendrá idea del número
54 para el cual seguramente en su lenguaje no dispone de la palabra adecuada.
Si este sistema de entalladuras se toma convencional, entre él y un sistema de
numeración escrita de tipo decimal aditivo sólo existiría una diferencia de
grado, no esencial.
Nota complementaria
Los "quipos" peruanos
Un dispositivo semejante para contar es el fundado
en las cuerdecillas con nudos, de los cuales el más conocido es el
"quipo" (del quechua kipu = nudo) peruano con el
cual, mediante un sistema de cuerdas de distintos colores con nudos en números
y disposición diferentes, los antiguos peruanos, sin disponer de escritura,
realizaban un cabal sistema de numeración escrita que les permitió registrar
cuanto dato de utilidad para el Estado podía registrarse, gracias, claro es,
también a la prodigiosa memoria de sus calculadores.
Al pasar a los sistemas escritos de numeración,
se advierte igual variedad; ya en la base, es decir en el número simple que
sirve de jalón para expresar los números mayores; ya en la lectura, que puede
ser de tipo aditivo, con variantes distintas, o posicional. En los sistemas
aditivos el valor del número se obtiene sumando (en ocasiones restando) los
valores correspondientes a cada signo individual, independientemente de la
posición del signo en el contexto; mientras que en los sistemas posicionales el
valor de cada signo depende de la posición de éste en el contexto. Por la base
10 y el tipo de lectura, nuestro sistema actual es decimal y posicional.
En cuanto a la base de los sistemas escritos
antiguos, que probablemente provienen de bases ya existentes en los sistemas
orales, se advierte igual variedad: puede ser 2, como lo comprueba el hecho de
que seguimos hablando de pares y de yuntas, puede ser 3, 4 ó 5 aunque la base
más difundida es 10, que ya Aristóteles justificaba en vista del número de
dedos de la mano. En el idioma francés actual quedan rastros de una base 20 de
los celtas, base que fue adoptada también por pueblos primitivos descalzos;
nuestras docenas son también residuos de una base 12, utilizada ya por el
número (aproximado) de lunaciones del año, ya por su comodidad en las medidas,
en vista de la facilidad que ofrece el mayor número de sus divisores, frente
por ejemplo a los de la base 10.
Casi todos los sistemas antiguos de escritura
disponen de signos especiales para representar los números. Constituyen
excepción el griego, el árabe, el hebreo y otros que utilizan para ese fin las
letras del alfabeto respectivo. El caso griego tiene un interés especial, ya
que se conocen dos sistemas de numeración escrita, ambos aditivos. Un sistema,
cuyos signos se llaman herodiánicos (por Herodiano, gramático griego del siglo
II que estudió, y expuso estos signos), en el cual la unidad y las primeras
cuatro potencias de 10 se indican con las iniciales de las palabras
respectivas, agregándose un signo especial para el 5; y un segundo sistema en
el cual los nueve dígitos, las nueve decenas y las nueve centenas se
representan por las 24 letras del alfabeto griego en su orden, intercalando
tres letras de un alfabeto arcaico para el 6, el 90 y el 900; y en el cual se
indican con ápices y otros signos especiales las fracciones unitarias y los
números superiores al millar. Por el empleo de las letras del alfabeto arcaico
se supuso que el segundo sistema fuera anterior al primero, pero el hecho es
que el primer sistema cayó en desuso hacia el s. IV a. C., quedando en vigencia
el segundo.
Es interesante destacar que en algunos casos el
sistema de numeración escrita presenta, frente a la escritura, cierta
prelación, si no cronológica, por lo menos en el sentido de la sencillez y de
la abstracción. Un ejemplo lo ofrecen las escrituras cretenses de las que se
reconocen tres tipos: uno pictográfico y dos lineales A y B. Son todos del II
milenio y la última de ellas; la lineal B, que resultó pertenecer a un idioma
griego arcaico, fue descifrada por Michael Ventris en 1952. De tal escrituras
ya se habían identificado no sólo los signos numéricos pertenecientes a un
sistema decimal aditivo, sino también algunas operaciones aritméticas
simples: sumas y probablemente cálculos de porcentajes, y sin
duda tal desciframiento previo ayudó al posterior desciframiento de la
escritura.
Nota complementaria
La cronología maya
Otro ejemplo lo ofrecen los mayas de cuya escritura
jeroglífica se descifraron últimamente 1961, con calculadoras electrónicas,
algunos textos religiosos: mientras que ya se conocían sus dos sistemas de
numeración. En uno de ellos, con signos jeroglíficos, cada número indicaba se
indicaba con una cabeza de dios, de hombre o de animal; mientras que en el otro
de índole más abstracta se utilizaba un sistema posicional de base 20 (aunque
no coherente), en el cual no figuran sino tres signos un punto para la unidad,
una barra para cinco unidades y una especie de conchilla u ojo semicerrado para
indicar en cero: de manera que en este sistema cada cifra está representada por
un determinado grupo de pocos puntos y barras. El número se forma ordenando las
cifras de abajo hacia arriba. Este sistema, utilizado principalmente con fines
cronológicos, no es coherente en el sentido que la tercera unidad no es 400 =
20, sino 360 discrepancia que se explicaría en vista de aquellos fines por ser
el año oficial maya de 360 días.
Mientras que este sistema permite expresar números muy grandes en los códices
mayas aparecen números que superan los doce millones, es sintomático destacar
en cambio que la escritura maya no ha podido superar la etapa pictográfica. Es
posible que el afán de fijar con precisión las fechas vinculadas con los dioses
patronos de la ciudad o de cada individuo estimulara en los mayas la búsqueda
de un adecuado sistema de numeración escrita que resultó dotado de un grado de
abstracción muy superior al que revela su incipiente escritura.
Formas y problemas
El contar y el numerar, con ser actividades
comunes y frecuentes, no agotan el campo de las nociones matemáticas del hombre
primitivo y conjeturalmente del prehistórico.
Por su nombre: geometría en griego alude a
"medir la tierra", los conocimientos geométricos tuvieron un origen
práctico. Por lo menos, así lo atestigua Herodoto en un conocido pasaje de su
Historia: "El rey Egipcio dividió en suelo del país entre sus habitantes,
asignando lotes cuadrados de igual extensión a cada uno de ellos y obteniendo
sus principales recursos de las rentas que cada poseedor pagaba anualmente. Si
el río arrasaba una parte del lote de un habitante, éste se presentaba al rey y
le exponía lo ocurrido, a lo que el rey enviaba personas a examinar y medir la
extensión de la perdida y más adelante la renta exigida era proporcional al
tamaño reducido del lote. En virtud de esta práctica que, pienso, comenzó a
conocerse la geometría en Egipto, de donde pasó a Grecia".
Más no sólo el hombre midió la tierra; otras
mediciones exigió la construcción de sus viviendas y tumbas, de sus graneros y
canales. Por lo demás nuevas nociones geométricas surgieron de las formas y
figuras con que el hombre decoró y ornamentó sus viviendas y sus objetos, así
como de la observación de formas que atrajeron su atención por su sencillez o
su simetría: la línea ("línea" viene de lino), el círculo, los polígonos y poliedros regulares. El
ladrillo, de antigua dala, aportó probablemente la noción de ángulo recto,
mientras que nuevas formas geométricas nacían de los movimientos: ya las danzas
humanas, ya del andar de los astros en la bóveda celeste.
Por último, cabe mencionar otras nociones
matemáticas de origen completamente distinto: es el conjunto de problemas,
enigmas y adivinanzas que componen el folklore matemático que practican todos
los pueblos. Mostrando a veces curiosas coincidencias de temas en pueblos
totalmente alejados explicándose tal coincidencia solamente por trasmisión oral
a la manera de semillas que lleva el viento, favorecidas por el carácter
recreativo, enigmático y, a veces, sorprendente del problema.
Sin embargo, no obstante tal finalidad extra
matemática, las cuestiones del folklore matemático encierran interesantes
nociones de orden aritmético y, a veces, hasta algebraico.
Capítulo 2
La matemática prehelénica
Contenido:
Los babilonios
Los egipcios
Las babilonias
Hasta el primer tercio de este siglo, los
conocimientos que se poseían acerca de la matemática de los pueblos que
habitaron la Mesopotamia: sumerios, acadios, babilonios, asirios... eran
escasos y no revelaban mayor contenido científico.
Sin duda, ya se había advertido la
característica fundamental, entonces más bien sorprendente, que ofrecían los
sistemas de numeración utilizados en los textos cuneiformes. En efecto, hacia
el año 3.000 a. C. los sumerios introdujeron un sistema de numeración
posicional de base 60, que en definitiva es el sistema sexagesimal que aún
utilizamos nosotros para las medidas de tiempo y angulares.
En ese sistema las cifras de 1 a 59 se escribían
de acuerdo con un arcaico sistema decimal aditivo, sobre la base de dos signos
cuneiformes: uno vertical para la unidad y otro horizontal para el 10. Pero a
partir de 60 y para las fracciones el sistema se toma posicional, las potencias
sucesivas de 50, en orden creciente o decreciente, se representan por la
unidad, y cada conjunto numérico hasta 59 debe computarse 60 veces menor que el
anterior.
La inexistencia de un signo para el cero, que no
aparecerá hasta los tiempos helenísticos, así como de un signo que separe la
parte entera de la fraccionaria, hace que el sistema no sea coherente para
nosotros, aunque el contexto del problema, y a veces ocasionalmente ciertos
signos especiales, impedían al calculista sumerio caer en equívocos.
Ya desde comienzos de este siglo (1906) se había
revelado el carácter posicional del sistema sumerio al descifrarse textos
cuneiformes con tablas de multiplicación, de recíprocos, de cuadrados,... y
algunos cálculos; pero fue recientemente con la labor de desciframiento que
hicieron conocer Neugebauer (1935) y Thureau Dangin (1938) que esta matemática
sexagesimal muestra su verdadera faz.
Los textos últimamente descifrados pertenecen al
período babilónico (II milenio a. C.) aunque registran conocimientos de los
sumerios del milenio anterior; la índole y la solución de las colecciones de
problemas que aportan esos textos no sólo justifican la necesidad de un sistema
de numeración flexible como el posicional, sin el cual aquella solución hubiera
sido imposible, sino que arrojan nueva luz sobre las relaciones entre la
matemática prehelénica y la matemática griega, de manera que actualmente
nociones y figuras de la matemática antigua adquieren nuevas interpretaciones
en la historia de la matemática.
Aunque en algún caso se ha querido ver la
expresión de reglas generales, los problemas de los textos babilónicos son
problemas numéricos particulares, con datos escogidos al efecto, en especial
para que los divisores no contengan sino factores 2, 3 y 5; en muchos casos no
tienen otra finalidad que el cálculo numérico, en otros se trata de
aplicaciones de distinta índole.
Desde el punto de vista matemático, las
novedades más importantes que registran los textos babilónicos se refieren a la
solución algebraica de ecuaciones lineales y cuadráticas, y el conocimiento del
llamado "teorema de Pitágoras" y de sus consecuencias numéricas.
En los problemas de primer grado con una sola
incógnita las tablas de multiplicación o de recíprocos ofrecen de inmediato la
solución; en los sistemas lineales, en cambio, a veces con varias incógnitas,
ya entra en juego la habilidad algebraica del calculista.
Nota complementaria
Un problema de primer grado
He aquí un ejemplo del tipo de problema de mezclas
en el que además se utilizan unidades de medidas agrarias de la época. Se
conocen la extensión total [1.800] de un campo compuesto de dos parcelas, en
cada una de las cuales el rendimiento del grano por unidad de área está
afectado por coeficientes diferentes [2/3 y 1/2). Se desea saber la extensión
de cada parcela conociendo la diferencia (500) del producido de la cosecha. De
acuerdo con nuestros símbolos el problema exige la resolución del sistema de dos
incógnitas:
x + y = 1.800;
2/3x - 1/2y = 50.
de solución
x = 1.200; y = 600
Aunque la marcha que sigue el calculista no es
clara y aparentemente presupone un método de falsa posición, en realidad, los
cálculos encierran un proceso correcto en el cual implícitamente se hace
intervenir, al lado de la suma conocida de las incógnitas, su diferencia
desconocida x - y = 2z. En efecto, el calculista
comienza admitiendo que las dos parcelas son iguales (a la semisuma 900) y con
esa hipótesis falsa llega al valor erróneo de la diferencia de producido: 150
(es decir 1/6 = 2/3 - 1/2 de 900). Para compensar el error de 350 = 500 - 150
reconoce, sin decirlo, que ese error es los 7/6 (suma de 2/3 y 1/2) del valor
que, sumado y restado al dato inicial erróneo, dará la extensión de parcelas.
Para obtener aquel valor deberá dividir 350 por 7/6, operación que, por la
presencia del factor 7, las tablas no facilitan; el calculista obvia la
cuestión preguntándose simplemente por cuanto debe multiplicar 7/6 para obtener
350; su respuesta es obvia: 300, y este dato, sumado y restado a 900, da los
valores de las incógnitas. Es fácil ver que, aun con un lenguaje de valores
erróneos, la marcha del proceso es la que hoy se seguiría si se introducen los
valores x = 900 + z, y = 900 - z, y
se calcula z de acuerdo con la segunda ecuación.
Tal habilidad se pone de relieve más claramente
en los problemas, a veces agrupados en colecciones, que exigen la resolución de
ecuaciones cuadráticas o reducibles a cuadráticas; resolución que el calculista
babilónico lleva a cabo utilizando la actual resolvente a veces mediante el
recurso de reducir el problema a la determinación de dos números de los cuales
se conoce el producto y la suma (o la diferencia).
Nota complementaria
Un problema de segundo grado
He aquí el enunciado de un ejercicio típico tomado
de una tablilla de los babilonios: Largo y ancho. He multiplicado largo y ancho
y he obtenido el área. He agregado al área el exceso del largo sobre el ancho:
183, además he sumado largo y ancho: 27. Se pide largo, ancho y área. Este
problema, al sumar áreas y longitudes absurdo desde el punto de vista práctico,
revela claramente que su interés es exclusivamente técnico o numérico. Con
nuestros símbolos el problema lleva el sistema de segundo grado:
xy + x - y = 183
x + y = 27
y aunque pueda parecer anacrónico conviene seguir
con nuestros símbolos la marcha de los cálculos que señala la tablilla, para
poner de manifiesto su carácter algebraico. El calculista comienza por sumar
los dos datos numéricos 183 + 27 = 210, [x (y + 2) =
210] y agrega 2; (x + y + 2 = 29).
Lo que sigue es el método actual de nuestra resolvente para obtener los valores
de dos números (en este caso x e y + 2),
conociendo su suma 29 y su producto 210. En efecto, toma la mitad de 29: 14 1/2
de cuyo cuadrado resta 210, obteniendo 1/4, cuya raíz cuadrada 1/2 suma y resta
a 14 √2 obteniendo los valores 15 y 14, de este último, resta 2,
llegando a la solución del problema: 15, 12, 180.
Por supuesto que el calculista no advirtió la existencia de una segunda
solución x = 13, y y = 14, por cuanto estos
problemas, por su probable carácter didáctico son problemas artificiales con
soluciones preparadas de antemano y son estas soluciones las que se buscan y no
otras.
Otros problemas, de interés aritmético o
algebraico, traen la suma de términos en progresión aritmética o en progresión
geométrica de base 2; la suma de los cuadrados de los diez primeros números
mediante una expresión correcta y hasta una ecuación exponencial resuelta en
forma aproximada.
Nota complementaria
Un problema de interés compuesto
Se trata del clásico problema de la determinación
del tiempo en que se duplica un capital, a una determinada tasa de interés
compuesto. En el caso de la tablilla esa tasa el del 20 %, dato que a la par,
que puede interesar a la historia económica de esos pueblos, facilita bastante
la solución aritmética. El problema es trascendente y exige la solución de la
ecuación exponencial 1,2x = 2, para lo cual el
calculista después de comprobar que x está entre 3 y 4 y más
próximo a 4 que a 3, determina el incremento 4 - x mediante la
proporción de los incrementos ofreciendo quizás el primer ejemplo de la
aplicación del más tarde llamado método de falsa posición. De acuerdo con esta
hipótesis, aquel incremento está dado por el cociente
(1,2x - 2) × (1,2x -
1,2x.
que da el tiempo de doble capitalización con error (por defecto) inferior a
seis días.
Los problemas que se refieren a aplicaciones
geométricas revelan el conocimiento de la proporcionalidad entre los lados de
triángulos semejantes, de las áreas de triángulos y trapecios así como de
volúmenes de prismas y cilindros; en cambio, para la longitud de la
circunferencia y el área del círculo se adoptan los valores poco aproximados de
dar para la circunferencia el valor de tres diámetros (valores que se conservan
en la Biblia) y para el círculo el triple del cuadrado del radio. También son
erróneas las expresiones del volumen del tronco de cono y de la pirámide de
base cuadrada y del cono.
Pero, sin duda, el conocimiento geométrico más
interesante que revelan las tablillas es del llamado "teorema de
Pitágoras”, y en especial, como consecuencia, la ley de formación de los
tripletes- pitagóricos, es decir, de las ternas de números enteros, que, a par
de representar medidas de los lados de triángulos rectángulos, expresan la
posibilidad aritmética de descomponer un numero cuadrado en suma de dos
cuadrados.
Nota complementaria
El teorema de Pitágoras
Varios problemas de las tablillas son variantes de
un problema frecuente en el folklore matemático: el problema de la caña, cuya
solución exige el conocimiento del teorema de Pitágoras. Veamos un caso simple:
una caña que se apoya en una pared de igual altura que ella de desliza sin
caer. Calcular su altura x conocido el deslizamiento a de
su tope y la distancia b en que se ha apartado el pie de la
caña respecto de la pared. Este problema, que equivale a la determinación del
radio de un círculo del cual se conoce una semicuerda y la flecha respectiva,
exige la aplicación del teorema de Pitágoras que da por solución x
= 1/2(a2 + b2) + a; y
son estos cálculos, efectivamente, los que efectúa el calculista babilónico
partiendo de a = 3; b = 9, obteniendo x
= 15.
El conocimiento del "teorema de
Pitágoras", un milenio largo antes de la existencia de su pretendido
autor, se pone de manifiesto en distintos problemas cuya solución correcta no
podrá lograrse sin ese teorema y, en especial, mediante un texto: el Plimpton
322 (del nombre de la colección que se conserva en la Columbia University) que
se hizo conocer en 1945 y que presupone el conocimiento de la ley de formación
de los tripletes pitagóricos, que aparecerá por primera vez en Occidente en los Elementos de Euclides hacia el 300 a. C.
Nota complementaria
El texto Plimton 322
Se reproduce a continuación el texto de la tablilla
en signos modernos, tomados de O. Neugebauer. The Exact Sciences un Antiquity.
Nueva York, Dover, 1969, pág. 37.
Se trata de la parte derecha de una tablilla mutilada que comprende a cuatro
columnas: la primera, a partir de la derecha, no contiene sino los números 1 a
15 para ordenar las filas; la segunda y tercera, encabezadas respectivamente
con palabras "diagonal" (d) y "ancho" (b),
contienen números enteros aparentemente sin orden alguno, mientras que la
cuarta columna, encabezada por un término ininteligible, contiene expresiones
fraccionarias, a veces hasta con siete fracciones sexagesimales. Descifrada la
tablilla, el resultado fue que las columnas (d) y (b) comprenden
los componentes de tripletes pitagóricos correspondientes a la hipotenusa y a
un cateto, es decir,d = m2 + n2 y
b = m2 - n2, cuyo otro cateto b
= 2mn, del cual sus valores, que figurarían probablemente
en la parte que falta, deben cumplir la condición de no contener sino divisores
de 2, 3, 5, circunstancia que explicaría el aparente desorden de las
columnas d y b, pues la cuarta columna contiene
los valores numéricos de ( dla)2, es decir,
con nuestro léxico los valores de sec2 α siendo α el ángulo
opuesto a. Agreguemos que los valores de la cuarta columna
decrecen de manera casi lineal, así como los valores de α decrecen bastante
uniformemente entre 45° y 31°, lo que hace suponer que otras tablillas
contendrían los valores correspondientes a los otros sectores de 15°.
Por ejemplo, en la fila sexta los valores de las tres columna son en el sistema
sexagesimal,
d = 8,1; d = 5,19 ; (d/a) 2 =
1; 47.6.41.40
Es fácil ver que en este caso m = 20,
n = 9: d = 481; b = 319resultando a
= 360, que no figura, pero que cumple con la condición de no contener
sino factores 2, 3, 5 y que (d/a)2 = (481/360) 2 expresado
en el sistema sexagesimal es precisamente el valor que aparece en la cuarta
columna. Para estos valores a es aproximadamente 40°.
No es ésta la única conexión entre los datos que
aportan las tablillas de los babilonios y la clásica matemática griega. Desde
el punto de vista técnico, es más importante señalar la atmósfera común de
álgebra no lineal, de álgebra cuadrática, que preside ambos campos; atmósfera
que en las tablillas de los babilonios se revela en las ecuaciones algebraicas,
y en los Elementos en
toda la obra, en espacial el libro II, que el historiador de la matemática
Zeuthem bautizó proféticamente de álgebra geométrica hace casi 90 años, cuando
ni por asomo podía pensarse en la vinculación que hoy se vislumbra entre la
geometría griega y la milenaria álgebra de los babilonios.
Es posible que mediante esta álgebra geométrica
podamos hacer alguna conjetura acerca del origen de los conocimientos de los
babilónicos. Sean dos números a y b representados
por los segmentos AB y AD (fig. 1), respectivamente; si a continuación
de AB se lleva BC
= AD los segmentos AC y DB serán, respectivamente, a + b y a - b. Introduciendo
el centro O de simetría
de la figura, resulta fácilmenteAO = OC = 1/2(a + b)
y DO = OB = 1/2( a
- b) y, por lo tanto, de AB =
AO + OB y AD = AO - OD se desprenden las relaciones entre dos números,
su semisuma y su semidiferencia, que los babilonios utilizaron en sus
problemas.
Supongamos ahora que en pos de conjeturas
elevamos al cuadrado la figura y obtenemos el cuadrado de lado AC descompuesto en cuadrados y rectángulos. Así:
(a + b)2 = AE
(a - b)2 = FG
ab = LI = IM = DL
Y distintas composiciones
de esas figuras llevan a las identidades:
(a + b)2 = a2 +
b2 + 2ab
(a - b)2 + 2ab
= a2 + b2;
(a + b)(a-b) = a2-b2;
(a+b)2 - (a-b)2 =
4 ab
ó
[1/2 (a + b)]2 -
[1/2 (a - b)] 2 = ab
que los babilonios
utilizaron en la resolución de sus ecuaciones cuadráticas.
Hagamos un paso más y tracemos las
diagonales LI, IM, MD, DL de
los rectángulos que bordean la figura que no serán sino la hipotenusa c de los triángulos rectángulos de catetos a y b,
y por tanto el cuadrado LM = DI es
el cuadrado construido sobre esa hipotenusa. De la figura se deduce una
propiedad geométrica que los babilonios parece que no utilizaron, como lo hará
en cambio más tarde Diofanto; esa propiedad dice que si al cuadrado de la
hipotenusa se le suma o se le resta cuatro veces el triángulo se obtiene, en
ambos casos, un cuadrado, o en símbolos c2 ± 2ab = (a
± b)2 propiedad que implícitamente contiene el llamado
"teorema de Pitágoras", aunque el teorema puede obtenerse
directamente utilizando una de sus numerosas "demostraciones" por
descomposición de figuras; así, por ejemplo, una demostración muy simple, que
aparecerá en escritos árabes del siglo IX, consiste en suprimir del
cuadrado DI los
triángulos LGI eIHM, desplazándolos respectivamente a DCM
y LAD; el cuadrado DI se convierte en la figura equivalente LGHMCAL, suma de los cuadrados AG y BM de los catetos.
Como curiosidad agreguemos que el matemático
Hamilton del siglo XIX, al reproducir esa demostración sombreó en la
figura LIMCAL esos
cuatro triángulos, inscribiendo en el pentágono cóncavo LGHMDL una leyenda que parafraseamos: Como se ve: Soy a2 +
b2 - ab; si me
adoso los dos triángulos compongo el cuadrado de la hipotenusa, si me sustento
sobre los dos triángulos, compongo la suma de los cuadrados de los catetos.
Una última conjetura nos llevaría a los
tripletes pitagóricos. De la propiedad (a + b)2 =
(a - b)2 + 4ab se
puede llegar a la descomposición de un cuadrado en suma de los cuadrados, es
decir, a la ecuación pitagórica (¿o habría que llamarla
seudo-pitagórica?) x2 + y2 =
z2, sin más que tomar para a
y b números cuadrados m2 y n2, llegándose a las expresiones x = m2 -
n2; y = 2mn;
z = m2 + n2,
con las cuales se ha construido la tabla del Plimpton 322.
Conjeturas de otra índole merecerían las
consideraciones acerca de la finalidad que persiguieron sumerios y babilónicos
con su sorprendente álgebra. Sin duda en sus albores la matemática nació bajo
los signos que Spranger señalo al calificar de semi-juego y semi- religiosidad,
pero en el álgebra de los babilónicos la atmósfera técnica que envuelve a sus
problemas revela también aspectos más positivos, menos místicos. Una hipótesis
verosímil, que la índole de los problemas corroboraría fija a los textos
matemáticos de los babilonios une finalidad formativa: su estudio y práctica
serían considerados indispensables en el aprendizaje y adiestramiento de
escribas y funcionarios de pueblos de un avanzado desarrollo comercial.
Los egipcios
Comparada con el contenido de las tablillas de
los babilonios, la matemática de los egipcios resulta de un nivel muy inferior.
Una de las causas reside en el sistema de numeración adoptado por los egipcios:
aditivo decimal compuesto de ocho signos jeroglíficos para indicar la unidad y
las primeras siete potencias de 10 y que en el contexto numérico se escribían
de derecha a izquierda según las potencias decrecientes.
Con ese sistema, el escriba o calculador egipcio
realizaba operaciones aritméticas elementales, con números enteros o
fraccionarios, utilizando una técnica operatoria. No exenta de ingeniosidad, de
la cual cabe destacar dos notas características: la multiplicación por
duplicación y el uso casi exclusivo de fracciones unitarias, es decir, de numerador
la unidad.
El conocimiento de los métodos de cálculo de los
egipcios y de su aplicación en distintos problemas proviene de algunos papiros,
no muy numerosos, entre los cuales sigue siendo más importante el papiro Rhind
(del nombre de su propietario que lo lego al museo Británico) que data de la
época de los hiesos (s. XIII a. C) aunque, como nos lo asegura su autor o
compilador, el egipcio Ahmes: su contenido proviene de épocas anteriores.
Aproximadamente de comienzos del II milenio.
Aunque el papiro declare que contiene
" las reglas para lograr un conocimiento de todo lo oscuro
y de todos los misterios que residen en las cosas... ” es en realidad un manual de aritmética,
probablemente destinado a la formación de los escribas oficiales que tenían a
su cargo el conocimiento y la práctica de los cálculos que exigía la típica
organización económica de la sociedad egipcia.
Nota complementaria
La multiplicación y división egipcias
Para multiplicar por duplicación el egipcio
escribía en columna el factor mayor y sucesivamente sus dobles, mientras que en
otra columna la izquierda señalaba la unida y sus dobles. La operación se
suspendía al llegar el mayor doble inferior al segundo factor; el calculista
marcaba entonces con un signo especial los dobles cuya suma componían este
segundo factor y sumaba los términos correspondientes de la primera columna.
Esa suma es el resultado. A la izquierda puede verse el producto 34 × 27 = 918.
Para abreviar la operación en algunos casos se
multiplicaba por 10 y a veces este múltiplo se dividía por 2 con lo cual, en la
columna de la izquierda, además de dobles, aparecían los números 10 y 5, que
había que tomar en cuenta en el cálculo del segundo factor.
Para dividir procedían como en la multiplicación considerando la división como
una multiplicación de producto y un factor conocidos. Dividir por ejemplo 1.120
por 80 es una multiplicación "comenzando con 80". A la izquierda está
indicado el cálculo que se ha facilitado comenzando por tomar el décuplo del
divisor. Como en este caso, de la columna de la derecha se obtiene la suma
1.120, el resultado es de una división exacta 1.120 / 80 = 14.
¿Pero qué hubiera ocurrido si en lugar de 1.120 el dividendo hubiera sido
1.150? Con nuestro léxico, de los cálculos anteriores hubiéramos deducido que
el cociente entero es 14 y el resto es 30, pero en las divisiones egipcias no
hay resto: el cociente es siempre exacto, para lo cual en este caso se hubiera
acudido a las fracciones y proseguido la operación introduciendo en la columna
de la izquierda las fracciones 1/2, 1/4, 1/8 y con los correspondientes valores
40, 20, 10, se habría llegado a la suma exacta 1.150 y al cociente exacto 14
1/4 1/8
El interés mayor que ofrece la aritmética de los
egipcios reside en su característico uso y manejo de las fracciones. Si se
exceptúa 2/3 (y ocasionalmente 3/4), fracción para la cual existía un signo
especial y de la cual, por lo demás, conocían la descomposición en 1/2 + 1/6,
el calculista egipcio utiliza exclusivamente fracciones unitarias Y. por tanto,
todo cociente o parte de un cociente menor que la unidad debía expresarse como
suma de fracciones unitarias, problema indeterminado desde el punto de vista
teórico y que los egipcios resolvieron empíricamente, aunque tratando de dar, y
a veces en forma ingeniosa, la descomposición más simple.
Muchas de esas descomposiciones eran conocidas
de memoria por el escriba, pero para denominadores no pequeños la cuestión se
tornaba difícil, de ahí que sea explicable que el papiro Rhind se abriera con
una tabla que facilitaba esa descomposición dando la misma para todos los
cocientes de dividendo 2 y divisor impar desde 5 hasta 101.
Nota complementaria
Las fracciones unitarias
El ejemplo anterior, donde los valores cómodos 80 y
30, del divisor y el resto, facilitaron sobremanera las operaciones, no es un
ejemplo adecuado para mostrar los cálculos egipcios con fracciones unitarias,
ya para construir la tabla de los cocientes 2/n, ya para utilizar
sus datos.
Así señalaba Van der Waerden la marcha del proceso en la, obtención del
cociente 2/31 = 1/20 1/124 1/155. El calculista
ha utilizado la fracción auxiliar 1/20 reconociendo que 31/20 = 1 1/2 1/20.
Conociendo además la descomposición 1/4=1/5 1/20 y que evidentemente 2 = 1 1
1/2 1/4 1/4, mediante un proceso de "completar la unidad" llega a la
descomposición 2 = 1 1/2 1/20 1/20 1/4 1/5. Y como 1/4 1/5 = 31 (1/120 1/155)
se llega a la descomposición de la tabla.
Supongamos que haya que dividir 11 por 23. El calculista procedería así:
11/23 = 1/23 10/23 = 1/23 5 2/2.
acudiría a la tabla que descompone
2/23 = l/12 1/27.
y seguiría
11/23 = 1/23 5/12 5/276 = 1/23 1/12 1/276 1/3 1/6.
Sin necesidad de volver a la tabla, y el resultado
sería
11/23 = 1/3 1/12 1/23 1/69 1/276
Consideremos por último el problema de dividir 7
panes entre 10 personas. Sin explicación alguna el papiro da el resultado: 2/3
y 2/30 y se dispone a comprobarlo mediante la multiplicación de ese dato por 10
tal como se ve en la izquierda. Al multiplicar por 4 aparece el cociente 2:15
que la tabla da como 1/10 1/30. En este caso no hubo que acudir más a la tabla.
El conocimiento aritmético de los egipcios no se
limita a las operaciones elementales con enteros y fracciones: en los papiros
matemáticos aparecen progresiones aritméticas y geométricas y hasta algún
ejemplo de raíz cuadrada. En cuanto a las aplicaciones se trata en general de
problemas de repartición proporcional o de medidas de capacidad, de superficie
o de volumen, así como cuestiones de distinta índole que conducen a problemas
de primer grado con una o más incógnitas.
Nota complementaria
Problemas de primer grado
He aquí un par de problemas de primer grado
resueltos por los egipcios. Una cantidad y su séptima parte dan 19. Para
resolverlo, el calculista toma sucesivamente 7 más 1, es decir, 8. Divide 19
por 8 obteniendo 2 1/8 1/4 y este resultado lo multiplico por 7, obteniendo
16 1/2 1/8 que es la cantidad buscada, comprobándolo al agregarle 2 1/4
1/8 y obtener 19.
Menos simple es el problema de dividir 100 panes entre cinco personas siguiendo
una progresión aritmética (serían de distintas clases sociales), de manera que
la parte de las dos últimas sea 1/7 de las partes de las tres primeras. Aquí
escuetamente el papiro dice: 'Toma como diferencia 5 1/2,de donde 23,
17 1/2, 12, 6 1/2, 1. Aumenta esos números en la proporción 1 2/3 y
obtendrás las partes que corresponden a cada persona". Y la solución es
correcta.
En efecto, el número 5 1/2 es la razón entre la diferencia de la progresión y
la parte de la última persona, que puede deducirse de los datos del problema,
pues las dos últimas personas reciben dos de esas partes más una diferencia,
mientras que las tres siguientes reciben 3 de esas partes más 9 diferencias,
que han de ser equivalentes a 14 partes y 7 diferencias, de ahí la razón 11/2,
es decir, 5 1/2. Admitiendo que la última parte es 1 pan, la suma, de acuerdo
con la diferencia 5 1/2, daría 60 panes y no 100 como exige el problema; de ahí
la última parte de la solución el elevar los valores anteriores en la
proporción de 60 a 100, es decir, en la proporción 3 a 5.
Los conocimientos geométricos de los egipcios
son más bien extensos: disponen de reglas exactas para el área de triángulos,
rectángulos y trapecios, así como para el volumen de prismas y pirámides. En un
ejemplo aparece la determinación de la inclinación del plano oblicuo de una
pirámide, aunque entendida más como factor de proporcionalidad que medida
angular, mientras que el máximo logro de la geometría egipcia debe verse en la
determinación correcta del volumen del tronco de pirámide de base cuadrada, mediante
un cálculo de difícil interpretación. Además se debe al calculista egipcio una
excelente aproximación para la cuadratura del círculo.
Nota complementaria
La cuadratura del círculo
La regla del calculista egipcio para obtener el
área del círculo, consiste en adoptar como lado del cuadrado equivalente al
círculo, el diámetro menos un noveno del mismo, lo que significa para nuestro π
el valor 256/81 ≈ 3,1604...bastante aproximado con un error relativo por exceso
de 0,6 %. En cuanto al origen de esta regla observamos que si hoy deseáramos
conocer qué fracción del diámetro, de la forma 1-1/n debe tomarse
para obtener el lado del cuadrado equivalente encontraríamos para n el
valor 8,7...bastante próximo a 9, de ahí que cabe sospechar que los egipcios
obtuvieron su regla operando por tanteos con fracciones unitarias y
complementos a la unidad.
Capítulo 3
La matemática helénica
Contenido:
Los griegos
Tales
Los pitagóricos
Las eleatas
La matemática del siglo V
La Academia y el Liceo
La matemática del siglo IV
Los griegos
Un largo milenio transcurre entre la época de
las tablillas cuneiformes y de los papiros egipcios que hemos reseñado, y la
época de la revolución intelectual que tendrá por teatro el mundo griego del
Mediterráneo oriental; revolución que significó el advenimiento del sabio y de
un saber cada vez más consciente de su propia misión y de la responsabilidad
que le impone la exigencia de su comprobación o de su verificación.
Al hacerse referencia al nacimiento de este
nuevo tipo de saber: la ciencia, suele aún hablarse de "milagro
griego", expresión que encierra la idea de un surgimiento de la ciencia,
del arte y de la filosofía como de la nada, por generación espontánea.
Más hoy, al respecto, y en especial para la
matemática, cabe ser cauteloso. Por lo pronto, la ciencia prehistórica ha
puesto de relieve el largo camino recorrido por el hombre en la senda del saber
hasta llegar a los umbrales de la ciencia. Por su parte, ya no es posible dejar
de considerar que el "milagro griego" tuvo como antecedente el saber
que desarrollaron los países orientales, en especial Egipto y la Mesopotamia.
La misma tradición griega atestigua la importancia que los primeros griegos
atribuían a ese saber y es significativo que, según tal tradición, grandes
sabios y filósofos del período helénico habían estado en Oriente, en especial
en Egipto, frecuentando los sacerdotes de esa región.
Otro factor que ha contribuido a mantener la
creencia en el "milagro griego" proviene de las características del
período inmediato anterior al advenimiento de la ciencia griega, allá hacia el
siglo VI a. C. En efecto, el medio milenio anterior a este siglo es una de las
épocas más oscuras e inciertas de la historia del Mediterráneo, aunque tal
oscuridad no proviene de causas intrínsecas, sino del hecho de tratarse de una
época de movimientos de pueblos y de la aparición de las armas de hierro que
aportaron un poder destructor desconocido hasta entonces; movimiento y
destrucción que han contribuido a silenciar ecos y documentos que podrían
informarnos acerca de los orígenes de la ciencia en Grecia.
Por lo demás, en este período, Grecia mantuvo
relaciones comerciales y bélicas con los pueblos del Cercano y Medio-Oriente, y
si bien es cierto que los griegos no supieron leer las jeroglíficos egipcios ni
los signos cuneiformes, el hecho de desconocer el idioma no significa ignorar
totalmente sus bienes culturales y las conexiones que actualmente se advierten
entre la matemática griega y la antigua matemática de los babilonios, como
consecuencia de las tablillas descifradas en este siglo, comprobarían tal
afirmación.
Una última observación, de carácter más bien
paradójico, reafirma la cautela con la cual deben tomarse las informaciones
relativas a la antigua matemática griega. En efecto, mientras hoy a 30 ó 40
siglos de distancia, conservamos en las tablillas cuneiformes y en los papiros
egipcios documentos originales o copias fieles de las contribuciones
matemáticas de los antiguos pueblos orientales, nada de eso ocurre con los
griegos; a pesar de ser mucho más recientes, pues de las no muy numerosas
producciones matemáticas que han sobrevivido hasta hoy, sólo disponemos de
copias y compilaciones tardías a veces posteriores en varios siglos, cuando no
meras traducciones.
Esto es particularmente cierto para la
matemática del periodo helénico (siglos VI a IV a. C.), ya que de los
escritores anteriores a Euclides no se conoce sino el fragmento, relativo a las
"lúnulas" de Hipócrates, de la "historia de la matemática"
de Eudemo de Rodas, que, a su vez, se conoce mediante una reproducción no muy
fiel, aparecida en un comentario aristotélico de Simplicio del s. VI, es decir,
de un milenio después.
De ahí que la historia de la matemática del
periodo helénico haya sido reconstruida sobre la base de fuentes indirectas,
informaciones dispersas en autores de la época posteriores, en especial, en los
escritos de comentaristas del último período de la ciencia griega, entre los
que cabe destacar el resumen histórico, que aparece en Los
comentarios del libro 1 de
los Elementos de Euclides de Proclo;
probablemente fundado también en la "historia" de Eudemo.
Nota complementaria
El resumen histórico de Proclo
Cuenta Proclo en la segunda parte del Prólogo a sus
comentarios;...muchos autores informan que los egipcios fueron inventores de la
geometría, que nació de la medida de los campos, necesarias debido a las
crecidas del Nilo que borraban el límite entre las propiedades. Por lo demás,
no ha de asombrar que haya sido una exigencia práctica la determinante de la
invención de esa ciencia, pues todo lo que está sujeto a la generación procede
de lo imperfecto a lo perfecto, y que es natural que se produzca una transición
de la sensación al razonamiento y de este a la inteligencia. De manera que así
como los fenicios, debido al intercambio y transacciones comerciales, fueron
los primeros en tener un conocimiento cabal de los números, por la razón
mencionada los egipcios inventaron la geometría.
Tales que estuvo en Egipto, fue el primero que introdujo la teoría en Grecia;
él mismo realizo varios descubrimientos y encamino a sus sucesores hacia sus
principios; algunas cuestiones las resolvió de una manera más general; otras de
una manera más intuitiva. Después de él se menciona a Mamerco, hermano del
poeta Estesicoro que se interesó por la geometría, a la cual debió su fama,
según cuenta Hipias de Elis.
Los siguió Pitágoras quien trasformó él estudió de la geometría en una
enseñanza liberal, remontándose a los principios generales y estudiando los
teoremas abstractamente y con la inteligencia pura; se le debe el
descubrimiento de las figuras cósmicas. Más tarde Anaxágoras de Cazomene se
ocupó de distintas cuestiones geométricas así como Enópides de Quíos, algo más
joven qu.
Anaxágoras, ambos mencionados por Platón en Ricales como
famosos matemáticos. Más tarde, fueron célebres en geometría Hipócrates de
Cirene; Hipócrates además fue el primero que compuso Elementos.
Platón, que los sigue, dio a la geometría, como a toda la matemática, un
impulso extraordinario mediante el gran interés que demostró por ella, del cual
dan fe sus escritos repletos de consideraciones matemáticas, que en todo
momento despiertan la admiración hacia esa ciencia de aquellos que se consagran
a la filosofía.
Al mismo período pertenecen Leodema de Taso, Arquitas de Tarento y Teeteto de
Atenas, que aumentaron el número de teoremas de geometría, mientras le deban
una forma más científica. A Leodemas sigue Neoclides y el discípulo de éste:
León, que acrecieron el saber geométrico de manera que León pudo escribir
unos Elementos, muy superiores por el valor y el número de sus
demostraciones. León además descubrió las distinciones que indican si un
problema puede resolverse o no.
Algo más joven que León, y compañero se los discípulos de Platón, es Eudoxo de
Cnido, quien aumento el número de los teoremas geométricos, agrego tres nuevas
proporciones a las tres antiguas, y mediante el análisis hizo progresar lo que
Platón había aprendido respecto de la sección. Amticlas de Heraclea, discípulo
de Platón, y Menecmo, discípulo de Eudoxo como miembro del círculo de Platón, y
su hermano Dinotrasto perfeccionaron aún más la geometría en su conjunto.
Teudio de Magnesia gozó de gran renombre tanto en matemática cuanto en otra
doctrina filosófica, pues coordino Elementos y generalizo muchas cosas
particulares. Igualmente Ateneo de Cicico, de la misma época, se hizo célebre
como matemático y en especial como geómetra. Todos ellos se congregaban en la
Academia e instituyeron en común sus investigaciones. Hermotimo de Colofón
desarrolló lo que había encontrado Eudoxo y Teeteto, descubrió muchas
proposiciones relativas a los Elementos y se ocupó de los lugares. Filipo de
Mende, discípulo de Platón e iniciado por éste en la matemática, realizó
investigaciones siguiendo las indicaciones de su maestro, aunque se propuso
también todas aquellas cuestiones que según su entender podían contribuir al
desarrollo de la filosofía de Platón. Es hasta estos últimos que se han ocupado
los historiadores que trataron el desarrollo de la geometría.
En este resumen, al lado de figuras conocidas de
la filosofía y de las ciencias griegas, aparecen nombres de los cuales se
tienen escasas o ninguna noticia. Faltan, en cambio, nombres importantes como
el de Demócrito de Abdera, omisión que se explica en vista de la tendencia
neoplatónica de Proclo. Contraria a las concepciones filosóficas de Demócrito.
Pero, salvadas esta y otras lagunas, ese resumen histórico señala en líneas
generales el proceso seguido por la matemática griega durante el periodo helénico.
Tales
La matemática griega comienza con el mismo
nombre con que se inicia la filosofía griega: Tales de Mileto, uno de los
"siete sabios de Grecia", primero a quien se dio ese nombre, no ya
por su género de vida y sus preceptos con referencia a la conducta moral, sino
por el hecho de estudiar los secretos de la naturaleza y hacer conocer sus
investigaciones.
En efecto, Tales, como sus conciudadanos más
jóvenes: Anaximandro y Anaxímenes, fue un filósofo de la naturaleza, un
"fisiólogo" que por sus observaciones empíricas sobre los seres,
sobre las cosas y sobre los fenómenos, en especial meteorológicos, llego a la
concepción de estar todo el Universo sometido a un proceso, a una
transformación continua, como si algo viviente lo habitase ("Todo está
lleno de dioses"), proceso y transformación cuyo origen, causa y devenir
busca ("el agua es el principio de todas las cosas, pues todo proviene del
agua y todo se reduce a ella").
Como en todos los casos de los pensadores
antiguos, no se dispone de Tales sino de escasas referencias debidas a
comentaristas muy posteriores, pero cabe destacar que es el único entre los
filósofos de Mileto a quien se atribuyen conocimientos científicos en sentido
estricto: ya astronómicos, ya matemáticos.
Así, se le atribuye la predicción de un eclipse
de sol que, según los astrónomos modernos, fue el del 28 de mayo de 585 a. C.
(fecha esta última que, aun convencional, puede servir para fijar el nacimiento
de la ciencia griega), eclipse que reviste un singular interés histórico, pues
ocurrió cuando medas y lidios estaban por entrar en batalla, que el fenómeno
celeste detuvo, y facilitó gestiones de paz.
Actualmente se duda de tal predicción por parte
de Tales, en vista de la propia concepción cosmológica que se le atribuye, y de
los conocimientos teóricos que exige, salvo que estuviera en posesión de reglas
de los antiguos babilonios, lo que no es muy verosímil. Más verosímil resulta
suponer que la predicción del eclipse no fue sino una atribución gratuita,
consecuencia de la fama y de la popularidad alcanzadas por Tales en su
condición de sabio.
Nota complementaria
Las contribuciones geométricas de Tales
Según constancias posteriores, se atribuyó a Tales
la demostración de los siguientes teoremas: Todo diámetro biseca a la
circunferencia. Los ángulos en la base de un triángulo isósceles son iguales.
Ángulos opuestos por el vértice son iguales. Los ángulos inscritos en una
semicircunferencia son rectos; y la resolución de los problemas: Determinar la
distancia de una nave al puerto. Determinar la altura de una pirámide
conociendo la sombra que proyecta: problemas cuya solución exigió a su vez el
conocimiento de la igualdad de los triángulos que tienen dos lados y el ángulo
comprendido respectivamente iguales, y la proporcionalidad de los lados
homólogos de dos triángulo, semejantes.
Respecto de esta última propiedad cabe recordar que en papiros egipcios y en
tablillas cuneiformes se encuentran aplicaciones numéricas de las propiedades
de los triángulos semejantes, pero tales aplicaciones prácticas no presuponen
el conocimiento previo de la demostración teóricas de ellas. De ahí que de
atribuir alguna contribución original de Tales al respecto, debería referirse a
la deducción racional de esas propiedades, pero nada de eso aparece en las
referencias disponibles, donde a lo sumo se indica el método utilizado, por
ejemplo, midiendo la sombra proyectada por la pirámide en el instante en que la
propia sombra del operador era igual a la altura de su cuerpo. Pero aun en este
caso, fundado sobre un método de comprobación intuitiva, nada prueba que Tales
haya demostrado el teorema que, con frecuencia, lleva su nombre en los textos
elementales de geometría, pero cuya primera demostración, nada fácil, aparece
en el libro VI de los Elementos de Euclides.
Al respecto de esta inconsistencia histórica cabe citar la feliz
"boutade" del matemático Félix Klein, quien recordaba que si un
teorema lleva el nombre de un matemático, es seguro que este matemático no es
su inventor. Tal cosa ocurre precisamente con el teorema de Tales y, puede
agregarse, con el "teorema de Pitágoras"; el "binomio de
Newton", el triángulo de Pascal...
Algo semejante podría decirse con respecto a las
contribuciones matemáticas, o mejor geométricas, que se atribuyen a Tales y que
consisten en algunas propiedades teóricas y en un par de problemas prácticos,
cuyo interés reside esencialmente en que tanto unas cuanto otros se refieren a
propiedades generales de rectas, igualdades entre ángulos, y semejanzas de
figuras, es decir, propiedades cuya índole las distingue del conocimiento
empírico de los egipcios, con el cual directa o indirectamente Tales pudo entrar
en contacto.
También aquí, como en el caso de la predicción
del eclipse, la atribución de conocimientos geométricos teóricos puede fundarse
en la fama de la que Tales gozó en vida y que, sin duda, se trasmitió deformada
a las generaciones posteriores. Más también puede dársele un sentido distinto,
vinculado con la revolución intelectual que se estaba produciendo en el mundo
griego en tiempos de Tales: el nacimiento de un nuevo saber.
La nota esencial de ese nuevo saber fue su
acentuado carácter discursivo, su tónica racional, que en sus comienzos se
manifestó meramente en los intentos de explicación de los fenómenos naturales
sin acudir a causas extra-naturales, pero que pronto adquirió una sólida
consistencia y logró conquistas perdurables en la rama más fecunda y más dócil
a los dictados de la razón: en la matemática, mediante la demostración rigurosa
de sus propiedades, traducción en su campo de la explicación de los fenómenos
naturales. Y si Tales, el "primero entre los siete sabios", había
sido también el primero, cronológicamente, en poner de manifiesto las
exigencias de la razón en el campo, de la naturaleza mediante la
"explicación racional de sus fenómenos", ¿por qué no dotarlo de igual
capacidad en el campo matemático, atribuyéndole el invento de la
"demostración", en vista de la similitud de los fundamentos de ambos
procesos? Sean o no exagerados los méritos que, las generaciones futuras
asignaron a Tales, es indudable que termina con él una etapa en la marcha del
saber: la etapa pre- científica, para iniciarse el período del saber crítico,
objetivo, científico.
Varios factores contribuyeron al advenimiento de
esta especial conciencia científica que ante todo significó una liberación, aún
no total, de la maraña de elementos extra-científicos que envolvían al saber
oriental. Por un lado, el carácter del pueblo griego, pueblo de legisladores y
de colonizadores que, en contacto con pueblos orientales de larga tradición
cultural, heredaron de ellos lo que ofrecían más objetivo: el saber. Ese pueblo
disponía además de un idioma que una estupenda tradición literaria, casi
familiar, había tornado bastante flexible como para permitirle lanzarse a
nuevas aventuras. Si en esa tradición figuraba un poeta épico como Homero,
también incluía un poeta más didáctico como Hesíodo y, por tanto, más afín con
el saber.
También pudo haber contribuido al movimiento de
libación la índole especial de la religión griega, con su antropomorfismo y la
vinculación de sus mitos, dioses y cultos con fenómenos naturales, así como los
juegos olímpicos, que se inician en el siglo VIII a. C. en los que lo
colectivo, representado por sus facetas religiosas y nacionales, se combina con
lo individual, encarnado en el reconocimiento de los propios méritos y en la
libertad y valores personales.
Por último, cabe acentuar el carácter especial
de la cuna del nuevo saber: la ciudad de Mileto, nudo de rutas comerciales y
floreciente mercado, ubicada en las costas de una región como el Asia Menor,
rica en razas y culturas diferentes; factores todos que permitieron a los
milesios ponerse en contacto con pueblos y problemas diversos que estimularon
su actividad intelectual.
Los pitagóricos
El juego de la razón y la índole del ente
primordial capaz de engendrar todas las cosas, son los fundamentos que
caracterizan a las corrientes filosóficas que alimentan el pensamiento
helénico.
En cierto sentido diríase que la geografía
influyó en esas corrientes. Mientras que de las colonias de Asia Menor
provienen los "fisiólogos" con su acentuada tendencia hacia "la
naturaleza de las cosas", fincada en entes de consistencia natural: agua,
aire, fuego...; de las colonias itálicas provendrá una corriente más mística
con un ente primordial de naturaleza ambivalente, como habitante de dos mundos:
del mundo de la razón y del mundo de las cosas. Ese nuevo ente fue el número y
sus artífices fueron los pitagóricos o itálicos.
Si las figuras de los fisiólogos son
legendarias, también lo es y quizá con mayor razón la de Pitágoras, filósofo
que habría vivido a lo largo de gran parte del siglo VI a. C. y cuya vida y
doctrinas han sido deformadas por la atmósfera mística que las envolvió,
contribuyendo sin duda a esa deformación la imposición del secreto y del
silencio místicos que regían en la escuela que había fundado Pitágoras, en
especial, en lo referente a los conocimientos.
Pitágoras y su escuela pertenecen por igual a la
ciencia y a la filosofía, a la mística y a la política; pues Pitágoras no fue
sólo un filósofo, sino también un sacerdote de ritos arcaicos y hasta un político,
pues fueron las luchas políticas de mediado, del siglo V a. C. las que
provocaron la destrucción de la escuela fundada por Pitágoras en Crotona
(Italia) y la emigración de los pitagóricos y de sus doctrinas a la metrópoli,
donde hacia esa época comenzaron a difundirse.
No es fácil reconstruir el camino que del
misticismo pitagórico condujo a las verdades matemáticas. Se ha querido ver una
influencia del orfismo y del poder especial que ese mito otorgaba a la música,
así como a la vinculación existente entre la armonía musical y la armonía
reflejada en los números, vinculación fortalecida por el descubrimiento que se
atribuye a Pitágoras de la relación simple entre las longitudes de las cuerdas
de la lira y los acordes de los sonidos emitidos por sus vibraciones. En
efecto, cuando la longitud de la cuerda se reducía a la mitad, es decir, en la
relación 1:2, se obtenía la octava; si en cambio las relaciones eran 3:4 ó 2:3
se obtenían, respectivamente, la cuarta y la quinta. Si se agrega que en estas
relaciones simples aparecen los cuatro primeros dígitos 1, 2, 3, 4, que a su
vez dispuestos en forma de pila dibujaban el triángulo equilátero; y que su
suma era 10, número místico con propiedades geométricas (por ejemplo, el número
de caras y aristas del tetraedro), etcétera, se explica cómo esta combinación
de sonidos, números y figuras convirtió al número en "esencia de todas las
cosas”.
Aristóteles, que prefiere hablar de pitagóricos,
no de Pitágoras, expone de esta manera esa conclusión: "Los así llamados
pitagóricos, habiéndose aplicado a la matemática fueron los primeros en hacerla
progresar, y nutridos de ella creyeron que su principio fuera el de todas las
cosas. Ya que los números por su naturaleza son los primeros que se presentan
en ella, les pareció observar en los números semejanzas con los seres y con los
fenómenos, mucho más que en el fuego, o en la tierra o en el agua (por ejemplo,
tal determinación de los números les parecía que era la justicia, tal otra el
alma o la razón, aquella otra la oportunidad y, por así decir, análogamente
toda otra cosa), y como también veían en los números las determinaciones y las
proporciones de las armonías y como, por otra parte, les parecía que toda la
naturaleza estaba por lo demás hecha a imagen de los números, y que los números
son los primeros en la naturaleza, supusieron que los elementos de los números
fuesen los elementos de todos los seres y que el universo entero fuese armonía
y número. Y todas las concordancias que podían demostrar en los números y en las
armonías con las condiciones y partes del universo y con su ordenación total,
las recogieron y coordinaron".
Es posible que un primer resultado de tal
coordinación y ordenación, fuera el advenimiento de la matemática, como
ciencia, a la sombra de tal concepción metafísica y aliado de tal mística de
los números. Por lo menos esto es lo que se deduciría de la frase de Proclo al
afirmar que Pitágoras "transformó el estudio de la geometría en una
enseñanza liberal remontándose a los principios generales y estudiando los
teoremas abstractamente y con la inteligencia pura ..." De ser así, sería
mérito de Pitágoras o de los pitagóricos el de haber convertido el conjunto de
los conocimientos matemáticos en una estructura racional deductiva, con la
introducción de la demostración como recurso característico de la matemática
como ciencia.
En cuanto al tratamiento de esta disciplina en
la escuela pitagórica, se dispone de algunos datos, aunque por comentaristas
tardíos como San Hipólito del siglo III, quien refiere que en la secta
pitagórica los adeptos se distinguían en novicios y en iniciados, Los primeros
sólo podían escuchar y callar (exotéricos o acústicos), mientras que los
segundos (esotéricos o matemáticos), podían hablar y expresar lo que pensaban
acerca de las cuestiones científicas de las que se ocupaba la escuela. De ahí
que sea probable que se deba a los pitagóricos el nombre de la nueva ciencia:
matemática (de mathemata =
ciencias) que significa algo que puede aprenderse.
Nota complementaria
La aritmética pitagórica
Dejando de lado todos los fantásticos atributos que
los pitagóricos concedían a ciertos números, consideremos algunos resultados
positivos que se atribuyen a los pitagóricos en el campo de la aritmética. Por
lo pronto, se les debe la distinción entre la aritmética como ciencia o teoría
de los números y la logística como arte o práctica de cálculo, separando
netamente los números abstractos, esencia de las cosas, de las cantidades
concretas, que el hombre maneja en sus transacciones comerciales y en los menesteres
ordinarios de la vida. También se les debe la clasificación de los números en
vista de sus propiedades aritméticas: pares e impares, perfectos, amigos.
Nuestro léxico actual conserva reminiscencias pitagóricas; las palabras
cuadrado y cubo mantienen su doble acepción de número y de figura en
inglés figure es también cifra. En cambio expresiones de
indudable origen pitagórico como las de los "números figurados":
triangulares, pentagonales, poligonales,... no conservan sino un interés
histórico, aunque ha sido esta aritmogeometría de los números figurados el
origen de las primeras propiedades de la teoría de números.
Véase en la figura siguiente un número de puntos
rectangular tal que el número de un lado (la altura) supera en una unidad al
otro (la base). Si se descompone en escuadras de carpintero, en la forma
indicada por la figura, cada escuadra, o gnomon según la
nomenclatura griega, contiene un número par, de ahí la propiedad: la suma de
los primeros n números pares sucesivos es el producto de este
número por el sucesivo. Si se supone eliminada la fila inferior, el rectángulo
se convierte en un cuadrado y cada gnomon contiene ahora un
número impar, de ahí la propiedad: la suma de los primeros n números
impares es el cuadrado n2 de ese número. Por
último, si se supone bifurcado el número rectangular por la línea de puntos,
cada mitad se convierte en un número triangular y de ahí la propiedad: la suma
de los primeros n números sucesivos es el semiproducto de ese
número por el sucesivo. En la figura n = 6, de ahí que la suma
de los primeros seis pares es n ( n+1) = 42; la
suma de los primeros seis impares es n2= 36 ; y
la suma de los primeros seis sucesivos es 1/2 n (n +1)
= 21.
También se atribuye a los pitagóricos el conocimiento de las tres medias:
aritmética, geométrica y armónica. Esta última designación, resto fósil de las
contribuciones de los pitagóricos que aún se emplea en matemática, proviene de
que las razones que caracterizan la octava, la quinta y la cuarta musicales
pueden formarse con la terna 6, 8, 12 que constituye una terna en progresión
armónica. Con nuestros símbolos si, c y h son,
respectivamente, las medias aritmética y armónica de los números a y b, será
c - a = b - c; (h - a):a = (b - h) : b
o sea
c= 1/2(a + b) y h =2ab: ( a + b).
Por otra parte, se atribuye a los pitagóricos la
llamada proporción musical (que según una referencia Pitágoras habría traído de
Babilonia), que expresa a:c = h:b, o con nuestro léxico: la
media geométrica de dos números es la media geométrica de sus medias aritmética
y armónica.
También informa San Hipólito acerca de su
contenido al decir que los pitagóricos mezclaban astronomía y geometría,
aritmética y música. Proclo, un par de siglos después, es más explícito al
expresar que los pitagóricos distinguían en la matemática cuatro ramas: la
aritmética (de aritmein =
contar) que consideraba al número en sí, debiéndose entender por número, entre
los griegos, nuestros números enteros y faccionarios positivos; la geometría,
que consideraba la cantidad ya no discreta sino continua pero también en sí,
perdiendo así en consecuencia la palabra "geometría” su antiguo sentido
etimológico de "medir la tierra"; la música, como estudio de la
cantidad discreta, pero no en sí sino en sus relaciones mutuas; y la
astronomía, como estudio de la cantidad continua, no en sí sino en movimiento.
Nota complementaria
La geometría de los pitagóricos.
Dos tendencias presiden la geometría de los
pitagóricos: por un lado, el sentido de armonía universal que campea en su
metafísica y, por el otro, la preocupación casi exclusiva por el estudio de las
propiedades de figuras concretas, planas o sólidas, probable herencia de
conocimientos orientales pero ahora, claro es, amasados con el método
deductivo.
De tal combinación surge la preferencia que se advierte en la geometría
pitagórica por los polígonos y poliedros regulares. Así es de origen pitagórico
el teorema que enumera las escasas posibilidades (triángulos, cuadrados,
hexágonos) de llenar un área con polígonos regulares. En cambio, la
construcción geométrica de esos polígonos exige mayores conocimientos. Si bien
tal construcción es muy sencilla cuando se trata del cuadrado y del hexágono: y
de los infinitos polígonos que derivan de ellos, la cosa no es tan simple
cuando se trata del pentágono. Se sabe, por comentaristas muy posteriores, que
los pitagóricos utilizaban, como símbolo de reconocimiento de la secta, un
pentágono cóncavo: la estrella de cinco puntas que es un pentágono regular,
cuya construcción por tanto conocían. Esa construcción es un caso particular de
un grupo de problemas, característicos de la geometría griega, llamados de
"aplicación de áreas" y precisamente se sabe por referencias de
Proclo que el aristotélico Eudemo de Rodas atribuía a los pitagóricos el
descubrimiento y conocimiento de ese tipo de problemas. Pero hoy sabemos algo
más pues, en virtud de los conocimientos matemáticos revelados por las
tablillas cuneiformes descifradas en este siglo, se comprueba (que muchos
problemas numéricos resueltos por los matemáticos babilonios no son sino la
contraparte algebraica de los problemas de "aplicación de áreas",
circunstancia que pone de relieve una vinculación, sobre la base efectiva de la
naturaleza de los problemas, entre la matemática de los babilonios y la de los
pitagóricos.
Un ejemplo típico es el problema de dividir un segmento en media y extrema
razón, que encierra la posibilidad de la construcción del pentágono regular. Se
trata de dividir un segmento dado en dos partes de manera tal que el cuadrado
construido sobre la parte mayor sea equivalente al rectángulo cuyos lados son
el segmento dado y la parte menor. Una simple transformación de figuras permite
reducir el problema a la determinación de un rectángulo conociendo su área y la
diferencia entre sus lados, problema que traducido aritméticamente consiste en
determinar dos números conociendo su producto y su diferencia, típico problema
del álgebra de los babilonios.
En cuanto al conocimiento y construcción de los poliedros regulares parece
natural que los pitagóricos se interesaran por estos cuerpos simétricos y
"armoniosos"; interés que se trasmitió a Platón proporcionándole las
bases materiales de su cosmogonía, como lo revela la denominación de cuerpos
platónicos que se ha dado a los poliedros regulares, aunque en un
"escolio" del último libro de los Elementos de Euclides se agrega que
estos "cuerpos” no se deben a Platón, pues tres de ellos: el cubo, el
tetraedro y el dodecaedro se deben a los pitagóricos, mientras que el octaedro
y el icosaedro se deben a Teeteto. De todas maneras los poliedros regulares,
todos o no, constituyeron uno de los temas de la geometría pitagórica.
Ya hicimos referencia al llamado "teorema
de Pitágoras" que los babilónicos conocían, así como su consecuencia
numérica: la ley general de formación de los "tripletes pitagóricos".
Es posible que los pitagóricos demostraran el teorema, probablemente por
descomposición de figuras, aunque en el estudio de los "triplete” no
lograron la generalidad de los babilonios.
Nota complementaria
El teorema de Pitágoras y la ecuación pitagórica
Después del desciframiento de las tablillas de los
babilonios de este siglo, es sabido que los babilonios no sólo conocieron el
"teorema de Pitágoras", que aplicaron en la resolución de problemas,
sino que tuvieron también un conocimiento completo de los “tripletes
pitagóricos", es decir, de la solución en números enteros de la llamada
ecuación pitagórica: x2 + y2 = z2.
No obstante, puede aún mantenerse la opinión del historiador de la matemática
Zeuthen, quien sostuvo que ese teorema constituyó el origen de la geometría
racional en la escuela pitagórica y que las deducciones que paulatinamente fue
realizando la escuela tuvieron por objeto lograr una demostración general del
teorema, advertida su verdad en casos particulares.
En cuanto a la ecuación pitagórica se atribuye a la escuela la solución
particular
x = 1/2 (n2 -
1);
y = n;
z = 1/2(n2 +
l);
con n impar, solución que
probablemente dedujeron de la propiedad conocida de ser todo número impar
diferencia de dos cuadrados, de manera que si, a su vez, ese impar es un
cuadrado, queda satisfecha la ecuación.
Fue el conocimiento de un caso particular del
teorema de Pitágoras, quien aportó una consecuencia importante para el destino
de la secta cuando no de la matemática toda: el "descubrimiento de los
irracionales", es decir, el descubrimiento de pares de cantidades
diferentes, tales que la mayor no es múltiplo de la menor ni múltiplo de una
parte de la menor; y por tanto cuya razón no resulta expresable mediante un
número entero ni fraccionario. Si se piensa que los griegos no conocieron otra
clase de números y que la matemática pitagórica exigía que el número era la
esencia de todas las cosas, se explica que para los pitagóricos aquellas cosas
simplemente no existían; el hecho de presentarse en figuras consideradas
perfectas, como el cuadrado o muy simples, como el triángulo rectángulo
isósceles, así como el carácter tajante y categórico de la demostración que
probablemente se desarrolló en el seno de la escuela, tornaron aún más
desconcertante el descubrimiento; el hecho es que varias leyendas rodean al suceso,
y el secreto se impuso al descubrimiento.
Nota complementaria
El descubrimiento de los Irracionales
La demostración que trae Aristóteles en uno de sus
escritos alude al descubrimiento de la irracionalidad del número que hoy
expresamos como √2. En efecto, un caso particular del teorema de Pitágoras muy
fácil de demostrar independientemente del caso general, comprobaba que el
cuadrado construido sobre la hipotenusa de un triángulo rectángulo isósceles
era el doble del cuadrado construido sobre cualquiera de los dos catetos. Era
claro que la hipotenusa no podía ser múltiplo del cateto, pues era mayor que
él, pero menor que su doble, de ahí (que la razón entre la hipotenusa y el
cateto debía ser un múltiplo m de la parte n2 del
cateto, siendo m y n números primos entre sí y, por tanto, no
podían ser ambos, pares. Ahora bien, de la propiedad que hoy
expresaríamos m2 = 2n2 es
fácil deducir que m, por contener el factor 2, debe ser par,
también lo ha de ser entonces su cuadrado y por contener este el factor 4, n2 ha
de contener el factor 2 y, por tanto, también n, ha de ser
par, luego n y m son ambos pares, contradicción
que implicaba la inexistencia de m y n.
Una visión de conjunto de las contribuciones
matemáticas que se atribuyen a los pitagóricos produce una impresión más bien
extraña, en vista de que las contribuciones más importantes y numerosas son
geométricas, mientras que las contribuciones aritméticas son pobres y escasas,
hecho de visos más bien paradójicos si se piensa en la concepción pitagórica de
la omnipotencia del número, esencia de todas las cosas.
Una solución de esta aparente contradicción ha
sido dada últimamente como consecuencia del desciframiento de las tablillas
cuneiformes de este siglo. En efecto, según Neugebauer "lo que se llama
pitagórico en la tradición griega debería probablemente ser llamado
babilonio", pues los pitagóricos habrán bebido sus conocimientos
matemáticos en la aritmética y en el álgebra de los babilonios, pero es natural
que imprimieran a esos conocimientos su propio estilo, es decir "el
carácter específicamente griego", como se expresa Van der Waerden,
anteponiendo al mero carácter operativo e instrumental de los babilonios el
rigor lógico y la demostración matemática. Y fue en esa tarea, que el comienzo
no encontraría contradicción con la propia metafísica, cuando chocaron con el
"escándalo de los irracionales", que los obligó a torcer el rumbo de
sus investigaciones abandonando el campo de la aritmética donde los
irracionales cerraban el paso a todo proceso, y transformando las
consideraciones aritméticas y algebraicas en cuestiones de índole geométrica.
Los eleatas
El siglo V a. C. fue el gran siglo griego, el
"siglo de Pericles”, el siglo del auge de las artes plásticas y
literarias, de la música y del teatro, el siglo en el cual la filosofía,
superado el empirismo de los fisiólogos y el misticismo de los pitagóricos, se
dirige hacia los problemas que han de constituir sus futuros temas de
investigación: los problemas lógicos, la metafísica, la teoría del
conocimiento, la ética; temas que en buena medida se vinculan con la
matemática, primer esfuerzo científico concreto de los griegos.
La primera figura, cronológicamente, de la
filosofía griega del siglo V es Parménides de Elea, que se habría formado en la
escuela de esa colonia italiana: aunque una antigua leyenda asegura que
Parménides fue instruido por un pitagórico.
Con Parménides se presenta un nuevo protagonista
en el pensamiento reflexivo: es el juego de la razón con el proceso dialéctico
del pensar, surgiendo como primer producto de ese proceso la distinción entre la
apariencia y la esencia de las cosas. Según Parménides, frente a la realidad
sensible que percibimos, cambiante y efímera, existe la realidad eterna,
inmutable e inmóvil del ser. La ciencia ha de buscar esa realidad detrás de las
apariencias del mundo de los sentidos y distinguir la verdad (el ser] de la
opinión (el no ser). Sin duda que en su poema Sobre la
naturaleza, exento en tono profético y
alegórico, Parménides no señala el camino para llegar a la verdad, pero no es
menos indudable que con él se inicia la crítica del conocimiento y se introduce
en la construcción científica un rigor lógico que busca y trata de encontrarlo
en el poder racional del hombre, el carácter de permanencia que otorga al
conocimiento su esencia, su objetividad, y en su discípulo Zenón de Elea puede
advertirse con qué eficacia se esgrime ese poder mediante sus clásicos
argumentos en contra de la pluralidad y del movimiento, argumentos de tinte
paradójico que se han interpretado como críticas dirigidas a las concepciones
pitagóricas, al denunciar los absurdos que implicaba la concepción de los
cuerpos como suma de puntos, del tiempo como suma de instantes, del movimiento
como suma de pasajes de un lugar a otro.
Nota complementaria
Los argumentos de Zenón
La importancia matemática de los argumentos de
Zenón no reside sólo en el concreto significado matemático que algunos de ellos
poseen, sino en el hecho de que, al tomar como blanco de sus ataques la
concepción pitagórica y en especial los conceptos matemáticos en ella
implicados, ha contribuido a forjar la concepción racional de los entes
geométricos fundamentales, tal como se presentará más adelante.
Así, en sus argumentos en contra de la pluralidad refuta la hipótesis de estar
compuestas las magnitudes geométricas de elementos indivisibles y extensos. En
efecto, tal hipótesis conduce a un absurdo pues si algo está compuesto de
elementos indivisibles, éstos no tienen extensión y un conjunto de elementos
inextensos, por grande que sea su número, no puede dar sino una cantidad
inextensa, es decir, nula. Por otra parte, las unidades que componen toda
pluralidad deben estar separadas entre sí por algo, entre este algo y la unidad
anterior debe haber a su vez otro algo (el vacío no existe), y así sucesivamente,
de manera que un conjunto de infinitos elementos no puede dar sino una cantidad
infinita. Luego toda pluralidad es nula e infinita al mismo tiempo.
También los cuatro argumentos en contra del movimiento: la dicotomía, el
Aquiles, la flecha en el aire y el estadio, van dirigidos a combatir la tesis
de los pitagóricos. Veamos el Aquiles, que es el argumento de contornos más
dramáticos. Aquiles, "el de los pies ligeros", no alcanzará la lenta
tortuga, por escasa que sea la distancia con la que la tortuga precede al
corredor. Pues, cuando Aquiles ha recorrido esa distancia y llega donde estaba
la tortuga, ésta estará en un lugar algo más adelante; cuando Aquiles llegue a
ese lugar la tortuga habrá avanzado otro poco y así sucesivamente. De ahí que
la conclusión es evidentemente absurda: de suponer finito el número de lugares,
Aquiles no alcanzará jamás a la tortuga, de suponerlo infinito, el lugar del
encuentro existe, pero más allá de esos infinitos lugares.
Los dos argumentos anteriores, así como algún otro, aluden a la divisibilidad
infinita de las cantidades y ponen por tanto en evidencia el peligro que
entrañaba el manejo poco cuidadoso de un concepto tan vago y riesgoso como el
infinito, de ahí que sea probable que otra de las consecuencias indirectas de
las críticas de Zenón fuera esa característica de los matemáticos griegos
posteriores de tratar de eliminar o de reprimir el infinito de su ciencia.
Las críticas de Zenón no dejaron de tener
influencia en el desarrollo ulterior de la matemática. Por lo pronto, introduce
la continuidad, como una de las notas del ser, y elimina así la discontinuidad
que había procurado a los pitagóricos "el escándalo de los
irracionales". Por lo demás, la dicotomía del ser y no ser sienta las
bases del principio lógico de “no contradicción" de perdurables
consecuencias en el proceso discursivo, en especial en la matemática donde dará
lugar a un recurso de demostración: el método de reducción al absurdo.
La matemática del siglo V
En el siglo V a. C. la matemática aún no se
había sistematizado. No obstante, la labor de los pitagóricos había dejado dos
saldos importantes, uno de carácter general: la exigencia de la demostración, y
otro de carácter circunstancial: la consagración casi exclusiva de los
matemáticos a las investigaciones geométricas.
De ahí que los matemáticos del siglo V se
dedicaron a la búsqueda de nuevas propiedades de las figuras, ya de carácter
general; nuestros teoremas, ya de carácter particular; nuestras construcciones,
que deben considerarse como "teoremas de existencia" pues para los
antiguos construir una figura, partiendo de elementos dados y con propiedades
prefijadas, era demostrar que tal figura existe o, lo que es lo mismo, deducir
su existencia de propiedades conocidas.
Como las primeras figuras de las que partieron
los griegos fueron la recta y la circunferencia, todas las proposiciones
geométricas fueran teoremas o construcciones, debían fundarse sobre esas dos
figuras y sus relaciones y conexiones mutuas.
Por su parte, y ésta es otra de las
características de la matemática del siglo, muchas de esas nuevas propiedades
fueron logradas mediante la búsqueda y la persecución de algunos problemas
particulares que, a manera de polos atrajeron la atención de los matemáticos.
Esos problemas, hoy llamados "los problemas clásicos de la
geometría", fueron tres: la trisección del ángulo, la duplicación del cubo
y la cuadratura del círculo.
La división de un ángulo cualquiera en tres partes iguales
mediante construcciones con rectas y
circunferencias o, como suele también decirse, con regla y compás, es un
problema que ha de haber nacido naturalmente y si llamó la atención fue
seguramente por la desconcertante discrepancia entre la sencillez de sus
términos y la imposibilidad de resolverlo con regla y compás; imposibilidad
tanto más llamativa cuanto con esos medios podía dividirse un ángulo cualquiera
en 2, 4, 8,... partes, mientras que podían trisecarse ángulos especiales, como
el recto y sus múltiplos. Es posible, además, que la construcción de los
polígonos regulares contribuyera a aumentar el interés por el problema, pues
así como la bisección de un ángulo permitía construir un polígono de doble
número de lados de otro dado, la trisección hubiera permitido la de un polígono
de triple número de lados.
Sin embargo, todos los intentos de los
matemáticos griegos para resolver el problema, en general, resultaron
infructuosos cuando se pretendía utilizar las propiedades de una geometría
fundada exclusivamente en las rectas y circunferencias y sus intersecciones,
mientras que la cosa resultaba factible cuando a esa geometría se agregaban
nuevas líneas o se admitían nuevas posibilidades entre las líneas conocidas.
Nota complementaria
Una trisección por "inserción".
Los griegos denominaban "inserción" a una
relación entre figuras que consistía en admitir que dadas dos transversales en
general, y un punto fijos, siempre existe una recta que pasa por el punto fijo
y tal que sus intersecciones con las transversales determinan un segmento de
longitud prefijada. Con la inserción, postulada como una construcción posible
más, el campo de la resolubilidad de los problemas geométricos se amplía (la
inserción presupone la resolución de una ecuación de cuarto grado] si las
transversales son rectas.
Por ejemplo, añadida la inserción, la trisección
del ángulo es posible con regla y compás, Sea AVB el ángulo a
trisecar. Por un punto M de AV se
trazan MP y MQ perpendicular y paralela
respectivamente a VB; la rectaVC que por inserción
determina entre MP y MQ un segmento RS doble
del VM, biseca el ángulo dado, pues el ángulo CVB es
mitad del A VC. Basta para comprobarlo unir el punto medio O de RS con M y
considerar los ángulos de los triángulos isósceles MOS y VOM.
El problema de la duplicación del cubo
Determinar geométricamente el lado de un cubo de
volumen doble del de un cubo de lado dado, ofrece otro cariz. Por lo pronto,
varias leyendas le atribuyen un origen extra-matemático. Una de ellas refiere
que consultado el oráculo de Delfos a fin de aplacar una peste, habría
aconsejado duplicar el ara de Apolo que era cúbica, de ahí el nombre de
"problema de Délos" con que a veces se lo designa. Pero es posible
que también en este caso su origen fuera geométrico, como natural
generalización del problema de la duplicación del cuadrado, de fácil solución,
sin más que tomar la diagonal como lado del cuadrado doble. Pero al trasladar
el problema del plano al espacio, todos los intentos de resolver el problema
con los medios ordinarios de la geometría resultaron vanos.
En cuanto al problema de la
cuadratura del círculo, surgió sin duda
de la exigencia práctica de determinar el área de un círculo conociendo su
radio o su diámetro, y traduciéndose geométricamente en un problema de
equivalencia: dado un segmento como radio de un círculo, determinar otro
segmento como lado del cuadrado equivalente.
Los pitagóricos habían resuelto el problema de
la "cuadratura de los polígonos", pero al pasar de los polígonos al
círculo, el proceso resultaba inaplicable y, al igual que en los otros dos
problemas clásicos, los intentos de "cuadrar el círculo", sin acudir
a recursos especiales, resultaron infructuosos.
Son interesantes los intentos que en este
sentido realizaron los sofistas Antifón y Brisón. El primero parte de la
propiedad: es siempre posible, dado un polígono inscrito en un círculo,
construir otro de doble número de lados, agregando que si el número de lados
aumenta, el polígono se aproxima cada vez más al círculo; llegando a la
conclusión de que, al ser todos los polígonos cuadrables, lo será en definitiva
también el círculo, conclusión final falsa, pues, como ya observó Aristóteles,
por grande que sea el número de lados, el polígono jamás llenará el círculo.
Brisón, por su parte, agregó a estas consideraciones las análogas referentes a
los polígonos circunscritos, mostrando cómo las dos series de polígonos
estrechan cada vez más al círculo, cuya área estará siempre comprendida entre
la de dos polígonos: uno inscrito y otro circunscrito. Si Brisón llegó hasta
aquí, aún sin resolver el problema, habría señalado la senda por la cual más
tarde Arquímedes logrará notables resultados, pero si, como se dice, agregó que
el área del círculo es media proporcional entre la de los cuadrados inscrito y
circunscrito, habría entonces cometido un error bastante grosero,
aproximadamente del 10 %.
Con los problemas de Délos y de la cuadratura
del círculo se vincula la figura de Hipócrates de Quíos, el primer matemático
"profesional", quien habiendo llegado a Atenas en la primera mitad
del siglo por razones nada científicas, se interesó por la matemática y,
siguiendo una probable tradición de mercader, enseñó esa ciencia por dinero a
la manera de los sofistas.
Nota complementaria
El problema del mesolabio
La historia de este problema aparece brevemente
expuesta en una carta que Eratóstenes (s. III a. C.) envió a Ptolomeo III con
una solución propia y un instrumento con el cual se llevaba a cabo
prácticamente esa solución. La primera parte de esa carta expresa: "Se
cuenta que uno de los antiguos poetas trágicos" hiciese aparecer en escena
al rey Minos en el acto de ordenar la construcción de una tumba para su hijo
Glauco, y advirtiendo que la tumba tenía en cada uno de sus lados una longitud
de cien pies, exclamó: "Escaso espacio en verdad concedéis a un sepulcro
real, duplicadlo, Conservando siempre la forma cúbica, duplicad de inmediato a
cada uno de sus lados". Es evidente que en esto se engañaba, puesto que
duplicando los lados de una figura plana, ésta se cuadruplica mientras que si
es sólida se octuplica. Se agitó entonces entre los geómetras la cuestión de
cómo podía duplicarse una figura sólida cualquiera, manteniendo su especie. Y
este problema se llamó de la duplicación del cubo. Después de muchos titubeos,
fue Hipócrates de Quíos el primero que encontró que si entre dos rectas una
doble de la otra se insertan dos medias proporcionales se duplicará el cubo,
con lo que convirtió una dificultad en otra no menor. En efecto, aun reducido a
un problema de geometría plana, no pudo resolverse por medio de recursos
elementales. Mas, es posible que más adelante esa reducción no agradara a
Platón, que criticaba a los geómetras griegos por su escasa dedicación a la
geometría del espacio.
El razonamiento que condujo a Hipócrates a esa reducción pudo ser el siguiente:
si los volúmenes de cuatro cubos están en progresión geométrica de razón 2, el
cuarto cubo tiene el lado doble del lado del primero, mientras que el segundo
cubo es de volumen doble del primero; y como al estar una serie de cubos en
progresión geométrica, también lo están en sus lados, resulta en definitiva que
si se intercalan dos medias proporcionales entre dos segmentos, uno doble del
otro, la primera de esas medias resolvía el problema de Délos. Más tarde se
eliminó tal limitación y con el nombre de "problema del mesolabio" se
conoció el problema de intercalar dos segmentos medios proporcionales entre dos
segmentos dados; es decir, dados a y b, determinar
geométricamente dos segmentos x e y tales quea : x:: x: y:: y : b de
donde x2 = a2b; y3 =
ab2. Cuandob = 2a, x3 = 2a3,
se cae en el problema de Délos.
Las contribuciones de Hipócrates son
importantes; en el problema de la duplicación del cubo redujo la cuestión a un
problema de geometría plana que, generalizado, tomó el nombre de "problema
del mesolabio", mientras que, sin lograr cuadrar el círculo, logró cuadrar
recintos limitados por arcos de círculos, aparentemente más complicados que el
círculo, que por su forma de luna creciente se los llamó "lúnulas de
Hipócrates".
Nota complementaria
Las lúnulas de Hipócrates
La contribución de Hipócrates al problema de la
cuadratura del círculo es más importante, no sólo porque la cuadratura de las
lúnulas es un aporte positivo, sino también por el cúmulo de propiedades
geométricas que tal aporte entrañaba que, por lo demás, proporciona una medida
de los conocimientos de la época.
En la cuadratura de las lúnulas, Hipócrates utiliza la proporcionalidad entre
los círculos y los cuadrados de sus diámetros, que probablemente admitió
intuitivamente como extensión de la propiedad, sin duda conocida, de la
proporcionalidad entre polígonos semejantes y los cuadrados de los lados
homólogos. En efecto, la demostración rigurosa, por parte de los griegos, de
aquella propiedad exigió la introducción de un nuevo método, el de exhaución,
que no aparecerá hasta el siglo siguiente.
Ya dijimos que el fragmento relativo a las lúnulas
es el fragmento matemático más antiguo que se conoce, de ahí que probablemente
estemos en condiciones de conocer el proceso que originariamente siguió
Hipócrates en su investigación. Resumiendo el fragmento, digamos que Hipócrates
logra cuadrar tres lúnulas, la más simple de las cuales se obtiene considerando
en el semicírculo ACBA los segmentos circulares
semejantes S y s de cuerdas AB y AC.Si
indicamos con L la lúnula ACBDA y conT el
triángulo ABC se comprueba que L + S - T + 2s, pero,
en virtud de la proporcionalidad aludida, S = 2s, de
donde L = T: la lúnula es equivalente al triángulo y, por
tanto, al cuadrado de lado 1/2 AB.
Mientras que en esta primera lúnula la razón de los cuadrados de las cuerdas
homologas es 2, en las otras dos lúnulas de Hipócrates, algo más complicadas,
esa razón es 3/2 y 3. (Modernamente se ha comprobado que existen otras dos
lúnulas cuadrables en las cuales esa razón es 5/3 y 5.)
Agreguemos que algunas curvas o recursos
especiales que permitían resolver uno de los problemas clásicos también a veces
resolvía otro de ellos, hecho que revelaba alguna relación entre esos problemas
que permaneció siempre oculta a los matemáticos griegos. Un caso interesante lo
ofrece una curva inventada por el sofista Hipias, que permitía resolver la
trisección o, mejor, la multisección del ángulo y que más tarde se comprobó que
permitía resolver también el problema de la cuadratura del círculo, razón por
la cual se la conoció desde entonces como la "cuadratriz de Hipias".
Nota complementaria
La cuadratriz de Hipias
Esta curva que fue la primera definida
cinemáticamente, puede, por esa misma definición, construirse por puntos. Sea
un segmento AB que gira alrededor de A con un
movimiento uniforme de rotación, mientras que al mismo tiempo el segmento
igual BC se traslada paralelamente a sí mismo con un
movimiento uniforme de traslación de manera que ambos segmentos coinciden
en AD. La intersección en cada instante de las posiciones AE y FG de
los dos segmentos móviles, determinan un punto M de la
cuadratriz BMN (los griegos no consideraron sino la parte de
la curva comprendida en el cuadrante BAD).Como el ángulo BAE es
proporcional al segmento BF, es fácil comprender cómo esta curva permite
dividir un ángulo en un número cualquiera de partes iguales, sin más que
dividir el segmento proporcional en ese número de partes; y es así cómo Hipias
resolvió con esta curva el problema de la trisección del ángulo.
Sin embargo, esta curva ha llegado a nosotros con
el nombre de "cuadratriz de Hipias" porque resuelve el problema de la
cuadratura del círculo. Aunque esto no se advirtió sino un par de siglos
después que Hipias imaginara la curva, puede tener interés desde ya exponer la
justificación del nombre. La clave está en el punto N donde la curva corta
a AD, y que no puede obtenerse como los demás puntos de la curva,
pues en esta posición final ambos segmentos móviles coinciden y, por tanto, no
tienen punto de intersección. Pero en el siglo V el matemático Dinostrato por
el método de exhaución demostró que el segmento AB es medio
proporcional entreAN y la longitud del arco de cuadranteBED,
de manera que mediante este segmento AN era posible rectificar
la circunferencia o. El último paso lo dará Arquímedes al demostrar cómo se
podía pasar, con regla y compás, de la circunferencia rectificada a la
cuadratura del círculo de manera que desde entonces quedó justificado el nombre
de la curva inventada dos siglos antes por Hipias.
Por último, mencionemos a otro matemático del
siglo V, el maestro de Platón: Teodoro de Cirene, a quien se atribuye la
demostración de la inconmensurabilidad de una serie de segmentos, cuyas medidas
son las raíces cuadradas de los primeros números no cuadrados hasta el 17
inclusive.
La Academia y el Liceo
En el siglo IV a. C. las dos escuelas
filosóficas más importantes de Atenas: la Academia fundada por Platón en 387 a.
C., y el Liceo de Aristóteles que éste funda en 335, ejercerán en distinta
medida su influencia en el desarrollo de la matemática del siglo.
La influencia de Platón y de la Academia fue
singularmente notable. Esa influencia, favorecida por la índole especial de la
teoría de las ideas y la teoría del conocimiento de Platón, se ejerció ya por
el papel asignado a la matemática en la propia concepción filosófica y en la
construcción del mundo, ya por las contribuciones técnicas aportadas por Platón
o que se le atribuyen y por los matemáticos del círculo platónico o vinculados
con él.
El valor de la matemática como propedéutica en
la formación del filósofo y la concepción de los entes matemáticos como
intermediarios entre el mundo de las ideas y el mundo de las cosas,
justificarían la clásica frase que Platón habría estampado en el pórtico de la
Academia, impidiendo su ingreso a los ignorantes en geometría.
Por su parte, en el Timeo. Platón, influido por el pitagorismo, mostrará el
papel que asigna a la matemática en la construcción del mundo, en la que
el Demiurgo hace
intervenir de manera especial los antiguos cuatro elementos: fuego, aire, agua,
tierra, vinculados a su vez con los poliedros regulares, al hacerlos
corresponder, respectivamente, con el tetraedro, octaedro, icosaedro y cubo.
Como, con excepción del cubo, las caras de los otros tres poliedros son
triángulos equiláteros y, por tanto, semejantes, los elementos respectivos:
fuego, aire, agua, podrán transformarse entre sí, no así en tierra, pues las
caras del cubo son cuadrados que no pueden descomponerse en triángulos
equiláteros sino en triángulos rectángulos isósceles. Estos triángulos y la
mitad de los equiláteros son triángulos rectángulos, de ahí que sean estos
triángulos las figuras fundamentales con las que el Demiurgo construyó el mundo, según la fantasía del Timeo. Quedaba, sin embargo, un quinto poliedro
regular: el dodecaedro, de caras pentagonales no descomponibles en los
triángulos anteriores. En el Timeo se alude fugazmente a este poliedro diciendo que el Demiurgo lo utilizó para decorar el universo, aunque en
un diálogo (apócrifo] se hace corresponder el dodecaedro a un quinto elemento:
el éter, que luego será la "quintaesencia" de Aristóteles.
Es natural que Platón estimulara en la Academia
el estudio de la matemática, de ahí que puedan señalarse contribuciones
matemáticas surgidas del seno de la institución, cuando no de Platón mismo.
Así se atribuye a Teeteto de Atenas,
inmortalizado en el diálogo de ese nombre, el estudio de los inconmensurables,
con lo cual habría sentado las bases de las propiedades que más tarde se
reunirán en el Libro X de los Elementos de Euclides.
En cuanto a las contribuciones de Platón,
algunas son, sin duda, apócrifas, como la atribución de un método y de un
dispositivo mecánico respectivo, para resolver el problema de la duplicación
del cubo en vista de las concepciones platónicas opuestas a toda manipulación.
Quizá sea también dudosa la solución que se le atribuye de los "tripletes
pitagóricos", muy semejante, por lo demás, a la que se atribuye a los
pitagóricos (la solución de Platón sería x = 1/2 m2 - 1; y = m; z = 1/2 m2 + 1 para m par). En cambio, se le ha atribuido con mayor verosimilitud, una
contribución metodológica: la distinción entre "método analítico" y
"método sintético" en las demostraciones de los teoremas y
contribuciones geométricas, distinción que los matemáticos griegos utilizaron
en sus investigaciones.
Nota complementaria
El método analítico
La distinción entre los métodos analítico y
sintético explica un hecho que llama la atención cuando se examinan las
proporciones, en especial las construcciones, de los tratados geométricos
griegos. En efecto, se advierte en esos tratados que para demostrar un teorema
o construir una figura se parte, a veces, de propiedades totalmente alejadas
del tema en cuestión, para luego, en ocasiones por caminos algo misteriosos,
llegar a la demostración o construcción deseadas.
Parece natural pensar que no pudo haber sido ése el camino por el cual se
descubrió la propiedad, y que en verdad lo que se nos muestra es el edificio
libre de todo el andamiaje que sirvió para elevarlo. Así fue, en general, como
se deduce de la distinción entre los métodos analítico y sintético.
El método analítico, que es también el método heurístico y actualmente empleado
en la enseñanza, consiste en suponer cierto el teorema a demostrar o resuelto
el problema a construir, y mediante verdades ya demostradas deducir un teorema
o un problema conocidos, de manera que si el proceso puede invertirse, el
teorema queda demostrado y el problema resuelto. Este proceso inverso es el
método sintético que consiste en partir de una verdad conocida para deducir,
por pasos sucesivos, la verdad a probar. Es este método sintético, deductivo
por excelencia, el que utilizaron con preferencia los griegos después de haber
obtenido por el método analítico, que silencian el resultado buscado.
Veamos, por ejemplo, la construcción de un triángulo isósceles cuyos ángulos en
la base sean dobles del ángulo en el vértice, problema importante en la
construcción del pentágono regular. Supongamos el problema resuelto, según las
normas del método analítico, y sea ABC de vértice A, el
triángulo buscado. Si se traza la bisectriz interior del ángulo B, que
cortará al lado opuesto en D, es fácil comprobar, por igualdad
de ángulos, que AD = DB = BC, y que el triángulo
isósceles DBC es semejante al triángulo ABC. Se
deduce en consecuencia AB : BC = BC: OC = AD : DC y por una
propiedad de las proporciones (AB + BC): AB = (AD + DC):
AD =AB: BC y por tantoAB2 = (AB + BC) BC,
es decir, que en el segmento suma de los lados desiguales del
triángulo ABC; AB y BC, el punto de
separación B lo divide en media y extrema razón:
"análisis" que explica por qué Euclides, en sus Elementos, para
construir el pentágono comienza por dividir un segmento en media y extrema
razón, sin justificación aparente alguna de la vinculación entre ambas
construcciones, y es evidente que sin la aplicación del método analítico
hubiera sido difícil prever tal vinculación.
En cambio, ni Aristóteles ni su escuela parecen
haberse ocupado especialmente de matemática. Además de las frecuentes
referencias a la matemática que aparecen en las obras de Aristóteles, se le
debe un par de contribuciones indirectas. Por un lado, con su sistematización
de la lógica, Aristóteles fijó las bases sobre las cuales se ordena y se erige
una ciencia deductiva tal cual es la matemática; por el otro, fue Aristóteles
quien encomendó a su discípulo Eudemo de Rodas la redacción de "historias"
de la matemática, de la geometría y de la astronomía, habiéndose conservado
como dijimos, un fragmento de la historia de la geometría.
La matemática del siglo IV
La matemática griega de la primera mitad del
siglo IV ofrece el espectáculo de una aritmética estancada y de un cúmulo de
propiedades geométricas aun no sistematizadas, obtenidas en gran parte mediante
la búsqueda de la solución de problemas particulares, como los "problemas
clásicos" y otros. Quedaban, en efecto, aún en pie dos obstáculos
importantes: el de las cantidades inconmensurables que en número cada vez mayor
aparecían invadiendo la geometría, y un grupo de problemas de equivalencia, entre
ellos, la cuadratura del círculo, y la cubatura de la pirámide y de la esfera,
para los que no se habían dado aún demostraciones rigurosas que facilitaran su
solución.
Entre los matemáticos de la primera mitad del
siglo cabe mencionar a una figura que, sin pertenecer a la Academia, estaba
vinculada con Platón por lazos de amistad: Arquitas de Taras (Tarento),
estadista y científico que se ocupó de mecánica teórica y práctica (autómatas),
de aritmética (progresiones y proporciones) y de geometría, dejando en este campo
una ingeniosa solución del problema del mesolabio, mediante la intersección de
tres superficies: un cilindro, un cono y una superficie tórica, es decir, la
superficie engendrada por un circunferencia que gira alrededor de una recta de
su plano, que no sea un diámetro, y que en este caso particular es una
tangente.
Nota complementaria
La solución de Arquitas
En síntesis la construcción de Arquitas que en
realidad opera con propiedades de geometría plana, puede resumirse así: Sea en
el plano base una circunferencia de diámetro AB = b, y
por A una recta tal que determine sobre la circunferencia una
cuerda AC = a. Imaginemos ahora las tres superficies
siguientes:
a.
el cilindro
circular recto de base la circunferencia de diámetro b (de
ecuación en coordenadas polares R cos cp = b cos a);
b.
el cono
circular recto engendrado por la rotación de la generatriz AC alrededor
de AB (de ecuación a = b cos φ
× cos φ;
c.
la superficie
engendrada por una semicircunferencia de diámetro AB situada
en el plano perpendicular al plano de la base, que gira alrededor de su
tangente en A (de ecuación R cos2 φ
= a).
Sea ahora M el punto de
intersección de las tres superficies. Ese punto pertenecerá a la
semicircunferencia móvil de diámetro AB’ = b, a la
generatriz MN del cilindro siendo N un punto
de AB', y a la generatriz AM del cono que
contiene el punto C’ tal queAC’ = a. Se demuestra
fácilmente que el ángulo AC’N es recto, por tanto, de los
triángulos rectángulos AC’N; AMN; AMB’ se deduce la
proporcionalidad AC: AN = AN: NM = NM: AB’ que demuestra que
los segmentos AN y AM resuelven el problema
del mesolabio. (Analíticamente, si de las tres ecuaciones se elimina ay se
introducer = cos φ, se obtiene igualmente cos
φ = a : r = r: R = R:b).
También es probablemente de esta época un
Timaridas de Paros, matemático enigmático hasta hace poco, pues se le atribuye
la resolución de un problema algebraico, que implica un sistema de ecuaciones
lineales, pero que actualmente se lo vincula con los babilonios y su
matemática. Ese problema que se resuelve con una regla que más tarde se llamó
“superfloraciones (epantema) de
Timaridas", consiste en determinar un número, conociendo sus sumas, con
cada uno de n números
desconocidos y con la suma de todos ellos.
Pero el más grande de los matemáticos del siglo
y uno de los más grandes matemáticos griegos es Eudoxo de Cnido, médico,
matemático y astrónomo que estuvo en Atenas frecuentando la Academia como
discípulo de Platón, viajó luego a Egipto donde residió un año y medio,
regresando luego a Atenas muriendo relativamente joven en su ciudad natal.
Nota complementaria
La obra matemática de Eudoxo
La posibilidad de llegar a una definición de la
razón entre dos cantidades, sean éstas conmensurables o no, la fija Eudoxo
partiendo ante todo de un recurso de tipo lógico, enunciando un
"principio" que expresa la condición para que dos cantidades
"tengan razón mutua". Este principio afirma que "dos cantidades
tienen razón mutua cuando un múltiplo de la menor supera a la mayor", o en
términos actuales; dadas dos cantidades A > B, existe
siempre un entero n tal que B > A o
también que 1/2A < B. Euclides en sus Elementos otorgó
a este enunciado el mismo carácter lógico de "principio", pero
Arquímedes de olfato matemático más fino, verá en él un postulado y en sus
escritos así lo considera. Hoy mantiene tal carácter, confirmado brillantemente
por las geometrías no arquimedianas de este siglo, y se le conoce ya como
"postulado de la continuidad", ya como "postulado de
Arquímedes" y a veces "de Eudoxo o Arquímedes".
La segunda etapa del proceso de Eudoxo es la definición de razón entre dos
cantidades, sean conmensurables o no. Es la siguiente "definición por
abstracción": Dos razones a : b, c : d son iguales si
dados dos números enteros cualesquiera m y n y ma (mayor,
menor o igual) nb, se verifica respectivamente mc (mayor,
menor o igual) nd. Con esta definición que tiene cierto aire
de familia con la actual definición de los números reales mediante la teoría de
las cortaduras de Dedekind, Eudoxo logra conceder carta de ciudadanía
geométrica a las cantidades inconmensurables, con lo que acentúa el proceso
iniciado por los pitagóricos de sacrificar, en aras de la geometría, la
aritmética y el álgebra, cuyas nociones seguirán presentándose en la matemática
griega bajo ropaje geométrico.
En conexión con el postulado anterior Eudoxo introduce un método de
demostración que una discutible traducción renacentista bautizó como
"método de exhaución", nombre con que se le conoce y que sustituye en
la matemática griega la noción de límite del actual análisis infinitesimal. Ese
método consiste en una doble reducción al absurdo y según él, para demostrar
que una cantidad A es igual a una cantidad B o
que una figura A es equivalente a una figura B, basta
probar que A no puede ser ni mayor ni menor que B.
Una de las primeras demostraciones que habría logrado Eudoxo es la
proporcionalidad entre dos círculosC y C' y los
cuadrados D yD’ construidos sobre sus diámetros,
es decir, C : C' = D : D’. Para ello supone que X sea
el cuarto proporcional entre C, D y D' y
admite X < C'. Inscribe un C' polígono P' tal
que en virtud del "principio", resulte C' - P' < C' - X o,
lo que es lo mismo, P' < X. Si P es el
polígono semejante inscrito en C, en virtud de la
proporcionalidad conocida entre los polígonos semejantes y los cuadrados de los
lados homólogosC : X = D; D' - P’: P' y por tanto P > C, evidentemente
absurdo pues P es un polígono inscripto en C. Como
consecuencia de este teorema, o siguiendo un camino semejante, se llega también
a un absurdo si se parte de X > C’, por tanto X =
C’ y el teorema queda probado.
También por este método habría demostrado Eudoxo la equivalencia entre prismas
y pirámides según referencias de Arquímedes, quien a este respecto agrega la
siguiente observación de interés histórico: " ... no debe dejar de
atribuirse un mérito no pequeño a Demócrito que fue el primero que dio esas
proposiciones sin las demostraciones ".
Cabe señalar que el método de exhaución no es un método de descubrimiento como
el método analítico, pues el resultado al que debe llegarse se da por admitido;
ni es un método constructivo como el método sintético, en el que partiendo de
propiedades conocidas se llega por vía deductiva a nuevas verdades. El método
de exhaución es puramente un método de demostración que no pretende descubrir
una nueva verdad, sino demostrarla, circunstancia que pone de relieve una
característica de la matemática griega. A diferencia de matemáticos de otras
épocas, los matemáticos griegos pusieron el acento en la demostración y no en
el resultado, en el camino y no en la meta. Y esa demostración no podía ser
cualquiera, sino rigurosamente deductiva a partir de los postulados y
propiedades ya demostradas, pues cualquier otro camino, por evidente o
convincente que fuera, "no comporta una verdadera demostración", como
dirá alguna vez Arquímedes.
Las triadas de Menecmo. Sea un cono circular recto de vértice V, por
un punto de una generatriz un plano perpendicular a la misma y por V un
plano paralelo al anterior. Si el ángulo en el vértice del cono es agudo, el
plano paralelo no contendrá ninguna generatriz y el plano secante cortará a
todas las generatrices (alargadas si es necesario); la sección cónica será una
curva cerrada que se bautizó entonces, según se dice, por el matemático
Aristeo, contemporáneo de Euclides aunque más joven, como sección del cono
acutángulo (es nuestra elipse). Si el ángulo en el vértice es recto, el plano
paralelo contendrá la generatriz paralela al plano secante, y en este caso la
sección cónica será una curva abierta que se extiende indefinidamente: es la
sección del cono rectángulo (nuestra parábola). Si el ángulo en el vértice es
obtuso el plano paralelo contendrá dos generatrices paralelas al plano secante
de manera que ahora éste sólo cortará a las generatrices de un lado de aquel
plano, mientras que no cortará a las generatrices de ese plano y las que estén
más allá, aunque más tarde se advirtió que cortaría también a estas
generatrices si se las prolongaba más allá del vértice.
La sección cónica en este caso es también una rama abierta, pero que se
mantiene dentro de un ángulo a cuyos lados, nuestras asíntotas, se acerca
indefinidamente. Esta sección es entonces la sección del cono obtusángulo (una
rama de nuestra hipérbola). Cuando el ángulo que contiene esa rama es recto (nuestra
hipérbola equilátera) la curva adquiere propiedades especiales.
Desde el comienzo esas curvas pusieron de manifiesto sus elementos de simetría
(centro, ejes, vértices) y sus propiedades más elementales, así la parábola
permitía transformar en cuadrado equivalente los rectángulos de un lado fijo,
la hipérbola equilátera permitía obtener todos los rectángulos equivalentes,
propiedades que según referencias posteriores, habrían permitido a Menecmo dar
dos soluciones distintas del problema del mesolabio con esas curvas. En efecto,
de la proporcionalidad a : x:: x :y ::y: b se obtiene x2 =
ay ;y2 = bx; xy = ab, de ahí que los dos medios
proporcionales x e y podían obtenerse o bien mediante la
intersección de dos parábolas de vértice común y ejes perpendiculares entre sí
o bien mediante la intersección de una de esas parábolas con la hipérbola
equilátera de centro aquel vértice y de asíntota aquellos ejes.
Como astrónomo se debe a Eudoxo la primera
explicación científica del sistema planetario, mientras que reveló su talento
matemático al cortar el nudo gordiano que impedía el progreso de la geometría,
pues resolvió al mismo tiempo las dos máximas dificultades que entonces se
oponían a ese progreso: los irracionales y las equivalencias. Eudoxo los
resolvió mediante un proceso único que comporta un principio, una definición y
un métodoy que aun en forma oculta, abarcaba las nociones de índole
infinitesimal que precisamente significaban los elementos indispensables para
resolver aquellos problemas.
Por su parte el acontecimiento matemático más
notable de la segunda mitad del siglo es la aparición de unas curvas nuevas;
nuestras cónicas, cuyo estudio adquirirá un gran desarrollo en manos de
Arquímedes y de Apolonio.
Se ha atribuido ese descubrimiento a Menecmo,
hermano del matemático Dinostrato que mencionamos con motivo de la cuadratriz
de Hipias, aunque se ha conjeturado (Neugebauer) que ese descubrimiento se debió
al empleo de los relojes de sol, ya que la sombra del extremo de la barra
vertical que servía de reloj (el gnomon) dibuja arcos de cónicas en el suelo
durante la marcha del sol. Sea lo que fuere, su nombre actual, abreviatura de
"secciones cónicas" alude a su origen, pues se obtienen como
intersecciones de las generatrices de un cono circular recto con un plano que
no pase por el vértice del cono. Esas curvas son distintas según la posición
del plano secante, pero en los comienzos tal distinción se vio en la naturaleza
del ángulo formado en el vértice del cono, por dos generatrices coplanares con
el eje del cono, manteniendo siempre el plano secante normal a una generatriz.
Según fuera agudo, recto u obtuso aquel ángulo, se obtenían tres curvas distintas
que a veces se designaron como “tríada de Menecmo".
Capítulo 4
La matemática helenística
Contenido:
Alejandría
Euclides y sus Elementos
Arquímedes
Apolonio de Perga
Los epígonos del siglo de oro
La matemática griega
Alejandría
Al iniciarse el siglo III a. C. las condiciones
políticas y culturales del mundo mediterráneo han cambiado radicalmente. En la
península italiana un pequeño pueblo se había convertido en la mayor potencia
de Italia e iniciaba una expansión que lo convertiría en un gran imperio,
mientras que en el mundo griego las expediciones, conquistas y muerte de
Alejandro habían modificado por completo su fisonomía.
Si bien el incipiente imperio que fundó
Alejandro desapareció con él, la idea de imperio universal que encarnó y que
había intentado realizar arraigó en el campo de la cultura; y la cultura
griega, a favor del rápido derrumbe del imperio persa se extendió helenizando
todo el Oriente.
Por otra parte, las campañas de Alejandro, a la
par que ampliaron el horizonte geográfico de los griegos, dilataron sus
conocimientos. Un intercambio fecundo se establece entre Oriente y Occidente y
los centros intelectuales se extienden y desplazan. Atenas, perdida su
importancia política, pierde ahora su supremacía cultural, y en el mundo griego
de Oriente surgen nuevos focos de irradiación de la cultura griega, entre los
cuales sobresale Alejandría, fundada en 332 y pronto convertida en el gran
emporio del comercio mediterráneo.
El idioma griego, al universalizarse, contribuyó
al intercambio y a la difusión de la cultura, sirviendo de vehículo a todos los
intelectuales del mundo helenizado y favoreciendo el progreso de la ciencia a
la sazón en una etapa de franca especialización y ramificación. Además, los
príncipes helenísticos dispensaron una amplia protección a las ciencias que
permitió no sólo ofrecer a los científicos las condiciones de seguridad y
bienestar que facilitaran su dedicación exclusiva a la investigación y a la
enseñanza, sino que permitió la adquisición de los materiales e instrumental, a
veces costosos necesarios para los estudios científicos. Modelo de esta corte
de mecenas fue la de los Ptolomeos de Egipto, que convirtieron el gran puerto
comercial de Alejandría en el centro científico más importante del mundo griego
y también el más duradero.
En Alejandría es donde nacen y se desarrollan
las dos grandes instituciones científicas que caracterizaron el período
alejandrino: el Museo y la Biblioteca.
Aunque los datos de que se disponen acerca de la
organización del Museo son escasos, puede decirse que en esa institución
residían a expensas del rey y dependientes de él, científicos provenientes de
todas partes, con la única obligación de dedicarse a tareas de investigación o
docentes en las que colaboraban estudiosos y estudiantes provenientes también
de todos los rincones del mundo helenizado. Contaba para ello con el material
científico y el instrumental necesario: instrumentos astronómicos y un local
que podría calificarse de observatorio; locales para la investigación
fisiológicas y salas de disecciones; quizás contara a su alrededor con un
jardín botánico y un parque zoológico. Sus actividades se desarrollaron
alrededor de cuatros secciones o departamentos principales: matemática,
astronomía, medicina, letras y, por supuesto, la Biblioteca, ésta más adelante
se convirtió en una institución en cierto modo independiente.
Así como el Museo resultó el centro de las
investigaciones del campo de las ciencias exactas y naturales, la Biblioteca de
Alejandrina lo fue de las humanidades, en especial de la filología y la
gramática y, su dirección, en especial en el período inicial, fue confiada a
verdaderos sabios.
Con este ambiente científico de Alejandría se
vinculan, directa o indirectamente, las tres figuras máximas de la matemática
griega, los "tres grandes": Euclides, Arquímedes y Apolonio, cuyo
brillo justifica por sí sólo que se considere la época alejandrina como
"edad de oro de la matemática griega".
Euclides y sus Elementos
Muy poco se sabe de Euclides, fuera de las
noticias que menciona Proclo en su resumen histórico ya citado, según el cual
Euclides fue un sabio que floreció hacia el 300 a. C., autor de numerosas obras
científicas, entre ellas sus célebres Elementos de geometría, cuya importancia científica se mantuvo
indiscutida hasta el advenimiento de las geometrías no euclidianas en la
primera mitad del siglo pasado y cuyo valor didáctico se mantuvo hasta
comienzos de este siglo, cuando aún algunas escuelas utilizaban los Elementos como texto escolar.
Nota complementaria
Euclides y su obra según Proclo
La continuación del fragmento de Proclo ya
mencionado en el Cap. III, reza así: "Euclides, el autor de los Elementos, no
es mucho más joven que Hermotamo de Colofón y que Filipo de Mende; ordenó
varios trabajos de Eudoxo, mejoró los de Teeteto y dio además demostraciones
indiscutibles de todo aquello que sus predecesores no habían demostrado con el
rigor necesario. Euclides floreció durante el reinado de Ptolomeo I, pues es
citado por Arquímedes que nació hacia fines del reinado de ese soberano. Además
se cuenta que un día Ptolomeo preguntó a Euclides si para aprender geometría no
existía un camino más breve que el de los Elementos, obteniendo
la respuesta: en la geometría no existe ningún camino especial para los reyes.
.. Euclides es, pues, posterior a los discípulos de Platón, pero anterior a
Eratóstenes y a Arquímedes, que eran contemporáneos, según lo afirma
Eratóstenes en alguna parte. Euclides era de opiniones platónicas y estaba
familiarizado con la filosofía del Maestro, tanto que se propuso como objetivo
final de sus Elementosla construcción de las figuras platónicas.
Se poseen de él muchas otras obras matemáticas escritas con singular precisión
y de un elevado carácter teórico. Tales son la Óptica, la Catóptrica,
los Elementos de música, y también los libros Sobre las
divisiones. Pero son de admirar especialmente sus Elementos de
geometría,por el orden que reina en ellos, por la elección de los teoremas
y de los problemas considerados como fundamentales, puesto que no ha incluido
todos aquellos que estaban en condiciones de dar, sino únicamente aquellos
capaces de funcionar como elementos y también por la variedad de los
raciocinios que son conducidos de todas las maneras posibles, ya partiendo de
las causas, ya remontando los hechos, pero siempre son convincentes e
irrefutables, exactos y dotados del tono más científico. Agréguese que utiliza
todos los procedimientos de la dialéctica: el método de división para
determinar las especies, el de la definición para determinar los razonamientos
esenciales; el apodíctico en la marcha de los principios a las cosas y el
analítico en la marcha inversa de lo desconocido a los principios. Ese tratado
también nos presenta en forma bien separada los distintos tipos de
proposiciones recíprocas, ya muy simples, ya más complicadas, pudiendo la
reciprocidad cumplirse entre el todo y el todo, entre el todo y una parte,
entre una parte y el todo o entre una parte y una parte. ¿Y qué diremos del
método de investigación, de la economía y del orden entre las distintas partes,
del rigor con que cada punto queda fijado? Si pretendieras agregar o quitar
algo, reconocerías de inmediato que te alejas de la ciencia y te acercas hacia
el error y la ignorancia. Pues en verdad muchas cosas poseen la apariencia de
ser verdaderas y de surgir de los principios de la ciencia, mientras en cambio
se alejan de estos principios y engañan a los espíritus superficiales. Por eso
Euclides expuso también los métodos que utiliza la mente que ve claro y con los
que deben familiarizarse todos aquellos que quieren acometer el estudio de la
geometría, advirtiendo los paralogismos y evitando los errores. Este trabajo lo
ha realizado Euclides en su escrito Sofismas,en el que enumera
ordenada y separadamente los distintos tipos de raciocinios erróneos,
ejercitando sobre cada uno de ellos nuestra inteligencia mediante teoremas de
toda clase en los que opone la verdad a la falsedad y pone en evidencia la
demostración de la verdad con la refutación del error. Este libro tiene
entonces por objeto purificar y ejercitar la inteligencia, mientras los Elementosconstituyen
la guía más segura y completa para la contemplación científica de las figuras
geométricas.
Por lo demás, Euclides y sus Elementos fueron siempre considerados como sinónimo de
Geometría.
Los Elementos no contienen toda la geometría
griega de la época, ni constituyen un resumen de toda ella; sin duda contiene
una buena parte de la matemática elaborada por los matemáticos griegos
anteriores a Euclides y por Euclides mismo, pero esa parte no fue tomada al
azar, sino seleccionada de acuerdo con un criterio prefijado que convirtió a
ese conjunto de conocimientos en un sistema estructurado según un método.
Ese sistema y este método resultaron tan
fecundos que no sólo la obra de Euclides eclipsó otros Elementos redactados anteriormente sino que no se poseen
datos de obras análogas posteriores a la de Euclides.
Varios factores favorecieron la labor de
Euclides. En primer lugar la posibilidad de disponer del tiempo y de los
elementos necesarios para su labor científica, mediante el régimen
"full-time" implantado en el Museo. Por otra parte, Euclides tuvo a
su disposición una gran cantidad de propiedades matemáticas acumuladas en
especial por obra de los pitagóricos, de Arquitas, de Teeteto y de Eudoxo, que
le permitió seleccionar el material adecuado para organizar, con añadidos
propios y por primera vez, un sistema de conocimientos matemáticos sujeto a una
estructura unitaria.
Además, Euclides dispuso de la palanca que le
permitió levantar esa estructura: la lógica aristotélica que le sirvió de
argamasa para construir, con el material seleccionado un edificio de tal
solidez que resistió casi sin deterioros los embates críticos de siglos. Con
esa construcción Euclides instaura un método hoy llamado axiomático, que
resultó el método científico por excelencia. Método preconizado por Aristóteles
como único a seguirse en toda ciencia deductiva y que fue adoptado por otros
científicos griegos y luego por científicos modernos para convertirse hoy en el
método general empleado en la matemática y en otras ciencias. Consiste en la
denuncia previa de las propiedades que han de admitirse sin demostración para
deducir de ellas, sin otro recurso que la lógica, todo el conjunto de
proposiciones del sistema. Esas propiedades básicas son las que se llaman
"axiomas" y que Euclides designó con los nombres de
"postulados" y de "nociones comunes".
Por último, Euclides pudo imprimir un sello y
conferir un sentido a su obra: el sello y el destino del platonismo, doctrina
de la cual era adepto y de la cual distintos rasgos se advierten en los Elementos. Así, en sus proposiciones, cerca de quinientas,
no figura una sola aplicación práctica, ni figura un solo ejemplo numérico. No
obstante que tres libros de los Elementos se ocupan de aritmética, en ellos los
números aparecen disfrazados de segmentos y las propiedades numéricas se
demuestran operando con esos segmentos. Tampoco hay en los Elementos mención alguna a instrumentos geométricos y si
bien suele decirse que la geometría de Euclides no admite sino construcciones
con regla y compás hay que agregar que estas palabras no figuran en el tratado
y que de atenerse al mismo, habría que decir que sólo admite construcciones con
rectas y circunferencias, y siempre que tales construcciones obedezcan al
sistema.
Otro rasgo platónico de los Elementos se ha querido ver en la importancia que
asignaban a los poliedros regulares, a los que se dedica íntegramente el último
libro considerándose que la construcción de esos "cuerpos platónicos"
pudo constituir precisamente la finalidad de toda la obra. En cualquier caso,
es indudable la atmósfera platónica o, mejor, platónico-pitagórico, que
envuelve el tratado, que por igual satisface a la pretensión platónica de no
ver en la geometría otro objeto que el conocimiento, ya la pretensión
pitagórica de convertir su estudio en una enseñanza liberal, remontándose a los
principios generales y estudiando los teoremas abstractamente y con la
inteligencia pura. Es en vista de esa atmósfera que debe juzgarse la obra de
Euclides, en especial al considerarse el sistema de axiomas básicos que, al
sentir de la crítica moderna, no aparece revestido de las precauciones
necesarias, olvidando por un lado que tales observaciones son el resultado de
más de veinte siglos de crítica y, por otro lado, que el método axiomático no
es de fácil realización, ya por la elección de los supuestos básicos, ya por el
desarrollo deductivo en el que pueden deslizarse admisiones implícitas de
supuestos no denunciados explícitamente.
Cabe una última advertencia: lo que hoy
llamamos Elementos de
Euclides es un texto que ha llegado hasta hoy mediante una redacción de Teón de
Alejandría del siglo IV y que pudo ser completado posteriormente con la ayuda
de papiros y manuscritos antiguos, algunos anteriores a Teón, y aunque la
redacción de éste es bastante completa y revisada, no debe olvidarse que es
posterior en seis siglos a la redacción original, a la cual pudo haberse
introducido durante ese lapso buen número de modificaciones e interpolaciones.
Los Elementos se componen de trece libros con un total de 465
proposiciones: 93 problemas y 372 teoremas. Gran parte de los libros se abre
con un grupo de definiciones o, mejor términos según el vocablo utilizado por
Euclides, a las que en el primer libro se agregan las proposiciones básicas,
nuestros axiomas, que Euclides distingue en postulados y nociones comunes.
Las definiciones de Euclides no deben entenderse
en un sentido lógico estricto. Algunas son meramente nominales; otras reflejan
el sentido de la realidad existente en el mundo griego, admitiendo con esas
definiciones la existencia de objetos de esa realidad; otras parecen tener
sentido sólo en vista del desarrollo histórico anterior y hasta queda entre
ellas algún resto fósil, como la definición de ángulo curvilíneo que en ningún
momento se aplica en los Elementos. Lo importante es que tales definiciones no se utilizan como
argumento deductivo en la construcción euclidiana, manteniendo solamente el
papel de mención o descripción del ente definido, a quien en la construcción
geométrica no se aplicarán sino los postulados, las nociones comunes o las
proposiciones deducidas de esos principios. Cabe citar, por ejemplo, las
definiciones de punto y de recta (nuestro segmento), típicas definiciones
discutibles y bastante se ha discutido sobre ellas. Dice Euclides: "Punto
es lo que no tiene partes. Una recta es la que yace igualmente respecto de
todos los puntos". Estas definiciones no se sostienen desde el punto de
vista lógico, pero tal deficiencia no afecta a la construcción geométrica, pues
en ésta nunca aparecen y cuando se habla de puntos o de rectas no se alude a su
pretendida definición, sino a las propiedades de esos elementos que se deducen
de los axiomas o de proposiciones demostradas, de manera que en definitiva se
procede como en la geometría actual, considerando que el punto y la recta no
son aquello, entes tan deficientemente definidos sino los entes abstractos
definidos implícitamente por sus propiedades enunciadas en los axiomas.
Si alguna conclusión puede extraerse de las
definiciones de Euclides es más de tipo histórico que lógico. Hoy sabemos que
la geometría de los Elementos no
es la geometría sino una geometría, de ahí que las definiciones configuran el
ámbito y la índole de los entes que caracterizan a esa geometría. Así, son
características las definiciones de "término", como extremo de algo,
y de "figura" como lo que está comprendido entre uno o más término
definiciones, que revelan el espíritu de la geometría euclidiana puesto de
manifiesto en la predilección hacia lo visual, lo limitado, lo finito, que
entraría en crisis con la introducción de las paralelas, cuya definición:
"Son paralelas aquellas rectas de un plano que prolongadas por ambas
partes en ninguna de éstas se encuentran", evidentemente implica un
comportamiento de las figuras que excede todo término.
El número de axiomas sobre los que funda
Euclides su sistema es reducido: trece en total, cinco postulados y ocho
nociones comunes.
Nota complementaria
Los axiomas de Euclides
Euclides enuncia sus cinco postulados de la
siguiente manera:
1º. Postúlese: que por cualquier punto se pueda trazar una recta
que pasa por otro punto cualquiera;
2º. que toda recta limitada pueda prolongarse indefinidamente en la
misma dirección;
3º. que con un centro dado y un radio dado se pueda trazar un
círculo;
4º. que todos los ángulos rectos sean iguales entre sí, y
5º. que si una recta, al cortar a otras dos, forma los ángulos
internos de un mismo lado menores que dos rectos, esas dos rectas prolongadas
indefinidamente se cortan del lado en que estén los ángulos menores que dos
rectos.
La primera impresión que produce la lectura de estos postulados es que enuncian
proposiciones de índole distinta: los primeros tres aluden a construcciones; el
cuarto a una propiedad, y el quinto tiene todo el aspecto del enunciado de un
teorema. Pero si se encaran como juicios que afirman la existencia y unicidad
de los elementos: punto, recta y circunferencia, con los que se construirá la
geometría, su función se aclara. En efecto, los dos primeros postulados fijan
la existencia de la recta determinada por dos puntos. A su vez, la unicidad de
esa recta queda determinada por el cuarto postulado al fijar la igualdad de los
ángulos rectos o, lo que es lo mismo, que las prolongaciones son únicas. Por
otra parte, un sexto postulado que generalmente se incluye (erróneamente) entre
las nociones comunes, afirma que entre dos rectas no existe espacio alguno.
Por su parte, el tercer postulado afirma la existencia y unicidad de una
circunferencia dado su centro y su radio, de ahí que en definitiva los primeros
cuatro postulados admitan la existencia de rectas y circunferencias o, en otros
términos, permiten el uso de la regla y del compás como instrumentos
geométricos. Aunque ya advertimos, que en ningún momento Euclides alude a estos
u otros instrumentos geométricos.
Por último, el quinto postulado fija las condiciones para que dos rectas
determinen un punto cuya unicidad quedaría asegurada por el postulado ya
citado, que se incluye generalmente en las nociones comunes.
Es claro que, encarados desde este punto de vista, faltarían en la geometría
euclídea los postulados acerca de las intersecciones de las circunferencias con
rectas o con circunferencias que Euclides admite implícitamente. Y no deja de
ser curioso señalar que los Elementos se abren con el
problema: Construir un triángulo equilátero de lado dado, donde tal
construcción queda determinada mediante la intersección de dos circunferencias.
En cuanto a las nociones comunes, he aquí los ocho enunciados de Euclides:
1º. cosas iguales a una misma cosa, son iguales entre sí;
2°. si a cosas iguales se agregan cosas iguales las sumas (Euclides
dice: el total o la reunión) son iguales;
3º. si de cosas iguales se quitan cosas iguales, los restos son
iguales;
4º. si a cosas desiguales se agregan cosas iguales, los resultados
son desiguales;
5º. las cosas dobles de una misma cosa son iguales entre sí;
6º. las mitades de una misma cosa son iguales entre sí;
7º. las cosas que se pueden superponer una a la otra son iguales
entre sí;
8º. el todo es mayor que la parte.
Ya dijimos que generalmente se agrega una novena noción común: dos rectas no
comprenden un espacio, enunciado que tendría su lugar más adecuado entre los
postulados.
Se advierten fácilmente las funciones de las nociones comunes de Euclides:
ellas postulan la igualdad, desigualdad, suma, resta, duplicación y división
por mitades, de las "cosas", es decir, de nuestras magnitudes. Es
interesante destacar la séptima noción común que introduce la noción de
movimiento en la construcción geométrica.
Al observar en su conjunto los axiomas de Euclides, la primera observación a
señalar es la ausencia de postulados relativos a la geometría del espacio; en
efecto, Euclides no ha construido la geometría sólida en la forma tan completa
y rigurosa que aparece en la geometría plana.
Pero si se limita el análisis a la geometría plana y se compara el sistema de
axiomas de Euclides con un sistema moderno, por ejemplo el de Hilbert, se
advierte que los postulados de Euclides desempeñan el papel de los axiomas de
enlace y de las paralelas de Hilbert; y que las nociones comunes de Euclides
sustituyen los axiomas de congruencia de Hilbert; de ahí que faltarían en
los Elementoslos axiomas del orden y el de la continuidad,
admitidos implícitamente por Euclides, el último como "principio".
Tales omisiones, como el de algún otro axioma necesario desde el punto de vista
lógico y técnico, no perjudican sin embargo a la construcción euclídea que en
momento alguno peca contra ellas.
Dado el carácter de la geometría griega, tales omisiones se explican no sólo
por el carácter fuertemente intuitivo de los axiomas omitidos, sino también
porque se veía en esos enunciados algo superfluo, en vista de que para los
griegos no eran imaginables las proposiciones contrarias.
Los postulados se refieren a los entes básicos
específicamente geométricos y su función, de acuerdo con una plausible
interpretación, consiste en fijar la posibilidad constructiva de las figuras
formadas por rectas y circunferencias determinando así su existencia y
unicidad. En efecto, los tres primeros postulados aseguran la existencia y
unicidad de la recta, es decir, de un segmento prolongado indefinidamente
cuando se dan dos punto, de ella; mientras que un cuarto postulado fija la
existencia de una circunferencia cuando se da un punto (su centro] y un
segmento (su radio).
Esos cuatro postulados fijan la existencia de
rectas y circunferencias concebidas en forma independiente; quedaba por fijar
sus vinculaciones mutuas. Por razones intuitivas, o quizá llevado por la
concepción que entrañaba la definición de figura, Euclides, admite la
naturaleza de las posibles intersecciones de rectas con circunferencias, con
rectas y de circunferencias, sin acudir al "postulado de la
continuidad", hoy considerado indispensable y que, según dijimos, Euclides
reemplazó por el "principio" de Eudoxo.
Quedaba pues a Euclides únicamente por demostrar
o postular las posibilidades de la intersección entre dos rectas, que por su
propiedad de prolongarse indefinidamente configuraban una estructura, no una
"figura", a la cual la intuición no podía acoplar ni justificar
comportamiento alguno.
El reconocimiento de este hecho pone de
manifiesto uno de los rasgos geniales de Euclides, pues éste fija aquel
comportamiento por medio de un postulado: el último de la serie y que más tarde
se destacó como el "Quinto postulado", por la celebridad y notoriedad
que alcanzó en vista de las discusiones, a que dio lugar; no obstante la buena
dosis de evidencia intuitiva que comporta su enunciado. Y las geometrías no
euclidianas que nacerán cerca de veintidós siglos más tarde no harán sino
corroborar el acertado sentido matemático y lógico que llevó a Euclides a
adoptar tan genial decisión.
En cuanto a las nociones comunes, que Euclides
acepta sin demostración no son sino las operaciones fundamentales entre
magnitudes sean geométricas o no.
Nota complementaria
Los libros pitagóricos de los Elementos
Considerando como tales los primeros cuatro libros
de los Elementos digamos que el primer libro, de 48 proposiciones, puede
considerarse dividido en dos partes: las primeras 32 proposiciones se refieren
a las propiedades de los triángulos, terminando con el teorema característico
de la geometría euclidiana de ser constante el igual a dos rectos la suma de
los ángulos de cualquier triángulo. Cabe agregar que el "quinto
postulado", el de las paralelas, por cuanto se deduce de él la existencia
de la paralela única a una recta desde un punto exterior no se introduce hasta
la proposición 19, lo que prueba que Euclides trató evidentemente de evitarlo
en las 18 anteriores, grupo de proposiciones que constituye de por sí una
geometría independiente del quinto postulado.
Las últimas 16 proposiciones del libro se refieren en cambio a paralelogramos y
triángulos y sus equivalencias para terminar, como último par de proposiciones,
con los teoremas, directo y recíproco de Pitágoras. La demostración de ese
teorema, según comentaristas antiguos. Pertenecería al mismo Euclides.
El libro segundo de 14 proposiciones se abre con la definición de una figura
muy utilizada en las demostraciones euclidianas de equivalencias: es el "gnomon", palabra
que parece tener un origen astronómico pues indica la posición de una barra
vertical descansando sobre un plano horizontal, y utilizada para medidas
astronómicas o de tiempo. En la matemática el gnomon es en
general todo aquello que agregado a un número o figura convierte a estos en un
número o figura semejante. Así cualquiera de las escuadras de carpintero que
utilizamos en las demostraciones aritméticas, de los pitagóricos, en un gnomon.
En este segundo libro aparece el "álgebra geométrica”, representada por 10
proposiciones que traducen geométricamente las siguientes propiedades,
expresadas algebraicamente con los símbolos actuales:
m (a + b + c +...) = ma + mb + mc +...
(a + b)a + (a + b)b
= ( a + b)2
(a + b)a = a2 + ab
(a + b)2 = a2 +
2ab + b2
ab + [1/2 (a + b)-b]2 = [1/2 (a + b)]2
(2a + b)b + a2=( a + b)2
(a + b)2 + a2 =
2(a + b)a + b2
4(a + b)a + b2 =
[(a + b) + a]2
a2 + b2 =
2 [[1/2(a + b)2 + [1/2(a + b)-b] 2]
(2a + b)2 + b2 =
2 [a2 + (a + b)2]
Las cuatro últimas proposiciones comprenden los
problemas; división en media y extrema razón; "cuadrar" cualquier
figura poligonal, y las generalizaciones del teorema de Pitágoras a los
triángulos acutángulos y obtusángulos.
El libro tercero, de 37 proposiciones, estudia las propiedades de la
circunferencia, terminando por el teorema de la constancia del producto de los
segmentos determinado por las secantes trazadas desde un punto interior o
exterior. El libro cuarto, de 16 proposiciones, se refiere a la inscripción y
circunscripción de polígonos regulares a una circunferencia enseñando Euclides
a construir efectivamente los polígonos regulares de 4, 5, 6 y 15 lados, la
construcción de polígonos regulares por duplicación de lados era conocida; en
cambio no hace alusión a los polígonos cuyo número de lados es 7, 9, 11 Y 13
que no pueden construirse con regla y compás.
Los primeros cuatro libros de los Elementos, de probable origen pitagórico, comprenden las
proposiciones más importante, de geometría plana elemental, referentes a
triángulos, paralelogramos, equivalencias, teorema de Pitágoras, con quien se
cierra el primer libro, circunferencias e inscripción y circunscripción de
polígonos regulares.
Nota complementaria
La proporcionalidad en los Elementos
Los libros quinto y sexto tratan de la
proporcionalidad y la semejanza de acuerdo con los fundamentos sentados por
Eudoxo. El libro quinto, de 25 proposiciones, expone la teoría geométrica de la
proporcionalidad, independiente de la naturaleza de las cantidades
proporcionales: entre las definiciones aparece el "principio" de
Eudoxo (nuestro axioma de la continuidad) y la definición, también de Eudoxo de
la proporcionalidad mediante desigualdades.
El sexto libro aplica de 33 proposiciones, esa teoría general a las magnitudes
geométricas dando nacimiento a la teoría de los polígonos semejantes; y como
aplicación la generalización de los problemas de aplicación de áreas de origen
pitagórico y que involucran la resolución de la ecuación algebraica de segundo
grado en forma general, pero con ropaje geométrico.
El primero de esos problemas, llamado de aplicación simple, consiste en
construir un polígono equivalente a un polígono dado R y
semejante a otros polígonos. El problema se reduce a construir una media proporcional,
pues si x y a son lados homólogos del
polígono que se busca y S, seráx2: a2= R
: S que, por otra parte, es la expresión de una ecuación de segundo
grado en x incompleta.
El segundo problema, llamado de aplicación por defecto, consiste en construir
sobre una parte de un segmento dado a un paralelogramo equivalente a un
polígono dado R de tal manera que el paralelogramo
"faltante", de igual altura que el anterior construido sobre la otra
parte del segmento dado, sea semejante a un paralelogramo dado S. Pero
al enunciado de este problema Euclides agrega. Es necesario que R no
exceda al paralelogramo semejante a S construido sobre la
mitad del segmento. En efecto, un teorema anterior demostraba que tal condición
es indispensable para que el problema de aplicación de áreas por defecto tenga
solución.
Si S0 es este paralelogramo máximo Euclides lleva
el problema al caso anterior determinado un paralelogramo semejante a S y
equivalente S0 - R. Pero en verdad
la incógnita x (la parte faltante) no es sino una cualquiera
de las dos raíces positivas de la ecuación de segundo grado x(a - x) = a2 R:4S0.
El tercer caso semejante al anterior, de aplicación de áreas por exceso,
consiste en construir sobre el segmento prolongado el paralelogramo equivalente
a R de manera que el paralelogramo construido sobre la
prolongación sea semejante a S. En este caso el problema
siempre posible, se lleva al primer caso donde el paralelogramo que se busca es
equivalente a S0 + P, y la
incógnita x (el segmento excedente es la raíz positiva de la
ecuación x (a - x)= a2 R: 4 S0.
Los dos libro, siguiente, se refieren a la
proporcionalidad sobre la base de la teoría de Eudoxo y sus aplicaciones:
semejanza de polígonos y generalización de los problemas de aplicación de áreas
de los pitagóricos.
Nota complementaria
La aritmética de los Elementos
No existe en los Elementos el
menor intento de fundar la aritmética sobre un sistema de postulados. Los tres
libros que se dedican a la aritmética, con un total de 102 proposiciones, se
abre con un conjunto de 12 definiciones donde se dice que "Unidad es
aquello por lo cual cada cosa singular se dice uno"; "Número es una
pluralidad compuesta de unidades", para luego seguir con las definiciones
de números mayor y menor, múltiplo y submúltiplo, par e impar, primo y
compuesto, etcétera; también se habla de números planos (de dos factores),
números sólidos (de tres factores), de los cuales el cuadrado y el cubo son
casos particulares, para terminar con la definición de números perfectos como
aquellos números suma de sus divisores, excepto sí mismo.
En el libro séptimo se expone la teoría del máximo común divisor, por el método
de las divisiones sucesivas, y del mínimo común múltiplo que define así: Dados
dos números a, b, se expresa la fraccióna : b en
la forma irreducible a': b', su mínimo común
múltiplo es ab'= a'b, lo
que equivale a tomar como mínimo común múltiplo el producto de los números
dividido por su máximo común divisor.
Los otros dos libros contienen varios teoremas importantes:
a). la serie de los números primos es ilimitada;
b). la suma de los términos de una progresión geométrica, expresada
en la forma con nuestros símbolos,
(a2-a1): a1= (an-a1): S)
donde a1, a2… an son
los términos primero, segundo y último de la progresión, y S es
la suma de los precedentes a an; expresión como es
fácil comprobar, que equivale a la actual;
a). la aplicación de la expresión anterior a la progresión de razón
duplicada, es decir 2, y primer término la unidad diferencia entre el término
que sigue al último menos el primero; y
b). la expresión de los números perfectos pares.
Este último teorema, sin duda la contribución aritmética más original de
Euclides, expresa que si la suma de una progresión geométrica de razón
duplicada es un número primo, ese número por el último término de la progresión
es un número perfecto. Con nuestros símbolos: si Sn +
1 - 1 es primo, el número N = 2nS es un
número perfecto. En efecto, los divisores de N son: 1, 2, 22,...2n, S,
2S, 22S,...2n-1S,
y su suma es
S + S(1
+ 2 + 22 + … 2n-1) = S(1
+ 2n - 1) = 2nS = N
y N es perfecto. Aunque Euclides
no trae ningún ejemplo numérico es indudable que conocía los números perfectos
más pequeños dados por su expresión. Por lo demás se sabe que ya Nicomaco (s.
I) da los cuatros perfectos menores 6, 28, 496, y 8128 que corresponde a
n = 1, 2, 4, 6 (para n impar, con
excepción de 1, S no es primo). Actualmente la lista de
números perfectos pares se ha extendido, todos pertenecientes a la expresión
euclídea y aunque se conoce la forma que tendrían los perfectos impares no se
conoce ninguno de ellos.
Los tres libros siguientes son aritméticos o,
mejor, en ellos se trata de teoría de números: divisibilidad, números primos,
progresiones geométricas cerrándose con la proposición en la que Euclides
enuncia la expresión de los números perfectos pares.
El siguiente libro, el décimo, es el más extenso
y el más difícil se ocupa de los irracionales clasificando, mas no calculando,
una serie de combinaciones de expresiones racionales e irracionales, tales como
las que se presentarían como raíces de una ecuación bicuadrada.
Nota complementaria
Los irracionales en los Elementos
El libro décimo es el más extenso, pues comprende
115 proposiciones, y en él se estudian en forma geométrica las propiedades de
un cierto grupo de expresiones irracionales, hoy llamadas cuadráticas y
bicuadráticas con algunas aplicaciones. Por ejemplo, demuestra que en el
problema de aplicación de áreas por defecto de expresión algebraica x(a - x)=1/4b2,
los segmentos x y (a - x) son
conmensurables si los sona y √(a2 - b2).
En definitiva el libro contiene una clasificación de irracionales bicuadráticas
que pueden resumirse algebraicamente considerando la identidad
y considerando los 12 casos posibles que se obtiene
combinando:
a) dos signos superiores o inferiores;
b) que p o q o ninguno de los dos
sea un cuadrado perfecto y
c) que p y p - q sean
o no conmensurables.
Algunas de estas combinaciones se aplican más
tarde en la teoría de los poliedros regulares, aunque ha de reconocerse que
existe una verdadera desproporción entre el material acumulado en el libro
décimo y el reducido uso que después se hace de él.
Los tres últimos libros de los Elementos son de un contenido más bien heterogéneo:
podrían calificarse de geometría superior, no por su factura sino por tratar
cuestiones ya de geometría del espacio, ya que implican nociones del actual
análisis infinitesimal. En efecto, el libro XI expone algunos teoremas de
geometría del espacio, necesarios para los dos libros siguientes: el XII
comprende en cambio teoremas del plano o del espacio que exigen para su
demostración la aplicación del método de exhaución, mientras que el XIII se
ocupa exclusivamente de los cinco poliedro regulares y de su inscripción y
circunscripción en la esfera.
Nota complementaria
Los tres últimos libros de los elementos
Tienen 75 proposiciones, y están dedicados en su
mayor parte de la geometría del espacio. En el primero de esos libros se
antepone la definiciones de ángulos diedros y poliedros y de poliedros y
cuerpos redondos, utilizándose para las definiciones de estos últimos el
movimiento pues la esfera, el cilindro y el cono se definen mediante la
rotación de un semicírculo alrededor de su diámetro, de un rectángulo alrededor
de uno de sus lados y de un triángulo rectángulo alrededor de uno de sus
catetos, respectivamente.
Euclides no establece postulado alguno para la geometría del espacio, omisión
lógica cuyas consecuencias se advierten en los primeros teoremas de estos
libros en los que se pretende vanamente demostrar la existencia del plano, del
cual por lo demás se da una definición defectuosa.
La geometría del espacio en los Elementos sigue en la forma
actual aunque cabe destacar que Euclides no procede en este campo en la forma
ordenada y completa como había procedido en geometría plana; se advierten
además ciertas omisiones: por ejemplo, se habla de paralelismo entre rectas o
entre planos, pero no entre rectas y planos; como si Euclides no se hubiera
propuesto sino reunir el material indispensable para la demostración de los
teoremas de los libros siguientes, en especial del último.
El segundo de estos tres libros se caracteriza por el hecho de ser sus teoremas
aquellos que exigen el método de exhaución introducido por Eudoxo, método que
Euclides aplica únicamente en estos cuatro casos: proporcionalidad entre los
círculos y los cuadrados construidos sobre los diámetros respectivos e
igualmente entre las esferas y los cubos construidos sobre esos diámetros;
equivalencia entre la pirámide y la tercera parte del prisma de igual base y
altura e igualmente esa equivalencia entre cono y cilindro.
El último libro de los Elementos está totalmente dedicado a los cinco poliedros
regulares con un teorema final que expresa las relaciones entre las aristas de
esos poliedros y el diámetro de la esfera circunscrita.
Aparece por último, como lema probablemente añadido posteriormente el teorema,
que se atribuye a los pitagóricos, según el cual fuera de los cinco poliedros
regulares conocidos no existe ningún otro poliedro regular, demostración que se
funda en la naturaleza especial de los ángulos poliedros que se forman en los
vértices de los poliedros regulares.
Tal es en síntesis la obra más importante de
Euclides. Por grande que haya sido el aporte de los matemáticos anteriores,
queda siempre para Euclides el mérito de haber aplicado por primera vez un
método que resultó fecundo para la matemática y la ciencia en general, y el de
haber estructurado sistemáticamente mediante ese método, en forma orgánica y
ordenada, una gran cantidad de conocimientos matemáticos, en especial de
geometría plana, sin olvidar que Euclides con sus Elementos acentúa una nota característica y permanente de
la matemática: su carácter abstracto
y su finalidad fincada exclusivamente en el Conocimiento. Ya Platón en la
República lo había afirmado:"... aun aquellos que tengan escasos conocimientos
de geometría no pondrán en duda que esta ciencia es todo lo contrario de lo que
supondría la terminología de los geómetras... Es una terminología demasiado
ridícula y pobre, pues como si se tratara de alguna finalidad práctica, ellos
hablan siempre de cuadrar, de prolongar, de agregar, cuando en verdad la
ciencia se cultiva con el único objeto de conocer..
Pero en matemática conocer es demostrar y
los Elementos nos
ofrecen el primer ejemplo en gran escala de ese fecundo juego de la razón,
creador de nuevos conocimientos que se presentan atraídos por la irresistible
fuerza del raciocinio y cuya única finalidad es el conocimiento mismo. Sin duda
que para los gustos de hoy las demostraciones de Euclides son áridas,
encuadradas en moldes formales demasiado rígidos, algo pedantes pero con todo
ha de verse en el orden lógico, en los recursos deductivos y en los métodos de
demostración otro de los méritos de los Elementos de Euclides.
Los editores antiguos agregaron a los trece
libros de los Elementos un par de libros más (apócrifos] relacionados con los
poliedros regulares. El llamado Libro XIV de los Elementos se debe a un matemático importante de la primera
mitad del siglo II a. c.: Hipsicles de Alejandría; en verdad es una
continuación natural del último libro de Euclides, pues se ocupa de los poliedros
regulares anotando, entre otras, esta interesante propiedad: Si en una esfera
se inscriben un cubo, un dodecaedro y un icosaedro, los lados del cubo y del
icosaedro son proporcionales a las áreas y a los volúmenes del dodecaedro y del
icosaedro, dependiendo el factor de proporcionalidad de la razón entre los
segmentos que divide una recta en media y extrema razón.
Además Hipsicles se habría ocupado de
aritmética, abordando un viejo tema de origen pitagórico, pues según Diofanto
se le debería la definición de número poligonal P de p lados y n términos
de una manera que traducida algebraicamente sería
p = n + 1/2 n(n - 1) (p - 2.)
En cuanto al libro XV, muy
inferior al anterior y que también se ocupa de poliedros regulares se atribuye
a un discípulo de Isidoro de Mileto, matemático que floreció en el siglo VI.
Los Elementos constituyen un conjunto sistemático y
sistematizado de conocimientos matemáticos griegos, pero no es el conjunto de
todos esos conocimientos que poseían los griegos de la época de Euclides, de
manera que para conocer el estado de la matemática griega a principios del
siglo III a. C. debemos agregar los conocimientos matemáticos que aquéllos no
contenían.
Por lo pronto, los Elementos no podían contener sino aquella parte de la
matemática griega compatible en el sistema euclídeo, es decir, aquella que
podía deducirse de los postulados que, explícita o implícitamente, le servían
de fundamento. Pero es claro que tampoco podían contener todas las propiedades
susceptibles de deducirse de estos postulados. Ya Proclo nos informa que
Euclides no dio sino aquellas propiedades que podían servir de
"elementos", pero fuera de estas omisiones deliberadas hay que
agregar omisiones forzosas, representadas por las propiedades desconocidas en
tiempos de Euclides y las que éste no estudió o no pudo deducir. En este
sentido hay que señalar que tales omisiones son singularmente importantes en el
campo de la geometría de la medida. Así no figura en los Elementos intento alguno para rectificar la circunferencia
o arcos de circunferencia, como tan poco para "cuadrar" el círculo o
sus partes o las extensiones superficiales totales o parciales de las figuras
que limitaban los cuerpos redondos: cilindro, cono y esfera. En este sentido,
la única propiedad que trae los Elementas es la proporcionalidad entre los círculos y los
cuadrados de sus diámetros respectivos. Igual cosa ocurre en el espacio: pueden
compararse los poliedros entre sí y algunos cuerpos redondos entre sí (la
esfera con la esfera, el cono con el cilindro), pero falta toda comparación
entre los poliedros y los cuerpos redondos.
Además de esas omisiones deliberadas o forzadas
los Elementos no podían
contener aquellos conocimientos que no encuadraban en el sistema de los
postulados euclídeos tuvieran o no conciencia de ello los griegos,
conocimientos a los que pertenecían, por ejemplo, todo lo concerniente a los
tres problemas clásicos: trisección del ángulo, duplicación del cubo y
cuadratura del círculo.
Nota complementaria
La logística griega
Ya aludimos a los sistemas de numeración de los
griegos. El sistema utilizando las letras del alfabeto permitían escribir los
números hasta el millar; anteponiendo una coma a las letras que indicaban las
unidades se tenían las unidades correspondientes de los millares, llegándose
así hasta la miríada (10 4), a veces simbolizada por una M.
Para números superiores a las miríadas se utilizaron reglas diferentes,
mientras que para las fracciones de numerador unitario se señalaba el
denominador con un signo especial, aunque también parece que usaron fracciones
con numerador y denominador. En astronomía se utilizó con preferencia el
sistema sexagesimal.
En cuanto a las reglas operatorias, poco se sabe, fuera de algunos ejemplos
diseminados en los textos científicos; es probable que para la suma, la resta
y, quizá, para la multiplicación se utilizara el ábaco; para operaciones más
complejas operaban con los números escritos con letras en una forma semejante a
la actual.
He aquí un ejemplo de multiplicación
"griega", donde las letras superpuestas a las M indican las unidades
de miríadas y las rayas superpuestas a las letras es una manera de evitar la
confusión entre letras y números. A la derecha de la multiplicación griega está
la traducción en símbolos numéricos actuales y la multiplicación tal como la
efectuaríamos hoy.
Otro grupo de conocimientos matemáticos griegos
de comienzos del siglo III no podio estar incluido en los Elementos. Nos referimos ante todo a los elementos de
aritmética práctica, la llamada "logística" por los griegos, que
abarcaba el sistema de numeración y las reglas operatorias elementales con
enteros y fracciones, necesarias en las aplicaciones de la vida práctica o de
la astronomía, topografía, mecánica, y, por otra parte, a ciertas ramas de la
ciencia natural que, por su fácil geometrización, se construyeron en íntima
conexión con la matemática: astronomía, óptica, cinemática.
Esa íntima conexión se pone en evidencia
considerando que ramas de la geometría del espacio, como la geometría esférica,
integraban la astronomía, mientras que ciertas nociones elementales relativas
al movimiento: congruencia por superposición, generación de los cuerpos
redondos, integraban la geometría.
Nota complementaria
La "Esférica" antes de Euclides
Es sistemática en los Elementos la
ausencia de las propiedades relativas a las figuras trazadas sobre la esfera.
Si se exceptúa la definición y la proporcionalidad entre las esferas y los
cubos construidos sobre sus diámetros, la esfera sólo se presenta en su
relación con los poliedros inscritos y circunscritos. Este significativo
silencio hizo pensar en la existencia de tratados que se refirieran
especialmente a esa rama de la geometría del espacio y que, por su aplicación a
la astronomía se consideraran más pertenecientes a esta última ciencia que a la
geometría.
En efecto, se tienen noticias acerca de una Esférica del
periodo helénico aunque de autor no bien individualizado, atribuyéndose el
tratado a Eudoxo en vista de que éste en su teoría del sistema planetario
utiliza esferas concéntricas; amén de sus méritos como matemático. En cambio,
se conoce el autor: Autolico de Pitaña del siglo IV, de una Esférica aunque
de carácter más astronómico que geométrico, a la cual se asemejaría la
obra Fenómenos de Euclides.
Además de los Elementos indudablemente su obra máxima, se deben a
Euclides otros escritos matemáticos algunos existentes, otros perdidos. Entre
los escritos de índole geométrica figuran los Datos, obra que parece haber sido escrita para aquellos
que habiendo completado el estudio de los Elementos deseaban ejercitarse en la
resolución de problemas que exigían el conocimiento de las propiedades del
tratado de Euclides. En efecto, Datos se compone de un centenar de
proposiciones en las que se demuestra cómo partiendo de ciertos datos -de ahí
el nombre- quedaba determinada una figura ya en posición, ya en magnitud o ya
en su forma.
Nota complementaria
Las obras geométricas de Euclides
Datos, que además de los Elementos es la obra geométrica
de Euclides aún existente, contiene problemas de este tipo: si se conoce un
ángulo de un triángulo y la razón entre el rectángulo formado por los lados
adyacentes al ángulo y el cuadrado del lado opuesto, el triángulo está dado en
su forma (Euclides dice en "especie') es decir, queda determinado un
conjunto de triángulos semejantes. Otros problemas son aplicaciones de álgebra
geométrica con reminiscencias del álgebra de los babilonios.
Respecto de la obra sobre la división de las figuras que cita Proclo, sólo se
tienen noticias mediante un par de versiones árabes sobre la base de las cuales
se ha reconstruido, comprendiendo un conjunto de proposiciones en las que se
plantea el problema de dividir figuras planas, polígonos, círculo y hasta una
figura mixtilínea, mediante rectas que cumplen ciertas condiciones, en figuras
parciales que deben cumplir también condiciones prefijadas.
Otra obra geométrica (perdida) sobre la cual se han tejido numerosas conjeturas
es Porisrnas de la cual, sobre la base de las noticias que
trae Pappus, se han hecho varias reconstrucciones. Pappus dice que esta obra en
tres libros compuesta de 38 lemas 171 teoremas era "una colección
ingeniosa de una cantidad de cosas útiles para resolver los problemas más
difíciles". El mismo significado del título no es claro, pues "porisma"
puede significar "corolario", pero también tiene otro sentido al cual
se refiere Pappus al decir que "los diversos tipos de porismas no son ni,
teoremas ni problemas, representando en cierto sentido una forma
intermedia". De ahí que Chasles, que es uno de los matemáticos que
reconstruyó la obra dice que los porismas son teoremas incompletos que expresan
ciertas relaciones entre elementos que varían de acuerdo con una ley
determinada, y que tendrían por objeto no sólo demostrar esas relaciones, sino
completarlas determinando la magnitud y posición de las figuras que satisfarán
aquellas relaciones.
De las restantes obras geométricas de Euclides,
o que se le atribuyen se han perdido los originales griegos. De la obra Sobre
la división de las figuras se dispone
de versiones árabes; de los Porismas de función probablemente semejante a Datos no se tiene sino noticias; menos aún se conoce
acerca de sus Paralogismos o Sofismas probablemente una obra didáctica escrita para
adiestrar a los discípulos en el razonamiento correcto; de sus Cónicas, en cuatro libros que sería un tratado sobre este
tema comprendido entre los de Aristeo y de Apolonio; y de sus Lugares
superficiales, respecto del cual no hay
todavía formada opinión sobre el significado del título.
Además de estas obras, estrictamente
geométricas, se deben o atribuyen a Euclides otras obras sobre temas de la
matemática griega en sentido lato. Así, se le atribuye un fragmento sobre la
teoría matemática del sonido, un tratado elemental de astronomía titulado Fenómenos; un fragmento de Sobre la palanca, conocido a través de fuentes árabes y dos
escritos sobre óptica: Una óptica que contiene las proposiciones fundamentales
de óptica geométrica fundadas sobre la hipótesis: "Los rayos que parten
del ojo son rectilíneos": y una Catóptrica que estudia los fenómenos de la reflexión en
espejos planos.
Arquímedes
Si Euclides es un maestro y un sistematizador,
no muy original, la figura que le sigue cronológicamente, Arquímedes de
Siracusa es el arquetipo de matemático original, que al igual que los
científicos de hoy, no escribe sino monografías o memorias originales,
relativas a los más variados campos de la matemática antigua en sentido lato:
aritmética, geometría, astronomía, estática e hidrostática. Fue, en particular,
la incorporación al saber científico de estas dos ramas de la física la
circunstancia que explica la extraordinaria influencia que ejercieron los
escritos de Arquímedes sobre los hombres del Renacimiento y de la Edad Moderna,
convirtiéndoselo en una de las grandes figuras de la historia de la ciencia.
En verdad, su figura ya fue célebre y famosa
para sus conciudadanos de Siracusa. Quizá lo fuera por sus méritos científicos
o por las excentricidades y grandes inventos que le atribuyeron o por su
vinculación, quizá parentesco, con la familia real. Hasta se cita una Vida de
Arquímedes escrita por uno de sus contemporáneos.
Sin embargo, hoy esa vida solo puede
reconstruirse sobre los datos, no muy abundantes, de diversos historiadores, en
especial de los que se ocuparon de las guerras Púnicas. El hecho indudable de
haber muerto Arquímedes en el saqueo que siguió a la caída de Siracusa en manos
de los romanos en 212, combinado con otro dato, según el cual Arquímedes habría
vivido 75 años, ubica la fecha de su nacimiento en el año 287 a. C.
Las actividades de su padre, astrónomo,
influyeron sin duda en la vocación y formación científica de Arquímedes que,
desde joven, estuvo en Alejandría donde, sin pertenecer al Museo, trabó amistad
con varios maestros alejandrinos con quienes mantuvo luego correspondencia
científica: fueron los sucesores de Euclides: Conón de Samos y, a la muerte de
éste Desiteo de Pelusa, y Eratóstenes. Regresado a Siracusa dedico toda su vida
a la investigación científica.
Esa vida, como la de otros grandes sabios, fue
embellecida o deformada por la imaginación popular que la revistió de anécdotas
más o menos verosímiles o la exaltó con elogios que a veces contribuyeron a
rodear su existencia de una atmósfera sobrenatural.
Plutarco, al referirse a la vida del general
romano Marcelo que conquistó Siracusa, describe la vida de Arquímedes y le
confiere grandes dotes de mecánico práctico y de ingeniero militar aunque en
ninguno de los escritos del siracusano aparecen menciones a investigaciones en
esos campos. Este silencio a que Arquímedes consideraba la mecánica y, en
general, todo arte tendiente a satisfacer nuestras necesidades como artes
“innobles y oscuras", y por eso no dejó nada escrito sobre ellas.
Su muerte misma fue rodeada de cierta atmósfera
novelesca y narrada de diferentes maneras; y el acto del soldado romano que
atraviesa con su espada al viejo sabio absorto ante una demostración geométrica
no dejó de excitar la imaginación. Con todo, es probable que la muerte de
Arquímedes fuera lamentada por Marcelo, el hecho es que fue respetada la
voluntad del sabio en el sentido de grabar en su tumba uno de sus más hermosos
teoremas: el relativo a la esfera inscripta en un cilindro. Y esa figura
permitió, siglo y medio después, que Cicerón descubriera, ya perdida y olvidada
entre la maleza, la tumba del célebre siracusano en una época en la que sus
conciudadanos ya habían olvidado su figura y su fama.
Esa fama hoy sobrevive, no por su vida, sino por
sus escritos, cabales trabajos originales en los que se da por conocido todo lo
producido antes sobre el tema y se aportan nuevos elementos.
En esos escritos siguió rigurosamente el método
euclidiano de fijar previamente las hipótesis que postulaba, a mas que seguían
los teoremas cuidadosamente elaborados y terminados; en general utilizando el
método sintético sin mencionar el camino seguido para llegar a la tesis de la
proposición que demuestra de ahí que en general no es de lectura fácil, aunque
para demostrar una vez más la amplitud de su talento matemático, proporciona
una notable excepción a esta regla general en su escrito Método.
Solía enviar a amigos de Alejandría los trabajos
que escribía, a veces sólo los enunciados de los resultados sin la
demostración, costumbre que en alguna ocasión le permitió formular cierta
mordaz observación acerca de los profesores alejandrinos. En efecto, al
advertir en una ocasión que algunos enunciados remitidos eran falsos, sin que
ninguno de los profesores hubiera señalado el error, pudo decir Arquímedes:
"...aquellos que pretenden haber resuelto todos los problemas, pero sin
dar la demostración quedan refutados por el hecho mismo de haber declarado que
demostraron algo imposible".
No es fácil establecer un nexo lógico o
cronológico entre los escritos de Arquímedes. En parte por la índole
monográfica de los mismos, en parte por el distinto contenido que se refiere a
matemática, a astronomía y a física, sin olvidar que probablemente algunos de
sus escritos se han perdido.
Se conocen de Arquímedes, en versión original,
cuatro escritos de geometría: dos de geometría plana: De las
espirales; De la medida del círculo, y
dos de geometría del espacio: De la esfera y Del cilindro (dos libros) y De los conoides y
de los esferoides.
Siguiendo la norma euclídea, hay definiciones en
todos esos escritos, excepto De la medida del círculo, y postulados en De la esfera y
del cilindro.
Nota complementaria
Definiciones y postulados geométricos de Arquímedes
En él escrito De la esfera y del cilindro, hay seis
definiciones, de las cuales las cuatro primeras son:
1º. Existen en el plano ciertos arcos de curva totalmente situados
de un mismo lado de las rectas que unen los extremos del arco;
2º. llamo cóncava en la misma dirección una línea tal que la recta
que une dos puntos cualesquiera de ella, o bien está toda del mismo lado de la
línea, o bien está parte del mismo lado y parte sobre la línea misma;
3º. de igual modo hay ciertas porciones de superficie, no situadas
en un plano, pero cuya línea extrema está en un plano situado totalmente del
mismo lado respecto de la superficie;
4º. llamo cóncavas en la misma dirección superficies tales que las
rectas que unen dos puntos cualesquiera de ellas, o bien están todas del mismo
lado de la superficie, o bien parte del mismo lado y parte sobre la superficie
misma.
Con estas definiciones no sólo se introduce un nuevo concepto geométrico: el de
concavidad, que Euclides no había necesitado si no que aparece un concepto de curva
de superficie más general, no limitado a las escasas líneas y superficies de
los Elementos: rectas, circunferencia, plano, cono, cilindro y esfera; sino que
incluye líneas y superficies cualesquiera que comprenden poligonales y hasta
líneas formadas por rectas y curvas, así como las superficies correlativas.
Las definiciones 5 y 6 se refieren al sector esférico y al "rombo sólido”,
cuerpo que Arquímedes utiliza en muchas de sus demostraciones,
constituido por dos conos de base y eje comunes y vértices en
semiespacios distintos respecto de la base. Es interesante, por ejemplo, la
proposición que en forma ingeniosa determina la diferencia de dos rombos
sólidos de iguales ejes y vértices y de bases diferentes. Con las
primeras cuatro definiciones se relacionan los cinco postulados del escritos;
1º. La recta es la más corta de las líneas de igual extremo;
2º. En cuanto a las demás líneas planos con los mismos extremos,
son desiguales cuando siendo cóncavas en la misma dirección una de ellas está
totalmente comprendida entre otra y la recta con los mismos extremos o en parte
está comprendida y en partes es común; y la línea comprendida es menor;
3º. Del mismo modo, cuando varias superficies tienen los mismos
extremos y esos extremos están en un plano esa figura plana es la menor;
4º. Entre las superficies con los mismos extremos, cuyos extremos
están en un plano, serán desiguales cuando siendo con todas cóncavas en la
misma dirección una de ellas está totalmente comprendida entre otra y la figura
plana con los mismos extremos, o está en parte comprendida y en parte en común;
y la superficie comprendida es menor;
5º. Por otra parte, entre las líneas, superficies y sólidos
desiguales la menor excede a la menor de una cantidad tal que agregada a sí
misma puede superar a cualquier cantidad dada homogénea con las dos anteriores.
Los postulados 1º a 4º establecen las condiciones de desigualdad de ciertas
líneas y de ciertas porciones de superficies, así como fija un principio de
mínimo, que si bien son intuitivos y los elementos habían demostrado en casos
muy particulares, su demostración en el caso general planteado no era ni fácil
ni posible con los recursos geométricos de la época, de ahí que darlos por
omitidos en forma de postulado representa por parte de Arquímedes, tanto una
genial intuición como un rasgo de audacia.
El postulado 1º tuvo mucha suerte. El hecho de postular para la recta una
propiedad característica, intuitiva y de interpretación simple y única,
unida a la necesidad instintiva (no lógica) de definir ese ente
fundamental de la recta. El primer intento en ese sentido aparece en Teón
de Esmirna, comentarista del siglo II.
Por su parte, el postulado 5º es el postulado que hoy se designa por
antonomasia con el nombré de "postulado de Arquímedes", que Euclides
había incluido entre las definiciones del Libro V de sus Elementos. Al
admitirlo por primera vez entre los postulados, Arquímedes puso en evidencia
que tal enunciado no era un principio, ni una definición, ni un teorema que
podía deducirse de los demás postulados; de ahí que lo enuncie como un
postulado independiente y haga uso de él en todos los numerosos teoremas de
carácter infinitesimal que demuestra. Las actuales geometrías no arquimedianas,
para las cuales son válidos los postulados ordinarios de las magnitudes con
excepción del postulado de Arquímedes, constituyen una brillante confirmación
del modo de ver de Arquímedes.
En el escrito De los conoides y de los esferoides se dan las definiciones de
estos cuerpos engendrados por un movimiento de rotación de las tres secciones
cónicas, que en tiempos de Arquímedes aún tenían los antiguos nombres
dados por Menecmo y Aristeo.
Tales definiciones son:
1º. Una sección del cono rectángulo da una vuelta completa
alrededor de su eje; la figura engendrada por esa sección se llama conoide
rectángulo (es nuestro paraboloide de revolución);
2º. Si se tiene en un plano una sección del cono obtusángulo así
como sus rectas más aproximadas y el plano da una vuelta completa alrededor del
eje, las rectas más aproximadas describen un cono isósceles mientras que la
figura engendrada por la sección se llama conoide obtusángulo (las rectas más
aproximadas son nuestras asíntotas y el conoide obtusángulo es el hiperboloide
de revolución de dos hojas. En Arquímedes no hay alusión al hiperboloide de
revolución de una hoja);
3º. si una sección del cono acutángulo da una vuelta completa
alrededor de su eje mayor, la figura engendrada por esa sección se llama
esferoide alargado, mientras que si gira alrededor de su eje menor, se llama
esferoide aplanado (son nuestros elipsoides de revolución).
También mediante el movimiento se engendran las espirales, cuyas propiedades
estudia en el escrito que lleva ese nombre. Así define Arquímedes sus
espirales: Si en un plano se consideran una recta que mantiene uno de sus
extremos fijo y gira un número cualquiera de veces con movimiento uniforme,
retomando sucesivamente la posición de donde ha partido, mientras que sobre la
recta que gira se mueve uniformemente un punto a partir del extremo fijo, el
punto describirá una espiral en el plano.
Mientras que en las definiciones de los conoides y esferoides el tiempo no
interviene para nada, pues el movimiento sólo se utiliza para la definición de
los sólidos, en el caso de las espirales se hacen necesarias dos proposiciones
iniciales para fijar la proporcionalidad entre los segmentos recorridos y los
tiempos empleados en recorrerlos.
El primer libro de este escrito puede
considerarse un complemento de los Elementos de Euclides, al demostrar una serie de teoremas,
relativos a las áreas y volúmenes de los cuerpos redondos, omitidos en
los Elementos.
En esas demostraciones, por ejemplo en el caso
del área de la esfera o del segmento esférico, pero también en otros libros
geométricos, Arquímedes expone propiedades que traducidas algebraicamente,
representan igualdades o desigualdades entre sumatorias que en conexión con el
postulado de Arquímedes y el método de exhaución, permiten llegar
geométricamente a aquellas áreas y volúmenes que hoy se obtienen analíticamente
mediante los recursos del análisis infinitesimal.
Nota complementaria
Las sumatorias de Arquímedes
Las igualdades y desigualdades entre sumatorias que
se presentan en los escritos de Arquímedes expresadas con lenguaje geométrico,
son las siguientes, que por comodidad traducimos en lenguaje algebraico: En
Cuadratura de la parábola se da la suma de una progresión geométrica en la
siguiente forma:
En De las espirales, así como en De los conoides y
de los esferoides, expresa Arquímedes la suma de los primeros n cuadrados en la
forma especial;
mientras que en el escrito De la esfera y del
cilindro, en los teoremas que permiten determinar el área de la esfera y del
segmento esférico, Arquímedes demuestra un teorema de una sencillez
extraordinaria que, expresado en forma algebraica, es:
expresión que al convertirse en integral definida
mediante el paso al límite, permite hoy calcular esas áreas.
Además en De las espirales y en De los conoides y de los esferoides, Arquímedes
utiliza las siguientes desigualdades:
y si Ar = arh + (rh)2 ,
entonces
Algunos de los teoremas del primer libro del
escrito De las esfera y del cilindro; área lateral del cono y del cilindro, área de la esfera se han
incorporado a nuestra geometría elemental mientras que otros ofrecen tal
sencillez y simetría que explican el deseo de Arquímedes de quedar sus
resultados eternamente grabados en su tumba.
El segundo libro del escrito comporta una serie
de problemas, algunos de los cuales, nada fáciles, conducen a problemas del
tipo de la duplicación del cubo y de la trisección del ángulo.
Nota complementaria
El escrito De la esfera y del cilindro
Además de las definiciones y postulados ya citados,
en el primer libro de este escrito figura una serie de teoremas relativos a las
áreas y a los volúmenes de los cuerpos redondos, de los cuales los más
importantes son:
1º. La superficie lateral de un cilindro circular recto es
equivalente a un circulo cuyo radio es medio proporcional entre la generatriz
del cilindro y el diámetro de la base;
2º. la superficie lateral de un cono circular recto es equivalente
a un círculo cuyo radio es medio proporcional entre la generatriz del cono y el
radio de la base;
3º. la superficie lateral de un tronco de cono circular recto, de
bases paralelas, es equivalente a un círculo cuyo radio es medio proporcional
entre la generatriz del tronco de cono y la suma de los radios de las bases;
4º. la superficie de la esfera es equivalente a cuatro veces su
círculo máximo;
5º. toda esfera es equivalente a cuatro veces el cono cuya base es
un círculo máximo y cuya altura es el radio de la esfera. En un corolario
posterior Arquímedes demuestra que si se considera un cilindro de altura igual
al diámetro de la base y en él se inscribe una esfera, las áreas y los
volúmenes de esos dos sólidos están en la misma proporción simple 3:2. La
sencillez de estos términos, que definen una razón igual, entre pares de
magnitudes de distinta naturaleza, en contraste quizá con el esfuerzo realizado
para obtenerla (área y volumen de la esfera) fue quizás el motivo que indujo a
Arquímedes a expresar el deseo, que se cumplió, de grabar en su tumba una esfera
con un cilindro circunscrito;
6º. la superficie de un casquete esférico, exceptuada la base, es
equivalente a un círculo cuyo radio es el segmento trazado desde el vértice del
casquete a un punto cualquiera de la base;
7º el sector esférico es equivalente a un cono cuya base es
equivalente a la superficie del casquete del sector y cuya altura es el radio
de la esfera.
De los problemas, que con una serie de otras proposiciones comprende el libro
II, sólo citamos aquellos que conducen a cuestiones no resolubles con regla y
compás:
1º. Determinar una esfera equivalente a un cilindro o a un cono
dado. Este problema se reduce a algún problema del mesolabio; en efecto, para
resolverlo Arquímedes determina dos medias proporcionales entre dos segmentos
dados, pero sin indicar el procedimiento seguido en esa determinación, lo que
hace suponer que Arquímedes daba ese problema por conocido y resuelto;
2º. cortar una esfera por un plano de manera que los dos segmentos
tengan sus volúmenes en una razón dada. El problema, como dice Arquímedes, se
reduce a dividir el triple del radio de la esfera en dos partes tales que una
de ellas sea a un segmento conocido como el cuadrado del diámetro de la esfera
es el cuadrado de la otra parte. Arquímedes agrega que al final del libro dará
la solución, que en este caso corresponde a un problema de trisección del
ángulo, pero en ningún manuscrito se encuentra esa solución;
3º. determinar un segmento esférico de volumen dado y semejante a
otro segmento también dado. Este problema se reduce al del mesolabio; en
efecto, Arquímedes lo reduce a la búsqueda de dos medias proporcionales entre
dos segmentos dados.
Terminemos agregando que en la penúltima proposición de este libro se habla de
una razón "sesquilátera", es decir, multiplicada una vez y media para
indicar nuestra potencia de exponente 3/2 ;
mientras que en la última proposición se demuestra que entre todos los
segmentos esféricos de igual superficie, el hemisferio es el de volumen máximo.
(Estas dos últimas proposiciones del escrito son precisamente aquéllas, cuyo
enunciado, que resultó erróneo, había enviado a los maestros alejandrinos sin
que éstos advirtieran el error.)
En cierto sentido el único libro De
los conoides y de los esferoides es una
continuación del anterior, pues en él se estudian las propiedades métricas de
los sólidos que Arquímedes designa con el nombre de conoides (nuestro
paraboloide y una del hiperboloide de dos hojas, de revolución] y esferoides
(nuestro elipsoide de revolución).
Nota complementaria
Los conoides y esferoides de Arquímedes
En el escrito De los conoides y de los
esferoides Arquímedes, después de un largo preámbulo dirigido a
Dositeo, donde figuran las definiciones de los términos que utilizará en el
escrito, introduce algunos lemas aritméticos y propiedades de las cónicas que
en algún caso enuncia sin demostrar agregando que esas demostraciones "se
encuentran en los elementos sobre las cónicas", aludiendo indudablemente a
escritos sobre ese tema existentes en su época, probablemente los de Euclides o
de Aristeo.
Pasa luego a enunciar propiedades de los conoides y esferoides, para terminar
con el objeto del escrito, que es expresar la equivalencia de segmentos de
estos sólidos con sólidos conocidos. Así demuestra:
1°. Todo segmento de conoide rectángulo es equivalente a una vez y
media el cono de igual base que el segmento y cuyo vértice es el punto del
conoide de donde el plano tangente es paralelo a la base;
2°. la razón entre un segmento de conoide obtusángulo y el cono
definido como en el caso anterior no es ahora constante, sino que es igual a la
razón entre los dos segmentos de recta que se obtienen agregando al eje del
segmento el triple y el doble, respectivamente, de la porción de recta
"agregada", que según la terminología actual es la longitud del
semidiámetro conjugado a la dirección determinada por la base del segmento de
conoide;
3º. si un plano determina en un esferoide dos segmentos la razón
entre uno de ellos y el cono, definido como siempre, es igual a la razón entre
el eje correspondiente al otro segmento, agregándole la semirrecta que une los
vértices, es decir, el semidiámetro conjugado a la dirección de la base, y ese
eje.
Basta exponer estos enunciados para advertir la importancia de los resultados
logrados por Arquímedes y la pericia técnica que en ellos despliega, si se
considera que tales resultados se obtienen actualmente mediante los recursos
del cálculo integral.
Una última contribución conocida de Arquímedes a
la geometría del espacio, de índole diferente de las anteriores, la proporciona
Pappus cuando al hablar de las figuras inscritas en la esfera, cita los
poliedros regulares y 13 poliedros semiregulares que, según Pappus, habría
descubierto Arquímedes, pero sin señalar cómo llegó a ellos.
Nota complementaria
Los poliedros semiregulares de Arquímedes
En el cuadro siguiente se enumeran los 13 poliedros
semiregulares que se atribuyen a Arquímedes, con sus características: ángulos
poliedros y aristas iguales entre sí; y caras polígonos regulares no todos
semejantes.
Según un antiguo comentarista anónimo parece que estos poliedros pueden
obtenerse partiendo de los regulares o de los mismos semiregulares seccionando
los vértices con planos a la manera de los cristales. Por ejemplo, seccionando
los vértices de un cubo de manera tal que sus aristas se bisequen, se obtiene
el segundo de los semiregulares del cuadro.
En geometría plana la contribución más original
de Arquímedes es el escrito De los espirales, uno de los más difíciles por sus largas
demostraciones, la concisión de su texto, que subentiende muchas relaciones
intermediarias, la aplicación de expresiones en forma geométrica de la suma de
términos en progresión aritmética o de sus cuadrados; todo hace su lectura nada
fácil, circunstancia que explica que en los siglos XVII y XVIII hubo
matemáticos que desistieron de entender este escrito y hasta quien, frente a
sus dificultades, prefirió considerar erróneos sus resultados. También en este
escrito aparecen problemas no resolubles con regla y compás que Arquímedes da
por resueltos por inserción, pero sin señalar la construcción correspondiente.
Nota complementaria
La espiral de Arquímedes
Enunciamos las propiedades más importantes de esta
curva que Arquímedes demuestra en su escrito De las espirales:
1º. Mediante el trazado de la tangente a la espiral en uno de sus
puntos puede obtenerse un segmento igual a la longitud de un arco de
circunferencia de radio y ángulo central dado, es decir, que mediante esta
curva se puede rectificar la circunferencia o uno de sus arcos;
2º. el área barrida por el radio vector en la primera revolución es
la tercera parte del círculo, cuyo radio es la posición final del radio vector.
Esa área barrida en la segunda revolución está en la razón 7:12 con el circulo
cuyo radio es la posición final del radio vector. En un corolario Arquímedes da
la expresión general, en forma geométrica, de esta razón para una revolución
cualquiera. Es fácil comprobar que esa razón es [n3 — (n —
l)3];
3º. también en forma bastante general expresa Arquímedes la razón
de las áreas comprendidas entre las espirales engendradas en las revoluciones
sucesivas con la porción de recta perteneciente a la posición inicial del radio
vector; así como la razón en que queda dividido por el arco de espiral, el
trapecio circular situado en el sector circular cuyos extremos corresponden a
las posiciones inicial y final del arco de espiral y cuyos arcos de
circunferencia bases son los que tienen por radios esos radios vectores.
El escrito De la medida del
círculo, muy breve, es uno de los más
importantes de Arquímedes, pues en él no sólo demuestra la equivalencia de los
problemas de la rectificación de la circunferencia y el de la cuadratura del
círculo, sino que al dar una solución aproximada de esos problemas, con un
valor bastante cómodo para nuestro número π, aporta interesantes cuestiones
aritméticas.
Nota complementaria
El número π de Arquímedes
Además del teorema que expresa la equivalencia del
círculo con el triángulo de altura el radio y de base la circunferencia
rectificada, el escrito De la medida del círculo contiene dos
proposiciones, cuyo orden debería invertirse pues la primera es consecuencia de
la siguiente. En efecto, la última proposición demuestra que la razón de la
circunferencia al diámetro está comprendida entre 3 10/71 y 3 1/7 mientras que la
anterior dice simplemente que la razón del círculo al cuadrado del diámetro es
11:14, que por supuesto es la cuarta parte del 3 10/71. En cambio, no menciona
que es un valor aproximado por exceso, ni da el valor aproximado por defecto
223/284 que habría obtenido del 3 10/71.
La extensa última proposición del escrito es uno de los teoremas más notables
de Arquímedes, pues con los números 3 10/71 y 3 1/7 proporciona dos valores
aproximados, por defecto y por exceso, de nuestro número π, que
logra utilizando el método de inscribir y circunscribir polígonos duplicando el
número de lados, partiendo del hexágono para llegar hasta el de 96 lados, y
calculando aproximadamente sus perímetros, pero manteniendo el sentido del
error.
Si se recuerda que, exceptuando el hexágono, todos
esos polígonos tienen sus lados inconmensurables con el diámetro, tales
perímetros están expresados mediante raíces cuadradas que Arquímedes calcula
aproximadamente, por defecto o por exceso según el caso, mediante reglas para
obtener raíces aproximadas, seguramente conocidas en su época, pero de las
cuales nada dice Arquímedes habiendo avanzado los historiadores de la
matemática distintas conjeturas al respecto. El hecho es que Arquímedes llega a
probar que nuestro número π está entre los valores 6336 /2017+1/4 y 2937/6347 que
sustituye por los más cómodos 3 10/ 71 y
3 1/7, siendo este último valor muy utilizado
como 22/ 7 en la antigüedad y más adelante
también.
El cuadro que sigue da una idea de la notable aproximación de los valores de
Arquímedes como puede comprobarse mediante las expresiones decimales que
agregamos al respecto
Queda aún un tema de geometría plana que
Arquímedes trata en un escrito que, desde el punto de vista de hoy, no es
exclusivamente geométrico. Es Cuadratura de la parábola, primer ejemplo de cuadratura de una figura
mixtilínea (las lúnulas de Hipócrates habían sido las primeras figuras
cuadrables curvilíneas) y que Arquímedes logra por un doble camino: uno
exclusivamente geométrico y otro empleando los recursos de la estática,
mediante la ley de la palanca que él mismo había demostrado.
Nota complementaria
La cuadratura de la parábola
"... ninguno de mis predecesores, que
yo sepa, ha buscado la cuadratura de un segmento limitado por una recta y una
sección de cono rectangular, cosa que ahora nosotros hemos encontrado ”,
dice Arquímedes en el preámbulo dirigido a Dosileo que precede a su
escrito cuadratura de la parábola, donde demuestra que el
segmento de parábola excede en 1/3 al triángulo de igual base que el segmento y
por vértice el del segmento, es decir, la intersección con el arco del diámetro
de la parábola que pasa por el punto medio de la base. Además de exponer en el
escrito numerosas propiedades de la parábola, demuestra la equivalencia por dos
caminos: uno "mecánico" y el otro exclusivamente geométrico.
Resumamos ambos métodos. Sea el segmento de parábola de base AB y
vértice V. Si se traza la tangente en A y el diámetro en B,
se obtiene el triángulo ABC que, en virtud de la propiedad de
la parábola OV = VO’, será cuádruple del triángulo T = AVB.
Si se traza ahora un diámetro cualquiera NM que corta a AB en P,
por las propiedades de la parábola se tendráAB : NB = NP o lo que
es lo mismo AB × MN = NB : NP; y es esta "igualdad de
momentos" lo que llevó sin duda a Arquímedes a aplicar la "ley de la
palanca" que había encontrado en sus estudios de estática. Parafraseando
el proceso de Arquímedes diríamos que en una palanca de brazos iguales AB
= BH, un peso proporcional a MN con su centro de gravedad
en H, equilibra un peso proporcional a PN en
su sitio. Utilizando dos escaloides inscriptos y circunscriptos al segmento y,
por supuesto, por el método de exhaución, en definitiva Arquímedes demuestra
que el segmento, con su centro de gravedad en H, equilibra el
triángulo ABC y como éste tiene su centro de gravedad al
tercio de BA, resultará que el segmento es un tercio de ABC y,
por lo tanto, los 4/3 de T.
La demostración geométrica consiste en llenar el segmento con el
triángulo T, repetir la operación en los segmentos restantes de
base AV y VB, luego en los de base W y
así sucesivamente. Como se demuestra que cada operación llena 1/4 del
área llenada por la operación anterior, al cabo de n operaciones
el segmento se habrá llenado de una poligonal de área T(1 + 1/4 +
(1/4)2 +…+(1/4)n-1)
y en virtud del lema aritmético que le permitió obtener esta suma y con el
método de exhaución, llega Arquímedes a demostrar que el segmento es
equivalente a 4/3 de T
Por último se atribuye a Arquímedes un
llamado Libro de ¡os Lemas, conocido
en su versión árabe, que contiene una serie de proposiciones de geometría
plana, algunas muy elementales, pero otras con interesantes equivalencias entre
figuras circulares, que es muy posible que sean originales del geómetra de
Siracusa.
Nota complementaria
El libro de los lemas
De las proposiciones de este libro, entre las que
figura la trisección por inserción en la forma de una propiedad de la
circunferencia, son interesantes algunas aplicaciones de álgebra geométrica a
los círculos. Sea un semicírculo de diámetro AC y en éste un
punto interior B; si se trazan los semicírculos de
diámetros AB y BC, el recinto bordeado por
los tres semicírculos que Arquímedes designa con el nombre de arbelos (lezna
de zapatero) es equivalente al círculo de diámetro la semicuerda BD, perteneciente
a la tangente común a los dos semicírculos anteriores. Arquímedes agrega
algunas propiedades, en especial relativas a los círculos del interior del
arbelos y tangentes a sus bordes, figuras que serán estudiadas más adelante por
Pappus.
Otro recinto de contornos semicirculares es el salinon (palabra
de discutible significado), obtenido partiendo de cuatro puntos A, B,
C, D, tales que AB = CD y dibujando en un semiplano
los semicírculos de diámetros AD, AB, CD y en el otro de
diámetro BC. Arquímedes, también muy fácilmente, demuestra que
el recinto ABCDA es equivalente al círculo de diámetro el
segmento de eje de simetría de la figura comprendido entre los semicírculos de
diámetros AD y BC.
La demostración no es sino una ingeniosa extensión a los círculos de la última
identidad algebraica del segundo libro de los Elementos.
Cabe por lo demás observar que las equivalencias dadas por el arbelos y
el salinon son casos muy particulares de la equivalencia entre
recintos bordeados por cuatro semicircunferencias, dispuestas en forma
especial, y un círculo cuyo diámetro es el segmento de eje radical de un par de
esas circunferencias, comprendido entre los arcos de las otras dos. Puede
observarse en los casos de Arquímedes cómo se verifica tal propiedad.
A estos escritos puramente geométricos, cabe
agregar en la producción de Arquímedes, los escritos sobre temas de ciencia
natural: astronomía y física, que los griegos incluían, por su índole, en la
matemática. El escrito que, sin tener finalidad astronómica, se ocupa
incidentalmente de astronomía, es un trabajo dedicado al hijo del tirano de
Siracusa y de quien era preceptor, con el objeto de probarle que el número de
granos de arena del mar no era infinito, haciendo alusión al verso de Pindaro
"numerosas como las arenas del mar". Con tal fin se propone contar o,
mejor, dar nombre al número de granos de arena que llenaría no sólo a todos los
mares, sino a todo el universo, adoptando para éste sus máximas dimensiones
posibles o imaginables.
El interés de este escrito, conocido como Arenario
o El contador de arenas, es múltiple.
Por un lado, justifica la fama que, según testimonios antiguos, poseía
Arquímedes como astrónomo, en vista de los conocimientos astronómicos que el
escrito revela, figurando hasta un procedimiento experimental para determinar
aproximadamente el diámetro aparente del Sol. Por otra parte, en el Arenario figura un párrafo importante desde el punto de
vista histórico, pues constituye la única alusión conocida al sistema
heliocéntrico de Aristarco de Samas, concepción del universo que Arquímedes no
comparte, pero que adopta por cuanto sus dimensiones eran mayores de las del
universo que ordinariamente concebían los astrónomos de la época. A estas notas
de índole extra-matemático cabe agregar que en el Arenario figura un sistema especial de numeración: las
"octadas", que Arquímedes crea ante la necesidad de manejar números
muy grandes, sistema que le facilitará contar o mejor, nombrar esos números.
Nota complementaria
Las "octadas" de Arquímedes
Paro describir el sistema que adopta, a fin de dar
nombre a números muy grandes, Arquímedes recuerda que tradicionalmente los
griegos tenían esos nombres para los números hasta la miríada, es decir 104,
de manera que podían "nombrar" números hasta la miríada de la miríada
(108). Arquímedes adopta entonces este número como nueva unidad
(llamémosla u) de primer orden del primer periodo, definiendo
sucesivamente órdenes sucesivos hasta completar el orden u-simo y con el primer
período P = uu. A continuación define los períodos
sucesivos, en cada uno de los cuales hay u órdenes, hasta
llegar al periodo u-simo, es decir Pu, cuyo último
número nombra: es "u unidades del orden u-simo del
período u-simo", es decir, uu2 que
con nuestras cifras sería la unidad seguida de ochenta billones de ceros. Da
luego Arquímedes la regla para operar con los números de su sistema, regla que
equivale a nuestra propiedad del producto de potencias de igual base (con la
diferencia que Arquímedes opera con números ordinales, no cardinales), para
luego pasar a la determinación efectiva del número de granos de arena del
Universo.
Partiendo del hecho de que una semilla de amapola no contiene más de una
miríada de granos de arena y que la semilla de amapola es una esfera de
diámetro la 40-ava parte del dedo (10-4 parte del estadio), va
calculando sucesivamente el número de granos de arena que contienen las esferas
de los siguientes diámetros: 100 dedos, 104 dedos, es decir, el
estadio; 100 estadios, 104 estadios, 100 miríadas de estadios
(que es el diámetro de la Tierra que adopta Arquímedes]; u estadios;
100 u estadios (diámetro del Universo, según los astrónomos
ortodoxos] y 106u (diámetro del universo de Aristarco];
llegando finalmente a que el número de granos de arena que llenarían este
universo no superaría a un número que con nuestra notación es 10 63,
o sea mil decallones.
Por último, se deben a Arquímedes dos escritos
que pueden calificarse de física matemática que proporcionaron los primeros
resultados perdurables de estática: la ley de la palanca y el llamado
"principio de Arquímedes".
Fuera de las reflexiones sobre mecánica práctica
vinculadas con las máquinas simples, muy poco había progresado la mecánica como
rama de la matemática; será Arquímedes quien concederá jerarquía científica a
esta rama, mediante sus escritos: Sobre el equilibrio de los
planos (en dos libros) y De
los cuerpos flotantes (también en dos
libros), que se ocupan, respectivamente, de estática y de hidrostática.
Del equilibrio de los planos, donde
la palabra "planos" se refiere a figuras planas limitadas, es un
estudio acerca de la determinación de los centros de gravedad y de las
condiciones de equilibrio de cuerpos geométricos, cuando en cada uno de sus
puntos se considera, además de su posición, el peso; aunque Arquímedes no
estudia sino cuerpos homogéneos. El escrito está construido a la manera euclídea
con definiciones, postulados y teoremas, comprendiendo el primer libro las
condiciones de equilibrio de la palanca, y la determinación de los centros de
gravedad de algunos polígonos, mientras que en el segundo libro llega a
determinar el centro de gravedad de un trapecio parabólico, es decir la porción
de parábola comprendida entre dos cuerdas paralelas.
Nota complementaria
La ley de la palanca.
El escrito Del equilibrio de los planos crea
la teoría general de la palanca, fundada sobre la base de 7- postulados,
con los que se abre su primer libro. No trae definiciones no obstante figurar
en los postulados conceptos como el centro de gravedad, cuya definición no
aparece en ninguno de los escritos conocidos de Arquímedes, circunstancia que
hace pensar que esa definición ya era conocida en tiempos de Arquímedes o más
verosímilmente, figuraba en otro escritos de Arquímedes hoy perdido.
En definitiva los siete postulados afirman:
1º. la unicidad del centro de gravedad;
2º. que el equilibrio se mantiene sustituyendo cuerpos
equivalentes,
3º. que el equilibrio sólo depende de los pesos y de las distancias
a las que los cuerpos están colocados respecto del centro de rotación; y
4º. que existe equilibrio en el caso particular de simetría
completa de pesos y distancias, mientras que existe desequilibrio cuando no
existe tal simetría.
De esos postulados deduce Arquímedes la conocida ley general de la palanca: "Dos
pesos, conmensurables o no, se equilibran a distancias inversamente
proporcionales a esos pesos".
Se ha objetado, en especial por Mach, que en realidad esta ley está implícita
en las demostraciones de Arquímedes, pues de sus postulados que no traducen
sino las experiencias e intuiciones que establecen las condiciones cualitativas del
equilibrio, no es posible deducir una ley, como la de la palanca, que es cuantitativa.
De todos modos, obtenida la ley Arquímedes, en las restantes proposiciones del
primer libro, determina el centro de gravedad de los paralelogramos, triángulos
y trapecios. En cambio, en el segundo libro, combinando los resultados
anteriores con la cuadratura de la parábola llega a determinar el centro de
gravedad de un segmento de parábola y de un trapecio parabólico, determinación
esta última que constituye una de las aplicaciones más brillantes del
"álgebra geométrica".
Si respecto de la estática, subsiste aún alguna
duda acerca de la posibilidad de existencia de escritos antiguos sobre esa rama
de la mecánica anteriores a Arquímedes no hay duda alguna respecto de la
hidrostática, cuyo creador indiscutible es Arquímedes con su escrito De
los cuerpos flotantes, con el cual se
dan científicamente las condiciones de equilibrio de los cuerpos sumergidos
parcialmente, se enuncia el hoy llamado "principio de Arquímedes" y
se estudian las aplicaciones del principio al caso de un casquete esférico y de
un segmento de paraboloide de revolución. En realidad, en la forma dada por
Arquímedes, los problemas de hidrostática se reducen a problemas de estática
sólo algo más complicados, al hacer intervenir la razón entre los pesos específicos
del cuerpo y del fluido.
Nota complementaria
El "principio de Arquímedes"
En forma semejante al anterior está construido el
escrito De los cuerpos flotantes. En el primer libro después
de postular la naturaleza del fluido en la forma, postulamos que la naturaleza
de fluido es tal que estando sus partes dispuestas en forma uniforme y
continua, las partes menos comprimidas son desplazadas por aquellas que lo
están más, mientras que cada parte está comprimida por el fluido situado encima
de ella según la dirección de la vertical, salvo que ese fluido esté encerrado
en alguna parte o esté comprimido por alguna otra cosa.
En virtud de este postulado y de las propiedades de la esfera Arquímedes
demuestra que la forma de equilibrio que adopta un fluido es una esfera
"cuyo centro es el mismo que el de la Tierra", y deduce las
condiciones de equilibrio de los cuerpos sumergidos enunciando las siguientes
proposiciones:
1°. Un cuerpo tan pesado como el fluido y abandonado en él, se
sumerge hasta que ninguna parte de él emerja de la superficie, pero sin
descender mayormente;
2º. un cuerpo menos pesado que el fluido no se sumergirá totalmente
y abandonado en él, sino hasta que el volumen del fluido desalojado por la
parte sumergida tenga igual peso que el de todo el cuerpo. Si ese cuerpo es
sumergido forzadamente recibirá un empuje hacia arriba igual a lº. un cuerpo
más pesado que el fluido y abandonado en él se sumergirá hasta el fondo, y en
el fluido el peso del cuerpo disminuirá de un peso igual al del fluido
desalojado.
Estas proposiciones demuestran que en el equilibrio, de los cuerpos flotantes
interviene una fuerza -el empuje- cuya intensidad está determinada mediante
esas mismas proposiciones, pero de la cual se desconoce su punto de aplicación,
de ahí que Arquímedes introduzca, al finalizar el primer libro, un segundo
postulado que se enuncia así en un fluido todos los cuerpos que se dirigen
hacia arriba lo hacen según la vertical trazada por su centro de gravedad.
Con estos postulados y demostraciones Arquímedes, en el segundo libro del
escrito, realiza una verdadera proeza científica al estudiar distintas
condiciones de equilibrio de un segmento de paraboloide de revolución sumergido
parcialmente en un fluido más pesado que él.
Es fácil advertir cómo la índole de este escrito contrasta con él carácter
elemental del problema de la corona de Hierón y la bañera, que según la
creencia popular habría dado origen al principio de Arquímedes. Según la
conocida anécdota, tal como la reproduce Vitruvio, Arquímedes, para comprobar
que la corona no era de oro puro sino mezcla de oro y plata había hecho
confeccionar dos masas de oro y de plata de igual peso que la corona y habría
medido el volumen de agua desalojado por cada uno de esos tres cuerpos: la
corona y las dos masas. Bastaba verificar que el volumen desalojado por la
corona estaba comprendido entre los otros dos volúmenes para comprobar el
fraude. Por otra parte, también fácil le hubiera sido a Arquímedes calcular la
proporción de oro y plata en la corona, pues se trata de un elemental problema
de mezcla.
Terminemos con los escritos de Arquímedes
reseñando quizás el más original de todos ellos: Del método
relativo a los teoremas mecánicos, que
se conoce abreviadamente como Método, en el que explota hábilmente las propiedades de la palanca y de
los centros de gravedad.
Recordemos que muchos de los resultados logrados
por Arquímedes: áreas, volúmenes, centros de gravedad, se obtienen hoy mediante
los recursos del cálculo integral, recursos que los matemáticos griegos
sustituyeron por el "método de exhaución" de Eudoxo. Pero, como
dijimos, este método es un método de demostración, no de descubrimiento y por
tanto exige conocer de antemano el resultado a demostrar.
En algunos casos era fácil prever ese resultado,
ya por inducción, ya por intuición, pero en otros casos tal previsión era
imposible. ¿Cómo podía, por ejemplo, preverse la complicada posición que ocupa
el centro de gravedad de un trapecio parabólico? Este hecho no dejó de intrigar
a los matemáticos occidentales cuando en el siglo XVI comenzaron a difundirse
los escritos de Arquímedes, y no faltó el matemático que afirmara que
seguramente Arquímedes disponía de un método especial para lograr esos resultados,
método que habría mantenido en secreto.
Tal afirmación resultó una verdad a medias; en
efecto, Arquímedes había ideado un método con ese objeto, pero no lo mantuvo en
secreto, sino que lo expuso en una larga carta destinada a Eratóstenes, que
estaba en Alejandría, carta que lamentablemente quedó desconocida para
Occidente hasta 1906 cuando el historiador de la ciencia Heiberg descubrió una
copia en un palimpsesto de Constantinopla. Esa carta es hoy el Método de Arquímedes.
En ese escrito figuran varias determinaciones
"mecánicas" de equivalencias y centros de gravedad, aunque su
finalidad fue la de hacer conocer dos cubaturas especiales, de la una
cilíndrica y de la doble bóveda cilíndrica.
Nota complementaria
El método de Arquímedes
La marcha del pensamiento de Arquímedes, en este
original escrito, puede seguirse tomando una cualquiera de sus proposiciones,
por ejemplo la determinación del volumen de un segmento esférico. La primera
etapa es puramente geométrica; comparar secciones del cuerpo cuyo volumen se
busca con secciones de cuerpos conocidos. En este caso, sea la circunferencia
de diámetro AB = 2r la sección diametral de la
esfera y a la altura del segmento. Superpongamos a la esfera un cono rectángulo
de vértice A y eje AB y un cilindro de base
el área de la esfera y de altura la del segmento. Si los tres sólidos se cortan
con un plano normal a AB a la distanciaAM' = x los
radios r0 =M'M; r2 = M'M2;
r3 = M'M3 son tales que r02 = x(2r - x); r2 = x;
r3 = 2r y por tanto las secciones S, S2,
S3 de la esfera, del cono y del cilindro estarán vinculadas
por la relaciónxS3 = 2r(S + S2).
Obtenida en general una relación de este tipo se entra en la segunda etapa: es
la etapa mecánica en la cual la relación anterior se concibe como una igualdad
de momentos de una palanca introducida al efecto. En este caso basta
tomar HA = AB para establecer el equilibrio entre la sección
del cilindro, en su sitio, y las secciones del cono y de la esfera con su
centro de gravedad en H. Hasta aquí el proceso que sigue
Arquímedes es riguroso y el resultado se funda en postulados y demostraciones
conocidas. Es en la etapa que sigue, y final, donde aparece la particularidad
del método "según el cual -como se expresa Arquímedes en la carta a
Eratóstenes- será posible captar ciertas cuestiones matemáticas por medios
mecánicos, lo cual, estoy convencido, será útil también para demostrar los
mismos teoremas. Yo mismo, algunas de las cosas que descubrí primero por vía
mecánica, las demostré luego geométricamente, ya que la investigación hecha por
este método no implica verdadera demostración. Pero es más fácil, una vez
adquirido por este método un cierto conocimiento de los problemas, dar luego la
demostración, que buscarla sin ningún conocimiento previo".
En esta tercera etapa, en el caso considerado, Arquímedes traslada las
secciones de la esfera y del cono en H y apoyándose en la
expresión, más bien vaga, de que esas secciones "llenan los sólidos"
admite que esas secciones recomponen los sólidos en H, de ahí
que ahora son la esfera y el cono, con su centro de gravedad en H, los
sólidos que equilibran el cilindro en su sitio, de manera que entre los
volúmenes V, V2> V3 del
segmento, del cono y del cilindro, se verificará la relación
1/2aV3 = 2r ( V
+ V2)
recordando que el centro de gravedad del cilindro
es el centro de simetría, expresión que le permitirá deducirV puesto
que los volúmenes V2, V3 son
conocidos. En realidad, en este caso, Arquímedes hace intervenir el cono de
volumen V1 de igual base y altura que el segmento,
demostrando en definitiva que V : V1 = (3r - a):
(2 r - a).
Es evidente que la idea subyacente en la tercera etapa del proceso: los sólidos
se componen de sus secciones, como en otras demostraciones: las figuras planas
se componen de sus cuerdas, no tiene asidero alguno: ni matemático pues no se
apoya en postulados, ni material pues viola la ley de la homogeneidad, ni
intuitivo ya que el procedimiento es inexperimentable. Y no obstante tantas
incongruencias, el resultado es correcto.
La explicación de esta aparente paradoja debe verse en el proceso real, se
trata de una integral definida y el resultado de tales integrales no depende
sino de las funciones integrando, que son precisamente las secciones con las
cuales opera Arquímedes en su absurdo proceso.
Cuando se trata, con su Método de
determinar centros de gravedad se dispone la palanca de manera que sea la
figura cuya área o volumen se conoce y de la cual se busca el centro de
gravedad, la que queda en su sitio.
En Método, Arquímedes demuestra, entre otras, las siguientes
proposiciones:
1) Cuadratura de la parábola;
2) equivalencia entre la esfera, el esferoide de revolución, el
segmento esférico y de un paraboloide de revolución con conos;
3) centro de gravedad del segmento esférico y del segmento de
paraboloide de revolución.
Es interesante agregar que, después de demostrar la equivalencia entre el
volumen de la esfera y el de un cono de base igual al círculo máximo de la
esfera y de altura el radio Arquímedes confiesa que llegó a la superficie de la
esfera por analogía: "... pues así como todo círculo equivale al triángulo
cuya base es igual a la circunferencia y cuya altura es el radio, supuse que
toda esfera equivale a un cono cuya base es la superficie de la esfera y cuya
altura es el radio".
Al final considera las "cubaturas", que en realidad constituían el
objeto de la carta a Eratóstenes, que define de la siguiente manera:
1) Si a un prisma recto de base cuadrada se le inscribe un cilindro
cuyas bases están inscriptas en los cuadrados opuestos y se traza un plano por
el centro de una base y uno de los lados del cuadrado de la base opuesta, queda
separado del cilindro un segmento (una cilíndrica), limitado por ese plano, por
una de las bases y por la superficie del cilindro, que equivale a la sexta
parte del prisma;
2) si en un cubo se inscribe un cilindro con sus bases en dos caras
opuestas, y en el mismo cubo otro cilindro con sus bases en otro par de caras
opuestas, el sólido comprendido entre ambos cilindros y común a ambos: la doble
bóveda cilíndrica, equivale a los dos tercios del cubo. De la uña cilíndrica Arquímedes
aporta demostraciones geométricas y mecánicas, mientras que la parte relativa a
la doble bóveda cilíndrica no aparece en el único ejemplar, mutilado y
deteriorado, del Método que se conoce; aunque no fue difícil reconstruir las
demostraciones pertinentes.
Además, en el transcurso del escrito, Arquímedes señala cómo podrían
demostrarse de la misma manera otras proposiciones semejantes que enumera,
agregando todavía que deja muchas proposiciones expresamente de lado y otras
que, como expresa en la carta "a mí no se me han ocurrido todavía, pero
supongo que algunos de mis contemporáneos o sucesores podrán encontrar".
Por último, cabe citar como de Arquímedes un par
de escritos que se clasificarían hoy entre los problemas de matemática
recreativa. Uno de ellos, conocido como Stomachion es geométrico y consiste en llenar una cavidad
rectangular con 14 figuras poligonales, cada una de las cuales era
conmensurable con el total. El otro problema es aritmético y consiste en un
dificilísimo problema de análisis indeterminado de segundo grado, denominado,
"Problema de los bueyes”, que probablemente Arquímedes enunció, pero no resolvió,
pues según algunas versiones su solución transporta, a números de un centenar
de miles de cifras.
Además de los escritos anteriores, se atribuyen
a Arquímedes obras actualmente perdidas, de las que se tienen noticias ya por
el mismo autor, ya mediante fuentes árabes o griegas. Así, en el Arenario Arquímedes se refiere a un escrito aritmético dirigido
a Zeusipo acerca de la denominación de los números; además de una obra Sobre
la palanca que le atribuyen autores
antiguos y su estudio de los poliedros semiregulares ya citados, otros autores
lo dan como autor de una Óptica, así como de obras astronómicas: construcción de una esfera
planetaria, longitud del año.
Con Arquímedes la matemática griega llega a su
apogeo. Sin duda que él encontró una ciencia ya madura, a la que agregó nuevos
capítulos o mejoró los existentes. Pero en esa obra de complemento y de
perfeccionamiento, demuestra una mayor flexibilidad que torna más maleable el
rígido molde euclídeo y le confiere mayor riqueza y autonomía, desvinculando
casi totalmente los lazos que habían mantenido ligada la matemática con la
filosofía. Esa mayor libertad y autonomía, sin descuido del rigor, se refleja
en la elección de los postulados, en las aplicaciones a la ciencia natural, en
sus incursiones por el campo de los números y de la matemática aproximada, y
convierten a Arquímedes en un matemático, y un gran matemático, en el sentido
actual y permanente del vocablo.
Apolonio de Perga
El tercero, cronológicamente, de los grandes
matemáticos griegos de la edad de oro, es Apolonio de Perga de cuya vida se
tienen escasas noticias y no siempre de fácil identificación, dada la gran
cantidad de Apolonios que figuran en la historia griega.
Se sabe que estudió en Alejandría, donde
probablemente también enseñó y que residió en Éfeso y en Pérgamo, ciudad está
última que constituyó otro de los centros culturales del mundo griego. De todos
modos debe considerarse posterior a Arquímedes ubicándose su florecimiento a
fines del siglo II a. C. o comienzos del III.
Así como el nombre de Euclides está
indisolublemente ligado a sus Elementos, el nombre de Apolonio lo está con el de Cónicas, su escrito más famoso y de cuyos ocho libros se
poseen: los cuatro primeros en su texto original, los tres siguientes mediante
traducciones árabes y el último, totalmente perdido, por noticias de Pappus y
una reconstrucción parcial del astrónomo Halley.
En el libro primero Apolonio define en general
las superficies cónicas de directriz circular y vértice un punto no
perteneciente al plano de la directriz, y demuestra algunas propiedades de
estas superficies, entre las cuales la existencia de dos series de secciones
circulares en los conos oblicuos. Estudia luego los tres tipos de secciones que
se obtienen cortando el cono con un plano que no pase por el vértice e
introduce los actuales nombres: parábola, elipse e hipérbola.
Nota complementaria
Generación y nombre de las cónicas, según Apolonio
Dejando de lado el caso particular en el cual el
plano secante es paralelo al plano de la directriz y, por tanto, la sección
cónica es una circunferencia semejante a la directriz; en todos los demás casos
Apolonio considera un plano diametral constituido por el eje de la superficie
cónica: recta que une el vértice con el centro de la directriz, y la
recta AB del plano de la directriz normal a la
intersección PQ de este plano con el plano secante. Si V'N es
la intersección del plano secante con el diametral, Apolonio demuestra que las
secciones cónicas serán diferentes según que la recta VN' // V'N,
del plano diametral, sea interior, exterior o pertenezca a la superficie.
Para eso sea A'B' el diámetro de una sección circular
cualquiera de un plano paralelo al plano de la directriz y sea N” la
intersección de A'B' con el plano secante. Si se indica con y
la ordenada común de la circunferencia y de la sección cónica N”P’ y N"Q',
y con x = V W la abscisa correspondiente de
la sección cónica tendremos, en todos los casos, llamando por comodidad
A' N" = x ±;
N" B' = x2;
AN' = n;
VN' = m;
y2 = x1x2 = nx
x2:m
Consideremos como primer caso que la paralelaVN' coincida
con la generatriz VB;x2 es constante y si se
indica con 2 p = V’R el segmento cuarto
proporcional entre n, m y x2 ,
que Apolonio designa como lado recto, se tendrá y 2 = 2 px,
expresión analítica que en forma geométrica Apolonio designa como
"síntoma" de la curva y que no es sino la ecuación de la misma en
coordenadas cartesianas oblicuas, tomando como ejes un diámetro y la tangente
paralela a su dirección conjugada. Por otro lado, es claro que el cuadrado del
lado y es equivalente al rectángulo de lado x aplicado al segmento 2p,
de ahí que los puntos de la cónica pueden obtenerse, sin salirse de su plano,
resolviendo para cada punto del problema de aplicación simple (parábola) de
áreas, de ahí el nombre con el cual Apolonio bautiza la curva y nombre con el
cual hoy se la conoce.
Si en cambio VN' es interior a la superficie, Apolonio da al
segmento fijo V’V" = 2a el nombre de lado
transverso e introduciendo un segmento p tal que la
razón p:a sea igual a la razón mn’: m2,
y llega al "síntoma" de la nueva curva
y2 = (p/a) x (2a + x.
o lo que es lo mismo
y2 = 2px + (p/a) x2
En este caso el cuadrado construido sobre el ladoy
es equivalente a un rectángulo de altura x aplicado al
segmento fijo 2p, al cual hay que agregarle otro rectángulo de igual
altura y semejante a un rectángulo dado, de lados proporcionales a p y aa.
Es decir, que x se obtiene resolviendo un problema de
aplicación de áreas por exceso, por hipérbole, de ahí el nombre de hipérbola
con el cual desde Apolonio se ha bautizado la curva.
Por último, si VN' es exterior a
la superficie las mismas notaciones dan como "síntoma" de la curva y
y en este caso el problema de aplicación de áreas
es por defecto, por elipse, de ahí el nombre de la curva.
Por supuesto que Apolonio reconoce que si el plano diametral y secante son
normales entre sí, los ejes de referencia son los ejes de la cónica.
Apolonio sigue denominando
hipérbola a una de las dos ramas de esta curva, denominando secciones opuestas
a esas dos ramas. En cambio, introduce el concepto de pares de hipérbolas
conjugadas para nuestro par de hipérbolas de iguales asíntotas y ejes.
Nota complementaria
Resumen del contenido de los ocho libros de Cónicas.
He aquí la introducción al libro primero de
Cónicas: Apolonio a Eudemo, salud. Si gozas de buena salud y en lo demás las
cosas salen a la medida de tus deseos, muy bien está; para mí las cosas también
marchan pasablemente bien. Durante el tiempo que estuve contigo en Pérgamo
advertí tu anhelo para conocer mi obra sobre las cónicas; te remito, por lo
tanto, el primer libro corregido y te remitiré los restantes libros cuando los
termine según mis deseos. Me atrevo a decir que no habrás olvidado, según te conté,
que emprendí la investigación de ese lema a requerimiento de Naucrates, el
geómetra, quien así me lo pidió cuando vino a Alejandría y se detuvo conmigo.
Compuse la obra en ocho libros y se los entregué en seguida y con toda premura
pues estaba a punto de embarcarse, por tanto, no los había revisado bien; y en
verdad había puesto por escrito todo cuanto se me ocurría, dejando para más
adelante su revisión. En consecuencia ahora público, en la medida en que se me
presente la ocasión, las partes corregidas de la obra. Como ha ocurrido que en
el intervalo algunas otras personas con quienes me he encontrado han visto
también el primero y segundo libros antes de ser corregidos, no haz de
sorprenderte si los encuentras en distinta forma de los que conoces.
Ahora bien, de los ocho libros, los cuatro primeros forman una introducción
elemental. El primero contiene la generación de las tres secciones y de las
ramas opuestas, exponiéndose las propiedades fundamentales en una forma más
completa y general que en los escritos de los demás. El segundo libro se
refiere a las propiedades de los diámetros y de los ejes de las secciones, así
como de las asíntotas, con otras cosas necesarias, y generalmente empleadas en
la determinación de los límites y condición de posibilidad de los problemas; lo
que entiendo por diámetros y ejes lo aprenderás en este libro. El tercer libro
contiene muchos teoremas notables, útiles para la síntesis de los lugares
sólidos y para las condiciones de posibilidad; la mayoría y los más hermosos de
estos teoremas son nuevos y por su descubrimiento advertí que Euclides no había
expuesto la síntesis del lugar relativo a las tres o cuatro líneas, sino por
casualidad una parte de ella y tampoco con mucho éxito, pues no es posible
completar esa síntesis sin los teoremas que he descubierto. El cuarto libro
demuestra de cuántas maneras pueden cortarse entre sí las secciones de conos o
con la circunferencia del círculo; contiene, además, otras cosas, ninguna de
las cuales había sido discutida por los escritores anteriores, en particular
las cuestiones que se refieren al número de puntos en que una doble rama de
hipérbolas pueda cortar una sección de un cono, o una circunferencia de un
circulo pueden cortar a una doble rama de hipérbolas o dos ramas de hipérbolas,
entre sí.
Los restantes libros son más elevados; uno de ellos trata algo extensamente de
máximos y mínimos; otro, de secciones de cono iguales o semejantes; otro, de
teoremas de la naturaleza de la determinación de límites y el último de
determinados problemas decónicas. Pero, por supuesto, cuando todos se
publiquen, quienes los lean, podrán formularse su propio juicio acerca de
ellos, de acuerdo con su gusto individual. Adiós."
De los ocho libros, cuyo contenido resume
Apolonio en la introducción al libro primero dedicado a un Eudemo de Pérgamo,
los primeros cuatro abarcan la teoría general de las cónicas y sus propiedades
más importantes, completando en este campo la obra de Arquímedes. Tal carácter
de esos libros explica quizá que sean los únicos sobrevivientes en su texto
original. En cambio, los libros siguientes se refieren a propiedades especiales
y deben considerarse más bien como monografías.
Nota complementaria
Propiedades de las cónicas, según Apolonio
En el libro primero las propiedades de las cónicas
que Apolonio demuestra se refieren a la posición relativa de una recta respecto
de ellas y de ahí la construcción de la tangente en un punto mediante la
propiedad que en lenguaje actual expresa que la tangente y la secante que pasan
por un punto separan armónicamente los extremos del diámetro conjugado a la
dirección de la secante. El libro se cierra con teoremas en cierto modo
recíprocos de los teoremas iniciales, es decir: dada una cónica, existe siempre
un cono de sección circular del cual esa cónica es una sección plana.
El libro segundo está dedicado en general a la hipérbola y sus asíntotas y, por
tanto, a las secciones opuestas y a las opuestas conjugadas. Aparece la
propiedad del segmento de tangente comprendido entre las asíntotas, bisecado
por el punto de tangencia, y la constancia del paralelogramo de lados las
asíntotas y vértices opuestos el centro y un punto cualquiera de la hipérbola.
En el libro tercero se estudian propiedades relativas a los triángulos y
cuadriláteros inscritos y circunscritos, y es probable que sean éstas las
propiedades que Apolonio utilizó para estudiar, como lo afirma en la
introducción al libro primero, los "problemas de las tres rectas y de las
cuatro rectas" que más tarde aparecerán en Pappus y desempeñarán un papel
histórico en el advenimiento de la geometría analítica. En este tercer libro
aparecen los polos y polares de las cónicas, así como los focos de la elipse y
de la hipérbola y las conocidas propiedades focales de estas curvas. No
menciona el foco de la parábola que sin duda conoció, aunque no habrá deducido
de él propiedades interesantes. En cambio, no deja de llamar la atención que
Apolonio no aluda para nada a las directrices de las cónicas. Finaliza el libro
con algunas propiedades métricas que hoy se estudian con los recursos de la
geometría proyectiva.
El cuarto libro está dedicado a las intersecciones y contactos de las cónicas
con circunferencias o de las cónicas entre sí, demostrando que dos cónicas no
pueden más de cuatro puntos comunes.
El libro quinto es uno de los libros que más han contribuido a elevar la fama
de Apolonio como geómetra. Se estudian en él las distancias máximas y mínimas
de un punto a los puntos de una cónica en su plano, estudio que involucra la
teoría de las normales a una cónica que pasan por un punto dado, teoría
vinculada con la determinación de las actuales evolutas. Apolonio resuelve el
problema demostrando que los pies de las normales que pasan por un punto fijo
están sobre una hipérbola, hoy llamada "hipérbola de Apolonio", cuya
intersección con la cónica resuelve el problema. En realidad, cuando la cónica
es una parábola esos puntos se encuentran también sobre una circunferencia,
circunstancia que no advirtió Apolonio y que le reprochará más tarde Pappus por
haber resuelto como lugar sólido un problema que podía haberse resuello como
lugar plano.
El libro siguiente, menos importante, se refiere a la congruencia y semejanza
de las cónicas y, como lo manifiesta el mismo Apolonio, su objeto era aclarar y
completar trabajos de sus antecesores, refiriéndose probablemente a estudios de
Arquímedes en el tratado sobre los conoides y esferoides.
El libro séptimo vuelve a tratar asuntos originales, al estudiar los máximos y
mínimos de ciertas funciones de los diámetros de las cónicas. Es en este libro
donde aparecen los hoy llamados "dos teoremas de Apolonio", relativos
a la constancia de la suma (para la elipse) o la diferencia (para la hipérbola)
de los cuadrados construidos sobre un par de diámetros conjugados y a la
constancia del paralelogramo construido sobre un par de diámetros conjugados.
Los tres primeros libros de Cónicas están
dedicados a Eudemo, los restantes, pues Eudemo había muerto, a un Atalo,
también de Pérgamo.
Algunas indicaciones que aparecen en las
introducciones a los dos primeros libros, pueden dar alguna idea de cómo se
trasmitían los conocimientos en su época. Así dice Apolonio a Eudemo en la
introducción al libro segundo: "He puesto en manos de mi hijo Apolonio el
libro II de Cónicas que
he escrito para que te lo entregue. Léelo con cuidado y comunícaselo a quien se
interese por él. Hazlo conocer también al geómetra Filónides que te he
presentado en Éfeso, si por casualidad llega a Pérgamo".
Además de Cónicas, su obra máxima y a la que debe su fama de gran
matemático, se conoce de Apolonio en versión árabe un problema de segundo grado
con su solución: Sobre las secciones de razón, que consiste en determinar por un punto fijo una
recta que al cortar dos transversales determina sobre éstas segmentos, a partir
de puntos dados, de razón también dada.
Además, por comentaristas posteriores en
especial Pappus, se atribuyen a Apolonio otros escritos matemáticos:
1) un grupo de problemas semejante al
anterior: Sobre las secciones determinadas; Sobre las secciones
de áreas;
2) un segundo grupo de problemas, vinculados en
general con los lugares geométricos.
Cabe recordar que los griegos clasificaban los
lugares geométricos en tres tipos: lugares planos, que se resolvían con rectas
y circunferencias; lugares sólidos, que se resolvían mediante cónicas; y
lugares lineales, que exigían otras líneas para su solución. Entre los escritos
atribuidos a Apolonio y vinculados con los lugares, figuran: unoSobre
los lugares planos con distintos
problemas; otro denominadoDe las inclinaciones, con problemas de inserción y un tercero Sobre
¡os contactos, donde se estudian muchos
casos particulares de un problema que, generalizado, toma el nombre de
"problema de Apolonio" y que consiste en determinar una circunferencia
tangente a tres circunferencias dadas.
3) se atribuyen también a Apolonio escritos
sobre los temas: Elementos de Euclides, sobre los poliedros regulares, la cuadratura del
círculo, sobre el problema de Délos y sobre sistemas de numeración.
Nota complementaria
La solución de Apolonio del problema de Délos
Esta solución es muy simple. Sea un rectánguloOADB de
centro C de lados OA = a; OB = b; si
por D se determina una recta tal que sus intersecciones X e Y, respectivamente,
con las prolongaciones de A OA y OB cumplen
la condición CX = CY, las distancias AX = x y BY=y resuelven
el problema. En efecto, por semejanza de triángulos
b:x=y:a = (b +y ):(a +x );
por la condición de equidistancia x ( x
+ a ) =y(y + b) expresión que, combinada con las
igualdades anteriores, dab : x = x : y = y : b, por tanto x e y son
medias proporcionales entre b y a
Agreguemos, por último, que de atenerse al
testimonio del astrónomo Ptolomeo, Apolonio no sólo fue un gran matemático sino
también un gran astrónomo, ya que le atribuye proposiciones de índole
astronómica en las que Apolonio utiliza la teoría de los epiciclos y de las
excéntricas, de la cual sería el inventor, que en manos de Hiparco y de
Ptolomeo mismo se convertirían en las bases de la astronomía antigua.
Los epígonos del Siglo de Oro
Además de los "tres grandes" de
Hipsicles, ya mencionado, pueden citarse algunos otros matemáticos del período
helenístico. Contemporáneo de Arquímedes, aunque algo más joven, es Eratóstenes
de Cirene, sabio de actividad múltiple que fue bibliotecario de Alejandría y
cuya hazaña científica más notable es la primera medida de la circunferencia
terrestre.
Nota complementaria
El mesolabio
Es con este nombre que Pappus designó al
instrumento que Eratóstenes acompañó a la solución del problema de intercalar
dos medias proporcionales entre dos segmentos dados. Se componía de tres marcos
rectangulares iguales, provisto cada uno de sus diagonales. Esos marcos podían
deslizarse: el primero sobre el segundo, el tercero debajo del segundo; si se
realizaba ese desplazamiento de manera tal que los extremos visibles de las
diagonales aparecieran alineados, los montantes de los marcos estaban en proporción
continua y por tanto resolvían el problema del mesolabio. En efecto si a, x,
y, b son los montantes y h, h’, h" las
bases de los marcos; de las dos ternas de triángulos semejantes se deduce
a : b = a : h = x : h' = y : h"
x : h = y : h'
= b : h
De donde
a : x = x : y = y : b.
En matemática, donde no
descolló tanto como en geografía, se le conocen tres contribuciones: una
resolución del problema de Delos, interesante porque con ella dio la historia
del problema y los intentos realizados por sus predecesores; un escrito Sobre las proporciones donde se ocupa de las distintas
"medias"; y su conocida "criba", que ofrece un
procedimiento para construir una tabla de números primos.
Entre Arquímedes y Apolonio se sitúa Nicomedes,
a quien se debe una curva: la "concoide" de Nicomedes y un
instrumento para trazarla, con la cual se pueden resolver los problemas de la
trisección del ángulo y de la duplicación del cubo.
Nota complementaria
La concoide de Nicomedes
Dado un punto fijo P (polo) y una
recta fija b (base) que no le pertenece, la concoide es la
curva, en forma de concha (de allí su nombre), lugar de los puntos de las
rectas que pasan por P, tales que sus distancias a la
intersección con la base es un segmento constante dado. La curva comprende dos
ramas, situadas en ambos semiplanos separados por la recta, aunque Nicomedes no
considera sino la rama situada en el semiplano que no contiene P.
Para trisecar, por ejemplo, el ángulo (agudo)
en P del triángulo rectángulo OPR bastará
construir la concoide de polo P, base OR y
distancia constante el doble de PR. El punto M de
la concoide situado sobre RM, normal a OR, unido
con P, determina el ángulo MPO tercio del
dado. Para comprobarlo basta tomar MS = SR = PR.
La solución del problema de la duplicación del cubo, mediante la concoide es
menos simple. Algo simplificada consiste en lo siguiente. Sea el triángulo
rectánguloOPA, cuya hipotenusa PA y cateto OA sean,
respectivamente las mitades de los segmentos b y a entre los
que deben intercalarse dos medias proporcionales. Si se toma AA'
= 2 a y se traen por A la
paralela AR a A'P, la concoide de polo P, base AR y
distancia AP resuelve el problema, pues si M es la
intersección de esa concoide con AA' tendremos que uniendo P con M y
llamandoPR = x; AM = y, los triángulos semejantes MA'P y MAR dan a
: x = y : b. Comparando luego el valor del cateto OP, deducido
de los triángulos OPA y OMP, se llega a x (x
+ b) =y (y + a ), se tendrá por tanto a
: x = y : b = ( a + y):(x + b) = x :
y de donde los segmentos x e y son medios
proporcionales entre 2a y b.
Otra solución al problema de Délos la ofreció un
matemático posiblemente contemporáneo del anterior: Diocles, quien determinó
las dos medias proporcionales mediante una curva que tomó el nombre de
"cisoide" (de kissos=hiedra) por la forma semejante a una hoja de
hiedra que adopta la figura limitada por un arco de esa curva y una
semicircunferencia.
Nota complementaria
La cisoide de Diocles
Sea una circunferencia de centro O, diámetros
perpendiculares AB y O'O” y dos
semicuerdas MM' y NN' simétricas respecto
de O'O" y normales a AB. La
intersección P de AM' con NN' es
un punto de la cisoide que se obtiene haciendo variar la pareja de semicuerdas.
La rama de la curva O"AO', situada dentro del círculo,
con la semicircunferencia O"BO' dibuja la hoja de hiedra.
La proporcionalidad AM : MM' = AN : NP puede escribirse AN
: NP = BN : NN', razón esta última igual a NN': An, de
manera que combinando esas razones resulta BN : NN' = NN'; AN = AN: NP y
por tanto NN' y AN son medias proporcionales entreBN y NP. Como
a su vez BN : NP = BO : OQ bastará tomar BO y OQ como
segmentos dados, construir la cisoide en la circunferencia de radio OB y
buscar su intersección P con la recta BQ, para
tener en AN y NN' segmentos proporcionales a
las dos medias buscadas.
A Diocles se atribuye también una solución del
problema de Arquímedes, dividir una esfera en dos segmentos cuyos volúmenes
están en una razón dada, mediante cónicas (elipse e hipérbola), mientras que
una solución análoga, mediante parábola e hipérbola, se atribuye a Dionisiadoro
de Amiso, probablemente del s. I a. C.
De otros matemáticos de este período se dispone
de escasos datos acerca de las personas, y sólo algunas referencias de sus
escritos proporcionadas por comentaristas posteriores.
El más original es Zenodoro, algo posterior a
Arquímedes a quien cita, que introduce en la geometría antigua un nuevo
problema: el de los isoperímetros, que resuelve en casos particulares: el
círculo es de mayor área que cualquier polígono regular de igual perímetro que
la circunferencia del círculo; que la esfera es de mayor volumen que cualquier
sólido de igual superficie...
Cabe citar a Perseo, que habría estudiado las
curvas llamadas "espíricas", por ser secciones con planos paralelos
al eje de rotación de superficies tóricas, que los antiguos denominaban espiras
o anillos.
Citemos, por último, algunas figuras, no
exclusivamente geómetras: el astrónomo Hiparco de Nicea, predecesor de
Ptolomeo, a quien se atribuyen contribuciones matemáticas que más tarde
desarrollará Ptolomeo; Teodosio de Bitinia, también astrónomo, autor de
una Esférica, más bien
elemental, que es el tratado más antiguo sobre el tema que ha sobrevivido;
Gemino de Rodas, quien se ocupó de astronomía, aunque de mayor interés es una
introducción a la matemática, de la cual se conservan fragmentos, donde trata
cuestiones vinculadas con los fundamentos y la clasificación de la matemática.
La matemática griega
Ya dijimos que el primer siglo helenístico fue
la edad de oro de la matemática griega; es con los "tres grandes" que
esa ciencia culmina, mostrando así más claramente sus características: unas
permanentes, otras más vinculadas con el propio mundo griego.
La primera nota permanente que los griegos
aportaron a la matemática fue distinguir un determinado conjunto de
conocimientos, confiriéndole, mediante el método axiomático y la demostración,
los caracteres de una ciencia deductiva o, mejor, haciendo de él el modelo de
toda ciencia deductiva.
La segunda nota matemática permanente que
aportan los griegos es la abstracción, aunque la abstracción de la matemática
griega tiene rasgos propios, conferidos por el pitagorismo que la vio nacer,
por el platonismo en cuyo seno se desarrolló, sin olvidar los factores técnicos
(piénsese en el "escándalo de los irracionales"] que influyeron en el
curso de ese desarrollo. La abstracción de la matemática griega es una especie
de abstracción de primer grado, semejante a la abstracción de las ciencias
naturales, muy distinta de la abstracción que introducirá el álgebra o de la
abstracción quintaesenciada de la matemática de hoy. Las figuras de la
matemática griega no son entes abstractos muy distintos de los elementos
químicos, de los gases perfectos, de las especies biológicas, de las formas
cristalográficas...
Este tipo de abstracción explica el imperialismo
de la geometría que se advierte en la matemática griega, apegada a los cuerpos
naturales, una matemática de figuras, visual, táctil.
Esta abstracción explica también por qué la
matemática griega no logra grandes generalizaciones: es una matemática que no
va a la caza de métodos generales, sino de problemas singulares, aunque a veces
las nociones previas que la solución de tales problemas singulares son tantas y
tan complejas que de por sí esas nociones pueden llegar a constituir un
sistema, como ocurre con los Elementos.
Esta predilección por el problema,
despreocupándose por la generalización, impidió ver el proceso y la
continuidad, con la noción anexa de variabilidad. Los problemas de máximo y
mínimo que estudian los griegos no son momentos especiales de un proceso continuo,
sino casos particulares, fijos, que revelan una propiedad también particular,
fija, que revela otra característica específica de la matemática griega: su
estatismo, su carácter más estático que dinámico, más cinemática que cinético.
En los contados momentos que en ella aparece el movimiento, es un movimiento
pobre, diríase sin fuerza: es el movimiento uniforme rectilíneo o circular.
Otra característica que distingue claramente la
matemática griega de la moderna y actual, proviene de la influencia del
platonismo que arrojó los objetos matemáticos en un trasmundo, lejos de todo
contacto y vinculación posibles con este mundo sublunar de los hombres y de las
cosas.
De ahí el destierro al que se condenó la logística
y toda aplicación práctica; de ahí la naturaleza especial de la vinculación de
la matemática griega con ciertos campos de la ciencia natural: astronomía,
óptica, estática, campos que los griegos consideraron que pertenecían a la
matemática con igual derecho que la aritmética y la geometría; de ahí que de
ellas no estudiaron sino su esqueleto geométrico y de ninguna manera su
estructura física. Baste pensar en la astronomía griega, de la cual nada ha
quedado, o en la palanca de Arquímedes de la que sólo cuelgan polígonos y
segmentos de parábola, o en su fluido ideal, donde no flotan embarcaciones sino
segmentos de paraboloides de revolución.
Capítulo 5
El período grecorromano
Contenido:
Epígonos y comentaristas
Ptolomeo y Pappus
Herón y Diofanto
Epígonos y comentaristas
En el mundo grecorromano de los primeros siglos
cristianos, la matemática conserva las características de los dos siglos
anteriores, siendo, en general, sus representantes epígonos y comentaristas de
los grandes matemáticos griegos. Hacen excepción Pappus de Alejandría,
matemático original; Claudio Ptolomeo, más astrónomo que matemático, y Diofanto
que, con Herón alejandrino, forma una pareja de matemáticos algo heterodoxos,
que hoy se vinculan preferentemente con la matemática de los babilonios.
La serie de los matemáticos de este período se
abre con Nicómaco de Cerasa, de fines del siglo I o comienzos del II, sin duda
un neopitagórico, pues Pappus lo designa "el pitagórico". De sus
obras, la más conocida es una Introducción aritmética de escaso valor científico, pues en ella las
demostraciones se sustituyen por el examen de casos particulares, pero
interesante pues hace conocer el no muy extenso saber aritmético de los griegos
anteriores. Por otra parte, esta obra se convirtió en el texto de aritmética
durante la Edad Media, gracias a la versión latina que de ella compuso Boecio.
La Introducción de Nicómaco se compone de dos libros que se ocupan de
progresiones aritméticas, números figurados, proporciones, etcétera.
Nota complementaria
La aritmética de Nicómaco
En el libro I las únicas novedades respecto de
los Elementos de Euclides se refieren a las progresiones
aritméticas, que Euclides no trata y a la mención de los cuatro primeros
números perfectos, agregando que deben terminar en 6 o en 8, propiedad que
demostró Jámblico y a la que Boecio agregó la falsa inducción de aparecer esas
terminaciones en forma alternada (el sexto número termina en 6 y no en 8).
Agreguemos que el quinto número perfecto aparece en un manuscrito del siglo XV;
que en 1592 se conocían 12 números perfectos y que más tarde, con las
computadoras electrónicas, se pudo calcular otros tres, el último de los cuales
21278(21279 - 1) tiene aproximadamente 770 cifras.
Más interesante es el libro segundo de Nicómaco que se refiere a los números
"figurados" señalando algunas propiedades, por ejemplo: todo cuadrado
es suma de dos triangulares consecutivos o, más general, todo número poligonal
es suma de un poligonal de un lado menos y de un triangular. Habla de números
piramidales como suma de poligonales semejantes; de números truncados,
suprimiendo los primeros términos a los piramidales, de números heteromecos:
producto de dos enteros consecutivos o dobles de los triangulares; de números
paralelepípedos: cuadrado de un número por el consecutivo, etcétera. Dando
algunas relaciones entre ellos. La más importante de esas relaciones es la que
expresa que todo cubo es la suma de una serie de impares consecutivos,
propiedad de la cual se deduce que la suma de los primeros n cubos
es el cuadrado de la suma de los primeros n números
consecutivos, y que Nicómaco no demuestra, pero que era conocida, pues figura
en el llamado Código Arceriano (del nombre de uno de sus
propietarios; Joannes Arcerius de Groninga, del siglo XVI] compilación de
conocimientos griegos, para agrimensores y administradores romanos, del siglo V
o VI.
Por lo demás, puede deducirse fácilmente de las propiedades que figuran en
Nicómaco. En efecto: si en la sucesión de impares consecutivos, comenzando por
la unidad, se agrupan en la siguiente forma: el primero, los dos siguientes,
los tres siguientes. Etcétera, se demuestra que esas diferencias de cuadrados
no son sino los cubos sucesivos 1, 8, 27...; De manera que la suma de los
primeros n cubos será la suma de tantos impares consecutivos
como suma de los n enteros consecutivos, es decir [l/2n(n +
l)] 2; que expresado con números figurados, la suma de cubos es
el cuadrado de un número triangular.
Contemporáneo del anterior es Menelao de
Alejandría, matemático y astrónomo, que hizo observaciones en Roma en 98 y
autor de una Esférica en
tres libros, que ha llegado hasta nosotros en versiones árabes y hebreas y que
representa la culminación de esta rama de la geometría. Con la Esférica de Menelao hace su aparición el triángulo
esférico, del cual Menelao da las propiedades más importantes, siguiendo un
camino semejante al recorrido por Euclides al estudiar los triángulos planos,
pero mostrando tanto las analogías como las diferencias entre ambas clases de
triángulos. Entre las primeras figuras el hoy llamado "teorema de
Menelao" que es válido tanto para los triángulos planos como para los
esféricos, sin más que cambiar en estos últimos la expresión "semicuerdas
del arco doble" (nuestros senos actuales] por los segmentos de los
triángulos planos.
Nota complementaria
El teorema de Menelao.
En realidad Menelao no considera, como actualmente,
un triángulo ABC cuyos lados son cortados por una
transversal A'B'C, sino los segmentos AB y AB', por
cuyos extremos traza las transversales BC y B'C que
se cortan en A', y demuestra la igualdad entre la razón de un
par de segmentos y el producto de las razones de otros dos pares. Por ejemplo,
trazando CD//AB se tiene
AB’: CB’= AC’: CD ; CD : C’B = A’C: A'B
y eliminando CD se llega a la
siguiente relación entre los segmentos rectilíneos
AB' /CB'
= AC'/C'B - A'B/AF
Un teorema muy simple le permite pasar a la esfera.
En un círculo de centro O considera una cuerda AB, y
en ella un punto interior C (igual resultado se obtiene cuando
el punto es exterior), que unido con O divide el arco AB en
dos segmentos de arco AD y DB; las
perpendiculares AA'Y BB', respectivamente semicuerdas de los
arcos dobles (nuestros senos), son proporcionales a los segmentos AC y CB. De
ahí que si en la figura anterior en lugar de segmentos se consideran arcos de
círculos máximos de una esfera, se llega a la expresión, con nuestro simbolismo
sen AB'/sen CB' = sen AC'/sen C'B
× sen A'B/sen A'C.
Del siglo II es Teón de Esmirna que, además de
ocuparse de astronomía y de geometría, en un escrito Sobre los
conocimientos matemáticos útiles para la lectura de Platón trata cuestiones aritméticas a la manera de
Nicómaco, sin demostraciones y enunciando las proposiciones con ejemplos
numéricos. Algunas de esas cuestiones, no tratadas por Nicómaco, conservan
cierto interés aritmético.
Nota complementaria
La aritmética de Teón de Esmirna
Entre las propiedades de número, que Teón enuncia,
sin demostrar, sólo citamos la siguiente: todo cuadrado es múltiplo de 3 o de
4, o múltiplo de esos números más 1. Como consecuencia: ningún cuadrado es
múltiplo de 3 o de 4 menos 1, o múltiplo de 4 más o menos 2.
Más interesante es la correspondencia que Teón expone entre dos series de
números que obtiene geométricamente partiendo de una sucesión de cuadrados, en
cada uno de los cuales el lado es la suma del lado más la diagonal del
anterior. Teón llama a estos números laterales y diametrales, según
midan los lados o las diagonales, enunciando algunas relaciones simples entre
los mismos. Estos números ln y dn desempeñarán
más tarde su papel en teoría de números: cumplen la relación fundamental nn2 - 2dn2= (-1)n,
se presentan en las reducidas de ciertas fracciones continuas infinitas, en la
solución de la llamada "ecuación de Pell", etcétera.
Hay que dejar transcurrir un par de siglos para
dar con otro Teón matemático, ahora de Alejandría, importante por haber editado
y comentado los Elementos de
Euclides, así como por sus comentarios al Almagesto de Ptolomeo y por sus noticias sobre la
logística griega. Con Teón de Alejandría se vincula su hija Hipatía, también
matemática, que habría colaborado con el padre en los comentarios del Almagesto y ocupado además de las Cónicas de Apolonio. Pero el nombre de Hipatía tiene una
connotación histórica trágica: su muerte en manos de la turba durante las
luchas entre paganos y cristianos.
Con Hipatía puede decirse que la matemática deja
de cultivarse en Alejandría. Aun, por un pequeño lapso, encuentra albergue en
el seno del neoplatonismo, uno de cuyos primeros adeptos: Jámblico de Calcis,
de la primera mitad del siglo IV, compone una Colección de las doctrinas
pitagóricas, de la cual se conservan algunas partes matemáticas en las que se
ocupa de aritmética pitagórica en forma semejante a Nicómaco, a quien en buena
medida comenta y completa.
Nota complementaria
La aritmética de Jámblico
Entre las propiedades de números que Jámblico
"demuestra", ya con casos particulares o mediante los números
figurados todas de fácil comprobación, figuran: el óctuplo de un número
triangular más 1 es un cuadrado; un número rectangular, cuyos factores difieren
en dos unidades, más 1 es un cuadrado; la suma de dos números triangulares, de
orden alternado, menos 1 es un heteromeco,... Ya dijimos que demostró que los
números perfectos terminan en 6 o en 8; además afirmó que existe un número
perfecto en cada miríada, lo que ya no es cierto. Una propiedad más
interesante, por estar vinculada con las "cifras"; es decir, los
números representativos de las unidades, decenas, centenas... es la siguiente:
Si se tienen tres números consecutivos, el último de los cuales es múltiplo de
3, y se suman sus cifras, de este resultado vuelven a sumarse sus cifras y así
sucesivamente, el resultado final es siempre el número 6.
Por último, es el escrito de Jámblico donde aparece la contribución
"algebraica" de Timaridas, ya mencionada, consistente en un sistema
lineal de varias incógnitas: determinar un número conociendo sus sumas con cada
uno de n números desconocidos y con la suma de todos ellos.
Si a1 a2,.... +an y a son
tales sumas, es claro que la incógnita x se obtiene mediante
la expresión x(a1 + a2 + an -
a):( n — 1) que es la regla que Jámblico atribuye a
Timaridas y que denomina "epantema".
Además Jámblico reduce al "epantema" a un par de sistemas
indeterminados, de los cuales da la solución mínima en números enteros.
En contra de la tendencia de Nicómaco y de
Jámblico, reaccionó Domnino de Larisa del siglo V, quien, en un manual de
introducción a la aritmética, sostiene la necesidad de volver al rígido sistema
euclídeo de demostración, insistiendo que en lugar de enunciar propiedades
sobre la base de algunos casos particulares se debía volver a la representación
de los números mediante segmentos rectilíneos y demostrar sus propiedades
geométricamente. Pero no parece que su crítica haya tenido éxito.
Domnino fue condiscípulo de Proclo de Bizancio,
uno de los más importantes miembros del neoplatonismo, que se estableció en
Atenas como jefe de la escuela y autor de un importante Comentario a los Elementos
de Euclides, cuya parte filosófica le
pertenece, pero en cuya parte matemática utiliza escritores anteriores, desde
Eudemo de Rodas hasta Pappus. Sólo se conserva de ese escrito el Comentario al
Libro I de los Elementos en cuatro libros, que citamos un par de veces, y cuyo
mayor interés se basa en los datos de interés histórico que trasmite. Como
aporte geométrico mencionemos que en él aparece la primera mención a la
construcción de la elipse mediante el recorrido de un punto fijo de un segmento
que se mueve manteniendo sus extremos sobre dos ejes fijos.
Algo posterior a Proclo es otro comentarista:
Eutocio de Ascalona a quien se deben comentarios a los escritos de
Arquímedes: De la esfera y del cilindro; De la medida del
circulo; Del equilibrio de los planos y
a los cuatro primeros libros de las Cónicas de Apolonio. Al comentar el primer escrito de
Arquímedes aporta noticias interesantes sobre la resolución geométrica de los
problemas de tercer grado.
Más difícil de ubicar en el tiempo y en el
espacio es un geómetra griego: Sereno de Antisa o de Antinópolis, posiblemente
posterior a Pappus, Proclo y Eutocio que no lo citan. Se le deben dos escritos
geométricos: uno Sobre la sección del cilindro que se propone probar, en contra de la creencia
de algunos geómetras, que las secciones elípticas de un cilindro no difieren de
las secciones elípticas de un cono; y otro Sobre las secciones
del cono, en el que estudia los
triángulos obtenidos cortando un cono por planos que pasan por el vértice,
abundando en ambos escritos de interesantes cuestiones geométricas.
Mientras tanto, en Atenas, a Proclo siguió en la
jefatura de la escuela su discípulo Marino de Neapolis a quien, además de una
prolija biografía de su maestro, se le debe un comentario a los Datos de Euclides con un extenso prefacio. A Marino siguió
Isidoro de Mileto, quien tuvo por discípulos a Eutocio ya mencionado, y a
Damascio de Damasco, de fines del siglo V, uno de los autores a quien se
atribuye parte del apócrifo Libro XV de los Elementos. Damascio profesó en Atenas y fue el último jefe
de la Academia, cuando también profesaba en ella Simplicio, comentarista de las
obras de Aristóteles, pero también de los Elementos de Euclides. Fue durante la jefatura de Damascio
que en 529 Justiniano clausuró la Academia como último reducto del paganismo; y
Damascio, Simplicio y otros cinco filósofos encontraron refugio en la corte
persa.
Ptolomeo y Pappus
Claudio Ptolomeo forma, con su contemporáneo el
médico Galeno de Pérgamo, la pareja de figuras científicas sobresalientes de
este período. Poco se sabe de Ptolomeo: nació en Egipto y residió en
Alejandría, donde realizó observaciones y trabajos astronómicos entre los años
127 y 151. Sabio enciclopédico, se ocupó de matemática, astronomía y
astrología, geografía, óptica y acústica, cronología, aunque su fama científica
se funda sobre el Almagesto, tratado
que sistematizó la astronomía antigua y que constituyó, con su autor, las
autoridades máximas e indiscutidas en materia de astronomía durante catorce
siglos.
Su verdadero título, que acentúa su carácter
matemático es Sintaxis matemática, en 13 libros, que más tarde llegó a conocerse como "la gran
sintaxis de astronomía", para distinguirla de una "pequeña
sintaxis" colección de algunas obras astronómicas menores; pero la
admiración que la obra despertó hizo que se le aplicara el superlativo,
griego megiste (la más
grande) con lo cual, al anteponérsele el artículo en su versión árabe, el
título se convirtió en el anacrónico Almagesto con que se le cita generalmente.
Si se excluye una obra probablemente juvenil,
que se le atribuye, sobre la teoría de las paralelas y el conocimiento de las
proyecciones ortográfica y estereográfica, toda la contribución matemática de
Ptolomeo está diseminada en sus escritos astronómicos, en especial, en las
partes de Sintaxis matemática que
tratan las cuestiones matemáticas necesarias para el estudio racional de los
fenómenos celestes.
Nota complementaria
La "tabla de cuerdas" de Ptolomeo
He aquí lo que dice al respecto Ptolomeo en el
primer libro del Almagesto: "Para facilitar la tarea
práctica, construiremos una tabla de estos segmentos dividiendo la
circunferencia en 360 partes, tomando los arcos de medio grado en medio grado,
y dando para cada arco el valor de la cuerda respectiva, suponiendo dividido el
diámetro en 120 partes. El uso demostrará que estos números son los más
cómodos. Ante todo, demostraremos que con un cierto número de teoremas, el
menor posible y siempre los mismos, se podrá obtener un método general y rápido
para hallar aquellos valores. No nos limitaremos a presentar la tabla con esos
valores, sino que haremos conocer la teoría para facilitar la manera de
encontrarlos y verificarlos, exponiendo su método de construcción.
Para evitar las fracciones utilizaremos la división sexagesimal y en las
multiplicaciones y divisiones tomaremos siempre los valores más aproximados de
manera que, no obstante lo que despreciaremos, los resultados serán
sensiblemente exactos".
Para construir su tabla, Ptolomeo comienza por considerar los polígonos
regulares de 3, 4, 5, 6,10 lados, que dan las cuerdas de 36º, 60º, 72º, 90º,
120º. De ellas, mediante el teorema de Pitágoras, obtiene las cuerdas del 108º
y 144º, mientras que del teorema de los cuadriláteros inscriptibles obtiene las
cuerdas de arcos diferencia; así el de 12°, partiendo de los de 60° y 72°,
pasando luego de la cuerda de 12º a las de 6º, 3º, 1º30' y 45', utilizando un
teorema de los arcos mitad.
Ahora Ptolomeo demuestra el siguiente teorema: dados dos arcos desiguales,
ambos menores que un recto, la razón entre el arco mayor y el arco menor, es
mayor que la razón entre las cuerdas respectivas, que equivale a demostrar con
nuestro simbolismo que la función sen x : x es decreciente.
Este teorema era conocido por Aristarco y por Arquímedes, pero la primera
demostración conocida es la de Ptolomeo. (Véase fig. 20..
Sean a < b los dos arcos y sus cuerdas AB y BC. Si
el punto O, medio del arco AC que no contiene
a B, se une con A, B, C y el punto M medio
de AC, el teorema de las bisectrices da
NC: AN = BC: BA = (2 MN + AN) : AN
Si, por otro lado, el arco HK de
centro O y radio ON determina el sector NOH, menor
que el triángulo NOA, y el sector KON, mayor
que el triángulo MON, tendremos
MN: NA = MON: NOA < ONK: ONH = p : a,
siendo a y b los
ángulos de los sectores. Y en definitiva.
BC: BA = (2 MN + AN) : AN, (2p + a): a = b
: a
y la razón de los arcos es mayor que la razón de
las cuerdas respectivas.
Ptolomeo aplica el teorema para obtener aproximadamente la cuerda de 1º,
conociendo las cuerdas de 45' y de 1º30'. En efecto, la razón entre las cuerdas
de 1º y de 45' es menor que la de sus arcos respectivos: 60’ y 45’, es decir
4:3; de la misma manera la razón entre las cuerdas de 1º30' y de 1º es menor
que 3:2; obteniendo para su cuerda incógnita valores por exceso y por defecto
que permite dar para ella el valor: cuerda 1º = 377 : 360, que da para el sen
30' un valor exacto hasta la sexta decimal.
Partiendo del valor de cuerda 1º, y mediante una adecuada utilización de las
fórmulas que expresan los teoremas de adición, Ptolomeo construye su
"tabla de cuerdas", sirviéndole de control los valores ya calculados
de cuerdas de arcos notables. Para las fracciones menores que 30' utiliza la
interpolación lineal.
De paso observemos que el valor de cuerda 1º permite obtener para el valor
aproximado 377 : 120 = 3,141666 ... que en alguna ocasión Ptolomeo utiliza sin
mencionar su origen, limitándose a observar que está comprendido entre los
valores de Arquímedes: 31/7 y 310/ 71
En este sentido una exigencia fundamental fue la
construcción de una "tabla de cuerdas" para los distintos arcos,
partes alícuotas de la circunferencia. Tal construcción, iniciada por Hiparco,
fue continuada y perfeccionada por Ptolomeo, quien utilizó los resultados de
Menelao para el análisis de los triángulos esféricos, de manera que el Almagesto constituye la primera sistematización de la hoy
llamada "trigonometría plana y esférica". En muchas de las
expresiones que figuran en el Almagesto si se cambia la palabra "cuerda" por
la locución "doble del seno del arco mitad", se obtienen expresiones
de nuestra trigonometría.
Nota complementaria
La "trigonometría" del Almagesto
Uno de los teoremas que emplea Ptolomeo en la
construcción de la tabla, y que hoy lleva su nombre, es el que expresa la
conocida relación entre los lados y las diagonales de un cuadrilátero
inscriptible. Su demostración es muy simple: si ABCD es el
cuadrilátero y se traza BE tal que los ángulos AED y BCD sean
iguales, las parejas de triángulos AEB y BCD; BEC y BDA, son
semejantes, de donde
AE ´ BD =AB ´ CD; EC ´ BD =
AD ´ BC,
igualdades que sumadas expresan el teorema de
Ptolomeo:
AB ´ CD + AD ´ BC = AC ´ BD.
En el caso particular de ser AB un
diámetro y llamando a y b los arcos AC y AB, respectivamente,
el teorema del cuadrilátero en este caso puede escribirse: cuerda b ´
cuerda (180° - a) + AD ´ Cuerda (a
- b) = cuerda a ´ cuerda (180° - b), que no es
sino el "teorema de sustracción" de nuestras funciones circulares.
Ptolomeo, demuestra también el "teorema de adición". Toma para ello
el cuadrilátero inscripto BCDF, siendo F el
simétrico de B respecto del centro O de la
circunferencia en el cual valeBC ´ DF + CD ´ BF
= BD ´ CF o, lo que es lo mismo, BC ´ AB
+ AD ´ CD = BD ´ CF que puede
escribirse, llamando b = d y a = c + d: cuerda c ´ cuerda
d + AD, cuerda [180° - (c + d)] = cuerda (180 °
- c), cuerda (180° - d), que es una forma del teorema de
adición.
Otro teorema, que aporta Ptolomeo, equivale a la
relación de las funciones de un arco y de su mitad. Sean AB y BC dos
arcos iguales; si desde el extremo D del diámetro que pasa
por A se trazan DC y DB, y
desde este último punto la normal BM a AD y BE simétrica
de BA respecto de esa normal, se tendrá
AB2 = AM ´ AD = 1/2 AD (AD
- DE) = 1/2 AD (AD - DC.
Y por tanto
(cuerda a)2 = 1/2 AD ´
[ AD - cuerda (180° -2a)]
que no difiere, sino en la escritura, de la
relación entre las funciones de un arco y de su arco doble.
Así como "el teorema de Ptolomeo" permite a éste demostrar relaciones
"trigonométricas" planas, el "teorema de Menelao" cumple
esa función en lo que atañe a la esfera estableciendo relaciones entre los
elementos de los triángulos esféricos rectángulos (Ptolomeo los considera
triángulos oblicuángulos). Por ejemplo, para determinar la ascensión recta y la
declinación de un punto de la eclíptica, considera los cuatro círculos máximos
siguientes: ecuador, eclíptica y los círculos que pasan por los polos celestes
y el punto considerado y los polos de la eclíptica. Eligiendo convenientemente
entre esos círculos los que actúan de transversales el teorema de Menelao
permite dar expresiones que resuelven el problema y que hoy no son sino
aplicaciones de las fórmulas que resuelven los triángulos esféricos
rectángulos.
Más matemático "profesional" es
Pappus, también de Alejandría, de quien se sabe que hizo observaciones
astronómicas en 320. Además de obras desaparecidas y de un comentario al libro
décimo de los Elementos, que
se conoce mediante un arreglo árabe, se le debe una obra importante en ocho
libros: la Colección matemática, resumen de conocimientos anteriores con agregados originales,
correcciones y críticas, que resultó de un valor inestimable por las
informaciones históricas y bibliográficas que contiene acerca de la matemática
griega.
De sus ocho libros, el primero y parte del
segundo se han perdido, pero del contenido de la parte sobreviviente del
segundo se desprende que probablemente esos dos libros se ocupaban de
cuestiones aritméticas. El libro tercero se ocupa de asuntos variados:
proporciones, poliedros regulares, lugares geométricos, mientras que el cuarto
revela mayor unidad, pues se ocupa de las curvas ideadas para la resolución de
los tres problemas clásicos, a las que Pappus agrega alguna nueva. El libro V
se dedica a los isoperímetros, mientras que el sexto y el octavo se ocupan de
astronomía y de mecánica, respectivamente. El libro séptimo es el más
interesante desde el punto de vista histórico. Dedicado a su hijo, comprende
una serie de obras de autores anteriores, cuyo objeto era adiestrar en la
resolución de los problemas geométricos a aquellas personas que ya habían
adquirido cierto dominio de la geometría, mediante el estudio de sus elementos.
Entre esas obras, algunas debidas a Euclides, Apolonio y Eratóstenes están hoy
pérdidas, de ahí el valor documental de la Colección de Pappus que nos las conservan. Mas a este
valor extrínseco debe agregarse el valor intrínseco de los comentarios y
agregados del mismo Pappus, para facilitar y completar esas obras. Baste citar
entre esos agregados una proposición, cuyo enunciado se conoció durante mucho
tiempo como "teorema de Guldin", del nombre del matemático suizo del
siglo XVII que lo redescubrió.
Nota complementaria
La Colección de Pappus
Entre las cuestiones de interés matemático o
histórico que aparecen en Pappus, mencionemos las siguientes: En el libro
segundo Pappus se ocupa de un sistema de numeración, atribuido a Apolonio,
semejante al que Arquímedes expone en el Arenario, de base la
miríada, y no la miríada de miríada. En conexión con ese sistema, Pappus expone
algunos procedimientos, que también atribuye a Apolonio, para facilitar las
operaciones aritméticas con números grandes, que en definitiva equivalen a
reducir esas operaciones a operaciones con dígitos, como ocurre con nuestro
sistema decimal.
En el libro tercero se ocupa de una solución aproximada del problema del
mesolabio, que Pappus reconoce que no es exacta. Es a raíz de este problema que
Pappus recuerda la definición de lugares geométricos.
También en este libro aparece un problema de interés histórico. Se trata de
determinar, mediante tres números en progresión geométrica, los elementos de
las diez proporciones o medias, que aún estaban en uso en la época de Pappus, y
que probablemente eran de origen pitagórico. No interesa mayormente la solución
particular que Pappus da de este problema indeterminado; puede en cambio tener
interés recordar la definición y nombre de las diez proporciones o medias de la
antigua matemáticas griega. Dados tres números a, b, c, se
dice que, forman una proporción aritmética, geométrica, armónica,
contra-armónica, quinta y sexta, según que la razón ( a - b) : (b
- c) sea igual, respectivamente, a a : a; a - b; a - c; c : a; c: b y b
: c.
Se dice que están en proporción séptima, octava y novena, según qué la razón (a
- c) : ( a - b) sea igual a b : c; a :
b; a : c, respectivamente. Y finalmente están en proporción décima si
(a - c); (b - c) = b - c.
Los ejemplos numéricos que obtiene Pappus son los siguientes: (6,4,2); (4,2,1);
(6,3,2); (6,5,2); (5,4,2); (6,4,1); (3,2,1); (6,4,3); (4,3,2); (3,2,1); en su
orden.
En el libro cuarto, Pappus trata cuestiones variadas. En la primera sección,
demuestra una muy simple generalización del teorema de Pitágoras: Si a los
lados AB y AC de un triángulo ABC se
adosan dos paralelogramos y P2) yA' es la
intersección de los lados paralelos a AB y AC, el
segmento AA', en magnitud y dirección, forma con el tercer
ladoBC un paralelogramo P = P1 + P2.
La demostración por equivalencias es inmediata.
Otra cuestión que trata Pappus en esta primera sección trae a colación una
familia de curvas, cosa poco frecuente en la geometría griega. Pappus considera
el arbelos de Arquímedes y en la zona comprendida entre dos de
los tres semicírculos inscribe una serie de círculos tangentes entre sí, dando
la ley que relaciona la altura del centro de cada círculo con su radio. En
forma algo más general esa relación expresa que en la sucesión numerable de
esos círculos aquella razón, al pasar de un círculo al sucesivo, disminuye en
dos unidades (Pappus considera los casos particulares en los cuales la primera
razón es 0 y 1). Esta demostración, que en Pappus exige una larga y engorrosa
serie de teoremas y que mediante la geometría analítica se resuelve con
relativa facilidad es de solución inmediata utilizando la "transformación
por inversión", lo que no deja de constituir un buen ejemplo de
comparación de métodos antiguos y modernos.
En la segunda sección de este libro, Pappus se ocupa de la espiral de
Arquímedes, de la concoide de Nicomedes y de la cuadratriz de Hipias estudiando
sus propiedades ya para resolver el problema, más general que el de la
trisección, de dividir un ángulo en dos partes que estén en una razón dada; ya
para extender la definición de la espiral al espacio mediante el movimiento de
un punto sobre la esfera.; ya dando nuevas maneras de engendrar la cuadratriz
mediante superficies helicoidales que Pappus denomina plectoides.
El libro quinto se ocupa de los isoperímetros. En el prefacio, al observar que
las abejas construyen sus celdas en forma de prismas de base hexagonal y
recordar que entre los tres polígonos que pueden llenar el plano: triángulo,
cuadrado y hexágono, es este último el que, a igualdad de área, su perímetro es
el mayor, trae a colación comparaciones entre la inteligencia humana y la de
los animales. Es en este libro donde se mencionan los poliedros semirregulares
de Arquímedes y donde se demuestran propiedades geométricas que hoy se traducen
en igualdades y desigualdades entre las funciones circulares.
Pero sin duda es más importante el libro séptimo, donde Pappus, al comentar los
escritos que reproduce, agrega y completa teoremas. En ese libro aparece el
"teorema de Guldin" que Pappus enuncia como: las figuras engendradas
por rotación completa se obtienen como producto de lo que gira por el camino
recorrido por el centro de gravedad móvil. También en este libro figura
"el problema de las tres o más rectas" que Descartes llamará
"problema de Pappus", así como una serie de teoremas y proposiciones
de álgebra geométrica, algunos de carácter más gráfico o proyectivo que
métrico.
Así estudia: el problema de determinar sobre una recta, que contiene los
puntos A, B, C, D, un punto X tal que la
razón
AX´ BX: CX´ DX
sea máxima o mínima; demuestra casos particulares
de la identidad
AD2 - BC + BD2 ´ CA
+ CD2 ´ AB + BC - CA - AB = O
Así como la constancia de la razón doble de cuatro
puntos determinados sobre una transversal por un haz de rayos, y la propiedad
que en un cuadrilátero completo cada diagonal es dividida armónicamente por las
otras dos, un caso particular de la cual no es sino el teorema del hexágono de
Pascal en el caso en que la cónica degenera en dos rectas.
Respecto de las cónicas se debe a Pappus la primera mención del foco de la
parábola y de las directrices de las cónicas, así como la definición de éstas
mediante la razón constante entre las distancias a un punto fijo (foco) y una
recta fija (directriz).
Por último, en el libro octavo, dedicado a la mecánica, mencionamos que en él
aparece la definición de centro de gravedad, que no figuraba en los escritos de
Arquímedes.
Herón y Diofanto
Herón de Alejandría es, o fue, una de las
figuras más discutidas en la historia de la matemática. Hoy se lo ve con más
claridad; con toda verosimilitud se lo ubica en la segunda mitad del siglo I y
se considera su obra más como la de un técnico, un mecánico práctico, que de un
matemático. También hoy sabemos, por fuentes árabes, que la llamada no muy
correctamente "fórmula" de Herón, procede de Arquímedes. Es la
conocida expresión del área de un triángulo en función de sus lados.
Nota complementaria
La "fórmula” de Herón
Ordinariamente se da este nombre a la expresión
siendo a, b, c, los lados de un
triángulo y p su semiperímetro, que implica un doble
anacronismo: hablar de "fórmula" y utilizar una notación algebraica
actual para referirse a un teorema griego, amén de ese producto de cuatro
segmentos que aparece en la expresión que carece de contenido intuitivo y de
interpretación geométrica.
Por supuesto que el teorema de Herón o de
Arquímedes no incurre en tales anacronismos. Se trata de un típico teorema de
la geometría griega que puede considerarse un modelo del método sintético, pues
en él se parte de ciertas propiedades conocidas para deducir de ellas el
resultado, pero sin señalar por qué se partió de aquellas propiedades conocidas
que, por lo demás, en este caso no tienen nada que ver aparentemente con la
equivalencia de figuras pues se trata de las propiedades de los segmentos determinados
en los lados del triángulo por los puntos de tangencia del círculo inscrito. Es
posible que el inventor del teorema haya partido más directamente de la
equivalencia del triángulo con el rectángulo de igual base y mitad de la altura
para luego, mediante los recursos del "álgebra geométrica" comprobar
que en el resultado aparecen aquellos segmentos y de ahí haya buscado y
encontrado una demostración más directa partiendo de ellos.
He aquí resumida la marcha de la demostración del teorema, utilizando por comodidad
el simbolismo actual. Sea el triángulo ABC de lado a,
b, c, semiperímetro p y radio r del círculo inscrito
de centro O, y puntos de tangencia A', B',
C', tales que
AC' = p - a; BA' = p - b; CA' = p - c.
De los extremos de los segmentos OB y BC se
trazan las normales a los mismos que se cortan enH y configuran el
cuadrilátero inscriptibleBOCH, de ahí la igualdad de los ángulosHBC y HOC. Por
otra parte este ángulo HOC es igual al ángulo OAC' (ambos
son complementarios de la suma de los ángulos en B y en C.),
de manera que se tienen dos pares de triángulos semejantes: HBC,
OAC' y OA'K, KCH, siendo K la
intersección de BC con OH.
Si CH = h; A'K = k, de la primera pareja de triángulos
semejantes se deduce (p - a) : a = r: h o sea (p - a) :
p = r: (r + h) razón esta última que es igual en la segunda
pareja a
k: (p - c) = k (p - b) : ( p
- b) (p - c).
En definitiva puede escribirse
p (p - a) : p2 = k (p -
b) : (p - b) ( p - c.
Si del triángulo rectángulo BOK se deduce
que k (p - b) = r2 y se
recuerda que pr = S siendo S el área del
triángulo al introducir las medias proporcionalesm2 =
p (p - a) yn2 = (p - b)( p
- c) resulta S = mn, y el teorema está demostrado. Como
vemos la raíz del producto de cuatro segmentos que aparece en la expresión
algebraica no es sino el disfraz del producto de dos segmentos cada una de los
cuales es medio proporcional entre dos segmentos que se obtiene de los lados
del triángulo.
Como teorema geométrico, probablemente
interpolado, aparece en un escrito de Herón denominado Dioptra, donde describe un aparato que lleva este nombre,
lejano precursor sin lentes del teodolito actual, y cabal manual para
agrimensores, mientras que bajo la forma de un ejemplo numérico de la
aplicación de la "fórmula" aparece en otro escrito denominado Métrica, más matemático, pero no muy "griego",
donde utiliza otras contribuciones de Arquímedes.
Nota complementaria
La Métrica de Herón
El primer libro de la Métrica está dedicado a las
superficies de las figuras planas y sólidas. Después de una introducción
histórica se ocupa de triángulos, aplicando la fórmula del área conociendo los
lados; luego de cuadriláteros especiales, aunque no del inscriptible
limitándose a señalar que en el caso general además de los lados debe darse una
diagonal.
Para los polígonos regulares da fórmulas aproximadas mediante coeficientes que
expresan la razón entre el lado y el área y el radio y su cuadrado respectivamente.
Algunas de estas fórmulas las atribuye Herón a Hiparco. Para el heptágono por
ejemplo esos coeficientes son 7/8 y 43/12.
Para el área de figuras circulares, o de la elipse o de las superficies de
cuerpos redondos utiliza los resultados de Arquímedes, tomando para n en
general el valor 22/ 7, aunque en algún caso
admite √3π = 3.
La finalidad puramente práctica del libro se refleja en las reglas para el área
de figuras de contornos cualesquiera, que aconseja sustituir por un polígono lo
más aproximado posible y hasta de superficie de objetos en el espacio como
estatuas aconsejando ahora revestir la superficie con hojuelas de papiro o de
tela muy fina, que luego se extienden en un plano midiendo su área como en el
caso anterior.
También Arquímedes es la guía en el segundo libro, que trato de volúmenes;
agrega el volumen del toro con su fórmula exacta pero deducida intuitivamente;
para los poliedros regulares da expresiones aproximadas y para cuerpos de
formas cualesquiera aconseja o bien el método de Arquímedes; midiendo el
volumen del agua desalojada por el cuerpo, al sumergirlo en un recipiente con
ese líquido; o bien, de manera más ingeniosa, recubriendo el cuerpo con arcilla
hasta dar al cuerpo y su revestimiento la forma de un paralelepípedo: la
diferencia entre los volúmenes del prisma y el de la arcilla utilizada es el
volumen del cuerpo.
El libro tercero está dedicado a la división de figuras planas o sólidas en
partes que estén en una razón dada o en determinadas condiciones prefijadas
dando en algunos casos soluciones interesantes.
En la Métrica de Herón existen ejemplos de extracción aproximada de raíces
cuadradas y hasta un ejemplo de raíz cúbica. Para la raíz cuadrada emplea una
regla, sin duda conocida por Arquímedes, según la cual si a es un
valor aproximado de N, un valor más aproximado es 1/2 (a + N/a)
que coincide con el valor de los dos primeros términos del desarrollo en serie
de
hecho que explica la buena convergencia del
procedimiento, ya que el nuevo error es del orden del cuadrado del error
anterior.
En cuanto a la raíz cúbica, el único ejemplo que trae Herón (la raíz cúbica de
100, de la cual da el valor aproximado 4 9/14) no
hace fácil advertir la regla empleada. Con todo, de ese ejemplo parecería
deducirse que Herón siguió un "método de falsa posición", no lineal
sino cuadrático. La expresión algebraica que se deduce del ejemplo utilizado
diría que si N = (a + l)3 - c2 = a3 + c1 el
valor aproximado de su raíz cúbica se obtiene como razón entre (a +
1)2c1 + a2c2 y
(a + 1) c1 + ac2 (En
el ejemplo numérico N = 100, a = 4; y
la raíz cúbica aproximada es 4 9/ 14 con
un error menor que 0,02.)
Es un escrito en tres libros, que se refiere a
áreas y volúmenes de figuras planas y sólidas así como a la división de
figuras, pero en la que, en contra de la tendencia euclídea, no sólo aparecen
ejemplos numéricos con fracciones unitarias sino también resultados aproximados
en aquellos casos en que la geometría euclidiana no permite dar exactamente el
área o el volumen de la figura considerada, estudiándose hasta figuras de
contornos cualesquiera; de ahí que se viera en esta obra y en Herón reminiscencias
de la matemática de los antiguos pueblos orientales, en especial de los
babilonios.
Aun menos "griego" y más vinculado por
su producción a la matemática de los babilonios, es el matemático más original
de este periodo: Diofanto de Alejandría, probablemente del s III. De atenernos
a un epigrama de la llamada Antología griega estaríamos mejor informados en lo que se refiere
a la edad en la que habría fallecido Diofanto, aunque es poco probable que ese
epigrama tenga alguna finalidad informativa.
Nota complementaria
La Antología griega
Con este nombre o de Antología
palatina, atribuida a un Metrodoro de fines del siglo V o comienzos,
del VI, se conoce una colección de 48 epigramas con problemas de índole muy
variada, que hoy se incluirían en la matemática recreativa. En general, son
problemas curiosos con enunciados pintorescos que se resuelven con simples
raciocinios o, a lo sumo, con ecuaciones lineales, con excepción del
"problema de los vinos" que aparece en la Aritmética de
Diofanto. Además, uno de los epigramas revelaría la edad de este matemático.
Según ese epigrama Diofanto transcurrió en la niñez el sexto de su vida, un
dozavo en la adolescencia y que, después de otro séptimo de su existencia, se
desposó naciéndole un hijo a los cinco años de casado. Más el hijo vivió la
mitad de la vida del padre y éste, afligido, buscó consuelo en la ciencia de
los números y cuatro años después de la muerte del hijo, falleció. Un cálculo
simple da para la vida de Diofanto 84 años, aunque otra interpretación del
epigrama, admitiendo que el hijo hubiera muerto cuando tenía la mitad de la
edad del padre, abrevia la vida de Diofanto a 65 años y un tercio.
De Diofanto se conoce un fragmento de un
escrito Sobre los números poligonales, y seis libros de su Aritmética que, según el prefacio debía tener trece, aunque
parece que en verdad no se compusiera sino de los seis aún existentes.
Sobre los números poligonales es un
estudio de teoría de números cuyo resultado importante es la generalización de
la propiedad de los números impares de ser su óctuplo más uno un cuadrado. En
efecto. Diofanto demuestra en forma retórica la propiedad que hoy
expresaríamos:
[2n (p - 2) - (p
- 4)]2 = 8 P (p - 2) + (p
- 4)2,
siendo P un número poligonal de lado p y n términos.
Pero más novedosa y original es su Aritmética, que no contiene teoremas o proposiciones, sino
problemas entre números abstractos, con excepción de un problema entre
cantidades, aunque poco real, que figura también en la Antología y la colección de problemas del último libro en
el cual los datos y las incógnitas son elementos de triángulos rectángulos que
han de satisfacer por tanto a la ecuación pitagórica.
Las características de los problemas de la
Aritmética son:
a.
Se trata de
problemas, a veces determinados, pero en más de los casos indeterminados, en
los cuales la solución que halla Diofanto comporta exclusivamente números
racionales positivos (y no necesariamente enteros como haría pensar la
denominación de análisis diofántico con que a veces se designa este estudio);
b.
En la
resolución de tales problemas se aplica cierto simbolismo semejante al actual,
por lo menos en el tratamiento de los polinomios con una letra;
c.
En los
problemas de Diofanto no aparece orden alguno, ni en lo referente a la
naturaleza de los problemas, ni en cuanto al método de resolución, aunque
pueden agruparse siguiendo ciertos criterios de analogía. Los métodos de
resolución aparecen distintos en cada caso particular, pero la elección del
método y los recursos auxiliares de los que echa mano Diofanto, confieren a su
escrito la fisonomía algebraica que los caracteriza y distingue de los demás
escritos griegos.
Nota complementaria
El simbolismo de Diofanto
En el primer libro de su Aritmética Diofanto
expone los signos que utilizará y sus reglas operatorias.
Los signos son: signos literales para indicar las tres primeras potencias de la
incógnita, que reitera para indicar las tres siguientes; un signo especial
agregado a las anteriores servía para indicar las potencias recíprocas;
agregando un par de signos más para la igualdad y la sustracción, en cambio no
hay signo para la suma; ésta se indica escribiendo los sumandos uno tras otro.
Como esos signos (deformados, sin duda, por copistas posteriores) parecen ser
las iniciales de las palabras griegas correspondientes podría decirse con algún
abuso de lenguaje que el "álgebra" de Diofanto es
"sincopada", es decir, está en esa etapa que recorrerá más adelante
entre el álgebra retórica, sin símbolos, y la simbólica actual.
Aún limitada, pues no dispone sino de una incógnita que le obliga a ciertos
recursos y artificios cuando se trata de problemas de varias incógnitas y sus
potencias no van sino desde la sexta negativa a la sexta positiva, su álgebra le
permite operar con potencias y polinomios, agregando también la operación de
pasar de un miembro a otro de sus igualdades. Y agrega Diofanto:
"Considerando la suma, la diferencia, el producto y la razón de estos
números combinados con sus lados, se llega a enunciar una cantidad de
problemas, cuya solución se logra por el camino que enseñaré".
La habilidad e ingeniosidad, de que Diofanto
revela en especial en sus problemas de análisis indeterminado de sistemas no
lineales no son, sin embargo, casuales: se fundan sobre el conocimiento de una
gran cantidad de propiedades aritméticas, que no demuestra, pero que aplica,
por ejemplo el producto de dos números, cada uno de los cuales es suma de dos
cuadrados y puede expresarse de dos maneras distintas como suma de dos
cuadrados; todo cubo es suma de tres cubos, etcétera.
Nota complementaria
Los problemas de Diofanto
En todos sus problema, Diofanto adopta para las
constantes, valores numéricos particulares, pero el método que emplea es en
general independiente de esos valores que, por supuesto, están elegidos de
antemano para que el problema tenga solución. Veamos algunos ejemplos de los
distintos tipos de problema de la Aritmética de Diofanto.
a. Problemas de primer grado con una incógnita.
El primer problema de la Aritmética consiste en determinar dos
números conociendo su suma y su diferencia. Dice Diofanto: Si x es el
menor de esos números el mayor será x + d (la diferencia
conocida) de manera que 2x + d será la suma también conocida, de
ahí que el menor será la semidiferencia de los datos y el mayor la semisuma
(Diofanto dice el menor más la semidiferencia).
Un problema interesante (que geométricamente equivaldría a buscar el cuarto
armónico de una terna dada) es el que Diofanto enuncia diciendo: Dados dos
números, buscar un tercero tal que los productos de cada uno de ellos por la
suma de los otros dos estén en progresión aritmética. Diofanto distingue y
resuelve los tres casos posibles. En todos los casos el problema se resuelve
mediante una simple ecuación que exprese que uno de los productos sea media
aritmética de los otros dos. Por supuesto que los datos de Diofanto están
elegidos de manera que la solución sea positiva.
b. Sistemas lineales.
En general, cuando aparecen varias incógnitas, Diofanto mediante la
introducción de variables auxiliares reduce el problema al caso anterior. Por
ejemplo en un sistema que con nuestros símbolos sería
(x + a):(y - a) = m
; ( x + b ) : (x - b ) =
n
toma como incógnita auxiliar (y - a)
que determina mediante eliminación de x.
En otros problemas esa elección es menos evidente, pero más feliz. Por ejemplo,
sea calcular cuatro números conociendo las cuatro diferencias entre la suma de
tres de ellos y el restante. Para ello, Diofanto introduce una quinta incógnita
auxiliar, como semisuma de las cuatro incógnitas del problema; y deduce
fácilmente mediante una ecuación de primer grado esta quinta incógnita, y de
ahí los números buscados. (En efecto, cada una de las incógnitas del problema
es la quinta incógnita menos la mitad de uno de los datos.)
c. Ecuaciones de segundo grado.
Diofanto conoce la resolvente de la ecuación cuadrática aunque no considera
sino una sola raíz; la positiva, aun en el caso en que la ecuación contenga dos
raíces positivas. Veamos el "problema de los vinos", en el cual
Diofanto despliega singular habilidad. Se trata de determinar las cantidades de
dos clases de vino de precios proporcionales a 8 y 5, de manera que el costo
sea un cuadrado, que sumado al número 60, reproduzca el cuadrado de la suma de
las dos cantidades. Si éstas son x e y, el
problema se reduce a resolver el sistema, con nuestros símbolos:
8x + 5y = z2 ;
z2 + 60 = (x + y) 2.
Diofanto comienza por tomar como incógnita auxiliaru
= x + y que lo lleva al sistema u2 - 60
= 3x + 5 u = 8u - 3y y,
por tanto, a las desigualdades 8u > u2 - 60 > 5u. Considerando
las resolventes de las ecuaciones cuadráticas correspondientes (transformando
las desigualdades en igualdades), que en ambos casos no tienen sino una sola
raíz positiva, encuentra que u está entre 11 y 12. Como u2 - 60
debe ser un cuadrado Diofanto, para reducir la ecuación a lineal, introduce una
nueva incógnita v tal que u2 - 60
= (u - v)2 y utilizando los valores extremos deu llega
a un nuevo par de inecuaciones env : 22v < 60 +
v2 < 24v. En este caso, las
ecuaciones correspondientes tienen ambas dos raíces positivas, pero por el
resultado se advierte que Diofanto no considera sino la mayor. Llega así a la
desigualdad 19 < v < 21. Toma v = 20,
de ahí u = 23/2 y de ahíx =59/12;
y =79/12; z = 17/2
También en el caso de sistemas de grado superior al primero la solución depende
de la adecuada elección de variables auxiliares. Por ejemplo, en el sistema de
tres ecuaciones con tres incógnitas que nosotros escribiríamos;
x (y +
x) = a; y(z + x) = b; z(x +y) =
c
toma como nuevas incógnitas: xz = u; yz =
v, pasando al sistema linealu + v = c; u - v = a - b; de
ahí los valoresde uy vy con ellos los de x2 ; y2 ; z2 .
d. Sistemas indeterminados.
Es en estos sistemas donde Diofanto pone de relieve su habilidad
"algebraica". Es claro que los problemas indeterminados de primer
grado no tienen para nosotros mayor interés, pues siendo los coeficientes
racionales existe una infinidad de soluciones racionales. En estos casos
Diofanto adopta una sola de ellas como solución o determina la que corresponde
a un valor prefijado de una de las incógnitas. Pero en los sistemas de grado
superior esto no puede hacerse, y es necesario acudir a recursos especiales.
En algún caso Diofanto habla de "expresión general", por ejemplo
cuando enuncia las reglas para encontrar dos números tales que su producto más
(o menos) su suma es un valor dado, regla que equivale a escribirxy + (x
+ y) = a en la forma (x + 1) (y + 1) =
a + 1 , de ahí que conocido uno de los números se obtiene el otro.
En general, Diofanto resuelve estos problemas mediante adecuadas elecciones de
variables auxiliares. Así, si la ecuación es x2 +
y2 = a2 hacey = xz - a y
la ecuación se torna lineal enx ; igualmente la ecuación x2 +
y2 = a2 + b2 se hace
lineal en z mediante las sustitucionesx = zu - ma;y = zv - b; o la
ecuación x2 - y2 = a2 se hace
lineal eny con x=y + z.
En otros casos la solución es más rebuscada, pero no por eso menos ingeniosa.
Sea, por ejemplo, determinar cuatro números tales que sumando a cada uno de
ellos el cuadrado de su suma se obtenga en todos los casos un cuadrado. Para
resolverlo, Diofanto acude a una propiedad de los triángulos rectángulos: el
cuadrado de la hipotenusa más cuatro veces el área es un cuadrado (de la suma
de los catetos), de ahí que el problema se reduzca ante todo a buscar cuatro
triángulos rectángulos de igual hipotenusa, que logra partiendo de dos
triángulos rectángulos cualesquiera de catetosb, c; b', c' e hipotenusas
respectivamente, a,a' utilizando factores de proporcionalidad y las
identidades entre sumas de dos cuadrados. En efecto, los triángulos de
catetos ba', ca'; b'a, c'a; bb' + cc', be'-b'c, bb' - cc', be' +
b'c respectivamente, tienen todos la misma hipotenusa aa'. De
esta manera se obtienen cuatro números (los cuádruplos del área) que, sumados
al mismo cuadrado, se obtienen cuadrados. Para que ese cuadrado común sea a su
vez suma de esos números bastará encontrar un factor de proporcionalidad que
haga cumplir esa condición.
El sexto libro de Aritmética, con excepción del último
problema que es de "los vinos”, está dedicado íntegramente a problemas de
triángulos rectángulos de lados racionales, de manera que se trata siempre de
un sistema de ecuaciones una de las cuales es la pitagórica. La solución
depende en cada caso del problema. Veamos un par de ejemplos; Determinar un
triángulo tal que el área más un cateto sea un cuadrado y el perímetro, un
cubo. En este problema, como en otros, no hay respeto alguno por la
homogeneidad característica que señalamos también en algún problema de los
babilonios. Diofanto parte de la solución general de la ecuación pitagórica
atribuida a los pitagóricos que por comodidad afecta por un factor de
proporcionalidad, con lo cual llega a las condiciones que un cierto
número u debe ser, tal que 2 u + 1 debe ser
un cuadrado y su doble un cubo, lo que exige que 2u + 1 debe ser el
cuádruplo de una sexta potencia. Toma como base de esta potencia la unidad que
da para u el valor 3/ 2 y
de ahí obtiene para los lados del triángulo 8/5; 3
y 17/ 5 cuya área 12/5 más
el cateto 8/5 es cuadrado de 2 y cuyo perímetro
8 es un cubo.
Otro problema, también de reminiscencias babilónicas, pide determinar un
triángulo rectángulo tal que el área más un cateto sea una constante dada, que
Diofanto toma igual a 7. Si la indicamos con a, el sistema a
resolver es 1/2xy + x/s=
a; x2 + y2 = z2.
El proceso que sigue Diofanto puede resumirse así: si se considera un triángulo
semejante al buscado de factor de proporcionalidad h, la
primera ecuación se convierte en una ecuación de segundo grado en h que
exige para que sus raíces sean racionales que la expresión V2axy
+ 1/4x2 sea un cuadrado
perfecto; como lo debe ser, por la segunda ecuación x2 +y2 sea
así un sistema de "doble ecuación" que se le presenta también en
otros problemas. Siy = kx el sistema es V2ak
+ V4 = u2; 1 + k2 =
v2. Restando la diferencia de cuadrados es igual a un producto,
de ahí fácilmente la solución particularu = 1/2 a (7/2)
y k = ( a2 - 1) : 22 (24/7)
de ahí que el triángulo es semejante a uno de los lados 7, 24 y 25. De acuerdo
con la primera ecuación el factor de proporcionalidad es 1/4 y
el triángulo buscado es de catetos 7/4 y 6 y de
hipotenusa 25/4. Habría que decir que ésta es una
solución, pues el análisis del problema revela una segunda solución racional; x
= 24 /7; y = 25/12;
z = 337/84, pero es claro que Diofanto no buscaba
sino la solución que había pensado de antemano al proponer el problema.
Capítulo 6
La época medieval
Contenido:
La temprana Edad Media
La alta Edad Media
La baja Edad Media
En el capítulo anterior
reseñamos el desarrollo de la matemática griega, o elaborada por griegos,
durante el período grecorromano, periodo en el cual la matemática en ese
sentido no tuvo cabida en el mundo romano.
En las enciclopedias a las que eran afectos los
polígrafos romanos, no figuraban sino las nociones matemáticas destinadas a las
aplicaciones, ya fueran los conocimientos aritméticos útiles para satisfacer
las necesidades de la vida diaria, las exigencias de las transacciones
comerciales o, a lo sumo, alguna cuestión tribunalicia; ya fueran los
conocimientos geométricos que requería la agrimensura y la agricultura.
Es conocido por las contadas ocasiones en que
aún se utiliza, el sistema de numeración de los romanos, de base 10 y no
posicional y en el cual en la numeración hablada el 20 ocupa un lugar especial,
mientras que en la numeración escrita se intercalan las unidades intermedias 5,
50, 500. Una característica del sistema es el procedimiento sustractivo para
abreviar la escritura de ciertos números.
IX = 9, XL = 40 (el IV = 4 parece ser algo
posterior], aunque no es original, pues se han encontrado ejemplos entre los
babilonios. Los romanos utilizaron fracciones de numerador unitario y
denominadores 12 o múltiplos de 12, en conexión con el sistema de medidas y de
monedas.
Para operar, utilizaban ya el cálculo digital,
ya prontuarios o tablas de cuentas hechas o el ábaco, instrumento del cual se
poseen ejemplares que permitían calcular con números grandes y fracciones.
En cuanto a los conocimientos geométricos que
aparecen en algunas enciclopedias de los romanos se limitan a unas cuantas
reglas empíricas.
Nota complementaria
La geometría de los romanos
En las enciclopedias romanas, además de las reglas
para la determinación exacta del área del cuadrado, del rectángulo y del
triángulo rectángulo se encuentra una fórmula aproximada para el área del
triángulo equilátero que supone tomar para √3 el valor bastante aproximado
26/15; otra para los cuadriláteros no rectángulos, que no es sino la antigua
fórmula egipcia que adopta como área el producto de las dos semisumas de los
lados opuestos; y una para el área del círculo tomando para n el valor de
Arquímedes 22/7. Agreguemos que los agrimensores romanos admitían como bastante
exacta la determinación del área de una ciudad de forma irregular, sin más que
medir su perímetro.
Cierta reacción en favor de los antiguos textos
griegos se advierte en los escritores latinos después de la caída del Imperio
de Occidente. Así en Marciano Capella, de mediados del siglo V, autor de una
obra en prosa y en verso: De las nupcias de Filología y Mercurio
y de las siete artes liberales, en
nueve libros, precursora de las enciclopedias medievales en la que se ocupa de
esas artes, es decir, el trivium: gramática, dialéctica y retórica, y el quadrivium: geometría, aritmética, astronomía y música. En este
escrito que, como otros de esta época, gozaron de estima y difusión durante la
Edad Media, la geometría se reduce a las definiciones de los Elementos con el enunciado de su primer problema, y la
aritmética a unas cuantas nociones de carácter neopitagórico.
Algo posteriores a Capella, y de comienzos y
mediados del siglo VI, son contemporáneos Boecio y Casiodoro. Severino Boecio,
más conocido como filósofo, dedicó parte de su producción a la traducción,
recopilación o composición de manuales relacionados con el quadrivium (ya aludimos a su compilación de la Aritmética
de Nicómaco), obras que sirvieron para mantener vivas ciertas nociones del
saber antiguo durante los tiempos medievales, por la difusión que alcanzaron
esos escritos.
También se ocupó de las artes liberales
Casiodoro en un escrito, muy citado en la Edad Media, donde aparece una
exposición del saber pagano necesario para la comprensión de la Biblia; aunque
el mérito mayor de Casiodoro fue el de haber sido el iniciador de la costumbre
de incitar a los monjes de su convento al estudio, imponiéndoles la obligación
de copiar antiguos textos, costumbre que, al mantenerse en los tiempos
posteriores, permitió conservar buena parte de la literatura antigua.
Ya mencionamos el Código
arceriano de estos tiempos, con su
interesante aporte aritmético, aunque a su lado figura un error grosero, que
aparece también en escritos ulteriores, proveniente de confundir el área de un
polígono con el número poligonal correspondiente.
Otro autor enciclopédico, cuya obra Etimologías sirvió de modelo de las futuras enciclopedias
medievales San Isidoro, obispo de Sevilla desde 601, en la que considera todas
las disciplinas de su época, desde astronomía a medicina con definiciones y
clasificaciones.
El próximo nombre ya no pertenece a la cuenca
del Mediterráneo, es el del benedictino inglés Beda el
Venerable, que en su obra
enciclopédica De natura rerum mejora
los conocimientos de Isidoro con las aportaciones de Plinio, que Isidoro no
conoce. En especial, cabe mencionar a Beda por un escrito sobre el cálculo
digital, aunque más importante ha sido su influencia que, a la larga, ejerció
sobre Alcuino de York, uno de los maestros a los que acudió Carlomagno para
mejorar el nivel cultural de su administración y de su clero. Aunque la labor
más importante y valiosa de Beda fue el esfuerzo educativo, se le deben varios
escritos, entre ellos una colección de problemas aritméticos y geométricos,
"para desarrollar el ingenio de los jóvenes". En esa colección
figuran los clásicos problemas de matemática recreativa: el de los 100 pájaros,
de los móviles, de las canillas que llenan un tanque, etcétera; además
cuestiones de números, por ejemplo, habla acerca de los números perfectos, y da
fórmulas aproximadas para las áreas. Entre esos problemas figura el de aquel
testador romano que al morir, cuando su esposa está por dar a luz, disponiendo
la distinta manera en que debe repartirse la herencia según el sexo del hijo a
nacer. Nace un par de mellizos de distinto sexo ¿cómo ha de repartirse la
herencia.
El escaso valor científico de estos problemas
muestra el bajo nivel que había alcanzado la matemática en el
"renacimiento carolingio” que se había iniciado con Alcuino. Sin embargo,
con la muerte de Carlomagno murió también aquel "renacimiento" y el
nivel matemático descendió aún más, tal como lo revela una correspondencia
entre dos "matemáticos" de comienzos del siglo XI, en la que
vanamente se trata de probar que la suma de los ángulos de un triángulo es
igual a dos rectos, sugiriendo finalmente una demostración experimental
recortando ángulos de pergamino.
Pero ya asomaba un nuevo despertar favorecido
por los vientos que venían del Oriente. El aporte oriental a la matemática,
durante el primer milenio de nuestra era, proviene de tres centros culturales
distintos: chino, hindú y árabe, y distintos fueron también su valor y su
influencia.
Aunque actualmente se está conociendo cada vez
más y mejor la antigua ciencia china puede decirse que la matemática china es
la que ejerció menor influencia sobre la futura matemática occidental.
Nota complementaria
Lo matemática china
En verdad, la historia de China comienza a fines
del siglo III a. C., cuando se unifica y nace el imperio chino, cuyo primer
emperador ordena la "quema de los libros", con excepción de los de
agricultura, de medicina y de adivinación. Aunque tal destrucción no fue
completa hace, de todos modos, muy difícil la investigación del saber chino
anterior a esa época. Por lo demás, China no estuvo totalmente aislada de otros
pueblos orientales y hasta de Occidente. El comercio de la seda con países occidentales
es muy antiguo y las relaciones con la India, y más tarde con los árabes,
fueron continuas: el budismo es introducido por lo menos oficialmente, en China
en el siglo I y las relaciones económicas y políticas con los árabes datan del
siglo VII.
Por otra parte, los más antiguos documentos existentes revelan que la
matemática china no difiere esencialmente en lo que se refiere al nivel de los
conocimientos de la matemática de los pueblos orientales: un sistema de
numeración aditivo mediante rayas horizontales y verticales, proveniente de un
antiguo cálculo con varillas de bambú; y el empleo del ábaco, cuya mención más
antigua aparece en un tratado aritmético de fines del siglo II; fórmulas
empíricas y aproximadas para áreas y volúmenes de figuras simples; y colección
de problemas, algunos típicos, y como dato interesante la presencia, que parece
de origen inmemorial de cuadrados mágicos.
A partir de los primeros siglos cristianos se tienen algunos datos más
concretos: en el siglo III Liu Hui compone un escrito aritmético con problemas,
algunos de los cuales implican cierta noción algebraica; se le debe además un
comentario al tratado clásico Las reglas de cálculo en nueve partes, compuesto
según es tradicional, en el siglo II a. C, sobre la base de escritos más
antiguos.
Debemos llegar a fines de la alta Edad Media para encontrar el nombre de un
matemático chino, importante: Ch'in Chiu-Shao, autor de las nueve
secciones de matemática, que contiene 81 problemas de análisis
indeterminado y ecuaciones algebraicas de grado superior. Dos características
algebraicas distinguen este tratado: por un lado la notación distinguiendo con
el color rojo y negro los coeficientes positivos y negativos respectivamente y
el cero con un circulito (otro matemático independiente de Ch'in, en lugar de
colores diferenció los coeficientes cruzando con una diagonal los coeficientes
negativos); y por el otro, el método numérico de resolución de ecuaciones que
en esencia coincide con el método hoy llamado de Ruffini-Horner.
También del siglo XIII es Yang Hui, quien en un Análisis de las reglas
aritméticashace conocer, por primera vez en la literatura matemática, la
expresión de la suma de los primeros n números que los
pitagóricos llamaron triangulares, es decir, con nuestros símbolos:
mientras que del siglo siguiente es Chu Shih-Chieh,
considerado uno de los grandes matemáticos chinos, en cuyo tratadoEl
precioso espejo de los cuatro elementosexpone, como algo no original, un
diagrama numérico, que no es sino nuestro "triángulo aritmético",
hasta la novena línea. Agreguemos que mediante el tratado de Chu Shih-Chieh se
introdujo el álgebra china en Japón.
Para terminar con la matemática en China, recordemos que en el siglo XVI los
misioneros jesuitas introducen la matemática occidental en Extremo Oriente.
En cambio, se deben a la matemática hindú
aportaciones originales importantes, así como una notable influencia sobre la
ciencia árabe y, por intermedio de ésta, sobre la occidental.
Una característica de la ciencia hindú es la
dificultad que ofrece la ubicación de sus obras en el tiempo, en vista de la
carencia de una cronología precisa, de la escasez de la documentación y las
discrepancias que esos factores provocan en los historiadores. Ha de agregarse
que por el hecho de haber sido en la India siempre muy vigorosa la tradición
oral, la escritura se adoptó en forma amplia en fecha tardía, digamos hacia el
primer milenio a. C., de ahí que sólo desde esta época se tengan datos
concretos acerca del saber hindú.
Aunque la influencia de la matemática hindú se
ejercerá en especial en los campos de la aritmética, del álgebra y de la
trigonometría, sus primeras manifestaciones son de índole geométrica, y han de
verse en los rituales brahmánicos, donde aparecen nociones destinadas a la
ubicación y forma de los altares de los sacrificios. Pertenecen a una época
comprendida entre los siglos VIII y II a. C. y en ellos figuran reglas para la
construcción de los altares y en un complemento: el Sulvasutra, se dan las reglas para la construcción de
cuadrados y rectángulos, relaciones entre la diagonal y el lado de un cuadrado,
y equivalencias entre el rectángulo, el cuadrado y el círculo.
Nota complementaria
Las construcciones del Sulvasutra
Además de algunas aplicaciones del teorema de
Pitágoras para transformar un rectángulo en un cuadrado equivalente, aparece en
el Sulvasutrauna expresión racional de la diagonal del cuadrado en
función del lado que equivale a la igualdad aproximada que proporciona un valor
exacto hasta la quinta decimal.
Se utiliza luego este valor para resolver
aproximadamente el problema inverso de la cuadratura del círculo: obtener el
diámetro de un círculo equivalente a un cuadrado dado. La solución hindú
consiste en tomar como diámetro el lado del cuadrado más el tercio de la
diferencia entre la diagonal y el lado, solución que daría para π el valor poco
aproximado de 3,0888. Más aproximado es el valor 3 1/8 que aparece en otro
problema (valor que por lo demás era conocido por los babilonios), al tomar
como diámetro del círculo los 4/5 de la diagonal del cuadrado equivalente.
Menos aproximadas aún son las reglas que dan, para el lado del cuadrado,
fracciones como 7/8 o 13/15, del diámetro del círculo equivalente.
Estas construcciones geométricas ya no figuran
en las obras que aparecen en el segundo período hindú de producción matemática:
es el periodo astronómico, que transcurre entre los siglos IV y XII de nuestra
era. Las obras más antiguas de este período son las Siddhanta, obras de carácter astronómico, en las que se advierte
la influencia griega. Se conocen, por lo menos de nombre, cinco Siddhanta, de las cuales se posee el texto de una y
comentarios de otra. La importancia matemática, además de su influencia en el
mundo islámico, estriba en el hecho de que en las Siddhanta aparecen por primera vez las funciones
circulares, por lo menos el seno y el coseno (bajo la forma de seno verso),
mediante una tabla en la que se advierte la ventaja de medir los arcos no por
sus cuerdas, como lo hace Ptolomeo en su Almagesto, sino por la semicuerda del arco doble (seno) y
por la flecha del arco doble (seno verso).
Un mayor desarrollo de estos conceptos aparece
en algunos matemáticos posteriores, ya en el primero, en orden cronológico, de
los grandes matemáticos: Aiyabhata, nacido probablemente en 476 y en
Varahamihira, del siglo VI, que en una de sus obras resume una de las
antiguas Siddhanta. Aiyabhata
es autor de un tratado astronómico- matemático en versos: Aryabhatiyam, dividido en cuatro capítulos, de los cuales el
más importante, desde el punto de vista matemático, es el segundo que
comprende, además de otras cuestiones, una tabla de senos y ejemplos de
análisis indeterminado de primer grado, tema este último que constituye su
contribución más original. Mientras que en Diofanto el objeto de su análisis
indeterminado de primer grado era hallar soluciones racionales positivas, en
los hindúes ese análisis adquiere el significado actual, pues se propone buscar
soluciones enteras de ecuaciones lineales de la forma a x + b y
= c , con a, b, c números enteros.
Nota complementaria
Las contribuciones de Aryabhata
En cuanto al análisis indeterminado de Aryabhata,
he aquí la reconstrucción, de acuerdo con un comentarista hindú, del proceso
seguido para resolver el sistema de dos ecuaciones lineales con tres
incógnitas:
8x - 29y = 4
17x - 45z = 7
con números enteros. El método que llamaban de
"pulverización", no es sino nuestro método de cambios de variable, a
fin de lograr ecuaciones con coeficientes cómodos como para que una primera
solución "salte a la vista"; tal es el camino que revelan las
operaciones que se van efectuando. Mediante ese proceso se llega a una primera
solución (mínima) x =15, y =4 para
la primera ecuación y x= 11, y= 4
para la segunda. De acuerdo con nuestro simbolismo, esas soluciones señalan
como solución, general de cada ecuación, tomada aisladamente, para la variable
común x:
x = 15+29u;
x = 11+45v
de donde por igualación resulta una nueva ecuación lineal
45v - 29u =4
que, vuelta a "pulverizar", da como nueva
solución mínima u =34; v =22 y de
ahí en definitiva la solución mínima del sistema:x =1001;
y =276 ; z =378, que aparece en el
comentario citado.
Respecto de la construcción de la tabla de senos. Aryabhata adopta para ti el
valor 3 177/ 1250 (= 3,1416), conocido por Ptolomeo, y como unidad de longitud
el minuto de arco, de manera que resulta para su circunferencia un radio de
3438 unidades (el número de minutos de la vuelta dividido por π). Divide
ahora el cuadrante en 24 arcos. Cada uno de los cuales será entonces de 225
unidades y supone que este arco mínimo es igual a su seno, suposición que
implica un error menor que una unidad. Partiendo del seno de este arco mínimo,
que llamaremos a, los siguientes se calculan por recurrencia
mediante una fórmula aproximada que mediante nuestros símbolos sería
siendo r el radio, expresión que
presupone 1 - cos α= 1/450 expresión exacta hasta la cuarta
decimal, hecho que explica que redondeando las unidades y utilizando los
valores conocidos de senos de arcos notables, Aryabhata llegue a encontrar para
el sen 90° un valor igual al radio.
Un segundo matemático hindú de este periodo es
Brahmagupta, del siglo VII, cuyo tratado astronómico Siddhanta dedica unos capítulos a la matemática con
algunas contribuciones nuevas: valor aproximado de n, ecuaciones indeterminadas
de segundo grado, y en especial propiedades de los cuadriláteros inscriptibles,
en la que se advierte la influencia griega, pero que constituyen sin duda la
contribución más interesante de Brahmagupta.
Nota complementaria
Las contribuciones de Brahmagupta
Una contribución geométrica de la matemática hindú
es la generalización de la llamada "fórmula de Herón", aplicable a
los cuadriláteros inscriptibles, que aparece en los escritos de Brahmagupta y
que expresada con nuestros símbolos de como área S de un
cuadrilátero inscriptible de lados a, b, c, d y semiperímetro
Brahmagupta reconoce además que esa fórmula puede
aplicarse a los triángulos anulando uno de los lados del cuadrilátero. Aunque
el texto no es muy claro, parece que Brahmagupta no ignoraba que esta fórmula
era aplicable sólo a los cuadriláteros inscriptibles; Baskhara cinco siglos
después no advierte esta limitación.
También revela Brahmagupta el conocimiento de las expresiones que permiten
obtener las diagonales de un cuadrilátero inscriptibles conociendo los lados y
que hoy escribiríamos si esas diagonales son x e y:
Más interesante, aunque menos original, es la
construcción de un cuadrilátero inscriptible de lados, diagonales y área
conmensurables y además de diagonales perpendiculares entre sí. Para ello acude
a Diofanto, con el mismo ejemplo numérico, en el problema que hemos mencionado
(de los cuatro números, cada uno de los cuales, sumado al cuadrado de su suma,
dan cuadrados); obtiene así cuatro triángulos rectángulos de lados enteros,
semejantes dos a dos y con catetos iguales también dos a dos, que al reunirlos haciendo
coincidir el vértice del ángulo recto y los catetos iguales, configuran un
cuadrilátero inscriptible en las condiciones dadas. (Si se adoptaran los
triángulos de lados 3, 4, 5 y 5, 12, 13, los lados del cuadrilátero serían 25,
52, 60, 39 las diagonales perpendiculares entre sí 63 y 56 y el área 1764.)
Empero, el aporte oriental más notable de estos
primeros tiempos medievales provino del mundo árabe del Islam, movimiento que
se inicia con la hégira de Mahoma de 622 y que ha desempeñado un papel singular
en el desarrollo de la ciencia de este periodo.
Ese movimiento comprende un primer período de
conquistas bélicas y de expansión política que culmina a mediados del siglo
VIII, cuando los árabes están en posesión de una extensión territorial mayor
que la del imperio romano en sus mejores tiempos, que abarca desde Asia Central
hasta los Pirineos a través de África del Norte y gran parte de Asia
occidental.
A partir del siglo VIII la fisonomía del Islam
cambia. Por un lado, el levantamiento del sitio de Constantinopla, la batalla
de Poitiers, que frena la expansión árabe en Europa, y la batalla de Talas que
no obstante ser una victoria para los árabes, éstos no prosiguen su avance,
detienen las conquistas bélicas; por el otro, la creación del califato de
Córdoba y la división del califato oriental en los de Bagdad y del Cairo,
acentúan las disensiones políticas y religiosas internas. A estas
circunstancias, en cierto modo extrínsecas, se agregan factores intrínsecos:
a.
el hecho de
que el islamismo puso a los árabes en contacto con pueblos y regiones que
habían sido centros de antiguas culturas, como Mesopotamia, o que lo eran en la
época de la conquista árabe, como Persia, Siria, India, o que conservaban
restos de la cultura helénica o romana, como España, Cirenaica, Egipto;
b.
la tolerancia
que en general los conquistadores mostraron hacia los habitantes de las
regiones sometidas, en especial hacia aquellos que tenían "libros":
cristianos, judíos, persas;
c.
la atmósfera
de libre discusión y libertad de opinión que había nacido con las polémicas
religiosas y teológicas surgidas en el seno del Islam, que indirectamente
venían a favorecer el intercambio y desarrollo científico; y
d.
la existencia
de cortes árabes que, a la manera de las persas, protegían y fomentaban el arte
y las ciencias.
Se comprenderá así como a
fines del siglo VIII el mundo árabe está en posesión de todos los elementos
necesarios para un desarrollo científico que proseguirá durante varios siglos y
que, desde el punto de vista de la matemática, reseñaremos a continuación.
La primera manifestación de la actividad
científica de los árabes se pone de relieve en las traducciones al árabe de
obras hindúes y griegas. La traducción de obras griegas había sido precedida
por las versiones al siríaco, realizadas en Siria y Mesopotamia. Entre los
escritores sirios cabe mencionar al obispo Severo Seboth, de fines del siglo
VII, que tradujo las Analíticas de
Aristóteles y escribió sobre temas astronómicos, siendo el primer escritor que,
fuera de la India, menciona las cifras hindúes. Este hecho nos lleva a hablar
de esas cifras y por tanto del sistema de numeración decimal y posicional
actualmente en uso en Occidente.
Su historia es bastante complicada y aún no muy
clara, aunque el origen hindú parece indudable. Esa fantasía exuberante que
revelan las construcciones y relieves hindúes y que en los problemas
aritméticos se pone de manifiesto en la presencia de grandes números, pudo ser
una causa, consciente o no, que condujo a buscar un sistema de numeración que
hiciera factible su manipulación. Siguiendo a Van der Waerden, su historia
puede resumirse así: Hacia la época del rey Asoka (siglo III a. C.] estaba en
uso un sistema llamado Brahmi, no posicional y por tanto sin el cero, con nueve
signos, que mostraban cierta semejanza con las futuras "cifras
arábigas", junto con signos especiales para las decenas, centenas y
millares. Mientras el nombre de estas cifras se mantiene en el lenguaje escrito
sus símbolos se modifican en la escritura numérica, y en las más antiguas
tablas de senos (s. VI) y en las inscripciones epigráficas ya aparece el
sistema posicional decimal con el cero. Hay que agregar que al principio este
sistema fue adoptado dentro del tono poético de la matemática hindú, utilizando
palabras en lugar de signos, y escribiendo el número en orden inverso del
actual. La posible influencia aportada por el conocimiento del sistema
sexagesimal de los astrónomos griegos, que ya habían introducido el cero y
escribiendo los números de mayor a menor, facilitó probablemente esta
modificación también en el sistema hindú, y hacia el 500 el sistema es el
actual.
El sistema hindú penetró en Occidente por
caminos distintos y en diferentes épocas, con el cero y sin el cero, pero será
por intermedio de los árabes que se conocerá en Occidente en la forma actual,
de ahí el nombre de cifras arábigas que se ha dado a los signos hindúes.
Es probable que los árabes se pusieran en
contacto con estas cifras en el siglo VIII cuando tradujeron las Siddhanta, que figuran entre las primeras obras vinculadas
con la matemática que se tradujeron al árabe. Cabe advertir que antes de Mahoma
los árabes no tenían cifras. Más tarde, adoptaron los sistemas de numeración de
algunos de los pueblos conquistados, mientras gradualmente fundaban un sistema
propio a la manera griega y hebrea fundado sobre el uso de las letras del
alfabeto.
Este sistema, a su vez, fue reemplazado por el
de las cifras hindúes, que mostraron su superioridad, tanto en las
transacciones comerciales cuanto en las operaciones aritméticas. Sólo en obras
astronómicas, en especial en las traducidas del griego, se continuó usando el
sistema alfabético, al traducir también los números en griego, hecho caso en el
cual la desventaja del sistema alfabético no era muy pronunciada.
A partir del siglo IX comienzan a aparecer las
traducciones al árabe de las obras griegas y poco después con comentarios. Las
primeras versiones árabes de obras matemáticas griegas fueron las de Al-Haggag,
que vivió en Bagdad entre 786 y 813, a quien se debe la traducción de los
primeros seis libros de los Elementos y una re traducción del Almagesto del siríaco. Las traducciones de los Elementos por Al-Haggag, pues hizo dos, fueron comentadas
en forma interesante por Al-Nayrizi (el Anaritius de los latinos], que murió en
922.
Más importante, aunque menos difundida, fue la
versión de los Elementos de
Ishaq b. Hunayn (muerto en 910/11], miembro de una importante escuela de
traductores que floreció en el siglo IX y de la cual el jefe fue su padre
Hunayn b. Ishaq (el Johannitius de los latinos), a su vez prolífico escritor y
traductor del griego y del siríaco. Ishaq b. Hunayn tradujo además escritos de
Arquímedes, Menelao, Ptolomeo, Hipsicles y Autolico.
Su versión de los Elementos fue a su vez revisada por Tabit b. Qurra
(827-901), que además de ser uno de los grandes traductores, fue también un
investigador original. Se le deben traducciones de Apolonio, Arquímedes,
Eutocio, Teodosio y otros. Es importante su versión de los libros quinto a
séptimo de Cónicas de
Apolonio, pues sólo por medio de esa versión se conocen esos libros. Los cuatro
primeros habían sido traducidos por Hilal AI-Himsi (muerto en 883) y la
traducción de los siete libros fue revisada por Abu-al-Fath de fines del siglo
X.
Cabe agregar que tanto Iohannitius como Tabit
b.Qurra estaban al servicio de una de esas familias que, a la par de los
califas, protegían a la ciencia y a los sabios: la familia de los tres hermanos
Banu Musa, dos de los cuales se dedicaron a la matemática y el tercero a la
mecánica.
Otro traductor de este periodo es Qusta b. Luqa
(muerto hacia 912), que tradujo a Diofanto, Teodosio, Autolico y Herón, de éste
la Mecánica. Al siglo X
pertenecen Abu Uthman, a quien se debe la traducción del libro décimo de
los Elementos y de los
comentarios de Pappus a este libro, comentarios éstos de los cuales se posee
esta versión árabe; y Abu Al-Waffa, astrónomo matemático a quien, además de
traducciones, se deben comentarios de Euclides, Diofanto y Ptolomeo.
Con sus traducciones los árabes entraron en
posesión de una gran parte de la matemática griega e hindú, que a comienzos del
siglo IX comenzó a dar sus frutos.
La primera figura cronológicamente, pero muy
importante, de la matemática árabe es el geógrafo, astrónomo y matemático
Al-Khuwarizmi, de cuya vida poco se sabe, si se exceptúa que fue bibliotecario
del califa Al-Mamun, que reinó entre 813 a 833. En su obra matemática hay
influencias griegas e hindúes y tanto en el sentido de Euclides como en el de
Diofanto habiéndose advertido últimamente también influencias de la matemática
de los babilonios. A su vez, la obra de Al-Khuwarizmi ha ejercido una notable
influencia no sólo en la ciencia del Islam, sino también y muy importante, en
la ciencia cristiana occidental.
Se le debe una Aritmética, que no se ha conservado en su texto árabe pero
sí en su versión latina Algoritmi de número indorum reelaborada como Líber algorismi de
práctica arithmetica por Juan de
Sevilla en el siglo XII. También es probable que sea de Al-Khuwarizmi un
escrito en cinco libros sobre cuestiones de aritmética y de matemática aplicada
a la astronomía, cuya versión latina es Líber ysagogarum
Alchorismi in artem astronomicam a mogistro A. (¿Adelardo de Bath?) compositus.
En todos estos títulos aparece traducido y
deformado el nombre del autor; deformación de la que más tarde surgió el
término "algoritmo" con la acepción técnica actual. La Aritmética de Al- Khuwarizmi, contribuyó a la difusión en
el mundo árabe de las cifras hindúes y del uso del cero; como en textos
posteriores contiene las reglas de las cuatro operaciones con enteros y
fracciones y una serie de problemas resueltos con la regla de falsa posición.
Pero, sin duda, el libro más importante de
Al-Khuwarizmi, y que ha dado el nombre a una rama de la matemática es Hisab
al-jabr wa-al- muqabala de traducción
no fácil, pero cuyo término al-jabar dio luego nacimiento a nuestro vocablo álgebra.
Para comprender el significado de los términos
que aparecen en el título de esa obra hay que tener presente que los árabes
operaron siempre con ecuaciones de coeficientes enteros y positivos de manera
que, después de planteada la ecuación de acuerdo con los datos del problema, la
primera transformación era "restablecer o restaurar el orden"
llamamos: pasaje de un miembro a otro mediante la operación que actualmente
correspondería alal-jabar árabe
(en castellano antiguo, por ejemplo, en el Quijote se llama "algebrista" a quien
recompone los huesos descoyuntados]. También aquella restauración significa
suprimir los denominadores en el caso de aparecer coeficientes fraccionarios.
Pero aun la ecuación puede necesitar otras operaciones: eliminación de factores
comunes en los coeficientes (operación que llamaban al-hatt o eliminación en
ambos miembros de términos iguales, nuestra reducción de términos semejantes),
que sería la wa-al-muqabala.
La exigencia de los coeficientes positivos
aumenta el número de casos de ecuaciones de segundo grado. Así Al-Khuwarizmi
considera seis casos posibles de ecuaciones cuadráticas completas o
incompletas, apareciendo como ejemplos de las ecuaciones completas
x2 + 10x =
39; x2 + 21 = 10x; x2 =
3x + 4
ejemplos que aparecerán
durante siglos en la literatura algebraica posterior. A la resolución
algebraica, según la regla actual Al- Khuwarizmi agrega comprobaciones
geométricas.
Nota complementaria
La ecuación de segundo grado en Al-Khuwarizmi
En su escrito dice Al-Khuwarizmi: " Los
números que se presentan en el cálculo mediante la restauración y la reducción
son de tres clases, a decir: raíces, cuadrados y números simples, que no se
refieren ni a las raíces ni a los cuadrados... Un número que pertenece a una de
esas tres clases puede ser igual a uno de los números de las otras dos, por
ejemplo, cuadrados igual a raíces; cuadrados igual a números, raíces igual a
números ". Se hace así referencia a los tres casos de ecuaciones
incompletas
ax2 = bx; ax2 = c; bx
= c
casos que se reducen simplemente a la extracción de
una raíz o a una ecuación de primer grado.
Pasa luego a los tres casos posibles de ecuaciones completas de segundo grado
de coeficientes positivos, agregando: "Encuentro que esas tres especies de
números pueden combinarse entre sí y dar lugar a tres tipos compuestos que son:
cuadrados y raíces igual a números; cuadrados y números igual a raíces;
cuadrados igual a raíces y números", o lo que es lo mismo, distingue los
tres casos de ecuaciones
x2 + px = q ; x2 + q = px ; x2 = px + q
Para resolver el primer caso, ateniéndose al
ejemplo numérico: ¿Cuál es el cuadrado que sumado a diez raíces da el número
39? Dice: “Debes tomar la mitad del número de las raíces, en este caso 5, y
multiplicarlo por sí mismo y obtienes 25 al que le sumas el número 39, con el
resultado 64. Tomas la raíz cuadrada de este número que es 8 y le restas la
mitad de las raíces 5 y obtienes 3, que es el valor buscado". Se advierte
que la regla no es sino nuestra resolvente expuesta en forma retórica. Cabe agregar
que en un segundo ejemplo de este caso, donde el coeficiente de los cuadrados
no es la unidad, señala que para aplicar la regla anterior debe hacerse ese
coeficiente la unidad, dividiendo por él todo los coeficientes.
El segundo caso es interesante, pues la ecuación tiene dos raíces positivas.
Con el ejemplo x2 + 21 = 10 x, dice
Al-Khuwarizmi: "Debes tomar la mitad del número de las raíces, en este
caso 5, multiplicarlo por sí mismo, obtienes 25 al que debes restar los
números, en este caso 21, obteniendo 4. Extraes la raíz cuadrada que es 2 y lo
restas del número de la mitad de las raíces que era 5 y obtienes 3 que es la
solución. Si deseas, puedes también sumar ese valor 2 a la mitad de las raíces
que es 5 y obtienes 7, que también es solución. Cuando un problema está dado en
esta forma, puedes ensayar con la adición. Si no resulta, es indudable que
resultará con la sustracción. Éste es el único caso, en que hay que tomar la
mitad de las raíces, y que puede ofrecer solución por adición o por
sustracción. Además hay que observar que si en este caso el cuadrado de la
mitad de las raíces es menor que los números, no hay solución. Si es igual a
esos números, la solución es la mitad de las raíces sin aumentos o
disminuciones".
A c. El tercer caso de ecuación completa no agrega
ninguna novedad. A continuación da las comprobaciones geométricas de las reglas
aritméticas, pero sólo de los casos “en los que es necesario tomar la mitad de
las raíces”, es decir, de las ecuaciones completas.
Para el primer caso, de forma x2 + px = 9
y en el ejemplo: x2 + 10x = 39
da dos comprobaciones geométricas.
En la primera, supone un cuadrado de lado x y, por tanto, de
valor x2 a cada uno de cuyos lados adosa un
rectángulo de base x y altura 1/4 p ( 5/2 )
el dodecágono así formado tendrá por área
x2 + 4 1/4 px =
x2 + px = q (39).
de ahí que si a esa figura se le agregan los cuatro cuadrados de los vértices
de área total 4 × (1 /4p)2 = 25 se obtiene
un cuadrado de área
1/4 p2 + q (25 + 39
= 64)
y de lado su raíz, 8.
Como ese lado es x + 2(1/4 p) = x + 1/2 p(x
+ 5) y se obtiene finalmente el valor de
expresión que justifica la regla aritmética y que
en este caso da la solución x = 3. Cuyo cuadrado 9 más 10
veces su valor, 30 da el valor de los números: 39.
La segunda comprobación geométrica de este caso es
más euclidiana. Ahora adosa a dos lados contiguos del cuadrado de lado x rectángulos
de base x y altura 1/2 p con lo cual el
"gnomon" de vértice G será x2 + 2(1/2 px)
= x2 + px = q. Al agregarle el cuadrado de lado
1/2 p, es decir, 1/4+ p2 se obtiene un
cuadrado de lado x + 1/2 p, y de ahí x.
Si a continuación de uno de los rectángulos adosados se agrega (punteado en la
figura) ese mismo rectángulo se ve claramente la reducción del problema a una
aplicación de áreas por exceso; sobre el segmentop prolongado
construir un rectángulo de valor q tal que la figura, sobrante
sea un cuadrado.
La comprobación geométrica de los otros casos es algo más rebuscada,
presentándose también problemas de aplicación de áreas.
El libro contiene además una parte puramente
geométrica bastante floja (teorema de Pitágoras en el caso particular del
triángulo isósceles, valores aproximados de n ya conocidos) y finalmente una
colección de problemas que, según el prefacio constituían el objeto del libro,
relativos en general a problemas de herencia, legados, particiones, problemas
de aritmética comercial y de geometría práctica. Etcétera.
El álgebra de Al-Khuwarizmi es retórica, designa
a la incógnita con la palabra "cosa", nombre que más tarde pasó a
Occidente. Se debe por último a Al-Khuwarizmi una geometría y tablas
astronómicas, donde aparece por primera vez en árabe la función seno. Esas
tablas fueron publicadas y corregidas por Maslama hispanoárabe muerto en 1007.
Es posible que las restantes funciones circulares que en ellas aparecen fueran
introducidas por Maslama.
Contemporáneo de Al-Khuwarizmi fue Tabit B.
Qurra, ya citado como traductor aunque fue también un investigador cuyos
trabajos se relacionan especialmente con la matemática de los griegos: se ocupó
del escrito de Arquímedes De los esferoides y de los conoides, de los teoremas de Menelao que pasaron por esta
vía a la latinidad con el nombre de "regula sex
quantitatum", aunque sin duda su
contribución más original es en teoría de números, pues se debe a Tabit un
método para hallar números amigos, es decir, pares de números cada uno de los
cuales es suma de los divisores del otro; método que hasta ahora es el único
que se conoce para tal determinación.
Nota complementaria
Las contribuciones de Tabit b.Qurra
Podemos mencionar en este sentido que es en los
escritos de Tabit, donde aparece la demostración del teorema de Pitágoras
mediante desplazamientos de triángulos que citamos al referimos a los
babilonios. Pero, sin duda, es más original la regla que ofrece para la
determinación de números amigos. Esa regla, expuesta, con símbolos actuales es
la siguiente: Si para n > 1 los números a = 3 × 2n-1 —
1; b = 3 × 2n — 1; c =
32 × 22n-1 — 1 son primos los númerosA
= 22 ab y B = 2 n c son
amigos. Basta comprobar que si SA y SB representan
las sumas de los divisores de A y B respectivamente
se cumple Sa + A = Sb + B = A + B de
donde SA = B y SB =A .
Para n = 2 se tiene a = 5; b = 11;
c = 71 y, por tanto,A = 4 - 5 - 11
= 220; B = 4 - 71 = 284 que ofrecen la pareja
más antigua de números amigos. Para n = 3, c no
es primo; para n = 4 se obtiene como nueva pareja A
= 17296, B = 18416.
Algo posterior a los dos matemáticos anteriores
es Abu Kamil de los siglos IX y X algebrista que perfeccionó la obra de
Al-Khuwarizmi y ejerció influencia en matemáticos árabes y latinos, en especial
en Leonardo Pisano. Se le debe, además, de su Álgebra: un escrito sobre problemas de análisis
indeterminado; un escrito donde trata algebraicamente problemas geométricos de
inscripción y circunscripción de pentágonos y decágonos; y finalmente se le
atribuye una obra, que más tarde habría sido vertida al hebreo por el judío
español Aben Ezra del siglo XII y luego al latín como Sobre los
aumentos y disminuciones que trata del
procedimiento de falsa posición para resolver las ecuaciones lineales con una
incógnita mediante uno o dos ensayos. De ahí los nombres de regula
falsi o de regula duorum falsorum con
que las designaron los escritores latinos, reglas que no son sino la solución
de la ecuación lineal por el método de interpolación lineal, exacto en este
caso.
Nota complementaria
Los métodos de falsa posición
El método de simple falsa posición se aplicaba a
los problemas cuya ecuación lineal se escribiría con nuestra notación en la
forma ax = b obteniendo su solución partiendo de un valor
arbitrario x1 para la incógnita que llevaría a un
valor falso ax1 = b1 ≠ b,
pero que una simple regla de tres x : x1 = b
: b± permite obtener el valor exacto x. Tomemos
un ejemplo de un texto árabe: ¿cuál es el número cuyos 2/3 es 5? Se parte de un
valor arbitrario para ese número, en general cómodo para los cálculos, en este
caso 3 , cuyos 2/3 es 2 diferente de 5, pero la regla de tres x: 3
= 5 : 2 da para x el valor exacto 7 1/2.
El caso de doble falsa posición se aplicaba en cambio a las ecuaciones de la
forma
ax = b; ax + b = c; ax + bx = c; ax + bx + c = d.
Para resolver la ecuación se parte de dos valores
arbitrarios de la incógnita: x1 Λ x2 calculando
los errores respectivos y1 Λ y2 como
las diferencias de los valores de ambos miembros de las ecuaciones anteriores;
operando con esos cuatro números de acuerdo con esquemas empíricos diferentes
según el sentido de los errores se llega al valor exacto x = (x1y2 - x2y1 ):
(y2-y1).
Por ejemplo: ¿cuál es el número que, sumado a sus 2/3 y agregándole la unidad,
el resultado es 10? El aritmético árabe parte de los valores x1 =
9; x2 = 6 obteniendo y1 =
6; y2 = 1, y aplicando la regla correspondiente a
este caso (los errores de igual signo) obtiene x = 5 2/5 que
es la solución.
En el Islam los astrónomos contribuyeron en gran
medida al progreso de la matemática. En cierto sentido puede decirse que entre
los árabes no hay matemáticos puros, ante todo son astrónomos. Ya desde la
época de la expansión árabe las prescripciones religiosas plantearon una serie
de cuestiones astronómicas: problemas de orientación y de determinación de
fechas y de horas que exigieron la instalación de observatorios y el
perfeccionamiento de tablas e instrumentos, así como el estudio e investigación
de las cuestiones astronómicas y matemáticas conexas.
Entre los astrónomos árabes que influyeron en el
progreso de la matemática citemos a Al-Mahani muerto hacia 874, que además de
traducir obras de Euclides y de Arquímedes, fue el primero en poner en ecuación
(de tercer grado) el problema arquimediano de dividir una esfera en dos
segmentos de razón dada.
Pero la contribución más importante de los
astrónomos fue la introducción y ampliación de las funciones circulares, así
como el perfeccionamiento de sus tablas; entre los astrónomos que se ocuparon
del tema cabe recordar a Habash contemporáneo del anterior, Al-Baltani, el
Albategnius de los latinos, de los siglos IX y X y Abu-al-Wafa del siglo X. Es
a estos astrónomos a quienes se debe la ampliación de las funciones circulares
a las seis actualmente en uso y el conocimiento de sus primeras relaciones.
Nuestra palabra seno, del latín sinus, proviene de una curiosa traducción: los hindúes
designaban a ese segmento con la palabra exacta "semicuerda" o
abreviadamente "cuerda", que en sánscrito, en la forma de grupo de
consonantes sin vocales, no tenían ningún sentido para los árabes, quienes por
razones fonéticas la sustituyeron por la palabra que en su propio idioma
significaba seno (pecho) o en forma figurada golfo o ensenada. Las funciones
"tangente" y "cotangente" surgieron al tabularse las
sombras (umbra versa y umbra
recta en latín), proyectadas por el sol
en sus distintas alturas, de un gnomon horizontal o vertical, respectivamente.
En cuanto a la "secante" y "cosecante", medidas de las
distancias entre el extremo del gnomon y su sombra, fueron llamadas transversales de la sombra.
En particular se debe a Al-Battani el teorema
del coseno para los triángulos esféricos que no figuraba en el Almagesto; por su parte, se debe a Abu Al-Wafa un
perfeccionamiento del método de Ptolomeo para la construcción de su tabla de
cuerdas, ahora de senos, llegando a dar sen 30° con 9 decimales exactos.
Nota complementaria
La tabla de Abu Al-Waffa
Simplemente para mostrar la pericia de este
astrónomo, digamos que para la construcción de su tabla procede a la manera de
Ptolomeo, partiendo de los lados del pentágono y triángulo regulares para
obtener sen 36° y sen 60°, de donde por sucesivas bisecciones llega a sen 28° 7
1/2" y sen 33° 45", valores con los cuales obtiene el sen 22°
30" sen 22° 30", ángulo que es cuádruplo de la diferencia de los
anteriores. Mediante un engorroso juego de desigualdades llega a la igualdad
aproximada paro ángulos pequeños
sen (a + b) = sen a + 1/6[sen
(a + 3b) - sen (a-3b).
evidente sin más que sustituir los senos por los
arcos.
Con esa igualdad, y dando los valores a = 28° 7 1/2"; b = 1º 52 1/2"
obtiene el seno de 30°, valor mínimo de su tabla, mediante la expresión
sen 30° = sen 28° 7
1/2"+ 1/6 (sen 33° 45" - sen 22° 30')
Se debe además a Abu Al-
Wafa un libro sobre construcciones geométricas con una serie de problemas
resueltos con una sola abertura de compás, tipo de cuestiones que estarán de
moda en Europa varios siglos después.
Las contribuciones matemáticas de los sabios
árabes más renombrados: Al-Biruni, Avicena y Alhazen, pertenecen al siguiente
período medieval.
La alta Edad Media
Ya aludimos al carácter enciclopédico de los
científicos árabes, de manera que en todos ellos, en medida mayor o menor,
tiene cabida la matemática. En tal sentido cabe mencionar las cuatro grandes
figuras de la ciencia árabe, que florecen entre los siglos X y XI; Al-Razi (el
Rhazes de los latinos), médico y alquimista a quien se atribuyen escritos
matemáticos sin mayor relevancia; Ibn Sina (el Avicena de los latinos),
considerado el sabio más famoso del Islam, que se ocupó de alguna cuestión
aritmética, como nuestra "regla del 9" que enuncia "según el
método hindú" como "la expulsión de los 9", con algunos ejemplos
y consecuencias, dice así: Todo número que, dividido por 9 da por resto 1, 4 ó
7, su cubo, dividido por 9, da siempre por resto 1; Al-Biruni (no tiene nombre
latinizado, pues no fue traducido) en cuya obra astronómica se incluyen
cuestiones matemáticas: construcción de poliedros regulares y tratamiento
algebraico de los problemas de tercero y cuarto grado, novedad que aparece con
los árabes; y el último de los "cuatro grandes".
Nota complementaria
Los problemas de tercer grado
Ya vimos cómo los geómetras griegos resolvían los
problemas, que hoy llamamos de tercero o de cuarto grado por la índole de la
ecuación algebraica que los resuelve, mediante construcciones que trascendían
el uso de rectas y circunferencias, en especial utilizando cónicas. Los
matemáticos árabes conocían, por supuesto, tales construcciones, pero sus
conocimientos de álgebra les permitieron "poner en ecuación" esos
problemas, aunque no podían resolver aritméticamente la ecuación, sino en forma
aproximada. Un ejemplo lo ofrecen las ecuaciones a las que conduciría la
construcción del eneágono regular. Para ello un discípulo de Al-Biruni parte
del lado del polígono regular de 18 lados:x = sen 10° y lleva la
ecuación: x3 + 1 = 3x que resuelve el problema. Por
su parte, Al-Biruni había llegado a una ecuación semejante: x3 =
1 + 3x para x = 2 cos 20°, que resolvió aproximadamente sin
indicar el procedimiento dando el valor de x en el sistema sexagesimal hasta
las unidades de cuarto orden, que corresponde a un valor exacto hasta nuestra
sexta decimal.
Ibn Al-Hayttham (el Alhazen de los latinos),
importante por su obra en el campo de la óptica a quien se debe, entre otras
cuestiones, la determinación del volumen del sólido engendrado por la rotación
de un arco de parábola alrededor de un diámetro o de una de sus cuerdas
perpendiculares, a la manera griega, lo que lo llevó a utilizar la fórmula de
la suma de las cuartas potencias de los números naturales, que no figura en
ningún texto griego; además se conoce con el nombre de "problema de
Alhazen", una cuestión de óptica, que lleva a una ecuación de cuarto grado
que Alhazen resuelve geométricamente.
Complementario 79
El problema de Alhazen
Este problema consiste en determinar en un espejo
convexo la ubicación de la imagen conociendo las posiciones del objeto y del
observador. Si O es el centro de la sección circular del
espejo, de radio r, en el plano que contiene los puntos A (objeto)
y B (observador), y por lo tanto, la imagen M;
siendo OA = r1; OB = r2 ,
α1,α2 los ángulos que OM forman
con OA y OB, respectivamente, se tendrán, de
acuerdo con la ley de la reflexión (proyectando A y B sobre OM):
(r1 cos α1 — r)
:r1 sen α2 = (r2cos α1 —
e) : r2 sen α2
, con α1 + α 2 =
a, conocido; sistema de ecuaciones que resuelve el problema. Es un problema de
cuarto grado, comprobándose que el punto M está sobre una
hipérbola equilátera de asíntotas paralelas a las bisectrices del ángulo α2 y,
por tanto, comparando con la ecuación de la circunferencia, ese punto M está
también en dos parábolas de ejes paralelos a los ejes de la hipérbola,
respectivamente. Y es mediante la intersección de la circunferencia con una de
esas hipérbolas que Alhazen da la solución geométrica del problema.
Entre los matemáticos árabes de Oriente que
florecen entre los siglos X a XII cabe mencionar a Ibn Al-Husayn que se ocupó
del problema de la duplicación del cubo y de los "tripletes
pitagóricos", por ejemplo, demuestra que el número mayor es siempre
supuesto primo con los otros dos (múltiplo de 12) más 1 o más 5; aunque más
importantes son las contribuciones de Al-Karhi y Ornar Khayyam. Al-Karhi es un
algebrista en quien no se advierte la influencia hindú, si se exceptúa "la
regla del 9", pues se funda en Euclides y en especial en Diofanto, hecho
que aparece también en otros matemáticos árabes y que se ha atribuido a
rivalidades de escuela.
Con Al-Karhi hace su aparición en la matemática
árabe el análisis indeterminado a la manera de Diofanto, algo mejorado; además
se le debe la demostración, al estilo pitagórico, de la suma de los cubos.
Nota complementaria
La suma de los cubos de Al-Karhi
La "demostración" de Al- Karhi,
utilizando al gnomon a la manera pitagórica, es notable. Considera el cuadrado
pitagórico formado por la sucesión de los números impares, pero ahora los
gnómones agrupan 1, 2, 3,... números impares sucesivos. Comprueba que cada
gnomon es un cubo:
1 = 13 ; 3 + 5 = 8 = 23 ;
7 + 9 + 11 = 27 = 33 ...
(en general el p0 gnomon
es suma de dos rectángulos de lados p y 1/2 p( p -
1) y 1/2 p(p + 1), respectivamente, cuya suma de puntos
es p3, de manera que si el cuadrado contiene n de esos
gnómones, el lado del cuadrado contiene un número de puntos igual a la suma de
los n primeros números, mientras que el número total de puntos del cuadrado es
la suma de los primeros n cubos, demostrando así la propiedad.
Con Ornar Khayyam, el celebrado poeta de los
Rubaiyat, puede decirse que el álgebra
árabe llega a su culminación. Como algebrista se le debe una clasificación
completa de las ecuaciones de primero, segundo y tercer grado, en la que
especifica 25 casos distintos, según el tipo de ecuación completa o incompleta
de coeficientes positivos. Mientras resuelve aritméticamente las ecuaciones de
primero y de segundo grado, resuelve geométricamente, por medio de intersección
de cónicas, las de tercer grado, y es probable que él, o algún discípulo, haya
extendido el procedimiento a las ecuaciones de cuarto grado, por lo menos en
algún caso particular. Al referirse a los casos de las cúbicas no reducibles a
cuadráticas dice: "... excepto uno de ellos (el ejemplo dado por
Al-Mahani) ninguno ha sido tratado por los algebristas, mas yo los discutiré y
los demostraré geométricamente, no numéricamente". Esta conexión de los
problemas de tercero y de cuarto grado, que los árabes no supieron resolver
aritméticamente con los problemas geométricos, es un progreso importante de la
matemática árabe. Así como algunos matemáticos árabes "pusieron en
ecuación", mediante su traducción algebraica, ciertos problemas de índole
geométrica, otros como Ornar, trataron el caso inverso: la traducción y
solución geométrica de ecuaciones algebraicas.
Nota complementaria
El álgebra de Omar Khayyam
He aquí los 25 casos en que Omar Khayyam distingue
y clasifica sus ecuaciones:
Simples (binomias):
a = x ; a = x2 ; a = x3 ; bx = x2 ; cx = x3 ; bx2 =
cx3
Compuestas trinomias (cuadráticas):
x2 + bx = a ; x2 +a = bx ; bx + a = x2 ;
Compuestas trinomias (cúbicas reducibles a
cuadráticas):
x3 + cx2 = bx ; x3 + bx = cx2 ;cx2 + bx = x3 ;
Compuestas trinomias (cúbicas):
x3 + bx = a
x3 + a = bx
bx + a = x3
x3 + cx2 = a
x3 + a = cx2
cx2 + a = x3
Compuestas cuatrinomias (un término igual a la suma
de tres términos):
x3 + cx2 + bx = a
x3 + cx2 + a = bx
x3 + bx + a = cx2
x3 = cx2 + bx + a ;
Compuestas cuatrinomias (suma de dos términos igual
a suma de dos términos):
x3 + cx2 = bx + a
x3 + bx = cx2 + a
x3 + a = cx2 + bx .
Veamos la solución geométrica de Omar en el caso de
la cuatrinomia
x3 = cx2 + bx + a.
Considera un prisma de base cuadrada de área b y de
volumen a y dibuja dos hipérbolas equiláteras de ecuación en
De acuerdo con las propiedades de esas cónicas
Ornar logra comprobar que cierto segmento cumple la condición de la incógnita x
de la ecuación.
Por supuesto que no advierte que el punto T, donde
también se cortan las dos hipérbolas, es otra solución pues opera únicamente
con los valores positivos de la incógnita. En efecto, al eliminar y entre las
dos ecuaciones en coordenadas cartesianas, aparece una ecuación de cuarto grado
que tiene en ambos miembros el factor a + bx.
Eliminando ese factor, que es en realidad una raíz extraña a la
ecuación cúbica, queda esta ecuación como resultante.
Es probable que se advirtiera que el procedimiento podía extenderse a
ecuaciones de cuarto grado, pues en un escrito posterior aparece resuelto,
mediante la intersección de una circunferencia con una hipérbola, el problema
de determinar la base menor de un trapecio de área conocida y cuyos otros tres
lados son iguales a un valor también conocido. Si S y a son
los datos y con x e y se indican la proyección del lado del trapecio sobre la
base mayor y la altura, se tieneS = (a — x)y; x2 + y2 = a2 ecuaciones
de una hipérbola y una circunferencia que resuelven, en este caso, una ecuación
de cuarto grado en x o en y.
El siglo XII ve el principio de la decadencia de
la ciencia árabe del Oriente, pero en cambio es el siglo en que esta ciencia
alcanza su apogeo en la España musulmana. No abundaron en ella los matemáticos;
entre los más notables mencionemos al judío Abraham Bar Hiyya, apodado
Sarrasorda, traductor sistemático de obras, en especial astronómicas, del árabe
al hebreo, y de ahí uno de los creadores del lenguaje científico hebreo. Se le
debe una obra original en hebreo traducida al latín por el autor en colaboración
con Platón de Tivoli, con el título de Líber embadorum, tratado de agrimensura y de geometría prácticas;
obra que ejerció influencia tanto entre los hebreos como entre los cristianos.
Su versión latina es una de las primeras obras que aporía la resolución de la
ecuación de segundo grado en este idioma. Otro matemático importante
hispanoárabe es el astrónomo Jaber b. Aflah, el Geber de los latinos, a veces
confundido con el célebre Geber de los alquimistas cuando no se utilizó la
semejanza de su nombre con la palabra "álgebra" para atribuirle el
invento y denominación de esa rama de la matemática. La contribución de Geber a
la matemática corresponde al campo de la trigonometría esférica en la que
demostró una propiedad de los triángulos rectángulos a veces llamada
"teorema de Geber".
Nota complementaria
El teorema de Geber
Una de las primeras modificaciones que introduce
Geber es sustituir la "regla de las seis cantidades" por una
"regla de las cuatro cantidades" propia. Para ello parte de los
triángulos esféricos AA'B' y CC'B' rectángulos en A' y C';
aplica a estos triángulos el teorema del seno y eliminando el sen B'
obtiene la "regla de las cuatro cantidades".
sen AA' : sen CC' =
sen AB' : sen CB'.
Si B es el polo de A'B'C',
supuesto que también el ángulo A es recto, se tiene otro
triángulo rectángulo ABC de hipotenusa a. Si
la regla de las cuatro cantidades se aplica a los triángulos ABC y A'B'C' se
obtienen fórmulas sen b = sen a × sen b,
ya conocida, pero que, aplicada a B'CC' rectángulo en C' se
llega a sen B'C' = cosA'C' = sen C ×
sen B'C, o sea cos B = sen C cos b,
fórmula de los triángulos esféricos aún no conocida entonces.
En este período, siglos XI a XIII la ciencia
oriental, hindú y árabe, deja de tener influencia directa o indirecta sobre el
saber occidental y, éste inicia un despertar que adquirirá impulso en los
tiempos renacentistas para empalmar con los albores de la ciencia moderna.
No obstante, tal declinación de la influencia de
la ciencia oriental en Occidente, conviene para terminar con esa ciencia,
resumir en líneas generales esa influencia, así como recordar algunas de sus
manifestaciones tardías que revelen interés.
El último, cronológicamente de los matemáticos
hindúes de importancia es Baskhara del siglo XII, en cuya obra astronómica
dedica dos capítulos: Lilavati (la
hermosa o la noble ciencia) y Vija- Ganita a la aritmética y al álgebra. Es probablemente
la obra más importante de la matemática hindú, en la que se advierten
influencias de la matemática griega, como de las árabe y china; por lo demás,
el autor reconoce haber utilizado obras de autores anteriores, entre ellos de
Brahmagupta.
Nota complementaria
El análisis indeterminado no lineal de los hindúes
He aquí algunos casos de ecuaciones indeterminadas
de segundo grado que los hindúes resolvieron mediante ejemplos numéricos. Así,
la ecuación
xy = ax + by+
c
la resolvían buscando dos números m y ntales
que
mn = ab + c,
de donde es fácil comprobar que las soluciones
x = m
+ b
y = n+a
satisfacen a la ecuación.
Más interesante son las investigaciones acerca de la ecuación cuadrática de la
forma nx2 + m = y2,
de la cual, conociendo una solución, deducían otras para la misma ecuación o
semejantes. Por ejemplo, si x1,y2 y x2, y2 eran
dos soluciones (que podían coincidir) de la ecuación anterior en virtud de la
propiedad
m = y12 - nx12 = y22 - nx22
se llega a
m2 = (nx1x2 + y1y2)2 -n(x1y2 + x2y2)2
y por tanto a una solución de la ecuación
nx2 + m2 = y2
De ahí que en caso de m = 1
conocida una solución se obtiene otra y así sucesivamente. También se obtenía
una solución de la ecuación
nx2 + 1 = y2
si la solución anterior era un par de números
múltiplo de m.
Otro proceso "ciclo" se aplicaba para reducir el coeficiente m de la
ecuación. Si x1y1 es una solución
con x1 primo con m, buscaban los
valores z y u que satisfacían la ecuación
indeterminada lineal x1z + y1 = mu,
y de esas soluciones elegían aquella que hacía lo más pequeño posiblez2 - n -
(mu2 - 2uy1 + 1): x2 = mm' con
m’ entero y pequeño. Además se comprueba que la nueva ecuación nx2 + m' = y2 se
satisface para x = u; y = ( y1u -
1)/x1 pudiendo aplicar a la ecuación con m' el
mismo proceso, y reducir aún más ese término.
Por último, señalemos la solución de reminiscencia diofántica que Brahmagupta
dio a la ecuación
Como contribuciones originales pueden
mencionarse cuestiones de análisis indeterminado de segundo grado; algunas
fórmulas aproximadas, por ejemplo para √2 da el valor 24/17 (que se obtendría
restando los numeradores y denominadores de las reducidas 41/29 y 17/12 del
desarrollo en fracción continua de √2; y unas lacónicas demostraciones de
teoremas, como el de Pitágoras y de equivalencias, mediante figuras con ciertas
descomposiciones y recomposiciones, y como única explicación un imperativo:
¡Mira! Por ejemplo, descompone un círculo en doce sectores y un rectángulo de
base la semicircunferencia rectificada y altura el radio en ocho triángulos
rectángulos iguales, para "demostrar" la equivalencia entre el
círculo y el rectángulo.
Ya hablamos de las contribuciones originales de
la matemática hindú: la introducción de las funciones circulares y el sistema
de numeración. Podemos agregar que más adelante aparece cierto simbolismo
precursor del álgebra sincopada, así como del uso del cero como símbolo, vieron
además los hindúes claramente la diferencia entre números positivos y negativos
que interpretaban como créditos y débitos que distinguían simbólicamente, hecho
que les permitió unificar las ecuaciones de segundo grado en un solo tipo,
cualesquiera fueran los coeficientes y hasta de admitir las soluciones
negativas, aunque sin tomarlas en consideración, pues, como dice Baskhara,
"la gente no aprueba las raíces negativas".
Otro rasgo caracteriza el período histórico de
la matemática, que tiene por escenario la India de los siglos V a XII: es la
época que el historiador Smith calificó de "época de la poesía", pues
esa ciencia se muestra revestida de un ropaje poético; todas las obras se
escribieron en verso, y en ellas se utilizó un lenguaje metafórico que en
especial se pone de relieve en el folklore matemático, donde se eligieron con
preferencia aquellos temas que más se prestaban a ser expresados en forma
poética.
Veamos algunos ejemplos: "Hermosa niña de
ojos radiantes, dime, si has comprendido el método de inversión: ¿cuál es el
número que multiplicado por 3, agregándole 1/2 del producto, dividiendo por 7 y
disminuyendo en 1/3 el cociente multiplicándolo por sí mismo, disminuyéndolo de
52, extrayendo la raíz cuadrada, sumándole 8 y dividiéndolo por 10, da el número a?" El resultado es 28, que se obtiene recorriendo
todas las operaciones en orden inverso: 2, 20, 12, 144, 196, 14, 21, 147, 84,
28.
He aquí un par de problemas hindúes que exigen
el conocimiento del teorema de Pitágoras. El primero que también podría ser
chino, es una variante del "problema de la caña": ¿cuál es la
longitud de la rama más alta de un árbol de bambú que el viento ha quebrado,
conociendo la altura del árbol y la distancia en el suelo desde la cima hasta
la raíz.
El segundo es más hindú; dos ascetas, viven en
la cima de una montaña de altura conocida, cuya base está a una distancia
conocida de la aldea próxima. Para ir a esa aldea uno de ellos desciende y se
dirige a ella caminando; el otro, que es mago, prefiere volar; asciende una
cierta altura, y luego se dirige directamente, siempre en vuelo, a la aldea.
¿Cuál debe ser esa altura para que ambos ascetas recorran la misma distancia.
Veamos por último un problema típico que aparece
en Baskhara: "La raíz cuadrada de la mitad de un enjambre de abejas se
esconde en la espesura de un jardín. Una abeja hembra con un macho quedan
encerrados en una flor de loto, que los sedujo por su dulce perfume. Los 8/9
del enjambre quedaron atrás. Dime el número de abejas". El problema exige
la resolución de una ecuación de segundo grado, que tiene dos raíces positivas;
pero de las cuales: sólo la entera 72 (la otra es 9/2) satisface las poéticas
exigencias del problema.
Nota complementaria
La matemática árabe a partir del siglo XIII.
En la España musulmana, fuera de algunos autores de
compendios de aritmética y de álgebra como Ibn Badr (el Abenbeder de los
latinos), probablemente de los siglos XII o XIII sólo cabe mencionar al
marroquí Ibn-Banna, que floreció entre los siglos XIII y XIV y, autor de
numerosos escritos, algunos muy difundidos y comentados, en especial un resumen
de las operaciones aritméticas en el que usa constantemente las cifras hindúes,
mejora el tratamiento con fracciones, da reglas de raíz cuadrada abreviada, expone
con esquemas gráficos las reglas de "doble falsa posición" para la
resolución de las ecuaciones lineales, explica las pruebas de las operaciones
mediante los restos por 9, 8 y 7, etcétera.
Más importantes son los científicos orientales. Durante la época de la invasión
y dominio de los mongoles florece un científico persa Nasir Al-Din, escritor
fecundo y enciclopédico, pero especialmente matemático y astrónomo. Se le
atribuyen más de 60 obras en árabe y en persa, entre las que se cuentan
traducciones y elaboraciones de autores griegos. En matemática es autor de un
estudio original sobre el "cuadrilátero completo", en el que analiza
todos los casos posibles que se distinguen tanto desde el punto de vista
gráfico como métrico; de un tratado en el que desarrolla las funciones
circulares independientemente de su aplicación a la astronomía con sus
aplicaciones a la trigonometría plana y esférica; y también de una interesante
"demostración" del postulado de Euclides, único intento ubicado entre
los que habían realizado los antiguos griegos y los que realizaran los
matemáticos del Renacimiento.
Esa demostración consiste en admitir como evidente una hipótesis distinta, pero
equivalente. En efecto, Nasir da como evidente que si se tiene el
segmento AB, por A una recta CD perpendicular
y porB otra recta EF oblicua, los segmentos A'B',
perpendiculares a CD y comprendidos entre CD y EF son
menores que AB, si están en el semiplano en el que EF forma
con AB un ángulo agudo, y mayores que AB en el otro semiplano.
Con esta proposición deduce que dos segmentos MN y PQ iguales
y perpendiculares a MP, situados en el mismo semiplano respecto de
esa recta formarán un rectángulo MNPQ, de donde deduce fácilmente
el teorema de la suma de los ángulos de un triángulo y de ahí el postulado de
Euclides.
En el mundo mongol cabe aun recordar la figura del príncipe Ulug Beg, del siglo
XV, astrónomo que realizó una importante labor científica reflejada en las
mejores tablas astronómicas del Islam, que completan las de Nasir Al-Din que
comprenden una serie de cuestiones de orden matemático.
Terminemos esta reseña mencionando una obra algebraica de Baha Al-Din. Ya en
pleno Renacimiento europeo, que entre otros asuntos contiene una nómina de
siete problemas que "han permanecido insolubles desde los tiempos
antiguos, resistiéndose a todos los genios hasta esta época", como se
expresa el autor. Damos a continuación, con algunas consideraciones, los
enunciados de esos problemas, que pueden dar una idea del progreso realizado
por el álgebra árabe desde la época de su advenimiento con Al- Khuwarizmi cerca
de siete siglos antes.
1. Dividir el número 10 en dos partes tales que si a cada
parte se le agrega su raíz cuadrada el producto de las dos sumas es un número
dado (ecuación de cuarto grado que puede tener soluciones enteras para
determinados valores del producto dado).
2. Buscar un número de cuyo cuadrado sumándole o restándole
10, se obtienen cuadrados (imposible).
3. Hallar un número tal que el primero es 10 menos la raíz
cuadrada del segundo y éste 5 menos la raíz cuadrada del primero (ecuación de
cuarto grado sin raíces racionales enteras).
4. Descomponer un cubo en suma de dos cubos (Imposible).
5. Dividir 10 en dos partes tales que su cociente más su
recíproco de éste dé por resultado a uno de los números (ecuación de tercer
grado sin raíces racionales).
6. Hallar tres cuadrados en progresión geométrica, cuya suma
sea un cuadrado (imposible).
Hallar un número cuyo cuadrado sumándole o restándole ese número más 2 dé
siempre un cuadrado (éste es el único problema que tiene solución racional,
pues el número 34/15 más 2 que es 64/15, sumado o restado del cuadrado 1156/225
a los cuadrados, respectivamente de 46/15 y 14/15.
En cuanto a la matemática árabe, tanto en
Oriente como en Occidente, continuó progresando con ritmo decreciente, mientras
declinaba su influencia en el mundo cristiano. Esa influencia había sido
notable no tanto en el sentido de aportar contribuciones originales pues en
realidad la ciencia árabe bebió en fuentes griegas, hindúes quizá chinas y
hasta en algún resto de la antigua ciencia de los babilonios, sino por haber
sido esa ciencia árabe el conducto mediante el cual el antiguo saber griego
conservado y reelaborado se trasvasó a Occidente.
Sin duda, ese antiguo saber griego se había
conservado en el mundo bizantino, pero en ese mundo aquel saber quedó como
fosilizado, petrificado; lo prueba el escaso aporte científico de los
bizantinos, aun a partir del año 1000, época del llamado "renacimiento
bizantino", en el cual, desde el punto de vista matemático, sólo podemos
mencionar a un Máximo Planude del siglo XIII que es el primer griego que conoce
las cifras "árabes" y a un Manuel Manscopulo, de comienzos del siglo
XIV, que introduce, probablemente por primera vez en griego, las reglas para la
construcción de cuadrados mágicos.
En cambio, el contacto entre árabes y
cristianos, ya en forma esporádica, ya en forma más permanente produjo su fruto
que, en el campo matemático, significó una adquisición más completa del saber
griego con el agregado del saber hindú y árabe, lograda a través de las
traducciones al latín de los principales escritos de autores griegos y árabes.
Los primeros signos de la influencia árabe en
Occidente se han visto en Gerberto de Aurillac, papa Silvestre II en 999, que
hacia 970 residió en el condado de Barcelona y que, por las obras matemáticas
que se le atribuyen, fue el primer científico que divulgó en Occidente las
cifras árabes sin el cero. En efecto, Gerberto habría introducido en Occidente
el "ábaco" de los árabes, diferente del ábaco con bolillas, pues con
él se opera con fichas que llevaban grabadas las nueve cifras o letras equivalentes
(la ficha del cero no era necesaria), de una manera tal que condujo
naturalmente a nuestra manera habitual de operar (el "algoritmo" de
los medievales), cuando en lugar del instrumento y de las fichas se comenzó a
operar escribiendo las cifras en cuadros con arenillas, de ahí el nombre de
"cifras gubar" (de gubar = polvo, en árabe), que se dio a las nueve cifras sin el cero.
Pero la mayor influencia de la matemática árabe se debió a los contactos más
directos: el comercio mediterráneo, las contiendas bélicas y, en especial, las
Cruzadas y sobre todo la permanencia de árabes en tierras cristianas: Sicilia y
España.
A mediados del siglo XII se inicia una era de
traducciones, en gran parte del árabe al latín, aunque también del hebreo al
latín, como del árabe al hebreo y más adelante también directamente del griego
al latín.
De los traductores que estuvieron en Oriente
citemos a Adelardo de Bath, que tradujo del árabe los Elementos de Euclides y escritos de Al-Khuwarizmi: las
tablas astronómicas y probablemente la Aritmética.
En Sicilia, donde bajo el impulso de los reyes
normandos, hubo un intenso intercambio entre las culturas griega, árabe y
latina, también se realizaron traducciones del árabe al latín, y hasta del
griego al latín. En este último caso, están Datos y la Óptica de Euclides, y el Almagesto de Ptolomeo, y no deja de ser interesante
destacar que esta traducción directa de la obra de Ptolomeo no tuvo mayor
difusión, pues fue desplazada por la traducción indirecta del árabe, que poco
después realizó Gerardo de Cremona.
Pero el centro más activo de traducciones fue
España. Entre los traductores más antiguos figura la pareja de mediados del
siglo XII: Domingo Gundisalvo y Juan de Sevilla, que traducían en colaboración:
Juan, del árabe al castellano, y Gundisalvo del castellano al latín. Entre sus
traducciones figura una aritmética donde ya se mencionan las cifras hindúes con
el cero, no se habla del ábaco, y aparece el término "algoritmo".
Contemporáneo de los anteriores es Roberto de
Chester que residió en España a mediados de siglo y a quien se debe la
importante traducción latina del álgebra de Al-Khuwarizmi.
Pero los más fecundos traductores de obras
científicas fueron Platón de Tívoli y Gerardo de Cremona. Ya mencionamos a
Platón, quien, entre otras obras, tradujo la Esférica de Teodosio, con motivo de su colaboración con
Bar Hiyya. En cuanto a Gerardo de Cremona que residió y murió en Toledo, y a
quien se debe la traducción de más de 80 obras, figurando entre los autores
matemáticos que tradujo, los griegos Euclides, Arquímedes, Apolonio, Autolico,
Hipsicles, Teodosio, Gemino y Ptolomeo, y los árabes Al-Khuwarizmi, Al-Nayrizi,
Tabit b. Qurra, Abu Kamil, Jabir b.Aflah y Al-Zarqali. De este último, el
Arzachel de los latinos, conocido astrónomo y constructor de instrumentos del
siglo XI tradujo las Tablas toledanas, compilación de las observaciones realizadas por
Al-Zarqali y sus colegas que más tarde sirvieron de base para la preparación de
las Tablas alfonsinas que ordenó compilar Alfonso el Sabio.
Entre las traducciones directamente del griego
al latín citemos la versión del escrito de Arquímedes De los
cuerpos flotantes, realizada por el
dominico flamenco Guillermo de Moerbecke, del siglo XIII versión importante,
pues es la que hizo conocer esa obra al mundo cristiano que no entró en
posesión de un manuscrito original en griego hasta comienzos de este siglo.
La obra de los traductores puso a disposición de
los científicos occidentales gran parte del saber griego y del saber árabe,
circunstancia que, unida a la atmósfera cultural de la época escolástica,
universidades,... explica el renacimiento que en el siglo XIII experimentara la
matemática en Occidente.
Ese renacimiento inicia con una figura notable:
Leonardo Pisano, llamado Fibonacci (contracción de la expresión "hijo de
Banaccio", apellido del padre), sin duda el más grande de los matemáticos
medievales.
Con motivo de una misión oficial encomendada al
padre, Leonardo estuvo en África del Norte y recorrió más tarde varios países
musulmanes, donde se puso en contacto con los árabes y adquirió su saber
matemático. Al regresar a Pisa publicó en 1202 y reeditó en 1228 un Líber
abad o Libro de los
ábacos que, no obstante el título,
combate el uso de los ábacos, para mostrar en cambio las ventajas del sistema
decimal y de las cifras hindúes sobre el sistema romano y los números romanos.
En realidad no fue Leonardo quien introdujo en la Europa cristiana las cifras
hindúes, pero sí fue quien divulgó su uso mostrando sus ventajas (por ejemplo,
el número 4321 exige en números romanos diez letras), aunque no por eso
quedaron desterradas los antiguos números romanos y el ábaco que continuaron en
uso en especial en la vida comercial durante mucho tiempo, mientras en el campo
más científico se entablaba una lucha entre abacistas y algorítmicos que se
prolongaría hasta comienzos del siglo XVI.
Además del Líber abad se deben a Leonardo una Practica
geometriae de 1220, donde introduce en
Occidente la resolución de problemas geométricos mediante el álgebra, uno de
estos problemas, que muestra además su pericia de calculista aparece en
una Epístola al maestro
Teodoro (un matemático del emperador no mejor especificado); además en Practica
geometriae aparecen procedimientos para
medir alturas y depresiones con un cuadrante. Pero los escritos más originales
de Fibonacci son: el de título abreviado... super solutionibus
quaestionum ... Y Líber
quadratorum ambos de 1225, que tratan
distintas cuestiones de aritmética y de álgebra entre las cuales tres problemas
que a modo de desafío le lanzó Juan de Palermo de la corte de Federico II y que
Leonardo resolvió.
Nota complementaria
La obra de Fibonacci
Reseñemos brevemente el contenido de los 15
capítulos del Líber Abad de Leonardo, obra que ha ejercido
notable influencia entre sus contemporáneos y sucesores inmediatos. En el
primer capítulo habla de las nueve cifras "hindúes" a las que, dice,
debe agregarse el cero que llama "zephirum” del árabe "sifr” que
significa vacío, palabra con que los árabes designaban el cero y que luego dio
nacimiento a nuestro vocablo "cifra". En el mismo capítulo, agrega
algunas reglas de cálculo digital y tablas de suma y de multiplicación. En los
cuatro capítulos siguientes, se ocupa de las operaciones con enteros en el
orden: multiplicación, suma, resta, división, se dan vanas reglas operatorias
para la multiplicación y las pruebas del 7, del 9, y del 11 y se enuncia la
descomposición de fracciones en suma de fracciones unitarias.
Los capítulos VI y VII se ocupan de las operaciones con fracciones con la
descomposición de fracciones en suma de fracciones unitarias; mientras que los
capítulos VIII a XI tratan de las aplicaciones, enunciado y resolviendo
problemas de toda índole: de tres simple y de tres compuesta; de sociedad, de
cambio de monedas, etcétera. Aparecen problemas de análisis indeterminado del
tipo de los "100 pájaro...”. (Problemas de este tipo, modificando el
número de animales, se presentan también en la mencionada Epístola al maestro
Teodoro..
De índole más variada son los problemas de los dos capítulos siguientes entre
los cuales cabe mencionar:
1. problemas de progresiones, entre ellos el del ajedrez.
Aparece la suma de los cuadrados que Leonardo estudia también en su Líber quadratorum.
2. Sistemas lineales del tipo siguiente: hallar n números
sabiendo que cada uno de ellos sumado a determinadas fracciones de los demás da
el mismo resultado, conocido o indeterminado. Para estos sistemas, a veces
hasta de seis incógnitas Leonardo da reglas bastante generales.
3. El problema que dio lugar a una sucesión recurrente (1,1,
2, 3, 5, 8, 13,...) hoy llamada de Fibonacci, que mereció muchos estudios desde
el siglo pasado y cuyo enunciado es el siguiente: Calcular el número de parejas
de conejos que se tendrán al cabo de un año, sabiendo que se ha partido de una
sola pareja y que cada pareja a partir de su segundo mes produce mensualmente
una pareja.
Mientras el penúltimo capítulo se ocupa de la extracción de raíces el último
trata de cuestiones relativas a la geometría y al álgebra. Aparecen: la
solución de la ecuación pitagórica y al final la resolución de la ecuación de
segundo grado a la manera árabe hasta con los ejemplos numéricos de
Al-Khuwarizmi.
En este sentido, es importante el problema que plantea en la mencionada
Epístola, probablemente la primera "puesta en ecuación” en Occidente de un
problema geométrico. Se trata de suprimir de un triángulo isósceles, de base 12
y lado igual 10, dos triángulos simétricos en los vértices de la base de manera
que lo que queda sea un pentágono equilátero. Es una ecuación de segundo grado
de expresión 7x2 + 256x = 1280, cuya raíz
positiva no es entera; sin embargo, Leonardo da su valor aproximado y en una
forma curiosa, pues la parte fraccionaria la expresa mediante fracciones
sexagesimales, costumbre que se mantendrá hasta la aparición de las fracciones
decimales en el siglo XVI. Leonardo da el resultado hasta la cuarta fracción
sexagesimal con todas sus cifras exactas, pero sin indicar cómo llegó a él. Es
posible que Leonardo haya sido inducido a buscar la solución algebraica de este
problema ante la dificultad de resolverlo geométricamente. Sin embargo, hoy tal
solución es inmediata: se trata de determinar las direcciones desconocidas de dos
vectores de un pentágono cerrado conociendo las direcciones de tres de ellos y
las intensidades de todos los vectores.
Leonardo no admite números negativos, aunque en un problema indeterminado que
figura en Flos referente a intercambio de dinero que no tiene
solución positiva reconoce "que es necesario conceder que alguna persona
tenga un crédito".
Otra serie de cuestiones suscitan los problemas propuestos por Juan de Palermo.
El primero de los tres problemas es: Hallar un número cuyo cuadrado aumentado o
disminuido de 5, siga siendo un cuadrado.
Este problema llevó, sin duda, a Leonardo a estudiar una serie de cuestiones y
problemas vinculados con los cuadrados, que dieron lugar a su Líber quadratorum
. En este libro estudia las propiedades de los números de la forma 4mn ( m2 - n2 )
con m y n naturales, que interviene en la identidad a veces que lleva su
nombre:
(m2 + n2)2 ±
4mn(m2 -n2) = (m2 - n2 ±
2mn)2
y que le sirvió para resolver el problema propuesto
por Juan de Palermo, pues bastaría hacer 4mn( m2 - n2)
= 5; como esto no es posible para m y n enteros
admite una solución fraccionaria, de manera que deberá ser 5q2 =
4mn(m2 — n2) siendo q el
denominador de la fracción. La igualdad anterior se satisface para m =
5; n = 4; q = 12 y en definitiva el número
que resuelve la cuestión es 41/12, cuyo cuadrado aumentado o disminuido de 5 da
los cuadrados de 49/12 y 31/12 respectivamente, y ésta fue la solución de
Fibonacci. Agreguemos que en líber quadratorum hay problemas
menos fáciles como, por ejemplo: hallar tres números cuya suma agregada al
cuadrado del primer número sea un cuadrado que, agregado al cuadrado del
segundo número, vuelva a dar un cuadrado, que a su vez sumado al cuadrado del
tercer número aparezca nuevamente un cuadrado. La solución de Fibonacci es: los
números son 35, 144 y 360 y los cuadrados que se van obteniendo son los de los
números 42,150 y 390.
El segundo problema propuesto por Juan era: hallar con los métodos del libro
décimo de los Elementos una línea cuya longitud satisfaga a la condición
(expresada con símbolos modernos),
x3 + 2x2 +
10x = 20.
Este problema condujo a Leonardo a uno de los
primeros análisis de una ecuación algebraica demostrando que la raíz no es un
número entero, pues está comprendida entre 1 y 2, ni pertenece a ninguno de los
tipos de irracionales del Libro X y finalmente y sin decir cómo logró la
solución, da el valor de la raíz en forma aproximada hasta con seis fracciones
sexagesimales, valor exacto hasta nuestra novena decimal.
El tercer problema es un problema indeterminado de primer grado que se enuncia:
Tres hombres tienen en común un capital repartido en la proporción 1/2; 1/3;
1/6. Cada uno de ellos toma al azar una parte del capital, apartan de esas
partes respectivamente 1/2; 1/3; 1/6 que reúnen y dividen en tres partes
iguales. Cada una de estas partes, agregada al sobrante de la cantidad tomada
al azar, reproduce para cada persona el capital inicial propio. ¿Qué parte tomó
cada uno al azar.
Es Leonardo que elige adecuadamente como nueva incógnita las partes iguales en
que se ha dividido la reunión de las fracciones de las cantidades tomadas al
azar. Si esa incógnita es u y el capital total es s,
la parte sobrante de cada uno es respectivamente 1/2 s - u;
1/3 s- u; 1/6 s - u que son respectivamente 1/2;
1/3; 1/6 y 5/6 de las cantidades tomadas al azar, que a su vez suman s de
donde s = 2 (1/2s - u) + 1/2 (1/3 s- mu) +
1/5 (1/6 s - u) y en definitiva 7s = 47u y
haciendo u = 7 (solución mínima) encuentra s =
47. Y las partes tomadas al azar resultan 33, 13, 1.
Algo posterior a Leonardo es Giovanni Campano de
Novara, que tradujo los Elementos de Euclides, incluyendo los llamados Libros XIV y XV, para lo cual
utilizó la versión de Adelardo, pero recurrió también directamente a las
fuentes árabes. Con esa traducción, que por lo demás constituyó el primer texto
impreso de los Elementos (Venecia,
1482), Campano demostró ser algo más que un traductor. Por ejemplo, se le debe
el intento, sin duda el primero, de fundar la aritmética de los números
naturales sobre un sistema de cuatro axiomas postulados. Los tres primeros
afirman que la sucesión de los números naturales es limitada, mientras que el
cuarto establece la existencia de un mínimo en todo grupo de números al fijar
"que un número no puede disminuir indefinidamente”. Utiliza estos
postulados en la determinación del máximo común divisor, así como en la
demostración de la inconmensurabilidad de un segmento con los segmentos que lo
dividen en media y extrema razón. Agreguemos que en sus comentarios Campano señala
el carácter especial del ángulo formado por dos circunferencias tangentes,
reabriendo la cuestión del "ángulo de contingencia" que ocupó y
preocupó a los matemáticos hasta el siglo XVIII. El nombre de "ángulo de
contingencia", para referirse al ángulo formado por la circunferencia con
su recta tangente en su punto de tangencia, aparece en una obra de este siglo,
perteneciente a un autor (o autores) de identidad discutida: Jordanus
Nemorarius, a quien (o a quienes) se deben varios escritos mecánicos y
matemáticos.
Nota complementaria
Los escritos atribuidos a Jordanus Nemorarius
A este autor (o autores) se han atribuido: varios
escritos importantes sobre mecánica y una obra cosmográfica donde se expone la
propiedad de la proyección estereográfica que Ptolomeo sólo había verificado en
casos particulares.
Una Aritmética y una Demostratio de algoritmo, que fuera del problema de
determinar tres cuadrados en progresión aritmética no revelan mayor
originalidad, pues están calcados sobre Nicómaco y Boecio.
Un Tractatus de numeris datis, con ecuaciones de primero y de segundo grados.
Por ejemplo, determinar los términos de una proporción conociendo la suma de
los extremos, de los medios, y la razón entre los antecedentes.
Una geometría plana De Triangulis, que no obstante el título, se ocupa de
polígonos y circunferencias. Está escrita con rigor y en ella aparecen algunas
relaciones notables entre las áreas y los perímetros de los polígonos regulares
inscritos y circunscritos a una circunferencia. Se advierten influencias
griegas al hacerse referencia a los problemas clásicos de la duplicación del
cubo y la trisección del ángulo, así como también resonancias árabes al darse
una fórmula general para el lado de un polígono regular inscrito en una
circunferencia, fórmula exacta para los polígonos de 3, 4 y 6 lados, aproximada
en otros casos reproduciendo para el caso del heptágono a un valor aproximado
conocido por Abu Al-Wafa, que Jordanus llama "regla hindú".
También al siglo XIII pertenece John de
Holywood, más conocido por su nombre latinizado Sacrobosco, que en 1230 era
maestro en París. Por la fama que gozaron y la influencia que ejercieron, más
que por su valor intrínseco, cabe recordar su Sphera mundi, compilación de las partes más elementales
del Almagesto, que
sirvió de texto en toda Europa hasta después de Copérnico, y su Algoritmus
vulgarís o Tractatus de
arte numerandi tratado elemental de
aritmética que trata de la numeración, adición, sustracción, división por 2,
duplicación, multiplicación, división, suma de números naturales y de impares,
y extracción de raíces. Con todo, este texto elemental contribuyó a la difusión
de las cifras arábigas y de la numeración decimal.
La baja Edad Media
Al finalizar el siglo XIII Occidente penetra en
una era de transición hacia el Renacimiento, ya que ese siglo fue la
culminación cultural de los tiempos medievales, siglo en el que se destacan las
figuras de Alberto Magno y Santo Tomás, de Bacon, el fraile, de Ramón Lull y
Dante; figuras que, desde el punto de vista matemático, de esas figuras
sobresalen Bacon por la importancia que asignaba a esa ciencia, aun sin
ocuparse de ella, y Ramón Lull, cuyas investigaciones, o mejor lucubraciones
lógicas, no dejaron de ser un primer esbozo, por grosero que fuere, de la
futura lógica matemática y un anticipo de la característica universal
leibniziana.
A la primera mitad del siglo XIV pertenece el
teólogo inglés Thomas Bradwardine, que se ocupó de mecánica y de matemática. El
más original de sus escritos matemáticos es una Geometría
especulativa, donde considera los
polígonos estrellados que no figuran en los Elementos, pero que hicieron su presencia en los
comentarios de Boecio y en las versiones de Adelardo de Bath y de Campano.
Bradwardine los engendra sistemáticamente, mediante prolongación de los lados
de los polígonos regulares de orden inferior (los polígonos de primer orden son
los convexos) y da correctamente la fórmula para la suma de los ángulos
internos de los polígonos estrellados de orden inferior (Campano la había dado
para el pentágono estrellado.) En otro tratado de Bradwardine (inédito): Tractatus
de continuo aparecen algunas
consideraciones acerca del ángulo de contingencia, del continuo y del infinito.
Durante el siglo XIV aparece en Inglaterra el
primer tratado occidental, escrito en latín, en el que se exponen los
principales teoremas de trigonometría a la manera euclidea: Quadripartitum
de sinibus demonstratis del benedictino
Richard de Wallingford de Oxford, aunque unos años antes de su muerte aparece
en Francia una obra semejante, pero en hebreo, del judío provenzal Levi ben
Gerson, matemático y astrónomo, entre cuyos escritos matemáticos figura unaAritmética; una memoria sobre los números de la forma
2 171 y 3n, demostrando que, con pocas excepciones, su
diferencia es siempre mayor que uno; comentarios a los Elementos en los que intenta reducir el número de
postulados y demostrar el postulado de las paralelas; y, como labor más
original, un tratado de trigonometría donde considera al mismo tiempo la manera
griega de medir los ángulos por medio de las cuerdas y las flechas, y la manera
hindú mediante los senos y cosenos, dando las relaciones mutuas entre los
cuatro elementos. Entre sus aportes a la trigonometría figura el actual
"teorema del seno" para triángulos rectilíneos y una tabla de senos,
construida a la manera de Ptolomeo.
Pero la novedad más interesante del siglo es la
aparición de cuestiones de índole infinitesimal, diferentes de aquéllas de esa
índole enlarvadas en la geometría griega. Se ocuparon de estas cuestiones en
Inglaterra los maestros del colegio de Merton de Oxford: Richard (o Roger)
Swineshead o Suisset y William Heytesbury. El primero fue un teólogo,
matemático y mecánico que en virtud del título de su Líber
calculationum (publicación postuma de
1477), se le apodó "Calculator". En ese tratado, como en otro
semejante de Heytesbury, se demuestra en forma retórica comparando movimientos
uniformes y uniformemente variados, la siguiente regla que algunos autores
ingleses denominan actualmente “regla de Merton”: el espacio recorrido en un
movimiento uniformemente variado es igual al espacio recorrido en el mismo
tiempo por un movimiento uniforme, cuya velocidad es la velocidad media entre
las velocidades inicial y final del movimiento variado.
A este importante resultado de índole cinemática
agrega "Calculator” un resultado no menos interesante de índole
infinitesimal, al considerar movimientos arbitrarios de ley artificial y tales
que el cálculo de los espacios recorridos presupone la determinación de la suma
de una serie convergente.
Un paso más adelante en el tratamiento de estas
cuestiones lo da el maestro de París Nicolás Oresme, en cuyos trabajos
matemáticos, aparece como novedad la representación gráfica de las
"intensidades de las cualidades". Por supuesto que las
representaciones gráficas en sí no significaban una novedad pues las figuras
geométricas y los mapas son ejemplos antiguos de representaciones gráficas,
pero la novedad que introduce Oresme, con su Tractatus de
latitudinibus, es que ahora desaparece
la homogeneidad entre la representación, que es un segmento, y la magnitud
representada que es: tiempo o intensidad. Tomando como longitudo (nuestra abscisa) el tiempo, y como latitudo (nuestra ordenada) una intensidad: velocidad, calor u
otras intensidades, que no siempre significan magnitudes, Oresme representa la
cualidad o propiedad de acuerdo con la variación de la intensidad respecto del
tiempo, aunque tal variación no se refleja, como en las coordenadas
cartesianas, por la curva dibujada por los puntos de coordenadas dadas, sino
por la figura total, por el área encerrada entre aquella curva, el eje de los
tiempos y las intensidades inicial y final.
Cuando esa intensidad es la velocidad, dando por
sabido que esa área (mensura)
representa el espacio recorrido, la gráfica revelará, en efecto, la naturaleza
del movimiento. Si el movimiento es uniforme ( latitudo
uniformis) la gráfica es una paralela al
eje; si el movimiento es uniformemente variado (latitudo uniformíter
difformis ). La gráfica es una recta
inclinada de pendiente distinta, según sea el movimiento acelerado o retardado;
de igual manera otras gráficas representarán movimientos no uniformemente
variados ( latitudo diffomiter difformis).
En el caso del movimiento uniformemente variado,
Oresme demuestra geométricamente, por comparación de figuras equivalentes, la
regla que los maestros de Merton habían encontrado retóricamente. También
Oresme considera, como “Calculator” movimientos aparentemente aún más
complicados que implican el cálculo de sumas de series convergentes como valor
de los espacios recorridos.
Nota complementaria
La regla de Merton y Oresme
La regla de Merton, tal como la expone gráficamente
Oresme, es la siguiente: si BC es la gráfica de un movimiento
uniformemente acelerado, el trapecio ABCD representa el
espacio recorrido durante el tiempo t = AD. Como ese trapecio
equivale al rectángulo de base AD y altura MN, base
media del trapecio, aquel espacio será el recorrido por el movimiento uniforme,
cuya gráfica es EF, de velocidad vm = MN media
entre las velocidades v = AB, inicial y V= DC, final
del movimiento uniformemente acelerado. La justificación algebraica es
inmediata. En efecto, el espacio recorrido por ambos movimientos es e = t
× vm = 1/20 + V)t, pero, por ley
del movimiento variado V = v + gt siendo una constante, y en
definitiva e = vt + 1/2gt2, que es la ley de
ese movimiento respecto del tiempo.
En cuanto a los movimientos artificiales de
"Calculator” y de Oresme, son los siguientes. El primero considera una
serie de movimientos uniformes, tales, que los intervalos sucesivos de tiempo
forman una progresión geométrica de primer término y razón, mientras que las
velocidades son los términos de una progresión aritmética de primer término y
razón 1; y llega a la conclusión de que el espacio total es el cuádruplo del
espacio recorrido por el primer movimiento, es decir, 4- 1/2 = 2. En efecto, la
suma de los rectángulos de área 1/2; 2/4; 3/8, equivale a la suma de los
rectángulos de altura unitaria y bases 1; 1/2 ; 1/4;..., que es 2.
El "movimiento" de Oresme es aparentemente más complicado pues las
áreas parciales son alternativamente de rectángulos y de trapecios. En efecto
Oresme considera, con igual división del tiempo en intervalos como en el caso
anterior, una suma de movimientos alternativamente uniformes y uniformemente
acelerados, tales que sin discontinuidad en cada movimiento variado la velocidad
final es doble de la inicial, de manera que al partir de un movimiento uniforme
de velocidad 1, los distintos espacios recorridos serán 1/2; 3/8; 3/4; 3/16;...
Como en definitiva se trata de dos progresiones geométricas de razón 1/2, cuya
suma respectiva es el doble del primer término y como el primer término el de
la segunda serie es 3/4 ei siendo ei el
primer término de la primera serie, el espacio total recorrido será 3/7/4 ei que
es el resultado que da Oresme, es decir, en la forma de los 7/2 de ei.
No menos original es Oresme en otra de sus
obras: Algorísmus proportionum, donde
con el nombre de "proporciones" dobles, mitad, una vez y media indica
nuestras potencias de exponente 2, 1/2, 3/2,...; en una palabra expone una
teoría de las operaciones con exponentes fraccionarios para los que adopta un
simbolismo especial.
También algunos atisbos del concepto
infinitesimal de límite pueden advertirse en la figura científica de Nicolás de
Cusa o el Cusano del siglo XV que en sus escritos matemáticos se ocupó un par
de veces de la cuadratura del círculo aunque partió del supuesto erróneo de ser
en los polígonos isoperimétricos proporcional la diferencia entre el área del
círculo y la del polígono con la diferencia entre el radio y la apotema del
polígono. En otras investigaciones el Cusano se ocupó de la rectificación de la
circunferencia dando expresiones bastante aproximadas.
Nota complementaria
Las rectificaciones aproximada de Nicolás de Cusa
Según el Cusano la circunferencia es igual al
perímetro del triángulo equilátero inscrito en un círculo cuyo diámetro es el
radio de la circunferencia a rectificar más el lado de su cuadrado inscrito,
regla que equivale tomar para π el valor 3/4√3 (l + √2) = 3,136...
Como solución del problema inverso de la rectificación da la regla siguiente:
Sea ABC un triángulo equilátero de centro de gravedad G y N un
punto sobre AB tal que AN =1/4 AB. Un
segmento igual a los 5/4 de GN es el radio de la
circunferencia de igual perímetro que el del triángulo. En este caso el valor
aproximado de π es 24/35 √21 = 3,142 ...
Por último, figura en los escritos del Cusano la siguiente rectificación
bastante aproximada para ángulos menores de 30°; Si AB es el
arco de una circunferencia de radio r y D un
punto de la tangente en A alineado con B y un
con un punto C situado sobre la prolongación del diámetro
de A a la distancia 3r de éste, el segmento AD
es aproximadamente igual arco AB. Se comprueba que
para arcos menores que 30° el error relativo es menor que 3×10-4
Desde el punto de vista técnico una obra
matemática importante del siglo XV se debe a los astrónomos Georg Peurbach y su
discípulo y colaborador Johannes Müller llamado el Regiomontano por su ciudad
de origen Königsberg. Peurbach había iniciado una versión directa del Almagesto que continuó Regiomontano sustituyendo la tabla
de cuerdas por tablas de senos tomando el radio de 600.000 partes y los arcos
de 10° en 10°. Regiomontano mejoro esas tablas tomando los arcos de minuto en
minuto y el radio de 10 8 partes,
y agregó una tabla de tangentes que llama "números" para arcos de
grado en grado con un radio de 100.000 partes.
Se debe a Regiomontano el primer tratado de
trigonometría de influencia duradera. Es el De tríangulis
omnimodis en cinco libros compuesto
hacia 1464 e impreso en 1533. En ellos aparece una nueva demostración del
teorema del seno de la trigonometría rectilínea, el teorema del coseno para los
triángulos esféricos una tabla como apéndice junto con la tabla de tangentes,
de "doble entrada” para el cálculo de los valores de una fórmula de
triángulos esféricos rectángulos, y una serie de problemas relativos a
triángulos planos con la innovación de resolverse mediante el álgebra retórica,
aún en los casos en que la solución geométrica podría haber sido más simple.
También introduce la innovación de dar métodos generales, prescindiendo de los
valores numéricos que no elige previamente como sus antecesores.
Se debe además a Regiomontano un Apéndice
a los Elementos, donde considera los
polígonos estrellados con el estudio relativo a los ángulos exteriores. En su
correspondencia aparecen problemas de análisis indeterminado semejantes a los
de Leonardo Pisano; un problema de máximo, el primero después de Apolonio; y un
problema geométrico, que cuyo planteo lleva a una ecuación cúbica que
Regiomontano no resuelve, aunque reconoce en ella un problema de trisección.
Un acontecimiento cultural del siglo XV que
tendrá notable repercusión científica es el invento de la imprenta con tipos
móviles de mediados de siglo que facilitó extraordinariamente la trasmisión y
difusión de los escritos científicos. Ya dijimos que la versión latina de
Campano fue la primera edición impresa de los Elementos de Euclides en 1484, aunque fue especialmente
durante el siglo XVI cuando se dieron a la imprenta las obras matemáticas
clásicas de manera que a fines de ese siglo ya en idioma original, ya en
versión latina los estudiosos estaban en posesión de los escritos más
importantes de Arquímedes, Apolonio, Diofanto,...
Con todo conviene recordar algunos incunables,
es decir, impresos del siglo XV, de interés matemático. Fuera de algunas
aritméticas prácticas publicadas desde 1478 en Italia y Alemania,el incunable
más importante es probablemente la aritmética de Johann Widmann, aparecida en
Leipzig en 1489. Comprende tres partes, la primera de las cuales, sin mayores
novedades, se dedica a las operaciones aritméticas con números enteros y a las
progresiones aritméticas y geométricas; la segunda parte trata de las fracciones,
de las proporciones y problemas de tres y comerciales; mientras que la tercera
parte es geométrica.
Complemenmtaria 89
Las primeras aritméticas impresas
El primer escrito matemático que apareció impreso
es una Aritmética llamada "de Treviso", pues fue publicada en esta
ciudad en 1478. Es una obrita anónima de 62 páginas de índole práctica que
trata de las cuatro operaciones y de la determinación de la fecha de Pascua.
Cuatro años después un escrito semejante en Bamberg del cual no se conservan
sino fragmentos, mientras se conserva actualmente un ejemplar de esta
"Aritmética" de Bamberg publicada el año siguiente. Es una obra algo
más larga que la anterior, dedicada especialmente a los cálculos que se
presentan en las transacciones comerciales; no se ocupa de la fecha de Pascua,
en cambio trae reglas para la suma de los números naturales y de términos en
progresión geométrica.
En 1484 aparece en Italia otra aritmética práctica, ahora de autor conocido:
Pietro Borghi, sin mayor valor respecto de las anteriores, pero que contó,
hasta fines del siglo XVI, 15 ediciones.
La novedad que aporta la segunda parte es que en
ella aparecen por primera vez los signos "+" y aunque no en la forma
puramente simbólica con que hoy se utilizan. El signo " +" no es sólo
signo de la suma, sino más bien sustituye a la cópula "y", mientras
que el signo no es usado exclusivamente en la sustracción, pues en ocasiones
aparece la acostumbrada palabra "minus". De todos modos, el autor no
indica el origen de estos signos, de manera que acerca de tal origen pueden
tejerse y se han tejido toda clase de conjeturas.
La parte geométrica del libro de Widmann es
irregular: al lado de reglas, erróneas para las áreas de figuras rectilíneas,
aparece el cálculo correcto del radio del círculo circunscrito a un triángulo
del cual se conoce un lado, su altura y la proyección de otro lado sobre él.
Pero estos problemas geométricos, como en Regiomontano, no son sino pretextos
para aplicar las reglas aritméticas.
Otro acontecimiento cultural del siglo XV, que
tuvo influencia en el desarrollo de la geometría fue la feliz conjunción que se
realizó entonces entre la ciencia, el arte y la técnica. Así es como
especialmente por obra de artistas las antiguas consideraciones griegas y
árabes sobre la óptica geométrica dieron origen a una rama de la geometría: la
perspectiva. Las primeras obras europeas con ese título: la Perspectiva
communis, de John Peckam, y la De
perspectiva, de Witelo, ambos del siglo
XIII, no eran sino reelaboraciones de la óptica de Alhazen que, sobre la de
Euclides, tenía entre otras la ventaja de considerar los rayos visuales
partiendo de los objetos y no del ojo como lo hacía el geómetra griego.
Pero durante los siglos XIV y XV la perspectiva
va perdiendo su antiguo significado para convertirse en una rama de la
geometría, cuyo problema capital es la intersección con un plano (el cuadro) de
las rectas que, partiendo de los distintos puntos del espacio, llegan hasta el
ojo o en términos más geométricos, la intersección de un plano con un haz de
rayos. Es explicable que este problema geométrico haya surgido en el seno del
arte pictórico y en una época en que muchos pintores trataban de investigar los
fundamentos científicos de su propio arte. A esos pintores y a tal tendencia
pertenecen Filippo Brunlleschi, Lorenzo Ghiberti y, en especial, León Battista
Alberti a quien se debe, entre otras obras, una De pictura que escribió en latín y en vulgar, en la que
resume las consideraciones de la época sobre la geometría aplicada al dibujo y
a la pintura.
Estas consideraciones dieron lugar, algo más
tarde, a un tratado especial: el primero en su género, que escribió en latín,
pero también en vulgar el pintor Piero deba Francesca a fines del siglo
XV: De perspectiva pingendi "proyección
central", donde aún en forma embrionaria aparecen las primeras nociones de
la rama de la actual geometría descriptiva. En ese tratado, que no se publicó
hasta fines del siglo pasado, se exponen: en la primera parte los principios
generales, en la segunda la proyección de cuerpos regulares y en la tercera de
cuerpos irregulares. Otra obra de Piero della Francesca en latín sobre los
poliedros regulares, que Pacioli hizo conocer más tarde en vulgar.
Dos artistas egregios se ocuparon de
perspectiva: Leonardo y Dürer, quienes, por lo demás, también contribuyeron en
otras ramas de la matemática.
Nota complementaria
La matemática en Leonardo y Dürer
Las libretas de apuntes de Leonardo muestran que
poseía buenos conocimientos matemáticos, como las consideraciones que aparecen
en el Tratado de la pintura lo comprueba, así como otras contribuciones de
carácter geométrico no totalmente desvinculadas de su condición de artista;
entre ellas algunas que hasta pueden calificarse de juegos como sus variadas
aplicaciones de las lúnulas de Hipócrates. Por ejemplo, partiendo de la
propiedad de la equivalencia del semicírculo de diámetro AB y
el sector circular OAB de ángulo central el semirrecto, es
claro que duplicando la figura el recinto mixtilíneo ABOB'A'A' es
equivalente al triángulo AOA' y, por tanto, cuadrable.
Es probable que este tipo de juegos lo llevara a
investigar el problema análogo, pero referente al espacio sobre el cual se
propuso escribir un tratado: Sobre la trasformaciones de un cuerpo sin
disminución o aumento de materia.
Las figuras regulares atrajeron a Leonardo, pues en sus manuscritos aparecen
numerosos dibujos y propiedades de esas figuras: construcción aproximada de
polígonos regulares, no construibles exactamente con regla y compás, y es casi
seguro que le pertenecen las figuras nada fáciles de dibujar, de los poliedros
regulares y semirregulares llenos o huecos cuyas copias ilustran el manuscrito
códice de la Divina proportione que, en 1498, Pacioli ofreció a Ludovico il
Moro.
Agreguemos que también se le deben dibujos y proyectos de instrumentos
matemáticos como compases de proporción y un parabológrafo que probablemente
construyó y utilizó en la construcción de espejos parabólicos.
En cuanto a Dürer además de utilizar las proyecciones horizontal y vertical en
su escrito sobre las proporciones del cuerpo humano, se le debe un tratado
geométrico que en versión latina es Institutionem geometricarum, donde se ocupa
de curvas, de superficies y de sólidos, así como de otras cuestiones, cuyo
objeto era poner a disposición de los artistas construcciones geométricas que
podían serles útiles. Se le debe la invención de una curva de cuarto grado y
del aparato para construirla así como construcciones aproximadas para trisecar
ángulos, y construir polígonos regulares. Por la forma "artística" que
comporta puede ser de interés señalar la construcción del eneágono. Con radio
3r dibuja la “flor de tres pétalos" mediante los arcos de ese radio con
centros en los vértices de un triángulo equilátero; luego, corta la figura con
la circunferencia de radio r considerando como lado del eneágono inscrito en
este segundo círculo la cuerda que une los puntos de su circunferencia situados
en los "bordes de cada pétalo". El método comporta un error relativo
del 2 %.
Recordemos, por último, que en su grabado Melancholia aparece un cuadrado
mágico de 16 casillas; sin ser una novedad es uno de los primeros que hacen su
presencia en Europa occidental.
Las consideraciones sobre perspectiva de
Leonardo figuran en la compilación que, en 1651, apareció con el nombre
de Tratado de la pintura. Es
posible que tales consideraciones fueran tratadas por Leonardo en forma
especial pues se tiene noticias de que a mediados del siglo XVI, un par de
decenios después de su muerte, circulaban manuscritos con tales
consideraciones.
En cuanto a Dürer es interesante destacar que en
sus escritos introdujo el uso de las proyecciones horizontal y vertical, que
tres siglos después sistematizaría Monge; sin embargo, no encontraron entonces
igual apoyo que los métodos de proyección central de la perspectiva.
Discípulo de Piero della Francesca y vinculado
con el mundo de artistas y técnicos del Renacimiento italiano, fue Lúea
Pacioli, a quien se debe, entre otras obras, una Summa de
Arithmetica, Geometría, Proportioni et Proportionalita, impresa en 1494, de carácter enciclopédico y
resumen de todo el saber matemático de la época, cuyo objeto fue poner ese
conocimiento a disposición de los técnicos, artistas y comerciantes, por lo
cual la escribió en lengua vulgar, aunque con más precisión habría que decir en
una mezcla de latín, de italiano y de todos los dialectos de las numerosas
regiones que Pacioli visitó o en las que enseñó.
Nota complementaria
La obra de Pacioli
La Summa de Pacioli se compone de cinco partes, de
las cuales la primera se ocupa de aritmética y de álgebra, las tres siguientes
de aplicaciones al comercio, mientras que la última está dedicada a la
geometría.
La parte aritmética se inicia con una serie de consideraciones mística sobre
los números para luego pasar a las operaciones con números "sanos"
(enteros). Para la multiplicación da ocho procedimientos y dos para la división
agregando en cada caso la prueba del 9 y del 7, pues la del 9 "no es muy
segura". Siguen luego operaciones especiales: progresiones aritméticas y
geométricas, suma de los números naturales, sus cuadrados y sus cubos,
extracción aproximada de la raíz cuadrada. A continuación se dan una serie de
problemas: del ajedrez, de los móviles de matemática recreativa,... después de
lo cual pasa a los números rotos (fracciones) que escribe en la forma actual
separando con una raya el "numerador" del "denominador",
enseñando a descomponerla según fracciones continuas ascendentes.
Siguen una seria de problemas de aritmética comercial, entre los cuales se
destacan algunos de tipo hoy llamados trascendentes de los cuales Picioli da
soluciones bastantes aproximadas. Por ejemplo, en un problema concreto que
llevaría a nuestra ecuación x ´ 2 X = 30, Picioli
encuentra por tanteos que 3 < x < 4; haciendo por
tanto x = 3 + y y en el resultado de la
sustitución tomando aproximadamente, por ser y pequeño, 2 y = y +
1; llega a una ecuación de segundo grado que da para x el
valor 3,179... (el valor exacto es 3,22...).
Otra ecuación trascendente, de reminiscencia babilónica, tiene como incógnita
el tiempo en que se duplica un capital a interés compuesto con la tasa t, del
cual Pacioli da como solución 72/t. Actualmente el primer término del
desarrollo en serie de la incógnita sería 69,3.../t.
Después de una serie de consideraciones acerca de las proporciones, tema al
cual Pacioli dedicó en sus estudios preferente atención pasa a considerar
problemas resueltos por el método de falsa posición, cuyo nombre árabe
recuerda, y finalmente estima haber llegado al objeto de su libro que el
álgebra que inicia con las siguientes palabras que parafraseamos: "Hemos
llegado con ayuda de Dios a la meta deseada; vale decir, a la madre de todos
los casos que el vulgo llama regla de la cosa o Arte mayor o Parte
especulativa, pero también llamada Algebra y Almucabala en lengua árabe o
caldea, según otros y que en nuestra lengua equivale a restauración y
oposición. Algebra id est restaurationis. Almu-cabala id est oppositionis".
Si en la parte puramente técnica Pacioli no va mucho más allá de sus
antecesores es en cambio interesante esta etapa de "álgebra sincopada”
intermedia entre el álgebra retórica y el álgebra simbólica. Así Pacioli
abrevia las palabras plus y minus con p y m, letras que funcionan entonces como
nuestros signos + y - ; indica las raíces cuadradas y cúbicas con una R cruzada
por una raya oblicua y seguida del número 2 y 3, respectivamente. A la
incógnita la llama cosa y abrevia co (cuando hay una segunda incógnita ésta es
denominada cantidad); y a sus distintas potencias con palabras especiales y
abreviadas respectivamente. Claro es que bastaba designar las potencias de
exponentes primos: así x2 es censo, abreviado ce,x3 es
cubo, abreviado cu, x5 es primo relato abreviado
p°r°, x7 secondo relato, abreviado 2°r° y así
sucesivamente hasta x27 (en realidad no es muy
consecuente pues x25 que debía ser primo relatio de
primo relato lo designa ottavo relato). Otra abreviatura empleada es ae por la
palabra aequalis (igual).
En sus ecuaciones no aparece ninguna novedad. No admite números negativos, pues
"es claro -dice- m4 es menos que nada". Sin mayores especificaciones
considera imposible la ecuación de tercer grado, y al resolver las ecuaciones
se deja llevar a veces por el algoritmo algebraico dando soluciones no enteras
para problemas que sólo admiten raíces de esa naturaleza.
Las tres partes siguientes de la Summa tienen menor interés matemático: se
refieren a la contabilidad y teneduría de libros, con una extensa aplicación a
la llamada "partida doble", innovación técnica medieval probablemente
italiana del siglo XIII. Un problema que figura en estas partes, no resuelto en
forma satisfactoria por Pacioli, sobre el reparto de la apuesta entre dos
jugadores antes de terminar el juego, tiene interés histórico, pues reaparecerá
un par de siglos después con el advenimiento del cálculo de probabilidades.
La quinta parte de la Summa se dedica a la geometría y en ella se exponen las
propiedades, sin demostraciones, relativas a figuras planas y del espacio con
sus áreas y volúmenes. Más original es el final del libro que comprende 100
problemas geométricos: gráficos y métricos. Estos últimos se resuelven
algebraicamente y en algunos casos complicándolos innecesariamente; como en el
caso de determinar los lados de un triángulo conociendo el radio del círculo
inscrito y los segmentos en que el punto de tangencia del círculo divide a uno
de los lados. En lugar de aplicar el teorema de Herón, que conoce, y que
resolvería el problema mediante una ecuación de primer grado hace un largo
rodeo que lo obliga a calcular 10 segmentos intermediarios y resolver una
ecuación de segundo grado.
Una segunda obra de Pacioli, que publicó en 1509, es Divina proportione, de
escaso valor matemático en tres partes. La primera es un estudio, más místico
que geométrico de la "divina proporción", es decir, la división en
media y extrema razón con algunas propiedades sin demostración; la segunda se
ocupa de arquitectura, y la tercera no es sino la traducción en vulgar del
escrito de Piero della Francesca Libellus in tres partíales tractatus divisus
quinqué corporum regularum; en verdad la parte más matemática de la obra, donde
se tratan problemas geométricos acerca de triángulos, polígonos y poliedros, cuyo
objeto es determinar con ejemplos numéricos, longitudes, áreas y volúmenes de
figuras planas y sólidas.
Una tercera obra de Pacioli, inédita, es una colección de problemas aritméticos
y geométricos del tipo de la matemática recreativa, con agregado de refranes,
anécdotas, etcétera. En general son problemas ya conocidos, como novedad pueden
citarse los cuadrados mágicos de los que Pacioli da ejemplo de cuadrados de 9,
16, 25,...81 casillas, que vincula con los siete cuerpos celestes de la
antigüedad.
Sin contar el entusiasmo que Pacioli muestra por
la matemática en todos sus escritos su mérito principal consiste en haber
ofrecido en especial en su Summa un arqueo del saber matemático de su tiempo, que sirve muy bien de
jalón para apreciar los progresos realizados desde Leonardo Pisano y para medir
también los avances que se harán en los siglos sucesivos.
Aunque en la obra de Pacioli ya hay importantes
atisbos en materia de simbolismo algebraico, en este campo son más originales
las aportaciones de un francés, Nicolás Chuquet, que por haber permanecido
inéditas, ejercieron menor influencia. Aparecen en una obra compuesta en 1484,
en tres partes, de ahí su nombre Le Triparty en la Science des
nombres. La primera parte comprende las
operaciones con enteros y fracciones, dando explícitamente la regla de los
signos para la multiplicación y división, en la segunda parte se estudian las
raíces y sus operaciones que maneja con gran desenvoltura, utilizando la
multiplicación por la expresión conjugada para racionalizar denominadores,
mientras que la tercera parte se ocupa de la resolución de ecuaciones que
Chuquet denomina "equipolencia entre números" cuadráticas o reducibles
a cuadráticas. Como apéndice, el manuscrito del Triparty trae una colección de 166 problemas,
probablemente del mismo autor.
Es posible que la mayor originalidad de Chuquet
resida en el simbolismo: aparece como signo de raíz la letra R con un exponente
2 ó 3 según sea cuadrada o cúbica; todas las potencias de las incógnitas se
indican mediante el exponente aplicado al coeficiente, apareciendo en algún
caso el exponente cero y el -1; la suma y la resta se indican con las
síncopas p y m,...
Nota complementaria
El Triparty de Chuquet
Mencionemos un par de ejemplos de este libro. En
ciertos sistemas lineales muestra Chuquet un claro sentido de la
generalización, resolviendo ordenadamente sistemas de 3, 4, 5 ecuaciones del
mismo tipo. Un ejemplo de interés es el siguiente: Hallar cinco números tales,
que cada uno de ellos sumados, respectivamente, a la suma de los restantes por
1/2, 2/3; 3/4; 4/5; 5/6 el resultado es siempre 40 Chuquet llega al resultado
mediante un método no muy diferente del actual y en que aplica en cierto
momento la falsa posición simple, pero el interés del resultado es que en él
aparecen valores nulo y negativo, pues los números son 30; 20; 10; 0; -10
(número este último que Chuquet llama “ menos 10”).
En las ecuaciones cuadráticas no reconoce, en cambio, la solución nula (la
ecuación 5x2 = 9 x2 no tiene
solución), mientras interpreta correctamente, como imposible, una raíz cuadrada
de radicando negativo.
He aquí ecuaciones cuadráticas resuelta por Chuquet con su notación algebraica
y, a la derecha, su traducción con el simbolismo actual.
De donde se deduce fácilmente el valor de la
incógnita.
Capítulo 7
La matemática renacentista
Contenido:
Los progresos de la aritmética
Los progresos del álgebra
Los progresos de la trigonometría y de la geometría
Los progresos de la aritmética
Si se exceptúan el advenimiento de la
perspectiva, que del seno de los artistas se traslada al campo matemático, y
algunos atisbos del futuro cálculo infinitesimal, puede decirse que en ese
campo la preocupación del siglo XVI fue de índole instrumental, ya en el
sentido de completar el conocimiento de la matemática antigua mediante los
textos impresos que se difunden, ya en el sentido de perfeccionar los métodos y
recursos que desde el siglo XIII se desarrollaban en aritmética, en álgebra y
en trigonometría.
Otra característica de la matemática
renacentista debe verse en la influencia que ejercieron en su desarrollo
factores extrínsecos: así como las exigencias de los artistas dieron nacimiento
a la perspectiva, que se convertirá en una nueva rama de la geometría, así las
necesidades de los comerciantes, contadores y calculistas provocaron
innovaciones aritméticas y las exigencias de los astrónomos condujeron a
perfeccionamientos en la trigonometría.
La única rama que se mantuvo dentro de su
carácter técnico especulativo, fue el álgebra, aunque en su desarrollo no deja
de advertirse cierta nota proveniente del ambiente de la época: el interés por
el planteo y la propuesta de cuestiones difíciles y la atracción que aún
ejercían las justas y desafíos otorgaron al latente carácter lúdico de la
matemática una característica propia. En ninguna otra época de su historia la
matemática vio episodios semejantes a los que se desarrollaron entre los
matemáticos italianos de la primera mitad del siglo XVI; en ningún otro momento
se suscitó un interés público semejante al que despertaron entonces cuestiones
tan inocentes como la de averiguar cuál era el número que agregado a su raíz
cúbica sume 14, sobre todo cuando la respuesta es una complicada combinación de
raíces cuadradas y cúbicas superpuestas.
En el campo aritmético el siglo XVI asiste a la
paulatina eliminación del cálculo con el ábaco y su sustitución por las reglas
ordinarias del cálculo con las cifras arábigas. En el siglo XV el ábaco ya
habla desaparecido de España e Italia; paulatinamente fue ocurriendo lo mismo
en Francia, Alemania e Inglaterra. Una difundida figura de la enciclopedia
Margarita Philosophica de Gregor Reisch, aparecida a comienzos del siglo XVI,
muestra a la "Dama Aritmética" presidiendo una especie de torneo
entre un algorítmico (que opera de la nueva manera) y un abacista: las
expresiones de los rostros de ambos rivales revelan a las claras el triunfador.
Como importantes innovaciones aritméticas del
siglo deben considerarse los números decimales, los logaritmos y las fracciones
continuas.
Tal aparición tardía de los números decimales no
deja de ser extraña cuando se piensa que la introducción definitiva del sistema
decimal de numeración en Occidente data del siglo XIII y que tal introducción
parecería traer aparejada la de los números decimales como parte integrante del
sistema. Sin embargo no fue así y en sus comienzos no se advirtió que las
ventajas que ofrecía el sistema, al representar los números como suma de
múltiplos de potencias de 10 en sentido creciente, también las arrecia en el
sentido decreciente de esas potencias. Ya vimos cómo los matemáticos mismos
escribían y utilizaban a veces los números, adoptando para la parte entera el
sistema posicional decimal, mientras que para la parte menor que la unidad
empleaban fracciones ordinarias o sexagesimales.
Aunque pueden señalarse ciertos intentos
anteriores en el sentido de adoptar un sistema de fracciones decimales, el
primer tratamiento sistemático de aquéllas se debe a una de las figuras
científicas del siglo: el belga Simón Stevin, de actividades múltiples, como
funcionario y como científico.
Su primera publicación en 1584 consistió en unas
tablas para el cálculo de interés compuesto, mientras que en el año siguiente
hizo conocer un breve opúsculo sobre los números decimales, en flamenco La
Thiende y en francés La
Disme, títulos que aluden al
"décimo", aunque en verdad el libro es una aritmética decimal. En el
subtítulo se agrega que el tratado "enseña cómo todos los cálculos que se
presentan en los negocios pueden realizarse con enteros solamente, sin ayuda de
fracciones". La Disme comprende
dos partes: en la primera define los números decimales; en la segunda enuncia
las reglas para realizar con ellos las operaciones elementales; agrega luego
aplicaciones a la astronomía, la agricultura, el comercio, para terminar
expresando el deseo de que los gobiernos extiendan la división decimal al
sistema de monedas, pesas y medidas, adelantándose un par de siglos a la
declaración de la adopción universal del sistema métrico decimal. El simbolismo
de Stevin al escribir, después de cada cifra decimal, el exponente de la
potencia de 10 del denominador encerrado en un pequeño círculo no fue feliz,
pero pocos años después se advirtió que para representar los números decimales
bastaba separar de alguna manera la parte entera de la fraccionaria. Dejando de
lado otras propuestas en tal sentido, recordemos que el uso de la coma para tal
oficio se debe al astrónomo Giovanni A. Magini, mientras que el uso del punto
con el mismo fin aparece en la Constructio de Napier de 1619.
También la invención de los logaritmos obedeció
a un propósito de simplificar los cálculos aritméticos, sobre todo las
engorrosas multiplicaciones, divisiones y raíces de números de muchas cifras
con las que se encontraban, en especial, los astrónomos.
El concepto, aunque no el nombre, de logaritmo,
ya como operación inversa de la potenciación, ya como correspondencia entre los
términos de una progresión aritmética y otra geométrica, aparece en la
Arithmetica integra de Michael Stifel aparecida en 1544 que, según el título,
debía comprender todo lo que en esa época se entendía como aritmética: teoría
de números, proporciones y álgebra. Es en ese libro donde aparece por primera
vez la relación recurrente entre los términos del "triángulo
aritmético", que Stifel extiende hasta el orden 17.
Es también en esa obra donde Stifel, al ocuparse
de la teoría de las proporciones, dice que 729/64 puede dividirse 6 veces por
3/2 o que 2187/128 puede "dividirse" 2 veces, con un resto de 1/3,
por 27/8, expresiones que en lenguaje moderno se traducirían diciendo que 6 es
el logaritmo de base 3/2 del número 729/64 o que 7/3 es el logaritmo de base
2718 del número 2187/128. Además, en la comparación entre los términos de una
progresión aritmética de razón 1, que llama "número” con los de una
progresión geométrica de razón 2, que llama "exponentes”, (comparación que
tiene un lejano precursor en Arquímedes y uno más próximo en Chuquet), se
extiende en ambas direcciones y, señala, en especial, la correspondencia que
existe entre las operaciones que se realizan con los términos de ambas series.
Así, dice, a la suma, resta, multiplicación y división por un número de los
elementos de la progresión aritmética, corresponden, respectivamente, la
multiplicación, división, potenciación y extracción de raíces de los elementos
de la serie geométrica.
Es posible que estas ideas influyeran en los
matemáticos que trataban de simplificar las operaciones aritméticas, entre
cuyos procedimientos figuraba la prostaféresis, neologismo para denominar la
transformación de una multiplicación en suma, usada principalmente por los
astrónomos utilizando relaciones entre las funciones circulares.
Nota complementaria
La prostaféresis
Es claro que la prostaféresis más antigua, sin este
nombre ni tal finalidad, es la clásica identidad, de reminiscencias babilónicas
y diofánticas, que expresa el producto mediante la diferencia de dos cuadrados
y que en tiempos recientes (siglo XIX y aun comienzos del siglo XX) se utilizó
en las "tablas de cuartos de cuadrado" en la forma
xy = E(1/4
(x + y)2) - E( 1/4 (x - y)2).
con la introducción de la función E (parte
entera de un número), que ahorra la escritura en la tabla de la parte
fraccionaria. Con esa tabla el producto se obtiene mediante una suma, dos
diferencias y dos lecturas en la tabla.
Como prostaféresis renacentista citemos el ejemplo que ofrece el astrónomo
Tycho Brahe, quien para calcular el valor de b en la fórmula
de trigonometría esférica:
cos a = cos b ×
cos c + sen b × sen c ×
cos A
utiliza un ángulo auxiliar h tal
que cosh = 1/2 (cos (b - c) - cos ( b + c)),
mediante el cual puede obtener el valor de cos a en la forma:
cos a = 1/2 [cos (b + c)
+ cos ( b - c)] + 1/2 [cos (A + h)
+ cos (A - h)].
mediante sumas y diferencias.
Pero es claro que la función logarítmica, mediante la simple identidad xy =
elx + ly, ofrece la solución más
adecuada, aunque el nacimiento de los logaritmos en una época en que no se
conocía aún la función exponencial, no fue fruto de especulaciones teóricas
sino de intuiciones y exigencias prácticas.
Pero serán los logaritmos los que resolverán
totalmente la cuestión y fueron precisamente aquellas exigencias prácticas las
que hicieron que los logaritmos, operación inversa de la exponenciación,
aparecieran antes de haberse constituido la operación directa.
Que la exigencia práctica de los calculistas del
siglo XVI estaba en el aire lo prueba el hecho de que los logaritmos nacen por
obra de dos autores distintos y en forma independiente: el escocés Napier y el
suizo Bürgi, que publican sus tablas a comienzos del siglo XVII con pocos años
de diferencia: el Mirífici logarithmorum canonis descriptio de Napier es de 1614; las Progress-tabulen de Bürgi son de 1620.
La tabla de logaritmos que hace conocer John
Napier con su libro de 1614 no es de logaritmos de números sino de logaritmos
de senos, en la cual, para obviar los números negativos, utilizó como razón de
la progresión geométrica un número próximo a la unidad, pero menor que ella.
Nota complementaria
Los logaritmos de Napier
En su concepción cinemática Napier supone dos
móviles M y M' que se mueven,
respectivamente, sobre un segmento AB = a y
una semirrecta de origen A'; ambos parten simultáneamente de A y A' con
igual velocidad inicial v, pero mientras que el movimiento de M' es
uniforme, el de M es tal que su velocidad estable y
proporcional a MB; en estas condiciones Napier dice que A'M' es
el logaritmo de MB.
Si traducimos ese movimiento con las notaciones actuales tendremos:
llamando x = MB,y = A'M' y
la velocidad inicial, adx= - vx dt = -xdy.
Integrada esa ecuación, teniendo en cuenta la condición inicial, da y =
-al × x/a = al1 × x/a,
indicando con l1 el símbolo de los logaritmos de
base l:e. Considerando que y.a = a sen x tendríamos
finalmente que los logaritmos de Napier, con su concepción cinemática serian
proporcionales a los logaritmos naturales de los senos, con signo contrario, o
los logaritmos de base l:e de los senos de los ángulos.
Claro que no son éstos los logaritmos de la tabla de Napier, pues no
disponiendo éste de los recursos del cálculo infinitesimal, no pudo mantener su
concepción cinemática de los logaritmos como función continua. Para construir
su tabla tuvo que acudir a la correspondencia entre las dos progresiones y
transformar su movimiento en una sucesión discontinua de etapas, demostrando
que los correspondientes valores de x respondían a los términos de una
progresión geométrica decreciente de razón menor que la unidad aunque muy
próxima a ésta, pues toma esa razón igual a (1 — a-1),
con a = 10 7.
Mediante tablas auxiliares construye con esa razón una progresión geométrica de
3.600 términos que va desde 107 = a sen 90°
hasta 1/2×10 7 = a sen 30°, que hace
corresponder a los logaritmos de los senos de los ángulos entre 90° y 30° de
minuto en minuto. Para valores anteriores de 30° utiliza los valores calculados
para sen 2a y sen (90° - a) para obtener el logaritmo
del sen a mediante la expresión 2 sen a × cos
(90° - a) = sen 2a, con lo que puede ofrecer la tabla de sus
logaritmos de las tres funciones circulares, seno, coseno y tangente, que
publica en 1614.
Además, y esto es un gran progreso teórico,
introdujo los logaritmos mediante una concepción cinemática, con lo que
implícitamente admitió la propiedad de la función logarítmica de ser una
función continua, circunstancia que no se advierte cuando los logaritmos se
conciben como términos de una sucesión discreta, como lo es la progresión
aritmética. Por supuesto que, para la construcción efectiva de sus logaritmos,
Napier tuvo que acudir a ambas progresiones.
Se debe a Napier el nombre de
"logaritmo" (de logos y arithmo), como número de razones, pues en el
caso de ser el logaritmo un número entero, es el número de factores que se
toman de la razón dada (base) para obtener el antilogaritmo. Napier dio su
tabla en 1614 sin la explicación de su construcción, que aparece póstuma en
1619 como Mirífici logaríthmorum canonis constructio.
La preocupación de Napier por facilitar los
cálculos numéricos se manifestó también mediante la invención de unos
dispositivos elementales, llamados "bastoncillos de Napier", aunque si
se prescinde de su máxima invención los logaritmos, se le deben también
contribuciones a la trigonometría esférica donde con su nombre se conoce una
"regla" mnemotécnica para recordar las relaciones entre los elementos
de los triángulos esféricos rectángulos y unas "analogías"
(proporciones) para los triángulos esféricos oblicuángulos. De esas analogías
Napier dio dos; las otras dos las dio Heniy Briggs, un profesor londinense a
quien se debe en buena parte la difusión y el perfeccionamiento de los logaritmos
inventados por Napier.
Nota complementaria
La entrevista Napier-Briggs
Aunque es de carácter anecdótica, no deja de tener
interés la primera entrevista entre John Napier, barón de Merchiston, y el
profesor de Oxford Henry Briggs, que se propuso ir a Escocia con el objeto de
visitar al inventor de los logaritmos. He aquí el detalle de esa entrevista,
relatada por un contemporáneo, aunque la traducción pierda todo el sabor del
inglés antiguo, Cuenta ese autor que Briggs "se puso al efecto en contacto
ron John Marr, que iría a Escocia antes que Mr. Briggs, ya que sería ahí donde estas
dos tan cultas personas debían encontrarse. Mr. Briggs señaló el día preciso en
que se encontraría en Escocia, Edimburgo, pero falló en su propósito de modo
que Lord Napier dudaba de que llegara. Ocurrió cierto día que John Marr y Lord
Napier hablaban de Mr. Briggs. -¡Ah! ¡Ah, John! - Dijo Merchiston- Mr. Briggs
ya no ha de venir. En ese mismo instante alguien golpeó en la entrada. John
Marr acudió presuroso y con gran alegría comprobó que se trataba de Mr. Briggs.
Condujo entonces a Mr. Briggs a la cámara de mi Señor y durante casi un cuarto
de hora ambos se contemplaron con admiración sin decir palabra; al final Mr.
Briggs comenzó: Mi Señor, he emprendido este largo viaje con el propósito de
ver a usted y conocer mediante qué rasgos de saber y de ingenio ha llegado
usted a pensar en esa excelente ayuda para los astrónomos, es decir los
logaritmos"
En efecto, los actuales logaritmos decimales
surgieron de una entrevista entre Napier y Briggs.
Nota complementaria
Los logaritmos después de Briggs
Briggs había, calculado la tabla de los logaritmos
de las funciones circulares utilizando la división centesimal del grado, pero
sus tablas fueron publicadas póstumas en 1633 por Henry Gellibrand, cuando ya
habían aparecido las tablas de logaritmos de esas funciones, de acuerdo con el
sistema sexagesimal, de Edmund Gunter en 1620, de manera que la división
centesimal no prevaleció. En la obra de Gunter aparecen por primera vez los
términos coseno y cotangente. Contribuyó a la difusión de los logaritmos el matemático,
editor y librero Adrián Vlacq, que en 1628 dio la tabla de los logaritmos de
los números de 1 a 105, llenando el hueco entre 104 y
9 × 10 4 que había dejado Briggs.
En cuanto a los logaritmos de Napier, la versión inglesa de la Descriptio de
1614 apareció en 1618 por obra de Edward Wright, mientras que los que podríamos
llamar los actuales logaritmos naturales aparecieron en una tabla de 1622,
debida a John Speidell, que no hizo sino tomar los complementos de los
logaritmos de Napier. En la versión, de Wright apareció un
"Apéndice", que se atribuyó a otro matemático inglés, William
Oughtred, inventor de la regla de cálculo rectilínea. La paternidad de la regla
de cálculo circular, también inventada por Oughtred, le fue disputada por otro
inventor, probablemente en forma independiente.
Al insinuar Briggs la conveniencia de adaptar
los logaritmos al sistema de numeración y tomar para ello la base 1/10 Napier
replicó diciendo que ya había pensado en esa conveniencia pero que aconsejaba
tomar la base 10. Briggs se dedicó a la tarea de construir la tabla de acuerdo
con el nuevo sistema y en 1624 aparecieron las tablas de los llamados también
"Logaritmos de Briggs", con catorce cifras, de los números de 1 a 2 ×
10 14 y de 9 × 104 a 105, donde ya aparece la palabra "característica" (la palabra
"mantisa" fue utilizada por primera vez por Wallis en 1693).
Jobst Bürgi fue un científico versado en
cuestiones de matemática, astronomía y mecánica y, sobre todo, hábil
calculista, En su Aríthmetische und Ceometrísche
Progress-tabulen da, además de la tabla
de logaritmos, una tabla de senos para cuya construcción utiliza la expresión
de los senos de los múltiplos de los arcos en función de los senos de los
arcos, para el cálculo de algunos de los cuales resuelve ecuaciones en forma
aproximada.
En cuanto a sus "logaritmos" Bürgi
utiliza las dos progresiones tomando como razón de la progresión geométrica un
número próximo a la unidad, algo mayor que ésta. Puede comprobarse que, tomando
las cifras significativas de sus "logaritmos" y de sus
"antilogaritmos”, coinciden sensiblemente con nuestros logaritmos
naturales y sus antilogaritmos.
Nota complementaria
Los "logaritmos" de Bürgi
Bürgi parte de una progresión aritmética de primer
término 0 y razón 10 y último término 32.000. Estos números, que serían
nuestros logaritmos, los denomina números rojos (por el color con que aparecen
impresos en su tabla). La progresión geométrica correspondiente empieza con el
número 108 y la razón es 1+10 -4. Éstos son sus
números negros. La tabla es de doble entrada, entrando con los números rojos,
de manera que Bürgi construyó una tabla de antilogaritmos. Teniendo en cuenta
las cifras significativas de los números rojos y negros, es fácil comprobar que
los logaritmos de Bürgi tienen por base (1+10-4) 10^4,
bastante próxima al número e, pues es 2,7184…Para obviar los
logaritmos negativos que podrían presentarse en el caso de la división de un
número por otro mayor, utiliza números rojos constantes, los "números
rojos enteros", que no son sino logaritmos de potencias de 10, que suma al
logaritmo del dividendo para que la diferencia de logaritmos sea siempre
positiva y que, en definitiva, mantienen las cifras significativas del
cociente.
Para obviar los logaritmos negativos que podrían presentarse en el caso de la
división de un número por otro mayor, utiliza números rojos constantes, los
"números rojos enteros", que no son sino logaritmos de potencias de
10, que suma al logaritmo del dividendo para que la diferencia de logaritmos
sea siempre positiva y que, en definitiva, mantienen las cifras significativas
del cociente.
En lo que se refiere al algoritmo de las
fracciones continuas, que estaba implícito en el método de las divisiones
sucesivas de Euclides para la obtención del máximo común divisor, el siglo XVI
aporta la novedad de extender el algoritmo a números irracionales (raíces
cuadradas) naciendo así uno de los primeros algoritmos infinitos. Aunque ya
aparece en el Álgebra de
Bombelli, que pronto citaremos, un estudio sistemático se debe a Pietro A.
Cataldi, autor de numerosos escritos matemáticos, dos de los cuales son los más
importantes: el que se refiere a los números perfectos, donde rectifica los
errores que acerca de esos números corrían en su época, y el que dedica a
"una manera muy breve de encontrar la raíz cuadrada de los número”.
Nota complementaria
Las fracciones continuas de Cataldi
Cataldi opera con fracciones continuas de numerador
cualquiera. Aunque opera con ejemplos numéricos, el desarrollo de una raíz
cuadrada en fracción continua es general y semejante al actual. Si hay que
calcular √ N y a es el mayor número cuyo
cuadrado es menor que N, siendo b = N -
a 2, podrá expresarse
y al reiterar el valor de √N - a se
obtiene la fracción continua que, por razones tipográficas, Cataldi escribe
donde con el punto que sigue al denominador quiere
indicar que es ahí donde debe agregarse el numerador de la fracción siguiente.
Por ejemplo, encuentra que
Señalando que la primera aproximación es 4 1/4 con
un error por exceso de 1/16; la segunda es 4 8/33 por defecto con error de
1/1689, y así sucesivamente. En sus ejemplos calcula numerosas reducidas
sucesivas de manera que llega a fracciones con términos de más de 20 cifras,
realmente de manejo incómodo.
Esa manera no es otra que el desarrollo de la
raíz en una fracción continua infinita, de la cual da la ley de formación de
las hoy llamadas "reducidas" sucesivas, el signo alternado de la
diferencia entre dos reducidas consecutivas y el valor de la raíz, así como su
aproximación indefinida a este valor. En cambio, Cataldi no parece haber
advertido la propiedad de ser las reducidas de una fracción continua los
valores racionales aproximados más simples de un número racional o irracional
dado. Esta observación se encuentra en una obra de 1618 de uno de sus
contemporáneos, Daniel Schwenter, quien precisamente se propuso encontrar esas
expresiones.
Los progresos del álgebra
Aun dentro de su carácter instrumental, los
progresos del álgebra resultaron más importantes, pues incluyen la resolución,
de las ecuaciones cúbica y cuártica e innovaciones en el simbolismo.
El estudio y resolución de las ecuaciones de
tercero y de cuarto grados se llevan a cabo en la primera mitad del siglo XVI
en el seno de algebristas italianos, en circunstancias personales difíciles de
precisar dada la costumbre de la época de mantener el secreto de los
descubrimientos científicos con el objeto de resaltar y prevalecer sobre los
adversarios en los torneos y justas, a veces públicos, donde se planteaban
problemas científicos.
Se atribuye a Scipione del Ferro, profesor en
Bologna, el haber sido el primero en resolver la ecuación cúbica de la
forma x3 + px = q, es decir "cubo más cosa igual número", en 1506 según
Tartaglia, en 1515 según Cardano. Pero ni se conoce la solución de Del Ferro ni
se ha logrado encontrar, no obstante las búsquedas, una libreta de apuntes en
la que se habría consignado la solución. De existir esa solución se habría dado
el caso, no frecuente, de haberse malogrado voluntariamente una celebridad y
una prioridad indiscutibles.
El hecho es que a principios de siglo comienzan
a aparecer, en el ambiente de los calculistas y algebristas italianos,
problemas que conducen a ecuaciones de tercer grado, entre cuyos proponentes
figura el discípulo de Del Ferro, Antonio María Fior, o Florido, como lo
latiniza Cardano.
Es ahora que aparece uno de los protagonistas de
estos sucesos: el ingeniero y matemático autodidacta Niccolo Tartaglia quien,
estimulado sin duda por aquellos problemas, encuentra por su cuenta, según
propias declaraciones, la regla para resolver ecuaciones cúbicas en 1534.
Cuando el año siguiente se produce un importante desafío matemático entre Fior
y Tartaglia, éste resuelve las 30 cuestiones que le propuso Fior (en dos horas,
según afirma Tartaglia) mientras Fior no resuelve ninguna de las cuestiones
que, en igual número e índole, le propone Tartaglia.
Nota complementaria
Tartaglia y su obra
De origen muy humilde, Tartaglia sufrió en su niñez
heridas que le dificultaban el habla, de ahí el apodo de "Tartaglia",
por tartamudo, que le quedó como apellido. De inteligencia viva, se convirtió
en un experto en cuestiones técnicas y matemáticas, que adquirió fama como
profesor particular, y no le faltaron editores para sus obras. Su primera obra
impresa es Nova scientia inventa de 1537, que se refiere a la
balística. Le sigue en 1546 los Quesiti et inventioni diverse que,
en forma dialogada y con numerosas notas autobiográficas y de carácter general,
considera distintas cuestiones que le habían sido planteadas. En su mayor parte
se trata de cuestiones de ingeniería y de arte militar, aunque abundan también
las de matemática. Histórica y técnicamente importantes son sus referencias a
la resolución de la ecuación cúbica, que nos enteran que es en 1530 cuando le
proponen las primeras cuestiones que conducen a ecuaciones cúbicas y que, en
vista de la afirmación de Pacioli, Tartaglia reprocha al proponente haberle
sometido cuestiones que él (el proponente) no sabía resolver, aunque Tartaglia
agrega que él (Tartaglia) no creía en la afirmación de Pacioli. También nos
enteramos que una de las cuestiones que le proponen en 1535 conduce a una
ecuación de cuarto grado, precisamente aquella que más adelante resolverá
Ferrari. Por último, figuran en los Quesiti las incidencias de
la disputa con Fior, algunas de las cuestiones propuestas en ella, la
entrevista entre Cardano y Tartaglia, en la que éste le hace entrega de los
tercetos con la solución de la cúbica. Desde el punto de vista técnico se
deduce que, además de los resultados logrados con las reglas que figuran en los
tercetos, se debe a Tartaglia la reducción de cualquier ecuación cúbica binomia
a los tres tipos a los que aluden sus reglas. En cambio, no hay referencia
alguna, en sus escritos, al caso irreducible, como tampoco al caso general de
la ecuación cúbica completa.
De tales cuestiones volvió a ocuparse en La
travagliata inventione de 1551, así como debía haberse ocupado de
ellas en su obra máxima, el Tratado general de números y de medidas, que
empezó a publicar en 1556. De los seis volúmenes aparecidos, los últimos cuatro
son postumos y el último de ellos no fue redactado por Tartaglia sino por un
"docto matemático" sobre la base de los apuntes del autor. Este
tratado es una obra enciclopédica, del tipo de la Summa de
Pacioli. Los dos primeros volúmenes se refieren a la aritmética teórica y
práctica; entre sus problemas citemos, como original, el de determinar la
naturaleza del menor número de pesas diferentes con las que se puede pesar
desde 1 hasta 40 libras, problema que se funda en la propiedad de descomponerse
todo número en sumas de potencias de 2 o en suma algebraica de potencias de 3.
Las tres partes siguientes se refieren a la geometría y tratan al final la
resolución de construcciones geométricas con una sola abertura de compás. Por
ejemplo, la primera proposición de los Elementos-, construir
un triángulo equilátero de lado AB dado, Tartaglia la resuelve
de esta manera con la abertura de compásr > AB. Sobre
las prolongaciones deAB y BA, respectivamente,
toma los puntos C y D tales que AC =
DB = r. Con este radio y con centros A, B, C, D traza
arcos de circunferencias que determinan los triángulos equiláteros ACF
y DBE\ la intersección de AF con BE determina
el punto G que, con AB, da el triángulo
pedido.
La última parte del Tratado se refiere al álgebra, pero desgraciadamente
termina con las ecuaciones cuadráticas, sin entrar en las cúbicas.
Además de estas obras y de los Contracartelli, aparecidos con
motivo de su polémica con Ferrari, se debe a Tartaglia la primera edición
italiana de los Elementos (una anterior de Pacioli se ha
perdido), así como versiones y ediciones de obras de Arquímedes y Jordanus
Nemorarius.
La fama que entonces conquista Tartaglia llega a
oídos de otro protagonista de esta cuestión, el médico y matemático Gerolamo
Cardano, entonces profesor en Milán, con quien se vincula.
Nota complementaria
Cardano y su obra
Cardano es una de las figuras más curiosas del
Renacimiento. De vida poco feliz y llena de alternativas, en sus últimos años
redactó una Autobiografía (que apareció póstuma en 1643) en la que no escatima
vicios ni defectos. Escritor prolífico, sus escritos se ocupan de temas de toda
índole. Como fue un jugador conocedor de todas las tretas y fullerías del
juego, que en ocasiones tuvo que utilizar como modus vivendi, se explica que en
un escrito especial, Líber de Ludo aleae (póstumo), se ocupara
de los juegos de azar, lo que lo convierte en el iniciador del cálculo de
probabilidades.
Su primer escrito matemático es un tratado de aritmética de 1539, pero su obra
más importante es Ars magna, que debe considerarse el primer
tratado de álgebra merecedor de este nombre.
En ese tratado Cardano se expresa así respecto de la invención de la solución
de las cúbicas: "En nuestros tiempos Scipione Del Ferro, boloñés, resolvió
el capítulo de cubo y cosas igual a número, hazaña realmente hermosa y
admirable. Este arte, verdadero regalo de los dioses, que supera toda sutileza
humana posible y el esplendor de todo ingenio mortal, es una prueba del valor
de las inteligencias y es tan maravillosa que quien la haya logrado puede creer
que ya nada le ha de ser imposible".
En emulación con el matemático mencionado Niccolo Tartaglia, de Brescia, amigo
nuestro, habiendo entrado en disputa con Antonio María Florido, discípulo de
Del Ferro, y a fin de vencer en la justa encontró el mismo capítulo y me lo
confió, pues con insistentes ruegos se lo había pedido.
En verdad, engañado yo por las palabras de Lúca Pacioli, que afirmaba que
además de sus capítulos no podían existir otros generales, y aunque el
descubrimiento hubiera podido ser facilitarlo por otras cosas que yo había
encontrado, con todo desesperaba de encontrar lo que no tuve el coraje de
buscar.
Después de obtener ese capítulo y hallada su demostración, comprendí que podían
deducirse muchas cosas más; ya aumentada mi confianza llegué a encontrarlas, en
parte por mi cuenta, en parte con la ayuda de Ludovico Ferrari, antiguo
discípulo mío. Todo lo que éste encontró será indicado con su nombre, y aquello
que no se atribuye a otro, me pertenece.
Respecto de las cúbicas, Cardano agrega la transformación de las ecuaciones
cuadrinomias en trinomias, al mismo tiempo que asoman algunos atisbos acerca de
las raíces negativas, que llama falsos, y hasta de las imaginarias, así como de
las relaciones entre los coeficientes y las raíces. En sus ejemplos aparecen
también transformaciones de las ecuaciones, con el objeto de hacer aparecer
factores lineales que, al eliminarse, disminuyen el grado de la ecuación.
En cuanto a las ecuaciones de cuarto grado expone el método de resolución que,
con gran complacencia, atribuye a su discípulo Ferrari.
Además, un tercer nombre del equipo, Ludovico
Ferrari, probablemente el matemático más brillante del grupo, que aporta la
solución de la ecuación cuártica mediante un método que hoy lleva su nombre.
Nota complementaria
La obra de Ferro.
El problema que dio lugar a la ecuación de cuarto
grado que Ferrari resolvió, por el método que hoy lleva su nombre, es el
siguiente: descomponer el número x10 en tres partes
en proporción continua, tal que el producto de los dos primeros términos sea 6
.
Ferrari toma como incógnita el medio proporcional y llega a una ecuación de
cuarto grado que, con nuestros símbolos es: x4 + 6x2 +
36 = 60. El método de Ferrari consiste en transformar esta ecuación, mediante
la introducción de un término indeterminado, en una diferencia de cuadrados. La
manera como trató Ferrari a su ecuación, que hoy se simplifica, es la indicada
por las transformaciones siguientes:
Para que el segundo miembro sea un cuadrado
perfecto el valor de y deberá satisfacer la cúbica: (y + 3) (y 2 +
12y) = 480 cuya raíz y dará, como valor de x, la raíz de la cuadrática
Otros aportes matemáticos de Ferrari se encuentran
en los Cartelli intercambiados con Tartaglia donde, por
ejemplo, en la segunda respuesta de Tartaglia, de 31 problemas que éste propone
a Ferrari, más de la mitad se refieren a construcciones geométricas con una
sola abertura de compás, mientras que los restantes son cuestiones aritméticas
relativamente sencillas: cuestiones a las que Ferrari responde con creces y en
forma concreta, aunque lo hace más de seis meses después, con motivo de remitir
a Tartaglia el quinto cartel. Pero ya en el tercero había propuesto a Tartaglia
31 cuestiones mucho más difíciles y de todo orden: matemáticas, astronómicas,
metodológicas y filosóficas. Entre las cuestiones algebraicas algunas exigían
cúbicas y hasta ecuaciones de grados superiores, otras eran problemas de
máximo; por ejemplo, dividir un número dado en dos partes tales que su producto
por su diferencia sea máximo, problema que figura en un escrito de Cardano. En
su respuesta Tartaglia contesta a 26 de esas cuestiones y no todas
correctamente; por ejemplo, en el problema de máximo da la solución exacta pero
sin la demostración, lo que permitirá afirmar a Ferrari que la cuestión no
había sido resuelta. Más tarde, en su General Trattato, Tartaglia
incluirá esa cuestión con la demostración.
Enterado de los hallazgos de Tartaglia, Cardano
se esfuerza en conocerlos para incluirlos en su Ars magna en preparación, pero Tartaglia, deseoso de
hacerlos aparecer en sus propios libros, se resiste hasta 1539, cuando Cardano
logra una entrevista con Tartaglia y éste cede, y revela a Cardano las
soluciones de las cúbicas mediante unos tercetos, no sin hacerle jurar
"por los Santos Evangelios" que no las hará conocer antes de que
Tartaglia las publique por su cuenta.
Nota complementaria
Los "tercetos" de Tartaglia
Damos en traducción libre en prosa con un breve
comentario final, los tercetos con que Tartaglia enseño a Cardano las reglas
para resolver la ecuación cúbica, en las tres formas en que en esa época podía
presentarse la ecuación. A la derecha se da la traducción de las reglas en
símbolos modernos.
|
Cuando el cubo más las cosas es igual a un
número, debes buscar dos números cuya diferencia sea este número y cuyo
producto sea igual al cubo de la tercera parte de las cosas conocidas la
diferencia de sus raíces cúbicas es la cosa principal. |
|
|
Cuando, en cambio, el cubo está solo debes
seguir esta regla: dividirás el número en dos partes tales que el producto
sea igual al cubo del tercio de las cosas, y entonces la suma de las raíces
cúbicas de esas partes dará lo que buscas. |
|
|
El tercer caso, si bien miras, se resuelve
como el segundo, al cual mucho se parece. He encontrado estas cosas en 1534,
con sólidos fundamentos, en Venecia. |
x3 + q = px |
Mientras el primer caso, que siempre tiene una sola raíz positiva, no ofrece
mayor dificultad y la regla de Tartaglia es siempre válida, en el segundo caso
puede fallar esa regla en el llamado, más tarde, "caso irreducible"
(27q2 < 4 p3). Cuando
Cardano plantea a Tartaglia un ejemplo que lleva precisamente a ese caso,
Tartaglia no contesta. Más discutible es lo que expresa Tartaglia al final de
sus tercetos, al aludir, sin mayor especificación, al tercer tipo de ecuación
cúbica. Pues en ese caso, o bien la regla no es aplicable por aparecer otra vez
el caso irreducible, o bien al aplicarse la regla del segundo caso, si, (27q2 <
4p3) no se obtiene sino el valor absoluto de la raíz, que
ahora es negativa. Como es claro que el valor absoluto no satisface la ecuación
y los números negativos no eran entonces admitidos ¿qué quiere decir Tartaglia
con su elíptico lenguaje?
Pero en 1545 Cardano, probablemente ante la
demora de Tartaglia en publicar esas soluciones, rompe el juramento y las hace
conocer en su Ars magna, exponiendo
al respecto su propio punto de vista acerca de la cuestión, hecho que da lugar
a que Tartaglia, en sus Quesiti del
año siguiente, publique ciertas apreciaciones sobre Cardano que provocan una
polémica entre Tartaglia y Ferrari, que se prolonga desde principios de 1547
hasta 1548, nada edificante y que tampoco agrega nada a la cuestión de la
solución de las ecuaciones de tercero y cuarto grados.
Nota complementaria
Los "Cartelli" y "Contracartelli"
La cuestión que en la primera mitad del siglo XVI
suscitó la resolución de las ecuaciones cúbicas, en la que intervinieron
Tartaglia, Cardano y Ferrari, tuvo su fin en el desafío público entre Tartaglia
y Ferrari (éste instigado probablemente por Cardano), mediante "carteles” y ''contracarteles'' que
ambos adversarios se lanzan. Esos carteles de desafío contenían cuestiones
matemáticas, no sin improperios, que se proponían al adversario mientras se
imprimían y difundían con profusión.
Hubo seis de esos Cartelli di matemática disfida de Ferrari
(que constituyen su única colaboración matemática escrita), y seis Controcartelli de
Tartaglia en respuesta de los anteriores. El acto público poco edificante con
que terminó el desafío, tuvo lugar en Milán en el atrio de una iglesia.
Sin embargo, quedaba aún una laguna, el llamado
"caso irreducible" que se presentaba cuando, al aplicar las reglas de
Tartaglia, aparecían por parejas raíces cuadradas de radicandos negativos sin
interpretación real, no obstante lo cual era fácil comprobar que existían
valores reales que satisfacían la ecuación. Esta dificultad la salvará, para
casos particulares, otro matemático italiano del siglo; Rafael Bombelli, con
su Álgebra de 1572.
Nota complementaria
El Álgebra de Bombelli
Esta obra es la última de los, algebristas
italianos del siglo XVI y, por lo menos su redacción, es posterior a la
polémica Tartaglia-Ferrari, de ahí que se haya fijado como fecha del manuscrito
el año 1550. Entre esa fecha y la primera edición de 1572 (de los tres primeros
libros, pues los dos últimos quedaron inéditos hasta 1929) el autor conoció la
obra de Diofanto, conocimiento que tuvo en él gran influencia, como se
comprueba comparando el manuscrito de toda la obra con la parte impresa.
El Álgebra de Bombelli es importante no sólo por las
innovaciones, algunas patentes y otras latentes, que introduce, sino también
porque mide el progreso que se va realizando en el proceso de disolución del
imperialismo geométrico de la ciencia griega, reflejado en la absorción de la
geometría por el álgebra, que en cierto momento será casi total.
En su primer libro, el Álgebra de Bombelli supone conocidas
las reglas de las operaciones con números racionales, para entrar de lleno en
las operaciones con radicales. Aparece un método de raíz cuadrada aproximada
que preludia las fracciones continuas y, en una construcción geométrica de la
raíz, por primera vez el segmento unitario. Extiende el método de aproximación
a la raíz cúbica, dando de ella construcciones geométricas
"instrumentales", como él las llama, y "a pedido de amigos"
trata también de la extracción de raíces cuartas, quintas, etcétera, aunque
reconoce su escasa utilidad.
A continuación expone las operaciones con raíces cuadradas y cúbicas, en
especial de los tipos que se presentan en las ecuaciones de tercer grado.
Utiliza, a semejanza con otros autores, como símbolo de la raíz una R seguida
de una q o de una c, según se trate de raíz cuadrada
(quadrata) o cúbica, encerrando el radicando en un doble ángulo recto que en el
texto impreso se convierten en dos L invertidas. Pero la
novedad más importante que introduce Bombelli en su Álgebra es
el tratamiento de los números complejos y de sus operaciones. Mientras que en
el manuscrito aparecen los números imaginarios como raíces cuadradas de números
negativos, en el texto, de más de veinte años después, utiliza un simbolismo
especial para esos números. Dice textualmente en el libro impreso: "He
encontrado otra especie de raíces cúbicas ligadas (se refiere a las raíces
cúbicas de irracionales cuadráticas) que se presentan en la cuestión de cubo
igual a tantos y números después de haber leído a Diofanto, Bombelli utiliza la
expresión "tantos" en lugar de "cosas”, cuando el cubo de la
tercera parte de los tantos es mayor que el cuadrado de la mitad del número (es
nuestro caso irreducible) y esa especie de raíz cuadrada tiene en el algoritmo
otro nombre y otras operaciones. Como en este caso esa parte no puede llamarse
ni más ni menos, la llamaré más de menos cuando deba agregarse y menos de menos
cuando ha de restarse... que a muchas personas ha de parecer más sofistico que
real, como supuse yo también hasta que encontré su demostración geométrica...
Expone luego correctamente las operaciones con los símbolos pdm y mdm (por
piú di meno y memo di meno) en la misma forma que se hace actualmente con sus
equivalentes i y - /, agregando que cada vez que aparece una
de esas expresiones, aparece también la conjugada. A continuación opera con
estos nuevos símbolos, dando reglas que luego necesitará en el caso
irreducible, para calcular la raíz cúbica de los números que actualmente
llamamos complejos. Veamos un ejemplo numérico de Bombelli, agregando a la
derecha las ecuaciones y expresiones con símbolos modernos que justifican
aquellas reglas, que por lo demás sólo son válidas para valores racionales.
|
Sea obtener la raíz cúbica de 52 + 47i. |
|
El libro II del Álgebra se ocupa de polinomios y de ecuaciones. Indica los
monomios de una letra con el coeficiente y el exponente en su parte superior
encerrado en un semicírculo y expone las reglas operatorias de los monomios y
polinomios hasta la división de un polinomio por un binomio lineal con
coeficiente unitario de la variable.
En cuanto a las ecuaciones, pasa ordenadamente
desde las ecuaciones más simples de primer grado hasta las ecuaciones completas
de cuarto grado, aunque siempre con coeficientes positivos, lo que le obliga a
estudiar numerosos casos particulares y, con alguna excepción, nunca con el
segundo miembro nulo.
Su algoritmo del pdm y mdm le permite obtener las raíces complejas conjugadas de una ecuación
de segundo grado sin raíces reales.
Al respecto dice Bombelli (utilizamos símbolos
actuales): Si deseas igualar x2+ 20 a 8x siendo el cuadrado de la mitad de los
tantos: 16, menor que 20, esa igualación no podrá hacerse sino de esta manera
sofistica. Resta 20 de 16, será -4, cuya raíz es 2i que agregamos y restamos a la mitad de los
tantos, obteniendo 4 + 2i ó 4
- 2i , y cada una de estas
cantidades, separadamente, será el valor del tanto.
Es claro entonces que su mayor contribución a la
teoría de ecuaciones será la resolución, mediante su algoritmo como
intermediario, del caso irreducible de la ecuación cúbica. Así, por ejemplo,
sea igualar x3 a
15x + 4. En ese caso, dice
Bombelli, tómese la tercera parte de los tantos, que es 5, y elévese al cubo,
que es 125, el cual debe restarse del cuadrado de la mitad de los números que
es 4; se obtiene m 121, cuya raíz cuadrada será pdm 11 (es decir 11i). Esta raíz, agregada a la mitad del número, hace 2 pdm 11, cuya raíz cúbica es 2 pdm 1, que agregada a su residuo (el conjugado)
2 mdp 1 da 4, que es el
valor del tanto (la raíz de la ecuación).
En realidad, como lo reconoce Bombelli, la regla
sólo es válida en el caso en que la raíz sea racional o irracional cuadrática
de parte real racional no nula, pero insinúa la relación entre el caso general
y la trisección del ángulo.
También es notable en Bombelli el estudio
general que emprende de la ecuación de cuarto grado, que ni Ferrari ni Cardano
habían llevado a cabo, así como lo es todo lo referente a la teoría de
ecuaciones: cambio de signo de las raíces, sustitución de la incógnita por un
valor proporcional a su reciproco, o por otra incógnita sumándole o restándole
un número, etcétera; transformaciones que utiliza para reducir toda cúbica a
las formas canónicas.
En el tercer libro del Álgebra es donde se nota más la influencia de Diofanto. Es
una colección de 273 cuestiones, más de la mitad de las cuales no son sino
transcripciones de problemas de la Aritmética de Diofanto.
Como novedad interesante anotemos que una
cuestión se resuelve con letras, cuando trata la división de 12 +
a en dos partes, cuyo producto sea 20.
Los libros cuartos y quintos, que comprenden la
"parte geométrica", son en verdad de álgebra geométrica en el cabal
sentido de la expresión. Después de haber expuesto la construcción geométrica
de las figuras y equivalencias elementales, pasa a la resolución geométrica de
las operaciones aritméticas, incluyendo la raíz cúbica, mediante la
determinación de dos medias proporcionales. Aplica esas construcciones, en
primer lugar, a la resolución de las ecuaciones de primero, segundo y tercer
grado, y luego a numerosos problemas geométricos en los que pone a contribución
la geometría, el álgebra y el hoy denominado "cálculo gráfico". En
definitiva, toda la geometría de Bombelli es una prueba de su afirmación:
"todo lo que se hace con números puede hacerse también con líneas".
Por ejemplo, demuestra
gráficamente la propiedad básica de las cúbicas de ser su raíz suma de dos
segmentos, cuyo producto y suma de los cubos son conocidos. Es interesante
también una solución gráfica aproximada de la raíz de la cúbica x3 = px + q, que se funda en la
proporcionalidad x : p = ( x + q/p) : x2, válida para x pequeña, que incluye
el caso irreducible. Por último, veamos cómo la construcción del eneágono
regular lo conduce a una cúbica del caso irreducible, a la cual no puede
aplicar su método de resolución. Sea un círculo de diámetro BE = 2r, y AB = BC = CD = 2 x tres lados
consecutivos del eneágono convexo, por tanto AC = BD = 2y, el lado del eneágono
cóncavo, y AD = a, el lado del triángulo equilátero. Si AE = CE = 2z, tendremos por
una partex2 + y2 = z2 y por otra, en virtud de los cuadriláteros
inscritos ABCD yABCE, y2 = ax + x2; xz = ry. Si entre las tres
ecuaciones se elimina z e y, se llega a x3 + 1/3 a3 = a2x . En su ejemplo Bombelli toma 2a = 6 y llega a la ecuación, x3 + 72 = 36x que, concluye Bombelli, "hasta ahora no hay manera de
resolver, pues no hay proporción entre sus partes". En efecto, de acuerdo
con su regla, debería encontrarse un número entero comprendido entre 3 y 2√3.
Además de la resolución de las ecuaciones cúbica
y cuártica, sin duda el principal acontecimiento algebraico de la primera mitad
del siglo XVI, este siglo vio otras innovaciones algebraicas, en especial
referentes al simbolismo.
Durante ese siglo se publicaron aritméticas y
álgebras en distintos países de Europa, inspiradas en gran parte en la Summa de Pacioli. Así, en Alemania el álgebra tomó el nombre
de Die Coss, es decir
"la cosa", nombre con que en Italia se designaba a la incógnita; las
abreviaturas para indicar sus potencias fueron denominadas "signos
cósicos".
La primer álgebra publicada en alemán vulgar, en
1525, es de Christoff Rudolff. Allí aparece, por primera vez, el símbolo √;
corrupción de la inicial de la palabra radix, para indicar la raíz cuadrada
(duplica el signo para la raíz cuarta y lo triplica para la cúbica). El signo =
aparece por primera vez en The Whetstone of Witte (El aguzador del ingenio) publicada en 1557 por
Robert Recordé, que es el primer tratado inglés de álgebra, donde el autor
afirma que ha elegido ese símbolo porque dos cosas no pueden ser más iguales
que dos rectas paralelas. Este símbolo se generalizó hacia fines del siglo
XVII; todavía en ese siglo Descartes utiliza un signo semejante al símbolo del
infinito, probable corrupción de la inicial de la palabra ae qualis (igual, en
latín).
Entre los matemáticos de la península ibérica
citemos a Juan de Ortega, que en las ediciones de 1534, 1537 y 1542 de su Tractado
subtilisimo de Aritmética y Geometría da,
sin indicación de método, interesantes aproximaciones de raíces cuadradas, y
Pedro Nunes (Nonius en latín, Núñez en español), astrónomo, cosmógrafo y
matemático, autor de importantes contribuciones a las tres disciplinas.
Núñez resuelve con ingenio el problema del
crepúsculo mínimo y en De crepusculis, donde los estudia, describe un dispositivo para
aumentar la precisión de los instrumentos de medida. Ese dispositivo
experimentó posteriormente varias modificaciones, hasta mantenerse la que
introdujo Pierre Vernier en 1631, que dio lugar al hoy llamado
"nonius" o "vernier".
Como cosmógrafo Núñez resolvió el problema de
determinar la curva que corta a todos los meridianos terrestres bajo ángulo
constante, que llamó "línea de rumbo" (nuestra loxodromia). Entre sus
obras matemáticas citemos De erratis Orontii Finei de 1546 y su Álgebra de 1564. La primera de estas obras alude al
matemático y astrónomo francés Oronce Finé, que había creído hallar una
solución de los tres antiguos problemas de la geometría griega, pretendidas
soluciones que Núñez refuta. En cuanto al Álgebra, escrita en portugués en 1532, no la publicó en español
hasta 1564, aprovechando entonces todos los progresos realizados en ese lapso,
aunque no la resolución de la ecuación cúbica, pues no le satisfacía
"aquella manera de notificar el valor de la cosa". Con todo, es el
primer y más completo tratado de álgebra en español aparecido en el siglo.
El matemático más importante de la segunda mitad
del siglo XVI es François Viéte, más comúnmente conocido por su apellido
latinizado Vieta, que se ocupó de todas las ramas de la matemática. Respecto
del álgebra fue su mérito ordenar y adecuar todo el material existente,
otorgándole unidad y sentido lógico, no obstante el lenguaje oscuro y difícil
que utiliza y agrava al introducir un número excesivo de helenismos y neologismos.
Así, en una de sus primeras obras, In
artem analyticen isagoge (Introducción
al arte del análisis, donde "análisis" quiere decir
"álgebra", palabra que Viéte no emplea por ser de origen árabe) de
1591, expone los principios fundamentales del álgebra, no sólo considerando el
método analítico en el sentido antiguo y sus etapas, sino estableciendo también
una serie de postulados en que se han de fundar las transformaciones
algebraicas. Agrega que la debilidad de los antiguos analistas fue la de
ejercitar sus facultades sobre los números, es decir hacer lo que Viéte llama
"logística numerosa" dando a la palabra "logística' también la
acepción griega. Lo que debe hacerse, agrega, es una nueva logística, una
"logística speciosa" comparando entre sí las magnitudes. En esta
"logística speciosa" reside uno de sus mayores méritos, pues trajo
consigo la importante innovación de utilizar en las cuestiones algebraicas
cantidades cualesquiera y, por lo tanto, la de introducir el uso sistemático de
las letras.
Nota complementaria
Viéte y su obra
Viéte fue un magistrado y hombre de corte famoso,
fuera del campo matemático, por su hazaña, nada simple, de descifrar los
mensajes secretos que el rey de España enviaba a su ejército en Flandes. En sus
contribuciones al álgebra aparece, vinculada con su "logística
speciosa", una "ley de homogeneidad", según la cual sólo pueden
compararse magnitudes de igual dimensión. Tales magnitudes son el lado, el
cuadrado, el cubo, el cuadrado cuadrado, el cuadrado cubo, etcétera y sus
géneros son la longitud, el plano, el sólido, el plano plano, el plano sólido,
etcétera. En cuanto al simbolismo utiliza los signos + y - aunque, cuando el
sentido de la sustracción es indeciso, utiliza el signo =. No tiene signo para
la multiplicación y utiliza la raya para la división. En cuanto a los
paréntesis, los sustituye por llaves y, a veces, por una barra horizontal. Pero
su innovación más importante fue el uso de las letras, aunque su simbolismo
literal no es muy adecuado, pues emplea exclusivamente letras mayúsculas,
vocales para las incógnitas, consonantes para las constantes; por otra parte,
la ley de homogeneidad complica su uso. He aquí, con símbolos de Viéte, nuestra
ecuación
mientras que la identidad que expresa el cubo
de una suma la escribe:
A cubus B in A quad. 3 Ain B quad. 3 B cubo equalis
A + B cubo.
En su Isagoge y en otras obras,
algunas postumas, Viéte desarrolla casi todo el algoritmo algebraico actual
correspondiente a las operaciones racionales, que aplica a numerosas cuestiones
de análisis indeterminado y a las ecuaciones algebraicas. En el tratamiento de
las ecuaciones de tercero y cuarto grados, introduce algunas modificaciones
respecto de los métodos de los algebristas italianos. Así, en la cúbica, ya
reducida y sometida a su ley de homogeneidad, x3 +
3 b2x + c3 = 0 sustitución,
original de Viéte, es x = (h2 - y2):y,
con lo cual la cúbica se transforma en la trinomia y6 -c3y3 - b6 =
0, que se reduce a cuadrática; del valor de y así obtenido
deduce x.
En cuanto a la ecuación cuártica, simplifica algo la transformación de Ferrari.
A la ecuación reducida x4 + a2x2 +
b3x + c 4 = 0 agrega a ambos miembrosx2y2 + 1/4y4 de
donde (x2 + l/2y2)2 = x2(y2 - a2)
- b3x + l/4y4 - c4. Al
imponer la condición del segundo miembro cuadrado perfecto, se obtiene una
cúbica en y2.
En los sistemas indeterminados Viéte está influenciado por Diofanto, aunque los
clasifica según un orden lógico; otras cuestiones algebraicas están vinculadas
con la geometría, en especial con la división del ángulo en partes iguales. Así
reconoce que el caso irreducible de las cúbicas se reduce a la trisección de un
ángulo.
Aunque admite coeficientes positivos y negativos, racionales e irracionales, no
considera sino las raíces de una ecuación que anticipa el actualmente llamado
"método de Newton”.
También el ya mencionado Stevin se ocupó de
álgebra. Se le debe la idea del método de aproximación de las raíces mediante
sustituciones sucesivas, señalando que si la diferencia entre los valores
numéricos de ambos miembros de la ecuación cambia de signo para dos valores
numéricos de la incógnita, la raíz está comprendida entre estos dos valores.
Así, en la ecuación x3 = 300x + 33915024,
da a x los valores 10,
100, 1000, y comprueba que x está
entre 100 y 1000; al darle luego los valores 100, 200, 300, 400, comprueba que
está entre 300 y 400 y así sucesivamente.
Con Stevin se vincula Albert Girará, que tradujo
al francés varias obras del primero, autor de contribuciones originales al
álgebra, en especial a la teoría de ecuaciones. Escribe éstas en forma
completa, separando en cada miembro los términos de igual paridad de las
potencias de la incógnita y admitiendo coeficientes nulos cuando la ecuación
carece de este término. Afirma, sin demostrarlo, el enunciado del teorema
fundamental del álgebra: toda ecuación tiene tantas raíces como indica el
grado, para lo cual considera, además de las raíces positivas, las negativas y
las complejas (que llama "enveloppés") simples y dobles. Observa que
las raíces "imposibles" (negativas e imaginarias) sirven para
asegurar la validez de la regla general y comprobar que no hay otras soluciones
y, asimismo, que prestan utilidad para inventar las ecuaciones que las
contienen. Por lo demás, agrega ejemplos en los cuales las soluciones negativas
tienen interpretación concreta, como en el problema, por otra parte clásico:
dado un cuadrado de vértices opuestos A y B, determinar por A rectas
cuya inserción entre los lados (o sus prolongaciones) del cuadrado que
concurren en B sea un
segmento dado, mayor que el doble de la diagonal del cuadrado.
Entre otras propiedades que figuran en Girará,
mencionemos la resolución completa de la ecuación cúbica en el caso
irreducible, mediante la trisección del ángulo, las relaciones entre los
coeficientes de una ecuación de cualquier grado y las raíces, o la suma de
potencias de igual exponente de esas raíces.
Nota complementaria
El caso irreductible en Girard
La resolución de la cúbica por Girard, en el caso
irreducible, mediante la trisección de un ángulo es la siguiente. Sea la
ecuación x3 +px = q con
la condición (27q2 < 4p3)
siendo p y q positivos. Considera una
circunferencia de diámetro AB = 2√p/3 , en la que, por
la desigualdad anterior, existirá una cuerda AC = 3 q/p. Si
se triseca el ángulo CAB = 3a, conBAX± = a, la
cuerda AX1 = x1 da la
raíz positiva de la ecuación.
En efecto, basta sustituir los valores de x1 = 2y√p/3 cos a y
de q = 2/3 p-√p/3 cos 3a en la
ecuación, para comprobar que se satisface la identidad 4 cos3a
- 3cos = cos 3 a.
Si a partir de X1 se divide la circunferencia
en tres partes iguales, mediante los puntos X2 y X3,
las cuerdas AX2 y AX3 proporcionan
los valores absolutos de las otras raíces de la ecuación, en este caso ambas
negativas.
Tales relaciones, así como la descomposición
factorial, aunque limitada al caso de raíces reales positivas, aparecen también
en el inglés Thomas Harriot, a quien se debe la importante innovación, en el
simbolismo, de indicar las potencias mediante los factores repetidos, y la
menos importante de sustituir las mayúsculas de Viéte (para las incógnitas) por
minúsculas. Por ejemplo una ecuación de incógnita a y de factores a
- b, a + c, a + d, tiene la "forma
canónica" (la expresión es suya):
aaa - baa + caa + daa - bca - bda + cda - bcd.
A Harriot se debe la introducción de los
símbolos actuales para mayor y menor. En alguna ocasión utilizó el punto como
símbolo de multiplicación, aunque como tal el punto no se difundió hasta el
siglo XVIII por obra de Leibniz. El signo x para la multiplicación parece ser
original de Oughtred, quien dio entre propios y ajenos unos 150 signos
matemáticos. De ellos se han conservado el de la multiplicación, los signos : y
:: para la razón y proporción, aunque ya en desuso, y algunas abreviaturas como
log. para logaritmo. Como signo precursor agreguemos el símbolo π/d para la razón de la circunferencia al diámetro.
Los progresos de la trigonometría y de la geometría
Sin ser tan espectaculares como en álgebra,
durante el siglo XVI la trigonometría experimentó progresos, ya en el campo de
la trigonometría plana y esférica propiamente dichas, ya en el campo de las
funciones circulares y en la construcción de sus tablas.
A comienzos de siglo la trigonometría está aún
vinculada con la astronomía. Recordemos que en la célebre obra de
Copérnico; De revolutionibus orbium coelestium, tres capítulos están dedicados a las funciones
circulares, dos de los cuales habían aparecido en 1542, año anterior al de la
publicación de la obra de Copérnico, en un escrito de su editor, Georg Joachim,
llamado Rheticus por el lugar de su nacimiento. Por lo demás, a Rheticus se
deben, como a otros matemáticos del siglo, importantes aportaciones a la
trigonometría.
Nota complementaria
Las aportaciones a la trigonometría
Se debe a Rheticus el estudio sistemático de las
seis funciones circulares, que aparecen por primera vez en Europa definidas
mediante el triángulo rectángulo de hipotenusa el radio de la circunferencia
fundamental. Fuera del seno y coseno, Rheticus no dio nombre especial a las
demás líneas. Los nombres de tangente y secante aparecen en una obra de Thomas
Fincke de 1583.
A Rheticus y sus continuadores; Valentín Otto y Bartholomaus Pitiscus, se debe
la construcción de las tablas de esas funciones con gran precisión: ángulos de
10" en 10" y funciones hasta con 15 decimales, es decir tomando el
radio hasta de 1015 unidades.
Pero tal tediosa tarea, que a veces insumió toda una vida, encontraba
dificultades de impresión, no sólo por la naturaleza tipográfica de la obra,
sino también porque no era fácil encontrar mecenas que ligaran su nombre a un
tipo de libros de difusión limitada y muy especializados. Además, y esto fue lo
más lamentable, tal tarea resultó en cierto modo inútil, pues a partir de la
tercera década del siglo XVII esas tablas fueron paulatinamente reemplazadas,
con ventajas, por las tablas de logaritmos de las funciones circulares,
semejantes a la tabla con la que Napier había introducido el nuevo algoritmo en
la aritmética.
Agreguemos que en la obra de Pitiscus aparece por primera vez el término
"trigonometría". Pero el máximo progreso en el estudio de las
funciones circulares y sus aplicaciones a los triángulos se debe a Viéte.
En lo referente a las funciones circulares, además de las relaciones comunes,
Viéte agregó las fórmulas que expresan el seno y el coseno del múltiplo de un
arco en función del seno y coseno del arco, y así mismo las fórmulas que
resuelven el problema inverso para la división de un arco en 3, 5, 7 partes.
Estos conocimientos le permitieron resolver, en forma espectacular, un problema
que el holandés Adrián Van Roomen había lanzado en 1593 como desafío a todos
los matemáticos del mundo. Se trataba de resolver una ecuación de grado 45, en
la que Viéte reconoció que no era sino el desarrollo del seno del múltiplo 45
de cierto arco desconocido, de ahí que "inmediatamente", como dice
Viéte, dio 23 soluciones de la ecuación (las otras 22 no las dio porque eran
negativas).
En cuanto a la trigonometría, tanto plana como esférica, también aparecen en
Viéte los teoremas fundamentales, aunque en forma algo diferente de la actual,
así como el empleo del triángulo suplementario de la trigonometría esférica.
Agreguemos que la fórmula de recurrencia para los senos y cosenos de los
múltiplos de los arcos está en escritos de Otto, mientras que la fórmula del
área del triángulo esférico, extendida a los polígonos esféricos, aparece en
obras de Girard y que en escritos del físico y geodesta Willebrord Snel figura
la fórmula que da la suma de los senos y cosenos de arcos en progresión
aritmética, que Arquímedes había dado en forma geométrica.
En conexión con los problemas planteados por las
funciones circulares el problema de la cuadratura del círculo recobra durante
el siglo un renovado vigor, y es probable que date de esta época la fama,
frecuentemente fundada sobre la ignorancia de los términos del problema, de que
gozó hasta fines del siglo pasado. No siempre esa ignorancia resultó
perjudicial, por cuanto las refutaciones a las soluciones erróneas no dejaron
de ser contribuciones positivas al problema, así como lo fue un conocimiento de
valores cada vez más aproximados al número n, cuyo primer desarrollo en un algoritmo infinito
ve este siglo, por obra de Viéte.
Nota complementaria
El número π en el siglo XV
Mediante el antiguo método de Arquímedes,
utilizando los polígonos inscritos y circunscritos de gran número de lados, y
explotando las ventajas del sistema decimal y la práctica de las operaciones
aritméticas, se llegó en el siglo XVI a obtener el valor de π con muchos
decimales. Por ejemplo, el hábil calculista Rudolph van Ceulen llegó a dar el
valor de π con 35 decimales en un escrito (póstumo) de comienzos del siglo
XVII. Asimismo, en el siglo XVI aparecieron fracciones que daban el valor de π
con buena aproximación. Mientras que el 22/7 de Arquímedes no daba sino dos
decimales 355/113exactos, el valor 355/113 que circula en el siglo llega hasta
la sexta decimal exacta.
También en este campo sobresale Viéte. Fuera de una construcción muy aproximada
del problema de la cuadratura del círculo, se le debe la primera expresión
convergente, en producto infinito, de número π. Viéte parte de la expresión del
perímetro P de un polígono regular de 2n-1 lados
y, utilizando de manera recurrente la expresión del seno del ángulo doble, en
función del seno y coseno del arco, llega después de n-2
transformaciones a
Que, al pasar del polígono a la circunferencia,
resulta la expresión límite que Viéte da mediante una serie de raíces
superpuestas de irracionales cuadráticos, expresiones algebraicas de los
cosenos.
Un par de siglos después, Euler generalizó la expresión anterior tomando una
poligonal regular de ángulo central
Quizá sea interesante agregar cómo los variados
aspectos de este problema revelaban, sin que todavía se advirtiera, la unidad
de la matemática. En efecto, un problema exclusivamente geométrico; de
transformación de figuras equivalentes, se había convertido en un problema
aritmético, la determinación del valor numérico de cierta razón, problema
aritmético que había encontrado soluciones aproximadas en términos finitos,
pero también una solución exacta mediante cierta combinación, ahora infinita,
de signos matemáticos.
Frente a los progresos de la aritmética, del
álgebra y de la trigonometría, sin duda notables, no cabe registrar iguales
progresos en la geometría del siglo XVI, si se exceptúan las versiones y
comentarios de las antiguas obras geométricas griegas, y la consolidación de la
perspectiva como nueva rama de la geometría.
Es explicable el escaso interés que el siglo
demostró por la geometría en sí. Por un lado, no era fácil superar los tratados
perfectos de un Euclides, de un Arquímedes, de un Apolonio, que a través de
versiones, ediciones y comentarios se difundieron durante el siglo. Por otro
lado, la preferente atención que el siglo dedicaba a los problemas particulares
y a las aplicaciones no dejaba mucho campo a la geometría pura, sin olvidar que
muchos problemas geométricos se resolvían más fácilmente con el álgebra.
El más importante geómetra del siglo fue el
italiano, de origen griego, Francesco Maurolyco que se ocupó también de óptica
y de mecánica, pero cuya vasta producción en parte se ha perdido y en parte es
póstuma, por lo que en su tiempo no ejerció mayor influencia. Comentarista y
traductor de obras griegas, sus comentarios a Cónicas de Apolonio, lo llevaron a considerar el estudio
de esas curvas deduciendo directamente sus propiedades del cono del cual eran
secciones, y no a la manera de Apolonio como figuras planas, procedimiento ya
utilizado por Johannes Werner, algo anterior, autor de la primera obra europea
sobre cónicas.
A Maurolyco se debe la aplicación, en forma aún
rudimentaria, del método de inducción completa en la demostración de ciertas
propiedades de los números poligonales y poliédricos, que publicó en su Aríthmeticorum
librí dúo, escrita en 1557 y aparecida en
1575.
Nota complementaria
La inducción completa en Maurolyco
En las demostraciones por el hoy llamado método de
inducción completa, Maurolyco procede como en el siguiente caso. Sea demostrar
que la suma de los primeros n impares es el cuadrado del
enésimo término. (En símbolos modernos 1 + 3 + 5 ... + 2 n — 1
= n2.) Empieza por demostrar esta propiedad
general: si a un cuadrado de orden n se le suma el impar de
orden n-1, se obtiene el cuadrado de orden n + l (n2 +
(2n + 1) = (n + l) 2). En virtud de tal
proposición Maurolyco dice que si a la unidad, que es primer cuadrado y a la
vez el primer impar, se agrega el segundo impar, se obtiene el segundo cuadrado
(1 + 3 = 4 = 22 ); si a este segundo cuadrado se agrega el
tercer impar se obtiene el tercer cuadrado (4 + 5 = 9 = 3 2);
si a este cuadrado se le suma el cuarto impar se obtiene el cuarto cuadrado (9
+ 7 = 16 = 4 2) y aplicando indefinidamente esa propiedad queda
demostrada la proposición general. En verdad, en Maurolyco la inducción
completa no es un principio sino un método de demostración por aplicación
reiterada de un mismo silogismo que, sin fundamento lógico, extiende
indefinidamente.
Entre los traductores y comentaristas cabe
mencionar a Federico Commandino, a quien se deben, además de traducciones,
contribuciones al estudio de los centros de gravedad y a la perspectiva, ya
Clavius Christopher Schlüssel, conocido por el papel que desempeñó en la
reforma del calendario de 1582 (Reforma gregoriana) y por la influencia que
ejerció en la enseñanza mediante su edición comentada de los Elementos de Euclides. También en geometría se destacó
Viéte, al ocuparse de problemas clásicos y de su época.
Como respuesta al desafío que lanzó el holandés
Van Roomen, la resolución de una ecuación de grado 45, Viéte propuso el antiguo
"problema de Apolonio", enunciado en la forma más general de
construir, en todos los casos posibles, una circunferencia que pase por puntos
dados y sea tangente a rectas y circunferencias dadas, que estudió en su Apollonius
Gallus de 1600.
En la segunda mitad del siglo XVI la
perspectiva, hasta entonces tratada por los artistas a su manera, comienza a
ser objeto de contribuciones de geómetras. Inicia esta labor el ya mencionado
Commandino con un escrito de 1558 donde, después de referirse a la proyección
estereográfica, pasa a ocuparse de la perspectiva.
Es posible que, para los artistas, una obra
escrita por un geómetra excediera sus conocimientos; de ahí la aparición de
obras que explicaran las reglas de la perspectiva en forma accesible a los
artistas. En este sentido cabe mencionar La práctica de la
perspectiva... obra muy útil a
pintores, escultores y arquitectos... que en 1568 hace conocer Daniele Bárbaro,
pero en especial Las dos reglas de la perspectivo práctica del arquitecto Jacopo Barozzi, apodado "il
Vignola" por el nombre de su ciudad natal. La obra apareció postuma en
1583 con comentarios del dominico Egnazio (=Carlo Pellegrino) Danti, profesor
de matemática y divulgador de conocimientos científicos. Esta obra del Vignola
tuvo gran difusión y se tradujo a varios idiomas como también la tuvo otro de
sus escritos, Las reglas de los cinco órdenes de arquitectura de 1562, que
llegó a convertirse durante tres siglos en sinónimo de arquitectura.
Aunque se lo debe también a Giovanni Benedetti,
científico que se ocupó en especial de temas de dinámica y que trató cuestiones
vinculadas con la perspectiva, que incluyó en sus escritos geométricos, la obra
mediante la cual esta rama de la geometría adquiere jerarquía científica
es Los seis libros de la perspectiva que en 1600 publica Guidubaldo Del Monte, donde aparece por
primera vez el teorema que demuestra que la perspectiva de un haz de rectas
paralelas es en general un haz de rectas concurrentes.
Cerremos esta reseña de la matemática
renacentista mencionando que es en 1556 cuando aparece en el Nuevo Mundo el
primer libro impreso de matemática, un modesto Sumario compendioso de las
quentas de plata y oro, que se publica en México.
Capítulo 8
El siglo XVII
Contenido:
Descartes y la geometría analítica
La teoría de números, las probabilidades y la geometría proyectiva
El cálculo infinitesimal: los precursores
El cálculo infinitesimal: los fundadores
Descartes y la geometría analítica
Ya ha tomado cuerpo la expresión
"revolución científica" para señalar el proceso que en el campo
científico se inicia en Occidente en las primeras décadas del siglo XVII. Para
la matemática, ese proceso fue singularmente favorable y fecundo: a su abrigo
nace una notable conjunción del álgebra con la geometría que tomará más tarde
el nombre de "geometría analítica"; surge el cálculo infinitesimal en
su doble aspecto de algoritmo del infinito y de instrumento indispensable para
el estudio de los fenómenos naturales y, por si eso no fuera bastante, el siglo
asiste al nacimiento de la teoría de números, del cálculo de probabilidades y
de la geometría proyectiva.
Claro es que tal florecimiento no se produjo por
generación espontánea. Si fue fruto de las condiciones favorables de la época
también lo fue del largo proceso que se inicia con el renacimiento matemático
del siglo XIII, proceso que por un lado pone a Occidente en contacto con el
saber antiguo a través del conducto árabe, saber que se afina y perfecciona con
el conocimiento directo de las obras de Euclides, Arquímedes, Apolonio,
Diofanto y Pappus; por el otro, aporta un nuevo territorio a la matemática: el
álgebra, diferente en forma y contenido de la geometría.
En el álgebra la abstracción matemática adquiere
una jerarquía distinta, en cierto sentido superior, frente a la abstracción
geométrica. Los objetos matemáticos dejan de ser exclusivamente números
particulares que cuentan o miden las cosas del mundo, o figuras que aluden a
los cuerpos y objetos naturales; ahora se hacen presentes nuevos objetos
matemáticos: las letras, esas especies de la "logística speciosa" de
Viéte, símbolos que no se refieren a un número particular o a una cantidad
geométrica especial, sino a todos los números, a todas las cantidades, letras
"vacías", como alguna vez dirá Descartes, que permiten ser llenadas
con cualquier contenido, con cualquier número o medida, sea cual fuere su
naturaleza o la de sus magnitudes cuyas cantidades mide.
Por lo demás, los recursos del álgebra permiten
unificar la aritmética aplicando un molde común a las propiedades de los
números, cualquiera sea su índole, y conferir a la matemática métodos de una
generalidad que la geometría no podía permitirse.
Por último, a la influencia del saber griego y
del álgebra ha de agregarse otro factor favorable al desarrollo de la
matemática en la edad moderna; un factor intrínseco a la ciencia moderna: la
matematización del mundo o mejor una renovación de este proceso que se había producido
entre los griegos y abandonado durante los tiempos medievales. Pero tal
matematización del mundo moderno es distinta de la matematización antigua. En
ésta el proceso era a cara descubierta; en la naturaleza idealizada,
platonizante, de los antiguos, las figuras geométricas eran elementos del
mundo. Baste recordar la óptica geométrica, la astronomía con sus excéntricas y
epiciclos, las leyes de la palanca y del equilibrio de los cuerpos flotantes de
Arquímedes.
La ciencia moderna seguirá sí la senda abierta
por Arquímedes pero, obediente a los nuevos tiempos, devolverá esas leyes a su
hábitat natural, el mundo físico, y la aplicación de la matemática a los
fenómenos naturales no obedecerá ya a la abstracción matemática, sino al
proceso lógico de abstracción lo que equivale a reconocer que el mundo es
inteligible y está sometido a las leyes de la razón, por ende a su instrumento
natural, la matemática. Las figuras geométricas ya no serán elementos del mundo
sino, como dirá Galileo, son el lenguaje, la escritura del mundo y estarán, por
lo tanto, al alcance de la mano.
La primera, cronológicamente, de las nuevas
ramas matemáticas del siglo XVII es la actual geometría analítica, cuyo
advenimiento se vincula con la obra de René Descartes, que en este campo está
ligada a la de sus predecesores y contemporáneos, aunque tal vinculación es
difícil de establecer, en parte por la escasa propensión de Descartes a
reconocer métodos ajenos, haciendo casi imposible averiguar en sus escritos
cuáles autores conoce, y en parte por el lugar y el papel que atribuye a la
matemática en el campo de los conocimientos. Una de las características del
pensamiento cartesiano es lo que se ha llamado su "afán cósmico", es
decir un anhelo de generalización y de absoluto, que le hace perseguir la
realización de una física general, capaz de explicar completamente todo lo que
el universo encierra en la tierra y en los cielos, meta que cree alcanzar con
sus Principios de la filosofía de 1644, aunque ese afán es visible desde 1619,
fecha de sus primeros descubrimientos (entre los papeles de Descartes se
encuentra un breve escrito con la frase inicial: "10 de noviembre de 1619,
cuando lleno de entusiasmo, descubrí los fundamentos de una ciencia admirable).
Es en virtud de ese afán que en Descartes la
matemática no tiene un fin en sí: la considerará como modelo de la ciencia a la
que dictará sus preceptos lógicos, servirá por eso admirablemente, a manera de
cobayo, para ensayar su método, pero no será más que eso, un medio, un método.
El uso que Descartes hace de los términos "matemática" y
"matemáticas" da cuenta de este hecho. En efecto, Descartes habla de
"matemáticas" cuando se refiere a sus estudios escolares y destaca
entre ellas el álgebra y la geometría, reconociendo en estas ramas cierta
sencillez y prioridad respecto de las demás, aunque para él la geometría, está
siempre tan ligada a consideraciones sobre las figuras que no pueden ejercer el
intelecto sin cansar mucho la imaginación", y en el álgebra "se está
tan sujeto a ciertas reglas y ciertas letras que en lugar de una ciencia que
eduque a la mente se convierte en un arte oscuro y confuso que la turba. De ahí
que la vinculación que establecerá entre ambas ramas será precisamente para
tomar "lo mejor del análisis geométrico y del álgebra, corrigiendo los
defectos del uno por el otro", Pero, más allá de estas matemáticas,
Descartes aspira a una ciencia única a una ciencia integral, ciencia que será
la "matemática universal" -ahora en singular, restituyendo al vocablo
su valor etimológico- que ha de explicar "todo aquello que pueda
preguntarse acerca del orden y de la medida, no importando que la medida deba
buscarse en números, figuras, astros, sonidos o cualquier otro objeto";
matemática universal de la cual "las matemáticas constituirán -como él
dice- la envoltura".
Esta tendencia hacia una ciencia universal
explica también el juicio, a veces hasta despectivo, que le merece a Descartes
la matemática pura y el factor negativo que asigna al carácter formal de esta
ciencia, cuyas disciplinas, dice "son tan abstractas que no parecen tener
ningún uso" y en cuyos problemas "acostumbran a entretenerse
geómetras y calculadores ociosos". Tilda de "muy inútiles" las
cuestiones de teoría de números que a veces "pueden ser resueltas mejor
por un hombre paciente que examine cuidadosamente la sucesión de los
números".
En cambio verá una finalidad de la matemática en
el método de demostración y en sus aplicaciones. Así dirá en el Discurso
"las matemáticas tienen invenciones sutilísimas que pueden satisfacer
tanto a los curiosos como facilitar todas las artes y disminuir el trabajo
humano", y se asombra algo más delante de "que siendo sus fundamentos
tan sólidos y estables no se hubiera edificado sobre ellas nada más
importante", mientras que de la práctica matemática que ha realizado no
esperará otra cosa "que acostumbrar a la mente a nutrirse de verdades y no
satisfacerse con falsas razones".
Además, parece que mucho antes de la aparición
del Discurso ya se había apartado de la matemática, pues en 1630 escribe:
"en cuanto a los problemas, estoy tan cansado de las matemáticas y me
ocupo tan poco de ellas, que no sabría ya tomarme el trabajo de resolverlos por
mi cuenta". Sin embargo, no obstante esta desestimación de Descartes hacia
la matemática pura y hacia el carácter formal que el álgebra introducía en
ella, no obstante el desapego que le demuestra, su afán cósmico, su ansia de
unificación lo lleva a realizar, quizá sin advertirlo, una revolución en
aquella ciencia abstracta que desvalorizó; esa revolución es la unificación del
álgebra con la geometría.
Aunque en la correspondencia y en los papeles
póstumos de Descartes figuran cuestiones matemáticas, el único escrito
matemático que publicó es Géométrie, tercero y último de los
"ensayos" que figuran como apéndices del célebre Discurso del método
para conducir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias. Además La
Dióptrica, Las Meteoros y La Geometría, que son ensayos de este método,
aparecido en 1637. Ya en el primer capítulo del Libro primero de los tres que
componen la Geometría,había claramente de aquella unificación al titular su
primer parágrafo: "Cómo el cálculo de la aritmética se relaciona con las
operaciones de la geometría".
Esa unificación la lleva a cabo mediante un
recurso muy simple. En efecto, una diferencia esencial entre los elementos
geométricos (segmentos) y los elementos algebraicos (letras), que impedía su
comparación, consistía en que mientras con las letras pueden realizarse
operaciones aritméticas en número ilimitado obteniéndose nuevas combinaciones
de letras, con los segmentos tales combinaciones quedan limitadas al caso en
que la "dimensión" del resultado es 1, 2, 3, pues en los otros casos
ese resultado deja de ser inteligible, es decir, de ser expresable en términos
de figuras geométricas: líneas, superficies, sólidos.
Para eliminar tal limitación Descartes recurre a
la idea simple del segmento unitario. Así como en aritmética, el número 1
agregado como factor o divisor a cualquier expresión aritmética o algebraica no
altera su valor pero sí modifica arbitrariamente el número de factores o
divisores, es decir su "dimensión", de igual modo Descartes, a fin de
que "los segmentos se reduzcan tanto mejor a los números", adopta un
segmento arbitrario como unidad y, operando convenientemente con él, reduce
toda combinación de segmentos, cualquiera sea su "dimensión", a un
segmento único, Por otra parte esa unidad irá "sobreentendida" y, de
hecho, ni ella ni sus operaciones aparecerán, pues - y ésta es la segunda etapa
de este proceso genial de Descartes - bastará indicar con una letra cada uno de
los datos y el resultado con la combinación respectiva de las letras de acuerdo
con las reglas del álgebra.
De ahí que a cada problema geométrico
corresponderá cierta relación entre letras, es decir una ecuación. Si esta
ecuación tiene una sola incógnita, su valor dará el segmento que resuelve el
problema geométrico; si éste es "indeterminado", es decir conduce a
una ecuación con dos o más incógnitas, lo reduce, a un sistema determinado,
dando valores a todas las incógnitas menos una. De allí que, en el caso de
tratarse de dos incógnitas, resultará que si una de éstas representa un
segmento variable sobre una recta fija, uno de cuyos extremos es fijo y la otra
coincide con uno de los extremos del segmento de dirección fija distinta de la
anterior que representa la segunda incógnita, el otro extremo de este segmento
dibujará una curva que resuelve el problema. Tal es la manera cartesiana de
introducir el método que luego se denominó de las coordenadas, aunque este
nombre, no figura en los escritos de Descartes, como tampoco la mención
especial de ejes.
De acuerdo con tales principios, Descartes
inicia su Geometría indicando cómo se realizan con segmentos las operaciones:
suma, resta, multiplicación, división y raíz cuadrada. Señala a continuación,
al referirse a "Cómo pueden emplearse letras en geometría", el
significado de la unidad "sobreentendida" con el siguiente ejemplo:
Si ha de extraerse la raíz cúbica de a2b2 — b, debe entenderse que el primer término está
dividido una vez por la unidad y el segundo término multiplicado dos veces por
la unidad. Pasa luego a la resolución gráfica de la ecuación de segundo grado,
de la cual da dos procedimientos distintos según tenga la ecuación una o dos
raíces positivas. En el caso de raíces imaginarias el "problema propuesto
es imposible", "El primer libro termina con un "ejemplo tomado
de Pappus en el cual Descartes muestra, con legítimo orgullo, la excelencia de
su método al resolver un problema que los antiguos sólo habían resuelto en
casos particulares.
Nota complementaria
El ejemplo tomado de Pappus
El problema que Pappus denomina "de las 3 o
más rectas" se enuncia de este modo: Dadas 2n — 1 (o 2 n)
rectas, determinar el lugar geométrico de los puntos tales que trazando por
ellos 2n - 1 (o 2 n) rectas, que forman,
respectivamente con las anteriores ángulos dados, el producto de n segmentos
así determinados esté en una razón dada con el producto de los n —
1 restantes por un segmento dado (o de los nrestantes). Al respecto Pappus dice
que, si se trata de un número de rectas que no supera a 4, el lugar es plano o
sólido, es decir recta o cónica, y que si se trata de 5 ó 6 el punto "se
encontrará sobre cierta línea", agregando que "si fueran más de 6
rectas ya no puede decirse que se da la razón entre un objeto comprendido por
cuatro rectas y otro formado por las demás, pues no hay nada que esté formado
por más de tres dimensiones". Aunque añade: "sin embargo, poco tiempo
antes de nosotros se ha acordado la libertad de hablar así sin designar,
empero, nada que no sea inteligible". En efecto, el recurso empleado era
el de dar los productos de las razones entre pares de segmentos homólogos, pero
-agrega- tanto en este caso como en los anteriores de más de 4 rectas "no
hay una síntesis ya hecha que permita conocer la línea".
Descartes muestra entonces cómo puede resolverse el caso general. Para eso
supone, como siempre, el problema resuelto y "para salir de la confusión
de todas esas líneas", considera como principales una de las dadas y una
de las que hay que encontrar, y a ellas trata de referir las demás. Es decir,
simplificando la figura, toma la recta dada BA, el segmento OA = x y
al segmento y como elementos de referencia, y si BC es otra de
las rectas, demuestra que el segmento z, según la dirección dada,
es función lineal de x e y. En efecto, si BO = a; AM = y;MN = z; AC = h,
siendoB y C las intersecciones de BC conAB y MA,
respectivamente, los triángulos ABC y MNC,de lados
de direcciones fijas, permiten escribir: b(h +y )
= z; h = ( a + x )c,
con b y c constantes, eliminando h
resulta abe + bcx + by = z,
terminando Descartes: "... se ve también que, multiplicando varias de
estas líneas entre sí, las cantidades x e y que
se encuentran en el producto, no pueden tener cada una más que tantas
dimensiones como líneas haya. De modo que ellas no tendrán nunca más de dos
dimensiones cuando se trate sólo de la multiplicación de dos líneas, ni más de
tres cuando se trate sólo del producto de tres, y así al infinito".
Entonces, continúa Descartes, si el problema es a lo sumo de 4 rectas, dando un
valor fijo a una de las incógnitas se obtendrá una ecuación de segundo grado,
que permitirá obtener con regla y compás puntos del lugar geométrico.
En el libro segundo demostrará, además, que ese
lugar será plano o sólido, mientras que si se trata de 5 o más líneas aparece
una ecuación de un grado más compuesto, en cuyo caso Descartes designa el lugar
como hipersólido. A continuación demuestra que el caso más simple de estos
lugares está representado por la "parábola cartesiana", curva que
resuelve el problema de Pappus cuando se dan cinco rectas, 4 de ellas
equidistantes y paralelas y la quinta normal a las cuatro anteriores.
Como en la resolución de ese problema pueden
presentarse rectas o circunferencias (lugares planos), cónicas (lugares
sólidos) u otra clase de curvas no conocidas por los antiguos, Descartes dice
que antes de considerar el caso general "es necesario que diga algo en
general de la naturaleza de las líneas curvas". Tal es el objeto del
segundo libro, en el cual, después de criticar la clasificación de los antiguos
en problemas planos, sólidos y lineales, introduce una clasificación poco feliz
de las curvas planas algebraicas en géneros (en su Geometría no figuran curvas
trascendentes, que denomina mecánicas), dando a continuación dos métodos, con
sus correspondientes trazados mecánicos, para obtener curvas de género cada vez
mayor. Con notaciones actuales las curvas obtenidas por esos métodos tienen por
ecuaciones, respectivamente, x4m = a2(x2 + y2)2n-1 y xy = (y - a) y,
donde y es la ordenada
de la curva de género inmediato inferior. Cuando Y es una función lineal se obtiene una hipérbola
que, para Descartes, es entonces curva de primer género, mientras que, siY es la ordenada de una parábola de ecuación y = (x2 — b2): b,
se obtiene para a = 2b la hoy llamada "parábola cartesiana",
curva de tercer grado que resuelve el problema de Pappus para el caso
particular de 5 rectas, que los antiguos no habían resuelto. Un segundo
problema, en el que Descartes pone a prueba su método, se refiere a la
determinación de las normales a las curvas planas, "problema que me atrevo
a decir que es el más útil y general no sólo que yo conozca, sino aun que yo
haya anhelado jamás conocer en Geometría". Se advierte la razón de esta
afirmación cuando se piensa en la concepción cartesiana de la matemática, pues este
problema se aplica, unas páginas más adelante, a la construcción de las
normales a ciertos óvalos (hoy llamados óvalos de Descartes), que encuentran
aplicación en su Dióptrica.
Aquí también aparece un rasgo original de
Descartes, pues si bien su método para la determinación de normales o de
tangentes, que es lo mismo, es algo engorroso, tiene valor desde el punto de
vista algebraico porque resuelve el problema de índole infinitesimal sin
recurrir a nociones infinitesimales, amén de emplear en sus cálculos algebraicos
el "método de los coeficientes indeterminados" de gran porvenir en
matemática.
Nota complementaria
La determinación de las normales según Descartes
El método algebraico de Descartes para determinar
la normal a una curva en un punto de abscisa x1 se
traduce geométricamente en la determinación de la circunferencia con centro en
el eje de la curva y tangente a la curva en ese punto. Si x0 es
la abscisa del centro de la circunferencia, el segmento de valor |x1 — x0|
es la subnormal. Para ello trata de que la ecuación que da los puntos de
intersección de ambas curvas, tenga una raíz doble utilizando, si es necesario,
el método de los coeficientes indeterminados, respecto del cual advierte que
"puede servir a una infinidad de otros problemas".
Aunque Descartes se limita en su libro, a exponer el método en casos
particulares, quizá sea conveniente verlo en general.
Sea y2 = a0 +a1x
+…+anxn la ecuación de la curva y (x - x0)2 + y2 = r2 la
de la circunferencia en el punto de abscisa x1. Descarte
identifica entonces:
(x - x0)2 +a0 + a1x +…+anxn - r2 =
= (x - x1)2(b0 + b1x +…+bn-2xn-2.
con coeficientes b1 indeterminados.
Establece las ecuaciones resultantes de la identidad de polinomios y, mediante
un ingenioso recurso, elimina las b1 y llega al
valor de |x1 - x0| en función de
las a1 que resulta de la forma:
1/2 (a1 + 2a2x1 +…+ nanxn-1.
que es fácil comprobar que es el valor de y1y1 es
decir la subnormal.
Al final del segundo libro Descartes hace una
excursión, no muy feliz a las curvas del espacio.
a. El libro tercero de la
Geometría es un tratado de álgebra cuyo objeto es la resolución de problemas,
que llevan a ecuaciones de grado superior al segundo. Cabe señalar entre las
propiedades que trata.
b. La reconstrucción de una
ecuación conociendo sus raíces, supuestas reales, que distingue en verdaderas
(positivas) y falsas (valor absoluto de las negativas). De tal reconstrucción
deduce empíricamente la hoy llamada regla de los signos de Descartes, para
determinar el número de raíces verdaderas y falsas de una ecuación (en verdad
la regla da sólo un valor máximo y de igual paridad de ese número).
c. las transformaciones hoy comunes
de las ecuaciones algebraicas: supresión del segundo término, cambio de signo
de las raíces, multiplicación de las raíces por un valor constante, aumento o
disminución de las raíces según un valor fijo, supresión de factores cuando se
conocen raíces, etcétera. Al final de estas transformaciones aparece, por
primera vez, la distinción entre raíces reales e imaginarias, dando a este
último término el sentido que en una ecuación "pueden imaginarse raíces,
en vista de su grado, que sin embargo no existen"; y la resolución
algebraica de las ecuaciones de tercero y de cuarto grado, donde no presenta
mayores novedades: para la cúbica utiliza la regla "cuya invención
atribuye Cardano a un llamado Scipion Ferreus y para la cuártica utiliza como
transformación una combinación de los métodos de Ferrari y de Viéte. Sin
embargo, pueden anotarse un par de cuestiones interesantes. Los ejemplos que
adopta permiten reconstruir la resolución completa, en términos algebraicos y
con letras, de un problema geométrico. Toma un problema, también de Pappus, que
no es sino el que había utilizado Girard para comprobar un caso de
interpretación concreta de las raíces negativas, y después de exponer la
solución geométrica de Pappus, plantea la ecuación, que resulta de cuarto
grado, suprime el segundo término, aplica el método de Ferrari (sin citarlo) y
deduce en la cúbica resultante, por simple observación, una raíz con la cual da
la expresión algebraica de la solución del problema. En realidad. Descartes no
da sino la raíz positiva menor, sin advertir que siempre existe otra raíz
positiva. También es de interés la resolución gráfica de las ecuaciones algebraicas
mediante la intersección de una curva con una circunferencia.
Nota complementaria
La resolución gráfica de las ecuaciones cúbica y cuadrática
El método utilizado por Descartes es el de la
"parábola fija" y consiste en considerar la ecuación de cuarto grado
reducida x4 = px2 + qx + r (que
para r = 0 coincide con una cúbica) como resultante de la
eliminación de y entre las ecuaciones:
ecuaciones de una parábola fija de "lado
recto" unitario y de una circunferencia de centro y radio dados por los
coeficientes de la ecuación, que Descartes determina o construye gráficamente
tomando como elementos de referencia el eje y el vértice de la parábola fija.
Esa curva es una parábola ordinaria en la
resolución de las ecuaciones hasta de cuarto grado, resolución que Descartes
aplica a los problemas de Délos y de la trisección, demostrando de paso que
cualquier problema de tercero o de cuarto grado puede reducirse a uno de esos
dos. Da fin a su Geometría con un verdadero alarde técnico al resolver
gráficamente una ecuación completa de sexto grado, mediante la intersección de
la "parábola cartesiana" (cúbica que para Descartes es una curva de
segundo género) con una circunferencia y señala varias aplicaciones del
problema: división de un ángulo en cinco partes iguales, construcción de
polígonos regulares de 11 y de 13 lados, etcétera.
Creemos también de interés transcribir el
párrafo final del libro: "Pero mi objeto no es escribir un libro abultado;
trata más bien de muchas cosas en pocas palabras... si se considera que
habiendo reducido a una misma construcción todos los problemas de un mismo
género, he dado a la vez la manera de reducirlos a una infinidad de otras
diversas y, así, de resolver cada uno de ellos, de una infinidad de maneras; y
además de esto, que habiendo construido todos los que son planos; cortando un
círculo con una línea recta, y todos los que son sólidos, cortando también con
un círculo una parábola y, en fin, todos los que son de grado más compuesto,
cortando lo mismo con un círculo una línea que no es más que de grado más
compuesto que la parábola no hay más que seguir el mismo camino para construir
todos los que son más compuestos, hasta el infinito. Pues en materia de
progresiones matemáticas, cuando se tienen los dos o tres primeros términos no
es difícil encontrar los otros. Espero que nuestros descendientes me estén
agradecidos no sólo por las cosas que aquí expliqué, sino también por aquellas
que voluntariamente omití para proporcionarles el placer de descubrirlas".
Se advierte en esta frase, mejor que en
cualquier otra, todo el pensamiento de Descartes frente a la matemática. Ahí
está su escaso interés por el aspecto formal de la matemática Y por su índole
técnica, que demuestra dominar: que los demás redescubran lo que él ya ha
encontrado. Ahí, en cambio, está también su acentuación del valor metódico de
la matemática, mostrando cómo sirve admirablemente de ejemplo, de modelo, de su
precepto lógico de "conducir ordenadamente mis pensamientos comenzando por
los objetos más simples y más fáciles de conocer para ir subiendo poco a poco
gradualmente hasta los conocimientos más complejos... hasta el infinito",
como se expresa en ese párrafo final de su ensayo.
Nota complementaria
El simbolismo algebraico de la Geometría
Las innovaciones o modificaciones que introdujo
Descartes en el simbolismo pueden resumirse como sigue. Aunque conoce el signo
= prefiere utilizar para la igualdad un signo propio, semejante al actual para
el infinito; cuando le conviene escribe el segundo miembro de una ecuación
igual a 0 "pues es mejor -dice- considerar así en conjunto toda la suma,
que hacer una parte igual a otra"; introduce el uso de letras minúsculas y
la novedad, que se ha conservado, de indicar los valores conocidos con las
primeras letras del alfabeto y las incógnitas con las últimas. Se le debe la
introducción sistemática de los exponentes, con excepción de la segunda
potencia, que escribe mediante los dos factores iguales (es posible que esta
notación, que es la que probablemente haga más extraña la lectura de la
Geometría a un lector actual, se deba a razones tipográficas, pues es más
simple y requiere igual espacio que la expresión con el exponente). No usa
paréntesis, y escribe en columna los factores que son sumas, agrupados por una
llave que a veces omite; indica la raíz cuadrada como hoy con el vínculo,
anteponiendo al radicando una C, cuando se trata de raíz cúbica.
Como trabaja exclusivamente con números positivos debe distinguir los distintos
casos de combinaciones de signos de los coeficientes, aunque cuando el signo
puede ser indistintamente + o - lo indica poniendo un punto en lugar del signo,
mientras que, como innovación superflua, indica con un asterisco la ausencia de
un término de una ecuación por ser nulo su coeficiente.
Destaquemos, para terminar, algunas
contribuciones más de Descartes a la matemática como, por ejemplo, los
perfeccionamientos del simbolismo algebraico que introduce en la Geometría y
que reduce notablemente la diferencia con los actuales, y otras aportaciones
geométricas y algebraicas diseminadas en sus papeles póstumos y en su abundante
correspondencia motivada por frecuentes consultas y polémicas: el estudio de
las parábolas de orden superior de ecuación y = axn; de la curva llamada hoja de Descartes (de
ecuación x3 + y3 = 3axy); el conocimiento de la relación, que se atribuye a Euler, entre el
número de caras, aristas y vértices de un poliedro y una interesante
construcción geométrica de los diámetros de los círculos cuyos polígonos
regulares circunscriptos de 4, 8, 16... lados tienen igual perímetro, cuyo
límite daría una solución del problema inverso de la rectificación de la
circunferencia: dada la longitud de la circunferencia construir el diámetro.
Si en la Geometría de Descartes la aplicación
del álgebra a la geometría aparece más bien como método, en otro matemático
francés del siglo XVII, Pierre Fermat, esa aplicación se presenta más
naturalmente como un recurso técnico. Fermat, no obstante sus ocupaciones
oficiales de magistrado, dedicó con tanta eficacia su tiempo libre a la
matemática que dejó honda huella en varias de sus ramas. Profundo conocedor de
las obras clásicas griegas: Euclides, Apolonio, Diofanto, es probable que el
estudio de Apolonio, de quien reconstruyo obras perdidas, tuviera cono
consecuencia la memoria Ad locos planos et sólidos isagoge, escrita antes de
1637 pero publicada póstuma en 1679, donde aparecen los principios
fundamentales del método de las coordenadas, si no en forma tan extensa como en
la Geometría de Descartes, por lo menos en forma tan clara o más. Lo mismo que
Descartes, toma un eje de referencia y en él un punto fijo que considera el
origen de segmentos variables, en general perpendicularmente, de manera que
este segundo segmento dibujará un lugar diferente según sea la relación algebraica
que vincula a los dos segmentos variables.
En esa memoria aparece la ecuación de la recta,
que no figura explícitamente en Descartes. Si la recta pasa por el origen
Fermat, que sigue el simbolismo de Viéte, escribe D in A aeq.B in E, es
decir ax = by, mientras que en el caso general su notación equivale
a c2 - ax = by. Igualmente, da la ecuación de la circunferencia, con centro en el
origen o en un punto cualquiera, y de las cónicas, elementos con los cuales
resuelve algunos problemas geométricos relativos a lugares planos y sólidos. En
conexión con esos problemas Fermat estudia la resolución geométrica de
ecuaciones mediante la intersección de curvas y, en el campo puramente
algebraico, problemas de eliminación y racionalización.
Nota complementaria
Una eliminación algebraica de Fermat
El método de Fermat, no muy diferente del actual,
puede apreciarse mediante el siguiente ejemplo, en el cual se propone eliminar
y entre las ecuaciones x3 + y3 = c3 y ax +y2 + by =n2 .
Escribe ambas ecuaciones como fracciones iguales a 1, cuyos numeradores tengan
como factor común la letra que debe eliminarse, en este caso:
1 = y3 : (c3 -x3)
= (y2 + by) : (n2 - ax)
de donde
y2 (n2 - ax)
= (y + b)(c3 — x3).
Comparando esta ecuación con la segunda de las
dadas (ambas cuadráticas en y] y aplicando el mismo proceso se
llega a una ecuación lineal en y, que despeja y sustituye en cualquiera de las
dadas. Fermat utiliza, además, la eliminación para racionalizar expresiones.
Sea, por ejemplo, racionalizar
Hace y3 = x3 + c2x y
elimina y entre esta ecuación y ax2 — x3 =
(b - y)3
Debido a que la Geometría de Descartes se
publicó como último apéndice de una obra en francés editada en Holanda, su
difusión no fue inmediata. Se la logró, en gran parte, debido a los esfuerzos
del profesor holandés Franciscus van Schooten, que en 1649 dio la versión
latina de la Geometría con comentarios y se dedicó después a difundir y
perfeccionar el método de coordenadas. Entre otros perfeccionamientos cabe
mencionar las fórmulas de trasformación de coordenadas, dadas por el mismo
Schooten, y la primera idea de coordenadas en el espacio, que aparece en un
escrito de Philippe de La Hire de 1679; aunque no se desarrolla hasta mediados
del siglo XVIII, sistematizándose así la nueva rama de la matemática,
denominada más tarde geometría analítica, como un saber matemático propio y
distinto, tanto de la geometría de los antiguos como del álgebra de los árabes.
La teoría de números, las probabilidades y la geometría proyectiva
Ya dijimos que Fermat se dedicó a varias ramas
de la matemática. De una de ellas puede considerarse iniciador, la teoría de
números, campo en el cual dejó demostraciones y teoremas, algunos de los cuales
hoy llevan su nombre.
En 1621 había aparecido la edición greco-latina
de la Aritmética de Diofanto, por el poeta y humanista Claude-Gaspard Bachet de
Méziriac, autor por lo demás del primer tratado moderno de matemática
recreativa, Problémes plaisants & delectables qui sefont par
les nombres (1612, 2a edición aumentada
1624) que, además de los conocidos juegos con números y con naipes, trae
algunas cuestiones más serias: construcción de cuadrados mágicos, problemas de
análisis indeterminado, etcétera.
En los márgenes de un ejemplar de aquella
edición de Diofanto, así como en su correspondencia, encontramos notas y
resultados de las investigaciones que Fermat realizó en el campo de la teoría
de números, de cuya novedad e importancia Fermat tenía plena conciencia. Así
dice en sus comentarios: "La teoría de los números enteros, que es muy
hermosa y sutil, no fue conocida hasta hoy ni por Bachet ni por otros" y,
en otro lugar, "la aritmética tiene un dominio propio: la teoría de los
números enteros que ha sido apenas esbozada por Euclides y no cultivada
suficientemente por quienes le siguieron".
Nota complementaria
Algunas cuestiones de Fermat acerca de la teoría de números
Además del llamado "Gran teorema de
Fermat", en los márgenes del Diofanto se encuentran los teoremas
siguientes: Todo número primo de la forma 4n + 1 sólo puede ser una
vez hipotenusa de un triángulo rectángulo (de lados enteros); su cuadrado lo es
dos veces, su cubo tres veces, etcétera (fue demostrado por Euler). Una suma de
dos cubos puede descomponerse de infinidad de maneras en suma de dos cubos.
Todo número es triangular o suma de 2 ó 3 triangulares; es un cuadrado o suma
de 2, 3 ó 4 cuadrados; es pentagonal o suma de 2, 3, 4 ó 5 pentagonales,
etcétera. Respecto de este enunciado agrega: "No puedo dar aquí su
demostración, que depende de muchos y difíciles misterios de la ciencia de los
números, respecto de este tema tengo intención de consagrarle todo un
libro..." que jamás apareció.
En sus cartas aparecen, además del teorema de la periodicidad de los restos
potenciales, los siguientes: "La ecuación x4 + y4 = z4 no
tiene soluciones enteras (fue probado por Euler). Ningún triángulo rectángulo
de lados enteros tiene por área un cuadrado (fue probado por Lagrange). Todo
entero primo mayor que 2 puede expresarse como diferencia de cuadrados de una
sola manera.
Admitió, aun reconociendo que no podía demostrarlo rigurosamente que los
números de la forma 22 + 1 son primos. En realidad se trató de
una inducción precipitada, pues esos números son primos para n =
0, 1, 2, 3, 4, pero para n = 5, Euler demostró que era
compuesto.
Fermat se ocupó, además, de números "poliédricos", de ecuaciones
indeterminadas de grado superior, de números perfectos, de cuadrados y cubos
mágicos, etcétera.
Entre los resultados consignados en los márgenes
del Diofanto figura la proposición, hoy célebre, que no es posible encontrar
cuatro números naturales x, y, z, n para n >2, tales que xn + yn = zn. La celebridad de esta proposición reside en el hecho
de que aún hoy, a tres siglos largos de Fermat, no se ha logrado dar una
demostración general de esa proposición, ni comprobarse, aun con un solo
ejemplo, que es falsa. Fermat la enuncia al comentar el problema de Diofanto de
descomponer un cuadrado en suma de dos cuadrados, escribiendo en el margen del
libro: "Por otro lado, es imposible descomponer un cubo en suma de dos
cubos o un bicuadrado en suma de dos bicuadrados, o en general cualquier
potencia en suma de dos potencias de igual exponente, con excepción del
cuadrado. He encontrado una demostración de esa proposición, realmente
maravillosa, pero el margen del libro es demasiado estrecho para
contenerla".
Como la demostración general a que alude Fermat
no apareció ni en la correspondencia ni en los papeles que dejó, es de presumir
que efectivamente no dispuso de tal "demostración... maravillosa",
que creyó en algún momento poseer, y que el hijo, al hacer conocer en 1670 la
frase del margen del Diofanto, cometió una indiscreción que, sin embargo, los
matemáticos han de agradecer por el estímulo que significó para el desarrollo
ulterior de la teoría de números, que debe importantes capítulos a las
investigaciones realizadas en pos de la pretendida demostración fermatiana.
Nota complementaria
El método de "descenso infinito"
Este método, ideado por Fermat para resolver
algunas de sus cuestiones de teoría de números, es una combinación de la
inducción completa con la propiedad de tener un mínimo la sucesión de los
números. Por ejemplo, he aquí cómo lo aplica en las proposiciones negativas.
Sea demostrar que ningún triángulo rectángulo de lados enteros tiene por área
un cuadrado. "Si hubiera algún triángulo rectángulo de lados enteros cuya
área es un cuadrado, habría otro triángulo menor que el anterior con igual
propiedad. Si hubiera este segundo triángulo con tal propiedad, por el mismo
raciocinio existiría un tercero menor que el anterior con igual propiedad y
luego un cuarto, un quinto, etcétera, hasta el infinito descendiendo. Ahora
bien (entiendo hablar siempre de números enteros) dado un número no existen
infinitos números menores que él, luego es imposible que exista un triángulo de
lados enteros....
En las cuestiones afirmativas combina el método con la reducción al absurdo.
Así, para demostrar que todo número primo de la forma 4n + 1 es
siempre suma de dos cuadrados, dice: "si no se compone de dos cuadrados,
existirá otro número primo de la misma forma menor que el anterior que tampoco
se compone de dos cuadrados, y luego un tercero, etcétera, descendiendo al
infinito hasta llegar al número 5 que es el menor de todos los números de este
tipo y que por tanto no sería suma de dos cuadrados. Como esto es imposible,
todos los números de esa naturaleza están compuestos de esa manera."
Aplicando un método "de descenso
infinito" dice Fermat que ha demostrado la proposición para n = 3 y en otra ocasión afirma haberla demostrado
para n = 4.
Actualmente se ha demostrado la proposición de
Fermat para extensas categorías de números, pero aún no se ha encontrado una
demostración general. Tampoco se encontró ningún ejemplo que comprobara la
falsedad de la proposición, no obstante las posibilidades que ofrecen
actualmente las computadoras, que permiten manipular números grandes, únicos
que en la situación actual podrían satisfacer la ecuación.
Por las circunstancias que rodearon a la
cuestión y hasta por haber sido objeto de concursos con valiosos premios, ese
problema, que a veces suele llamarse no muy propiamente "el gran teorema
de Fermat", adquirió gran popularidad, aunque el descubrimiento más
notable de Fermat en el campo de la teoría de números, aparecido en una carta
de 1640, es el de la periodicidad de los restos de las potencias de a al
dividirlas por un número primo p no divisor de a, de manera que al llegar a la
potencia de exponente p -
1 se reproduce el resto 1 (este teorema suele llamarse "el pequeño teorema
de Fermat"). El teorema fue demostrado por Leibniz; Euler y Gauss
generalizaron más tarde este descubrimiento en direcciones diversas.
Hablando de Fermat conviene recordar que,
conforme a la costumbre de la época, numerosas investigaciones en el campo de
la matemática, como en el de otras ciencias, fueron provocadas o estimuladas
por los problemas o cuestiones que los científicos se dirigían en forma de
propuestas o desafíos, a veces públicos.
De ahí que muchas contribuciones científicas de
entonces figuren en la correspondencia de los científicos, que se tramitaba
mediante intermediarios científicos, entre los cuales cabe destacar por su
eficaz actividad, en Francia, el padre franciscano Marín Mersenne y, en
Inglaterra, Henry Oldenburg, quien fue secretario de la Royal Society, fundada
en 1660.
Así en teoría de números intervinieron, en tales
cuestiones, en Francia Fermat, Descartes y Mersenne mismo, en Inglaterra Wallis
y Brouncker, en Holanda van Schooten,...
La segunda rama matemática que tiene a Fermat de
fundador, o cofundador con Pascal, es el cálculo de probabilidades, cuyos
primeros problemas resueltos en el siglo XII nacieron en las mesas de juego y
fueron propuestos por el caballero De Méré a Pascal, quien a su vez los propuso
a Fermat; sin olvidar que el primer libro sobre juegos de azar, como ya
recordamos, se debe a Cardano.
Los problemas propuestos, hoy clásicos, san el
"problema de los dados" y el "problema de las partidas". El
primer problema consistía en demostrar que en 4 tiros con un solo dado es más
probable que salga un 6 que el caso contrario; y que en cambio, en 24 tiros con
dos dados, es menos probable que salga un doble 6. En el segundo problema había
que averiguar cómo debía distribuirse la bolsa entre dos jugadores de igual
habilidad si se suspendía el juego antes de terminarlo y se conocían los puntos
logrados por cada jugador en el momento de la suspensión.
En forma distinta, aunque con resultados
concordantes, Fermat y Pascal resolvieron la cuestión.
Nota complementaria
Los problemas del caballero De Méré
En el problema de los dados Fermat, partiendo de la
definición de la probabilidad como razón de los casos favorables a los casos
posibles, demuestra que en el tiro con un solo dado, los casos posibles son
6 4 = 1296 y los no favorables 54 = 625,
de manera que los casos favorables 671 > 625, comprueban el aserto. En el
caso del tiro con dos dados, los casos posibles son 3624 y los
no favorables 3524 de manera que la probabilidad buscada es 1 -
(35/36)24 que, por ser menor que 1/2, vuelve a confirmar la
afirmación del caballero De Méré, cuya pericia como notable jugador se revela
al advertirse que en ambos casos la diferencia en un solo tiro invierte la
probabilidad.
En el problema de las partidas Fermat utiliza la teoría combinatoria. Considera
el ejemplo concreto en el que dos jugadores A y B suspenden
el juego cuando al jugador A le faltan 2 puntos para ganar y al jugador B le
faltan 3. Como a lo sumo la partida se habría terminado a las 4 jugadas, Fermat
hace las 16 posibles combinaciones con repetición de dos letras ay b tomadas de
4 en 4, cuenta las combinaciones en las que a aparece dos o más veces y las
restantes en las que b aparece tres o más veces. Como las primeras son 11 y las
segundas son 5, Fermat deduce que las probabilidades de ganar están entre sí
como 11 es a 5, proporción en la que debe entonces dividirse la bolsa.
Pascal llega a la misma solución, aunque razona algo diferentemente. He aquí
sus palabras: "El siguiente es mi método para determinar la parte de cada
jugador, cuando por ejemplo dos jugadores juegan un partido a tres puntos y
cada jugador ha apostado 32 pistolas Supongamos que el primer jugador ha ganado
dos puntos y el segundo jugador uno; ahora deben jugar por un punto en estas
condiciones: si gana el primer jugador se lleva todo el monto de la apuesta, es
decir 64 pistolas, si en cambio es el segundo jugador quien gana, cada jugador
tiene dos puntos y estarán así en equilibrio, y si dejaran de jugar cada uno
retirarían sus 32 pistolas. De modo que si el primer jugador gana las 64
pistolas le pertenecen, mientras que si pierde le pertenecen entonces 32
pistolas. Luego, si los jugadores desean no jugar ese juego y separarse sin
jugarlo, el primer jugador podría decir al segundo: 'Tengo aseguradas 32
pistolas aun en el caso de perder el punto, en cambio respecto de las otras 32
pistolas puedo ganarlas o puedo perderlas, las chances son iguales. Dividamos
entonces esas 32 pistolas en partes iguales y dadme además las 32 pistolas que
tengo aseguradas". De ahí que el primer jugador tendrá 48 pistolas y el
segundo 16 pistolas. Si se aplicara el procedimiento de Fermat a este caso se
llegaría a igual resultado.
Agreguemos que el nombre de Fermat se vincula,
como veremos, con el nacimiento del cálculo infinitesimal y con la óptica, pues
en 1661 demuestra la ley de la refracción utilizando el principio de tiempo
mínimo.
Como el de Fermat, el nombre de Blaise Pascal
está vinculado con la historia de varias ramas de la matemática, además de
figurar en la historia de la física, de la filosofía, de las letras y de la
religión.
Con su contribución al cálculo de probabilidades
se vincula un folleto de 1624 sobre el Triángulo aritmético (a veces
inapropiadamente llamado "triángulo de Pascal"), donde aparecen los
números combinatorios con su expresión general y algunas de sus propiedades.
También fue Pascal iniciador del cálculo
mecánico, pues a los 18 años construyó una máquina de calcular que más tarde
Leibniz mejoró. Últimamente se ha mencionado a un precursor alemán, que habría
construido una máquina de calcular en la época del nacimiento de Pascal y algo
más perfecta que la de éste.
Pascal fue un científico precoz, que aún niño
redescubre, sin libros ni ayuda alguna, los primeros teoremas de geometría y
que a los 16 años contribuye al resurgimiento de la geometría mediante un
teorema que hoy lleva su nombre y que entonces fue llamado "exagrama
místico", Pero, según propia confesión, ese teorema y otras propiedades de
las cónicas que componían su Essay pour les coniques escrito en 1640, le habían sido inspirados por
Girard Desargues, geómetra a quien conoció en las reuniones científicas que se
celebraban en la celda del padre Mersenne y que más tarde dieron lugar a la
creación de la Academia de Ciencias de Francia (1666).
Desargues fue un ingeniero militar y arquitecto
a quien, no obstante su propia declaración de no interesarse en las
investigaciones científicas sino en la medida que "puedan ofrecer al
espíritu un medio de lograr algún conocimiento... de las cosas que puedan
traducirse en actos para la conservación de la salud o en sus aplicaciones en
la práctica de algún arte", se le puede considerar como el primer cultor de
una de las ramas de la matemática más alejada de la realidad, la geometría
proyectiva.
Preocupado por los problemas prácticos de la
construcción de relojes de sol y del corte de piedras, se ocupó de perspectiva
-sobre la cual publicó dos breves trabajos (1636, 1640)- y de propiedades
geométricas en un curso de lecciones que, a pedido de sus discípulos, se
publicó en 1639 con el título Brouillon Project d'une atteinte
aux évenemenls des rencontres d'une cone avec un plan , que constituye un tratado sobre las cónicas, con
conceptos e ideas originales que hoy forman parte de la geometría proyectiva.
En su escrito Desargues observa que las tres
cónicas -elipse, parábola e hipérbola- que se obtienen por proyección de una
circunferencia desde un punto sobre un plano, deben tener las mismas
propiedades que la circunferencia e inversamente. Eso lo lleva a distinguir las
propiedades que se mantienen en la proyección y las que no se mantienen. Entre
las primeras considera el grupo que hoy llamamos teoría de los polos y polares,
añadiendo las propiedades de la involución (el término es suyo), con lo que
demuestra una numerosa serie de propiedades de las cónicas, entre ellas las del
cuadrivértice completo que hoy lleva su nombre. Extiende algunas de sus
observaciones al espacio y se le debe la importante observación que un haz de
rayos paralelos debe considerarse como de iguales propiedades que un haz de
rayos concurrentes. Más tarde, en 1643, enunció, entre otros muchos y variados,
el teorema hoy llamado de los triángulos homológicos.
Aunque apreciada por sus contemporáneos la obra
de Desargues no tuvo influencia alguna. El estilo oscuro con que presentaba las
nuevas ideas y su terminología, pero en especial el deslumbrante efecto que en
esa época ejercían los métodos analíticos (geometría analítica, cálculo
infinitesimal) sobre los matemáticos, hizo que el Brouillon-Project
permaneciera desconocido por los sucesores, hasta que Chasles lo descubrió en
1845 en la única copia hoy existente, que para su uso personal había hecho
confeccionar La Hire en 1679. La Hire había compuesto en 1673 un tratado sobre
las cónicas, que estudia mediante una transformación geométrica y precisamente
al referirse seis años después al tratado de Desargues se lamenta de no haberlo
conocido antes, pues sin duda ese conocimiento le habría ahorrado el escribir
el propio tratado, tan simples y generales le parecieron los métodos de
Desargues.
Con todo habrá que esperar más de un siglo para
que las propiedades proyectivas de las figuras, cuyo estudio inició Desargues,
vuelvan a ser objeto de investigaciones sistemáticas y formen una rama autónoma
de la matemática.
El cálculo infinitesimal: los precursores
Las consideraciones de índole infinitesimal son
tan antiguas como la matemática misma, pues residen en la esencia misma de esa
ciencia. En la mera sucesión indefinida de los números está enlarvado el
concepto de infinito, en la ilimitada divisibilidad de los segmentos lo está el
infinitésimo, y no deja de ser significativo que en el léxico matemático de hoy
las expresiones infinito o infinitésimo actual o potencial conserven el sello
que les imprimió Aristóteles, precisamente en los siglos en que nace la matemática
como ciencia.
De ahí que se encuentren rastros de los métodos
infinitesimales en todas las etapas de la evolución de la matemática. Asoman en
las críticas de los eleatas y en algunas argumentaciones de los sofistas y
adquieren categoría y rigor científicos en la teoría de las proporciones y en
el método de exhaución de Eudoxo; método que en manos de Arquímedes y vinculado
con el postulado de la continuidad le permite obtener rigurosamente resultados
que hoy se logran con el algoritmo infinitesimal, circunstancia que convierte a
Arquímedes en precursor de los métodos infinitesimales. Es indudable que la
lectura de sus obras por los matemáticos del Renacimiento y modernos, influyó
en el resurgimiento de esos métodos, resurgimiento que sin duda se habría
acelerado de haberse conocido entonces el Método, no redescubierto hasta 1906.
Nuevamente asoman consideraciones de índole
infinitesimal en los tiempos medievales, con la introducción del cero como
símbolo operatorio, con la "regla de Merton" y con las primeras
series convergentes de Oresme y Calculator, a las que cabe agregar las del
portugués Alvaro Tomas, uno de los pocos matemáticos ibéricos del siglo XVI,
quien no sólo calcula exactamente series geométricas o reducibles a
geométricas, sino que da también el valor bastante aproximado de series
convergentes, cuyo cálculo exige el conocimiento de funciones trascendentes.
Nota complementaria
Las series de A. Tomas
He aquí dos series, combinaciones lineales de
series geométricas, cuyo resultado correcto calcula Tomas:
En cambio, esta serie, combinación de serie
geométrica y logarítmica:
no está en condiciones de calcularla sino
aproximadamente. Probablemente por comparación con series geométricas dice que
su suma está comprendida entre 2 y 4. El valor exacto es 2 + l.2 = 2,693...
Ya vimos también cómo en el siglo XVI aparecen
otros algoritmos infinitos: las fracciones continúas de Cataldi, el producto
infinito de Viéte para n,...
A este proceso interno se agregará en el siglo
XVII la presión externa que ejercerán la mecánica y la astronomía, en cuyo
desarrollo los métodos infinitesimales desempeñarán papel decisivo.
En el siglo de la revolución científica, las
primeras consideraciones de índole infinitesimal son claras reminiscencias de
la influencia de Arquímedes aunque ahora, al compás de los nuevos tiempos, los
rigurosos aunque engorrosos métodos griegos, se interpretan con una desenvuelta
libertad de razonamiento, no exenta de falta de rigor, que se suple en vista de
la exactitud de los resultados y, más tarde, por la utilidad y eficacia que
muestran los nuevos métodos en las aplicaciones.
Así Stevin, en 1586, para determinar el centro
de gravedad de un paraboloide de revolución, circunscribe a ese sólido un
número de cilindros de igual altura que va duplicando y comprueba que el centro
de gravedad de esos cilindros, fácil de determinar, se acerca indefinidamente a
un punto fijo, que es entonces el centro de gravedad buscado. Ese método
muestra semejanza con el método que utilizó Arquímedes en la determinación
geométrica, no mecánica, de la cuadratura de la parábola. En ambos casos el
resultado, que se admite conocido, es el valor límite de una sucesión
convergente, pero mientras que Stevin se limita a comprobar, sobre la base de
los tres o cuatro primeros términos de la sucesión, que su límite es cero,
Arquímedes, sobre la base del valor de la suma de un número finito de términos
de una progresión geométrica de razón menor que la unidad, llega al resultado
mediante el riguroso método de exhaución.
En este sentido da un paso más adelante el
italiano Lúca Valerio, calificado por Galileo como "el Arquímedes de
nuestro tiempo", quien en un tratado de 1604 modifica el raciocinio de
Stevin mediante un teorema general, según el cual si se inscribe o circunscribe
una figura escaloide (en forma de escalerilla) formada por polígonos, prismas o
cilindros, a una figura plana o sólida, la diferencia entre los escaloides
inscritos y circunscritos puede hacerse tan pequeña como se quiera y por lo
tanto (ahora sin demostración) será también tan pequeña como se quiera la
diferencia entre uno de esos escaloides y la figura dada, resultado que admite
sobre la base de razonamientos geométricos intuitivos, no rigurosos.
También sigue las huellas de Arquímedes,
Johannes Kepler cuya obra matemática más importante, Nova
stereometria doliorum vinaríorum de
1615 contiene consideraciones de índole infinitesimal. Por razones más de orden
práctico que teórico, ese tratado le fue sugerido a Kepler, en un año de
abundante cosecha de uva, por el propósito de comparar las capacidades de los
toneles entonces en uso, con el fin de determinar las dimensiones más
convenientes desde el punto de vista del material mínimo a emplearse para
lograr igual volumen.
Para ello estudió la cubatura de numerosos
cuerpos de rotación, obtenidos haciendo girar circunferencias, elipses o arcos
de estas curvas o de las otras cónicas, alrededor de ejes paralelos a los ejes
de aquellas. En esa forma describe y denomina, generalmente con nombres
derivados de frutas, más de 90 cuerpos.
La primera parte del tratado de Kepler se inicia
con las cuadraturas y cubaturas de Arquímedes, pero sin utilizar el método de
exhaución, sino recurriendo directamente a expresiones de carácter
"infinitesimal", admitiendo "como si" las figuras
estuvieran compuestas de infinitas figuras infinitamente pequeñas de áreas o
volúmenes conocidos. Así supone que el círculo o la esfera están compuestos de
pequeños triángulos o conos, respectivamente, de vértices en el centro y de
base una pequeña porción del círculo o de la esfera. De esa manera el círculo
equivale a un triángulo de altura el radio y de base la longitud de la
circunferencia, y la esfera a un cono de altura el radio y de base la
superficie de la esfera. Como estos resultados, y otros semejantes, coinciden
con los obtenidos penosamente por, el engorroso método de exhaución, aplica
iguales consideraciones a los cuerpos nuevos que describe, cuando no los puede
reducir a casos conocidos, y logra dar, no siempre con éxito, su volumen.
Nota complementaria
El "limón" de Kepler
Kepler llama limón al sólido de revolución obtenido
haciendo girar un segmento circular, menor que un semicírculo, alrededor de su
cuerda. Construye en cada punto A del segmento un triángulo
rectángulo en A, de catetos la distancia AB igual
a la semicuerda, y la normal AC al plano del segmento, de
longitud la circunferencia rectificada de radio AB. El
triángulo ABC es equivalente al círculo que describe el
punto A en la rotación, de manera que el volumen buscado será
el del sólido descrito por el triángulo. Ese sólido es una uña cilíndrica, que
a su vez integra, con otros sólidos de volumen conocido, una uña cilíndrica
mayor, del tipo estudiado por Arquímedes, y por tanto también de volumen
conocido; de ahí que por diferencia obtenga el volumen del "limón".
Además dada la índole del problema que lo había
conducido a estudiar el tema, Kepler se ocupa de cuestiones de máximo y mínimo,
que resuelve empíricamente mediante la observación de cuadros de valores
numéricos. De esa manera reconoce el cuadrado como rectángulo de perímetro
constante y área máxima, determina el paralelepípedo inscrito en una esfera de
volumen máximo, etcétera. Por otra parte, la observación de sus cuadros de
valores le permite afirmar que los toneles austríacos eran los más convenientes,
pues con el mismo material encerraban mayor volumen, y esboza la condición, ya
señalada por Oresme, que en las proximidades de un máximo las variaciones de la
cantidad se hacen insensibles, forma rudimentaria de expresar la actual
condición de derivada nula en los puntos en que una función pasa por un máximo.
Se deben a Kepler otras consideraciones de
índole infinitesimal: la caracterización de una curva a partir de una propiedad
de sus tangentes; el valor aproximado de la longitud de la elipse como la de una
circunferencia de diámetro semisuma de los ejes de la elipse; la aplicación del
principio de continuidad, que supone que la parábola es un caso límite de la
elipse o de la hipérbola, cuando uno de los focos (este término le pertenece)
se aleja infinitamente, en cuyo caso el sistema de rayos focales se convierte
en un haz de rayos paralelos.
Concepciones semejantes a las de Kepler y
también vinculadas con la obra de Arquímedes, se encuentran en el jesuita
Buonaventura Cavalieri, miembro del grupo de amigos y discípulos de Galileo.
Cavalieri, que se ocupó de trigonometría y de aplicaciones de los logaritmos, a
cuya difusión en Italia contribuyó en gran medida, es autor de un método de
"integración" fundado en los "indivisibles", que ocupa un
lugar intermedio entre las rigurosas demostraciones de Arquímedes y los métodos
infinitesimales que surgirán en la segunda mitad del siglo. Sin definir el
término, Cavalieri adopta los indivisibles de la filosofía escolástica, es
decir entes de dimensión menor respecto del continuo del cual forman parte: los
puntos son los indivisibles de las líneas; las líneas lo son de las figuras
planas, etcétera. En verdad, Cavalieri no utiliza esta definición, ni ninguna
otra, sino que para él los indivisibles son una manera de hablar para referirse
a los elementos de dos figuras que compara y que, mediante cierta técnica
algebraica, le permiten calcular áreas y volúmenes.
El método lo expone en Geometría
indivisibilibus continuorum nova quadam ratione promota (1635, 2a. edición modificada, póstuma, 1653)
aunque el método está mejor expuesto en Exercitationes
geométrica sex (1647). Este último
trabajo perseguía también una finalidad polémica, pues estaba dirigido a
responder a las objeciones de Paul Guldin contra su método. En sus Exercitationes, Cavalieri demuestra con su método los teoremas, que
figuran en Pappus, relativos al área y al volumen de los cuerpos de rotación,
conocidos hoy con el nombre de teoremas de Guldin, que éste no había demostrado
sino mediante raciocinios metafísicos.
Sin recurrir al engorroso método de exhaución,
Cavalieri logra dar en sus "integraciones" el resultado de la
"integración" de las primeras tres potencias de la variable y cuando
más tarde logra también la demostración para la cuarta potencia, extiende por
analogía el resultado a una potencia de exponente natural cualquiera. Con estos
resultados pudo resolver problemas de los antiguos, otros resueltos o
propuestos por Kepler y también algunos nuevos. Entre sus contribuciones
originales citemos la cuadratura de la espiral de Arquímedes, que reduce a la
de la parábola, y la observación, que hubiera sin duda sorprendido a
Arquímedes, de que el arco de la espiral estudiada por él era igual al arco de
una determinada parábola.
Nota complementaria
Los "indivisibles" de Cavalieri
Las "integraciones" de Cavalieri, con el
lenguaje de los "indivisibles", siguen el siguiente razonamiento:
Consideremos el paralelogramo ABCD de base AD =c y
el triángulo ABC, e indiquemos con x los segmentos
variables paralelos a la base c. En el lenguaje de los
indivisibles n segmentos x llenan el
triángulo, como n segmentos c llenan el
paralelogramo, y por ser el triángulo la mitad del paralelogramo resultará, con
nuestro símbolos
De la misma manera, si se compara la pirámide de
vértice A y base el cuadrado de lado BC, con el
prisma de igual base y altura de volumen triple del de la pirámide
Para los exponentes 3 y 4 Cavalieri acude al
álgebra. Biseca el paralelogramo mediante la paralela MN a AB y
llama y y z los segmentos paralelos a la base
de los triángulos ACD y ONC, siendo O el
centro del paralelogramo.
Será entonces
x =
1/2 c + z
y =
1/2 c - z
Ahora, dice Cavalieri, los n indivisibles
del triángulo ABC pueden descomponerse por mitades en los
triángulos ABC y ADC de donde
Como los triángulos NOC y ABC son
semejantes y de lados mitades, los 1/2 n
indivisibles iguales a z2 equivalen a la mitad de
los n indivisibles iguales a (1/2 x)2 y
en definitiva, teniendo en cuenta el resultado para el exponente 2:
En forma semejante demuestra Cavalieri
Admitiendo entonces, en general
Que, en el lenguaje de los divisibles, expresa que
la suma de los n indivisibles dexp,
cuando x va de 0 a c, es a la suma de n indivisibles
iguales a cp como 1 es a p + 1. Si
se multiplica la igualdad de Cavalieri por el incrementoc/n en
ambos miembros y se pasa al límite para n → ∞, se llega a
nuestra integral definida
Del círculo científico de Galileo se ocuparon
también de matemática Evangelista Torricelli y Vincenzo Viviani. Torricelli se
ocupó de cuestiones infinitesimales en su Opera geométrica de 1644, donde,
entre cuestiones relacionadas con las tangentes, cuadraturas y cubaturas,
figura una interesante aplicación de los "indivisibles" que aportó
además la novedad, en cierto modo paradójica para la época, de una figura
infinita de volumen finito.
Nota complementaria
Lo indivisible, en Torricelli.
Por el método de los indivisibles Torricelli
demuestra que si OA y OB son las asíntotas de
la hipérbola equilátera MD, el sólido infinito que se obtiene
haciendo girar el segmento DC y la rama infinita DM alrededor
de la asíntota OB, es equivalente al cilindro de altura OC y
de base el círculo de diámetroOS, doble de la distancia OR del
centro O a la hipérbola.
Para eso considera como "indivisibles"
del sólido las superficies, laterales de los cilindros de altura MQ y
base el círculo de radio OQ y como "indivisible,"
del cilindro de altura OC los círculos paralelos a la base de
diámetro QT. Es fácil comprobar que ambas figuras, el cilindro y el
círculo, son equivalentes pues de la propiedad de la hipérbola se deduce
2OQ × OM = OR2 =
1/4 QT2
Por otra parte, de las obras completas de
Torricelli conocidas en este siglo se desprende que se ocupó de curvas nuevas,
como las hoy llamadas "logarítmica" y "espiral
logarítmica"; de la primera dio la cuadratura y la cubatura del sólido
engendrado por rotación de la curva, y de la segunda la longitud del arco,
resolviendo así el primer problema de rectificación.
El nombre de Viviani, geómetra que dio versiones
y reconstrucciones de Euclides, Apolonio y Arísteo, está vinculado con un
problema propuesto por él y llamado "enigma florentino": construir en
una bóveda esférica dos ventanas iguales de manera que la porción restante de
la semiesfera sea cuadrable. Viviani dio como solución las ventanas cuya
proyección sobre el plano de la bóveda son circunferencias de diámetro igual al
radio de la esfera; en cuyo caso la porción restante del hemisferio es
equivalente al cuadrado construido sobre el diámetro de la esfera.
Notable influencia sobre el desarrollo de los
métodos infinitesimales ejerció el estudio de una curva que ocupó a casi todos
los matemáticos de la primera mitad del siglo XVII. Se trata de la cicloide (el
nombre es de Galileo), curva descrita por un punto de una circunferencia que
rueda sin resbalar sobre una recta. El estudio de esta curva motivó polémicas,
controversias y desafíos, en los que intervino Galileo y, además, Mersenne,
Torricelli, Viviani, Roberval, Descartes, Pascal, Fermat, Huygens, Wren,
Wallis,... Con tal motivo veamos las contribuciones de algunos de estos
matemáticos a los métodos infinitesimales nacientes.
Giles Personne de Roberval se ocupó de numerosas
cuestiones relacionadas con los métodos infinitesimales. Se le debe un método
cinemático para construir las tangentes a todas las curvas planas conocidas en
su época, a las que él añadió la actual sinusoide, que denominó
"compañera" de la cicloide, considerando la curva descrita por un
doble movimiento, cuya resultante, de acuerdo con la regla del paralelogramo,
proporcionaba la dirección de la tangente. Se ocupó además de calcular áreas y
volúmenes, así como rectificaciones y centros de gravedad, utilizando una
concepción semejante a la de los indivisibles, aunque ya algo más próxima a la
de los "infinitamente pequeños".
Nota complementaria
Los indivisibles en Roberval
Consideremos, como ejemplo, el método empleado por
Roberval para determinar el área de la cicloide y el volumen del sólido
engendrado por su rotación, mostrando al mismo tiempo el eficaz empleo en este
ejemplo de la "compañera" de la cicloide, es decir de la sinusoide.
Sea AMC una semicicloide engendrada por el punto A del
círculo generador de diámetro d. Trazando por M la
paralela a la base, el punto Pdonde corta al diámetro normal a la
base del círculo móvil dibuja la sinusoide APC. Si x es
el ángulo central de los arcos AN = MS será RN = MP =
½ d sen x. De ahí, utilizando los indivisibles, Roberval
concluye que el área AMCPA, comprendida entre la cicloide y la
sinusoide, es el área del semicírculo generador y que el volumen engendrado por
la rotación de AMCPA será igual al engendrado por la rotación
del semicírculo generador.
Por la simetría de la sinusoide, ésta divide al rectángulo ABCD en
dos partes iguales y por tanto la figura APCD será equivalente
al semirrectángulo o, lo que es lo mismo, al círculo generador, de ahí que el
área encerrada por la semicicloide AMCD es equivalente a tres
semicírculos generadores.
Para determinar el volumen del sólido engendrado por la sinusoide tendremos,
llamado SP = y; PT = z, que
Pero como x varía de 0 a π,
la suma de los indivisibles de (sen x)2 será
y, en definitiva,
es decir que el volumen engendrado por la sinusoide
es los 3/8 del volumen del cilindro engendrado por la rotación del
rectángulo ABCD, y como el volumen engendrado por la figura AMCPA era
1/2 de ese cilindro, en definitiva el volumen engendrado por la cicloide, al
girar alrededor de su base, es los 5/8 del volumen engendrado por su rectángulo
circunscrito, que es el resultado que da Roberval.
Con métodos semejantes estudia Pascal numerosas
propiedades de la cicloide, que llamó "roulette", propiedades que
constituyeron el tema de un desafío lanzado públicamente por Pascal en 1658 a
todos los matemáticos de la época.
En cuanto a Fermat, sus contribuciones al
cálculo infinitesimal abarcan todas sus ramas y muestran su habilidad
algorítmica. Fermat traduce algebraicamente la idea, ya esbozada por Oresme y
por Kepler, relativa a la anulación de la variación de las cantidades en las
proximidades de un máximo o un mínimo, y expone un método para la determinación
de esos valores, que aplica a la determinación de las tangentes. Explotando con
habilidad la suma de términos de una progresión geométrica, logra la cuadratura
de las parábolas de orden superior o, lo que es lo mismo, la integración de las
funciones de potencia, con excepción del exponente -1. También se ocupó de
rectificaciones de curvas, reduciendo en algunos casos ese problema al de las
cuadraturas, lo que ponía de manifiesto la analogía entre ambos problemas.
Nota complementaria
Las contribuciones infinitesimales de Fermat
Empecemos por considerar el "método de máximos
y mínimos" de Fermat, quien traduce algebraicamente la observación de
anularse, en las proximidades de esos valores, la variación de la función.
Aplicándolo a un ejemplo simple, consideremos el problema de determinar entre
todos los rectángulos isoperímetros el de área máxima. Si 2a es
el perímetro y x el lado del rectángulo buscado, deberá
hacerse máximo el producto x(a - x). De
acuerdo con la propiedad mencionada la diferencia entre ese producto y su valor
en las proximidades del máximo tendrá que anularse, de ahí que para el valor
próximo ( x + e) será
x (a - x)
- (x + e)(a -x - e)
= e(2x - a + e.
Dividiendo por e y luego
anulando e, se obtiene x = 1/2 a, resultado
correcto pues el cuadrado es el rectángulo isoperímetro de mayor área.
Fermat utiliza este método en la determinación de las tangentes a las curvas
planas, concibiéndolas como las rectas que, entre todas las secantes que pasan
por un punto fijo del eje, determinan el máximo o el mínimo coeficiente
angular, es decir el cociente y : z, siendo z el
segmento que hoy llamamos subtangente.
Sea, por ejemplo, determinar la tangente a la parábola x = x2/a.
De acuerdo con la regla de Fermat se tendrá:
Por tanto que es precisamente la subtangente de la
parábola.
Como ejemplo de una cuadratura de Fermat, sea calcular el área de la figura
comprendida entre el eje de lasam-nyn = xm (con m
>n, naturales), y la ordenada en el extremo de coordenadas x, y.
Fermat divide el intervalo en puntos de abscisa x, tales quexr = xqr (con q
< 1) y comprueba ante todo que
Asimilando ahora los trapezoides de bases
(x, xn)(xn, x2n).
rectángulos de igual base y de altura las ordenadasy1, yn …
sus áreas Sn, S2n… están en
progresión geométrica. En efecto,
y por tanto el área total, sumando la serie
geométrica convergente, es
siendo S0 el área del
rectángulo de los lados x e y. Finalmente,
admitiendo que todos los rectangulitos son iguales, Fermat llega al resultado
exacto
Mientras el estudio de estas cuestiones
geométricas: tangente, rectificaciones, cuadraturas, cubaturas, centros de
gravedad, etcétera, iban proporcionando elementos para los futuros algoritmos
del cálculo diferencial e integral, hacían su aparición otros algoritmos
infinitos.
La suma de la serie geométrica convergente, ya
utilizada por Fermat en sus cuadraturas, aparece en una voluminosa obra del
jesuíta belga Gregorius Saint Vincent en la que, no obstante pretender con ella
demostrar la cuadratura del círculo, figuran cosas interesantes. Al analizar
los métodos de los antiguos introduce, no muy apropiadamente, el vocablo
"exhaución", con el que designamos hoy el proceso de demostración
inaugurado por Eudoxo. Saint Vincent insinúa además una noción de límite y
vislumbra la relación entre los logaritmos y la cuadratura de la hipérbola.
Entre quienes se ocuparon en refutar las
demostraciones de Saint Vincent figura uno de los grandes científicos del
siglo: Christian Huygens, que además de su labor como físico y astrónomo
realizó diversas investigaciones matemáticas, algunas en conexión con sus
trabajos físicos, otras independientes. Entre estas últimas pueden mencionarse
cuestiones de geometría elemental, relacionadas en especial con el problema de
la cuadratura del círculo, que perfecciona los métodos conocidos para obtener
valores aproximados de n o para rectificaciones aproximadas. También se le debe
el primer tratado orgánico relativo al cálculo de probabilidades, fundado sobre
la correspondencia de pascal y Fermat, el Tractatus de
ratiociniis in ludo aleae de 1657. Se
ocupó de curvas planas, algunas nuevas como la tractriz y la catenaria,
mientras que en conexión con sus estudios mecánicos enriqueció el estudio de
las curvas con la teoría de las evolutas y evolventes, que figura en su
célebre Horologium oscilatoríum de
1673, teoría con la que se abre un nuevo capítulo de la geometría diferencial,
el relativo a la curvatura de las curvas planas.
Nota complementaria
La determinación del radio de curvatura por Huygens
La demostración de Huygens es puramente geométrica.
Parte de la curva suponiendo dos puntos de ellaA y B próximos
y considera la tangenteTA en A y las
normales AM y BN en esos puntos, cuya
intersección C será el centro de curvatura y la
distancia AC el radio de curvatura, que determina partiendo de
los triángulos semejantes AN'C y MNC y
los ABN' y TBN, utilizando por último una curva
auxiliar de puntos próximos cuyas ordenadas son las subnormales de A y B y
en la que considera tangente. He aquí resumida su demostración:
Y como, por su parte,
Se llega a
de donde se deduce AC en función
de datos conocidos, pues AM es la longitud de la normal, TB' es
la subtangente, TN es la suma de la subtangente y
subnormal; B0B' es la subnormal y T1B' es
la subtangente de la curva cuyas ordenadas son las subnormales (el
cociente B0B'/T1B' resulta
ser la derivada de la subnormal). Si se sustituyen en la fórmula última los
valores de esos segmentos por sus expresiones actuales se obtiene, como puede
comprobarse, la expresión actual, en valor absoluto, del radio de curvatura.
También se ocupó de series y de la cuadratura
del círculo James Gregory, con quien aparece, probablemente por primera vez la
distinción entre series convergentes y divergentes. Estudia en especial las
series de las funciones circulares inversas y es precisamente en la
circunstancia de la imposibilidad de expresar mediante un número finito de
términos algebraicos la relación entre el área de un sector circular y la de
las poligonales inscritas o circunscritas, donde cree ver la imposibilidad de
la cuadratura del círculo.
Las series fueron introducidas sistemáticamente
en el análisis por John Wallis, uno de los matemáticos más originales del
siglo, que cubrió en gran parte con su larga vida, pues murió casi nonagenario.
Escribió sobre álgebra y sobre las cónicas, que consideró por primera vez como
las curvas cuya ecuación en coordenadas cartesianas es de segundo grado. Se
ocupó de la teoría de las paralelas y sustituyó la noción de equidistancia en
la que casi todos los comentaristas y traductores de Euclides se apoyaban para
justificar el quinto postulado, por la existencia de un triángulo semejante a
un triángulo dado y de magnitud arbitraria. Wallis trató de justificar este
postulado por analogía con el tercer postulado euclidiano, que admitía que por
un punto cualquiera puede trazarse una circunferencia de radio arbitrario,
aceptando que pudiera existir un triángulo semejante a otro tan grande como se
quiera. Aunque no es tan simple ni tan intuitivo como el de Euclides, el
postulado de Wallis es equivalente, y por tanto muestra la vinculación del
quinto postulado con la teoría de la semejanza e inversamente, como se demostró
más tarde, que en las geometrías no euclidianas no pueden subsistir triángulos
semejantes, pues la magnitud de cada figura está indisolublemente ligada a la
de sus ángulos.
La obra más importante de Wallis es su Arithmetica
infinitorum de 1655. En ella aparece el
actual símbolo de "infinito", que utiliza también para "la
nada" (non-quanta) como recíproco 1: ∞, así como también los exponentes
fraccionarios e irracionales, interpretándose también correctamente los
recíprocos de las potencias de exponente positivo como potencias de exponente
negativo, aunque éstos no los escribe.
Un resultado fundamental, expuesto por Wallis
mediante un método que es mezcla de inducción e interpolación, le permite
expresar nuestra integral de la función xm en el intervalo (0,1) como l/(m + 1), para cualquier exponente. Este resultado
correcto para m = -1, de
acuerdo con la concepción de Wallis, no tiene sentido para m < -1, y en
efecto la interpretación de Wallis no es correcta en este caso. Wallis extiende
luego esta regla a toda suma o serie de potencias, de donde resultó una
importante contribución al problema de la cuadratura del círculo. Al aplicar su
regla a la expresión entera (1 — x2)n para valores sucesivos de n trató de obtener, por interpolación,
el valor para n = 1/2 al
que correspondería como resultado 1/2 π. Como no logró éxito fue modificando
los valores del exponente n,
al mismo tiempo que modificaba los de la potencia de x, y siguiendo ciertas leyes de generalización e
interpolación llegó a un nuevo desarrollo de n en producto infinito en la forma
No obstante este resultado
original, Wallis no parece haber quedado satisfecho e indujo a su amigo, el
primer presidente de la Royal Society, William Brouncker, a que investigara el
asunto. Brouncker, que se ocupó también de otras cuestiones matemáticas, al
proseguir el tema de Wallis dio, no se sabe cómo, con el siguiente notable
desarrollo de π en fracción continua infinita que, por comodidad tipográfica,
damos según la notación de Cataldi:
Otra consecuencia
importante del método de las cuadraturas de Wallis fue el establecimiento de la
serie logarítmica y, con ella, de la cuadratura del sector de hipérbola
equilátera. En tal sentido el paso decisivo fue cumplido por Nicolaus Mercator,
holandés de nacimiento cuyo apellido natal era Kaufmann, quien en su Logarithmotechníade 1668 tuvo la feliz ocurrencia de dar la ecuación
de la hipérbola equilátera en la forma y = 1/(1 + x) que podía desarrollarse en serie de potencias y aplicarle la regla de
Wallis. Combinada esa circunstancia con la observación, señalada por Saint
Vincent, que a abscisas en progresión geométrica correspondían sectores de
hipérbola equilátera de área en progresión aritmética, resultó la serie
logarítmica de la cual se ocuparon además Wallis, Brouncker, Gregory y Pietro
Mengoli. Este último dio en 1650 la demostración, hoy corriente, de la
divergencia de la serie armónica y demostró además suma habilidad en la suma de
series deducidas de la serie logarítmica.
Agreguemos que las series oscilantes hacen su
aparición a comienzos del siglo XVIII, en una carta de 1705 dirigida a Leibniz
por Guido Grandi, mediante el clásico ejemplo de la serie
Con el nombre de Isaac
Barrow se cierra la lista de los precursores y predecesores de los dos grandes
fundadores del cálculo infinitesimal, Newton y Leibniz. La importancia de
Barrow en el advenimiento de los nuevos métodos es doble.
Nota complementaria
El método de las tangentes de Barrow
Con la figura y notación de Barrow pero con
terminología actual, el método aparece descrito en esta forma. Sean AP
= p y PM = m las coordenadas de un punto M de
la curva en el cual debe trazarse la tangente que cortará al eje en el
punto T tal que TP = t. Se toma un arco MN infinitamente
pequeño (indefinite paroum), se traza la paralela NR= e, que forma
con RM = a un triángulo RNM, que más tarde sellamó
"triángulo característico".
Se calculan de acuerdo con la ecuación de la curva
los valores de a y de e observando las reglas
siguientes: en virtud de la ecuación quedan eliminados todos los términos que
no contienen a o e ; se suprimen todos los
términos de grado superior de a y de e porque
esos términos "nihil valebunt" y se deduce la razón a : e que
es igual a m : t, de donde se despeja t, nuestra
subtangente. Resulta evidente que en estos cocientes a : e o m
: testá implícita la actual derivada como pendiente de la tangente a la curva.
Claro es que por el método de Barrow se obtiene t en función
de ambas coordenadas. Así si la ecuación es (el ejemplo es de Barrow):
p2 (p2 + m2)
= h2m2
Barrow obtiene
t = m2(h2 - p2)
: p(2p2 + m2.
mientras que nuestra subtangente sería
t = p(h2 - p2)
: (2h2 - p2)
Por un lado se le debe un método para la
determinación de las tangentes a las curvas planas, mediante el "triángulo
característico", que no difiere del actual sino en la notación, con lo que
en suma puede considerarse el fundador de la noción de derivada; por el otro,
Barrow fue el maestro de Newton, a quien en 1669 cede su cátedra de Cambridge
para dedicarse a la teología. Las frecuentes discusiones entre maestro y
discípulo, la mutua colaboración, pues Newton revisó y corrigió una de las ediciones
de una obra de Barrow, son hechos que sin duda contribuyeron a asignar
importancia a la influencia de Barrow en el futuro del cálculo infinitesimal.
El cálculo infinitesimal: Los fundadores
La obra de los precursores y predecesores de
Newton y de Leibniz preparó y allanó el camino para que ellos lograran, con su
propia labor, dar nacimiento a una rama autónoma de la matemática, que hoy
llamamos análisis infinitesimal pero que durante mucho tiempo siguió siendo en
realidad un cálculo, un conjunto de reglas de gran utilidad y eficacia, puestas
en evidencia por sus notables éxitos en las aplicaciones, pero desde el punto
de vista matemático no mucho más que eso.
Aquellos precursores y predecesores habían
tratado y resuelto numerosos problemas relativos a los tres capítulos que más
tarde constituirían la nueva disciplina: de cálculo diferencial, al estudiar la
determinación de las rectas tangentes, la curvatura y los problemas de máximo y
de mínimo; de cálculo integral, en la determinación de cuadraturas, cubaturas,
rectificaciones, centros de gravedad; y de algoritmos infinitos, al ocuparse de
series, de productos infinitos, de fracciones continuas infinitas.
Pero fuera de algunos atisbos, faltó en ellos
todo nexo que vinculara esos problemas aparentemente independientes; faltó en
esos métodos todo carácter riguroso, carentes como estuvieron de toda
demostración entendida en el sentido lógico, tal como se presentaba en los
métodos de los antiguos. Esos métodos yacían bajo casos particulares, o cuya
generalidad no se demostraba, y en ellos se mezclaban consideraciones
geométricas con desarrollos algebraicos.
Esta evolución empírica será en parte superada
por la obra de Newton y de Leibniz, pero debe reconocerse que si esa obra dio
nacimiento al cálculo infinitesimal no fue sino una etapa, sin duda muy
importante, en el desarrollo del análisis infinitesimal.
La labor matemática de Isaac Newton, íntimamente
vinculada con sus investigaciones de filosofía natural, no se limitó a
cuestiones infinitesimales, sino que abarca amplias zonas del álgebra y de la
geometría. Así, en sus célebres Principia de 1687, dedica un par de secciones
del primer libro a estudiar propiedades de las cónicas, en forma geométrica.
Aparece la solución geométrica del
"problema de las cuatro rectas", a la que agrega la construcción de
las tangentes del lugar y del foco de la cónica, mientras que, con evidente
alusión a quienes seguían la tendencia cartesiana, dice que esos problemas
"no los ha resuelto mediante un cálculo analítico, sino por una
construcción geométrica tal como lo requerían los antiguos". Aparecen
también teoremas de construcción de cónicas cuando se dan cinco elementos entre
puntos y tangentes u otras condiciones.
Se debe a Newton la iniciación de la teoría de
las curvas algebraicas (curvas cuya ecuación en coordenadas cartesianas es de
naturaleza algebraica) con Enumeratio linearum tertii ordinis, escrito terminado en 1695 pero aparecido en 1704
como apéndice de la Óptica. En ese tratado, después de haber demostrado algunas
propiedades generales de las curvas algebraicas, se ocupa en particular de las
cúbicas, estudia su generación y clasificación (dio 72 "especies"
diferentes) y demuestra, entre otras propiedades, que a semejanza de las
cónicas las cúbicas pueden obtenerse por proyección de una cúbica especial y
ulterior sección plana del cono.
Aplica las cúbicas para resolver ecuaciones,
tema al que dedica en gran parte su Aríthmetica universalis, resumen de sus lecciones dictadas en Cambridge entre
1673 y 1683, publicado por su sucesor en la cátedra en 1707. No obstante su
título, la Arithmetica universalis es un tratado de álgebra, que generaliza y mejora los
conocimientos de la época relativos a la teoría general de las ecuaciones, la
eliminación algebraica y la resolución por el álgebra de problemas geométricos.
Habla de raíces afirmativas (positivas), negativas e imposibles (imaginarias),
se ocupa de raíces múltiples y extiende, sin demostrarla, la regla de los signos
de Descartes a las raíces imaginarias. Enuncia una regla para encontrar, cuando
existen, factores lineales en las ecuaciones; deduce, de las relaciones entre
los coeficientes y la suma de las potencias de igual exponente de las raíces,
reglas para obtener límites de las raíces reales; introduce nuevos métodos para
resolver gráficamente las ecuaciones mediante la intersección de curvas de
fácil trazado, por ejemplo, la concoide. Con el nombre de "método de
Newton" se conoce hoy un método numérico de aproximación de las raíces,
que apareció por primera vez en el Algebra de Wallis de 1685, aunque figura en
obras de Newton anteriores.
Nota complementaria
El método de aproximación de Newton
Newton expuso el método con un solo ejemplo, que
expone de la forma siguiente, algo abreviada: Sea resolver y3 —
2y — 5 = 0, y sea 2 un valor que difiere de la raíz en menos de
0,1. Si se hace y = 2 + p se llega a p3 +
60p2 + 10p — 1 = 0. Si se eliminan los dos
primeros términos, por ser pequeños, se llega a 10p — 1 = 0, de
dondep = 0,1. Si entonces, nuevamente, se hacep = 0,1
+ q se llega a q3 +6,3q2 +
11,23q + 0,061 = 0 y, como antes, eliminando los dos primeros
términos resulta q = —0,0054. Si ahora q =
—0,0054 + r y se sustituye, despreocupándonos del término
en q3, se obtiene 6,3 r2 +
11,16196r + 0,000541708 = 0 y, despreciando 6,3r2,
resulta r = -0,00004853 y, en definitiva y =
2,09455147, valor exacto hasta la séptima decimal.
Un contemporáneo de Newton, Joseph Raphson, publicó en 1690 un tratado en el
cual, sin mencionar a Newton, mejora el método al operar siempre con la
ecuación inicial. Así, en el ejemplo de Newton, después de haber obtenido p =
0,1, habría sustituido y = 2,1 + q obteniendo q =
—0,0054, sustituyendo entonces y = 2,0946 + r,
etcétera.
En ente método, que consiste en partir de un valor aproximado a,
sustituir y = a + p y
suprimir en la ecuación trasformada las potencias superiores a la primera, se
efectúa una aproximación lineal que geométricamente significa sustituir la
gráfica de la ecuación por la recta tangente en el punto de la abscisa a.
Con esta interpretación geométrica el método se extiende a ecuaciones
algebraicas o trascendentes, en el cual introdujo Fourier, en 1818, un
perfeccionamiento importante que, de no seguirse, se corre el riesgo de que las
aproximaciones que ofrece el método resulten más groseras que aquellas de las
que se ha partido. Es curioso señalar que Newton, en su ejemplo, contraria la
regla de Fourier, aunque por el ejemplo elegido la segunda aproximación y =
2,1 cumple con esa regla.
Una de estas obras es De Analysi per Aequationes
numero terminorum infinitas, terminada en 1669 pero no publicada hasta 1711,
aunque su contenido era conocido mediante la correspondencia científica (parte
de ese escrito fue remitido por carta del mismo Newton a Leibniz en 1676),
aparte de que también aparece en el Tractatus de quadratura
curvarum, publicado como apéndice de la
Óptica de 1704.
En De Analysi aparece el teorema general del
binomio, al cual llega partiendo de los resultados obtenidos por Wallis que
generaliza para exponentes racionales. En los casos de la raíz cuadrada
sustituye la inducción de Wallis por la comprobación directa del resultado,
elevándolo al cuadrado, o por extracción de la raíz "more
arithmetico". Obtiene otras series por
división, procedimiento ya conocido, mientras que aplica por primera vez el
método de inversión para obtener nuevas series. Así nacen la serie exponencial
de la logarítmica, la de las funciones circulares seno y coseno partiendo de
las ciclométricas, etcétera. También desarrolla en serie funciones dadas
implícitamente, utilizando una regla denominada del "paralelogramo de
Newton".
Aunque se encuentran en Newton algunas alusiones
a la convergencia de las series, en realidad este algoritmo no es estudiado en
sí, sino como recurso para la determinación de rectificaciones y cuadraturas,
desarrollando en serie la ordenada. Un caso interesante es la cuadratura de las
diferenciales binomias de hoy, que expresa mediante una serie cuyos
coeficientes, como en el caso de la fórmula del binomio, están dados de manera
recurrente.
Nota complementaria
La La obra matemática de Jacob Bernoulli
La generalización para exponentes cualesquiera de
la conocida fórmula del desarrollo de la potencia de un binomio para exponentes
naturales, generalización que con propiedad histórica debe llamarse
"binomio de Newton", fue expuesta por éste ya en una de las cartas a
Leibniz de 1676 en la forma
Donde los coeficientes A, B, C,...
se dan en forma recurrente, pues cada uno representa el término anterior en la
suma del segundo miembro. He aquí un ejemplo de Newton, donde da dos
desarrollos distintos de la misma expresión.
Donde
Mientras que, si se toma
Se obtiene
agregando Newton, con claro atisbo de la
convergencia, que el primer desarrollo ha de elegirse si x es pequeño, mientras
que ha de elegirse el segundo para x grande.
Como ejemplo de la integración de una diferencial binomia, veamos el caso del
integrando xβ(a + bn) λ en
el cual, mediante transformaciones que no difieren mayormente de las actuales,
llega al desarrollo siguiente, donde los coeficientes A, B, C,...
tienen igual significado que la fórmula del binomio:
También como recurso para efectuar cuadraturas,
aparece en Methodus differentialis de 1712 la hoy llamada "fórmula de interpolación de
Newton", que permite determinar la ecuación de una parábola de orden
superior que pasa por n puntos prefijados de abscisas en progresión aritmética
y que constituye el punto de partida de la teoría de las diferencias finitas.
En De Analysi la cuadratura de las potencias se
realiza de acuerdo con la regla general del exponente dada por Wallis pero la
novedad reside en que parte del resultado y, al aplicar el método de Barrow
para la determinación de la tangente, vuelve a aparecer la potencia, con lo
cual queda desatado el nudo gordiano del nuevo cálculo, es decir el carácter
inverso de los problemas de la tangente y de la cuadratura.
Nota complementaria
La cuadratura como problema inverso del de la tangente
Newton parte de la curva OMN, tal que
el área z del recinto OMN'sea
Que escribe en la forma
z = cxP/n
De donde zn = cnxp,
ecuación a la que aplica el método de Barrow para la determinación de la
tangente, considerando como incremento de x el segmento o y,
por tanto, como incremento de z el valor oy,
siendo y la ordenada de la curva. Será entonces
De donde
ordenada de la curva cuya área resulta el valor
de z.
Cuando en el desarrollo en serie aparecía la
potencia de exponente -1, para el cual la regla del exponente no era válida,
Newton separa el término, indicando que se trata de un sector hiperbólico.
Pero la contribución más original de Newton a
los métodos infinitesimales es su "método de las fluxiones", que
constituyó el tema de un tratado especial de 1671, que no se publicó,
traducido, hasta 1736. Del carácter general del método ya da cuenta Newton en
una carta de 1672 al decir que puede aplicarse "no sólo al trazado, de
tangentes a cualquier curva, sea geométrica o mecánica... Sino también para
resolver cualquier clase de problemas sobre curvaturas, áreas, longitudes,
centros de gravedad, etcétera" y agrega que ha "entrelazado ese
método con aquel otro método que consiste en trabajar con las ecuaciones
reduciéndolas a series infinitas". En efecto, el método de las fluxiones
de Newton, con su esencia y notación propias no es sino una forma de tratar los
problemas del actual análisis infinitesimal. El método es de naturaleza
geométrico-mecánica pues supone que todas las magnitudes geométricas son
engendradas por movimientos de velocidades diferentes, mientras el tiempo fluye
constante y uniformemente, de ahí que el tiempo, que actúa como telón de fondo,
no aparezca explícita sino implícitamente en las velocidades, en las
velocidades de las velocidades, etcétera. Las magnitudes engendradas son las
"fluentes", las velocidades de éstas son las "fluxiones",
el incremento del tiempo es designado por una o y el producto de este
incremento por la respectiva fluxión, que Newton denomina "momento",
sustituye nuestra diferencial. La notación característica de Newton para las
fluxiones, mantenida durante cierto tiempo por sus sucesores y utilizada
actualmente en mecánica, consiste en indicar las sucesivas fluxiones mediante
puntos superpuestos a la fluente correspondiente; así, la fluxión de y (nuestra
derivada) se indica y.
El primer problema que resuelve Newton con su
método es el de determinar la relación entre las fluxiones conociendo la
relación entre las fluentes. Si esta relación es entera, el procedimiento es el
actual: se sustituye cada fluente por la fluente más el momento, se simplifica
y en el resultado se anula el incremento, obteniéndose la relación buscada.
Cuando la relación de las fluentes no es entera, Newton introduce variables
auxiliares para convertirla en entera.
Nota complementaria
El método de las fluxiones
Veamos, como ejemplo, la determinación entre las
fluxiones (es decir, la ecuación diferencial], cuando las fluentes (es decir,
las variables) están vinculadas por la relación
Tratándose de expresiones no enteras, Newton
transforma la ecuación en un sistema de ecuaciones enteras mediante las
sustituciones:
y el sistema es
Determinemos, por ejemplo, las fluxiones en la
ecuación 2. Sustituyendo en esa ecuación las fluentes más sus momentos
Efectuando las operaciones, teniendo en cuenta la
2, dividiendo por o y luego anulando los momentos, se llega a la relación
Eliminando
Tomando en cuenta las objeciones que había
provocado la anulación de los incrementos, Newton introdujo en el Tractatus la expresión "razón de los incrementos
evanescentes", es decir la razón entre los incrementos correspondientes
que, después de "evanescer" la fluxión aparecía como resultado de la
razón en esas condiciones, asomando así, en forma aún rudimentaria, la idea del
límite.
Nota complementaria
Los incrementos evanescentes de Newton
Newton considera, por ejemplo, el “triángulo
característico” mixtilíneo, formado por los incrementos MP, PN y
el arco MN, que compara con los triángulos MPN y MPT,
siendo MT la tangente en M, y dice que al
coincidir N con M, la cuerda y el arco coinciden con la
tangente y el triángulo mixtilíneo evanescenteMPN en su última
forma es semejante alMPT, y sus lados evanescentes MP, PN y MN son
proporcionales a los lados del triángulo MPT, de ahí que las
fluxiones de la abscisa, de la ordenada y del arco, que al final son las
razones de los incrementos evanescentes, sean proporcionales a los lados del
triángulo MPTo, lo que es lo mismo, a los lados del triángulo MRM'
formado por la ordenada, la tangente y la subtangente.
Aplica un razonamiento semejante en los Principia,
con ayuda del cual puede aplicar los nuevos resultados utilizando los métodos
de los antiguos.
Con su método de las fluxiones Newton resuelve
los siguientes problemas geométricos: trazado de tangentes, mediante la
subtangente; máximos y mínimos, anulando la fluxión; determinación de los
puntos de inflexión, como máximos o mínimos del coeficiente angular de la
tangente; determinación del centro y radio de curvatura.
Nota complementaria
El radio de curvatura por Newton
Es interesante comparar la demostración de Huygens
con la de Newton. Éste considera el triángulo característico ADB y
las normales en A y en B que determinan
en C el centro de curvatura y construyeCGF, semejante
al ADB y tal que CG = 1. Por ser AD =
AC = R = FC×AE:FH = FC×(AD+ DE:):FH =
= FC ×(AD²+DB²)
: FH ·AD = FC×AD (1+FG²)
: FH =
= AD(l + FG2f/2 FH
Y con la notación newtoniana
Si se hace x = 1, lo que a veces
hace Newton al suponer que el fluir del tiempo es el fluir de la variable x,
y se considera que z y z' son la primera y segunda
derivadas de la función, la fórmula anterior es la expresión actual del radio
de curvatura.
Pasa luego al problema inverso, del cual
distingue tres tipos:
a.
Determinar la
fluente, dadas dos fluxiones y una sola fluente. Corresponde a nuestras
cuadraturas, que en general Newton resuelve por el desarrollo en serie.
b.
Determinar la
relación entre las fluentes, dadas dos fluxiones y dos fluentes. Corresponde a
un tipo de nuestras ecuaciones diferenciales ordinarias de primer orden, que
Newton resuelve por desarrollos en serie utilizando, si es necesario, el método
de los coeficientes indeterminados.
c.
Determinar la
relación entre las fluxiones, cuando se dan varias fluxiones y fluentes.
Corresponde a nuestras ecuaciones con derivadas parciales que Newton resuelve
considerando integrales particulares, sin desconocer el hecho de la presencia
de funciones arbitrarias.
Nota complementaria
Una ecuación diferencial de Newton
He aquí un ejemplo de ecuación diferencial del tipo
actual lineal que, según la nomenclatura newtoniana, es un caso del segundo
tipo del "método inverso de la tangente": determinar las fluentes
tales que
Para resolver la cuestión Newton desarrolla y en
serie con coeficientes indeterminados. Sustituye esa serie y su fluxión en la
ecuación y determina los coeficientes mediante igualación. Dando al primer
coeficiente un valor determinado (nuestra constante de integración) obteniendo
una solución particular desarrollada en serie.
Mientras en Inglaterra, por obra especial de
Newton, el cálculo infinitesimal lograba nuevos resultados y adquiría las
primeras notas que le conferían unidad y autonomía, en el continente, ahora por
obra especial de Gottfried Wilhelm Leibniz, tal unidad y autonomía se
acentuaban. Si la obra matemática de Newton fue la de un "filósofo
natural", la de Leibniz fue la de un filósofo" y de un
"algorítmico", Su preocupación por la claridad de los conceptos y por
el aspecto formal de la matemática le permitieron, entre otras innovaciones,
crear el simbolismo adecuado al nuevo algoritmo. Además de sus contribuciones
al cálculo infinitesimal, la labor matemática de Leibniz se extendió a la
teoría de números, al cálculo mecánico (perfeccionó la máquina de calcular de
Pascal), al álgebra (eliminación, potencia de polinomios, etcétera), al
perfeccionamiento de la notación y del simbolismo, mientras que se le considera
iniciador del cálculo geométrico, de la teoría de los determinantes, de la
lógica matemática, de la topología.
Como promotor científico se le debe la fundación
de las Acta Eruditorum en
1682, siguiendo las huellas del Journal du Savants (1665) y de los Philosophical
Transactions(1665), y la creación de la
Academia de Berlín en 1700, al principio como Sociedad Científica; iniciativas
semejantes le deben las Academias de San Petersburgo, Dresde y Viena.
Nota complementaria
La serie de Leibniz
Leibniz obtuvo las actuales series del arco
tangente circular y del arco tangente hiperbólico mediante el cálculo de los
sectores elíptico e hiperbólico, desarrollados en series. En el caso elíptico
Leibniz considera una elipse de centro O, semejantes a y b y del
sector AOM, uno de cuyos lados es el semieje, del cual toma las
tangentes en los extremosAN y MN. Toma como parámetro
un valor t tal que AN = bt y
demuestra, en virtud de las propiedades de la elipse, que AM' =
2at2/(1 + t2) y que el
cuadrilátero OANM es abt. Para calcular el área de
la figura mixtilínea ANM' considera los triángulosMNN' de
altura AM' y base NN' =bt, de
área abt1t2/(1 + t2);
desarrolla en serie la función en t y variando éste
desde A a N obtiene como área de ANM el
valor
que, al restarla del área del cuadrilátero OANM, da
finalmente como área del sector elíptico
que para t = 1 corresponde al
cuarto de círculo, apareciendo por tanto un nuevo desarrollo en serie del
número n, que ya había dado en forma independiente Gregory:
Para el sector hiperbólico Leibniz encuentra una
fórmula semejante, cambiando t2 por — t2.
En el estudio de las series Leibniz dedujo por
procedimientos originales varias de ellas, obtuvo nuevas y dio, además, el
criterio de convergencia de las series alternadas. Para el desarrollo en serie
de la función seno, por ejemplo, se valió del método de los coeficientes
indeterminados, partiendo de la ecuación diferencial de segundo orden que
define esa función obtenida geométricamente.
Las consideraciones infinitesimales de Leibniz,
que se encuentran ya en manuscritos de 1673, parten de la consideración del
"triángulo característico" (el nombre es suyo) que ya había
considerado Barrow pero que Leibniz dice que tomó de Pascal que "como un
relámpago" le iluminó toda la cuestión. Mediante consideraciones sobre ese
triángulo y sus semejantes, el de la ordenada y subtangente, o el de la
ordenada y subnormal reconoció que los problemas de la tangente y de la
cuadratura son inversos. En efecto, ese triángulo muestra que en el problema de
la tangente interviene el incremento, es decir la "diferencia" de las
ordenadas, mientras que en el problema de la cuadratura interviene la
"suma" de las ordenadas, aspecto puramente formal de la cuestión que
revela que ambos problemas son inversos, como lo son en aritmética la
diferencia y la suma.
En cuanto al simbolismo, al principio indicó las
sumas mediante la abreviatura Omn. (de Omnia = todo), que luego sustituyó por
el actual signo de integral, proveniente de la deformación de la letra
alemana S inicial de
suma, llegando a escribir ∫y =
1/2y2. Como la
operación simbolizada así aumentaba en uno el número de las dimensiones, supuso
que la operación inversa (la diferencial, que simbolizó con d) debía disminuir a toda expresión también en una
unidad, de ahí que al principio escribió el símbolo d como denominador, aunque más tarde le dio la
forma y el uso actuales.
Aunque desde 1676 está en posesión de las reglas
y fórmulas más simples del cálculo infinitesimal, la primera publicación de
Leibniz sobre estos temas es de 1684 y se refiere al cálculo diferencial. Es
una memoria de apenas seis páginas Y en ella aparecen definidas las
diferenciales en la forma actual: "Designamos con dx un segmento arbitrario y designamos con dy un segmento que es a dx como la ordenada y, de la cual dy es la diferencia, es a la subtangente".
Aparecen las reglas comunes de diferenciación de las expresiones racionales e
irracionales. Y se muestra, con un ejemplo complicado, cómo pueden obtenerse
directamente las diferencias de expresiones fraccionadas y con radicales.
Aplica la diferenciación a la resolución de los problemas de máximos y mínimos,
que distingue según el signo de la segunda diferencial ( different
differentiarum), cuya interpretación
geométrica es la concavidad o convexidad, que al anularse se pasa de un tipo de
curvatura a otro por el "puntum flexus contrarii". Como ejemplo de mínimo da la ley de la
refracción y como ejemplo de construcción de tangentes utiliza la curva lugar
de los puntos cuya suma de las distancias a distintos puntos es constante.
Termina dando la solución de uno de los problemas propuestos por Florimond de
Beaune, que fue el primero en definir curvas mediante las propiedades de su
tangente, dando lugar así a la determinación de curvas por el llamado método
inverso de la tangente. El problema que aquí resuelve Leibniz es el de
encontrar la curva cuya subtangente es constante, en que los incrementos son
proporcionales a la ordenada.
Nota complementaria
El problema de De Beaune
Leibniz resolvió uno de los más difíciles problemas
propuestos por De Beaune a Descartes, que éste había estudiado pero sin
resolverlo completamente. Se trata de determinar la curva cuya ordenada es a la
subtangente como un segmento dado es a la diferencia de la ordenada comprendida
entre una curva y una recta dada. Si ésta es la bisectriz del primer cuadrante,
esa propiedad se expresa, mediante las diferenciales de Leibniz, como a dx =
(y — x) dy, ecuación diferencial que
Leibniz resuelve, para el caso particular que satisface la condición x = y =
0, por el método de los coeficientes indeterminados. En el resultado
Reconoce el carácter logarítmico de la curva.
En 1686 aparecen los primeros escritos de
Leibniz relativos al cálculo integral y aparece también impreso por primera vez
el signo integral. Esos escritos muestran, por ejemplo, cómo con ese signo
pueden definirse, mediante expresiones algebraicas, curvas que no lo son, por
ejemplo, la cicloide. El vocablo "trascendente" para las ecuaciones
en las que la incógnita figura en el exponente, se debe a Leibniz.
A 1695 pertenecen consideraciones para refutar
objeciones que les habían presentado, a raíz de lo cual da, entre otros
ejemplos, la diferenciación de funciones de la forma uv mediante el recurso de los logaritmos, tal como
se hace actualmente. Del mismo año es el teorema que lleva su nombre, acerca de
la regla para las diferenciales sucesivas de un producto de funciones, sin más
que cambiar en la fórmula del binomio los exponentes por órdenes de
diferenciación. Parece que trató de extender la regla a exponentes negativos
(integración) y hasta a exponentes fraccionarios.
En otros trabajos se ocupó del círculo
osculador, de la teoría de las envolventes (de la cual es iniciador), de las
coordenadas curvilíneas y de la descomposición de las funciones racionales en
sumas de fracciones parciales simples; de las series oscilantes, del ángulo de
contingencia y, en general, de todos los problemas de índole
geométrico-mecánica que interesaban a los matemáticos de la época.
La circunstancia, que hoy nos parece natural, de
que en la segunda mitad del siglo XVII los tiempos estaban maduros para que
surgiera el cálculo infinitesimal y el hecho, también natural, de que éste
naciera por obra de dos matemáticos insignes, provocó entonces una lamentable
cuestión, que se inició con una pretensión de prioridad para convertirse luego
en una acusación de plagio, polémica que enturbió las relaciones entre los
matemáticos ingleses y los continentales durante más de un siglo.
Aunque la polémica estallo hacia fines de siglo,
estaba latente desde unos lustros antes, cuando se establece, mediante
Oldenburg, una correspondencia en la que Leibniz informa a Newton de sus
resultados, mientras que Newton da cuenta a Leibniz de su método de las
fluxiones mediante un anagrama nada fácil de descifrar. La cuestión pudo haber
terminado con honor para ambos en 1687 cuando Newton, en los Principia, cita al
"eminente matemático C. W. Leibniz", revela su anagrama (que no era
sino un enunciado) y agrega que el método de Leibniz "no difiere del mío
sino en las palabras y en la notación". No deja de ser sintomático que en
la correspondencia de diez años antes Leibniz, al referirse al trabajo de
Newton, había escrito: "Es realmente de admirar la variedad de caminos por
los cuales puede llegarse al mismo resultado".
Pero en 1689 Leibniz. En un trabajo de mecánica,
al referirse a cuestiones infinitesimales no cita a Newton, cuyas
investigaciones sobre el tema, aunque todavía no hubiera publicado nada al
respecto, eran conocidas, sobre todo por Leibniz mismo. Es posible que se deba
a esta omisión que en el Álgebra de Wallis de 1695 aparezcan fragmentos de un
escrito de Newton, aún inédito, sobre temas infinitesimales.
La cuestión se agrava en 1699 cuando un
matemático suizo emprende un ataque contra Leibniz, alegando en favor de Newton
la prioridad en el "invento" del nuevo cálculo ante el cual Leibniz
reacciona y la cuestión parece concluir. Pero, al aparecer en 1704 la Óptica de
Newton, en cuyo apéndice éste agrega un antiguo escrito matemático con el único
objeto de afirmar su prioridad, la polémica enardece y los matemáticos ingleses
acusan directamente a Leibniz de plagio.
En 1711 la Royal Society presidida entonces por
Newton, toma cartas en el asunto y nombra una Comisión cuyo informe sostenía
que Newton había sido el "primer inventor del nuevo cálculo". Ni este
informe, ni la publicación en 1714 de un Commercium epistolicum con la correspondencia clave del asunto, ni
siquiera la muerte de los actores principales dio fin a esta desagradable
polémica, de la cual ni los dos grandes protagonistas salieron bien parados.
A tres siglos de distancia y aun reconociendo
que en aquellos tiempos las cuestiones de prioridad se trataban con ardor
desusado, esa controversia nos parece privada de fundamento, no sólo porque era
natural que las nociones del nuevo cálculo, que estaban entonces en el aire,
surgieran de mentes inteligentes, y Newton y Leibniz las tenían de sobra, sino
también porque de ninguna manera se podía hablar de "primeros
inventores", ya que ambos matemáticos habían erigido su edificio con
materiales ajenos, acumulados por una pléyade de matemáticos que desde la
antigüedad, pero en especial en la primera mitad del siglo XVII, se habían
ocupado del tema. Es posible, también, que los contemporáneos de Newton y de
Leibniz no advirtieran algo que hoy nos resulta claro: la diversidad de métodos
y de notación con que ambos matemáticos expusieron sus respectivas investigaciones,
no era sino el resultado de sus distintas modalidades intelectuales, la de
Newton como filósofo natural, físico y mecánico, la de Leibniz como filósofo,
metafísico y lógico y que las diferentes notaciones resultaron fieles reflejos
de las respectivas modalidades.
La consecuencia más lamentable de la polémica
fue el aislamiento de cada bando y la falta de cooperación científica
resultante de ese aislamiento, y aunque en definitiva los métodos no diferían
sino en la notación, tal diferencia impedía que los progresos de un bando
fueran conocidos y asimilados por el bando contrario. En esta situación eran
los ingleses quienes llevaban las de perder, por las ventajas de la notación de
Leibniz, fruto de una mente simbólica, frente a la de Newton, creación de una
mente más empírica. De ahí que deba verse el fin de tan lamentable polémica en
el gesto de un grupo de novenes matemáticos ingleses, John F.W. Herschel,
Charles Babbage y George Peacock, al crear a comienzos del siglo pasado (1813)
la "Analytical Society",
que resuelve adoptar la notación de los matemáticos del continente o, como
decían humorísticamente uno de ellos, para imponer los principios puros D-ismo
(para aludir a la notación diferencial) frente a la dotage, es decir a la
"edad del punto" (para aludir a la notación newtoniana), pero
haciendo al mismo tiempo un juego de palabras intraducibles (dotage =
chochera).
Capítulo 9
El siglo XVIII
Contenido:
El siglo newtaniano
Euler
El siglo de oro de las matemáticas francesas
El renacimiento de la geometría y el nacimiento de la física matemática
El siglo newtoniano
Por sus características culturales el siglo
XVIII fue calificado de "siglo de las luces", de la
"Ilustración", del "Iluminismo": fue el "siglo de la
razón". Pero desde el punto de vista de la historia de la ciencia y en
especial de la ciencia exacta, fue en verdad un siglo newtoniano: casi podría
afirmarse que desde tal punto de vista el siglo XVIII nace en 1687, fecha de la
aparición de los Principia de Newton, libro promotor del auge de la mecánica,
de la astronomía y del cálculo infinitesimal, característico de aquel siglo.
El éxito de la gravitación universal que,
juntamente con las leyes de la mecánica newtoniana, permite traducir en
ecuaciones diferenciales los movimientos celestes, y el cálculo que logra
resolverlas prediciendo el porvenir, releer el pasado y calcular hasta sus
últimos pormenores el mecanismo que parecía secreto inviolable, dio a la
ciencia exacta notable impulso.
Al abrigo de ese impulso, la matemática del
siglo XVIII mostró su fecundidad no tanto en el sentido de la creación de
nuevas ramas, como lo había sido el siglo anterior, sino en el sentido de la
elaboración de esas nuevas ramas y sobre todo en la riqueza de las
aplicaciones, en especial del nuevo cálculo infinitesimal. De allí que un rasgo
relevante de la matemática del siglo fue su condición de ciencia auxiliar, de
"doncella de la ciencia natural", sin duda de gran utilidad, pero
auxiliar al fin.
La tarea más importante de los matemáticos del
siglo se realizó pues en el campo de los métodos infinitesimales y de sus
aplicaciones, contrastando los progresos técnicos y el éxito de las
aplicaciones con la debilidad de sus fundamentos básicos, que continuaron
envueltos en vaguedades y contradicciones. Es conocida la frase con que
D'Alembert alentaba a los estudiantes, vacilantes ante tantas dificultades y
oscuridades de esos fundamentos: "Allez en avant et la foi vous
viendra"; es decir: Proseguid
y confiad, ya llegará la fe.
Aunque los métodos infinitesimales de Newton y
Leibniz se hicieron conocer hacia fines del siglo XVII, la difusión de las
nuevas ideas que ellos encerraban fue muy lenta. El carácter novedoso de esas
ideas, las notaciones inusitadas y diferentes, su publicación en memorias
aisladas y fragmentarias, todo contribuía a que los nuevos métodos no se
extendieran rápidamente, de manera que a fines del siglo XVII, fuera de sus
autores, eran pocos los matemáticos que estaban enterados de esos métodos, y
sobre todo muy pocos los que estaban en condiciones de aplicarlos. Entre estos
últimos figuran los Bernoulli, nombre que campeará en la matemática en un
período de aproximadamente dos siglos.
Nota complementaria
La integración de la isócrona
Jacob Bernoulli parte de la propiedad siguiente: a
pequeños intervalos iguales de tiempo, es decir a pequeños descensos verticales
iguales, corresponden arcos de curva tales que los cuadrados de los recorridos
son proporcionales a las caídas; por tanto, si se compara un punto variable de
la curva de altura de caída y con un punto fijo de altura de caídab y
correspondiente longitud de la tangente a, se tiene:
de donde dy√(a2y- b2)
= √b3dx, cuya integración da por resultado una
parábola semicúbica.
La familia Bernoulli, de origen holandés pero
residente en Suiza, proporcionó durante los siglos XVII, XVIII y XIX más de una
docena de matemáticos, de los cuales tres sobresalen: Jacob, su hermano Johann
y uno de los hijos de éste, Daniel.
Nota complementaria
La integración de la ecuación de Bernoulli
El método utilizado por Johann Bernoulli para
integrar la ecuación propuesta por Jacob, en la forma ady = ypdx + bynqdx ,
donde ay b son constantes y py q funciones
de x, no difiere esencialmente del actual. En efecto, Johann
hace y = mz, siendo my z dos
funciones indeterminadas. Obtiene
ady = amdz + azdm = mzpdx +
mnznqbdx
y elige las funciones de tal manera que amdz = mzpdx, y
por tanto
De la primera de estas dos ecuaciones deduce z que,
sustituida en la segunda, permite obtener m . El producto de
las dos funciones así obtenidas es y.
Con los Bernoulli se vincula, además, el mayor
de los matemáticos del siglo de la razón: Euler.
Nota complementaria
La "serie de Bernoulli"
Johann Bernoulli parte de la siguiente identidad,
en la que por comodidad sustituimos la notación bernoullianaddy, dddy,...
por la actual d2y, d3y,...
E integrando entre 0 y x, llega a
serie con la que puede efectuar cuadraturas
mediante el conocimiento de la función y de sus diferenciales sucesivas. Ahora
bien, si con notaciones modernas hacemos y = f(x),
tendremos:
por lo tanto
que no es sino la serie de Taylor
La obra matemática de Jacob Bernoulli se
repartió por igual entre los nuevos métodos infinitesimales y el cálculo de
probabilidades. En el primer campo se ocupó de series y de las propiedades de
las curvas, introduciendo el uso sistemático de las coordenadas polares, que
hasta entonces sólo se habían aplicado al estudio de las espirales. Las
notables propiedades que descubrió en la espiral logarítmica, que se reproduce
en su evoluta, en su envolvente, en su cáustica, etcétera, lo llevó a imitar el
gesto de Arquímedes, pidiendo que en su tumba se grabase esa curva con la
leyenda Eadem mutata resurgo (Aunque
cambio resurjo la misma).
Se le debe la primera resolución con
demostración del problema de la " curva descensus
aequabilis" propuesto por Leibniz, es
decir, de la curva isócrona tal que un punto cae sobre esa curva con movimiento
uniforme respecto de la vertical.
Nota complementaria
La "regla de L'Hôpital"
Esta regla está expuesta en el Analyseen
forma geométrica. Si y y z son dos funciones,
ambas positivas, que se anulan simultáneamente para cierto valor de la
variable, sus gráficas se cortarán en el eje en un punto P tal
que, observa L'Hôpital, en las proximidades de ese punto el valor del cociente
es próximo al del cociente de las diferencias dyydz, cociente que
da el valor de la función y/z en el punto M respectivo.
Entre los ejemplos de L'Hôpital figura el cociente, cuyo valor para x = a quiere
conocer:
a2 - ax
a - 4ax
Que calcula, ya por la regla, ya directamente
racionalizado y eliminado el factor x-a.En ambos casos el
"verdadero valor” del cociente es 2a.
Es en ese estudio donde aparece por primera vez
la palabra "integral'" con la acepción actual.
En enconada emulación científica con su hermano
Johann, fueron propuestos y resueltos numerosos problemas de aplicación de los
métodos infinitesimales a la geometría y a la mecánica. Así Johann propuso en
1696 el problema de la curva de tiempo mínimo (braquistócrona) que fue
resuelto, entre otros, por Jacob mientras éste propuso la ecuación diferencial
que hoy lleva el nombre de Bernoulli y que fue resuelta por Johann.
Nota complementaria
La "compensación de errores" de Berkeley
He aquí el razonamiento de Berkeley en el caso de
la parábola AMN y su tangente en M. Considera los
triángulos semejantes TPM, formado por la ordenada y la
subtangente, y el triángulo característico, establece la proporcionalidad PT /y = dx/RL,
y agrega que RL = RN + NL = dy + a;
por tanto al tomar, como hace el cálculo infinitesimal, PT = ydx: dy se
sustituye dy + a por dy y
se comete un error por defecto por ser a > 0.
Por otra parte, si se calcula dy partiendo de la fórmula y2 =
2px, ese cálculo procede de la siguiente manera:(y +dy)2 = 2p(x + dx),
de donde en definitiva
Y al tomar para dy, como lo hace el
cálculo infinitesimal el valor -pdx/y, continúa Berkeley, se
comete un segundo error, pero ahora por exceso -(dy2)/2y.
Como, según Berkeley, este segundo error es igual y de signo contrario al
primero, he ahí la "compensación de errores”. En efecto, Berkeley dice que
según Apolonio PT = 2x, de manera que
ley considera que la "compensación de
errores" se produce debido a que, al anular la diferencia, por un lado se
toman como semejantes triángulos que no lo son, mientras que por el otro se
toma como tangente la recta secante.
Por supuesto que no hay tal "compensación" ni tales
"errores", lo que ocurre es que en los tiempos de Berkeley la
distinción entre el incremento Δy y la diferencia dy aún
no se había establecido claramente, de ahí que su confusión trajera aparejados
los pretendidos errores de Berkeley. Por lo demás, en el caso particular
considerado por Berkeley el valor de a es negativo y sólo por
dejarse llevar por la figura Berkeley puede admitir erróneamente que se trata
de dos errores distintos que se compensan. En realidad, se trata siempre del
mismo valor: la diferencia entre el incremento y la diferencia.
El problema de las trayectorias isogonales, y en
particular ortogonales, fue propuesto en 1694 por Johann, pero al principio
pasó inadvertido, y fue reiterado por Leibniz en 1716, para "tantear el
pulso de los matemáticos ingleses..
El problema de los isoperímetros, propuesto por
Jacob y estudiado por ambos hermanos, provocó una agria disputa entre éstos,
que continuó entre Johann y otros matemáticos aún después de la muerte de
Jacob. La forma original de este problema era la siguiente: entre todas las
líneas de igual perímetro y que tienen iguales extremos, determinar aquélla tal
que cierta función de sus ordenadas tenga área máxima, o mínima. Este problema,
el de la braquistócrona, el de la superficie mínima de revolución y varios otros,
atacados en violenta competencia y resueltos por uno u otro de los apasionados
hermanos, dieron origen a la disciplina matemática hoy conocida como
"cálculo de variaciones".
La obra más importante de Jacob es Ars
Conjectandi, aparecida ocho años después de
su muerte, con la cual el cálculo de probabilidades adquiere autonomía
científica. Se compone de cuatro partes: la primera reproduce, con valiosos
comentarios, la obra de Huygens sobre probabilidades; la segunda es un tratado
de combinatoria y en ella aparece la expresión, que Bernoulli deduce
inductivamente partiendo de la suma de los números combinatorios de igual
denominador, de la suma de las primeras diez potencias de los primeros n
números naturales, expresión en la que aparecen los coeficientes hoy llamados
"números de Bernoulli", algunas de cuyas propiedades estudia. La
tercera parte se refiere a los juegos de azar y la cuarta, incompleta, aplica
"las doctrinas precedentes a cuestiones civiles, morales y
económicas". En esta última parte aparece el problema de límites hoy
denominado "teorema de Bernoulli", y la llamada "ley de los
grandes números".
Según Mach, en los dos hermanos Bernoulli se
dieron, aunque separadamente, los dos aspectos del genio científico: Mientras
Johann es un verdadero artista en el dominio de las ciencias naturales, Jacob
está dotado de un mayor espíritu crítico, aunque con menor imaginación
creadora.
Además de su labor como físico-matemático se
deben a Johann numerosas contribuciones matemáticas, muchas en combinación, o mejor
en oposición, a su hermano Jacob y hasta a su hijo Daniel. Esas contribuciones
se refieren especialmente a la teoría de las series y a la aplicación de éstas
al cálculo integral y a las ecuaciones diferenciales. En especial se le debe la
cuadratura de funciones de la forma xx y los métodos del factor integrante y de la
separación de variables en la integración de las ecuaciones diferenciales. Un
original método de cuadratura por series, expuesto en 1694, dio nacimiento a
una serie que no es sino un caso particular de la hoy llamada "serie de
Taylor", de unos veinte años después. A veces se designa aquella serie con
el nombre de "serie de Bernoulli".
Nota complementaria
La fórmula de De Moivre y el teorema de Cotes
De Moivre enunció la fórmula que lleva su nombre,
sin demostración, de la siguiente forma:
Donde
l = cosA; x = cos B; A
= nBEn cuanto al "teorema de Cotes", su enunciado es el
siguiente: Si desde un punto O se trazan secantes a una curva
algebraica de orden n que la cortan en los puntos P1, P2, P3,…Pn,
el punto P tal que
describe una recta.
Con el nombre de Johann Bernoulli está
íntimamente vinculado el del Marqués de L'Hôpital, único francés que durante
mucho tiempo estuvo en condiciones de resolver los problemas que Leibniz y los
Bernoulli proponían a los matemáticos de la época y autor del primer tratado
sistemático de cálculo diferencial: Analyse des infiniment petit
pour l’intelligerice des lignes courbes ,
aparecido anónimo en 1696 y con nombre de autor a partir de 1715. El hallazgo,
en este siglo, de los apuntes de la lecciones de Bernoulli y, sobre todo, el
contenido de la correspondencia de Bernoulli con L'Hôpital, muestran que el
libro del marqués no contiene sino las lecciones que le impartió Bernoulli, a
su pedido, y la enseñanza que siguió impartiéndole por correspondencia. Las lecciones
de Bernoulli comprenden también el cálculo integral, que el marqués no publicó
pues se había enterado de que pensaba hacerlo Bernoulli directamente. Las
lecciones de cálculo integral, impartidas a L'Hôpital durante los años
1691-1692, habrían sido pues el primer tratado sistemático sobre el tema y
resumen de todos los conocimientos de la época sobre aquél: integración (de
potencias o series de potencias), cuadraturas, rectificaciones, ecuaciones
diferenciales y aplicaciones geométricas y mecánicas. En esas lecciones aparece
la constante de integración y los métodos de integración por sustitución de
variables.
En el Anlyse se siguen designando diferencias a las
diferenciales, aparecen los términos de abscisa (la coupée) y de círculo
osculador ("cercle baisant") y aparece la célebre regla, comúnmente
vinculada con el nombre de L'Hôpital, más tarde convertida en teorema, para el
cálculo de límites indeterminados y cuya paternidad reivindicó Bernoulli
después de la muerte del marqués.
Nota complementaria
La serie de Taylor
En la deducción de la sede que lleva su nombre
Taylor parte de la fórmula de Newton que expresa una función mediante las
diferencias finitas
e indicando con u = Δx ;u' =
(n - 1)Δx; u" = (n - 2)Δ x;...
la fórmula anterior se transforma en
Bastará hacer Δx pequeña y n grande
para que los valores de u, u', u", se
hagan iguales y en definitiva
Que es la serie de Taylor.
Aunque opuesto a los nuevos métodos que en
Francia estaban representados por el marqués de L'Hôpital, su compatriota y
contemporáneo Michel Rolle es conocido en la historia de la matemática por un
teorema que lleva su nombre y que se refiere al nuevo algoritmo. Rolle se ocupó
en especial de la resolución de ecuaciones, de las que obtuvo, en una
transformación lineal, una serie de polinomios de grado decreciente que
denominó "cascadas", que no son sino las derivadas sucesivas de la
ecuación. Utilizó esas "cascadas" para determinar un límite superior
de las raíces, así como para enunciar el teorema que lleva su nombre que
aplicó, como actualmente, a la separación de las raíces reales de una ecuación.
En Italia se ocuparon de los nuevos métodos
infinitesimales Riccati y Fagnano. Jacopo Riccati se ocupó de transformación e
integración de ecuaciones, una de las cuales, que lleva su nombre, fue
estudiada en especial por Daniel Bernoulli, quien mostró en qué casos podía
integrarse mediante un número finito de términos.
Giulio Cario, conde de Fagnano fue más original.
Se ocupó de geometría y en especial de geometría del triángulo, adelantándose a
Euler en el empleo e interpretación de los exponentes imaginarios, aunque su
contribución más importante se refiere a la rectificación de las curvas. Sus
estudios sobre la rectificación de los arcos de elipse y de hipérbola pueden
considerarse como punto de partida de las integrales elípticas. En conexión con
estos estudios llegó a la interesante propiedad de que el cuadrante de
lemniscata (curva estudiada por primera vez por Jacob Bernoulli en 1694) puede
dividirse, como el de la circunferencia, en un número de partes, con regla y
compás, siempre que ese número contenga los factores 2n , 3 y 5.
En Alemania, el único matemático de esta época
que se ocupó de los nuevos métodos, aunque sin mayor éxito, fue Ehrenfried
Walter von Tschirnhausen, más conocido por su método de transformación de
ecuaciones con el cual resolvió las ecuaciones de segundo, tercero y cuarto
grado, pero que ya no tenía éxito al aplicarlo a las de grado superior. Con
todo, el método de Tschirnhausen quedó como método de transformación, si no de
solución. Parece que ya Leibniz había previsto la imposibilidad de resolver
ecuaciones de grado superior por ese método, pues en carta al autor le dice:
" ... no me parece que logre tener éxito en las ecuaciones
de grado superior, excepto para casos particulares. Creo disponer de una
demostración de esta afirmación. ”
Leibniz nunca dio tal demostración, en cambio parece que también él, como otros
matemáticos de los siglos XVII y XVIII, se ilusionó en resolver algebraicamente
la ecuación de quinto grado. " Nadie hasta hoy dio una
fórmula general para la solución de las ecuaciones de grado superior -dice-
creo haber encontrado un método adecuado y puedo probarlo, pero aún no he
podido vencer el fastidio provocado por los tediosos cálculos necesarios. .
En Inglaterra, después de las fluxiones, el
acontecimiento matemático más clamoroso, según el historiador Cajori, fue la
crítica que el filósofo George Berkeley dirigió a los nuevos métodos. Esa
crítica tuvo un origen extramatemático y aparece en The Analyst de 1734, cuyo
subtítulo reza: " O discurso dirigido a un matemático
infiel, donde se examina si el objeto, principios e inferencias del análisis
moderno son concebidos más claramente o son deducidos con mayor evidencia que
los misterios de la religión y de los asuntos de la fe ".
El "matemático infiel" era Edmund
Halley, el astrónomo que, entre otros méritos, tuvo el de sufragar los gastos
de impresión de los Principia de Newton. Como científico, Halley se ocupó
también de matemática; se le deben restauraciones de Apolonio y la propiedad de
la proporcionalidad de los logaritmos del mismo número en bases diferentes.
Halley fue sin duda un libre pensador y, en
cierto sentido, activo, de ahí la acusación de infiel de Berkeley, pues por el
hecho de ser reputado un gran matemático y por eso un maestro de la razón,
utilizaba indebidamente su autoridad opinando y decidiendo sobre cuestiones
ajenas a su incumbencia, sobre las que no tenía derecho alguno a opinar. Hábil
polemista, Berkeley se dirige entonces hacia los objetos mismos de la ciencia
que Halley profesa, mostrando triunfalmente que quienes se quejan sin razón de
la incomprensibilidad científica de la religión, aceptan una ciencia que en su
raíz misma es incomprensible y cuyas conclusiones se apoyan en raciocinios que
la lógica no acepta.
Si bien la finalidad de Berkeley no es tanto
criticar los nuevos métodos como vindicar los misterios de la fe, la crítica
contra aquellos métodos es pertinente, aguda, incisiva. En efecto, los nuevos
métodos, tanto en la forma de Newton como en la de los matemáticos
continentales, estaban envueltos en principios oscuros, vagos y contradictorios.
Acertadamente Berkeley critica esos "incrementos evanescentes", esos
"momentos" que no son cero pero que luego se anulan y que califica de
"fantasmas de cantidades desaparecidas", aquellas fluxiones de
fluxiones, aquellos infinitamente pequeños de infinitamente pequeños, etcétera.
En sus críticas, en las que esgrimía hábilmente el principio de contradicción,
envuelve no sólo a los principios del nuevo algoritmo, sino a las
demostraciones mismas que los matemáticos empleaban en él.
La incisiva crítica de Berkeley era, desde el
punto de vista técnico, inobjetable y se explica entonces la impresión que
causó entre los mismos matemáticos. Es en cambio muy objetable la doctrina de
"compensación de errores", en la que se embarcó Berkeley,
impresionado sin duda por el aparentemente paradójico hecho de que fundándose
sobre principios y demostraciones tan deleznables, los nuevos métodos lograran
resultados exactos, como lo comprobaba el extraordinario triunfo de la mecánica
newtoniana. Cabe agregar que en esa teoría de compensación de errores, Berkeley
no se encuentra solo, pues más tarde fue adoptada por matemáticos y hasta
buenos matemáticos.
Quizá desde el punto de vista técnico la parte
más interesante del Analyst es un apéndice de 67 Queries, donde se plantean cuestiones
acerca del cero y del infinito, de la divisibilidad infinita, del carácter
metafísico del tiempo, del espacio y del movimiento absolutos, etcétera.
La influencia de la crítica de Berkeley se hizo
sentir en forma más o menos visible en todos los matemáticos ingleses,
contemporáneos o inmediatos sucesores de Newton.
De éstos, el más antiguo es Abraham De Moivre,
de origen francés pero residente en Londres desde la revocación del Edicto de
Nantes. Se ocupó en especial de probabilidades y, por tanto, de los ternas
vinculados con los números combinatorios, suma de las potencias de los números
naturales, etcétera. Introdujo el estudio de las "series
recurrentes", en las que los coeficientes se determinan mediante una ley
lineal fija de los coeficientes anteriores, así como la fórmula que lleva su
nombre para la potenciación de los números complejos.
De Moivre se ocupó también de descomposición en
factores simples de las expresiones algebraicas, completando estudios
realizados por Roger Cotes, brillante matemático muerto lamentablemente muy
joven.
Cotes dio en forma geométrica la descomposición
de las ecuaciones trinomias en factores, y el teorema que hoy lleva su nombre.
También se adelantó a Euler en la relación entre las funciones circulares y los
exponentes imaginarios y completó la fórmula de Newton, hoy llamada de
Newton-Cotes, para la integración aproximada, partiendo de los valores de n
ordenadas correspondientes a abscisas equidistantes.
Contemporáneo de los anteriores es Brook Taylor,
que se ocupó de física y de matemática. Además de una obra sobre perspectiva,
en la que sienta las bases del actual método de proyección central, se le debe
un Methodus incrementorum, directa e inversa de 1715, en el que hace uso
sistemático de las diferencias finitas. En esa obra y partiendo de las
diferencias da la serie hoy conocida por su nombre, aunque sin consideración
alguna respecto de su convergencia. También llega a la serie en la forma dada
por Johann Bernoulli, pero partiendo del método de integración por partes y no
de la identidad de la cual había partido Bernoulli.
Asimismo se deben a Taylor fórmulas para el
cambio de variable independiente e investigaciones acerca de ecuaciones
diferenciales y de resolución aproximada de ecuaciones.
También se ocupó de diferencias finitas James
Stirling en su Methodus differentialis, con sumas o series de términos que son polinomios de
factoriales de grado positivo o negativo, así como la fórmula que lleva su
nombre para n!, cuando n es muy grande. En realidad esa fórmula la obtuvo
continuando los trabajos de De Moivre sobre el desarrollo en serie del
logaritmo de n!, de ahí que a veces se la cita como fórmula de Moivre-Stirling.
En un trabajo de 1717 en el que Stirling se
ocupa de cúbicas, aumenta en 4 el número de las dadas por Newton y estudia las
propiedades generales de las curvas algebraicas aplicándolas a las de segundo y
tercer grado.
De geometría, álgebra, cálculo infinitesimal,
así como de física y astronomía se ocupó el último matemático inglés y quizás
el más importante del período, Colín Maclaurin, quien para escapar a las
críticas de Berkeley, volvió a los clásicos métodos de los geómetras antiguos,
con lo que, si bien logró hacer más rigurosas las demostraciones, contribuyó
indirectamente a aumentar el aislamiento de los matemáticos ingleses frente a
los continentales.
En su Geometría orgánica de 1719, así como en
su De Linearum geometrícarum propietatibus de 1720 y en varias memorias más, Maclaurin dio
numerosas propiedades de las curvas algebraicas, generalizando teoremas
conocidos y exponiendo nuevas propiedades, en especial para las curvas de
segundo, tercero y cuarto grado. En su Álgebra (póstuma) utiliza
indistintamente números positivos y negativos y trata de justificar la regla de
los signos.
Su Treatise on Fluxiones en dos
volúmenes (1737, 1742) es un tratado sistemático del cálculo de las fluxiones
con sus aplicaciones geométricas y mecánicas, que hizo declarar a Lagrange que
era "una obra maestra de geometría, que puede compararse a todo lo que
Arquímedes nos legó de más hermoso e ingenioso". En ese tratado se deduce
la serie binómica de Newton por un método de coeficientes indeterminados que,
aplicado a funciones cualesquiera, dio lugar a la llamada "serie de
Maclaurin" que el autor mismo reconoció no ser sino un caso especial de la
serie de Taylor.
También aparece en ese tratado el método de integración aproximada, llamado hoy
de Maclaurin, en el que cada trapezoide es sustituido por el rectángulo de
altura la ordenada en el punto medio, así como la fórmula, descubierta
independientemente por él y por Euler, que expresa la sumatoria de una función
mediante la integral y las derivadas.
Euler
Paralelamente con el desarrollo de la mecánica y con el fin de servirla, el
siglo XVIII fue también el siglo del algoritmo; es decir, fue el siglo en el
que el análisis, tanto en el campo del álgebra como en el del cálculo
infinitesimal, adquiere vida propia y tiñe a toda la matemática de un marcado
carácter formal aunque no riguroso. En cierto sentido el análisis se
independiza de la geometría y de la ciencia natural. Si en el siglo anterior la
geometría analítica y los métodos infinitesimales habían sido instrumentos
analíticos para la solución de problemas geométricos y para la investigación de
las leyes naturales, en el siglo XVIII el análisis, sin dejar de proseguir esos
fines, se estudia por sí mismo, mientras que la geometría y los fenómenos
naturales se convierten además en estímulos para nuevos desarrollos y problemas
analíticos.
Este carácter puramente algorítmico de la matemática se pierde a fines de
siglo, cuando la geometría vuelve a penetrar en el campo de la matemática, pero
ahora con la jerarquía de geometría pura.
La figura representativa del período algorítmico es Leonhard Euler, que además de
la matemática cultivó otras disciplinas, entre ellas la física matemática,
ciencia que comparte con los matemáticos franceses que sobresalen en ella en el
período comprendido entre Euler y Gauss.
Con Euler se comprueba que, en este siglo de la razón, también en la matemática
la razón mostró una confianza excesiva. En el período en que, teniendo a su
disposición el juego de símbolos algebraicos y el algoritmo infinitesimal, no
se duda de que toda ecuación algebraica tiene siempre solución, que toda ecuación
diferencial puede siempre integrarse y que cualquier serie puede siempre
sumarse. A tal confianza en el poder del símbolo, que en definitiva resultó
beneficiosa pues los excesos fueron luego corregidos, agregó Euler una
capacidad de calculista pocas veces igualada y una fecundidad prodigiosa.
La publicación de la enorme mole de sus escritos en una Opera Omnia, iniciada
hace más de medio siglo, no ha completado aún la edición de sus 69 volúmenes
proyectados.
Formado en el ambiente de los Bernoulli, Euler -que nunca fue profesor-
desarrolló una intensa actividad científica, en gran parte gracias a la
protección de las cortes de San Petersburgo y de Berlín, a cuyas publicaciones
académicas dio vida durante muchos años y casi por sí solo. Esa actividad no decayó
un solo instante; al contrario, la mitad de sus escritos es fruto de los
últimos años de su vida cuando, totalmente ciego, dictaba sus trabajos. Tal
actividad se manifestó en todos los campos de la ciencia matemática y ciencias
afines. Sus memorias, más de un millar, tratan de aritmética y teoría de
números, de álgebra y cálculo de probabilidades, de cálculo infinitesimal y de
geometría, de mecánica racional y aplicada, de astronomía, de física, de
geografía matemática, sin olvidar sus Lettres á une princesse
d’Allemagne en tres volúmenes (1768-1772) en las que trata cuestiones
científicas.
En teoría de números Euler resolvió y generalizó numerosos problemas de
Diofanto y de Fermat y abrió nuevos campos de investigación. Dio la solución
del "gran teorema” de Fermat para n = 3 y n =
4 y generalizó la congruencia de Fermat, introduciendo la expresión de Gauss
denomino más tarde "indicador”.
Se ocupó de análisis indeterminado, de números perfectos y amigos, de la teoría
de los restos potenciales y se adelantó a Legendre en el descubrimiento de la
ley de reciprocidad de los restos cuadráticos.
También se ocupó de combinatoria y de cuadrados mágicos, a los que agrego el
llamado "cuadro latino” mediante el problema: disponer en cuadrado 36
oficiales de seis grados diferentes y pertenecientes a seis regimientos
distintos, de tal manera que cada fila y cada columna tenga una oficial de cada
grado y de cada regimiento.
Quizás en este campo su máxima contribución pertenece a la teoría de los
números primos. Ya en una carta a Christian Goldbach reconoció, sin
demostrarla, la verdad de la llamada "conjetura de Goldbach” anunciada en
1742: Todo número par es suma de dos números primos, y si bien en este siglo se
realizaron, respecto de esta propiedad, numerosas investigaciones importantes
es el hecho de que, al establecer Euler su famosa identidad que vincula la
sucesión de números primos con la función analítica que luego Riemann bautizó
ζ(S), inició la actual "teoría analítica de los números”, que
lograría importantes desarrollos por la obra de Dirichlet y de Riemann, al
establecer una íntima conexión entre la aritmética y la teoría de las funciones
analíticas.
Nota complementaria
La identidad de Euler para los números primos
El procedimiento mediante el cual Euler llega a esa
identidad puede dar idea de los métodos eulerianos. Parle de series de la forma
y multiplica miembro a miembro estas series para α
= α1, α2, α3,...
Si se supone ahora que los α son números primos, en
los paréntesis del segundo miembro aparecerá, una y sólo una vez, cada número
entero n en virtud de la descomposición única de todo número
en producto de factores primos. Lo mismo ocurrirá si en lugar de tomar los
números primos se toman sus recíprocos o una potencia cualquiera de esos
recíprocos. En definitiva para z = 1:
donde el producto se extiende a la sucesión
indefinida de los números primos p. El segundo miembro para S complejo,
constituye la llamada función ζ de Riemann, con la cual puede demostrarse
rigurosamente la identidad anterior debida a Euler.
En álgebra Euler dio métodos originales de
eliminación y de descomposición en fracciones parciales simples. Se ocupó, en
general, de la teoría de las ecuaciones en la esperanza de dar con un método
general para resolver ecuaciones de grado cualquiera. En este sentido halló un
nuevo procedimiento, distinto del de Ferrari, para resolver la ecuación de
cuarto grado, procedimiento incluido en un método válido para las ecuaciones de
segundo, tercero y cuarto grado, pero nada más. Expuso métodos para desarrollar
en serie el valor de las raíces, e inició el estudio de las funciones
simétricas de las raíces, que tanta importancia adquiriría más tarde en la
teoría general de las ecuaciones algebraicas.
Pero es en el cálculo infinitesimal donde
aparecen las contribuciones más originales de Euler. Por lo pronto, se le deben
los primeros tratados sistemáticos de esa disciplina: Methodus
inveniendi lineas curvas maximi minimive propicíate gaudentes (1744); Introductio in analysis
infinitorum (1748, dos volúmenes); Institutiones calculi
differenlialis (1755); Institutiones
calculi integralis (1768-1770, tres
volúmenes).
En su Introductio Euler utiliza el concepto de función, cuyo
símbolo f(x) también le pertenece: en la forma que conservó mucho
tiempo: función de x es
toda expresión analítica de esta variable obtenida mediante una combinación
finita o infinita de símbolos algebraicos o trascendentes (esta distinción
también es de Euler). A veces dio también otra acepción de función, al
referirse a toda relación entre x e y tal que
se represente en el plano mediante una curva trazada a "mano libre",
es decir una curva continua dentro de la acepción vulgar de la continuidad.
En conexión con las funciones trascendentes
aparece una de las más notables contribuciones de Euler: los logaritmos como
exponentes y su vinculación con los números imaginarios y las funciones
circulares. En verdad, el resultado que hoy denominarnos fórmulas de Euler, que
se escriben, por ejemplo, en la forma
es la conclusión de un largo pleito iniciado con
Leibniz acerca de los logaritmos de los números negativos e imaginarios, al
cual Euler pone fin, aunque en verdad las explicaciones de Euler acerca de la
multiplicidad de los valores de la función logarítmica no fueron entonces
entendidas y las discusiones continuaron durante todo el siglo.
Nota complementaria
Las fórmulas de Euler
Para Leibniz, que no tenía una idea muy clara de
los números imaginarios, no existían logaritmos de números negativos pues de
existir, dada, la mitad del logaritmo de (-1) sería log√-l; es decir de algo
inexistente. En cambio, para Johann Bernoulli log (-l) = 0, pues, según él,
log x = log (-x) en vista de que la diferencial del
logaritmo dx/x mantenía su valor cambiando de signo a
la variable. Además, agregaba, que si log (-1) = h de la
igualdad (-l)x = x/-1 se deducía h =
0. En su discusión con Bernoulli, Euler mostró que h no podía
ser 0 pues la integral
que entre 0 y b tenía
por valor el cuadrante de círculo de diámetro 1/b, mediante la
transformación
daba por resultado b/2√-1. Por otro
lado, Euler observa que las expresiones
tenían igual desarrollo en serie y que ambas
satisfacían la ecuación diferencial y" + y =
0.
Por último, logró la demostración de la multiplicidad de la función logarítmica
considerando que si l ∙ x = y,
para n infinito será (l + y/n)n = x;
por tanto si y = nh se tendrá, para n infinito
y hcero, x = (1 + h)n ; h = n√(x -
1); l ∙ x = n(√x -
l), como toda raíz tiene tantos valores como indica el índice, el logaritmo
tendrá infinitos valores.
Para determinarlos, llama k al logaritmo de -1, de manera que
para x = -1 puede escribir (1 + k/n)n.
En su Introductio Euler había demostrado que una suma de
potencias de la forma pn + qn tenía
como factor el trinomio
Como pn + qn =
0, la anulación del trinomio anterior daba
que aplicada al caso particular en el cual p =
1 + k/n; q = 1, se obtiene
y, finalmente, para n infinito, k =
±√(-l) (2m - l)π y la multiplicidad del logaritmo queda probada.
Mediante su expresión del logaritmo de -1 Euler dio más tarde valores como el
siguiente:
li = e-π/2 = 0,207879576.
Aunque sin aludir a los demás valores de la misma expresión.
Las letras π, e, i,
con los significados actuales, así como la definición de las potencias de base
e como límites infinitos, se deben también a Euler.
Asimismo aparecen, en el primer tomo de la Introductio, las sumas de las potencias de exponente par de los
recíprocos de los números naturales, que deduce del desarrollo en producto
infinito de la función sen x.
así como el estudio sistemático de las "fracciones continuas" (el
nombre le pertenece) dando el desarrollo de algunas funciones en fracción
continua infinita.
El segundo tomo de la Introductio es un tratado de geometría analítica plana y del
espacio en la forma actual. Aparecen las coordenadas polares, las fórmulas de
transformación de coordenadas y las propiedades generales de las curvas
algebraicas, en especial las de segundo, tercero y cuarto grado. Las
consideraciones infinitesimales se soslayan considerando, como ecuación de la
curva, su desarrollo en serie en las proximidades de uno de sus puntos. Se
ocupa también de la intersección de curvas y superficies, así como de curvas
trascendentes y evita a veces su dificultad mediante oportunas ecuaciones en
forma paramétrica.
Nota complementaria
Una curva trascendente de Euler
He aquí un ejemplo de curva trascendente que Euler
expresa en forma paramétrica. Parte de la ecuación xy = yx,
ecuación que transforma, en primer lugar mediante la sustitución y = tx,
que da t = xz, y luego con la nueva transformación
t = 1 +
1/u
que permite escribir su ecuación en la forma
paramétrica
En Institutionis calculi
differentialis considera el cociente de
diferenciales como cocientes de ceros que toman valores finitos. El libro se
inicia con el estudio de las diferencias finitas y abarca las diferencias y las
sumas de las potencias como operaciones inversas, así como estudia la suma de
factoriales de exponentes positivos y negativos. Se ocupa luego de las
diferencias de diversos órdenes de funciones algebraicas y trascendentes, de
una o varias variables. Con Euler asoma la distinción entre derivadas
ordinarias y derivadas parciales, de las que da también un simbolismo especial.
Al tratar las funciones de varias variables expone el teorema sobre las
funciones homogéneas que lleva su nombre, así como la condición de
integrabilidad de una expresión diferencial.
En el estudio de las series da un método de
cálculo utilizando la diferencia de los coeficientes, método con el cual
calcula numerosas series divergentes, que da resultados inadmisibles desde el
punto de vista de la convergencia que prevaleció durante casi todo el siglo
pasado, pero no desde un punto de vista funcional que comenzó a admitirse a
fines de ese siglo, rehabilitando así al clarividente Euler. La desenvoltura
con la que maneja las series, tanto convergentes como divergentes, lo lleva a
resultados absurdos dentro del concepto usual de convergencia, como por ejemplo
cuando no vacila en escribir
Que logra desarrollando en
serie las expresiones
y sumando ambos resultados.
En este tratado aparece su fórmula de sumatoria, que había encontrado
independientemente Maclaurin, en la que aparecen los "números de
Bernoulli" (la designación es de Euler). Estudia luego las formas
indeterminadas, la interpolación, etcétera. Sus aplicaciones son todas
algebraicas, pues se jacta de qué no necesita recurrir a figuras.
Sus Institutiones calculi integralis, libro escrito cuando ya
estaba ciego, comprende tres volúmenes (el cuarto póstumo contiene una
selección de memorias), que tratan los temas comunes del cálculo integral
actual, desde las cuadraturas hasta la integración de ecuaciones diferenciales
ordinarias y con derivadas parciales, y nociones de cálculo de variaciones,
nombre que Euler acuñó para referirse a problemas de los cuales ya se había
ocupado en su tratado de 1744.
Agreguemos que, entre muchas otras contribuciones de Euler figuran los primeros
problemas concretos de la rama matemática vislumbrada por Leibniz con el nombre
de "Analysis Situs", hoy denominada Topología.
Nota complementaria
Las contribuciones de Euler
Es materialmente imposible reseñar las innovaciones
introducidas por Euler en los campos del cálculo infinitesimal, de la
geometría, de la trigonometría y de la topología. Citemos las más importantes
de ellas en ese orden.
a)Las dos integrales definidas, que más tarde Legendre llamó eulerianas
de primera y de segunda especie o funciones B (beta) y Γ (gamma), las dedujo
Euler: la primera, tratando de generalizar la fórmula de Wallis y llegando en
estas investigaciones hasta definir derivaciones de orden fraccionario; la
segunda, al estudiar ciertas integrales definidas que se le presentaron en un
problema geométrico.
b) La llamada constante de Euler o de Mascheroni, apareció en sus
estudios de la serie logarítmica, en conexión con las series que llamó
armónicas.
Para llegar a esa constante, Euler parte de la serie logarítmica
Sumando sus resultados para n = 1,
2, 3,... m se llega a la expresión
Cuando m tiende a infinito, cada
uno de los paréntesis del segundo miembro tiende a un valor finito, que por lo
demás Euler sabía calcular, de ahí que la diferencia 1 + 1/2 + 1/3 + …+1/m tiende
para m → ∞ a una constante, la "constante de Euler o de
Mascheroni, que se designa generalmente con G y que se conoce
con numerosos decimales, los primeros de los cuales son 0,57721566... Euler dio
también una expresión de esta constante en la que intervienen los "números
de Bernoulli".
c) La serie de los recíprocos de los números primos es un infinito
equivalente a log ∙ log n.
d) Desarrollo en serie de 1/cos x en cuyos
coeficientes aparecen los llamados "números de Euler”.
e) La serie hipergeométrica, más tarde estudiada por Gauss.
f) Estudio de una nueva trascendente, hoy denominada logaritmo
integral, ∫dx/l ∙ x
g) Desarrollo en serie, mediante un método ingenioso, de las
infinitas soluciones de la ecuación trascendente tan x = x.
h) Demostración de la alineación de los puntos intersecciones de
las tres alturas, las tres medianas y las tres mediatrices de un triángulo
(recta de Euler).
i) Introducción de las coordenadas intrínsecas para el estudio de
las curvas planas y fórmula de la curvatura de las secciones normales que pasan
por un punto de una superficie.
j) Jobo Machín había dado en 1706 la expresión
que, desarrollada en serie, le permite
calcular n con 100 decimales. (Con esta fórmula William Shanks
dio en 1874 el valor de π con 707 cifras. Actualmente con las computadoras ese
número alcanzó al par de millares). Euler generalizó la fórmula de Machín y dio
numerosos desarrollos en serie del número π mediante la serie del arco
tangente.
k) Enunciado y posterior demostración de la relación fundamental
entre las caras, vértices y aristas de un poliedro (simplemente conexo).
l) Solución del "problema de los puentes de Königsberg"
cuyo enunciado es: El rio Pregel atraviesa la ciudad de Königsberg formando dos
islas que se unen entre sí y con tierra firme mediante siete puentes. ¿Es
posible pasar sucesivamente por todos esos puentes cruzándolos una sola vez?
(Euler probó que no es posible).
El gran favor que los métodos analíticos gozaron
durante el siglo XVIII se puso también de manifiesto en el hecho de que casi
todos los matemáticos contemporáneos de Euler se ocuparon preferentemente de
análisis y no de geometría. En este sentido es una excepción el francés
Alexis-Claude Clairaut, que aún adolescente se ocupó de las "líneas de
doble curvatura”, es decir nuestras curvas alabeadas. El nombre de doble
curvaturas provenía del hecho de que esas curvas se estudiaban mediante sus
proyecciones, con sendas curvaturas distintas. La obra más importante de
Clairaut esThéorie de la Figure de la Terre, tirée des Príncipes
de L'Hysgrostatique (1743), en la que
se establecen las condiciones matemáticas para el equilibrio de los fluidos y
se sientan los fundamentos de la futura teoría del potencial. Esa obra se
fundaba en una de Maclaurin sobre la atracción de los elipsoides de revolución,
y los métodos exclusivamente geométricos de Maclaurin indujeron a Clairaut
figuran entre los últimos matemáticos que resuelven los problemas mecánicos y
astronómicos more geométrico. Con D’Alembert, Euler, Lagrange y otros
matemáticos de la época, Clairaut se ocupó del "problema de los tres
cuerpos”, vinculando además su nombre con una ecuación diferencial cuya integración
dio como la solución singular que comporta.
La "ecuación de Clairaut” es un caso
particular de la ecuación llamada hoy de D’Alembert, contemporáneo y en cierto
modo rival de su compatriota Clairaut. Jean-Le Rond D’Alembert fue el autor del
Discurso preliminar y de numerosos artículos matemáticos de la gran
Enciclopedia, en los que se ocupó también de cuestiones metodológicas y de los
fundamentos del cálculo infinitesimal. Su contribución más importante fue en el
campo de las ecuaciones con derivadas parciales, en el que dio la solución del
"problema de las curvas vibrantes”, problema que adquirirá importancia en
la futura revisión de los principios del análisis.
Nota complementaria
La ecuación de D'Alembert.
En el "problema de la cuerda vibrante" se
presenta una ecuación con derivadas parciales de segundo orden de la forma
que mediante la trasformación at = y se
convierte en
D’Alembert dio con la integración de la ecuación en
1747. Si
se tendrá, por un lado, du = p dx + q
dy y, por el otro, en virtud de la ecuación
será una diferencial exacta. En definitiva
d ( u + v)
= (p + q) d (x + y); d(u - v)
= (p - q) d(x - y.
o, lo que es lo mismo,
u + v =
2Φ(x + y) u - v = 2Ψ(x - y)
con Φ y Ψ funciones arbitrarias, de donde se deduce
finalmente
u = Φ (x + at)
+ Φ (x - at)
Se ocuparon, en cambio, especialmente de algebra
los franceses Etienne Bézout y Alexandre-Théophile Vandermonde. Al primero se
deben métodos de eliminación y el teorema respecto del grado de la ecuación
resultante de un número cualquiera de ecuaciones. Vandermonde se ocupó de temas
análogos; se lo considera un precursor de la teoría de las sustituciones y
fundador de la teoría de los determinantes.
Más originales en sus investigaciones
aritméticas y algebraicas es el inglés Edward Waring quien, independientemente
de Goldbach, afirmó que todo número par es suma de dos primos y todo impar no
primo suma de tres números primos. También en forma de conjetura expresó el
teorema relativo a la descomposición de todo número en suma de potencias de
igual exponente, que no se resolvió hasta principios de este siglo. En sus
escritos aparece un teorema de congruencias debido a su amigo John Wilson.
Waring se ocupó de las transformaciones de ecuaciones y llevan su nombre las
relaciones entre los coeficientes de una ecuación y las sumas de las potencias
de igual exponente de sus raíces, y las relaciones inversas. En sus
transformaciones aparece, como nueva incógnita, la diferencia de las raíces que
más tarde utilizará Lagrange. Un hermoso teorema de Waring establece que el
producto de los cuadrados de las raíces de una ecuación es proporcional al
producto de los valores de la función para los ceros de la derivada. Se ocupó
de la separación de las raíces, de la aproximación de raíces complejas,
etcétera; se encuentra entre sus escritos, poco leídos por sus contemporáneos
dada su oscuridad, el criterio del cociente para la convergencia de las series
y la fórmula de interpolación que luego dará Lagrange.
También se ocupó de álgebra, aunque en vista en
especial de su utilización en el estudio de las curvas planas, Gabriel Crámer
quien estudia sistemáticamente las curvas referidas en cada caso a un sistema
adecuado de ejes de referencia. En la determinación de los coeficientes de la
ecuación de una curva algebraica, conociendo un número suficiente de sus
puntos, da la regla conocida por su nombre en la resolución general de sistemas
lineales. En el estudio de las curvas utiliza las series para la investigación
de los puntos singulares.
Por último, mencionemos al alsaciano Johann
Heinrich Lambert, científico que se ocupó de diversas ramas del saber. En
matemática se le deben investigaciones, desde la perspectiva hasta el
simbolismo lógico, tema este último en el cual siguió las huellas de Leibniz.
Se ocupó de funciones hiperbólicas en conexión con estudios vinculados con la
teoría de las paralelas, demostró la irracionalidad de n partiendo del
desarrollo en fracción continua de tan x y se ocupó de cartografía y de cálculo
actuarial. Se destaca entre sus trabajos puramente analíticos el desarrollo en
serie de las raíces de una ecuación binomia y la "serie de Lambert",
en la cual cada coeficiente da el número de divisores del exponente, de manera
que todas las potencias de exponente primo tienen por coeficiente el número 2.
Todos estos matemáticos nacieron y murieron en
el siglo XVIII, que fue el siglo de Euler; la generación siguiente es la de
Lagrange y es la generación que asiste a la Revolución francesa.
El siglo de oro de los matemáticos franceses
La preferencia por los métodos analíticos,
característica del siglo XVIII, se acentúa en Lagrange, creador de la
"mecánica analítica" concebida como una rama de la matemática.
Joseph-Louis Lagrange, de origen francés pero
nacido en Italia, residió desde los 30 años en Berlín y en París. Con sus
escritos contribuyó a dotar a las ramas analíticas de la matemática de esa
generalidad que las caracteriza, mientras las aplica a los más variados
problemas de mecánica, de astronomía, de probabilidades. Los primeros trabajos
de Lagrange aparecieron en la Miscellanea Turínensia, publicación periódica de una sociedad científica de
Turín, que Lagrange contribuyó a fundar en 1757 y que luego se convirtió en la
Academia Real de esa ciudad. En esos trabajos Lagrange reorganiza el
"cálculo de las variaciones", independizándolo de las consideraciones
geométricas que le habían dado nacimiento (el problema de los isoperímetros), y
confiriéndole mayor generalidad.
En teoría de números Lagrange se ocupó de
numerosos problemas: análisis indeterminado de primero y segundo grado,
demostración del teorema de Wilson y de que todo número es siempre suma de
cuatro cuadrados, etcétera.
Los estudios de Lagrange sobre la teoría de las
ecuaciones algebraicas son precursores de la futura teoría de grupos. Utilizó
tanto en álgebra como en análisis el algoritmo de las fracciones continuas
infinitas. Mediante la hoy llamada "fórmula de Lagrange" dio un
método para desarrollar en serie la raíz de una ecuación algebraica o
trascendente.
Nota complementaria
La identidad de Euler para los números primos.
El procedimiento mediante el cual Euler llega a esa
identidad puede dar idea de los métodos eulerianos. Parte de series de la forma
y multiplica miembro a miembro estas series para α
= α1, α2, α3 ...α n
Si se supone ahora que los α son números primos, en
los paréntesis del segundo miembro aparecerá, una y sólo una vez, cada número
entero n en virtud de la descomposición única de todo número
en producto de factores primos. Lo mismo ocurrirá si en lugar de tomar los
números primos se toman sus recíprocos o una potencia cualquiera de esos
recíprocos. En definitiva para z = 1:
donde el producto se extiende a la sucesión
indefinida de los números primos p. El segundo miembro para S complejo,
constituye la llamada función ζ de Riemann, con la cual puede demostrarse
rigurosamente la identidad anterior debida a Euler.
En cuanto a la conocida "fórmula de
interpolación de Lagrange" apareció en una memoria de astronomía de 1792,
pero volvió a publicarse en trabajos posteriores.
En análisis se ocupó en especial de funciones de
varias variables y de ecuaciones con derivadas parciales; le pertenece el
método de integración de ecuaciones diferenciales lineales llamado de la
"variación de las constantes".
La aplicación de las fracciones continuas a la
integración de ecuaciones diferenciales le permitió expresar, mediante una fracción
continua infinita, gran parte de las funciones elementales. Lagrange introdujo
el cálculo simbólico en el cálculo infinitesimal, llegando de manera puramente
simbólica a la fórmula sumatoria de Euler.
En 1797, estando Lagrange en París, se fundó en
esa ciudad la École Polytechnique, de la cual fue profesor durante algunos
años. Como resultado de sus cursos publicó la Théoríe des fonctions analytique,
de 1797, aunque la idea fundamental que la informa pertenece a una memoria de
1772, y Leçons sur le calcul des fonctions (1801), tratados en los que expone
los principios del cálculo infinitesimal de manera original, aunque no
rigurosa.
Con el propósito de evitar los infinitamente
pequeños o los incrementos evanescentes, y, al mismo tiempo, independizarlo de
toda consideración geométrica o mecánica, funda ese cálculo de manera
algebraica tomando como fórmula fundamental la serie de Taylor. Fundado sobre
tal desarrollo algebraico denomina "derivadas" (este nombre proviene
de Lagrange, así como la notación mediante ápices) a los coeficientes de aquél
y con esas "derivadas" desarrolla el cálculo en forma finita. En
cuanto al cálculo integral, lo considera inverso del cálculo de derivadas.
Nota complementaria
Las "derivadas" de Lagrange
Puede tenerse una idea del "método de las
derivadas" de Lagrange, reseñando algunas de sus demostraciones de ese
método.
a.
Derivada de
función de función. Si y = f(F(x)),
se tendrá, llamando como Lagrange i al incremento de la
variable,
Como por otra parte
por tanto, comparando el primero y último miembro,
se obtiene el resultado y' = f'F'.
b.
Regla de
L'Hôpital. Para calcular el valor de la función y = f(x)/F(x)
para x = a cuando f( a)
= F(a) = 0, Lagrange deriva el producto yF(x)
= f(x ) y de y'F(x) +yF'(x)
= f' obtiene, para x = a, y = f'/F'
Problema inverso de la tangente. Si y = f (x)
representa una curva que encierra el área F(x), el valor
de F(x + i) - F(x) estará comprendido
entre if (x) e if(x + i) = if( x)
+ i2f'(x + j ), utilizando el teorema
del valor medio que vuelve a utilizar en F(x + i)
= iF'( x) + - i2/2 F"(x + k)
por tanto, dividiendo por i, F'(x) +-F"(x + k)
debe estar comprendido entre f(x) y f(x) + if'(x
+ j), lo que exige que F'( x) = f(x).
Aunque tal "método de derivadas" no es
riguroso (el fundamento está sin fundamentar) fue mérito de Lagrange haber
asignado al teorema de Taylor la importancia que tiene en el análisis. Por lo
demás, se le deben dos formas del resto de la fórmula de Taylor, mediante las
derivadas y mediante las integrales.
Un intento semejante al de Lagrange, de eliminar
los infinitésimos y los límites, se debe al inglés John Landen quien, mediante
un "análisis de restos", trató de definir las derivadas dividiendo
los incrementos y anulando en el cociente el incremento variable. Este método,
tan poco riguroso como el de Lagrange, era en cambio más engorroso. Más
importantes son algunas investigaciones de Landen sobre las integrales
elípticas.
El "método de derivadas" de Lagrange
no dejo de encontrar objeciones entre sus contemporáneos, aunque pasaran
inadvertidas hasta la época de Cauchy. Entre los opositores cabe citar al
polaco Hoëné Wronski, que se ocupó de numerosas cuestiones de análisis. Hoy se
designan con el nombre de "wronskianos" ciertos determinantes funcionales.
Pero en verdad la matemática técnica no tenía para Wronski mayor importancia
frente a las ideas y el sistema filosófico subyacente, que expuso en numerosas
obras, una de las cuales es una refutación a la teoría de las funciones
analíticas de Lagrange. Del mismo modo, criticará más tarde las funciones
generatrices de Laplace. Es menos en nombre del rigor que en nombre de ese
sistema general y metafísico que Wronski, que no deja de ser un buen
algorítmico, refuta las pretensiones de Lagrange, quien en su Théoríe había
sostenido que ella "contiene los principios del cálculo diferencial
desprovista de consideración de infinitamente pequeños, de evanescentes, de
límites y de fluxiones, y reducida al análisis algebraico de cantidades
finitas".
La Mécanique Analytique de Lagrange, de 1788, es
una obra que hizo época. En ella la mecánica se considera, más que una ciencia
natural, una geometría de cuatro dimensiones (la cuarta dimensión es el
tiempo). Partiendo del principio de las velocidades virtuales y utilizando el
cálculo de variaciones, se erige el sistema íntegro de la mecánica, donde
aparecen el concepto de potencial y el principio de acción mínima, se
introducen las coordenadas generalizadas, etcétera. En 1810 Lagrange inició una
prolija revisión de su Mécanique, pero la muerte impidió completarla.
Obra semejante a la cumplida por Lagrange en
mecánica, desarrolló Pierre Simón Laplace en astronomía. Su Mécanique celeste
(cinco volúmenes aparecidos entre 1799 y 1825) comprenden todos los
descubrimientos realizados por Newton.
Clairaut, D'Alembert, Euler y Laplace mismo,
sobre la mecánica del sistema solar expuestos en forma totalmente analítica,
sin más datos de observación que los indispensables. Aún antes de la
publicación de la Mécanique, Laplace había abordado el problema del origen del
sistema solar, que expuso en un tratado de divulgación con un apéndice sobre la
historia de la astronomía: Exposition du systéme du monde, de 1796, donde
aparece la concepción conocida con el nombre de "hipótesis de la nebulosa”
o "hipótesis de Kant y Laplace", para aludir a una hipótesis
cosmogónica, semejante a la de Laplace, que Kant habla expuesto en 1755.
Una contribución importante de Laplace a la
matemática es el conjunto de investigaciones sobre el cálculo de probabilidades.
En 1812 reunió todos sus estudios sobre el tema en su Théorie analytique des
probabilités, cuya tercera edición de 1820 fue precedida por una introducción
(que también se publicó separadamente) con el título Essai
philosophique sur des probabilités, en el
que se expone la teoría sin fórmulas matemáticas escritas. En Théorie Laplace expone la teoría de las funciones
generatrices: son las funciones que desarrolladas en serie de potencias tienen
por coeficientes las familias de números o defunciones, de los que es
generatriz la función desarrollada. En el tratado teórico se utilizan los
recursos del cálculo infinitesimal, se introduce el principio de los cuadrados
mínimos y se analizan todos los problemas y las contribuciones de los autores
anteriores. Así se estudia, entre otros, el teorema de Bayes sobre la
"probabilidad de las causas”, enunciado en una memoria póstuma de Thomas
Bayes, y el problema "de la aguja", propuesto y resuelto por Buffon
en 1777.
Laplace es un matemático profundo, difícil de
leer, pues da los resultados sin exponer las etapas para llegar a ellos,
acompañadas a veces con un atormentador "il est facile de voir". Entre sus contribuciones originales pueden
citarse la generalización de las funciones esféricas, introducidas por
Legendre, y la generalización de la integral euleriana de segunda especie. En
sus estudios astronómicos utilizó el potencial (el nombre es de Green)
introducido por Lagrange, dando la ecuación de segundo orden con derivadas
parciales, hoy llamada de Laplace o Laplaciana, a que satisface la función
potencial, y que para dos variables ya era conocida por D'Alembert. Se le deben
además métodos de resolución de ecuaciones, de desarrollo de determinantes, de
aproximación de integrales definidas, etcétera.
De méritos ponderables, aunque inferiores a los
de Lagrange y Laplace, es el contemporáneo de ambos Aldrien Marie Legendre,
último de los grandes analistas del tipo de Euler o Lagrange, que alcanzó a
conocer y reconocer los méritos del nuevo grupo de analistas del siglo XIX del
tipo de Abel y Jacobi.
Las contribuciones más importantes de Legendre
se refieren a la teoría de números y al cálculo integral. Sus investigaciones
en el primer campo aparecen, en su forma más desarrollada, en Théoríe des
nombres de 1830, donde estudia la teoría de los números primos, las ecuaciones
indeterminadas, los restos potenciales. En ella aparece demostrada, por primera
vez (Euler la había enunciado sin demostración), la ley de reciprocidad de los
restos cuadráticos, esa "joya de la aritmética", como la calificó
Gauss. En los Exercices de Calcul Integral, cuya primera edición es de 1812, Legendre se ocupa
de las integrales eulerianas y de las integrales elípticas, expresiones que
hacen así su aparición en matemática y que, por inversión, dieron lugar a las
llamadas funciones elípticas, de manera que Legendre publicó una nueva edición
de su obra, con el título de Traité des Fonctions eüiptiques et
des intégrales eulériennes (1827-1832),
dando cabida en ella a las investigaciones de Abel y Jacobi.
Nota complementaria
Las integrales elípticas de Legendre
Después de haber conocido los trabajos de Fagnano,
Euler y Landen, Legendre demuestra que toda integral en la que aparece un
irracional cuadrático de un polinomio de cuarto grado, se puede llevar a la
forma
Que a su vez puede reducirse a una combinación de
una o más de estas formas típicas, las formas canónicas de Legendre.
Integral elíptica de primera especie
∫dφ/Δ(φ.
Integral elíptica de segunda especie
∫Δ(φ) d.
Integral elíptica de tercera especie
Integrando entre 0 u θ, y
haciendo c = sin α, Legendre calculó, para α
y θ de grado en grado, los valores de las integrales de primera y segunda
especie con 9 y 10 decimales. Entre las propiedades estudiadas por Legendre
figuran las relativas a la suma de las integrales elípticas para dos valores
distintos de la amplitud θ.
En sus estudios sobre la atracción de un
elipsoide de rotación aparecen los polinomios Pn, hoy llamados de Legendre, que Laplace generalizó
(son las llamadas funciones esféricas) y de los que Legendre dio algunas
propiedades, por ejemplo que constituyen una familia de funciones ortogonales.
Mucho éxito tuvieron sus Éléments
de géométrie de 1794, que se editaron
repetidas veces y fueron adoptados como texto en el continente y en los Estados
Unidos. Con Legendre aparece en la geometría el tratamiento de los teoremas
previo al de los problemas, mientras que en Euclides ocurre lo contrario, así
como la geometría adquiere esa fisonomía entre algebraica y geométrica que
caracterizó a la geometría elemental desde entonces. En un Apéndice trae notas
con algunas novedades: la trigonometría, la distancia mínima entre dos rectas
no coplanares, la demostración de la irracionalidad de ny de e, con la
observación profética de que "es probable que el número πno esté
comprendido entre los irracionales algebraicos, es decir que no sea raíz de una
ecuación algebraica de un número finito de términos y de coeficiente
racionales". Agreguemos que en conexión con las cuestiones de geometría
elemental, Legendre se ocupó también del postulado de las paralelas.
Otro matemático de este período que, además de
ocuparse de análisis (ya mencionamos la constante que lleva su nombre unido al
de Euler) se ocupó también de geometría elemental es Lorenzo Mascheroni, quien
en 1797 publicó una Geometría del Compasso, donde prueba que todas las construcciones
con regla y compás pueden realizarse con compás únicamente (sin radio fijo). En
general supone dado el centro, aunque expone una construcción con compás
únicamente para determinar el centro de una circunferencia dada. Las
construcciones de Mascheroni son ingeniosas y el autor sostiene que esas
construcciones son más exactas que las hechas con regla y compás. En realidad
no fue Mascheroni el primero que se ocupó de este tema en forma detallada, pues
el danés Georg Mohr (=Mohrendal) había publicado en 1672 un Euclides
danicus, donde figuran los mismos
resultados, pero este escrito no se difundió hasta 1928.
Nota complementaria
Una construcción de Mascheroni.
Sea bisecar, con compás únicamente, el arco AB de
la circunferencia de centro O. Con centros enA y
en B se trazan los arcos OC yOD, tomando
sobre ellos puntos C yD tales que OC = OD
= AB. Con centros en C y en D y
radio AC = DB se trazan los arcos AE y BE, que
determinan el punto E. Nuevamente con centros en C y
en D, pero ahora con radio OE, se trazan dos
arcos que determinan sobre la circunferencia el punto M que
será el punto medio del arco AB.
En efecto, sean 2c y f la cuerda
de AB y su distancia al centro. El segmento AC será
hipotenusa de un triángulo de catetos f y 3c (OC + 1/2
OD), por tanto
AC2 = 9c2 + f2 =
CE2 = 4 c2 + OE2;
OE2 = 5c2 +f2=
CM 2 = 4c2 + OM2;
OM2 = c2 +
f 2 = r 2,
siendo r el radio, por tanto el
punto M está sobre la circunferencia y por la simetría de la
figura será el punto medio de AB.
El estado del cálculo infinitesimal a fines del
siglo XVIII se pone de manifiesto en el gran tratado de otro francés, Sylvestre
François Lacroix, el Traité de Calcul Différentiel et Intégral en tres gruesos volúmenes aparecidos entre 1797
y 1800. El primer volumen se refiere al cálculo diferencial y a sus
aplicaciones geométricas. Aunque utiliza el método de Lagrange no excluye el
uso de límites. En las aplicaciones geométricas hace su aparición la expresión
"geometría analítica".
... He deseado mostrar a los lectores que existe
una manera de enseñar la geometría analítica, que consiste en deducir las
propiedades de la extensión del menor número de principios y por procedimientos
puramente analíticos como lo hizo Lagrange... ".
También aparece el estudio de las curvas
mediante las coordenadas intrínsecas, "... cantidades
absolutamente inherentes a la curva propuesta".
El segundo volumen, dedicado al cálculo Integral
con cálculo de variaciones, trae la distinción entre integral definida e
indefinida y las definiciones respectivas. El tercer volumen se ocupa
exclusivamente de diferencias y de series.
Se debe también a Lacroix una colección de obras
didácticas de matemática que incluye todas las ramas de esta ciencia y hasta un
tratado de didáctica matemática. Entre estos tratados didácticos figura
un Traité élémentaire de Calcul différentiel et intégral, que se tradujo al inglés en 1816, agregándosele en
1820 dos volúmenes de ejercicios.
Esta traducción significó el fin del ostracismo
de los analistas ingleses y el abandono de la notación fluxional, adoptándose
la notación y los métodos de los matemáticos continentales. Los traductores del
Lacroix y promotores del movimiento fueron los tres jóvenes ya mencionados que
en 1813 fundaron en Cambridge la "Analytical Society": John F. W. Herschel, hijo del célebre
astrónomo y astrónomo él mismo, aunque se ocupó también de matemática; Charles
Babbage, conocido por sus inventos de máquinas analíticas, y George Peacock,
probablemente el más matemático del grupo.
Nota complementaria
El " Álgebra" de Peacock
AtreatiseonÁlgebra (1830, segunda edición en dos volúmenes, 1841-1842) es una obra
importante, en la que se estudian los fundamentos del álgebra y se acentúa su
carácter simbólico. Con el nombre de "principio de permanencia de las
formas equivalentes" enuncia un principio que anticipa el futuro
"principio de permanencia de las leyes formales" de Hankel, de 1867,
que constituyó el principio director del análisis algebraico. El tratado de
Peacock incluye, además, todos los progresos realizados hasta entonces en el
campo del álgebra, agregando "aplicaciones a la geometría de
posición", es decir, la trigonometría. Comprende aritmética, combinatoria,
teoría de números, algoritmo algebraico, expresiones imaginarias, teorema del
binomio, raíces de la unidad, aplicaciones de la fórmula de De Moivre, series
exponencial y logarítmica y de las funciones circulares, logaritmos,
descomposición en fracciones parciales, eliminación, ecuaciones de tercero y de
cuarto grado. En el apéndice menciona el trabajo de Abel sobre la imposibilidad
de resolver las ecuaciones algebraicas de grado superior al cuarto, y lo
comenta con algún escepticismo.
El renacimiento de la geometría y el nacimiento de la física matemática.
" ...Hoy la geometría no
está de moda, y para pasar por científico hay que hacer ostentación del
análisis ", se expresa con cierta
melancolía Amédée François Frézier, uno de los pocos autores que se ocuparon de
geometría en la primera mitad del siglo XVIII. Su Traité de
Stérétomie a l'usage de l’Architecture de
1737, no obstante su finalidad práctica, estudia en forma científica las curvas
situadas sobre las superficies y los métodos para representar los sólidos y sus
curvas sobre un plano.
Pero a fines de siglo la geometría pura vuelve
por sus fueros y mientras continúa siendo estudiada con los recursos del
análisis, nacen nuevas ramas de la geometría en las que el análisis no tiene ya
cabida. Tal es el caso de la geometría descriptiva, que nace ya con este nombre
en 1795, gracias a los esfuerzos de Gaspard Monge y en la que se da unidad y
jerarquía científica a aquella serie de procedimientos nacidos hacia fines del
siglo XV para otorgar a los artistas y arquitectos normas para la mejor
realización de sus obras. En su Géométrie Descríptive, Monge utiliza el método que lleva su nombre con el
cual pueden representarse en un plano las curvas, las superficies y sus
relaciones mutuas, mediante dos proyecciones ortogonales de aquellas sobre dos
planos perpendiculares entre sí, método que, como dijimos, tiene un lejano
precursor en Dürer.
Con su método, Monge estudia en su tratado los
principales problemas gráficos concernientes a los puntos, rectas, planos,
superficies cónicas, cilíndricas, de rotación y regladas. Pero no se limitó a
representar las curvas y superficies mediante su método de proyección, sino que
utilizó los recursos del análisis para estudiar nuevas propiedades de las
figuras geométricas, invirtiendo en cierto modo el proceso de la época que
consistía en tomar figuras como pretextos para estudios analíticos.
Tales estudios de Monge, que inauguran la
llamada "geometría diferencial", y los que dedicó en especial a las
curvas alabeadas y a las superficies desarrolladles, aparecieron en sus Feuilles
d'Analyse appliquée a la Géornétrie de
1809, título que cambió en ediciones posteriores.
Monge fue un gran maestro, de manera que un
numeroso grupo de discípulos continuó su obra. Así, Jean-Baptiste Meusnier, a
quien se debe el teorema que hoy lleva su nombre acerca de la relación entre la
curvatura de una sección oblicua y la sección normal en un punto de una
superficie. Así, Charles Dupin que al seguir las huellas de su maestro
estableció una nueva teoría de la curvatura de las superficies. Así, Charles J.
Brianchon que, solo o en colaboración con Poncelet, se ocupó de las cónicas en
cuyo estudio dejó un teorema que lleva su nombre correlativo del de Pascal.
Discípulo de Monge fue también
Lazare-Nicolas-Marguerite Carnot, que además de sus actividades civiles y
militares, se ocupó de matemática. En 1797 hizo conocer su obra Réfléxions
sur la Métaphysique du Calcul Infinitésimal,
donde entre otras reflexiones aparece la inconsistente tesis, ya esgrimida por
Berkeley, de que si, no obstante sus imperfecciones, los conceptos
infinitesimales no conducen a resultados erróneos, se debe a que los errores
que se cometen se compensan y se anulan. Luego Carnot se dedicó a la geometría
y publicó De la correlation des figures de Géométrie (1801) y Géornétrie de position (1803), aunque
en estos títulos los términos "correlación" y "geometría de posición"
no tienen el significado geométrico que luego se les asignó. En estos dos
trabajos Carnot intenta, sin lograrlo, introducir un algoritmo capaz de
representar al mismo tiempo la posición y la magnitud de las figuras, mediante
interpretaciones de signos. Más feliz es con su Essai sur la
théorie des transversales (1806) donde
aparece el concepto de "cuadrilátero completo" y el importante
resultado: un conjunto de n rectas en un plano o una poligonal alabeada de n
lados o una poligonal esférica de n arcos de círculo máximo puede considerarse
como una curva de orden n. Cabe decir que con Carnot se inicia el estudio de
las propiedades generales de las figuras que iba a constituir muy pronto el
nuevo cuerpo de doctrina geométrica denominado "geometría proyectiva".
En tal sentido, y por su vinculación con la
escuela de Monge, debe citarse a Jean Víctor Poncelet que, al regresar a
Francia después de varios años de cautiverio en Rusia, hizo conocer en 1820
su Essai sur les propriétés projectives des sections coniques, que dos años después reprodujo ampliado como Traité
des propríétés projectives des figures.
La definición de Poncelet de las propiedades
proyectivas como aquellas propiedades que se conservan cuando la figura se
somete a proyecciones y secciones, ya encierra los conceptos de invariancia de
las propiedades gráficas que había creado Desargues, y que son fundamentales en
la actual geometría proyectiva.
En su tratado Poncelet expone la teoría de la
polaridad respecto de una cónica o de una cuádrica, la homología plana y su
extensión al espacio con el nombre de "perspective relief”, y utiliza proyecciones centrales, ya no como hacia
Monge según una dirección fija.
Como consecuencia de la teoría de la polaridad,
de las "polares recíprocas”, como las llama Poncelet, aparece el
"principio de dualidad" según el cual a cada propiedad geométrica
entre ciertos elementos, corresponde otra propiedad, la llamada correlativa o
dual, entre otros elementos. Así, en el plano a propiedades (gráficas) de los
puntos corresponden propiedades de rectas y recíprocamente.
Poncelet utilizó en sus trabajos el
"principio de permanencia o continuidad indefinida de las leyes
matemáticas de las magnitudes variables por sucesiones insensibles",
principio que, con el nombre de "principio de las relaciones contingentes",
provenía de Monge y adoptó con Gergonne y Poncelet el poco adecuado de
"principio de continuidad". Con este principio, ya aplicado
parcialmente por Kepler y Desargues, se introducían en la geometría los
elementos impropios y los imaginarios y se extendían las propiedades
demostradas para elementos reales o propios a los casos en que esos elementos
se convertían en imaginarios e impropios. Por ejemplo, las propiedades de los
puntos de la secante común a dos circunferencias, el llamado "eje
radical", se extendían sin más al caso en que la recta fuera tangente
común o exterior a ambas circunferencias.
El "'Principio de dualidad", como el
de "continuidad", motivaron polémicas y discusiones. El
"principio de dualidad" motivó una controversia entre Poncelet y
Joseph Díaz Gergonne respecto de su prioridad. En realidad Poncelet lo habla
señalado en la polaridad; Gergonne, que le dio el nombre, advirtió su alcance
general, y es con Gergonne que se inicia la costumbre de disponer los teoremas
correlativos en dos columnas. Un progreso resultante de la controversia fue la
distinción entre orden y clase de una curva.
En cuanto al "principio de
continuidad", Gergonne no le concedía sino un valor heurístico. Por lo
demás, la Comisión relatora del Essai de Poncelet, que había presentado el
trabajo al "Instituí", formada por Cauchy, Poisson y Arago había
manifestado sus dudas acerca de la aplicabilidad general del principio.
Además de su labor como geómetra, fue mérito
indiscutible de Gergonne el de haber fundado y dirigido (aunque no fue un
director ejemplar) la primera publicación periódica dedicada exclusivamente a
la matemática: los " Anuales des Mathématiques”, más conocidos como los "Anuales de
Gergonne", aparecidos en Nimes desde 1810 basta 1832 y que durante casi 15
años fue la única revista matemática que se publicaba en el mundo. Cuando dejó
de aparecer, ya el intento había dado sus frutos pues en la primera mitad del
siglo XIX aparecieron las siguientes publicaciones periódicas consagradas
parcial o totalmente a la matemática: “ Correspondence
mathématique et physique’’, aparecida en
Bruselas entre 1824 y 1839, cuyo principal director fue Adolphe Quételet,
matemático, astrónomo y estadígrafo; el célebre y más que centenario "Journal
fur reine und angewandte Mathematik",
más conocido como el " Journal de Crelle", fundado en Berlín en 1826 por el geómetra A.
L. Crelle; el "Journal de Mathématiques purés et appliquées" que reemplazó en Francia a los "Anuales
de Gergonne", fundado por Joseph
Liouville en 1836 ... Es imposible continuar la lista, a mediados de este siglo
el número de periódicos que contienen artículos de matemática debe superar el
millar, mientras que las sociedades matemáticas, que también comienzan a
aparecer en la segunda mitad del siglo XIX, llegan al medio centenar.
Así como en los últimos años del siglo XVIII,
por obra de Monge, la geometría adquiere nueva vida, en esa misma época y por
obra de otro científico francés, Joseph Fourier, nace una nueva rama de la
ciencia natural íntimamente vinculada con la matemática: la llamada física
matemática, en la que siguiendo las huellas de Lagrange y de Laplace se
estudian los problemas físicos mediante los recursos del análisis infinitesimal
con el mínimo indispensable de hipótesis físicas.
En este sentido la obra más importante de
Fourier es su memoria de 1822, La Théoríe Analytique de la Chaleur, algunos de cuyos resultados ya
habían sido presentados en 1807. Con esa memoria entran en el análisis las
series trigonométricas, hoy llamadas "series de Fourier” con la importante
extensión del concepto euleriano de función, al admitir que mediante tales
series pueden representarse funciones arbitrarias, y con la introducción de los
primeros problemas en que la integral de una ecuación con derivadas parciales
se fija mediante condiciones de contorno.
Nota complementaria
Un problema de Fourier
Prescindiendo de la parte física, uno de los
problemas del calor que trata Fourier consiste en determinar una integral de la
ecuación diferencial de segundo orden
Que cumpla las siguientes condiciones.
Para cualquier y, t = 1 para x =
0.
Para cualquier x, t = 0 para y =
± π/2 = 0 también para x →∞.
Fourier comienza considerando t de la forma F(x)f(y),
de donde
que exige, por ser x e y independientes,
y constantes, de ahí que una integral de la ecuación esté representado por una
serie de términos de la formaamemx cos my, de
donde m y am son constantes a determinarse, de
acuerdo con las condiciones de contorno.
La condición c) exige que m sea negativo y la b) que sea
impar, de ahí que la solución sea de la forma
t = a1e-x cos y + a3e-3x cos
3y + a5e-5x cos
5y +...
debiendo los coeficientes satisfacer la condición
a), de manera que
t = a1 cos y + a3 cos 3y + a5 cos
5y +… = .
Que es una serie de Fourier.
Aunque Fourier ha dado también la fórmula para calcular los coeficientes
mediante integrales definidas, en este ejemplo procede de manera más inductiva.
En la serie anterior y en las que logra mediante derivaciones sucesivas,
hace y = 0 y obtiene un sistema de ecuaciones lineales cuyas
incógnitas son los coeficientes. Tomando un número finito de ecuaciones da con
la ley de formación de los coeficientes, pasando al límite y aplicando el
teorema de Wilson, llega finalmente a encontrar sus valores
Y de ahí la integral buscada:
Más tarde, con la teoría de las funciones
analíticas, se encontró como solución de la ecuación de Fourier
El punto débil del estudio de Fourier, que en
esa época en verdad afectaba a todo el estudio de las series, es el que se
refiere a su convergencia.
A otro capítulo de la matemática dedicó Fourier
gran parte de su actividad científica: el estudio de las ecuaciones, cuyos
resultados aparecieron en un tratado póstumo: Analyse des
equations determinées de 1831. En este
libro, entre otras cuestiones de aritmética y de álgebra exacta y aproximada,
figura el ya mencionado perfeccionamiento del método de Newton para aproximar
las raíces reales, en el que en verdad Fourier había sido adelantado por el
académico marsellés J. Raymond Mourraille, quien lo había anunciado en 1768, y
un método de separación de las raíces reales, aproximado; fundado en el teorema
a veces llamado de Budan-Fourier, pues el médico francés F. D. Budan lo había
enunciado sin demostración en 1807, época en la cual Fourier ya lo enseñaba a
sus alumnos de la Politécnica.
Más cuando apareció el libro de Fourier el
problema de la separación de las raíces reales estaba resuelto en virtud del
teorema de Sturm, publicado en 1829 pero demostrado en 1835, por Jacques
Charles F. Sturm, quien manifiesta que su descubrimiento es el resultado de las
investigaciones de Fourier sobre el tema, que había conocido en manuscrito.
Se ocuparon de física matemática Jean-Baptiste
Biot, autor de uno de los primeros textos de geometría analítica; Thomas Young
y Augustin Fresnel, que aplicaron, en especial el segundo, el análisis
matemático a la teoría ondulatoria de la luz, logrando imponerla frente a la
corpuscular (mencionemos que con los estudios ópticos de Fresnel se vinculan
integrales que hoy llevan su nombre); André-Marie Ampère, célebre por sus
investigaciones en el campo del electromagnetismo, aunque también se le deben
contribuciones exclusivamente matemáticas; Simeon Denis Poisson, que se ocupó
de numerosas cuestiones de física matemática, así como de cálculo de
variaciones, de diferencias finitas y de cálculo de probabilidades. Poisson
extendió la ecuación de Laplace de la función potencial al caso en que el punto
extraído por la masa sea un punto cualquiera y no un punto exterior, que fue el
caso tratado por Laplace. El primero que aplicó la función potencial fuera de
la gravitación, dándole este nombre y extendiéndola a problemas de electricidad
y de magnetismo, fue George Green, a quien se debe la importante transformación
de integrales, hoy denominada "teorema de Green", que hizo conocer en
1828, pero que por la escasa tirada del trabajo se difundió tan poco que el
teorema fue redescubierto por otros, entre ellos Gauss, de ahí que a veces es
con este nombre que se une el teorema. De los últimos físicos matemáticos
nacidos en el siglo XVIII citemos a Gabriel Lamé que realizó contribuciones
matemáticas en conexión con sus trabajos sobre la teoría del calor y de la
elasticidad. Se le debe la introducción de las coordenadas curvilíneas, el
estudio de una familia de curvas y de superficies que llevan hoy su nombre y se
ocupó de teoría de números, demostrando el teorema de Fermat para n = 5, 7.
Capítulo 10
El siglo XIX
Contenido:
La matemática y el siglo XIX
Las geometrías no euclidianas
La aritmetización del análisis
Teoría de números y geometría sintética
Las aplicaciones de /a matemática
La matemática y el siglo XIX
En líneas muy generales, tres rasgos
caracterizan la matemática del siglo XIX. En primer lugar, al compás del gran
desarrollo científico y tecnológico del siglo, preludio de la explosión del
siglo actual, la matemática, como las demás ciencias, muestra una fecundidad
asombrosa que se revela en el gran incremento del número de científicos y de
trabajos, en la creación de sociedades y revistas especializadas, en la
celebración de reuniones nacionales e internacionales. La segunda mitad del
siglo asiste a la iniciación de las reuniones internacionales en casi todos los
campos del saber científico: los matemáticos no fueron de los primeros en
reunirse; con todo el primer congreso internacional de los matemáticos
pertenece al siglo: Zurich, 1897.
El siguiente dato puede dar idea de la
fecundidad científica, en materia de matemática, del siglo XIX: la historia de
la matemática más detallada y extensa es aún la de M. Cantor, cuyos cuatro
gruesos volúmenes abarcan la historia de esta ciencia desde sus comienzos hasta
todo el siglo XVIII; sobre la base de ese tratado se ha calculado que el
desarrollo de la matemática del siglo XIX, con igual detalle y extensión,
insumiría catorce volúmenes del grosor de los de Cantor, lo que equivale a decir
que los progresos realizados durante el siglo XIX triplican con exceso los
progresos realizados durante, digamos, los 40 siglos anteriores.
Estos progresos explican e implican el notable
cambio que desde el primer tercio del siglo experimenta la matemática en su
estructura íntima al conferirle, como segundo rasgo característico, una unidad
y una autonomía que en cierto sentido había perdido desde los tiempos
helénicos. En efecto, a comienzos del siglo XIX la matemática se presenta como
un vasto conjunto de conocimientos distribuido en varias ramas aparentemente
distintas: aritmética y teoría de números; geometría elemental, geometría
analítica y geometría descriptiva, álgebra y cálculo infinitesimal,
circunstancia que justifica que se siga empleando el término, hoy anticuado, de
"matemáticas". Esas diferentes ramas mostraban a su vez distintas
modalidades. La aritmética ofrecía un conjunto de reglas supuestas intangibles:
en el habla popular la expresión: "el orden de los factores no altera el
producto" y otras semejantes, eran los paradigmas de las verdades
absolutas. Por su parte la teoría de números que desde el siglo XVII había
encontrado excelentes cultores, no consistía sino en problemas particulares,
cuya generalización conducía con frecuencia a complicaciones; piénsese en el
"teorema de Fermat". En cuanto al álgebra, fuera de algunas
cuestiones de índole algorítmica, a comienzos del siglo XIX su problema
central, la solución de las ecuaciones algebraicas, se encontraba frente al
escollo aparentemente infranqueable de las ecuaciones de quinto grado o
superior.
Modalidades distintas presentaban las
propiedades geométricas. Aunque algo contaminadas por los procesos y recursos
algebraicos, seguían impregnadas de la atmósfera de la geometría griega. Pero
esa atmósfera ya no tenía vigencia en el siglo XIX, de ahí que esas propiedades
adquirieran un aire de seres anfibios; por un lado se estudiaban a la manera
griega "con la inteligencia pura", como entes abstractos habitantes
de un mundo platónico de ideas, pero por el otro, a los ojos de los hombres
habituados al método experimental, esas figuras geométricas y esas propiedades
eran como seres naturales, vinculados con el mundo exterior, no meras imágenes
de entes ideales, sino seres reales, visibles y palpables, encadenados a los
fenómenos naturales.
Puede llamar la atención esta permanencia, en el
campo de la geometría, de la atmósfera griega y el estancamiento durante
siglos, de las notas que esa atmósfera implicaba, sobre todo si se compara este
hecho con los avances experimentados por las otras ramas de la matemática. Más
hay que tener en cuenta, por una parte, que la obra de los geómetras griegos se
presentaba con una perfección difícil de superar y, por la otra, que a partir
del Renacimiento los gustos y las tendencias de los matemáticos se orientaron
casi exclusivamente hacia los métodos analíticos que, mediante las coordenadas
o los recursos infinitesimales, ofrecían reglas más cómodas, casi mecánicas,
que permitían resolver no sólo los problemas de la geometría tradicional sino
otros que trascendían las posibilidades de los griegos. Si se agrega que el
Euclides seguía siendo el texto fundamental en la enseñanza de la matemática
elemental, cabe concluir que a comienzos del siglo XIX las propiedades de las
figuras geométricas, que enseñaba la geometría griega, y la vinculación de esas
figuras con el mundo exterior se habían convertido en un hábito mental.
En cambio seguían rozagantes, a comienzos del
siglo XIX los métodos infinitesimales sistematizados por Euler y aplicados con
éxito por Lagrange y Laplace en el siglo XVIII.
Sin embargo, desde el punto de vista
estrictamente matemático, esos métodos continuaban "en el aire", sin
fundamentos sólidos, no obstante los esfuerzos que se habían hecho para
sustituir por conceptos más precisos aquellos vagos infinitamente pequeños que
eran cero y no eran cero, aquellos incrementos evanescentes que actuaban ya
como cantidades finitas, ya como valores nulos.
Nuevamente podría llamar la atención que en la
ciencia deductiva por antonomasia se aceptara durante casi dos siglos que una
rama tan importante como el cálculo infinitesimal descansara sobre bases tan
débiles y discutibles. La explicación de esta aparente paradoja ha de verse en
la atmósfera científica que predominaba al organizarse los métodos
infinitesimales en el siglo XVII. Tales métodos no habían surgido entonces en
virtud de exigencias internas, como había ocurrido en la antigüedad cuando
Arquímedes aplica esos métodos en forma rigurosa al proseguir el estudio de las
cuadraturas y cubaturas de las figuras geométricas, sino que habían nacido
apremiados por circunstancias externas: el dinamismo general de la época y, en
particular, la conciencia de la utilidad y el poder que confería el
conocimiento de las leyes naturales y la comprobación de que los métodos
infinitesimales, por endebles que fueran sus fundamentos, facilitaban aquel
conocimiento logrando resonantes triunfos, de ahí que ante el éxito de sus
aplicaciones se descuidara el análisis de aquellos fundamentos y se cerrara un
ojo ante su endeblez.
Ese éxito no sólo dejaba en la penumbra el valor
del cálculo infinitesimal por sí mismo, sino que traía a primer plano un lazo
más que ataba la matemática con el mundo exterior. El siglo de las luces con su
"naturalismo" consolidará esos lazos, que la filosofía kantiana
remachará al relacionar las verdades matemáticas con los conceptos metafísicos
de tiempo y de espacio.
De ahí la configuración de este rasgo de la
matemática de comienzos del siglo XIX: su sometimiento a las formas del mundo
exterior y su carácter de "doncella de la ciencia natural".
Un tercer rasgo que puede señalarse en la
matemática del siglo XIX es el cambio que experimentará en sus fundamentos
durante la centuria. Acentuada su autonomía, hacia el último cuarto del siglo
comienzan a prevalecer conceptos, en parte nacidos durante su transcurso, que
prefiguran una nueva matemática que ha de estructurarse en este siglo, pudiendo
señalarse la década del 80 como fecha fronteriza, según expresión de Rey
Pastor, entre una matemática clásica y una matemática moderna o, más
simplemente, entre dos maneras de fundamentar la matemática, típicas del siglo
XIX y del siglo XX.
Las geometrías no euclidianas
El advenimiento de las llamadas geometrías no
euclidianas, ocurrido en la primera mitad del siglo, representa el grito
inicial de independencia de la matemática y de la proclamación de su autonomía
frente al mundo exterior. Con estas nuevas geometrías se vincula la figura de
uno de los grandes científicos de la primera mitad del siglo: el alemán Gauss,
astrónomo, físico, geodesta, pero sobre todo matemático, con quien se inicia
también la pléyade de matemáticos alemanes que ha de llenar todo el siglo.
De los matemáticos alemanes anteriores a Gauss,
cabe citar a Johann Friedrich Pfaff, que se ocupó de ecuaciones con derivadas
parciales y de determinantes, y la llamada escuela combinatoria cuyo adalid fue
Cari Friedrich Hindenburg, que hacía de los polinomios finitos e infinitos la
piedra angular del análisis matemático, tomándolos empero formalmente, sin
preocuparse en absoluto de su convergencia o divergencia.
De manera distinta actuará Gauss que introduce,
o reintroduce, en la matemática lo que desde entonces se ha dado en llamar el
rigor, vale decir, la estricta obediencia a las reglas de la deducción.
La labor matemática de Gauss se extendió a casi
todas las ramas, en especial se dedicó a la teoría de números y a la geometría
diferencial.
Muchos de los descubrimientos de Gauss fueron
realizados por él mucho antes de su publicación, y quedaron registrados y
fechados en una "libreta de apuntes" que llevó desde 1796 hasta 1814,
y que se encontró entre sus papeles póstumos. El primer descubrimiento que
anota es la construcción del eptadecágono con regla y compás.
Ya en su tesis de doctorado de 1799 Gauss aporta
una contribución básica a la matemática, con una primera demostración del
"teorema fundamental del álgebra"; todo polinomio algebraico de una
variable se anula por lo menos una vez para un valor real o imaginario de la
variable. En esa memoria, afirma sin demostración que no es posible resolver
algebraicamente la ecuación de quinto grado.
Dos años después Gauss publica sus Disquisitiones
Aríthmeticae que hace época en la
teoría de números, rama a la que Gauss se dedicó desde muy joven. En las Disquisitiones, Gauss estructura sistemáticamente el estudio de
las "congruencias" y de la teoría de los restos cuadráticos; estudia
asimismo la resolución algebraica de las ecuaciones, binomias y llega al
notable resultado anexo de la posibilidad de construir con regla y compás los
polígonos regulares cuyo número de lados es primo y de la forma 22 + 1.
Entre otras cuestiones aritméticas tratadas por
Gauss figuran las hoy llamadas "sumas de Gauss" y la extensión de la
teoría de los restos a los bicuadráticos, en conexión con la cual introduce los
"números complejos enteros". Se inicia así la introducción
sistemática de los números complejos en matemática y su representación gráfica,
hoy en uso, que Gauss publica en 1831, aunque parece que estaba en posesión de
ella desde 1799. Esa representación fue encontrada independientemente por el
danés Cari Wessel, quien la publicó en 1797, y por el suizo Jean Robert Argand
que la hizo conocer en 1806.
Gauss fue un calculista extremadamente hábil y
rápido; realizaba divisiones para descubrir periodos de centenar de cifras y se
le debe la primera tabla, en 1812, de "logaritmos de adición", cuya
idea inicial fue sugerida en 1803 por el, físico italiano Giuseppe Zecchini
Leonelli.
En 1827 aparecen las Disquisitiones
generales circa superficie curvas, en
las que se funda el estudio de la geometría diferencial de las superficies,
encaradas éstas “no como el límite de un sólido, sino como un sólido flexible e
inextensible, una de cuyas dimensiones está obligada a desvanecer”. En sus
estas Disquisitiones, Gauss
introduce los conceptos de representación esférica, de coordenadas curvilíneas
sobre una superficie, de elemento lineal de aquélla mediante una forma
cuadrática de sus diferenciales, de líneas geodésicas, de curvatura total,
etcétera.
Con Gauss se inicia el estudio estrictamente
riguroso de las series, en conexión con la serie "hipergeométrica",
que lleva su nombre, y proporciona, como casos particulares, el desarrollo en
serie de numerosas funciones. En el estudio de esta serie, aparecido en 1811,
Gauss introduce sistemáticamente el concepto de convergencia y generaliza al
campo complejo la función n(z) = z!, ya extendida al campo real por Euler. El
concepto de límite infinito potencial, como único admisible en matemática, lo
formula claramente Gauss al decir: "Me opongo, al uso de las magnitudes
infinitas como de algo completo que en matemática jamás se permite. El infinito
no es sino una façon de parler,...".
Entre otras contribuciones analísticas de Gauss,
pueden mencionarse el descubrimiento, independientemente de Abel y Jacobi, de
la doble periodicidad de las funciones elípticas, el método de los cuadrados
mínimos y la ley de distribución de los errores de observación, un método de
integración aproximada que logra la máxima aproximación con el mismo número de
coeficientes, etcétera.
Por último, Gauss fue uno de los descubridores,
de las geometrías no euclidianas, nombre que le pertenece.
En realidad, los primeros intentos en este
sentido provenían del siglo anterior. Gerolamo Saccheri en 1733, año de su
muerte, hace conocer un Euclides... vindicatus, cuyo objeto era demostrar la verdad del Quinto
postulado de los Elementos, y
sus consideraciones lo hubieran llevado al descubrimiento de las nuevas
geometrías si aquel objeto preconcebido no se lo hubiera impedido. En esas
consideraciones Saccheri parte de un cuadrilátero "birrectángulo
isósceles", es decir un cuadrilátero ABCD tal que AB y DC son iguales y perpendiculares a BC. Demuestra, sin recurrir al postulado de las paralelas,
que los ángulos en A y
en D son iguales, y
encara la triple posibilidad de ser esos ángulos, ambos rectos, obtusos o
agudos. Pero como Saccheri se propone "reivindicar" a Euclides, se
esfuerza en demostrar, y según él lo logra, que las hipótesis de los ángulos
obtuso y agudo conducen a absurdos con lo que, resultando que el
cuadrilátero ABCD ha de
ser un rectángulo, queda demostrado el quintó postulado. Mientras que la
demostración de ser absurda la hipótesis del ángulo obtuso la logra Saccheri
con relativa facilidad, la cuestión se complica al tratar la hipótesis del
ángulo agudo, aunque en sus últimas proposiciones llega a la conclusión de que
esa hipótesis "es absolutamente falsa porque repugna a la naturaleza de la
línea recta" pues en tal caso "una oblicua... y una perpendicular
a AB tendrían una
perpendicular común en un punto común en el infinito...". Sólo el
preconcepto de demostrar que el postulado de Euclides era verdadero pudo
hacerle aceptar teorema tan poco geométrico. "He comenzado a escribir
algunos resultados de mis meditaciones sobre este asunto que se remontan en parte
a cuarenta años...", aunque el año siguiente, enterado del trabajo de
Bolyai, abandona ese propósito. Los apuntes encontrados entre sus papeles
comprueban que proyectaba escribir una Geometría no euclidiana, convencido de
que la prescindencia del postulado de las paralelas no conducía a ninguna
contradicción, "aunque a primera vista muchos de sus resultados ofrecían
un aspecto paradójico". Entre esos resultados figura la existencia en esa
geometría de una unidad absoluta para los segmentos, razón por la cual tanto
Lambert como Legendre habían rechazado tal geometría. Con esa unidad estaba
vinculada una constante indeterminada que al crecer infinitamente convertía al
sistema geométrico en el sistema euclídeo.
Semejantes conclusiones, pero independientes de
las de Gauss, fueron algunas noticias que en 1818 el jurista Ferdinad Karl
Schweikart remitió a Gauss, así como las de un sobrino de éste, Franz Adolf
Taurinus, que en 1824 se había ocupado de la cuestión, inspirado en las
observaciones de Schweikart y de Gauss, y había desarrollado las fórmulas que
correspondían a la geometría fundada en la hipótesis del ángulo agudo de
Lambert, que obtenía con sólo sustituir, en las fórmulas de la trigonometría
esférica, el valor del radio por un número imaginario puro. En esa geometría,
que Taurinus llamó "geometría logaritmo-esférica" (al pasar del radio
real al imaginario las funciones circulares se transforman en hiperbólicas que,
a su vez, son combinaciones de exponenciales, inversas de la logarítmica),
aparecía la constante de Gauss que, al variar de valores reales a imaginarios
pasando por el infinito, permitía pasar de la geometría esférica a la nueva
geometría pasando por la euclidiana. Pero Taurinus, aun reconociendo la
compatibilidad lógica de las proposiciones de esta geometría
logaritmo-esférica, no admitía su validez en el plano pues, impregnado de la
verdad absoluta de la geometría de Euclides y de las ideas entonces dominantes
de la filosofía de Kant, que hacía del espacio euclidiano una intuición
pura a priori, veía
precisamente en la indeterminación de esa constante un argumento en contra de
una geometría que reputaba única y absoluta.
En cambio llegaron, como Gauss pero
independientemente de él, a la conclusión de que podía erigirse un sistema
geométrico, prescindente del postulado de las paralelas, dos matemáticos de
países que hasta entonces no hablan contribuido al progreso de la matemática:
Janos Bolyai, húngaro, y Nicolaus Ivanovich Lobachevski, ruso.
J. Bolyai fue hijo de Wolfgang Bolyai, también
matemático y condiscípulo de Gauss, y es precisamente como apéndice del primer
volumen de una obra didáctica del padre que aparece en 1832 la Ciencia
absoluta del espacio de J. Bolyai,
quien en apenas 16 páginas expone "un universo creado de la nada",
como él mismo se expresa. Bolyai da el nombre de "geometría absoluta"
a sus consideraciones porque se refieren a propiedades geométricas
independientes del postulado de las paralelas que son entonces teoremas o
verdades absolutas, válidas tanto para la geometría ordinaria como para la
geometría más general que él ha construido. Así, por ejemplo, las fórmulas de
la trigonometría esférica son fórmulas absolutas, pues pueden deducirse
independientemente del postulado de las paralelas.
La exposición de Lobachevski es muy semejante,
aunque más constructiva. Su primer trabajo es de 1829, pero se ha perdido,
mientras que en 1836 aparecen en ruso sus Nuevos elementos de
geometría con una teoría completa sobre las paralelas, obra que pasa inadvertida y de la cual da en 1840 un
resumen en alemán, mientras que en 1855, año anterior a su muerte y casi ciego,
dicta la exposiciones, completa de su teoría en ruso y en francés: Pangéométrie
des Précis de Géamétrie fondée sur une théorie générale et rigoureuse des
paralléles. En esa Pangéométrie Lobachevski parte del punto, de la circunferencia y de
la esfera como entes fundamentales, de los cuales deduce la recta y el plano;
define luego como "paralela a una recta dada por un punto dado a la recta
límite que entre las situadas en el mismo plano que pasan por el punto y del
mismo lado de la perpendicular bajada del punto a la recta, separa las rectas
que cortan a la dada de las que no la cortan". Luego, en forma puramente
analítica (en la Pangéométrie no
hay figuras) desarrolla toda la trigonometría de esta geometría imaginaria.
La identidad de los resultados logrados por
Schweikart, Taurinus, Gauss, Lobachevski y Bolyai puede comprobarse si se
considera que en todos ellos el núcleo central de los desarrollos analíticos es
la expresión
donde α es un segmento cualquiera y π(α) es el
llamado "ángulo de paralelismo" correspondiente al segmento α, es decir,
si AB = α y Bc una perpendicular, el ángulo
π(α) es el ángulo que forma la paralela a BC por A y k
es la constante de Gauss, que en sus desarrollos Lobachevski toma
igual a la unidad. Para π(α) = 45°, α es la constante de Schweikart, que
Taurinus calculó; para k →∞ y π(α) = 90° estamos en el caso de
la geometría euclidiana de paralela única y de ángulo de paralelismo
independiente de α. Si k pasa de real a imaginario, las
fórmulas de la geometría no euclidiana que vinculan los ángulos de paralelismo
con los lados, se convierten en las fórmulas de la trigonometría esférica.
Es importante agregar que en todos estos intentos de nuevas geometrías seguía
aún subyacente la concepción de la geometría como, rama de la ciencia natural,
como ciencia del espacio físico, concepción que si bien no acepta la tesis
kantiana del espacio como forma de nuestra subjetividad cuyo molde es la
geometría euclidiana, continúa concediéndole un significado real y haciendo de
la geometría una ciencia deductiva racional fundada sobre postulados empíricos,
de manera que sólo la experiencia decidiría cuál es la geometría válida.
Gauss mismo, en quien la idea de una matemática abstracta ante entes
matemáticos fruto de la libre creación de la mente no podía dejar de serle
simpática, no pudo sustraerse al prestigio geométrico del mundo exterior y
trató de comprobar, mediante experiencias geodésicas, la posibilidad de
detectar triángulos cuyos ángulos no sumaran dos rectos.
Hacia mediados de siglo se cierra la primera etapa en el advenimiento de las
geometrías no euclidianas, que había visto el nacimiento, de un primer grupo de
ellas: las llamadas, por Klein, geometrías hiperbólicas, que corresponden a la
hipótesis del ángulo agudo de Saccheri y Lambert y a la existencia de dos
paralelas desde un punto a una recta situada a la distancia a, que
forman a ambos lados de la perpendicular, bajada desde ese punto, el ángulo de
paralelismo π(α).
Nota complementaria
La difusión de las nuevas geometrías
Las nuevas ideas tuvieron una difusión muy lenta,
en parte por ser nuevas y no concordar con las concepciones filosóficas
vigentes y en parte por la escasa difusión (y la difícil lectura, en el caso de
Lobachevski) de las obras de ambos fundadores, matemáticos hasta entonces
desconocidos. Felizmente un grupo selecto de matemáticos de distintos países se
esforzaron en hacer conocer esas nuevas ideas, que fueron aceptadas hacia 1870,
cuando ya se habían iniciado las investigaciones de las geometrías no euclidianas
en las direcciones métrico-diferencial y métrico-proyectiva.
Entre esos matemáticos, propulsores de la geometría no euclidiana en su primera
etapa, cabe citar: en Alemania, Heinrich Richard Baltzer, que se ocupó también
de curvatura de las superficies; en Francia, Guillaume Jules Hoüel, que tradujo
el Apéndice de Bolyai, se ocupó de sus manuscritos y escribió
sobre temas vinculados con las nuevas geometrías; en Italia, Giuseppe
Battaglini, que en 1861 convierte el "Giornale di Matematiche",
que dirigía y había fundado en 1863, en una especie de órgano oficial de las
nuevas geometrías; en Inglaterra, William Kingdow Clifford, uno de los
iniciadores de la geometría algebraica, y en España, Zoel García de Galdeano,
que contribuyó a divulgar éste y otros temas en "El Progreso
matemático", primera revista matemática española, que fundó en
1891.
En la segunda etapa en el desarrollo de las
geometrías no euclidianas, se completa el cuadro de esas geometrías y se las
estudia según las nuevas direcciones, métrico-diferencial y métrico-proyectiva.
Esa etapa se desarrolla en la segunda mitad del
siglo.
La dirección métrico-diferencial se inicia con
Georg Friedrich Bernhard Riemann, discípulo y continuador de Gauss, cuyas ideas
fundamentales, que permitieron encarar el problema de las nuevas geometrías
desde un punto de vista muy superior, figuran en la disertación, hoy célebre,
pronunciada en 1854 (aunque publicada en 1867). Sobre las hipótesis en que se
funda la geometría, donde se analiza, en la forma más general posible, el
comportamiento infinitesimal de una multiplicidad de un número cualquiera de
dimensiones. En esa disertación aparece la importante distinción entre,
"infinito” e "ilimitado”, que debía desempeñar en el presente siglo
singular papel en la teoría (física de la relatividad, teoría por lo demás en
que es visible la influencia de las ideas de Riemann.
Dice éste en su disertación: "Cuando se
extienden las construcciones del espacio a lo infinitamente grande ha de
distinguirse lo ilimitado de lo infinito. Lo primero pertenece a las relaciones
de la extensión, lo segundo a las relaciones métricas. Que el espacio es una
variedad ilimitada de tres dimensiones es una hipótesis que se aplica en todas
las concepciones relativas del mundo exterior, que nos sirve para completar en
todo momento el campo de nuestras percepciones y que constantemente se
encuentra verificada en todas sus aplicaciones. De ahí que la propiedad del
espacio de ser ilimitado posea una certeza empírica que ningún otro dato
empírico posee. Pero de ella no sigue de ningún modo la infinitud del espacio,
al contrario si se suponen los cuerpos independientes de sus posiciones y se
atribuye al espacio una curvatura constante, el espacio sería necesariamente
finito, en cuanto la medida de la curvatura fuera positiva, por pequeña que
fuera.
Una consecuencia de las consideraciones de Riemann
fue la ampliación del cuadro de las geometrías no euclidianas y la introducción
de la geometría elíptica (y esférica), que corresponde a la hipótesis del
ángulo obtuso de Saccheri y Lambert, en la que desde un punto exterior a la
recta no existen paralelas a ella. Queda así, para completar el cuadro, la
geometría parabólica, nuestra geometría euclidiana, en la que la paralela desde
un punto exterior a una recta es única.
Con el estudio de las geometrías generales
reimannianas en la dirección métrico-diferencial, que hoy se llaman
"espacios de Riemann", tienen importancia las superficies de
curvatura constante, cuyos ejemplos más simples son el plano (curvatura nula) y
la esfera (curvatura positiva). Una superficie de curvatura constante negativa
fue dada en 1868 por Eugenio Beltrami: es la superficie engendrada por rotación
de la tractriz, curva plana cuya propiedad característica es la de ser
constante la longitud de la tangente. Así como nuestra geometría plana es un
tipo de geometría parabólica y la geometría sobre la esfera (con alguna
variante) es un tipo de geometría elíptica, la geometría sobre esa superficie
de Beltrarni (de la cual éste construyó también un modelo, la seudoesfera) es
un tipo de geometría hiperbólica.
La existencia de esta superficie, así como otras
interpretaciones de geometrías no euclidianas sobre el plano euclídeo que se
dieron posteriormente, puso fin a toda discusión acerca de la validez lógica de
las nuevas geometrías, pues la supuesta contradicción que se había querido ver
en ellas llevaría consigo igual contradicción en el seno de la geometría
euclidiana, jamás puesta en duda hasta entonces.
Para terminar con las geometrías no euclidianas
recordemos que la dirección métrico-proyectiva aparece en 1859 cuando Cayley
logra la subordinación de las propiedades métricas (distancia entre dos puntos,
ángulo entre dos rectas, etcétera) a las propiedades gráficas, mediante la
demostración de que tales propiedades métricas se traducen en propiedades
proyectivas de sus elementos, si se relacionan éstos con los elementos de una
cónica (o de una cuádrica si se trata del espacio), que denominó la cónica, o
la cuádrica, absoluta o simplemente lo absoluto del plano o del espacio. Una
consecuencia notable de esta demostración es que, según se elija este absoluto
(real o imaginario, propio o impropio), se obtienen distintas geometrías y se
vuelven a encontrar por este camino las geometrías no euclidianas, que pueden
estudiarse siguiendo esta dirección métrico- proyectiva. De ahí también la frase
de Cayley: "La geometría proyectiva es toda la geometría".
La aritmetización del análisis
Como vimos, el cálculo infinitesimal en sus tres
ramas: cálculo diferencial, cálculo integral y cálculo de variaciones, había
adquirido en el siglo XVIII, en manos de Euler y Lagrange, un desarrollo
extraordinario. Pero ese desarrollo, puramente formal y algorítmico, no estaba
fundado sobre sistema conceptual riguroso alguno. Cuando se aludía a los
fundamentos se hablaba de la metafísica del cálculo infinitesimal; cuando se
hablaba de series, el uso de las series divergentes estaba rodeado de misterios
y oscuridades.
Tal estado de cosas cambia en el siglo XIX
cuando el estudio de los métodos infinitesimales, que ahora se convierten
cabalmente en un análisis infinitesimal, sin dejar de progresar en su
desarrollo y hasta en forma más rica y variada, ahonda en sus propios
principios y encuentra una base firme en la aritmética, eliminando de su seno
toda vaga e inútil "metafísica". Tal es el proceso que se denominó
"aritmetización del análisis", cuyo precursor fue Bernard Bolzano y
sus constructores Cauchy, Abel, Jacobi,...
En numerosas cuestiones se adelantó Bolzano a
los analistas rigurosos del siglo XIX: en el concepto de función continua, en
el criterio de convergencia de series, en la existencia de funciones continuas
sin derivada, pero por haber publicado sus escritos de análisis en Praga,
ciudad entonces alejada de los centros científicos, o por permanecer inéditos,
como su Teoría de funciones, que
se publicó en 1930, la influencia de sus ideas fue escasa.
Por su parte, Augustin-Louis Cauchy, en su Analyse
algébrique de 1822, escribe: "He
tratado de dar a los métodos todo el rigor que se exige en geometría, sin
acudir jamás a los argumentos tomados de la generalidad del álgebra. Tales
argumentos, aunque bastante admitidos comúnmente, sobre todo en el pasaje de
las series convergentes a las divergentes y en el de las cantidades reales a
las imaginarias, se me ocurre que no deben ser considerados sino como
inducciones, adecuadas a veces para hacer presentir la exactitud y la verdad
pero que no están de acuerdo con la exactitud tan reputada de las ciencias
matemáticas. Además debe observarse que ellas tienden a atribuir a las fórmulas
algebraicas una extensión ilimitada, mientras que en la realidad la mayor parte
de esas fórmulas subsisten únicamente bajo ciertas condiciones y para
determinados valores de las cantidades que ellas encierran. Determinando esas
condiciones y esos valores, fijando de manera precisa el sentido, de las
notaciones que utilizo, toda vaguedad desaparece".
Es decir, vuelta al clásico rigor geométrico, precisión
en las definiciones, delimitación del campo de validez de las fórmulas,
eliminación de toda extensión ilegitima, he ahí el programa trazado por Cauchy
y cumplido en sus numerosos libros y memorias.
Con estas condiciones rigurosas y mediantes
adecuadas definiciones de función, de continuidad, de límite, Cauchy funda el
análisis sobre bases más firmes que sus antecesores. Retoma el concepto de
integral como suma y no solamente como operación inversa de la diferencial y
aunque no va mucho más lejos en el concepto de integral y de función, es más
riguroso que Euler. En las series fija claramente su convergencia y elimina,
algo a pesar suyo, las series divergentes del análisis. " Me
he visto obligado -dice- a admitir diversas proposiciones que parecerán algo
duras; por ejemplo, que una serie divergente carece de suma. " Hay en este escrúpulo un atisbo del devenir de
la "teoría de las series divergentes" que se organiza en el siglo XX
retomando, ahora con rigor, la idea euleriana.
La contribución más importante de Cauchy es sin
duda la que se refiere a la teoría de las funciones analíticas, que elabora
utilizando los resultados de Euler, Clairaut, D'Alembert, Poisson, Lagrange...
En sus estudios extiende la serie de Taylor a las funciones de variable compleja,
apareciendo así la llamada "integral de Cauchy", que permite obtener
el valor de una función en cada punto interior de un recinto, conociendo el
valor de la función en su contorno. En conexión con estos resultados Cauchy
desarrolló su teoría de los polos, de los residuos, de la serie de Taylor, cuya
generalización, hoy conocida como "serie de Laurent", realizó un
discípulo de Cauchy, Pierre-Alphonse Laurent.
Se deben además a Cauchy estudios e
investigaciones acerca de los determinantes, de teoría de números y teoría de
grupos de sustituciones, acerca de investigaciones de índole algebraica sobre
eliminación y separación de raíces complejas, así como de temas de física
matemática (teoría de la elasticidad).
Con la expulsión de las series divergentes del análisis,
Cauchy completó la obra iniciada por Niels Henrik Abel, para quien "las
series divergentes son en general una invención diabólica y es vergonzoso que
se pretenda fundar sobre ellas demostración alguna; la parte más esencial de la
matemática carece de base. Es cierto que la mayor parte de los resultados son
exactos pero esto es algo verdaderamente extraño... En el análisis superior
sólo pocas proposiciones están demostradas de manera indiscutiblemente
rigurosa. Constantemente se encuentra la deplorable costumbre de deducir lo
general de lo particular y es sin duda muy notable que con tal manera de
proceder no se llegue con más frecuencia a lo que se denominan paradojas".
En el campo del análisis Abel se ocupó de series
y de teoría de funciones, Con Jacobi forma la pareja de creadores de las
funciones elípticas, obtenidas como funciones inversas de las integrales
elípticas. Esta idea clave de la inversión de las dos variables había escapado
a Legendre en su estudio de las integrales elípticas, a las que consagró muchos
años. Realizada la inversión y consideradas las funciones elípticas como
funciones de variable compleja, apareció su doble periodicidad. Abel además,
generalizó las funciones elípticas, incluyéndolas en una "clase
trés-étendue de fonctions trascendantes”,
hoy denominadas funciones abelianas, cuyas propiedades estudia en una memoria que presentó
a la Academia de Ciencias de París en 1826, pero que no se publicó sino después
de la muerte de su autor.
Por último, con su solución del problema de la
tautócrona Abel inaugura una nueva rama del análisis infinitesimal: las
ecuaciones integrales.
Sistematizador del estudio de las funciones
elípticas mediante el algoritmo de las series es Cari Gustav Jacob Jacobi, que
expuso en su Fundamento Nova Theoria Functíonum Ellipticarum de 1829. Con la labor de Abel y Jacobi acerca de
las funciones elípticas, se vincula un significativo incidente que muestra la
evolución que estaba experimentando el concepto de la matemática frente a la
ciencia natural.
En el mismo año de su muerte (1829) Abel, en un
trabajo publicado en el Journal de Crelle, había hecho mención de la memoria
enviada a la Academia de París. A este respecto Jacobi interrogó a Legendre,
quien manifestó que la memoria de Abel era ilegible y que se había solicitado
inútilmente al autor un manuscrito mejor.
Sin embargo se sospechó que lo ocurrido se debía
a que los matemáticos franceses, muy ocupados en cuestiones de física
matemática -calor, elasticidad, electricidad- descuidaban las cuestiones de matemática
pura. Lo cierto es que, al comentar la obra de Jacobi sobre las funciones
elípticas, Poisson recordó un reproche de Fourier a Abel y Jacobi por no
ocuparse de cuestiones de física matemática. La contestación de Jacobi (en
carta dirigida a Legendre) expresa.
" Poisson no debía haber
reproducido una desgraciada frase de Fourier que nos reprocha, a Abel y mi, por
no ocuparnos del movimiento del calor. Es cierto que Fourier estima que la
finalidad principal de la matemática es la utilidad pública y la explicación de
los fenómenos naturales, pero un filósofo como él debería saber que la única
finalidad de la ciencia es el honor del espíritu humano y que, en consecuencia,
una cuestión de la teoría de los números tiene un valor tan grande como una
cuestión de los sistemas de los mundos ".
Dejemos de lado el tono de esta frase, que por
lo demás concuerda perfectamente con la época en que fue lanzada: 1830 es la
fecha oficial del nacimiento del movimiento romántico. Para nuestro objeto es
más interesante señalar cómo esta valoración y esta proclamación de
independencia del análisis y de la matemática con respecto a la ciencia natural
son contemporáneas con el advenimiento de las geometrías no euclidianas, que
proclamaban igual independencia de la geometría y de la matemática frente al
yugo del mundo exterior; de ahí que pueda fecharse hacia 1830 el grito inicial
de la autonomía de la matemática.
Jacobi, que además fue un maestro inspirado, se
ocupó de casi todas las ramas de la matemática. En teoría de números continuó
las investigaciones de Gauss especialmente en restos cúbicos; se le deben
estudios sobre determinantes funcionales, a uno de los cuales Sylvester
denominó jacobiano; se ocupó de cálculo de las variaciones y de integración de
ecuaciones diferenciales. Uno de sus métodos, llamado del último multiplicador,
fue aplicado por él en la integración de las ecuaciones de la dinámica.
Se ocupó también de análisis el sucesor de Gauss
en la cátedra de Göttingen: Peter Gustav Lejeune Dirichlet, quien expuso, con
Riemann, la formulación más general de función como correspondencia entre dos
conjuntos de números, cualquiera sea el modo de establecer esa correspondencia.
Se le debe también la formulación precisa de las condiciones para que una
función pueda desarrollarse en serie de Fourier; introdujo el concepto de
series absolutamente convergentes (cuando converge la serie de los valores
absolutos de sus términos), etcétera. En teoría de funciones existe un llamado
"problema de Dirichlet' que consiste en determinar en un recinto una
función finita y continua de dos variables reales que satisfaga la ecuación de
Laplace, conocidos los valores que toma la función en el contorno. La
existencia de esta función, problema importante en física, está vinculada con
el llamado (por Riemann) "principio de Dirichlet”, que éste estableció a
modo de postulado en sus estudios sobre la teoría del potencial.
Además de su contribución a los fundamentos de
la geometría, se deben a Riemann notables aportes, distintas ramas del análisis
matemático. Así se le debe un concepto de integral definida más general que el
de Cauchy, pues incluye el caso en que la función admita infinitas
discontinuidades, siempre que se mantenga acotada. Inversamente, en su estudio
acerca de las series trigonométricas, alude a la existencia de funciones
continuas sin derivadas.
También se deben a Riemann los fundamentos
del Analysis situs o
Topología y el estudio de las funciones de variable compleja mediante la
ecuación de Laplace, que concede jerarquía matemática a este recurso,
importante para la física. Con las funciones de variable compleja se vincula la
llamada "superficie de Riemann", que éste ideó para hacer uniformes
las correspondencias multiformes entre las variables complejas.
Riemann se ocupó con éxito de las funciones
elípticas, de las series trigonométricas y de la integración de ecuaciones
diferenciales. Se le debe, por último, la función ^ que lleva su nombre,
importante en la teoría de los números primos y de la cual dio seis propiedades
sin demostración (de esas propiedades queda aún por demostrar que los ceros de
la función tienen por parte real 1/2).
El continuador de la obra de Abel y de Jacobi
sobre las funciones elípticas, es otro de los notables analistas del siglo:
Karl Weierstrass, creador de una nueva dirección en el estudio de las funciones
analíticas de variable compleja. Mientras que Cauchy y Riemann estudian, como
tales, aquellas funciones que tienen derivada única en cada punto, es decir,
cuyas componentes real e imaginaria satisfacen la ecuación diferencial de
Laplace, Weierstrass llama función analítica a toda función definida mediante
una serie de potencias convergente en cierto recinto que, mediante determinadas
condiciones, es posible "prolongar" por círculos sucesivos. Cuando el
recinto es todo el plano, la función es una "trascendente entera", En
conexión con esa teoría Weierstrass utilizó sistemáticamente el concepto de
convergencia uniforme que Cauchy no poseyó y fue investigado por primera vez
por Stokes en 1847, y dio, entre muchos otros resultados, la expresión de las
trascendentes enteras mediante productos infinitos de "factores primarios",
como los llamó Weierstrass.
Se debe también a Weierstrass la introducción
del rigor aritmético en el cálculo de variaciones y un ejemplo, que impresionó
a los matemáticos de su tiempo, de función continua sin derivada en ninguno de
sus puntos (un ejemplo de Bolzano permaneció en general desconocido).
En 1863 Weierstrass expuso la demostración del
"teorema final de la aritmética", según la cual no existe ningún
sistema de números complejos de más de dos unidades, es decir distintos de los
números complejos ordinarios, que satisfaga todas las propiedades formales de
las operaciones aritméticas fundamentales. En 1872 retomó el problema de la
fundamentación de los números reales, que en verdad no había experimentado
modificación esencial desde Eudoxo, quien como vimos dio tal fundamentación
pero fundada sobre magnitudes geométricas.
Continuador de Cauchy y destacado matemático
francés fue el ya mencionado Liouville, a quien se debe un teorema fundamental
para las funciones analíticas; en 1844 creó un método para la construcción de
números trascendentes. Expuso con Sturm un capítulo importante de las
ecuaciones diferenciales de segundo orden con dos valores iniciales dados (en
vez de las condiciones de Cauchy en un solo punto) e inició en 1837 la teoría
de las ecuaciones integrales con su método de aproximaciones sucesivas.
El último, cronológicamente, de los analistas
franceses que actuó en el siglo XIX, es Charles Hermite (fallecido el primer
año del presente siglo), que se ocupó de funciones elípticas, de álgebra, de
teoría de números y, en general, de análisis. Con su nombre se vincula la
resolución del problema de la cuadratura del círculo.
Nota complementaria
El problema de la cuadratura del círculo
En 1844 Liouville había demostrado que los
números e y e2 no podían ser
raíces de ninguna ecuación cuadrática de coeficientes racionales, mientras
introducía el concepto de "números trascendentes", por oposición a
"números algebraicos", como aquellos números, cuya existencia
demostró ulteriormente, que no podían ser raíces de ninguna ecuación algebraica
de coeficientes racionales. Fundado en los trabajos de Liouville, Hermite
demostró en 1873 que el número e es trascendente y algo más tarde, en 1884,
Ferdinand Lindemann demostró que también el número n es trascendente. Esta
demostración implicaba la solución, en sentido negativo, del problema de la
cuadratura del círculo, es decir de la construcción con regla y compás de un
segmento lado de un cuadrado equivalente a un círculo de radio dado. En efecto,
pueden construirse con aquellos instrumentos los segmentos cuya medida se
expresa algebraicamente mediante un número finito de operaciones racionales y
de raíces cuadradas, a partir de la medida de segmentos dados o, lo que es lo
mismo, pueden construirse los segmentos cuyas medidas son raíces de ecuaciones
algebraicas cuadráticas o reducibles a cuadráticas, de coeficientes racionales
o irracionales cuadráticos es decir de determinado tipo de números "algebraicos".
Ahora bien, la ecuación que traduce el problema de la cuadratura del círculo
es x2 = π, ecuación cuadrática uno de cuyos
coeficientes no es algebraico.
No deja de tener cierto interés el hecho de que la cuadratura del círculo,
imposible con regla y compás en la geometría euclidiana es posible en la
geometría no euclidiana de tipo hiperbólico.
En cuanto a la introducción del nuevo análisis
en Italia cabe mencionar unos párrafos de una conferencia de Volterra de 1900:
"En el otoño de 1858 tres jóvenes matemáticos italianos emprendían juntos
un viaje científico con el objeto de visitar las universidades extranjeras y
ponerse en contacto con los más célebres científicos de los demás países, a fin
de conocer sus ideas y al mismo tiempo hacer conocer los propios trabajos
científicos... En gran parte se debe al esfuerzo de estos tres matemáticos, a
sus enseñanzas y al celo incansable que ejercieron para impulsar a los jóvenes
matemáticos italianos hacia las investigaciones científicas... que en Italia
naciera una escuela moderna de cultores del análisis". Esos tres jóvenes
eran Brioschi, Betti y Casorati. Francesco Brioschi se ocupó de numerosas
cuestiones de análisis y de geometría diferencial. Enrico Betti, el más
importante de los tres, además de ocuparse de cuestiones de álgebra, creó en
1871 la rama combinatoria del Analysis situs o Topolagia, según el nombre que acuñó Johann Benedict
Listing en 1847 para esa rama matemática; y en esta topología combinatoria es
donde aparecen los llamados "números de Betti". Además uno de sus
discípulos; Ulisse Dini, publicó en 1878 una obra importante sobre los
fundamentos de las funciones de variable real. Por su parte, Felice Casorati se
ocupó de funciones analíticas y de geometría diferencial.
La aritmetización del análisis fue un proceso
que se realizó de arriba abajo, comenzando con el cálculo infinitesimal, mientras
el número irracional, también personaje infinitesimal, seguía llamándose
"inconmensurable", dentro de la concepción geométrica de Eudoxo de 23
siglos de edad. Este contrasentido fue salvado en los cursos universitarios de
Weierstrass, Méray, Cantor... mediante sucesiones monótonas de números
racionales o mediante series convergentes. No deja de ser sintomático que en el
mismo año 1872 aparezcan impresas las teorías de los tres profesores
mencionados (aunque Charles Méray había iniciado esas publicaciones ya tres
años antes). Es también en 1872 cuando aparece otra fundamentación rigurosa del
número irracional, pero de índole diversa de las anteriores, por obra de
Richard Dedekind, matemático que se ocupó también con éxito de teoría de
números, que en ese año de rara coincidencia publica su Stetigkeit
und lrrationale Zaenhlen, donde expone
sus conocidas "cortaduras", que en realidad venia enseñando desde el
año 1858.
Hacia estos años de la década de 1870, la
aritmetización del análisis se ha completado. Ese proceso no sólo asentó sobre
bases aritméticas, claras y firmes, los fundamentos del análisis y aventó con
ello las brumas metafísicas que durante todo el siglo XVIII habían oscurecido
aquellos fundamentos, sino que mostró también que, en su esencia, todo había
consistido en añadir a las operaciones aritméticas una nueva operación, el paso
al límite, operación de índole peculiar, ya que estaba oculta en los umbrales
de la matemática -sucesión de los números, magnitudes irracionales- pero que
mediante una definición adecuada se convirtió en el instrumento que consolidó y
otorgó rigor al conjunto de conceptos y métodos infinitesimales, iniciado por
Newton y Leibniz y continuado por los Bernoulli, Euler y Lagrange. Por otra
parte, aquella aritmetización aclaro y desbrozó el camino que debía conducir a
nuevos desarrollos, al aplicar el paso al límite a las funciones de variable
real o compleja. En efecto, tal aplicación sistemática de la nueva operación,
ya mediante el infinito numerable, ya mediante el infinito continuo, a las
operaciones aritméticas había dado lugar en el análisis clásico a nuevos
algoritmos: las series y las integrales son combinaciones del paso al límite
con la suma, el producto infinito lo es con la multiplicación, la derivada con
la división; de ahí que su aplicación a todo proceso algebraico o funcional
podía dar lugar a nuevos algoritmos.
Profundizar la investigación de los algoritmos
clásicos y crear estos nuevos algoritmos, será la tarea del análisis durante la
segunda mitad del siglo en un proceso que reseñaremos en líneas generales.
La obra de Weierstrass fue continuada por su
discípulo Hermann Amandus Schwarz, que se ocupó de cálculo de variaciones, en
especial de superficies de área mínima. Se le deben investigaciones en teoría
de grupos y en teorías de funciones se conoce una "desigualdad de
Schwarz", generalización de la elemental propiedad del cálculo vectorial,
que el producto escalar de dos vectores no puede superar el producto de sus
módulos.
También siguió las huellas de Weierstrass, Gósta
Magnus Mittag-Leffler, promotor de los estudios matemáticos en los países
escandinavos mediante la fundación en 1882 del periódico “Acta
Mathematica’’, que dirigió hasta su
muerte, y del Instituto Matemático de Estocolmo en 1916.
De series, en especial de divergentes y
condicionalmente divergentes, se ocupó el holandés Thomas-Jean Stieltjes, que
en 1894 dio una extensión de la integral definida en la dirección que más tarde
(1902) seguirá Lebesgue.
En el campo de las ecuaciones diferenciales fueron
sus propulsores a fines de siglo Immanuel Lazarus Fuchs, que crea la teoría de
las ecuaciones lineales fundada en las funciones analíticas, y el noruego
Sophus Lie, quien abre una nueva vía en ese campo al introducir, desde 1872, la
teoría de grupos continuos de transformaciones, en especial las
transformaciones de contacto, uno de cuyos ejemplos de 1870 es la llamada
"transformación de Lie", que transforma rectas del espacio ordinario
en esferas.
En el estudio de las ecuaciones con derivadas
parciales debe mencionarse a otro analista francés, Jacques Hadamard, quien en
su larga vida (murió casi centenario) se ocupó de numerosas cuestiones de
matemática: distribución de los números primos, análisis funcional (este nombre
le pertenece), etcétera, amén de temas conexos como su conocida Psicología
de la invención en el campo matemático (existe
traducción en español) de 1944.
El cálculo de variaciones, del cual aparece un
esbozo histórico en la obra de Leonida Tonelli Fondamenti di
calcólo delle voríazioni (dos
volúmenes) de 1922-1923, fue en verdad absorbido por una nueva rama del
análisis que nace a fines de siglo: el análisis funcional, que introduce nuevos
algoritmos. Ya desde 1887 el italiano Vito Volterra organiza la "teoría de
funciones de línea" que sistematiza en 1913, mientras que en 1896
introduce las llamadas "ecuaciones integrales”, nuevo algoritmo que, con
las ecuaciones integro-diferenciales, encuentran una amplia exposición en la
obra del sueco Eric Ivar Fredholm en 1903.
A esta altura de los tiempos, a la vuelta del
siglo, es notable en el campo del análisis, como en toda la matemática, la
influencia de las dos grandes figuras de la época: Henri Poincaré y David
Hilbert.
Se deben a Poincaré numerosos libros y un millar
y medio de memorias acerca de todas las ramas de la matemática, así como de
física matemática, astronomía y epistemología. En el campo del análisis
destaquemos sus investigaciones de las funciones llamadas
"automorfas" (1881), sus estudios acerca de la uniformación de
funciones, de la topología combinatoria, de teorías integrales de ecuaciones
diferenciales, de determinantes infinitos,... Acerca de Poincaré ha escrito
Gastón Julia en 1954: "Dentro de una actividad incesante y siempre
renovadora, ha recorrido todos los dominios de la matemática y de la física de
su tiempo, extrae de ellos los principios filosóficos y descubre tantos campos
nuevos de investigación que es posible que no exista dominio matemático actual
que no haya fecundado o no haya dejado en él su sello".
Lo mismo puede decirse de Hilbert, cuya
influencia en la matemática se ejerció durante casi toda la primera mitad de
este siglo. Ha impreso su sello y dejado huella en todas las cuestiones vitales
de la matemática, desde el análisis de sus fundamentos y los capítulos más
elevados hasta el tratamiento de problemas particulares.
Es famoso el discurso pronunciado por Hilbert en
el Congreso de París de 1900, sobre los "problemas de la matemática",
en el que enumeró 23 problemas matemáticos que entonces esperaban solución.
Nota complementaria
Los problemas del Congreso de París
Ésta es la nómina de los 23 problemas que enunció
Hilbert en París en 1900:
1.
El problema
de Cantor del número cardinal del continuo.
2.
La
compatibilidad de los axiomas aritméticos.
3.
La igualdad
del volumen de dos tetraedros de iguales base y altura (este problema fue
resuelto en sentido negativo el mismo año 1900 por un discípulo de Hilbert: Max
W. Dehn).
4.
Problema de
la línea recta como la mínima distancia entre dos puntos.
5.
Concepto de
Lie de un grupo continúo de transformaciones sin el supuesto de la
diferenciabilidad de las funciones que definen el grupo.
6.
Tratamiento
matemático de los axiomas de la física.
7.
Irracionalidad
y trascendencia de ciertos números.
8.
Problemas
acerca de números primos (conjetura de Riemann, de Goldbach).
9.
Demostración
general de la ley de reciprocidad en cualquier campo de números.
10.
Determinación
de las condiciones de resolubilidad de una ecuación diofántica.
11.
Formas
cuadráticas con coeficientes numéricos algebraicos cualesquiera.
12.
Extensión del
teorema de Kronecker sobre los espacios abelianos para cualquier cuerpo de
racionalidad.
13.
Imposibilidad
de la solución de la ecuación general de 7º grado mediante las funciones de
sólo dos argumentos.
14.
Demostración
de la finitud de ciertos sistemas completos de funciones.
15.
Fundamento
riguroso del cálculo enumerativo de Schubert.
16.
Problema de
la topología de curvas y superficies algebraicas.
17.
Expresión de
formas definidas por cuadrados.
18.
Construcción
del espacio mediante poliedros congruentes.
19.
¿Son las
soluciones de los problemas regulares del cálculo de variaciones siempre
necesariamente analíticas?
20.
Problema
general de los valores de contorno.
21.
Demostración
de la existencia de ecuaciones diferenciales lineales que poseen un grupo
monodrómico prefijado.
22.
Uniformación
de las ecuaciones analíticas mediante funciones automorfas.
23.
Desarrollo
ulterior de los métodos del cálculo de variaciones.
En gran medida la matemática del siglo actual ha
surgido del estudio de esos problemas en su mayor parte resueltos pero, lo que
es más importante, dejando tras de sí nuevos problemas.
Al referirse a la producción matemática de
Hilbert dice Jean Dieudonné: "Lo que asombra a primera vista en los
trabajos de Hilbert es la belleza pura de su grandiosa arquitectura. No se
trata de una impresión de elegancia superficial que resulta de cálculos
hábilmente conducidos, sino de una satisfacción estética mucho más profunda,
que se desprende de la perfecta armonía entre el fin perseguido y los medios
puestos en juego para alcanzarlos. Estos últimos son a menudo de desconcertante
simplicidad. Por lo general no fue un perfeccionamiento más o menos ingenioso
de los métodos de sus antecesores lo que permitió a Hilbert hacer sus grandes
descubrimientos sino, por el contrario, un retorno voluntario al origen del
problema tratado; de este modo separaba de la ganga, donde nadie había sabido
verlos, los principios que permitían trazar, hacia la solución, el camino real
en vano buscado hasta entonces".
Fueron ideas cardinales del pensamiento de
Hilbert la unidad de la matemática y la importancia de los problemas en la
investigación matemática. Entresacamos así entre sus frases: "En mi
opinión la matemática es un todo indivisible, un organismo cuya vitalidad está
condicionada por la conexión de sus partes... Con la extensión de la matemática
su carácter orgánico no se pierde, sino que se manifiesta con mayor claridad...
Los símbolos matemáticos son diagramas escritos, las figuras geométricas son
fórmulas gráficas... En la medida en que una rama de la ciencia ofrece
abundancia de problemas está viva; la carencia de problemas presagia la
extinción o el cese de un desarrollo independiente... Quien persigue métodos
sin tener en mente un problema definido, investiga en vano... La convicción de
la resolubilidad de un problema matemático cualquiera es un poderoso incentivo
para el investigador. Resuena en nosotros un llamado constante: Hay un
problema, busca la solución, la encontrarás razonando, pues en matemática no
hay ignorabimus".
Con Hilbert ya se penetra en la matemática de
este siglo, cuyo espíritu se refleja en las frases anteriores. Su nombre ha de
figurar en el desarrollo de todas las ramas de la matemática del siglo actual.
En el campo del análisis mencionemos sólo la introducción, entre 1900 y 1910,
de los llamados "espacios de Hilbert", que permiten geometrizar el
análisis y abren el camino al análisis funcional moderno.
En teoría de funciones, en especial en conexión
con la teoría de conjuntos, se destacan a comienzos de este siglo los
matemáticos franceses Émile Borel, que ya desde 1898 había introducido una
definición de la "medida" que se conoce como "medida B” a la que
Henri Lebesgue agregó otra de igual validez: la "medida L", a partir
de la cual define en 1902 la integral que lleva su nombre. Por su parte René
Baire en 1904 se ocupó con éxito de las funciones discontinuas mientras que
Maurice Fréchet introduce, con su tesis de 1906, la importante noción de
"espacio abstracto" que en unión con la obra de Hilbert y del estadounidense
Eliakim Hastings Moore inicia la marcha del llamado "análisis
general" (el nombre es de Moore). Dejando de lado muchas otras
innovaciones en el campo del análisis, mencionemos que en 1945 aparece, por
obra de Laurent Schwartz, un estudio detallado de nuevos entes, las funciones
generalizadas o distribuciones.
Teoría de números y geometría sintética
La teoría de números, iniciada brillantemente
por Gauss, encontró un continuador en Dirichlet, a quien se debe en 1825 la
demostración del "teorema de Fermat" para n = 5, y la aplicación de los métodos infinitesimales a la
teoría de números; estudia en especial las propiedades de la sucesión de los
números primos. Con Dirichlet se inicia la investigación de la ley de
distribución asintótica de los números primos, tema en el cual se ocuparo.
muchos analistas, entre ellos el ruso Pafnuti
Libovich Chebichev en 1851; mientras que Hadamard y Charles-Jean de la
Vallée-Poussin demostraban, independientemente en 1896, que si π(x) es el número de números primos menores que x, su cociente x/l × x por tiende a la unidad para x → ∞.
Además de análisis y de geometría, se ocupó en
especial de teoría de números Ernst Eduard Kummer, que hizo progresar el
estudio del "teorema de Fermat" logrando su demostración para todos
los exponentes primos n que
no figuren entre los factores del numerador de los 1/2(n - 3) primeros "números de Bernoulli"; de ahí
que en la primera centena sólo queden excluidos los números 37, 59, 67. Estos
estudios condujeron a Kummer a introducir el importante concepto de
"ideal", que en el siglo actual se ha generalizado en distintas
direcciones y ha provocado nuevos desarrollos teóricos, tanto en el campo del
análisis como en el del álgebra.
Se ocupó de "ideales" un discípulo de
Kummer, Leopold Kronecker, que desarrolló además la teoría de los "cuerpos
de números" (clase cerrada respecto de la adición, sustracción,
multiplicación y división). Kronecker se ocupó, además, de funciones elípticas,
mediante las cuales y contemporáneamente con Hermite dio una solución de la
ecuación de quinto grado. Más precursor que actor, Kronecker se vincula con los
fundamentos de la aritmética al ubicarse dentro de la tendencia que en el siglo
actual adoptó el nombre de intuicionista. Según Kronecker toda la matemática
debía fundarse sobre el concepto de número natural, únicos entes que tenían
existencia asegurada.
Pero mientras los intuicionistas sostenían que
esos números eran el resultado de una "intuición básica", para
Kronecker lo eran de un acto de fe. "El buen Dios creó el número natural
-decía-, el resto es obra de los hombres." Al final llegó hasta a negar la
existencia de los irracionales. "¿A qué vienen sus hermosas
investigaciones sobre el número π? -Observaba a Lindemann- ¿Por qué elige tales
problemas si en verdad no existen números irracionales de ninguna clase?"
Fuera de Alemania se ocuparon de teoría de números: en Francia, Liouville y
Hermite, y en Gran Bretaña el irlandés Henry John Stephen Smith, quien en 1882
participó en el gran premio de ciencias de la Academia de París que habla
propuesto, como tema, la descomposición de un número en suma de cinco
cuadrados. Smith presentó una memoria con resultados logrados unos quince años
antes, y mereció compartir el premio (póstumo) con el alemán Hermann Minkowsi,
matemático muy conocido en este siglo por su contribución a la teoría física de
la relatividad, que en 1896 hizo conocer una "geometría de los
números" que inició una nueva dirección en los estudios de teoría de
números.
Ya en este siglo cabe mencionar progresos en el
tratamiento de las ecuaciones diofánticas y que Hilbert, en 1910, resuelve el
problema planteado por Waring un siglo y medio antes, tema que fue
posteriormente perfeccionado por los ingleses Godofrey Harold Hardy y John E.
Littlewood y el ruso Ivan M. Vinogradov. Estos tres matemáticos, con otros, se
ocuparon también de la hipótesis de Goldbach, logrando importantes resultados
aunque sin llegar a demostrar aquella hipótesis.
Otro problema de teoría de números, el de las
"particiones" (número de maneras en que un número natural n
se descompone en suma de números
naturales) iniciado por Euler, logró progresos en 1917 por obra del mencionado
Hardy y el hindú Srinivasa Ramanujan. Se conoce la anécdota de este matemático
hindú, muerto a los 33 años. Muy enfermo en un hospital inglés, es visitado por
Hardy quien comienza su conversación con la frase: "El número de mi taxi
era el 1729. Me pareció un número bastante soso", a lo cual replicó
Ramanujan: "¡No, Hardy, no! Es un número muy interesante. Es el menor
número que expresa la suma de dos cubos de dos maneras diferentes".
Volviendo a la geometría del siglo XIX, cabe
advertir que además del advenimiento de las geometrías no euclidianas,
importante por más de un concepto, pueden señalarse distintos progresos en las
diferentes ramas de la geometría de comienzos de siglo.
Dejando de lado el interés puesto de manifiesto
en temas especiales de geometría elemental, que dio lugar a una geometría del
triángulo, a una geometría del círculo, a una geometrografía (medida de la
simplicidad y de la exactitud de las construcciones), destaquemos el desarrollo
y generalidad que logró la geometría analítica, en medida sin duda insospechada
por su ilustre fundador de un par de siglos antes.
El proceso se inicia con la obra de Julius
Plücker, en cuyo primer tratado de geometría analítica en dos tomos de
1828-1831, el concepto de coordenada adquiere la categoría de una
correspondencia cualquiera entre números y elementos geométricos, y hacen su
aparición las coordenadas homogéneas, las trilineales, las coordenadas de
recta, de plano, etcétera. En otro de sus escritos se ocupa de la clasificación
de las curvas algebraicas e introduce las fórmulas, que llevan su nombre, que
vinculan el orden, la clase y el número de las diferentes singularidades de una
curva de género dado. En 1865 Plücker introdujo el sistema, más tarde clásico,
de definir las rectas del espacio mediante seis coordenadas homogéneas
vinculadas por una relación, estudiando así una "geometría reglada" o
geometría del "espacio reglado", al suponerlo engendrado por las
rectas y no por los puntos como entes fundamentales. Vinculados con estos
estudios van surgiendo las geometrías pluridimensionales, ya por influencia del
concepto generalizado de coordenada, ya por las ideas de Riemann que, en su
memoria sobre las hipótesis en que se funda la geometría había introducido el
concepto de variedades n-dimensionales. Así, el espacio reglado seria un
espacio de 4 dimensiones.
Contribuyeron, entre otros, a perfeccionar los
métodos de la geometría analítica el alemán Ludwig O. Hesse, quien introdujo el
empleo sistemático de los determinantes (un determinante funcional se flama
"hessiano'); el inglés George Salmón, autor de tratados sobre curvas y
superficies de gran difusión, y el francés Jean Gastón Darboux que, además de
temas de análisis, se ocupó de superficies, geometría reglada,...
Mientras tanto se estaba organizando en forma
sistemática el estudio de las propiedades proyectivas de las figuras, iniciado
por Desargues y Pascal en el siglo XVII y retomado por Poncelet en el XIX. Pero
ni la definición de proyectividad de Poncelet contempla todas las
transformaciones gráficas de las figuras, ni sus métodos de demostración
poseían ese rigor lógico que se iba imponiendo en la matemática. Construir y
organizar una rama científica completa y rigurosa será la obra de un grupo de
geómetras del siglo pasado, en su mayor parte alemanes.
Contemporáneo de Poncelet fue August Ferdinand
Móbius, que no obstante estudiar la geometría vinculada con la mecánica y con
las coordenadas, introdujo una serie de conceptos vitales para la geometría
proyectiva. Su obra más importante, Der Barycentrische Calcul de 1827 introduce las coordenadas baricéntricas,
precursoras de las coordenadas homogéneas. En esa obra introdujo los signos
para los segmentos, triángulos y tetraedros, y mostró mediante sus coordenadas
como se podían establecer correspondencias biunívocas entre los puntos de dos
planos o de dos espacios homónimos, correspondencia que denominó colineación,
por el hecho que en esa correspondencia a puntos alineados correspondían
también puntos alineados, mientras que denominó correlaciones a otras
correspondencias de carácter recíproco, en las cuales a puntos correspondían
rectas y recíprocamente. Tales colineaciones y correlaciones integraron más
tarde las transformaciones proyectivas.
Nota complementaria
Otras contribuciones de Möbius
Se deben a Möbius la demostración de la invariancia
de la "'razón doble" en las transformaciones proyectivas, el estudio
de las actuales trasformaciones por radios recíprocos, que denominó afinidades
circular, y la red de Möbius, más tarde extendida al
plano y al espacio, la cual, sobre la recta y a partir de tres puntos,
construía ordenadamente otros puntos mediante sucesivas determinaciones de
cuartos armónicos, obteniendo no todos los puntos de la recta como creyó
Möbius, pero sí un conjunto denso numerable.
Por último, el nombre de Möbius está vinculado a dos cuestiones de índole
topológica. Fue el primero que mencionó, en 1840, el problema de los
cuatro colores, aún hoy no resuelto, que consiste en demostrar que
cualquier mapa plano, compuesto de un número finito de regiones de forma
cualquiera, se puede colorear con sólo cuatro colores distintos de tal manera
que no existan dos regiones con frontera común pintadas con el mismo color.
Además, en 1858, Möbius hizo conocer su superficie "unilátera" o
"anillo de Möbius", construido de la siguiente manera: sea un
rectángulo de vértices opuestos A y C, B y D, y
de lado AD suficientemente largo respecto de AB. Si
se hacen coincidir los lados opuestos AB y CD de
manera que cada vértice coincida con el opuesto, se obtiene una superficie
"de una sola cara" en la cual mediante una línea, se puede pasar
sobre esta nueva superficie y sin atravesar el contorno, de un punto M a
un punto N situados primitivamente en caras opuestas del
rectángulo.
Contemporáneos de Möbius, fueron Chasles y
Steiner, los geómetras más importantes de este período. Michel Chasles publica
en 1837 su obra más importante, Aperçu historíque sur l'origine
et le developpernent des rnéthordes en géométrie... suivi d'une Memoire de
Géométrie sur... La Dualité et l'Omographie, en la cual estudia las correlaciones y las homografías del espacio y
pone, como fundamentos de la geometría, los principios generales que
denomina Deformaciones y transformaciones de las figuras, que no son sino casos
particulares de las actuales homografías o colineaciones.
Chasles introdujo los elementos imaginarios en
geometría, aunque no en forma rigurosa, y dio el concepto de razón doble que
denominó "razón anarmónica". En este orden de ideas uno de los
resultados importantes de la teoría fue logrado por uno de sus discípulos,
Edmond Laguerre, quien además de contribuciones al álgebra y a la teoría de
funciones, logró en 1853 dar carácter proyectivo a la medida del ángulo de dos
rectas.
Con algunos de sus discípulos Chasles estudió la
proyección estereográfica, que extendió a todas las superficies de segundo
orden adoptando un plano cualquiera como plano de proyección. Además, en
conexión con un método llamado de las características, Chasles sentó las bases
de una rama de la geometría que estudia la determinación de puntos, rectas y
planos que cumplen ciertas condiciones, rama que más tarde fue desarrollada por
Hermann Schubert en su Kalkul der abzahlenden Geometrie de 1879, mediante un complicado simbolismo. Esta
"geometría numerativa" fue rigorizada este siglo, en especial por
obra de Van der Waerden.
Progresos importantes se deben a Jakob Steiner
que en 1832 publica un tratado sobre el "desarrollo
sistemático de la dependencia mutua de las estructuras geométricas", en el que descubre los órganos mediante los cuales las
más diferentes formas del mundo espacial se conectan entre sí. Con Steiner
aparecen las formas geométricas fundamentales. -Puntual, haz de rayos, haz de
planos, radiación, etcétera-; la generación por haces proyectivos y el empleo
sistemático del principio de dualidad. Partiendo de la generación proyectiva
estudia en especial las cónicas y cuádricas, aunque se ocupa también de curvas
y superficies de orden superior.
Nota complementaria
El tratado de Steiner
Entre otras investigaciones, Steiner estudia en
su Tratado una figura a la que dedicaron su atención numerosos
geómetras: el "exagrama místico” formado por los 60 exágonos de Pascal,
que se obtienen tomando 6 puntos de una cónica y por todas las rectas y puntos
vinculados con ellos. Se debe también a Steiner la resolución, en forma
geométrica aunque no rigurosa, de problemas de máximo y mínimo que exigen
analíticamente los recursos del cálculo de variaciones.
En 1833 demostró que todas las construcciones con regla y compás pueden
realizarse con regla y un círculo fijo. Mencionemos por último que entre los
numerosos ejercicios que figuran en un Tratado de 1832 figura
una de las primeras trasformaciones generales cuadráticas: si se tienen dos
rectas a y b no coplanares, dos planos a y b que
no las contienen y una recta c que se apoya constantemente
sobre ellas, cuando c describe en un plano una recta, en el
otro describe una cónica.
Preocupó a Steiner “el fantasma del
imaginarismo”, como decía; esto es, las cuestiones que planteaba la
introducción de los elementos imaginarios en geometría pero, al igual que los
geómetras que lo precedieron, los utilizaba sin dar una definición precisa de
ellos. El fundador de la teoría moderna del imaginarismo geométrico debe verse
en Ch. Paulus, geómetra alemán que, en sus trabajos de 1853 y 1854, considera
sinónimos las expresiones "par de elementos imaginarios e involución
elíptica", define algunas operaciones que pueden efectuarse con esos
elementos.
Eliminadas las coordenadas, introducido en forma
precisa el imaginarismo, la geometría proyectiva pudo organizarse como rama
autónoma; su organizador fue Karl Georg Christian von Staudt con su Geometrie
der Lage de 1847 y, en especial, con
los Beítrage de 1856,
1857 y 1860, donde expone los elementos fundamentales de la nueva rama
geométrica: definición de la proyectividad como correspondencia que conserva
las formas armónicas, definidas éstas gráficamente mediante el cuadrilátero
completo sin el fundamento métrico de la razón doble; introducción del sentido de la involución elíptica para distinguir los
dos elementos imaginarios conjugados; extensión de los elementos imaginarios a
los espacios de más de una dimensión y las definiciones de las coordenadas
proyectivas.
Entre los progresos realizados por la geometría
proyectiva, inmediatamente después de Staudt, mencionemos solamente, además de
las contribuciones ya citadas de Cayley con motivo de las geometrías no
euclidianas, la extensión de las transformaciones proyectivas mediante
funciones irracionales, no bilineales, que introdujo para el plano Luigi
Cremona en 1863, transformaciones que hoy llevan su nombre y comprenden, como
caso particular, las transformaciones cuadráticas, la más antigua e importante
de las cuales es la inversión o transformación por radios recíprocos que, al
igual que la proyección estereográfica, tiene la propiedad de conservar los
ángulos y, por tanto, pertenece a las transformaciones que se denominan conformes.
Al principio la geometría analítica y la
geometría sintética se enfrentaron como enemigos -en cierta ocasión Steiner
declaró que no escribiría más para el "Journal de Crelle" si Plücker
continuaba colaborando en él - pero más tarde el método de las coordenadas y el
de las proyecciones se combinaron armoniosamente y dieron lugar a una
"geometría algebraica" o una "teoría geométrica de las
ecuaciones" en la que encontraron cabida las teorías de las formas
algebraicas y los métodos infinitesimales. En esta nueva rama, al igual que en
el álgebra, donde no hay limitación entre el número de ecuaciones y el número
de variables independientes, tampoco hay limitación entre el número m de dimensiones de una "variedad
algebraica" y el número n de
dimensiones de su espacio o hiperespacio.
En el desarrollo de la geometría algebraica se
destacaron, en especial, los geómetras italianos, iniciando la marcha Giuseppe
Veronese con una memoria de 1882 y un tratado de 1891, mientras que dos años
después Federigo Enriques hace conocer, en el primer tratado de síntesis
consagrado a la teoría de las superficies algebraicas, las investigaciones de
la escuela, italiana en ese campo.
El desarrollo ulterior de la geometría en sus
nuevas ramas, dependió en parte de la dirección que le imprimió el
"Programa de Erlangen” de 1872, al sistematizar la geometría mediante la
teoría de grupos, y en parte de las tendencias imperantes en la matemática de
este siglo.
Las aplicaciones de la matemática
Mientras la matemática como ciencia autónoma
exploraba nuevos campos de abstracción creciente, su aplicación a las demás
ciencias, se tornó cada vez más indispensable y eficaz. Esa aplicación se
extendió de la mecánica y la astronomía a las restantes ramas de la física, más
tarde a toda la ciencia natural y, en este siglo, a todos los sectores del
saber.
En ocasiones puede hablarse de simbiosis: los
nombres del astrónomo Friedrich William Bessel o del físico teórico George
Gabriel Stokes se recuerdan en funciones o fórmulas del análisis en cambio, las
"ecuaciones de Maxwell" trajeron consigo la predicción de las ondas
hertzianas y, a comienzos de este siglo, no dejó, de tener cierta resonancia la
aplicación de las geometrías no euclidianas a la teoría física de la
relatividad.
Pasando a cuestiones más concretas, digamos que dos
ramas de la geometría aplicada logran autonomía en la segunda mitad del siglo:
en 1858 Wilhelm Fiedler publica su tratado de geometría descriptiva proyectiva,
que sistematiza los métodos de proyección para la representación en el plano de
las figuras y cuerpos del espacio; dos años después Karl Culmann inicia sus
cursos en el Politécnico de Zurich de una nueva disciplina, la "estática
gráfica”, cuyos métodos se revelaron más eficaces que los de la estática
analítica.
En este orden de ideas es interesante señalar la
creación, hacia fines del siglo pasado, por influencia de las ideas de Klein y
por obra especial de Cari Runge, de una rama de la matemática con métodos y
caracteres propios, que tomó los nombres de "matemática aplicada" de
"cálculo numérico" (con este nombre la gran Enciclopedia
de las ciencias matemáticas de Leipzig
le dedica en su primer tomo de 1898-1904 un artículo de casi ciento cincuenta
páginas), de "matemática de aproximación", el nombre sin duda más
adecuado, pues de eso se trata. Partiendo del supuesto que en toda aplicación
práctica de la matemática el objetivo final es un resultado numérico y que éste
por esencia ha de ser aproximado, tiene sentido un cuerpo de doctrina y un
campo propio de investigaciones que tiende a crear y estudiar los métodos
numéricos) gráficos o mecánicos que permiten obtener esos resultados numéricos
con la aproximación deseada.
Los métodos numéricos incluyen todo lo referente
a las aproximaciones numéricas, a la construcción y manejo de tablas numéricas,
a la determinación de funciones empíricas periódicas o no que satisfacen
ciertos datos experimentales. Incluyen también los variados métodos aproximados
que se han ideado para la resolución numérica, ya de las ecuaciones o sistemas
de ecuaciones algebraicas y trascendentes, ya de los distintos problemas que se
presentan en el análisis: cálculo práctico de series, aplicación de fórmulas de
interpolación y cuadraturas e integración de ecuaciones diferenciales sobre
este último tema y llegando a la integración numérica de ecuaciones
diferenciales con derivadas parciales, Runge y Fr. A. Willers produjeron en
1915 un artículo de más de un centenar de páginas en la Enciclopedia.
Por supuesto que tales métodos no son todos del
siglo XIX. En verdad puede decirse que las aproximaciones numéricas nacen con
los primeros cálculos aritméticos y que los métodos numéricos de aproximación
son coetáneos con el álgebra y con el cálculo infinitesimal. Por eso es
frecuente unir algunos de esos métodos con nombres de matemáticos famosos,
Newton, Fourier, Gauss, que los idearon y practicaron. El siglo XIX los ha
agrupado y perfeccionado, mientras aportaba nuevos métodos y nuevas ideas. Como
único ejemplo mencionemos el método, que expuso en 1837 el suizo Cari Heinrich
Graeffe, para la obtención aproximada de todas las raíces, reales o
imaginarias, simples o dobles, de una ecuación algebraica mediante un proceso
en el cual, haciendo cada vez mayor el módulo de las raíces, cada una de ellas
puede calcularse despreciando las de módulo inferior.
Los métodos gráficos se proponen resolver en
forma aproximada los mismos o gran parte de los problemas que resuelven los
métodos numéricos, ya mediante el llamado "cálculo gráfico”, es decir
mediante trazados gráficos en los cuales, para cada problema particular, las
construcciones geométricas realizadas con los datos permiten determinar
gráficamente el resultado ya mediante los "nomogramas", o tablas
gráficas con los cuales, construidas de una vez por todas esa tabla o nomograma
para determinada fórmula, una simple lectura permite obtener los valores
numéricos que la satisfacen. Citemos, dentro del primer tipo, los distintos
métodos de integración gráfica, con frecuencia traducción de métodos numéricos,
y dentro del segundo tipo de nomogramas de puntos alineados que desde 1891 hizo
conocer Maurice D'Ocagne, quien mediante una feliz aplicación del principio de
dualidad logró desterrar los complicados y enmarañados ábacos cuadriculados,
sustituyéndolos por los más cómodos y claros nomogramas de puntos alineados.
Nota complementaria
Los nomogramas de D'Ocagne
Aunque al comienzo D'Ocagne expuso sus nomogramas
utilizando coordenadas de recta, pueden estudiarse utilizando coordenadas
comunes. Veamos un ejemplo para dar cuenta de la innovación que aportaron. Sea
una función de tres variables z1, z2, z3 que
indicamos mediante subíndices F123 = 0 y supongamos
que pueda escribirse en la siguiente determinante:
Como es posible, eventualmente mediante operaciones
lograr que los elementos de una columna sean todos distintos de 0, es el
determinante anterior, dividiendo por los términos de esa columna, podrá
escribirse la forma:
que es la condición, en coordenadas cartesianas, de
alineación de tres puntos de coordenadas (x1, y1)(x2, y2)(x3, y3).
Como cada una de estas parejas no es sino la ecuación paramétrica de curvas de
parámetros z1, z 2, z3,
respectivamente, resultará que si se dibujan las tres curvas y se acotan, es
decir, si se marca un número suficiente de puntos y en algunos de ellos el
valor correspondiente del parámetro, se tiene el monograma de puntos alineados
de la función F123 = 0, por cuanto las cotas de
tres puntos alineados satisfacen la función, de ahí su manejo y uso.
Un caso relativamente frecuente es el de la función de la forma f1g3 +f2h3 + f3 =
0 cuyo nomograma está constituido por dos escalas rectilíneas de soportes
paralelos y una escala curvilínea, representadas respectivamente por:
donde m1 m2 y d son
valores que se eligen adecuadamente para dar a las escalas la extensión y
precisión necesarias.
Los métodos mecánicos, por su parte, incluyen la
variada gama de máquinas de calcular y máquinas analíticas, los numerosos tipos
de reglas y círculos calculadores, y los aparatos e instrumentos de
integración: planímetros, intégrafos, analizadores armónicos,... “Una idea de
su número y variedad, hasta fines del siglo pasado, puede darla el Catálogo
de modelos, aparatos e instrumentos de matemática y físico-matemática de Walther Dyck, editado por la Sociedad de
Matemáticos Alemanes en 1892, con un Apéndice de 1893, que comprende cerca de
500 ítems.
La historia del cálculo mecánico viene de lejos;
ya mencionamos las máquinas de Pascal y de Leibniz, aunque es en el siglo
pasado que ese cálculo toma auge. Desde 1820 y durante medio siglo Charles
Babbage se ocupó de la construcción de sus "máquinas analíticas",
precursoras de las actuales computadoras, tarea que retomó en 1893 el español
Leonardo Torres Quevedo con sus máquinas algebraicas, aunque ninguno de los dos
pudo superar las posibilidades teóricas de la construcción. En 1818 el polaco
Bruno Abdank-Abakanowicz comercializa su intégrafo, es decir un aparato que
dibuja la curva integral re- corriendo una punta la gráfica de la función
integrando; durante el siglo las máquinas de sumar se perfeccionan, se comercializan
y se difunden. En 1881 aparecen las máquinas que multiplican directamente, es
decir que con un solo golpe de manija la máquina da el resultado producto de un
número por un dígito, ventaja que resultó aparente al aplicarse electricidad a
la máquina; de ellas es conocida la "Millonada" patentada en 1892 por
Otto Steiger. Con todo, estas máquinas resultaban insuficientes en la
compilación de datos estadísticos cada vez más numerosos y complicados, de ahí
la importancia del invento de la máquina para tabular datos mediante tarjetas
perforadas que en 1889 patenta el estadounidense Hermann Hollerith. Sucesivos
perfeccionamientos convirtieron esa máquina en una cabal computadora mecánica
hasta el decenio de 1940, cuando la electrónica provocará una verdadera
revolución en el cálculo mecánico, revolución que aún está en marcha. La
primera máquina automática de calcular electromecánica fue la Mark I de
Harvard, que entró en funcionamiento en 1944, aunque se trabaja en ella desde
1938. Dos años más tarde se completó en la Universidad de Pensilvania la
primera computadora electrónica, la ENIAC (Electronic Numerical Integrator and
Calculation Computer) capaz de hacer 5000 sumas por segundo, que abrió el
camino de una tecnología destinada a producir carmbios profundos en muchos
dominios más que la matemática aplicada.
Capítulo 11
Hacia la matemática del siglo XX
Contenido:
La teoría de grupas
El álgebra y las álgebras
La lógica matemática
Axiomática
La teoría de conjuntos
Probabilidades y estadística
La teoría de grupos
Las geometrías no euclidianas y la
aritmetización del análisis, que figuran entre las primeras manifestaciones de
la matemática del siglo XIX, fueron en parte el resultado de una vuelta al
rigor geométrico y a la obediencia a las exigencias de la lógica, que la pasión
por el algoritmo y las urgencias de las aplicaciones habían eclipsado.
Tales manifestaciones introdujeron sin duda
innovaciones, aunque éstas en general se mantuvieron dentro del canon de la
matemática clásica. Será por otros caminos que aparecerán en el siglo XIX las
semillas que han de fecundar la matemática del siglo XX. Una de esas semillas
es la teoría de grupos, que nace en conexión con el problema, candente a
comienzos del siglo XIX, de la resolución de las ecuaciones algebraicas de
grado superior al cuarto.
En este sentido el primer progreso importante
fue la demostración de la imposibilidad de resolver la ecuación de quinto grado
(y de grado superior) mediante radicales.
El primero en demostrar esa imposibilidad, aun
en forma restringida, fue el italiano Paolo Ruffini, conocido por lo demás por
su método de resolución numérica de ecuaciones algebraicas.
La demostración de Ruffini apareció en su
tratado general acerca de las ecuaciones de 1799 que, ante las críticas que
suscitó, mejoró y amplió en 1813. La primera demostración rigurosa del teorema
es de Abel de 1826.
Nota complementaria
El método de Ruffini
Este método fue publicado en 1804 y en su esencia
coincide con el método de William C. Horner, aparecido en 1819 y conocido como
"esquema de Horner”, reservando para Ruffini el método práctico que
permite determinar los coeficientes del cociente de la ecuación por sus
factores lineales, procedimiento que ideó Ruffini para facilitar los cálculos.
Matemáticos chinos del siglo XIII fueron lejanos precursores del método de
Ruffini-Horner.
Con Ruffini aparece la nueva idea de
"grupo", que llamaba "permutaciones", y que Cauchy
desarrolló bajo el nombre de "sistemas conjugados de sustituciones",
pero el cabal fundador de la teoría de grupos es Evariste Galois, uno de los
matemáticos precoces de mayor genio, cuya vida breve y agitada fue fiel reflejo
de la época romántica en que le tocó actuar.
Sus primeros trabajos sobre fracciones
continuas, cuestiones de análisis y teoría de las ecuaciones, y teoría de
números son de 1829 y 1830, mientras que en 1831, expulsado de la Escuela
Normal donde estudiaba, anuncia un curso privado de álgebra superior que
abarcaría "una nueva teoría de los números imaginarios, la teoría de las
ecuaciones resolubles por radicales, la teoría de números y la teoría de las
funciones elípticas tratadas por álgebra pura", curso que no tuvo oyentes.
Más tarde redacta una memoria donde aparece la hoy llamada "teoría de
Galois", mientras que la noche anterior al duelo, en el que muere, lega a
un amigo, en notas apresuradas, su testamento científico, donde le pide que, si
su adversario vence, haga conocer sus descubrimientos a Gauss o a Jacobi para
que expresen su opinión "no respecto de la verdad, sino de la importancia
de los teoremas. Espero que más tarde alguien encuentre provechoso descifrar
todo este lío". Este "lío" (cegáchis) es hoy la teoría de grupos.
Los escritos de Galois, y sólo parcialmente, no
se conocieron hasta 1846 por obra de Liouville; Jules Tanneiy los completó en
1910. En esos escritos asoman la idea de "cuerpo" desarrolladas luego
por Riemann y Dedekind, que Galois introduce con motivo de los hoy llamados
"imaginarios de Galois", y las propiedades más importantes de la
teoría de grupos, nombre que él acuña, en el sentido actual de clase cerrada
respecto de la adición y sustracción. Sin duda que esta noción, en especial
referida al grupo de sustituciones, estaba esbozada en los trabajos de Lagrange
y Vandermonde del siglo XVIII y en los de Gauss, Abel, Ruffini y Cauchy del
XIX, e implícita en problemas de teoría de las ecuaciones, teoría de números y
de transformaciones geométricas, pero será Galois quien muestre una idea clara
de la teoría general, con las nociones de subgrupo y de isomorfismo.
En la segunda mitad del siglo la teoría de
grupos encuentra nuevas aplicaciones. En 1854 Cayley la aplica a los cuaternios
y en 1856 Hamilton a los poliedros regulares, mientras que Camille Jordán, con
su clásico Traité des Substitutions de 1870, pone de relieve la teoría como factor de unificación de
sectores diversos de la matemática. A Jordán se debe también una noción de
curva muy general, la llamada "curva de Jordán", como conjunto de
puntos en correspondencia biunívoca y continúa con los puntos de un segmento.
Fueron dos matemáticos que asistieron a las
clases de Jordán, Klein y Lie, quienes explotaron el poder unificador y
sistematizador de la teoría de grupos.
Combinando el desarrollo alcanzado por las geometrías
no euclidianas y la geometría proyectiva con la teoría de los invariantes y la
teoría de grupos, Klein, en su ya clásico Programa de Erlangen de 1872, expuso una sistematización y
jerarquización de todas las geometrías, viejas y nuevas, mediante grupos y
subgrupos, concibiendo como objeto de cada geometría el estudio de propiedades
invariantes respecto de un determinado grupo de transformaciones y considerando
cada geometría como subgeometría de otra, a la que se agrega cierta figura
básica que ha de permanecer invariante. Más tarde, en 1884, ofreció un ejemplo
de dos grupos isomorfos: el de las rotaciones del icosaedro regular y el de la
ecuación de quinto grado.
Mientras Klein estudia grupos discontinuos,
Sophus Lie aborda, también a partir de 1872 el estudio que ya mencionamos de
los grupos continuos de transformaciones y. su clasificación y aplicación a la
integración de ecuaciones-diferencias con derivadas, parciales. Sus trabajos y
los de sus discípulos aparecieron hacia fines de siglo. Por lo demás, los
llamados "grupos de Líe" han merecido en este siglo numerosos
estudios.
La teoría de grupos culmina hacia 1880, al
asomar los grupos abstractos, y entra en su faz moderna con la memoria de Ernst
Steinitz de 1910 (impresa en libro en 1930); la teoría iniciada por Galois
adquiere así caracteres de estructura algebraica.
En su evolución, la teoría de grupos ofrece un
ejemplo que muestra la distinción entre la matemática clásica y la matemática
de hoy. En ambas priva la abstracción como proceso básico, pero mientras en la
matemática clásica ese proceso parte de entes concretos -objetos del mundo
exterior, sensibles o no, operaciones, etcétera- en la matemática de hoy el
proceso de abstracción elimina toda referencia a entes concretos y prescinde
por completo de la "naturaleza" de lo que en él interviene, para
dejar sólo el esquema formal de los entes y relaciones abstractos que definen
la estructura y convertir la matemática, según Bourbaki, en "el estudio de
las relaciones entre objetos que, en forma deliberada, no se conocen, y sólo se
describen por algunas de sus propiedades, precisamente aquellas que se adoptan
como axiomas básicos de su teoría". En el caso de los grupos el proceso de
abstracción descarnó el grupo de sustituciones de Galois, punto de partida de
la teoría, para convertirlo en un grupo abstracto de máxima generalidad, ya que
aquel grupo de sustituciones, o cualquier grupo isomorfo con él, es sólo un
modelo o interpretación del grupo abstracto.
El álgebra y las álgebras
Hacia mediados del siglo pasado el álgebra se
enriquece con un nuevo campo de investigaciones: el estudio de las formas
algebraicas y la teoría de los invariantes respecto de cierto grupo de
transformaciones. El fundador de estos estudios debe verse en George Boole que
en 1841 expone explícitamente el concepto de invariancia, aunque el estudio,
sistemático de las formas algebraicas y de los invariantes fue realizado a
partir de 1845 por la pareja de matemáticos ingleses ya citados, Cayley y
Sylvester, que colaboraron científicamente y fueron alguna vez socios (Cayley
como abogado y Sylvester como actuario). En Francia la teoría fue continuada
por Hermite que, según se expresó en alguna ocasión, constituyó con los dos
ingleses la "trinidad invariantiva"; en Italia por Brioschi y en
Alemania por Rudolf Friedrich A. Clebsch, Klein y, en especial, por Paul
Gordan, "el príncipe de los invariantes", que hacia 1868 enunció un
importante teorema que lleva su nombre, y sobre todo por Hilbert, quien en 1890
extendió el teorema de Cardan y expuso los fundamentos de la teoría de forma
tan breve, casi sin cálculo, que hizo exclamar a Gordan: "¡Esto no es
matemática, es teología!.
Con Hilbert se abre uno de los caminos que
condujo al álgebra moderna; otro será resultado de la creación de nuevos entes
algebraicos, que pondrán de manifiesto el carácter básico de las hoy llamadas
"leyes de composición", noción abstracta, implícita en la matemática
desde sus comienzos, que amplió considerablemente el campo del álgebra.
El primero y más antiguo de estos entes es el
vector, que si bien era utilizado en mecánica en la composición de fuerzas y
velocidades ya desde fines del siglo XVII, entre los matemáticos no tuvo
repercusión hasta el siglo pasado, cuando Gauss utiliza implícitamente la suma
vectorial en su representación geométrica de los números complejos en el plano,
cuando Möbius expone en su ya mencionado "cálculo
barícéntríco" de 1827 aplicaciones
geométricas donde las coordenadas tienen un sentido aritmético, no geométrico,
y cuando Giusto Bellavitis desarrolla, entre 1832 y 1837, con sus
"equipolencias", un conjunto de operaciones con cantidades dirigidas
que equivale al cálculo vectorial de hoy.
El paso siguiente lo dará Hamilton, científico
múltiple que se ocupó de astronomía, de física y de matemática. Se le debe el
nombre de vector y la creación de un sistema de números complejos de cuatro
unidades, que denominó "Quaternions" (cuaternios), que satisface
todas las propiedades de las operaciones de la aritmética ordinaria con
excepción de la propiedad conmutativa de la multiplicación, resultando por
tanto el primer ejemplo de cuerpo no conmutativo en el campo real. En verdad,
no sólo el primero sino el único, como demostró Georg Frobenius en 1879. Los
cuaternios aparecieron en 1843, aunque Hamilton dio sus Lectures
on Quaternions, con el estudio completo
del tema, en 1853. En este tratado Hamilton introduce las matrices, como
extensión del concepto de determinante, aunque el cálculo de matrices será
desarrollado algo más tarde, en 1858, por Cayley, a quien se le debe el nombre
y su extensión al espacio pluridimensional.
Mientras la obra de Hamilton se difundió con
relativa rapidez no ocurrió lo mismo con la de Hermann G. Grassmann, hombre de
ciencia original, teólogo y lingüista que, a los 53 años, desengañado por el
escaso éxito de sus trabajos matemáticos, se dedicó al estudio del sánscrito.
Su obra matemática importante es de 1844 y se la conoce con el titulo
abreviado: Ausdehnungslehre es decir
"teoría de la extensión" (existe versión española con este título, B.
Aires, 1947) aunque su título completo alude a "una nueva disciplina
matemática expuesta y aclarada mediante aplicaciones". El tratado de 1844
trata la "parte lineal" de la teoría y la amplió en publicaciones de
años posteriores (1862,1878), pero su manera algo inusitada y en exceso
filosófica para los matemáticos de la época, hizo que esta obra pasara
inadvertida. Sólo más tarde, y muerto su autor, se reconoció amplia generalidad
y, total abstracción de este cálculo algebraico-geométrico en un espacio
de n dimensiones con
importantes aplicaciones, en el que aparecen conceptos básicos del cálculo
vectorial como "producto interno, producto externo”, etcétera.
Mientras el análisis vectorial prosigue su
marcha -el físico Maxwell en su célebre Treatise de 1873, lo utiliza con una concepción propia e
introduce los conceptos de "rotor” y "divergencia”; el estadounidense
Willard Gibbs, conocido por sus estudios de química física sobre el equilibrio
de los sistemas químicos, lo aplica a la mecánica celeste- y se discute o se
polemiza acerca de la mejor notación, entre las múltiples propuestas surgía una
disciplina vecina, prolongación del análisis vectorial; el análisis tensorial.
Implícito en la obra de Grassman, en su creación tuvieron influencia las ideas
de Riemann expuestas en su célebre memoria de 1854.
Nota complementaria
El "fenómeno" de Gibbs
Aun a título de mera, curiosidad mencionemos un
"fenómeno" vinculado con el nombre de Gibbs, que se presentó en la
determinación mecánica de los coeficientes de la serie de Fourier. Tal
determinación, así como la operación inversa de calcular la suma de los
términos de una serie trigonométrica, se realizaba el siglo pasado mediante
instrumentos denominados analizadores armónicos; la Universidad de Chicago
disponía de uno de ellos, que permitía sumar hasta 160 términos de la serie. Al
utilizarse el instrumento en un caso especial, aparecieron dos prolongaciones
rectilíneas inexplicables, que al principio se atribuyeron a una imperfección
del aparato, pero Gibbs pudo demostrar en 1899 la necesidad de la presencia de
esos dos segmentos rectilíneos.
La palabra "tensor", introducida en
1898 por el físico alemán Woldemar Voigt, procede del campo de la teoría de la
elasticidad, y designa el sistema de seis números que caracteriza el estado de
tensión de un punto en un sólido deformado. El cálculo tensorial fue organizado
sistemáticamente por Elwin B. Christoffel en 1869, introduciendo las derivadas
que más tarde se llamaron invariante y covariante, mientras que le dieron forma definitiva los
italiano.
Gregorio Ricci y su discípulo Tullio Levi Civita
en una memoria de 1901, Méthodes du calcul differentiel absolu
et leurs applications, que se tornó
célebre cuando Einstein acudió a ese instrumento para desarrollar su teoría
general de la relatividad (1916).
También se ocupó de análisis vectorial el inglés
Oliver Heaviside, quien expuso en 1892 un "cálculo operacional" que
permitía trasformar las ecuaciones diferenciales en algebraicas, que utilizó en
sus investigaciones acerca de las líneas y redes eléctricas. Expuesto de modo
recetario, sin fundamentos rigurosos, fue discutido y rechazado por los
matemáticos. Sin embargo, el cálculo operacional fue justificado en 1929 y
constituye un método, aplicable no sólo a la electricidad, sino también a la
óptica y la acústica. Mencionemos que en el siglo actual ocurrió algo semejante
con los deltas de Dirac.
Después de 1870 puede suponerse un nuevo
progreso hacia una concepción cada vez más abstracta de las construcciones
algebraicas, en la obra del estadounidense Benjamín Peirce sobre las álgebras
lineales asociativas. Se establecen allí los conceptos de elementos nilpotentes
e idempotentes, cuyo estudio inició al
autor en 1864 aunque no se publicó hasta después de su muerte en 1881. Esas
investigaciones fueron continuadas por su hijo Charles S. Peirce, que se ocupó
además de lógica matemática.
En este siglo, en cuya tercera década sobresalen
los nombres de Emmy Noether, Emil Artin y Van der Waerden, las investigaciones
algebraicas revelan la gran variedad de estructuras algebraicas o álgebras, así
como la fecundidad de la noción abstracta de ley de composición, culminando así
un proceso que de un álgebra como teoría de las ecuaciones, de comienzos del
siglo pasado, llega al álgebra de hoy como estudio de las estructuras
algebraicas.
Con las investigaciones algebraicas se vincula
el desarrollo de una rama de la matemática que, nacida hace un par de siglos,
se ha renovado totalmente y se ha enrolado en la tendencia abstracta de la
matemática de hoy, la topología algebraica.
La lógica matemática
A mediados del siglo XIX el álgebra invade un
campo virgen o casi virgen: la lógica. Sin duda, hacia esa época los
desarrollos de la lógica y de la matemática mostraban una diferencia profunda.
Mientras que en lógica las leyes del silogismo aristotélico se mantenían sin
mayores adiciones o perfeccionamientos, el rozamiento matemático,
independizándose cada vez más de aquellas leyes, seguía progresando y
produciendo nuevos brotes.
Hacia el siglo XVII comenzó a advertirse cierta
analogía entre la reducción algebraica y las reglas silogísticas, en vista de
que tanto en un caso como en el otro las letras "vacías" del álgebra
podían llenarse con entes cualesquiera y por tanto, también con proposiciones.
Estas ideas encuentran una primera expresión en
Leibniz, quien desde su juventud, en pos de "un alfabeto de los
pensamientos humanos" y de "un idioma universal", se propone
construir una "característica universal", especie de lenguaje
simbólico capaz de expresar sin ambigüedad todos los pensamientos humanos. De
manera que "al surgir una controversia entre dos filósofos, éstos la
zanjarían a la manera de los calculistas. Bastaría, en efecto, sentarse ante
los ábacos, pluma en mano, y como buenos amigos decirse: calculemos".
Estas ideas, precursoras de muchos conceptos
actuales, no tuvieron entonces mayor influencia, de ahí el estancamiento que se
advierte en este sentido en el siglo XVIII y comienzos del XIX, sin dejar de
señalarse las ideas prevalecientes de Kant, para quien no era necesaria
"ninguna nueva invención en la lógica".
Las cosas cambian en la primera mitad del siglo
pasado por obra especial de matemáticos ingleses, ya sea el grupo de los
fundadores de la " Analytical Society": Peacock, Babbage y Herschel que acentuaron el
carácter lógico de los fundamentos de la matemática, ya sea en Augustus de
Morgan, matemático original, según el cual los dos ojos de las ciencias exactas
son la lógica y la matemática, que introdujo en 1838 la expresión
"inducción matemática", con el sentido corriente de hoy y publicó
además una ingeniosa y ya clásica Colección de paradojas (póstuma, 1872).
Es posible que esos autores influyeran en George
Boole, quien se ocupó del tema desde 1847 y publicó en 1854 su obra The
laws of Thught que lo convirtió en el
cabal fundador de la lógica simbólica. Según Boole el objeto del libro era
"investigar las leyes fundamentales de las
operaciones de la mente, en virtud de las cuales se razona; expresarlas en el
lenguaje de un cálculo y sobre tal fundamento establecer la ciencia de la
lógica y construir su método; hacer de ese método la base de un método general
para la aplicación de la teoría matemática de las probabilidades y, finalmente,
recoger de los diversos elementos de verdad que surgen en el curso de esta
investigación algunas informaciones probables referentes a la naturaleza y
constitución de la mente humana..."
Si bien se advierte en
estos párrafos cierta heterogeneidad en la finalidad y contenido del libro de
Boole, su contribución al desarrollo de la lógica matemática fue permanente y
de tal importancia que hizo decir a Bertrand Russell que "la matemática
pura fue descubierta por Boole". Aunque en esta frase pueda verse el matiz
partidario del logicista Russell, es indudable que el libro de Boole abrió
nuevos horizontes a la investigación lógica, que a partir de él prosiguió en
dos direcciones: por un lado hacia una estructura más rigurosa de la lógica
misma, dirección que culmina en la monumental obra de Ernst D. Schröder sobre
"álgebra de la lógica", en cuatro volúmenes aparecidos entre 1890 y
1905 y, por el otro, hacia una vinculación cada, vez más estrecha entre la
matemática y la lógica, para confundirse ambas y culminar en las actuales
"álgebras de Boole".
La construcción de formalismos lógicos, en vista
de su aplicación a los fundamentos de la matemática, se inicia en forma
independiente por Ch. S. Peirce en Estados Unidos y por Friedrich Gottlob Frege
en Alemania.
Peirce fue un filósofo, que se cuenta entre los
fundadores del pragmatismo norteamericano y un matemático que se ocupó de
lógica matemática, perfeccionando la lógica de Boole e introduciendo nuevos
conceptos, como los de "valores y tablas de verdad". Por su parte
Frege, en los trabajos que publicó desde 1879 hasta comienzos de este siglo,
expuso en forma precisa y minuciosa conceptos cuya importancia se pondrá de
manifiesto más tarde, tanto en lógica como en matemática, pero que en su
tiempo, en parte por el complicado e inusitado simbolismo empleado, no
ejercieron mayor influencia y sólo se difundieron en el siglo actual, en
especial por obra de Russell.
Mientras tanto aparecía la contribución de los
"logísticos" italianos encabezados por Giuseppe Peano, que cristalizó
en los "formularios matemáticos", aparecidos a fines de siglo, en los
que se propuso exponer, en un lenguaje puramente simbólico, no sólo la lógica
matemática sino también los resultados más importantes de diversas ramas
matemáticas. Si bien la labor de Peano y de sus colaboradores fue criticada en
sus comienzos, más por el exceso de ciertas pretensiones de la doctrina que por
el empleo exclusivo de símbolos que daban a los escritos un aspecto desusado,
el saldo definitivo fue favorable, pues buena parte de los símbolos de Peano,
los de pertenencia, unión, intersección, etcétera, se conservan actualmente.
Por otra parte, esa labor contribuyó a
robustecer la corriente que puso cada vez más en evidencia las conexiones de la
lógica con la matemática. Esa corriente desembocó, ya en el presente siglo, en
los Principia mathematica que
Russell publicó, en colaboración con Alfred North Whitehead, matemático de
mentalidad filosófica, entre 1910 y 1913, obra de síntesis en la que se
combinan armoniosamente los resultados de Frege y de Peano o, como dice
Bourbaki, "la precisión de Frege con la comodidad de Peano", y que
representa, a comienzos de este siglo, la expresión más acabada de la lógica
matemática o mejor, de acuerdo con su orientación, de la matemática como
lógica.
Los progresos de la lógica matemática en el
siglo XX se vinculan en parte con la cuestión que se suscitó respecto de los
fundamentos de la matemática. Mencionemos en este sentido la aparición de las
lógicas plurivalentes, que se inicia con las lógicas trivalentes, que introduce
Luitzen E. J. Brouwer en conexión con su concepción intuicionista, y culmina
con el concepto de valor continuo de la verdad, valor intermedio entre el 1 que
expresa la verdad y el 0 que expresa falsedad que recibe el nombre de
probabilidad, concepto introducido en 1932 por Hans Reichenbach como base para
una teoría matemática de las probabilidades.
Axiomática
Una consecuencia del análisis lógico de los
fundamentos de la matemática fue la crítica y consiguiente actualización del
método axiomático, instaurado, como vimos, por Euclides con sus clásicos Elementos y aplicado posteriormente por matemáticos
antiguos y modernos. Pero el sistema euclidiano, al ser puesto en tela de
juicio con la aparición de las geometrías no euclidianas, fue obligado a una
revisión de sus fundamentos, que puso en evidencia sus debilidades lógicas, las
que, a fines de siglo, mostraron su presencia no sólo en la geometría sino en
la matemática toda, con la consecuencia de una revisión del método axiomático
en sí.
En este sentido puede decirse que tal revisión
se inicia con las Lecciones de geometría moderna de Moritz Pasch, profesadas en 1873 y publicadas
en 1882, donde por primera vez se presenta un sistema completo de postulados
suficiente para exponer rigurosamente la geometría proyectiva. Aunque Pasch
confiere aún ciertos rasgos físicos a los entes geométricos, insiste en que la
construcción así fundada es independiente de ellos y no tiene por qué apelar a
la intuición; no deja de ser sintomática su advertencia, hoy trivial pero sin duda
útil en su época, de no omitir en sus "razonamientos ni aun los argumentos
más insignificantes".
En la dirección axiomática siguen los trabajos
de Dedekind, que en 1888 expuso un sistema completo de axiomas sobre los cuales
fundar la aritmética, y los de Peano quien en 1889 hizo conocer un
ensayo, Los principios de la geometría expuestos lógicamente, en el cual todas las proposiciones se expresan
en forma puramente simbólica y solo las notas están en italiano. Mayor difusión
tuvo otro ensayo del mismo año, en este caso con las notas en latín,
sobre Los principios de la aritmética expuestos según un nuevo
método, que se reproduce algo
modificado en el Formulario de
1891.
Nota complementaria
La axiomática de Peano
Los axiomas de Peano, expresados con símbolos
lógicos son nueve, pero cuatro de ellos no son sino la definición por
abstracción de la igualdad, mientras que los cinco restantes, expresados en
lenguaje común, son:
1.
1 es un
número;
2.
si n es
un número su sucesivo (n + 1) es un número;
3.
si dos
números son iguales, sus sucesivos también lo son;
4.
1 no es
sucesivo de ningún número;
5.
toda
propiedad que pertenece al número l, si al pertenecer al
número x pertenece también al sucesivo, es una propiedad de
todos los números.
El último axioma no es sino el principio de
inducción completa que vimos aplicado por Maurolyco, que deja ahora de ser un
principio extra matemático o un método de demostración para convertirse en lo
que verdaderamente es: la esencia de la definición del número natural o, mejor,
de la sucesión natural, como una cadena que posee un primer eslabón y en la que
a cada eslabón sigue otro. Esa cadena, por lo demás, es la más simple y la
sucesión, por su parte, es el conjunto infinito mínimo entre todas las cadenas
y los variados conjuntos que satisfacen los cuatro primeros axiomas.
En el lenguaje axiomático el sistema de Peano contiene tres ideas primarias:
uno (o cero), número y sucesivo, es decir que los axiomas de la aritmética
ordinaria, expresados con el simbolismo lógico, contienen, además de los signos
de las constantes lógicas, sólo tres signos nuevos: el de número, el de uno (o
cero) y el de sucesivo.
Después de Peano cabe mencionar a uno de sus
discípulos, Mario Pieri, que introdujo en 1897 el movimiento como concepto
primitivo de la geometría euclidiana y, ya en este siglo, al estadounidense
Edward Vermilye Huntington que formuló sistemas de postulados para distintas
disciplinas matemáticas. Pero el verdadero sistematizador del pensamiento
axiomático en general fue Hilbert con sus famosos Grundlagen der
Geometrie de 1899, que confieren sello
riguroso al tradicional método euclídeo y lo convierte en un proceso de alcance
mayor y fecundo en problemas de toda índole.
Nota complementaria
La axiomática de Hilbert
Una reseña de los Grundlagen de 1899 puede dar idea
del método axiomático instaurado por Hilbert. Comienzan con la siguiente
"Aclaración. Pensemos tres diferentes clases de objetos. Llamemos a los
objetos de la primera clase puntos... a los objetos de la segunda, rectas... y
los objetos de la tercera, planos... ". Según una anécdota muy difundida
Hilbert aclaraba su "aclaración" diciendo que podían sustituirse las
palabras: punto, recta y plano por mesa, silla y vaso de cerveza, sin que esto
alterara en lo más mínimo la geometría resultante, lo que equivale a subrayar
el carácter arbitrario del nombre de los objetos, que se convierten en entes
abstractos definidos implícitamente por los axiomas, de ahí la expresión
"definiciones disfrazadas" con que Poincaré designada los axiomas. En
efecto según Hilbert: "Supongamos que puntos, rectas y planos estén en
ciertas relaciones mutuas, Que designaremos con las palabras "estar en”,
"entre", "paralelo", "congruente",
"continuo", cuya exacta y completa descripción se logrará mediante
los axiomas de la geometría".
Los axiomas sobre los cuales Hilbert funda la geometría euclidiana son veinte,
distribuidos en cinco grupos: de enlace, de orden, de paralelismo, de
congruencia y de continuidad. Los axiomas de enlace definen las relaciones
entre puntos, rectas y planos, que dan sentido a las expresiones "estar
sobre", "pasar por", etcétera. Los axiomas de orden cumplen
igual finalidad respecto de expresiones como '"entre" u
"ordenamiento", y permiten definir el segmento. Cabe agregar que
entre los postulados de Euclides figuran algunos de los axiomas de enlace de
Hilbert; en cambio Euclides no menciona para nada la idea de orden y adopta el
segmento como noción primitiva y el ordenamiento como algo dado empíricamente,
lo que le permite soslayar sofismas en que podría incurrir en un tratamiento
riguroso que no tomara en cuenta los axiomas del orden. Estos axiomas, ya
utilizados por Pasch, y su exigencia en la construcción geométrica, constituyen
uno de los progresos que la crítica moderna puso en evidencia en el análisis de
los principios de la geometría. Por su parte, el axioma de paralelismo, que
admite la existencia de una y una sola recta paralela a otra dada por un punto
exterior a aquélla, equivale al Quinto postulado de Euclides, mientras que los
axiomas de congruencia, cuyos equivalentes son las "nociones comunes"
de Euclides, definen el concepto de congruencia o de movimiento de segmentos,
ángulos (que se definen en forma correlativa a los segmentos) y triángulos. Por
último, Hilbert admite como axioma de continuidad una expresión que equivale a
la definición de Euclides, y que Hilbert denomina con razón "axioma de
Arquímedes".
Después de exponer y aclarar sus axiomas, Hilbert recurre en sus Grudlagen a
una novedad importante, al abordar el análisis lógico del conjunto de axiomas y
exigir, por una parte, su compatibilidad, es decir que no exista en ellos
contradicción interna y, por otra, que sean independientes, o, lo que es lo
mismo, que un grupo de axiomas no sea consecuencia de los grupos anteriores.
Para ello, Hilbert construyó geometrías artificiales, cuyos cimientos son
números o funciones, de tal modo que a las relaciones geométricas definidas por
los axiomas corresponden relaciones homologas entre esos números o funciones.
Para demostrar que los axiomas de un grupo son compatibles, basta demostrar que
en la geometría artificial correspondiente no hay contradicción, lo que se
comprueba por cuanto, si hubiera contradicción, ella aparecería en la
aritmética del sistema de números o funciones así construida. Para demostrar la
independencia de un axioma determinado respecto de los demás, basta construir
también una geometría artificial, que admita éstos y niegue aquél. Si esta
geometría es compatible queda demostrada la independencia del axioma en
cuestión. Con este análisis Hilbert comprueba la validez de las geometrías no
euclidianas, al demostrar la independencia del axioma de paralelismo, y de las
geometrías no arquimedianas, de las cuales Veronese había dado un ejemplo en
1891, al comprobar la independencia del axioma de Arquímedes.
Claro es que las consideraciones de Hilbert desplazaron la cuestión de la
compatibilidad e independencia de los axiomas de la geometría al problema
semejante, aunque de raíz más profunda, de la compatibilidad de los axiomas de
la aritmética que, como vimos, fue precisamente uno (el segundo) de los 23
problemas señalados por Hilbert en el Congreso de 1900.
Los Grundlogen terminan con un interesante "Epílogo"
en el que Hilbert, después de insistir en la importancia de los problemas y
recordar la "exigencia de pureza de los métodos demostrativos, elevada a
principio por muchos de los matemáticos de nuestro tiempo", termina
diciendo: “La investigación geométrica precedente pretende dilucidar en toda su
generalidad qué axiomas, presupuestos o medios auxiliares son necesarios para
establecer una verdad de geometría elemental, dejando a las circunstancias la
elección de los métodos demostrativos adaptados al punto de vista que se haya
adoptado".
La teoría de conjuntos
Los Grundlagen de Hilbert plantearon la cuestión de la
compatibilidad de los axiomas de la aritmética, cuestión que se debatió en los
primeros decenios de este siglo en la llamada "crisis" de los
fundamentos de la matemática; crisis que surgió, a su vez, de una de las
concepciones del siglo pasado que se convirtió en tema cardinal de la
matemática del siglo XX: la teoría de conjuntos, cuyo creador, en el sentido
actual, es el ya mencionado Cantor.
La idea de conjunto, que Cantor definió como
“agrupamiento en un todo de objetos bien definidos, de nuestra intuición o de
nuestro pensamiento", no era nueva en matemática, como no lo eran las
anomalías y aparentes paradojas que proporcionaban los conjuntos infinitos. Ya
Galileo, en sus célebres Discorsi de 1638, había traído a colación cuestiones matemáticas vinculadas
con los conjuntos infinitos: al comparar la serie natural con la de sus
cuadrados había comprobado la coordinabilidad de un conjunto con una de sus
partes y en una comparación de sólidos, a la manera de Arquímedes en el Método, había llegado a la paradójica equivalencia entre
un punto y una circunferencia. Por otra parte Bolzano, ya mencionado como
precursor de la aritmetización del análisis, se había ocupado de las
"paradojas del infinito", en un libro de este título que apareció
póstumo en 1851, donde asomaban, en una atmósfera más filosófica que
matemática, algunas de las nuevas concepciones, pero será Cantor quien dará
vida estable y rigurosa a la "teoría de conjuntos". De origen ruso
pero formado en Alemania, Cantor inicia su carrera científica con la mencionada
exposición de los números irracionales de 1872, estudios que, en unión con
investigaciones acerca de las series trigonométricas inspiradas en Riemann, lo
condujeron a desarrollar la teoría de conjuntos una serie de memorias de 1874 a
1884. Esta teoría original, pero audaz y revolucionaria para la época, encontró
oposición en especial entre matemáticos influyentes de Alemania; esta
circunstancia, unida a las dificultades que presentaba la teoría y los nuevos
problemas que planteaba, llevó tal vez a su autor a una enfermedad nerviosa que
lo mantuvo alejado de la ciencia durante unos años, volviendo a ocuparse de la
teoría de conjuntos en el decenio 1887-1897.
Además del progreso técnico que significó, por
la importancia de sus conceptos y aplicaciones a la teoría de conjuntos trajo a
primer plano la cuestión del infinito en matemática. Esta cuestión venía de
lejos; baste pensar que la distinción, aún vigente en matemática, entre
infinito potencial e infinito actual procede de Aristóteles. En los tiempos
medievales el infinito vuelve a asomar, ya sea con la introducción del cero
como símbolo operatorio, ya sea en el tratamiento de series convergentes, pero
es en los siglos del auge de los métodos infinitesimales cuando el infinito
recobra actividad, aunque en forma siempre imprecisa, ya sea envuelto en las
brumas "metafísicas" que rodeaban a los conceptos básicos del cálculo
infinitesimal, ya sea amparado por el éxito de las aplicaciones de ese cálculo.
La aritmetización del análisis disipa aquellas
brumas y elimina toda consideración acerca del infinito actual, para dejar
incólume sólo el infinito potencial aunque sin advertirse entonces que
expresiones tan inocentes como "los puntos de un segmento" o "la
ecuación de una recta", ocultaban el infinito actual, que Cantor sacará a
plena luz. A la frase de Gauss, para quien el infinito actual era "una
manera de hablar", Cantor responde: "No obstante la diferencia
esencial entre los conceptos de infinito potencial y de infinito actual (siendo
el primero una magnitud finita variable que crece más allá de todo límite
finito, y el segundo una magnitud fija, constante, que se mantiene más allá de
todas las magnitudes finitas) ocurre con frecuencia tomar el uno por el otro...
En vista de la justificada aversión a tales infinitos actuales ilegítimos y a
la influencia de la tendencia moderna epicúreo-materialista, se ha extendido en
amplios círculos científicos cierto horror infiniti, que encuentra su expresión clásica y su apoyo en
la carta de Gauss; sin embargo me parece que el consiguiente rechazo, sin
critica alguna, del legítimo infinito actual no deja de ser una violación de la
naturaleza de las cosas, que han de tomarse como son".
La teoría cantoriana legitima este infinito
actual, este infinito como ser, que está "en la naturaleza de las
cosas" que hasta entonces había estado reprimido de modo que sólo pudiera
emerger a la conciencia matemática el infinito potencial, el infinito como
devenir. Y así como el siglo XIX legisló sobre el infinito actual, Cantor con
su teoría de conjuntos legislará, jerarquizara, y clasificará el infinito
actual.
Hilbert contribuyó, con su gran autoridad, a
difundir las ideas de Cantor, en especial en Alemania, y puede decirse que la
teoría de conjuntos recibió consagración oficial en el Congreso de Zurich de
1897.
Esa teoría trajo aparejado el hallazgo de
algunos "conjuntos paradójicos", que dieron base a una polémica
acerca de los fundamentos de la matemática que se mantuvo durante los primeros
decenios de este siglo y cuya reseña tiene ya cabida en una historia de la
matemática.
Algunas de esas paradojas, que se deben al uso
indebido del concepto "todos", venían de lejos. Recuérdese la del
cretense mentiroso que puede sintetizarse en la expresión "yo
miento", que implica contradicción pues si digo verdad miento y si miento
digo verdad. Ese tipo de sofisma, con ropaje variado, está muy difundido; una
versión, por ejemplo, se enuncia en el Quijote.
Complemento 163
La paradoja del Quijote
Aparece entre las cuestiones sometidas al juicio de
Sancho Panza como gobernador de la ínsula de Barataría (Parte II, Cap. II). En
resumen es la siguiente: El dueño de un río había impuesto como condición a
quien quisiera pasar un puente que lo cruzaba, que debía "jurar primero a
dónde y a qué va; y si jurase verdad, déjenle pasar, y si dijere mentira, muera
por ello ahorcado en la horca que allí se muestra", Ocurrió entonces que
un hombre, que sin duda había leído a Russell, dijo que no iba a otra cosa que
"a morir en aquella horca", con lo cual los encargados del cruce del
puente quedaron desconcertados, pues si lo dejaban pasar libremente el hombre
había mentido y debía morir en la horca, pero si era ahorcado había dicho
verdad y se debía dejar pasar libremente. Lo que sigue ya no es cuestión de
lógica, pero vale la pena terminar el cuento. Consultado el buen Sancho, que no
entiende de sutilezas lógicas, propone al principio una imposible solución
salomónica: "que de este hombre aquella parte que juró verdad la dejen
pasar y la que dijo mentira la ahorquen", mas luego, cediendo a razones no
lógicas pero sí humanitarias, resuelve que lo dejen pasar libremente "pues
siempre es alabado más el hacer bien, que mal".
En estas paradojas los conceptos lógicos o
matemáticos están encubiertos por palabras. No ocurre lo mismo con las que
dieron origen a la "crisis" de los fundamentos de la matemática: la
de Cesare Burali Forti, que en 1897 observó que el conjunto bien ordenado
formado por todos los números ordinales era contradictorio, así como resultaba
contradictorio el "conjunto de todos los conjuntos que no se contienen a
sí mismos como elementos" (paradoja de Russell de 1905).
Las cuestiones que suscitaron estas paradojas
desataron la polémica, que culminó hacia 1930; en ella se perfilaron tres
tendencias: logicista, formalista e intuícionista.
Con su concepción de la matemática como parte de
la lógica o como formando una única y misma disciplina con la lógica, el
logicismo encabezado por Russell vio la solución, para eliminar las paradojas,
en un llamado "principio del círculo vicioso": Un elemento, cuya
definición implica la totalidad de los elementas de un conjunto, no puede
pertenecer a este conjunto, lo que llevó a desarrollar una "teoría de
tipos”, que escalona las proposiciones en una serie jerárquica, y a recurrir a
un discutido "axioma de reducibilidad".
Cabe agregar que el logicismo o un aliado
durante la polémica al ganar la adhesión del "Círculo de Viena",
entonces vigorosa agrupación de científicos y filósofos que, en su primer
Congreso (Praga, 1929), se interesó por la cuestión de los fundamentos de la
matemática, escuchó a los voceros de las tres tendencias en pugna y se inclinó
por la tendencia logicista. Pero debe advertirse que la doctrina del Círculo de
Viena, el empirismo lógico o positivismo lógico, provenían, en lo referente a
la lógica, principalmente de la obra de Ludwig Wittgenstein, Tractatus
logico-philosophicus de 1922 (existe
versión española, Madrid, 1957) que, al vincular la lógica con la matemática,
convertía a ambas en vastas tautologías.
La tendencia formalista, cuyo adalid fue
Hilbert, constituyó la corriente tradicional y más afín a los matemáticos
profesionales. Según ella la matemática no es sino un variado juego de signos y
símbolos de carácter formal, sin contenido empírico alguno. Estas "formas
vacías" obedecen a una serie de reglas de estructura y de deducción que,
en último análisis, descansan en un sistema de axiomas. Un sistema formal así
concebido depende única y exclusivamente de su validez lógica, de manera que el
problema central del formalismo es el de la demostración de la no contradicción
del grupo básico de axiomas de cada sistema formal. Tal es la tarea que se
propusieron Hilbert y su escuela al crear una disciplina, la
"metamatemática", que comprende una "teoría de la
demostración", y que entendida de cierto modo como disciplina autónoma, ya
ha producido resultados notables, como el ya clásico teorema de Kurt Gödel de
1931 según el cual no todo es demostrable en un sistema formal y, como
consecuencia, el teorema no menos notable de Paul J. Cohen que en 1963
demuestra la independencia de la "hipótesis del continuo", uno de los
problemas centrales de la teoría de conjuntos.
Muy distintos son los fundamentos de la tercera
tendencia, la del intuicionismo, cuyo representante máximo fue Brouwer, que
asigna al conocimiento matemático un carácter intuitivo inmediato y concibe la
matemática como "una actividad constructiva del espíritu" o "el
ingrediente exacto de nuestro pensamiento". Esta concepción, que a muchos
científicos suena a mecánica y que sin duda contiene buena dosis de psicología,
trajo a primer plano la exigencia de la constructividad de las proposiciones
sistemáticas, que obligó a una revisión de las proposiciones no constructivas y
a la búsqueda de nuevos recursos de demostración, lo que no dejó de ser
saludable. Asimismo, como recordamos, otra contribución del intuicionismo,
consecuencia de su concepción de la lógica y de sus relaciones con la
matemática, fue el advenimiento de lógicas no bivalentes.
Para terminar con la teoría de conjuntos, quizá
convenga agregar que al convertir la noción de conjunto en una noción básica de
la matemática, se hizo indispensable su introducción en la enseñanza general y
se creó, en forma elemental, un "álgebra de conjuntos", en la que
desempeñan eficaz papel didáctico los llamados "diagramas de Venn",
que el lógico inglés John Venn propuso en 1880, modificando diagramas
semejantes que en 1770 había utilizado Euler para representar los silogismos.
Probabilidades y estadística
Después de Laplace el estudio teórico de las
probabilidades no logró, durante el siglo pasado, mayores progresos, o por lo
menos esos progresos fueron menores que los que realizará en este siglo; en
cambio, encontró numerosas e importantes aplicaciones.
La aplicación a la teoría de los errores de
observación dio nacimiento a la ley de distribución de los errores que lleva el
nombre de Gauss, quien la hizo conocer en 1809, admitiendo, entre otras
hipótesis, el postulado: el valor más probable de una magnitud, de la cual se
conocen n medidas de
igual precisión, es la media aritmética de dichas medidas. De esta cuestión y
con resultados semejantes también se ocupó Laplace.
La aplicación de las probabilidades a la
sociología y a la antropología, con el nacimiento de la estadística moderna, es
obra del belga Adolphe Quételet, que en 1835 publica Sur
I'homme... “donde introduce el concepto
de "hombre medio". Su interés en la organización de la estadística,
en el orden nacional e internacional, lo llevó a promover el primer congreso
científico internacional de Estadística (Bruselas, 1853).
En la segunda mitad del siglo aparecen las
aplicaciones a los fenómenos físicos y biológicos. En 1859 Maxwell, al aplicar
el cálculo de probabilidades a la teoría cinética de los gases, da la ley de
distribución de las velocidades moleculares y en 1877 Ludwig Boltzmann llega al
resultado, sorprendente para su tiempo, de ser la entropía proporcional al
logaritmo de la probabilidad del estado del gas. Ya en este siglo, Gibbs
generaliza la cuestión con sus Principios elementales de mecánica estadística,
desarrollada con especial referencia a los fundamentos racionales de la
termodinámica, de 1902.
Mientras tanto el inglés Francis Galton, en sus
investigaciones acerca de la herencia de 1887-1889, inaugura la aplicación de
los métodos estadísticos a la biología. Sus estudios, en los que introduce el
concepto de "correlación", fueron desarrollados más tarde por Karl
Pearson, quien en 1901 funda la revista "Biometrika", órgano de esas
investigaciones.
El siglo XX verá una renovación total del
cálculo de probabilidades y de todos sus problemas, con la intervención de la
teoría de conjuntos y el análisis general que convierten ese cálculo en una
rama más de la matemática abstracta del siglo. El cálculo de probabilidades se
axiomatiza, sus nociones se generalizan, se extienden sus aplicaciones y surgen
nuevas teorías, como la "teoría de la decisión", que encaran los
viejos problemas con nuevos métodos.
En conexión con el cálculo de probabilidades
nace en el presente siglo una nueva disciplina, típica de la atmósfera científica
de la época, con el tratado de 1947 que la bautiza: Cibernética
o control y comunicación en el animal y en la máquina, del estadounidense Norbert Wiener. Imposible de
encasillar en las habituales clasificaciones de las ciencias, en la cibernética
se injertan, fuera de los temas implicados en el amplio contexto de su título,
cuestiones de toda índole: teoría de la información y de la comunicación;
deducción e inducción automáticas Y, en general, la automatización, la teoría
de la decisión,...
Una consecuencia notable de esta conexión entre
disciplinas distintas es la vinculación que se establece entre la información y
la energía, demostrándose que, desde el punto de vista de su medida, la
información no es sino entropía negativa, o que la información restablece la
entropía perdida.
Tabla Cronológica
|
Milenio III a. C. |
Están en vigencia dos sistemas de
numeración escrita: el sistema sexagesimal (posicional) de los sumerios y el
sistema decimal (aditivo) de los egipcios. Probable época de la fijación del
calendario solar egipcio de 365 días. |
|
Milenio II a. C. |
Época de las tablillas matemáticas con
textos cuneiformes descifradas en este siglo (ecuaciones de segundo grado,
método de falsa posición, teorema de Pitágoras, tripletes pitagóricos,...). |
|
S. XVII a. C. |
Época del más importante documento
matemático egipcio: el papiro Rhind. |
|
c. 1000 a. C. |
Los babilonios extienden a los círculos
celestes la división del día en 360 partes. |
|
S. VI a. C. |
Época del legendario PITÁGORAS y de la
fundación en Crotona de la escuela o secta de los pitagóricos, a quienes se
atribuye el nacimiento de la matemática como ciencia deductiva. Se les debe:
propiedades de los números (números figurados, amigos, perfectos); el teorema
de Pitágoras y los tripletes pitagóricos; los problemas de aplicación de
áreas y el descubrimiento de los "irracionales", aunque la primera
noticia de tal descubrimiento aparece en un Escolio de ARISTÓTELES. |
|
529 a. C. |
Se produce un eclipse de Sol que habría
predicho TALES de Mileto, a quien por lo demás se le atribuyen conocimientos
geométricos. |
|
S. V a. C. |
"Siglo de Pericles", en el que
nacen y se estudian los "problemas clásicos" de la geometría
griega: la trisección del ángulo, la duplicación del cubo y la cuadratura del
círculo. Florecen en él HIPÓCRATES de Quio, que se ocupó de la duplicación
del cubo e inventó, en conexión con el problema de la cuadratura, las
"lúnulas" que llevan su nombre: FILOLAO de Crotona, pitagórico que
habría divulgado los conocimientos secretos de la secta; TEODORO de Cirene
que demostró la irracionalidad de varios números; ZENON de Elea, autor de
argumentos, algunos de índole matemática, contrarios a las concepciones de
los pitagóricos; HIPIAS de Elis que, al ocuparse de la trisección, inventó
una curva llamada más tarde "cuadratriz" por su aplicación al
problema de la cuadratura; y ARQUITAS de Tarento que se ocupó de la
duplicación. - En este siglo el sistema de numeración griego con letras
comienza a desplazar un sistema más antiguo llamado más tarde
“herodiánico". |
|
S. IV a. C. |
Siglo de la Academia de PLATÓN y del Liceo
de ARISTÓTELES. Con la Academia se vinculan EUDOXO de Cnido, a quien se debe
el método más tarde llamado de "exhaución" y una teoría general de
la proporcionalidad; TEETETO de Atenas que se ocupó de irracionales; MENECMO
a quien se le atribuye el invento de las cónicas; y su hermano DINOSTRATO que
se ocupó del problema de la cuadratura. - Con ARISTÓTELES, que se ocupó de
los principios de la matemática, se vincula EUDEMO de Rosas a quien
ARISTÓTELES encomendó una compilación de los conocimientos geométricos de la
época. - También pertenece a este siglo DEMÓCRITO de Abdera, el fundador del
atomismo griego, a quien ARQUÍMEDES menciona con motivo del volumen de la
pirámide. |
|
c. 300 a.C. |
Florece EUCLIDES de Alejandría, autor de
Elementos de geometría, sistematización de gran parte de la geometría
griega.- Probable fecha del sistema vigesimal (posicional) de numeración de
los mayas. |
|
S. III a. C. |
Pertenecen a este siglo ARQUÍMEDES de
Siracusa que dejó vinculado su nombre con la hidrostática, con la teoría de
la palanca y con una espiral. Se ocupó además de la medida de la
circunferencia y de diversas cuestiones de aritmética y de geometría plana y
sólida, llegando mediante un original método de su invención a resultados que
luego demostraba rigurosamente por exhaución; y APOLONIO de Perga a quien se
debe el tratado griego más completo acerca de las cónicas. - También florecen
en el siglo ERATÓSTENES de Cirene que, además de realizar la primera medición
científica de la Tierra, se ocupó del problema de la duplicación; NICOMEDES
que se ocupó de la trisección; y ARISTARCO de Samos, autor de un sistema
planetario heliocéntrico que aplicó la matemática a la astronomía. |
|
S. II a. C. |
Florecen en este siglo HÍPSICLES de
Alejandría, autor de un supuesto "libro XIV" de los Elementos de
EUCLIDES, que se ocupó de poliedros regulares; TÉODOSIO de Bitinia que
publicó el primer tratado de Esférica, HIPARCO de Nicea, astrónomo que sentó
los fundamentos del sistema geocéntrico que luego desarrollaría PTOLOMEO; y
DIOCLES, que se ocupó del problema de la duplicación.-Edad de oro de la
astronomía caldea. - Probable época del tratado clásico chino: Las regias de
cálculo en nueve parte de CHANG TS’ANG. |
|
46 a. C. |
Julio Cesar introduce el año bisiesto en el
calendario (reforma juliano) |
|
S. I a. C. |
Florecen en este siglo NICÓMACO de Geresa,
autor de un tratado elemental de aritmética; MENELAO de Alejandría que se
ocupó de geometría plana y esférica; y HERÓN de Alejandría, autor de
filiación discutida que se ocupó de matemática y de técnica, a quien se
atribuye un teorema de geometría plana que lleva su nombre. |
|
S. II |
Pertenece a este siglo el astrónomo
PTOLOMEO de Alejandría a quien se debe una "Tabla de cuerdas”, en cuya
construcción utilizó teoremas que llevan su nombre. |
|
S. III |
Aparece la Colección matemática de PAPPUS
de Alejandría, sistematización de la matemática griega con mucho de original.
Probablemente de este siglo DIOFANTO de Alejandría, cuya obra se conecta hoy
con la matemática de los babilonios y que se ocupó d teoría de números, pero
en especial de análisis indeterminado en su Aritmética. |
|
S. IV |
Pertenece a este siglo: TEÓN de Alejandría,
cuya revisión de los elementos de EUCLIDES sirvió de base para las ediciones
modernas de la obra; y su hija HIPATÍA, también matemática que comentó
autores antiguos, recordándosela por su muerte en los tumultos entre paganos
y cristianos. |
|
S. V |
Primeras manifestaciones de la matemática
hindú. En los siddhanta, obras de índole astronómicas, ya no se miden los
arcos mediantes las cuerdas, como en PTOLOMEO, sino mediante la semicuerda y
la flecha (nuestro seno y la diferencia entre el radio y el coseno). La
construcción de una "tabla de senos” se señala en la obra del hindú
ARYABHATA de este siglo, que se ocupó también de análisis indeterminado (con
números enteros). También pertenecen a este siglo EUTOCIO de Ascalena,
comentarista de autores griegos; y el filósofo PROCLO de Bizancio, autor de
un importante comentario al "Libro I” de los elementos de EUCLIDES. |
|
S. VI |
Desde comienzo de este siglo está
establecido el actual sistema de numeración decimal de origen hindú. El
romano BOECIO compone tratados elementales de aritmética y geometría, que
constituyen textos durante los tiempos medievales. |
|
S. VII |
BRAHMAGUPTA se ocupa de análisis
indeterminado. |
|
S. VIII |
En las escuelas del reino franco se imparte
la enseñanza del quadrivium; aritmética, geometría, música y astronomía, de
acuerdo con el plan fijado por ALCUINO de York. |
|
S. IX |
Comienza el aporte árabe a la matemática,
en materia de traducciones y obras originales: AL-KHUWARIZMI compone una
Aritmética que contribuyó a difundir el sistema decimal de numeración y un
tratado, que dio nacimiento al álgebra, que con la resolución numérica de la
ecuación de segundo grado y su comprobación geométrica; TABIT b.QURRA traduce
obras griegas al árabe y de las más antigua regla para obtener "números
amigos”; AL- MAHANI traduce algebraicamente problemas geométricos, no
reducibles a ecuaciones cuadráticas. |
|
S. X |
El árabe ABU AL-WAFFA se ocupa de las
funciones circulares. GEBERTO de Aurillac divulga en Occidente el uso de las
cifras hindúes (sin el cero). |
|
S. XI |
Apogeo de la matemática árabe en Oriente:
ALHAZEN se ocupa de matemática y de óptica; AL-KARHI da una demostración
geométrica de la suma de los cubos; OMAR KHAYYAM clasifica y resuelve las
ecuaciones hasta las cuárticas, en forma aritmética o geométrica. |
|
S. XII |
En la Iberia musulmana GEBER (Jabir
b.Aflah) se ocupa de trigonometría esférica. El hindú BASKHARA se ocupa de
álgebra. Comienza el periodo de la trasmisión a Occidente del saber árabe (en
gran parte de origen griego); ADELARDO de Bath y ROBERTO de Chester traducen
a AL-KHUWARIZMI; en España JUSN de Sevilla y Domingo GUNDISALVO traducen en
colaboración pasando por el castellano: igualmente traducen en colaboración
del hebreo al latín ABRAHAM Bar Hiyya y Platón de Tivoli; culminando la era
de los traductores con la escuela de Toledo y GERARDO de Cremoa; a quien se
debe la traducción de una quincena de autores griegos y árabes. |
|
S. XIII |
En Oriente florece al árabe NASIR AL-DIN,
mientras en Sicilia GUILLERMO de Moerbecke traduce directamente del griego al
latín. Comienza el despertar matemático de Occidente; FIBONACCI propugna el
sistema de numeración decimal en su Líber Abad de 12 02 y se ocupa de teoría
de números, álgebra y geometría; un JORDANUS Nemorarius se ocupa de álgebra;
CAMPANO traduce a Euclides; y el astrónomo SACROBOSCO se ocupa de aritmética.
Fuera del campo estrictamente matemático el escolástico Ramón LULL trata
cuestiones lógicas. |
|
S. XIV |
Florece el chino CHU SHI-CHIEN, en cuya
obra aparece el "triángulo aritmético”; y el inglés BRADWARDONE, autor
de una geometría especulativa. La trigonometría se desarrolla por obra del
judío LEVI b.Gerson y el inglés WALLINGGROAD. Se estudia el movimiento
uniformemente variado en forma gráfica por el francés ORESME y en forma
retorica por los ingleses HEYTESBURY y "Calculator” (regla de Mertón). |
|
c. 1340 |
Se menciona el método de contabilidad por
partida doble. |
|
S. XV |
El filósofo Nicolás de CUSA se ocupa de
distintas cuestiones matemáticas. En la segunda mitad del siglo los
astrónomos PEURBACH y REGIOMONTANO compilan tablas de funciones circulares.
Aparecen los primeros tratados de aritmética impresos: Treviso (1478); de
Pietro Borghi (1484) y de Widmann (1489); en este último, se introducen los
signos + y -, a fines de este siglo, Piedro della Francesca compone un
tratado de perspectiva que circula manuscrito. |
|
1484 |
Se imprime el Euclides de CAMPANO. LEONARDO
da Vinci inicia su carrera de ingeniero, durante la cual se ocupó de variadas
cuestiones matemáticas. |
|
1484 |
Le triparty en la sciencie de nombres de
CHUQUET que trata de aritmética, álgebra, simbolismo, racionalización de
denominadores. .. |
|
1494 |
PACIOLI summa de arithmetica, geometría,
proportiono et proportionalita, resumen de la matemática medieval. |
|
c. 1509 |
Época en la que DEL FERRO habría resuelto
una ecuación cubica trinomía. |
|
1509 |
PACIOLI, la divina proporción que trae como
apéndice un tratado de los cuerpos regulares (sin nombre de autor) de PIERO
della Francesca, compuesto en 1487. En libri de triplicimotu, Alvaro TOMÁS
suma series convergentes. |
|
1525 |
DÜRER se ocupa de cuestiones geométricas y
de perspectiva, introduciendo las proyecciones horizontales y verticales. En
Die coss RUDOLFF introduce el signo de raíz. |
|
1533 |
Aparece póstuma De trianguiis de
REGIOMONTANO, obra compuesta hacia 1464, que constituye el primer tratado de
trigonometría de importancia en latín. |
|
1534 |
Fecha en la cual TARTAGLIA habría resuelto
los tres casos, según él, de las ecuaciones cúbicas trinomias. |
|
1537 |
TARTAGLIA. Nova scientia inventa, donde
aparecen nociones de balística. |
|
1542 |
Narratio primo de RHETICUS, donde aparecen dos capítulos sobre funciones
circulares de la famosa obra de COPÉRNICO, que aparecerá el año
siguiente: Las revoluciones de la esfera celestes. NUÑEZ
describe el dispositivo llamado "nonius", que VERNIER modificará en
1631, de ahí también su nombre de "vernier". |
|
1544 |
En su Arithmetica Integra STIFEL
se ocupa de teoría de números y de álgebra, asomando la primera noción de los
logaritmos. |
|
1545 |
Aparece Ars magna de
CARDANO, primer tratado de álgebra digno de este nombre, donde aparecen la
solución de las cúbicas de TARTAGLIA y el método de solución de la cuártica
de FERRARI. |
|
1546 |
Quesiti et inventioni diverse de TARTAGLIA, con distintas
cuestiones técnicas y matemáticas, así como notas autobiográficas relativas a
su disputa con CARDANO. |
|
1548 |
Desafío FERRARI-TARTAGLIA, espectacular
pero sin mayor importancia científica. |
|
1556 |
Aparece en el Nuevo Mundo [México] la
primera obra matemática impresa. |
|
1557 |
The Whetstone ofwitte de RECORDE, primer álgebra inglesa,
donde aparece el signo =. |
|
1564 |
NUÑEZ publica en castellano su Álgebra, mejorando
la edición portuguesa de 1532. |
|
1569 |
El cartógrafo MERCATOR aplica la proyección
que hoy lleva su nombre, y que por su índole lo convierte en un precursor del
cálculo infinitesimal. |
|
1572 |
Álgebra de BOMBELLI, donde aparece la
resolución aritmética del caso irreducible de las cúbicas. |
|
1573 |
En su Aritmética, aparecida este año,
aunque compuesta en 1557, MAUROLYCO expone en forma aún rudimentaria el
"principio de inducción completa". |
|
1576 |
Al morir, CARDANO deja entre sus escritos
una obra sobre probabilidades que aparecerá en 1663. |
|
1582 |
Reforma gregoriana del calendario: en ella
intervino CLAVIUs. |
|
1583 |
IL VIGNOLA, apodo de BAROZZI, publica
Las dos regias de la perspectiva práctica... para uso de los
artistas. |
|
1585 |
STEVIN, Thiende (en
flamenco), folleto de aritmética decimal que introduce los números decimales,
cuyo empleo aconseja así como propugna un sistema métrico decimal. |
|
1591 |
En su Introducción al análisis VIÉTE
introduce el uso de las letras en álgebra; se ocupó además de álgebra, de
trigonometría y de cálculo infinitesimal. |
|
1600 |
DEL MONTE, Perspectiva libri sex, primer
tratado orgánico de perspectiva. |
|
1610 |
En Artis Analiticae Praxis, HARRIOT
introduce modificaciones en el simbolismo algebraico; se le deben los signos
de desigualdad. |
|
1612 |
BACHET de MEZIRIAC publica el primer
tratado de matemática recreativa. |
|
1613 |
CATALDI aplica las fracciones continuas en
el cálculo aproximado de raíces cuadradas. |
|
1614 |
NAPIER escribe sus "logaritmos” |
|
1615 |
KEPLER, Nova Xstereometria doliorum
vinariorum (comienzo del cálculo integral moderno) |
|
1617 |
Tabla de logaritmos decimales de BRIGGS. |
|
1619 |
NAPIER publica su tabla de logaritmos,
construidos en 1614. |
|
1620 |
Tabla de logaritmos de BURGI. |
|
1629 |
GIRARD se ocupa de ecuaciones algebraicas y
expone, sin demostración, el teorema fundamental del álgebra. |
|
1632 |
Círculo calculador de OUGHTRED. Se le debe
también la regla de cálculo, así como innovación en el simbolismo- |
|
1634 |
MERSENNE se ocupa de teoría de números. |
|
1635 |
CAVALIERI expone y aplica el método de los
"indivisibles”. |
|
1636 |
Aparece el Discurso dei método de
DESCARTES, cuyo último apéndice: la geometrie trata también
de álgebra y sienta las bases de la futura geometría analítica. |
|
1637 |
Primeros trabajos de DESCARTES acerca de
geometría descriptiva y proyectiva. Su Brouillon Project es de
1639. |
|
1640 |
Primer escrito de PASCAL sobre cónicas. |
|
1641 |
PASCAL inventa una maquina de calcular. |
|
1642 |
TORRICELLI se ocupa de geometría en
escritos, que aparecerán póstumos. |
|
1647 |
SAINT VINCENT se ocupa de series. |
|
1650 |
MENGOLI demuestra la divergencia de la
serie armónica. |
|
1654 |
PASCAL se ocupa del triángulo aritmético en
un escrito póstumo. PASCAL y FERMAT estudian problemas originados en las
mesas de juego, que darán lugar al cálculo de probabilidades. |
|
1656 |
WALLIS, arithmetica Infinitorum (prolegómenos
del cálculo infinitesimal) |
|
1657 |
VAN SCHOOTEN se ocupa de la geometría
cartesiana. Primer tratado de cálculo de probabilidades debido a HUYGENS. |
|
1660 |
Investigaciones de FERMAT acerca de teoría
de números, más se ocupará de cálculo infinitesimal. |
|
1662 |
Se funda en Londres la sociedad Real, cuyo
primer presidente: BROUNCKER se ocupo de cuestiones matemáticas. |
|
1666 |
LEIBNIZ, Ars combinatoria (lógica). |
|
1667 |
James GREGORY se ocupa de series. |
|
1668 |
BARROW expone el método de las tangentes en
susLecciones geométricas. N. MERCATOR en su Logarithmotechnia demuestra
la relación entre el sector de hipérbola y los logaritmos. |
|
1669 |
NEWTON compone Analysis per
aequationes numero terminorum infinitorum que se publica en 1711. |
|
1670 |
La publicación póstuma de las anotaciones
de FERMAT en los márgenes de una edición de Diofanto, da lugar al llamado
"Gran teorema de Fermat”. |
|
1671 |
Tratado sobre las fluxiones de NEWTON. |
|
1673 |
HUYGENS, Horoiogium osciliatorium (aplicación
de las curvas cicloides a la regulación del péndulo). |
|
1676 |
NEWTON se ocupa de la cuadratura de las
curvas, trabajo que se publicará como uno de los Apéndices de la
Optica de 1704. |
|
1682 |
LEIBNIZ promueve la fundación de Acta
Eruditorum. |
|
1684 |
Primer escrito de LEIBNIZ sobre cálculo
diferencial. |
|
1686 |
Primer escrito de LEIBNIZ sobre cálculo
integral. |
|
1687 |
En su famosa Principia, NEWTON antepone
nociones de cálculo infinitesimal. |
|
1690 |
Teoría ondulatoria de la luz, de HUYGENS. |
|
1691 |
Lecciones de cálculo diferencial de Joh.
BERNOULLI. |
|
1692 |
VIVIANI propone el problema que lleva su
nombre. |
|
1695 |
NEWTON se ocupa de la generación y
clasificación de las cúbicas, en un trabajo que aparecerá como apéndice de
la Óptica. |
|
1696 |
L'HÔPITAL, Analyse des
infinimentpetits, primer tratado de cálculo diferencial. |
|
1669 |
Se hace patente la polémica latente entre
NEWTON y LEIBNIZ, con motivo de la prioridad en la invención del cálculo
infinitesimal. |
|
1701 |
Los hermanos BERNOULLI se ocupan del
problema de los isoperímetros. |
|
1707 |
NEWTON, Arithmetic universalis, lecciones
dictadas entre 1673 y 1683- |
|
1712 |
En Methodus differentialis NEWTON
se ocupa de diferencias finitas y de interpolaciones. |
|
1713 |
Joh. BERNOULLI, Ars conjectandi, tratado
de probabilidades con los números que llevan su nombre. |
|
1714 |
TAYLOR expone la serie que lleva su nombre. |
|
1720 |
MACLAURIN, Geometría orgánica, con
la fórmula que lleva su nombre. |
|
1730 |
DE MOIVRE expone, sin demostración, la
expresión de las potencias de números complejos. |
|
1731 |
CLAIRAUT se ocupa de las curvas de doble
curvatura. |
|
1733 |
SACCHIERI, Euclides. ..vindicatus, primer
paso hacia las geometrías no euclidianas. |
|
1734 |
BERKELEY, en The Analysis, critica los
conceptos infinitesimales de la época. |
|
1737 |
Se deben a FRÉZIER uno de los pocos
tratados geométricos del siglo. |
|
1738 |
EULLER, Introducción a la
aritmética. |
|
1742 |
GOLDBACH comunica a EULLER la conjetura que
lleva su nombre. |
|
1744 |
D’ALEMBERT se ocupa del problema de las
cuerdas vibrantes. EULLER, Methodis inveniendi (cálculo de
las variaciones). |
|
1748 |
EULLER, Introducción ai análisis
del infinito. |
|
1750 |
FAGNANO se ocupa de rectificaciones y
CRAMER de curvas planas. |
|
1751 |
Aparece la Enciclopedia dirigida
por DIDEROT y D’ALEMBERT. A este último se debe el Discurso
preliminar, con consideraciones generales acerca de la ciencia. |
|
1755 |
EULER, Instituciones de cálculo
diferencial. |
|
1758 |
Aparece Historia de las matemáticas de
MONTUCLA. |
|
1760 |
BUFFON propone un problema que vincula las
probabilidades con el número p. |
|
1761 |
Muere BAYES dejando un escrito sobre las
probabilidades de las causas. |
|
1764 |
BEZOUT se ocupa de álgebra y de curvas
planas. |
|
1766 |
LAMBERT se ocupa de los fundamentos de la
geometría |
|
1768 |
EULLER, instituciones de cálculo
integral. |
|
1771 |
VANDERMONDE se ocupa de teoría de
determinantes. |
|
1776 |
WARING se ocupa de teoría de números. |
|
1788 |
LAGRANGE, Mecánica analítica. |
|
1790 |
ROLLE expone el teorema que lleva su
nombre. |
|
1794 |
MONGE, Geometría descriptiva. El
año siguiente publica Feuilles d’Analysis. |
|
1795 |
Aparece el Cours de mathématiques de
LACROIX. |
|
1796 |
Fecha más antigua que se menciona en la
libreta de GAUSS, en la que anota, hasta 1814, sus descubrimientos. |
|
1797 |
LAGRANGE expone su teoría de las
"funciones analíticas”. |
|
1799 |
RUFFINI anuncia haber demostrado la
imposibilidad de resolver la ecuación de quinto grado mediante radicales. En
su tesis doctoral GAUSS expone una demostración del teorema fundamental del
álgebra. LAPLACE, mecánica celeste. |
|
1801 |
GAUSS, Disquisiciones aritméticas. |
|
1802 |
BEZOUT se ocupa de álgebra. |
|
1806 |
BRIANCHON enuncia el teorema que lleva su
nombre. |
|
1810 |
Aparece, hasta 1832, los Anuales de
GERGONNE, del nombre de su editor. |
|
1811 |
Representación de complejos por puntos del
plano de GAUSS. |
|
1812 |
Serie hipergeométrica de GAUSS, con un
primer modelo de una discusión de convergencia. LAPLACE, Teoría
analítica de las probabilidades. |
|
1813 |
Con la fundación de la "Analytical
Society” por BABBAGE, HERSCHEL y PEACOCK, termina la polémica Newton-Leibniz. |
|
1819 |
HORNER expone el método numérico aproximado
para resolver ecuaciones, ya conocido por los chinos. |
|
1821 |
CAUCHY publica el cours d’Analysis; el
año siguiente Analysis Algebra. |
|
1822 |
En Théoríe analytique du chaleur FOURIER
hace conocer las series que llevan su nombre. PONCELET estudia las
propiedades proyectivas de las figuras. |
|
1824 |
ABEL, Memoria sobre las ecuaciones
algebraicas. QUETELET edita "Correspondance
mathématique...” |
|
1826 |
"Funciones abelianas” de ABEL, CRELLE
edita el "Journal” que lleva su nombre. |
|
1827 |
GAUSS, Disquisiciones generales acerca de
las superficies curvas. Cálculo baricentro de MÖBIUS. |
|
1828 |
Tratado de geometría analítica de PLÜCKER. |
|
1829 |
Por obra de ABEL y JACOBI aparecen las
funciones elípticas. DIRICHLET, Teoría de funciones. Primer escrito, en ruso,
de LOBACHEVSKI sobre geometrías no euclidianas. (La Pangéométrie
es de 1855) |
|
1830 |
Algebra de PEACOCK. |
|
1831 |
GAUSS comienza a redactar sus resultados
acerca de las geometrías no euclidianas. |
|
1832 |
GALOIS expone los fundamentos de la teoría
que lleva su nombre. BOLYA se ocupa de las geometrías no euclidianas. Tratado
de STEINER de geometría sintética. "Equipolencia” de BELLAVITIS (cálculo
vectorial). |
|
1833 |
La “máquina analítica" de
BABBAGE. |
|
1836 |
LIOUVILLE edita el "Journal de
Mathématique”. |
|
1837 |
CHASLES se ocupa de geometría sintética.
GRAFFE expone su método de resolución aproximada de las ecuaciones
algebraicas. |
|
1845 |
Época del desarrollo de la "teoría de
los invariantes” por CAYLEY y SYLVESTER, pareja a la que se agregará más
tarde HERMITE. |
|
1846 |
CAYLEY se ocupa de geometría proyectiva. |
|
1847 |
"Números ideales” de KUMMER. STAUDT se
ocupa de geometría de posición. BOLZANO estudia las "paradojas del
infinito” (el tratado es de 1851). |
|
1851 |
CHEBICHEV se ocupa de la distribución de
los números primos. |
|
1853 |
HAMILTON, Teoría de los cuarternios.
LAGUERRE de carácter proyectivo a la medida del ángulo de dos rectas. |
|
1854 |
Disertación inaugural de RIEMANN acerca de
los fundamentos de la geometría (apareció impresa en 1867). BOOLE, Las
leyes del pensamiento. |
|
1858 |
CAYLEY desarrolla el cálculo de matrices. |
|
1861 |
Primer ejemplo de función continúa sin
derivadas de WEIERSTRASS que se hace conocer en 1874. |
|
1862 |
Teoría de la extensión de GRASSMANN,
ampliación de un trabajo de 1844. |
|
1863 |
WEIERSTRASS expone el teorema final de la
aritmética, "Trasformaciones” de CREMONA. |
|
1864 |
Trabajos (que se publica en 1881) de B,
PEIRCE sobre las álgebras lineales no asociativas. Teoría de funciones de
RIEMANN. |
|
1867 |
Principio de permanencia de HANKEL. |
|
1868 |
BELTRAMI expone una interpretación
"euclidiana” de las geometrías no euclidianas. |
|
1870 |
JORDAN, Tratado de las sustituciones
(teoría de grupos). |
|
1872 |
KLEIN, Programa de Erlangen. LIE, Teoría de
los grupos continuos de trasformaciones. WEIERSTRASS, CANTOR, MÉRAY y
DEDEKIND (de las cortaduras) que enseñaba desde 1858 se publicó en l888.
Aparece (póstumo) el Inventario de paradojas de DE MORGAN (en él aparece la
expresión "inducción matemática”. |
|
1873 |
HERMITE demuestra la trascendencia de e. |
|
1874 |
Primeros escritos de G. CANTOR sobre teoría
de conjuntos. |
|
1878 |
CLIFFORD se ocupa de espacios
«-dimensionales con dirección proyectiva. Intégrato de ABDANK-ABAKANOWICZ. |
|
1879 |
Geometría numerativa de SCHUBERT. |
|
1880 |
M, CANTOR inicia la publicación de sus
Lecciones de historia de la matemática. Diagrama de VENN. |
|
1881 |
POINCARÉ estudia las funciones automorfas. |
|
1882 |
PASCH, Lecciones de geometría. Con la
contribución de LINDEMANN quedo resuelto el problema de la cuadratura del
círculo. |
|
1887 |
Funciones de líneas de VOLTERRA. |
|
1889 |
PEANO funda axiomáticamente la aritmética. |
|
1890 |
KRONECKER se ocupa de ecuaciones
algebraicas. SCHRÖDER, Álgebra de la lógica. |
|
1891 |
Geometría no Arquimedianas de VERONESE. |
|
1893 |
FREGE, Fundamentos de la
aritmética. |
|
1894 |
Integral de STIELTJES. |
|
1897 |
BURALI-FORTI anuncia una de las primeras
paradojas suscitadas por la teoría de conjuntos. |
|
1898 |
BOREL, teoría de funciones. |
|
1899 |
HILBERT, Fundamentos de la
geometría. Nomografía de D’OCAGNE. |
|
1900 |
Congreso de París, donde HILBERT enumera 20
problemas de la matemática entonces no resueltos. RICCI y LEVI-CIVITA
introducen el cálculo diferencial absoluto (cálculo tensorial). |
|
1902 |
Comienzan a aparecer los trabajos
epistemológicos de POINCARÉ. |
|
1903 |
Ecuación de FREDHOLM. |
|
1905 |
Espacios abstractos de FRÉCHET. |
|
1908 |
ZERMELLO axiomatiza la teoría de conjuntos. |
|
1910 |
STEINTZ, Teoría algebraica de los cuerpos.
RUSSELL y WHITEHEAD, Principia Mathematica (fundamentos del
logicismo). |
|
1915 |
Teoría geométrica de las ecuaciones de
ENRIQUEZ. |
|
1918 |
Integral de LEBESGUE. |
|
1920 |
Teoría de la demostración (matemática) de
HILBERT. |
|
1922 |
Espacios de BANACH. |
|
1925 |
BROUWER, Sobre los fundamentos de
la matemática intuicionista. |
|
1929 |
En el Congreso de Praga organizado por el
"Círculo de Viena” se discute las distintas tendencias que protagonizan
las llamadas "crisis de los fundamentos”, entonces vigentes. |
|
1930 |
VAN DER WAERDEN, Álgebra moderna. |
|
1931 |
Teoría de GÖDEL. ARTI, Introducción a la
geometría y álgebra analítica. |
|
1935 |
Comienzan a aparecer los Elementos
de matemática de BOURBAKI. |
|
1944 |
Teoría de juegos de VON NEUMANN y MORGENSTERN. |
|
1948 |
WIERNER, Cibernética. |
|
1950 |
SCHWARTZ, Teoría de las
distribuciones. |
|
1963 |
COHEN demuestra la independencia de la
"hipótesis del continuo”. |
|
1971 |
Se funda la "Comisión internacional de
la historia de la matemática”, que en 1974 inicia la publicación de
"Historia Mathematica”. |

