Libro N° 7061. Obras Escogidas. Tomo XI. Lenin, V. I.
© Libro N° 7061. Obras Escogidas. Tomo XI. Lenin, V. I. Emancipación. Marazo 7 de 2020.
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Escogidas. Tomo XI. V. I. Lenin
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TOMO XI
V. I. Lenin
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TOMO XI
V. I. Lenin
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V.I. LENIN
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Euskal Herriko
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TOMO 11-12
Índice
Prefacio................................................................................................................. 1
La enfermedad infantil
del '''izquierdismo'' en el comunismo.................... 3
Del primer sábado comunista en la línea férrea Moscú-Kazán al
sábado comunista de
primero de mayo en toda Rusia.......... 44
Arenga a los soldados
rojos que parten para el frente de Polonia............ 46
Discurso pronunciado en la II Conferencia de toda Rusia de
organizadores
responsables del trabajo en el campo............ 47
Tesis para el II
Congreso de la Internacional Comunista......................... 53
II Congreso de la
Internacional Comunista................................................. 72
IX Conferencia de toda
Rusia del PC(b)R.................................................... 85
Tareas de las
organizaciones juveniles......................................................... 88
Contribución a la
historia del problema de la dictadura............................ 96
Discurso pronunciado en la conferencia de toda Rusia de los
organismos de educación política de las secciones
provinciales y
distritales de instrucción pública.................. 106
Tesis acerca de la
propaganda en el terreno de la producción................ 111
VIII Congreso de los
soviets de toda Rusia............................................... 113
sobre los sindicatos, el momento actual y los errores del
camarada Trotski...................................................................... 137
Una vez más acerca de los sindicatos, el momento actual y
los errores de los
camaradas Trotski y Bujarin................... 148
La labor del
comisariado del pueblo de instrucción pública.................. 165
Sobre el plan
económico único................................................................... 170
El día internacional
de la obrera.................................................................. 174
Notas................................................................................................................. 176
1
PREFACIO.
En el undécimo volumen de Obras Escogidas de V. I. Lenin en doce
tomos hemos incluido libros, artículos y discursos suyos del período
comprendido entre mayo de 1920 y marzo de 1921. En ellos, Lenin prosigue el
estudio de los problemas más importantes de la edificación del socialismo, así
como del movimiento comunista y obrero mundial.
El acontecimiento más
relevante de dicho período en el movimiento obrero mundial fue el II Congreso
de la Internacional Comunista, celebrado en el verano de 1920.
Fue aquél un período de
avance impetuoso del movimiento revolucionario internacional, durante el cual
se incorporaron a la lucha nuevas y nuevas masas de trabajadores, aumentaron
con rapidez la conciencia política y la cohesión de la clase obrera, surgieron
y se afianzaron numerosos partidos comunistas.
Al mismo tiempo, en el
movimiento comunista, en rápido crecimiento, se manifestaron dos peligros, que
amenazaban con desviar del camino certero la lucha emancipadora del
proletariado. De una parte, el oportunismo de derecha, el socialreformismo y el
revisionismo; de otra, el oportunismo "de izquierda", que
representaba una desviación de la teoría y la práctica del marxismo hacia el
anaroosindicalismo y empujaba a los partidos comunistas a la senda, funesta
para ellos, del aislamiento de las masas trabajadoras.
Lenin escribió en abril y
mayo de 1920, con vistas al II Congreso de la Internacional Comunista, su libro
genial La enfermedad infantil del
"izquierdismo" en el comunismo. Esta obra, con la que comienza el
presente torno, ponía en guardia a los comunistas contra los errores sectarios,
dogmáticos y de otro carácter; enseñaba el arte de la acertada dirección
política y, en primer término, la capacidad de luchar por las masas, de
ganarlas ideológicamente para la causa de la vanguardia proletaria. En el libro
se analizan, desde ese punto de vista, problemas trascendentales del movimiento
obrero de Rusia. Las tesis y las conclusiones fundamentales de esta obra
sirvieron de base a los acuerdos del II Congreso de la Internacional Comunista,
cuyos documentos completaron y desarrollaron los postulados expuestos en La enfermedad infantil del
"izquierdismo" en el comunismo. Lenin analiza en su libro las
fuerzas motrices y las perspectivas del proceso revolucionario mundial,
argumentando, a la vez, los principios programáticos, orgánicos y tácticos del
movimiento comunista internacional.
Varios trabajos incluidos en
este tomo esclarecen problemas relacionados con la guerra polaco— soviética,
que fue, en el fondo, una nueva cruzada de la Entente contra la República de
los Soviets. Ayudar al frente: tal era la tarea fundamental que Lenin señalaba
en aquellos momentos, difíciles para el país, a todas las organizaciones
sociales, del partido y de la economía. Los problemas de la guerra polaca
fueron discutidos circunstanciadamente en la IX Conferencia del PC(b) de Rusia
y en la II Conferencia de toda Rusia de organizadores responsables del trabajo
en el campo, celebrada el 12 de junio de 1920.
La mayor parte de las obras
que figuran en este tomo fueron escritas después de terminar la guerra civil,
cuando el País de los Soviets entró en una nueva fase de desarrollo y pasaron a
primer plano las tareas relacionadas con la edificación del socialismo.
La intervención militar
extranjera y la guerra civil acrecentaron extraordinariamente la ruina
originada por cuatro años de guerra imperialista. La industria, el transporte y
la agricultura se encontraban en una situación grave en extremo. La población del
país sufría grandes privaciones y dificultades, escaseaba el pan y faltaban
otros artículos de primera necesidad.
En tales condiciones, Lenin
señaló la tarea de crear la base material y técnica del socialismo, indicando
que su eje era la electrificación. Debe destacarse especialmente, a este
respecto, el informe que presentó al VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia
el 22 de diciembre de 1920, en el que formuló una importantísima tesis: "El comunismo es el Poder soviético más
la electrificación de todo el país". Las ideas de Lenin respecto a la
creación de la base material y
técnica del socialismo y a la electrificación del país sirvieron de base al
famoso Plan GOELRO, primer plan a largo plazo de desarrollo de la economía de
la República Soviética, calculado para diez o quince años.
2
En las obras incluidas en
este tomo ocupan un lugar considerable los problemas relacionados con la
educación comunista y el fomento de la cultura. En el artículo Del primer sábado comunista en la línea
férrea Moscú-Kazán al sábado comunista de Primero de Mayo en toda Rusia,
Lenin decía que era necesario orientar todos los esfuerzos a formar una
conciencia comunista, establecer
nuevos vínculos sociales entre los individuos e inculcar una actitud nueva ante
el trabajo y una nueva disciplina.
"Trabajaremos
—indicaba— para inculcar en la conciencia, en los hábitos y en las costumbres
cotidianas de las masas la regla de "Todos para uno y uno para
todos", la regla de "De cada cual, según su capacidad; a cada cual,
según sus necesidades"; para ir implantando de manera paulatina, pero
tenaz, la disciplina comunista y el trabajo comunista".
En el tomo figura el
histórico discurso pronunciado por Lenin en el III Congreso de la Unión de
Juventudes Comunistas de Rusia —Tareas de
las organizaciones juveniles—, documento programático del partido en la
esfera de la educación comunista de la juventud.
Lenin concedía una
importancia extraordinaria a la labor ideológica del Partido Comunista.
"Nuestra tarea —recalcó en un discurso— consiste en vencer toda la
resistencia de los capitalistas, no sólo la militar y la política, sino también
la ideológica, que es la más profunda y poderosa". Lenin habló el 3 de
noviembre de 1920 en la Conferencia de toda Rusia de los organismos de
educación política de las secciones provinciales y distritales de Instrucción
Pública, exponiendo detalladamente cómo debía organizarse la labor educativa y
política de masas en el país. Hizo objeto de una crítica demoledora la prédica
burguesa del apoliticismo y recalcó la necesidad de que el partido dirija la
vida estatal, económica y social en todos sus aspectos.
Diversas obras de este tomo
esclarecen la lucha de Lenin y del partido contra los grupos oposicionistas que
combatían la línea del PC(b) de Rusia, tomando como pretexto la función de los
sindicatos, problema que había sido discutido más de una vez y resuelto por el
partido. En la V Conferencia Sindical de toda Rusia (noviembre de 1920), el
partido planteó la necesidad de renunciar a los métodos militares de trabajo en
los sindicatos y pasar a una amplia democracia. Trotski se opuso a ello:
exhortó a "apretar los tornillos" del comunismo de guerra y efectuar
sin demora "la estatificación de los sindicatos", transformando éstos
en un apéndice de la máquina del Estado. La labor fraccional de Trotski fue
apoyada por Bujarin y diversos grupos antipartido.
Lenin puso al desnudo el
oportunismo y la esencia antipartido de las plataformas que defendían dichos
grupos y denunció el carácter fraccional de sus actividades. A estos problemas
están dedicados dos trabajos de Lenin incluidos en el presente tomo: su discurso
Sobre los sindicatos, el momento actual y
los errores del camarada Trotski, pronunciado en una reunión conjunta de los delegados al VIII Congreso de los
Soviets, y el artículo Una vez más acerca
de los sindicatos, el momento actual y los errores de los camaradas Trotski y
Bujarin. Al mismo tiempo Lenin expuso y desarrolló toda una serie de
importantísimas tesis básicas
concernientes al papel de los sindicatos en el sistema de la dictadura del
proletariado y a sus tareas en la edificación del socialismo. Lenin definió los
sindicatos como escuela de gobierno, escuela de administración, escuela de
comunismo.
Todas las obras incluidas en
el tomo han sido traducidas de la 5a edición en ruso de las Obras Completas de V. I. Lenin,
preparada por el Instituto de Marxismo-Leninismo adjunto al CC del PCUS, indicándose al pie de cada
trabajo el tomo y las páginas correspondientes. Al final del tomo se insertan
notas aclaratorias y un índice de nombres.
LA EDITORIAL.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
3
LA ENFERMEDAD INFANTIL DEL '''IZQUIERDISMO'' EN EL COMUNISMO.1
1. ¿En
qué sentido puede hablarse de la importancia internacional de la revolución
rusa?
En los primeros meses que
siguieron a la conquista del poder político por el proletariado en Rusia (25/X-7/XI de 1917) podía pensarse que,
debido a las inmensas diferencias existentes entre la Rusia atrasada y los
países avanzados de Europa Occidental, la revolución proletaria en estos
últimos se parecería muy poco a la nuestra. Hoy tenemos ya una experiencia internacional
bastante grande, la cual demuestra con absoluta claridad que algunos de los
rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen una importancia no local,
particularmente nacional, sólo rusa, sino internacional. Y cuando hablo de
importancia internacional no lo hago en el sentido lato de la palabra: no son
sólo algunos, sino todos los rasgos fundamentales, y muchos secundarios, de
nuestra revolución los que tienen importancia internacional desde el punto de
vista de la influencia de aquélla en todos los países. No; hablo en el sentido
más estrecho de la palabra, es decir, entendiendo por importancia internacional
su trascendencia mundial o la inevitabilidad histórica de que se repita a
escala universal lo ocurrido en nuestro país. Y debe reconocerse que algunos
rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen esa importancia.
Está claro que sería un
tremendo error exagerar esta verdad, no limitarse a aplicarla a algunos rasgos
fundamentales de nuestra revolución. Sería erróneo, asimismo, perder de vista
que después de triunfar la revolución proletaria, aunque no sea más que en uno
de los países avanzados, se producirá, probablemente, un cambio radical, es
decir: Rusia se convertirá poco después de esto no en un país modelo, sino de
nuevo en un país atrasado (en el sentido "soviético" y socialista).
Pero en el presente momento histórico se trata precisamente de
que el ejemplo ruso muestra a todos
los países algo, y algo muy sustancial, de su futuro próximo e ineluctable. Los
obreros avanzados de todos los países hace ya mucho que lo han comprendido y,
con mayor frecuencia, más que comprenderlo, lo han aceptado, lo han sentido con
su instinto de clase revolucionaria. De aquí "la importancia"
internacional (en el sentido estrecho de la palabra) del Poder soviético y de
los fundamentos de la teoría y la táctica bolcheviques. Esto no lo han
comprendido los jefes "revolucionarios" de la II Internacional, como
Kautsky en Alemania y Otto Bauer y Federico Adler en Austria, que se han
convertido por ello en reaccionarios, en defensores del peor de los
oportunismos y de la socialtraición. Digamos de paso que el folleto anónimo La revolución mundial (Weltrevolution),
aparecido en 1919 en Viena (Sozialistische
Biicherei, Heft 11; Ignaz Brand*), muestra con claridad singular todo el
proceso discursivo y todo el conjunto de reflexiones, más exactamente, todo ese
abismo de irreflexión, pedantería, vileza y traición a los intereses de la
clase obrera, sazonado, además, con "la defensa" de la idea de
"la revolución mundial".
* Biblioteca
Socialista, opúsculo 11, Ignaz Brand. (N. de la Edit.)
![]()
1 Lenin escribió el libro La enfermedad infantil del
"izquierdismo" en el comunismo en vísperas del II Congreso de la
Internacional Comunista. El trabajo principal lo efectuó en abril de 1920 (el
manuscrito quedó terminado el 27 de dicho mes); el Anexo lo escribió el 12 de mayo, cuando se estaban corrigiendo ya
las galeradas. Lenin controló personalmente los plazos de composición e
impresión del libro, a fin de que su aparición coincidiera con el comienzo del
II Congreso de la Comintern. El libro vio la luz el 12 de junio de 1920 y casi
al mismo tiempo, en julio, se editó en la Rusia Soviética en francés e inglés.
La obra La enfermedad infantil del
"izquierdismo" en el comunismo -cuyas tesis y conclusiones
principales sirvieron de base a los acuerdos del II Congreso de la Comintern-
fue distribuida entre los delegados al congreso. Este libro ha alcanzado gran
difusión, habiéndose editado en numerosos países.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Pero tendremos que dejar
para otra ocasión ocuparnos con mayor detenimiento de este folleto. Consignemos
aquí sólo una cosa más: en los tiempos, ya bien lejanos, en que Kautsky era
todavía marxista, y no un apóstata, al abordar la cuestión como historiador
preveía la posibilidad de una situación en la que el espíritu revolucionario
del proletariado ruso serviría de modelo a Europa Occidental. Eso fue en 1902,
cuando Kautsky publicó en la Iskra
revolucionaria2 el artículo Los eslavos y la revolución. En él decía:
"En la actualidad" (al contrario que en 1848) "se
puede creer que los eslavos no sólo se han incorporado a las filas de los
pueblos revolucionarios, sino que el centro de gravedad del pensamiento
revolucionario y de la obra revolucionaria se desplaza cada día más hacia los
eslavos. El centro revolucionario se traslada de Occidente a Oriente. En la
primera mitad del siglo XIX se hallaba en Francia y, en algunos momentos, en
Inglaterra. En 1848, también Alemania se incorporó a las filas de las naciones
revolucionarias... El nuevo siglo empieza con acontecimientos que sugieren la
idea de que marchamos hacia un nuevo desplazamiento del centro revolucionario,
concretamente: de su traslado a Rusia...
4
Es posible que Rusia, que
tanta iniciativa revolucionaria ha asimilado de Occidente, esté hoy preparada
ella misma para servirle de fuente de energía revolucionaria. El creciente
movimiento revolucionario ruso resultará, quizá, el medio más poderoso para
desarraigar ese espíritu de filisteísmo fláccido y de politiquería circunspecta
que empieza a difundirse en nuestras filas y hará surgir de nuevo la llama viva
del anhelo de lucha y la fidelidad apasionada a nuestros grandes ideales. Hace
ya mucho que Rusia ha dejado de ser para Europa Occidental un simple baluarte
de la reacción y del absolutismo. En la actualidad ocurre, quizá, todo lo
contrario. Europa Occidental se convierte en el baluarte de la reacción y del
absolutismo en Rusia... Es posible que los revolucionarios rusos hubieran
acabado hace ya mucho con el zar si no tuviesen que luchar al mismo tiempo
contra el aliado de éste: el capital europeo. Esperemos que esta vez
conseguirán vencer a ambos enemigos y que la nueva "Santa Alianza" se
derrumbará con mayor rapidez que sus predecesoras. Pero sea cual fuere el
resultado de la lucha actual en Rusia, la sangre y los sufrimientos de los
mártires que esta lucha engendrará —por desgracia, más de lo necesario— no
serán vanos, sino que abonarán los gérmenes de la revolución social en todo el
mundo civilizado y los harán crecer de un modo más esplendoroso y rápido. En
1848, los eslavos eran una helada horrible que abrasaba las flores de la
primavera popular. Es posible que ahora estén llamados a ser la tormenta que
rompa el hielo de la reacción y traiga consigo irresistiblemente una nueva y
feliz primavera para los pueblos". (Carlos Kautsky. Los eslavos y la revolución, artículo publicado en Iskra, periódico revolucionario de la
socialdemocracia rusa, núm. 18, 10 de marzo de
1902.)
¡No escribía mal Carlos Kautsky hace 18 años!
II. Una condición
fundamental del éxito de los bolcheviques.
Es probable que casi todo el
mundo vea ya hoy que los bolcheviques no se habrían mantenido en el poder, no
digo dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y medio, sin la disciplina
![]()
2 Iskra ("La Chispa"): primer
periódico marxista clandestino para toda Rusia, fundado por Lenin en diciembre
de 1900. Se publicó en el extranjero, siendo enviado ilegalmente a Rusia.
Desempeñó un magno papel en la cohesión ideológica de los socialdemócratas
rusos y en los preparativos para unificar en un partido marxista revolucionario
las organizaciones socialdemócratas dispersas.
Después de la escisión del
partido en bolcheviques y mencheviques, producida en el II Congreso del POSDR
(1903), Iskra pasó a manos de los
mencheviques (a partir del número 52) y empezó a denominarse "nueva" Iskra para diferenciarse de la "vieja" Iskra, la leninista. La nueva Iskra
dejó de ser un combativo órgano del marxismo revolucionario: los mencheviques
transformaron el periódico en un órgano de lucha contra el marxismo y contra el
partido, en una tribuna del oportunismo.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
rigurosísima, verdaderamente
férrea, de nuestro partido, sin el apoyo total e incondicional que le presta
toda la masa de la clase obrera, es decir, todo lo que hay en ella de
consciente, honrado, abnegado, influyente y capaz de conducir tras de sí o de atraer
a los sectores atrasados.
La dictadura del
proletariado es la guerra más abnegada e implacable de la nueva clase contra un
enemigo más poderoso, contra la
burguesía, cuya resistencia se ve
decuplicada por su derrocamiento (aunque no sea más que en un país) y cuyo
poderío consiste no sólo en la fuerza del capital internacional, en la fuerza y
la solidez de los vínculos internacionales de la burguesía, sino, además, en la fuerza de la costumbre, en la fuerza
de la pequeña producción. Porque, por
desgracia, queda todavía en el mundo mucha, muchísima pequeña producción, y
ésta engendra capitalismo y burguesía
constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa. Por todos
esos motivos, la dictadura del proletariado es imprescindible, y la victoria
sobre la burguesía es imposible sin una guerra prolongada, tenaz, desesperada,
a muerte; una guerra que requiere serenidad, disciplina, firmeza,
inflexibilidad y voluntad única.
Lo repito: la experiencia de
la dictadura proletaria triunfante en Rusia ha mostrado palmariamente a quien
no sabe pensar, o no ha tenido necesidad de reflexionar sobre este problema,
que la centralización incondicional y la disciplina más severa del proletariado
constituyen una condición fundamental de la victoria sobre la burguesía.
De esto se habla a menudo.
Pero no se piensa suficientemente, ni mucho menos, en qué significa esto y en
qué condiciones es posible. ¿No convendría que las exclamaciones de saludo al
Poder de los Soviets y a los bolcheviques se vieran acompañadas con mayor frecuencia del más serio análisis
de las causas que han permitido a los
bolcheviques forjar la disciplina que
necesita el proletariado revolucionario?
El bolchevismo existe como
corriente del pensamiento político y como partido político desde 1903. Sólo la
historia de todo el período de
existencia del bolchevismo puede explicar de un modo satisfactorio por qué éste
pudo forjar y mantener, en las condiciones más difíciles, la disciplina férrea
necesaria para la victoria del proletariado.
Y surgen, ante todo, las
preguntas siguientes: ¿cómo se mantiene la disciplina del partido
revolucionario del proletariado?, ¿cómo se comprueba?, ¿cómo se refuerza?
Primero, por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la
revolución, por su firmeza, por su espíritu de sacrificio, por su heroísmo.
Segundo, por su capacidad de ligarse, de acercarse y, hasta cierto punto, si
queréis, de fundirse con las más amplias masas trabajadoras, en primer término
con las masas proletarias, pero también
con las masas trabajadoras no
proletarias. Tercero, por el acierto de la dirección política que ejerce
esta vanguardia, por el acierto de su
estrategia y de su táctica políticas, a condición, de que las masas más
extensas se convenzan de ello por
experiencia propia. Sin estas condiciones es imposible la disciplina en un
partido revolucionario verdaderamente capaz de ser el partido de la clase
avanzada, llamada a derrocar a la burguesía y transformar toda la sociedad. Sin
estas condiciones, los intentos de implantar una disciplina se convierten, de
manera ineluctable, en una ficción, en una frase, en gestos grotescos. Pero,
por otra parte, estas condiciones no pueden brotar de golpe. Se forman
únicamente a través de una labor prolongada, de una dura experiencia; su
formación se ve facilitada por una acertada teoría revolucionaria, la cual, a
su vez, no es un dogma, sino que sólo se forma de manera definitiva en estrecha
conexión con la experiencia práctica de un movimiento verdaderamente de masas y
verdaderamente revolucionario.
5
Si el bolchevismo pudo
concebir y llevar a la práctica con éxito en los años 1917-1920, en condiciones
de una gravedad inaudita, la centralización más severa y la disciplina férrea,
ello se debe sencillamente a una serie de peculiaridades históricas de Rusia.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
De una parte, el bolchevismo
surgió en 1903 sobre la más sólida base de la teoría del marxismo. Y la
justedad de esta teoría revolucionaria —y sólo de ésta— ha sido demostrada
tanto por la experiencia universal de todo el siglo XIX como, en particular, por
la experiencia de los titubeos, los vaivenes, los errores y los desengaños del
pensamiento revolucionario en Rusia. En el transcurso de casi medio siglo,
aproximadamente de 1840 a 1890, el pensamiento avanzado en Rusia, bajo el yugo
del despotismo del zarismo inauditamente salvaje y reaccionario, buscó
ávidamente una teoría revolucionaria justa, siguiendo con celo y atención
admirables cada "última palabra" de Europa y América en este terreno.
Rusia hizo suya a través de largos
sufrimientos la única teoría revolucionaria justa, el marxismo, en medio siglo de torturas y de
sacrificios sin precedente, de heroísmo revolucionario nunca visto, de energía
increíble y de búsquedas abnegadas, de estudio, de pruebas en la práctica, de
desengaños, de comprobación y de comparación con la experiencia de Europa.
Gracias a la emigración provocada por el zarismo, la Rusia revolucionaria de la
segunda mitad del siglo XIX contaba, como ningún otro país, con abundantes
relaciones internacionales y un excelente conocimiento de todas las formas y
teorías universales del movimiento revolucionario.
De otra parte, el
bolchevismo, surgido sobre esta base teórica de granito, tuvo una historia
práctica de quince años (1903 -1917), sin parangón en el mundo por su riqueza
de experiencias. Porque ningún país conoció, ni siquiera aproximadamente, en el
transcurso de esos quince años una experiencia revolucionaria tan rica, una
rapidez y una variedad tales de sucesión de las distintas formas del
movimiento, legal e ilegal, pacífico y tempestuoso, clandestino y abierto, en
los círculos y entre las masas, parlamentario y terrorista. En ningún país
estuvo concentrada en tan poco tiempo semejante variedad de formas, matices y
métodos de lucha de todas las clases
de la sociedad contemporánea; de una lucha, además, que, a consecuencia del
atraso del país y del peso del yugo zarista, maduraba con singular rapidez y
asimilaba con particular ansiedad y eficacia "la última palabra" de
la experiencia política americana y europea.
III.
Etapas principales de la historia del bolchevismo.
Años de preparación de la revolución (1903-1905).
Presagios de gran tormenta
por doquier. Efervescencia y preparativos en todas las clases. En el
extranjero, la prensa de la emigración plantea teóricamente todos los problemas esenciales de la
revolución. Los representantes de las tres clases fundamentales, de las tres
corrientes políticas principales —la liberal burguesa, la democrática pequeño
burguesa (encubierta con los rótulos de las tendencias "socialdemócrata"
y "socialista— revolucionaria"3) y
la proletaria revolucionaria— anticipan y preparan, con una encarnizada
![]()
3 Lenin alude a los mencheviques y eseristas
(socialistas-revolucionarios).
Mencheviques: adeptos de una corriente oportunista p ruso), en tanto que los
oportunistas quedaron en minoría ("menshinstvó"). Ese es el origen de
las denominaciones de "bolcheviques" (mayoritarios) y
"mencheviques" (minoritarios).
Durante la revolución de
1905-1907 los mencheviques se pronunciaron contra la hegemonía de la clase
obrera en la revolución y contra la alianza de la clase obrera con el
campesinado, exigiendo que se concertase un acuerdo con la burguesía liberal.
En los años de reacción (1907-1910) que siguieron a la derrota de la
revolución, la mayoría de los mencheviques se hicieron liquidadores. Al
triunfar la revolución democrática burguesa de febrero de 1917, los
mencheviques y los eseristas (socialistas-revolucionarios) formaron parte del
Gobierno Provisional burgués, apoyaron su política imperialista y lucharon
contra la creciente revolución socialista.
A raíz de la Revolución Socialista de
Octubre, los mencheviques se convirtieron en un partido abiertamente
contrarrevolucionario, organizador de complots y levantamientos encaminados a
derrocar el Poder soviético. Socialistas-revolucionarios
(eseristas, s. r.): partido de
demócratas pequeñoburgueses formado a fines de 1901 y comienzos de 1902 mediante la unificación de diversos grupos y
círculos populistas. En los años de la primera guerra mundial, la mayoría de
los eseristas sustentó posiciones socialchovinistas. Al triunfar la revolución
democrática
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
lucha de concepciones
programáticas y tácticas, la futura lucha de clases abierta. Todos los problemas que motivaron la
lucha armada de las masas en 1905-1907 y en 1917-1920 pueden (y deben)
observarse, en forma embrionaria, en la prensa de aquella época. Está claro que
entre estas tres tendencias principales hay todas las formaciones intermedias,
de transición, híbridas que se quiera. Más exactamente: en la lucha entre los
órganos de prensa, los partidos, las fracciones y los grupos van cristalizando
las tendencias ideológicas y políticas clasistas de verdad; las clases se
forjan una arma ideológica y política adecuada para las batallas futuras.
Años de revolución (1905
-1907). Todas las clases actúan abiertamente. Todas las concepciones
programáticas y tácticas son contrastadas por la acción de las masas. Lucha
huelguística sin precedente en el mundo por su amplitud y dureza.
Transformación de la huelga económica en política y de la huelga política en
insurrección. Comprobación en la práctica de las relaciones posibles entre el
proletariado dirigente y los campesinos dirigidos, vacilantes e inestables.
Nacimiento, en el desarrollo espontáneo de la lucha, de la forma soviética de
organización. Las disputas sostenidas entonces acerca del papel de los Soviets
son un anticipo de la gran lucha de 1917-1920. La sucesión de las formas de
lucha parlamentarias y no parlamentarias, de la táctica de boicot del
Parlamento y de participación en él y de las formas legales e ilegales de
lucha, así como la correlación y los vínculos existentes entre ellas, se
distinguen por una asombrosa riqueza de contenido. Desde el punto de vista del
aprendizaje de los fundamentos de la ciencia política —por las masas y los
jefes, por las clases y los partidos—, cada mes de este período equivale a un
año de desenvolvimiento "pacífico" y "constitucional". Sin
"el ensayo general" de 1905 habría sido imposible la victoria de la
Revolución "de Octubre de 1917.
6
Años de reacción
(1907-1910). El zarismo ha triunfado. Han sido aplastados todos los partidos
revolucionarios y de oposición. Abatimiento, desmoralización, escisiones,
dispersión, apostasías y pornografía en vez de política. Reforzamiento de la
inclinación hacia el idealismo filosófico; misticismo como disfraz de las
tendencias contrarrevolucionarias. Pero, al mismo tiempo, justamente la gran
derrota da a los partidos revolucionarios y a la clase revolucionaria una
verdadera lección en extremo provechosa, una lección de dialéctica histórica,
de la comprensión, la destreza y el arte necesarios para sostener la lucha
política. Los amigos se conocen en la desgracia. Los ejércitos derrotados pasan
por una buena escuela.
El zarismo victorioso se ve
obligado a destruir apresuradamente los restos del modo de vida preburgués,
patriarcal, en Rusia. El desarrollo burgués del país progresa con
extraordinaria rapidez. Las ilusiones al margen y por encima de las clases, las
ilusiones sobre la posibilidad de evitar el capitalismo, se desvanecen. La
lucha de clases se manifiesta de un modo nuevo por completo y con mayor
relieve.
Los partidos revolucionarios
deben completar su instrucción. Han aprendido a desplegar la ofensiva.
Ahora deben comprender que
esta ciencia hay que completarla con la de saber replegarse acertadamente. Hay
que comprender —y la clase revolucionaria aprende a comprenderlo por su propia
y amarga experiencia— que no se puede triunfar sin saber atacar y replegarse
con acierto. De todos los partidos revolucionarios y de oposición derrotados,
fueron los bolcheviques los que se replegaron con mayor orden, con menos
quebranto de su "ejército" y conservando mejor su núcleo central; con
las escisiones menos profundas e irreparables, con menos desmoralización y con
mayor capacidad para reanudar la acción de un modo más
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burguesa de febrero de 1917,
los eseristas, junto con los mencheviques y los democonstitucionalistas
(demócratas-constitucionalistas), fueron el apoyo principal del Gobierno
Provisional burgués, del que formaron parte los líderes de dicho partido.
Después de la Revolución Socialista de Octubre, los eseristas lucharon
activamente contra el Poder soviético.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
amplio, acertado y enérgico.
Y si los bolcheviques obtuvieron este resultado, fue exclusivamente porque
desenmascararon y expulsaron sin piedad a los revolucionarios de palabra,
obstinados en no querer comprender que es necesario replegarse, que es preciso
saber replegarse, que es obligatorio aprender a actuar legalmente en los
parlamentos más reaccionarios y en las organizaciones sindicales, cooperativas,
de seguros y otras semejantes, por muy reaccionarias que sean.
Años de movimiento
ascensional (1910-1914). Al principio, el ascenso fue de una lentitud
inverosímil; luego, después de los sucesos del Lena de 1912 4, algo más rápido. Venciendo
dificultades inauditas, los bolcheviques hicieron replegarse a los
mencheviques, cuyo papel como agentes burgueses en el movimiento obrero fue
admirablemente comprendido después de 1905 por toda la burguesía y a los
cuales, por eso mismo, sostenía de mil maneras contra los bolcheviques. Pero
éstos jamás habrían logrado desplazarles si no hubiesen aplicado una táctica
acertada, combinando la labor ilegal con el aprovechamiento obligatorio de
"las posibilidades legales". En la más reaccionaria de las Dumas5, los bolcheviques conquistaron toda la curia obrera. Primera
guerra imperialista mundial (1914-1917). El parlamentarismo legal, con un
"Parlamento" ultrarreaccionario, presta los mayores servicios al
partido del proletariado revolucionario, a los bolcheviques. Los diputados
bolcheviques son deportados a Siberia6. En
la prensa de la emigración rusa se manifiestan plenamente todos los matices de
las concepciones del socialimperialismo, del socialchovinismo, del
socialpatriotismo, del internacionalismo inconsecuente y consecuente, del
pacifismo y de la negación revolucionaria de las ilusiones pacifistas. Las
eminencias estúpidas y las viejas comadres de la II Internacional, que fruncían
el ceño con desdén y soberbia ante la abundancia de "fracciones" en
el socialismo ruso y ante la encarnizada lucha de éstas entre sí, fueron
incapaces, cuando la guerra suprimió en todos
los países adelantados la cacareada "legalidad"; de organizar, aunque
no fuera más que aproximadamente, un intercambio libre (ilegal) de ideas y una
elaboración libre (ilegal) de concepciones justas, semejantes a los que
organizaron los revolucionarios rusos en Suiza y otros países. A ello se debe,
precisamente, que los socialpatriotas declarados y los "kautskianos"
de todos los países hayan resultado ser los peores traidores al proletariado. Y
si el bolchevismo pudo triunfar en 1917-1920, una de las causas fundamentales
de esta victoria reside en que ya desde finales de 1914 denunció sin piedad la
villanía, la infamia y la abyección del socialchovinismo y del
"kautskismo" (al cual corresponden el longuetismo7 en Francia, las ideas de los jefes del Partido Laborista
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4 Lenin se refiere al ametrallamiento, el
4 (17) de abril de 1912, de los obreros inermes en los placeres auríferos del
Lena (Siberia). La noticia del sangriento drama del Lena conmovió a la clase
obrera de Rusia. Por todo el país se extendió una ola de manifestaciones
callejeras, mítines y huelgas de protesta.
5 Duma
de Estado: institución representativa que el gobierno zarista se vio
obligado a convocar como resultado de los acontecimientos revolucionarios de
1905. Formalmente, la Duma de Estado era un organismo legislativo; pero, en la
práctica, carecía de todo poder efectivo. Las elecciones a la Duma no eran ni
directas, ni iguales, ni generales. Los derechos electorales de las clases
trabajadoras y de las naciones no rusas que poblaban Rusia hallábanse
fuertemente restringidos, y una parte considerable de los obreros y campesinos
carecían de todo derecho electoral. La I Duma de Estado (abril-julio de 1906) y
la II (febrero-junio de 1907) fueron disueltas por el gobierno zarista. El 3 de
junio de 1907, el gobierno dio un golpe de Estado y promulgó una nueva ley
electoral que restringió más aún los derechos de los obreros, de los campesinos
y de la pequeña burguesía urbana y aseguró el dominio pleno del bloque
reaccionario de los latifundistas y los grandes capitalistas tanto en la III
Duma de Estado (1907-1912) como en la IV (1912-1917).
6 En la sesión de la Duma del 26 de julio
(8 de agosto) de 1914, en la que los representantes de todos los grupos
burgueses y terratenientes aprobaron la entrada de la Rusia zarista en la
guerra imperialista, la minoría bolchevique expresó su enérgica protesta, se
negó a votar los créditos de guerra e hizo propaganda revolucionaria entre las
masas. En noviembre de 1914, los diputados bolcheviques fueron detenidos,
juzgados y confinados a perpetuidad en Siberia Oriental. Los valientes
discursos de los miembros de la minoría bolchevique durante la vista de la
causa, en los que denunciaron a la autocracia, desempeñaron un importante papel
en la propaganda antimilitarista y en la radicalización de las masas
trabajadoras.
7 Longuetismo:
corriente centrista en el Partido Socialista Francés, encabezada por Juan
Longuet. Durante la primera guerra mundial (1914-1918), los longuetistas
aplicaron una política de conciliación con los socialchovinistas, rechazaron la
lucha revolucionaria y propugnaron "la defensa de la patria" en la
guerra imperialista. Lenin los calificó de nacionalistas pequeñoburgueses.
Después de triunfar la Revolución Socialista de Octubre, los longuetistas se
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Independiente8 y de los fabianos9 en
Inglaterra, de Turati en Italia, etc.) y en que las masas se fueron
convenciendo después cada vez más, por experiencia propia, de que las
concepciones de los bolcheviques eran justas.
Segunda revolución rusa
(febrero-octubre de 1917). El grado inverosímil de decrepitud y caducidad del
zarismo suscitó contra él (con el concurso de los reveses y sufrimientos de una
guerra infinitamente penosa) una inusitada fuerza destructora. En pocos días,
Rusia se convirtió en una república democrática burguesa más libre (en las
condiciones de la guerra) que cualquier otro país. Los jefes de los partidos de
oposición y revolucionarios comenzaron a formar gobierno —como en las
repúblicas del "más puro parlamentarismo"—, y el título de jefe de un
partido de oposición en el Parlamento, hasta en el más reaccionario, facilitó el papel futuro de semejante
jefe en la revolución.
7
En pocas semanas, los
mencheviques y los "socialistas-revolucionarios" dominaron a la
perfección todos los procedimientos y modales, argumentos y sofismas de los
"héroes" europeos de la II Internacional, de los ministerialistas10 y de toda la chusma oportunista. Todo lo que leemos hoy acerca
de los Scheidemann y los Noske, Kautsky e Hilferding, Renner y Austerlitz, Otto
Bauer y Federico Adler, Turati y Longuet; acerca de los fabianos y los jefes
del Partido Laborista Independiente de Inglaterra nos parece (y lo es en
realidad) una aburrida repetición de un motivo antiguo y conocido. Todo ello lo
habíamos visto ya en los mencheviques. La historia les ha jugado una mala
pasada, obligando a los oportunistas de un país atrasado a adelantarse a los
oportunistas de una serie de países avanzados.
Si todos los
"héroes" de la II Internacional han fracasado y se han cubierto de
oprobio en la cuestión del papel e importancia de los Soviets y del Poder
soviético; si se han cubierto de ignominia con "brillantez" singular
y se han embrollado en esta cuestión los jefes de los tres grandes partidos que
se han separado ahora de la II Internacional (el Partido Socialdemócrata
Independiente de Alemania11, el partido longuetista de Francia y el
Partido Laborista Independiente de Inglaterra); si todos ellos han resultado
esclavos de los prejuicios de la
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declararon de palabra
partidarios de la dictadura del proletariado, pero, de hecho, siguieron siendo
enemigos suyos. En diciembre de 1920, junto con los reformistas manifiestos,
abandonaron el partido y se adhirieron a la llamada Internacional II y 1/2.
8 Partido
Laborista Independiente de Inglaterra (Independent Labour Party, ILP): organización reformista
fundada en 1893, a cuyo frente figuraban Reir Hardie y Ramsay MacDonald. Desde
que surgió, el ILP adoptó una posición reformista burguesa, prestando atención
principal a la forma parlamentaria de lucha y a las componendas parlamentarias
con el Partido Liberal. Al estallar la primera guerra mundial, el ILP publicó
un manifiesto antibélico, pero poco después adoptó una posición
socialchovinista. En 1920, el ILP abandonó la II Internacional y se adhirió a
la llamada Internacional II y 1/2.
9 Fabianos: miembros de la Sociedad Fabiana, organización reformista
inglesa fundada en 1884. Tomó esta denominación del nombre del caudillo romano
Fabio Máximo, llamado Cunctátor, "el Contemporizador" (s. III a. n.
e.), por su táctica expectante, que consistía en eludir los combates decisivos
en la guerra contra Aníbal. Formaban parte de la Sociedad Fabiana,
principalmente, intelectuales burgueses: hombres de ciencia, escritores y
políticos (como los esposos Sidney y Beatriz Webb, Ramsay MacDonald, Bernardo
Shaw y otros). Los fabianos negaban la necesidad de la lucha de clase del
proletariado y de la revolución socialista, afirmando que la transición del
capitalismo al socialismo sólo sería posible por medio de reformas y de
transformaciones paulatinas de la sociedad. En 1900, la Sociedad Fabiana
ingresó en el Partido Laborista.
10 Ministerialismo ("socialismo ministerial" o
"millerandismo"); táctica oportunista de participación de los
socialistas en gobiernos burgueses reaccionarios. Este término surgió en 1899,
cuando el socialista francés Millerand colaboró en el gobierno burgués
presidido por Waldeck-Rousseau.
11 Partido
Socialdemócrata Independiente de Alemania: partido centrista fundado en
abril de 1917, en el Congreso de Constitución celebrado en Gotha. Los
"independientes" propugnaban la "unidad" con los
socialchovinistas y llegaron a abjurar de la lucha de clases. Al fundarse la
Internacional Comunista (1919), los "independientes" abandonaron la
II Internacional.
En octubre de 1920, el
Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania se escindió en su Congreso de
Halle; en diciembre del mismo año, una parte considerable de sus militantes se
unificó con el Partido Comunista de Alemania. Los elementos derechistas se
agruparon en otro partido, que adoptó la vieja denominación de Partido
Socialdemócrata Independiente de Alemania y existió hasta 1922.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
democracia pequeñoburguesa
(exactamente al modo de los pequeños burgueses de 1848, que se llamaban
"socialdemócratas"), también es cierto que todo eso lo hemos visto ya
en el ejemplo de los mencheviques. La historia ha hecho esta jugarreta: los
Soviets nacieron en Rusia en 1905, fueron falsificados de febrero a octubre de
1917 por los mencheviques, que fracasaron por no haber sabido comprender el
papel y la importancia de los mismos, y hoy ha surgido en el mundo entero la idea del Poder soviético, una idea que se
extiende con rapidez inusitada entre el proletariado de todos los países.
Mientras tanto, los viejos "héroes" de la II Internacional fracasan
también en todas partes por no haber
sabido comprender, igual que nuestros mencheviques, el papel y la importancia
de los Soviets. La experiencia ha demostrado que, en algunas cuestiones muy
esenciales de la revolución proletaria, todos
los países pasarán inevitablemente por lo mismo que ha pasado Rusia.
Los bolcheviques empezaron
su lucha victoriosa contra la república parlamentaria (de hecho) burguesa y
contra los mencheviques con suma prudencia y no la prepararon, ni mucho menos,
con la sencillez que se imaginan hoya menudo en Europa y América. Al comienzo
del período mencionado no incitamos a
derribar el gobierno, sino que explicamos la imposibilidad de hacerlo sin modificar previamente la composición
y el estado de ánimo de los Soviets. No declaramos el boicot al Parlamento
burgués, a la Constituyente, sino que dijimos —a partir de la Conferencia de
Abril (1917) de nuestro partido lo dijimos oficialmente en nombre de éste— que
una república burguesa con una Constituyente era preferible a la misma
república sin Constituyente; pero que la república "obrera y
campesina" soviética es mejor que cualquier república democrática
burguesa, parlamentaria. Sin esta preparación prudente, minuciosa, circunspecta
y prolongada no hubiésemos podido alcanzar ni mantener la victoria de Octubre
de 1917.
IV.
¿En lucha contra que enemigos en el seno del movimiento obrero ha podido
crecer, fortalecerse y templarse el bolchevismo?
En primer lugar, y sobre
todo, en lucha contra el oportunismo, que en 1914 se transformó definitivamente
en socialchovinismo y se pasó para siempre al campo de la burguesía contra el
proletariado. Este era, naturalmente, el enemigo principal del bolchevismo en
el seno del movimiento obrero y sigue siéndolo a escala mundial. El bolchevismo
ha prestado y presta la mayor atención a ese enemigo. Tal aspecto de la
actividad de los bolcheviques es ya bastante conocido también en el extranjero.
Distinta es la situación en
lo que respecta a otro enemigo del bolchevismo en el seno del movimiento
obrero. En el extranjero se sabe todavía en un grado demasiado insuficiente que
el bolchevismo ha crecido, se ha formado y se ha templado en largos años de
lucha contra el revolucionarismo
pequeñoburgués, parecido al anarquismo o que toma algo de él y se aparta en todo lo esencial de las condiciones
y exigencias de una consecuente lucha de clase del proletariado. El pequeño
propietario, el pequeño patrono (tipo social que en numerosos países europeos
ha alcanzado gran difusión y tiene un carácter masivo), sufre en el capitalismo
una presión continua y, con gran frecuencia, un empeoramiento increíblemente
brusco y rápido de sus condiciones de vida y la ruina. Para los marxistas está
plenamente demostrado desde el punto de vista teórico —y la experiencia de
todas las revoluciones y movimientos revolucionarios de Europa lo confirma por
entero— que ese pequeño propietario, ese pequeño patrono, cae con facilidad en
el revolucionarismo extremista, pero es incapaz de manifestar dominio de sí
mismo, espíritu de organización, disciplina y firmeza. El pequeño burgués
"enfurecido" por los horrores del capitalismo es, como el anarquismo,
un fenómeno social propio de todos los países capitalistas. Son notorias la
inconstancia de este revolucionarismo, su esterilidad y la facilidad con que se
transforma rápidamente en sumisión, en apatía, en fantasía, incluso en un
entusiasmo "furioso" por tal o cual corriente
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
burguesa "de
moda". Pero el reconocimiento teórico, abstracto, de semejantes verdades
no basta en modo alguno para poner a un partido revolucionario al abrigo de
viejos errores, que aparecen siempre por motivos inesperados, con una ligera
variación de forma, con una apariencia o un contorno antes no vistos, en una
situación original (más o menos original).
8
El anarquismo ha sido a menudo una especie de expiación de los
pecados oportunistas del movimiento obrero. Estas dos anomalías se completaban
mutuamente. Y si el anarquismo ejerció en Rusia una influencia relativamente
insignificante en las dos revoluciones (1905 y 1917) y durante su preparación,
pese a que la población pequeñoburguesa era aquí más numerosa que en los países
europeos, ello se debe en parte, sin duda alguna, al bolchevismo, que luchó
siempre del modo más despiadado e irreconciliable contra el oportunismo. Digo
"en parte", pues lo que más contribuyó a debilitar el anarquismo en
Rusia fue la posibilidad que tuvo en el pasado (en los años 70 del siglo XIX)
de adquirir un desarrollo extraordinariamente esplendoroso y revelar por completo
su carácter falso y su incapacidad para servir como teoría dirigente de la
clase revolucionaria.
Al surgir en 1903, el
bolchevismo heredó la tradición de lucha implacable contra el revolucionarismo
pequeñoburgués, semianarquista (o capaz de coquetear con el anarquismo),
tradición que había existido siempre en la socialdemocracia revolucionaria y
que se consolidó, sobre todo, en nuestro país de 1900 a 1903, cuando se
sentaron las bases del partido de masas del proletariado revolucionario de
Rusia. El bolchevismo hizo suya y continuó la lucha contra el partido que
expresaba con mayor fidelidad las tendencias del revolucionarismo
pequeñoburgués (es decir, el partido de los
"socialistas-revolucionarios") en tres puntos principales. Primero,
este partido, que impugnaba el marxismo, se negaba obstinadamente a comprender
(tal vez fuera más justo decir que no podía comprender) la necesidad de tener
en cuenta con estricta objetividad las fuerzas de clase y sus relaciones mutuas
antes de emprender cualquier acción política. Segundo, este partido veía un
signo particular de su "revolucionarismo" o de su "izquierdismo"
en el reconocimiento del terrorismo individual, de los atentados, que nosotros,
los marxistas, rechazábamos categóricamente. Claro es que nosotros rechazábamos
el terrorismo individual sólo por motivos de conveniencia; pero la gente capaz
de condenar "por principio" el terror de la gran revolución francesa
o, en general, el terror de un partido revolucionario victorioso, asediado por
la burguesía del mundo entero, esa gente fue ya ridiculizada y vilipendiada por
Plejánov en 1900-1903, cuando éste era marxista y revolucionario. Tercero, ser
"izquierdista" consistía para los
"socialistas-revolucionarios" en reírse de los pecados oportunistas,
relativamente leves, de la socialdemocracia alemana, al mismo tiempo que
imitaban a los ultraoportunistas de ese mismo partido, por ejemplo, en el
problema agrario o en el de la dictadura del proletariado.
La historia, dicho sea de
paso, ha confirmado hoy a gran escala, a escala histórica universal, la opinión
que hemos defendido siempre, a saber: que la socialdemocracia revolucionaria alemana (y téngase en
cuenta que Plejánov reclamaba ya en 1900-1903 la expulsión de Bernstein del
partido, y que los bolcheviques, siguiendo siempre esta tradición, denunciaron
en 1913 toda la villanía, la bajeza y la traición de Legien12) estaba más cerca que
nadie de ser el partido que necesitaba el proletariado revolucionario para
triunfar. Ahora, en 1920, después de todas las ignominiosas bancarrotas y
crisis de la época de guerra y de los primeros años posbélicos, se ve con
claridad que, de todos los partidos occidentales, la socialdemocracia
revolucionaria alemana es precisamente la que ha dado los mejores jefes y la
que se ha repuesto, curado y fortalecido con mayor rapidez. Esto se advierte
tanto en el
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12 Se alude, por lo visto, al artículo de
Lenin Lo que no se debe imitar del
movimiento obrero alemán, publicado en abril de 1914 en la revista
bolchevique Prosveschenie ("La
Ilustración"). En él se denunciaba la pérfida conducta del socialdemócrata
alemán Carlos Legien, que durante su viaje a Norteamérica en 1912 pronunció en
el Congreso de los EE.UU. un discurso de saludo a los medios oficiales y a los
partidos burgueses.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
partido de los
espartaquistas13 como en el ala izquierda, proletaria,
del "Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania", que sostiene
una lucha tenaz contra el oportunismo y la pusilanimidad de los Kautsky, los
Hilferding, los Ledebour y los Crispien. Si damos ahora un vistazo general a un
período histórico terminado por completo —desde la Comuna de París14 hasta la primera República Socialista Soviética—, veremos
dibujarse con contornos absolutamente definidos e indiscutibles la posición del
marxismo ante el anarquismo. En resumidas cuentas, el marxismo ha demostrado
estar en lo justo. Y si los anarquistas señalaban con razón el carácter
oportunista de las concepciones sobre el Estado que imperaban en la mayoría de
los partidos socialistas, debe advertirse, en primer lugar, que ese carácter
oportunista era fruto de una deformación, e incluso de una ocultación
consciente, de las ideas de Marx sobre el Estado (en mi libro El Estado y la revolución he hecho notar
que Bebel mantuvo en el fondo de un cajón durante 36 años, desde 1875 hasta
1911, la carta en que Engels15
denunciaba con singular relieve, vigor, franqueza y claridad el oportunismo de
las concepciones socialdemócratas en boga acerca del Estado). En segundo lugar,
que la corrección de estas ideas oportunistas y el reconocimiento del Poder
soviético y de su superioridad sobre la democracia parlamentaria burguesa han
partido con mayor amplitud y rapidez precisamente de las tendencias más
marxistas existentes en el seno de los partidos socialistas de Europa y
América.
Ha habido dos casos en que
la lucha del bolchevismo contra las desviaciones "izquierdistas" de
su propio partido ha adquirido una magnitud singularmente grande: en 1908, en
torno a la participación en un Parlamento ultrarreaccionario y en las sociedades
obreras legales regidas por las leyes más reaccionarias, y en 1918 (Paz de
Brest16), en torno a la admisibilidad de tal o
cual "compromiso".
9
En 1908, los bolcheviques
"de izquierda" fueron expulsados de nuestro partido por su empeño en
no querer comprender la necesidad de participar en un "Parlamento"
ultrarreaccionario17. Los "izquierdistas", entre
los que había muchos revolucionarios
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13 Espartaquistas: miembros de una organización
revolucionaria de socialdemócratas de izquierda alemanes, fundada a comienzos
de la primera guerra mundial por Carlos Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Franz
Mehring, Clara Zetkin y otros. Los espartaquistas hicieron propaganda revolucionaria
entre las masas, organizaron acciones antibélicas masivas, dirigieron huelgas y
denunciaron el carácter imperialista de la guerra mundial, así como la traición
de los líderes oportunistas de la socialdemocracia.
En abril de 1917 ingresaron en el Partido Socialdemócrata
Independiente de Alemania, de orientación centrista, conservando en él su
independencia orgánica. En noviembre de 1918, durante la revolución en
Alemania, los espartaquistas formaron la Liga Espartaco y, después de publicar
su programa el 14 de diciembre, rompieron con los "independientes".
En el Congreso de Constitución, celebrado del 30 de diciembre de 1918 al 1 de
enero de 1919, los espartaquistas fundaron el Partido Comunista de Alemania.
14 Comuna de París: gobierno revolucionario de la clase obrera, creado por la
revolución proletaria en París en 1871. Primera experiencia de dictadura del
proletariado conocida en la historia. La Comuna de París existió 72 días: desde
el 18 de marzo hasta el 28 de mayo de 1871.
15 Lenin alude a la carta de F. Engels a A. Bebel del 18-28 de
marzo de 1875.
16 Paz de Brest: Tratado de Paz firmado el 3 de marzo de 1918, en
Brest-Litovsk, entre la Rusia Soviética y las potencias de la Cuádruple Alianza
(Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía) en condiciones
extraordinariamente duras para la primera. En torno a la firma de la Paz de
Brest se entabló una lucha tenaz contra Trotski y el grupo antipartido de los
"comunistas de izquierda" (véase la nota 20). Gracias únicamente a
los ingentes esfuerzos de Lenin se firmó el Tratado de Paz con Alemania. La Paz
de Brest fue un brillante ejemplo de sabiduría y flexibilidad de la táctica
leninista, de capacidad para trazar, en una situación complicada en extremo, la
única política justa; fue un sensato compromiso político.
El Tratado de Brest-Litovsk
proporcionó al Estado soviético una tregua, le permitió desmovilizar el viejo
ejército en descomposición y crear otro nuevo, el Ejército Rojo, desplegar la
edificación del socialismo y acumular fuerzas para hacer frente a la contrarrevolución
interior y a los intervencionistas extranjeros. Al triunfar la revolución de
noviembre de 1918 en Alemania, que derrocó el régimen monárquico, el CEC de
toda Rusia anuló el 13 de noviembre el expoliador Tratado de Brest-Litovsk.
17 Se trata de los otzovistas y ultimatistas.
La lucha contra ellos, entablada en 1908, condujo a que el líder de los
otzovistas, A. Bogdánov, fuese expulsado de las filas bolcheviques en 1909.
Encubriéndose con una fraseología revolucionaria, los otzovistas (de la palabra
rusa "otozvat", revocar, retirar) exigían que los diputados
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
excelentes, que fueron
después (y continúan siendo) honrosamente miembros del Partido Comunista, se
apoyaban, sobre todo, en la feliz experiencia del boicot de 1905. Cuando el zar
anunció en agosto de 1905 la convocación de un "Parlamento" consultivo18, los bolcheviques, en contra de todos
los partidos de oposición y de los mencheviques, declararon el boicot a ese
Parlamento, que fue barrido, en efecto, por la revolución de octubre de 190519. Entonces el boicot fue justo, no porque esté bien abstenerse
en general de participar en los parlamentos reaccionarios, sino porque se tuvo
en cuenta con acierto la situación objetiva, que conducía a la rápida
transformación de las huelgas de masas en huelga política; después, en huelga
revolucionaria y, luego, en insurrección. Además, la lucha giraba a la sazón en
torno a si había que dejar en manos del zar la convocación del primer organismo
representativo o si debía intentarse arrancar esa convocación de manos de las
viejas autoridades. Por cuanto no había ni podía haber la seguridad de que la
situación objetiva fuese análoga y de que su desarrollo se realizase en el
mismo sentido y con igual rapidez, el boicot dejaba de ser justo.
El boicot de los
bolcheviques al "Parlamento" en 1905 enriqueció al proletariado
revolucionario con una experiencia política extraordinariamente preciosa,
mostrando que en la combinación de las formas legales e ilegales,
parlamentarias y extraparlamentarias de lucha es a veces conveniente, y hasta
obligatorio, saber renunciar a las formas parlamentarias. Pero trasladar
ciegamente, por simple imitación, sin espíritu crítico, esta experiencia a otras condiciones, a otra situación, es el mayor de los
errores. Lo que constituyó ya un error, aunque no grande y fácilmente
corregible*, fue el boicot de los bolcheviques a la Duma en 1906. Fueron
errores mucho más serios y difícilmente reparables los boicots de 1907, 1908 y
años posteriores, pues, de una parte, no se podía esperar que volviera a
levantarse con mucha rapidez la ola revolucionaria y se transformase en
insurrección y, de otra, la situación histórica creada por la renovación de la
monarquía burguesa dictaba la necesidad de conjugar el trabajo legal e ilegal.
Hoy, cuando se echa una mirada retrospectiva a este período histórico,
terminado por completo —cuyo enlace con los períodos posteriores se ha
manifestado ya plenamente—, se comprende con singular claridad que los
bolcheviques no habrían podido
conservar (y no digo ya afianzar, desarrollar y fortalecer) el firme núcleo del
partido revolucionario del proletariado durante el período de 1908 a 1914 si no
hubiesen defendido en la más dura contienda la combinación obligatoria de las formas legales de lucha con las formas ilegales,
la participación obligatoria en un
Parlamento ultrarreaccionario y en diversas instituciones regidas por leyes
reaccionarias (mutualidades, etc.).
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socialdemócratas fuesen
retirados de la III Duma de Estado y cesase la labor en las organizaciones
legales (sindicatos, cooperativas, etc.). El ultimatismo era una variedad del otzovismo. Los ultimatistas, que
no comprendían la necesidad de efectuar una labor sistemática y tenaz con los
diputados socialdemócratas para hacer de ellos parlamentarios revolucionarios
consecuentes, proponían presentar un ultimátum a la minoría socialdemócrata de
la Duma, exigiendo su subordinación incondicional a los acuerdos del CC del
partido, y, si no lo cumplía, retirar de la Duma a los diputados
socialdemócratas. En junio de 1909 se reunió la Redacción ampliada del
periódico bolchevique Proletari
("El Proletario"), la cual señaló en una resolución que "el
bolchevismo, como corriente concreta en el POSDR, no tiene nada de común con el
otzovismo y el ultimatismo" y exhortó a los bolcheviques a "sostener
la lucha más enérgica contra estas desviaciones del camino del marxismo
revolucionario".
18 Lenin se refiere a la Duma
de Bulyguin, organismo consultivo cuya convocación proyectaba el gobierno
zarista en agosto de 1905. Recibió esta denominación por haber encargado el zar
a A. Bulyguin, a la sazón ministro del Interior, confeccionar el proyecto de
ley correspondiente Según este proyecto, la Duma no estaba facultada para
promulgar leyes, y se concedía el derecho de sufragio únicamente a los grandes
terratenientes, los capitalistas y un pequeño número de campesinos ricos.
Las elecciones a la Duma de Bulyguin no
llegaron a celebrarse la Duma fue barrida por el creciente movimiento
revolucionario y por la huelga política de octubre de 1905.
19 Se trata de la huelga general política
de octubre de 1905 en toda Rusia durante la primera revolución rusa. El número
de huelguistas pasó de dos millones. La huelga transcurrió bajo las consignas
de derrocamiento de la autocracia, boicot activo a la Duma de Bulyguin,
convocación de la Asamblea Constituyente y proclamación de la república
democrática. Esta huelga reveló la fuerza y el poderío del movimiento obrero e
impulsó el desarrollo de la lucha revolucionaria en el campo, en el ejército y
en la marina.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
* De la política y de los partidos se
puede decir —con las variantes correspondientes— lo mismo que de los
individuos. Inteligente no es quien no comete errores. No hay, ni puede haber,
hombres que no cometan errores. Inteligente es quien comete errores que no son
muy graves y sabe corregirlos bien y pronto.
En 1918 las cosas no
llegaron a la escisión. Los comunistas "de izquierda"20 constituyeron entonces sólo un grupo especial o
"fracción" dentro de nuestro partido, y no por mucho tiempo. En el
mismo año, los representantes más señalados del "comunismo de
izquierda", los camaradas Rádek y Bujarin, por ejemplo, reconocieron
públicamente su error. Les parecía que la Paz de Brest era un compromiso con
los imperialistas, inaceptable por principio y funesto para el partido del
proletariado revolucionario. Se trataba, en efecto, de un compromiso con los
imperialistas; pero precisamente de un compromiso de tal género que era obligatorio en aquellas circunstancias.
Cuando oigo hoy, por
ejemplo, a los "socialistas— revolucionarios" atacar la táctica que
seguimos al firmar la Paz de Brest, o una observación como la que me hizo el
camarada Lansbury durante una conversación: "Los líderes de nuestras tradeuniones
inglesas dicen que también pueden permitirse un compromiso, puesto que los
bolcheviques se lo han permitido", respondo habitualmente, ante todo, con
una comparación sencilla y "popular".
Figuraos que el automóvil en
que viajáis es detenido por unos bandidos armados. Les dais el dinero, el
pasaporte, el revólver y el automóvil. Mas, a cambio de ello, os veis libres de
la agradable vecindad de los bandidos. Se trata, sin duda, de un compromiso. Do ut des ("te doy" mi dinero,
mis armas y mi automóvil "para que me des" la posibilidad de
marcharme en paz). Pero difícilmente se encontraría un hombre cuerdo que
declarase semejante compromiso "inadmisible desde el punto de vista de los
principios" o calificase a quien lo ha concertado de cómplice de los
bandidos (aunque éstos, una vez dueños del automóvil y de las armas, puedan
utilizarlos para nuevos pillajes). Nuestro compromiso con los bandidos del
imperialismo alemán fue análogo a éste.
Pero cuando los mencheviques
y los eseristas en Rusia, los secuaces de Scheidemann (y, en parte
considerable, los kautskianos) en Alemania, Otto Bauer y Federico Adler (sin
hablar de los señores Renner y comparsa) en Austria, los Renaudel, Longuet y
Cía. en Francia, los fabianos, los "independientes" y los
"laboristas”21 en Inglaterra concertaron en 1914-1918
y en 1918-1920 con los bandidos de su propia burguesa, y a veces de la
burguesía "aliada", compromisos
dirigidos contra el proletariado
revolucionario de su país, esos señores obraron como cómplices de los
bandidos.
10
La conclusión es clara:
rechazar los compromisos "por principio", negar la legitimidad de
todo compromiso en general, cualquiera que sea, constituye una puerilidad que
hasta resulta
![]()
20 "Comunistas de izquierda": grupo antipartido que surgió a
comienzos de 1918 con motivo de la firma del Tratado de Paz (Paz de Brest) con
Alemania. Encubriéndose con una fraseología izquierdista acerca de la guerra
revolucionaria, los "comunistas de izquierda" defendieron una
política aventurera tendiente a arrastrar a la República Soviética, todavía sin
ejército, a la guerra contra la Alemania imperialista y colocaron al Poder
soviético ante una amenaza mortal. Lenin y sus correligionarios tuvieron que
sostener una lucha tenaz en el CC contra Trotski y los "comunistas de
izquierda" para lograr que se aprobase la resolución sobre la firma del
Tratado de Paz con Alemania, salvando así de la muerte a la joven República
Soviética.
21 "Laboristas":
miembros del Partido Laborista de Inglaterra (Labour Party), fundado en 1900
como una agrupación de sindicatos y organizaciones y grupos socialistas para
llevar representantes obreros al Parlamento ("Comité de Representación
Obrera"). En 1906, el comité adoptó el nombre de Partido Laborista. Los
afiliados a las tradeuniones se consideran automáticamente miembros del Partido
Laborista, a condición de que abonen a éste las cuotas correspondientes.
El Partido Laborista, que en
su origen fue un partido obrero por su composición (más tarde se adhirieron a
él numerosos elementos pequeño burgueses), es, por su ideología y su táctica,
una organización oportunista. Desde el momento en que se constituyó, sus
líderes aplican una política de colaboración de clases con la burguesía.
Durante la primera guerra
mundial (1914-1918), los dirigentes del Partido Laborista (A. Henderson y
otros) adoptaron una posición socialchovinista y colaboraron en el gobierno del
rey. Con su respaldo activo fueron promulgadas diversas leyes enfiladas contra
los obreros (sobre la militarización del país, etc.). Los líderes laboristas
han formado gobierno en repetidas ocasiones.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
difícil tomar en serio. El
político que desee ser útil al proletariado revolucionario debe saber
distinguir los casos concretos de
compromisos que son precisamente inadmisibles, que son una manifestación de
oportunismo y de traición, y dirigir
contra esos compromisos concretos toda la fuerza de la crítica,
todo el filo de un desenmascaramiento implacable y de una guerra sin cuartel,
no permitiendo a los expertísimos socialistas "utilitarios" ni a los
jesuitas parlamentarios que escurran el bulto y eludan la responsabilidad por
medio de disquisiciones acerca de "los compromisos en general". Los
señores "líderes" de las tradeuniones inglesas, lo mismo que los de
la Sociedad Fabiana y los del Partido Laborista "Independiente", pretenden
eludir precisamente así la responsabilidad por la traición que han cometido, por haber concertado un compromiso semejante, que no es en realidad sino
oportunismo, defección y traición de la peor especie. Hay compromisos y
compromisos. Es preciso saber analizar la situación y las condiciones concretas
de cada compromiso o de cada variedad de compromiso. Debe aprenderse a
distinguir al hombre que ha entregado a los bandidos su bolsa y sus armas, para
disminuir el mal causado por ellos y facilitar su captura y ejecución, del que
da a los bandidos su bolsa y sus armas con objeto de participar en el reparto
del botín. En política, esto dista mucho de ser siempre tan fácil como en el
ejemplillo de simplicidad infantil. Pero sería sencillamente un charlatán quien
pretendiera inventar para los obreros una receta que proporcionase por
adelantado soluciones adecuadas en todas las circunstancias de la vida o
prometiera que en la política del proletariado revolucionario jamás surgirán
dificultades ni situaciones embrolladas.
Para no dejar lugar a
interpretaciones falsas, intentaré esbozar, aunque sea muy brevemente, algunas
tesis fundamentales al analizar los casos concretos de compromiso.
El partido que concertó con
los imperialistas alemanes el compromiso consistente en firmar la Paz de Brest
había venido forjando su internacionalismo de verdad desde finales de 1914.
Este partido no temió proclamar la derrota de la monarquía zarista y estigmatizar
"la defensa de la patria" en la guerra entre dos aves de rapiña
imperialistas. Los diputados de este partido al Parlamento fueron deportados a
Siberia, en vez de seguir el camino que conduce a las carteras ministeriales en
un gobierno burgués. La revolución, al derribar el zarismo y proclamar la
república democrática, sometió a este partido a una prueba nueva y grandiosa:
no concertó ningún acuerdo con "sus" imperialistas, sino que preparó
su derrocamiento y los derrocó. Este mismo partido, una vez dueño del poder
político, no ha dejado piedra sobre piedra ni de la propiedad latifundista ni
de la propiedad capitalista. Después de publicar y hacer añicos los tratados
secretos de los imperialistas, este partido propuso la paz a todos los pueblos y sólo cedió ante la violencia de los bandidos
de Brest cuando los imperialistas anglo-franceses frustraron la paz y los
bolcheviques habían hecho todo lo humanamente posible para acelerar la
revolución en Alemania y en otros países. Es cada día más claro y evidente para
todos el acierto completo de semejante compromiso, contraído por ese partido en
tales circunstancias.
Los mencheviques y eseristas
de Rusia (como todos los jefes de la II Internacional en el mundo entero en
1914-1920) empezaron por la traición, justificando directa o indirectamente
"la defensa de la patria", es decir, la defensa de su burguesía expoliadora. Y persistieron
en la traición, coligándose con la burguesía de su país y luchando al lado suyo
contra el proletariado revolucionario de su propio país. Su bloque en Rusia con
Kerenski y los democonstitucionalistas22,
primero —y con Kolchak y Denikin después—, así como el bloque
![]()
22
Democonstitucionalistas, demócratas-
constitucionalistas: miembros del Partido Demócrata Constitucionalista,
partido principal de la burguesía liberal monárquica de Rusia, fundado en
octubre de 1905. Durante la primera guerra mundial apoyaron activamente la
política exterior anexionista del gobierno zarista. En el período de la
revolución democrática burguesa de febrero de 1917 trataron de salvar la
monarquía. Los democonstitucionalistas, que ocupaban una posición dirigente en
el Gobierno Provisional burgués, aplicaron una política antipopular y
contrarrevolucionaria. Después de triunfar la Revolución Socialista de Octubre
fueron enemigos inconciliables del
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
de sus correligionarios
extranjeros con la burguesía de sus
países respectivos, fue una deserción al campo de la burguesía contra el
proletariado. Su compromiso con los
bandidos del imperialismo consistió, desde el principio hasta el fin, en que se
convirtieron en cómplices del
bandolerismo imperialista.
V. El comunismo “de
izquierda” en Alemania. Jefes, partido, clase, masa.
Los comunistas alemanes, de
quienes debemos hablar ahora, no se llaman "izquierdistas", sino
"oposición de principio"23, si
no me equivoco. Pero por lo que sigue se verá que presentan todos los síntomas
de "la enfermedad infantil del izquierdismo".
El folleto Una escisión en el Partido Comunista de
Alemania (liga de los espartaquistas), que sustenta el criterio de esta
oposición y ha sido editado por el "grupo local de Francfort del
Meno", expone con sumo relieve, exactitud, claridad y concisión la esencia
de los puntos de vista de la oposición. Algunas citas bastarán para dar a
conocer al lector dicha esencia:
"El Partido Comunista es el partido de la lucha de clases
más decidida"
11
"Desde el punto de
vista político, este período de transición" (entre el capitalismo y el
socialismo) "es el período de la dictadura del proletariado…"
"...Surge una pregunta:
¿quién debe ejercer la dictadura: el
Partido Comunista, o la clase proletaria? Por principio, ¿debe tenderse a
la dictadura del Partido Comunista o a la dictadura de la clase proletaria?"
(Las palabras subrayadas lo están también en el original.)
Más adelante, el autor del
folleto acusa al Comité Central del Partido Comunista de Alemania de buscar una coalición con el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania; de que "la cuestión del reconocimiento, en
principio, de todos los medios políticos" de lucha, entre ellos del parlamentarismo, ha sido
planteada por este Comité Central con el fin exclusivo de ocultar sus
verdaderas y principales intenciones de coligarse con los independientes. Y el
folleto continúa;
"La oposición ha
elegido otro camino. Sostiene el criterio de que el problema de la hegemonía
del Partido Comunista y de su dictadura es sólo una cuestión de táctica. En
todo caso, la hegemonía del Partido Comunista es la forma última de toda dominación
del partido. Por principio, ha de
tenderse a la dictadura de la clase proletaria. Y todas las medidas del
partido, su organización, sus formas
de lucha, su estrategia y su táctica deben estar orientadas a este fin. De
acuerdo con ello, hay que rechazar del modo más categórico todo compromiso con
los demás partidos, todo retorno a los métodos de lucha parlamentarios (los
cuales han
![]()
Poder soviético,
participando en todos los levantamientos armados contrarrevolucionarios y en
las campañas de los intervencionistas.
23 "Oposición de principio": grupo de comunistas "de
izquierda" alemanes que defendían concepciones anarcosindicalistas. El II
Congreso del Partido Comunista de Alemania, celebrado en octubre de 1919 en
Heidelberg, expulsó del partido a la oposición. Esta última fundó, en abril de
1920, el llamado Partido Comunista Obrero de Alemania (PCOA). En noviembre del
mismo año, con objeto de facilitar la unificación de todas las fuerzas
comunistas de Alemania e ir al encuentro de los mejores elementos proletarios
del PCOA, la oposición fue admitida provisionalmente en la Internacional
Comunista (IC) en calidad de miembro simpatizante. Sin embargo, el Comité
Ejecutivo de la IC consideraba como única sección con plenos derechos al
Partido Comunista Unificado de Alemania. Al ser admitido en la IC el Partido
Comunista Obrero de Alemania, se puso a sus representantes la siguiente
condición: fusionarse con el Partido Comunista Unificado de Alemania y apoyar
todas sus acciones. Pero los dirigentes del PCOA no cumplieron las indicaciones
del CE de la IC. El III Congreso de la Internacional Comunista (junio-julio de
1921), movido por el deseo de ganarse a los obreros que seguían aún al PCOA,
acordó conceder a éste un plazo de dos meses para que convocara un congreso y
resolviese el problema de la fusión. Los dirigentes del PCOA no cumplieron el
acuerdo del III Congreso, debido a lo cual dicho partido quedó al margen de la
Internacional Comunista. Con posterioridad, el PCOA degeneró en un grupito
sectario insignificante y carente de todo apoyo entre la clase obrera.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
caducado ya histórica y
políticamente), toda política de maniobra y conciliación". "Deben ser
subrayados con energía los métodos específicamente proletarios de lucha
revolucionaria. Y para abarcar a los más amplios medios y sectores proletarios,
que deben incorporarse a la lucha revolucionaria bajo la dirección del Partido
Comunista, hay que concebir nuevas formas de organización sobre la base más
amplia y con los límites más amplios. Este lugar de agrupamiento de todos los
elementos revolucionarios es la unión
obrera, basada en las organizaciones de fábrica. En ella deben unirse todos
los obreros fieles a este lema:
¡Fuera de los sindicatos! Es
ahí donde se forma el proletariado militante en las más vastas filas
combativas. Para ser admitido basta con reconocer la lucha de clases, el
sistema de los Soviets y la dictadura. Toda la educación política ulterior de
las masas militantes y su orientación política en la lucha es misión del
Partido Comunista, que se halla fuera de la unión obrera..."
"...Por consiguiente, hay ahora dos partidos comunistas
frente a frente:
"Uno, es el partido de los jefes, que intenta
organizar y dirigir la lucha revolucionaria desde
arriba, aceptando los compromisos y el parlamentarismo para crear
situaciones que permitan a esos jefes entrar en un gobierno de coalición, en
cuyas manos se halle la dictadura.
"Otro, es el partido de las masas, que espera el impulso ascensional de la
lucha revolucionaria desde abajo y
conoce y aplica para esta lucha un solo método que conduce claramente al fin,
rechazando todos los procedimientos parlamentarios y oportunistas; ese método
único es el derrocamiento incondicional de la
burguesía para implantar después la dictadura de clase del proletariado con
objeto de hacer realidad el socialismo..."
"... ¡De un lado, la
dictadura de los jefes, de otro, la dictadura de las masas! Esa es nuestra
consigna".
Tales son las tesis más
esenciales que caracterizan las concepciones de la oposición en el Partido
Comunista de Alemania.
Todo bolchevique que haya
participado conscientemente en el desarrollo del bolchevismo desde 1903 o lo
haya observado de cerca, no podrá por menos de exclamar nada más leer estos
razonamientos: "¡Cuánto tiempo hice que conocemos esa vieja morralla! ¡Qué
infantilismo "izquierdista"!" Pero examinemos más de cerca estos
razonamientos. El solo hecho de plantear la cuestión de "¿dictadura del
partido o dictadura de la clase?, ¿dictadura (partido) de los jefes o dictadura
(partido) de las masas?" atestigua la más increíble e irremediable
confusión de ideas. Hay gente que se esfuerza por inventar algo enteramente original y que, en su afán de sofisticar,
no consigue sino caer en el ridículo. Todo el mundo sabe que las masas se
dividen en clases; que contraponer las masas y las clases sólo es admisible en
un sentido: si se opone una inmensa mayoría en su totalidad, sin dividirla
según la posición ocupada en el régimen social de la producción, a categorías
que ocupan una posición especial en ese régimen; que las clases son dirigidas
de ordinario y en la mayoría de los casos (al menos en los países civilizados
modernos) por partidos políticos; que los partidos políticos están dirigidos,
como regla general, por grupos más o menos estables, compuestos de las personas
más prestigiosas, influyentes y expertas, elegidas para los cargos de mayor
responsabilidad y llamadas jefes. Todo eso es el abecé, todo eso es sencillo y
claro. ¿Qué necesidad había de sustituir todo eso con un galimatías, con un
nuevo volapuk 24? De una parte, esta gente se ha hecho
un lío, por lo visto, cayendo en una situación difícil, cuando la rápida
sucesión de la vida legal e ilegal del partido altera las relaciones
habituales, normales y simples entre los jefes, los partidos y las clases. En
Alemania, como en los demás países europeos, se han acostumbrado demasiado a la
legalidad, a la elección libre y regular de "los
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24 Volapuk: lengua artificial creada en 1880 por Juan Schleyer.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
jefes" pon los
congresos ordinarios de los partidos, a la comprobación cómoda de la
composición de clase de estos últimos mediante las elecciones parlamentarias,
los mítines, la prensa, el estado de ánimo de los sindicatos y otras
asociaciones, etc. Cuando la marcha impetuosa de la revolución y del desarrollo
de la guerra civil ha hecho necesario pasar rápidamente de esta rutina a la
sucesión de la legalidad y la ilegalidad y a su combinación, a procedimientos
"incómodos", "no democráticos" para designar, formar o
conservar los "grupos de dirigentes", la gente ha perdido la cabeza y
ha empezado a inventar un monstruoso absurdo. Por lo visto, algunos miembros
del Partido Comunista Holandés, que han tenido la desgracia de nacer en un país
pequeño, con una tradición y unas condiciones de situación legal singularmente
privilegiada y singularmente estable, y que jamás han visto la sucesión de las
situaciones legales e ilegales, se han embrollado y han perdido la cabeza,
favoreciendo absurdos infundios.
12
Por otra parte, salta a la vista el uso irreflexivo e
incoherente de algunas palabrejas "de moda" en nuestra época sobre
"la masa" y "los jefes". La gente ha oído muchos ataques
contra "los jefes" y se los ha aprendido de memoria, ha oído que se
les contra ponía a "la masa", pero no ha sabido reflexionar acerca
del sentido de todo eso y ver las cosas claras. El divorcio entre "los
jefes" y "la masa" se ha manifestado en todos los países, con
singular claridad y relieve, al final de la guerra imperialista y después de
ella. La causa fundamental de este fenómeno la explicaron muchas veces Marx y
Engels de 1852 a 1892 con el ejemplo de Inglaterra. La situación monopolista de
dicho país destacó de "la masa" a una "aristocracia obrera"
semipequeñoburguesa y oportunista. Los jefes de esta aristocracia obrera
desertaban constantemente al campo de la burguesía, que los mantenía de manera
directa o indirecta. Marx se granjeó el odio, que le honra, de estos canallas
por haberles tildado públicamente de traidores. El imperialismo moderno (del
siglo XX) ha creado una situación privilegiada, monopolista, para unos cuantos
países adelantados, y sobre este terreno ha surgido en todas partes dentro de
la II Internacional ese tipo de jefes-traidores, oportunistas, socialchovinistas,
que defienden los intereses de su gremio, de su grupito de aristocracia obrera.
Estos partidos oportunistas se han aislado de "las masas", es decir,
de los sectores más vastos de trabajadores, de su mayoría, de los obreros peor
retribuidos. La victoria del proletariado revolucionario es imposible sin
combatir este mal, sin arrancar la careta, poner en la picota y expulsar a los
jefes oportunistas, socialtraidores. Tal es precisamente la política que ha
aplicado la III Internacional.
Llegar con este motivo a
contraponer, en términos generales,
la dictadura de las masas a la dictadura de los jefes es un absurdo ridículo y
una necedad. Lo más divertido es que, de hecho, en lugar de los antiguos jefes
que se atienen a ideas humanas comunes sobre las cosas simples, se destaca
(encubriéndolo con la consigna de "¡Abajo los jefes!") a jefes nuevos que dicen soberanas
tonterías y disparates. Tales son, en Alemania, Laufenberg, Wolffheim, Horner,
Carlos Schröder, Federico Wendel y Carlos Erler*. Las tentativas de este último
de "profundizar" en la cuestión y proclamar en general la inutilidad
y "el carácter burgués" de los partidos políticos representan tales
Columnas de Hércules25 de absurdidez que le dejan a uno
estupefacto. ¡Cuán cierto es que de un pequeño error puede hacerse siempre uno
monstruosamente grande, si se insiste en él, si se profundiza para encontrarle
justificación y se intenta "llevarlo hasta el fin"!
* En el Diario Obrero Comunista26 (núm. 32, Hamburgo, 7 de febrero de 1920), Carlos Erler dice en un artículo titulado La disolución del partido: "La clase obrera no puede destruir
el Estado burgués sin aniquilar la democracia burguesa, y no puede aniquilar la democracia burguesa sin
destruir los partidos".
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25 La expresión "llegar hasta las Columnas de Hércules" significa llegar al
límite extremo, exagerar algo de manera extraordinaria. Según la mitología de
la antigua Grecia, dichas columnas fueron levantadas por Hércules y constituían
el fin del mundo, después del cual no había camino alguno.
26 Diario
Obrero Comunista
("Kommunistische Arbeiterzeitung"): órgano del grupo
anarcosindicalista de "comunistas de izquierda" alemanes. Se publicó
en Hamburgo desde 1919 hasta 1927. El nombre de Carlos Erler, mencionado por
Lenin, es el seudónimo literario de Enrique Laufenberg.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Las cabezas más confusas de
los sindicalistas y anarquistas latinos pueden sentirse
"satisfechas": algunos respetables alemanes que, por lo visto, se
consideran marxistas (con sus artículos en el citado periódico, Erler y Horner
demuestran con aplomo singular que se consideran marxistas serios, aunque dicen
de un modo singularmente ridículo tonterías inverosímiles, revelando así no
comprender el abecé del marxismo) llegan a afirmar cosas absurdas por completo.
El reconocimiento del marxismo no preserva por sí solo de los errores. Los
rusos saben eso muy bien, pues el marxismo ha estado "de moda" con
harta frecuencia en nuestro país.
Negar la necesidad del
partido y de la disciplina de partido: tal es el resultado a que ha llegado la oposición. Y eso equivale a
desarmar por completo al proletariado en
provecho de la burguesía. Equivale precisamente a la dispersión, la
volubilidad y la incapacidad para dominarse,
unirse y actuar de manera organizada, defectos típicamente pequeñoburgueses,
que, de ser indulgente con ellos, llevan de manera inevitable a la ruina todo
movimiento revolucionario del proletariado. Negar la necesidad del partido
desde el punto de vista del comunismo significa saltar de la víspera de la
bancarrota del capitalismo (en Alemania), no a la fase inferior o media del
comunismo, sino a su fase superior. En Rusia (después de más de dos años de
haber derribado a la burguesía) estamos dando aún los primeros pasos en la
transición del capitalismo al socialismo o fase inferior del comunismo. Las
clases siguen existiendo y existirán durante
años en todas partes después de
que el proletariado conquiste el poder. Es posible que en Inglaterra, donde no
hay campesinos (¡pero existen, sin embargo, pequeños patronos!), ese plazo sea
más corto. Suprimir las clases no significa sólo expulsar a los latifundistas y
a los capitalistas —esto lo hemos hecho nosotros con relativa facilidad—;
significa también suprimir los pequeños
productores de mercancías.
13
Pero a éstos no se les puede expulsar, no se les
puede reprimir; hay que convivir con
ellos, y sólo se puede (y se debe) transformarlos, reeducarlos, mediante una
labor de organización muy larga, lenta y prudente. Estos pequeños productores
cercan de elemento pequeño burgués al proletariado, lo impregnan de ese
elemento, lo corrompen con él, provocan sin cesar en el seno del proletariado
recaídas de pusilanimidad pequeñoburguesa, de atomización, de individualismo,
de vaivenes entre la exaltación y el abatimiento. Para hacer frente a eso, para
conseguir que el proletariado desempeñe acertada, eficaz y victoriosamente su
función organizadora (que es su
función principal), son necesarias
una centralización y una disciplina severísimas en el partido político del
proletariado. La dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e
incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y
administrativa contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. La
fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de personas es la
fuerza más terrible. Sin un partido férreo y templado en la lucha, sin un
partido que goce de la confianza de todo lo que haya de honrado en la clase
dada, sin un partido que sepa pulsar el estado de ánimo de las masas e influir
en él es imposible sostener con éxito esta lucha. Es mil veces más fácil vencer
a la gran burguesía centralizada que "vencer" a millones y millones
de pequeños patronos, los cuales llevan con su cotidiana y prosaica labor
corruptora, invisible e inaprehensible a los
mismos resultados que necesita la burguesía y que restauran a ésta. Quien debilita, por poco que sea, la disciplina
férrea del partido del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura),
ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado. A la par con el problema
de los jefes, el partido, la clase y la masa hay que plantear el de los
sindicatos "reaccionarios". Pero antes me permitiré hacer, a modo de
conclusión, algunas observaciones basadas en la experiencia de nuestro partido.
En éste ha habido siempre ataques a
"la dictadura de los jefes". La primera vez, que yo recuerde, fue en
1895, cuando el partido no existía aún formalmente, pero empezaba ya a formarse
en San Petersburgo el grupo central que debía tomar en sus manos la dirección
de los grupos distritales27. En el IX
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27 Se trata de la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, organizada
por Lenin en el otoño de 1895. Agrupó a cerca de veinte círculos marxistas de
San Petersburgo, figurando al frente de ella un grupo central. La dirección
inmediata se hallaba en manos de cinco miembros del grupo, encabezados por
Lenin.
La organización estaba
dividida en grupos distritales, que los obreros conscientes, avanzados (I.
Babushkin, V. Shelgunov y otros), enlazaban con las fábricas y empresas. La
Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera,
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Congreso de nuestro partido
(abril de 1920) hubo una pequeña oposición, que habló también contra "la
dictadura de los jefes", "la oligarquía", etc. No hay, pues,
nada de sorprendente, nada nuevo, nada alarmante en "la enfermedad infantil"
del "comunismo de izquierda" entre los alemanes. Esta enfermedad
transcurre sin peligro y, una vez pasada, el organismo incluso se fortalece. De
otro lado, la rápida sucesión del trabajo legal e ilegal, que implica la
necesidad de "ocultar", de sumir en una clandestinidad singular
precisamente al Estado Mayor Central, a los jefes, motivó a veces en nuestro
país fenómenos profundamente peligrosos. El peor de ellos fue la entrada en
1912 en el Comité Central bolchevique de un agente provocador, Malinovski. Este
delató a decenas y decenas de los más excelentes y abnegados camaradas,
haciendo que fueran condenados a trabajos forzados y acelerando la muerte de
muchos de ellos. Si no causó mayor daño fue porque habíamos establecido una
correlación adecuada entre la actividad legal y la clandestina. Para ganarse
nuestra confianza, Malinovski, como miembro del Comité Central del partido y
diputado a la Duma, tuvo que ayudarnos a organizar la publicación de periódicos
diarios legales, que, incluso bajo el zarismo, supieron luchar contra el
oportunismo de los mencheviques y propagar los principios fundamentales del
bolchevismo con el necesario disimulo. Con una mano, Malinovski mandaba a
presidio y a la muerte a decenas y decenas de los mejores combatientes del
bolchevismo; pero con la otra se veía obligado a contribuir a la educación de
decenas y decenas de miles de nuevos bolcheviques por medio de la prensa legal.
Este es un hecho sobre el que deberían reflexionar como se merece los camaradas
alemanes (y también los ingleses, los norteamericanos, los franceses y los
italianos), que tienen planteada la tarea de aprender a efectuar una labor
revolucionaria en los sindicatos reaccionarios*. En muchos países, incluso en
los más adelantados, la burguesía envía y seguirá enviando, sin duda alguna,
provocadores a los partidos comunistas. Uno de los medios de luchar contra este
peligro consiste en saber combinar acertadamente el trabajo ilegal con el
legal.
* Malinovski estuvo prisionero en
Alemania. Cuando regresó a Rusia, ya existente el poder bolchevique, fue
inmediatamente entregado a los tribunales y fusilado por nuestros obreros. Los
mencheviques nos han atacado con especial acritud por el error de haber tenido
un provocador en el Comité Central de nuestro partido. Pero cuando en tiempos
de Kerenski exigimos que fuera detenido y juzgado el presidente de la Duma,
Rodzianko, que desde antes de la guerra sabía que Malinovski era un provocador
y no lo había comunicado a los
diputados trudoviques28 y obreros en la Duma, ni los
mencheviques ni los eseristas (que formaban parte del gobierno con Kerenski)
apoyaron nuestra demanda, y Rodzianko quedó en libertad y pudo unirse a Denikin
sin el menor obstáculo
VI. ¿Deben actuar los
revolucionarios en los sindicatos reaccionarios?
Los
"izquierdistas" alemanes consideran que pueden responder con una
negativa absoluta a esta pregunta. A su juicio, las soflamas y los gritos de
cólera contra sindicatos "reaccionarios" y
"contrarrevolucionarios" (K. Horner se distingue por "el
aplomo" y la necedad con que hace esto) bastan para "demostrar"
la inutilidad e incluso la inadmisibilidad de que los revolucionarios, los
comunistas, actúen en los sindicatos contrarrevolucionarios, en los sindicatos
amarillos, socialchovinistas y conciliadores dirigidos por los Legien.
14
Pero por muy convencidos que
estén los "izquierdistas" alemanes del carácter revolucionario de
semejante táctica, ésta es, en realidad, profundamente errónea y no contiene
más que frases hueras.
Para aclararlo partiré de
nuestra propia experiencia, conforme al plan general del presente folleto, que
tiene por objeto aplicar a Europa Occidental lo que la historia y la táctica
actual del bolchevismo contienen de aplicable, importante y obligatorio en
todas partes. La correlación entre jefes, partido, clase y masa y, a la vez, la
actitud de la dictadura del
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de San Petersburgo, era, según expresión
de Lenin, el embrión del partido revolucionario, que se apoyaba en el
movimiento obrero y dirigía la lucha de clase del proletariado.
28
Trudoviques: grupo de demócratas pequeñoburgueses
en las Dumas de Estado, compuesto de campesinos e intelectuales de orientación
populista.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
proletariado y de su partido
ante los sindicatos aparece actualmente entre nosotros en la siguiente forma
concreta: la dictadura la ejerce el proletariado organizado en los Soviets y
dirigido por el Partido Comunista bolchevique, que, según los datos del último
Congreso (abril de 1920), cuenta con 611.000 miembros. El número de militantes
ha oscilado mucho tanto antes como después de la Revolución de Octubre y ha
sido considerablemente menor incluso en 1918 y 191929. Tememos ampliar con exceso el partido porque los arribista s y
truhanes, que sólo merecen ser fusilados, tratan infaliblemente de infiltrarse
en el partido gobernante. La última vez que abrimos de par en par las puertas
del partido — sólo para los obreros y los campesinos— fue en los días (invierno
de 1919) en que Yudénich se encontraba a algunas verstas de Petrogrado y
Denikin estaba en Oriol (a unas trescientas cincuenta verstas de Moscú), es
decir, cuando la República Soviética se veía ante un peligro terrible, mortal,
y los aventureros, los arribistas, los truhanes y, en general, los elementos
inestables no podían contar en modo alguno con hacer una carrera ventajosa
(sino más bien con la horca y las torturas) si se adherían a los comunistas30. El partido, que celebra congresos anuales (en el último, la
representación fue de un delegado por cada mil militantes), lo dirige un Comité
Central de 19 miembros, elegido por el congreso; la gestión de los asuntos
corrientes la ejercen en Moscú dos organismos aún más restringidos, denominados
"Buró de Organización" y "Buró Político", que se eligen en
sesiones plenarias del Comité Central y cada uno de los cuales está compuesto
de cinco miembros de éste. Nos hallamos, pues, ante una verdadera
"oligarquía". En nuestra República, ninguna institución del Estado
resuelve problemas políticos o de organización importantes, cualesquiera que
sean, sin las directrices del Comité Central del partido.
En su labor, el partido se
apoya directamente en los sindicatos,
que tienen ahora, según datos del último congreso (abril de 1920), más de
cuatro millones de afiliados y que en el aspecto formal son sin partido.
De hecho, todos los
organismos dirigentes de la inmensa mayoría de los sindicatos, y en primer
término, como es natural, la institución central o buró sindical de toda Rusia
(Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia), se componen de comunistas y
aplican todas las directrices del partido. Se obtiene, en conjunto, un
mecanismo proletario, no comunista en el aspecto formal, flexible y
relativamente amplio, potentísimo, por medio del cual el partido está ligado de
manera estrecha a la clase y a las masas y a través del cual se
ejerce, bajo la dirección del partido, la
dictadura de la clase. Por supuesto, nos hubiera sido imposible gobernar el
país y ejercer la dictadura, no ya dos años y medio, sino ni siquiera dos meses
y medio, sin la más estrecha ligazón con los sindicatos, sin su fervoroso
apoyo, sin su abnegadísima labor tanto en la organización económica como en la militar. Está claro que esta
estrechísima ligazón significa, en la práctica, una labor de propaganda y
agitación muy compleja y variada, reuniones oportunas y frecuentes no sólo con
los dirigentes, sino, en general, con los militantes sindicales influyentes y
una lucha sin cuartel contra los mencheviques, que tienen todavía cierto número
de partidarios —muy pequeño, en
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29 Durante el período comprendido entre la
revolución democrática burguesa de febrero de 1917 y el año de 1919, inclusive,
el número de militantes del partido se modificó del modo siguiente: cuando se
celebró la VII Conferencia (Conferencia de Abril de 1917) del POSD
(bolchevique) de Rusia, el partido tenía 80.000 miembros; al celebrarse el VI
Congreso (julio-agosto de 1917), alrededor de 240.000; al comenzar el VII
Congreso del PC(b) de Rusia (marzo de 1918), no menos de 300.000, y en vísperas
del VIII Congreso (marzo de 1919), 313.766.
30
Lenin alude a la Semana del Partido, campaña de
reclutamiento de nuevos militantes efectuada en sus organizaciones, por acuerdo
del VIII Congreso del PC(b) de Rusia, de agosto a noviembre de 1919, en un
período de intensa lucha del pueblo soviético frente a la intervención militar
extranjera y la contrarrevolución interior. Como resultado de la Semana del
Partido, sólo en 38 provincias de la parte europea de la RSFSR ingresaron en el
PC(b) de Rusia más de 200.000 hombres y mujeres, más de la mitad de los cuales
eran obreros. En los frentes se concedió el ingreso en el partido a cerca del
25% de los efectivos del ejército y de la marina. Lenin dijo que los obreros y
los campesinos venidos al partido en un momento tan grave "son los cuadros
mejores y más seguros de dirigentes del proletariado revolucionario y de la
parte no explotadora del campesinado".
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
verdad—, a los que inician
en todas las malas artes de la contrarrevolución, desde la defensa ideológica
de la democracia (burguesa) y la
prédica de "la independencia" de los sindicatos (independencia...
¡respecto del poder estatal proletario!) hasta el sabotaje de la disciplina
proletaria, etc., etc.
Reconocemos que el contacto
con "las masas" por conducto de los sindicatos es insuficiente. En el
curso de la revolución se ha creado en nuestro país, en la práctica, un
organismo que procuramos por todos los medios mantener, desarrollar y ampliar: las conferencias de obreros y campesinos sin
partido. Este organismo nos permite observar el estado de ánimo de las masas, acercarnos a ellas,
responder a sus demandas, promover a cargos del Estado a sus mejores elementos,
etc. Un decreto reciente sobre la transformación del Comisariado del Pueblo de
Control del Estado en "Inspección Obrera y Campesina" confiere a
estas conferencias sin partido el derecho de elegir miembros del Control del
Estado para las funciones más diversas de revisión, etc. Además, como es
natural, toda la labor del partido se efectúa a través de los Soviets, que
agrupan a las masas trabajadoras sin distinción de oficio. Los congresos
distritales de los Soviets son una institución democrática jamás vista en las mejores repúblicas democráticas del
mundo burgués. Por medio de estos congresos (cuya labor procura seguir el
partido con la mayor atención posible), así como por la comisión constante de
los obreros más conscientes para desempeñar cargos diversos en las poblaciones
rurales, el proletariado ejerce su función dirigente con respecto al
campesinado, se realiza la dictadura del proletariado urbano, la lucha
sistemática contra los campesinos ricos, burgueses, explotadores y
especuladores, etc.
15
Tal es el mecanismo general
de poder del Estado proletario examinado "desde arriba", desde el
punto de vista de la realización práctica de la dictadura. Es de esperar que el
lector comprenderá por qué el bolchevique ruso, que conoce este mecanismo y lo
ha visto nacer de los pequeños círculos ilegales y clandestinos en el
transcurso de veinticinco años, no puede por menos de hallar ridículo, pueril y
absurdo todo ese palabreo sobre la dictadura "desde arriba" o "desde abajo", la dictadura
de los jefes o la dictadura de las
masas, etc., como lo sería una disputa acerca de qué le es más útil al hombre:
la pierna izquierda o el brazo derecho.
Tampoco pueden dejar de
parecernos un absurdo ridículo y pueril las disquisiciones pomposas, muy sabias
y terriblemente revolucionarias de los izquierdistas alemanes, quienes afirman
que los comunistas no pueden ni deben actuar en los sindicatos reaccionarios,
que es permisible renunciar a semejante actividad, que es preciso abandonar los
sindicatos y organizar sin falta una "unión obrera", completamente
nueva y pura, inventada por comunistas muy simpáticos (y en la mayoría de los
casos, probablemente, muy jóvenes), etc., etc.
El capitalismo lega
inevitablemente al socialismo, de una parte, las viejas diferencias de
profesión y de oficio entre los obreros, formadas en el transcurso de los
siglos, y, de otra, los sindicatos, que sólo con gran lentitud, a lo largo de
años y años, pueden transformarse y se transformarán en sindicatos de industria
más amplios, menos corporativos (que engloben a industrias enteras y no sólo a
corporaciones, oficios y profesiones). Después, a través de estos sindicatos de
industria, se pasará a suprimir la división del trabajo entre los individuos; a
educar, instruir y formar hombres universalmente
desarrollados y universalmente preparados, hombres que sabrán hacerlo todo. Hacia eso marcha, debe marchar y llegará el comunismo, pero sólo dentro
de muchos años. Intentar hoy anticiparse en la práctica a ese resultado futuro
de un comunismo llegado a la plenitud de su desarrollo, solidez y formación, de
su íntegra realización y de su madurez, es lo mismo que querer enseñar
matemáticas superiores a un niño de cuatro años.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Podemos (y debemos)
emprender la edificación del socialismo no con un material humano fantástico ni
especialmente creado por nosotros, sino con el que nos ha dejado como herencia
el capitalismo. Esto es, sin duda, muy "difícil"; pero cualquier otro
modo de enfocar el problema es tan poco serio que no merece la pena hablar de
ello.
Los sindicatos representaron
un progreso gigantesco de la clase obrera al iniciarse el desarrollo del
capitalismo, pues significaban el paso de la dispersión y la impotencia de los
obreros a los rudimentos de su unión
como clase. Cuando comenzó a extenderse la forma superior de unión clasista de los proletarios, el partido revolucionario del proletariado (que será indigno de este nombre mientras no sepa agrupar a los líderes
con la clase y las masas en un todo único e indisoluble), en los sindicatos
empezaron a manifestarse fatalmente ciertos
rasgos reaccionarios, cierta estrechez gremial, cierta tendencia al
apoliticismo, cierto espíritu
rutinario, etc. Pero el proletariado no se ha desarrollado, ni podía
desarrollarse, en ningún país por otro medio que no fueran los sindicatos y su
cooperación con el partido de la clase obrera. La conquista del poder político
por el proletariado representa un gigantesco paso adelante de este último como
clase. Y el partido debe consagrarse más, de un modo nuevo y no sólo por los
procedimientos antiguos, a educar y dirigir a los sindicatos; sin olvidar, a la
vez, que éstos son y serán durante mucho tiempo una necesaria "escuela de
comunismo", una escuela preparatoria de los proletarios para ejercer su
dictadura, una asociación indispensable de los obreros para que la dirección de
toda la economía del país pase gradualmente a manos de la clase obrera (y no de unas u otras profesiones), primero, y de
todos los trabajadores, después.
Con la dictadura del
proletariado es inevitable cierto
"reaccionarismo" de los sindicatos en el sentido indicado. No
comprender esto significa no comprender en absoluto las condiciones
fundamentales de la transición del
capitalismo al socialismo. Temer este
"reaccionarismo", intentar prescindir
de él, saltar por encima de él, es una inmensa tontería, pues equivale a temer
el papel de la vanguardia proletaria, que consiste en instruir, ilustrar y
educar a los sectores y las masas más atrasados de la clase obrera y del
campesinado e incorporarlos a la vida nueva. Por otro lado, aplazar la
dictadura del proletariado hasta que no quede ni un solo obrero de estrecho
espíritu profesional, ni un solo obrero Con prejuicios tradeunionistas y
gremiales, sería un error aún más profundo. El arte del político (y la
comprensión acertada de sus tareas por el comunista) consiste precisamente en
saber valorar con exactitud las condiciones y el momento en que la vanguardia
del proletariado puede tomar victoriosamente el poder; en que puede, durante la
toma del poder y después de ella, conseguir un apoyo suficiente de sectores
bastante amplios de la clase obrera y de las masas laboriosas no proletarias;
en que puede, una vez obtenido dicho apoyo, mantener, afianzar y extender su
dominación, educando, instruyendo y atrayéndose a masas cada vez más amplias de
trabajadores.
16
Prosigamos. En países más
adelantados que Rusia se ha hecho sentir, y debía hacerse sentir con mucha
mayor fuerza, sin duda, que en el nuestro, cierto espíritu reaccionario de los
sindicatos. En Rusia, los mencheviques tenían apoyo entre los sindicatos (y, en
parte, siguen teniéndolo en un número pequeñísimo de éstos) gracias
precisamente a la estrechez corporativa, al egoísmo profesional y al
oportunismo. En Occidente, sus mencheviques se han "atrincherado"
mucho más sólidamente en los sindicatos; allí se ha destacado un sector mucho
más fuerte que en nuestro país de "aristocracia
obrera" profesional, mezquina, egoísta, insensible, codiciosa,
pequeñoburguesa, de espíritu imperialista, comprada y corrompida por el
imperialismo. Esto es indiscutible. La lucha contra los Gompers, contra los señores Jouhaux, Henderson, Merrheim,
Legien y Cía. en Europa Occidental es mucho más difícil que la lucha contra
nuestros mencheviques, que representan un tipo social y político completamente homogéneo. Hay que
sostener esta lucha de manera implacable y llevarla sin falta, como hemos hecho nosotros, hasta poner en la picota y
expulsar de los sindicatos a
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
todos los jefes
incorregibles del oportunismo y del socialchovinismo. Es imposible conquistar
el poder político (y no debe intentarse tomarlo) mientras esta lucha no haya
alcanzado cierto grado; este
"cierto grado" no es idéntico
en todos los países ni en todas las condiciones, y sólo dirigentes políticos
del proletariado reflexivos, experimentados y competentes pueden determinarlo
con acierto en cada país. (En Rusia nos dieron la medida del éxito en esta
lucha, entre otras cosas, las elecciones de noviembre de 1917 a la Asamblea
Constituyente31, pocos días después de la revolución proletaria del 25 de
octubre de 1917. En dichas elecciones, los mencheviques sufrieron una espantosa
derrota, obteniendo 700.000 votos —1.400.000 si agregamos los de Transcaucasia
— frente a 9.000.000 logrados por los bolcheviques. Véase mi artículo Las elecciones a la Asamblea Constituyente y
la dictadura del proletariado, en el número 7-8 de La Internacional Comunista32.)
Pero la lucha contra
"la aristocracia obrera" la sostenemos en nombre de las masas obreras
y para ponerlas de nuestra parte; la lucha contra los jefes oportunistas y
socialchovinistas la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería estúpido
olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Pero tal es,
precisamente, la estupidez en que incurren los comunistas alemanes "de
izquierda", los cuales deducen del
carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas sindicales la conclusión de que es preciso...
¡¡salir de los sindicatos!!, ¡¡renunciar a actuar en ellos!!, ¡¡crear formas de
organización obrera nuevas, inventadas!!
Una estupidez tan imperdonable que equivale al mejor servicio que los comunistas pueden prestar a la
burguesía. Porque nuestros mencheviques, como todos los líderes sindicales
oportunistas, socialchovinistas y kautskianos, no son otra cosa que
"agentes de la burguesía en el movimiento obrero" (como hemos dicho
siempre refiriéndonos a los mencheviques) o, en otros términos,
"lugartenientes obreros de la clase capitalista" (labor lieutenants of the capitalist class), según la magnífica
expresión, profundamente exacta, de los
discípulos de Daniel de León en los Estados Unidos. No actuar en los sindicatos
reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente
desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los
agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u "obreros
aburguesados" (véase la carta de Engels a Marx, en 1858, acerca de los
obreros ingleses33).
Precisamente la absurda
"teoría" de la no participación de los comunistas en los sindicatos
reaccionarios prueba del modo más patente con qué irreflexión abordan estos
comunistas "de izquierda" el problema de la influencia entre "las
masas" y cómo abusan de su griterío acerca de éstas. Para saber ayudar a
"las masas" y conquistar su simpatía, su adhesión y su apoyo no hay
que temer las dificultades, las cicaterías, las zancadillas, los insultos y las
persecuciones por "los jefes" (que, siendo oportunistas y
socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos relacionados directa o
indirectamente con la burguesía y la policía) y se debe actuar sin falta allá donde
estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios y vencer los
mayores obstáculos para efectuar una propaganda y una agitación sistemáticas,
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31 Las elecciones a la Asamblea
Constituyente se celebraron, después de triunfar la Revolución Socialista de
Octubre, en la fecha que había sido señalada antes: el 12 (25) de noviembre de
1917. Se efectuaron de acuerdo con las listas confeccionadas antes de la
Revolución Socialista de Octubre, y con el Reglamento aprobado por el Gobierno
Provisional, en momentos en que una parte considerable del pueblo no podía
comprender aún el significado de la revolución socialista. De ello se
aprovecharon los eseristas de derecha para conquistar la mayoría en las
provincias y regiones alejadas de la capital y de los centros industriales.
El Gobierno soviético
convocó la Asamblea Constituyente, que se reunió en Petrogrado el 5 (18) de
enero de 1918. La mayoría contrarrevolucionaria de dicha Asamblea rechazó la Declaración de los derechos del pueblo
trabajador y explotado, propuesta por el CEC de toda Rusia, y se negó a
ratificar los decretos del II Congreso de los Soviets acerca de la paz, la tierra, y el paso del
poder a los Soviets. En vista de ello fue disuelta por decreto del Comité
Ejecutivo Central de toda Rusia el 6 (19) de enero de 1918.
32 La Internacional
Comunista: revista, órgano del Comité
Ejecutivo de la Comintern; se publicó desde 1919 hasta 1943 en ruso, alemán,
francés, inglés, español y chino.
33 Véase la carta de F. Engels a C. Marx del 7 de octubre de 1858.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
tenaces, perseverantes y
pacientes precisamente en las instituciones, sociedades y asociaciones, por
reaccionarias que sean, donde haya masas proletarias o semiproletarias. Y los
sindicatos y las cooperativas obreras (estas últimas, por lo menos, en algunos
casos) son cabalmente las organizaciones donde están las masas. En Inglaterra,
según datos hechos públicos por el periódico sueco Folkets Dagblad Politiken34 el 10 de marzo de 1920, el total de
afiliados a las tradeuniones, que a finales de 1917 era de 5.500.000, se elevó
a últimos de 1918 a 6.600.000, es decir, aumentó en el 19%. Y se calcula que a
fines de 1919 ascendían a 7.500.000. No tengo a mano las cifras
correspondientes a Francia y Alemania; pero algunos hechos, indiscutibles por
completo y conocidos de todos, muestran un gran incremento del número de
miembros de los sindicatos
también en esos países. Estos hechos prueban con entera claridad lo que
confirman otros mil síntomas: el crecimiento del grado de conciencia y de los
anhelos de organización precisamente entre las masas proletarias, en sus "sectores
inferiores", atrasados. En Inglaterra, Francia y Alemania, millones de
obreros pasan por vez primera de la
completa desorganización a la forma de organización más elemental e inferior, más simple y accesible (para los que se
hallan todavía impregnados hasta la médula de prejuicios democráticos
burgueses): los sindicatos. Y los comunistas de izquierda, revolucionarios,
pero insensatos, se quedan a un lado, gritan: "¡Masa!",
"¡Masa!", y ¡¡se niegan a
actuar en los sindicatos!!, ¡¡So
pretexto de su "reaccionarismo"!!, inventan una "unión obrera" nuevecita, pura, exenta de todo prejuicio
democrático burgués, de todo pecado gremial y de toda estrechez profesional,
que será (¡será!) amplia, según dicen, y para ingresar en la cual se exige
solamente (¡solamente!) ¡¡"reconocer el sistema de los Soviets y la
dictadura" (véase la cita transcrita más arriba)!!
17
¡Es inconcebible mayor
insensatez, mayor daño causado a la revolución por los revolucionarios "de
izquierda"! Si hoy, en Rusia, después de dos años y medio de triunfos sin
precedente sobre la burguesía de Rusia y la de la Entente35, estableciéramos como condición para ingresar en los sindicatos
"reconocer la dictadura", haríamos una tontería, malograríamos
nuestra influencia entre las masas y ayudaríamos a los mencheviques. Porque la
tarea de los comunistas consiste en saber convencer
a los elementos atrasados, en saber actuar entre
ellos y no en aislarse de ellos con
consignas puerilmente "izquierdistas" sacadas de la cabeza.
Es indudable que los señores
Gompers, Henderson, Jouhaux y Legien estarán muy reconocidos a esos
revolucionarios "de izquierda", que, como los de la oposición
"de principio" alemana (¡Dios nos libre de semejantes
"principios'") o algunos revolucionarios de la organización
norteamericana Obreros Industriales del Mundo36, predican la salida de los
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34 Folkets
Dagblad Politiken
("Diario Político Popular"): periódico de los socialdemócratas de
izquierda suecos, que en 1917 formaron el Partido Socialdemócrata de Izquierda
de Suecia; empezó a publicarse en abril de 1916, en Estocolmo. En 1921, dicho
partido ingresó en la Comintern y adoptó el nombre de Partido Comunista. El
periódico pasó a ser órgano suyo. Pero en octubre de 1929, al escindirse el
Partido Comunista de Suecia, cayó en manos de su ala derecha. Dejó de aparecer
en mayo de 1945.
35
Entente: bloque de potencias
imperialistas(Inglaterra, Francia y Rusia) que se formó definitivamente en
1907. Estaba enfilado contra los imperialistas de la Triple Alianza (Alemania,
Austria, Hungría e Italia). Su nombre procede de la "Entente cordiale",
acuerdo anglo-francés firmado en 1904. Durante la primera guerra mundial
(1914-1918) se sumaron a la Entente los EE.UU., el Japón y otros países. Cuando
triunfó la Revolución Socialista de Octubre, los principales componentes de
este bloque -Inglaterra, Francia, los EE.UU. y el Japón- fueron inspiradores,
organizadores y partícipes de la intervención contra el País de los Soviets.
36 Obreros
Industriales del Mundo
(Industrial Workers of the World, IWW): organización obrera de los EE.UU.
fundada en 1905; agrupaba principalmente a obreros de oficios varios, poco
calificados y mal retribuidos. Los Obreros Industriales del Mundo sostuvieron
con éxito una serie de huelgas masivas y combatieron la política de
colaboración de clases practicada por los líderes reformistas de la Federación
Americana del Trabajo y por los socialistas de derecha. Durante la primera
guerra mundial se efectuaron, con participación de los IWW, varias acciones
antibélicas masivas de la clase obrera norteamericana. Algunos dirigentes de
esta organización (W. Haywood y otros) aplaudieron la Revolución Socialista de
Octubre e ingresaron en el Partido Comunista de los EE.UU. Los Obreros
Industriales del
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
sindicatos reaccionarios y
la renuncia a actuar en ellos. No dudamos de que los señores "jefes"
del oportunismo recurrirán a todas las artimañas de la diplomacia burguesa, a
la ayuda de los gobiernos burgueses, de los curas, de la policía y de los
tribunales para impedir la entrada de los comunistas en los sindicatos, para
expulsarlos de ellos por todos los medios y hacer lo más desagradable posible
su labor en los mismos, para ofenderles, acosarles y perseguirles. Hay que
saber afrontar todo eso, estar dispuestos a todos los sacrificios, recurrir
incluso —en caso de necesidad— a todas las estratagemas, astucias y
procedimientos ilegales, silenciar y ocultar la verdad con tal de penetrar en
los sindicatos, permanecer en ellos y efectuar allí , cueste lo que cueste, una
labor comunista. Bajo el régimen zarista, hasta 1905, no tuvimos ninguna
"posibilidad legal"; pero cuando el policía Zubátov organizó sus
asambleas y asociaciones obreras ultrarreaccionarias con objeto de cazar a los
revolucionarios y luchar contra ellos, enviamos allí a miembros de nuestro
partido (recuerdo entre ellos al camarada Bábushkin, destacado obrero
petersburgués, fusilado en 1906 por los generales zaristas), que establecieron
contacto con las masas, se las ingeniaron para hacer su agitación y arrancar a
los obreros de la influencia de los zubatovistas*. Está claro que actuar así
resulta más difícil en los países de Europa Occidental, particularmente
impregnados de prejuicios legalistas, constitucionales y democráticos burgueses
de singular arraigo. Pero se puede y se debe actuar, y de modo sistemático.
* Los Gompers, los Henderson, los Jouhaux
y los Legien no son sino los Zubátov de allí, que se distinguen del nuestro por
su traje europeo, su porte elegante y los refinados procedimientos,
aparentemente democráticos y civilizados, que emplean para aplicar su
canallesca política.
El Comité Ejecutivo de la
III Internacional debe, a mi juicio, condenar públicamente y proponer al
próximo Congreso de la Internacional Comunista que condene en general la
política de no participación en los sindicatos reaccionarios (motivando de
manera detallada la insensatez que representa esta no participación y el
gravísimo daño que causa a la revolución proletaria) y, en particular, la línea
de conducta de algunos miembros del Partido Comunista Holandés, que (de modo
directo o indirecto, abierto o encubierto, total o parcial, lo mismo da) han
apoyado esta política errónea" La III Internacional debe romper con la
táctica de la II y no eludir ni ocultar los problemas espinosos, sino
plantearlos a rajatabla. Hemos dicho cara a cara toda la verdad a los
"independientes" (Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania);
hay que decírsela del mismo modo a los comunistas "de izquierda".
VII. ¿Debe
participarse en los parlamentos burgueses?
Los comunistas "de
izquierda" alemanes responden a esta pregunta, con el mayor desprecio —y
la mayor irreflexión—, negativamente. ¿Sus argumentos? En la cita reproducida
más arriba leemos:
"... rechazar del modo
más categórico todo retorno a los métodos de lucha parlamentarios (los cuales
han caducado ya histórica y políticamente)..."
Está dicho en un tono
ridículamente presuntuoso y es una falsedad evidente. ¡"Retorno" al
parlamentarismo! ¿Acaso existe ya en Alemania una república soviética? ¡Parece
que no! ¿Cómo puede hablarse, entonces, de "retorno"? ¿No es eso una
frase vacía?
El parlamentarismo "ha
caducado históricamente". Esto es cierto desde el punto de vista de la
propaganda. Pero nadie ignora que de ahí a su superación práctica hay una distancia inmensa. Hace ya muchos decenios que
podía decirse con entera razón que el capitalismo había "caducado
históricamente"; mas esto no suprime en modo alguno la necesidad de
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Mundo revelaron en su
actividad rasgos anarcosindicalistas: negaban la necesidad de la lucha política
del proletariado, renunciaban a actuar entre los militantes de los sindicatos
adheridos a la FAT, etc. Con posterioridad, esta organización adquirió un carácter
sectario y perdió su influencia en el movimiento obrero.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
sostener una lucha muy
prolongada y muy tenaz sobre el terreno
del capitalismo. El parlamentarismo "ha caducado históricamente"
desde el punto de vista histórico
universal, es decir, la época del
parlamentarismo burgués ha terminado, la
época de la dictadura del proletariado ha
empezado. Esto es indiscutible. Pero en la historia universal se cuenta por
décadas. Desde su punto de vista, diez o veinte años más o menos no tienen
importancia, son una pequeñez imposible de apreciar incluso aproximadamente. De
ahí que recurrir a la escala de la historia universal en un problema de
política práctica constituya el error teórico más escandaloso.
¿Que el parlamentarismo
"ha caducado políticamente"? Eso es ya otra cuestión. Si fuera
cierto, la posición de los "izquierdistas" sería firme. Pero eso hay
que demostrarlo con un análisis muy serio, y los "izquierdistas" ni siquiera
saben abordarlo. También es malísimo, como veremos, el análisis que se hace en
las Tesis acerca del parlamentarismo,
publicadas en el número 1 del Boletín de
la Oficina Provisional de Ámsterdam de la Internacional Comunista (Bulletin of
the Provisional Bureau in Amsterdam of the Communist International,
February 1920), las cuales expresan claramente las tendencias izquierdistas de
los holandeses o las tendencias holandesas de los izquierdistas.
En primer lugar, los
"izquierdistas" alemanes, como se sabe, consideraban ya en enero de
1919 que el parlamentarismo había "caducado políticamente", a
despecho de la opinión de dirigentes políticos tan destacados como Rosa
Luxemburgo y Carlos Liebknecht37. Es
sabido que los "izquierdistas" se equivocaron. Este hecho basta para
aniquilar de golpe y de raíz la tesis de que el parlamentarismo "ha
caducado políticamente". Los "izquierdistas" están claro que
actuar así resulta más difícil en los países de Europa Occidental,
particularmente impregnados de prejuicios legalistas, constitucionales y
democráticos burgueses de singular arraigo. Pero se puede y se debe actuar, y
de modo sistemático.
El Comité Ejecutivo de la
III Internacional debe, a mi juicio, condenar públicamente y proponer al
próximo Congreso de la Internacional Comunista que condene en general la
política de no participación en los sindicatos reaccionarios (motivando de
manera detallada la insensatez que representa esta no participación y el
gravísimo daño que causa a la revolución proletaria) y, en particular, la línea
de conducta de algunos miembros del Partido Comunista Holandés, que (de modo
directo o indirecto, abierto o encubierto, total o parcial, lo mismo da) han
apoyado esta política errónea( La III Internacional debe romper con la táctica
de la 1I y no eludir ni ocultar los problemas espinosos, sino plantearlos a
rajatabla. Hemos dicho cara a cara toda la verdad a los "independientes"
(Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania); hay que decírsela del
mismo modo a los comunistas "de izquierda".
VII. ¿Debe
participarse en los parlamentos burgueses?
Los comunistas "de
izquierda" alemanés responden a esta pregunta, con el mayor desprecio —y
la mayor irreflexión—, negativamente. ¿Sus argumentos? En la cita reproducida
más arriba leemos:
"... rechazar del modo
más categórico todo retorno a los métodos de lucha parlamentarios (los cuales
han caducado ya histórica y políticamente)... "
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37 En el Congreso del Partido Comunista de
Alemania se discutió, el 30 de diciembre de 1918, si debía participarse en las
elecciones a la Asamblea Nacional. Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo se
pronunciaron a favor de la participación y demostraron la necesidad de utilizar
la tribuna parlamentaria para divulgar entre las masas las consignas
revolucionarias. Pero la mayoría del congreso se pronunció en contra de la
participación, aprobando la correspondiente resolución.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Está dicho en un tono
ridículamente presuntuoso y es una falsedad evidente. ¡"Retorno" al
parlamentarismo! ¿Acaso existe ya en Alemania una república soviética? ¡Parece
que no! ¿Cómo puede hablarse, entonces, de "retorno"? ¿No es eso una
frase vacía?
El parlamentarismo "ha
caducado históricamente". Esto es cierto desde el punto de vista de la
propaganda. Pero nadie ignora que de ahí a su superación práctica hay una distancia inmensa. Hace ya muchos decenios que
podía decirse con entera razón que el capitalismo había "caducado
históricamente"; mas esto no suprime en modo alguno la necesidad de
sostener una lucha muy prolongada y muy tenaz sobre el terreno del capitalismo. El parlamentarismo "ha
caducado históricamente" desde el punto de vista histórico universal, es decir, la
época del parlamentarismo burgués ha terminado, la época de la dictadura del proletariado ha empezado. Esto es indiscutible. Pero en la historia universal se
cuenta por décadas. Desde su punto de vista, diez o veinte años más o menos no
tienen importancia, son una pequeñez imposible de apreciar incluso
aproximadamente. De ahí que recurrir a la escala de la historia universal en un
problema de política práctica constituya el error teórico más escandaloso.
¿Que el parlamentarismo
"ha caducado políticamente"? Eso es ya otra cuestión. Si fuera
cierto, la posición de los "izquierdistas" sería firme.
Pero eso hay que demostrarlo
con un análisis muy serio, y los "izquierdistas" ni siquiera saben
abordarlo. También es malísimo, como veremos, el análisis que se hace en las Tesis acerca del parlamentarismo,
publicadas en el número 1 del Boletín de
la Oficina Provisional de Ámsterdam de la Internacional Comunista (Bulletin of
the Provisional Bureau in Amsterdam of the Communist International,
February 1920), las cuales expresan claramente las tendencias izquierdistas de los holandeses o las tendencias holandesas
de los izquierdistas.
En primer lugar, los
"izquierdistas" alemanes, como se sabe, consideraban ya en enero de
1919 que el parlamentarismo había "caducado políticamente", a
despecho de la opinión de dirigentes políticos tan destacados como Rosa
Luxemburgo y Carlos Liebknecht. Es sabido que los "izquierdistas" se
equivocaron.
19
Este hecho basta para aniquilar de golpe y de raíz la tesis de
que el parlamentarismo "ha caducado políticamente". Los
"izquierdistas" están en el deber de demostrar por qué su
indiscutible error de entonces ha dejado de serlo hoy. Pero no aportan, ni
pueden aportar, la menor sombra de prueba. La actitud de un partido político
ante sus errores es uno de los criterios más importantes y más seguros para
juzgar de la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes para con su clase y para con las masas
trabajadoras. Reconocer abiertamente un error, poner al desnudo sus causas,
analizar la situación que lo ha engendrado y discutir atentamente los medios de
corregirlo: eso es lo que caracteriza a un partido serio; en eso consiste el
cumplimiento de sus deberes; eso es educar e instruir a la clase y, después, a las
masas. Al no cumplir ese deber ni estudiar con extraordinaria atención, minuciosidad y prudencia su
error manifiesto, los "izquierdistas" de Alemania (y de Holanda)
muestran precisamente que no son el
partido de la clase, sino un círculo, que no son el partido de las masas, sino un grupo de intelectuales y de un
reducido número de obreros que imitan los peores rasgos de los
intelectualoides.
En segundo lugar, en el
mismo folleto del grupo "de izquierda" de Fráncfort, del que hemos
reproducido antes citas detalladas, leemos:
"...
los millones de obreros que siguen todavía la política del centro" (del
partido católico del "centro") "son contrarrevolucionarios. Los
proletarios del campo forman las legiones de los ejércitos
contrarrevolucionarios" (pág. 3 del folleto).
Todo indica que eso está
dicho con una ampulosidad y una exageración excesivas. Pero el hecho
fundamental aquí expuesto es indiscutible y su reconocimiento por los
"izquierdistas"
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
patentiza su error con
fuerza singular. En efecto, ¡cómo se puede decir que "el parlamentarismo
ha caducado políticamente", si "millones" y "legiones"
de proletarios son todavía no sólo
partidarios del parlamentarismo en general, sino incluso francamente
"contrarrevolucionarios"? Es evidente que el parlamentarismo en
Alemania no ha caducado aún políticamente. Es evidente que los
"izquierdistas" de Alemania han tomado su deseo, su actitud
política e ideológica, por una realidad objetiva. Este error es el más
peligroso para los revolucionarios. En Rusia, donde el yugo del zarismo,
salvaje y feroz en extremo, engendró durante un período muy largo y en formas
variadísimas revolucionarios de todos los matices, revolucionarios de
abnegación, entusiasmo, heroísmo y fuerza de voluntad asombrosos, hemos podido
observar muy de cerca, estudiar con singular atención y conocer al detalle este
error de los revolucionarios.
Y por eso lo vemos con
especial claridad en los demás. Por supuesto, el parlamentarismo "ha
caducado políticamente" para los comunistas de Alemania; pero se trata
precisamente de no creer que lo
caduco para nosotros haya caducado para la clase, para la masa. Una vez más
vemos aquí que los "izquierdistas" no saben razonar, no saben
comportarse como el partido de la clase,
como el partido de las masas. Tenéis
el deber de no descender al nivel de las masas,
al nivel de los sectores atrasados de la clase. Esto es indiscutible. Tenéis la
obligación de decirles la amarga verdad; de decirles que sus prejuicios
democráticos burgueses y parlamentarios son eso: prejuicios. Pero, al mismo
tiempo, tenéis la obligación de observar con
serenidad el estado verdadero de
conciencia y de preparación precisamente de toda la clase (y no sólo de su vanguardia comunista), de toda la masa trabajadora (y no sólo de sus
elementos avanzados). Aunque no fueran "millones" y
"legiones", sino una simple minoría
bastante considerable de obreros industriales la que siguiese a los curas
católicos, y de obreros agrícolas la que siguiese a los terratenientes y
campesinos ricos (Grossbauern),
podría asegurarse ya sin vacilar que
el parlamentarismo en Alemania no ha
caducado todavía políticamente; que
la participación del partido del proletariado revolucionario en las elecciones
parlamentarias y en la lucha desde la tribuna del Parlamento es obligatoria precisamente para educar
a los sectores atrasados de su clase,
precisamente para despertar e instruir
a la masa aldeana inculta, oprimida e
ignorante. Mientras no tengáis fuerza para disolver el Parlamento burgués y las
instituciones reaccionarias de otro tipo, cualesquiera que sean, tenéis la obligación de actuar en ellas precisamente porque allí hay todavía
obreros idiotizados por el clero y por la vida en los más perdidos rincones
rurales. De lo contrario corréis el riesgo de convertiros en simples
charlatanes.
En tercer lugar, los
comunistas "de izquierda" nos colman de elogios a los bolcheviques. A
veces dan ganas de decirles: ¡alabadnos menos, pero compenetraos más con la
táctica de los bolcheviques, familiarizaos más con ella! Participamos en las elecciones
al Parlamento burgués de Rusia, a la Asamblea Constituyente, de septiembre a
noviembre de 1917. ¿Fue acertada nuestra táctica o no? Si no lo fue, hay que
decirlo con claridad y demostrarlo: es indispensable para que el comunismo
internacional trace una táctica justa. Si lo fue, deben sacarse de ello las
conclusiones pertinentes. Está claro que no puede ni hablarse de equiparar las
condiciones de Rusia a las de Europa Occidental. Pero cuando se trata de manera
especial del significado que tiene la idea "el parlamentarismo ha caducado
políticamente", es obligatorio tomar en consideración con exactitud
nuestra experiencia, pues sin tener en cuenta la experiencia concreta, esas
ideas se convierten con excesiva facilidad en frases hueras.
20
¿Es que
nosotros, los bolcheviques rusos, no teníamos de septiembre a noviembre de 1917
más derecho que todos los comunistas
de Occidente a considerar que el parlamentarismo había caducado políticamente en Rusia? Lo teníamos, claro está,
pues la cuestión no estriba en si los parlamentos burgueses existen desde hace
mucho tiempo o poco, sino en qué medida las grandes masas trabajadoras están preparadas (ideológica, política y
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
prácticamente) para aceptar
el régimen soviético y disolver el Parlamento democrático burgués (o permitir
su disolución). Es un hecho histórico plenamente establecido y absolutamente
indiscutible que en septiembre, octubre y noviembre de 1917, en virtud de una
serie de condiciones particulares, la clase obrera de las ciudades, los
soldados y los campesinos de Rusia estaban preparados de un modo excepcional
para aceptar el régimen soviético y disolver el Parlamento burgués más
democrático. Y pese a ello, los bolcheviques no boicotearon la Asamblea Constituyente, sino que participaron en
las elecciones, tanto antes como después de la conquista del poder
político por el proletariado. Que dichas elecciones dieron resultados políticos
de extraordinario valor (y de suma utilidad para el proletariado) es un hecho
que creo haber demostrado en el artículo antes mencionado, en el que analizo
con todo detalle los resultados de las elecciones a la Asamblea Constituyente
de Rusia.
La conclusión que de ello se
deduce es absolutamente indiscutible: está demostrado que, incluso unas semanas
antes de la victoria de la República Soviética, e incluso después de esta victoria, la participación en un Parlamento
democrático burgués, lejos de perjudicar al proletariado revolucionario, le
permite demostrar con mayor facilidad
a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita "la caducidad
política" del parlamentarismo burgués. No tener en cuenta esta experiencia y pretender, al mismo
tiempo, pertenecer a la Internacional
Comunista, que debe elaborar internacionalmente
su táctica (no una táctica de carácter nacional estrecho o unilateral, sino
justamente una táctica internacional), significa incurrir en el más profundo de
los errores y precisamente apartarse de hecho del internacionalismo, aunque se
le reconozca de palabra.
Examinemos ahora los
argumentos "izquierdistas holandeses" a favor de la no participación
en los parlamentos. He aquí la tesis 4ª, la más importante de las tesis
"holandesas" antes mencionadas, traducida del inglés:
"Cuando el sistema
capitalista de producción es destrozado y la sociedad atraviesa un período
revolucionario, la acción parlamentaria pierde gradualmente su valor en
comparación con la acción de las propias masas. Cuando, en estas condiciones,
el Parlamento se convierte en el centro y el órgano de la contrarrevolución, y,
por otra parte, la clase obrera crea los instrumentos de su poder en forma de
Soviets, puede resultar incluso necesario renunciar a toda participación en la
acción parlamentaria".
La primera frase es errónea
a todas luces, pues la acción de las masas —por ejemplo, una gran huelga— es siempre más importante que la acción
parlamentaria, y no sólo durante la revolución o en una situación
revolucionaria. Este argumento, a todas luces infundado y falso histórica y
políticamente, no hace sino mostrar con claridad singular que los autores
desprecian por completo la experiencia de toda Europa (de Francia en vísperas
de las revoluciones de 1848 y 1870, de Alemania entre 1878 y 1890, etc.) y de
Rusia (véase más arriba) respecto a la importancia que tiene combinar la lucha legal con la ilegal.
Esta cuestión reviste la mayor trascendencia, tanto en general como en
particular, porque en todos los
países civilizados y avanzados se acerca a grandes pasos la época en que dicha
combinación será cada día más obligatoria —y lo es ya en parte— para el partido
del proletariado revolucionario. Será obligatoria en virtud de la maduración y
la proximidad de la guerra civil del proletariado contra la burguesía, en
virtud de las feroces persecuciones de los comunistas por los gobiernos
republicanos y, en general, burgueses, los cuales violan por todos los medios
la legalidad (bastará con citar el ejemplo de Norteamérica), etc. Los
holandeses y los izquierdistas en general no comprenden en absoluto esta
cuestión esencialísima. La segunda frase es, en primer lugar, errónea desde el
punto de vista histórico. Los bolcheviques hemos actuado en los parlamentos más
contrarrevolucionarios y la experiencia ha demostrado que semejante
participación ha sido no sólo útil, sino necesaria para el partido del
proletariado
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
revolucionario precisamente después de la primera revolución
burguesa en Rusia (1905), a fin de preparar la segunda revolución burguesa
(febrero de 1917) y, luego, la revolución socialista (octubre de 1917). En
segundo lugar, dicha frase es de un ilogismo sorprendente. De que el Parlamento
se convierta en el órgano y "el centro" de la contrarrevolución
(dicho sea de pasada, jamás ha sido ni ha podido ser en realidad "el
centro") y de que los obreros creen los instrumentos de su poder en forma
de Soviets, se deduce que los trabajadores deben prepararse ideológica,
política y técnicamente para la lucha de los Soviets contra el Parlamento, para
la disolución del Parlamento por los Soviets. Pero de ahí no se desprende en
modo alguno que semejante disolución sea obstaculizada, o no sea facilitada,
por la presencia de una oposición soviética dentro
del Parlamento contrarrevolucionario. Jamás hemos notado durante nuestra lucha
victoriosa contra Denikin y Kolchak que la existencia de una oposición
proletaria, soviética, en la zona ocupada por ellos fuera indiferente para
nuestros triunfos. Sabemos muy bien que la disolución de la Constituyente,
efectuada por nosotros el 5 de enero de 1918, lejos de ser dificultada, se vio
facilitada por la presencia en la Constituyente contrarrevolucionaria que
disolvíamos tanto de una oposición soviética consecuente, la bolchevique, como
de una oposición soviética inconsecuente, la de los eseristas de izquierda.
21
Los autores de la tesis se
han hecho un lío completo y han olvidado la experiencia de una serie de
revoluciones, si no de todas, que acredita la singular utilidad de combinar, en tiempos de revolución, la
acción de masas fuera del Parlamento reaccionario con una oposición
simpatizante de la revolución (o mejor aún, que la apoya francamente) dentro de
ese Parlamento. Los holandeses y los "izquierdistas" en general razonan
en este caso como doctrinarios de la revolución que jamás han participado en
una verdadera revolución y reflexionado sobre la historia de las revoluciones,
o que toman ingenuamente "la negación" subjetiva de cierta
institución reaccionaria por su destrucción efectiva con las fuerzas
mancomunadas de toda una serie de factores objetivos. El medio más seguro de
desacreditar una nueva idea política (y no sólo política) y de perjudicarla es
llevarla hasta el absurdo con el pretexto de defenderla. Porque toda verdad, si
se la hace "exorbitante" (como decía Dietzgen padre), si se la
exagera y extiende más allá de los límites en los que es realmente aplicable,
puede ser llevada al absurdo y, en las condiciones señaladas, se convierte de
manera infalible en un absurdo. Tal es el flaco servicio que prestan los
izquierdistas de Holanda y Alemania a la nueva verdad de la superioridad del
Poder soviético sobre los parlamentos democráticos burgueses. Por supuesto,
estaría en un error quien siguiera sosteniendo de un modo general la vieja
afirmación de que abstenerse de participar en los parlamentos burgueses es
inadmisible en todas las circunstancias. Me es imposible tratar de formular
aquí las condiciones en que es útil el boicot, pues este folleto persigue
objetivos mucho más modestos: analizar la experiencia rusa en relación con
algunos problemas actuales de la táctica comunista internacional. La
experiencia rusa nos brinda una aplicación feliz y acertada (1905) y otra
equivocada (1906) del boicot por los bolcheviques. Al analizar el primer caso
vemos: los bolcheviques consiguieron impedir
la convocación del Parlamento reaccionario por el poder reaccionario en un
momento en que la acción revolucionaria extra parlamentaria de las masas (en
particular las huelgas) crecía con rapidez excepcional, en que ni un solo
sector del proletariado y del campesinado podía apoyar en modo alguno el poder
reaccionario, en que el proletariado revolucionario se aseguraba su influencia
entre las grandes masas atrasadas por medio de la lucha huelguística y del
movimiento agrario. Es evidente a todas luces que esta experiencia no puede aplicarse a las condiciones europeas
actuales. Y es también evidente a todas luces —en virtud de los argumentos
expuestos más arriba— que la defensa, incluso convencional, de la renuncia a
participar en los parlamentos, hecha por los holandeses y los
"izquierdistas", es profundamente errónea y nociva para la causa del
proletariado revolucionario.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
En Europa Occidental y en
los Estados Unidos, el Parlamento se ha hecho odioso en extremo a la vanguardia
revolucionaria de la clase obrera. Esto es indiscutible. Y se comprende
perfectamente, pues resulta difícil imaginarse mayor vileza, abyección y felonía
que la conducta de la mayoría abrumadora de los diputados socialistas y
socialdemócratas en el Parlamento durante la guerra y después de ella. Pero
sería no sólo insensato, sino francamente criminal dejarse llevar por estos
sentimientos al decidir cómo se debe
combatir el mal reconocido por todos. Puede decirse que, en muchos países de
Europa Occidental, el espíritu revolucionario es hoy una "novedad" o
una "rareza", esperada demasiado tiempo, en vano y con impaciencia,
debido a lo cual, quizá, se cede ante ella con tanta facilidad. Como es
natural, sin un estado de ánimo revolucionario de las masas y sin condiciones
que favorezcan su desarrollo, la táctica revolucionaria no se transformará en
acción; pero en Rusia, una experiencia demasiado larga, dura y sangrienta nos
ha convencido de que es imposible basar la táctica revolucionaria
exclusivamente en el estado de ánimo revolucionario. La táctica debe ser
trazada tomando en consideración con serenidad y estricta objetividad todas las fuerzas de clase del Estado de
que se trate (y de los Estados que le rodean y de todos los Estados a escala
mundial), así como la experiencia de los movimientos revolucionarios. Es
facilísimo dar pruebas de "revolucionarismo" sólo con insultos al
oportunismo parlamentario, sólo condenando la participación en los parlamentos;
pero, precisamente por ser demasiado fácil, no es la solución de un problema
difícil, dificilísimo. En los parlamentos europeos es mucho más difícil que en
Rusia formar una minoría parlamentaria verdaderamente revolucionaria. Desde
luego. Mas eso no es sino una expresión parcial de la verdad general de que, en
la situación concreta de 1917 , original en extremo desde el punto de vista
histórico, a Rusia le fue fácil empezar
la revolución socialista, pero continuarla
y llevarla a feliz término le será más difícil que a los países europeos. A
comienzos de 1918 hube ya de indicar esta circunstancia, y la experiencia de
los dos años transcurridos desde entonces ha venido a confirmar por entero la
justedad de semejante consideración. En Europa Occidental no existen hoy
condiciones específicas como fueron:
22
1) la posibilidad de conjugar la revolución
soviética con la terminación, gracias a ella, de la guerra imperialista, que
había extenuado hasta lo indecible a los obreros y los campesinos;
2)
la
posibilidad de sacar provecho, durante cierto tiempo, de la lucha a muerte en
que estaban enzarzados los dos grupos más poderosos del mundo de tiburones
imperialistas, que no podían coligarse contra el enemigo soviético; 3) la
posibilidad de soportar una guerra civil relativamente larga, en parte por la
extensión gigantesca del país y por sus malas comunicaciones; 4) la existencia
entre los campesinos de un movimiento revolucionario democrático burgués tan
profundo que el partido del proletariado hizo suyas las reivindicaciones
revolucionarias del partido de los campesinos (los socialistas-revolucionarios,
un partido profundamente hostil, en su mayoría, al bolchevismo) y las realizó
en el acto gracias a la conquista del poder político por el proletariado38. Esas condiciones específicas no se dan hoy en Europa
Occidental, y su repetición, o la de otras análogas, no es nada fácil. Por
ello, entre otras razones, a Europa Occidental le es más difícil que a nosotros
comenzar la revolución socialista.
Tratar de "eludir" esta dificultad "saltándose" el arduo
problema de utilizar con fines revolucionarios los parlamentos reaccionarios es
puro infantilismo. ¡Queréis crear una sociedad nueva y teméis la dificultad de
formar una buena minoría parlamentaria de comunistas convencidos, abnegados y
heroicos en un Parlamento reaccionario? ¿No es eso, acaso, infantilismo? Si
Carlos Liebknecht en Alemania y Carlos Höglung en Suecia han sabido, incluso
sin el apoyo de las
masas desde abajo, dar un ejemplo de utilización realmente
revolucionaria de los
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38 El II Congreso de los Soviets de toda
Rusia aprobó el 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917 el Decreto sobre la tierra, que suprimió la gran propiedad agraria y
dispuso la entrega de la tierra a los campesinos. En este decreto se incluyó el Mandato campesino acerca de la tierra, redactado sobre la base de
242 mandatos campesinos, en el que figuraba la consigna eserista de
"usufructo igualitario laboral de la tierra".
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
parlamentos reaccionarios,
¡cómo es posible que un partido revolucionario de masas que crece con rapidez
no pueda, en medio de las desilusiones y la exasperación de posguerra de las
masas, forjar una minoría comunista
en los peores parlamentos? Precisamente porque las masas atrasadas de obreros y
—con mayor motivo— de pequeños campesinos están mucho más imbuidas en Europa
Occidental que en Rusia de prejuicios democráticos burgueses y parlamentarios,
precisamente por eso, sólo en el seno
de instituciones como los parlamentos burgueses pueden (y deben) los comunistas
sostener una lucha prolongada y tenaz, sin retroceder ante ninguna dificultad,
para denunciar, desvanecer y superar dichos prejuicios.
Los "izquierdistas" alemanes se quejan de los malos
"jefes" de su partido y caen en la desesperación, llegando a la
ridiculez de "negar" a "los jefes". Pero en circunstancias
que obligan con frecuencia a mantener a estos últimos en la clandestinidad, la formación de "jefes"
buenos, seguros, probados y prestigiosos resulta particularmente difícil, y es imposible vencer con éxito semejantes
dificultades sin combinar la labor legal con la ilegal, sin hacer pasar a "los jefes", entre otras pruebas, también
por la del Parlamento. La crítica — la más violenta, implacable e
intransigente— no debe dirigirse contra el parlamentarismo o la acción
parlamentaria, sino contra los jefes que no saben (y, tanto más, contra los que
no quieren) utilizar las elecciones
parlamentarias y la tribuna del Parlamento a la manera revolucionaria, a la manera comunista. Sólo esta crítica —unida,
como es natural, a la expulsión de los jefes incapaces y a su sustitución por
otros capaces— constituirá una labor revolucionaria provechosa y fecunda, que
educará simultáneamente a "los jefes", para que sean dignos de la
clase obrera y de las masas trabajadoras, y a las masas, para que aprendan a
orientarse como es debido en la situación política y a comprender las tareas, a
menudo complejas y embrolladas en extremo, que se deducen de semejante
situación*.
* Han sido demasiado escasas las
posibilidades que he tenido de conocer el comunismo "de izquierda" en
Italia. Es indudable que el camarada Bordiga y su fracción de "comunistas
boícoteadores" (Comunista
abstencionista) se equivocan al defender la no participación en el
Parlamento. Pero hay un punto en el que, a mi juicio, tiene razón, por lo que
puedo juzgar ateniéndome a dos números de su periódico Il Soviet39 (núms. 3 y 4 del 18/1 y del 1/11 de 1920), a cuatro números de
la excelente revista del camarada Serrati Comunismo40 (núms. 1-4, 1/X-30/XI de 1919) ya
números sueltos de periódicos burgueses italianos que he podido ver. El
camarada Bordiga y su fracción tienen razón, precisamente, cuando atacan a
Turati y sus partidarios, los cuales pertenecen a un partido que reconoce el
Poder de los Soviets y la dictadura del proletariado, continúan siendo miembros
del Parlamento y prosiguen su vieja y nociva política oportunista. Como es
natural, al tolerar esto, el camarada Serrati y todo el Partido Socialista
Italiano41 incurren en un error preñado de tan
grandes perjuicios y peligros como en Hungría, donde los
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39 Il
Soviet: periódico
del Partido Socialista Italiano, que se publicó en Nápoles desde 1918 hasta
1922; a partir de 1920 apareció como órgano de la fracción de
comunistas-abstencionistas del Partido Socialista Italiano.
40 Comunismo: revista quincenal del Partido Socialista Italiano; se publicó
en Milán desde 1919 hasta 1922, bajo la dirección de Jacinto Menotti Serrati.
41 El Partido Socialista
Italiano se fundó en 1892.
Desde el primer momento se entabló en su seno una dura lucha
ideológica entre dos corrientes: la oportunista y la revolucionaria. En el
Congreso de Reggio Emilia (1912), bajo la presión de los izquierdistas fueron
expulsados del partido los reformistas más patentes (I. Bonomi, L. Bissolati y
otros), que eran partidarios de la guerra y de la colaboración con el gobierno
y la burguesía. Al empezar la primera conflagración universal, y antes de que
Italia entrase en ella, el PSI se manifestó en contra y lanzó la consigna de
"¡Contra la guerra, por la neutralidad!" En diciembre de 1914 se
expulsó del partido a un grupo de renegados (B. Mussolini y otros), que
defendía la política imperialista de la burguesía y apoyaba la guerra. Con
motivo de la entrada de Italia en la contienda al lado de la Entente (mayo de
1915) en el PSI se definieron claramente tres tendencias: 1) la derechista, que
ayudó a la burguesía a hacer la guerra; 2) la centrista, que agrupó a la
mayoría de los militantes del partido bajo la consigna de "No participar
en la guerra y no sabotear", y 3) la izquierdista, que adoptó una posición
antibélica más resuelta, pero no supo organizar una lucha consecuente contra la
conflagración. Los izquierdistas no comprendían la necesidad de transformar la
guerra imperialista en guerra civil ni de romper resueltamente con los
reformistas.
Después de la Revolución
Socialista de Octubre en Rusia, en el PSI se robusteció el ala izquierda. El XV
Congreso del partido, celebrado en Bolonia del 5 al 8 de octubre de 1919,
acordó adherirse a la III Internacional. Representantes del PSI participaron en
el II Congreso de la Internacional Comunista. El jefe de la delegación
italiana, Jacinto Serrati, que sustentaba una posición centrista, se pronunció
después del congreso contra el rompimiento con los reformistas. En el XVII
Congreso del PSI (Liorna, enero de 1921), los centristas, que estaban en
mayoría, se negaron a romper con los reformistas y a aceptar íntegramente las
condiciones de ingreso en la Internacional Comunista. El 21 de enero de 1921,
los delegados de izquierda abandonaron el congreso y fundaron el Partido
Comunista de Italia.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
señores Turati húngaros
sabotearon desde dentro el partido y el Poder de los Soviets42. Esa actitud errónea, inconsecuente o timorata con respecto a
los parlamentarios oportunistas, de una parte, engendra el comunismo "de
izquierda" y, de otra, justifica hasta
cierto punto su existencia. Es evidente que el camarada Serrati no tiene
razón al acusar de "inconsecuencia" al diputado Turati (Comunismo, núm. 3), pues el
inconsecuente es precisamente el Partido Socialista Italiano, que tolera en su
seno a parlamentarios oportunistas como Turati y compañía.
VIII. ¿Ningún
compromiso?
En la cita del folleto de
Fráncfort hemos visto la energía con que los "izquierdistas" plantean
esta consigna. Es triste ver cómo hombres que, indudablemente, se consideran
marxistas y quieren serlo han olvidado las verdades fundamentales del marxismo.
Engels —que, como Marx, pertenece a esa rarísima categoría de escritores cada
una de cuyas frases de sus obras importantes tiene una asombrosa profundidad de
contenido— escribía en 1874 lo siguiente contra el Manifiesto de los treinta y
tres blanquistas43 miembros de la Comuna:
23
""... Somos comunistas" (decían en su manifiesto
los comuneros blanquistas) "porque queremos llegar a nuestra meta sin
detenernos en paradas intermedias, sin aceptar compromisos, que no hacen más
que alejar el día de la victoria y prolongar la esclavitud". "Los
comunistas alemanes son comunistas porque, a través de todas las paradas
intermedias y los compromisos creados por la marcha del desarrollo histórico, y
no por ellos, ven con claridad y persiguen sin cesar la meta final: la
supresión de las clases y la creación de una sociedad en la que no habrá lugar
para la propiedad privada de la tierra y de todos los medios de producción. Los
treinta y tres blanquistas se figuran que son comunistas porque, desde el
momento en que su deseo es saltarse
las paradas intermedias y los compromisos, la cosa está hecha, y que si
"comienza" uno de estos días —de lo cual están firmemente seguros— y
el poder cae en sus manos, pasado mañana "será instaurado el
comunismo". Por consiguiente, si no se puede hacer eso en el acto, no son
comunistas.
"¡Que ingenuidad pueril
presentar la propia impaciencia como argumento teórico!" (F. Engels. El programa de los emigrados blanquistas de
la Comuna, del periódico
![]()
42 El Poder de los Soviets (de los Consejos) se proclamó en Hungría
el 21 de marzo de 1919. La revolución socialista en dicho país tuvo carácter
pacífico. La burguesía húngara no pudo oponer resistencia a las masas
populares; impotente para afrontar las dificultades interiores y exteriores,
decidió entregar temporalmente el poder a los socialdemócratas de derecha, a
fin de impedir el desarrollo de la revolución. Sin embargo, el gran prestigio
de que gozaba el Partido Comunista de Hungría entre las masas, unido a las
enérgicas demandas de los socialdemócratas de filas de que se concertara una
alianza con los comunistas, obligaron a los dirigentes del Partido
Socialdemócrata a proponer a los dirigentes del Partido Comunista, que se
encontraban en la cárcel, la formación de un gobierno conjunto. Los líderes
socialdemócratas tuvieron que aceptar las condiciones presentadas por los
comunistas durante las negociaciones: formación de un Gobierno de los Soviets,
desarme de la burguesía, creación del Ejército Rojo y de la Milicia Popular,
confiscación de las tierras de los latifundistas, nacionalización de la
industria, conclusión de una alianza con la Rusia Soviética, etc. Al mismo
tiempo se firmó un acuerdo de unificación de ambos partidos para constituir el
Partido Socialista de Hungría. Durante la unificación se cometieron errores,
que se dejaron sentir con posterioridad; la unificación se efectuó mediante la
fusión mecánica, sin separar a los elementos reformistas.
Los imperialistas de la
Entente acogieron con hostilidad la instauración de la dictadura del
proletariado en Hungría. Bloquearon económicamente a la República Soviética
Húngara y organizaron la intervención militar contra ella. La ofensiva de las
tropas intervencionistas activó a la contrarrevolución húngara. La traición de
los socialdemócratas de derecha, que se aliaron con el imperialismo
internacional, fue otra de las causas que condujeron a la muerte de la
República Soviética Húngara. El 1 de agosto de 1919, como resultado de las
acciones mancomunadas de la intervención imperialista exterior y de la
contrarrevolución interior, en Hungría fue derrocado el Poder de los Soviets.
43 Blanquistas: partidarios de una corriente en el
movimiento socialista francés encabezada por Luis Augusto Blanqui (1805-1881),
eminente revolucionario y destacado representante del comunismo utópico
francés. Los blanquistas, como señalara Lenin, esperaban que "la humanidad
se liberaría de la esclavitud asalariada no por medio de la lucha de clase del
proletariado, sino por medio de un complot de una pequeña minoría de
intelectuales". Los blanquistas) que sustituían la actividad del partido
revolucionario con las acciones de un puñado de conspiradores, menospreciaban
los vínculos con las masas y no comprendían la necesidad del movimiento
revolucionario de masas.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
socialdemócrata alemán Der Volksstaat44,
1874, núm. 73, incluido en la recopilación Artículos
de 1871-1875, traducción rusa, Petrogrado, 1919, págs. 52-53).
Engels expresa en ese mismo
artículo su profundo respeto por Vaillant y habla del "mérito
incontestable" de éste (que fue, como Guesde, uno de los jefes más
destacados del socialismo internacional antes de su traición al socialismo en
agosto de 1914). Pero Engels no deja de analizar con todo detalle el error
manifiesto. Está claro que a los revolucionarios muy jóvenes e inexpertos, lo
mismo que a los revolucionarios pequeñoburgueses, incluso de edad muy
respetable y con gran experiencia, les parece extraordinariamente
"peligroso", incomprensible y erróneo "autorizar los
compromisos". Y muchos sofistas (como politicastros
"superexpertos" o excesivamente "experimentados") razonan
del mismo modo que los jefes del oportunismo inglés mencionados por el camarada
Lansbury: "Si los bolcheviques se permiten tal o cual compromiso, ¿por qué
no hemos de permitirnos nosotros cualquier compromiso?" Pero los
proletarios educados por repetidas huelgas (para no considerar más que esta
manifestación de la lucha de clases) asimilan de ordinario magníficamente la
profundísima verdad (filosófica, histórica, política y sicológica) enunciada
por Engels. Todo proletario conoce huelgas, conoce "compromisos" con
los odiados opresores y explotadores, después de los cuales los obreros han
tenido que reintegrarse al trabajo sin haber logrado nada o accediendo a una
satisfacción parcial de sus reivindicaciones. El ambiente de lucha de masas y
de brusco enconamiento de los antagonismos de clase en que vive permiten a cada
proletario observar la diferencia existente entre compromisos de dos tipos. De
una parte, un compromiso impuesto por condiciones objetivas (pobreza de la caja
de los huelguistas, que carecen de apoyo, padecen hambre y están extenuados
hasta lo indecible), compromiso que en nada disminuye la abnegación
revolucionaria de los obreros que lo han contraído ni su disposición a
continuar la lucha. De otra parte, un compromiso de traidores que achacan a
causas objetivas su vil egoísmo (¡también los esquiroles conciertan "compromisos"!),
su cobardía, su deseo de ganarse la buena disposición de los capitalistas, su
falta de firmeza ante las amenazas y, a veces, ante las exhortaciones, las
limosnas o los halagos de los capitalistas (estos compromisos de traidores
abundan especialmente en la historia del movimiento obrero inglés por parte de
los jefes de las tradeuniones, aunque, en una forma o en otra, casi todos los
obreros de los demás países han podido observar fenómenos análogos).
Por supuesto, se dan casos
aislados difíciles y complejos en extremo en los que sólo realizando los
mayores esfuerzos se logra determinar con exactitud el verdadero carácter de
tal o cual "compromiso", de la misma manera que hay casos de homicidio
en los que no es nada fácil decidir si éste era absolutamente justo e incluso
obligatorio (por ejemplo, en caso de legítima defensa), o bien resultado de una
imprudencia imperdonable o incluso de un plan perverso ejecutado con habilidad.
Es indudable que en política, donde se trata a veces de relaciones muy
complejas —nacionales e internacionales— entre las clases y los partidos, se
registrarán numerosos casos mucho más difíciles que la cuestión de saber si un
"compromiso" contraído con motivo de una huelga es legítimo o se
trata de una alevosía de un esquirol, de un jefe traidor, etc. Es absurdo
preparar una receta o una regla general (¡"ningún compromiso"!) para
todos los casos. Hay que tener la cabeza sobre los hombros para saber orientarse
en cada caso concreto. La importancia de poseer una organización de partido y
jefes del mismo dignos de este nombre consiste precisamente, entre otras cosas,
en llegar — mediante un trabajo largo, tenaz, múltiple y variado de todos los
representantes de una clase determinada capaces de pensar*— a adquirir los
conocimientos y la experiencia necesarios y, además de los conocimientos y la
experiencia, la perspicacia política indispensable para resolver pronto y bien
los problemas políticos complejos.
![]()
44 Der Wolksstaat
("El Estado Popular"): órgano central de la socialdemocracia alemana
(partido de los eisenacheanos); se publicó en Leipzig, bajo la dirección de
Guillermo Liebknecht, desde 1869 hasta 1876.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
* Hasta en el país más culto, toda clase,
aun la más avanzada y con mayor florecimiento excepcional de todas sus fuerzas
espirituales en virtud de las circunstancias del momento, cuenta —y contará sin falta mientras las clases
subsistan y la sociedad sin clases no esté afianzada, consolidada y
desarrollada por completo sobre su propia base— con representantes que no piensan y que son incapaces de
pensar. Si no ocurriera así, el capitalismo dejaría de ser el capitalismo
opresor de las masas.
24
Las personas ingenuas y
totalmente inexpertas se figuran que basta con admitir los compromisos en general para que desaparezca toda
línea divisoria entre el oportunismo — contra el que sostenemos y debemos
sostener una lucha sin cuartel— y el marxismo revolucionario o comunismo. Pero
a esas personas, si ignoran aún que todas
las líneas divisorias en la naturaleza y en la sociedad son mutables y hasta
cierto punto convencionales, se les puede ayudar sólo por medio de la
instrucción, la formación, la ilustración y la experiencia política y práctica
prolongadas. En los problemas prácticos de la política de cada momento
particular o específico de la historia es importante saber distinguir aquellos
en que se manifiestan los compromisos de la especie más inadmisible, los
compromisos de traición
—que encarnan un oportunismo
funesto para la clase revolucionaria y consagrar todos los esfuerzos a explicar
su sentido y a combatirlos. Durante la guerra imperialista de 1914-1918 entre
dos grupos de países igualmente bandidescos y rapaces, el oportunismo principal
y fundamental fue el que adoptó la forma de socialchovinismo, es decir, el
apoyo de "la defensa de la patria", lo cual equivalía de hecho, en aquella guerra, a defender los intereses
de rapiña de la burguesía "propia". Después de la guerra fue la
defensa de la expoliadora "Sociedad de Naciones"45, la defensa de las alianzas directas o indirectas con la
burguesía del propio país contra el proletariado revolucionario y el movimiento
"soviético" y la defensa de la democracia y del parlamentarismo
burgueses frente al "Poder de los Soviets". Tales fueron las
manifestaciones principales de estos compromisos inadmisibles y alevosos, que,
en suma, han terminado en un oportunismo funesto para el proletariado
revolucionario y para su causa.
"... Rechazar del modo
más categórico todo compromiso con los demás partidos... toda política de
maniobra y conciliación", dicen los izquierdistas de Alemania en el
folleto de Fráncfort.
¡Es sorprendente que, con
semejantes ideas, esos izquierdistas no condenen categóricamente el
bolchevismo! ¡Los izquierdistas alemanes no pueden ignorar que toda la historia
del bolchevismo, antes y después de la Revolución de Octubre, está llena de casos de maniobras, de
acuerdos y compromisos con otros partidos, incluidos los partidos burgueses!
Hacer la guerra para
derrocar a la burguesía internacional —una guerra cien veces más difícil, larga
y compleja que la más encarnizada de las guerras corrientes entre Estados— y
renunciar de antemano a toda maniobra, a explotar los antagonismos de intereses
(aunque sólo sean pasajeros) que dividen a nuestros enemigos, renunciar a
acuerdos y compromisos con posibles aliados (aunque sean temporales,
inestables, vacilantes, convencionales), ¿no es, acaso, algo infinitamente
ridículo? ¿No viene a ser eso como si en la difícil ascensión a una montaña
inexplorada, en la que nadie hubiera puesto la planta, se renunciase de
antemano a hacer a veces zigzags, a desandar a veces lo andado, a abandonar la
dirección elegida al principio para probar otras direcciones? ¡¡Y gente tan
inconsciente e inexperta (y menos mal si la causa de ello es la juventud,
autorizada por la providencia para decir semejantes tonterías durante cierto
tiempo) ha podido ser sostenida directa o indirectamente, franca o
encubiertamente, íntegra o parcialmente, poco importa cómo, por algunos
miembros del Partido Comunista Holandés!!
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45 Sociedad
de Naciones:
organización internacional que existió durante el período comprendido entre la
primera y la segunda guerras mundiales. Constituida en 1919, en la Conferencia
de la Paz que celebraron en París los países vencedores en la primera
conflagración universal, empezó a actuar en 1920. La Carta de la S. de N.
formaba parte del Tratado de Paz de Versalles de 1919, siendo firmada por 44
Estados. En 1920 y 1921, la Sociedad de Naciones fue uno de los centros
organizadores de la intervención armada contra el Estado soviético.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Después de triunfar la
primera revolución socialista del proletariado, después de ser derrocada la
burguesía en un país, su proletariado sigue siendo durante mucho tiempo más débil que la
burguesía. Débese ello, simplemente, a las inmensas relaciones internacionales
de ésta y, además, a la restauración, al renacimiento espontáneo y continuo del
capitalismo y de la burguesía por los pequeños productores de mercancías del
país donde esta última ha sido derrocada. Sólo se puede vencer a un enemigo más
poderoso poniendo en tensión todas las fuerzas y aprovechando obligatoriamente —con el mayor celo,
minuciosidad, prudencia y habilidad— la menor "grieta" entre los
enemigos, toda contradicción de intereses entre la burguesía de los distintos
países y entre los diferentes grupos o categorías de la burguesía en cada país.
Hay que aprovechar, asimismo, las menores posibilidades de lograr un aliado de
masas, aunque sea temporal, vacilante, inestable, poco seguro y convencional.
Quien no haya comprendido esto, no ha comprendido ni una palabra de marxismo ni
de socialismo científico, contemporáneo, en
general. Quien no haya demostrado en
la práctica, durante un período bastante considerable y en situaciones
políticas bastante variadas, su habilidad para aplicar esta verdad, no ha
aprendido aún a ayudar a la clase revolucionaria en su lucha por liberar de
explotadores a toda la humanidad trabajadora. Y lo dicho es aplicable por igual
tanto al período anterior a la
conquista del poder político por el proletariado como al posterior,
Nuestra teoría no es un
dogma, sino una guía para la acción,
decían Marx y Engels46. Y el gran error, el inmenso crimen de
marxistas "patentados" como Carlos Kautsky, Otto Bauer y otros
consiste en no haber entendido esto, en no haber sabido aplicarlo en los
momentos más importantes de la revolución proletaria. "La acción política
no es una acera de la avenida Nevski" (la acera limpia, ancha y lisa de la
calle principal de San Petersburgo, absolutamente recta), decía ya N. G.
Chernyshevski47, el gran socialista ruso del período
premarxista. Desde los tiempos de Chernyshevski, los revolucionarios rusos han
pagado con innumerables víctimas el desconocimiento u olvido de esta verdad.
Hay que conseguir a toda costa que los comunistas de izquierda y los revolucionarios
de Europa Occidental y de América fieles a la clase obrera paguen menos cara que los atrasados rusos la
asimilación de esta verdad.
25
Los socialdemócratas
revolucionarios de Rusia aprovecharon en repetidas ocasiones antes de la caída
del zarismo los servicios de los liberales burgueses, es decir, concluyeron con
ellos innumerables compromisos prácticos. Y en 1901 y 1902, antes incluso de
que naciera el bolchevismo, la antigua Redacción de Iskra (de la que formábamos parte Plejánov, Axelrod, Zasúlich,
Mártov, Potrésov y yo) concertó (es cierto que no por mucho tiempo) una alianza
política formal con Struve, jefe político del liberalismo burgués, sin dejar de
sostener a la vez la lucha ideológica y política más implacable contra el
liberalismo burgués y contra las más mínimas manifestaciones de su influencia
en el seno del movimiento obrero. Los bolcheviques aplicaron siempre esa misma
política. Desde 1905 defendieron sistemáticamente la alianza de la clase obrera
con el campesinado contra la burguesía liberal y el zarismo, sin negarse nunca,
al mismo tiempo, a apoyar a la burguesía contra el zarismo (por ejemplo, en la
segunda etapa de las elecciones o en las segundas vueltas electorales) y sin
interrumpir la lucha ideológica y política más intransigente contra el partido
campesino revolucionario burgués, los "socialistas-revolucionarios",
desenmascarándolos como demócratas pequeñoburgueses que se incluían falsamente
entre los socialistas. En 1907, los
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46 Lenin recuerda un pasaje de la carta que
F. Engels envió a F. Sorge el 29 de noviembre de 1886. En ella, al criticar el
carácter sectario de la labor de los socialdemócratas alemanes emigrados en
Norteamérica, Engels dice que, para ellos, la teoría "es un dogma y no una
guía para la acción".
47 En una reseña del libro Cartas político-económicas al Presidente de
los Estados Unidos de América, del economista norteamericano H. Ch. Carey,
N. Chernyshevski dijo: "El camino de la historia no es una acera de la
Avenida Nevski; pasa plenamente por campos ora polvorientos, ora fangosos, ora
por pantanos, ora por bosques espesos. Quien tema cubrirse de polvo y manchar
las botas, que no se dedique a la actividad social".
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
bolcheviques constituyeron,
por poco tiempo, un bloque político formal con los "socialistas—
revolucionarios" para las elecciones a la Duma. Con los mencheviques hemos
estado formalmente durante varios años, desde 1903 hasta 1912, en un partido
socialdemócrata único, sin
interrumpir jamás la lucha ideológica
y política contra ellos como vehículos de la influencia burguesa en el seno del
proletariado y como oportunistas. Durante la guerra concertamos una especie de
compromiso con los "kautskianos", los mencheviques de izquierda
(Mártov) y una parte de los "socialistas-revolucionarios" (Chernov,
Natansón). Asistimos con ellos a las conferencias de Zimmerwald y Kienthal48 y publicamos manifiestos conjuntos, pero jamás interrumpimos ni
atenuamos la lucha política e ideológica contra los "kautskianos",
contra Mártov y Chernov (Natansón murió en 1919 siendo un "comunista
revolucionario"49 populista'", muy afín a nosotros y
casi solidario nuestro). En el momento mismo de la Revolución de Octubre
concertamos un bloque político, no formal, pero muy importante (y muy eficaz)
con el campesinado pequeñoburgués, aceptando íntegro, sin el menor cambio, el programa agrario eserista, es decir, contrajimos un
compromiso indudable para demostrar a los campesinos que no queríamos
aprovecharnos de su mayoría de votos, sino llegar a un acuerdo con ellos. Al
mismo tiempo, propusimos a los "eseristas de izquierda"50 (y poco después lo realizamos) un bloque político formal, con
participación en el gobierno, bloque que ellos rompieron después de la Paz de
Brest, llegando en julio de 1918 a la insurrección armada y, más tarde, a la
lucha armada contra nosotros.
Es comprensible, por ello,
que los ataques de los izquierdistas alemanes al Comité Central del Partido
Comunista de Alemania por admitir la idea de un bloque con los
"independientes" (con el "Partido Socialdemócrata Independiente
de Alemania", los kautskianos) nos parezcan carentes de seriedad y veamos
en ellos una demostración evidente de la
posición errónea de
![]()
48
Se
alude a las conferencias socialistas internacionales de Zimmerwald y Kienthal
(Suiza). La Conferencia de Zimmerwald, o
Primera Conferencia Socialista Internacional, se celebró del 5 La Conferencia de Kienthal, o Segunda
Conferencia S. Las conferencias de Zimmerwald y Kienthal contribuyeron a
agrupar, sobre la base ideológica del marxismo-leninismo,
a los elementos de izquierda de la socialdemocracia internacional. Más tarde,
estos elementos desempeñaron un papel activo en la lucha orientada a formar
partidos comunistas en sus países respectivos y fundar la III Internacional, la
Internacional Comunista.
49
"Comunistas revolucionarios": grupo
que se separó de los eseristas de izquierda después del levantamiento
organizado por dicho partido en julio de 1918. En septiembre de 1918, el grupo
formó el llamado Partido del Comunismo Revolucionario, que se manifestó en pro
de la colaboración con el PC(b) de Rusia y declaró que apoyaría el Poder
soviético. Aun reconociendo que el Poder de los Soviets creaba las premisas
necesarias para establecer el régimen socialista, los "comunistas
revolucionarios" negaban la necesidad de la dictadura del proletariado en
el período de transición del capitalismo al socialismo. Cuando el II Congreso
de la Comintern acordó que en cada país debía haber un solo Partido Comunista,
el Partido del Comunismo Revolucionario decidió, en septiembre de 1920,
ingresar en el PC(b) de Rusia.
50"Eseristas de izquierda": partido de los
socialistas-revolucionarios de izquierda; tomó forma orgánica en su I Congreso
de toda Rusia, celebrado del 19 al28 de noviembre (2-11 de diciembre) de 1917.
Con anterioridad, estos socialistas-revolucionarios constituyeron el ala izquierda
del partido eserista.
En el II Congreso de los Soviets de toda Rusia, los eseristas de
izquierda votaron con los bolcheviques al decidirse los problemas más
importantes que figuraban en el orden del día; sin embargo, rechazaron la
propuesta de los bolcheviques de que colaborasen en el Gobierno soviético. Tras
largas vacilaciones, y movidos por el deseo de conservar su influencia entre
los campesinos, los eseristas de izquierda accedieron a colaborar con los
bolcheviques y formaron parte de varios organismos colegiados de los comisariados
del pueblo. A pesar de haber aceptado la colaboración con los bolcheviques, los
eseristas de izquierda discrepaban de ellos en cuestiones cardinales de la
edificación del socialismo y rechazaban la dictadura del proletariado. En enero
y febrero de 1918, el CC de los eseristas de izquierda emprendió la lucha
contra la conclusión del Tratado de Paz de Brest-Litovsk, y cuando éste fue
firmado y ratificado por el IV Congreso de los Soviets (marzo de 1918),
abandonaron el Consejo de Comisarios del Pueblo, pero siguieron formando parte
de los organismos colegiados de los comisariados del pueblo y de los órganos
locales de poder. A medida que avanzaba la revolución socialista en el campo,
entre los eseristas de izquierda fueron acentuándose las tendencias
antisoviéticas. En julio de 1918, el CC de los eseristas de izquierda organizó
en Moscú el asesinato del embajador alemán -con el propósito de provocar una
guerra entre la Rusia Soviética y Alemania- y, al mismo tiempo, un
levantamiento armado contra el Poder soviético. Con este motivo, el V Congreso
de los Soviets de toda Rusia, una vez sofocado el motín, acordó expulsar de los
Soviets a los eseristas de izquierda que compartían las opiniones de su
camarilla dirigente.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
los
"izquierdistas". En Rusia había también mencheviques de derecha (que
colaboraron en el Gobierno Kerenski), equivalentes a los Scheidemann de
Alemania, y mencheviques de izquierda (Mártov), que se hallaban en oposición a
los mencheviques de derecha y equivalían a los kautskianos alemanes. En 1917
observamos con claridad que las masas obreras se separaban paulatinamente de
los mencheviques para sumarse a los bolcheviques. En el I Congreso de los
Soviets de toda Rusia, celebrado en junio de dicho año, tuvimos sólo un 13
% de los votos. La mayoría perteneció a
los eseristas y a los mencheviques. En el II Congreso de los Soviets (25 de
octubre de 1917, según el viejo calendario) tuvimos el 51 % de los sufragios.
¿Por qué en Alemania una tendencia igual,
completamente análoga, de los obreros
a pasar de la derecha a la izquierda ha conducido al fortalecimiento inmediato
no de los comunistas, sino, al principio, del partido intermedio de los
"independientes", aunque este partido jamás haya tenido ninguna idea
política independiente y ninguna política independiente y se haya limitado a
vacilar entre los Scheidemann y los comunistas?
Una de las causas ha sido,
sin duda, la táctica errónea de los
comunistas alemanes, los cuales deben reconocer ese error honradamente y sin
temor y aprender a corregirlo. El error ha consistido en negarse a participar
en el Parlamento reaccionario, burgués, y en los sindicatos reaccionarios; el
error ha consistido en múltiples manifestaciones de esa enfermedad infantil del
"izquierdismo" que se ha exteriorizado ahora y que, gracias a ello,
será curada mejor, más pronto y con mayor provecho para el organismo.
26
Es evidente que el "Partido Socialdemócrata
Independiente" alemán carece de homogeneidad: al lado de los antiguos
jefes oportunistas (Kautsky, Hilferding y, por lo que se ve, en gran parte
Crispien, Ledebour y otros), que han demostrado su incapacidad para comprender
la significación del Poder soviético y de la dictadura del proletariado y para
dirigir la lucha revolucionaria de este último, en dicho partido se ha formado
y crece con rapidez singular una ala izquierda, proletaria. Cientos de miles de
miembros de este partido
—que tiene, al parecer, unos
750.000 afiliados— son proletarios que se alejan de Scheidemann y caminan con
rapidez hacia el comunismo. Esta ala proletaria propuso ya en el Congreso de
los independientes, celebrado en Leipzig en 1919, la adhesión inmediata e
incondicional a la III Internacional. Temer un "compromiso" con dicha
ala es sencillamente ridículo. Al contrario, para los comunistas es obligatorio buscar y encontrar una forma adecuada de
compromiso con ella, que permita, por una parte, facilitar y acelerar la fusión
completa y necesaria con la misma y, por otra, que no cohíba en nada a los
comunistas en su lucha ideológica y política contra el ala derecha,
oportunista, de los "independientes". Es probable que no resulte
fácil concebir una forma adecuada de compromiso, pero sólo un charlatán podría
prometer a los obreros y a los comunistas alemanes un camino "fácil"
para alcanzar la victoria. El capitalismo dejaría de ser capitalismo si el
proletariado "puro" no estuviese rodeado de una masa abigarradísima
de elementos que personifican la transición del proletario al semiproletario
(el que obtiene la mitad de sus medios de existencia vendiendo su fuerza de
trabajo), del semiproletario al pequeño campesino (y al pequeño artesano, al
obrero a domicilio y al pequeño patrono en general), del pequeño campesino al
campesino medio, etc., y si en el seno mismo del proletariado no hubiera
sectores de un desarrollo mayor o menor, divisiones de carácter territorial,
profesional, a veces religioso, etc. De todo eso se deduce la necesidad — una
necesidad imperiosa para la vanguardia del proletariado, para su parte
consciente, para el Partido Comunista— de recurrir a la maniobra, a los
acuerdos, a los compromisos con los diversos grupos proletarios y con los
diversos partidos de obreros y de pequeños patronos. El quid de la cuestión
está en saber aplicar esta táctica
para elevar, y no para rebajar, el
nivel general de conciencia del
proletariado, su espíritu revolucionario y su capacidad de lucha y de victoria.
Es preciso advertir, entre otras cosas, que la victoria de los bolcheviques
sobre los mencheviques requirió, no sólo antes de la Revolución de Octubre de
1917, sino también después de ella,
aplicar una táctica de maniobras, acuerdos y compromisos, aunque de tal
naturaleza, claro está, que facilitaban y
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
aceleraban la victoria de
los bolcheviques y consolidaban y fortalecían a éstos a costa de los
mencheviques. Los demócratas pequeñoburgueses (incluidos los mencheviques)
vacilan de manera inevitable entre la burguesía y el proletariado, entre la
democracia burguesa y el régimen soviético, entre el reformismo y el
revolucionarismo, entre el amor a los obreros y el miedo a la dictadura del
proletariado, etc. La táctica acertada de los comunistas debe consistir en aprovechar esas vacilaciones y no, en
modo alguno, en desdeñarlas. Y para aprovecharlas hay que hacer concesiones a
los elementos que se inclinan al proletariado — en los casos y en la medida
exacta en que lo hagan— y, al mismo tiempo, luchar contra los que se inclinan a
la burguesía. Debido a que aplicamos una táctica acertada, el menchevismo se ha
ido descomponiendo y se descompone más y más en nuestro país. Dicha táctica ha
ido aislando a los jefes obstinados en el oportunismo y atrayendo a nuestro
campo a los mejores obreros y a los mejores elementos de la democracia
pequeñoburguesa. Es un proceso largo, y las "soluciones"
irreflexivas, como "ningún compromiso, ninguna maniobra", sólo pueden
dificultar el crecimiento de la influencia del proletariado revolucionario y el
aumento de sus fuerzas.
Por último, es un error
indudable de los "izquierdistas" de Alemania su insistencia
rectilínea en no reconocer el Tratado de Paz de Versalles51. Cuanto mayores son "el aplomo" y "la
importancia", el tono "categórico" y sin apelación con que
formula este punto de vista, por ejemplo, K. Horner, tanto menos inteligente
resulta. No basta con renegar de las flagrantes estupideces del
"bolchevismo nacional" (Laufenberg y otros), que, en las condiciones
actuales de la revolución proletaria internacional, ha llegado a hablar de la
formación de un bloque con la burguesía alemana para hacer la guerra a la
Entente. Debe comprenderse que es errónea por completo la táctica que niega la
obligación de la Alemania Soviética (si surgiese pronto una república soviética
alemana) de reconocer por cierto tiempo el Tratado de Versalles y someterse a
él. De esto no se deduce que los "independientes" tuvieran razón al
reclamar la firma del Tratado de Versalles en
las condiciones existentes entonces, cuando se hallaban en el gobierno los
Scheidemann, cuando no había sido derribado todavía el Poder soviético en
Hungría y no estaba excluida aún la posibilidad de una ayuda de la revolución
soviética en Viena para apoyar a la Hungría Soviética. Entonces, los
"independientes" maniobraron muy mal, pues asumieron una
responsabilidad mayor o menor por los traidores tipo Scheidemann y se apartaron
más o menos del punto de vista de la lucha de clases implacable (y reflexiva en
grado sumo) contra los Scheidemann para situarse "al margen" y
"por encima" de las clases.
27
Pero la situación es hoy tal
que los comunistas alemanes no deben atarse las manos y prometer la renuncia
obligatoria e indefectible al Tratado de Versalles en caso de triunfar el
comunismo. Eso sería una tontería. Hay que decir: los Scheidemann y los kautskianos
han cometido una serie de traiciones que han dificultado (y, en parte, hecho
fracasar) la alianza con la Rusia Soviética y con la Hungría Soviética.
Nosotros, los comunistas, procuraremos por todos los medios facilitar y preparar esa alianza; en cuanto a la Paz de Versalles, no estamos
obligados en modo alguno a rechazarla a toda costa y, además, sin demora. La
posibilidad de rechazarla con eficacia depende de los éxitos del movimiento
soviético no sólo en Alemania, sino también a escala internacional. Este
movimiento ha sido obstaculizado por los Scheidemann y los kautskianos;
nosotros lo favorecemos. Ahí está el fondo de la cuestión, la diferencia
cardinal. Y si nuestros enemigos de clase, los explotadores, y sus lacayos, los
Scheidemann y los kautskianos, han dejado escapar una serie de posibilidades de
fortalecer el movimiento soviético alemán e internacional y la revolución
soviética alemana e internacional, la culpa es de ellos. La revolución
soviética en Alemania vigorizará el movimiento soviético internacional, que es
el baluarte más fuerte (y el único seguro,
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51Tratado de Paz de
Versalles: tratado
imperialista que la Entente impuso a Alemania, derrotada en la primera guerra
mundial (1914-1918). Fue firmado el 28 de junio de 1919 en Versalles.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
invencible y de potencia
universal) contra el Tratado de Versalles y contra el imperialismo mundial en
general. Colocar sin falta en primer plano, a toda costa y en seguida, la
liberación del Tratado de Versalles, antes
que el problema de liberar del yugo imperialista a los demás países oprimidos por el imperialismo, es una manifestación de
nacionalismo pequeñoburgués (digno de los Kautsky, los Hilferding, los Otto
Bauer y Cía.), pero no de internacionalismo revolucionario. El derrocamiento de
la burguesía en cualquiera de los grandes países europeos, incluida Alemania,
es un hecho tan favorable para la revolución internacional que, en aras de él,
se puede y se debe aceptar, si es necesario, una existencia más prolongada del Tratado de Versalles. Si Rusia ha
podido resistir sola durante varios meses
con provecho para la revolución la Paz de Brest, no es ningún imposible que la
Alemania Soviética, aliada con la Rusia Soviética, pueda soportar por más
tiempo con provecho para la revolución el Tratado de Versalles. Los
imperialistas de Francia, Inglaterra, etc., provocan a los comunistas alemanes,
tendiéndoles esta trampa: "Decid que no firmaréis el Tratado de
Versalles". Y los comunistas "de izquierda" caen como niños en
la trampa que les han tendido, en vez de maniobrar con destreza contra un
enemigo pérfido y, en el momento actual,
más fuerte, en vez de decirle: "Ahora firmaremos el Tratado de
Versalles". Atarnos las manos
con antelación, declarar públicamente al enemigo, hoy mejor armado que momento,
es una tontería y no tiene nada de revolucionario. Aceptar el combate cuando es
ventajoso a todas luces para el enemigo, y no para nosotros, si vamos a luchar
contra él y en qué nosotros, constituye un crimen. Y los políticos de la clase
revolucionaria que no saben "maniobrar", que no saben concertar
"acuerdos y compromisos" a fin de rehuir un combate desfavorable a
ciencia cierta, no sirven para nada.
IX. El comunismo “de
izquierda” en Inglaterra.
En Inglaterra no existe
todavía el Partido Comunista, pero entre los obreros se advierte un movimiento
comunista joven, extenso y potente, que crece con rapidez y permite albergar
las más radiantes esperanzas. Hay algunos partidos y organizaciones políticas
(Partido Socialista Británico52,
Partido Socialista Obrero, Sociedad Socialista del Sur de Gales, Federación
Socialista Obrera53) que desean fundar el Partido Comunista
y sostienen ya con
![]()
52 El Partido
Socialista Británico (British Socialist Party) se fundó en 1911, en
Manchester, mediante la unificación del Partido Socialdemócrata con otros
grupos socialistas. El PSB hizo propaganda en el espíritu de las ideas del
marxismo y fue, como señalara Lenin, un partido "no oportunista,
verdaderamente independiente respecto de los liberales". En 1919, la
inmensa mayoría de las organizaciones del PSB (98 contra 4) se pronunció a
favor del ingreso en la Internacional Comunista. El Partido Socialista Británico
desempeñó el papel principal, junto con el Grupo de Unidad Comunista, en la
constitución del Partido Comunista de Gran Bretaña en 1920.
53 Partido Socialista
Obrero (Socialist Labour Party):
organización marxista revolucionaria fundada en1903, en Escocia, por un grupo
de socialdemócratas de izquierda, principalmente escoceses, que se había
separado de la Federación Socialdemócrata.
Sociedad
Socialista del Sur de Gales (South Wales
Socialist Society): pequeño grupo integrado principalmente por mineros
revolucionarios del País de Gales. La sociedad tuvo su origen en el movimiento
pro reforma de la industria minera, que se intensificó notablemente ya en
vísperas de la primera guerra mundial.
Federación Socialista
Obrera (Worker’s Socialist
Federation): organización poco numerosa, surgida en mayo de 1918 de la Sociedad
de Sufragistas y compuesta principalmente de mujeres.
Al formarse el Partido Comunista de Gran Bretaña (el Congreso de
Constitución se celebró los días 31 de julio y 1 de agosto de 1920), incluyó en
su programa puntos referentes a la participación del mismo en las elecciones
parlamentarias y a la afiliación al Partido Laborista; pero las organizaciones
antes mencionadas -que incurrían en errores sectarios- no ingresaron en el
Partido Comunista. En enero de 1921, la Sociedad Socialista del Sur de Gales y
la Federación Socialista Obrera —que había adoptado a la sazón el nombre de
"Partido Comunista (Sección Británica de la III Internacional)"— se
unificaron con el Partido Comunista de Gran Bretaña. Los dirigentes del Partido
Socialista Obrero se negaron a la unificación.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
este fin negociaciones entre
sí. El periódico Workers Dreadnought54 (t.
VI, núm. 48, del 21-11-1920), órgano semanal de la última de las organizaciones
mencionadas, dirigido por la camarada Silvia Pankhurst, ha insertado un
artículo de ésta, titulado Hacia el
Partido Comunista. En él se expone la marcha de las negociaciones entre las
cuatro organizaciones citadas para
constituir un Partido Comunista único sobre la base de la adhesión a la III
Internacional y del reconocimiento del sistema soviético —en vez del
parlamentarismo— y de la dictadura del proletariado. Resulta que uno de los
principales obstáculos para fundar sin demora un Partido Comunista único es la
falta de unanimidad en lo que respecta a la participación en el Parlamento y al
ingreso del nuevo Partido Comunista en el viejo Partido Laborista, oportunista,
socialchovinista y profesionalista, integrado de modo primordial por
tradeuniones. La Federación Socialista Obrera y el Partido Socialista Obrero*
se pronuncian contra la participación en las elecciones parlamentarias y en el
Parlamento y contra la adhesión al Partido Laborista, discrepando en esto de
todos o de la mayoría de los miembros del Partido Socialista Británico, al que
consideran "ala derecha de los partidos comunistas" en Inglaterra
(pág. 5, artículo mencionado de Silvia Pankhurst).
* Al parecer, este partido se opone al
ingreso en el Partido Laborista, pero no todos sus miembros son enemigos de
participar en el Parlamento.
La división fundamental es,
pues, la misma que en Alemania, pese a las inmensas diferencias de forma en que
se manifiestan las divergencias (en Alemania esta forma se parece mucho más
"a la rusa" que en Inglaterra) y de otras muchas circunstancias.
Examinemos los argumentos de los "izquierdistas".
Al hablar de la
participación en el Parlamento, la camarada Silvia Pankhurst alude a una carta
del camarada G. Gallacher a la Redacción, publicada en el mismo número, en la
cual dice en nombre del Consejo Obrero de Escocia, de Glasgow:
28
"Este Consejo es
definidamente antiparlamentario y está respaldado por el ala izquierda de
varias organizaciones políticas. Representamos en Escocia el movimiento
revolucionario, que aspira a crear una organización revolucionaria en las
industrias (en las diversas ramas de la producción) y un Partido Comunista,
basado en comités sociales, en todo el país. Durante bastante tiempo hemos
estado enemistados con los parlamentarios oficiales. No hemos considerado
necesario declararles públicamente la guerra, y ellos temen iniciar el ataque contra nosotros.
"Pero semejante estado
de cosas no puede prolongarse mucho. Nosotros triunfamos en toda la línea.
"A los miembros de
filas del Partido Laborista Independiente de Escocia nos disgusta cada día más
la idea del Parlamento, y casi todos los grupos locales son partidarios de los
Soviets (en la transcripción inglesa se emplea el término ruso) o Soviets
Obreros. Por supuesto, esto tiene gran importancia para los señores que
consideran la política un medio de vida (una profesión) y recurren a todos los
procedimientos para persuadir a sus miembros de que vuelvan atrás, al seno del
parlamentarismo. Los camaradas revolucionarios no deben (la cursiva es en todas partes del autor) sostener a esta
banda. Nuestra lucha será en este terreno muy difícil. Uno de sus peores rasgos
consistirá en la traición de quienes ven en la ambición personal un motivo de
más fuerza que su interés por la revolución. Todo apoyo al parlamentarismo
significa simplemente contribuir a que el poder caiga en manos de nuestros
Scheidemann y Noske británicos. Henderson, Clynes y compañía son unos
reaccionarios incorregibles. El Partido Laborista Independiente oficial cae,
cada día más, bajo el control de los liberales burgueses, que han hallado un
refugio espiritual en el campo de los señores MacDonald, Snowden y compañía. El
Partido Laborista Independiente oficial es enemigo
![]()
54 Worker’s
Dreadnought ("El
Acorazado de los Obreros"): se publicó en Londres de marzo de 1914 a junio
de 1924; hasta julio de 1917 apareció con el título de Woman's Dreadnought. En 1918, al constituirse la Federación
Socialista Obrera, pasó a ser órgano suyo.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
encarnizado de la III
Internacional, pero la masa la defiende. Sostener, sea como sea, a los
parlamentarios oportunistas no significa otra cosa que hacer el juego a esos
señores. El Partido Socialista Británico no tiene ninguna importancia... Lo que
se necesita es una buena organización revolucionaria industrial y un Partido
Comunista que actúe sobre bases claras, bien definidas, científicas. Si
nuestros camaradas pueden ayudarnos a crear lo uno y lo otro, aceptaremos
gustosos su concurso; si no pueden, ¡por Dios!, que no se mezclen en ello, si
no quieren traicionar a la Revolución apoyando a los reaccionarios, que con
tanto celo tratan de adquirir el "honroso" (?) (la interrogación es
del autor) título de parlamentario y arden en deseos de demostrar que son capaces de gobernar tan bien como
los mismos "amos", los políticos de clase".
Esta carta a la Redacción
expresa de manera admirable, a mi parecer, el estado de ánimo y el punto de
vista de los comunistas jóvenes o de los obreros de la masa que sólo comienzan
a llegar al comunismo. Este estado de ánimo es grato y valioso en grado superlativo;
hay que saber apreciarlo y sostenerlo, pues sin él carecería de sentido pensar
en la victoria de la revolución proletaria en Inglaterra (y en cualquier otro
país). Hay que cuidar y ayudar con toda solicitud a quienes saben expresar ese
estado de ánimo de las masas y suscitarlo (pues muy a menudo yace oculto,
inconsciente, sin despertar). Pero, al mismo tiempo, es menester decirles clara
y sinceramente que ese estado de ánimo, por
sí solo, es insuficiente para dirigir a las masas en la gran lucha
revolucionaria, y que tales o cuales errores en que pueden incurrir o incurren
los hombres más fieles a la causa revolucionaria pueden perjudicarla. La carta
del camarada Gallacher a la Redacción muestra sin ningún género de dudas el
germen de todos los errores que
cometen los comunistas "de izquierda" alemanes y en que incurrieron
los bolcheviques "de izquierda" rusos en 1908 y 1918.
El autor de la carta rebosa
del más noble odio proletario a "los políticos de clase" de la
burguesía (odio comprensible y cercano, por otra parte, no sólo para los
proletarios, sino también para todos los trabajadores, para toda "la gente
menuda", como dice una expresión alemana). Este odio de un representante
de las masas oprimidas y explotadas es, a decir verdad, "el principio de
toda sabiduría", la base de todo movimiento socialista y comunista y de
sus éxitos. Pero el autor pierde de vista, al parecer, que la política es una
ciencia y un arte que no caen del cielo ni se obtienen gratis, y que el
proletariado, si quiere vencer a la burguesía, debe formar sus "políticos de clase", proletarios, y de talla tal que
no sean inferiores a los políticos burgueses.
El autor ha comprendido de manera admirable que el instrumento
que necesita el proletariado para alcanzar sus objetivos no es el Parlamento,
sino sólo los Soviets obreros. Y, como es natural, quienes no hayan comprendido
esto todavía son los peores reaccionarios, aunque sean el hombre más sabio, el
político más experto, el socialista más sincero, el marxista más erudito, el
ciudadano y padre de familia más honrado. Pero hay una cuestión que el autor no
plantea ni piensa siquiera que sea necesario plantear: la de si puede
conducirse a los Soviets a la victoria sobre el Parlamento sin hacer que los
políticos "soviéticos" entren
en este último, sin descomponer el parlamentarismo desde dentro, sin preparar desde el Parlamento mismo el éxito de
los Soviets en el cumplimiento de su tarea de acabar con el Parlamento. Sin
embargo, el autor expresa una idea absolutamente justa al decir que el Partido
Comunista de Inglaterra debe actuar sobre bases científicas. La ciencia exige, en primer lugar, tomar en
consideración la experiencia de los demás países, sobre todo si esos países,
también capitalistas, pasan o han pasado hace poco por una experiencia muy
parecida; en segundo lugar, tener en cuenta todas
las fuerzas, todos los grupos,
partidos, clases y masas que actúan en el país de que se trate, y no determinar
en modo alguno la política basándose sólo en los deseos, opiniones, grado de
conciencia y preparación para la lucha de un solo grupo o partido.
29
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Es cierto que los Henderson,
los Clynes, los MacDonald y los Snowden son reaccionarios incurables. Es cierto
también que quieren tomar el poder (aunque prefieren la coalición con la
burguesía), que quieren "gobernar" de acuerdo con las rancias normas
burguesas y que, una vez en el poder, se comportarán inevitablemente como los
Scheidemann y los Noske. Todo eso es así. Pero de ahí no se deduce, ni mucho
menos, que apoyarles signifique traicionar la revolución: lo que se deduce es
que, en interés de ésta, los revolucionarios de la clase obrera deben prestar a
dichos señores cierto apoyo parlamentario. Para aclarar esta idea tomaré dos
documentos políticos ingleses de actualidad: 1) el discurso pronunciado por el
primer ministro, Lloyd George, el 18 de marzo de 1920 (según el texto de The Manchester Guardian55 del
19 del mismo mes) y 2) los razonamientos de una comunista "de
izquierda", la camarada Silvia
Pankhurst, en el artículo citado antes.
Lloyd George polemiza en su
discurso con Asquith (que había sido invitado especialmente a la reunión, pero
que se negó a asistir) y con los liberales que quieren un acercamiento al
Partido Laborista y no una coalición con los conservadores. (En la carta a la
Redacción firmada por el camarada Gallacher hemos visto también una alusión al
paso de algunos liberales al Partido Laborista Independiente.) Lloyd George se
esfuerza por demostrar que es necesaria una coalición de los liberales con los
conservadores, e incluso una coalición estrecha,
pues de otro modo puede triunfar el Partido Laborista, que Lloyd George
"prefiere llamar" socialista y que aspira a "la propiedad
colectiva" de los medios de producción. "En Francia esto se llamaba
comunismo" —explica en un lenguaje popular el jefe de la burguesía inglesa
a sus oyentes, miembros del Partido Liberal parlamentario, que, seguramente, lo
ignoraban hasta entonces—; "en Alemania se llamaba socialismo; en Rusia se
llama bolchevismo". Para los liberales esto es inadmisible por principio,
aclara Lloyd George, pues los liberales son por principio defensores de la
propiedad privada. "La civilización está en peligro", declara el
orador, por lo cual deben unirse los liberales y los conservadores...
"...Reconozco que si
van ustedes a las zonas agrícolas —dice Lloyd George— verán conservadas las
antiguas divisiones de partido. Allí está lejos el peligro, allí no existe.
Pero cuando el peligro llegue allí, será tan grande como lo es hoy en algunos
distritos industriales. Cuatro quintas partes de nuestro país se dedican a la
industria y al comercio; sólo escasamente una quinta parte vive de la
agricultura. Esta es una de las circunstancias que tengo siempre presente
cuando reflexiono sobre los peligros con que nos amenaza el porvenir. En
Francia, la población es agrícola y constituye, por ello, una base sólida de
determinadas opiniones, base que no cambia con mucha rapidez y que no es fácil
de excitar con el movimiento revolucionario. En nuestro país la cosa es
distinta. Nuestro país es menos estable que ningún otro en el mundo, y si
empieza a vacilar, la catástrofe será aquí, en virtud de las razones indicadas,
más fuerte que en los demás países".
El lector puede apreciar por
estas citas que el señor Lloyd George no sólo es un hombre muy inteligente,
sino que, además, ha aprendido mucho de los marxistas. Tampoco nosotros
haríamos mal en aprender de Lloyd George.
Es interesante asimismo
señalar el siguiente episodio de la discusión sostenida después del discurso de
Lloyd George:
"Mr. Wallace: Quisiera preguntar cómo considera el primer ministro
el efecto de su política en los distritos industriales en lo que respecta a los
obreros fabriles, muchísimos de los cuales son hoy liberales y nos prestan un
apoyo tan grande. ¿No puede preverse un resultado que provoque un aumento
gigantesco de la fuerza del Partido Laborista por esos mismos obreros que nos
apoyan hoy sinceramente?
"El Primer ministro:
Tengo una opinión completamente distinta. El hecho de que los liberales
![]()
55 The Manchesta
Guardian: periódico burgués, de
tendencia liberal, fundado en Inglaterra en 1821.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
luchen entre sí empuja, sin
duda, a un número muy considerable de ellos, llevados por la desesperación,
hacia las filas del Partido Laborista, donde hay ya bastantes liberales muy
capaces que se dedican ahora a desacreditar al gobierno. El resultado es, sin
duda, un movimiento importante de la opinión pública a favor del Partido
Laborista. La opinión pública se inclina no hacia los liberales que están fuera
del Partido Laborista, sino hacia éste, como lo muestran las elecciones
parciales".
Digamos de pasada que tales
juicios prueban de modo singular hasta qué punto se han embrollado y no pueden
dejar de cometer irreparables desatinos los hombres más inteligentes de la
burguesía. Y eso la hará perecer. Pero nuestros camaradas pueden incluso hacer
tonterías (a condición, es cierto, de que no sean muy considerables y se las
repare a tiempo) y, sin embargo, acabarán por triunfar.
El segundo documento
político son las siguientes consideraciones de la camarada Silvia Pankhurst,
comunista "de izquierda":
"... El camarada Inkpin
(secretario general del Partido Socialista Británico) denomina al Partido
Laborista "la organización principal del movimiento de la clase
obrera". Otro camarada del Partido Socialista Británico ha expresado con
mayor relieve aún la posición de este partido en la Conferencia de la III
Internacional. "Vemos en el Partido Laborista —ha dicho— a la clase obrera
organizada".
30
"No compartimos tal
opinión acerca del Partido Laborista. Este es muy importante desde el punto de
vista numérico, aunque sus miembros son, en parte muy considerable, inertes y
apáticos; se trata de obreros y obreras que han ingresado en las tradeuniones
porque sus compañeros de taller son tradeunionistas y porque desean compartir
sus ventajas.
"Pero reconocemos que
la importancia numérica del Partido Laborista obedece también al hecho de que
dicho partido es obra de una escuela de pensamiento cuyos límites no ha
rebasado aún la mayoría de la clase obrera británica, aunque se preparan grandes
cambios en la mentalidad del pueblo, el cual modificará pronto semejante
situación... "
"... El Partido
Laborista Británico, como las organizaciones de socialpatriotas de los demás
países, llegará inevitablemente al poder por el curso natural del desarrollo
social. El deber de los comunistas consiste en organizar las fuerzas que derribarán
a los socialpatriotas, y en nuestro país no debemos retardar esta acción ni
vacilar.
"No debemos dispersar nuestras energías aumentando las
fuerzas del Partido Laborista; su
advenimiento al poder es
inevitable. Debemos concentrar nuestras fuerzas en la creación de un movimiento
comunista que venza a ese partido.
Dentro de poco, el Partido
Laborista formará gobierno; la oposición revolucionaria debe estar preparada
para atacarlo...
Así pues, la burguesía
liberal renuncia al sistema de "los dos partidos" (de explotadores),
consagrado a lo largo de la historia por una experiencia secular y provechoso
en extremo para los explotadores, considerando necesario unir sus fuerzas para
combatir al Partido Laborista. Una parte de los liberales, como ratas de un
navío que se hunde, corren al Partido Laborista. Los comunistas de izquierda
consideran inevitable el paso del poder a manos del Partido Laborista y
reconocen que la mayoría de los obreros apoya hoy a dicho partido. De todo esto
sacan la extraña conclusión que la camarada Silvia Pankhurst formula del
siguiente modo:
"El Partido Comunista
no debe contraer compromisos... Debe conservar pura su doctrina e inmaculada su
independencia frente al reformismo; su misión es mostrar el camino, sin
detenerse ni desviarse de él, avanzar en línea recta hacia la revolución comunista".
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Al contrario: del hecho de
que la mayoría de los obreros de Inglaterra siga todavía a los Kerenski o a los
Scheidemann ingleses, de que no haya conocido aún la experiencia de un gobierno
formado por esos hombres —experiencia que ha sido necesaria tanto en Rusia como
en Alemania para que los obreros pasaran en masa al comunismo—, se deduce de
modo indudable que los comunistas ingleses deben
participar en el parlamentarismo: deben ayudar a las masas obreras, desde dentro del Parlamento, a ver en la
práctica los resultados del gobierno de los Henderson y los Snowden; deben
ayudar a los Henderson y los Snowden a vencer a la coalición de Lloyd George y
Churchill. Proceder de otro modo significa dificultar la obra de la revolución,
pues si no se produce un cambio en el modo de pensar de la mayoría de la clase
obrera, la revolución será imposible. Y ese cambio se consigue con la
experiencia política de las masas, nunca con la propaganda sola. La consigna de
"¡Adelante, sin compromisos, sin desviarse del camino!" es errónea a
todas luces, si quien habla así es una minoría de obreros, impotente a ciencia
cierta, que sabe (o, por lo menos, debe saber) que dentro de poco tiempo, si
Henderson y Snowden triunfan sobre Lloyd George y Churchill, la mayoría perderá
la fe en sus jefes y apoyará al comunismo (o, en todo caso, adoptará una
actitud de neutralidad y, en su mayor parte, de neutralidad benévola respecto a
los comunistas). Es lo mismo que si diez mil soldados se lanzaran al combate
contra cincuenta mil enemigos en el momento en que es necesario
"detenerse", "desviarse del camino" y hasta concertar un
"compromiso", con tal de esperar la llegada de un refuerzo prometido
de cien mil hombres, que no pueden entrar en acción inmediatamente. Es una
puerilidad propia de intelectuales y no una táctica seria de la clase
revolucionaria.
La ley fundamental de la revolución, confirmada por todas las
revoluciones, y en particular por las tres revoluciones rusas del siglo XX,
consiste en lo siguiente: para la revolución no basta con que las masas
explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo
como viven y exijan cambios; para la revolución es necesario que los
explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como viven y gobiernan.
Sólo cuando "los de abajo" no
quieren y "los de arriba" no
pueden seguir viviendo a la antigua, sólo entonces puede triunfar la revolución. Dicho de otro modo, esta
verdad se expresa con las siguientes palabras: la revolución es imposible sin
una crisis nacional general (que afecte a explotados y explotadores). Por
consiguiente, para que estalle la revolución es necesario, en primer término,
conseguir que la mayoría de los obreros (o, en todo caso, la mayoría de los
obreros conscientes, reflexivos y políticamente activos) comprenda a fondo la
necesidad de la revolución y esté dispuesta a sacrificar la vida por ella; en
segundo lugar, es preciso que las clases dirigentes sufran una crisis
gubernamental que arrastre a la política hasta a las masas más atrasadas (el
síntoma de toda revolución verdadera es la decuplicación o incluso la
centuplicación del número de personas aptas para la lucha política
pertenecientes a la masa trabajadora y oprimida, antes apática), que reduzca a
la impotencia al gobierno y haga posible su rápido derrocamiento por los
revolucionarios.
31
En Inglaterra, y justamente
el discurso de Lloyd George lo demuestra, entre otras cosas, se desarrollan a
ojos vistas las dos condiciones de una revolución proletaria victoriosa. Y los
errores de los comunistas de izquierda representan un peligro singular en la
actualidad precisamente porque en algunos revolucionarios se observa una
actitud poco perspicaz, poco atenta, poco consciente y poco reflexiva ante cada
uno de estos factores. Si somos el partido de
la clase revolucionaria, y no un grupo revolucionario; si queremos
arrastrar a las masas (sin lo cual
corremos el riesgo de no pasar de simples charlatanes), debemos: primero,
ayudar a Henderson o a Snowden a vencer a Lloyd George y a Churchill (más
exactamente: debemos obligar a los primeros a vencer a los segundos, ¡pues los
primeros temen su propia victoria!);
segundo, ayudar a la mayoría de la clase obrera a convencerse por propia
experiencia de la razón que nos asiste, es decir, de la inutilidad completa de
los Henderson y los Snowden, de su naturaleza pequeñoburguesa, de su perfidia y
de la ineluctabilidad de su bancarrota; tercero, acercar el momento en que, sobre la base de la desilusión producida
por los
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Henderson en la mayoría de
los obreros, se pueda derribar de un golpe, con serias probabilidades de éxito,
el gobierno de los Henderson; un gobierno que se desconcertará más aún, puesto
que incluso Lloyd George, político inteligentísimo y serio, no pequeñoburgués,
sino gran burgués, se desconcierta también por completo y se debilita cada día
más (con toda la burguesía), ayer a causa de sus "roces" con
Churchill, y hoy a causa de sus "roces" con Asquith.
Hablaré de un modo más
concreto. Los comunistas ingleses deben, a mi juicio, unificar sus cuatro
partidos y grupos (todos muy débiles y algunos extraordinariamente débiles) en
un Partido Comunista único, sobre la base de los principios de la III Internacional
y de la participación obligatoria en
el Parlamento. El Partido Comunista propone a los Henderson y a los Snowden un
"compromiso", un acuerdo electoral: marchemos juntos contra la
coalición de Lloyd George y los conservadores, repartámonos los escaños en el
Parlamento según el número de votos dados por los obreros al Partido Laborista
o a los comunistas (no en las elecciones, sino en una votación especial),
conservemos la libertad más completa
de agitación, de propaganda y de acción política. Sin esta última condición es
imposible, naturalmente, aceptar el bloque, pues eso sería una traición. Los
comunistas ingleses deben defender y salvaguardar su más completa libertad de
desenmascarar a los Henderson y los Snowden, de la misma manera que la
defendieron y salvaguardaron (durante
quince años, de 1903 a 1917) los bolcheviques rusos con respecto a los
Henderson y los Snowden de Rusia, esto es, los mencheviques.
Si los Henderson y los
Snowden aceptan el bloque en estas condiciones, saldremos ganando, pues lo que
nos importa no es, en modo alguno, el número de puestos en el Parlamento. No es
eso lo que perseguimos. En este punto seremos transigentes (mientras que los
Henderson y, sobre todo, sus nuevos amigos —o sus nuevos dueños—, los liberales
que han ingresado en el Partido Laborista Independiente, corren más que nada
tras las actas de diputados). Habremos ganado porque llevaremos nuestra agitación a las masas en un momento en que las habrá "irritado" el propio Lloyd George, y ayudaremos no
sólo al Partido Laborista a formar más de prisa su gobierno, sino también a las
masas a comprender con mayor rapidez toda nuestra propaganda comunista, que
realizaremos contra los Henderson sin ninguna limitación y sin silenciar nada.
Si los Henderson y los
Snowden rechazan el bloque con nosotros en estas condiciones, ganaremos todavía
más, pues habremos mostrado en el acto a
las masas (téngase en cuenta que incluso en el seno del Partido Laborista
Independiente, puramente menchevique, plenamente oportunista, las masas son partidarias de los
Soviets) que los Henderson prefieren su
intimidad con los capitalistas a la unión de todos los obreros. Ganaremos en el
acto ante las masas, las cuales,
sobre todo después de las explicaciones brillantísimas, acertadas y útiles en
extremo (para el comunismo) dadas por Lloyd George, simpatizarán con la idea de
unir a todos los obreros contra la coalición de Lloyd George con los
conservadores. Ganaremos desde el primer momento, pues demostraremos a las
masas que los Henderson y los Snowden temen vencer a Lloyd George, temen tomar
el poder solos y aspiran a lograr en
secreto el apoyo de Lloyd George, el cual tiende abiertamente la mano a los conservadores contra el Partido Laborista. Debe advertirse que en Rusia, después
de la revolución del 27 de febrero de 1917 (viejo calendario), el éxito de la
propaganda de los bolcheviques contra los mencheviques y los eserístas (es
decir, los Henderson y los Snowden rusos) se debió precisamente a las mismas
circunstancias. Dijimos a los mencheviques y a los eseristas: tomad todo el
poder sin la burguesía, puesto que estáis en mayoría en los Soviets (en el I
Congreso de los Soviets de toda Rusia, celebrado en junio de 1917, los
bolcheviques no tuvieron más que un 13% de los votos). Pero los Henderson y los
Snowden rusos tenían miedo de tomar el poder sin la burguesía, y cuando ésta
aplazaba las elecciones a la Asamblea Constituyente porque sabía muy bien que
los eseristas y los mencheviques lograrían la
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
mayoría* (unos y otros
formaban un bloque político muy estrecho, representaban en la práctica a una sola democracia pequeñoburguesa),
los eseristas y los mencheviques fueron impotentes para luchar con energía y
hasta el fin contra tales aplazamientos.
* Las elecciones (le noviembre de 1917 a la Asamblea Constituyente
en Rusia, según datos que comprenden a más de 36 millones de electores, dieron
un 25% de los votos a los bolcheviques, un 13% a los distintos partidos de los
terratenientes y de la burguesía y el 62% a la democracia pequeñoburguesa, es
decir, a los eseristas y los mencheviques junto con los pequeños grupos afines
a ellos.
32
En caso de que los Henderson
y los Snowden se negasen a formar un bloque con los comunistas, éstos saldrían
ganando en el acto, pues conquistarían la simpatía de las masas, mientras que
los Henderson y los Snowden se desacreditarían. Poco nos importaría entonces
perder, a causa de ello, algunos puestos en el Parlamento. Presentaríamos
candidatos sólo en un ínfimo número de circunscripciones absolutamente seguras,
es decir, donde esto no diera la victoria a un liberal contra un laborista.
Haríamos nuestra campaña electoral distribuyendo hojas a favor del comunismo e
invitando a votar por el laborista contra
el burgués en todas las
circunscripciones en que no presentáramos candidato propio. Se equivocan los camaradas Silvia
Pankhurst y Gallacher si ven en esto una traición al comunismo o una renuncia a
la lucha contra los socialtraidores. Por el contrario, es indudable que con
ello saldría ganando la causa de la revolución comunista.
A los comunistas ingleses
les es hoy difícil muy a menudo incluso acercarse a las masas, incluso hacerse
escuchar. Pero si yo me presento como comunista y, al mismo tiempo, invito a
votar por Henderson contra Lloyd George, seguramente se me escuchará. Y podré
explicar en un lenguaje sencillo no sólo por qué los Soviets son mejores que el
Parlamento, y la dictadura del proletariado mejor que la dictadura de Churchill
(cubierta con el rótulo de "democracia" burguesa), sino también que
yo querría sostener a Henderson con mi voto del mismo modo que la soga sostiene
al ahorcado; que el acercamiento de los Henderson a un gobierno formado por
ellos probará asimismo mi razón, atraerá a las masas a mi lado y acelerará la
muerte política de los Henderson y los Snowden, igual que ha sucedido con sus
correligionarios en Rusia y en Alemania.
Y si se me objeta que esta
táctica es demasiado "astuta" o complicada, que las masas no la
comprenderán, que dispersará y disgregará nuestras fuerzas impidiendo
concentrarlas en la revolución soviética, etc., responderé a mis contradictores
"de izquierda": ¡no atribuyáis a las masas vuestro propio
doctrinarismo! Es seguro que las masas no son en Rusia más cultas, sino, por el
contrario, menos cultas que en Inglaterra. Y, sin embargo, comprendieron a los
bolcheviques; y a éstos, lejos de perjudicarles, les favoreció el hecho de que en vísperas de la revolución soviética,
en septiembre de 1917, confeccionaran listas de candidatos suyos al Parlamento
burgués (a la Asamblea Constituyente) y de que al día siguiente de la revolución soviética, en noviembre de 1917,
tomaran parte en las elecciones a esa misma Constituyente, que habrían de
disolver el 5 de enero de 1918.
No puedo examinar con
detenimiento la segunda divergencia entre los comunistas ingleses, consistente
en si deben o no ingresar en el Partido Laborista. Son demasiado pocos los
datos de que dispongo acerca de esta cuestión, sumamente compleja dada la extraordinaria
originalidad del Partido Laborista británico, muy diferente, por su estructura,
de los partidos políticos habituales del continente europeo. Pero es indudable,
primero, que comete también inevitablemente un error quien deduce la táctica
del proletariado revolucionario de principios como éste: "El Partido
Comunista debe conservar pura su doctrina e inmaculada su independencia frente
al reformismo; su misión es mostrar el camino, sin detenerse ni desviarse de
él, avanzar en línea recta hacia la revolución comunista". Porque
semejantes principios no hacen más que repetir el error de los blanquistas
franceses de la Comuna, que en 1874 proclamaban "la negación" de todo
compromiso y de toda etapa intermedia. Segundo, es indudable que, en este
terreno, la tarea consiste, como siempre, en saber aplicar los principios
generales y fundamentales del comunismo a
las peculiaridades de las
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
relaciones entre las clases
y los partidos, a las peculiaridades
propias de cada país en el desarrollo objetivo hacia el comunismo y que es
preciso saber estudiar, descubrir y adivinar.
Pero hay que hablar de esto
en relación no sólo con el comunismo inglés, sino también con las conclusiones
generales, que se refieren al desenvolvimiento del comunismo en todos los
países capitalistas. Tal es el tema que vamos a abordar ahora.
X. Algunas
conclusiones.
La revolución burguesa de
1905 en Rusia reveló un viraje extraordinariamente original de la historia
universal: el movimiento huelguístico alcanzó, por primera vez en el mundo, una
fuerza y amplitud inusitadas en uno de los países capitalistas más atrasados. Sólo en el mes de enero de 1905, el
número de huelguistas rebasó en diez veces el promedio anual de la década
precedente (1895-1904); y de enero a octubre de 1905, las huelgas aumentaron
sin cesar y en proporciones colosales. En virtud de diversas condiciones
históricas originales por completo, la Rusia atrasada dio al mundo el primer
ejemplo no sólo de un brusco salto, en época de revolución, de la actividad
espontánea de las masas oprimidas (cosa que ocurrió en todas las grandes
revoluciones), sino también de una importancia del proletariado infinitamente
superior a su porcentaje entre la población; mostró por vez primera la
combinación de la huelga económica y la huelga política, con la transformación
de esta última en insurrección armada, así como el nacimiento de una nueva
forma de lucha de masas y de organización masiva de las clases oprimidas por el
capitalismo: los Soviets.
33
Las revoluciones de febrero
y octubre de 1917 condujeron al desarrollo multilateral de los Soviets en todo
el país y, luego, a su victoria en la revolución proletaria, socialista. Y
menos de dos años después se manifestaron el carácter internacional de los
Soviets, la extensión de esta forma de lucha y de organización al movimiento
obrero mundial, el destino histórico de los Soviets de ser los sepultureros,
herederos y sucesores del parlamentarismo burgués, de la democracia burguesa en
general.
Es más: la historia del
movimiento obrero muestra hoy que éste está llamado a pasar en todos los países
(y ha comenzado ya a pasar) por un período de lucha del comunismo naciente,
cada día más fuerte y que avanza hacia la victoria, ante todo y sobre todo
contra el "menchevismo" propio
(en cada país), es decir, contra el oportunismo y el socialchovinismo y, de
otra parte, como complemento, por decirlo así, contra el comunismo "de
izquierda". La primera de estas luchas se ha entablado en todos los
países, al parecer sin excepción alguna, como una lucha entre la II
Internacional (hoy prácticamente muerta) y la III. La segunda lucha se observa
en Alemania, en Inglaterra, en Italia, en los Estados Unidos (donde una parte, al menos, de los Obreros
Industriales del Mundo y de las tendencias anarcosindicalistas sostiene los
errores del comunismo de izquierda, al mismo tiempo que casi todos reconocen,
poco menos que de manera incondicional, el sistema soviético) y en Francia
(actitud de una parte de los exsindicalistas ante el partido político y el
parlamentarismo, paralelamente también al reconocimiento del sistema de los
Soviets); es decir, se observa, sin duda, a escala no sólo internacional, sino
universal.
Pero aunque la escuela
preparatoria que conduce al movimiento obrero a la victoria sobre la burguesía
sea, en el fondo, análoga en todas partes, el desarrollo de este movimiento
transcurre en cada país de un modo
original. Los grandes países capitalistas adelantados avanzan por ese
camino mucho más rápidamente que el
bolchevismo, al cual concedió la historia un plazo de quince años para
prepararse, como tendencia política organizada, con vistas a conquistar la
victoria. En un plazo tan breve como es un año, la III Internacional ha
alcanzado ya un triunfo decisivo al derrotar a la II Internacional, la
Internacional amarilla, socialchovinista, que hace unos meses era
incomparablemente más fuerte que la III, parecía
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
sólida y poderosa y gozaba
del apoyo de la burguesía mundial en todas las formas, directas e indirectas,
materiales (lucrativos puestos ministeriales, pasaportes, premia) e
ideológicas.
El quid de la cuestión está
ahora en que los comunistas de cada país tengan en cuenta con plena conciencia
tanto las tareas fundamentales, de principio, de la lucha contra el oportunismo
y el doctrinarismo "izquierdista" como las peculiaridades concretas que esta lucha adquiere y debe
adquirir sin falta en cada país, de conformidad con los rasgos originales de su
economía, de su política, de su cultura, de su composición nacional (Irlanda,
etc.), de sus colonias, de la diversidad de religiones, etc., etc. En todas
partes se percibe, se amplía y crece el descontento con la II Internacional por
su oportunismo y su torpeza o incapacidad para crear un organismo realmente
centralizado y dirigente, que sepa orientar la táctica internacional del
proletariado revolucionario en su lucha por la república soviética universal.
Debe comprenderse con claridad que dicho centro dirigente no puede formarse en
modo alguno ateniéndose a normas tácticas de lucha estereotipadas, igualadas
mecánicamente o identificadas. Mientras existan diferencias nacionales y
estatales entre los pueblos y los países —y estas diferencias subsistirán
incluso mucho después de instaurarse la dictadura del proletariado a escala
universal—, la unidad de la táctica internacional del movimiento obrero comunista
de todos los países no exigirá la supresión de la variedad ni de las
peculiaridades nacionales (lo cual es, en la actualidad, un sueño absurdo),
sino una aplicación tal de los principios fundamentales
del comunismo (Poder soviético y dictadura del proletariado) que modifique correctamente estos principios
en sus detalles, que los adapte y los
aplique con acierto a las diferencias nacionales y nacional-estatales.
Investigar, estudiar, descubrir, adivinar, captar lo que hay de particular y de
específico, desde el punto de vista nacional, en la manera en que cada país
enfoca concretamente la solución de
un problema internacional común —el
triunfo sobre el oportunismo y el doctrinarismo de izquierda en el seno del
movimiento obrero, el derrocamiento de la burguesía, la proclamación de la
República Soviética y la instauración de la dictadura proletaria— es la tarea
principal del período histórico que están viviendo todos los países adelantados
(y no sólo los adelantados). Se ha hecho ya lo principal —está claro que no
todo, ni mucho menos, pero sí lo principal— para ganarse a la vanguardia de la
clase obrera, para ponerla al lado del Poder soviético contra el
parlamentarismo, al lado de la dictadura del proletariado contra la democracia
burguesa. Ahora hay que concentrar todas las fuerzas y toda la atención en el
paso siguiente, que parece ser —y,
desde cierto punto de vista, lo es, en efecto— menos fundamental, pero que, en
cambio, está prácticamente más cerca de la solución efectiva del problema, a
saber: buscar las formas de pasar a
la revolución proletaria o de abordarla.
34
La vanguardia proletaria ha
sido conquistada ideológicamente. Esto es lo principal. Sin ello es imposible
dar ni siquiera el primer paso hacia la victoria. Pero eso está aún bastante
lejos de la victoria. Con la vanguardia sola es imposible triunfar. Lanzar sola
a la vanguardia a la batalla decisiva cuando toda la clase, cuando las grandes
masas no han adoptado todavía una posición de apoyo directo a esta vanguardia
(o, al menos, de neutralidad benévola con respecto a ella) y no son incapaces
por completo de apoyar al adversario, sería no sólo una estupidez, sino,
además, un crimen. Y para que realmente toda la clase, para que realmente las
grandes masas de trabajadores y oprimidos por el capital lleguen a adoptar esa
posición, la propaganda y la agitación son insuficientes por sí solas. Para
ello es imprescindible la propia experiencia política de las masas. Tal es la
ley fundamental de todas las grandes revoluciones, confirmada hoy con fuerza y
realce sorprendentes tanto por Rusia como por Alemania. Para que las masas
incultas, en muchos casos analfabetas, de Rusia, y las masas de Alemania, muy
cultas, sin un solo analfabeto, se orientaran resueltamente hacia el comunismo,
necesitaron sentir en su propia carne toda la impotencia, toda la
pusilanimidad, toda la flaqueza, todo el servilismo ante la burguesía, toda la
infamia del gobierno de los caballeros de la II Internacional y toda la
ineluctabilidad de la dictadura de los ultrarreaccionarios (Kornílov en
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Rusia56, Kapp y Cía. en Alemania57)
como única alternativa frente a la dictadura del proletariado.
La tarea inmediata de la
vanguardia consciente del movimiento obrero internacional, es decir, de los
partidos, grupos y tendencias comunistas, consiste en saber llevar a las grandes masas (hoy todavía,
en la mayoría de los casos, adormecidas, apáticas, rutinarias, inertes, sin
despertar) a esta nueva posición suya, o, mejor dicho, en saber dirigir no sólo su propio partido, sino también
a estas masas en el transcurso de su acercamiento y de su paso a esa nueva
posición. Si la primera tarea histórica (ganar para el Poder soviético y para
la dictadura de la clase obrera a la vanguardia consciente del proletariado) no
podía ser cumplida sin la victoria ideológica y política completa sobre el
oportunismo y el socialchovinismo, la segunda tarea (que pasa ahora a ser
inmediata y que consiste en saber llevar a
las masas a esa nueva posición, capaz de asegurar el triunfo de la
vanguardia en la revolución) no puede ser cumplida sin acabar con el
doctrinarismo de izquierda, sin corregir por completo sus errores y desembarazarse
de ellos.
Mientras se trate (y en la
medida en que se trata aún ahora) de ganar para la causa del comunismo a la
vanguardia del proletariado, la propaganda debe ocupar el primer lugar; incluso
los círculos, con todos sus defectos, son útiles en este caso y dan resultados
fecundos. Pero cuando se trata de la acción práctica de las masas, de dislocar
—si se nos permite expresarnos así— a ejércitos de millones de hombres, de
disponer todas las fuerzas de clase
de una sociedad determinada para la lucha
final y decisiva, no se logrará nada sólo con los hábitos de propagandista,
con la simple repetición de las verdades del comunismo "puro". Porque
en este caso no se debe contar por miles, como hace en esencia el
propagandista, miembro de un grupo reducido y que no ha dirigido todavía masas,
sino por millones y decenas de millones. En este caso hay que preguntarse no
sólo si hemos convencido a la vanguardia de la clase revolucionaria, sino
también si están dislocadas las fuerzas activas, desde el punto de vista histórico,
de todas las clases de la sociedad
dada, obligatoriamente de todas sin excepción, de tal manera que la batalla
decisiva se halle por completo en sazón, de tal manera que 1) todas las fuerzas
de clase que nos son adversas estén suficientemente desconcertadas, suficientemente
enfrentadas entre sí, suficientemente debilitadas por una lucha superior a sus
fuerzas; que 2) todos los elementos vacilantes, versátiles, inconsistentes,
intermedios, es decir, la pequeña burguesía, la democracia pequeñoburguesa, que
se diferencia de la burguesía, se hayan desenmascarado suficientemente ante el
pueblo, se hayan cubierto suficientemente de oprobio por su bancarrota en la
actividad práctica; que 3) en las masas proletarias empiece a aparecer y a
extenderse con poderoso impulso el afán de apoyar las acciones revolucionarias
más enérgicas, más audaces y abnegadas contra la burguesía. Entonces estará
madura la revolución, entonces estará asegurada nuestra victoria, si hemos
sabido tener en cuenta todas las condiciones brevemente esbozadas más arriba y
hemos elegido con acierto el momento.
Las divergencias, de una
parte, entre los Churchill y los Lloyd George —tipos políticos que existen en todos los países, con ínfimas
diferencias nacionales— y, de otra, entre los
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56
Lenin
alude a la sublevación contrarrevolucionaria de la burguesía y los
terratenientes en agosto de 1917, encabezada por el general zarista Kornílov, a
la sazón jefe supremo del ejército ruso. Los conspiradores se proponían tomar
Petrogrado, aniquilar el Partido Bolchevique, disolver los Soviets, implantar
en el país una dictadura militar y preparar la restauración de la monarquía. La
sublevación, que comenzó el 25 de agosto (7 de septiembre), fue sofocada por
los obreros y los campesinos, bajo la dirección de los bolcheviques.
57 Lenin se refiere al golpe de Estado militar monárquico, conocido
con la denominación de "putsch de Kapp", que dieron los militaristas
reaccionarios alemanes en marzo de 1920. Lo organizaron los monárquicos -el
latifundista Kapp y los generales Ludendorff, Seeckt y Lüttwitz- con la
connivencia manifiesta del gobierno socialdemócrata. El 13 de marzo, los
generales sediciosos lanzaron sobre Berlín unidades militares y, sin encontrar
la menor resistencia por parte del gobierno, implantaron una dictadura militar.
Los obreros de Alemania respondieron al golpe de Estado con la huelga general.
El Gobierno Kapp cayó bajo el embate del proletariado el 17 de marzo, volviendo
al poder los socialdemócratas de derecha.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Henderson y los Lloyd George
no tienen la menor importancia y son insignificantes desde el punto de vista
del comunismo puro, esto es, abstracto, incapaz aún de acciones políticas
prácticas, de masas. Pero desde el punto de vista de esta acción práctica de
masas, dichas diferencias son de una importancia extraordinaria. Saber tenerlas
en cuenta, saber determinar el momento en que han madurado por completo los
conflictos inevitables entre esos "amigos" —conflictos que debilitan
y extenúan a todos los "amigos",
tomados en conjunto— es obra, es misión del comunista que desee ser no sólo
un propagandista consciente,
convencido y preparado en el aspecto ideológico, sino también un dirigente
práctico de las masas en la
revolución.
35
Es necesario unir la fidelidad más absoluta a las ideas
comunistas con el arte de admitir todos los imprescindibles compromisos
prácticos, maniobras, acuerdos, zigzags, repliegues, etc., para acelerar la
existencia y la caducidad del poder político de los Henderson (de los
"héroes" de la II Internacional, por no citar nombres de estos
representantes de la democracia pequeñoburguesa que se llaman socialistas);
para acelerar su bancarrota inevitable en la práctica, que instruirá a las
masas precisamente en nuestro espíritu y las orientará precisamente hacia el
comunismo; para acelerar los roces, las disputas, los conflictos y el divorcio
total, inevitables entre los Henderson, los Lloyd George y los Churchill (entre
los mencheviques y los eseristas, los democonstitucionalistas y los
monárquicos; entre los Scheidemann, la burguesía y los adeptos de Kapp, etc.),
y para elegir con acierto el momento de máxima disensión entre todos esos
"pilares de la sacrosanta propiedad privada", a fin de derrotarlos
hasta el último y conquistar el poder político mediante una ofensiva resuelta
del proletariado.
La historia en general, y la
de las revoluciones en particular, es siempre más rica de contenido, más
variada de formas y aspectos, más viva y más "astuta" de lo que se
imaginan los mejores partidos, las vanguardias más conscientes de las clases
más avanzadas. Y esto es comprensible, pues las mejores vanguardias expresan la
conciencia, la voluntad, la pasión y la fantasía de decenas de miles de
hombres, mientras que la revolución la hacen, en momentos de entusiasmo y de
tensión especiales de todas las facultades humanas, la conciencia, la voluntad,
la pasión y la fantasía de decenas de millones de hombres aguijoneados por la
más enconada lucha de clases. De ahí se deducen dos conclusiones prácticas muy
importantes: primera, que la clase revolucionaria, para cumplir su misión, debe
saber utilizar todas las formas o
aspectos, sin la más mínima excepción, de la actividad social (terminando
después de conquistar el poder político, a veces con gran riesgo e inmenso
peligro, lo que no ha terminado antes de esa conquista); segunda, que la clase
revolucionaria debe estar preparada para sustituir una forma con otra del modo
más rápido e inesperado.
Todos convendrán en que
sería insensata y hasta criminal la conducta de un ejército que no se
dispusiera a dominar todos los tipos de armas, todos los medios y
procedimientos de lucha que posea o pueda poseer el enemigo. Pero esta verdad
es más aplicable todavía a la política que al arte militar. En política es
menos fácil aún saber de antemano qué método de lucha será aplicable y
ventajoso para nosotros en tales o cuales circunstancias futuras. Sin dominar
todos los medios de lucha podremos sufrir una derrota tremenda —a veces
decisiva— si cambios, independientes de nuestra voluntad, en la situación de
las otras clases ponen a la orden del día una forma de acción en la que somos
particularmente débiles. Si dominamos todos los medios de lucha, nuestra victoria
será segura, puesto que representamos los intereses de la clase verdaderamente
avanzada, verdaderamente revolucionaria, aun en el caso de que las
circunstancias nos impidan hacer uso del arma más peligrosa para el enemigo,
del arma capaz de asestarle golpes mortales con la mayor rapidez. Los
revolucionarios sin experiencia se imaginan a menudo que los medios legales de
lucha son oportunistas, pues la burguesía engañaba y embaucaba a los obreros
con frecuencia singular en este terreno (sobre todo en los períodos
"pacíficos", no revolucionarios), y que los medios ilegales son
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
revolucionarios. Mas eso no es justo. Es cierto que son
oportunistas y traidores a la clase obrera los partidos y jefes que no saben o
no quieren (no digáis "no puedo", sino "no quiero") emplear
medios ilegales de lucha en una situación, por ejemplo, como la guerra
imperialista de 1914-1918, cuando la burguesía de los países democráticos más
libres engañaba a los obreros con un cinismo y una ferocidad jamás vistos,
prohibiendo que se dijese la verdad acerca del carácter expoliador de la
conflagración. Pero los revolucionarios que no saben combinar las formas
ilegales de lucha con todas las
formas legales son malísimos revolucionarios. No es difícil ser revolucionario
cuando la revolución ha estallado ya y se encuentra en su apogeo, cuando todos
se adhieren a la revolución por simple entusiasmo, por estar de moda y, a
veces, incluso por interés personal de hacer carrera. Al proletariado le cuesta
mucho, le causa duras penalidades, le origina verdaderos tormentos
"deshacerse", después de su triunfo, de esos malhadados
"revolucionarios". Es muchísimo más difícil —y muchísimo más
meritorio— saber ser revolucionario cuando todavía
no se dan las condiciones necesarias para la lucha directa, franca,
auténticamente de masas, auténticamente revolucionaria; saber defender los
intereses de la revolución (por medio de la propaganda, la agitación y la
organización) en instituciones no revolucionarias y a menudo sencillamente
reaccionarias, en una situación no revolucionaria, entre unas masas incapaces
de comprender en el acto la necesidad de un método revolucionario de acción.
Saber percibir, encontrar y determinar con exactitud el rumbo concreto o el
viraje especial de los acontecimientos susceptibles
de conducir a las masas a la gran lucha revolucionaria, verdadera, final y
decisiva, es la tarea principal del comunismo contemporáneo en Europa
Occidental y en América.
36
Un ejemplo: Inglaterra. No
podemos saber —y nadie puede determinarlo de antemano— cuándo estallará allí la
verdadera revolución proletaria y cuál
será el motivo principal que despertará, enardecerá y lanzará a la lucha a
las grandes masas, hoy aún adormecidas. Por eso, estamos en el deber de
efectuar toda nuestra labor preparatoria de tal modo que tengamos herradas las
cuatro patas (según la expresión favorita del difunto Plejánov cuando era
marxista y revolucionario). Quizá sea una crisis parlamentaria la que
"abra el paso", la que "rompa el hielo"; quizá una crisis
derivada de las contradicciones coloniales e imperialistas irremediablemente
complicadas, cada vez más graves y exasperadas, o quizá otras causas. No
hablamos del tipo de lucha que decidirá
la suerte de la revolución proletaria en Inglaterra (esta cuestión no suscita
dudas en ningún comunista, pues para todos nosotros está firmemente decidida);
hablamos del motivo que pondrá en movimiento a las masas proletarias hoy
todavía adormecidas y las conducirá de lleno a la revolución. No olvidemos, por
ejemplo, que en la república burguesa de Francia (en una situación que es cien
veces menos revolucionaria que la actual desde el punto de vista tanto
internacional como interior) ¡bastó un motivo tan "inesperado" y
"fútil" como el asunto Dreyfus58 —una
de las mil hazañas deshonestas de los militaristas reaccionarios— para llevar
al pueblo al borde de la guerra civil!
Los comunistas de Inglaterra
deben utilizar constantemente, sin descanso ni vacilación, las elecciones
parlamentarias, todas las peripecias de la política irlandesa, colonial e
imperialista universal del gobierno británico y todos los demás campos, esferas
y aspectos de la vida
![]()
58 Asunto
Dreyfus: proceso
provocador urdido en 1894 por los monárquicos reaccionarios de la camarilla
militar de Francia contra Alfredo Dreyfus, oficial hebreo del Estado Mayor
General francés, acusado falsamente de espionaje y alta traición. Un consejo de
guerra condenó a Dreyfus a cadena perpetua. Los medios reaccionarios de Francia
aprovecharon la condena de Dreyfus, inspirada por los militaristas, para atizar
el antisemitismo y desplegar la ofensiva contra el régimen republicano y las
libertades democráticas. En 1898, cuando los socialistas y los demócratas
burgueses avanzados (entre los que figuraban Emilio Zola. Juan Jaurès y
Anatolio France) emprendieron una campaña en pro de la revisión de la causa, el
asunto Dreyfus adquirió un carácter político evidente y dividió el país en dos
campos: republicanos y demócratas, de un lado, y el bloque de monárquicos,
clericales, antisemitas y nacionalistas, de otro. Bajo la presión de la opinión
pública. Dreyfus fue indultado y puesto en libertad en 1899; pero sólo en 1906,
el Tribunal de Apelación le declaró inocente y lo reincorporó al ejército.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
social, actuando en ellos
con un espíritu nuevo, con un espíritu comunista, con el espíritu de la III
Internacional, y no de la II. No dispongo de tiempo ni de espacio para
describir aquí los procedimientos "rusos", "bolcheviques",
de participación en las elecciones y en la lucha parlamentarias; pero puedo
asegurar a los comunistas de los demás países que no se parecían en nada a las
campañas parlamentarias habituales en Europa Occidental. De aquí se saca a
menudo la siguiente conclusión: "Eso es así en vuestro país, en Rusia;
pero en el nuestro, el parlamentarismo es diferente". La conclusión es
falsa. Los comunistas, los partidarios de la III Internacional existen en todos
los países precisamente para transformar
por completo, en todos los ámbitos de la vida, la vieja labor socialista,
tradeunionista, sindicalista y parlamentaria en una labor nueva, comunista. En nuestras elecciones hemos visto también de
sobra rasgos puramente burgueses, rasgos de oportunismo, de practicismo vulgar
y de fraude capitalista. Los comunistas de Europa Occidental y de América deben
aprender a crear un parlamentarismo nuevo, desacostumbrado, no oportunista, sin
arribismo, Es preciso que el Partido Comunista lance sus consignas; que los
verdaderos proletarios, con ayuda de los pobres no organizados y oprimidos por
completo, repartan y distribuyan octavillas, recorran las viviendas de los
obreros, las chozas de los proletarios del campo y de los campesinos que viven
en las aldeas perdidas (por ventura, en Europa hay muchas menos que en Rusia, y
en Inglaterra apenas si existen); que penetren en las tabernas frecuentadas por
los hombres más sencillos, se infiltren en las asociaciones, sociedades y
reuniones fortuitas de la gente humilde; que hablen al pueblo con un lenguaje
sencillo (y no muy parlamentario), no corran por nada del mundo tras "un
puestecillo" en el Parlamento, sino que despierten en todas partes el
pensamiento, lleven tras de sí a las masas, cojan la palabra a la burguesía y
utilicen el mecanismo creado por ella, las elecciones convocadas por ella y sus
llamamientos a todo el pueblo; que den a conocer a este último el bolchevismo
como nunca habían tenido ocasión de hacerlo (bajo el dominio burgués) fuera del
período electoral (sin contar, como es lógico, los momentos de grandes huelgas,
cuando ese mismo mecanismo de
agitación popular funcionaba en nuestro país con mayor intensidad aún). Hacer
esto en Europa Occidental y en América es muy difícil, dificilísimo; pero puede
y debe hacerse, pues es imposible de todo punto cumplir las tareas del
comunismo sin trabajar. Y hay que esforzarse para resolver los problemas prácticos, cada vez más variados, cada
vez más ligados a todos los dominios de la vida social y que van arrebatando cada día más a la burguesía, uno tras otro, distintos
sectores y esferas de actividad.
En esa misma Inglaterra es
necesario también organizar de un modo nuevo (no socialista, sino comunista; no
reformista, sino revolucionario) la labor de propaganda, de agitación y de
organización en el ejército y entre las naciones oprimidas y carentes de plenos
derechos que forman parte de "su"
Estado (Irlanda, las colonias). Porque todos estos sectores de la vida social,
en la época del imperialismo en general y ahora, después de la guerra, que ha
atormentado a los pueblos y les ha abierto rápidamente los ojos, haciéndoles
ver la verdad (la verdad de que decenas de millones de hombres han muerto o han
quedado mutilados sólo para decidir quiénes habrían de saquear más países: los
bandidos ingleses o los bandidos alemanes); todos estos sectores de la vida social
se impregnan singularmente de materias inflamables y dan origen a muchísimas
causas de conflictos, de crisis y de exacerbación de la lucha de clases. No
sabemos, ni podemos saber, cuál de las incontables chispas que surgen ahora por
doquier en todos los países, bajo la influencia de la crisis económica y
política mundial, podrá provocar el incendio, es decir, despertar de una manera
especial a las masas. Por eso tenemos el deber de emprender con nuestros
principios nuevos, comunistas, "la utilización" de todos los campos,
cualesquiera que sean, hasta de los más viejos, vetustos y, en apariencia, más
estériles, pues, en caso contrario, no estaremos a la altura de nuestra misión,
nos faltará algo, no dominaremos todos los tipos de armas, no nos prepararemos
ni para vencer a la burguesía (la cual organizó todos los aspectos de la vida
social —y los ha desorganizado ahora— a la manera burguesa) ni para reorganizar
al estilo comunista toda la
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
vida una vez obtenida la
victoria. Después de la revolución proletaria en Rusia y de sus victorias a
escala internacional, inesperadas para la burguesía y los filisteos, el mundo
entero se ha transformado y la burguesía es también otra en todas partes. La
burguesía se siente asustada por el "bolchevismo" y está irritada con
él casi hasta la locura; y precisamente por eso acelera, de una parte, el
desarrollo de los acontecimientos y, de otra, centra la atención en reprimir
por la violencia el bolchevismo, debilitando con ello su propia posición en
otros muchos terrenos. Los comunistas de todos los países avanzados deben tener
en cuenta estas dos circunstancias al trazar su táctica.
37
Los democonstitucionalistas
rusos y Kerenski se pasaron de la raya cuando desencadenaron una furiosa
persecución contra los bolcheviques, sobre todo a partir de abril de 1917 y,
más aún, en junio y julio del mismo año. Los millones de ejemplares de los periódicos
burgueses, que gritaban en todos los tonos contra los bolcheviques, ayudaron a
que las masas valorasen el bolchevismo; y toda la vida social, además de la
prensa, se impregnó de discusiones sobre el bolchevismo gracias al
"celo" de la burguesía. Los millonarios de todos los países se
comportan hoy de tal modo a escala internacional que debemos estarles
agradecidos de todo corazón. Persiguen al bolchevismo con el mismo celo que lo
perseguían antes Kerenski y compañía y, como éstos, se pasan también de la raya
y nos ayudan igual que Kerenski.
Cuando la burguesía francesa hace del bolchevismo el punto central de la
campaña electoral, acusando de bolchevismo y denostando por ello a socialistas
relativamente moderados o vacilantes; cuando la burguesía norteamericana,
perdiendo por completo la cabeza, detiene a miles y miles de personas
sospechosas de bolchevismo y crea un ambiente de pánico propagando por doquier
noticias de conjuraciones bolcheviques; cuando la burguesía inglesa, la más
"seria" del mundo, con todo su talento y experiencia, comete
inverosímiles tonterías, funda riquísimas "sociedades de lucha contra el
bolchevismo", crea una literatura especial sobre éste y contrata, para
combatirlo, a un personal suplementario de sabios, agitadores y curas; cuando
se hace todo eso, debemos inclinarnos y dar las gracias a los señores
capitalistas. Trabajan para nosotros. Nos ayudan a interesar a las masas por la
naturaleza y la significación del bolchevismo. Y no pueden obrar de otro modo,
pues han fracasado ya en sus intentos
de "silenciar" el bolchevismo y de estrangularlo.
Pero, al mismo tiempo, la
burguesía ve en el bolchevismo casi exclusivamente uno de sus aspectos: la
insurrección, la violencia, el terror; por eso procura prepararse de un modo
especial para oponer resistencia y replicar en este terreno. Es posible que lo consiga en casos aislados, en
algunos países, en tales o cuales períodos breves; hay que contar con esa
posibilidad, que no tiene para nosotros nada de terrible. El comunismo
"brota" de todos los aspectos de la vida social sin excepción alguna,
sus gérmenes existen absolutamente en todas partes, "el contagio"
(dicho sea con la comparación preferida de la burguesía y de la policía
burguesa y la más "agradable" para ella) ha penetrado muy hondo en el
organismo y lo ha impregnado por completo. Si se "cierra" con celo
especial una de las salidas, "el contagio" encontrará otra, a veces,
la más inesperada. La vida acaba por imponerse. Que la burguesía se sobresalte,
se irrite hasta la locura; que se pase de la raya, haga tonterías, se vengue de
antemano de los bolcheviques y se esfuerce por aniquilar (en la India, en
Hungría, en Alemania, etc.) a centenares, a miles, a centenares de miles de
bolcheviques de ayer o de mañana: al obrar así, procede como lo han hecho todas
las clases condenadas por la historia a desaparecer. Los comunistas deben saber
que, en todo caso, el porvenir les pertenece. Y por eso podemos (y debemos)
unir la máxima pasión en la gran lucha revolucionaria con la apreciación más
fría y serena de las furiosas sacudidas de la burguesía. La revolución rusa fue
reprimida ferozmente en 1905; los bolcheviques rusos sufrieron una derrota en
julio de 1917; más de 15.000 comunistas alemanes fueron aniquilados por medio
de la artera provocación y las hábiles maniobras de Scheidemann y Noske,
aliados a la burguesía y a los generales monárquicos; en Finlandia y en Hungría
hace estragos el terror blanco. Pero, en todos los casos y en todos los países,
el comunismo se templa y crece; sus raíces son tan profundas
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
que las persecuciones no lo
debilitan, no lo extenúan, sino que lo refuerzan. Falta sólo una cosa para que
marchemos hacia la victoria con más firmeza y seguridad: que los comunistas de
todos los países comprendamos por doquier y hasta el fin que en nuestra táctica
debemos ser flexibles al máximo. Lo
que le falta hoy al comunismo, que se desarrolla magníficamente, sobre todo en
los países adelantados, es esa conciencia y la capacidad necesaria para
aplicarla en la práctica.
Podría (y debería) ser una
lección útil lo ocurrido con jefes de la II Internacional tan eruditos
marxistas y tan fieles al socialismo como Kautsky, Otto Bauer y otros.
Comprendían muy bien la necesidad de una táctica flexible, habían aprendido y
enseñaban a los demás la dialéctica de Marx (y mucho de lo que hicieron en este
terreno pervivirá por los siglos de los siglos como una valiosa adquisición de
la literatura socialista); pero al
aplicar esta dialéctica han incurrido en un error tan colosal o se han mostrado
en la práctica tan apartados de la
dialéctica, tan incapaces de tomar en consideración los vertiginosos cambios de
forma y la rapidez con que las viejas formas se llenan de un nuevo contenido,
que su suerte no es mucho más envidiable que la de Hyndman, Guesde y Plejánov.
La causa fundamental de su bancarrota consiste en que "han fijado la
mirada" en una forma determinada de crecimiento del movimiento obrero y
del socialismo, olvidando el carácter unilateral de esa forma; en que les ha
dado miedo ver la brusca ruptura, inevitable por las condiciones objetivas, y
han seguido repitiendo las verdades simples, aprendidas de memoria y a primera
vista indiscutibles: tres son más que dos. Pero la política se parece más al
álgebra que a la aritmética, y todavía más a las matemáticas superiores que a
las matemáticas elementales. En realidad, todas las formas antiguas del
movimiento socialista se han llenado de un nuevo contenido, por lo cual ha
aparecido delante de las cifras un signo nuevo, el signo "menos". Pero
nuestros sabios seguían (y siguen) tratando con tozudez de convencerse a sí
mismos y convencer a los demás de que "menos tres" es más que
"menos dos".
38
Debemos procurar que los comunistas no repitan el mismo error en
sentido contrario, o, mejor dicho, que ese
mismo error, cometido, aunque en su sentido contrario, por los comunistas
"de izquierda", sea corregido y subsanado con la mayor rapidez y con
el menor dolor posible para el organismo. No sólo el doctrinarismo de derecha
constituye un error: lo es también el doctrinarismo de izquierda. Por supuesto,
el error del doctrinarismo de izquierda en el comunismo es en la actualidad mil
veces menos peligroso y grave que el de derecha (es decir, el error del
socialchovinismo y del kautskismo); pero esto se debe únicamente a que el
comunismo de izquierda es una tendencia novísima que apenas acaba de nacer.
Sólo por eso, la enfermedad puede ser fácilmente vencida, en ciertas
condiciones, y es necesario emprender su tratamiento con la máxima energía.
Las viejas formas han
reventado, pues ha resultado que su nuevo contenido — antiproletario,
reaccionario— ha adquirido un desarrollo exorbitante. Desde el punto de vista
del desenvolvimiento del comunismo internacional, tenemos hoy un contenido tan
sólido, tan fuerte y tan potente de nuestra actividad (en pro del Poder de los
Soviets, en pro de la dictadura del proletariado) que puede y debe manifestarse en cualquier forma,
tanto vieja como nueva; que puede y debe regenerar, vencer y someter a todas
las formas, nuevas y antiguas, no para conciliarse con estas últimas, sino para
saber convertirlas todas, las nuevas y las viejas, en una arma de la victoria
completa y definitiva, decisiva e irreversible del comunismo.
Los comunistas deben
consagrar todos sus esfuerzos a orientar el movimiento obrero y el desarrollo
socialen general por el camino más recto y rápido hacia la victoria mundial del
Poder soviético y hacia la dictadura del proletariado. Es una verdad indiscutible.
Pero basta con dar un pequeño paso más allá —aunque parezca dado en la misma
dirección- para que esta verdad se transforme en un error. Basta con decir,
como hacen los comunistas de izquierda alemanes e ingleses, que no aceptamos
más que un camino, el camino recto, que
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
no admitimos las maniobras,
los acuerdos y los compromisos, para que eso sea un error que puede causar, y
ha causado ya en parte y sigue causando, los más graves perjuicios al
comunismo. El doctrinarismo de derecha se ha obstinado en no admitir más que las
formas viejas y ha fracasado en toda la línea por no haber observado el nuevo
contenido. El doctrinarismo de izquierda se obstina en rechazar en absoluto
determinadas formas viejas, sin ver que el nuevo contenido se abre paso a
través de todas y cada una de las formas y que nuestro deber de comunistas
consiste en dominarlas todas, en aprender a completar unas con otras y a
sustituir unas por otras con la máxima rapidez, en adaptar nuestra táctica a
todo cambio de este género, suscitado por una clase que no sea la nuestra o por
unos esfuerzos que no sean los nuestros.
La revolución universal, que
ha recibido un impulso tan poderoso y ha sido acelerada con tanta intensidad
por los horrores, las villanías y las abominaciones de la guerra imperialista
mundial, así como por la situación sin salida que ésta ha creado; esa revolución
se desarrolla en amplitud y profundidad con una rapidez tan extraordinaria, con
una riqueza tan magnífica de formas sucesivas, con una refutación práctica tan
edificante de todo doctrinarismo, que existen suficientes motivos para esperar
que el movimiento comunista internacional se curará rápidamente y por completo
de la enfermedad infantil del comunismo "de izquierda".
27-IV-1920.
Anexo.
En tanto que las editoriales
de nuestro país —que los imperialistas del mundo entero saquearon para vengarse
de la revolución proletaria y que continúan saqueando y bloqueando, a pesar de
todas las promesas hechas a sus obreros— organizaban la publicación de mi
folleto, se han recibido del extranjero datos complementarios. Sin aspirar, ni
mucho menos, a que mi folleto sea algo más que unas notas rápidas de un
publicista, abordaré brevemente algunos puntos.
I. La escisión de los
comunistas alemanes.
39
La escisión de los
comunistas en Alemania es un hecho. Los "izquierdistas" u
"oposición de principio" han constituido su "Partido Comunista
Obrero", a diferencia del "Partido Comunista". En Italia, por lo
visto, las cosas marchan también hacia la escisión. Digo "por lo
visto", pues dispongo sólo de dos nuevos números, el 7 y el 8, del
periódico izquierdista Il Soviet, en
los cuales se discute abiertamente la posibilidad y la necesidad de la escisión
y se habla asimismo de un congreso de
la fracción de los "abstencionistas" (o boicoteadores, es decir, los
enemigos de la participación en el Parlamento), que hasta ahora pertenece al
Partido Socialista Italiano.
Existe el peligro de que el
rompimiento con los "izquierdistas", antiparlamentarios (y, en parte
también, antipolíticos, adversarios del partido político y de la actuación en
los sindicatos), se convierta en un fenómeno internacional, a semejanza del
rompimiento con los "centristas" (o kautskíanos, longuetistas,
"independientes", etc.). Sea así. En fin de cuentas, la escisión es
preferible a la confusión, que impide el crecimiento ideológico, teórico y
revolucionario del partido y su madurez, así como su labor práctica unánime,
verdaderamente organizada, que prepare de verdad la dictadura del proletariado.
Que los "izquierdistas" se pongan a prueba de una manera práctica a
escala nacional e internacional, que intenten preparar (y, después, realizar)
la dictadura del proletariado sin un partido rigurosamente centralizado, dotado
de una disciplina férrea, sin saber dominar todas las
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
esferas, ramas y variedades
de la labor política y cultural. La experiencia práctica les enseñará con
rapidez.
Pero se deben hacer todos los esfuerzos necesarios para que la
escisión con los "izquierdistas" no dificulte —o dificulte lo menos
posible— la fusión en un solo partido, inevitable en un futuro próximo y
necesaria, de todos los participantes en el movimiento obrero que defienden
sincera y honradamente el Poder soviético y la dictadura del proletariado. Los
bolcheviques de Rusia tuvieron una suerte singular al disponer de quince años
para combatir de modo sistemático y hasta el fin tanto a los mencheviques (es
decir, los oportunistas y los "centristas") como a los
"izquierdistas" mucho antes de que empezara la lucha directa de masas
por la dictadura del proletariado. Ahora es forzoso hacer esta misma labor en
Europa y América "a marchas forzadas". Algunos individuos, sobre todo
fracasados pretendientes a jefes, pueden obstinarse durante largo tiempo en sus
errores (si carecen de disciplina proletaria y de "honradez consigo
mismos"); pero las masas obreras, cuando llegue el momento, se unirán con
facilidad y rapidez y unirán a todos los comunistas sinceros en un solo
partido, capaz de instaurar el régimen soviético y la dictadura del
proletariado*.
* En cuanto a la fusión ulterior de los comunistas "de
izquierda", de los antiparlamentarios, con los comunistasen general
señalaré, además, lo siguiente. Por lo que he podido conocer en los periódicos
de los comunistas "de izquierda" y de los comunistas en general de
Alemania, los primeros tienen la ventaja sobre los segundos de que saben
efectuar mejor la agitación entre las masas. Algo análogo he observado
repetidas veces —si bien en menores proporciones y en organizaciones locales aisladas,
y no en todo el país— en la historia del Partido Bolchevique. En 1907 y 1908,
por ejemplo, los bolcheviques "de izquierda" desplegaban a veces y en
algunos sitios con más éxito que nosotros su labor de agitación entre las
masas. Esto se explica, en parte, porque es más fácil abordar a las masas con
la táctica de la "simple" negación en una situación revolucionaria o
cuando están frescos aún los recuerdos de la revolución. Sin embargo, eso está
lejos de ser un argumento que justifique semejante táctica. En todo caso, no ofrece
la menor duda que un Partido
Comunista que quiera ser de verdad la vanguardia, el destacamento avanzado de la clase revolucionaria, del
proletariado, y que desee, además, aprender a dirigir a las grandes masas no sólo proletarias, sino también no proletarias, a las masas trabajadoras
y explotadas, está obligado a saber organizar y hacer propaganda y agitación
del modo más accesible, comprensible, claro y vivo tanto para "la
callo" urbana; fabril, como para la aldea
II. Los comunistas y
los independientes en alemania.
En el folleto he expresado
la opinión de que el compromiso entre los comunistas y el ala izquierda de los
independientes es necesario y provechoso para el comunismo, pero que no será
fácil conseguirlo. Los números de los periódicos que he recibido con posterioridad
confirman ambas cosas. En el núm. 32 del periódico Bandera Roja, órgano del CC del Partido Comunista de Alemania (Die Rote Fahne59, Zentralorgan der Kommunistischen Partei
Deutschlands, Spartakusbund, del 26 de marzo de 1920), se publica una
"declaración" de dicho CC
sobre el "putsch" militar (complot, aventura) de Kapp-Lüttwitz y
acerca del "gobierno socialista". Esta declaración es absolutamente
justa desde el punto de vista de la premisa fundamental y desde el de la
conclusión práctica. La premisa fundamental consiste en que, en el momento
actual, no existe "base objetiva" para la dictadura del proletariado
por cuanto "la mayoría de los obreros urbanos" apoya a los
independientes. Conclusión: promesa de "oposición leal" al gobierno
"socialista" (es decir, negativa a preparar su "derrocamiento
violento") "si se excluye a los partidos
burgueses-capitalistas".
La táctica es justa, sin
duda, en lo fundamental. Pero si bien no es necesario detenerse en pequeñas
inexactitudes de fórmula, es imposible, empero, silenciar que no se puede
llamar "socialista" (en una declaración oficial del Partido Comunista)
a un gobierno de socialtraidores; que no se puede hablar de exclusión de
"los partidos burgueses -capitalistas", cuando los partidos de los
Scheidemann y de los señores Kautsky y Crispien son democráticos
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59 Die
Rote Fahne
("Bandera Roja"): periódico fundado por Carlos Liebknecht y Rosa
Luxemburgo como órgano central de la Liga Espartaco; más tarde fue órgano
central del Partido Comunista de Alemania. Se publicó desde 1918 hasta 1939.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
pequeñoburgueses; que no se
puede escribir cosas como el párrafo cuarto de la declaración, que proclama:
40
"... Para que el
comunismo siga ganando a las masas proletarias, tiene magna importancia, desde
el punto de vista del desarrollo de la dictadura del proletariado, una
situación en la que la libertad política pueda ser utilizada de modo ilimitado
y la democracia burguesa no pueda actuar como dictadura del capital...”
Semejante situación es
imposible. Los jefes pequeñoburgueses, los Henderson (Scheidemann) y los
Snowden (Crispien) alemanes, no rebasan ni pueden rebasar los límites de la
democracia burguesa, que, a su vez, no puede dejar de ser la dictadura del
capital. Desde el punto de vista de los resultados prácticos que se había
propuesto con todo acierto el CC del Partido Comunista, no debían haber sido
escritas en modo alguno esas cosas, erróneas por principio y perjudiciales
políticamente. Para ello habría bastado con decir (si se quiere dar muestras de
cortesía parlamentaria): mientras la mayoría de los obreros urbanos siga a los
independientes, nosotros, los comunistas, no podemos impedir a esos obreros que
se desembaracen de sus últimas ilusiones democráticas pequeñoburguesas (es
decir, también "burguesas-capitalistas") con la experiencia de
"su" gobierno. Eso es suficiente para: argumentar el compromiso, que
es verdaderamente necesario y debe consistir en renunciar durante cierto tiempo
a las tentativas de derrocar por la violencia un gobierno que cuenta con la
confianza de la mayoría de los obreros urbanos. Y en la agitación cotidiana,
masiva, no vinculada al marco de la cortesía oficial, parlamentaria, podría,
claro está, agregarse: dejemos que miserables como los Scheidemann y filisteos
como los Kautsky y los Crispien muestren con sus actos hasta qué extremo están
engañados y engañan a los obreros; su gobierno "puro" hará "con
más pureza que nadie" la labor de "limpiar" los establos de
Augías del socialismo, del socialdemocratismo y demás variedades de la
socialtraición.
La naturaleza auténtica de
los jefes actuales del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (de
esos jefes de los cuales se dice,
faltando a la verdad, que han perdido ya toda influencia, pero que, de hecho,
son todavía más peligrosos para el proletariado que los socialdemócratas
húngaros, que se denominaban comunistas y prometían "apoyar" la
dictadura del proletariado) se ha puesto de manifiesto una y otra vez durante
la korniloviada alemana, es decir, durante el "putsch" de los señores
Kapp y Lüttwitz*. Una ilustración pequeña, pero elocuente, de ello nos la
ofrecen el articulejo de Carlos Kautsky Los
minutos decisivos (Entscheidende Stunden), publicado en Freiheit (La Libertad60, órgano de los independientes)
el 30 de marzo de 1920, y el de Arturo Crispien Acerca de la situación política (aparecido el 14 de abril de 1920
en el periódico citado).
* Dicho sea de pasada, esto lo ha
explicado con extraordinaria claridad, concisión y exactitud, al estilo
marxista, el magnífico periódico del Partido Comunista Austríaco Bandera Roja en sus números del 28 y 30
de marzo de 1920 (Die Rote Fahne,
Wien, 1920, Nº 266 und267; L. L.: Etn
neuer Abschnitt der deutschen l'levolution). (L. L.: "Una nueva etapa
de la revolución alemana". N. de la
Edit.)
Estos señores no saben en
absoluto pensar y razonar como revolucionarios. Son llorones demócratas
pequeñoburgueses, mil veces más peligrosos para el proletariado si se declaran
partidarios del Poder soviético y de la dictadura proletaria, pues, en la práctica,
cometerán de manera ineluctable una traición en cada momento difícil y
peligroso... ¡"sinceramente" convencidos de que ayudan al
proletariado! También los socialdemócratas húngaros, rebautizados de
comunistas, querían "ayudar" al proletariado cuando, por cobardía y
pusilanimidad, consideraron desesperada la situación del Poder soviético en
Hungría y gimotearon ante los agentes de los capitalistas de la Entente y ante sus verdugos.
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60 La
Libertad ("Die
Freiheit"): diario, órgano del Partido Socialdemócrata Independiente de
Alemania; se editó en Berlín desde 1918 hasta 1922.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
III. Turati y
compañía en Italia.
Los números del periódico
italiano Il Soviet a que he aludido
confirman cuanto he dicho en el folleto acerca del error del Partido Socialista
Italiano, el cual tolera en sus filas a tales miembros e incluso a semejante
grupo de parlamentarios. Lo confirma más aún un testigo ajeno, el corresponsal en
Roma del periódico liberal burgués The
Manchester Guardian (Inglaterra), que en el número del 12 de marzo de 1920
publicó una interviú hecha por él a Turati.
"... El señor
Turati-escribe este corresponsal— supone que el peligro revolucionario no es
tan grande como para suscitar temores en Italia. Los maximalistas juegan con el
fuego de las teorías soviéticas únicamente para mantener a las masas en estado
de agitación y excitación. Sin embargo; estas teorías son nociones puramente
legendarias, programas no maduros, inútiles para el uso práctico. Sirven sólo
para mantener a las clases trabajadoras en estado de expectación. La misma
gente que las emplea como cebo para deslumbrar los ojos proletarios se ve
obligada a sostener una lucha cotidiana para conquistar algunas mejoras
económicas, con frecuencia insignificantes, a fin de retrasar el momento en que
las clases trabajadoras pierdan las ilusiones y la fe en sus mitos predilectos.
De ahí ese largo período de huelgas de toda magnitud y por cualquier pretexto,
incluidas las últimas huelgas de correos y de ferrocarriles, que hacen todavía
más grave la situación del país, ya difícil de por sí. El país está irritado
por las dificultades dimanantes de su problema adriático, se siente abrumado
por su deuda exterior y por su desmesurada emisión de papel moneda y, sin
embargo, está muy lejos aún de comprender la necesidad de asimilar la
disciplina de trabajo, única capaz de restablecer el orden y la
prosperidad..."
41
Está claro como la luz del día que el corresponsal inglés se ha
ido de la lengua y ha dicho una verdad que, probablemente, ocultan y adornan el
propio Turati y sus defensores, cómplices e inspiradores burgueses en Italia.
Esta verdad consiste en que las ideas y la labor política de los señores
Turati, Treves, Modigliani, Dugoni y Cía. son tal y como los dibuja el
corresponsal inglés. Eso es auténtica socialtraición. ¡Cuán elocuente es la
sola defensa del orden y de la disciplina para los obreros que padecen la
esclavitud asalariada, que trabajan para que se lucren los capitalistas! ¡Y qué
conocidos nos son a los rusos todos esos discursos mencheviques! ¡Cuán valiosa
es la confesión de que las masas están a
favor del Poder soviético! ¡Qué estúpida y trivialmente burguesa resulta la
incomprensión del papel revolucionario de las huelgas, que crecen de manera
espontánea! Sí, sí, el corresponsal inglés del periódico liberal burgués ha
prestado un flaco servicio a los señores Turati y Cía. y ha confirmado de modo
excelente cuán justas son las demandas del camarada Bordiga y de sus amigos del
periódico Il Soviet, los cuales
exigen que el Partido Socialista Italiano, si quiere de verdad estar a favor de la III Internacional, expulse
con oprobio de sus filas a los señores Turati y Cía. y se transforme en un
Partido Comunista tanto por el nombre como por sus actos.
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IV. Conclusiones
erróneas de premisas justas.
Pero de su justa crítica a
los señores Turati y Cía., el camarada Bordíga y sus amigos
"izquierdistas" sacan la errónea conclusión de que es perjudicial en
general participan en el Parlamento. Los "izquierdistas" italianos no
pueden aportar ni sombra de argumentos serios en defensa de esta opinión.
Simplemente desconocen (o tratan de olvidar) los modelos internacionales de
verdadera utilización revolucionaria y comunista de los parlamentos burgueses,
provechosa de modo indiscutible para preparar la revolución proletaria. En
realidad, no se imaginan la "nueva" utilización del parlamentarismo y
claman, repitiéndose hasta la saciedad, contra la utilización
"vieja", no bolchevique.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
En esto reside,
precisamente, su error básico. No sólo en el terreno del Parlamento, sino en todos los campos de actividad, el
comunismo debe aportar (y no podrá hacerlo sin un trabajo prolongado, persistente y tenaz) algo
nuevo por principio, que rompa de manera radical con las tradiciones de la II
Internacional (conservando y desarrollando, al mismo tiempo, todo lo que ha
proporcionado de bueno).
Tomemos, aunque sólo sea, el
trabajo periodístico. Los periódicos, folletos y hojas cumplen una labor
necesaria de propaganda, agitación y organización. Ningún movimiento de masas
puede pasarse en un país, por poco civilizado que sea, sin un mecanismo periodístico.
Y ni los gritos contra "los jefes" ni los juramentos de proteger la
pureza de las masas frente a la influencia de los jefes pueden librarnos de la
necesidad de utilizar para ese trabajo a hombres procedentes de los medios
intelectuales burgueses, pueden librarnos de la atmósfera y el ambiente
democráticos burgueses, "de propiedad privada", en que se efectúa esa
labor en el capitalismo. Incluso dos años y medio después de ser derrocada la
burguesía y de conquistar el poder político el proletariado, vemos en torno
nuestro esa atmósfera, ese ambiente de relaciones de propiedad privada,
democráticas burguesas, que tienen carácter de masas (campesinos, artesanos).
El parlamentarismo es una
forma de trabajo; el periodismo, otra. El contenido puede ser comunista en
ambas, y debe serlo, si quienes actúan en una u otra esfera son verdaderos
comunistas, verdaderos militantes del partido proletario, de masas. Pero en una
y en otra — y en cualquier esfera de
trabajo en el capitalismo y en la transición del capitalismo al socialismo— es imposible rehuir las
dificultades y las originales tareas que debe vencer y cumplir el proletariado
para utilizar en su propio provecho a gente que procede de medios burgueses,
para conquistar la victoria sobre los prejuicios y la influencia de los
intelectuales burgueses, para debilitar la resistencia del ambiente
pequeñoburgués (y, posteriormente, para transformarlo por completo). ¿Acaso no
hemos visto en todos los países, hasta la guerra de 1914-1918, extraordinaria
abundancia de ejemplos de anarquistas, sindicalistas y otros elementos muy
"izquierdistas" que fulminaban el parlamentarismo, se mofaban de los
parlamentarios socialistas contaminados de trivialidad burguesa, fustigaban su
arribismo, etc., etc., y hacían la misma
carrera burguesa a través del
periodismo, a través de la labor en
los sindicatos? ¿Es que los ejemplos de los señores Jouhaux y Merrheim, si nos
limitamos a Francia, no son típicos?
La puerilidad de
"negar" la participación en el Parlamento consiste, precisamente, en
que con ese método tan "sencillo", "fácil" y
seudorrevolucionario quieren "cumplir"
la difícil tarea de luchar contra las influencias democráticas burguesas en el seno del movimiento obrero y, en
realidad, lo único que hacen es huir de su propia sombra, cerrar los ojos ante
las dificultades y desembarazarse de ellas sólo con palabras. Es indudable que
el arribismo más desvergonzado, la utilización burguesa de los escaños parlamentarios,
la aclamante adulteración reformista de la labor en el Parlamento y la vulgar
rutina pequeñoburguesa son rasgos peculiares habituales y predominantes,
engendrados por el capitalismo en todas partes tanto fuera como dentro del
movimiento obrero. Pero el capitalismo y el ambiente burgués creado por él (y
que, incluso después de derrocada la burguesía, desaparece muy despacio, pues
el campesinado hace renacer sin cesar a la burguesía) engendran absolutamente
en todos los ámbitos del trabajo y de la vida, en esencia, el mismo arribismo
burgués, el chovinismo nacional, la trivialidad pequeñoburguesa, etc., con
insignificantes variedades de forma.
42
Os parece, queridos
boicoteadores y antiparlamentaristas, que sois "terriblemente
revolucionarios"; pero, en realidad, os
habéis asustado de las dificultades relativamente pequeñas que presenta la
lucha contra las influencias burguesas en el seno del movimiento obrero, en
tanto que vuestra victoria, es decir, el derrocamiento de la burguesía y la
conquista del poder político por el proletariado, hará surgir esas mismas dificultades en
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
proporciones mayores,
muchísimo mayores. Os habéis asustado como niños de la pequeña dificultad que
se alza hoy ante vosotros, sin comprender que mañana y pasado mañana tendréis,
pese a todo, que aprender —y aprender por completo— a vencer las mismas dificultades,
pero en proporciones incomparablemente mayores.
Con el Poder soviético, en
vuestro – y en nuestro— partido proletario tratarán de infiltrarse aún más
elementos procedentes de la intelectualidad burguesa. Penetrarán también en los
Soviets, en los tribunales y en el mecanismo administrativo, pues es imposible
construir el comunismo con otra cosa que no sea el material humano creado por
el capitalismo. Es imposible expulsar y exterminar a los intelectuales
burgueses. Lo que se debe hacer es vencerlos, transformarlos, refundirlos,
reeducarlos, de la misma manera que es necesario reeducar en lucha prolongada,
sobre la base de la dictadura del proletariado, a los proletarios mismos, que
no se desembarazan de sus prejuicios pequeñoburgueses de golpe, por milagro,
por obra y gracia del Espíritu Santo o por el efecto mágico de una consigna, de
una resolución o de un decreto, sino únicamente en una lucha masiva larga y
difícil contra la influencia de las ideas pequeñoburguesas entre las masas. En
el Poder soviético, esas mismas tareas que el antiparlamentario aparta ahora de
un manotazo con tanto orgullo, altanería, ligereza y puerilidad, esas mismas tareas resurgirán dentro de los Soviets, en la
administración soviética, entre "los defensores del Derecho"61 al soviéticos (hemos destruido en Rusia, e hicimos bien en
destruirla, la abogacía burguesa, pero renace entre nosotros al socaire de
"los defensores del Derecho" "soviéticos"). Entre los
ingenieros soviéticos, entre los maestros soviéticos y entre los obreros privilegiados (es decir, los
de más alta calificación y los mejor colocados) de las fábricas soviéticas
vemos renacer de manera constante absolutamente todos los rasgos negativos propios del parlamentarismo burgués, y
sólo con una lucha reiterada,
infatigable, prolongada y tenaz del espíritu de organización y la disciplina
proletarios estamos venciendo —paulatinamente— este mal.
Está claro que bajo el
dominio de la burguesía es muy "difícil" triunfar sobre las
costumbres burguesas en el propio partido, es decir, en el partido obrero: es
"difícil" expulsar del partido a los jefes— parlamentarios
habituales, corrompidos sin esperanza de curación por los prejuicios burgueses;
es "difícil" someter a la disciplina proletaria al número
absolutamente necesario (en cierta cantidad, aunque sea muy limitada) de gente
que procede de la burguesía; es "difícil" crear en el Parlamento
burgués una minoría comunista digna por completo de la clase obrera; es
"difícil" conseguir que los parlamentarios comunistas no se dediquen
a nimiedades parlamentarias burguesas, sino que se entreguen a la labor
esencialísima de propaganda, agitación y organización de las masas. Todo eso
es, sin duda, "difícil"; fue difícil en Rusia y es incomparablemente
más difícil en Europa Occidental y en Norteamérica, donde son mucho más fuertes
la burguesía, las tradiciones democráticas burguesas, etc.
Pero todas estas
"dificultades" son, en verdad, pueriles si se las compara con las
tareas, absolutamente del mismo carácter,
que deberá cumplir de manera ineluctable el proletariado para conquistar la
victoria, en el transcurso de la revolución proletaria y después de tomar el
poder. En comparación con estas
tareas verdaderamente gigantescas, cuando, existiendo la dictadura del
proletariado, habrá que reeducar a millones de campesinos y pequeños
propietarios, a centenares de miles de empleados, funcionarios públicos e
intelectuales burgueses, subordinándolos a todos al Estado proletario y a la
dirección proletaria, y vencer en ellos las tradiciones y los hábitos
burgueses; en comparación con estas tareas gigantescas, resulta de una
facilidad pueril crear en el Parlamento burgués, bajo el
![]()
61 "Defensores del Derecho soviéticos": colegios de abogados
instituidos en febrero de 1918 adjuntos a los Soviets de diputados obreros,
soldados, campesinos y cosacos; fueron disueltos en octubre de 1920.
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
dominio de la burguesía, una
minoría auténticamente comunista del verdadero partido proletario.
Si los camaradas
"izquierdistas" y antiparlamentarios no aprenden a vencer ahora una
dificultad incluso tan pequeña, podrá decirse con seguridad que o no estarán en
condiciones de realizar la dictadura del proletariado, no podrán subordinar y transformar
en vasta escala a los intelectuales burgueses y las instituciones burguesas, o
deberán terminar de aprender a toda prisa
y, con esa premura, originarán un daño inmenso a la causa proletaria, cometerán más errores que de ordinario, darán
muestras de una debilidad y una incapacidad más que regulares, etc., etc.
43
En tanto que la burguesía no sea derrocada —y, después de su
derrocamiento, hasta que no desaparezcan por completo la pequeña hacienda y la
pequeña producción mercantil—, el ambiente burgués, los hábitos de propiedad
privada y las tradiciones pequeñoburguesas echarán a perder la labor proletaria
desde dentro y desde fuera del movimiento obrero, no sólo en una esfera de
actividad, la parlamentaria, sino, de manera inevitable, en todas y cada una de
las esferas de la actividad social, en todos los campos del quehacer cultural y
político, sin excepción alguna. Y constituye un profundísimo error, que deberá
pagarse después de modo inexcusable, el intento de desentenderse, de apartarse
de una de las tareas
"desagradables" o de las dificultades en una esfera de trabajo. Hay
que aprender, y aprender hasta el fin, a dominar todos los tipos de trabajo y
de actividad, sin ninguna excepción, a vencer por doquier todas las
dificultades y todas las costumbres, tradiciones y hábitos burgueses. Cualquier
otro planteamiento de la cuestión carece simplemente de seriedad, es pueril.
12-V-1920.
V.
En la edición rusa de este
libro he expuesto con cierta inexactitud la conducta del Partido Comunista
Holandés en su conjunto en el ámbito de la política revolucionaria mundial. Por
eso aprovecho la ocasión para publicar la carta, que se reproduce más abajo, de
nuestros camaradas holandeses acerca de este problema y, además, para corregir
la expresión "tribunistas holandeses", empleada por mí en el texto
ruso, sustituyéndola con las palabras "algunos miembros del Partido
Comunista Holandés"62.
N. Lenin
CARTA DE WIJNKOOP
Moscú, 30 de junio de 1920
Querido camarada Lenin:
Gracias a su amabilidad, los
miembros de la delegación holandesa al II Congreso de la Internacional
Comunista hemos tenido la posibilidad de leer su libro La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo
antes de que apareciera traducido a los idiomas de Europa Occidental. En este libro subraya Vd. varias veces su
desaprobación del papel que han desempeñado algunos miembros del Partido
Comunista Holandés en la política internacional.
![]()
62 De conformidad con esta indicación de
Lenin, en la presente edición se ha sustituido en todas partes la expresión
"tribunistas holandeses" con las palabras "algunos miembros del
Partido Comunista Holandés".
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Debemos protestar, sin
embargo, contra el hecho de que atribuya Vd. al Partido Comunista la
responsabilidad por los actos de esos miembros. Esto es inexacto en extremo.
Más aún, es injusto, pues esos miembros del Partido Comunista Holandés
participan muy poco, o no participan en absoluto, en la labor cotidiana del
partido; intentan también, directa o indirectamente, aplicar en el Partido
Comunista las consignas oposicionistas, contra las que el Partido Comunista
Holandés y todos sus organismos han sostenido y sostienen hasta hoy la lucha
más enérgica.
Con un saludo fraternal (en nombre de la delegación holandesa)
D. I. Wijnkoop.
Escrito en abril-mayo de 1920. Publicado en junio de 1920 en un
folleto, en Petrogrado, por la Editorial del Estado.
T. 41, págs. 1-104.
Del
primer sábado comunista en la línea férrea Moscu-Kazán al sábado comunista de
....
44
DEL PRIMER SÁBADO COMUNISTA EN LA LÍNEA
FÉRREA MOSCÚ-KAZÁN AL SÁBADO COMUNISTA DE PRIMERO DE MAYO EN TODA RUSIA.63
La distancia indicada en el
título ha sido recorrida en un año. Es una distancia inmensa. Por débiles que
sean todavía todos nuestros sábados comunistas, por grande que sea el cúmulo de
defectos que revela cada uno de ellos en cuanto a orden, organización y
disciplina, lo principal ha sido hecho. La mole ciclópea ha sido movida de su
sitio, y eso es precisamente lo que importa.
No nos engañamos lo más
mínimo en lo que respecta a lo poco que se ha hecho y a lo muchísimo que queda
aún por hacer. Pero sólo los enemigos recalcitrantes de los trabajadores, los
partidarios contumaces de la burguesía, pueden adoptar una actitud despectiva
ante el sábado comunista de Primero de Mayo. Sólo los seres más despreciables,
los que se han vendido en cuerpo y alma a los capitalistas, son capaces de
condenar que se aproveche la gran fiesta del Primero de Mayo para tratar de
aplicar en masa el trabajo comunista. Después de ser derrocados los zares, los
terratenientes y los capitalistas se empieza, por vez primera, a desbrozar el
terreno para edificar de verdad el socialismo, para establecer nuevas
relaciones sociales, una nueva disciplina del trabajo común y un nuevo tipo, de
significación histórica universal, de toda la economía nacional (y, más tarde,
de la internacional). Se trata de transformar las costumbres mismas, emporcadas
y corrompidas para mucho tiempo por la maldita propiedad privada de los medios
de producción, así como por todo ese ambiente de rencillas, desconfianza,
hostilidad, dispersión y zancadilleo mutuo, ambiente engendrado de manera
inevitable y reproducido sin cesar por la pequeña hacienda individual, por una
hacienda de propietarios que intercambian "libremente" sus productos.
La libertad de comercio, el librecambio, ha sido durante siglos el postulado
supremo de la sabiduría económica para millones de personas, la costumbre más
arraigada en centenares y centenares de millones de seres. Esta libertad es tan
profundamente falaz y tan usada para encubrir el engaño, la violencia y la
explotación capitalistas como las demás "libertades" proclamadas y
puestas en práctica por la burguesía, del tipo de "la libertad de trabajo"
(léase: libertad de morirse de hambre), etc.
Nosotros hemos roto y
rompemos definitivamente con esa "libertad" del propietario de ser
propietario, con esa "libertad" del capital de explotar el trabajo,
con esa "libertad" que combatimos de manera implacable y abnegada.
¡Abajo las viejas relaciones
sociales, las viejas relaciones económicas, la vieja "libertad" del
trabajo (sometido al capital), las
viejas leyes y las viejas costumbres!
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63 El primer sábado comunista se celebró el 12 de abril de 1919 por iniciativa
de los obreros ferroviarios del depósito de la estación Sortiróvochnaya, del
ferrocarril Moscú-Kazan. Al poco tiempo, los sábados comunistas se habían
extendido a muchas otras empresas de distintas ciudades. Lenin sintetizó la
experiencia de los primeros sábados comunistas en su folleto Una gran iniciativa (El heroísmo de los obreros en la
retaguardia. Los "sábados comunistas"). (Véase la presente
edición, t. X.)
El sábado comunista de
Primero de Mayo en toda Rusia tuvo lugar el 1 de mayo de 1920, participando en
él, tan sólo en Moscú, más de 425.000 personas. Lenin tomó parte en este sábado
comunista: junto con los alumnos de la Escuela Militar del Kremlin trabajó en
la limpieza del territorio de este último.
El artículo de Lenin Del primer sábado comunista en la línea
férrea Moscú-Kazán al sábado comunista de Primero de Mayo en toda Rusia vio
la luz el 2 de mayo de 1920, en el periódico Pervomáiski Subbótnik ("El Sábado Comunista de Primero de Mayo"), del que se
publicó un solo número. Este número fue redactado, compuesto e impreso durante
el sábado comunista de Primero de Mayo por el personal de los rotativos Pravda ("La Verdad"), Izvestia VTSIK ("Noticias del CEC
de toda Rusia"), Ekonomícheskaya
Zhtzn ("La Vida Económica") y Biednotá
("Los Pobres"), la Agencia Telegráfica de Rusia (ROSTA) y por los
obreros de la imprenta del CEC de toda Rusia.
Del
primer sábado comunista en la línea férrea Moscu-Kazán al sábado comunista de
....
¡Edifiquemos una nueva sociedad!
No nos han asustado las
derrotas sufridas en el curso de la gran guerra revolucionaria contra el
zarismo, contra la burguesía y contra los Estados imperialistas con poderío
mundial.
No nos asustarán las
dificultades gigantescas ni los errores inevitables al comienzo de una obra
dificilísima, pues la transformación de todos los hábitos de trabajo y de las
costumbres es una empresa que requiere decenios. Y nosotros nos prometemos unos
a otros, firme y solemnemente, que estamos dispuestos a hacer todos los
sacrificios necesarios, que resistiremos y triunfaremos en esta lucha, la más
difícil de todas —en la lucha contra la fuerza de la costumbre—, que
trabajaremos sin desmayo años y decenios. Trabajaremos con objeto de
desarraigar esa regla maldita de "Cada uno para sí y Dios para
todos", para desterrar la costumbre de ver en el trabajo sólo una carga y
considerar justo únicamente el trabajo retribuido de acuerdo con ciertas normas.
Trabajaremos para inculcar en la conciencia, en los hábitos y en las costumbres
cotidianas de las masas la regla de "Todos para uno y uno para
todos", la regla de "De cada cual, según su capacidad; a cada cual,
según sus necesidades"; para ir implantando de manera paulatina, pero
tenaz, la disciplina comunista y el trabajo comunista.
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Hemos movido de su sitio una
montaña de proporciones insólitas: la montaña de la rutina, de la ignorancia y
de la obstinación en la defensa de los hábitos de "la libertad de
comercio" y de "la libertad" de compraventa de la fuerza de trabajo
humana, igual que cualquiera otra mercancía. Hemos empezado a hacer vacilar y
destruir los prejuicios más arraigados, las costumbres más firmes, rutinarias y
seculares. Nuestros sábados comunistas han dado en un año un gigantesco paso
adelante. Son todavía infinitamente débiles. Pero eso no nos asusta. Hemos
visto cómo el Poder soviético, "infinitamente débil", se ha
robustecido ante nuestros ojos, gracias a nuestros propios esfuerzos, y ha
empezado a convertirse en una fuerza mundial infinitamente poderosa. Trabajaremos
años y decenios para que se practiquen los sábados comunistas, para que se
desarrollen y difundan, para que mejoren y arraiguen en las costumbres. ¡Y
llegaremos al triunfo del trabajo comunista!
Publicado el 2 de mayo de 1920 en el
periódico "Pervomaiski Subbótnik".
T. 41, págs. 107-109.
Arenga a los soldados que parten para el frente de Polonia
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ARENGA A LOS SOLDADOS ROJOS QUE PARTEN PARA EL FRENTE DE POLONIA
5 de mayo de 1920.
Información periodística.
Camaradas: Sabéis que los
terratenientes y los capitalistas polacos, azuzados por la Entente, nos han
impuesto una nueva guerra 64. Recordad, camaradas, que no tenemos
ningún pleito con los campesinos y los obreros polacos. Reconocíamos antes, y
reconoceríamos ahora, la independencia polaca y la República Popular Polaca.
Propusimos la paz a Polonia, accediendo a dejar intactas sus fronteras, a pesar
de que se extendían mucho más lejos que la población netamente polaca. Hicimos
concesiones en todo. Que cada uno de vosotros lo recuerde en el frente. Que
vuestro comportamiento con los polacos demuestre que sois soldados de la
República Obrera y Campesina, que vais allá no como opresores, sino como
liberadores. Ahora, cuando los señores feudales polacos, en contra de nuestras
aspiraciones, han concertado una alianza con Petliura, han pasado a la ofensiva
y se acercan a Kíev; cuando en la prensa extranjera corren rumores de que han
tomado ya Kíev —esto es pura mentira, pues ayer mismo hablé por hilo directo con
F. Kan, que se encuentra en Kíev—; ahora decimos: camaradas, hemos sabido
rechazar a un enemigo más temible, hemos sabido vencer a los terratenientes y
capitalistas propios.
¡Venceremos también a los
terratenientes y capitalistas polacos! Todos debemos jurar aquí, prometer
solemnemente que nos mantendremos en pie como un solo hombre para impedir la
victoria de los señores feudales y capitalistas polacos. ¡Vivan los campesinos
y los obreros de la República Polaca libre e independiente! ¡Abajo los
latifundistas, terratenientes y capitalistas polacos! ¡Viva nuestro Ejército
Rojo Obrero y Campesino! (Sonoros acordes
de "La Internacional" y exclamaciones de "Hurra" apagan las
últimas palabras del camarada Lenin.)
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64 La guerra de la Polonia burguesa y
terrateniente contra la Rusia Soviética fue organizada y desencadenada por los
imperialistas de los EE.UU. y de la Entente. Al preparar una nueva campaña
militar contra el País de los Soviets, decidieron utilizar como principal
fuerza de choque a la Polonia señorial y los restos del ejército de Denikin,
agrupados en Crimea bajo el mando del general Wrangel. Los efectivos totales de
ambos ejércitos llegaban a cerca de un millón de hombres y, por su equipamiento
técnico, tenían mayor fuerza que el Ejército Rojo.
Instigada por los imperialistas, Polonia rehuyó pertinazmente
responder a las proposiciones de paz del Gobierno soviético, viendo en ellas un
síntoma de debilidad. El 25 de abril de 1920, las tropas polacas, al mando de
Pilsudski, irrumpieron en el territorio del Estado soviético sin declaración de
guerra.
El 30 de abril, el CEC de
toda Rusia y el Consejo de Comisarios del Pueblo publicaron el llamamiento A todos los obreros, campesinos y ciudadanos
honrados de Rusia, y el 23 de mayo, el CC del PC(b) de Rusia dio a conocer
las tesis El frente polaco y nuestras
tareas. Ambos documentos se convirtieron en programa de movilización de las
fuerzas del pueblo soviético para
derrotar a los intervencionistas. A fines de mayo comenzó la contraofensiva de
las tropas del Frente Sudoeste y el 12 de junio quedó liberada la ciudad de
Kiev. A mediados de agosto, las tropas soviéticas se acercaron a Varsovia y
Lvov. Pero el Mando de ejército contrarrevolucionario polaco, con la ayuda de
la Entente, tuvo tiempo de movilizar reservas y el 16 de agosto asestó fuertes
golpes a las tropas soviéticas, extenuadas y diezmadas por los combates. Los
polacos volvieron a tomar Minsk el 15 de octubre. Sin embargo, los reveses
sufridos cerca de Varsovia no significaban que el Estado soviético hubiera sido
derrotado. El Ejército Rojo se preparó para una nueva ofensiva. Y la Polonia
burguesa y terrateniente, temiendo una derrota completa, suscribió el 12 de
octubre un acuerdo de armisticio. El Tratado de Paz definitivo de la República
Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR) y de la República Socialista
Soviética de Ucrania (RSSU) con Polonia se firmó en Riga el 18 de marzo de
1921.
Del
primer sábado comunista en la línea férrea Moscu-Kazán al sábado comunista de
....
Publicado
el 6 de mayo de 1920 en el núm. 96 de "Pravda" y en el núm. 96 de
"Izvestia del CEC de toda Rusta".
T. 41, págs. 110-111.
Discurso pronunciado en la II Conferencia de toda Rusia de
Organizaciones Responsables del trabajo ..
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DISCURSO PRONUNCIADO EN LA II
CONFERENCIA DE TODA RUSIA DE ORGANIZADORES RESPONSABLES DEL TRABAJO EN EL
CAMPO.
12 de junio de 1920.
Camaradas: Me alegra mucho
poder saludar a cuantos os habéis reunido en esta conferencia para discutir los
problemas del trabajo en el campo. Permitidme que al principio analice
brevemente la situación internacional de la República Soviética, así como las
tareas que nos plantea, y dedique después unas palabras a los quehaceres que
surgen ahora en el campo y que, a mi juicio, deben tener una importancia
primordial para los funcionarios del partido.
En lo que respecta a la
situación internacional de la República, estáis, sin duda, muy bien informados
de los hechos principales concernientes a la ofensiva polaca. En el extranjero
se difunde, a este respecto, una cantidad inaudita de mentiras gracias a la
llamada libertad de imprenta, la cual consiste en que todos los principales
órganos de prensa han sido comprados por los capitalistas y están llenos, en el
99%, de artículos de escritorzuelos venales. Eso es lo que se llama allí
libertad de imprenta, y gracias a ella no hay mentira que no sea difundida. En
particular, en lo que atañe a la ofensiva polaca, se presentan las cosas como
si los bolcheviques hubieran formulado a Polonia exigencias imposibles de
cumplir y empezado la ofensiva, cuando todos sabéis perfectamente que incluso
habíamos aceptado por entero unas fronteras que dejaban en manos de los polacos
los vastos territorios que ocupaban al comenzar la ofensiva. Para nosotros,
conservar la vida de nuestros soldados rojos tenía más importancia que hacer la
guerra por Bielorrusia y Lituania, de las que se habían apoderado los polacos.
No sólo en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo, sino también en un
manifiesto especial del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del organismo
supremo de nuestra República Soviética, declaramos del modo más solemne al
gobierno polaco, a ese gobierno de burgueses y terratenientes —
independientemente de nuestro llamamiento a los obreros y campesinos de
Polonia—, que proponíamos negociaciones de paz tomando como base la línea del
frente que existía entonces, es decir, del frente que dejaba a los polacos
Lituania y Bielorrusia, territorios no polacos. Estábamos seguros —y seguimos
estándolo— de que los terratenientes y los capitalistas polacos no podrán
conservar en su poder los territorios ajenos, y que, incluso mediante la paz
más desventajosa para nosotros, ganaremos más protegiendo la vida de nuestros
soldados rojos. Porque cada mes de paz nos permite decuplicar nuestras fuerzas,
mientras que cualquier otro gobierno, sin exceptuar al gobierno burgués de
Polonia, se descompone más y más con cada mes de paz. A pesar de que nuestras
proposiciones de paz iban extraordinariamente lejos; a pesar de que algunos
revolucionarios muy atolondrados, y ultrarrevolucionarios de palabra en alto
grado, las calificaron hasta de tolstoianas; a pesar de que, según parece, los
bolcheviques hemos demostrado en grado suficiente con nuestra actividad que
nadie descubrirá en nosotros ni un ápice de tolstoísmo65, considerábamos que; ante un problema como la guerra, tenemos
el deber de demostrar que estamos dispuestos a hacer las máximas concesiones
posibles. Y demostrar, sobre todo, que no pelearemos por las fronteras, a causa
de las cuales se ha derramado tanta sangre; que eso, para nosotros, es un
asunto muy secundario, extraordinariamente secundario. Hacíamos concesiones que
ningún otro gobierno puede
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65 Tolstoísmo (o tolstoianismo): corriente religiosa
utópica que surgió en el pensamiento y el movimiento sociales de Rusia a fines
del siglo XIX y comienzos del XX, tomando como base la doctrina del escritor
ruso León Tolstói. Los tolstoianos predicaban "el amor universal", la
no resistencia al mal por la violencia y el perfeccionamiento moral y religioso
como medio de transformar la sociedad. Lenin sometió a una acerba crítica la
ideología del tolstoísmo.
Discurso pronunciado en la II Conferencia de toda Rusia de
Organizaciones Responsables del trabajo ..
hacer. Entregábamos a
Polonia un territorio que conviene comparar con el que figura en un documento
—publicado, me parece, ayer—, procedente del organismo supremo de los aliados
de los ingleses, los franceses y otros imperialistas, en el que se señala a los
polacos cuáles deben ser sus fronteras en el Este66.
Estos señores capitalistas de Inglaterra y Francia se imaginan
que son ellos quienes trazan las fronteras; pero, gracias a Dios, hay quienes
las establecen sin ellos: los obreros y los campesinos han aprendido a
delimitarlas por sí mismos.
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Estos señores trazan las fronteras polacas, y las establecen de
tal modo que se encuentran mucho más al Oeste de lo que proponíamos nosotros.
Semejante acto, que parte de los aliados residentes en París, patentiza la
confabulación a que han llegado con Wrangel. Aseguran que desean la paz con la
Rusia Soviética, aseguran que no apoyan ni a Polonia ni a Wrangel; pero
nosotros decimos que eso es una insolente mentira, con la cual se encubren al
decir que ahora no suministran armas, aunque las suministran como lo hacían
varios meses atrás. Según el parte de hoy se ha capturado un valioso trofeo: un
vagón cargado de ametralladoras inglesas nuevecitas; el camarada Trotski ha
comunicado que, hace unos días, fueron capturados cartuchos franceses recién
recibidos. ¿Qué otras pruebas necesitamos para confirmar que Polonia combate
con pertrechos ingleses y franceses, con municiones inglesas y francesas, que
combate con dinero inglés y francés? Si ahora declaran que la propia Polonia
determinará sus fronteras en el Este, todo el mundo comprenderá que eso es un
contubernio directo con Wrangel. La situación muestra claramente a todos que
los latifundistas polacos y la burguesía polaca hacen la guerra por entero con
la ayuda de los ingleses y los franceses. Mas estos últimos mienten con la
misma insolencia con que mentían cuando aseguraban que no habían enviado a
ningún Bullitt, hasta que, por fin, éste llegó a Norteamérica, hizo su
declaración y publicó los documentos que había reunido aquí.
Pero estos señores, los
señores mercaderes capitalistas, no pueden mudar de pelleja. Y se comprende.
Sólo pueden razonar como mercaderes; y cuando nuestra diplomacia usa métodos
diferentes a los que emplean los mercaderes, cuando decimos que para nosotros
tiene más importancia la vida de nuestros soldados rojos que una modificación
gigantesca de las fronteras, esos señores, que razonan como simples mercaderes,
no pueden, claro está, comprenderlo. Cuando hace un año proponíamos a Bullitt
un tratado67 extraordinariamente ventajoso para
ellos y extraordinariamente desventajoso para nosotros, un tratado que dejaba
en manos de Denikin y Kolchak un territorio inmenso, lo hacíamos seguros de
que, si se hubiese firmado la paz, un gobierno de guardias blancos jamás habría
podido sostenerse en el poder.
Con su criterio de
mercaderes, dichos señores sólo podían comprender esto como una confesión de
nuestra debilidad. "Si los bolcheviques aceptan semejante paz es porque
están dando las boqueadas"; y toda la prensa burguesa no cabe en sí de
gozo, todos los
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66 Lenin se refiere a la declaración del
Consejo Supremo de la Entente Acerca de
la frontera oriental provisional de Polonia, fechada el 8 de diciembre de
1919, que vio la luz el 11 de junio de1920 en el núm. 125 del periódico Izvestia del CEC de toda Rusia.
67 Lenin alude a las negociaciones
sostenidas con el emisario norteamericano Guillermo Bullitt, llegado en marzo
de 1919 a la Rusia Soviética para aclarar en qué condiciones aceptaría el
Gobierno soviético concertar la paz con los aliados y con los gobiernos de
guardias blancos formados en el territorio de Rusia. Por mediación de Bullitt
fueron entregadas proposiciones que partían del Presidente de los EE.UU.,
Wilson, y del primer ministro de Gran Bretaña, Lloyd George.
El Gobierno soviético, movido por el deseo de concluir la paz lo
antes posible, accedió a sostener negociaciones sobre las condiciones
propuestas, introduciendo en ellas, sin embargo, enmiendas sustanciales.
Poco después de salir
Bullitt de la Rusia Soviética, Kolchak consiguió algunos éxitos en el Frente
Oriental, y los gobiernos imperialistas, confiando en la derrota del Estado
soviético, se negaron a sostener negociaciones de paz. Wilson prohibió que se diera
a la publicidad el proyecto de convenio que había llevado Bullitt, y Lloyd
George declaró en el Parlamento que él no tenía nada que ver con las
negociaciones con el Gobierno soviético.
Discurso pronunciado en la II Conferencia de toda Rusia de
Organizaciones Responsables del trabajo ..
diplomáticos se frotan las
manos, y Kolchak y Denikin reciben empréstitos de millones de libras
esterlinas. Cierto es que esos empréstitos no se los han concedido en oro, sino
en armas a precios usurarios, con la seguridad plena de que los bolcheviques no
podrían vencer de ninguna manera. Todo eso terminó en la derrota completa de
Kolchak y Denikin, esfumándose sus centenares de millones de libras esterlinas.
Y hoy llegan a nuestra zona, uno tras otro, trenes cargados de excelentes
pertrechos ingleses y es frecuente encontrar divisiones enteras de soldados
rojos rusos ataviados con excelente ropa inglesa. Es más, un camarada venido
del Cáucaso me contó hace unos días que toda una división de soldados rojos
viste el uniforme de los bersaglieros italianos. Lamento muchísimo no poder
mostraros la fotografía de estos soldados rojos rusos vestidos de bersaglieros.
Sin embargo, debo deciros que los pertrechos ingleses sirven para algo y que
los soldados rojos rusos están agradecidos a los comerciantes ingleses, los
cuales les han equipado y han enfocado los asuntos a la manera de los
mercaderes, de esos mercaderes que los bolcheviques han batido, baten y batirán
aún muchas veces. (Aplausos.)
Lo mismo observamos en el
caso de la ofensiva polaca. Es un ejemplo de que cuando Dios (si existe, por
supuesto) quiere castigar a alguien, le priva de la inteligencia. Está fuera de
toda duda que al frente de la Entente figuran hombres de una inteligencia
excepcional, políticos magníficos, pero esos hombres cometen una tontería tras
otra. Alzan a la lucha a un país tras otro, dándonos así la posibilidad de
derrotarlos por separado. Porque si lograran unirse — no olvidemos que tienen
la Sociedad de Naciones y que en su campo no existe un palmo de tierra al que
no llegue su poder militar— , ¿quién mejor que ellos, podría creerse, estaría
en condiciones de unir con mayor facilidad a todas las fuerzas enemigas y
lanzarlas contra el Poder soviético? Pero no pueden unirlas. Van al combate por
separado. Sólo amenazan, se jactan y engañan. Hace medio año declararon que
habían puesto en pie a catorce Estados contra el Poder soviético y que unos
meses después estarían en Moscú y en Petrogrado. Pues bien, hoy he recibido de
Finlandia un folleto, en el que un oficial blanco relata sus recuerdos de la
ofensiva contra Petrogrado. Y antes recibí también una declaración de protesta
firmada por varios miembros del Gobierno del Noroeste. Estos rusos, de
tendencia democonstitucionalista, dicen que unos generales ingleses les
invitaron a una reunión y, por medio de un intérprete —y, a veces, en un ruso
perfecto— les propusieron constituir allí mismo, en el acto, un gobierno, por
supuesto, ruso e indefectiblemente democrático, en el espíritu de la
Constituyente, y firmar lo que les diesen a firmar. Y ellos, estos oficiales
rusos, enemigos furibundos de los bolcheviques, estos democonstitucionalistas,
se indignaron sobremanera por tan inaudita insolencia de los oficiales ingleses
que les prescribían lo que debían hacer, que les mandaban con los modales de un
uriádnik68 (y el ruso es único en eso de mandar)
sentarse a la mesa y firmar lo que les presentasen. Y luego cuentan cómo se
vino abajo todo eso. Lamento que no tengamos la posibilidad de difundir con la
mayor amplitud estos documentos, estas confesiones de oficiales blancos que
participaron en la ofensiva contra Petrogrado.
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¿Por qué ocurre eso? Porque
su Sociedad de Naciones es sólo una alianza en el papel; en realidad, es un
grupo de fieras carniceras, que no hacen más que pelearse y no se fían lo más
mínimo unas de otras.
De hecho, también ahora se
jactan de que Letonia, Rumania y Finlandia atacarán junto con Polonia. Y en las
negociaciones diplomáticas vemos con toda claridad que cuando Polonia inició la
ofensiva, las potencias que sostenían negociaciones de paz con nosotros
cambiaron de tono e hicieron declaraciones, a veces, de una insolencia
inaudita. Razonan como mercaderes, y de un mercader no se puede esperar otra
cosa. Le parece que hoy existe una posibilidad de deshacerse de la Rusia
Soviética y empieza a engreírse. ¡Bueno! Hemos visto ya eso en otros Estados,
más importantes, y no le hemos prestado la menor atención, pues
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68 Uriádnik: grado inferior en la policía de la Rusia prerrevolucionaria.
Discurso pronunciado en la II Conferencia de toda Rusia de
Organizaciones Responsables del trabajo ..
estamos convencidos de que
todas las amenazas de Finlandia, Rumania, Letonia y demás países burgueses que
dependen por completo de la Entente se disipan como el humo. Polonia ha
concluido un acuerdo sólo con Petliura, un general sin ejército, y este acuerdo
ha originado una irritación mayor aún entre la población ucrania, ha hecho que
aumente más todavía el número de elementos semiburgueses que toman posición al
lado de la Rusia Soviética. Por eso ha resultado de nuevo que, en vez de una
ofensiva general, han podido efectuar únicamente operaciones aisladas de
Polonia sola. Y hoy vemos ya qué, si bien nuestras tropas, como es natural, han
debido perder bastante tiempo para trasladarse, pues se encontraban más lejos
de la frontera que los polacos; si bien hemos necesitado un plazo mayor para
acercarlas, han pasado a la ofensiva y, hace unos días, nuestra caballería ha
tomado Zhitómir. La última vía que enlaza Kíev con el frente polaco ha sido ya
cortada en el Sur y en el Norte por nuestras tropas, a consecuencia de lo cual
Kíev se ha evaporado definitivamente para los polacos. Al mismo tiempo hemos
sabido que Skólski ha dimitido, que el Gobierno de Polonia vacila y se inquieta
ya, declara ya que nos ofrecerá nuevas condiciones de paz. Háganlo, señores
latifundistas y capitalistas, jamás nos negaremos a examinar las condiciones de
paz polacas. Pero vemos que su gobierno hace la guerra a despecho de su propia
burguesía; que la Narodowa Demokratcja polaca69, que corresponde
a
nuestros
democonstitucionalistas y octubrístas70 —los
latifundistas y burgueses contrarrevolucionarios mis rabiosos—, está en contra
de la guerra, pues sabe que en una guerra de este tipo es imposible vencer y
que esta guerra la hacen aventureros polacos, eseristas polacos, el partido de
los socialistas polacos71, hombres entre los cuales observamos,
sobre todo, lo que vemos en los eseristas: frases revolucionarias,
fanfarronería, patriotería, chovinismo, bufonadas y la más completa vacuidad.
Conocemos a esos señores. Cuando ahora, después de haber ido demasiado lejos en
la guerra, empiezan a cambiar de poltrona en su ministerio y anuncian que nos
proponen negociaciones de paz, nosotros les diremos: Por favor, señores,
prueben a hacerlo. Mas nosotros confiamos sólo en los obreros polacos y en los
campesinos polacos; también nosotros hablaremos de paz, pero no con ustedes,
latifundistas y burgueses polacos, sino con los obreros y campesinos de
Polonia, y veremos lo que resulta de estas negociaciones.
Camaradas: Hoy, pese a los
éxitos que conseguimos en el frente polaco, la situación es, sin embargo, tal
que debemos poner en tensión todas nuestras fuerzas. Lo más peligroso en una
guerra que comienza en unas condiciones como las de la guerra que sostenemos
ahora contra Polonia, lo más peligroso es subestimar al enemigo y dormirse en
los laureles con la idea de que somos más fuertes. Ese es el peligro mayor, que
puede acarrear la derrota en la guerra. Y éste es el rasgo peor del carácter
ruso, que se manifiesta en la inestabilidad y la
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69 Národowa Demokratcja (Democracia Nacional, partido nacionalista, conservador y
antisemita polaco).
70 Democonstitucionalistas: véase la nota 22 Octubristas:
miembros del partido Unión del 17 de Octubre, fundado en Rusia después de
publicarse el manifiesto del zar del 17 de octubre de 1905, en el que había
prometido otorgar libertades constitucionales.
Era un partido contrarrevolucionario que representaba y defendía
los intereses de la gran burguesía y de los latifundistas que cultivaban sus
fincas con métodos capitalistas. Los octubristas apoyaron por entero la
política interior y exterior del gobierno zarista.
Después de la revolución democrática burguesa de febrero de
1917, los octubristas fueron partido gobernante y combatieron activamente la
revolución socialista, que maduraba. Al triunfar la Revolución Socialista de
Octubre los octubristas lucharon intensamente contra el Poder soviético.
71 Partido Socialista
Polaco (Polska Partia
Socjalistyczna): partido nacionalista reformista fundado en 1892. En 1906 se
escindió en dos partidos: el PPS —"lewica" y el
PPS—"prawica"("fracción revolucionaria").
El PPS-"lewica", que se
unificó más tarde con la Socialdemocracia del Reino de Polonia y Lituania
(SDRPL), formó el Partido Comunista Obrero de Polonia.
El PPS-"prawica" (los "Fracy") aplicó una
política nacionalista y chovinista.
Al formarse el Estado polaco
burgués en 1919, el PPS-"prawica" adoptó de nuevo la denominación de
Partido Socialista Polaco. Encabezó el gobierno y contribuyó a que el poder
pasara a manos de la burguesía polaca; sostuvo una campaña anticomunista
sistemática y respaldó la política de agresión contra el País de los Soviets,
la política de anexión y opresión de Ucrania Occidental y Bielorrusia
Occidental.
Discurso pronunciado en la II Conferencia de toda Rusia de
Organizaciones Responsables del trabajo ..
indolencia. Lo importante no
es sólo empezar: hay que resistir y aguantar hasta el fin, y eso es lo que los
rusos no sabemos hacer. Y sólo con un largo aprendizaje, con la lucha
proletaria disciplinada contra toda vacilación y todo titubeo, sólo por medio
de esta firmeza se podrá movilizar a las masas trabajadoras de Rusia para que
puedan desembarazarse de esta mala costumbre.
Derrotamos a Kolchak,
Denikin y Yudénich, y eso está muy bien; pero no hemos sabido rematar al
enemigo, hasta el punto de que hemos dejado a Wrangel en Crimea. Decíamos:
"¡Bueno, ahora somos más fuertes!", y por eso se han dado toda una
serie de casos de relajación y de negligencia, mientras que Wrangel recibe
ayuda de Inglaterra.
Todo eso se hace por
mediación de los comerciantes y es imposible demostrarlo. Hace unos días ha
efectuado un desembarco y tomado Melitópol. Es verdad que, según las últimas
informaciones, lo hemos recuperado; pero también en este caso lo habíamos
perdido de la manera más vergonzosa, precisamente porque éramos fuertes. Como
Yudénich, Kolchak y Deníkin han sido derrotados, el ruso comienza a mostrar su
carácter; se va a descansar, deja las cosas abandonadas y después, a causa de
su negligencia, perecen decenas de miles de camaradas suyos. Este rasgo del
carácter ruso —no llevar hasta el fin ningún asunto y abandonarse en cuanto no
se ve espoleado por todos los medios— hay que combatirlo del modo más
despiadado, pues acarrea la pérdida de decenas de miles de los mejores soldados
rojos y campesinos y la prolongación de todos los tormentos del hambre. Por
eso, ante la guerra que nos ha sido impuesta, aunque seamos más fuertes que los
polacos, nuestra consigna debe ser reaccionar contra toda relajación.
50
Puesto que la guerra ha resultado inevitable, todo para la
guerra, y la más mínima negligencia y la menor falta de energía deben ser
castigadas de acuerdo con las leyes del tiempo de guerra. La guerra es la
guerra, y en la retaguardia nadie puede, cualesquiera que sean sus ocupaciones
pacíficas, substraerse a esta obligación. La consigna debe ser: ¡Todo para la
guerra! Sin eso no venceremos a la nobleza y a la burguesía polacas. Para poner
fin a la guerra es indispensable quitarle de una vez para siempre esta
costumbre a la última de las potencias vecinas que todavía se atreve a jugar
con eso. Debemos quitarles esta costumbre de manera que recomienden a sus
hijos, nietos y biznietos que no hagan eso. (Aplausos.) De ahí, camaradas, que la primera obligación de quienes
trabajan en el campo, de los propagandistas y agitadores y de todos los
camaradas que están ocupados, de la manera que sea, en un trabajo pacífico,
consista, en primer término, en tener presente la consigna de "¡Todo para
la guerra!" y aplicarla, cueste lo que cueste, en cada reunión, mitin y
conferencia de trabajo, en todos los grupos de cualquier organismo del partido
y en todos los organismos colegiados de los Soviets.
Hasta que la guerra no acabe
con la victoria completa, debemos precavernos contra los errores y las
tonterías que hemos cometido durante varios años. No sé cuántas tonterías tiene
que hacer el ruso para desacostumbrarse de ellas. Hemos creído ya una vez que
la guerra estaba terminada sin haber rematado al enemigo, y dejamos a Wrangel
en Crimea. Repito, la consigna de "Todo para la guerra" debe ser el
primer punto, el punto esencial, del orden del día en toda reunión, en toda
conferencia, en todo organismo colegiado.
¿Hemos hecho todo, hemos
hecho todos los sacrificios necesarios para acabar la guerra? Se trata de
salvar la vida de una decena de miles de los mejores camaradas, que caen en el
frente en las primeras filas. Se trata de salvarse del hambre, que nos amenaza
únicamente porque no acabamos la guerra, cuando podemos y debemos terminarla
pronto. Para eso hace falta que la disciplina y la subordinación sean aplicadas
a toda costa, con un rigor implacable. La menor connivencia y la menor falta de
firmeza manifestadas aquí, en la retaguardia, en cualquier trabajo pacífico
equivale a la pérdida de miles de vidas y al hambre aquí mismo.
Discurso pronunciado en la II Conferencia de toda Rusia de
Organizaciones Responsables del trabajo ..
De ahí que sea necesaria una
rigurosidad implacable con semejantes negligencias. Esta es la enseñanza
primera y fundamental que dimana de toda la guerra civil de la Rusia Soviética;
ésta es la enseñanza primera y fundamental que debe tener presente, cueste lo
que cueste, todo funcionario del partido, especialmente si su tarea consiste en
hacer agitación y propaganda. Debe saber que será un malísimo comunista y un
traidor al Poder soviético si no aplica esta consigna con firmeza invariable y
tenacidad implacable ante las más mínimas negligencias.
En estas condiciones
tendremos garantizado que la victoria será rápida y estaremos a salvo por
completo del hambre. Los camaradas que llegan de lugares lejanos nos informan
de lo que ocurre en las regiones periféricas. He visto a camaradas venidos de
Siberia, así como a los camaradas Lunacharski y Rykov, que han regresado de
Ucrania y Ciscaucasia. Hablan con asombro extraordinario de las riquezas de
estos territorios. En Ucrania se ceba con trigo a los cerdos; en Císcaucasia,
las campesinas, al vender leche, enjuagan los recipientes con leche. De Siberia
parten trenes cargados de lana, cuero y otras riquezas; en Siberia se amontonan
decenas de miles de puds de sal, mientras que nuestros campesinos están
extenuados y se niegan a entregar cereales a cambio de un trozo de papel,
considerando que con él no pueden restablecer sus haciendas. Y aquí, en Moscú,
podéis encontrar junto a las máquinas a obreros que se caen de hambre. El
obstáculo principal que nos impide alimentar con mayor abundancia a los obreros
para restablecer su salud quebrantada, ese obstáculo principal es la
continuación de la guerra. Por haber desaprovechado la ocasión en Crimea,
varias decenas de miles de personas pasarán hambre seis meses más. Las cosas no
avanzan a causa de nuestra insuficiente organización y disciplina. La gente se
muere aquí, mientras que en Ucrania, en Ciscaucasia y en Siberia tenemos
riquezas increíbles, con las que se podría dar de comer a los obreros
hambrientos y restablecer la industria.
Para restablecer la economía
hace falta disciplina. La dictadura proletaria debe consistir, ante todo, en
que la parte avanzada, la más consciente y más disciplinada de los obreros
urbanos e industriales —los que más hambre pasan, los que han hecho sacrificios
increíbles durante estos dos años—, en que esos obreros eduquen, enseñen y
disciplinen a todo el proletariado restante, con frecuencia inconsciente, a
toda la masa trabajadora y al campesinado. En este terreno hay que arrojar por
la borda todo sentimentalismo y toda charlatanería acerca de la democracia.
Dejemos esos vaniloquios para los señores eseristas y mencheviques, que han
charlataneado más que suficiente de la democracia con Kolchak, Denikin y
Yudénich. Que se vayan con Wrangel: él terminará de enseñarles. Pero hay que
enseñar a quienes no han aprendido del todo. Sustentamos la opinión de que los
obreros, que han asumido todas las penalidades y han pagado con los más
inauditos sacrificios la estabilidad y la solidez del Poder soviético, deben
considerarse el destacamento de vanguardia que pondrá en pie al resto de las
masas trabajadoras por medio de la instrucción y la disciplina. Porque, como
sabemos, el capitalismo nos ha dejado en herencia un trabajador que se halla en
un estado de embrutecimiento completo, de ignorancia completa, y no comprende
que se puede trabajar no sólo bajo el látigo del capital, sino también bajo la
dirección de los obreros organizados. Sin embargo, será capaz de creerlo si se
lo enseñamos en la práctica.
51
El trabajador no aprenderá
eso en los libros, pero puede aprenderlo cuando le mostremos todo eso en la
práctica. Tendrá que trabajar bajo la dirección del obrero consciente o
marcharse y caer bajo el yugo de Kolchak, Wrangel, etc. Por eso es imprescindible,
cueste lo que cueste, establecer la disciplina más rigurosa y cumplir de manera
consciente lo que prescribe la vanguardia del proletariado, lo que éste ha
aprendido con su dura experiencia. La aplicación de todas las medidas
orientadas a alcanzar nuestro objetivo garantizará que saldremos de la ruina y
del desbarajuste originados por la guerra imperialista. El acopio de cereales
proporcionó desde el 1 de agosto de 1917 treinta millones de puds, y desde
agosto de 1918, ciento diez millones. Esto demuestra que empezábamos a salir de
las dificultades.
Discurso pronunciado en la II Conferencia de toda Rusia de
Organizaciones Responsables del trabajo ..
Desde el 1 de agosto de 1919
hasta la fecha hemos rebasado la cifra de ciento cincuenta millones. Esto
demuestra que salimos de las dificultades. Pero no nos hemos ocupado aún como
es debido de Ucrania, Ciscaucasia y Siberia; si lo hacemos, aseguraremos de
verdad y a conciencia al obrero dos libras de pan al día.
Quisiera analizar también,
camaradas, un problema que tiene importancia para vosotros, trabajadores del
campo, y que he podido conocer en parte por los documentos del partido. Quiero
deciros que deberéis dedicaros principalmente a la labor de instrucción, de
partido, de agitación y propaganda. Uno de los defectos principales de esta
labor consiste en que no sabemos organizar los asuntos del Estado, en que entre
los camaradas, incluso entre los que dirigen el trabajo en este ámbito, son
demasiado fuertes todavía las costumbres de la vieja clandestinidad, de los
tiempos en que nos reuníamos en pequeños círculos, aquí o en el extranjero, y
no podíamos siquiera pensar, imaginarnos cómo debería organizarse la actividad
del Estado. Ahora debéis saberlo y recordar que hemos de dirigir a millones de
seres. Cada persona revestida de autoridad que llega al campo como delegado del
Comité Central debe recordar que tenemos una gigantesca máquina estatal que
funciona todavía mal porque no sabemos, ni podemos, manejarla como es debido.
En el campo tenemos centenares de miles de maestros que, oprimidos e
intimidados por los kulaks o que fueron molidos a palos por los viejos
funcionarios zaristas, no pueden, no están en condiciones de comprender los
principios del Poder soviético. Contamos con un gigantesco mecanismo militar.
Sin los comisarios militares no tendríamos Ejército Rojo.
Tenemos también el mecanismo
de instrucción militar general obligatoria72, que
paralelamente a sus funciones militares debe efectuar una labor cultural, debe
elevar el grado de conciencia de los campesinos.
Esta máquina estatal es muy
mala; en ella no hay hombres verdaderamente abnegados y convencidos, auténticos
comunistas, y vosotros, los que marcháis al campo como comunistas, tenéis que
trabajar no aislados de esta máquina, sino, por el contrario, junto con ella.
Todo agitador del partido que va al campo debe ser, al mismo tiempo, un
inspector de escuelas nacionales. Pero no un inspector en el viejo sentido de
la palabra, no un inspector que se inmiscuya en los asuntos educacionales —eso
no se puede permitir—, sino un inspector que debe coordinar su trabajo con la
labor del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública, con la labor del
mecanismo de instrucción militar general obligatoria, con la labor de los
comisarios militares; un inspector que se considere representante del poder del
Estado, representante del partido que gobierna a Rusia. Al llegar a la aldea,
no debe actuar sólo como propagandista y maestro; a la par con ello, debe
preocuparse de que los maestros que jamás han oído una palabra viva, o esas
decenas y centenares de comisarios militares, participen en la labor del
agitador del partido. Cada maestro está obligado a tener folletos de agitación;
está obligado no sólo a tenerlos, sino a leérselos a los campesinos.
Y debe saber que, si no lo
hace, perderá su puesto. Y lo mismo en el caso de los comisarios militares:
deben tener esos folletos y leérselos a los campesinos.
El Poder soviético dispone
en sus instituciones de centenares de miles de funcionarios que son burgueses o
semiburgueses, o están tan embrutecidos que no creen en absoluto en nuestro
Poder soviético, o se sienten tan alejados de este poder que lo ven muy lejos,
en Moscú, mientras que tienen muy cerca a los kulaks, a los campesinos ricos,
los cuales poseen cereales, los guardan bajo candado y no les dan nada a ellos,
que están hambrientos.
![]()
72 El 22 de abril de 1918, el CEC de toda
Rusia promulgó un decreto por el que todos los ciudadanos de 18 a 40 años que
no explotasen trabajo ajeno eran incorporados al servicio militar general y
obligatorio. En virtud de este decreto se encomendó a los nuevos organismos de
instrucción militar general llevar un registro de los trabajadores comprendidos
en la edad de entrar en filas, prepararlos de acuerdo con un programa único y
formar con ellos unidades militares.
Discurso pronunciado en la II Conferencia de toda Rusia de
Organizaciones Responsables del trabajo ..
Al activista del partido le
incumbe, en este terreno, una doble misión. Debe recordar que no es sólo un
propagandista pertrechado con el arma de la palabra, que no sólo está llamado a
acudir en ayuda de los sectores más oprimidos de la población (ésa es su tarea
fundamental, sin eso no será un activista del partido, sin eso no podrá
llamarse comunista). Además de todo eso, debe ser un representante del Poder
soviético, debe establecer contacto con los maestros y coordinar su labor con
la del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública. No debe ser un inspector
en el sentido de efectuar controles y revisiones, sino un representante del
partido gobernante, del partido que gobierna ahora a toda Rusia por intermedio
de una parte del proletariado. Y en calidad de tal, debe recordar que su misión
es instruir, que tiene la obligación de atraer y enseñar a todos los maestros y
comisarios militares para que puedan realizar el mismo trabajo que él. Ellos
desconocen este trabajo y vosotros debéis enseñárselo.
52
Hoy están indefensos frente
al campesino harto. Tenéis que ayudarles a emanciparse de esa dependencia.
Debéis recordar firmemente que no sois sólo propagandistas y agitadores, sino
también representantes del poder estatal. Y no debéis destruir el mecanismo
existente, ni inmiscuiros en él ni embrollar su organización. Vuestro trabajo
ha de estar organizado de tal modo que, como instructores propagandistas y
agitadores capaces, dejéis siempre una huella, incluso después de un corto
período de actividad en el campo, no sólo en los papeles de los campesinos
comunistas que hayáis educado. Además de eso, debéis dejar huella en la
conciencia de la gente cuyo trabajo controláis y orientáis; en la conciencia de
aquellos a quienes encomendáis tareas y a quienes exigís que cada maestro y
cada comisario militar trabaje sin falta con un espíritu soviético, sepa que
ése es su deber y recuerde que, si no cumple con él, perderá su puesto. Debéis
organizar vuestro trabajo de tal modo que todos sepan y perciban que cada agitador
es un representante plenipotenciario del Poder soviético.
En estas condiciones, con un
empleo acertado de las fuerzas, las decuplicaréis y lograréis que cada centenar
de agitadores deje tras de sí una huella en forma de mecanismo organizador, que
ya existe, pero cuyo funcionamiento es todavía imperfecto e insatisfactorio.
Y en este terreno, como en los demás, os deseo éxito.
(Prolongados aplausos.)
Publicado los días 13
y 15 de junio de 1920 en los núms. 127 y 128 de "Pravda".
T. 41, págs. 138-150.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
53
TESIS PARA EL II CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA.
1.
Esbozo inicial de las tesis sobre los problemas nacional y
colonial.
(Para el II congreso de la
Internacional Comunista)
Al someter a examen de los
camaradas el siguiente proyecto de tesis sobre los problemas nacional y
colonial para el II Congreso de la Internacional Comunista, ruego a todos, y en
particular a los que tienen un conocimiento concreto de uno u otro de estos
complejísimos problemas, que den su opinión o presenten sus enmiendas,
adiciones o aclaraciones concretas en la
forma más concisa (dos o tres páginas, a lo sumo), principalmente en lo que
respecta a las cuestiones siguientes:
Experiencia de Austria.
Experiencia polaco-judía y ucraniana.
Alsacia-Lorena y Bélgica. Irlanda.
Relaciones germano-danesas. Ítalo-francesas e ítalo-eslavas.
Experiencia balcánica. Pueblos de
Oriente.
Lucha contra el panislamismo.
Relaciones en el Cáucaso.
Repúblicas de Bashkiria y Tartaria.
Kirguizistán.
Turquestán, su experiencia.
Negros en Norteamérica.
Colonias.
China-Corea-J apón.
5-VI-1920.
N. Lenin.
1.
A la
democracia burguesa le es propio, por su naturaleza misma, un modo abstracto o
formal de plantear el problema de la igualdad en general, incluida la igualdad
nacional. La democracia burguesa proclama, a título de igualdad del individuo
en general, la igualdad formal o jurídica entre el propietario y el proletario,
entre el explotador y el explotado, con lo que hace víctimas del mayor engaño a
las clases oprimidas. La idea de la igualdad, que es de por sí un reflejo de
las relaciones de la producción mercantil, es transformada por la burguesía en
una arma de lucha contra la supresión de las clases, so pretexto de una
pretendida igualdad absoluta de las personas. El verdadero sentido de la
reivindicación de igualdad no consiste sino en exigir la supresión de las
clases.
2. De acuerdo con su tarea fundamental de
luchar contra la democracia burguesa y denunciar su falsedad e hipocresía, el
Partido Comunista, intérprete consciente de la lucha del proletariado por
derrocar el yugo de la burguesía, debe considerar también fundamental, en lo
que respecta al problema nacional, no principios abstractos o formales, sino:
1) apreciar con exactitud la situación histórica concreta y, ante todo, la
situación económica; 2) destacar los intereses de las clases oprimidas, de los
trabajadores, de los explotados, distinguiéndolos con absoluta claridad del
concepto general de intereses de toda la nación en su conjunto, que significa
los intereses de la clase dominante; 3) establecer asimismo una neta diferencia
entre naciones oprimidas, dependientes, carentes de igualdad de derechos, y
naciones
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
opresoras, explotadoras,
soberanas, en oposición a la mentira democrática burguesa que encubre la
esclavización colonial y financiera —propia de la época del capital financiero
y del imperialismo— de la inmensa mayoría de la población de la Tierra por una
insignificante minoría de países capitalistas adelantados y muy ricos.
3. La guerra imperialista de 1914-1918 ha
puesto de relieve con particular claridad ante todas las naciones y ante las
clases oprimidas del mundo entero la mendacidad de la fraseología democrática
burguesa, demostrando en la práctica que el Tratado de Versalles, dictado por
las decantadas "democracias occidentales", constituye una violencia
aún más feroz e infame sobre las naciones débiles que el Tratado de
Brest-Litovsk, impuesto por los junkers alemanes y el káiser. La Sociedad de
Naciones, así como toda la política de posguerra de la Entente, revela con
mayor evidencia y de un modo más tajante aún esta verdad, intensificando por
doquier la lucha revolucionaria, tanto del proletariado de los países avanzados
como de todas las masas trabajadoras de las colonias y de los países
dependientes, y acelerando el desvanecimiento de las ilusiones nacionales
pequeñoburguesas sobre la posibilidad de la convivencia pacífica y la igualdad
de las naciones en el capitalismo.
54
4. De los principios básicos expuestos más
arriba se deduce que la piedra angular de toda la política de la Internacional
Comunista, en lo que al problema nacional y colonial se refiere, debe consistir
en acercar a los proletarios y a las masas trabajadoras de todas las naciones y
de todos los países para la lucha revolucionaria conjunta por el derrocamiento
de los terratenientes y de la burguesía. Porque sólo un acercamiento de este
tipo garantiza el triunfo sobre el capitalismo, sin el cual es imposible suprimir
la opresión y la desigualdad nacionales.
5.
La
situación política mundial ha puesto ahora a la orden del día la dictadura del
proletariado, y todos los hechos de la política internacional convergen de modo
inevitable en un punto central, a saber: la lucha de la burguesía mundial
contra la República Soviética de Rusia, que agrupa necesariamente a su
alrededor, de una parte, los movimientos de los obreros de vanguardia de todos
los países en pro del régimen soviético y, de otra parte, todos los movimientos
de liberación nacional de las colonias y de los pueblos oprimidos, los cuales
se convencen por amarga experiencia de que para ellos no existe otra salvación
que la victoria del Poder de los Soviets sobre el imperialismo mundial.
6. Por lo tanto, en la actualidad no hay
que limitarse a reconocer o proclamar simplemente el acercamiento entre los
trabajadores de las distintas naciones, sino que es preciso aplicar una
política que convierta en realidad la unión más estrecha de todos los
movimientos de liberación nacional y colonial con la Rusia Soviética, haciendo
que las formas de esta unión estén en consonancia con el grado de desarrollo
del movimiento comunista en el seno del proletariado de cada país o del
movimiento democrático burgués de liberación de los obreros y campesinos en los
países atrasados o entre las naciones atrasadas.
7.
La
federación es la forma de transición a la unidad completa de los trabajadores
de las diversas naciones. Ha revelado ya en la práctica su conveniencia tanto
en las relaciones entre la República Socialista Federativa Soviética de Rusia y
las otras repúblicas soviéticas (de Hungría, de Finlandia73 y de Letonia74, en
el pasado, y de Azerbaidzhán y de Ucrania, en el
![]()
73 Lenin alude a la República Obrera
Socialista Finlandesa, proclamada al pasar el poder a los obreros a fines de
enero de 1918. El 1 de marzo de1918 se firmó en Petrogrado un tratado entre la
República Obrera Socialista Finlandesa y la República Socialista Federativa
Soviética de Rusia. Este tratado, que se basaba en la plena igualdad de
derechos y el respeto de la soberanía de ambas partes, fue el primero en la
historia suscrito entre
En mayo de 1918, a consecuencia de la intervención de las
fuerzas armadas de Alemania, la revolución en Finlandia fue sofocada tras una
encarnizada guerra civil. La República Obrera Socialista Finlandesa existió
desde enero hasta mayo de 1918.
74 El 17 de diciembre de 1918, como
resultado de las acciones masivas del proletariado y el campesinado letones
contra los invasores alemanes y el gobierno contrarrevolucionario de Ulmanis,
en Letonia se formó el Gobierno
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
presente) como dentro de la
misma RSFSR, en lo referente a las naciones que antes carecían de Estado propio
y de autonomía (por ejemplo, las repúblicas autónomas de Bashkiria y de
Tartaria en la RSFSR, fundadas en 1919 y 1920, respectivamente).
8. En este sentido, la tarea de la
Internacional Comunista consiste en seguir desarrollando estas nuevas
federaciones, que surgen sobre la base del régimen soviético y del movimiento
soviético, y en estudiar y comprobar su experiencia. Al reconocer la federación
como forma de transición a la unidad completa, es necesario tender a estrechar
cada vez más la unión federativa, teniendo presente, primero, que sin la
alianza más estrecha de las repúblicas soviéticas es imposible salvaguardar su
existencia, cercadas por las potencias imperialistas del mundo entero,
incomparablemente más poderosas en el sentido militar; segundo, que es
imprescindible una estrecha alianza económica de las repúblicas soviéticas, sin
lo cual no es posible restablecer las fuerzas productivas destruidas por el
imperialismo ni asegurar el bienestar de los trabajadores, y tercero, que la
tendencia a crear una economía mundial única, regulada de acuerdo con un plan
general por el proletariado de todas las naciones, se ha revelado ya con plena
nitidez en el capitalismo y deberá desarrollarse, sin duda alguna, hasta
realizarse por completo en el socialismo.
9. En el terreno de las relaciones dentro
del Estado, la política nacional de la Internacional Comunista no puede
circunscribirse a un simple reconocimiento formal —puramente declarativo y que,
en la práctica, no obliga a nada— de la igualdad de las naciones, cosa que
hacen los demócratas burgueses, ya se presenten sin rebozo como tales o se
encubran con el título de socialistas, a semejanza de los socialistas de la II
Internacional.
No basta con que en toda la
labor de agitación y propaganda de los partidos comunistas — tanto desde la
tribuna parlamentaria como fuera de ella— se denuncien implacablemente las
continuas violaciones de la igualdad de las naciones y de las garantías de los
derechos de las minorías nacionales en todos los Estados capitalistas, a
despecho de sus constituciones "democráticas". Además de eso, es
preciso: 1) explicar de manera constante que sólo el régimen soviético puede
proporcionar realmente la igualdad de derechos de las naciones, uniendo primero
a los proletarios, y luego a toda la masa de los trabajadores, en la lucha
contra la burguesía, y 2) que todos los partidos comunistas presten una ayuda
directa al movimiento revolucionario en las naciones dependientes o que no
gozan de igualdad de derechos (por ejemplo, en Irlanda, entre los negros de
EE.UU., etc.) y en las colonias.
Sin esta última condición,
de suma importancia, la lucha contra la opresión de las naciones dependientes y
de las colonias, lo mismo que el reconocimiento de su derecho a separarse y
formar un Estado aparte, siguen siendo un rótulo falaz, como vemos en los
partidos de la II Internacional.
10.
El
reconocimiento verbal del internacionalismo y su sustitución efectiva, en toda
la propaganda, la agitación y la labor práctica, por el nacionalismo y el
pacifismo pequeñoburgueses es el fenómeno más común no sólo entre los partidos
de la II Internacional, sino también entre los que abandonaron esta
organización y, con frecuencia, incluso entre los que ahora se llaman
comunistas.
55
La lucha contra este mal,
contra los prejuicios nacionales pequeñoburgueses más arraigados, pasa tanto
más al primer plano cuanto mayor es la actualidad de la tarea de transformar la
dictadura del proletariado, convirtiéndola de nacional (es decir, existente en
un solo país e incapaz de determinar la política mundial) en internacional (es
decir, en dictadura del proletariado existente, por lo menos, en varios países
avanzados y capaz de influir de manera
![]()
Provisional soviético, que
publicó un manifiesto anunciando el paso del poder a los Soviets. En marzo de
1919, las unidades alemanas y de guardias blancos, pertrechadas y equipadas por
los imperialistas de los EE.UU. y de la Entente, emprendieron una vasta
ofensiva contra la Letonia Soviética. A comienzos de enero de 1920, después de
encarnizados combates, la burguesía contrarrevolucionaria implantó en el país
un régimen de terror sangriento.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
decisiva en toda la política
mundial). El nacionalismo pequeñoburgués llama internacionalismo al mero
reconocimiento de la igualdad de derechos de las naciones (que tiene un
carácter puramente verbal), manteniendo intacto el egoísmo nacional, en tanto
que el internacionalismo proletario exige: 1) que los intereses de la lucha
proletaria en un país sean subordinados a los intereses de esta lucha a escala
mundial; 2) que la nación que ha triunfado sobre la burguesía sea capaz y esté
dispuesta a hacer los mayores sacrificios nacionales en aras del derrocamiento
del capital internacional.
Así pues, en los Estados ya
completamente capitalistas, en los que actúan partidos obreros que son la
verdadera vanguardia del proletariado, la tarea esencial y primordial consiste
en combatir las deformaciones oportunistas y pacifistas pequeñoburguesas de la
concepción y la política del internacionalismo.
11.
En
lo que respecta a los Estados y las naciones más atrasados, donde predominan
las relaciones feudales o patriarcales y patriarcal-campesinas, es preciso
tener presente, en particular:
1) la necesidad de que todos los partidos
comunistas ayuden al movimiento democrático burgués de liberación en dichos
países; el deber de prestar la ayuda más activa incumbe, en primer término, a
los obreros del país del que la nación atrasada depende en el aspecto
financiero o como colonia;
2) la necesidad de luchar contra el clero y
demás elementos reaccionarios y medievales, que tienen influencia en los países
atrasados;
3) la necesidad de luchar contra el
panislamismo y otras corrientes semejantes, que tratan de combinar el
movimiento de liberación contra el imperialismo europeo y norteamericano con el
fortalecimiento de las posiciones de los kanes, de los latifundistas,
de los mulahs, etc.;*
* En las galeradas de corrección, Lenin trazó una llave frente a
los puntos 2 y 3 y escribió: "Unir 2 y 3". (N. de la Edit.)
4)
la
necesidad de apoyar especialmente en los países atrasados el movimiento
campesino contra los terratenientes, contra la gran propiedad agraria, contra
toda manifestación o reminiscencia del feudalismo, y esforzarse por dar al
movimiento campesino el carácter más revolucionario, estableciendo la alianza
más estrecha posible entre el proletariado comunista de Europa Occidental y el
movimiento revolucionario de los campesinos en Oriente, en las colonias y en
los países atrasados en general; es preciso, en particular, orientar todos los
esfuerzos a aplicar los postulados fundamentales del régimen soviético en los
países en que predominan las relaciones precapitalistas, creando "Soviets
de trabajadores", etc.;
5)
la
necesidad de combatir con decisión la tendencia a teñir de color comunista las
corrientes liberadoras democráticas burguesas en los países atrasados; la
Internacional Comunista debe apoyar los movimientos nacionales democráticos
burgueses en las colonias y en los países atrasados sólo a condición de que los
elementos de los futuros partidos proletarios —comunistas no sólo de nombre— se
agrupen y eduquen en todos los países atrasados para adquirir plena conciencia
de la misión especial que les incumbe: luchar contra los movimientos
democráticos burgueses dentro de sus respectivas naciones; la Internacional
Comunista debe concluir una alianza temporal con la democracia burguesa de las
colonias y de los países atrasados, pero no fusionarse con ella, sino proteger
a toda costa la independencia del movimiento proletario, incluso en sus formas
más rudimentarias;
6)
la
necesidad de explicar y denunciar inflexiblemente ante las grandes masas
trabajadoras de todos los países, y en particular de los atrasados, el engaño a
que recurren de modo sistemático las potencias imperialistas, las cuales crean,
bajo el aspecto de
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
Estados independientes en el
terreno político, Estados que dependen de ellos por completo en el sentido
económico, financiero y militar; en la presente situación internacional, las
naciones dependientes y débiles no tienen otra salvación que la unión de repúblicas
soviéticas.
12. La opresión secular de las colonias y de
los pueblos débiles por las potencias imperialistas ha despertado en las masas
trabajadoras de los países oprimidos tanto rencor como desconfianza hacia las
naciones opresoras en general, incluido también el
proletariado de estas naciones. La vil traición al
socialismo por la mayoría de
los líderes oficiales de este proletariado durante los años de 1914 a 1919,
cuando, invocando "la defensa de la patria", encubrían al estilo
socialchovinísta la defensa del "derecho" de "su propia"
burguesía a oprimir a las colonias y expoliar a los países dependientes en el
sentido financiero, no ha podido menos de acentuar esta desconfianza, legítima
en extremo. Por otra parte, cuanto más atrasado es un país, tanto más fuertes
son en él la pequeña producción agrícola, el estado patriarcal y el
aislamiento, que infunden de manera inevitable un vigor y una firmeza
singulares a los más profundos prejuicios pequeñoburgueses, a saber: los
prejuicios del egoísmo nacional y de la limitación nacional. La extinción de
esos prejuicios es sin falta un proceso muy lento, pues sólo pueden desaparecer
cuando desaparezcan el imperialismo y el capitalismo en los países avanzados y
cuando cambie radicalmente toda la base de la vida económica de los países
atrasados. De ahí el deber del proletariado comunista consciente de todos los
países de mostrar particular cuidado y atención respecto a las supervivencias
de los sentimientos nacionales en los países y en las naciones que han sufrido
una opresión más prolongada; deberá asimismo hacer ciertas concesiones, a fin
de lograr que desaparezcan con mayor rapidez la desconfianza y los prejuicios
indicados. La victoria sobre el capitalismo no puede ser conquistada, si el
proletariado, y luego todas las masas trabajadoras de todos los países y
naciones del mundo entero, no demuestran una aspiración voluntaria a la alianza
y a la unidad.
56
Publicado el 14 de julio de 1920 en el núm. 11 de la revista
"La Internacional Comunista".
T.
41, págs. 161-168.
2.
Esbozo inicial de las tesis sobre el problema agrario.
(Para el II congreso de la
Internacional Comunista.)
El camarada Marchlewski ha
expuesto admirablemente en su artículo 75 las
causas por las que la II Internacional, hoy Internacional amarilla76, ha sido incapaz no sólo de determinar la táctica del
proletariado revolucionario en el problema agrario, sino incluso de plantear
este problema como es debido. Además, el camarada Marchlewski ha sentado las
bases teóricas del programa agrario comunista de la III Internacional.
Sobre estas bases se puede
(y yo creo que se debe) redactar la resolución general del Congreso de la
Internacional Comunista, convocado para el 15 de julio de 1920, acerca del
problema agrario.
Cuanto decimos a continuación constituye el esbozo inicial de
dicha resolución.
![]()
75 Lenin se refiere al artículo de J.
Marchlewski El problema agrario y la
revolución mundial, publicado el 20 de julio de 1920 en el núm. 12 de la
revista La Internacional Comunista.
Lenin conoció el artículo antes de que viera la luz este número de la revista.
76 Lenin alude a la II Internacional (de Berna), fundada en febrero de 1919, en una
conferencia de partidos socialistas, por los líderes de los partidos
socialistas euroccidentales, en sustitución de la II Internacional, que dejó de
existir al estallar la primera guerra mundial.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
1. Sólo el proletariado urbano e industrial, dirigido
por el Partido Comunista,
puede librar a las masas trabajadoras rurales del yugo del capital y de la gran
propiedad terrateniente, de la ruina económica y de las guerras imperialistas,
inevitables una y otra vez mientras se mantenga el régimen capitalista. Las
masas trabajadoras del campo no tienen otra salvación que concluir una alianza
con el proletariado comunista y apoyar abnegadamente su lucha revolucionaria
para derribar el yugo de los terratenientes (grandes propietarios agrarios) y
de la burguesía.
Por otra parte, los obreros
industriales no podrán cumplir su misión histórica universal — liberar a la
humanidad de la opresión del capital y de las guerras— si se encierran en el
marco de los estrechos intereses gremiales, profesionales, y se limitan, satisfechos,
a preocuparse de mejorar su situación, a veces tolerable desde el punto de
vista pequeñoburgués. Esto es precisamente lo que ocurre en muchos países
avanzados donde existe una "aristocracia obrera", la cual constituye
la base de los partidos seudosocialistas de la II Internacional y, en realidad,
representa a los peores enemigos del socialismo, a quienes lo han traicionado,
a los chovinistas pequeñoburgueses, a los agentes de la burguesía en el seno
del movimiento obrero. El proletariado es una clase verdaderamente
revolucionaria y actúa en un espíritu auténticamente socialista sólo cuando en
sus manifestaciones y sus actos procede como vanguardia de todos los
trabajadores y explotados, como jefe suyo en la lucha para derribar a los
explotadores. Y esto es imposible sin llevar al campo la lucha de clases, sin
agrupar a las masas de trabajadores rurales en torno al Partido Comunista del
proletariado urbano, sin que éste eduque a aquéllas.
2. Las masas trabajadoras y explotadas del
campo que el proletariado urbano debe conducir a la lucha — o, cuando menos,
ganar para su causa— están representadas en todos los países capitalistas por
las clases siguientes:
Primero: el proletariado
agrícola, los obreros asalariados (contratados por un año, temporeros y
jornaleros), que se ganan la vida trabajando a jornal en empresas agrícolas
capitalistas. Es tarea fundamental de
los partidos comunistas de todos los países organizar a esta clase (en el
terreno político, militar, sindical, cooperativo, cultural y educativo, etc.)
independientemente, aparte de los demás grupos de la población rural, desplegar
entre ella una intensa labor de propaganda y agitación y ganarla para la causa
del Poder soviético y de la dictadura del proletariado.
Segundo: los semiproletarios
o campesinos parcelarios, es decir, los que se ganan la vida, en parte,
mediante el trabajo asalariado en empresas capitalistas agrícolas e
industriales y, en parte, trabajando en la parcela propia o tomada en arriendo,
la cual les proporciona sólo cierta cantidad de los productos necesarios para
la subsistencia de sus familias. Este grupo de la población trabajadora rural
es muy numeroso en todos los países capitalistas. Los representantes de la
burguesía y "los socialistas" amarillos de la II Internacional velan
la existencia y la situación especial de dicho grupo, engañando, en parte, de
manera consciente a los obreros y, en parte, cayendo ciegamente bajo la
influencia de la rutina de las concepciones vulgares y confundiendo a estos
trabajadores con la masa común de "los campesinos" en general.
Semejante procedimiento de embaucamiento burgués de los obreros se advierte,
sobre todo, en Alemania y en Francia, así como en los EE.UU. y otros países.
Cuando los partidos comunistas organicen su labor como es debido, tendrán en
dicho grupo un adepto seguro, pues la situación de estos semiproletarios es
sumamente penosa y con el Poder soviético y la dictadura del proletariado sus
ventajas serán inmensas e inmediatas.
57
Tercero: los pequeños
campesinos, es decir, los pequeños labradores que poseen, como propiedad o en
arriendo, una parcela de tierra tan reducida, que, cubriendo las necesidades de
su familia y de su hacienda, no contratan jornaleros. Esta categoría, como tal,
sale
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
ganando, sin duda alguna,
con la victoria del proletariado, el cual le garantiza en el acto y por
completo: a) la supresión del pago del arriendo o de la entrega de una parte de
la cosecha (por ejemplo, los métayers —aparceros—
en Francia, en Italia, etc.) a los grandes propietarios agrarios; b) la
supresión de las hipotecas; c) la supresión de las múltiples formas de opresión
y dependencia respecto de los grandes propietarios agrarios (disfrute de los
bosques, etc.);
d) la ayuda inmediata a sus haciendas por
el poder estatal proletario (la posibilidad de utilizar los aperos de labranza
y parte de las instalaciones en las grandes haciendas capitalistas expropiadas
por el proletariado; la transformación inmediata por el poder estatal
proletario de las cooperativas y asociaciones agrícolas —que en el capitalismo
servían, sobre todo, a los campesinos ricos y medios— en organizaciones
destinadas a ayudar, en primer término, a los campesinos pobres, es decir, a
los proletarios, semiproletarios y pequeños campesinos, etc.), y otras muchas
ventajas.
A la par con ello, los
partidos comunistas deben comprender claramente que en el período de transición
del capitalismo al comunismo, es decir, durante la dictadura del proletariado,
en este sector, por lo menos en una parte de él, son inevitables las vacilaciones:
tenderá a una libertad de comercio ilimitada y a la libertad de ejercer los
derechos de propiedad privada, pues este sector, siendo ya (si bien en pequeña
proporción) vendedor de artículos de consumo, está corrompido por la
especulación y por los hábitos de propietario. Pero si el proletariado
victorioso sigue una política firme, si ajusta resueltamente las cuentas a los
grandes propietarios de la tierra y a los campesinos ricos, las vacilaciones de
este sector no podrán ser considerables ni cambiar el hecho de que, en general,
se encontrará al lado de la revolución proletaria.
3. En su conjunto, los tres grupos
señalados constituyen en todos los países capitalistas la mayoría de la
población rural. Por eso, está asegurado plenamente el éxito de la revolución
proletaria no sólo en la ciudad, sino también en el campo. Está muy extendida
la opinión contraria, pero se mantiene únicamente, en primer lugar, porque la
ciencia y la estadística burguesas emplean de manera sistemática el engaño,
disimulando por todos los medios el profundo abismo que media entre las clases
rurales indicadas y los explotadores, los terratenientes y los capitalistas,
así como entre los semiproletarios y los pequeños campesinos, por un lado, y
los campesinos ricos, por otro. En segundo lugar, se mantiene debido a la
incapacidad y la falta de deseo de los "héroes" de la II
Internacional amarilla y de "la aristocracia obrera" de los países
avanzados, corrompida por las prebendas imperialistas, de desplegar una
verdadera labor proletaria revolucionaria de propaganda, agitación y
organización entre los campesinos pobres. Los oportunistas han centrado y
centran toda su atención en inventar formas de conciliación teórica y práctica
con la burguesía, incluidos los campesinos ricos y medios (de ellos hablaremos
más adelante), y no en el derrocamiento revolucionario del gobierno burgués y
de la burguesía por el proletariado. En tercer lugar, se mantiene debido a la
incomprensión obstinada, que tiene ya el arraigo de un prejuicio (vinculado a
todos los prejuicios democráticos burgueses y parlamentarios), de una verdad,
plenamente demostrada por el marxismo en el terreno teórico y confirmada por la
experiencia de la revolución proletaria en Rusia, a saber: que la población
rural de las tres categorías señaladas, embrutecida, desperdigada, oprimida en
extremo y condenada en todos los países más avanzados a vivir en unas
condiciones semisalvajes —pero interesada desde el punto de vista económico,
social y cultural en el triunfo del socialismo—, es capaz de apoyar
enérgicamente al proletariado revolucionario sólo después de que éste conquiste el poder político, sólo después de que ajuste las cuentas con
energía a los grandes terratenientes y a los capitalistas, sólo después de que los oprimidos vean en la práctica que tienen un jefe y un
defensor organizado, poderoso y firme en grado suficiente para ayudar y
dirigir, para señalar el camino acertado.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
4.
Por
"campesinos medios" debe entenderse, en el sentido económico, a los
pequeños agricultores que poseen a título de propiedad o en arriendo también
pequeñas parcelas de tierra, pero tales que, en primer lugar, proporcionan bajo
el capitalismo, como regla general, no sólo lo necesario para sostener
pobremente a su familia y su hacienda, sino también la posibilidad de obtener
cierto excedente, que puede, por lo menos en los años mejores, convertirse en
capital; y que, en segundo lugar, permiten recurrir con bastante frecuencia
(por ejemplo, en una hacienda de cada dos o tres) al empleo de mano de obra
asalariada. Un ejemplo concreto de campesinado medio en un país capitalista
avanzado lo ofrece en Alemania, según el censo de 1907, el grupo de haciendas
de cinco a diez hectáreas, una tercera parte de las cuales emplean obreros
asalariados*. En Francia, donde están más desarrollados los cultivos
especiales, por ejemplo, la viticultura, que requieren mayor cantidad de mano
de obra, el grupo correspondiente ha de emplear, probablemente, el trabajo
asalariado en proporciones aún mayores.
* He aquí las cifras exactas: el número de
haciendas de cinco a diez hectáreas era de 652.798 (de un total de 5.736.082);
tenían 487.704 trabajadores asalariados de todo tipo, ascendiendo a 2.003.633
los obreros de la familia (Famtiienangehärtge),
En Austria, según el censo de 1902, había en este grupo 383.331 haciendas, de
las cuales 126.136 empleaban trabajo asalariado; 146.044 trabajadores
asalariados y 1.265.969 obreros de la familia. El total de haciendas en Austria
era de 2.856.349.
58
El proletariado revolucionario no puede señalarse — por lo menos
en un porvenir inmediato y en el período inicial de la dictadura del
proletariado— la tarea de ganarse a este sector, sino que debe limitarse a
neutralizarlo, es decir, a hacer que sea neutral en la lucha entre el
proletariado y la burguesía. Las vacilaciones de este sector entre las dos
fuerzas son inevitables, y su tendencia predominante al comienzo de la nueva
época, en los países capitalistas desarrollados, será favorable a la burguesía.
Porque allí prevalecen la mentalidad y el espíritu de propietarios; el interés
por la especulación, por "la libertad" de comercio y de propiedad es
inmediato; el antagonismo con los obreros asalariados es directo. El
proletariado victorioso mejorará inmediatamente la situación de este sector al
suprimir los arriendos y las hipotecas. En la mayoría de los Estados
capitalistas, el poder proletario no debe en modo alguno abolir en el acto y
por completo la propiedad privada; en todo caso, no sólo garantizará a los
campesinos pequeños y medios la conservación de sus parcelas de tierra, sino
que las aumentará en la superficie que arriendan de ordinario (supresión de los
pagos de arrendamiento).
Las medidas de este género,
unidas a la lucha implacable contra la burguesía, garantizan por completo el
éxito de la política de neutralización. El poder estatal proletario debe pasar
a la agricultura colectiva sólo con las mayores precauciones y de un modo
gradual, sirviéndose del ejemplo, sin ejercer coacción alguna sobre los
campesinos medios.
5.
Los
campesinos ricos (Grossbauern) son
los patronos capitalistas en la agricultura, que explotan su hacienda, por lo
general, contratando varios obreros asalariados; estos campesinos ricos están
vinculados al "campesinado" sólo por su bajo nivel cultural, su modo
de vida y su trabajo personal manual en su hacienda. Los campesinos ricos
forman el más numeroso de los sectores burgueses, enemigos directos y acérrimos
del proletariado revolucionario. En toda su labor en el campo, los partidos
comunistas deben prestar la atención principal a luchar contra este sector, a
liberar a la mayoría de la población rural trabajadora y explotada de la
influencia ideológica y política de estos explotadores, etc. Después de
triunfar el proletariado en la ciudad, serán absolutamente inevitables
manifestaciones de resistencia y sabotajes de todo tipo, así como acciones
armadas directas de carácter contrarrevolucionario, por parte de este sector.
De ahí que el proletariado revolucionario deba iniciar sin demora la
preparación ideológica y orgánica de las fuerzas necesarias para desarmar por
completo a este sector y, a la par con el derrocamiento de los capitalistas en
la industria, asestarle, en la primera manifestación de resistencia, el golpe
más decisivo, implacable y demoledor, armando para ello al proletariado rural y
organizando
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
Soviets rurales, en los
cuales no hay lugar para los explotadores y debe asegurarse el predominio de
los proletarios y semiproletarios.
Sin embargo, la expropiación
incluso de los campesinos ricos no debe ser en modo alguno la tarea inmediata
del proletariado victorioso, pues no existen aún condiciones materiales, en
particular técnicas, ni sociales para colectivizar estas haciendas. En ciertos
casos, probablemente excepcionales, se les confiscarán los lotes que entregan
en arriendo o que son imprescindibles para los pequeños campesinos de la
vecindad. A estos últimos habrá que garantizarles también el usufructo
gratuito, en determinadas condiciones, de una parte de la maquinaria agrícola
de los campesinos ricos, etc. Pero, como regla general, el poder estatal
proletario debe dejar sus tierras a los campesinos ricos, confiscándolas sólo
si oponen resistencia al poder de los trabajadores y explotados. La experiencia
de la revolución proletaria en Rusia, donde la lucha contra los campesinos
ricos se ha complicado y prolongado debido a una serie de condiciones
especiales, ha demostrado, pese a todo, que este sector, después de recibir una
buena lección al menor intento de resistencia, es capaz de cumplir lealmente
las tareas que le asigna el Estado proletario e incluso, si bien con
extraordinaria lentitud, empieza a sentir respeto por el poder que defiende a
todo trabajador y es implacable con los ricos parasitarios.
Las condiciones especiales
que han complicado y frenado en Rusia el combate del proletariado, triunfante
sobre la burguesía, contra los campesinos ricos se reducen principalmente a que
la revolución rusa, después de la insurrección del 25 de octubre (7 de
noviembre) de 1917, pasó por una fase de lucha "democrática general",
es decir, en el fondo, democrática burguesa, de todo el campesinado en su
conjunto contra los terratenientes; luego, a la debilidad cultural y numérica
del proletariado urbano; por último, a las enormes extensiones del país y al
pésimo estado de sus vías de comunicación. Por cuanto en los países adelantados
no existe este freno, el proletariado revolucionario de Europa y de América
debe preparar con mayor energía y terminar con mayor rapidez, decisión y éxito
el triunfo completo sobre la resistencia de los campesinos ricos y arrebatarlos
la menor posibilidad de oponer resistencia. Esto es absolutamente
imprescindible, pues antes de conquistar este triunfo completo, definitivo, las
masas de proletarios y semiproletarios rurales y de pequeños campesinos no
estarán en condiciones de considerar completamente afianzado el poder estatal
proletario.
59
6.
El
proletariado revolucionario debe proceder a la confiscación inmediata y
absoluta de todas las tierras de los latifundistas y grandes propietarios
agrarios, es decir, de quienes en los países capitalistas explotan de un modo
sistemático, directamente o por medio de sus arrendatarios, a los obreros
asalariados y a los pequeños campesinos (con frecuencia incluso a los
campesinos medios) de los alrededores, sin tomar ellos parte alguna en el
trabajo manual, y pertenecen en su mayoría a familias descendientes de los
señores feudales (nobleza en Rusia, Alemania y Hungría; señores restaurados en
Francia, lores en Inglaterra y antiguos esclavistas en Norteamérica) o a los
magnates financieros enriquecidos de manera singular, o a híbridos de estas dos
categorías de explotadores y parásitos.
En las filas de los partidos
comunistas no debe tolerarse en modo alguno la propaganda o la aprobación de
indemnizaciones a los grandes propietarios agrarios por las tierras
expropiadas, pues en las condiciones actuales de Europa y de América eso
significaría una traición al socialismo y una imposición de nuevos tributos a
las masas trabajadoras y explotadas, las más perjudicadas por la guerra, que ha
multiplicado el número de millonarios y aumentado sus riquezas.
En cuanto al modo de
explotación de las tierras confiscadas por el proletariado victorioso a los
grandes terratenientes, en Rusia ha predominado, a causa de su atraso
económico, el reparto de estas tierras y su entrega en usufructo a los
campesinos; sólo en casos
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
relativamente raros, el
Estado proletario ha mantenido las llamadas "haciendas soviéticas",
dirigiéndolas por su cuenta y transformando a los antiguos jornaleros en
obreros que trabajan por encargo del Estado y en miembros de los Soviets, que administran
el Estado. En los países capitalistas avanzados, la Internacional Comunista
considera justo conservar primordialmente
las grandes empresas agropecuarias y explotarlas según el tipo de las "haciendas soviéticas" de
Rusia.
Sin embargo, sería un
gravísimo error exagerar esta regla o convertirla en un patrón y no admitir en
ningún caso la entrega gratuita de una
parte de la tierra de los expropiadores expropiados a los pequeños
campesinos y, a veces, hasta a los campesinos medios de los términos vecinos.
En primer lugar, la objeción
habitual contra eso, consistente en aducir que las grandes explotaciones
agrícolas son técnicamente superiores, se reduce con frecuencia a sustituir una
verdad teórica indiscutible con el oportunismo de la peor especie y con la
traición a la revolución. Para asegurar el éxito de esta revolución, el
proletariado no tiene derecho a detenerse ante la disminución temporal de la
producción, de la misma manera que los burgueses enemigos del esclavismo en
América del Norte no se detuvieron ante la reducción temporal de la producción
de algodón a consecuencia de la guerra civil de 1863-1865. Para los burgueses,
la producción es un fin en sí; pero a los trabajadores y explotados les
importa, sobre todo, derrocar a los explotadores y asegurar condiciones que les
permitan trabajar para sí mismos y no para el capitalista. La tarea primordial
y fundamental del proletariado consiste en garantizar y afianzar su triunfo. Y
no puede haber afianzamiento del poder proletario sin neutralizar a los campesinos
medios y sin asegurarse el apoyo de una parte muy considerable de los pequeños
campesinos, si no de su totalidad.
En segundo lugar, no sólo el
aumento, sino incluso el mantenimiento de la gran producción agropecuaria
presupone la existencia de un proletariado rural completamente desarrollado y
con conciencia revolucionaria, que haya cursado una escuela sólida en el sentido
profesional, político y de organización.
Donde falte esta condición o
no exista aún la posibilidad de confiar con provecho esta misión a obreros
industriales conscientes y competentes, las tentativas de un paso prematuro a
la dirección de las grandes explotaciones por el Estado no podrán sino comprometer
el poder proletario. En tales casos se requerirá sumo cuidado y la mayor
preparación al crear "haciendas soviéticas".
En tercer lugar, en todos
los países capitalistas, hasta en los más avanzados, subsisten aún restos
deexplotación medieval, semifeudal, de los pequeños campesinos de los
alrededores por los grandes propietarios agrarios, como, por ejemplo, de los Instleute* en Alemania, los métayers en Francia y los aparceros
arrendatarios en los EE.UU. (no sólo negros, que son explotados en la mayoría de los casos en los Estados del Sur
precisamente de este modo, sino a veces también blancos). En casos como éstos,
el Estado proletario tiene el deber de entregar las tierras en usufructo
gratuito a los pequeños campesinos que las llevaban antes en arriendo, pues no
existe otra base económica y técnica ni hay posibilidad de crearla de la noche
a la mañana.
* Arrendatarios. (N. de la
Edit.)
Los aperos de las grandes
haciendas deben ser confiscados sin falta y convertidos en patrimonio del
Estado, con la condición expresa de que, después
de asegurar de esos aperos a las grandes haciendas del Estado, los pequeños
campesinos de los alrededores puedan utilizarlos gratis, observando las
condiciones que fije el Estado proletario.
60
Si en los primeros momentos,
nada más triunfar la revolución proletaria, es absolutamente imprescindible no
sólo confiscar sin demora las haciendas de los grandes propietarios agrarios,
sino incluso expulsar a éstos por completo o internarlos, como dirigentes de la
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
contrarrevolución y
opresores despiadados de toda la población rural, a medida que se afiance el
poder proletario tanto en la ciudad como en el campo es obligatorio tender sin
falta, de un modo sistemático, a que las fuerzas de esta clase poseedoras de gran
experiencia, conocimientos y capacidad de organización sean aprovechadas (bajo
un control especial de obreros comunistas segurísimos) para crear la gran
agricultura socialista.
7.
La
victoria del socialismo sobre el capitalismo y el afianzamiento del primero
podrán considerarse garantizados sólo cuando el poder estatal proletario,
después de sofocar definitivamente toda resistencia de los explotadores y de
asegurarse la absoluta estabilidad y la subordinación completa a su régimen,
reorganice toda la industria a partir de la gran producción colectiva y de la
técnica moderna (basada en la electrificación de toda la economía). Eso es lo
único que permitirá a la ciudad prestar a la aldea atrasada y dispersa una
ayuda técnica y social decisiva, con miras a crear la base material para
acrecentar en grado inmenso la productividad del trabajo agrícola y, en
general, del trabajo agropecuario, estimulando así con el ejemplo a los
pequeños labradores a pasar, en su propio beneficio, a la gran agricultura
colectiva y mecanizada. Esta verdad teórica incontestable, que todos los
socialistas reconocen nominalmente, es deformada en la práctica por el
oportunismo, que predomina tanto en la II Internacional amarilla como entre los
líderes de los "independientes" alemanes e ingleses, los longuetistas
franceses, etc. La deformación consiste en fijar la atención en un hermoso
futuro, de color de rosa y relativamente lejano, apartándola de las tareas
inmediatas derivadas del paso y el acercamiento concreto y difícil a ese
futuro. En la práctica, eso se reduce a preconizar el conciliacionismo con la
burguesía y "la paz social", es decir, a traicionar por entero al
proletariado, el cual lucha hoy en medio de una ruina económica y una
depauperación sin precedentes, creadas en todas partes por la guerra, en unas
condiciones de escandaloso enriquecimiento y ensoberbecimiento de un puñado de
millonarios precisamente gracias a la guerra.
Justamente en el campo, la
posibilidad efectiva de una lucha victoriosa por el socialismo reclama, en
primer lugar, que todos los partidos comunistas inculquen en el proletariado
industrial el convencimiento de que son indispensables sacrificios de su parte
y de que debe estar dispuesto a hacer esos sacrificios en aras del
derrocamiento de la burguesía y de la consolidación del poder proletario.
Porque la dictadura del proletariado significa tanto la capacidad de éste para
organizar y llevar tras de sí a todas las masas trabajadoras y explotadas como
la capacidad de la vanguardia para hacer los mayores sacrificios y demostrar el
mayor heroísmo a fin de lograr este objetivo. En segundo lugar, para lograr el
éxito se requiere que las masas trabajadoras y más explotadas del campo
obtengan del triunfo de los obreros mejoras inmediatas y sensibles en su
situación a expensas de los explotadores, pues sin ello el proletariado
industrial no tendrá asegurado el apoyo del campo y, en particular, no podrá
asegurar de otra manera el abastecimiento de víveres a las ciudades.
8.
La
inmensa dificultad que implica organizar y educar para la lucha revolucionaria
a las masas trabajadoras campesinas —colocadas por el capitalismo en
condiciones de singular opresión, dispersión y, a menudo, dependencia
semírnadieval— impone a los partidos comunistas el deber de prestar una
atención especial a la lucha huelguística en el campo, apoyar intensamente y
fomentar por todos los medios las huelgas de masas entre los proletarios y
semiproletarios agrícolas. La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y
1917, confirmada y ampliada ahora por la experiencia de Alemania y de otros
países avanzados, demuestra que sólo la creciente lucha huelguística de las
masas (a la cual, en ciertas condiciones, pueden y deben ser incorporados en
las localidades rurales también los pequeños campesinos) es capaz de sacar al
campo de su letargo, despertar entre las masas explotadas del agro la
conciencia de clase y el convencimiento de que deben organizarse
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
como clase y revelar ante
ellas, de un modo patente y práctico, la importancia de su alianza con los
obreros de la ciudad.
El Congreso de la
Internacional Comunista estigmatiza como traidores y felones a los socialistas
—existentes, por desgracia, no sólo en la II Internacional amarilla, sino
también en los tres partidos más importantes de Europa que se han retirado de
ella— que son capaces no sólo de permanecer indiferentes ante la lucha
huelguística en el campo, sino incluso de manifestarse contra ella (como ha
hecho C. Kautsky), alegando que entraña el peligro de disminuir la producción
de artículos de consumo. Todo programa y toda declaración, por muy solemnes que
sean, carecen de valor si no se demuestra con hechos, en la práctica, que los
comunistas y los dirigentes obreros saben colocar por encima de todo el
desarrollo y el triunfo de la revolución proletaria y saben hacer en su nombre
los más grandes sacrificios, pues de otro modo no hay salida ni salvación del
hambre, de la ruina y de nuevas guerras imperialistas.
Es preciso, en particular,
señalar que los líderes del viejo socialismo y los representantes de "la
aristocracia obrera" —que hoy hacen a menudo concesiones verbales al
comunismo e incluso se colocan nominalmente a su lado con tal de conservar su
prestigio entre las masas obreras, que se radicalizan con rapidez— deben probar
su lealtad a la causa del proletariado y su capacidad de desempeñar cargos de
responsabilidad precisamente en actividades en las que el desarrollo de la
conciencia y de la lucha revolucionarias es más acentuado; en las que la
resistencia de los terratenientes y de la burguesía (campesinos ricos, kulaks)
es más encarnizada; en las que la diferencia entre el socialista conciliador y
el comunista revolucionario se manifiesta con la mayor evidencia.
61
9. Los partidos comunistas deben hacer
todos los esfuerzos necesarios para empezar con la mayor rapidez posible a
crear en el campo Soviets de diputados, en primer término, de obreros
asalariados y semiproletarios. Los Soviets podrán cumplir su cometido y afianzarse
en grado suficiente para someter a su influencia (y luego incorporar a su seno)
a los pequeños campesinos sólo en el caso de que estén vinculados a la lucha
huelguística de masas y a la clase más oprimida. Pero si no está desarrollada
aún la lucha huelguística y es débil la capacidad de organización del
proletariado rural —debido al peso de la opresión de los terratenientes y
campesinos ricos y a la falta de apoyo por parte de los obreros industriales y
de sus sindicatos—, la formación de Soviets de diputados en el campo requerirá
una larga preparación: habrá que crear células comunistas, aunque sean
pequeñas, desplegar una intensa agitación exponiendo las reivindicaciones del
comunismo de la manera más popular posible y explicándolas con el ejemplo de
las manifestaciones más flagrantes de explotación y opresión, organizar visitas
sistemáticas de los obreros industriales a las aldeas, etc.
Publicado el 20 de
julio de 1920 en el núm. 12 de la revista "La Internacional
Comunista".
T. 41, págs. 169-182.
3. Tesis
sobre las tareas fundamentales del II Congreso de la Internacional Comunista.
1. El momento actual en el desarrollo del
movimiento comunista
internacional se distingue por el hecho de que, en todos los países
capitalistas, los mejores representantes del proletariado revolucionario han
comprendido plenamente los principios fundamentales de la Internacional
Comunista —la dictadura del proletariado y el Poder soviético— y se han puesto
al lado de la Internacional Comunista con un entusiasmo sin límites. Un paso
todavía más importante y trascendental es la
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
circunstancia de que las más
amplias masas del proletariado urbano y la parte avanzada de los obreros
agrícolas expresen por doquier, de modo categórico, su solidaridad absoluta con
estos principios fundamentales.
Por otro lado, se han
revelado dos errores o debilidades del movimiento comunista internacional, que
crece con inusitada rapidez. El primer error, muy grave y que representa un
inmenso peligro directo para el éxito de la causa de la emancipación del proletariado,
consiste en que algunos viejos líderes y algunos viejos partidos de la II
Internacional —en parte cediendo de modo semiinconsciente a los deseos y a la
presión de las masas y en parte engañándolas de manera consciente para seguir
desempeñando el papel de agentes y auxiliares de la burguesía dentro del
movimiento obrero— proclaman su adhesión condicional e incluso incondicional a
la III Internacional, permaneciendo de hecho, en toda su labor de partido y en
toda su actividad política, al nivel de la II Internacional. Tal estado de
cosas es inadmisible por completo, pues lleva directamente a la corrupción de
las masas y mina el prestigio de la III Internacional, amenazando con la
repetición de traiciones como la de los socialdemócratas húngaros77 que adoptaron de la noche a la mañana el título de comunistas.
El segundo error, mucho menos considerable y que es más bien una enfermedad de
crecimiento del movimiento, consiste en la tendencia al
"izquierdismo", que conduce a una apreciación equivocada del papel y
las tareas del partido con relación a la clase y a las masas y de la obligación
de los comunistas revolucionarios de actuar en los parlamentos burgueses y en
los sindicatos reaccionarios.
Es deber de los comunistas
no silenciar las debilidades de su movimiento, sino criticarlas abiertamente
para desembarazarse de ellas lo antes posible y de la manera más radical. A
este fin es necesario, primero, determinar de un modo más concreto, en particular
sobre la base de la experiencia práctica ya adquirida, el contenido de los
conceptos "dictadura del proletari.ado" y "Poder
soviético"; segundo, indicar en qué puede y debe consistir en todos los
países la labor preparatoria inmediata y sistemática para aplicar estas
consignas, y tercero, señalar los caminos y métodos para corregir las
deficiencias de nuestro movimiento.
I. Esencia de la
dictadura del proletariado y del poder soviético.
2. La victoria del socialismo (como primera fase del comunismo)
sobre el capitalismo exige que el proletariado, en su calidad de única clase
verdaderamente revolucionaria, cumpla las tres tareas siguientes. Primera:
derrocar a los explotadores y, ante todo, a la burguesía, como principal
representante económico y político de aquéllos; derrotarlos en toda la línea;
sofocar su resistencia; hacer imposibles sus intentos de restaurar el yugo del
capital y la esclavitud asalariada. Segunda: atraer y llevar tras la vanguardia
revolucionaria del proletariado, tras su Partido Comunista, no sólo a todo el
proletariado o a la inmensa y aplastante mayoría del mismo, sino a todas las
masas de trabajadores y explotados por el capital; instruirlos, organizarlos,
educarlos y disciplinarlos en el curso de una lucha irreductible, audaz, firme
y despiadada contra los explotadores; arrancar de la dependencia de la
burguesía a esta mayoría abrumadora de la población en todos los países
capitalistas e infundirle, a través de la experiencia práctica, confianza en el
papel dirigente del proletariado y de su vanguardia revolucionaria. Tercera:
neutralizar o hacer inocuas las inevitables vacilaciones entre la burguesía y
el proletariado, entre la democracia burguesa y el Poder soviético, por parte
de la clase de los pequeños propietarios en la agricultura, la industria y el
comercio —todavía bastante numerosa en casi todos los países avanzados, pero
que constituye una minoría de la población— y por parte del sector de
intelectuales, empleados, etc., que corresponde a dicha clase.
62
![]()
77 Véase la nota 42.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
Las dos primeras tareas son
independientes y cada una de ellas requiere sus propios métodos, especiales, de
acción con respecto a los explotadores y a los explotados. La tercera tarea
dimana de las dos primeras, exigiendo sólo una combinación inteligente,
oportuna y flexible de los métodos de la primera y la segunda, en dependencia
de las circunstancias concretas de cada caso particular en que se den
vacilaciones.
3. Dada la situación concreta que han
creado en el mundo entero —y sobre todo en los países capitalistas más
avanzados y potentes, más cultos y libres— el militarismo y el imperialismo, el
estrangulamiento de las colonias y de los países débiles, la matanza
imperialista mundial y la "paz" de Versalles, toda admisión de la
idea del sometimiento pacífico de los capitalistas a la voluntad de la mayoría
de los explotados y del tránsito pacífico y reformista al socialismo, además de
ser una estupidez pequeñoburguesa en extremo, equivale a engañar con todo
descaro a los obreros, embellecer la esclavitud asalariada capitalista y
ocultar la verdad. Esta verdad consiste en que la burguesía más instruida y
democrática no repara ya en recurrir al fraude y al crimen, cualesquiera que
sean, y en descargar sus golpes contra millones de obreros y campesinos para
salvar la propiedad privada de los medios de producción. Las únicas medidas que
pueden asegurar el sometimiento efectivo de toda la clase explotadora son el
derrocamiento violento de la burguesía, la confiscación de su propiedad y la
destrucción de todo el mecanismo estatal burgués de abajo arriba —
parlamentario, judicial, militar, burocrático, administrativo, municipal,
etc.—, llegándose incluso a desterrar o internar a los explotadores más
peligrosos y contumaces y a vigilarlos con el mayor rigor para contrarrestar
las inevitables tentativas de ofrecer resistencia y de restaurar la esclavitud
capitalista.
Por otra parte, es un
embellecimiento idéntico del capitalismo y de la democracia burguesa y un
engaño igual a los obreros admitir la idea —como hacen habitualmente los viejos
partidos y los viejos líderes de la II Internacional— de que la mayoría de los
trabajadores y explotados puede forjarse una clara conciencia socialista, unas
convicciones y un carácter firmemente socialistas bajo la esclavitud
capitalista, bajo el yugo de la burguesía, que reviste formas infinitamente
variadas, tanto más sutiles y, al mismo tiempo, crueles y despiadadas cuanto
más civilizado es el país capitalista de que se trate. En realidad, sólo
después de que la vanguardia del proletariado, apoyada por toda esta clase, la
única revolucionaria, o por la mayoría de ella, derroque a los explotadores,
sofoque su resistencia, emancipe a los explotados de su esclavitud y mejore en
el acto sus condiciones de vida a expensas de los capitalistas expropiados;
sólo después de esto, y en el curso mismo de una enconada lucha de clases,
serán factibles la instrucción, educación y organización de las grandes masas
de trabajadores y explotados en torno al proletariado, bajo su influencia y su
dirección; sólo entonces será posible liberarlas del egoísmo, la dispersión,
los vicios y la debilidad que dimanan de la propiedad privada y convertirlas en
una unión libre de trabajadores libres.
4.
Para
triunfar sobre el capitalismo se requiere una justa correlación entre el
Partido Comunista dirigente y la clase revolucionaria, el proletariado, de un
lado, y las masas, es decir, todo el conjunto de trabajadores y explotados, de
otro. Sólo el Partido Comunista, si es en realidad la vanguardia de la clase
revolucionaria, si agrupa en sus filas a todos los mejores representantes de
dicha clase, si se compone de comunistas plenamente conscientes y fieles,
instruidos y templados por la experiencia de una tesonera lucha revolucionaria;
si este partido ha sabido vincularse de manera indisoluble a toda la vida de su
clase y, a través de ella, a todas las masas de explotados e inculcar a esta
clase y a estas masas plena confianza; sólo este partido es capaz de dirigir al
proletariado en la lucha más implacable y decisiva, en la lucha final contra
todas las fuerzas del capitalismo. Por otro lado, sólo bajo la dirección de un
partido así podrá el proletariado desplegar toda la potencia de su embate
revolucionario, reduciendo a la nada la inevitable apatía y, en parte, la
resistencia de una pequeña minoría corrompida por el capitalismo: la
aristocracia obrera, los viejos
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
líderes tradeunionistas y
cooperativistas, etc.: sólo así podrá el proletariado desplegar toda su fuerza,
incomparablemente mayor que su porcentaje en la totalidad de la población en
virtud de la propia estructura económica de la sociedad capitalista. Por
último, sólo cuando las masas, es decir, el conjunto de trabajadores y
explotados, se han liberado realmente de la opresión de la burguesía y de la
máquina estatal burguesa y han obtenido la posibilidad de organizarse en sus
Soviets con toda libertad (respecto de los explotadores); sólo entonces,
decenas de millones de hombres oprimidos por el capitalismo pueden desarrollar
por vez primera en la historia toda su iniciativa y toda su energía. Sólo
cuando los Soviets se convierten en una máquina estatal única es posible que en
la labor del gobierno participe real y verdaderamente toda la masa de
explotados, que con la democracia burguesa más civilizada y más libre ha estado
siempre, de hecho, excluida de esa participación en el noventa y nueve por
ciento de los casos. Sólo en los Soviets comienzan las masas de explotados a
aprender de un modo efectivo, no con métodos librescos, sino por medio de su
propia experiencia práctica, a edificar el socialismo, a crear una nueva
disciplina social y una unión libre de trabajadores libres.
63
II. ¿En
que debe consistir la preparación inmediata y general para la dictadura del
proletariado?
5. El momento actual en el desarrollo del movimiento comunista
internacional se caracteriza por el hecho de que en la inmensa mayoría de los
países capitalistas no ha terminado —muy a menudo ni siquiera ha comenzado aún
de manera sistemática— la preparación del proletariado para el ejercicio de su
dictadura. De esto no se deduce que la revolución proletaria sea imposible en
el futuro más próximo; es plenamente posible, pues toda la situación económica
y política está saturada en extremo de material inflamable y de motivos para un
súbito estallido del incendio. Existe también otra condición para la
revolución, además del grado de preparación del proletariado, a saber: el
estado general de crisis en todos los partidos gobernantes y en todos los
partidos burgueses. Pero de lo dicho se deduce que la tarea del momento para
los partidos comunistas consiste ahora, no en acelerar la revolución, sino en
acrecentar la preparación del proletariado. Por otra parte, los casos de la
historia de numerosos partidos socialistas que hemos señalado antes obligan a
prestar atención para que "el reconocimiento" de la dictadura del
proletariado no pueda ser sólo verbal. Por eso, la tarea principal de los
partidos comunistas, desde el punto de vista del movimiento proletario
internacional, consiste hoy en cohesionar las fuerzas comunistas dispersas, en
formar en cada país un Partido Comunista único (o fortalecer y renovar el
partido ya existente), a fin de decuplicar la labor de preparación del
proletariado para conquistar el poder del Estado y, además, para conquistarlo
precisamente en forma de dictadura del proletariado. La labor socialista
habitual de los grupos y partidos que reconocen la dictadura del proletariado
está todavía lejos de haber experimentado en grado suficiente la transformación
y renovación radicales imprescindibles para que esta labor pueda ser calificada
de comunista y corresponda a las tareas que surgen en vísperas de la dictadura
del proletariado.
6. La conquista del poder político por el
proletariado no implica el cese de su lucha de clase contra la burguesía, sino
que, por el contrario, hace esta lucha singularmente amplia, enconada e
implacable. Todos los grupos, partidos y dirigentes del movimiento obrero que
sustentan total o parcialmente el punto de vista del reformismo, del
"centrismo", etc., en virtud de la extrema exacerbación de la lucha
se colocan infaliblemente, bien al lado de la burguesía, bien entre los
vacilantes, o bien (y esto es lo más peligroso) se suman a los amigos inseguros
del proletariado triunfante. Por eso, la preparación de la dictadura del
proletariado hace necesario no sólo intensificar la lucha contra las tendencias
reformistas y "centristas",
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
sino también modificar el
carácter de la lucha. La lucha no puede limitarse a dilucidar lo equivocado de
estas tendencias, sino que debe desenmascarar de manera inflexible y despiadada
a todo dirigente del movimiento obrero que siga estas tendencias, pues, de otro
modo, el proletariado no podrá saber con quién irá a la lucha más resuelta
contra la burguesía. Esta lucha es de tal naturaleza que en cualquier momento
puede sustituir —y sustituye, como lo ha demostrado ya la experiencia— el arma
de la crítica con la crítica de las armas 78.
Toda inconsecuencia o debilidad en el desenmascaramiento de quienes actúan como
reformistas o "centristas" significa aumentar directamente el peligro
de que el poder del proletariado sea derrocado por la burguesía, la cual
aprovechará mañana para la contrarrevolución lo que gentes miopes consideran
hoy sólo "divergencias teóricas".
7.
En
particular, es imposible circunscribirse a la habitual negación por principio
de toda colaboración del proletariado con la burguesía, de todo
"colaboracionismo". En las condiciones de la dictadura del
proletariado, que nunca podrá suprimir de golpe y por completo la propiedad
privada, la simple defensa de la "libertad" y de la
"igualdad", subsistiendo la propiedad privada de los medios de
producción, se transforma en una "colaboración" con la burguesía, en
una "colaboración" que socava directamente el poder de la clase
obrera. Porque la dictadura del proletariado significa que el Estado consagra y
protege con toda su máquina "la no libertad" de los explotadores para
seguir oprimiendo y explotando, y "la no igualdad" entre los poseedores
(es decir, individuos que se han apropiado personalmente de determinados medios
de producción, creados por el trabajo social) y los desposeídos. Lo que hasta
la victoria del proletariado sólo parece una divergencia teórica acerca de la
"democracia", mañana, después de la victoria, se transformará de modo
inevitable en un problema que se resuelve por la fuerza de las armas. Por
consiguiente, sin una modificación radical de todo el carácter de la lucha
contra los "centristas" y los "defensores de la democracia"
es imposible incluso la preparación previa de las masas para el ejercicio de la
dictadura del proletariado.
64
8. La dictadura del proletariado es la
forma más enérgica y revolucionaria de la lucha de clase del proletariado
contra la burguesía. Esta lucha puede tener éxito sólo cuando la vanguardia más
revolucionaria del proletariado lleva tras de sí a la inmensa mayoría del
mismo. Por eso, para preparar la dictadura del proletariado no basta con
explicar el carácter burgués de todo reformismo, de toda defensa de una
democracia en la que se mantenga la propiedad privada de los medios de
producción; ni con denunciar las manifestaciones de tendencias que significan,
de hecho, defender a la burguesía dentro del movimiento obrero. Además de eso,
es imprescindible sustituir a los viejos líderes por comunistas en las
organizaciones proletarias de todo tipo, no sólo políticas, sino también
sindicales, cooperativas, culturales, etc. Cuanto más largo, completo y firme
haya sido el dominio de la democracia burguesa en un país, tanto más habrá
conseguido la burguesía promover a puestos de dirección a líderes educados por
ella, impregnados de sus ideas y prejuicios y, con frecuencia, sobornados
directa o indirectamente por ella. Es necesario desplazar de todos sus puestos,
con una audacia cien veces mayor que hasta ahora, a esos representantes de la
aristocracia obrera u obreros aburguesados y sustituirlos incluso por los
obreros más inexpertos, con tal de que estén ligados a las masas de explotados
y gocen de su confianza en la lucha contra los explotadores. La dictadura del
proletariado requiere que estos obreros sin experiencia sean designados para
los puestos más responsables del Estado, pues, de lo contrario, el gobierno
obrero será impotente y no contará con el apoyo de las masas.
9.
La
dictadura del proletariado es el más pleno ejercicio de la dirección de todos
los trabajadores y explotados —a los que la clase capitalista oprimía, vejaba,
aplastaba, intimidaba, desunía y engañaba— por la única clase a la que el
desarrollo histórico del
![]()
78 Lenin toma esta expresión de la obra de
Carlos Marx Contribución a la crítica de
la filosofía del Derecho, de Hegel. Introducción.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
capitalismo ha preparado
para esta función dirigente. De ahí que la preparación de la dictadura del
proletariado deba ser iniciada en todas partes y sin más dilaciones empleando,
entre otros, el procedimiento siguiente.
En todas las organizaciones,
sindicatos y asociaciones sin excepción, sobre todo en las proletarias, pero
también en las de la masa no proletaria de trabajadores y explotados (en las
políticas, sindicales, militares, cooperativas, culturales, deportivas, etc.,
etc.), deben crearse grupos o células de comunistas. Estos grupos o células
serán preferentemente organizaciones legales, pero deberán ser también secretas
en todos los casos en que se suponga que la burguesía abriga el propósito de
prohibirlas y de detener o desterrar a sus miembros. Estas células,
estrechamente ligadas entre sí y con los organismos centrales del partido,
intercambiarán experiencias, realizarán una labor de agitación, propaganda y
organización y se adaptarán sin falta a todas las esferas de la vida social, a
todas las categorías y sectores de las masas trabajadoras; y a través de esta
labor polifacética, deberán educarse a sí mismas y educar al partido, a la
clase y a las masas con toda regularidad.
Tiene la mayor importancia
establecer en la práctica la necesaria diferenciación entre los métodos de
trabajo, por un lado, con "los líderes" o "los representantes
responsables", a cada paso corrompidos sin remedio por los prejuicios pequeñoburgueses
e imperialistas (estos "líderes" deben ser desenmascarados y
expulsados sin piedad del movimiento obrero), y, por otro lado, con las masas,
que, sobre todo después de la matanza imperialista, se inclinan en gran parte a
escuchar y admitir la doctrina que proclama la necesidad de la dirección del
proletariado como única salida de la esclavitud capitalista. En lo que se
refiere a las masas, es preciso aprender a abordarlas del modo más paciente y
cauteloso, a fin de poder comprender las peculiaridades y los rasgos originales
de la sicología de cada sector, profesión, etc.
10. Merece extraordinaria atención y
solicitud del partido, sobre todo, uno de los grupos o células de comunistas:
la minoría parlamentaria, es decir, el grupo de miembros del partido que son
diputados a los organismos representativos burgueses (ante todo el nacional, y
también los locales, municipales, etc.). De un lado, precisamente esta tribuna
tiene una importancia singular para los sectores más amplios de la masa
trabajadora atrasada o impregnada de prejuicios pequeñoburgueses. Por eso, los
comunistas deberán realizar sin falta desde esta tribuna una labor de
propaganda, de agitación, de organización y de explicación a las masas de por
qué fue legítima en Rusia (y lo será en su día en cualquier país) la disolución
del Parlamento burgués por el Congreso Nacional de los Soviets79. De otro lado, todo el desarrollo histórico de la democracia
burguesa ha convertido la tribuna parlamentaria, en primer término en los
países avanzados, en el campo principal, o uno de los principales, de
increíbles rufianerías, de engaños financieros y políticos al pueblo, de
arribismo e hipocresía y de opresión de los trabajadores. Por eso está
plenamente justificado el odio ardiente de los mejores representantes del
proletariado revolucionario a los parlamentos. Por eso es necesario que los
partidos comunistas y todos los partidos adheridos a la III Internacional —
especialmente cuando hayan surgido no mediante la ruptura con los viejos
partidos y una prolongada y tenaz lucha contra ellos, sino mediante el paso (a
menudo nominal) de los viejos partidos a la nueva posición— mantengan una
actitud de extraordinaria severidad respecto a sus minorías parlamentarias: que
las subordinen por completo a su control y a las indicaciones del CC del
partido; que lleven a ellas primordialmente obreros revolucionarios; que en la
prensa y en las asambleas del partido se analicen con la mayor atención los
discursos de los parlamentarios desde el punto de vista de su contenido
comunista; que los diputados participen en la labor de agitación entre las masas;
que sean expulsados de estas minorías quienes sigan las tendencias de la II
Internacional, etc.
![]()
79 Véase la nota 31.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
65
11. Una de las causas principales que dificultan el movimiento
obrero revolucionario en los países capitalistas desarrollados consiste en que,
gracias a las posesiones coloniales y a los superbeneficios del capital
financiero, etc., el capital ha conseguido allí destacar a un sector
relativamente más amplio y estable de una pequeña minoría de la aristocracia
obrera. Esta goza de mejores condiciones de salario y es la que más imbuida
está de un espíritu de estrechez gremial y de prejuicios pequeñoburgueses e imperialistas.
Es el verdadero "puntal" social de la II Internacional, de los
reformistas y "centristas", y en estos momentos constituye, tal vez,
el principal apoyo social de la burguesía. Es imposible una preparación, ni
siquiera preliminar, del proletariado para derrocar a la burguesía sin sostener
una lucha inmediata, sistemática, amplia y abierta contra este sector, que, sin
duda —como ha demostrado ya plenamente la experiencia—, proporcionará no pocos
elementos para la guardia blanca burguesa después de la victoria del
proletariado. Todos los partidos adheridos a la III Internacional deben poner
en práctica, cueste lo que cueste, las siguientes consignas: "¡Calar más
hondo entre las masas!", "¡Establecer lazos más estrechos con las
masas!" Y deberán entender por masas todo el conjunto de trabajadores y
explotados por el capital, en particular los menos organizados e instruidos,
los más oprimidos y los más reacios a organizarse.
El proletariado se hace
revolucionario sólo en la medida en que no se enclaustra en estrechos marcos
gremiales, en la medida en que actúa, en todas las manifestaciones y en todos
los campos de la vida social, como jefe de todas las masas trabajadoras y explotadas.
El proletariado no podrá ejercer su dictadura si no está dispuesto ni es capaz
de hacer los mayores sacrificios en aras de la victoria sobre la burguesía. En
este sentido tiene una importancia de principios y práctica la experiencia de
Rusia, donde el proletariado no habría podido hacer efectiva su dictadura, no
habría podido granjearse el respeto general y la confianza de todas las masas
trabajadoras si no hubiese hecho más sacrificios que nadie y si no hubiese
pasado más hambre que todos los demás sectores de estas masas en los períodos
más difíciles del asalto, de la guerra y del bloqueo impuesto por la burguesía
mundial.
Es singularmente necesario,
en particular, que el Partido Comunista y todo el proletariado avanzado presten
un apoyo múltiple y abnegado al movimiento huelguístico amplio, espontáneo y
masivo, el único que bajo el yugo del capital puede de verdad despertar, poner
en pie, instruir y organizar a las masas e infundirles plena confianza en el
papel dirigente del proletariado revolucionario. Sin esta preparación es
imposible la dictadura del proletariado, y, desde luego, los elementos capaces
de pronunciarse en público contra las huelgas, como Kautsky en Alemania y
Turati en Italia, no tienen cabida en los partidos adheridos a la III
Internacional. Con tanta mayor razón puede decirse lo mismo, por supuesto, de
los líderes tradeunionístas y parlamentarios que traicionan con frecuencia a
los obreros, utilizando la experiencia de las huelgas para inculcarles el
reformismo y no las convicciones revolucionarias (por ejemplo, en Inglaterra y
en Francia durante los últimos años).
12. En todos los países, incluso los más
libres, "legalistas" y "pacíficos" en el sentido de una
menor exacerbación de la lucha de clases, ha llegado, sin duda, el período en
que es absolutamente necesario para todo Partido Comunista combinar de modo
sistemático la labor legal y la clandestina, la organización legal y la
clandestina. Porque en los países más cultos y libres, en los países de régimen
democrático burgués más "estable", los gobiernos recurren ya
sistemáticamente, pese a sus falsas e hipócritas declaraciones, a confeccionar
listas secretas de comunistas; cometen infinitas violaciones de su propia
Constitución para apoyar de manera embozada o secreta a los guardias blancos y
asesinar comunistas en todos los países; preparan con sigilo la detención de
comunistas; introducen provocadores en las filas comunistas, etc., etc. Sólo el
filisteísmo más reaccionario, por bellas que sean las frases
"democráticas" y pacifistas con que se encubra, puede negar este
hecho o la conclusión obligada que de él se desprende: la creación inmediata de
organizaciones clandestinas por
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
todos los partidos
comunistas legales, a fin de desplegar una labor ilegal constante y de
prepararse como es debido para el momento en que comiencen las persecuciones
por la burguesía. La labor clandestina es necesaria, sobre todo, en el
ejército, la marina y la policía, porque, después de la gran matanza
imperialista, todos los gobiernos del mundo temen a los ejércitos nacionales,
compuestos de campesinos y obreros, y recurren en secreto a toda clase de
procedimientos para formar unidades militares especialmente seleccionadas entre
elementos de la burguesía y dotadas ex profeso del armamento más moderno.
66
Por otra parte, en todos los
casos sin excepción es necesario no limitarse a la labor clandestina, sino
desplegar asimismo el trabajo legal, remontando para ello todas las
dificultades y creando órganos de prensa legales y organizaciones legales con
los títulos más diversos, que, en caso de necesidad, deben cambiar con
frecuencia. Así proceden los partidos comunistas clandestinos en Finlandia, en
Hungría y parcialmente en Alemania, Polonia, Letonia, etc. Así deben proceder
los Obreros Industriales del Mundo (I.W.W.) en Norteamérica; así deberán
proceder todos los actuales partidos comunistas legales, si los fiscales tienen
a bien incoar procesos alegando resoluciones de los congresos de la
Internacional Comunista, etc.
La absoluta necesidad de
principio de conjugar la actividad ilegal y la legal está determinada no sólo
por todo el conjunto de peculiaridades del período que vivimos, del período de
vísperas de la dictadura del proletariado, sino también por la necesidad de
demostrar a la burguesía que no hay ni puede haber esfera o sector del trabajo
que no conquisten los comunistas. Esa necesidad obedece, sobre todo, a que
todavía hay por doquier amplios sectores del proletariado, y aún más de la masa
trabajadora y explotada no proletaria, que siguen teniendo fe en la legalidad
democrática burguesa. Hacerles perder esa fe es para nosotros la tarea más
importante.
13.
En
particular, el estado de la prensa obrera en los países capitalistas más
avanzados muestra con singular claridad tanto el carácter engañoso de la
libertad y de la igualdad bajo la democracia burguesa, como la necesidad de una
combinación sistemática del trabajo legal e ilegal. Lo mismo en la Alemania
vencida que en la Norteamérica vencedora son puestas en juego toda la fuerza de
la máquina del Estado burgués y todas las supercherías de sus reyes financieros
para arrebatar a los obreros sus periódicos: persecuciones judiciales,
detenciones de redactores (o su asesinato por mercenarios), prohibición del
franqueo concertado, suspensión del suministro de papel, etc., etc. Además, el
material informativo que necesita un diario está en manos de las agencias telegráficas
burguesas, y los anuncios, sin los cuales no cubre gastos un gran periódico, se
hallan a la "libre" disposición de los capitalistas. En suma, la
burguesía arrebata al proletariado revolucionario su prensa mediante el engaño
y la presión del capital y del Estado burgués.
Para luchar contra esto, los
partidos comunistas deben crear un nuevo tipo de prensa periódica con miras a
su difusión masiva entre los obreros: primero, publicaciones legales que, sin
llamarse comunistas y sin decir que pertenecen al partido, aprendan a utilizar
las menores posibilidades legales, como los bolcheviques en tiempos del zar
después de 1905; segundo, hojas clandestinas, editadas aunque sólo sea en
cantidad muy reducida y con irregularidad, pero reproducidas por los obreros en
multitud de imprentas (clandestinamente o, si el movimiento crece, mediante la
ocupación revolucionaria de los talleres tipográficos) y que proporcionen al
proletariado una información revolucionaria, libre, y consignas
revolucionarias.
Es imposible prepararse para
la dictadura del proletariado sin una lucha revolucionaria que movilice a las
masas en defensa de la libertad de la prensa comunista.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
III. Rectificación
de la línea y, parcialmente, de la composición de los partidos adheridos o que
deseen adherirse a la Internacional Comunista.
14. El grado de preparación del proletariado
de los países más importantes, desde el punto de vista de la economía y la
política mundiales, para ejercer su dictadura se caracteriza con la mayor
objetividad y exactitud por el hecho de que los partidos más influyentes de la
II Internacional —el Partido Socialista Francés80, el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, el
Partido Laborista Independiente de Inglaterra y el Partido Socialista de
América81— han abandonado esta Internacional
amarilla y han acordado adherirse (los tres primeros de manera condicional y el
último incondicionalmente) a la III Internacional. Esto demuestra que ha
comenzado a pasarse a nuestro lado no sólo la vanguardia, sino también la
mayoría del proletariado revolucionario, convencida por todo el curso de los
acontecimientos. Lo principal ahora es saber coronar este tránsito y consolidar
firmemente, en el terreno de la organización, los resultados obtenidos para
poder avanzar en toda la línea sin las menores vacilaciones.
15.
Toda
la actividad de los mencionados partidos (a los que debe agregarse el Partido
Socialista Suizo82, si son exactos los despachos
telegráficos que dan cuenta de su acuerdo de adherirse a la III Internacional)
demuestra —y cualquier publicación periódica de esos partidos lo confirma con
claridad— que no es aún comunista y que, a menudo, está en contradicción
directa con los principios fundamentales de la III Internacional, a saber: con
el reconocimiento de la dictadura del proletariado y del Poder soviético en
lugar de la democracia burguesa. Por eso, el II Congreso de la Internacional
Comunista debe acordar que
![]()
80 El Partido Socialista
Francés se fundó en 1905 como resultado de la fusión del Partido Socialista
de
Francia (guesdistas) y del
Partido Socialista Francés (jauresistas). El partido unificado fue encabezado
por los reformistas. Al estallar la primera guerra mundial, los dirigentes del
partido adoptaron una posición socialchovinista, apoyando abiertamente la
guerra imperialista y la participación en el gobierno burgués. En el partido
existía una tendencia centrista, dirigida por Juan Longuet, que sustentaba
posiciones socialpacifistas y aplicaba una política de conciliación con los
socialchovinistas. En el Partido Socialista Francés existía asimismo un ala
izquierda, revolucionaria, compuesta principalmente de militantes de filas, que
defendía posiciones internacionalistas.
Después de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia, en el
PSF se entabló una dura lucha entre los reformistas patentes y los centristas,
de un lado, y el ala izquierda, revolucionaria, de otro. Esta última se había
fortalecido con el ingreso en masa de simples obreros en el partido. El ala
izquierda conquistó la
mayoría en el Congreso de
Tours (diciembre de 1920), en el que se acordó adherirse a la Internacional
Comunista y fundar el Partido Comunista de Francia. La mayoría reformista y
centrista se separó del partido y fundó otro, conservando la vieja denominación
de Partido Socialista Francés.
81 El Partido Socialista de
América quedó constituido en julio de 1901, en el Congreso de Indianápolis,
mediante la unificación de diversos grupos socialistas. El fundador del partido
fue Eugenio Debs. El partido era heterogéneo: lo integraban obreros
norteamericanos, obreros inmigrantes, pequeños campesinos arrendatarios y
elementos procedentes de la pequeña burguesía. Los dirigentes centristas y
oportunistas de derecha del PSA (Víctor Berger, Morris Hillquit y otros)
rechazaban la necesidad de la dictadura del proletariado y abjuraban de los
métodos revolucionarios de lucha, reduciendo la actividad del partido, en lo
fundamental, a participar en las campañas electorales. Durante la primera
guerra mundial (1914-1918) surgieron tres tendencias en el Partido Socialista:
los socialchovinistas, que apoyaban la política imperialista del gobierno; los
centristas, que combatían la guerra imperialista sólo de palabra, y la minoría
revolucionaria, que sustentaba posiciones internacionalistas y luchaba contra
la guerra.
El ala izquierda del Partido Socialista, encabezada por Ch.
Ruthenberg, W. Foster, W. Haywood y otros, apoyándose en los elementos
proletarios, combatió a los dirigentes oportunistas del partido, defendiendo
las acciones políticas independientes del proletariado y la creación de
sindicatos de industria basados en los principios de la lucha de clases. En
1919, el Partido Socialista se escindió: el ala izquierda abandonó sus filas y
fue la iniciadora de la formación del Partido Comunista de los EE.UU. y su núcleo
fundamental.
82 El Partido Socialista
Suizo (Partido Socialdemócrata de Suiza) se fundó en los años 70 del siglo
XIX y perteneció a la I Internacional. Fue reconstituido en 1888, alcanzando
gran influencia en él los elementos oportunistas, que mantuvieron una posición
socialchovinista durante la primera guerra mundial. En el otoño de 1916, los
derechistas se separaron del partido y formaron su propia organización. La
mayoría del partido, encabezada por Roberto Grimm, adoptó una posición
centrista, socialpacifista. El ala izquierda, internacionalista, se fortaleció
bajo la influencia de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia. En
diciembre de 1920, los izquierdistas abandonaron el Partido Socialista y en
1921 se unificaron con el Partido Comunista de Suiza.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
no estima posible admitir en
el acto a estos partidos; que corrobora la respuesta dada por el Comité
Ejecutivo de la III Internacional a los "independientes" alemanes;
que reitera su disposición a mantener conversaciones con cualquier partido que
abandone la II Internacional y desee acercarse a la III; que concede voz
consultiva a los delegados de tales partidos en todos sus congresos y
conferencias, y que presenta las siguientes condiciones para la unificación
completa de estos partidos (y otros semejantes) con la Internacional Comunista:
1. Publicar todos los acuerdos de todos los
congresos de la Internacional Comunista y de su Comité Ejecutivo en todos los
periódicos y revistas del partido;
67
2. Discutir dichos acuerdos en reuniones
especiales de todas las secciones u organizaciones locales del partido;
3. Convocar, después de esta discusión, un
congreso extraordinario del partido para hacer el balance y para
4. depurar el partido de los elementos que sigan actuando en el
espíritu de la II Internacional.
5. Hacer que todas las publicaciones
periódicas del partido pasen a manos de redacciones formadas exclusivamente por
comunistas.
El II Congreso de la III
Internacional debe facultar a su Comité Ejecutivo para dar ingreso formalmente
en la III Internacional a los mencionados partidos y a otros semejantes,
después de comprobar que todas estas condiciones han sido cumplidas y que el carácter
de la actividad del partido es comunista.
16. En cuanto a cuál ha de ser la conducta
de los comunistas que hoy constituyen la minoría en los puestos de
responsabilidad de dichos partidos y de otros semejantes, el II Congreso de la
Internacional Comunista debe acordar que, en vista del aumento evidente de las
simpatías más sinceras por el comunismo entre los obreros afiliados a dichos
partidos, no es de desear que los comunistas se den de baja en los mismos,
mientras puedan efectuar en su seno una labor en el espíritu del reconocimiento
de la dictadura del proletariado y del Poder soviético y mientras sea posible
criticar en dichos partidos a los oportunistas y centristas que siguen aún
militando en ellos.
A la vez, el II Congreso de
la III Internacional debe pronunciarse a favor de que, en Inglaterra, los
grupos y organizaciones comunistas o simpatizantes con el comunismo ingresen en
el Partido Laborista (Labour Party),
a pesar de que pertenece a la II Internacional. Porque mientras este partido
reconozca a las organizaciones que lo integran la actual libertad de crítica y
la libertad de propaganda, de agitación y de actividad organizativa en pro de
la dictadura del proletariado y del Poder soviético; mientras este partido
conserve su carácter de agrupación de todas las organizaciones sindicales de la
clase obrera, los comunistas deben sin falta dar todos los pasos necesarios y
aceptar ciertos compromisos para poder influir en las más amplias masas
obreras, desenmascarar a sus líderes oportunistas desde una tribuna más alta y
a la vista de las masas y acelerar el paso del poder político de manos de los
representantes directos de la burguesía a manos de "los lugartenientes
obreros de la clase capitalista", a fin de curar a las masas con la mayor
rapidez de las últimas ilusiones a este respecto.
17.
Con
relación al Partido Socialista Italiano, el II Congreso de la III Internacional
estima acertada, en lo fundamental, la crítica a este partido y las propuestas
prácticas expuestas al Consejo Nacional del mismo, en nombre de la Sección de
Turín83, en la revista L'Ordine
![]()
83 La
Sección de Turín del Partido Socialista Italiano (de la que formaban parte a la sazón A.
Gramsci, P. Togliatti, U. Terracini y otros componentes del ala izquierda,
revolucionaria, del partido) acusaba a los dirigentes centristas del PSI de que
durante el ascenso revolucionario en Italia (1919-1920), que creó condiciones
propicias para la toma del
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
9uovo84 del 8 de mayo de 1920, que corresponden
por entero a todos los principios fundamentales de la III Internacional.
Por eso, el II Congreso de
la III Internacional ruega al Partido Socialista Italiano que convoque un
congreso extraordinario para examinar estas propuestas y todas las decisiones
de los dos congresos de la Internacional Comunista, a fin de rectificar la línea
del partido y depurarlo, sobre todo su minoría parlamentaria, de elementos no
comunistas.
18. El II Congreso de la III Internacional
considera erróneas las opiniones relativas a la actitud del partido ante la
clase y ante las masas y a la no obligatoriedad de que los partidos comunistas
participen en los parlamentos burgueses y en los sindicatos ultrarreaccionarios,
opiniones que han sido refutadas con todo detalle en resoluciones especiales
del presente congreso y que defendían, sobre todo, el Partido Comunista Obrero
de Alemania y, parcialmente, el Partido Comunista de Suiza85, la revista Kommunismus,
de Viena, órgano del Secretariado Europeo Oriental de la Internacional
Comunista, el Secretariado de Ámsterdam, hoy disuelto, algunos camaradas
holandeses y ciertas organizaciones comunistas de Inglaterra, como, por
ejemplo, la Federación Socialista Obrera, etc., así como los Obreros
Industriales del Mundo, de Norteamérica, y el Comité de Delegados de Fábrica (Shop Stewards Committee), de Inglaterra86, etc.
No obstante, el II Congreso
de la III Internacional considera posible y deseable la adhesión inmediata a la
Internacional Comunista de aquellas de las citadas organizaciones que no lo
hayan hecho aún de manera oficial, pues en este caso, sobre todo en lo que
atañe a los Obreros Industriales del Mundo en Norteamérica y en Australia, lo
mismo que a los Delegados de Fábrica en Inglaterra, se trata de un movimiento
profundamente proletario y masivo, que, de hecho, sustenta en lo fundamental
los principios cardinales de la Internacional Comunista. En estas
organizaciones, las opiniones erróneas respecto a la
![]()
poder por el proletariado,
no hicieron un análisis correcto de los hechos, no unieron ni coordinaron la
lucha de las masas y dejaron en el partido a los reformistas. La sección
presentó una serie de proposiciones prácticas: expulsar del partido a los oportunistas,
crear grupos comunistas en todas las fábricas, sindicatos y cuarteles y
organizar comités de fábrica para controlar la producción en la industria y en
la agricultura. Pidió también que se iniciara sin demora la preparación de las
masas populares para constituir Soviets.
Las propuestas de la Sección
de Turín al Consejo Nacional del Partido Socialista Italiano, a las que alude
Lenin, fueron escritas por A. Gramsci.
84 L'Ordine 9uovo ("El Orden Nuevo"): semanario que empezó a publicarse
en Turín en 1919, convirtiéndose en diario en 1921. Fue primeramente portavoz
del ala izquierda del Partido Socialista Italiano y, después, desde aquel mismo
año, órgano del Partido Comunista de Italia. Dirigido por A. Gramsci y P.
Togliatti, el periódico hizo propaganda de las ideas del marxismo-leninismo,
divulgó la experiencia y las enseñanzas de la Revolución Socialista de Octubre
en Rusia y denunció la política conciliadora de los líderes oportunistas del
PSI. El grupo de revolucionarios que se unió alrededor del periódico formó, con
posterioridad, el núcleo dirigente del Partido Comunista de Italia. L'Ordine
Nuovo fue suspendido por el gobierno fascista en octubre de 1922, siendo
asaltadas su Redacción y su imprenta; no obstante, siguió editándose en la
clandestinidad hasta diciembre del mismo año. En 1924 reanudó su publicación en
Roma, pero poco después volvió a ser clausurado.
85 85 En octubre de 1918, parte de los socialdemócratas de
izquierda suizos se unieron en el Partido
Comunista de Suiza, que era entonces una organización poco
numerosa. Esta organización estuvo representada por dos delegados en el II
Congreso de la Internacional Comunista.
En diciembre de 1920 se separó del Partido Socialdemócrata de
Suiza su ala izquierda, que planteó la necesidad de crear en el país una fuerte
sección de la Internacional Comunista. En marzo de1921, en el Congreso de
Zurich (al que asistieron 28 delegados del Partido Comunista y 145 de la ex ala
izquierda del Partido Socialdemócrata), se unificaron oficialmente estos dos
grupos para formar un solo partido: el Partido Comunista de Suiza.
86 Comités
de Delegados de Fábrica
(Shop Stewards Committees): organizaciones obreras electivas que existieron en
Inglaterra en numerosas industrias y alcanzaron gran difusión durante la
primera guerra mundial. En unos momentos en que avanzaba el movimiento obrero y
crecía el descontento por la política reformista de los líderes
tradeunionistas, los delegados de fábrica (unidos en comités urbanos y
distritales y en un Comité Nacional) encabezaron una serie de acciones
importantes de los obreros contra la guerra imperialista y por el mejoramiento
de sus condiciones de vida. Después de triunfar la Revolución Socialista de
Octubre, durante el período de la intervención militar extranjera contra la
República Soviética, los comités de delegados de fábrica apoyaron activamente a
la Rusia Soviética. Destacados dirigentes de dichos comités ingresaron en el
Partido Comunista de Gran Bretaña.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
participación en los
parlamentos burgueses se explican no tanto por el papel que desempeñan los
elementos procedentes de la burguesía — que introducen sus ideas, de esencia
pequeñoburguesa, como son a menudo las ideas de los anarquistas—, sino por la
inexperiencia política de proletarios plenamente revolucionarios y ligados a
las masas.
Por eso, el II Congreso de
la III Internacional ruega a todas las organizaciones y grupos comunistas de
los países anglosajones que, aun en el caso de que no se efectúe la adhesión
inmediata de los Obreros Industriales del Mundo y de los Delegados de Fábrica a
la III Internacional, apliquen una política consistente en: mantener las
relaciones más amistosas con estas organizaciones, acercarse a ellas y a las
masas que simpatizan con ellas, explicarles amistosamente, desde el punto de
vista de la experiencia de todas las revoluciones y, en particular, de las tres
revoluciones rusas del siglo XX, lo erróneo de las opiniones mencionadas más
arriba y no renunciar a hacer nuevos intentos para fundirse con dichas
organizaciones en un Partido Comunista único.
68
19. A este respecto, el congreso llama la
atención de todos los camaradas, en primer lugar de los países latinos y
anglosajones, sobre el hecho de que, después de la guerra, entre los
anarquistas se está produciendo en el mundo entero una profunda diferenciación
ideológica en cuanto a la actitud ante la dictadura del proletariado y el Poder
soviético. Además, precisamente entre los elementos proletarios que se han
visto impulsados con frecuencia hacia el anarquismo por un odio completamente
legítimo al oportunismo y al reformismo de los partidos de la II Internacional,
se observa, en particular, una comprensión justa de estos principios, tanto más
extendida cuanto más de cerca conocen la experiencia de Rusia, Finlandia,
Hungría, Letonia, Polonia y Alemania.
Por ello, el congreso estima
que todos los camaradas tienen el deber de apoyar al máximo el paso del
anarquismo a la III Internacional de todos los elementos proletarios ligados a
las masas. El congreso señala que el éxito de la actividad de los partidos
verdaderamente comunistas debe medirse, entre otras cosas, por el grado en que
consigan ganarse a todos los elementos anarquistas no intelectuales, no
pequeñoburgueses, sino proletarios, ligados a las masas.
4 de julio de 1920.
Publicadas el 20 de
julio de 1920 en el núm. 12 de la revista "La Internacional
Comunista".
T. 41, págs. 183-201.
4. Condiciones de
ingreso en la Internacional Comunista.
El I Congreso (de
Constitución) de la Internacional Comunista87 no
fijó condiciones exactas para el ingreso de los diferentes partidos en la III
Internacional. Cuando fue convocado el I Congreso, en la mayoría de los países
sólo existían tendencias y grupos comunistas.
El II Congreso Mundial de la
Internacional Comunista se reúne en otras condiciones. Hoy, en la mayoría de
los países no sólo existen ya corrientes y tendencias comunistas, sino también partidos y organizaciones comunistas.
En la actualidad se dirigen
con frecuencia creciente a la Internacional Comunista partidos y grupos que
hasta hace poco pertenecían a la II Internacional y que ahora desean ingresar
en la III Internacional, pero que de hecho no son comunistas. La II Internacional
está definitivamente deshecha. Los partidos y grupos intermedios del
"centro", ante la bancarrota
![]()
87 El I Congreso de la
Internacional Comunista se celebró del 2 al 6 de marzo de 1919, en Moscú.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
completa de la II
Internacional, tratan de unirse a la Internacional Comunista, más fuerte cada
día, con la esperanza, sin embargo, de conservar una "autonomía" que
les permita aplicar la anterior política oportunista o "centrista". La
Internacional Comunista se está poniendo, hasta cierto punto, de moda.
El deseo de algunos grupos
dirigentes del "centro" de ingresar ahora en la III Internacional es
una confirmación indirecta de que la Internacional Comunista se ha granjeado
las simpatías de la inmensa mayoría de los obreros conscientes del mundo entero
y se convierte en una fuerza cada día mayor.
En determinadas
circunstancias, la Internacional Comunista puede verse amenazada por el peligro
de debilitarse a causa de la presencia en su seno de grupos vacilantes e
indecisos que no se han desembarazado aún de la ideología de la II
Internacional.
Además, en algunos partidos
importantes (Italia, Suecia), en los que la mayoría sustenta el punto de vista
del comunismo, sigue existiendo hasta ahora una considerable ala reformista y
socialpacifista, que sólo espera el momento oportuno para volver a levantar
cabeza, iniciar el sabotaje activo de la revolución proletaria y ayudar así a
la burguesía y a la II Internacional.
Ningún comunista debe
olvidar las enseñanzas de la República Soviética Húngara. La unificación de los
comunistas húngaros con los reformistas ha costado cara al proletariado
húngaro.
En vista de esto, el II
Congreso Mundial estima necesario establecer condiciones completamente exactas
para el ingreso de nuevos partidos, así como señalar las obligaciones que
incumben a los partidos que han sido admitidos ya en la Internacional Comunista.
El II Congreso de la
Internacional Comunista acuerda que las condiciones de ingreso en la misma son
las siguientes:
* * *
1.
La
propaganda y la agitación cotidianas deben tener un verdadero carácter
comunista. Todos los órganos de prensa que se hallen en manos del partido deben
ser redactados por comunistas seguros, que hayan demostrado su fidelidad a la
causa de la revolución proletaria. Sobre la dictadura del proletariado no hay
que hablar simplemente, como si se tratase de una fórmula usual y aprendida de
memoria; es preciso propagarla de tal manera que su necesidad se desprenda para
cada obrero, obrera, soldado y campesino de los hechos de la vida,
sistemáticamente señalados por nuestra prensa día tras día. En las páginas de
los periódicos, en las concentraciones populares, en los sindicatos, en las
cooperativas, donde quiera que tengan acceso los partidarios de la III Internacional,
es necesario estigmatizar de manera constante e implacable no sólo a la
burguesía, sino también a sus auxiliares, a los reformistas de todos los
matices.
69
2.
Cada
organización que desee pertenecer a la Internacional Comunista está obligada a separar de manera regular y sistemática
de todos los puestos de responsabilidad en el movimiento obrero (organizaciones del partido, redacciones,
sindicatos, minorías parlamentarias, cooperativas, municipios, etc.) a los
reformistas y partidarios del "centro" y sustituirlos por comunistas
seguros, sin desconcertarse porque a veces haya que remplazar de momento a
dirigentes "expertos" por obreros de filas.
3. En todos los países en que los
comunistas, a consecuencia del estado de sitio o de las leyes de excepción, no
puedan realizar su labor legalmente, es necesario en absoluto combinar el
trabajo legal y el clandestino. La lucha de clases en casi todos los países de
Europa y América entra en la fase de la guerra civil. En tales condiciones, los
comunistas no pueden tener confianza en la legalidad burguesa. Están obligados
a crear en todas partes un mecanismo
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
clandestino paralelo, que en el momento
decisivo pueda ayudar al partido a cumplir con su deber ante la revolución.
4. Son necesarias una propaganda y una
agitación persistentes y sistemáticas entre las tropas y la formación de
células comunistas en cada unidad militar. Los comunistas deberán realizar esta
labor en la mayoría de los casos ilegalmente, pero renunciar a hacerlo
equivaldría a traicionar el deber revolucionario y sería incompatible con la
pertenencia a la III Internacional.
5. Es imprescindible una agitación
sistemática y regular en el campo. La clase obrera no puede consolidar su
victoria sin contar, por lo menos, con una parte de los braceros agrícolas y de
los campesinos pobres y sin neutralizar con su política a una parte del resto
de los campesinos. La labor de los comunistas en el campo adquiere en la época
actual una importancia de primer orden. Es necesario efectuarla,
principalmente, a través de los obreros
comunistas revolucionarios que tengan contacto con el campo. Renunciar a esta
labor o dejarla en manos de semirreformistas poco seguros es lo mismo que
renunciar a la revolución proletaria.
6. Cada partido que desee pertenecer a la
III Internacional tiene la obligación de denunciar no sólo el socíalpatriotismo
descarado, sino también la falsedad y la hipocresía del socíalpacifismo:
demostrar sistemáticamente a los obreros que, sin el derrocamiento
revolucionario del capitalismo, los tribunales internacionales de arbitraje,
las conversaciones sobre la reducción de los armamentos y la reorganización
"democrática" de la Sociedad de Naciones, cualesquiera que sean, no
salvarán a la humanidad de nuevas guerras imperialistas.
7.
Los
partidos que deseen pertenecer a la Internacional Comunista están obligados a
reconocer la necesidad de un rompimiento total y absoluto con el reformismo y
con la política del "centro" y a propagar esta ruptura en los medios
más amplios del partido. Sin esto es imposible una política comunista
consecuente.
La Internacional Comunista
exige de manera incondicional y terminante efectuar este rompimiento en el
plazo más corto posible. La Internacional Comunista no puede consentir que
reformistas redomados, como, por ejemplo, Turati, Modigliani y otros, tengan derecho
a considerarse miembros de la III Internacional. Esto llevaría a que la III
Internacional se pareciese mucho a la fenecida II Internacional.
8.
En
el problema de las colonias y de las naciones oprimidas es necesaria una línea
singularmente precisa y clara de los partidos de los países cuya burguesía
posee dichas colonias y oprime a otras naciones. Cada partido que desee
pertenecer a la III Internacional tiene el deber de denunciar sin piedad los
subterfugios de "sus" imperialistas en las colonias, apoyar de hecho,
y no de palabra, todo movimiento de liberación en las colonias, exigir que sus
propios imperialistas salgan de estas colonias, inculcar en el corazón de los
obreros de su país un espíritu de verdadera fraternidad para con los
trabajadores de las colonias y naciones oprimidas y realizar una agitación
sistemática entre sus tropas contra toda opresión de los pueblos coloniales.
9.
Cada
partido que desee pertenecer a la Internacional Comunista tiene la obligación
de efectuar una labor comunista sistemática y tenaz dentro de los sindicatos,
de las cooperativas y de otras organizaciones obreras de masas. Es necesario
formar en el seno de los sindicatos células comunistas, que mediante un trabajo
prolongado y tesonero deben conquistar dichas organizaciones para la causa del
comunismo. Estas células tienen la obligación de desenmascarar en toda su labor
cotidiana la traición de los socialpatriotas y las vacilaciones del
"centro". Estas células comunistas deben estar subordinadas por
completo al conjunto del partido.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
10. Los partidos que pertenezcan a la
Internacional Comunista tienen el deber de sostener una lucha tenaz contra la
"Internacional" de Ámsterdam de sindicatos amarillos88. Deben propagar insistentemente entre los obreros organizados
en los sindicatos la necesidad de romper con la Internacional amarilla de
Ámsterdam. Deben apoyar por todos los medios la naciente organización
internacional de sindicatos rojos89,
adheridos a la Internacional Comunista.
70
11.
Los
partidos que deseen pertenecer a la III Internacional tienen el deber de
revisar la composición de sus minorías parlamentarias, separar de ellas a los
elementos inseguros, subordinar estas minorías de hecho, y no de palabra, a los
comités centrales de los partidos y exigir de cada parlamentario comunista que
subordine toda su labor a los intereses de una verdadera propaganda y agitación
revolucionarias.
12. Del mismo modo, la prensa periódica y no
periódica y todas las editoriales deben estar subordinadas por entero al Comité
Central del partido, independientemente de que este último en su conjunto sea
en un momento dado legal o clandestino; es inadmisible que las editoriales,
abusando de su autonomía, apliquen una política no ajustada por entero a los
intereses del partido.
13.
Los
partidos que pertenezcan a la Internacional Comunista deben estructurarse de
acuerdo con el principio del centralismo
democrático. En la época actual de exacerbada guerra civil, el Partido
Comunista sólo podrá cumplir con su deber si está organizado del modo más
centralizado, si rige dentro de él una disciplina férrea, rayana en la
disciplina militar, y si el centro del partido es un organismo autorizado,
prestigioso y con amplias atribuciones y que goce de la confianza general de
los miembros del partido.
14.
Los
partidos comunistas de los países en que los comunistas actúan legalmente deben
efectuar depuraciones (revisiones) periódicas de los efectivos de sus
organizaciones, a fin de depurar de manera sistemática el partido de los
elementos pequeñoburgueses que se introducen inevitablemente en sus filas.
15.
Cada
partido que desee pertenecer a la Internacional Comunista tiene la obligación
de prestar apoyo incondicional a cada república soviética en su lucha contra
las fuerzas contrarrevolucionarias. Los partidos comunistas deben efectuar una
propaganda constante para que los obreros se nieguen a transportar pertrechos
bélicos a los enemigos de las
![]()
88 La
"Internacional" de Amsterdam de sindicatos amarillos (Federación Sindical Internacional) la
fundaron los líderes sindicales reformistas de diversos países en una
conferencia celebrada en Amsterdam del 26 de julio al 2 de agosto de 1919.
Ingresaron en ella organizaciones sindicales de 14 países: Inglaterra, Francia,
Alemania, EE.UU., Bélgica, Dinamarca, Holanda, Luxemburgo, Noruega, Suecia,
Austria, Checoslovaquia, Suiza y España. La situación dominante en la
Internacional Sindical de Ámsterdam pertenecía a los líderes reaccionarios de
los sindicatos ingleses y franceses. Toda la actividad de la FSI estuvo
vinculada a la política de los partidos oportunistas de la II Internacional:
propugnó la colaboración del proletariado con la burguesía y rechazó las formas
revolucionarias de lucha de la clase obrera. Los dirigentes de la FSI siguieron
una política de división del movimiento obrero, expulsaron a los sindicatos de
izquierda y rechazaron todas las propuestas de la Internacional Sindical Roja
de luchar en común contra la ofensiva del capital, contra el peligro de guerra,
reacción y fascismo y por la unidad del movimiento sindical mundial.
La Internacional de Amsterdam dejó de actuar durante la segunda
guerra mundial.
89 Internacional
Sindical Roja (Profintern): organización
internacional de sindicatos revolucionarios, que se fundó en 1921 y existió
hasta fines de 1937. Agrupaba a las centrales sindicales no adheridas a la
reformista Federación Sindical Internacional de Amsterdam: el Consejo Central
de los Sindicatos de la URSS (sindicatos soviéticos), la Confederación General
del Trabajo Unitaria de Francia y las centrales sindicales revolucionarias de
Australia, Bélgica, Canadá, Colombia, Corea, Checoslovaquia, Chile, China,
Estonia, Holanda, Indonesia, Irán, Irlanda, Lituania, Mongolia, Perú y Uruguay,
así como a grupos y corrientes de oposición en el seno de las organizaciones
sindicales reformistas de diversos países capitalistas. La Internacional
Sindical Roja luchó por la unidad del movimiento sindical sobre la base de la
acción revolucionaria en defensa de las reivindicaciones de la clase obrera,
contra la ofensiva del capital y del fascismo, contra el peligro de una guerra
imperialista y en pro del acercamiento con la clase obrera de la Rusia Soviética.
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
repúblicas soviéticas, realizar una
propaganda legal o ilegal entre las tropas enviadas a estrangular a las
repúblicas obreras, etc.
16. Los partidos que hasta ahora mantengan
los viejos programas socialdemócratas tienen el deber de revisarlos en el plazo
más breve posible y redactar, con arreglo a las condiciones específicas de su
país, un nuevo programa comunista en el espíritu de los acuerdos de la
Internacional Comunista. Como regla general, los programas de cada partido
perteneciente a la Internacional Comunista deben ser ratificados por el
Congreso ordinario de la Internacional Comunista o por su Comité Ejecutivo. En
caso de que el programa de tal o cual partido no sea ratificado por el Comité
Ejecutivo de la Internacional Comunista, dicho partido tendrá derecho a apelar
al Congreso de la Internacional Comunista.
17.
Todas
las decisiones de los congresos de la Internacional Comunista, así como los
acuerdos de su Comité Ejecutivo, son obligatorios para todos los partidos
adheridos a la Internacional Comunista. La Internacional Comunista, que actúa
en medio de la más enconada guerra civil, debe estar estructurada de una manera
mucho más centralizada que la II Internacional. Por supuesto, la Internacional
Comunista y su Comité Ejecutivo deberán tener en cuenta en toda su labor la
diversidad de condiciones en que se ven obligados a luchar y actuar los
distintos partidos, y adoptar decisiones obligatorias para todos sólo en los
problemas en que sean posibles tales decisiones.
18.
En
relación con cuanto queda dicho, todos los partidos que deseen ingresar en la
Internacional Comunista deberán cambiar su denominación. Cada partido que desee
pertenecer a la Internacional Comunista deberá denominarse: Partido Comunista de tal país (Sección de la III
Internacional Comunista). El problema del nombre no es sólo formal, sino que
tiene gran importancia política. La Internacional Comunista ha declarado una
lucha sin cuartel a todo el mundo burgués y a todos los partidos socialdemócratas
amarillos. Es preciso que para cada trabajador de filas esté clara por completo
la diferencia que existe entre los partidos comunistas y los viejos partidos
oficiales "socialdemócratas" o "socialistas", que han
traicionado la bandera de la clase obrera.
19.
Después
de terminado el II Congreso Mundial de la Internacional Comunista, todos los
partidos que deseen pertenecer a ella deberán celebrar, en el plazo más corto
posible, un congreso extraordinario de cada partido para ratificar en él
oficialmente, en nombre de todo el partido, las obligaciones arriba expuestas.
Publicadas el 20 de
julio de 1920 en el núm. 12 de la revista "La Internacional
Comunista".
T, 41, págs...
204-211.
5. Punto veinte de
las condiciones de ingreso en la Internacional Comunista.90
Los partidos que deseen
ingresar en la III Internacional, pero que hasta ahora no hayan modificado
radicalmente su táctica anterior, deben preocuparse, antes de ingresar en ella,
de que en su Comité Central y en todos los principales organismos centrales del
partido
![]()
90 El
Punto veinte de las condiciones de ingreso en la Internacional Comunista fue propuesto por Lenin en la sesión de
la comisión correspondiente del II Congreso de la IC, celebrada el 25 de julio
de 1920, al discutirse las tesis sobre las condiciones de ingreso en la misma.
Estas tesis, publicadas en la revista La
Internacional Comunista antes de que empezara su discusión en el congreso,
contenían diecinueve condiciones. El Congreso de la IC aprobó veintiuna
condiciones. La última de ellas decía: "Los miembros del partido que
rechacen en principio las condiciones y las tesis formuladas por la
Internacional Comunista deben ser expulsados de sus filas. Esto afecta asimismo
a los delegados a los congresos extraordinarios del partido" (II Congreso de la Internacional Comunista.
Julio-agosto de 1920, ed. en ruso, Moscú, 1934, pág. 505).
Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista
figuren no menos de 2/3 de
camaradas que se hayan manifestado públicamente y sin equívocos en pro del
ingreso en la III Internacional antes ya del II Congreso de la Internacional
Comunista. Las excepciones pueden ser admisibles con la conformidad del Comité
Ejecutivo de la III Internacional. El Comité Ejecutivo de la Internacional
Comunista tiene el derecho de hacer también excepciones con los representantes
del "centro" mencionados en el § 7.
Publicado el 28 de septiembre de 1920 en el núm. 13 de la
revista "La Internacional Comunista".
T. 41, pág. 212.
II Congreso de la Internacional Comunista
72
II CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA.91
19 de julio-7 de
agosto de 1920.
1. Informe
sobre la situación internacional y las tareas fundamentales de la Internacional
Comunista, 19 de julio.
(Clamorosa ovación. Todos se ponen en pie y aplauden. El orador intenta
hablar, pero siguen los aplausos y las exclamaciones en todas las lenguas. La
ovación dura largo rato.)
Camaradas: Las tesis sobre
los problemas relativos a las tareas fundamentales de la Internacional
Comunista* han sido publicadas en todos los idiomas y no representan algo
sustancialmente nuevo (en particular para los camaradas rusos), ya que en grado
considerable hacen extensivos a una serie de países occidentales, a Europa
Occidental, ciertos rasgos básicos de nuestra experiencia revolucionaria y las
enseñanzas de nuestro movimiento revolucionario. Por eso, en mi informe me
detendré con algo más de detalle, aunque brevemente, en la primera parte del
tema que me ha sido asignado: la situación internacional.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Las relaciones económicas
del imperialismo constituyen la base de la situación internacional hoy
existente. A lo largo de todo el siglo XX se ha definido por completo esta
nueva fase del capitalismo, su fase superior y última. Todos vosotros sabéis,
claro está, que el rasgo más característico y esencial del imperialismo
consiste en que el capital ha alcanzado proporciones inmensas. La libre
competencia ha sido sustituida por un monopolio gigantesco. Un número
insignificante de capitalistas ha podido, a veces, concentrar en sus manos
ramas industriales enteras, las cuales han pasado a las alianzas, carteles,
consorcios y
![]()
91 El
II Congreso de la Internacional Comunista, que sentó las bases programáticas, tácticas y orgánicas del
Comintern, se celebró en la Rusia Soviética del 19 de julio al 7 de agosto de
1920. Se inauguró en Petrogrado, pero desde el 23 de julio sesionó en Moscú.
Asistieron 169 delegados con voz y voto y 49 sólo con voz, en representación de
67 organizaciones obreras de 37 países. Además de los representantes de
partidos y organizaciones comunistas (de 31 países), en las labores del
congreso participaron delegados del Partido Socialdemócrata Independiente de
Alemania, de los partidos socialistas de Italia y Francia, de los Obreros
Industriales del Mundo (de Australia, Inglaterra e Irlanda), de la
Confederación Nacional del Trabajo de España y de otras organizaciones. Lenin
dirigió todo el trabajo preparatorio del congreso, concediendo gran importancia
a esta asamblea internacional de organizaciones comunistas y obreras.
El congreso aprobó el siguiente orden del día: 1) La situación
internacional y las tareas fundamentales de la Internacional Comunista; 2)
Papel y estructura de los partidos comunistas antes y después de la toma del
poder por el proletariado; 3) Los sindicatos y los comités de fábrica; 4) El
problema del parlamentarismo; 5) El problema nacional y colonial; 6) El
problema agrario; 7) Posición ante las nuevas corrientes del "centro"
y condiciones de ingreso en la Internacional Comunista; 8) Estatutos de la Internacional
Comunista; 9) Cuestiones de organización (organizaciones legales e ilegales,
organizaciones femeninas, etc.); 10) El movimiento juvenil comunista; 11)
Elección de cargos; 12) Varios.
Lenin presentó en la primera
sesión del congreso un informe sobre la situación internacional y las tareas
fundamentales de la Internacional Comunista. Tomó parte activa en la labor de
la mayoría de las comisiones del congreso que examinaron temas concretos: el
problema nacional y colonial, el problema agrario, las condiciones de ingreso
en la Internacional Comunista y la situación internacional y las tareas del
Comintern. A la par con la lucha tendente a unir las fuerzas revolucionarias
proletarias y robustecer los partidos comunistas, Lenin señaló la tarea de
depurar estos últimos de elementos oportunistas y centristas. Destacó la
necesidad de desplegar la labor revolucionaria entre las grandes masas de la
clase obrera, en el campo y en el ejército, y criticó de modo consecuente los
errores sectarios y las tendencias anarcosindicalistas en diversos partidos y
organizaciones comunistas.
El II Congreso de la
Internacional Comunista desempeñó un magno papel en el desarrollo del
movimiento comunista mundial. Lenin señaló que, después del congreso, "el
comunismo se ha convertido en el problema central de todo el movimiento obrero
en su conjunto".
II Congreso de la Internacional Comunista
trusts, con frecuencia de
carácter internacional. De este modo, los monopolistas se han apoderado de
ramas enteras de la industria en el aspecto financiero, en el aspecto del
derecho de propiedad y, en parte, en el aspecto de la producción, no sólo en algunos
países, sino en el mundo entero. Sobre esta base se ha desarrollado el dominio,
antes desconocido, de un número insignificante de los mayores bancos, reyes
financieros y magnates de las finanzas, que, en la práctica, han transformado
incluso las repúblicas más libres en monarquías financieras. Antes de la
guerra, esto era reconocido públicamente por escritores que no tienen nada de
revolucionarios, como, por ejemplo, Lysis en Francia.
Este dominio de un puñado de
capitalistas alcanzó su pleno desarrollo cuando todo el globo terráqueo quedó
repartido no sólo en el sentido de conquista de las distintas fuentes de
materias primas y de medios de producción por los capitalistas más fuertes,
sino también en el sentido de haber terminado el reparto preliminar de las
colonias. Hace unos cuarenta años, la población de las colonias sometidas por
seis potencias capitalistas apenas pasaba de doscientos cincuenta millones de
seres. En vísperas de la guerra de 1914, en las colonias había ya cerca de
seiscientos millones de habitantes, y si agregamos países como Persia, Turquía
y China, que entonces eran ya semicolonias, resultará, en cifras redondas, una
población de mil millones, que era oprimida mediante la dependencia colonial
por los países más ricos, más civilizados y más libres. Y vosotros sabéis que,
además de la dependencia jurídica directa de carácter estatal, la dependencia
colonial presupone toda una serie de relaciones de dependencia financiera y
económica, presupone toda una serie de guerras, que no eran consideradas como
tales porque consistían, a menudo, en que las tropas imperialistas europeas y
norteamericanas, pertrechadas con las más perfectas armas de exterminio,
reprimían a los habitantes inermes e indefensos de las colonias.
De este reparto de toda la
tierra, de este dominio del monopolio capitalista, de este poder omnímodo de un
insignificante puñado de los mayores bancos —dos, tres, cuatro o, a lo sumo,
cinco por Estado— nació, de modo ineluctable, la primera guerra imperialista de
1914-1918. Esa guerra se hizo para repartir de nuevo el mundo entero. Se hizo
para determinar cuál de los dos grupos insignificantes de los mayores Estados
—el inglés o el alemán— recibiría la posibilidad y el derecho de saquear,
oprimir y explotar toda la Tierra. Como sabéis, la guerra decidió la cuestión
en favor del grupo inglés. Y como resultado de esa guerra, nos encontramos ante
una exacerbación incomparablemente mayor de todas las contradicciones
capitalistas.
73
La guerra lanzó de golpe a unos doscientos cincuenta millones de
habitantes de la Tierra a una situación equivalente a la de las colonias. Lanzó
a esa situación a Rusia, en la que deben contarse cerca de ciento treinta
millones, a Austria-Hungría, Alemania y Bulgaria, que suman en total no menos
de ciento veinte millones. Doscientos cincuenta millones de habitantes de
países que, en parte, figuran entre los más avanzados, entre los más cultos e
instruidos, como Alemania, y que en el aspecto técnico se encuentran, igual que
ella, al nivel del progreso contemporáneo. Por medio del Tratado de Versalles,
la guerra impuso a esos países condiciones tales que pueblos avanzados se
vieron reducidos a la dependencia colonial, a la miseria, el hambre, la ruina y
la falta de derechos, pues en virtud del tratado están maniatados para muchas
generaciones y puestos en condiciones que no ha conocido ningún pueblo
civilizado. He aquí el cuadro que ofrece el mundo: nada más acabada la guerra,
no menos de mil doscientos cincuenta
millones de seres son víctimas de la opresión colonial, víctimas de la
explotación del capitalismo feroz, que se jactaba de su amor a la paz y que
tenía cierto derecho a jactarse de ello hace cincuenta años, cuando la Tierra
no estaba repartida todavía, cuando el monopolio no dominaba aún, cuando el
capitalismo podía desarrollarse de modo relativamente pacífico, sin conflictos
bélicos colosales.
En la actualidad, después de
esa época "pacífica", asistimos a una monstruosa exacerbación de la
opresión, vemos el retorno a una opresión colonial y militar mucho peor que la
anterior.
II Congreso de la Internacional Comunista
El Tratado de Versalles ha
colocado a Alemania, y a toda una serie de Estados vencidos, en una situación
que hace materialmente imposible su existencia económica, en una situación de
plena carencia de derechos y de humillación.
¿Qué número de naciones se
ha aprovechado de ello? Para responder a esta pregunta debemos recordar que la
población de los Estados Unidos de América —los únicos que han ganado en la
guerra de modo pleno y se han transformado por completo, de un país con gran
cantidad de deudas, en un país al que todos le deben— no pasa de cien millones
de almas. El Japón, que ha ganado muchísimo al permanecer al margen del
conflicto europeo-norteamericano y apoderarse del inmenso continente asiático,
tiene cincuenta millones de habitantes. Inglaterra, que después de esos países
ha ganado más que nadie, cuenta con una población de cincuenta millones. Y si
agregamos los Estados neutrales, cuya población es muy pequeña y que se han
enriquecido durante la conflagración, obtendremos, en cifras redondas,
doscientos cincuenta millones.
Así tenéis, pues, trazado en
líneas generales, el cuadro del mundo después de la guerra imperialista.
Colonias oprimidas con una población de mil doscientos cincuenta millones de
seres: países que son despedazados vivos, como Persia, Turquía y China; países
que, derrotados, han sido reducidos a la situación de colonias. No más de
doscientos cincuenta millones en países que han mantenido su vieja situación,
pero que han caído, todos ellos, bajo la dependencia económica de Norteamérica
y que durante toda la guerra dependieron en el aspecto militar, pues la
contienda abarcó al mundo entero y no permitió ni a un solo Estado permanecer
neutral de verdad. Y, por último, no más de doscientos cincuenta millones de
habitantes en países en los que, por supuesto, se han aprovechado del reparto
de la Tierra únicamente las altas esferas, únicamente los capitalistas. En
total, cerca de mil setecientos cincuenta millones de personas que forman toda
la población del globo. Quisiera recordaros este cuadro del mundo porque todas
las contradicciones fundamentales del capitalismo, del imperialismo, que
conducen a la revolución; todas las contradicciones fundamentales en el
movimiento obrero, que condujeron a la lucha más encarnizada con la
II Internacional, y de lo cual ha hablado
el camarada presidente, todo eso está vinculado al reparto de la población de
la Tierra.
Es claro que las cifras
citadas ilustran en rasgos generales, fundamentales, el cuadro económico del
mundo. Y es natural, camaradas, que sobre la base de ese reparto de la
población de toda la Tierra haya aumentado en muchas veces la explotación del
capital financiero, de los monopolios capitalistas.
No sólo las colonias y los
países vencidos se ven reducidos a un estado de dependencia; en el interior
mismo de cada país victorioso se han desarrollado las contradicciones más
agudas, se han agravado todas las contradicciones capitalistas. Lo mostraré brevemente
con algunos ejemplos.
Tomad la deuda pública.
Sabemos que las deudas de los principales Estados europeos han aumentado, de
1914 a 1920, no menos de siete veces.
Citaré una fuente económica más, que adquiere una importancia muy grande: es
Keynes, diplomático inglés y autor del libro Las consecuencias económicas de la paz. Por encargo de su gobierno,
Keynes participó en las negociaciones
de paz de Versalles, las siguió sobre el terreno con un criterio puramente
burgués, estudió el asunto paso a paso, en detalle, y, como economista, tomó
parte en las conferencias. Ha llegado a conclusiones que son más tajantes, más
evidentes y más edificantes que cualquiera otra de un revolucionario comunista,
pues las hace un burgués auténtico, un enemigo implacable del bolchevismo, del
cual traza, como filisteo inglés, un cuadro monstruoso, bestial y feroz. Keynes
ha llegado a la conclusión de que, con el Tratado de Versalles, Europa y el
mundo entero van a la bancarrota.
74
II Congreso de la Internacional Comunista
Keynes ha dimitido, ha arrojado su libro a la cara del gobierno
y ha dicho: Hacen una locura.
Os citaré sus cifras que, en conjunto, se reducen a lo
siguiente:
¿Qué relaciones de deudores
y acreedores se han establecido entre las principales potencias? Convierto las
libras esterlinas en rublos oro, al cambio de diez rublos oro por libra
esterlina, y he aquí lo que resulta: los Estados Unidos tienen un activo de
diecinueve mil millones; su pasivo es nulo. Hasta la guerra eran deudores de
Inglaterra. En el último Congreso del Partido Comunista de Alemania, el 14 de
abril de 1920, el camarada Levi señalaba con razón en su informe que sólo
quedan dos potencias que actúan hoy índependientes en el mundo: Inglaterra y
Norteamérica. Pero sólo Norteamérica sigue siendo independiente en absoluto
desde el punto de vista financiero. Antes de la guerra era deudora; hoy es sólo
acreedora. Todas las demás potencias del mundo han contraído deudas. Inglaterra
se ve reducida a la siguiente situación: activo, diecisiete mil millones;
pasivo, ocho mil millones; es ya mitad deudora. Además, en su activo figuran
cerca de seis mil millones que le debe Rusia. En esa deuda se incluyen los stocks
militares que Rusia compró durante la guerra. No hace mucho, cuando Krasin, en
su calidad de representante del Gobierno soviético de Rusia, tuvo ocasión de
conversar con Lloyd George sobre los convenios relativos a las deudas, explicó
claramente a los científicos y a los políticos dirigentes del gobierno inglés
que se equivocaban de medio a medio si pensaban cobrar estas deudas. Y el
diplomático inglés Keynes les había ya revelado este error.
Por supuesto, la cuestión no
depende sólo del hecho, y ni siquiera del hecho, de que el gobierno
revolucionario ruso no desee pagar las deudas. Ningún gobierno se avendría a
liquidarlas, por la sencilla razón de que estas deudas no representan más que
los intereses usurarios de lo que ha sido ya pagado una veintena de veces, y
este mismo burgués Keynes, que no siente ninguna simpatía por el movimiento
revolucionario ruso, dice: "Está claro que estas deudas no pueden ser
tenidas en cuenta".
Por lo que se refiere a
Francia, Keynes aduce cifras como éstas: su activo es de tres mil millones y
medio, su pasivo, ¡de diez mil millones y medio! Y éste es el país del cual
decían los franceses mismos que era el usurero de todo el mundo, porque sus "ahorros"
eran colosales y el saqueo colonial y financiero, que le había proporcionado un
capital gigantesco, le permitía otorgar préstamos de miles y miles de millones,
en particular a Rusia. Francia obtenía de estos préstamos beneficios fabulosos.
Y a pesar de ello, a pesar de la victoria, Francia se ha convertido en deudora.
Una fuente burguesa
norteamericana, citada por el camarada Braun, comunista, en su libro ¿Quién debe pagar las deudas de guerra?
(Leipzig, 1920), define de la manera siguiente la relación que existe entre las deudas y el patrimonio nacional: en
los países victoriosos, en Inglaterra y Francia, las deudas representan más del
50% del patrimonio nacional. En lo que atañe a Italia, este porcentaje es de 60
a 70 y, en cuanto a Rusia, de 90; pero, como sabéis, estas deudas no nos
inquietan, pues poco antes de que apareciese el libro de Keynes, habíamos
seguido su excelente consejo: habíamos anulado todas nuestras deudas. (Clamorosos aplausos.)
Keynes no hace más que
revelar, en este caso, su habitual rareza de filisteo: al aconsejar la
anulación de todas las deudas, declara que, por supuesto, Francia sólo saldrá
ganando; que, desde luego, Inglaterra no perderá gran cosa, pues, de todos
modos, no se podría sacar nada de Rusia; Norteamérica perderá mucho, pero
Keynes cuenta con ¡"la generosidad" norteamericana! En este terreno
no compartimos las concepciones de Keynes ni de los demás pacifistas
pequeñoburgueses. Creemos que para conseguir la anulación de las deudas tendrán
que esperar otra cosa y trabajar en una dirección un tanto diferente, y no en
la de contar con "la generosidad" de los señores capitalistas.
II Congreso de la Internacional Comunista
De estas cifras, muy
concisas, se infiere que la guerra imperialista ha creado también para los
países victoriosos una situación imposible. Así lo indica igualmente la enorme
desproporción entre los salarios y la subida de los precios. El 8 de marzo de este
año, el Consejo Supremo de Economía, institución encargada de defender el orden
burgués del mundo entero contra la creciente revolución, adoptó una resolución
que terminaba con un llamamiento al orden, a la laboriosidad y al ahorro, a
condición, claro está, de que los obreros sigan siendo esclavos del capital.
Este Consejo Supremo de Economía, órgano de la Entente, órgano de los
capitalistas de todo el mundo, hizo el siguiente balance.
En los Estados Unidos de
América, los precios de los productos alimenticios han subido en un promedio
del 120 %, mientras que los salarios han aumentado sólo en el 100%. En
Inglaterra, los productos alimenticios han subido en el 170 %; los salarios, en
el 130 %. En Francia, los precios de los víveres han aumentado en el 300%; los
salarios, en el 200%. En el Japón, los precios han subido en el 130%; los
salarios, en el 60% (confronto las cifras indicadas por el camarada Braun en su
folleto y las del Consejo Supremo de Economía publicadas por el Times92 el 10 de marzo de 1920).
Está claro que, en semejante
situación, son inevitables el crecimiento de la indignación de los obreros, el
desarrollo de las ideas y del estado de ánimo revolucionarios y el aumento de
las huelgas espontáneas de masas. Porque la situación de los obreros se hace
insoportable. Estos se convencen por propia experiencia de que los capitalistas
se han enriquecido inmensamente con la guerra, cuyos gastos y deudas hacen
recaer sobre las espaldas de los obreros. Recientemente, un telegrama nos
comunicaba que Norteamérica quiere repatriar a Rusia a quinientos comunistas
más para desembarazarse de estos "peligrosos agitadores".
75
Pero aunque Norteamérica nos enviase no quinientos, sino
quinientos mil "agitadores" rusos, norteamericanos, japoneses o
franceses, las cosas no cambiarían, pues subsistiría la desproporción de los
precios, contra la que no pueden hacer nada. Y no pueden hacer nada porque la
propiedad privada se protege allí rigurosamente, porque para ellos es
"sagrada". No debe olvidarse que la propiedad privada de los
explotadores ha sido abolida sólo en Rusia. Los capitalistas no pueden hacer
nada contra esa desproporción de los precios, y los obreros no pueden vivir con
los antiguos salarios. Contra esta calamidad no sirve ningún viejo método; ni
las huelgas aisladas, ni la lucha parlamentaria ni la votación pueden hacer
nada, porque "la propiedad privada es sagrada", y los capitalistas
han acumulado tales deudas que el mundo entero está avasallado por un puñado de
personas. Por otra parte, las condiciones de existencia de los obreros se hacen
más y más insoportables. No hay más salida que abolir "la propiedad
privada" de los explotadores.
En su folleto Inglaterra y la revolución mundial, del
cual nuestro Noticiero del Comisariado
del Pueblo de Negocios Extranjeros93 de febrero de 1920 ha publicado
valiosos extractos, el camarada
Lapinski indica que en Inglaterra los precios del carbón de exportación han
sido el doble más elevados que los previstos por los medios industriales
oficiales.
En Lancashire se ha llegado
a un alza del valor de las acciones de un 400%. Los beneficios de los bancos
constituyen del 40 al 50%, como mínimo; además se debe señalar que, cuando se
trata de determinar sus beneficios, todos los banqueros saben encubrir la parte
leonina no llamándola beneficios, sino disimulándola bajo la forma de primas,
bonificaciones, etc. Así pues, también en este caso, los hechos económicos
indiscutibles muestran que la riqueza de un puñado ínfimo de personas ha
crecido de manera increíble, que un lujo inaudito rebasa
![]()
92
The Times ("Los Tiempos"): diario
fundado en 1785 en Londres; uno de los periódicos conservadores más importantes
de la burguesía inglesa.
93 Noticiero
del Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros de la RSFSR ("Véstnik Naródnogo Komissariata
po Inostránnim Dielam RSFSR"): revista que se publicó en Moscú, desde el
20 de junio de 1919 hasta junio de 1922, como órgano oficial del Comisariado
del Pueblo de Negocios Extranjeros.
II Congreso de la Internacional Comunista
todos los límites, mientras
que la miseria de la clase obrera se agrava sin cesar. Por otra parte, hay que
señalar, en particular, una circunstancia que el camarada Levi ha subrayado con
extraordinaria claridad en su informe: la modificación del valor del dinero. A
consecuencia de las deudas, de la emisión de papel moneda, etc., el dinero se
ha desvalorizado en todas partes. La misma fuente burguesa que he citado ya, es
decir, la declaración del Consejo Supremo de Economía del 8 de marzo de 1920,
estima que, en Inglaterra, la depreciación de la moneda con relación al dólar
es aproximadamente de un tercio; en Francia y en Italia, de dos tercios, y en
Alemania, llega al 96 %.
Este hecho muestra que el
"mecanismo" de la economía capitalista mundial se está descomponiendo
por entero. Es imposible continuar las relaciones comerciales de las que
dependen, bajo el régimen capitalista, la obtención de materias primas y la
venta de los productos manufacturados; no pueden continuar precisamente porque
toda una serie de países se hallan sometidos a uno solo a causa de la
depreciación monetaria. Ninguno de los países ricos puede vivir ni comerciar,
porque no puede vender sus productos ni recibir materias primas. Resulta, pues,
que Norteamérica misma, el país más rico, al que están sometidos todos los
demás países, no puede comprar ni vender. Y ese mismo Keynes, que ha conocido
todos los recovecos y peripecias de las negociaciones de Versalles, se ve
obligado a reconocer esta imposibilidad, pese a su firme decisión de defender
el capitalismo y a despecho de todo su odio al bolchevismo. Dicho sea de paso,
no creo que ningún llamamiento comunista, o, en general, revolucionario, pueda
compararse, por su vigor, con las páginas en que Keynes pinta a Wilson y
"el wilsonismo" en acción. Wilson fue el ídolo de los pequeños
burgueses y de los pacifistas tipo Keynes y de ciertos "héroes" de la
II Internacional (e incluso de la Internacional "II y media"94) que han exaltado sus "14 puntos"95 y escrito hasta libros "sabios" acerca de "las
raíces" de la política wilsoniana, esperando que Wilson salvaría "la
paz social", reconciliaría a los explotadores con los explotados y
efectuaría reformas sociales. Keynes ha mostrado con toda evidencia que Wilson
ha resultado ser un tonto y que todas esas ilusiones se han esfumado al primer
contacto con la política práctica, mercantilista y traficante del capital,
encarnada por los señores Clemenceau y Lloyd George. Las masas obreras ven
ahora con claridad creciente por la experiencia de su propia vida, y los sabios
pedantes podrían verlo con la sola lectura del libro de Keynes, que "las
raíces" de la política de Wilson estribaban sólo en la necedad clerical,
la fraseología pequeñoburguesa y la total incomprensión de la lucha de clases.
De todo eso dimanan de modo
completamente inevitable y natural dos condiciones, dos situaciones
fundamentales. De una parte, la miseria y la ruina de las masas se han
acrecentado de manera inaudita, principalmente en lo que concierne a mil
doscientos cincuenta millones de seres humanos, o sea, al 70% de la población
del globo. Se trata de las colonias y los países dependientes, cuya población
está privada de todo derecho jurídico, de países colocados "bajo el
mandato" de los bandidos de las finanzas. Y, además, la esclavitud de los
países vencidos ha sido refrendada por el Tratado de Versalles y los acuerdos
secretos relativos a Rusia, que, a decir verdad, tienen a veces tanto valor
como los papeluchos en que se ha escrito que debemos tantos y cuantos miles de
millones. Presenciamos en la historia
![]()
94 Lenin se refiere a la organización
internacional, que se constituía en aquel período, de partidos y grupos
socialistas centristas que abandonaron la II Internacional bajo la presión de
las masas revolucionarias. Esta organización, conocida con el nombre de
Internacional II y 1/2 o Internacional de Viena (su denominación oficial era
Agrupación Internacional de Partidos Socialistas), se fundó en febrero de 1921,
en una conferencia celebrada en la capital austriaca. Aunque criticaban de
palabra a la II Internacional, los líderes de la Internacional II y1/2
aplicaron de hecho entre la clase obrera una política oportunista y
divisionista respecto a todos los problemas capitales del movimiento
proletario. Además, trataron de utilizar la agrupación internacional creada por
ellos para contrarrestar la creciente influencia de los comunistas entre las
masas obreras.
En mayo de 1923, las Internacionales II y II y 1/2 se
unificaron, formando la llamada Internacional Obrera Socialista.
95 "14 puntos": demagógico "programa de paz" propuesto
por Woodrow Wilson, Presidente de los EE.UU., en enero de 1918.
II Congreso de la Internacional Comunista
mundial el primer caso de
confirmación jurídica de la expoliación, la esclavitud, la dependencia, la
miseria y el hambre de mil doscientos cincuenta millones de seres humanos.
76
De otra parte, en cada país
que se ha convertido en acreedor, la situación de los obreros se ha hecho
insoportable. La guerra ha agravado al máximo todas las contradicciones
capitalistas, y en ello está el origen de esa profunda efervescencia
revolucionaria, que se acrecienta, porque durante la guerra los hombres se
hallaban bajo el régimen de la disciplina militar, eran lanzados a la muerte o
amenazados de una represión militar inmediata. Las condiciones impuestas por la
guerra no dejaban ver la realidad económica. Los escritores, los poetas, los
curas y toda la prensa no hacían más que glorificar la guerra.
Ahora, cuando la guerra ha
terminado, han comenzado los desenmascaramientos. Se ha desenmascarado el
imperialismo alemán con su Paz de Brest-Litovsk. Está desenmascarada la Paz de
Versalles, que debía ser la victoria del imperialismo y ha resultado ser su
derrota. El ejemplo de Keynes muestra, entre otras cosas, que decenas y
centenares de miles de pequeños burgueses, de intelectuales o simplemente de
personas un tanto desarrolladas y cultas de Europa y EE.UU. se han visto
obligados a emprender la misma senda que él, que ha presentado su dimisión y
arrojado a la cara de su gobierno el libro que lo desenmascara. Keynes ha
mostrado lo que ocurre y ocurrirá en la conciencia de miles y centenares de
miles de personas cuando comprendan que todos los discursos sobre "la
guerra por la libertad", etc., han sido puro engaño y que, a consecuencia
de la guerra, se ha enriquecido sólo una ínfima minoría, mientras que los demás
se han arruinado y han quedado sojuzgados. Porque el burgués Keynes declara que
los ingleses, para proteger su vida y para salvar la economía inglesa, deben
conseguir ¡que entre Alemania y Rusia se reanuden las relaciones comerciales
libres! Pero ¿cómo conseguirlo? ¡Anulando todas las deudas, como propone él!
Esta es una idea que no pertenece sólo al científico economista Keynes.
Millones depersonas llegan y llegarán a esta idea. Y millones de personas oyen
declarar a los economistas burgueses que la única salida consiste en anular las
deudas; que, por consiguiente, "¡malditos sean los bolcheviques!"
(que las han anulado) y "¡¡hagamos un llamamiento a "la
generosidad" de Norteamérica!! Creo que se debería enviar en nombre del
Congreso de la Internacional Comunista un mensaje de gratitud a estos
economistas que hacen agitación en favor del bolchevismo.
Si, de una parte, la
situación económica de las masas se ha hecho insoportable; si, de otra parte,
en el seno de la ínfima minoría de los omnipotentes países vencedores se ha
iniciado y se acelera la descomposición que ilustra Keynes, presenciamos en realidad
cómo maduran las dos condiciones de la revolución mundial.
Tenemos ahora ante nuestra
vista un cuadro algo más completo del mundo. Sabemos lo que significa esta
dependencia de un puñado de ricachones, a la que están sujetos mil doscientos
cincuenta millones de seres colocados en condiciones de existencia inaguantables.
De otro lado, cuando se ofreció a los pueblos el Pacto de la Sociedad de
Naciones, en virtud del cual ésta declara que ha puesto fin a las guerras y que
en adelante no permitirá a nadie quebrantar la paz; cuando este pacto —última
esperanza de las masas trabajadoras del mundo entero— entró en vigor, eso fue
para nosotros la victoria más grande. Cuando no había entrado aún en vigor,
decían: Es imposible no imponer condiciones especiales a un país como Alemania;
cuando haya un tratado, ya verán que todo marchará bien. Pero cuando este pacto
se publicó, ¡los furibundos enemigos del bolchevismo tuvieron que renegar de
él! Tan pronto como el pacto empezó a entrar en vigor, resultó que el grupito
de países más ricos, este "cuarteto de gente gorda" —Clemenceau,
Lloyd George, Orlando y Wilson— ¡quedó encargado de arreglar las nuevas
relaciones! ¡Y cuando pusieron en marcha la máquina del pacto, ésta llevó a la
ruina total!
II Congreso de la Internacional Comunista
Lo hemos visto en las guerras contra Rusia. Débil, arruinada y
abatida, Rusia, el país más atrasado, lucha contra todas las naciones, contra
la alianza de Estados ricos y poderosos que dominan al mundo, y sale vencedora
de esta lucha. No podíamos oponer fuerzas un tanto equivalentes, y, sin
embargo, salimos vencedores. ¿Por qué? Porque no había ni sombra de unidad
entre ellos, porque cada potencia actuaba contra otra. Francia quería que Rusia
le pagase las deudas y se convirtiese en una fuerza temible contra Alemania;
Inglaterra deseaba el reparto de Rusia, intentaba apoderarse del petróleo de
Bakú y firmar un tratado con los países limítrofes de Rusia. Entre los
documentos oficiales ingleses figura un libro en el que se enumeran con
extraordinaria escrupulosidad todos los Estados (se cuentan 14) que, hace medio
año, en diciembre de 1919, prometían tomar Moscú y Petrogrado. Inglaterra
basaba su política en estos Estados y les daba a préstamo millones y millones.
Pero hoy han fracasado todos estos cálculos y se han perdido todos los
empréstitos. Tal es la situación que ha creado la Sociedad de Naciones. Cada
día de existencia de este pacto constituye la mejor agitación en favor del
bolchevismo. Porque los partidarios más poderosos del "orden" capitalista
nos muestran que, en cada cuestión, se ponen la zancadilla unos a otros. Por el
reparto de Turquía, Persia, Mesopotamia y China se entablan querellas feroces
entre el Japón, la Gran Bretaña, Norteamérica y Francia.
77
La prensa burguesa de estos países está llena de los más
violentos ataques y de las invectivas más acerbas contra sus
"colegas" porque les quitan el botín ante sus propias narices. Somos
testigos del total desacuerdo que reina en las alturas entre este puñado ínfimo
de países más ricos. Es imposible que mil doscientos cincuenta millones de
seres, que representan el 70% de la población de la Tierra, vivan en las
condiciones de avasallamiento que quiere imponerles el capitalismo
"avanzado" y civilizado. En cuanto al puñado ínfimo de potencias
riquísimas, Inglaterra, Norteamérica y el Japón (este último tuvo la
posibilidad de saquear a los países de Oriente, los países de Asia, pero no
puede poseer ninguna fuerza independiente, ni financiera ni militar, sin la
ayuda de otro país), estos dos o tres países no están en condiciones de
organizar las relaciones económicas y orientan su política a hacer fracasar la
de sus asociados y "partenaires" de la Sociedad de Naciones. De aquí
se deriva la crisis mundial. Y estas raíces económicas de la crisis son la
causa principal de que la Internacional Comunista consiga brillantes éxitos.
Camaradas: Vamos a abordar
ahora el problema de la crisis revolucionaria como base de nuestra acción
revolucionaria. Y en este terreno necesitamos señalar, ante todo, dos errores
extendidos. De un lado, los economistas burgueses presentan esta crisis como
una simple "molestia", según la elegante expresión de los ingleses.
De otro lado, los revolucionarios procuran demostrar a veces que la crisis no
tiene absolutamente salida.
Esto es un error.
Situaciones absolutamente sin salida no existen. La burguesía se comporta como
una fiera insolentada que ha perdido la cabeza y comete una tontería tras otra,
empeorando la situación y acelerando su muerte. Todo eso es así. Pero no se puede
"demostrar" que no hay absolutamente ninguna posibilidad de que
adormezca a cierta minoría de explotados con determinadas concesiones, de que
aplaste cierto movimiento o sublevación de una parte de oprimidos y explotados.
Intentar "demostrar" con antelación la falta "absoluta" de
salida sería vana pedantería o juego de conceptos y palabras. En esta cuestión,
y en otras parecidas, la verdadera "demostración" puede ser
únicamente la práctica. El régimen burgués está pasando en todo el mundo por
una grandísima crisis revolucionaria. Ahora hay que "demostrar" con
la práctica de los partidos revolucionarios que éstos tienen suficiente grado
de conciencia, organización, ligazón con las masas explotadas, decisión y
habilidad a fin de aprovechar esta crisis para el éxito, para la victoria de la
revolución.
Para preparar esa
"demostración" nos hemos reunido precisa y principalmente en el
presente Congreso de la Internacional Comunista.
II Congreso de la Internacional Comunista
Como ejemplo del grado en
que domina aún el oportunismo entre los partidos que desean adherirse a la III
Internacional, del grado en que la labor de ciertos partidos está lejos todavía
de preparar a la clase revolucionaria para aprovechar la crisis revolucionaria,
citaré a Ramsay MacDonald, jefe del Partido Laborista Independiente inglés. En
su libro El Parlamento y la Revolución,
dedicado precisamente a los problemas cardinales en que también nosotros nos ocupamos ahora, MacDonald describe el
estado de cosas, poco más o menos, en el espíritu de los pacifistas burgueses.
Reconoce que hay crisis revolucionaria, que aumentan los sentimientos
revolucionarios, que las masas obreras simpatizan con el Poder soviético y la
dictadura del proletariado (advertid que se trata de Inglaterra) y que la
dictadura del proletariado es mejor que la actual dictadura de la burguesía
inglesa.
Pero MacDonald no deja de
ser un pacifista y conciliador burgués hasta la médula, un pequeño burgués que
sueña con un gobierno situado al margen de las clases. Reconoce la lucha de
clases sólo como "un hecho descriptivo", igual que todos los embusteros,
sofistas y pedantes de la burguesía. Silencia la experiencia de Kerenski, los
mencheviques y los eseristas en Rusia, la experiencia análoga de Hungría,
Alemania, etc., sobre la formación de un gobierno "democrático" y, en
apariencia, fuera de las clases. MacDonald adormece a su partido y a los
obreros que tienen la desgracia de tomar a este burgués por un socialista, de
tomar a este filisteo por un líder, con las siguientes palabras: "Sabemos
que esto (o sea, la crisis revolucionaria, la efervescencia revolucionaria)
pasará, se calmará". La guerra originó inevitablemente la crisis, pero
después de la guerra, aunque no sea de golpe, "todo se calmará".
Así escribe un hombre que es
el jefe de un partido que desea adherirse a la III Internacional. En ello vemos
una denuncia de excepcional franqueza, y tanto más valiosa, de lo que se
observa con no menos frecuencia en las altas esferas del Partido Socialista
Francés y del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania: no sólo no
saber, sino también no querer aprovechar la crisis revolucionaria en sentido
revolucionario o, dicho de otro modo, no saber y no querer efectuar una
verdadera preparación revolucionaria del partido y de la clase para la
dictadura del proletariado.
Ese es el mal fundamental de
numerosísimos partidos que hoy se apartan de la II Internacional. Y
precisamente por eso, en las tesis que he propuesto al presente congreso
analizo con el mayor detenimiento la definición más concreta y exacta posible
de las tareas que implica la preparación
para la dictadura del proletariado.
78
Aduciré un ejemplo más.
Recientemente se ha publicado un nuevo libro contra el bolchevismo. Ahora
aparecen en Europa y EE.UU. muchísimos libros de ese género, y cuantos más
libros se publican contra el bolchevismo, tanto mayores son la fuerza y la
rapidez con que crecen en las masas las simpatías por él. Me refiero al libro
de Otto Bauer ¿Bolchevismo o
socialdemocracia? En él se muestra de modo evidente a los alemanes qué es el menchevismo, cuyo ignominioso papel
en la revolución rusa ha sido comprendido suficientemente por los obreros de
todos los países. Otto Bauer ha escrito un panfleto menchevique hasta la
médula, pese a haber ocultado sus simpatías por el menchevismo. Mas en Europa y
EE.UU. es preciso difundir ahora nociones más exactas de lo que es el
menchevismo, pues éste es un concepto genérico para todas las tendencias
pretendidamente socialistas, socialdemócratas, etc., hostiles al bolchevismo. A
nosotros, los rusos, nos aburriría escribir para Europa acerca de qué es el
menchevismo. Otto Bauer lo ha mostrado de hecho en su libro, y agradecemos por
anticipado a los editores burgueses y oportunistas que lo publiquen y traduzcan
a diferentes idiomas. El libro de Bauer será un complemento útil, aunque
original, para los manuales de comunismo. Tomad cualquier párrafo, cualquier
razonamiento de Otto Bauer y demostrad dónde está en él el menchevismo, dónde
las raíces de las concepciones que llevan al proceder de los traidores al
socialismo, de los amigos de Kerenski, Scheidemann, etc.: tal será el problema
que se podrá
II Congreso de la Internacional Comunista
proponer con provecho y
éxito en los "exámenes" para comprobar si el comunismo ha sido
asimilado. Si uno no puede resolver este problema, no será aún comunista y
valdrá más que no ingrese en el Partido Comunista. (Aplausos.)
Otto Bauer ha expresado
magníficamente toda la esencia de las opiniones del oportunismo internacional
en una frase, por la que —si pudiéramos mandar libremente en Viena— deberíamos
erigirle un monumento en vida. El empleo de la violencia en la lucha de clases
de las democracias contemporáneas — ha dicho O. Bauer— sería "violencia
sobre los factores sociales de la fuerza".
Quizá os parezca esto
extraño e incomprensible. Es un modelo del grado a que han llevado el marxismo,
del grado de banalidad y defensa de los explotadores a que se puede llevar la teoría más revolucionaria. Hace falta la
variante alemana de filisteísmo para obtener la "teoría" de que
"los factores sociales de la fuerza" son el número, la organización,
el lugar en el proceso de la producción y distribución, la actividad y la
instrucción. Si un bracero en el campo y un obrero en la ciudad ejercen
violencia revolucionaria sobre el terrateniente y el capitalista, eso no es en
modo alguno dictadura del proletariado, no es ni mucho menos violencia sobre
los explotadores y opresores del pueblo. Nada de eso. Es "violencia sobre
los factores sociales de la fuerza".
Quizá el ejemplo que he
puesto haya resultado algo humorístico. Pero la naturaleza del oportunismo
contemporáneo es tal que su lucha contra el bolchevismo se convierte en
humorismo. Para Europa y Norteamérica es de lo más útil y apremiante incorporar
a la clase obrera, a cuánto hay de pensante en ella, a la lucha del menchevismo
internacional (de los MacDonald, los O. Bauer y Cía.) contra el bolchevismo.
Aquí debemos preguntarnos:
¿cómo se explica la solidez de semejantes tendencias en Europa y por qué ese
oportunismo es más vigoroso en Europa Occidental que en nuestro país? Pues
porque los países adelantados han creado y siguen creando su cultura con la
posibilidad de vivir a expensas de mil millones de seres oprimidos. Porque los
capitalistas de estos países reciben mucho por encima de lo que podrían recibir
como ganancia por la expoliación de los obreros de su país.
Antes de la guerra se
consideraba que tres países riquísimos —Inglaterra, Francia y Alemania— tenían
unos ingresos de ocho mil a diez mil millones de francos anuales, sin contar
otros ingresos, sólo gracias a la exportación de capital al extranjero.
Es claro que de esta
respetable suma se pueden echar quinientos millones, por lo menos, como migajas
a los dirigentes obreros, a la aristocracia obrera, como sobornos de todo
género. Y todo se reduce precisamente al soborno, que se hace por mil vías distintas:
elevando la cultura en los mayores centros, creando establecimientos de
enseñanza e instituyendo miles de cargos para dirigentes de cooperativas,
líderes tradeunionistas y parlamentarios. Pero eso se hace por doquier donde
existen relaciones capitalistas civilizadas contemporáneas. Y esos miles de
millones de superganancias son la base económica en que descansa el oportunismo
en el movimiento obrero.
En EE.UU., Inglaterra y
Francia se observa una obstinación mucho más tenaz de los líderes oportunistas,
de las altas esferas de la clase obrera, de la aristocracia de los obreros:
oponen una resistencia mucho mayor al movimiento comunista. Y por eso debemos
estar preparados para el hecho de que la curación de esta enfermedad de los
partidos obreros europeos y americanos resulte más difícil que en nuestro país.
Sabemos que desde la fundación de la III Internacional se han obtenido éxitos
grandiosos en el tratamiento de esta enfermedad, pero aún no hemos llegado a
extirparla definitivamente: está todavía muy lejos de haber terminado la obra
de depurar en todo el mundo los partidos obreros, los partidos revolucionarios
del proletariado, de la influencia burguesa y de los oportunistas en su propio
medio.
II Congreso de la Internacional Comunista
79
No me detendré a examinar las formas concretas en que debemos
realizar eso. De ello se habla en mis tesis, que han sido publicadas. Aquí me
incumbe señalar las profundas raíces económicas de este fenómeno. Esta
enfermedad se ha prolongado y su tratamiento se ha dilatado más de lo que
pudieran esperar los optimistas. Nuestro enemigo principal es el oportunismo.
El oportunismo en las altas esferas del movimiento obrero no es socialismo
proletario, sino burgués. Se ha demostrado en la práctica que los políticos del
movimiento obrero pertenecientes a la tendencia oportunista son mejores
defensores de la burguesía que los propios burgueses. La burguesía no podría
mantenerse si ellos no dirigieran a los obreros. Así lo demuestran no sólo la
historia del régimen de Kerenski en Rusia, sino también la república
democrática en Alemania, con su gobierno socialdemócrata al frente y la actitud
de Alberto Thomas ante su gobierno burgués. Lo demuestra la experiencia análoga
de Inglaterra y de los Estados Unidos. Ahí está nuestro enemigo principal, y
debemos vencerlo. Tenemos que salir del congreso con la firme decisión de
llevar hasta el fin esa lucha en todos los partidos. Tal es la tarea principal.
En comparación con esta
tarea, la corrección de los errores de la tendencia "izquierdista" en
el comunismo será una obra fácil. En toda una serie de países se observa el
antiparlamentarismo, no tanto aportado por gente salida de la pequeña burguesía
como apoyado por algunos destacamentos avanzados del proletariado a causa del
odio que tienen al viejo parlamentarismo, de un odio lógico, justo y necesario
a la conducta de los miembros de los parlamentos en Inglaterra, Francia, Italia
y todos los países. Hay que proporcionar directrices de la Internacional
Comunista, hay que dar a conocer mejor, más a fondo, a los camaradas la
experiencia rusa, el alcance del verdadero partido político proletario. Nuestra
labor consistirá en cumplir esta tarea. Y la lucha contra estos errores del
movimiento proletario, contra estos defectos, será mil veces más fácil que la
lucha contra la burguesía que, encubriéndose con el manto de reformistas,
penetra en los viejos partidos de la II Internacional y orienta toda su labor
no en un espíritu proletario, sino en un espíritu burgués.
Camaradas: Para concluir, me
detendré a examinar otro aspecto de la cuestión. El camarada presidente ha
dicho aquí que esta asamblea merece el calificativo de Congreso Mundial. Creo
que tiene razón, sobre todo porque se encuentran aquí no pocos representantes
del movimiento revolucionario de las colonias y de los países atrasados. Esto
no es más que un modesto comienzo, pero lo importante es que se ha dado ya el
primer paso. La unión de los proletarios revolucionarios de los países
capitalistas, de los países avanzados, con las masas revolucionarias de los
países que carecen o casi carecen de proletariado, con las masas oprimidas de
las colonias, de los países de Oriente, se está produciendo en este congreso.
La consolidación de esta unión depende de nosotros, y yo estoy seguro de que lo
conseguiremos. El imperialismo mundial debe caer cuando el empuje
revolucionario de los obreros explotados y oprimidos de cada país, venciendo la
resistencia de los elementos pequeñoburgueses y la influencia de la insignificante
élite constituida por la aristocracia obrera, se funda con el embate
revolucionario de centenares de millones de seres que hasta ahora habían
permanecido al margen de la historia y eran considerados sólo objeto de ésta.
La guerra imperialista ayudó
a la revolución. La burguesía sacó soldados de las colonias, de los países
atrasados, del estado de abandono en que se encontraban, para hacerlos
participar en esa guerra imperialista. La burguesía inglesa inculcaba en los soldados
de la India la idea de que los campesinos hindúes debían defender a la Gran
Bretaña de Alemania; la burguesía francesa inculcaba en los soldados de las
colonias francesas la idea de que los negros debían defender a Francia. Y les
enseñaron a manejar las armas. Este aprendizaje es extraordinariamente útil, y
por ello podríamos expresar a la burguesía nuestra profunda gratitud en nombre
de todos los obreros y campesinos rusos y, en particular, en nombre de todo el
Ejército Rojo ruso. La guerra imperialista ha hecho que los pueblos
dependientes se incorporen a la historia universal. Y una de nuestras
principales tareas consiste hoy en pensar
II Congreso de la Internacional Comunista
en cómo colocar la primera
piedra de la organización del movimiento soviético en los países no capitalistas. Los Soviets son allí
posibles; no serán Soviets obreros, sino Soviets campesinos o Soviets de los trabajadores.
Habrá que realizar un gran
trabajo, los errores serán inevitables y se tropezará con muchos obstáculos en
ese camino. La tarea fundamental del II Congreso consiste en elaborar o trazar
los principios de carácter práctico, a fin de que la labor efectuada hasta
ahora en forma no organizada entre centenares de millones de personas
transcurra en forma organizada, cohesionada y sistemática.
Ha pasado poco más de un año
desde que se celebró el I Congreso de la Internacional Comunista y aparecemos
ya como vencedores de la II Internacional. Las ideas soviéticas se difunden
ahora no sólo entre los obreros de los países civilizados y las conocen y
comprenden no sólo ellos. Los obreros de todos los países se ríen de esos
sabihondos — muchos de los cuales se llaman socialistas— que con aire doctoral
o casi doctoral se lanzan a disquisiciones sobre "el sistema"
soviético, como les gusta expresarse a los sistemáticos alemanes, o sobre
"la idea" soviética, término empleado por los socialistas
"gremiales" ingleses96.
Tales disquisiciones acerca del "sistema" soviético o de "la
idea" soviética suelen enturbiar a menudo los ojos y la conciencia de los
obreros. Pero los obreros desechan esa basura pedantesca y empuñan el arma
proporcionada por los Soviets. También en los países de Oriente se va
comprendiendo el papel y la importancia de los Soviets.
80
El movimiento soviético se
ha iniciado en todo el Oriente, en toda Asia, entre los pueblos de todas las
colonias.
La tesis de que los
explotados deben rebelarse contra los explotadores y crear sus Soviets no es
demasiado complicada. Después de nuestra experiencia, después de dos años y
medio de República Soviética en Rusia, después del I Congreso de la III
Internacional, la comprensión de esa tesis está al alcance de centenares de
millones de seres oprimidos por los explotadores en el mundo entero. Y si
ahora, en Rusia, nos vemos obligados con frecuencia a hacer concesiones y a dar
tiempo al tiempo, pues somos más débiles que los imperialistas internacionales,
sabemos, en cambio, que mil doscientos cincuenta millones de habitantes del
globo constituyen esa masa cuyos intereses defendemos. De momento tropezamos
con los obstáculos, los prejuicios y la ignorancia, que hora tras hora van
siendo relegados al pasado. Pero cuanto más tiempo transcurre, más nos vamos
convirtiendo en los representantes y defensores efectivos de ese 70% de la
población de la Tierra, de esa masa de trabajadores y explotados. Podemos decir
con orgullo que en el I Congreso éramos, en el fondo, sólo unos propagandistas,
que nos limitábamos a lanzar al proletariado del mundo entero unas ideas
fundamentales, un llamamiento a la lucha, y preguntábamos: ¿dónde están los
hombres capaces de seguir ese camino? Ahora tenemos en todas partes un
proletariado de vanguardia. En todas partes hay un ejército proletario, aunque
a veces esté mal organizado y exija una reorganización, y si nuestros camaradas
internacionales nos ayudan ahora a organizar un ejército único, no habrá fallas
que nos impidan realizar nuestra obra. Esa obra es la revolución proletaria
mundial, es la creación de la República Soviética universal. (Prolongados aplausos.)
![]()
96
Socialistas "gremiales",
"socialismo gremial":corriente reformista surgida entre las tradeuniones inglesas en
vísperas de la primera guerra mundial. Los socialistas "gremiales"
negaban el carácter de clase del Estado y sembraban entre los obreros ilusiones
acerca de que era posible emanciparse de la explotación sin necesidad de la
lucha de clases. Proponían constituir, sobre la base de las tradeuniones
existentes, agrupaciones especiales de productores ("gremios"),
unidas en una federación, y entregarles la dirección de la industria para crear
paulatinamente la sociedad socialista. Los socialistas "gremiales"
intensificaron especialmente su propaganda después de la Revolución Socialista
de Octubre, tratando de contraponer su "teoría" del "socialismo
gremial" a las ideas de la lucha de clases y de la dictadura del
proletariado. En los años 20, el "socialismo gremial" perdió toda
influencia entre la clase obrera de Inglaterra.
II Congreso de la Internacional Comunista
Publicado el 24 de
julio de 1920 en el núm. 162 de "Pravda".
T. 41, págs. 215-235.
2. Discurso acerca
del papel del Partido Comunista, 23 de julio.
Camaradas: Quisiera hacer
algunas observaciones que guardan relación con discursos de los camaradas
Tanner y McLaine. Tanner dice que está a favor de la dictadura del
proletariado, pero la concibe de un modo algo distinto a como la concebimos
nosotros. Dice que, en realidad, nosotros entendemos por dictadura del
proletariado la dictadura de su minoría organizada y consciente.
Y en efecto, en la época del
capitalismo, cuando las masas obreras son sometidas a una incesante explotación
y no pueden desarrollar sus dotes humanas, lo más peculiar de los partidos
políticos obreros es justamente que sólo pueden abarcar a una minoría de su
clase. El partido político puede agrupar sólo a una minoría de la clase, puesto
que los obreros verdaderamente conscientes en toda sociedad capitalista no
constituyen sino la minoría de todos los obreros. Por eso nos vemos precisados
a reconocer que sólo esta minoría consciente puede dirigir a las grandes masas
obreras y llevarlas tras de sí. Y si el camarada Tanner dice que es enemigo del
partido, pero, al mismo tiempo, está a favor de que la minoría de los obreros
mejor organizados y más revolucionarios señale el camino a todo el
proletariado, yo digo que, en realidad, no existe diferencia entre nosotros.
¿Qué representa una minoría organizada? Si esta minoría es realmente
consciente, si sabe llevar tras de sí a las masas, si es capaz de dar respuesta
a cada una de las cuestiones planteadas a la orden del día, entonces esa
minoría es, en esencia, el partido. Y si camaradas como Tanner, a los que
tenemos en cuenta de manera especial, por tratarse de representantes del
movimiento de masas —cosa que difícilmente se puede decir de los representantes
del Partido Socialista Británico—; si tales camaradas están a favor de que
exista una minoría que luche decididamente por la dictadura del proletariado y
que eduque en este sentido a las masas obreras, esa minoría no es, en esencia,
otra cosa que el partido. El camarada Tanner dice que esta minoría debe
organizar y llevar tras de sí a todas las masas obreras. Si el camarada Tanner
y otros camaradas del grupo de Delegados de Fábrica (Shop Stewards) y de la organización Obreros Industriales del Mundo
(IWW) reconocen esto —y cada día, en las conversaciones con ellos, vemos que,
en efecto, lo reconocen—; si aprueban una situación en la que la minoría
comunista consciente de la clase obrera lleva tras de sí al proletariado, deben
convenir también en que el sentido de todas nuestras relaciones es precisamente
ése. Y entonces, la única diferencia existente entre nosotros consistirá en que
ellos eluden la palabra "partido", pues tienen una especie de
prevención contra el partido político. Conciben el partido político como algo
parecido a los partidos de Gompers y de Henderson97, partidos de politicastros parlamentarios, traidores a la clase
obrera. Y si conciben el parlamentarismo precisamente como el inglés y el
norteamericano de nuestros días, también nosotros somos enemigos de ese
parlamentarismo y de esos partidos políticos.
![]()
97
Se
alude a la Federación Americana del Trabajo y al Partido Laborista inglés
(véase la nota 21). Federación Americana
del Trabajo (FAT): central sindical fundada en los EE.UU. en 1881. La FAT,
estructurada según el principio gremial,
agrupaba principalmente a "la aristocracia obrera". Sus dirigentes
reformistas repudian los principios del socialismo y de la lucha de clases,
propugnan "la colaboración de clases" y defienden el régimen
capitalista, aplican una política de división del movimiento obrero
internacional y apoyan activamente la política exterior agresiva del
imperialismo norteamericano. En 1955, la FAT se fusionó con otra central
sindical: el Congreso de los Sindicatos Industriales. La nueva central sindical
se denomina Federación Americana del Trabajo- Congreso de los Sindicatos
Industriales (FAT-CSI).
II Congreso de la Internacional Comunista
Necesitamos partidos nuevos,
unos partidos distintos. Necesitamos partidos que estén en contacto efectivo y
permanente con las masas y sepan dirigirlas.
81
Paso a la tercera cuestión
que desearía tratar en relación con el discurso del camarada McLaine. Este
propugna que el Partido Comunista Inglés se adhiera al Partido Laborista. Me he
manifestado ya a este respecto en mis tesis sobre el ingreso en la III Internacional*.
En mi folleto, esta cuestión queda pendiente98. Sin
embargo, después de hablar con muchos camaradas, he llegado al convencimiento
de que la decisión de continuar en el Partido Laborista es la única táctica
acertada. Pero interviene el camarada Tanner y afirma: No seáis demasiado
dogmáticos. Esta expresión es totalmente inoportuna. El camarada Ramsay dice:
Dejad que nosotros mismos, los comunistas ingleses, resolvamos esta cuestión.
¿Qué sería la Internacional si una pequeña fracción cualquiera dijese: Algunos
de nosotros estamos a favor de esto y otros están en contra; dejad que
resolvamos nosotros mismos? ¿Para qué
harían falta entonces la Internacional, el congreso y toda esta discusión? El
camarada McLaine ha hablado únicamente del papel del partido político. Pero
esto atañe también a los sindicatos y al parlamentarismo. Es exacto por
completo que la mayor parte de los mejores revolucionarios se oponen a la
adhesión al Partido Laborista, por cuanto están en contra del parlamentarismo
como medio de lucha. Por eso, quizá sea lo mejor transferir este asunto a una
comisión. Esta comisión deberá examinar y estudiar el asunto, que será resuelto
sin falta en el presente congreso de la Internacional Comunista. No podemos
estar de acuerdo con que esta cuestión afecte sólo a los comunistas ingleses.
Debemos decir, en general, qué táctica es la certera.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Analizaré ahora algunos
argumentos del camarada McLaine respecto al problema del Partido Laborista
inglés. Es preciso decir abiertamente: el Partido Comunista puede ingresar en
el Partido Laborista sólo a condición de que conserve plena libertad de crítica
y pueda aplicar su propia política. Eso es lo más importante. Cuando el
camarada Serrati habla, a este propósito, de colaboración de clases, yo afirmo:
Esto no es colaboración de clases. Si los camaradas italianos consienten la
presencia en su partido de oportunistas como Turati y Cía., es decir, de
elementos burgueses, eso sí que es, en efecto, colaboración de clases. Pero en
el caso que nos ocupa, en relación con el Partido Laborista inglés, se trata
sólo de la colaboración de la minoría avanzada de los obreros ingleses con su
mayoría aplastante. Son miembros del Partido Laborista todos los afiliados a
los sindicatos. Es una estructura muy original, que no encontramos en ningún
otro país. Esta organización abarca a cuatro millones de obreros de los seis o
siete millones de afiliados a los sindicatos. No se les pregunta cuáles son sus
convicciones políticas. Que me demuestre el camarada Serrati que se nos impide
utilizar allí el derecho de crítica. Cuando lo demostréis, sólo entonces
demostraréis que el camarada McLaine se equivoca. El Partido Socialista
Británico puede decir con toda libertad que Henderson es un traidor y, sin
embargo, seguir en el Partido Laborista. También aquí se hace efectiva la
colaboración de la vanguardia de la clase obrera con los obreros atrasados, con
la retaguardia. Esta colaboración tiene una importancia tan grande para todo el
movimiento que insistimos categóricamente en que los comunistas ingleses sean
el eslabón de enlace entre el partido, es decir, entre la minoría de la clase
obrera, y toda la masa restante de los obreros. Si la minoría no sabe dirigir a
las masas y vincularse estrechamente a ellas, no es un partido y, en general,
no tiene ningún valor, aunque se denomine partido o Comité Nacional de Consejos
de Delegados de Fábrica. Por lo que yo conozco, los consejos de delegados de
fábrica en Inglaterra tienen su Comité Nacional, su dirección central, y eso es
ya un paso para la constitución de un partido. Por consiguiente, si no se
desmiente que el Partido Laborista inglés está compuesto de proletarios, eso
será una colaboración de la vanguardia de la clase obrera con los obreros
atrasados, y si esta colaboración no se hace
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98 Lenin alude a su libro La
enfermedad infantil del"izquierdismo" en el comunismo.
II Congreso de la Internacional Comunista
efectiva de modo sistemático, entonces el Partido Comunista no
tendrá ningún valor y no podrá ni hablarse de dictadura del proletariado. Y si
nuestros camaradas italianos carecen de argumentos más convincentes, tendremos
que resolver aquí más tarde el problema de manera definitiva, tomando como base
lo que sabemos, y llegaremos a la conclusión de que la adhesión al Partido
Laborista es una táctica atinada. Los camaradas Tanner y Ramsay nos dicen que
la mayoría de los comunistas ingleses no se mostrará de acuerdo con la
adhesión, pero ¿debemos estar de acuerdo sin falta con la mayoría? De ningún
modo. Si la mayoría no ha comprendido aún qué táctica es justa, tal vez se
pueda esperar. Incluso la existencia paralela de ambos partidos durante cierto
tiempo sería mejor que la negativa a responder qué táctica es acertada. Por
supuesto, partiendo de la experiencia de todos los miembros del congreso, y
sobre la base de los argumentos esgrimidos aquí, no insistiréis en que
acordemos aquí mismo la creación inmediata en todos los países de un Partido
Comunista único. Eso es imposible. Pero sí podemos expresar abiertamente
nuestra opinión y trazar directrices. El problema planteado por la delegación
inglesa debemos estudiarlo en una comisión especial y, después de esto, decir:
La táctica acertada es el ingreso en el Partido Laborista. Si la mayoría está
en contra de eso, deberemos organizar aparte a la minoría. Esto tendrá un
significado educativo. Si las masas obreras inglesas tienen aún fe en la
táctica anterior, comprobaremos nuestras conclusiones en el próximo congreso.
Pero no podemos decir que esta cuestión afecte sólo a Inglaterra: eso sería
imitar las peores costumbres de la II Internacional. Debemos expresar
públicamente nuestra opinión. Si los comunistas ingleses no llegan a un acuerdo
y no se crea un partido de masas, la escisión será inevitable de uno u otro
modo.
82
Publicado el 5 de agosto de 1920 en el núm. 5 del "Boletín
del II Congreso de la Internacional Comunista".
T. 41, págs. 236-240.
3. Informe de la
comisión para los problemas nacional y colonial, 26 de julio.99
Camaradas: Me limitaré a una
breve introducción, después de lo cual el camarada Maring, que ha sido
secretario de nuestra comisión, presentará un detallado informe sobre las
modificaciones que hemos introducido en las tesis. A continuación hará uso de
la palabra el camarada Roy, que ha formulado algunas tesis adicionales. La
comisión ha aprobado por unanimidad tanto las tesis originales*, con las
correspondientes modificaciones, como las tesis adicionales. Así pues, hemos
conseguido una absoluta unidad de criterio en todos los problemas de
importancia. Ahora haré algunas breves observaciones.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Primero. ¿Cuál es la idea
más importante, la idea fundamental de nuestras tesis? Es la distinción entre
naciones oprimidas y naciones opresoras. Nosotros subrayamos esta distinción,
en oposición a la II Internacional y a la democracia burguesa. Para el proletariado
y para la Internacional Comunista tiene particular importancia en la época del
imperialismo observar los hechos económicos concretos y tomar como base, al
resolver los problemas coloniales y nacionales, no tesis abstractas, sino
fenómenos de la realidad concreta.
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99 La Comisión
para los problemas nacional y colonial se formó en el II Congreso de la
Internacional Comunista. Estaba compuesta de veinte miembros, que representaban
a partidos de los países siguientes: Alemania, Austria, Bulgaria, Corea, China,
EE.UU., Francia, Holanda, Hungría, India, Indonesia, Inglaterra, Irán, Irlanda,
México, Rusia, Turquía y Yugoslavia. Lenin dirigió las labores de la comisión,
que comenzaron el 25 de julio de 1920 con la discusión de las tesis, redactadas
por él, sobre los problemas nacionales y coloniales. Estas tesis fueron
sometidas a examen del congreso el 26 de julio. Además, en la Comisión para los
problemas nacional y colonial y en las sesiones plenarias del congreso se
discutieron las tesis adicionales presentadas por M. N. Roy.
II Congreso de la Internacional Comunista
El rasgo distintivo del
imperialismo consiste en que actualmente, como podemos ver, el mundo se halla
dividido, por un lado, en un gran número de naciones oprimidas y, por otro, en
un número insignificante de naciones opresoras, que disponen de riquezas colosales
y de una poderosa fuerza militar. La inmensa mayoría de la población del globo,
más de mil millones de seres —seguramente mil doscientos cincuenta millones si
consideramos que aquélla es de mil setecientos cincuenta millones—, es decir,
alrededor del 70% de la población de la Tierra, corresponde a las naciones
oprimidas, las cuales se encuentran sometidas a una dependencia colonial
directa, o son semicolonias (como, por ejemplo, Persia, Turquía y China), o,
después de haber sido derrotadas por el ejército de una gran potencia
imperialista, han sido obligadas por los tratados de paz a depender en gran
medida de dicha potencia. Esta idea de la diferenciación, de la división de las
naciones en opresoras y oprimidas informa todas las tesis; no sólo las primeras,
las que aparecieron con mi firma y fueron publicadas originariamente, sino
también las tesis del camarada Roy. Estas últimas han sido escritas teniendo en
cuenta, sobre todo, la situación de la India y de otros grandes pueblos de Asia
oprimidos por Inglaterra, y en esto reside la magna importancia que tienen para
nosotros.
La segunda idea que orienta
nuestras tesis es que, en la actual situación del mundo, después de la guerra
imperialista, las relaciones entre los pueblos, así como todo el sistema
mundial de Estados, vienen determinados por la lucha de un pequeño grupo de
naciones imperialistas contra el movimiento soviético y contra los Estados
soviéticos, a cuya cabeza figura la Rusia Soviética. Si no tenemos en cuenta
este hecho, no podremos plantear correctamente ningún problema nacional o
colonial, aunque se trate del rincón más apartado del mundo. Sólo partiendo de
este punto de vista, los partidos comunistas podrán plantear y resolver
acertadamente los problemas políticos tanto en los países civilizados como en
los países atrasados.
Tercero. Quisiera destacar de manera especial la cuestión del
movimiento democrático burgués en los países atrasados. Precisamente esta
cuestión ha suscitado algunas divergencias. Nuestra discusión ha girado en
torno a si es o no acertado, desde el punto de vista de los principios y de la
teoría, afirmar que la Internacional Comunista y los partidos comunistas deben
apoyar el movimiento democrático burgués en los países atrasados. Después de la
discusión hemos llegado a la conclusión unánime de que debe hablarse de
movimiento nacional-revolucionario, en vez de movimiento "democrático
burgués". No cabe la menor duda de que todo movimiento nacional sólo puede
ser un movimiento democrático burgués, pues la masa fundamental de la población
en los países atrasados la constituyen los campesinos, que representan las
relaciones capitalistas burguesas. Sería utópico suponer que los partidos
proletarios, si es que pueden formarse en general en esos países atrasados,
sean capaces de aplicar en ellos una táctica y una política comunistas sin
mantener determinadas relaciones con el movimiento campesino y sin apoyarlo en
la práctica. Ahora bien, en este punto se hizo la objeción de que si hablásemos
de movimiento democrático burgués, se borraría toda diferencia entre el movimiento
reformista y el movimiento revolucionario. Sin embargo, en los últimos tiempos,
esta diferencia se ha manifestado con plena claridad en las colonias y en los
países atrasados, ya que la burguesía imperialista trata por todos los medios
de que el movimiento reformista se desarrolle también entre los pueblos
oprimidos. Entre la burguesía de los países explotadores y la de las colonias
se ha producido cierto acercamiento, debido a lo cual muy a menudo —y quizá
incluso en la mayoría de los casos—, la burguesía de los países oprimidos, pese
a prestar su apoyo a los movimientos nacionales, lucha al mismo tiempo de
acuerdo con la burguesía imperialista, es decir, al lado de ella, contra todos
los movimientos revolucionarios y las clases revolucionarias.
83
II Congreso de la Internacional Comunista
En la comisión, este hecho
ha sido demostrado de manera irrefutable, por lo que hemos estimado que lo
único justo era tomar en consideración dicha diferencia y sustituir casi en
todos los lugares la expresión "democrático burgués" por "nacional
-revolucionario". El sentido de este cambio consiste en que nosotros, como
comunistas, debemos apoyar y apoyaremos los movimientos burgueses de liberación
en las colonias sólo en el caso de que estos movimientos sean verdaderamente
revolucionarios, sólo en el caso de que sus representantes no nos impidan
educar y organizar en un espíritu revolucionario a los campesinos y a las
grandes masas de explotados. Si no se dan esas condiciones, los comunistas
deben luchar en dichos países contra la burguesía reformista, a la que
pertenecen también los "héroes" de la II Internacional. En las
colonias existen ya partidos reformistas, y sus representantes se denominan a
veces socialdemócratas y socialistas. La diferencia mencionada ha quedado
establecida en todas las tesis, y gracias a ello, nuestro punto de vista
aparece formulado, a mi juicio, de un modo mucho más preciso.
Quisiera hacer una
observación más, relativa a los Soviets campesinos. La labor práctica de los
comunistas rusos en las antiguas colonias del zarismo, en países tan atrasados
como Turquestán, etc., nos ha planteado el problema de cómo aplicar la táctica y
la política comunistas en las condiciones precapitalistas, pues el rasgo
distintivo más importante de estos países es el dominio en ellos de las
relaciones precapitalistas, por lo cual allí no cabe hablar siquiera de un
movimiento puramente proletario. En tales países casi no hay proletariado
industrial. No obstante, también en ellos hemos asumido y debemos asumir el
papel de dirigentes. Nuestro trabajo nos ha mostrado que en esos países hay que
vencer dificultades inmensas, pero los resultados prácticos nos han enseñado
asimismo que, pese a dichas dificultades, hasta en los países que casi carecen
de proletariado se puede también despertar en las masas el deseo de tener ideas
políticas propias y de desplegar su propia actividad política. Esta tarea presentaba
para nosotros más dificultades que para los camaradas de Europa Occidental,
pues el proletariado de Rusia está abrumado por el trabajo de organización del
Estado. Se comprende perfectamente que los campesinos, colocados en una
dependencia semifeudal, puedan asimilar muy bien la idea de la organización
soviética y sean capaces de ponerla en práctica. Es evidente asimismo que las
masas oprimidas — explotadas no sólo por el capital mercantil, sino también por
los señores feudales y por un Estado que se asienta sobre bases feudales—
pueden aplicar asimismo esta arma, este tipo de organización, en las
condiciones en que se encuentran. La idea de la organización soviética es
sencilla y capaz de ser aplicada no sólo a las relaciones proletarias, sino
también a las relaciones campesinas feudales y semifeudales. Nuestra
experiencia en este aspecto no es aún muy grande; pero los debates en la
comisión —en los que han participado varios representantes de países
coloniales— nos han demostrado de un modo absolutamente irrefutable que en las
tesis de la Internacional Comunista debe indicarse que los Soviets campesinos,
los Soviets de los explotados, son un instrumento válido no sólo para los
países capitalistas, sino también para los países con relaciones precapitalistas,
y que es un deber indeclinable de los partidos comunistas y de quienes están
dispuestos a organizarlos propagar la idea de los Soviets campesinos, de los
Soviets de trabajadores, en todas partes, tanto en los países atrasados como en
las colonias. Y dondequiera que las condiciones lo permitan, deberán intentar
sin pérdida de tiempo organizar Soviets del pueblo trabajador.
Ante nosotros surge aquí la
posibilidad de realizar un trabajo práctico de gran interés e importancia.
Nuestra experiencia general
en este terreno no es aún muy grande, pero poco a poco iremos reuniendo datos.
Es indiscutible que el proletariado de los países avanzados puede y debe ayudar
a las masas trabajadoras atrasadas, y que el desarrollo de los países atrasados
podrá salir de su etapa actual cuando el proletariado victorioso de las
repúblicas soviéticas tienda la mano a esas masas y pueda prestarles apoyo.
II Congreso de la Internacional Comunista
Este problema suscitó en la
comisión debates bastante vivos, y no sólo en torno a las tesis que llevan mi
firma, sino más aún en torno a las del camarada Roy, que él defenderá aquí y en
las cuales se han introducido por unanimidad algunas enmiendas.
La cuestión ha sido
planteada en los siguientes términos: ¿podemos considerar justa la afirmación
de que la fase capitalista de desarrollo de la economía nacional es inevitable
para los pueblos atrasados que se encuentran en proceso de liberación y entre
los cuales ahora, después de la guerra, se observa un movimiento en dirección
al progreso? Nuestra respuesta ha sido negativa. Si el proletariado
revolucionario victorioso realiza entre esos pueblos una propaganda sistemática
y los gobiernos soviéticos les ayudan con todos los medios a su alcance, es
erróneo suponer que la fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los
pueblos atrasados. En todas las colonias y en todos los países atrasados no
debemos limitarnos a formar cuadros propios de luchadores y organizaciones
propias de partido, no debemos limitarnos a realizar una propaganda inmediata
en pro de la creación de Soviets campesinos, tratando de adaptarlos a las
condiciones precapitalistas. Además de eso, la Internacional Comunista habrá de
formular, dándole una base teórica, la tesis de que los países atrasados, con
la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden pasar al régimen
soviético —y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al comunismo—
soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista.
84
Es imposible señalar de
antemano los medios que serán necesarios para que esto ocurra. La experiencia
práctica nos los irá sugiriendo. Pero es un hecho firmemente establecido que la
idea de los Soviets es afín a todas las masas trabajadoras de los pueblos más
lejanos; que estas organizaciones, los Soviets, deben ser adaptadas a las
condiciones de un régimen social precapitalista, y que los partidos comunistas
deben comenzar inmediatamente a trabajar en este sentido en el mundo entero.
Quisiera señalar, además, la
importancia de que los partidos comunistas realicen su labor revolucionaria no
sólo en su propio país, sino también en las colonias, y sobre todo entre las
tropas que utilizan las naciones explotadoras para mantener sometidos a los
pueblos de sus colonias.
El camarada Quelch, del
Partido Socialista Británico, se refirió a este problema en nuestra comisión.
Dijo que el obrero de filas inglés consideraría una traición ayudar a los
pueblos sojuzgados cuando se sublevan contra el dominio inglés. Es verdad que la
aristocracia obrera de Inglaterra y Norteamérica, imbuida de un espíritu
jingoísta100 y chovinista, representa un grandísimo
peligro para el socialismo y presta un vigoroso apoyo a la II Internacional.
Aquí nos hallamos ante una tremenda traición de los líderes y obreros afiliados
a esa Internacional burguesa. En la II Internacional también se discutió el
problema colonial. El Manifiesto de Basilea101 se
refirió a él en términos inequívocos. Los partidos de la II Internacional
prometieron actuar revolucionariamente, pero no vemos por su parte ninguna
verdadera labor revolucionaria ni ningún apoyo a los levantamientos de los
pueblos explotados y dependientes contra las naciones opresoras. Como tampoco
lo vemos, a mi parecer, entre la mayoría de los partidos que han abandonado la
II Internacional y desean ingresar en la III.
![]()
100 Jingoísmo: chovinismo militante, defensa de la
política agresiva, imperialista. El término proviene de la palabra
"jingo", que figuraba en el estribillo de una canción patriotera
inglesa de los años 70 del siglo XIX.
101 Manifiesto de Basilea: manifiesto sobre la guerra aprobado por el Congreso Socialista
Internacional Extraordinario celebrado en Basilea (Suiza) los días24 y 25 de
noviembre de 1912. El manifiesto ponía en guardia a los pueblos contra la
creciente amenaza de guerra imperialista mundial, denunciaba los fines
expoliadores de esta guerra y exhortaba a los obreros de todos los países a
luchar resueltamente por la paz, oponiendo "al imperialismo capitalista la
potencia de la solidaridad internacional del proletariado". El Manifiesto de
Basilea condenó con energía la política expansionista de los Estados
imperialistas y llamó a los socialistas a combatir toda opresión de los pueblos
pequeños y las manifestaciones de chovinismo.
II Congreso de la Internacional Comunista
Debemos decirlo en voz alta,
para que todos se enteren. Esto no puede ser refutado, y ya veremos si se hace
algún intento de refutarlo.
Todas estas consideraciones
han servido de base a nuestras resoluciones, que son, sin duda, demasiado
largas; pero confío en que, pese a todo, resultarán útiles y contribuirán a
desarrollar y organizar una labor verdaderamente revolucionaria en los problemas
nacional y colonial, que es, en el fondo, nuestro objetivo principal.
Publicado el 7 de agosto de 1920 en el núm. 6 del "Boletín
del II Congreso de la Internacional Comunista".
T. 41, págs. 241-247.
IX Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
85
IX CONFERENCIA DE TODA RUSIA DEL PC(b)R.
22-25 de septiembre
de 1920.
Informe político del
CC del PC(b) de Rusia, 22 de septiembre.
Información
periodística.
La guerra con Polonia, mejor
dicho, la campaña de julio y agosto, ha cambiado de raíz la situación política
internacional.
La agresión de los polacos a
nuestro país fue precedida de un episodio característico de las relaciones
internacionales que existían entonces. Cuando en enero propusimos la paz a
Polonia, una paz extraordinariamente ventajosa para ella y muy desventajosa
para nosotros, los diplomáticos de todos los países lo interpretaron a su
manera: "Los bolcheviques hacen concesiones exorbitantes; eso significa
que son exorbitantemente débiles". Vióse confirmada una vez más la verdad
de que la diplomacia burguesa no puede comprender los métodos de nuestra nueva
diplomacia de declaraciones públicas y francas. Por eso, nuestras propuestas
suscitaron únicamente una explosión de chovinismo rabioso en Polonia, Francia y
demás países y empujaron a Polonia a agredirnos. Al principio, Polonia tomó
Kíev; después, nuestras tropas, con un contragolpe, se acercaron a Varsovia;
luego se produjo un viraje, y nosotros retrocedimos más de cien verstas*.
* Versta: medida
itineraria en la vieja Rusia equivalente a 1,06 kilómetros. (N. de la Edit.)
Sin embargo, la situación
creada como resultado de ello —grave, sin duda— no es en modo alguno pura
pérdida para nosotros. Hemos frustrado sin piedad los cálculos de los
diplomáticos acerca de nuestra debilidad y demostrado que Polonia no puede
vencernos, en tanto que nosotros no hemos estado ni estamos lejos de la
victoria sobre Polonia. Además, incluso ahora, tenemos un centenar de verstas
de territorio conquistado. Y por último, nuestro avance hacia Varsovia ha
ejercido un influjo tan poderoso en Europa Occidental y en toda la situación
mundial que ha alterado por completo la correlación de las fuerzas políticas
contendientes interiores y exteriores.
El acercamiento de nuestras
tropas a Varsovia ha demostrado de manera indiscutible que en algún sitio
próximo a ella se encuentra el centro de todo el sistema del imperialismo
mundial basado en el Tratado de Versalles. Polonia, último baluarte contra los
bolcheviques, que se halla por entero en manos de la Entente, es un factor tan
poderoso de dicho sistema que, cuando el Ejército Rojo ha puesto en peligro
este baluarte, se ha tambaleado todo el sistema. La República Soviética ha
pasado a ser un factor de importancia primordial en la política internacional.
En la nueva situación ha
repercutido, sobre todo, un hecho de extraordinaria importancia: la burguesía
de los países que viven bajo el yugo de la Entente —y que representan el 70% de
la población de la Tierra— está más bien a nuestro lado. También antes vimos
que los pequeños Estados que lo pasan mal bajo la tutela de la Entente
(Estonia, Georgia, etc.), y que cuelgan a sus bolcheviques, concluyen la paz
con nosotros en contra de la voluntad de dicho bloque. Este hecho se ha
manifestado ahora con fuerza singular en todos los confines del mundo. Al
acercarse nuestras tropas a Varsovia, toda Alemania empezó a agitarse. Se creó
la misma situación que pudimos observar en nuestro país en 1905, cuando los
IX Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
ultrarreaccionarios de las
centurias negras102 despertaron y llamaron a la vida
política a vastos sectores del campesinado, a los más atrasados, que un día se
pronunciaban contra los bolcheviques y al día siguiente exigían toda la tierra
de los latifundistas. En Alemania hemos visto asimismo un bloque antinatural
semejante de los ultrarreaccionarios con los bolcheviques. Ha surgido un tipo
extraño de ultrarreaccionario-revolucionario, parecido a ese atrasado joven
aldeano de Prusia Oriental que, como he leído hace unos días en un periódico
alemán no bolchevique, dice que será preciso restaurar a Guillermo II porque no
hay orden, pero que se debe seguir a los bolcheviques.
Otra consecuencia de nuestro
acercamiento a Varsovia es el poderoso influjo que ha ejercido en el movimiento
revolucionario de Europa, sobre todo de Inglaterra. Aunque no hemos sabido
llegar hasta el proletariado industrial de Polonia (y ésa es una de las causas
principales de nuestra derrota), que está al otro lado del Vístula y en
Varsovia, hemos llegado hasta el proletariado inglés y elevado su movimiento a
una altura sin precedente, a un nivel de la revolución completamente nuevo.
Cuando el gobierno inglés nos presentó un ultimátum, resultó que debía
preguntar primero sobre ello a los obreros ingleses. Y estos obreros, cuyos
líderes son en sus nueve décimas partes mencheviques contumaces, respondieron
organizando el Comité de Acción103.
86
La prensa inglesa se alarmó y proclamó a gritos que eso era
"dualidad de poderes". Y tenía razón. Inglaterra se encontró en la
misma fase de las relaciones políticas que existió en Rusia después de la
revolución de febrero de 1917, cuando los Soviets se vieron obligados a
controlar cada paso del gobierno burgués. El Comité de Acción es una agrupación
de todos los obreros, sin distinción de partido, análoga a nuestro Comité
Ejecutivo Central de toda Rusia de los tiempos en que mangoneaban en él Gots,
Dan y otros; una agrupación que compite con el gobierno y en la cual los
mencheviques no tienen más remedio que actuar a medias como bolcheviques. Y de
la misma manera que nuestros mencheviques, en fin de cuentas, se hicieron un
lío y ayudaron a que las masas se sumaran a nosotros, los mencheviques del
Comité de Acción se ven obligados, por la marcha incontenible de los
acontecimientos, a desbrozar para las masas obreras inglesas el camino de la
revolución bolchevique. Los mencheviques ingleses, según testimonian personas
competentes, se sienten ya gobierno y se disponen a ocupar el puesto del
gobierno burgués en un futuro no lejano. Eso representará un nuevo grado en el
proceso general de la revolución proletaria inglesa. Estos magnos progresos en
el movimiento obrero inglés ejercen una influencia poderosa en el movimiento
obrero mundial y, en primer término, en el movimiento obrero de Francia.
Tales son los resultados que
nuestra última campaña polaca ha tenido en la política internacional y en las
relaciones que cristalizan en Europa Occidental.
Ahora tenemos planteado el
problema de la guerra y la paz con Polonia. Queremos evitar la campaña de
invierno, dura para nosotros, y proponemos otra vez a Polonia una paz ventajosa
para ella y desventajosa para nosotros. Pero es posible que los diplomáticos
burgueses,
![]()
102
Centurias negras: bandas monárquicas organizadas por la
policía zarista para luchar contra el movimiento revolucionario. Las centurias
negras asesinaban a los revolucionarios, atentaban contra los intelectuales
progresistas y organizaban pogromos antisemitas
103 Los Comités de Acción, creados por los obreros ingleses para impedir que Inglaterra
entrase en la guerra contra la Rusia Soviética, empezaron a surgir en los
primeros días de agosto de 1920. A finales de agosto existían ya en Inglaterra
más de 150 organizaciones de este tipo, y un mes después, el doble. El Partido
Comunista de Gran Bretaña desempeñó un importante papel en la organización de
los Comités de Acción. Bajo la presión del movimiento revolucionario masivo, el
Comité de Acción central, encabezado por líderes oportunistas de las
tradeuniones y del Partido Laborista, se vio obligado a combatir la política
antisoviética del gobierno. Pero cuando éste, asustado por la extensión del
movimiento revolucionario, renunció a la guerra contra la Rusia Soviética,
dicho comité no amplió la lucha y empezó a restringir la actividad de las
organizaciones locales. Esto socavó la labor de los Comités de Acción, que se
disolvieron a comienzos de 1921, y debilitó el movimiento revolucionario.
IX Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
siguiendo la vieja
costumbre, consideren de nuevo nuestra declaración pública como un signo de
debilidad. Es lo más probable que hayan decidido ya la campaña de invierno. Y
en tal caso, debemos esclarecer las condiciones en que nos veremos obligados a
entrar, posiblemente, en el nuevo período de la guerra.
Nuestra derrota ha originado
ciertos cambios en Europa Occidental y ha unido contra nosotros a elementos
heterogéneos que nos son hostiles. Pero en repetidas ocasiones hemos visto
contra nosotros agrupaciones y estados de ánimo más poderosos, que, sin embargo,
no resolvieron la cuestión.
Tenemos enfrente un bloque
formado por Polonia, Francia y Wrangel, en quien Francia cifra sus esperanzas.
Sin embargo, este bloque padece de una vieja enfermedad: la inconciliabilidad
de sus elementos, el miedo de la pequeña burguesía de Polonia a la Rusia
ultrarreaccionaria y a su representante típico: Wrangel. La Polonia
pequeñoburguesa, patriótica, el Partido Socialista Polaco y el Partido Popular
(el partido de los campesinos acomodados) quieren la paz. Los representantes de
estos partidos dijeron en Minsk: "Sabemos que Varsovia y Polonia no han
sido salvadas por la Entente —no podía salvarnos—
,
sino
por el entusiasmo patriótico". Estas lecciones no se olvidan. Los polacos
ven con claridad que saldrán de la guerra completamente arruinados en el
aspecto financiero. Porque la guerra se paga, y Francia reconoce "la
sacrosanta propiedad privada". Los representantes de los partidos
pequeñoburgueses saben que Polonia estaba en vísperas de crisis antes ya de la
guerra y que ésta aumenta la ruina, por lo cual prefieren la paz. Y nosotros
queremos aprovechar esta oportunidad, proponiendo la paz a Polonia.
Se ha manifestado también un
nuevo factor de extraordinaria importancia: el cambio de la composición social
del ejército polaco. Hemos vencido a Kolchak y Denikin sólo después de haber
cambiado la composición social de sus ejércitos, cuando sus firmes cuadros
fundamentales se diluyeron en la masa campesina movilizada. Este proceso tiene
lugar ahora en el ejército polaco: el gobierno se ve obligado a movilizar
quintas de campesinos y obreros de mayor edad, que han hecho una guerra más
encarnizada, la guerra imperialista. Este ejército no está compuesto ya de
adolescentes fáciles de "moldear", sino de adultos a los que es
imposible obligar a aprender lo que se quiera.
Polonia ha rebasado ya el
límite tras el que tenía asegurada, al principio, la victoria máxima y,
después, la derrota máxima.
Si nos vemos obligados a
sostener una campaña de invierno, venceremos, sin duda alguna, pese a la
extenuación y el cansancio. Garantía de ello es también nuestra situación
económica, que ha mejorado considerablemente. Hemos adquirido, en comparación
con el pasado, una firme base económica. En 1917-1918 recogimos una cosecha de
cereales de treinta millones de puds*; en 1918-1919, ciento diez millones; en
1919-1920, doscientos sesenta millones; pero el año próximo contamos con
recoger cerca de cuatrocientos millones de puds. Estas cifras no son ya las
mismas con que hubimos de combatir en los años de hambre. No miraremos ya con
tanto horror los policromos pedazos de papel, que vuelan por miles de millones
y que ahora descubren claramente que son trozos, jirones de la vieja vestimenta
burguesa.
* Pud: unidad de peso
rusa, equivalente a 16,38 kg. (N. de la
Edit.) IX Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
87
Tenemos más de cien millones
de puds de petróleo. La cuenca del Donets nos proporciona ya cada mes de veinte
a treinta millones de puds de carbón. Ha mejorado notablemente la situación en
lo que respecta a la leña, mientras que el año pasado tuvimos que arreglárnoslas
sólo con leña, sin petróleo y sin carbón.
Todo eso nos da derecho a
decir que, si cohesionamos las fuerzas y las ponemos en tensión, la victoria
será nuestra.
IX Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
Publicado
el 29 de septiembre de 1920, en el núm. 216 de "Pravda" y en el núm.
216 de "Izvestia del CEC de toda Rusia". T. 41, págs. 281-285.
Tareas de las organizaciones juveniles
88
TAREAS DE LAS ORGANIZACIONES JUVENILES.
(Discurso pronunciado en el m Congreso de la unión de Juventudes
Comunistas de Rusia el 2 de octubre de 1920.)
(Lenin es acogido por el
Congreso con una clamorosa ovación).
Camaradas: Quisiera departir
hoy con vosotros sobre las tareas fundamentales de la Unión de Juventudes
Comunistas y, con este motivo, de lo que deben ser las organizaciones juveniles
en la República Socialista en general.
Este problema merece tanto
más nuestra atención por cuanto puede decirse, en cierto sentido, que es
precisamente la juventud la que deberá cumplir la verdadera tarea de crear la
sociedad comunista. Porque es evidente que la generación de militantes educada
en la sociedad capitalista puede, en el mejor de los casos, cumplir la tarea de
destruir los cimientos del viejo modo de vida capitalista, basado en la
explotación. Lo más que podrá hacer es organizar un régimen social que ayude al
proletariado y a las clases trabajadoras a sostenerse en el poder y a crear una
sólida base, sobre la que podrá edificar únicamente la generación que empieza a
trabajar ya en condiciones nuevas, en una situación en la que no existen
relaciones de explotación entre los hombres.
Pues bien, al abordar desde
este punto de vista la cuestión de las tareas de la juventud, debo decir que
estas tareas de la juventud en general, y de las Uniones de Juventudes
Comunistas y demás organizaciones en particular, podrían definirse con una sola
palabra: aprender.
Está claro que esto no es
más que "una palabra". Y esta palabra no responde a las preguntas
principales y más esenciales: ¿qué aprender y cómo aprender? Y lo esencial en
este problema es que, con la transformación de la vieja sociedad capitalista,
la enseñanza, la educación y la instrucción de las nuevas generaciones,
llamadas a crear la sociedad comunista, no pueden seguir siendo lo que eran
antes. La enseñanza, la educación y la instrucción de la juventud deben partir
de los materiales que nos ha legado la vieja sociedad. Podremos edificar el
comunismo únicamente con la suma de conocimientos, organizaciones e
instituciones, con el acervo de medios y fuerzas humanas que hemos heredado de
la vieja sociedad. Sólo transformando de manera radical la enseñanza, la
organización y la educación de la juventud conseguiremos que los esfuerzos de
la joven generación den como resultado la creación de una sociedad que no se
parezca a la antigua, es decir, de la sociedad comunista. Por ello, debemos
examinar detenidamente qué hemos de enseñar a la juventud y cómo ha de aprender
ésta si quiere merecer de verdad el nombre de Juventud Comunista y cómo es
necesario prepararla para que sea capaz de terminar y coronar la obra iniciada
por nosotros.
Debo decir que la primera
respuesta —y, al parecer, la más natural— es que la Unión de Juventudes, y en
general toda la juventud que quiera pasar al comunismo, tiene que aprender el
comunismo.
Pero esta respuesta,
"aprender el comunismo", es demasiado general. ¿Qué necesitamos para
aprender el comunismo? ¿Qué necesitamos escoger, entre la suma de conocimientos
generales, para conocer el comunismo? En este terreno nos amenaza una serie de
peligros, que surgen a cada paso en cuanto se plantea mal la tarea de aprender
el comunismo o se la entiende de una manera demasiado unilateral.
Por supuesto, a primera
vista parece que aprender el comunismo significa asimilar el conjunto de
conocimientos que se exponen en los manuales, folletos y obras comunistas.
Tareas de las organizaciones juveniles
Pero eso sería definir de un
modo demasiado burdo e insuficiente el estudio del comunismo. Si el estudio del
comunismo consistiera sólo en asimilar lo que dicen los trabajos, libros y
folletos comunistas, esto nos proporcionaría con excesiva facilidad escolásticos
o fanfarrones comunistas, lo que muchas veces nos causaría daño y perjuicio,
porque esta gente, después de haber leído mucho y aprendido lo que se expone en
los libros y folletos comunistas, sería incapaz de coordinar todos esos
conocimientos y obrar como exige realmente el comunismo.
Uno de los mayores males y
calamidades que nos ha dejado en herencia la vieja sociedad capitalista es el
completo divorcio entre el libro y la vida práctica, pues teníamos libros en
los que todo estaba expuesto en forma perfecta, y la mayor parte de las veces
esos libros no eran sino una repugnante e hipócrita mentira, que nos pintaba un
cuadro falso de la sociedad capitalista.
89
Por eso, sería una gran
equivocación limitarse a asimilar simplemente lo que dicen los libros del
comunismo. Nuestros discursos y artículos de ahora no son una simple repetición
de lo que se ha dicho antes respecto al comunismo, pues están ligados a nuestro
trabajo cotidiano en todos los terrenos. Sin trabajo, sin lucha, el
conocimiento libresco del comunismo, adquirido en folletos y obras comunistas,
no tiene absolutamente ningún valor, por cuanto no haría más que continuar el
antiguo divorcio entre la teoría y la práctica, ese divorcio que constituía el
más repugnante rasgo de la vieja sociedad burguesa.
Sería más peligroso todavía
que pretendiéramos aprender sólo las consignas comunistas. Si no
comprendiéramos a tiempo este peligro y no hiciéramos toda clase de esfuerzos
por evitarlo, la existencia de medio millón o de un millón de jóvenes de ambos
sexos, que después de semejante estudio del comunismo se llamasen comunistas,
no haría sino un gran perjuicio a la causa del comunismo.
Se nos plantea, pues, la
cuestión de cómo hemos de coordinar todo esto para aprender el comunismo. ¿Qué
debemos tomar de la vieja escuela, de la vieja ciencia? La vieja escuela
declaraba que quería crear hombres instruidos en todos los dominios y que enseñaba
las ciencias en general. Sabemos que eso era pura mentira, pues toda la
sociedad se basaba y sostenía en la división de los hombres en clases, en
explotadores y oprimidos. Como es natural, toda la vieja escuela, saturada de
espíritu de clase, sólo daba conocimientos a los hijos de la burguesía. Cada
una de sus palabras estaba amañada para favorecer los intereses de la
burguesía. Estas escuelas, más que educar a los jóvenes obreros y campesinos,
los amaestraban en provecho de esa misma burguesía. Trataban de preparar
servidores útiles, capaces de proporcionar beneficios a la burguesía, sin
turbar, al mismo tiempo, su ociosidad y sosiego. Por eso, al condenar la vieja
escuela, nos hemos propuesto tomar de ella únicamente lo que nos es necesario
para lograr una verdadera educación comunista.
Y ahora voy a tratar de los
reproches, de las censuras, que se hacen corrientemente a la vieja escuela y
que conducen muchas veces a interpretaciones falsas por entero. Se dice que la
vieja escuela era una escuela libresca, una escuela de adiestramiento autoritario,
una escuela de enseñanza memorista. Esto es cierto, pero hay que saber
distinguir lo que tenía de malo y de útil para nosotros la vieja escuela, hay
que saber elegir de ella lo indispensable para el comunismo.
La vieja escuela era
libresca, obligaba a almacenar una masa de conocimientos inútiles, superfluos,
muertos, que atiborraban la cabeza y transformaban a la generación joven en
funcionarios cortados todos por el mismo patrón. Pero cometeríais un craso error
si intentaseis deducir de eso que se puede ser comunista sin haber asimilado
los conocimientos acumulados por la humanidad. Sería equivocado pensar que
basta con aprenderse las consignas comunistas, las conclusiones de la ciencia
comunista, sin asimilar la suma de conocimientos de los que es consecuencia el
propio comunismo. El marxismo es un ejemplo
Tareas de las organizaciones juveniles
de cómo apareció el
comunismo de la suma de los conocimientos adquiridos por la humanidad.
Habréis leído y oído que la
teoría comunista, la ciencia comunista, creada principalmente por Marx, que
esta doctrina del marxismo ha dejado de ser obra de un solo socialista, bien es
verdad que genial, del siglo XIX para transformarse en la doctrina de millones
y decenas de millones de proletarios del mundo entero, que la aplican en su
lucha contra el capitalismo. Y si preguntáis por qué ha podido la doctrina de
Marx conquistar millones y decenas de millones de corazones en la clase más
revolucionaria, se os dará una sola respuesta: porque Marx se apoyaba en la
sólida base de los conocimientos humanos adquiridos bajo el capitalismo. Al
estudiar las leyes que rigen la evolución de la sociedad humana, Marx
comprendió la ineluctabilidad del desarrollo del capitalismo, que conduce al
comunismo, y, cosa principal, lo demostró sólo tomando como base el estudio más
exacto, más detallado y más profundo de esta sociedad capitalista, asimilando
plenamente todo lo que la ciencia había dado hasta entonces. Marx analizó de un
modo crítico, sin desdeñar un solo punto, todo lo que había creado la sociedad
humana. Analizó todo lo que había creado el pensamiento humano, lo sometió a
crítica, lo comprobó en el movimiento obrero y sacó de ello las conclusiones
que los hombres encerrados en el marco burgués o atenazados por los prejuicios
burgueses no podían sacar.
Esto hay que tenerlo en
cuenta cuando hablamos, por ejemplo, de la cultura proletaria104. Sin comprender con claridad que esta cultura proletaria sólo
puede crearse conociendo con precisión la cultura que ha creado la humanidad en
todo su desarrollo y transformándola, sin comprender eso, no podremos cumplir
dicha tarea. La cultura proletaria no surge de la nada, no es una invención de
los que se llaman especialistas en cultura proletaria. Eso es pura necedad. La
cultura proletaria tiene que ser el desarrollo lógico del acervo de
conocimientos conquistados por la humanidad bajo el yugo de la sociedad
capitalista, de la sociedad terrateniente, de la sociedad burocrática. Todos
esos caminos y senderos han conducido y conducen a la cultura proletaria, del
mismo modo que la economía política, transformada por Marx, nos ha mostrado a
dónde debe llegar la sociedad humana, nos ha indicado el paso a la lucha de
clases, al comienzo de la revolución proletaria.
90
Cuando oímos con frecuencia,
tanto a algunos representantes de la juventud como a ciertos defensores de los
nuevos métodos de enseñanza, atacar la vieja escuela diciendo que era
memorista, les respondemos que es preciso tomar de esa vieja escuela todo lo
que tenía de bueno. No hay que imitarla sobrecargando la memoria de los jóvenes
con una cantidad desmesurada de conocimientos, inútiles en sus nueve décimas
partes y desvirtuados en la décima parte restante; pero eso no significa que
podamos contentarnos con conclusiones comunistas y limitarnos a aprender de
memoria consignas comunistas. De ese modo no se puede edificar el comunismo.
Sólo se puede llegar a ser comunista cuando se enriquece la memoria con todo el
tesoro de conocimientos acumulado por la humanidad.
![]()
104
Lenin
alude a las concepciones, ajenas al marxismo, que los miembros de Proletkult (organización cultural y
educativa) inculcaban con la denominación de "cultura proletaria".
Surgida ya en septiembre de 1917 como organización obrera independiente, siguió
defendiendo su "independencia" después de la Revolución Socialista de
Octubre, contraponiéndose así al Estado proletario. Debido a ello, los
intelectuales burgueses se infiltraron en Proletkult y comenzaron a ejercer una
influencia decisiva en su posición. Los adeptos de dicha organización negaban,
de hecho, la importancia de la herencia cultural del pasado, pretendían
aislarse de las tareas de la labor cultural y educativa de masas y crear,
"en condiciones de laboratorio", una "cultura proletaria"
especial apartada de la vida. Aun reconociendo de palabra el marxismo, su
ideólogo principal, Bogdánov, propugnaba en realidad la filosofía idealista
subjetiva de Mach. Proletkult no era una organización homogénea. Además de los
intelectuales burgueses, que capitaneaban numerosas entidades de Proletkult,
formaban parte de ella jóvenes obreros que querían sinceramente ayudar a la
obra cultural del Estado soviético. Las organizaciones de Proletkult alcanzaron
su mayor desarrollo en 1919, entrando en decadencia a comienzos de los años 20.
Proletkult dejó de existir en 1932.
Tareas de las organizaciones juveniles
No queremos una enseñanza
memorista, pero necesitamos desarrollar y perfeccionar la memoria de cada
estudiante dándole hechos esenciales, porque el comunismo sería una vacuidad,
quedaría reducido a una fachada vacía, y el comunista no sería más que un fanfarrón
si no reelaborase en su conciencia todos los conocimientos adquiridos. Debéis
no sólo asimilar esos conocimientos, sino asimilarlos con espíritu crítico para
no atiborrar vuestro cerebro con un fárrago inútil, para enriquecerlo con el
conocimiento de todos los hechos sin los cuales no es posible ser un hombre
culto en la época en que vivimos. El comunista que se vanagloriase de su
comunismo simplemente por haber recibido unas conclusiones ya establecidas, sin
haber realizado un trabajo muy serio, muy difícil y muy grande, sin haber
analizado los hechos, frente a los que está obligado a adoptar una actitud
crítica, sería un comunista muy lamentable. Semejante actitud superficial sería
funestísima. Si yo sé que sé poco, me esforzaré por saber más; pero si un
hombre dice que es comunista y que no tiene necesidad de conocimientos sólidos,
jamás saldrá de él nada que se parezca a un comunista.
La vieja escuela forjaba los
dóciles criados que necesitaban los capitalistas; hacía de los hombres de
ciencia personas obligadas a escribir y hablar al gusto de los capitalistas.
Eso quiere decir que debemos quitarla de en medio. Pero si debemos suprimirla,
destruirla, ¿se deduce de ahí que no debamos tomar de ella todo lo que ha
acumulado la humanidad y es necesario para el hombre? ¿Se desprende de esto que
no debamos saber distinguir lo que necesitaba el capitalismo y lo que necesita
el comunismo?
En lugar del adiestramiento
autoritario que se practicaba en la sociedad burguesa contra la voluntad de la
mayoría, nosotros colocamos la disciplina consciente de los obreros y
campesinos, que unen a su odio contra la vieja sociedad el querer, el saber y
el estar dispuestos a unir y organizar las fuerzas para esta lucha, a fin de
crear, con millones y centenares de millones de voluntades dispersas,
fraccionadas y desperdigadas por la inmensa extensión de nuestro país, una
voluntad única, por cuanto sin ella seremos inevitablemente vencidos. Sin esta
cohesión, sin esta disciplina consciente de los obreros y de los campesinos,
nuestra causa está condenada a fracasar. Sin ello no podremos derrotar a los
capitalistas y terratenientes del mundo entero. No llegaremos siquiera a
colocar los cimientos de la nueva sociedad comunista, y no digamos construirla.
De la misma manera, a pesar de condenar la vieja escuela, a pesar de alimentar
contra ella un odio absolutamente legítimo y necesario, a pesar de apreciar el
deseo de destruirla, debemos comprender que la vieja escuela libresca, la vieja
enseñanza memorista y el viejo adiestramiento autoritario deben ser sustituidos
con el arte de asimilar toda la suma de conocimientos humanos. Y asimilarlos de
tal modo que vuestro comunismo no sea algo aprendido de memoria, sino algo
pensado por vosotros mismos, como una conclusión que se impone necesariamente
desde el punto de vista de la instrucción moderna.
Así es como hay que plantear
las tareas fundamentales cuando se habla de aprender el comunismo.
Para explicaros esto y
abordar, al mismo tiempo, la cuestión de cómo estudiar, tomaré un ejemplo
práctico. Todos sabéis que ahora, inmediatamente después de los problemas
militares, de los problemas de la defensa de la República, surge ante nosotros
el problema económico. Sabemos que es imposible edificar la sociedad comunista
sin restaurar la industria y la agricultura, y no como eran antes, claro está.
Hay que restaurarlas sobre una base moderna, conforme a la última palabra de la
ciencia. Vosotros sabéis que esa base es la electricidad; que sólo el día en
que todo el país, todas las ramas de la industria y de la agricultura estén
electrificados, el día en que cumpláis esta tarea, sólo entonces, podréis
edificar para vosotros mismos la sociedad comunista que no podrá edificar la
generación vieja. Se alza ante vosotros la tarea de hacer renacer la economía
de todo el país, de reorganizar y restaurar la agricultura y la industria sobre
una base técnica moderna, fundada
Tareas de las organizaciones juveniles
en la ciencia y en la
técnica modernas, en la electricidad. Comprenderéis perfectamente que la
electrificación no puede ser obra de ignorantes y que para ello hace falta algo
más que nociones rudimentarias. No basta con comprender lo que es la electricidad;
hay que saber cómo aplicarla técnicamente a la industria, a la agricultura y a
cada una de sus ramas. Todo eso tenemos que aprenderlo nosotros mismos y
debemos enseñárselo a toda la nueva generación trabajadora. Esa es la tarea que
tiene planteada cada comunista consciente, todo joven que se considere
comunista y comprenda con claridad que, al ingresar en la Unión de Juventudes
Comunistas, ha contraído el compromiso de ayudar al partido a edificar el
comunismo y de ayudar a toda la joven generación a crear la sociedad comunista.
Debe comprender que sólo sobre la base de la instrucción moderna podrá crear
esta sociedad, y que si carece de esa instrucción, el comunismo no será más que
un deseo.
91
La tarea de la generación precedente consistía en derribar a la
burguesía. Las tareas esenciales eran entonces criticar a la burguesía,
fomentar en las masas el sentimiento de odio contra ella, desarrollar la
conciencia de clase y la habilidad para agrupar sus propias fuerzas. La nueva
generación tiene ante sí una tarea más compleja. No basta con que debáis unir
todas vuestras fuerzas para apoyar el poder obrero y campesino contra la
invasión de los capitalistas. Eso tenéis que hacerlo. Lo habéis comprendido
admirablemente, lo ve con claridad todo comunista. Pero eso es insuficiente.
Sois vosotros quienes debéis edificar la sociedad comunista. La primera mitad
del trabajo está ya, en muchos sentidos, terminada. El antiguo régimen ha sido
destruido, como debía serlo; no es más que un montón de ruinas, que es a lo que
debía quedar reducido. El terreno se encuentra ya desbrozado y, sobre este
terreno, la nueva generación comunista debe edificar la sociedad comunista.
Vuestra tarea es edificar, y sólo podréis cumplirla poseyendo todos los
conocimientos modernos, sabiendo transformar el comunismo, en lugar de fórmulas
hechas, consejos, recetas, prescripciones y programas aprendidos de memoria, en
algo vivo que coordine vuestra labor inmediata, sabiendo convertir el comunismo
en guía de vuestra labor práctica.
Esta es vuestra misión: por
ella debéis regiros al instruir, educar y elevar a toda la generación joven.
Debéis ser los primeros
constructores de la sociedad comunista entre los millones de constructores que
deben ser cada muchacho y cada muchacha. Si no incorporáis a esta edificación
del comunismo a toda la masa de la juventud obrera y campesina, no construiréis
la sociedad comunista.
Esto me lleva, como es
natural, a la cuestión de cómo debemos enseñar el comunismo y en qué debe
consistir la peculiaridad de nuestros métodos.
Me detendré, en primer término, en el problema de la moral
comunista.
Tenéis que hacer comunistas
de vosotros mismos. La tarea de la Unión de Juventudes consiste en realizar su
actividad práctica de modo que le permita, al aprender, al organizarse, al
agruparse, al luchar, convertir en comunistas a sus miembros y a todos los que
la reconocen como guía. Toda la educación, toda la instrucción y toda la
enseñanza de la juventud contemporánea deben inculcarle la moral comunista.
Pero ¿existe una moral comunista? ¿Existe una moralidad comunista? Es evidente
que sí. Se pretende muchas veces que nosotros no tenemos una moral propia, y la
burguesía nos acusa muy a menudo de que nosotros, los comunistas, negamos toda
moral. Esto no es más que una maniobra para suplantar los conceptos y engañar a
los obreros y los campesinos.
¿En qué sentido negamos nosotros la moral, la moralidad?
La negamos en el sentido en
que la ha predicado la burguesía, deduciéndola de mandamientos divinos. A este
respecto decimos, como es natural, que no creemos en Dios, y sabemos muy bien
que el clero, los terratenientes y la burguesía hablaban en nombre de
Tareas de las organizaciones juveniles
Dios para defender sus
intereses de explotadores. O bien, en lugar de deducir esta moral de los
dictados de la moralidad, de los mandamientos divinos, la deducían de frases
idealistas o semiidealistas que, en definitiva, se parecían siempre mucho a los
mandamientos de Dios.
Nosotros negamos toda
moralidad de esa índole tomada de concepciones al margen de la sociedad humana,
al margen de las clases. Decimos que eso es engañar, embaucar a los obreros y
campesinos y embotar su conciencia en provecho de los terratenientes y capitalistas.
Decimos que nuestra
moralidad está subordinada por completo a los intereses de la lucha de clase
del proletariado. Nuestra moralidad dimana de los intereses de la lucha de
clase del proletariado.
La vieja sociedad se basaba
en la opresión de todos los obreros y campesinos por los terratenientes y los
capitalistas. Necesitábamos destruirla, necesitábamos derribar a esos
opresores, mas para ello había que crear la unión. Y no era Dios quien podía crearla.
Esta unión no podía venir
más que de las fábricas, de un proletariado instruido, despertado de su viejo
letargo. Sólo cuando se constituyó esta clase, comenzó el movimiento de masas
que ha conducido a lo que vemos hoy: al triunfo de la revolución proletaria en
uno de los países más débiles, que se defiende desde hace tres años frente a
los embates de la burguesía del mundo entero. Y vemos cómo crece la revolución
proletaria en todo el orbe. Ahora decimos, basándonos en la experiencia, que
sólo el proletariado ha podido crear una fuerza tan cohesionada, que es seguida
por la clase campesina dispersa y fragmentada y que ha sido capaz de resistir
todas las embestidas de los explotadores. Sólo esta clase puede ayudar a las
masas trabajadoras a unirse, a cohesionarse, a hacer triunfar y afianzar
definitivamente la sociedad comunista, a edificarla por completo.
Por eso decimos que, para
nosotros, la moralidad tomada al margen de la sociedad humana no existe, es un
engaño. Para nosotros, la moral está subordinada a los intereses de la lucha de
clase del proletariado.
Ahora bien, ¿en qué consiste
esta lucha de clases? En derrocar al zar, en derrocar a los capitalistas, en
aniquilar a la clase capitalista.
92
¿Y qué son las clases, en
general? Es lo que permite a una parte de la sociedad apropiarse del trabajo de
la otra. Si una parte de la sociedad se apropia de toda la tierra, tenemos la
clase de los latifundistas y la clase de los campesinos. Si una parte de la
sociedad posee las fábricas, las acciones y los capitales, mientras que la otra
trabaja en esas fábricas, tenemos la clase de los capitalistas y la clase de
los proletarios.
No ha sido difícil
desembarazarse del zar: han bastado para ello unos cuantos días. No ha sido muy
difícil echar a los latifundistas: hemos podido hacerlo en algunos meses.
Tampoco es muy difícil echar a los capitalistas. Pero suprimir las clases es
incomparablemente más difícil; subsiste aún la división en obreros y
campesinos. Si un campesino instalado en una parcela de tierra se apropia del
trigo sobrante, es decir, del trigo que no necesitan ni él ni su ganado,
mientras que los demás carecen de pan, se convierta ya en un explotador. Cuanto
más trigo retiene, tanto más gana, y nada le importa que los demás pasen
hambre: "Cuanta más hambre tengan, tanto más caro venderé mi trigo".
Es preciso que todos trabajen de acuerdo con un plan común en una tierra común,
en fábricas comunes y conforme a un orden común. ¿Es fácil hacerlo? Vosotros
mismos veis que en este terreno no es posible lograr soluciones con la misma
facilidad que cuando echamos al zar, a los terratenientes y a los capitalistas.
Para ello es necesario que el proletariado transforme, reeduque a una parte de
los campesinos y atraiga a su lado a los campesinos trabajadores, a fin de
romper la resistencia de fas campesinos ricos, que se lucran con la miseria de
los demás. Por consiguiente, la tarea de la lucha del proletariado no ha
terminado aún con el derrocamiento
Tareas de las organizaciones juveniles
del zar y la expulsión de
los latifundistas y los capitalistas; llevarla a término es, precisamente, la
misión del régimen que denominamos dictadura del proletariado.
La lucha de clases continúa,
sólo ha cambiado sus formas. Es la lucha de clase del proletariado para impedir
el regreso de los antiguos explotadores, para agrupar en una estrecha unión a
la masa campesina dispersa e ignorante. La lucha de clases continúa, y nuestra
misión es subordinar todos los intereses a esta lucha. Por oso subordinamos a
esa misión nuestra moralidad comunista. Decimos: es moralidad lo que sirve para
destruir la antigua sociedad explotadora y para agrupar a todos los
trabajadores alrededor del proletariado, creador de la nueva sociedad
comunista.
Es moralidad comunista la
que sirve para esta lucha, la que une a los trabajadores contra toda
explotación y contra toda pequeña propiedad, pues la pequeña propiedad pone en
manos de un individuo lo que ha sido creado por el trabajo de toda la sociedad.
En nuestro país, la tierra
es considerada propiedad común. Pero ¿qué ocurrirá si tomo una parte de esa
propiedad común, si cultivo en ella el doble de trigo del que necesito, si
especulo con el sobrante de la cosecha, si calculo que cuanto más hambrientos
haya, tanto más caro me pagarán? ¿Obraré como comunista? No, obraré como
explotador, como propietario. Contra eso tenemos que luchar. Si las cosas
continúan así, volveremos al pasado, caeremos de nuevo bajo el poder de los
capitalistas y de la burguesía, como ha ocurrido más de una vez en las
revoluciones anteriores. Y para evitar que se restaure el poder de los
capitalistas y de la burguesía, es preciso prohibir el mercantilismo, es
preciso impedir que unos individuos se enriquezcan a costa de los demás, es
preciso que los trabajadores se unan estrechamente al proletariado y
constituyan la sociedad comunista. En esto consiste, precisamente, la
peculiaridad principal de la tarea más importante de la Unión de Juventudes
Comunistas y de su organización.
La vieja sociedad estaba
basada en el principio siguiente: o saqueas a tu prójimo o te saquea él, o
trabajas para otro u otro trabaja para ti, o eres esclavista o eres esclavo. Y
es comprensible que los hombres educados en semejante sociedad asimilen con la
leche materna, por así decirlo, la sicología, la costumbre, la idea de que no
hay más que amo o esclavo, o pequeño propietario, pequeño empleado, pequeño
funcionario, intelectual, en una palabra, hombres que se preocupan
exclusivamente de tener lo suyo sin pensar en los demás.
Si yo exploto mi parcela de
tierra, poco me importan los demás; si alguien tiene hambre, tanto mejor,
venderé mi trigo más caro. Si tengo mi puestecito de médico, de ingeniero, de
maestro o de empleado, ¿qué me importan los demás? Si me arrastro ante los
poderosos y soy complaciente con ellos, quizá conserve mi puesto y, a lo mejor,
pueda hacer carrera y llegar a burgués. Semejante sicología y estado de ánimo
no pueden existir en un comunista. Cuando los obreros y campesinos demostraron
que somos capaces de defendernos y de crear una nueva sociedad con nuestras
propias fuerzas, en ese mismo momento comenzó la nueva educación comunista, la
educación en la lucha contra los explotadores, la educación en la alianza con
el proletariado contra los egoístas y los pequeños propietarios, contra la
sicología y las costumbres que dicen: "Yo busco mi propio beneficio y lo
demás me tiene sin cuidado".
Tal es la respuesta a la pregunta de cómo debe aprender el
comunismo la joven generación.
Esta generación podrá
aprender el comunismo únicamente si liga cada paso de su instrucción, de su
educación y de su formación a la lucha incesante de los proletarios y de los
trabajadores contra la vieja sociedad basada en la explotación. Cuando se nos habla
de moralidad, decimos: Para un comunista, toda la moralidad reside en esta
disciplina solidaria
y
unánime
y en esta lucha consciente de las masas contra los explotadores. No creemos en
la moralidad eterna y denunciamos el embuste de todas las fábulas acerca de la
moralidad.
Tareas de las organizaciones juveniles
La moralidad sirve para que
la sociedad humana se eleve a mayor altura, para que se desembarace de la
explotación del trabajo.
93
Para conseguir eso necesitamos de la joven generación, que ha
comenzado a convertirse en hombres conscientes en medio de una lucha
disciplinada y encarnizada contra la burguesía. En esta lucha, la juventud
forjará verdaderos comunistas; a esta lucha debe vincular y subordinar en todo
momento su instrucción, su educación y su formación. La educación de la
juventud comunista no debe consistir en ofrecerle discursos placenteros de todo
género y reglas de moralidad. No, la educación no consiste en eso. Cuando un
hombre ha visto a su padre y a su madre vivir bajo el yugo de los
terratenientes y capitalistas, cuando ha participado él mismo en los
sufrimientos de quienes iniciaron la lucha contra los explotadores, cuando ha
visto los sacrificios que cuesta la continuación de esta lucha para defender lo
conquistado y cuán furiosos enemigos son los terratenientes y los capitalistas,
ese hombre, en ese ambiente, se forja como comunista. La base de la moralidad
comunista está en la lucha por afianzar y culminar el comunismo. Esa es la base
de la educación, la instrucción y la enseñanza comunistas. Tal es la respuesta
a la pregunta de cómo hay que aprender el comunismo.
No creeríamos en la
enseñanza, la educación y la instrucción si éstas fuesen encerradas en la
escuela y separadas de la agitada vida. Mientras los obreros y los campesinos
estén oprimidos por los terratenientes y los capitalistas, mientras las
escuelas sigan en manos de los terratenientes y de los capitalistas, la joven
generación permanecerá ciega e ignorante. Pero nuestra escuela debe
proporcionar a los jóvenes los rudimentos de la ciencia, el arte de forjarse
por sí mismos una mentalidad comunista, debe hacer de ellos hombres cultos.
Durante el tiempo que los jóvenes pasan en la escuela, ésta debe hacer de ellos
participantes en la lucha por liberarse de los explotadores. La Unión de
Juventudes Comunistas sólo será digna de este nombre, de ser la unión de la
joven generación comunista, si vincula cada paso de su instrucción, educación y
formación a la participación en la lucha común de todos los trabajadores contra
los explotadores. Porque sabéis perfectamente que mientras Rusia sea la única
república obrera, y en el resto del mundo subsista el antiguo régimen burgués,
seremos más débiles que ellos; que nos amenazan a cada momento nuevos ataques,
y que sólo aprendiendo a mantener entre nosotros la cohesión y la unanimidad
triunfaremos en la lucha ulterior y, una vez fortalecidos, nos haremos
verdaderamente invencibles. Por tanto, ser comunista significa organizar y unir
a toda la generación joven, dar ejemplo de educación y disciplina en esta
lucha. Entonces podréis emprender y llevar a término la edificación de la
sociedad comunista.
Para que lo comprendáis con
mayor claridad, pondré un ejemplo. Nosotros nos llamamos comunistas.
¿Qué es un comunista?
"Comunista" viene de la palabra latina "communis", que
significa común. La sociedad comunista significa que todo es común: la tierra,
las fábricas, el trabajo. Eso es el comunismo.
¿Puede ser común el trabajo
si los hombres explotan cada uno su propia parcela? El trabajo común no se crea
de la noche a la mañana. Eso es imposible. No cae del cielo. Hay que lograrlo
tras largos esfuerzos y sufrimientos, hay que crearlo. Y se crea en el curso de
la lucha. No se trata aquí de un libro viejo, en el que nadie creería. Se trata
de la propia experiencia de la vida. Cuando Kolchak y Denikin avanzaban desde
Siberia y el Sur, los campesinos estaban a su lado. El bolchevismo no les
gustaba, ya que los bolcheviques les quitaban el trigo a precio de tasa. Pero
después de haber sufrido en Siberia y en Ucrania el poder de Kolchak y de
Denikin, los campesinos comprobaron que sólo podían elegir entre dos caminos:
unirse a los capitalistas, que les someterían a la esclavitud de los
terratenientes, o seguir a los obreros, que, si bien es cierto que no prometen
el oro y el moro y exigen una disciplina férrea
Tareas de las organizaciones juveniles
y una firmeza indomable en
la dura lucha, los libertan de la esclavitud de los capitalistas y
latifundistas. Cuando hasta los campesinos más ignorantes comprendieron y
sintieron esto por experiencia propia en la dura escuela de la vida que habían
cursado, se hicieron partidarios conscientes del comunismo. Esta misma
experiencia debe tomar como base de toda su actividad la Unión de Juventudes
Comunistas.
He respondido a las
preguntas de qué debemos aprender y qué debemos tomar de la vieja escuela y de
la vieja ciencia. Trataré de contestar también a la pregunta de cómo debemos
aprender esto: sólo ligando indisolublemente cada paso en la actividad de la escuela,
cada paso en la educación, la instrucción y la formación a la lucha de todos
los trabajadores contra los explotadores.
Con algunos ejemplos,
extraídos de la experiencia de trabajo de algunas organizaciones juveniles, os
mostraré gráficamente cómo debe hacerse la educación del comunismo. Todo el
mundo habla de liquidar el analfabetismo. Como sabéis, en un país de analfabetos
es imposible edificar la sociedad comunista. No basta con que el Poder de los
Soviets dé una orden, o con que el partido lance una consigna, o con que
determinado contingente de los mejores militantes se consagre a esta tarea. Es
preciso que la joven generación ponga ella misma manos a la obra. El comunismo
consiste en que los jóvenes, los muchachos y las muchachas pertenecientes a la
Unión de Juventudes, se digan: Eso es misión nuestra, nos uniremos y
marcharemos a los pueblos para liquidar el analfabetismo, para que nuestra
joven generación no tenga analfabetos.
94
Nosotros aspiramos a que la
juventud en formación consagre a esta obra su iniciativa. Vosotros sabéis que
es imposible transformar rápidamente la Rusia ignorante y analfabeta en una
Rusia instruida; pero si la Unión de Juventudes pone en ello su empeño, si toda
la juventud trabaja para el bienestar de todos, esta Unión, que agrupa a
400.000 muchachos y muchachas, tendrá derecho a llamarse Unión de Juventudes
Comunistas. Otra de sus misiones es, al asimilar tales o cuales conocimientos,
ayudar a los jóvenes que no pueden desembarazarse por sí mismos de las
tinieblas de la ignorancia. Ser miembro de la Unión de Juventudes Comunistas
significa poner su trabajo y sus energías al servicio de la causa común. En
esto consiste la educación comunista. Sólo efectuando esa labor se convierte en
verdadero comunista un muchacho o una muchacha. Sólo serán comunistas si logran
resultados prácticos en esta labor.
Tomad, por ejemplo, el
trabajo en las huertas suburbanas. ¿Acaso no es una obra útil? Es una de las
tareas que incumben a la Unión de Juventudes Comunistas. El pueblo pasa hambre,
en las fábricas y empresas hay hambre. Para librarnos de ella hay que desarrollar
la horticultura, pero los campos siguen cultivándose a la antigua. Es preciso
que los elementos más conscientes pongan manos a la obra, y entonces veréis
crecer el número de huertas, aumentar su superficie y mejorar el rendimiento.
En este trabajo debe participar activamente la Unión de Juventudes Comunistas.
Cada una de sus organizaciones o células debe considerarlo asunto suyo.
La Unión de Juventudes
Comunistas debe ser el grupo de choque que aporte su ayuda y manifieste su
iniciativa en todos los ámbitos. La Unión debe ser tal que cualquier obrero vea
en sus militantes a personas cuya doctrina quizá le sea incomprensible, en cuyas
ideas no crea tal vez inmediatamente, pero cuyo trabajo real y cuya actuación
le muestren que son ellos, precisamente, quienes le indican el camino certero.
Si la Unión de Juventudes
Comunistas no sabe organizar así su labor en todos los terrenos, significará
que se desvía hacia el antiguo camino burgués. Necesitamos vincular nuestra
educación a la lucha de los trabajadores contra los explotadores para ayudar a
los primeros a cumplir las tareas que se derivan de la doctrina comunista.
Tareas de las organizaciones juveniles
Los miembros de las
Juventudes Comunistas deben consagrar todas sus horas de ocio a mejorar el
cultivo de las huertas, o a organizar en una fábrica o empresa la instrucción
de la juventud, etc. Queremos transformar la Rusia pobre y miserable en un país
rico. Y es necesario que la Unión de Juventudes Comunistas una su formación, su
instrucción y su educación al trabajo de los obreros y de los campesinos, que
no se encierre en sus escuelas ni se limite a leer libros y folletos
comunistas. Sólo trabajando con los obreros y los campesinos se puede llegar a
ser un verdadero comunista. Y es preciso que todo el mundo vea que cualquiera
de los miembros de las Juventudes Comunistas es instruido y, al mismo tiempo,
sabe trabajar. Cuando todo el mundo vea que hemos expulsado de la antigua
escuela el viejo adiestramiento autoritario, sustituyéndolo con una disciplina
consciente; que todos nuestros jóvenes participan en los sábados comunistas y
que utilizan los huertos suburbanos para ayudar a la población, el pueblo empezará
a considerar el trabajo de otro modo que antes.
Es tarea de la Unión de
Juventudes Comunistas organizar en su aldea o en su barrio la ayuda en una obra
como, por ejemplo —tomo un pequeño ejemplo—, asegurar la limpieza o la
distribución de víveres.
¿Cómo se hacían estas cosas
en la vieja sociedad capitalista? Cada cual trabajaba sólo para sí, nadie se
ocupaba de si había ancianos o enfermos, o de si todos los quehaceres de la
casa recaían sobre una mujer, que se encontraba por ello esclavizada y oprimida.
¿Quién tiene el deber de luchar contra todo eso? Las organizaciones juveniles,
que deben decir: nosotros transformaremos esto, organizaremos destacamentos de
jóvenes que ayudarán en los trabajos de limpieza o en la distribución de
víveres recorriendo sistemáticamente las casas, que actuarán de una forma
organizada en bien de toda la sociedad, repartiendo con acierto las fuerzas y
demostrando que el trabajo debe ser un trabajo organizado.
La generación que tiene
ahora cerca de cincuenta años no puede pensar en ver la sociedad comunista.
Habrá muerto antes. Pero la
generación que tiene hoy quince años verá la sociedad comunista y será ella la
que la construya. Y debe saber que la edificación de esta sociedad es la misión
de su vida. En la vieja sociedad, el trabajo se hacía por familias aisladas y
nadie lo unía, a excepción de los terratenientes y los capitalistas, que
oprimían a las masas del pueblo.
Nosotros debemos organizar
todos los trabajos, por sucios o duros que sean, de suerte que cada obrero y
cada campesino se diga: yo soy una parte del gran ejército del trabajo libre y
sabré organizar mi vida sin latifundistas ni capitalistas, sabré establecer el
régimen comunista. Es preciso que la Unión de Juventudes Comunistas eduque a
todos, desde la edad temprana, en el trabajo consciente y disciplinado. Así es
como podremos esperar que sean cumplidas las tareas hoy planteadas. Debemos
tener en cuenta que harán falta no menos de diez años para electrificar el
país, para que nuestra tierra arruinada pueda tener a su servicio las últimas
conquistas de la técnica. Pues bien, la generación que tiene hoy quince años y
que dentro de diez o veinte años vivirá en la sociedad comunista, debe
organizar su instrucción de manera que cada día, en cada aldea o ciudad, la
juventud cumpla prácticamente una tarea de trabajo colectivo, por minúscula y
simple que sea. A medida que se realice esto en cada pueblo, a medida que se
desenvuelva la emulación comunista, a medida que la juventud demuestre que sabe
unir su trabajo, a medida que ocurra eso, quedará asegurado el éxito de la
edificación comunista. Sólo enfocando cada uno de sus actos desde el punto de
vista de este éxito, sólo preguntándose si hemos hecho todo lo necesario para
llegar a ser trabajadores unidos y conscientes, logrará la Unión de Juventudes
Comunistas agrupar al medio millón de sus miembros en el ejército único del
trabajo y granjearse el respeto general. (Clamorosos
aplausos.)
Tareas de las organizaciones juveniles
Publicado los días 5, 6 y 7 de octubre de 1920 en los núms, 221, 222
y 223 de "Pravda".
T. 41, págs. 298-318.
Contribución a la historia del problema de la dictadura
96
CONTRIBUCIÓN A LA HISTORIA DEL PROBLEMA DE LA DICTADURA.
(Comentario)
La dictadura del
proletariado es el problema cardinal del movimiento obrero contemporáneo en
todos los países capitalistas sin excepción. Para esclarecerlo por completo hay
que conocer su historia. A escala internacional, la historia de la doctrina de
la dictadura revolucionaria en general, y de la dictadura del proletariado en
particular, coincide con la historia del socialismo revolucionario y,
especialmente, con la del marxismo. Además —y esto, por supuesto, es lo
fundamental—, la historia de todas las revoluciones de la clase oprimida y
explotada contra los explotadores constituye el material y la fuente más
importantes de nuestros conocimientos acerca de la dictadura. Quien no ha
comprendido la necesidad de la dictadura de toda clase revolucionaria para
asegurar su victoria, no ha comprendido nada de la historia de las revoluciones
o no quiere saber nada de eso.
A escala de Rusia tiene una
importancia singular, si hablamos de la teoría, el Programa del POSDR105 preparado en 1902 y 1903 por la Redacción de Zariá106 y de Iskra o, más exactamente, confeccionado por J. Plejánov y
redactado, modificado y aprobado por esta Redacción. El problema de la
dictadura del proletariado está planteado en dicho programa con claridad y
precisión, está planteado justamente en conexión con la lucha contra Bernstein,
contra el oportunismo. Pero lo que tiene mayor importancia es, por supuesto, la
experiencia de la revolución, o sea, en Rusia, la experiencia de 1905.
Los tres meses últimos de
aquel año —octubre, noviembre y diciembre— fueron un período de admirable lucha
revolucionaria, enérgica, amplia y masiva; un período de unión de los dos
métodos más poderosos de esta lucha: la huelga política de masas y la insurrección
armada. (Digamos entre paréntesis que ya en mayo
de 1905, el congreso bolchevique, el "Tercer Congreso del POSDR",
reconoció que "la tarea de organizar al proletariado para la lucha directa
contra la autocracia por medio de la insurrección armada es una de las tareas
principales e inaplazables del partido" y encomendó a todas las
organizaciones del mismo "explicar el papel de las huelgas políticas de
masas, que pueden tener gran importancia al comienzo y en el curso mismo de la
insurrección"107.)
Por vez primera en la
historia universal, la lucha revolucionaria alcanzó tal desarrollo y tal fuerza
que la insurrección armada estuvo unida a la huelga de masas, arma
específicamente proletaria. Es claro que esta experiencia tiene significación
universal para todas las revoluciones
proletarias. Y los bolcheviques estudiamos con el mayor empeño y atención esta
experiencia, tanto en su aspecto político como en el económico. Recordaré el
análisis de los datos mensuales sobre las huelgas económicas y políticas de
1905, sobre las formas de ligazón de unas y otras y el nivel de desarrollo que
alcanzó entonces, por vez primera en el mundo, la lucha huelguística. Este
análisis lo hice en la revista Prosveschenie108 en
1910 ó
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105 El Programa del POSDR fue aprobado por el II Congreso del
partido en agosto de 1903.
106 Zariá ("La Aurora"): revista
política y científica marxista, editada legalmente en Stuttgart por la
Redacción de Iskra en 1901 y 1902. Se
publicaron en total cuatro números. Zariá
criticó el revisionismo internacional y ruso y defendió las bases teóricas del
marxismo.
107 Se cita la resolución del III Congreso del POSDR Acerca de la insurrección armada. El
proyecto de esta resolución lo escribió Lenin.
108 Prosveschenie ("La Ilustración"): revista
teórica bolchevique mensual; se publicó legalmente en San Petersburgo de 1911 a
1914 y en 1917.
Contribución a la historia del problema de la dictadura
1911 y lo repetí, en breves
resúmenes, en las publicaciones bolcheviques de aquella época en el extranjero109.
Las huelgas masivas y las
insurrecciones armadas plantearon por sí solas a la orden del día el problema
del poder revolucionario y de la dictadura, pues estos métodos de lucha
engendraban ineluctablemente —al principio a escala local— la eliminación de las
viejas autoridades, la toma del poder por el proletariado y las clases
revolucionarias, la expulsión de los terratenientes, a veces la ocupación de
las fábricas, etc., etc. La lucha revolucionaria de masas del período
mencionado dio vida a organizaciones antes desconocidas en la historia
universal, como los Soviets de diputados
obreros y, tras ellos, los Soviets de diputados soldados, los comités
campesinos, etc. Resultó que los problemas fundamentales (el Poder soviético y
la dictadura del proletariado) que atraen hoy la atención de los obreros
conscientes en el mundo entero fueron planteados de una manera práctica a fines
de 1905. Figuras tan destacadas del proletariado revolucionario y del marxismo
no falsificado como Rosa Luxemburgo apreciaron en el acto la importancia de
esta experiencia práctica e hicieron un análisis crítico de ella en asambleas y
en la prensa. En cambio, la inmensa mayoría de los representantes oficiales de
los partidos socialdemócratas y socialistas oficiales, incluidos los reformistas
y hombres del tipo de los futuros "kautskíanos",
"longuetistas", adeptos de Hillquit en Norteamérica, etc., revelaron
una incapacidad completa para comprender la importancia de esta experiencia y
cumplir con su deber de revolucionarios,
es decir, iniciar el estudio y la propaganda de las enseñanzas de esta
experiencia.
97
En Rusia, tanto los bolcheviques como los mencheviques empezaron
a hacer el balance de dicha experiencia nada más ser derrotada la insurrección
armada de diciembre de 1905. Esta labor se vio acelerada, en particular, por la
celebración en Estocolmo, en abril de 1906, del llamado Congreso de Unificación
del POSDR, en el que estuvieron representados y unificados formalmente los
mencheviques y los bolcheviques. Las dos fracciones prepararon el congreso con
extraordinaria energía. Publicaron con antelación, a comienzos de 1906, sus
respectivos proyectos de resoluciones respecto a todos los problemas más
importantes. Estos proyectos, reproducidos en mi folleto Informe acerca del Congreso de Unificación del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia (carta a los obreros de San Petersburgo), Moscú, 1906 (110 páginas, casi la mitad de las
cuales las ocupan los textos de los proyectos de resoluciones de ambas
fracciones y los de las resoluciones aprobadas definitivamente por el
congreso), son los documentos más importantes que permiten conocer cómo se
planteaba entonces la cuestión.
Las discusiones en torno a
la significación de los Soviets se vinculaban ya en aquellos tiempos al
problema de la dictadura. Los bolcheviques plantearon este problema antes aún de la revolución de octubre de
1905 (véase mi folleto Dos tácticas de la
socialdemocracia en la revolución democrática, Ginebra, julio de 1905,
reproducido en la recopilación En doce
años*. Los mencheviques adoptaron una actitud negativa ante esta consigna
de "dictadura". Los
bolcheviques subrayaban que los Soviets de diputados obreros "eran de hecho gérmenes del nuevo poder
revolucionario": así decía literalmente el proyecto de resolución
bolchevique (pág. 92 del Informe). Los mencheviques reconocían la
significación de los Soviets, eran partidarios de "contribuir a su
formación", etc., pero no los consideraban gérmenes del poder
revolucionario, no hablaban en general del "nuevo poder
revolucionario" de este tipo o de otro semejante y rechazaban
categóricamente la consigna de dictadura. No es difícil ver que todas las discrepancias actuales con los
mencheviques existen ya, en embrión, en este
![]()
109 Lenin analizó los datos mensuales sobre
las huelgas económicas y políticas durante la primera revolución rusa
(1905-1907) en sus artículos La
estadística de las huelgas en Rusia y El
sentido histórico de la lucha interna en el partido en Rusia. El primero
vio la luz en diciembre de 1910 y enero de 1911 en los números 1 y 2 de la
revista Mysl ("El
Pensamiento"); el segundo, el 29 de abril (12 de mayo) de 1911 en el
número 3 de Diskussionni Listok
("Hoja de Discusión").
Contribución a la historia del problema de la dictadura
planteamiento del problema.
Tampoco es difícil ver que los mencheviques (los rusos y los no rusos, como los
kautskianos, los longuetistas, etc.) se manifestaron y se manifiestan en el
planteamiento de este problema como reformistas u oportunistas, que reconocen
de palabra la revolución proletaria y niegan
de hecho lo más esencial y fundamental en el concepto de revolución.
* Véase la presente edición, t. 3. (N. de la Edit.)
Antes ya de la revolución de
1905, en el folleto mencionado, Dos
tácticas, analicé el argumento de los mencheviques, los cuales me acusaban
de que "había trastrocado de una manera imperceptible los conceptos de
revolución y dictadura" (En doce
años, pág. 459*).
* Véase la presente edición, t. 3. (N. de la Edit.)
Yo demostré en detalle que
precisamente con esta acusación los mencheviques revelaban su oportunismo, su
verdadera naturaleza política como portavoces de la burguesía liberal y
vehículos de su influencia en el seno del proletariado. Cuando la revolución se
convierte en una fuerza indiscutible, sus enemigos empiezan a "reconocer
la revolución", decía yo, aduciendo (en el verano de 1905) el ejemplo de
los liberales rusos, que seguían siendo monárquicos constitucionalistas. Ahora,
en 1920, se podría agregar que, tanto en Alemania como en Italia, los burgueses
liberales — o, por lo menos, los más instruidos y hábiles de entre ellos— están
dispuestos a "reconocer la revolución". Pero los liberales y
mencheviques rusos de ayer y los liberales alemanes e italianos de hoy, los
turatianos y kautskianos, revelan su reformismo,
su inutilidad completa como revolucionarios, precisamente
"reconociendo" la revolución
y negándose, al mismo tiempo, a reconocer la
dictadura de una clase determinada (o de determinadas clases).
Porque cuando la revolución
se ha convertido ya en una fuerza indiscutible y la "reconocen" hasta
los liberales, cuando las clases gobernantes no sólo ven, sino que sienten el
poderío invencible de las masas oprimidas, todo
el problema se reduce —tanto para los teóricos como para los dirigentes
prácticos de la política — a hacer una
definición clasista exacta de la revolución. Y sin el concepto de
"dictadura" es imposible
hacer esa definición clasista exacta. Sin
preparar la dictadura es imposible ser revolucionario de hecho. Esta verdad no la comprendían en 1905 los mencheviques ni
la comprenden en 1920 los socialistas italianos, alemanes, franceses, etc., que
temen las rigurosas "condiciones" de la Internacional Comunista; esta
verdad la temen los hombres capaces de reconocer de palabra la dictadura, pero incapaces de prepararla de hecho. Y por eso no será inoportuno reproducir aquí
detalladamente la explicación de las opiniones de Marx que publiqué yo en julio
de 1905 contra los mencheviques rusos, pero que se refiere también a los
mencheviques euroccidentales de 1920 (sustituyo los títulos de los periódicos,
etc., con la simple indicación de si se trata de mencheviques o de
bolcheviques):
98
"Mehring relata en las
notas dedicadas a la edición —publicada por él— de los artículos de Marx,
insertos en la Nueva Gaceta del Rin110 en
1848, que las publicaciones burguesas hacían, entre otras cosas, a dicho
periódico el reproche de que exigía, al parecer, "la instauración
inmediata de la dictadura como único medio para poner en práctica la
democracia" (Marx Nachlass*, t.
III, pág. 53). Desde el punto de vista burgués vulgar, el concepto de dictadura
y el concepto de democracia se
excluyen el uno al otro. No comprendiendo la teoría de la lucha de clases,
acostumbrado a ver en la arena política únicamente los pequeños enredos de los
diversos círculos y tertulias de la burguesía, el burgués entiende por
dictadura la anulación de todas las libertades y garantías democráticas,
entiende por dictadura toda arbitrariedad, todo abuso de poder en interés
personal del dictador. En el fondo, precisamente este punto de vista burgués
vulgar se trasluce también en nuestros mencheviques, que explican el
apasionamiento de los bolcheviques por la consigna de "dictadura"
diciendo que Lenin
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110 Nueva
Gaceta del Rin
("Neue Rheinische Zeitung") se publicó diariamente en Colonia, bajo
la dirección de Carlos Marx, desde junio de 1848 hasta mayo de 1849.
Contribución a la historia del problema de la dictadura
"desea apasionadamente
probar suerte" (Iskra, núm. 103,
pág. 3, col. 2). Para aclarar a los mencheviques el concepto de dictadura de
una clase, a diferencia de dictadura de un individuo, y las tareas de la
dictadura democrática, a diferencia de las de la dictadura socialista, será
útil que nos detengamos a examinar las ideas de la Nueva Gaceta del Rin.
* Del legado literario
de Marx. (N. de la Edit.)
"Toda estructura
provisional del Estado después de una revolución —escribía la Nueva Gaceta del Rin el 14 de septiembre
de 1848—, exige una dictadura, y una dictadura enérgica. Nosotros hemos reprochado desde el principio a Camphausen
(presidente del Consejo de Ministros después del 18 de marzo de 1848) el que no obrara de manera
dictatorial, el que no destruyera y barriera en seguida los restos de las
viejas instituciones. Y mientras el señor Camphausen se entregaba a sus
ilusiones constitucionales, el partido vencido (es decir, el partido de la
reacción) consolidaba sus posiciones en la burocracia y en el ejército y hasta
comenzaba a atreverse en distintos lugares a la lucha al descubierto"111.
"Estas palabras —dice
con razón Mehring— resumen en unas cuantas tesis la idea, expuesta con
prolijidad en largos artículos de la Nueva
Gaceta del Rin sobre el Gobierno Camphausen. ¿Y qué nos dicen estas
palabras de Marx? Nos dicen que el gobierno provisional revolucionario debe actuar de manera dictatorial (tesis
que los mencheviques en modo alguno han podido comprender por su temor a la
consigna de dictadura); que una tarea de esta dictadura es destruir los restos
de las viejas instituciones (precisamente lo que se indica con claridad en la
resolución del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata (bolchevique) de
Rusia sobre la lucha frente a la contrarrevolución y se omite en la resolución
de los mencheviques, como hemos señalado más arriba). En tercer y último lugar,
de estas palabras se desprende que Marx fustigaba a los demócratas burgueses
por sus "ilusiones constitucionales" en una época de revolución y de
guerra civil declarada. El sentido de estas palabras está clarísimo en el artículo
de la Nueva Gaceta del Rin del 6 de
junio de 1848.
"La Asamblea Nacional
Constituyente —escribía Marx— debe ser, ante todo, una asamblea activa, activa
a lo revolucionario. Pero la Asamblea de Fráncfort112 se entrega a ejercicios escolares de parlamentarismo y deja al
gobierno que obre. Supongamos que este sabio concilio llegue, tras maduro
debate, a componer el mejor orden del día y la mejor de las Constituciones.
¿Para qué servirán el mejor orden del día y la mejor de las Constituciones si,
mientras tanto, los gobiernos alemanes han puesto ya la bayoneta a la orden del
día?"113
"He aquí el sentido de la consigna de dictadura...
"Los grandes problemas
de la vida de los pueblos se resuelven solamente por la fuerza. Las propias
clases reaccionarias son generalmente las primeras en recurrir a la violencia,
a la guerra civil, "ponen la bayoneta a la orden del día", como lo ha
hecho la autocracia rusa y continúa haciéndolo, sistemática y constantemente
por todas partes, desde el 9 de enero114. Y
una vez creada esta situación, una vez que la bayoneta encabeza realmente el
orden político del día, una vez que la insurrección ha resultado imprescindible
e inaplazable, las
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111 C. Marx. La crisis y la
contrarrevolución.
112 Asamblea
de Francfort: Asamblea
Nacional de toda Alemania convocada después de la revolución de marzo de 1848
en dicho país; inauguró sus sesiones en mayo del mismo año en Francfort del
Meno. Su tarea principal consistía en acabar con el fraccionamiento político y
aprobar una Constitución para toda Alemania. Pero la cobardía y las
vacilaciones de la mayoría liberal de la Dieta, así como la indecisión e
inconsecuencia del ala izquierda pequeñoburguesa, hicieron que dicho organismo
temiese asumir el poder supremo en el país y no supiera adoptar una posición
firme en los problemas fundamentales de la revolución alemana de 1848-1849. La
Dieta (o Asamblea) de Francfort fue disuelta en junio de 1849.
113 C. Marx y F. Engels. Los
programas del partido radical democrático de Francfort y la izquierda de
Francfort.
114 El 9 de enero de 1905 fue ametrallada
por orden del zar una manifestación pacífica de obreros petersburgueses, que se
dirigía al Palacio de Invierno (sede del zar) para entregarle una petición.
Resultaron muertas más de mil personas y heridas cerca de cinco mil. Los
sucesos del 9 de enero, que desde entonces se denominó Domingo Sangriento,
marcaron el comienzo de la revolución de 1905.
Contribución a la historia del problema de la dictadura
ilusiones constitucionales y
los ejercicios escolares de parlamentarismo no sirven más que para encubrir la
traición de la burguesía a la revolución, para encubrir el hecho de que la
burguesía "vuelve la espalda" a la revolución. La clase verdaderamente
revolucionaria debe lanzar en este preciso caso la consigna de
dictadura"*.
* Véase la presente edición, t. 3. (N. de la Edit.)
Así razonaban los
bolcheviques acerca de la dictadura antes de la revolución de octubre de 1905.
Después de la experiencia de esta revolución hube de analizar
circunstanciadamente el problema de la dictadura en el folleto La victoria de los democonstitucionalistas y
las tareas del partido obrero, San Petersburgo, 1906 (el folleto está
fechado el 28 de marzo de 1906). Citaré
de él todas las consideraciones más esenciales, haciendo la salvedad de que
sustituyo una serie de nombres propios con la simple indicación de si se trata
de mencheviques o de democonstitucionalistas. Hablando en general, el folleto
está enfilado contra estos últimos y, en parte, contra los liberales sin
partido, contra los semidemoconstitucionalistas y los semímencheviques. Pero,
en el fondo, todo lo que se dice respecto a la dictadura atañe cabalmente a los
mencheviques, que en esta cuestión caían a cada paso en brazos de los
democonstitucionalistas.
99
"En el mismo momento en
que cesaban los disparos en Moscú, en que la dictadura policíaco-militar
celebraba sus frenéticas orgías y las ejecuciones y torturas en masa se
extendían por toda Rusia, en la prensa de los democonstitucionalistas se
publicaban discursos contra la violencia desde la izquierda, contra los comités
de huelga de los partidos revolucionarios. Los profesores
democonstitucionalistas, que traficaban con la ciencia a cuenta de los Dubásov,
llegaban al extremo de traducir el término "dictadura" con las
palabras "vigilancia reforzada". "Los hombres de ciencia"
incluso adulteraron su latín de liceo para rebajar la lucha revolucionaria. La
dictadura significa — entérense de una vez para siempre, señores
democonstitucionalistas— un poder ilimitado, que se apoya en la fuerza y no en
la ley. Durante una guerra civil, todo poder triunfante sólo puede ser una
dictadura. Mas el quid de la cuestión está en que hay dictadura de la minoría
sobre la mayoría, de un puñado de policías sobre el pueblo, y dictadura de la
gigantesca mayoría del pueblo sobre un puñado de opresores, saqueadores y
usurpadores del poder popular. Con su adulteración vulgar del concepto
científico de "dictadura", con sus alaridos contra la violencia desde
la izquierda en una época de desenfreno de la violencia más ilegal y más vil
desde la derecha, los señores democonstitucionalistas mostraron claramente cuál
es la posición de los "conciliadores" en la enconada lucha
revolucionaria. El "conciliador" se esconde cobardemente cuando se
intensifica la lucha. Cuando vence el pueblo revolucionario (el 17 de octubre)115, el "conciliador" sale de su madriguera, se acicala
jactanciosamente, charlatanea por doquier y grita hasta el frenesí: ha sido una
"simpática" huelga política. Cuando triunfa la contrarrevolución, el
"conciliador" cubre de sermones y amonestaciones hipócritas a los
vencidos.
La huelga victoriosa fue
"simpática". Las huelgas derrotadas fueron criminales, salvajes,
insensatas y anárquicas. La insurrección derrotada fue locura, desenfreno de la
espontaneidad, barbarie y absurdo. En una palabra, la conciencia política y la
inteligencia política del "conciliador" consisten en arrastrarse ante
quien es ahora más fuerte, en enredarse entre las piernas de los contendientes,
en estorbar ora a una, ora a otra parte, en debilitar la lucha y embotar la
conciencia revolucionaria del pueblo, que pelea a vida o muerte por la
libertad". Prosigamos. Será extraordinariamente oportuno reproducir las
explicaciones sobre el problema de la dictadura dirigida contra el señor R.
Blank. Este R. Blank
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115 El 17 de octubre de 1905, en pleno
apogeo de la huelga política general en toda Rusia, se publicó un manifiesto
del zar que prometía "libertades cívicas" y una Duma
"legislativa". El manifiesto era una concesión arrancada al zarismo por
la revolución. El gobierno zarista quería ganar tiempo, dividir las fuerzas
revolucionarias, frustrar la huelga general de toda Rusia y sofocar la
revolución. Los bolcheviques denunciaron esta maniobra política de la
autocracia.
Contribución a la historia del problema de la dictadura
expuso en 1906 en un
periódico formalmente sin partido, pero en esencia menchevique116, los puntos de vista de los mencheviques, elogiándolos porque
"tratan de llevar el movimiento socialdemócrata ruso al camino por el que
avanza la socialdemocracia internacional, con el gran Partido Socialdemócrata
de Alemania a la cabeza".
Dicho en otros términos, el
señor Blank, lo mismo que los democonstitucionalistas, contraponía a los
bolcheviques, como revolucionarios insensatos, no marxistas, rebeldes, etc.,
los mencheviques "sensatos", haciendo pasar por menchevique también
al Partido Socialdemócrata Alemán. Es el método habitual de la corriente
internacional de los social— liberales, pacifistas y demás, que elogian en
todos los países a los reformistas, oportunistas, kautskíanos y longuetistas
como socialistas "sensatos", en oposición a "la locura" de
los bolcheviques.
He aquí cómo respondí al señor R. Blank en el folleto, ya
citado, de 1906:
"El señor Blank compara
dos períodos de la revolución rusa: el primero abarca, aproximadamente, los
meses de octubre a diciembre de 1905. Es el período del torbellino
revolucionario. El segundo es el período actual, que nosotros, naturalmente,
tenemos derecho a llamar período de las victorias democonstitucionalistas en
las elecciones a la Duma o, quizá, si osamos adelantarnos a los
acontecimientos, período de la Duma democonstitucionalista.
"Refiriéndose a este
período, el señor Blank dice que ha llegado de nuevo el momento del pensamiento
y la razón y es posible volver a la actividad consciente, planificada y
sistemática. El primer período, al contrario, es caracterizado por el señor Blank
como un período de divergencia de la teoría y la práctica. Desaparecieron todos
los principios e ideas socialdemócratas, se dio al olvido la táctica predicada
siempre por los fundadores de la socialdemocracia rusa y hasta fueron
arrancados de raíz los puntales mismos de la cosmovisión socialdemócrata.
"Esta afirmación
fundamental del señor Blank tiene un carácter puramente fáctico. Toda la teoría
del marxismo se divorció de "la práctica" del período de torbellino
revolucionario.
"¿Es así? ¿Cuál es
"el puntal" primero y principal de la teoría marxista? El hecho de
que, en la sociedad actual, el proletariado es la única clase revolucionaria
hasta el fin y, por ello, de vanguardia en toda revolución. Se pregunta: ¿no
arrancó de raíz el torbellino revolucionario este "puntal" de la
cosmovisión socialdemócrata? Al revés: el torbellino lo confirmó del modo más
brillante. Precisamente el proletariado fue el
luchador principal, y casi único al comienzo, de aquel período. Poco menos
que por vez primera en la historia universal, una revolución burguesa se
distinguió por el uso a grandísima escala, no vista siquiera en los países
capitalistas más desarrollados, de una arma de lucha puramente proletaria: la
huelga política de masas. El proletariado se lanzó a una lucha directamente
revolucionaria en unos momentos en los que los señores Struve y los señores
Blank llamaban a ir a la Duma de Bulyguin y los profesores
democonstitucionalistas exhortaban a los estudiantes a estudiar.
100
El proletariado, con su arma
de lucha proletaria, conquistó para Rusia toda esa, con permiso sea dicho,
"Constitución" que desde entonces no han hecho más que estropear,
recortar y amputar. El proletariado aplicó en octubre de 1905 el método táctico
de lucha de que habló medio año antes
la resolución del III Congreso bolchevique
del POSDR, la cual prestó gran atención
a la importancia de conjugar la huelga política de masas con la insurrección. Y
todo el período de "torbellino revolucionario", todo el último
trimestre de 1905, se caracteriza justamente por esta conjugación. Así pues,
nuestro ideólogo de la pequeña burguesía ha falseado la realidad del modo más
desvergonzado e indignante. No ha aducido ni un solo
![]()
116
Se
trata del diario Nasha Zhizn
("Nuestra Vida"), que se publicó en San Petersburgo, con intervalos,
desde noviembre de 1904 hasta julio de 1906.
Contribución a la historia del problema de la dictadura
hecho que pruebe la
divergencia de la teoría marxista y de la experiencia práctica del
"torbellino revolucionario"; ha intentado velar el rasgo fundamental
de este torbellino, que ha confirmado con la mayor brillantez "todos los
principios e ideas socialdemócratas", "todos los puntales de la
cosmovisión socialdemócrata".
"¿Cuál es, sin embargo,
la causa verdadera que ha llevado al señor Blank a esta opinión,
monstruosamente errónea, de que durante el período de "torbellino"
desaparecieron todos los principios e ideas marxistas? El análisis de esta
circunstancia es muy interesante, pues pone al desnudo ante nosotros, una y
otra vez, la auténtica naturaleza del filisteísmo en política.
"¿En qué consistió la diferencia principal entre el período
de "torbellino revolucionario" y el período actual,
"democonstitucionalista", desde el punto de vista de los distintos
procedimientos de actividad política, desde el punto de vista de los distintos
métodos de creatividad histórica del pueblo? Ante todo, y principalmente, en
que durante el período de "torbellino" se utilizaron algunos métodos
especiales de esta creatividad, ajenos a otros períodos de la vida política. He
aquí los más esenciales de estos métodos: 1) "toma" de la libertad política por el pueblo: su
realización sin derechos ni leyes de ningún género y sin ninguna limitación (libertad de reunión, por lo menos en las
universidades; libertad de prensa, de asociación, de celebración de congresos,
etc.); 2) creación de nuevos órganos de poder
revolucionario: los Soviets de diputados obreros, soldados, ferroviarios y
campesinos, las nuevas autoridades
rurales y urbanas, etc., etc. Estos órganos fueron creados exclusivamente por
los sectores revolucionarios de la
población; fueron creados, al margen de todas las leyes y normas, completamente
por vía revolucionaria, como un producto de la original creatividad popular,
como una manifestación de la iniciativa del pueblo, que se había desembarazado
o estaba desembarazándose de las viejas trabas policíacas. Fueron, por último,
precisamente órganos de poder, pese a
todo su carácter embrionario, espontáneo, informe e impreciso en la composición
y en el funcionamiento. Actuaron como poder al incautarse, pongamos por caso,
de las imprentas (San Petersburgo), al detener a los jefes de la policía que
impedían al pueblo revolucionario ejercer sus derechos (ejemplos de ello se
dieron también en San Petersburgo, donde el órgano correspondiente del nuevo
poder fue el más débil, en tanto que el viejo poder fue el más fuerte).
Actuaron como poder llamando a todo el pueblo a no dar dinero al viejo
gobierno. Confiscaron el dinero de este último (los comités de huelga de los
ferroviarios en el Sur) y lo invirtieron en atender a las necesidades del
gobierno nuevo, popular. Sí, fueron, indudablemente, gérmenes del gobierno
nuevo, popular, o, si así lo quieren, revolucionario. Por su carácter socio
político fue, en embrión, la dictadura de los elementos revolucionarios del
pueblo. ¿Se sorprenden ustedes, señor Blank y señor Kizevétter?, ¿no ven aquí
"la vigilancia reforzada", que equivale para el burgués a la
dictadura? Les hemos dicho ya que no tienen la menor noción del concepto
científico de dictadura. Se lo aclararemos ahora, pero antes señalaremos el tercer "método" de acción en
la época de "torbellino revolucionario": el empleo de la violencia por el pueblo contra los opresores del
pueblo.
"Los órganos de poder
que hemos descrito fueron, en germen, una dictadura, pues este poder no
reconocía ningún otro poder, ninguna ley y ninguna norma, partiera de quien partiera. El poder ilimitado, al
margen de la ley y que se apoya en la fuerza, en el sentido más directo de la
palabra, es precisamente una dictadura. Pero la fuerza en que se apoyaba y
trataba de apoyarse este nuevo poder no era la fuerza de la bayoneta usurpada
por un puñado de militares, no era la fuerza de "la comisaría de
policía", no era la fuerza del dinero, no era la fuerza de ninguna de las
instituciones anteriores ya formadas. Nada de eso.
Los nuevos órganos del nuevo
poder no tenían ni armas, ni dinero ni viejas instituciones. Su fuerza —¿pueden
ustedes imaginárselo, señor Blank y señor Kizevétter?— no tenía nada de común
con los viejos instrumentos de la fuerza, no tenía nada de común con "la
vigilancia
Contribución a la historia del problema de la dictadura
reforzada", si no se
sobrentiende la vigilancia reforzada del pueblo frente a su opresión por la
policía y otros órganos del viejo poder.
"¿En qué se asentaba
esa fuerza? Se asentaba en las masas populares. He ahí la diferencia fundamental entre este nuevo poder y
todos los órganos anteriores del viejo poder. Aquéllos eran órganos de poder de la minoría sobre el pueblo, sobre la masa
de obreros y campesinos. Estos eran órganos de poder del pueblo, de los obreros
y los campesinos, sobre la minoría, sobre un puñado de opresores policíacos,
sobre un puñado de nobles y funcionarios privilegiados. ¡Tal es la diferencia
que existe entre la dictadura sobre
el pueblo y la dictadura del pueblo
revolucionario, recuérdenlo bien, señor Blank y señor Kizevétter!
101
El viejo poder, como
dictadura de la minoría, podía mantenerse exclusivamente por medio de artimañas
policíacas, exclusivamente alejando y apartando a las masas populares de la
participación en el poder y del control sobre el poder. El viejo poder desconfiaba
sistemáticamente de las masas, temía la luz y se mantenía gracias al engaño. El
nuevo poder, como dictadura de la inmensa mayoría, podía sostenerse y se
sostuvo exclusivamente con el concurso de la confianza de masas gigantescas,
gracias exclusivamente a que incorporaba a toda la masa a la participación en
el poder de la manera más libre, más amplia y más enérgica. Nada oculto, nada
secreto, ningún reglamento, ningún formalismo. ¿Eres un trabajador? ¿Quieres
luchar por liberar a Rusia de un puñado de opresores policíacos? Entonces eres
camarada nuestro. Elige a tu diputado, ahora mismo, inmediatamente; elígelo
como consideres oportuno: lo recibiremos con agrado y alegría como miembro con
plenos derechos de nuestro Soviet de diputados obreros, de nuestro Comité
Campesino, de nuestro Soviet de diputados soldados, etc., etc. Es un poder
abierto para todos, que lo hace todo a la vista de las masas y es accesible a
las masas; que parte directamente de las masas, que es un órgano directo e
inmediato de las masas populares y de su voluntad. Tal era el nuevo poder, o,
más exactamente, sus gérmenes, pues la victoria del viejo poder pisoteó muy
temprano los vástagos de la planta joven.
"Quizá pregunten
ustedes, señor Blank o señor Kizevétter: ¿Qué tiene que ver eso con "la
dictadura", qué tiene que ver con "la violencia"?; ¿acaso una
masa inmensa necesita de la violencia contra un puñado?, ¿es que decenas y centenares
de millones pueden ser dictadores sobre mil o diez mil?
"Estas preguntas suelen
hacerlas personas que oyen por vez primera usar el término
"dictadura" en una acepción nueva para ellos. Están acostumbradas a
ver únicamente el poder policíaco y únicamente la dictadura policíaca. Les
parece extraño que pueda existir un poder sin ninguna policía, que pueda haber
una dictadura no policíaca. ¿Dicen ustedes que millones no necesitan de la
violencia contra miles? Se equivocan, y se equivocan porque no enfocan el
fenómeno en su desarrollo. Olvidan que el nuevo poder no cae del cielo, sino
que nace, surge al lado del viejo poder, en contra de él y en lucha contra él.
Sin la violencia contra los opresores, que tienen en sus manos instrumentos y
órganos de poder, es imposible liberar al pueblo de los opresores.
"He aquí, señor Blank y
señor Kizevétter, un pequeño ejemplo muy sencillo para que puedan asimilar esta
profunda sabiduría, inaccesible a la inteligencia democonstitucionalista y
"vertiginosa" para el pensamiento democonstitucionalista. Imagínense
ustedes que Avrámov lisia y tortura a Spiridónova. Supongamos que Spiridónova
tiene a su lado decenas y centenares de hombres inermes, y Avrámov, un puñado
de cosacos. ¿Qué haría el pueblo si Spiridónova fuese torturada no en una
mazmorra? Emplearía la violencia contra Avrámov y su séquito. Sacrificaría,
quizá, a varios luchadores, muertos a tiros por Avrámov, pero, pese a todo,
desarmaría por la fuerza a Avrámov y a los cosacos; es muy probable que dejara
en el sitio a varios de estos, dicho sea con perdón, hombres y que encerrase en
alguna cárcel a
Contribución a la historia del problema de la dictadura
los restantes para
impedirles que siguieran cometiendo canalladas y entregarlos a la justicia del
pueblo.
"¿Ven ustedes, señor
Blank y señor Kizevétter? Cuando Avrámov y los cosacos torturan a Spiridónova,
eso es una dictadura policíaco-militar sobre el pueblo. Cuando el pueblo
revolucionario (capaz de luchar contra los opresores, y no sólo de sermonear,
aleccionar, lamentar, reprobar, quejarse y gimotear; no mediocre al estilo
pequeñoburgués, sino revolucionario) emplea la violencia contra Avrámov y los
Avrámov, eso es una dictadura del pueblo revolucionario. Es una dictadura, pues es el poder del
pueblo sobre los Avrámov, un poder no limitado por ninguna ley (el pequeño
burgués estaría en contra, posiblemente, de arrancar por la fuerza a
Spiridónova de las manos de Avrámov, diciendo: ¡eso no se ajusta a "la
ley"!, ¿tenemos alguna "ley" que permita matar a Avrámov?, ¿no
han creado algunos ideólogos de la pequeña burguesía la teoría de la no
resistencia al mal por medio de la violencia?). El concepto científico de
dictadura no significa otra cosa que un poder no limitado por nada, no restringido
por ninguna ley, absolutamente por ninguna regla, y que se apoya de manera
directa en la violencia. El concepto de "dictadura" no significa otra cosa que eso,
recuérdenlo bien, señores democonstitucionalistas.
"Prosigamos. En el
ejemplo que hemos puesto, vemos la dictadura precisamente del pueblo, pues el pueblo, la masa de la población, no organizada,
reunida "casualmente" en un lugar dado, entra ella misma, y de manera
directa, en escena, juzga y castiga ella misma, ejerce el poder y crea el nuevo
derecho revolucionario. Por último, es la dictadura precisamente del pueblo revolucionario. ¿Por qué sólo del
revolucionario y no de todo el pueblo? Porque en todo el pueblo, que sufre sin
cesar y del modo más cruel las hazañas de los Avrámov, hay hombres oprimidos
físicamente, intimidados, y hombres oprimidos moralmente, para citar un
ejemplo, por la teoría de la no resistencia al mal por medio de la violencia o
simplemente oprimidos no por la teoría, sino por los prejuicios, la costumbre y
la rutina; hombres indiferentes, los que llamamos filisteos, pequeños
burgueses, que son los más capaces de apartarse de la lucha enconada, de pasar
de largo e incluso de esconderse (¡no vaya a ser que en la pelea salga malparado!).
Por eso, la dictadura no la ejerce todo el pueblo, sino sólo el pueblo
revolucionario, el cual, sin embargo, no teme en absoluto a todo el pueblo,
revela a todo el pueblo la causa de sus actos y todos sus detalles, atrae
gustoso a todo el pueblo a participar
tanto en la administración del Estado como en el poder y en la organización del
propio Estado.
102
"Así pues, el sencillo
ejemplo que hemos puesto contiene todos
los elementos del concepto científico de "dictadura del pueblo
revolucionario" y también del concepto de "dictadura
policíaco-militar". De este sencillo ejemplo, comprensible hasta para el
sabio profesor democonstitucionalista, podemos pasar a fenómenos más complejos
de la vida social.
"La revolución, en el
sentido estricto, directo, de esta palabra, es justamente un período de la vida
popular en el que la cólera acumulada durante siglos por las hazañas de los
Avrámov sale a la superficie en acciones,
y no en palabras, en acciones de millones
de seres de las masas populares, y no de individuos aislados. El pueblo
despierta y se alza para liberarse de los
Avrámov. El pueblo desembaraza de los Avrámov a las innumerables Spiridónovas
de la vida rusa, emplea la violencia contra los Avrámov y toma el poder sobre
los Avrámov. Esto no ocurre, claro está, de una manera tan sencilla ni tan
"de golpe" como en el ejemplo que hemos simplificado para el señor
profesor Kizevétter; esta lucha del pueblo contra los Avrámov, esta lucha en el
sentido estricto y directo, este sacudimiento del yugo de los Avrámov por el
pueblo dura meses y años de "torbellino revolucionario". Este
sacudimiento del yugo de los Avrámov por el pueblo es precisamente el contenido
real de lo que se llama gran revolución rusa. Este sacudimiento, si es enfocado
desde el punto de vista de los métodos de la creación histórica, reviste las
formas que acabamos de describir al hablar del torbellino revolucionario, a
saber: toma por el pueblo de la libertad política, es decir, de una
Contribución a la historia del problema de la dictadura
libertad cuya realización
obstaculizaban los Avrámov; creación por el pueblo de un poder nuevo,
revolucionario, del poder sobre los Avrámov, del poder sobre los opresores de
viejo tipo policíaco; empleo de la violencia por el pueblo contra los Avrámov
para eliminar, desarmar y reducir a la impotencia a estos perros salvajes, a
todos los Avrámov, los Durnovó, los Dubásov, los Min y sus semejantes.
"¿Está bien que el
pueblo emplee métodos de lucha tan ilegales, desordenados, irregulares y no
sistemáticos como la toma de la libertad, la creación de un poder nuevo,
revolucionario, no reconocido formalmente por nadie, y la violencia contra los
opresores del pueblo? Sí, está muy bien. Eso es la manifestación suprema de la
lucha popular por la libertad. Es la gran hora en que los sueños de los mejores
hombres de Rusia acerca de la libertad se convierten en un hecho, en un hecho de las propias masas populares, y no de
héroes solitarios. Eso está tan bien
como la liberación de Spiridónova de Avrámov por la muchedumbre (en nuestro
ejemplo), como el desarme violento de Avrámov y su reducción a la impotencia.
"Pero aquí llegamos
cabalmente al punto central de los pensamientos y temores ocultos de los
democonstituoionalistas. El democonstitucionalista es el ideólogo de la pequeña
burguesía precisamente porque traslada a la política, a la liberación de todo
el pueblo y a la revolución el punto de vista del filisteo que en nuestro
ejemplo (las torturas de Spiridónova por Avrámov) trataría de contener a la
muchedumbre, aconsejaría no transgredir la ley y no
apresurarse a liberar a las
víctimas de manos del verdugo que actúa en nombre del poder legítimo. Está
claro que, en nuestro ejemplo, semejante filisteo sería francamente un monstruo
desde el punto de vista moral; pero aplicada a toda la vida social, la monstruosidad
moral del pequeño burgués no es en modo alguno, repetimos, una cualidad
personal, sino una cualidad social, condicionada, quizá, por los prejuicios de
la ciencia jurídica burguesa y filistea, profundamente arraigados en la mente.
"¿Por qué el señor
Blank considera que no es necesario siquiera demostrar que en el período de
"torbellino" fueron dados al olvido todos los principios marxistas?
Porque él adultera el marxismo y lo convierte en brentanismo117, estimando que no son marxistas "principios" como la
toma de la libertad, la creación de un poder revolucionario y el uso de la
violencia por el pueblo. Semejante opinión se trasluce en todo el artículo del
señor Blank, y no sólo del señor Blank, sino de todos los democonstitucionalistas,
de todos los escritores del campo liberal y radical —hasta los bernsteinianos118 de Bez Zaglavia119, los
señores Prokopóvich, Kuskova y tutti
quanti*—, que elogian hoy a Plejánov por su amor a los
democonstitucionalistas.
* Todos cuantos son. (N.
de la Edit.)
"Veamos cómo ha surgido esta opinión y por qué debió
surgir.
![]()
117 Brentanismo: doctrina burguesa liberal, que
propugna la posibilidad de resolver el problema obrero en el marco del
capitalismo mediante la promulgaci6n de leyes fabriles y la organización de los
obreros en sindicatos. Su denominación está vinculada al nombre de Luis
Brentano, catedrático de Economía Política de la Universidad de Munich, uno de
los representantes principales del socialismo de cátedra.
118 Bernstetnianos: adeptos de una corriente oportunista
en la socialdemocracia alemana e internacional, surgida a fines del siglo XIX.
Debe su nombre al socialdemócrata alemán Eduardo Bernstein. De 1896 a 1898,
Bernstein publicó en la revista Die 9eue
Zeit ("Tiempos Nuevos"), órgano teórico de la socialdemocracia
alemana, una serie de artículos con el título de Problemas del socialismo. Encubriéndose con la bandera de "la
libertad de crítica", intentó revisar en ellos las bases filosóficas,
económicas y políticas del marxismo revolucionario y sustituirlas con teorías
burguesas que propugnan la conciliación de las contradicciones de clase y la
colaboración de las clases. Las ideas de Bernstein fueron apoyadas por el ala
derecha de la socialdemocracia alemana y por los oportunistas de otros partidos
de la 11 Internacional.
119 Bez
Zaglavta ("Sin
Título"): semanario político que se publicó en San Petersburgo en 1906.
Los "sin título" eran un grupo semimenchevique y
semidemoconstitucionalista de intelectuales burgueses rusos. Encubriéndose con
su imparcialidad formal, defendían las ideas del liberalismo burgués y del
oportunismo y apoyaban a los revisionistas de la socialdemocracia rusa e
internacional.
Contribución a la historia del problema de la dictadura
"Ha surgido de modo
directo de la concepción bernsteiníana o, más ampliamente, oportunista de la
socialdemocracia de Europa Occidental. Los errores de esta concepción, que
denunciaron de manera sistemática y en toda su amplitud "los ortodoxos"
en Occidente120, se trasladan ahora a Rusia "a la
chita callando", aderezados con otra salsa y con otro motivo. Los
bernsteinianos aceptaron y aceptan el marxismo, a excepción de su aspecto francamente revolucionario. No consideran
la acción parlamentaria como un medio de lucha, útil sobre todo en determinados
períodos históricos, sino como la forma principal y casi exclusiva de lucha,
que hace innecesarias "la violencia", "la toma" y "la
dictadura". Y es esta adulteración vulgar y pequeñoburguesa del marxismo
la que trasladan ahora a Rusia los señores Blank y demás alabadores liberales
de Plejánov.
103
Se han habituado tanto a esta adulteración que no consideran
siquiera necesario demostrar el olvido de los principios y las ideas marxistas
en el período de torbellino revolucionario. "¿Por qué ha debido surgir
esta opinión? Porque corresponde con la mayor profundidad a la situación de
clase y a los intereses de la pequeña burguesía. El ideólogo de la sociedad
burguesa "purificada" admite todos
los métodos de lucha de la socialdemocracia, excepto precisamente los que utiliza el pueblo revolucionario en la época
de "torbellino" y que la socialdemocracia
revolucionaria aprueba y ayuda a utilizar. Los intereses de la burguesía
requieren la participación del proletariado en la lucha contra la autocracia;
pero sólo una participación que no se transforme en supremacía del proletariado
y del campesinado, sólo una participación que no elimine los órganos de poder
completamente anticuados, autocráticos, feudales y policíacos. La burguesía
quiere conservar estos órganos, mas sometiéndolos a su control inmediato: los
necesita contra el proletariado, cuya
lucha proletaria se vería excesivamente aliviada con el aniquilamiento completo
de dichos órganos. De ahí que los intereses de la burguesía como clase exijan
tanto la monarquía como la Cámara Alta, exijan que no se tolere la dictadura
del pueblo revolucionario. Lucha contra la autocracia, dice la burguesía al
proletariado, pero no toques los viejos órganos de poder: los necesito. Lucha
"parlamentariamente", o sea, dentro de los límites que te prescribiré
de acuerdo con la monarquía; lucha por medio de organizaciones, pero no de
organizaciones como los comités de huelga generales, los Soviets de diputados
obreros, soldados, etc., sino por medio de organizaciones que reconoce, limita
y hace inofensivas con respecto al capital la ley que he promulgado de acuerdo
con la monarquía. "Esto permite comprender por qué la burguesía habla con
desdén, desprecio, rabia y odio del período de "torbellino" y con
admiración, encanto —e infinito amor pequeñoburgués... a la reacción— del período
de constitucionalismo protegido por Dubásov. Es la misma cualidad constante e
invariable de los democonstitucionalistas: el deseo de apoyarse en el pueblo y
el temor a la iniciativa revolucionaria de éste.
"Se comprende también
por qué la burguesía teme más que al fuego la repetición del
"torbellino", por qué desdeña y vela los elementos de nueva crisis
revolucionaria, por qué sustenta y difunde entre el pueblo ilusiones
constitucionales.
"Ahora hemos aclarado
plenamente por qué el señor Blank y sus semejantes declaran que en el período
de "torbellino" se dieron al olvido todos los principios e ideas
marxistas. El señor Blank, como todos los filisteos, reconoce el marxismo, pero
descontando su aspecto
revolucionario; reconoce los métodos socialdemócratas de lucha, pero descontando los métodos más
revolucionarios y directamente revolucionarios.
"La actitud del señor
Blank ante el período de "torbellino" es peculiar en grado sumo como
ilustración de la incomprensión burguesa de los movimientos proletarios, del
temor burgués a la lucha enconada y decisiva, del odio burgués a todas las
manifestaciones del método brusco de resolver los problemas socio-históricos,
del método revolucionario (en el sentido
![]()
120 Ortodoxos: socialdemócratas alemanes que combatieron la revisión del
marxismo.
Contribución a la historia del problema de la dictadura
directo de la palabra) que
destruye las viejas instituciones. El señor Blank se ha traicionado a sí mismo,
ha delatado de golpe toda su estrechez burguesa. Ha oído y leído que los
socialdemócratas cometieron "errores" en el período de "torbellino"
y se ha apresurado a deducir y declarar con aplomo, categórica y gratuitamente,
que fueron dados al olvido todos "los principios" del marxismo (¡de
los que él no tiene la menor idea!). Señalaremos con motivo de estos
"errores": ¿Ha habido algún período en el desarrollo del movimiento
obrero, en el desarrollo de la socialdemocracia, en el que no se hayan cometido
unos u otros errores?, ¿en el que no se hayan observado tales o cuales
desviaciones a la derecha o a la izquierda? ¿Es que la historia del período
parlamentario de la lucha socialdemócrata alemana
—¡del período que a todos
los burgueses mediocres del mundo entero les parece un límite insuperable!— no
está llena de errores semejantes? Si el señor Blank no fuera un ignorante
completo en los problemas del socialismo, recordaría con facilidad a Mülberger,
a Dühring, la cuestión de la Dampfersubvention121, a
"los jóvenes"122, la bernsteiniada y muchas, muchas
cosas más. Pero para el señor Blank lo importante no es estudiar el verdadero
curso del desarrollo de la socialdemocracia; lo único que necesita es minimizar
la magnitud proletaria de la lucha para exaltar la mezquindad burguesa de su
Partido Demócrata Constitucionalista.
"En efecto, si
abordamos la cuestión desde el punto de vista de las desviaciones de la
socialdemocracia de su camino habitual, "normal", veremos que el
período de "torbellino revolucionario" muestra también en este
terreno una cohesión y una integridad ideológica de la socialdemocracia mayores, y no menores, que en el período
precedente. La táctica de la época de "torbellino" no alejó, sino que
acercó a ambas alas de la socialdemocracia. Las discrepancias anteriores fueron
sustituidas con la unidad de criterio respecto a la insurrección armada. Los
socialdemócratas de ambas fracciones actuaron en los Soviets de diputados
obreros, originales órganos del poder revolucionario en germen, incorporaron a
los soldados y los campesinos a estos Soviets y publicaron manifiestos
revolucionarios juntamente con los partidos revolucionarios pequeñoburgueses.
104
Las disputas de la época
prerrevolucionaria fueron remplazadas por la solidaridad en las cuestiones
prácticas. El ascenso de la ola revolucionaria relegó las discrepancias, obligó
a reconocer la táctica de combate, suprimió la cuestión de la Duma, planteó a
la orden del día el problema de la insurrección y acercó en la labor más
inmediata a la socialdemocracia y la democracia burguesa revolucionaria. En Séverni Golas123, los mencheviques llamaron, junto
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121 Lenin alude a las divergencias surgidas
en la fracción socialdemócrata del Reichstag alemán en torno al problema de los
subsidios navieros (Dampfersubvention).
A fines de 1884, el canciller Bismarck, en aras de la política colonial
anexionista alemana, pidió al Reichstag que aprobase subsidios a las compañías
navieras para organizar viajes marítimos regulares a Asia Oriental, Australia y
África. El ala izquierda de la fracción socialdemócrata, dirigida por Bebel y
Liebknecht, se opuso a los subsidios. El ala derecha (encabezada por Auer,
Dietz y otros), que constituía la mayoría de la fracción, se manifestó a favor
de dichos subsidios ya antes de que empezaran los debates oficiales en el
Reichstag. Al discutirse allí el problema (marzo de 1885), el ala derecha de la
fracción socialdemócrata votó a favor de que se organizasen las líneas a Asia
Oriental y Australia; puso como condición de su apoyo al proyecto de Bismarck
la aceptación de algunas de sus reivindicaciones, en particular, que los nuevos
buques fuesen construidos en astilleros alemanes.
Sólo después de que el Reichstag rechazó esta demanda, toda la
fracción socialdemócrata votó en contra del proyecto gubernamental. La conducta
de la mayoría de la fracción fue condenada por el periódico El Socialdemócrata y las organizaciones
socialdemócratas. Las discrepancias se exacerbaron tanto que estuvieron a punto
de provocar una escisión en el partido.
122
"Los jóvenes": denominación que se
dio a un grupo de oposición pequeñoburgués semianarquista en la
socialdemocracia alemana, surgido en 1890. Su núcleo fundamental lo formaban
jóvenes literatos y estudiantes (y de ahí el nombre de la oposición), que
aspiraban a desempeñar el papel de teóricos y dirigentes del partido. Esta
oposición no comprendía que, al ser derogada la Ley de excepción contra los
socialistas (1878), habían cambiado las condiciones en que actuaba el partido.
"Los jóvenes" negaban la necesidad de utilizar las formas legales de
lucha, se pronunciaban contra la participación de la socialdemocracia en el
Parlamento y acusaban al partido de oportunismo y de defender los intereses de
la pequeña burguesía.
123 Séverni
Golos ("La
Voz del Norte"): periódico legal, órgano unificado del POSDR; se publicó
en San Petersburgo en diciembre de 1905, bajo la dirección común de
bolcheviques y mencheviques, al ser suspendidos por el gobierno los
Contribución a la historia del problema de la dictadura
con los bolcheviques, a la
huelga y la insurrección, exhortaron a los obreros a no cesar la lucha hasta
que el poder no estuviera en sus manos. La situación revolucionaria sugería las
consignas más prácticas. Las discusiones giraban sólo en torno a detalles en la
apreciación de los acontecimientos: Nachalo124, por
ejemplo, consideraba que los Soviets de diputados obreros eran órganos de las
administraciones autónomas revolucionarias; Nóvaya
Zhizn125 veía en ellos órganos embrionarios del
poder revolucionario, que unían al proletariado y a la democracia
revolucionaria. Nachalo se inclinaba
hacia la dictadura del proletariado. Nóvaya
Zhizn sustentaba el punto de vista de la dictadura democrática del
proletariado y del campesinado. Pero
¿acaso cualquier período en el desarrollo de cualquier partido socialista
europeo no nos muestra tales discrepancias y otras semejantes en la
socialdemocracia?
"No, la tergiversación
de las cosas por el señor Blank, su indignante falsificación de la historia del
día de ayer, se explica única y exclusivamente por el hecho de que nos
encontramos ante un modelo de autosuficiente vulgaridad burguesa, al que los
períodos de "torbellino revolucionario" le parecen una locura
("se olvidan todos los principios", "casi desaparecen el propio
pensamiento y la simple razón") y los períodos de aplastamiento de la
revolución y de "progreso" pequeñoburgués (protegido por los Dubásov)
le parecen una época de actividad racional, consciente y sistemática. Esta
apreciación comparativa de los dos períodos (el período de
"torbellino" y el período democonstitucionalista) es el leitmotiv de
todo el artículo del señor Blank. Cuando la historia de la humanidad avanza con
la velocidad de una locomotora, eso es "torbellino",
"torrente", "desaparición" de todos "los principios e
ideas". Cuando la historia avanza a paso de tortuga, eso es la propia
razón y el propio sistema. Cuando las masas populares empiezan ellas mismas
—con todo su primitivismo virginal, con su decisión simple y tosca— a crear la
historia y llevar a la práctica de manera directa e inmediata "los
principios y las teorías", el burgués siente miedo y vocifera que "la
razón retrocede a un segundo plano" (¿no será al revés, ¡oh, héroes del
filisteísmo!?; ¿no avanza en la historia, precisamente en tales momentos, la
razón de las masas, y no la razón de algunos individuos aislados?; ¿no se
convierte precisamente entonces la razón de las masas en una fuerza viva,
eficaz, y no de gabinete?). Cuando el movimiento directo de las masas es
reprimido por medio de fusilamientos, ejecuciones, apaleamientos, desempleo y
hambre; cuando salen de las rendijas las chinches de la ciencia profesoral,
mantenida con el dinero de los Dubásov, y empiezan a dirigir los asuntos por el pueblo en nombre de las masas, vendiendo y traicionando sus intereses a
unos puñados de privilegiados, entonces, a los caballeros del filisteísmo les
parece que ha llegado la época de progreso sosegado y tranquilo, que "ha
llegado el momento del pensamiento y la razón". El burgués es siempre y en
todas partes fiel a sí mismo: ya tomen Poliárnaya
Zvezdá126 o Nasha
Zhizn, ya lean a Struve o a Blank, encontrarán en todas partes lo mismo,
encontrarán en todas partes esta apreciación estrecha, pedantesco-profesoral y
burocrático-cadavérica, de los períodos revolucionarios y reformistas. Los
primeros son períodos de locura, tolle
Jahre, de desaparición del pensamiento y la razón. Los segundos, períodos
de actividad "consciente y sistemática".
"No interpreten
torcidamente mis palabras. No digan que me refiero a las preferencias de los
señores Blank por unos u otros períodos. No se trata en modo alguno de
preferencias: la sucesión de los períodos históricos no depende de nuestras
preferencias subjetivas. Se trata
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periódicos Nóvaya Zhizn ("Vida Nueva") y Nachalo ("El Comienzo"). Después de ver la luz el tercer
número, el periódico fue clausurado por el gobierno.
124 Nachalo ("El Comienzo"): diario
menchevique legal, que se editó en San Petersburgo en noviembre y diciembre de
1905. Vieron la luz 16 números.
125 Nóvaya Zhizn ("Vida Nueva"): primer periódico bolchevique legal;
se publicó en San Petersburgo de octubre a diciembre de 1905, siendo, de hecho,
órgano central del POSDR.
126
Poliárnaya Zvezdá ("La Estrella del Norte"):
revista semanal, órgano del ala derecha del Partido Demócrata
Constitucionalista. Se publicó en San Petersburgo (14 números) desde diciembre
de 1905 hasta marzo de 1906, bajo la dirección de P. Struve.
Contribución a la historia del problema de la dictadura
de que los señores Blank falsean
la verdad con todo descaro al
analizar las propiedades de tal o cual período (independientemente por
completo de nuestras preferencias o de nuestras simpatías). Se trata de que
precisamente los períodos revolucionarios se distinguen por una mayor amplitud,
una mayor riqueza, una mayor conciencia, un mayor método, una mayor
sistematización, una mayor audacia y brillantez de la creatividad histórica que
en los períodos de progreso pequeñoburgués, democonstitucionalista y reformista.
¡Pero los señores Blank presentan las cosas al revés! Hacen pasar la indigencia
por riqueza de creación histórica. Ven en la inactividad de las masas oprimidas
o abatidas un triunfo de "la sistematización" en la actividad de los
funcionarios y los burgueses. Hablan a gritos de la desaparición del
pensamiento y la razón cuando, en vez del tijereteo de proyectos de ley por
cualquier chupatintas o penny-a-liners
liberales (escritorzuelos que viven cobrando a tanto la línea), llega un
período de actividad política directa "del vulgo", que destruye
simplemente, de manera directa e inmediata, los órganos de opresión del pueblo,
toma el poder y se adueña de lo que se consideraba perteneciente a los
opresores del pueblo; en una palabra, cuando se despiertan precisamente el
pensamiento y la razón de millones de seres oprimidos, cuando se despiertan no
sólo para leer librejos, sino para realizar una obra viva, una obra humana,
para la creación histórica".
105
Tales fueron las discusiones en torno a la dictadura, en 1905 y
1906, en Rusia.
Los señores Dittmann,
Kautsky, Crispien e Hilferding en Alemania, los Longuet y Cía. en Francia, los
Turati y sus amigos en Italia, los MacDonald y Snowden en Inglaterra y sus
semejantes juzgan de la dictadura, en esencia, exactamente igual que lo hacían
el señor R. Blank y los democonstitucionalistas en 1905 en Rusia. No comprenden
la dictadura, no saben prepararla, son incapaces de entenderla y realizarla.
20-X-1920.
Publicado el 9 de noviembre de 1920 en
el núm. 14 de la revista "La
Internacional Comunista".
T. 41, págs. 369-391.
Discurso pronunciado en la conferencia de toda Rusia de los
organismos de educación política...
106
DISCURSO PRONUNCIADO EN LA CONFERENCIA DE TODA RUSIA DE LOS
ORGANISMOS DE EDUCACIÓN POLÍTICA DE LAS SECCIONES PROVINCIALES Y DISTRITALES DE
INSTRUCCIÓN PÚBLICA.
3 de noviembre de
1920.
Camaradas: Permitidme que os
dé a conocer algunas ideas que, en parte, han sido tratadas en el Comité
Central del Partido Comunista y en el Consejo de Comisarios del Pueblo con
motivo de la organización del Comprinedpol* y, en parte, me ha sugerido el proyecto
presentado al Consejo de Comisarios del Pueblo. Ese proyecto se aprobó ayer, en
principio, como base de discusión y luego se debatirá aún en detalle.
* Comité Principal de Educación Política de la República. (N. de la Edit.)
En cuanto a mí, me permitiré
señalar únicamente que al comienzo estaba en contra por completo de cambiar la
denominación de vuestra entidad. A mi juicio, la tarea del Comisariado del
Pueblo de Instrucción Pública es ayudar a la gente a que estudie y enseñe a
otros. En lo que llevo de experiencia soviética estoy acostumbrado a acoger
distintas denominaciones como bromas de chiquillos, pues cada una de ellas es
algo así como una broma. Ahora se ha aprobado ya una nueva denominación:
Comprinedpol.
Puesto que es ya cuestión
decidida, tomad mis palabras sólo como una observación particular. Si las cosas
no se limitan al cambio de rótulo, podremos congratularnos de ello.
Si logramos incorporar
nuevos trabajadores a la labor cultural y educativa, ya no se tratará sólo de
una nueva denominación y entonces será posible resignarse con la debilidad
"soviética" de poner etiquetas a cada obra nueva y a cada institución
nueva. Si tenemos éxito, lograremos algo más de lo que hemos alcanzado hasta
ahora.
Lo principal que debe
obligar a nuestros camaradas a participar con nosotros en la labor mancomunada
cultural y educativa es el vínculo de la instrucción con nuestra política. La
denominación puede prever algo si hay necesidad de ello, pues no podemos sustentar
en toda nuestra labor educativa el viejo punto de vista de la instrucción
apolítica, no podemos desligar esa labor de la política.
Esa idea dominaba y sigue
dominando en la sociedad burguesa. Calificar la instrucción de
"apolítica" o "impolítica" es una hipocresía de la
burguesía; no es otra cosa que engañar a las masas, humilladas en el 99% por el
dominio de la Iglesia, por la propiedad privada, etc. La burguesía, que domina
en todos los países aún burgueses, se dedica precisamente a engañar a las masas
de esa manera.
Y cuanto más importancia
tiene allí el mecanismo del Estado tanto menos libre es del capital y su
política. La conexión del mecanismo político con la instrucción es sólida en
extremo en todos los Estados burgueses, aunque la sociedad burguesa no pueda reconocerlo
francamente. Entretanto, esa sociedad moldea ideológicamente a las masas por
medio de la Iglesia y de toda la institución de la propiedad privada.
Nuestra tarea fundamental
consiste, entre otras cosas, en oponer nuestra verdad a "la verdad"
burguesa y obligar a que sea reconocida.
El paso de la sociedad
burguesa a la política del proletariado es muy difícil, tanto más que la
burguesía nos calumnia sin cesar con toda su máquina de propaganda y agitación.
Procura encubrir al máximo una misión aún más importante de la dictadura del proletariado
— su tarea educativa—, de particular importancia en Rusia, donde el
proletariado representa la minoría de la población. Y, sin embargo, dicha tarea
debe plantearse en primer plano, en este
Discurso pronunciado en la conferencia de toda Rusia de los
organismos de educación política...
caso, pues tenemos que
preparar a las masas para edificar el socialismo. No podría ni hablarse de
dictadura del proletariado si éste no hubiese adquirido un alto grado de
conciencia, gran disciplina y gran fidelidad a la lucha contra la burguesía, o
sea, la suma de tareas que es preciso plantear para la victoria completa del
proletariado sobre su enemigo secular.
No sustentamos el punto de
vista utópico de que las masas trabajadoras están preparadas para la sociedad
socialista. Sabemos por los datos exactos de toda la historia del socialismo
obrero que eso no es así, que la preparación para el socialismo sólo la proporcionan
la gran industria, la lucha huelguística y la organización política. Mas para
conquistar la victoria, para llevar a cabo la revolución socialista, el
proletariado debe ser capaz de actuar solidariamente, de derrocar a los
explotadores. Y ahora vemos que ha adquirido todas las dotes necesarias y las
ha convertido en hechos cuando ha conquistado el poder.
107
Para los trabajadores de la enseñanza, y para el Partido
Comunista como vanguardia en la lucha, la tarea fundamental debe consistir en
ayudar a educar e instruir a las masas trabajadoras, a fin de superar las
viejas costumbres y hábitos que hemos heredado del antiguo régimen, los hábitos
y costumbres de propietarios, que impregnan por entero el grueso de las masas.
Esta tarea fundamental de toda la revolución socialista jamás debe perderse de
vista al examinar las cuestiones particulares que tanta atención han requerido
del CC del partido y del Consejo de Comisarios del Pueblo. Cómo estructurar el
Comprinedpol, cómo unirlo con las diversas instituciones y cómo ligarlo no sólo
al centro, sino también a las instituciones locales son preguntas a las que nos
responderán los camaradas más competentes en esta materia, que tienen ya gran
experiencia y la han estudiado especialmente. Yo sólo quisiera recalcar los
elementos fundamentales del aspecto de principios de la cuestión. Tenemos que
plantear el problema abiertamente, reconociendo sin tapujos, pese a toda la
vieja mendacidad, que la enseñanza no puede estar desligada de la política.
Vivimos un momento histórico
de la lucha contra la burguesía mundial, que es muchísimo más fuerte que
nosotros. En un momento como éste, debemos defender la obra de edificación
revolucionaria y luchar contra la burguesía también en el terreno militar, y más
aún en el ideológico, mediante la educación, para que las costumbres, los
hábitos y las convicciones que la clase obrera ha adquirido durante numerosos
decenios de lucha por la libertad política; para que toda la suma de estas
costumbres, hábitos e ideas sirva de instrumento de educación de todos los
trabajadores. Y la tarea de decidir cómo educar concretamente recae sobre el
proletariado. Es preciso inculcar la conciencia de que no se puede, de que es
inadmisible permanecer al margen de la lucha del proletariado, la cual abarca
hoy, cada día más, a todos los países capitalistas sin excepción; de que es
inadmisible estar al margen de toda la política internacional. La unión de
todos los países capitalistas poderosos del mundo contra la Rusia Soviética es
la verdadera base de la actual política internacional. Y debe reconocerse que
de eso depende el destino de centenares de millones de trabajadores de los
países capitalistas. Porque en nuestros días no hay un rincón en la Tierra que
no esté sometido a un puñado de países capitalistas. Así pues, la situación
toma tal sesgo que plantea una disyuntiva: o permanecer al margen de la lucha
actual y demostrar con ello una inconsciencia absoluta — como esa gente
ignorante que se ha quedado al margen de la revolución y la guerra y no ve todo
el engaño de que la burguesía hace víctima a las masas, no ve cómo la burguesía
deja adrede a esas masas en la ignorancia—, o incorporarse a la lucha por la
dictadura del proletariado.
Hablamos con toda franqueza
de esta lucha del proletariado, y cada persona debe formar o a este lado de la
barricada, a nuestro lado, o al otro lado.
Todo intento de no formar en uno u otro bando acaba en un
fracaso y un escándalo.
Discurso pronunciado en la conferencia de toda Rusia de los
organismos de educación política...
Al observar los infinitos
vestigios de la kerenskiada, los vestigios de los eseristas y de la
socialdemocracia, que se han manifestado personificados en los Yudénich, los
Kolchak, los Petliura, los Majnó y otros, hemos visto tal diversidad de formas
y matices de la contrarrevolución en distintos lugares de Rusia que podemos
decir que estamos ya mucho más forjados que nadie; y cuando miramos a Europa
Occidental, vemos que allí se repite lo mismo que ocurrió en nuestro país, se
repite nuestra historia. Casi por doquier, al lado de la burguesía se observan
elementos de kerenskiada, que en toda una serie de Estados, especialmente en
Alemania, tienen la supremacía. En todas partes se observa lo mismo: la
imposibilidad de mantener una posición intermedia, cualquiera que sea, y una
clara toma de conciencia: o dictadura blanca (para ella se prepara la burguesía
en todos los países de Europa Occidental, armándose contra nosotros) o
dictadura del proletariado. Hemos experimentado eso con tal agudeza y
profundidad que no necesito hablar en detalle de los comunistas rusos. De ahí
se infiere una sola deducción, que debe ser la base de todos los razonamientos
y proyectos relacionados con el Comprinedpol. En primer término, en la labor de
este organismo debe reconocerse públicamente la primacía de la política del
Partido Comunista. No conocemos otra forma, y ni un solo país ha concebido
todavía ninguna otra. El partido puede corresponder más o menos a los intereses
de su clase, experimentar unos u otros cambios o enmiendas; pero no conocemos
aún otra forma mejor. Y toda la lucha en la Rusia Soviética, que ha resistido
durante tres años el embate del imperialismo mundial, está vinculada al hecho
de que el partido se plantea conscientemente la tarea de ayudar al proletariado
a desempeñar su papel de educador, organizador y dirigente, un papel sin el
cual es imposible la disgregación del capitalismo. Las masas trabajadoras, las
masas de campesinos y obreros, deben vencerlas viejas costumbres de los
intelectuales y reeducarse para edificar el comunismo: sin eso es imposible
emprender la labor constructiva. Toda nuestra experiencia prueba que esta labor
es demasiado seria, y por eso debemos tener presente la necesidad de reconocer
el papel preponderante del partido, y no podemos perderlo de vista al discutir
la actividad y el trabajo de organización. Habrá que hablar aún mucho de cómo
llevar a cabo eso; habrá que hablar de ello tanto en el Comité Central del
partido como en el Consejo de Comisarios del Pueblo. El decreto aprobado ayer
sirve de base en lo que respecta al Comprinedpol, pero no ha recorrido aún todo
su camino en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Dentro de unos días se
promulgará, y veréis que en su redacción definitiva no contiene una declaración
concreta sobre la relación con el partido.
108
Pero debemos saber y
recordar que toda la constitución jurídica y efectiva de la República Soviética
se basa en que el partido lo corrige, designa y organiza todo de acuerdo con un
solo principio, a fin de que los elementos comunistas ligados al proletariado
puedan inculcar su espíritu a este proletariado, someterlo a su influencia y
librarlo del engaño burgués, que desde hace tanto procuramos desterrar. El
Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública ha sostenido una prolongada
lucha, pues la organización del magisterio ha combatido durante mucho tiempo la
revolución socialista. En este medio del magisterio han arraigado de manera
singular los prejuicios burgueses. En este medio se ha librado una larga lucha
tanto en forma de sabotaje directo como de prejuicios burgueses, que se
mantienen pertinazmente, y nos vemos obligados a conquistar con lentitud, paso
a paso, una posición comunista. Ante el Comprinedpol, dedicado a la enseñanza
extraescolar, a cumplir la tarea de enseñar y educar a las masas, se plantea
con singular relieve la tarea de combinar la dirección del partido y someter a
su influencia, inculcar su espíritu e inflamar con el fuego de su iniciativa
ese inmenso mecanismo, ese ejército de medio millón de maestros que están ahora
al servicio del obrero. Los trabajadores de la enseñanza, los maestros, se
educaron en el espíritu de los prejuicios y las costumbres burgueses, en un
espíritu de hostilidad al proletariado, del cual estuvieron desligados por
completo. Ahora debemos forjar un nuevo ejército de maestros, de personal
pedagógico, que ha de estar compenetrado con el partido, con las ideas del
Discurso pronunciado en la conferencia de toda Rusia de los
organismos de educación política...
partido; que ha de estar
impregnado del espíritu del partido; que debe ganarse a las masas obreras,
impregnarlas del espíritu comunista e interesarlas por lo que hacen los
comunistas.
Por cuanto es necesario
romper con los viejos hábitos, costumbres e ideas, al Comprinedpol y sus
funcionarios les incumbe una importantísima tarea, que debe ser tenida en
cuenta en primer lugar. En efecto, ante nosotros surge el dilema de cómo
vincular el magisterio, de viejo temple en su mayoría, a los miembros del
partido, a los comunistas. Se trata de un problema difícil en extremo, sobre el
que es preciso meditar mucho, muchísimo.
Veamos cómo debe vincularse
en el aspecto de organización a personas tan distintas. Para nosotros, en
principio, no puede caber duda de que debe existir la supremacía del Partido
Comunista. Así pues, el fin de la cultura política, de la educación política,
consiste en forjar verdaderos comunistas capaces de superar la falsedad y los
prejuicios y de ayudar a las masas trabajadoras a vencer el viejo régimen y
construir el Estado sin capitalistas, sin terratenientes, sin explotadores. ¿Y
cómo se puede hacer eso? Eso se puede hacer únicamente asimilando todo el
cúmulo de conocimientos que los maestros han heredado de la burguesía. Sin eso
serían imposibles todas las conquistas técnicas del comunismo y sería vano todo
sueño con ello. Así surge la cuestión de cómo vincular a esos trabajadores, que
no están acostumbrados a laborar en conexión con la política ni, en particular,
con la política útil para nosotros, es decir, con la política que necesita el
comunismo.
Como he dicho ya, esta tarea
es muy difícil. Hemos estudiado esta cuestión también en el Comité Central.
Al hacerlo, hemos procurado
tomar en consideración las enseñanzas que brinda la experiencia, y estimamos
que, en este sentido, tendrá gran importancia una asamblea como la de hoy, en
la que estoy hablando, una conferencia como la vuestra.
Cada comité del partido ha
de considerar ahora de otro modo a cada propagandista, en el que antes veía a
un miembro de un círculo determinado, de una organización determinada. Todos
ellos pertenecen al partido gobernante, al partido que dirige todo el Estado y
la lucha universal de la Rusia Soviética contra el régimen burgués. Son
representantes de la clase que lucha y del partido que domina, y debe dominar,
en la grandiosa máquina del Estado. Muchísimos comunistas que han cursado
magníficamente la escuela del trabajo clandestino, probados y formados en la
lucha, no quieren ni pueden comprender toda la importancia de ese viraje, de
esa transición, en virtud de los cuales se convierten de agitadores y
propagandistas en dirigentes de agitadores, en dirigentes de una gigantesca
organización política. No es tan importante que se les dé al mismo tiempo la
denominación correspondiente, quizá no muy afortunada, como la de director de
escuelas populares; lo que importa es que sepan dirigir a la masa de maestros.
Es preciso decir que los
centenares de miles de maestros del país forman el mecanismo que debe impulsar
el trabajo, despertar el pensamiento y combatir los prejuicios que existen
todavía entre las masas. La herencia de la cultura capitalista y sus defectos
impregnan a la masa de maestros, la cual, con esos defectos, no puede ser
comunista. Sin embargo, ello no es óbice para que se incorpore a esos maestros
a las filas de los trabajadores de la educación política, pues poseen
conocimientos sin los cuales no podremos lograr nuestro objetivo.
109
Debemos poner al servicio de
la educación comunista a centenares de miles de personas necesarias. Esta tarea
se ha cumplido en el frente, en nuestro Ejército Rojo, en el que se admitió a
decenas de miles de componentes del viejo ejército. Se fundieron con el
Ejército Rojo en un largo proceso, en un proceso de reeducación, cosa que, en
definitiva, han demostrado con sus victorias. Y en nuestra labor cultural y
educativa debemos seguir este ejemplo. Cierto que esta labor es menos vistosa,
pero tiene aún más importancia. Nos es imprescindible cada agitador y cada
propagandista, que cumple su tarea cuando trabaja con
Discurso pronunciado en la conferencia de toda Rusia de los
organismos de educación política...
un espíritu estrictamente de
partido; pero no se limita al partido, sino que recuerda que su misión consiste
en lo siguiente: dirigir a centenares de miles de maestros, despertar su
interés, vencer los viejos prejuicios burgueses, incorporarlos a nuestra obra,
hacer que tomen conciencia de la inconmensurabilidad de nuestra labor. Y sólo
pasando a esta labor, podremos llevar al camino certero a esa masa, que el
capitalismo abrumaba y apartaba de nosotros.
Tales son los objetivos que
debe señalarse, y no perder de vista, cada agitador y propagandista que trabaje
fuera del ámbito escolar. Al cumplir esas tareas se tropieza con multitud de
dificultades prácticas, y vosotros debéis ayudar al comunismo y ser representantes
y dirigentes no sólo de círculos del partido, sino de todo el poder del Estado,
que se encuentra en manos de la clase obrera.
Nuestra tarea consiste en
vencer toda la resistencia de los capitalistas, no sólo la militar y la
política, sino también la ideológica, que es la más profunda y poderosa. La
tarea de nuestros trabajadores de la enseñanza estriba en realizar esa
transformación de las masas. Su interés y su anhelo de aprender y saber qué es
el comunismo —interés y anhelo que observamos— son la garantía de que
venceremos también en este terreno, aunque quizá no tan pronto como en el
frente, quizá con mayores dificultades y, a veces, con derrotas; pero, en fin
de cuentas, los vencedores seremos nosotros.
Como resumen, quisiera
analizar otra cuestión: es posible que la denominación de Comité Principal de
Educación Política no se entienda debidamente. Por cuanto en esta denominación
figura la palabra "política", la política es en ella lo más importante.
Ahora bien, ¿cómo entender la política? De entenderla en el viejo sentido, se
puede incurrir en un error grande y grave. Política es la lucha entre las
clases, política son las relaciones del proletariado, que combate por su
emancipación contra la burguesía mundial. Pero en nuestra lucha se destacan dos
aspectos de la cuestión: por un lado, la tarea de destruir la herencia del
régimen burgués, de frustrar las tentativas —repetidas por toda la burguesía—
de aniquilar el Poder soviético. Hasta la fecha, esta tarea es la que más ha
ocupado nuestra atención, impidiéndonos pasar a otra: a la tarea de construir.
Según la concepción burguesa, la política parecía desligada de la economía. La
burguesía decía: trabajad, campesinos, para que podáis subsistir; trabajad, obreros,
para que recibáis en el mercado cuanto necesitáis para vivir; la política
económica la hacen vuestros amos. Sin embargo, eso no es así: la política debe
ser obra del pueblo, obra del proletariado. Y debemos recalcar, a este
respecto, que en nuestra labor dedicamos las nueve décimas partes del tiempo a
luchar contra la burguesía. Las victorias sobre Wrangel —acerca de las cuales
leímos ayer y leeréis hoy y, probablemente, mañana— prueban que toca a su fin
una fase de la lucha, que hemos conquistado la paz con toda una serie de países
occidentales. Y cada victoria conquistada en el frente militar nos proporciona
más libertad para la lucha interior, para la política de edificación del
Estado. Todo paso que nos aproxima a la victoria sobre los guardias blancos,
traslada paulatinamente el centro de gravedad de la lucha a la política
económica. La propaganda de viejo tipo describe lo que es el comunismo y ofrece
ejemplos de ello. Pero esta vieja propaganda no sirve para nada, pues hace
falta demostrar en la práctica cómo hay que edificar el socialismo. Toda la
propaganda debe basarse en la experiencia política de desarrollo económico.
Esta es nuestra tarea principal, y si a alguien se le ocurriera comprenderlo en
el viejo sentido de la palabra, sería un atrasado y no podría hacer propaganda
para las masas de campesinos y obreros. Nuestra política principal debe ser
ahora el desarrollo económico del Estado para recoger más puds de trigo,
extraer más puds de hulla, decidir cómo emplear mejor estos puds de trigo y de
hulla a fin de que no haya hambrientos. En eso consiste nuestra política. Y en
eso debe basarse toda la agitación y toda la propaganda. Es preciso que haya
menos palabras, pues con palabras no satisfaréis a los trabajadores. En cuanto
la guerra nos permita desplazar el centro de gravedad de la lucha contra la
burguesía, de la lucha contra Wrangel, contra los
Discurso pronunciado en la conferencia de toda Rusia de los
organismos de educación política...
guardias blancos,
abordaremos la política económica. Y en ello desempeñarán un papel inmenso,
cada día mayor, la agitación y la propaganda.
Cada agitador debe ser un
dirigente del Estado, un dirigente de todos los campesinos y de todos los
obreros en la edificación económica. Debe decir que para ser comunista es
preciso conocer, es preciso leer un folleto determinado, un libro determinado.
Así mejoraremos la economía y la haremos más sólida, más social; así
aumentaremos la producción, mejoraremos el problema del trigo, distribuiremos
de manera más justa los productos obtenidos, acrecentaremos la extracción de
hulla y restableceremos la industria sin capitalismo y sin espíritu
capitalista.
110
¿En qué consiste el
comunismo? Toda su propaganda debe hacerse de tal modo que se reduzca a dirigir
prácticamente la organización del Estado. Las masas obreras han de comprender
el comunismo como una obra propia. Esta obra se viene haciendo mal, con miles
de errores. No lo ocultamos, pero los propios obreros y campesinos, con nuestra
ayuda, con nuestra débil y pequeña contribución, deben formar y enderezar
nuestro mecanismo. Para nosotros, eso ha dejado ya de ser un programa, una
teoría y una tarea: es obra de la edificación real de hoy. Y si nuestros
enemigos nos han infligido en nuestra guerra las derrotas más crueles, en
cambio, hemos aprendido con esas derrotas y alcanzado la victoria completa.
También ahora debemos
extraer conocimientos de cada derrota, debemos recordar que es preciso enseñar
a los obreros y campesinos con el ejemplo del trabajo realizado. Debemos
señalar lo que hemos hecho mal para evitarlo en lo sucesivo.
Con el ejemplo de esa
edificación, repitiéndolo muchas veces, conseguiremos transformar los malos
jefes comunistas en verdaderos constructores, sobre todo de la economía del
país. Lograremos cuanto necesitamos; venceremos todos los obstáculos heredados
del viejo régimen y que no pueden ser superados de golpe; hay que reeducar a
las masas, y sólo pueden reeducarlas la agitación y la propaganda; hay que
ligar a las masas, en primer lugar a la organización de la vida económica
general. Eso debe ser lo más importante y fundamental en la labor de cada
agitador y propagandista; y cuando lo aprenda, estará garantizado el éxito de
su trabajo. (Clamorosos aplausos.)
Publicado en el "Boletín de la Conferencia de toda Rusia de
los organismos de educación política (1-8 de noviembre de 1920)", Moscú.
T. 41, págs. 398-408.
Tesis acerca de la propaganda en el terreno de la producción
111
TESIS ACERCA DE LA PROPAGANDA EN EL TERRENO DE LA PRODUCCIÓN.
(Borrador).
1.
En
la actualidad, con motivo de las victorias militares de la RSFSR y de su
situación internacional en general, la propaganda en el terreno de la
producción deberá ser colocada de nuevo en primer plano, intensificada y
fortalecida desde el punto de vista de organización.
2.
Los
periódicos principales, en primer lugar Izvestia
y Pravda127, deben: (a) disminuir el espacio
destinado a la política y ampliar la sección de propaganda de la producción;
(b) influir en toda la labor del partido y de las instituciones de los Soviets
en el sentido de destinar más fuerzas a la propaganda en este terreno; (c)
esforzarse por organizar sistemáticamente la propaganda de la producción a
escala de todo el Estado, preparar vastas medidas para desarrollarla y
mejorarla y, en particular, para controlar sus éxitos reales y efectivos.
3. De la misma manera debe ser
sistematizada, ampliada y desarrollada la promoción —del seno de las masas
obreras y campesinas— de administradores, organizadores e inventores capaces.
4. La propaganda en el terreno de la
producción debe ser unificada en toda la RSFSR bajo la dirección de un solo
organismo, a fin de economizar fuerzas y dar una orientación más acertada a la
labor. Al mismo tiempo, es absolutamente imprescindible la más amplia autonomía
tanto local como profesional. Recompensa sistemática y bien organizada (premios
en especie, etc.) de todo éxito considerable; organización de un control de los
éxitos imparcial y competente.
5. El organismo dirigente único de la
propaganda en el terreno de la producción debe ser la Redacción de un periódico
popular de masas, con una tirada que oscile entre quinientos mil y un millón de
ejemplares. Ese periódico debe ser Biednotá128.
La división de los
periódicos de este tipo en industriales y agrícolas resulta perjudicial, pues
es tarea del socialismo acercar y unir la industria y la agricultura. En la
práctica, el papel dirigente del proletariado industrial tanto en la ciudad
como en el campo —y, en particular, en la urbanización de la agricultura y en
la electrificación de todo el país— exige precisamente un periódico único
dedicado a los problemas de la producción (y una dirección única de la
propaganda en este terreno) para los obreros y los campesinos.
6.
El
Consejo de Dirección debe constar de cinco personas, en representación de los
siguientes organismos: 1) Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia; 2)
Consejo Superior de Economía Nacional; 3) Comisariado del Pueblo de
Agricultura;
4) Comité Principal de Educación Política
de la República; 5) CC del PC de Rusia (o redactor-jefe). El Consejo y el
periódico deben estar anexos al Consejo Central de los Sindicatos de
![]()
127 Izvestia: diario que empezó a publicarse en
febrero de 1917 como órgano del CEC; desde 1922 fue órgano del CEC de toda
Rusia y, luego, del CEC de la URSS. En la actualidad aparece con el título de
Izvestia Soviétov Deputátov Trudiáschijsia ("Noticias de los Soviets de
Diputados de los Trabajadores").
Pravda ("La Verdad"): primer periódico obrero legal de
masas, fundado por Lenin el 5 de mayo de1912. Es órgano del CC del PCUS.
128 Biednotá ("Los Pobres"): diario para
los campesinos, que empezó a publicarse en Moscú el27 de marzo de 1918. El
periódico sostuvo una lucha activa para afianzar la alianza de la clase obrera
y del campesinado, para organizar y unir a las masas de campesinos pobres y
medios alrededor del Partido Comunista y del Poder soviético.
Tesis acerca de la propaganda en el terreno de la producción
toda Rusia. (¿Quizá agregando un
representante de la Dirección General de Educación Profesional?)
7. El periódico dedicado a las cuestiones
de la producción debe ser popular (en el sentido de que sea comprensible para
millones), pero no caer de ninguna manera en la populachería. No descender al
nivel del lector poco desarrollado, sino elevar constantemente el nivel de éste
(con una gradación muy prudente). Dedicar poco espacio, no más de 1/4
aproximadamente, a la política. Consagrar la atención principal a las
siguientes cuestiones: plan económico único, frente del trabajo, propaganda en
el terreno de la producción, formación de los obreros y campesinos como
dirigentes, control de la aplicación efectiva de las leyes y medidas de las
instituciones y haciendas de los Soviets, amplio y acertado intercambio de
opiniones con los lectores.
8. Las informaciones y artículos publicados
o recibidos en el periódico, así como otros, deben reeditarse sistemática y
periódicamente en forma de folletos y hojas para facilitárselos con carácter
obligatorio a las bibliotecas y, además, a todas las fábricas y empresas de la
rama de producción correspondiente (los folletos y hojas deben sistematizar las
informaciones y artículos por ramas de la producción). A la par con los libros
de texto y los resúmenes sobre la técnica extranjera, estas informaciones y artículos
deben servir para difundir la enseñanza técnico-profesional y politécnica.
En particular, debe ser
objeto de atención especial una distribución más acertada del periódico, así
como de los folletos y hojas dedicados a la producción, entre todas las bibliotecas de la RSFSR.
112
9.
Es
preciso incorporar a la propaganda en el terreno de la producción (vinculada a
la liquidación del analfabetismo), de manera organizada y sistemática, a los
ingenieros, agrónomos y maestros de escuela, así como a los empleados de los
Soviets que tengan cierta calificación.
Organizar conferencias, charlas,
informes, etc. Implantar el trabajo obligatorio para todos los que puedan dar a
conocer a la población la electrificación, la taylorización129, etc.
10.
Utilizar
las películas de modo más amplio y sistemático en la propaganda de la
producción. Laborar conjuntamente con el Departamento de Cine. Discos
soviéticos. Organizar exposiciones de diagramas y cartogramas en los clubs,
isbas de lectura, calles, etc. Pegar carteles y pancartas cerca de las
fábricas, talleres, escuelas técnicas, etc.
11. Organizar, juntamente con el Comisariado
del Pueblo de Trabajo y otras instituciones, la inspección de la producción.
Coordinar su labor con la propaganda en el terreno de la producción, así como
las actividades de los instructores, de los trenes y barcos de propaganda, etc.
12. Destacar a las empresas ejemplares y
hacer una amplia publicidad de ellas. Organizar en talleres, barriadas o
células especiales, etc., a los obreros que tengan experiencia de trabajo
industrial en el extranjero. Utilizarlos para enseñar a los obreros atrasados,
para difundir la enseñanza técnico— profesional y politécnica, etc.
18-XI-1920.
N. Lenin.
![]()
129 Taylorización: término derivado del nombre del
ingeniero norteamericano Federico Taylor, fundador de un sistema de
organización del trabajo (llamado taylorismo) tendiente a aumentar al máximo el
rendimiento de la jornada laboral, así como a utilizar de manera racional los
medios de producción y los instrumentos de trabajo.
Tesis acerca de la propaganda en el terreno de la producción
Publicadas
por vez primera en 1928, en el tomo XXV de las ediciones 2a y 3a de las
"Obras" de V. I. Lenin.
T. 42, págs. 14-16.
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
113
VIII CONGRESO DE LOS SOVIETS DE TODA RUSIA.130
22-29 de diciembre de
1920.
1. Informe
sobre las concesiones, pronunciado ante el grupo del PC(b)R en el VIII Congreso
de los soviets, 21 de diciembre.
Camaradas: Creo que habéis
adoptado una decisión completamente acertada al preferir hablar de las
concesiones primero en el grupo. A juzgar por las noticias de que disponemos,
el problema de las concesiones ha suscitado en todas partes —no sólo en los medios
del partido y entre las masas obreras, sino también entre vastas masas del
campesinado— un desasosiego bastante grande e incluso inquietud. Todos los
camaradas han señalado que, después del decreto de 23 de noviembre de este año131, era lo más frecuente que en la mayoría de las reuniones,
consagradas a asuntos diversos, se hicieran preguntas y se enviaran notas
acerca de las concesiones. El tono general tanto de estas notas como de las
conversaciones traslucía el siguiente temor: hemos derrocado a nuestros
capitalistas y ahora queremos dejar que vengan los del extranjero. Creo que
estos recelos, este gran interés por las concesiones —que los camaradas del
partido no han sido los únicos, ni mucho menos, en manifestar— es un signo
favorable, demostrativo de que, en el transcurso de tres años de una lucha
infinitamente dura, el poder obrero y campesino se ha fortalecido tanto y la
experiencia respecto a los capitalistas se ha afianzado hasta tal punto que las
grandes masas consideran el poder obrero y campesino lo bastante firme como
para pasarse sin las concesiones, y que ellas mismas están aleccionadas en
grado suficiente para no aceptar, sin una necesidad extrema, transacciones con
los capitalistas. Este tipo de fiscalización desde abajo, este tipo de recelos
de las masas, éste tipo de inquietud de los medios situados fuera del partido
son un testimonio de la extrema atención que se presta a nuestras relaciones
con
![]()
130 El
VIII Congreso de los Soviets de diputados obreros, campesinos, soldados rojos y
cosacos de toda Rusia se
celebró en Moscú del 22 al 29 de diciembre de 1920. Se reunió en el período de
terminación victoriosa de la guerra contra los intervencionistas extranjeros y
las fuerzas contrarrevolucionarias internas. En el orden del día figuraban las
siguientes cuestiones: informe sobre la gestión del Comité Ejecutivo Central de
toda Rusia y del Consejo de Comisarios del Pueblo; la electrificación de Rusia;
el restablecimiento de la industria y del transporte; el desarrollo de la
producción agrícola y la ayuda a la hacienda campesina; el mejoramiento de la
actividad de los organismos soviéticos, y la lucha contra el burocratismo.
Lenin dirigió personalmente las labores del congreso y pronunció
varios discursos en sus sesiones plenarias. El 22 de diciembre presentó un
informe sobre la gestión del CEC de toda Rusia y del Consejo de Comisarios del
Pueblo y al día siguiente hizo el resumen de la discusión del informe. Además,
intervino seis veces en las reuniones del grupo comunista del congreso acerca
de las concesiones y al discutirse el proyecto de ley sobre las medidas
orientadas a fortalecer y desarrollar la hacienda campesina.
El VIII Congreso aprobó el plan de electrificación del país
(Plan GOELRO), confeccionado por iniciativa de Lenin y de acuerdo con sus
indicaciones. Fue el primer plan económico a largo plazo del Estado soviético,
que Lenin calificó de "segundo programa del partido".
Una de las cuestiones más importantes
que figuraban en el orden del día fue el proyecto de ley acerca de las medidas
orientadas a fortalecer y desarrollar la hacienda campesina, aprobado por el
CCP el 14 de diciembre de 1920.
El paso a la labor de
edificación pacífica hacía necesario mejorar y reorganizar todo el mecanismo
soviético. El congreso aprobó una extensa resolución sobre la estructura del
Estado soviético, que reglamentaba las relaciones entre los organismos centrales
y locales de poder y administración. En las labores del congreso ocupó un
importante lugar la reorganización de todo el sistema de dirección de la
economía nacional en consonancia con las nuevas tareas económicas.
131
Lenin
se refiere al decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo (23 de noviembre de
1920) acerca de las concesiones.
los
capitalistas. A mi parecer, desde este punto de vista es indudable que debemos
aprobar ésos recelos como un indicio del estado de ánimo de las grandes masas.
Sin embargo, creo que
llegaremos a la conclusión de que en el problema de las concesiones es
imposible guiarse únicamente por el instinto revolucionario. Al analizar todos
los aspectos de la cuestión, nos convenceremos de que la política que hemos
adoptado, consistente en ofrecer concesiones, es justa. Puedo decir brevemente
que el tema principal de mi informe
—o, para ser más exactos, de
la repetición de la plática sostenida hace muy poco en Moscú con varios
centenares de militantes responsables132,
pues no he preparado el informe y no puedo presentarlo—, que el tema principal
de esta plática consiste en demostrar dos tesis: primera, que toda guerra es la
continuación de la política de tiempos de paz, pero por otros medios; segunda,
que las concesiones que otorgamos, que nos vemos obligados a otorgar, son la
continuación de la guerra en otra forma diferente, por medios diferentes. Para
demostrar estas dos tesis, o más bien sólo la segunda, pues la primera no
necesita demostraciones especiales, empezaré por el aspecto político de la
cuestión. Analizaré las relaciones existentes entre las potencias imperialistas
contemporáneas, esenciales para comprender toda la política exterior actual,
para comprender por qué hemos adoptado esta política.
El norteamericano Vanderlip
dirigió al Consejo de Comisarios del Pueblo una carta, en la que decía:
"Nosotros, republicanos, que pertenecemos al partido de los republicanos
de EE.UU., al partido del gran capital financiero, ligado a los recuerdos de la
Guerra de Secesión, no estamos actualmente en el poder". Escribía esto
antes de las elecciones de noviembre: "Venceremos en las elecciones en
noviembre (ya han vencido), y en marzo el Presidente será nuestro. Nuestra
política no repetirá las tonterías que mezclaron a Norteamérica en los asuntos
europeos, nos ocuparemos de nuestros propios intereses. Nuestros intereses
norteamericanos nos llevan a un choque con el Japón, haremos la guerra al
Japón. Quizá les interese saber que en 1923 nuestra flota será más fuerte que
la inglesa. Para pelear necesitamos ser dueños del petróleo, sin el cual no
podemos sostener una guerra moderna. No basta con ser dueños del petróleo: es
necesario, además, adoptar medidas para que el enemigo carezca de él. El Japón
se halla, a este respecto, en malas condiciones. Muy cerca de Kamchatka hay una
ensenada (he olvidado su nombre) con fuentes de petróleo, y nosotros queremos
que los japoneses no tengan ese petróleo. Si nos venden este terreno, yo
garantizo que nuestro pueblo dará muestras de tal entusiasmo que reconoceremos
sin demora su gobierno de ustedes. Si no lo venden, y nos lo entregan sólo a
título de concesión, no puedo decir que nos negaremos a examinar semejante
proyecto. Pero no puedo prometer que el entusiasmo sea tal que garantice el
reconocimiento del Gobierno soviético".
114
La carta de Vanderlip
exponía con toda franqueza, con un cinismo inaudito, el criterio de un
imperialista que ve claramente la inminencia de la guerra contra el Japón y
plantea de manera pública y directa la siguiente cuestión: hagan este negocio
con nosotros y obtendrán ciertas ventajas. La cuestión se planteaba así: el
Extremo Oriente, Kamchatka y un trozo de Siberia se encuentran hoy, de hecho,
en posesión del Japón, por cuanto sus fuerzas militares mandan allí y por
cuanto, como sabéis, las circunstancias nos han obligado a crear un Estado
"tapón", que tiene la forma de una República del Extremo Oriente133. Además, conocemos muy bien las increíbles calamidades que el
imperialismo nipón hace sufrir a los campesinos
![]()
132 Se alude a la reunión celebrada el 6 de diciembre de 1920 por la
organización de Moscú del PC(b) de Rusia.
133 La República del Extremo Oriente (REO)
fue creada en abril de 1920 en el territorio de las regiones de Transbaikalia,
Amur, Primorie y Kamchatka y de Sajalín Septentrional. La proclamación de la
REO como un Estado democrático burgués por la forma, pero que, en la práctica,
aplicaba la política soviética, correspondía a los intereses de la Rusia
Soviética, que aspiraba a asegurarse una larga tregua en el Frente Oriental y
eludir una guerra con el Japón. Al mismo tiempo, la creación de un Estado
"tapón" en el Extremo Oriente era una medida forzada.
Cuando el territorio del Extremo Oriente
(excepto Sajalín Septentrional) quedó limpio de intervencionistas y guardias
blancos, la Asamblea Nacional de la REO acordó, el 14 de noviembre de 1922,
unirse a la RSFSR.
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
siberianos y la inaudita
cantidad de ferocidades que han cometido los japoneses en Siberia. Los
camaradas de Siberia lo saben: sus recientes publicaciones han hablado de ello
con todo detalle. Sin embargo, no podemos guerrear con el Japón y debemos hacer
cuanto podamos para intentar no sólo alejar la guerra contra el Japón, sino
también, a ser posible, pasarnos sin ella, pues, por razones comprensibles, es
hoy superior a nuestras fuerzas. Al mismo tiempo, al privarnos de la ligazón
con el comercio mundial a través del Océano Pacífico, el Japón nos causa un
daño descomunal. En estas condiciones, cuando nos hallamos ante un creciente
conflicto entre Norteamérica y el Japón, ante una colisión que se agranda —pues
desde hace muchos decenios se sostiene una lucha tenacísima entre el Japón y
Norteamérica por el Pacífico y por la posesión de sus costas, y toda la
historia diplomática, económica y comercial concerniente al Océano Pacífico y a
sus costas está llena de indicios completamente precisos de que este conflicto
creciente hace inevitable la guerra entre ambos países —; en estas condiciones,
nosotros seguimos en la misma situación en que nos encontramos durante tres
años: la República Socialista está cercada por países imperialistas,
infinitamente más fuertes que nosotros en el sentido militar, que ponen en
juego todos los medios de agitación y propaganda para exacerbar el odio a la
República de los Soviets y que no desaprovecharán la menor oportunidad para la
intervención armada, como se expresan ellos, es decir, para asfixiar el Poder
soviético.
Si, teniendo esto presente,
repasamos en líneas generales, desde el punto de vista de la situación
internacional de la República Soviética, los tres años últimos, estará claro
que hemos podido mantenernos y vencer a la alianza, increíblemente poderosa, de
los países de la Entente —alianza apoyada por nuestros guardias blancos—
gracias sólo a la absoluta falta de unidad entre dichos países. Hemos podido
vencer hasta ahora gracias sólo a las profundísimas discordias que separaban a
las potencias imperialistas y merced también a que estas discordias no eran
disensiones fortuitas en el seno de los partidos, sino una profundísima e
inextirpable discordancia de los intereses económicos entre los países
imperialistas que, situados en el terreno de la propiedad privada de la tierra
y del capital, no pueden dejar de aplicar esta política de expoliación, que ha
malogrado las tentativas de unir sus fuerzas contra el Poder soviético. Si
tomamos el Japón, que tenía en sus manos casi toda Siberia y podía, por
supuesto, ayudar a Kolchak en cualquier momento, la causa principal de que no
lo hiciera consiste en que sus intereses divergen radicalmente de los de
Norteamérica y en que no quería sacar las castañas del fuego para el capital
norteamericano. Como es natural, conociendo esta debilidad sólo podíamos
aplicar una política: la que se señala como objetivo aprovechar esta discordia
entre Norteamérica y el Japón para fortalecernos y retardar la posibilidad de
un acuerdo entre esos dos países contra nosotros. Y tenemos ya un ejemplo de
que ese acuerdo es posible: los diarios norteamericanos han publicado el texto
del acuerdo concertado entre todos los países que han prometido ayuda a Kolchak134.
Es cierto que este acuerdo
ha fracasado, pero nada prueba que no intenten restablecerlo a la primera
oportunidad. Y cuanto más profundo y amenazante sea el desarrollo del
movimiento comunista, tanto más reiteradas serán las tentativas de estrangulara
nuestra República. Y de ahí nuestra política: aprovechar la discordia de las
potencias imperialistas para dificultar el acuerdo o, si es posible, hacerlo
irrealizable de momento. Esa ha sido, en el
![]()
134 El 26 de mayo de 1919, el Consejo
Supremo de la Entente envió a Kolchak una nota firmada por Wilson, Lloyd
George, Clemenceau, Orlando y Saionji -, en la que se declaraba dispuesto a
reconocer a Kolchak y ayudarle con material de guerra, víveres y municiones
para que pudiera afianzarse como gobernante de toda Rusia. A su vez, los
aliados exigían a Kolchak que cumpliera algunas condiciones: convocar la
Asamblea Constituyente después de tomar Moscú; reconocer la independencia de
Polonia y Finlandia; en el caso de que fuera imposible resolver el problema de
las relaciones de Rusia con Estonia, Letonia y Lituania, así como con las
regiones del Cáucaso y del otro lado del Caspio, transferirlo a la Sociedad de
Naciones y, entre tanto, reconocer la autonomía de estos territorios, etc. En
su carta de respuesta al Consejo Supremo de la Entente, Kolchak manifestó que
estaba dispuesto a aceptar una serie de condiciones de los aliados. El 12 de
julio, Inglaterra, Francia, los EE.UU. e Italia consideraron satisfactoria la
respuesta de Kolchak y reiteraron una vez más su propósito de ayudarle.
curso
de tres años, la línea fundamental de nuestra política, que suscitó la necesidad de firmar la Paz de Brest — Litovsk y de
concluir con Bullitt un acuerdo, desventajoso en extremo para nosotros, sobre
la paz y el armisticio. Hoy, esta línea de conducta nos ordena aferrarnos con
ambas manos a una proposición como la de las concesiones. A Norteamérica le
otorgamos ahora Kamchatka, que, en esencia, no es nuestra, pues las tropas
niponas se encuentran allí. En este momento no estamos en condiciones de pelear
con el Japón. Otorgamos a Norteamérica, para que lo utilice en el sentido
económico, un territorio en el que no tenemos en absoluto fuerzas ni militares
ni navales y adonde no podemos enviarlas. Al hacer eso aprovechamos al
imperialismo norteamericano contra el nipón y contra la burguesía japonesa, la
más próxima a nosotros, que hasta el presente retiene en sus manos la República
del Extremo Oriente.
115
Así pues, durante las
negociaciones acerca de las concesiones, nuestros principales intereses eran
políticos. Y los acontecimientos de los últimos tiempos han mostrado del modo
más evidente que con sólo hablar de estas concesiones hemos salido ganando. No
las hemos otorgado todavía ni podremos otorgarlas hasta que el Presidente
norteamericano no entre en funciones, lo cual ocurrirá no antes del mes de
marzo. Además, conservamos la posibilidad, cuando se elabore en detalle el
tratado, de renunciar a su firma.
Por lo tanto, desde el punto
de vista económico, esta cuestión es completamente secundaria, y toda su
esencia reside en el interés político. Y que hemos salido ganando lo demuestran
todas las informaciones de prensa que recibimos. El propio Vanderlip insistió
en que, por el momento, el proyecto de las concesiones debía mantenerse en
secreto: hasta que triunfase el partido republicano. Y nosotros aceptamos no
publicar ni su carta ni todo el proyecto preliminar. Pero ha resultado que es
imposible ocultar durante mucho tiempo un secreto de esa índole. Y en cuanto
Vanderlip regresó a Norteamérica, empezaron en el acto las revelaciones de todo
género. Antes de las elecciones, el candidato a la Presidencia en los EE.UU.,
que ahora ha triunfado ya, era Harding. Este Harding desmintió en los
periódicos que sostuviera relaciones con el Poder soviético por conducto de
Vanderlip. Un mentís muy categórico, casi del siguiente género: no conozco a
Vanderlip y no admito ninguna relación con el Poder soviético. Pero se comprende
perfectamente a qué se debía dicho mentís. En vísperas de las elecciones en la
Norteamérica burguesa, aparecer como partidario de un acuerdo con el Poder
soviético hubiera significado para Harding perder, quizá, varios cientos de
miles de votos; por eso se apresuró a hacer público que no conocía a ningún
Vanderlip. Pero en cuanto se acabaron las elecciones, empezamos a recibir de
Norteamérica informaciones de un carácter completamente distinto. Vanderlip
recomienda en todos los tonos, en una serie de artículos de prensa, la firma de
un acuerdo con el Poder soviético, e incluso ha escrito en un periódico que él
compara a Lenin con Washington. Ha resultado, pues, que en los países burgueses
tenemos propagandistas de un acuerdo con nosotros, y los hemos obtenido no en
la persona del embajador soviético ni entre unos periodistas, sino entre los
representantes de los explotadores de la peor especie, uno de los cuales es
Vanderlip.
Cuando en una reunión de
funcionarios responsables tuve ocasión de exponer lo que cuento ahora, un
camarada que había regresado de Norteamérica — donde trabajó en las fábricas de
Vanderlip— nos expresó su horror y dijo que en parte alguna había conocido una
explotación semejante a la que había visto en las fábricas de Vanderlip. Y ahí
tenéis: ese tiburón del capitalismo es hoy un propagandista de las relaciones
comerciales con la Rusia Soviética. Aunque no hubiésemos obtenido nada más que
el presunto acuerdo sobre las concesiones, se podría decir, sin embargo, que
habíamos salido ganando. Disponemos de varias informaciones —secretas, claro
está— acerca de que los países capitalistas no han renunciado a sus propósitos
de reanudar en la primavera la guerra contra la Rusia Soviética. Poseemos
numerosas noticias respecto a las medidas preparatorias que adoptan ciertas
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
potencias capitalistas y a
la labor preparatoria, digámoslo así, que los guardias blancos efectúan en
todos los países. Por eso, nuestro interés principal es conseguir el
restablecimiento de las relaciones comerciales, y para ello hace falta que
cierta parte por lo menos, de los capitalistas esté de nuestro lado.
En Inglaterra se lucha desde
hace tiempo. Hemos ganado ya por el hecho de haber conseguido que entre los
representantes de la más feroz explotación capitalista haya personas que
propugnan una política de restablecimiento de las relaciones comerciales con
Rusia. El tratado con Inglaterra, el convenio comercial con este país no se ha
firmado aún. Krasin sostiene ahora en Londres negociaciones activas a este
respecto. El gobierno inglés nos ha presentado su proyecto y nosotros hemos
entregado nuestro contraproyecto; sin embargo, vemos que el gobierno inglés
demora el acuerdo, que allí trabaja tesoneramente el partido reaccionario
militar, que triunfaba hasta ahora y pone obstáculos a la conclusión de
acuerdos comerciales. Nuestro interés inmediato y nuestro primer deber
consisten en apoyar cuanto pueda fortalecer los partidos y los grupos que
aspiran a firmar con nosotros ese tratado. En la persona de Vanderlip hemos
obtenido un adepto de este tipo. Y eso no es sólo una casualidad, no puede
explicarse únicamente por el excepcional espíritu emprendedor de Vanderlip o
por sus vastísimos conocimientos de Siberia. Ahí existen causas más profundas,
ligadas al desarrollo de los intereses del imperialismo británico, que posee
una cantidad increíble de colonias. La discordia entre el imperialismo
norteamericano y el inglés es aquí profunda, y nuestro primer deber consiste en
apoyarnos en eso.
He dicho ya que Vanderlip es
un gran conocedor de Siberia. Cuando nuestras conversaciones tocaban a su fin,
el camarada Chicherin indicó que convenía recibir a Vanderlip porque eso
ejercería un influjo excelente en su actividad ulterior en Europa Occidental. Y
aunque la perspectiva de conversar con este tiburón capitalista no fuera, por
supuesto, de las más agradables, después de que, en virtud de mis funciones,
hube de departir muy cortésmente hasta con el difunto Mirbach, no podía
asustarme, claro está, la conversación con Vanderlip.
116
Es interesante que cuando
intercambiamos con Vanderlip toda clase de cumplidos y él empezó a decir,
bromeando, que los norteamericanos son gente práctica en extremo y no creen a
nadie hasta que no lo ven con sus propios ojos, yo le respondía también medio
en broma: "Ahora verá lo bien que se está en la Rusia Soviética e
implantará esto también en Norteamérica". Me replicó, no en inglés, sino
en ruso: "Puede ser", "¿Cómo, usted conoce también el
ruso?". Vanderlip me dijo: "Recorrí cinco mil verstas por Siberia
muchos años atrás, y Siberia me interesó muchísima". Este jocoso
intercambio de cortesías con Vanderlip terminó en que al despedirse me dijo:
"Sí, es preciso reconocer que míster Lenin no tiene cuernos, y me veré
obligado a decirlo a todos mis amigos de EE.UU.". Desde luego, esto no
sería una bagatela divertida si no recibiésemos más informaciones de la prensa
europea proclamando que el Poder soviético es un monstruo y que es imposible
mantener relaciones con él. Hemos tenido la posibilidad de arrojar a esta
charca una piedra, personificada por Vanderlip, partidario del restablecimiento
de las relaciones comerciales con nosotros.
¿Ha habido, aunque sólo sea,
una información procedente del Japón que no hable de la extraordinaria
efervescencia que reina en los medios comerciales nipones? La opinión pública
japonesa dice que jamás renunciará a sus intereses y que se opone a las concesiones
con el Poder soviético. En resumidas cuentas, la hostilidad entre el Japón y
Norteamérica se ha agravado en proporciones gigantescas y, con ello, hemos
obtenido un indudable debilitamiento de la embestida del Japón y de
Norteamérica contra nosotros.
En la reunión de Moscú de
funcionarios responsables en que informé dé este hecho se hizo, durante la
discusión, la siguiente pregunta: "Resulta —como escribía un camarada— que
arrastramos a una guerra al Japón y a Norteamérica, pero serán los obreros y
los campesinos quienes la harán. Y aunque se trate de potencias imperialistas,
¿acaso nosotros, socialistas,
somos
los llamados a empujar a la guerra a dos potencias y hacer verter la sangre de
los obreros?" Yo respondí que si, efectivamente, arrastrásemos a la guerra
a los obreros y los campesinos, eso sería un crimen. Pero nuestra política y
nuestra propaganda no están orientadas en modo alguno a arrastrar a los pueblos
a la guerra, sino a acabar con ella. Y la experiencia ha mostrado en grado
suficiente que sólo la revolución socialista permite acabar con las guerras
eternas. Así pues, nuestra política no consiste en incitar a la guerra. No
hemos hecho nada que pueda justificar una guerra, directa o indirectamente,
entre el Japón y Norteamérica. Toda nuestra propaganda y todos los artículos de
nuestros periódicos están llenos de explicaciones orientadas a esclarecer la
verdad de que la guerra entre Norteamérica y el Japón será tan imperialista
como la del grupo inglés contra el grupo alemán en 1914; que los socialistas no
deberán pensar en la defensa de la patria, sino en el derrocamiento del poder
de los capitalistas, en la revolución de los obreros. Pero si nosotros, que
hacemos cuanto está al alcance de nuestras fuerzas para acelerar esta
revolución, nos encontramos en la situación de una república socialista débil,
a la que atacan los bandidos imperialistas, ¿será justa nuestra política de
aprovechar las disensiones entre ellos para impedir que se unan contra
nosotros? Esta política es, evidentemente, justa. La hemos aplicado durante
cuatro años. Y la manifestación principal de esta política ha sido el Tratado de
Brest-Litovsk. Mientras el imperialismo alemán oponía resistencia, nosotros,
aprovechando las contradicciones de los imperialistas entre sí, pudimos
mantenernos incluso cuando el Ejército Rojo no estaba aún creado.
Tal es la situación en que
ha tomado forma nuestra política de concesiones respecto a Kamchatka.
Estegénero de concesión es bastante excepcional. Más adelante diré cómo se
presentan los demás elementos de la concesión. Ahora me limitaré al aspecto
político de la cuestión. Quiero señalar que las relaciones entre el Japón y
Norteamérica explican por qué nos es ventajoso ofrecer concesiones o atraer con
ellas. La concesión implica uno u otro restablecimiento de los acuerdos de paz,
el restablecimiento de las relaciones comerciales, la posibilidad para nosotros
de comprar directamente y en gran cantidad las máquinas que necesitamos. Y
tenemos que orientar todos nuestros esfuerzos a conseguir esto, que no se ha
hecho todavía.
El camarada que plantea el problema del restablecimiento de las
relaciones comerciales con
Inglaterra pregunta por qué
se demora la firma del acuerdo con dicho país. Respondo: porque el gobierno
inglés vacila. La mayoría de la burguesía comercial e industrial de Inglaterra
se pronuncia a favor de restablecer las relaciones y ve con claridad que dar
pasos en apoyo de la guerra significa correr un riesgo extraordinario y
acelerar la revolución. Recordaréis que, durante nuestra campaña de Varsovia,
el gobierno inglés nos amenazó con un ultimátum y dijo que daría a la marina de
guerra la orden de avanzar sobre Petrogrado. Recordaréis que toda Inglaterra se
cubrió de Comités de Acción y que los jefes mencheviques de la clase obrera
inglesa declararon que estaban en contra de la guerra e impedirían su
desencadenamiento. Por otro lado, la parte reaccionaria de la burguesía inglesa
y la camarilla militar de la Corte se pronuncian a favor de que continúe la
guerra. Es indudable que debe atribuirse a su influencia la demora en la firma
del acuerdo comercial. No hablaré de ciertas peripecias de estas relaciones
comerciales con Inglaterra, de este tratado sobre las relaciones comerciales
con dicho país, pues eso me llevaría muy lejos.
117
En los últimos tiempos hemos
tenido que examinar muy a fondo este peliagudo problema en el Comité Central
del partido. Hemos vuelto a él con extraordinaria frecuencia, orientando
claramente nuestra política a ceder al máximo. Nuestro objetivo hoy es conseguir
un acuerdo comercial con Inglaterra a fin de iniciar el intercambio más justo
de mercancías y tener la posibilidad de comprar con la mayor rapidez las
máquinas indispensables para nuestro vasto plan de restablecimiento de la
economía nacional. Cuanto antes lo hagamos, tanto más posibilidades tendremos
de independizarnos económicamente de los países capitalistas.
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
Precisamente ahora, cuando
se han roto los dientes en la campaña militar contra Rusia, no pueden pensar en
reanudar sin demora la guerra. Tenemos que aprovechar la ocasión y dirigir
todos nuestros esfuerzos a conseguir, aun a costa de las máximas concesiones,
el establecimiento de relaciones comerciales, pues no creemos ni un segundo en
los vínculos comerciales sólidos con las potencias imperialistas: eso será una
tregua momentánea. La experiencia de la historia de las revoluciones y de los
grandes conflictos nos enseña que las guerras, que una serie de guerras, son
inevitables. En cuanto a la existencia de la República Soviética al lado de los
países capitalistas —la República Soviética rodeada de países capitalistas—, es
una cosa tan inadmisible para los capitalistas que aprovecharán cualquier
ocasión a fin de reanudar la guerra. Los pueblos están hoy cansados de la
guerra imperialista y amenazan con rebelarse si prosigue la contienda; pero no
está excluido que, al cabo de unos años, los capitalistas estén en condiciones
de desatarla de nuevo. Por eso debemos orientar todos nuestros esfuerzos a
aprovechar la oportunidad, por cuanto ésta se presenta, y concluir tratados
comerciales. Puedo decir aquí lo siguiente (os ruego que no toméis nota de
ello). Creo que, al fin y al cabo, triunfaremos con nuestra firme posición de
que la Internacional Comunista no es una institución gubernamental. Tanto más
que la burguesía de Inglaterra debe comprender cuán absurda es la tentativa de
alzarse contra la III Internacional. Esta se fundó en marzo de 1919. En julio
de 1920 se celebró el II Congreso y, después de él, en todos los países se
hicieron públicas las condiciones de Moscú135.
Está en marcha una lucha abierta en pro de la adhesión a la Internacional
Comunista. En todas partes hay cimientos de organización del Partido Comunista.
En tales condiciones es inadmisible el intento de presentarnos como ultimátum
una seria demanda: esfuércense por acabar con la Internacional Comunista. Pero
el hecho de que los capitalistas insistan en eso muestra dónde les aprieta el
zapato y qué les desagrada en nuestra política. Conocíamos ya, sin necesidad de
esto, qué les desagrada en nuestra política. Otro problema del que se puede
hablar en una reunión de partido, y que inquieta a Inglaterra, es el de
Oriente. Inglaterra quiere que nos comprometamos a no emprender nada contra sus
intereses en Oriente. Estamos dispuestos a aceptar de buen grado semejante
compromiso. Por ejemplo, el Congreso de los Pueblos de Oriente136, congreso comunista, se celebró en Bakú, en la República
independiente de Azerbaidzhán, y no en la RSFSR. El gobierno inglés no logrará
probar que emprendemos algo contra los intereses de Inglaterra. Como no conocen
bien nuestra Constitución, confunden a veces la República de Azerbaidzhán con
la República Soviética de Rusia. En este terreno, nuestras leyes son precisas y
concretas, y no cuesta trabajo refutar las falsas interpretaciones de los
ministros ingleses. Sin embargo, persisten las discrepancias respecto a este
tema, y Krasin y los ministros siguen dando vueltas alrededor de estos dos
puntos espinosos.
![]()
135 Lenin alude a las condiciones de ingreso
en la Internacional Comunista, aprobadas el 6 de agosto de 1920 por el II
Congreso de la Comintern.
136
Lenin
se refiere al I Congreso de los Pueblos
de Oriente, celebrado en Bakú del 1 al 7 de septiembre de 1920. Asistieron
1.891 delegados, en representación de 37 naciones y pueblos del Cáucaso, Asia
Central, Afganistán, Corea, China, Egipto, India, Irán, Japón, Siria, Turquía y
otros países. Dos tercios de los delegados (1.273) eran comunistas.
El Congreso de los Pueblos
de Oriente discutió, entre otras, las cuestiones siguientes: 1) La situación
internacional y las tareas de los trabajadores de los pueblos de Oriente; 2) El
problema nacional y colonial; 3) El problema agrario; 4) Los Soviets en
Oriente; 5) Cuestiones de organización. Se constituyeron cuatro comisiones
encargadas de preparar los documentos correspondientes sobre los distintos
problemas: agrario, nacional y colonial, estructura de los Soviets y cuestiones
de organización.
El congreso se adhirió a los
acuerdos del II Congreso de la Internacional Comunista y, tomándolos como base,
redactó diversas resoluciones. Acordó publicar dos llamamientos: uno, a los
pueblos de Oriente, exhortándoles a luchar contra los colonialistas; otro, a
los trabajadores de Europa, Norteamérica y el Japón, invitándoles a apoyar el
movimiento liberador de los pueblos de Oriente. El congreso instituyó, adjunto
al Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, un organismo permanente
encargado de llevar a la práctica las decisiones adoptadas: el Consejo de
Propaganda y Acción de los Pueblos de Oriente.
En julio, cuando el desastre
total de Polonia era inminente y el Ejército Rojo amenazaba con derrotarla en
toda la línea, Inglaterra propuso el texto íntegro de un acuerdo que decía:
deben ustedes declarar firmemente que no harán propaganda oficial ni emprenderán
nada contra los intereses de Inglaterra en Oriente. Esto será concretado por
una conferencia política ulterior, mas ahora concluimos un acuerdo comercial.
¿Quieren ustedes firmar? Nosotros respondimos: queremos. Hoy decimos también
que estamos dispuestos a firmar semejante acuerdo. Una conferencia política
determinará con mayor precisión los intereses de Inglaterra en Oriente. También
nosotros tenemos ciertos intereses allí y, cuando sea necesario, los
expondremos en detalle. Inglaterra no puede decir claramente que renuncia a su
proposición de julio. Por eso da largas al asunto y oculta a su propio pueblo
la verdad respecto a las negociaciones. Estas se hallan en una situación
indefinida y no podemos garantizar que se firme un acuerdo. La fortísima influencia
de la Corte y del ejército en Inglaterra actúa contra este acuerdo. Pero ahora
estamos dispuestos a hacer las máximas concesiones y creemos que nos interesa
conseguir un tratado comercial, a fin de comprar cuanto antes algunas cosas
imprescindibles para restablecer el transporte, es decir, locomotoras, para
levantar la industria y efectuar la electrificación. Esto es lo más importante
para nosotros. Si lo conseguimos, en unos cuantos años nos fortaleceremos hasta
tal punto que, aun en el peor de los casos, si dentro de algunos años se
produce una intervención militar, ésta fracasará porque seremos más fuertes que
ahora. Nuestra política en el Comité Central sigue la línea de hacer las
máximas concesiones a Inglaterra. Y si esos señores piensan cazarnos con
cualquier promesa, declaramos que nuestro gobierno no hará la menor propaganda
oficial y que no nos proponemos lesionar ningún interés de Inglaterra en
Oriente. Si esperan sacar tajada de ello, que lo intenten; nosotros no
saldremos perjudicados por eso.
118
He llegado al problema de
las relaciones entre Inglaterra y Francia. Están embrolladas. Por una parte,
Inglaterra y Francia son miembros de la Sociedad de Naciones y tienen el deber
de actuar conjuntamente; pero, por otra parte, al producirse cualquier agravamiento
de la situación, no proceden así. Este hecho se puso de manifiesto claramente
cuando el camarada Kámenev estuvo en Londres y celebró negociaciones junto con
Krasin. Francia era partidaria de apoyar a Polonia y a Wrangel, pero el
gobierno inglés declaró: "No iremos con Francia". Las concesiones son
más aceptables para Inglaterra que para Francia, la cual sueña todavía con
cobrar las deudas, mientras que en Inglaterra los capitalistas un tanto
prácticos han dejado de pensar en ello. Desde este punto de vista nos es
ventajoso aprovechar la disensión entre Inglaterra y Francia, y por eso hay que
insistir en el ofrecimiento político de las concesiones a Inglaterra. Tenemos
ahora un proyecto de convenio acerca de las concesiones forestales en el
Extremo Norte. Las condiciones en que nos encontramos son tales que, en virtud
de la falta de unidad política entre Inglaterra y Francia, no debemos renunciar
siquiera a cierto riesgo con tal de impedir una alianza militar de ambos países
contra nosotros. La nueva guerra que Inglaterra y Francia sostendrán contra
nosotros nos acarreará calamidades gigantescas (aun en el caso de que la
acabemos victoriosamente, como la hemos terminado ahora con Wrangel),
entorpecerá nuestro desarrollo económico y empeorará la situación de los
obreros y campesinos. Por eso debemos aceptar todo lo que sea susceptible de
causarnos menos daños. Y está claro que los daños derivados de las concesiones
no son nada en comparación con los que podrían ocasionarnos la dilación de
nuestro desarrollo económico y la muerte de miles de obreros y campesinos, si
no logramos contrarrestar la alianza de los imperialistas. Y uno de los medios
para hacer frente a su alianza son las negociaciones con Inglaterra acerca de
las concesiones. Tal es el aspecto político de la cuestión.
Analicemos, finalmente, el
último aspecto del problema: la actitud de Inglaterra y de toda la Entente ante
Alemania. Alemania es el país más avanzado, a excepción de Norteamérica. En lo
que concierne al desarrollo de la electricidad, está incluso por encima de ella
desde el punto de vista técnico. Y este país, encadenado por el Tratado de
Versalles, se halla en
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
condiciones imposibles de
existencia. En esta situación, Alemania, como es natural, se ve empujada a
aliarse con Rusia. Cuando las tropas rusas se acercaban a Varsovia, toda
Alemania estaba en efervescencia. La alianza con Rusia de este país, que está
ahogado, pero que tiene la posibilidad de poner en marcha inmensas fuerzas
productivas; este estado de cosas, condujo en Alemania a la confusión política:
los ultrarreaccionarios alemanes siguieron a los espartaquistas 137 en sus simpatías por los bolcheviques
rusos. Y eso es perfectamente comprensible, pues dimana de causas económicas y
constituye la base de toda la situación económica y de nuestra política
exterior.
Mientras estemos solos y el
mundo capitalista sea fuerte, nuestra política exterior consiste, de un lado,
en que debemos aprovechar las discrepancias (desde luego, lo más agradable
sería vencer a todas las potencias imperialistas, pero durante bastante tiempo
no estaremos en condiciones de hacerlo). Nuestra vida depende, por una parte,
de la divergencia radical que se observa entre las potencias imperialistas y,
por otra parte, de que la victoria de la Entente y el Tratado de Versalles han
reducido a condiciones de existencia imposibles a la inmensa mayoría de la
nación alemana. La Paz de Versalles ha creado tal situación que Alemania no
puede soñar con una tregua, con no ser saqueada, con no verse privada de sus
medios de existencia, con no ver a su población condenada al hambre y la
extinción. Y es natural que, para ella, el único medio de salvarse consista
sólo en concluir una alianza con la Rusia Soviética, hacia la cual dirige sus
miradas. Ellos marchan furiosos contra la Rusia Soviética, aborrecen a los
bolcheviques y fusilan a sus comunistas, como lo hacen verdaderos guardias
blancos. El gobierno burgués alemán odia frenéticamente a los bolcheviques,
pero los intereses de la situación internacional le empujan, en contra de su
propio deseo, a una paz con la Rusia Soviética. Este es, camaradas, el segundo
pilar de nuestra política internacional, exterior: demostrar a los pueblos,
conscientes de la opresión burguesa, que su única salvación es la República
Soviética. Y como la República Soviética ha resistido durante tres años la
embestida de los imperialistas, eso significa que en el mundo existe un país,
un solo país, que rechaza con éxito este yugo del imperialismo. Admitamos que
es un país de "bandoleros", de "saqueadores", de "bandidos",
de bolcheviques, etc. Admitámoslo. Pero, de todos modos, sin este país es
imposible mejorar la situación económica.
En tal situación, el
problema de las concesiones adquiere otro aspecto más. Este folleto que tengo
en la mano es el decreto del 23 de noviembre acerca de las concesiones. Será
entregado a todos los delegados al congreso y nos proponemos publicarlo en el extranjero
en varias lenguas138. Nuestro fin es hacer sin demora cuanto
podamos para interesar en las concesiones a la población del mayor número
posible de países: precisamente de los más oprimidos. La disparidad de
intereses entre el Japón y Norteamérica es muy grande. No pueden repartirse
China, diversas islas, etc.
119
La divergencia de intereses
entre Alemania y la Entente es de otra índole. Alemania no puede existir a
causa de las condiciones que le ha creado la Entente. El pueblo perece allí
porque la Entente requisa los motores y el ganado. Tal situación empuja a Alemania
a acercarse a la Rusia Soviética. Desconozco los pormenores del acuerdo entre
Alemania y la Entente; pero, en todo caso, es sabido que en él se prohíben las
relaciones comerciales directas entre Alemania y la Rusia Soviética. Y si hemos
concluido un contrato sobre la adquisición de locomotoras alemanas, lo hemos
hecho de tal modo que nuestro contratante no sea Alemania, sino Suecia. Es poco
probable que Alemania pueda normalizar las relaciones comerciales con nosotros
antes de abril de 1921. Pero nuestros pasos hacia las relaciones comerciales
con Alemania son más rápidos que con la Entente. Las condiciones de existencia
![]()
137 Véase la nota 13.
138 En 1921, en el número 1-2 de la revista Russische Korrespondenz ("La
Correspondencia Rusa") se publicaron en alemán el Decreto del Consejo de
Comisarios del Pueblo acerca de las concesiones, los mapas de las concesiones
forestales, de aprovisionamiento y mineras y varios artículos de altos
funcionarios soviéticos.
obligan
al pueblo de Alemania en su conjunto, sin excluir a los ultrarreaccionarios y a
los capitalistas alemanes, a buscar relaciones con la Rusia Soviética. Alemania
está ya ligada a nosotros por algunas relaciones comerciales. Y puede ligarse
más aún, pues le ofrecemos una concesión de víveres. Por consiguiente, está
claro que debemos presentar las concesiones como un procedimiento económico,
independientemente incluso del grado en que consigamos llevar a la práctica
este proyecto. El interés por las concesiones es tan evidente que, aun en el
caso de que no lográsemos otorgar una sola de ellas; aun en el caso de que no
se realizase ninguno de nuestros tratados (lo cual es todavía plenamente
posible); aun así, saldríamos ganando de todas maneras; aun así, debemos
aplicar esta política porque de este modo, dificultaremos la campaña de los
países imperialistas contra nosotros. Independientemente de eso, debemos
dirigirnos a todos los pueblos oprimidos indicándoles
—y esto dimana del Tratado
de Versalles— que un puñado de países ahoga a otros pueblos, los cuales piden
nuestra ayuda de manera franca o encubierta, de modo consciente o inconsciente,
pero se acostumbran a comprender la necesidad económica de una alianza con la
Rusia Soviética contra el imperialismo internacional. Por eso, las concesiones
de víveres rebasan los límites de las viejas concesiones burguesas y no se
parecen ya a las antiguas concesiones capitalistas. Siguen siendo capitalistas
por cuanto decimos a los capitalistas alemanes: traigan tantos o cuantos
tractores, y nosotros les cederemos una excelente tierra virgen y trigo.
Atraemos al capital con la perspectiva de un inmenso beneficio. En este
sentido, la concesión sigue siendo una mera empresa capitalista; pero adquiere
una importancia infinitamente mayor, porque Alemania, Austria y los otros
países no pueden subsistir como nación; porque necesitan la ayuda alimenticia y
porque, independientemente de que el capitalista gane un 100 ó un 200 %, todo
el pueblo ve, pese a los prejuicios contra el bolchevismo, que los bolcheviques
establecen relaciones internacionales diferentes por completo que permiten a
todas las naciones oprimidas sacudirse el yugo imperialista. Por eso, nuestro
éxito de los tres años últimos en el ámbito de la política exterior será mayor
aún durante el año próximo. Nuestra política agrupa alrededor de la República
Soviética a los países capitalistas que ahoga el imperialismo. Por eso, este
ofrecimiento de concesiones es importante no sólo desde el punto de vista
capitalista; por eso es una mano tendida no sólo a los capitalistas alemanes
—"Suminístrennos centenares de tractores y cobren, si quieren, el 300 % de
cada rublo"—, sino también a los pueblos oprimidos; es una alianza de las
masas oprimidas, que constituye uno de los factores de la futura revolución
proletaria. Las dudas y los temores existentes aún en los países avanzados —los
cuales dicen que Rusia ha podido arriesgarse a una revolución socialista porque
es grande y posee sus propios medios de existencia, mientras que nosotros, los
países industriales de Europa, no podremos emprenderla porque carecemos de
aliados—, esas dudas y esos temores son infundados. Nosotros decimos:
"Tienen ustedes ya un aliado: la Rusia Soviética". Y puesto que
haremos realidad la concesión, ésta será la unión que afianzará la alianza
contra el imperialismo mundial. No se puede perder de vista esta tesis, pues
justifica nuestra política de concesiones y señala la necesidad de concertarlas.
Ahora, algunas reflexiones de carácter meramente económico. Paso a las
consideraciones económicas. Os leeré algunas disposiciones de la ley, aunque
espero que los camaradas aquí presentes conocen esta ley del 23 de noviembre.
Sin embargo, la recordaré brevemente. La ley dice que los concesionarios serán
recompensados con una parte de los productos; que, en caso de
perfeccionamientos técnicos especiales, estamos dispuestos a otorgar ventajas
comerciales, y que los plazos de las concesiones serán más o menos prolongados,
de conformidad con el volumen y el carácter de los gastos. Garantizamos que los
bienes invertidos en la empresa no serán ni confiscados ni requisados.
Está claro que, de otro
modo, el capital privado y el propietario privado no pueden entrar en
relaciones con nosotros. Pero aquí se ha suprimido la cuestión de los
tribunales, que fue abordada al principio en el proyecto de tratado. Después
vimos que eso era desventajoso para nosotros. Por consiguiente, el poder
judicial en nuestro territorio queda en nuestras
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
manos. En caso de conflicto,
serán nuestros jueces quienes decidirán. Eso no será una requisa, sino el
ejercicio de los legítimos derechos jurídicos de nuestras instituciones
judiciales.
El punto quinto trata del
código de leyes del trabajo. Con Vanderlip se previó, según el proyecto inicial
del tratado, no hacer extensivo este código a las localidades habitadas por
tribus subdesarrolladas —no sabríamos decir cuáles— en las que es imposible
aplicarlo. La exclusión consistirá en que, en vez del código de leyes del
trabajo, se concluirá un contrato especial de garantías a los obreros.
120
En el último punto garantizamos al concesionario la
inadmisibilidad de un cambio unilateral. Sin eso, claro está, el otorgamiento
de concesiones sería imposible. Ha quedado pendiente la definición del cambio
no unilateral. Eso dependerá del texto del tratado relativo a cada concesión.
Existe la posibilidad de arbitraje a cargo de algunas potencias neutrales. Este
punto puede dar motivo a un desacuerdo y deja cierta libertad para determinar
las propias condiciones de la concesión. Conviene señalar, por ejemplo, que los
jefes mencheviques de los obreros son considerados gente segura en el mundo
capitalista. Forman parte de los gobiernos burgueses, a los cuales les resulta
demasiado difícil recusar mediadores o árbitros como los mencheviques o los
socialtraidores de los países europeos. Ahora bien, nuestra experiencia ha
demostrado que, en caso de conflictos más o menos serios, estos señores
mencheviques norteamericanos y europeos se comportan igual que los mencheviques
rusos, es decir, no saben cómo comportarse y se ven obligados a ceder ante la
presión de las masas revolucionarias, sin dejar de ser enemigos de la
revolución. Es un problema pendiente de solución, que nosotros no resolvemos de
antemano.
Por las condiciones que
acabo de leeros, podéis ver que las relaciones económicas entre los
concesionarios capitalistas y la República Socialista están lejos de ser firmes
y estables. Es comprensible que el capitalista, que mantiene la propiedad
privada y las relaciones de explotación, no puede dejar de ser un cuerpo
extraño en la República Socialista. Y de ahí se infiere lo que constituye uno
de los elementos principales de mi informe: que la concesión es la continuación
de la guerra, pero en una forma diferente. Ahora trataré esta cuestión en
detalle, pero antes quiero exponer los tres tipos u objetos principales de
concesiones.
En dicho folleto hemos
enumerado los principales objetos de las concesiones, y los camaradas del
Consejo Superior de Economía Nacional, que han facilitado los datos para el
folleto y lo han redactado, han adjuntado a él mapas que muestran con claridad
estos objetos de las concesiones. En los mapas se ve que estos objetos se
dividen en tres tipos principales: primero, las concesiones forestales en el
Extremo Norte; segundo, las concesiones relacionadas con la producción de
víveres, y tercero, las concesiones mineras en Siberia.
Es evidente el interés
económico que tienen para nosotros las concesiones forestales del Extremo Norte
de la Rusia Europea, donde existen decenas y centenares de millones de
deciatinas de bosques, que no podemos explotar en absoluto por faltar vías de
comunicación y medios de producción, así como por no tener la posibilidad de
transportar víveres para los obreros del lugar, y donde, sin embargo, un Estado
poseedor de una flota poderosa puede acopiar debidamente madera y exportarla en
cantidades gigantescas.
Si queremos el intercambio
de mercancías con el extranjero —y ése es nuestro deseo— y comprendemos su
necesidad, nuestro interés principal debe consistir en obtener cuanto antes de
los países capitalistas los medíos de producción (locomotoras, máquinas y
aparatos eléctricos) sin los cuales no podremos restablecer nuestra industria
de un modo más o menos serio —y, a veces, no podremos en absoluto
restablecerla— por carecer de recursos para proporcionar a nuestras fábricas
las máquinas necesarias. Hay que seducir al capitalismo con ganancias
especiales. Percibirá beneficios suplementarios —¡que los perciba!—; nosotros
recibiremos lo esencial, que nos permitirá afianzarnos definitivamente y
vencerlo en el
sentido
económico. Para recibir las mejores máquinas, etc., debemos pagar. ¿Con qué
pagar? Poseemos algunos millones de las reservas de oro que nos han quedado.
Veréis que el plan especial de electrificación de Rusia139, calculado para decenas de años, unido a los trabajos
complementarios de restablecimiento de la industria, originará gastos
calculados, aproximadamente, en 17.000 millones de rublos oro. La
electrificación absorberá, por sí sola, más de mil millones de rublos oro. No
podemos cubrir esa suma —y es preciso cubrirla— con nuestras reservas de oro.
Para nosotros es indeseable en extremo, e incluso peligroso, exportar productos
alimenticios, pues no estamos abastecidos por entero de ellos para nuestra
industria. Y en este caso no hay objetivo más conveniente para nosotros, desde
el punto de vista económico, que los bosques del Extremo Norte, que poseemos en
cantidades increíbles. Se pudren allí, se echan a perder, porque no podemos
explotarlos económicamente. Sin embargo, la madera tiene un valor gigantesco en
el mercado internacional. En este sentido, el Extremo Norte es ventajoso para
nosotros también desde el punto de vista político, pues se trata de una región
remota. Esta concesión nos es cómoda tanto política como económicamente, y
debemos centrar en ella nuestra máxima atención. Miliutin comunicó en la
conferencia de Moscú, de que os he hablado140, que
las negociaciones con Inglaterra respecto a esta concesión en la Rusia Europea
Septentrional avanzan. Allí hay varias decenas de millones de deciatinas de
bosques. Si otorgamos a los concesionarios tres o cinco millones de deciatinas
dispuestas en forma escaqueada, asegurándonos el aprovechamiento de las
empresas modernizadas, así como la posibilidad de aprender y de que nuestros
técnicos participen en ellas, saldremos ganando en muchos aspectos y
dificultaremos, a las potencias capitalistas que accedan a negociar con
nosotros, la realización de acciones militares contra nosotros. Porque la
guerra lo rompe todo, y, en caso de guerra, los edificios, las instalaciones y
las vías de comunicación quedarán en nuestras manos. Y no se verán facilitadas
las actividades de nuevos posibles Kolchak, Denikin, etc., contra nosotros.
121
El segundo tipo de
concesiones es el relacionado con la producción de víveres. A excepción de
Siberia Occidental, donde existe una inmensa superficie de tierras de primera
calidad — inaccesibles para nosotros por estar situadas lejos de las vías de
comunicación—, en la sola Rusia Europea y en la cuenca del río Ural se cuentan
(según datos obtenidos en cumplimiento de una indicación de nuestro Comisariado
de Agricultura) no menos de tres millones de decíatínas que no podremos
cultivar. Estas tierras fueron abandonadas por los cosacos como resultado del
fin victorioso de la guerra civil, cuando se fueron de stanitsas enteras. Hay
allí terrenos excelentes que es preciso roturar, pero que, debido a la falta de
ganado y al debilitamiento de las fuerzas productivas, no podremos cultivar.
En los sovjóses de la región
del Don hay cerca de 800.000 deciatinas que no podemos poner en cultivo y cuya
labranza requiere una inmensa cantidad de ganado o destacamentos enteros de
tractores, que nos vemos imposibilitados de poner en marcha. En cambio, ciertos
países capitalistas, entre ellos los que tienen una extrema necesidad de
productos
![]()
139 Plan
de electrificación de toda Rusia: primer plan científico a largo plazo de restablecimiento y
desarrollo de la economía de la República Soviética. Lo confeccionó, por
encargo de Lenin, la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia (GOELRO)
en 1920. En el plan, calculado para diez o quince años, se preveía construir
veinte centrales termoeléctricas y diez hidroeléctricas con una potencia total
de 1.500.000 kWh. En el transcurso de quince años, la potencia de todas las
centrales eléctricas distritales debería llegar a 1.750.000 kWh. Se fijaba en
8.800 millones de kWh la generación anual de energía eléctrica, frente a los
1.900 millones que se generaron en Rusia en 1913. En el plan se estipulaba
asimismo el emplazamiento racional y armónico de la industria en todo el país.
De acuerdo con el plan, la producción industrial debía aumentar entre el 80 y
el 100% respecto a 1913 y en muchas veces en comparación con el nivel de 1920.
El Plan GOELRO quedó cumplido, en lo fundamental, ya en 1931: aquel año, la
generación de energía eléctrica en la URSS llegó a 10.700 millones de kWh,
aumentando en diez años en más de veinte veces.
140 Lenin alude a la reunión de activistas
de la organización moscovita del PC(b) de Rusia celebrada el 6 de diciembre de
1920.
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
alimenticios —Austria,
Alemania, Bohemia—, podrían ponerlos en marcha y obtener un trigo magnífico
durante la campaña estival. Ignoramos hasta qué punto lograremos realizar esto.
Ahora funcionan en el país dos fábricas de tractores: en Moscú y Petrogrado;
pero las dificultades les impiden suministrar gran número de tractores.
Podríamos aliviar la situación comprándolos en mayores cantidades. Los
tractores son el medio más importante para romper radicalmente con la vieja
agricultura y ampliar las tierras de labranza. Con estas concesiones podemos
mostrar a numerosos países que somos capaces de desarrollar la economía mundial
en pro porciones gigantescas.
Aun en el caso de que
nuestra propaganda y nuestra proposición no se viesen coronadas por el éxito,
aun en el caso de que nuestra oferta no fuese aceptada, no dejaría de tener una
utilidad tanto política como socialista. Lo que ocurre en el mundo capitalista
no es sólo una dilapidación de las riquezas: es también una locura y un crimen,
pues en ciertos países se observa un excedente de productos alimenticios que no
puede ser vendido a causa de las revoluciones monetarias, porque el dinero ha
perdido su valor en numerosos países vencidos. Se pudren cantidades colosales
de víveres, mientras que decenas de millones de personas mueren literalmente de
hambre en países como Alemania. Estos absurdos, este crimen del capitalismo se
hacen evidentes para todos los países capitalistas y para los pequeños países
que rodean a Rusia. Y en tal situación, la República de los Soviets dice:
"Poseemos centenares de miles de hectáreas de tierras excelentes que
pueden ser roturadas con tractores; ustedes tienen tractores, tienen gasolina y
mecánicos especializados. Y nosotros proponemos a todos los pueblos, incluidos
los de los países capitalistas, que conviertan en piedra angular de su
actividad restablecer la economía nacional y salvar del hambre a los
pueblos". Si los capitalistas no lo comprenden, eso será una prueba de la
podredumbre, la locura y la criminalidad del régimen capitalista. Eso no sólo
tendrá importancia propagandística, sino que será también un llamamiento
comunista a la revolución, pues muestra con una evidencia, más arraigada cada
día en la conciencia de todos los pueblos, que el capitalismo se desmorona y es
incapaz de satisfacer las necesidades. Una ínfima minoría de países
imperialistas se enriquece, mientras que muchos otros países se encuentran
literalmente al borde del abismo. La economía mundial exige ser reorganizada. Y
la República Soviética presenta este plan de reorganización, esta propuesta
completamente práctica, incontestable y factible: "Os morís de hambre bajo
el capitalismo, a despecho de las riquezas monstruosas de la técnica; tenemos
la posibilidad, uniendo vuestra técnica a nuestras materias primas, de resolver
la crisis, pero los capitalistas son un obstáculo. Les proponemos hacer esto,
pero lo frenan y lo frustran". Este es el segundo tipo de concesiones: del
abastecimiento o de los tractores.
El tercer tipo lo
constituyen las concesiones mineras. Están enumeradas en el mapa de Siberia, en
el cual se indica con todo detalle cada localidad de que se trata en la
concesión. Las riquezas mineras de Siberia son absolutamente infinitas, pero
incluso en el mejor de los casos, aunque nos acompañase un éxito completo,
seríamos incapaces de explotar en varios años una centésima parte de las
mismas. Se encuentran en tales condiciones que hacen indispensable el empleo de
las mejores máquinas. Allí hay productos como el mineral de cobre, que, debido
a su escasez, es imprescindible por completo para los países capitalistas, para
la industria eléctrica. Existe la posibilidad de restablecer la economía
mundial y elevar la técnica universal si se entablan con nosotros las debidas
relaciones.
Por supuesto, estas
concesiones son difíciles de realizar, es decir, presentan mayores dificultades
que las concesiones forestales o las relacionadas con la producción de víveres.
En estas últimas se trata de trabajos temporales efectuados por tractores. Las
concesiones forestales tampoco son muy difíciles, tanto más que constituyen un
objeto inaccesible para nosotros.
122
Pero
las concesiones mineras se hallan, en parte, a corta distancia del ferrocarril
y, en parte, en lugares muy poblados. En este caso, el peligro es serio;
tendremos que sopesar con más cuidado si conviene otorgarlas o no y pondremos
ciertas condiciones, pues no hay duda alguna de que las concesiones son una
nueva guerra. Los capitalistas vienen a nuestro país para sostener una nueva
guerra; la existencia misma de los capitalistas es ya una guerra contra el
mundo socialista circundante. En el Estado socialista, las empresas
capitalistas desde el punto de vista económico representan una guerra por la
libertad de comercio y contra la política de contingentación; una guerra en
defensa de la propiedad privada y contra la república que ha abolido esta
propiedad. Y sobre esta base económica se desarrollan las relaciones más
diversas (como, por ejemplo, la guerra entre la "Sújarevka"141 y nuestras instituciones). Se nos puede decir: Clausuran
ustedes la "Sújarevka" y abren una nueva serie de mercados negros
semejantes, permitiendo que vengan capitalistas. No cerramos los ojos ante eso
y decimos que si hemos vencido hasta ahora, si hemos vencido cuando nuestros
enemigos pusieron en juego todos los medios para sabotear nuestras empresas;
cuando este sabotaje se efectuaba desde dentro y desde fuera, ¿será posible que
no podamos seguir de cerca la situación y vencer en ciertos sectores cuando
contemos con determinadas condiciones y relaciones? Tenemos experiencia
práctica de lucha contra el espionaje militar y contra el sabotaje capitalista.
Hemos luchado cuando ellos se ocultaban en nuestras propias instituciones;
¿será posible que no podamos meterlos en cintura cuando dejemos venir a nuestro
país a los capitalistas de conformidad con listas concretas y en condiciones determinadas?
Por supuesto, sabemos que infringirán estas condiciones y combatiremos esas
infracciones. Pero, camaradas, las concesiones con bases capitalistas son la
guerra. Mientras no derroquemos el capital en los demás países, mientras sea
mucho más fuerte que nosotros, podrá en cualquier momento lanzar contra
nosotros sus fuerzas, hacernos la guerra de nuevo. Por eso debemos ser más
fuertes, y para ello hay que desarrollar la gran industria y levantar el
transporte. Al hacer esto nos arriesgamos: surgen de nuevo las relaciones de
guerra y la lucha; y si sabotean nuestra política, combatiremos contra ellos.
Sería un grave error pensar que el tratado de paz acerca de las concesiones es
un tratado de paz con los capitalistas. Es un tratado concerniente a la guerra;
pero es un tratado menos peligroso para nosotros, menos duro también para los
obreros y los campesinos, menos duro que en la época en que se lanzaba contra
nosotros los mejores tanques y cañones. Y por eso debemos emplear todos los
procedimientos para, a costa de transacciones económicas, desarrollar nuestras
fuerzas económicas y facilitar el restablecimiento de nuestra economía. Es
evidente que los capitalistas no cumplirán los convenios, dicen los camaradas
que temen las concesiones. Se comprende de por sí que no podemos abrigar la
menor esperanza de que los capitalistas respeten los convenios. Eso será una
guerra, y el último argumento que queda en general como tal en las relaciones
de la República Socialista es la guerra.
Esta guerra nos amenaza hoy
en cualquier momento. Sostenemos negociaciones de paz con Polonia, y tenemos
todas las probabilidades de que la paz sea firmada o, por lo menos, para ser
más exactos, contamos con la inmensa mayoría de probabilidades para la conclusión
de esta paz. Pero es indudable que los Sávinkov y los capitalistas franceses
actúan para frustrar este tratado. Los capitalistas pueden desencadenar la
guerra de un momento a otro, y la empezarían de buena gana ahora mismo si no
estuviesen aleccionados por una experiencia de tres años. Las concesiones
representan cierto riesgo; las concesiones son una pérdida; las concesiones son
la continuación de la guerra. Todo eso es indudable, pero esta guerra es más
ventajosa para nosotros. Cuando hayamos recibido cierto mínimo de medios de
producción, de locomotoras y máquinas, dejaremos de ser, desde el punto de
vista económico, lo que
![]()
141
"Sújarevka": mercado que se
encontraba en la Plaza Sújarevskaya (hoy Koljóznaya), de Moscú. Durante la
intervención militar extranjera y la guerra civil fue un centro de
especulación, sinónimo de "libre" comercio privado. Quedó clausurado
en 1932.
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
éramos hasta ahora, y
entonces los países imperialistas serán menos peligrosos todavía para nosotros.
Se nos ha dicho que los concesionarios crearán condiciones
excepcionales para sus obreros, que traerán para ellos la mejor ropa, el mejor
calzado y los mejores productos alimenticios. Tal será entonces su propaganda
entre nuestros obreros, que deben sufrir privaciones y que las sufrirán aún
durante largo tiempo. Habrá la República Socialista, en la que los obreros
sufrirán calamidades, y, al lado, una isla capitalista, en la que los obreros
vivirán magníficamente. Estos temores se manifiestan muy a menudo en nuestras
reuniones del partido. Está claro que semejante peligro subsiste y muestra que
las concesiones son la continuación de la guerra, y no la paz. Pero si, a pesar
de sufrir privaciones mucho mayores, hemos visto al mismo tiempo venir a
nuestro país a los obreros de los países capitalistas, aun sabiendo que las
condiciones económicas que les esperan en Rusia son mucho peores, ¿es que no
vamos a saber defendernos de esa propaganda con nuestra contrapropaganda? ¿Es
que no sabremos demostrar a los obreros que el capitalismo puede, por supuesto,
crear condiciones mejores para ciertos grupos de sus obreros, pero que con eso
no se mejoran las condiciones del resto de los obreros? En fin, ¿por qué en
todos los contactos con la Europa y la Norteamérica burguesas hemos salido
ganando siempre nosotros, y no ellos? ¿Por qué temen ellos hasta ahora enviar
delegaciones a nuestro país, mientras que nosotros no tememos hacerlo? Hasta el
presente, de las delegaciones que han enviado a nuestro país hemos logrado siempre
ganar para nuestra causa a una parte, aunque fuera pequeña, a pesar de que
dichas delegaciones estaban compuestas principalmente de elementos mencheviques
y venían a nuestro país por cierto tiempo. ¿Y vamos a temer que no sabremos
esclarecer la verdad a los obreros? Obraríamos muy mal si abrigásemos ese
temor, si pusiésemos esas consideraciones por encima del interés directo que
tiene la mayor importancia en las concesiones.
123
La situación de nuestros campesinos y obreros sigue siendo
penosa. Hay que mejorarla. En este terreno no puede haber ninguna duda entre
nosotros. Creo que coincidiremos en que la política de otorgar concesiones es
también una política de continuación de la guerra. Pero nuestra tarea consiste
en mantener la existencia de la República Socialista, solitaria y cercada de
enemigos capitalistas; proteger la república, infinitamente más débil que los
enemigos capitalistas que la rodean; conjurar así la posibilidad de que los
enemigos se alíen unos con otros para luchar contra nosotros; impedir su
política, y no permitirles que conquisten la victoria. Nuestra tarea consiste
en asegurar a Rusia los instrumentos y los medios indispensables para
restablecer la economía, porque, cuando los consigamos, pisaremos tan firme que
ningún enemigo capitalista nos asustará. Tal es el punto de vista que nos ha
guiado en nuestra política respecto a las concesiones y que he expuesto aquí.
Publicado a fines de diciembre de 1920 en un folleto: V. Lenin;
"Sobre las concesiones (Informe pronunciado ante el grupo del PC(b)R en el
VIII Congreso de los Soviets)". Moscú, Editorial del Estado.
T. 42, págs. 91-117.
2.
Informe del CEC de toda Rusia y del CCP sobre la política
exterior e interior,
22
de diciembre.
(Exclamaciones:
"¡Viva el camarada Lenin!" Atronadores
aplausos. Clamorosa ovación.)
Camaradas: Debo presentar un
informe sobre la política exterior e interior del gobierno. Entiendo que mi
informe no tiene por objeto enumerar los proyectos de ley y las medidas, ni
siquiera los más trascendentales, del poder obrero y campesino. Creo que tampoco
os
interesaría,
ni tendría importancia sustancial, que refiriese los acontecimientos ocurridos
durante este tiempo. A mi juicio, debo tratar de sintetizar las enseñanzas
principales que hemos recibido este año, no menos abundante en bruscos virajes
políticos que los años anteriores de la revolución, y deducir de esa síntesis
las más urgentes tareas políticas y económicas que tenemos planteadas; las
tareas en las que más confía ahora el Poder soviético, a las que concede la
mayor importancia y de cuyo cumplimiento espera grandes éxitos en nuestra
edificación económica, tanto mediante sus proyectos de ley, sometidos a vuestro
examen y aprobación, como mediante todo el conjunto de medidas suyas. Por eso,
permitidme que me limite a hacer unas breves observaciones respecto a la
situación internacional de la República y los principales resultados del año
pasado en el ámbito de la política exterior.
Todos sabéis, por supuesto,
que los grandes terratenientes y capitalistas polacos nos impusieron la guerra,
presionados e instigados por los países capitalistas de Europa Occidental, y no
sólo de Europa Occidental. Sabéis que en abril del año en curso propusimos la
paz al gobierno polaco en condiciones incomparablemente más ventajosas para él
que las de ahora, y sólo por necesidad extrema, tras el fracaso completo de
nuestras negociaciones de armisticio con Polonia, nos vimos obligados a ir a
una guerra que, pese a la durísima derrota sufrida por nuestras tropas en las
cercanías de Varsovia a causa de su indudable extenuación por la contienda, ha
terminado, no obstante, con una paz más ventajosa para nosotros que la que
propusimos a Polonia en abril. La paz preliminar con Polonia ha sido suscrita,
y ahora se sostienen negociaciones para la firma de una paz definitiva. No se
nos oculta el peligro que representa la presión ejercida por algunos países
capitalistas más obstinados y por ciertos medios contrarrevolucionarios rusos
para impedir que estas negociaciones culminen en la firma de la paz. Pero
debemos decir que la política de la Entente, dirigida a la intervención militar
y a la derrota militar del Poder soviético, fracasa cada día más, y ganamos
para nuestra política de paz a un número creciente de Estados que mantienen,
sin duda, una posición hostil al Poder soviético. El número de Estados
signatarios del tratado de paz aumenta, y es muy probable que dentro de poco se
firme el Tratado de Paz definitivo con Polonia, con lo cual se asestará un
nuevo y durísimo golpe a la alianza de las fuerzas capitalistas que intentan
arrancarnos el poder por medio de la guerra.
Camaradas: Vosotros sabéis
también, por supuesto, que nuestros reveses temporales en la guerra contra
Polonia y la gravedad de nuestra situación en ciertos momentos de la contienda
se debieron a que teníamos que combatir a Wrangel, el cual había sido reconocido
oficialmente por una potencia imperialista142 y
recibía una colosal ayuda material, militar y de otra índole. Y para terminar
cuanto antes la guerra, tuvimos que concentrar con rapidez las tropas, a fin de
asestar a Wrangel el golpe decisivo. Vosotros sabéis, desde luego, el heroísmo
sin par que reveló el Ejército Rojo al vencer obstáculos y fortificaciones que
hasta los especialistas y las autoridades en materia militar consideraban
inexpugnables. Una de las páginas más brillantes de la historia del Ejército
Rojo es la victoria completa, decisiva y notablemente rápida conquistada sobre
Wrangel. De este modo, la guerra que nos fue impuesta por los guardias blancos
y los imperialistas ha sido liquidada.
124
Ahora podemos emprender con
mucha mayor confianza y firmeza el desarrollo económico, tan entrañable,
necesario y sugestivo para nosotros desde hace tiempo, seguros de que los amos
capitalistas no lograrán frustrar esta labor con tanta facilidad como antes.
Pero, desde luego, debemos estar alerta. No podemos decir en modo alguno que
estemos ya garantizados contra una nueva guerra. Y esta falta de garantía no
depende en absoluto de que no tengamos todavía tratados de paz oficiales.
Sabemos perfectamente que los restos
![]()
142 El 10 de agosto de 1920, el gobierno
francés anunció oficialmente que reconocía a Wrangel "gobernante del Sur
de Rusia". Nombró representante diplomático ante el "gobierno"
de Wrangel a De Martel, que hasta entonces había representado a Francia ante
Kolchak y, después, ante los gobiernos burgueses del Cáucaso.
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
del ejército de Wrangel no
han sido aniquilados, sino que están ocultos no muy lejos y se hallan bajo la
tutela y protección de las potencias capitalistas, que les ayudan a reponerse;
que las organizaciones de los guardias blancos rusos laboran intensamente con
el propósito de formar de nuevo tales o cuales unidades militares y, junto con
los efectivos de Wrangel, prepararlas para un nuevo ataque contra Rusia en un
momento propicio.
De ahí que, en todo caso,
debamos estar preparados en el aspecto militar. Sin confiar en los golpes que
hemos asestado ya al imperialismo, debemos conservar a toda costa nuestro
Ejército Rojo en plena disposición de combate y aumentar su capacidad combativa.
Esto no lo impedirá, por supuesto, el licenciamiento de una parte del ejército
y su pronta desmovilización. Esperamos que la inmensa experiencia adquirida
durante la guerra por el Ejército Rojo y sus dirigentes nos ayudará a mejorar
ahora sus cualidades. Y lograremos, aun reduciendo los efectivos del ejército,
conservar un núcleo fundamental del mismo que no representará una carga
excesiva para la República desde el punto de vista de su sostenimiento. Por
otra parte, con esta reducción del ejército sabremos asegurar mejor que antes
la posibilidad, si es necesario, de poner en pie y movilizar una fuerza militar
todavía mayor.
Estamos convencidos de que
todos los Estados vecinos, que han perdido ya mucho por el solo hecho de haber
apoyado los complots de los guardias blancos contra nosotros, han aprovechado
en grado suficiente la lección irrefutable de la experiencia y apreciado como
es debido nuestro espíritu conciliador, que todos interpretaban como debilidad
nuestra. Tres años de experiencia han debido convencerles de que, cuando damos
pruebas del más firme espíritu pacífico, al mismo tiempo estamos preparados en
el sentido militar. Y todo intento de guerra contra nosotros significará, para
los Estados que se enzarcen en este conflicto, agravar las condiciones que
habrían podido tener sin la guerra y antes de la guerra, en comparación con las
que obtendrán como resultado de ella y después de ella. Esto ha quedado
demostrado con relación a varios Estados. Y esto es una conquista nuestra, a la
que no renunciaremos y que no olvidará ninguna de las potencias que nos rodean
o que están en contacto político con Rusia. Gracias a ello mejoran sin cesar
nuestras relaciones con los Estados vecinos. Vosotros sabéis que se ha firmado
definitivamente la paz con diversos Estados sitos en las fronteras occidentales
de Rusia, que antes formaban parte del antiguo Imperio ruso y que han recibido
del Poder soviético el reconocimiento incondicional de su independencia y su
soberanía, de acuerdo con los principios fundamentales de nuestra política. La
paz asentada en estas bases tiene todas las probabilidades de ser más sólida de
lo que desearían los capitalistas y algunos Estados euroccidentales.
En lo que concierne al
gobierno letón, debo decir que en cierto momento nos amenazaba, al parecer, un
empeoramiento de las relaciones, rayano incluso con la posible ruptura de las
relaciones diplomáticas. Pero justamente el último informe de nuestro representante
en Letonia muestra que se ha producido ya un cambio de política y han sido
eliminados muchos de los malentendidos y motivos legítimos de descontento.
Abrigamos la esperanza, bastante fundada, de que en breve tendremos estrechas
relaciones económicas con Letonia, la cual, cuando se establezca el intercambio
de mercancías con Europa Occidental, nos será, sin duda, más útil aún que
Estonia y otros Estados limítrofes con la RSFSR.
He de señalar también,
camaradas, que nuestra política ha conquistado durante este año importantes
éxitos en Oriente. Debemos aplaudir la formación y el afianzamiento de las
repúblicas soviéticas de Bujará, Azerbaidzhán y Armenia, que, además de
restablecer su independencia plena, han puesto el poder en manos de los obreros
y campesinos. Estas repúblicas demuestran y confirman que las ideas y los
principios del Poder soviético son comprensibles y factibles sin demora no sólo
en los países desarrollados en el aspecto industrial, no sólo con el
proletariado como punto de apoyo social, sino también con una base como el
campesinado. La idea de los Soviets campesinos ha triunfado. El poder de los
campesinos
está asegurado; en sus manos se encuentran la tierra y los medios de
producción. Las relaciones de amistad de las repúblicas soviéticas campesinas
con la República Socialista de Rusia han sido refrendadas ya por los resultados
prácticos de nuestra política.
Podemos congratularnos
también de la próxima firma del tratado con Persia143. Las relaciones de amistad con ella están aseguradas por la
coincidencia de intereses vitales de todos los pueblos que sufren la opresión
del imperialismo.
125
Debemos señalar asimismo que nuestras relaciones amistosas con
Afganistán, y en grado mayor aún con Turquía, se perfeccionan y afianzan más y
más. En lo que respecta a Turquía, los países de la Entente han hecho cuanto
podían para imposibilitar las relaciones más o menos normales entre ella y los
países de Europa Occidental. Esta circunstancia, unida al afianzamiento del
Poder soviético, asegura en grado creciente que, pese a la resistencia y las
intrigas de la burguesía, pese a seguir existiendo países burgueses alrededor
de Rusia, la alianza y las relaciones amistosas de Rusia con los pueblos
oprimidos de Oriente se fortalecen. Porque un hecho importantísimo en toda la
política es la violencia imperialista contra los pueblos que no tuvieron la
suerte de figurar entre los vencedores, y esta política mundial del
imperialismo suscita el acercamiento, la alianza y la amistad de todos los
pueblos oprimidos. El éxito que hemos alcanzado en este terreno también en
Occidente con respecto a los Estados más europeizados muestra que los
fundamentos actuales de nuestra política exterior son acertados y que el
mejoramiento de nuestra situación internacional tiene una base firme. Estamos
seguros de que, si seguimos aplicando la política de paz y haciendo las
concesiones que hacemos (y debemos hacerlas para eludir la guerra), pese a
todas las intrigas y maquinaciones de los imperialistas —los cuales, como es
natural, pueden siempre enemistar con nosotros a uno u otro Estado—; a pesar de
todo eso, la línea principal de nuestra política y los intereses básicos
dimanantes de la esencia misma de la política imperialista se imponen y obligan
de modo creciente a la RSFSR a establecer relaciones más estrechas con un
número cada día mayor de Estados vecinos. Y ello es garantía de que podremos
dedicarnos a fondo al desarrollo económico, de que podremos trabajar con
tranquilidad, firmeza y seguridad durante un período más prolongado.
Debo decir también que en la
actualidad sostenemos negociaciones con Inglaterra para firmar un acuerdo
comercial. Lamentablemente, estas negociaciones se demoran mucho más de lo que
quisiéramos, pero no tenemos la menor culpa de ello. Ya en julio, cuando las
tropas soviéticas alcanzaban el éxito máximo, el gobierno inglés nos propuso
oficialmente un texto de convenio que aseguraba la posibilidad de establecer
relaciones comerciales. Respondimos con nuestro pleno acuerdo; pero, desde
entonces, la lucha de tendencias en el seno del gobierno inglés y del Estado
inglés ha frenado este asunto. Vemos las vacilaciones del gobierno inglés, las
amenazas de romper por completo las relaciones con nosotros y enviar sin demora
la flota contra Petrogrado. Hemos observado eso, pero hemos visto también que,
en respuesta a esa amenaza, toda Inglaterra se cubría de Comités de Acción.
Hemos visto que los adeptos más radicales de la tendencia oportunista y sus
jefes, presionados por los obreros, tenían que emprender este camino, el camino
de una política
![]()
143 El tratado sobre el establecimiento de
relaciones amistosas entre la RSFSR y Persia se firmó en Moscú, el 26 de
febrero de 1921, pese a los obstáculos que pusieron los medios gobernantes
ingleses. Se basaba en los principios de la coexistencia pacífica y de la
cooperación de los Estados: igualdad, respeto de la soberanía, no injerencia en
los asuntos internos y provecho mutuo. En virtud de este tratado quedaron
derogados todos los convenios de la Rusia zarista con Persia y terceras
potencias que menoscabasen los intereses soberanos del pueblo iraní. Fueron
devueltas a Persia todas las concesiones que había recibido en su territorio el
gobierno zarista. El Gobierno soviético renunció a todos los derechos sobre los
empréstitos concedidos a Persia por el gobierno zarista. Tenían una importancia
singular los artículos que obligaban a ambas partes a no permitir la formación
o permanencia en su territorio de organizaciones o grupos que se señalasen como
fin luchar contra Rusia o Persia. Este tratado fue el primero que firmó Persia
en pie de igualdad.
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
completamente
"inconstitucional", que ellos mismos habían condenado la víspera. Ha
resultado que la fuerza de la presión y la conciencia de las masas
trabajadoras, a despecho de todos los prejuicios mencheviques que dominan
incluso hoy en el movimiento sindical inglés, se ha abierto paso hasta tal
punto que ha roto el filo de la política belicosa de los imperialistas. Y
ahora, prosiguiendo la política de paz, nos apoyamos en el proyecto de julio
propuesto por el gobierno inglés. Estamos dispuestos a firmar en el acto un
convenio comercial. Y si este convenio no ha sido firmado hasta ahora, la culpa
es exclusivamente de las tendencias y corrientes que se manifiestan en los
medios gobernantes ingleses, los cuales intentan frustrar el acuerdo comercial
y quieren —a despecho de la voluntad no sólo de la mayoría de los obreros, sino
también de la mayoría de la burguesía inglesa— tener una vez más las manos
libres para agredir a la Rusia Soviética. Eso es cosa suya.
Cuanto más dure esta
política en ciertos medios influyentes de Inglaterra, en los medios del capital
financiero y de los imperialistas, tanto más agravará la situación financiera,
tanto más retrasará el semiacuerdo, hoy indispensable, entre la Inglaterra
burguesa y la República Soviética y tanto más hará comprender a los
imperialistas que después deberán aceptar no un semiacuerdo, sino un acuerdo
completo.
Camaradas: Debo decir que este convenio comercial con Inglaterra
plantea un problema
principal de nuestra política económica: el de las concesiones.
Entre las leyes más importantes promulgadas por el Poder
soviético en el período del que rendimos cuenta figura la Ley de las
Concesiones, del 23 de noviembre de este año. Todos conocéis, sin duda, el
texto de esta ley. Todos sabéis que hemos publicado ahora documentos y datos
complementarios, capaces de facilitar a todos los miembros del Congreso de los
Soviets la información más amplia respecto a este asunto. Hemos publicado un
folleto que contiene el texto de este decreto y la lista de las concesiones principales,
es decir: las concesiones alimenticias, forestales y mineras. Hemos adoptado
medidas para que el texto del decreto promulgado llegue lo antes posible a los
Estados de Europa Occidental, y esperamos que nuestra política de concesiones
sea fructífera también desde el punto de vista práctico. No se nos ocultan en
absoluto los peligros que encierra esta política en la República Socialista
Soviética, país débil y atrasado. Mientras nuestra República Soviética siga
siendo una región periférica limítrofe con todo el mundo capitalista, sería una
fantasía y una utopía completamente ridículas soñar con nuestra total
independencia económica y con la desaparición de estos o aquellos peligros. Por
supuesto, mientras existan contradicciones tan radicales, subsistirán también
los peligros, de los que es imposible escapar. Lo que debemos hacer es
mantenernos firmes para superarlos, saber discernir los peligros de mayor
importancia de los de menor importancia y preferir los menos importantes a los
que lo son más.
126
Hace poco se nos ha
informado que en el Congreso de los Soviets del distrito de Arzamás (provincia
de Nizhni Nóvgorod), un campesino sin partido dijo acerca de las concesiones:
"Camaradas: Os delegamos al Congreso de toda Rusia y declaramos que nosotros,
los campesinos, estamos dispuestos a soportar tres años más el hambre, el frío
y las prestaciones personales, pero no vendáis nuestra madrecita Rusia a los
concesionarios". Me congratulo con gran alegría de este estado de ánimo,
que está muy difundido. A mi parecer, lo significativo para nosotros es
precisamente que en la masa de los trabajadores sin partido, tanto obreros como
campesinos, ha madurado en tres años una experiencia política y económica que
permite y exige valorar más que nada la liberación del yugo capitalista; que
impele a triplicar nuestra vigilancia y a acoger con suma desconfianza cada
paso que acarree nuevos peligros posibles de restauración del capitalismo. Es
indudable que prestamos oído muy atento a las declaraciones de ese tipo. Pero debemos
decir que no se trata de vender Rusia a los capitalistas, sino de las
concesiones. Además, cada tratado acerca de las concesiones está condicionado
por un plazo fijo y por un convenio concreto; está respaldado
por
garantías de todo género, que han sido meditadas cuidadosamente, que serán
analizadas y discutidas con vosotros más de una vez en este congreso y en todas
las conferencias sucesivas. Estos acuerdos provisionales no se parecen a una
venta, no tienen nada que ver con la venta de Rusia; pero representan cierta
cesión económica con los capitalistas, a fin de obtener así la posibilidad de
adquirir cuanto antes las máquinas y las locomotoras necesarias, sin las cuales
no podemos restablecer nuestra economía. No tenemos derecho a menospreciar nada
que pueda contribuir, por poco que sea, a mejorar la situación de los obreros y
campesinos.
Es preciso hacer lo más
posible para restablecer con rapidez nuestras relaciones comerciales. Estas
negociaciones prosiguen hoy en un marco semilegal. Hacemos pedidos de
locomotoras y máquinas en cantidades que están lejos de ser suficientes, pero
hemos empezado a pedirlas. Si sostenemos las negociaciones legalmente,
desarrollaremos estas posibilidades en proporciones gigantescas. Con la ayuda
de la industria conseguiremos muchas cosas y, por añadidura, en un plazo más
corto; pero, aun en el caso de un gran éxito, este plazo se mide por años, por
varios años. No debe olvidarse que si hoy hemos conquistado una victoria
militar, si hemos obtenido la paz, la historia nos enseña, por otra parte, que
ni un solo problema importante, ni una sola revolución se resolvió de otro modo
que no fuera una serie de guerras. Esta lección no la olvidaremos. Ahora hemos
quitado a un nutrido grupo de grandes potencias las ganas de hacernos la
guerra, pero no podemos garantizar que sea por mucho tiempo. Debemos prever
que, al menor cambio de la situación, los rapaces imperialistas se lanzarán de
nuevo sobre nosotros. Hay que estar preparados contra eso. De ahí que sea
necesario, ante todo, restablecer la economía y darle una base firme. Pero es
imposible hacer eso pronto sin utillaje, sin máquinas importadas de los países
capitalistas. Y no debemos lamentar que los capitalistas obtengan a costa
nuestra una ganancia suplementaria: lo esencial es conseguir ese
restablecimiento. Es preciso que los obreros y los campesinos estén tan animados
como esos campesinos sin partido, que han declarado no temer ningún sacrificio
ni privaciones. Conscientes del peligro de una intervención capitalista, no
enfocan las concesiones con un criterio sentimental, sino que ven en ellas la
continuación de la guerra, en la que la lucha implacable se desplaza a otro
terreno; ven la posibilidad de nuevos intentos de la burguesía de restaurar el
viejo capitalismo. Eso es magnífico, eso nos garantiza que la vigilancia y la
defensa de nuestros intereses serán obra no sólo de los órganos del Poder
soviético, sino también de cada obrero y de cada campesino. Y en este caso,
estamos seguros de que sabremos organizar la defensa de nuestros intereses
sobre una base tal que, incluso si cumplen los convenios acerca de las
concesiones, no podrá ni hablarse de la vuelta del poder de los capitalistas. Y
lograremos reducir al mínimo este peligro, lograremos que sea menor que el
peligro de guerra, que dificulte la reanudación de la contienda y nos facilite
la posibilidad de restaurar y desarrollar nuestra economía en un plazo más
corto, en menor número de años (se trata de bastantes años). Camaradas: Las
tareas económicas, el frente económico vuelve a ser ahora, una y otra vez, el
más importante y fundamental para nosotros. Al examinar los documentos
legislativos de que debo informaros me he convencido de que la inmensa mayoría
de las medidas y disposiciones tanto del Consejo de Comisarios del Pueblo como
del Consejo de Defensa144 son ahora
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144 El Consejo
de Defensa (Consejo de Defensa Obrera y Campesina) se constituyó por
disposición del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia el 30 de noviembre de
1918, nombrándose presidente suya a Lenin. Fue un organismo extraordinario del
Estado soviético, nacido de la situación, excepcionalmente difícil, que se
había creado en el país. Se le concedieron plenos poderes para movilizar las
fuerzas y los recursos del país en provecho de la defensa.
Las disposiciones del
Consejo de Defensa eran de cumplimiento obligatorio para los organismos e
instituciones centrales y locales y para todos los ciudadanos de la República
Soviética. Este Consejo fue el principal centro militar, económico y
planificador de la República durante el período de la intervención extranjera y
de la guerra civil. Se sometió al control inmediato del Consejo de Defensa la
actividad de Consejo Militar Revolucionario y demás organismos militares.
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
medidas parciales, de
detalle, a menudo minúsculas por entero, vinculadas a esta gestión económica.
Vosotros, por supuesto, no esperáis que os enumere estas medidas. Sería
sumamente aburrido y carecería de todo interés. Sólo quisiera recordar que no
es la primera vez, ni mucho menos, que sacamos a primer plano el frente del
trabajo. Recordemos la resolución que adoptó el CEC de toda Rusia el 29 de
abril de 1918145. Era un período en el que la Paz de
Brest, que se nos impuso, partió a Rusia en el aspecto económico y el tratado,
exorbitantemente rapaz, nos colocó en condiciones duras en extremo. Entonces se
entrevió la posibilidad de contar con una tregua que nos facilitara condiciones
para restablecer la actividad económica pacífica. Y sin pérdida de tiempo
—aunque ahora sabemos que la tregua fue muy breve— el CEC de toda Rusia, en la
resolución del 29 de abril, centró toda la atención en este desarrollo
económico. Esta resolución, que no ha sido anulada y sigue siendo ley para
nosotros, nos ofrece perspectivas acertadas para enjuiciar cómo hemos abordado
estas tareas y a qué debemos prestar ahora mayor atención en nuestro trabajo
con objeto de llevarlo hasta el fin.
127
Al analizar esta resolución se ve con claridad que muchos de los
problemas que debemos afrontar ahora fueron planteados con plena precisión y
firmeza, y con suficiente energía, ya en abril de 1918. Al recordarlo decimos:
la repetición es el alma de la enseñanza. Y no nos inmuta tener que repetir
ahora estas verdades fundamentales del desarrollo económico. Las repetiremos
aún muchas veces, pero mirad qué diferencia hay entre la proclamación de
principios abstractos hecha en 1918 y la labor económica iniciada ya en la
práctica. Y pese a las gigantescas dificultades y a la constante interrupción
de nuestros trabajos, nos aproximamos cada día más, y de manera más concreta,
al planteamiento práctico de las tareas económicas. Nos repetiremos muchas,
muchísimas veces. En la edificación es imposible pasarse sin una inmensidad de
repeticiones, sin cierto retorno, sin comprobaciones, sin algunas enmiendas,
sin nuevos procedimientos, sin poner en tensión las fuerzas para convencer a
los atrasados y a los no preparados.
El meollo del momento
político consiste hoy en que vivimos precisamente un período crucial, de
transición, cierto zigzag; un período en el que estamos pasando de la guerra al
fomento de la economía. Esto lo hemos tenido también otras veces, pero no en proporciones
tan amplias. Ello debe recordarnos una y otra vez cuáles son las tareas
políticas generales del Poder soviético y en qué consiste lo peculiar de esta
transición. La dictadura del proletariado ha tenido éxito porque ha sabido unir
la coerción y la persuasión. La dictadura del proletariado no teme la coerción
ni la manifestación brusca, enérgica e implacable de la coerción estatal.
Porque la clase avanzada, la que fue más oprimida por el capitalismo, tiene
derecho a ejercer esa coerción, pues la ejerce en nombre de los intereses de
todos los trabajadores y explotados; porque posee medios de coerción y
persuasión que no ha tenido ninguna de las clases anteriores, a pesar de que
disponían de posibilidades materiales incomparablemente mayores que nosotros
para la propaganda y la agitación.
Si nos preguntamos qué
resultados ha tenido nuestra experiencia de tres años (pues es difícil resumir
la experiencia de un año en algunos puntos cardinales); si nos preguntamos qué
es, en última instancia, lo que explica nuestras victorias sobre un enemigo
mucho más fuerte que nosotros, habremos de responder: El hecho de que en la
organización del Ejército Rojo se plasmaron magníficamente la consecuencia y la
firmeza de la dirección proletaria en la alianza de los obreros y los
campesinos trabajadores contra todos los explotadores. ¿Cómo ha podido ocurrir
eso? ¿Por qué lo ha aceptado de tan buen grado una masa gigantesca de
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A comienzos de abril de
1920, el Consejo de Defensa Obrera y Campesina fue reorganizado y empezó a
denominarse Consejo de Trabajo y Defensa (CTD) . Por acuerdo del VIII Congreso
de los Soviets de toda Rusia (diciembre de 1920), el CTD funcionó como una comisión
del Consejo de Comisarios del Pueblo, cuya misión principal era coordinar la
labor de todos los departamentos relacionados con la organización de la
economía. Existió hasta 1937.
145 Lenin se refiere a las Seis
tesis sobre las tareas inmediatas del Poder soviético, que escribió en
abril de 1918.
campesinos?
Porque, aun siendo en su gran mayoría sin partido, estaba convencida de que su
única salvación consistía en apoyar el Poder soviético. Y se convenció de eso,
claro es, no por los libros ni por la propaganda, sino por la experiencia. La
convenció la experiencia de la guerra civil, en particular, la alianza de
nuestros mencheviques y eseristas, que es más afín a ciertos rasgos
fundamentales de la pequeña hacienda campesina. La experiencia de la alianza de
estos partidos de pequeños propietarios con los terratenientes y los
capitalistas, así como la experiencia de Kolchak y Denikin, convencieron a la
masa campesina de que no son posibles términos medios, de que la rectilínea
política soviética es justa, de que la férrea dirección del proletariado es el
único medio que salva al campesino de la explotación y la violencia. Y sólo
porque hemos podido convencer de eso al campesino, sólo por eso, nuestra
política de coerción, basada en ese convencimiento sólido y absoluto, ha tenido
un éxito tan gigantesco.
Ahora debemos recordar que, al pasar al frente del trabajo,
tenemos planteada la misma tarea en otra situación, a escala más amplia; pero
es la misma tarea que afrontamos cuando hicimos la guerra a los guardias
blancos, cuando vimos un entusiasmo y una tensión de fuerzas de las masas
obreras y campesinas que no ha habido, ni podía haber, en otros Estados en
guerra alguna. En efecto, los campesinos sin partido, a semejanza del campesino
de Arzamás cuyas palabras he citado hace poco, se convencieron por la observación
y el conocimiento de la vida de que los explotadores son un enemigo despiadado
y es imprescindible un poder implacable para aplastarlos. Y movimos a una masa
del pueblo mayor que nunca a adoptar una actitud consciente ante la guerra y a
prestarle una ayuda activa. Los obreros comunistas y sin partido y los
campesinos sin partido (en su inmensa mayoría, los campesinos no tienen
filiación política) jamás habían prestado, en ningún régimen político, ni la
décima parte de un "apoyo tan general a una guerra ni demostrado tal
comprensión de ella como con el Poder soviético. En eso radica la base de que,
en fin de cuentas, hayamos vencido a un enemigo fuerte. Con ello queda probado
uno de los postulados más profundos del marxismo, que es, a la vez, uno de los
más sencillos y comprensibles.
128
Cuanto mayores son la envergadura y la amplitud de las acciones
históricas, tanto más personas participan en ellas, y viceversa, cuanto más
profunda es la transformación que deseamos hacer, tanto más se debe elevar el
interés por ella y la actitud consciente ante ella, tanto más se debe convencer
de esa necesidad a nuevos y nuevos millones y decenas de millones. En fin de
cuentas, nuestra revolución ha dejado muy atrás a todas las demás porque,
mediante el Poder soviético, ha incorporado activamente a la organización del
Estado a decenas de millones de seres que antes no estaban interesados en esa
labor. Enfoquemos ahora desde este lado el problema de las nuevas tareas que
han surgido ante nosotros, que han llegado a vuestro conocimiento durante este
tiempo en decenas y centenares de disposiciones del Poder soviético, que han
constituido las nueve décimas partes de la labor del Consejo de Trabajo y
Defensa (de esto hablaremos después) y, probablemente, más de la mitad de la
del Consejo de Comisarios del Pueblo; enfoquemos las tareas económicas:
preparar un plan económico único y reorganizar las propias bases de la economía
de Rusia, las propias bases de la pequeña hacienda campesina. Estas tareas
requieren que se incorpore a todos los miembros de los sindicatos a una obra
completamente nueva, que les era ajena bajo el capitalismo. Preguntad ahora si
radica ahí la condición de la rápida victoria absoluta, que se creó durante la
guerra y que consiste en incorporar a las masas al trabajo. ¿Están convencidos
los miembros de los sindicatos y la mayoría de los sin partido de que son
necesarios nuestros nuevos métodos y nuestras grandes tareas de fomento de la
economía? ¿Están convencidos de todo eso igual que lo estuvieron de darlo todo
para la guerra, de sacrificarlo todo en aras de la victoria en el frente de la
guerra? Si planteamos así la cuestión, deberéis responder: Indudablemente, no.
No están convencidos de ello, ni mucho menos, en el grado necesario.
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
La guerra fue una cosa
comprensible y habitual a lo largo de siglos y milenios. Los viejos actos de
violencia y ferocidad de los latifundistas eran tan evidentes que resultaba
fácil convencer, incluso a los campesinos de las regiones periféricas más cerealistas
(los menos relacionados con la industria), incluso a esos campesinos, de que
hacíamos la guerra en defensa de los intereses de los trabajadores y, de esa
manera, despertar un entusiasmo casi general. Será más difícil lograr que las
masas campesinas y los afiliados a los sindicatos comprendan estas tareas
ahora, comprendan que no se puede vivir como antes, que, por mucho que haya
arraigado la explotación capitalista durante decenios, debe ser vencida. Es
preciso conseguir que todos comprendan que Rusia nos pertenece; que nosotros,
las masas obreras y campesinas, y sólo nosotros, podemos transformar las viejas
condiciones económicas de existencia y convertir en realidad el gran plan
económico con nuestra actividad y nuestra severa disciplina de trabajo. Sin eso
no hay salvación. Nos rezagamos y nos rezagaremos de las potencias
capitalistas, y seremos vencidos, si no logramos restablecer nuestra economía.
Por eso no debemos limitarnos a repetir las viejas verdades que acabo de
recordaros, las viejas verdades referentes a la importancia de las tareas de
organización, la disciplina laboral y el papel inconmensurable de los
sindicatos, completamente excepcional en este aspecto — pues no existe otra
organización que agrupe a las grandes masas—; no debemos limitarnos a repetir
estas viejas verdades, sino comprender muy a fondo que ha comenzado la
transición de las tareas bélicas a las tareas económicas.
Hemos tenido pleno éxito en
el terreno militar, y ahora debemos preparar el mismo éxito para tareas más
difíciles, que requieren entusiasmo y abnegación de la inmensa mayoría de los
obreros y campesinos. Es preciso convencer de las nuevas tareas a centenares de
millones de seres que han vivido de generación en generación en la esclavitud y
la opresión, viendo reprimida toda iniciativa; a millones de obreros que
militan en los sindicatos, pero que carecen aún de conciencia política y no
están acostumbrados a sentirse dueños. Es necesario organizarlos, y no para que
opongan resistencia al poder, sino para que apoyen y desarrollen las medidas de
su poder obrero, para que las apliquen hasta el fin. Esta transición, que va
acompañada de dificultades, no es una tarea nueva desde el punto de vista de la
simple fórmula. Pero es nueva por cuanto la tarea económica se plantea ahora,
por vez primera, a escala masiva y debemos comprender y recordar que la guerra
en el frente económico será más difícil y más larga. Para vencer en este frente
es preciso conseguir que el mayor número de obreros y campesinos sean activos,
leales y tengan iniciativa. Y eso se puede conseguir — prueba de ello es la
experiencia de desarrollo económico que hemos adquirido— porque las calamidades,
el frío, el hambre y las privaciones de todo género, debidas a la escasez de
fuerzas productivas, calan muy hondo en la conciencia de las masas. Ahora
debemos centrar la atención en trasladar toda la agitación y toda la propaganda
de los intereses políticos y militares a la vía del desarrollo económico. Lo
hemos proclamado multitud de veces, pero aún son pocas. Y creo que, entre las
tareas que ha cumplido este año el Poder soviético, destacan, sobre todo, la
creación de la Oficina Central de Propaganda de la Producción, adjunta al
Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia146, su unión a la labor del Comité Principal de Educación Política
de la República147, la fundación de más periódicos
estructurados según el plan de producción, no sólo trasladando la atención a la
propaganda
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146 Lenin alude a la Oficina de Propaganda de la Producción de toda Rusia, adjunta al
Consejo Central de los Sindicatos. Fue organizada por acuerdo de la sesión
plenaria que celebró el CC del PC(b) de Rusia el 8 de diciembre de 1920. Se le
encomendó preparar un plan general de trabajo, dirigir y controlar la agitación
y propaganda de la producción por los diversos organismos e instituciones.
147 Comité
Principal de Educación Política de la República (Comprinedpol): organismo creado en
noviembre de 1920. Formaba parte del Comisariado del Pueblo de Instrucción
Pública, del cual dependía en los aspectos administrativo y orgánico; en lo que
respecta a los problemas del contenido ideológico de su labor, estaba
subordinado directamente al CC del PC(b) de Rusia. El Comprinedpol unificaba
toda la labor de educación política, agitación y propaganda; dirigía la
educación comunista masiva de los adultos (alfabetización, escuelas, clubs,
bibliotecas, isbas de lectura) y la red de instituciones docentes en el partido
(centros de enseñanza superior y escuelas del partido).
en
el terreno de la producción, sino organizando dicha propaganda a escala de todo
el Estado.
129
La necesidad de organizar la propaganda a escala de todo el
Estado dimana de las peculiaridades delmomento político. Esta necesidad
—ineludible por igual para la clase obrera, para los sindicatos y para los
campesinos— es la más ingente de nuestra máquina del Estado, que hemos
utilizado con ese fin en grado muy insuficiente. Sabemos cómo se debe dirigir
la industria y despertar el interés de las masas; tenemos mil veces más
conocimientos librescos de eso que aplicación práctica de los mismos. Debemos
lograr que todos los afiliados a los sindicatos estén interesados en la
producción y recuerden que la Rusia Soviética estará en condiciones de vencer
sólo si se aumenta la producción, si se eleva el rendimiento del trabajo. Y
sólo de esa manera reducirá en diez años las espantosas condiciones en que se
encuentra ahora, el hambre y el frío que padece en la actualidad. Si no
comprendemos esta tarea, podremos perecer todos, pues la debilidad de nuestro
mecanismo nos obligará a retroceder, ya que los capitalistas pueden reanudar la
guerra en cualquier momento, tras un breve descanso, y nosotros no estaremos
entonces en condiciones de proseguirla. No estaremos en condiciones de revelar
el empuje de los millones de personas que forman nuestras masas y seremos
derrotados en esa última guerra. El problema está planteado precisamente así:
hasta ahora, el destino de todas las revoluciones, de todas las revoluciones
más grandiosas, lo decidió una larga serie de guerras. Nuestra revolución es
también una gran revolución de ésas. Hemos terminado un período de guerras y
debemos prepararnos para el segundo; no sabemos cuándo empezará, pero es
necesario proceder de tal manera que, cuando empiece, podamos estar a la altura
debida. De ahí que no debamos renunciar a las medidas coercitivas, y no sólo
porque conservemos la dictadura del proletariado, que han comprendido ya las
masas campesinas y los obreros sin partido, que saben cuánto atañe a nuestra
dictadura del proletariado, y no la temen, no les asusta, ven en ella un apoyo
y una fortaleza, o sea, lo que pueden oponer a los terratenientes y
capitalistas y sin lo cual es imposible vencer.
Esta conciencia y este
convencimiento, que se han hecho ya carne de la carne y sangre de la sangre de
las masas campesinas con respecto a las tareas militares y políticas, deben ser
transferidos a las tareas económicas. Es posible que esta transición no se
logre de golpe. Quizá no transcurra sin ciertas vacilaciones y recidivas del
viejo relajamiento y de la ideología pequeñoburguesa. Es preciso emprender este
trabajo con mayor energía y tenacidad, teniendo presente que convenceremos a
los campesinos sin partido y a los militantes poco conscientes de los
sindicatos, pues nos asiste la razón, pues es imposible negar que sin
restablecer la vida económica no venceremos a nuestros enemigos en el segundo
período de guerras.
Esforcémonos, pues, para que
millones y millones de personas adopten una actitud más consciente ante la
guerra en el frente económico. En eso consiste la tarea de la Oficina Central
de Propaganda de la Producción y del Consejo Central de los Sindicatos de toda
Rusia; en eso consiste la tarea de todos los funcionarios del partido y de
todos y cada uno de los mecanismos del Poder soviético; en eso estriba la tarea
de toda nuestra propaganda, con la que hemos alcanzado nuestros éxitos
mundiales, pues nuestra propaganda siempre ha dicho y dice la verdad en el
mundo entero a los obreros y los campesinos, mientras que toda otra propaganda
les miente. Tenemos que orientar ahora nuestra propaganda a algo mucho más
difícil: a lo que atañe al trabajo cotidiano de los obreros en el taller, por
difíciles que sean las condiciones de ese trabajo y por vivos que estén los
recuerdos del régimen capitalista de ayer, que inspiraba la desconfianza de los
obreros y campesinos respecto al poder. Es preciso convencer a los obreros y
campesinos de que, sin una nueva conjugación de fuerzas, sin nuevas formas de
agrupación estatal y sin nuevas formas ligadas a esta coerción, no
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
saldremos de la ciénaga, del
abismo de ruina económica a cuyo borde nos encontramos, y del cual hemos
empezado ya a salir.
Camaradas: Paso a exponer
algunos datos concernientes a nuestra política económica y nuestras tareas
económicas, que, a mi parecer, caracterizan el momento político actual y toda
la transición que tenemos a la vista. Debo mencionar, ante todo, nuestro proyecto
agrario, el proyecto de ley del Consejo de Comisarios del Pueblo acerca del
reforzamiento y desarrollo de la producción agrícola y de la ayuda a la
hacienda campesina, que se publicó el 14 de diciembre del año en curso y de
cuyas bases fueron informados antes aún todos los funcionarios locales por
medio de un radiograma especial que daba a conocer la propia esencia del mismo.
Es preciso organizar en el
acto las cosas de tal modo que este proyecto de ley —basándose en la
experiencia local (y en ella se basa), en el plano local lo han sentido ya— sea
discutido con la mayor minuciosidad en el congreso, así como entre los representantes
de los comités ejecutivos locales y de sus secciones.
Ahora no se encontrará,
quizá, un solo camarada que dude de la necesidad de aplicar medidas especiales
y singularmente enérgicas de ayuda no sólo en el sentido de estimular, sino
también de coercer, a fin de elevar la producción agrícola.
130
Éramos y seguimos siendo un país de pequeños campesinos, y el
paso al comunismo nos será mucho más difícil que en cualesquiera otras
condiciones. Requerirá una participación de los propios campesinos diez veces
mayor que en la guerra. Esta pudo y debió exigir una parte de la población
masculina adulta. Pero nuestro país, campesino y extenuado también ahora, debe
movilizar a toda la población masculina y femenina de obreros y campesinos. No
es difícil convencernos a nosotros, los comunistas, y a los funcionarios de las
secciones de agricultura de que es necesario el trabajo general obligatorio
para el Estado. Espero que, a este respecto, no habrá ni asomo de discrepancias
de principios al discutir el proyecto de ley del 14 de diciembre sometido a
vuestro examen. Debemos comprender otra dificultad: la de convencer a los
campesinos sin partido. Los campesinos no son socialistas. Y confeccionar
nuestros planes socialistas como si lo fueran, significa hacer castillos en el
aire; significa no comprender nuestras tareas, no haber aprendido en tres años
a conmensurar nuestros programas y llevar a la práctica nuestras iniciativas de
conformidad con la mísera, y a veces indigente, realidad en que nos hallamos.
En este terreno es preciso formarse una idea clara de las tareas que tenemos
planteadas. Primera: unir a los funcionarios comunistas de las secciones de
agricultura, sintetizar su experiencia, captar lo que se ha hecho a escala
local e incluirlo en los proyectos de ley que se formularán en el centro en
nombre de las instituciones estatales, en nombre del Congreso de los Soviets de
toda Rusia. Confiamos en que lo haremos entre todos. Pero éste es sólo el
primer paso. El segundo consiste en convencer a los campesinos sin partido,
precisamente a los sin partido, porque son masas. Y también porque sólo
aumentando en estas masas —que son de por sí activas y tienen iniciativa— el
convencimiento de que es preciso poner manos a la obra, podremos hacer lo que
estamos en condiciones de hacer. La hacienda campesina no puede seguir como
antes. Si pudimos salir del primer período de guerras, del segundo no saldremos
con la misma facilidad, por lo cual debemos dedicar a este aspecto una atención
singular.
Es preciso que cada
campesino sin partido comprenda esa verdad indudable, y estamos seguros de que
la comprenderá. No ha vivido en vano estos seis años de sufrimientos y
calamidades. No se parece al mujik de anteguerra. Ha sufrido mucho, ha
reflexionado mucho y ha soportado tantas penalidades políticas y económicas que
le han hecho olvidar mucho de lo viejo. Creo que comprende ya por sí mismo que
es imposible vivir como antes, que se debe vivir de otra manera, y debemos
encauzar con urgencia todos nuestros medios de propaganda, todas las
posibilidades de nuestro Estado, toda nuestra instrucción y todos
nuestros
recursos y fuerzas del partido a convencer al campesino sin partido. Y sólo
entonces habremos dotado de una verdadera base a nuestro proyecto de ley
agraria, que confío aprobaréis por unanimidad; lo aprobaréis, claro está, con
las debidas enmiendas y adiciones.
Será firme, como lo es
nuestra política, sólo cuando convenzamos a la mayoría de los campesinos y la
incorporemos a esta obra. Porque —como ha dicho con razón el camarada Kuráev en
un artículo basado en la experiencia de la República de Tartaria— los campesinos
trabajadores pobres y medios son amigos del Poder soviético, mientras que los
holgazanes son enemigos suyos. Esa es la auténtica verdad, que no tiene nada de
socialista, pero que es tan indiscutible y evidente que en cualquier asamblea
rural, en cualquier reunión de campesinos sin partido, calará en la conciencia
de la inmensa mayoría de la población campesina trabajadora y se convertirá en
convicción suya.
Camaradas: Ahora que hemos pasado del período de guerras al
desarrollo de la economía, quisiera recalcaros, sobre todo, lo siguiente. En un
país de pequeños campesinos, nuestra tarea principal y primordial es saber
pasar a la coerción estatal para elevar la hacienda campesina, empezando por
las medidas más necesarias e impostergables, al alcance por completo del
campesino y plenamente comprensibles para él. Y podremos conseguirlo sólo
cuando sepamos convencer a más millones de personas aún no preparadas para eso.
A este fin debemos poner en juego todas las fuerzas y preocuparnos de que el
mecanismo coercitivo, reanimado y vigorizado, tenga base y sea desplegado para
dar mayor amplitud a la persuasión y entonces terminaremos victoriosos esta
campaña militar. Ahora empieza una campaña militar contra los vestigios de
rutina, ignorancia y desconfianza entre las masas campesinas. En este terreno
es imposible vencer con las viejas medidas. Pero venceremos con las medidas de
propaganda, agitación e influencia organizada que hemos aprendido. Y lograremos
que no sólo se promulguen decretos, se funden instituciones y se tramiten
papeles —no basta con que vuelen las órdenes—, sino también que para la
primavera todo esté mejor sembrado que antes, se obtenga cierta mejoría en la
hacienda del pequeño campesino, aunque sea la más elemental —cuanto más
prudente, tanto mejor—, pero, cueste lo que cueste, a escala masiva. Si
comprendemos bien nuestra tarea y dedicamos toda nuestra atención al campesino
sin partido, si centramos en ello todo nuestro arte y toda la experiencia
adquirida durante tres años, venceremos. Sin esa victoria, sin el mejoramiento
efectivo de la hacienda del pequeño campesino en masa, no tendremos salvación:
sin esa base será imposible todo fomento de la economía, y los planes, por
grandiosos que sean, no significarán nada. Que los camaradas no olviden esto y
se lo inculquen a los campesinos; que digan a los campesinos sin partido como
los de Arzamás, cuyo número asciende a diez o quince millones, que no se puede
pasar hambre y frío sin cesar, pues nos derrocarían en el siguiente período de
guerras. Es un problema de importancia estatal, de importancia para nuestro
Estado. Quien manifiesta en ello la menor debilidad, el menor relajamiento,
comete el mayor de los crímenes contra el poder obrero y campesino, ayuda al
terrateniente y al capitalista. Y el terrateniente y el capitalista guardan
cerca su ejército, lo tienen preparado para lanzarse sobre nosotros en cuanto
noten que nos debilitamos. El único medio de que disponemos para fortalecernos
es acrecentar nuestro punto de apoyo principal — la agricultura y la industria
urbana—, y eso puede hacerse únicamente convenciendo de ello a los campesinos
sin partido y movilizando todas las fuerzas para ayudarles, para prestarles
ayuda de verdad.
131
Reconocemos que somos
deudores del campesino. Le tomamos el trigo a cambio de papel moneda, se lo
tomamos prestado; debemos devolverle la deuda, y se la devolveremos una vez
restablecida la industria. Mas, para restablecerla, son necesarios excedentes
de producción agrícola. Por eso, nuestro proyecto de ley agraria no sólo
significa que necesitamos alcanzar fines prácticos, sino, además, que alrededor
suyo se agrupan, como en torno de un foco, centenares de disposiciones y
proyectos de ley del Poder soviético. Trataré
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
ahora de cómo se está sentando en nuestro país la base del
desarrollo industrial para empezar a restablecer las fuerzas económicas de
Rusia. También en este punto, de entre el montón de informes que habéis
recibido o recibiréis dentro de unos días de todos los comisariados, debo
llamar vuestra atención, ante todo, sobre un pasaje del informe de nuestro
Comisariado del Pueblo de Abastecimiento. Cada comisariado os facilitará en
días próximos montones de datos de balance que, en conjunto, abruman por su copiosidad;
mas para conseguir un éxito, por modesto que sea, hay que destacar de entre
ellos lo más esencial, lo que es fundamental para aplicar todo nuestro plan
económico, para restablecer nuestra economía nacional y nuestra industria. Y
una de esas bases es el estado de nuestros acopios de víveres. En este librito
que os han repartido — el balance de tres años del Comisariado del Pueblo de
Abastecimiento— hay un cuadro, del que sólo leeré las cifras totales, y aun así
redondeándolas, porque leer guarismos, y sobre todo escucharlos, es muy
difícil. Son los resultados de los acopios por años. Del 1 de agosto de 1916 al
1 de agosto de 1917 se acopiaron trescientos veinte millones de puds; el
siguiente año, cincuenta millones de puds; luego, cien y doscientos millones de
puds. Estas cifras —trescientos veinte, cincuenta, cien y doscientos— nos
proporcionan la base de la historia económica del Poder soviético, de la labor
del Poder soviético en el terreno económico, la preparación de los cimientos
que, una vez colocados, nos permitirán empezar como es debido nuestra labor
constructiva. Trescientos veinte millones de puds antes de la revolución es el
mínimo aproximado sin el cual es imposible construir. Con cincuenta millones de
puds en el primer año de la revolución padecimos hambre, frío y miseria en
grado sumo; el segundo año tuvimos cien millones de puds; el tercer año,
doscientos millones. Una duplicación anual. Según datos que me facilitó ayer
Svíderski, el 15 de diciembre contábamos con ciento cincuenta y cinco millones
de puds. Levantamos cabeza por vez primera con una tensión extraordinaria y
dificultades inauditas, teniendo que asegurar a menudo el abastecimiento sin
Siberia, el Cáucaso y el Sur. Ahora, cuando disponemos ya de más de ciento
cincuenta millones de puds, podemos decir sin temor a exagerar que, a despecho
de las inmensas dificultades, hemos cumplido, pese a todo, esta tarea.
Dispondremos de un fondo de unos trescientos millones, quizá más, y sin un
fondo como ése es imposible restablecer la industria del país, es imposible
pensar en revivificar el transporte, es imposible incluso abordar las grandes
tareas de la electrificación de Rusia. No se puede concebir un país socialista,
como Estado del poder obrero y campesino, que sea incapaz de recoger, con los
esfuerzos mancomunados de los obreros y los campesinos, un fondo de víveres que
garantice el sustento de los obreros ocupados en la industria, que permita
enviar a decenas y centenares de miles de obreros adonde lo necesite el Poder
soviético. Sin eso, todo se reducirá a palabras. La verdadera base de la
economía es el fondo de víveres. Y en este terreno se ha obtenido un éxito
inmenso. Partiendo de estos éxitos, teniendo ese fondo, podemos empezar a
restablecer la economía nacional. Sabemos que esos éxitos se han conquistado a
costa de enormes privaciones, hambre y escasez de forrajes en el campo, que
pueden agravarse. Sabemos que la sequía de este año ha aumentado de manera
inaudita las calamidades y privaciones de los campesinos. Por eso ponemos en
primer lugar las medidas de ayuda formuladas en el proyecto de ley que he
mencionado. Consideramos que este fondo de víveres es el fondo de
restablecimiento de la industria, el fondo de ayuda a los campesinos. Sin este
fondo, el poder estatal no será nada. Sin este fondo, la política socialista no
pasará de ser un deseo.
Debemos recordar que a la
propaganda de la producción, que hemos decidido desplegar firmemente, se agrega
un modo de influencia de otro género: los premios en especie. Uno de los
decretos y disposiciones más importantes del Consejo de Comisarios del Pueblo y
del Consejo de Defensa es la ley acerca de los premios en especie. No logramos
promulgarla en seguida, ni mucho menos. Si echáis una mirada al pasado, veréis
que desde abril se suceden, formando una larga cadena, las resoluciones y
disposiciones, y que la ley aludida se promulgó
únicamente
cuando, gracias a los ingentes esfuerzos de nuestro transporte, logramos crear
un fondo de medio millón de puds de víveres. Medio millón de puds es una cifra
muy modesta. Los partes que, sin duda, habréis leído ayer en Izvestia muestran que de esos quinientos
mil puds se han consumido ya ciento setenta mil. Como veis, es un fondo
deplorable y está muy lejos de ser suficiente; pero, a pesar de todo, hemos
emprendido la senda por la que seguiremos avanzando.
132
Esto es una prueba de que
pasaremos a los nuevos métodos de trabajo no sólo por medio de la persuasión.
No basta con decir a los campesinos y a los obreros: reforzad la disciplina
laboral. Además de eso, hay que ayudarles, hay que recompensar a los que, tras
pasar calamidades inmensas, siguen revelando heroísmo en el frente de trabajo.
Hemos creado un fondo, pero está muy lejos aún de utilizarse
satisfactoriamente: en el Consejo de Comisarios del Pueblo tenemos multitud de
indicaciones de que, en la práctica, el premio en especie significa a menudo
una simple adición al salario. En este terreno queda todavía mucho por hacer. Y
además de las conferencias y de los proyectos complementarios en el centro,
debe realizarse la labor más importante: trabajar en el plano local y entre las
grandes masas. No es difícil comprender que el Estado no sólo trata de
convencer, sino que recompensa a los buenos trabajadores creándoles mejores
condiciones de vida. Para comprender eso no hace falta ser socialista, y,
puestos en este terreno, nos granjeamos de antemano la simpatía de las masas
obreras y campesinas sin partido. Lo único que necesitamos es difundir con
mayor amplitud esta idea y organizar esta labor de un modo más práctico a
escala local.
Si pasamos ahora a los
combustibles, en las tesis del camarada Rykov veréis cifras que muestran la
mejoría alcanzada en lo que respecta no sólo a la leña, sino también al
petróleo. Ahora, con el extraordinario entusiasmo que manifiestan obreros en la
República de Azerbaidzhán, con las relaciones de amistad que se han establecido
entre nosotros y con los dirigentes expertos que ha proporcionado el Consejo de
Economía Nacional, el problema del petróleo marcha bien, y empezamos a valernos
por nosotros mismos también en lo que respecta a los combustibles. La
extracción de hulla del Donets, gracias a la labor de la comisión
plenipotenciaria que se envió a aquella región bajo la presidencia del camarada
Trotski, y en la que se acordó mandar a trabajar allá a altos funcionarios
expertos, se ha elevado de veinticinco a cincuenta millones de puds mensuales.
Ahora se ha enviado allí al camarada Piatakov para dirigir.
Así pues, en lo que atañe a
los combustibles, hemos adoptado algunas medidas para alcanzar éxitos. La
cuenca del Donets, una de las bases más importantes, está ya a nuestra
disposición. Podemos encontrar en las actas del Consejo de Comisarios del
Pueblo y del Consejo de Defensa acuerdos relativos a esta región.
En ellos se estipula enviar
a lugares concretos prestigiosas comisiones superiores, que agrupan a
representantes del poder central y funcionarios locales. Necesitamos conseguir
que mejore el trabajo en el plano local, y me parece que estas comisiones lo conseguirán.
Veréis los resultados de la labor de estas comisiones, que organizaremos
también en lo sucesivo. Necesitamos ejercer cierta presión en la rama principal
de nuestra industria: los combustibles. Debo decir que el método hidráulico de
obtención de la turba es uno de nuestros mayores éxitos en el ámbito de los
combustibles. La turba es un combustible abundantísimo en nuestro país, pero no
hemos podido aprovecharlo por haber tenido que trabajar hasta ahora en
condiciones insoportables. Y este nuevo método nos ayudará a salir del hambre
de combustible, uno de los peligros que nos amenazan en nuestro frente
económico. Si seguimos dirigiendo a la antigua la economía, si no restablecemos
la industria y el transporte, no podremos salir de este atolladero durante
muchos años. Los funcionarios de nuestro Comité de la Turba han ayudado a dos
ingenieros rusos a llevar hasta el fin su invento, y éstos han logrado que el
nuevo método esté a punto de coronarse. Nos encontramos, pues, en vísperas de
una gran revolución que nos proporcionará un gran punto
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
de apoyo en el sentido
económico. No debe olvidarse que disponemos de inconmensurables riquezas de
turba. Pero no estamos en condiciones de aprovecharlas porque no podemos enviar
a la gente a ese durísimo trabajo. El régimen capitalista podía enviar hombres
a trabajos forzados. Con el Estado capitalista, la gente iba a trabajar a esos
sitios impulsada por el hambre; pero con el Estado socialista no podemos
enviarla a esos durísimos trabajos, y voluntariamente no irá nadie. El régimen
capitalista lo hacía todo para las altas esferas, pero no se preocupaba de los
sectores inferiores.
Es preciso utilizar por
doquier más máquinas, pasar a la mecanización con la mayor amplitud posible. La
extracción de turba por el método hidráulico, que con tanto éxito ha impulsado
el CSEN, brinda la posibilidad de obtener combustible en cantidad inmensa y
hace innecesario emplear a obreros instruidos, pues con ese método pueden
trabajar también obreros no instruidos. Hemos fabricado esas máquinas y, por mi
parte, yo aconsejaría a los camaradas delegados al congreso que viesen el
documental cinematográfico dedicado a los trabajos de extracción de turba, que
se ha proyectado en Moscú y que puede proyectarse para ellos. Dará una idea
concreta de dónde radica una de las bases de la victoria conquistada sobre el
hambre de combustibles. Hemos fabricado máquinas que se usan con el nuevo
método, pero las hemos fabricado mal. Los viajes al extranjero en comisión de
servicio relacionados con el comercio exterior, que empieza a organizarse, con
las relaciones comerciales existentes, aunque sean semilegales, nos ayudarán a
recibir magníficamente fabricadas esas mismas máquinas proyectadas por nuestros
inventores. Y todos nuestros triunfos económicos se medirán por el número de
esas máquinas y por el éxito del Comité Principal de la Turba y del CSEN en
este campo, pues sin conquistar la victoria sobre el hambre de combustibles es
imposible vencer en el frente económico. Con ello están relacionados también
los éxitos más vitales en el restablecimiento del transporte.
133
Habéis visto ya, entre otras
cosas, por las tesis de los camaradas Emshánov y Trotski, que en este dominio
se trata de un verdadero plan, concebido para muchos años. La Orden Nº 1.042
estaba calculada para cinco años148, y
en un lustro podemos restablecer nuestro transporte, podemos disminuir el
número de locomotoras averiadas, y quisiera remarcar, quizá como lo más
difícil, la indicación hecha en la tesis 9 de que ya hemos acortado ese plazo.
Y bien, cuando se publican
grandes planes, calculados para muchos años, surgen a menudo escépticos que
dicen: ¡Cómo podemos calcular para muchos años; quiera Dios que podamos hacer
lo que se requiere ahora! Camaradas: Debemos saber conjugar lo uno y lo otro;
no se puede trabajar sin un plan calculado para un período prolongado y para un
éxito serio. Que eso es así de hecho, lo prueba la mejoría indudable del
funcionamiento del transporte. Llamo vuestra atención sobre el pasaje de la
tesis 9 en que se dice que se había fijado un plazo de cinco años para
restablecer el transporte, pero que se ha reducido ya, pues trabajamos por
encima de la norma. Este plazo se calcula ahora en tres años y medio. Así hay
que trabajar también en las demás ramas de la economía. Y en eso consiste cada
día más la tarea práctica, real, del Consejo de Trabajo y Defensa. Siguiendo
los experimentos de la ciencia y de la práctica, en el plano local debe
aspirarse constantemente a cumplir el plan antes del plazo estipulado. De este
modo, las masas verán que la experiencia puede reducir el largo período que nos
separa del restablecimiento completo de la industria. Eso depende de nosotros.
Mejoremos la economía en cada taller, en cada depósito de locomotoras, en cada
rama, y entonces reduciremos el plazo. Ya lo estamos reduciendo. No temáis los
planes calculados para largos años: sin ellos es imposible restablecer la
economía. ¡Hagamos esfuerzos para que se cumplan a escala local!
![]()
148 La
Orden 9º 1.042 fue
dictada por la Dirección Principal de Vías de Comunicación el 22 de mayo de
1920. Estaba dedicada a la reparación de las locomotoras destruidas durante la
guerra imperialista y la guerra civil. Señalaba un plazo de cuatro años y medio
(a partir del 1 de julio de 1920) para reducir de sesenta a veinte el
porcentaje de locomotoras que se encontraban en reparación.
Es
preciso cumplir los planes económicos de acuerdo con un programa determinado,
así como destacar y estimular el rebasamiento de este programa: las masas deben
no sólo saber, sino también sentir que la reducción del período de hambre, frío
y miseria depende por completo de que cumplan con la mayor rapidez nuestros
planes económicos. Todos los planes de las distintas ramas de la producción
deben estar rigurosamente coordinados, vinculados, y formar juntos el plan
económico único que tanto necesitamos.
En relación con ello tenemos
planteada la necesidad de agrupar los Comisariados del Pueblo de ramas de la
economía en un centro económico único. Hemos llegado a esta tarea y sometido a
vuestro examen el acuerdo del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de
Trabajo y Defensa de reorganizar esta última institución.
Examinaréis este proyecto y
confío en que será aprobado por unanimidad con las enmiendas necesarias. Es muy
modesto por su contenido, pero tiene gran importancia porque necesitamos un
organismo que conozca mejor su situación y una toda la labor económica, que
pasa a primer plano.
En las publicaciones
precedentes al congreso, el camarada Gúsev llegó a esa misma tarea en un
folleto que, dicho sea de paso, es menos acertado que su otro anterior149. En este folleto se presentaba un plan desmesurado de creación
del Consejo de Trabajo y Defensa, trasladando a él a numerosos funcionarios
destacados, entre los que encontramos los nombres de Trotski y Rykov. Yo diría
que debemos tener menos fantasía de ese tipo. No podemos desprendernos de un
mecanismo creado a lo largo de tres años. Conocemos sus inmensos defectos, de
los cuales hablaremos detenidamente en este congreso. Esta cuestión figura en
el orden del día como una de las principales. Me refiero al mejoramiento del
mecanismo de los Soviets. Pero debemos obrar ahora con prudencia, modificando
nuestro mecanismo en la medida que sea necesario, tomando como base la
experiencia práctica. El camarada Gúsev se mofa del proyecto presentado por
nosotros y dice que proponemos agregar el Comisariado del Pueblo de Agricultura
al Consejo de Trabajo y Defensa. Cierto, eso es lo que proponemos. En el
proyecto asignamos un lugar muy modesto al Consejo de Trabajo y Defensa: el de
Comisión de Trabajo y Defensa adjunta al Consejo de Comisarios del Pueblo.
Hasta ahora veníamos trabajando en el Consejo de Trabajo y Defensa sin regla
alguna. Los límites de las atribuciones del Consejo de Comisarios del Pueblo y
del Consejo de Trabajo y Defensa estaban mal determinados. A veces los
rebasábamos y procedíamos como institución legislativa, pero esto no originó ningún
conflicto. Tales casos los resolvíamos pasándolos sin demora al Consejo de
Comisarios del Pueblo. Cuando se patentizó la necesidad de hacer del Consejo de
Trabajo y Defensa un organismo que aglutinase más la política económica, se nos
planteó el problema de cómo definir estas relaciones en el orden legislativo.
Tenemos ante nosotros dos planes: primero, delimitar las atribuciones del
Consejo de Comisarios del Pueblo y las del Consejo de Trabajo y Defensa. Pero
eso requiere tener ocupadas muchas fuerzas codificadoras y gastar montañas de
papel, pese a lo cual no tendríamos la garantía de que evitaríamos los errores.
134
Seguiremos otro camino. El
Consejo de Trabajo y Defensa era considerado algo casi igual al Consejo de
Comisarios del Pueblo. Renunciemos a esa idea.
Que sea una comisión adjunta
al Consejo de Comisarios del Pueblo. Con ello eliminaremos multitud de roces y
ganaremos la proximidad de la realización efectiva. Si algún miembro del
Consejo de Comisarios del Pueblo está descontento, que presente su queja a
este, pues se le puede convocar en unas cuantas horas. Con ello eliminaremos
los roces entre ambas instituciones y haremos del Consejo de Trabajo y Defensa
un organismo que funcione con
![]()
149 Lenin se refiere al folleto de S. I.
Gúsev El plan económico único y el
mecanismo económico único, publicado para el VIII Congreso de los Soviets
de toda Rusia. Su folleto anterior, Problemas
inmediatos de la edificación económica (Acerca de las tesis del CC del
PCR), se editó en vísperas del IX Congreso del partido.
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
rapidez. Esta tarea no es
fácil. Está ligada a la confección efectiva de un plan económico único. La
tarea para la cual hemos trabajado algo, a pesar de todo, y que se ha venido
preparando durante dos años, consiste en lograr unificar los Comisariados del
Pueblo de ramas de la economía. Por eso llamo vuestra atención sobro este
proyecto de ley acerca del Consejo de Trabajo y Defensa; espero que lo
aprobaréis con las adiciones necesarias, y entonces la unificación de los
Comisariados del Pueblo de ramas de la economía marchará con mayor facilidad,
rapidez, firmeza y energía.
Me detendré en el último
punto, el de la electrificación, que figura en el orden del día del congreso
como un punto especial y acerca del cual oiréis un informe. Creo que estamos
asistiendo aquí a un viraje muy grande que, en todo caso, atestigua el comienzo
de grandes éxitos del Poder soviético. A la tribuna de los congresos de toda
Rusia subirán en lo sucesivo no sólo políticos y administradores públicos, sino
también ingenieros y agrónomos. Es el comienzo de la época más feliz, en la que
habrá menos política cada día, se hablará de política con menos frecuencia y
prolijidad y hablarán más los ingenieros y los agrónomos. Para pasar de verdad
al fomento de la economía debe empezarse por establecer esta costumbre en el
Congreso de los Soviets de toda Rusia y seguirla, de arriba abajo, en todos los
Soviets y organizaciones, en todos los periódicos, en todos los órganos de
propaganda y agitación, en todas las instituciones.
En lo que respecta a la
política, la hemos aprendido, sin duda; en esta materia no se nos mete en un
aprieto, tenemos base. Pero en economía estamos mal. Desde hoy, la mejor
política será hacer menos política. Promoved más a los ingenieros y agrónomos,
aprended de ellos, comprobad su trabajo, no convirtáis los congresos y
conferencias en organismos dedicados a mitinear, sino en organismos que
controlen los éxitos económicos, en organismos en los que podamos aprender de
verdad a desarrollar la economía.
Oiréis el informe de la
Comisión Estatal para la Electrificación, fundada el 7 de febrero de 1920 por
acuerdo del CEC de toda Rusia. El 21 de febrero, el Presídium del CSEN firmó la
disposición definitiva respecto a la composición de esta comisión. Y, en primer
lugar, muchos de los mejores especialistas y funcionarios del CSEN (más de
cien) se entregaron por entero a esta obra, a la que se incorporaron las
mejores fuerzas del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación y del
Comisariado del Pueblo de Agricultura. En este tomito, que se os repartirá a
todos hoy o mañana, tenemos a la vista los resultados de la labor efectuada por
la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia. Confío en que el tomito
no os asustará y en que no me será difícil convenceros de su singular
importancia. A mi modo de ver, es nuestro segundo programa del partido. Tenemos
nuestro programa del partido, excelentemente explicado por los camaradas
Preobrazhenski y Bujarín en un librito menos voluminoso, pero valioso en grado sumo.
Es un programa político, una enumeración de nuestras tareas, una explicación de
las relaciones entre las clases y las masas. Pero debemos recordar asimismo que
es hora ya de emprender en realidad este camino y medir sus resultados
prácticos. El programa de nuestro partido no puede seguir siendo sólo programa
del partido. Debe convertirse en el programa de nuestro desarrollo económico,
pues de lo contrario tampoco servirá como programa del partido. Debe
completarse con un segundo programa del partido, con un plan de trabajos
orientados a reconstruir toda la economía nacional y ponerla al nivel de la
técnica moderna. Sin el plan de electrificación no podremos pasar a la
edificación efectiva. Al hablar del restablecimiento de la agricultura, la
industria y el transporte, de su conexión armónica, hemos de referirnos por
fuerza a un amplio plan económico. Debemos llegar a aprobar un plan
determinado; por supuesto, será un plan aprobado sólo como primera
aproximación. Este programa del partido no será tan inmutable como nuestro
verdadero programa, que puede ser modificado únicamente en los congresos del
partido. No; este programa se mejorará, elaborará, perfeccionará y retocará
cada día en cada taller y en cada subdistrito. Lo necesitamos en calidad de
primer esbozo, que se alzará
ante
toda Rusia como un gran plan económico, calculado para diez años por lo menos,
y que mostrará la manera de asentar a Rusia sobre la verdadera base económica
necesaria para el comunismo. Si peleamos y vencimos en el frente de la guerra,
¿cuál fue uno de los poderosos incentivos que decuplicaron nuestras fuerzas y
nuestra energía? La conciencia del peligro. Todos preguntábamos: ¿Pueden volver
a Rusia los terratenientes y los capitalistas? Y respondíamos: Sí, pueden. Por
eso centuplicamos nuestras fuerzas, las pusimos en tensión y vencimos.
135
Tomad el frente económico y
preguntad: desde el punto de vista económico, ¿puede el capitalismo volver a
Rusia? Hemos combatido la "Sújarevka". Hace unos días, en vísperas de
la apertura del Congreso de los Soviets de toda Rusia, el Soviet de diputados
obreros y soldados rojos de Moscú ha clausurado esta desagradable institución.
(Aplausos.) La "Sújarevka"
ha sido cerrada, mas no es ésta la de temer. Se ha clausurado la
"Sújarevka" que estaba en la Plaza Sújarevskaya, eso no era difícil.
Pero lo que sí es de temer es la "Sújarevka" que vive en el alma y la
conducta de cada pequeño propietario. Hay que cerrar esa "Sújarevka",
que es la base del capitalismo. Mientras exista, los capitalistas podrán volver
a Rusia y hacerse más fuertes que nosotros. Esto hay que comprenderlo bien.
Debe ser el incentivo principal en nuestra labor y la condición, la medida de
nuestros éxitos reales. Mientras vivamos en un país de pequeños campesinos, en
Rusia existirá una base económica más sólida para el capitalismo que para el comunismo.
No debe olvidarse esto. Cuantos observen atentamente la vida del campo, en
comparación con la de la ciudad, saben que no hemos extirpado las raíces del
capitalismo ni hemos socavado los cimientos, la base, al enemigo interior. Este
último se aferra a la pequeña hacienda y sólo hay un medio para acabar con él:
pasar la economía del país, incluida la agricultura, a una nueva base técnica,
a la base técnica de la gran producción moderna. Esa base no es otra que la
electricidad.
El comunismo es el Poder soviético más la electrificación de
todo el país. De otro
modo, seguiremos siendo un país de pequeños campesinos, y es preciso que lo
comprendamos claramente. Somos más débiles que el capitalismo tanto a escala
mundial como dentro del país. Esto lo sabemos todos. Hemos tomado conciencia de
ello y haremos que la economía, basada en la pequeña hacienda campesina, pase a
basarse en la gran industria. Sólo cuando el país esté electrificado, cuando la
industria, la agricultura y el transporte se asienten en la base técnica de la
gran industria moderna, sólo entonces venceremos definitivamente.
Hemos preparado ya un plan
previo de electrificación del país, en el que han trabajado doscientos de
nuestros mejores científicos y técnicos. Se ha ultimado un plan que nos ofrece
un cálculo material y financiero para un largo período, para no menos de diez
años. Este plan indica cuántos millones de barriles de cemento y cuántos
millones de ladrillos necesitamos para efectuar la electrificación. En el
aspecto financiero, las tareas de la electrificación requerirán, según el
cálculo, de mil millones a mil doscientos millones de rublos oro. Sabéis que
con nuestras reservas de oro no podemos cubrir, ni muchísimo menos, esa cifra.
Es también pequeño nuestro fondo de víveres. Por eso debemos cubrir esos gastos
con las concesiones, de cuyo plan os he hablado. Veréis el cálculo de cómo se
planifica, sobre esta base, el restablecimiento de nuestra industria y de
nuestro transporte.
No hace mucho he asistido a
una fiesta campesina en un apartado lugar de la provincia de Moscú, en el
distrito de Volokolamsk, donde los campesinos tienen alumbrado eléctrico. Se
celebró un mitin en la calle. Un campesino salió y pronunció un discurso, en el
que aprobó este nuevo acontecimiento de la vida campesina. Dijo: Nosotros, los
campesinos, vivíamos en la oscuridad y ahora nos han dado luz, "una luz
innatural que alumbrará nuestra oscuridad labriega". Yo no me extrañé de
esas palabras. Por supuesto, para la masa campesina sin partido, la luz
eléctrica es "innatural"; mas para nosotros, lo innatural es que los
campesinos y los obreros hayan podido vivir siglos y milenios en esa oscuridad,
en la miseria, oprimidos por los terratenientes y los capitalistas. De esa
oscuridad no se sale tan pronto. Pero, en el
VIII Congreso de los soviets de toda Rusia
momento actual, necesitamos
conseguir que cada central eléctrica construida por nosotros se transforme
realmente en un puntal de la instrucción; que se dedique, digámoslo así, a la
enseñanza eléctrica de las masas. Es preciso que todos sepan por qué estas
pequeñas centrales, que suman ya decenas, están relacionadas con el
restablecimiento de la industria. Tenemos un plan de electrificación, pero su
cumplimiento está calculado para varios años. Debemos cumplirlo cueste lo que
cueste y reducir el plazo necesario para ello. Con este plan debe ocurrir lo
mismo que ocurrió con uno de nuestros primeros planes económicos, el de
restablecimiento del transporte —la Orden Nº 1.042—, el cual estaba calculado
para cinco años, pero ha quedado ya reducido a tres años y medio porque se
cumple por encima de la norma. Para cumplir el plan de electrificación y
efectuar transformaciones que extirpen las raíces del retorno al capitalismo
necesitaremos, quizá, diez o veinte años. Y este plazo será un ejemplo, sin
precedente en el mundo, de rapidez en el desarrollo social. Debemos cumplir a
toda costa este plan y acortar el plazo de su cumplimiento.
Abordamos por vez primera la
labor económica de manera que, además de los planes sueltos, que se hacían en
algunas ramas, por ejemplo, en el transporte, y se extendían después a otras
ramas de la industria, obtenemos también un plan generalizado que abarca varios
años. Es una labor difícil, calculada para la victoria del comunismo.
Pero es preciso saber y
recordar que no se puede realizar la electrificación teniendo analfabetos. No
basta con que nuestra comisión se esfuerce por poner término al analfabetismo.
Ha hecho mucho en comparación con lo que había, pero poco con relación a lo que
necesitamos. Además de saber leer y escribir, es preciso que los trabajadores
sean cultos, conscientes e instruidos; es preciso que la mayoría de los
campesinos tenga una noción concreta de las tareas a cumplir.
136
Este programa del partido
debe convertirse en el libro fundamental, que habrá de entrar en todas las
escuelas. En él encontraréis, además del plan general de electrificación,
planes especiales escritos para cada región de Rusia. Y cada camarada que vaya a
su localidad poseerá un estudio concreto de cómo efectuar la electrificación en
su distrito, pasando de la oscuridad a la existencia normal. Y, camaradas, se
puede y se debe comparar, elaborar y comprobar en el plano local las tesis que
se os han dado, esforzándose por conseguir que en cada escuela y en cada
círculo de estudios se responda a la pregunta de qué es el comunismo no sólo
con lo que está escrito en el programa del partido, sino también diciendo cómo
salir de la oscuridad.
Los mejores funcionarios,
especialistas en cuestiones económicas, han cumplido la tarea que se les había
encomendado de confeccionar el plan de electrificación de Rusia y de
restablecimiento de su economía. Ahora debe lograrse que los obreros y los
campesinos sepan cuán magna y difícil es la tarea, cómo abordarla y cómo poner
manos a la obra. Debemos conseguir que cada fábrica y cada central eléctrica se
conviertan en un foco de instrucción, y si Rusia se cubre de una densa red de
centrales eléctricas y potentes instalaciones técnicas, nuestro desarrollo
económico comunista será un modelo para las futuras Europa y Asia socialistas.
(Clamorosos y prolongados aplausos).
Publicado en 1921 en el libro "Octavo Congreso de los
Soviets de diputados obreros, campesinos, soldados rojos y cosacos de toda
Rusia, Actas taquigráficas”.
T. 42, págs. 128-161.
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
137
SOBRE LOS SINDICATOS, EL MOMENTO ACTUAL
Y LOS ERRORES DEL CAMARADA TROTSKI.150
Discurso pronunciado en la reunión conjunta de los militantes
del PC(b) de Rusia delegados al VIII Congreso de los soviets y miembros del
consejo central de los sindicatos de toda Rusia y del consejo de los sindicatos
de Moscú.
30 de diciembre de
1920.
Camaradas: Debo, ante todo,
pedir excusas por infringir el reglamento, pues para participar en la discusión
tendría que haber escuchado, como es natural, el informe, el coinforme y los
debates. Por desgracia, me siento tan mal de salud que no he podido hacerlo.
Pero ayer tuve la posibilidad de leer los documentos impresos fundamentales y
preparar mis observaciones. Por supuesto, la infracción del reglamento a que me
he referido implicará para vosotros ciertos inconvenientes: es posible que me
repita al no saber lo que han dicho otros y no responda a lo que sería
necesario responder. Mas no he podido proceder de otro modo.
El documento principal en
que me baso es el folleto del camarada Trotski El papel y las tareas de los sindicatos. Al cotejar este folleto
con las tesis que presentó en el Comité Central y leerlo con atención, me asombra la cantidad de errores teóricos y
de flagrantes inexactitudes que contiene. ¿Cómo ha sido posible que, al iniciar
una gran discusión en el partido sobre este problema, se haya preparado una
cosa tan desafortunada en vez de proporcionar la cosa más meditada? Señalaré de
modo sucinto los puntos fundamentales que contienen, a mi entender, las
inexactitudes teóricas primarias y esenciales.
Los sindicatos no son sólo
históricamente necesarios: son también una organización del proletariado
industrial históricamente inevitable, que en las condiciones de la dictadura
del
![]()
150 El discurso pronunciado en la reunión
conjunta de los militantes del PC(b) de Rusia delegados al VIII Congreso de los
Soviets de toda Rusia y miembros del Consejo Central de los Sindicatos de Rusia
y del Consejo de los Sindicatos de Moscú, celebrada el 30 de diciembre de 1920
en el Teatro Bolshói, fue la primera intervención de Lenin ante los activistas
del partido con motivo de la discusión en torno al papel y las tareas de los
sindicatos en la edificación del socialismo.
La discusión fue impuesta al
partido por Trotski. El 3 de noviembre de 1920, Trotski pronunció un discurso
en una reunión del grupo del PC(b) de Rusia en la V Conferencia Sindical de
toda Rusia, en el cual combatió la línea del partido de desplegar en los
sindicatos los principios democráticos y exhortó a "apretar los tornillos
del comunismo de guerra". La esencia de las discrepancias radicaba en
"los métodos de abordar a las
masas, de ganarse a las masas, de
vincularse a ellas". Las discrepancias surgidas en el grupo fueron
transferidas, para su discusión, al Pleno del CC del PC(b) de Rusia. Sin
embargo, a fines de diciembre, la discusión acerca de los sindicatos aumentó y
rebasó el marco del CC. El
24 de diciembre, Trotski intervino en una
reunión de activistas del movimiento sindical y de delegados al VIII Congreso
de los Soviets de toda Rusia. Al día siguiente publicó un folleto, que marcó la
formación de una fracción contra el partido. Esto sirvió de señal para que
pasaran a la ofensiva otros grupos antipartido: "grupo de tope",
"oposición obrera", "centralismo democrático", etc. Lenin
estaba en contra de la discusión, considerando que distraería la atención y las
fuerzas del partido del cumplimiento de importantísimas tareas económicas,
orientadas a combatir el desbarajuste de la economía y el hambre. Pero ante la
intervención de los oposicionistas, los combatió enérgicamente, dirigiendo el
golpe principal contra los trotskistas como fuerza fundamental de los grupos
antipartido. En varios discursos posteriores y en el artículo Una vez más acerca de los sindicatos, el
momento actual y los errores de los camaradas Trotsky y Bujarin, Lenin puso
al desnudo el verdadero sentido de la lucha en el seno del partido, denunció el carácter fraccional de las
acciones de los oposicionistas, que minaban la unidad del partido, y mostró la
nocividad de la discusión impuesta por ellos. Al mismo tiempo formuló y
desarrolló importantísimas tesis de principios acerca del papel de los
sindicatos en el sistema de la dictadura del proletariado y de sus tareas en la
edificación del socialismo.
La discusión acerca de los
sindicatos duró más de dos meses. Durante ella, la inmensa mayoría de las
organizaciones del partido aprobó la plataforma leninista. La oposición sufrió
una derrota completa en todas las organizaciones principales. El resumen de la
discusión fue hecho en el X Congreso del partido, celebrado del 8 al 16 de
marzo de 1921.
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
proletariado abarca a éste
casi en su totalidad. Esta es la idea más fundamental, pero el camarada Trotski
la olvida a cada paso, no parte de ella, no la valora. El propio tema propuesto
por él, El papel y las tareas de los
sindicatos, es infinitamente amplio.
De lo dicho se deduce ya que
el papel de los sindicatos es esencial en extremo en toda la realización de la
dictadura del proletariado. Pero ¿cuál es ese papel? Pasando a la discusión de
este tema, uno de los problemas teóricos más fundamentales, llego a la
conclusión de que este papel es extraordinariamente peculiar. De una parte, al
abarcar, al incluir en las filas de la organización a la totalidad de los
obreros industriales, los sindicatos son una organización de la clase
dirigente, dominante, gobernante; de la clase que ejerce la dictadura, de la
clase que aplica la coerción estatal. Pero no es una organización estatal, no
es una organización coercitiva; es una organización educadora, una organización
que atrae e instruye; es una escuela, escuela de gobierno, escuela de
administración, escuela de comunismo. Es una escuela de tipo completamente
excepcional, pues no se trata de maestros y alumnos, sino de cierta combinación
original en extremo de lo que ha quedado del capitalismo, y debía quedar sin falta,
y de lo que promueven de su seno los destacamentos revolucionarios avanzados,
por decirlo así, la vanguardia revolucionaria del proletariado. Pues bien,
hablar del papel de los sindicatos sin tener en cuenta estas verdades significa
llegar ineluctablemente a una serie de inexactitudes.
Por el lugar que ocupan en
el sistema de la dictadura del proletariado, los sindicatos están situados, si
cabe expresarse así, entre el partido y el poder del Estado. Durante la
transición al socialismo es inevitable la dictadura del proletariado, pero esta
dictadura no la ejerce la organización que comprende a la totalidad de los
obreros industriales. ¿Por qué? Lo podemos leer en las tesis del II Congreso de
la Internacional Comunista acerca del papel del partido político en general. No
analizaré aquí esta cuestión con detenimiento. La cosa es que el partido
concentra en sus filas, por así decirlo, a la vanguardia proletaria y esta
vanguardia ejerce la dictadura del proletariado.
138
Y sin contar con una base
como los sindicatos es imposible ejercer la dictadura, es imposible cumplir las
funciones estatales. Pero estas funciones deben ser cumplidas a través de una
serie de instituciones especiales de un tipo nuevo, a saber: a través del
mecanismo de los Soviets. ¿En qué consiste la peculiaridad de esta situación en
cuanto a las conclusiones prácticas? En que los sindicatos crean el vínculo de la vanguardia con las
masas: con su labor cotidiana, los sindicatos convencen a las masas, a las
masas de la única clase capaz de conducirnos del capitalismo al comunismo.
Esto, por un lado. Por otro, los sindicatos son "una fuente" de poder
estatal. Eso son los sindicatos en el período de transición del capitalismo al
comunismo. En general, es imposible efectuar esta transición sin que ejerza su
hegemonía la única clase educada por el capitalismo para la gran producción y
la única que está desligada de los intereses del pequeño propietario. Pero la
dictadura del proletariado no se puede realizar a través de la organización que
agrupa a la totalidad del mismo. Porque el proletariado está aún tan
fraccionado, tan menospreciado, tan corrompido en algunos sitios (por el
imperialismo, precisamente, en ciertos países), no sólo en Rusia, uno de los
países capitalistas más atrasados, sino en todos los demás países capitalistas,
que la organización integral del proletariado no puede ejercer directamente la
dictadura de éste. La dictadura sólo puede ejercerla la vanguardia, que
concentra en sus filas la energía revolucionaria de la clase. Tenemos, pues,
algo así como una serie de ruedas dentadas. Tal es el mecanismo de la base
misma de la dictadura del proletariado, de la propia esencia de la transición
del capitalismo al comunismo. De aquí se deduce ya que cuando el camarada
Trotski, al referirse en la primera tesis a "la confusión
ideológica", habla de una crisis especialmente y precisamente de los
sindicatos, hay en el fondo algo que es erróneo desde el punto de vista de los
principios. Sólo podrá hablarse de crisis después de analizar el momento
político. Quien tiene "confusión ideológica" es precisamente Trotski;
porque en el
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
problema fundamental del
papel de los sindicatos durante la transición del capitalismo al comunismo, es
él, y no otro, quien ha perdido de vista, quien no ha tenido en cuenta que
existe un complejo sistema de varias ruedas dentadas y que no puede haber un
sistema simple, pues es imposible ejercer la dictadura del proletariado a
través de la organización que abarca a la totalidad de éste. Es imposible
realizar la dictadura sin varias "correas de transmisión", que van de
la vanguardia a las masas de la clase avanzada y de ésta a las masas
trabajadoras. En Rusia, las masas trabajadoras son campesinas; en otros países
no existen tales masas, pero hasta en los más adelantados hay una masa no
proletaria o no puramente proletaria. De esto dimana ya, efectivamente, una
confusión ideológica. Pero en vano inculpa Trotski de ella a otros.
Cuando analizo el papel de
los sindicatos en la producción, veo el error cardinal de Trotski: habla
siempre de este problema "en principio", habla del "principio
general". En todas sus tesis arranca del punto de vista del "principio
general". Aunque sólo sea por eso, el planteamiento es profundamente
erróneo. Esto sin decir ya que el IX Congreso del partido habló bastante, más
que bastante, del papel de los sindicatos en la producción. Y sin decir que el
propio Trotski cita en sus mismas tesis unas manifestaciones absolutamente
claras de Lozovski y Tomski, de los cuales se sirve para hacerles desempeñar el
papel de "chico de los golpes", como se dice en alemán, o de objeto
en que puede ejercitar sus dotes polémicas. No hay discrepancias de principio,
y para ello se ha elegido con poca fortuna a Tomski y Lozovski, que han escrito
cosas citadas por el propio Trotski. En ellas no encontraremos nada serio en
orden a discrepancias de principio, por mucho que nos afanemos en buscarlas. En
general, el error gigantesco, el error básico, consiste en que el camarada
Trotski arrastra al partido y al Poder soviético hacia atrás, planteando ahora
la cuestión "en el terreno de los principios". Por fortuna, hemos
pasado de los principios a la labor práctica, eficiente. En el Smolny 151 hablamos de los principios, y, sin
duda, más de la cuenta. Ahora, tres años después, existen decretos sobre todos
los puntos del problema de la producción, sobre toda una serie de elementos
integrantes de este problema; pero los decretos son una cosa tan malhadada que,
después de firmarlos, nosotros mismos los echamos al olvido y los incumplimos.
Y después se inventan divagaciones acerca de los principios, se inventan
discrepancias de principio. Más adelante recordaré un decreto que se refiere al
papel de los sindicatos en la producción, un decreto que todos hemos olvidado,
incluso yo, y de lo cual debo arrepentirnos.
Las divergencias verdaderas,
que existen, no se refieren en modo alguno a cuestiones sobre los principios
generales, excepción hecha de las que he enumerado. Yo estaba en el deber de
señalar mis "discrepancias" con el camarada Trotski, que acabo de
enumerar, pues al elegir un tema tan amplio como El papel y las tareas de los sindicatos, el camarada Trotski ha
incurrido, a mi juicio, en una serie de errores relacionados con la propia
esencia del problema de la dictadura del proletariado. Pero, dejando esto a un
lado, cabe preguntar: ¿a qué se debe realmente que no consigamos el trabajo
armonioso que tanto necesitamos? Se debe a la divergencia en cuanto a los
métodos de abordar a las masas, de
ganarse a las masas, de vincularse a
ellas. En eso reside todo el fondo de la cuestión. Y en eso reside precisamente
la peculiaridad de los sindicatos
como instituciones creadas bajo el capitalismo, inevitables durante la
transición del capitalismo al comunismo y puestas en tela de juicio en lo
futuro. Ese futuro, en el que los sindicatos serán puestos en tela de juicio,
está lejos; nuestros nietos hablarán de ello. Pero de lo que se trata hoy es de
cómo abordar a las masas, de cómo ganárselas, de cómo vincularse a ellas, de
cómo poner a punto las complicadas correas de transmisión del trabajo (del
trabajo de realización de la dictadura del proletariado).
139
![]()
151
Smolny: edificio del antiguo Instituto Smolny, de Petrogrado;
residencia del Gobierno soviético hasta que se trasladó a Moscú en marzo de
1918.
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
Observad que cuando hablo de
las complicadas correas de transmisión del trabajo no pienso en la máquina de
los Soviets. Lo que deba decirse respecto a la complejidad de las correas de
transmisión en este terreno es capítulo aparte. Por ahora sólo hablo en
abstracto y desde el punto de vista de los principios de las relaciones entre
las clases en la sociedad capitalista; en ella hay proletariado, hay masas
trabajadoras no proletarias, hay pequeña burguesía y hay burguesía. Desde este
punto de vista, aun en el caso de que no hubiese burocracia en el mecanismo del
Poder soviético, tenemos ya una extraordinaria complejidad de las correas de
transmisión en virtud de lo que ha sido creado por el capitalismo. Y en esto
hay que pensar, ante todo, cuando se pregunta en qué consiste la dificultad de
"la tarea" de los sindicatos. La verdadera divergencia, repito, no
consiste en modo alguno en lo que cree el camarada Trotski, sino en el problema
de cómo ganarse a las masas, de cómo abordarlas, de cómo vincularse a ellas.
Debo decir que si estudiáramos detallada y minuciosamente, aunque fuera en
pequeñas proporciones, nuestra propia práctica, nuestra experiencia,
evitaríamos cientos de "discrepancias" y errores de principio
superfluos, de los que está lleno este folleto del camarada Trotski. Por
ejemplo, en este folleto hay tesis enteras consagradas a la polémica con
"el tradeunionismo soviético". ¡Por si hubiera pocos, se ha inventado
un nuevo espantajo!
¿Y quién lo ha inventado? El
camarada Riazánov. Conozco al camarada Riazánov desde hace veinte años y pico.
Vosotros lo conocéis menos que yo en cuanto al tiempo, pero no menos en lo que
respecta a sus actividades. Sabéis muy bien que entre sus lados fuertes, que
los tiene, no figura el saber calibrar las consignas. ¿Vamos, pues, a presentar
en las tesis como "tradeunionismo soviético" lo que en cierta ocasión
dijo, no muy a propósito, el camarada Riazánov? ¿Es serio eso? De ser así,
entonces tendremos "tradeunionismo soviético", "anticoncertación
soviética de la paz" y no sé cuantas cosas más. No hay ni un solo punto
sobre el que no se pueda inventar un "ismo" soviético. (Riazánov: "Antibrestismo
soviético".) Sí, completamente exacto, "antibrestismo
soviético"*.
* Alusión a la firma de la Paz de Brest-Litovski. (N. de la Edit.)
Y entretanto, incurriendo en
esa falta de seriedad, el camarada Trotski comete en el acto un error. Resulta,
según él, que la defensa de los intereses materiales y espirituales de la clase
obrera no es misión de los sindicatos en un Estado obrero. Eso es un error. El
camarada Trotski habla dé "Estado obrero".
Permítaseme decir que esto
es una abstracción. Se comprende que en 1917 hablásemos del Estado obrero; pero
ahora se comete un error manifiesto cuando se nos dice: "¿Para qué
defender, y frente a quién defender, a la clase obrera si no hay burguesía y el
Estado es obrero?" No del todo obrero: ahí está el quid de la cuestión. En
esto consiste cabalmente uno de los errores fundamentales del camarada Trotski.
Ahora que hemos pasado de los principios generales al examen práctico y a los
decretos se nos quiere arrastrar hacia atrás, apartándonos de la labor práctica
y eficiente. Eso es inadmisible. En nuestro país, el Estado no es, en realidad,
obrero, sino obrero y campesino. Esto en primer término. Y de esto dimanan
muchas cosas. (Bujarin: ¿Qué Estado? ¿Obrero y campesino?) Y aunque el camarada
Bujarin grite desde atrás:" ¿Qué Estado? ¿Obrero y campesino?", no le
responderé. Quien lo desee, puede recordar el Congreso de los Soviets que acaba
de celebrarse y en él encontrará la respuesta.
Pero hay más. En el programa
de nuestro partido — documento que conoce muy bien el autor de El abecé del comunismo— vemos ya que
nuestro Estado es obrero con una
deformación burocrática. Y hemos tenido que colgarle —¿cómo decirlo?— esta
lamentable etiqueta, o cosa así. Ahí
tenéis la realidad del período de transición. Pues bien, dado este género de
Estado, que ha cristalizado en la práctica, ¿los sindicatos no tienen nada que
defender?, ¿se puede prescindir de ellos para defender los intereses materiales
y espirituales del proletariado organizado en su totalidad? Esto es falso por
completo desde el punto de
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
vista teórico. Esto nos
llevaría al terreno de la abstracción o del ideal que alcanzaremos dentro de
quince o veinte años, aunque yo no estoy seguro de que lo alcancemos
precisamente en ese plazo.
Tenemos ante nosotros una
realidad, que conocemos bien si no perdemos la cabeza, si no nos dejamos llevar
por disquisiciones de intelectuales, o por razonamientos abstractos, o por algo
que a veces parece "teoría", pero que, en la práctica, es un error,
una falsa apreciación de las peculiaridades del período de transición. Nuestro
Estado de hoy es tal que el proletariado organizado en su totalidad debe
defenderse, y nosotros debemos utilizar estas organizaciones obreras para
defender a los obreros frente a su Estado y para que los obreros defiendan
nuestro Estado. Una y otra defensa se efectúa a través de una combinación
original de nuestras medidas estatales y de nuestro acuerdo, del
"enlazamiento" con nuestros sindicatos.
De este enlazamiento hablaré
más adelante. Pero esta palabra muestra ya de por sí que inventar aquí un
enemigo personificado por "el tradeunionismo soviético" equivale a
cometer un error. Porque el concepto de "enlazamiento" significa que
existen cosas diferentes que todavía es preciso enlazar; el concepto de
"enlazamiento" incluye que es necesario
saber utilizar las medidas del poder estatal para defender de este poder estatal los intereses materiales y espirituales del
proletariado organizado en su totalidad.
140
Pero cuando en lugar de enlazamiento tengamos unión y fusión, nos reuniremos en un congreso para hacer un examen positivo
de la experiencia práctica, y no de "discrepancias" de principios o
de razonamientos teóricos abstractos. También es desafortunado el intento de
descubrir discrepancias de principios con el camarada Tomski y el camarada
Lozovski, a quienes el camarada Trotski presenta como "burócratas"
sindicales (más adelante diré en cuál de las dos partes contrincantes hay
tendencias burocráticas). Sabemos muy bien que si el camarada Riazánov tiene, a
veces, la pequeña debilidad de inventar sin falta una consigna, casi de
principios, el camarada Tomski no agrega este defecto a los muchos de que
adolece. Por eso creo que entablar un combate de principios con el camarada
Tomski (como hace el camarada Trotski) es pasarse de la raya. Eso, en verdad,
me asombra. Hubo un tiempo en que todos nosotros dimos muchos traspiés en lo
referente a discrepancias fraccionales, teóricas y de todo otro género (aunque,
claro está, hicimos también algo útil), y parece que desde entonces nos hemos
superado. Y es hora ya de pasar de la invención y exageración de discrepancias
de principios a la labor práctica. Jamás he oído que en Tomski predomine el
teórico, que Tomski pretenda ostentar el título de teórico; quizá esto sea un
defecto suyo, eso es ya otra cuestión. Pero Tomski, compenetrado como está con
el movimiento sindical y dada su situación, tiene que reflejar consciente o
inconscientemente —eso es ya otra cosa, yo no digo que lo haga siempre
conscientemente— este complicado período de transición. Y si a las masas les
duele algo y ellas mismas no saben lo que les duele, y él no sabe lo que les
duele (aplausos, risas); si entonces
él vocifera, yo afirmo que eso es un mérito y no un defecto. Estoy
completamente seguro de que en Tomski se pueden encontrar muchos errores
teóricos parciales. Y todos nosotros, si nos sentamos en torno a una mesa y
escribimos inmediatamente una resolución o unas tesis, todos corregiremos, o
tal vez no corrijamos, pues el trabajo de producción es más interesante que la
corrección de discrepancias teóricas minúsculas.
Paso ahora a "la
democracia en la producción"; esto, por decirlo así, es para Bujarin.
Sabemos muy bien que cada persona tiene sus pequeñas debilidades, que hasta los
grandes hombres adolecen de pequeñas flaquezas, incluido Bujarin. Si aparece un
término artificioso, Bujarin no puede dejar de pronunciarse en el acto a favor
de él. En la sesión plenaria del Comité Central celebrada el 7 de diciembre,
Bujarin escribió casi con voluptuosidad una resolución acerca de la democracia
en la producción. Y cuanto más pienso en esta "democracia en la
producción", con mayor claridad veo la falsedad teórica, veo que ha
faltado reflexión. Ahí no
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
hay más que un lío. Y ante
este ejemplo es preciso decir una vez más, por lo menos en una reunión del
partido: "Camarada N. I. Bujarin, menos florituras verbales; será mejor
para usted, para la teoría y para la República". (Aplausos.) La producción es necesaria siempre. La democracia es una
categoría exclusivamente de la esfera política. No se puede estar en contra de
que se emplee esta palabra en un discurso o en un artículo. El artículo toma y
expresa con claridad una correlación, y eso basta. Pero cuando convertís esto
en una tesis, cuando queréis hacer de esto una consigna que agrupe a
"conformes" y disconformes, cuando se dice, como lo hace Trotski, que
el partido deberá "elegir entre dos tendencias", eso suena ya como
algo extraño por completo. He de referirme de manera especial a si el partido
deberá "elegir", y de quién es la culpa de que se le haya colocado en
la tesitura de tener que "elegir". Puesto que las cosas han salido
así, debemos decir: "En todo caso, elegid menos consignas teóricamente
falsas y que no originan más que confusión, como la de "democracia en la
producción"". Ni Trotski ni Bujarin han meditado con la suficiente
claridad teórica este término y se han hecho un lío. "La democracia en la
producción" sugiere pensamientos que no caben de ningún modo en el
conjunto de ideas que movían a ambos. Querían subrayar, fijar más la atención
en la producción. Subrayar en un artículo o en un discurso es una cosa, pero
cuando eso se convierte en tesis y cuando el partido debe elegir, yo digo:
elegid contra eso, pues eso es un embrollo. La producción es necesaria siempre;
la democracia, no siempre. La democracia en la producción engendra una serie de
ideas falsas de raíz. Hace muy poco se propugnaba la dirección unipersonal. No
se puede hacer un amasijo, creando el peligro de que la gente se embrolle: unas
veces democracia, otras dirección unipersonal y otras dictadura. No hay que
renunciar en modo alguno a la dictadura. Oigo que Bujarin brama detrás de mí:
"Completamente exacto". (Risas.
Aplausos.)
Prosigamos. Desde septiembre
venimos hablando de pasar del sistema de trabajo de choque al igualitarismo;
hablamos de esto en la resolución de la conferencia general del partido,
aprobada por el Comité Central 152. El problema es difícil. Porque, de una
forma o de otra, hay que combinar el igualitarismo y el sistema de trabajo de
choque, aunque estos dos conceptos se excluyen mutuamente. Sin embargo, hemos
estudiado un poco el marxismo, hemos aprendido cómo y cuándo se puede y se debe
unir los contrarios, y, lo que es principal: en nuestra revolución, en tres
años y medio, hemos unido los contrarios prácticamente y en múltiples
ocasiones.
Es evidente la necesidad de
abordar el problema con mucha prudencia y reflexión, pues ya en las lamentables
sesiones plenarias del CC*, en las que se formaron el grupo de los siete, el de
los ocho y el famoso "grupo de tope"153 del camarada Bujarin, hablamos de estas cuestiones de
principios y determinamos ya que no es fácil pasar del sistema de trabajo de
choque al igualitarismo.
* Se alude a las reuniones plenarias del CC celebradas en
noviembre y diciembre de 1920. Véanse los textos de sus resoluciones en los
números 255 y 281 de Pravda, del 13
de noviembre y 14 de diciembre de 1920, respectivamente, y la información del
número 26 de Izvestia del CC del PCR,
del 20 de diciembre de dicho año.
141
Y para cumplir este acuerdo
de la Conferencia de Septiembre debemos trabajar un poco. Porque se pueden
combinar estos conceptos opuestos de manera que resulte una cacofonía, y se
pueden combinar también de manera que resulte una sinfonía. El sistema de trabajo
de choque significa dar preferencia a una producción, de entre todas las
necesarias, en virtud
![]()
152 Lenin se refiere a la resolución de la
IX Conferencia del PC(b) de Rusia Las
tareas inmediatas de la construcción del partido.
153 "Grupo de tope":
uno de los grupos fraccionales antipartido que actuó durante la discusión
sindical de 1920 y 1921. Lo encabezaba Bujarin. Se le dio la denominación de
"grupo de tope" porque pretendía conciliar el trotskismo con el
leninismo, intentaba desempeñar el papel de "tope" al chocar las dos
plataformas y, en el fondo, defendía y encubría a los trotskistas, ayudándoles
en la lucha contra Lenin, contra la política del partido. Poco después, los
bujarinistas se unieron abiertamente con los trotskistas. Lenin definió la
plataforma del "grupo de tope" como una desviación hacia el
sindicalismo, que conducía a abjurar del papel dirigente del partido, y la
calificó de "el colmo de la descomposición ideológica".
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
de su mayor urgencia. ¿En
qué debe consistir la preferencia? ¿Qué proporciones debe alcanzar? Es una
cuestión difícil, y debo decir que para resolverla no basta con el celo en el
cumplimiento de las tareas, no basta tampoco con el heroísmo personal de quien
tal vez reúna muchas cualidades excelentes, pero que vale más en el puesto que
le corresponde; hay que saber enfocar este problema tan original. Pues bien, si
se plantea la cuestión del sistema de trabajo de choque y del igualitarismo, lo
primero que debe hacerse es abordarla con reflexión, y eso es precisamente lo
que no se observa en el trabajo del camarada Trotski; cuanto más rehace sus
tesis iniciales, tantos más postulados falsos hay en ellas.
He aquí lo que leemos en sus últimas tesis:
"... En la esfera del consumo, es decir, de las condiciones de
existencia personal de los trabajadores, es preciso aplicar la línea del
igualitarismo. En la esfera de la
producción, el principio del sistema de trabajo de choque seguirá siendo
para nosotros, aún durante mucho tiempo, el decisivo…" (tesis 41, pág. 31
del folleto de Trotski). Esto es una completa confusión teórica. Esto es
absolutamente erróneo. El sistema de trabajo de choque implica una preferencia,
pero la preferencia sin consumo no es nada. Si la preferencia que se tiene
conmigo consiste en que voy a recibir un octavo de libra de pan, no necesito
para nada esa preferencia. La preferencia en el sistema de trabajo de choque es
también preferencia en el consumo. Sin esto, el sistema de trabajo de choque
será un sueño, una quimera; pero nosotros, pese a todo, somos materialistas. Y
los obreros también son materialistas. Si se habla de sistema de trabajo de
choque, hay que dar pan, ropa y carne. Sólo así comprendíamos y seguimos
comprendiendo estos problemas al discutirlos cientos de veces, con motivos
concretos, en el Consejo de Defensa, cuando un dirigente se afana por que le
den botas para la gente, diciendo: "Mi fábrica es de choque", y otro
replica: "Las botas me corresponden a mí, porque, de lo contrario, no
resistirán los obreros de choque de tu fábrica y fracasará tu trabajo".
Resulta, pues, que la
cuestión del igualitarismo y del sistema de trabajo de choque se plantea en las
tesis de un modo completamente falso. Además, representa un retroceso con
respecto a lo que prácticamente ha sido ya comprobado y logrado. Eso es inadmisible,
y siguiendo ese camino no se conseguirá nada bueno.
Otra cuestión: la del
"enlazamiento". Lo más acertado en estos momentos sería no hablar de
"enlazamiento". La palabra es de plata, y el silencio, de oro. ¿Por
qué? Porque del enlazamiento nos hemos ocupado ya en la práctica; no existe ni
un Consejo Económico provincial de importancia, ni una gran sección del Consejo
Superior de Economía Nacional, del Comisariado del Pueblo de Vías de
Comunicación, etc., donde no se haya procedido prácticamente al enlazamiento. Pero ¿son buenos del todo los
resultados? Ahí está precisamente la
dificultad. Estudiad la experiencia
práctica de cómo se ha efectuado el enlazamiento y de qué se ha conseguido
con ello. Son tantos los decretos por los que se ha implantado el enlazamiento
en una u otra institución que es imposible enumerarlos. Pero no hemos sabido
aún estudiar de un modo práctico lo que ha resultado de eso, lo que ha
proporcionado el enlazamiento en tal o cual rama de la industria cuando este o
aquel miembro de un sindicato provincial ha pasado a ocupar un determinado puesto
en el Consejo Económico provincial; a qué ha conducido eso, cuántos meses ha
tardado en llevar a cabo este enlazamiento, etc.; no hemos sabido aún estudiar
con eficacia nuestra propia experiencia práctica. Hemos sabido inventar una
discrepancia de principios sobre el enlazamiento y, además, cometer un error
—en eso somos maestros—, pero somos incapaces de estudiar nuestra propia
experiencia y comprobarla. Y cuando celebremos congresos de los Soviets en los
que, además de secciones para el estudio de las zonas agrícolas desde el punto
de vista de una u otra aplicación de la ley de mejoramiento de la agricultura,
haya secciones para el estudio del enlazamiento, para el estudio de los
resultados del enlazamiento en la industria harinera de la provincia de
Sarátov, o en la metalúrgica de
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
Petrogrado, o en la
industria hullera en la cuenca del Donets, etc.; cuando estas secciones,
después de reunir gran cantidad de datos y documentos, declaren: "Hemos
estudiado esto y lo de más allá", entonces diré: "¡Sí, hemos empezado
a hacer algo práctico, hemos salido de la infancia!" Sin embargo, ¿qué
puede haber más lamentable y más erróneo que, después de haber invertido tres
años en aplicar el enlazamiento, se nos presenten unas "tesis" en las
que se inventan discrepancias de principios sobre él? Hemos emprendido el
camino del enlazamiento y no dudo de que lo hemos emprendido con acierto, pero
no hemos estudiado todavía como es debido los resultados de nuestra
experiencia. Por eso, la única táctica inteligente respecto al problema del
enlazamiento es la de callar.
142
Hay que estudiar la experiencia práctica. He firmado decretos y
disposiciones que contienen indicaciones sobre enlazamientos prácticos, y la
práctica es cien veces más importante que toda teoría. Por eso, cuando se dice:
"Hablemos de "enlazamiento"", yo respondo: "Estudiemos
lo que hemos hecho". Es indudable que hemos cometido muchos errores. Es
posible también que gran parte de nuestros decretos deban ser modificados.
Estoy de acuerdo con ello y no siento la menor predilección por los decretos.
Pero entonces presentad propuestas prácticas: hay que rehacer esto o lo otro.
Eso será un planteamiento positivo de la cuestión. Eso no será una labor
improductiva. Eso no llevará a la proyectomanía burocrática. Cuando leo en el
folleto de Trotski el apartado VI, Conclusiones
prácticas, veo que estas conclusiones prácticas adolecen precisamente de
ese defecto. Porque en ellas se dice que deben formar parte del Consejo Central
de los Sindicatos de toda Rusia y del Presídium del Consejo Superior de
Economía Nacional de una tercera parte a la mitad de los miembros comunes de
ambas instituciones, y de los organismos colegiados, de la mitad a los dos
tercios, etc. ¿Por qué? Simplemente, "a ojo". Es natural que en
nuestros decretos se establezcan con frecuencia semejantes proporciones
precisamente "a ojo"; pero ¿por qué es inevitable que se haga eso en
los decretos? No soy defensor de todos los decretos y no pretendo presentarlos
mejores de lo que son en realidad. En ellos hay a cada paso magnitudes convencionales
como mitad, tercera parte de los miembros que integran una y otra institución,
etc., magnitudes tomadas a ojo. Cuando en un decreto se dice tal cosa, eso
significa: probad a hacerlo así y luego sopesaremos los resultados de vuestra
"prueba". Después analizaremos lo que haya salido. Cuando lo hayamos
analizado, podremos progresar. Estamos aplicando el enlazamiento y lo
aplicaremos cada vez mejor, pues somos cada día más prácticos y expertos.
Pero me parece que he
comenzado a dedicarme a "la propaganda en el terreno de la
producción". ¡Es inevitable! Cuando se habla del papel de los sindicatos
en la producción no hay más remedio que tocar este problema.
Paso a este punto, a la
propaganda en el terreno de la producción. Es también una cuestión práctica,
que planteamos con un criterio práctico. Se han creado ya instituciones del
Estado para la propaganda en el terreno de la producción. Ignoro si son buenas
o malas, hay que probarlas; y no hace falta en modo alguno escribir
"tesis" sobre esta cuestión.
Hablando en conjunto del
papel de los sindicatos en la producción, en lo que se refiere a la democracia
no hace falta otra cosa que el espíritu democrático corriente. Los artificios
como "la democracia en la producción" son falsos y nada resultará de
ellos. Esto, en primer lugar. En segundo lugar, la propaganda en el terreno de
la producción. Se han creado ya las instituciones. Las tesis de Trotski hablan
de la propaganda en el terreno de la producción. En vano, porque las
"tesis" sobre el particular son ya una cosa anticuada. Todavía no
sabemos si la institución es buena o mala. Experimentaremos en la práctica y
entonces hablaremos. Estudiemos y preguntemos. Supongamos que en el congreso se
forman diez secciones compuestas de diez miembros cada una: "¿Te has
ocupado de la propaganda en el terreno de la producción? ¿Cómo? ¿Cuáles son los
resultados?" Después de estudiar esto, recompensaremos a quienes hayan
logrado mayores éxitos y desecharemos la experiencia
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
desafortunada. Contamos ya
con experiencia práctica; escasa, pequeña, pero la tenemos; y de ella se nos
quiere hacer volver atrás, a las "tesis de principios". Más que
"tradeunionismo", eso es un movimiento "reaccionario".
En tercer lugar, el sistema
de premios. Ahí tenéis el papel y la tarea de los sindicatos en la producción:
la concesión de premios en especie.
Se ha empezado. La cosa está en marcha. Se han destinado para esto quinientos
mil puds de trigo y se han distribuido ya ciento setenta mil. No sé si se han
distribuido bien, con acierto. "En el Consejo de Comisarios del Pueblo se
ha dicho: no se hace bien la distribución, en lugar de premios resulta un plus
sobre el salario. Así lo han señalado tanto los dirigentes sindicales como los
del Comisariado del Pueblo de Trabajo. Hemos designado una comisión para
estudiar el asunto, mas todavía no lo ha estudiado. Se han distribuido ciento
setenta mil puds de trigo, pero hay que hacer la distribución de tal manera que
se recompense a quienes hayan revelado heroísmo, eficiencia, talento y celo
como trabajadores en la esfera de la economía; en una palabra, a quienes hayan
revelado las cualidades que Trotski ensalza. Ahora bien, no se trata de cantar
loas en unas tesis, sino de dar pan y carne. ¿No será mejor, por ejemplo,
privar de carne a una categoría determinada de obreros y distribuirla en forma
de premios a otros, a los obreros "de choque"? No renunciamos a este
sistema de trabajo de choque. Lo necesitamos y estudiaremos minuciosamente la
experiencia práctica de nuestra aplicación de este sistema.
En cuarto lugar, los
tribunales disciplinarios. El papel de los sindicatos en la producción,
"la democracia en la producción'', lo diremos sin ánimo de zaherirle al
camarada Bujarin, son puras bagatelas si no existen tribunales disciplinarios.
Pero en vuestras tesis eso no se ve. Así pues, en el terreno de los principios,
en el terreno teórico y en el terreno práctico se desprende una sola conclusión
a propósito de las tesis de Trotski y de la posición de Bujarin: ¡Dios nos
libre de ellas!
143
Llego más aún a esta
conclusión cuando me digo: no planteáis el problema de un modo marxista. Y no
se trata sólo de que las tesis contengan una serie de errores teóricos. El
enfoque de "el papel y las tareas de los sindicatos" no es marxista,
pues no se puede abordar un tema tan amplio sin meditar en las peculiaridades
del momento actual en su aspecto político. Porque no en vano hemos escrito
junto con el camarada Bujarin, en la resolución del IX Congreso del PCR acerca
de los sindicatos, que la política es la expresión más concentrada de la
economía.
Al analizar el momento
político actual podríamos decir que estamos viviendo un período de transición
en un período de transición. Toda la dictadura del proletariado es un período
de transición; pero ahora tenemos, por decirlo así, todo un cúmulo de nuevos
períodos de transición. Desmovilización del ejército, terminación de la guerra,
posibilidad de una tregua pacífica mucho más larga que antes, posibilidad de
pasar con mayor firmeza del frente de la guerra al frente del trabajo. Sólo por
esto, tan sólo por esto, se modifica ya la actitud de la clase proletaria ante
la clase campesina. ¿Cómo se modifica? Esto hay que examinarlo con la mayor
atención, pero en vuestras tesis no lo hacéis. Y mientras no lo examinemos, hay
que saber esperar. El pueblo está más que cansado, toda una serie de reservas
que deberían consumir algunas industrias de choque han sido ya consumidas, la
actitud del proletariado ante los campesinos se modifica. El cansancio de la
guerra es colosal, las necesidades han aumentado, pero la producción no se ha
incrementado o se ha incrementado en cantidad insuficiente. Por otra parte, en
mi informe al VIII Congreso de los Soviets he señalado ya que hemos aplicado
con acierto y éxito la coerción cuando hemos sabido basarla en una labor previa
de persuasión. Debo decir que Trotski y Bujarin no han tenido en cuenta en
absoluto esta importantísima consideración.
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
¿Hemos sabido basar todas
las nuevas tareas de la producción en una labor de persuasión suficientemente
amplia y seria? No, apenas si hemos comenzado a hacerlo. No hemos sabido
todavía incorporar a las masas. ¿Y pueden las masas pasar de la noche a la mañana
a cumplir estas nuevas tareas? No pueden, porque la cuestión, supongamos, de si
hay que acabar con el terrateniente Wrangel y de si es preciso regatear
sacrificios para ello, una cuestión así no requiere ya una propaganda especial.
Pero en lo que atañe al papel de los sindicatos en la producción —si se tiene
en cuenta no la cuestión "de principios", no las divagaciones acerca
del "tradeunionismo soviético" y demás nimiedades, sino el aspecto
práctico—, no hemos hecho más que empezar a estudiar el problema, no hemos
hecho más que crear la institución encargada de llevar a cabo la propaganda en
el terreno de la producción y todavía no tenemos experiencia. Hemos establecido
los premios en especie, pero carecemos aún de experiencia. Hemos creado los
tribunales disciplinarios, pero desconocemos aún los resultados. Y sin embargo,
desde el punto de vista político, lo más importante es la preparación
precisamente de las masas. ¿Está preparada la cuestión, ha sido estudiada,
meditada y sopesada desde este punto de vista? Ni mucho menos. Y en eso
consiste el error político cardinal, profundísimo y peligroso; porque en esta
cuestión, más que en ninguna otra, hay que actuar siguiendo la regla que dice:
"Mide siete veces antes de cortar", pero se han puesto a cortar sin
haber medido ni una sola vez. Dicen que "el partido debe elegir entre dos
tendencias", mas no han medido aún ni una sola vez y han inventado la
falsa consigna de "la democracia en la producción".
Es preciso comprender el
significado de esta consigna, sobre todo en un momento político en el que el
burocratismo aparece ante las masas con toda evidencia y hemos planteado a la
orden del día este problema. El camarada Trotski dice en las tesis que, en
cuanto a la cuestión de la democracia obrera, al congreso "sólo le queda
consignar unánimemente". Eso es falso. No basta con consignar: consignar
significa refrendar lo que está bien sopesado y medido, mientras que la
cuestión de la democracia en la producción está muy lejos aún de haber sido
sopesada a fondo, no ha sido experimentada, no ha sido comprobada. Pensad en
cómo pueden interpretar las masas la consigna de "democracia en la
producción".
"Nosotros, hombres
medios, hombres de la masa, decimos que es preciso renovar, que es preciso
corregir, que es preciso echar a los burócratas, y tú tratas de desorientarnos
diciendo que nos dediquemos a la producción, que pongamos de relieve la democracia
en los éxitos de la producción; pero nosotros no queremos producir con este
personal burocrático de las administraciones, de las direcciones generales,
etc., sino con otro personal". No habéis dejado que las masas hablen,
asimilen y piensen; no habéis dejado que el partido adquiera nueva experiencia,
y sentís ya prisa, exageráis la nota y creáis fórmulas que son falsas
teóricamente. ¿Y cuánto más no acentuarán este error ejecutores demasiado
celosos? Un dirigente político responde no sólo de cómo dirige, sino también de
lo que hacen los dirigidos por él. Esto lo ignora a veces, y con frecuencia no
lo quiere, pero la responsabilidad recae sobre él.
144
Paso ahora a tratar de las
sesiones plenarias de noviembre (día 9) y diciembre (día 7) del Comité Central,
que expresaron ya todos esos errores no como postulados lógicos, como premisas,
como razonamientos teóricos, sino en la acción. En el Comité Central resultó un
lío y un revoltijo; es la primera vez que ocurre en la historia de nuestro
partido durante la revolución, y eso es peligroso. El quid de la cuestión
estriba en que se produjo una división, en que surgió el grupo "de
tope" de Bujarin, Preobrazhenski y Serebriakov, el grupo que más daño ha
causado y más ha embrollado las cosas. Recordad la historia de la Glavpolitput154 y
![]()
154 La Glavpolitput
(Sección Política Principal del
Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación) se instituyó en febrero de
1919 como organismo político temporal, que funcionaba bajo la dirección
inmediata del CC del PC(b) de Rusia. En enero de 1920 fue reorganizada,
dándosele la denominación de Dirección Política General del Comisariado del
Pueblo de Vías de Comunicación. La Glavpolitput fue creada para aplicar medidas
de emergencia contra la
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
del Cectrán155. En la resolución del IX Congreso del PCR, en abril de 1920, se
decía que se creaba la Glavpolitput como institución "temporal" y que
era necesario pasar a normalizar la situación "en el plazo más corto posible". En septiembre leéis:
"Pasemos a una situación normal"*. En noviembre (día 9), el CC se
reúne en sesión plenaria, y Trotski lleva a él sus tesis, sus consideraciones
acerca del tradeunionismo. Por excelentes que fueran algunas de sus frases respecto
a la propaganda en el terreno de la producción, era preciso decir que todo
aquello no venía al caso, no tenía sentido práctico, representaba un paso atrás
y no era posible ocuparse de ello en el CC en aquel momento. Bujarin dijo:
"Eso está muy bien". Puede que estuviera muy bien, pero eso no era
una respuesta. Después de encarnizados debates se aprobó por diez votos contra
cuatro una resolución, en la que se decía en forma correcta y camaraderil que
el propio Cectrán "había planteado ya a la orden del día" la necesidad
de "reforzar y desarrollar los métodos de la democracia proletaria dentro
del sindicato". Se decía que el Cectrán debía "participar activamente
en la labor general del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia,
formando parte de él con los mismos derechos que las demás organizaciones
sindicales".
* Véase Izvestia del CC del PCR, núm. 26, pág. 2, resolución de la sesión
plenaria de septiembre del CC, punto 3: "El CC considera, además, que en
la actualidad ha mejorado considerablemente la grave situación de los
sindicatos del transporte que motivó la creación de la Glavpolitput y de la
Politvod156, resortes temporales para mantener y
organizar el trabajo. Por eso, ahora se puede y se debe iniciar la labor
tendente a incluir estas organizaciones en el sindicato como organismos que se
adaptan al mecanismo sindical y se diluyen en él".
¿Cuál era la idea
fundamental de esta resolución del CC? Está clara: "Camaradas del Cectrán:
Cumplid los acuerdos del congreso y del CC del partido no de un modo formal,
sino a toda ley, para ayudar con vuestro trabajo a todos los sindicatos, para que
no quede ni rastro de burocratismo, de preferencias, de presunción, como la
manifestada por quienes dicen: Somos mejores que vosotros, tenemos más que
vosotros y recibimos más ayuda".
Después de esto pasamos a la
labor práctica. Se constituye la comisión y se publica la lista de sus
componentes. Trotski sale de ella, la sabotea, no quiere trabajar en ella. ¿Por
qué? Un solo motivo: que Lutovínov suele jugar a la oposición. Es cierto que
Osinski también. A decir
![]()
desorganización completa del
transporte (originada por la guerra imperialista y la guerra civil), reforzar
la dirección de la labor política y de partido entre los obreros del transporte
y fortalecer el Sindicato Ferroviario.
La Glavpolitput implantó la
disciplina militar en los ferrocarriles, subordinándolos por entero a las
tareas del tiempo de guerra. Los métodos excepcionales empleados por la
Glavpolitput en sus actividades permitieron salvar el transporte del
desbarajuste, pero, al mismo tiempo, acentuaron el burocratismo y engendraron
la tendencia a apartarse de las masas y renunciar a los métodos democráticos en
la actividad sindical.
En 1920, al terminar la guerra civil y pasarse a la construcción
pacífica, la Glavpolitput fue suprimida por acuerdo de la sesión plenaria del
CC del PC(b) de Rusia celebrada el 7 de diciembre
155 El Cectrán
(Comité Central del Sindicato Unificado
del Transporte Ferroviario, Marítimo y Fluvial) quedó constituido en
septiembre de 1920. La unificación de los dos sindicatos del transporte estuvo
dictada por la necesidad de crear una dirección centralizada fuerte, capaz de
asegurar el cumplimiento de las tareas concernientes al restablecimiento del
transporte, cuya desorganización amenazaba con paralizar la economía del país.
La dificultad de las tareas planteadas hizo necesario aplicar con carácter
temporal una política de medidas de emergencia y de métodos militares de
trabajo en la organización sindical. Después de haber realizado una labor
considerable para restablecer el transporte, el Cectrán degeneró en un
organismo burocrático alejado de las masas sindicadas. El burocratismo, los
métodos de ordeno y mando, el"designacionismo" para desempeñar cargos
y la renuncia a los métodos democráticos de trabajo, defectos intensamente
inculcados por los trotskistas —que se habían apoderado de la dirección del
Cectrán—, enfrentaban a los obreros con el partido y dividían las filas de los
trabajadores del transporte.
Estos métodos nocivos fueron
condenados por el Comité Central del partido. Las sesiones plenarias del CC del
PC(b) de Rusia celebradas el 8 de noviembre y el 7 de diciembre de 1920
acordaron que se incluyera al Cectrán en el sistema general de trabajo del
Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia con los mismos derechos que los
demás sindicatos y recomendaron al Cectrán que cambiara sus métodos de trabajo,
en el sentido de ampliar la democracia sindical y practicar la amplia
elegibilidad de todos los organismos sindicales.
156 La Politvod
(Glavpolitvod: Dirección Política
Principal del Transporte Marítimo y Fluvial del Comisariado del Pueblo de Vías
de Comunicación) se formó el 1 abril de 1920 como sección de la
Glavpolitput (véase la nota 154). Estaba llamada
a ejercer el control político del mecanismo técnico y administrativo, dirigir
la labor de educación política orientada a restaurar con rapidez el transporte,
por agua, luchar por elevar la productividad del trabajo e implantar la
disciplina laboral. Fue suprimida en diciembre de 1920.
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
verdad, es un juego
desagradable. Pero ¿acaso eso es un motivo? Osinski organizó magníficamente la
campaña de semillas. Había que trabajar con él, a pesar de su "campaña
oposicionista", y el método de hacer fracasar la comisión es burocrático, no
soviético, no socialista, equivocado y políticamente perjudicial. En un momento
en que es preciso establecer una clara delimitación entre los elementos sanos y
los elementos malsanos de "la oposición" ese método es triplemente
desatinado y políticamente nocivo. Cuando Osinski despliega. "la campaña
oposicionista", yo le digo: "Es una campaña perjudicial"; pero
cuando desarrolla la campaña de semillas, es una maravilla. Jamás negaré que
Lutovínov comete un error con su "campaña oposicionista", como
Ischenko y Shliápnikov, mas eso no es motivo para sabotear la comisión.
Ahora bien, ¿qué significaba
esta comisión? Significaba pasar de las divagaciones propias de intelectuales
acerca de discrepancias insustanciales a una labor práctica. Propaganda en el
terreno de la producción, premios, tribunales disciplinarios: de eso se debía
hablar y en eso tenía que ocuparse la comisión. Pero entonces, el camarada
Bujarin, jefe del "grupo de tope", con Preobrazhenski y Serebriakov,
viendo la peligrosa división surgida en el CC, se puso a crear un tope, un
amortiguador tal que no encuentro una expresión parlamentaria para calificarlo.
Si yo supiera dibujar caricaturas como lo sabe hacer el camarada Bujarin,
presentaría al camarada Bujarin con un balde de petróleo, echando este petróleo
al fuego, y pondría este pie: "Petróleo de tope". El camarada Bujarin
quiso crear algo; no hay duda de que su deseo era lo más sincero y
"amortiguador" que cabe. Pero no resultó un tope: lo que resultó fue
que no tuvo en cuenta el momento político y, además, incurrió en errores teóricos,
¿Había necesidad de llevar
todos esos pleitos a una amplia discusión? ¿De dedicarse a semejante
inactividad y desperdiciar varias semanas, tan preciosas para nosotros en
vísperas de un congreso del partido? Durante ese tiempo habríamos podido
preparar y estudiar el problema de los premios, de los tribunales
disciplinarios y del enlazamiento. Habríamos resuelto estos problemas con un
sentido práctico en la comisión del CC. Si el camarada Bujarin quería crear un
tope y no deseaba encontrarse en la situación de la persona que se ha
equivocado de puerta, tendría que haber dicho e insistido en que el camarada
Trotski no abandonase la comisión. Si hubiese dicho y hecho eso, habríamos
emprendido un camino positivo y habríamos puesto en claro en esta comisión cómo
es en realidad la dirección unipersonal, cómo es la democracia, cómo son los
designados para los cargos, etc.
Prosigamos. En diciembre
(sesión plenaria del día 7) era ya patente el choque con los dirigentes del
Sindicato del Transporte Marítimo y Fluvial, que vino a agravar el conflicto, y
como resultado de lo cual en el Comité Central se reunieron ocho votos contra
nuestros siete. El camarada Bujarin escribió apresuradamente la parte
"teórica" de la resolución del Pleno de Diciembre, tratando de
"conciliar" y de poner en acción "el tope"; pero, como es
natural, después del fracaso de la comisión no podía resultar nada de esto.
145
¿En qué consistió el error de la Glavpolitput y del Cectrán? No
consistió, ni mucho menos, en haber aplicado la coerción; al contrario: en eso
reside su mérito. Su error consistió en que no supieron pasar a tiempo y sin
conflictos, como había exigido el IX Congreso del PCR, a una actividad sindical
normal; en que no supieron adaptarse debidamente a los sindicatos, en que no
supieron ayudarles, entablando con ellos relaciones en pie de igualdad. Hay una
valiosa experiencia de los tiempos de guerra: heroísmo, celo en el cumplimiento
de las tareas, etc. Y hay un aspecto malo en la experiencia de los peores
elementos militares: el burocratismo y la presunción. Las tesis de Trotski, en
contra de su conciencia y de su voluntad, vinieron a respaldar el aspecto peor,
y no el mejor, de la experiencia militar. Debe recordarse que un dirigente
político no responde sólo de su política, sino también de lo que hagan quienes
son dirigidos por él.
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
Lo último que quería
deciros, y que ayer debí haberme reprochado por mentecato, es que no presté
atención a las tesis del camarada Rudzutak. Rudzutak tiene el defecto de que no
sabe hablar en voz alta, de manera impresionante y con belleza. Es fácil no darse
cuenta, no prestar atención a lo que dice. Ayer, imposibilitado de asistir a la
reunión, repasé mis papeles y encontré entre ellos una hoja editada con motivo
de la V Conferencia Sindical de toda Rusia, celebrada del 2 al 6 de noviembre
de 1920. Esta hoja se titula: Las tareas
de los sindicatos en la producción. Os la leeré íntegra" no es muy
larga:
A la V Conferencia
sindical de toda Rusia.
Las tareas de los
sindicatos en la producción.
(Tesis del informe del camarada Rudzutak)
1. Inmediatamente después de la Revolución
de Octubre, los sindicatos resultaron ser casi
los únicos organismos que, a la par con la aplicación del control obrero, podían y debían asumir la tarea de organizar y dirigir la producción. En el primer
período de existencia del Poder soviético, el mecanismo estatal de dirección de
la economía nacional no funcionaba aún como era debido, y el sabotaje de los
dueños de las empresas y del personal técnico superior planteó con apremio ante
la clase obrera las tareas de conservar la industria y restablecer el
funcionamiento normal de todo el mecanismo económico del país.
2. En el período subsiguiente de la labor
del Consejo Superior de Economía Nacional, cuando una parte considerable de
esta labor se reducía a liquidar las empresas privadas y a organizar su
dirección por el Estado, los sindicatos
realizaron este trabajo a la par y juntamente con los organismos estatales
de dirección económica.
La debilidad de los
organismos del Estado no sólo explicaba, sino que, además, justificaba
semejante paralelismo; desde el punto
de vista histórico, ese paralelismo estaba justificado por haberse establecido
un contacto pleno entre los sindicatos y los organismos de dirección de la
economía.
3. La dirección de los organismos económicos del
Estado, el dominio gradual
por ellos del mecanismo de producción y administración y la coordinación de las
distintas partes de este mecanismo hicieron que se trasladase a dichos organismos el centro de gravedad de la labor de
dirección de la industria y de confección del programa de producción. Debido a ello, la labor de los sindicatos
en la organización de la producción se redujo a participar en la formación de organismos colegiados de las
direcciones generales, departamentos centrales y administraciones de las
fábricas.
4. En la actualidad hemos vuelto a abordar
de lleno el problema de establecer la más estrecha ligazón entre los organismos
económicos de la República Soviética y los sindicatos, cuando es necesario a
toda costa utilizar racionalmente cada unidad de trabajo, atraer a toda la masa
de productores a una participación consciente en el proceso de producción;
cuando el mecanismo estatal de dirección económica, al crecer y complicarse
paulatinamente, se ha trasformado en una máquina burocrática enorme,
desproporcionada en comparación con la propia producción, e impulsa de manera
inevitable a los sindicatos a participar directamente en la organización de la
producción no sólo mediante la representación personal en los organismos
económicos, sino como tal entidad en su conjunto.
5. Mientras que el Consejo Superior de
Economía Nacional enfoca la fijación del programa general de producción
partiendo de los elementos materiales de
producción existentes (materias primas, combustible, estado de la
maquinaria, etc.), los sindicatos deben enfocar este problema desde el punto de vista de la organización
del trabajo para cumplir las tareas
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
de la producción y utilizar
éste de modo racional. Por eso, el
programa general de producción, por partes y en su conjunto, debe ser
confeccionado con la participación ineludible de los sindicatos, a fin de
combinar del modo más racional el aprovechamiento de los recursos materiales de la producción y del
trabajo.
6. La implantación de una verdadera
disciplina de trabajo y la lucha eficaz contra los casos de deserción del
trabajo, etc., sólo son concebibles con la
participación consciente de todos los productores en el cumplimiento de
estas tareas. Esto no lo logran los
métodos burocráticos ni las órdenes desde arriba; es preciso que cada
trabajador comprenda la necesidad y la conveniencia
de las tareas que cumple en la producción; es preciso que cada productor no
sólo participe en el cumplimiento de las tareas señaladas desde arriba, sino
que tome parte conscientemente en la corrección de todas las deficiencias,
técnicas y de organización, en el ámbito de la producción.
146
Las tareas de los sindicatos
en este terreno son inmensas. Deben enseñar a
sus miembros en cada taller y en cada fábrica a descubrir y tener en cuenta todos los defectos en el aprovechamiento
de la mano de obra, derivados de una utilización desacertada de los medios técnicos o de una labor administrativa
insatisfactoria. La suma de la
experiencia de las distintas empresas y de la producción debe ser
aprovechada para combatir enérgicamente el
papeleo, la negligencia y el burocratismo.
7.
Para
subrayar su importancia de manera especial, estas tareas de producción deben
ocupar un lugar concreto, desde el punto de vista de organización, en la labor
cotidiana concreta. Las secciones
económicas que se están organizando adjuntas a los sindicatos en
cumplimiento del acuerdo del III Congreso de toda Rusia, al desplegar su labor,
deben esclarecer y determinar paulatinamente el carácter de toda la actividad
sindical. Por ejemplo, en las condiciones sociales actuales, en las que toda la
producción tiende a satisfacer las necesidades de los propios trabajadores, las tarifas de salarios y los premios deben
guardar la más estrecha conexión y dependencia respecto del grado de cumplimiento
del plan de producción. Los premios en especie y el pago de una parte del
salario en especie deben convertirse
gradualmente en un sistema de
abastecimiento de los obreros en dependencia del nivel alcanzado por la
productividad del trabajo.
8. Este enfoque del trabajo de los
sindicatos debe, por una parte, poner fin a la existencia de organismos paralelos (secciones políticas,
etc.} y, por otra, restablecer la estrecha ligazón de las masas con los organismos de dirección económica.
9. Después del III Congreso, los sindicatos
no han conseguido aplicar en grado considerable su programa en lo que respecta
a su participación en la edificación de la economía nacional, debido, por una
parte, a las condiciones del tiempo de
guerra y, por otra, a su debilidad
orgánica y a su apartamiento de la labor dirigente y práctica de los
organismos económicos.
10.
Por
eso, los sindicatos deben señalarse las siguientes tareas prácticas inmediatas:
a) participar con la mayor actividad en la solución de los problemas de la
producción y de la dirección; b) participar de manera directa, junto con los
correspondientes organismos económicos, en
la creación de organismos de dirección competentes;
c) registrar minuciosamente los distintos tipos
de dirección y la influencia que ejercen en la producción; d) participar
obligatoriamente en la elaboración y el establecimiento de los planes económicos y de los programas de producción; e) organizar el trabajo de conformidad con
el grado de urgencia de las tareas económicas; f) desarrollar una amplia
organización de la agitación y la
propaganda en el terreno de la producción.
11. Es necesario que las secciones
económicas anejas a los sindicatos y
a las organizaciones sindicales se transformen de verdad en poderosos y rápidos
resortes de la participación sistemática de los sindicatos en la organización
de la producción.
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
12.
Para
planificar el aprovisionamiento material de los obreros, los sindicatos deben
trasladar su influencia a los organismos
distribuidores del Comisariado del Pueblo de Abastecimiento, tanto locales
como central, haciendo realidad la participación práctica y eficiente y el control
en todos los organismos distribuidores y prestando especial atención a la
actividad de las comisiones de
abastecimiento obrero centrales y provinciales.
13. En vista de que el llamado "sistema
de trabajo de choque" ha adquirido el carácter más desordenado —a
consecuencia de las aspiraciones estrechas de las distintas direcciones
generales, departamentos centrales, etc.—, los sindicatos deben defender en
todas partes la aplicación efectiva de dicho sistema en la economía y la
revisión del sistema vigente de determinación del trabajo de choque de
conformidad con la importancia de la producción respectiva y con los recursos
materiales existentes en el país.
14.
Es
necesario concentrar especialmente la atención en el llamado grupo modelo de
empresas, haciendo que sean verdaderamente modelo mediante la creación de una
dirección competente, la disciplina de trabajo y la labor de la organización
sindical.
15. En la organización del trabajo, además
de establecer un sistema armónico de tarifas de salarios y de revisar a fondo
las normas de rendimiento, es preciso que los sindicatos tomen firmemente en
sus manos la lucha contra los distintos tipos
de deserción del trabajo (ausencias injustificadas, falta de puntualidad,
etc.). Los tribunales disciplinarios, a los que no se ha prestado hasta ahora
la debida atención, deben ser transformados en un medio eficaz de lucha contra
la infracción de la disciplina laboral proletaria.
16.
El
cumplimiento de las tareas enumeradas, así como la concepción de un plan
práctico de propaganda en el terreno de la producción y de diversas medidas
orientadas a mejorar la situación económica de los obreros, deben recaer sobre
las secciones económicas. Es necesario, por ello, encomendar a la Sección
Económica del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia que convoque en
breve una Conferencia de secciones
económicas de toda Rusia para examinar las cuestiones prácticas de la
organización de la economía en conexión con la labor de los organismos
económicos del Estado.
147
Espero que comprenderéis
ahora por qué he tenido que hacerme reproches. Esto sí es una plataforma; es
cien veces mejor que lo que ha escrito el camarada Trotski después de haberlo
pensado muchas veces y que lo que ha escrito el camarada Bujarin (resolución de
la sesión plenaria del 7 de diciembre) sin haber pensado nada. Todos nosotros,
los miembros del Comité Central que no hemos trabajado durante muchos años en
el movimiento sindical, deberíamos aprender del camarada Rudzutak, y el
camarada Trotski y el camarada Bujarin también tendrían que aprender de él. Los
sindicatos han aprobado esta plataforma.
Todos nosotros hemos
olvidado los tribunales disciplinarios, pero "la democracia en la
producción" sin premios en especie y sin tribunales disciplinarios es pura
charlatanería.
Comparo las tesis de
Rudzutak con las tesis que Trotski presentó en el Comité Central. Al final de
la quinta tesis leo:
"... es necesario
proceder ahora mismo a la reorganización de los sindicatos, es decir, ante
todo, a la selección del personal dirigente precisamente
desde este punto de vista... "
¡Ahí tenéis el verdadero
burocratismo! ¡Trotski y Krestinski seleccionarán "el personal
dirigente" de los sindicatos!
Una vez más: ahí tenéis la
explicación del error del Cectrán. Su error no consiste en haber hecho presión;
en eso estriba su mérito. Su error consiste en no haber sabido enfocar las
tareas generales de todos los sindicatos, en no haber sabido pasar él mismo y
ayudar a todos
Sobre losl sindicatos, el momento actual y los errores de
camarada Trotski
los sindicatos a pasar a una
aplicación más acertada, rápida y eficaz de los tribunales disciplinarios de
honor. Cuando leí lo que se dice en las tesis del camarada Rudzutak acerca de
los tribunales disciplinarios, pensé: seguro que hay ya un decreto sobre esto.
Y, en efecto, hay un decreto. Es el "Reglamento
de los tribunales disciplinarios obreros de honor", promulgado el 14 de
noviembre de 1919 (Recopilación de Leyes,
Nº 537).
En estos tribunales
corresponde a los sindicatos un papel de la mayor importancia. No sé si estos
tribunales son buenos, ni si es eficaz su funcionamiento ni si actúan en todos
los casos. Si estudiáramos nuestra propia experiencia práctica, eso sería un millón
de veces más útil que todo lo que han escrito los camaradas Trotski y Bujarin.
Termino. Como resumen de
cuanto se refiere a esta cuestión, debo decir que llevar estas discrepancias a
una amplia discusión en el partido y a un congreso del partido es un error
gravísimo. Es un error desde el punto de vista político. En la comisión, y sólo
en la comisión, habríamos discutido de una manera práctica y habríamos
avanzado; pero ahora marchamos hacia atrás, y durante varias semanas
marcharemos hacia atrás, hacia tesis teóricas abstractas, en vez de abordar la
tarea con un criterio práctico. Por lo que a mí se refiere, estoy harto hasta
más no poder y me apartaría con gran placer de todo eso, independientemente de
mi estado de salud; estoy dispuesto a irme a donde sea.
Conclusiones: en las tesis
de Trotski y Bujarin hay toda una serie de errores teóricos. Una serie de
inexactitudes de principio. Políticamente, todo el enfoque de la cuestión
equivale a una falta absoluta de tacto. Las "tesis" del camarada Trotski
son una cosa perjudicial en el sentido político. Su política, en suma, es una
política de excitación burocrática de los sindicatos. Y estoy seguro de que el
Congreso de nuestro partido condenará y rechazará esta política. (Clamorosos y prolongados aplausos.)
Publicado en un
folleto en 1921, en Petrogrado. T. 42, págs. 202-226.
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
148
UNA VEZ MÁS ACERCA DE LOS SINDICATOS, EL MOMENTO ACTUAL Y LOS
ERRORES DE LOS CAMARADAS TROTSKI Y BUJARIN.
Se han avivado la discusión
en el partido y la lucha fraccional precursoras del congreso, es decir, en
vísperas y con motivo de las próximas elecciones de delegados al X Congreso del
PCR. La primera intervención fraccional, a saber, la intervención del camarada
Trotski en nombre de "toda una serie de dirigentes responsables" con
"un folleto-plataforma" (El
papel y las tareas de los sindicatos, prólogo fechado el 25 de diciembre de
1920), ha sido seguida de una brusca
intervención (el lector verá más adelante que la brusquedad está justificada)
de la organización de Petrogrado del PCR (el Mensaje al partido, publicado el 6 de enero de 1921 en Petrográdskaya Pravda157 y
luego, el 13 de enero de 1921, en el órgano central del partido, en Pravda, de Moscú). Después se ha
manifestado contra la organización de Petrogrado el Comité de Moscú (en Pravda de la misma fecha). Con
posterioridad ha aparecido, editada por el Buró del grupo comunista del Consejo
Central de los Sindicatos de toda Rusia, el acta taquigráfica de la discusión
del 30 de diciembre de 1920 en una grande e importantísima reunión del partido,
a saber, de los militantes del PCR delegados al VIII Congreso de los Soviets.
Dicha acta taquigráfica se titula Acerca
del papel de los sindicatos en la producción (prólogo fechado el 6 de enero
de 1921). Claro que eso dista mucho de ser todo el material de la polémica. Pero casi en todos los lugares se
están celebrando ya reuniones de partido para examinar los problemas en
discusión. El 30 de diciembre de 1920* hube de hablar en unas condiciones que
"infringían el reglamento", como dije entonces, es decir, en unas
condiciones que me impidieron participar en los debates y escuchar a los
oradores que me habían precedido en el uso de la palabra y a los que me
sucedieron. Procuraré ahora restablecer el orden infringido y exponer mi
opinión de manera más "ordenada".
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
El peligro de las
acciones fraccionales para el partido.
¿Es el folleto del camarada
Trotski El papel y las tareas de los
sindicatos una intervención fraccional? ¿Hay en una intervención de esa
índole, independientemente de su contenido, algo peligroso para el partido? Los
más aficionados a silenciar esta cuestión (además del camarada Trotski, por
supuesto) son los miembros del Comité de Moscú, que ven fraccionismo en los
petrogradenses, y el camarada Bujarin, el cual, sin embargo, se consideró
obligado a declarar en un discurso, el 30 de diciembre de 1920, en nombre de la
"fracción de tope":
"... cuando el tren
tiene cierta inclinación al descarrilamiento, los topes no son ya una cosa tan
mala" (pág. 45 del acta de la discusión del 30 de diciembre de 1920).
Existe, pues, cierta
inclinación al descarrilamiento. Y bien, ¿son concebibles miembros conscientes
del partido que no sientan preocupación por saber dónde precisamente, en qué
precisamente y cómo precisamente ha comenzado esa inclinación?
El folleto de Trotski
empieza con la declaración de que: "es fruto de un trabajo
colectivo"; de que en su redacción ha participado "toda una serie de
dirigentes responsables, sobre todo
![]()
157 Petrográdskaya
Pravda ("La
Verdad de Petrogrado"): diario, empezó a publicarse el 2 de abril de 1918
como órgano del Comité Central y del Comité de Petrogrado del PC(b) de Rusia.
En enero de 1924 se le dio el título de
Leningrádskaya Pravda ("La Verdad de Leningrado"), con el que
sigue apareciendo en la actualidad.
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
sindicales (miembros del Presídium del Consejo Central de los
Sindicatos de toda Rusia, del
CC
del
Sindicato de Metalúrgicos, del Cectrán, y otros)"; de que es "un
folleto-plataforma". Y al final de la tesis Nº 4 leemos que "el
próximo congreso del partido tendrá que elegir
(la cursiva es de Trotski) entre dos tendencias en el movimiento
sindical".
Si eso no es la formación de
una fracción por un miembro del Comité Central, si eso no es "cierta
inclinación al descarrilamiento", que el camarada Bujarin o cualquiera de
sus correligionarios prueben a explicar al partido: ¿¿qué otro sentido tienen
las palabras "fracción" e "inclinación al descarrilamiento"
del partido?? ¿¿Puede imaginarse una ceguera más monstruosa que esta ceguera de
quienes desean "hacer de tope" y cierran
los ojos ante semejante
"inclinación al descarrilamiento"??
149
Imaginaos: después de dos sesiones plenarias del CC (9 de
noviembre y 7 de diciembre), dedicadas a discutir acaloradamente, con inaudita
minuciosidad y durante largo tiempo el esbozo inicial de las tesis del camarada
Trotski y toda la política del partido en los sindicatos que él propugna, un
miembro de los 19 del CC se queda solo, forma un grupo fuera del CC y
presenta "el trabajo" "Colectivo" de ese grupo como una
"plataforma", ¡¡proponiendo al congreso del partido que "elija
entre dos tendencias"!! No hablo
ya de que esta proclamación por el camarada Trotski precisamente de dos
tendencias y sólo de dos tendencias el 25 de diciembre de 1920, a pesar de que
Bujarin había hablado ya como "parachoquista" el 9 de noviembre,
denuncia patentemente el verdadero papel del grupo de Bujarin como cómplice del
fraccionismo peor y más nocivo. Esto de pasada. Pero yo pregunto a cualquier
miembro del partido: ¿No asombra por su vertiginosidad semejante presión y
embestida en lo que respecta a "la elección" entre dos tendencias en
el movimiento sindical? ¿Es que no hay motivo para quedarse perplejo ante el
hecho de que a los tres años de dictadura del proletariado pueda encontrarse en
el partido un miembro, aunque sólo sea, capaz de "embestir" de esa manera, planteando la cuestión de
las dos tendencias en el movimiento sindical?
Pero hay más. Ved los
ataques fraccionales con que está adornado ese folleto. En la primera tesis
leemos una temible "amenaza" a "algunos dirigentes del
movimiento sindical" que han sido arrojados "atrás, a las posiciones
tradeunionistas, eliminadas con firmeza por el partido hace mucho" (por lo
visto, sólo un miembro de los 19 del CC representa al partido). En la tesis 8
se censura enfáticamente "el conservadurismo sindical en la capa dirigente
de funcionarios sindicales" (¡advertid que se trata de un afán
verdaderamente burocrático de centrar la atención en "la capa
dirigente"!). En la tesis 11 se hace al principio la... ¿cómo decirlo con
mayor delicadeza?... "insinuación", sorprendentemente circunspecta,
demostrativa y eficiente, de que "la mayoría de los dirigentes
sindicales" "reconocen de manera formal, es decir, de palabra", los acuerdos del IX Congreso del PC de
Rusia.
¡Esos son los jueces
competentes que fallan que la mayoría
(!!) de los dirigentes sindicales reconocen de
palabra los acuerdos del partido!
En la tesis 12 se dice:
"... numerosos
dirigentes sindicales se pronuncian de manera cada día más enérgica e
intransigente contra las perspectivas de enlazamiento... Entre esos dirigentes
sindicales encontramos a los camaradas Tomski y Lozovski. Es más. Al rechazar
las nuevas tareas y los nuevos métodos, muchos dirigentes sindicales fomentan
en sus medios un espíritu de estrechez corporativa, de antipatía a los nuevos
funcionarios destinados a la esfera dada de la economía y, de este modo,
mantienen de hecho las supervivencias gremiales entre los obreros organizados
en sindicatos".
Que el lector vuelva a leer
atentamente estas consideraciones y medite bien sobre ellas. La riqueza de
"perlas" es pasmosa. Primero, ¡valorad esta intervención desde el
punto de vista
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
de su fraccionismo! Figuraos
lo que diría y cómo intervendría Trotski si Tomski publicase una plataforma
acusando a Trotski y a "numerosos" dirigentes militares de que
fomentan el espíritu del burocratismo, apoyan las supervivencias del salvajismo,
etc. ¿Cuál es "el papel" de Bujarin, Preobrazhenski, Serebriakov y
otros, que no ven —no advierten, no advierten en absoluto— brusquedad y
fraccionismo en eso, no ven cuánto
más fraccional es eso que la intervención de los petrogradenses?
Segundo. Ahondad en este
enfoque de la cuestión: muchos dirigentes sindicales "fomentan en sus
medios un espíritu"... El enfoque es totalmente burocrático. Habéis de
saber que todo consiste en el "espíritu" que fomentan "en sus medios"
Tomski y Lozovski, y en modo alguno en el nivel de desarrollo ni en las
condiciones de vida de las masas, de millones de seres.
Tercero. El camarada Trotski
ha expresado sin querer la esencia de
toda la discusión, tan cuidadosamente eludida y velada tanto por él como por
los "parachoquistas" Bujarin y Cía.
¿Es que la esencia de toda
la discusión y el origen de la lucha consisten en que numerosos dirigentes
sindicales rechazan las nuevas tareas y los nuevos métodos, fomentando en sus
medios el espíritu de antipatía a los nuevos funcionarios?
¿O en que las masas de
obreros organizados en sindicatos protestan con razón y expresan
ineluctablemente su disposición a echar a los nuevos dirigentes que no quieren
corregir los extremismos de burocratismo innecesarios y perniciosos?
¿Es que la esencia de la
discusión consiste en que alguien no quiere comprender "las nuevas tareas
y los nuevos métodos"?
¿O en que alguien encubre
desafortunadamente la defensa de algunos extremismos de burocratismo,
innecesarios y perniciosos, con palabras acerca de las nuevas tareas y los
nuevos métodos?
Que el lector recuerde esta esencia
de toda la discusión.
La democracia formal
y la conveniencia revolucionaria.
"La democracia obrera
no conoce fetiches", escribe el camarada Trotski en sus tesis, "fruto
de un trabajo colectivo". "Sólo conoce la conveniencia
revolucionaria" (tesis 23).
Con estas tesis del camarada
Trotski ha ocurrido algo desagradable. Todo lo que tienen de acertado, además
de no ser nuevo, se vuelve contra
Trotski. Y lo que tienen de nuevo es completamente desacertado.
150
He anotado los postulados acertados del camarada Trotski. Se
vuelven contra él no sólo en la cuestión tratada en la tesis 23 (acerca de la
Glavpolitput*), sino también en otras.
* Véase la nota 154 del presente volumen. (N. de la Edit.)
Desde el punto de vista de
la democracia formal, Trotski tenía
derecho a presentar una plataforma fraccional incluso contra todo el Comité
Central. Esto es indiscutible. Es indiscutible también que el Comité Central
confirmó ese derecho formal con su acuerdo del 24 de diciembre de 1920 sobre la
libertad de discusión. Bujarin-tope reconoce a Trotski ese derecho formal, pero
no se lo reconoce a la organización de Petrogrado, probablemente porque Bujarin
llegó a hablar el 30 de diciembre de 1920 hasta de "la consigna sagrada de
la democracia obrera" (pág. 45 del acta taquigráfica)...
Pero ¿y la conveniencia revolucionaria?
¿¿Habrá siquiera un hombre
serio, no cegado por el fraccional amor propio de la fracción del Cectrán o
"de tope", que en plena posesión de sus facultades mentales crea conveniente
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
desde el punto de vista revolucionario semejante intervención acerca del movimiento
sindical de un dirigente tan
prestigioso como Trotski??
¿¿Se podrá negar que incluso
si Trotski hubiese señalado "las nuevas tareas y los nuevos
"métodos" con un acierto tan grande como el desacierto con que las ha
señalado de hecho (de lo cual hablaremos más adelante), que incluso sólo con
semejante enfoque de la cuestión Trotski se habría causado daño a sí mismo y lo
habría causado al partido, al movimiento sindical, a la educación de los
millones de afiliados de los sindicatos y a la República??
Es probable que el bueno de
Bujarin y su grupo se llamen a sí mismos "topes" porque hayan
decidido firmemente no pensar en los
deberes que ese título impone.
El peligro político
de las escisiones en el movimiento sindical.
Todo el mundo sabe que las
grandes discrepancias surgen a veces de las divergencias más pequeñas, incluso
insignificantes al principio. Todo el mundo sabe que una herida minúscula, o
hasta un arañazo, que cada cual recibe por decenas a lo largo de su vida, puede
transformarse en una enfermedad peligrosísima, e incluso absolutamente mortal, si la herida empieza a emponzoñarse, si
comienza una infección de la sangre. Así ocurre en todos los conflictos, aun en
los puramente personales. Así sucede también en política.
Cualquier discrepancia,
incluso la más insignificante, puede llegar a ser peligrosa desde el punto de
vista político si surge la posibilidad de que se agrande hasta la escisión;
hasta una escisión precisamente de tal índole que pueda hacer tambalearse y destruir
todo el edificio político, que pueda conducir — expresándonos con la metáfora
del camarada Bujarin— al descarrilamiento del tren.
Es claro que en un país que
está viviendo la dictadura del proletariado, la escisión del proletariado o la
escisión entre el partido proletario y la masa proletaria es ya no sólo
peligrosa, sino peligrosísima, especialmente si el proletariado constituye en
dichopaís una pequeña minoría de la población. Y las escisiones en el
movimiento sindical (que, como procuré remarcar con todas mis fuerzas en el
discurso del 30 de diciembre de 1920, es un movimiento del proletariado
organizado en sindicatos casi en su totalidad*) implican escisiones
precisamente en la masa del proletariado.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Por eso, cuando "empezó
el barullo" en la V Conferencia Sindical de toda Rusia del 2 al 6 de
noviembre de 1920 (y empezó precisamente en ella); cuando nada más terminar
esta conferencia... no, me equivoco, durante
esta conferencia, el camarada Tomski vino excitadísimo al Buró Político y, con
el pleno apoyo del equilibradísimo camarada Rudzutak, comenzó a contar que el
camarada Trotski había hablado en ella de "sacudir" los sindicatos y
que él, Tomski, había polemizado contra esto; cuando ocurrió eso, decidí para
mí, en el acto y de manera definitiva, que la esencia de la discusión estaba
cabalmente en la política (es decir, en la política del partido respecto a los
sindicatos) y que el camarada Trotski, con su política de
"sacudimiento", no llevaba ninguna razón en esta discusión con el
camarada Tomski. Porque la política de "sacudimiento"; incluso si se justificara en parte con
"las nuevas tareas y los nuevos métodos" (tesis 12 de Trotski), es
completamente inadmisible en el momento actual y en la situación presente, pues
implica un peligro de escisión.
Al camarada Trotski le
parece ahora que atribuirle la política de "sacudir desde arriba"
"es la más pura caricatura" (L. Trotski. Respuesta a los camaradas de Petrogrado, publicada en Pravda, núm. 9, del 15 de enero de
1921). Mas la palabreja "sacudimiento" se ha hecho verdaderamente proverbial, y no sólo en
el sentido de que, al ser pronunciada por el camarada Trotski en la V
Conferencia Sindical de toda Rusia, "ha volado" ya, por así decir,
tanto en el partido como en los sindicatos. No. Por desgracia, sigue siendo
acertada hasta
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
ahora en un sentido mucho
más profundo. A saber: esa sola palabra expresa, en la forma más breve, todo el espíritu, toda la tendencia del
folleto-plataforma El papel y las tareas
de los sindicatos. Todo este folleto-plataforma del camarada Trotski está
impregnado, desde el principio hasta
el fin, precisamente del espíritu de la política de "sacudir desde
arriba". Baste recordar la acusación hecha al camarada Tomski o a
"numerosos dirigentes sindicales" de que ¡"fomentan en sus
medios el espíritu de antipatía a los nuevos funcionarios"!
151
Pero si en la V Conferencia
Sindical de toda Rusia (2 -6 de noviembre de 1920) sólo empezaba aún a crearse
una atmósfera que amenazaba con escisiones, a principios de diciembre de 1920
fue ya un hecho la escisión del Cectrán.
Este acontecimiento es
fundamental, principal, cardinal para valorar la esencia política de nuestras
discusiones; y en vano creen los camaradas Trotski y Bujarin que el silencio
ayudará, por poco que sea, en este caso. En este caso, el silencio no hace de
"tope", sino que enardece, pues el problema no sólo está planteado a
la orden del día por la vida, sino que lo ha subrayado el camarada Trotski en
su folleto— plataforma. Porque precisamente este folleto plantea repetidas
veces la cuestión en los pasajes que he citado, sobre todo en la tesis 12, de
en qué consiste la esencia: ¿en que "numerosos dirigentes sindicales
fomentan en sus medios el espíritu de antipatía a los nuevos
funcionarios"?, ¿o en que "la antipatía" de las masas es legítima en virtud de ciertos extremismos de
burocratismo, innecesarios y perniciosos, por ejemplo, en el Cectrán?
El camarada Zinóviev planteó
abiertamente esta cuestión, y con todo fundamento, en su primer discurso del 30
de diciembre de 1920 al decir que habían llevado a la escisión "los
inmoderados adeptos del camarada Trotski". ¿Quizá por eso censuró el
camarada Bujarin el discurso del camarada Zinóviev, calificándolo de
"charlatanería"? Pero cualquier miembro del partido que lea el acta
taquigráfica de la discusión del 30 de diciembre de 1920 podrá convencerse
ahora de lo injusto de ese reproche y verá que precisamente el camarada
Zinóviev cita hechos exactos y se apoya en hechos exactos, mientras que
precisamente en los discursos de Trotski y Bujarin predomina la
"verbosidad" intelectual sin ningún hecho.
Cuando el camarada Zinóviev
dijo: "El Cectrán tiene los pies de barro, se ha dividido ya en tres
partes", el camarada Sosnovski le interrumpió, diciendo:
"Y usted lo
estimuló". (Acta taquigráfica, pág. 15.) Esta acusación es seria. Si se
demostrara, está claro que los culpables de estimular
1a escisión, aunque sólo sea de un sindicato, no podrían estar ni en el
Comité Central, ni en el PCR ni en los sindicatos de nuestra República. Por
fortuna, esa seria acusación ha sido hecha en forma no sería por un camarada
que, lamentablemente, ha dado ya en más de una ocasión ejemplos de sus
"aficiones" polémicas nada serias. El camarada Sosnovski, incluso en
sus excelentes artículos, por ejemplo, sobre la propaganda en el terreno de la
producción, ha sabido a veces poner "un poco de hiel", que ha pesado
mucho más que todos los lados positivos de la propia propaganda de la
producción. Hay naturalezas tan felices (como la de Bujarin, por ejemplo) que,
incluso en lo más encarnizado de la lucha, de lo que menos son capaces es de
emponzoñar sus ataques; hay otras naturalezas, no muy dichosas, que emponzoñan
sus ataques con excesiva frecuencia. Al camarada Sosnovski le sería útil
vigilarse en este sentido e incluso pedir a sus amigos que lo vigilen. Pero
—podrá decirse— la acusación, a pesar de todo, ha sido hecha. Aunque en forma
poco seria, desacertada y evidentemente "fraccional". Mas es
preferible decir la verdad con desacierto que silenciarla si la cuestión es
grave.
La cuestión, indudablemente,
es grave, pues en eso consiste, repito, más de lo que se piensa, la esencia de toda la discusión. Y
disponemos, por fortuna, de datos suficientemente objetivos y suficientemente convincentes para responder a fondo a la cuestión que ha planteado
el camarada Sosnovski.
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
Primero. En la misma página
del acta taquigráfica leemos la declaración del camarada Zinóviev, que no sólo
respondió al camarada Sosnovski: "¡No es cierto!", sino que citó
datos fidedignos acerca de los hechos decisivos. El camarada Zinóviev dijo que
el camarada Trotski trató de hacer (añadiré por mi parte: dejándose llevar;
evidentemente, por la pasión fraccional) una acusación distinta por completo de
la que hizo el camarada Sosnovski, inculpando al camarada Zinóviev de que él,
Zinóviev, contribuyó a la escisión o provocó la escisión con su discurso en la Conferencia de Septiembre del PCR. (Señalaré,
entre paréntesis, que la acusación es inconsistente ya por el hecho de que el
discurso de Zínóviev en septiembre había sido aprobado, en esencia, por el
Comité Central y por el partido, y nadie ha protestado nunca formalmente contra
él.)
Y el camarada Zinóviev
respondió que el camarada Rudzutak había demostrado en una reunión del CC, con
las actas en la mano, que "este problema (el problema de algunos
extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos, en el Cectrán) había sido
examinado en Siberia, en el Volga, en el Norte y en el Sur mucho antes de que yo (o sea, Zinóviev) pronunciara discurso alguno
y mucho antes de la conferencia del partido".
Es ésta una declaración
completamente clara, exacta y basada en hechos. La hizo el camarada Zinóviev en
su primer discurso, pronunciado ante miles de miembros del PCR con cargos de la
mayor responsabilidad, sin que el
camarada Trotski, que habló dos veces
después de ese discurso de Zinóviev, ni el camarada Bujarin, que también habló después de ese discurso de Zinóviev, pudieran rebatir los hechos
señalados por Zinóviev.
Segundo. La resolución del Pleno del CC del PCR sobre
el conflicto entre los comunistas del transporte marítimo y fluvial y el grupo
comunista de la conferencia del Cectrán, aprobada el 7 de diciembre de 1920 y recogida en esa misma aeta taquigráfica,
es una refutación todavía más exacta y oficial de la acusación hecha por el
camarada Sosnovski, La parte de la resolución dedicada al Cectrán dice:
152
"Con motivo del
conflicto entre el Cectrán y los trabajadores del transporte marítimo y
fluvial, el CC acuerda: 1) Crear en el Cectrán unificado la sección de
trabajadores del transporte marítimo y fluvial. 2) Convocar en febrero un
congreso de ferroviarios y trabajadores del transporte marítimo y fluvial, en
el que se elegirá normalmente el nuevo Cectrán. 3)
Hasta entonces, dejar que
siga en funciones el viejo Cectrán. 4) Suprimir inmediatamente la Glavpolitvod
y la Glavpolitput*, transfiriendo todos sus efectivos y medios a la
organización sindical sobre la base de la democracia normal".
* Véanse las notas 154 y 156 del presente volumen. (N. de la Edit.)
El lector verá por esta
resolución que, lejos de condenarse al Sindicato del Transporte Marítimo y
Fluvial, sé reconoce, por el contrario, que tiene
razón en todo lo esencial. Sin embargo, no
votó a favor de esa resolución ni uno
de los miembros del CC (excepto Kámenev) que firmaron la plataforma común del
14 de enero de 1921 (Acerca del papel y
las tareas de los sindicatos. Proyecto de resolución del X Congreso del
PCR, presentado al CC por un grupo de
miembros del mismo y de miembros de la comisión sindical. Lo firman: Lozovski,
como miembro de la comisión sindical, pero no del CC; los demás firmantes son:
Tomski, Kalinin, Rudzutak, Zinóviev, Stalin, Lenin, Kámenev, Petrovski y Artiom
Serguéiev).
Dicha resolución fue
aprobada en contra de los mencionados
miembros del CC, es decir, en contra de nuestro grupo. Porque nosotros
hubiéramos votado en contra de que siguiera temporalmente en funciones el viejo
Cectrán. Y la inevitabilidad de la victoria de nuestro grupo obligó a Trotski a
votar en pro de la resolución de Bujarin, pues, de lo contrario, habría sido
aprobada nuestra resolución. El camarada Rykov, que en noviembre estaba al lado de Trotski, participó en
diciembre en la labor de la comisión sindical para ventilar el conflicto entre
el Sindicato del Transporte Marítimo y Fluvial y el Cectrán y se convenció de
que tenía razón el primero.
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
Resultado: la mayoría de
diciembre (7 de diciembre) del CC estuvo compuesta por los camaradas Trotski,
Bujarin, Preobrazhenski, Serebriakov, etc., es decir, por miembros del CC que
no despertarán en nadie sospechas de parcialidad contra el Cectrán. Y esta mayoría, por la esencia de su resolución,
no censuró al Sindicato del Transporte Marítimo y Fluvial, sino al Cectrán,
negándose sólo a sustituirlo inmediatamente. Por tanto, queda demostrada la
insolvencia de la acusación de Sosnovski.
Para no dejar nada sin
aclarar habremos de tratar un punto más. ¿En qué consistían, pues,
"algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos", a los
que he aludido varias veces? ¿No habría y no habrá falta de fundamento o
exageración en esta acusación?
De nuevo dio la respuesta el
camarada Zinóviev en su primer discurso del 30 de diciembre de 1920, y una
respuesta que no deja nada que desear en cuanto a exactitud. El camarada
Zinóviev leyó un extracto de la orden impresa del camarada Zof para el transporte
marítimo y fluvial (del 3 de mayo de 1920), en la que se declara:
"desaparece la proliferación de los comités"158. El camarada Zinóviev calificó acertadamente eso de error
cardinal. Eso sí que es un modelo de extremismo, innecesario y nocivo, de
burocratismo y "designacionismo". El camarada Zinóviev hizo en el
acto la salvedad de que entre los designados hay "camaradas mucho menos
probados y con mucha menos experiencia" que el camarada Zof. En el CC he
oído decir que Zof es un valiosísimo funcionario, y mis observaciones en el
Consejo de Defensa confirman plenamente esta opinión. Nadie piensa ni minar la
autoridad de semejantes camaradas ni convertirlos en "chivos
expiatorios" (como sospechó el camarada Trotski en su informe, pág. 25,
sin tener para ello ni asomo de fundamento). La autoridad de los
"designados" no la minan quienes corrigen los errores que ellos
cometen, sino quienes quisieran defenderlos incluso cuando incurren en errores.
Vemos, pues, que el peligro de escisiones en el movimiento sindical no es
imaginario, sino real. Vemos también del modo más palmario en qué consistió
precisamente la esencia, no exagerada, de las discrepancias: en la lucha por
que algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos, y de
"designacionismo" no sean defendidos ni justificados, sino
corregidos. Sólo eso.
Acerca de las
discrepancias de principios.
Pero si existen
discrepancias cardinales y profundas de principios —podrán decirnos— , ¿es que
no justifican incluso las intervenciones más bruscas y fraccionales? Si hay que
decir algo nuevo e incomprensible, ¿no justifica eso, a veces, hasta la escisión?
La justifica, naturalmente,
si las discrepancias son, en efecto, profundas en extremo y si la dirección
equivocada de la política del partido o de la clase obrera no se puede corregir
de otra manera.
Mas el quid está,
precisamente, en que tales discrepancias no existen. El camarada Trotski se
esforzó por señalarlas, pero no pudo. Y si antes
de aparecer su folleto (25 de diciembre) se podía —y se debía— hablar
convencional y conciliadoramente ("no se puede enfocar así la
![]()
158 La
orden de V. I. Zof del 3 de mayo de 1920 se publicó aquel mismo año en el número 5 del Boletín de la Dirección Regional del
Transporte Fluvial y Marítimo del Sistema María. En ella se decía:
"Así pues, en la vida del transporte fluvial se inicia un viraje radical.
Desaparecen los métodos artesanos de trabajo, la proliferación de los comités,
la falta de sistema y la anarquía, y el transporte fluvial pasa a depender del
Estado. Al frente de él figurarán comisarios políticos con los poderes
correspondientes., Queda anulada la facultad de los comités, de los sindicatos
y de los delegados electivos de intervenir en los asuntos técnicos y
administrativos" ".
Esta orden era un modelo de
burocratismo y de los métodos de ordeno y mando que implantaban intensamente
los trotskistas en el Cectrán, así como una prueba evidente de incomprensión
del papel de los sindicatos en el resurgimiento del transporte. Los sindicatos
eran equiparados a los comités en el ejército (que habían vivido ya su época),
se les denominaba "proliferación de los comités" y se los apartaba,
por medio de una orden, de la organización del trabajo en el transporte por
agua.
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
cuestión, incluso en el caso
de que haya tareas nuevas incomprendidas, de que haya discrepancias"), después de haber aparecido ha habido que
decir: en lo que tiene de nuevo, el camarada Trotski no lleva razón en esencia.
153
Esto puede verse con la
mayor claridad al comparar las tesis del camarada Trotski con las de Rudzutak,
aprobadas por la V Conferencia Sindical de toda Rusia (2-6 de noviembre). Las
cité en mi discurso del 30 de diciembre y en Pravda del 21 de enero*. Estas tesis son más acertadas y completas
que las de Trotski. Lo que diferencia las tesis de Trotski de las de Rudzutak
es erróneo en Trotski.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Analicemos, para empezar, la
decantada "democracia en la producción", que el camarada Bujarin se
apresuró a incluir en la resolución del CC del 7 de diciembre. Está claro que
sería ridículo tomarla con este término torpe y artificial ("florituras"),
propio de intelectuales, si se hubiera empleado en un discurso o en un
artículo. ¡Pero es que Trotski y Bujarin se han colocado ellos mismos en la
ridícula posición de insistir en las
tesis precisamente en este término, que diferencia sus
"plataformas" de las tesis de Rudzutak aprobadas por los sindicatos!
Ese término es desacertado
desde el punto de vista teórico. Toda democracia, como toda superestructura
política en general (ineluctable mientras no se culmine la supresión de las
clases, mientras no se cree la sociedad sin clases), sirve, en última instancia,
a la producción y está determinada, en última instancia, por las relaciones de
producción de la sociedad dada. Por eso, separar "la democracia en la
producción" de cualquiera otra democracia no dice nada. Es un embrollo y
una vacuidad. Eso, primero. Segundo. Ved cómo explica el propio Bujarin ese
término en la resolución, escrita por él, de la sesión plenaria del CC del 7 de
diciembre. "por eso —escribió Bujarin allí—, los métodos de la democracia
obrera deben ser los métodos de la democracia en la producción. Esto
significa"... (¡Fijaos en "esto significa"! Bujarin empieza su
alocución a las masas con un término tan enrevesado que hace falta explicarlo especialmente; a mi juicio,
desde el punto de vista de la democracia, eso no es democrático; hay que escribir para las masas sin emplear
términos nuevos que requieran una explicación
especial; desde el punto de vista de "la producción", eso es
perjudicial, pues obliga a perder tiempo en vano para explicar un término
innecesario); "esto significa que todas las elecciones, la presentación de
candidatos, el apoyo a éstos, etc., deben efectuarse desde el punto de vista no
sólo de la firmeza política, sino también de las aptitudes administrativas, de
la antigüedad en la administración, de las dotes de organizador y de la
preocupación, comprobada en la práctica, por los intereses materiales y
espirituales de las masas trabajadoras".
Este razonamiento es
evidentemente forzado y erróneo. Democracia no significa sólo "elecciones,
presentación de candidatos, apoyo a éstos, etc." Eso, por un lado. Y, por
otro, no todas las elecciones deben efectuarse desde el punto de vista de la
firmeza política y de las aptitudes administrativas. Es preciso también, a
despecho de Trotski, tener en una organización de millones cierto porcentaje de
intercesores, burócratas (durante muchos años no podremos pasarnos sin buenos
burócratas). Pero no hablamos de democracia "intercesora" o
"burocrática".
Tercero. Es erróneo mirar
únicamente a los elegidos, a los organizadores, administradores, etc., pues, a
pesar de todo, son una minoría de hombres destacados. Hay que mirar a los
hombres sencillos, a la masa. En las tesis de Rudzutak eso está expresado no
sólo con mayor sencillez y claridad, sino también más acertadamente desde el
punto de vista teórico (tesis
6):
"... es preciso que
cada trabajador comprenda la necesidad y la conveniencia de las tareas que
cumple en la producción; es preciso que cada productor no sólo participe en el
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
cumplimiento de las tareas
señaladas desde arriba, sino que tome parte conscientemente en la corrección de
todas las deficiencias, técnicas y de organización, en el ámbito de la
producción".
Cuarto. "La democracia
en la producción" es un término que puede dar lugar a falsas
interpretaciones. Puede ser entendido como negación de la dictadura y de la
dirección unipersonal. Puede ser interpretado en el sentido de aplazar la
democracia corriente o de eludirla. Ambas interpretaciones son perjudiciales, y
para no incurrir en ellas será inevitable hacer largos comentarios especiales.
La sencilla exposición de
las mismas ideas en las tesis de Rudzutak es más acertada y esquiva todos esos
inconvenientes. Y Trotski, en su artículo La
democracia en la producción, publicado en Pravda el 11 de enero, lejos de refutar la existencia de esos
desaciertos e inconvenientes (elude toda esta cuestión, no compara sus tesis
con las de Rudzutak), por el contrario, confirma de manera indirecta la
inconveniencia y el desacierto de su término precisamente al establecer un
paralelo entre él y "la democracia militar". Por fortuna, jamás hemos
entablado, que yo recuerde, discusiones fraccionales a causa de este término.
Más desafortunado aún es el
término de Trotski "atmósfera de producción". Zinóviev Se rió de él
con razón. Trotski se enfadó mucho y objetó: "En nuestro país ha habido
atmósfera militar... Ahora debe crearse en la masa obrera, en sus entrañas, y
no sólo en la superficie, una atmósfera de producción, es decir, la misma
tensión, el mismo interés práctico y la misma atención por la producción que
los que existieron por el frente...” De eso precisamente se trata, de que hay
que hablar "a la masa obrera, a sus entrañas" como se habla en las
tesis de Rudzutak, y no empleando palabras como "atmósfera de
producción", que suscitarán perplejidad o una sonrisa. En el fondo, al
emplear las palabras "atmósfera de producción", el camarada Trotski
expresa la misma idea que el concepto de propaganda en el terreno de la
producción. Pero precisamente para la masa obrera, para sus entrañas, hay que
hacer esta propaganda de modo que se eviten semejantes expresiones. Esta
expresión es un modelo de cómo no se
debe hacer la propaganda de la producción entre las masas.
154
Política y economía.
Dialéctica y eclecticismo.
Es extraño que tengamos que
plantear de nuevo esta cuestión tan elemental, tan rudimentaria. Por desgracia,
Trotski y Bujarin nos obligan a hacerlo.
Ambos me acusan de que
"la sustituyo" con otra o la enfoco "políticamente",
mientras que ellos la enfocan "económicamente". Bujarin incluso ha
introducido eso en sus tesis y ha intentado "elevarse por encima" de
ambos disputantes, como diciendo: yo junto lo uno y lo otro.
La inexactitud teórica es
flagrante. La política es la expresión concentrada de la economía, repetí en mi
discurso, pues había oído ya antes este reproche, absurdo y absolutamente
inadmisible en labios de un marxista, por mi enfoque "político". La
política no puede dejar de tener supremacía sobre la economía. Pensar de otro
modo significa olvidar el abecé del marxismo.
¿Quizá sea errónea mi
valoración política? Decidlo y demostradlo. Pero decir (o admitir incluso
indirectamente la idea) que el enfoque político es equivalente al enfoque
"económico", que se puede tomar "lo uno y lo otro",
significa olvidar el abecé del marxismo.
Digámoslo con otras
palabras. El enfoque político significa: si se adopta una actitud equivocada
ante los sindicatos, eso hundirá el Poder soviético, la dictadura del
proletariado. (La disidencia entre el partido y los sindicatos, en el caso de
que el partido no tuviese razón, daría sin duda al traste con el Poder
soviético en un país campesino como Rusia.) Se puede
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
(y se debe) comprobar a
fondo este razonamiento" es decir" analizar, calar hondo y decidir si
semejante enfoque es justo o injusto. En cambio, decir: "aprecio" su
enfoque político, "pero" es
sólo político, y lo que necesitamos es un enfoque "también económico", equivale a decir: "aprecio" su razonamiento de que, al dar tal
paso, se romperá usted la crisma, pero
sopese asimismo la circunstancia de que es mejor estar ahíto y vestido que
hambriento y desnudo.
Bujarin ha caído
teóricamente en el eclecticismo al
predicar la unión del enfoque político y del económico.
Trotski y Bujarin presentan
las cosas como si ellos se preocuparan del aumento de la producción y nosotros
sólo de la democracia formal. Eso es falso, pues la cuestión se plantea (y, a
lo marxista, puede plantearse) únicamente así: sin un acertado enfoque
político del problema, la clase dada no mantendrá su dominación y, por consiguiente, tampoco podrá
cumplir su tarea en la producción.
Más concretamente. Zinóviev
dice: "Cometéis un error político al llevar a escisiones en los
sindicatos.
Del aumento de la producción
hablé y escribí ya en enero de 1920 citando como ejemplo la edificación de una
casa de baños". Trotski le responde:
"¡Valiente cosa (pág.
29), escribir un folleto con el ejemplo de la edificación de una casa de
baños!; pero no dice "una palabra", "ni una sola palabra"
(pág. 22), de qué deben hacer los sindicatos".
No es cierto. El ejemplo de
la casa de baños vale, y perdonad por el juego de palabras, diez
"atmósferas de producción" con varias "democracias en la
producción" por añadidura. El ejemplo de la casa de baños dice con
claridad y sencillez, precisamente para las masas, para "sus
entrañas", qué deben hacer los sindicatos, en tanto que "las
atmósferas de producción" y "las democracias en la producción"
son partículas de polvo que ciegan los ojos de las masas obreras y dificultan
su comprensión de los problemas.
El camarada Trotski me
reprochó también que "Lenin no ha dicho ni una palabra" (pág. 66) del
"papel que desempeñan y deben desempeñar las palancas denominadas aparato
de los sindicatos". Perdón, camarada Trotski: al leer íntegramente las
tesis de Rudzutak y adherirme a ellas, hablé de eso más y de manera más completa) acertada, sencilla y clara que todas
las tesis de usted y que todo su informe o coinforme y su discurso de resumen.
Porque, repito, los premios en especie y los tribunales disciplinarios de honor
tienen cien veces más importancia para dominar la economía, para dirigir la
industria y elevar el papel de los sindicatos en la producción que las
palabras, totalmente abstractas (y, por ello, hueras), sobre "la
democracia en la producción", "el enlazamiento", etc.
Con el pretexto de presentar
el punto de vista "de la producción" (Trotski) o de superar la
unilateralidad del enfoque político y unir este enfoque con el económico
(Bujarin), se nos ha dado:
1)
el
olvido del marxismo, expresado en la definición ecléctica, teóricamente falsa,
de la relación de la política con la economía;
2)
la
defensa o el encubrimiento del error político expresado en la política de
sacudir los sindicatos, error que impregna de cabo a rabo todo el folleto— plataforma de Trotski. Y este error, si no se
reconoce y corrige, lleva a la caída
de la dictadura del proletariado;
3) un paso atrás en la esfera de las
cuestiones puramente de producción, económicas, de las cuestiones relativas a
cómo aumentar la producción; precisamente un paso atrás respecto a las eficientes tesis de Rudzutak, que
señalan tareas concretas, prácticas, vitales y actuales (impulsad la propaganda
en el terreno de la producción, aprended a distribuir bien los
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
premios en especie y a
aplicar con mayor acierto la coerción en forma de tribunales disciplinarios de
honor); un paso atrás hacia tesis
generales, abstractas, "vacías", falsas teóricamente y formuladas a
lo intelectual, olvidando lo más
eficaz y práctico.
155
Tal es, en efecto, la
relación existente entre Zinóviev y yo, por un lado, y Trotski y Bujarin, por
otro, en cuanto a la cuestión de la política y la economía.
Por eso no pude leer sin
sonreír la objeción que me hizo el camarada Trotski el 30 de diciembre:
"El camarada Lenin ha dicho en el VIII Congreso de los Soviets, en su
discurso de resumen de la discusión sobre el informe acerca de nuestra
situación, que necesitamos menos política y más economía, y en cuanto a los
sindicatos ha planteado en primer plano el aspecto político de la
cuestión" (pág. 65). Estas palabras le parecieron al camarada Trotski
"extraordinariamente certeras". En realidad, expresan el más espantoso
embrollo de conceptos, "una confusión ideológica" verdaderamente
infinita. En efecto, yo siempre he expresado, expreso y expresaré el deseo de
que nos dediquemos menos a la política y más a la economía. Pero no es difícil
comprender que para cumplir estos deseos es preciso que no haya peligros
políticos ni errores políticos. Los
errores políticos que ha cometido el camarada Trotski, y que ha profundizado y
acrecentado el camarada Bujarin, distraen
a nuestro partido de las tareas económicas, de la labor "de
producción"; nos obligan,
lamentablemente, a perder tiempo en corregir esos errores, en discutir con
la desviación sindicalista (que conduce a
la caída de la dictadura del proletariado); a discutir contra el enfoque
equivocado del movimiento sindical (que lleva a la caída del Poder soviético),
a discutir en torno a "tesis" generales, en vez de entablar una
discusión eficiente, práctica, "económica" acerca de quién ha dado
mejor y con mayor acierto los premios en especie, ha organizado los tribunales
y ha llevado a cabo el enlazamiento sobre la base de las tesis de Rudzutak
aprobadas del 2 al 6 de noviembre por la V Conferencia Sindical de toda Rusia:
los molineros de Sarátov, o los mineros de la cuenca del Donets, o los
metalúrgicos de Petrogrado, etc.
Tomad la utilidad de
"la amplia discusión". En este terreno veremos también que los
errores políticos distraen de las tareas económicas. Yo estaba en contra de la
llamada "amplia" discusión y consideraba y considero un error, un
error político, del camarada Trotski su sabotaje de la comisión sindical, en la
que se debería haber sostenido una discusión eficaz. Considero un error
político del grupo de tope encabezado por Bujarin que no haya comprendido las
tareas del tope (también aquí han sustituido la dialéctica con el
eclecticismo); precisamente desde el punto de vista de "tope" debían
haberse pronunciado con energía frenética contra la discusión amplia, y en pro
de llevar la discusión a la comisión sindical. Ved lo que ha resultado.
El 30 de diciembre, el
camarada Bujarin llegó a decir: "Hemos proclamado la nueva consigna
sagrada de la democracia obrera, que consiste en que todos los problemas no
deben ser discutidos en organismos colegiados estrechos, en pequeñas reuniones,
en cualquier corporación propia, sino llevados todos a reuniones amplias. Y yo
afirmo que, al traer el problema del papel de los sindicatos a una reunión tan
concurrida como la de hoy, no damos un paso atrás, sino adelante" (pág.
45). ¡Y este hombre acusó a Zinóviev de charlatanería y de exageración de la
democracia! ¡Eso sí que es verdadera charlatanería y "metedura de
pata", incomprensión total de que la democracia formal debe estar
subordinada a la conveniencia revolucionaria!
Trotski no plantea la
cuestión nada mejor. Acusa: "Lenin quiere suprimir, frustrar a toda costa
la discusión sobre la esencia del problema" (pág. 65).
Manifiesta: "He dicho
claramente en el CC por qué me negué a formar parte de la comisión: mientras no
se me permita, igual que a los demás camaradas, plantear estas cuestiones en
todo su volumen en la prensa del partido, mientras no se haga eso, no espero
utilidad alguna
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
del examen furtivo de estas cuestiones y, por consiguiente, de
la labor en la comisión" (pág.
69).
¿Resultado? No ha
transcurrido todavía un mes desde que Trotski empezara el 25 de diciembre
"la amplia discusión" y apenas se encontrará uno de cada cien
funcionarios responsables del partido que no esté harto de esta discusión y no
reconozca su inutilidad (si no algo peor). Porque Trotski ha quitado tiempo al
partido con una discusión sobre palabras, sobre unas tesis malas, y ha tildado
de examen "furtivo" precisamente el examen práctico, económico, en la comisión, la cual se habría señalado la
tarea de estudiar y comprobar la experiencia práctica para, aprendiendo de esta
experiencia, avanzar en la verdadera
labor de "producción", y no
retroceder de la obra viva al escolasticismo muerto de todas esas
"atmósferas de producción".
Tomad el decantado
"enlazamiento". El 30 de diciembre aconsejé que no se hablara de él,
pues no hemos estudiado nuestra
propia experiencia práctica, y, sin esta condición, las discusiones acerca del
enlazamiento degeneran inevitablemente en charlatanería, en vana desviación de
las fuerzas del partido de la labor
económica. Califiqué de proyectomanía burocrática las tesis de Trotski sobre
este punto, que proponían incluir en los consejos económicos de una tercera
parte a la mitad y de la mitad a dos terceras partes de representantes de los
sindicatos*.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
156
Bujarin se enfadó mucho
conmigo por eso y, según veo en la página 49 del acta, intentó demostrarme
prolija y detalladamente "que cuando los hombres se reúnen y hablan de
algo, no se deben fingir sordomudos" (¡así está impreso textualmente en la
página mencionada!). También se enfadó Trotski, quien exclamó:
"Ruego a cada uno de
vosotros que toméis nota de que el camarada Lenin ha calificado eso de
burocratismo en tal fecha; pero yo me atrevo a predecir que, dentro de unos
meses, eso será tomado en consideración y como guía, que en el Consejo Central
de los Sindicatos de toda Rusia, en el Consejo Superior de Economía Nacional,
en el CC de los metalúrgicos y en la sección del metal, etc., habrá de una
tercera parte a la mitad de miembros comunes..." (pág. 68).
Después de leer eso, pedí al
camarada Miliutin (vicepresidente del Consejo Superior de Economía Nacional)
que me enviase los informes impresos
acerca del enlazamiento. Pensé: empezaré a estudiar,
aunque sea poco a poco, nuestra
experiencia práctica, pues resulta insoportablemente aburrido dedicarse a
"la parlería general del partido" (expresión de Bujarin, pág. 47, que
se hará probablemente no menos proverbial que el famoso
"sacudimiento") sin más ni más, sin materiales, sin hechos,
inventando discrepancias, definiciones y "democracias en la
producción".
El camarada Miliutin me
envió varios libros, entre ellos el Informe
del Consejo Superior de Economía Nacional al VIII Congreso de los Soviets de
toda Rusia (Moscú, 1920, el prólogo está
fechado el 19 de diciembre de 1920). En la página 14 de este libro se
inserta un cuadro demostrativo del grado de participación de los obreros en los
organismos administrativos. Reproduzco este cuadro (abarca sólo una parte de
los Consejos Económicos provinciales y de las empresas):
De ellos
|
Organismos |
Número |
Obr |
|
Especi |
|
Emple |
|
|
|
% |
% |
ados y |
% |
|||||
|
administrativos |
total |
eros |
alistas |
|||||
|
|
|
otros |
|
|||||
|
|
|
|
|
|
|
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
|
Presídium del CSEN y de |
|
|
|
|
|
|
|
|
los Consejos Económicos |
187 |
107 |
57,2 |
22 |
11,8 |
58 |
31,0 |
|
provinciales. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Organismos colegiados |
|
|
|
|
|
|
|
|
de las direcciones |
|
|
|
|
|
|
|
|
generales, secciones, |
140 |
72 |
51,4 |
31 |
22,2 |
37 |
26,4 |
|
centros y comités |
|
|
|
|
|
|
|
|
principales. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Direcciones fabriles |
|
|
|
|
|
|
|
|
colegiadas y |
1.143 |
726 |
63,5 |
398 |
38,8 |
19 |
1,7 |
|
unipersonales |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Total |
1.470 |
905 |
61,6 |
451 |
30,7 |
114 |
7,7 |
Así pues, la participación
de los obreros representa ya, por término medio, el 61,6 %, es decir, ¡más
cerca de las dos terceras partes que de la mitad! Queda ya demostrado el carácter de proyectomanía burocrática de lo
que ha escrito el camarada Trotski en sus tesis acerca de esta cuestión.
Hablar, discutir y escribir plataformas "de un tercio a la mitad" o
"de la mitad a las dos terceras partes" es la más huera
"parlería general del partido", es distraer fuerzas, medios, atención
y tiempo de la labor de producción,
es pura politiquería sin contenido serio. Pero en la comisión, en la que se
habrían hallado personas con experiencia, en la que no se habría accedido a
escribir tesis sin estudiar los hechos, hubiera sido posible comprobar
provechosamente la experiencia. Por ejemplo, haciendo una encuesta entre varias
decenas (de entre miles de "miembros comunes"), confrontando sus
impresiones y deducciones con los datos estadísticos objetivos y tratando de
lograr indicaciones eficientes y prácticas para el futuro: si es preciso, con
tales resultados de la experiencia, seguir avanzando sin demora en la misma
dirección o cambiar algo, y cómo precisamente, la dirección, los métodos, el
enfoque; o si, en interés de la causa, hay que detenerse, comprobar una y otra
vez la experiencia, quizá rehacer algo, etc., etc.
Un verdadero
"administrador", camaradas (¡permitidme a mí también que me dedique
un poco a "la propaganda en el terreno de la producción"!), sabe que
los capitalistas y los organizadores de los trusts, incluso en los países más
adelantados, se dedicaron durante muchos años, a veces durante diez y más años,
a estudiar y comprobar su experiencia práctica (y la ajena), enmendando,
rehaciendo lo empezado, volviendo atrás y corrigiendo multitud de veces para
lograr un sistema de dirección plenamente adecuado a la obra emprendida, la
debida selección de administradores superiores y subalternos, etc. Así ha
ocurrido bajo el capitalismo, que en todo el mundo civilizado se ha apoyado
para su labor administrativa en la
experiencia y las costumbres de siglos. Y nosotros estamos construyendo
sobre un terreno nuevo, que requiere el trabajo de reeducación más prolongado,
tenaz y paciente para transformar las costumbres que nos ha dejado en herencia
el capitalismo y que sólo pueden transformarse muy paulatinamente. Abordar esta
cuestión como lo hace Trotski es equivocado de raíz. En el discurso del 30 de
diciembre exclamó: "¿Tienen, acaso, nuestros obreros y los funcionarios
del partido y de los sindicatos instrucción en el terreno de la producción?
¿Sí o no? Yo respondo que
no" (pág. 29). Enfocar así semejante cuestión es ridículo. Es lo mismo que
preguntar: ¿Hay en esta unidad militar suficiente cantidad de botas de fieltro?
¿Sí o no?
157
Dentro de diez años también
tendremos que decir, sin duda alguna, que no todos los funcionarios del partido
y de los sindicatos poseen suficiente instrucción en el terreno de la
producción. De la misma manera que dentro de diez años tampoco poseerán suficiente
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
preparación militar todos
los funcionarios del partido, de los sindicatos y del departamento militar.
Pero en nuestro país se ha dado comienzo
a la instrucción en el terreno de la producción con el hecho de que casi mil
obreros, miembros y delegados de los sindicatos, participan en la dirección y
dirigen empresas, comités principales y otros organismos administrativos
superiores. El principio fundamental de "la instrucción en el terreno de
la producción", de la instrucción de nosotros
mismos, antiguos luchadores clandestinos y periodistas profesionales,
consiste en que nosotros mismos estudiemos y enseñemos a otros a estudiar con
la mayor atención y detalle nuestra propia experiencia práctica, de acuerdo con
la regla que dice: "mide siete veces antes de cortar". La regla
fundamental, cardinal e indefectible de "la instrucción en el terreno de
la producción" estriba en comprobar con insistencia, lentitud, prudencia,
eficiencia y sentido práctico cuanto han hecho esos mil obreros; en corregir
aún con mayor prudencia y sentido práctico su labor y avanzar sólo cuando esté
plenamente demostrada la utilidad del método dado, del sistema de dirección
dado, de la proporción dada, de la selección de personal dada, etc. Y es
precisamente esa regla la que infringe el camarada Trotski con todas sus tesis,
con todo su enfoque del problema. Precisamente todas las tesis, todo el
folleto-plataforma del camarada Trotski son de tal naturaleza que, con sus
errores, han desviado la atención y las fuerzas del partido del trabajo útil
"de producción" hacia controversias vacías, sin contenido.
Dialéctica y
eclecticismo. “Escuela” y “aparato”.
Entre las numerosas
cualidades valiosísimas del camarada Bujarin figura su capacidad para la teoría
y su interés por tratar de descubrir las raíces teóricas de todo problema. Es
una cualidad muy valiosa, pues es imposible explicarse por completo ningún error,
incluidos los errores políticos, sin descubrir sus raíces teóricas en quien los
comete, partiendo de premisas concretas y admitidas, de una manera consciente.
De conformidad con este afán
suyo de profundizar teóricamente en los problemas, el camarada Bujarin, a
partir de la discusión del 30 de diciembre, si no antes, lleva la controversia
precisamente a ese terreno. El 30 de diciembre dijo:
"Considero
absolutamente necesario —en eso consiste la esencia teórica de lo que se
denomina aquí "fracción de tope" o su ideología—, y me parece
indiscutible por completo, que no se puede dar de lado ni este aspecto político
ni este aspecto económico..." (pág. 47).
La esencia teórica del error
en que incurre en este caso el camarada Bujarin consiste en que sustituye la
relación dialéctica entre la política y la economía (que nos enseña el
marxismo) con el eclecticismo. "Lo uno y lo otro", "de un lado,
de otro lado": tal es la posición teórica de Bujarin. Y eso es
eclecticismo. La dialéctica exige que las correlaciones sean tenidas en cuenta
en todos los aspectos en su desarrollo concreto, y no que se arranque un
trocito de un sitio y un trocito de otro. Lo he mostrado ya con el ejemplo de
la política y la economía.
En el ejemplo del
"tope" eso es también indudable. El tope es útil y necesario si el
tren del partido va cuesta abajo hacia el descarrilamiento. Eso es
indiscutible. Bujarin ha planteado la tarea del "tope" de una manera
ecléctica, tomando un trozo de Zinóviev y otro trozo de Trotski. Como
partidario del "tope", Bujarin debería haber determinado por sí solo
dónde, cuándo y en qué se equivocaba el uno o el otro, los unos o los otros, si
el error era teórico, o de falta de tacto político, o de fraccionismo en una
intervención, o de exageración, etc., y lanzarse con todas sus fuerzas contra cada
error de ese género. Bujarin no ha comprendido esta tarea suya de
"tope". El siguiente hecho es una prueba evidente de ello.
El grupo comunista del Buró
de Petrogrado del Cectrán (Comité Central del Sindicato del Transporte
Ferroviario, Marítimo y Fluvial) —organización que simpatiza con Trotski y
declara francamente que, a su juicio, "las posiciones de los camaradas
Trotski y Bujarin en la cuestión
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
fundamental, en la del papel
de los sindicatos en la producción, son variedades del mismo punto de
vista"— ha editado en Petrogrado un folleto con el coinforme que el
camarada Bujarin ha pronunciado allí el 3 de enero de 1921 (N. Bujarin. Acerca de las tareas de los sindicatos,
Petrogrado, 1921). En este coinforme leemos:
"Al principio, el
camarada Trotski formuló que era necesario cambiar la composición de la
dirección de los sindicatos, seleccionar a camaradas adecuados, etc., y antes
aún sostuvo incluso el punto de vista de "sacudir" los sindicatos, al
que ha renunciado ahora, por lo que es completamente absurdo presentar el
"sacudimiento" como un argumento contra el camarada Trotski"
(pág. 5).
No me detendré a analizar
las numerosas inexactitudes fácticas que contiene esta exposición. (Trotski
utilizó la palabreja "sacudir" en la V Conferencia Sindical de toda
Rusia, celebrada del 2 al 6 de noviembre. Habló de "la selección de personal
dirigente" en el § 5 de sus tesis, presentadas al CC el 8 de noviembre y
publicadas, dicho sea de pasada, por un partidario de Trotski en forma de hoja
suelta.
158
Todo el folleto de Trotski El
papel y las tareas de los sindicatos, del 25 de diciembre, está impregnado
por completo de la misma mentalidad y del mismo espíritu que he señalado antes.
No se sabe en absoluto dónde y en qué se ha expresado "la renuncia".)
Mi tema es ahora otro. Si "el tope" es ecléctico, pasa por alto unos
errores y menciona otros; silencia los errores cometidos el 30 de diciembre de
1920 en Moscú, ante miles de activistas del PCR llegados de toda Rusia, y habla
de los errores cometidos en Petrogrado el 3 de enero de 1921. Si "el
tope" es dialéctico, arremete con todas sus fuerzas contra cada error que
observa en ambas partes o en todas las partes. Y eso es precisamente lo que no
hace Bujarin. Ni siquiera intenta analizar el folleto de Trotski desde el punto
de vista de la política de sacudimiento. Simplemente,
no habla de ella. No es de extrañar que semejante cumplimiento de su papel de tope haga reír a todos.
Prosigamos. En el mismo discurso de Bujarin en Petrogrado leemos
en la página 7:
"El error del camarada
Trotski consiste en que no defiende en grado suficiente el aspecto de escuela
de comunismo".
En la discusión del 30 de diciembre, Bujarin razonó así:
"El camarada Zínóviev
ha dicho que los sindicatos son escuela de comunismo, y Trotski ha afirmado que
son un aparato técnico-administrativo de dirección de la producción. No veo
bases lógicas de ningún género que demuestren que no es justo ni lo primero ni
lo segundo: son justos ambos enunciados y la unión de estos dos
enunciados"(pág. 48).
La misma idea encontramos en
la 6" tesis de Bujarin y su "grupo" o "fracción":
"...de un lado, son (los sindicatos) escuela de comunismo... de otro lado
—por cierto, en grado creciente—
, son parte integrante del aparato
administrativo y del aparato del poder estatal en general..." (Pravda, 16 de enero).
El error teórico fundamental
del camarada Bujarin radica precisamente en que sustituye la dialéctica del
marxismo con el eclecticismo (extendido de modo singular entre los autores de
diversos sistemas filosóficos "de moda" y reaccionarios).
El camarada Bujarin habla de
bases "lógicas". Todo su razonamiento prueba que —quizá
inconscientemente— sustenta en este terreno el punto de vista de la lógica
formal o escolástica, y no el de la lógica dialéctica o marxista. Para
aclararlo empezaré con el simplísimo ejemplo que puso el propio camarada
Bujarin. En la discusión del 30 de diciembre dijo:
"Camaradas: Las discusiones que sostenemos aquí producen en
muchos de vosotros una
impresión del siguiente carácter, aproximadamente: llegan dos
individuos y se preguntan el
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
uno al otro qué es el vaso
que está encima de la tribuna. Uno dice: "Es un cilindro de cristal, y
maldito sea quien afirme que eso no es así". El segundo dice: "El
vaso es un recipiente que sirve para beber, y maldito sea quien afirme que eso
no es así" (pág. 46).
Cómo ve el lector, Bujarin
quiso con este ejemplo explicarme de manera popular el daño que causa la
unilateralidad. Acepto la aclaración agradecido y, para demostrar con hechos mi
gratitud, le respondo con una explicación popular de lo que es el eclecticismo,
a diferencia de la dialéctica.
El vaso es,
indiscutiblemente, un cilindro de cristal y un recipiente que sirve para beber.
Pero no sólo tiene estas dos propiedades, o cualidades, o aspectos, sino una
cantidad infinita de otras propiedades, cualidades, aspectos y relaciones
mutuas y "mediaciones" con todo el mundo restante. El vaso es un
objeto pesado que puede emplearse como instrumento arrojadizo. Puede servir de
pisapapeles o de alojamiento para una mariposa capturada; puede tener valor
como objeto tallado o dibujado con arte, independientemente por completo de que
sirva para beber, de que esté hecho de cristal, de que su forma sea cilíndrica
o no lo sea del todo, y así por el estilo. Prosigamos. Si ahora necesito un
vaso como recipiente que sirve para beber, no me importa en absoluto saber si
su forma es totalmente cilíndrica y si está hecho, en efecto, de cristal; pero,
en cambio, me importa que el fondo no esté agrietado, que no corte los labios
al utilizarlo, etc. Si no lo necesito para beber, sino para lo que sirve
cualquier cilindro de cristal, entonces me sirve también un vaso con el fondo
agrietado o incluso sin fondo, etc.
La lógica formal a que se
limitan en las escuelas (y deben limitarse — con modificaciones— en los grados
inferiores de la escuela) toma las definiciones formales, guiándose por lo que
es más habitual o por lo que salta a la vista más a menudo y se limita a eso.
Si, al proceder así, se toman dos o más definiciones distintas y se unen de
manera completamente casual (cilindro de cristal y recipiente que sirve para
beber), tendremos una definición ecléctica, que indica diversos aspectos del
objeto y nada más.
La lógica dialéctica exige que vayamos más lejos. Para conocer
de verdad el objeto hay que abarcar y estudiar todos sus aspectos, todos sus
vínculos y "mediaciones". Jamás lo conseguiremos por completo, pero
la exigencia de la multilateralidad nos prevendrá contra los errores y el
anquilosamiento. Eso, en primer lugar. En segundo lugar, la lógica dialéctica
requiere que el objeto sea tomado en su desarrollo, en su
"automovimiento" (como dice Hegel a veces), en su cambio. Con
relación al vaso, esto no se ve claro en el acto, pero el vaso tampoco es
inmutable: cambia, en particular, su destino, su uso, su nexo con el mundo circundante. En tercer lugar, toda la práctica
del género humano debe entrar en "la definición" completa del objeto
como criterio de la verdad y como determinante práctico del vínculo del objeto
con lo que necesita el hombre. En cuarto lugar, la lógica dialéctica enseña que
"la verdad abstracta no existe, la verdad es siempre concreta", como
le gustaba decir, después de Hegel, al difunto Plejánov. (Entre paréntesis,
creo oportuno señalar para los jóvenes miembros del partido que no se puede ser un comunista consciente,
de verdad, sin estudiar —precisamente
estudiar— todo lo que escribió
Plejánov sobre filosofía, pues es lo mejor de toda la literatura internacional
del marxismo*.)
* A propósito, no se puede por menos de
desear, primero, que la edición de las obras de Plejánov que está viendo la luz
ahora incluya todos los artículos de filosofía en un volumen o volúmenes
especiales con detalladísimo índice, etc., pues deben figurar entre los
manuales obligatorios de comunismo. Segundo, el Estado obrero, a mi juicio,
debe exigir a los profesores de filosofía que conozcan la exposición que hizo
Plejánov de la filosofía marxista y sepan transmitir esos conocimientos a los
estudiantes. Pero esto es ya apartarse de "la propaganda" para caer
en los métodos de "ordeno y mando".
Con esto, como es natural, no he agotado
el concepto de la lógica dialéctica. Mas, por ahora, basta con lo dicho.
Podemos pasar del vaso a los sindicatos y a la plataforma de Trotski.
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
"De un lado, escuela;
de otro, aparato", dice y escribe Bujarin en sus tesis. El error de
Trotski consiste en que "no defiende en grado suficiente el aspecto de
escuela"... Zinóviev se queda corto en cuanto al "aspecto" de aparato.
¿Por qué este razonamiento
de Bujarin es eclecticismo inerte y vacío? Porque Bujarin no hace el menor
intento de analizar por sí mismo, desde su punto de vista, ni la historia
íntegra de la presente discusión (el marxismo, o sea, la lógica dialéctica, lo exige absolutamente) ni todo el
enfoque de la cuestión, todo su planteamiento —o, si queréis, toda la
orientación del planteamiento— en el momento actual, en las actuales
circunstancias concretas. ¡Bujarin no revela la menor intención de hacerlo! Lo
aborda sin el menor estudio concreto, con puras abstracciones, y toma un
trocito de Zinóviev y otro de Trotski. Y eso es precisamente eclecticismo.
Pondré un ejemplo para que
la explicación sea más clara. No conozco absolutamente nada de los insurgentes
y los revolucionarios del Sur de China (excepto dos o tres artículos de Sun
Yat-sen y algunos libros y artículos de periódicos que leí hace muchos años).
Puesto que allí se producen insurrecciones, es probable que haya también
discusiones entre el chino Nº 1, el cual dice que la insurrección es producto
de la lucha de clases más enconada que ha abarcado a toda la nación, y el chino
Nº 2, el cual afirma que la insurrección es un arte. Sin saber nada más, puedo
escribir tesis como las de Bujarin: "de un lado... de otro lado". Uno
no ha tenido en cuenta en grado suficiente "el aspecto" de arte; el
otro, "el aspecto de enconamiento", etc. Eso será eclecticismo inerte
y vacío, pues no hay estudio concreto
de la discusión dada, de la cuestión
dada, de su enfoque dado, etc.
Los sindicatos son, de un
lado, escuela; de otro, aparato; del tercer lado, una organización de los
trabajadores; del cuarto lado, una organización casi exclusivamente de obreros
industriales; del quinto lado, una organización por industrias*, etc., etc. En
Bujarin no hay ni pizca de argumentación, ni pizca de análisis propio, para
demostrar por qué deben tomarse los dos primeros "lados" de la
cuestión u objeto, y no el tercero, el cuarto, el quinto, etc. Por eso, las
tesis del grupo de Bujarin son pura vacuidad ecléctica. Bujarin plantea mal, de
una manera equivocada de raíz, eclécticamente, el problema de la correlación
existente entre "escuela" y "aparato".
* Dicho sea de pasada, Trotski incurre
también en este caso en un error. Cree que sindicato de industria significa
sindicato que debe dominar la producción. Esto es falso. Sindicato de industria
significa que organiza a los obreros por industrias, cosa inevitable dado el
nivel actual (tanto en Rusia como en el mundo entero) de la técnica y la
cultura.
Para plantear justamente
este problema es preciso pasar de las abstracciones hueras a la discusión
concreta, es decir, a la discusión actual. Tomad esta discusión como queráis,
como surgió en la V Conferencia Sindical de toda Rusia o como la planteó y orientó el propio Trotski en su
folleto-plataforma el 25 de diciembre, y veréis que todo el enfoque de Trotski y toda su orientación son falsos. No ha
comprendido que los sindicatos deben y pueden ser enfocados como escuela cuando
se enuncia el tema del "tradeunionismo soviético", y cuando se habla
en general de propaganda en el terreno de la producción, y cuando se plantea como lo hace Trotski el problema del
"enlazamiento", de la participación de los sindicatos en la dirección
de la producción. Y en este último problema, tal y como se plantea en todo el
folleto-plataforma de Trotski, la falsedad reside en no comprender que los
sindicatos son escuela de dirección
técnico-administrativa de la producción. En esta discusión, en la forma en que Trotski ha planteado el
problema, los sindicatos no son "de un lado, escuela; de otro, algo
distinto"; de todos los lados, los
sindicatos son escuela, escuela de unidad, escuela de solidaridad, escuela
de defensa de sus intereses escuela de administración, escuela de gobierno. En
vez de comprender y corregir este error cardinal del camarada Trotski, el
camarada Bujarin ha hecho una enmienda pequeña y ridícula: "de un lado, de
otro lado".
Abordemos de manera más
concreta la cuestión. Veamos qué son los sindicatos actuales como
"aparato" de dirección de la producción. Hemos visto que, según datos
incompletos,
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
alrededor de 900 obreros
—miembros y delegados de los sindicatos— dirigen la producción. Decuplicad este
número, centuplicadlo, si queréis; admitamos incluso, para haceros una
concesión y explicaros vuestro error cardinal, un "avance" increíblemente
rápido dentro de poco tiempo; aun así, resultará que los obreros que administran directamente representan
una parte insignificante de la masa general de seis millones de afiliados a los
sindicatos. Y eso muestra con mayor claridad aún que fijar toda la atención en
"la capa dirigente", como hace Trotski, hablar del papel de los
sindicatos en la producción y de la dirección de la producción, sin tener en
cuenta que el 98 1/2 % aprenden
(6.000.000-90.000=5.910.000=98 1/2 % de la suma) y deberán aprender durante largo tiempo, significa cometer un error
cardinal. Los sindicatos no son escuela y
administración, sino escuela de
administración.
160
Al discutir con Zinóviev el
30 de diciembre y acusarle, de manera completamente infundada e injusta, de que
niega "el designacionismo", es decir, el derecho y la obligación del
CC de designar, al camarada Trotski se le escapó sin querer una contraposición
peculiar en extremo:
"... Zinóviev —dijo—
enfoca de una manera demasiado propagandística toda cuestión práctica y
eficiente, olvidándose de que no se trata sólo de material para la agitación,
sino de una cuestión que debe ser resuelta por vía administrativa" (pág. 27).
Ahora explicaré con detalle
cuál podría ser el enfoque
administrativo de esta cuestión. Pero el error cardinal del camarada Trotski
consiste precisamente en que ha enfocado las
cuestiones (mejor dicho, se ha lanzado sobre ellas), planteadas por él
mismo en su folleto-plataforma, como un administrador,
en tanto que podía y debía haberlas abordado sólo como propagandista.
En efecto. ¿Qué tiene de
bueno Trotski? Es buena y útil, sin duda alguna, la propaganda en el terreno de la producción, no en sus tesis, sino
en sus discursos (sobre todo cuando
olvida su desafortunada polémica con
el ala pretendidamente "conservadora" de los dirigentes sindicales).
Con una labor "administrativa" práctica en la comisión sindical, con
sus intervenciones orales y escritas como participante y funcionario de la
Oficina de Propaganda de la Producción, el camarada Trotski reportaría
indudablemente (e indudablemente reportará) no poco provecho a la causa. El
error está en las "tesis— plataforma". En ellas resalta, como hilo de
engarce, el enfoque que un administrador hace de "la crisis" en la
organización sindical, de "las dos tendencias" en los sindicatos, de
la interpretación del Programa del PCR, del "tradeunionismo
soviético", de "la instrucción en el terreno de la producción" y
del "enlazamiento". Acabo de citar todos los temas principales de
"la plataforma" de Trotski; y el enfoque acertado precisamente de
estos temas en el momento actual, con el material de que dispone Trotski, sólo
puede ser propagandístico.
El Estado es la esfera de la
coerción. Sería una locura renunciar a la coerción, sobre todo en la época de
la dictadura del proletariado. La "administración" y el enfoque de
administrador son, en este caso, imprescindibles. El partido es la vanguardia
del proletariado, vanguardia que ejerce directamente el poder; el partido es el
dirigente. El medio específico de influencia, el medio de depuración y temple
de la vanguardia, es la expulsión del partido, y no la coerción. Los sindicatos
son una fuente de poder estatal, una escuela de comunismo, una escuela de
administración. En este terreno, lo específico y principal no es la administración, sino
"la ligazón" "entre
la administración central" (y la local también, naturalmente) "del Estado, la economía nacional y las grandes masas trabajadoras"
(como se dice en el programa de nuestro partido, § 5 de la parte económica,
dedicada a los sindicatos).
En todo el
folleto-plataforma de Trotski sobresale el planteamiento equivocado de este
problema, la incomprensión de esa correlación.
Imaginaos que Trotski
concibiese el decantado "enlazamiento" en conexión con los demás
temas de su plataforma, enfocando toda la cuestión desde otro lado. Imaginaos
que su
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
folleto estuviese dedicado
íntegramente a investigar con detalle, por ejemplo, noventa de novecientos
casos de "enlazamiento", de desempeño simultáneo de cargos de
dirección de la industria en el Consejo Superior de Economía Nacional y de
cargos electivos en representación de los sindicatos, casos de simultaneidad de
cargos ocupados por afiliados a los sindicatos y funcionarios permanentes del
movimiento sindical. Imaginaos que estos noventa casos fuesen analizados a la
par con los datos de una investigación estadística selectiva, a la par con los
informes y resúmenes de revisores e instructores de la Rabkrín*159 y de los respectivos Comisariados del Pueblo; es decir,
analizados según los datos de las instituciones administradoras, analizados
desde el punto de vista de los resúmenes y resultados del trabajo, de los
éxitos de la producción, etc.
* Inspección Obrera y Campesina. (N. de la Edit.)
Semejante enfoque de la cuestión sería un enfoque administrativo
acertado y justificaría plenamente la línea de "sacudir", o sea, de
fijar la atención en qué personas deben ser destituidas, trasladadas o
designadas y en qué exigencias deben presentarse ahora mismo a "la capa
dirigente". Si Bujarin dijo en su discurso de Petrogrado del 3 de enero,
editado por los "cectranistas", que Trotski sustentaba antes el punto
de vista de "sacudir" los sindicatos y ahora ha renunciado a él,
incurre también en un eclecticismo risible en la práctica y absolutamente
inadmisible en la teoría para un marxista. Bujarín toma la cuestión en
abstracto, no sabiendo (o no queriendo) enfocarla de una manera concreta.
Mientras nosotros, el CC del partido y todo el partido, administremos, es
decir, gobernemos el Estado, jamás renunciaremos ni podremos renunciar a
"sacudir", o sea, a destituir, trasladar, designar, despedir, etc.
Pero en el folleto-plataforma de Trotski no se toma ni mucho menos el material
debido, no se plantea en modo alguno "una cuestión práctica y útil".
La cuestión que discutieron Zinóviev y Trotski, que discutimos Bujarin y yo,
que discute todo el partido, no es "una cuestión práctica y útil",
sino la cuestión de las "tendencias
en el movimiento sindical" (final de la tesis 4 de Trotski).
161
Es, en el fondo, una
cuestión política. Corregir el error de Trotski con pequeñas enmiendas y
adiciones eclécticas, como quiere Bujarin (henchido, por supuesto, de los más
humanos sentimientos e intenciones), es, por la esencia misma del asunto —del "asunto"
dado, concreto—, imposible.
La solución en este caso sólo puede ser una y nada más que una.
Resolver acertadamente la
cuestión política de "las tendencias en el movimiento sindical", de
la correlación de las clases, de la correlación de la política y la economía,
de los papeles específicos del Estado, del partido y de los sindicatos como
"escuela" y aparato, etc. Eso, primero.
Segundo. Sobre la base de
una solución política acertada, llevar a cabo —mejor dicho, efectuar cada día—
una propaganda prolongada, sistemática, tenaz, paciente, polifacética y
reiterada en el terreno de la producción; efectuarla a escala de todo el Estado,
en nombre y bajo la dirección de una entidad estatal. Tercero. No confundir
"las cuestiones prácticas y útiles" con las polémicas en torno a las
tendencias, las cuales (las polémicas) son patrimonio lógico de "la
parlería general del partido" y de las discusiones amplias, sino
plantearlas con sentido práctico, en comisiones prácticas, interrogando a
testigos, estudiando informes, resúmenes y estadísticas; sobre la base de todo
esto —sólo sobre la base de todo esto, sólo con tales condiciones—, "sacudir"
únicamente por decisión del correspondiente organismo del Estado o del partido,
o de ambos organismos.
Pero a Trotski y Bujarin les
ha resultado una mezcolanza de errores políticos en el enfoque, de ruptura de
la conexión transmisora y de las correas de transmisión en medio, así como de
![]()
159 La Inspección
Obrera y Campesina (Rabkrín) se constituyó por iniciativa de Lenin, en
febrero de 1920, mediante la reorganización del Comisariado del Pueblo de
Control del Estado, creado en los primeros meses de Poder soviético.
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
acometida o embestida
infructuosa, marchando en vano y de vacío, contra "la
administración". La raíz "teórica" del error —puesto que Bujarin
ha planteado con su "vaso" la cuestión de la raíz teórica— es clara.
El error teórico en este caso, gnoseológico — de Bujarin consiste en que ha
suplantado la dialéctica con el eclecticismo. Al plantear el problema
eclécticamente, Bujarin se ha embrollado por completo y ha llegado a caer en el
sindicalismo. El error de Trotski está en la unilateralidad, el apasionamiento,
la exageración y la tozudez. La plataforma de Trotski consiste en que el vaso
es un recipiente que sirve para beber, pero ha resultado que el vaso en
cuestión no tiene fondo.
Conclusión.
Sólo me queda referirme
brevemente a algunos puntos, cuyo silenciamiento podría dar lugar a falsas
interpretaciones.
En la tesis 6 de su
"plataforma", el camarada Trotski ha reproducido el § 5 de la parte
económica del Programa del PCR, que trata de los sindicatos. Dos páginas más
adelante, en la tesis 8, el camarada
Trotski declara:
"... Al perder su vieja
base de existencia, la lucha de clases económica, los sindicatos"... —
(esto es falso, es una exageración precipitada: los sindicatos han perdido una
base como la lucha de clases
económica, pero están muy lejos aún de haber perdido y, por desgracia, no
podrán perder todavía durante muchos años una base como "la lucha
económica" no de clases, en el
sentido de lucha contra las deformaciones burocráticas del mecanismo de los Soviets, en el sentido de defensa de
los intereses materiales y espirituales de las masas trabajadoras por vías y
con medios que no están al alcance de este aparato, etc.)... — "los
sindicatos, en virtud de una serie de condiciones, no han tenido tiempo de
agrupar en sus filas las fuerzas necesarias ni de elaborar los métodos
indispensables para poder cumplir la nueva tarea que les ha planteado la
revolución proletaria y que formula nuestro programa: organizar la producción" (la cursiva es de Trotski, pág. 9,
tesis 8). Esta es otra exageración precipitada,
que encierra el germen de un gran error. El programa no contiene esa fórmula ni
señala a los sindicatos la tarea de "organizar la producción".
Sigamos paso a paso cada idea, cada postulado del programa de nuestro partido
en el orden en que figuran en él:
(1) "El aparato organizador" (no
cualquiera) "de la industria socializada debe apoyarse en primer
término" (y no exclusivamente) "en los sindicatos", (2)
"Los sindicatos deben desembarazarse cada día más de la estrechez gremial"
(¿cómo desembarazarse?: bajo la dirección del partido y en el curso de la
influencia educativa, y de cualquier otro género, del proletariado sobre la
masa trabajadora no proletaria) "y transformarse en grandes agrupaciones
de producción que abarquen a la mayoría y, paulatinamente, a todos los
trabajadores de la rama correspondiente de la producción..."
Esta es la primera parte del
apartado que se dedica a los sindicatos en el programa del partido. Como veis,
esta parte señala en el acto unas "condiciones" muy "rigurosas" y que requieren
una labor muy prolongada en lo sucesivo. Y a continuación dice lo siguiente:
"...Siendo ya, de
acuerdo con las leyes de la República Soviética y con la práctica establecida,
participantes..." (la palabra, como veis, es muy prudente: sólo
participantes) "... en todos los organismos locales y centrales de
administración de la industria, los sindicatos deben llegar a concentrar de
hecho en sus manos toda la dirección de la economía nacional como un todo único
económico..." (advertid: deben llegar a concentrar de hecho la dirección,
no de ramas de la industria ni de la industria en su totalidad, sino de la
economía nacional y, además, como un todo único económico: esta condición, como
condición económica, podrá
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
considerarse cumplida de
verdad no antes de que los pequeños productores, tanto en la industria como en
la agricultura, representen menos de la mitad de la población y de la economía
nacional)... "Asegurando de este modo"... (precisamente "de este
modo", que hace realidad paulatinamente todas las condiciones antes
mencionadas)... "la ligazón indestructible entre la administración central
del Estado, la economía nacional y las grandes masas trabajadoras, los
sindicatos deberán incorporar con la mayor amplitud a las últimas"...
(es decir, a las masas, o sea, a la mayoría de la población)...
"a la gestión económica directa. La participación de los sindicatos en la
gestión económica y la incorporación por ellos de las grandes masas a esta
gestión es al mismo tiempo, el medio principal de lucha contra la
burocratización del aparato económico del Poder soviético y permite establecer
un control verdaderamente popular de los resultados de la producción".
162
Así pues, en la última frase
vemos de nuevo unas palabras muy prudentes: "participación en la gestión
económica"; vemos de nuevo la indicación de incorporar a las grandes masas
como medio principal (pero no único) de lucha contra el burocratismo; y,
finalmente, una indicación prudentísima: "permite"
establecer "un control
popular", es decir, obrero y campesino y no sólo proletario, ni mucho
menos. Resumir todo eso como si el programa de nuestro partido
"formulase" a los sindicatos la tarea de "organizar la producción"
es, evidentemente, erróneo. Y si se insiste en este error y se le incluye en
unas tesis-plataforma, lo único que puede resultar de ello es una desviación
anticomunista, sindicalista.
A propósito. El camarada
Trotski dice en sus tesis que "durante el último período no nos hemos
acercado al objetivo señalado en el programa, sino que nos hemos alejado de
él" (pág. 7, tesis 6). Semejante afirmación carece de fundamento y, a mi juicio,
es errónea. No se puede demostrar, como ha pretendido Trotski en las
discusiones, diciendo que los sindicatos "mismos" reconocen el hecho.
Para el partido, esto no es la última instancia. Y, en general, se puede
demostrar sólo estudiando objetivamente y con la mayor seriedad gran cantidad
de hechos. Esto, en primer lugar. Y, en segundo lugar, aun en el caso de que se
demostrara eso, seguiría en pie la cuestión: ¿por qué nos hemos alejado?
¿Porque "muchos dirigentes sindicales” "rechazan las nuevas tareas y
métodos", como piensa Trotski, o porque "nosotros" "no
hemos tenido tiempo de agrupar en nuestras filas las fuerzas necesarias ni de
elaborar los métodos indispensables para" cortar y corregir algunos
extremismos de burocratísmo, innecesarios y nocivos?
Será oportuno, a este
respecto, referirse al reproche que nos hizo el camarada Bujarin el 30 de
diciembre (y que Trotski repitió ayer, 24 de enero, durante nuestra discusión
en el grupo comunista del II Congreso de Mineros160), a saber: el reproche de "haber renunciado a la línea que
señaló el IX Congreso del partido" (pág. 46 del acta de la discusión del
30 de diciembre). Según él, Lenin propugnó en el IX Congreso la militarización
del trabajo y se burló de las invocaciones a la democracia, y ahora "se
retracta" de ello. En su discurso de resumen del 30 de diciembre, el
camarada Trotski aderezó ese reproche, valga la expresión, con una pimienta
especial: "Lenin tiene en cuenta el hecho de que en los sindicatos se está
produciendo... un agrupamiento de camaradas con espíritu oposicionista"
(pág. 65); Lenin enfoca "desde el punto de vista diplomático" (pág.
69); "zigzags dentro de los grupos del partido" (pág. 70), etc.
Semejante exposición del asunto por el camarada Trotski es, naturalmente, muy
halagüeña para él y peor que nada halagüeña para mí. Pero veamos los hechos.
En la misma discusión del 30
de diciembre, Trotski y Krestinski establecieron el hecho de que "el
camarada Preobrazhenski planteó ya en julio (de 1920) en el CC que debíamos
pasar a raíles nuevos en lo que concierne a la vida interna de nuestras organizaciones
obreras" (pág.
![]()
160 El II
Congreso de Mineros de toda Rusia se celebró en Moscú del 25 de enero al 2
de febrero de 1921. Su apertura fue precedida de cuatro reuniones del grupo del
PC(b) de Rusia (celebradas del 22 al 24 de febrero), en las que se entabló una
discusión sobre el papel y las tareas de los sindicatos. En estas reuniones
presentaron informes Lenin, Trotski y Shliápnikov. La mayoría absoluta de los
componentes del grupo apoyaron a Lenin.
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
25). En agosto, el camarada Zinóviev escribió el proyecto de
carta, y el CC aprobó la carta del
CC
acerca
de la lucha contra el burocratismo y la ampliación de la democracia. En
septiembre, la cuestión fue discutida en la Conferencia del partido y el CC
ratificó el acuerdo de ésta. En diciembre, la lucha contra el burocratismo se
planteó en el VIII Congreso de los Soviets. Por consiguiente, todo el CC, todo
el partido y toda la República obrera y campesina han reconocido la necesidad
de poner sobre el tapete el problema del burocratismo y de la lucha contra él.
¿Dimana de ahí una "retractación" del IX Congreso del partido? No. En
eso no hay retractación alguna. Los acuerdos sobre la militarización del
trabajo, etc., son indiscutibles y no tengo la menor necesidad de retractarme
de mis burlas acerca de las invocaciones a la democracia por parte de quienes
combatían esos acuerdos. De ahí se deduce únicamente que ampliaremos la
democracia en las organizaciones obreras, sin hacer de ella, ni mucho menos, un
fetiche; que dedicaremos suma atención a la lucha contra el burocratismo; que
corregiremos con singular meticulosidad todo extremismo innecesario y nocivo de
burocratismo, quienquiera que lo señale. Haré una observación más, la última,
acerca de la pequeña cuestión del sistema de trabajo de choque y del
igualitarismo. En la discusión del 30 de diciembre dije que la fórmula de la
tesis 41 del camarada Trotski sobre este punto era falsa teóricamente, pues
resultaba igualitarismo en el consumo y trabajo de choque en la producción. El
sistema de trabajo de choque implica una preferencia, respondí yo, pero la preferencia
sin consumo no es nada. El camarada Trotski me reprocha eso y me acusa de ser
"extraordinariamente olvidadizo" y de "aterrorizar" (págs.
67 y 68), y me maravillo aún de que no me acuse de zigzags, de diplomacia, etc.
El, Trotski, ha hecho "concesiones" a favor de mi línea igualitaria,
y yo, en cambio, ataco a Trotski.
163
En realidad, el lector que
se interesa por los asuntos del partido dispone de documentos exactos de éste:
la resolución de noviembre del Pleno del CC, punto 4, y las tesis-plataforma de
Trotski, tesis 41. Por muy "olvidadizo" que yo sea y por muy buena
memoria que tenga el camarada Trotski, es un hecho que la tesis 41 contiene un
error teórico que no figura en la resolución del CC del 9 de noviembre. Esta
resolución dice: "Al reconocer la necesidad de conservar el principio del
trabajo de choque en la aplicación del plan económico, el CC, completamente
solidario con la resolución de la última Conferencia de toda Rusia (o sea, la
de septiembre), considera necesario pasar paulatinamente, pero con firmeza, al
igualitarismo en la situación de los distintos grupos de obreros y de los
sindicatos respectivos, fortaleciendo sin cesar la organización de todos los
sindicatos". Está claro que eso va dirigido contra el Cectrán y que es
imposible interpretar de otra manera el sentido exacto de dicha resolución. El
sistema de trabajo de choque no se anula. Subsiste la preferencia concedida (en
el cumplimiento del plan económico) a la empresa, el sindicato, el trust y el
departamento de choque; pero, al mismo tiempo, "la línea
igualitaria", que no defendió "el camarada Lenin", sino que aprobaron la Conferencia del
partido y el CC, es decir, todo el partido, exige con claridad: pasar al igualitarismo de manera
paulatina, pero con firmeza. Que el Cectrán no ha cumplido esta resolución de
noviembre del CC se ve por el acuerdo de diciembre del
CC (adoptado a instancias de Trotski y Bujarin), en el que se
recuerdan de nuevo "los principios de la democracia normal". El error
teórico de la tesis 41 consiste en que en ella se dice: en la esfera del
consumo, igualitarismo; en la esfera de la producción, sistema de trabajo de
choque. Esto es absurdo desde el punto de vista económico, pues implica un
divorcio entre el consumo y la producción. Yo no dije ni pude decir nada
semejante. Si una fábrica es innecesaria, debe cerrarse. Hay que cerrar todas
las fábricas que no sean absolutamente necesarias. Y entre las absolutamente
necesarias, hay que dar preferencia a las que sean de choque. Por ejemplo, hay
que dar preferencia al transporte. Eso es indiscutible. Pero que esa
preferencia no sea excesiva, y como el Cectrán la tuvo en exceso, la directriz del partido (y no de Lenin) es: pasar paulatinamente, pero con firmeza,
al igualitarismo. Si después de la sesión plenaria de noviembre, que adoptó un
acuerdo exacto y teóricamente acertado, Trotski publica un folleto fraccional
acerca de "las dos tendencias"
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
y en la tesis 41 propone su
fórmula, que es errónea desde el punto de vista económico, que se culpe a sí
mismo.
* * *
Hoy, 25 de enero, se cumple
justamente un mes de la intervención fraccional del camarada Trotski. Ahora se
ve ya con extraordinaria claridad que el partido fue apartado con esa
intervención —inconveniente por la forma y errónea por el contenido— de la labor
eficiente práctica, económica, de producción; fue apartado para corregir
errores políticos y teóricos. Pero no en vano dice un viejo refrán: "no
hay mal que por bien no venga".
Según rumores, se han dicho
cosas monstruosas de las discrepancias en el seno del CC. Alrededor de la
oposición se han cobijado (y se cobijan, sin duda alguna) mencheviques y
eseristas, que hinchan los rumores, proponen fórmulas inauditamente ruines e inventan
patrañas con el fin de, sin reparar en medios, denigrar, dar una interpretación
abyecta, exacerbar los conflictos y echar a perder la labor del partido. Es el
método político de la burguesía, incluidos los demócratas pequeñoburgueses, los
mencheviques y eseristas, que se consumen de rabia furiosa contra los
bolcheviques y no pueden dejar de consumirse por causas harto comprensibles.
Todo miembro consciente del partido conoce este método político de la burguesía
y sabe lo que vale.
Las discrepancias en el seno
del CC nos han obligado a recurrir al partido. La discusión ha mostrado con
toda claridad la esencia y la medida de esas discrepancias. Se ha puesto fin a
los rumores y a las calumnias. El partido aprende y se templa en la lucha
contra la nueva enfermedad (nueva en el sentido de que nos habíamos olvidado de
ella después de la Revolución de Octubre), contra el fraccionismo. En el fondo,
se trata de una vieja dolencia, cuyas recidivas serán, probablemente,
inevitables durante varios años, pero cuya curación puede y debe ser ahora
mucho más rápida y fácil.
El partido aprende a no
exagerar las discrepancias. Será oportuno repetir aquí las acertadas
observaciones que hizo el camarada Trotski refiriéndose al camarada Tomski:
"En la polémica más enconada con el camarada Tomski he dicho siempre que,
para mí, está completamente claro que en los sindicatos sólo pueden ser
dirigentes nuestros personas con la experiencia y el prestigio que posee el
camarada Tomski. Eso lo dije en el grupo de la V Conferencia Sindical y lo he
repetido hace unos días en el Teatro de Zimín. La lucha ideológica en el
partido no significa repulsión recíproca, sino influencia mutua" (pág. 34
del acta de la discusión del 30 de diciembre). Por supuesto, el partido
aplicará también al camarada Trotski este acertado razonamiento.
164
Durante la discusión, la
desviación sindicalista se ha manifestado, sobre todo, en el camarada
Shliápnikov y en su grupo, la llamada "oposición obrera". Como se
trata de una desviación evidente que se aleja del partido, del comunismo, habrá
que tenerla en cuenta especialmente, habrá que hablar de ella especialmente,
habrá que dedicar singular atención a propagar y explicar el carácter erróneo
de esas concepciones y el peligro que representa ese error. El camarada
Bujarin, que ha llegado al extremo de pronunciar la frase sindicalista de
"candidaturas obligatorias" (de los sindicatos o los organismos
administrativos), se defiende hoy en Pravda
con muy poca fortuna y evidente desacierto. ¡Dice que habla del papel del
partido en otros puntos! ¡No faltaría más! De lo contrario, eso sería abandonar
el partido. De lo contrario, eso dejaría de ser sólo un error que requiere corrección y admite fácil corrección. Si se
habla de "candidaturas obligatorias" y no se añade a renglón seguido
que son obligatorias no para el partido,
eso será una desviación sindicalista, eso será incompatible con el comunismo,
será incompatible con el Programa del PCR. Si se añade: "obligatorias no para el partido", eso será
engañar a las masas obreras sin partido con el fantasma de cierto aumento de
sus derechos, mientras que, de hecho, no se operará el menor cambio en
comparación con lo que tenemos hoy. Cuanto más defienda el camarada
Una vez mas acerca de los sindicatos, el momento actual y los
errores del los camaradas Trotski ..
Bujarin su desviación del
comunismo, desviación evidentemente errónea en teoría y engañosa en política,
tanto más deplorables serán los frutos de su obstinación. Pero no se conseguirá
defender lo indefendible. El partido no está en contra de toda ampliación de
los derechos de los obreros sin partido, pero basta con reflexionar un poco
para comprender por qué camino se puede ir y qué camino no se puede seguir en
ese caso.
Durante la discusión en el
grupo comunista del II Congreso de Mineros de toda Rusia, la plataforma de
Shliápnikov fracasó, a pesar de haberla defendido el camarada Kiseliov, que
goza de singular prestigio en este sindicato: nuestra plataforma reunió 137 votos;
la de Shliápnikov, 62, y la de Trotski, 8. La desviación sindicalista debe ser
curada y será curada. En un mes, tanto Petrogrado como Moscú y una serie de
ciudades de provincias han probado ya que el partido ha respondido a la
discusión y ha rechazado por inmensa mayoría la línea errónea del camarada
Trotski. Si en "las altas esferas" y en "la periferia", en
los comités y en las instituciones, ha habido, sin duda, vacilaciones, la masa
de miembros de base del partido, la masa obrera del partido, se ha pronunciado
por mayoría, por una mayoría precisamente aplastante, contra esa línea errónea.
El camarada Kámenev me ha
comunicado que en la discusión sostenida el 23 de enero en el distrito de
Zamoskvorechie, de la ciudad de Moscú, el camarada Trotski ha declarado que
retira su plataforma y se une con el grupo de Bujarin sobre la base de una nueva
plataforma. Lamento no haber oído, ni el 23 ni el 24 de enero, una sola palabra
de eso al camarada Trotski, que ha hablado contra mí en el grupo comunista del
Congreso de Mineros. Ignoro si han vuelto a cambiar los propósitos y las
plataformas del camarada Trotski o si la cosa se explica de alguna otra manera.
Pero, en todo caso, la declaración del camarada Trotski del 23 de enero prueba
que el partido, sin haber tenido tiempo siquiera de movilizar todas sus
fuerzas, habiendo llegado a expresar únicamente las opiniones de Petrogrado, de
Moscú y de la minoría de las capitales de provincia, a pesar de todo, ha
corregido en el acto, con firmeza, energía, rapidez e inflexibilidad el error
del camarada Trotski. Los enemigos del partido han cantado victoria en vano. No
han podido ni podrán aprovechar las discrepancias, a veces inevitables en el
seno del partido, en perjuicio de éste y de la dictadura del proletariado en
Rusia.
25 de enero de 1921.
Publicado los días 25 y 26 de enero de 1921, en un folleto
editado por la Sección de Prensa del Soviet de diputados obreros, campesinos y
soldados rojos de Moscú.
T. 42, págs. 264-304.
La labor del comisariado del pueblo de Instrucción Pública
165
LA LABOR DEL COMISARIADO DEL PUEBLO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA.
En el número 25 de Pravda, correspondiente al 5 de febrero,
se han publicado las "Directrices
del CC del PCR a los comunistas que trabajan en el Comisariado del Pueblo de
Instrucción Pública (con motivo de la reorganización del Comisariado)".
Lamentablemente, en el
primer punto se ha repetido tres veces una errata que tergiversa el sentido: en
vez de enseñanza "politécnica", se ha escrito ¡¡política!! Quisiera
llamar la atención de los camaradas acerca de estas directrices y suscitar un
intercambio de opiniones sobre algunos puntos de singular importancia.
En diciembre de 1920 se
celebró una conferencia del partido dedicada a los problemas de la instrucción
pública. Duró cinco días y participaron en ella 134 delegados con voz y voto y
29 sólo con voz. Se ha informado de esta conferencia en el Suplemento del Boletín del VIII Congreso de los Soviets, dedicado a la
conferencia del partido sobre los problemas de la instrucción pública
(edición del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, 10 de enero de 1921). Las resoluciones de la conferencia, la
información sobre ella y todos los artículos publicados en el citado Suplemento del Boletín —excepto el
artículo de introducción del camarada Lunacharski y el del camarada Grinkó—
muestran que el problema de la enseñanza politécnica ha sido planteado
erróneamente, revelan el defecto contra el que las directrices del CC llamaban
a centrar "la atención principal" al Comisario del Pueblo y al
Colegio, a saber: "la afición" a las consideraciones generales y a
las consignas abstractas.
El problema de la enseñanza
politécnica ha sido resuelto, en lo fundamental, por el programa de nuestro
partido, en los §§ 1 y 8 del apartado dedicado a la instrucción pública. Las
directrices del CC se remiten precisamente a estos puntos del programa. El § 1
habla de la enseñanza politécnica
hasta los 17 años, y el § 8, de "desarrollar ampliamente la enseñanza profesional para las personas mayores
de 17 años en ligazón con los
conocimientos politécnicos generales".
Así pues, el programa del
partido plantea la cuestión con toda claridad. Las consideraciones acerca de
"la enseñanza politécnica o
monotécnica" (¡en la pág. 4 del citado Suplemento del Boletín encontramos precisamente, en toda su
monstruosa absurdidad, estas palabras entrecomilladas
y subrayadas por mí!) son erróneas por completo, intolerables en absoluto en un
comunista, y muestran el desconocimiento del programa y la más huera
"afición" a las consignas abstractas. Si nos vemos obligados a
reducir temporalmente de 17 a 15 años
la edad (para pasar de la enseñanza politécnica general a la enseñanza
politécnica profesional), "el
partido debe considerar" esta reducción "exclusivamente"
(punto 1 de las directrices del
CC)
como
una necesidad práctica, como una medida temporal originada "por la miseria y la ruina del país".
Las consideraciones
generales con esfuerzos tendentes a "justificar" semejante reducción
de la edad son pura estupidez. ¡Basta ya de jugar a las consideraciones
generales y a las supuestas teorizaciones! Hay que trasladar el centro de
gravedad del trabajo al "registro y control de la experiencia práctica", al "aprovechamiento sistemático de las enseñanzas de esta experiencia". Por pocas que sean las
personas inteligentes, competentes y con experiencia pedagógica práctica que tengamos, es indudable,
pese a todo, que tenemos algunas. Padecemos de la incapacidad de encontrarlas,
de colocarlas en puestos de dirección adecuados y de estudiar, junto con ellas, la experiencia práctica de organización
soviética. Eso es precisamente lo que no se vio en la conferencia del partido
celebrada en diciembre de
La labor del comisariado del pueblo de Instrucción Pública
1920, y si no se vio en una
conferencia de 163 —¡de ciento sesenta y tres!— dirigentes de la instrucción
pública, está fuera de toda duda que debe existir un defecto general, cardinal,
en la organización de esta labor, un defecto que ha hecho necesarias unas
directrices especiales del CC del partido,
En el Comisariado de
Instrucción Pública hay dos camaradas —y sólo dos— con tareas de una naturaleza
excepcional. Son el Comisario del Pueblo, camarada Lunacharski, que ejerce la
dirección general, y el Vicecomisario, camarada Pokrovski, que dirige, primero,
como Vicecomisario del Pueblo y, segundo, como consejero (y dirigente)
obligatorio en problemas científicos y en cuestiones del marxismo en general.
Todo el partido, que conoce bien al camarada Lunacharski y al camarada
Pokrovski, no duda, como es natural, de que ambos son, en este aspecto, algo
así como "especialistas" dentro del Comisariado del Pueblo de
Instrucción Pública. Para todos los demás trabajadores del comisariado no puede
existir semejante "especialización".
Su "especialidad" debe consistir en saber poner orden en la
incorporación a la obra de pedagogos especialistas, en organizar debidamente su
trabajo y en aplicar de manera sistemática las enseñanzas de la experiencia
práctica. De eso hablan las directrices del CC en el § 2 y en el § 3 y en el §
5.
166
La conferencia de
funcionarios del partido debió escuchar informes de especialistas, de pedagogos
con diez años de experiencia práctica, que podrían habernos dicho a todos qué
se ha hecho y qué se hace en un terreno determinado, por ejemplo, en la enseñanza
profesional; de qué manera cumple esta tarea la organización soviética; qué se
ha logrado de bueno y cuáles son los ejemplos de eso bueno (tales ejemplos
existen, probablemente, aunque en número muy pequeño); cuáles han sido las
manifestaciones concretas de los defectos principales y cómo pueden corregirse.
En la conferencia de
funcionarios del partido no se ha
tenido en cuenta esa experiencia práctica,
no han expuesto su opinión los pedagogos que han aplicado esa experiencia de
tal o cual manera; pero se han hecho
esfuerzos desafortunados' de "consideraciones generales" y de
valoración de "consignas abstractas". Es necesario que todo el
partido y todo el personal del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública'
tomen conciencia de este defecto y traten de corregirlo conjuntamente. Es
preciso que los trabajadores locales intercambien experiencias en este terreno
y ayuden al partido a destacar las provincias, los distritos rurales o urbanos,
o establecimientos docentes ejemplares, o pedagogos modelo, que hayan
conseguido buenos resultados a escala relativamente reducida, local o especial.
Basándonos en estos logros, comprobados ya en la práctica, debemos avanzar y
—después de la debida verificación— ampliar esa experiencia local a toda Rusia,
promoviendo a los pedagogos de talento, o simplemente capaces, a cargos de
mayor responsabilidad, con un campo de acción más amplio, etc.
Los éxitos de la labor de un
comunista que trabaja en el ámbito (y en las instituciones) de la instrucción
pública deben ser medidos, en primer término, por el acierto con que organiza
la incorporación de especialistas, por sus aptitudes para encontrarlos y
utilizarlos, por su habilidad para asegurar la colaboración del pedagogo
especialista y del dirigente comunista y para comprobar qué se hace y en qué medida; por su
capacidad de avanzar, aunque sea muy lentamente, en proporciones archimodestas,
mas siempre sobre una base práctica,
sobre la base de la experiencia práctica.
Pero no conseguiremos nada si en el Comisariado del Pueblo de Instrucción
Pública siguen existiendo una abundancia de pretendientes a la "dirección
comunista" y un vacío en el terreno práctico, escasez o ausencia total de
especialistas prácticos, incapacidad de promoverlos, escucharlos y tomar en
consideración su experiencia. El dirigente comunista tiene un solo medio de
demostrar su derecho a dirigir: encontrar
entre los pedagogos con experiencia muchos
auxiliares, cada día más, que colaboren
con él; saber ayudarles a trabajar, promoverlos, mostrar su experiencia y tenerla presente.
La labor del comisariado del pueblo de Instrucción Pública
En este sentido, nuestro lema indefectible debe ser: menos "dirección" y más labor
práctica; es decir, menos consideraciones generales y más hechos, más hechos
comprobados que demuestren en qué terreno avanzamos, en qué condiciones y hasta
qué punto, o si nos hemos estancado o retrocedemos. El verdadero dirigente
comunista es el que corrige los programas de estudio elaborados por pedagogos
prácticos, prepara un buen libro de texto, logra una mejoría aunque sea
insignificante, pero realizable en la
práctica, en el contenido de la labor y en las condiciones de trabajo de diez, cien o mil especialistas en
pedagogía. En cambio, no vale para nada el comunista que habla de "dirección" y
no sabe incorporar especialistas a la labor práctica, no sabe conseguir que
tengan éxito en su trabajo práctico y
utilizar la experiencia práctica de cientos y cientos de maestros.
Para convencerse de que toda
la labor del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública adolece,
principalmente, del defecto señalado basta con hojear un folleto muy bien
escrito: El Comisariado del Pueblo de
Instrucción Pública. 1917 –octubre—
1920. Breve informe. Así lo
reconoce el camarada Lunacharski al hablar en el prefacio (pág. 5) de "la
falta evidente de espíritu práctico". Pero será necesario aún trabajar
tenazmente, y no poco, para que comprendan esto todos los comunistas del
Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública y para que logren llevar a la
práctica de manera efectiva estas verdades comprendidas. El folleto mencionado
demuestra que conocemos poco los hechos, demasiado poco; no sabemos reunirlos;
no sabemos medir cuántos problemas podemos plantear con la esperanza de
resolverlos (teniendo en cuenta nuestro nivel cultural, nuestras costumbres y
nuestros medios de comunicación); no sabemos reunir enseñanzas de la
experiencia práctica y resumirlas. Nos dedicamos a vanas "consideraciones
generales y consignas abstractas", pero no sabemos utilizar a los maestros
competentes, en general, y a los ingenieros y agrónomos competentes para la
enseñanza técnica, en particular; no sabemos utilizar para la enseñanza
politécnica las fábricas, los sovjóses, las empresas medianamente bien
organizadas y las centrales eléctricas.
167
A pesar de estos defectos,
es indudable que la República de los Soviets avanza en el ámbito de la
instrucción pública. "De abajo", es decir, de la masa de trabajadores
que el capitalismo apartaba de la instrucción —abiertamente, por la violencia,
y también por medio de la hipocresía y del engaño— surge un poderoso movimiento
ascensional hacia la luz y el saber. Podemos sentirnos orgullosos de que
ayudamos a este ascenso y lo servimos. Pero sería un verdadero crimen cerrar
los ojos ante los defectos de nuestro trabajo, ante el hecho de que no hemos
aprendido todavía a organizar bien el
mecanismo estatal de educación.
Tomemos también otro
problema, la distribución de periódicos y libros, al que está dedicado el
último punto, el punto 7, de las directrices del CC.
El 3 de noviembre de 1920 se
promulgó el decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo Sobre la centralización de las bibliotecas (art. 439 de la Recopilación de Leyes, 1920, Nº 87), por el que se creaba una red única de bibliotecas de lo RSFSR.
He aquí algunos datos sobre
esta cuestión que he conseguido recibir del camarada Malkin, de la
Distribuidora Central de Prensa161, y
del camarada Modéstov, de la Sección de Bibliotecas del Departamento de
Instrucción Pública de Moscú. En 38 provincias, con 305 distritos rurales, el
número de bibliotecas en la Rusia Soviética central (sin Siberia ni
Ciscaucasia) era:
|
|
Bibliotecas centrales |
342 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Bibliotecas de distritos urbanos |
521 |
|
|
|
|
|
|
|
|
Bibliotecas de subdistritos |
4.474 |
|
|
|
|
|
|
161 Distribuidora
Central de Prensa:
agencia central del CEC de toda Rusia fundada en 1918 para la distribución de
periódicos y demás publicaciones.
La labor del comisariado del pueblo de Instrucción Pública
|
Bibliotecas ambulantes |
1.661 |
|
|
|
|
Isbas de lectura |
14.739 |
|
Otras (“rurales, infantiles, de
consulta, de |
|
|
diversas instituciones y organizaciones”) |
12.203 |
|
|
|
|
Total |
33.940 |
|
|
|
El camarada Modéstov supone,
basándose en su experiencia, que alrededor de 3/4 de estas bibliotecas existen
realmente, mientras que las demás sólo figuran en el papel. En la provincia de
Moscú, según datos de la Distribuidora Central de Prensa, hay 1.223
bibliotecas, y según datos del camarada Modéstov, 1.018; de ellas, 204 en la
ciudad y 814 en la provincia, sin contar las bibliotecas de los sindicatos
(alrededor de 16, probablemente) y las del ejército (unas 125).
Por lo que se puede juzgar
comparando los datos de las distintas provincias, la exactitud de estas cifras
no es muy grande: ¡esperemos que no resulte en realidad inferior al 75 %! En la
provincia de Viatka, por ejemplo, hay 1.703 isbas de lectura; en la de
Vladímir, 37; en la de Petrogrado, 98; en la de Ivánovo-Voznesensk, 75, y así
sucesivamente. De las "otras" bibliotecas hay 36 en la provincia de
Petrogrado, 378 en la de Vorónezh, 525 en la de Ufá, 31 en la de Pskov, etc.
Según parece, estas cifras
muestran precisamente que la sed de conocimientos de las masas de obreros y
campesinos es inmensa, que el anhelo de instrucción y de creación de
bibliotecas es poderoso, "popular" en el verdadero sentido de la
palabra. Pero estamos todavía lejos, muy lejos, de saber organizar, ordenar,
dar forma y satisfacer adecuadamente este anhelo popular. Habrá que trabajar
aún muchísimo y tenazmente para crear una verdadera red única de bibliotecas.
¿Cómo distribuimos los
periódicos y los libros? Según datos de la Distribuidora Central de Prensa, en
1920 se difundieron 401 millones de ejemplares de periódicos y 14 millones de
libros (en 11 meses). He aquí los datos relativos a la difusión de tres periódicos
(12-1-1921), establecida por la sección de prensa periódica de la Comisión
Central de Distribución y Control162 (en
miles de ejemplares):
|
|
|
Izvestia |
Pravda |
Biednotá |
|
|
Agencias de la
Distribuidora Central |
|
|
|
|
|
de Prensa |
191 |
139 |
183 |
|
|
Oficina militar
para los despachos |
|
|
|
|
|
divisionarios de literatura |
50 |
40 |
85 |
|
|
Organizaciones
ferroviarias, |
|
|
|
|
|
secciones ferroviarias de la |
|
|
|
|
|
Distribuidora Central centros de |
|
|
|
|
|
agitación y propaganda |
30 |
25 |
16 |
|
|
Instituciones y
organizaciones |
|
|
|
|
|
de la ciudad de Moscú |
65 |
35 |
8 |
|
|
Comisariado Militar
de la ciudad de |
|
|
|
|
|
Moscú |
8 |
7 |
6 |
|
|
Colecciones para
los trenes de |
|
|
|
|
|
viajeros |
1 |
1 |
1 |
|
|
Pegadura en las
calles y colecciones |
5 |
3 |
1 |
|
|
Total |
350 |
250 |
300 |
![]()
162 La Comisión
Central de Distribución y Control, adjunta a la Editorial del Estado, fue
organizada en diciembre de 1919 para confeccionar un plan único de control y
distribución de las publicaciones.
La labor del comisariado del pueblo de Instrucción Pública
Sorprende el pequeñísimo
número de ejemplares que se destina a pegar en las calles, es decir, a las
masas más amplias. Sorprende el gran número que se envía a las
"instituciones" de la capital, etc.: por lo visto, para que los
malversen o los utilicen burocráticamente los "bursov"* tanto
militares como civiles.
* "Burócratas soviéticos". (N. de la Edit.)
Veamos unas cuantas cifras
más de los informes de las subsecciones locales de la Distribuidora Central de
Prensa. Durante el mes de septiembre de 1920, la agencia provincial de Vorónezh
de la Distribuidora Central de Prensa recibió periódicos 12 veces (es decir, de
los 30 días del mes, 18 no llegaron periódicos). Los periódicos recibidos
fueron distribuidos como sigue: Izvestia,
a las agencias de la Distribuidora Central de Prensa: distritales rurales,
4.986 ejemplares (4.020; 4.310)*; distritales urbanas, 7.216 (5.860; 10.064);
subdistritales,
3.370 (3.200; 4.285);
organizaciones del partido, 447 (569; 3.880); instituciones de los Soviets,
1.765 (1.641; 509).
* La primera cifra que figura entre paréntesis se refiere a Pravda; la segunda, a Biednotá,
168
¡Obsérvese que las
instituciones de los Soviets recibieron casi el triple de ejemplares de Pravda que las organizaciones del
partido! Vienen luego: sección de agitación y educación del Comisariado Militar, 5.532 (5.793; 12.332); centros de
agitación y propaganda, 352 (400; 593); isbas de lectura, cero. A los suscriptores, 7.167 (3.080; 764) . Por consiguiente,
los "suscriptores", es decir, de hecho, naturalmente, los
"bursov" nadan en la abundancia. Para pegadura, 460 (508; 500).
Total, 32.517 (25.104; 37.237).
Durante noviembre de 1920,
la provincia de Ufá recibió periódicos 25 días, es decir, no llegaron sólo
cinco días. Su distribución fue: organizaciones del partido, 113 (1.572; 153);
instituciones de los Soviets, 2.763 (1.296; 1.267); sección de agitación y
educación del Comisariado Militar, 687 (470; 6.500); comités ejecutivos de los
Soviets subdistritales, 903 (308; 3.511); isbas de lectura, 36 (8 —¡Pravda 8 ejemplares!—; 2.538);
suscriptores, cero;
"organizaciones distritales diversas", 1.044 (219; 991). Total, 5.841
(4.069; 15.429).
Por último, el informe de la
agencia subdistrital de Pustóshenskoe, distrito de Súdogda (provincia de
Vladímir), correspondiente a diciembre de 1920. Organizaciones del partido, 1
(1; 2); instituciones de los Soviets, 2 (1; 3); sección de agitación y educación
del Comisariado Militar, 2 (1; 2); comités ejecutivos de los Soviets
subdistritales, 2 (1; 3); oficinas de Correos y Telégrafos, 1 (1; 1); comité
fabril del poblado de Urshelski, 1 (1; 2); sección distrital de previsión
social, 1 (O; 3). Total, 10 (6; 16).
¿Qué balance ofrecen esos
datos incompletos? El mismo, a mi juicio, que el programa de nuestro partido ha
expresado con las siguientes palabras: "en el momento actual... se dan
únicamente los primeros pasos hacia la transición del capitalismo al comunismo".
El capitalismo convirtió los
periódicos en empresas capitalistas, en instrumento de lucro, información y
entretenimiento para los ricos; en instrumento de engaño y embaucamiento de las
masas trabajadoras. Hemos roto los instrumentos de lucro y engaño. Hemos empezado a convertir los
periódicos en un instrumento que educa a las masas y les enseña a vivir y
organizar su economía sin
terratenientes y sin capitalistas.
Pero acabamos de empezar. En tres años y pico no hemos hecho mucho. Y hay que
hacer mucho más, hay que recorrer aún un larguísimo camino. Menos estrépito
político, menos divagaciones generales y consignas abstractas con que se
deleitan los comunistas inexpertos y que no comprenden sus tareas; más
propaganda en el terreno de la producción y, sobre todo, mayor aprovechamiento
de la experiencia práctica, un aprovechamiento fecundo, inteligente y adaptado
al nivel de desarrollo de las masas.
La labor del comisariado del pueblo de Instrucción Pública
En lo que se refiere a la
distribución de periódicos (carezco de datos en cuanto a los libros; es
probable que la situación en este dominio sea peor aún), hemos suprimido las
suscripciones. Es un paso adelante del capitalismo al comunismo. Pero al capitalismo
no se le puede matar de golpe. Renace en forma de "bursov", de
burocracia soviética, que se apodera de los periódicos con distintos pretextos.
Es imposible contar de cuántos periódicos se apodera, pero son muchos,
evidentemente. Hay que trabajar de manera tenaz y sistemática para "dar
con la badila en los nudillos" a la burocracia y no dejarle que se apodere
de los periódicos y los libros, reducir la parte que le corresponde y disminuir
constantemente el propio número de "bursov". No podemos, por
desgracia, reducir de golpe este número a la décima o la centésima parte.
Seríamos unos charlatanes si prometiéramos eso con nuestro actual nivel
cultural; pero podemos y debemos reducirlo de modo constante e inflexible. El
comunista que no lo haga será comunista sólo de palabra.
Hay que esforzarse una y
otra vez por conseguir que los periódicos y los libros sean distribuidos
gratis, como regla, sólo a las
bibliotecas y salas de lectura, a su red,
que atiende debidamente a todo el país, a toda la masa de obreros, soldados y
campesinos. El pueblo se sentirá entonces atraído por la cultura, la luz y los
conocimientos con fuerza, rapidez y éxito cien veces mayores. La obra cultural
avanzará entonces con botas de siete leguas.
Un pequeño cálculo a título
de ejemplo: 350.000 de Izvestia y
250.000 de Pravda para toda Rusia.
Somos pobres. No hay papel. Los obreros pasan hambre y frío, están desnudos y
descalzos. Las máquinas se han desgastado. Los edificios se vienen abajo.
Imaginémonos que tenemos en
todo el país, para 10.000 subdistritos y pico, 50.000 bibliotecas y salas de
lectura, pero no en el papel, sino de verdad. No menos de tres por subdistrito
y una sin falta por cada fábrica y unidad militar. Imaginémonos que hemos
aprendido no sólo a dar "el primer paso del capitalismo al
comunismo", sino también el segundo y el tercero. Imaginémonos que hemos
aprendido a distribuir acertadamente tres ejemplares de los periódicos a cada
biblioteca y sala de lectura, de ellos dos, por ejemplo, para
"pegarlos" (suponiendo que hemos dado el cuarto paso del capitalismo
al comunismo, yo admito, me atrevo a admitir, que en lugar de la bárbara
"pegadura", que estropea el periódico, lo fijamos con clavos de
madera —¡de hierro no hay, pues incluso en "el cuarto paso" tendremos
escasez de hierro!— a una tabla lisa para que sea cómodo leer y se conserve el
periódico). Así pues, dos ejemplares a las 50.000 bibliotecas y salas de
lectura para "pegarlos" y un ejemplar de reserva. Imaginémonos, además,
que hemos aprendido a dar el periódico en vano, a los "bursov", en
cantidad moderada, por ejemplo, no
más de algunos miles de ejemplares para los "dignatarios" mimados de
toda la República Soviética.
169
Con tan audaces hipótesis,
160.000 ejemplares, admitamos incluso 175.000, bastarán para todo el país cinco
veces mejor que ahora. Todos tendrán la posibilidad de informarse a través de
los periódicos (mediante la debida organización de bibliotecas ambulantes, que
con tanto éxito ha defendido, a mi juicio, la camarada F. Dóbler en Pravda hace unos días). Trescientos
cincuenta mil ejemplares de dos periódicos. Hoy, 600.000 ejemplares malversados
por los "bursov", hurtados en vano para "liar cigarrillos",
etc., simplemente en virtud de las costumbres capitalistas. Economizaríamos
250.000 ejemplares. Dicho de otro modo: a pesar de nuestra pobreza,
economizaríamos 125.000 ejemplares de cada uno de los dos periódicos diarios. Y en cada uno de esos periódicos podría
proporcionarse al pueblo diariamente un serio y valioso material literario, las
obras literarias mejores y clásicas, manuales de enseñanza general, manuales de
agricultura y de temas industriales. Si los burgueses franceses aprendieron ya
antes de la guerra a amasar dinero con la publicación de novelas para el pueblo
que no costaban 3,50 francos, como los libros para los señores, sino 10
céntimos (es decir, 35 veces más barato, 4 kopeks según la cotización de
anteguerra), como un periódico proletario, ¿por qué no podemos aprender
nosotros —en el segundo paso del capitalismo al comunismo— a proceder de la
misma manera? ¿Por qué no aprender,
La labor del comisariado del pueblo de Instrucción Pública
procediendo de la misma
manera, a conseguir que el pueblo reciba al año —incluso con la pobreza actual—
dos ejemplares para cada una de las 50.000 bibliotecas y salas de lectura,
todos los manuales necesarios y todas las necesarias obras clásicas de la literatura
universal y de la ciencia y la técnica modernas? Aprenderemos.
7 de febrero de 1921.
Publicado el 9 de
febrero de 1921 en el núm. 28 de "Pravda".
T. 42, págs. 322-332.
170
SOBRE EL PLAN ECONÓMICO ÚNICO.
Los artículos y
conversaciones dedicados a este tema producen una impresión deprimente. Echad
una ojeada a los artículos de L. Kritsman publicados en Ekonomícheskaya Zhizn163 (1, 14 de diciembre de 1920; II, 23 de
diciembre; III, 9 de febrero; IV, 16 de febrero; V, 20 de febrero). Son
verbosidad de lo más vana. Infraliteratura. No querer tomar en consideración ni
estudiar las cosas útiles que se han creado en este dominio. Reflexiones —¡en
cinco largos artículos!— acerca de cómo emprender el estudio, en vez de
estudiar los datos y los hechos.
Tomad las tesis de Miliutin (Ekanomícheskaya, Zhizn, 19 de febrero)
y las de Larin (Ekonomícheskaya Zhizn, 20
de febrero) y prestad oído a los discursos de camaradas "que desempeñan cargos de
responsabilidad". Los mismos defectos cardinales que vemos en Kritsman.
Escolasticismo de lo más tedioso, rayano en la charlatanería acerca de la ley
de la concatenación, etc.; escolasticismo ora literario, ora burocrático, pero
sin obra viva.
Peor aún. Altiva y
burocrática falta de atención a la obra viva ya hecha y que es necesario
proseguir. Una y otra vez, la más vana "producción de tesis" o la
invención de consignas y proyectos, en lugar de conocer detenida y
minuciosamente nuestra propia experiencia práctica.
El único trabajo serio
respecto al plan económico único es el Plan
de electrificación de la RSFSR, el informe de la GOELRO (Comisión Estatal
para la Electrificación de Rusia) al VIII
Congreso de los Soviets, editado en diciembre de 1920 y repartido en el
VIII Congreso. En este libro está expuesto un plan económico único, redactado,
claro está, sólo como primera aproximación por las mejores fuerzas científicas
de nuestra República cumpliendo un encargo de sus organismos superiores. Y la
lucha contra la ignorante presunción de los dignatarios, contra la presunción
intelectual de los literatos comunistas hemos de comenzarla por el asunto más
modesto, por la simple narración de la historia de este libro, de su contenido
y su importancia.
Del 2 al 7 de febrero de
1920, o sea, hace más de un año, se celebró la sesión del Comité Ejecutivo
Central de toda Rusia que aprobó la resolución concerniente a la
electrificación. En ella leemos:
"... A la par con las
tareas más inmediatas, apremiantes, inaplazables. Y de primer orden para
organizar el transporte, suprimir las crisis de combustibles y alimentos,
combatir las epidemias y organizar ejércitos disciplinados de trabajo, a la
Rusia Soviética se le ofrece por primera vez la posibilidad de empezar a crear
la economía de manera más planificada, elaborar científicamente y poner en
práctica de modo consecuente un plan estatal de toda la economía nacional.
Teniendo en cuenta la importancia primordial de la electrificación...
valorando la importancia de
la electrificación para la industria, la agricultura, el transporte... etc.,
etc., el CEC de toda Rusia acuerda: encargar al CSEN, junto con el Comisariado
del Pueblo de Agricultura, que preparen el proyecto de construcción de la red
de centrales eléctricas..."
Parece que está claro.
"Elaborar científicamente un plan estatal de toda la economía
nacional": ¿es posible no comprender estas palabras, esta resolución de
nuestro poder supremo? Si los literatos y dignatarios, que se jactan de su
comunismo ante "los especialistas", no conocen esa resolución, no
puedo sino recordarles que el desconocimiento de nuestras propias leyes no es
un argumento.
![]()
163 Ekonomícheskaya
Zhizn ("La
Vida Económica"): diario que se publicó desde noviembre de 1918 hasta
noviembre de 1937 como órgano del Consejo Superior de Economía Nacional, del
Comisariado del Pueblo de Hacienda, del Banco del Estado y de otros
comisariados del pueblo relacionados con la economía.
Cumpliendo los acuerdos del
CEC de toda Rusia, el Presídium del CSEN ratificó el 21 de febrero de 1920 la
Comisión de Electrificación, que se formó adjunta a la Sección de Electricidad;
y luego, el Consejo de Defensa aprobó el Reglamento de la GOELRO, cuya
composición se encargó determinar y aprobar el CSEN de acuerdo con el
Comisariado del Pueblo de Agricultura. La GOELRO publicó ya el 24 de abril de
1920 el núm. 1 de su Boletin164, que contenía un detalladísimo programa de trabajos, una lista
de las personas de responsabilidad, científicos, ingenieros, agrónomos y
estadísticos que integran diversas subcomisiones, dirigen el trabajo en su zona
respectiva y han asumido distintas tareas, señaladas con exactitud. La sola
enumeración de estas tareas y de las personas que las han asumido ocupa diez
páginas en el núm. 1 del Boletín.
Todas las mejores fuerzas que estaban a la vista del CSEN y del Comisariado del
Pueblo de Agricultura, así como del Comisariado del Pueblo de Vías de
Comunicación, fueron incorporadas al trabajo.
171
Fruto de la labor efectuada
por la GOELRO ha sido la obra científica antes mencionada, voluminosa y
excelente. Han colaborado en ella más de 180 especialistas. La enumeración de
los trabajos aportados por ellos a la GOELRO pasa de 200. En primer lugar, tenemos
una lista de estos trabajos (primera parte del mencionado volumen, que abarca
más de 200 páginas):
a)
la
electrificación y el plan de la economía del Estado; luego, b) abastecimiento
de combustible (con un detallado "presupuesto de combustibles" de la
RSFSR dentro de los límites del próximo
decenio, teniendo en cuenta el número necesario de obreros); c) energía hidráulica; d) agricultura; e)
transporte, y f) industria.
El plan está calculado para
un decenio, aproximadamente, y en él se indica el número de obreros y la
potencia (en miles de HP) . Por supuesto, este plan es sólo aproximado,
inicial, está trazado en líneas generales, con errores; es un plan
"redactado sólo como primera aproximación", pero es un verdadero plan
científico. Tenemos cálculos exactos de especialistas relativos a todas las
cuestiones fundamentales. Tenemos sus cálculos referentes a todas las ramas
industriales. Tenemos —ahí va un pequeño ejemplo— el cálculo de las
proporciones de la producción de cuero y de calzado a razón de dos pares por
habitante (trescientos millones de pares), etc. En suma, tenemos el balance
material y financiero (en rublos oro) de la electrificación (unos trescientos
setenta millones de jornadas de trabajo, tantos barriles de cemento, tantos
ladrillos, puds de hierro, cobre, etc., tanta potencia de los turbogeneradores,
etc.), El balance prevé un aumento del 80% ("según cálculos muy
inexactos") de la industria transformadora, y del 80 al 100% de la
extractiva en el transcurso de diez años. El déficit del balance de oro
(N11.000.000.000 —17.000.000.000, en total, un déficit de unos seis mil
millones) "podrá ser cubierto por medio de concesiones y operaciones de
crédito".
Se indica el lugar de
emplazamiento de veinte centrales eléctricas a vapor y de diez hidroeléctricas
zonales de la primera serie, con una detallada descripción de la importancia
económica de cada una de ellas.
Tras la lista general
tenemos en el mismo volumen, con numeración aparte de las páginas, trabajos
referentes a cada zona: Septentrional, Central industrial (estos dos trabajos,
singularmente buenos, exactos y detallados, están basados en un abundantísimo
material científico) y Meridional; zonas del Volga, de los Urales, del Cáucaso
(el Cáucaso está tomado en su conjunto, presuponiéndose un acuerdo económico
entre las distintas repúblicas), de Siberia Occidental y de Turquestán. Tenemos
el cálculo para cada zona de las centrales eléctricas no sólo de la primera
serie; luego tenemos el llamado "Programa A de la GOELRO", o sea, el plan de aprovechamiento más
racional y económico de las centrales eléctricas
![]()
164 El Boletín
de la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia lo publicó en
Moscú, desde abril hasta agosto de 1920, la Editorial Técnica del Estado,
perteneciente a la Sección Tecnocientífíca del Consejo Superior de Economía
Nacional. Vieron la luz solamente cinco números.
existentes.
Aduciré otro pequeño ejemplo: respecto a la Zona Septentrional (de Petrogrado)
se ha calculado que la unión de las centrales petrogradenses podría
proporcionar una economía, determinada del siguiente modo. Cerca de la mitad
del fluido que generen dichas centrales podría ser enviado a los lugares
nórdicos de flotación de madera. Múrmansk, Arjánguelsk y otros (pág. 69 del
informe relativo a la Zona Septentrional). El aumento de la tala de árboles y
de la flotación de madera para el extranjero podría darnos, en tales
condiciones, "hasta quinientos
millones de rublos anuales en divisas ya en los próximos años".
"La ganancia anual
obtenida de la madera del Norte puede alcanzar en los próximos años la magnitud
de nuestras reservas de oro" (ídem., pág. 70), ¡si sabemos, claro está,
pasar de las palabras sobre el plan al estudio y aplicación del plan confeccionado realmente por científicos!
Debemos decir, además, que, respecto a una serie de cuestiones (por supuesto,
no todas, ni muchísimo menos), tenemos el principio de un programa basado en el
calendario, es decir, no sólo el plan en general, sino el cálculo para cada
año, de 1921 a 1930: cuántas centrales se pueden poner en funcionamiento y en
qué medida ampliar las existentes (de nuevo con la susodicha condición, no tan
fácil de observar en virtud de nuestras costumbres literario-intelectuales y
dignatario-burocráticas).
Para apreciar toda la
inmensidad y todo el valor del trabajo realizado por la GOELRO, echemos un
vistazo a Alemania. Allí efectuó una labor análoga un solo hombre: el
científico Ballod. Compuso un plan científico de reorganización socialista de
toda la economía de Alemania165. En
la Alemania capitalista, este plan quedó en el aire, no pasó de ser
infraliteratura, el trabajo de un hombre aislado. Nosotros hemos señalado una
tarea estatal, hemos movilizado a centenares de especialistas y obtenido en
diez meses (claro que no en dos, como estipulamos al principio) un plan
económico único, compuesto científicamente. Tenemos pleno derecho a
enorgullecernos de esta labor; sólo queda por entender cómo debe ser aprovechada, y precisamente contra esa incomprensión tenemos que batallar
ahora.
En la resolución del VIII
Congreso de los Soviets se dice: "... El congreso... aprueba la labor del CSE9, etc., sobre todo de la GOELRO, para confeccionar el plan de electrificación
de Rusia... estima este plan como el
primer paso de la gran empresa económica, encarga al CEC de toda Rusia, etc., que terminen de confeccionar dicho plan y lo
aprueben, sin falta, en el plazo más breve... Encarga que adopten todas las
medidas necesarias para que se haga la
más vasta propaganda de este plan... Debe hacerse obligatorio el estudio de
este plan en todos los establecimientos
de enseñanza, sin excepción alguna, de la República", etc.
172
Nada peculiariza de modo tan
fehaciente la existencia de dolencias burocráticas e intelectuales en nuestra
administración, sobre todo en la administración superior, como la actitud que
se observa en Moscú ante esta resolución, las tentativas de "interpretarla"
a tontas y a locas e incluso de retractarse de ella. Los literatos no propagan
el plan compuesto, sino que escriben tesis y reflexiones vanas acerca de ¡cómo
enfocar la confección del plan! Los dignatarios acentúan con un espíritu puramente
burocrático la necesidad de "ratificar" el plan, entendiendo por ello
no el planteamiento de tareas concretas (construir tal o cual cosa en tal
fecha, comprar tal o cual cosa en el extranjero, etc.), sino algo completamente
confuso, como ¡la confección de un nuevo
plan! Resulta uña monstruosa incomprensión del asunto; se oyen discursos, en
los que se dice: Primero restableceremos lo viejo, al menos en parte, antes de
construir nada nuevo; la electrificación parece electroficción; por qué no se
habla de gasificación; en la GOELRO los especialistas son burgueses, y hay
pocos comunistas; la GOELRO debe promover a personal experto y no al de la
Comisión General del Plan, etc.
![]()
165 Lenin alude a la obra El Estado del futuro, la producción y el
consumo en el Estado socialista, del profesor de Economía Política alemán
Carlos Ballod (Karl Ballod. Der
Zukunftsstaat, Produktion und Konsum im Sozialstaat). El libro se publicó
en 1898 en Alemania. En 1919 vio la luz su segunda edición, revisada; en 1920
apareció en Moscú, en ruso.
El peligro radica
precisamente en esa diferencia de opiniones, pues muestra que no se sabe
trabajar y que la presunción intelectual y burocrática prevalece sobre la obra
verdadera. Las burlas mezquinas a cuenta de lo fantástico del plan, las
preguntas respecto a la gasificación y otras revelan la fatuidad de la
ignorancia. ¿No es vergonzoso, acaso, corregir a la ligera y sin conocimiento
de causa el trabajo de centenares de los mejores especialistas, desentenderse
del asunto con bromitas de banal gusto y presumir del derecho de "no
aprobar"?
¡Hay que aprender a valorar
la ciencia, rechazar la presunción "comunista" de diletantes y
burócratas; hay que aprender a trabajar de manera sistemática, aprovechando la
propia experiencia, la propia práctica!
Está claro que "los
planes" son, por su esencia misma, algo de lo que se puede hablar y
discutir infinitamente. Pero no se divague ni discuta en general sobre
"los principios" (de la estructura del plan) cuando lo que debe
hacerse es estudiar un plan concreto, el único plan científico, y corregirlo
tomando como base las indicaciones de la experiencia práctica y un estudio más detallado. Por supuesto, el derecho de
"ratificar" y "no ratificar" es siempre atribución del
dignatario y los dignatarios.
Si se entiende este derecho
de una manera razonable y se interpretan también razonablemente las
resoluciones del VIII Congreso respecto a la ratificación del plan aprobado por
él y entregado a la propaganda más amplia, deberá entenderse por "ratificación"
una serie de encargos y órdenes: comprar tal cosa, en tal fecha y en tal lugar;
empezar a construir tal cosa; reunir y transportar tales materiales, etc. Pero
si se la entiende de una manera burocrática, "ratificación"
significará capricho de los dignatarios, papeleo, juego a las comisiones
comprobadoras, en una palabra, asesinato puramente burocrático de la obra viva.
Enfoquemos este asunto desde
otro punto de vista más. Es preciso ligar especialmente el plan científico de
electrificación a los planes prácticos corrientes y a su cumplimiento efectivo.
Sin duda, esto es indiscutible por completo. Pero ¿cómo ligarlos de modo
concreto? Para saberlo es necesario que los economistas, literatos y
estadísticos no charlataneen del plan en general, sino que estudien
detenidamente el cumplimiento de nuestros planes, nuestros errores en esta
labor práctica y el medio de corregirlos. Sin un estudio así estaremos ciegos.
Pero con un estudio así —a condición de que estudiemos la experiencia práctica—
nos quedará, a la par con él, una cuestión muy pequeña de técnica
administrativa. Tenemos a montones comisiones de planificación. Para unificarlas
tomemos dos personas de la institución encomendada a Iván Ivánovich, y a una de
la encomendada a Pal Pálich, o viceversa. Unifiquémoslas con la subcomisión de
la Comisión General del Plan. Está claro que esto es precisamente técnica
administrativa y nada más. Es incluso ridículo hablar de probar así y asá para
elegir lo mejor.
El quid de la cuestión está
en que no sabemos plantear el problema y sustituimos el trabajo vivo con la
proyectomanía intelectual y burocrática. Hemos tenido y tenemos planes
corrientes de suministro de alimentos y combustibles. Hemos cometido un error evidente
en los unos y en los otros. A este respecto no puede haber dos opiniones. Un
economista sensato, en vez de redactar tesis sin importancia, estudiará los
hechos, las cifras y los datos, analizará nuestra propia experiencia práctica y
dirá: el error está en esto y se ha de corregir así o asá. Un administrador
sensato, basándose en semejante estudio, propondrá o realizará él mismo un
desplazamiento de personal, una modificación de la rendición de cuentas, una
restructuración del mecanismo, etc. En nuestro país no se ve ni uno ni otro
enfoque práctico y útil del plan económico único.
173
El mal está precisamente en que se
plantea de una manera equivocada el problema de la actitud del comunista
respecto a los especialistas, del administrador respecto a los científicos
y literatos. En el problema
del plan económico único, lo mismo que en cualquier otro problema, hay aspectos
—y siempre pueden surgir tales aspectos nuevos— que requieren ser resueltos
sólo por comunistas o que exigen enfoque sólo administrativo. Esto es indiscutible.
Pero es pura abstracción. Y ahora, este problema lo enfocan de una manera
errónea en nuestro país precisamente los literatos comunistas y los
administradores comunistas: ni unos ni otros han sabido comprender que, en
estos casos, hay que aprender más de los especialistas y científicos burgueses
y jugar menos a la administración burocrática. No hay, ni puede haber, ningún
otro plan económico único que el confeccionado ya por la GOELRO. Hay que
completarlo, desarrollarlo, corregirlo y llevarlo a la práctica sobre la base
de las indicaciones de la experiencia práctica, estudiada atentamente. La
opinión inversa es sólo "una presunción seudorradical, mas, en realidad,
ignorante", hablando con palabras del programa del partido166. No menos presunción ignorante significa la idea de que en la
RSFSR es posible otra comisión general del plan que no sea la GOELRO, con lo
cual, naturalmente, no se refuta la posible utilidad de introducir enmiendas
parciales, prácticas, en su composición. Sólo sobre esta base, sólo continuando
lo iniciado, se puede construir algo serio, en el sentido de mejorar el plan
general de nuestra economía nacional; de lo contrario, eso será jugar a la
administración burocrática o, dicho con mayor sencillez, despotismo. La tarea
de los comunistas dentro de la GOELRO estriba en mandar menos, mejor dicho, en
no mandar nada, sino en tratar a los especialistas de la ciencia y la técnica
("en la mayoría de los casos están impregnados inevitablemente de la
concepción del mundo y las costumbres burguesas", como se dice en el
Programa del PC de Rusia) con extraordinario cuidado y habilidad, en aprender
de ellos y ayudarles a ampliar su horizonte, partiendo de las conquistas y los
datos de la ciencia respectiva y teniendo presente que un ingeniero no vendrá al comunismo de la misma manera que han venido el
propagandista o el literato que trabajaron en la clandestinidad, sino a través de los datos de su ciencia;
que el agrónomo, el silvicultor, etc., vendrán al comunismo cada uno a su manera. El comunista que no haya
demostrado que sabe unir y dirigir modestamente el trabajo de los
especialistas, calando hondo en los asuntos y estudiándolos con todo detalle,
es a menudo perjudicial. Tenemos muchos comunistas de esta índole, y yo daría
varias docenas de ellos por un especialista burgués competente y que estudie a
conciencia su materia.
Los comunistas que no forman
parte de la GOELRO pueden contribuir a crear y aplicar el plan económico único
de dos maneras. Si son economistas, estadísticos o literatos, deben estudiar
primero nuestra propia experiencia práctica, y sólo después, basándose en un
estudio detallado de los hechos respectivos, recomendar cómo corregir los
errores y mejorar el trabajo. El estudio es cosa de los que saben. Y en este
terreno, por cuanto en nuestro país no se trata, desde hace ya mucho, de
principios generales, sino precisamente de la experiencia práctica, "el
especialista de la ciencia y la técnica" que conoce su materia, aunque sea
burgués, tiene también diez veces más valor para nosotros que el comunista
presuntuoso, dispuesto en cualquier momento del día y de la noche a escribir
"tesis", lanzar "consignas" y presentar meras
abstracciones. Más conocimiento de los hechos y menos controversias con
pretensión de sostener principios comunistas.
Por otro lado, si un
comunista es administrador, su primer deber consiste en no dejarse llevar por
la afición a mandar, en saber primero tener en cuenta lo que la ciencia ha
estudiado ya, en preguntar primero si los hechos están comprobados, en lograr
primero que se estudie (en los informes, en la prensa, en las reuniones, etc.),
que se estudie en qué precisamente hemos incurrido en error, y sólo sobre esta
base corregir lo que se está haciendo. Menos métodos
![]()
166 Lenin cita aquí y más adelante el Programa del PC(b) de Rusia,
aprobado en marzo de 1919 en su VIII Congreso.
de Tit Títich167 ("Puedo ratificar y puedo no ratificar") y más
estudio de nuestros errores prácticos.
Se ha observado hace ya
mucho que los defectos de las personas están relacionados, las más de las
veces, con sus virtudes. Tales son los errores de muchos comunistas dirigentes.
A lo largo de decenios realizamos una gran obra, predicamos el derrocamiento de
la burguesía, enseñamos a desconfiar de los especialistas burgueses, los
desenmascaramos, les quitamos el poder y vencimos su resistencia. Esta es una
gran obra, de significación histórica universal. Pero basta con exagerar un
poco para que se confirme la verdad de que de lo grande a lo ridículo no hay
más que un paso. Nosotros hemos convencido a Rusia, la hemos conquistado de
manos de los explotadores para los trabajadores y hemos sometido a los
explotadores. Ahora debemos aprender a gobernarla. Para eso es necesario
aprender a ser modestos y respetar el trabajo útil de "los especialistas
de la ciencia y la técnica"; para eso es preciso aprender a analizar con
sentido eficiente y atención nuestros numerosos errores prácticos y corregirlos paso a paso, pero de manera consecuente.
Menos presunción intelectual y burocrática, más estudio de lo que la
experiencia práctica nos proporciona en el centro y en el plano local y de lo
que la ciencia nos ha proporcionado ya.
21 de febrero de 1921.
Publicado el 22 de
febrero de 1921 en el núm. 39 de"Pravda".
T. 42, págs. 339-347.
![]()
167 Kit
Kítich, apodo de
Tit Títich, rico comerciante, personaje de la comedia de A. Ostrovski. hombros rotos. Lenin daba el nombre de
Kit Kítich a los magnates capitalistas. (Ed.)
El día internacional de la Obrera
17
EL DÍA INTERNACIONAL DE LA OBRERA.
Lo principal y fundamental
en el bolchevismo y en la Revolución de Octubre en Rusia consiste precisamente
en incorporar a la política a los que sufrían mayor opresión bajo el
capitalismo. Los capitalistas los oprimían, los engañaban y los saqueaban con monarquía
y con repúblicas democráticas burguesas. Esta opresión, este engaño, este
saqueo del trabajo del pueblo por los capitalistas eran inevitables mientras
existía la propiedad privada de la tierra y de las fábricas.
La esencia del bolchevismo,
la esencia del Poder soviético radica en concentrar la plenitud del poder del
Estado en manos de las masas trabajadoras y explotadas, desenmascarando la
mentira y la hipocresía de la democracia burguesa y aboliendo la propiedad
privada de la tierra y de las fábricas. Estas masas se hacen cargo de la
política, es decir, asumen la tarea de edificar una nueva sociedad. La obra es
difícil; las masas han sido embrutecidas y oprimidas por el capitalismo, pero
no hay ni puede haber otra salida de la esclavitud asalariada, de la esclavitud
capitalista.
Y es imposible incorporar a
las masas a la política sin incorporar a las mujeres. Porque, en el
capitalismo, la mitad femenina del género humano está doblemente oprimida. La
obrera y la campesina son oprimidas por el capital y, además, incluso en las
repúblicas burguesas más democráticas, no gozan de plenos derechos, pues la ley
les niega la igualdad con el hombre. Esto, en primer lugar; y en segundo lugar
—lo que es principal—, permanecen en "la esclavitud casera", son
"esclavas del hogar", viven agobiadas por la labor más mezquina, más
ingrata, más dura y más embrutecedora: la de la cocina y, en general, la de la
economía doméstica familiar individual.
La revolución bolchevique,
soviética, corta las raíces de la opresión y de la desigualdad de la mujer tan
profundamente como jamás osó cortarlas un solo partido ni una sola revolución
en el mundo. En nuestro país, en la Rusia Soviética, no han quedado ni rastros
de la desigualdad de la mujer y del hombre ante la ley. El Poder soviético ha
suprimido por completo una desigualdad sobremanera repulsiva, vil e hipócrita
en el derecho matrimonial y familiar: la desigualdad en lo que respecta a los
hijos.
Esto es sólo el primer paso
hacia la emancipación de la mujer. Pero ninguna república burguesa, ni siquiera
la más democrática, se atrevió jamás a dar incluso este primer paso. No se
atrevió por temor a "la sacrosanta propiedad privada".
El segundo paso, el
principal, ha sido la abolición de la propiedad privada de la tierra y de las
fábricas.
Así, y sólo así, se abre el
camino para la emancipación completa y efectiva de la mujer, para su liberación
de "la esclavitud casera" mediante el paso de la pequeña economía
doméstica individual a la grande y socializada.
La transición es difícil,
pues se trata de transformar las "normas" más arraigadas, rutinarias,
anquilosadas y osificadas (a decir verdad, son bochorno y salvajismo, y no
"normas"). Esta transición ha comenzado, la obra está en marcha,
hemos entrado en el nuevo camino.
Y en el Día Internacional de
la Obrera, en innumerables reuniones de trabajadoras de todos los países del
mundo resonarán saludos a la Rusia Soviética, que ha emprendido una obra
difícil y trabajosa hasta lo indecible, pero grande, de trascendencia universal
y verdaderamente liberadora. Resonarán llamamientos optimistas, exhortando a no
desfallecer ante la reacción burguesa, brutal y a menudo feroz. Cuanto más
"libre" o
El día internacional de la Obrera
"democrático" es
un país burgués tanto más brutalidades y ferocidades comete la banda
capitalista contra la revolución de los obreros; ejemplo de ello es la
república democrática de los Estados Unidos de Norteamérica. Pero él obrero ha
despertado ya en masa. La guerra imperialista ha despertado definitivamente a
las masas durmientes, soñolientas y rutinarias tanto en América como en Europa
y en la atrasada Asia.
Se ha roto el hielo en todos
los confines del mundo. Avanza de manera incontenible la liberación de los
pueblos del yugo del imperialismo, la emancipación de los obreros y de las
obreras del yugo del capital. La han impulsado decenas y cientos de millones de
obreros y obreras, de campesinos y campesinas. Y por eso, la causa de la
emancipación del trabajo del yugo del capital triunfará en el mundo entero.
4-III-1921.
Publicado el 8 de
marzo de 1921 en el Suplemento al núm. 51 de "Pravda".
T. 42, págs. 368-370.

