Libro N° 7060. Obras Escogidas. Tomo X. Lenin, V. I.
© Libro N° 7060. Obras Escogidas. Tomo X. Lenin, V. I. Emancipación. Marazo 7 de 2020.
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Escogidas. Tomo X. V. I. Lenin
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TOMO X
V. I. Lenin
OBRAS ESCOGIDAS
TOMO X
OBRAS
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V.I. LENIN
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TOMO 10-12
Indice
Prefacio................................................................................................................. 1
Una gran iniciativa.............................................................................................. 3
La situación actual y
las tareas inmediatas del poder soviético................ 15
¡Todos a la lucha
contra Denikin!................................................................... 21
Acerca del estado............................................................................................. 30
Las tareas de la III
Internacional.................................................................... 39
Respuestas a las
preguntas de un periodista norteamericano.................... 48
Discurso pronunciado en el I Congreso de toda Rusia de
trabajadores
de la enseñanza y la
cultura socialista........................................ 50
Entre los lacayos............................................................................................... 54
Carta a los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre
Kolchak............................................................................................. 57
Carta a Silvia
Pankhurst................................................................................... 61
Como utiliza la
burguesía a los renegados.................................................... 64
Las tareas del movimiento obrero femenino en la Republica
Soviética ..70
Ejemplo de los obreros
petrogradenses......................................................... 73
Saludo a los
comunistas italianos, franceses y alemanes........................... 75
El estado de los
obreros y la semana del partido......................................... 80
Los resultados de la
semana del partido en Moscú y nuestras tareas....... 82
Economía y política en
la época de la dictadura del proletariado.............. 84
Discurso en la reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del
soviet de
diputados obreros y soldados de Moscú, del consejo
central de los sindicatos de toda Rusia y de los comités
de fábrica, consagrada al segundo aniversario
de la Revolución de
Octubre......................................................... 89
Discurso en la I Conferencia de toda Rusia para el trabajo
del partido en el
campo................................................................. 94
Informe en el II Congreso de toda Rusia de las organizaciones
comunistas de los
pueblos de oriente........................................... 98
VIII Conferencia de
toda Rusia del PC(b)R............................................... 104
Discurso pronunciado en el I Congreso de las comunas y
arteles agrícolas............................................................................. 115
VII Congreso de los
soviets de toda Rusia................................................ 120
Las elecciones a la asamblea constituyente y la dictadura
del proletariado............................................................................. 140
Informe acerca de los sábados comunistas, pronunciado en la
conferencia de la organización de Moscú del
PC (b) de Rusia............................................................................. 151
Carta a los obreros y campesinos de Ucrania a propósito de las
victorias sobre
Denikin................................................................ 154
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado
en la primera sesión del CEC de toda Rusia de la
séptima legislatura........................................................................ 157
Respuestas a las preguntas de Carlos Wigand, corresponsal de la
agencia norteamericana
"Universal Service" en Berlín.......... 172
Respuestas a las preguntas del corresponsal del periódico ingles
"Daily
Express".............................................................................. 174
Entrevista con Eire Lincoln, corresponsal del periódico
norteamericano
"The World"....................................................... 175
Discurso pronunciado en la III Conferencia de toda Rusia de
dirigentes de las subsecciones de instrucción extraescolar
de los departamentos
provinciales de instrucción publica... 178
Informe en el I
Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores.......... 181
Con motivo del Día
Internacional de la Obrera......................................... 190
Discurso pronunciado en la sesión del soviet de Moscú de
diputados
obreros y soldados
rojos. 191
Discurso pronunciado en la sesión solemne del soviet de Moscú,
consagrada al I
Aniversario de la III Internacional................ 194
IX Congreso del PC(b)
de Rusia.................................................................. 198
Sobre los compromisos.................................................................................. 218
De la destrucción de un régimen secular a la creación
de otro nuevo................................................................................ 220
Notas................................................................................................................. 222
1
PREFACIO.
En el décimo tomo de la
presente edición se insertan obras escritas durante el período comprendido
entre junio de 1919 y abril de 1920.
En aquel tiempo la joven
República Soviética hubo de arrostrar durísimas pruebas. Las potencias de la
Entente emprendieron una nueva campaña militar cifrando las mayores esperanzas
en el ejército del general blanco Denikin, muy numeroso y bien armado, que
atacaba en el Frente Sur. Por el Oeste amenazaban al país las tropas de la
Polonia terrateniente-burguesa, por el Este y el Norte también avanzaban las
fuerzas de la contrarrevolución interna y de la intervención. Las bases
fundamentales de productos alimenticios y materias primas habían sido cortadas
de la Rusia Central, escaseaba el combustible y casi no funcionaba el
transporte. Y no obstante, pese a las excepcionales dificultades de la lucha
contra el enemigo interior y exterior, las masas trabajadoras dirigidas por el
partido de Lenin lograron alcanzar la victoria decisiva. El lector encontrará
en este volumen muchas obras que formulan las tareas militares y económicas
planteadas en aquellos momentos ante el pueblo soviético y trabajos que exponen
a las masas populares la esencia de la política del Partido Comunista y del
Gobierno soviético. Figuran entre estos materiales ante todo el informe La situación actual y las tareas inmediatas
del Poder soviético, la carta del Comité Central del PC(b) de Rusia a las
organizaciones del partido: ¡Todos a la
lucha contra Denikin! y la Carta a
los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre Kolchak. Lenin
señalaba que el régimen soviético había creado posibilidades inauditas para movilizar los recursos
económicos y morales de la nación.
La causa de las victorias
tanto en el frente de la guerra como en el del trabajo, destacaba Lenin, hay
que buscarla en la capacidad del Partido Comunista para poner en movimiento la
energía, el heroísmo y el entusiasmo de las masas, y la apelación directa del
partido y del Poder soviético al pueblo. El entusiasmo laboral de las masas
encontró brillante expresión en los sábados comunistas, cuyo significado fue
analizado ampliamente por Lenin en el conocido trabajo Una gran iniciativa, en el artículo De la destrucción de un régimen secular a la creación de otro nuevo
y en otras obras. Como señalaba Lenin, los sábados comunistas significaban el comienzo de un cambio
radical en la conciencia de los hombres, una mudanza de su actitud hacia el
trabajo, el paso de la disciplina capitalista del hambre a la disciplina
consciente de los mismos trabajadores que habían derribado el yugo del capital.
Esta nueva actitud hacia el trabajo, que eleva sensiblemente la productividad
del trabajo humano, es lo principal, lo fundamental para el triunfo del nuevo
régimen social.
La historia muestra que cada
formación económico-social crea un nivel más alto de las fuerzas productivas y
de la productividad del trabajo que el de la formación precedente. "El
capitalismo — escribió Lenin— podrá ser y será definitivamente derrotado porque
el socialismo logra una nueva productividad del trabajo muchísimo más
alta".
Pese a lo recargadísimo que
se hallaba con la labor estatal, organizativa y puramente partidaria, Lenin se
ocupa mucho en este período de los problemas teóricos, particularmente del
desarrollo de la teoría marxista de la lucha de clases, del Estado y de la
dictadura del proletariado.
Fundándose en la experiencia
de la Revolución Socialista de Octubre y de los primeros años de existencia del
Poder soviético, Lenin desarrolla los postulados del marxismo sobre el período
de transición del capitalismo al socialismo, revela las leyes objetivas de la
lucha de
clases en la época de la
dictadura del proletariado y define la política del partido orientada a
edificar la sociedad socialista.
En las obras incluidas en el
presente volumen — Acerca del Estado,
Economía y política en la época de la dictadura del proletariado, Las
elecciones a la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado—,
Lenin fundamenta la necesidad de la dictadura del proletariado, expone sus tareas y las ventajas de la
democracia soviética en comparación con la falsa democracia de la burguesía.
En varios trabajos incluidos
en este torno, en entrevistas concedidas a corresponsales de periódicos
extranjeros y en otros materiales, Lenin hace un exhaustivo y profundo análisis
de la situación internacional del Estado soviético, define con toda claridad y
precisión el afán inherente orgánicamente al régimen soviético de coexistir en
paz con todos los países. Lenin recalcaba los invariables anhelos de paz de la
Rusia Soviética, sus deseos de establecer relaciones económicas eficientes con
los Estados capitalistas y señalaba la recíproca dependencia económica de los
distintos países.
2
Lenin consideraba la
actividad económica como la función principal y permanente del Estado
socialista y formuló como tarea primordial la creación de un plan económico
único de transformación de la economía. Por iniciativa de Lenin y bajo su
dirección fue elaborado el plan GOELRO, calculado para diez o quince años,
primer plan prospectivo científico de desarrollo económico del Estado
proletario que se conoce en la historia. En las indicaciones acerca de este
plan, Lenin subrayaba que la restauración y el ascenso de la economía de Rusia
debían asentarse en la técnica avanzada y ante todo en la electrificación del
país. Estas ideas leninistas obtuvieron en el IX Congreso la fuerza de
directriz general del partido, pasando a ser la base de toda la planificación
socialista posterior.
* * *
Todas las obras incluidas en
el tomo figuran en orden cronológico. Han sido traducidas de la 5ª edición en
ruso de las Obras Completas de V. I.
Lenin, preparada por el Instituto de Marxismo— Leninismo adjunto al CC del
PCUS, indicándose al pie de cada trabajo el tomo y las páginas
correspondientes. Al final del tomo se insertan notas aclaratorias y un índice
de nombres.
LA EDITORIAL.
3
UNA GRAN INICIATIVA.
(El heroísmo de los
obreros en la retaguardia. Los "sábados comunistas")
La prensa informa de
multitud de ejemplos de heroísmo dados por los combatientes del Ejército Rojo.
En la lucha contra las tropas de Kolchak, Denikin y demás fuerzas de los
terratenientes y capitalistas, los obreros y los campesinos obran con
frecuencia prodigios de valor y resistencia defendiendo las conquistas de la
revolución socialista. Lenta y difícilmente vamos desembarazándonos de la
indisciplina, vamos venciendo la fatiga y la relajación; pero, a pesar de todo,
hacemos progresos. El heroísmo de las masas trabajadoras, que se sacrifican de
modo consciente en aras del triunfo del socialismo, es precisamente la base de
la disciplina nueva, disciplina de camaradas, del Ejército Rojo, lo que le
permite renacer, fortalecerse y engrosar sus filas.
No menos digno de atención
es el heroísmo de los obreros en la retaguardia. Los sábados comunistas, organizados a iniciativa de los obreros, tienen
en este sentido una importancia verdaderamente
gigantesca. Evidentemente, se trata sólo del comienzo, pero de un comienzo que
tiene extraordinaria trascendencia. Es el comienzo de una revolución más
difícil, más esencial, más radical y más decisiva que el derrocamiento de la
burguesía, pues es una victoria obtenida sobre la propia rutina y la
indisciplina, sobre el egoísmo pequeñoburgués, sobre todos esos hábitos que el
maldito capitalismo ha dejado en herencia al obrero y al campesino. Cuando esta victoria esté consolidada, entonces
y sólo entonces se creará la nueva disciplina social, la disciplina socialista;
entonces y sólo entonces será imposible la vuelta atrás, al capitalismo, y el
comunismo se haráverdaderamente invencible.
Pravda ha
publicado el 17 de mayo un artículo del camarada A. Zh., titulado: Trabajo a lo revolucionario (Un sábado
comunista). Es tan importante que lo reproducimos íntegro:
TRABAJO A LO
REVOLUCIONARIO
(Un sábado comunista)
La carta del ce del PCR
acerca del trabajo a lo revolucionario
ha dado un gran impulso a las organizaciones comunistas y a los comunistas. Un
entusiasmo general ha llevado al frente a gran número de ferroviarios
comunistas; pero la mayoría de ellos no ha podido abandonar los puestos de
responsabilidad y elaborar nuevos métodos de trabajo a lo revolucionario. Las
noticias procedentes de diversos puntos acerca de la lentitud en el trabajo de
movilización y la existencia de trabas burocráticas llevaron al Comité de
subzona de la línea férrea Moscú— Kazán a fijar la atención en el mecanismo de
explotación de la red ferroviaria. Resultó que, a causa de la insuficiencia de
mano de obra y de la poca intensidad del trabajo, no se cumplían en el plazo
debido los encargos urgentes y las reparaciones rápidas de locomotoras. El 7 de
mayo, en una asamblea general de comunistas y simpatizantes de la subzona de la
línea férrea Moscú-Kazán, se planteó que era necesario pasar de las palabras a
los hechos, es decir, contribuir de modo efectivo a la victoria sobre Kolchak.
La proposición presentada decía:
"En vista de la grave
situación interior y exterior, y a fin de conseguir la superioridad sobre el
enemigo de clase, los comunistas y simpatizantes deben espolearse de nuevo y
quitarle una hora más a su descanso para entregarla al trabajo, es decir,
aumentar en una hora su jornada ordinaria, hacer la suma semanal de estas horas
suplementarias y cada sábado
entregar de una vez seis horas al trabajo físico, a fin de producir un valor
inmediato y efectivo. Considerando que los comunistas no deben escatimar su
salud ni su vida para asegurar las conquistas de la revolución, se acuerda
efectuar este trabajo gratuitamente. Los
sábados comunistas tendrán lugar en toda la subzona hasta la victoria
completa sobre Kolchak".
Después de algunas vacilaciones, esta proposición fue aprobada
por unanimidad.
El sábado, 10 de mayo, a las
seis de la tarde, los comunistas y simpatizantes, como soldados, se presentaron
a trabajar, formaron filas y los maestros de taller los distribuyeron, sin el
menor barullo, por los lugares de trabajo.
Los resultados de este
trabajo a lo revolucionario están a la
vista. El cuadro adjunto muestra la empresa y el carácter del trabajo
realizado.
|
Sitio de trabajo |
Clase de trabajo |
|
|
|
|
Moscú. |
Carga de materiales para |
|
Talleres |
la línea, de herramientas para la |
|
principales de |
reparación de locomotoras y piezas de |
|
locomotoras |
vagones a: Perovo, Múrom, Alatyr y |
|
|
Syzran. |
|
|
|
|
Moscú. |
Reparación corriente |
|
Deposito de |
compleja de locomotoras. |
|
trenes de |
|
|
viajeros. |
|
|
|
|
|
Moscú. |
Reparación corriente de |
|
Estación de |
locomotoras. |
|
maniobras. |
|
|
|
|
|
Número de |
|
Número de horas |
|
|
|
|
|
Unidad
en |
Total |
|
Trabajo
efectuado |
|
|
obreros |
|
tiempo |
|
|
|
|
48 |
|
|
|
|
|
|
|
5 |
240 |
|
Carga: 7.500 puds. |
|
|
21 |
|
3 |
63 |
|
|
|
|
|
Descarga: 1.800 puds. |
|||
|
5 |
|
4 |
20 |
|
|
|
|
|
|
|||
|
26 |
|
|
|
|
|
|
5 |
130 |
En total, un trabajo |
|||
|
|
|
|
|
|
equivalente a la |
|
|
|
|
|
|
reparación de |
|
|
|
|
|
|
locomotora y media. |
|
24 |
|
|
|
|
|
|
6 |
144 |
|
Dos locomotoras han |
||
|
|
|
|
|
|
sido reparadas por |
|
|
|
|
|
|
completo; se han |
|
|
|
|
|
|
desmontado las piezas |
|
|
|
|
|
|
que han de repararse en |
|
|
|
|
|
|
otras cuatro. |
|
|
|
|
|
|
|


|
Moscú. |
Reparación corriente de |
12 |
6 |
2 |
|
Dos coches de tercera |
|
Sección de |
coches de viajeros. |
|
|
|
|
clase. |
|
vagones. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
“Perovo”. |
Reparación de vagones y |
|
|
|
Doce vagones de |
|
|
Talleres |
otras pequeñas reparaciones |
46 |
5 |
230 |
|
mercancías cubiertos y |
|
principales de |
realizadas el sábado y el domingo. |
23 |
5 |
115 |
|
dos plataformas. |
|
vagones. |
|
|
|
|
|
|
|
|
Total |
05 |
|
1.104 |
|
Reparados en total: |
|
|
|
|
|
|
|
cuatro locomotoras y |
|
|
|
|
|
|
|
dieciséis vagones. Se han |
|
|
|
|
|
|
|
cargado y descargado |
|
|
|
|
|
|
|
9.300 puds. |
El valor total del trabajo
asciende, según la tarifa normal, a 5 millones de rublos, y según la tarifa de
horas extraordinarias, al 50% más.
La intensidad del trabajo de
carga ha sido superior en un 270% a la de los obreros corrientes. En los demás
trabajos, la intensidad ha sido aproximadamente igual.
Se ha suprimido el retraso
de siete días a tres meses que existía en el cumplimiento de los encargos
(urgentes) como resultado de la insuficiencia de mano de obra y el papeleo.
El trabajo se ha efectuado
con herramientas que tenían defectos (fáciles de reparar), lo que retrasó de 30
a 40 minutos a diversos equipos.
El personal administrativo
encargado de la dirección de los trabajos apenas daba abasto a preparar nuevas
tareas, y quizás no sea muy exagerada la reflexión, hecha por un viejo maestro,
de que en el sábado comunista se ha
efectuado un trabajo en el que obreros sin la debida conciencia y disciplina
habrían invertido toda una semana.
Como en los trabajos han
tomado parte asimismo personas que son simplemente adeptos sinceros del Poder
soviético, como se espera la afluencia de gran número de ellos en los sábados
siguientes y como también otras zonas desean imitar el ejemplo de los ferroviarios
comunistas de la línea Moscú-Kazán, hablaré con más detalle del aspecto
organizativo, utilizando los datos procedentes de los distintos puntos.
Un 10% de los participantes
en estas labores son ferroviarios comunistas que trabajan permanentemente en
dichos puntos. Los restantes ocupan puestos electivos y de responsabilidad,
desde el comisario de la línea hasta el de cada servicio, así como en la organización
sindical, o son personas que trabajan en la Dirección y en el Comisariado de
Vías de Comunicación.
Jamás se vio tanto
entusiasmo y unanimidad en el trabajo. Cuando los obreros, oficinistas y
funcionarios de los organismos de dirección, después de haber agarrado el aro
de 40 puds de una rueda de locomotora para un tren de viajeros, lo hacían rodar
hacia su sitio; sin que mediaran palabras gruesas ni discusiones, como hormigas
laboriosas, se sentía nacer en el fondo del corazón ese fervoroso sentimiento
de alegría que causa el trabajo colectivo y se afianzaba la fe en el triunfo
seguro de la clase obrera. Los bandoleros imperialistas del mundo no podrán
asfixiar a los obreros victoriosos; el sabotaje interior no verá la victoria de
Kolchak.
Al terminar la labor, los
presentes fueron testigos de una escena jamás vista: un centenar de comunistas,
fatigados, pero con los ojos brillantes de alegría, saludaron el éxito del
trabajo con el canto solemne de La
Internacional. Y parecía que las notas triunfales del himno de la victoria
rebasaban los muros para extenderse por el Moscú obrero y, como los círculos
que forma una piedra arrojada al agua, propagarse por la Rusia obrera e
impulsar a los cansados y negligentes.
5
A. Zh.
Comentando este magnífico "ejemplo
digno de ser imitado", Pravda
decía el 20 de mayo, en un artículo del camarada N. H. que llevaba por título
esas mismas palabras:
"No son raros los casos
en que los comunistas trabajan de esta manera. Conozco hechos semejantes en la
central eléctrica y en diversos ferrocarriles. En la línea de Nicolás los
comunistas contribuyeron con varias noches de trabajo suplementario a levantar
una locomotora, que había caído en una placa giratoria; en la línea del Norte,
todos los comunistas y simpatizantes han trabajado varios domingos, en
invierno, para limpiar de nieve las vías; las células comunistas de numerosas
estaciones de mercancías hacen rondas de noche para evitar los robos. Pero era
un trabajo ocasional, no sistemático. Los camaradas de la línea Moscú-Kazán han
introducido un elemento nuevo que da a este trabajo un carácter sistemático y
permanente. Han dicho: "Hasta la victoria completa sobre Kolchak", y
en eso reside toda la significación de su trabajo. Han acordado aumentar en una
hora la jornada de trabajo de los comunistas y simpatizantes mientras el país
continúe en guerra y, al mismo tiempo, dan ejemplo de trabajo productivo.
Este ejemplo ha sido ya
imitado y debe continuar siéndolo. La
asamblea general de comunistas y simpatizantes del ferrocarril de Alejandro,
después de examinar la situación militar y el acuerdo de los camaradas de la
línea Moscú-Kazán, ha decidido:
1) Organizar "sábados" para los
comunistas y simpatizantes de la línea de Alejandro. El primer sábado será el
17 de mayo. 2) Organizar equipos modelo de comunistas y simpatizantes, que
deberán mostrar a los obreros cómo hay que trabajar y qué se puede conseguir en
realidad con los materiales, herramientas y alimentación de que disponemos en
la actualidad.
Los camaradas de la línea
Moscú-Kazán dicen que su ejemplo ha causado gran impresión y esperan que el
sábado próximo participará en el trabajo un número considerable de obreros sin partido. Cuando escribimos estas
líneas, en los talleres de la línea de Alejandro no ha comenzado aún el trabajo
extraordinario de los comunistas; sólo se ha corrido el rumor sobre los
trabajos en proyecto, pero la masa sin partido se ha puesto en movimiento y lo
comenta. "De haberlo sabido ayer, nos hubiéramos preparado y habríamos
trabajado también"; "el sábado próximo vendré sin falta", se oye
repetir por doquier. La impresión que ha producido este género de trabajo es
muy grande.
El ejemplo de los camaradas
de la línea Moscú-Kazán debe ser seguido por todas las células comunistas de la
retaguardia. No sólo las células comunistas de los ferroviarios de Moscú, sino
todas las organizaciones del partido en Rusia deben imitar este ejemplo. Y en
el campo, las células comunistas deben cultivar en primer término la tierra de
los combatientes del Ejército Rojo, ayudando así a sus familias.
Los camaradas de la línea
Moscú-Kazán han acabado su primer sábado comunista cantando La Internacional. Si las organizaciones
comunistas de toda Rusia siguen este ejemplo y lo aplican firmemente, las
dificultades que nos aguardan en el curso de los penosos meses venideros serán
vencidas por la República Soviética de Rusia a los potentes acordes de La Internacional, cantada por los
trabajadores de toda la república...
¡Manos a la obra, camaradas comunistas!"
Pravda informaba el 23 de mayo de 1919:
"El 17 de mayo ha tenido lugar el primer
"sábado" comunista
en la línea de Alejandro. Cumpliendo el acuerdo de la asamblea general, 98
comunistas y simpatizantes trabajaron gratis cinco horas extraordinarias,
recibiendo únicamente el derecho a una segunda comida, que pagaron, y con ella,
como a todos los obreros manuales, les fue entregada media libra de pan, que
también pagaron".
A pesar de que el trabajo
estaba poco preparado y poco organizado, su
productividad fue dos o tres veces superior al término medio ordinario.
He aquí algunos ejemplos:
Cinco torneros hicieron en cuatro horas 80 rodillos: el 213 % de
la productividad ordinaria.
Veinte peones recogieron en
cuatro horas 600 puds de material viejo y 70 muelles de vagón de tres puds y
medio de peso cada uno, que suman en total 850 puds, La productividad del
trabajo fue del 300 % en comparación con la habitual.
"Los compañeros
explican este resultado diciendo que en tiempo corriente el trabajo es
fastidioso y aburre, mientras que ese día se trabajó con gusto, con entusiasmo.
Pero en adelante dará vergüenza hacer menos en tiempo corriente que durante los
sábados comunistas".
"Muchos obreros sin
partido expresan ahora el deseo de participar en los sábados. Los equipos de
sección de locomotoras se ofrecen para sacar el sábado del
"cementerio" una locomotora, repararla y ponerla nuevamente en
circulación.
6
Se han recibido noticias de
que en la línea de Viazma se están organizando sábados análogos".
El camarada A. Diachenko
relata en Pravda del 7 de junio cómo
transcurre el trabajo durante los sábados comunistas. Reproducimos lo más
esencial de su artículo, titulado 0otas
de un sábado comunista:
"Fui con gran alegría,
acompañado de un camarada, a hacer mi "faena" del sábado — conforme a
la decisión del Comité del partido de la subzona ferroviaria—, dispuesto a
proporcional un descanso a la cabeza durante algunas horas, haciendo trabajar
los músculos... Teníamos que trabajar en la carpintería mecánica de la línea.
Cuando llegamos al taller, encontramos a nuestros camaradas, nos saludamos,
bromeamos e hicimos un recuento de nuestras fuerzas: éramos 30... Y ante
nosotros teníamos un "monstruo", una caldera de peso bastante
considerable, unos 600 ó 700 puds, que debíamos "desplazar", es
decir, hacer rodal un cuarto o un tercio de versta hacia una plataforma. Nos
asaltaron las dudas... Pero pusimos manos a la obra: sin más preámbulos, los
camaradas colocaron bajo la caldera unos rodillos de madera, ataron dos sogas y
comenzó el trabajo... La caldera no quería moverse; más, al fin, cedió.
Estábamos contentos: ¡éramos tan pocos!... Porque durante casi dos semanas,
obreros no comunistas en número tres veces mayor que el nuestro habían estado
tirando de aquella misma caldera, que se había empeñado en no moverse hasta que
llegáramos nosotros... Trabajamos una hora intensamente, de consuno, al son
acompasado de la voz de nuestro camarada capataz: "una, dos, tres", y
la caldera rodaba y rodaba. Pero, de pronto, ¿qué había ocurrido? Toda una fila
de camaradas cayó por tierra cómicamente: una de las sogas nos había
traicionado... Pero la interrupción no duró más que unos minutos, mientras la
reemplazamos con un cable... Empezaba a hacerse de noche, mas debíamos vencer
aún un pequeño montículo para que el trabajo estuviese casi acabado. Nos dolían
las manos, nos ardían las palmas, apretábamos con todas nuestras fuerzas y la
cosa marchaba. Los de la "administración”, confusos ante nuestro éxito, no
tuvieron más remedio que echar una mano al cable. "¡Arrimad el hombro! ¡Ya
va siendo hora!" Un soldado rojo, con un acordeón en las manos, observaba
cómo trabajábamos. Quizá pensase: ¿qué gente es ésta, por qué trabajan de esta
manera un sábado, cuando todo el mundo está ya descansando? Para poner fin a
sus conjeturas, le dijo: "¡Compañero, tócanos algo alegre! No somos unos
trabajadores cualesquiera, sino verdaderos comunistas. ¿Ves cómo nos cunde el
trabajo? No somos unos haraganes, mira cómo empujamos". El soldado rojo
dejó cuidadosamente su acordeón y se apresuró a echar una mano al cable...
— "¡Qué listo es el
inglés!..."— entonó con bella voz de tenor el camarada U. Le coreamos y
resonó sordamente la letra de la canción obrera Dubinushka.
Por falta de costumbre, se fatigaron los músculos, nos dolían
los hombros y la espalda.
Pero... teníamos por delante
un día libre, el domingo: ¡tiempo habría de descansar y dormir bien! El
objetivo estaba cerca: unos cuantos vaivenes, y nuestro "monstruo" se
encontraba ya casi en la plataforma. Había que poner debajo de la caldera unos
tablones y subirla a la plataforma para que pudiera dar el rendimiento que hace
tiempo se esperaba de ella. Marchamos en tropel a la habitación que servía de
"club" a la célula del lugar; el local, cubierto de carteles y lleno
de fusiles, estaba muy iluminado. Después de una Internacional, bien cantada, saboreamos una taza de té con
"ron” y hasta con pan. Este obsequio, que nos habían preparado los
camaradas del lugar, venía
muy a propósito después de
nuestro duro trabajo. Nos despedimos fraternalmente de los camaradas y
emprendimos la marcha en correcta formación. Los cantos revolucionarios
resonaban en el silencio de la noche en la calle dormida, acompañados por el
ruido rítmico de nuestros pasos. "¡Marchemos con valor, camaradas!".
"¡Arriba, parias de la Tierra!", decía el himno de la Internacional y
del trabajo.
Pasó una semana. Nuestras
manos y nuestros hombros habían descansado, y el sábado fuimos a Perovo, esta
vez a nueve verstas, para reparar vagones. Los compañeros treparon al techo de
un "americano", y con voz sonora y agradable cantaron La Internacional. Los viajeros
escuchaban, al parecer, asombrados. Las ruedas traqueteaban cadenciosamente; nosotros no pudimos llegar hasta el
techo, y nos agarramos como pudimos a los estribos del "americano",
parecíamos pasajeros "atrevidos". El tren se detuvo; habíamos llegado.
Atravesamos un largo patio y encontramos al comisario, camarada G., que nos
recibió con gran alegría.
— ¡Claro que hay trabajo,
pero viene poca gente! Treinta hombres, nada más; y es preciso reparar en seis
horas trece vagones. Ahí están los juegos de ruedas ya marcados; no hay
solamente vagones vacíos, sino también un vagón-cisterna lleno. ¡Pero no importa,
nos "adaptaremos", camaradas!
El trabajo marcha rápido.
Cinco camaradas y yo trabajamos con alzaprimas, es decir, con palancas.
Presionando con los hombros sobre dos palancas bajo la dirección del camarada
"capataz", hacemos saltar rápidamente de una a otra vía estos juegos
de ruedas, que pesan de 60 a 70 puds.
7
Apenas se ha quitado un par
de ruedas cuando otro ocupa su lugar. Cuando están ya todas, hacemos rodar
rápidamente por los carriles este hierro viejo hasta un almacén. Una, dos,
tres... Una alzaprima de hierro giratoria levanta las ruedas en el aire, y los
raíles quedan despejados.
Más allá, en la oscuridad,
se oye el repiqueteo de los martillos; son camaradas que trabajan, diligentes
como abejas, en sus vagones "enfermos". Clavan, pintan, arreglan los
techos... El trabajo cunde, a satisfacción nuestra y del camarada comisario.
Luego, los herreros requirieron nuestra ayuda. En la fragua portátil estaba, al
rojo, una barra de enganche de vagón con su garfio, doblado por un choque.
Blanca, chispeante, pasó a la plancha de hierro, y bajo nuestros golpes
certeros, dirigidos por un camarada experto, fue recobrando su forma normal.
Estaba aún al rojo vivo cuando la llevamos sobre los hombros, con toda rapidez,
a su sitio. Despidiendo chispas, la introducimos en su orificio de hierro: unos
cuantos golpes y quedó encajada. Nos metimos bajo el vagón. No es tan fácil
como parece a primera vista colocar allí el enganche y la barra, porque hay
todo un sistema de remaches y un resorte en espiral...
El trabajo marcha, la noche
se hace cada vez más oscura y es más viva la luz de las antorchas. Pronto
terminaremos. Varios camaradas, arrimados a un montón de llantas, beben té
caliente a pequeños sorbos. Es una fresca noche de mayo, la luna creciente se
recorta bella en el cielo. Bromas, risas, sana alegría...
— ¡Camarada G., deja el trabajo, ya
tienes bastante con 13 vagones! Pero al camarada G. le parece poco.
Después del té entonamos nuestras
canciones de triunfo y nos dirigimos hacia la salida..."
El movimiento en pro de la organización de los "sábados
comunistas" no se limita a Moscú.
Pravda decía en su número del 6 de junio:
"El 31 de mayo ha
tenido lugar en Tver el primer sábado comunista. Ciento veintiocho comunistas
han trabajado en la línea férrea. En tres horas y media han cargado y
descargado 14 vagones, han reparado tres locomotoras, aserrado 10 brazas de
leña y ejecutado otros trabajos. La intensidad del trabajo de los obreros
comunistas calificados ha sobrepasado en 13 veces la productividad
ordinaria".
En Pravda del 8 de
junio leemos:
LOS SÁBADOS COMUNISTAS
"Sarátov, 5 de junio.
Los ferroviarios comunistas, respondiendo al llamamiento de sus camaradas de
Moscú, han acordado en una asamblea general de militantes del partido: trabajar
gratuitamente los sábados cinco horas extraordinarias a fin de ayudar a la
economía nacional".
* * *
He reproducido con el mayor
detalle y plenitud las informaciones relativas a los "sábados
comunistas" porque nos encontramos, sin duda alguna, ante una de las
manifestaciones más importantes de la edificación comunista, a la que nuestros
periódicos no dedican la atención necesaria y que ninguno de nosotros ha
apreciado suficientemente todavía.
Menos estrépito político y
mayor atención a los hechos más simples, pero vivos, de la edificación
comunista, tomados de la vida y contrastados en la vida: tal es la consigna que
debemos repetir sin descanso todos nosotros, nuestros escritores, agitadores,
propagandistas, organizadores, etc.
Es natural e inevitable que
durante los primeros tiempos, después de la revolución proletaria, nos preocupo
más que nada la tarea principal y fundamental: aplastar la resistencia de la
burguesía, vencer a los explotadores, reprimir sus complots (como el "complot
de los esclavistas" para entregar Petrogrado, en el cual participaron
todos, desde las centurias negras y los demócratas constitucionalistas hasta
los mencheviques y los eseristas 1).
Pero, al lado de ella, surge también inevitablemente —y cada vez con mayor
fuerza— otra tarea más
![]()
1 Centurias negras: se llamaba así a las bandas de monárquico
nacionalistas organizadas por la policía zarista para combatir el movimiento
revolucionario. Las centurias negras agredían a los intelectuales progresistas,
asesinaban a revolucionarios y perpetraban pogromos antijudíos.
Demócratas
constitucionalistas: miembros del
Partido Demócrata Constitucionalista, partido principal de la burguesía liberal
monárquica de Rusia, fundado en octubre de 1905. Los demócratas
constitucionalistas no iban más allá de reclamar la monarquía constitucional.
Mencheviques: corriente oportunista en la socialdemocracia rusa, una de las
tendencias del oportunismo internacional. Quedó formada en el II Congreso del
POSDR (1903). En 1917 colaboraron en el Gobierno Provisional burgués y después
de triunfar la Gran Revolución Socialista de Octubre se unieron a otros
partidos contrarrevolucionarios en la lucha contra el Poder soviético.
Eseristas (socialistas-revolucionarios): partido pequeñoburgués fundado
en Rusia a fines de 1901 y comienzos de 1902; en 1917 formaron parte del
Gobierno Provisional burgués. Después de la Revolución Socialista de Octubre
lucharon activamente contra el Poder soviético.
Lenin se refiere al complot para la entrega de Petrogrado
dirigido por la organización contrarrevolucionaria "Centro nacional",
integrada por varios grupos antisoviéticos y de espionaje. En la noche del 12
al 13 de junio de 1919 los conspiradores promovieron un motín en el fuerte
Krásnaya Gorka, que era uno de los accesos más importantes a Petrogrado.
Dirigió el motín el ex
teniente del ejército zarista Nekliúdov, jefe del fuerte. Sus cómplices se
sublevaron también en los fuertes Caballo Gris y Obruchev. Con la ocupación de
Krásnaya Gorka los amotinados calculaban debilitar la región fortificada de Cronstadt
y, uniendo la ofensiva general en el frente con la sublevación, ocupar
Petrogrado.
Para aplastar la sedición
fueron enviadas tropas del grupo de la defensa de costas, buques de la flota
del Báltico, fuerzas aéreas y destacamentos de voluntarios. En la noche del 15
al 16 de junio las unidades del grupo de la defensa de costas se adueñaron del
fuerte. La organización contrarrevolucionaria que había dirigido el complot fue
descubierta y liquidada.
esencial: la edificación
comunista positiva, la creación de las nuevas relaciones económicas, de la
nueva sociedad.
La dictadura del
proletariado —como ya he dicho más de una vez y, por cierto, también en mi
discurso del 12 de marzo en la reunión del Soviet de diputados de Petrogrado —
no es sólo el ejercicio de la violencia sobre los explotadores, ni siquiera es
principalmente violencia. La base económica de esta violencia revolucionaria,
la garantía de su vitalidad y éxito, está en que el proletariado representa y
pone en práctica un tipo más elevado de organización social del trabajo que el
capitalismo. Esto es lo esencial. En ello radica la fuerza y la garantía del
triunfo inevitable y completo del comunismo.
La organización feudal del
trabajo social se fundaba en la disciplina del látigo, en la ignorancia y el
embrutecimiento extremos de los trabajadores, expoliados y escarnecidos por un
puñado de terratenientes. La organización capitalista del trabajo social se
basaba en la disciplina del hambre, y la inmensa masa de trabajadores, a pesar
de todos los progresos de la cultura y la democracia burguesas, ha seguido
siendo, incluso en las repúblicas más avanzadas, más civilizadas y más
democráticas, la masa oscura y oprimida de esclavos asalariados o de campesinos
aplastados, expoliados y vejados por un puñado de capitalistas. La organización
comunista del trabajo social, el primer paso hacia la cual es el socialismo, se
basa y se basará cada día más en la disciplina libre y consciente de los
trabajadores mismos, que se han sacudido el yugo de los terratenientes y los
capitalistas.
8
Esta disciplina nueva no cae
del cielo ni se consigue con buenas intenciones, sino que nace exclusivamente
de las condiciones materiales de la gran producción capitalista, sin las cuales
es imposible. Y el portador o vehículo de estas condiciones materiales es una
determinada clase histórica, creada, organizada, agrupada, instruida, educada y
forjada por el gran capitalismo. Esta clase es el proletariado.
La dictadura del
proletariado, si traducimos esta expresión latina, científica,
histórico-filosófica, a un lenguaje más sencillo, significa lo siguiente:
Sólo una clase determinada —
los obreros urbanos y, en general, los obreros fabriles, los obreros
industriales— está en condiciones de dirigir a toda la masa de trabajadores y
explotados en la lucha por derrocar el yugo del capital, en el proceso mismo de
su derrocamiento, en la lucha por mantener y consolidar el triunfo, en la
creación del nuevo régimen social, del régimen socialista, en toda la lucha por
la supresión completa de las clases. (Hagamos notar, entre paréntesis, que la
diferencia científica entre el socialismo y el comunismo consiste únicamente en
que el primer término designa la primera fase de la sociedad nueva que brota
del capitalismo, mientras que el segundo término designa una fase superior y
más avanzada de dicha sociedad.)
El error de la Internacional
amarilla "de Berna" consiste en que sus líderes reconocen sólo de
palabra la lucha de clases y el papel dirigente del proletariado, temiendo
llevar sus ideas hasta el fin, temiendo precisamente la inevitable deducción
que tan singular horror causa a la burguesía y que ésta no puede admitir de
ninguna manera. Tienen miedo de reconocer que la dictadura del proletariado es también un período de lucha de clases,
la cual es inevitable mientras las clases no hayan sido suprimidas y reviste
diversas formas, siendo particularmente violenta y específica durante el primer
período después de derrocado el capital. Una vez conquistado el poder político,
el proletariado no ceja en su lucha de clase, sino que la continúa hasta que
las clases hayan sido suprimidas, pero, naturalmente, en otras condiciones,
bajo otra forma y con otros medios.
¿Qué quiere decir
"supresión de las clases"? Todos los que se llaman socialistas
reconocen este objetivo final del socialismo, pero no todos, ni mucho menos,
reflexionan sobre el alcance de dichas palabras. Las clases son grandes grupos
de hombres que se diferencian
entre sí por el lugar que
ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las
relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción
(relaciones que en su mayor parte las leyes refrendan y formalizan), por el papel
que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por
el modo de percibir y la proporción en que perciben la parte de riqueza social
de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede
apropiarse el trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen
determinado de economía social.
Es evidente que, para
suprimir por completo las clases, no basta con derrocar a los explotadores, a
los terratenientes y capitalistas, no basta con suprimir su propiedad, sino que es imprescindible también suprimir toda propiedad privada sobre los medios
de producción; es necesario suprimir la diferencia existente entre la ciudad y
el campo, así como entre los trabajadores manuales e intelectuales. Esta obra
exige mucho tiempo. Para realizarla, hay que dar un gigantesco paso adelante en
el desarrollo de las fuerzas productivas, hay que vencer la resistencia (muchas
veces pasiva y mucho más tenaz y difícil de vencer) de los numerosos vestigios
de la pequeña producción, hay que vencer la enorme fuerza de la costumbre y la
rutina que estos vestigios llevan consigo.
Suponer que todos los
"trabajadores" están igualmente capacitados para realizar esta obra,
sería decir la frase más vacía o hacerse ilusiones de socialista antediluviano,
premarxista. Porque esta capacidad no se da por sí misma, sino que se forma
históricamente y sólo en las
condiciones materiales de la gran producción capitalista. En los comienzos del
tránsito del capitalismo al socialismo, únicamente
el proletariado posee esta capacidad. Y puede cumplir la gigantesca misión que
le incumbe, primero, porque es la clase más fuerte y más avanzada de las
sociedades civilizadas; segundo, porque en los países más desarrollados
constituye la mayoría de la población; tercero, porque en los países
capitalistas atrasados, como Rusia, la mayoría de la población se compone de
semiproletarios, es decir, de hombres que durante una parte del año viven como
proletarios, que sistemáticamente se ganan el sustento, en cierta medida,
recurriendo al trabajo asalariado en empresas capitalistas.
Quienes intentan resolver
los problemas del tránsito del capitalismo al socialismo con tópicos sobre la
libertad, la igualdad, la democracia en general, la igualdad de la democracia
laboral, etc. (como hacen Kautsky, Mártov y demás personajes de la Internacional
amarilla de Berna), lo único que consiguen es poner al desnudo su naturaleza de
pequeños burgueses, de filisteos, de espíritus mezquinos, que se arrastran
serviles tras la burguesía en el aspecto ideológico. Este problema sólo puede
resolverlo de un modo acertado un estudio concreto de las relaciones especiales
existentes entre la clase específica que ha conquistado el poder político, o
sea, el proletariado, y toda la masa no proletaria y semiproletaria de los
trabajadores; y estas relaciones no se establecen, por cierto, en una situación
fantásticamente armónica, "ideal", sino en una situación real de
encarnizada y múltiple resistencia de la burguesía.
9
En cualquier país capitalista, incluida Rusia, la inmensa
mayoría de la población —y tanto más la inmensa mayoría de la población
trabajadora— ha sentido mil veces sobre ella y sus familiares el yugo del
capital, su pillaje y toda clase de vejaciones. La guerra imperialista —es
decir, el asesinato de diez millones de hombres para decidir si debía
pertenecer al capital inglés o al capital alemán la primacía en el saqueo del
mundo entero— ha avivado, ampliado y profundizado extraordinariamente todos
estos sufrimientos, forzando a las masas a adquirir conciencia de ellos. De
aquí arranca la inevitable simpatía de la inmensa mayoría de la población,
sobre todo de la masa de trabajadores, hacia el proletariado, pues éste, con
heroica audacia, con rigor revolucionario, abate el yugo del capital, derriba a
los explotadores, vence su resistencia y, derramando su propia sangre, abre el
camino que conduce a la creación de una sociedad nueva, en la cual no habrá ya
sitio para los explotadores.
Por grandes e inevitables
que sean las vacilaciones pequeñoburguesas de las masas no proletarias y
semiproletarias de la población trabajadora, sus oscilaciones hacia el
"orden" burgués, bajo el "ala" de la burguesía, estas masas
no pueden dejar de reconocer la autoridad moral y política del proletariado, el
cual no se limita a derrocar a los explotadores y vencer su resistencia, sino
que establece unas relaciones sociales nuevas y más elevadas, una nueva
disciplina social: la disciplina de los trabajadores conscientes y unidos, que
no conocen ningún yugo, que no conocen ningún poder, fuera del de su propia
unión, del de su propia vanguardia, más consciente, más audaz, más compacta,
más revolucionaria, más firme.
Para triunfar, para crear y
consolidar el socialismo, el proletariado debe resolver una tarea doble, o, más
bien, una tarea única con dos aspectos: primero, con su heroísmo a toda prueba
en la lucha revolucionaria contra el capital, atraer a toda la masa de
trabajadores y explotados, organizarla, dirigir sus esfuerzos para derrocar a
la burguesía y aplastar plenamente cualquier resistencia por parte de ésta;
segundo, conducir a toda la masa de trabajadores y explotados, así como a todos
los sectores de la pequeña burguesía, al camino de la nueva construcción
económica, al camino de la creación de las nuevas relaciones sociales, de una
nueva disciplina laboral y de una nueva organización del trabajo que conjugue
el aprovechamiento de la última palabra de la ciencia y la técnica capitalista
con la agrupación en masa de los trabajadores conscientes, entregados a la gran
producción socialista.
Esta segunda tarea es más
difícil que la primera, porque no puede ser cumplida en modo alguno con un
esfuerzo heroico, momentáneo, sino que exige el heroísmo más prolongado, más
tenaz, y difícil: el del trabajo cotidiano
y masivo. Pero esta tarea es también más esencial que la primera, porque, en
fin de cuentas, la fuente más profunda de la fuerza necesaria para vencer a la
burguesía y la única garantía de solidez y seguridad de estas victorias residen
únicamente en un modo nuevo y superior de producción social, en la sustitución
de la producción capitalista y pequeñoburguesa por la gran producción
socialista.
* * *
Los "sábados
comunistas" tienen una magna importancia histórica precisamente porque nos
muestran la iniciativa consciente y voluntaria de los obreros en el desarrollo
de la productividad del trabajo, en el paso a una nueva disciplina laboral y en
la creación de condiciones socialistas en la economía y en la vida.
J. Jacoby, uno de los pocos,
o dicho más exactamente, uno de los rarísimos demócratas burgueses alemanes
que, después de las lecciones de 1870-1871, no se pasaron al chovinismo ni al
liberalismo nacionalista, sino al socialismo, decía que la fundación de unasola
asociación obrera tenía más importancia histórica que la batalla de Sadowa2. Y tenía razón. La batalla de Sadowa decidió cuál de las dos
monarquías burguesas, la austríaca o la prusiana, tendría la hegemonía en la
creación de un Estado capitalista nacional alemán. La fundación de una
asociación obrera representaba un pequeño paso hacia la victoria mundial del
proletariado sobre la burguesía. Del mismo modo, podernos decir nosotros que el
primer sábado comunista, organizado el 10 de mayo de 1919 en Moscú por los
obreros del ferrocarril Moscú-s-Kazán, tiene más importancia histórica que
cualquier victoria de Hindenburg o de Foch y los ingleses en la guerra
imperialista de 1914-1918. Las victorias de los imperialistas son una matanza
de millones de obreros para aumentar las ganancias de los multimillonarios
anglo-americanos y franceses. Son la bestialidad del capitalismo agonizante,
ahíto de tanto tragar y que se pudre en vida. El sábado comunista de los
obreros ferroviarios de la línea Moscú-Kazán es uno de los embriones de la
sociedad nueva, de la sociedad socialista, que
![]()
2 La
batalla de Sadowa
(pueblo, hoy ciudad en Checoslovaquia) se libró el 3 de julio de 1866; concluyó
con la derrota completa de Austria en la guerra austro-prusiana
trae a todos los pueblos de
la Tierra la manumisión del yugo del capital y los libra de las guerras.
Los señores burgueses y sus lacayos, incluyendo a los
mencheviques y eseristas, habituados a considerarse representantes de la
"opinión pública", se burlan, naturalmente, de las esperanzas de los
comunistas; dicen que esas esperanzas son un "baobab en una maceta de
reseda" y se ríen del ínfimo número de sábados, en comparación con los
casos innumerables de robo, haraganería, descenso de la productividad,
deterioro de las materias primas, deterioro de los productos, etc. Nosotros contestamos
a esos señores: si los intelectuales burgueses hubieran ayudado a los
trabajadores con sus conocimientos, en lugar de ponerse al servicio de los
capitalistas rusos y extranjeros para restaurar su poder, la revolución sería
más rápida y pacífica. Pero eso es una utopía, pues la cuestión la decide la
lucha de clases, y en esta lucha, la mayor parte de los intelectuales se
inclina hacia la burguesía. El proletariado triunfará no con la ayuda de los
intelectuales, sino a pesar de su oposición (al menos en la mayor parte de los
casos), apartando a los intelectuales burgueses incorregibles, transformando,
reeducando y sometiendo a los vacilantes y atrayendo paulatinamente a su lado a
un número de ellos cada vez mayor. Regocijarse maliciosamente ante las
dificultades y reveses de la revolución, sembrar el pánico y predicar la vuelta
atrás son armas y procedimientos de lucha de clase que emplean los
intelectuales burgueses. Pero el proletariado no se dejará engañar con eso.
10
Mas si abordamos la cuestión
a fondo, ¿es que puede encontrarse en la historia un solo ejemplo de un modo de
producción nuevo que haya prendido de golpe, sin una larga serie de reveses,
equivocaciones y recaídas? Medio siglo después de haber sido abolida la
servidumbre, en la aldea rusa persistían aún no pocas supervivencias de aquel
régimen. Medio siglo después de haber sido suprimida la esclavitud de los
negros en Norteamérica, la condición de estos últimos seguía siendo, en muchas
ocasiones, de semiesclavitud, Los intelectuales burgueses, comprendidos los
mencheviques y eseristas, permanecen fieles a sí mismos al servir al capital y
repetir sus argumentos totalmente falsos: antes de la revolución del
proletariado nos tildaban de utopistas, y después de la revolución nos exigen
¡que borremos de la noche a la mañana todas las huellas del pasado!
Pero no somos utopistas y
conocemos el valor real de los "argumentos" burgueses; sabemos
también que las huellas del pasado en las costumbres predominarán
inevitablemente durante cierto tiempo, después de la revolución, sobre los
brotes de lo nuevo. Cuando lo nuevo acaba de nacer, tanto en la naturaleza como
en la vida social, lo viejo siempre sigue siendo más fuerte durante cierto
tiempo. Las burlas a propósito de la debilidad de los tallos nuevos, el
escepticismo barato de los intelectuales, etc., son, en el fondo,
procedimientos de la lucha de clase de la burguesía contra el proletariado,
maneras de defender el capitalismo frente al socialismo. Debemos estudiar
minuciosamente los brotes de lo nuevo, prestarles la mayor atención, favorecer
y "cuidar" por todos los medios el crecimiento de estos débiles
brotes. Es inevitable que algunos de ellos perezcan. No puede asegurarse que
precisamente los "sábados comunistas" vayan a desempeñar un papel de
particular importancia. No se trata de eso. Se trata de que es preciso apoyar
todos los brotes de lo nuevo, entre los cuales la vida se encargará de
seleccionar los más vivaces. Si un científico japonés, para ayudar a los
hombres a triunfar sobre la sífilis, ha tenido la paciencia de ensayar 605
preparados antes de llegar al 606, que satisface determinadas exigencias,
quienes quieran resolver un problema más difícil, el de vencer al capitalismo,
deberán tener la suficiente perseverancia para ensayar centenares y miles de
nuevos procedimientos, métodos y medios de lucha hasta conseguir los más
convenientes.
Los "sábados
comunistas" tienen tanta importancia porque no los han iniciado obreros
que se encuentran en condiciones excepcionalmente favorables, sino obreros de
diversos oficios, incluidos también obreros no especializados, peones, que se
encuentran en condiciones
habituales, es
decir, en las condiciones más difíciles.
Todos conocemos muy bien la razón fundamental del descenso de la productividad
del trabajo que se observa no solamente en Rusia, sino en el mundo entero: la
ruina y la miseria, la exasperación y el cansancio provocados por la guerra
imperialista, las enfermedades y la inanición. Por su importancia, esta última
ocupa el primer lugar. El hambre: ésa es la causa. Y para suprimir el hambre
hay que elevar la productividad del trabajo tanto en la agricultura como en el
transporte y en la industria. Nos encontramos, por consiguiente, ante una
especie de círculo vicioso: para elevar la productividad del trabajo hay que
salvarse del hambre, y para salvarse del hambre hay que elevar la productividad
del trabajo.
Es sabido que, en la
práctica, semejantes contradicciones se resuelven por la ruptura del círculo
vicioso, por un cambio profundo en el espíritu de las masas, por la iniciativa
heroica de algunos grupos, que desempeña con frecuencia un papel decisivo cuando
se opera el cambio. Los peones y los ferroviarios de Moscú (claro que teniendo
en cuenta su mayoría, y no un puñado de especuladores, burócratas y demás
guardias blancos) son trabajadores que viven en condiciones desesperadamente
difíciles. Están subalimentados constantemente y ahora, antes de la nueva
cosecha, cuando el abastecimiento ha empeorado en todas partes, sufren
verdadera hambre. Y estos obreros hambrientos, cercados por la canallesca
agitación contrarrevolucionaria de la burguesía, de los mencheviques y de los
eseristas, organizan "sábados comunistas", trabajan horas
extraordinarias sin ninguna retribución
y consiguen un aumento inmenso de la
productividad del trabajo, a pesar de hallarse cansados, atormentados y extenuados por la
subalimentación. ¿No es esto un heroísmo grandioso? ¿No es el comienzo de una
transformación de importancia histórica universal?
11
La productividad del trabajo
es, en última instancia, lo más importante, lo decisivo para el triunfo del
nuevo régimen social. El capitalismo consiguió una productividad del trabajo
desconocida bajo el feudalismo. El capitalismo podrá ser y será definitivamente
derrotado porque el socialismo logra una nueva productividad del trabajo mucho
más alta. Es una labor muy difícil y muy larga, pero lo esencial es que ha comenzado. Si en el Moscú hambriento
del verano de 1919, obreros hambrientos, tras cuatro penosos años de guerra
imperialista y después de año y medio de una guerra civil todavía más penosa,
han podido iniciar esta gran obra, ¿qué proporciones no adquirirá cuando
triunfemos en la guerra civil y conquistemos la paz?
El comunismo representa una
productividad del trabajo más alta que la del capitalismo, una productividad
obtenida voluntariamente por obreros conscientes y unidos que tienen a su
servicio una técnica moderna. Los sábados comunistas poseen un valor excepcional
como comienzo efectivo del comunismo, y esto es algo
extraordinario, pues nos encontramos en una etapa en la que "se dan sólo
los primeros pasos en la transición
del capitalismo al comunismo" (como dice, con toda razón, el Programa de
nuestro partido).
El comunismo comienza cuando
los obreros sencillos sienten una
preocupación —abnegada y más fuerte que el duro trabajo— por aumentar la
productividad del trabajo, por salvaguardar cada
pud de grano, de carbón, de hierro y demás productos que no están
destinados directamente a los que trabajan ni a sus "allegados", sino
a personas "ajenas", es decir, a toda la sociedad en conjunto, a
decenas y centenares de millones de hombres, agrupados primero en un Estado
socialista y, más tarde, en una Unión de Repúblicas Soviéticas.
Carlos Marx se burla en El Capital de la pomposidad y
altisonancia de la carta magna democrático-burguesa de libertades y derechos
del hombre, de toda esa fraseología sobre la libertad, la igualdad y la
fraternidad en general, que deslumbra
a los pequeños burgueses y filisteos de todos los países, sin exceptuar a los
viles personajes actuales de la vil Internacional de Berna. Marx opone a esas
pomposas declaraciones de derechos la manera sencilla,
modesta, práctica y
corriente con que el proletariado plantea la cuestión: reducción de la jornada
de trabajo por el Estado, he ahí un ejemplo típico de ese planteamiento3. Toda la precisión y profundidad de la observación de Marx
aparece ante nosotros con mayor claridad y evidencia cuanto más se desarrolla
el contenido de la revolución proletaria. Las "fórmulas" del
verdadero comunismo se distinguen de la fraseología pomposa, refinada y solemne
de los Kautsky, de los mencheviques y eseristas, con sus queridos
"cofrades" de Berna, precisamente en que dichas "fórmulas"
lo reducen todo a las condiciones de
trabajo. Menos charlatanería en torno a "la democracia laboral",
"la libertad, la igualdad y la fraternidad", "la soberanía del
pueblo" y otras cosas por el estilo: el obrero y el campesino conscientes
de nuestros días ven en estas frases hueras la marrullería del intelectual
burgués tan fácilmente como cualquier persona con experiencia de la vida dice
en el acto y sin equivocarse al ver el rostro impecablemente cuidado y el
aspecto de una "persona distinguida": "Seguro que es un
truhán".
¡Menos frases pomposas y más
trabajo sencillo, cotidiano, más
preocupación por cada pud de grano y cada pud de carbón! Más preocupación por
que este pud de grano y este pud de carbón, indispensables al obrero hambriento
y al campesino desarrapado, desnudo, no
les lleguen por transacciones mercantilistas,
al modo capitalista, sino por el trabajo consciente, voluntario, abnegado y
heroico de simples trabajadores, como los peones y los ferroviarios de la línea
Moscú-Kazán.
Todos debemos reconocer que
a cada paso, en todas partes, y también en nuestras filas, pueden verse huellas
del modo charlatanesco, propio de intelectuales burgueses, de abordar los
problemas de la revolución. Nuestra prensa, por ejemplo, combate poco estos
restos putrefactos del podrido pasado democrático -burgués y presta débil apoyo
a los brotes sencillos, modestos, cotidianos, pero vivos, de verdadero
comunismo.
Observad la situación de la
mujer. Ningún partido democrático del mundo, en ninguna de las repúblicas
burguesas más avanzadas, ha hecho, en este aspecto, en decenas de años ni la
centésima parte de lo que hemos hecho nosotros en el primer año de nuestro poder.
No hemos dejado piedra sobre piedra, en el sentido literal de la palabra, de
las vergonzosas leyes que establecían la inferioridad jurídica de la mujer, que
ponían obstáculos al divorcio y exigían para él requisitos odiosos, que
proclamaban la ilegitimidad de los hijos naturales y la investigación de la
paternidad, etc. En todos los países civilizados subsisten numerosos vestigios
de estas leyes, para vergüenza de la burguesía y del capitalismo. Tenemos mil
veces razón para sentirnos orgullosos de lo que hemos realizado en este
sentido. Sin embargo, cuanto más nos
deshacemos del fárrago de viejas leyes e instituciones burguesas, tanto más claro vemos que sólo se ha descombrado
el terreno para la construcción, pero ésta no ha comenzado todavía.
La mujer continúa siendo esclava del hogar, pese a todas las
leyes liberadoras, porque está agobiada, oprimida, embrutecida, humillada por
los pequeños quehaceres domésticos,
que la convierten en cocinera y niñera, que malgastan su actividad en un
trabajo absurdamente improductivo, mezquino, enervante, embrutecedor y
fastidioso. La verdadera emancipación de
la mujer y el verdadero comunismo no comenzarán sino donde y cuando empiece
la lucha en masa (dirigida por el
proletariado, dueño del poder del Estado) contra esta pequeña economía
doméstica, o más exactamente, su transformación
masiva en una gran economía socialista.
12
¿Concedemos en la práctica
la debida atención a este problema que, teóricamente, es indiscutible para todo
comunista? Desde luego, no. ¿Nos preocupamos suficientemente de los brotes de comunismo, que existen ya a
este respecto? No, y mil veces no. Los comedores públicos, las casas-cuna y los
jardines de la infancia son otras tantas muestras de estos brotes,
![]()
3 Véase C. Marx, El Capital,
tomo I, final del capítulo VIII ("La jornada de trabajo").
son medios sencillos,
corrientes, sin pompa, elocuencia ni solemnidad, efectivamente capaces de emancipar
a la mujer, efectivamente capaces de aminorar y suprimir su desigualdad
respecto al hombre por su papel en la producción y en la vida social. Estos
medios no son nuevos. Fueron creados (como, en general, todas las premisas
materiales del socialismo) por el gran capitalismo; pero bajo el régimen
capitalista han sido, en primer lugar, casos aislados y, en segundo lugar —lo
que tiene particular importancia—, o eran empresas mercantiles, con los peores aspectos de la especulación, del lucro,
de la trapacería y del engaño, o bien
"ejercicios acrobáticos de beneficencia burguesa", odiada y
despreciada, con toda razón, por los mejores obreros.
Es indudable que esos
establecimientos son ya mucho más numerosos en nuestro país y que empiezan a cambiar de carácter. Es
indudable que entre las obreras y campesinas hay muchas más personas dotadas de capacidad
de organización que las conocidas por nosotros; personas que saben
organizar las cosas prácticas, con la participación de un gran número de
trabajadores y de un número mucho mayor de consumidores, sin la facundia, el
alboroto, las disputas y la charlatanería sobre planes, sistemas, etc., que
"padecen" los "intelectuales", demasiado presuntuosos
siempre, o los "comunistas" precoces. Pero no cuidamos como es debido estos brotes de lo nuevo.
Fijaos en la burguesía. ¡Qué
admirablemente sabe dar publicidad a lo que le
conviene a ella! ¡Cómo exalta las
empresas "modelo" (a juicio de los capitalistas) en los millones de
ejemplares de sus periódicos! ¡Cómo
sabe hacer de instituciones burguesas "modelo" un motivo de orgullo
nacional! Nuestra prensa no se cuida, o casi no se cuida, de describir los
mejores comedores públicos o las mejores casas-cuna; de conseguir, insistiendo
día tras día, la transformación de algunos de ellos en establecimientos modelo,
de hacerles propaganda, de describir detalladamente la economía de esfuerzo
humano, las ventajas para los consumidores, el ahorro de productos, la
liberación de la mujer de la esclavitud doméstica y las mejoras de índole
sanitaria que se consiguen con un ejemplar
trabajo comunista y que se pueden realizar y extender a toda la sociedad, a
todos los trabajadores.
Una producción ejemplar,
sábados comunistas ejemplares, un cuidado y una honradez ejemplares en la
obtención y distribución de cada pud de grano, comedores públicos ejemplares,
la limpieza ejemplar de una vivienda obrera, de un barrio determinado, todo esto
tiene que ser, diez veces más que ahora, objeto de atención y cuidado tanto por
parte de nuestra prensa como por parte de cada
organización obrera y campesina. Todo esto son brotes de comunismo, y el
cuidarlos es una obligación primordial de todos nosotros. Por difícil que sea
la situación del abastecimiento y de la producción, el avance en todo el frente en año y medio de
poder bolchevique es indudable: los acopios de grano han pasado de 30 millones
de puds (del 1 de agosto de 1917 al 1 de agosto de 1918) a 100 millones (del 1
de agosto de 1918 al 1 de mayo de 1919); se ha ampliado la horticultura; ha disminuido
la extensión de los campos que quedan sin sembrar; ha comenzado a mejorar el
transporte ferroviario, a pesar de las gigantescas dificultades con que se
tropieza para obtener combustible, etc. Sobre este fondo general, y con el
apoyo del poder estatal proletario, los brotes de comunismo no se agostarán,
sino que crecerán y se convertirán en comunismo pleno.
* * *
Es necesario reflexionar
detenidamente sobre la significación de los "sábados comunistas" para
sacar de esta gran iniciativa todas las enseñanzas prácticas, de magna
importancia, que se desprenden de ella.
La primera y principal
enseñanza consiste en que es necesario apoyar por todos los medios esta
iniciativa. Se ha empezado a emplear entre nosotros la palabra
"comuna" con excesiva ligereza. Toda empresa fundada por comunistas o
con su participación recibe a cada paso, de
buenas a primeras, el nombre
de "comuna"; pero se olvida con frecuencia que una denominación tan honrosa debe ser conquistada mediante una labor
prolongada y tenaz, mediante éxitos prácticos concretos en la edificación
verdaderamente comunista.
Por eso considero
absolutamente acertada la decisión que ha madurado en el espíritu de la mayoría
de los miembros del Comité EjecutivoCentral: anular el decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo en lo que
concierne a la denominación
"comunas de consumo" 4. No importa que la denominación sea más
sencilla; dicho sea de paso, las imperfecciones y los defectos de las primeras etapas del nuevo trabajo de
organización no se atribuirán a las "comunas", sino (y es justo que
así sea) a los malos comunistas.
Sería muy útil desterrar del uso corriente
la palabra "comuna", impedir que cualquiera pueda aprovecharse de
ella, o dar esta denominación únicamente
a las verdaderas comunas, a las que hayan demostrado de verdad en la práctica (confirmándolo la opinión unánime de la
población circundante) que pueden y saben organizar las cosas al modo
comunista. ¡Sólo después de haber demostrado que se es capaz de trabajar gratis
en provecho de la sociedad, en provecho de todos los trabajadores, que se es
capaz de "trabajar a lo revolucionario", de elevar la productividad
del trabajo, de organizar las cosas de modo ejemplar, sólo entonces podrá
solicitarse el honroso título de "comuna"!
13
En este sentido, los
"sábados comunistas" constituyen una excepción del más alto valor.
Porque los peones y los ferroviarios de la línea Moscú-Kazán han empezado por demostrarnos con hechos que son capaces de trabajar
como comunistas, y sólo después han
dado a su iniciativa la denominación de "sábados comunistas". Hay que
procurar y conseguir que se proceda así también en adelante, que cuantos den a
su obra, institución o empresa el nombre de comuna, sin demostrarlo con el trabajo arduo y los éxitos prácticos de una labor
prolongada, con una manera ejemplar y realmente comunista de organizar las
cosas, sean ridiculizados sin piedad
y puestos en la picota como charlatanes o fanfarrones.
La gran iniciativa de los
"sábados comunistas" debe aprovecharse también en otro sentido: para depurar el partido. En los primeros
tiempos que siguieron a la revolución, cuando la masa de gentes
"honestas" y de espíritu pequeñoburgués estaba particularmente
amedrentada; cuando los intelectuales burgueses, incluyendo, claro está, a los
mencheviques y eseristas, se dedicaban sin excepción al sabotaje, como lacayos
fieles de la burguesía, era absolutamente inevitable que se pegasen al partido
gobernante aventureros y otros elementos nocivos en extremo. Ninguna revolución
ha escapado ni podrá escapar a este peligro. Lo importante es que el partido
gobernante, apoyándose en la clase de vanguardia, sana y fuerte, sepa depurar
sus filas.
Hemos empezado hace ya
tiempo a trabajar en ese sentido. Y debemos proseguir esa labor sin debilidad y
sin descanso. La movilización de los comunistas para la guerra ha venido a
ayudarnos: los cobardes y los miserables han huido del partido. ¡Mejor que mejor!
Esta disminución de los efectivos del
partido significa un inmenso crecimiento
de su fuerza e influencia. Hay que continuar la depuración, utilizando la
iniciativa de los "sábados comunistas": que no se pueda ingresar en
el partido sin haber pasado seis meses, por ejemplo, de "prueba" o
"práctica", consistentes en "trabajar a lo revolucionario".
La misma prueba debe exigirse a todos
los miembros del partido que hayan ingresado después del 25 de octubre de 1917
y que no hayan demostrado con trabajos o méritos especiales su absoluta firmeza
y lealtad, su capacidad de ser comunistas.
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4 Por decreto del 16 de marzo de 1919, el
Consejo de Comisarios del Pueblo reorganizó las cooperativas de consumo, como
organismo único de distribución, adjudicándoles el título de "comunas de
consumo". Pero esta denominación de las cooperativas dio lugar a que en
algunos sitios la población no entendiera bien el decreto. Teniéndolo en
cuenta, el CEC de toda Rusia resolvió en su disposición Sobre la labor de las sociedades de consumo obreras y campesinas,
del 30 de junio de 1919, tras aprobar el decreto, sustituir la denominación de
"comuna de consumo" con la de "sociedad de consumo",
habitual para la población
La depuración del partido,
que ha de ir unida a la exigencia
inflexible, cada vez más acentuada,
de un trabajo auténticamente comunista, mejorará el aparato del poder estatal y
acercará en grado gigantesco el paso
definitivo de los campesinos al lado del proletariado revolucionario.
Por cierto que los
"sábados comunistas" han puesto de manifiesto con claridad
extraordinaria el carácter de clase del aparato del poder estatal bajo la
dictadura del proletariado. El Comité Central del partido dirige un llamamiento
acerca del "trabajo a lo revolucionario". Lanza la idea el Comité
Central de un partido que cuenta de 100.000 a 200.000 miembros (supongo que son
los que quedarán después de una depuración seria, pues en la actualidad hay
más).
La idea es recogida por los
obreros sindicados, cuyo número llega en Rusia y Ucrania a cuatro millones. La
inmensa mayoría de ellos está a favor del poder estatal proletario, de la
dictadura del proletariado. Doscientos mil y cuatro millones: tal es la relación
de "engranaje", si se nos permite expresarnos así. Vienen luego decenas de millones de campesinos, que
se dividen en tres grupos principales: los semiproletarios o campesinos pobres,
que forman el grupo más numeroso y más afín al proletariado; los campesinos
medios, y, por último, un grupo muy reducido, el de los kulaks o burguesía
rural.
Mientras sea posible
comerciar con el grano y especular con el hambre, el campesino seguirá siendo
(cosa inevitable durante cierto período de la dictadura del proletariado)
semitrabajador y semiespeculador. Como especulador nos es hostil, hostil al
Estado proletario, y tiende al acuerdo con la burguesía y sus fieles lacayos,
comprendidos el menchevique Sher o el eserista B. Chernénkov, partidarios de la
libertad de comercio de cereales. Pero como
trabajador, el campesino es amigo del Estado proletario, es el aliado más
fiel del obrero en la lucha contra el terrateniente y contra el capitalista.
Como trabajadores, la inmensa masa de millones de campesinos apoya la
"máquina" del Estado que dirigen cien o doscientos mil hombres de la
vanguardia proletaria comunista y que abarca a millones de proletarios
organizados.
Jamás ha habido en el mundo un Estado más democrático, en el verdadero sentido de esta
palabra, ni más íntimamente ligado a las masas trabajadoras y explotadas.
Precisamente este trabajo
proletario —que los "sábados comunistas" representan y llevan a la
práctica— es el que consolidará de modo definitivo el respeto y el amor del
campesino al Estado proletario.
Este trabajo, y sólo este
trabajo, convence definitivamente al campesino de que tenemos razón, de que el
comunismo tiene razón, y hace de él un entusiasta partidario nuestro. Por eso
este trabajo nos permitirá vencer por completo las dificultades del abastecimiento,
conducirá a la victoria total del comunismo sobre el capitalismo en la
producción y distribución de cereales, conducirá al afianzamiento absoluto del
comunismo.
28 de junio de 1919.
Publicado en julio de 1919 en un folleto
impreso en Moscú por la Editorial del Estado. Firmado:
N. Lenin.
T. 39, págs. 5-29.
La situación actual y las tareas inmediatas del Poder Soviético
15
LA SITUACIÓN ACTUAL Y LAS TAREAS
INMEDIATAS DEL PODER SOVIÉTICO.
Informe presentado en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia,
el soviet de Moscú de diputados obreros y soldados rojos, el consejo de los
sindícalos de toda Rusia y representantes de los comités de fábrica de Moscú.
4 de julio de 19195.
Camaradas: Al enfrentarnos
con la tarea de valorar nuestra actual situación general, queramos o no, nos
sentirnos inclinados a comparar julio de 1919 con julio de 1918. Me parece que
esa comparación, que surge naturalmente, puede darnos, mejor que nada, una idea
justa de esas nuevas dificultades —que hasta cierto punto también son viejas—
que se han reforzado y que han agravado nuestra situación, imponiéndonos nuevos
esfuerzos. Por otra parte, esta comparación nos revela el gigantesco paso
adelante dado por la revolución mundial durante este año y demuestra por qué,
aún observando las cosas con la mayor frialdad y escepticismo, tenemos plena
convicción de que marchamos hacia la victoria total y definitiva.
Recordad, camaradas, cuál
era la situación hace un año. En julio de 1918 se acumulaban negros nubarrones
y calamidades aparentemente insuperables amenazaban a la República Soviética.
Entonces, como ahora, había empeorado la situación del abastecimiento de
víveres al terminar el año agrícola, cuando las reservas se agotaban y la nueva
cosecha no había sido aún recogida. El año pasado la situación era
incomparablemente más dura. Entonces, como ahora, en el verano, a las
dificultades del abastecimiento de víveres se añadían graves dificultades
políticas y militares, tanto internas como exteriores. El verano pasado, la
reunión del Congreso de los Soviets6
coincidió con la rebelión de los eseristas de izquierda7 en Moscú, y con la traición del eserísta de izquierda Muraviov,
entonces comandante en jefe de nuestro ejército, que dejó casi abierto nuestro
frente. En el verano de 1918 se produjo la monstruosa
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5 La reunión se celebró por decisión del
Pleno del CC del PC(b)R del 3 de julio de 1919. Tuvo lugar en un momento de
extraordinario peligro para la República Soviética con motivo de la ofensiva de
las tropas de Denikin. En el orden del día de la reunión figuraba un solo
punto: la situación actual y las tareas inmediatas del Poder soviético. Por
encargo del CC del PC(b)R en la reunión presentó un informe Lenin. Los reunidos
adoptaron un llamamiento "A todos los obreros, campesinos, soldados rojos
y marinos", exhortándoles a poner en tensión todas las fuerzas para
rechazar el enemigo y a manifestar la mayor vigilancia
6 Lenin se refiere al V
Congreso de los Soviets de toda Rusia, que tuvo lugar en julio de 1918.
7 Eseristas
de izquierda: se constituyeron orgánica mente como partido en noviembre de
1917; hasta entonces existían como ala izquierda del partido socialista
revolucionario. Tratando de conservar la influencia en las masas campesinas,
los eseristas de izquierda accedieron a un entendimiento con los bolcheviques;
sus representantes fueron introducidos en el Consejo de Comisarios del Pueblo.
No obstante, los eseristas de izquierda discrepaban de los bolcheviques en las
cuestiones cardinales de la revolución socialista y eran contrarios a la
dictadura del proletariado. En los meses de enero y febrero de 1918, el CC del
partido de los eseristas de izquierda emprendió la lucha contra la conclusión
del Tratado de Paz de Brest (véase la nota 10) y después de su firma y
ratificación por el IV Congreso de los Soviets, en marzo de 1918, los eseristas
de izquierda abandonaron el Consejo de Comisarios del Pueblo continuando sin
embargo en la dirección de los Comisariados del Pueblo y en los órganos locales
de poder.
El 24 de junio el CC de los
eseristas de izquierda tomó la decisión de sublevarse contra el Poder
soviético. Para frustrar el Tratado de Paz de Brest y arrastrar al país a una
guerra con Alemania asesinaron en Moscú al embajador alemán Mirbach. Acto seguido
estalló la sublevación. Merced a las enérgicas medidas adoptadas por el Poder
soviético y a las acciones unánimes de los obreros y de la guarnición de Moscú,
la sedición fue sofocada en 24 horas, a las dos de la tarde del 7 de julio.
Después del aplastamiento de la sublevación el V Congreso de los Soviets de
toda Rusia acordó excluir de los Soviets a los eseristas de izquierda que
compartían la línea aventurera de su dirección.
La situación actual y las tareas inmediatas del Poder Soviético
conspiración de Yaroslavl8 que, como ha quedado demostrado y como han confesado quienes
participaron en ella, fue obra del embajador francés Noulens, quien convenció a
Sávinkov de que organizara la conspiración, garantizándole que las tropas
francesas desembarcadas en Arjánguelsk acudirían en ayuda de Yaroslavl y que,
si la situación se ponía critica, la ciudad podría unirse con Arjánguolsk y con
los aliados, y por consiguiente, cabía esperar la pronta caída de Moscú. En
aquel entonces, el enemigo había logrado conquistar, en el Este, Samara, Kazán,
Simbirsk, Syzran y Sarátov. En el Sur, las tropas cosacas, apoyadas por el
imperialismo alemán —esto quedó plenamente confirmado— recibían dinero y armas.
El enemigo nos atacó en dos direcciones, estableció el cerco y comenzó a
burlarse de nosotros. En los círculos imperialistas alemanes so decía: "Si
no podéis con los checoslovacos9,
cómo vais a poder con nosotros". En este tono insolente se permitían
hablar los imperialistas alemanes.
Esa era la forma, al parecer
desesperada, en que estaba acorralada la República Soviética, en momentos de
dificultades de abastecimiento sin precedente y en momentos en que nuestro
ejército apenas comenzaba a formarse. El ejército carecía de organización y
experiencia, y teníamos que crearlo apresuradamente, destacamento por
destacamento, sin que pudiese ni siquiera pensarse en un trabajo sistemático,
integral. Dejamos atrás ese año y, apoyándonos en la experiencia vivida y sin
olvidar un solo instante el pasado, tenemos hoy perfecto derecho a decir que,
aunque la situación es difícil, si comparamos lo que hubimos de atravesar el
año último con la situación actual —cualquiera que desee analizarla
detenidamente, observar la realidad sin dejarse llevar por su estado de ánimo
no tendrá la menor duda de ello—, veremos que la presente situación es mucho
más estable, incluso desde el punto de vista de la simple relación de fuerzas
internas, incluso si comparamos los hechos que se refieren a nuestras
dificultades momentáneas, y que por eso dejarse llevar del
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8 Se trata de la sublevación de los
guardias blancos en Yaroslavl, que empezó el 6 de julio de 1918. La sublevación
fue organizada por la contrarrevolucionaria Unión para defensa de la patria y
la libertad, cuyo dirigente era el eserista de derecha B. V. Sávinkov. La
sublevación de Yaroslavl, lo mismo que otras sublevaciones
contrarrevolucionarias en la Rusia Soviética de entonces, fue preparada por los
imperialistas de la Entente con el activo concurso de los mencheviques y
eseristas. Los imperialistas de la Entente entregaron a la Unión de Sávinkov
considerables sumas de dinero. La organización de esta sublevación era parte
del plan general de intervención en Rusia. Los intervencionistas hicieron
coincidir el levantamiento armado en Yaroslavl con la sublevación de los
eseristas de izquierda en Moscú. Simultáneamente debían estallar motines en
Múrom, Kostromá, Ríbinsk y otras ciudades de la región del Volga y del centro
de Rusia.
El 6 de julio, los sediciosos se apoderaron de la parte central
de Yaroslavl, ocuparon el arsenal, la central de correos, el telégrafo y otras
instituciones. Comenzó una sangrienta represión de los funcionarios del partido
y de los Soviets. Los sublevados intentaron apoderarse también de los arrabales
obreros de la ciudad, pero tropezaron allí con una resistencia firme y
resuelta. El Gobierno soviético envió en socorro de los obreros de Yaroslavl
varias unidades militares y destacamentos obreros armados de Moscú, Petrogrado,
Ivánovo-Voznesensk, Kostromá, Vólogda y Ríbinsk. El 21 de julio la sublevación
fue sofocada
9 Se tiene en cuenta la
sublevación contrarrevolucionaria del cuerpo de ejército checoslovaco,
organizada por los imperialistas de la Entente con la activa participación de
los mencheviques y eseristas. El cuerpo checoslovaco fue formado en Rusia con
prisioneros de guerra checos y eslovacos antes del triunfo de la Gran
Revolución Socialista de Octubre. En el verano de 1918 contaba con más de
60.000 hombres (en Rusia había en total alrededor de 200.000 prisioneros checos
y eslovacos).
Después de la instauración
del Poder soviético, el cuerpo pasó a ser una unidad del ejército francés y los
representantes de la Entente plantearon el problema de su evacuación a Francia.
Por el convenio del 26 de marzo de 1918, se concedió al cuerpo la posibilidad
de partir de Rusia a través de Vladivostok con la condición de que entregara el
armamento. Pero el mando contrarrevolucionario del cuerpo violó felonamente el
convenio con el Gobierno soviético sobre la entrega del armamento y por
indicación de los imperialistas de la Entente a fines de mayo se sublevó.
Actuando en estrecho contacto con los guardias blancos y los kulaks, los checos
blancos ocuparon una parte considerable de los Urales, de la región del Volga y
Siberia restaurando en todas partes el poder de la burguesía. La mayoría de los
prisioneros checos y eslovacos simpatizaba con el Poder soviético y no se dejó
seducir por la propaganda antisoviética de los altos jefes reaccionarios del
cuerpo. Convencidos del engaño, muchos soldados abandonaron el cuerpo negándose
a pelear contra la Rusia Soviética. En las filas del Ejército Rojo, combatieron
cerca de 12.000 checos y eslovacos.
La región del Volga fue liberada por el Ejército Rojo en el
otoño de 1918
La situación actual y las tareas inmediatas del Poder Soviético
pánico sería una y mil veces
criminal. Hace un año, la situación era incomparablemente más difícil y, sin
embargo, vencimos las dificultades, de modo que podemos afirmar con plena
confianza y sin exagerar en absoluto nuestras fuerzas, ni subestimar nuestras
dificultades, que también ahora venceremos los obstáculos. Señalaré tan sólo
los datos comparativos más importantes, puesto que los siguientes oradores
tratarán más en detalle la cuestión.
16
En el verano pasado, cuando
se agudizó la situación del abastecimiento de víveres, se llegó al extremo de
que en julio y agosto literalmente no quedaba nada en los almacenes del
Comisariado de Abastecimiento, la organización que se ocupa del aprovisionamiento,
nada para enviar a la población de las ciudades y de las zonas no agrícolas, la
más extenuada, la más sufrida, la más hambrienta. Este año nuestro aparato ha
dado un paso gigantesco.
Durante un año, desde el 1 de agosto de 1917 hasta el 1 de
agosto de 1918, sólo acopiamos 30 millones de puds, pero desde el 1 de agosto
de 1918 al 1 de mayo de 1919 acopiamos ya 100 millones de puds. Es muy poco
comparado con lo que se necesita, y demuestra que en el acopio de víveres hay
que vencer aún millones de obstáculos en la organización; nos los oponen todos
los campesinos que tienen excedentes de cereales, habituados a comerciar en el
mercado libre y que consideran como un derecho sagrado vender los cereales a
precio libre; esos campesinos no alcanzan a comprender que en tiempos como
éstos, cuando el país está luchando contra el capital ruso e internacional,
comerciar con los cereales es el más grande de los crímenes contra el Estado.
Es burlarse del pobre y del hambriento, es el mejor servicio que pueden prestar
al capitalista y al especulador. Sabemos que todos los campesinos que se
ganaban la vida con su trabajo, con sudor y sangre, doblando el espinazo,
comprenden qué es el capitalismo. Simpatizan con el proletario, aunque en forma
vaga, instintiva, porque ven que el proletariado dedica toda su vida y vierte
su sangre para el derrocamiento del capital. Pero hay que avanzar muchísimo
antes que aprendan a defender los intereses del Estado socialista y colocar
esos intereses por encima de los intereses del traficante que quiere lucrarse
ahora mismo, cuando puede vender los cereales a los hambrientos a precios
astronómicos. Ahora comenzamos a avanzar. Hemos andado ya parte del camino y
sabemos perfectamente, por lo tanto, que por difícil y tortuoso que éste sea,
lograremos vencer las dificultades. Hemos hecho progresos considerables en
comparación con el año pasado, pero estamos lejos de haber resuelto todos los
problemas. No podemos prometer una mejoría inmediata, pero sabemos que la
situación ofrece muchas más esperanzas; ahora sabemos que, pese a todo, no
estamos aislados de nuestras fuentes de abastecimiento como lo estábamos el año
pasado por las bandas de los cosacos en el Sureste, por el imperialismo alemán
en el Suroeste y por los checoslovacos en la región cerealista del Este. La
situación se presenta mucho mejor, de modo que podremos resistir y superar las
próximas semanas, que sin duda traerán nuevas penurias y exigirán nuevos
sacrificios, puesto que lo hicimos el año pasado, puesto que nuestra situación
es mejor, puesto que ya tenemos experiencia práctica en la principal dificultad
con que tropieza cualquier revolución socialista: el problema de los cereales.
Y podemos afirmar realmente, sin basarnos en suposiciones y esperanzas, sino en
nuestra propia experiencia práctica, que ya hemos aprendido a encarar esa
dificultad y que aprenderemos a vencerla.
Si se examina la actual
situación militar, con el descalabro de los aliados que ocuparon Ucrania
después de los alemanes, quienes se habían apoderado de Odesa y Sebastopol,
vemos que la amenaza que parecía insuperable a la masa de la pequeña burguesía
y a los asustados filisteos resultó ser vana, que esta amenaza no pasaba de ser
un coloso con los pies de barro. Los aliados hicieron todo lo posible por
ayudar con armas y municiones a los guardias blancos, terratenientes y
capitalistas. Los periódicos ingleses —y también los ministros ingleses— se
jactaban de haber enviado refuerzos a Denikin. Tenemos la información de que
enviaron pertrechos para 250.000 hombres y que suministraron todas las armas.
También tenemos información, que ha sido confirmada, de que han enviado
La situación actual y las tareas inmediatas del Poder Soviético
decenas de tanques. Todo
esto hizo posible los intensos ataques de Denikin, que fueron lanzados en
momentos en que el enemigo nos acosaba desde el Este. Conocemos los difíciles
momentos que atravesamos en julio último. De ningún modo subestimamos el peligro
y no cerramos los ojos ante el hecho de que debemos apelar directamente a las
masas, explicarles cuál es la situación, decirles toda la verdad y abrirles los
ojos, porque cuanto mejor conozcan esta verdad los obreros, y en especial los
campesinos —es muy difícil convencer a los campesinos de la verdad—, con mayor
decisión, mayor determinación y mayor conciencia se pondrán de nuestro lado. (Aplausos.)
Camaradas, ayer decidimos en
el Comité Central que el informe sobre la situación militar estuviera a cargo
del camarada Trotski. Lamentablemente, los médicos le han prohibido hoy, en
forma terminante, que presente su informe. En vista de ello, en pocas palabras,
haré un bosquejo de la situación, aunque no puedo, de ningún modo, pretender
desempeñar el papel de informante sobre este asunto. No obstante, camaradas,
puedo hacer un breve resumen de lo que ayer escuchamos de labios del camarada
Trotski, quien realizó una gira de inspección en el Frente Sur.
Allí la situación es
realmente grave, hemos debido soportar ataques sumamente duros y hemos sufrido
grandes bajas. Todos nuestros reveses se deben a una doble razón. Sí, existen
dos razones. Primero, tuvimos que retirar gran parte de nuestras tropas y enviarlas
como refuerzo al Este, en momentos en que Kolchak nos atacaba. Y precisamente
en esos momentos Denikin implantó la movilización total. Es verdad, como nos
informó un miembro del Consejo Revolucionario del Frente Sur que trabaja allí
desde hace tiempo, que la movilización total será la ruina de Denikin, como lo
fue de Kolchak. Mientras contó con un ejército que era un ejército de clase,
formado por voluntarios que aborrecían el socialismo, su ejército era fuerte y
seguro. Cuando impuso la movilización total, pudo, por supuesto, completar con
mayor rapidez su ejército, pero en detrimento de su carácter de clase y su
potencia. Los campesinos que han sido incorporados al ejército de Denikin
provocarán en ese ejército la misma situación que provocaron en el ejército de
Kolchak los campesinos siberianos: causaron la descomposición total del
ejército.
17
La otra razón de nuestros
fracasos, además del enorme fortalecimiento del ejército de Denikin, fue el
desarrollo del espíritu de indisciplina en el Frente Sur. El camarada Trotski
también nos describió esto ayer en forma detallada. Todos conocéis lo que sufrieron
nuestros ejércitos a causa de la aventura de Grigóriev, que surgió como
consecuencia del bandolerismo de Majnó, y lo que padecieron los campesinos
ucranios y todo el proletariado ucranio durante la dominación de los atamanes.
En Ucrania, la insuficiente conciencia de clase proletaria, la debilidad y
falta de organización, la táctica desorganizadora de Petlíura y la presión del
imperialismo alemán, crearon la base para que surgieran espontáneamente la
enemistad y la indisciplina. En cada destacamento los campesinos empuñaban las
armas y elegían su propio atamán o "padrecito”, para instaurar, para crear
un poder local. No tenían en cuenta para nada el poder central, y cada
"padrecito" consideraba que él era el atamán del lugar, que él solo
podía resolver todos los problemas de Ucrania, haciendo caso omiso de la
autoridad central. Ahora está perfectamente claro para nosotros que en la
situación actual no es posible ganar a los campesinos sólo con el entusiasmo;
ese método no es seguro. Mil veces hemos prevenido a los camaradas ucranios que
cuando se trata de un movimiento que abarca a millones de hombres no bastan las
palabras; deben hacer su propia experiencia, a fin de que puedan verificar por
sí mismos las instrucciones, a fin de que se convenzan por experiencia propia.
Los campesinos ucranios pagaron muy cara esta experiencia. Durante la ocupación
alemana sufrieron incalificables desdichas, realizaron increíbles sacrificios,
mucho mayores que los nuestros, y a pesar de todo aún no saben cómo lograr una
organización y cómo conquistar su independencia y soberanía estatal. En el
primer período posterior a la liberación del yugo del imperialismo alemán,
cuando las bandas de Denikin comenzaron a
La situación actual y las tareas inmediatas del Poder Soviético
adquirir fuerza, nuestras
tropas no siempre las rechazaron en debida forma, y cuando nuestras tropas
fueron detenidas por las rápidas crecidas de primavera, cuando no era posible
avanzar y no llegaban refuerzos, sobrevino un momento catastrófico en el que el
campesinado ucranio en su conjunto y el campesinado de la zona lindante con
Ucrania y el Don recibieron el primer golpe que, sin embargo y por fortuna, los
curará de los defectos del espíritu de indisciplina y del caos. Sabemos muy
bien que los campesinos ucranios son lo suficientemente fuertes como para
derrotar a Denikin; sabemos que los golpes que recibieron son muy serios y que
harán nacer en ellos una nueva conciencia y nuevas energías. Y el camarada
Trotski, que comprobó personalmente las enormes pérdidas sufridas allí,
sostiene categóricamente que la experiencia de los ucranios no pasará sin dejar
huellas, que producirá un cambio total en toda la psicología de los campesinos
ucranios, cosa que nosotros ya hemos conocido. Sabemos que nuestra situación no
era mejor hace un año. Sabemos que toda una serie de países miraban con
desprecio a la joven república rusa, pero ahora está ocurriendo lo mismo en
muchos países, se observa en ellos los mismos fenómenos.
Ucrania se recupera con
mayores dificultades que nosotros, pero se recupera. Las lecciones del caos,
del espíritu de indisciplina han sido aprendidas. Este será un período de
viraje en toda la revolución ucraniana y ello influirá en todo el desarrollo de
Ucrania. Es el viraje que también hemos vivido nosotros cuando abandonamos la
indisciplina y la fraseología revolucionaria —¡podemos hacerlo todo!—, y
adquirimos conciencia de la necesidad de una labor de organización firme,
sostenida, persistente y difícil. Es el camino que emprendimos muchos meses
después de Octubre y en el que logramos importantes éxitos. Miramos el futuro
con la profunda convicción de que superaremos todas las dificultades.
Una de las circunstancias
señaladas por el camarada Trotski como clara evidencia del viraje es lo que
observó respecto de los desertores. Ha visitado muchas provincias en las que
los camaradas que habíamos enviado para combatir la deserción no obtuvieron
ningún éxito. El mismo habló en actos públicos y pudo comprobar que decenas de
miles de desertores en nuestro país, o bien habían sido presa de pánico, o bien
marchaban con demasiada facilidad detrás de la burguesía. No obstante, nos
inclinábamos a sacar conclusiones que equivalían a la desesperación. Trotski,
que estuvo en Kursk y Riazán, pudo convencerse, basándose en el ejemplo de
varias ciudades, de que el viraje operado en este terreno es indescriptible.
Algunos comisarios han dicho que están ahora inundados de desertores que se
vuelcan al Ejército Rojo. Regresan al Ejército Rojo en tal número que podemos
suspender nuestra movilización y completar las filas del ejército con los
antiguos desertores que se reincorporan.
18
Los campesinos han visto lo
que significan las campañas de los cosacos y de Denikin, y las masas campesinas
han empezado a manifestar un doble grado de conciencia en su actitud; querían
una paz inmediata y no alcanzaban a comprender que la guerra civil nos había
sido impuesta. Los campesinos hicieron todo lo posible por evitar el
reclutamiento; se escondían en los bosques o se unían a las bandas verdes,
comportándose según el proverbio: Cada uno va a su avío y yo voy al mío. Tal es
el estado de cosas que condujo al caos en Ucrania; ése fue el estado de cosas
que produjo muchos miles de desertores. Trotski habló del viraje que se operó
cuando otorgamos a los desertores un período más largo para presentarse y
abordamos el problema con mayor audacia. En la provincia de Riazán cientos de
camaradas se presentaron para trabajar, y se produjo el viraje. Asistieron a la
reunión y los desertores afluyeron al Ejército Rojo. Los comisarios locales
dicen que no les daba tiempo de incorporarlos a todos a filas. Esta circunstancia
permitió la reconquista de la estación de Liski, que fortaleció nuestras
posiciones en las direcciones de Kursk y Vorónezh. Esta circunstancia permitió
a Trotski decir que la situación en el Sur era grave. Debemos empeñar el mayor
La situación actual y las tareas inmediatas del Poder Soviético
esfuerzo, pero yo sostengo,
sin embargo, que la situación no es
catastrófica. A esa conclusión llegamos ayer. (Aplausos).
Esta conclusión no ofrece la
menor duda y haremos todo lo posible por empeñar el mayor esfuerzo; estamos
convencidos de que triunfará la conciencia de las masas trabajadoras, pues
contamos con la experiencia de Ucrania que nos demuestra que, cuanto más se
acerque Denikin y cuanto más claramente se vea lo que traen esto y los
capitalistas y terratenientes, más fácil será para nosotros combatir la
deserción y con mayor audacia podremos conceder a los desertores una semana más
para que se presenten. Anteayer, el Consejo de Defensa prorrogó el plazo una
semana más, porque estamos ahora plenamente convencidos de que la conciencia
que adquieren gracias a Denikin les sirve para algo y de que el Ejército Rojo
continuará creciendo si no olvidamos que en los meses próximos tendremos que
dedicar todos nuestros esfuerzos a la labor militar. Y debemos decir que ahora
ayudaremos al Sur y obtendremos allí la victoria, como lo hicimos en el Este.
Camaradas, quizá haya quienes se dejen llevar por su estado de ánimo, los más propensos
al pánico, que se preguntarán si no perderemos lo que hemos ganado en el Este
si volcamos nuestra mayor atención al Sur. Con relación a esto, podemos
responder que los triunfos de nuestras tropas en el Este prometen fundirse,
según todos los cálculos, con la revolución siberiana. (Aplausos.)
Cierto menchevique pronunció
ayer un discurso en Moscú. Podéis leer en Izvestia
sobre el informe del ciudadano Gólosov, dice que los mencheviques se
trasladaban a Siberia con la creencia de que allí había una Asamblea
Constituyente y soberanía del pueblo, de que imperaba el sufragio universal y
la voluntad del pueblo, y no la dictadura de una sola clase, la usurpación, la
violencia, como califican al Poder soviético. La experiencia de estos
individuos, que coquetearon con Kerenski durante ocho meses y que lo
abandonaron todo en manos de Kornilov, que no aprendieron nada y se pasaron a
Kolchak; la experiencia de estos individuos ha demostrado ahora que no fueron
los bolcheviques, sino los enemigos de los bolcheviques, personas que volcaron
toda su actividad a luchar contra los bolcheviques, que caminaron cientos de
verstas y sacaron las conclusiones que conocemos y de las que el público se ha
enterado por los informes de los mencheviques, conclusiones que demuestran que
los mencheviques han sido rechazados no sólo por los obreros, sino también por
los campesinos, y no sólo por los campesinos, sino también por los kulaks.
¡Hasta los kulaks se rebelan contra Kolchak! (Aplausos.) Ninguno de los relatos de las rebeliones contra la
dominación de Kolchak tiene nada de exagerado. Kolchak ha sido rechazado no
sólo por los obreros y campesinos, sino también por los intelectuales de
sentimientos patrióticos, que antes saboteaban nuestra obra y que fueron
aliados de la Entente. Ahora se nos dice que en los Urales está en marcha una
insurrección; una verdadera insurrección obrera, y una vez más decimos que
existen todas las probabilidades de que un triunfo en los Urales sea un viraje
hacia el triunfo total de toda la masa de la población siberiana sobre la
dominación de Kolchak y que hay fundamentos para esperarlo en los próximos
meses.
Camaradas, ayer leísteis en
los periódicos la noticia de la toma de Motovílija; allí comienza la zona
industrial de los Urales. Los detalles de la toma de Perm, donde varios
regimientos se pasaron a nosotros, lo confirman, y todos los días recibimos un
telegrama tras otro señalando que se ha producido un viraje decisivo en los
Urales. Esto ha sido corroborado por un telegrama de Ufá, que he recibido hoy,
fechado el 2 de julio. Poseemos informaciones más detalladas que nos permiten
afirmar con pleno fundamento que se ha producido un viraje decisivo y que
triunfaremos en los Urales. Mucho es lo que hemos conseguido con la toma de
Perm y luego la de Motovílija; son grandes centros industriales donde los
obreros se están organizando y se pasan a nuestro lado por centenares, y están
cortando las líneas ferroviarias en la retaguardia del enemigo. Es probable que
pocos de vosotros hayáis tenido la ocasión de ver a los obreros y los
campesinos que vinieron de allí, que abandonaron a Kolchak, pero nos agradaría
que un mayor número de personas los viera en Moscú. ¿Acaso los campesinos
La situación actual y las tareas inmediatas del Poder Soviético
de los Urales y Siberia no
estaban a punto hace un año de rechazar a los bolcheviques? Estaban enfurecidos
e indignados con los bolcheviques porque éstos reclamaban ayuda para la dura
guerra y porque decían: "La victoria sobre los terratenientes y capitalistas
no se gana fácilmente; y si ellos os hacen la guerra, vosotros debéis
prepararos para realizar toda clase de sacrificios a fin de defender las
conquistas de la revolución.
19
La revolución no es fácil,
pero si os doblegan esos sacrificios, si no los soportáis, hundiréis la
revolución". Los campesinos no quisieron oír hablar de esto, creyeron que
era sólo una proclama revolucionaria. Cuando el otro bando les ofreció la paz y
la ayuda de la Entente, se pasaron a ellos. Vosotros sabéis, por supuesto, que
los campesinos siberianos nunca conocieron la servidumbre. Son los campesinos
mejor alimentados, están acostumbrados a explotar a los desterrados de Rusia;
son campesinos que no podían ver que la revolución pudiera traer algún
beneficio y estos campesinos encentraron sus dirigentes entre la burguesía
rusa, entre los mencheviques y eseristas; había allí cientos, miles de ellos.
Algunos calculan, por ejemplo, que en Omsk hay 900.000 burgueses, y otros,
500,000. Toda la burguesía se reunió allí, todos los que se consideraban con
derecho a dirigir al pueblo porque eran instruidos y cultos y tenían hábitos de
dirección; se reunió allí gente de todos los partidos, desde los mencheviques
hasta los eseristas. Contaban con campesinos bien alimentados, hombres firmes
no propensos al socialismo; contaban con la ayuda de todos los países de la
Entente, de los todopoderosos países dueños del poder en el mundo entero.
Contaban con ferrocarriles, con libre acceso al mar, y ello representaba una
dominación completa, pues la flota de los aliados no tiene rivales en ningún
lugar del mundo e impera sobre todos los mares. ¿Qué les faltaba? ¿Por qué esa
gente, que había reunido todo lo que podía reunirse contra los bolcheviques
—una región con campesinos fuertes y firmes, y la ayuda de la Entente—, sufrió
un fracaso tal al cabo de dos años de experiencia que todo lo que quedó en
lugar de la "soberanía del pueblo" fue la bestial dominación de los
hijos de los terratenientes y capitalistas? La fuerza de Kolchak se desmoronó
completamente, cosa bien palpable cuando nuestro Ejército Rojo llega a los
Urales como liberador. Hace un año los campesinos gritaban: "¡Abajo los
bolcheviques, porque echan todo el peso sobre las espaldas de los
campesinos!", y se pasaban al lado de los terratenientes y los
capitalistas. Entonces no creían en lo que les decíamos; pero ahora lo han
experimentado en carne propia, ahora han visto que si los bolcheviques les
quitaban un caballo, los hombres de Kolchak les quitaban todo, los caballos y
todo lo demás, y restablecían la disciplina zarista. Y ahora los campesinos, en
vista de las experiencias pasadas, reciben al Ejército Rojo como su liberador y
dicen que, junto con los bolcheviques, llegará a Siberia la libertad segura y
completa. (Aplausos.)
Esta experiencia de la
dominación de Kolchak es para nosotros una experiencia de un valor
extraordinario, pues nos revela en pequeña escala lo que ocurre en el mundo
entero; nos muestra las verdaderas fuentes —fuentes que son invencibles,
fuentes que son inextirpables— de la fuerza de los bolcheviques. Cuando Siberia
se hallaba en manos de nuestros enemigos parecíamos impotentes. Ahora este
poder gigantesco se ha derrumbado. ¿Por qué? Porque valoramos bien la guerra
imperialista y sus consecuencias; porque teníamos razón cuando decíamos que la
humanidad no saldría de esta guerra como salió de las anteriores; los hombres
han sufrido tanto, han padecido tanto, están tan llenos de odio contra el
capitalismo, que se impondrá el régimen de la clase obrera y se implantará el
socialismo. Se ha mencionado aquí un "camino intermedio", y sé muy
bien que los eseristas de derecha y los mencheviques sueñan con ese camino
intermedio, que la mejor gente de esos partidos intermedios sueña sinceramente
con ese camino intermedio, pero sabemos, por la experiencia de países y pueblos
enteros, que esto es pura ilusión, porque no hay camino intermedio en el reino
de la Asamblea Constituyente, donde los Chernov y los Maiski comenzaron otra
vez su carrera ministerial y donde se produjo un completo fracaso. ¿Es esto
acaso una casualidad o una calumnia de los bolcheviques?
La situación actual y las tareas inmediatas del Poder Soviético
¡Nadie creerá tal cosa! Y si
comenzaron con tanta fe en la Asamblea Constituyente y terminaron con semejante
fracaso, ello viene a confirmar una vez más que los bolcheviques tienen razón
cuando dicen: una de dos, o dictadura del proletariado, la dictadura de todos
los trabajadores y el triunfo sobre el capitalismo, o el más repugnante y
sanguinario gobierno de la burguesía, incluso hasta llegar a una monarquía
establecida por Kolchak, como en Siberia. Y ahora, para terminar, quiero pasar
de las enseñanzas y conclusiones que se derivan de Siberia a un breve bosquejo
de la situación internacional.
Camaradas, hemos hecho
progresos enormes en nuestra política interna; millones de campesinos rusos
hace un año tenían una visión del mundo absolutamente oscura, creían todos los
bellos discursos sobre la Asamblea Constituyente, se descorazonaban a causa de
las cargas que imponía el bolchevismo y huían ante el primer llamamiento a la
lucha; desde entonces, esos campesinos pasaron por una experiencia tan
increíblemente sangrienta y brutal bajo la dominación de los alemanes en el Sur
que fue mucho lo que aprendieron. Hoy somos infinitamente más fuertes, porque
millones de personas han comprendido lo que significa Kolchak; millones de
campesinos en Siberia se han pasado al bolchevismo —todos ellos, literalmente,
están esperando a los bolcheviques—, no gracias a nuestras prédicas y
enseñanzas, sino gracias a su propia experiencia: llamaron a los eseristas y
los llevaron al poder; pero por haber entregado el poder a los eseristas y
mencheviques vieron volver la antigua monarquía rusa, la antigua policía rusa,
que junto con la "democracia" implantó en el país una arbitrariedad
increíble. Esta cura del pueblo es, sin embargo, muy valiosa. (Aplausos.)
20
Echemos una mirada a la
situación internacional. ¿Acaso durante el año último no hemos dado un enorme
paso adelante en este aspecto, comparado con la situación existente un año
atrás? ¿No nos dieron entonces la espalda incluso hombres consagrados a la revolución,
quienes decían que los bolcheviques habían entregado Rusia a los bandidos
alemanes, que la paz de Brest10
demostraba el craso error que se había cometido? ¿No creían que sólo la alianza
de la democrática Francia y de Inglaterra podía salvar a Rusia? ¿Y qué sucedió?
Pocos meses después de la crisis del año pasado, la paz de Brest se desmoronó.
Ha transcurrido medio año desde el 9 de noviembre de 1918, fecha en que
Alemania fue derrotada, y medio año de esfuerzo les llevó a los imperialistas
franceses e ingleses a concertar la paz11.
¿Y qué ha traído la paz?
Este fue su resultado: todos los obreros que hasta entonces estaban del lado de
los adictos de los imperialistas franceses e ingleses, que predicaban la guerra
hasta el fin, todos ellos se pasan ahora a nuestro lado, no de día en día sino
incluso de hora
![]()
10 Lenin se refiere al tratado de paz entre
la Rusia Soviética y las potencias de la Alianza cuatripartita (Alemania,
Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía), suscrito el 3 de marzo de 1918 en
Brest-Litovsk y ratificado el 15 de marzo por el IV Congreso Extraordinario de
los Soviets de toda Rusia. Las condiciones de la paz eran sumamente duras para
la Rusia Soviética. Según el tratado, Polonia, casi todas las regiones del
Báltico y parte de Bielorrusia debían pasar bajo el control de Alemania y
Austria- Hungría. Ucrania se separaba de la Rusia Soviética y se convertía en
un Estado dependiente de Alemania. Las ciudades de Kars, Batum y Ardagán
pasaban a poder de Turquía. En agosto de 1918 Alemania impuso a la Rusia
Soviética un tratado complementario y un convenio financiero en los que se
planteaban nuevas exigencias expoliadoras.
A pesar de las duras
condiciones, el Tratado de Brest proporcionó al Estado soviético una tregua,
permitió licenciar el viejo ejército en descomposición y formar un ejército
nuevo, el Ejército Rojo, desplegar la construcción socialista y acumular
fuerzas para la lucha venidera con la contrarrevolución interior y los
intervencionistas extranjeros. La firma del Tratado de Brest contribuyó a
reforzar la lucha por la paz, a incrementar los sentimientos revolucionarios en
las tropas y entre las vastas masas populares de todos los países beligerantes.
Después de la revolución de noviembre de 1918 en Alemania, que derrocó el
régimen monárquico, el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia anuló el 13 de
noviembre el Tratado de Brest.
11 Lenin tiene en cuenta el Tratado de Paz
de Versalles que puso fin a la guerra imperialista mundial de 1914-1918. El
tratado lo firmaron el 28 de junio de 1919 los EE.UU., el Imperio británico,
Francia, Italia, Japón y las potencias aliadas a ellos, por un lado, y
Alemania, por otro. El Tratado de Paz de Versalles perseguía refrendar el
reparto del mundo capitalista en favor de las potencias vencedoras y también
instituir un sistema de relaciones entre los países orientado a asfixiar a la
Rusia Soviética y sofocar el movimiento revolucionario en todo el mundo.
La situación actual y las tareas inmediatas del Poder Soviético
en hora, y se dicen:
"Durante cuatro años se nos arrastró a la guerra con engaños. En nombre de
la libertad se nos prometió la derrota de Alemania, el triunfo de la libertad y
la igualdad, el triunfo de la democracia, y en vez de eso se nos dio la paz de
Versalles, una paz indigna impuesta con fines de saqueo y lucro". Nuestra
situación durante este año fue de intensa lucha por la victoria de la
revolución mundial. Y comparada con la de nuestros enemigos, nuestra situación
era tal que a cada paso lográbamos más y más aliados en el mundo entero. Y
ahora vemos que lo que los alemanes, desde su punto de vista imperialista,
consideran una derrota, y los franceses e ingleses consideran una victoria
total, es para los imperialistas ingleses y franceses el comienzo del fin. El
movimiento obrero crece cada vez con mayor rapidez. Los obreros exigen retirar
las tropas extranjeras de Rusia y anular el Tratado de Versalles. En la época
de la paz de Brest estábamos solos; esa paz se esfumó y ocupó su lugar la paz
de Versalles, que estrangula a Alemania.
Valorando la experiencia del
último año y reconociendo francamente todas las dificultades, podemos decir con
serenidad, firmeza y convicción: camaradas, venimos una vez más a exponeros
cuál es la situación general y a describir a los obreros avanzados de Moscú las
dificultades con que nuevamente tropezamos; os invitamos a meditar las
lecciones que hemos aprendido durante este difícil período, y a llegar, junto
con nosotros, sobre la base de reflexión y valoración, sobre la base de esta
experiencia, a la firme e inquebrantable convicción de que la victoria será
nuestra, y no sólo en Rusia, sino en escala internacional. Una y otra vez
reuniremos nuestras fuerzas, para recuperarnos de las derrotas que hemos
sufrido en el Sur. Utilizaremos las armas probadas y ensayadas de la
organización, la disciplina y la lealtad, y estamos seguros de que entonces
Denikin será derrotado, y se desmoronará tal como se desmoronó Kolchak y como
se están desmoronando ahora los imperialistas franceses e ingleses. (Gran ovación).
Publicado íntegramente por primera vez en 1932, en la 2 y 3 ediciones de las "Obras" de V. l.
Lenin, t. XXIV,
T, 39, págs. 30-43.
¡Todos a la lucha contra Denikin!
21
¡TODOS A LA LUCHA CONTRA DENIKIN!
(Carta del Comité Central
del P.C.(b) de Rusia a las organizaciones del partido.)
Camaradas: Ha llegado uno de
los momentos más críticos, incluso, probablemente, el más crítico, para la
revolución socialista. Los que defienden a los explotadores, a los
terratenientes y capitalistas, sus defensores rusos y extranjeros —en primer
término ingleses y franceses— hacen desesperados intentos para restablecer en
Rusia el poder de terratenientes y explotadores, los saqueadores del trabajo
del pueblo, para consolidar su poder, que se viene abajo en el mundo entero.
Los capitalistas ingleses y franceses han fracasado en su plan de conquistar a
Ucrania por medio de sus propias tropas; han fracasado en su apoyo a Kolchak en
Siberia; el Ejército Rojo, avanzando heroicamente en los Urales con la ayuda de
los obreros de aquella región que se alzan en armas como un solo hombre, se
acerca a Siberia para libertarla del yugo inaudito y de la ferocidad de los
capitalistas, dueños y señores de aquella comarca. Por último, los
imperialistas ingleses y franceses han fracasado también con su plan de
apoderarse de Petrogrado por medio de una conspiración contrarrevolucionaria en
la que participaron monárquicos rusos, demócratas constitucionalistas,
mencheviques y eseristas, sin excluir tampoco a los eseristas de izquierda.
Ahora los capitalistas
extranjeros hacen intentos desesperados para restaurar el yugo del capital
mediante la expedición encabezada por Denikin, al que prestan ayuda, lo mismo
que en otro tiempo a Kolchak, proporcionándole oficiales, abasteciéndole de material,
municiones, tanques, etc., etc.
Todas las fuerzas de los
obreros y campesinos, todas las fuerzas de la República Soviética deben ponerse
en tensión para rechazar y derrotar a Denikin, sin suspender la ofensiva
victoriosa del Ejército Rojo sobre los Urales y Siberia. Esta es
La tarea principal
del momento.
Todos los comunistas ante
todo y sobre todo, todos los simpatizantes, todos los obreros y campesinos
honrados, todos los trabajadores de los organismos soviéticos deben ponerse en pie de guerra para consagrar el máximo de su trabajo, de sus
esfuerzos y preocupaciones a las tareas
inmediatas de la guerra, a la empresa de rechazar rápidamente la expedición
de Denikin, reduciendo y
reorganizando, subordinando a esta tarea, todas las demás actividades.
La República Soviética está
sitiada por los enemigos y debe convertirse, no de palabra, sino de hecho, en un campo militar único,
¡Toda la actividad de todas
las instituciones debe ser adaptada a las necesidades de la guerra y
reorganizada a la manera militar!
La dirección colectiva en la
gestión de los asuntos del Estado obrero y campesino es indispensable. Pero
toda exageración de esa dirección colectiva, toda desnaturalización de ésta,
conducente a demoras inútiles, a la irresponsabilidad, toda transformación de
las instituciones colectivas en mentideros es el peor de los males con el que
debe acabarse a toda costa, cuanto antes y sin reparar en nada.
La dirección colectiva no
debe ir más allá de lo absolutamente indispensable, en cuanto al número de
miembros de los consejos directivos y en lo referente a la gestión concreta de
los
¡Todos a la lucha contra Denikin!
asuntos, para suprimir los
"discursos", agilizar el intercambio de opiniones, reduciéndolo a la
mutua información y a proposiciones prácticas precisas.
Cada vez que para ello se
presente la más mínima posibilidad, la dirección colectiva debe reducirse a una
deliberación brevísima de las cuestiones, tratando sólo las más importantes, y
en un consejo lo menos amplio posible, mientras que la dirección práctica de la institución, de la empresa, de la obra,
de la tarea, debe encargarse a un solo
camarada, conocido por su firmeza y energía, por su valor y capacidad de
dirigir asuntos concretos y que goce de la mayor confianza. En todos los casos
y en todas las circunstancias, sin excepción, la dirección colectiva debe ir
acompañada de la más estricta responsabilidad personal, que asumirá cada uno por el cumplimiento de una
tarea exactamente definida.
La falta de responsabilidad,
encubierta con el pretexto de la dirección colectiva, es el mal más peligroso
que amenaza a todos los que no tienen una gran experiencia en el trabajo
práctico colectivo, y que en el terreno militar conduce continua e inevitablemente
a la catástrofe, al caos, al pánico, a la pluralidad de poderes, a la derrota.
22
Un mal no menos peligroso es la inconstancia, el arbitrismo en
materia de organización. La reorganización del trabajo, indispensable para la
guerra, no debe llevar, en ningún caso, a la reorganización de instituciones y
mucho menos a la creación precipitada de otras nuevas. Esto es absolutamente
inadmisible, esto sólo lleva al caos. La reorganización del trabajo debe
consistir en la clausura temporal de las instituciones que no son absolutamente
indispensables, o en la reducción hasta cierto punto de su personal. Pero todo
el trabajo de ayuda a la guerra debe realizarse íntegra y exclusivamente a través de las instituciones militares ya existentes, mediante su reforma y
fortalecimiento, ampliación y sostén. La formación de especiales "comités
de defensa" o de "comités revolucionarios" o
"revolucionario-militares" es admisible únicamente y en primer lugar
como excepción; en segundo lugar, sólo con la aprobación de las autoridades
militares correspondientes o de las autoridades supremas de los Soviets; en
tercer lugar, con el cumplimiento obligatorio de dicha condición.
Explicar al pueblo la
verdad sobre Kolchak y Denikin.
Kolchak y Denikin son los
enemigos principales y los únicos enemigos serios de la República Soviética.
Sin la ayuda que les presta la Entente (Inglaterra, Francia, EE.UU.), ya hace
mucho que se hubiesen hundido. Solamente la ayuda de la Entente los convierte
en una fuerza. Sin embargo, se ven obligados a engañar al pueblo, fingiendo de
vez en cuando ser partidarios de la "democracia", de la
"Asamblea Constituyente" del "gobierno del pueblo", etc.
Los mencheviques y eseristas se dejan engañar de muy buen grado.
Ahora, la verdad sobre
Kolchak (y Denikin es su hermano gemelo) está completamente al desnudo:
fusilamiento de decenas de miles de
obreros, incluso de mencheviques y eseristas; apaleamiento de campesinos en
distritos enteros; fustigación pública de las mujeres; absoluta arbitrariedad
de los oficiales, de los señoritos terratenientes; saqueo sin fin: tal es la
verdad sobre Kolchak y Denikin. Incluso entre los mencheviques y los eseristas,
que traicionaron a los obreros pasándose al campo de Kolchak y Denikin, es cada
vez mayor el número de los que se ven obligados a reconocer esta verdad.
Es preciso plantear como
tarea principal de toda la agitación y propaganda la de informar al pueblo
acerca de estos hechos. Es preciso explicar que o quedan Kolchak y Denikin o
queda el Poder soviético, el poder (la dictadura) de los obreros. No hay término
medio ni puede haberlo. Es preciso utilizar sobre todo los testimonios que no
procedan de los bolcheviques, sino de mencheviques, eseristas y sin partido que
hayan estado en el territorio ocupado
por
¡Todos a la lucha contra Denikin!
Kolchak o Denikin. Que cada
obrero y campesino sepa por qué se lucha y qué le espera en caso de vencer
Kolchak o Denikin.
La labor entre los
llamados a filas.
Una de las preocupaciones
principales debe ser ahora la labor a realizar entre los llamados a filas, para
ayudar a la movilización, y el trabajo entre los ya movilizados. Los comunistas
y simpatizantes de todos los lugares donde están concentrados los movilizados o
donde hay guarniciones, especialmente batallones de reserva, etc., todos deben
ser puestos en pie. Todos ellos, sin excepción, deben unirse y trabajar —unos
diariamente, otros, por ejemplo, cuatro u ocho horas por semana— en ayuda de la
movilización y entre los movilizados y los soldados de la guarnición local,
entendiéndose que lo harán de una manera rigurosamente organizada, cada uno de
ellos destinado a un trabajo adecuado por la organización local del partido y
las autoridades militares.
Los sin partido o los que
pertenecen a algún partido que no sea el Partido Comunista, claro está que no
se hallarán en condiciones de realizar algún trabajo ideológico contra Denikin
o Kolchak. Pero no por eso hay que eximirlos de todo trabajo. Es necesario
buscar todas las formas posibles para que la totalidad de la población (y en
primer término los más pudientes de
la ciudad y del campo) sea obligada a aportar su óbolo, de uno u otro modo, al
trabajo de ayuda a la movilización o a los movilizados.
Entre las medidas de ayuda
debe ocupar una categoría especial la de contribuir a la más rápida y mejor
instrucción de los movilizados. El Poder soviético llama a filas a todos los ex
oficiales, suboficiales, etc. El Partido Comunista y con él todos los simpatizantes
y todos los obreros deben acudir en ayuda del Estado obrero y campesino, en
primer lugar, contribuyendo por todos los medios a descubrir a los ex
oficiales, suboficiales, etc., que eluden presentarse, y, en segundo lugar,
formando, bajo el control de la organización del partido, y anejos a la misma,
grupos integrados por quienes, teórica o prácticamente (por ejemplo, por haber
participado en la guerra imperialista), cursaron la instrucción militar y están
en condiciones de aportar su parle de utilidad.
La labor entre los
desertores.
Últimamente se observa un
evidente viraje en la lucha contra los desertores. En numerosas provincias, los
desertores han empezado a reincorporarse en masa al ejército, puede decirse sin
exageración que los desertores afluyen en multitudes a las filas del Ejército
Rojo. La causa de ello reside, en primer término, en que los camaradas
militantes de nuestro partido realizan una labor más hábil y sistemática; y, en
segundo término, en que los campesinos se convencen cada vez más de que Kolchak
y Denikin significan la instauración de un régimen peor aún que el régimen
zarista, la restauración de la esclavitud
para los obreros y campesinos, del sistema de apaleamientos, saqueo y
atropellos por parte de los oficiales y los señoritos de la nobleza.
23
Por eso mismo es preciso
reforzar en todas partes y por todos los
medios el trabajo entre los desertores y lograr la reincorporación de éstos
al ejército. Esta es una de las tareas primordiales y más inmediatas.
A propósito: la posibilidad
de influir sobre los desertores por medio de la persuasión y el éxito de esta labor demuestran que el
Estado obrero, a diferencia del Estado de los terratenientes y los
capitalistas, mantiene una actitud muy particular
¡Todos a la lucha contra Denikin!
hacia los campesinos. El
yugo del garrote o el del hambre es la única fuente de disciplina para estos
dos últimos tipos de Estado. En cambio, para el Estado obrero, o sea, para la
dictadura del proletariado, existe otra
fuente de disciplina: la persuasión de los campesinos por parte de los obreros
y la alianza fraternal entre ellos. Cuando se oye a testigos oculares referir
que en tal o cual provincia (por ejemplo, en la de Riazán) se reincorporan
voluntariamente millares y millares de desertores, que en los mítines los
llamamientos a los "camaradas desertores" tienen a veces un éxito
indescriptible, uno comienza a formarse la idea de cuán grandes son las fuerzas aún no utilizadas por nosotros
que encierra esta alianza fraternal de los obreros y campesinos. El campesino
padece un prejuicio que lo conduce
tras el capitalista, tras el eserista, en pos del "comercio libre";
pero el campesino posee también un sano
juicio que lo lleva cada vez más a la alianza con los obreros.
Ayuda directa al
ejército.
Lo que más necesita nuestro
ejército es abastecimiento: ropa,
calzado, armas, municiones. En un país arruinado nos vemos obligados a hacer
enormes esfuerzos para cubrir estas necesidades del ejército, mientras que sólo
la ayuda que los saqueadores-capitalistas de Inglaterra, Francia y EE.UU.
prestan abundantemente a Kolchak y Denikin salva a éstos del descalabro
inevitable al que les llevaría un abastecimiento insuficiente.
Sin embargo, por más
arruinada que esté Rusia, posee todavía muchísimos recursos que no hemos
utilizado aún, que a menudo no hemos
sabido utilizar. Existen todavía muchos depósitos de material bélico no
descubiertos o no revisados, muchas posibilidades de producción, frecuentemente
no aprovechadas, en parte a causa del sabotaje consciente de los funcionarios,
en parte debido a los procedimientos dilatorios, a la rutina oficinesca, al
desorden y a la torpeza, a todos estos "pecados del pasado", que de
un modo tan inevitable y cruel pesan sobre toda revolución que realiza un
"salto" hacia un nuevo régimen social.
La ayuda directa al ejército
en este terreno es especialmente importante. Las instituciones encargadas de la
misma tienen especial necesidad de ser "refrescadas", de obtener la
colaboración exterior y de contar con la
iniciativa voluntaria, enérgica y heroica de los obreros y campesinos en las localidades donde radiquen.
Es preciso exhortar con la
mayor amplitud a todos los obreros y campesinos conscientes, a todos los
colaboradores activos de los Soviets a poner de manifiesto esta iniciativa; es
preciso ensayar en los diversos lugares y en los diferentes terrenos las formas
más variadas de ayuda al ejército en
este sentido. Aquí "se trabaja al estilo revolucionario" en mucho
menor escala que en los demás terrenos, mientras que la necesidad de un
"trabajo al estilo revolucionario" es aquí mucho mayor.
Una de las partes
integrantes de esta labor es recoger las armas a la población civil. En un país
que ha sobrevivido cuatro años de guerra imperialista, y luego dos revoluciones
populares, es natural y surgió como cosa inevitable el que los campesinos y la
burguesía ocultasen muchísimas armas. Pero ahora, frente a la cruzada
amenazadora de Denikin, es preciso combatir por
todos los medios este fenómeno. Quien oculta o ayuda a ocultar armas,
comete el crimen más grande contra los obreros y campesinos y merece ser
fusilado, puesto que es culpable de la muerte de millares y millares de los
mejores combatientes rojos, que muchas veces sucumben sólo por no tener
bastantes armas en los frentes.
Los camaradas de Petrogrado han sabido encontrar millares y
millares de fusiles efectuando
—de un modo estrictamente
organizado— registros en vasta escala. Es preciso que el resto de Rusia no
quede a la zaga de Petrogrado, sino que lo alcance y lo sobrepase, cueste lo
que cueste.
¡Todos a la lucha contra Denikin!
Por otra parte, no cabe duda
de que la mayoría de las veces los fusiles los tienen escondidos los
campesinos, y muy a menudo sin ninguna mala intención, sino simplemente movidos
por la desconfianza inveterada hacia toda "organización estatal", etc.
Si hemos sabido hacer mucho, muchísimo (en las mejores provincias) por medio de
la persuasión, de una agitación
hábil, abordando las cosas como es debido, para lograr que los desertores
regresen voluntariamente al Ejército Rojo, no hay motivo para dudar de que también
se puede y se debe hacer otro tanto, si no más, para que sean devueltas
voluntariamente las armas.
¡Obreros y campesinos!
¡Buscad los fusiles escondidos y entregadlos al ejército! ¡Con ello os
salvaréis de ser atropellados, apaleados en masa, saqueados y fusilados por
Kolchak y Denikin!
24
Reducir el trabajo no
militar.
Para cumplir, aunque sea
parcialmente, el trabajo esbozado más arriba, se necesitan nuevos y nuevos
cuadros que sean, además, los más seguros, fieles y enérgicos entre los
comunistas. ¿Y de dónde sacarlos, teniendo en cuenta las quejas generales sobre
la escasez de tales cuadros o sobre su cansancio excesivo?
No cabe duda de que estas
quejas son en gran parte justas. Si alguien hiciese el cálculo exacto de lo
reducido que era el sector de obreros de vanguardia y de comunistas que, con el
apoyo y la simpatía de la masa obrera y campesina, ha gobernado a Rusia durante
los últimos 20 meses, el resultado podría parecer completamente inverosímil. Y,
sin embargo, hemos dirigido el país con inmenso éxito, creando el socialismo,
superando dificultades inauditas, venciendo a los enemigos que surgían por
todas partes y estaban directa o indirectamente vinculados a la burguesía. Y ya
hemos vencido a todos los enemigos, a excepción de uno: la Entente, la
burguesía imperialista de Inglaterra, Francia y EE.UU., burguesía de poderío
mundial, aunque a este enemigo también le hemos roto ya un brazo: Kolchak;
ahora sólo nos amenaza su otro brazo: Denikin.
Las nuevas fuerzas obreras
llamadas a dirigir el Estado, a cumplir las tareas de la dictadura del
proletariado, crecen rápidamente: es la juventud obrera y campesina que se
entrega al estudio cada vez con mayor pasión, entusiasmo y abnegación,
digiriendo las nuevas impresiones del nuevo régimen, librándose de la costra de
los viejos prejuicios, de los prejuicios capitalistas y democrático-burgueses,
y forja en su seno a comunistas todavía más firmes que los de la vieja
generación.
Mas, por rápido que sea el
crecimiento de este nuevo sector, por rápidamente que aprenda y madure bajo el
fuego de la guerra civil y de la furiosa resistencia de la burguesía, no podrá
proporcionarnos aún en los meses próximos cuadros preparados para la dirección del Estado. Y precisamente se trata de
los meses próximos, del verano y otoño de 1919, puesto que es indispensable decidir la lucha contra Denikin y
decidirla inmediatamente.
A fin de obtener un gran
número de cuadros formados, necesarios para fortalecer el trabajo militar, es
preciso reducir toda una serie de
ramas e instituciones del aparato soviético, que no son militares o, mejor
dicho, que no son directamente militares, y reorganizar
en este sentido (os decir, en el sentido de la reducción) todas las
instituciones y empresas que no son
absolutamente indispensables.
Tomemos, por ejemplo, la
sección científico— técnica del Consejo Supremo de Economía Nacional. Se trata
de una institución sumamente útil, indispensable para lograr la completa
construcción del socialismo, para llevar a cabo una estadística y una distribución
acertada de todas las fuerzas científicas y técnicas. Pero ¿es absolutamente
necesaria una institución como ésta? Claro está que no. Dedicar a ella a
hombres que pueden y deben ser utilizados
¡Todos a la lucha contra Denikin!
inmediatamente en una labor
comunista apremiante y absolutamente indispensable en el ejército y directamente
para el ejército, sería en estos momentos un verdadero crimen.
En el centro y en la
periferia de nuestro país tenemos un número considerable de instituciones y
delegaciones de este género. Aspirando a realizar por completo el socialismo,
no podíamos dejar de acometer la organización inmediata de semejantes instituciones.
Pero seríamos necios o criminales si ante la amenazadora expedición de Denikin
no supiésemos reorganizar nuestras filas
de tal modo que todo lo que no tenga
un carácter absolutamente indispensable
sea paralizado y reducido.
Sin caer en el pánico ni en
el caos en el terreno de organización, no debemos reestructurar o suprimir del
todo empresa alguna, ni tampoco comenzar a crear nuevas instituciones, lo que
es particularmente nocivo cuando se trabaja de prisa y corriendo. Debemos suspender por unos 3, 4 ó 5 meses el
trabajo de todas las instituciones y
sus secciones, en el centro y en la periferia, que no sean absolutamente
indispensables; y si esto no fuese posible, reducirlas,
aproximadamente por el mismo plazo, reducir lo máximo posible su trabajo, es
decir, dejar sólo el mínimo de trabajo absolutamente imprescindible.
Ya que nuestro objetivo
principal es el de disponer inmediatamente de un gran número de comunistas o
simpatizantes del socialismo preparados para el trabajo militar, que sean
expertos, fieles y probados, podemos arriesgarnos a dejar temporalmente sin ningún comunista muchas de las
instituciones (o sus secciones) cuyo trabajo reducimos considerablemente, dejándolas en manos de los colaboradores
procedentes exclusivamente de la burguesía. El riesgo no es grande, puesto que
sólo se trata de instituciones que no son absolutamente necesarias y el
perjuicio que ocasione la reducción de sus actividades (semiparalizadas),
aunque exista, será insignificante y de ningún modo funesto, mientras que la
falta de fuerzas para la intensificación del trabajo militar, intensificación
inmediata y considerable, puede causar nuestra ruina. Es preciso comprenderlo
claramente y sacar todas las conclusiones debidas.
Si cada uno de los
dirigentes de los departamentos o de sus delegaciones provinciales o de
distrito, etc.; si cada célula comunista, sin perder un instante, se plantea la
pregunta: ¿Es absolutamente indispensable tal o cual institución, tal o cual
sección? ¿Nos hundiremos, acaso, si paralizarnos su trabajo o si lo reducimos
en sus nueve décimas partes, dejándola sin ningún comunista? Si después de
plantear así la cuestión se reduce rápida y enérgicamente el trabajo, se retira
a los comunistas (junto con sus colaboradores, leales a carta cabal, del seno
de los simpatizantes o de los sin partido), podremos obtener en el plazo más
breve a centenares y centenares de trabajadores para las secciones políticas
del ejército, para los puestos de comisarios, etc. Y entonces contaremos con
grandes probabilidades de vencer a Denikin, como vencimos a Kolchak, que era
más fuerte.
25
El trabajo en las
zonas próximas al frente.
Durante las últimas semanas,
las zonas inmediatas al frente, dentro de los límites de la República
Socialista Federativa Soviética de Rusia, se han extendido muchísimo y han
sufrido cambios excepcionalmente rápidos. Esto presagia o acompaña el momento
decisivo de la guerra, la proximidad de su desenlace.
Por una parte, la enorme
zona próxima al frente cerca de los Urales y en los Urales se ha convertido en
zona adyacente nuestra gracias a las victorias del Ejército Rojo, al
desmoronamiento de Kolchak y al incremento de la revolución en los territorios
que Kolchak ocupa. Por otra parte, una zona adyacente al frente y más extensa todavía se ha formado en las
proximidades de Petrogrado y en el Sur, a causa de nuestras pérdidas de
territorio, a causa
¡Todos a la lucha contra Denikin!
de la gran aproximación del
enemigo hacia Petrogrado y la invasión desde el Sur en Ucrania y el centro de
Rusia.
El trabajo en estas zonas adquiere especial importancia.
En la región cercana a los
Urales, donde el Ejército Rojo avanza con rapidez, entre los cuadros políticos
del ejército, comisarios, miembros de las secciones políticas, etc., y asimismo
entre los obreros y campesinos de aquellos lugares, surge el anhelo natural de
establecerse en los poblados recuperados y realizar allí una labor soviética
constructiva. Este es un deseo tanto más natural cuanto mayor es el cansancio
de la guerra y más horrendo el cuadro de las devastaciones ocasionadas por
Kolchak. Pero no hay nada más peligroso que la satisfacción de semejante deseo.
Esto amenazaría con debilitar la ofensiva, con detenerla, y aumentaría las
probabilidades de que Kolchak se reponga. Por nuestra parte, sería un verdadero
crimen frente a la revolución.
¡En ningún caso debe ser
retirarlo del ejército del Oriente ni uno solo de sus trabajadores, por encima
de lo necesario, para las tareas locales!* ¡No se debe debilitar en modo alguno
la ofensiva! El único camino para alcanzar una victoria completa consiste en la
participación en la lucha de toda la población de la región vecina a los Urales
y de los Urales mismos, población que ha conocido los horrores de la
"democracia" de Kolchak, y en la continuación de la ofensiva sobre
Siberia hasta la victoria completa de
la revolución allí.
* ¡Sin extrema necesidad, en general, no
deben ser sacados estos cuadros, sino que se debe enviar allí a los de las
regiones centrales!
Que la construcción en la
zona cercana a los Urales y en los Urales se retrase y sea menos sólida por
realizarla más débiles, jóvenes e inexpertas fuerzas puramente locales: no
pereceremos por ello. Pero debilitar
la ofensiva sobre los Urales y sobre Siberia equivale a perecer; debemos reforzar
esta ofensiva con las fuerzas de los obreros sublevados en los Urales y de los campesinos de las
regiones inmediatas a los Urales, que han conocido en su propio pellejo lo que
significan las promesas "constituyentistas" del menchevique Maíski y
del eserista Chernov y saben cuál es su verdadero contenido, esto es: Kolchak.
Debilitar la ofensiva sobre
los Urales y sobre Siberia significaría traicionar la revolución, traicionar la
causa de la liberación de los obreros y campesinos del yugo de Kolchak.
Trabajando en las zonas
próximas al frente, zonas hace poco liberadas, es preciso recordar que la tarea
principal allí consiste en granjearse la confianza en el Poder soviético, no
sólo de los obreros, sino también de los campesinos; en explicarles con hechos
la esencia del Poder soviético como poder de los obreros y campesinos; en tomar
desde un principio el rumbo acertado, aprendido por el partido a base de la
experiencia de veinte meses de trabajo. No debemos repetir en los Urales los
errores cometidos a veces en la Rusia Central, errores que aprendemos
rápidamente a no repetir.
En la zona próxima al
frente, junto a Petrogrado, y en la vasta zona que se ha extendido tan
rápidamente y de un modo tan amenazante en Ucrania y en el Sur, es preciso
ponerlo todo en pie de guerra, subordinando íntegramente todo el trabajo, todos
los esfuerzos, todos los pensamientos a la guerra y solamente a la guerra. De
otro modo no se puede rechazar la invasión de Denikin. Esto es evidente y esto
hay que comprenderlo con claridad y llevarlo totalmente a la práctica.
Indiquemos de paso que una
peculiaridad del ejército de Denikin consiste en la abundancia de oficiales y
cosacos. Se trata de elementos que, sin contar con una fuerza de masas, son muy
capaces de dar rápidos golpes de mano, de lanzarse a aventuras y empresas
desesperadas, con el fin de sembrar el pánico y destruirlo todo por el placer
de destruir.
En la lucha contra semejante enemigo es preciso elevar al máximo
la disciplina y la vigilancia
¡Todos a la lucha contra Denikin!
militares. La falta de
vigilancia o el desconcierto lo echarían todo a perder. Cada militante
responsable del partido o de los Soviets debe tenerlo presente.
¡Disciplina militar en los asuntos militares y en todos los
demás!
26
¡Vigilancia militar y severidad, firmeza en la aplicación de
todas las medidas de precaución!
Actitud frente a los
militares profesionales.
El monstruoso complot
estallado en Krásnaya Gorka, que tenía por objeto entregar Petrogrado, plantea
de nuevo con especial insistencia el problema de los militares profesionales y
de combatir a la contrarrevolución en la retaguardia. No cabe duda de que la
agravación de la situación militar y del abastecimiento provoca
inevitablemente, y seguirá provocando en el futuro próximo, la intensificación
de las intentonas contrarrevolucionarias (en el complot de Petrogrado
participaron la organización Unión del resurgimiento de Rusia12, los demócratas constitucionalistas, los mencheviques y los
eseristas de derecha; los eseristas de izquierda también participaron, aunque
sólo algunos). Es igualmente indudable que los militares profesionales darán en
el tiempo próximo un elevado porcentaje de traidores, lo mismo que los kulaks,
los intelectuales burgueses, los mencheviques y eserístas.
Pero sería un error
irreparable y una imperdonable falta de carácter plantear por tal causa la
cuestión de modificar las bases de nuestra política militar. Nos traicionan y
seguirán traicionando centenares y centenares de militares profesionales, a los
que descubriremos y fusilaremos; pero con nosotros trabajan sistemáticamente y
desde hace ya tiempo miles, decenas de miles de militares profesionales, sin
los cuales no podría formarse el Ejército Rojo, que ha superado ya el período
de la indisciplina de maldita memoria y ha sabido obtener brillantes triunfos
en el Este. Hombres expertos que dirigen nuestro Departamento de Guerra indican
con razón que allí donde se procede con mayor rigor en la aplicación de la
política del partido con respecto a los militares profesionales y a la
extirpación del espíritu de indisciplina; allí donde la disciplina es más
firme, donde la labor política entre las tropas y la actividad de los
comisarios se realizan con el mayor cuidado, allí son menos, en suma, los
militares profesionales deseosos de traicionar, allí son menores las
posibilidades, para los que quieren traicionar, de llevar a cabo sus
propósitos; allí no hay desidia en el ejército; sus formaciones y su moral son
mejores y allí obtenemos más victorias. El espíritu de indisciplina, sus
huellas, sus restos y supervivencias causaron a nuestro ejército y al de
Ucrania muchas más calamidades, mayor disgregación, más derrotas, catástrofes,
bajas y pérdidas de material de guerra que todas las traiciones de los
militares profesionales.
El Programa de nuestro
partido, tanto en lo referente al problema de los especialistas burgueses en
general como en particular en lo referente a una de sus variedades, los
militares profesionales, ha determinado con entera exactitud la política del
Partido Comunista. Nuestro partido lucha y seguirá "luchando
implacablemente contra la presunción seudorradical, que, en realidad, no es
sino ignorancia, de que los trabajadores podrán vencer al capitalismo y al
régimen burgués sin aprender de los especialistas burgueses, sin utilizarlos y
sin pasar una larga escuela de
trabajo al lado de los mismos".
De suyo se comprende que,
paralelamente, el partido no hará "ni la más mínima concesión política a
esta capa burguesa"; el partido reprime e irá "reprimiendo
implacablemente todos sus intentos contrarrevolucionarios". Es natural que
cuando semejantes "intentos" se
![]()
12 Soyuz
vozrozhdenia Rossii
(Unión del resurgimiento de Rusia): organización contrarrevolucionaria formada
en 1918 por demócratas constitucionalistas, "socialistas populares",
eseristas de derecha y mencheviques y vinculada directamente a las misiones y
los servicios de espionaje extranjeros. Al frente de la Unión se hallaban los
líderes de los mencionados partidos. La Unión se planteaba la tarea del
derrocamiento armado del Poder soviético y la restauración del régimen
capitalista.
¡Todos a la lucha contra Denikin!
descubren o se perfilan con
mayor o menor grado de probabilidad, su "represión implacable" exige
otras cualidades que el espíritu pausado y la prudencia del alumno, típicos de
una "larga escuela" y que ésta educa en las personas. La contradicción
entre la actitud de los hombres ocupados en la "larga escuela de trabajo
al lado" de los militares profesionales y la de los entusiasmados con la
tarea inmediata de "reprimir implacablemente los intentos
contrarrevolucionarios" de los militares profesionales puede llevar
fácilmente, y lleva, a rozamientos y conflictos. Lo mismo se refiere también a
los imprescindibles traslados de personal, que a veces afectan a un gran número
de militares profesionales, medida ocasionada por tal o cual caso de
"intentos" contrarrevolucionarios y, con mayor razón, de
conspiraciones importantes.
Estos roces y conflictos los
resolvemos y seguiremos resolviendo por vía de partido, exigiendo lo mismo de
todas las organizaciones del partido e insistiendo en que no se toleren el
menor detrimento en el trabajo práctico, la menor demora en la aplicación de
las medidas necesarias, ni sombra de vacilación en la aplicación de los
principios establecidos ele nuestra política militar.
Si algunos órganos del
partido se permiten tratar en tono falso a los militares profesionales (como lo
ocurrido hace poco en Petrogrado) o si en algunos casos la "crítica"
de los militares profesionales degenera en una evidente traba para el trabajo
sistemático y tenaz relacionado con su utilización, el partido corrige en el
acto e irá corrigiendo estos errores.
El medio principal y
fundamental para enmendarlos consiste en intensificar el trabajo político en el
ejército y entre los sujetos a movilización, reforzar el trabajo de los
comisarios en el ejército, mejorar la composición y la capacitación de los
mismos; en que los comisarios realicen de
hecho lo que el Programa del partido exige y que con demasiada frecuencia
se cumple muy deficientemente, a sabor: "concentración de un amplio control sobre los cuadros de
mando ( del ejército) en manos de la clase obrera". La crítica de los
militares profesionales desde fuera, los intentos de corregir las cosas por
medio de "raids'' es una obra demasiado fácil y, por eso, condenada al
fracaso y nociva. Todos los que sienten su responsabilidad política, todos los
que ven con dolor los defectos de nuestro ejército, que vayan a sus filas en
calidad de soldados rojos o mandos, como delegados políticos o comisarios, que
cada uno trabaje dentro de la organización militar —cualquier miembro del
partido encontrará en ella función de acuerdo con sus aptitudes— para
mejorarla.
27
El Poder soviético hace
mucho ya que dedica la mayor atención a que los obreros, y después los
campesinos, y sobre todo los comunistas, tengan la posibilidad de estudiar
seriamente el arte militar. Esto se hace en una serie de establecimientos,
instituciones, cursos, etc., pero está todavía bastante lejos de ser
suficiente. La iniciativa personal, la energía personal deben aún hacer mucho
en este sentido. Los comunistas deben aprender con especial aplicación el
manejo de la ametralladora, de la artillería, de los carros blindados, etc., ya
que en este terreno nuestro atraso es más sensible y aquí la superioridad del
enemigo, que cuenta con un gran número de oficiales, es más considerable; en
este terreno un militar profesional desleal puede ocasionarnos gran daño; aquí
el papel del comunista es sumamente importante.
Combatir a la
contrarrevolución en la retaguardia.
Lo mismo que en julio del
año pasado, la contrarrevolución levanta la cabeza en nuestra retaguardia,
entre nosotros.
La contrarrevolución —
derrotada, pero lejos aún de ser aniquilada— se aprovecha, claro está, de las
victorias de Denikin y de la agravación de la crisis de abastecimiento. Y tras
la contrarrevolución directa y franca, tras las centurias negras y los demócratas
¡Todos a la lucha contra Denikin!
constitucionalistas, que son
fuertes por sus capitales, por sus vínculos inmediatos con el imperialismo de
la
Entente, por comprender la
inevitabilidad de la dictadura y por la capacidad de aplicarla (al estilo de
Kolchak), en pos de ellos se arrastran, como siempre, los vacilantes, los
faltos de carácter, los mencheviques y eseristas de derecha e izquierda, que
encubren con bellas frases sus actos.
¡No cabe hacerse ningunas
ilusiones a este respecte! Conocemos el "ambiente propicio" que
engendra las intentonas contrarrevolucionarias, los motines, las conjuraciones,
etc. Lo conocemos demasiado bien. Es el ambiente de la burguesía, de los intelectuales
burgueses, de los kulaks en el campo, y de los elementos "sin
partido" en todas partes, y además el de los eseristas y mencheviques. Es
preciso extremar y multiplicar la vigilancia en torno a este ambiente. Es
preciso multiplicar la vigilancia, porque los intentos contrarrevolucionarios
por este lado son absolutamente inevitables, precisamente en el momento actual
y en el futuro inmediato. En este ambiente es muy natural que se lleven a cabo
reiterados intentos de hacer volar los puentes, de organizar huelgas,
maquinaciones de espionaje de toda índole, etc. Todas las medidas de
precaución, las más enérgicas, sistemáticas, repetidas, amplias e inesperadas,
son absolutamente indispensables en todos los centros donde exista la más
mínima posibilidad para este "caldo de cultivo" de
contrarrevolucionarios.
Con respecto a los
mencheviques y los eseristas de derecha e izquierda es preciso tener en cuenta
la última experiencia. En su "periferia", entre el público que
simpatiza con ellos, existe sin duda la tendencia a apartarse de Kolchak y
Denikin para acercarse al Poder soviético. Hemos tenido en cuenta esto hecho, y
toda vez que se manifestaba en algo real, por nuestra parte hemos dado un
cierto paso a su encuentro. No modificaremos de ningún modo esta política; y el
número de "tránsfugas" del campo de los mencheviques y eseristas que
tienden hacia Kolchak y Denikin, al campo de los mencheviques y eseristas que
tienden hacia el Poder soviético, sin duda, hablando en términos generales, irá
creciendo.
Pero en el momento actual la
democracia pequeñoburguesa encabezada por los eseristas y mencheviques —como
siempre, falta de carácter e indecisa—, se arrima al sol que más calienta y se
inclina hacia el vencedor, hacia Denikin. Esto es cierto sobre todo en lo que
respecta a los "líderes políticos" de los eseristas de izquierda, de
los mencheviques (como Mártov y Cía.), de los eseristas de derecha (como
Chernov y Cía.) y en general de sus "grupos literarios", cuyos
miembros se sienten, además, profundamente agraviados por su completa
bancarrota política y, por lo tanto, apenas existe posibilidad de quitarlos la
"afición" a las aventuras contra
el Poder soviético.
No hay que dejarse engañar
por las palabras y la ideología de sus líderes, por su honradez personal o su
hipocresía. Esto tiene importancia para la biografía de cada uno de ellos, pero
ninguna desde el punto de vista político, es decir, para las relaciones entre
las clases, para las relaciones entre millones de personas. Mártov y Cía.
"en nombre del Comité Central" condenan solemnemente a sus
"activistas"13 y amenazan (¡siempre amenazan!) con
expulsarlos del partido. Pero no por ello desaparece de ningún modo el hecho de
que los "activistas" sean los más fuertes entre los mencheviques, que
se escondan tras ellos y realicen su trabajo en favor de Kolchak y Denikin.
Volski y Cía. condenan a Avxéntiov, Chernov y Cía., pero ello no impide en
absoluto a estos últimos ser más fuertes que Volskí, ni le impide a Chernov
declarar: "Si no es por nosotros, y precisamente ahora, ¿por quienes y
cuándo
![]()
13 "Activistas" se llamaba a un grupo de mencheviques que desde
los primeros días de la Revolución Socialista de Octubre empezaron a utilizar
métodos de lucha armada contra el Poder soviético y el Partido Bolchevique. Los
mencheviques activistas formaban parte de distintas organizaciones
conspiradoras contrarrevolucionarias, apoyaban a Kornílov, Kaledin y la Rada
nacionalista burguesa de Ucrania, participaron activamente en el motín de los
checos blancos y se aliaron a las tropas de los intervencionistas extranjeros.
¡Todos a la lucha contra Denikin!
serán derrocados los
bolcheviques?" Los eseristas de izquierda pueden "actuar" de un
modo "independiente", sin acuerdo alguno con la reacción, con
Chernov, pero de hecho son aliados de Denikin y peones en su juego, lo mismo que el difunto eserista de izquierda Muraviov,
ex comandante en jefe, que por motivos "ideológicos" abrió el frente
a los checoslovacos y a Kolchak.
28
Mártov, Volski y Cía. se
imaginan hallarse "por encima" de ambos bandos en lucha y creen ser
capaces de formar un "tercer bando".
Este deseo, incluso en el
caso de que sea sincero, sigue siendo la ilusión de un demócrata
pequeñoburgués, quien incluso ahora, 70 años después de 1848, no ha aprendido
aún esta verdad elemental, a saber: en el ambiente del capitalismo sólo es
posible la dictadura de la burguesía o la dictadura del proletariado y no hay
lugar para la existencia de cualquier tercera solución. Los Mártov y Cia., por
lo visto, morirán con esta ilusión. ¡Allá ellos! Nuestro deber es recordar que
de hecho son inevitables las vacilaciones de tales elementos, que hoy están con
Denikin y mañana con los bolcheviques. Y hoy es necesario hacer lo que exige el
día de hoy.
Nuestro deber es plantear
directamente la cuestión: ¿qué es mejor'? ¿Detener y encarcelar, y a veces
incluso fusilar, a centenares de traidores del seno de los demócratas
constitucionalistas, sin partido, mencheviques, eseristas, que
"intervienen" (unos con las armas, otros conspirando y haciendo
agitación contra la movilización, como los tipógrafos o ferroviarios
mencheviques, etc.) contra el Poder
soviético, es decir, en favor de Denikin?
O ¿permitir que las cosas lleguen al extremo de que Kolchak y Denikin puedan
exterminar, fusilar, apalear hasta dejar exánimes a decenas de miles de obreros
y campesinos? La elección no es difícil.
La cuestión se plantea así y solamente así.
Quien no lo haya comprendido
hasta ahora, quien sea capaz de lamentarse de la "injusticia" de
semejante decisión, es un hombro perdido que sólo merece ser puesto
públicamente en ridículo o en la picota.
Toda la población en
pie de guerra.
La República Soviética es
una fortaleza sitiada por el capital mundial. Podemos otorgar el derecho de
utilizar esta fortaleza, en calidad de asilo contra Kolchak, y, en general,
podemos otorgar el derecho de habitar en ella sólo a los que participan activamente
en la guerra y nos ayudan por todos los medios. De aquí emana nuestro derecho y
nuestro deber de movilizar a toda la población para la guerra: unos para el
trabajo militar en el sentido directo y otros para cualquier actividad auxiliar
relacionada con ella.
Para efectuar plenamente
esta movilización es preciso tener una organización ideal. Ya que nuestra
organización estatal dista mucho de ser perfecta (cosa nada extraña, teniendo
en cuenta su carácter reciente, nuevo, y las dificultades extraordinarias de su
desarrollo), ponerse a realizar en este terreno, en amplia escala e
inmediatamente algo completo o aunque sólo sea algo muy vasto, no sería más que
un arbitrismo sumamente pernicioso en materia de organización.
Pero es posible hacer
muchísimo en el aspecto parcial para aproximarnos a lo ideal en este terreno, y
la "iniciativa" de los funcionarios de nuestro partido, de los
trabajadores de nuestros organismos soviéticos en este sentido está aún lejos, muy
lejos de ser suficiente.
Basta plantear aquí esta
cuestión y requerir a los camaradas que le presten atención. Huelga hacer
indicaciones o conjeturas concretas a este respecto.
¡Todos a la lucha contra Denikin!
Sólo subrayamos que los
demócratas pequeñoburgueses que más cerca están del Poder soviético y que, como
de costumbre, se llaman socialistas, por ejemplo, algunos de los mencheviques
"de izquierda", etc., gustan de indignarse sobre todo por el método
"bárbaro", según ellos, de tomar rehenes.
Que sigan indignándose. Pero
la guerra no se puede hacer de otro modo, y, al agravarse los peligros, es
indispensable ampliar y hacer más frecuente en todos los sentidos el empleo de
este método. No es raro, por ejemplo, que los tipógrafos mencheviques o
amarillos, que los ferroviarios de entre los empleados
"administrativos" y especuladores clandestinos, que los kulaks y los
pudientes de las ciudades (y del campo) y otros elementos por el estilo,
adopten ante la tarea de la defensa contra Kolchak y Denikin una actitud de
indiferencia criminal e insolente sin límites, que llega incluso a convertirse
en sabotaje. Es preciso hacer listas de semejantes grupos (u obligarlos a
formar grupos entre sí con la responsabilidad mutua) y no sólo enviarlos a
cavar trincheras, tal como se practica a veces, sino encargarles también de
prestar una múltiple y variada ayuda material al Ejército Rojo.
Y cuando empleemos en forma
más amplia, mejor y más variada dicho método, las tierras de los soldados rojos
estarán mejor labradas, el abastecimiento de productos alimenticios, de tabaco
y otros artículos de primera necesidad para los combatientes del Ejército Rojo
estará mejor organizado y el peligro de muerte de millares y millares de
obreros y campesinos, a causa de las diversas conspiraciones, etc., disminuirá
considerablemente.
"Trabajar al
estilo revolucionario".
Resumiendo lo expuesto más
arriba, llegamos a una conclusión sencilla: se exige de todos los comunistas,
de todos los obreros y campesinos conscientes, de todo el que no esté dispuesto
a permitir la victoria de Kolchak y Denikin, que inmediatamente y en el curso
de los próximos meses despliegue una energía extraordinaria, se exige
"trabajar al estilo revolucionario" .
29
Si los ferroviarios de
Moscú, los obreros calificados y los peones, hambrientos, cansados y exhaustos
han podido en aras de la victoria sobre Kolchak y hasta el triunfo completo
sobre él, implantar la práctica de los "sábados comunistas", es decir,
trabajar gratuitamente varias horas por semana y alcanzar durante ellas una
productividad de trabajo jamás vista, muy superior a la ordinaria, esto
demuestra que todavía se puede hacer mucho, que se puede hacer muchísimo.
Y debemos hacerlo. Entonces triunfaremos.
El Comité Central del
Partido Comunista (bolchevique) de Rusia
Publicado el 9 de
julio de 1919 en el núm. 4 de
"Izvestia del CC
del PC(b) de Rusia".
T. 39, págs. 44-63.
30
ACERCA DEL ESTADO.
Conferencia
pronunciada en la Universidad Svehdlov, 11 de julio de 1919.
Camaradas: El tema de
nuestra charla de hoy, según vuestro programa, que habéis aprobado y me habéis
dado a conocer, es el problema del Estado. No sé hasta qué punto conocéis ya
este problema. Si no me equivoco, vuestros cursos acaban de ser inaugurados, y
es la primera vez que abordáis esta cuestión de un modo sistemático. Siendo
esto así, es muy posible que no consiga en mi primera conferencia hacer de este
problema tan difícil una exposición suficientemente clara y comprensible para
muchos de mis oyentes. Y si así fuese, os ruego que no os desaniméis por ello,
ya que el problema del Estado es uno de los problemas más complicados, más
difíciles y, quizás, el más embrollado por los hombres de ciencia, los
escritores y los filósofos burgueses. Por eso, nunca debe esperarse que en una
breve charla y de una sola vez se consiga aclararlo por completo. Lo que ha de
hacerse es anotar, después de la primera charla, los lugares que no han sido
comprendidos o que no han quedado daros, para volver a ellos por segunda,
tercera y cuarta vez, a fin de completar y aclarar más tarde, tanto por medio
de lecturas como de conferencias y charlas, lo que no hubiese sido comprendido.
Abrigo la esperanza de que logremos reunirnos otra vez y podamos entonces
intercambiar opiniones sobre todas las interrogantes que surjan, comprobando lo
que haya quedado menos comprendido. Espero también que, como complemento a las
conferencias y a las charlas, dediquéis algún tiempo a la lectura, aunque no
sea más que de algunas de las obras fundamentales de Marx y Engels. Sin duda,
en el catálogo de literatura y en los manuales, puestos a disposición de los
estudiantes de la escuela soviética y del partido en vuestra biblioteca,
encontraréis estas obras fundamentales, y aunque, lo repito, al principio
alguien pueda desconcertarse por la dificultad de la exposición, he de
preveniros, una vez más, que eso no debe desanimaros, que lo incomprendido
durante la primera lectura será comprendido en la segunda, o al abordar luego
el problema desde un aspecto algo diferente; puesto que, lo repito de nuevo,
este problema es tan complicado y ha sido tan embrollado por los hombres de
ciencia y los escritores burgueses, que todo aquel que quiera meditar en él
seriamente y estudiarlo por su cuenta debe abordarlo varias veces, volviendo
una y otra vez a él, y enfocarlo desde distintos ángulos, a fin de conseguir su
comprensión clara y firme. Y os será muy fácil volver a este problema, pues se
trata de una cuestión tan básica, tan fundamental de toda la política, que no
sólo en tiempos tan borrascosos, en tiempos de revolución como los que ahora
atravesamos, sino también en los tiempos más pacíficos, en todo periódico que
trato de cualquier cuestión económica o política tropezaréis a diario con estas
preguntas: ¿qué es el Estado?, ¿en qué consiste su esencia?, ¿cuál es su
significado y qué posición adopta ante él nuestro partido, el partido que lucha
por el derrocamiento del capitalismo, el Partido Comunista? Esta es una
cuestión a la que, por uno u otro motivo, tendréis que volver todos los días. Y
lo esencial es que, como resultado de vuestras lecturas y de vuestra asistencia
a charlas y conferencias sobre el Estado, aprendáis a abordar por cuenta propia
este problema, puesto que tropezaréis con él por los más diversos motivos, en
cada pequeña cuestión, en las combinaciones más inesperadas, en las
conversaciones y disputas con los adversarios. Sólo cuando aprendáis a
orientaros por cuenta propia en esto problema, podréis consideraros lo
suficientemente firmes en vuestras convicciones, sólo entonces podréis
defenderlas con éxito ante quien sea y en cualquier momento.
Después de estas breves
observaciones, pasaré a la cuestión que nos ocupa: qué es el Estado, cómo ha
surgido y cuál debe ser, en lo esencial, la posición que ante el Estado ha de
mantener el partido de la clase obrera, el partido que lucha por el derrocamiento
completo del capitalismo, el Partido Comunista.
31
Ya os decía que difícilmente
se encontrará otro problema que haya sido tan embrollado, premeditada e
impremeditadamente, por los representantes de la ciencia, la Filosofía, el
Derecho, la Economía Política y el periodismo burgueses, como el problema del Estado.
Hasta hoy día, se confunde con mucha frecuencia este problema con las
cuestiones religiosas; y muy a menudo no sólo los representantes de las
doctrinas religiosas (de ellos es completamente natural esperarlo), sino
también personas que se consideran libres de prejuicios religiosos, confunden
el problema específico del Estado con los problemas de la religión y tratan de
elaborar una teoría —complicada con mucha frecuencia, concebida y fundamentada
en términos filosóficos— acerca de que el Estado es algo divino, algo
sobrenatural, una fuerza gracias a la cual ha vivido la humanidad y que da a
las gentes —o puede darles— algo que lleva en sí y que no proviene del ser
humano, sino que le es dado del exterior, que es una fuerza de origen divino. Y
es necesario decir que esta teoría está tan íntimamente entrelazada con los
intereses de las clases explotadoras —los terratenientes y capitalistas—, sirve
en tal grado a sus intereses y ha penetrado tan profundamente en todas las
costumbres, en todos los conceptos y en toda la ciencia de los señores
representantes de la burguesía, que a cada paso podréis encontrar vestigios de
esta misma teoría, incluso en los conceptos que del Estado tienen los
mencheviques y los eseristas, que rechazan indignados la idea de hallarse
supeditados a prejuicios religiosos y están convencidos de que pueden analizar
con ecuanimidad la cuestión del Estado. Este problema ha sido tan embrollado y
complicado, porque afecta a los intereses de las clases dominantes (y en este
sentido sólo le aventajan los fundamentos de la ciencia económica) en mayor
grado que cualquier otro problema. La teoría del Estado sirve para justificar
los privilegios sociales, la existencia de la explotación, la existencia del
capitalismo. Por eso, sería un grandísimo error esperar imparcialidad en esta
cuestión, esperar que los que pretenden ser científicos puedan proporcionaros
en este problema el punto de vista de la ciencia pura. En el problema del
Estado, en la doctrina del Estado, en la teoría del Estado, podréis ver
siempre, cuando os familiaricéis con la cuestión y penetréis suficientemente en
ella, la lucha de las distintas clases entre sí, lucha que se refleja o
encuentra su expresión en la lucha de conceptos sobre el Estado, en la
apreciación del papel y de la significación del Estado.
Para poder abordar de la
manera más científica este problema, es necesario echar aunque sea una breve
mirada a la historia del surgimiento y desarrollo del Estado. Lo más seguro en
las ciencias sociales, y lo más necesario para adquirir realmente el hábito de
abordar de un modo acertado este problema sin perderse en un cúmulo de
nimiedades o entre la enorme profusión de conceptos en pugna, lo más importante
para poder abordar esta cuestión desde un punto de vista científico, es no
olvidarse de la concatenación histórica fundamental, considerar cada cuestión
desde el punto de vista de cómo ha surgido el fenómeno histórico dado, cuáles
son las etapas principales por las que ha pasado en su desarrollo, y, partiendo
de este punto de vista de su desarrollo, ver en qué se ha convertido en la
actualidad.
Espero que, en lo que se
refiere al problema del Estado, estudiéis la obra de Engels El origen de la familia, la propiedad
privada y el Estado. Es ésta una de las obras fundamentales del socialismo moderno, en la que cada
frase merece toda la confianza, pues ni una sola ha sido escrita al buen
tuntún, sino sobre la base de un copioso material histórico y político. Es
indudable que no todos los pasajes de esta obra están expuestos de modo
igualmente accesible y comprensible; algunos presuponen en el lector ciertos
conocimientos de Historia y Economía. Pero, lo repetiré una vez más, no debe
uno desanimarse por el hecho de no comprender de una sola lectura dicha obra.
Esto le sucede a casi todo el mundo. Pero al volver más tarde a su lectura,
cuando tengáis despierto el interés por ella, lograréis comprenderla en su
mayor parte, si no en su totalidad. Os recomiendo esta obra porque enseña a
abordar como es debido dicho problema en el sentido indicado. Comienza el libro
por un esbozo histórico del origen del Estado.
Para abordar acertadamente
esta cuestión, como también cualquier otra cuestión, por ejemplo, la del
surgimiento del capitalismo, la del origen de la explotación del hombre por el
hombre, la del socialismo, la de cómo apareció el socialismo y cuáles son las
circunstancias que lo han engendrado; cualquiera de estas cuestiones sólo puede
ser enfocada con seriedad y seguridad si se echa una mirada a la historia de
todo su desarrollo en conjunto. En esta cuestión fijarse uno, ante todo, en que
no siempre ha existido el Estado. Hubo un tiempo en que el Estado no existía.
Este aparece en el lugar y en la época en que surge la división de la sociedad
en clases, cuando aparecen los explotadores y los explotados.
Hasta que surgió la primera
forma de explotación del hombro por el hombre, la primera forma de división en
clases —en esclavistas y esclavos—, hasta aquel momento existió aún la familia
patriarcal, o, como a veces se la suele llamar, el clan (clan: tribu, gens cuando los hombres vivían en tribus, por
gens), y los vestigios de aquella época primitiva continúan todavía bastante
definidos en las costumbres de muchos pueblos primitivos. Si examináis
cualquier obra que trate de la cultura primitiva, siempre encontraréis
descripciones, indicios y recuerdos, más o menos concretos, de que ha habido
una época, más o menos parecida a la del comunismo primitivo, en la que no
existía la división de la sociedad en esclavistas y esclavos. Entonces no
existía el Estado, no existía un aparato especial para aplicar sistemáticamente
la violencia y someter a los hombres a dicha violencia. Este aparato es lo que
se llama Estado.
32
En la sociedad primitiva, cuando los hombres vivían en pequeñas
gens y se encontraban todavía en los grados más bajos de su desarrollo, en un
estado próximo al salvajismo; en aquella época, de la que la humanidad
civilizada moderna está separada por varios milenios, no se percibían todavía
los síntomas de la existencia del Estado. Lo que vemos en ella es el dominio de
las costumbres, el prestigio, el respeto y el poder de que gozaban los jefes de
las gens, y vemos que este poder era reconocido, a veces, a las mujeres —la
situación de la mujer, entonces, no se parecía a la situación de opresión y
falta de derechos en que se encuentra actualmente—; pero no vemos, en ninguna
parte, una categoría especial de
hombres que se destaquen para gobernar a los otros y que, en interés y con
fines de gobierno, posean sistemática y permanentemente cierto aparato de
coerción, de violencia, como son en la actualidad, todos lo sabéis, los
destacamentos armados de tropas, las cárceles y demás medios de someter la
voluntad ajena a la violencia, es decir, lo que constituyo la esencia del
Estado.
Si hacemos abstracción de
las llamadas doctrinas religiosas, de los artificios, de las especulaciones
filosóficas, de las diversas concepciones erigidas por los sabios burgueses, e
investigamos el fondo verdadero de la cuestión, veremos que el Estado se reduce
precisamente a este aparato de gobierno destacado de la sociedad humana, Cuando
aparece ese grupo especial de hombres, que no se ocupa de otra cosa que de
gobernar y que para hacerlo necesita un aparato especial de coerción, de
sometimiento de la voluntad ajena a la violencia —cárceles, destacamentos
especiales, ejército, etc.—, es cuando aparece el Estado.
Pero hubo una época en la
que no existía el Estado, en la que los vínculos generales, la sociedad misma,
la disciplina y la organización del trabajo se mantenían por la fuerza de la
costumbre, de las tradiciones, por el prestigio o el respeto de que gozaban los
jefes de las gens o las mujeres, que entonces, con frecuencia, no sólo
disfrutaban de los mismos derechos que los hombres, sino que, muchas veces,
ocupaban una posición más alta; una época en la que no existía una categoría
especial de personas, de especialistas en gobernar. La historia demuestra que
el Estado, como aparato especial de coerción de los hombres, surgió únicamente
en el lugar y en la época en que apareció la división de la sociedad en clases,
es decir, la división en grupos de hombres de los que unos podían apropiarse
siempre del trabajo de otros, donde unos explotaban a otros.
Y esta división de la
sociedad en clases, que se establece en la historia, siempre debe aparecer
claramente ante nosotros como el factor principal. El desarrollo de todas las
sociedades humanas en el curso de milenios, en todos los países sin excepción, nos
demuestra que este desarrollo obedece a leyes generales, es regular y
consecuente, de modo que, al principio, hubo una sociedad sin clases, la
sociedad patriarcal primitiva, en la que no había aristócratas; luego la
sociedad basada en la esclavitud, la sociedad esclavista. A través de estas
etapas pasó toda la Europa civilizada moderna; la esclavitud era el régimen que
dominaba plenamente hace dos mil años. A través de estas etapas pasó también la
enorme mayoría de los pueblos de los demás continentes. Entre los pueblos más
atrasados, los vestigios de esclavitud han quedado hasta nuestros días, y en
África, por ejemplo, podéis encontrar, también en la actualidad, instituciones
esclavistas. Los esclavistas y los esclavos constituyen la primera gran división
en clases. Los primeros no sólo poseían todos los medios de producción —la
tierra, los instrumentos, por muy poco eficaces y primitivos que entonces
fuesen—, sino que también eran dueños de seres humanos. Los que constituían
este grupo se llamaban esclavistas, y los que trabajaban y entregaban su
trabajo a los otros se llamaban esclavos.
A este régimen siguió en la
historia otro, el feudalismo. En la inmensa mayoría de los países, la
esclavitud, en el curso de su desarrollo, se convirtió en servidumbre. La
división fundamental de la sociedad era en señores terratenientes y campesinos
siervos de la gleba. Cambió la forma de las relaciones entre los hombres. Los
esclavistas consideraban a los esclavos propiedad suya; la ley consolidaba este
concepto y consideraba a los esclavos como objetos de la absoluta propiedad del
esclavista. Por lo que atañe al campesino siervo, siguió la opresión de clase,
la dependencia, pero el señor terrateniente no era considerado ya dueño del
campesino, como de un objeto, sino que sólo tenía derecho a apropiarse de su
trabajo y a obligarle a ciertas prestaciones. De hecho, como todos sabéis, el
régimen de la servidumbre no se diferenciaba en nada de la esclavitud, sobre
todo en Rusia, donde se mantuvo por más tiempo y adquirió las formas más
brutales.
En la sociedad feudal, a
medida que se desarrollaba el comercio y surgía el mercado mundial, a medida
que se desarrollaba la circulación monetaria, surgía una clase nueva, la clase
de los capitalistas. De la mercancía, del intercambio de mercancías, del surgimiento
del poder del dinero, nacía el poder del capital. En el curso del siglo XVIII,
más exactamente, desde fines del siglo XVIII y en el curso del siglo XIX
tuvieron lugar revoluciones en todo el mundo. El régimen de la servidumbre fue
eliminado en todos los países de Europa Occidental. Esto sucedió en Rusia más
tarde que en ninguna otra parte. En 1861, en Rusia se operó también una
profunda transformación, que tuvo como consecuencia la sustitución de una forma
de la sociedad por otra, la sustitución del régimen de la servidumbre por el
capitalismo, en el que continuó la división en clases y persistieron diversos
vestigios y supervivencias de la servidumbre, pero, en su esencia, la división
en clases adquirió una nueva forma.
33
Los dueños del capital, los
dueños de la tierra, los dueños de las fábricas constituían y constituyen en
todos los países capitalistas una minoría insignificante de la población, que
dispone íntegramente de todo el trabajo realizado por el pueblo y, por consiguiente,
tiene a sus órdenes, oprimiéndola y explotándola, a toda la masa de los
trabajadores, cuya mayoría la componen los proletarios, los obreros
asalariados, quienes, en el proceso de la producción, obtienen sus medios de
subsistencia únicamente de la venta de la fuerza de sus brazos, de su fuerza de
trabajo. Los campesinos, dispersos y aplastados ya en la época del feudalismo,
con el paso al capitalismo se transforman en parte (en su mayoría) en
proletarios, y en parte (en su minoría) en campesinos acomodados que, a su vez,
emplean obreros asalariados y componen la burguesía del campo.
Este hecho fundamental —el
paso de la sociedad de las formas primitivas de esclavitud al feudalismo y,
finalmente, al capitalismo— lo debéis tener siempre en cuenta, ya que sólo
recordando este hecho
fundamental, sólo encuadrando en este marco principal todas las doctrinas
políticas, podréis apreciarlas en su justo valor y comprender su significado,
puesto que cada uno de estos grandes períodos de la historia de la humanidad
—el de la esclavitud, el del feudalismo y el del capitalismo— abarca siglos y
milenios y representa una variedad tan enorme de formas y doctrinas políticas,
de ideas y revoluciones, que orientarse en toda esta enorme y sumamente
abigarrada variedad —relacionada sobre todo con las doctrinas políticas,
filosóficas, etc., de los sabios y políticos burgueses— sólo es posible si uno
se atiene firmemente, como a un hilo orientador fundamental, a la división de
la sociedad en clases, al cambio de las formas de la dominación de clase y
analiza desde este punto de vista todas las cuestiones sociales, tanto
económicas como políticas, espirituales, religiosas, etc.
Si examináis el Estado desde
el punto de vista de esta división fundamental, veréis que, como ya he dicho,
antes de la división de la sociedad en clases no existía el Estado. Pero a
medida que surge y va afianzándose la división de la sociedad en clases, a
medida que surge la sociedad de clases, surge y se afianza también el Estado.
En la historia de la humanidad tenemos decenas, centenares de países que han
pasado, y siguen pasando también ahora, por la esclavitud, el feudalismo y el
capitalismo. En cada uno de estos países — a pesar de los enormes cambios
históricos sucedidos, a pesar de todas las peripecias políticas y de todas las
revoluciones relacionadas con este desarrollo de la humanidad, con el paso de
la esclavitud, a través del feudalismo, al capitalismo y a la actual lucha
mundial contra el capitalismo—, veréis siempre el surgimiento del Estado. Este
ha sido siempre un aparato destacado de la sociedad y formado por un grupo de
personas que se ocupan únicamente, o casi únicamente, o principalmente, de
gobernar. Los hombres se dividen en gobernados y especialistas en gobernar, que
se elevan sobre la sociedad y a los que se da el nombre de gobernantes, de
representantes del Estado. Este aparato, este grupo de hombres que gobiernan a
los demás, se apodera siempre de cierta máquina de coerción, de una fuerza
física; lo mismo da que esta violencia sobre los hombres se exprese en el
garrote primitivo o en un tipo de arma más perfecto en la época de la
esclavitud, o en el arma de fuego aparecida en la Edad Media, o, finalmente, en
las armas modernas que en el siglo XX han llegado a ser maravillas técnicas
basadas por entero en las últimas conquistas de la técnica moderna. Los métodos
de violencia van cambiando, pero, siempre que existe el Estado, existe en cada
sociedad un grupo de personas que gobiernan, que mandan, que dominan y que,
para conservar el poder, tienen en sus manos una máquina de coerción física, un
aparato de violencia, las armas que corresponden al nivel técnico de cada
época. Y sólo observando atentamente estos fenómenos generales, sólo
planteándonos la cuestión de por qué no existía el Estado cuando no había
clases, cuando no había explotadores ni explotados, y por qué surgió el Estado
al surgir las clases, sólo así encontraremos una respuesta concreta a la
cuestión de qué es, en esencia, el Estado y cuál es su significación.
El Estado es una máquina
para mantener el dominio de una clase sobre otra. Cuando en la sociedad no
había clases, cuando los hombres, antes de la época de la esclavitud,
trabajaban en condiciones primitivas de mayor igualdad, en condiciones de la
más baja productividad del trabajo, cuando el hombre primitivo podía conseguir
con dificultad los medios indispensables para la existencia más tosca y
primitiva, entonces no surgió, ni podía surgir, un grupo especial de personas
destacadas ex profeso para gobernar y que dominasen al resto de la sociedad.
Sólo al surgir la primera forma de división de la sociedad en clases, cuando
apareció la esclavitud, cuando cierta clase de hombres, concentrando sus
esfuerzos en las formas más rudimentarias de laboreo de la tierra, pudieron
producir cierto sobrante que no era absolutamente indispensable para la
misérrima existencia del esclavo y que iba a parar a manos del esclavista;
cuando, de este modo, se consolidó la existencia de dicha clase de esclavistas,
y para que ésta se consolidase, surgió la necesidad de que apareciese el
Estado.
34
Y entonces apareció el Estado esclavista, el aparato que dio a
los esclavistas poder, permitiéndoles gobernar a todos los esclavos. La
sociedad y el Estado eran por aquel entonces mucho más pequeños que en la
actualidad, disponían de un aparato de enlace incomparablemente más débil,
puesto que en aquella época no existían los modernos medios de comunicación.
Las montañas, los ríos y los mares constituían obstáculos incomparablemente
mayores que en nuestros días, y el Estado se iba formando dentro de límites
geográficos muchísimo más estrechos. Un aparato estatal técnicamente débil
atendía las necesidades del Estado, extendido en áreas relativamente limitadas
y con un estrecho campo de acción. Sin embargo, existía este aparato que
obligaba a tus esclavos a permanecer en la esclavitud, que mantenía a una parte
de la sociedad subyugada, oprimida por la otra. No es posible obligar a la
mayor parte de la sociedad a que trabajo sistemáticamente en beneficio de la
otra parte, sin un aparato permanente de coerción. Mientras no existían las
clases, tampoco existía este aparato. Pero cuando surgieron las clases, siempre
y en todas partes, paralelamente al desarrollo y consolidación de esa división,
apareció también una institución especial: el Estado. Las formas del Estado han
sido sumamente variadas. En la época de la esclavitud, en los países más
adelantados, más cultos y civilizados de aquel entonces, por ejemplo, en la
Antigua Grecia y Roma, basados íntegramente en la esclavitud, tenemos ya
diversas formas de Estado. Ya entonces surge la diferencia entre monarquía y
república, entre aristocracia y democracia. La monarquía, como poder de una
sola persona, y la república, como ausencia total de un poder que no sea
electivo; la aristocracia, como poder de una minoría relativamente reducida, y
la democracia, como poder del pueblo (la palabra democracia en griego significa
literalmente poder del pueblo). Todas estas diferencias surgieron en la época
de la esclavitud. Pero, a pesar de estas diferencias, el Estado de la época de
la esclavitud era un Estado esclavista, cualquiera que fuese su forma:
monarquía, república aristocrática o república democrática.
En todo curso de Historia de
la Antigüedad, al escuchar cualquier conferencia sobre esta materia, oiréis
hablar de la lucha que se desarrolló entre el Estado monárquico y el Estado
republicano, pero el hecho esencial consistía en que los esclavos no eran
considerados seres humanos; no sólo no eran considerados ciudadanos, sino ni
siquiera seres humanos. La legislación romana los consideraba como objetos. La
ley de homicidio, sin hablar ya de otras leyes referentes a la salvaguardia de
la personalidad humana, no era extensiva a los esclavos. La ley defendía sólo a
los esclavistas, como únicos ciudadanos a los que se reconocían plenos
derechos. Y si se establecía la monarquía, era una monarquía esclavista; si la
república, era una república esclavista. Gozaban en ellas de todos los derechos
los esclavistas, mientras que los esclavos eran ante la ley unos objetos, y
contra ellos no sólo era permitido ejercer cualquier violencia, sino que
incluso el asesinato de un esclavo no se consideraba como un crimen. Las repúblicas
esclavistas se diferenciaban por su organización interna: había repúblicas
aristocráticas y repúblicas democráticas. En la república aristocrática
participaba en las elecciones un número reducido de privilegiados; en la
democrática participaban todos
—pero siempre todos los
esclavistas— todos, menos los esclavos. Es necesario tener en cuenta esta
circunstancia fundamental, porque ella, mejor que cualquier otra, proyecta luz
sobre el problema del Estado e indica claramente la esencia del mismo.
El Estado es una máquina
destinada a la opresión de una clase por otra, una máquina llamada a mantener
sometidas a una sola clase todas las demás clases subordinadas. Las formas de
esta máquina suelen ser diversas. En el Estado esclavista tenemos la monarquía,
la república aristocrática e incluso la república democrática. En la práctica,
las formas de gobierno eran sumamente variadas, pero la esencia seguía siendo
siempre la misma: los esclavos carecían de todos los derechos y seguían siendo
una clase oprimida, sin que se les reconociera como seres humanos. Lo mismo
vemos también en el Estado feudal.
Él cambio de la forma de
explotación transformó el Estado esclavista en Estado feudal. Esto tuvo una
importancia enorme. En la sociedad esclavista reinaba la falta absoluta de
derechos del esclavo, al que no se reconocía su calidad de ser humano; en la sociedad
feudal reinaba la sujeción del campesino a la tierra. El rasgo principal del
régimen de la servidumbre era que los campesinos (a la sazón, los campesinos
constituían la mayoría, puesto que la población de las ciudades estaba muy poco
desarrollada) estaban adscritos a la tierra, a la gleba, de ahí el concepto
mismo de servidumbre de la gleba. El campesino podía trabajar un determinado
número de días para sí mismo, en la parcela que le entregaba el terrateniente,
y el resto del tiempo el campesino siervo debía trabajar para el señor. Quedaba
la esencia de la sociedad de clases: la sociedad se basaba en la explotación de
clase. Los terratenientes eran los únicos que gozaban de plenos derechos; los
campesinos estaban privados de ellos. De hecho, su situación se diferenciaba
muy poco de la de los esclavos en el Estado esclavista. Sin embargo, para la
liberación de los campesinos se abría un camino más amplio, puesto que el
siervo de la gleba no era considerado como propiedad directa del terrateniente.
El campesino podía emplear cierta parte del tiempo en su parcela, podía, por
así decirlo, pertenecerse en cierto grado a sí mismo; y, al ampliarse las
posibilidades del desarrollo del intercambio, de las relaciones comerciales, el
régimen de la servidumbre se iba descomponiendo cada vez más y paralelamente
iba ensanchándose el círculo de la liberación del campesinado. La sociedad
feudal siempre fue más compleja que la esclavista. En aquélla existía un
importante elemento de desarrollo del comercio y de la industria, lo que ya
entonces conducía al capitalismo. En la Edad Media, el régimen de la
servidumbre era el régimen predominante. También aquí las formas de Estado eran
muy variadas; también aquí tenemos la monarquía y la república, aunque esta
última era mucho menos desarrollada; pero sólo los terratenientes feudales eran
siempre reconocidos como dominadores. Los campesinos siervos estaban
absolutamente privados de todo derecho político.
35
Tanto bajo la esclavitud como bajo el régimen de la servidumbre,
el dominio de una insignificante minoría de hombres sobre la enorme mayoría no
podía prescindir de la coerción. Toda la historia está llena de ininterrumpidos
intentos de las clases oprimidas encaminados a derrocar la opresión. La
historia de la esclavitud registra guerras que duraron muchos decenios y cuyo
objetivo era liberarse de la esclavitud. De paso sea dicho, el nombre de
"espartaquistas", adoptado ahora por los comunistas de Alemania —único
partido alemán que lucha de verdad contra el yugo del capitalismo—, lo ha sido
precisamente porque Espartaco fue uno de los héroes más destacados de una de
las más importantes sublevaciones de esclavos, ocurrida hace unos dos milenios.
Durante varios años, el Imperio Romano, al parecer omnipotente, basado por
entero en el régimen de la esclavitud, fue sacudido por los golpes de la
inmensa sublevación de los esclavos, quienes se armaron y agruparon bajo la
dirección de Espartaco, formando un enorme ejército. Finalmente, los esclavos
fueron diezmados, hechos prisioneros y torturados por los esclavistas. Estas
guerras civiles las vemos a través de toda la historia de la existencia de la
sociedad de clases. Acabo de citaros el ejemplo de la más importante de las
guerras civiles ocurridas en la época de la esclavitud. Toda la época del
régimen de la servidumbre está igualmente llena de constantes sublevaciones
campesinas. En Alemania, por ejemplo, la lucha entre las dos clases, entre los
terratenientes y los siervos de la gleba, adquirió en la Edad Media una gran
amplitud y se transformó en una guerra civil de los campesinos contra los
terratenientes. Todos vosotros conocéis también los ejemplos de numerosas
sublevaciones semejantes de los campesinos contra los terratenientes feudales
en Rusia.
Para mantener su dominio y
conservar su poder, el terrateniente necesitaba de un aparato que uniese y lo
supeditase un enorme número de personas, subordinándolas a ciertas leyes y
normas, todas las cuales se reducían, en lo fundamental, a un solo objetivo:
mantener el poder del terrateniente sobre el campesino siervo. Esto constituía
precisamente el Estado feudal, que en Rusia, por ejemplo, o en los muy
atrasados países asiáticos donde hasta hoy
día predomina el feudalismo
—se distinguía por la forma — era republicano o monárquico. Cuando el Estado
era monárquico, el poder pertenecía a una sola persona; cuando era republicano,
se admitía más o menos la participación de representantes elegidos por la
sociedad señorial. Ello ocurría en la sociedad feudal. Esta sociedad
representaba una división de clases en la que la enorme mayoría, los campesinos
siervos, se hallaba en completa dependencia de una minoría insignificante, de
los terratenientes, poseedores de tierra.
El desarrollo del comercio,
del intercambio de mercancías, condujo a la formación de una nueva clase: los
capitalistas. El capital surgió a fines de la Edad Media, cuando el comercio
mundial, después del descubrimiento de América, llegó a desarrollarse enormemente,
cuando aumentó la cantidad de metales preciosos, cuando la plata y el oro se
hicieron medio de cambio, cuando la circulación monetaria permitió acumular
grandes riquezas en manos de una sola persona. La plata y el oro fueron
reconocidos como riqueza en todo el mundo. Iban decayendo las fuerzas
económicas de la clase de los terratenientes e iba desarrollándose la fuerza de
la nueva clase, la de los representantes del capital. La transformación de la
sociedad se verificaba de modo que todos los ciudadanos fueran, como si
dijéramos, iguales, que desapareciese la división anterior en esclavistas y
esclavos, que todos, independientemente del capital que tuvieran —lo mismo si
poseían tierra en propiedad privada que si no tenían más patrimonio que la fuerza
de sus brazos—, que todos fuesen iguales ante la ley. Esta protege a todos por
igual, protege la propiedad de los que la tienen frente a los atentados contra
la propiedad por parte de aquella masa que, careciendo de ella y no teniendo
más que sus brazos, se pauperiza poco a poco, va arruinándose y convirtiéndose
en masa proletaria. Tal es la sociedad capitalista.
No puedo detenerme a
examinar con detalle esta cuestión. Todavía volveréis a ella cuando estudiéis
el Programa del partido, en el que encontraréis la característica de la
sociedad capitalista. Esta sociedad se alzó contra el feudalismo, contra el
viejo régimen de la servidumbre, enarbolando la bandera de la libertad. Pero
era la libertad para los propietarios. Y cuando el régimen de la servidumbre
fue derrocado — cosa que ocurrió a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX,
habiendo acontecido esto en Rusia más tarde que en los demás países, en 1861—,
entonces, en sustitución del Estado feudal, llega el Estado capitalista, que
declara como consigna suya la libertad de todo el pueblo y dice que expresa la
voluntad de todo el pueblo, negando ser un Estado de clase; y aquí, entre los
socialistas, que luchan por la libertad de todo el pueblo, y el Estado
capitalista se desarrolla una lucha que en la actualidad ha conducido a la
formación de la República Socialista Soviética y que abarca el mundo entero.
36
Para comprender la lucha
emprendida contra el capital mundial, para comprender la esencia del Estado
capitalista es necesario recordar que éste, al enfrentarse con el Estado
feudal, se lanzó a la batalla enarbolando la bandera de la libertad. La
abolición del régimen de la servidumbre significaba la libertad para los
representantes del Estado capitalista y les favorecía, ya que el régimen de la
servidumbre se venía abajo y los campesinos obtenían la posibilidad de
convertirse en dueños cabales de la tierra que hubiesen adquirido pagando un
rescate o parcialmente a cuenta del tributo; el Estado no se preocupaba de
esto: él salvaguardaba la propiedad, cualquiera que fuese su origen, ya que el
Estado se basaba en la propiedad privada. En todos los Estados civilizados
modernos, los campesinos se fueron transformando en propietarios privados. El
Estado protegía la propiedad privada, indemnizando al terrateniente por medio
del rescate, pagándole en metálico cuando él entregaba al campesino parte de la
tierra. El Estado parecía declarar: conservaremos toda la propiedad privada; y
le prestaba toda clase de apoyo y protección. El Estado reconocía esta
propiedad a cualquier comerciante, industrial y fabricante. Y esta sociedad,
basada en la propiedad privada, en el poder del capital, en la completa
subordinación de todos los obreros desposeídos y de las masas trabajadoras
campesinas, esta sociedad se declaraba dominante
sobre la base de la
libertad. Al luchar contra el régimen de la servidumbre, declaraba libre la
propiedad y se enorgullecía de un modo particular diciendo que el Estado había
dejado de ser un Estad o de clase.
Sin embargo, el Estado
seguía siendo la máquina que ayudaba a los capitalistas a mantener sometidos a
los campesinos pobres y a la clase obrera, aunque aparentemente fuese libre. El
Estado proclama el sufragio universal, y por medio de sus partidarios, predicadores,
sabios y filósofos declara que no es un Estado de clase. Incluso ahora, cuando
contra este Estado ha comenzado la lucha de las repúblicas socialistas
soviéticas, nos acusan de ser unos violadores de la libertad, de crear un
Estado basado en la coerción, en el aplastamiento de unos por otros, mientras
que ellos representan un Estado de todo el pueblo, un Estado democrático. Y
este problema, el problema del Estado, es en la actualidad —en la época del
comienzo de la revolución socialista en el mundo entero, precisamente en la
época de la victoria de la revolución en varios países, cuando se ha agudizado
especialmente la lucha contra el capital mundial— un problema que ha adquirido
la máxima importancia y, podríamos decir, se ha transformado en el problema más
agudo, en el foco donde convergen todos los problemas políticos y todas las
disputas políticas de la actualidad.
En todos los partidos de
Rusia o de cualquier otro país más civilizado, casi todas las disputas,
divergencias y opiniones políticas giran ahora en torno al concepto del Estado.
En un país capitalista, en una república democrática —especialmente en una república
como Suiza o los Estados Unidos—, en las repúblicas democráticas más libres ¿es
el Estado la expresión de la voluntad popular, el resultado de la decisión de
todo el pueblo, la expresión de la voluntad nacional, etc., o es una máquina
destinada a que los capitalistas de los respectivos países tengan la
posibilidad de mantener su poder sobre la clase obrera y el campesinado? Este
es el problema fundamental, en torno al cual giran actualmente las discusiones
políticas en el mundo entero. ¿Qué dicen del bolchevismo? La prensa burguesa
injuria a los bolcheviques. No encontraréis ni un solo periódico que no repita
la acusación en boga contra los bolcheviques de que son unos violadores del
poder del pueblo. Si nuestros mencheviques y eseristas creen en su simpleza (y
quizá no sea por simpleza, o puede ser también que sea esa simpleza de la que
dicen que es peor que la vileza) que son los descubridores e inventores de la
acusación que imputa a los bolcheviques el haber violado la libertad y el poder
del pueblo, se equivocan del modo más ridículo. En nuestros días ni uno solo de
los periódicos más ricos de los países más ricos, que gastan decenas de
millones para su difusión y que en decenas de millones de ejemplares siembran
la mentira burguesa y la política imperialista, no hay ni uno solo de estos
periódicos que no repita estos argumentos y estas acusaciones principales
contra el bolchevismo, afirmando que los Estados Unidos, Inglaterra y Suiza son
países de vanguardia, basados en el poder del pueblo, mientras que la república
bolchevique es un Estado de bandidos que no conoce la libertad, y que los
bolcheviques son unos violadores de la idea del poder del pueblo e incluso han
negado al extremo de disolver la Constituyente. Estas terribles acusaciones
contra los bolcheviques se repiten en todos los países del mundo. Estas
acusaciones nos hacen abordar de lleno la cuestión de qué es el Estado. Para
comprender estas acusaciones, para orientarse en ellas y tomar frente a ellas
una posición completamente consciente, para orientarse no sólo por los rumores,
sino poseyendo una firme opinión, hay que comprender claramente qué es el
Estado. Aquí vernos toda suerte de Estados capitalistas y las más variadas
doctrinas que en su defensa fueron creadas antes de la guerra. A fin de abordar
con acierto la solución de este problema, hay que analizar de un modo crítico
todas estas doctrinas y concepciones.
37
Ya he dicho que la obra de
Engels El origen de la familia, la
propiedad privada y el Estado os podría servir de ayuda. En ella,
precisamente, se afirma que todo Estado, en el que exista la propiedad privada
sobre la tierra y sobre los medios de producción y en el que domine el capital,
es, por muy democrático que sea, un Estado capitalista, una máquina en manos de
los capitalistas para
mantener sometidos a la clase obrera y a los campesinos pobres. Y el sufragio
universal, la Asamblea Constituyente, el Parlamento, no son más que la forma,
una especie de pagaré, que no altera para nada el fondo de la cuestión.
La forma de dominio del
Estado puede ser distinta: el capital manifiesta su fuerza de una manera, donde
existe una forma, y de otra, donde existe otra forma, pero, en esencia, el
poder continúa siempre en manos del capital, lo mismo da que exista el sufragio
restringido u otro sufragio; que exista una república democrática, e incluso
cuanto más democrática sea, tanto más grosero y cínico es este dominio del
capitalismo. Una de las repúblicas más democráticas del mundo es la de los
Estados Unidos de América del Norte, y en ningún otro país (el que haya estado
allí después de 1905, seguramente, se habrá dado cuenta de ello), en ninguna
parte, el poder del capital, el poder de un puñado de multimillonarios sobre
toda la sociedad se manifiesta en forma tan grosera, con tan descarada
venalidad como allí. El capital, una vez que existe, domina toda la sociedad, y
ninguna república democrática, ningún derecho electoral cambia la esencia del
asunto.
La república democrática y
el sufragio universal, en comparación con el régimen feudal, constituyeron un
enorme progreso, pues permitieron al proletariado alcanzar la unificación, la
cohesión con que cuenta ahora y formar las filas armónicas y disciplinadas que
luchan sistemáticamente contra el capital. Nada de eso, ni siquiera nada
parecido, tenía el campesino siervo, sin hablar ya de los esclavos. Estos, como
ya sabemos, se sublevaban, se amotinaban, emprendían guerras civiles, pero
jamás pudieron formar una mayoría consciente, partidos que dirigiesen la lucha,
ni pudieron comprender con claridad hacia qué objetivo marchaban; e incluso en
los momentos más revolucionarios de la historia, resultaban ser siempre unos
peones en manos de las clases dominantes. La república burguesa, el Parlamento,
el sufragio universal, todo esto, desde el punto de vista del desarrollo
universal de la sociedad, constituye un enorme progreso. La humanidad marchaba
hacia el capitalismo, y sólo el capitalismo, gracias a la cultura urbana,
permitió a la clase proletaria oprimida adquirir conciencia de sí misma y crear
el movimiento obrero universal, los millones de obreros organizados en partidos
en el mundo entero, los partidos socialistas, que dirigen conscientemente la
lucha de las masas. Sin parlamentarismo, sin elecciones, este desarrollo de la
clase obrera habría sido imposible. Este es el motivo por el cual, ante las
vastas masas, todo esto adquirió una importancia tan grande. Por ello, ese
radical viraje parece ser tan difícil. No sólo hipócritas conscientes, sabios y
curas apoyan y defienden esta mentira burguesa de que el Estado es libre y está
llamado a defender los intereses de todos, sino también multitud de personas,
que repiten sinceramente los viejos prejuicios y no pueden comprender el paso
de la vieja sociedad capitalista al socialismo. No sólo la gente que se halla
directamente supeditada a la burguesía, no sólo los que se hallan bajo el yugo
del capital o los que han sido sobornadas por éste (una masa de toda suerte de
sabios, artistas, clérigos, etc., está al servicio del capital), sino también
personas que se encuentran simplemente bajo la influencia de los prejuicios de
la libertad burguesa, todos ellos se han movilizado en el mundo entero contra
el bolchevismo, porque, al fundarse, la República Soviética rechazó esta
mentira burguesa y declaró abiertamente: vosotros llamáis libre a vuestro
Estado, cuando, en realidad, mientras exista la propiedad privada, vuestro
Estado, aunque sea una república democrática, no es otra cosa que una máquina
en manos de los capitalistas destinada a aplastar a los obreros, y cuanto más
libre sea el Estado, con tanta mayor claridad se manifiesta este hecho.
Ejemplos: Suiza, en Europa, y los Estados Unidos, en América. En ninguna parte
el capital domina tan cínica e implacablemente y en ninguna parte se manifiesta
eso con tanta claridad como precisamente en estos países, a pesar de que son
repúblicas democráticas, por muy elegantemente ataviadas que estén, y a pesar
de todas las palabras sobre la democracia del trabajo y la igualdad de todos
los ciudadanos. De hecho, en Suiza y en los Estados Unidos domina el capital, y
a todos los intentos de los obreros para conseguir una mejoría de cierta
importancia en su situación se opone inmediatamente
la guerra civil. En estos
países hay menos soldados, el ejército regular es menor; en Suiza existe una
milicia, y cada suizo tiene un fusil en su casa; en los Estados Unidos hasta
hace poco no había ejército regular y, por lo mismo, cuando estalla una huelga,
la burguesía se arma, emplea soldados mercenarios y aplasta la huelga, y en
ninguna parte este aplastamiento del movimiento obrero es tan implacable y
feroz como en Suiza y en los Estados Unidos, en ninguna parte se halla el
Parlamento bajo una mayor influencia del capital que precisamente en dichos
países. La fuerza del capital lo es todo; la Bolsa lo es todo, mientras que el
Parlamento y las elecciones son marionetas, peleles... Pero cuanto más tiempo
pasa, tanto más claramente van viendo los obreros y tanta mayor difusión
adquiere la idea del Poder soviético, sobre todo después de la sangrienta
matanza por la que acabamos de pasar. La clase obrera ve, cada vez más claro,
la necesidad de una lucha implacable contra los capitalistas.
38
Cualesquiera que sean las formas con que se encubra la
república, aunque se trate de la república más democrática, si es burguesa, si
en ella continúa existiendo la propiedad privada sobre la tierra y las fábricas
y si el capital privado mantiene en esclavitud asalariada a toda la sociedad,
es decir, si en ella no se realiza lo proclamado por el Programa de nuestro
partido y por la Constitución soviética, tal Estado es una máquina destinada a
la opresión de unos por otros. Y esta máquina la pondremos en manos de aquella
clase que debe derrocar el poder del capital. Rechazaremos todos los viejos
prejuicios de que el Estado es la igualdad para todos, pues esto es un engaño:
mientras exista la explotación, no puede haber igualdad. El terrateniente no
puede ser igual al obrero, el hambriento no puede ser igual al harto. Esa
máquina, llamada Estado, ante la cual la gente se detiene con respeto
supersticioso, dando fe a los viejos cuentos de que es el poder de todo el
pueblo, el proletariado la rechaza, diciendo que es una mentira burguesa.
Nosotros arrebatamos esta máquina a los capitalistas y nos apropiamos de ella.
Con esta máquina o garrote destruiremos toda explotación; y cuando en el mundo
no haya quedado la posibilidad de explotar, no hayan quedado más propietarios
de tierra y de fábricas, no ocurra que unos se hartan mientras otros padecen
hambre, solamente cuando esto ya no sea posible arrojaremos esta máquina al
montón de la chatarra. Entonces no habrá Estado y no habrá explotación. Este es
el punto de vista de nuestro Partido Comunista. Abrigo la esperanza de que, en
las conferencias siguientes, volvamos todavía, y más de una vez, a este tema.
Publicado por primera
vez el 18 de enero de 1929 en el núm. 15 de "Pravda".
T. 39, págs. 64-84.
Las tareas de la III Internacional
39
LAS TAREAS DE LA III INTERNACIONAL.
(Ramsay MacDonald. Acerca
de la III Internacional)
El número 5.475 del
periódico soclalchovinista francés L'Humanité
("La Humanidad")14, correspondiente al 14 de abril de
1919, ha publicado un artículo de fondo de Ramsay MacDonald, conocido jefe del
sedicente "Partido Laborista Independiente"15 británico, de hecho un partido oportunista que ha dependido
siempre de la burguesía. Este artículo es tan típico de la posición sustentada
por la corriente que se ha dado en
llamar "centro", y que el I Congreso de la Internacional Comunista
celebrado en Moscú16 ha denominado con ese nombre, que lo
reproducimos íntegramente junto con
las líneas de introducción de la Redacción de L'Humanité:
La Tercera
Internacional.
Nuestro amigo Ramsay
MacDonald era antes de la guarra el líder escuchado del Labour Party17 en la Cámara de los Comunes. Su alta conciencia de socialista y
de hombre convencido
![]()
14 "L'Humanité" ("La Humanidad"): diario, fundado en
1904 por J. Jaurès como órgano del Partido Socialista Francés. Durante la
primera guerra mundial, hallándose en manos del ala de la extrema derecha del
Partido Socialista Francés, el periódico ocupó una posición socialchovinista. A
partir de diciembre de 1920, después de la escisión del Partido Socialista
Francés, pasó a ser órgano central del Partido Comunista Francés.
15 Partido Laborista
Independiente de Inglaterra (Independent Labour
Party): organización reformista fundada en 1893 en las condiciones de
reanimación de la lucha huelguística e intensificación del movimiento por la
independencia de la clase obrera inglesa respecto de los partidos burgueses. En
el PLI ingresaron los afiliados de las "nuevas tradeuniones" y de
varios viejos sindicatos, más intelectuales y pequeñoburgueses que se hallaban
bajo la influencia de los fabianos. Al frente del partido se encontraban K.
Hardie y R. MacDonald. Desde su fundación el PLI adoptó posiciones reformistas
burguesas dedicando la atención fundamental a la forma parlamentaria de lucha y
a las componendas parlamentarias con el Partido Liberal.
16 El I
Congreso de la Internacional Comunista se celebró del 2 al 6 de marzo de
1919. En las labores del congreso participaron 52 delegados. En la primera
reunión se acordó "sesionar como conferencia comunista
internacional". Ocuparon el lugar central en la labor de la conferencia
las tesis y el informe de Lenin acerca de la democracia burguesa y la dictadura
del proletariado. La conferencia se solidarizó unánimemente con las tesis de
Lenin y acordó entregarlas al Buró para su amplia difusión en los distintos países.
La conferencia aprobó también una resolución adicional a las tesis propuesta
por Lenin.
El 4 de marzo, después de
aprobadas las tesis y la resolución sobre el informe de Lenin, la conferencia
resolvió "constituirse como III Internacional y adoptar el nombre de
Internacional Comunista". El mismo día se acordó unánimemente considerar
disuelta la agrupación de Zimmerwald. El 4 de marzo fue confirmada también la
plataforma de la Internacional Comunista, cuyos postulados esenciales se
reducían a lo siguiente: 1) inevitabilidad de la sustitución del régimen social
capitalista por el comunista; 2) necesidad de la lucha revolucionaria del
proletariado por el derrocamiento de los gobiernos burgueses; 3) demolición del
Estado burgués y su sustitución por un Estado de nuevo tipo, por el Estado del
proletariado, del tipo de los Soviets, que asegurará el paso a la sociedad
comunista.
Entre los documentos del
congreso tuvo gran importancia el Manifiesto a los proletarios de todo el mundo
en el que se indicaba que la Internacional Comunista es la heredera de las
ideas de Marx y Engels, expresadas en el Manifiesto
del Partido Comunista. El congreso llamó a los obreros de todos los países
a apoyar a la Rusia Soviética y exigió la no
intervención de la Entente en los asuntos internos de la República de los
Soviets, la retirada de las tropas intervencionistas del territorio de Rusia,
el reconocimiento del Estado soviético, el levantamiento del bloqueo económico
y el restablecimiento de las relaciones comerciales. En la resolución
"Sobre la actitud hacia las corrientes "socialistas" y hacia la
Conferencia de Berna", el congreso condenó los intentos de reconstituir la
II Internacional "que es solamente un instrumento en manos de la
burguesía" y declaró que el proletariado revolucionario no tiene nada de
común con esa conferencia.
La fundación de la III Internacional, de la Internacional
Comunista, desempeñó un papel inmenso en la denuncia del oportunismo en el
movimiento obrero, en el restablecimiento de los vínculos entre los
trabajadores de diversos países, en la creación y el fortalecimiento de los
partidos comunistas.
17 Partido
Laborista de Inglaterra
(Labour Party): fue fundado en 1900 como una liga de sindicatos y
organizaciones y grupos socialistas con el fin de llevar representantes obreros
al Parlamento ("Comité de representación obrera"). En
Las tareas de la III Internacional
le hicieron considerar un
deber reprobar esta guerra como una guerra imperialista y no sumarse a quienes
la saludaron como una guerra por el derecho. En consecuencia, abandonó después
del 4 de agosto la dirección del Labour Party y, con sus camaradas del
Independiente, con nuestro admirable Keir Hardie, no temió declarar la guerra a
la guerra.
Ha hecho falta para ello
heroísmo cotidiano. MacDonald ha mostrado que el valor, como decía Jaurés,
"consiste en no someterse a la ley de la mentira triunfante y no hacerse
eco de los aplausos imbéciles ni de los silbidos fanáticos".
Lloyd George ha hecho
derrotar a MacDonald en las elecciones "caqui"* de fines de
noviembre. Estemos tranquilos: Mac Donald tendrá su revancha, y está próxima.
* Llamadas así por los soldados, que
habían recibido la orden de votar por los candidatos del gobierno. (Nota de la
Redacción de la revista La Internacional
Comunista. (N. de la Edit.)
---
El surgimiento de tendencias
separatistas en la política nacional e internacional del socialismo ha sido una
desgracia para todo el movimiento socialista.
No es malo, sin embargo, que
haya en él matices de opinión y diferencias de método. Porque nuestro
socialismo se encuentra todavía en estado experimental.
Sus principios generales han
sido fijados; pero la manera de aplicarlos bien, las combinaciones que harán
triunfar la revolución, la forma en que el Estado socialista deberá ser
construido, son otras tantas cuestiones a discutir y sobre las cuales no se ha
dicho la última palabra. Un estudio profundo de todos estos puntos nos llevará
a una verdad mayor.
Los extremos pueden
combatirse y sus luchas pueden contribuir a fortificar las concepciones
socialistas, pero el mal comienza cuando cada uno mira a su adversario como a
un traidor, como a un creyente que ha perdido la gracia y al que deben
cerrárselo las puertas del paraíso partidario.
Cuando los socialistas están
poseídos por un espíritu dogmático semejante al que en otros tiempos encendió
la guerra civil en el cristianismo por la gloria de Dios y el aplastamiento del
Diablo, la burguesía puede dormir tranquila, pues su período de dominación no
ha terminado todavía, cualesquiera que sean en este momento los éxitos
socialistas locales e internacionales.
Nuestro movimiento encuentra
hoy, desgraciadamente, un nuevo obstáculo. En Moscú se ha proclamado una nueva
Internacional.
Yo lo lamento mucho, pues la
Internacional Socialista está en la hora actual suficientemente abierta a todas
las formas del pensamiento socialista, y a pesar de las controversias teóricas
y prácticas promovidas por el bolchevismo, no veo razón para que la izquierda
se separe del centro y forme un grupo independiente.
Debemos recordar, ante todo,
que nos encontramos aún en el período de alumbramiento de la revolución; las
formas de gobierno surgidas de las devastaciones políticas y sociales de la
guerra no han hecho todavía sus pruebas y no han sido fijadas definitivamente.
40
La primera escobada parece
siempre notable, pero no se está seguro de la eficacia de la última.
Rusia no es Hungría, Hungría
no es Francia, Francia no es Inglaterra, y dividir la Internacional según la
experiencia de una sola nación es una criminal estrechez de espíritu.
![]()
1906 el Comité pasó a
denominarse Partido Laborista. Los afiliados a los sindicatos son
automáticamente miembros del partido con la condición de que abonen las cuotas
de militante. Posteriormente ingresaron en el partido numerosos elementos
pequeñoburgueses. Por su ideología y su táctica el Partido Laborista es una
organización oportunista. Sus líderes siguen la táctica de la colaboración
social con la burguesía.
Las tareas de la III Internacional
Además, ¿qué vale la
experiencia de Rusia? ¿Quién puede hablar de ella? Los gobiernos aliados tienen
miedo de dejarnos que nos informemos. Pero hay dos cosas que sabemos.
La primera es que no había
un plan preparado de la revolución que ha hecho el gobierno ruso actual. Se
desarrolló según el curso do los acontecimientos. Lenin comenzó a atacar a
Kerenski exigiendo una Asamblea Constituyente. Los acontecimientos le condujeron
a suprimir esa Asamblea. Cuando estalló en Rusia la revolución socialista,
nadie pensaba que los Soviets ocuparían en el gobierno el lugar que han
ocupado.
A continuación, Lenin
exhortó justamente a Hungría a no copiar servilmente a Rusia, sino dejar que la
revolución húngara evolucionara según su propio carácter.
Las fluctuaciones y la
evolución de las experiencias a que asistimos en este momento no debían en modo
alguno conducir a una división en la Internacional.
Todos los gobiernos
socialistas necesitan la ayuda y los consejos de la Internacional: la
Internacional necesita vigilar sus experimentos con ojo atento y espíritu
crítico.
Acabo de oír a un amigo, que
ha visto a Lenin recientemente, que nadie critica con mayor libertad al
gobierno de los Soviets que el propio Lenin.
* * *
Si los disturbios y las
revoluciones de posguerra no justifican una escisión, ¿la justifica actitud de
ciertas secciones socialistas durante la guerra? Aquí, confieso con candor que
la razón puede parecer mejor. Mas si existe verdaderamente un motivo de escisión
en la Internacional, la Conferencia de Moscú ha planteado la cuestión de la
peor manera.
Yo me cuento entre los que
consideran que la discusión en la Conferencia de Berna sobre las
responsabilidades de la guerra no fue más
que una concesión a la opinión pública no socialista.
En Berna no sólo no se pudo
emitir sobre esta cuestión un juicio que tuviera algún valor histórico (si bien
pudo tener algún valor político), sino que el asunto mismo no fue abordado como
convenía.
Una condenación de la
mayoría alemana (que la mayoría alemana se ha merecido sobradamente y a la que
yo me sentí muy dichoso de adherirme) no podía ser una exposición de los
orígenes de la guerra.
Los debates de Berna no
condujeron a una discusión franca de la actitud de los otros socialistas ante
la guerra.
No dieron ninguna fórmula
sobre la conducta de los socialistas durante una guerra. Todo lo que la
Internacional había dicho hasta entonces era que, en una guerra de defensa
nacional, los socialistas debían unirse a los otros partidos.
En estas condiciones, ¿a quién vamos a condenar?
Algunos de entre nosotros
sabían que lo que había dicho la Internacional no significaba nada y no
constituía una guía práctica para la acción.
Sabían que una tal guerra
terminaría con una victoria imperialista, y sin ser pacifistas en el sentido
habitual de la palabra, o antipacifistas, nos adherirnos a una política que
pensábamos que era la única compatible con el internacionalismo.
Pero la Internacional jamás nos había prescrito esta regla de conducta.
Esa es la razón de que, al
comenzar la guerra, la Internacional se hundiera. Perdió su autoridad y no
dictó ninguna ley en nombre de la cual pudiéramos hoy condenar a los que
cumplieron honestamente las resoluciones de los congresos internacionales.
Las tareas de la III Internacional
En consecuencia, la posición
que se debe adoptar hoy es la siguiente: en vez de dividirnos sobre lo que ha
tenido lugar, edifiquemos una Internacional realmente activa y que proteja al
movimiento socialista durante el período de revolución y de construcción que
vamos a atravesar.
Es preciso que
restablezcamos nuestros principios socialistas. Es preciso que sentemos las
bases sólidas de la conducta socialista internacional.
Y si resulta que diferimos
esencialmente sobre estos principios, si no nos ponemos de acuerdo sobre la
libertad y la democracia, si tenemos puntos de vista definitivamente
divergentes acerca de las condiciones en que el proletariado puede tomar el
poder, si la guerra ha emponzoñado de imperialismo ciertas secciones de la
Internacional, entonces puede haber escisión.
Yo no pienso, sin embargo, que se produzca semejante calamidad.
Por consiguiente, lamento el
manifiesto de Moscú, considerándolo, por lo menos, prematuro y ciertamente
inútil, y espero que mis camaradas franceses, que han soportado las calumnias y
los dolores de los cuatro tristes años últimos, no contribuirán, en un
movimiento de impaciencia, a romper la solidaridad internacional.
Sus hijos tendrían que
reconstruirla si es que el proletariado debe algún día gobernar el mundo.
J. Ramsay MacDonald.
41
Cómo ve el lector, el autor
de este artículo se esfuerza por demostrar la inutilidad de la escisión. Pero,
al contrario, su inevitabilidad dimana precisamente de cómo razona Ramsay
MacDonald, representante típico de la II Internacional, digno compañero de
armas de Scheidemann y Kautsky, de Vandervelde y de Branting, etc., etc.
El artículo de Ramsay
MacDonald es la mejor muestra de las frases fluidas, melodiosas y
estereotipadas, en apariencia socialistas, que sirven desde hace mucho en los
países capitalistas avanzados para encubrir la política burguesa en el seno del
movimiento obrero.
I
Comencemos por lo menos
importante, pero que es singularmente característico. El autor, a semejanza de
Kautsky (en su folleto La dictadura del
proletariado), repite la mentira burguesa de que nadie había previsto en
Rusia el papel de los Soviets, de que los bolcheviques y yo mismo comenzamos la
lucha contra Kerenski sólo en aras de la Asamblea Constituyente.
Eso es una mentira burguesa.
En realidad, ya el 4 de abril de 1917, el mismo día de mi llegada a Petrogrado,
yo adelanté unas "tesis" en las que se reivindicaba la República de los Soviets y no una república parlamentaria burguesa. Yo repetí eso
numerosas veces durante la época de Kerenski en la prensa y en las reuniones.
El Partido Bolchevique lo declaró solemne y oficialmente en las resoluciones de
su Conferencia del 29 de abril de 191718.
Desconocer eso significa no querer
conocer la verdad acerca de la revolución socialista en Rusia. No querer
comprender que una república parlamentaria burguesa con una Asamblea
Constituyente es un paso adelante, en comparación con esa misma república sin Asamblea Constituyente, y que la
República Soviética es dos pasos
adelante, significa cerrar los ojos ante la diferencia entre la burguesía y el
proletariado.
![]()
18 Se tienen en cuenta los acuerdos de la
VII Conferencia de toda Rusia (Conferencia de Abril) del POSD(b)R, celebrada
del 24 al 29 de abril (7-12 de mayo) de 1917 en Petrogrado.
Las tareas de la III Internacional
Decirse socialista y no ver
esta diferencia a los dos años de haber sido planteada la cuestión en Rusiay
año y medio después de la victoria de la revolución soviética en Rusia
significa seguir prisionero obstinada y totalmente de "la opinión pública
no socialista", es decir, de las
ideas y de la política de la burguesía.
Con tales individuos, la
escisión es necesaria e inevitable, pues es imposible llevar a cabo la
revolución socialista hombro a hombro con quienes se inclinan al lado de la
burguesía.
Y si hombres como Ramsay
MacDonald o Kautsky y demás no han querido vencer siquiera esa pequeña
"dificultad" que representaba para tales "jefes" conocer los documentos relativos a la actitud de
los bolcheviques ante el Poder soviético, al planteamiento de esta cuestión
antes y después del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917, ¿no sería ridículo
esperar de ellos que estén dispuestos y sean capaces de superar las dificultades,
incomparablemente mayores, de la lucha actual por la revolución socialista?
No hay peor sordo que el que no quiere oír.
II
Pasemos a la segunda falacia
(entre las innumerables falacias de que está repleto el artículo de Ramsay
MacDonald, pues contiene, quizá, más mentiras que palabras). Esta falacia es,
probablemente, la más importante.
J. R. MacDonald afirma que
la Internacional había dicho antes de la guerra de 1914-1918 que solamente
"en una guerra de defensa nacional, los socialistas debían unirse a los
otros partidos".
Eso es faltar a la verdad de una manera flagrante y monstruosa.
Es del dominio público que
el Manifiesto de Basilea de 191219 fue
aprobado unánimemente por todos los socialistas y que es el único documento de
la Internacional relacionado precisamente con la guerra entre el grupo inglés y
el grupo alemán de rapaces imperialistas que se preparaba, de modo evidente
para todos, en 1912 y que estalló en 1914. Justamente a propósito de esta
guerra, el Manifiesto de Basilea dijo tres cosas que MacDonald silencia ahora,
cometiendo el mayor crimen contra el socialismo y demostrando que con gentes
como él es imprescindible la escisión, pues ellos sirven de hecho a la
burguesía, y no al proletariado.
Estas tres cosas son las
siguientes: la guerra que amenaza no puede ser justificada lo más mínimo con
los intereses de la libertad nacional; por parte de los obreros, sería un
crimen disparar en esa guerra unos contra otros; la guerra conduce a la revolución
proletaria.
Esas son las tres verdades
fundamentales, cardinales, que MacDonald "olvida" (aunque las
suscribió antes de la guerra), pasándose de
hecho al lado de la burguesía contra el proletariado y demostrando con ello
que la escisión es indispensable.
La Internacional Comunista
no aceptará la unidad con los partidos que no desean reconocer esta verdad y
que son incapaces de demostrar con actos
su decisión, disposición y capacidad de hacer llegar esas verdades a la
conciencia de las masas.
![]()
19 Manifiesto
de Basilea:
manifiesto sobre la guerra aprobado por el Congreso Socialista Internacional
Extraordinario de Basilea, que se celebró del 24 al 25 de noviembre de 1912. El
manifiesto prevenía a los pueblos de la amenaza de una guerra imperialista
mundial, revelaba los objetivos bandidescos de esta guerra y exhortaba a los
obreros de todos los países a luchar resueltamente por la paz, oponiendo
"al imperialismo capitalista el poderío de la solidaridad internacional
del proletariado". En el Manifiesto de Basilea fue incluido un punto de la
resolución del Congreso de Stuttgart (1907), formulado por Lenin, en el que se
decía que en caso de estallar una guerra imperialista los socialistas debían
aprovechar la crisis económica y política, originada por ella, para luchar por la
revolución socialista.
Las tareas de la III Internacional
La paz de Versalles ha
demostrado hasta a los tontos y los ciegos, incluso a la masa de miopes, que la
Entente ha sido y sigue siendo un rapaz imperialista tan sanguinario e inmundo
como Alemania. Sólo pueden no ver eso hipócritas y embusteros, que aplican
conscientemente la política burguesa en el movimiento obrero, agentes y
demandaderos de la burguesía (labour
lieutenants of the capitalist class, oficiales obreros al servicio de la
clase capitalista, como dicen los
socialistas norteamericanos), o gentes tan supeditadas a las ideas burguesas y
a la influencia burguesa que son socialistas sólo de palabra y, en realidad,
pequeños burgueses, filisteos, aduladores de los capitalistas. La diferencia
entre la primera y la segunda categoría es importante desde el punto de vista
de los individuos, es decir, para juzgar a Fulano o a Mengano entre los
socialchovinistas de todos los países. Para el político, es decir, desde el
punto de vista de las relaciones entre millones de personas, entre las clases,
esta diferencia no es esencial.
42
Los socialistas que durante
la guerra de 1914-1918 no comprendieron que era una guerra criminal,
reaccionaria, expoliadora, imperialista por ambas partes, son
socialchovinistas, es decir, socialistas de palabra y chovinistas de hecho;
amigos de la clase obrera de palabra, pero de hecho lacayos de "su"
burguesía nacional, a la que ayudan a engañar al pueblo, presentando como
"nacional", "liberadora", "defensiva",
"justa", etc., la guerra entre el grupo inglés y el grupo alemán de
rapaces imperialistas, igualmente
inmundos, egoístas, sanguinarios, criminales y reaccionarios.
La unidad con los
socialchovinistas es una traición a la revolución, una traición al
proletariado, una traición al socialismo; es la deserción al campo de la
burguesía, pues es la "unidad" con la burguesía nacional de "su" país contra la unidad del proletariado revolucionario internacional, es
la unidad con la burguesía contra el proletariado.
Así lo ha demostrado
definitivamente la guerra de 1914-1918. Quien no haya comprendido eso, que siga
en la Internacional amarilla de Berna de socialtraidores.
III
Ramsay MacDonald, con la
divertida ingenuidad de un socialista "de salón", que lanza palabras
al viento sin comprender en absoluto su seria importancia y sin pensar lo más
mínimo en que las palabras obligan a los
actos, declara que en Berna se hizo "una concesión a la opinión
pública no socialista".
¡Precisamente! Nosotros
consideramos toda la Internacional de Berna como una Internacional amarilla, de
traidores y renegados, porque toda su
política es "una concesión"
a la burguesía.
Ramsay MacDonald sabe muy
bien que hemos fundado la III Internacional y roto decididamente con la II,
pues nos hemos convencido de que está condenada, de que es incorregible, de que
desempeña el papel de lacayo del imperialismo, de agente de la influencia
burguesa, de la mentira burguesa y de la depravación burguesa en el movimiento
obrero. Si Ramsay MacDonald, al querer juzgar de la III Internacional, elude el
fondo de la cuestión, anda con rodeos, dice frases hueras y no habla de lo que
se debe hablar, suya es la culpa y suyo es el delito.
Porque el
proletariado necesita la verdad, y no hay nada más perjudicial para su causa
que la mentira especiosa, decorosa, filistea.
La cuestión del imperialismo
y de su ligazón con el oportunismo en
el movimiento obrero, con la traición de los jefes obreros a la causa obrera,
está planteada desde hace mucho, muchísimo tiempo.
Las tareas de la III Internacional
Durante cuarenta años, de 1852 a 1892, Marx y Engels señalaron
constantemente el aburguesamiento de
las capas superiores de la clase obrera de Inglaterra como consecuencia de sus peculiaridades económicas
(colonias, monopolio en el mercado mundial, etc.). Marx se granjeó en los años
70 del siglo pasado el odio honroso de los viles prohombres de la tendencia
internacional "bernesa" de la época, de los oportunistas y los
reformistas, por haber estigmatizado a numerosos jefes de las Trade Unions
inglesas como hombres vendidos a la burguesía o pagados por ella por los
servicios que prestan a su clase dentro del movimiento obrero.
Durante la guerra
anglo-bóer, la prensa anglosajona planteó ya con toda claridad la cuestión del
imperialismo como fase novísima (y
última) del capitalismo. Si la memoria no me es infiel, precisamente Ramsay
MacDonald abandonó entonces la "Sociedad Fabiana"20, ese prototipo de la Internacional "de Berna", ese
semillero y modelo del oportunismo, caracterizado por Engels con energía,
claridad y verdad geniales en su correspondencia con Sorge. "Imperialismo
fabiano'': tal era entonces la expresión al uso en las publicaciones
socialistas inglesas.
Si Ramsay MacDonald ha olvidado eso, tanto peor para él.
El "imperialismo
fabiano" y el "socialimperialismo" son la misma cosa: socialismo
de palabra, imperialismo de hecho, transformación
del oportunismo en imperialismo. Este fenómeno se ha convertido ahora,
durante y después de la guerra de 1914-1918, en un hecho universal. No comprenderlo es la mayor ceguera de la Internacional
amarilla "de Berna" y su mayor crimen. El oportunismo o el reformismo
debían transformarse inevitablemente en imperialismo
socialista o socialchovinismo, de alcance histórico universal, pues el imperialismo ha destacado a un puñado
de naciones avanzadas riquísimas que saquean al mundo entero y, con ello, ha
permitido a la burguesía de esos países sobornar
con sus superbeneficios monopólicos (el imperialismo es el capitalismo
monopolista) a las capas superiores de la
clase obrera de dichos países.
La ineluctabilidad económica
de este hecho en el imperialismo pueden no verla únicamente los ignorantes
rematados o los hipócritas que engañan a los obreros repitiendo lugares comunes sobre el capitalismo y
volando, de este modo, la amarga verdad del paso de toda una corriente socialista al lado de la burguesía imperialista.
43
Mas de este hecho se deducen dos conclusiones incontestables.
Primera conclusión: La
Internacional "de Berna" es de hecho, por su verdadero papel
histórico y político, independientemente de la buena voluntad y de los deseos
inocentes de unos u otros de sus miembros, una
organización de agentes del imperialismo internacional que actúan en el seno del movimiento obrero y hacen
penetrar en él la influencia
burguesa, las ideas burguesas, la mentira burguesa y la depravación burguesa.
En los países de vieja
cultura democrática parlamentaria, la burguesía ha aprendido admirablemente a
actuar no sólo por la violencia, sino también por medio del engaño, del soborno
y de los halagos, llegando a las formas más refinadas de estos procedimientos.
No en vano los "lunchs" de los "líderes obreros" ingleses
(es decir, de los demandaderos de la burguesía encargados de embaucar a los
obreros) se han hecho célebres y ya Engels habló
![]()
20 Sociedad
Fabiana:
organización reformista inglesa fundada en 1884; debe su nombre al caudillo
romano del siglo III antes de n. e. Fabio Máximo Cunctátor (el
Contemporizador), conocido por su táctica expectante, por rehuir los combates
decisivos en la guerra contra Aníbal. Los miembros de la Sociedad Fabiana eran
principalmente intelectuales burgueses: científicos, escritores y políticos (S.
y B. Webb, R. MacDonald, B. Shaw y otros); negaban la necesidad de la lucha de
clase del proletariado y de la revolución socialista afirmando que el paso del
capitalismo al socialismo sólo es posible por medio de pequeñas reformas, de
transformaciones paulatinas de la sociedad. En 1900 la Sociedad Fabiana ingresó
en el Partido Laborista. El "socialismo fabiano" es una de las fuentes
de la ideología de los laboristas.
Las tareas de la III Internacional
de ellos. Son hechos del
mismo orden la "deliciosa" recepción dispensada por el señor
Clemenceau al social traidor Merrheirn, las amables recepciones ofrecidas por
los ministros de la Entente a los jefes de la Internacional de Berna, etc.,
etc.
"Ustedes instrúyanlos,
y nosotros los compraremos", dijo una capitalista inglesa inteligente al
señor socialimperialista Hyndman, quien relata en sus memorias cómo esta dama
—más sagaz que todos los jefes de la Internacional "de Berna" juntos—
valoró los "esfuerzos" de los intelectuales socialistas para instruir
a los líderes socialistas salidos de entre los obreros.
Durante la guerra, cuando
los Vandervelde, los Branting y toda esta banda de traidores organizaban
conferencias "internacionales", los periódicos burgueses franceses se
reían muy mordazmente y con mucha razón: "Estos Vandervelde tienen una
especie de tic. De la misma manera que las personas que padecen tic no pueden
pronunciar dos frases sin una extraña contracción de los músculos faciales, los
Vandervelde no pueden pronunciar discursos políticos sin repetir como loros las
palabras internacionalismo, socialismo, solidaridad obrera internacional,
revolución proletaria, etc. Que repitan las fórmulas sacramentales que quieran
con tal de que nos ayuden a embaucar a los obreros y nos presten un servicio a
nosotros, los capitalistas, para hacer la guerra imperialista y sojuzgar a los
obreros".
Los burgueses ingleses y
franceses son a veces muy inteligentes y aprecian magníficamente el papel
lacayuno de la Internacional "de Berna".
Mártov ha escrito en algún
sitio: vosotros, los bolcheviques, denigráis a la Internacional de Berna, pero
a ella pertenece "vuestro" amigo Loriot.
Es un argumento de un
truhán. Porque todo el mundo sabe que Loriot lucha por la III Internacional
abiertamente, honestamente, heroicamente. Cuando Zubátov organizaba en Moscú en
1902 asambleas de obreros para engañarlos con su "socialismo policíaco",
el obrero Bábushkin, que yo conocía desde 1894 por formar parte de mi círculo
obrero de San Petersburgo; Bábushkín, uno de los mejores y más fieles obreros
"iskristas", uno de los jefes del proletariado revolucionario,
fusilado en 1906 por Rennenkampf en Siberia, asistía a las asambleas de Zubátov para luchar contra el
zubatovísmo y arrancar de sus garras a los
obreros. Bábushkin era tan poco "zubatovista" como Loriot
"bernés".
IV
Segunda conclusión: La III
Internacional, la Internacional Comunista, ha sido fundada precisamente para no
permitir a los "socialistas" salir del paso con ese reconocimiento verbal de la revolución de que nos da
ejemplo Ramsay MacDonald en su artículo. El reconocimiento verbal de la
revolución, que encubre de hecho una política totalmente oportunista,
reformista, nacionalista, pequeñoburguesa, fue el pecado capital de la II
Internacional y nosotros sostenemos contra él una guerra a vida o muerte.
Cuando se dice que la II
Internacional ha muerto después de una vergonzosa bancarrota hay que saber
comprenderlo. Esto significa que ha fracasado y ha muerto el oportunismo, el
reformismo, el socialismo pequeñoburgués. Porque la II Internacional tiene un
mérito histórico, tiene una conquista para siempre a la que no renunciará jamás
el obrero consciente, a saber: la creación de organizaciones obreras de masas,
cooperativistas, sindicales y políticas, la utilización del parlamentarismo
burgués, como, en general, de todas las instituciones de la democracia
burguesa, etc.
Para vencer efectivamente al
oportunismo, que ha conducido a la muerte vergonzosa de la II Internacional,
para ayudar efectivamente a la revolución, cuya proximidad se ve obligado a
reconocer incluso Ramsay MacDonald,
es necesario:
Las tareas de la III Internacional
Primero.
Hacer toda la propaganda y la agitación desde el punto de vista de la
revolución, en oposición a las reformas, explicando de manera sistemática a las
masas esta oposición, teórica y prácticamente, en cada paso de la actividad
parlamentaria, sindical, cooperativista, etc. No renunciar en ningún caso
(salvo casos especiales, excepcionales) al aprovechamiento del parlamentarismo
y de todas las "libertades" de la democracia burguesa, no renunciar a
las reformas, pero considerarlas únicamente
como un resultado accesorio de la
lucha de clase revolucionaria del proletariado. Ni un solo partido de la
Internacional "de Berna" satisface esta exigencia. Ni uno solo da
pruebas de haber comprendido cómo debe hacerse toda la propaganda y la agitación, explicando la diferencia entre las reformas y la
revolución, cómo hay que educar constantemente
al partido y a las masas con vistas a la
revolución.
44
Segundo.
Combinar la labor legal y la labor ilegal.
Los bolcheviques lo han enseñado siempre así, y con insistencia singular
durante la guerra de 1914 -1918. De ello se rieron los prohombres del vil
oportunismo, ensalzando con aire de suficiencia la "legalidad", la
"democracia" y la "libertad" de los países y las repúblicas
de Europa Occidental, etc. Ahora, sólo truhanes descarados, que engañan con
frases a los obreros, pueden negar que los bolcheviques tenían razón. No hay un
solo país en el mundo, aunque sea una de las repúblicas burguesas más avanzadas
y más "libres", en el que no reine el terror de la burguesía, en el
que no se prohíba la libertad de agitación en favor de la revolución
socialista, la libertad de propaganda y de trabajo de organización de las masas
precisamente en esto sentido. Un partido que hasta ahora no haya reconocido eso
en un régimen de dominación de la burguesía y que no efectúe una labor ilegal sistemática y múltiple, a pesar
de las leyes de la burguesía y de los parlamentos burgueses, es un partido de
traidores y canallas que engañan al pueblo con el reconocimiento verbal de la
revolución. El lugar de esos partidos está en la Internacional amarilla
"de Berna". En la Internacional Comunista no estarán.
Tercero.
Sostener una guerra constante e implacable para expulsar por completo del
movimiento obrero a los jefes oportunistas que se desenmascararon antes de la
guerra, y sobre todo durante la guerra, tanto en el terreno político como,
especialmente, en los sindicatos y en las cooperativas. La teoría de la
"neutralidad" es un subterfugio falaz y vil que ayudó a la burguesía
a dominar a las masas en 1914-1918. Los partidos que están de palabra a favor
de la revolución, pero que en la práctica no efectúan una labor perseverante
para que precisamente el partido revolucionario, y sólo el partido
revolucionario, influya en las diversas organizaciones obreras de masas, son
partidos de traidores.
Cuarto. Es
imposible reconciliarse con quienes condenan de palabra al imperialismo, pero
de hecho no sostienen una lucha revolucionaria por liberar las colonias (y las
naciones dependientes) de su propia
burguesía imperialista. Eso es hipocresía. Es la política de los agentes de la
burguesía en el movimiento obrero (labour
lieutenants of the capitalist class). Los partidos inglés, francés,
holandés, belga, etc., hostiles de palabra al imperialismo, pero que de hecho
no sostienen una lucha revolucionaria en "sus" colonias para derrocar a "su" burguesía, no
ayudan sistemáticamente a la labor revolucionaria
en las colonias, iniciada ya en todas partes, y no introducen en ellas armas y
literatura para los partidos revolucionarios de las colonias, son partidos de
canallas y traidores.
Quinto. Hay
un fenómeno típico de los partidos de la Internacional "de Berna" que
constituye el colmo de la hipocresía: reconocer de palabra la revolución y
presumir ante los obreros con frases pomposas afirmando que reconocen la
revolución, pero, de hecho, adoptar una actitud puramente reformista ante los
gérmenes, retoños y manifestaciones del crecimiento de la revolución, como son
todas las acciones de masas que rompen las leyes burguesas y rebasan toda
legalidad, por ejemplo, las huelgas masivas, las manifestaciones callejeras,
las protestas de los soldados, los mítines entre las tropas, la difusión de
proclamas en los cuarteles y campamentos, etc.
Las tareas de la III Internacional
Si preguntáis a cualquier
héroe de la Internacional "de Berna" si su partido realiza esa labor
sistemática, os responderá con frases evasivas que encubren la ausencia de esa
labor (la falta de organizaciones y de aparato para ello, la incapacidad de su
partido para llevarla a cabo) o con declamaciones contra el
"putsehismo" (fuegos de artificio), el "anarquismo", etc.
Mas en eso precisamente consiste la traición de la Internacional de Berna a la
clase obrera, su deserción de hecho al campo de la burguesía.
Todos los miserables que
figuran corno jefes de la Internacional de Berna se desviven proclamando su
"simpatía" por la revolución en general y por la revolución rusa en
particular. Pero sólo los hipócritas o los tontos pueden dejar de comprender
que los éxitos singularmente rápidos de la revolución en Rusia están vinculados a los largos años de
trabajo del partido revolucionario en el sentido indicado, durante los cuales
se creó un aparato clandestino organizado para dirigir las manifestaciones y
las huelgas, para actuar entre las tropas, se estudiaron minuciosamente los
medios de acción, se editaron publicaciones ilegales, que hacían el balance de
la experiencia e inculcaban a todo el partido la idea de que la revolución era
necesaria, se formaron los dirigentes de las masas para casos semejantes, etc.,
etc.
V
Las discrepancias más
profundas, más fundamentales, que resumen cuanto queda dicho y explican la
inevitabilidad de la lucha implacable en el plano teórico y político-práctico
del proletariado revolucionario contra la Internacional "de Berna", atañen
a los problemas de la transformación de la guerra imperialista en guerra civil
y de la dictadura del proletariado.
Lo que mejor revela que la
Internacional de Berna es prisionera de la ideología burguesa es el hecho de
que, no comprendiendo (o no queriendo comprender, o aparentando no comprender)
el carácter imperialista de la guerra de 1914-1918, no ha comprendido que debía
transformarse ineluctablemente en guerra civil entre el proletariado y la
burguesía de todos los países avanzados.
45
Cuando los bolcheviques
señalaron, ya en noviembre de 1914, que esa transformación era ineluctable, los
filisteos de todos los países respondieron con mofas estúpidas, y entre esos
filisteos figuraban todos los jefes de la Internacional de Berna. Ahora, la
transformación de la guerra imperialista en guerra civil es un hecho en una
serie de países, no sólo en Rusia, sino también en Finlandia, en Hungría, en
Alemania, incluso en la Suiza neutral, y el crecimiento de la guerra civil se
observa, se siente y se palpa en todos los países avanzados sin excepción.
Silenciar hoy esta cuestión
(como hace Ramsay MacDonald) o disuadirse
de la guerra civil inevitable con almibaradas frases conciliadoras (como hacen
los señores Kautsky y compañía) equivale a una traición manifiesta al
proletariado, equivale a pasarse de hecho al lado de la burguesía. Porque los
verdaderos jefes políticos de la burguesía han comprendido hace mucho la
inevitabilidad de la guerra civil y la preparan de manera excelente, meditada y
sistemática, reforzando sus posiciones para ella.
La burguesía del mundo
entero prepara el aplastamiento del proletariado en la guerra civil que se
avecina; lo prepara con todas sus fuerzas, con inmensa energía, inteligencia y
decisión, sin detenerse ante ningún crimen, condenando al hambre y al exterminio
completo a países enteros. Y los personajes de la Internacional de Berna, como
bobalicones o hipócrita clerigalla, o como profesores pedantes, ¡repiten la
vieja cantilena reformista, trivial y manida! ¡No hay espectáculo más
repugnante y asqueroso!
Los Kautsky y los MacDonald
siguen asustando a los capitalistas
con la revolución, siguen aterrorizando
a la burguesía con la guerra civil, a fin de conseguir de ellos concesiones y
su
Las tareas de la III Internacional
disposición a seguir la vía
reformista. A eso se reducen todos los escritos, toda la filosofía y toda la
política de toda la Internacional de Berna. Este despreciable procedimiento de
lacayos lo observamos en Rusia en 1905 entre los liberales (demócratas
constitucionalistas) y en 1917-1919 entre los mencheviques y
"socialistas-revolucionarios". Las almas lacayunas de la
Internacional de Berna ni piensan siquiera en educar a las masas en la conciencia de que es inevitable y
necesario vencer a la burguesía en la
guerra civil, en orientar toda la política con vistas a este fin, en elucidar,
plantear y resolver todos los problemas desde este punto de vista y sólo desde
este punto de vista. Y por eso, nuestro objetivo debe consistir únicamente en
empujar de modo definitivo a los reformistas incorregibles, es decir, a las
nueve décimas partes de los jefes de la Internacional de Berna, al vertedero de
los lacayos de la burguesía.
La burguesía necesita criados que gocen de la
confianza de una parte de la clase obrera y que acicalen y embellezcan a la
burguesía con pláticas sobre la posibilidad de la vía reformista, que cieguen
al pueblo con esas pláticas, que lo
aparten de la revolución pintarrajeando los encantos y las posibilidades de
la vía reformista.
Todos los escritos de
Kautsky, igual que los de nuestros mencheviques y eseristas, se reducen a ese
pintarrajo, al gimoteo del pequeño burgués cobarde que teme la revolución.
No tenemos la posibilidad de
repetir aquí en detalle las causas económicas fundamentales que han hecho
inevitable precisamente la vía revolucionaria y sólo la vía revolucionaria, que
han hecho imposible otra solución, excepto la guerra civil, de los problemas
que la historia plantea al orden del día. Habrá que escribir volúmenes sobre
esta cuestión y se escribirán. Si los señores Kautsky y demás jefes de la
Internacional de Berna no lo han comprendido, sólo se puede decir una cosa: la
ignorancia está menos lejos de la verdad que el prejuicio.
Porque los trabajadores y
sus partidarios, ignorantes pero sinceros, comprenden más fácilmente ahora,
después de la guerra, la inevitabilidad de la revolución, de la guerra civil y
de la dictadura del proletariado que los señores Kautsky, MacDonald, Vandervelde,
Branting, Turati y tutti quanti,
atiborrados de doctísimos prejuicios reformistas.
Las novelas de Henri
Barbusso Le feu ("El
fuego") y Clarté
("Claridad") pueden ser consideradas como una de las confirmaciones
más patentes de un fenómeno muy extendido en todas partes: el crecimiento de la
conciencia revolucionaria de las masas. La primera ha sido traducida ya a todos
los idiomas y editada en Francia con una tirada de 230.000 ejemplares. En ella
se muestra con fuerza, talento y veracidad extraordinarios la transformación
del pequeño burgués, del hombre común, completamente ignorante e imbuido de
ideas y prejuicios, en un revolucionario precisamente bajo la influencia de la
guerra.
Las masas de proletarios y
semiproletarios están con nosotros y se pasan a nosotros no día tras día, sino
hora tras hora. La Internacional de Berna es un Estado Mayor sin ejército, que
se derrumbará como un castillo de naipes si se la desenmascara hasta el fin
ante las masas.
El nombre de Carlos
Liebknecht fue utilizado durante la guerra en toda la prensa burguesa de la
Entente para engañar a las masas: para presentar a los bandidos y saqueadores
del imperialismo francés e inglés como simpatizantes con este héroe, con
"el único alemán honesto", según su expresión.
Ahora, los personajes de la
Internacional de Berna pertenecen a la misma organización que los Scheidemann,
que han tramado el asesinato de Carlos Liehknecht y Rosa Luxemburgo; que los
Scheidemann, que han desempeñado el papel de verdugos surgidos de entre los
obreros y han prestado servicios de verdugos a la burguesía. De palabra,
tentativas hipócritas de "condenar" a los Scheidemann (¡como si una
"condenación" hiciera cambiar las cosas!). De hecho, presencia en la
misma organización que los asesinos.
46
Las tareas de la III Internacional
En 1907, el gobierno alemán
expulsó de Stuttgart al finado Harry Quelch por haber calificado de
"cónclave de ladrones" una reunión de diplomáticos europeos21. Los jefes de la Internacional de Berna no son solamente un
cónclave de ladrones: son un cónclave ele viles asesinos.
No escaparán a la sentencia de los obreros revolucionarios.
VI
Ramsay MacDonald se
desembaraza del problema de la dictadura del proletariado con un par de
palabras, como si se tratara de un tema de discusión sobre la libertad y la
democracia.
No. Es hora de actuar. Es tarde ya para discutir.
Lo más peligroso por parte
de la Internacional de Berna es el reconocimiento verbal de la dictadura del
proletariado. Esta gente es capaz de reconocerlo todo, de firmarlo todo, con
tal de seguir a la cabeza del movimiento obrero. ¡Kautsky dice ya ahora que no
está en contra de la dictadura del proletariado!
¡Los socialchovinistas y los
"centristas" franceses firman una resolución en favor de la dictadura
del proletariado!
¡No se merecen ni un pelo de confianza!
Lo que hace falta no es un
reconocimiento verbal, sino la ruptura completa, real, con la política reformista, con los prejuicios de la libertad
burguesa y de la democracia burguesa, la aplicación en la práctica de una
política de lucha de clase revolucionaria.
Se intenta reconocer de
palabra la dictadura del proletariado para hacer pasar de contrabando, junto
con ella, "la voluntad de la mayoría", "el sufragio
universal" (como hace precisamente Kautsky), el parlamentarismo burgués,
la renuncia a destruir, a volar, a hacer añicos por completo la máquina del
Estado burgués. Estos nuevos subterfugios, estas nuevas escapatorias del
reformismo son lo que más hay que temer.
La dictadura del
proletariado sería imposible si la mayoría de la población no estuviera
compuesta de proletarios y semiproletarios. Kautsky y Cía. intentan falsificar
esta verdad en el sentido de que hará falta "una votación de la
mayoría" para reconocer como "justa" la dictadura del
proletariado.
¡Pedantes cómicos! No han
comprendido que la votación en el marco del parlamentarismo burgués, con sus
instituciones y sus costumbres, es una
parte de la máquina del Estado burgués que debe ser rota y destruida de
arriba abajo para realizar la
dictadura del proletariado, para pasar de la democracia burguesa a la
democracia proletaria,
No han comprendido que, en
general, no es por medio de votaciones, sino con la guerra civil, como se
resuelven todos los problemas
políticos serios cuando la historia ha planteado al orden del día la dictadura
del proletariado.
No han comprendido que la
dictadura del proletariado es el poder de una
clase, que toma en sus manos toda la
máquina del Estado nuevo, que vence a
la burguesía y neutraliza a toda la
pequeña burguesía, al campesinado, a los pancistas, a los intelectuales.
Los Kautsky y los MacDonald
reconocen de palabra la lucha de clases para, de hecho, olvidarse de ella en el
momento más decisivo de la historia de la lucha por la emancipación del
proletariado: en el momento en que, después de haber tomado el poder del Estado
y
![]()
21 Se alude a la intervención de Harry
Quelch en el Congreso de Stuttgart de la II Internacional, celebrado en 1907.
En su intervención llamó a la Conferencia Internacional de La Haya, que se
celebraba en aquel período, "cónclave de ladrones", por lo que el
gobierno germano lo expulsó de Stuttgart.
Las tareas de la III Internacional
gozar del apoyo del
semiproletariado, el proletariado continúa
la lucha de clases con la ayuda de este poder y la lleva hasta la supresión de las clases,
Como verdaderos filisteos,
los jefes de la Internacional de Berna repiten las palabrejas democráticas
burguesas acerca de la libertad, la igualdad y la democracia, sin ver que
repiten retazos de las ideas sobre el
propietario de mercancías libre o igual, sin comprender que el proletariado
necesita el Estado no para la "libertad", sino para aplastar a su enemigo, al explotador, al capitalista.
La libertad y la igualdad
del propietario de mercancías han
muerto, igual que ha muerto el capitalismo. No son los Kautsky y los MacDonald
quienes lo resucitarán.
El proletariado necesita la
abolición de las clases: tal es el contenido real de la democracia proletaria, de la libertad proletaria
(libertad respecto del capitalista,
respecto del intercambio de mercancías), de la igualdad proletaria (no la
igualdad de las clases —en esta
vulgaridad caen los Kautsky, los Vandervelde y los MacDonald—, sino la igualdad
de los trabajadores, que derrocan el
capital y el capitalismo).
Mientras existan las clases,
la libertad y la igualdad de las clases serán un engaño burgués. El
proletariado toma el poder, se convierte en clase dominante, destruye el parlamentarismo burgués y la democracia
burguesa, aplasta a la burguesía, aplasta todas
las tentativas de todas las demás
clases de retornar al capitalismo, da la libertad y la igualdad verdaderas a los trabajadores (lo que es realizable únicamente con la abolición de la propiedad privada de los
medios de producción), les da no sólo "derechos", sino el disfrute real de lo que ha sido arrebatado a la burguesía.
Quien no ha comprendido este contenido de la dictadura del
proletariado (o, lo que es lo mismo, del Poder soviético o de la democracia
proletaria), emplea en vano estas palabras.
No puedo desarrollar aquí
más en detalle estas ideas, que he expuesto en El Estado y la revolución* y en el folleto La revolución proletaria y el renegado Kautsky**. Puedo terminar dedicando estas notas a los delegados
que asistirán el 10 de agosto de 1919 al Congreso de Lucerna22 de la Internacional de Berna.
* Véase el tomo 7 de la presente edición. (N. de la Edit.) ** Véase el tomo 9 de
la presente edición. (N. de la Edit.)
14 de julio de 1919.
Publicado en agosto
de 1919, en el núm. 4 de la revista "La Internacional Comunista".
Firmado: N. Lenin.
T, 39, págs. 90-109.
![]()
22 Tratase de la Conferencia de la II
Internacional que se celebró en Lucerna (Suiza), del 2 al 9 de agosto de 1919.
En un principio se proyectaba convocar un "congreso mundial", pero
como se presentaron sólo 40 delegados se abrió una conferencia en vez del
congreso. En el orden del día de la conferencia figuraron la reconstitución de
la Internacional y la situación política internacional.
Respuestas a las preguntas de un periodista norteamericano
48
RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS DE UN PERIODISTA
NORTEAMERICANO.23
Respondo a las cinco
preguntas que me han sido formuladas, a condición de que se cumpla la promesa
que se me ha hecho por escrito de publicar íntegramente mi respuesta en más de
cien periódicos de los Estados Unidos de América del Norte.
1.
El
Gobierno soviético no tenía un programa gubernamental reformista, sino
revolucionario. Las reformas son concesiones que hace la clase dominante, pero
conservando su dominación. La revolución es el derrocamiento de la clase
dominante. Por eso, los programas reformistas constan habitualmente de multitud
de puntos parciales. El programa nuestro, revolucionario, constaba, en
realidad, de un solo punto general: derrocamiento del yugo de los capitalistas
y terratenientes, derrocamiento de su poder, emancipación de las masas
trabajadoras respecto de esos explotadores. Jamás hemos modificado este
programa. Algunas medidas parciales orientadas a su realización fueron
frecuentemente modificadas; su enumeración ocuparía todo un volumen. Señalaré
únicamente que existe otro punto general de nuestro programa gubernamental, que
ha motivado, quizá, el mayor número de modificaciones de algunas medidas. Ese
punto es el aplastamiento de la resistencia de los explotadores. Después de la
revolución del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917 ni siquiera clausuramos
los periódicos burgueses, ni pensábamos en el terror. Pusimos en libertad no
sólo a muchos ministros de Kerenski, sino incluso a Krasnov, que había luchado
contra nosotros. Sólo después de que los explotadores, es decir, los
capitalistas, desplegaron su resistencia, empezamos nosotros a aplastarla
sistemáticamente, negando hasta el terror. Fue la respuesta del proletariado a
actos tales de la burguesía como el complot con los capitalistas de Alemania,
Inglaterra, el Japón, Norteamérica y Francia para restaurar el poder de los
explotadores en Rusia; el soborno de los checoslovacos con dinero
anglo-francés, y el de Mannerheim, Denikin, etc., etc., con dinero alemán y
francés. Uno de los últimos complots que suscitó el "cambio"
—exactamente: la intensificación del terror contra la burguesía en Petrogrado—
fue el complot de la burguesía, en unión de los eseristas y mencheviques, para
entregar Petrogrado, la ocupación de Krásnaya Gorka por los oficiales conspiradores,
el soborno de los funcionarios de la Embajada suiza y de muchos empleados rusos
por los capitalistas ingleses y franceses, etc.
2.
La
actividad de nuestra República Soviética en Afganistán, la India y otros países
musulmanes fuera de Rusia es la misma que entre los numerosos musulmanes y
otras nacionalidades no rusas dentro de Rusia. Hemos dado la posibilidad, por
ejemplo, a las masas bashkirias de constituir una república autónoma en el seno
de Rusia; coadyuvamos por todos
![]()
23 Este artículo es contestación a las siguientes cinco preguntas
hechas a Lenin por la agencia United Press:
"1) ¿Ha introducido la República Soviética de Rusia algunos
cambios pequeños o grandes en el programa inicial de política interior y
exterior del gobierno y en el programa económico, cuándo y cuáles?
2) ¿Cuál es la táctica de la República Soviética de Rusia respecto
al Afganistán, la India y otros países musulmanes situados fuera de los límites
de Rusia?
3) ¿Qué objetivos políticos y económicos persiguen en relación con
los Estados Unidos y el Japón?
4) ¿En qué condiciones estarían dispuestos
a concluir la paz con Kolchak, Denikin y Mannerheim?
5) ¿Qué otras cosas quisieran poner en conocimiento de la opinión
pública norteamericana?"
Las respuestas de Lenin fueron enviadas a Budapest para la
prensa norteamericana.
En octubre de 1919, la
revista socialista de izquierda The
Liberator publicó un artículo titulado A
Statement and a Challenge ("Declaración y desafío"). En una
observación al artículo, la Redacción de la revista comunicaba que la agencia United Press había distribuido
a los periódicos la contestación de Lenin, pero omitiendo la respuesta a la
quinta pregunta como "propaganda puramente bolchevique".
Respuestas a las preguntas de un periodista norteamericano
los medios al desarrollo
independiente y libre de cada nacionalidad, al incremento y difusión de
publicaciones en la lengua materna de cada una; traducimos y propagamos nuestra
Constitución Soviética, que tiene la desgracia de gustar a más de mil millones
de habitantes de la Tierra (pertenecientes a nacionalidades carentes de
derechos, oprimidas, dependientes y colonizadas) mucho más que las
constituciones "euroccidental" y americana de los Estados
"democráticos" burgueses, las cuales refrendan la propiedad privada
de la tierra y del capital, es decir, la opresión de los trabajadores de sus
países y de centenares de millones de seres de las colonias de Asia, África,
etc., por un puñado de capitalistas "civilizados".
3. Con relación a los Estados Unidos y al
Japón, perseguimos, ante todo, el objetivo político de rechazar su invasión de
Rusia, una invasión insolente, criminal y rapaz, que sirve únicamente para
enriquecer a los capitalistas de dichos países.
Hemos propuesto muchas veces
y solemnemente la paz a ambos Estados, pero ni siquiera nos han contestado y
continúan la guerra contra nosotros, ayudando a Denikin y Kolchak, saqueando
Múrmansk y Arjánguelsk y desolando y arruinando especialmente la Siberia
Oriental, donde los campesinos rusos oponen heroica resistencia a los
bandidos-capitalistas del Japón y de los Estados Unidos de América del Norte.
Nuestro ulterior objetivo
político y económico con relación a todos los pueblos, incluidos los Estados
Unidos y el Japón, es uno solo: alianza fraternal con los obreros y
trabajadores de todos los países sin excepción.
49
4.
Las
condiciones en que estamos dispuestos a concluir la paz con Kolchak, Denikin y
Mannerheim las hemos expuesto por escrito muchas veces, con absoluta precisión
y claridad, por ejemplo, a Bullitt, quien sostuvo negociaciones con nosotros (y
conmigo personalmente en Moscú) en nombre del Gobierno de los Estados Unidos24, en la carta a Nansen25,
etc. No es culpa nuestra que los gobiernos de los Estados Unidos y de otros
países teman publicar íntegramente estos documentos, ocultando al pueblo la
verdad. Me limitaré a recordar nuestra condición fundamental: estamos
dispuestos a abonar todas las deudas a Francia y a los demás Estados con tal de
que se establezca una paz de verdad y no sólo de palabra, es decir, de que sea
firmada y ratificada formalmente por los gobiernos de Inglaterra, Francia,
Estados Unidos, el Japón e Italia, ya que Denikin, Kolchak, Mannerheim y demás
son simples peones en manos de esos gobiernos.
![]()
24 Lenin se refiere a las conversaciones
con William Bullit, que llegó en marzo de 1919 a la Rusia Soviética para
aclarar las condiciones en que el Gobierno soviético accedería a concluir la
paz con los aliados y también con los gobiernos de los guardias blancos
formados en el territorio de Rusia.
Por conducto de Bullit fueron transmitidas proposiciones que
emanaban del presidente de los EE.UU. Wilson y del primer ministro de Gran
Bretaña Lloyd George.
El Gobierno soviético, aspirando a concluir cuanto antes la paz,
aceptó sostener negociaciones en las condiciones propuestas, pero introdujo en
ellas enmiendas sustanciales.
Poco después de partir Bullit de la Rusia Soviética, Kolchak
logró algunos éxitos en el Frente Oriental y los gobiernos imperialistas,
confiando en la derrota del Estado soviético, renunciaron a las negociaciones
de paz. Wilson prohibió publicar el proyecto de convenio traído por Bullit, y
Lloyd George declaró en el Parlamento que no tenía nada que ver con las
negociaciones con el Gobierno soviético.
25 Se tiene en cuenta la contestación del Gobierno soviético a la
carta de F.Nansen a V. I. Lenin del 17 de abril de 1919 (esta carta fue captada
por radio el 4 de mayo). Nansen indicaba en su carta que el 3 de abril se había
dirigido a Wilson, Clemenceau, Lloyd George y Orlando proponiéndoles ayudar a
la Rusia Soviética con víveres y medicamentos. El 17 de abril el Consejo de los
cuatro respondió aceptando la propuesta de Nansen, pero haciendo la salvedad de
que este plan debía prever la suspensión de las operaciones militares y el cese
del movimiento de tropas y de material de guerra de todo género en el
territorio de la Rusia Soviética. Como este plan no ofrecía ninguna garantía de
que la suspensión de las operaciones militares no sería aprovechada por la contrarrevolución,
el Gobierno soviético, en su carta del 7 de mayo a Nansen, indicó que las
negociaciones sobre la suspensión de las operaciones militares podían
sostenerse con los propios gobiernos de los países de la Entente. Nansen
comunicó que las proposiciones del Gobierno soviético serían transmitidas a los
gobiernos de estos países. Pero las potencias de la Entente no respondieron.
Respuestas a las preguntas de un periodista norteamericano
5. Lo que más quisiera comunicar a la opinión pública de América
es lo siguiente:
En comparación con el
feudalismo, el capitalismo fue un paso adelante de importancia histórica
universal por el camino de la "libertad", la "igualdad", la
"democracia" y la "civilización". Mas, a pesar de eso, el capitalismo
fue y sigue siendo un sistema de esclavitud
asalariada, de esclavización de millones de trabajadores, obreros y
campesinos por una insignificante
minoría de esclavistas, terratenientes y capitalistas modernos. La democracia
burguesa ha cambiado la forma de esa esclavitud económica, en comparación con
el feudalismo, ha creado para ella una cobertura singularmente brillante, pero
no ha cambiado ni podía cambiar su esencia. El capitalismo y la democracia
burguesa son la esclavitud asalariada.
El gigantesco progreso de la
técnica, en general, y de las vías de comunicación, en particular, y el colosal
crecimiento del capital y de los bancos han hecho que el capitalismo madure y
se pase. El capitalismo se ha sobrevivido. Ha llegado a ser el freno más
reaccionario del desarrollo humano. Se ha convertido en el poder omnímodo de un
puñado de millonarios y multimillonarios, que empujan a los pueblos al matadero
para resolver el problema de a qué grupo de piratas, el alemán o el
anglo-francés, deben ir a parar el botín imperialista, el poder sobre las
colonias, las "esferas de influencia" financieras o los
"mandatos de administración", etc.
En la guerra de 1914-1918,
decenas de millones de hombros han perecido o sido mutilados precisamente para
eso, sólo para eso. La conciencia de esta verdad se extiende con incontenible
ímpetu y rapidez entre las masas trabajadoras de todos los países; con tanta
mayor razón, por cuanto la guerra ha provocado por doquier una ruina inaudita y
en todas partes, incluidos los
pueblos "vencedores", hay que pagar por la guerra los intereses de
las deudas. ¿Y qué representan esos
intereses? Un tributo de miles de millones a los señores millonarios por haber
tenido la amabilidad de permitir a decenas de millones de obreros y campesinos
matarse y mutilarse mutuamente para resolver el problema del reparto de los
beneficios entre los capitalistas.
La bancarrota del
capitalismo es inevitable. La conciencia revolucionaria de las masas crece por
doquier. Así lo prueban millares de síntomas. Uno de los menos importantes,
pero muy evidente para los filisteos, son las novelas de Henri Barbusse (Le feu y Clarté), que marchó a la guerra siendo el pequeño burgués más
pacífico, modesto y cumplidor de las leyes, un filisteo, un pancista.
Los capitalistas, la
burguesía, pueden, en el "mejor" de los casos para ellos, retardar la
victoria del socialismo en uno u otro país a costa del exterminio de otros
centenares de miles de obreros y campesinos. Pero no pueden salvar al capitalismo.
Ha venido a sustituirlo la República
Soviética, que entrega el poder a los trabajadores, y sólo a los
trabajadores, que pone en manos del
proletariado la dirección de su emancipación, que procede a abolir la propiedad
privada de la tierra, de las fábricas y demás medios de producción, pues esta
propiedad privada es la fuente de la explotación de muchos por unos pocos, la
fuente de la miseria de las masas, la fuente de las guerras de rapiña entre los
pueblos, con las que se enriquecen únicamente los capitalistas.
La victoria de la República Soviética internacional está
asegurada.
Como final, una pequeña
ilustración: la burguesía norteamericana engaña al pueblo al jactarse de la
libertad, la igualdad y la democracia existentes en su país. Pero ni esa, ni
ninguna otra burguesía, ni ningún gobierno del mundo podrá aceptar, porque temerá
hacerlo, la emulación con nuestro gobierno sobre la base de la libertad, la
igualdad y la democracia verdaderas; temerá aceptar, por ejemplo, un convenio
que asegure a nuestro gobierno y a cualquier otro la libertad de
intercambiar... folletos, editados en nombre del
Respuestas a las preguntas de un periodista norteamericano
gobierno en cualquier
idioma, con el texto de las leyes del país dado, con el texto de la
Constitución y explicaciones que prueben su superioridad sobre las demás.
No hay en el mundo un sólo
gobierno burgués que se atreva a firmar con nosotros ese convenio pacífico,
civilizado, libre, igual y democrático.
¿Por qué? Porque todos, a
excepción de los gobiernos soviéticos, se mantienen mediante la opresión y el
engaño de las masas. Pero la gran guerra de 1914-1918 ha destrozado el gran
engaño.
20 de julio de 1919. Lenin.
Publicadas el 25 de
julio de 1919, en el núm. 162 de "Pravda".
T. 39, págs. 113-117.
Discurso pronunciado en el I Congreso de toda Rusia de
trabajadores de la enseñanza y la cultura socialista
50
DISCURSO PRONUNCIADO EN EL I CONGRESO DE
TODA RUSIA DE TRABAJADORES DE LA ENSEÑANZA Y LA CULTURA SOCIALISTA.
31 de julio de 1919.
Camaradas: Es para mí una
gran alegría saludar a vuestro congreso en nombre del Consejo de Comisarios del
Pueblo.
En el ámbito de la
instrucción pública hemos tenido que combatir largo tiempo las mismas
dificultades con que ha tropezado constantemente el Poder soviético en todos
los terrenos del trabajo y en todas las esferas de la organización. Hemos
observado que al frente de las organizaciones que se consideraban las únicas
organizaciones de masas se encontraron desde el primer momento hombres que
durante mucho tiempo siguieron siendo prisioneros de los prejuicios burgueses.
Hemos observado que incluso en los primeros días de Poder soviético, en octubre
de 1917, el ejército nos inundó de declaraciones en las que afirmaba que no
reconocía el Poder soviético, amenazaba con marchar sobre Petrogrado y
expresaba su solidaridad con los gobiernos burgueses. Ya entonces nos
convencimos de que semejantes declaraciones partían de los grupos dirigentes de
esas organizaciones, de los comités militares de entonces, que representaban
por entero lo pasado en el desarrollo del sentir, de las convicciones y los
puntos de vista de nuestro ejército. Desde entonces, este fenómeno se ha
repetido con relación a todas las organizaciones de masas: se ha repetido
también con relación al proletariado ferroviario y a los empleados de Correos y
Telégrafos. Hemos observado siempre que, en los primeros tiempos, lo pasado
conserva el poder de su fuerza y su influencia en las organizaciones de masas.
Por eso no nos ha sorprendido lo más mínimo la larga y tenaz lucha sostenida en
el seno del magisterio, el cual fue desde el primer momento una organización
que mantenía en su inmensa mayoría, si no en su totalidad, una posición hostil
al Poder soviético. Hemos observado cómo ha sido preciso vencer poco a poco los
viejos prejuicios burgueses y cómo el magisterio, que estaba estrechamente
vinculado a los obreros y los campesinos trabajadores, ha tenido que conquistar
sus derechos en lucha contra el viejo régimen burgués y abrirse camino hacia un
auténtico acercamiento a las masas trabajadoras, hacia una verdadera
comprensión del carácter de la revolución socialista en marcha. Vosotros habéis
tenido que afrontar hasta ahora, más que nadie, los viejos prejuicios de la
intelectualidad burguesa, sus métodos y argumentos habituales, su defensa de la
sociedad burguesa o capitalista y su lucha, que por lo común no se libra de una
manera franca, sino encubierta con tales o cuales consignas aparentemente
plausibles, pero que, en realidad, se lanzan para defender de una manera o de
otra el capitalismo.
Camaradas: Recordaréis,
quizá, cómo describe Marx el ingreso del obrero en una fábrica capitalista
moderna; cómo estudia Marx, al analizar la esclavitud del obrero en la sociedad
capitalista disciplinada, culta y "libre", las causas de la opresión
de los trabajadores por el capital; cómo enfoca las bases del proceso de la
producción y cómo describe la entrada del obrero en la fábrica capitalista, en
la que se saquea la plusvalía, en la que se sientan las bases de toda la
explotación capitalista, en la que se crea la sociedad capitalista, que pone
las riquezas en manos de unos pocos y mantiene oprimidas a las masas. Cuando
Marx llega a este lugar, el más esencial y cardinal de su obra, al análisis de
la explotación capitalista, acompaña esta introducción con una observación
irónica: "Aquí, en este lugar al que os introduzco, en este lugar en que
los capitalistas exprimen ganancias, reinan la libertad, la
Discurso pronunciado en el I Congreso de toda Rusia de
trabajadores de la enseñanza y la cultura socialista
igualdad y Bentham”26. Al decir eso, Marx recalcaba la ideología que aplica la
burguesía en la sociedad capitalista y que ella justifica; porque desde el
punto de vista de la burguesía, que venció en la lucha contra el señor feudal,
desde el punto de vista de esta burguesía, en la sociedad capitalista —basada
en la dominación del capital, en la dominación del dinero y en la explotación
de los trabajadores— reinan precisamente "la libertad, la igualdad y
Bentham". La libertad, como ellos denominan la libertad de lucro, libertad
de enriquecimiento para unos pocos, libertad de comercio; la igualdad, como
ellos denominan la igualdad de los capitalistas y los obreros; el reino de
Bentham, es decir, de los prejuicios pequeñoburgueses respecto a la libertad y
la igualdad.
51
Si echamos una mirada a
nuestro alrededor, si analizamos los argumentos con que nos combatieron ayer y
nos combaten hoy los representantes del viejo Sindicato de Maestros — y que
encontramos hasta ahora en nuestros adversarios ideológicos que se autodenominan
socialistas, en los eseristas y mencheviques—; si analizamos los argumentos
poco meditados que encontramos en las conversaciones cotidianas con la masa
campesina, que no ha comprendido todavía la significación del socialismo; si
examinamos esto con atención y reflexionamos sobre el significado ideológico de
esos argumentos, encontraremos el mismo motivo burgués que recalcó Marx en El Capital. Toda esa gente confirma la
sentencia de que en la sociedad capitalista reinan la libertad, la igualdad y
Bentham. Y cuando se nos hacen objeciones desde este punto de vista y se nos
dice que nosotros, los bolcheviques y el Poder soviético, violamos la libertad
y la igualdad, remitimos a quienes hablan así a los rudimentos de Economía
Política, a las bases de la doctrina de Marx. Les decimos: la libertad de cuya
violación acusáis a los bolcheviques es la libertad del capital, es la libertad
del propietario de vender el trigo en el mercado libre, es decir, la libertad
de lucro para unos pocos, que poseen ese trigo en exceso. Esa libertad de
prensa de cuya transgresión se ha acusado constantemente a los bolcheviques,
¿qué es esa libertad de prensa en la sociedad capitalista? Todos han visto lo
que ha sido la prensa en nuestro país, en la Rusia "libre". Lo conocen
mejor aún quienes, ex profeso o de pasada, han estudiado la organización de la
prensa en los países capitalistas adelantados. La libertad de prensa en la
sociedad capitalista significa la libertad de traficar con la prensa y la
influencia sobre las masas populares. La libertad de prensa es el sostenimiento
de la prensa, el más poderoso instrumento de influencia sobre las masas
populares, a expensas del capital. En eso consiste la libertad de prensa que
han suprimido los bolcheviques. Y se enorgullecen de haber dado por vez primera
libertad a la prensa respecto de los capitalistas, de haber creado por vez
primera en un inmenso país una prensa que no depende de un puñado de ricos y
millonarios; una prensa consagrada por entero a las tareas de la lucha contra
el capital y todo debemos supeditarlo a esta lucha. En esta lucha, sólo el
proletariado obrero, capaz de dirigir a las masas campesinas inconscientes,
puede ser la parte avanzada de los trabajadores, su vanguardia.
Cuando se nos acusa de haber
implantado la dictadura de un partido y se nos propone, como habéis oído, un
frente socialista único, nosotros respondemos: "¡Sí, dictadura de un
partido! Nos asentamos en ella y no podemos abandonar este terreno, porque este
partido ha conquistado a lo largo de decenios la situación de vanguardia de
todo el proletariado fabril e industrial. Es el partido que conquistó esa
posición ya antes de la revolución de 1905. Es el partido que en 1915 estuvo a
la cabeza de las masas obreras; el partido que desde entonces incluso durante
la reacción que siguió a 1905, cuando, existiendo la Duma stolypiniana, se
restableció con tantas dificultades el movimiento obrero— se fundió con la
clase obrera y el único que ha podido conducirla a la transformación profunda y
radical de la vieja sociedad". Cuando se nos propone el frente único
socialista, decimos: eso lo proponen los partidos menchevique y eserista, que
durante la revolución dieron muestras de vacilaciones a favor de la burguesía.
Tenemos dos experiencias. Una es la kerenskiada, cuando los eseristas
![]()
26 Véase C. Marx. El Capital,
tomo I, final del capítulo IV.
Discurso pronunciado en el I Congreso de toda Rusia de
trabajadores de la enseñanza y la cultura socialista
formaron un gobierno de
coalición al que ayudaba la Entente, es decir, la burguesía mundial, los
imperialistas de Francia, Norteamérica e Inglaterra. ¿Y qué vimos como
resultado? ¿Vimos esa transición gradual al socialismo que prometían? No. Vimos
el fracaso, el dominio completo de los imperialistas, la dominación de la
burguesía y la bancarrota total de todas las ilusiones de los conciliadores.
Si no basta esa experiencia, tómese Siberia. Allí vimos
repetirse lo mismo. En Siberia, el gobierno estaba en contra de los
bolcheviques. Al principio, toda la burguesía que había huido del Poder
soviético corrió en ayuda de la sublevación checoslovaca y de la sublevación de
los mencheviques y eseristas contra este poder. Contaron con la ayuda de toda
la burguesía y de los capitalistas de los países más poderosos de Europa y
América; ayuda que no era sólo ideológica, sino también financiera y militar. ¿Y
cuál fue el resultado'? ¿A que llevó este régimen, que pretendía ser el régimen
de la Asamblea Constituyente, ese supuesto gobierno democrático de los
eseristas y mencheviques? Llevó a la aventura de Kolchak. ¿Por qué terminó en
el fracaso que hemos presenciado? Porque se puso allí de manifiesto la verdad
fundamental, que los supuestos socialistas del campo de nuestros adversarios no
quieren comprender: que en la sociedad capitalista sólo puede existir uno de
dos poderes: el poder de los capitalistas o el poder del proletariado, lo mismo
si se trata de una sociedad en desarrollo, que consolidada o declinante.
Cualquier poder intermedio no es más que una ilusión; cualquier intento de una
solución intermedia sólo conduce a que la gente, incluso la más sincera, se
pase a uno de los dos lados. Sólo el poder del proletariado, sólo el gobierno
de los obreros puede agrupar en torno suyo a la mayoría de los que trabajan,
porque las masas campesinas, aunque constituyen una masa de trabajadores, son,
sin embargo, en parte, dueñas de sus pequeñas haciendas, de sus cereales. Tal
es la lucha que se ha desarrollado ante nuestros ojos, la lucha que demuestra
cómo el proletariado va barriendo gradualmente en el curso de largas pruebas
políticas, durante los cambios de gobierno que observamos en distintas regiones
periféricas de Rusia, todo lo que está al servicio de la explotación; demuestra
cómo el proletariado se va abriendo el camino y se convierte cada vez más en el
dirigente auténtico y absoluto de las masas trabajadoras en la tarea de
aplastar y eliminar la resistencia del capital.
52
A la gente que dice que los
bolcheviques vulneran la libertad y que propone un frente único socialista, es
decir, la unificación con quienes vacilaron y dos veces en la historia de la
revolución rusa se pusieron al lado de la burguesía, a esa gente le gusta mucho
acusarnos de que practicamos el terror. Dicen que los bolcheviques han
introducido el sistema del terror en la gobernación, dicen que, para la
salvación de Rusia, es necesario que los bolcheviques renuncien al terror.
Recuerdo a un ingenioso burgués francés, que, manteniendo una posición
burguesa, decía de la abolición de la pena de muerte: "Que empiecen por
abolir la pena de muerte los señores asesinos". Me viene a la memoria esa
respuesta cuando dicen: "Que los bolcheviques renuncien al terror".
¡Que renuncien a él los señores capitalistas rusos y sus aliados, Norteamérica,
Francia e Inglaterra, es decir, quienes impusieron el terror a la Rusia
Soviética! Se trata de los imperialistas que nos atacaron y siguen atacándonos
con todo su poderío militar, mil veces mayor que el nuestro. ¿Acaso no es
terror que todos los países de la Entente, que todos los imperialistas de
Inglaterra, Francia y Norteamérica tengan cada uno de ellos en las capitales de
sus países a servidores del capital internacional —lo mismo da que se llamen
Sazónov que Maklakov— , que han organizado a centenares y decenas de miles de
representantes de la burguesía y del capital descontentos, arruinados, dolidos
y rebosantes de indignación? Si habéis oído hablar de los complots en los medios
militares, si habéis leído acerca del último complot en Krásnaya Gorka, que
estuvo a punto de entregar Petrogrado, ¿no ha sido, acoso, una acción
terrorista de la burguesía de todo el mundo, dispuesta a cualquier ferocidad,
crimen y violencia para restaurar a los explotadores en Rusia y apagar el
incendio de la revolución socialista, que, ahora, amenaza incluso a sus propios
países? ¡Esa es la fuente del terror, ahí tenéis a quién incumbe la
responsabilidad! Y por eso
Discurso pronunciado en el I Congreso de toda Rusia de
trabajadores de la enseñanza y la cultura socialista
es tamos seguros de que
quienes predican en Rusia la renuncia al terror no son sino instrumentos,
conscientes o inconscientes, agentes de los terroristas imperialistas, que
asfixian a Rusia con sus bloqueos, con la ayuda que prestan a Kolchak y a
Denikin. Pero la suya es una causa perdida.
Rusia es el primer país al
que la historia ha reservado el papel de iniciador de la revolución socialista,
y precisamente por ello nos han tocado en suerte tanta lucha y tantos
sufrimientos. Los imperialistas y los capitalistas de otros países comprenden
que Rusia está presta al combate, que en Rusia se decide no sólo la suerte del
capital ruso, sino también la del capital internacional. Por eso difunden en su
prensa una infinidad de falsedades contra los bolcheviques; eso lo hace la
prensa de la burguesía en todo el mundo, esa prensa comprada por millones y
miles de millones.
Se rebelan contra Rusia en
nombre de esos mismos principios de "libertad, igualdad y Bentham".
Cuando encontréis en nuestro país gente que cree defender algo independiente,
los principios de la democracia en general, cuando esa gente habla de libertad,
de igualdad y de la violación de éstas por los bolcheviques, pedidle que lea la
prensa del capitalismo europeo. ¿Con qué se encubren Kolchak y Denikin, tras
qué pantalla tratan de estrangular a Rusia el capital y la burguesía europeos?
¡Todos ellos hablan sólo de eso, de libertad y de igualdad! Cuando los
norteamericanos, los ingleses y los franceses ocuparon Arjánguelsk, cuando
envían sus tropas al Sur, defienden la libertad y la igualdad. Se encubren con
esa consigna, y por eso, en esta lucha furiosa, el proletariado de Rusia se
levanta contra el capital de todo el mundo. Ahí veis a qué causa sirven esas
consignas de libertad y de igualdad, con las que engañan al pueblo todos los
representantes de la burguesía y que corresponde hacer añicos a los intelectuales
que se hallan verdaderamente al lado de los obreros y los campesinos.
Vemos que cuanto más tenaces y feroces son los intentos de los
imperialistas de la Entente, tanta mayor resistencia y oposición suscitan en el
proletariado de sus propios países. El 21 de julio se hizo el primer intento de
huelga internacional de los obreros de Inglaterra, Francia e Italia contra los
gobiernos de esos países, bajo la consigna: cesar toda injerencia en los
asuntos de Rusia y concertar una paz honrada con la República. Eso no ha
resultado. En una serie de países —en Inglaterra, Francia e Italia— ha habido
conatos de huelgas. En Norteamérica y en Canadá se persigue furiosamente todo
lo que recuerda el bolchevismo. En los últimos años hemos vivido la historia de
dos grandes revoluciones. Sabemos con qué dificultad en 1905 la vanguardia de
las masas trabajadoras rusas se puso en movimiento para luchar contra el
zarismo. Sabemos con qué dificultad, después del 9 de enero de 1905, después de
la primera enseñanza sangrienta, se desarrolló, lenta y difícilmente, el
movimiento huelguístico hasta octubre de 1905, cuando por vez primera obtuvo un
éxito la huelga de masas en Rusia. Sabemos lo difícil que eso fue. Eso lo ha
demostrado la experiencia de las dos revoluciones, aunque en Rusia la situación
era más revolucionaria que en otros países. Sabemos con qué dificultad se
organizan, en una serie de huelgas, las fuerzas para luchar contra el
capitalismo. Por eso no nos asombra el revés de la primera huelga
internacional, de la huelga del 21 de julio. Sabemos que la revolución tropieza
en los países europeos con una resistencia y una oposición incomparablemente
mayores que en nuestro país.
53
Sabemos que los obreros de
Inglaterra, Francia e Italia superaron, cuando fijaron la huelga internacional
para el 21 de julio, dificultades inauditas. Eso fue un experimento sin
precedente en la historia. No sorprende que no haya resultado. En compensación
sabemos que las masas trabajadoras de los países más adelantados y civilizados,
pese a la furia de la burguesía europea contra nosotros, están a nuestro lado,
comprenden nuestra causa, y cualesquiera que sean las dificultades de la
revolución y las pruebas que nos esperan, cualquiera que sea el clima de
falsedades y engaños en nombre de "la libertad y la igualdad"
Discurso pronunciado en el I Congreso de toda Rusia de
trabajadores de la enseñanza y la cultura socialista
del capital, de la igualdad
del hambriento y del ahíto, cualquiera que sea ese clima, sabemos que nuestra
causa es la causa de los obreros de todos los países, y por ello esta causa
vencerá infalible e inevitablemente al capital internacional.
Publicado el 3 de agosto de 1919, en el núm. 170 de
"Pravda" y en el núm. 170 de "Izvestia del CEC de toda
Rusia".
T. 39, págs. 131-138.
54
ENTRE LOS LACAYOS.
Los camaradas han traído del
Sur algunas publicaciones mencheviques, eseristas, etc., que nos permiten echar
un vistazo a la "vida ideológica" del otro lado de las barricadas, del otro campo. El Misl27 de
Járkov, de Bazárov y Mártov, el Griaduschi
Dien28, de Miakotin y Peshejónov, Bunakov y
Vishniak, Potrésov y Grossman; el Yúzhnoie
Dielo29 y Obtedinenie30, de
Balabánov y S. Ivanóvich, Miakotin y Peshejónov: estos son los nombres de las
publicaciones y los de algunos de sus más conocidos colaboradores.
A pesar de tratarse sólo de
unos pocos números sueltos de las citadas publicaciones, despiden un aroma tan
fuerte y penetrante que en seguida uno siente que está entre los lacayos.
Intelectuales instruidos que se consideran y se llaman socialistas, impregnados
hasta la médula de prejuicios burgueses y aduladores de la burguesía: eso es,
en fin de cuentas, toda esa caterva de escritores. Hay muchos matices entre
ellos, pero no tienen gran importancia desde el punto de vista político, pues
sólo consisten en el grado de hipocresía o sinceridad, de torpeza o habilidad,
de tosquedad o sutileza con que cumplen su deber de lacayos de la burguesía.
I
Los lacayos deben llevar
librea y guantes blancos, tener un aspecto civilizado y modales apropiados. Al
lacayo le está permitido tener cierto amor por el pueblo: por una parte esto es
inevitable, porque el medio que provee de lacayos debe ser menesteroso, y por
otra parte incluso es ventajoso para el amo, ya que le da la posibilidad de
"practicar" su filantropía, en primer lugar, naturalmente, entre los
individuos "sumisos" de la población de los cuales se recluta
criados, dependientes y obreros. Cuanto más inteligentes y cultas son las
clases que tienen lacayos, más sistemática y premeditadamente llevan a cabo su
política, utilizando a sus lacayos para espiar entre los trabajadores, para
dividir a los trabajadores, haciendo concesiones a una parte de ellos, para
fortalecer sus propias posiciones y para interesar a sus "fieles
servidores" en el acrecentamiento de la fortuna del amo con la esperanza
de recibir una tajada, etc., etc.
Claro está que al lacayo le
es permitido tener amor por el pueblo sólo en grado muy modesto, y sólo con la
condición obligatoria de que manifieste sentimientos de humildad y obediencia
además de su disposición de "consolar" a los trabajadores y
explotados. Digamos, entre paréntesis, que Feuerbach dio una respuesta muy
acertada a quienes defendían la religión corno fuente de "consuelo"
para la gente; consolar al esclavo, decía, es beneficioso para el esclavista,
mientras que el verdadero amigo de los esclavos les enseña a indignarse y a
rebelarse, les enseña a sacudirse el yugo, y no los "consuela". El
lacayo embellece las flores artificiales que sirven para "consolar" a
los esclavos encadenados por la esclavitud asalariada.
![]()
27 "Mysl" ("Pensamiento"): revista menchevique, primero
semanal y luego quincenal; se editó en Járkov de enero a julio de 1919.
Aparecieron 15 números. El artículo de Mártov El bolchevismo mundial que menciona Lenin fue publicado en
abril-julio, en los núms. 10, 12, 13 y 15 de la revista.
28 "Griaduschi Dien" ("El Mañana"): revista de tendencia
menchevique; se editó en Odesa. Aparecieron dos números: núm. 1 en marzo y núm.
2 en abril de 1919.
29 "Yúzhnoe Dielo"
("La Causa del Sur"): recopilaciones periódicas mencheviques que se
editaron en 1918 en Járkov y Kíev. Aparecieron sólo dos cuadernos.
30
"Obiedinenie"
("Unificación"): revista mensual de tendencia menchevique-eserista;
se editó en Odesa desde setiembre de 1918 hasta 1920 bajo la redacción de N.
Osipóvich y P. Yushkévich. Aparecieron cinco números.
El artículo de Yushkévich La revolución y la guerra civil, que
menciona Lenin, se publicó en el núm. 1-2 de la revista, correspondiente a
enero-febrero de 1919.
Los defensores de la
liberación de los hombres de la esclavitud asalariada arrancan de las cadenas
las flores artificiales que las adornan, para que el esclavo aprenda a odiar
sus cadenas con mayor conciencia y energía, a romperlas lo antes posible y a tender
su mano hacia flores verdaderas.
La necesidad de combinar una
dosis muy moderada de amor por el pueblo con una fuerte dosis de obediencia y
defensa de los intereses del amo, inherente a la situación del lacayo, engendra
inevitablemente la hipocresía característica del lacayo como tipo social. Aquí
se trata de un tipo social, y no de cualidades individuales. El lacayo puede
ser el hombre más honesto del mundo, un miembro modelo de su familia y un
ciudadano ejemplar, pero está fatalmente condenado a ser un hipócrita porque la
característica principal de su oficio es combinar los intereses de su amo, a
quien se ha "comprometido" a servir "con devoción y
lealtad", y los intereses del medio social en que se reclutan los criados.
Por lo tanto, si se analiza el problema desde el punto de vista político, es
decir, desde el punto de vista de millones de personas y de las relaciones
entre millones de hombres, indefectiblemente se llega a la conclusión de que
las características principales del lacayo, como tipo social, son la hipocresía
y la cobardía. El oficio de lacayo inculca estas cualidades, y son las más
esenciales desde el punto de vista de los esclavos asalariados y de la masa de
trabajadores en cualquier sociedad capitalista.
II
Intelectuales cultos, que se
dicen mencheviques, socialdemócratas, eseristas, etc., quieren enseñar política
al pueblo. Por ello se han visto obligados a tocar el problema fundamental de
la época en que vivimos: la transformación de la guerra imperialista en guerra
civil. Veamos cómo argumentan acerca de este problema.
55
En Obiedinenie, el señor P. Yushkévich dedica todo un artículo a
"La revolución y la guerra civil". A qué género de literatura —si
puede llamarse literatura— pertenece este artículo, podrá juzgarse por los dos
siguientes argumentos del autor:
"...Al proponerse como
objetivo una revolución que se hace por los intereses de la mayoría y es
realizada por esa mayoría, el socialismo no tiene ninguna razón (!!) para
recurrir a los métodos (!!!) de la guerra civil a lo que fatalmente se ven condenadas
las minorías que toman el poder... La clase más avanzada de la sociedad
contemporánea, cuando ha alcanzado el grado de madurez necesario para
comprender plenamente su misión emancipadora universal y las tareas que ésta
lleva aparejadas, debe rechazarla (la guerra civil) junto con los otros restos
de la barbarie histórica..."
¿Verdad que es una joya?
Inmediatamente después de la
revolución bolchevique, la burguesía rusa comenzó a buscar acuerdos y a
concertar acuerdos con la burguesía extranjera contra los obreros y
trabajadores de su propio país. Los mencheviques y eseristas apoyaron a la
burguesía. Lo mismo ocurrió en Finlandia a comienzos de 1918. Lo mismo ocurrió
en el Norte de Rusia y en el Sur, a principios de 1918, cuando los demócratas
constitucionalistas, los mencheviques y los eseristas, en alianza con los
alemanes, trataron de ahogar a los bolcheviques. Lo mismo volvió a ocurrir en
Georgia. Los alemanes dieron a Krasnov dinero y armas. Más tarde, la burguesía
de la Entente sobornó a los checoslovacos y a Denikin, y desembarcó sus tropas
en Múrmansk, Arjánguelsk, Siberia, Bakú y Ashjabad.
La burguesía internacional,
primero la alemana y luego la anglo-francesa (muchas veces las dos juntas), le
hicieron la guerra al proletariado victorioso de Rusia. ¡Y se presenta un
hombre que se dice socialista y que pasándose al campo de la burguesía aconseja
a los obreros que
"rechacen" los
"métodos de la guerra civil"! ¿No es acaso un Judas Golovliov31 del más moderno estilo capitalista?
Se me dirá tal vez que
Yushkévich no es más que un vulgar plumífero de la burguesía, que no es figura
característica de ningún partido y que ningún partido responde por él. Pero eso
sería falso. En primer lugar, todo el equipo de colaboradores y la tendencia de
Obiedinenie demuestran que esta forma
particular de servilismo es característica de toda la cofradía menchevique
eserista. Y en segundo lugar, tenemos el ejemplo de L. Mártov. Este personaje
es el menchevique más destacado (y quizá el más "de izquierda") y,
además, un miembro muy respetado de la Internacional de Berna, que está de
acuerdo con su jefe ideológico, K. Kautsky.
Echemos un vistazo a las
reflexiones de Mártov, En el número de Misl
de abril de 1919, Mártov escribe sobre el "bolchevismo mundial".
Conoce a fondo las publicaciones bolcheviques y sobre el bolchevismo. He aquí
lo que escribe acerca de la guerra civil:
"...En las primeras
semanas de la guerra tuve ocasión de escribir que la crisis que había provocado
en el movimiento obrero era, ante todo, una "crisis moral", una
crisis de pérdida de la confianza mutua entre los diferentes sectores del proletariado,
y de pérdida de la fe de las masas proletarias en los viejos valores morales y
políticos. No podía imaginar entonces que esa pérdida de la confianza mutua,
esa destrucción de los vínculos ideológicos que durante las últimas décadas
unieron, no sólo a reformistas y revolucionarios, sino también, en ciertos
momentos, a socialistas y anarquistas, y a unos y otros con los obreros
liberales y cristianos; no podía imaginar que esa destrucción pudiera conducir
a la guerra civil entre
proletarios..."
La cursiva es del señor
Mártov. El mismo subraya que hace aquí, específicamente, la apreciación de la
guerra civil. Y puede ser incluso que subraye su total acuerdo con Kautsky,
quien, en todo caso, razona de la misma manera sobre la guerra civil.
En este razonamiento hay
tanta infamia refinada, un cúmulo tal de mentiras, un engaño a los obreros, una
vil traición a sus intereses, una actitud tan hipócrita y de apostasía hacia el
socialismo que asombra comprobar cuánto servilismo han acumulado los Kautsky y
los Mártov en decenas de años de "jugar" al oportunismo.
En primer lugar, cuando
Kautsky y Mártov derraman lágrimas hipócritas a propósito de la "guerra
civil entre proletarios",
intentan ocultar su deserción al campo de la burguesía. Pues en realidad la
guerra civil se libra entre el proletariado y la burguesía. Jamás ha habido en
la historia, ni puede haber en una sociedad de clases, una guerra civil entre
la masa explotada y la minoría explotadora, en la cual una parte de los
explotados no se haya puesto del lado de los explotadores y luchado con ellos
contra sus propios hermanos. Cualquiera que sepa leer y escribir reconocerá que
el francés que en la época de la sublevación campesina en la Vendée32, en favor de la monarquía y de los terratenientes, hubiese
deplorado la "guerra civil entre
campesinos", habría sido un lacayo de la monarquía, repugnante por su
hipocresía. Pues bien, los señores
Kautsky y Mártov son otros tantos lacayos de los capitalistas.
La burguesía internacional,
mundialmente poderosa, trata de estrangular a los obreros victoriosos de un
país por haber derrocado el capital, y arrastra tras de sí a algunos de los
obreros engañados, mal informados, embrutecidos, mientras que canallas como
Kautsky y
![]()
31
Judas Golovliov: terrateniente feudal, personaje de la
obra del escritor satírico ruso M. Saltykov- Schedrín Los señores Golovliov, apodado Judas por la santurronería,
hipocresía y crueldad.
32 Vendée: departamento del Oeste de Francia donde, durante la revolución
burguesa, en marzo de 1793, se produjo un levantamiento contrarrevolucionario.
La inmensa mayoría de los insurgentes eran campesinos atrasados instigados y
dirigidos por curas y nobles contrarrevolucionarios. La sedición fue sofocada
en 1795, pero los intentos de reanudarla se sucedieron en 1799 y en años
siguientes.
Vendée pasó a ser sinónimo de movimientos reaccionarios y de
focos de contrarrevolución.
Mártov derraman lágrimas
sobre la "guerra civil entre proletarios". ¡Esos personajes han
tenido que recurrir a tan repugnante hipocresía, ya que no pueden reconocer
abiertamente que, en la guerra civil entre la burguesía y el proletariado, están
del lado de la burguesía!
56
En segundo lugar, Mártov,
como Kautsky y toda la Internacional de Berna, saben perfectamente que gozaban
de la simpatía de los obreros como socialistas porque predicaban la necesidad
de la revolución del proletariado. En 1902, Kautsky escribía acerca de la
posible vinculación entre la revolución y la guerra, y decía que la futura
revolución proletaria probablemente coincidiría en mayor medida con la guerra
civil que las revoluciones anteriores. Y en 1912, en el Manifiesto de Basilea,
toda la II Internacional declaró solemnemente que la guerra inminente traería
aparejada la inminente revolución proletaria. ¡Y cuando estalló esa guerra, los
"revolucionarios" de la II Internacional se portaron como lacayos de
la burguesía!
En noviembre de 1914 los
bolcheviques declararon que la guerra imperialista se transformaría en guerra
civil. Y así fue. Esto es ahora un hecho en escala mundial. Hablando del
"bolchevismo mundial", Mártov se ve obligado a reconocer este hecho.
Pero en vez de reconocer honestamente su total fracaso ideológico, el derrumbe
de las ideas de todos aquellos que, con la mueca despectiva del pancista,
rechazaban la idea de transformar la guerra imperialista en guerra civil, en
vez de ello ¡¡Mártov "señala" hipócritamente a las "masas
proletarias" afirmando que "han perdido la fe en los viejos valores
morales y políticos"!!
Los renegados achacan a las
masas su propia traición. Las masas simpatizan con los bolcheviques y emprenden
en todas partes el camino revolucionario. Y en esto consiste la culpa de las
masas, según la "teoría" de quienes durante toda su vida juraron
lealtad a la revolución y al estallar la revolución se encontraron en el campo
de la burguesía contra el proletariado.
En tercer lugar, antes de la
guerra había dos teorías distintas en lo referente a la lucha dentro del
socialismo. Kautsky y Mártov, como la mayoría de los oportunistas, consideraban
que los reformistas y los revolucionarios constituían dos tendencias legítimas,
alas necesarias del movimiento único de una sola clase. Se condenaba las
divergencias entre estas dos tendencias. Y se reconocía como inevitable su
acercamiento y fusión en todos los momentos importantes de la lucha proletaria
de clase. Los partidarios de una división eran acusados de miopía.
Los bolcheviques tenían un
criterio diferente; consideraban a los reformistas como vehículos de la
influencia burguesa entre el proletariado, admitían una alianza con ellos como
un mal transitorio en situaciones que, evidentemente, no eran revolucionarias,
y consideraban inevitable una ruptura con ellos y una escisión cada vez que la
lucha adquiría un carácter serio, agudo" en especial al estallar una
revolución.
¿Quién ha demostrado tener razón? Los bolcheviques.
En todo el mundo la guerra
provocó una división en el movimiento obrero cuando los social patriotas se
pasaron al campo de la burguesía. Después de Rusia, esto se puso de manifiesto
con mayor claridad en Alemania, país capitalista avanzado. Defender ahora los
"vínculos ideológicos" de los reformistas con los revolucionarios
equivale a apoyar a esos verdugos surgidos del movimiento obrero como Noske y
Scheidemann, que ayudaron a la burguesía a asesinar a Rosa Luxemburgo y Carlos
Liebknecht, y a matar a miles de obreros por su lucha revolucionaria contra la
burguesía.
Publicado por primera
vez en 1925 en el núm. 23-24 de la revista "Bolchevik".
T. 39, págs. 139-145,
Carta a los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre
Kolchak
57
CARTA A LOS OBREROS Y CAMPESINOS
CONMOTIVO DE LA VICTORIA SOBRE KOLCHAK.
Camaradas: Las tropas rojas
han liberado del dominio de Kolchak toda la región de los Urales y han
emprendido la liberación de Siberia. Los obreros y campesinos de los Urales y
Siberia acogen con entusiasmo el Poder soviético, porque barre con escoba de hierro
a toda la canalla de terratenientes y capitalistas que ha atormentado al pueblo
con impuestos, ultrajes y castigos corporales al restaurar el yugo zarista.
El entusiasmo general,
nuestra alegría por la liberación de los Urales y por la entrada de las tropas
rojas en Siberia no deben permitir que nos tranquilicemos. El enemigo dista
mucho de estar aniquilado; ni siquiera está quebrantado definitivamente.
Es preciso empeñar todas las
fuerzas a fin de expulsar de Siberia a Kolchak y los japoneses junto con los
demás bandidos extranjeros, y es preciso un esfuerzo mayor aún para aniquilar
al enemigo e impedir que reincida una y otra vez en sus actividades de
bandolerismo.
¿Cómo lograrlo?
La dura experiencia sufrida
por los Urales y Siberia y asimismo la de todos los países extenuados por
cuatro años de guerra imperialista no deben pasar en vano para nosotros.
He aquí las cinco enseñanzas principales que todos los obreros y campesinos,
todos los trabajadores, deben extraer de esta experiencia, para preservarse de
la repetición de las calamidades causadas por la kolchakiada.
Primera enseñanza. Para proteger el poder de los obreros y campesinos contra los
bandidos, o sea, contra los terratenientes y capitalistas, precisamos un
potente Ejército Rojo. Hemos demostrado con hechos, y no con palabras, que
podemos formarlo, que hemos aprendido a dirigirlo y a vencer a los
capitalistas, a pesar de que éstos reciben de los países más ricos del mundo
copiosa ayuda en armas y municiones. Los bolcheviques han demostrado esto con
hechos. Todos los obreros y campesinos —si son conscientes— deben creerles, y
no de palabra (creer de palabra es una tontería), sino basándose en la
experiencia de millones y millones de personas de los Urales y Siberia. La
tarea más difícil es conjugar el armamento de los obreros y campesinos con el
mando de los ex oficiales, que en su mayoría simpatizan con los terratenientes
y capitalistas. Esta tarea sólo puede resolverse a condición de poseer una
magnífica capacidad organizativa, implantar una disciplina severa y consciente,
y lograr que la capa dirigente de los comisarios obreros goce de la confianza
de las amplias masas. Los bolcheviques han resuelto esta tarea tan difícil:
tenemos muchos casos de traición por parte de los ex oficiales y, sin embargo,
no sólo poseemos el Ejército Rojo, sino que éste ya ha aprendido a vencer a los
generales zaristas y a los de Inglaterra, Francia y Norteamérica.
Por eso, todo el que de
verdad quiera libertarse de la kolchakiada debe consagrar todas sus energías,
todos los medios de que disponga y toda su capacidad a la tarea de formar y
fortalecer el Ejército Rojo. Cumplir a conciencia todas las leyes referentes al
Ejército Rojo y todas las órdenes, mantener en él la disciplina por todos los
medios, prestar ayuda al Ejército Rojo con todo lo que cada uno pueda dar, es
el deber primordial, fundamental y esencial de cada obrero y campesino
consciente que no desee la kolchakiada.
Se debe temer como al fuego
al espíritu de indisciplina, al libertinaje de los distintos destacamentos, a
la desobediencia al poder central, ya que esto, como se ha demostrado en los
Urales, Siberia y Ucrania, conduce al fracaso.
Carta a los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre
Kolchak
Quien no ayuda en todo y
abnegadamente al Ejército Rojo, quien no mantiene con todas sus fuerzas el
orden y la disciplina es un traidor y un renegado, es un partidario de la
kolchakiada y debe ser exterminado sin piedad.
Con un Ejército Rojo fuerte
seremos invencibles. Sin un ejército fuerte seremos fatalmente víctimas de
Kolchak, Denikin y Yudénich.
Segunda enseñanza. El Ejército Rojo no puede ser fuerte si el Estado carece de
grandes reservas de cereales, ya que sin ello no es posible desplazar con
facilidad el ejército ni prepararlo como es debido. Sin estas reservas no se
puede mantener a los obreros que trabajan para el ejército.
58
Todo obrero y campesino
consciente debe saber y recordar que la causa principal de que los éxitos de
nuestro Ejército Rojo no sean lo bastante rápidos y sólidos consiste ahora,
precisamente, en que el Estado no posee reservas suficientes de cereales. El que
no entrega al Estado el grano sobrante ayuda a Kolchak, es un felón y traidor a
los obreros y campesinos, es culpable de la muerte y de los tormentos de otras
decenas de miles de obreros y campesinos que forman en el Ejército Rojo.
Los pillos, los
especuladores y los campesinos totalmente ignorantes razonan así: será mejor
que venda el grano a precio libre y ganaré mucho más que si lo vendo al precio
de tasa fijado por el Estado.
Pero el caso es que la venta
libre aumenta la especulación, enriquece a unos pocos, sacia solamente a los
ricos y deja a la masa obrera hambrienta. Lo hemos visto en la práctica en los
lugares de mayor producción cerealista de Siberia y Ucrania.
Con la venta libre del
trigo, el capital está en la gloria, mientras que los trabajadores pasan hambre
y calamidades.
Con la venta libre del trigo
se eleva su precio hasta miles de rublos el pud, se desvaloriza la moneda y
sale ganando un puñado de especuladores, mientras que el pueblo se empobrece.
Con la venta libre del
trigo, los depósitos de las reservas del Estado quedan vacíos, el ejército se
ve reducido a la impotencia, la industria se paraliza y la victoria de Kolchak
o Denikin se hace inevitable.
Sólo los ricos, sólo los
enemigos mortales del poder obrero y campesino están conscientemente a favor de
la venta libre del trigo. El que por ignorancia es partidario de la venta libre
del trigo, debe darse cuenta y comprender, en el ejemplo de Siberia y Ucrania,
por qué la venta libre del trigo significa la victoria de Kolchak y Denikin.
Hay todavía campesinos
ignorantes que razonan así: que el Estado me dé primero buenas mercancías y a
los mismos precios de antes de la guerra a cambio del trigo, entonces le daré
el que me sobre; en caso contrario, no se lo entregaré. Y basándose en estas
reflexiones, los pillos y partidarios de los terratenientes "pescan"
frecuentemente a los campesinos ignorantes en su anzuelo.
No es difícil comprender que
el Estado obrero, arruinado totalmente por los capitalistas durante loscuatro
años de guerra de rapiña, para apoderarse de Constantinopla, y que después
siguen arruinando por venganza los Kolchak y los Denikin, ayudados por los
capitalistas de todo el mundo; no es difícil comprender que el Estado obrero no
puede surtir ahora de mercancías a los campesinos, porque la industria está
paralizada. No tenemos ni cereales, ni combustible, ni industria.
Todo campesino juicioso
estará de acuerdo en que es necesario dar a crédito el sobrante de trigo al
obrero hambriento, a condición de recibir productos industriales.
Carta a los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre
Kolchak
Tal es la situación de hoy.
Todos los campesinos conscientes y sensatos, todos, a excepción de los pillos y
especuladores, convendrán en que es necesario dar a crédito al Estado obrero absolutamente todos los excedentes de trigo,
ya que de ese modo el Estado restablecerá la
industria y proporcionará a los campesinos productos industriales.
¿Confiarán los campesinos en
el Estado obrero para entregarle el sobrante de trigo a crédito?, nos pueden
preguntar.
Nosotros responderemos:
Primero, el Estado extiende un certificado de crédito en papel moneda. Segundo,
todos los campesinos saben por experiencia que el Estado obrero, es decir, el
Poder soviético, ayuda a los trabajadores, lucha contra los terratenientes y
los capitalistas. Por eso, el Poder soviético se llama poder obrero y
campesino. Tercero, los campesinos no tienen más opción que creer al obrero o
al capitalista, otorgar su confianza y crédito al Estado obrero o al Estado de
los capitalistas. No hay otra alternativa, ni en Rusia ni en ningún país del
mundo. Cuanto más conscientes son los campesinos tanto más firmemente están a
favor de los obreros, tanto más fuerte es su decisión de ayudar por todos los
medios al Estado obrero, a fin de hacer imposible la restauración del poder de
los terratenientes y capitalistas
Tercera enseñanza. A fin de aniquilar definitivamente a Kolchak y a Denikin, es
preciso mantener el orden revolucionario más severo, es preciso observar
estrictamente las leyes y disposiciones del Poder soviético y vigilar para que
todos las cumplan.
En el ejemplo de las
victorias de Kolchak en Siberia y en los Urales todos hemos visto claramente
que el más pequeño desorden, la más leve infracción de las leyes del Poder
soviético, el menor descuido o la negligencia contribuyen inmediatamente a
fortalecer a los terratenientes y capitalistas, a hacer posibles sus victorias.
Porque los terratenientes y capitalistas no han sido aniquilados y no se dan
por vencidos: cada obrero y cada campesino sensato ve, sabe y comprende que
sólo están derrotados, que se han ocultado, se han agazapado y se han
enmascarado, muy a menudo con el color "soviético"
"mimético". Muchos terratenientes se han infiltrado en las haciendas
soviéticas, y los capitalistas, en diferentes "direcciones generales”,
"organismos centrales" y entre los empleados soviéticos; están al
acecho para aprovechar a cada paso los errores del Poder soviético y sus
debilidades, con miras a derrocarlo y ayudar hoy a los checoslovacos y mañana a
Denikin.
Es preciso empeñar todas las
fuerzas para descubrir y atrapar a estos bandidos, a los terratenientes y
capitalistas escondidos en todas sus madrigueras, desenmascararlos y
castigarlos sin piedad, porque los trabajadores tienen en ellos a sus enemigos
más feroces, hábiles, instruidos, expertos, que aguardan pacientemente el
momento oportuno para consumar el complot; son saboteadores que no se detienen
ante ningún crimen con tal de hacer daño al Poder soviético. Con estos enemigos
de los trabajadores, con los terratenientes, capitalistas y saboteadores, con
los blancos, hay que ser implacables.
59
Y para saber atraparlos es
preciso ser hábiles, prudentes, conscientes, hay que estar muy alerta al menor
desorden, a la menor desviación en la ejecución concienzuda de las leyes del
Poder soviético. Los terratenientes y los capitalistas son fuertes no sólo por
sus conocimientos y su experiencia, no sólo porque les ayudan los países más
ricos del mundo, sino también por la fuerza de la costumbre y la ignorancia de
las amplias masas, que quieren seguir viviendo "a lo antiguo" y no
comprenden la necesidad de cumplir estricta y concienzudamente las leyes del
Poder soviético.
La mínima arbitrariedad, la
más pequeña violación del orden soviético es ya una brecha que aprovecharán inmediatamente los enemigos de los
trabajadores, es un asidero que
facilita los éxitos de Kolchak y Denikin. Es criminal olvidar que la
kolchakiada empezó por un pequeño
Carta a los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre
Kolchak
descuido en relación con los
checoslovacos, por una pequeña insubordinación de algunos regimientos.
Cuarta enseñanza. Es criminal olvidar no sólo que la kolchakiada comenzó por
pequeñeces, sino también que los mencheviques ("socialdemócratas") y
los eseristas ("socialistas-revolucionarios") la ayudaron a salir a
la luz y la sostuvieron directamente. Ya es hora de aprender a valorar a los
partidos políticos por sus hechos, y no por sus palabras.
Aunque se llamen a sí mismos
socialistas, los mencheviques y los eseristas son de hecho auxiliares de los blancos, auxiliares de los terratenientes y
capitalistas. Lo han demostrado en la
práctica no sólo algunos acontecimientos, sino dos grandes épocas en la
historia de la revolución rusa: 1) la kerenskiada y 2) la kolchakiada. En ambas
ocasiones, los mencheviques y los eseristas, "socialistas" y
"demócratas" de palabra, de hecho han desempeñado el papel de auxiliares de los guardias blancos.
¿Cometeremos acaso la tontería de creerles ahora cuando nos proponen una vez
más permitirles hacer un "ensayo", llamando a este permiso "un
frente socialista (o democrático) único"? ¿Es posible que después de la
kolchakiada queden aún campesinos, aparte de algunos individuos aislados, que
no comprendan que el "frente único" con los mencheviques y eseristas
es la unidad con los auxiliares de Kolchak?
Nos pueden replicar:
los mencheviques y los eseristas han advertido su error y renunciado a toda
alianza con la burguesía. Pero eso no es verdad. Primero: los mencheviques y
los eseristas de derecha ni siquiera han renunciado a esta alianza, ni hay un límite fijo con estos
"derechistas", y no lo hay por culpa de los mencheviques y los
eseristas de "izquierda"; "condenando" de palabra a sus
"derechistas", incluso los mejores mencheviques y eseristas continúan
de hecho impotentes junto a ellos a
despecho de todas sus manifestaciones. Segundo: incluso los mejores
mencheviques y eseristas propugnan precisamente las ideas kolchakistas, ideas que ayudan a la burguesía, a Kolchak, a Denikin
y encubren su causa capitalista
inmunda y sangrienta. Estas ideas son: gobierno del pueblo, sufragio universal,
igual y directo, Asamblea Constituyente, libertad de prensa, etc. En todo el
mundo vemos a las repúblicas capitalistas justificando precisamente con esta
mentira "democrática" la dominación de los capitalistas y las guerras
por la esclavización de las colonias. En nuestro país vemos que tanto Kolchak
como Denikin, Yudénich y cualquier otro general, prodigan gustosamente tales
promesas "democráticas". ¿Se puede creer a quien, a cambio de
promesas verbales, ayuda a un bandido declarado? Los mencheviques y los
eseristas, todos sin excepción, ayudan a los bandidos declarados, a los
imperialistas internacionales, engalanando con consignas seudodemocráticas su poder, su cruzada contra Rusia, su
dominación, su política. Todos los
mencheviques y eseristas nos proponen la "unión", a condición de que
hagamos concesiones a los capitalistas y a sus cabecillas, Kolchak y Denikin.
Por ejemplo, que "renunciemos al terror" (cuando contra nosotros
actúa el terror de los multimillonarios de toda la Entente, de toda la unión de
los países más ricos, que organizan complots en Rusia) o que abramos un sendero
para el comercio libre del trigo, etc. Estas "condiciones" de los
mencheviques y eseristas significan lo siguiente: nosotros, los mencheviques y
eseristas, oscilamos hacia los capitalistas y queremos un "frente
único" con los bolcheviques, ¡contra quienes luchan los capitalistas
aprovechándose de cada concesión! No, señores mencheviques y eseristas, no es
en Rusia donde hoy día podéis encontrar gente capaz de creeros. Los obreros y
campesinos conscientes de Rusia han comprendido que los mencheviques y los
eseristas son auxiliares de los guardias blancos, algunos conscientes y
malintencionados, otros, por incomprensión y empecinamiento en sus viejos
errores, pero todos ellos son auxiliares de los guardias blancos.
Quinta enseñanza. Para aplastar a Kolchak y a la kolchakiada, para no permitirles
levantar otra vez cabeza, todos los campesinos deben decidirse, sin vacilar, en
favor del Estado obrero. Tratan de intimidar a los campesinos (particularmente
los mencheviques y los eseristas,
Carta a los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre
Kolchak
todos ellos, hasta los de
"izquierda") con el espantajo de la "dictadura de un solo
partido", del partido de los bolcheviques comunistas.
60
Con el ejemplo de Kolchak, los campesinos han aprendido a no
temer este espantajo.
O la dictadura (es decir, el
poder férreo) de los terratenientes y de los capitalistas, o la dictadura de la
clase obrera.
No hay término medio. Con el
término medio sueñan en vano los señoritos, los intelectualillos, los sujetos
que han estudiado mal en malos libros. En ninguna parte del mundo hay término
medio ni puede haberlo. O la dictadura de la burguesía (disfrazada con pomposas
frases de los eseristas y mencheviques sobre el gobierno del pueblo, la
Asamblea Constituyente, las libertades, etc.), o la dictadura del proletariado.
El que no lo haya aprendido en la historia de todo el siglo XIX es un idiota
incurable.
Pero en Rusia todos hemos
visto cómo los mencheviques y los eseristas soñaban con el término medio
durante el período de Kerenski y bajo el régimen de Kolchak.
¿A quién favorecieron estos
sueños? ¿A quién ayudaron? A Kolchak y a Denikin. Quienes sueñan con el término
medio son auxiliares de Kolchak.
En los Urales y Siberia, los
obreros y los campesinos han confrontado en la práctica la dictadura de la
burguesía y la de la clase obrera. La dictadura de la clase obrera es ejercida
por el mismo Partido Bolchevique que ya en 1905, y antes todavía, se fusionó
con todo el proletariado revolucionario.
La dictadura de la clase
obrera significa: el Estado obrero aplastará sin vacilar a los terratenientes y
capitalistas, aplastará a los felones y traidores que ayudan a estos
explotadores, los vencerá.
El Estado obrero es enemigo
implacable del terrateniente y del capitalista, del especulador y del
estafador, enemigo de la propiedad privada sobre el suelo y el capital, enemigo
del poder del dinero.
El Estado obrero es el único
fiel amigo y apoyo de los trabajadores y los campesinos. Ninguna vacilación
hacia el lado del capital; la unión de los trabajadores en la lucha contra
éste, el poder obrero y campesino, el
Poder soviético: he aquí lo que de
hecho significa la "dictadura de
la clase obrera".
Los mencheviques y los
eseristas quieren atemorizar a los campesinos con estas palabras. No lo
conseguirán. Después de Kolchak, los obreros y los campesinos, hasta en los
lugares remotos, han comprendido que estas palabras significan precisamente aquello sin lo cual no se
pueden salvar de Kolchak.
¡Abajo los vacilantes, los
pusilánimes, los que se desvían hacia la ayuda al capital, cautivados por las
consignas y las promesas del capital! Lucha sin piedad contra el capital y
alianza de los trabajadores, alianza de los campesinos con la clase obrera:
ésta es la última y más importante enseñanza de la kolchakiada.
24 de agosto de 1919.
Publicado el 28 de agosto de 1919, en el núm. 190 de
"Pravda” y en núm. 190 de "Izvestia del CEC de toda Rusia".
Firmado: N. Lenin.
T. 39, págs. 151-159.
61
CARTA A SILVIA PANKHURST.33
A la camarada Silvia
Pankhurst, de Londres.
28-VIII-1919.
Querida camarada: Sólo ayer
he recibido su carta del 16 de julio de 1919. Le quedo profundamente agradecido
por la información referente a Inglaterra y procuraré satisfacer su petición,
es decir, responder a su pregunta.
No dudo lo más mínimo de que
muchos obreros que figuran entre los mejores, más honestos y sinceramente
revolucionarios componentes del proletariado son enemigos del parlamentarismo y
de toda participación en el parlamento. Cuanto más viejas son la cultura
capitalista y la democracia burguesa en un país, tanto más comprensible es eso,
pues la burguesía ha aprendido magníficamente en los viejos países
parlamentarios a ser hipócrita y a engañar de mil modos al pueblo. Para ello
hace pasar el parlamentarismo burgués por "democracia en general" o
por "democracia pura" y otras cosas semejantes, oculta hábilmente los
millones de hilos que unen al parlamento con la Bolsa y con los capitalistas,
utiliza la prensa sobornable y venal y pone en juego por todos los medios la
fuerza del dinero, el poder del capital.
Es indudable que la
Internacional Comunista y los partidos comunistas de los distintos países
cometerían un erran irreparable si rechazasen a los obreros partidarios del
Poder soviético, pero que no están de acuerdo con participar en la lucha
parlamentaría. Si tomamos la cuestión en su planteamiento general, teórico,
precisamente este programa, es decir, la lucha por el Poder soviético, por la
República Soviética, puede unir y debe unir ahora, sin duda, a tedas los
revolucionarios sinceros y honrados de los medios obreros. Muchísimos obreros
anarquistas se convierten hoy en los partidarios más sinceros del Poder
soviético. Y si esto es así, ello demuestra que son nuestros mejores camaradas
y amigos, los mejores revolucionarios, que fueron enemigos del marxismo sólo
por incomprensión, o mejor dicho, no por incomprensión, sino porque el
socialismo oficial dominante en la época de la II Internacional (1889- 1914)
traicionó al marxismo, las enseñanzas de la Comuna de París de 1871, en
particular. He escrito de esto circunstanciadamente en mi libro El Estado y la revolución* y, por ello,
no me detengo más en la cuestión.
* Véase la presente edición, tomo 7. (N. de la Edit.)
¿Qué hacer si, en un país,
los comunistas que por convicción y por su disposición a sostener la lucha
revolucionaria son sinceramente partidarios del Poder soviético (del
"sistema soviético", como dicen a veces los no rusos), no pueden
unirse por culpa de las discrepancias en torno a la participación en el
parlamento?
Yo consideraría que esa
discrepancia no es esencial en la actualidad, pues la lucha por el Poder
soviético es una lucha política del proletariado en su forma más elevada, más
consciente, más revolucionaria. Más vale estar con los obreros revolucionarios cuando
se equivocan en una cuestión parcial o secundaria que con los socialistas o
socialdemócratas
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33 El 16 de julio de 1919 Silvia Pankhurst
dirigió una carta a Lenin en la que le pedía que expresara su opinión sobre la
actitud hacia el parlamentarismo. En su carta Pankhurst caracterizaba los
partidos y grupos existentes entonces en Inglaterra dándoles la numeración a
que Lenin se atuvo en su respuesta: 1. Tradeunionistas y políticos obreros de
tipo anticuado; 2. Partido Laborista Independiente; 3. Partido Socialista
Británico; 4. Industrialistas revolucionarios (Pankhurst incluyó en este grupo
también a los miembros de los comités obreros y a los delegados de fábrica); 5.
Partido Obrero Socialista; 6. "Federación Socialista de Obreros"; 7.
Sociedad Socialista de Gales del Sur.
"oficiales", si
éstos no son revolucionarios sinceros y firmes, no quieren o no saben efectuar
una labor revolucionaria entre las masas obreras, aunque compartan la táctica
justa en esta cuestión parcial. Y la cuestión del parlamentarismo es hoy
parcial, secundaria. Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht tenían razón, a mi
parecer, cuando defendían la participación en las elecciones al parlamento
burgués alemán, a la "Asamblea Nacional" Constituyente, en la
Conferencia celebrada por los espartaquistas en Berlín en enero de 1919 frente a la mayoría de dicha Conferencia34. Pero, naturalmente, tenían mucha más razón al preferir quedarse con el Partido
Comunista, que cometía una equivocación parcial, y no marchar con los traidores
manifiestos al socialismo del tipo de Scheidemann y de su partido o con las
almas lacayunas, con los doctrinarios y cobardes, con los abúlicos cómplices de
la burguesía y reformistas de hecho como Kautsky, Haase, Daumig y todo ese
"partido" de los "independientes" alemanes35.
62
Yo, personalmente, estoy
convencido de que la negativa a participar en las elecciones al parlamento es
un error de los obreros revolucionarios de Inglaterra; pero vale más cometer
ese error que cayó en el oportunismo y falseó la doctrina revolucionaria de
Marx, en general, y su doctrina de retardar la formación de un gran partido
comunista obrero en Inglaterra con todas las corrientes y todos los elementos
enumerados por usted, que simpatizan con el bolchevismo y defienden
sinceramente la República Soviética. Si, por ejemplo, en el BSP36 hubiera bolcheviques sinceros que, como consecuencia de las
discrepancias en torno a la participación en el parlamento, se negaran a
fusionarse inmediatamente en el Partido Comunista con las corrientes N° 4, N° 6
y N° 7, tales bolcheviques cometerían, a mi juicio, un
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34
Trátase
del Congreso de Constitución del Partido Comunista de Alemania, que tuvo lugar
en Berlín del 30 de diciembre de 1918 al 1 de enero de 1919.
El congreso marcó el
comienzo de la fundación del Partido Comunista de Alemania, eligió el Comité
Central y aprobó el programa del partido en el que se planteaba como tarea
fundamental la lucha directa por el desarrollo de la revolución, por la
instauración del poder de los obreros y campesinos. Pero al propio tiempo el
congreso incurrió en serios errores: incomprensión del papel del partido como
vanguardia de la clase obrera, subestimación del campesinado como aliado del
proletariado, renuncia a trabajar en los sindicatos reformistas. En el congreso
se tomó también un acuerdo erróneo sobre la actitud ante las elecciones a la
Asamblea Nacional (Constituyente). Los dirigentes espartaquistas
desenmascararon la fe ingenua de las masas populares en la Asamblea Nacional,
revelando la verdadera esencia de ésta. Pero cuando se vio claro que las
elecciones se celebrarían pese a todo, R. Luxemburgo y C. Liebknecht se
pronunciaron por la participación del partido en la campaña electoral, por la
utilización de la tribuna de la Asamblea Nacional para desplegar la agitación y
propaganda revolucionarias. Sobre este punto entablóse en el congreso una
acalorada polémica. Se pronunciaron por la participación en las elecciones
Liebknecht, Luxemburgo, Duncker, Heckert y otros, pero el congreso rechazó esta
proposición por una mayoría de 62 votos contra 23. Posteriormente el II
Congreso del Partido Comunista de Alemania reconoció que había sido un error la
táctica del boicot de las elecciones a la Asamblea Nacional.
35
Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania: partido centrista formado en abril de 1917. Los
"independientes" predicaban la unidad con los socialchovinistas
deslizándose a la renuncia a la lucha de clases. La parte fundamental del
partido estaba constituida por la organización kautskiana Confraternidad del
Trabajo. El Partido Socialdemócrata Independiente se escindió en octubre de
1920, en el Congreso de Halle; en diciembre de 1920 una parte considerable de
él se fundió con el Partido Comunista de Alemania. Los elementos derechistas formaron
su partido al que dieron el viejo nombre de Partido Socialdemócrata
Independiente de Alemania; éste subsistió hasta el año 1922.
36 British
Socialist Party (Partido
Socialista Británico): fue fundado en 1911 en Manchester mediante la fusión del
Partido Socialdemócrata con otros grupos socialistas. El PSB desplegó la
agitación en el espíritu de las ideas del marxismo. El escaso número de
miembros y su débil ligazón con las masas le imprimían cierto carácter
sectario. Durante la guerra imperialista mundial desplegóse en el partido una
enconada lucha entre la corriente internacionalista (W. Gallacher, A. Inkpin,
J. MacLean, F. Rothstein y otros) y la corriente socialchovinista encabezada
por Hyndman. La conferencia anual del PSB, celebrada en abril de1916 en
Salford, condenó la posición socialchovinista de Hyndman y de sus adeptos, y
ellos abandonaron el partido.
El Partido Socialista
Británico saludó la Gran Revolución Socialista de Octubre. Los militantes del
PSB desempeñaron un gran papel en el movimiento de los trabajadores ingleses en
defensa de la Rusia Soviética contra la intervención extranjera. En 1919 la
inmensa mayoría de las organizaciones del partido (98 contra 4) se pronunció
por el ingreso en la Internacional Comunista. El Partido Socialista Británico,
junto con el Grupo de Unidad Comunista, ejerció el papel principal en la
formación del Partido Comunista de Gran Bretaña. En el Primer Congreso de
Unificación, celebrado en 1920, la abrumadora mayoría de las organizaciones
locales del PSB ingresó en el Partido Comunista.
error mil veces mayor que la
equivocada negativa a participar en las elecciones al parlamento burgués
inglés. Desde luego, al decir esto supongo que las corrientes 4, 6 y 7, juntas,
están vinculadas de verdad a la masa
de obreros, y no representan solamente
pequeños grupos de intelectuales, como ocurre con frecuencia en Inglaterra. En
este sentido, tienen singular importancia, probablemente, los Workers Committees y Shop Stewards37, que, cabe pensar, están estrechamente
vinculados a las masas.
La ligazón indisoluble con
la masa de obreros, la capacidad de hacer agitación constante entre ella, de
participar en cada huelga y de hacerse eco de todas las demandas de las masas
son primordiales para el Partido Comunista, especialmente en un país como
Inglaterra, en el que hasta ahora (como, por cierto, en todos los países
imperialistas) han participado en el movimiento socialista y, en general, en el
movimiento obrero primordialmente pequeños sectores encumbrados de obreros,
representantes de la aristocracia obrera, en su mayor parte corrompidos hasta
los huesos e irremisiblemente por el reformismo, prisioneros de los prejuicios
burgueses e imperialistas. Sin luchar contra esos sectores, sin acabar con todo
su prestigio entre los obreros, sin convencer a las masas de la completa
corrupción burguesa de esos sectores, no puede ni hablarse de un movimiento
comunista obrero serio. Esto atañe tanto a Inglaterra como a Francia,
Norteamérica y Alemania.
Los revolucionarios obreros
que colocan el parlamentarismo en el centro de sus ataques tienen completa
razón, en cuanto esos ataques expresan la negación por principio del
parlamentarismo burgués y de la democracia burguesa. El Poder soviético, la
República Soviética: eso es lo que la revolución obrera ha puesto en lugar de
la democracia burguesa, ésa os una forma de la transición del capitalismo al
socialismo, una forma de la dictadura del proletariado. Y la crítica del
parlamentarismo, además de ser legítima y necesaria como motivación del paso al
Poder soviético, es totalmente justa como comprensión de la estrechez y el
convencionalismo históricos del parlamentarismo, de su nexo con el capitalismo
y sólo con el capitalismo, de su carácter progresista en comparación con la
Edad Media y de su carácter reaccionario
en comparación con el Poder soviético.
Pero los críticos
anarquistas y anarcosindicalistas del parlamentarismo en Europa y América no
tienen razón con mucha frecuencia, ya que rechazan toda participación en las elecciones y en la labor parlamentaria.
En ello se manifiesta sencillamente la falta de experiencia revolucionaria.
Nosotros, los rusos, hemos vivido dos grandes revoluciones en el siglo XX y
conocemos bien la importancia que puede tener, y tiene de hecho, el
parlamentarismo en un momento revolucionario, en general, y durante la propia revolución, en
particular. Los parlamentos burgueses deben ser suprimidos y sustituidos con
las instituciones soviéticas. Esto es indudable. Y ahora, después de la
experiencia de Rusia, de Hungría, de Alemania y de otros países, es indudable
que esto ocurrirá sin falta durante
la revolución proletaria. De ahí que la preparación sistemática de las masas
obreras para eso, la explicación previa de la importancia que tiene para ellas
el Poder soviético, la propaganda y la agitación en favor del
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37
Workers Committees y Shop Stewards
Committees (Comités
obreros y Comités de delegados de fábrica): organizaciones obreras elegibles
que se difundieron ampliamente en Inglaterra durante la primera guerra mundial.
En las condiciones de auge del movimiento obrero y de creciente descontento por
la política reformista de los líderes de las tradeuniones los delegados de
fábrica, unidos en comités distritales y urbanos y en el Comité Nacional,
encabezaron varias acciones importantes de los obreros contra la guerra
imperialista y por el mejoramiento de las condiciones de vida. El centro del
movimiento de los delegados de fábrica fue la región de Klyde. Allí se organizó
el Comité Obrero de Klyde que extendió su influencia a todos los obreros de la
región. Como punto programático de sus estatutos el comité de Klyde planteaba
la tarea de organizar a los obreros por el principio clasista y luchar hasta
conseguir la abolición total del sistema de trabajo asalariado. Con diversos
nombres surgieron comités análogos en otras ciudades del país.
Después del triunfo de la
Gran Revolución Socialista de Octubre, en el período de la intervención militar
extranjera contra la República Soviética, los comités de delegados de fábrica
apoyaron activamente a la Rusia Soviética. Varios dirigentes de los comités (W.
Gallacher, H. Pollit, A. MacManus y otros) ingresaron en el Partido Comunista
de Gran Bretaña.
mismo constituyan una
obligación ineludible del obrero que
quiera ser revolucionario de verdad. Pero nosotros, los rusos, cumplimos este cometido actuando también en la palestra parlamentaria. En
la Duma38 zarista, falsificada, terrateniente,
nuestros representantes supieron hacer propaganda revolucionaria y republicana.
De la misma manera, se puede y se debe hacer
propaganda soviética en los parlamentos burgueses, desde dentro de ellos.
Quizá no sea fácil
conseguirlo inmediatamente en uno u otro país parlamentario. Mas eso es otra
cuestión. Hay que lograr que esta táctica correcta sea asimilada por los
obreros revolucionarios en todos los países. Y si el partido obrero es
verdaderamente revolucionario; si es
verdaderamente obrero (es decir, si
está vinculado a las masas, a la mayoría de los trabajadores, a los sectores básicos del proletariado, y
no sólo a su sector encumbrado); si es verdaderamente un partido, o sea, si es una organización
de la vanguardia revolucionaria, fuerte, cohesionada en serio y capaz de
efectuar por todos los medios posibles una labor revolucionaria entre las
masas, entonces, ese partido sabrá, sin duda, tener en la mano a sus parlamentarios, hacer de ellos
auténticos propagandistas revolucionarios, como Carlos Liebknecht, y no
oportunistas, no corruptores del proletariado con métodos burgueses, con
costumbres burguesas, con ideas burguesas, con vacuidad ideológica burguesa.
Si no se pudiera conseguir
esto de golpe en Inglaterra; si, además, resultara imposible en Inglaterra toda
unión de los adeptos del Poder soviético a causa precisamente de las
divergencias en torno al parlamentarismo, y sólo a causa de ello, entonces consideraría
como un útil paso adelante, hacia la unidad completa, la formación inmediata de
dos partidos comunistas, es decir, de
dos partidos que propugnasen el paso del parlamentarismo burgués al Poder
soviético. No importa que uno de esos partidos admita la participación en el
parlamento burgués y el otro la rechace: esta discrepancia es ahora tan
insustancial que lo más sensato sería no dividirse por culpa de ella. Pero
incluso la existencia simultánea de dos partidos de tal naturaleza
representaría un progreso inmenso en comparación con la situación actual,
constituiría, con toda probabilidad, el paso a la unidad completa y a la
victoria rápida del comunismo.
63
El Poder soviético no sólo
ha demostrado en Rusia, con la experiencia de casi dos años, que la dictadura
del proletariado es posible incluso
en un país campesino y es capaz, creando un fuerte ejército (la mejor
demostración de organización y de orden), de mantenerse en condiciones
increíble e inusitadamente difíciles.
El Poder soviético ha hecho
más: ha triunfado ya moralmente en todo
el mundo, pues las masas obreras, aunque conocen únicamente pequeñas partículas
de la verdad acerca del
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38 Duma
de Estado: organismo
representativo que el gobierno zarista se vio obligado a convocar a
consecuencia de los acontecimientos revolucionarios de 1905. Formalmente, la
Duma de Estado era un órgano legislativo; pero, en realidad, carecía de todo
poder real. Las elecciones a la Duma de Estado no eran ni directas, ni iguales,
ni universales. Los derechos electorales de las clases trabajadoras, así como
de las naciones alógenas que poblaban Rusia, estaban muy restringidos; una gran
parte de obreros y campesinos se veía privada por completo de ellos.
La Primera Duma (27 de abril-8 de julio de 1906), en la que los demócratas
constitucionalistas desempeñaron el papel principal, fue disuelta por el
gobierno.
La
Segunda Duma (20 de febrero-3.de junio
de1907) era por su composición más de izquierda que la primera. Los
bolcheviques participaron en las elecciones con el fin de utilizar la tribuna
de la Duma para desenmascarar al zarismo y organizar las fuerzas de la
revolución. Cuando los diputados socialdemócratas y campesinos reclamaron la
entrega de toda la tierra de los latifundistas a los campesinos, el gobierno
zarista dio un golpe de Estado, disolvió la Duma y detuvo a los diputados del
grupo socialdemócrata.
La Tercera Duma (1 de noviembre de 1907-9 de junio de 1912) fue elegida sobre
la base de la nueva ley electoral reaccionaria del 3 de junio de 1907; estaba
constituida en su inmensa mayoría por latifundistas y burgueses y era un dócil
instrumento en manos del gobierno zarista. El grupo socialdemócrata en la Duma
contaba 19 escaños.
La Cuarta Duma (15 de noviembre de 1912-6 de octubre de 1917) aprobaba por
completo la política interior y exterior del zarismo y apoyó la entrada de
Rusia en la guerra mundial. Los cinco diputados bolcheviques que se negaron a
votar los créditos de guerra fueron detenidos y desterrados a Siberia. La Duma
fue disuelta por el Gobierno Provisional el 6(19) de octubre de 1917
Poder soviético, aunque oyen
miles y millones de informaciones falsas acerca del Poder soviético, están ya a favor del Poder soviético. El
proletariado del mundo entero comprende ya que este Poder es el poder de los
trabajadores, que es el único que les salva del capitalismo, del yugo del
capital, de las guerras entre los imperialistas y el único que lleva a una paz
firme.
Precisamente por eso son
posibles las derrotas de algunas repúblicas soviéticas por los imperialistas,
pero es imposible vencer al movimiento soviético universal del proletariado.
Con saludos comunistas,
N. Lenin
P. S. El siguiente recorte
de los periódicos rusos le ofrecerá una muestra de nuestra información sobre
Inglaterra.
"Londres, 25 de agosto.
(A través de Beloóstrov.) El corresponsal en Londres del periódico Berlingske Tidende, de Copenhague,
telegrafía el 3 de agosto con motivo del movimiento bolchevique en Inglaterra:
"Las huelgas declaradas en los últimos días y las denuncias que han tenido
lugar recientemente han hecho vacilar la seguridad de los ingleses en la inmunidad
de su país contra el bolchevismo. En la actualidad, los periódicos comentan
vivamente esta cuestión y la administración hace todos los esfuerzos para
comprobar que el "complot" existía desde hace bastante tiempo y tenía
como fin, ni más ni menos, derrocar el régimen existente. La policía inglesa ha
detenido al Buró Revolucionario, que disponía, según afirman los periódicos, de
dinero y armas. El Times publica el
contenido de algunos documentos ocupados a los detenidos. Contienen un programa
revolucionario completo según el cual debe ser desarmada toda la burguesía; se
debe conseguir armas y pertrechos bélicos para los Soviets de diputados obreros
y soldados rojos y formar el Ejército Rojo; todos los cargos estatales deben
ser desempeñados por obreros. Más adelante se proyectaba la constitución de un
tribunal revolucionario para juzgar a los delincuentes políticos y a las
personas culpables de trato cruel a los reclusos. Se pensaba confiscar todos
los víveres. El Parlamento y otros organismos de administración pública
autónoma deben ser disueltos, instituyéndose en su lugar Soviets
revolucionarios. La jornada de trabajo se limitará a seis horas y el salario
semanal inferior se elevará a siete libras esterlinas. Las deudas del Estado,
como todas las demás, deben ser anuladas. Se declaran nacionalizados todos los
bancos, empresas industriales y comerciales y medios de transporte".
Si todo esto es exacto, debo
expresar a los imperialistas y capitalistas ingleses, personificados por su
órgano, el periódico más rico del mundo, el Times39, mi
más respetuoso reconocimiento y gratitud por su excelente propaganda en favor
del bolchevismo. ¡Sigan por ahí, señores del Times: llevan ustedes magníficamente a Inglaterra hacia la victoria
del bolchevismo!
Publicado en
septiembre de 1919, en el núm. 5 de la revista "La Internacional
Comunista".
T. 39, págs. 160-166.
![]()
39 "The Times" ("Los Tiempos"): diario fundado en1785 en
Londres, principal órgano de la burguesía conservadora inglesa.
Cómo utiliza la burguesía a los renegados
64
COMO UTILIZA LA BURGUESÍA A LOS RENEGADOS.
Nuestras estaciones de radio
captan los radiogramas de Carnarvon (Inglaterra), París y otras ciudades
europeas. París es ahora el centro de la alianza mundial de los imperialistas,
por lo que sus emisiones radiofónicas suelen ofrecer particular interés. Días
pasados, el 13 de septiembre, la radio gubernamental de este centro del
imperialismo mundial comunicó a todos los países la aparición de un nuevo libro
contra el bolchevismo, del conocido renegado y líder de la II Internacional
Carlos Kautsky.
Los millonarios y
multimillonarios no hacen uso sin más ni más de sus emisoras oficiales. Han
creído necesario dar a conocer al mundo la nueva arremetida de Kautsky. Tienen
que aferrarse a todo, hasta a un clavo ardiendo, hasta al libro de Kautsky,
para contrarrestar los avances del bolchevismo. Expresamos con toda el alma
nuestro agradecimiento a los señores millonarios franceses por lo bien que nos
ayudan a propagar el bolchevismo, por lo bien que nos ayudan ¡dejando en
ridículo las imprecaciones filisteas y pequeñoburguesas de Kautsky contra los
bolcheviques!
Hoy, 18 de septiembre, me
han entregado el número del 7 de septiembre de Vorwärts40, el periódico de los socialchovinistas
alemanes, asesinos de C. Liebknecht y R. Luxemburgo. Contiene un artículo de
Federico Stampfer sobre este nuevo libro de Kautsky (Terrorismo y comunismo) y diversas citas de dicho libro. Cotejando
el artículo de Stampfer con los despachos
de la radio parisina, vemos que estos últimos, con toda probabilidad, han sido
redactados sobre la base de aquél. Los señores Scheidemann y Noske, guardaespaldas
de la burguesía alemana y verdugos de los comunistas alemanes, ensalzan el
libro de Kautsky y se unen con los imperialistas de la Entente en la lucha
contra el comunismo internacional. ¡Un espectáculo aleccionador en extremo! Y
nuestros mencheviques, estos representantes tan típicos de la Internacional
amarilla de Berna, no han encontrado palabras para expresar su indignación por
haber yo llamado a Kautsky (en mi libro La
revolución proletaria y el renegado Kautsky) lacayo de la burguesía.
¡Esto es un hecho, señores,
por más que os enojéis! No es porque estén confabulados conmigo por lo que los
scheidemannistas de Vorwärts y los
millonarios de la Entente elogian a Kautsky y lo utilizan como instrumento en
la lucha contra el bolchevismo mundial. Aunque Kautsky no se dé cuenta y no lo
desee, de hecho ha resultado ser —con relación a la burguesía— ni más ni menos
lo que yo decía.
Para demostrar hasta qué
punto ha llegado esta abjuración del socialismo y de la revolución, que se
encubre con el nombre del marxismo, citaremos algunas de las acusaciones más
"terribles" de Kautsky contra los bolcheviques.
"... Kautsky demuestra
detalladamente – escribe Stampfer— cómo los bolcheviques llegan siempre, en
definitiva, a lo opuesto al objetivo que se proponían: eran adversarios de la
pena de muerte y llevan a cabo fusilamientos en masa..."
![]()
40 "Vorwärts" ("Adelante"): diario, órgano central del
Partido Socialdemócrata Alemán; apareció en Berlín desde 1891 hasta 1933.
Engels combatió desde sus páginas toda manifestación de oportunismo. A partir
de la segunda mitad de los años 90, después de la muerte de Engels, la
redacción de Vorwärts se vio en manos del ala derecha del partido y publicó
regularmente artículos de los oportunistas. Durante la primera guerra mundial
Vorwärts mantuvo una posición socialchovinista. Después de la Gran Revolución
Socialista de Octubre el periódico hizo propaganda antisoviética.
Cómo utiliza la burguesía a los renegados
En primer lugar, es una
falsedad completa que los bolcheviques fuesen adversarios de la pena de muerte
para la época de la revolución. En el II Congreso de nuestro partido, en 1903,
al surgir el bolchevismo, se formuló el programa del partido, y en las actas
del Congreso se hizo constar que la idea de incluir en el programa la abolición
de la pena de muerte suscitó esta réplica burlona: "¿Y para Nicolás
II?" Incluso los mencheviques no se atrevieron en 1903 a poner a votación
la propuesta de abolir la pena de muerte para el zar. Y en 1917, durante la
kerenskíada, yo escribí en Pravda que
ningún gobierno revolucionario podía prescindir de la pena de muerte y que todo
el problema residía en saber contra qué
clase dirige un gobierno el arma de la pena de muerte. ¡Hasta tal punto ha
dejado Kautsky de pensar como un revolucionario y se ha hundido en el
oportunismo filisteo, que ni siquiera puede concebir cómo ha podido un partido
proletario revolucionario reconocer abiertamente mucho antes de su victoria la
necesidad de la pena de muerte para los contrarrevolucionarios! De ahí que el
"honrado" Kautsky, por ser una persona honrada y un oportunista
honrado, escriba, sin ruborizarse, falsedades contra sus adversarios.
65
En segundo lugar, una persona que comprendiera a poco que fuese
la revolución, no podría olvidar que ahora no se trata de la revolución en
general, sino de una revolución nacida de una gran matanza imperialista de
pueblos. ¿Es concebible una revolución proletaria surgida de tal guerra sin
complots y atentados contrarrevolucionarios por parte de decenas y cientos de
miles de oficiales pertenecientes a la clase de los terratenientes y
capitalistas? ¿Es concebible un partido revolucionario de la clase obrera que
no castigue por tales acciones con la pena de muerte en una época de la más
encarnizada guerra civil y de complots de la burguesía con el fin de propiciar
la invasión de tropas extranjeras para derribar el gobierno obrero? Sólo
pedantes incorregibles y ridículos podrían responder afirmativamente a estas
preguntas. Pero Kautsky, que antes sabía plantear las cuestiones en su
situación histórica concreta, ahora ya no sabe hacerlo.
En tercer lugar, si no sabe
estudiar su tema y escribe falsedades sobre los bolcheviques, si no sabe
reflexionar y no está ni siquiera en condiciones de plantear la cuestión de las
particularidades de la revolución desencadenada tras una guerra de cuatro años,
Kautsky podría al menos observar lo que ocurre en torno suyo. ¿Qué demuestra el
asesinato de Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo por unos oficiales en la
república democrática alemana? ¿Qué demuestra la evasión de los oficiales,
condenados luego por asesinato a leves penas que son un escarnio? El señor
Kautsky y todo su partido "independiente" (del proletariado, pero muy
dependiente de los prejuicios pequeñoburgueses) sale del paso con gimoteos,
reprobaciones y lamentos filisteos. Pero precisamente por eso todos los obreros
revolucionarios del mundo vuelven la espalda cada vez más a los Kautsky,
Longuet, MacDonald y Turati y se colocan al lado de los comunistas, pues el
proletariado revolucionario necesita la victoria
sobre la contrarrevolución, y no la impotente "condenación" de ésta.
En cuarto lugar, la cuestión
del "terrorismo" es, por lo visto, la fundamental en el libro de
Kautsky.
Esto se ve por el título.
Esto se ve también por las palabras de Starnpfer: "...Indudablemente,
Kautsky tiene razón al afirmar que el principio fundamental de la Comuna no fue
el terrorismo, sino el sufragio universal". En mi libro La revolución proletaria y el renegado
Kautsky he aducido suficiente material para demostrar hasta qué punto este
razonamiento sobre el "principio
fundamental" equivale a mofarse del marxismo. En estos momentos mi tarea
es otra. Para mostrar qué valor tienen los razonamientos de Kautsky sobre el
"terrorismo", a quién sirven
estos razonamientos, a qué clase
sirven, citaré íntegramente un pequeño artículo liberal. Se trata de una carta a la redacción de la revista liberal
norteamericana The 0ew Repubtic41, del 25 de junio de 1919. Esta revista, que en general se
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41 "The 0ew Republic"
("La Nueva República"): semanario liberal; fundado en Washington en
1914.
Cómo utiliza la burguesía a los renegados
atiene a un punto de vista
pequeñoburgués, se diferencia tanto más de lo que escriben los señores Kautsky,
cuanto que no califica a este punto de vista ni de socialismo revolucionario ni
de marxismo.
He aquí el texto íntegro de esta carta a la Redacción:
"Mannerheim y Kolchak
Señor director: Los gobiernos aliados se
han negado a reconocer al Gobierno soviético de Rusia, según ellos dicen, por
las causas siguientes:
1. El Gobierno soviético es –o era— germanófilo.
2. El Gobierno soviético se mantiene por el terrorismo.
3. El Gobierno soviético no es democrático y no representa al
pueblo ruso.
Mientras tanto, los
gobiernos aliados han reconocido hace ya mucho al actual gobierno de guardias
blancos de Finlandia bajo la dictadura del general Mannerheim, aunque es
evidente lo siguiente:
1.
Las
tropas alemanas ayudaron a los guardias blancos a aplastar a la República
Socialista de Finlandia, y el general Mannerheim cursó reiterados telegramas al
kaiser expresando su simpatía y su respeto. En cambio, el Gobierno soviético ha
realizado un enérgico trabajo de zapa contra el Gobierno alemán, desplegando la
propaganda entre las tropas en el frente ruso. El Gobierno finlandés ha sido
infinitamente más germanófilo que el ruso.
2.
El
actual Gobierno de Finlandia, al subir al poder, ajustició a sangre fría en
unos cuantos días a 16.700 miembros de la antigua república socialista y
recluyó en campos de concentración a otros 70.000, condenándolos a morir de
hambre. En cambio, todas las ejecuciones llevadas a cabo en Rusia en el curso
de un año, hasta el 1 de noviembre de 1918, han sumado, según datos oficiales,
la cifra de 3.800, incluidos muchos funcionarios soviéticos venales, así como
los contrarrevolucionarios. El Gobierno finlandés ha sido infinitamente más
terrorista que el ruso.
3.
Después
de matar o encarcelar a unos 90.000 socialistas y de expulsar del país a Rusia
alrededor de otros 50.000 más —Finlandia es un pequeño país, que sólo cuenta
con unos 400.000 electores—, el gobierno de guardias blancos consideró que ya
no era peligrosa una consulta electoral. A pesar de todas las medidas de
precaución, salió elegida una mayoría de socialistas, pero el general
Mannerheim, lo mismo que los aliados después de las elecciones de Vladivostok,
no confirmó las actas de ninguno de ellos. En cambio, el Gobierno soviético
privó de derechos electorales a todos los que no realizasen un trabajo útil
para procurarse los medios de subsistencia. El Gobierno finlandés ha sido mucho
menos democrático que el ruso.
66
Lo mismo puede decirse del
almirante Kolchak en Omsk, gran campeón de la democracia y del nuevo orden; y a
este almirante los gobiernos aliados le han apoyado. Abastecido y equipado y
ahora se disponen a reconocerlo oficialmente.
Así pues, todos los
argumentos que los aliados han esgrimido contra el reconocimiento de los
Soviets, pueden ser aplicados con mayor vigor y honradez contra Mannerheim y
Kolchak. Sin embargo, estos últimos han sido reconocidos, y el bloqueo es cada
vez más riguroso en torno a Rusia, que se está muriendo de hambre.
Washington.
Stuart Chase.
Cómo utiliza la burguesía a los renegados
Este pequeño artículo de un
liberal burgués desenmascara admirablemente toda la vileza y la traición al
socialismo de los señores Kautsky, Mártov, Chernov, Branting y demás personajes
de la Internacional amarilla de Berna.
En primer lugar, Kautsky y
todos estos personajes difaman a la Rusia Soviética al tratar la cuestión del
terrorismo y la democracia. En segundo lugar, enjuician los acontecimientos no
desde el punto de vista de la lucha real de clases que se desarrolla en escala
mundial y en la forma más exacerbada, sino desde el punto de vista de las
lamentaciones pequeñoburguesas y filisteas sobre lo que podría acontecer si no
existiese la conexión entre la democracia burguesa y el capitalismo, si no
hubiese en el mundo guardias blancos, si no les apoyase la burguesía mundial,
etc., etc. En tercer Jugar, cotejando el artículo norteamericano con los
razonamientos de Kautsky y Cía., vemos duramente que el papel objetico de estos últimos se reduce a un
servilismo lacayuno ante la burguesía.
La burguesía mundial apoya a
los Mannerheim y a los Kolchak, aspirando a ahogar el Poder soviético,
presentándolo falsamente como un poder terrorista y antidemocrático. Tales son
los hechos. Y Kautsky,
Mártov, Chernov y Cía. no
son sino comparsas de la burguesía cuando repiten su cantinela sobre el
terrorismo y la democracia. La burguesía mundial asfixia la revolución obrera
cabalmente con esta cantinela, engañando con ella a los obreros. La honestidad
personal de los "socialistas" que entonan esta cantinela
"sinceramente", es decir, por una extrema estulticia, no modifica en
nada el papel objetivo de esta cantinela. Los "oportunistas
honrados", los Kautsky, Mártov, Longuet y Cía., se han convertido (por su
ilimitada falta de carácter) en unos contrarrevolucionarios
"honrados".
Tales son los hechos.
Ese liberal norteamericano
ha comprendido —no por su preparación teórica, sino simplemente observando con
atención los acontecimientos en una escala suficientemente amplia, es decir, en
escala mundial— que la burguesía de todo
el mundo organiza y sostiene una guerra civil contra el proletariado
revolucionario, apoyando para ello a Kolchak y Denikin en Rusia, a Mannerheim en Finlandia, a los mencheviques
georgianos, lacayos de la burguesía, en el Cáucaso, a los imperialistas polacos
y a los Kerenski polacos en Polonia, a los secuaces de Scheidemann alemanes en
Alemania, a los contrarrevolucionarios (mencheviques y capitalistas) en
Hungría, y así sucesivamente.
Mientras tanto, Kautsky,
como auténtico filisteo reaccionario, ¡continúa hablando en tono quejumbroso de
los espantosos horrores de una guerra civil! En este punto no sólo desaparece
toda sombra de conciencia revolucionaria, toda sombra de realismo histórico
(pues no es un pecado, en resumidas cuentas, comprender que es inevitable la
transformación de la guerra imperialista en guerra civil), en este punto
Kautsky hace de turiferario de la burguesía, ayuda a ésta y, de hecho, se coloca al lado de la burguesía en la guerra civil que en todo el mundo se
libra ya o se prepara con toda claridad.
Como teórico, con sus
clamores y su alboroto, con sus gimoteos y lamentos histéricos a propósito de
la guerra civil, Kautsky disimula su descalabro. Ha resultado que quienes
tienen razón son precisamente los bolcheviques, que en el otoño de 1914
anunciaron al mundo la transformación de
la guerra imperialista en guerra civil. Los reaccionarios de todos los
pelajes se indignaron o se burlaron,
pero los bolcheviques tuvieron razón.
Para ocultar su completa derrota, su torpeza, su falta de perspicacia, es preciso
tratar de asustar a los pequeños burgueses con los horrores de la guerra civil.
Eso es lo que hace Kautsky como político.
Hasta qué ridículos
despropósitos llega, se verá por lo que sigue. Las esperanzas puestas en la
revolución mundial carecen de fundamento. Esto es lo que afirma Kautsky. ¿Y
sabéis cuál es su argumento? La revolución en Europa a tenor de la de Rusia
equivaldría, según él, a
Cómo utiliza la burguesía a los renegados
"desencadenar (Entfessellung) guerras civiles en todo el
mundo por toda una generación", y además a no desencadenar una verdadera lucha de clases, sino
una "lucha fratricida entre proletarios". Stampfer,
entusiasmado, claro está, reproduce estas citas, subrayadas, precisamente como
palabras de Kautsky.
¡Cómo no van a entusiasmarse
con estas palabras los canallas y verdugos que siguen a Scheidemann! ¡El
"jefe de los socialistas" atemoriza al pueblo con la revolución y lo
aparta de ella! Pero lo divertido del caso es que Kautsky no ha reparado en una
cosa: que la potencia mundial de la Entente lleva casi dos años haciendo la
guerra a Rusia y fomentando con ello la revolución en su propia casa. Si la
revolución comenzase por lo menos ahora, aunque sólo fuese en su fase
conciliadora, aunque sólo fuese en una o dos de las grandes potencias de la
Entente, esto haría que cesara inmediatamente
la guerra civil en Rusia, esto liberaría inmediatamente
a cientos de millones de seres de las colonias, pues allí bullen el
descontento y la indignación, que
Europa sólo puede contener con la violencia.
67
Kautsky, además de haber puesto de relieve durante toda la
guerra imperialista los encantos de su infame espíritu lacayuno, actúa hoy
impulsado a las claras por este hecho: se
ha asustado del persistente carácter de la guerra civil en Rusia. Llevado
del susto, no ha pensado que contra
Rusia combate la burguesía de todo el
mundo. La revolución en una o dos de las grandes potencias de Europa
socavaría definitivamente las fuerzas
de la burguesía en general, su dominio sería quebrantado de raíz, a la burguesía no le quedaría refugio en ninguna parte de la Tierra.
En realidad, los dos años de
guerra de la burguesía mundial contra el proletariado revolucionario de Rusia alientan a los revolucionarios de todo
el orbe, muestran la extraordinaria
proximidad y facilidad de la victoria en
escala universal.
Por lo que se refiere a la
guerra civil "entre proletarios", estos argumentos ya los hemos
escuchado de boca de los Chernov y los Mártov. Para calibrar la infinita vileza
de este argumento, tornemos un ejemplo gráfico. Durante la Gran Revolución
Francesa, una parte de los campesinos, los vendeanos, lucharon a favor del rey
contra la
República. En junio de 1848
y en mayo de 1871, una parte de los obreros militó en las tropas de Cavaignac y
Galliffet, que estrangularon la revolución. ¿Qué diríais vosotros de quien
afirmase: lamento la "guerra civil entre
los campesinos de Francia en 1792" y "entre los obreros en 1848 y
en 1871”? Diríais que era el más hipócrita defensor de la reacción, de la
monarquía y de los Cavaignac.
Y tendríais razón.
Sólo un tonto de remate no
podrá comprender ni siquiera hoy que en Rusia se está librando (y en todo el
mundo comienza o madura) la guerra civil del proletariado contra la burguesía. Nunca ha habido ni puede haber una lucha de
clases en la que parte de la clase
avanzada no permanezca al lado de la reacción. Y lo mismo cabe decir de la
guerra civil. Parte de los obreros atrasados ayuda indefectiblemente —más o
menos tiempo— a la burguesía. Sólo los miserables pueden escudarse en esto para justificar su toma de posición al lado de la
burguesía.
Teóricamente, vemos aquí una
falta de deseo para comprender lo que desde 1914 proclaman a gritos todos los
hechos de la historia del movimiento obrero mundial. La escisión entre las capas superiores de la clase obrera
depravadas por el filisteísmo y el oportunismo y sobornadas por los "enchufes" y otras dádivas de la
burguesía, apuntó en el otoño de 1914 en
escala mundial y tomó cuerpo definitivamente en 1915-1918. Al no ver este hecho
histórico y al acusar a los comunistas de escisionismo, Kautsky no hace sino
demostrar por enésima vez su papel de lacayo de la burguesía.
Cómo utiliza la burguesía a los renegados
Marx y Engels hablaron
durante cuarenta años, de 1852 a 1892, del aburguesamiento
de una parte de los obreros de Inglaterra (precisamente de las capas
superiores, de los líderes, de la "aristocracia") debido a las ventajas que le
proporcionaban las colonias y a sus monopolios. Es claro como la luz del día
que los monopolios imperialistas de toda una serie de países debían crear en el
siglo XX ese mismo fenómeno que se produjo en Inglaterra. En todos los países
avanzados vemos la corrupción y la venalidad de los líderes de la clase obrera y de las capas superiores de la misma, cómo se pasan al lado de la burguesía
por las dádivas que reciben, ya que
la burguesía concede a estos líderes "enchufes" y a las mencionadas
capas superiores unas migajas de sus beneficios, echa sobre los obreros
atrasados y foráneos el peso del trabajo peor retribuido y menos calificado y
acentúa los privilegios de la "aristocracia de la clase obrera" en
comparación con la masa.
La guerra de 1914-1918 ha
demostrado definitivamente la traición al socialismo y el paso al lado de la
burguesía de los líderes y capas
superiores del proletariado, de todos los socialchovinistas, de los
Gompers, Branting, Renaudel, Macfronald, Scheidemann, etc., y, claro está, una
parte de la masa obrera sigue por inercia durante cierto tiempo a esta hez
burguesa.
La Internacional de Berna de
los Huysmans, Vandervelde y Scheidemann ha cristalizado ahora del todo, como
Internacional amarilla de estos traidores al socialismo. Sin luchar contra
ellos, sin apartarse de ellos no puede hablarse de ningún socialismo efectivo ni de ningún trabajo sincero en beneficio de la revolución
social.
Que los independientes
alemanes prueben a nadar entre dos aguas: tal es su sino. Los secuaces de
Scheidemann besuquean y abrazan a Kautsky como a uno de los "suyos",
Stampler así lo proclama, y en realidad Kautsky es un verdadero cofrade de los
Scheidemann. Entre tanto, Hilferding, también independiente y amigo de Kautsky,
ha propuesto en Lucerna expulsar de la Internacional a los Scheidemann.
Naturalmente, los auténticos líderes de la Internacional amarilla no han hecho
más que reírse de Hilferding. La propuesta de éste era la mayor estupidez o el
mayor de los fariseísmos: ¡cobrar fama de "izquierdista" entre la
masa obrera y mantener al mismo tiempo su puestecito en la Internacional de
criados de la burguesía! Pero cualquiera que sea la explicación que se dé de la
conducta de uno de los líderes, de Hilferding, es indudable una cosa: la falta
de carácter de los "independientes" y la infamia de los Scheidemann,
Branting y Vandervelde provocarán indefectiblemente entre las masas proletarias,
cada día más, su apartamiento de los
líderes traidores.
68
El imperialismo puede
durante bastante tiempo dividir a los obreros en algunos países, como lo ha
demostrado Inglaterra, pero la unión
de los revolucionarios, la unión de las masas con ellos y la expulsión de los
amarillos hacen constantes progresos en escala mundial. Así lo demuestran los
grandes éxitos de la Internacional Comunista: en Norteamérica se ha formado ya
el Partido Comunista, en París el Comité de restablecimiento de los vínculos
internacionales y el Comité de defensa sindical42 se han colocado al lado de la III Internacional. En París, dos
periódicos se han pasado al lado de la III Internacional: L'Internationale43 de Raimundo Péricat y Le Titre Censuré!!!44 (¿El Bolchevique?) de Jorge
![]()
42 El Comité
de restablecimiento de los vínculos interna Bajo la influencia de la Gran
Revolución Socialista de Octubre en Rusia y del fortalecimiento del movimiento
obrero francés el comité convirtióse en el centro de los elementos
internacionalistas revolucionarios. En 1920 ingresó en el Partido Comunista Francés.
El Comité de defensa
sindical fue creado el otoño de 1916 por un grupo de sindicalistas que
abandonaron el Comité para el restablecimiento de los vínculos internacionales
por negar ellos la actividad parlamentaria. En mayo de 1919 el Comité de
defensa sindical acordó adherirse a la Internacional Comunista.
43
"L'Internationale" ("La
Internacional"): semanario de los sindicalistas franceses, órgano del
Comité de defensa sindical; apareció en París de febrero a julio de 1919 bajo
la redacción de R. Péricat.
44 "Le Titre Censuré!!!" ("¡¡¡El Nombre Prohibido!!!"):
pequeño semanario que editó J. Anquetil en París desde el 19 de abril hasta el
21 de junio de 1919. Aparecieron 10 números. A partir del octavo número
concedió parte de sus
Cómo utiliza la burguesía a los renegados
Anquetil. En Inglaterra
estamos en vísperas de la formación del Partido Comunista, con el que se
solidarizan también los mejores hombres del Partido Socialista Británico, de
los "Comités de delegados de fábrica" (Shop Stewards Committees) , de los industrialistas
revolucionarios, etc. Los izquierdistas suecos, los socialdemócratas noruegos,
los comunistas holandeses, el Partido Socialista suizo y el italiano forman ya
en las mismas filas con los espartaquistas alemanes y los bolcheviques rusos.
En unos cuantos meses de
1919, la Internacional Comunista se ha convertido en una Internacional mundial,
que conduce a las masas y manifiesta terminantemente su hostilidad a los
traidores al socialismo atrincherados en la Internacional "amarilla"
de Berna y sus cofrades de Lucerna.
Para terminar, nos
detendremos en un comunicado particularmente instructivo, que arroja luz sobre
el papel de los líderes oportunistas. En Lucerna, durante la conferencia de
socialistas amarillos celebrada en agosto de este año, se publicó una edición
especial del periódico de Ginebra La
Feuille45 con informes y comunicados, en
diferentes idiomas. En la edición inglesa (núm. 4 del miércoles 6 de agosto)
apareció una interviú con Troelstra, conocido líder del partido oportunista de
Holanda.
He aquí lo que decía Troelstra:
"La revolución alemana
del 9 de noviembre suscitó gran efervescencia entre nuestros líderes
(holandeses) políticos y sindicales. Los grupos gobernantes de Holanda
estuvieron durante varios días dominados por el pánico, tanto más cuanto que al
propio tiempo estalló la indignación casi general en el ejército.
Los burgomaestres de
Rotterdam y La Haya trataron de movilizar a sus propias organizaciones como
fuerzas auxiliares de la contrarrevolución.
Un comité formado por
antiguos generales, entre los que figuraba un viejo oficial que se enorgullecía
de haber reprimido la insurrección de los boxers en China, intentó desorientar
a varios compañeros y pertrecharlos contra la revolución. Como es natural, sus
esfuerzos fueron contraproducentes, y hubo un momento en Rotterdam en que
parecía que iba a constituirse el Soviet de los obreros. Pero los líderes de la
organización política y de los sindicatos sostuvieron el criterio de que aún no
había llegado el momento de emplear tales métodos y se limitaron a formular un
programa mínimo de reivindicaciones obreras y a dirigir un ferviente
llamamiento a las masas".
Eso decía Troelstra,
añadiendo otras muchas fanfarronadas: que pronunció discursos revolucionarios,
que se manifestó incluso en favor de la conquista del poder, que él comprendía
la insuficiencia de los parlamentos y de la democracia puramente política y que
admitía para el período de transición los "procedimientos ilegales"
de lucha, la "dictadura del proletariado", etc., etc.
Troelstra es un modelo de
líder venal, oportunista, que sirve a la burguesía y engaña a los obreros. De
palabra reconocerá ante vosotros todo,
como veis: los Soviets, la dictadura del proletariado y cuanto queráis. De
hecho, Troelstra es el más vil traidor a los obreros y un agente de la
burguesía. De hecho es el jefe de los
"líderes de las organizaciones obreras políticas y sindicales"
holandesas que han salvado a la burguesía
en Holanda, pasándose al lado de la burguesía en el momento decisivo.
![]()
páginas al periódico Le Titre Enchainé ("El Nombre
Encadenado"). En el semanario Le
Titre Censuré!!! se publicaban principalmente artículos de Anquetil y
reproducciones de otros periódicos.
45 "La Feuille" ("La Hoja"): diario que apareció en
Ginebra desde agosto de 1917 hasta 1920. Sin ser formalmente órgano de ningún
partido, el periódico sostenía de hecho las posiciones de la II Internacional.
Cómo utiliza la burguesía a los renegados
Pues los hechos de que da
cuenta Troelstra son perfectamente claros y terminantes. En Holanda fue
movilizado el ejército. El proletariado estaba en armas y unido dentro del
ejército con las capas pobres de todo el pueblo. La revolución alemana había
suscitado entusiasmo entre los obreros y una "indignación casi general en
el ejército". Es claro que la obligación de los líderes revolucionarios
era llevar a las masas a la revolución, no
desperdiciar el momento en que los obreros armados y el influjo de la revolución
alemana podían decidir de golpe el desenlace.
Los líderes traidores, con
Troelstra a la cabeza, se pasaron al lado de la burguesía. Atiborraron a los
obreros con reformas y, sobre todo, con promesas de reformas, los apaciguaron
con "fervientes llamamientos" y frases revolucionarias y los engañaron.
Quienes ayudaron a la burguesía a desmovilizar el ejército y salvaron a los
capitalistas fueron precisamente los señores Troelstra y otros
"líderes" semejantes, que forman parte de la II Internacional de
Berna y de Lucerna.
El movimiento obrero seguirá
adelante, arrojando de su seno a todos los traidores y felones, a los Troelstra
y los Kautsky, desembarazándose de esa capa superior aburguesada que engaña a
las masas, ya que en realidad aplica la política de los capitalistas.
20 de septiembre de 1919.
P. S.
A juzgar por la exposición de Stampfer, Kautsky ha dejado de hablar acerca del
sistema soviético de Estado. ¿Ha abandonado sus posiciones en esta cuestión
principal? ¿Ha renunciado a defender las vilezas que estampara al hablar de
esto en su folleto contra la
"Dictadura del proletariado"?
¿Ha preferido pasar de lo principal a lo secundario? Veremos la
respuesta a estas preguntas cuando podamos conocer el folleto de Kautsky.
Publicado en
septiembre de 1919, en el núm. 5 de la revista
"La Internacional Comunista".
Firmado: N. Lenin.
T. 39, págs. 182-194.
Las tareas del movimiento obrero femenino en la República
Soviética
70
LAS TAREAS DEL MOVIMIENTO OBRERO
FEMENINO EN LA REPUBLICA SOVIÉTICA.
Discurso en la IV
Conferencia de obreras sin partido de la ciudad de Moscú.
23 de septiembre de
1919.
Camaradas: Yo saludo con
gran alegría a la Conferencia de obreras. Me permito no referirme a los temas y
a las cuestiones que, naturalmente, más inquietan hoy a cada obrera y a cada
trabajador consciente. Estas cuestiones más palpitantes son la relativa a los
cereales y la de nuestra situación militar. Pero, como he visto por las reseñas
de prensa de vuestras reuniones que estos problemas han sido expuestos aquí del
modo más completo por el camarada Trotski en lo tocante al aspecto militar y
por los camaradas Yákovleva y Sviderski en lo que se refiere a los cereales,
permitidme que no toque estos puntos.
Yo quisiera decir unas
palabras acerca de las tareas generales del movimiento obrero femenino en la
República Soviética, tanto de las relacionadas con el paso al socialismo en
general como de las que hoy se plantean en primer plano de manera singularmente
imperiosa. Camaradas: La cuestión relativa a la situación de la mujer ha sido
planteada por el Poder soviético desde el primer momento. Yo creo que la tarea
de todo Estado obrero que pase al socialismo será de género doble. La primera
parte de esta tarea es relativamente simple y fácil. Se refiere a las viejas
leyes que colocaban a la mujer en situación de desigualdad con respecto al
hombre.
Desde tiempos lejanos, los
representantes de todos los movimientos liberadores en Europa Occidental, no
durante decenios, sino durante siglos, propugnaron la abolición de estas leyes
anticuadas y reivindicaron la igualdad jurídica de la mujer y del hombre, pero
ningún Estado democrático europeo, ni siquiera las repúblicas más avanzadas,
han conseguido realizar esto, porque donde existe el capitalismo, donde se
mantiene la propiedad privada de la tierra y la propiedad privada de las
fábricas, donde se mantiene el poder del capital, los hombres siguen gozando de
privilegios. Si en Rusia se ha logrado esto, se debe exclusivamente a que desde
el 25 de octubre de 1917 se instauró aquí el Poder de los obreros. Desde el
primer momento, el Poder soviético se planteó la tarea de actuar como poder de
los trabajadores, enemigo de toda explotación. Se planteó la tarea de suprimir
la posibilidad de que los trabajadores fuesen explotados por los terratenientes
y capitalistas y de destruir el dominio del capital. El Poder soviético aspiró
a conseguir que los trabajadores organizasen su vida sin propiedad privada de
la tierra, sin propiedad privada de las fábricas, sin esa propiedad privada que
en todas partes, en todo el mundo, incluso con la plena libertad política,
incluso en las repúblicas más democráticas, sumía de hecho a los trabajadores
en la miseria y la esclavitud asalariada, y a la mujer en una doble esclavitud.
Desde los primeros meses de
su existencia, el Poder soviético, como poder de los trabajadores, realizó el
cambio más radical en la legislación referente a la mujer. En la República
Soviética no ha quedado piedra sobre piedra de todas las leyes que colocaban a
la mujer en una situación de dependencia. Me refiero precisamente a las leyes
que utilizaban de modo especial la situación desventajosa de la mujer,
haciéndola víctima de la desigualdad de derechos y a menudo hasta de
humillaciones, es decir, a las leyes sobre el divorcio, sobre los hijos
naturales y sobre el derecho de la mujer a demandar judicialmente del padre
alimentos para el sostenimiento del hijo.
Las tareas del movimiento obrero femenino en la República
Soviética
Hay que afirmar que es
precisamente en esta esfera donde la legislación burguesa, incluso en los
países más avanzados, se aprovecha de la situación desventajosa de la mujer,
condenándola a la desigualdad de derechos y humillándola. Y justamente en esta
esfera, el Poder soviético no ha dejado piedra sobre piedra de las viejas
leyes, injustas, insoportables para las masas trabajadoras. Ahora podemos decir
con todo orgullo, sin exageración alguna, que, exceptuando la Rusia Soviética,
no existe ningún país del mundo donde la mujer goce de plena igualdad de
derechos y no esté colocada en una situación humillante, particularmente
sensible en la vida cotidiana, familiar. Esta fue una de nuestras primeras y
más importantes tareas.
Si tenéis ocasión de entrar
en contacto con partidos hostiles a los bolcheviques, o llegan a vuestras manos
periódicos editados en ruso en las regiones ocupadas por Kolchak o Denikin, o
habláis con gente que se atiene al punto de vista de estos periódicos, podréis
escuchar frecuentemente de sus labios la acusación de que el Poder soviético ha
infringido la democracia.
71
A nosotros, representantes del Poder soviético, comunistas
bolcheviques y partidarios del Poder soviético, se nos echa en cara
constantemente que hemos violado la democracia, y como prueba de esta acusación
se aduce que el Poder soviético disolvió la Asamblea Constituyente. A estas
acusaciones respondemos habitualmente así: no concedemos ningún valor a una
democracia y a una Asamblea Constituyente que surgieron existiendo la propiedad
privada sobre la tierra, cuando los hombres no eran iguales, cuando el que
tenía capital propio era el amo, y los restantes, trabajando para él, eran sus
esclavos asalariados. Esa democracia encubría la esclavitud incluso en los
Estados más avanzados. Nosotros, como socialistas, somos partidarios de la
democracia únicamente en tanto en cuanto mitiga la situación de los
trabajadores y de los oprimidos. El socialismo se propone en todo el mundo la
lucha contra toda explotación del hombre por el hombre. Para nosotros ofrece
verdadero valor la democracia que sirve a los explotados, a los que sufren la
desigualdad. Si al que no trabaja se le priva de derechos electorales, ésta es
precisamente la verdadera igualdad entre los hombres. Quien no trabaje, que no
coma.
En respuesta a esas
acusaciones, decimos que es preciso comprobar cómo se practica en uno u otro
Estado la democracia. En todas las repúblicas democráticas vemos que se
proclama la igualdad, pero en las leyes civiles y en las leyes sobre los
derechos de la mujer, en el sentido de su situación dentro de la familia y en
el sentido del divorcio, vemos a cada paso la desigualdad y la humillación de
la mujer, y decimos que esto es una violación de la democracia, y precisamente
una violación de que son víctimas los oprimidos. El Poder soviético, en mayor
medida que todos los demás países, incluidos los más avanzados, ha puesto en
práctica la democracia al no haber dejado en sus leyes ni el menor rastro de
desigualdad de derechos de la mujer. Lo repito, ningún Estado, ninguna
legislación democrática ha hecho por la mujer ni la mitad de lo que ha hecho el
Poder soviético en los primeros meses de su existencia.
Naturalmente, no bastan las
leyes, y nosotros no nos contentamos de ningún modo con decretos nada más. Pero
en el terreno de la legislación hemos hecho todo lo que de nosotros se exigía
para equiparar la situación de la mujer a la del hombre, y podemos con razón
enorgullecernos de ello. Actualmente, la situación de la mujer en la Rusia
Soviética, desde el punto de vista de los Estados más avanzados, es ideal. Pero
afirmamos que, naturalmente, esto es sólo el comienzo.
Al tener que dedicarse a los
quehaceres de la casa, la mujer aún vive coartada. Para la plena emancipación
de la mujer y para su igualdad efectiva con respecto al hombre, se requiere una
economía colectiva y que la mujer participe en el trabajo productivo común.
Entonces la mujer ocupará la misma situación que el hombre.
Las tareas del movimiento obrero femenino en la República
Soviética
Como es lógico, no se trata
de igualar a la mujer en cuanto a la productividad del trabajo, al volumen, a
la duración y a las condiciones del mismo, etc., sino de que la mujer no se vea
oprimida por su situación en el hogar diferente a la del hombre. Todas vosotras
sabéis que aun con la plena igualdad de derechos, subsiste de hecho esta
situación de ahogo en que vive la mujer, ya que sobre ella pesan todos los
quehaceres del hogar que son, en la mayoría de los casos, los más
improductivos, más bárbaros y más penosos de cuantos realiza la mujer. Este
trabajo es extraordinariamente mezquino, no contiene nada que contribuya de
algún modo al progreso de la mujer.
En aras del ideal
socialista, nosotros querernos luchar por la plena realización del socialismo,
y en este sentido se abre ante la mujer un vasto campo de actividad. Ahora nos
preparamos seriamente para desbrozar el terreno con miras a la edificación socialista,
pero la propia edificación de la sociedad socialista no comenzará sino cuando
nosotros, una vez conseguida la plena igualdad de la mujer, emprendamos la
nueva tarea junto con la mujer liberada de este trabajo menudo, embrutecedor e
improductivo. A este respecto tenemos labor para muchos, muchos años.
Esta labor no puede dar rápidos resultados ni tiene nada de
efectismo brillante.
Estamos creando
instituciones, comedores y casas-cuna modelo, que liberen a la mujer del
trabajo doméstico. Y es precisamente a la mujer a la que más incumbe la labor
de organización de todas estas instituciones. Hay que reconocer que hoy existen
en Rusia muy pocas instituciones de este tipo, que ayuden a la mujer a salir
del estado de esclava del hogar. El número de estas instituciones es
insignificante, y las condiciones por las que hoy atraviesa la República
Soviética — las condiciones militares y las del abastecimiento, de las que os
han hablado aquí con detalle los camaradas— nos estorban en esta labor. Pero
hay que decir que estas instituciones, que liberan a la mujer de su estado de
esclava doméstica, surgen en todas partes donde parab ello existe la menor
posibilidad.
Decimos que la emancipación
de los obreros debe ser obra de los obreros mismos, y de igual modo la
emancipación de las obreras debe ser obra de las obreras mismas. Son ellas las
que deben preocuparse de desarrollar esas instituciones, y esta actividad de la
mujer conducirá a un cambio completo de la situación en que vivía bajo la
sociedad capitalista.
72
En la vieja sociedad capitalista, para ocuparse de política
hacía falta una preparación especial, razón por la cual era insignificante la
participación de la mujer en la vida política, incluso en los países
capitalistas más avanzados y más libres. Nuestra tarea consiste en hacer que la
política sea asequible para cada trabajadora. Desde el momento en que está
abolida la propiedad privada de la tierra y de las fábricas y ha sido derrocado
el poder de los terratenientes y los capitalistas, las tareas de la política
para la masa trabajadora y para las mujeres trabajadoras pasan a ser sencillas,
claras y plenamente asequibles para todas. En la sociedad capitalista, la mujer
está colocada en una situación tal de falta de derechos que su participación en
la vida política es mínima en comparación con el hombre. Para que cambie esta
situación, es preciso que exista el poder de los trabajadores, y entonces las
tareas principales de la política se reducirán a todo lo que directamente atañe
a la suerte de los propios trabajadores.
En este sentido es necesaria
también la participación de las obreras, no sólo de las militantes del partido,
de las que son conscientes, sino de las sin partido y de las más inconscientes.
En este sentido, el Poder soviético brinda a las obreras un vasto campo de
actividad.
Hemos atravesado una
situación muy difícil en la lucha contra las fuerzas hostiles a la Rusia
Soviética, que sostienen la campaña contra ella. Nos ha sido difícil luchar en
el terreno militar contra las fuerzas que están haciendo la guerra al poder de
los trabajadores, y en la esfera del abastecimiento contra los especuladores,
porque no es lo bastante grande el número de
Las tareas del movimiento obrero femenino en la República
Soviética
personas, el número de
trabajadores que acuden plenamente en nuestra ayuda con su propio trabajo. En
este sentido, el Poder soviético nada puede apreciar tanto como el concurso de
las amplias masas de obreras sin partido. Ellas deben saber que en la vieja
sociedad burguesa se requería, tal vez, para la actividad política una
preparación compleja, inasequible para la mujer. Pero la República Soviética se
propone como tarea principal de su actividad política la lucha contra los
terratenientes y los capitalistas, la lucha por la supresión de la explotación,
y de ahí que en la República Soviética se abra para las obreras el campo de la
actividad política, que consistirá en que la mujer ayude al hombre con su
capacidad organizadora.
No necesitamos solamente la
labor de organización de millones de personas. Necesitamos además la labor de
organización en la más modesta escala, que permita también trabajar a las
mujeres. La mujer puede trabajar asimismo en tiempo de guerra, cuando se trate
de ayudar al ejército y de realizar propaganda dentro de él. En todo esto debe
tomar parte activa la mujer para que el Ejército Rojo vea que hay preocupación
y desvelo por él. La mujer puede ser útil igualmente en todo lo relacionado con
el abastecimiento: distribución de los productos y mejora de la alimentación
pública, desarrollo de los comedores que tan ampliamente han sido organizados
ahora en Petrogrado.
Estas son las esferas en las
que la actividad de las obreras adquiere verdadera importancia desde el punto
de vista de la organización. La participación de la mujer es necesaria también
en la creación de grandes haciendas experimentales y en el control de las
mismas, para que esto no sea obra de unos pocos. Esta empresa es irrealizable
si no participa en ella un gran número de trabajadoras. Las obreras pueden
perfectamente intervenir en esta labor, además, controlando la distribución de
los productos y procurando que sea más fácil adquirirlos. Esta tarea es
plenamente proporcionada a las fuerzas de las obreras sin partido, y su
realización contribuirá poderosamente al afianzamiento de la sociedad
socialista.
Una vez abolida la propiedad
privada de la tierra y suprimida casi por entero la propiedad privada de las
fábricas, el Poder soviético tiende a que en esta edificación económica
participen todos los trabajadores, no sólo los militantes del Partido, sino también
los sin partido, y no sólo los hombres, sino también las mujeres. Esta obra
iniciada por el Poder soviético puede progresar únicamente cuando en ella tomen
parte, en toda Rusia, no cientos, sino millones y millones de mujeres.
Entonces, estamos seguros de ello, se afianzará la obra de la construcción
socialista. Entonces los trabajadores demostrarán que pueden vivir y pueden
administrar sin terratenientes ni capitalistas. Entonces será tan firme en
Rusia la edificación socialista que no causará temor a la República Soviética
ningún enemigo, exterior ni interior.
Publicado el 25 de septiembre de
1919, en el núm. 218 de "Pravda".
T. 39, págs. 198-205.
Ejemplo de los obreros petrograndenses
73
EJEMPLO DE LOS OBREROS PETROGRADENSES.
Los periódicos han
comunicado ya que los obreros de Petrogrado han empezado a movilizar
intensamente y enviar al Frente Sur a los mejores entre ellos.
La toma de Kursk por Denikin
y el avance hacia Oriol explican plenamente estas acciones enérgicas del
proletariado petrogradense. Su ejemplo deberán seguirlo también los obreros de
otros centros industriales.
Los sicarios de Denikin
cuentan con sembrar el pánico en nuestras filas y obligarnos a pensar sólo en
la defensa, sólo en esta dirección. Los radiogramas extranjeros muestran con
qué empeño ayudan los imperialistas de Francia e Inglaterra a Denikin en ello,
cómo le ayudan con armas y centenares de millones de rublos. Las radios
extranjeras gritan a todo el mundo que el camino a Moscú está abierto. Así
quieren intimidarnos los capitalistas.
Mas no lo conseguirán.
Nuestras tropas están distribuidas según un plan meditado y firmemente puesto
en práctica. Nuestra ofensiva sobre la fuente principal de las fuerzas del
enemigo continúa firmemente. Las victorias obtenidas hace unos días — la captura
de 20 cañones en el distrito de Boguchar y la toma de la stanitsa de
Véshenskaya— muestran que nuestras tropas avanzan con éxito hacia el centro de
la zona habitada por los cosacos, y sólo ellos daban y dan a Denikin la
posibilidad de crear una fuerza seria. Denikin será derrotado como lo fue
Kolchak. No nos intimidarán, y llevaremos nuestra causa hasta el fin
victorioso.
La toma de Kursk y el avance
del enemigo hacia Oriol nos plantean la tarea de dar fuerzas complementarias
para rechazar al enemigo en esa dirección. Y los obreros petrogradenses han
demostrado con su ejemplo que han comprendido bien su tarea. Decimos, sin
ocultarnos el peligro ni empequeñecerlo en lo más mínimo: el ejemplo de
Petrogrado ha demostrado que tenemos fuerzas complementarias. Para rechazar la
ofensiva sobre Oriol y pasar a la ofensiva hacia Kursk y Járkov hace falta,
además de lo que tenemos a nuestra disposición, movilizar a los mejores
trabajadores del proletariado. El peligro creado con la caída de Kursk es
grave. Jamás ha estado el enemigo tan cerca de
Moscú. Mas
para rechazar este peligro, reforzamos las tropas con nuevos destacamentos de
obreros avanzados, capaces de cambiar la moral de las unidades que retroceden.
Entre las tropas del Sur
ocupaban un importante lugar en nuestro bando los desertores reincorporados a
filas. Y, la mayor parte de las veces, se habían reincorporado a filas
voluntariamente, bajo la influencia de la propaganda, que les explicaba cuál
era su deber y les ponía en claro toda la seriedad del peligro del
restablecimiento del poder de los terratenientes y capitalistas. Mas el
desertor no ha resistido, le ha faltado aguante, ha empezado a retroceder a
cada paso, sin aceptar combate.
Por eso adquiere importancia
primordial el apoyo al ejército con una nueva afluencia de fuerzas proletarias.
Los elementos inseguros serán reforzados, se elevará el estado de ánimo, se
producirá un viraje. El proletariado, como ha ocurrido continuamente en nuestra
revolución, apoyará y guiará a las capas vacilantes de la población
trabajadora.
Hace ya mucho que en
Petrogrado los obreros han de arrostrar mayores penalidades que los obreros de
otros centros industriales. El proletariado petrogradense ha sufrido más el
hambre, el peligro de la guerra y la saca de los mejores obreros para cargos administrativos
en los Soviets por toda Rusia que el proletariado de otros lugares.
Ejemplo de los obreros petrograndenses
Mas así y todo vemos que
entre los obreros petrogradenses no hay el menor desaliento, la menor
relajación. Por el contrario, se han forjado. Han encontrado nuevas fuerzas.
Promueven a nuevos combatientes. Cumplen excelentemente la tarea de
destacamento de vanguardia, enviando ayuda y apoyo donde más falta hace.
Cuando semejantes fuerzas
frescas robustecen las unidades de nuestro ejército que han vacilado, entonces
las masas trabajadoras, los soldados de origen campesino, reciben a nuevos
jefes de entre los suyos, de entre los trabajadores más desarrollados, más
conscientes, más firmes de espíritu. Por eso tal ayuda en nuestro ejército
campesino nos brinda una superioridad decisiva sobre el enemigo, pues en el
campo enemigo, para "apoyar" a su ejército campesino, se ponen en
juego únicamente los hijos de los terratenientes, y sabemos que ese
"apoyo" ha matado a Kolchak y matará a Denikin.
74
¡Camaradas obreros! ¡Manos a
la nueva obra todos, siguiendo el ejemplo de los camaradas petrogradenses! Más
fuerzas al ejército, más iniciativa y audacia, más emulación, para llegar al
nivel de los petrogradenses, y la victoria será de los trabajadores, la
contrarrevolución terrateniente y capitalista será derrotada definitivamente.
P. S. Me acabo de enterar de
que también han partido de Moscú para el frente varias decenas de camaradas de
los más leales. Moscú se ha puesto en movimiento tras Petrogrado. Tras Moscú
deberán ponerse en marcha los demás centros.
3 de octubre de 1919.
N. L.
Publicado el 4 de octubre de 1919, en el núm. 221 de
"Pravda" y en el núm. 221 de "Izvestia del CEC de toda
Rusia". Firmado: N. Lenin.
T. 39, págs. 206-208.
Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes
75
SALUDO A LOS COMUNISTAS ITALIANOS, FRANCESES Y ALEMANES.
Son extraordinariamente
parcas las noticias que recibimos del extranjero. El bloqueo establecido por
las fieras imperialistas se deja sentir con todo rigor, la violencia de los más
poderosos países del mundo cae sobre nosotros con el propósito de restaurar el
poder de los explotadores. Y toda esta furia salvaje de los capitalistas de
Rusia y del mundo entero se encubre, como es natural, con frases acerca de ¡la
sublime significación de la "democracia"! El campo de los
explotadores es fiel a sí mismo: hace pasar la democracia burguesa por
"democracia" en general. Y todos los filisteos, todos los pequeños
burgueses, hacen coro a ese campo; todos, incluso los señores Federico Adler,
Carlos Kautsky y la mayoría de los jefes del Partido Socialdemócrata
"Independiente" de Alemania (es decir, no dependiente del
proletariado revolucionario, mas dependiente de los prejuicios
pequeñoburgueses).
Pero cuanto más raramente
recibimos en Rusia noticias del extranjero, con mayor alegría observamos los
gigantescos éxitos que alcanza por doquier el comunismo entre los obreros do
todos los países, los éxitos en el rompimiento de esas masas con los jefes
podridos y traidores, que desde Scheidemann hasta Kautsky han desertado al
campo de la burguesía.
Del partido italiano hemos
sabido únicamente que su congreso ha acordado, por aplastante mayoría,
adherirse a la III Internacional y aceptar el programa de la dictadura del
proletariado. Por tanto, el Partido Socialista Italiano se ha sumado, de hecho,
al comunismo aunque, por desgracia, conserve todavía la antigua denominación.
¡Un caluroso saludo a los obreros italianos y su partido!
De Francia sabemos
únicamente que sólo en París hay ya dos periódicos comunistas: L'Internationale, dirigido por Raimundo
Péricat, y Le Titre Censuré!!!,
dirigido por Jorge Anquetil. Se han
adherido ya a la III Internacional una serie de organizaciones proletarias. La
simpatía de las masas obreras está, indudablemente, de parte del comunismo y
del Poder soviético.
De los comunistas alemanes
hemos sabido únicamente que en diversas ciudades existe prensa comunista. Estos
periódicos llevan con frecuencia el título de Bandera Roja. El periódico Bandera
Roja46, de Berlín, se publica clandestinamente
y sostiene una heroica lucha contra los verdugos Scheidemann-Noske, que con sus
acciones ayudan serviles a la burguesía, de la misma manera que la ayudan
serviles los "independientes" con sus palabras y su propaganda
"ideológica" (pequeñoburguesa).
La heroica lucha del
periódico berlinés de los comunistas, Bandera
Roja, suscita la mayor admiración. ¡Al fin hay en Alemania socialistas
honrados y sinceros, que se mantienen firmes e inquebrantables a despecho de
todas las persecuciones, a despecho del vil asesinato de los mejores jefes! ¡Al
fin hay en Alemania obreros comunistas, que sostienen una heroica lucha digna
de ser denominada "revolucionaria" de verdad! ¡Al fin ha surgido en
Alemania, del seno
![]()
46 "Die Rote Fahne" ("Bandera Roja"): diario fundado por
C. Liebknecht y R. Luxemburgo como órgano central de la Liga de Espartaco; más
tarde fue el órgano central del Partido Comunista de Alemania. Apareció desde
el 9 de noviembre de 1918 en Berlín; fue objeto de reiteradas represalias y
suspensiones por parte de las autoridades alemanas. Die Rote Fahne desempeñó un gran papel en la lucha por la
transformación del Partido Comunista de Alemania en un partido revolucionario
proletario de masas y por su depuración de elementos oportunistas. El periódico
luchó enérgicamente contra la militarización del país y propugnó la unidad de
acción de la clase obrera en la lucha contra el fascismo. En el periódico
colaboró activamente E. Thaelmann, presidente del CC del Partido Comunista de
Alemania. Después de implantarse en Alemania la dictadura fascista, Die Rote Fahne fue prohibirlo, pero
continuó apareciendo clandestinamente oponiéndose con toda decisión al régimen
fascista. En 1935 la edición del periódico fue trasladada a Praga
(Checoslovaquia); desde octubre de 1936 hasta el otoño de 1939 Die Rote Fahne se imprimió en Bruselas
(Bélgica).
Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes
de la masa proletaria, una
fuerza para la que las palabras "revolución proletaria" se han
convertido en la verdad!
¡Saludamos a los comunistas alemanes!
Los Scheidemann y los
Kautsky, los Renner y los Federico Adler, por grande que pueda ser la
diferencia existente entre estos señores desde el punto de vista de su honradez
personal, son por igual pequeños burgueses, viles felones y traidores al
socialismo, partidarios de la burguesía, pues todos ellos escribieron y
suscribieron en 1912 el Manifiesto de Basilea sobre la guerra imperialista que
se avecinaba, todos ellos hablaron entonces de la "revolución proletaria" y todos ellos
resultaron, en la práctica, demócratas pequeñoburgueses, paladines de las ilusiones republicanas
pequeñoburguesas, democrático-burguesas, cómplices de la burguesía
contrarrevolucionaria.
Las furiosas persecuciones
que se han abatido sobre los comunistas alemanes les han forjado. Si ahora se
encuentran desperdigados hasta cierto punto, eso prueba la amplitud y el
carácter de masas de su movimiento, la fuerza con que crece el comunismo en lo
más profundo de las masas obreras. La dispersión es inevitable en un movimiento
perseguido con tanta furia por los burgueses contrarrevolucionarios y sus
lacayos, los Scheidemann y los Noske, y que se ve obligado a organizarse
ilegalmente.
76
Es natural también que un
movimiento que crece con tanta rapidez y sufre persecuciones tan enconadas dé
origen a discrepancias bastante enconadas. Eso no tiene nada de temible. Es una
enfermedad de crecimiento.
¡Que los Scheidemann y los
Kautsky se refocilen maliciosamente en sus periódicos Vowärts y Freiheit de las
discrepancias entre los comunistas! Lo único que les queda a esos adalides del
putrefacto espíritu pequeñoburgués es encubrir su podredumbre señalando con la
cabeza a los comunistas. Mas si se habla de la esencia de la cuestión sólo los
ciegos pueden no ver ahora la verdad. Y esta verdad consiste en que los
secuaces de Scheidemann y de Kautsky han
traicionado del modo más vergonzoso la revolución proletaria en Alemania, la han vendido, se han colocado prácticamente al lado de la burguesía
contrarrevolucionaria. Así lo ha
mostrado y demostrado con magnífica energía, elocuencia, claridad y fuerza de
convicción Heinrich Laufenberg en su excelente folleto Entre la primera y la segunda revolución. Las discrepancias entre
los scheidemannistas y los kautskianos son discrepancias entre partidos que se descomponen y agonizan, en los que quedan
jefes sin masas, generales sin ejército. La masa abandona a los scheidemannistas
y se suma a los kautskianos gracias a su ala izquierda (como lo prueba
cualquier reseña de una asamblea de masas), y esta ala izquierda une —sin
contenido ideológico, medrosamente— los viejos prejuicios de la pequeña
burguesía acerca de la democracia parlamentaria con el reconocimiento comunista
de la revolución proletaria, de la dictadura del proletariado, del Poder de los
Soviets.
Los podridos jefes de los
"independientes" reconocen todo eso de palabra bajo la presión de las masas, pero, de hecho, siguen
siendo demócratas pequeñoburgueses, "socialistas" del tipo de Luis
Blanc y de otros santos varones de 1848, tan implacablemente ridiculizados y
estigmatizados por Marx.
Estas discrepancias son, en
efecto, inconciliables. No puede haber paz entre los pequeños burgueses — que,
a semejanza de los de 1848, rezan a la "democracia" burguesa sin
comprender su carácter burgués— y los revolucionarios proletarios. No pueden
trabajar juntos. Haase y Kautsky, Federico Adler y Otto Bauer pueden dar mil
vueltas, escribir montañas de papel y pronunciar discursos interminables: no
podrán eludir el hecho de que, en la
práctica, revelan una incomprensión absoluta de la dictadura del proletariado
y del Poder de los Soviets; que, en la práctica, son demócratas
pequeñoburgueses, "socialistas"
Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes
del tipo de Luis Blanc y de
Ledru-Rollin; que, en la práctica,
son un juguete en manos de la burguesía, en el mejor de los casos, y lacayos
descarados suyos, en el peor.
Los
"independientes", los kautskianos y los socialdemócratas austríacos parecen un partido unido; de hecho, la
masa de miembros de su partido no se
solidariza con los jefes en lo fundamental, en lo principal, en lo más
esencial. La masa irá a la lucha
revolucionaria proletaria por el Poder de los Soviets en cuanto llegue el
momento de una nueva crisis, y los "jefes" seguirán siendo, entonces
como ahora, contrarrevolucionarios. No es difícil nadar entre dos aguas de
palabra: Hilferdfug en Alemania y Federico Adler en Austria nos dan grandes
ejemplos de este noble arte.
Pero en el fuego de la lucha
revolucionaria, los hombres que se dedican a conciliar lo inconciliable no
serán más que pompas de jabón. Así lo mostraron todos los adalides
"socialistas" de 1848, así lo mostraron sus hermanos carnales, los
mencheviques y socialistas-revolucionarios de Rusia, en 1917-1919, así lo
muestran todos los paladines de la II Internacional de Berna o amarilla.
Las discrepancias entre los
comunistas son de otro género. La diferencia radical sólo pueden dejar de verla
quienes no deseen ver. Son discrepancias entre los representantes de un
movimiento de masas que ha crecido con rapidez inusitada. Son discrepancias
sobre una base fundamental común, firme como la roca: sobre la base del
reconocimiento de la revolución proletaria, de la lucha contra las ilusiones
democrático -burguesas y el parlamentarismo democrático-burgués, del
reconocimiento de la dictadura del proletariado y del Poder de los Soviets.
Sobre esa base, las discrepancias no son temibles: es una enfermedad de
crecimiento y no la decrepitud senil. También el bolchevismo ha sufrido más de
una vez discrepancias de ese género y pequeñas escisiones motivadas por
discrepancias semejantes; pero en el momento decisivo, en el momento de la
conquista del poder y de la creación de la República Soviética, el bolchevismo
estuvo unido, atrajo a su lado a todas las mejores tendencias afines del
pensamiento socialista, agrupó en torno suyo a toda la vanguardia del proletariado y a la mayoría gigantesca de los trabajadores.
Lo mismo ocurrirá con los
comunistas alemanes. Los scheidemannistas y kautskianos signen hablando todavía
de la "democracia" en general, viven aún con las ideas de 1848, son
marxistas de palabra y los Luis Blanc de hecho. Hablan de "mayoría",
pensando que la igualdad de las papeletas electorales significa la igualdad del
explotado con el explotador, del obrero con el capitalista, del pobre con el
rico, del hambriento con el harto.
De creer a los
scheidemannistas y kautskianos, resulta que los bondadosos, honrados, nobles y
pacíficos capitalistas jamás emplearon la fuerza de la riqueza, la fuerza del
dinero, el poder del capital, la opresión de la burocracia y de la dictadura
militar, sino que resolvieron los asuntos verdaderamente "por
mayoría".
77
Los scheidemannistas y
kautskianos (en parte por hipocresía y en parte por su extremada torpeza, fruto
de decenios de labor reformista) embellecen
la democracia burguesa, el parlamentarismo burgués, la república burguesa,
presentando las cosas como si los capitalistas resolviesen los asuntos del
Estado por voluntad de la mayoría, y no por voluntad del capital, mediante el
engaño, la opresión y la violencia de los ricos sobre los pobres.
Los scheidemannistas y
kautskianos están dispuestos a "reconocer" la revolución proletaria,
pero siempre que la mayoría vote primero, conservándose
la fuerza, el poder, la opresión y los privilegios del capital y de la riqueza
(existiendo el aparato burgués de poder estatal, que dirige las elecciones), ¡¡"a favor de la revolución"!!
Es difícil imaginarse todo el abismo de cerrazón pequeñoburguesa que se revela
por esa concepción, todo el abismo de credulidad
Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes
pequeñoburguesa (Vertrauensduselei) en los capitalistas,
en los burgueses, en los generales, en el aparato burgués del poder del Estado.
En la práctica, la burguesía
ha sido siempre hipócrita, denominando "democracia" a la igualdad
formal, pero, de hecho, ejerciendo la violencia contra los pobres, contra los
trabajadores, contra los pequeños campesinos y los obreros con múltiples
métodos de engaño, de opresión, etc. La guerra imperialista (que embellecieron
vergonzosamente los Scheidemann y los Kautsky) puso eso al descubierto ante
millones de seres. La dictadura del proletariado es el único medio para defender a los trabajadores del yugo del capital,
de la violencia de la dictadura militar de la burguesía y de las guerras
imperialistas. La dictadura del proletariado es el único paso que lleva a la
igualdad y la democracia de hecho, no
en el papel, sino en la vida, no en la frase política, sino en la realidad
económica.
Por no haber comprendido
eso, los Scheidemann y los Kautsky se convirtieron en despreciables traidores
al socialismo y en defensores de las ideas de la burguesía.
* * *
El partido kautskiano (o
"independiente") lleva camino de perecer y no tardará en sucumbir
irremisiblemente, quedando reducido a polvo, a causa de las divergencias entre
la masa de afiliados, revolucionarios en su mayoría, y los "líderes"
contrarrevolucionarios.
El Partido Comunista se
vigorizará y forjará, afrontando las mismas divergencias (las mismas en
esencia) que conoció el bolchevismo.
Las discrepancias entre los
comunistas alemanas se reducen, por lo que yo puedo juzgar, al problema
relativo a la "utilización de las posibilidades legales" (como decían
en 1910-1913 los bolcheviques), a la utilización de los parlamentos burgueses,
de los sindicatos reaccionarios y de la "ley sobre los consejos" (Betriebsratgesetz), desfigurados por
los Scheidemann y los Kautsky, y a la participación en semejantes organismos o
al boicot de ellos.
Los bolcheviques rusos
hicimos frente a esas mismas divergencias en 1906 y en 1910 -1912. Y vemos
claramente que en muchos de los nuevos comunistas alemanes se deja sentir
sencillamente una falta de experiencia revolucionaria. Si hubiesen conocido un
par de revoluciones burguesas (la de 1905 y la de 1917) no propugnarían tan
incondicionalmente el boicot y no incurrirían a veces en los errores del
sindicalismo.
Esta es una enfermedad de
crecimiento. Desaparecerá a medida que se desarrolle el movimiento, que crece a
más y mejor. Estos errores evidentes hay que combatirlos de manera abierta,
tratando de no exagerar las discrepancias, pues debe estar claro para todos que
en un futuro no lejano la lucha por la dictadura del proletariado y por el
Poder soviético dará al traste con la mayoría de estas discrepancias.
Desde el punto de vista de
la teoría marxista y desde el punto de vista de la experiencia de tres
revoluciones (1905, febrero de 1917 y octubre de 1917), considero absolutamente
equivocada la negativa a participar en los parlamentos burgueses, en los sindicatos
reaccionarios (de los Legien, de los Gompers, etc.), en los
"consejos" obreros archirreaccionarios, deformados por los
Scheidemann, etc.
A veces, en casos aislados,
en ciertos países, el boicot es justo, como lo fue, por ejemplo, el boicot de
los bolcheviques de las elecciones a la Duma zarista en 190547. Pero esos mismos
![]()
47 El 6 (19) de agosto de 1905 fue hecho
público un manifiesto del zar y con él la ley sobre la constitución de la Duma
de Estado y el reglamento de las elecciones a la Duma. La Duma recibió el
nombre de bulyguiniana porque el zar encargó redactar el proyecto al ministro
del Interior A. Bulyguin. Según este proyecto la Duma no tenía derecho a
promulgar leyes, sólo podía discutir algunas cuestiones como órgano consultivo
del zar. Los bolcheviques llamaron a los obreros y campesinos a declarar un
boicot activo a la Duma bulyguiniana concentrando toda la campaña de agitación
en torno a las consignas: insurrección armada, ejército revolucionario,
gobierno revolucionario provisional. Los bolcheviques aprovecharon la campaña
de boicot a la Duma bulyguiniana para movilizar a todas las fuerzas
Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes
bolcheviques participaron en
la Duma de 1907, mucho más reaccionaria y abiertamente contrarrevolucionaria.
Los bolcheviques participaron en las elecciones a la Asamblea Constituyente
burguesa en 1917, pero en 1918 la disolvimos48,
horrorizando a los demócratas pequeñoburgueses, a los Kautsky y demás renegados
del socialismo. Participamos en los sindicatos archirreaccionarios, puramente
mencheviques, que en nada desmerecían (por su carácter contrarrevolucionario)
de los ignominiosos y ultrarreaccionarios sindicatos alemanes mangoneados por
Legien. Incluso hoy, dos años después de conquistar el poder del Estado, no
hemos terminado aún la lucha contra los restos de los sindicatos mencheviques
(es decir, sindicatos del tipo de los formados por Scheidemann, Kautsky,
Gompers, etc.): ¡así de prolongado es este proceso! ¡Así de arraigada está en
algunos lugares o en algunas profesiones la influencia de las ideas
pequeñoburguesas!
Antes éramos una minoría en
los Soviets, una minoría en los sindicatos y en las cooperativas. Gracias a una
labor y a una lucha persistentes —antes
de conquistar el poder político y después de conquistarlo— logramos la
mayoría en todas las organizaciones
obreras, luego en las no obreras y
más tarde en las de los pequeños campesinos.
78
Sólo los canallas o los
bobos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en
las votaciones realizadas bajo el yugo de
la burguesía, bajo el yugo de la
esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es
el colmo de la estulticia o de la
hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones
bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder.
El proletariado libra su
lucha de clase sin esperar a una votación para comenzar una huelga, aunque para
el éxito completo de la huelga sea necesario contar con las simpatías de la
mayoría de los trabajadores (y, por consiguiente, de la mayoría de la población).
El proletariado libra su lucha de clase, derrocando a la burguesía, sin esperar
para ello a una votación previa (organizada por la burguesía y bajo su yugo
opresor), aunque sabe muy bien que para el éxito de su revolución, para el
feliz derrocamiento de la burguesía es
absolutamente necesario
contar con las simpatías de la mayoría de los trabajadores (y, por consiguiente, de la mayoría de la
población).
Los cretinos parlamentarios
y los Luis Blanc de nuestros días "exigen" obligatoriamente
votaciones, organizadas sin falta por la burguesía, para comprobar de qué lado
están las simpatías de la mayoría de los trabajadores. Pero éste es un punto de
vista propio de pedantes, de cadáveres insepultos o de hábiles trapaceros.
La vida real, la historia de
las revoluciones efectivas muestran que las "simpatías de la mayoría de
los trabajadores" no pueden ser demostradas muchas veces por ninguna
votación (sin hablar ya de las votaciones organizadas por los explotadores, ¡a
base de la "igualdad"
![]()
revolucionarias, para
efectuar huelgas políticas masivas y preparar la insurrección armada. Las
elecciones a la Duma bulyguiniana no se celebraron y el gobierno no logró
reunirla. La fuerza creciente de la revolución y la huelga de octubre de 1905
en toda Rusia barrieron la Duma.
48 El Gobierno Provisional anunció la convocación de la Asamblea
Constituyente en su declaración del 2 (15) de marzo de 1917; se fijó la fecha
de las elecciones para el 17 (30) del mismo mes; pero en septiembre el gobierno
postergó las elecciones para el 12 (25) de noviembre.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente se celebraron después
de la Revolución Socialista de Octubre en la fecha establecida: el 12 (25) de
noviembre de 1917. Tuvieron lugar según las listas confeccionadas antes de la
Revolución de Octubre y transcurrieron en un ambiente en que una parte
considerable del pueblo no se había percatado aún de la trascendencia de la
revolución socialista. De ello se aprovecharon los eseristas de derecha que
lograron reunir la mayoría de los votos en las provincias y regiones alejadas
de la capital y de los centros industriales. La Asamblea Constituyente fue
convocada por el Gobierno soviético y se abrió el 5(18) de enero de 1918 en
Petrogrado. La mayoría contrarrevolucionaria de la Asamblea Constituyente
rechazó la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado que le
propuso el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y se negó a reconocer el
Poder soviético. Por el decreto del CECR del 6 (19) de enero, la Asamblea
Constituyente fue disuelta.
Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes
entre explotadores y
explotados!). Muy a menudo, las "simpatías de la mayoría de los
trabajadores" se demuestran no
en votaciones, sino por el crecimiento de uno de los partidos, o por el aumento
del número de sus miembros en los Soviets, o por el éxito de una huelga que,
debido a una u otra razón, adquiere enorme importancia, o por el éxito en la
guerra civil, etc., etc.
La historia de nuestra
revolución ha demostrado, por ejemplo, que las simpatías hacia la dictadura del
proletariado por parte de la mayoría de los trabajadores en los inmensos
espacios de los Urales y de Siberia se pusieron de relieve, no mediante votaciones,
sino a través de la experiencia de un año de poder del general zarista Kolchak
en los Urales y Siberia. Por cierto, el poder de Kolchak comenzó también como
poder de una "coalición" de los Scheidemann y los Kautsky (en ruso:
de los "mencheviques" y "socialistas-revolucionarios",
partidarios de una Asamblea Constituyente), del mismo modo que ahora en
Alemania los señores Haase y Scheidemann, con su "coalición", allanan
el camino de von Goltz o de Ludendorff hacia el poder y encubren, embellecen
este poder. Dicho sea entre paréntesis: la coalición de Haase y Scheidemann en
el gobierno ha terminado, pero continúa la coalición política de estos
traidores al socialismo. Prueba: los libros de Kautsky, los artículos de
Stampfer en Vowärts, los artículos de
los kautskianos y scheidemannistas sobre su "unificación", etc.
La revolución proletaria es
imposible sin la simpatía y el apoyo de la inmensa mayoría de los trabajadores
hacia su vanguardia: hacia el proletariado. Pero esta simpatía y este apoyo no
se obtienen de golpe, no se deciden en votaciones, sino que se conquistan en una larga, difícil y
dura lucha de clases. La lucha de clase del proletariado por ganar la simpatía y el apoyo de la mayoría de los trabajadores
no termina con la conquista del poder político por el proletariado. Después de la conquista del poder, esta
lucha continúa, pero en otras formas. En la revolución rusa
concurrieron circunstancias extraordinariamente favorables para el proletariado
(en su lucha por su dictadura), pues la revolución proletaria se realizó cuando
todo el pueblo estaba armado y cuando todo el campesinado deseaba el
derrocamiento del poder de los terratenientes, cuando todo el campesinado
estaba indignado por la política "kautskiana" de los socialtraidores,
mencheviques y socialistas-revolucionarios.
Pero incluso en Rusia, donde
en el momento de la revolución proletaria la situación fue excepcionalmente
propicia y donde inmediatamente se logró una excelente unidad de todo el
proletariado, de todo el ejército y de todo el campesinado; incluso en Rusia,
la lucha del proletariado, que ejerce su dictadura, la lucha del proletariado
por lograr las simpatías y el apoyo de la mayoría de los trabajadores, exigió
meses y años enteros. Al cabo de dos años, esta lucha casi ha terminado, pero
aún no ha terminado del todo en favor del proletariado. Sólo al cabo de dos
años hemos conquistado definitivamente las simpatías y el apoyo de la mayoría
aplastante de los obreros y de los campesinos trabajadores de Rusia, incluidos
los Urales y Siberia; sin embargo, no hemos terminado aún la conquista de las
simpatías y el apoyo de la mayoría de los campesinos trabajadores (que se
diferencian de los campesinos explotadores) de Ucrania. Nos puede aplastar (mas, a pesar de todo, no
nos aplastará) la potencia militar de la Entente, pero dentro de Rusia contamos ahora
con unas simpatías tan firmes de una mayoría tan aplastante de los trabajadores
que el mundo no había conocido Estado más democrático.
79
Si se reflexiona en esta
historia de la lucha del proletariado por el poder, complicada, ímproba,
prolongada, rica por la extraordinaria variedad de formas y por la inusitada
abundancia de bruscos cambios, virajes y transiciones de una forma de lucha a otra,
aparecerá claro el error de los que quieren "prohibir" la
participación en los parlamentos burgueses, en los sindicatos reaccionarios, en
los comités zaristas o scheidemannistas de delegados obreros o en los consejos
de fábrica, etc., etc. Este error es debido a la inexperiencia revolucionaria
de revolucionarios sincerísimos, convencidísimos y heroicos de
Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes
la clase obrera. Por eso
tenían mil veces razón Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo cuando en enero de
1919 vieron y señalaron este error, pero prefirieron seguir unidos con los
revolucionarios proletarios que se equivocaron en una cuestión no muy importante,
y no con los traidores al socialismo, con los adeptos de Scheidemann y Kautsky,
que no se equivocaron en el problema de la participación en el parlamento
burgués, pero dejaron de ser socialistas para convertirse en unos demócratas
pancístas auxiliares de la burguesía.
No obstante, el error sigue
siendo error y es preciso criticarlo, es preciso luchar para corregirlo.
La lucha contra los
traidores al socialismo, contra los adeptos de Scheidemann y Kautsky, debe ser
implacable, pero no debe desarrollarse en torno al problema de participar o no
en los parlamentos burgueses, en los sindicatos reaccionarios, etc. Esto sería
un error indiscutible, y aún sería un error más grave el desviarse de las ideas
del marxismo y de su línea práctica (un partido político fuerte y centralizado)
para caer en las ideas y en la práctica del sindicalismo. Hay que tender a que
el partido actúe en los parlamentos burgueses, en los sindicatos reaccionarios,
en los "consejos de fábrica", mutilados y castrados por los
Scheidemann, a que actúe en todas partes donde haya obreros, donde se pueda
hablar a los obreros e influir sobre las masas obreras.
Es preciso conjugar a todo
trance el trabajo clandestino con el legal, haciendo que el partido clandestino
y sus organizaciones obreras
controlen de manera sistemática y con el mayor rigor la actividad legal. Esto
no es fácil, pero en la revolución proletaria no hay ni puede haber tareas
"fáciles", medios "fáciles" de lucha.
Es preciso cumplir a toda
costa esta tarea nada fácil. Nos diferenciamos de los secuaces de Scheidemann y
Kautsky no sólo (ni principalmente) en que ellos no admiten la insurrección
armada, mientras que nosotros la admitimos. La diferencia principal y radical
consiste en que ellos, en todos los
campos de actividad (en los parlamentos burgueses, en los sindicatos, en las
cooperativas, en el periodismo, etc.), aplican una política inconsecuente,
oportunista e incluso descaradamente traidora y felona.
Contra los socialtraidores,
contra el reformismo y el oportunismo se puede y se debe seguir esta
orientación política en todos los
terrenos de la lucha sin excepción. Entonces conquistaremos a las masas
obreras. Y con las masas obreras, la vanguardia del proletariado
—el partido político
marxista centralizado— llevará por el buen camino al pueblo hasta la dictadura
triunfante del proletariado, hasta la democracia proletaria en lugar de la
burguesa, hasta la República Soviética, hasta el régimen socialista.
La III Internacional ha
logrado una serie de brillantes e inusitadas victorias en pocos meses. La
rapidez de su crecimiento es asombrosa. Los errores parciales y las
enfermedades propias del crecimiento no son temibles. Criticándolos directa y
abiertamente, conseguiremos que las masas obreras de todos los países
civilizados, educadas en el espíritu marxista, arrojen pronto de su seno a los
secuaces de Scheidemann y Kautsky de todas
las naciones, traidores al socialismo (estos tipos existen en todos los países).
El triunfo del comunismo es inevitable. La victoria será
nuestra.
10 de octubre de 1919.
Publicada en octubre
de 1919 en el núm. 6 de la revista "La Internacional Comunista".
Firmado: N. Lenin.
T. 39, págs. 212-223.
El Estado de los obreros y la semana del Partido
80
EL ESTADO DE LOS OBREROS Y LA SEMANA DEL PARTIDO.
La Semana del Partido49 en Moscú ha coincidido con unos momentos difíciles para el
Poder soviético. Los éxitos de Denikin han provocado un incremento frenético de
las conspiraciones por parte de los terratenientes, de los capitalistas y sus
amigos, un incremento de los esfuerzos de la burguesía por sembrar el pánico y
socavar por todos los medios la firmeza del Poder soviético. Los
pequeñoburgueses pancistas vacilantes, inestables e inconscientes, y con ellos
los intelectuales, los eseristas y los mencheviques, se han vuelto, como es
costumbre, más vacilantes aún, y han sido los primeros en dejarse asustar por
los capitalistas.
Pero yo considero que la
coincidencia de la Semana del Partido en Moscú con este momento difícil más
bien nos beneficia, ya que ello es mejor para la causa. No necesitamos la
Semana del Partido para hacer un alarde. No queremos, ni regalados, comunistas de
relumbrón. El único partido gobernante del mundo que no se preocupa de su
aumento numérico, sino de la elevación de la calidad de sus afiliados y de
depurarse de advenedizos, es nuestro partido, el partido de la clase obrera
revolucionaria. Más de una vez hemos procedido a registrar a los miembros del
partido para expulsar de él a los advenedizos, para dejar en él únicamente a
los hombres conscientes y sinceramente fieles al comunismo. Hemos aprovechado
las movilizaciones con destino al frente y los sábados comunistas para depurar
el partido de quienes no quieren más que "aprovecharse" de las
ventajas que proporciona el ser miembro del partido gobernante, de quienes no
quieren soportar el peso de un trabajo abnegado en aras del comunismo.
Y ahora, que realizamos una
intensa movilización para el frente, la Semana del Partido es oportuna porque
no encierra el menor atractivo para los que desean infiltrarse en nuestras
filas. Llamamos al partido, para que acudan a él en masa, sólo a los obreros de
filas y a los campesinos pobres, a los campesinos trabajadores, y no a los campesinos especuladores. A
estos afiliados de base no les prometemos ni damos el menor privilegio al
concederles el ingreso en el partido. Por el contrario, hoy recae sobre los
afiliados del partido un trabajo más duro y más peligroso que de ordinario.
Tanto mejor. Acudirán al
partido únicamente los partidarios sinceros del comunismo, únicamente los
hombres honradamente fieles al Estado obrero, únicamente los trabajadores
honestos, únicamente los verdaderos representantes de las masas oprimidas bajo
el capitalismo.
Sólo tales afiliados son los que necesitarnos en nuestro
partido.
No con fines publicitarios,
sino para realizar un trabajo serio necesitamos nuevos afiliados al partido. A
ellos los llamamos al partido. Abrimos de par en par las puertas del partido a
los trabajadores.
![]()
49 La
Semana del Partido en la organización provincial de Moscú se realizó del 20 al 28 de septiembre
(con anterioridad tuvo lugar también en Petrogrado) en cumplimiento del acuerdo
del VIII Congreso del PC(b)R sobre la ampliación del número de militantes. La
Semana del Partido transcurrió en un período de tensa lucha del Estado
soviético contra la intervención militar extranjera y la contrarrevolución
interior. Durante la Semana fueron admitidos en el partido exclusivamente
obreros, obreras, soldados rojos, marinos, campesinos y campesinas. En este
tiempo para todos los demás estuvo cerrada la admisión en el partido. En 38
provincias de la parte europea de la RSFSR ingresaron en el partido más de
200.000 personas; en los frentes fueron admitidos hasta el 25% del personal del
ejército y la marina
El Estado de los obreros y la semana del Partido
El Poder soviético es el
poder de los trabajadores, el poder que lucha por el completo derrocamiento del
yugo del capital. Alzóse la primera a esta lucha la clase obrera de las
ciudades y centros fabriles. Ella obtuvo la primera victoria y conquistó el poder
del Estado.
La clase obrera agrupa en
torno suyo a la mayoría de los campesinos. Pues hacia el campo del capital,
hacia el campo de la burguesía tienden únicamente los campesinos mercaderes,
los campesinos especuladores, y no los campesinos trabajadores.
Los obreros más
desarrollados, los obreros más conscientes son los obreros de Petrogrado, que
han dado más fuerzas que nadie para la gobernación de Rusia. Pero nosotros
sabemos que entre los simples obreros y campesinos hay muchísimos que son
fieles a los intereses de las masas trabajadoras y capaces de desempeñar un
trabajo de dirección. Entre ellos hay muchos con talento de organizadores y
administradores, a quienes el capitalismo cerraba todos los caminos y a quienes
nosotros ayudamos por todos los medios y debemos ayudarles a elevarse y
emprender el trabajo de la construcción del socialismo. No es fácil encontrar
estos talentos nuevos, modestos e invisibles. No es fácil atraer a la labor del
aparato estatal a los simples obreros y campesinos, que durante siglos han sido
oprimidos y atemorizados por los terratenientes y capitalistas.
Pero precisamente este
trabajo difícil debemos, obligatoriamente, llevarlo a cabo para extraer nuevas
fuerzas del seno de la clase obrera, del campesinado trabajador. El estado de
los obreros y la Semana del Partido
81
¡Venid al partido, camaradas
obreros y campesinos trabajadores sin partido! No os prometemos privilegios; os
llamamos para que realicéis un trabajo difícil, el trabajo de la construcción
del Estado. Si sois partidarios sinceros del comunismo, emprended con mayor
audacia este trabajo, no temáis su novedad y sus dificultades, no os arredre el
viejo prejuicio de que este trabajo pueden realizarlo solamente quienes han
cursado la instrucción oficial. Eso no es cierto. Los obreros y campesinos de
filas, en número cada vez mayor, pueden y deben dirigir el trabajo de la
construcción del socialismo.
Las masas trabajadoras están
con nosotros. En ello reside nuestra fuerza. Esta es la fuente de la
invencibilidad del comunismo mundial. Engrosar las filas del partido con
militantes salidos de las masas para que participen personalmente en la
construcción de la nueva vida: tal es nuestro método de lucha con todas las
dificultades, tal es nuestro camino hacia la victoria.
11-X-1919.
Publicado el 12 de octubre de 1919, en el núm. 228 de "Pravda" y en el núm. 228 de
"Izvestia del CEC de toda Rusia". Firmado: N. Lenin.
T. 39, págs. 224-226.
Los resultados de la semana del Partido en Moscú y nuestras
tareas
82
LOS RESULTADOS DE LA SEMANA DEL PARTIDO
EN MOSCÚ Y NUESTRAS TAREAS.
En Moscú, durante la Semana del Partido, se han afiliado a él
13.600 personas.
Es un éxito inmenso,
completamente imprevisto. Toda la burguesía, sobre todo la pequeña burguesía de
la ciudad, incluidos los especialistas, funcionarios y empleados, que lamentan
la pérdida de su situación privilegiada, de su situación "de señores",
toda esta gente se venía desviviendo precisamente el último tiempo,
precisamente a lo largo de la Semana del Partido en Moscú, para sembrar el
pánico, para augurar al Poder soviético una muerte próxima y a Denikin una
victoria próxima.
¡Con qué arte tan magnífico
sabe esta gente "intelectual" utilizar el arma de sembrar el pánico!
Pues eso se ha convertido en una verdadera arma en la lucha de clase de la
burguesía contra el proletariado. En momentos como el que estamos viviendo, la
pequeña burguesía se funde en "una masa reaccionaria" con la
burguesía y se aferra "con frenesí" a esa arma.
Precisamente en Moscú, donde
tenía singular fuerza el elemento mercantil, donde más explotadores,
terratenientes, capitalistas y rentistas había concentrados, donde el
desarrollo capitalista había reunido a una masa de intelectuales burgueses,
donde la administración pública central había acumulado cuantioso número de
funcionarios, precisamente en Moscú estaba el terreno excepcionalmente abonado
para los chismes burgueses, para las habladurías burguesas, para que la
burguesía sembrase el pánico. El "momento" de la venturosa ofensiva
de Denikin y Yudénich favorecía en grado sumo los "éxitos" de esta
arma burguesa.
Sin embargo, de la masa
proletaria, que había visto los "éxitos" de Denikin y conocía todas
las dificultades, penurias y peligros que entrañan ahora precisamente la
condición y el puesto de comunista, se han alzado millares para reforzar el partido
de los comunistas, para asumir la increíblemente pesada carga de la gestión
esta tal.
¡El éxito del Poder soviético, el éxito de nuestro partido, ha
sido verdaderamente estupendo!
Esto éxito ha probado y
mostrado palmariamente a la población de la capital, y, tras ella, a toda la
República y a todo el mundo, que precisamente en medio del proletariado,
precisamente entre los verdaderos representantes de las masas trabajadoras,
está la fuente más segura de la fuerza y solidez del Poder soviético. La
dictadura del proletariado se ha mostrado de hecho en este éxito de afiliación
voluntaria al partido, en el momento de mayores dificultades y peligros, por el lado que se empecinan en no ver
los enemigos y que en más alto aprecio tienen los verdaderos amigos de la
emancipación del trabajo del yugo del capital, precisamente por el lado de la
singular influencia moral (en el
mejor sentido de la palabra) del proletariado (que tiene el poder estatal) en
las masas, por el lado de los modos
de esta influencia.
Las capas avanzadas del
proletariado, que empuñan el poder del Estado, han mostrado con su ejemplo a la
masa de trabajadores, y lo han mostrado a lo largo de dos años enteros (plazo
enorme para nuestro ritmo de desarrollo político excepcionalmente rápido), un modelo de tal fidelidad a los
intereses de los trabajadores, de tal energía en la lucha contra los enemigos
de los trabajadores (los explotadores, en general, y los
"propietarios" y especuladores, en particular), de tal firmeza en los
momentos graves, de tal abnegación en rechazar a los bandidos del imperialismo
internacional, que, por sí sola, la
fuerza de la simpatía de los obreros
y campesinos a su vanguardia ha estado en condiciones de hacer milagros.
Los resultados de la semana del Partido en Moscú y nuestras
tareas
Pues eso ha sido un milagro:
los obreros, que han sufrido las torturas inauditas del frío, el hambre, el
caos y la ruina, no sólo conservan el ánimo y toda su fidelidad al Poder
soviético, toda la energía del espíritu de sacrificio y el heroísmo, ¡sino que
asumen, pese a no estar preparados ni tener experiencia, la carga de dirigir la
nave del Estado! Y eso en un momento en que la tempestad ha alcanzado una
fuerza descomunal...
La historia de nuestra
revolución proletaria está llena de milagros como éste. Tales milagros
llevarán, de seguro e ineludiblemente —por duras que sean algunas pruebas—, a
la victoria completa de la República Soviética mundial.
Ahora tenemos que
preocuparnos de utilizar adecuadamente
a los nuevos miembros del partido.
83
Es preciso dedicar a esta
tarea particular atención, pues no es fácil, es nueva, y siguiendo los viejos
patrones no se podrá cumplir.
El capitalismo asfixiaba,
aplastaba y destrozaba a una infinidad de talentos entre los obreros y los
campesinos trabajadores. Estos talentos sucumbían bajo la presión de la
penuria, la miseria y los ultrajes a la personalidad humana. Ahora nuestro
deber es saber encontrar estos talentos y ponerlos a trabajar. Los nuevos
miembros del partido, que han ingresado durante la Semana del Partido, son
indudablemente en su mayoría inexpertos e inhábiles para la gestión estatal.
Pero también es indudable que se trata de gentes de lo más leales, sinceras y
capaces de las capas sociales que el capitalismo mantenía artificialmente relegados, hacía de ellos capas
"inferiores", no les dejaba emerger. Y tenían más fuerzas, lozanía, naturalidad, firmeza y sinceridad que otros.
De ahí se desprende que
todas las organizaciones del partido deben meditar bien cómo utilizar a estos
nuevos miembros suyos. Hay que ser más
audaces dándoles trabajo estatal lo más variado posible, hay que probarlos
en la práctica lo antes posible.
Es claro que la audacia no
se debe entender de manera que se entreguen en
seguida a los novatos cargos de responsabilidad que requieren conocimientos
que éstos no poseen. La audacia hace falta en el sentido de lucha contra el
burocratismo: por algo nuestro Programa del partido ha planteado de manera
tajante la cuestión de las causas de cierto renacimiento del burocratismo y de
las medidas para combatirlo. La audacia hace falta en el sentido de establecer,
primero, el control sobre los
empleados, funcionarios y especialistas por parte de los nuevos miembros del
partido, que conocen bien la situación de las masas populares, sus menesteres y
reivindicaciones. Hace falta en el sentido de brindar inmediatamente a estos novatos la oportunidad de que se
desenvuelvan y manifiesten en el trabajo amplio.
Hace falta en el sentido de romper los patrones ordinarios (también se advierte
entre nosotros —¡ay!, a menudo— una excesiva timidez de atentar a los patrones
soviéticos que se han establecido, aunque los "establecen" a veces
viejos funcionarios y empleados, y no comunistas conscientes); hace falta en el
sentido de estar dispuestos a cambiar con rapidez revolucionaria el tipo de
trabajo para los nuevos miembros del partido a fin de probarlos cuanto antes y
encontrarles lo antes posible un lugar apropiado.
En muchos casos los nuevos
miembros del partido pueden ser elevados a cargos en los que, controlando si
los viejos funcionarios cumplen a conciencia su cometido, aprendan el asunto
rápidamente y lo puedan desempeñar ellos. En otros casos pueden ser colocados
de manera que renueven, refresquen la conexión entre la masa obrera y
campesina, por un lado, y el aparato del Estado, por otro. En nuestras
"direcciones generales y centrales" industriales, en nuestras
"haciendas soviéticas" rurales, aún han quedado muchos saboteadores,
demasiados, que son terratenientes y capitalistas escondidos, que causan daño
por todos los medios al Poder soviético. El arte de los trabajadores expertos
del partido en la capital y en provincias se debe revelar en intensificar el empleo
de las nuevas fuerzas lozanas del partido para combatir enérgicamente este mal.
Los resultados de la semana del Partido en Moscú y nuestras
tareas
La República Soviética se
debe convertir en un campamento militar único en el que las fuerzas estén
tensadas al máximo y se economicen al máximo, en el que se reduzca al mínimo
todo papeleo, todo formalismo innecesario, se simplifique al máximo el aparato
y se aproxime al máximo no sólo a las necesidades de las masas, sino a
entenderlas, a que ellas participen por iniciativa propia en este aparato.
La movilización de viejos
miembros del partido para trabajar en el ejército se produce intensamente. Esta
labor en modo alguno se debe debilitar, sino intensificar e intensificar. Pero,
al mismo tiempo, y con el fin de alcanzar el éxito en la guerra, es preciso
mejorar, simplificar y renovar nuestro aparato administrativo civil.
En la guerra vence quien
tiene más reservas, más fuentes de energía, más aguante en el seno del pueblo.
Nosotros tenemos más de todo
eso que los blancos, más que el "universalmente poderoso"
imperialismo anglo-francés, este coloso de pies de barro. Tenemos más de eso
porque podemos extraerlo y lo extraeremos aún durante mucho tiempo de mayor y
mayor profundidad entre los obreros y los campesinos trabajadores, entre las
clases que estuvieron oprimidas por el capitalismo y constituyen por doquier la
inmensa mayoría de la población. Podemos extraer de esta vastísima cantera,
pues nos da a los jefes más sinceros, más forjados por las penalidades de la
vida, más próximos a los obreros y los campesinos, a los jefes de éstos en la
edificación del socialismo.
Nuestros enemigos, ni la
burguesía rusa ni la universal, no tienen nada, siquiera remotamente parecido a
esta cantera, cada día se les va más el terreno que pisan, cada día pierden más
adeptos de los que tenían entre los obreros y los campesinos.
Por eso, en última
instancia, está asegurada y es inevitable la victoria del Poder soviético
universal.
21 de octubre de 1919.
Publicado el 22 de octubre de 1919 en
el núm. 7 de "Izvestia del CC
del PC(b) de Rusia".
Firmado:
N. Lenin.
T. 39, págs. 233-237.
Economía y política en la época de la Dictadura del Proletariado
84
ECONOMÍA Y POLÍTICA EN LA ÉPOCA DE LA DICTADURA DEL
PROLETARIADO.
Tenía proyectado escribir
para el segundo aniversario del Poder soviético un pequeño folleto sobre el
tema indicado en el título. Pero con el ajetreo del trabajo diario no he
logrado hasta ahora ir más allá de la preparación preliminar de algunas partes.
Por eso, he decidido hacer la experiencia de una exposición breve y sumaria de
las ideas más esenciales, a mi modo de ver, en esta cuestión. Naturalmente, el
carácter resumido de la exposición encierra muchas dificultades e
inconvenientes. Pero quizá para un pequeño artículo periodístico pueda ser
realizable este objetivo modesto: plantear la cuestión y trazar las líneas
generales para su discusión por los comunistas de los diferentes países.
1
Teóricamente, no cabe duda
de que entre el capitalismo y el comunismo existe cierto período de transición.
Este período no puede dejar de reunir los rasgos o las propiedades de ambas
formaciones de la economía social, no puede menos de ser un período de lucha
entre el capitalismo agonizante y el comunismo naciente; o en otras palabras:
entre el capitalismo vencido, pero no aniquilado, y el comunismo ya nacido,
pero muy débil aún.
La necesidad de toda una
época histórica, que se distinga por estos rasgos del período de transición,
debe ser clara por sí misma, no sólo para un marxista, sino para toda persona
culta que conozca de una u otra manera la teoría de la evolución. Sin embargo,
todos los razonamientos que sobre el paso al socialismo escuchamos de labios de
los actuales representantes de la democracia pequeñoburguesa (tales son, a
pesar de su pretendida etiqueta socialista, todos los representantes de la II
Internacional, incluyendo a gentes del corte de MacDonald y Juan Longuet, de
Kautsky y Federico Adler) se distinguen por el completo olvido de esta verdad
evidente. Son propios de los demócratas pequeñoburgueses la aversión a la lucha
de clases, soñar en la posibilidad de prescindir de ella, aspirar a atenuar, a
conciliar y limar sus agudas aristas. Por eso, los demócratas de esta especie o
se desentienden de cualquier reconocimiento de todo un período histórico de
transición del capitalismo al comunismo o consideran que su tarea es inventar
planes para conciliar ambas fuerzas en pugna, en lugar de dirigir la lucha de
una de estas fuerzas.
2
En Rusia, la dictadura del
proletariado tiene que distinguirse inevitablemente por ciertas
particularidades en comparación con los países avanzados, como consecuencia del
inmenso atraso y del carácter pequeñoburgués de nuestro país. Pero las fuerzas
fundamentales —y las formas fundamentales de la economía social— son, en Rusia,
las mismas que en cualquier país capitalista, por lo que estas particularidades
pueden referirse tan sólo a lo que no es esencial.
Estas formas básicas de la
economía social son: el capitalismo, la pequeña producción mercantil y el
comunismo. Y las fuerzas básicas son: la burguesía, la pequeña burguesía
(particularmente el campesinado) y el proletariado.
La economía de Rusia en la
época de la dictadura del proletariado representa la lucha que en sus primeros
pasos sostiene el trabajo mancomunado al modo comunista —en escala única de un
enorme Estado— contra la pequeña producción mercantil, contra el capitalismo
que sigue subsistiendo y contra el que revive sobre la base de esta producción.
Economía y política en la época de la Dictadura del Proletariado
El trabajo está mancomunado
en Rusia a la manera comunista por cuanto, primero, fue abolida la propiedad
privada sobre los medios de producción y, segundo, porque el poder proletario
del Estado organiza a escala nacional la gran producción en las tierras y
empresas estatales, distribuye la mano de obra entre las diferentes ramas de la
economía y entre las empresas y distribuye entre los trabajadores inmensas
cantidades de artículos de consumo pertenecientes al Estado.
Hablamos de los
"primeros pasos" del comunismo en Rusia (como lo dice también el
programa de nuestro partido aprobado en marzo de 1919), ya que estas
condiciones las hemos realizado sólo en parte, o dicho con otras palabras: la
realización de estas condiciones se encuentra sólo en su fase inicial. De una
vez, con un solo golpe revolucionario, se ha hecho todo cuanto puede, en
general, hacerse de un golpe: por ejemplo, ya el primer día de la dictadura del
proletariado, el 26 de octubre de 1917 (8 de noviembre de 1917), fue abolida la
propiedad privada de la tierra y fueron expropiados sin indemnización los
grandes propietarios de la tierra.
85
En unos meses fueron
expropiados, también sin indemnización, casi todos los grandes capitalistas,
los dueños de fábricas, empresas, sociedades anónimas, bancos, ferrocarriles,
etc. La organización de la gran producción industrial por el Estado, el paso del
"control obrero" a la "administración obrera" de las
fábricas y ferrocarriles, está ya realizado en sus rasgos más importantes y
fundamentales; pero con respecto a la agricultura esto no ha hecho más que
empezar (las "haciendas soviéticas", grandes explotaciones
organizadas por el Estado obrero sobre las tierras del Estado). Igualmente,
apenas ha comenzado la organización de las diferentes formas de cooperación de
los pequeños labradores, como paso de la pequeña producción agrícola mercantil
a la agricultura comunista*. Lo mismo cabe decir de la organización estatal de
la distribución de los productos en sustitución del comercio privado, es decir,
en lo que atañe al acopio y al envío por el Estado de cereales a las ciudades y
de artículos industriales al campo. Más abajo daremos los datos estadísticos
que poseemos sobre esta cuestión.
* El número de "haciendas
soviéticas" y de "comunas agrícolas" en la Rusia Soviética es de
unas 3.536 y 1.961, respectivamente; el número de arteles agrícolas es de
3.536. Nuestra Dirección Central de Estadística efectúa en la actualidad un
censo exacto de todas las haciendas soviéticas y comunas. Los primeros
resultados serán conocidos en noviembre de 1919.
La economía campesina
continúa siendo una pequeña producción mercantil. Hay aquí para el capitalismo
una base extraordinariamente amplia con raíces muy profundas y muy sólidas.
Sobre esta base, el capitalismo se mantiene y revive de nuevo, luchando de la
manera más encarnizada contra el comunismo. Las formas de esta lucha son: el
comercio clandestino y la especulación contra los acopios estatales de grano
(al igual que de otros productos) y en general contra la distribución estatal
de los productos.
3
Para ilustrar estas tesis teóricas abstractas, a portaremos
datos concretos.
El acopio estatal de
cereales en Rusia, según datos del Comisariado del Pueblo de Abastecimiento, ha
dado, desde el 1 de agosto de 1917 al 1 de agosto de 1918, cerca de 30 millones
de puds. Al otro año, cerca de 110 millones de puds. En los primeros tres meses
de la campaña siguiente (1919-1920), los acopios alcanzarán, por lo visto,
cerca de los 45 millones de puds, contra 37 millones en los mismos meses
(agosto-octubre) del año 1918.
Estas cifras revelan
claramente un mejoramiento lento, pero constante, en el sentido de la victoria
del comunismo sobre el capitalismo. Se obtiene este mejoramiento a pesar de las
inauditas dificultades motivadas por la guerra civil, que los capitalistas
rusos y extranjeros organizan poniendo en tensión todas las fuerzas de las
potencias más poderosas del mundo.
Por eso, por más que mientan
y calumnien los burgueses de todos los países y sus cómplices declarados o
encubiertos (los "socialistas" de la II Internacional), es indudable
que, desde el
Economía y política en la época de la Dictadura del Proletariado
punto de vista del problema
económico fundamental de la dictadura del proletariado, en nuestro país está
asegurada la victoria del comunismo sobre el capitalismo. Si la burguesía de
todo el mundo está enrabiada y furiosa con el bolchevismo, si organiza invasiones
armadas, complots, etc., contra los bolcheviques, es precisamente porque
comprende muy bien lo inevitable de nuestra victoria en la reestructuración de
la economía social, a menos que nos aplaste por la fuerza militar. Pero no
consigue aplastarnos por ese procedimiento.
El cuadro que sigue a
continuación permite ver en qué medirla, precisamente, hemos vencido ya al
capitalismo, en el poco tiempo que nos fue concedido y entre las dificultades
sin precedentes en que nos hemos visto obligados a actuar. La Dirección Central
de Estadística acaba de preparar para la prensa datos sobre la producción y el
consumo de cereales no de toda la Rusia Soviética, sino de 26 provincias
solamente.
He aquí las cifras:
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Cereales |
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suministrados |
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Producción |
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Por
el |
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Total de |
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Comisa |
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de cereales |
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cereales
de que |
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Consumo de |
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26 provincias |
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riado |
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Por los |
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Población |
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(sin
semillas |
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disponía la |
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cereales por |
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de la Rusia |
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de |
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especu |
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(en
millones) |
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ni piensos) |
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población (en |
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habitante |
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Soviética |
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Abaste |
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ladores |
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|
(en
millones |
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|
|
millones
de |
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(en puds) |
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|
cimient |
|
|
|
|
|||
|
|
|
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|
de puds) |
|
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|
|
puds) |
|
|
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o |
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(en
millones de |
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|
puds) |
|
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Provincias |
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Ciudades 4,4 |
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20,9 |
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20,6 |
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41,5 |
|
9,5 |
|
productoras |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Aldeas |
625,4 |
|
|
|
|
481,8 |
16,9 |
|||
|
|
28,6 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Provincias |
|
Ciudades 5,9 |
|
|
|
20,0 |
|
20,0 |
|
40,0 |
|
6,8 |
|
consumidoras |
|
Aldeas |
114,0 |
12,1 |
27,8 |
151,4 |
11,0 |
|||||
|
|
13,8 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Total
(26 |
52,7 |
739,4 |
53,0 |
68,4 |
714,7 |
13,6 |
||||||
|
provincias) |
|
|
|
|
|
|
|
|
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|
|
Así pues, aproximadamente la
mitad del grano para las ciudades lo da el Comisariado de Abastecimiento; la
otra mitad, los especuladores. La investigación exacta de la alimentación de
los obreros de las ciudades en 1918 ha dado precisamente esta proporción.
Advirtamos que los obreros pagan por el cereal proporcionado por el Estado nueve veces menos que por el de los
especuladores. El precio de especulación es diez
veces más alto que el precio del Estado. Así lo dice el estudio concienzudo
del presupuesto de los obreros.
86
4
Los datos citados, si se
piensa bien en ellos, proporcionan un material exacto acerca de todos los
rasgos fundamentales de la economía actual de Rusia.
Los trabajadores han sido
liberados de sus opresores y explotadores seculares, los terratenientes y
capitalistas. Este progreso de la verdadera libertad y de la verdadera
igualdad, progreso que por su grandeza, magnitud y rapidez no tiene parangón en
el mundo, no ha sido tomado en consideración por los partidarios de la
burguesía (incluidos los demócratas pequeñoburgueses), los cuales hablan de la
libertad y de la igualdad en el sentido de la democracia burguesa
parlamentaria, proclamándola falsamente "democracia" en general o
"democracia pura" (Kautsky).
Pero los trabajadores toman
en consideración precisamente la verdadera igualdad, la verdadera libertad (la
que implica verse libres de terratenientes y capitalistas), y por eso apoyan
con tanta firmeza al Poder soviético.
En este país campesino, han
sido los campesinos en general los primeros en salir favorecidos, los que más
han ganado y los que en seguida han gozado los beneficios de la dictadura del
Economía y política en la época de la Dictadura del Proletariado
proletariado. Bajo el
régimen de los terratenientes y capitalistas, en Rusia los campesinos padecían
hambre. En el transcurso de largos siglos de nuestra historia, los campesinos
jamás tuvieron la posibilidad de trabajar para sí: pasaban hambre, entregando
cientos de millones de puds de trigo a los capitalistas, a las ciudades y al
extranjero. Bajo la dictadura del proletariado, el campesino ha empezado por primera vez a trabajar para sí y alimentarse mejor que el habitante de la
ciudad. El campesino ha visto por primera vez la libertad de hecho: la libertad de comer su propio
pan, la libertad de no pasar hambre. Se ha establecido, como es sabido, la
igualdad máxima en el reparto de las tierras: en la gran mayoría de los casos,
los campesinos reparten la tierra "por el número de bocas".
El socialismo es la supresión de las clases.
Para suprimir las clases, es
preciso, primero, derribar a los terratenientes y a los capitalistas. Esta
parte de la tarea la hemos cumplido, pero es sólo una parte y, además, no es la más difícil. Para abolir las
clases, es preciso, en segundo lugar, suprimir la diferencia entre los obreros
y los campesinos, convertir a todos en
trabajadores. Eso no es posible hacerlo de golpe. Es una tarea
incomparablemente más difícil y, por la fuerza de la necesidad, de larga
duración. No es un asunto que pueda resolverse con el derrocamiento de una
clase cualquiera. Sólo puede resolverse mediante la reorganización de toda la
economía social, pasando de la pequeña producción mercantil, individual y
aislada, a la gran producción colectiva. Este tránsito es, por necesidad,
extraordinariamente largo, y las medidas administrativas y legislativas
precipitadas e imprudentes sólo conducirían a hacerlo más lento y difícil.
Solamente cabe acelerarlo prestando a los campesinos una ayuda que les permita
mejorar en enorme medida toda la técnica agrícola, transformándola de raíz.
Para resolver esta segunda
parte de la tarea, la más difícil, el proletariado, después de haber vencido a
la burguesía, debe aplicar inalterablemente la siguiente línea fundamental en
su política con respecto a los campesinos: el proletariado debe distinguir,
diferenciar, a los campesinos trabajadores de los campesinos propietarios, al
campesino trabajador del campesino mercader, al campesino laborioso del
campesino especulador.
En esta delimitación reside toda
la esencia del socialismo.
Y no es extraño que los
socialistas de palabra y demócratas pequeñoburgueses de hecho (los Mártov y los
Chernov, los Kautsky y Cía.) no comprendan esta esencia del socialismo.
La delimitación aquí
indicada es muy difícil, pues en la vida práctica todos los rasgos propios del
"campesino", por variados y contradictorios que sean, forman un todo
único. No obstante, la delimitación es posible, y no sólo posible, sino que
emana inevitablemente de las condiciones de la economía y de la vida del
campesino. El campesino trabajador ha estado oprimido durante siglos por los
terratenientes, los capitalistas, los mercaderes, los especuladores y su Estado, incluyendo a las repúblicas
burguesas más democráticas. El campesino trabajador ha ido formando durante
siglos su odio y su animosidad contra estos opresores y explotadores, y esta
"formación", producto de la vida misma, fuerza a los campesinos a buscar la alianza con los obreros contra
el capitalista, contra el especulador, contra el mercader. Pero, al mismo
tiempo, las circunstancias económicas, las circunstancias de la economía
mercantil, convierten de modo inevitable al campesino (no siempre, pero sí en
una gran mayoría de casos) en mercader y especulador.
Los datos estadísticos
arriba citados muestran con claridad la diferencia que existe entre el
campesino trabajador y el campesino especulador. Los campesinos que en
1918-1919 dieron a los obreros hambrientos de las ciudades 40 millones de puds
de grano, a los precios de tasa fijados por el Estado y a través de los
organismos estatales, a pesar de todos los defectos de estos organismos,
defectos perfectamente conocidos por el gobierno obrero, pero irremediables en
el primer período de transición al socialismo, estos campesinos son unos
Economía y política en la época de la Dictadura del Proletariado
campesinos trabajadores, verdaderos
camaradas de los obreros socialistas, sus aliados más seguros, sus hermanos
carnales en la lucha contra el yugo del capital.
87
Pero esos otros campesinos
que vendieron a escondidas 40 millones de puds de grano a un precio diez veces
más alto que el fijado por el Estado, aprovechándose de la penuria y del hambre
del obrero de la ciudad, defraudando al Estado, aumentando y engendrando por
todas partes el engaño, el pillaje y la trapacería, esos campesinos son unos
especuladores, aliados del capitalista, enemigos de clase del obrero, unos
explotadores. Pues tener sobrantes de trigo recolectado en las tierras que
pertenecen al Estado, con la ayuda de aperos en cuya creación fue invertido, de
uno u otro modo, no sólo el esfuerzo del campesino, sino también el del obrero,
etc., tener sobrantes de trigo y especular con ellos significa ser un
explotador del obrero hambriento.
Vosotros violáis la
libertad, la igualdad, la democracia, nos gritan desde todos lados,
señalándonos la desigualdad que nuestra Constitución 50 establece entre el obrero y el
campesino, la disolución de la Asamblea Constituyente, las requisas de los
excedentes de trigo, etc. Nosotros replicamos: no ha habido en el mundo Estado
que haya hecho tanto para eliminar la desigualdad y la falta de libertad que de
hecho ha padecido durante siglos el campesino laborioso. Pero jamás
reconoceremos la igualdad con el campesino especulador, como no reconoceremos
la "igualdad" del explotador con el explotado, del harto con el
hambriento, la "libertad" del primero de robar al segundo. Y a
aquellos hombres cultos que no quieran comprender estas diferencias, nosotros
los trataremos como a los guardias blancos, aunque se llamen demócratas,
socialistas, internacionalistas, Kautsky, Chernov, Mártov.
5
El socialismo es la
supresión de las clases. La dictadura del proletariado ha hecho en este sentido
todo lo que estaba a su alcance. Pero no se pueden suprimir de golpe las
clases.
Y las clases han quedado y quedarán durante la época de la dictadura del proletariado. La
dictadura dejará de ser necesaria cuando desaparezcan las clases. Y sin la
dictadura del proletariado las clases no desaparecerán.
Las clases han quedado, pero
cada una de ellas se ha modificado en
la época de la dictadura del proletariado; han variado igualmente las
relaciones entre ellas. La lucha de clases no desaparece bajo la dictadura del
proletariado, lo que hace es adoptar otras formas.
El proletariado, bajo el
capitalismo, era una clase oprimida, desprovista de toda propiedad sobre los
medios de producción, la única clase opuesta directa e íntegramente a la
burguesía, y por eso la única capaz de ser revolucionaria hasta el fin. El proletariado,
al derrocar a la burguesía y conquistar el poder político, se ha convertido en
la clase dominante: tiene en sus
manos el poder del Estado, dispone de los medios de producción ya socializados,
dirige a los elementos y las clases vacilantes, intermedios, aplasta la
resistencia de los explotadores, que se manifiesta con energía creciente. Todas
éstas son las tareas especiales de la
lucha de clases, tareas que antes el proletariado no se había planteado ni
podía planteárselas.
La clase de los
explotadores, de los terratenientes y capitalistas, no ha desaparecido ni puede
desaparecer de golpe bajo la dictadura del proletariado. Los explotadores están
derrotados,
![]()
50 La primera Constitución de la RSFSR fue
aprobada el 10 de julio de 1918 por el V Congreso de los Soviets de toda Rusia.
Privaba de derechos políticos a las clases y los grupos no trabajadores. El
artículo sobre las elecciones concedía a los obreros determinadas ventajas en
comparación con otras clases, incluyendo el campesinado. Los diputados se
elegían al Congreso de los Soviets de toda Rusia según las siguientes normas de
representación: 1 diputado por cada 25.000 electores de la población urbana y 1
diputado por cada 125.000 de la población rural.
Este artículo conservó su
vigor hasta el VIII Congreso de los Soviets de la URSS, que aprobó en 1936 la
nueva Constitución de la URSS, según la cual todos los ciudadanos obtenían
igual derecho a elegir y ser elegidos a los Soviets.
Economía y política en la época de la Dictadura del Proletariado
pero no aniquilados. Les
queda una base internacional, el capital internacional, del que son una rama.
Les quedan algunos medios de producción, dinero, amplísimos vínculos sociales.
Su fuerza de resistencia ha aumentado, precisamente a causa de su derrota, en
cientos y miles de veces. Su "arte" en el gobierno del Estado, en el
mando del ejército, en la dirección de la economía, les proporciona una
superioridad muy grande, y por tanto una importancia incomparablemente mayor a
la que les corresponde por su número entre el conjunto de la población. La
lucha de clases de los explotadores derrocados contra la victoriosa vanguardia
de los explotados, es decir, contra el proletariado, se ha hecho
incomparablemente más encarnizada. Y esto no puede ser de otra forma si se
habla de la revolución, si no se sustituye este concepto (como hacen todos los
personajes de la II Internacional) por ilusiones reformistas.
Por último, los campesinos,
como toda la pequeña burguesía en general, ocupan también bajo la dictadura del proletariado una situación
intermedia: por un lado, representan una masa de trabajadores, bastante
considerable (y en la Rusia atrasada, una masa inmensa), unida por el interés,
común a los trabajadores, de emanciparse del terrateniente y del capitalista; y
por otro lado, son pequeños hacendados aislados, pequeños propietarios y
comerciantes. Tal situación económica provoca inevitablemente su oscilación
entre el proletariado y la burguesía. Y en las condiciones de la lucha enconada
entre estos últimos, de la subversión extraordinariamente brusca de todas las
relaciones sociales, ante la costumbre de lo viejo, lo rutinario, lo
invariable, tan arraigada precisamente entre los campesinos y los pequeños
burgueses en general, es lógico que observemos inevitablemente entre ellos
evasiones de un campo a otro, vacilaciones, virajes, inseguridad, etc.
En relación a esta clase — o
a estos elementos sociales—, al proletariado le incumbe la tarea de dirigir, de
luchar por la influencia sobre ella. El proletariado debe conducir tras de sí a
los vacilantes e inestables.
88
Si confrontamos todas las
fuerzas o clases fundamentales y sus relaciones mutuas modificadas por la
dictadura del proletariado, veremos qué inmensa absurdidad teórica, qué
estupidez constituye la opinión pequeñoburguesa en boga entre todos los
representantes de la II Internacional de que se puede pasar al socialismo
"a través de la democracia" en general. La base de este error reside
en el prejuicio, heredado de la burguesía, de que la "democracia"
tiene un contenido absoluto, extraclasista. Pero, de hecho, la democracia pasa
a una fase absolutamente nueva bajo la dictadura del proletariado y, al mismo
tiempo, la lucha de clases se eleva a un grado superior, sometiendo a su
dominio todas y cada una de las formas políticas.
Los lugares comunes sobre la
libertad, la igualdad y la democracia equivalen en el fondo a una repetición
ciega de conceptos que constituyen una copia fiel de las relaciones de la
producción mercantil. Querer resolver por medio de estos lugares comunes las
tareas concretas de la dictadura del proletariado, significa pasarse en toda la
línea a las posiciones teóricas y de principio de la burguesía. Desde el punto
de vista del proletariado, la cuestión se plantea sólo así: ¿liberación de la
opresión ejercida por qué clase?, ¿igualdad entre qué clases?, ¿democracia
sobre la base de la propiedad privada o sobre la base de la lucha por la
supresión de la propiedad privada?, etc.
En su Anti-Diihring, Engels aclaró hace tiempo que la noción de igualdad,
con ser una copia fiel de las relaciones de la producción mercantil, se
transforma en prejuicio si no se comprende la igualdad en el sentido de la supresión de las clases.
Esta verdad elemental
relativa a la diferencia de la concepción democrático-burguesa y la socialista
sobre la igualdad es olvidada constantemente. Cuando no se la olvida resulta
evidente que el proletariado, al derrocar a la burguesía, da con ello el paso
más decisivo hacia la supresión de las clases, y que para coronar esto el
proletariado debe continuar su lucha de
Economía y política en la época de la Dictadura del Proletariado
clase utilizando el aparato
del poder del Estado y aplicando diferentes métodos de lucha, de influencia, de
acción con respecto a la burguesía derrocada y a la pequeña burguesía
vacilante. (Continuará)51
30-X-1919.
Publicado el 7 de noviembre de 1919, en el núm., 250 de
"Pravda" y en el núm. 250 de "Izvestia del CEC de toda
Rusia". Firmado: N. Lenin.
T, .39, págs.
271-282.
![]()
51 El artículo quedó inconcluso.
Discurso en la reunión conjunta ... consagrada al segundo
aniversario de la Revolución de Octubre
89
Discurso en la reunión conjunta ...
consagrada al segundo aniversario de la Revolución de Octubre
DISCURSO EN LA REUNIÓN CONJUNTA DEL CEC DE TODA RUSIA, DEL
SOVIET DE DIPUTADOS OBREROS Y SOLDADOS DE MOSCÚ, DEL CONSEJO CENTRAL DE LOS
SINDICATOS DE TODA RUSIA Y DE LOS COMITÉS DE FÁBRICA, CONSAGRADA AL SEGUNDO
ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE.
7 de noviembre de
1919.
Camaradas: Hace dos años,
cuando la guerra imperialista estaba aún en su apogeo, la insurrección del
proletariado ruso y su conquista del poder político parecían a todos los
partidarios de la burguesía en Rusia, parecían a las masas populares y quizá a
la mayoría de los obreros de los demás países, una tentativa audaz, pero sin
perspectivas. Parecía entonces que el imperialismo mundial era una fuerza tan
enorme e invencible que de intentar los obreros de un país atrasado alzarse
contra él procederían como unos insensatos. Pero hoy, lanzando una mirada
retrospectiva a los dos años transcurridos, vemos que basta nuestros
adversarios comienzan a reconocer cada vez más la razón que nos asiste. Vemos
que el imperialismo, que parecía un coloso imbatible, ha resultado ser, a los
ojos de todos, un coloso con los pies de barro. Estos dos años de experiencia y
de lucha atestiguan con más evidencia cada día la victoria no sólo del
proletariado ruso, sino también del proletariado internacional.
Camaradas: En el primer año
de existencia de nuestro poder tuvimos ocasión de observar el poderío del
imperialismo germano y hubimos de sufrir las consecuencias de la paz violenta y
depredadora que se nos impuso, nos vimos precisados a lanzar solos nuestros
llamamientos a la revolución, sin encontrar apoyo ni eco a nuestra llamada. Y
si el primer año de nuestro poder fue a su vez el primero de nuestra lucha
contra el imperialismo, muy pronto pudimos comprobar que la lucha de las
diferentes partes de este gigantesco imperialismo internacional no era otra
cosa que las convulsiones de la agonía y que en esa contienda estaban
interesados tanto el imperialismo de Alemania como el de la burguesía
anglo-francesa. Durante ese año averiguamos que este combate no hace sino
vigorizar, multiplicar y restaurar nuestras fuerzas y dirigirlas contra todo el
imperialismo. Y si durante el primer año creamos esa situación, en el curso de
todo el segundo año nos hemos enfrentado cara a cara con nuestros enemigos.
Hubo pesimistas que ya el año pasado nos increpaban con vehemencia, ya el año
pasado decían que Inglaterra, Francia y Norteamérica representaban una fuerza
tan enorme, tan gigantesca, que aplastaría a nuestro país. Ha pasado un año y
veis que si este primer año se puede llamar año del poderío del imperialismo
internacional, el segundo año será denominado año de la invasión del
imperialismo anglo-norteamericano y de la victoria sobre ella, de la victoria
sobre Kolchak y Yudénich y del comienzo de la victoria sobre Denikin. Sabemos
muy bien que todas las fuerzas militares movilizadas contra nosotros proceden
de una determinada fuente de origen. Sabemos que los imperialistas les
suministran todos los pertrechos bélicos, todo el armamento; sabemos que
entregaron a nuestros enemigos una parte de su marina mundial de guerra y que
ahora les ayudan por todos los medios y preparan nuevas fuerzas en el Sur de
Rusia y en Arjánguelsk. Pero sabemos muy bien que todas estas fuerzas del
imperialismo internacional, a primera vista grandiosas e invencibles, son
frágiles, no las tememos, están podridas por dentro, nos robustecen más y más,
y esta vigorización nos permitirá alcanzar el triunfo en el frente exterior y
llegar hasta
Discurso en la reunión conjunta ... consagrada al segundo
aniversario de la Revolución de Octubre
el final victorioso. No voy
a detenerme a analizar esto, porque de esta tarea se encargará el camarada
Trotski.
Yo creo que ahora es preciso
intentar extraer las enseñanzas generales que se desprenden de los dos años de
heroica labor en la esfera de la edificación.
Lo que, a mi juicio,
constituye la deducción más importante de los dos años de construcción de la
República Soviética; lo que, a mi modo de ver, tiene más importancia para
nosotros, es la lección que brinda la edificación del poder obrero. Me parece
que en este sentido no necesitamos limitarnos a los hechos concretos y aislados
que se refieren a la labor de uno u otro Comisariado y que la mayoría de
vosotros conocéis por propia experiencia. Yo creo que ahora, echando una mirada
a los tiempos vividos, necesitamos sacar una enseñanza general de esta
edificación, enseñanza que asimilaremos y daremos a conocer con amplitud
creciente a las masas trabajadoras. Esta enseñanza consiste en que sólo la
participación de los obreros en la dirección colectiva del Estado nos ha
permitido mantenernos firmes en medio de dificultades tan increíbles y que
únicamente siguiendo ese camino lograremos la victoria completa. Otra enseñanza
que debemos extraer es que hemos logrado establecer unas relaciones justas con
los campesinos, con la masa ingente de millones y millones de campesinos, ya
que esas relaciones son las únicas que nos han permitido vivir, a pesar de
todas las dificultades, y sólo ellas indican el camino por el que marchamos de
éxito en éxito.
90
Si recordáis el pasado, si
recordáis los primeros pasos del Poder soviético, si recordáis toda la
edificación de la República en todas las ramas de la administración, sin
excluir el aspecto militar, veréis que hace dos años, en octubre, el poder de
la clase obrera atravesaba su etapa inicial, pues el aparato del poder del
Estado no estaba aún realmente en nuestras manos. Dirigiendo la mirada a los
dos años transcurridos, convendréis conmigo en que en cada rama
—la militar, la política y
la económica— hubo que conquistar palmo a palmo cada posición para crear un
verdadero aparato de poder estatal, barriendo del camino a quienes antes de
nosotros estaban al frente de las masas obreras y trabajadoras.
Para nosotros reviste
particular importancia comprender la evolución operada durante este tiempo,
porque en todos los países esta evolución sigue idéntico camino. Las masas
obreras y trabajadoras no dan sus primeros pasos con sus verdaderos dirigentes;
ahora es el proletariado mismo el que toma en sus manos la dirección del
Estado, el poder político; al frente del proletariado vemos por todas partes a
jefes que acaban con los viejos prejuicios de la democracia pequeñoburguesa,
viejos prejuicios de los que son portadores mencheviques y eseristas, en
nuestro país, y los representantes de los gobiernos burgueses, en toda Europa.
Esto era antes una excepción, pero ahora se ha convertido en regla general. Y
si en octubre, dos años atrás, se dio al traste con el gobierno burgués en
Rusia —con su alianza, con su coalición con los representantes de los
mencheviques y eseristas—, sabemos que, al organizar nuestro trabajo, tuvimos
que transformar después cada rama de la administración de manera que tomasen en
sus manos la edificación del poder los verdaderos representantes, los obreros
revolucionarios, la auténtica vanguardia del proletariado. En octubre, dos años
atrás, esta labor se desarrollaba con una extraordinaria tensión; no obstante,
sabemos y debemos decir que aún no ha terminado. Sabemos que el viejo aparato
del poder estatal nos opuso resistencia, que los funcionarios intentaron al
comienzo negarse a ejercer sus funciones: a este sabotaje, el más burdo, puso
fin en unas cuantas semanas el poder proletario. Dicho poder demostró que
semejante negativa no producía en él la menor impresión, y una vez que acabamos
con tan cerril sabotaje, ese mismo enemigo emprendió otro camino.
Con frecuencia ocurría que a
la cabeza hasta de organizaciones obreras se veía a partidarios de la
burguesía; nosotros hubimos de acometer esta empresa utilizando enteramente la
fuerza de los obreros. Tomemos, por ejemplo, la época que tuvimos que atravesar
cuando al
Discurso en la reunión conjunta ... consagrada al segundo
aniversario de la Revolución de Octubre
frente de la dirección
ferroviaria, al frente del proletariado ferroviario, había hombres que lo
conducían no por el camino proletario, sino por la senda burguesa52. Sabemos que en todas las ramas donde pudimos acabar con la
burguesía lo hicimos, pero ¿cuánto nos costó? En cada rama fuimos ganándonos
paso a paso posiciones y promoviendo a los obreros, colocando en los puestos a
nuestros hombres de vanguardia, que cursaron la difícil escuela de organización
de la administración estatal. Es posible que, viendo las cosas desde fuera,
toda esta empresa no ofrezca grandes dificultades; pero, en realidad, si se
cala más hondo, veréis qué trabajo costó a los obreros que vivieron todas las
etapas de la lucha imponer sus derechos, cómo organizaron las cosas, desde el
control obrero hasta la administración obrera de la industria, o bien en el
transporte ferroviario, donde, comenzando por el tristemente célebre Comité
Ejecutivo del Sindicato Ferroviario de toda Rusia, estructuraron un aparato
eficiente; veréis cómo los representantes de la clase obrera van penetrando
poco a poco en todas nuestras organizaciones, fortaleciéndolas con su
actividad. Tomemos, por ejemplo, la cooperación, donde vemos un número inmenso
de representantes obreros. Sabemos que antes figuraban en la cooperación casi
exclusivamente gentes que no pertenecían a la clase obrera. Y también en ella,
en la vieja cooperación, hemos encontrado a hombres apegados a las concepciones
y a los intereses de la vieja sociedad burguesa. En este sentido los obreros han
tenido que luchar mucho para tomar el poder en sus manos y subordinar la
cooperación a sus propios intereses, para llevar a efecto un trabajo más
fructífero.
Pero el trabajo más
importante lo hemos realizado en la esfera de la reestructuración del antiguo
aparato estatal. Aunque este trabajo ha sido difícil, venimos viendo a lo largo
de dos años los resultados de los esfuerzos de la clase obrera y podemos afirmar
que en esta esfera contamos con miles de representantes obreros que se han
curtido en el fuego de la lucha arrojando de sus puestos paso a paso a los
representantes del poder burgués. Vemos a los obreros no sólo en el aparato del
Estado, sino también en abastos, en una rama en la que había casi
exclusivamente representantes del viejo gobierno burgués, del viejo Estado
burgués. Los obreros han creado un aparato de abastos. Si hace un año no
podíamos todavía manejar a la perfección este aparato, si hace un año había
allí tan sólo un 30% de representantes obreros, actualmente, en la organización
interior del aparato de abastos podemos contar hasta un 80%.. Con estas cifras
sencillas y elocuentes podemos mostrar el paso que ha dado el país. Para
nosotros lo importante es que hayamos conseguido grandes resultados en la
construcción del poder proletario después de la revolución política.
91
Además, los obreros han efectuado y están efectuando otra
importante labor: la de forjar a los jefes del proletariado. Decenas y
centenares de miles de obreros intrépidos se destacan entre nosotros y se
lanzan contra los generales blancos. Paso a paso vamos arrebatando a nuestro
enemigo el poder. Si antes los obreros no dominaban plenamente este arte, ahora
estamos conquistando paulatinamente a nuestro enemigo rama tras rama, y no hay
dificultades que puedan detener al proletariado. A despecho de los obstáculos
de toda índole, el proletariado conquista gradualmente, una tras otra, cada
esfera de actividad y atrae a los representantes de las masas proletarias para
que en cada sector de la administración, en cada pequeña célula, de abajo
arriba, en todas partes, sean los propios representantes del proletariado
quienes cursen la escuela de la edificación, quienes formen
![]()
52
Lenin
se refiere al Comité Ejecutivo del Sindicato Ferroviario de toda Rusia (CESFR),
constituido en el I Congreso (fundacional) del Sindicato Ferroviario de toda
Rusia, que se reunió en julio- agosto de 1917, en Moscú. Dirigían el CESFR
mencheviques y eseristas. Después del triunfo de la insurrección armada de
Octubre en Petrogrado el CESFR era un reducto de la contrarrevolución.
Encubriéndose con declaraciones de neutralidad y llamamientos a cesar la guerra
civil, el CESFR obstaculizó el envío de destacamentos revolucionarios de
Petrogrado a Moscú donde continuaba la lucha armada por la instauración del
Poder soviético y amenazó con suspender el movimiento de trenes. La política
contrarrevolucionaria y las acciones de CESFR suscitaron hondo descontento en
los obreros ferroviarios. En enero de 1918, en el Congreso extraordinario de
los ferroviarios de toda Rusia, fue disuelto el CESFR. El congreso eligió el
organismo central del Sindicato Ferroviario, constituido en su inmensa mayoría
por bolcheviques.
Discurso
en la reunión conjunta ... consagrada al segundo aniversario de la Revolución
de Octubre
a decenas y centenares de
miles de hombres capaces de llevar por sí solos todos los asuntos de la
administración y edificación del Estado.
Camaradas: Últimamente hemos presenciado un brillante ejemplo
del éxito de nuestro trabajo. Sabemos cómo se han difundido entre los obreros
conscientes los sábados comunistas. Conocemos a esos representantes del
comunismo que más que nadie sufrieron los tormentos del hambre y el frío
terrible, pero cuya contribución en la retaguardia no es menor que la del
Ejército Rojo en el frente; sabemos cómo, en el momento crítico, cuando el
enemigo avanzaba sobre Petrogrado y Denikin tomó Oriol, cuando la burguesía, alentada,
recurrió a su última arma predilecta, sembrar el pánico, nosotros anunciamos
una Semana del Partido. Los obreros comunistas se dirigieron entonces a los
obreros y demás trabajadores, a los que más habían sufrido las calamidades de
la guerra imperialista y se morían de hambre y de frío, a aquellos con quienes
más contaban los traficantes burgueses del pánico, a aquellos sobre cuyos
hombros pesaban mayores cargas; a ellos nos dirigirnos durante la Semana del
Partido, y les dijimos: "A vosotros os asustan las dificultados del poder
obrero, las amenazas de los imperialistas y los capitalistas; vosotros veis
nuestro trabajo y nuestras dificultades; apelamos a vosotros y sólo a vosotros,
representantes de los trabajadores, os abrimos de par en par las puertas de
nuestro partido. En este momento difícil contamos con vosotros y os llamamos a
incorporaros a nuestras filas, para que asumáis todo el peso de construir el
Estado". Vosotros sabéis que era un momento terriblemente difícil, tanto
en el aspecto material como debido a que el enemigo lograba éxitos en la
política exterior y en el terreno militar. Y vosotros sabéis qué éxito sin
procedente, inesperado e increíble coronó aquella Semana del Partido, pues tan
sólo en Moscú se afiliaron al partido más de 14.000 personas. Ese fue el
resultado de la Semana del Partido, que está transformando por completo, que
está remodelando a la clase obrera y convirtiendo, mediante la experiencia del
trabajo, a aquellos que eran inactivos, que eran instrumentos pasivos del poder
de la burguesía, de los explotadores y del Estado burgués, en auténticos
creadores de la futura sociedad comunista. Sabemos que tenemos una reserva de
decenas y cientos de miles de jóvenes obreros y campesinos, que vieron y
conocen a fondo la antigua opresión de la sociedad terrateniente y burguesa,
que vieron las increíbles dificultades de nuestra labor constructiva, que
observaron el heroísmo demostrado en 1917 y 1918 por el primer contingente de
trabajadores que engrosó nuestras filas, que vienen a nosotros en número
creciente y con abnegación mayor cuanto más serias son nuestras dificultades.
Estas reservas nos dan la plena seguridad de que en estos dos años hemos
logrado una firme y duradera consolidación y que ahora disponemos de una fuente
de la que podremos seguir extrayendo, durante largo tiempo, un caudal aún mayor
de energías, y asegurar así que los propios trabajadores asuman la tarea de
organizar el Estado. En este aspecto hemos acumulado en dos años tanta
experiencia de la administración obrera en todos los terrenos que podemos
decir, con toda razón y sin ninguna exageración, que ahora sólo nos resta
proseguir lo ya iniciado para que las cosas marchen como durante estos dos
años, pero a un ritmo cada vez más rápido.
En otro aspecto, el de las
relaciones de la clase obrera con el campesinado, hemos tropezado con
dificultades mucho mayores. Hace dos años, en 1917, cuando el poder pasó a los
Soviets, las relaciones eran todavía muy poco claras. El campesinado en su conjunto
ya se había vuelto contra los terratenientes y apoyaba a la clase obrera,
porque comprobaba que realizaba los deseos de las masas campesinas, que se
trataba de verdaderos combatientes obreros, y no de aquellos que, en alianza
con los terratenientes, habían traicionado al campesinado. Pero sabemos muy
bien que entonces aún no se había desplegado la lucha dentro del campesinado.
Durante el primer año, el proletariado urbano aún no pisaba terreno firme en el
campo. Esto puede comprobarse con particular claridad en aquellas regiones
periféricas en las que, durante un tiempo, se consolidó el poder de los
guardias blancos. Lo comprobamos el año pasado, en 1918, cuando lograron
fáciles victorias en los Urales.
Discurso en la reunión conjunta ... consagrada al segundo
aniversario de la Revolución de Octubre
92
Pudimos ver que el poder
proletario aún no se había implantado en el campo y que no bastaba con
introducirlo desde afuera y ofrecerlo a la aldea. Era necesario que el
campesinado, a través de su propia experiencia, de su labor de organización,
llegara a las mismas conclusiones, y aunque esta labor es muchísimo más
difícil, más lenta y más dura, es incomparablemente más fructífera en cuanto a
los resultados. Esa es nuestra principal conquista en el segundo año de Poder
soviético.
No hablaré de la importancia
militar de nuestra victoria sobre Kolchak, pero sí diré que si los campesinos
no hubieran hecho la experiencia de comparar el poder de los dictadores
burgueses con el poder de los bolcheviques, jamás se habría logrado esa victoria.
Los dictadores comenzaron con una coalición, con una Asamblea Constituyente; en
ese poder participaron los mismos eseristas y mencheviques con quienes
tropezamos a cada paso en nuestra labor y que son los hombres del pasado, los
hombres que organizaron las cooperativas, los sindicatos, las asociaciones de
maestros y una multitud de otras organizaciones que tenemos que reorganizar.
Kolchak comenzó aliándose con ellos, con individuos para quienes la experiencia
de Kerenski no fue suficiente, e iniciaron una segunda experiencia. Lo hicieron
para lograr que las regiones periféricas, las más alejadas del centro, se
sublevaran contra los bolcheviques. Nosotros no pudimos dar a los campesinos de
Siberia lo que dio la revolución a los campesinos en el resto de Rusia. En
Siberia los campesinos no recibieron las tierras de los latifundistas porque
allí no existían, y por eso les fue más fácil creer en los guardias blancos.
Todas las fuerzas de la Entente y del ejército imperialista que menos había
sufrido en la guerra, o sea, el ejército japonés, tomaron parte en la lucha.
Sabemos que para ayudar a Kolchak se gastaron cientos de millones de rublos,
que no se escatimaron medios para apoyarlo.
¿Le faltaba algo? Lo tenía
todo. Todos los recursos de que disponen los Estados más poderosos del mundo,
así como un campesinado y un territorio inmenso casi carente de proletariado
industrial. ¿Y por qué se derrumbó todo esto? Porque la experiencia de los
obreros, los soldados y los campesinos demostró una vez más que los
bolcheviques tenían razón en sus predicciones, en su apreciación de la
correlación de las fuerzas sociales, al afirmar que la alianza de los obreros y
campesinos no es fácil de lograr, pero que, de todos modos, es la única alianza
invencible contra los capitalistas.
Esto es ciencia, camaradas,
si cabe hablar aquí de ciencia. Esta experiencia es una de las más difíciles,
una experiencia que todo lo tiene en cuenta y todo lo consolida: es la
experiencia del comunismo; sólo podremos edificar el comunismo si el campesinado
llega conscientemente a una conclusión determinada. Podremos lograrlo sólo
cuando establezcamos una alianza con los campesinos. De ello pudimos
convencernos por la experiencia de Kolchak. La campaña de Kolchak fue una
experiencia sangrienta, pero no por culpa nuestra.
Vosotros conocéis
perfectamente la segunda calamidad que se ha abatido sobre nosotros; sabéis que
el hambre y el frío afectan a nuestro país con mayor dureza que a ningún otro.
Sabéis que se culpa de ello al comunismo, pero sabéis también perfectamente que
el comunismo nada tiene que ver con ello. En todos los países vemos que crece y
aumenta el hambre y el frío, y pronto se convencerán todos de que la situación
existente en Rusia no es consecuencia del comunismo, sino de cuatro años de
guerra mundial. La guerra ha sido la causante de todo el horror que soportamos,
la causante del hambre y el frío. Pero creemos que pronto saldremos de este
círculo vicioso. Todo el problema consiste en que los obreros deben trabajar,
pero trabajar para sí mismos, y no para quienes pasaron cuatro años degollando
gente. En cuanto a la lucha contra el hambre y el frío, se libra en todas
partes. Los Estados más poderosos están ahora sometidos a este azote.
Discurso en la reunión conjunta ... consagrada al segundo
aniversario de la Revolución de Octubre
Hemos tenido que recurrir a
la requisa estatal para reunir el cereal de nuestros muchos millones de
campesinos, y no lo hemos hecho como lo hacían los capitalistas, que actuaban
junto con los especuladores. Al resolver este problema, marchamos con los obreros,
contra los especuladores. Empleamos el método de la persuasión, nos dirigimos a
los campesinos y les dijimos: todo lo que hacemos es para ayudaros a vosotros y
a los obreros.
El campesino que dispone de
excedentes de cereales y nos los entrega al precio establecido es nuestro
aliado. Pero el que no obre así, es nuestro enemigo, es un delincuente, un
explotador y un especulador, y con él no podemos tener nada de común. Hicimos
entre los campesinos propaganda y esa propaganda nos fue ganando un número cada
vez mayor de campesinos. En este aspecto, hemos obtenido resultados muy
concretos. Entre agosto y octubre del año pasado acopiamos 37 millones de puds
de cereales, pero este año hemos acopiado 45 millones, y ello sin una
verificación especial y cuidadosa. Hay, como veis, una mejoría, lenta, pero
segura. Y aun teniendo en cuenta las pérdidas causadas por la ocupación
denikiniana de nuestra fértil región, hay sin embargo señales de que podremos
llevar a cabo nuestro plan de acopios y nuestro plan de distribución a los
precios fijados por el Estado. En este aspecto, nuestro aparato ha sido en
cierto sentido constituido, y estamos emprendiendo ahora el camino socialista.
93
Enfrentamos hoy el problema de una crisis de combustible. El
problema de los cereales ya no es tan agudo; la situación es la siguiente:
disponemos de cereales, pero no de combustible. Denikin se apoderó de nuestra
región carbonífera. La pérdida de esta región carbonífera nos ha ocasionad o
dificultades enormes y, frente a ellas, procedemos lo mismo que procedimos con
respecto a los cereales. Como lo hicimos anteriormente, nos dirigimos a los
obreros. Igual que transformamos nuestro aparato de abastecimiento de víveres,
el cual, después de haber sido fortalecido y puesto en marcha, cumplió una
tarea muy precisa que dio brillantes resultados, ahora vamos mejorando, día a
día, nuestro aparato de abastecimiento de combustible. Advertimos a los obreros
desde dónde nos amenaza tal o cual peligro, hacia dónde y desde qué zona hay
que enviar nuevas fuerzas, y estamos seguros de que, lo mismo que el año pasado
vencimos las dificultades en el abastecimiento de cereales, también ahora
venceremos las que se refieren al combustible.
Permitidme que me limite por
ahora a este resumen de nuestra labor. Para terminar, me permito señalar en
pocas palabras cómo va mejorando nuestra situación internacional. Una vez
comprobado el camino que hemos elegido, los resultados han demostrado que era
recto y certero. Cuando en 1917 tomamos el poder, estábamos solos. En 1917 se
decía en todos los países que el bolchevismo no podría arraigar. Ahora, en esos
mismos países existe ya un poderoso movimiento comunista. Un año después de
haber conquistado el poder y medio año después de haber fundado la III
Internacional, la Internacional Comunista, hemos visto que ésta se ha
convertido ya de hecho en la fuerza principal del movimiento obrero de todos
los países. En este sentido, la experiencia que hemos vivido ha dado los
resultados más brillantes, inusitados y rápidos. Cierto es que el movimiento
hacia la libertad no camina en Europa como en nuestro país. Pero si recordáis
los dos años de lucha, veréis que también en Ucrania, incluso en algunas partes
de Rusia genuinamente rusas, donde la composición de la población ofrece rasgos
particulares, por ejemplo, en las zonas de los cosacos y de Siberia o en los
Urales, el movimiento hacia la victoria no ha sido tan rápido ni ha seguido el
mismo camino que en San Petersburgo y en Moscú, es decir, en el centro de
Rusia. Es claro que no puede sorprendernos el movimiento en Europa, que va más
despacio, ya que es menester hacer frente a una presión mayor del chovinismo y
del imperialismo; pero, pese a ello, el movimiento avanza allí constantemente,
siguiendo el mismo camino que indican los bolcheviques. Vemos por doquier cómo
avanza este movimiento. Los líderes de los mencheviques y eseristas dejan paso
a los representantes de la III Internacional. Esos Lideres caen, y en todas
partes se ha alzado el movimiento comunista, por lo que ahora, a los dos
Discurso
en la reunión conjunta ... consagrada al segundo aniversario de la Revolución
de Octubre
años de Poder soviético,
podemos decir que tenemos perfecto derecho, corroborado por los hechos, a
afirmar que hoy contamos, tanto en el Estado ruso como en escala internacional,
con todo lo que hay de consciente, con todo lo que hay de revolucionario en las
masas, en el mundo revolucionario. Y podemos decir que, después de los
obstáculos que hemos afrontado, no tememos ningunas dificultades, que
arrostraremos todas las dificultades y las venceremos. (Clamorosos aplausos.)
Publicado
íntegramente el 9 de noviembre de 1919, en el núm. 251 de "Pravda".
T, 39, págs. 292-303.
Discurso en la I Conferencia de toda Rusia para el trabajo del
Partido en el campo
94
DISCURSO EN LA I CONFERENCIA DE TODA
RUSIA PARA EL TRABAJO DEL PARTIDO EN EL CAMPO.
18 de noviembre de
1919.
Camaradas: Lamentablemente
no he podido tomar parte en la conferencia convocada por vosotros, es decir, en
la conferencia para el trabajo en el campo. Por eso tendré que circunscribirme
a hacer unas consideraciones generales y fundamentales, y estoy seguro de que
conseguiréis aplicar paulatinamente estas consideraciones generales y las
normas fundamentales de nuestra política a las tareas y cuestiones prácticas
que se alcen ante vosotros.
La cuestión del trabajo en
el campo es hoy en nuestro país la cuestión fundamental de toda la edificación
socialista, pues en relación con el trabajo entre el proletariado y con el
problema de su unificación podemos afirmar con toda seguridad que, en dos años
de Poder soviético, la política de los comunistas no sólo ha sido fijada con
toda claridad, sino que ha alcanzado sin duda alguna firmes resultados. Al
principio tuvimos que luchar en los medios obreros contra la falta de
conciencia de la comunidad de intereses, contra distintas manifestaciones de
sindicalismo, cuando entre los obreros de algunas fábricas o de algunas ramas
industriales existía la tendencia a colocar sus intereses, los intereses de su
fábrica o de su industria, por encima de los intereses de la sociedad. Tuvimos
y tenemos que luchar aún contra una deficiente disciplina en punto a la nueva
organización del trabajo. Creo que todos recordaréis las grandes etapas por las
que ha pasado nuestra política, cuando, promoviendo a nuevos y nuevos obreros a
los nuevos puestos, les brindábamos la posibilidad de ponerse al corriente de
las tareas que teníamos planteadas y del mecanismo general de la administración
del Estado.
La organización de la
actividad comunista del proletariado y toda la política de los comunistas han
tomado en la actualidad una forma totalmente definida, firme, y estoy
convencido de que seguimos un camino certero, por el que podemos avanzar con
toda seguridad.
Por lo que se refiere al
trabajo en el campo, las dificultades son indudablemente grandes, y en el VIII
Congreso del partido 53 esta cuestión fue planteada por
nosotros a fondo, como una de las más importantes. En el campo, lo mismo que en
la ciudad, sólo podemos apoyarnos en los representantes de las masas
trabajadoras y explotadas, en aquellos que bajo el capitalismo soportaban todo
el yugo de los terratenientes y los capitalistas. Naturalmente, desde que la
conquista del poder por los obreros permitió a los campesinos barrer en el acto
el poder de los terratenientes, aboliendo la propiedad privada, los campesinos,
al proceder al reparto de la tierra, hicieron efectiva la mayor igualdad y
elevaron así en grado considerable la explotación del suelo a un nivel superior
al medio. Pero, claro está, no pudimos lograrlo por entero, porque existiendo
la hacienda individual se requiere una suma gigantesca de recursos materiales
para proveer a cada campesino de la cantidad suficiente de semillas, ganado y
aperos. Es más, incluso si nuestra industria obtuviese éxitos inusitados en el
desarrollo de la producción de máquinas agrícolas, incluso si nos imaginásemos
que todos nuestros deseos habían sido satisfechos, aun con esta condición,
fácil nos sería comprender que es cosa imposible y en alto grado irracional
dotar de suficientes medios de producción a cada pequeño campesino, porque esto
significaría un derroche tremendo; sólo
![]()
53 El VIII Congreso del PC(b)R se celebró del 18 al 23 de marzo de
1919, en Moscú.
Discurso en la I Conferencia de toda Rusia para el trabajo del
Partido en el campo
por medio del trabajo en
común, en arteles y cooperativas, es posible salir del atolladero a que nos ha
llevado la guerra imperialista.
A la masa campesina, la más oprimida bajo el capitalismo debido
a su situación económica, es a la que más le cuesta creer que sean posibles
bruscos virajes y transiciones. Los experimentos hechos con el campesinado por
Kolchak, Yudénich y Denikin le obligan a ser particularmente cauteloso con
respecto a lo que ha conquistado. Todo campesino sabe que todavía no es
definitiva la solidez de sus conquistas, que su enemigo —el terrateniente— aún
no ha sido aniquilado, sino que, agazapado, espera ayuda de sus amigos, los
bandoleros del capital internacional. Y aunque el capital internacional es más
débil cada día, en tanto que nuestra situación internacional ha mejorado
extraordinariamente en el último tiempo, si se aquilatan con lucidez todas las
circunstancias, debemos decir que el capital internacional es todavía, sin
duda, más fuerte que nosotros. Ya no puede hacernos la guerra directa: para
esto tiene ya cortados los vuelos. Precisamente en los últimos días, todos
estos señores comienzan a decir en la prensa burguesa europea: "Rusia es
para nosotros un atascadero. ¿No valdrá más hacer las paces con ella?"
Siempre ocurre lo mismo: cuando se propina una paliza al adversario, comienza a
adoptar actitudes conciliatorias. Más de una vez hemos dicho a los señores
imperialistas europeos que estábamos de acuerdo en sellar la paz, pero ellos
soñaban con sojuzgar a Rusia. Ahora han comprendido que sus sueños no están
llamados a cumplirse.
95
Actualmente, los millonarios
y multimillonarios internacionales son aún más fuertes que nosotros. Y los
campesinos ven con claridad que los intentos de insurrección de Yudénich,
Kolchak y Denikin son actos de fuerza organizados con dinero de los imperialistas
de Europa y Norteamérica. La masa campesina sabe muy bien lo que le espera si
incurre en la más mínima flaqueza. El recuerdo claro de la amenaza que
representa el poder de los terratenientes y capitalistas hace que los
campesinos se conviertan en fidelísimos partidarios del Poder soviético. Cada
mes crecen la solidez del Poder soviético y el grado de conciencia de los
campesinos que antes trabajaban y eran explotados y comprobaron en su propio
pellejo todo el peso de la opresión de los terratenientes y capitalistas.
Pero, naturalmente, las
cosas son muy distintas con relación a los kulaks, con relación a los que
empleaban mano de obra asalariada, se dedicaban a la usura y se lucraban a
costa del trabajo ajeno. Los kulaks están en masa al lado de los capitalistas y
sienten descontento por la revolución. Debemos tener la idea clara de que nos
será preciso librar todavía una lucha larga y tesonera contra este grupo de
campesinos. Entre los campesinos que soportaron todo el yugo de los
terratenientes y capitalistas y aquellos otros que explotaban a los demás, está
la masa de campesinos medios. En relación con ellos se nos plantea la tarea más
ardua. Los socialistas han señalado siempre que el paso al socialismo plantea
una tarea difícil: la de las relaciones entre la clase obrera y los campesinos
medios. A este respecto debemos esperar de los camaradas comunistas que den
pruebas de la máxima atención, de una actitud consciente y de capacidad para
abordar esta compleja y ardua tarea, sin que resuelvan la cuestión de golpe y porrazo.
Es indudable que los
campesinos medios están habituados a la economía individual. Son campesinos
propietarios, y, aunque por ahora no tienen tierra, aunque ha sido abolida la
propiedad privada sobre la tierra, el campesino sigue siendo propietario, principalmente
porque este grupo de campesinos sigue poseyendo productos alimenticios. El
campesino medio produce más de lo que necesita y, por lo tanto, al disponer de
trigo sobrante, se convierte en un explotador del obrero hambriento. En esto
reside la tarea esencial y la contradicción fundamental. El campesino, como
trabajador, como hombre que vive de su propio esfuerzo, como hombre que ha
sufrido la opresión del capitalismo, un campesino así está al lado del obrero.
Pero el campesino, como propietario al que le quedan excedentes de trigo, está
acostumbrado a considerar estos excedentes como propiedad suya que puede
Discurso en la I Conferencia de toda Rusia para el trabajo del
Partido en el campo
vender libremente. Mas
vender los sobrantes de trigo en un país hambriento equivale a transformarse en
un especulador, en un explotador, porque una persona hambrienta es capaz de dar
por el trigo todo cuanto tenga. Con este motivo se desarrolla la lucha más
porfiada y difícil, que requiere de todos nosotros, representantes del Poder
soviético, y en particular de los comunistas que trabajan en el campo, la mayor
atención, la actitud y el enfoque más reflexivos de la cuestión.
Hemos dicho siempre que no
queremos imponer por la fuerza el socialismo a los campesinos medios, y el VIII
Congreso del partido lo ha confirmado plenamente. La elección del camarada
Kalinin para el puesto de Presidente del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia
tuvo como base la consideración de que debemos acercar directamente el Poder
soviético a los campesinos. Y gracias al camarada Kalinin, el trabajo en el
campo ha experimentado un impulso considerable. Indudablemente, el campesino ha
obtenido la posibilidad de mantener un contacto más directo con el Poder
soviético, dirigiéndose al camarada Kalinin, que representa el poder supremo de
la República Soviética. Así pues, hemos dicho al campesino medio: "No cabe
ni hablar siquiera de imponer por la violencia el tránsito al socialismo".
Pero es preciso hacérselo comprender, es preciso saber decir esto en el
lenguaje más asequible para el campesino. En este aspecto, la influencia sólo
puede ser ejercida por medio del ejemplo, con una acertada organización de la
economía social. Mas para dar ejemplo de trabajo cooperativo, colectivo, es
menester organizar primero nosotros mismos con acierto una economía de este
tipo. En estos dos años, el movimiento tendiente a la organización de comunas y
arteles agrícolas ha sido enorme. Pero, viendo las cosas con serenidad, debemos
decir que la masa de camaradas que emprendieron la organización de comunas,
marcharon a trabajar al campo, a la agricultura, con un conocimiento
insuficiente de las condiciones económicas de la vida campesina. Por eso ha
sido preciso corregir una cantidad inmensa de errores, de consecuencias de
pasos precipitados, de enfoques equivocados del asunto. Con frecuencia se
infiltraron en los sovjóses antiguos explotadores, antiguos terratenientes. Su
poder fue derribado en ellos, pero esos elementos no han sido aniquilados. Es
menester expulsarlos de allí o colocarlos bajo el control del proletariado.
96
Esta tarea se alza ante
nosotros en todas las esferas de la vida. Habéis tenido noticia de toda una
serie de brillantes victorias del Ejército Rojo. En él sirven decenas de miles
de antiguos oficiales y coroneles. Si no los hubiésemos encuadrado en filas y
no les hubiésemos obligado a servirnos, no habríamos podido crear el ejército.
Y a pesar de la traición de algunos especialistas militares, hemos derrotado a
Kolchak y Yudénich y estamos venciendo en todos los frentes. Esto ocurre
porque, gracias a la existencia en el Ejército Rojo de células comunistas que
tienen una enorme importancia desde el punto de vista de la agitación y
propaganda, un pequeño número de oficiales vive en un ambiente tal, en medio de
una influencia tan poderosa de los comunistas, que en su mayoría no pueden
evadirse de la red de organización y de propaganda comunistas con que les hemos
cercado.
No se puede construir el
comunismo sin conocimientos, sin técnica, sin cultura, que están en manos de
los especialistas burgueses. La mayoría de ellos no simpatizan con el Poder
soviético, pero sin su concurso no podemos edificar el comunismo. Hay que rodearlos
de un ambiente de camaradería, de un espíritu de trabajo comunista, y conseguir
que marchen al unísono con el poder obrero y campesino.
Entre los campesinos se
manifiesta muy a menudo una extraordinaria desconfianza e indignación que llega
hasta negar en redondo la conveniencia de los sovjóses, afirmándose que no son
necesarios por encontrarse en ellos viejos explotadores. A esto decimos: Si no
sabéis vosotros mismos organizar la economía sobre bases nuevas, es preciso que
tomemos a nuestro servicio a los viejos especialistas, sin lo cual no es
posible librarse de la miseria. A los que infrinjan las disposiciones del Poder
soviético los atraparemos sin piedad, igual que
Discurso en la I Conferencia de toda Rusia para el trabajo del
Partido en el campo
en el Ejército Rojo; la
lucha continúa y es implacable. Pero a la mayoría de ellos les haremos trabajar
a nuestro modo.
Esta tarea es difícil,
compleja, no se puede resolver de golpe. Se precisa la disciplina obrera
consciente, se precisa el acercamiento a los campesinos; es menester
demostrarles que vemos todos los abusos que se cometen en los sovjóses, pero
afirmamos que los hombres de ciencia y los técnicos deben ser puestos al
servicio de la economía social, pues con la pequeña hacienda no es posible
librarse de la miseria. Actuaremos igual que en el Ejército Rojo: nos golpearán
cien veces y a la ciento una los venceremos a todos. Mas para ello hace falta
que en el campo el trabajo se realice con armonía y concierto, con un orden tan
riguroso como se realizó en el Ejército Rojo y como se realiza en otras ramas
de la economía. Paulatina y firmemente vamos mostrando a los campesinos las
ventajas de la hacienda colectiva.
Esta es la lucha que debemos
sostener en los sovjóses, en esto radican la dificultad del paso al socialismo
y el fortalecimiento verdadero y definitivo del Poder soviético. Cuando la
mayoría de los campesinos medios vean que quedándose al margen de la alianza
con los obreros ayudan a Kolchak y a Yudénich, que en todo el mundo se han
quedado con ellos únicamente los capitalistas, los cuales odian a la Rusia
Soviética y repetirán aún durante años sus intentos de restaurar su poder,
hasta el más atrasado de ellos comprenderá que no hay otro camino que marchar
en alianza con los obreros revolucionarios hacia la emancipación total o bien
incurrir aunque sólo sea en la más pequeña vacilación, en cuyo caso se impondrá
el enemigo, el antiguo explotador capitalista. La victoria sobre Denikin no
aniquilará aún definitivamente a los capitalistas. Eso debemos comprenderlo
todos. Sabemos muy bien que han de emprender nuevas tentativas de estrangular a
la Rusia Soviética. Por eso los campesinos no tienen otra salida: deben ayudar
a los obreros, pues la menor vacilación daría la victoria a los terratenientes
y a los capitalistas. Nuestra primera y fundamental tarea consiste en inculcar
esto convencimiento a los campesinos. El campesino que vive de su trabajo es un
fiel aliado del Poder soviético; en un campesino así el obrero ve a un igual,
para él el poder obrero hace todo cuanto puede y no hay sacrificio ante el cual
repare el poder obrero y campesino con tal de satisfacer las necesidades de
dicho campesino.
Pero el campesino que
explota por poseer grano sobrante es nuestro adversario. La obligación de
satisfacer las necesidades esenciales de un país hambriento es una obligación
del Estado. Pero no todos los campesinos comprenden que el comercio libre de
cereales es un delito contra el Estado. "Yo he recogido el grano, es un
producto mío y tengo derecho a comerciar con él"; así piensa el campesino,
por costumbre, a la antigua. Pero nosotros decimos que esto es un delito contra el Estado. Comerciar libremente con el
grano equivale a enriquecerse gracias a él: eso no es otra cosa que el retorno
al antiguo capitalismo y no lo consentiremos, contra ello lucharemos a todo
trance.
En el período de transición
practicamos el acopio y la contingentación de los cereales por el Estado.
Sabemos que esto es lo único que nos permitirá librarnos de la miseria y del
hambre. La inmensa mayoría de los obreros pasan penalidades debido a que el
grano no se distribuye de manera justa, más para distribuirlo bien es preciso
que los campesinos cumplan la contingentación estatal de manera estricta,
concienzuda e incondicional. En esto no puede haber ninguna concesión por parte
del Poder soviético. No se trata de una lucha del poder obrero contra los
campesinos, se trata de la existencia misma del socialismo, de la existencia
del Poder soviético. No podemos dar ahora mercancías a los campesinos, pues no
hay combustible y se paralizan los ferrocarriles. Primero es preciso que los
campesinos den a los obreros grano a título de préstamo, no a precios de
especulación, sino a precio de tasa, para que los obreros puedan reanudar la
producción. Todo campesino está de acuerdo con esto cuando se trata de un obrero
que se muere de hambre a su lado. Pero cuando se trata de millones de obreros,
no lo comprenden y son los viejos hábitos de especulación los que prevalecen.
Discurso en la I Conferencia de toda Rusia para el trabajo del
Partido en el campo
97
Nuestra política con
respecto a los campesinos consiste en una lucha prolongada y tenaz contra esos
hábitos, en la agitación y la propaganda, en el esclarecimiento, en la
comprobación de lo que ya se ha hecho.
Prestar toda clase de apoyo
a los campesinos trabajadores, tratarlos de igual a igual, no hacer el menor
intento de imponerles nada por la fuerza: tal es nuestra primera tarea. Y la
segunda consiste en sostener una lucha consecuente contra la especulación, el
trapicheo y la ruina.
Cuando comenzamos a crear el
Ejército Rojo, lo formaban grupos sueltos y diseminados de guerrilleros. Hubo
muchas víctimas innecesarias debido a la falta de disciplina y de cohesión,
pero superamos esas dificultades y en lugar de los destacamentos guerrilleros
forjamos un Ejército Rojo de millones de hombres. Si pudimos conseguir esto en
el corto plazo de dos años en un asunto tan difícil, complicado y peligroso
como es el militar, con tanto mayor motivo podemos estar seguros de que
lograremos lo mismo en todas las esferas de la vida económica.
Estoy convencido de que
también cumpliremos esta tarea, una de las más difíciles —el establecimiento de
unas acertadas relaciones de los obreros con los campesinos y la aplicación de
una acertada política de abastecimientos—, y de que conseguiremos en este
terreno una victoria como la que hemos alcanzado en el frente.
Publicado el 19 de noviembre de 1919, en el núm. 259 de
"Pravda" y en el núm. 259 de "Izvestia del CEC de toda
Rusia".
T. 39, págs. 309-317.
Informe en el II Congreso de toda Rusia de las organizaciones
comunistas de los pueblos de oriente
98
INFORME EN EL II CONGRESO DE TODA RUSIA
DE LAS ORGANIZACIONES COMUNISTAS DE LOS PUEBLOS DE ORIENTE.
22 de noviembre de
1919.
Camaradas: Me produce honda
satisfacción el poder saludar al congreso de camaradas comunistas
representantes de las organizaciones musulmanas de Oriente y decir unas
palabras acerca de la situación actual en Rusia y en el mundo entero. El tema
de mi informe es el momento actual, y me parece que lo más esencial en esta
cuestión es hoy la actitud de los pueblos de Oriente hacia el imperialismo y el
movimiento revolucionario entre esos pueblos. De por sí se comprende que, en la
actualidad, este movimiento revolucionario de los pueblos de Oriente no puede
desarrollarse con éxito, no puede encontrar su solución, si no es en ligazón
directa con la lucha revolucionaria de nuestra República Soviética contra el
imperialismo internacional. Debido a una serie de circunstancias —entre ellas
el atraso de Rusia, su inmensa extensión y el hecho de que sea la divisoria
entre Europa y Asia, entre Occidente y Oriente—, hemos tenido que cargar con
todo el peso — lo consideramos un gran honor— que supone el ser los iniciadores
de la lucha mundial contra el imperialismo. Por ello, todo el curso de los
acontecimientos en el futuro próximo augura una lucha todavía más amplia y
empeñada contra el imperialismo internacional y estará inevitablemente
vinculado a la lucha de la República Soviética contra las fuerzas unidas del
imperialismo, contra Alemania, Francia, Inglaterra y Norteamérica.
En cuanto al aspecto
militar, ya conocéis el cariz tan favorable para nosotros que han tomado ahora
las cosas en todos los frentes. No voy a hablar con detalle de esta cuestión:
me limitaré a decir que la guerra civil, que el imperialismo internacional nos
impusiera por la fuerza, ha causado en el transcurso de dos años a la República
Socialista Federativa Soviética de Rusia incontables privaciones, ha echado
sobre las espaldas de los campesinos y los obreros un peso tan insoportable,
que, frecuentemente, parecía que no podrían aguantarlo. Pero, al mismo tiempo,
esa guerra, con su brutal violencia, con la embestida despiadadamente bestial
de esas fieras que se llamaban nuestros "aliados" y que nos saqueaban
ya antes del comienzo de la revolución socialista, esa guerra, digo, hizo un
milagro, convirtiendo a la gente, cansada de la matanza y, al parecer, incapaz
de soportar otra contienda, en luchadores que no sólo han resistido otra guerra
en el transcurso de dos años, sino que, además, le están dando fin victoriosamente.
Las victorias que estamos obteniendo ahora sobre Kolchak, Yudénich y Denikin
suponen la llegada de una nueva fase en la historia de la lucha del
imperialismo mundial contra los países y naciones que se han lanzado al combate
por su liberación. En este sentido, los dos años de nuestra guerra civil no
sólo han confirmado plenamente lo que la historia observara hace ya mucho: que
el carácter de la guerra y su éxito dependen, sobre todo, del régimen interior
del país que entra en ella; que la guerra es el reflejo de la política interior
que ese país lleva antes de ella. Todo eso repercute, inevitablemente, en cómo
se hace la guerra.
La cuestión de qué clase ha
hecho la guerra y la continúa tiene extraordinaria importancia. Sólo gracias a
que nuestra guerra civil la hacen obreros y campesinos que se han liberado y es
la continuación de la lucha política por emancipar a los trabajadores de los
capitalistas del país y de todo el mundo; sólo gracias a eso, ha habido en un
país tan atrasado como Rusia, agotado por los cuatro años de guerra
imperialista, hombres de voluntad suficiente para seguir combatiendo durante
dos años en medio de increíbles e inauditas dificultades.
Informe en el II Congreso de toda Rusia de las organizaciones
comunistas de los pueblos de oriente
La historia de la guerra
civil lo ha demostrado con particular evidencia en el caso de Kolchak. Kolchak
era un enemigo que contaba con la ayuda de todas las mayores potencias del
mundo y disponía de una línea férrea protegida por cien mil soldados de las
potencias extranjeras, incluidas las mejores tropas de los imperialistas
internacionales, como las japonesas, que se habían preparado para la guerra
imperialista, pero que apenas participaron en ella y por eso casi no habían
sufrido merma alguna; Kolchak se apoyaba en los campesinos de Siberia, los más
acomodados, que no habían conocido la servidumbre y eran por eso, naturalmente,
los que estaban más lejos que nadie del comunismo; Kolchak parecía una fuerza
invencible, porque sus tropas eran el destacamento de vanguardia del
imperialismo internacional.
99
Hasta el presente continúan actuando en Siberia tropas
japonesas, checoslovacas y otras tropas de naciones imperialistas. Sin embargo,
la experiencia de más de un año de dominación de Kolchak sobre Siberia, con sus
inmensas riquezas naturales; la experiencia de esa dominación, que era apoyada
al principio por los partidos socialistas de la II Internacional, los
mencheviques y los eseristas —quienes crearon el frente del Comité de la
Asamblea Constituyente— y que, en tales condiciones, parecía sólida e invencible
desde el punto de vista del pancista y del curso habitual de la historia, ha
mostrado, en la práctica, lo siguiente: cuanto más se adentraba Kolchak en el
territorio de Rusia, más se iba debilitando y, en fin de cuentas, asistimos a
la victoria completa de la Rusia Soviética sobre él. Indudablemente, esto nos
ofrece una demostración práctica de que las fuerzas unidas de los obreros y los
campesinos liberados del yugo de los capitalistas obran verdaderos milagros.
Esto nos ofrece una demostración práctica de que la guerra revolucionaria,
cuando atrae efectivamente a su órbita a las masas trabajadoras oprimidas y
hace que estén interesadas en ella, cuando les hace comprender que luchan
contra los explotadores, despierta su energía y la capacidad de obrar milagros.
Creo que lo que ha hecho el
Ejército Rojo, su lucha y la historia de su triunfo tendrán para todos los
pueblos de Oriente una importancia gigantesca, mundial. Mostrarán a los pueblos
de Oriente que, por muy débiles que ellos sean y por muy invencible que parezca
el poderío de los opresores europeos, que emplean en la lucha todas las
maravillas de la técnica y del arte militar, la guerra revolucionaria de los
pueblos oprimidos, si logra despertar efectivamente a millones de trabajadores
y explotados, encierra en sí tales posibilidades, entraña tales prodigios, que
la liberación de los pueblos de Oriente es ahora, en la práctica, plenamente
realizable no sólo desde el punto de vista de las perspectivas de la revolución
internacional, sino también desde el punto de vista de la experiencia puramente
militar, experiencia que hemos podido ver en Asia, en Siberia, experiencia que
nos ofrece la República Soviética, invadida por tropas de todos los países
poderosos del imperialismo.
Además, esta experiencia de
la guerra civil en Rusia nos ha mostrado a nosotros y a los comunistas de todos
los países que en el fuego de la guerra civil, al mismo tiempo que cobra fuerza
el entusiasmo revolucionario, se crea una poderosa fortaleza interna. La guerra
pone a prueba todas las fuerzas económicas y organizativas de cada nación. En
fin de cuentas, después de dos años de experiencia, pese a lo inmensamente dura
que la guerra es para los obreros y los campesinos, que sufren hambre y frío;
después de dos años de experiencia, repito, puede decirse que estamos venciendo
y que seguiremos venciendo, porque tenemos una retaguardia, y esa retaguardia
es fuerte; porque los campesinos y los obreros, a pesar del hambre y del frío,
están unidos, se han fortalecido, y a cada duro golpe responden aumentando la
cohesión de sus fuerzas y su poderío económico, y sólo por eso han sido
posibles las victorias sobre Kolchak, Yudénich y sus aliados, las potencias más
fuertes del mundo. Los dos años últimos nos han mostrado, de una parte, la
posibilidad de desplegar una guerra revolucionaria, y, de otra parte, el
fortalecimiento del Poder soviético pese a los duros golpes de la invasión
extranjera, cuyo fin es extinguir rápidamente el foco de la revolución,
aplastar a la República de los obreros y los campesinos, que se han atrevido a
Informe en el II Congreso de toda Rusia de las organizaciones
comunistas de los pueblos de oriente
declarar la guerra al
imperialismo internacional. Pero en vez de aplastar a los obreros y los
campesinos de Rusia, lo único que han hecho ha sido endurecerlos.
Tales son los resultados
principales, el contenido principal del momento que estamos viviendo. Nos
aproximamos a victorias decisivas sobre Denikin, el último enemigo que queda en
nuestro territorio. Nos sentimos fuertes y podemos repetir mil veces que no nos
equivocamos cuando decimos que la construcción interior de la República se ha
fortalecido y que de la guerra contra Denikin saldremos muchas veces más
fuertes y más preparados para la construcción del edificio socialista,
construcción a la que durante la guerra civil hemos podido dedicar muy poco
tiempo y muy pocas fuerzas y a la que sólo ahora, al tener vía libre,
lograremos, sin duda alguna, entregarnos por completo.
En Europa Occidental observamos la descomposición del
imperialismo. Sabéis que hace un año, incluso a los socialistas alemanes —lo
mismo que a la inmensa mayoría de los socialistas, que no comprendían la
situación— les parecía que se libraba una lucha entre dos grupos del
imperialismo mundial, y creían que esa lucha era el contenido todo de la
historia y que no había fuerzas capaces de aportar algo nuevo; les parecía que
hasta los socialistas no tenían más salida que adherirse a uno de los grupos de
poderosos buitres mundiales. Así parecía a finales de octubre de 1918. Pero
vemos que desde entonces, en el transcurso de un año, se han producido en la
historia universal fenómenos sin precedente, fenómenos amplios y profundos, que
han abierto los ojos a muchos socialistas que durante la guerra imperialista
eran patrioteros y justificaban su conducta diciendo que tenían enfrente al
enemigo, que justificaban la alianza con los imperialistas ingleses y
franceses, de quienes, se decía, iban a liberar a los pueblos del yugo del
imperialismo germano. ¡Fijaos cuántas ilusiones destruyó aquella guerra! Vemos
la descomposición del imperialismo alemán, descomposición que no sólo ha
llevado a la revolución republicana, sino también a la revolución socialista.
Sabéis que, en el presente, la lucha de clases se ha hecho más aguda en
Alemania y que allí se avecina la guerra civil, la lucha del proletariado
alemán contra los imperialistas alemanes, los cuales se han disfrazado con los
colores republicanos, pero siguen siendo representantes del imperialismo.
100
Todo el mundo sabe que la
revolución social madura en Europa Occidental no por días, sino por horas, y
que lo mismo está pasando en Norteamérica y en Inglaterra, entre estas
pretendidas representantes de la cultura y la civilización y vencedoras de los
hunos, los imperialistas alemanes. Cuando las cosas llegaron a la paz de
Versalles, todo el mundo vio que era cien veces más expoliadora que la paz de
Brest— Litovsk, que nos fue impuesta a nosotros por los saqueadores alemanes;
que la paz de Versalles es el mayor golpe que han podido asestarse a sí mismos
los capitalistas y los imperialistas de esos malhadados países vencedores. La
paz de Versalles ha abierto los ojos precisamente a las naciones vencedoras y
ha demostrado que no nos encontramos ante representantes de la cultura y la
civilización, que Inglaterra y Francia son Estados, aunque democráticos,
regidos por tiburones imperialistas. La lucha interna entre esos tiburones se
desarrolla con tanta rapidez que podemos sentirnos jubilosos, pues sabemos que
la paz de Versalles es sólo una victoria aparente de los exultantes
imperialistas y que supone, en realidad, la bancarrota de todo el mundo
imperialista y hace que las masas trabajadoras se aparten decididamente de los
socialistas que durante la guerra estuvieron aliados a los representantes del
podrido imperialismo y defendieron a uno u otro de los grupos de tiburones en
pugna. Los trabajadores han abierto los ojos porque la paz de Versalles es
expoliadora y ha demostrado que, en la realidad, Francia e Inglaterra luchaban
contra Alemania para afianzar su propio dominio sobre las colonias y acrecentar
su poderío imperialista. A medida que el tiempo pasa, esa lucha interna cobra
mayores proporciones. Hoy he podido ver un radiograma de Londres, fechado el 21
de noviembre, en el que unos periodistas norteamericanos —de quienes no se
puede sospechar que simpaticen con los revolucionarios— dicen que en Francia se
observa
Informe en el II Congreso de toda Rusia de las organizaciones
comunistas de los pueblos de oriente
un odio sin precedente hacia
los norteamericanos porque éstos se niegan a ratificar el Tratado de Paz de
Versales.
Inglaterra y Francia han vencido, pero están empeñadas hasta la
camisa con Norteamérica, la cual ha decidido que, por muy vencedores que se
consideren los franceses y los ingleses, ella ha de llevarse la nata y
percibir, con creces, los intereses de su ayuda durante la guerra; y eso debe
garantizarlo la marina norteamericana, que se está construyendo ahora y que por
su magnitud adelanta a la inglesa. Y que el imperialismo rapaz de los
norteamericanos se manifiesta con tal brutalidad, lo evidencia el que los
agentes de Norteamérica compran mercancía viva, mujeres y muchachas, y las
llevan a Norteamérica, fomentando la prostitución. ¡La libre y culta
Norteamérica abastece a los prostíbulos de mercancía viva! En Polonia y en
Bélgica surgen conflictos con los agentes norteamericanos. Eso es una pequeña
ilustración de lo que ocurre, en inmensas proporciones, en cada pequeño país
que ha recibido ayuda de la Entente. Tomemos, por ejemplo, a Polonia. Veis que
agentes y especuladores norteamericanos llegan allí para comprar todas las
riquezas del país, que se jacta ahora de ser independiente. Polonia la están
comprando los agentes de Norteamérica. No hay allí ni una sola fábrica, ni una
sola rama de la industria que los norteamericanos no tengan ya en el bolsillo.
Norteamérica ha perdido hasta tal punto el recato que empieza a avasallar a la
"gran y libre vencedora", a Francia, que antes era un país de
usureros y que ahora está más que endeudada con Norteamérica, pues no tiene ya
fuerzas económicas propias, no le bastan ni su trigo ni su carbón, no puede
desarrollar en grandes proporciones sus fuerzas materiales, y Norteamérica
exige que todo el tributo sea escrupulosamente pagado. Así pues, conforme pasa
el tiempo, se ve con mayor claridad la bancarrota económica de Francia,
Inglaterra y otros poderosos países. Las elecciones en Francia han dado la
victoria a los clericales. El pueblo francés, al que engañaron diciéndole que
debía entregar todas sus energías a la lucha contra Alemania, por la libertad y
la democracia, ha sido recompensado con deudas eternas, con los escarnios de
que le hacen objeto los rapaces imperialistas norteamericanos y, además, con
una mayoría clerical de representantes de la más furibunda reacción.
La situación se ha hecho en
todo el mundo inconmensurablemente más embrollada. Nuestra victoria sobre
Kolchak y Yudénich, sobre estos lacayos del capitalismo internacional, es
grande; pero es mucho mayor, aunque no se vea tan claramente, la victoria que estamos
conquistando en escala internacional. Esta victoria consiste en la
descomposición interna del imperialismo, que no puede lanzar sus tropas contra
nosotros. La Entente ha probado a hacerlo y no ha conseguido nada, porque sus
tropas se descomponen cuando entran en contacto con las nuestras y conocen
nuestra Constitución soviética de Rusia, traducida a sus idiomas. Pese a la
influencia de los jefes del socialismo podrido, nuestra Constitución siempre
atrae las simpatías de las masas trabajadoras. La palabra "Soviet" la
comprenden ahora todos, y la Constitución soviética ha sido traducida a todos
los idiomas y la conoce cada obrero. Cada obrero sabe que la nuestra es una
Constitución de trabajadores; que el nuestro es un régimen político de trabajadores
que llaman a la victoria sobre el capitalismo internacional; sabe que todo eso
es una conquista que hemos arrancado a los imperialistas internacionales. Esta
victoria nuestra ha repercutido en cada país imperialista, ya que le hemos
quitado sus tropas, nos las hemos ganado, le hemos privado de la posibilidad de
lanzarlas contra la Rusia Soviética.
101
Han probado a guerrear con
tropas ajenas, con tropas de Finlandia, Polonia y Letonia, pero no han
conseguido nada. Hace unas semanas, el ministro británico Churchill se jactó en
un discurso pronunciado en la Cámara —se enviaron telegramas a todo el mundo
dándolo a conocer— de que se había organizado una cruzada de catorce países
contra la Rusia Soviética y que esta cruzada reportaría la victoria sobre ella
para el día de Año Nuevo. Es cierto que han participado en eso muchos países:
Finlandia, Ucrania, Polonia, Georgia, los
Informe
en el II Congreso de toda Rusia de las organizaciones comunistas de los pueblos
de oriente
checoslovacos, los
japoneses, los franceses, los ingleses, los alemanes. ¡Pero conocemos lo que ha
resultado de eso! Sabemos que los estonios han abandonado a las tropas de
Yudénich, y ahora se ha entablado en los periódicos una furiosa polémica porque
los estonios no quieren ayudarle, y Finlandia, por más que lo deseara su
burguesía, tampoco le ha prestado ayuda. Así pues, ha fracasado también el
segundo intento de embestir contra nosotros. La primera etapa fue el envío de
las fuerzas propias de la Entente, pertrechadas de tal modo con el mejor
material de guerra, que parecía que iban a vencer a la República Soviética.
Esas tropas han abandonado ya el Cáucaso, Arjánguelsk y Crimea y sólo continúan
en Múrmansk, como los checoslovacos en Siberia, pero no son más que grupos
dispersos. El primer intento, el de vencernos con sus propias tropas, terminó
en nuestra victoria. El segundo intento ha consistido en lanzar contra nosotros
a las naciones vecinas nuestras, que dependen económicamente por completo de la
Entente, y en obligarlas a ahogarnos como nido del socialismo. Pero esta
tentativa también ha fracasado; ha resultado que ninguno de esos pequeños
Estados se hallaba en condiciones de sostener tal guerra. Es más, en cada
pequeño Estado se ha acentuado el odio a la Entente. Si Finlandia no se lanzó
sobre Petrogrado cuando Yudénich había tomado ya Krásnoe Seló, fue porque
vaciló y se dio cuenta de que al lado de la Rusia Soviética podría vivir
independiente, pero que con la Entente no lograría vivir en paz. Eso les ha
pasado a todos los pueblos pequeños. Les pasa a Finlandia, Lituania, Estonia y
Polonia, donde se respira una densa atmósfera de chovinismo, pero donde alienta
el odio a la Entente, que despliega allí su explotación. Y ahora, sin exagerar
lo más mínimo, tomando en consideración con toda rigurosidad la marcha de los
acontecimientos, podemos decir que no sólo ha fracasado la primera etapa de la
guerra internacional contra la República Soviética; ha fracasado también la
segunda etapa. Ahora sólo nos queda vencer a las tropas de Denikin, que ya se
encuentran medio derrotadas.
Tal es hoy la situación en
Rusia y en el campo internacional, que he caracterizado brevemente en mi
informe. Permitidme que, como conclusión, hable de la situación que se crea
para las nacionalidades de Oriente. Vosotros representáis a las organizaciones
comunistas y a los partidos comunistas de distintos pueblos de Oriente. Debo
decir que si los bolcheviques rusos han conseguido abrir una brecha en el viejo
imperialismo, imponiéndose la tarea extraordinariamente difícil, pero
extraordinariamente grata, de abrir nuevos caminos a la revolución, a vosotros,
los representantes de las masas trabajadoras de Oriente, os espera una tarea
más grande y más nueva todavía. Se hace bien evidente que la revolución
socialista, que se aproxima para todo el mundo, no consistirá en absoluto sólo
en la victoria del proletariado de cada país sobre su burguesía. Eso sería
posible si las revoluciones se desarrollaran fácil y rápidamente. Sabemos que
los imperialistas no lo consentirán, que todos los países están armados contra
su bolchevismo interior y sólo piensan en cómo vencer al bolchevismo en su
propia casa. Por eso madura en cada país la guerra civil, para la cual la
burguesía moviliza a los viejos socialistas conciliadores. Así pues, la
revolución socialista no será única y principalmente una lucha de los
proletarios revolucionarios de cada país contra su burguesía; no, será una
lucha de todas las colonias y de todos los países oprimidos por el
imperialismo, de todos los países dependientes, contra el imperialismo internacional.
En el Programa de nuestro partido, adoptado en marzo del año en curso, decimos,
al caracterizar el acercamiento de la revolución social en el mundo entero, que
la guerra civil de los trabajadores contra los imperialistas y los explotadores
en todos los países adelantados empieza a fundirse con la guerra nacional
contra el imperialismo internacional. Eso lo confirma la marcha de la
revolución, y cada vez se verá más confirmado. Lo mismo pasará en Oriente.
Sabemos que las masas
populares se levantarán en Oriente como participantes independientes y
creadoras de una nueva vida, porque millones y millones de personas pertenecen
allí a las naciones dependientes, de derechos mermados, que hasta ahora han
sido objeto de la política internacional del imperialismo y que para la cultura
y la civilización
Informe en el II Congreso de toda Rusia de las organizaciones
comunistas de los pueblos de oriente
capitalistas existían sólo
como abono. Y cuando se habla de la distribución de mandatos sobre las
colonias, sabemos perfectamente que se trata de una distribución de mandatos
para el robo, para el saqueo, de la concesión a una parte insignificante de la población
de la Tierra del derecho a explotar a la mayoría de la población del globo
terrestre. Esta mayoría, que se encontraba hasta ahora completamente al margen
del progreso histórico porque no podía constituir una fuerza revolucionaria,
independiente, a principios del siglo XX dejó de desempeñar, como sabemos, ese
papel pasivo. Sabemos que después de 1905 hubo revoluciones en Turquía, en
Persia y en China, que en la India se desarrolló el movimiento revolucionario.
102
La guerra imperialista
contribuyó asimismo al desarrollo del movimiento revolucionario porque hubo que
hacer participar en la lucha de los imperialistas de Europa a regimientos
enteros formados por los pueblos de las colonias. La guerra imperialista despertó
también al Oriente, arrastró a sus pueblos a la órbita de la política
internacional. Inglaterra y Francia armaron a los pueblos de las colonias y les
ayudaron a conocer el material de guerra y las máquinas modernas. Estos pueblos
aprovecharán contra los señores imperialistas los conocimientos adquiridos.
Tras el período del despertar de Oriente, en la revolución actual empieza un
período en el que todos los pueblos orientales participarán en la decisión de
los destinos del mundo entero, y lo harán para no ser únicamente una fuente de
enriquecimiento. Los pueblos de Oriente se despiertan para actuar prácticamente
y para que cada pueblo decida la suerte de toda la humanidad.
Por eso creo que en la
historia del desarrollo de la revolución mundial, que, a juzgar por el
comienzo, durará muchos años y exigirá muchos esfuerzos, estáis llamados a
desempeñar un gran papel en la lucha revolucionaria, en el movimiento
revolucionario, y a fundiros en esa lucha con la que libramos nosotros contra
el imperialismo internacional. Vuestra participación en la revolución
internacional os planteará una compleja y difícil tarea, cuya solución servirá
de base para el éxito común, porque en Oriente la mayoría de la población se
levanta por vez primera a un movimiento independiente y será un factor activo
en la lucha por derrocar al imperialismo internacional.
La mayoría de los pueblos de
Oriento se encuentra en peor situación que Rusia, el país más atrasado de
Europa; pero nosotros hemos logrado unir en la lucha contra las supervivencias
del feudalismo y contra el capitalismo a los campesinos y los obreros rusos, y
nuestra lucha se ha desarrollado con tanta facilidad precisamente porque los
campesinos y los obreros se unieron contra el capitalismo y el feudalismo. La
ligazón con los pueblos de Oriente tiene particular importancia, ya que la
mayoría de esos pueblos son representantes típicos de la masa trabajadora; no
son obreros que han pasado por la escuela de las fábricas capitalistas, sino
típicos representantes de la masa campesina trabajadora y explotada, que sufre
una opresión medieval. La revolución rusa ha mostrado que los proletarios,
vencedores del capitalismo, se levantaron victoriosamente contra la opresión
medieval, unidos a la masa dispersa constituida por los millones de campesinos
trabajadores. Ahora, nuestra República Soviética tiene que agrupar en torno
suyo a todos los pueblos de Oriente, que despiertan, para luchar junto a ellos
contra el imperialismo internacional.
Vosotros tenéis planteada
una tarea que no se había planteado antes a los comunistas de todo el mundo:
apoyándoos en la teoría y la práctica comunes a todos los comunistas, debéis
saber aplicar esa teoría y esa práctica, adaptándoos a condiciones específicas
que no se dan en los países europeos; a condiciones en las que la masa
fundamental la constituye el campesinado, y la tarea a resolver no es la lucha
contra el capitalismo, sino contra las supervivencias del medioevo. Es ésta una
tarea difícil y específica, pero extraordinariamente grata, pues se atrae a la
lucha a una masa que no ha participado todavía en ella; por otra parte, gracias
a la organización de células comunistas en Oriente, podréis establecer la
ligazón más estrecha con la III Internacional. Debéis hallar las formas
específicas de esa unión
Informe en el II Congreso de toda Rusia de las organizaciones
comunistas de los pueblos de oriente
de los proletarios avanzados
de todo el mundo con las masas trabajadoras y explotadas de Oriente, que en
muchos casos viven en condiciones medievales. En pequeña escala, hemos
realizado en nuestro país lo que vosotros realizaréis en gran escala, en grandes
países. Confío en que esta segunda tarea la cumpliréis con éxito. Gracias a las
organizaciones comunistas de Oriente, representadas aquí por vosotros, estáis
ligados al proletariado revolucionario de vanguardia. Tenéis planteada la tarea
de seguir preocupándoos de que en el interior de cada país se haga propaganda
comunista en un lenguaje comprensible para el pueblo.
De por sí se comprendo que
sólo puede vencer definitivamente el proletariado de todos los países avanzados
del mundo, y nosotros, los rusos, comenzamos la obra que consolidará el
proletariado inglés, francés o alemán; pero vemos quo ellos no vencerán sin la
ayuda de las masas trabajadoras de todos los pueblos coloniales oprimidos y, en
primer lugar, de los pueblos de Oriente. Debernos comprender que la vanguardia
sola no puede llevar a cabo el paso al comunismo. La tarea consiste en
despertar la actividad revolucionaria para que las masas trabajadoras pongan de
manifiesto su iniciativa y se organicen independientemente de su nivel; en
traducir la verdadera doctrina comunista, destinada a los comunistas de países
más avanzados, a la lengua de cada pueblo; en realizar las tareas prácticas,
que se deben realizar sin demora alguna, y en fundirse en la lucha común con
los proletarios de los demás países.
103
Esas son tareas cuya solución no encontraréis en ningún libro
comunista, pero sí en la lucha común que ha empezado Rusia. Tendréis que
plantear esa tarea y resolverla vosotros mismos, con vuestra propia
experiencia. En ello os ayudará, de una parte, la estrecha unión con la
vanguardia de todos los trabajadores de los demás países, y, de otra, el saber
acercaros a los pueblos de Oriente, a los que representáis aquí. Tendréis que
apoyaros en el nacionalismo burgués que despierta en estos pueblos, nacionalismo
que no puede menos de despertar y que tiene su justificación histórica. Al
mismo tiempo, debéis abriros camino hacia las masas trabajadoras y explotadas
de cada país y decirles, en un lenguaje comprensible para ellas, que la única
esperanza de liberación es la victoria de la revolución internacional y que el
proletariado internacional es el único aliado de todos los trabajadores y
explotados de los pueblos de Oriente, integrados por centenares de millones de
hombres.
Esa es la tarea de
extraordinarias proporciones que tenéis planteada y que, gracias a la época de
la revolución y al desarrollo del movimiento revolucionario —de ello no cabe
dudar—, será resuelta con éxito y llevada hasta la victoria completa sobre el imperialismo
internacional por los esfuerzos aunados de las organizaciones comunistas de
Oriente.
Publicado el 20 de
diciembre de 1919 en el núm. 9
de "Izvestia del CC del PC(b) de
Rusia".
T. 89, págs. 818-831.
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
104
VIII CONFERENCIA DE TODA RUSIA DEL PC(b)R.
2-4 de diciembre de
1919.
1. Discurso de
apertura de la conferencia, 2 de diciembre.
Camaradas: En nombre del
Comité Central del PCR (bolchevique) declaro abierta la conferencia de toda
Rusia de nuestro partido.
Camaradas, según los
Estatutos del partido, las conferencias de este tipo deberían reunirse cada
tres meses, pero la grave situación que atravesábamos hace unos meses a causa
de la guerra nos obligó a poner en tensión nuestras energías y a reducir en tal
medida todos los organismos de los Soviets y del partido que no nos fue
posible, por desgracia, cumplir al pie de la letra lo establecido en los
Estatutos, y la conferencia fue postergada.
Camaradas, convocamos esta
conferencia, en relación con el congreso de los Soviets54, en un momento en que hemos logrado una mejora gigantesca en
los frentes, y en que estamos convencidos de que nos encontramos en vísperas de
un formidable viraje positivo en la situación internacional, en el terreno
militar y con respecto a nuestro desarrollo interno. Las tareas que se nos
plantean han sido discutidas con frecuencia en las reuniones del partido y en
la prensa, y volveremos a ellas al discutir los diferentes puntos concretos del
orden del día. Pasaré, por lo tanto, directamente a las cuestiones prácticas y
propongo que se elija una presidencia para la conferencia.
Os ruego que hagáis propuestas sobre este punto.
2. Informe político
del Comité Central. 2 de diciembre.
(Aplausos .) Camaradas: Formalmente, el presente informe del Comité
Central debería ofreceros fundamentalmente un resumen de la experiencia
adquirida durante el período que analizamos. Debo decir que ese enfoque
—limitarse a la historia, o por lo menos, hacer un informe que gire
principalmente en torno a la historia— está demasiado lejos del espíritu de los
tiempos que atravesamos y de las tareas que tenemos planteadas. En el actual
informe, que también querría presentar al congreso de los Soviets, me propongo
llevar el centro de gravedad no tanto a describir lo que hemos vivido, sino más
a la experiencia que estamos sacando y que debemos sacar para nuestra actividad
práctica inmediata.
Aunque podemos afirmar sin
exageración que durante el período que analizamos hemos logrado éxitos inmensos
y aunque hayamos dejado atrás nuestra dificultad fundamental, tenemos todavía
ante nosotros dificultades que son, sin duda, de primera magnitud. Como es
natural, el partido debe concentrar toda su atención en la solución de esos
problemas, y se puede permitir realizar incursiones en la historia en la medida
en que ello sea absolutamente necesario para resolver los problemas que tenemos
planteados.
Es lógico que durante el
período que existe el Poder soviético, el problema de la guerra haya sido,
insoslayablemente, en el que más hemos centrado nuestra atención. La guerra
civil, como es natural, lo relegó todo a segundo plano y, se sobrentiende, en nuestra
lucha por la existencia tuvimos que retirar a las mejores fuerzas del partido
de otras tareas y de otras actividades y destinarlas a las tareas de la guerra.
No podía ser de otro modo en una situación
![]()
54 Tratase del VII Congreso de los Soviets de toda Rusia; tuvo
lugar del 5 al 9 de diciembre de 1919, en Moscú.
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
de guerra. Pero en cambio,
por mucho que se haya resentido el trabajo en numerosas esferas de la actividad
gubernamental y del partido debido a este apartamiento de fuerzas, en el
terreno militar hemos logrado realmente una concentración de fuerzas tan extraordinaria
y hemos alcanzado tan excelentes resultados como nunca habrían considerado
posibles, no ya nuestros adversarios, no ya los vacilantes, sino,
probablemente, incluso la mayoría de los nuestros.
Mantenerse durante dos años
frente a todos nuestros enemigos, que estaban apoyados directa e
indirectamente, primero por el imperialismo alemán, y luego por el imperialismo
de la Entente mucho más poderoso, que domina todo el mundo; mantenerse durante
dos años en un país tan arruinado y tan atrasado, era un problema tal que su
solución ha sido un "milagro" indudable. Considero, por lo tanto, que
debemos analizar cómo fue posible realizar este "milagro" y qué
conclusiones prácticas pueden sacarse de ello, conclusiones que nos permitirán
decir en forma terminante —y creo que podemos decirlo en forma terminante— que
por grandes que sean las dificultades de nuestro desarrollo interno las
superaremos en un futuro cercano, con el mismo éxito con que hemos resuelto los
problemas de la defensa militar.
105
El imperialismo mundial, que
fue en realidad el causante de la guerra civil en nuestro país y el responsable
de su prolongación, ha sufrido en estos dos años derrotas, y en primer lugar
debemos preguntarnos: ¿cómo es posible que hayamos conseguido un éxito tan
formidable en la lucha contra el imperialismo mundial que sin duda aún hoy es
mucho más fuerte que nosotros? Para hallar respuesta a esta pregunta, debemos
hacer un examen general de la historia de la guerra civil en Rusia, de la
historia de la intervención de la Entente. En esta guerra debemos distinguir
ante todo dos períodos que se diferencian radicalmente conforme a los métodos
de actuación empleados por la Entente, dos períodos o dos métodos fundamentales
de dirigir las operaciones militares contra Rusia.
Cuando la Entente derrotó a
Alemania, al principio se apoyó, naturalmente, en sus propias tropas para
aplastar a la República Soviética de Rusia. Y huelga decir que si la Entente
hubiese podido utilizar aunque no fuese más que una pequeña parte de los gigantescos
ejércitos que quedaron disponibles después de la derrota de Alemania; si
hubiese podido utilizar de un modo adecuado contra la República Soviética rusa
aunque sólo fuese la décima parte de esos ejércitos, se sobrentiende que no
habríamos podido hacerles frente. El primer período de la guerra civil en Rusia
se caracteriza por el fracaso de la tentativa de la Entente de aplastar a la
República Soviética con sus propias tropas. La Entente tuvo que retirar las
tropas inglesas que operaban en el frente de Arjánguelsk. El desembarco de
tropas francesas en el Sur de Rusia terminó con una serie de levantamientos de
los marineros franceses; y en los momentos actuales, por muy frenéticamente que
actúe la censura militar —no hay guerra, pero la antigua censura militar, ahora
censura no militar, sigue existiendo en Inglaterra y Francia, países
supuestamente libres—, y por muy escasos que sean los ejemplares de los
periódicos que lleguen a nuestras manos, tenemos sin embargo datos documentales
precisos de Inglaterra y Francia, que revelan que la prensa francesa se hizo
eco, por ejemplo, de las noticias sobre el levantamiento de los marineros de
los barcos de guerra franceses en el mar Negro; que la condena a trabajos
forzados de varios marineros franceses se conoció en Francia; que toda la
prensa comunista, toda la prensa obrera revolucionaria de Francia e Inglaterra,
se refiere a estos hechos; que, por ejemplo, el nombre de la camarada Juana
Labourbe, fusilada por los franceses en Odesa por realizar propaganda bolchevique,
se ha convertido en consigna para la prensa obrera socialista francesa, no sólo
para la del ala comunista, sino incluso para un periódico como L'Humanité que, en realidad, en cuanto a
sus principios fundamentales, está mucho más cerca del punto de vista de
nuestros mencheviques y eseristas, incluso para ese periódico el nombre de
Labourbe se ha convertido en consigna de lucha contra el imperialismo francés,
en favor de la no intervención en los
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
asuntos de Rusia. Del mismo
modo, en la prensa obrera inglesa se han comentado cartas de los soldados
ingleses del frente de Arjánguelsk. De todo ello poseemos datos documentales
totalmente auténticos. Es evidente, por lo tanto, que el enorme cambio, de que
siempre hablábamos y que tan profundamente deseábamos, ha tenido lugar; sin
duda alguna se ha convertido en un hecho, aunque el proceso haya sido
extraordinariamente lento.
El curso de los acontecimientos tenía, inevitablemente, que
provocar ese cambio.
Precisamente los países que
fueron considerados, y aún son considerados, los más democráticos, civilizados
y cultos, han librado la guerra contra Rusia recurriendo a los medios más
brutales y sin ápice de legalidad. Se acusa a los bolcheviques de violar la
democracia; ése es el argumento más socorrido, que emplean contra nosotros los
mencheviques y eseristas y toda la prensa burguesa de Europa. Pero ni uno solo
de esos Estados democráticos se ha arriesgado ni podrá arriesgarse, de acuerdo
con las leyes de su propio país, a declarar la guerra a la Rusia Soviética.
Paralelamente se despliega una protesta, imperceptible, pero muy profunda, por
parte de la prensa obrera, que se pregunta si hay en "la constitución — en
la Constitución de Francia, de Inglaterra y de Estados Unidos — leyes que
permitan hacer una guerra sin haberla declarado y sin haber consultado al
Parlamento. La prensa de Inglaterra, Francia y Estados Unidos ha propuesto
procesar a los jefes de esos Estados por delito de alta traición, por haber declarado
la guerra sin la autorización del Parlamento. Tales propuestas se han hecho,
aunque, es verdad, en periódicos que aparecen no más de una vez por semana, que
son confiscados probablemente no menos de una vez por mes, y cuya tirada no
pasa de algunos cientos o miles de ejemplares. Los dirigentes de los partidos
gubernamentales responsables pueden permitirse ignorar esos periódicos. Pero
hay que tener en cuenta al respecto dos tendencias fundamentales: las clases
dominantes publican en el mundo entero millones de ejemplares de conocidos
diarios capitalistas, atestados de increíbles mentiras y calumnias contra los
bolcheviques. Pero por abajo, las masas obreras se enteran, por los soldados
que han regresado de Rusia, de la falsedad de toda esa campaña. Y eso es lo que
ha obligado a la Entente a retirar sus fuerzas de Rusia.
106
Cuando dijimos desde el primer momento que lo apostábamos todo
por la revolución mundial, se rieron de nosotros, y cientos de veces se afirmó,
y aún se afirma, que eso es una quimera. En los dos últimos años hemos obtenido
el material preciso para poder verificarlo. Si esa apuesta se interpreta en el
sentido de esperar que se produzca en Europa una insurrección rápida e
inmediata, sabemos que no fue así. Sin embargo, demostró ser profundamente
justa y desde el comienzo mismo eliminó toda posibilidad de una intervención
armada de la Entente; después de dos años, y sobre todo después de la derrota
de Kolchak y luego de la retirada de las fuerzas inglesas de Arjánguelsk y de
todo el Frente Norte, eso es un hecho histórico incuestionable. Para
aplastarnos habría bastado un contingente mínimo de los ejércitos con que
contaba la Entente. Pero pudimos vencer al enemigo porque en los momentos más
difíciles se manifestó en favor de nosotros la simpatía de los obreros de todo
el mundo. Logramos así salir honrosamente de este primer período de la invasión
de la Entente. Recuerdo que en un artículo, creo que de Rádek, se decía que el
contacto de las tropas de la Entente con el suelo ardiente de Rusia, que
provocó el incendio de la revolución socialista, encendería también a esas
tropas. Los hechos demostraron que así sucedió en realidad. Huelga decirlo, el
proceso que está teniendo lugar entre los soldados y marineros ingleses y
franceses que conocen los nombres de los fusilados por hacer agitación
bolchevique, por débil que sea ese proceso, y por débiles que sean allí las
organizaciones comunistas, cumple una labor gigantesca. Los resultados están a
la vista: ha obligado a los países de la Entente a retirar sus tropas. Sólo eso
nos ha dado la primera gran victoria.
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
El segundo método o segundo
sistema empleado por la Entente en su lucha fue utilizar contra nosotros a los
pequeños Estados. A fines de agosto del presente año un periódico sueco55 publicó la noticia de que el ministro de la Guerra inglés,
Churchill, había declarado que 14 Estados atacarían a Rusia, de modo que la
caída de Petrogrado y de Moscú era cosa segura en muy breve plazo, a más tardar
para fin de año. Creo que Churchill negó más tarde haber hecho esa declaración,
y dijo que era una invención de los bolcheviques. Sin embargo, conocemos
exactamente qué periódico sueco publicó esa noticia. Afirmamos, por lo tanto,
que la información procede de fuentes europeas. Además, los hechos la
confirman. Hemos comprobado con absoluta exactitud en el ejemplo de Finlandia y
Estonia que la Entente hizo todos los esfuerzos posibles para obligar a esos
países a atacar a la Rusia Soviética. Tuve oportunidad de leer un editorial del
periódico inglés The Times sobre el
problema de Finlandia56, en momentos en que las tropas de
Yudénich estaban a pocas verstas de Petrogrado y la ciudad se encontraba en
gran peligro. El editorial destilaba ira e indignación y estaba escrito con un
apasionamiento increíble, desacostumbrado en ese periódico (por lo general,
esos periódicos emplean un lenguaje diplomático, similar al que empleaba en
Rusia el Riech57 de
Miliukov). Constituía la más furiosa proclama dirigida a Finlandia y planteaba
el problema abiertamente: la suerte del mundo dependía de Finlandia, ya ella
dirigían la mirada todos los países capitalistas civilizados. Sabemos que ése
era un momento decisivo, cuando las tropas de Yudénich se hallaban a pocas
verstas de Petrogrado. Que Churchill haya hecho o no la declaración mencionada,
no cambia las cosas; lo cierto es que siguió esa política. Bien se sabe la
presión que ejerció la Entente sobre esos pequeños países creados con
precipitación, débiles y totalmente dependientes de la Entente hasta en
problemas esenciales como el del abastecimiento de víveres y en todas las demás
cuestiones. No pueden zafarse de esa dependencia. Todo tipo de presión,
financiera, de abastecimiento de víveres y militar, se puso en práctica para
obligar a Estlandia, Finlandia y también, indudablemente, a Letonia, Lituania y
Polonia, para obligar a todo ese conjunto de Estados a que nos hicieran la
guerra. La historia de la última campaña de Yudénich contra Petrogrado demostró
definitivamente que el segundo método aplicado por la Entente para conducir la
guerra ha fracasado. No cabe la menor duda de que la más pequeña ayuda de
Finlandia o un poco más de ayuda de Estlandia habrían bastado para decidir la
suerte de Petrogrado. No hay tampoco ninguna duda de que, percatándose de la
gravedad de la situación, la Entente hizo todo lo posible por obtener esa
ayuda, pero sin embargo fracasó.
Fue ésta la segunda gran
victoria internacional que logramos, y una victoria más compleja que la
primera. La primera se logró porque resultó realmente imposible mantener en
territorio ruso a las tropas francesas e inglesas: no combatían, sino que
proveían a Inglaterra y Francia de rebeldes, que levantaban a los obreros
ingleses y franceses contra sus propios gobiernos. Pero ha resultado que,
aunque a Rusia la han rodeado y la rodean deliberadamente con un anillo de
pequeños Estados, creados y mantenidos evidentemente para la lucha contra el
bolchevismo, también este arma se vuelve contra la Entente. En todos esos
Estados hay gobiernos burgueses y en esos gobiernos, casi siempre hay
conciliadores burgueses, personas que, en virtud de su posición de clase, están
contra los bolcheviques.
![]()
55
Lenin
se refiere al Folkets Dagblad Politiken
("Diario Político Popular"), periódico de los socialdemócratas de
izquierda suecos que constituyeron en 1917 el Partido Socialdemócrata de
Izquierda de Suecia; se publicó en Estocolmo desde abril de 1916. En 1921 el
Partido Socialdemócrata de Izquierda de Suecia ingresó en la Internacional
Comunista y adoptó el nombre de Partido Comunista; el periódico era su órgano.
Después de la escisión del Partido Comunista de Suecia en octubre de 1929 el
periódico pasó a manos de su ala derecha. Dejó de publicarse en mayo de 1945.
56 Lenin alude al artículo Finland
and the Bolshevists ("Finlandia y los bolcheviques"), publicado
el 24 de octubre de 1919 en el periódico The
Times, núm. 42.239.
57 "Riech" ("La Palabra"): diario, órgano central del
Partido Demócrata Constitucionalista; apareció en San Petersburgo desde el 23
de febrero (8 de marzo) de 1906 bajo la redacción virtual de P. Miliukov hasta
el 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917 en que fue clausurado por el Comité
Militar Revolucionario anejo al Soviet de Petrogrado. Más tarde continuó
apareciendo con otros nombres (hasta agosto de 1918).
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
Todas esas naciones son, por
supuesto, absolutamente hostiles a los bolcheviques, pero pese a ello hemos
conseguido atraer a nuestro lado a esos burgueses y conciliadores. Parece
increíble, pero es así, porque cada uno de estos Estados, después de su experiencia
en la guerra imperialista, no puede dejar de vacilar ante el problema de si le
conviene ahora luchar contra los bolcheviques, cuando el otro pretendiente al
poder en Rusia, un pretendiente que da motivo para considerarlo aliado, es
Kolchak o Denikin, es decir, un representante de la antigua Rusia imperialista;
y no cabe la menor duda de que Kolchak o Denikin representan a la antigua
Rusia. Por lo tanto, se nos ha presentado la oportunidad de utilizar otra
brecha abierta en el campo del imperialismo.
107
Durante los primeros meses
posteriores a nuestra revolución pudimos sostenernos porque los imperialistas
alemanes e ingleses luchaban a muerte entre sí, y después de esos seis meses
pudimos sostenernos otro semestre y más porque las tropas de la Entente no
estaban en condiciones de luchar contra nosotros, pero el año siguiente, año
del que debemos rendir cuentas aquí en forma especial, salimos adelante con
éxito porque el intento de las grandes potencias, bajo cuya influencia están
sin duda todos los pequeños países, el intento de esas grandes potencias de
movilizar a los pequeños países contra nosotros fracasó, debido a la
contradicción entre los intereses del imperialismo internacional y los
intereses de dichos países. Cada uno de los pequeños países ha sentido ya en
carne propia las garras de la Entente. Ellos saben que cuando los capitalistas
franceses, norteamericanos e ingleses dicen: "Os garantizamos la
independencia", ello quiere decir en la práctica: "Nos adueñamos de
todas vuestras fuentes de riqueza y os avasallamos. Además, os tratamos con la
insolencia de un oficial que llega a un país extranjero a mandar y a especular,
sin tener en cuenta la opinión de nadie". Saben que en todos esos países
el embajador inglés tiene más importancia que el rey o el Parlamento local. Y
si hasta ahora los demócratas pequeñoburgueses no fueron capaces de comprender
esta verdad, la realidad los obliga a comprenderla. Ha resultado que para los
elementos burgueses y pequeñoburgueses de los pequeños países que los imperialistas
saquean, nosotros somos, si no aliados, por lo menos vecinos más seguros y
útiles que los imperialistas.
Esta es la segunda victoria que hemos alcanzado sobre el
imperialismo internacional.
Por ello tenemos ahora
derecho a decir que hemos dejado atrás las principales dificultades. No cabe la
menor duda de que la Entente hará todavía muchos intentos de intervenir
militarmente en nuestros asuntos. Aunque las últimas victorias sobre Kolchak y Yudénich
han hecho decir a los representantes de todas estas potencias que la campaña
contra Rusia no tiene perspectivas y proponernos la paz, debemos comprender
claramente el significado de esas declaraciones. Os ruego que no toméis notas
de lo que voy a decir ahora...
Puesto que hemos logrado
arrancar reconocimientos de este tipo a intelectuales burgueses, a nuestros
enemigos implacables, tenemos derecho a decir que el Poder soviético cuenta con
las simpatías, no sólo de la clase obrera, sino también de amplios círculos de
intelectuales burgueses. El hombre común, la pequeña burguesía, los que
vacilaron en la furiosa batalla entre el trabajo y el capital, se han puesto
ahora decididamente de nuestro lado, y podemos, hasta cierto punto, contar con
su apoyo.
Debemos tener en cuenta esta
victoria y si la vinculamos a la forma en que logramos a la larga la victoria
sobre Kolchak, la conclusión es aún más convincente... podéis seguir tomando
notas; terminó la diplomacia.
Si nos preguntamos qué
fuerzas determinaron nuestra victoria sobre Kolchak, debemos reconocer que la
victoria sobre Kolchak, a pesar de que éste operaba en un territorio donde el
proletariado era minoría y donde no podíamos prestar al campesinado una ayuda
inmediata y real para derrocar el poder de los terratenientes, como lo hicimos
en Rusia; a
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
pesar de que Kolchak comenzó
en un frente apoyado por los mencheviques y los eseristas, que crearon el
frente de la Asamblea Constituyente, y a pesar de que se daban allí las mejores
condiciones para la formación de un gobierno que podía contar con la ayuda del
imperialismo mundial; a pesar de todo ello, el experimento terminó en la
derrota total de Kolchak. Tenemos derecho a sacar de ello la siguiente
conclusión, conclusión de gran importancia para nosotros y que debe guiarnos en
toda nuestra actividad: históricamente,
triunfa la clase que puede conducir tras de sí a la masa de la población.
Los mencheviques y eseristas siguen hablando
de la Asamblea Constituyente, de la voluntad de la nación, etc., pero durante
todo este tiempo la experiencia nos ha convencido de que en una época
revolucionaria la lucha de clases se desarrolla enconadamente, pero sólo puede
conducir a la victoria cuando la clase que sostiene la lucha es capaz de
conducir a la mayoría de la población. En este sentido, la prueba que se ha hecho,
no por medio del voto con boletas, sino por medio de la experiencia de más de
un año de la lucha más dura y más sangrienta, que exigió sacrificios cien veces
mayores que cualquier lucha política; esta experiencia en relación con Kolchak
ha demostrado que ejercemos el poder de esa clase cuya mayoría somos capaces de
dirigir mejor que ningún otro partido, incorporando a nuestras filas, como
amigos y aliados, a los campesinos. El ejemplo de Kolchak lo ha demostrado. Y
en el terreno social, este ejemplo es para nosotros la última enseñanza. Revela
con quiénes podemos contar y quiénes están contra nosotros.
No importa cuánto hayan
debilitado a la clase obrera la guerra imperialista y la ruina económica, ella
ejerce sin embargo la dirección política, pero no podría hacerlo si no se
hubiese atraído, como aliada y amiga, a la mayoría de la población trabajadora
constituida en Rusia por el campesinado. Esto ha sucedido en el Ejército Rojo,
donde pudimos utilizar a especialistas, la mayoría de los cuales estaban contra
nosotros, y crear un ejército que, según reconocen nuestros enemigos, los
eseristas, como lo evidencia una resolución de la última reunión del Consejo de
su partido, es un ejército popular y no de mercenarios58.
108
La clase obrera pudo crear
un ejército, la mayor parte del cual no pertenece a esa clase, y pudo utilizar
los servicios de especialistas hostiles a ella solamente porque supo conducir y
convertir en amigos y aliados suyos a esa masa de trabajadores que está
vinculada a la pequeña hacienda, a la propiedad y que, por lo tanto, está muy
interesada en la libertad de comercio, es decir, en el capitalismo, en el
retorno del poder del dinero. Esta es la causa principal de todo lo que hemos
logrado en los últimos dos años. En todo nuestro trabajo posterior, en todas
nuestras actividades posteriores, en esas actividades que deben iniciarse en la
Ucrania que se está liberando, en el trabajo de organización que se desplegará
con toda su dificultad e importancia después de la victoria sobre Denikin,
debemos tener siempre presente esta enseñanza fundamental, debemos recordarla
más que nada en el mundo. Yo creo que en eso consisten sobre todo y a eso se
reducen en síntesis los resultados políticos de nuestra actividad.
Camaradas, se ha dicho que
la guerra es la continuación de la política. Hemos podido comprobarlo en
nuestra propia guerra. La guerra imperialista, que fue la continuación de la
política de los imperialistas, de las clases dominantes, de los terratenientes
y capitalistas, provocó la hostilidad de las masas populares y fue el mejor
medio para revolucionarlas. En nuestro país, en Rusia, la guerra imperialista
ayudó al derrocamiento de la monarquía, ayudó a abolir la propiedad
terrateniente y a derrocar a la burguesía, todo lo cual se realizó con
increíble facilidad, porque la guerra imperialista era la continuación y la
agravación de la política imperialista que se volvió más descarada. Nuestra
guerra, a su vez, era la continuación de nuestra política comunista, de la
política del proletariado. Leemos aún en los periódicos mencheviques y
eseristas, y oímos decir a los vacilantes y a los sin partido:
![]()
58 Tratase de la resolución del IX Consejo
del partido eserista "Actitud ante el Ejército Rojo", publicada en Prilozheniek Listkú Diela 0aroda
("Suplemento de la Hoja La Causa del Pueblo), núm. 2.
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
"Prometisteis la paz y
nos disteis una guerra; habéis engañado a los trabajadores". Y nosotros
decimos que las masas trabajadoras, aunque no han estudiado marxismo, han
aprendido perfectamente cuál es la diferencia entre la guerra imperialista y la
guerra civil, lo han aprendido gracias a su instinto de clase, al instinto de
los oprimidos, que experimentaron durante décadas en carne propia qué son el
terrateniente y el capitalista. Todos aquellos que durante décadas sufrieron
opresión en carne propia comprenden la diferencia entre las guerras. La guerra
imperialista fue la continuación de la política imperialista; sublevó a las
masas contra sus amos. La guerra civil contra los terratenientes y capitalistas
es continuación de la política que tiene por finalidad el derrocamiento del
poder de esos terratenientes y capitalistas, y cada mes del desarrollo de la
guerra fue fortaleciendo los vínculos entre la masa trabajadora y el
proletariado que ha asumido la dirección de la guerra. No importa cuán
numerosas hayan sido las pruebas, no importa cuán frecuentes hayan sido las
grandes derrotas, no importa cuán graves hayan sido esas derrotas, no importa
cuántas veces el enemigo haya obtenido tremendas victorias y la existencia del
Poder soviético haya pendido de un hilo —hubo momentos así, y no cabe duda de
que la Entente aún intentará luchar contra nosotros —; debemos afirmar que la
experiencia que hemos hecho es muy importante. Esta experiencia ha mostrado que
la guerra fortalece la conciencia política de las masas trabajadoras y les hace
ver la superioridad del Poder soviético. Los ingenuos o los que están saturados
de los prejuicios de la antigua pequeña burguesía y del antiguo parlamentarismo
democrático-burgués esperan que los campesinos decidan por medio de boletas
electorales a quiénes seguirán, a los comunistas bolcheviques o a los
eseristas; no quieren reconocer ningún otro tipo de decisión, porque son
partidarios de los derechos del pueblo, de la libertad, de la Asamblea
Constituyente, etc. Pero los hechos han obligado al campesino a verificar el
problema en la práctica. Después de dar la mayoría en la Asamblea Constituyente
a los eseristas, después que fracasó la política de los eseristas y cuando los
campesinos tuvieron que entenderse con los bolcheviques en la práctica,
comprendieron que el nuestro es un poder firme, un poder que exige mucho, un
poder capaz de asegurar el cumplimiento de esas exigencias a toda costa, un
poder que entiende que el deber incondicional del campesino es prestar pan al
hambriento, aunque sea sin recibir un equivalente; comprendieron que el nuestro
es un poder que asegurará el pan al hambriento, a costa de cualquier cosa. El
campesino vio esto y comparó nuestro poder con el de Kolchak y Denikin, e hizo
su opción, no por medio de la urna electoral, sino resolviendo la cuestión en
la práctica, cuando hizo la experiencia de ambos tipos de poder. Y el campesino
resuelve y seguirá resolviendo el problema a nuestro favor.
Esto es lo que nos ha
enseñado la historia de la derrota de Kolchak y lo que demuestran nuestras
victorias en el Sur. Por ello decimos que, en efecto, las masas, millones de
personas que viven en las aldeas, millones de campesinos, se ponen
definitivamente a nuestro lado. Creo que ésta es la principal lección política
que hemos aprendido en este período y que debemos aplicar a los problemas de
organización interna, que, con la victoria sobre Denikin, estarán en el orden
del día, ya que ahora podemos concentrarnos en el desarrollo interno.
109
La acusación principal que
nos hacía la pequeña burguesía europea se refería a nuestro terrorismo, a
nuestra brutal represión de la intelectualidad y de la pequeña burguesía.
"Ustedes y sus gobiernos nos han impuesto todo esto", les respondemos.
Y cuando se nos echa en cara el terror, respondemos: "Cuando se
abalanzaron sobre nosotros países que disponían de la flota mundial, que tenían
fuerzas armadas cien veces superiores a las nuestras, y obligaron a los
pequeños Estados a librar la guerra contra nosotros, ¿eso no era terror?"
Fue verdadero terror unirse todas las potencias contra un país que figuraba
entre los más atrasados y más debilitados por la guerra. Hasta Alemania ha
estado ayudando a la Entente, desde la época en que, antes de ser derrotada,
abastecía a Krasnov, hasta el día de hoy, en que esa misma Alemania nos bloquea
y ayuda en forma directa a nuestros enemigos. Esa campaña del imperialismo
mundial, esa campaña militar contra nosotros, ese soborno a
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
los conspiradores dentro del
país, ¿acaso todo eso no era terror? Nuestro terrorismo tuvo por causa que se
abalanzaran sobre nosotros fuerzas militares contra las cuales tuvimos que
poner en increíble tensión todas nuestras fuerzas. Dentro del país tuvimos que
actuar tenazmente y concentrar todas nuestras fuerzas. No queríamos llegar a
vernos —y decidimos que no nos veríamos— en la situación en que se encontraron
en Siberia los que colaboraron con Kolchak, en la situación en que se
encontrarán mañana los conciliadores alemanes, los que imaginan que representan
un gobierno y que se apoyan en la Asamblea Constituyente, cuando la realidad es
que en cualquier momento, cien o mil oficiales pueden voltear ese gobierno. Y
se comprende que sea así porque esos oficiales constituyen una masa adiestrada
y organizada, con excelentes conocimientos del arte militar, que tiene en sus
manos todos los hilos, que se halla perfectamente informada acerca de la
burguesía y los terratenientes y goza de su simpatía.
Esto ha sido demostrado por
la historia de todos los países después de la guerra imperialista, y ahora,
frente al terror ejercido por la Entente, también nosotros tenemos derecho a
recurrir al terror.
De ahí se deduce que la
acusación de terrorismo, hasta donde pueda ser justa, debería ser dirigida
contra la burguesía y no contra nosotros. Ella nos impuso el terror. Y seremos
los primeros en dar los pasos necesarios para reducirlo al mínimo apenas terminemos
con la fuente principal de terrorismo: la invasión armada del imperialismo
mundial, las conspiraciones militares y la presión militar del imperialismo
mundial sobre nuestro país.
Al hablar de terror, hay que
decir algo sobre nuestra actitud hacia esa capa media, la intelectualidad, que
es la que más se queja de la rudeza del Poder soviético y de que el Poder
soviético la coloca en peor situación que antes.
Estamos haciendo por la
intelectualidad todo cuanto podemos, con los escasos medios de que disponemos.
Sabemos, naturalmente, lo poco que significa el rublo-papel, pero sabemos
también lo que significa la especulación privada como una ayuda para quienes no
pueden obtener suficientes alimentos por intermedio de nuestros órganos de
abastecimiento de víveres. En este sentido, favorecemos a la intelectualidad
burguesa. Sabemos que en el momento en que se abalanzó sobre nosotros el
imperialismo mundial, tuvimos que implantar la más severa disciplina militar y
organizar la resistencia con todas las fuerzas de que disponíamos. Cuando
nosotros libramos una guerra revolucionaria, no podemos, por supuesto, hacer lo
que han hecho todos los Estados burgueses: descargar todo el peso de la guerra
sobre las masas trabajadoras. No, el peso de la guerra civil tiene que ser y
será compartido también por toda la intelectualidad, por toda la pequeña
burguesía y por toda la clase media; todos ellos soportarán ese peso. Claro está
que a ellos les resultará mucho más difícil soportar ese peso, porque durante
décadas fueron los privilegiados, pero en interés de la revolución social
debemos hacer que también ellos carguen con ese peso. Así razonamos y así
procedemos, y no podemos hacerlo de otro modo.
El final de la guerra civil
será un paso hacia el mejoramiento de la situación de esos grupos. Ya hemos
demostrado con nuestra política de tarifas y con la declaración contenida en
nuestro Programa que reconocemos la necesidad de brindar a estos grupos una
situación mejor, pues no es posible el paso del capitalismo al comunismo sin
utilizar a los especialistas burgueses, y todas nuestras victorias — las
victorias de nuestro Ejército Rojo, dirigido por el proletariado, que se ganó
al campesinado que es mitad trabajador y mitad propietario—, las hemos logrado
en parte gracias a nuestra capacidad de utilizar a los especialistas burgueses.
Esta política nuestra, tal como se manifiesta en los asuntos militares, debe
convertirse en la política de nuestra construcción interna.
La experiencia que hemos
hecho durante este período nos dice que, al mismo tiempo que colocábamos los
cimientos del edificio, a menudo hacíamos trabajos en la cúpula, todo tipo
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
de ornamentos, etc. Quizá
fue, hasta cierto punto, necesario para la república socialista. Quizá
debiéramos haber construido en todas las esferas de la vida nacional. El anhelo
de construir en todas las esferas es perfectamente natural. Si fuéramos a fijarnos
en lo que se ha hecho en el terreno de la organización estatal, veríamos a cada
paso muchas cosas iniciadas y abandonadas, cosas que al verlas dan ganas de
decir que podían haber esperado y que debíamos haber comenzado por lo
fundamental. Es muy natural que todos nuestros dirigentes se hayan dejado
seducir por tareas que sólo pueden realizarse después de colocar los cimientos.
Pero sobre la base de esta experiencia podemos decir ahora que en el futuro
concentraremos más nuestros esfuerzos en la tarea fundamental, en los
cimientos, en esos problemas sencillos que son los más difíciles de resolver,
pero que resolveremos a pesar de todo. Me refiero al problema del pan, al
problema del combustible y al problema de combatir los piojos. Estos son los
tres problemas sencillos que harán posible la construcción de una república
socialista, y entonces nuestra victoria sobre el mundo entero será cien veces
más triunfal que aquella con la que rechazamos el ataque de la Entente.
110
En cuanto al problema del pan, es mucho lo que hemos logrado con
nuestro sistema de contingentación. Nuestra política de abastecimiento de
víveres nos permitió obtener en el segundo año tres veces más cereales que en
el primero. En los tres meses de la última campaña hemos obtenido más cereales
que en los tres meses del año pasado, aunque, como conoceréis por el informe
del Comisariado del Pueblo de Abastecimiento, se tropezó, sin duda, con más
grandes dificultades. La sola incursión de Mámontov, que se apoderó de todo el
sector Sur de la región agrícola central, nos ha costado muy cara. Pero hemos
aprendido a aplicar el sistema de contingentación, es decir, hemos aprendido a
hacer que los campesinos vendan sus cereales al Estado al precio establecido,
sin recibir un equivalente. Sabemos muy bien, naturalmente, que el papel moneda
no es el equivalente del cereal. Sabemos que el campesino nos entrega su cereal
en calidad de préstamo; y le preguntamos: ¿Tienes derecho a retener tu cereal
en espera de un equivalente, mientras que los obreros se mueren de hambre?
¿Quieres comerciar en el mercado libre y de ese modo hacernos retornar al
capitalismo? Muchos intelectuales que han leído a Marx no comprenden que la
libertad de comercio es el retorno al capitalismo; el campesino, sin embargo,
lo comprende más fácilmente. Sabe que vender pan a precio libre, cuando los
hambrientos están dispuestos a pagar cualquier cosa por él, están dispuestos a
entregar cuanto tienen para no morirse de hambre; el campesino sabe que eso es
volver a la explotación, que es libertad de enriquecerse para los ricos y ruina
para los pobres. Decimos que eso es un delito contra el Estado y que en esta
lucha no cederemos un ápice.
En esta lucha por la
contingentación de los cereales, el campesino tendrá que prestar a crédito su
cereal al obrero hambriento; es la única forma de iniciar una buena
organización, de poner en pie la industria, etc. Si el campesino no hace esto,
será un retorno al capitalismo. Si el campesino se siente unido a los obreros,
se mostrará dispuesto a entregar sus excedentes de cereales a precios fijos, es
decir, a cambio de un simple pedazo de papel de color; esto es algo fundamental
sin lo cual el obrero hambriento no podrá salvarse de la muerte, sin lo cual la
industria no podrá ser restaurada. Se trata de un problema sumamente difícil, y
no podrá ser resuelto sólo por la fuerza. Por mucho que se grite que los
bolcheviques somos un partido que coacciona al campesinado, nosotros afirmamos:
¡eso es mentira, señores! Si fuésemos un partido que coacciona al campesinado,
¿cómo habríamos podido sostenernos contra Kolchak, cómo habríamos podido crear
un ejército basado en el servicio militar general y obligatorio, en el cual el
ochenta por ciento de los soldados son campesinos, en el cual todos están
armados, y en el cual todos tienen el ejemplo de la guerra imperialista que les
demuestra que es muy fácil volver el fusil en cualquier dirección? ¿Cómo
podemos ser un partido que coacciona a los campesinos, nosotros, un partido que
lleva a la práctica la alianza entre la clase obrera y el campesinado, un
partido que dice al campesinado que el
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
paso al comercio libre es un
retorno al capitalismo y que nuestra requisa de excedentes va dirigida contra
los especuladores, y no contra los trabajadores?
La contingentación de
cereales debe ser la base de toda nuestra actividad. El abastecimiento de
víveres es la base de todos los problemas. Tenemos que dedicar grandes
esfuerzos para derrotar a Denikin. Y hasta que la victoria sea completa no debe
existir la menor vacilación o indolencia, pues es posible cualquier viraje. En
cuanto mejore, por poco que sea, la situación militar, debemos dedicar los
mayores esfuerzos al abastecimiento de víveres, porque es la base de todo. El
sistema de contingentación debe ser llevado hasta el fin. Sólo cuando hayamos
resuelto ese problema habremos logrado una base socialista, y sobre esa base
socialista podremos erigir el magnífico edificio del socialismo que con tanta
frecuencia empezábamos a construir por el tejado y que con tanta frecuencia se
venía abajo.
Otro problema fundamental es
el del combustible, base principal de nuestro desarrollo. Es el problema con
que ahora tropezamos, ya que no podemos aprovechar nuestros éxitos en el
terreno del abastecimiento de víveres, ya que no podemos transportar los cereales,
no podemos aprovechar íntegramente nuestras victorias porque no tenemos
combustible. No tenemos todavía el aparato necesario para resolver el problema
del combustible, pero existe la posibilidad de resolverlo.
En la actualidad, hay
escasez de carbón en toda Europa. Si el problema del combustible es tan crítico
en los más ricos de los países vencedores, incluso en Norteamérica, que nunca
fue atacada ni invadida, no es extraño que nos afecte también a nosotros. Y
pasarán algunos años, incluso en las condiciones más favorables, antes de que
podamos restaurar la industria hullera.
111
Tendremos que salir del paso
con leña. Para este trabajo destinamos más y más fuerzas del partido. La semana
pasada, el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Consejo de Defensa prestaron
la mayor atención a este problema y se adoptaron una serie de medidas que deben
imprimir un viraje en este terreno, similar al logrado por nuestros ejércitos
en el Frente Sur. No se puede aflojar nuestras actividades en este terreno y
cada paso debe acercarnos a la victoria en la batalla contra la falta de
combustible. Disponemos de los medios materiales para ello. Hasta que hayamos
restablecido la industria hullera, podremos arreglarnos con leña y abastecer de
combustible a la industria. Debemos, camaradas, dedicar todas las fuerzas del
partido a resolver este problema fundamental.
Nuestra tercera tarea es la
lucha contra los piojos portadores del tifus. En una población extenuada por el
hambre, enferma, sin pan, sin jabón ni combustible, el tifus puede convertirse
en una calamidad que nos impedirá abordar cualquier tipo de construcción
socialista.
Este es el primer paso de nuestra lucha por la cultura y también
es una lucha por la existencia.
Estas son las tareas
fundamentales. En ellas más que en nada, quisiera que los camaradas que son
miembros del partido fijaran la atención. Hasta ahora hemos prestado a estos
problemas fundamentales muchísima menos atención de la que merecen. A estas
tareas primordiales hay que dedicar las nueve décimas de las fuerzas que no
están comprometidas en las actividades militares, las cuales no deben disminuir
ni un solo segundo. Tenemos ahora una clara imagen de la gravedad de los
problemas que están en juego. Cada uno debe empeñar el mayor de los esfuerzos;
debemos destinar todas nuestras energías a estos problemas.
Y aquí termino la parte
política del informe. Por lo que a la situación internacional se refiere, el
camarada Chicherin la expondrá en detalle y leerá la propuesta que, en nombre
del congreso de los Soviets, desearíamos hacer a los países beligerantes.
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
Me referiré muy brevemente a
las tareas del partido. Nuestro partido tuvo que hacer frente, en elcurso de la
revolución, a una tarea gigantesca. Es natural, por una parte, que todos los
peores elementos se adhieran al partido gobernante, por el solo hecho de ser el
partido gobernante. Por otra parte, la clase obrera está agotada y, como es
natural en un país arruinado, debilitada. Sin embargo, sólo el sector avanzado
de la clase obrera, su vanguardia, puede dirigir al país. Para realizar esta
tarea, en el terreno de la organización estatal, hemos usado como uno de los
medios los sábados comunistas. Hemos lanzado la consigna: podrán ingresar en
nuestro partido quienes, en primer lugar, se movilizan para el frente; quienes
no pueden combatir deben demostrar en el lugar en que se encuentren que
comprenden qué es el partido obrero, deben aplicar en la práctica los
principios del comunismo. Y el comunismo, si tomamos esa palabra en su sentido
estricto, significa el trabajo voluntario sin remuneración para el bien común,
que no tiene en cuenta las diferencias individuales, que elimina todo recuerdo
de los prejuicios habituales, elimina la rutina, los antiguos hábitos, las
diferencias entre ramas de trabajo, las diferencias de pago por el trabajo,
etc. Esta es una de las más sólidas garantías de que incorporamos a la clase
obrera y a todos los trabajadores a los trabajos de la construcción pacífica, y
no sólo a las actividades militares. El posterior desarrollo de los sábados
comunistas debe hacer escuela. Cada paso debe ir acompañado por la
incorporación al partido de elementos de la clase obrera y de las personas más
seguras de otras clases. Esto se logra por medio de la renovación de
documentos. No nos asusta tener que expulsar a quienes no son completamente
seguros. También se logra esto confiando en los miembros del partido que vienen
a nosotros en los momentos difíciles. Aquellos afiliados, como lo demuestra
este informe del Comité Central, que se incorporaron al partido a miles y
cientos de miles cuando Yudénich se encontraba a pocas verstas de Petrogrado y
Denikin estaba al Norte de Oriol, cuando toda la burguesía se regocijaba, esos
afiliados merecen nuestra confianza. Nosotros valoramos la ampliación del
partido sobre esa base.
Después de haber ampliado
así las filas del partido, debemos cerrar las puertas, ser en extremo
prudentes. Debemos decir que ahora que el partido ha triunfado no necesitamos
nuevos afiliados. Sabemos perfectamente que en una sociedad capitalista en
descomposición tratará de introducirse en el partido una infinidad de elementos
perjudiciales. Debemos crear un partido que sea partido de obreros, en el que
no haya cabida para los advenedizos, pero debemos incorporar al trabajo también
a las masas, a quienes están fuera del partido. ¿Cómo lograrlo? El medio para
ello son las conferencias de obreros y campesinos sin partido. Hace poco
apareció en Pravda un artículo sobre
las conferencias de trabajadores sin partido. Este artículo, escrito por el
camarada Rastopchin, merece especial atención. No conozco otra forma de
resolver este problema de extraordinaria importancia histórica. El partido no
puede abrir sus puertas de par en par, porque en la época del capitalismo en
descomposición es absolutamente inevitable que atraiga a los peores elementos.
El partido debe ser muy restringido e incorporar a sus filas, aparte de la
clase obrera, sólo a aquellos elementos de otras clases que tenga la
posibilidad de poner a prueba con la mayor cautela.
Pero tenemos varios cientos
de miles de afiliados al partido en un país con una población de más de cien
millones de habitantes. ¿Cómo puede gobernar un partido semejante? En primer
lugar, cuenta y debe contar con la ayuda de los sindicatos, que tienen millones
de afiliados; en segundo lugar, con la ayuda que significan las conferencias de
trabajadores sin partido. En esas conferencias debemos saber abordar a los
sectores no proletarios, debemos vencer los prejuicios y las vacilaciones
pequeñoburgueses: ésta es una de las tareas más importantes y fundamentales.
112
Debemos valorar los éxitos
de nuestras organizaciones de partido, no sólo por el número de afiliados que
participan en algún tipo de trabajo, no sólo por los éxitos logrados en la
renovación de documentos, sino también por las conferencias de obreros y campesinos
sin
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
partido, teniendo en cuenta
si se realizan bien y con la frecuencia necesaria, es decir, por la capacidad
de abordar a esas masas que no están todavía en condiciones de ingresar en el
partido, pero que debemos incorporar al trabajo.
Si hemos derrotado a la
Entente, ha sido, probablemente, porque supimos ganarnos las simpatías de la
clase obrera y de las masas sin partido. Si hemos logrado derrotar a Kolchak,
ha sido, probablemente, porque éste no pudo extraer más fuerzas de la cantera
que son las masas trabajadoras. Y nosotros tenemos una cantera que no tiene
ningún otro gobierno del mundo, y que ningún gobierno del mundo, excepto el
gobierno de la clase obrera, puede tener, porque sólo el gobierno de la clase
obrera puede extraer fuerzas con absoluta confianza, con absoluta seguridad en
el éxito, entre los trabajadores más oprimidos y más atrasados. Podemos y
debemos extraer fuerzas entre los obreros y campesinos sin partido, porque son
nuestros amigos más fieles. De estas masas, las más oprimidas por los
capitalistas y los terratenientes, es de donde podemos sacar fuerzas para
resolver el problema del pan y el de los combustibles, y para combatir el
tifus.
Y tenemos asegurada la ayuda
de esas masas. Seguiremos sacando cada vez más fuerzas de esas masas y podemos
asegurar que al fin y al cabo venceremos a todos nuestros enemigos. Y en el
terreno de la construcción pacífica (que desplegaremos como es debido después
de derrotar a Denikin) realizaremos prodigios aún mayores que los realizados en
los últimos dos años en el terreno militar.
3. Discurso
de resumen de la discusión del informe político del Comité Central, 2 de
diciembre.
Habría renunciado a resumir
la discusión si el camarada Saprónov no me hubiese incitado; deseo polemizar un
poco con él. No cabe duda de que debemos prestar atención a lo que dicen los
funcionarios locales que poseen experiencia de organización. Todos sus consejos
son valiosos para nosotros. Pero, pregunto yo, ¿qué hay de malo en lo que aquí
está escrito? Yo no conocía ese punto. Saprónov me lo entregó. Dice aquí:
"Proyecto de instrucciones a los comités de provincia, distrito y
subdistrito sobre el trabajo en el campo". O sea que las instrucciones
están dirigidas a esos funcionarios locales por medio de los cuales se realiza
el trabajo local. Cuando se envían agitadores, comisarios, agentes o
representantes del Comité Central, indudablemente éstos siempre reciben
instrucciones. En el punto 9 se dice: "Conseguir que las haciendas
agrícolas soviéticas y las comunas presten ayuda a los campesinos de los
alrededores, una ayuda inmediata y real". Yo siempre he dado por sentado
que incluso un agente del Comité Central tiene la cabeza sobre los hombros. Si
el reglamento ha sido aprobado, ¿cómo puede exigir que se entregue una carreta,
un caballo o cualquier cosa? A ese respecto tenemos suficientes instrucciones y
algunos incluso piensan que hay demasiadas. Y un agente del CC puede procurar
algo siempre y cuando las instrucciones lo permitan, y ningún administrador de
comuna permitirá que se entregue una carreta, un caballo o una vaca. Se trata
de un problema serio, porque a menudo deteriora nuestras relaciones con los
campesinos, y en Ucrania pueden deteriorarse por segunda vez, si no sabemos
aplicar nuestra línea política. No es difícil aplicarla, y el campesino
agradecerá aunque sea una pequeña ayuda. No basta recibir instrucciones; hay
que saber aplicarlas. Si el camarada Saprónov teme que se despoje a una
hacienda agrícola soviética de una vaca, un caballo o una carreta, que comparta
con nosotros su magnífica experiencia en este terreno y que diga: entreguemos a
los campesinos aperos gratis, o a precios bajos; eso sí puedo comprenderlo.
Pero en todo caso ello no eliminaría, sino que, por el contrario, confirmaría
el punto 9. Las relaciones de las comunas y haciendas agrícolas soviéticas con
los campesinos de los alrededores constituyen uno de los aspectos más delicados
de toda nuestra política. Lo será aún más en Ucrania, y mañana también en
Siberia. Ahora nos hemos
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
ganado ideológicamente al
campesino siberiano al liberarlo de Kolchak. Pero eso no será duradero si no
sabemos resolver las cosas de modo tal que se preste al campesino verdadera
ayuda, y es lógico que todo agente que trabaje en el campo debe recibir las
instrucciones pertinentes. Y cuando un agente presenta su informe, se le debe
preguntar: ¿dónde y cómo han ayudado las haciendas agrícolas soviéticas a los
campesinos? Las instrucciones del camarada Saprónov sobre este punto no eran
correctas. Es nuestro deber fundamental e incondicional utilizar la experiencia
de los funcionarios locales. (Aplausos).
4. Proyecto de
resolución sobre la política internacional.59
La República Socialista
Federativa Soviética de Rusia desea vivir en paz con todos los pueblos y
dedicar todas sus fuerzas a la edificación interior para normalizar la
producción, el transporte y la administración pública sobre la base del régimen
soviético, cosa que hasta ahora han impedido la injerencia de la Entente y el
hambre originada por el bloqueo.
113
El Gobierno obrero y
campesino ha propuesto la paz a las potencias de la Entente en repetidas
ocasiones, a saber: el 5 de agosto de 1918, en el mensaje del Comisariado del
Pueblo de Negocios Extranjeros al representante norteamericano Mr. Poole; el 24
de octubre de 1918, al Presidente Wilson; el 3 de noviembre de 1918, a todos
los gobiernos de la Entente, por mediación de los representantes de los países
neutrales; el 7 de noviembre de 1918, en nombre del VI Congreso de los Soviets
de toda Rusia; el 23 de diciembre de 1918, en la nota entregada por Litvínov en
Estocolmo a todos los representantes de la Entente; después, en los mensajes
del 12 y 17 de enero y en la nota a los gobiernos de la Entente del 4 de
febrero de 1919; en el proyecto de tratado redactado con Bullitt el 12 de marzo
de 1919, y en la declaración del 7 de mayo de 1919, por mediación de Nansen.
Al aprobar plenamente estas
reiteradas gestiones del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Comisariado del
Pueblo de Negocios Extranjeros, el VII Congreso de los Soviets reitera de nuevo
su invariable anhelo de paz, propone una vez más atodas las potencias de la
Entente
—Inglaterra, Francia,
Estados Unidos de América, Italia y el Japón—, a todas juntas y por separado,
la iniciación inmediata de negociaciones de paz y encomienda al Comité
Ejecutivo Central de toda Rusia, al Consejo de Comisarios del Pueblo y al
Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros que prosigan de modo sistemático
esta política de paz (o: que prosigan de modo sistemático esta política de paz,
adoptando todas las medidas indispensables para el éxito de la misma).
5. Discurso
de resumen de la discusión del problema del poder soviético en Ucrania, 3 de
diciembre.
Camaradas: Es muy poco lo
que tengo que decir aunque, lamentablemente, tengo que rebatir, no tanto al
camarada Yákovlev que habló antes que yo, como a los camaradas Búbnov y Drobnis
que hablaron después. No obstante, podré hacer sólo un comentario parcial.
Por lo que se refiere al
discurso del camarada Rakovski, debo decir que es errónea su afirmación de que
las haciendas agrícolas soviéticas deben ser la base de nuestra
![]()
59 Proyecto
de resolución sobre la política internacional, redactado por Lenin en la reunión de la VIII Conferencia
Nacional del PC(b)R el 2 de diciembre de 1919. Con enmiendas insignificantes el
proyecto de resolución fue aprobado por la conferencia y luego leído por Lenin
el 5 de diciembre en su informe ante el VII Congreso de los Soviets de toda
Rusia siendo aprobado unánimemente por el congreso como propuesta de paz a los
países de la Entente. La resolución del congreso se publicó en la prensa el 6
de diciembre. La propuesta de paz del congreso se cursó a los representantes de
las potencias de la Entente el 10 de diciembre. Los gobiernos de Inglaterra,
Francia, EE.UU. e Italia se negaron a examinar esta propuesta
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
construcción comunista. De
ninguna manera podemos plantear así el asunto. Debemos aceptar el hecho de que
podremos convertir en haciendas soviéticas sólo una parte muy pequeña de
haciendas avanzadas, de otro modo no lograremos crear un bloque con los pequeños
campesinos, y ese bloque nos es indispensable. Cuando algunos camaradas dicen
que recomiendo un bloque con los borotbistas60, se
ve que comprendieron mal lo que quise decir. Yo comparé la política que debemos
seguir respecto a los borotbistas con la política seguida respecto a los
eseristas de derecha. En aquel entonces, en la primera semana después de
Octubre, se nos acusaba —en los congresos campesinos, por cierto— de no querer
utilizar las fuerzas del campesinado después de haber tomado el poder. Dije en
respuesta que habíamos adoptado íntegramente el programa de ellos para utilizar
las fuerzas del campesinado; eso sí lo queremos, pero no queremos una alianza
con los eseristas. El camarada Manuilski, igual que los camaradas Drobnis y
Búbnov, ha incurrido en un error muy extraño al afirmar que yo recomiendo un
bloque con los borotbistas. Mi opinión es que debemos hacer ver que necesitamos
un bloque con el campesinado ucranio: y para lograr ese bloque, tenemos que
polemizar con los borotbistas de modo distinto al que utilizamos en esta
polémica. Cuantos han hablado sobre el problema nacional —hablaron los
camaradas Drobnis, Búbnov y muchos otros—, han puesto de manifiesto, con su
crítica a la resolución del CC, que siguen exactamente la misma política de "particularismo"
por la que censuramos a los de Kíev. El camarada Manuilski comete un singular
error al pensar que los acusamos de "particularismo" en el sentido de
lo nacional, en el sentido de la autonomía de Ucrania. Les reprochamos su
"particularismo" en el sentido de no querer tener en cuenta la
opinión de Moscú, la opinión del Comité Central cuya sede está en Moscú. La
palabra se empleó burlonamente y tenía un sentido completamente diferente.
El problema es ahora el
siguiente: ¿necesitamos un bloque con el campesinado ucranio, necesitamos una
política del tipo de la que nos fue necesario adoptar a fines de 1917 y durante
muchos meses de 1918? Sostengo que sí, y por esa razón debemos entregar la
mayor parte de las haciendas agrícolas soviéticas para su efectiva repartición.
Necesitamos luchar contra las grandes haciendas, necesitamos luchar contra los
prejuicios pequeñoburgueses, necesitamos luchar contra la indisciplina. Los
borotbistas hablan mucho del problema nacional, pero no dicen nada de la
indisciplina. Debemos exigir que los borotbistas disuelvan el Sindicato de
Maestros, aunque emplee el idioma ucranio y utilice el sello de Estado de
Ucrania; debe ser disuelto en nombre de esos principios de la política
comunista proletaria por los cuales disolvimos nuestro Sindicato de Maestros de
toda Rusia (SMR); lo disolvimos porque no ponía en práctica los principios de
la dictadura del proletariado, sino que defendía los intereses y seguía la política
de la pequeña burguesía.
Se publicaron: el discurso de apertura de la conferencia, el 3
de diciembre de 1919, en el núm. 271 de "Izvestia del CEC de toda
Rusia"; el informe político del CC y el discurso de resumen de la
discusión del informe, el 20 de diciembre de 1919, en el núm. 9 de
"Izvestia del CC del PC(b) de Rusia"; el proyecto de resolución sobre
la política internacional y el discurso sobre la discusión del problema del
Poder soviético en Ucrania se publicaron por primera vez en 1932, en las 2a y
3a ediciones de "Obras" de V. l. Lenin, t. XXIV.
T. 39, págs. 339-371.
![]()
60 Borotbistas: partido nacionalista pequeñoburgués
que surgió en mayo de 1918 a raíz de la escisión del Partido Socialista
Revolucionario de Ucrania. Se llamaban borotbistas por el título del periódico
Borotbá ("La Lucha"), órgano central del partido.
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
115
DISCURSO PRONUNCIADO EN EL I CONGRESO DE
LAS COMUNAS Y ARTELES AGRÍCOLAS.
4 de diciembre de
1919.
Camaradas: Me congratulo de
saludar en nombre del Gobierno a vuestro Primer Congreso de comunas y arteles
agrícolas. Todos vosotros sabéis, naturalmente, por la actuación del Poder
soviético, la importancia tan inmensa que atribuimos a las comunas, a los
arteles y, en general, a toda clase de organizaciones destinadas a convertir,
que gradualmente contribuyen a convertir, la pequeña hacienda campesina
individual en una hacienda colectiva bajo la forma de cooperativa o de artel.
Sabéis que el Poder soviético ha establecido desde hace ya mucho tiempo un
fondo de mil millones de rublos para propulsar las iniciativas de este género61. En el Reglamento de la
organización socialista del usufructo de la tierra se subraya especialmente
la importancia de las comunas, de los arteles y de todas las empresas de
cultivo de la tierra en común, y el Poder soviético dirige todos sus esfuerzos
a lograr que esta ley no quede sólo en el papel y aporte efectivamente la utilidad
debida.
La importancia de todas las empresas de este género es enorme,
porque si siguiera como antes la antigua hacienda campesina, indigente y
miserable, ni hablar se podría de una construcción sólida de la sociedad
socialista. Sólo si se consigue hacer ver prácticamente a los campesinos las
ventajas del cultivo en común, colectivo, en cooperativas y arteles; sólo si se
logra ayudar al campesino por medio de la hacienda cooperativa, colectiva, sólo
entonces la clase obrera, dueña del poder del Estado, demostrará realmente al
campesino que ella tiene razón y atraerá realmente a su lado, de un modo sólido
y auténtico, a la masa de millones y millones de campesinos. Por eso es
inapreciable la importancia de las medidas de cualquier clase que tiendan a
favorecer la agricultura colectiva, cooperativa. Tenemos millones de haciendas
aisladas, dispersas, diseminadas por lugares remotos del campo. Sería
completamente absurdo pensar que se puede transformar esas haciendas por algún
procedimiento rápido, por medio de un decreto, merced a una acción exterior,
desde fuera. Nos damos perfecta cuenta de que sólo de un modo gradual y
prudente, sólo con el ejemplo práctico y acertado se puede influir sobre los
millones de pequeñas haciendas campesinas, puesto que los campesinos son
hombres demasiado prácticos, están demasiado ligados al viejo sistema agrícola
para arriesgarse a aceptar cualquier cambio importante únicamente a base de
consejos o indicaciones librescas. Eso no puede ser, e incluso sería un
absurdo. Sólo cuando se demuestre prácticamente, sobre la base de la
experiencia, de un modo que lo comprendan los campesinos, que el paso a la
agricultura cooperativa, a la agricultura colectiva, es necesario y posible,
sólo entonces tendremos razón para decir que hemos dado un paso importante por
la senda de la agricultura socialista en un país campesino tan inmenso como es
Rusia. De ahí que la enorme importancia de las comunas, arteles y cooperativas,
que impone a todos vosotros grandes deberes con respecto al Estado y al socialismo,
obligue, naturalmente, al Poder soviético y a sus representantes a abordar este
problema con especial atención y cuidado.
Nuestra ley sobre la
organización socialista del usufructo de la tierra dice que consideramos un
deber ineludible de todas las empresas agrícolas colectivas, cooperativas, no
aislarse, no distanciarse de la población campesina circundante, sino prestarle
sin falta ayuda. Esto está
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61 El
fondo de mil millones de rublos fue creado por decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo del
2 de noviembre de 1918 "con el fin de mejorar y fomentar la agricultura y
de reestructurada sobre bases socialistas con la mayor rapidez". De este
fondo se concedían subsidios y préstamos a las comunas agrícolas, a las
cooperativas de trabajo y a las sociedades o grupos agrícolas, a condición de
que pasaran al laboreo colectivo de la tierra.
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
escrito en la ley, se repite
en los estatutos ordinarios de todas las comunas, arteles y cooperativas y se
propaga constantemente en las instrucciones y decretos de nuestro Comisariado
de Agricultura y de todos los organismos del Poder soviético. Pero el quid
reside en encontrar un método verdaderamente práctico para aplicar esto. No
estoy seguro aún de que hayamos superado esta principal dificultad. Y yo
quisiera que vuestro congreso, en el que tenéis la oportunidad de hacer un
intercambio de la experiencia adquirida por los gestores directos de las
haciendas colectivas en todos los ámbitos de Rusia, pusiera fin a todas las
dudas y demostrara que estamos en vías de dominar, que comenzamos a dominar
prácticamente la tarea de la consolidación de los arteles, cooperativas,
comunas y, en general, de toda clase de empresas agrícolas colectivas,
sociales. Mas para demostrarlo hacen falta, no cabe duda, resultados prácticos.
116
Cuando leemos los Estatutos de las comunas agrícolas o libros
dedicados a esta cuestión, nos parece que en ellos concedemos demasiado espacio
a la propaganda, a la argumentación teórica de la necesidad de organizar las
comunas. Esto, naturalmente, es necesario: sin una profunda propaganda, sin
explicar las ventajas de la agricultura colectiva, sin repetir esta idea miles
y miles de veces no podemos esperar que en las vastas masas campesinas cunda el
interés ni que comiencen las pruebas prácticas de las formas de su realización.
Desde luego, la propaganda es necesaria y no hay que temer las repeticiones,
pues lo que a nosotros nos parece una repetición no lo será para muchos
centenares y millares de campesinos, para quienes tal vez constituya algo así
como una revelación. Y si se nos ocurre pensar que concedemos demasiada
atención a la propaganda, habrá que decir que es necesario centuplicar los
esfuerzos en este sentido. Pero al decirlo, lo hago en el sentido de que si nos
dirigimos a los campesinos con explicaciones de carácter general sobre la
utilidad de la organización de las comunas agrícolas y, al mismo tiempo, no
sabemos demostrarles con hechos los beneficios prácticos que les asegura la
hacienda agrícola colectiva, cooperativa, los campesinos no creerán en nuestra
propaganda.
La ley dice que las comunas,
los arteles y las cooperativas deben ayudar a la población campesina
circundante. Pero el Estado, el poder obrero ha creado un fondo de mil millones
de rublos para prestar ayuda a las comunas y arteles agrícolas. Claro está que
si una u otra comuna decide ayudar a los campesinos con el dinero de este
fondo, me temo que esto no originará más que burlas de los campesinos. Y con
justa razón. Todo campesino dirá: "Claro, si os dan mil millones no os es
difícil echarnos algunas migajas a nosotros". Temo que esto no despierte
más que burlas entre los campesinos, que miran con mucha atención y
desconfianza esta cuestión. En el transcurso de muchos siglos, el campesino se
ha habituado a no encontrar en el poder estatal más que opresión y por eso está
acostumbrado a mirar con desconfianza todo lo que proviene del fisco. Y si las
comunas agrícolas se circunscriben a ayudar a los campesinos únicamente para
cumplir la letra de la ley, esa ayuda, además de resultar infructuosa, no puede
producir sino daño, puesto que la denominación de comuna agrícola es muy
elevada y está relacionada con la idea del comunismo. Está bien si las comunas
demuestran en la práctica que realizan una labor verdaderamente importante de
mejora de la hacienda campesina: en este caso crecerá, sin duda alguna, el
prestigio de los comunistas y del Partido Comunista. Pero con frecuencia ha
sucedido que las comunas no despertaban en los campesinos más que una actitud
negativa, y a veces la palabra "comuna" se convertía incluso en una
consigna de lucha contra el comunismo. Así sucedía no sólo cuando se hacían
tentativas absurdas de obligar por la fuerza a los campesinos a ingresar en las
comunas. Lo disparatado de estas tentativas saltaba tanto a la vista de todos
que hace ya tiempo que el Poder soviético hubo de pronunciarse contra ellas. Y
espero que si hoy se producen algunos casos aislados de coacción, éstos serán
pocos y vosotros aprovecharéis este congreso para borrar por completo de la faz
de la República Soviética los últimos vestigios de este bochorno, para que la
población campesina circundante no pueda invocar
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
un solo ejemplo en apoyo del
viejo criterio de que el ingreso en las comunas se debe a algún acto de
coacción.
Pero incluso cuando hayamos
conseguido desprendernos de este viejo defecto y superar totalmente ese
bochorno, habremos hecho, no obstante, una mínima parte de lo que nos
corresponde hacer. Pues la necesidad de que el Estado ayude a las comunas sigue
en pie, y no seríamos comunistas ni partidarios de la implantación de la
economía socialista si no prestáramos ayuda estatal de todo género a las
empresas agrícolas colectivas. Estamos obligados a hacerlo, además, porque se
halla en consonancia con todas nuestras tareas y porque sabemos perfectamente
que estos arteles, cooperativas y organizaciones colectivas constituyen una
innovación y que no cuajarán si la clase obrera dueña del poder no les apoya.
Ahora bien, para que cuajen, y precisamente porque el Estado acude en su ayuda,
tanto monetaria como de todo otro género, tenemos que conseguir que los
campesinos no lo acojan con sorna. Debemos velar siempre para que el campesino
no diga de los miembros de la comuna, de los arteles y de las cooperativas que
viven a costa del Estado y que se diferencian de los campesinos solamente en
que se les dan facilidades. Si se le conceden para su instalación tierras y
subsidios del fondo de mil millones, cualquier tonto podrá vivir algo mejor que
un simple campesino. Y el campesino preguntará:
¿Qué hay aquí de comunista,
qué mejora hay? ¿Por qué debemos respetarlos? Desde luego, si se eligen unas
decenas o centenares de hombres y se les entrega miles de millones, trabajarán.
Precisamente una actitud
semejante de los campesinos suscita las mayores aprensiones, y yo quisiera
llamar la atención de los camaradas reunidos en este congreso sobre la cuestión
citada. Es preciso resolverla prácticamente, de tal modo que podamos decir que
no sólo evitamos este peligro, sino que incluso hallamos los medios de luchar
para que el campesino no pueda pensar así y para que, por el contrario, vea en
cada comuna, en cada artel, una obra sostenida por el poder estatal y encuentre
en ella nuevos métodos de cultivo de la tierra que le demuestren sus ventajas
sobre los viejos, y no en libros ni en discursos (esto es algo muy poco
valioso), sino en la vida práctica. En esto reside la dificultad de resolver el
problema, y ésta es también la razón por la que nosotros, teniendo ante la
vista sólo cifras escuetas, difícilmente podemos juzgar si hemos demostrado o
no en la práctica que cada comuna, cada artel es, en verdad, superior a todas
las empresas anteriores y que el poder obrero ayuda en este aspecto a los
campesinos.
117
Creo que, para resolver esta
cuestión en la práctica, sería muy deseable que vosotros, que conocéis
prácticamente toda una serie de comunas, arteles y cooperativas cercanos,
elaboraseis los métodos de un control verdaderamente efectivo para cerciorarse
de cómo se aplica la ley que exige que las comunas agrícolas ayuden a los
campesinos de los alrededores; cómo se lleva a la práctica el paso a la
agricultura socialista y en qué se expresa esto concretamente en cada comuna,
en cada artel, en cada cooperativa; cómo precisamente se realiza esto, cuántas
cooperativas, cuántas comunas lo hacen en realidad y cuántas sólo se lo
proponen; cuántas veces se ha podido comprobar la ayuda de las comunas y qué
carácter tiene esta ayuda: si es filantrópica o socialista.
Si las comunas y los arteles
entregan a los campesinos una parte de los fondos que el Estado les concede a
título de ayuda, conseguirán únicamente que cada campesino crea que se trata de
buena gente que viene en su socorro, pero con ello no demostrarán en absoluto
el paso al régimen socialista. Y los campesinos están acostumbrados desde
tiempos inmemoriales a desconfiar de esta "buena gente". Es preciso
saber comprobar en qué se ha reflejado realmente este nuevo orden social, por
qué medios se demuestra a los campesinos que las cooperativas, los arteles
cultivan la tierra mejor que el campesino individual, y que si la cultivan
mejor, no es debido a la ayuda
oficial; es preciso que lleguemos a poder demostrar
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
a los campesinos que aun sin la ayuda del Estado es prácticamente
realizable este nuevo orden social.
Lamento no poder asistir a
vuestro congreso hasta el final, por lo que no podré participar en la
elaboración de estos métodos de control. Pero estoy seguro de que vosotros,
junto con los camaradas que dirigen nuestro Comisariado de Agricultura,
encontraréis estos métodos. He leído con satisfacción el artículo del camarada
Seredá, Comisario del Pueblo de Agricultura, en el que se hace resaltar que las
comunas y las cooperativas no deben aislarse de la población campesina
circundante, sino que deben tratar de mejorar su hacienda. Es preciso organizar
las comunas de manera que se transformen en un modelo y que los campesinos de
la vecindad se sientan atraídos por ellas; es preciso saber ofrecerles en la
práctica un ejemplo de cómo hay que ayudar a los hombres que sostienen su
hacienda en las duras condiciones impuestas por la falta de mercancías y el
desbarajuste económico general. A fin de determinar los métodos prácticos para
realizar esto, es preciso elaborar unas instrucciones muy minuciosas que
enumeren todos los aspectos de la ayuda a la población campesina circundante;
que impulsen a cada comuna a hacer balance de lo que ha hecho para prestar
ayuda a los campesinos; que señalen los métodos para conseguir que las dos mil
comunas y cerca de cuatro mil arteles existentes se conviertan en células
capaces de afirmar en la práctica entre los campesinos la convicción de que la
agricultura colectiva, como paso hacia el socialismo, es una cosa útil, y no un
capricho ni un simple delirio.
Ya he dicho que la ley exige
que las comunas presten ayuda a la población campesina circundante.
En la ley no hemos podido
usar otros términos ni dar directrices concretas. Hemos tenido que fijar
principios generales y contar con que los camaradas conscientes de la base han
de ejecutar de buena fe esta ley y han de saber encontrar mil procedimientos
para aplicarla prácticamente en las condiciones económicas concretas de cada
lugar. Desde luego, se entiende que es posible burlar toda ley, aun aparentando
cumplirla. También la ley referente a la ayuda a los campesinos, en caso de
aplicarla de mala fe, puede convertirse en un simple juguete y dar resultados
diametralmente opuestos.
Las comunas deben
desarrollarse en el sentido de que, al ponerse en contacto con ellas, las
condiciones de la hacienda campesina comiencen a modificarse por encontrar
ayuda económica; de que cada comuna, artel o cooperativa pueda dar principio al
mejoramiento de estas condiciones y realizarlo prácticamente, demostrando de
hecho a los campesinos que esta modificación no puede reportarles más que
provecho.
Naturalmente, podéis creer
que se nos dirá: Para mejorar la economía, hay que tener condiciones distintas
a las del actual desbarajuste económico, originado por los cuatro años de
guerra imperialista y los dos de guerra civil, que nos han impuesto los imperialistas.
En condiciones como las que atravesamos, ¿cómo pensar en la amplía difusión de
las mejoras de las explotaciones agrícolas? Démonos por satisfechos si podemos
sostenernos y no morir de hambre.
Es lógico que se formulen
dudas de este género. Pero si tuviera que contestar a tales objeciones, yo
diría: Admitamos que, efectivamente, debido a la economía desorganizada, al
desbarajuste económico, a la falta de mercancías, a las deficiencias de los transportes,
al exterminio del ganado y a la destrucción de los aperos, es imposible mejorar
la economía en amplia escala. Mas no cabe duda de que en muchos casos concretos
se puede mejorar en parte la economía. Ahora bien, admitamos que realmente ni
siquiera eso es posible. ¿Quiere esto decir que las comunas no pueden
introducir cambios en la vida de los campesinos o que no pueden demostrar a
éstos que las empresas agrícolas colectivas no son una planta de invernadero,
cultivada artificialmente, sino que constituyen una nueva ayuda del poder
obrero a los campesinos trabajadores, un auxilio a éstos en su lucha contra los
kulaks? Estoy
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
seguro de que aun planteando
así la cuestión, aun admitiendo que es imposible llevar a cabo mejoras, dadas
las condiciones actuales de desbarajuste económico, se pueden alcanzar
muchísimas cosas teniendo en las comunas y en los arteles a comunistas que trabajan
concienzudamente.
118
Para no hacer aseveraciones gratuitas, me remitiré a lo que se
ha dado en denominar en nuestras ciudades sábados comunistas. Así se llama el
trabajo no retribuido que los obreros de la ciudad, fuera de sus obligaciones,
consagran durante varias horas a alguna necesidad social. Estos sábados fueron
introducidos por vez primera en Moscú por los ferroviarios de la línea
Moscú-Kazán. Los obreros de Moscú organizaron los sábados comunistas en
respuesta a uno de los llamamientos del Poder soviético, en el que se señala
que los soldados rojos hacen en los frentes sacrificios inauditos, que, a pesar
de todas sus penalidades, obtienen triunfos sin precedentes sobre los enemigos
y que podremos llevar estos triunfos hasta el fin únicamente si este heroísmo y
este sacrificio voluntario no se despliegan sólo en el frente, sino también en
la retaguardia. Es indudable que los obreros de Moscú pasan muchas más
calamidades y necesidades que los campesinos, y si os enteráis de sus
condiciones de vida y meditáis que, a pesar de su dureza inaudita, han podido
iniciar la realización de los sábados comunistas, estaréis de acuerdo en que no
se pueden alegar las condiciones, por agobiadoras que sean, para negarse a
realizar lo que se puede hacer en cualquier circunstancia, aplicando el método
que han seguido los obreros de Moscú. Nada ha contribuido tanto a elevar el
prestigio del Partido Comunista en la ciudad, a aumentar el respeto de los
obreros sin partido hacia los comunistas como los citados sábados, cuando éstos
dejaron de ser un fenómeno aislado y cuando los obreros sin partido vieron en
la práctica que los miembros del Partido Comunista gobernante asumen
obligaciones y que los comunistas aceptan nuevos militantes en sus filas, no
para que gocen de facilidades relacionadas con la situación del partido
gobernante, sino para que den un ejemplo de trabajo realmente comunista, es
decir, un trabajo que se hace a título gratuito. El comunismo es la fase
superior de desarrollo del socialismo, cuando los hombres trabajan convencidos
de que es necesario trabajar para el bien común. Sabemos que ahora no podemos
implantar el régimen socialista: ¡ojalá se establezca en el país en vida de
nuestros hijos o, quizá, de nuestros nietos! Pero nosotros decimos que los
miembros del Partido Comunista gobernante cargan con la mayor parte de las
dificultades en la lucha contra el capitalismo, movilizando a los mejores
comunistas para el frente y exigiendo de quienes no pueden ser utilizados con
este fin que trabajen en los sábados comunistas.
Aplicando estos sábados
comunistas, que se han propagado en todas las ciudades industriales
importantes, exigiendo el partido que cada uno de sus miembros tome parte en
ellos y sancionando hasta con la expulsión del partido el incumplimiento de
esta directriz, empleando este medio en las comunas, arteles y cooperativas,
podréis y deberéis conseguir, aun en las peores condiciones, que el campesino
vea en cada comuna, en cada artel, en cada cooperativa, una asociación que se
distingue de las demás no porque se le concede una subvención del Estado, sino
porque en ella están asociados los mejores representantes de la clase obrera,
los cuales no sólo preconizan el socialismo para los demás, sino que también
saben realizarlo ellos mismos y demostrar que, incluso en las peores
condiciones, saben llevar la economía a la manera comunista y ayudar con cuanto
pueden a la población campesina circundante. En lo que a este punto se refiere,
no se puede alegar ninguna clase de excusas, no se puede invocar la falta de mercancías,
la falta de semillas o la mortandad entre el ganado. Aquí se nos ofrece una
comprobación que, en todo caso, nos permitirá decir en forma terminante hasta
qué punto hemos dominado prácticamente la difícil tarea que nos planteamos.
Estoy seguro de que la
asamblea general de los representantes de las comunas, de las cooperativas y de
los arteles discutirá esto y comprenderá que la aplicación de este método
VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)R
será un formidable medio
para afianzar de hecho las comunas y las cooperativas y aportará el resultado
práctico de que en ninguna parte de Rusia pueda darse un solo caso de actitud
hostil de los campesinos frente a las comunas, arteles y cooperativas. Pero
esto es poco: es preciso que los campesinos sientan simpatía por ellos.
Nosotros, representantes del Poder soviético, haremos por nuestra parte todo
cuanto sea posible para contribuir a esta empresa y para que la ayuda de
nuestro Estado, proveniente del fondo de mil millones o de otras fuentes, sólo
sea concedida cuando realmente se lleve a cabo un acercamiento práctico entre
las comunas y arteles de trabajo y la vida de los campesinos vecinos. Fuera de
estas condiciones, consideramos toda ayuda a los arteles o cooperativas no sólo
inútil, sino absolutamente nociva. No se debe considerar que la ayuda de las
comunas a los campesinos de los alrededores se presta simplemente porque les
sobran recursos, sino que ha de ser una ayuda socialista, esto es, que permita
a los campesinos pasar de la hacienda aislada, individual, a la hacienda
cooperativa. Y esto no se puede conseguir sino recurriendo al método de los
sábados comunistas a que acabo de referirme.
119
Si tenéis en cuenta este experimento de los obreros de la
ciudad, que han iniciado el movimiento en favor de los sábados comunistas, a
pesar de vivir en condiciones infinitamente peores que las de los campesinos,
estoy seguro de que, contando con vuestro apoyo unánime, general, conseguiremos
que cada uno de los varios millares de comunas y arteles existentes pase a ser
un vivero efectivo de las ideas y los conceptos comunistas entre los
campesinos, un ejemplo vivo que ha de demostrarles que cada una de estas
organizaciones, si bien es de momento un brote pequeño y débil aún, no
obstante, no es un brote de invernadero, artificial, sino un brote verdadero
del nuevo régimen socialista. Sólo entonces lograremos una victoria sólida
sobre la vieja ignorancia, la ruina y la miseria, sólo entonces no nos
infundirán temor las dificultades de todo orden que se interpongan en nuestro
camino.
El texto íntegro se
publicó el 5 y 6 de diciembre de 1919, en los núms. 273 y 274 de
"Pravda".
T, 99, págs. 972-382.
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
120
VII CONGRESO DE LOS SOVIETS DE TODA RUSIA.
5-9 de diciembre de
1919.
1. Informe
del CEC de toda Rusia y del Consejo de Comisarios del Pueblo, 5 de diciembre.
(Aplausos, los delegados
al Congreso se ponen en pie y saludan a Lenin).
Camaradas:
Debo presentaros el informe
político que, por acuerdo de la presidencia, será un informe conjunto del CEC
de toda Rusia y del Consejo de Comisarios del Pueblo. Creo que no esperaréis de
mí una enumeración de las leyes y medidas administrativas que hemos adoptado
durante el año del que rendimos cuenta. Es indudable que las conocéis por la
prensa. Además, casi todos nuestros comisariados han editado pequeños folletos,
distribuidos entre todos los delegados al Congreso y en los que se exponen los
principales aspectos de la labor de cada Comisariado durante este período. Yo
quisiera llamar vuestra atención sobre algunos resultados generales que, a mi
juicio, pueden ser deducidos de la experiencia vivida por nosotros y pueden
servir de indicación útil y de material para el trabajo que todos los camaradas
delegados emprenderéis ahora en vuestros respectivos lugares.
Ante todo, al hablar de los
resultados políticos de nuestra actividad y de las enseñanzas políticas que de
ella se desprenden, resalta en primer lugar, como es lógico, la situación
internacional de la República Soviética. Hemos dicho siempre, antes de Octubre
y durante la Revolución de Octubre, que nos consideramos y sólo podemos
considerarnos uno de los destacamentos del ejército internacional del
proletariado, un destacamento que, si se ha colocado a la vanguardia de los
demás, no ha sido en virtud de su desarrollo y de su preparación, sino debido a
las condiciones excepcionales de Rusia, por lo que sólo se puede considerar
definitiva la victoria de la revolución socialista cuando sea una victoria del
proletariado de varios países avanzados, por lo menos. Pues bien, en este
sentido es en el que más dificultades hemos tenido que afrontar.
Las esperanzas que
depositábamos, si cabe expresarse así, en la revolución internacional, se han
confirmado por completo, miradas las cosas en general y en su conjunto. Pero
desde el punto de vista de la rapidez del desarrollo hemos atravesado un
período particularmente penoso, hemos comprobado que el desarrollo de la
revolución en países más avanzados es bastante más lento, bastante más difícil,
bastante más complicado. Esto no puede sorprendernos, porque —cosa natural—
para un país como Rusia era mucho más fácil empezar la revolución socialista
que para los países adelantados. Pero, en todo caso, este desarrollo de la
revolución socialista en Europa Occidental, más lento, más complicado, más en
zigzags, nos ha impuesto las más increíbles dificultades. Ante todo cabe
preguntar cómo ha podido suceder el milagro de que se haya mantenido durante
dos años el Poder soviético en un país atrasado, arruinado y cansado de la
guerra, a pesar de la lucha tenaz sostenida primero por el imperialismo alemán,
que se consideraba entonces todopoderoso, y después por el imperialismo de la
Entente, que hace un año ajustó las cuentas a Alemania, no tenía rivales y
dominaba a todos los países del orbe sin excepción alguna. Desde el punto de
vista del simple recuento de fuerzas, desde el punto de vista del cálculo
militar de fuerzas, es en realidad un milagro, porque la Entente era y sigue
siendo incomparablemente más poderosa que nosotros. Y, sin embargo, el año del
que rendimos cuenta es memorable sobre todo precisamente porque hemos alcanzado
una victoria gigantesca, una victoria tan grande que tal vez no sea exagerado
decir que las principales dificultades
quedan ya atrás. Por grandes
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
que sean los peligros y las
dificultades que aún nos esperan, lo principal, por lo visto, ya ha pasado. Es
preciso comprender las causas de esto y, sobre todo, determinar con acierto
nuestra política para lo sucesivo, pues en el futuro es casi seguro que se
repetirán más de una vez las tentativas de la Entente de reanudar su
intervención; tal vez surja de nuevo la anterior alianza bandidesca de los
capitalistas internacionales y rusos para restaurar el poder de los
terratenientes y de los capitalistas, para derrocar el Poder soviético en
Rusia, en una palabra, una alianza que persiga la misma finalidad: extinguir el
foco del incendio socialista mundial representado por la República Socialista
Federativa Soviética de Rusia.
121
Examinando desde este punto
de vista la historia de la intervención de la Entente y la lección política
recibida por nosotros, diré que esta historia se divideen tres etapas
principales, cada una de las cuales nos depara una victoria honda y firme.
La primera etapa,
naturalmente la más accesible y fácil para la Entente, fue su tentativa de
acabar con la Rusia Soviética por medio de sus propias tropas.
Como es lógico, después de
que la Entente venció a Alemania, contaba con ejércitos de millones de hombres
que aún no se habían pronunciado abiertamente en pro de la paz y que no se
recobraron en seguida del efecto producido por el espantajo del imperialismo
germano con que se les había atemorizado en todos los países occidentales. Como
es lógico, en aquel entonces, desde el punto de vista militar, desde el punto
de vista de la política exterior, nada le hubiera costado a la Entente lanzar
contra Rusia una décima parte de sus ejércitos. Observad que tenía el pleno
dominio de los mares, contaba con una total supremacía naval. En todo momento
podía organizar con toda facilidad el desplazamiento de tropas y el
aprovisionamiento. Si entonces la Entente, odiándonos como sólo puede odiar la
burguesía a la revolución socialista, hubiera podido lanzar con algún éxito
aunque sólo fuese la décima parte de sus ejércitos contra nosotros, no cabe la
menor duda de que se habría decidido el destino de la Rusia Soviética, la cual
habría corrido la misma suerte que Hungría.
¿Por qué no logró esto la
Entente? Esta desembarcó tropas en Múrmansk. La campaña de Siberia fue
emprendida con el concurso de las tropas de la Entente; las tropas japonesas
retienen hasta hoy la parte más extrema de Siberia Oriental; en toda Siberia
Occidental había, aunque pequeños en número, destacamentos militares de todos
los Estados de la Entente; después, las tropas francesas desembarcaron en el
Sur de Rusia. Esta es la primera etapa de la intervención internacional en
nuestros asuntos, el primer intento, por decirlo así, de estrangular el Poder
soviético con tropas que la Entente había traído de sus países, es decir, con
obreros y campesinos de países más avanzados, y además perfectamente
abastecidos. En general, la Entente estaba en condiciones de atender en el
sentido técnico y material a todo lo que se requería para la campaña. No
existían para la Entente obstáculos de ningún género. Pues bien, ¿cómo se
explica que fracasara este intento? La cosa terminó con que la Entente tuvo que
retirar sus tropas de Rusia, porque las tropas de la Entente fueron incapaces
de sostener la lucha contra la Rusia Soviética revolucionaria. Camaradas, éste
ha sido siempre para nosotros el argumento principal y fundamental. Desde el
comienzo mismo de la revolución hemos dicho que representamos al partido del
proletariado internacional, y que, por grandes que fuesen las dificultades de
la revolución, llegaría el día en que se pondrían de manifiesto en el momento
más decisivo la simpatía y la solidaridad de los obreros, oprimidos por el
imperialismo internacional. Por esto se nos inculpó de utopismo. Pero la
experiencia nos ha mostrado que, si no siempre ni en todos los casos se puede
contar con acciones del proletariado, en estos dos años de historia universal
hemos demostrado mil veces que teníamos razón. La tentativa de los ingleses y
franceses de asfixiar con sus tropas la Rusia Soviética, tentativa que les
prometía con toda seguridad el éxito más fácil en el plazo más corto, terminó
con un fracaso: las tropas inglesas se retiraron de Arjánguelsk y las tropas
francesas desembarcadas en el Sur fueron repatriadas. Y ahora sabemos — a pesar
del bloqueo, del cerco que nos envuelve, llegan hasta nosotros noticias de
Europa Occidental,
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
recibimos al menos algunos
números sueltos de periódicos ingleses y franceses —, sabemos que las cartas de
los soldados ingleses enviadas desde la región de Arjánguelsk, pese a todo,
llegaban a Inglaterra y se publicaban allí. Sabemos que el nombre de la
camarada francesa Juana Labourbe, que vino a trabajar como comunista entre los
obreros y soldados franceses y fue fusilada en Odesa, es conocido por todo el
proletariado francés y se ha convertido en una consigna de lucha, ha pasado a
ser el nombre en torno al cual todos los obreros franceses de las distintas
corrientes fraccionarias del sindicalismo, que parecían tan difíciles de
superar, se han unido para luchar contra el imperialismo internacional. Lo que
en cierta ocasión escribió el camarada Rádek — afortunadamente, según se nos
informa hoy, ha sido puesto en libertad por Alemania y tal vez lo veamos pronto
—, que la tierra de Rusia, que arde en las llamas de la revolución, sería
infranqueable para las tropas de la Entente, lo que parecía mero entusiasmo de
publicista, es un hecho bien real. Efectivamente, en nuestra tierra, pese a
nuestro atraso, pese a las penalidades de nuestra lucha, las tropas de
Inglaterra y Francia han sido incapaces de luchar contra nosotros. El resultado
nos ha sido favorable. La primera vez que probaron a lanzar contra nosotros
grandes fuerzas militares —sin ellas no se puede vencer—, ocurrió, gracias al
sano instinto de clase, que los soldados franceses e ingleses se llevaron de
Rusia la peste del bolchevismo contra la cual lucharon los imperialistas
alemanes cuando expulsaron de Berlín anuestros embajadores62. Creían poder preservarse así de la peste del bolchevismo, que
ahora se ha extendido en toda Alemania por la intensificación del movimiento
obrero. Este triunfo que hemos conseguido al obligar a las tropas inglesas y
francesas a retirarse, ha sido la principal victoria alcanzada por nosotros
sobre la Entente. Hemos dejado a ésta sin soldados. A su enorme superioridad
militar y técnica respondimos arrebatándole esta superioridad, gracias a la
acción solidaria de los trabajadores contra los gobiernos imperialistas.
122
Se puso de manifiesto cuán
superficial y confuso es opinar acerca de estos pretendidos países democráticos
por los rasgos según los cuales se les juzga comúnmente. En sus parlamentos
cuentan con una sólida mayoría burguesa. A esto lo llaman "democracia".
Denominan "democracia" al hecho de que el capital domine y oprima
todo y recurra hasta hoy a la censura militar. Entre millones de ejemplares de
periódicos y revistas suyos, sólo podrá encontrarse una parte ínfima en la que
se hagan algunas afirmaciones siquiera sea tímidas en favor de los
bolcheviques. Por eso dicen: "Estamos a salvo de los bolcheviques, entre
nosotros reina el orden", orden que ellos denominan
"democracia". ¿Cómo ha podido acontecer que un pequeño número de
soldados ingleses y de marinos franceses haya podido obligar a que retiren de
Rusia las tropas de la Entente? Por algo será. Esto quiere decir que las masas
populares están a nuestro favor, inclusive en Inglaterra, Francia y
Norteamérica; quiere decir que todos estos elementos superficiales no son sino
un engaño, como siempre han dicho los socialistas que no quisieron traicionar
el socialismo; vale decir que el parlamentarismo burgués, la democracia
burguesa, la libertad burguesa de prensa no es más que la libertad para los
capitalistas, la libertad de sobornar a la opinión pública y de aplastarla con
la omnipotencia del dinero. Esto es lo que siempre dijeron los socialistas
hasta tanto que la guerra imperialista no los separó en distintos campos
nacionales y no convirtió a cada grupo nacional de socialistas en lacayos de su
propia burguesía. Esto dijeron los socialistas antes de la guerra, esto dijeron
siempre los internacionalistas y los bolcheviques durante la guerra, y todo
esto resultó ser la pura verdad. Todos estos elementos superficiales, toda esa
ostentosa ficción, no es sino un engaño, cada vez más evidente para las masas.
Todos ellos alardean de democracia, pero en ningún parlamento del mundo se han
atrevido a decir que declaran la guerra a la Rusia Soviética. Por eso, en toda
una serie de publicaciones francesas, inglesas y norteamericanas, aparecidas en
nuestro país, leemos esta propuesta: "Entregar a
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62
El
Gobierno alemán rompió las relaciones diplomáticas con la RSFSR el 5 de
noviembre de 1918 y expulsó a la embajada soviética de Berlín. El pretexto fue
la versión de que los representantes oficiales soviéticos hacían agitación
revolucionaria en Alemania. Las relaciones diplomáticas entre Alemania y la
RSFSR se reanudaron sólo en 1922.
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
los jefes de Estado a los
tribunales por haber violado la Constitución, por hacer la guerra a Rusia sin
declararla". ¿Cuándo, dónde, qué artículo de la Constitución, qué
parlamento ha autorizado esta guerra? ¿Dónde han reunido a los representantes del
pueblo, aunque fuese encerrando antes en la cárcel a todos los bolcheviques y
bolchevizantes, término empleado por la prensa francesa? Incluso en estas
condiciones no han podido decir en sus parlamentos que hacen la guerra a Rusia.
Esta ha sido la causa de que las tropas de Inglaterra y Francia, magníficamente
armadas y que nunca habían conocido la derrota, no hayan podido aplastarnos y
se hayan retirado del Norte, en la región de Arjánguelsk, y del Sur.
Esta es nuestra primera y
fundamental victoria, porque no es sólo una victoria militar, e incluso no es
en modo alguno una victoria militar, sino una victoria efectiva de esa
solidaridad internacional de los trabajadores en nombre de la cual hemos iniciado
toda la revolución y que invocábamos al afirmar que, por muchas que sean las
pruebas que afrontemos, todos los sacrificios serán recompensados con creces
por el desarrollo de la revolución internacional, la cual es inevitable. Esto
se ha manifestado en el hecho de que en un terreno como el militar, en el que
deciden sobre todo los factores más contundentes, los factores materiales,
hayamos vencido a la Entente arrebatándole sus obreros y campesinos vestidos
con el uniforme de soldados.
Después de esta primera
victoria sobrevino la segunda época de la intervención de la Entente en
nuestros asuntos. Al frente de cada nación hay un grupo de políticos que poseen
una copiosa experiencia, por lo que, perdida esta carta, pusieron en juego otra,
aprovechándose de su dominio sobre el mundo entero. No existe país, no queda
hoy ni un solo rincón del globo donde no ejerza, de hecho, su dominio omnímodo
el capital financiero inglés, francés y norteamericano. En esto se basó su
nuevo intento de obligar a los pequeños Estados que rodean a Rusia, y muchos de
los cuales sólo durante la guerra se liberaron y pudieron proclamar su
independencia —Polonia, Estlandia, Finlandia, Georgia, Ucrania, etc.—, de
obligar a estos pequeños Estados a hacer la guerra contra Rusia con dinero
inglés, francés y norteamericano.
Tal vez recordaréis,
camaradas, que nuestros periódicos dieron la noticia de un discurso del
conocido ministro inglés Churchill, en el que éste anunció que atacarían a
Rusia 14 Estados y que para septiembre caería Petrogrado, y para diciembre,
Moscú. Oí que Churchill desmintió después esta noticia, pero fue tomada del
periódico sueco Folkets Dagblad Politiken
del 25 de agosto. Pero aun en el supuesto de que esta fuente de información
fuera falsa, sabernos muy bien que la empresa inspirada por Churchill y los
imperialistas ingleses era ésa precisamente. Sabemos muy bien que sobre
Finlandia, Estlandia y otros pequeños países se ejercieron toda clase de
presiones para que hiciesen la guerra contra la Rusia Soviética. He tenido
ocasión de leer un editorial del Times —el
periódico burgués más influyente de Inglaterra—, escrito en el momento en que
las tropas de Yudénich, que, nadie lo ignora, fueron abastecidas, equipadas y
transportadas en barcos de la Entente, hallábanse situadas a unas cuantas
verstas de Petrogrado y había sido tomado Diétskoe Seló. Este artículo era una
verdadera acción bélica; en él se utilizaban todos los resortes de la presión
militar, diplomática e histórica.
123
El capital inglés se lanzó
sobre Finlandia, presentándole este ultimátum: "Todo el mundo tiene
puestas sus miradas en Finlandia —dijeron los capitalistas ingleses—; el
destino de Finlandia depende por entero de que comprenda su misión y contribuya
a reprimir la inmunda, turbia y sangrienta ola del bolchevismo y a liberar a
Rusia". Y por esta "excelsa y moralizadora" obra, por esta
empresa "noble y cultural" prometieron a Finlandia unos cuantos
millones de libras, un trozo de tierra y otras recompensas. Pero, ¿cuál fue el
resultado? Hubo un momento en que las tropas de Yudénich se hallaban a pocas
verstas de Petrogrado, y Denikin al Norte de Oriol, un momento en que la menor
ayuda habría decidido
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
rápidamente la suerte de
Petrogrado a favor de nuestros enemigos, en el plazo más corto y con pérdidas
insignificantes.
Toda la presión de la
Entente se volcó sobre Finlandia, y Finlandia quedó entrampada hasta los ojos.
Y no sólo entrampada, sino que no puede vivir ni un mes sin la ayuda de estos
países. ¿Cómo ha podido ocurrir el "milagro" de que hayamos ganado la
contienda a semejante adversario? Pero la realidad es que la hemos ganado.
Finlandia no nos hizo la guerra, y Yudénich y Denikin fueron derrotados en un
momento en que su lucha mancomunada hubiese conducido del modo más seguro y más
rápido al desenlace de toda la contienda en favor del capitalismo
internacional. Hemos ganado la batalla al imperialismo internacional en esta
prueba, la más seria y desesperada. ¿Cómo la hemos ganado?
¿Cómo ha podido ocurrir tal
"milagro"? Ocurrió porque la Entente jugó la carta que juegan todos
los Estados capitalistas, que en todo y para todo se valen del engaño y de la
presión. De ahí que la Entente suscitase con cada una de sus acciones una tal
oposición, que la ventaja estuvo a nuestro favor. Con pocas armas y extenuados,
dijimos a los obreros finlandeses, oprimidos por su burguesía: "No debéis
hacernos la guerra". La Entente oponía contra nosotros todo su armamento,
su poderío exterior y todos los recursos alimenticios que podía suministrar a
dichos países, y exigía que éstos luchasen contra nosotros. Hemos ganado este
pleito. Lo hemos ganado porque la Entente no tenía ya tropas propias que
pudiera lanzar contra nosotros y hubo de actuar con las fuerzas de los pequeños
pueblos, pero los pueblos pequeños —no sólo los obreros y los campesinos, sino
incluso una buena parte de la burguesía, que oprimió a la clase obrera— se
negaron en definitiva a pelear contra nosotros.
Cuando los imperialistas de
la Entente hablaban de democracia e independencia, estos pueblos tuvieron el
atrevimiento, desde el punto de vista de la Entente, y la necedad, desde
nuestro punto de vista, de tomar en serio estas promesas y comprender la independencia
como si realmente lo fuese, y no como medio de enriquecimiento de los
capitalistas ingleses y franceses. Estos pueblos creyeron que la democracia
significa una vida libre, y no que los multimillonarios norteamericanos pueden
saquear a su país y que cualquier oficial con pujos de aristócrata puede
comportarse como un sinvergüenza y convertirse en un vil especulador dispuesto
a cometer los actos más ignominiosos para multiplicar sus ganancias. ¡Por eso
vencimos! La Entente encontró resistencia al presionar sobre estos pequeños
países, sobre cada uno de estos 14 países. La burguesía finlandesa, que
reprimió con el terror blanco a decenas de miles de obreros finlandeses y sabe
que eso no se le perdonará y que ya no existen las bayonetas alemanas que le permitían
hacerlo, odia a los bolcheviques con toda la saña con que puede odiar un
bandido a los obreros triunfantes sobre él. No obstante, la burguesía
finlandesa se dijo: "De seguir las indicaciones de la Entente, perderemos
sin duda toda esperanza de independencia". Esta independencia se la dieron
los bolcheviques en noviembre de 1917, cuando había en Finlandia un gobierno
burgués. Vemos, pues, que vaciló la opinión de amplios sectores de la burguesía
finlandesa. Ganamos el pleito a la Entente porque ésta había cifrado sus
cálculos en las pequeñas naciones, pero lo que consiguió fue que las pequeñas
naciones se apartasen de ella.
A través de esta
experiencia, en una escala inmensa, histórico-mundial, se confirma lo que
siempre hemos dicho. Existen en la tierra dos fuerzas que pueden determinar los
destinos de la humanidad.
Una de ellas es el
capitalismo internacional, que, cuando vence, pone de manifiesto esa fuerza con
ferocidades sin cuento, como lo demuestra la historia del desarrollo de cada
nación pequeña. La otra fuerza es el proletariado internacional, que lucha por
la revolución socialista mediante la dictadura del proletariado, denominada por
él democracia de los obreros. No nos creyeron ni los elementos vacilantes en
Rusia, ni la burguesía de los pequeños países, calificándonos de utopistas o de
bandidos, si no de cosas peores, pues no
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
hay inculpación que no se haya lanzado contra nosotros, por
absurda y monstruosa que sea. Pero cuando se planteó categóricamente la
cuestión de seguir a la Entente, ayudarla a asfixiar a los bolcheviques o
ayudar a los bolcheviques con la neutralidad, resultó que ganamos la contienda
y conseguimos la neutralidad. Aunque entre nosotros no mediaba ningún tratado,
mientras que Inglaterra, Francia y Norteamérica tenían toda clase de letras de
cambio pendientes y toda clase de tratados, sin embargo, los pequeños países
actuaron como queríamos nosotros, y no porque a la burguesía polaca,
finlandesa, lituana y letona le agradase seguir esa política por los lindos
ojos de los bolcheviques — eso, naturalmente, sería absurdo—, sino porque en
nuestra definición de las fuerzas histórico-mundiales teníamos razón al decir:
o bien vence el feroz capital y, por democrática que sea la república, ese
capital asfixiará a todos los pequeños pueblos del mundo, o bien vence la
dictadura del proletariado, que es la única esperanza de todos los trabajadores
y de todos los pueblos pequeños, oprimidos y débiles. Resultó que teníamos
razón no sólo en la teoría, sino también en la práctica de la política mundial.
Cuando surgió este pleito en torno a las tropas de Finlandia y Estlandia, lo
ganamos, aunque las potencias de la Entente podían habernos aplastado con
fuerzas insignificantes. A pesar de que la Entente puso sobre la balanza el
enorme peso de su presión financiera, de su poderío militar y del suministro de
víveres para obligar a Finlandia a actuar, a pesar de eso ganamos la contienda.
124
Esta es, camaradas, la
segunda etapa de la intervención internacional, esta es nuestra segunda
victoria de alcance histórico-mundial. En primer término, hemos arrebatado a
Inglaterra, Francia y Norteamérica sus obreros y campesinos. Estas tropas no
pudieron luchar contra nosotros. En segundo término, les hemos arrebatado estos
pequeños países, adversarios nuestros y en los que domina el poder burgués y no
el Poder soviético. Esos países han proclamado con relación a nosotros una
neutralidad amistosa y se han enfrentado con la potencia mundial de la Entente,
pues la Entente era un ave de rapiña que pretendía clavar en ellos sus garras.
Ocurrió en escala
internacional lo mismo que ocurrió con los campesinos siberianos, que creían en
la Asamblea Constituyente y ayudaron a los eseristas y mencheviques a unirse
con Kolchak y a golpearnos. Cuando los campesinos siberianos comprobaron que Kolchak
era el representante de la dictadura más explotadora, de la dictadura más rapaz
de terratenientes y capitalistas, peor que la zarista, organizaron innumerables
insurrecciones en Siberia, de las que tuvimos noticias exactas a través de
nuestros camaradas y que ahora nos aseguran la completa recuperación de
Siberia, esta vez consciente. Lo que ocurrió con el mujik siberiano, aun con
toda su poca cultura y su atraso político, ha acontecido también ahora en
escala más vasta, en escala histórico-mundial, con todas las pequeñas naciones.
Estas odiaban a los bolcheviques, algunas de ellas desplegaron contra los
bolcheviques una sangrienta represión, un furioso terror blanco, pero cuando
vieron a los "liberadores", a los oficiales ingleses, comprendieron
lo que significa la "democracia" inglesa y norteamericana. Cuando
aparecieron en Finlandia y en Estlandia los representantes de la burguesía
inglesa y norteamericana, empezaron a reprimir con mayor procacidad que los
imperialistas rusos, mayor porque los imperialistas rusos eran representantes
de la vieja época y no sabían reprimir como es debido, pero estas gentes saben
reprimir y reprimen hasta el fin.
Por eso, esta victoria en la
segunda etapa es bastante más sólida de lo que ahora parece. De ningún modo
exagero, y creo que las exageraciones son extraordinariamente peligrosas. No
dudo en absoluto que la Entente aún pretenderá azuzar contra nosotros a tal o
cual pequeño Estado vecino nuestro. Intentos de éstos habrá, porque los
pequeños Estados dependen por entero de la Entente, porque toda esa fraseología
sobre la libertad, la independencia y la democracia son pura hipocresía y la
Entente puede obligarles de nuevo a alzar la mano contra nosotros. Pero si esta
tentativa fracasó en momentos tan favorables, cuando tan fácil era luchar
contra nosotros, pienso que se puede hacer esta afirmación categórica: en este
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
sentido, sin duda, la
dificultad principal ha sido superada. Tenemos derecho a decir esto sin la
menor exageración y con el pleno convencimiento de que la Entente cuenta a su
favor con una gigantesca superioridad de fuerzas. Nuestra victoria es firme. Intentos
habrá, pero los venceremos con mayor facilidad porque los pequeños Estados, a
pesar de su régimen burgués, se han convencido por propia experiencia, y no
teóricamente —estos señores no sirven para la teoría—, de que la Entente es una
fiera más insolente y rapaz que lo que les parecen los bolcheviques, con los
que asustan a los niños y a los pancistas civilizados en toda Europa.
Pero nuestras victorias no se circunscriben a esto. En primer
lugar, hemos arrebatado a la Entente sus obreros y sus campesinos; en segundo
lugar, hemos conseguido la neutralidad de pequeños pueblos que son sus
esclavos, y en tercer lugar, hemos comenzado a arrebatar a la Entente en sus
propios países la pequeña burguesía y los pancistas civilizados, que estaban en
su conjunto contra nosotros. Para demostrarlo me permitiré remitirme al
periódico L'Humanité del 26 de
octubre, que tengo a la vista. Este periódico, que ha pertenecido siempre a la
II Internacional, que fue furibundamente chovinista durante la guerra, que
sostenía el punto de vista de socialistas idénticos a nuestros mencheviques y
eseristas de derecha y que aún hoy desempeña el papel de conciliador, afirma
haberse convencido de que ha cambiado el estado de ánimo de los obreros. No ha
comprobado en Odesa, sino en las calles y en las asambleas de París, donde los
obreros no dejaban hablar a quienes se atrevían a manifestarse en contra de la
Rusia bolchevique. Y como políticos que algo han aprendido durante varias
revoluciones, como hombres conocedores de lo que representan las masas
populares, no se atreven a levantar la voz en favor de la intervención y todos
ellos se pronuncian en contra. Pero hay más. Aparte de que esto lo afirman unos
socialistas —se llaman socialistas, aunque sabemos hace mucho qué clase de
socialistas son—, en ese mismo número de L'Humanité,
fechado el 26 de octubre, que he citado, se publica una declaración de diversos
representantes de la intelectualidad francesa, de la opinión pública francesa.
125
En esta declaración,
encabezada por la firma de Anatole France, y en la que figura la de Fernando
Buisson, he contado 71 intelectuales burgueses conocidos en toda Francia,
quienes dicen que están contra la intervención en los asuntos de Rusia, porque
desde el punto de vista de la cultura y de la civilización no puede tolerarse
el bloqueo, la aplicación de la muerte por hambre, a consecuencia de la cual
perecen niños y ancianos, cosa que ellos no pueden consentir. Y el conocido
historiador francés Aulard, que se atiene con todo rigor al punto de vista
burgués, dice en una carta: "Como francés, soy enemigo de los
bolcheviques; como francés, soy partidario de la democracia; sería ridículo
sospechar de mí lo contrario, pero cuando leo que Francia invita a Alemania a
tomar parte en el bloqueo de Rusia, cuando leo que Francia hace esta propuesta
a Alemania, se me cae la cara de vergüenza"63. Tal vez se trate de una simple expresión verbal de los
sentimientos de un representante de la intelectualidad, pero cabe afirmar que
ésta es la tercera victoria que hemos alcanzado sobre la Francia imperialista
en el interior de este país. Así lo atestigua esa declaración, vacilante,
deplorable de por sí, declaración propia de esa intelectualidad que, como hemos
visto en decenas y centenares de casos, puede armar un ruido millones de veces
superior a la fuerza que representa, pero que se distingue por la
particularidad de ser un buen barómetro, de indicar adónde se inclina la
pequeña burguesía, de indicar adónde se inclina la opinión pública, burguesa
hasta la médula. Si hemos obtenido este resultado en el interior de Francia,
donde todos los periódicos burgueses propalan contra nosotros las mayores
falsedades, podemos decir: parece que en Francia comienza el segundo caso
Dreyfus64, pero de mucho
![]()
63
Aquí
Lenin expone el contenido de la carta de Aulard, publicada el 26 de octubre de
1919 en el periódico L'Humanité, núm.
5.669.
64 64 Caso
Dreyfus: proceso provocativo montado en 1894 por los medios monárquicos y
reaccionarios de la casta militar francesa contra el oficial del Alto Estado
Mayor francés Dreyfus, de origen judío, acusado falsamente de
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
mayor alcance. Los
intelectuales burgueses luchaban entonces contra la reacción clerical y
militarista, en aquel período la clase obrera no podía considerar esto como su
propia causa, a la sazón no existían condiciones objetivas, no había un
espíritu tan profundamente revolucionario como ahora. Pero ¿y hoy? Si la
intelectualidad burguesa de Francia, después del reciente triunfo electoral de
la extrema reacción, después del régimen que allí impera actualmente con
respecto a los bolcheviques, declara que le avergüenza la alianza de la Francia
ultrarreaccionaria con la Alemania ultrarreaccionaria al objeto de estrangular
con las garras del hambre a los obreros y campesinos de Rusia, podemos decir:
Camaradas, ésta es la tercera victoria, del más alto alcance. Quisiera yo ver
cómo, ante una tal situación dentro del Estado, van a poder los señores
Clemenceau, Lloyd George y Wilson llevar a efecto su plan de nuevos atentados
contra Rusia, con los cuales sueñan. ¡Hagan la prueba, señores! (Aplausos).
Camaradas: Repito que
cometeríamos el mayor error sacando de aquí conclusiones demasiado
precipitadas. No cabe duda que reiterarán sus intentos. Pero estamos
completamente seguros de que esos intentos han de fracasar, por grandes que
sean las fuerzas con que se emprendan. Podemos decir que nuestra guerra civil,
sostenida con sacrificios incontables, ha sido victoriosa. Y no sólo en la
escala de Rusia, sino en una escala histórico— mundial. Cada una de las
conclusiones que os he expuesto, la he hecho sobre la base de los resultados de
la campaña militar. Por eso, repito, las nuevas tentativas estarán condenadas
al fracaso, porque ellos son ahora bastante más débiles que antes y nosotros
somos mucho más fuertes después de nuestra victoria sobre Kolchak y sobre
Yudénich y después de la victoria sobre Denikin, la cual se vislumbra ya y que,
por lo visto, será completa. ¿Acaso Kolchak no tenía la ayuda de la potencia
mundial de la Entente?
¿Acaso los campesinos de los
Urales y de Siberia, que fueron quienes dieron el menor porcentaje de diputados
bolcheviques en las elecciones a la Asamblea Constituyente, no apoyaban con
todas sus fuerzas el frente de la Asamblea Constituyente, que era entonces un
frente de mencheviques y eseristas?
¿Acaso esos campesinos no
eran el mejor material humano contra los comunistas? ¿Acaso Siberia no era una
región en la que no existían latifundios y donde no pudimos en seguida ayudar a
las masas campesinas como ayudamos a todos los campesinos rusos? ¿Qué le faltó
a Kolchak para vencernos? Le faltó lo que les falta a todos los imperialistas.
Siguió siendo un explotador, tuvo que actuar en la situación resultante de la
guerra mundial, — en una situación que respecto a la democracia y a la libertad
sólo permitía hablar por hablar, en una situación que ofrecía la posibilidad de
tener una de las dos dictaduras: o bien la dictadura de los explotadores, que
defiende rabiosamente sus privilegios y declara que debe ser pagado el tributo
de acuerdo con las letras de cambio pendientes, tributo con el que pretenden
arrancar a todos los pueblos sumas de miles de millones, o bien la dictadura de
los obreros, que lucha contra el poder de los capitalistas y se propone
asegurar con firmeza el poder de los trabajadores. Sólo por esto cayó Kolchak.
Así fue como los campesinos de Siberia y los Urales determinaron su propia
suerte: no mediante la papeleta electoral — procedimiento que, naturalmente, no
es malo en determinadas circunstancias—, sino por vía de hecho. Estaban descontentos
de los bolcheviques en el verano de 1918. Veían que los bolcheviques les
obligaban a entregar los excedentes de trigo a precios que no eran de
especulación, y se
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espionaje y alta traición y
condenado a cadena perpetua. Los medios reaccionarios de Francia utilizaron el
proceso Dreyfus para atizar el antisemitismo y lanzarse a la ofensiva contra el
régimen republicano y las libertades democráticas. En 1898, cuando los
socialistas y los representantes avanzados de la democracia burguesa (entre los
que figuraban Emilio Zola, Juan Jaurès, Anatole France y otros) promovieron una
campaña en pro de la revisión del proceso Dreyfus, este caso adquirió evidente
carácter político y dividió el país en dos bandos: republicanos y demócratas,
por una parte, y el bloque de monárquicos, clericales, antisemitas y
nacionalistas, por otra. En 1899, bajo la presión de la opinión pública,
Dreyfus fue indultado; en 1906, por fallo del tribunal de casación, se le
declaró inocente reintegrándosele al ejército.
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
pusieron del lado de
Kolchak. Ahora han visto otras cosas, han comparado y han llegado a otra
conclusión. Esto lo han comprendido pese a todas las teorías que se les había
inculcado, porque han aprendido en su propio pellejo lo que no quieren
comprender de la ciencia muchos eseristas y mencheviques (aplausos): que sólo puede haber dos dictaduras, que es preciso
elegir o bien la dictadura de los obreros –y eso significa ayudar a todos los
trabajadores a sacudirse el yugo de los explotadores— o bien la dictadura de
estos últimos.
126
Hemos conquistado a los
campesinos; sobre la base de la experiencia más penosa, que ha pasado por
increíbles dificultades, hemos demostrado que nosotros, como representantes de
la clase obrera, sabremos conducir a los campesinos mejor y con más éxito que
ningún otro partido. A otros partidos les gusta acusarnos de que luchamos
contra los campesinos y de que no sabemos concertar con ellos un acuerdo justo,
y todos ofrecen sus buenos y nobles servicios, para reconciliarnos con los
campesinos. Os estamos muy agradecidos, señores, pero no creemos que podáis
hacerlo. En cambio nosotros, por lo menos, hemos demostrado hace mucho que
hemos sabido hacerlo. No hemos presentado a los campesinos cuadros idílicos
haciéndoles ver que pueden salir de la sociedad capitalista sin una disciplina
férrea y sin un poder firme de la clase obrera, que con la simple reunión de
papeletas para votar se puede resolver la cuestión histórico-mundial de la
lucha contra el capital. Nosotros dijimos abiertamente: dictadura es una palabra
cruel, dura y hasta sangrienta, pero dijimos que la dictadura de los obreros
asegura a los campesinos la destrucción del yugo de los explotadores, y ha
resultado que teníamos razón. Los campesinos, después de experimentar en la
práctica una y otra dictadura, han elegido la dictadura de la clase obrera, y
con ella seguirán adelante hacia la victoria completa. (Aplausos).
Camaradas: De lo que he
dicho sobre nuestras victorias internacionales se desprende —y yo creo que no
hace falta detenerse mucho en esto— que debemos reiterar con el máximo sentido
práctico y con toda serenidad nuestras propuestas de paz. Debemos hacer esto
porque ya hemos presentado muchas veces tal propuesta. Cada vez que lo hemos
hecho, hemos salido ganando a los ojos de toda persona culta incluso enemiga, y
a estas gentes cultas se les ha puesto roja la cara de vergüenza. Así ocurrió
cuando llegó aquí Bullitt, cuando fue recibido por el camarada Chicherin,
conversó con él y conmigo y en unas cuantas horas concertamos el tratado previo
de paz. Nos aseguró (a estos señores les gusta alardear) que los Estados Unidos
de América lo son todo ¿y quién hace caso de Francia dadas las fuerzas de
Norteamérica? Y cuando firmamos el tratado, el ministro francés y el inglés
hicieron así. (Lenin hace un movimiento
elocuente con el pie. Risas.) Bullitt se encontró con que no tenía más que
un simple pedazo de papel en las manos, y le dijeron: "¿Quién podía
esperar que fueses tan ingenuo, tan tonto, y creyeses en el democratismo de
Inglaterra y Francia?" (Aplausos.)
El resultado es que en ese mismo número leo el texto completo en francés del
tratado con Bullitt65, que también ha sido reproducido en
todos los periódicos ingleses y norteamericanos. El resultado es que ellos
mismos se han presentado ante el mundo entero como unos bribones o como unos
chiquillos: ¡que elijan lo que más les guste! (Aplausos). Y todas las simpatías, hasta de los pancistas, hasta de
la burguesía algo culta, que ha recordado que también ella luchó un día contra
sus zares y reyes, están de nuestro lado, porque guiados por un sentido
práctico hemos suscrito las más penosas condiciones de paz y hemos dicho:
"Es demasiado caro para nosotros el precio de la sangre de nuestros
obreros y soldados; a vosotros, como mercaderes que sois, os pagaremos por la
paz un penoso tributo, aceptamos este duro tributo, con tal de conservar la
vida de los obreros y de los campesinos". Por eso creo que no tenemos que
hablar mucho. Al final leeré el proyecto de resolución, que ha de expresar en
nombre del Congreso de los Soviets nuestro invariable deseo de seguir una
política de paz. (Aplausos.)
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65 Lenin alude al Texte intégral des propositions acceptées par Lénine ("Texto
íntegro de las proposiciones aceptadas por Lenin"), publicado el 26 de
octubre de 1919 en el periódico L'Humanité,
núm. 5.669.
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
Ahora quisiera pasar de la parte internacional y militar del
informe a la parte política.
Hemos obtenido tres
formidables victorias sobre la Entente, que están lejos de ser unas victorias
exclusivamente militares. Son victorias que ha alcanzado la dictadura de la
clase obrera y cada una de ellas ha afianzado nuestra situación no sólo porque
nuestro adversario se haya debilitado y se haya quedado sin tropas; nuestra
situación internacional se ha afianzado porque hemos triunfado a los ojos de
toda la humanidad trabajadora e incluso de muchos representantes de la
burguesía. En este sentido, las victorias obtenidas sobre Kolchak y sobre
Yudénich y las que ahora estamos obteniendo sobre Denikin, nos permitirán
seguir conquistando por vía pacífica las simpatías hacia nosotros en
proporciones inconmensurablemente mayores que hasta ahora.
Se nos ha acusado siempre de
terrorismo. Es una acusación manida que se puede ver siempre en las páginas de
la prensa. Es la acusación de que hemos erigido el terrorismo en principio. A
esto respondemos: "Vosotros mismos no creéis en esa calumnia". El
propio historiador Aulard, que ha escrito la carta de L'Humanité, manifiesta: "He estudiado Historia y la he
enseñado. Cuando leo que los bolcheviques no son sino unos monstruos, unos
abortos de la naturaleza y unos espantajos, me digo: lo mismo se escribió de
Robespierre y Dantón. Al decir esto —prosigue— , no comparo ni mucho menos con
estos grandes hombres a los rusos de hoy, nada de eso; no se parecen en nada.
Pero, como historiador, afirmo que no se puede dar crédito a cualquier
rumor". Cuando un historiador burgués comienza a expresarse así, vemos que
empiezan a disiparse las falsedades vertidas contra nosotros. Lo que nosotros
decimos es que se nos impuso el terror. Olvidan que el terrorismo fue impuesto
por la invasión de la potencia mundial de la Entente.
127
¿Acaso no es terror el hecho
de que una flota mundial bloquee a un país hambriento? ¿Acaso no es terror el
que unos representantes extranjeros, escudándose en la inmunidad diplomática,
organicen levantamientos de los guardias blancos? Hay que ver las cosas
siquiera con un mínimo de objetividad. Hay que comprender que el imperialismo
internacional lo puso todo en juego para aplastar la revolución, que los
imperialistas no se pararon en barras y decían: "Por cada oficial, un
comunista: ¡así venceremos!" Y tenían razón. Si sobre estas tropas,
creadas por la piratería internacional y embrutecidas por la guerra, hubiésemos
intentado influir con palabras, con los métodos persuasivos, con algo que no
fuese el terror, no habríamos resistido ni siquiera dos meses, habríamos
demostrado ser unos imbéciles. Se nos impuso el terror por el terrorismo de la
Entente, por el terror del poderoso capitalismo mundial, que oprimía, oprime y
condena a morir de hambre a los obreros y campesinos porque luchan por la
libertad de su país. Y cada victoria nuestra sobre esta causa primera y motivo
del terror habrá de requerir inevitable e invariablemente que en nuestra obra
de gobierno prescindamos de este método de persuasión y de acción.
Lo que decimos del
terrorismo lo diremos también de nuestra actitud hacia todos los elementos
vacilantes. Se nos acusa de que hemos creado condiciones increíblemente penosas
para las capas medias, para la intelectualidad burguesa. A esto replicamos: la
guerra imperialista fue la continuación de la política imperialista, por lo que
dio origen a la revolución. Todos veían durante la guerra imperialista que ésta
era hecha por la burguesía en aras de sus intereses rapaces y que el pueblo
sucumbía, mientras la burguesía se lucraba en esta guerra. Este es el motivo
principal que impregna la política de la burguesía en todos los países, esto es
lo que la empuja y la llevará irremediablemente a la ruina. En cambio, nuestra
guerra es la continuación de la política de la revolución, y cada obrero y
campesino sabe, y si no lo sabe lo siente con su instinto y ve que es una
guerra en aras de la defensa contra los explotadores, una guerra que impone los
mayores sacrificios a los obreros y campesinos, pero que no se repara en nada y
también impone sacrificios a otras clases. Sabemos que esto es más penoso para
ellos que para los obreros y campesinos, porque ellos pertenecían a una clase
privilegiada. Pero afirmamos que cuando se trata de liberar de la
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
explotación a millones de
trabajadores, el gobierno que se detuviese ante la imposición de sacrificios a
otras clases, no sería un gobierno socialista, sino un gobierno de traidores.
Si impusimos sacrificios a las clases medias, eso fue debido a que los gobiernos
de la Entente nos colocaron en condiciones increíblemente difíciles. Y cada una
de nuestras victorias — esto lo comprobamos en la experiencia de nuestra
revolución, pero ahora no puedo detenerme en este punto detalladamente— va
acompañada del hecho de que, a través de todas las vacilaciones y de los
numerosos intentos de retroceder a los viejos tiempos, un número cada vez mayor
de elementos vacilantes se convencen de que realmente no hay más opción que
entre la dictadura de los trabajadores y el poder de los explotadores. Si han
sido tiempos duros para estos elementos, el culpable de ello no es el poder
bolchevique, los culpables son los guardias blancos, la culpable es la Entente,
y la victoria sobre ellos será una premisa efectiva y firme para mejorar la
situación de todas estas clases. En este sentido, camaradas, al pasar a hablar
de las enseñanzas de la experiencia política en el interior del país, quisiera
decir unas palabras sobre el significado de la guerra.
Nuestra
guerra es la continuación de la política de la revolución, de la política de derrocamiento de los explotadores, de los
capitalistas y los terratenientes. Por eso nuestra guerra, por dura que sea,
cuenta con las simpatías de los obreros y los campesinos. La guerra no sólo es
la continuación de la política, sino la síntesis de la política, el
adiestramiento político en esta contienda increíblemente dura que nos han
impuesto los terratenientes y capitalistas con ayuda de la potencia mundial de
la Entente. En el fuego de esta guerra, los obreros y campesinos han aprendido
mucho. Los obreros han aprendido a utilizar el poder del Estado y a convertir
cada medida adoptada en un venero de propaganda y de instrucción, a convertir
este Ejército Rojo, campesino en su mayoría, en un instrumento de educación de
los campesinos, a transformar el Ejército Rojo en un instrumento de utilización
de los especialistas burgueses. Sabemos que estos especialistas burgueses, en
su inmensa mayoría, son contrarios a nosotros, y tienen que ser en su inmensa
mayoría contrarios a nosotros, pues aquí se pone de manifiesto su naturaleza de
clase; a este respecto no podemos abrigar la menor duda. Nos han traicionado
cientos y miles de estos especialistas, pero son decenas y decenas de miles los
que nos han servido con una lealtad cada vez mayor, porque en el curso de la
propia lucha han sido atraídos a nuestro lado, porque el entusiasmo
revolucionario, que hacía milagros en el Ejército Rojo, era debido a que
nosotros servíamos y dábamos satisfacción a los intereses de los obreros y los
campesinos. Este ambiente creado por la masa de obreros y campesinos que luchan
codo a codo y que saben por lo que luchan, ha hecho lo suyo, y un número
creciente de gentes llegadas a nosotros del campo contrario, a veces
inconscientemente, se han convertido y se están convirtiendo en conscientes
partidarios nuestros.
128
Camaradas: Ahora tenemos
planteada la tarea de trasladar a la esfera de la edificación pacífica la
experiencia adquirida en nuestra actividad militar. Nada nos causa tanta
alegría ni nos proporciona la oportunidad de saludar al VII Congreso de los
Soviets de toda Rusia, como este viraje en la historia de la Rusia Soviética,
como el hecho de que hemos dejado atrás la fase principal de guerras civiles y
tenemos por delante la fase principal de la edificación pacífica, edificación
que a todos nos seduce, que todos anhelamos, que deberemos llevar a cabo y a la
que consagraremos todos nuestros esfuerzos y toda nuestra vida. Ahora, sobre la
base de las rigurosas pruebas de la guerra, podemos decir que hemos salido
vencedores en lo fundamental, en el aspecto militar y en el internacional. Ante
nosotros se abre el camino de la construcción pacífica. Naturalmente, es
preciso recordar que el enemigo nos acecha a cada paso y hará numerosos
intentos para acabar con nosotros valiéndose de todos los medios a su alcance:
la violencia, el engaño, el soborno, los complots, etc. Nuestra tarea consiste
en orientar ahora hacia la solución de los problemas fundamentales de la
edificación pacífica la experiencia que hemos acumulado en el terreno militar.
Enumeraré los principales de estos problemas. Ante todo, la cuestión del abastecimiento, la cuestión de los cereales.
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
Hemos sostenido la lucha más
ímproba contra los prejuicios y las costumbres arraigadas. Los campesinos, de
un lado, son trabajadores que han sufrido durante decenas de años el yugo de
los terratenientes y de los capitalistas y saben por su instinto de hombres
oprimidos que los terratenientes y capitalistas son unas fieras que no se
detienen ante mares de sangre para recuperar su poder. Pero, de otro lado, los
campesinos son propietarios. Quieren vender su trigo libremente, quieren
"libertad de comercio", no comprenden que la libertad de vender el
trigo en un país hambriento es la libertad de especular, la libertad para que
se lucren los ricachos. Pues bien, nosotros decimos: esto no lo admitiremos
jamás; antes sucumbir todos, que hacer concesiones en este sentido.
Sabemos que hacemos política
cuando los obreros se esfuerzan por persuadir a los campesinos de que entreguen
el trigo a crédito, pues el papel no es un equivalente, no tiene el mismo valor
que el cereal. El campesino nos da el trigo a precios de tasa y no recibe
mercancías porque no las tenemos, sino que recibe unos papeles de colores. Da
el trigo a crédito, y nosotros decimos: "Sí eres un trabajador, ¿puedes
decir que esto es injusto? ¿Cómo puedes estar disconforme con nuestra
afirmación de que es necesario entregar a crédito y a precio de tasa los
excedentes de grano, y no venderlos a precios de especulación? Pues la
especulación es el retorno al capitalismo, el retorno a la explotación, al
régimen contra el que hemos luchado". Esto representa una inmensa
dificultad, esto nos ha costado grandes vacilaciones. Muchos pasos los hemos
dado y los estamos dando a tientas, pero hemos adquirido una experiencia
fundamental. Cuando escuchéis el informe del camarada Tsiurupa o de otros
funcionarios de abastos, veréis que los campesinos se van habituando al sistema
de contingentación, o sea, al llamamiento del Estado a entregar el cereal a
crédito, que en varias comarcas el plan de acopios se ha cumplido en el cien
por ciento, que aunque sean muy pequeños hay éxitos, que nuestra política de
abastos les hace comprender cada día mejor a los campesinos que, si quieren la
libertad de comerciar con el trigo en un país arruinado, tendrán que retroceder
y probar las delicias del régimen de Kolchak y Denikin. Contra esto lucharemos
hasta la última gota de sangre. En este sentido no puede haber concesión
alguna. En esta cuestión fundamental, en la cuestión del trigo, hemos de volcar
todas nuestras fuerzas para que no haya especulación, para que la venta de
trigo no enriquezca aún más a los ricachos, para que los excedentes de trigo,
obtenidos en una tierra que es del Estado por los esfuerzos de generaciones
enteras de trabajadores, pasen a ser patrimonio del Estado, para que ahora,
cuando el Estado se halla en la ruina, estos excedentes de cereales sean
entregados por los campesinos a crédito al Estado obrero. Si los campesinos lo
hacen, remontaremos todas las dificultades, restableceremos la industria y los
obreros saldarán su deuda con creces, asegurarán a los campesinos y a sus hijos
la posibilidad de vivir sin tener que trabajar para los terratenientes y
capitalistas. Esto es lo que decimos a los campesinos, y ellos se convencen de
que no hay otra alternativa. Incluso los campesinos se persuaden de esto no
tanto por lo que nosotros les decimos como por lo que hacen nuestros
adversarios, los señores Kolchak y Denikin. Ellos son los que más lecciones
prácticas de experiencia de la vida dan a los campesinos, empujándolos a
nuestro lado.
Pero, camaradas, el segundo problema después del de los cereales es
el del combustible. Actualmente, en
los lugares de acopio, se ha reunido trigo suficiente para alimentar a los
obreros hambrientos de Petrogrado y Moscú. Pero recorred los barrios obreros de
Moscú y veréis que el frío es horrible, veréis las tremendas calamidades que
ahora se han agravado a causa de la carencia de combustible. En este sentido
estamos atravesando una crisis gravísima, nos hallamos lejos de poder
satisfacer las necesidades del consumo. En el último tiempo, el Consejo de
Defensa y el Consejo de Comisarios del Pueblo han dedicado numerosas sesiones
al estudio de medidas para salir de la crisis del combustible. Cuando yo
preparaba mi discurso, el camarada Xándrov me facilitó unos materiales que
demuestran que hemos comenzado a salir de esta terrible crisis. A principios de
octubre, por semana se cargaron 16.000 vagones; a fines de octubre, la cifra
era de unos 10.000 vagones semanales.
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
Esto era la crisis, era una
catástrofe, era el hambre para los obreros de toda una serie de fábricas de
Moscú, Petrogrado y otros muchos sitios. Los resultados de esta catástrofe se
dejan sentir hasta ahora.
129
Más tarde concentramos
nuestras fuerzas en este empeño, pusimos en tensión todas nuestras energías,
actuando como se actuó en la solución del problema militar, y dijimos: Todos
los elementos conscientes deben movilizarse para resolver el problema del combustible,
pero no por el viejo camino del capitalismo, que consistía en que los
especuladores recibían contratas y se lucraban con los pedidos; no, lo que
nosotros dijimos es: Resolved este problema por vía socialista, con espíritu de
sacrificio, resolvedlo del mismo modo que salvamos al Petrogrado rojo y
liberamos a Siberia, del mismo modo que vencimos en todos los momentos
difíciles, en todas las tareas difíciles de la revolución y del mismo modo que
venceremos siempre. De 12.000 vagones, en la última semana de octubre se pasó a
20.000. Estamos saliendo de esta catástrofe, pero aún nos hallamos lejos de
haber salido de ella del todo. Es preciso que todos los obreros sepan y tengan
presente que sin pan para la gente, sin pan para la industria, es decir, sin combustible,
el país se verá condenado a sufrir calamidades. Y no sólo nuestro país. Hoy los
periódicos informan que en Francia, país vencedor, están paralizándose los
ferrocarriles. Pues, ¿qué decir de Rusia? Francia saldrá de la crisis por vía
capitalista, lucrándose los capitalistas, al mismo tiempo que continúan las
privaciones de las masas. La Rusia Soviética saldrá de la crisis mediante la
disciplina y la abnegación de los obreros, dirigiendo firmes llamamientos a los
campesinos, llamamientos que, en definitiva, los campesinos comprenden siempre.
Los campesinos llegarán a saber a través de su propia experiencia que, por
penoso que sea el tránsito, por férreo que sea el brazo del poder estatal de
los obreros, es el brazo de los trabajadores que luchan en nombre de la alianza
de las masas laboriosas, en nombre de la plena abolición de toda explotación.
Hay un tercer azote que nos amenaza: los piojos, el tifus exantemático, que causa estragos
en nuestro ejército. Camaradas: Es imposible imaginar la
terrible situación reinante en los lugares afectados por el tifus; allí la
población queda sin fuerzas, agotada, carente de medios materiales, a
consecuencia de lo cual desaparece todo síntoma de vida, todo síntoma de vida
social. En vista de esto decimos: "Camaradas, concentrad toda la atención
en este problema. ¡O los piojos vencen al
socialismo, o el socialismo vence a los piojos!" Camaradas: También en este problema, actuando con esos
mismos métodos, comenzamos a obtener buenos resultados. Naturalmente, aún hay
médicos que observan una actitud de desconfianza y recelo hacia el poder obrero
y prefieren recibir honorarios de los ricos en vez de incorporarse a la penosa
lucha contra el tifus. Pero esos médicos son una minoría, su número es cada vez
más reducido; la mayoría ve que el pueblo lucha por su existencia, ve que el
pueblo quiere resolver con su lucha el problema fundamental de salvar la
cultura, y estos médicos dan en tan penosa y difícil obra no menos pruebas de
espíritu de sacrificio que cualquier especialista militar. Están conformes con
dedicar sus energías a una labor en beneficio de los trabajadores. Debo decir
que también comenzamos a salir de esta crisis. El camarada Semashko me ha entregado
una nota referente a esta labor. Hasta el primero de octubre, según datos
recibidos del frente, llegaron allí 122 médicos y 467 practicantes. De Moscú
han sido enviados 150 médicos. Tenemos motivos para esperar que para el 15 de
diciembre llegarán al frente 800 médicos más, que contribuirán a combatir el
tifus. Debemos prestar gran atención a este azote.
Nuestra atención principal
debe ir dirigida a fortalecer esta base nuestra: el trigo, el combustible, la
lucha contra el tifus. Camaradas: Quisiera referirme a esto tanto más cuanto
que en nuestra edificación socialista se ha observado cierta dispersión de
esfuerzos. Eso se comprende. Cuando se ha dado comienzo a la transformación del
mundo entero, es completamente natural que participen en esta empresa obreros
inexpertos y campesinos inexpertos. No cabe duda de que pasará mucho tiempo
antes de que determinemos con
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
acierto las tareas en las
que debemos concentrar más nuestra atención. No es extraño que tareas de tal
magnitud histórica den lugar con frecuencia a grandes fantasías, y sabido es
que las grandes fantasías corren parejas con multitud de pequeñas y desafortunadas
fantasías. Han sido muchos los casos en que nos hemos puesto a construir por el
tejado, por un ala cualquiera del edificio o por una cornisa, sin prestar
verdadera atención a los cimientos. Yo quisiera daros a conocer, como resultado
de mi experiencia, de mis observaciones sobre el trabajo, mi opinión de que la
tarea esencial de nuestra política es asentar estos cimientos. Es preciso que
cada obrero, cada organización y cada institución se repitan esta verdad en
cada reunión. Si sabemos acopiar trigo, si logramos aumentar la cantidad de
combustible, si ponemos en tensión todas nuestras fuerzas para barrer de la
tierra rusa el tifus, resultado de la incultura, de la miseria, del atraso y de
la ignorancia, si aplicamos en esta guerra incruenta todas las fuerzas y toda
la experiencia que hemos adquirido en la guerra cruenta, podemos estar seguros
de que en esta obra, que es mucho más fácil y mucho más humana que la guerra,
alcanzaremos éxitos mayores cada día.
130
Hemos sabido llevar a cabo
la movilización militar. Los partidos que eran nuestros más irreconciliables
adversarios y que durante más tiempo han defendido y siguen defendiendo las
ideas del capitalismo, como, por ejemplo, los eseristas, han tenido que reconocer,
a pesar de todas las acusaciones lanzadas contra nosotros por la burguesía
imperialista, que el Ejército Rojo es un ejército popular. Ello indica que en
esta obra, la más difícil, hemos realizado la unión de la clase obrera con las
enormes masas campesinas que se han pasado a su lado, y así hemos demostrado al
campesinado lo que significa la dirección de la clase obrera.
Las palabras "dictadura
del proletariado" asustan a los campesinos. En Rusia esto es un espantajo
para los campesinos. Estas palabras se vuelven contra quienes las emplean como
un espantajo. Pero los campesinos saben ahora que la dictadura del proletariado
tal vez sea una expresión latina muy complicada, pero prácticamente significa
el Poder soviético, que pone el aparato del Estado en manos de los obreros. Así
pues, la dictadura del proletariado es el más fiel amigo y aliado de los
trabajadores y el enemigo más despiadado de toda explotación. Por eso
venceremos en definitiva a todos los imperialistas. Porque poseemos un
manantial de fuerzas tan rico, una reserva tan vasta y profunda de material
humano, como no los posee ni poseerá en parte alguna ni un solo gobierno
burgués. Contamos con un material del que podemos extraer crecientes fuerzas de
las capas más profundas, ya que después de contar con el concurso de los
obreros avanzados, no sólo podemos pasar a recabar el de los obreros medios,
sino también el de las capas más bajas: el de los campesinos trabajadores,
pobres y paupérrimos. En el último tiempo, los camaradas de Petrogrado decían
que la ciudad había entregado todos sus cuadros y no podía facilitar más. Pero
cuando llegó el momento crítico, Petrogrado tuvo una reacción admirable, como
dijo con razón el camarada Zinóviev, y demostró ser una ciudad capaz de
engendrar nuevas fuerzas. Obreros que se consideraban por debajo del nivel
medio y que carecían de toda experiencia en la labor estatal y política,
estuvieron a la altura de las circunstancias, hicieron un enorme aporte a la
propaganda, a la agitación y a la organización y realizaron nuevos milagros.
Manantiales como éste para nuevos y nuevos milagros tenemos aún muchísimos.
Cada nueva capa de obreros y campesinos no incorporados todavía a estas labores
son nuestros más fieles amigos y aliados. Hoy es frecuente que para la
gobernación del Estado nos apoyemos en un sector muy reducido de obreros
avanzados. Debemos recabar más y más el concurso de los sin partido en toda la
actividad de nuestro partido y en toda la labor práctica de nuestros organismos
soviéticos, recabar con más audacia el concurso de los obreros y campesinos sin
partido, no con el fin de atraerlos en seguida a nuestro lado y de darles
ingreso en nuestro partido —esto no es lo importante para nosotros—, sino con
el fin de despertar la conciencia de que es precisa su ayuda para salvar al
país. Y cuando a aquellos a quienes los terratenientes y capitalistas tenían
más apartados de los asuntos públicos les hagamos sentir
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
el convencimiento de que les
llamamos a construir junto con nosotros los sólidos cimientos de la república
socialista, entonces nuestra causa será definitivamente invencible.
Por eso, sobre la base de
dos años de experiencia, podemos deciros con absoluta seguridad que cada paso
en nuestras victorias militares acercará con enorme celeridad el momento, ya
muy próximo, en que consagremos por entero nuestras fuerzas a la edificación
pacífica. Con la experiencia que hemos adquirido, podemos garantizar que en
esta obra de edificación pacífica haremos en los próximos años prodigios
incomparablemente mayores de los que hemos hecho durante estos dos años de
guerra victoriosa contra la potencia mundial de la Entente. (Aplausos).
Camaradas: Permitidme como conclusión leer el proyecto de
resolución que os propongo:
"La República
Socialista Federativa Soviética de Rusia desea vivir en paz con todos los
pueblos y dedicar todas sus fuerzas a la edificación interior para normalizar
la producción; el transporte y la administración pública sobre la base del
régimen soviético, cosa que hasta ahora han impedido, primero, el yugo del
imperialismo alemán y, después, la injerencia de la Entente y el hambre
originada por el bloqueo.
El Gobierno obrero y
campesino ha propuesto la paz a las potencias de la Entente en repetidas
ocasiones, a saber: el 5 de agosto de 1918, en el mensaje del Comisario del
Pueblo de Negocios Extranjeros al representante norteamericano Mr. Poole; el 24
de octubre de 1918, al Presidente Wilson; el 3 de noviembre de 1918, a todos
los gobiernos de la Entente, por mediación de los representantes de los países
neutrales; el 7 de noviembre de 1918, en nombre del VI Congreso de los Soviets
de toda Rusia; el 23 de diciembre de 1918, en la nota entregada por Litvínov en
Estocolmo a todos los representantes de la Entente; después, en los mensajes
del 12 y 17 de enero y en la nota a los gobiernos de la Entente del 4 de
febrero de 1919; en el proyecto de tratado redactado con Bullitt, que actuaba
en nombre del Presidente Wilson, el 12 marzo de 1919, y en la declaración del 7
de mayo de 1919, por mediación de Nansen.
Al aprobar plenamente estas
reiteradas gestiones del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del Consejo de
Comisarios del Pueblo y del Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros, el
VII Congreso de los Soviets reitera su invariable anhelo de paz, propone una
vez más a todas las potencias de la Entente —Inglaterra, Francia, Estados
Unidos de América, Italia y el Japón—, a todas juntas y por separado, la
iniciación inmediata de negociaciones de paz y encomienda al Comité Ejecutivo
Central de toda Rusia, al Consejo de Comisarios del Pueblo y al Comisariado del
Pueblo de Negocios Extranjeros que prosigan de modo sistemático la política de
paz, adoptando todas las medidas indispensables para el éxito de la
misma".
131
2. Discurso
de resumen de la discusión del informe del CEC de toda Rusia y del CCP, 6 de
diciembre.
(Voces: "¡Viva el camarada Lenin! ¡Hurra!" Aplausos). Camaradas: Creo que con su
discurso y con su declaración Mártov ha logrado darnos una muestra muy
elocuente de la actitud que adoptan hacia el Poder soviético los grupos y
partidos que pertenecían y aún pertenecen a la
II Internacional, contra la cual hemos
fundado ahora la Internacional Comunista. Todos habréis notado la diferencia
entre el discurso de Mártov y su declaración, diferencia que subrayó el
camarada Sosnovski con la observación que hizo a Mártov desde la presidencia:
"¿No es ésa la declaración del año pasado?" En efecto, el discurso de
Mártov corresponde sin duda alguna al año 1918, al final de ese año, pero su
declaración está hecha de un modo tal, que es una repetición exacta de lo que
se dijo en 1918. (Aplausos.) Y cuando
Mártov respondió a Sosnovski que la declaración era "para toda la
eternidad", yo me sentí inclinado a defender a los mencheviques y
defenderlos de Mártov. (Aplausos y risas.)
He seguido,
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
camaradas; el desarrollo y
las actividades de los mencheviques, quizá durante más tiempo y con mayor
atención que nadie, tarea nada grata. Y basándome en estos quince años de
atención, afirmo que la declaración, lejos de ser "para toda la eternidad",
no servirá ni siquiera para un año (aplausos),
porque toda la evolución de los mencheviques, sobre todo en un período tan
grandioso como el que se ha iniciado en la historia de la revolución rusa,
revela la mayor vacilación entre ellos, que, de un modo general, se reduce a
que van apartándose de la burguesía y de sus prejuicios, con las mayores
dificultades y contra su propia voluntad. Obstinándose muchas veces, comienzan
a acercarse a la dictadura del proletariado —se acercan muy despacio, pero se
acercan —, y estoy convencido de que dentro de un año habrán dado algunos pasos
más. Y será entonces imposible repetir esa declaración, porque si se le quita
su envoltura de frases democráticas generales y de expresiones parlamentarias,
que podrían honrar al jefe de una oposición parlamentaria, si se dan de lado
esos discursos que gustan a tanta gente, pero que nosotros encontramos
aburridos, y si vamos a la raíz del asunto, entonces toda la declaración dice:
volvamos a la democracia burguesa, y nada más. (Aplausos.) Y cuando escuchamos semejantes declaraciones a gente que
nos proclama su simpatía, nos decimos: sí, el terror y la Checa66 son absolutamente indispensables. (Aplausos.)
Camaradas, para que no
vayáis a acusarme ahora, y para que nadie pueda acusarme de buscar algún pero a
esa declaración, afirmo, basándome en hechos políticos, que tanto un
menchevique de derecha como un eserista de derecha la suscribirían ahora con
ambas manos. Tengo pruebas de ello. El Consejo del partido de los eseristas de
derecha, de los que tuvieron que separarse Volski y su grupo —Volski es el
presidente del Comité de la Asamblea Constituyente, vosotros lo habéis
escuchado en esta tribuna—, el Consejo de los eseristas de derecha que se
reunió este año resolvió que desean fusionarse con el partido menchevique, al
que consideran afín a ellos.
¿Por qué? Porque los
eseristas de derecha, que apoyan a los mencheviques, cuya declaración se basa
en los mismos principios de los eseristas de derecha, están a favor de la
publicación de esas cosas que hay en la declaración y en las ediciones
mencheviques (que se supone son puramente teóricas y que nosotros hacemos mal
en prohibir, como decía la representante del Bund67 quejándose de que no se goza en el país de plena libertad de
prensa). Al propio tiempo, tras una larga lucha el grupo de Volski tuvo que separarse.
Ese es el embrollo que demuestra con absoluta claridad que no se trata de que
estemos intentando encontrar reparos a los mencheviques, sino de la verdadera
situación, de la que nos da un ejemplo el grupo minoritario de los eseristas.
Se mencionó aquí, muy oportunamente, al menchevique Rozánov, a quien Mártov y
su partido expulsarían con toda seguridad; pero esta declaración la
suscribirían los eseristas y los mencheviques.
Quiere decir que hasta ahora
hay entre ellos dos tendencias diferentes, una de las cuales se lamenta, llora,
se conduele y desea teóricamente el retorno a la democracia, mientras que la
otra actúa. Y Mártov no tenía razón al decir que yo trataba de justificarme
respecto del problema del terrorismo. Esa sola expresión demuestra cuán
infinitamente lejos de nosotros
![]()
66 Checa, VChK (Comisión Extraordinaria de toda
Rusia): se constituyó el 7 (20) de diciembre de 1917 por decreto del Consejo de
Comisarios del Pueblo para "la lucha implacable con la contrarrevolución,
el sabotaje y la especulación". La Checa como uno de los órganos más
importantes de la dictadura del proletariado desempeñó un gran papel
combatiendo las actividades subversivas de la contrarrevolución y defendiendo
la seguridad estatal de la República Soviética.
67
El Bund (Unión General Obrera Hebrea de
Lituania, Polonia y Rusia) fue organizado en 1897, agrupando principalmente a
los elementos semiproletarios de entre los artesanos hebreos de las regiones
occidentales de Rusia. Expresando el nacionalismo en el movimiento obrero, el
Bund formó parte del POSDR como organización autónoma con independencia para
los problemas tocantes al proletariado hebreo. En el II Congreso del POSDR,
después de haberse rechazado la exigencia del Bund de ser tenido por
representante único del proletariado hebreo, esta organización abandonó el
partido, pero en 1906 volvió a ingresar. En las cuestiones políticas
fundamentales los bundistas apoyaban al ala oportunista menchevique del POSDR.
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
están las concepciones de
los demócratas pequeñoburgueses y qué cercanas de la II Internacional. En
realidad, no tienen absolutamente nada de socialistas, sino exactamente lo
contrario. Ahora que está cercano el socialismo, vuelven a predicarnos viejas ideas
burguesas. Yo no traté de justificarme; hablé de un partido especial, un
partido creado por la guerra, un partido de oficiales que ejercieron el mando
durante la guerra imperialista, que pasaron a primer plano en esa guerra y que
saben qué es la política real. Cuando se nos dice: "Tenéis que suprimir
vuestra Checa u organizarla mejor", nosotros contestamos: no pretendemos
que todo lo que hacemos sea lo mejor y estamos dispuestos a aprender y deseosos
de hacerlo, sin ningún prejuicio.
132
Pero si quienes formaron
parte de la Asamblea Constituyente quieren enseñarnos a organizar una fuerza de
seguridad contra los hijos de los terratenientes y los guardias blancos y
contra los oficiales, les decimos: vosotros estuvisteis en el poder y luchasteis
junto con Kerenski contra Kornílov, y estuvisteis con Kolchak, y esos mismos
guardias blancos os echaron como a niños, sin lucha. ¡Y después de eso todavía
decís que nuestra Checa está mal organizada! (Aplausos) ¡No, nuestra Checa está magníficamente organizada! (Aplausos.) Y cuando ahora en Alemania
los señores conspiradores maltratan a los obreros; cuando en ese país,
oficiales dirigidos por mariscales gritan "¡Abajo el gobierno de
Berlín!", cuando en ese país se asesina impunemente a dirigentes
comunistas y cuando una turba de guardias blancos trata con desprecio a los
dirigentes de la II Internacional como a niños, vemos claramente que ese
gobierno conciliador no es más que un juguete en manos del grupo de
conspiradores. Y cuando tenemos este ejemplo ante nosotros, cuando sólo
comenzamos a dar los primeros pasos, esta gente nos dice: "Habéis
exagerado el terror". ¿Cuántas semanas hace que descubrimos un complot en
Petrogrado?68 ¿Cuántas semanas hace que Yudénich
estaba a pocas verstas de Petrogrado y Denikin a pocas verstas de Oriol? Los
voceros de esos partidos vacilantes y de esa democracia vacilante nos dicen:
"Nos alegra que Yudénich y Kolchak hayan sido derrotados". Estoy
dispuesto a creer que se alegran, porque saben qué les tienen reservado a ellos
Yudénich y Kolchak. (Aplausos.) No
pongo en duda la sinceridad de estas personas; pero les pregunto: cuando el
Poder soviético pasa por momentos difíciles, cuando los elementos burgueses
organizan conspiraciones y cuando en un momento crítico logramos descubrir
estas conspiraciones, ¿creéis que se descubren por casualidad? No, no es por
casualidad. Se descubren porque los conspiradores tienen que vivir entre las
masas, porque sus conspiraciones no pueden salir bien sin los obreros y los
campesinos, y aquí es, en última instancia, donde tropiezan con personas que se
presentan en esa Checa tan mal organizada, como se afirmó aquí, y dicen:
"En tal lugar se han reunido unos explotadores". (Aplausos.) Y cuando poco después de
haber corrido mortal peligro, nos encontramos ante una conspiración que es
evidente para todos, aparecen algunas personas y nos dicen que en nuestro país
no se observa la Constitución y que la Checa está mal organizada, uno diría que
no han aprendido nada de política en la lucha contra los guardias blancos, no
han reflexionado sobre su propia experiencia con Kerenski, Yudénich y Kolchak,
y no han sabido sacar de ella ninguna conclusión práctica. Pero, señores,
puesto que empiezan ustedes a comprender que Kolchak y Denikin constituyen un grave
peligro, que deben optar por el Poder soviético, ha llegado el momento de que
abandonen la declaración de Mártov "para toda la eternidad". (Risas.) En la Constitución está
contenida toda la experiencia de dos años de poder, y sin ese poder —como lo
dije en mi intervención, y nadie ha tratado siquiera de refutarlo—, sin él no
habríamos podido mantenernos, no ya dos años, sino ni siquiera dos
![]()
68 Lenin alude a un complot
contrarrevolucionario que fue descubierto en noviembre de 1919 en Petrogrado.
Al frente del complot se hallaba una organización de guardias blancos
relacionada con Yudénich y subsidiada por la Entente. Pertenecían a esta
organización dignatarios del zar, generales y almirantes del ejército zarista,
miembros del Partido Demócrata Constitucionalista y también individuos próximos
a los partidos eserista y menchevique.
Esta organización contrarrevolucionaria
se proponía preparar un levantamiento en Petrogrado en el momento en que se
aproximaran las tropas de Yudénich y formar un gobierno de guardias blancos.
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
meses. Que trate de refutar
esto quienquiera que desee ser algo objetivo respecto del Poder soviético,
aunque sea desde el punto de vista de un historiador y no de un político que
quiere hablar a las masas obreras, actuar entre ellas e influir en ellas.
Se dice que los Soviets se
reúnen raras veces y que no son elegidos con suficiente frecuencia. Me parece
que a este tipo de reproches debe contestarse, no con discursos ni
resoluciones, sino con hechos. A mi criterio, la mejor respuesta sería que
terminarais vosotros el trabajo iniciado por el Poder soviético de determinar
cuántas elecciones de Soviets de distrito y urbanos, cuántos congresos de
Soviets, etc., se han realizado. Nuestro camarada Vladimirski, vicecomisario
del pueblo del Interior, ha publicado materiales sobre la historia de esos
congresos. Cuando vi ese material, me dije que este es un material histórico
que demuestra, entre otras cosas, que en la historia de las naciones
civilizadas jamás ha habido país en el que la democracia proletaria se haya
aplicado con tanta amplitud como en Rusia. Se dice que los Soviets no se eligen
con suficiente frecuencia, que raras veces convocamos congresos, pero yo invito
a cada delegado a que solicite a los organismos correspondientes que en este
congreso sean distribuidos cuestionarios complementarios en los que cada
delegado pueda anotar qué día, mes y año, y en qué distrito, ciudad o pueblo se
reunieron congresos de Soviets. Si realizáis esta sencilla labor y cada uno de
vosotros llena un cuestionario de ese tipo, tendréis un material que completará
nuestros datos incompletos y demostrará que en tiempos tan difíciles como los
de la guerra, en que se suspendieron casi totalmente las centenarias
constituciones europeas que se han convertido en un hábito para la gente de
Europa Occidental, la Constitución soviética rige en todo el país en mayor
grado que cualquier Constitución en cualquier lugar del mundo, en lo que se
refiere a la participación de las masas populares en la administración y en la
solución autónoma de los asuntos de gobierno en los congresos, en los Soviets y
en las elecciones. Y si se dice que esto no basta, si se critica y se afirma
que "es realmente un terrible delito que vuestro CEC no se haya
reunido", bien, con este motivo, el camarada Trotski dio una respuesta
magnífica a la representante del Bund cuando dijo que el CEC estaba en el
frente. La representante del Bund —de ese Bund que adoptó la plataforma
soviética y del que por esa razón se podía realmente esperar que a la larga
comprendiera cuál es el fundamento del Poder soviético— dijo lo siguiente (lo
tengo anotado): "Qué raro, el CEC en el frente; podía haber enviado a
otros".
133
¡Estamos luchando contra
Kolchak, Denikin y muchísimos más! Las tropas rusas han terminado por
ahuyentarlos como a chiquillos. Estamos librando una guerra difícil y
victoriosa. Sabéis que ante cada invasión tuvimos que enviar al frente a todos
los miembros del CEC, y después se nos dice: "¡Qué raro! ¡Debían haber
buscado a otros!" ¿Qué significa esto? ¿Actuábamos nosotros fuera del
tiempo y del espacio? ¿O se piensa que podemos parir comunistas (Aplausos) a razón de varios por semana?
No, no podemos hacerlo: los obreros que se curtieron en el curso de varios años
de lucha y que adquirieron la experiencia necesaria para poder dirigir, son
menos en nuestro país que en cualquier otro. Debemos adoptar toda clase de
medidas para formar a obreros jóvenes, instruirlos, y ello nos llevará varios
meses, incluso años. Y cuando esto se realiza en condiciones extremadamente
difíciles se ríen de nosotros. Esas risas no hacen más que demostrar una
absoluta incomprensión de la situación. En efecto, se demuestra una ridícula
incomprensión intelectual cuando en estas condiciones de guerra se nos quiere
obligar a actuar de modo distinto a como lo hemos hecho hasta ahora. Debemos
poner en máxima tensión nuestras fuerzas y, por consiguiente, enviar al frente
a los mejores funcionarios y miembros del CEC y de los comités ejecutivos
locales. Estoy seguro de que nadie que tenga alguna experiencia práctica en la
administración condenará esto; por el contrario, aprobará que hayamos realizado
los mayores esfuerzos por reducir al mínimo los organismos colegiados
pertenecientes a los comités ejecutivos, hasta dejar solamente, bajo la presión
de la guerra, el comité ejecutivo, porque los militantes responsables se
lanzaron al frente, de la misma manera que hoy se lanzan en cientos y miles a
entregarse a las tareas relacionadas con el combustible. Esa es la base sin la
cual no puede
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
existir la República
Soviética. Y si el precio de ello es la realización menos frecuente de las
reuniones de los Soviets durante algunos meses, no habrá un solo obrero o
campesino sensato que deje de comprender la necesidad de esto y de aprobarlo.
He dicho que con relación a
la democracia y a los demócratas, se nos sigue obsequiando con todos los
prejuicios de la democracia burguesa. Unos oposicionistas han dicho aquí que
debe suspenderse la represión de la burguesía. Se debe pensar en lo que se dice.
¿Qué significa la represión de la burguesía?
Se pudo abatir y destruir al
terrateniente aboliendo el latifundio y entregando la tierra a los campesinos.
Pero, ¿se puede abatir y destruir a la burguesía aboliendo el gran capital?
Cualquiera que conozca el abecé del marxismo sabe que no se puede abatir así a
la burguesía, sabe que la burguesía nace de la producción mercantil. ¿Qué es,
en las condiciones reinantes de producción mercantil, el campesino que tiene un
excedente de cientos de puds de cereales, que no necesita para su familia, y no
lo entrega a crédito al Estado obrero para ayudar al obrero hambriento y
especula? ¿No es acaso un burgués? ¿No nace así la burguesía? En este problema,
en el problema de los cereales y en el de los tormentos del hambre que sufre
toda la Rusia industrial, ¿recibimos acaso alguna ayuda de quienes nos acusan
de no observar la Constitución, de haber reprimido a la burguesía? No. ¿Nos
ayudan acaso en este aspecto? Se esconden detrás de las palabras "pacto
entre los obreros y los campesinos". Ese pacto es necesario, por supuesto.
Hemos demostrado cómo lo logramos el 26 de octubre de 1917, cuando adoptarnos
esa parte del programa de los eseristas que apoya a los campesinos y la
llevamos íntegramente a la práctica.
De ese modo demostramos que el campesino, que había sido
explotado por los terratenientes, que vive de su trabajo y no especula,
encuentra un verdadero defensor en el obrero que le ha enviado el poder estatal
central. De ese modo logramos el pacto con los campesinos. Cualquier objeción a
la política de abastos que seguimos y que exige que los excedentes de cereal
que no necesita la familia campesina, sean entregados a los obreros como un
crédito al Estado, es amparar la especulación. Esto ocurre todavía entre las
masas pequeñoburguesas, habituadas a vivir al estilo burgués. ¡Eso es lo que se
debe temer; es un peligro para la revolución social! ¿Hicieron alguna vez algo
para ayudarnos en este aspecto los mencheviques y eseristas, aun los más
izquierdistas de ellos? No, jamás. Y sus publicaciones que nosotros debemos
permitir supuestamente en nombre de los "principios de la libertad" y
de las cuales tenemos algunos ejemplares en nuestro poder, demuestran que ni
con una sola palabra —y no hablo ya de hechos— nos ayudan en nada. Mientras no
hayamos vencido la vieja costumbre, el maldito antiguo precepto de cada uno
para sí y Dios para todos, no tenemos más alternativa que la requisa de los
excedentes de cereal, en calidad de préstamo, para los obreros hambrientos. Es
muy difícil hacerlo, lo sabemos. Aquí no se puede lograr nada por la fuerza.
Pero es ridículo afirmar que representamos una minoría de la clase obrera; esto
sólo puede provocar risa. Eso podría decirse en París, aunque allí las
reuniones obreras tampoco escucharían semejantes afirmaciones. En un país donde
el gobierno fue derrocado con increíble facilidad, donde los obreros y
campesinos defienden sus propios intereses con las armas en la mano, donde
emplean el fusil como instrumento de su voluntad, en un país así decir que
constituimos una minoría de la clase obrera es ridículo. Puedo comprender
semejantes afirmaciones en boca de Clemenceau, de Lloyd George o Wilson. ¡Son
sus palabras y sus ideas! Pero cuando Mártov, en nombre del Partido Obrero Socialdemócrata
de Rusia, repite aquí los discursos de Wilson, Clemenceau y Lloyd George (Risas), de los peores bandoleros, de las
fieras imperialistas, entonces me digo que hay que estar alerta y comprender
que la Checa es indispensable. (Aplausos.)
134
Todos los oradores de la
oposición, incluyendo a los representantes del Bund, nos reprochan que no
respetamos la Constitución. Yo sostengo que observamos la Constitución
rigurosamente. (Exclamación desde un
palco: "¡Epa!") Y aunque oigo desde el palco que en
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
otros tiempos era el de los
zares y ahora es de la oposición (Risas)
un irónico "¡Epa!", sin embargo voy a demostrarlo enseguida. (Aplausos.) Les leeré el artículo de la
Constitución que observamos más rigurosamente y que demuestra que en todas
nuestras actividades nos atenemos a la Constitución. Siempre que tuve que
hablar de la Constitución en reuniones a las que asistían partidarios de los
mencheviques y eseristas, resultaba difícil encontrar el texto constitucional
para citarlo. Las reuniones, sin embargo, casi siempre se realizaban en salones
en los que había una Constitución colgada de la pared. En este salón no hay
ninguna, pero el camarada Petrovski ha salvado la situación prestándome un
folleto titulado Constitución de la
RSFSR. Leeré el artículo 23: "Guiándose por los intereses de la clase
obrera en su conjunto, la RSFSR priva
a algunos individuos y a algunos grupos de derechos que utilizan en detrimento
de los intereses de la revolución socialista".
Vuelvo a decir, camaradas,
que nunca hemos creído que nuestra actividad en general y nuestra Constitución
en particular fueran modelos de perfección. En este congreso se planteó el
problema de modificar la Constitución. Estamos de acuerdo en modificarla y
examinar las modificaciones; no permanecerán, sin embargo, invariables
"para toda la eternidad". Si queréis pelear, que sea una pelea
limpia, sin trampas. Si queréis que respetemos la Constitución, ¿queréis que
respetemos también el artículo 23? (Aplausos.)
Si no lo queréis, discutamos entonces si es necesario o no suprimir el artículo
que dice que no debemos dirigirnos al pueblo con frases sobre la libertad
universal y la igualdad universal de los trabajadores. Habéis estudiado
magníficamente el derecho constitucional, pero lo habéis estudiado en viejos
manuales burgueses. Recordáis palabras sobre "democracia y libertad",
invocáis la Constitución y antiguas frases, y prometéis cualquier cosa al
pueblo para no cumplir nada. En cambio, nosotros no prometemos nada parecido;
no proponemos la igualdad de los obreros y campesinos. Vosotros lo hacéis;
discutamos entonces el problema. Con aquellos campesinos que eran explotados
por los terratenientes y capitalistas y que ahora trabajan para mantener a sus
familias en tierras confiscadas a los terratenientes, habrá plena igualdad,
amistad y alianza fraternal. Pero no podemos acordar igualdad a aquellos
campesinos que, debido a sus antiguas costumbres, a la ignorancia y a la
codicia, tienden hacia atrás, hacia la burguesía. Vosotros pronunciáis frases
generales sobre libertad e igualdad para los trabajadores, sobre democracia y
sobre la igualdad de obreros y campesinos. Nosotros no prometemos que la
Constitución garantizará la libertad e igualdad en general. Libertad, sí, pero
¿para qué clase y para qué fin? Igualdad, sí, ¿pero quién será igual a quién?
Serán iguales entre sí aquellos que trabajan, que durante decenas y centenares
de años fueron explotados por la burguesía y que hoy luchan contra ella. Así lo
dice la Constitución: la dictadura de los obreros y campesinos pobres, para
abatir a la burguesía. Cuando habláis de la Constitución, ¿por qué no citáis
esas palabras: "para abatir a la burguesía, para abatir a los
especuladores"? Presentadnos un país modelo, un modelo de vuestra
magnífica constitución menchevique. Quizá podáis hallar un modelo semejante en
la historia, digamos, de Samara, donde los mencheviques estuvieron en el poder.
Quizá podáis hallarlo en Georgia, donde los mencheviques están ahora en el
poder y donde el aplastamiento de la burguesía, es decir, de los especuladores,
se lleva a cabo en condiciones de plena libertad e igualdad, en condiciones de
una democracia consecuente y sin Checa. Presentadnos ese modelo y aprenderemos
de él. Pero no podéis mostrar ese modelo, pues sabéis que en todas partes donde
está el poder en manos de los conciliadores, donde el gobierno es menchevique o
semimenchevique, hay una especulación rabiosa, desenfrenada. Y la Viena de que
hablaba con razón Trotski en su discurso en cuyo gobierno participan tipos como
Federico Adler, y que no conoce los "horrores del bolchevismo", pasa
tanta hambre y tormentos como Petrogrado y Moscú, pero sin la conciencia de que
los obreros vieneses van abriéndose paso, a costa del hambre, hacia la victoria
sobre la burguesía. Viena padece hambre y sufre más que Petrogrado y Moscú, y
allí, en las calles de Viena, en la Avenida Nevski y en la calle de Kuznetski
Most vienesas, la burguesía austríaca y vienesa comete
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
hechos monstruosos de
especulación y saqueo. Vosotros no observáis la Constitución; pero nosotros sí
lo hacemos cuando reconocemos la libertad y la igualdad sólo para quienes
ayudan al proletariado a vencer a la burguesía. Y con el artículo 23 decimos que
el período de transición no será Jauja. Decimos que para completar este período
de transición tendremos que mantenernos firmes no ya meses, sino años. Al cabo
de dos años podemos decir (y nos creerán, con toda seguridad) que somos capaces
de mantenernos firmes varios años, precisamente porque hemos inscrito en la
Constitución que algunas personas y grupos quedan privados de derechos.
135
Y no ocultamos a quiénes
hemos privado de derechos; decimos abiertamente que es al grupo de mencheviques
y eseristas de derecha. Los dirigentes de la II Internacional nos censuraron
por ello, pero decimos con franqueza al grupo de mencheviques y eseristas que
estamos dispuestos a todo, pero que deben ayudarnos a seguir la política de los
trabajadores contra los especuladores, contra los que ayudan a especular con
alimentos, contra los que ayudan a la burguesía. En la medida en que vayáis
demostrando esto con hechos, os eximiremos de lo que hemos venido haciendo de
acuerdo con la Constitución, pero hasta entonces, vuestras palabras vacías no
son más que una evasiva. Nuestra Constitución no se distingue por su retórica;
dice a los campesinos: si eres un campesino trabajador, gozas de todos los
derechos, pero en una sociedad en la que los obreros pasan hambre y se lucha
contra la burguesía no puede haber igualdad de derechos para todos. Y les dice
a los obreros: igualdad con esos campesinos que ayudan en la lucha contra la
burguesía, pero ¡nada de generalizaciones! En este terreno la lucha será
difícil. Acogemos con la mayor alegría a todo el que quiere ayudarnos,
independientemente de cuál haya sido su pasado e independientemente de
cualquier rótulo. Y sabemos que cada vez más personas de este género vienen a
nuestras filas procedentes de otros partidos y de la masa sin adscripción
política, y ello es garantía de nuestra victoria. (Clamorosos aplausos, exclamaciones de "¡Bravo!").
3. Discurso en la
comisión de organización69, 8 de diciembre.
Camaradas: He recibido
varias notas de delegados solicitándome que hable sobre este asunto. No creía
que fuese necesario y hasta que no recibí esas invitaciones me abstuve de
hacerlo, porque, lamentablemente, no he tenido ocasión de conocer en la práctica
el trabajo local y, como es lógico, la noción que de él se tiene por nuestra
labor en el Consejo de Comisarios del Pueblo es insuficiente. Además, estoy en
todo de acuerdo con lo dicho por el camarada Trotski, y por consiguiente me
limitaré a hacer algunas breves observaciones.
Cuando fue planteado en el
Consejo de Comisarios del Pueblo el problema de las haciendas agrícolas
estatales y de su transferencia a los departamentos agrarios provinciales, y
cuando se planteó el problema de las direcciones generales y centrales, no tuve
ni sombra de duda de que en ambos tipos de organismos hay no pocos elementos
contrarrevolucionarios. Pero cuando se intenta acusar a los sovjóses de ser
instituciones especialmente contrarrevolucionarias, siempre me pareció, y sigue
pareciéndome, que eso es errar el tiro, porque ni los sovjóses ni las
direcciones generales o centrales, como ningún tipo de gran empresa industrial,
y en general ninguna organización central o local que dirija una rama más o
menos importante de la economía, deja ni puede dejar de resolver el problema de
la utilización de especialistas burgueses. Me parece que los ataques contra las
direcciones generales y centrales, aunque muy justificados, puesto que es
necesaria en ellos una depuración a fondo, son, sin embargo, equivocados, porque
en este caso se escoge en forma indiscriminada este tipo de institución entre
una serie de otras instituciones similares. Sin
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69 La comisión
de organización o comisión para la estructuración orgánica de los Soviets
fue creada en el VII Congreso de los Soviets de toda Rusia para examinar los
cambios acontecidos en la práctica de la organización de los Soviets desde el
momento en que el V Congreso de los Soviets aprobó la Constitución de la RSFSR
en junio de 1918.
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
embargo, de la labor del
Consejo de Economía Nacional surge claro como la luz que de ningún modo se
puede tomar especialmente, en este punto, las direcciones generales y centrales
y los sovjóses, puesto que en toda nuestra labor soviética, tanto en el ámbito
militar, como en el de la salud pública o la educación, siempre hemos chocado y
seguimos chocando en todas partes con problemas de este tipo. No podemos
rehacer el aparato estatal y preparar un número suficiente de obreros y
campesinos que conozcan bien los problemas de la administración del Estado, sin
contar con la ayuda de los viejos especialistas. Tal es la enseñanza
fundamental que extraemos de toda nuestra labor de organización; y esta
experiencia nos dice que, en todos los terrenos, incluido el militar, los
viejos especialistas — justamente por ser viejos — no pueden salir más que de
la sociedad capitalista. Esa sociedad hizo posible la formación de
especialistas provenientes de sectores sumamente reducidos de la población, de
entre los vástagos de las familias de terratenientes y capitalistas, y sólo un
número insignificante de extracción campesina, y, además, sólo entre los
campesinos ricos. Por lo tanto, si tenemos en cuenta el ambiente en que creció
esa gente y la situación en que hoy trabajan, es absolutamente inevitable que
estos especialistas, es decir, estas personas expertas en administración en una
escala amplia, nacional, estén, en sus nueve décimas partes, imbuidos de viejos
conceptos y prejuicios burgueses, e incluso en los casos en que no son
francamente traidores (y esto no es un fenómeno casual, sino regular), incluso
entonces, no son capaces de comprender la nueva situación, las nuevas tareas y
las nuevas exigencias. Por esta razón, en todas partes, en todos los
comisariados, se observan fricciones, reveses y trastornos.
Creo, por consiguiente, que
se yerra el tiro cuando se habla de que son reaccionarios los sovjóses, las
direcciones generales y centrales, tratando de separar este problema de nuestro
problema general de cómo enseñar a un gran número de obreros y campesinos a
administrar en una escala amplia, nacional. Estamos haciéndolo a una velocidad
que, si se tiene en cuenta el atraso de nuestro país y nuestra difícil
situación, jamás se ha visto en la historia del mundo. Pero por grande que sea
esa velocidad, aún no nos satisface, porque nuestra necesidad de obreros y
campesinos capaces de desempeñar tareas administrativas y conocedores de las
ramas especiales de la administración es inmensa y no la hemos satisfecho aún,
ni siquiera en un diez, ni en uno por ciento. Cuando se nos dice, o se trata de
demostrar en las reuniones del Consejo de Comisarios del Pueblo, que en todas
partes los sovjóses son escondrijo de viejos terratenientes apenas disfrazados,
o ni siquiera disfrazados; que surgen allí nidos de burocracia y que a menudo
se observan cosas similares en las direcciones generales y centrales, no tengo
la menor duda de que es verdad. Pero he dicho que si creéis que podéis remediar
este mal entregando las explotaciones agrícolas estatales a los departamentos
agrarios provinciales, estáis equivocados.
136
¿Por qué quedan más
elementos contrarrevolucionarios, más burocracia, en las direcciones generales
y centrales y en los sovjóses que en el ejército? ¿Por qué hay menos elementos
de éstos en el ámbito militar? Porque, en conjunto, se prestó más atención al
ejército, y se enviaron allí más comunistas, más obreros y campesinos, las
secciones políticas realizaron allí una labor más amplia; en una palabra, la
influencia de los obreros y campesinos avanzados sobre todo el aparato militar
fue más amplia, más profunda y más sistemática, Debido a ello hemos logrado si
no erradicar el mal, por lo menos estar próximos a erradicarlo. A esto, digo,
hay que prestar la mayor atención.
Estamos dando sólo los
primeros pasos para lograr que los sovjóses establezcan relaciones estrechas
con la población campesina del lugar y con los grupos comunistas, para que en
todas partes haya comisarios, no sólo en las fuerzas armadas y no sólo en el
papel. Lo mismo da que se llamen miembros de organismos colegiados, directores
adjuntos o comisarios, tiene que haber responsabilidad individual; esto, y la
administración individual, es tan necesario como es esencial la discusión
colectiva de los problemas fundamentales, si no
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
queremos que haya burocracia
ni ocasión de eludir responsabilidades. Necesitamos personas que en todos los
casos aprendan a administrar con independencia. Si lo logramos, venceremos el
mal del mejor modo.
Diré, para terminar, que
estoy totalmente de acuerdo con el camarada Trotski cuando afirma que se han
hecho aquí intentos muy erróneos de presentar nuestras discusiones como
discusiones entre obreros y campesinos y que se ha mezclado el problema de las
direcciones generales y centrales con el problema de la dictadura del
proletariado. En mi opinión, esto es absolutamente erróneo. El problema de la
dictadura del proletariado debe plantearse cuando se trata de aplastar a la
burguesía. Entonces tenemos que pensar en este problema, entonces necesitamos
la dictadura, porque sólo por medio de ella podemos aplastar a la burguesía y
poner el poder en manos de ese sector de los trabajadores que es capaz de
actuar con firmeza y de atraer a su lado cada vez a un mayor número de
vacilantes. En el presente caso no se nos plantea nada parecido. Estamos
discutiendo cuánto más o cuánto menos centralismo se necesita en una esfera
determinada y en un momento determinado. Puesto que los camaradas de las
localidades afirman — y tanto el camarada Trotski como muchos comisarios del
pueblo lo corroboran— que últimamente en las provincias y, en grado
considerable, en los distritos, han surgido administradores de un nivel
superior (escucho constantemente esa afirmación también del camarada Kalinin,
que visitó muchos lugares, y de los camaradas que llegan de las provincias),
debemos tenerlo en cuenta y preguntarnos si en este caso se entiende
correctamente la cuestión del centralismo. Estoy seguro de que tendremos que
corregir muchas, muchísimas cosas en la labor de las instituciones soviéticas.
Sólo comenzamos a adquirir experiencia en el terreno de la organización. Y
puesto que esa experiencia la observamos desde el Consejo de Defensa y el
Consejo de Comisarios del Pueblo, es evidente que no puede expresarse mediante
cifras y que es imposible hablar de ello en un breve discurso. Estamos seguros,
no obstante, de que en las localidades se trabaja de acuerdo con las
instrucciones fundamentales del poder central. Esto se ha logrado sólo en los
últimos tiempos.
No se trata, de ningún modo,
de un conflicto entre la dictadura del proletariado y otros elementos sociales.
Se trata de la experiencia de nuestro trabajo de organización soviética que, a
mi criterio, nada tiene que ver con la Constitución. Aquí se habló mucho de
modificaciones de la Constitución. Pero no creo que el problema sea ése. La
Constitución habla de centralismo como principio básico. Este principio básico
es tan indiscutible para todos nosotros (todos lo hemos aprendido con la
impresionante e incluso cruel lección práctica de Kolchak, Yudénich, Denikin y
el espíritu de indisciplina), que ni siquiera corresponde hablar aquí de eso.
Tampoco el camarada Saprónov niega el principio básico del centralismo cuando
se trata de conceder a un comisario del pueblo o al Consejo de Comisarios del
Pueblo el derecho de recusar a un candidato. Este no es un problema
constitucional, sino de conveniencia práctica. Para obtener resultados
positivos necesitamos presionar en una u otra dirección. Cuando hablamos de sovjóses
provinciales y de los departamentos agrarios provinciales, el acento debe
ponerse en colocarlos bajo el control de los obreros y de los campesinos del
lugar, prescindiendo de a quién están subordinados. Me parece que ningún cambio
de la Constitución os permitirá expulsar a los terratenientes ocultos ni a los
capitalistas y burgueses disfrazados.
137
Debemos incorporar a
nuestras instituciones, como miembros de direcciones colegiadas poco numerosas,
como ayudantes de algunos administradores o como comisarios, a un número
suficiente de obreros y campesinos que sean absolutamente fieles y que tengan
experiencia práctica. ¡Esa es la clave! Tendréis de ese modo un número cada vez
mayor de obreros y campesinos que aprenderán a administrar y que, terminado su
aprendizaje completo al lado de los viejos especialistas, ocuparán sus puestos,
desempeñarán las mismas funciones y adiestrarán para nuestras tareas civiles,
para administrar la industria, para dirigir
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
las actividades económicas,
un relevo de los cuadros de mando análogo al que se está haciendo en nuestro
departamento militar. Por ello creo que no hay razón alguna para partir de las
consideraciones de principio que a veces se han expuesto aquí; debemos enfocar
el problema desde el ángulo de la experiencia práctica, y no desde el
constitucional. Si después de discutir el problema a fondo, la mayoría de los
cuadros provinciales llegan a la conclusión de que hay que subordinar los
sovjóses provinciales a los departamentos agrarios provinciales,
¡perfectamente!; haremos la prueba en ese sentido y luego resolveremos de
acuerdo con la experiencia práctica. Pero primero tenemos que resolver el
problema de si nos desharemos así de los terratenientes camuflados y de si
utilizaremos mejor a los especialistas. ¿Formaremos de este modo mayor número
de obreros y campesinos para que asuman ellos mismos la administración?
¿Incorporaremos al campesinado del lugar a la tarea de controlar efectivamente
los sovjóses? ¿Crearemos formas prácticas para ese control? ¡Esa es la clave
del asunto! Si resolvemos estos problemas, no creo que hayamos perdido tiempo y
trabajo. Ensayemos diferentes sistemas en diferentes comisariados del pueblo;
establezcamos un sistema para los sovjóses, las direcciones generales y
centrales, y otro para el ejército o para el Comisariado de Sanidad. Nuestra
tarea es atraer, a modo de ensayo, gran número de especialistas, reemplazarlos
luego mediante el adiestramiento de nuevos cuadros de mando, de un nuevo
conjunto de especialistas que tendrán que aprender el dificilísimo, nuevo y
complejo oficio de administrar. Las formas que adopte esto no serán
necesariamente idénticas. El camarada Trotski tenía toda la razón al decir que
esto no está escrito en ninguno de los libros que podemos tomar como guía; no
se deduce de ninguna concepción socialista del mundo, no ha sido determinado
por la experiencia de nadie, sino que tendrá que ser determinado por nuestra
propia experiencia. En este aspecto, creo, debemos acumular esta experiencia y,
en su aplicación práctica, comprobar la construcción comunista para determinar
definitivamente cómo abordar los problemas que se nos plantean.
4. Discurso de
clausura del congreso, 9 de diciembre.
(Prolongados aplausos. Los delegados al congreso e invitados se ponen de
pie y aplauden clamorosamente durante varios minutos.) Camaradas: Quisiera
decir algunas palabras a propósito de
los puntos más importantes que hemos tratado en este congreso.
Hemos tenido, camaradas, una
pequeña discusión en torno al problema de la democracia y del Poder soviético.
Y aunque pueda parecer a primera vista que esa discusión se apartaba mucho de
las tareas prácticas, esenciales y de actualidad de la República Soviética,
creo, sin embargo, que dista mucho de haber sido inútil. Camaradas, en las
organizaciones obreras del mundo entero y con mucha frecuencia también en los
parlamentos burgueses, y en todo caso, durante las elecciones a los parlamentos
burgueses, hoy tiene lugar esta misma discusión fundamental sobre la
democracia, que, aunque muchos no lo comprendan, es la vieja democracia
burguesa, y sobre el poder nuevo, el Poder soviético. La vieja democracia, o
democracia burguesa, proclama la libertad y la igualdad; igualdad prescindiendo
de que una persona tenga o no propiedades, prescindiendo de que posea o no
capital; proclama la libertad para los propietarios privados de disponer de la
tierra y el capital, y la libertad para los que no tienen ni lo uno ni lo otro
de vender su fuerza de trabajo a un capitalista.
Camaradas: Nuestro Poder
soviético ha roto resueltamente con esa libertad y con esa igualdad, que son
mentira (aplausos), y ha dicho a
todos los trabajadores que los socialistas que conciben la libertad y la
igualdad al modo burgués han olvidado los rudimentos, el abecé y todo el
contenido del socialismo. Nosotros, y todos los socialistas que todavía no han
traicionado al socialismo, hemos denunciado siempre la mentira, el engaño y la
hipocresía de la sociedad burguesa, que habla de libertad e igualdad o, por lo
menos, de la libertad e igualdad en las elecciones, cuando en realidad, en
cualquier tipo de régimen "democrático y
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
republicano", el poder
de los capitalistas y la propiedad privada de la tierra y de las fábricas
determinan, no la libertad, sino la opresión y el engaño de los trabajadores.
Decimos que nuestro
objetivo, que es el objetivo del socialismo mundial, es suprimir las clases;
las clases son grupos de personas, uno de los cuales vive del trabajo de otro,
uno de los cuales se apropia del trabajo de otro. De manera que si hablamos de
esa libertad y esa igualdad, tendremos que reconocer, como la mayoría de los
trabajadores de Rusia lo reconoce, que hasta ahora ningún otro país ha dado
tanto y en tan poco tiempo para la verdadera libertad y la verdadera igualdad,
que ningún otro país ha dado a los trabajadores en tan corto tiempo libertad
respecto de la principal clase que los oprime — la clase de los terratenientes
y capitalistas—, y que ningún otro país ha concedido tanta igualdad con
relación al principal medio de subsistencia: la tierra.
138
Es este camino, el de la
emancipación respecto de las clases burguesas explotadoras hasta la completa
supresión de las clases, el que hemos emprendido, y seguimos librando una lucha
resuelta por la supresión total de las clases. Sabemos perfectamente que esas
clases han sido derrotadas, pero no destruidas. Sabemos perfectamente que los
terratenientes y capitalistas han sido derrotados, pero no destruidos. La lucha
de clases continúa, y el proletariado, junto con el campesinado pobre, debe
proseguir la lucha por la supresión total de las clases, ganándose a todos los
que se encuentran en el medio, y con toda su experiencia, con el ejemplo de su
lucha, debe asegurar que todos los que hasta ahora se hallaban en las filas de
los vacilantes sean atraídos a su lado.
Camaradas, pasando al
trabajo de nuestro congreso, debo decir que el VII Congreso es el primero que
ha podido dedicar mucho tiempo a las tareas prácticas de la construcción; por
primera vez hemos conseguido entablar una discusión práctica, basada directamente
en la experiencia, sobre las tareas relacionadas con una mejor organización de
la economía soviética y una mejor organización de la administración soviética.
Por supuesto, hemos tenido
muy poco tiempo para tratar este problema con todo detalle; pero, no obstante,
es mucho lo que aquí hemos hecho, y todo el trabajo posterior del Comité
Ejecutivo Central y de los camaradas de las localidades se atendrá al esquema
aquí establecido.
Por último, camaradas,
quisiera referirme en forma especial a los acuerdos de este congreso en lo que
a nuestra situación internacional se refiere.
Camaradas, hemos reiterado
aquí nuestra propuesta de paz dirigida a todas las potencias y a todos los
países de la Entente. Hemos expresado la seguridad, basada en una experiencia
que es ya muy rica y muy importante; nuestra seguridad de que las principales
dificultades han quedado atrás, y de que de esta guerra que nos fue impuesta
por la Entente, de esta guerra que venimos librando desde hace dos años contra
un enemigo muchas veces más fuerte que nosotros, saldremos, sin duda alguna,
victoriosos.
Pero creo, camaradas, que el
llamado que acabamos de escuchar de un representante de nuestro Ejército Rojo
ha sido sin embargo muy oportuno. Si las principales dificultades han quedado
atrás, debemos reconocer, camaradas, que también las tareas de construcción que
tenemos por delante se desarrollan en una escala extraordinaria amplia. Es
indudable que existen aún grupos capitalistas muy influyentes y poderosos,
grupos que en muchos países son evidentemente dominantes y que han decidido
continuar hasta el final, cueste lo que cueste, la guerra contra la Rusia
Soviética. Es indudable que ahora que hemos logrado cierta victoria decisiva
tendremos que empeñar nuevos esfuerzos, tendremos que redoblar los esfuerzos
para aprovechar esa victoria y llevarla hasta el fin. (Aplausos.)
Camaradas: Hay dos cosas que
no debéis olvidar: primero, nuestra debilidad general, relacionada quizá con el
carácter eslavo —no somos bastante firmes, bastante tenaces en la
VII Congreso de los Soviets de toda Rusia
prosecución de los objetivos
que nos planteamos—, y segundo, como lo demostró la experiencia, una vez en el
Este y otra en el Sur, en el momento decisivo no supimos presionar con bastante
fuerza contra un enemigo en retirada y le permitimos volver a levantar cabeza.
No hay ni sombra de duda de que los gobiernos y los sectores militares de
Europa Occidental están fraguando nuevos planes para salvar a Denikin. No hay
la menor duda de que tratarán de decuplicar la ayuda que le han estado
brindando, porque comprenden el gran peligro que le amenaza desde la Rusia
Soviética. Por consiguiente, debemos decirnos hoy, en momentos en que comienzan
las victorias, lo que nos decíamos en los momentos difíciles: "Camaradas,
recordad que ahora puede depender de algunas semanas, o quizá de dos o tres
meses, que terminemos esta guerra, no sólo con una victoria decisiva, sino con
el total aniquilamiento del enemigo, o que condenemos de nuevo a decenas y
centenares de miles de personas a una larga y penosa guerra. Sobre la base de
la experiencia adquirida, podemos decir ahora con absoluta seguridad que, si
logramos triplicar nuestros esfuerzos, depende de algunas semanas, o de dos o
tres meses, la posibilidad, no sólo de obtener una victoria decisiva, sino
también de aniquilar al enemigo y conquistar para nosotros una paz firme y
duradera"
Por lo tanto, camaradas,
quisiera pediros ante todo, a cada uno de vosotros, que al regresar a vuestras
localidades planteéis en cada organización del partido, en cada institución
soviética y en cada asamblea de obreros y campesinos este problema: camaradas,
la presente campaña de invierno puede conducir, con toda seguridad, al
aniquilamiento total del enemigo, si nosotros, alentados por los éxitos y por
las claras perspectivas de la construcción soviética que hoy se abren ante
nosotros, consideramos las próximas semanas y los próximos meses como un
período de duro trabajo en el que debemos triplicar nuestros esfuerzos en el
terreno militar y en otras tareas relacionadas con él, y podremos entonces, en
el plazo más breve, aniquilar al enemigo y poner fin a la guerra civil, lo que
abrirá ante nosotros la posibilidad de construir pacíficamente el socialismo
por largo tiempo. (Aplausos.)
Publicado íntegramente en 1920, en el libro "VII Congreso
de los Soviets de diputados obreros, campesinos, soldados rojos y cosacos de
toda Rusia. Actas taquigráficas".
T. 39, págs. 387-436.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
140
LAS ELECCIONES A LA ASAMBLEA
CONSTITUYENTE Y LA DICTADURA DEL PROLETARIADO.
La recopilación de los
socialistas-revolucionarios Un año de la
revolución rusa. 1917-1918 (Editorial Zemliá
y Volia, Moscú, 1918) incluye un artículo sumamente interesante de N.
Sviatitski, titulado Balance de las
elecciones a la Asamblea Constituyente de toda Rusia (prefacio), en el que
se recogen los datos de 54 circunscripciones electorales, de un total de 79.
El autor analiza casi todas
las provincias de la Rusia Europea y de Siberia, faltando entre ellas
únicamente las de Olonets, Estlandia, Kaluga, Besarabia, Podolsk, Oremburgo,
Yakutia y del Don.
Expondremos primero los
resultados principales publicados por N. Sviatitski y examinaremos a
continuación las conclusiones políticas que de ellos se desprenden.
I
En noviembre de 1917, en
esas 54 circunscripciones fueron emitidos en total 36.262.560 votos. El autor
menciona la cifra de 36.257.960 votos, distribuidos entre 7 zonas (más el
ejército y la marina), pero los datos por partidos que él mismo publica nos dan
precisamente la cifra indicada por mí.
La distribución por partidos
es la siguiente: los eseristas rusos obtuvieron 16.500.000 votos, y si a éstos
sumamos los logrados por los eseristas de otras naciones (ucranianos,
musulmanes, etc.) obtendremos un total de 20.900.000, o sea, el 58% de los sufragios
emitidos.
Los mencheviques lograron
668.064 votos, que sumados a los obtenidos por otros grupos análogos como son
los "socialistas populares"70
(312.000), el grupo Edinstvo71
(25.000), los cooperadores (51.000), los socialdemócratas ucranianos (95.000),
los socialistas ucranianos (507.000), los socialistas alemanes (44.000) y los
socialistas finlandeses (14.000), tendremos un total de 1.700.000 votos.
Los bolcheviques obtuvieron 9.023.963 votos.
Los demócratas
constitucionalistas sacaron 1.856.639 votos. Agreguemos a éstos la Unión de
Propietarios de Tierras (215.000), los "grupos de derecha" (292.000),
la secta religiosa del "antiguo rito" (73.000), los nacionalistas
—judíos (550.000), musulmanes (576.000), bashkírios (195.000), letones
(67.000), polacos (155.000), cosacos (79.000), alemanes (130.000) y bielorrusos
(12.000)— y las "listas de diversos grupos y organizaciones"
(418.000) y tendremos un total de 4.600.000 votos emitidos a favor de los
partidos de los terratenientes y de la burguesía.
![]()
70 Enesistas (socialistas populares): miembros del
Partido Socialista Popular del Trabajo, partido pequeñoburgués desgajado del
ala derecha del de los socialistas-revolucionarios (eseristas) en 1906. Los
socialistas populares se pronunciaban a favor de un bloque con los demócratas
constitucionalistas y se diferenciaban poco de ellos. Consumada la revolución
burguesa de febrero, los enesistas apoyaron al Gobierno Provisional y después
de la Revolución Socialista de Octubre participaron en la lucha armada contra
el Poder soviético.
71
Edinstvo (Unidad): insignificante grupo
socialdemócrata que aglutinaba en 1917-1918 en lo fundamental a los
mencheviques defensistas de la extrema derecha. El grupo Edinstvo rechazaba la
posibilidad de la revolución socialista en Rusia, apoyaba incondicionalmente al
Gobierno Provisional burgués y exigía la continuación de la guerra
imperialista. El grupo se disgregó en el verano de 1918.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
Es sabido que los eseristas
y los mencheviques formaron un bloque durante todo el período revolucionario
comprendido entre febrero y octubre de 1917. Además, todo el curso de los
acontecimientos, tanto durante este periodo como después de él, ha demostrado
paladinamente que estos dos partidos juntos representan a la democracia
pequeñoburguesa, que se cree y se hace llamar socialista, cometiendo el mismo
error que todos los partidos de la II Internacional.
Si tomamos los tres grupos principales de partidos que se
presentaron a las elecciones a la
Asamblea Constituyente, obtendremos el siguiente resultado:
|
partido del proletariado (bolcheviques)
............... |
9.020.000 = 25% |
|
partidos de la democracia pequeñoburguesa |
|
|
(socialistas-revolucionarios, |
|
|
mencheviques,
etc.)........................... |
22.620.000 = 62% |
|
partidos de los terratenientes y de la burguesía |
|
|
(demócratas constitucionalistas, etc.)... |
4.620.000 = 13% |
|
Total... |
36.260.000 = 100% |
Veamos ahora los datos que publica N. Sviatitski por zonas:
141
Número de votos emitidos (en miles)
|
|
|
|
A favor de |
|
A favor |
|
A favor de los |
|
|
|
|
Zonas (y ejército aparte) |
los |
% |
de los |
% |
demócratas |
% |
Total |
|||
|
eseristas |
bolchevi |
constitucional |
||||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
||||
|
|
|
|
(rusos) |
|
ques |
|
istas |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
Norte (Arjánguelsk, Vólogda, |
1.140,0 |
38 |
1.177 , 2 |
40 |
393,0 |
13 |
2.975,1 |
|||
|
Petrogrado, Nóvgorod, Pskov, |
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
Liflandia.) |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
Central Industrial
(Vladimir, |
1. 987,9 |
38 |
2.305,6 |
44 |
550,2 |
10 |
5.242,5 |
|||
|
Kostromá, |
Moscú, |
Nizhni |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Nóvgorod, Riazán, Tula, Tver, |
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
Yaroslavl.) |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
||
|
Volga-Tierras |
Negras |
4.733,9 |
70 |
1.115,6 |
16 |
267,0 |
4 |
6.764,3 |
||
|
(Astracán, |
Vorónezh, Kursk, |
|
|
|
|
|
|
|
||
|
Oriol, Penza, Samara, Sarátov, |
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
Simbirsk, Tambov.) |
|
|
|
|
|
|
|
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Occidental |
(Vitebsk, |
Minsk, |
1.242,1 |
43 |
1.282,2 |
44 |
48,1 |
2 |
2.961,0 |
|
|
Moguiliov, Smolensk.) |
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
||
|
Oriental-Urales |
(Vlatka, |
1.547,7 |
43 |
443,9 |
12 |
181,3 |
5 |
3.583,5 |
||
|
Kazán, Perm, Ufá.) |
|
|
(62%) |
|
|
|
|
|
||
|
|
|
|
|
* |
|
|
|
|
|
|
|
Siberia (Tobolsk, Tomsk, Altái, |
2.094,8 |
75 |
273,9 |
10 |
87,5 |
3 |
2.786,7 |
|||
|
Yeniseisk, Irkutsk, |
|
|
|
|
|
|
|
|
||
|
Transbaikalia, Priamurie.) |
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Ucrania |
|
(Volinia, |
1.878, 1 |
25 |
754,0 |
10 |
277,5 |
4 |
7.581,3 |
|
|
Ekaterinoslav, Kiev, |
Poltava, |
|
(77%) |
|
|
|
|
|
||
|
Táuride, |
Járkov, |
Jersón, |
|
** |
|
|
|
|
|
|
|
Chernigov.) |
|
|
|
|
|
|
|
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
||
|
Ejército y marina |
|
1.885,1 |
43 |
1.671,3 |
38 |
51,9 |
1 |
4.363,6 |
||
![]()
* El 62% que figura entre paréntesis lo
obtiene Sviatitski al añadir los eseristas musulmanes y chuvashes. ** El 77%
entre paréntesis lo doy yo, añadiendo los eseristas ucranianos.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
Estos datos nos muestran
que, durante las elecciones a la Asamblea Constituyente, los bolcheviques eran
el partido del proletariado y los eseristas, el partido del campesinado. En las
zonas netamente campesinas, tanto en las pobladas por rusos (Volga-Tierras
Negras, Siberia y Oriental— Urales) como en Ucrania, los eseristas obtuvieron
del 62% al 77% de los votos. En los centros industriales los bolcheviques
llevaron ventaja sobre los eseristas. Esta ventaja parece ser menor en los
datos que cita N. Sviatitski por zonas, pues agrupa las circunscripciones de
mayor desarrollo industrial con otras de menor desarrollo e incluso con
circunscripciones carentes de industria. Los datos que cita Sviatitski por
provincias para los partidos eserista, bolchevique, demócrata
constitucionalista y para los "grupos nacionales y otros" nos dan el
siguiente cuadro:
En la zona Norte la ventaja
de los bolcheviques parece ser insignificante: 40% contra 38%. Ahora bien, en
esta zona figuran reunidas las circunscripciones carentes de industria
(provincias de Arjánguelsk, Vólogda, Nóvgorod y Pskov), en las que predominan
los eseristas, con circunscripciones industriales: Petrogrado ciudad, donde los
bolcheviques obtuvieron el 45% de los votos y los eseristas el 16%; Petrogrado
provincia (bolcheviques, 50%, eseristas, 26%) y Liflandia (bolcheviques, 72%,
eseristas, 0).
De entre las provincias de
la zona Central— Industrial, la de Moscú dio a los bolcheviques el 56% de los
votos y a los eseristas el 25%; la circunscripción de Moscú ciudad dio el 50% a
los bolcheviques y el 8% a los eseristas; la provincia de Tver dio el 54% a los
bolcheviques y el 39% a los eseristas; la de Vladímir, el 56% a los
bolcheviques y el 32% a los eseristas.
Diremos de paso que, ante
tales hechos, resultan ridículas las afirmaciones de que los bolcheviques han
contado y cuentan con una "minoría del proletariado". Y eso lo
afirman tanto los mencheviques (que han obtenido 668.000 votos, y de 700.000 a
800.000 más si contamos los de la Transcaucasia, contra los 9 millones
obtenidos por los bolcheviques) como los socialtraidores de la II
Internacional.
II
¿Cómo ha podido ocurrir ese
milagro de que los bolcheviques, que obtuvieron la cuarta parte de los votos,
hubieran podido vencer a los demócratas pequeñoburgueses, que, aliados a la
burguesía, acapararon juntamente con ella las tres cuartas partes de los votos?
En efecto, negar hoy el
hecho de esa victoria, después de dos años de ayuda de la Entente — de esa
Entente de poderío universal— a todos los enemigos del bolchevismo, es
simplemente ridículo.
Lo que ocurre es que el
furioso odio político de los derrotados, entre los que figuran todos los
partidarios de la II Internacional, ni siquiera les permite plantear con
seriedad el interesantísimo problema histórico y político de las causas de la
victoria bolchevique. Lo que ocurre es que el "milagro" sólo es tal
milagro desde el punto de vista de la vulgar democracia pequeñoburguesa, cuya
profunda ignorancia y cuyos prejuicios se ponen de manifiesto por el
planteamiento del problema y la razón que de él se da.
Desde el punto de vista de
la lucha de clases y del socialismo, punto de vista abandonado por la II
Internacional, el problema tiene una solución indiscutible.
142
Los bolcheviques vencieron,
ante todo, porque tuvieron a su lado a una mayoría inmensa del proletariado, y
dentro de él, a su parte más consciente, enérgica y revolucionaria, a la
verdadera vanguardia de esta clase avanzada.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
Tomemos las dos capitales,
Petrogrado y Moscú. El número total de sufragios emitidos en las dos ciudades
durante las elecciones a la Asamblea Constituyente fue de 1. 765.100. De ellos
obtuvieron:
|
los eseristas |
218.000 |
|
los bolcheviques |
837.000 |
los demócratas constitucionalistas 515.400
Los demócratas
pequeñoburgueses, que se intitulan socialistas y socialdemócratas (los Chernov,
los Mártov, los Kautsky, los Longuet, los MacDonald y Cía.), no podrán eliminar
el hecho económico y político de la desigualdad
existente entre la ciudad y el campo, por mucho que doblen la rodilla ante las
divinidades como la "igualdad", el "sufragio universal", la
"democracia", la "democracia pura" o la "democracia
consecuente".
Ese hecho es inevitable bajo
el capitalismo en general y en particular durante el paso del capitalismo al
comunismo.
La ciudad no puede ser igual
al campo. El campo no puede ser igual a la ciudad en las condiciones históricas
de esta época. La ciudad lleva tras sí,
inevitablemente, al campo. El campo sigue,
inevitablemente, a la ciudad.
Únicamente se trata de saber cuál de las
clases "urbanas" será capaz de llevar tras sí al campo, cuál de
ellas podrá resolver este problema, y qué formas adoptará esta dirección ejercida por la ciudad.
En noviembre de 1917, los
bolcheviques contaban con una mayoría gigantesca del proletariado. El partido
que rivalizaba con ellos en la conquista del proletariado, el partido
menchevique, había sido definitivamente derrotado para aquel entonces
(9.000.000 de votos contra 1.400.000, si se suman los 668.000 y los 700.000 u
800.000 de la Transcaucasia). Además, los mencheviques fueron derrotados
después de una lucha que duró quince años (de 1903 a 1917) y sirvió para curtir, ilustrar y organizar a la
vanguardia del proletariado, forjándola
como vanguardia verdaderamente revolucionaria. Y la primera revolución, la de 1905, preparó el desarrollo ulterior,
determinó prácticamente las
relaciones entre los dos partidos y sirvió de ensayo general de los grandes
acontecimientos que se produjeron entre 1917 y 1919.
Los demócratas
pequeñoburgueses, que se intitulan "socialistas" de la II
Internacional, de la acumulación del
oportunismo en el movimiento obrero de los años 1871 a 1914, no se les ocurre (o no quieren) pensar en las causas del fracaso del
oportunismo en agosto de 1914, en las causas de la escisión del socialismo
internacional en los años 1914-1917.
Si no se prepara muy en
serio y en todos los aspectos a la parte revolucionaria
del proletariado para expulsar de sus filas y aplastar al oportunismo, es
absurdo pensar en la dictadura del proletariado.
Esta lección de la
revolución rusa habría que grabársela en la frente a los líderes de la
socialdemocracia "independiente" alemana, del socialismo francés,
etc., que ahora quieren salir del paso con un reconocimiento verbal de la
dictadura del proletariado.
Prosigamos. Los bolcheviques
no sólo tuvieron de su parte a la mayoría del proletariado, no sólo tuvieron a
la vanguardia revolucionaria del
proletariado, forjada en una lucha larga y tenaz contra el oportunismo. También
tuvieron, valga el término militar, una potente "fuerza de choque" en
las capitales.
Esa "ley" de los
éxitos militares según la cual es preciso tener una superioridad de fuerzas
aplastante en el momento decisivo y en el lugar decisivo, es también una ley
del éxito político, sobre todo en esa encarnizada y turbulenta guerra de clases
a la que se da el nombre de revolución.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
Las capitales y, en general,
los centros comerciales e industriales más importantes (en Rusia estos dos
conceptos coincidían, pero no siempre ocurre así en otras partes) deciden en
medida considerable los destinos políticos del pueblo, siempre y cuando, claro
está, que esos centros cuenten con el apoyo, aunque no sea inmediato, de
fuerzas suficientes provinciales, rurales.
En las dos capitales, en los
dos centros comerciales e industriales más importantes de Rusia, los
bolcheviques tuvieron una superioridad aplastante y decisiva. En ellas reunimos
casi cuatro veces más votos que los
eseristas y un número superior al
conseguido por los eseristas y los demócratas constitucionalistas juntos.
Además, nuestros adversarios estaban disgregados,
pues la "coalición" de los demócratas constitucionalistas con los
eseristas y los mencheviques (los mencheviques obtuvieron tanto en Petrogrado
como en Moscú sólo un 3% de los votos) no podía estar más desprestigiada a los
ojos de las masas trabajadoras. En aquel momento no se podía hablar siquiera de
ninguna unidad efectiva contra
nosotros de los eseristas y mencheviques con los demócratas
constitucionalistas*. Como es sabido, en noviembre acostumbran a desentenderse
de este importantísimo problema histórico con frases melifluas acerca de los
beneficios de la "unidad" del proletariado. Pero con esa
vanilocuencia meliflua olvidan el hecho histórico de 1917, hasta los líderes
eseristas y mencheviques, para quienes la idea del bloque con los demócratas
constitucionalistas era cien veces más aceptable que para los obreros y
campesinos eseristas y mencheviques, ¡hasta esos líderes pensaban (y regateaban
con nosotros las condiciones) en una coalición con los bolcheviques, sin los demócratas constitucionalistas!72
* Es interesante señalar la unidad y la
cohesión del partido del proletariado, reveladas también en los datos
mencionados, frente a la enorme dispersión de los partidos de la pequeña
burguesía y de la burguesía.
143
En octubre y noviembre de
1917 nos lanzamos a ciencia cierta a
la conquista de las capitales, contando con una superioridad de fuerzas
aplastante y una solidísima experiencia política en la labor de reunir,
concentrar, instruir, probar y forjar los "ejércitos" bolcheviques,
así como en la de descomponer, debilitar, dividir y desmoralizar los
"ejércitos" del "enemigo".
Y esta posibilidad de
conquistar a ciencia cierta, con un golpe rápido y decisivo, las dos capitales,
los dos centros de toda la máquina capitalista del Estado (tanto en el aspecto
económico como político), nos permitió, con ayuda del aparato central del poder
del Estado, demostrar prácticamente a
las masas trabajadoras no
proletarias, a pesar de la furiosa resistencia
de la burocracia y de la "intelectualidad", a pesar del sabotaje,
etc., que el proletariado era el único aliado, amigo y dirigente en que podían
confiar.
III
Pero antes de pasar al
problema —el más importante de todos— de la actitud del proletariado hacia las
masas trabajadoras no proletarias, conviene decir unas palabras acerca del ejército.
![]()
72
Se
alude a las conversaciones sobre la composición del gobierno que sostuvieron
los bolcheviques con el CESFR (Comité Ejecutivo del Sindicato Ferroviario de
toda Rusia) en octubre-noviembre de1917. Dirigían el CESFR mencheviques y
eseristas.Después del triunfo de la insurrección armada de Octubre en
Petrogrado, el CESFR era un reducto de la contrarrevolución. Encubriéndose con
declaraciones de neutralidad y llamamientos a cesar la guerra civil, el CESFR
obstaculizó el envío de destacamentos revolucionarios de Petrogrado a Moscú
donde continuaba la lucha armada por la instauración del Poder soviético y
amenazó con suspender el movimiento de trenes. El 29 de octubre (11 de
noviembre) de 1917 el CESFR adoptó una resolución en la que exhortaba a formar
un nuevo denominado "gobierno homogéneo socialista", constituido por
representantes de todos los partidos"desde los bolcheviques hasta los
socialistas populares". Aquel mismo día se abrió la conferencia convocada
en el CESFR sobre la composición del gobierno. El CC del Partido Bolchevique
estimó posible participar en las conversaciones planteando que todas las
conversaciones sobre la ampliación del gobierno y del CECR debían basarse en el
reconocimiento del programa de actividad del Poder soviético aprobado por el II
Congreso de los Soviets. Las conversaciones fracasaron.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
Durante la guerra
imperialista, el ejército había reunido en sus filas la flor y nata de las
fuerzas del pueblo, y mientras la canalla oportunista de la II Internacional
(no sólo los socialchovinistas, es decir, los Scheidemann y los Renaudel, que
se habían pasado abiertamente al bando de la "defensa de la patria",
sino también los "centristas") reforzaba con sus palabras y con sus
acciones el sometimiento del ejército a la dirección de los bandidos
imperialistas, tanto a los del grupo alemán como a los del grupo anglo-francés,
los verdaderos revolucionarios proletarios jamás olvidaron las palabras
pronunciadas por Marx en 1870: "la burguesía enseñará al proletariado el
manejo de las armas"73. Sólo los traidores al socialismo
austro-alemanes y anglo— franco-rusos podían hablar de "defensa de la
patria" en la guerra imperialista, que era una guerra de rapiña por ambas
partes, mientras que los revolucionarios proletarios concentraban toda su
atención (a partir de agosto de 1914) en la labor de revolucionar el ejército,
de utilizarlo contra los bandidos
imperialistas de la burguesía, de convertir aquella guerra injusta y
expoliadora entre dos grupos de fieras imperialistas en una guerra justa y
legítima de los proletarios y de las masas trabajadoras oprimidas de cada país
contra "su" burguesía "nacional".
Los traidores al socialismo no prepararon entre 1914 y 1917 la
utilización de los ejércitos contra
los gobiernos imperialistas de cada
país.
Los bolcheviques la fueron
preparando desde agosto de 1914 con su propaganda y su agitación, con su labor
clandestina de organización. Naturalmente, los traidores al socialismo, los
Scheidemann y los Kautsky de todos los países, se desentendían del problema
hablando de la descomposición del
ejército por la agitación bolchevique, pero nosotros nos enorgullecemos de haber cumplido con nuestro deber al descomponer
las fuerzas de nuestro enemigo de
clase, al arrebatarle las masas armadas obreras y campesinas para la lucha contra los explotadores.
Número de votos (en miles)
emitidos en noviembre de 1917, durante las elecciones a la Asamblea
Constituyente
|
|
a favor de |
|
a
favor de los |
a favor de |
|
|
Unidades del
ejército y |
a favor de los |
demócratas |
los grupos |
|
|
|
los |
Total |
||||
|
la marina |
eseristas |
bolcheviques |
constitucion |
nacionales |
|
|
|
|
alistas |
y otros |
|
|
|
|
|
|
|
||
|
Frente
Norte |
240,0 |
480,0 |
? |
60,0** |
780,0 |
|
Frente Occidental |
180,6 |
653,4 |
16,7 |
125,2 |
976,0 |
|
Frente
Suroccidental |
402,9 |
300,1 |
13,7 |
290,6 |
1.007,4 |
|
Frente Rumano |
679,4 |
167,0 |
21,4 |
260,7 |
1.128,6 |
|
Frente del Cáucaso |
360,0 |
60,0 |
? |
- |
420,0 |
|
Flota del Báltico |
- |
(120,0) * |
- |
- |
(120,0) * |
|
Flota del Mar Negro |
22,2 |
10,8 |
- |
19,5 |
52,5 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
1.671,3 |
|
|
4.364,5 |
|
Total |
11.885,1 |
+(120,0)* |
51,8 |
756,0 |
+(120,0)* |
|
|
|
1.791,3 |
+? |
|
+? |
![]()
![]()
![]()
![]()
![]()
* La cifra es aproximada: fueron elegidos
dos bolcheviques. N. Sviatitski considera por término medio 60.000 votos por
cada diputado elegido. Por eso tomo la cifra de 120.000.
** No se indica cuál es el partido que
obtuvo 19.500 votos de la Flota del Mar Negro. Las demás cifras de esta columna
se refieren casi exclusivamente, por lo visto, a los socialistas ucranianos,
pues fueron elegidos 10 socialistas ucranianos y un socialdemócrata
(menchevique).
Los resultados de nuestra labor se vieron asimismo en la
votación durante las elecciones a la
![]()
73 Se tienen en cuenta unas palabras de C. Marx, de su carta a L.
Kugelman, del 13 de diciembre de 1870.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
Asamblea Constituyente, de
noviembre de 1917, en las que en Rusia también participó el ejército.
144
He aquí los resultados principales de esa votación, tal como los
cita N. Sviatitski:
El total nos da: 1.885.100
votos a favor de los eseristas y 1.671.300 a favor de los bolcheviques. Si a
esta última cifra añadimos los 120.000 votos (aproximados) de la Flota del
Báltico, tendremos a favor de los bolcheviques 1.791.300 votos.
Por consiguiente, los bolcheviques obtuvieron un poco menos que los eseristas.
Es decir, ya en octubre-noviembre de 1917 la mitad del ejército era bolchevique.
De otro modo no hubiéramos
podido vencer. Ahora bien, a la vez que contábamos con la mitad casi de los
votos de todo el ejército, teníamos una superioridad aplastante en los frentes más próximos a las capitales y en los no
muy alejados de ellas. Si descontamos el frente del Cáucaso, veremos que, en
total, los bolcheviques llevaban ventaja sobre los eseristas. Y si tomamos los
frentes Norte y Occidental, tendremos en ellos más de un millón de votos a favor de los bolcheviques contra
420.000 a favor de los eseristas.
Por lo tanto, en noviembre
de 1917, los bolcheviques tenían también en el ejército una "agrupación de choque" política,
que les aseguró una superioridad aplastante de fuerzas en el lugar decisivo y en el momento decisivo. No podía caber ninguna
resistencia del ejército contra la Revolución de Octubre del proletariado,
contra la conquista del poder político por el proletariado, pues en los frentes
Norte y Occidental los bolcheviques tenían una superioridad gigantesca, y en
los frentes alejados del centro los bolcheviques tuvieron tiempo y
posibilidades de arrebatar las masas
campesinas al partido eserista, de lo cual hablaremos más adelante.
IV
Los datos de las elecciones
a la Asamblea Constituyente nos han permitido examinar las tres condiciones del
triunfo del bolchevismo: 1) mayoría aplastante entre el proletariado; 2) casi
la mitad del ejército; 3) superioridad aplastante de fuerzas en el momento
decisivo y en los lugares decisivos, a saber: en las capitales y en los frentes
próximos al centro.
Ahora bien, si los
bolcheviques no hubiesen conseguido atraer a su lado a la mayoría de las masas
trabajadoras no proletarias, no
hubiesen logrado arrebatárselas a los eseristas y demás partidos
pequeñoburgueses, estas condiciones sólo habrían podido proporcionar una
victoria sumamente efímera e inestable.
Esa es la cuestión principal.
Y la causa fundamental de
que los "socialistas" (léase los demócratas pequeñoburgueses) de la
II Internacional no hayan comprendido la dictadura del proletariado reside en
su incomprensión de que
el poder estatal en manos de una clase, en manos del
proletariado, puede y debe convertirse en el instrumento que permita a éste
conquistar las masas trabajadoras no proletarias, en el instrumento que le
permita arrebatar esas masas a la burguesía y a los partidos pequeñoburgueses.
Llenos de prejuicios
pequeñoburgueses y habiendo olvidado el contenido principal de la teoría de
Marx acerca del Estado, los señores "socialistas" de la II
Internacional ven en el poder estatal
una especie de sanctasanctórum, un ídolo o una resultante de votaciones de carácter formal, una absolutización de
la "democracia consecuente" (y de otras zarandajas
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
por el estilo). No ven que
el poder estatal es simplemente un instrumento
que las distintas clases pueden y
deben utilizar (y saber utilizar) para
sus objetivos de clase.
La burguesía ha utilizado el
poder estatal como arma de clase de los capitalistas para luchar contra el
proletariado, contra todos los trabajadores. Así ha ocurrido en las repúblicas
burguesas más democráticas. Esto sólo han podido "olvidarlo" los
traidores al marxismo.
El proletariado (después de
haber reunido "fuerzas de choque" políticas y militares
suficientemente fuertes) debe derribar a la burguesía, arrebatarle el poder
estatal y utilizar este instrumento
para sus propios objetivos de clase.
Ahora bien, ¿cuáles son los objetivos de clase del proletariado?
Aplastar la resistencia de
la burguesía. "Neutralizar" al campesinado y, en la medida de lo
posible, atraerlo a su lado, o, en todo caso, a la mayoría de sus elementos
trabajadores, de sus elementos no explotadores.
Organizar la gran producción
maquinizada en las fábricas y, en general, con los medios de producción
expropiados a la burguesía.
Organizar el socialismo sobre las ruinas del capitalismo.
* * *
Los señores oportunistas,
incluidos los kautskianos, se burlan de la doctrina de Marx y
"enseñan" al pueblo que el proletariado debe, primero, conquistar la
mayoría mediante el sufragio universal, recibir, después, el poder estatal
merced a los votos de esta mayoría y, finalmente, sobre esta base de la
democracia "consecuente" (otros la llaman "pura"),
organizar el socialismo.
Pero nosotros, que nos
basamos en la doctrina de Marx y en la experiencia de la revolución rusa,
decimos:
el proletariado debe
derribar primero a la burguesía y conquistar el poder estatal, utilizando
después ese poder estatal, es decir, la dictadura del proletariado, como
instrumento de su clase, a fin de ganarse la simpatía de la mayoría de los
trabajadores.
* * *
¿Cómo puede convertirse el
poder estatal en manos del proletariado en instrumento de su lucha de clase
para ganar influencia entre las masas trabajadoras no proletarias, para
atraerlas a su lado, para apartarlas de la burguesía y arrebatárselas a ésta?
145
En primer lugar, el proletariado lo consigne porque no pone en marcha el viejo aparato del
poder estatal, sino que lo hace añicos,
no deja de él piedra sobre piedra (a despecho de las lamentaciones de los
asustados pancistas y de las amenazas de los saboteadores) y crea un nuevo aparato del Estado. Este nuevo
aparato estatal se halla adaptado a la dictadura del proletariado y a la lucha de éste contra la burguesía por la conquista de las masas
trabajadoras no proletarias. Este nuevo aparato no ha sido inventado por nadie,
sino que nace de la lucha de clase
del proletariado, del desarrollo de esa lucha en extensión y profundidad. Este nuevo aparato del
poder estatal, este nuevo tipo de
poder del Estado es el Poder soviético.
Inmediatamente, a las pocas
horas de haber conquistado el poder estatal, el proletariado de Rusia declaró
disuelto el viejo aparato del Estado (adaptado durante siglos, como lo ha
demostrado Marx, para servir a los intereses de clase de la burguesía, aun en
la república74
![]()
74 Véase C. Marx. El
Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte y La
guerra civil en Francia.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
más democrática) y entregó todo el poder a los Soviets, a los que
sólo tuvieron acceso los trabajadores y explotados, cerrándoseles las puertas a
todos los explotadores sin excepción.
Así es como, de golpe, en el
acto, inmediatamente después de la
conquista del poder estatal, el proletariado arrebata a la burguesía una masa
enorme de partidarios suyos pertenecientes a los partidos pequeñoburgueses
y "socialistas", pues esta masa, integrada por trabajadores y
explotados, a los que venía engañando la burguesía (lo mismo que sus acólitos,
los Chernov, los Kautsky, los Mártov y Cía.), al obtener el Poder soviético obtiene por vez primera un instrumento para desarrollar una lucha masiva en
defensa de sus intereses contra la burguesía.
En segundo lugar, el
proletariado puede y debe (inmediatamente o, en todo caso, muy pronto)
arrebatar a la burguesía y a la democracia pequeñoburguesa "sus" masas, es decir, las masas que les siguen, para lo
cual satisface por vía revolucionaria las
necesidades económicas más apremiantes de estas masas mediante la expropiación
de los terratenientes y la burguesía.
La burguesía no puede
hacerlo, por muy "fuerte" que sea su poder estatal.
El proletariado puede hacerlo al día siguiente de haber
conquistado el poder estatal, pues dispone del aparato necesario (los Soviets)
y de los recursos económicos precisos (expropiación de los terratenientes y de
la burguesía).
Así fue como el proletariado
de Rusia arrebató a los eseristas las masas del campesinado, y se las
arrebató literalmente a las pocas horas
de haber conquistado el poder estatal, pues unas cuantas horas después de haber
derrotado a la burguesía en Petrogrado, el proletariado triunfante promulgó el
Decreto sobre la tierra*, en el que con una rapidez, una energía y una
abnegación verdaderamente revolucionarias, dio
satisfacción plena e inmediata a todas las necesidades económicas
apremiantes de la mayoría del campesinado,
mediante la expropiación total de los terratenientes sin ninguna indemnización.
* Véase la presente edición, t. 7. (N. de la Edit.)
Para demostrar a los
campesinos que el proletariado no quiere someterlos a su tutela ni a su mando,
sino ayudarles y ser su amigo, los bolcheviques victoriosos no pusieron ni una palabra de su propia cosecha en
el Decreto sobre la tierra, limitándose a copiarlo palabra por palabra de los mandatos campesinos (de los más
revolucionarios, claro está) que los eseristas
habían publicado en su periódico75.
Los eseristas se sulfuraron,
se indignaron, protestaron airados y vociferaron porque "los bolcheviques
les habían robado su programa". Pero eso no hizo más que ponerlos en
ridículo. ¡Valiente partido es ese que debe ser derrotado y expulsado del
gobierno para que se pueda poner en práctica todo lo que su programa contiene
de revolucionario y de beneficioso para los trabajadores!
Esta dialéctica es la que no
han podido comprender jamás los traidores, los zopencos y los pedantes de la II
Internacional: el proletariado no puede vencer sin conquistar a la mayoría de
la población. Pero limitar o supeditar esa conquista a la obtención de la
mayoría de los votos en elecciones celebradas bajo el dominio de la burguesía es dar pruebas de una cerrazón
impenetrable a engañar simplemente a los obreros. Para atraer a su lado a la
mayoría de la población, el proletariado tiene, en primer lugar, que derribar a
la burguesía y adueñarse del poder del Estado; tiene, en segundo lugar, que
implantar el Poder soviético, haciendo añicos el viejo aparato estatal, con lo
cual quebranta inmediatamente la
![]()
75 Al hablar de los mandatos campesinos
publicados en el periódico eserista, Lenin se refiere al artículo Un mandato modelo. Confeccionado sobre la
base de 242 mandatos traídos por los diputados al I Congreso de los Soviets de
diputados campesinos de toda Rusia, que se celebró en 1917 en Petrogrado,
publicado en Izvestia del Soviet de
Diputados Campesinos de toda Rusia, núms. 88 y89, del 19 y 20 de agosto (1
y 2 de septiembre) de1917.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
dominación, el prestigio y
la influencia de la burguesía y de los conciliadores pequeñoburgueses entre las
masas trabajadoras no proletarias. Tiene, en tercer lugar, que acabar con la influencia de la burguesía
y de los conciliadores pequeñoburgueses entre la mayoría de las masas trabajadoras no proletarias, dando
satisfacción revolucionaria a las necesidades económicas de estas masas a expensas de los
explotadores.
Todo esto, como es lógico,
sólo puede darlo cierto grado de desarrollo capitalista. Si falta esta
condición fundamental, el proletariado no puede constituirse en clase
independiente ni puede tener éxito en su larga preparación, educación,
instrucción y prueba a través de muchos años de huelgas y manifestaciones, de
poner en la picota y de expulsar a los oportunistas. Si falta esa condición
fundamental, los grandes centros del país no pueden tener la importancia
económica y política que habrá de permitir al proletariado, una vez dueño de
esos centros, dominar todo el poder estatal, o mejor dicho, su nervio vital, su
corazón, su médula. Si falta esa condición fundamental no puede haber entre la
situación del proletariado y la de las masas trabajadoras no proletarias la
afinidad, la semejanza y la conexión necesarias para que el proletariado sea
capaz de influir sobre esas masas y para que su influencia dé los resultados
apetecidos.
146
V
Prosigamos.
El proletariado puede
conquistar el poder estatal, puede implantar el régimen soviético, puede
satisfacer económicamente a la mayoría de los trabajadores a costa de los
explotadores.
¿Es suficiente todo esto para alcanzar el triunfo total y
definitivo?
No.
Sólo los ilusos demócratas
pequeñoburgueses y sus principales representantes de hoy día los
"socialistas" y los "socialdemócratas" pueden imaginarse
que, bajo el capitalismo, las masas trabajadoras están en condiciones de
adquirir la conciencia, la firmeza de carácter, la sagacidad y la amplia visión
política necesarias para tener la posibilidad, sin pasar por una larga
experiencia de lucha, de decidir por simple
votación, o en general de decidir de
antemano, por cualquier procedimiento, cuál es la clase o el partido que
han de seguir.
Eso es una ilusión. Es una
fábula empalagosa de pedantes y melifluos socialistas del tipo de los Kautsky,
los Longuet y los MacDonald.
El capitalismo dejaría de
ser capitalismo si, de una parte, no condenase a las masas a un estado de embrutecimiento, agobio, terror, dispersión
(el campo) e ignorancia, y si, de otra parte, no pusiese en manos de la
burguesía un gigantesco aparato de mentiras y engaños para embaucar en masa a
los obreros y campesinos, para embrutecerlos, etc.
Por eso, sólo el
proletariado es capaz de sacar a los
trabajadores del capitalismo y conducirlos al comunismo. No cabe ni pensar
que las masas trabajadoras pequeñoburguesas o semipequeñoburguesas puedan
decidir de antemano el complicadísimo problema político que plantea el dilema:
"con la clase obrera o con la burguesía". Son inevitables las vacilaciones de las capas trabajadoras
no proletarias, es inevitable que estas capas adquieran la experiencia práctica
que les permita comparar la dirección
de la burguesía y la dirección del proletariado.
Esta circunstancia es la que
constantemente pierden de vista los devotos de la "democracia
consecuente", quienes se imaginan que con votaciones se pueden resolver
los problemas políticos más importantes. En realidad, estos problemas, si se
trata de problemas agudos y
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
exacerbados por la lucha,
los resuelve la guerra civil, en la
que desempeña un papel enorme la experiencia
de las masas trabajadoras no proletarias (los campesinos en primer término), la
experiencia de comparar, de confrontar el poder del proletariado con el poder
de la burguesía.
Las elecciones a la Asamblea
Constituyente, celebradas en Rusia en noviembre de 1917, son muy aleccionadoras
en este sentido, si se las compara con los dos años de guerra civil
(1917-1919).
Véanse las zonas que
resultaron ser menos bolcheviques, En primer lugar, la zona Oriental-Urales y
Siberia, con un 12% y un 10% de los votos respectivamente a favor de los
bolcheviques. En segundo lugar, Ucrania, con un 10% de los votos a favor de los
bolcheviques. Entre las demás zonas, el porcentaje más bajo en favor de los
bolcheviques lo da la zona campesina del Volga-Tierras Negras de la Gran Rusia,
y aun en ella el 16% de los votos correspondió a los bolcheviques.
Pues bien, precisamente en
las zonas donde, en noviembre de 1917, el porcentaje de votos a favor de los
bolcheviques ha sido más bajo es donde observarnos los mayores éxitos de los
movimientos contrarrevolucionarios, de las insurrecciones y de la organización
de las fuerzas contrarrevolucionarias. Precisamente en esas zonas fue donde se
mantuvo meses y meses el poder de Kolchak y Denikin.
Las vacilaciones de la
población pequeñoburguesa se manifiestan con particular nitidez en las zonas
donde es menor la influencia del proletariado: primero, a favor de los
bolcheviques, cuando éstos dieron la tierra y cuando los soldados
desmovilizados llevaron la noticia de la paz.
Después, contra los
bolcheviques, cuando éstos, en aras del desarrollo internacional de la
revolución y del mantenimiento de su foco en Rusia, aceptaron la paz de Brest e
"hirieron" los más profundos sentimientos pequeñoburgueses, los
sentimientos patrióticos. La dictadura del proletariado no fue del agrado de
los campesinos, principalmente en aquellas zonas donde había más excedentes de
cereales, cuando los bolcheviques demostraron que exigirían rigurosa e
imperiosamente que esos excedentes fueran entregados al Estado a precios fijos.
Los campesinos de los Urales, Siberia y Ucrania se volvieron hacia Kolchak y
Denikin.
Más tarde, la experiencia de
la "democracia" kolchakíana y denikiniana, proclamada por todos los
plumíferos en cada número de los periódicos de los guardias blancos que se
editaban en el territorio ocupado por las tropas de Kolchak y Denikin, demostró
a los campesinos que las frases acerca de la democracia y la
"Constituyente" no eran más que una tapadera para ocultar la
dictadura del terrateniente y del capitalista.
Comienza un nuevo viraje
hacia el bolchevismo. Multiplícanse las insurrecciones campesinas en la
retaguardia de Kolchak y Denikin. Los campesinos acogen a las tropas rojas como
a sus liberadores.
147
Estas vacilaciones del
campesinado, representante principal de las masas trabajadoras
pequeñoburguesas, fueron precisamente las que en última instancia decidieron la
suerte del Poder soviético y del poder de Kolchak y Denikin. Pero hasta llegar
a esa "última instancia" hubo de pasar un período bastante largo de
luchas y pruebas dolorosas, que al cabo de dos años no han terminado aún en
Rusia, y no han terminado precisamente en Siberia y en Ucrania. Además, no
podemos asegurar que vayan a terminar definitivamente,
pongamos por caso, en un año o algo por el estilo.
Los partidarios de la
democracia "consecuente" no han meditado en la significación de este
hecho histórico. Lo mismo que antes, siguen arrullándose con el cuento infantil
de que, bajo el capitalismo, el proletariado puede "convencer" a la
mayoría de los trabajadores y
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
atraérselos firmemente a su
lado mediante votaciones. Pero la realidad nos demuestra que únicamente después
de una lucha larga y encarnizada es cuando la dura experiencia sufrida por la vacilante pequeña burguesía la lleva a la conclusión, una vez
comparada la dictadura del proletariado con la dictadura de los capitalistas,
de que aquélla es mejor que ésta.
Todos los socialistas que
han estudiado el marxismo y que desean tener en cuenta la experiencia
proporcionada por la historia política de los países avanzados en el siglo XIX,
reconocen en teoría la inevitabilidad de que la pequeña burguesía vacile entre el proletariado y la clase
capitalista. Las raíces económicas de estas vacilaciones han sido puestas de
manifiesto con toda evidencia por la ciencia económica, cuyos postulados han
sido repetidos millones de veces en los periódicos, en las proclamas y en los
folletos de los socialistas de la II Internacional.
Pero la gente no sabe
aplicar esos postulados a la época peculiar de la dictadura del proletariado, y
suplanta la lucha de clases por
prejuicios e ilusiones democrático-pequeñoburgueses (acerca de la
"igualdad" de las clases, la democracia "consecuente" o
"pura", la solución de los grandes problemas históricos mediante
votaciones, etc.). No quiere comprender que el proletariado, al conquistar el
poder estatal, no interrumpe su lucha de clase, sino que la continúa en otra
forma y con otros procedimientos. La dictadura del proletariado es la lucha de
clase del proletariado a la cual sirve de instrumento el poder estatal y una de
cuyas tareas es demostrar a las masas trabajadoras no proletarias, mediante una
larga experiencia, a través de una larga serie de ejemplos prácticos, que para
ellas es más beneficioso apoyar la dictadura del proletariado que la dictadura
de la burguesía, y que fuera de eso no puede haber ninguna otra solución.
Los datos sobre las
elecciones a la Asamblea Constituyente, en noviembre de 1917, nos dan el fondo
principal del cuadro que muestra el desarrollo de la guerra civil durante los
dos años transcurridos desde aquella fecha. En las elecciones a la Asamblea Constituyente
aparecen ya con toda claridad las
fuerzas principales de esa guerra: aparece el papel de la "fuerza de choque" del ejército proletario;
aparece el papel del campesinado vacilante; aparece el papel de la burguesía.
"Los demócratas constitucionalistas — dice N. Sviatitski en su artículo—
lograron sus mayores éxitos en las mismas zonas que los bolcheviques: en la
zona Norte y en la Central— Industrial'' (pág. 116). Es natural que los centros
capitalistas más desarrollados fueran los lugares donde resultaron ser más
débiles los elementos intermedios, situados entre el proletariado y la
burguesía. Es natural que en esos centros la lucha de clases apareciera en la
forma más tajante. Allí era, precisamente, donde se hallaban las fuerzas
principales de la burguesía; allí, y sólo allí, era donde el proletariado podía
derrotar a la burguesía. Y el proletariado era el único que podía derrotarla
por completo. Y sólo derrotándola por completo podía el proletariado utilizar
como instrumento el poder estatal para ganarse definitivamente la simpatía y el
apoyo de las capas pequeñoburguesas de la población.
Los datos de las elecciones
a la Asamblea Constituyente, si se sabe utilizarlos y se sabe leer en ellos,
nos muestran una y otra vez la realidad de los postulados de la teoría marxista
de la lucha de clases.
A propósito. Estos datos nos
muestran asimismo el papel y la importancia de la cuestión nacional. Tomemos
Ucrania. En las últimas reuniones dedicadas al problema ucraniano, el autor de
estas líneas ha sido acusado por varios camaradas de haber "abultado"
excesivamente la cuestión nacional en Ucrania. Los datos de las elecciones a la
Asamblea Constituyente nos muestran que en noviembre de 1917 los eseristas y
los socialistas ucranianos habrían
obtenido ya la mayoría de los votos en Ucrania (3.400.000+500.000=3.900.000, contra 1.900.000 obtenidos por los
eseristas rusos, de un total de 7.600.000 votos emitidos en toda Ucrania).
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
En los frentes Sudoccidental
y Rumano, los socialistas ucranianos obtuvieron respectivamente el 30% y el 34%
de los votos (los eseristas rusos obtuvieron el 40% y el 59%, respectivamente).
Ante tal situación,
despreciar la importancia de la cuestión nacional en Ucrania —como hacen con
gran frecuencia los rusos (y con una frecuencia acaso no mucho menor también
los hebreos)— equivaldría a cometer un profundo y peligroso error. No puede
atribuirse a la casualidad que en 1917 los eseristas rusos y ucranianos ya a
pareciesen divididos en Ucrania.
148
Y nosotros, como internacionalistas, tenemos, en primer lugar,
el deber de combatir muy enérgicamente las reminiscencias (a veces
inconscientes) del imperialismo y del chovinismo ruso entre los comunistas
"rusos"; tenemos, en segundo lugar, el deber de hacer concesiones
precisamente en la cuestión nacional, por tratarse de una cuestión que tiene
relativamente poca importancia (para un internacionalista el problema de las
fronteras del Estado es un problema de segundo orden, si no de décimo orden).
Otros son los problemas que importan. Son los que atañen a los intereses
fundamentales de la dictadura del proletariado, de la unidad y la disciplina
del Ejército Rojo, que lucha contra Denikin. Lo que importa es el papel
dirigente del proletariado con respecto al campesinado. El problema de si
Ucrania habrá de formar o no un Estado aparte es mucho menos importante. No
puede asombrarnos lo más mínimo —y tampoco debe asustarnos— ni siquiera la
perspectiva de que los obreros y los campesinos ucranianos prueben diversos
sistemas y, en unos cuantos años, pongamos por caso, pasen en la práctica por
la experiencia de la fusión con la RSFSR, de su separación para formar una
República Socialista Soviética Ucraniana independiente, de diversas formas de
unión estrecha entre ambas, etc., etc.
Tratar de resolver de
antemano este problema, de resolverlo de una vez para siempre,
"definitiva" e "irrevocablemente", sería demostrar una
comprensión demasiado estrecha del mismo o simplemente dar pruebas de una
mentalidad obtusa, pues las vacilaciones de las masas trabajadoras no
proletarias son muy naturales y hasta inevitables en un problema de esta naturaleza, pero el proletariado no
debe temerlas en absoluto. Los representantes del proletariado que sepan ser verdaderamente internacionalistas
tienen el deber de mostrar la máxima prudencia y tolerancia frente a esas vacilaciones, tienen el deber de
dejar que las mismas masas
trabajadoras no proletarias utilicen su propia experiencia para poner fin a esas vacilaciones. Debemos ser intolerantes e implacables,
intransigentes e inflexibles en problemas de importancia más cardinal, algunos
de los cuales ya he señalado más arriba.
VI
La confrontación de las
elecciones a la Asamblea Constituyente en noviembre de 1917 con el desarrollo
de la revolución proletaria en Rusia desde octubre de 1917 hasta diciembre de
1919, nos permite sacar conclusiones que se refieren al parlamentarismo burgués
y a la revolución proletaria en cualquier país capitalista. Trataremos de
exponer brevemente o de esbozar, por lo menos, las conclusiones principales.
1. El sufragio universal es un exponente
del grado en que las diversas clases comprenden sus tareas. Muestra en qué
forma tienden las diversas clases a
cumplir sus tareas. El cumplimiento
mismo de estas tareas no lo da la votación, sino todas las formas de la lucha de clases, comprendida la guerra civil.
2. Los socialistas y los socialdemócratas
de la II Internacional se atienen al punto de vista de la democracia
pequeñoburguesa vulgar, compartiendo su prejuicio de que las votaciones puedan
resolver los problemas cardinales de la lucha de clases.
3.
El
partido del proletariado revolucionario necesita participar en el
parlamentarismo burgués para ilustrar a las masas; y esto se consigue mediante
las elecciones y la lucha de los
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
partidos en el parlamento.
Pero limitar la lucha de clases a la lucha dentro del parlamento, o considerar
que esta última es la forma superior y decisiva de lucha y que todas las demás
formas están supeditadas a ella, significa pasarse de hecho al lado de la
burguesía, contra el proletariado.
4.
Este
paso al lado de la burguesía lo realizan prácticamente todos los representantes
y partidarios de la II Internacional y todos los líderes de la socialdemocracia
alemana llamada "independiente" cuando, reconociendo de palabra la
dictadura del proletariado, de hecho tratan de inculcar a éste, mediante su
propaganda, la idea de que debe empezar por conseguir, bajo el capitalismo, la
expresión formal de la voluntad de la mayoría de la población (es decir, la
mayoría de los votos en el parlamento burgués), para que advenga después el
paso del poder político a manos del proletariado.
Todas las jeremiadas, que
tienen su origen en esta tesis y que los socialdemócratas
"independientes" alemanes y demás líderes del socialismo podrido
lanzan contra la "dictadura de la minoría", etc., no expresan sino su
incomprensión de la dictadura de la burguesía, que domina de hecho hasta en las
repúblicas más democráticas, su incomprensión de las condiciones en que esa
dictadura ha de ser destruida por la lucha de clase del proletariado.
5. Las causas de esa incomprensión residen
sobre todo en el olvido de que el dominio de los partidos burgueses se debe en
gran parte al engaño de que hacen víctima a las masas de la población, a la
opresión ejercida por el capital, a lo que debe añadirse la engañosa opinión
que se tiene acerca de la esencia del capitalismo, lo cual caracteriza sobre
todo a los partidos pequeñoburgueses, que por lo común quieren sustituir la
lucha de clases con formas más o menos veladas de conciliación de clases.
"Que antes
—manteniéndose en pie la propiedad privada, es decir, el poder y el yugo del
capital— la mayoría de la población se pronuncie a favor del partido del
proletariado; sólo entonces podrá y deberá éste tomar el poder", dicen los
demócratas pequeñoburgueses, de hecho criados de la burguesía, que se llaman
"socialistas".
"Que antes el
proletariado revolucionario derribe a la burguesía, acabe con la opresión del
capital, destruya el aparato del Estado burgués; entonces podrá el proletariado
victorioso ganarse rápidamente las simpatías y el apoyo de la mayoría de las masas
trabajadoras no proletarias, satisfaciendo las necesidades de estas masas a
expensas de los explotadores", decimos nosotros. Lo contrario constituiría
en la historia una rara excepción (y aun en el caso de que se diera esa
excepción, la burguesía podría recurrir a la guerra civil, como lo ha
demostrado ya el ejemplo de Finlandia76).
149
6. O con otras palabras:
![]()
76 Se refiere a la represión por la
burguesía reaccionaria finesa de la revolución proletaria en Finlandia iniciada
a mediados de enero de 1918 en las regiones industriales del Sur del país. El
15 (28) de enero la guardia roja finlandesa ocupó Helsingfors, capital de
Finlandia; el gobierno reaccionario de Svinhufvud fue derribado. El poder pasó
a manos de los obreros que formaron un gobierno revolucionario: el Consejo de
Comisarios del Pueblo. Por su carácter la revolución en Finlandia era
socialista, aunque el gobierno revolucionario al comienzo de la lucha no tenía
un claro programa socialista y concentró la atención principalmente en el
cumplimiento de las tareas de la revolución democrática burguesa. Las medidas
más importantes que adoptó el gobierno obrero fueron: la aprobación de una ley
sobre la entrega sin indemnización y en plena propiedad a los campesinos sin
tierra de las parcelas que cultivaban, la exención de las capas pobres de la
población de todos los impuestos, la expropiación de las empresas pertenecientes
a los industriales que habían huido, la implantación del control del Estado
sobre los bancos privados (sus funciones fueron traspasadas al Banco del
Estado) y otras.
Pero la revolución
proletaria triunfó solamente en las ciudades y localidades rurales del Sur de
Finlandia. El gobierno de Svinhufvud, haciéndose fuerte en el Norte del país,
pidió auxilio al gobierno del káiser alemán. Como resultado de la intervención de
las fuerzas armadas alemanas y después de una encarnizada guerra civil la
revolución en Finlandia fue aplastada en mayo de1918.
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
"Comprometámonos antes
a reconocer el principio de la igualdad o de la democracia consecuente —
manteniéndose en pie la propiedad privada y el yugo del capital (es decir, una
desigualdad de hecho a la par que una igualdad formal)— y busquemos, sobre esta
base, la decisión de la mayoría", dice la burguesía y dicen sus acólitos,
los demócratas pequeñoburgueses, que se llaman socialistas y socialdemócratas.
"Primero, la lucha de
clase del proletariado, conquistando el poder estatal, derriba los pilares y
los cimientos de la desigualdad de hecho; después, el proletariado, que ha
derrotado a los explotadores, conduce tras de sí a todas las masas trabajadoras
hacia la supresión de las clases, es
decir, hacia esa igualdad, la única
socialista, que no constituye un engaño", decimos nosotros.
7. En todos los países capitalistas, además
del proletariado, o de esa parte del proletariado que tiene conciencia de sus
tareas revolucionarias y es capaz de luchar por su realización, figuran capas
trabajadoras numerosas inconscientemente proletarias, semiproletarias y
semipequeñoburguesas, que siguen a la burguesía y a la democracia burguesa
(incluidos aquí los "socialistas" de la II Internacional), pues están
engañadas por ella, no tienen fe en sus fuerzas ni en las fuerzas del
proletariado y no comprenden que pueden satisfacer sus necesidades más
apremiantes a costa de la expropiación de los explotadores.
Estas capas trabajadoras y
explotadas proporcionan a la vanguardia del proletariado aliados, con cuyo
concurso tiene éste una firme mayoría de la población, pero el proletariado
sólo puede ganarse esos aliados utilizando como instrumento el poder del Estado,
es decir, únicamente después de haber derribado a la burguesía y destruido su
aparato estatal.
8. En cualquier país capitalista, la fuerza
del proletariado es incomparablemente mayor que su proporción numérica en la
masa general de la población. Y esto es así porque el proletariado domina
económicamente en el centro y en el nervio de todo el sistema económico del
capitalismo, y también porque, bajo el capitalismo, el proletariado expresa,
económica y políticamente, los verdaderos intereses de la inmensa mayoría de
los trabajadores.
Por eso,
incluso cuando constituye una minoría de la población (o cuando su vanguardia
consciente y verdaderamente revolucionaria constituye una minoría de la
población), el proletariado es capaz de derribar a la burguesía y de ganarse
después muchos aliados entre esa masa de semiproletarios y pequeños burgueses
que no se manifestará jamás a favor del dominio del proletariado, no
comprenderá las condiciones y las tareas de ese dominio y a la que sólo su
experiencia ulterior convencerá de que la dictadura del proletariado es
inevitable, acertada y necesaria.
9.
Finalmente,
en cada país capitalista hay siempre capas muy amplias de la pequeña burguesía
que vacilan inevitablemente entre el capital y el trabajo. Para triunfar, el
proletariado debe, en primer lugar, elegir acertadamente el momento de su
ataque decisivo contra la burguesía, teniendo en cuenta, entre otras cosas, la
división entre ésta y sus aliados pequeñoburgueses o la inestabilidad de su
alianza, etc. El proletariado debe, en segundo lugar, después de su victoria,
aprovechar estas vacilaciones de la pequeña burguesía para neutralizarla, para
impedir que se ponga de parte de los explotadores; debe saber mantenerse cierto
tiempo a despecho de esas vacilaciones,
etc., etc.
10.
Una
de las condiciones precisas para que el proletariado pueda prepararse para su
victoria es la lucha prolongada, tenaz e implacable contra el oportunismo,
contra el reformismo, contra el socialchovinismo y demás influencias y
corrientes burguesas, inevitables por cuanto el proletariado actúa en un
ambiente capitalista. Si no se libra esa lucha, si no se consigue previamente
una victoria total sobre el oportunismo en el movimiento obrero, no cabe ni
hablar siquiera de dictadura del proletariado. El bolchevismo no habría
derrotado a la burguesía en 1917-1919 sí no hubiese aprendido antes —de 1903 a
Las elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del
Proletarado
1917— a derrotar y a
expulsar implacablemente del partido de la vanguardia proletaria a los
mencheviques, es decir, a los oportunistas, a los reformistas, a los
socialchovinistas.
Y cuando hoy los líderes de
los "independientes" alemanes o los longuetistas77 franceses y otros por el estilo, que de hecho siguen su vieja y habitual política de concesiones y
concesioncillas al oportunismo, de transigencias con él, de servilismo rastrero
ante los prejuicios de la democracia burguesa (o, como ellos la llaman,
"democracia consecuente" o "democracia pura"), del
parlamentarismo burgués, etc., reconocen verbalmente la dictadura del
proletariado, se engañan muy peligrosamente a sí mismos o engañan simplemente a
los obreros.
16-XII-1919.
Publicado en diciembre de 1919 en los números 7!18
de la revista "La Internacional Comunista".
Firmado: N. Lenin.
T. 40, págs. 1-24.
![]()
77
Longuetistas: partidarios de la minoría del Partido
Socialista Francés, encabezada por Juan Longuet. Durante la guerra imperialista
mundial de 1914-1918 los longuetistas ocuparon una posición centrista y
aplicaron una política conciliadora respecto a los socialchovinistas;
rechazaban la lucha revolucionaria y apoyaban la "defensa de la
patria" en la guerra imperialista. Después del triunfo de la Revolución
Socialista de Octubre los longuetistas se proclamaron de palabra partidarios de
la dictadura del proletariado, pero de hecho continuaban siendo contrarios a
ella.
Informe acerca de los sábados comunistas... conferencia de la
organización de Moscú del PC(b) de Rusia
151
INFORME ACERCA DE LOS SÁBADOS
COMUNISTAS, PRONUNCIADO EN LA CONFERENCIA DE LA ORGANIZACIÓN DE MOSCÚ DEL PC
(b) DE RUSIA.
20 de diciembre de
1919.
Camaradas: Los organizadores
de la conferencia me han comunicado que habéis incluido un informe acerca de
los sábados comunistas, dividiéndolo en dos partes para tener la posibilidad de
discutir detenidamente lo principal de esta cuestión: primero, organización de
los sábados comunistas en Moscú y sus resultados, y, segundo, deducciones
prácticas para su organización ulterior. Quisiera limitarme a las tesis
generales, a las ideas que sugiere la organización de los sábados comunistas
como un fenómeno nuevo en la construcción de nuestro partido y de los Soviets.
Por ello me ocuparé muy brevemente del aspecto práctico.
Cuando se organizaron los
primeros sábados comunistas, resultaba difícil aún determinar hasta qué punto
era digno de atención semejante fenómeno y si saldría de él algo grande.
Recuerdo que cuando aparecieron en la prensa del partido las primeras noticias
sobre esta cuestión, las opiniones de los camaradas más directamente
relacionados con los sindicatos y con el Comisariado de Trabajo eran al
principio comedidas en extremo, por no decir pesimistas. Les parecía que no
había ningún motivo para conceder gran importancia a los sábados comunistas.
Desde entonces, los sábados comunistas han alcanzado tal amplitud que nadie
puede ya poner en duda su importancia para nuestro desarrollo.
En efecto, usamos con mucha
frecuencia la palabra "comunismo", con tanta frecuencia que hasta la
hemos incluido en la denominación de nuestro partido. Pero cuando se medita
sobre esta cuestión, surge la idea de que, junto con todo lo bueno que ha
sobrevenido de eso, quizá se haya creado también para nosotros cierto peligro.
La causa principal que nos ha obligado a cambiar el nombre del partido ha sido
el deseo de deslindarnos del modo más tajante del socialismo predominante en la
II Internacional. Cuando la aplastante mayoría de los partidos oficiales del
socialismo, personificados por sus líderes, se colocaron durante la guerra
imperialista al lado de la burguesía de sus países respectivos, o de sus
gobiernos, se hizo evidente para nosotros la grandiosa crisis, la bancarrota
del viejo socialismo. Y la idea de cambiar la denominación de nuestro partido
fue lanzada principalmente para subrayar con la mayor energía que no podemos
considerar socialistas a quienes marcharon con sus gobiernos durante la guerra
imperialista; para mostrar que el viejo socialismo está podrido, ha muerto.
Tanto más cuanto que desde el punto de vista puramente teórico, la denominación
de "socialdemocracia" ha dejado hace mucho de ser correcta. En
Francia, ya en los años cuarenta, cuando dicha denominación empezó a utilizarse
ampliamente en la vida política, se aplicaba al partido del reformismo
socialista pequeño burgués, y no al partido del proletariado revolucionario.
Así pues, el motivo, la causa principal que nos ha movido a cambiar el nombre
del partido, que ha pasado a ser también el nombre de la nueva Internacional,
ha sido el deseo de deslindarnos resueltamente del viejo socialismo.
Si nos preguntamos qué
representa el comunismo, a diferencia del socialismo, deberemos decir que el
socialismo es la sociedad que nace directamente del capitalismo, es la primera
forma de la nueva sociedad. El comunismo, por su parte, es una forma más elevada
de la sociedad y puede desarrollarse únicamente cuando el socialismo se ha
afianzado por completo. El socialismo presupone el trabajo sin ayuda de los
capitalistas, el trabajo social con la contabilidad, el control y la vigilancia
más rigurosos por parte de la vanguardia organizada, de la parte avanzada de
los trabajadores, debiendo fijarse, por cierto, tanto la
Informe acerca de los sábados comunistas... conferencia de la
organización de Moscú del PC(b) de Rusia
medida del trabajo como su remuneración. Y es imprescindible
hacerlo así porque la sociedad capitalista nos ha legado vestigios y costumbres
como el trabajo disperso, la desconfianza hacia la economía colectiva, las
viejas costumbres del pequeño propietario que predominan en todos los países
campesinos. Todo eso va en contra de la verdadera economía comunista.
Denominamos comunismo a un régimen en el que los hombres se acostumbran a
cumplir obligaciones sociales sin aparatos coercitivos especiales, en el que el
trabajo gratuito en provecho de todos se convierte en un fenómeno generalizado.
Se comprende de por sí que el concepto de "comunismo" está demasiado
lejos desde el punto de vista de quienes dan los primeros pasos para la
victoria completa sobre el capitalismo. De ahí que, por justo que sea haber
cambiado el nombre de nuestro partido, por inmensa que sea la utilidad que ha
proporcionado y por grande que sea la obra realizada y que ha adquirido
amplitud colosal — pues hoy existen ya partidos comunistas en el mundo entero,
y la Internacional Comunista, a pesar de no haber transcurrido siquiera un año
desde su fundación, es, desde el punto de vista del movimiento obrero,
incomparablemente más fuerte que la vieja Internacional, la agonizante II
Internacional—; por importante que sea todo eso, comprender la denominación de
"Partido Comunista" en el sentido de que se está realizando ahora el
régimen comunista será la mayor falsificación y un daño en la práctica, la más
huera fanfarronada.
152
Esta es la razón de que la
palabra "comunista" exija ser empleada con mucha prudencia, ésa es la
razón de que los sábados comunistas hayan adquirido un valor especial al
hacerse habituales, pues solo en este fenómeno, extraordinariamente pequeño, ha
empezado a manifestarse algo comunista. La expropiación de los terratenientes y
capitalistas nos ha dado únicamente la posibilidad de crear las formas más
elementales de socialismo, pero en ello no hay todavía nada de comunista. Si
tomamos nuestra economía actual, veremos en ella gérmenes muy débiles aún de
socialismo y una supremacía inmensa de las viejas formas económicas, que se
expresa en el predominio de la pequeña economía o en la especulación más
salvaje y desbocada. Pero cuando nuestros adversarios, los demócratas
pequeñoburgueses, los mencheviques y eseristas, nos objetan que hemos destruido
el gran capitalismo y que en lugar suyo rezuma por todos los poros el peor
capitalismo especulador, usurario, les respondemos: Si se imaginaban ustedes
que podríamos pasar del gran capitalismo directamente al comunismo, no son
revolucionarios, sino reformistas o utopistas.
El gran capitalismo está
minado de raíz en todas partes, incluso en los países en que no se ha dado aún
ningún paso hacia el socialismo. Desde este punto de vista, la crítica, las
objeciones que nos hacen nuestros adversarios no son nada serias. Está claro
que después de ser destruido el gran capitalismo empiezan a aparecer en lugar
suyo brotes de un capitalismo nuevo, pequeño, especulador. Estamos viviendo una
lucha furiosa contra los restos del gran capitalismo, que se lanza a cualquier
especulación minúscula, en la que es más difícil atraparlo y en la que adquiere
la forma peor y más desorganizada de comercio.
La lucha, mucho más
encarnizada en la situación inherente a la guerra, ha dado origen a las más
bárbaras manifestaciones de especulación, sobre todo allá donde el capitalismo
estaba organizado en mayor escala, y sería completamente erróneo imaginarse de otra
manera la transición revolucionaría. Así están las cosas desde el punto de
vista de la economía de hoy. Si preguntamos qué representa el régimen económico
actual de la Rusia Soviética, deberemos decir que es la colocación de los
cimientos del socialismo en la gran producción, la transformación de la vieja
economía capitalista en medio de la resistencia más tenaz del capitalismo,
manifestada en millones y millones de formas. Los países de Europa Occidental
que han salido de la guerra tan dañados como el nuestro, por ejemplo, Austria,
se diferencian de nosotros únicamente en que allí se revelan con mayor fuerza
aún esta descomposición del capitalismo, esta especulación, pero no existen los
gérmenes de la edificación del socialismo, lo que opone resistencia al
capitalismo. Sin embargo, en nuestro régimen
Informe acerca de los sábados comunistas... conferencia de la
organización de Moscú del PC(b) de Rusia
económico no hay todavía
nada comunista. Lo "comunista" empieza únicamente cuando aparecen los
sábados comunistas, es decir, el trabajo gratuito de individuos no sujeto a
normas por ningún poder, por ningún Estado, en provecho de la sociedad en gran
escala. No se trata de la ayuda al vecino, que ha existido siempre en el campo,
sino de un trabajo que produce para satisfacer las necesidades de todo el
Estado, de un trabajo organizado en gran escala y gratuito. Por eso, sería más
correcto aplicar la palabra "comunista" no sólo al nombre de nuestro
partido, sino también y exclusivamente a los fenómenos económicos de nuestra
vida que hacen realidad lo comunista. Si en el régimen actual de Rusia hay algo
comunista, son únicamente los sábados comunistas; lo demás no es otra cosa que
lucha contra el capitalismo para afianzar el socialismo, del que deberá nacer,
después de su victoria completa, ese mismo comunismo que vemos hoy en los
sábados comunistas no a través de los libros, sino en la realidad viva.
Tal es la importancia de
principio de los sábados comunistas, los cuales muestran que se está creando y
empieza a surgir, bajo la forma de trabajo gratuito y organizado en gran escala
para satisfacer las necesidades de todo el Estado, algo completamente nuevo que
va en contra de todas las viejas reglas capitalistas, algo más elevado que la
sociedad socialista que vence al capitalismo. Por eso, cuando este año, después
del llamamiento del Comité Central del partido a acudir en ayuda del país78 respondieron primero los ferroviarios de la línea Moscú-Kazán,
que son los que sufren más hambre y mayores necesidades, y aparecieron síntomas
de que los sábados comunistas dejaban de ser un fenómeno esporádico, empezaban
a difundirse y encontraban la simpatía de las masas, pudo decirse que nos
encontramos ante un fenómeno de magna importancia de principio y que debemos
apoyarlo de verdad por todos los medios si queremos ser comunistas no sólo en
el sentido de los principios, no sólo desde el punto de vista de la lucha contra
el capitalismo.
153
Eso es aún insuficiente desde el punto de vista de la
edificación práctica de la sociedad socialista. Hay que decir que este
movimiento puede adquirir de hecho un carácter masivo. ¿Hemos demostrado esto?
No me atrevo a responder, pues no se han hecho todavía resúmenes generales de
las proporciones del movimiento que denominamos sábados comunistas. Dispongo
sólo de datos parciales y he leído en la prensa del partido que estos sábados
comunistas adquieren un desarrollo cada día mayor en numerosas ciudades. Los
camaradas petrogradenses dicen que los sábados comunistas han alcanzado en
Petrogrado una difusión incomparablemente mayor que en Moscú. Por lo que se
refiere a provincias, muchos camaradas —de los que conocen prácticamente este
movimiento— me han dicho que están reuniendo una cantidad inmensa de datos
acerca de esta nueva forma de trabajo social. Pero sólo después de que esta
cuestión sea discutida repetidas veces en la prensa y en las conferencias del
partido de las distintas ciudades, lograremos reunir los datos generales que
nos permitan decir si los sábados comunistas se han con vertido de verdad en un
fenómeno masivo y si hemos logrado verdaderamente éxitos serios en este
terreno.
Sea como fuere, recibamos
pronto o no esos datos completos y comprobados, debe ser indudable para
nosotros que, a excepción de los sábados comunistas, desde el punto de vista de
los principios, no existe otro fenómeno probatorio de que no nos limitamos a
denominarnos comunistas y a querer serlo, sino que realizamos de veras algo
comunista y no sólo socialista. Por ello, todo comunista, todo el que quiera
ser fiel a los principios del comunismo, debe orientar sus esfuerzos y su
atención a ayudar a explicar este fenómeno y aplicarlo en la práctica. Tal es
la importancia de principio de los sábados comunistas. De ahí que en cada
conferencia del partido haya que plantear y examinar constantemente esta
cuestión tanto en el aspecto teórico como en el práctico. No debemos limitar
este fenómeno
![]()
78 Lenin se refiere a las Tesis del CC del PC(b) de Rusia en relación
con la situación en el Frente Oriental, escritas el 11 de abril de 1919, en
las que el CC pedía a todas las organizaciones del partido y a todos los
sindicatos "poner manos a la obra al estilo revolucionario" .
Informe
acerca de los sábados comunistas... conferencia de la organización de Moscú del
PC(b) de Rusia
al aspecto teórico, de
principio. El inmenso valor que los sábados comunistas tienen para nosotros no
consiste únicamente en que realizan el comunismo en la práctica. Además, los
sábados comunistas. tienen para nosotros una doble importancia: desde el punto
de vista del Estado —la ayuda puramente práctica al Estado— y desde el punto de
vista del partido, que para nosotros, miembros del partido, no debe quedar en
la sombra. Es su importancia para depurar el partido de elementos intrusos,
para luchar contra las influencias que sufre el partido en el ambiente propio
del capitalismo en descomposición. En el aspecto económico, los sábados
comunistas son indispensables para salvar del desbarajuste económico a la
República Soviética y emprender la realización del socialismo. Quisiera
analizar algo más detenidamente este segundo aspecto de la cuestión...*
* El texto taquigráfico se interrumpe aquí. (N. de la Edit.)
Publicado
íntegramente por vez primera el 26 de octubre de 1927 en el núm. 245 de
"Pravda".
T. 40, págs. 32-38.
Carta a los obreros y campesinos de Ucracia a propósito de las
victorias sobre Denikin
154
CARTA A LOS OBREROS Y CAMPESINOS DE
UCRANIA A PROPÓSITO DE LAS VICTORIAS SOBRE DENIKIN.
Camaradas: Hace cuatro
meses, a fines de agosto de 1919, tuve ocasión de dirigir una carta a los
obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre Kolchak.
Ahora publico de nuevo esta
carta íntegra para los obreros y campesinos de Ucrania, con motivo de las
victorias sobre Denikin.
Las tropas rojas han ocupado
Kíev, Poltava y Járkov y avanzan victoriosamente hacia Rostov. En Ucrania
hierve la insurrección contra Denikin. Es preciso reunir todas las fuerzas para
derrotar definitivamente a las tropas de Denikin, que intentaron restablecer el
poder de los terratenientes y de los capitalistas. Es preciso aniquilar a
Denikin para estar a cubierto de la más mínima posibilidad de una nueva
invasión.
Los obreros y campesinos de
Ucrania deben conocer las enseñanzas que ha proporcionado a todos los obreros y
campesinos rusos la experiencia de la conquista de Siberia por Kolchak y su
liberación por las tropas rojas, después de largos meses de opresión de los
terratenientes y capitalistas.
La dominación de Denikin en
Ucrania ha sido una prueba tan dura como la de Kolchak en Siberia.
Indudablemente las lecciones que se desprenden de esta dura prueba harán que
los obreros y campesinos de Ucrania —como en el caso de los obreros y
campesinos de los Urales y de Siberia— comprendan mejor las tareas del Poder
soviético y lo defiendan con mayor firmeza.
En Rusia, la propiedad de
los terratenientes ha sido abolida. Es necesario hacer lo mismo en Ucrania, y
el Poder soviético de los obreros y campesinos ucranianos debe consolidar la
supresión total de la propiedad señorial sobre la tierra, la completa liberación
de los obreros y campesinos ucranianos de toda opresión por parte de los
terratenientes y de los terratenientes mismos.
Pero, además de ésta y otras
muchas tareas que han estado y están planteadas a la vez ante las masas
trabajadoras de Rusia y Ucrania, existen tareas especiales para el Poder
soviético en Ucrania. Una de estas tareas especiales merece en la actualidad
una extraordinaria atención. Es el problema nacional, es decir, el problema de
si Ucrania debe ser la República Socialista Soviética de Ucrania, independiente
y unida a la República Socialista Federativa Soviética de Rusia por medio de
una alianza (federación), o debe fundirse con Rusia en una República Soviética
única. Todos los bolcheviques, todos los obreros y campesinos conscientes deben
meditar atentamente sobre esta cuestión.
La independencia de Ucrania
ha sido reconocida por el Comité Ejecutivo Central de la RSFSR (República
Socialista Federativa Soviética de Rusia) y por el Partido Comunista
(bolchevique) de Rusia. Por eso, es evidente —y ha sido reconocido por todos—
que sólo los obreros y campesinos de Ucrania, en su congreso de los Soviets de
Ucrania, pueden decidir y decidirán la cuestión de fusionar Ucrania con Rusia o
dejar a Ucrania como una república independiente, y en este último caso, qué
clase de ligazón federativa debe establecerse entre esta república y Rusia.
¿Cómo, pues, hay que
resolver esta cuestión desde el punto de vista de los intereses de los
trabajadores, desde el punto de vista del éxito de su lucha por liberar al
trabajo de todo yugo del capital?
Carta a los obreros y campesinos de Ucracia a propósito de las
victorias sobre Denikin
En primer lugar, los
intereses del trabajo exigen la más completa confianza y la unión más estrecha
entre los trabajadores de los diferentes países, de las diferentes naciones.
Los partidarios de los terratenientes y capitalistas, los partidarios de la burguesía
tratan de dividir a los obreros, de exacerbar las querellas y los odios
nacionales con objeto de debilitar a los obreros y fortalecer el poder del
capital.
El capital es una fuerza
internacional. Para triunfar sobre ella hace falta la unión internacional de
los obreros, su fraternidad internacional.
Nosotros somos enemigos de
los odios nacionales, de las querellas nacionales y del aislamiento nacional.
Somos internacionalistas. Aspiramos a una unión estrecha y a la completa fusión
de los obreros y campesinos de todas las naciones del mundo en una República
Soviética mundial única.
155
En segundo lugar, los
trabajadores no deben olvidar que el capitalismo ha dividido las naciones, por
un lado, en un pequeño número de naciones opresoras, imperialistas, soberanas y
privilegiadas y, por otro, en una inmensa mayoría de naciones oprimidas, dependientes
y semidependíentes, que no gozan de igualdad de derechos. La más criminal y
reaccionaria de las guerras, la de 1914-1918, acentuó esta división,
exacerbando con ello los rencores y los odios. A través de los siglos ha ido
acumulándose la indignación y la desconfianza de las naciones sin plenos
derechos y dependientes hacia las naciones imperialistas y opresoras, de
naciones como la ucraniana hacia naciones como la rusa.
Nosotros queremos una unión voluntaria de las naciones: una unión
que no tolere violencia alguna de una nación sobre otra, una unión que se base
en la más plena confianza, en la clara conciencia de la unidad fraternal, en un
acuerdo plenamente voluntario. Tal unión no se puede realizar de golpe; es
preciso llegar a ella a fuerza de grandísimo cuidado y paciencia para no
malograr la obra, para no provocar la desconfianza, para dar tiempo a que
desaparezca la desconfianza engendrada por siglos de opresión por parte de los
terratenientes y capitalistas, por el régimen de la propiedad privada y los
odios producidos por los sucesivos repartos de esta propiedad.
Por eso, aspirando
constantemente a la unidad de las naciones, yendo inflexiblemente contra todo
lo que las divida, debemos ser muy prudentes, pacientes y tolerantes hacia las
supervivencias de la desconfianza nacional. Debemos ser intransigentes e intolerantes
con todo lo que afecte a los intereses fundamentales del trabajo en su lucha
por sacudirse el yugo del capital. En cuanto a cómo determinar ahora,
temporalmente, las fronteras estatales —ya que nosotros aspiramos a su completa
destrucción — no es una cuestión fundamental e importante, sino secundaria.
Esta cuestión puede y debe esperar, porque la desconfianza nacional suele estar
muy arraigada en las amplias masas de campesinos y pequeños propietarios, y
toda precipitación puede acentuarla, es decir, puede perjudicar la causa de la
unidad total y definitiva.
La experiencia de la
revolución obrera y campesina de Rusia, de la Revolución de Octubre-Noviembre
de 1917, la experiencia de sus dos años de lucha victoriosa contra la invasión
de los capitalistas internacionales y rusos, ha demostrado con claridad meridiana
que los capitalistas han sabido explotar momentáneamente la desconfianza
nacional de los campesinos y pequeños propietarios polacos, letones, estonios y
finlandeses hacia los rusos; han logrado sembrar durante cierto tiempo la
discordia entre aquéllos y nosotros con motivo de esta desconfianza. La
experiencia ha demostrado que esta desconfianza va siendo superada y está
desapareciendo, pero con extrema lentitud, y que cuanto más cuidado y paciencia
pongan de su parte los rusos, que han sido largo tiempo una nación opresora,
con tanta mayor seguridad se borrará esta desconfianza. Precisamente por haber
reconocido la independencia de los Estados polaco, letón, lituano, estonio y
finlandés nos ganamos lenta, pero infaliblemente, la confianza de las más atrasadas
masas trabajadoras de los pequeños
Carta a los obreros y campesinos de Ucracia a propósito de las
victorias sobre Denikin
Estados vecinos, las más
engañadas y sojuzgadas por los capitalistas. Este es, precisamente, el camino
más seguro para arrancarlas a la influencia de "sus" capitalistas
nacionales, el más acertado para conquistar su completa confianza y para conducirlas
hacia la futura República Soviética internacional única.
Mientras Ucrania no esté
completamente liberada de Denikin y hasta que se reúna el congreso de los
Soviets de toda Ucrania, su gobierno es el Comité Revolucionario de toda
Ucrania79. En este Comité Revolucionario, al lado
de comunistas bolcheviques ucranianos, trabajan como miembros del gobierno
comunistas borotbistas ucranianos. Lo que distingue a los borotbistas de los
bolcheviques es, entre otras cosas, que aquéllos defienden la independencia
absoluta de Ucrania. Los bolcheviques no hacen de esto objeto de divergencias, de desunión, no ven en esto ningún obstáculo para un trabajo
solidario de los proletarios. Lo principal es que haya unidad en la lucha
contra el yugo del capital, por la dictadura del proletariado, pues los
comunistas no deben tener divergencias por cuestiones de fronteras nacionales o
de las relaciones federativas o de cualquier naturaleza entre los Estados.
Entre los bolcheviques hay partidarios de la independencia completa de Ucrania,
como también los hay de la unión federativa más o menos estrecha o de la fusión
plena de Ucrania con Rusia.
Las divergencias por estas
cuestiones son inadmisibles. Estas cuestiones serán resueltas por el congreso
de los Soviets de toda Ucrania.
Si un comunista ruso insiste
en la fusión de Ucrania con Rusia, los ucranianos sospecharán fácilmente que no
defiende tal política por consideraciones de unidad de los proletarios en la
lucha contra el capital, sino por los prejuicios del antiguo nacionalismo, del
imperialismo ruso. Tal desconfianza es natural y, hasta cierto punto,
inevitable y justificada, ya que a lo largo de los siglos y bajo la opresión de
los terratenientes y capitalistas, los rusos han asimilado los infames y
abyectos prejuicios del chovinismo ruso.
Si un comunista ucraniano
insiste en la independencia estatal absoluta de Ucrania, se puede sospechar de
él que no defiende tal política desde el punto de vista de los intereses
momentáneos de los obreros y campesinos ucranianos en su lucha contra el yugo
del capital, sino bajo el peso de los prejuicios nacionales pequeñoburgueses,
de pequeño propietario. Porque la experiencia nos ha demostrado centenares de
veces que los "socialistas" pequeñoburgueses de diversos países
—todos esos seudosocialistas, mencheviques y eseristas polacos, letones,
lituanos, georgianos, etc.— se han disfrazado de partidarios del proletariado
con el único fin de hacer pasar fraudulentamente la política de conciliación
con "su" burguesía nacional en contra de los obreros revolucionarios.
Esto lo vimos en el ejemplo de la política de Kerenski, en febrero-octubre de
1917 en Rusia; lo hemos visto y lo vemos en todos los países.
156
Por lo tanto, es muy fácil
que surja la desconfianza mutua entre los comunistas rusos y ucranianos. ¿Cómo
combatirla? ¿Cómo vencerla y conquistar la confianza recíproca?
El mejor medio es el trabajo
conjunto para defender la dictadura del proletariado y el Poder soviético en la
lucha contra los terratenientes y capitalistas de todos los países, contra sus
intentos de restablecer su omnipotencia. Tal lucha conjunta mostrará claramente
en la práctica que cualquiera que sea la solución del problema de la
independencia estatal o de las fronteras del Estado, a los obreros rusos y
ucranianos les es absolutamente necesaria una estrecha alianza militar y
económica, ya que, de lo contrario, los capitalistas de la "Entente",
es decir, la coalición de los países capitalistas más ricos: Inglaterra,
Francia, Norteamérica, Japón e Italia, nos aplastarán y estrangularán por
separado. El ejemplo de nuestra lucha
![]()
79 Comité
Militar Revolucionario de toda Ucrania: órgano provisional del poder revolucionario en Ucrania, creado
por decreto del CEC y del Consejo de Comisarios del Pueblo de Ucrania del 11 de
diciembre de 1919, día de la liberación de Poltava y Járkov.
Carta a los obreros y campesinos de Ucracia a propósito de las
victorias sobre Denikin
contra Kolchak y Denikin,
subvencionados y armados ambos por estos capitalistas, nos ha demostrado
claramente la existencia de tal peligro.
Quien rompe la unidad y la
alianza más estrecha entre los obreros y campesinos rusos y ucranianos, ayuda a
los Kolchak y a los Denikin, ayuda a los tiburones capitalistas de todos los
países.
Por eso, nosotros, los
comunistas rusos, debemos reprimir con extremo rigor la menor manifestación de
nacionalismo ruso que surja en nuestras filas, pues estas manifestaciones, que
son una traición al comunismo, nos perjudican enormemente, separándonos de los
camaradas ucranianos, y con eso hacen el juego a Denikin y a su política.
Por eso, nosotros, los
comunistas rusos, debemos transigir en nuestras divergencias con los comunistas
bolcheviques y borotbistas ucranianos cuando estas divergencias se refieren a
la independencia estatal de Ucrania, a las formas de su alianza con Rusia y, en
general, a la cuestión nacional. Nosotros todos, los comunistas rusos,
ucranianos y de cualquier otra nación, debemos ser intolerantes e
intransigentes en las cuestiones de la lucha del proletariado que son
fundamentales, cardinales e idénticas para todas las naciones, en las
cuestiones de la dictadura del proletariado, en la inadmisibilidad de la
conciliación con la burguesía, en la inadmisibilidad de la división de las
fuerzas que nos defienden contra Denikin.
Vencer a Denikin,
aniquilarlo, hacer imposible la repetición de una invasión semejante: tal es el
interés fundamental de los obreros y campesinos rusos y ucranianos. La lucha es
larga y difícil, pues los capitalistas de todo el mundo ayudan a Denikin y ayudarán
a los Denikin de todo género.
En esta larga y difícil
lucha, nosotros, los obreros rusos y ucranianos, debemos marchar estrechamente
unidos, pues es indudable que separadamente no podremos salir victoriosos. Sean
cuales fueren las fronteras de Ucrania y Rusia, sean cuales fueren las formas
de sus relaciones como Estados, no son cosas tan importantes; en esto se pueden
y se deben hacer concesiones, se puede ensayar esto, aquello y lo otro; la
causa de los obreros y campesinos, la causa de la victoria sobre el capitalismo
no sucumbirá por ello.
Pero si no sabemos conservar
la unión más estrecha entre nosotros, la unión contra Denikin, la unión contra
los capitalistas y los kulaks de nuestros países y de todos los demás, es
seguro que la causa de los trabajadores sucumbirá en ese caso por largos años,
en el sentido de que los capitalistas podrán
aplastar y estrangular tanto a la Ucrania Soviética como a la Rusia Soviética.
La burguesía de todos los
países, todos los partidos pequeñoburgueses, todos los partidos
"conciliadores", que admiten la alianza con la burguesía en contra de
los obreros, se han esforzado más que nada en dividir a los obreros de las
diferentes nacionalidades, en despertar entre ellos la desconfianza y romper la
estrecha unión internacional y la fraternidad internacional de los obreros. Si
la burguesía lo consigue, la causa de los obreros está perdida. Que los
comunistas de Rusia y Ucrania, con un trabajo conjunto, paciente, perseverante
y tenaz, desbaraten las intrigas nacionalistas de toda burguesía, los
prejuicios nacionalistas de todo género, y den a los trabajadores del mundo
entero un ejemplo de alianza verdaderamente sólida de los obreros y campesinos
de diferentes naciones en la lucha por el Poder soviético, por la destrucción
del yugo de los terratenientes y capitalistas, por la República Federativa
Soviética universal.
N. Lenin.
28 de diciembre de 1919.
Carta a los obreros y campesinos de Ucracia a propósito de las
victorias sobre Denikin
Publicada
el 4 de enero de 1920 en el núm. 3 de "Pravda" y en el núm. 3 de
"Izvestia del CEC de toda Rusia".
T. 40, págs. 41-47.
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
157
INFORME SOBRE LA LABOR DEL CEC DE TODA
RUSIA Y DEL CONSEJO DE COMISARIOS DEL PUEBLO PRESENTADO EN LA PRIMERA SESIÓN
DEL CEC DE TODA RUSIA DE LA SÉPTIMA LEGISLATURA.
2 de febrero de 1920.
Camaradas: Mi informe sobre
la gestión del Consejo de Comisarios del Pueblo y del CEC de toda Rusia, cuyas
funciones ha venido cumpliendo el Presídium del CEC en el intervalo entre las
sesiones, se divide, como es lógico, en dos partes fundamentales: primera,
sobre la política internacional, sobre la situación internacional de la
República Soviética, y segunda, sobre la edificación interior y las tareas
económicas esenciales. Permitidme exponer también en este orden los aspectos
principales de nuestra labor durante el período del que rendimos cuenta, es
decir, durante los dos últimos meses.
Por lo que se refiere a la
situación internacional de la República Soviética, los éxitos del Ejército Rojo
son el hecho fundamental que determina esta situación. Sabéis que los últimos
restos del ejército de Kolchak han sido casi aniquilados en el Extremo Oriente
y que entre el Japón y Norteamérica, potencias formalmente aliadas, se advierte
con creciente nitidez una rivalidad, una hostilidad que no les permite
desplegar con todo empuje sus fuerzas contra la República Soviética. Después
del aniquilamiento de las tropas de Yudénich, después de la toma de
Novocherkassk y Rostov del Don en el Sur a comienzos de enero, fue asestado un
golpe tan contundente al grueso de sus tropas que la situación militar de la
República Soviética ha cambiado del modo más radical. Aunque no ha terminado la
guerra, para todos los Estados está claro que se han desvanecido sus antiguas
esperanzas en cuanto a la posibilidad de aplastar a las fuerzas militares de la
República Soviética.
La emisión por radio
efectuada para nosotros (no se nos ha comunicado oficialmente) del acuerdo del
Consejo Supremo de los aliados indica que se ha comprendido este cambio radical
de la situación internacional de la República Soviética. En virtud de este
acuerdo, adoptado el 16 de enero, se levanta el bloqueo a la República
Soviética. La parte fundamental de la decisión del Consejo Supremo dice así: (da lectura al documento)80.
No tengo
necesidad de hacer la crítica de la diplomacia que se encierra en esta fórmula:
es demasiado evidente para que valga la pena detenerse a rechazar la afirmación
de que no ha variado la actitud de los aliados hacia Rusia. Si los aliados
conciben su política en el sentido de que el levantamiento del bloqueo no
significa un cambio de la política anterior, con ello demuestran la falta de
fundamentación de su política. Pero lo importante para nosotros no es el
aspecto político de esta decisión, sino su aspecto económico. El levantamiento
del bloqueo constituye un importante hecho de alcance internacional y muestra
que se ha iniciado una nueva fase de la revolución socialista. Pues el bloqueo
era en realidad el principal instrumento, verdaderamente firme, con que los
imperialistas de todo el mundo contaban para asfixiar a la Rusia Soviética.
En el último congreso de los
Soviets tuve ya ocasión de señalar y desarrollar la idea de que la lucha contra
la Rusia Soviética hizo no sólo que los obreros y campesinos de Francia,
Inglaterra y otros países avanzados obligasen a abandonar la lucha, sino
también que las masas pequeñoburguesas de la población comenzasen dentro de
esos mismos países a
![]()
80 Lenin leyó un despacho publicado en los
periódicos centrales el 18 de enero de 1920 sobre la decisión de los gobiernos
de los países de la Entente de levantar el bloqueo de la Rusia Soviética y
autorizar el comercio con Rusia. Pero en el despacho se subrayaba que esta
decisión "no significa en ningún caso un cambio de la política de los
aliados respecto al Gobierno soviético".
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
desarrollar la oposición
contra el bloqueo. Y, claro está, una tal oposición de las capas medias de la
población en países como Inglaterra y Francia no podía menos de influir en la
política de los imperialistas internacionales. Conociendo sus tretas diplomáticas,
no podemos esperar que los imperialistas procedan con franqueza, sin reservas,
sin el deseo de restaurar el viejo orden de cosas, de introducir con cualquier
ardid su política anterior, que ahora no pueden aplicar descaradamente. Pero es
preciso decir que, en lo fundamental, hemos obtenido victorias de la mayor
importancia, y hasta les hemos quitado a los aliados un arma que sólo ellos
tenían, la flota; se la hemos quitado pese a que los elementos vacilantes
trataban de atemorizarnos diciendo que esa flota era invencible. Sin embargo,
el desarrollo de las relaciones políticas ha demostrado que tampoco esta flota
invencible podía ser lanzada contra nosotros.
158
No podíamos ofrecer
resistencia militar en el mar, pero hemos obligado a las potencias
imperialistas a renunciar a esta arma.
Naturalmente, este cambio de
política en escala internacional no va a tener repercusiones inmediatas, pero
el hecho es que hemos entrado en la órbita de las relaciones mundiales
interestatales, lo que nos brinda la posibilidad de obtener el apoyo de países
más avanzados. Naturalmente, la situación económica y financiera de estos
países es muy lamentable, atraviesan un estado de decadencia y no podemos
esperar mucho de ellos; pero teniendo la posibilidad de desarrollar la
industria de nuestro país, podemos confiar en recibir máquinas para la
producción, para el restablecimiento de nuestra industria. Y lo principal es
que se ha roto nuestro completo aislamiento de los países avanzados, impuesto
por el bloqueo.
Después de que III Consejo
de los aliados se ha visto obligado a renunciar a este instrumento, nuestras
victorias en la esfera de la política internacional han continuado. La mayor de
ellas ha sido la de haber logrado concertar la paz con Estonia. Hoy hemos
recibido un despacho de Ioffe y Gukovski, en el que se dice: "Hoy, 2 de
febrero, a las dos de la madrugada, hora de Moscú, se ha firmado la paz entre
Rusia y Estonia. Para asistir al acto de la firma de la paz ha llegado de Reval
el ministro de Negocios Extranjeros de Estonia, Birk".
Camaradas: El texto de este
documento de paz, que fue sometido a un estudio muy detenido y representa un
documento de la mayor importancia, ha sido enviado con un correo que debe
llegar mañana por la mañana, pero acabamos de recibir por telégrafo el texto
exacto, que será distribuido mañana. Este documento, que para nosotros tiene
una importancia enorme, habrá de ser examinado y ratificado. El tratado de paz
de Rusia con Estonia reviste inmenso significado histórico mundial; por eso,
una vez lograda la firma del tratado de paz con un gobierno que también
emprende la vía democrática y que ahora tendrá sólidas relaciones con nosotros,
pero que hasta hoy era apoyado por todo el mundo imperialista, debemos ver esto
como un acto de enorme importancia histórica.
Sabemos que, por lo general,
quienes se hallan situados entre el imperialismo y la democracia dan siempre
bandazos de un lado a otro. Así pues, como veis, estamos obteniendo
indudablemente una victoria porque la paz ha sido firmada, y ahora este Estado
debe enfrentarse con nuestros enemigos. El significado de este hecho desde el
punto de vista de los principios consiste en que, en la época imperialista, el
mundo aparece dividido en un número enorme de grandes y pequeños Estados,
siendo de notar que los pequeños Estados son impotentes del todo, constituyen
una fuerza insignificante frente a las potencias más ricas, que tienen
plenamente sometidos a toda una serie de Estados pequeños y débiles. El
imperialismo ha dado origen a una época en la que se produce la división de
todo el mundo, de toda la población del planeta en una minoría de países
explotadores, de países opresores, y una mayoría de países débiles y con escasa
población, que se encuentran en estado de dependencia colonial respecto de los
primeros.
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
Al lograr la paz con
Estlandia hemos demostrado que sabemos ir adelante como Estado proletario y
comunista. ¿Cómo lo hemos demostrado? A todas las potencias beligerantes de la
Entente, que estaban en contra de la paz, les hemos demostrado que las simpatías
que sabemos inspirar a nuestros adversarios y a los gobiernos burgueses, que
las simpatías de un país pequeño son más fuertes que toda esa opresión militar
y toda esa ayuda financiera y todos esos lazos económicos que vinculan a este
pequeño país con las potencias más fuertes del mundo. La Entente ha visto que
podemos vencer no sólo cuando recurrimos a la violencia; estamos en condiciones
de desmentir la falsedad y las calumnias que difunden contra nosotros los
gobiernos burgueses de todo el mundo al decir que los bolcheviques se mantienen
exclusivamente gracias a la violencia.
¿Por qué hemos triunfado
frente a las fuerzas mancomunadas del imperialismo mundial en relación con
Estlandia, que siempre sufrió la violencia por parte de la Rusia zarista de los
terratenientes? Porque hemos demostrado nuestra capacidad para renunciar en el
momento oportuno y con toda honradez a la violencia para pasar a aplicar una
política de paz, conquistando las simpatías del gobierno burgués de un Estado
pequeño, pese a todo el apoyo del capital internacional. Este es un hecho de
alcance histórico. Estlandia es un pequeño país, una pequeña república, pero
hasta tal punto se halla oprimida por mil procedimientos tanto económicos como
militares por el capital imperialista mundial, que toda su población sufre esta
opresión. Y he aquí que esta paz demuestra que, a pesar de todo nuestro
cansancio, de nuestra debilidad y de nuestra dispersión, sabemos alcanzar
victorias sobre el ejército blanco, al cual ellos prestaban apoyo. La poderosa
Entente sabe contestar a la violencia con una violencia más victoriosa, pero
esta paz demuestra que no es con la violencia con la que atraemos a nuestro
lado la simpatía y el apoyo de la burguesía.
A este respecto teníamos
ante nosotros una dificilísima tarea internacional. El desarrollo del
capitalismo en los distintos países se opera con un ritmo distinto, en
situaciones distintas y con distintos procedimientos y métodos. La república
socialista de un país se ve al lado de los países capitalistas del mundo entero
y obliga a vacilar a la burguesía de dichos países. De aquí se ha hecho esta
conclusión: "Es que vuestra situación es desesperada; si habéis vencido
con la violencia a los guardias blancos, ¿qué haréis con el resto del
mundo?" — Lo venceremos también. La paz con Estlandia prueba que esto no
es una frase. Toda la presión del capital internacional ha sido vencida allí
donde se ha reconocido que nuestra renuncia a la violencia es sincera. El
capital internacional decía: "No firméis la paz con los bolcheviques; si
lo hacéis, os someteremos por hambre, no os prestaremos ni ayuda financiera ni
ayuda económica". Y Estlandia fue uno de esos países pequeños y
formalmente independientes que se dijo: "Confiamos más en que los
bolcheviques son capaces de vivir en paz con otros pueblos, más débiles,
incluso con un gobierno burgués, que toda la democracia de la potencia mundial
de la Entente".
159
Donde la democracia se manifiesta con mayor relieve es en la
cuestión fundamental de la guerra y la paz. Todas las potencias están
preparando una nueva guerra imperialista. Cada día lo ven los obreros del mundo
entero. Cualquier día Norteamérica y el Japón se arrojarán el uno contra el
otro; Inglaterra ha conquistado tantas colonias después de vencer a Alemania,
que jamás se conformarán con esto las otras potencias imperialistas. Se prepara
una nueva y encarnizada guerra, y las masas lo comprenden. Y de pronto aparece
la paz democrática de Estonia con Rusia, que posee fuerzas tan enormes y a la
que acusan de que, después de acabar con Yudénich, Kolchak y Denikin, lanzará
todas sus fuerzas contra el pequeño Estado. Es de notar que la paz ha sido
concertada en tales condiciones que hemos hecho una serie de concesiones
territoriales, unas concesiones que no correspondían del todo a una observancia
rigurosa del principio de autodeterminación de las naciones, demostrando
prácticamente que la cuestión de las fronteras es para nosotros secundaria,
mientras que la cuestión de las relaciones pacíficas, la cuestión de saber
esperar a que se
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
desarrollen las condiciones
de vida dentro de cada pueblo, no sólo es una cuestión de la mayor importancia
desde el punto de vista de los principios, sino que es una cuestión en la que
hemos sabido conquistar la confianza de naciones que nos eran hostiles. Si
hemos sabido hacer esto con relación a Estlandia, ello no ha sido casual en
absoluto; lo que ocurre es que la república proletaria, que existe sola y, al
parecer, impotente y débil, ha comenzado a atraer a su lado a países que
dependen de las potencias imperialistas. Tales países son la inmensa mayoría.
De ahí que nuestra paz con Estonia revista una importancia histórica universal.
Por mucho que la Entente ponga en tensión sus fuerzas para comenzar la guerra,
y aunque consiga reemplazar de nuevo esta paz con la guerra, en todo caso
quedará inalterable en la historia el hecho de que, a pesar de toda la presión
del capital mundial, hemos sabido infundir a un pequeño país gobernado por la
burguesía más confianza que la burguesía imperialista, supuestamente democrática,
pero en realidad expoliadora.
Sobre la cuestión relativa a
cuál ha sido en este aspecto nuestra política en comparación con la de las
potencias mundiales supuestamente democráticas, pero en realidad expoliadoras,
disponemos por casualidad de documentos de singular interés que me vais a
permitir os dé a conocer. Estos documentos nos han sido facilitados por un
oficial o empleado de los guardias blancos apellidado Oléinikov, a quien uno de
los gobiernos de los guardias blancos encomendó la misión de hacer llegar estos
documentos de la mayor importancia a otro, pero él los puso en nuestras manos81. (Aplausos.) Se ha
conseguido hacer llegar estos documentos a Rusia, y yo os los leeré, aunque
esto lleve bastante tiempo. Sin embargo, son muy interesantes, porque muestran
con gran claridad el fondo real de la política. El primer documento es un
telegrama de Sazónov al ministro Gulkévich:
París, 14 de octubre de 1919, Nº 668.
S. D. Sazónov presenta su
máximo respeto a Konstantín Nikolálovich y tiene el honor de remitir con la
presente para su conocimiento las copias de los telegramas de B. A. Bajmétev,
Nº 1.050, y de I. I. Sukin, Nº 23, sobre la situación en las provincias del
Báltico.
Otro documento, más interesante, es este
telegrama de Washington, fechado el 11 de octubre:
Recibido el 12 de octubre de 1919. Número de entrada 3.346.
Bajmétev al Ministro.
Washington, 11 de octubre de 1919, Nº 1.050. Me remito a mi
telegrama Nº 1.045.
(cifrado) El Departamento de
Estado me ha dado a conocer verbalmente las instrucciones transmitidas a
Guesde. Este se titula comisario del Gobierno norteamericano en las provincias
bálticas de Rusia. No está acreditado cerca de ninguno de los gobiernos rusos.
Su misión es la de observar e informar. Su conducta
![]()
81 Los documentos a que se refiere Lenin
fueron entregados por el oficial blanco Oléinikov, que se pasó al lado del
Poder soviético. Estos documentos los había recibido de manos de S. Sazónov en
París para llevarlos a Yudénich a través de Suecia.
En los documentos son
mencionados: Sazónov, ministro de Negocios Extranjeros de los gobiernos del zar
y de Kolchak y representante de Kolchak y Denikin en París; Gulkévich, enviado
de Kolchak en Suecia; Bajmétev, embajador de Kolchak en Washington; Sukín,
director del servicio administrativo del Ministerio de Negocios Extranjeros (de
hecho ministro) del Gobierno de Kolchak en Omsk; Sablín, encargado de negocios
de Kolchak en Londres; Knox, general, representante del Gobierno inglés cerca
de Kolchak.
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
no debe hacer concebir a la
población local la esperanza de que el Gobierno norteamericano pueda avenirse a
apoyar las corrientes separatistas que van más allá de la autonomía. Por el
contrario, el Gobierno norteamericano confía en que la población de las
provincias del Báltico ayudará a sus hermanos rusos en la empresa que éstos han
acometido en el plano de todo el Estado. Sirve de base a las instrucciones la
interpretación del acuerdo de los gobiernos aliados con el regente supremo, tal
como fue expuesta en mi memorándum del 17 de junio al Gobierno. A Guesde se le
dan fragmentes de los últimos discursos del Presidente en los que éste ha
lanzado rayos y centellas contra el bolchevismo.
160
Así pues, el Gobierno
norteamericano comunicaba que su representante puede dar las prescripciones
habidas y por haber, pero no apoyar la independencia, es decir, no garantizarla
a esos Estados. Lo que directa o indirectamente se ha dejado traslucir y no se
ha podido ocultar a Estonia es que las grandes potencias la engañan. Claro está
que todo el mundo podía imaginárselo, pero nosotros tenemos documentos en las
manos, y estos documentos serán publicados:
Recibido el 12 de octubre de 1919. Número de entrada 3.347.
Sukín al Ministro.
Omsk, 9 de octubre de 1919, Nº 28.
(cifrado) Knox ha
transmitido al regente supremo un comunicado del Ministerio británico de la
Guerra, en el que este último previene sobre la inclinación de los Estados
bálticos a concertar la paz con los bolcheviques, que les garantizan el
reconocimiento inmediato dé la independencia. El Ministerio británico de la
Guerra plantea la cuestión de si no convendría que el gobierno paralizase estas
promesas, satisfaciendo a su vez los deseos de dichos Estados. Hemos respondido
a Knox remitiéndonos a los principios expuestos en la nota dirigida por el
regente supremo a las potencias el 4 de junio y, a la vez, hemos indicado que
la firma de la paz por los Estados bálticos con los bolcheviques constituye un
peligro indudable, ya que permitirá dejar libres una parte de las tropas
soviéticas y abrirá una brecha en la barrera que impide la penetración del
bolchevismo en Occidente. El propio hecho de la disposición a hablar de paz
testimonia, a nuestro juicio, una extremada desmoralización de los partidos de
estas unidades autónomas, que por sí solas no pueden preservarse… de la
penetración del bolchevismo agresor.
Al expresar la seguridad de
que las potencias no pueden ver con buenos ojos la propagación del bolchevismo,
hemos indicado que es necesario que cese la ayuda posterior a los Estados
bálticos, lo cual constituye un medio efectivo de presión en manos de las
potencias, y por cierto un medio más conveniente que la emulación en promesas
con los bolcheviques, que ya nada tienen que perder.
Al comunicarle lo arriba
expuesto, le ruego que haga la correspondiente gestión en París y Londres; a
Bajmétev nos dirigimos aparte.
Recibido el 9 de octubre de 1919. Número de entrada 3.286.
Sablín al Ministro.
Londres, 7 de octubre de 1919, M 677.
(cifrado) En una carta enviada a
Guchkov, el jefe de la sección de operaciones del Ministerio de la Guerra, al
que G. se dirigió ofreciéndole nuestros barcos para facilitar
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
a los ingleses el
aprovisionamiento de Yudénich, comunica que, a juicio del Ministerio de la
Guerra, Yu. posee hoy todo lo necesario y que a Inglaterra le es difícil seguir
abasteciéndole. Agrega, sin embargo, que puesto que tenemos barcos, podríamos
organizar el aprovisionamiento de Yu. sobre bases comerciales, a condición de
que encontremos créditos. El general Radeliffe reconoce a la vez que el
ejército de Yu. tiene que ser debidamente equipado por constituir "la
única fuerza en los Estados bálticos capaz de emprender operaciones activas
contra los bolcheviques".
El Ministro a Bajmétev en
Washington. París, 30 de septiembre de 1919, Nº 2.442. (cifrado) Por una fuente
muy fidedigna de origen sueco me entero que el enviado norteamericano en
Estocolmo, Morris, dice que en Norteamérica crecen las simpatías hacia los bolcheviques
y existe el propósito de cesar la ayuda a Kolchak para entrar en contacto con
Moscú en interés del comercio norteamericano. Semejantes declaraciones de un
representante oficial causan una impresión extraña.
Recibido el 5 de octubre de 1919. Número de entrada 3.244.
Bajmétev al Ministro.
Washington, 4 de octubre de 1919, Nº 1.021. Me remito a su
telegrama Nº 2.442.
(cifrado) En el Departamento
de Estado me han informado confidencialmente que, en efecto, el enviado Morris
en Estocolmo y sobre todo Hangood en Copenhague son conocidos por sus ideas
izquierdistas personales, pero que no gozan aquí de ninguna influencia y
prestigio y que el Gobierno se ha visto obligado a amonestarles de vez en
cuando, indicándoles categóricamente que la política norteamericana está
siempre orientada a apoyar a nuestro Gobierno en la lucha contra los
bolcheviques.
Estos son los documentos que
daremos a la publicidad y que muestran de modo fehaciente cómo se ha
desarrollado la lucha en torno a Estonia, cómo la Entente, junto con Kolchak y
Norteamérica, Inglaterra y Francia, han ejercido toda la presión sobre Estonia
para que no firmase la paz con los bolcheviques, y cómo los bolcheviques, que
prometen concesiones territoriales y garantizan la independencia, han logrado
la victoria en este pugilato. Afirmo que esta victoria reviste colosal
importancia histórica porque ha sido lograda sin violencia, es una victoria
sobre el imperialismo mundial, y gracias a ella los bolcheviques se ganan las
simpatías del mundo entero. Esta victoria no significa en modo alguno que vaya
a concertarse ahora mismo la paz universal, pero sí indica que representamos
los intereses de la paz respecto a la mayoría de la población del planeta
contra los rapaces militares imperialistas. Esta apreciación ha hecho que la
Estlandia burguesa, adversaria del comunismo, haya firmado la paz con nosotros.
Si nosotros, siendo una organización proletaria, una República Soviética,
concertamos la paz y actuamos con un espíritu pacífico en relación a gobiernos
burgueses oprimidos por los grandes magnates del imperialismo, es preciso sacar
de aquí la conclusión de cuál debe ser nuestra política internacional.
161
Actualmente nos planteamos
esta tarea principal: vencer a los explotadores y atraernos a los vacilantes;
ésta es una tarea de alcance mundial. Son vacilantes toda una serie de Estados
burgueses que, como tales Estados burgueses, nos odian, pero, por otra parte,
como Estados oprimidos prefieren la paz con nosotros. Así se explica la paz
firmada con Estonia. Naturalmente, esta paz es sólo el primer paso y únicamente
dará resultados en el futuro; pero es indudable que dará resultados. Con
Letonia, hasta ahora, sólo hemos mantenido
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
negociaciones a través de la
Cruz Roja, lo mismo que con el Gobierno polaco82. Repito, la paz con Estonia habrá de tener por fuerza sus
repercusiones, porque los fundamentos son los mismos: también a Letonia y
Polonia tratan de arrastrarlas a la guerra contra Rusia, lo mismo que a
Estonia. Y puede ser que lo consigan, por lo cual debemos permanecer vigilantes
en vista de que la guerra con Polonia es posible, pero estamos seguros — y las
principales conquistas son una prueba de ello— de que podemos concertar la paz
y hacer concesiones que permitan el desarrollo de toda democracia. Ahora
adquiere esto un significado especial, porque con respecto a Polonia la
situación es muy tirante. Diversas informaciones que obran en nuestro poder
demuestran que, además de la Polonia burguesa, conservadora, terrateniente,
además de la influencia de todos los partidos capitalistas polacos, todos los
Estados de la Entente hacen
esfuerzos denodados para lanzar a Polonia a una guerra contra nosotros.
Como sabéis, el Consejo de
Comisarios del Pueblo ha hecho un llamamiento al pueblo trabajador de Polonia83. Vamos a pediros que lo aprobéis para salir al paso de las
campañas de hostigamiento que sostienen contra nosotros los círculos
terratenientes de Polonia. Propondremos un texto complementario a las masas
trabajadoras polacas. Este llamamiento será un golpe para las potencias
imperialistas, que pretenden azuzar a Polonia contra nosotros. Y para nosotros
los intereses de la mayoría de los trabajadores están por encima de todo.
Me permitiré ahora leer un
telegrama que interceptamos ayer y que nos da una idea de los esfuerzos del
capital norteamericano por presentarnos como a ellos les conviene y para
arrastrarnos a la guerra contra Polonia. Ese telegrama dice (da lectura al documento). Yo no he
afirmado ni he oído nada parecido, pero ellos pueden mentir porque no en vano
conceden sus créditos con la finalidad concreta de difundir rumores falsos.
Esto les garantiza su gobierno burgués. (Continúa
leyendo el telegrama.) Pues bien, este telegrama va de Europa a
Norteamérica, se guisa con los recursos de los capitalistas y cumple su
propósito, que consiste en azuzar de la manera más desvergonzada para provocar
la guerra con Polonia. El capital norteamericano trata con todas sus fuerzas de
ejercer esta presión sobre Polonia y lo hace con todo descaro, presentando las
cosas corno si los bolcheviques quisieran acabar con Kolchak y Denikin para
luego lanzar sus "tropas de acero" sobre Polonia.
Es importante que ahora
mismo, aquí, aprobemos la decisión del Consejo de Comisarios del Pueblo.
Después debemos hacer lo que
hicimos antes con relación a otros Estados y lo que realizamos respecto a las
tropas de Kolchak y Denikin, Debemos dirigirnos ahora mismo a la democracia de
Polonia y explicar el actual estado de cosas. Conocemos bien nuestro método,
que actúa a las mil maravillas en el sentido de disgregar las filas enemigas.
Y, en definitiva, este método lleva al camino que necesitamos, al camino a que
ha conducido a la población trabajadora de todos los países. Esta política, por
difícil que sea, debe constituir un principio concreto y, una vez iniciada, la
llevaremos hasta el fin.
![]()
82 Lenin alude a las conversaciones que
sostuvo la Sociedad rusa de la Cruz Roja sobre el canje de prisioneros, el
regreso de los refugiados, etc
83 Lenin tiene en cuenta la declaración del
Consejo de Comisarios del Pueblo de la RSFSR dirigida al Gobierno de Polonia y
al pueblo polaco el 28 de enero de 1920.
El Gobierno soviético
indicaba en su declaración que la política de la RSFSR respecto a Polonia
arrancaba del principio de la autodeterminación nacional y del reconocimiento
incondicional de la independencia y la soberanía de la República Polaca. El 2
de febrero, en la primera sesión del CECR de la VII legislatura, se aprobó
también un llamamiento del CECR al pueblo polaco en el que se denunciaba la
calumnia de los Estados imperialistas de qué la Rusia Soviética abrigara
propósitos anexionistas respecto a Polonia y se subrayaba el invariable afán
del Gobierno soviético de vivir en paz y establecer amistosas relaciones de
buena vecindad con la Polonia independiente.
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
Debo señalar que con
relación a los demás Estados hemos seguido esa misma política. Hemos propuesto
a Georgia y a Azerhaidzhán un acuerdo contra Denikin. Se han negado escudándose
en que no se inmiscuyen en los asuntos de otros Estados. Ya veremos cuál es la
opinión de los obreros y campesinos de Georgia y Azerbaidzhán.
Esta política respecto a los
pueblos occidentales ha sido aún más cautelosa que respecto a los pueblos de
Rusia. Se trataba de Estados como Letonia, Estonia, Polonia, y, por otra parte,
de toda una serie de países orientales, cuyo nivel de desarrollo es el de la
mayor parte de las colonias, que forman la mayoría de la población del globo.
Esos países están oprimidos por Inglaterra, que hasta ahora mantiene sujetos a
los esclavos coloniales. Si nuestra política con relación a los Estados de
Europa Occidental se distingue por una tal cautela, si para su aplicación se
requiere cierto espacio de tiempo a fin de que esos países puedan superar su
kerenskiada, en cuanto al Oriente nuestra política debe ser más cautelosa y
paciente, pues son países mucho más atrasados, que vivían agobiados bajo el
peso del fanatismo religioso, que desconfían aún más del pueblo ruso y
estuvieron decenas de años y siglos enteros bajo el yugo de la política
capitalista del zarismo y del imperialismo, que Rusia, la gran potencia, aplicó
con respecto a ellos.
162
Hemos concedido la autonomía
a la República de Bashkiria. Debemos crear la República Autónoma de Tartaria84, la misma política seguimos con todos los pueblos orientales y
nos decimos: manteniéndonos contra el enorme frente de las potencias
imperialistas, nosotros, que luchamos contra el imperialismo, representamos una
unión que requiere una estrecha cohesión militar, y todos los intentos de
malograr esta cohesión los consideramos absolutamente intolerables y una
traición a los intereses de la lucha contra el imperialismo internacional.
Pero, al aplicar esta política, debemos ser aún más prudentes. Si los países
europeos tienen que atravesar el período de la kerenskiada, en los países
situados a un nivel más bajo de desarrollo es mayor todavía la desconfianza. En
relación a estos últimos países hay que actuar de una manera más lenta.
Apoyamos la independencia y la soberanía de estos Estados. Apelamos a sus masas
trabajadoras y decimos: es necesaria la unidad de las fuerzas militares y es
inadmisible todo apartamiento de esta unidad.
Estamos seguros de que,
prosiguiendo de modo sistemático nuestra política de unión estrecha,
alcanzaremos con relación a los pueblos de Oriente éxitos mayores que los
obtenidos hasta ahora. Y estos éxitos son grandes. La República Soviética goza
de enorme popularidad en todos los pueblos orientales por la misma razón por la
que hemos conseguido firmar la paz con un pequeño Estado occidental, justamente
porque ven en nosotros luchadores irreductibles contra el imperialismo, porque
somos la única república que sostiene la guerra contra el imperialismo y que
sabe aprovechar cualquier situación para actuar sin la violencia, y sabe
también vencer renunciando a hacer uso de la violencia.
De por sí se comprende que
esa misma política, en forma mucho más acabada, se aplica también con relación
a la República Ucraniana. Aquí la cuestión es más simple gracias al tratado
suscrito ya con anterioridad entre el CEC de toda Rusia y el CEC de la República
Soviética Ucraniana. Sobre la base de este tratado, que equivale a una estrecha
federación de las dos repúblicas en la lucha contra los países imperialistas,
estamos estructurando una unión cada vez más estrecha. La masa de campesinos y
obreros ucranianos, por la amarga experiencia del dominio de Denikín, se
persuade de que sólo la unión más estrecha con la República de Rusia será
verdaderamente invencible frente al imperialismo internacional y de que la
separación estatal no puede ser favorable en las condiciones de la lucha contra
el imperialismo, ya que éste aprovecha toda división para aplastar el Poder
soviético; tal división es un crimen. Nuestra política echa profundas raíces en
Ucrania. Estamos seguros de
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84 La República Autónoma de Bashkiria fue
creada en marzo de 1919; la República Autónoma de Tartaria, en mayo de 1920.
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
que el próximo congreso de
los Soviets de obreros y campesinos de Ucrania refrendará esta política de un
modo solemne. Estas son las breves observaciones a las que debo limitarme en lo
tocante a la situación internacional; en cuanto a las propuestas prácticas que
debo hacer en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo y del CEC de toda
Rusia, las he enumerado, y rogaré que todos estos proyectos sean aprobados en
la presente sesión.
Pasando a hablar de la
edificación interior, debo detenerme al comienzo en algunas medidas de nuestro
gobierno y luego tratar de lo principal: del tránsito a los nuevos cauces, del
tránsito de las tareas militares a las tareas de la edificación del Estado.
Por lo que se refiere a las
medidas fundamentales de nuestra política interior que en los dos meses de que
rendimos cuenta se destacan más o menos en la serie de labores cotidianas,
tiene singular importancia una disposición que debe ser aprobada por el CEC de
toda Rusia. Es la disposición aboliendo la pena de muerte. Como sabéis,
inmediatamente después de lograr la victoria principal sobre Denikin, después
de la toma de Rostov, el camarada Dzerzhinski, que dirige la Checa y el
Comisariado del Pueblo del Interior, presentó en el Consejo de Comisarios del
Pueblo una propuesta y la llevó a la práctica en su departamento, en el sentido
de abolir toda aplicación de la pena de muerte dependiente de la Checa. Cuando
en Europa la democracia burguesa hace los mayores esfuerzos por difundir
falsedades contra la Rusia Soviética diciendo que es esencialmente terrorista,
cuando difunden estas falsedades tanto la democracia burguesa como los
socialistas de la II Internacional, cuando Kautsky ha podido escribir un libro
especial titulado Terrorismo y comunismo,
en el que afirma que el poder comunista se basa en el terrorismo, podéis
imaginaros las falsedades que se propagan a este respecto. Con el fin de
desmentirlas hemos dado este paso, emprendido por el camarada Dzerzhinski,
aprobado por el Consejo de Comisarios del Pueblo y que ahora requiere ser
refrendado por el CEC de toda Rusia.
El terror nos fue impuesto por el terrorismo de la Entente
cuando las potencias más fuertes del mundo se lanzaron contra nosotros con sus
hordas sin reparar en nada. No habríamos podido sostenernos ni siquiera dos
días si a estos intentos de los oficiales y de los guardias blancos no
hubiésemos contestado sin piedad, y eso significaba el terror, pero nos fue
impuesto por los métodos terroristas de la Entente. En cuanto logramos una
victoria decisiva, incluso antes de terminar la guerra, inmediatamente después
de la toma de Rostov, renunciamos a la aplicación de la pena de muerte,
demostrando así que cumplimos nuestro programa como lo hemos prometido.
Afirmamos que la aplicación de la violencia es dictada por el fin de reprimir a
los explotadores, de reprimir a los terratenientes y capitalistas; cuando esta
tarea sea cumplida desistiremos de toda medida de excepción. Lo hemos
demostrado en la práctica. Y yo creo — así lo espero y estoy seguro de ello—
que el CEC de toda Rusia refrendará por unanimidad esta medida del Consejo de
Comisarios del Pueblo y la aplicará de tal modo que haga imposible la pena de
muerte en Rusia. Se cae de su peso que toda tentativa de la Entente de reanudar
los métodos de guerra nos obligará a reanudar el terror; sabemos que vivimos en
una época de ambiciones expoliadoras, en la que no se actúa con buenas
palabras; esto es lo que tuvimos presente, pero una vez terminada la lucha
decisiva, inmediatamente abolimos las medidas que en todas las demás potencias
se aplican en todo momento.
163
Quisiera señalar además el
examen de la cuestión de la Inspección obrera. Sobre esta cuestión habrá un
informe especial y no haría bien en detenerme detalladamente en ella. A este
respecto, la necesidad de atraer a las amplias masas a la labor de gobierno
aparece en primer plano, y esta tarea se plantea con mayor apremio que las de
la edificación en vasta escala. Vais a tener ocasión de estudiar proyectos
detallados y, una vez examinados y corregidos, comprenderéis que esta
edificación debe proseguirse con una mayor participación de las grandes masas
obreras. Esta es nuestra tarea fundamental, muy difícil de abordar dado el
actual desbarajuste económico, pero la abordaremos con toda firmeza.
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
Otro problema es el de la
cooperación. Nos hemos propuesto agrupar a toda la población en cooperativas
que se distingan del viejo cooperativismo, el cual sólo comprendía en el mejor
de los casos a los sectores más acomodados.
El socialismo sería imposible si no aprendiese a aprovechar: la
técnica, la cultura, los aparatos creados por la cultura burguesa, por la
cultura del capitalismo. Entre esos aparatos figura la cooperación, que se
desarrolla tanto más cuanto mayor es el nivel de desarrollo capitalista de un
país. A nuestra cooperación le hemos asignado la tarea de abarcar a todo el
país. Hasta ahora, las cooperativas comprendían a las capas más acomodadas,
daban preferencia a quienes poseían recursos para abonar las cuotas de
asociado, y no permitían a las masas trabajadoras disfrutar de sus ventajas.
Con este cooperativismo hemos acabado resueltamente, pero no anulando toda
cooperación, sino asignando a las cooperativas —cosa que hicimos en marzo y
abril de 1918— la tarea de que abarquen a toda la población. Los cooperadores
que estimen los preceptos de los fundadores del movimiento cooperativo (los
viejos objetivos del cooperativismo consisten en dar satisfacción a los
intereses de los trabajadores), tienen que ver con simpatía esta tarea. Estamos
seguros de contar con las simpatías de la mayoría de los miembros de las
organizaciones cooperativas, aunque no nos hacemos la ilusión de que vayamos a
granjearnos las simpatías de la mayoría de los dirigentes de las cooperativas,
que se atienen al punto de vista burgués y pequeñoburgués y conciben la
cooperativa exclusivamente como una nueva forma de gestión económica
capitalista y de la cacareada libertad de comercio, la cual significa el lucro
para unos pocos y la ruina para la mayoría. En lugar de esto hemos señalado
como tarea de Estado que la cooperativa debe ponerse al servicio efectivo de
las masas trabajadoras con objeto de que las cooperativas abarquen a toda la
población. Esto no era posible hacerlo de golpe. Después de plantear la tarea,
hemos trabajado de manera sistemática y aún tendremos que trabajar ahora para
llevar a término esta obra, para que toda la población esté agrupada en
cooperativas. Podemos decir con seguridad que toda la República Soviética, tal
vez dentro de varias semanas o tal vez dentro de no muchos meses, se convertirá
en una gran cooperativa de trabajadores. Hecho esto, el desarrollo de la
iniciativa de los trabajadores, su incorporación a las tareas de la edificación
alcanzará proporciones más vastas.
Como coronación de esto,
hemos dispuesto que todos los tipos de cooperativas, no sólo las de consumo,
sino también las de crédito, producción, etc., sean integradas con la debida
gradación y prudencia en la Unión Central de Cooperativas. En este sentido estamos
seguros de que las medidas adoptadas por nosotros tendrán el apoyo del Comité
Ejecutivo Central y de los funcionarios locales, que, una vez realizada la
unificación formal de las cooperativas, con su trabajo de edificación económica
e incorporando a ese trabajo a la mayoría de los obreros y campesinos,
conseguirán —éste es uno de los objetivos más importantes— que las cooperativas
sean, entre otras cosas, un factor trascendental en la lucha contra el
burocratismo heredado del viejo Estado capitalista, lucha que en nuestro
programa hemos proclamado como tarea de la mayor importancia. Libraremos esta
lucha en todos los departamentos, valiéndonos de todos los procedimientos y,
por cierto, llevando a cabo la unificación del movimiento cooperativista y apelando,
frente a los dirigentes burgueses de las cooperativas, a las verdaderas masas
trabajadoras, que deben desplegar su capacidad de iniciativa en este terreno.
Además, entre las cuestiones
de la edificación interior quiero señalar lo que hemos llevado a cabo en orden
a la agricultura. Con el fin de regular el usufructo de la tierra, el Comisario
del Pueblo de Agricultura cursó una circular en julio de 1919 sobre las medidas
para contrarrestar las frecuentes redistribuciones de parcelas. Esta circular
fue publicada el 1 de julio en Izvestia
del CEC de toda Rusia e incluida en el Código
de decretos y disposiciones del Gobierno obrero y campesino. Esta circular
es importante porque responde a numerosas sugestiones y demandas de los campesinos, quienes venían señalando que las
frecuentes redistribuciones
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
de tierra, en las
condiciones de la pequeña economía agrícola, dificultaban la elevación de la
disciplina laboral, la elevación de la productividad del trabajo. A este punto
de vista se atiene también el Consejo de Comisarios del Pueblo, que ha
encargado al Comisariado de Agricultura que presente un proyecto de reglamento
de la redistribución de tierras. Este proyecto será examinado en fecha próxima.
Igualmente, el Comisariado del Pueblo de Agricultura se propone adoptar
diversas medidas urgentes para reponer el ganado y los aperos. En este sentido
tiene gran importancia la labor sistemática de los funcionarios locales
precisamente. Confiamos en que los miembros del Comité Ejecutivo Central de
toda Rusia influyan sobre las autoridades y contribuyan a que estas medidas del
Comisariado del Pueblo de Agricultura sean llevadas a la práctica en el más
corto plazo posible.
164
Pasaré ahora a la última
cuestión de nuestra edificación y, en realidad, al problema más importante: el
de los ejércitos de trabajo y la movilización para el trabajo. Lo más difícil
en los virajes bruscos y en los cambios radicales de la vida social es tener en
cuenta las peculiaridades de todo tránsito. El problema de cómo deben luchar
los socialistas dentro de la sociedad capitalista no es difícil y ha sido
resuelto hace mucho. Tampoco es difícil concebir una sociedad socialista
desarrollada. Este problema ha sido resuelto también. Pero el problema más
arduo es el de la realización del tránsito de lo viejo, del capitalismo
habitual y conocido por todos, a lo nuevo, al socialismo todavía naciente y que
no cuenta con una base firme. Este tránsito requerirá, en el mejor de los
casos, un período de muchos años. Dentro de este período, nuestra política
comprende una serie de otros tránsitos de menor monta. Y toda la dificultad de
la tarea que tenemos por delante, toda la dificultad y todo el arte de la política
consiste en tomar en cuenta los cometidos peculiares de cada uno de esos
tránsitos.
Acabamos de resolver en sus
rasgos principales y fundamentales, aunque todavía no de un modo definitivo, el
problema de la guerra. Nos propusimos repeler a toda costa la embestida de los
guardias blancos. Nos dijimos: todo debe estar al servicio de la guerra. Era
una política justa. Sabemos muy bien que esta política se tradujo en
sacrificios inauditos en la retaguardia, en frío, hambre y ruina, pero
precisamente la circunstancia de que el Ejército Rojo, que, por cierto, ha
merecido una apreciación tan elogiosa, como lo indican los testimonios que os
he dado a conocer, haya resuelto este problema en el país más atrasado, esta
circunstancia demuestra que en este país hay nuevas fuerzas, pues de otro modo
no se pueden concebir la creación de este ejército modelo y la victoria sobre
ejércitos más fuertes en el sentido material. Pero después de concentrar en
este empeño todo el aparato del Estado y de resolver los problemas peculiares
de esta tarea —la de supeditarlo todo a los intereses de la guerra—, la situación
exige un viraje rápido y en redondo. No hemos terminado aún la guerra. Es
preciso mantener todo nuestro dispositivo militar, es preciso aplastar a las
tropas de Denikin, es preciso demostrar a los terratenientes y capitalistas de
cualquier país que, si desean todavía hacer la guerra a Rusia, les espera la
misma suerte que a Kolchak y a Denikin. Por eso no podemos debilitar en lo más
mínimo nuestras fuerzas militares. Y, al mismo tiempo, es necesario hacer pasar
todo el país a otros cauces, reorganizar todo el mecanismo. No se puede ni es
preciso seguir concentrándolo todo para la guerra, porque en lo fundamental el
problema de la guerra está resuelto.
Se plantea el paso de la
guerra a la edificación pacífica en unas condiciones tan peculiares que no
podemos licenciar el ejército porque debemos tomar en cuenta aunque sólo sea la
posibilidad de un ataque de la misma Polonia o de cualquiera de los países a
los que la Entente continúa azuzando contra nosotros. Esta tarea, cuya
peculiaridad consiste en que no podemos debilitar nuestras fuerzas militares,
pero al mismo tiempo debemos hacer que todo el mecanismo del Poder soviético,
enfilado hacia la solución de los problemas de la guerra, sea orientado hacia
los nuevos cauces de la edificación económica pacífica, requiere una
extraordinaria atención y constituye un ejemplo de que en este aspecto no
podemos sujetarnos a fórmulas generales, a tesis generales del programa, a
principios generales de
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
comunismo, sino que debemos
tomar en consideración las peculiaridades de estas condiciones del tránsito del
capitalismo al comunismo, del tránsito de una situación en la que toda la
atención del país estaba concentrada en la guerra, a una situación en la que se
ha conseguido una victoria decisiva en el terreno militar y el país debe pasar
a resolver a la manera de los tiempos de guerra las tareas económicas. Decimos
que debe pasar a resolverlas como en tiempo de guerra porque, como todos
sabéis, la situación es difícil en extremo. El final del invierno ha traído y
trae a las masas trabajadoras penalidades inauditas: hambre, frío, ruina.
Necesitamos superar todo esto, cueste lo que cueste. Sabemos que podemos
hacerlo. Nos lo ha demostrado la energía del Ejército Rojo.
Si hasta hoy hemos podido
luchar cercados por todas partes y aislados de las zonas más ricas en trigo y
carbón, ahora, cuando contamos con todo esto, cuando tenemos la posibilidad de
resolver junto con Ucrania las tareas de la edificación económica, también
podemos dar solución al problema fundamental: acopiar gran cantidad de trigo y
de otros productos alimenticios, hacerlos llegar a los centros industriales
para dar comienzo a la edificación industrial.
165
En este empeño tenemos que concentrar todas nuestras fuerzas. No
se puede admitir el menor apartamiento de él para atender a otras tareas
prácticas, cualesquiera que sean; es preciso afrontar esta tarea con métodos
militares, del modo más despiadado, supeditando a ella todos los demás
intereses. Sabemos que se verán afectados toda una serie de justísimas
reivindicaciones e intereses, pero si no hubiésemos hecho sacrificios idénticos
en la guerra, no habríamos logrado la victoria. Ahora se necesita efectuar un
viraje brusco y rápido para crear la base de la edificación económica pacífica.
Esta base debe consistir en formar grandes reservas de comestibles y en
hacerlos llegar a la zona central; la tarea del transporte es tarea de traslado
de materias primas y de productos alimenticios. Si desde agosto de 1917 hasta
agosto de 1918 acopiamos 30 millones de puds de trigo y en el segundo año 110
millones, ahora en cinco meses hemos acopiado 90 millones, y los hemos acopiado
con el aparato de nuestro Comisariado de
Abastecimiento, lo hemos
acopiado con métodos socialistas y no capitalistas, a precios de tasa, mediante
el sistema de contingentacíón entre los campesinos y no por la venta en el
mercado libre, quiere decir que hemos encontrado el camino.
Estamos seguros de que ese
camino es certero y nos permitirá lograr resultados que aseguren nuestra
edificación económica en colosales proporciones.
Todas las fuerzas deben ser
consagradas a esta tarea; todas las fuerzas militares, que dieron tantas
pruebas de efectividad en la organización del ejército, deben ser orientadas a
estos nuevos cauces.
He aquí la particularidad de
la situación, el tránsito singular que ha dado origen a la idea de los
ejércitos de trabajo y a la ley sobre la creación del primer ejército de
trabajo en los Urales y del ejército de trabajo en Ucrania, más tarde a la ley
sobre la utilización del ejército de reserva para distintos trabajos, y luego a
la disposición dictada por el Poder soviético en orden a los comités del
servicio obligatorio de trabajo. Todas estas leyes serán expuestas ante
vosotros por un miembro del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia en un
informe detallado. Yo, naturalmente, no puedo detenerme en este aspecto porque
es preciso un informe especial para exponer con toda concreción este problema.
Me limito a subrayar la importancia que esto tiene en nuestra política general,
la importancia de este tránsito que plantea ante nosotros tareas singulares:
poner en tensión todas las fuerzas como en tiempos de guerra, organizarlas para
acopiar grandes reservas de víveres y transportarlas a los centros de la edificación
industrial. A este fin es preciso crear a todo trance ejércitos de trabajo,
organizarse a la manera militar, reducir, limitar e incluso suprimir diversas
instituciones para superar a toda costa en los próximos meses el desbarajuste
del transporte y salir de esta
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
terrible situación en la que
el final del invierno trae consigo tanto frío, hambre y ruina. De esta
situación hay que salir. Esto podemos hacerlo. Y cuando el CEC de toda Rusia
refrende todas las medidas concernientes al servicio obligatorio de trabajo y a
los ejércitos de trabajo, cuando inculque aún más a las amplias masas de la
población esta idea y exija a todos los funcionarios locales que la pongan en
práctica, estamos completamente seguros de que daremos solución a esta tarea
tan difícil sin debilitar ni un ápice nuestra preparación militar.
Sin debilitar nuestra
preparación militar, y cueste lo que cueste, debemos hacer pasar la República
Soviética a los nuevos cauces de la edificación económica. Esta tarea debe ser
realizada en las próximas semanas o tal vez en los próximos meses. Cada organización
de los Soviets y del partido debe poner en tensión todas las fuerzas para
acabar con el desbarajuste del transporte y acrecentar las reservas de
cereales.
Entonces, y sólo entonces,
contaremos con una base, con un sólido fundamento para una vasta edificación
industrial, para la electrificación de Rusia. Y con el fin de demostrar a la
población, y en particular a los campesinos, que a este respecto tenemos vastos
planes, nada fantásticos, sino técnica y científicamente fundamentados, con
este fin yo creo que debemos adoptar —y confío en que el CEC de toda Rusia
aprobará— una resolución proponiendo al Consejo Superior de Economía Nacional y
al Comisariado del Pueblo de Agricultura que elaboren de mutuo acuerdo un
proyecto de electrificación de Rusia.
Gracias al concurso de la
Editorial del Estado y a la energía de los obreros de la antigua tipografía de
Kúshnerev, ahora tipografía número 17 de Estado, he conseguido que en un plazo
muy corto se haya editado el folleto de Krzhizhanovski titulado Tareas fundamentales de la electrificación
de Rusia. Mañana será distribuido este folleto entre los miembros del CEC de toda Rusia. Este folleto del
camarada Krzhizhanovski, que trabaja en la subsección electrotécnica del
Consejo Superior de Economía Nacional, es un resumen de toda la labor ya
realizada al respecto y plantea problemas cuya propaganda —no la aplicación
práctica, sino la propaganda— constituirá ahora uno de los cometidos más
importantes.
Espero que el CEC apruebe
esta resolución, que en nombre del CEC plantea al Consejo Superior de Economía
Nacional y al Comisariado del Pueblo de Agricultura la tarea de elaborar en
unos meses y con el concurso de los científicos y técnicos —nuestras tareas
prácticas durante este tiempo serán otras— un plan amplio y completo de
electrificación de Rusia. El autor del folleto ha estado muy en lo justo al
elegir como epígrafe de su folleto este lema: "La época del vapor fue la
época de la burguesía; la época de la electricidad es la época del
socialismo".
166
Debemos contar con una nueva
base técnica para la nueva edificación económica. Esta nueva base técnica es la
electricidad. Sobre esta base hemos de construirlo todo. Esto será obra de
muchos años. No tememos trabajar durante diez o veinte años, pero debemos hacer
ver a los campesinos que en lugar del antiguo aislamiento entre la industria y
la agricultura, que es la contradicción más profunda que sostenía al
capitalismo y que fomentaba la discordia entre los trabajadores de la industria
y los trabajadores de la agricultura, en lugar de esto, nos proponemos como
objetivo restituir a los campesinos todo lo que hemos recibido de ellos a
crédito en forma de trigo, pues sabemos que los billetes de banco no son,
naturalmente, un equivalente del trigo. Este crédito debemos restituirlo por
medio de la organización de la industria y facilitando a los campesinos
artículos industriales. Debemos hacer ver a los campesinos que la organización
de la industria sobre una alta base técnica moderna, sobre la base de la electrificación,
que vincule a la ciudad con el campo y termine con el contraste entre la ciudad
y el campo, ha de permitir elevar el nivel cultural del campo, superar incluso
en los rincones más apartados el atraso, la ignorancia, la miseria, las
enfermedades y el embrutecimiento. Esta obra la emprenderemos en cuanto
resolvamos nuestra tarea
Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia y del CCP
presentado en la primera sesión ...
inmediata, que es la
fundamental. No descuidaremos por ello ni un instante nuestra tarea práctica
fundamental.
En los próximos meses
debemos orientar todas las fuerzas al transporte de víveres y la ampliación de
la base de productos alimenticios. No debemos consentir la menor distracción en
este sentido. Y, a la vez, hace falta que los especialistas de la ciencia y de
la técnica elaboren un plan de electrificación de toda Rusia85, calculado para muchos años. Los vínculos que hemos establecido
con el mundo exterior, con la Europa capitalista, la ventana que hemos abierto
al firmar la paz con Estonia, han de servir para obtener ahora mismo la
necesaria ayuda técnica. Y una vez resueltos los problemas fundamentales del
transporte y del abastecimiento de víveres en los meses inmediatos, una vez
resueltas las tareas del trabajo obligatorio, en las que vamos a concentrar
todas nuestras energías sin distraer en ninguna otra cosa nuestra atención
durante el período próximo, una vez resueltos estos problemas, demostraremos
que sabemos pasar a las tareas de la edificación proyectadas para largos años,
a la empresa de colocar a toda Rusia sobre una base técnica superior que ponga
fin al contraste entre la ciudad y el campo y permita superar plena y
decididamente el atraso, el fraccionamiento, la dispersión y la ignorancia de
la vida aldeana, que constituyen hasta ahora la causa principal de todo el
estancamiento, de todo el atraso y de todo el abatimiento. En este terreno, en
el terreno de esta victoria pacífica en el frente incruento de la
reorganización de la industria, si operamos con todos nuestros hábitos
adquiridos en los tiempos de guerra, con toda nuestra energía, con toda la
cohesión de nuestras fuerzas para resolver esta tarea, obtendremos victorias
aún más decisivas, aún más grandes que las obtenidas en la esfera militar. (Aplausos.)
El texto íntegro fue publicado por vez primera en 1950 en la 4a
ed. en ruso de las "Obras" de V. l. Lenin, tomo 30.
T. 40, págs. 87-110.
![]()
85
Plan de electrificación de toda Rusia: primer plan científico prospectivo de
restablecimiento y desarrollo de la economía nacional de la República Soviética
que confeccionó por encargo de Lenin la Comisión Estatal para la
Electrificación de Rusia(GOELRO) en 1920. Este plan estaba calculado para 10 ó
15 años; en él se proyectaba construir
20 centrales térmicas y 10 hidroeléctricas
con una potencia total de 1.500.000 kW y elevar en el término de 15 años la
potencia de todas las plantas eléctricas distritales a 1.750.000 kW. Se
proyectaba una producción anual de energía eléctrica de8.800.000.000 kWh contra
1.900.000.000 kWh que se generó en Rusia en 1913. El Plan GOELRO quedó cumplido
en lo fundamental ya en 1931.
167
NOTAS DE UN PUBLICISTA.
I
El ciudadano Juan Longuet me
ha enviado una carta que contiene en lo fundamental las mismas quejas que
aparecen también en su artículo ¿Cómo son
engañados los rusos? ("Populaire"86 del 10-1-
1920). Longuet me ha enviado
también este número de su periódico junto con el boletín del Comité para la
Reconstitución de la Internacional (Comité
pour la Reconstruction de l'Internationale)87. El boletín publica dos proyectos de
resolución destinados al próximo congreso
del Partido Socialista Francés que se realizará en Estrasburgo. En nombre del
Comité para la Reconstitución de la Internacional firman el boletín 24
personas: Amadeo Dunois, la ciudadana Fanny Clar, Caussy, Delépine, Paul Faure,
L. O. Frossard, Eugenio Frot, Gourdeau, la ciudadana Leiciagne, Le Trocquer,
Paul Louis, Juan Longuet, Mauricío Mauren, Mayéras, Mouret, Mauranges, Palicot,
Pecher, la ciudadana Mariana Rauze, Daniel Renoult, Servantier, Sixte-Quenin,
Tommasi y Verfeuil.
Me parece superfluo
responder a las quejas ya los ataques de Juan Longuet: como respuesta son
suficientes el artículo de F. Loriot en Vie
Ouuriére88 del 16 de enero de 1920, titulado ¡Más despacio, Longuet! ("Tout
doux, Longuet") y el articulo Juan
Longuet de Trotski en el núm. 7-8
de La Internacional Comunista. Muy
poco hay que agregar a esto; tal vez habría que recopilar aquí el material
relacionado con la historia del fracaso de la huelga del 21-VII-191989. Pero yo no puedo hacerlo desde Moscú. Sólo he visto en un
periódico comunista austríaco un extracto tomado de Avanti!90 en el que se desenmascara el infame
papel desempeñado en este asunto por Jouhaux, uno de los socialtraidores (¿o
anarcotraidores?) más despreciables y ex energúmeno sindicalista y
antiparlamentario. ¿Por qué no encarga
![]()
86 "Le Populaire" ("El Popular"): periódico fundado por
los centristas franceses; se publicó desde 1916 en Limoges y desde julio de
1917, en París. A partir de 1921 el periódico pasó a ser órgano del Partido
Socialista Francés.
87 87 Comité para la
Reconstitución de la Internacional(Comité pour la Reconstruction de
l'Internationale): lo formaron a fines de 1919 los elementos centristas del
Partido Socialista Francés, encabezados por Juan Longuet. En el seno del
Partido Socialista Francés se libró una enconada lucha en torno a la actitud
del partido hacia la II y la III Internacionales. Los socialistas de derecha
abogaban por conservar la II Internacional y por que continuara en ella el
Partido Socialista Francés. Los centristas bajo la influencia de los afiliados
se pronunciaron por la salida del Partido Socialista Francés de la II
Internacional, pero no llegaron a más. Consideraban que la mejor solución era
"reorganizar" la II Internacional. Cuando en diciembre de 1920, en el
Congreso de Tours, la mayoría del Partido Socialista Francés se pronunció por
la adhesión incondicional a la III Internacional (Internacional Comunista), los
derechistas y centristas, encabezados por Blum, Renaudel y Longuet, abandonaron
el congreso y dividieron el partido formando el Partido Socialista, mientras la
mayoría del congreso creaba el Partido Comunista.
88 "La Vie Ouvriere"
("La Vida Obrera"): semanario, órgano de los sindicalistas
revolucionarios de Francia; se publicó en París desde abril de 1919 hasta el
año 1939 en que fue clausurado. Reapareció en 1944.
89
Tratase de la huelga
política internacional de los obreros que se proyectaba para el 21 de julio de
1919 en solidaridad con las revoluciones rusa y húngara y para exigir la no
intervención de los gobiernos imperialista s en los asuntos rusos y húngaros. En
el día fijado se declararon huelgas dispersas en Inglaterra, Italia, Alemania,
Noruega, etc., pero no se produjo una acción mancomunada del proletariado de
todos los países.
Los líderes derechistas de
los partidos socialistas y de los sindicatos hicieron cuanto pudieron para
impedir la huelga internacional. Los socialconciliadores franceses se
comportaron como traidores. En un principio, para engañar a los obreros,
Jouhaux, Merrheim y otros dirigentes de la Confederación General del Trabajo se
pronunciaron a favor de la huelga, pero luego, en vísperas de su realización,
propusieron aplazada, con lo que la hicieron abortar.
90 "Avanti!" ("¡Adelante!"): diario, órgano central del
Partido Socialista Italiano. Fundado en diciembre de1896 en Roma. En los años
de la primera guerra mundial el periódico ocupó una posición internacionalista
inconsecuente sin romper con los reformistas. En 1926 el periódico fue
clausurado por el gobierno fascista de Mussolini, pero continuó apareciendo en
el extranjero. En 1943 reapareció en Italia.
Longuet a alguien un trabajo
que puede realizarse fácilmente en París: recopilar todos los documentos, todas
las notas y artículos de los periódicos comunistas europeos y todas las
entrevistas especiales sobre el problema del fracaso de la huelga del 21-VII-1919
con todos los dirigentes y participantes interesados? Con entusiasmo
publicaríamos este trabajo. Por "educación socialista", acerca de la
cual hablan tanto y de tan buena gana los "centristas" de todo el
mundo (los independientes de Alemania, los longuetistas de Francia, el ILP de
Inglaterra, etc.), hay que entender, no la repetición pedantesca y doctrinaria
de frases socialistas generales, que, después de 1914-1918, aburren a todo el
mundo y no inspiran confianza a nadie, sino la inflexible denuncia de los errores de los jefes y de los errores del
movimiento.
Por ejemplo, todos los jefes
y todos los miembros destacados de los partidos socialistas, sindicatos y
cooperativas obreras que durante la guerra de 1914-1918 estuvieron en favor de
la "defensa de la patria", actuaron como traidores al socialismo. Una
verdadera labor de "educación socialista" implica la persistente
denuncia de su error, la sistemática explicación de que esta guerra fue por ambas partes una guerra entre bandidos
por el reparto del botín, y
que una repetición de una
guerra semejante es inevitable a
menos que el proletariado derroque por vía revolucionaria a la burguesía.
Las resoluciones que he
citado hablan de tal educación, pero en realidad están haciendo una labor de
perversión socialista, ya que encubren y silencian la traición, la perfidia, la
rutina, el estancamiento, el espíritu utilitario, el pancismo y los errores,
cuya superación y eliminación consciente constituye el contenido de la
verdadera educación.
II
Ninguna de las resoluciones
de los longuetistas sirve para nada; aunque, dicho sea de paso, sirven para una
cosa: para ilustrar el mal que quizá sea en este momento el más peligroso para
el movimiento obrero de Occidente. Este mal consiste en que los antiguos jefes,
al observar la atracción irresistible del bolchevismo y del Poder soviético
para las masas, buscan (¡y con frecuencia
encuentran!) una salida en el reconocimiento verbal de la dictadura del proletariado
y del Poder soviético, sin dejar de ser en realidad enemigos de la dictadura
del proletariado, u hombres que no pueden o no quieren comprender su
significación y ponerla en práctica.
168
Cuán enorme, cuán inmenso es
el peligro que acarrea este mal, se pone de relieve con particular evidencia en
la caída de la primera República Soviética en Hungría (a la primera, ya
derribada, seguirá la victoria de la segunda). En varios artículos aparecidos
en Bandera Roja ("Die Rote
Fahne", de Viena91), órgano central del Partido Comunista
Austríaco, se revela una de las causas fundamentales de esa caída: la traición
de los "socialistas", que de palabra se pusieron del lado de Bela Kun
y se proclamaron comunistas, pero que en los hechos no aplicaban una política
concordante con la dictadura del proletariado, vacilaban, se acobardaban, se
dejaban influir por la burguesía, y algunos de ellos saboteaban y traicionaban
abiertamente la revolución proletaria. Los poderosos bandidos del imperialismo
(es decir, los gobiernos burgueses de Inglaterra, Francia, etc.) que rodeaban a
la República Soviética Húngara supieron, naturalmente, aprovechar estas
vacilaciones dentro del
![]()
91 "Die Rote Fahne" ("Bandera Roja"): periódico, órgano
central del Partido Comunista de Austria. Se publicó en Viena desde noviembre
de 1918 primero con el título Der Weckruf
("El Llamamiento"); desde enero de 1919 pasó a llamarse Die Soziale Revolution ("La
Revolución Social") y a partir de julio de 1919 adoptó el nombre de Die Rote Fahne.
En 1933 Die Rote Fahne vióse obligado a pasar a la clandestinidad. A partir
de agosto de 1945 aparece con el título de Osterreichische
Volksstimme ("La Voz del Pueblo Austriaco"). Desde el 21 de
febrero de 1957 se llama Volksstimme.
Gobierno soviético húngaro y
utilizaron a los verdugos rumanos para estrangularla ferozmente.
No cabe duda de que una
parte de los socialistas húngaros se pasaron sinceramente al lado de Bela Kun y se proclamaron comunistas sinceramente. Pero el fondo del asunto
no cambia por ello: el hombre que se proclama "sinceramente"
comunista y que, en los hechos, en vez de seguir una política implacablemente
firme, inquebrantablemente decidida, abnegadamente valiente y heroica (sólo tal
política concuerda con el reconocimiento de la dictadura del proletariado),
vacila y se acobarda, un hombre así, con su debilidad de carácter, sus
vacilaciones, su indecisión, comete la misma felonía que el traidor abierto. En
un sentido personal, la diferencia entre el hombre que traiciona por debilidad
de carácter y el que lo hace por cálculo e interés es muy grande; pero en
política no existe tal diferencia,
pues la política significa el destino real de millones de hombres, y este
destino no cambia por el hecho de que millones de obreros y campesinos pobres
sean traicionados por quienes son traidores por debilidad de carácter o por
quienes persiguen objetivos egoístas.
Determinar qué parte de los
longuetistas que suscribieron las resoluciones que estamos examinando pertenece
a la primera o a la segunda de las categorías mencionadas, o a una tercera, es
algo que no podemos hacer en este momento; por otro lado, tratar de resolver
semejante cuestión sería perder el tiempo. Lo importante es que los
longuetistas, como tendencia política,
siguen ahora exactamente la política de los "socialistas" y "socialdemócratas" húngaros,
que provocaron la caída del Poder soviético en Hungría. Los longuetístas siguen
esta política, ya que de palabra se proclaman partidarios de la dictadura del
proletariado y del Poder soviético, pero de hecho continúan comportándose como
antes, continúan defendiendo en sus resoluciones y aplicando en la práctica la
vieja política de pequeñas concesiones al socialchovinismo, al oportunismo, a
la democracia burguesa, la política de vacilaciones, de indecisión, de
evasivas, de pretextos, de ocultamiento de los hechos y otras cosas por el
estilo. Estas pequeñas concesiones, las vacilaciones, la indecisión, las
evasivas, los pretextos y el ocultamiento de los hechos, en su conjunto,
constituyen inevitablemente una traición
a la dictadura del proletariado.
Dictadura es una palabra
grande, dura y cruel, una palabra que expresa una implacable lucha a muerte
entre dos clases, entre dos mundos, entre dos épocas históricas.
Y palabras como esta no pueden ser pronunciadas con ligereza.
Poner en el orden del día la
realización de la dictadura del proletariado y al mismo tiempo, "temer
ofender" a hombres como Albert Thomas, a los señores Bracke, Sembat, a
otros campeones del más abyecto socialchovinismo france, a los héroes del
traidor periódico L'Humanité, de La Batalle92, etc., es traicionar a la clase obrera;
sea por ligereza, por falta de comprensión,
por debilidad de carácter o por otras causas, es en todo caso traición a la
clase obrera.
La divergencia entre las
palabras y los hechos llevó a la bancarrota de la Segunda Internacional. La
Tercera Internacional no tiene todavía un año, y ya se ha puesto de moda y
atrae a los politiqueros que van adonde van las masas. Sobre la Tercera Internacional
comienza a cernirse el peligro de la misma divergencia entre las palabras y los
hechos. Cueste lo que cueste y dondequiera se presente, hay que denunciar este
peligro y arrancar de raíz toda manifestación de este mal.
![]()
92 "La Bataille" ("La Batalla"): periódico, órgano de
los anarcosindicalistas franceses. Se publicó en París de 1915 a 1920 en vez
del clausurado La Bataille Sindicaliste
("La Batalla Sindicalista"). En los años de la guerra imperialista
mundial ocupó una posición socialchovinista.
Las resoluciones de los
longuetistas (al igual que las resoluciones del último congreso de los
independientes alemanes93, que son longuetistas alemanes) han
convertido la "dictadura del proletariado" en el mismo icono que
solían ser las resoluciones de la Segunda Internacional para los jefes, para
los jerarcas sindicales, para los parlamentarios y para los funcionarios de las
cooperativas. A un icono se le puede rogar, ante un icono la gente se santigua
y se arrodilla, pero el icono no cambia en nada la vida práctica, ni la
política práctica.
No, señores, nosotros no
permitiremos que la consigna "dictadura del proletariado" se
convierta en un icono; no aceptaremos que la III Internacional tolere
divergencia alguna entre las palabras y los hechos.
Si están ustedes en favor de
la dictadura del proletariado, no sigan entonces la política evasiva, ambigua y
conciliadora con respecto al socialchovinismo que siguen y que se expresa en
las primeras líneas de la primera de sus resoluciones: la guerra, fíjense por
favor, "ha desgarrado" (a
déchiré) a la II Internacional, la ha alejado de la labor de
"educación socialista" (éducation
soctaliste), y "algunos de los grupos de esta Internacional" (certaines de ses fractions) "se
han debilitado" al compartir el poder con la burguesía, y así
sucesivamente.
169
Este no es el lenguaje de
gente que apoya consciente y sinceramente la idea de la dictadura del
proletariado. Es el lenguaje de los que dan un paso adelante y dos atrás, o
bien, de politiqueros. Si ustedes quieren hablar este lenguaje, o mejor dicho,
mientras hablen ese lenguaje, mientras ésa sea su política, quédense en la II
Internacional, pues allí está su sitio. O que los obreros que les empujan con
su presión de masas hacia la III Internacional les dejen en la II
Internacional, y que ellos, sin ustedes,
ingresen en la III Internacional. A estos obreros, ya sean del Partido
Socialista Francés, del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania o del
Partido Laborista Independiente de Inglaterra, les diremos, en las mismas
condiciones: ¡bienvenidos!
Si se admite la dictadura
del proletariado y si al mismo tiempo se habla de la guerra de 1914-1918, hay
que hablar de otro modo: esta guerra fue una guerra entre los bandidos del
imperialismo anglo— franco-ruso y los bandidos del imperialismo germano-austríaco
por el reparto del botín, de las colonias y de las "esferas" de
influencia financiera. Propugnar la "defensa de la patria" en una
guerra semejante fue traicionar al socialismo. Si esta verdad no es explicada a
fondo, si esta traición no es erradicada de la mente, del corazón y de la
política de los obreros, será imposible
librarnos de las calamidades del capitalismo, será imposible librarnos de nuevas guerras, que son inevitables mientras subsista el capitalismo.
¿Es que no quieren o no
pueden hablar ustedes este lenguaje, realizar esta propaganda? ¿Es que quieren ser "clementes" consigo
mismos o con los amigos que ayer predicaban la "defensa de la patria"
en Alemania bajo Guillermo o bajo Noske, y en Inglaterra y Francia bajo la
dominación de la burguesía? ¡Entonces sean clementes
con la III Internacional! ¡Háganla feliz con su ausencia!
III
Hasta ahora sólo me he
referido a la primera de las dos resoluciones. La segunda no es mejor.
"Solemne" ("solennelle") condena del
"confusionismo", e incluso de "todo compromiso"
("toute compromission" es una vacua frase revolucionaria, pues no se
puede estar contra todo compromiso),
pero es, al mismo tiempo, una reiteración evasiva, ambigua, de frases generales, que, lejos de esclarecer el
concepto "dictadura del proletariado", lo oscurecen; ataques a la
"política del señor Clemeneeau" (ardid habitual de los politiqueros
burgueses en Francia, que explican el cambio de camarilla como un cambio de
régimen); exposición de un
![]()
93 Lenin alude al Congreso Extraordinario del Partido
Socialdemócrata Independiente de Alemania, que tuvo lugar del
30 de noviembre al 6 de diciembre de1919, en Leipzig.
programa fundamentalmente reformista: impuestos,
"nacionalización de los monopolios capitalistas", etc.
Los longuetistas no
comprenden ni quieren comprender
(algunos son incapaces de comprender)
que el reformismo, envuelto en una fraseología revolucionaria, fue el mal
principal de la II Internacional, la causa principal de su ignominiosa
bancarrota, del apoyo de los "socialistas" a una guerra en la que
fueron inmolados diez millones de hombres para resolver el gran problema de si
debía saquear todo el mundo el grupo anglo-ruso-francés de bandidos
capitalistas o el grupo alemán.
En la práctica, los
longuetistas son los reformistas de antes, que encubren su reformismo con
frases revolucionarias y utilizan sólo como frase revolucionaria un nuevo
término: "dictadura del proletariado". El proletariado no necesita a
semejantes jefes, ni necesita a los jefes del Partido Socialdemócrata
Independiente de Alemania, ni a los jefes del Partido Laborista Independiente
de Inglaterra. El proletariado no puede ejercer su dictadura con semejantes
jefes.
Admitir la dictadura del
proletariado no significa que en cualquier
momento y a toda costa haya que lanzarse al asalto, a la insurrección. Eso es
absurdo. Para que la insurrección tenga éxito se necesita una larga
preparación, hábil y perseverante, que impone grandes sacrificios.
Admitir la dictadura del
proletariado significa una resuelta, implacable y, lo que es más importante,
plenamente consciente y consecuente ruptura con el oportunismo, con el
reformismo, con la ambigüedad y la actitud evasiva de la II Internacional;
significa la ruptura con los jefes que no
pueden dejar de continuar las viejas tradiciones, con los viejos
parlamentarios (viejos, no por su edad, sino por sus métodos), con los viejos
funcionarios de los sindicatos y de las cooperativas, etc.
Es indispensable romper con
ellos. Sería criminal compadecerles: significaría traicionar los intereses
vitales de decenas de millones de obreros y pequeños campesinos por los
intereses mezquinos de diez mil o cien mil personas.
Admitir la dictadura del
proletariado requiere transformar radicalmente la labor cotidiana del partido,
significa descender hasta los millones de obreros, braceros y pequeños campesinos, a los que no se puede librar de las
calamidades del capitalismo y de las guerras sin los Soviets, sin el derrocamiento de la burguesía. La dictadura del
proletariado significa explicar esto concreta, sencilla y claramente a las
masas, a decenas de millones de hombres; significa decirles que sus Soviets deben tomar todo el poder estatal, y que su
vanguardia, el partido del proletariado revolucionario, debe dirigir la lucha.
Entre los longuetistas no
hay ni sombra de comprensión de esta verdad, ni tampoco existe el menor deseo o
capacidad de aplicar esa verdad diariamente.
170
IV
En Austria el comunismo ha
vivido un período dificilísimo que, al parecer, aún no ha llegado por completo
a su fin: el período de crisis de adolescencia, de la ilusión de que un grupo,
al proclamarse comunista, puede convertirse en una fuerza sin librar una
profunda lucha por conquistar influencia entre las masas, y de errores en la
selección de las personas (errores que, al principio, son inevitables en toda revolución; nosotros cometimos muchos errores de ese tipo).
El diario comunista Bandera Roja, dirigido por Koritschoner
y Toman, muestra que el movimiento adquiere importancia.
La estulticia, la ruindad y
la bajeza en que se hunden los socialdemócratas austríacos se pone de
manifiesto con evidencia en toda la política de Renner y de los Scheidemann
austríacos
por el estilo, a quienes
ayudan —en parte por extrema necedad y debilidad de carácter— los Otto Bauer y
los Federico Adler, que se han convertido en vulgares traidores.
He aquí un ejemplo: el
folleto de Otto Bauer El camino al
socialismo. Tengo ante mí la edición berlinesa de Freiheit, aparentemente editorial del partido independiente,
partido que está enteramente al mismo nivel, pobre, vulgar y despreciable, que
este folleto.
Basta echar una ojeada a un par de pasajes del § 9 ("La
expropiación de los expropiadores"):
"
...
La expropiación no puede ni debe adoptar la forma brutal (brutaler, feroz) de la confiscación de la propiedad de los
capitalistas y terratenientes; pues en esta forma sólo podría realizarse a
costa de una inmensa destrucción de las fuerzas productivas, que arruinaría a
las propias masas populares y paralizaría las fuentes de la renta nacional. La
expropiación de los expropiadores, por el contrario, debe llevarse a cabo en
forma sistemática y regulada... por medio de impuestos.
Y este sabio varón esclarece
con empeño cómo los impuestos permitirían sacar a las clases pudientes las
"cuatro novenas partes" de sus ingresos...
¿Es suficiente? Por lo que a
mí se refiere, después de estas palabras (yo comencé a leer el folleto desde el
§ 9) no leí más y, a menos que tenga especial necesidad, no estoy dispuesto a
leer nada más del folleto del señor Otto Bauer. Pues está claro que éste es el
más perfecto de los socialtraidores o, en el mejor de los casos, un asno
cargado de letras e incurable.
Es un típico pedante, un
pequeño burgués hasta la médula. Antes de la guerra escribió útiles libros y
artículos eruditos en los que admitía "teóricamente" que la lucha de
clases podía agudizarse hasta llegar a la guerra civil. Incluso tomó parte (si
estoy correctamente informado) en la redacción del Manifiesto de Basilea de
1912, en el que se preveía en forma abierta la revolución proletaria en relación precisamente con la guerra que,
en efecto, estalló en 1914.
Pero cuando esa revolución
proletaria se hizo realidad, prevaleció la naturaleza del pedante y filisteo
que se asustó y comenzó a verter el
ungüento de la fraseología reformista en
las aguas encrespadas de la revolución.
Se le grabó con firmeza en
la mente (los pedantes no saben pensar, sino recordar y aprender de memoria)
que, desde un punto de vista teórico, era posible la expropiación de los
expropiadores sin confiscación. Lo repetía a cada paso. Se lo aprendió de memoria.
Lo sabía de memoria en 1912. Lo repitió de memoria en 1919.
No es capaz de pensar.
Después de la guerra imperialista, y además una guerra tal que llevó incluso a
los vencedores al borde de la ruina, después del comienzo de la guerra civil en
varios países, después que los hechos demostraron en escala mundial que era
inevitable la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, era
preciso ser un imbécil o el viejo personaje de la vieja y gran poesía alemana
que va pasando con entusiasmo "de libro en libro"94 …para predicar en el verano del año 1919 de la era cristiana,
en la ciudad de Viena, la expropiación "sistemática" y
"regulada" de las "cuatro novenas partes" de los ingresos
de los capitalistas.
Este hombre tan amable y
bonachón, sin duda virtuosísimo padre de familia, honestísimo ciudadano y el
más concienzudo lector y autor de libros eruditos, ha olvidado un pequeñísimo
detalle: ha olvidado que el paso "sistemático" y "regulado"
al socialismo (que sin duda alguna es el más ventajoso para "el
pueblo", hablando en abstracto) presupone una victoria absolutamente
segura del proletariado, una situación absolutamente desesperada de los
![]()
94 Lenin se refiere a las palabras de
Wagner, personaje de la tragedia Fausto,
de Goethe: "¡Ah, si todo consistiera en devorar, libro tras libro, página
tras página!"
capitalistas, la absoluta
necesidad para ellos y su disposición a someterse con la mayor buena fe.
¿Es posible semejante coincidencia de circunstancias?
Por supuesto, lo es en
términos teóricos, es decir, en el presente caso, en términos totalmente
abstractos. Por ejemplo, supongamos que en nueve países, entre ellos todas las
grandes potencias, los Wilson, Lloyd George, Millerand y demás campeones del capitalismo
se encuentran ya en la misma situación que los Yudénich, Kolchak, Denikin y sus
ministros en nuestro país. Supongamos que en un décimo país, en un pequeño
país, los capitalistas proponen a los obreros: vamos a ayudarles sinceramente,
sometiéndonos a las resoluciones de ustedes; hagamos una "expropiación de
los expropiadores" que sea "sistemática" y pacífica (¡sin
destrucciones!), de tal modo que durante el primer año recibamos por esa ayuda
cinco novenas partes de nuestro ingreso anterior, y en el segundo cuatro
novenas partes.
171
Es completamente posible que
los capitalistas del décimo país hagan una proposición semejante, en las
condiciones que antes he señalado, en uno de los países más pequeños y
"pacíficos" y nada hay de malo en que los obreros de este país
discutan en forma práctica esa proposición y (después de regatear un poco, pues
no hay oferta sin demanda) la aceptan.
¿Quizás ahora, después de
esta explicación popular, comprenderán las cosas incluso el sabihondo Otto
Bauer y el filósofo Federico Adler (tan afortunado filósofo como político)?
¿No las comprenden todavía?
Piensen, estimadísimo Otto
Bauer y estimadísimo Federico Adler, si la situación del capitalismo mundial y
de sus jefes se parece, en el momento actual, a la de Yudénich, Kolchak y
Denikin en Rusia.
No, no se parece. En Rusia,
los capitalistas fueron derrotados después de ofrecer una encarnizadísima
resistencia, mientras que en todo el mundo están todavía en el poder. Son los
que mandan.
Si ustedes, estimadísimos
Otto Bauer y Federico Adler, tampoco ahora comprenden las cosas, permítanme
agregar algo en forma todavía más popular:
Imagínense que cuando
Yudénich estaba a las puertas de Petrogrado, Kolchak dominaba en los Urales y
Denikin en toda Ucrania; cuando estos tres "héroes" guardaban en sus
bolsillos paquetes de telegramas de Wilson, Lloyd George, Millerand y Cía. avisando
el envío de dinero, cañones, oficiales y soldados; imagínense que en ese tiempo
se hubiera presentado un delegado de los obreros rusos a Yudénich, Kolchak y
Denikin para decirles: nosotros, los obreros, que somos muchos más que ustedes,
vamos a darles las cinco novenas partes de sus ingresos y después les
quitaremos también el resto, "sistemática" y pacíficamente. De mutuo
acuerdo, "sin destrucciones", ¿qué les parece?
Si ese representante de los
obreros fuera vestido con sencillez y lo recibiese un general ruso a solas,
Denikin, por ejemplo, es probable que éste lo mandara a un manicomio o
simplemente lo echara a la calle.
Pero si el delegado de los
obreros fuese un intelectual bien trajeado y, además, hijo de un respetable
papá (por el estilo de nuestro buen amigo Federico Adler), y si por añadidura
no lo recibiese Denikin a solas, sino en presencia de un "consejero"
francés o inglés, este consejero le diría a Denikin sin duda alguna:
"Oiga usted, general,
este delegado de los obreros es un tipo inteligente. Es justamente el hombre
indicado para uno de nuestros ministerios, como Henderson en Inglaterra, Albert
Thomas en Francia y Otto Bauer y Federico Adler en Austria".
14-11-1920.
Publicado en marzo de
1920, en el núm. 9 de la revista "La Internacional
Comunista". Firmado:
N. Lenin.
T. 40, págs. 129-199.
Respuestas a las preguntas de Carlos Wigand ...
172
RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS DE CARLOS WIGAND, CORRESPONSAL DE LA
AGENCIA NORTEAMERICANA "UNIVERSAL SERVICE" EN BERLÍN.95
1. "¿Nos proponemos atacar a Polonia y Rumania?"
No. Hemos proclamado
nuestras intenciones pacíficas del modo más solemne y por vía oficial en nombre
del Consejo de Comisarios del Pueblo y en nombre del CEC de toda Rusia.
Lamentablemente, el Gobierno capitalista francés incita a Polonia
(probablemente, a Rumania también) a atacarnos. Esto lo dicen incluso diversas
emisiones de radio norteamericanas desde Lyon.
2. "¿Nuestros planes en Asia?"
Los mismos que en Europa:
convivencia pacífica con los pueblos, con los obreros y campesinos de todas las
naciones, que despiertan a una nueva vida, a una vida sin explotación, sin
terratenientes, sin capitalistas, sin comerciantes. La guerra imperialista de
1914-1918, guerra de los capitalistas del grupo anglo-francés (y ruso) contra
los capitalistas del grupo germano-austríaco por el reparto del mundo, ha
despertado a Asia y ha acentuado allí, igual que en todas partes, el anhelo de
libertad y de trabajo pacífico, la decisión de no consentir las guerras en lo
sucesivo.
3. "¿Bases de la paz con Norteamérica?"
Que los capitalistas
norteamericanos no nos toquen. Nosotros no les tocaremos. Estamos dispuestos
inclusive a pagarles con oro las máquinas, herramientas, etc., útiles para el
transporte y para la producción. Y no sólo con oro, sino también con materias primas.
4. "¿Obstáculos que se oponen a esta paz?"
Por nuestra parte, ninguno.
El obstáculo es el imperialismo por parte de los capitalistas norteamericanos
(como de todos los demás capitalistas).
5. "¿Nuestro criterio sobre la deportación de
revolucionarios rusos de Norteamérica?"
Les hemos dado entrada en
nuestro país. Nosotros no tememos a los revolucionarios. En general, no tememos
a nadie, y si Norteamérica teme aún la presencia de unos cientos o millares de
ciudadanos suyos, estamos dispuestos a entablar conversaciones para permitir la
entrada en nuestro país a todos los ciudadanos temibles para Norteamérica
(exceptuados, claro está, los delincuentes comunes).
![]()
95 Cuando el Ejército Rojo venció a Kolchak
y Denikin, la prensa estadounidense, expresando el sentir de los medios de
negocios de su país, pidió interviús a Lenin en dos ocasiones. El 18 de febrero
de 1920 Lenin respondió a las preguntas de Carlos Wigand, corresponsal en
Berlín de la agencia norteamericana Universal Service. El texto de la respuesta
de Lenin fue radiotelegrafiado a Berlín y, desde allí, transmitido a Nueva York
el 21 de febrero de 1920; la misma tarde se publicó la respuesta de Lenin en el
0ew York Evening Journal con el
título: Objetivos de los bolcheviques: la
paz y más comercio, dice Lenin. La prensa comunista y socialista alemana
también publicó las respuestas de
Lenin.
Respuestas a las preguntas de “Daily Express”
6. "¿Posibilidad de una alianza económica entre Rusia y
Alemania?"
Lamentablemente, las posibilidades no
son muchas, pues los Scheidemann son malos aliados.
Somos partidarios del acuerdo con todos los países, sin
exceptuar a ninguno.
7.
"¿Nuestro
criterio sobre la demanda de los aliados de entregar a los culpables de la
guerra?"
Si hablamos con seriedad
acerca de esto, los culpables de la guerra son los capitalistas de todos los
países. Entréguennos a todos los terratenientes (que posean más de 100
hectáreas de tierra) y capitalistas (que posean un capital de más de 100.000
francos), los educaremos para que puedan realizar un trabajo útil, les haremos
olvidar su oprobioso, vil ysangriento papel de explotadores y de culpables de
las guerras por el reparto de las colonias. Entonces las guerras serían muy
pronto absolutamente imposibles.
8. "¿Influencia de la paz con nosotros sobre la situación
económica de Europa?"
¿Puede ser desfavorable para
Europa el envío de máquinas a cambio de trigo, de lino y de otras materias
primas? Es evidente que no puede por menos de ser beneficioso.
9. "¿Nuestro criterio sobre el futuro desarrollo de los
Soviets como fuerza mundial?"
El futuro pertenece al
régimen soviético en todo el mundo. Esto lo han demostrado los hechos: basta
tener en cuenta, por trimestres, supongamos, el aumento del número de folletos,
libros, octavillas y periódicos editados en cualquier país en favor de los
Soviets y expresando sus simpatías por los Soviets. No puede ser de otro modo:
una vez que los obreros de la ciudad, los obreros, braceros y jornaleros del
campo y después los pequeños campesinos, es decir, los que no recurren a la
explotación de obreros asalariados, una vez que esta enorme mayoría de
trabajadores ha comprendido que los Soviets ponen en sus manos todo el poder
liberándoles del yugo de los terratenientes y capitalistas, ¿cómo es posible
impedir la victoria del régimen soviético en el mundo entero? Yo, por lo menos,
no conozco el medio para evitarlo.
173
10. "¿Debe temer todavía Rusia la injerencia
contrarrevolucionaria del exterior?"
Lamentablemente, debe
temerla, pues los capitalistas son torpes y codiciosos. Han hecho intentos de
injerencia tan torpes y codiciosos, que es de temer que los repitan mientras
los obreros y campesinos de cada país no reeduquen
a sus capitalistas.
11. "¿Está dispuesta Rusia a entablar relaciones
comerciales con Norteamérica?"
Naturalmente, está dispuesta
a entablar tales relaciones con Norteamérica, como con todos los países. La paz
con Estonia, en favor de la cual hemos cedido en muchas cosas, ha demostrado
que, en aras de ese objetivo, estamos dispuestos incluso a otorgar empresas en
régimen de concesión y en determinadas condiciones.
V. Uliánov (N. Lenin)
18-11-1920.
Respuestas a las preguntas de Carlos Wigand ...
Publicado en inglés
el 21 de febrero de 1920, en el núm. 12.671 de "0ew York Evening Journal".
Publicado en ruso por
vez primera el 22 de abril de 1950, en el núm. 112 de
"Pravda".
T. 40, págs. 145-147.
Respuestas a las preguntas de “Daily Express”
174
RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS DEL
CORRESPONSAL DEL PERIÓDICO INGLES "DAILY EXPRESS".96
1. "¿Nuestra actitud ante el levantamiento del
bloqueo?"
Lo consideramos un gran paso
adelante. Nos brinda la posibilidad de pasar de la guerra que nos impusieron
los gobiernos capitalistas de la Entente a la edificación pacífica. Y para
nosotros esto es lo principal. Poniendo en tensión todas las fuerzas para el
restablecimiento de la vida económica del país, arruinado primero por la guerra
entre los capitalistas a causa de los Dardanelos y de las colonias y después
por la guerra de los capitalistas de la Entente y de Rusia contra los obreros
rusos, nosotros, entre otras cosas, estamos elaborando ahora con el concurso de
diversos científicos y técnicos un plan de electrificación de toda Rusia. Este
plan está calculado para muchos años. La electrificación transformará a Rusia.
La electrificación sobre la base del régimen soviético traerá consigo la
victoria definitiva de los cimientos del comunismo en nuestro país, de los
cimientos de una vida civilizada sin explotadores, sin capitalistas, sin
terratenientes, sin mercaderes,
El levantamiento del bloqueo debe contribuir a realizar el plan
de electrificación.
2. "¿Influencia en las operaciones
ofensivas del Poder soviético de la decisión de los aliados de renunciar a la
ofensiva?"
A nosotros nos atacaron la
Entente y sus aliados y servidores: Kolchak, Denikin y los capitalistas de los
Estados que nos rodean. Nosotros no hemos atacado a nadie. Hemos concertado la
paz con Estonia, haciendo incluso sacrificios materiales.
Esperamos con impaciencia
que la "decisión" de los aliados sea confirmada por sus actos. Lamentablemente, la historia de
la paz de Versalles y de sus consecuencias muestra que la mayor parte de las
palabras de los aliados divergen de sus actos y que las decisiones se quedan en
el papel.
3. "¿Consideramos el actual statu quo satisfactorio para la
política soviética?"
Sí, pues todo statu quo en
política es el tránsito de lo viejo a lo nuevo. El actual statu quo es, en
muchos sentidos, el tránsito de la guerra a la paz. Este tránsito es deseable
para nosotros. Por eso, y en esa medida, estimamos satisfactorio el statu quo.
4. "¿Nuestros objetivos en relación con el cese de las
hostilidades por parte de los aliados?"
Como ya se ha dicho,
nuestros objetivos consisten en la edificación económica pacífica. Su plan
detallado, sobre la base de la electrificación, es elaborado actualmente por
una comisión de científicos y técnicos (mejor dicho, por varias comisiones) de
acuerdo con la resolución de la sesión de febrero de 1920 del CEC de toda
Rusia.
![]()
96 El enviado especial en Copenhague del
periódico conservador londinense Daily
Express ("El Expreso Diario") pidió a Lenin que respondiera a
cuatro preguntas. La contestación de Lenin se recibió en Copenhague el 22 de
febrero y se publicó al día siguiente en el Daily
Express.
Respuestas a las preguntas de “Daily Express”
Publicado
en inglés el 23 de febrero de 1920, en el núm. 6.198 de "Daily Express”. Publicado por vez
primera en ruso el 22 de abril de
1950, en el núm. 112 de "Pravda".
T. 40, págs. 148-149.
Entrevista con Eire Lincoln, corresponsal del periódico
norteamericano “The World”
175
ENTREVISTA CON EIRE LINCOLN,
CORRESPONSAL DEL PERIÓDICO NORTEAMERICANO "THE WORLD".97
Los aliados
"juegan al ajedrez".
Con respecto al
comunicado sobre la decisión de los aliados de levantar el bloqueo Lenin dijo:
Es difícil creer en la
sinceridad de una proposición tan vaga, que, al parecer, se combina con los
preparativos para atacarnos de nuevo a través del territorio de Polonia. A
primera vista el plan del Consejo Supremo parece bastante verosímil: la
reanudación de las relaciones comerciales por medio de las cooperativas rusas.
Pero las cooperativas ya no existen; han sido unificadas con nuestros órganos
de distribución soviéticos. Por lo tanto, ¿qué pueden significar las
declaraciones de los aliados acerca de su deseo de negociar con las
cooperativas? Desde luego, esto no está claro.
Por eso digo yo que un
examen más minucioso nos convence de que esta decisión de París es simplemente
una jugada en la partida de ajedrez de los aliados; los motivos de la cual
están aún obscuros.
Lenin hizo una corta
pausa, y luego añadió con una ancha sonrisa:
Más obscuros, por ejemplo, que la intención del mariscal Foch de
visitar Varsovia.
Le pregunté si consideraba seria la probabilidad de una ofensiva
polaca (es menester recordar que en Rusia se hablaba de un ataque de los
polacos contra los bolcheviques, y no viceversa).
Sin duda alguna —respondió
Lenin—, Clemenceau y Foch son unos señores muy, pero muy serios, y, sin
embargo, uno de ellos ha elaborado este plan agresivo, y el otro se dispone a
llevarlo a cabo. Esto es, por cierto, una grave amenaza, pero hemos tenido que
arrostrar amenazas más graves. No obstante, el que los aliados sigan aún
intentando alcanzar lo imposible nos causa más que miedo decepción. Porque la
ofensiva polaca es tan incapaz de solucionar el problema ruso en el sentido que
ellos lo desean como lo fuera en su tiempo la ofensiva de Kolchak y Denikin.
Recuerden que Polonia tiene muchas preocupaciones propias. Y está claro que no
puede recibir ayuda de ninguno de sus vecinos, ni siquiera de Rumania.
Sin embargo, parece
que la paz está ahora más cerca que antes, insinué yo.
Sí, es cierto. Si la paz es
la consecuencia lógica del comercio con nosotros, los aliados no podrán
eludirla más. He oído decir que Millerand, sucesor de Clemenceau, expresa el
deseo de examinar la cuestión de las relaciones comerciales con el pueblo ruso.
Tal vez eso atestigüe un cambio brusco de actitud entre los capitalistas
franceses. Empero, en Inglaterra
![]()
97 A mediados de febrero de 1920, Lenin
concedió una interviú a Lincoln Eire, corresponsal del periódico burgués
norteamericano The World ("El
Mundo").
En esta época habían
comenzado a trazar en la Rusia Soviética los planes de restablecimiento y
modernización de la economía y el Gobierno soviético había presentado un amplio
programa orientado a establecer relaciones diplomáticas y comerciales con los países
capitalistas. En aquellos días Lincoln Eire, enviado a Rusia para hacer una
interviú personal a Lenin, fue recibido por éste junto con el camarógrafo
Víctor Kiubs. La conversación transcurrió en inglés primero en el despacho de
Lenin y luego en su domicilio del Kremlin. La entrevista duró una hora y se
tocaron problemas de gran actualidad. La interviú de Lenin se publicó en The World el 21 de febrero de 1920.
La reprodujeron muchos periódicos de Europa Occidental y
América.
Entrevista con Eire Lincoln, corresponsal del periódico
norteamericano “The World”
son todavía fuertes las
posiciones de Churchill, y Lloyd George, que probablemente quiere tener
relaciones comerciales con nosotros, no se atreve a romper abiertamente con los
medios políticos y financieros que apoyan la política de Churchill.
Los Estados Unidos
persiguen a los socialistas.
¿Y América?
Es difícil comprender lo que
ocurre allí. Sus banqueros, me parece, nos temen más que nunca. De todos modos,
su gobierno está aplicando no sólo contra los socialistas, sino también contra
toda la clase obrera, en general, medidas represivas más violentas que
cualquier otro gobierno, incluso que el gobierno reaccionario francés. Persigue
evidentemente a los extranjeros. Y sin embargo, ¿qué haría Norteamérica sin sus
obreros inmigrantes? Son imprescindibles para su desarrollo económico.
No obstante, parece que
algunos empresarios norteamericanos empiezan a comprender que es más razonable
hacer negocios lucrativos en Rusia que hacer la guerra contra Rusia, y esto es
un buen síntoma. Nos harán falta los artículos industriales norteamericanos —
locomotoras, automóviles, etc.— más que las mercancías de cualquier otro país.
¿Y cuáles son sus
condiciones de paz?
No vale la pena malgastar el
tiempo hablando de ellas. Todo el mundo sabe que estamos dispuestos a concluir
la paz en condiciones cuya justicia no pueden refutar ni los capitalistas más
imperialistas. Hemos declarado reiteradamente nuestro anhelo de paz, nuestra
necesidad de paz y nuestra disposición de otorgar al capital extranjero
concesiones y garantías de lo más generosas. Pero no permitiremos que nos
estrangulen en aras de la paz.
176
No veo razón alguna para que
un Estado socialista como el nuestro no pueda tener relaciones comerciales
ilimitadas con los países capitalistas. No nos oponemos a utilizar las
locomotoras y máquinas agrícolas capitalistas, pues bien, ¿por qué han de oponerse
ellos a aprovechar nuestro trigo, lino y platino socialistas? El cereal
socialista posee el mismo sabor que cualquier otro cereal, ¿no es así? Por
supuesto, deberán tener relaciones comerciales con los terribles bolcheviques,
es decir, con el Gobierno soviético. Sin embargo, para los fabricantes
norteamericanos que producen, por ejemplo, acero, comerciar con los Soviets no
será más difícil que cuando tuvieron que vender pertrechos bélicos a los
gobiernos de la Entente durante la guerra.
Europa depende de
Rusia.
He aquí por qué esta
conversación sobre la reanudación del comercio con Rusia por medio de las
cooperativas nos parece insincera o, por lo menos, obscura; es más bien una
jugada en la partida de ajedrez que una propuesta franca, sincera, que sería
inmediatamente acogida y realizada. Además, si el Consejo Supremo tiene
realmente el propósito de levantar el bloqueo, ¿por qué no nos comunica sus
intenciones? No hemos recibido ningún comunicado oficial de París. Lo poco que
sabemos se basa en las informaciones de la prensa captadas por nuestra radio.
Los estadistas de Europa y
de los Estados Unidos, por lo visto, no comprenden que el presente desbarajuste
económico de Rusia es simplemente una parte del desbarajuste económico mundial.
Mientras el problema económico se examine no desde un punto de vista
internacional, sino desde el punto de vista de algunas naciones o grupo de
naciones, será
Entrevista con Eire Lincoln, corresponsal del periódico
norteamericano “The World”
imposible resolverlo. Sin
Rusia, Europa no podrá levantarse. Y cuando Europa está extenuada, la situación
de Norteamérica se vuelve crítica. ¿De qué le sirve a Norteamérica su riqueza
si no puede comprar con ella lo que necesita? El oro que ha acumulado no se
come ni abriga, ¿no es así? Norteamérica no puede comerciar ventajosamente con
Europa, es decir, sobre una base que tenga valor real para ella, hasta que
Europa no sea capaz de darle las mercancías que Norteamérica quiere recibir a
cambio de lo que necesita vender. Y Europa no podrá darle esas mercancías
mientras no se levante económicamente.
El mundo necesita las
mercancías rusas.
En Rusia tenemos trigo,
lino, platino, potasa y muchos minerales de los cuales todo el mundo siente una
extrema necesidad. Al fin y al cabo, al mundo tendrá que acudir a nosotros en
busca de todo eso, prescindiendo de que en nuestro país exista o no el bolchevismo.
Hay indicios de que poco a poco llegan a la comprensión de esta verdad. Pero
mientras tanto no sólo Rusia, sino toda Europa se está desmoronando, y el
Consejo Supremo se permite todavía realizar una política de subterfugios.
Rusia, lo mismo que Europa, puede ser salvada de la ruina total, pero para ello
hay que actuar inmediata y rápidamente. Mas el Consejo Supremo actúa muy
despacio, con tremenda lentitud. De hecho, me parece que ha sido ya disuelto,
sin haber solucionado nada, y que ha transmitido sus funciones a un Consejo de
Embajadores, y su lugar debe ocuparlo sólo la Sociedad de Naciones inexistente,
que ha nacido muerta. ¿Cómo puede la Sociedad de Naciones empezar a funcionar
sin los Estados Unidos, que deben ser su sostén principal?
Pregunté en qué
medida el Gobierno soviético estaba satisfecho de la situación militar.
Muy satisfecho. Los únicos
síntomas de una ulterior agresión militar contra nosotros son los que proceden
de Polonia, de lo cual he hablado ya. Si Polonia se embarcase en semejante
aventura, eso acarrearía nuevos sufrimientos a ambas partes y el sacrificio
inútil de nuevas vidas humanas. Pero ni siquiera Foch podrá asegurarla victoria
a los polacos. No podrían derrotar a nuestro Ejército Rojo aunque Churchill
mismo luchara junto con ellos.
Aquí Lenin echó hacia
atrás su cabeza y sonrió sombrío. Luego prosiguió en tono más grave:
Por supuesto, podemos ser
arrollados por cualquiera de las grandes potencias aliadas, si consiguen enviar
sus propios ejércitos contra nosotros. Pero no se atreverán a hacerlo. La
extraordinaria paradoja es que por débil que sea Rusia comparada con los recursos
ilimitados de los aliados, no sólo ha sido capaz de derrotar a todas las
fuerzas armadas, incluidas las tropas británicas, norteamericanas y francesas
que los aliados lograron lanzar contra ella, sino de obtener también victorias
diplomáticas y morales en los países del cordón sanitario. Finlandia se negó a
combatir contra nosotros. Hemos concertado la paz con Estonia, y pronto se
firmará la paz con Serbia* y Lituania98.
Pese a los grandes alicientes ofrecidos y a las siniestras amenazas lanzadas
contra estos pequeños Estados por la Entente, ellos han preferido establecer
relaciones pacificas con nosotros.
* El periódico incurrió en un error. Serbia no estaba en guerra
con la Rusia Soviética. Por lo visto, se trataba de Letonia. (N. de la Edtd.)
![]()
98 Tratado
de paz entre la RSFSR y Lituania: se concluyó el 12 de julio de 1920 en Moscú. El tratado de paz
entre la RSFSR y Letonia se firmó el11 de agosto de 1920 en Riga.
Entrevista con Eire Lincoln, corresponsal del periódico
norteamericano “The World”
La situación interior
ofrece buenas perspectivas.
Esto evidencia, sin duda, la
gigantesca fuerza moral que poseemos. Los Estados bálticos, nuestros vecinos
más próximos, comprenden que sólo nosotros no albergamos designio alguno contra
su independencia y bienestar.
177
¿Y la situación
interior de Rusia?
Es crítica, pero ofrece
buenas perspectivas. Para la primavera la escasez de víveres será superada, por
lo menos hasta el punto de salvar del hambre a la población urbana. Entonces
habrá también suficiente combustible. Gracias a las asombrosas hazañas del
Ejército Rojo, ha comenzado ya el período de restablecimiento de la economía
nacional. En la actualidad, parte de este Ejército ha sido transformada en
ejércitos de trabajo; este fenómeno extraordinario ha sido posible sólo en el
país que lucha por un alto ideal. Desde luego, eso no hubiera sido posible en
los países capitalistas. En el pasado tuvimos que sacrificarlo todo para
alcanzar la victoria sobre nuestros enemigos armados; pero ahora encauzaremos
todos nuestros esfuerzos a restablecer la economía. Para ello se necesitarán
años, pero, en definitiva, triunfaremos.
¿Cuándo cree usted que se dará cima a la construcción del
comunismo en Rusia? Pensé que esta pregunta sería difícil, pero Lenin respondió
en el acto.
Nos proponemos electrificar
todo nuestro sistema industrial mediante la construcción de centrales
eléctricas en los Urales y otras partes. Nuestros ingenieros nos dicen que eso
requerirá diez años. El feliz término de la electrificación será el primer paso
importante en el camino hacia la organización comunista de la vida económica de
la sociedad. Toda nuestra industria recibirá su fuerza motriz de una fuente
común, capaz de abastecer en idéntico grado a todas sus ramas. Eso eliminará la
competición improductiva en la busca de combustible y creará una sólida base
económica para las empresas de la industria transformadora, sin lo cual no
podemos esperar que se alcance el nivel de intercambio de los productos de
primera necesidad que corresponda a los principios del comunismo.
Dicho sea de paso, esperamos
que dentro de tres años en Rusia se encenderán cincuenta millones de lámparas
de incandescencia. Creo que en los Estados
Unidos hay setenta millones,
pero para un país donde la electricidad está haciendo sus primeros pinitos, más
de dos tercios de esa cantidad constituyen ya una realización enorme. A mi
juicio, la electrificación es la más importante de todas las grandes tareas que
tenemos planteadas.
Crítica severa a los
líderes socialistas.
Al final de nuestra
conversación Lenin hizo, aunque no para la prensa, varias observaciones
críticas tajantes con respecto a algunos líderes socialistas de Europa y
Norteamérica, do lo cual se deduce que él no cree en la capacidad o incluso en
el deseo de estos señores de hacer progresar eficazmente la causa de la
revolución mundial. Por lo visto, Lenin considera que el bolchevismo se abrirá
camino más bien a despecho de estos jefes "oficiales" del socialismo
que con su ayuda.
Publicada en inglés
el 21 de febrero de 1920 en el núm. 21.368 del periódico "The World".
Publicada por vez
primera en ruso en 1957, en el núm.
15 de la revista "Kommuntst".
Entrevista con Eire Lincoln, corresponsal del periódico
norteamericano “The World”
T. 40, págs. 150-156.
Discurso pronunciado en la III Conferencia de toda Rusia de
dirigentes de las subsecciones de instrucción
178
DISCURSO PRONUNCIADO EN LA III
CONFERENCIA DE TODA RUSIA DE DIRIGENTES DE LAS SUBSECCIONES DE INSTRUCCIÓ,
EXTRAESCOLAR DE LOS DEPARTAMENTOS PROVINCIALES DE INSTRUCCIÓN PUBLICA.
25 de febrero de
1920.
Permitidme que, en nombre
del Consejo de Comisarios del Pueblo, salude a vuestra conferencia y, con este
motivo, os exponga algunas ideas.
En lo que respecta a nuestra
situación internacional, puedo decir que hoy hemos recibido de Inglaterra un
radiograma que define mejor que nada esta situación internacional. El
comunicado dice que ayer, día 24, el Consejo Supremo de las potencias aliadas llegó
a la conclusión de que si los Estados fronterizos de Rusia le preguntan qué
política deben seguir, les dirá que no puede aconsejarles una guerra,
probablemente perjudicial para sus intereses, y mucho menos aconsejarles una
guerra ofensiva contra Rusia; pero que si la República Soviética de Rusia ataca
sus fronteras legítimas, el Consejo Aliado les prestará apoyo. Además, los
señores aliados desean enviar a Rusia una comisión perteneciente a la Comisión
del Trabajo con sede en Washington. Los organizadores de la Conferencia, los
socialtraidores y Albert Thomas, se han puesto de acuerdo acerca de algunas
reformas sociales y desean enviar a Rusia a esa gente, que representa a una
parte de la Sociedad de Naciones99,
para estudiar hasta qué punto las condiciones de Rusia corresponden a los
requisitos habituales de los Estados "civilizados".
Esta noticia sobre el
acuerdo adoptado ayer por los aliados muestra claramente el lío que se han
hecho esos señores y el provecho que podemos extraer nosotros de su lío. Han
dilapidado centenares de millones en apoyar la guerra (por parte del Estado
inglés) y declaran que no pueden seguir apoyándola. Su ardor ofensivo ha
terminado, aunque el transporte de pertrechos bélicos a Polonia continúa:
siguen enviando armas y tenemos informes exactos de que Polonia está
reagrupando sus tropas con vistas a una ofensiva. Por consiguiente, no podemos
confiar con seguridad en su declaración. Aunque ahora ha desaparecido en nueve
décimas partes la amenaza de peligro exterior por parte de los aliados, en todo
caso, persiste cierta amenaza; y después de terminada la guerra contra Denikin,
habrá que seguir prestos para el combate. No podemos contar con la
desmovilización completa.
![]()
99
Sociedad de 0aciones: organización internacional que existió
en el período comprendido entre la primera y la segunda conflagraciones
mundiales. Se fundó en 1919, en la Conferencia de la Paz de París de los
Estados vencedores en la primera guerra mundial. Los Estatutos de la Sociedad
de Naciones eran una parte del Tratado de Paz de Versalles, concluido en 1919,
y fueron suscritos por 44 Estados. La Sociedad de Naciones ejercía su actividad
a través de la Asamblea, el Consejo de la Sociedad de Naciones y una Secretaría
permanente encabezada por el Secretario General. Los Estatutos de la Sociedad
de Naciones fueron redactados para dar la impresión de que esta organización se
proponía combatir la agresión, reducir los armamentos y robustecer la paz y la
seguridad. Pero en realidad los dirigentes de la Sociedad de Naciones
favorecían a los agresores, estimulaban la carrera armamentista y la
preparación de la segunda guerra mundial.
En el período de 1920 a 1934
la actividad de la Sociedad de Naciones revistió un carácter hostil a la Unión
Soviética. En los años 1920-1921 la Sociedad de Naciones fue uno de los centros
de organización de la intervención armada contra el Estado Soviético.
El 15 de septiembre de 1934, por iniciativa de la diplomacia
francesa, 34 Estados-miembros de la Sociedad de Naciones- se dirigieron a la
Unión Soviética, invitándola a ingresar en ella. La URSS ingresó en la Sociedad
de Naciones con el fin de luchar por el mantenimiento de la paz. Sin embargo,
las tentativas de la URSS de crear un frente de paz chocaron con la resistencia
de los medios reaccionarios de las potencias occidentales.
Comenzada la segunda guerra mundial, la
Sociedad de Naciones dejó de existir de hecho. El acuerdo formal de disolverla
se tomó en abril de 1946 en la Asamblea convocada al efecto.
Discurso pronunciado en la III Conferencia de toda Rusia de
dirigentes de las subsecciones de instrucción
Ha desaparecido, pues, en
nueve décimas partes el peligro de invasión de Rusia por el capitalismo
internacional; han fracasado merecidamente hasta tal punto que proponen por
enésima vez el envío de una comisión a Rusia. Si de esa comisión van a formar
parte señores como Albert Thomas, que visitó a Rusia durante la guerra, sólo
saldrá de ella un escándalo para los aliados y un excelente motivo de
propaganda para nosotros. Los recibiremos de tal modo que se marcharán lo antes
posible de Rusia, y lo único que conseguirán será agitación para los obreros de
otros países. Intentan asustarnos, pero cuando digamos que recibiremos a los
queridos huéspedes, esconderán su tentativa. Eso muestra hasta qué punto están
desconcertados. Ahora disponemos de una ventana a Europa gracias a la paz con
Estonia y estamos en condiciones de recibir de allí productos básicos. Nuestra
situación internacional presenta, efectivamente, un progreso y un mejoramiento
inmensos: ha sido eliminado en nueve décimas partes todo peligro exterior para
la República Soviética.
Cuanto más se elimine ese
peligro, tanto más podremos dedicarnos al trabajo de edificación pacífica, y
confiamos en vuestra actividad, en vosotros, dedicados a la instrucción
extraescolar. Para organizar más seriamente la instrucción escolar es necesaria
toda una serie de cambios materiales: construir escuelas, encontrar maestros y
efectuar reformas internas en la organización y la selección del personal
docente. Todas estas cosas requieren una larga preparación. En lo que atañe a
la instrucción extraescolar, esa larga preparación no restringe mucho vuestra
actividad. El ansia de la población de recibir instrucción fuera del sistema
escolar establecido y la demanda de personal en este terreno aumentan en grado
extraordinario. Estamos seguros de que con la ayuda de todos y con los
esfuerzos comunes se hará más que hasta ahora.
179
Como conclusión hablaré del carácter de la instrucción
extraescolar, que está relacionada con la propaganda y la agitación. Uno de los
defectos cardinales de que adolecía la ordenación de la enseñanza y la
instrucción en la sociedad capitalista consistía en que éstas estaban apartadas
de la tarea fundamental de la organización del trabajo, pues el capitalista
necesitaba adiestrar y disciplinar a los obreros para hacer de ellos
trabajadores sumisos y amaestrados. En la sociedad capitalista no existía relación
entre las auténticas tareas de la organización del trabajo popular y la
enseñanza. Resultaba una enseñanza de carácter anquilosado, escolástico,
rutinario y contrahecho por las influencias clericales, que en todas partes,
hasta en las repúblicas más democráticas, hacía que todo lo lozano y sano
tuviera que ser desterrado. La labor viva y directa se veía dificultada, ya que
es imposible organizar ampliamente la instrucción sin el aparato del poder del
Estado, sin ayuda material y financiera. Por cuanto nosotros podemos y debemos
prepararnos para que toda nuestra vida soviética pase de los cauces de la
preparación militar y de la resistencia bélica a los de la edificación
pacífica, es necesario e imprescindible que vosotros, los trabajadores de la
enseñanza extraescolar, tengáis en cuenta este cambio y ajustéis a él vuestra
actividad propagandística, sus tareas y su programa.
Para mostrar cómo entiendo
yo las tareas y todo el carácter de la instrucción, la enseñanza y la educación
en consonancia con las nuevas tareas de la República de los Soviets, recordaré
la resolución acerca de la electrificación aprobada en la última sesión del CEC
de toda Rusia; probablemente, todos la conocéis. Hace unos días apareció en la
prensa la noticia de que en el plazo de dos meses (en la noticia impresa
oficialmente se decía en el plazo de dos semanas, y eso es un error), que en el
plazo de dos meses se confeccionaría un plan de electrificación del país,
calculado para dos o tres años, en su programa mínimo, y para diez años, en el
máximo. El carácter de toda nuestra propaganda del partido, de la enseñanza y
la instrucción escolares, y el carácter de la instrucción extraescolar deben
cambiar. Pero no para modificar las bases mismas y la orientación de la
enseñanza, sino para adaptar el carácter de esta actividad al paso a la
edificación pacífica con un vasto plan de transformación industrial y económica
del país. Porque la dificultad económica general y la tarea general consisten
en
Discurso pronunciado en la III Conferencia de toda Rusia de
dirigentes de las subsecciones de instrucción
restablecer las fuerzas
económicas del país de modo que, al lado de la pequeña hacienda campesina, la
revolución proletaria pueda asentar las nuevas bases de la vida económica.
Hasta ahora, los campesinos han tenido que prestar cereal al Estado obrero: los
papeles de colores que se llaman dinero no pueden satisfacer al campesino que
entrega su cereal. El campesino, insatisfecho de esos papeles, reclama su
derecho legítimo: a cambio del cereal que entrega, quiere artículos
industriales, que no podremos darle mientras no hayamos restablecido la
economía. Restablecer es la tarea principal, pero no podemos restablecer sobre
la vieja base económica y técnica. Eso es imposible técnicamente y sería una
barbaridad; hay que encontrar una nueva base. Esa nueva base es el plan de
electrificación.
Decimos a los campesinos, a
la masa menos desarrollada, que el nuevo paso a un nivel de cultura y de
instrucción técnica más elevado es necesario para el éxito de toda la
edificación soviética. Hay, pues, que restablecer la economía. El campesino más
ignorante comprende que la guerra la ha arruinado y que, sin restablecerla, él
no podrá acabar con la miseria, es decir, recibir los productos que necesita a
cambio de su cereal. A esa necesidad inmediata y vital de los campesinos debe
amoldarse y vincularse toda la labor de propaganda, enseñanza e instrucción
extraescolar para que no esté desligada de las necesidades más candentes de la
vida cotidiana y arranque, precisamente, de su desarrollo y esclarecimiento
para el campesino, subrayando que la salida de la situación está sólo en el
restablecimiento de la industria. Pero este restablecimiento no puede llevarse
a cabo sobre la vieja base: hay que realizarlo sobre la base de la técnica
moderna. Esto significa electrificar la industria y elevar la cultura. Las centrales
eléctricas requieren hasta diez años de trabajo, pero de un trabajo más culto y
consciente.
Desplegaremos un vasto plan
de trabajo, que debe estar vinculado en la mente de las grandes masas
campesinas a un fin claro y fijado prácticamente. Eso no se puede hacer en unos
cuantos meses. Se puede confeccionar un programa mínimo para tres años por lo
menos. Pero, sin incurrir en utopías, se puede afirmar que en el transcurso de
diez años podremos cubrir a toda Rusia de una red de centrales eléctricas y
alcanzar un estado de la industria de la electricidad que pueda satisfacer los
requisitos técnicos modernos y acabar con la vieja agricultura campesina. Eso
requiere una cultura y una instrucción más elevadas.
Sin ocultaros que la tarea
práctica inmediata es ahora el restablecimiento del transporte y el suministro
de víveres y que, dado el estado actual de la productividad, no podemos
dedicarnos a tareas amplias, vosotros, en el terreno de la propaganda y de la
instrucción, debéis tener presente y cumplir esta tarea de la reconstrucción
completa sobre una base que corresponda a las exigencias técnicas y culturales.
Nos curaremos con gran rapidez de los viejos métodos de propaganda, que pecaban
de anticuados y que abordaban hasta ahora al campesino con lugares comunes
sobre la lucha de clases, a partir de los cuales se inventaban memeces de todo
tipo acerca de la cultura proletaria100,
etc.; nos curaremos con gran rapidez de esa dolencia, tan parecida a las
enfermedades infantiles. En la propaganda, la agitación, la instrucción y las
actividades culturales pasaremos a un planteamiento más sensato y práctico del
problema; a un planteamiento digno de los hombres del Poder soviético, que en
![]()
100 Se alude a los miembros de Proletkult (Cultura proletaria),
organización cultural e ilustrativa. Surgida en septiembre de 1917 como
asociación obrera autónoma, Proletkult,
cuya dirección se concentraba en manos de A. Bogdánov y sus partidarios, siguió
defendiendo su "independencia" después de la Revolución de Octubre
con lo que se contraponía al Estado proletario. Debido a ello en Proletkult penetraron y empezaron a
ejercer una influencia decisiva los intelectuales burgueses. Los socios de Proletkult negaban el valor de la
herencia cultural del pasado, aspiraban a aislarse de las tareas de la labor
cultural e ilustrativa entre las masas e "incubar" una "cultura
proletaria" particular sin conexión con la vida. Bogdánov, principal
ideólogo de Proletkult, reconocía de
palabra el marxismo, pero predicaba de hecho la filosofía machista, subjetiva e
idealista. Proletkult no era una
organización homogénea. Junto a los intelectuales burgueses que dirigían muchas
organizaciones de Proletkult
pertenecían a ellas jóvenes obreros que aspiraban sinceramente a ayudar al
Estado soviético en la obra cultural. Las organizaciones de Proletkult alcanzaron su mayor
desarrollo en 1919. A comienzos de los años veinte entraron en decadencia. En
1932 Proletkult dejó de existir.
Discurso pronunciado en la III Conferencia de toda Rusia de
dirigentes de las subsecciones de instrucción
dos años han aprendido algo
y que se acercan al mujik con un plan práctico, eficiente y claro de
reorganización de toda la industria y con la explicación de que ahora, con el
actual estado de la instrucción, el mujik y el obrero no cumplirán esta tarea ni
podrán salir de la suciedad, de la miseria, del tifus y demás enfermedades.
180
Esta tarea práctica,
claramente vinculada a la elevación de la cultura y la instrucción, debe ser el
centro en torrno al cual cristalice todo el carácter de la propaganda y las
actividades de nuestro partido, todo el carácter de nuestra enseñanza y nuestra
instrucción. Entonces este carácter estará tan íntimamente ligado a los
intereses más vitales de la masa campesina, vinculará de tal modo la elevación
general de la cultura y los conocimientos con las necesidades económicas
candentes, que haremos cien veces mayor todavía el ansia de instrucción de las
masas obreras. Estamos absolutamente seguros de que, si hemos cumplido en dos
años la dificilísima tarea militar, cumpliremos en el transcurso de cinco o
diez años una tarea todavía más difícil: la tarea relacionada con la enseñanza,
la cultura y la instrucción.
Eso es lo que quería deciros. (Aplausos.)
Publicado
íntegramente por vez primera el
25 de abril de 1930, en el núm. 114 de "Pravda".
T. 40, págs. 160-165.
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
181
INFORME EN EL I CONGRESO DE TODA RUSIA DE COSACOS
TRABAJADORES.
1 de marzo de 1920.
Camaradas: Permitidme ante
todo saludar al congreso en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo. Siento
mucho no haber podido asistir a la reunión inaugural del congreso y no haber
escuchado el informe del camarada Kalinin. Pero, por lo que él me ha dicho,
llego a la conclusión de que en su discurso fueron tratados muchos puntos
concernientes a las tareas directas e inmediatas de la construcción soviética y
especialmente a los cosacos. Por ello, desearía referirme sobre todo a la
situación internacional de la República Soviética y a las tareas que, a causa
de esta situación internacional, se plantean a todas las masas trabajadoras,
incluyendo a los cosacos.
Nunca la situación
internacional de la República Soviética ha sido tan favorable y victoriosa como
es hoy. Si se piensa en el modo en que se ha desarrollado nuestra situación
internacional en el curso de dos años de dificultades inauditas e increíbles sacrificios;
si se piensa en las razones de este fenómeno, cada persona que razone podrá
distinguir las fuerzas fundamentales, los resortes y la principal correlación
de fuerzas en toda la revolución mundial iniciada.
Cuando hace más de dos años,
al comienzo mismo de la revolución rusa, hablábamos de esta revolución mundial,
internacional, que se acercaba, esto era una previsión, y hasta cierto punto un
augurio. La inmensa mayoría de las masas trabajadoras, que no vivían en las
grandes ciudades ni habían pasado por la escuela del partido, recibían con
desconfianza o indiferencia, y en todo caso sin la suficiente comprensión,
estos discursos sobre la revolución mundial que se acercaba. Además, no cabía
esperar, y habría sido ilógico esperarlo, que las grandes masas de la población
trabajadora, y especialmente de la población campesina, agrícola, diseminadas
en extensiones enormes, pudieran formarse de antemano una idea correcta de por
qué la revolución internacional se acercaba y por qué era efectivamente
internacional. Merece la pena meditar sobre nuestra experiencia en estos dos
años increíblemente difíciles, sobre la experiencia de las masas trabajadoras
de las lejanas regiones periféricas, y no limitarse a salir del paso diciendo
que hemos vivido tiempos duros y que ahora han llegado otros mejores. No, es
necesario meditar por qué ha sucedido así, qué significa esto, qué lecciones
debemos sacar y las ideas de qué partidos coincidieron con lo confirmado por
nuestra propia historia y la historia mundial en estos dos años. Ante todo
quisiera referirme a esta cuestión.
Desde el punto de vista de
la situación internacional, el problema está muy claro, pues cuando se
consideran las cosas en una escala amplia y no desde el punto de vista de un
partido o de un país, sino desde el punto de vista de todos los países en su conjunto;
cuando se ven las cosas en una escala amplia, los detalles y las minucias pasan
a segundo plano, y se ponen en evidencia las fuerzas motrices fundamentales de
la historia mundial.
¿Cuál era nuestra situación
cuando empezamos la Revolución de Octubre, derrocando el poder de los
terratenientes y capitalistas, lanzando un llamamiento a terminar la guerra y
dirigiendo este llamamiento a nuestros enemigos; cuando, después de eso, caímos
en parte bajo el yugo de los imperialistas alemanes, y luego, en
octubre-noviembre de 1918, fue aplastada Alemania, e Inglaterra, Francia,
Norteamérica y otros países de la Entente se convirtieron en señores de toda la
Tierra? La inmensa mayoría decía: ¿no es claro ahora que
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
la causa de los bolcheviques
está condenada al fracaso? Y eran muchos los que agregaban: no sólo está
condenada al fracaso, sino que los bolcheviques han resultado ser unos
embusteros. Prometieron la paz, y en lugar de eso, después del yugo alemán,
cuando Alemania fue vencida, se convirtieron en enemigos de toda la Entente, es
decir, de Inglaterra, Francia, Norteamérica y el Japón, los Estados más
poderosos del mundo; y Rusia, arruinada, debilitada, extenuada después de la
guerra imperialista y también por la guerra civil, debe soportar la lucha
contra los países más avanzados del mundo. Era fácil creer todo eso, y no
sorprende que, sobre la base de la desconfianza, se extendieran más y más la
indiferencia y, muy a menudo, la hostilidad efectiva hacia el Poder soviético.
Eso no sorprende. Lo sorprendente es que hayamos salido victoriosos de la lucha
contra Yudériich, Kolchak y Denikin, a quienes apoyaban cuanto podían todas las
potencias más ricas del mundo, con cuya fuerza militar no puede equipararse, ni
siquiera aproximadamente, ninguna otra de la Tierra. Y que hemos salido
victoriosos lo ven hasta los ciegos, lo ven incluso quienes son peores que los
ciegos, quienes no quieren ver por nada del mundo, pero ven que hemos salido
victoriosos de esta lucha.
182
¿Cómo ha podido producirse
este milagro? Yo quisiera invitaros a concentrar vuestra atención sobre todo en
esta cuestión, porque en ella se revelan con la mayor claridad las fuerzas
motrices fundamentales de toda la revolución internacional. Al examinar de modo
práctico esta cuestión, podemos darle una respuesta porque nos encontramos ya
ante lo que hemos vivido: podemos hablar de lo que hubo post factum.
Alcanzamos la victoria
porque estábamos y podíamos estar unidos, porque podíamos conquistar aliados en
el campo de nuestros enemigos. Y nuestros enemigos, infinitamente más
poderosos, fueron derrotados porque entre ellos no había, no podía haber y no
habrá unidad, y cada mes de lucha contra nosotros acentuaba la descomposición
en su campo.
Citaré un hecho que demuestra este aserto.
Ya sabéis que Inglaterra,
Francia y Norteamérica, después de haber derrotado a Alemania, no tenían
adversarios en el mundo. Habían saqueado las colonias alemanas, y no había un
pedazo de tierra ni un Estado en el que no dominasen las tropas de la Entente.
Era de suponer que en tal situación, siendo enemigos de la Rusia Soviética,
comprendían claramente que el objetivo del bolchevismo era la revolución
internacional. Además, nosotros no habíamos ocultado nunca que nuestra
revolución era sólo el comienzo y que sólo llegaría a su final victorioso
cuando lográsemos que el mismo fuego revolucionario prendiese en todo el mundo.
Y nosotros nos dábamos perfecta cuenta de que los capitalistas eran unos
enemigos rabiosos del Poder soviético. Cabe señalar que los países de la
Entente habían salido de la guerra europea con ejércitos que sumaban un millón
de hombres y con una flota poderosa, a los que no podíamos oponer nada que se
asemejase a una flota ni un ejército algo poderoso. Y habría bastado que unos
centenares de miles de soldados de esos ejércitos hubieran sido lanzados a la
guerra contra nosotros, como lo habían sido a la guerra contra Alemania, para
que la Entente nos hubiese aplastado por la fuerza de las armas. Esto no ofrece
la menor duda para quienes han examinado el problema desde el punto de vista
teórico y sobre todo para quienes han hecho esta guerra, para quienes lo
conocen a través de sus observaciones y de su propia experiencia.
Tanto Inglaterra como
Francia intentaron apoderarse de Rusia por este camino. Concertaron un pacto
con el Japón, que casi no había participado en la guerra imperialista y que dio
cien mil soldados para ahogar a la República Soviética desde el Extremo Oriente.
Inglaterra desembarcó entonces sus tropas en la zona de Múrmansk y en
Arjánguelsk, sin hablar ya de la ofensiva en el Cáucaso, y Francia desembarcó
sus soldados y marinos en el Sur. Fue la primera fase histórica de la lucha a
que hubimos de hacer frente.
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
La Entente tenía entonces un
ejército de un millón de hombres; tenía soldados que, naturalmente, no podían
compararse con las tropas de los guardias blancos que se concentraban entonces
en Rusia y a las que faltaban armas y organizadores. La Entente lanzó contra
nosotros a esos soldados. Pero resultó lo que habían pronosticado los
bolcheviques, quienes decían que no sólo se trataba de la revolución rusa, sino
también de la revolución internacional; que teníamos aliados: los obreros de
todos los países civilizados. Estos pronósticos no plasmaron directamente en la
práctica en la época en que propusimos la paz a todos los países101. Nuestro llamamiento no halló un eco universal, pero la huelga
de enero de 1918 en Alemania102 nos
mostró que allí no sólo teníamos a Liebknecht, que ya en la época del zarismo
había sabido subir a la tribuna para llamar bandidos al gobierno y la burguesía
de Alemania, sino que teníamos también a nuestro lado a fuerzas obreras
bastante considerables. La huelga terminó en un derramamiento de sangre de los
obreros, que fueron aplastados. En los países de la Entente, la burguesía, como
es natural, engañaba a los obreros: sobre nuestro llamamiento no dijo más que
mentiras o se limitó a silenciarlo, por lo que nuestro llamamiento de noviembre
de 1917, dirigido a todos los pueblos, no fue atendido de un modo directo, y
los que pensaban que bastaría para desencadenar la revolución hubieron de
sufrir un profundo desengaño. Pero nosotros no cifrábamos todas nuestras
esperanzas en el llamamiento, sino que contábamos con fuerzas motrices más
profundas. Decíamos que la revolución seguiría caminos diferentes en los
distintos países y que naturalmente, no se trataba sólo de desplazar al
testaferro de Rasputin o al bárbaro terrateniente, sino de luchar contra una
burguesía más desarrollada y culta.
Pues bien, cuando Inglaterra
desembarcó sus tropas en el Norte, y Francia las suyas en el Sur, llegó el
momento de la prueba decisiva y del desenlace final. Y entonces se vio quién
tenía razón, si la tenían los bolcheviques al decir que para salir de esa lucha
había que contar con los obreros o si eran los mencheviques quienes estaban en
lo cierto cuando decían que el intento de hacer la revolución en un solo país
sería una aventura loca, porque los otros países la aplastarían. Estas cosas se
las habéis oído decir no sólo a militantes de partidos, sino también a todos
los novatos en cuestiones políticas.
183
Pues bien, llegó la prueba
decisiva. Durante mucho tiempo no sabíamos cuál iba a ser su resultado. Durante
mucho tiempo no pudimos tomar en consideración ese resultado, pero ahora,
cuando los hechos han pasado, lo sabemos. Hasta en la prensa inglesa, a pesar
de las feroces mentiras que vertían sobre los bolcheviques todos los periódicos
burgueses, hasta en ella han empezado a publicarse cartas de los soldados
ingleses que estaban en Arjánguelsk y en las que dicen haber visto en Rusia
octavillas escritas en inglés, en las que se les explicaba que habían sido
engañados, que les habían llevado a luchar contra los obreros y los campesinos
que habían fundado su Estado. Esos soldados decían que no estaban dispuestos a
luchar. Sabemos que en Francia hubo una sublevación de marinos, por la que
decenas,
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101 Lenin se refiere al Decreto de la Paz, promulgado por el II Congreso de los Soviets de
diputados obreros y soldados de toda Rusia el 26 de octubre (8 de noviembre) de
1917.
102 Lenin tiene en cuenta la huelga de los
obreros de Alemania que comenzó el 28 de enero de 1918 en señal de protesta
contra las bandidescas condiciones de paz planteadas por la delegación alemana
en las negociaciones de Brest-Litovsk. Abandonaron el trabajo más de medio
millón de obreros de las fábricas de guerra. Los huelguistas exigieron la
conclusión de una paz sin anexiones ni contribuciones sobre la base de las
propuestas de la delegación soviética, la participación de representantes de
los obreros del mundo entero en las negociaciones de paz, el levantamiento del
estado de emergencia en el país y la concesión de derechos democráticos al
pueblo. A los obreros berlineses no tardaron en sumarse los de Hamburgo, Kiel,
región del Ruhr, Leipzig y otros centros industriales. En la huelga política de
enero participaron en total más de un millón de trabajadores. En el curso de la
huelga en varias ciudades surgieron Soviets de diputados obreros. Dirigieron la
huelga delegados revolucionarios elegidos por los obreros principalmente entre
los activistas de las organizaciones sindicales de base. Pero la mayoría de los
delegados revolucionarios pertenecían al Partido Socialdemócrata Independiente,
cuyas actividades orientaban los conciliadores. Eso debilitó las fuerzas de los
huelguistas.
La huelga política de enero terminó en
la derrota de los obreros, pero su trascendencia fue muy grande. Lenin valoró
esta huelga como "un viraje en los sentimientos del proletariado
alemán".
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
centenares y tal vez miles
de franceses se hallan ahora en presidio. Esos marinos habían dicho que no
irían a luchar contra la República Soviética. Ahora comprendemos por qué las
tropas francesas e inglesas no se lanzan en la actualidad contra nosotros, por
qué los soldados ingleses han sido retirados de Arjánguelsk y por qué el
gobierno inglés no se atreve a mandarlos a nuestro territorio.
Uno de nuestros escritores
políticos, el camarada Rádek, decía que el territorio ruso sería un terreno tal
que, al pisarlo, ningún soldado de otro país podría luchar. Estas palabras
parecían una promesa demasiado grandilocuente, un simple deseo. Pero las cosas
ocurrieron precisamente así. El territorio en que se había producido la
revolución soviética resultó ser muy peligroso para todos los países. Se vio
que quienes tenían razón eran los bolcheviques rusos, que durante el zarismo
habían sabido forjar la unidad entre los obreros, y éstos habían sabido crear
pequeñas células, que acogieron a todas las personas que creían en ellos, a los
obreros franceses y a los soldados ingleses, con una campaña de agitación
llevada a cabo en el respectivo idioma. Es cierto que no disponíamos más que de
un número insignificante de octavillas. Mientras la prensa inglesa y la
francesa realizaban sus campañas de propaganda en miles de periódicos y cada
frase se reproducía en decenas de miles de columnas, nosotros publicábamos al
mes tan sólo dos o tres octavillas, de modo que, en el mejor de los casos,
correspondía una octavilla a cada diez mil soldados franceses103. No estoy seguro de que la proporción llegara siquiera a eso. Y
sin embargo, ¿por qué los soldados ingleses y franceses hacían caso de esas
octavillas? Porque decíamos la verdad y porque cuando llegaban a Rusia se daban
cuenta de que habían sido engañados. Les decían que debían defender a su
patria, pero cuando llegaban a Rusia resultaba que lo que iban a defender era
el poder de los terratenientes y de los capitalistas, que iban a estrangular la
revolución. Si en dos años hemos podido ganarnos a esos hombres ha sido porque,
si bien se habían olvidado ya de que en una época habían ajusticiado a sus
reyes, los soldados de Francia y de Inglaterra, al pisar el territorio ruso,
hubieron de recordar sus revoluciones bajo los efectos de la revolución rusa y
de las victorias de los obreros y de los campesinos rusos. Los acontecimientos
de Rusia hicieron renacer en su memoria el recuerdo de lo que en otros tiempos
había acontecido en sus países.
Esto vino a confirmar que
los bolcheviques teníamos razón, que nuestras esperanzas eran más fundadas que
las de los capitalistas, a pesar de que carecíamos de recursos y de armas,
mientras que la Entente tenía armas y unos ejércitos invencibles. Pues bien,
esos ejércitos invencibles fueron los que nos ganamos para nuestra causa. Hemos
conseguido que ahora no se atrevan a enviar a nuestro país a soldados ingleses
y franceses, pues saben por propia experiencia que tales intentos se vuelven
contra ellos. Ese es uno de los milagros que se han producido en la Rusia
Soviética.
Ahora, después de cuatro
años de guerra, cuando se cuentan 10 millones de muertos y 20 millones de
mutilados y los imperialistas se preguntan cuál ha sido la causa de la guerra,
semejantes preguntas conducen a revelaciones muy interesantes. Hace poco se publicaron
en Francia las conversaciones sostenidas en 1916. Ya en aquel año, el monarca
austríaco inició negociaciones de paz con Francia, pero ésta lo ocultó. Albert
Thomas, que se denominaba socialista y era entonces ministro, vino a Rusia para
prometer a Nicolás II Constantinopla, los Dardanelos y Galitzia. Pues bien,
todas esas revelaciones han salido ahora a la luz del día. Se han publicado en
un periódico francés. Y los obreros franceses preguntan hoy a Albert Thomas:
"Nos decías que habías entrado en el ministerio para defender la patria
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103 Se alude a los periódicos en inglés,
alemán y francés que se editaron en 1918-1919 por los grupos comunistas
extranjeros creados cerca del CC del PC(b)R para ser difundidos en las tropas
intervencionistas y entre los prisioneros de guerra. En inglés aparecía el
periódico The Call ("El
Llamamiento"), que se distribuía en el Frente Norte. En alemán se editaban
dos publicaciones: Der Volkerfriede
("La Paz entre los Pueblos") y Weltrevolution
("Revolución Mundial"). Ambas publicaciones se difundían entre los
prisioneros de guerra alemanes y en Ucrania. En francés aparecía el semanario La Lanterne ("La Linterna"),
que se propagaba en el Sur de Rusia
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
francesa y los intereses de
los obreros franceses; pero en 1916, cuando el monarca austríaco propuso la
paz, tú, Albert Thomas, lo ocultaste, y por culpa de ello perecieron millones
de hombres para que se lucrasen los capitalistas franceses". Estas revelaciones
no han terminado aún. Nosotros las comenzamos publicando los tratados secretos,
y todo el mundo vio para qué se perdieron millones de vidas, para qué se
sacrificaron millones de víctimas. Para que Nicolás II recibiera los Dardanelos
y Galitzia. Eso lo sabían todos los imperialistas. Lo sabían también los
mencheviques y eseristas, y si no lo sabían es porque eran idiotas de remate,
por haber estudiado tan poco la política y la diplomacia, que ignoraban lo que
se ha publicado ahora en todos los periódicos franceses. Esas revelaciones son
cada día más profundas y no tendrán fin. Gracias a ello, los obreros y los
campesinos de cada país perciben cada vez más la verdad y comprenden ya cuál
fue la causa de la guerra imperialista. Y por eso empiezan a convencerse más y
más de que nosotros les decíamos la verdad, mientras los imperialistas, que les
enviaban a defender la patria, les mentían.
184
Por eso se produjo el milagro de que nosotros, impotentes y
débiles en el aspecto militar, nos ganásemos para nuestra causa a los soldados
de Inglaterra y de Francia. Esto no es ya una previsión, sino un hecho. Es cierto que nos hemos merecido esta
victoria con penalidades inauditas, que hemos soportado sacrificios increíbles.
Durante los dos años últimos experimentamos los tormentos inauditos del hambre.
Estos tormentos nos azotaron especialmente cuando el Este y el Sur cerealistas
quedaron cortados de nosotros. Y a pesar de eso, hemos logrado una victoria que
representa una conquista no sólo de nuestro país, sino de todos los países, de
toda la humanidad. La historia no había conocido jamás una situación en la que
los Estados más poderosos militarmente no pudieran con un país, débil en el
aspecto militar, con la República Soviética. ¿Por qué se ha producido este
milagro? Porque nosotros, los bolcheviques, al conducir al pueblo ruso a la
revolución, sabíamos perfectamente que esta revolución sería dolorosa, sabíamos
que habríamos de sufrir millones de víctimas; pero sabíamos también que las
masas trabajadoras de todos los países estarían a nuestro lado y que nuestra
verdad, desenmascarando toda la mentira, habría de triunfar cada día más.
Después de fracasar en su
campaña contra Rusia, las potencias probaron otra arma: la burguesía tiene allí
centenares de años de experiencia y pudo sustituir su propia arma poco segura.
Antes aplastaban y ahogaban a Rusia los soldados de la burguesía. Ahora, ésta
intenta estrangular a Rusia con ayuda de los Estados fronterizos.
El zarismo, los
terratenientes y los capitalistas oprimieron a toda una serie de naciones
fronterizas —Letonia, Finlandia, etc. —, despertando allí el odio con su
opresión secular. La palabra "ruso" se ha convertido en la más odiada
para todos estos pueblos, bañados en sangre. Y ahí tenéis que, después de
fracasar en la lucha contra los bolcheviques con sus propios soldados, la
Entente apuesta a la carta de los Estados pequeños: ¡probemos a ahogar con
ellos a la Rusia Soviética!
Churchill, que sigue la
misma política que Nicolás Románov, quiere guerrear y guerrea, sin hacer el
menor caso del Parlamento. Se jactó de que lanzaría contra Rusia a 14 Estados —
ocurrió esto en 1919—, que en septiembre sería tomado Petrogrado, y en diciembre,
Moscú. Se excedió un poco en su jactancia. Cifró sus esperanzas en que en esos
pequeños Estados se odia por doquier a Rusia; pero olvidó que en esos pequeños
Estados tienen una idea clara de lo que representan Yudénich, Kolchak y
Denikin. Hubo un tiempo en que estuvieron a varias semanas de la victoria
completa. Durante la campaña de Yudénich, cuando éste se encontraba cerca de
Petrogrado, el periódico inglés más rico, el Times, publicó un artículo de fondo —yo mismo lo he leído— en el
que suplicaba, ordenaba y exigía a Finlandia: ayudad a Yudénich, el mundo
entero tiene los ojos puestos en vosotros, salvaréis la libertad, la
civilización y la cultura del universo: id contra los bolcheviques. Eso decía
Inglaterra a
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
Finlandia; Inglaterra, que
tiene en el bolsillo a toda Finlandia, la cual debe a todo el mundo y no se
atreve a rechistar porque sin Inglaterra no tiene pan ni para una semana.
Ahí tenéis las instancias
que fueron hechas para que todos esos Estados pequeños luchasen contra los
bolcheviques. Y eso fracasó dos veces porque la política de paz de los
bolcheviques fue seria, fue apreciada por sus enemigos como más honesta que la
política de paz de todos los demás países; fracasó porque toda una serie de
países se dijo: por grande que sea nuestro odio a Rusia, que nos ha oprimido,
sabemos que quienes nos han oprimido son Yudénich, Kolchak y Denikin, y no los
bolcheviques. El ex jefe del Gobierno finlandés de guardias blancos no ha
olvidado que en noviembre de 1917 recibió personalmente de mis propias manos un
documento, en el que nosotros, sin vacilar lo más mínimo, habíamos escrito que
reconocíamos incondicionalmente la independencia de Finlandia104.
Esto pareció entonces un
simple gesto. Se pensó que la insurrección de los obreros de Finlandia haría
olvidarlo. No, esas cosas no se olvidan cuando se ven corroboradas por toda la
política de un partido determinado. Y el Gobierno burgués de Finlandia, incluso
él, dijo: "Razonemos un poco: pese a todo, hemos aprendido algo en 150
años de opresión de los zares rusos. Si luchamos contra los bolcheviques, ello
significa que ayudamos a aupar a Yudénich, Kolchaky Denikin. Pero ¿quiénes son?
¿Es que no lo sabemos? ¿No son, acaso, los mismos generales zaristas que
oprimieron a Finlandia, Letonia, Polonia y a otras muchas nacionalidades? ¿Y
vamos a ayudar a estos enemigos nuestros contra los bolcheviques? No,
esperaremos".
No se atrevieron a negarse
rotundamente porque dependen de la Entente. No acudieron directamente en
nuestra ayuda, esperaron, dieron largas, escribieron notas, enviaron
delegaciones, constituyeron comisiones, asistieron a conferencias y no hicieron
nada hasta que Yudénich, Kolchak y Denikin fueron aplastados y la Entente quedó
derrotada también en la segunda campaña. Vencimos nosotros.
Si todos estos Estados
pequeños hubieran marchado contra nosotros —y se les dio para ello centenares
de millones de dólares, se les dio los mejores cañones y el mejor armamento,
tenían instructores ingleses que habían vivido la experiencia de la guerra—, si
hubieran marchado contra nosotros, no cabe la menor duda de que habríamos sido
derrotados. Eso lo comprende muy bien cualquiera. Pero no marcharon contra
nosotros porque reconocieron que los bolcheviques eran más honestos. Cuando los
bolcheviques dicen que reconocen la independencia de cualquier pueblo; que la
Rusia zarista se asentaba en la opresión de otros pueblos y que los
bolcheviques jamás han mantenido, mantienen ni mantendrán esa política; que los
bolcheviques nunca emprenderán una guerra con fines de opresión; cuando los
bolcheviques dicen eso, se les cree. Lo sabemos no por conducto de los
bolcheviques de Letonia o de Polonia, sino por conducto de la burguesía polaca,
letona, ucraniana, etc.
185
Se ha manifestado en ello la
significación internacional de la política bolchevique. Ha sido una prueba no
sobre el terreno ruso, sino sobre el terreno internacional. Ha sido una prueba
a sangre y fuego, y no en palabras. Ha sido una prueba en la lucha final y
decisiva. Los imperialistas comprendían que carecían de soldados propios, que
sólo podrían estrangular al bolchevismo reuniendo fuerzas internacionales. Pues
bien, todas las fuerzas internacionales han sido derrotadas.
¿Qué significa el
imperialismo? Significa que un puñado de potencias, las más ricas, oprime al
mundo entero; que esas potencias tienen 1.500 millones de seres en todo el
mundo y los oprimen, y que esos 1.500 millones sienten lo que es la cultura
inglesa, la cultura francesa y
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104 Se tiene en cuenta la disposición del
Consejo de Comisarios del Pueblo sobre el reconocimiento de la independencia de
Finlandia. Lenin entregó esta disposición al jefe del Gobierno burgués de
Finlandia Svinhufvud el 18 (31) de diciembre de 1917. El 22 de diciembre de
1917 (4 de enero de 1918) esta disposición fue ratificada por el Comité
Ejecutivo Central de toda Rusia.
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
la civilización
norteamericana. Y eso significa saquear a cuál más. En la actualidad, tres
cuartas partes de Finlandia han sido compradas ya por los multimillonarios
norteamericanos. Los oficiales que vinieron de Inglaterra y de Francia a
nuestros Estados fronterizos para instruir a sus tropas se han comportado como
los insolentes hidalguetes rusos en país conquistado. Han especulado a diestro
y siniestro. Y cuanto más hambre pasan los obreros finlandeses, polacos y
letones, más presionan sobre ellos el puñado de multimillonarios ingleses,
norteamericanos y franceses y sus intendentes. Y así en todo el mundo.
Sólo la República Socialista
de Rusia ha enarbolado la bandera de la guerra por la verdadera liberación, y
en el mundo entero las simpatías se vuelven a su favor. A través de los países
pequeños nos hemos granjeado las simpatías de todos los pueblos de la tierra, y
son centenares y centenares de millones de seres. Hoy están oprimidos y
embrutecidos, son la parte menos desarrollada de la población, pero la guerra
les ha aleccionado. Masas colosales de pueblos se vieron arrastradas a la
guerra imperialista. Inglaterra sacó regimientos de la India para que pelearan
contra los alemanes. Francia llamó a filas a millones de negros para que
pelearan contra los alemanes. Se formaron con ellos grupos de choque y se les
envió a los lugares de mayor peligro, donde las ametralladoras les segaban como
se siega la hierba. Y aprendieron
algo. De la misma manera que los soldados rusos decían en tiempos del zar:
"De morir, marchemos contra los terratenientes", los negros han dicho
también: "De morir, no muramos para ayudar a los bandidos franceses a
saquear al bandido-capitalista alemán, sino para liberarnos de los capitalistas
alemanes y franceses". En todos los países del mundo, en esa misma India
donde están oprimidos trescientos millones de braceros de los ingleses,
despierta la conciencia y crece de día en día el movimiento revolucionario.
Todos ellos miran a una estrella, la estrella de la República Soviética, porque
saben que ha hecho grandiosos sacrificios en aras de la lucha contra el
imperialismo y ha resistido firmemente pruebas tremendas.
Eso es lo que significa la
segunda carta fallada de la Entente. Significa una victoria en escala
internacional. Significa que nuestra política de paz es aprobada por la
aplastante mayoría de la población de la Tierra. Significa que el número de
nuestros aliados en todos los países crece, es cierto que mucho más despacio de
lo que quisiéramos, pero crece.
La victoria que obtuvimos en
la ofensiva preparada por Churchill contra nosotros, demuestra que nuestra
política era acertada. Y después de esto alcanzamos una tercera victoria: la
victoria sobre la intelectualidad burguesa, sobre los eseristas y los mencheviques
que en todos los países estaban rabiosos con nosotros. También ellos se
opusieron a la guerra contra la Rusia Soviética. En todos los países, la
intelectualidad burguesa, los eseristas y los mencheviques —esta ralea se da
por desgracia en todas partes (aplausos
)— condenaron la intervención en los asuntos de Rusia y declararon en todos los
países que esta intervención es una vergüenza.
Cuando Inglaterra propuso a
los alemanes el bloqueo de la Rusia Soviética, y Alemania contestó con una
negativa, esto acabó con la paciencia de los eseristas y mencheviques ingleses
y de otros países. Dijeron: "Somos enemigos de los bolcheviques y los
consideramos opresores y bandidos; pero no podemos apoyar la propuesta hecha a
los alemanes, para que ellos y nosotros estrangulemos a Rusia con el bloqueo
del hambre". Así pues, dentro del campo enemigo, en sus propios países, en
París, Londres, etc., donde se persigue a los bolcheviques y se les trata como
se trataba en tiempos del zar a los revolucionarios, en todas las
ciudades" la intelectualidad burguesa ha lanzado este llamamiento:
"¡Fuera las manos de la Rusia Soviética!" Y en Inglaterra con esta
consigna la intelectualidad burguesa convoca mítines y escribe manifiestos.
Tal es la razón de que se
hayan visto obligados a levantar el bloqueo. No pudieron retener a Estonia;
hemos concertado la paz y podemos comerciar con ella. Hemos abierto una ventana
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
al mundo civilizado.
Contamos con la simpatía de la mayoría de los trabajadores, mientras que la
burguesía está ansiosa por comenzar a comerciar lo más pronto posible con
Rusia.
186
Ahora los imperialistas nos
temen y tienen motivos para ello, pues la Rusia Soviética ha salido de esta
guerra más fuerte que nunca. Los escritores ingleses han escrito que los
ejércitos se están desintegrando en todo el mundo, y que si hay un país en el
mundo donde el ejército se fortalece, ese país es la Rusia Soviética.
Intentaron calumniar al camarada Trotski, y dijeron que eso es así porque el
ejército ruso está sometido a una disciplina férrea, implantada con severas
medidas y con una hábil y vasta agitación.
Eso no lo hemos negado
nunca. La guerra es la guerra y exige una disciplina férrea. ¿Es que ustedes,
señores capitalistas, no han empleado los mismo métodos? ¿Es que no han
desplegado una labor de agitación? ¿No tienen acaso cien veces más papel e
imprentas? Comparar nuestras publicaciones con las de ustedes es como comparar
un grano de arena con una montaña. Sin embargo, la propaganda de ustedes ha
fracasado, mientras que la nuestra ha tenido éxito.
Los eseristas y los
mencheviques hicieron un experimento para ver si era posible tratar
pacíficamente con los capitalistas y pasar de ellos a una reforma social.
Querían que en Rusia se pasara a una reforma social por las buenas, para no
ofender a los capitalistas. Olvidaron que los señores capitalistas son
capitalistas y que lo único que se puede hacer con ellos es vencerlos. Dicen
que los bolcheviques han inundado de sangre el país durante la guerra civil.
Pero ¿no dispusieron ustedes, señores eseristas y mencheviques, de ocho meses
para hacer su experimento? ¿Es que no estuvieron en el poder, con Kerenski,
desde febrero hasta octubre de 1917, período durante el cual contaron con la
ayuda de todos los demócratas constitucionalistas de toda la Entente, de todos
los países más ricos del mundo? El programa de ustedes, entonces, era de
reforma social sin guerra civil. ¿Se habría encontrado en el mundo un solo
imbécil que se lanzara a la revolución, si ustedes hubieran emprendido
efectivamente una reforma social? ¿Y por qué no lo hicieron? Porque el programa
de ustedes era un programa hueco, una ilusión absurda. Porque es imposible
ponerse de acuerdo con los capitalistas y someterlos pacíficamente, sobre todo
después de cuatro años de guerra imperialista. Pero ¿qué creen ustedes: que en
Inglaterra, Francia y Alemania no hay hombres inteligentes que comprenden que
fueron a la guerra por el reparto de las colonias y que por el reparto del
botín hubo 10 millones de muertos y 20 millones de mutilados? He ahí lo que significa
el capitalismo. ¿Y cómo es posible convencerlo, cómo es posible ponerse de
acuerdo con este capitalismo que ha mutilado a 20 millones de hombres y dado
muerte a otros 10 millones? Y a los mencheviques y a los eseristas les decimos:
"Ustedes tuvieron ocasión de llevar a cabo ese experimento, ¿por qué no
les dio resultado? Porque el programa de ustedes era una simple utopía, y una
utopía no sólo en Rusia, sino incluso en Alemania, en la Alemania en la que hoy
están en el poder los mencheviques y eseristas alemanes, a los que nadie hace
caso; en la Alemania en la que un Kornílov alemán, armado de pies a cabeza,
prepara la reacción105; en la república alemana en cuyas
ciudades han sido asesinados 15.000 obreros en las calles. ¡Y a esto lo llaman
república democrática!" No obstante, los mencheviques y eseristas alemanes
tienen la osadía de decir que los bolcheviques son malos, que han llevado el
país a la guerra civil, mientras en Alemania impera la paz social y sólo ha
habido ¡15.000 obreros asesinados en las calles!
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105 Lenin se refiere a la preparación del
golpe militar monárquico en Alemania. Este golpe, que fue denominado
"putsch de Kapp", lo dio la camarilla militar reaccionaria alemana
encabezada por Kapp. Los conspiradores tramaron el golpe con la evidente
connivencia del Gobierno socialdemócrata. El 13 de marzo de 1920 lanzaron las
unidades militares sobre Berlín y al no encontrar resistencia por parte del
gobierno lo declararon depuesto y proclamaron una dictadura militar. Los
obreros de Alemania respondieron al golpe con una huelga general. Ante la
ofensiva del proletariado el gobierno Kapp cayó el 17 de marzo; tomaron al
poder los socialdemócratas que mediante el engaño hicieron abortar la huelga
general.
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
Dicen que en Rusia hay una
guerra civil y se derrama sangre porque somos un país atrasado. Pero díganme,
¿por qué sucede lo mismo en otros países no atrasados, como Finlandia? ¿Por qué
en Hungría se ha desatado un terror blanco que indigna a todo el mundo? ¿Por
qué han sido asesinados Luxemburgo y Liebknecht en la república alemana, en la
que, desde que el kaiser fue derrocado, están en el poder los mencheviques y
los eseristas? ¿Y por qué en ella es fuerte un Kornílov y no los mencheviques,
como lo son también los bolcheviques, quienes, aun estando acosados, son
fuertes por su convicción en la justicia de su causa y por su influencia sobre
las masas?
Esta es la revolución
internacional de la que se decía que con ella los bolcheviques engañaban al
pueblo, cuando en realidad todas las esperanzas de llegar a un entendimiento
han resultado un completo absurdo.
Entre los países burgueses
mismos se arma una gran pelea. Norteamérica y el Japón están prestos a
enzarzarse debido a que el Japón se mantuvo al margen de la guerra imperialista
y se apoderó de casi toda China, donde hay 400 millones de almas. Los señores
imperialistas dicen: "Estamos por la república, estamos por la democracia,
pero ¿por qué los japoneses han robado ante nuestras barbas más de lo que
corresponde?" El Japón y Norteamérica están en vísperas de una guerra, y
conjurar esta guerra, en la que morirán otros diez millones y quedarán
mutilados otros veinte, es absolutamente imposible. Francia también dice:
"¿Quién se ha quedado con las colonias? Inglaterra". Francia ha
vencido, pero está entrampada hasta los ojos, se encuentra en un callejón sin
salida, mientras que Inglaterra se ha enriquecido. Allí se gestan ya nuevas
combinaciones y alianzas, allí quieren pelearse de nuevo por el reparto de las
colonias, la guerra imperialista vuelve a madurar, y es imposible conjurarla, y
no porque cada capitalista, como individuo, sea malvado —como individuos son
hombres como los demás—, sino porque no pueden desembarazarse de otro modo de
las trabas financieras, porque todo el mundo está endeudado, avasallado, porque
la propiedad privada ha conducido y conducirá siempre a la guerra.
187
Todo ello hace que las
raíces de una revolución internacional sean cada vez más profundas. Debido a
esto hemos ganado a los soldados franceses e ingleses; debido a esto hemos
conquistado la confianza de los pequeños Estados, y nuestra situación internacional
es hoy mejor que nunca. Sobre la base de un sencillo cálculo podemos decir que
todavía nos esperan muchas penalidades, pero las peores dificultades ya han
sido superadas. La todopoderosa Entente ya no es tan terrible para nosotros: la
hemos vencido en batallas decisivas. (Aplausos.)
Cierto es que todavía pueden
azuzar a Polonia contra nosotros. Los terratenientes y capitalistas polacos
gruñen y amenazan, diciendo que quieren recobrar los territorios de 1772106 y que aspiran a someter Ucrania a su dominio. Sabemos que
Francia incita a Polonia, gastando millones allí, ya que de todos modos está en
bancarrota y se juega ahora su última carta con Polonia. Y nosotros decimos a
los camaradas polacos que respetamos su libertad, como respetamos la libertad
de cualquier otro pueblo, y que los obreros y campesinos rusos, que han sufrido
el yugo del zarismo, saben muy bien lo que significaba ese yugo. Sabemos que el
reparto de Polonia entre los capitalistas alemanes, austríacos y rusos fue un
crimen horrendo y que ese reparto condenaba al pueblo polaco a largos años de
opresión, años en que se consideraba delito hablar el idioma natal y en que
todo el pueblo polaco sólo tenía una idea: liberarse de ese triple yugo. Por
esta razón comprendemos el odio que sienten los polacos, y les decimos que jamás
cruzaremos la frontera que hoy ocupan nuestras tropas, que están mucho más
lejos de las zonas donde vive la población polaca. Sobre esta base
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106 La consigna del retorno a las fronteras
de 1772 significaba la anexión de Bielorrusia, Lituania, de parte de Ucrania
hasta el curso medio del Dniéper y de la parte Sur de Letonia, y expresaba el
sentir chovinista agresivo de la burguesía y los latifundistas de Polonia.
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
proponemos la paz, ya que
sabemos que ésta será un inmenso beneficio para Polonia. No queremos librar una
guerra por una u otra frontera, pues queremos borrar el maldito pasado en que
todo ruso era considerado como un opresor.
Pero si Polonia responde con
el silencio a nuestra propuesta de paz, si continúa haciendo el juego al
imperialismo francés que la incita a combatir contra Rusia, si cada día llegan
a Polonia nuevos trenes cargados con pertrechos militares, y si los imperialistas
polacos nos amenazan con lanzarse a la guerra contra Rusia, nosotros les
decimos: "¡Prueben! Recibirán tal lección que no la olvidarán nunca".
(Aplausos.)
Durante la guerra
imperialista, cuando los soldados morían para que se enriquecieran el zar y los
terratenientes, decíamos clara y abiertamente que la defensa de la patria en la
guerra imperialista era una traición, era la defensa del zar ruso, el cual debía
recibir los Dardanelos, Constantinopla, etc. Pero cuando hemos publicado los
tratados secretos, cuando hemos emprendido la revolución contra la guerra
imperialista, cuando en aras de esta revolución hemos soportado sufrimientos
inauditos, cuando hemos demostrado que los capitalistas han sido aplastados en
Rusia y no se atreven siquiera a pensar en volver al viejo régimen, decimos que
no defendemos el derecho a expoliar a otros pueblos, sino que defendemos
nuestra revolución proletaria y que la defenderemos hasta el fin. ¡La Rusia que
se ha liberado, que en dos años ha realizado su revolución soviética a través
de grandes sufrimientos, esta Rusia la defenderemos hasta la última gota de
sangre! (Aplausos.)
Sabemos que hemos salido ya
del período en que los ejércitos de los imperialistas nos atacaban por todas
partes y en que los trabajadores de Rusia no comprendían aún debidamente
nuestras tareas. Imperaba la indisciplina, cuando cada cual trataba de apoderarse
de armas para sí sin tener en cuenta los intereses generales, cuando en el
plano local reinaban los excesos y el pillaje. Durante estos dos años hemos
creado un ejército único y disciplinado. Ha sido una tarea muy difícil.
Vosotros sabéis que es imposible aprender el arte militar de la noche a la
mañana. Sabéis también que las ciencias militares las conoce únicamente la
oficialidad, los coroneles y generales que han quedado del ejército zarista.
Habréis oído decir, sin duda, que por culpa de esos coroneles y generales ha
habido muchas traiciones que han costado decenas de miles de vidas. Hubo que
separar a todos esos traidores, pero, al mismo tiempo, hubo que reclutar
cuadros de mando entre los antiguos oficiales para que los obreros y los
campesinos pudieran aprender de ellos, pues sin la ciencia es imposible formar
un ejército moderno, y nos vemos en la necesidad de ponerlo en manos de los
especialistas militares. Era una tarea difícil, pero la hemos superado también.
Hemos creado un ejército
único, dirigido hoy por la parte avanzada de comunistas expertos que han sabido
organizar en todas partes la agitación y la propaganda. Es cierto que los
imperialistas hacen asimismo su agitación, pero los campesinos empiezan a comprender
que hay agitación y agitación. Empiezan a sentir instintivamente dónde está la
verdad y dónde la mentira. En todo caso, la agitación que emprenden los
mencheviques y que hicieron Kolchak y Denikin no tiene ya el mismo éxito que
antes. Tomad sus carteles y folletos. En ellos se habla de la Asamblea
Constituyente, de la libertad y la república; mas los obreros y los campesinos,
que han conseguido con sangre la libertad, comprenden ya que tras la palabra
"Constituyente" se oculta el capitalista. Y si algo ha decidido en
nuestro favor el desenlace de la lucha contra Kolchak y Denikin, a pesar de que
Kolchak y Denikin eran apoyados por las grandes potencias, es el hecho de que,
en fin de cuentas, los campesinos y los cosacos trabajadores, que durante largo
tiempo estuvieron al otro lado, se hayan puesto ahora al lado de los obreros y
de los campesinos, y sólo eso, en resumidas cuentas, ha decidido la guerra y
nos ha dado la victoria.
188
Apoyándonos en esta victoria, debemos
afianzarla ahora con todas las fuerzas, pero ya en otro frente: en el frente
incruento, en el frente de la guerra contra el desbarajuste económico
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
a que nos ha conducido la
guerra contra los terratenientes y los capitalistas, contra Kolchak y Denikin.
Sabéis lo que nos ha costado esta victoria, conocéis la terrible lucha que
hemos tenido que sostener cuando estábamos aislados de las zonas cerealistas,
de los Urales y de Siberia. Los obreros de Petrogrado y de Moscú hubieron de
soportar en ese tiempo las insufribles torturas del hambre. Se os asustaba con
las palabras "dictadura del proletariado". Se asustaba con eso a los
campesinos y a los cosacos trabajadores, esforzándose por inculcarles que la
dictadura significa la insolencia del obrero. La realidad es que mientras
Inglaterra y Norteamérica se empeñaban en apoyar a Kolchak y Denikin, los
obreros de las ciudades centrales, ejerciendo su dictadura, procuraban mostrar
a todos con su ejemplo cómo hay que separarse de los terratenientes y de los
capitalistas y marchar con los trabajadores, ya que el trabajo une, mientras
que la propiedad desune. Esta lección, que hemos aprendido en el transcurso de dos
años, es justamente la que nos ha llevado a la victoria. Nos ha unido
precisamente el trabajo, en tanto que la Entente se descompone sin cesar,
porque la propiedad ha hecho de los imperialistas fieras salvajes que, en
primero y en último lugar, se pelean por el botín. El trabajo, en cambio, ha
hecho de nosotros la fuerza que une a todos los trabajadores. Y ahora, la
palabra "dictadura" puede asustar únicamente a personas ignorantes
por completo, si es que siguen existiendo en Rusia.
No sé si queda todavía una
sola persona que no haya sido aleccionada por Kolchak y Denikin y no comprenda
que la dictadura del proletariado significa que el proletariado de las
capitales y de los centros industriales jamás había conocido una situación tan
difícil como durante estos dos años. Ahora, los campesinos de las provincias
productoras se encuentran en una situación en la que, poseyendo la tierra,
toman para sí todo el producto. Por vez primera en miles de años, los
campesinos rusos, después de la revolución de los bolcheviques, trabajan para
sí mismos y pueden mejorar su alimentación. Y al mismo tiempo, en estos dos
años de lucha, el proletariado obrero, ejerciendo su dictadura, sufre las
inauditas torturas del hambre. Ahora comprenderéis que dictadura significa
dirección, significa unión de las masas trabajadoras dispersas y desperdigadas,
un todo único cohesionado contra los capitalistas, para vencer a los
capitalistas, para que no se repita más la sangrienta matanza que ha acarreado
ya diez millones de muertos y veinte millones de mutilados. Para vencer a esa
fuerza, que se apoya en ejércitos poderosos y en la cultura moderna, hace falta
la cohesión de todos los trabajadores, hace falta una férrea voluntad única. Y
esta férrea voluntad única pueden proporcionarla solamente las masas
trabajadoras, solamente el proletariado obrero, solamente los obreros
conscientes, educados durante decenios en la lucha por medio de huelgas y
manifestaciones y que han sabido derrocar el zarismo; esos obreros, que en dos
años de guerra civil sin precedente lo han soportado todo sobre sus espaldas;
que han peleado en las primeras filas y han creado el Ejército Rojo único, en
el cual han ingresado decenas de miles de los mejores obreros, campesinos y
alumnos de las escuelas militares; que han sido los primeros en morir y que han
sufrido las inauditas torturas del hambre en Moscú, Petrogrado e Ivánovo—
Voznesensk, en Tver y Yaroslavl, en todos los centros industriales. Y esas
torturas han unido estrechamente a los obreros y han obligado a los campesinos
y a los cosacos trabajadores de las provincias productoras a creer en la verdad
de los bolcheviques, porque éstos les han dado así la posibilidad de mantenerse
en la lucha contra los guardias blancos.
He ahí por qué la clase
obrera tiene derecho a decir que con estos dos años de sacrificios y de guerra
ha demostrado a todos los campesinos trabajadores y a todos los cosacos
trabajadores que necesitamos unirnos y aunar fuerzas. Hay que luchar contra los
que especulan con el hambre porque les resulta más ventajoso vender el pud de
cereales a mil rublos que a precio fijo. De este modo es posible enriquecerse,
pero ello nos lleva hacia atrás, hacia los viejos tiempos, para volver a caer
en la maldita cloaca; hacia los tiempos en que imperaba el zarismo y en que los
capitalistas condenaban a la humanidad a la matanza imperialista para aumentar
así sus propios beneficios. Esto nos lleva hacia atrás, y es
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
inadmisible. Después de la
lucha contra Kolchak y Denikin, se hizo evidente, tanto para los campesinos
trabajadores como para los cosacos, la verdad de que la unidad es necesaria;
unos y otros se ponen en pie junto a los obreros y miran a la clase obrera como
a su dirigente. Los campesinos trabajadores no vieron ni podían ver un
perjuicio en el poder obrero; sólo podían verlo los terratenientes, los
capitalistas y los kulaks, es decir, los peores enemigos de los trabajadores,
los aliados de los imperialistas, causantes de la cruenta guerra y de todas las
calamidades del pueblo. Es preciso que todos los obreros, todas las masas
trabajadoras se unan, pues solamente así obtendremos la victoria.
189
La guerra cruenta ha terminado; ahora libramos una guerra
incruenta contra la desorganización económica, contra la ruina, la miseria y
las enfermedades engendradas por cuatro años de guerra imperialista y dos años
de guerra civil. Como sabéis, la ruina es espantosa. Actualmente, en las
regiones de la periferia de Rusia, en Siberia y en el sur hay decenas de
millones de puds de cereales; millones de puds han sido ya recogidos y
transportados; sin embargo, el hambre es terrible en Moscú. La gente se muere
de hambre porque los cereales no pueden ser transportados, y no pueden ser
transportados porque la guerra civil ha devastado totalmente el país, ha
desorganizado el transporte y destruido decenas de puentes. Están averiadas las
locomotoras y no podemos repararlas en poco tiempo. Con grandes dificultades
tratamos de obtener ahora ayuda del extranjero. Sin embargo, sabemos que hoy es
posible emprender la completa restauración de la industria.
¿Qué debemos hacer para
restaurarla, si no podemos ofrecer a cambio de los cereales artículos
manufacturados porque no existen?
Sabemos que cuando el Poder
soviético compra los cereales a los campesinos a precios de tasa, los paga
solamente con pedazos de papel. ¿Y qué valor tienen esos pedazos de papel?
Aunque no es el valor de los cereales, nosotros sólo podemos pagar en papel moneda.
Sin embargo, decimos que esto es necesario, que los campesinos deben entregar
sus cereales a crédito. ¿Y habrá un solo campesino bien alimentado que niegue
pan a un obrero hambriento si sabe que este obrero, cuando esté bien
alimentado, le dará a cambio mercancías? No habrá un solo campesino honrado y
políticamente consciente que se niegue a entregar cereales a crédito. Los
campesinos que tienen excedentes de cereales deben entregarlos al Estado por
papel moneda; eso es crédito. Únicamente no lo entenderá así, no lo comprenderá
así, el que sea partidario del capitalismo y la explotación, el que quiere que
el hombre bien alimentado se lucre aún más a costa del hambriento. El poder
obrero no puede permitir eso, y para combatirlo no repararemos en ningún sacrificio.
(Aplausos.)
Actualmente, hemos
concentrado todas nuestras fuerzas en la restauración de la industria e
iniciamos con firmeza esta nueva guerra, en la que obtendremos las mismas
victorias que obtuvimos hasta ahora. Hemos encargado a una comisión de
científicos y técnicos que elabore un plan de electrificación de Rusia. El plan
quedará listo dentro de dos meses y nos permitirá formarnos una idea completa y
clara de cómo, en pocos años, toda Rusia estará cubierta de una red de líneas
eléctricas y será restaurada, no al viejo estilo, sino al nuevo, y de cómo
logrará alcanzar la cultura que nuestros prisioneros de guerra vieron en
Alemania.
Así debemos restaurar
nuestra industria y así devolveremos con creces los cereales que estamos
recibiendo de los campesinos a crédito. Sabemos que esto no puede hacerse en
uno o dos años; el programa mínimo de electrificación está previsto para un
período no menor de tres años, pero la victoria completa de esta industria
avanzada necesitará no menos de diez años. Ahora bien, si fuimos capaces de
sostenernos durante dos años en una guerra tan cruenta, también seremos capaces
de afrontar todas las dificultades que se presenten en diez años o más. Hemos
adquirido la experiencia de dirigir a las masas trabajadoras con ayuda de los
obreros, y esta experiencia nos acompañará en todas las dificultades, en el
frente incruento de la lucha contra la desorganización económica, y nos
conducirá a victorias aún
Informe en el I Congreso de toda Rusia de cosacos trabajadores
más importantes que las que logramos en
la guerra contra el imperialismo internacional. (Aplausos.)
Publicado
íntegramente el 2, 3 y 4 de marzo de 1920 en los núms. 47, 48 y 49 de
"Pravda".
T. 40, págs. 166-187.
Con motivo del día internacional de la obrera
190
CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA OBRERA.
El capitalismo combina la
igualdad formal con la desigualdad económica y, por tanto, social. En esto
reside una de las particularidades fundamentales del capitalismo,
particularidad que es velada falazmente por los partidarios de la burguesía,
por los liberales, e incomprendida por los demócratas pequeñoburgueses. De esta
particularidad del capitalismo se desprende, entre otras cosas, la necesidad de
que, en la lucha resuelta por la igualdad económica, se reconozca abiertamente
la desigualdad capitalista e incluso, bajo determinadas condiciones, se coloque
este reconocimiento abierto de la desigualdad como base de la organización
estatal proletaria (Constitución soviética).
Pero el capitalismo no puede ser consecuente ni siquiera en
lo que atañe a la igualdad formal (igualdad ante la ley, "igualdad"
del harto y el hambriento, del poseedor y el desposeído). Y una de las
manifestaciones más flagrantes de esta inconsecuencia es la desigualdad de derechos de la mujer
respecto al hombre. Ningún Estado burgués, ni siquiera el Estado republicano más progresista y
democrático, ha dado la plena igualdad de derechos.
En cambio, la República
Soviética de Rusia acabó inmediatamente con todos los restos, todos sin excepción, de la desigualdad
jurídica de la mujer y le aseguró al punto la plena igualdad ante la ley.
Se dice que la situación
jurídica de la mujer es lo que mejor caracteriza el nivel cultural. Este aserto
contiene un grano de profunda verdad. Y desde este punto de vista, sólo la
dictadura del proletariado, sólo el Estado socialista ha podido lograr y ha
logrado el más alto nivel cultural.
El nuevo e inusitado impulso
dado al movimiento obrero femenino está, pues, inevitablemente vinculado a la
fundación (y afianzamiento) de la primera República Soviética y, por ende, a la
Internacional Comunista.
Tratándose de aquellos que
estaban oprimidos por el capitalismo directa o indirectamente, totalmente o en
parte, el régimen soviético y sólo él es el que garantiza la democracia. Lo
atestigua claramente la situación de la clase obrera y de los campesinos
pobres; lo prueba claramente la situación de la mujer.
Pero el régimen soviético es
la lucha final y decidida por la supresión
de las clases, por la igualdad económica y social. A nosotros no nos basta la democracia, ni siquiera la democracia
para los oprimidos por el capitalismo, incluso para el sexo oprimido.
La tarea principal del
movimiento obrero femenino consiste en la lucha por la igualdad económica y
social de la mujer, y no sólo por la igualdad formal. La tarea principal es
incorporar a la mujer al trabajo social productivo, arrancarla de la "esclavitud
del hogar", liberarla de la subordinación — embrutecedora y humillante— al
eterno y exclusivo ambiente de la cocina y del cuarto de los niños.
Es una lucha prolongada, que
requiere una radical transformación de la técnica social, y de los usos y las
costumbres. Pero esta lucha terminará con la plena victoria del comunismo.
4 de marzo de 1920.
Publicado el 8 de
marzo de 1920, en "Pravda" (número extraordinario). Firmado: N.
Lenin.
T. 40, págs. 192-193.
Discurso pronunciado en la sesión del Soviet de Moscú de
diputados obreos y soldados rojos
191
DISCURSO PRONUNCIADO EN LA SESIÓN DEL
SOVIET DE MOSCÚ DE DIPUTADOS OBREROS Y SOLDADOS ROJOS.
6 de marzo de 1920.
Camaradas: Es lo más
probable que, aun lamentándolo sobremanera, no pueda cumplir la misión que ha
insinuado el camarada presidente al recordar que soy miembro del Soviet de
Moscú; pero, en todo caso, me alegra mucho tener la posibilidad de saludar a
los nuevos componentes del Soviet de Moscú. Permitidme que diga unas palabras
acerca de las tareas que tienen planteadas especialmente los obreros moscovitas
y, ante todo y sobre todo, el Soviet de Moscú, con motivo de la situación
general del país.
Camaradas: Evidentemente, tenemos la mayor esperanza de terminar
en un futuro muy inmediato, y con pleno éxito, la guerra que nos han impuesto
los terratenientes y capitalistas, en alianza con los capitalistas del mundo
entero. Acabo de recibir un telegrama de un miembro del Consejo Militar
Revolucionario del Frente del Cáucaso, el último frente importante de los qué
quedan todavía. En este telegrama se nos comunica que la tenaz resistencia del
enemigo en todas las direcciones ha sido rota (aplausos), de modo que ahora, después de haberse liquidado los
frentes de Kolchak y de Arjánguelsk, no está lejano, por lo visto, el día en
que sea destruido definitivamente también el frente de Denikin. Pero,
camaradas, por favorables que sean para nosotros los resultados de la guerra
civil y la situación internacional; aunque las potencias imperialistas se
encuentren, con toda evidencia, en vísperas de ser derrotadas definitivamente,
aunque hayan fracasado todos sus intentos de unir a quien sea para hacernos la
guerra; por favorable que sea esta situación, hay que decir que el peligro,
incluso el exterior, no ha desaparecido aún. Se hacen intentos todavía,
especialmente por la Francia imperialista, de empujar a Polonia a la guerra
contra Rusia. Como es natural, todos vosotros sabéis por la prensa, por las
resoluciones del Comité Ejecutivo Central y por las declaraciones hechas en el
Congreso de los Cosacos y en otros muchos congresos, que la República Soviética
ha hecho cuanto ha podido para evitar esta guerra, que hemos propuesto la paz
al pueblo polaco no sólo oficialmente, sino de la manera más amistosa, y que
hemos reconocido del modo más solemne la independencia del Estado polaco,
haciendo en este sentido las declaraciones más concretas. En el terreno militar
hemos hecho todo lo necesario para impedir que los capitalistas y
terratenientes polacos realicen sus designios, quizá no tanto sus propios
designios como los de la Francia imperialista que se encuentra a sus espaldas y
con la que están empeñados hasta la camisa. Hemos hecho todo lo posible para
impedir que estos capitalistas y terratenientes llevasen a la práctica su
propósito de arrastrar al pueblo polaco a la guerra contra Rusia. Pero aun
cuando hemos hecho todo lo posible, lo demás no depende de nosotros. Ni siquiera
los propios terratenientes y capitalistas polacos saben lo que harán mañana. La
situación interior de Polonia es tan grave que precisamente por el evidente
peligro que se cierne sobre su situación de clase, precisamente porque sienten
su muerte, pueden lanzarse a semejante aventura. Por eso, incluso desde el
punto de vista de la seguridad exterior, aunque hemos conquistado ya muchas
victorias, no tenemos ninguna garantía y debemos estar alerta, debemos
conservar, desarrollar y reforzar nuestra disposición militar para cumplir la
tarea que tiene planteada la clase obrera. Si, pese a todos los esfuerzos, los
imperialistas de Polonia, apoyados por Francia, desencadenan la guerra contra
Rusia y llevan a cabo su aventura militar, deberán recibir y recibirán una
réplica tal que todo su frágil capitalismo e imperialismo se desmoronará
definitivamente.
Discurso pronunciado en la sesión del Soviet de Moscú de
diputados obreos y soldados rojos
No se nos oculta lo más
mínimo, ni se lo ocultamos en primer lugar a los obreros moscovitas y a otros
obreros rusos, que hoy son necesarios una nueva tensión de fuerzas, nuevos
sacrificios gigantescos, más duros aún, debido a que nos encontramos precisamente
a fines del Invierno, en febrero y marzo, meses que nos han traído un nuevo
agravamiento de la miseria, el hambre y los sufrimientos derivados del
desbarajuste de nuestro transporte. Y debo deciros que si la guerra en el
frente sangriento, la guerra civil contra los imperialistas, está, al parecer,
terminando y, en todo caso, el enemigo no puede amenazarnos seriamente
—porque la Entente ha sufrido la derrota decisiva en sus
intentos de sostener contra nosotros una guerra general—, a pesar de todo, la
guerra en el frente incruento continúa y continuará durante largo tiempo.
Porque cuanto más nos alejamos del peligro bélico, tanto más se aproximan a
nosotros las tareas de la construcción interior y éstas no pueden dejar de ser
cumplidas por la clase obrera, que ha asumido la misión de dirigir a las masas
trabajadoras. Estas tareas —el restablecimiento del país devastado y de la
economía arruinada, la organización de la sociedad socialista— no pueden ser
cumplidas sin la guerra en el frente incruento. He ahí lo que los obreros
avanzados, que crean ahora su nuevo Soviet de Moscú, deben grabar más
profundamente que nada en su conciencia, pues los obreros moscovitas han sido
siempre, y seguirán siéndolo inevitablemente durante cierto tiempo, el ejemplo
que seguirán los obreros de otras ciudades.
192
Debemos tener presente que estamos cumpliendo la tarea de la
revolución socialista en un país en el que los campesinos constituyen la mayor
parte de la población. Ahora se han sumado a nosotros las masas campesinas de
Siberia, donde los campesinos tienen sobrantes de trigo, donde han sido
corrompidos por el capitalismo, se aferran a la vieja libertad de comercio y
consideran un sagrado derecho suyo, desorientados en este sentido por los
mencheviques y eseristas —es su triste destino, no tienen otra cosa que hacer—,
consideran un sagrado derecho suyo comerciar libremente con los sobrantes de
trigo, pensando que se les puede conservar ese derecho. No tienen en cuenta que
esa supuesta igualdad cívica significa la explotación del hambriento por el
harto, pues los campesinos que tienen sobrantes de trigo y no desean dárselos a
los hambrientos sustentan las bases de las relaciones capitalistas. Son hombres
que, después de haber sido explotados durante centenares de años, trabajan por
vez primera para sí y que con sus sobrantes de trigo pueden convertir en
esclavos a los obreros, los cuales, como consecuencia de la ruina de la
industria, no tienen la posibilidad de dar el equivalente del trigo. Por ello,
nuestra tarea respecto a estos propietarios pequeñoburgueses, a estos pequeños
especuladores —que son una legión y que, poseyendo sobrantes de trigo, creen
que cuanto más avancemos tanto más se lucrarán, y que cuanto mayor sea el
hambre tanto más provecho sacarán estos acaparadores de trigo—, nuestra actitud
ante ellos es una actitud de guerra. Lo declaramos sin rodeos y en esto se basa
la dictadura del proletariado, el cual dice abiertamente a todas las masas
obreras y campesinas: "El campesino trabajador es nuestro aliado, nuestro
amigo y hermano, pero cuando el campesino actúa como propietario que tiene
sobrantes de trigo, innecesarios para su hacienda, y se comporta con nosotros
como propietario, como el harto contra el hambriento, ese campesino es nuestro
enemigo y lucharemos contra él con toda decisión, de manera implacable".
La victoria sobre los pequeños propietarios, sobre los pequeños especuladores,
es difícil. No se podrá acabar con ellos en un año; para acabar con ellos harán
falta muchos años, harán falta la tenacidad organizada, la realización durante
mucho tiempo de una labor tesonera, inflexible, paso a paso, la lucha cotidiana
incesante, que es singularmente dura y en la que el campesino especulador
triunfa a cada paso sobre el obrero. Pero lucharemos en el frente incruento
para que el hambriento reciba del harto los sobrantes que éste tiene;
lucharemos pese a todo, pese al deseo de los eseristas y mencheviques de
imponer el comercio libre y dejar al harto esos sobrantes.
Durante los dos años últimos
hemos efectuado una labor inmensa. Hemos incorporado a ella a gran número de
campesinos y obreros, hemos sabido obtener de todas partes lo que
Discurso pronunciado en la sesión del Soviet de Moscú de
diputados obreos y soldados rojos
necesitábamos. Aunque los
oficiales blancos, los ex oficiales zaristas, luchaban contra nosotros al lado
de nuestros enemigos, hemos incorporado y asimilado en nuestro trabajo a
decenas y centenas de esos especialistas. Nos han ayudado a trabajar juntamente
con nuestros comisarios. Ellos mismos han aprendido de nosotros a trabajar y
nos han entregado, a cambio, sus conocimientos técnicos. Y solamente con su
ayuda ha podido el Ejército Rojo conquistar sus victorias. Ahora tenemos que
encauzar toda esta labor por otro derrotero. Ha de ser una labor de carácter
pacífico. Debemos concentrarlo todo en la labor en el frente del trabajo.
Debemos dirigir a nuestros ex propietarios, a nuestros enemigos de ayer.
Debemos movilizar a todas las personas aptas para el trabajo y obligarles a
trabajar con nosotros. Debemos barrer a toda costa de la faz de la tierra los
restos de la política de los mencheviques y eseristas, que habla de la libertad
individual, etc., porque esa política nos condena al hambre. Hay que mantener esta
actitud en toda nuestra labor. La parte avanzada del proletariado asume la
dirección del resto de la población y dice: "Debemos lograr que
comprendáis por completo y pongáis en práctica nuestras ideas, de la misma
manera que hemos logrado que os coloquéis cada día más a nuestro lado".
En este terreno tenemos
planteada, ante todo, la tarea de limpiar Moscú de suciedad y acabar con el
abandono en que se encuentra. Hemos de hacerlo para dar un ejemplo a todo el
país, en el cual se va extendiendo más y más esa suciedad, portadora de epidemias
y enfermedades. Hay que dar este ejemplo aquí, en Moscú, un ejemplo como los
muchos que ha dado ya nuestra ciudad.
No debemos olvidar que
tenemos planteada la tarea de restablecer el transporte. Desde la primavera hay
que implantar el control de las masas obreras.
Hay que implantar este
control sobre los hortelanos de los alrededores de Moscú, que se embolsan
millones aprovechándose de que al lado suyo viven hermanos hambrientos. El
hecho de que cualquier hortelano rico pueda embolsarse sumas increíbles a costa
de sus vecinos pobres es una injusticia escandalosa que no podemos tolerar.
193
¿Qué debemos hacer? Es
preciso que los especialistas nos entreguen sus conocimientos para llevar a la
práctica nuestras ideas. Es preciso que la clase que ha renovado ahora el
Soviet de Moscú ponga manos a la obra. Es preciso que esta labor se efectúe de
manera más real y concreta que antes.
Sabemos que el número de
proletarios no es tan grande, pero sabemos también que los obreros de
Petrogrado, que marchaban en las primeras filas del Ejército Rojo, nos
entregaban sus mejores fuerzas cuando las necesitábamos; nos las entregaban
para luchar contra el enemigo y en mayor número de lo que podíamos suponer: nos
entregaban todas las fuerzas que podían. Hemos dicho que Petrogrado, Moscú e
Ivánovo-Voznesensk nos han dado un número colosal de hombres. Pero eso no
basta: deben darnos cuantos necesitamos. Hoy tenemos que aprovechar a todos los
especialistas burgueses, que adquirieron sus conocimientos en el pasado y deben
cancelar ahora su deuda con esos conocimientos. Pues bien, con la ayuda de
estos especialistas debemos realizar precisamente nuestros trabajos, con su
ayuda debemos vencer todo lo que necesitamos vencer, debemos vencer y crear
nuestras filas obreras combativas, que aprendan de ellos y los orienten, que se
dirijan siempre a los grandes medios obreros para explicar esta experiencia. Y
esto habrá de hacerlo, cueste lo que cueste, el Soviet de Moscú, uno de los
primeros por su importancia, uno de los más nutridos Soviets proletarios. Los
mil quinientos miembros efectivos del Soviet de Moscú, más los miembros
suplentes, son el instrumento que permitirá servirse de la gran masa e
incorporar infatigablemente a ésta, carente aún de experiencia, a la
administración del Estado.
Las masas obreras y
campesinas, llamadas a crear todo nuestro Estado, deben crear ahora el control
estatal. Conseguiréis el personal necesario para este control entre las masas
obreras
Discurso pronunciado en la sesión del Soviet de Moscú de
diputados obreos y soldados rojos
y campesinas, entre la
juventud obrera y campesina, en la que se han despertado en grado nunca visto
el deseo propio, la disposición y la decisión de tomar en sus manos la
administración pública. Aleccionados por la experiencia de la guerra,
promoveremos a miles de personas que han pasado por la escuela de los Soviets y
que serán capaces de dirigir el Estado. Debéis incorporar a la inspección
obrera a los obreros más medrosos, más tímidos y menos desarrollados y hacerles
subir. Que se superen en esa labor. Que al ver cómo participa la inspección
obrera en los asuntos del Estado pasen paulatinamente de las ocupaciones más
sencillas para las que son capaces — al principio sólo como testigos— a
desempeñar funciones más importantes en los asuntos públicos. Así extraeréis,
de manantiales caudalosos, ayudantes que echarán sobre sus hombros la carga del
Estado, que acudirán a ayudar y a trabajar. Necesitamos decenas de miles de
nuevos obreros avanzados. Apoyaos en los obreros y campesinos que no pertenecen
al partido, apoyaos en ellos porque nuestro partido, rodeado de enemigos,
deberá seguir siendo reducido. En un período en el que los elementos hostiles,
recurriendo a todos los medios de lucha, engaño y provocación, tratan de
pegarse a nosotros y aprovechar la situación de que el partido gobernante
ofrece ciertas ventajas, hay que actuar ligados a los sin partido. Las leyes
relativas a la inspección obrera y campesina dan derecho a incorporar a la
administración del Estado a representantes de los obreros y campesinos sin
partido y sus conferencias. En este organismo tenéis uno de los medios que
permitirá aumentar el número de obreros y campesinos para que en el transcurso
de varios años conquistemos la victoria en el frente interior. Esta victoria
tardará mucho aún en manifestarse de manera tan simple, decidida y clara como
en el frente militar. Esta victoria requiere vigilancia y esfuerzos, y podréis
asegurarla si cumplís las tareas de la construcción de Moscú y sus afueras y si
ayudáis a la labor general de restablecer el transporte, de crear de nuevo la
organización económica de conjunto que nos permitirá librarnos de la influencia
directa e indirecta de los especuladores y vencer las viejas tradiciones del
capitalismo. No nos dé pena emplear en eso varios años. Incluso en tales
circunstancias semejantes transformaciones sociales serán inusitadas, y sería
un gran error marcarse en este terreno tareas a corto plazo.
Permitidme que termine
expresando la esperanza y la seguridad de que el nuevo Soviet de Moscú,
teniendo en cuenta toda la experiencia adquirida por sus anteriores componentes
en el proceso de la guerra civil, extraerá nuevas fuerzas de entre la juventud y
emprenderá la edificación económica con la misma energía y firmeza, con la
misma tenacidad con que emprendimos la obra militar, para obtener victorias no
brillantes, pero, en cambio, más sólidas y sustanciales.
Publicado íntegramente por vez primera en 1921, en el libro "Actas taquigráficas de las sesiones del Pleno del
Soviet de Moscú de diputados obreros, campesinos y soldados rojos". Moscú.
T. 40, págs. 195-202.
Discurso
pronunciado en la sesión solemna del Soviet de Moscú,.......
194
DISCURSO PRONUNCIADO EN LA SESIÓN
SOLEMNE DEL SOVIET DE MOSCÚ, CONSAGRADA AL I ANIVERSARIO DE LA III
INTERNACIONAL.
6 de marzo de 1920.
Camaradas: Desde la
fundación de la Internacional Comunista ha transcurrido un año. En este tiempo,
la Internacional Comunista ha conquistado victorias que no se podían esperar, y
se puede decir sin temor que nadie esperaba éxitos tan grandes al fundarla.
Al principio de la
revolución, muchos abrigaban la esperanza de que en Europa Occidental empezaría
la revolución socialista inmediatamente después de terminada la guerra
imperialista, pues en aquel momento, en que las masas estaban armadas, la
revolución se podía haber llevado a cabo con el mayor éxito también en varios
países de Occidente. Hubiera podido suceder así de no haber resultado que en
Europa Occidental era más profunda la escisión del proletariado y mayor la
traición de los ex jefes socialistas de lo que cabía suponer.
No sabemos con exactitud
hasta el momento presente cómo se ha efectuado la desmovilización y cómo
transcurre la liquidación de la guerra. No sabemos, por ejemplo, qué ha
sucedido en Holanda.
Sólo por un artículo, en el
que se habla del discurso de un comunista holandés, por un artículo, como otros
muchos publicados, he tenido ocasión de enterarme casualmente de que en
Holanda, país neutral que estuvo menos complicado en la guerra imperialista, el
movimiento revolucionario llegó a adquirir tal magnitud que ya se había
empezado a formar los Soviets, y Troelstra, una de las figuras más importantes
de la socialdemocracia oportunista holandesa, ha reconocido que los obreros
podían haber tomado el poder.
Si la Internacional no
hubiera estado en manos de traidores, que salvaron a la burguesía en el momento
crítico, habría habido muchas probabilidades de que, nada más terminada la
guerra, la revolución se realizara rápidamente en numerosos países beligerantes,
así como en algunos neutrales, en los que el pueblo estaba armado, y entonces
el resultado habría sido otro.
Pero no fue así, no se
consiguió hacer la revolución a un ritmo tan acelerado, y se ha de recorrer
todo el camino de desarrollo que nosotros hubimos de emprender antes aún de la
primera revolución, antes de 1905, y sólo merced a que transcurrieron más de
diez años hasta 1917 fuimos capaces de dirigir al proletariado.
En 1905 se hizo, por decirlo
así, el ensayo de la revolución, y gracias en parte a ello se logró en Rusia
aprovechar el momento de la bancarrota de la guerra imperialista, bancarrota
que dio el poder al proletariado. Debido a los acontecimientos históricos,
debido a la podredumbre completa de la autocracia, logramos comenzar la
revolución con facilidad; pero cuanto más fácil nos fue comenzarla, tanto más
difícil le es continuarla a este país solo, y en este año transcurrido podemos
decirnos que en otros países más industrializados, donde los obreros están más
desarrollados, donde son más numerosos, el desenvolvimiento de la revolución ha
ido por un camino más lento. Ha ido por nuestro camino, pero con mucha mayor
lentitud.
Los obreros prosiguen este
lento camino, abriendo paso a la victoria del proletariado, que se avecina con
rapidez indudablemente mayor que en nuestro país, pues cuando uno mira a la
III
Internacional,
se asombra de la celeridad con que se extiende ésta, avanzando de victoria en
victoria.
Discurso
pronunciado en la sesión solemna del Soviet de Moscú,.......
Mirad cómo se difunden por
todo el mundo nuestras extrañas palabras, como "bolchevismo". A pesar
de que nos llamamos Partido Comunista, de que la denominación
"comunista" es la científica, admitida en toda Europa, está menos
extendida en ésta y en otros países que la palabra "bolchevique".
Nuestro vocablo ruso "Soviet" es uno de los más extendidos, no se
traduce siquiera a otras lenguas, se pronuncia en ruso en todas partes.
A pesar de la mendacidad de
la prensa burguesa, a pesar de la furiosa resistencia que ha ofrecido toda la
burguesía, las simpatías de las masas obreras están por los Soviets, por el
Poder soviético y el bolchevismo. Cuanto más ha mentido la burguesía, tanto más
ha contribuido a difundir por todo el mundo la experiencia que hemos hecho con
Kerenski.
Parte de los bolcheviques
que llegaron de Alemania fueron recibidos en Rusia con ataques y persecuciones
organizados en esta "república democrática" puramente a lo
estadounidense, y Kerenski, los eseristas y los mencheviques contribuyeron a
ello por todos los medios. De esta forma, agitaron a las capas del proletariado
y les hicieron pensar que si los bolcheviques eran tan perseguidos, eso
significaba que eran buenos. (Aplausos.)
195
Y cuando uno recibe de vez
en vez noticias sueltas del extranjero; cuando, al no poder estar al tanto de
toda la prensa, lee uno, por ejemplo, un número de Times, el periódico más rico de Inglaterra; cuando uno lee cómo se
citan allí palabras bolcheviques para demostrar que los bolcheviques
propugnaban la guerra civil ya durante la contienda mundial, llega a la
conclusión de que hasta los representantes más inteligentes de la burguesía han
perdido la cabeza totalmente. Si este periódico inglés destaca el libro Contra la corriente, lo recomienda a los
lectores ingleses y extrae citas de él para mostrar que los bolcheviques son lo
peor de lo peor entre la gente, que dicen que la guerra imperialista es
criminal y predican la guerra civil, uno se convence de que toda la burguesía,
que nos odia, nos ayuda.
¡Nuestra reverencia y gratitud! (Aplausos.)
No tenemos prensa diaria ni
en Europa ni en América, la información de nuestra obra es muy parca, nuestros
camaradas son perseguidos con el mayor ensañamiento. Pero cuando uno ve que la
riquísima prensa imperialista de los aliados, de la que extraen sus noticias
centenares de miles de otros periódicos, ha perdido la noción de la medida
hasta tal punto que, deseando fulminar a los bolcheviques, expone abundantes
citas de las obras de los bolcheviques, extrayéndolas de ediciones publicadas
durante la guerra, para demostrar que nosotros calificábamos de criminal la
guerra y aspirábamos a convertirla en civil, eso quiere decir que estos
inteligentísimos señores se volverán tan tontos como nuestro Kerenski y sus
secuaces. Por eso podemos dar garantía de que estas personas, dirigentes del
imperialismo inglés, ejecutarán su obra de ayuda a la revolución comunista
limpia y sólidamente. (Aplausos.)
Camaradas: Antes de la
guerra parecía que la división principal en el movimiento obrero era la
división en socialistas y anarquistas. Y no sólo parecía, sino que era así. En
la prolongada época precedente a la guerra imperialista y a la revolución no
existía objetivamente una situación revolucionaria en la inmensa mayoría de los
países europeos. La tarea consistía en aprovechar esta labor lenta para
preparar la revolución. Los socialistas comenzaron la empresa, los anarquistas
no comprendieron esa tarea. La guerra creó una situación revolucionaria, y esta
vieja división iba caducando. Por un lado, la cúspide del anarquismo y del
socialismo se hizo chovinista, mostró qué significa defender a sus
desvalijadores burgueses contra otros desvalijadores burgueses, por causa de
los cuales la guerra sacrificó a millones de seres. Por otro lado, en la base
de los viejos partidos surgieron nuevas tendencias: contra la guerra, contra el
imperialismo, por la revolución social. Así pues, a causa de la guerra se
desencadenó la crisis más profunda, y los anarquistas y los socialistas se
escindieron porque las capas superiores de los jefes parlamentarios de los
socialistas se
Discurso
pronunciado en la sesión solemna del Soviet de Moscú,.......
colocaron en el flanco de
los chovinistas, y en la base una minoría en constante crecimiento fue
apartándose de ellos y empezó a pasarse al lado de la revolución.
De esta suerte, el
movimiento obrero de todos los países tomó otros derroteros, no los derroteros
de los anarquistas ni de los socialistas, sino derroteros capaces de llevar a
la dictadura del proletariado. Esta escisión apuntó y se inició en todo el mundo
antes de fundarse la III Internacional.
Si hemos tenido éxito ha
sido porque hemos actuado cuando la situación era revolucionaria y cuando el
movimiento obrero existía ya en todos los países, y por eso vemos ahora que
dentro del socialismo y del anarquismo se ha producido una escisión. Ello da
lugar en el mundo entero a que los obreros comunistas participen en la
formación de nuevas organizaciones y a que éstas se agrupen en la III
Internacional. Este enfoque es el más acertado.
Si vuelven a surgir
discrepancias, por ejemplo, sobre el aprovechamiento del parlamentarismo,
después de la experiencia de la revolución rusa y de la guerra civil, después
de que la figura de Liebknecht se ha erguido ante todo el mundo y se ha puesto
en claro su papel y su importancia entre los representantes del
parlamentarismo, es absurdo negar el empleo revolucionario del parlamentarismo.
Para los representantes de la vieja formación ha quedado claro que no se puede
plantear como antes la cuestión del Estado; debido al movimiento revolucionario
ha venido al mundo otro planteamiento nuevo, práctico, en lugar del viejo,
libresco.
Hay que contraponer la
fuerza unida y centralizada del proletariado a toda la fuerza unida y
centralizada de la burguesía. Ahora, pues, la cuestión del Estado se plantea de
otra manera, la vieja discrepancia empieza a perder su sentido. En lugar de la
vieja división del movimiento obrero han surgido otras divisiones y lo
principal que las determina es la actitud que se adopte ante el Poder soviético
y la dictadura del proletariado.
La Constitución soviética ha
mostrado con evidencia la obra de la revolución rusa. Nuestra experiencia y el
estudio de nuestra experiencia demuestran que todos los grupos de viejas tareas
se reducen a una: por qué se está, por el Poder soviético o contra él, por el
poder de la burguesía, por la democracia, por las formas de democracia que,
prometiendo la igualdad de los ahítos y los hambrientos, del capitalista y el
obrero en la emisión del voto, la igualdad de los explotadores y los
explotados, ocultan la esclavitud capitalista, o por el poder del proletariado,
por el aplastamiento implacable de los explotadores, por el Estado soviético.
196
Por la democracia burguesa
pueden estar únicamente los partidarios de la esclavitud capitalista. Lo vemos
en las publicaciones de los guardias blancos de Kolchak y Denikin. Tras limpiar
múltiples ciudades rusas de esa inmundicia, se han reunido sus publicaciones y
se llevan a Moscú. Pueden verse los escritos de intelectuales rusos como
Chírikov o de pensadores burgueses como E. Trubetskói, y es curioso observar
sus razonamientos sobre la Asamblea Constituyente, sobre la igualdad, etc., en
ayuda de Denikin. Estos juicios sobre la Constituyente vienen en apoyo nuestro;
cuando efectuaron esa agitación entre las masas de guardias blancos nos
prestaron una ayuda, igual que nos ayudó coda la marcha de la guerra civil y el
curso de los acontecimientos. Ellos mismos demostraron con sus argumentos que
por el Poder de los Soviets están los revolucionarios sinceros, simpatizantes
con la lucha contra los capitalistas. Esto se manifestó con todo relieve
durante la guerra civil.
Oponerse a la necesidad del
poder central, de la dictadura y de la voluntad única para que el destacamento
de vanguardia del proletariado se cohesione, desarrolle y organice el Estado
sobre bases nuevas, manteniendo firmemente el poder en sus manos, y exponer
razonamientos sobre este tema es imposible después de la experiencia vivida,
después de lo ocurrido en Rusia, en Finlandia y en Hungría, después del año de
experiencia obtenida en las
Discurso
pronunciado en la sesión solemna del Soviet de Moscú,.......
repúblicas democráticas y en
Alemania. La democracia se ha desenmascarado a sí misma definitivamente; he ahí
por qué han brotado inconteniblemente en todos los países y en las formas más
distintas numerosos síntomas de robustecimiento del movimiento comunista en pro
del Poder de los Soviets, de la dictadura del proletariado.
Este ascenso ha llegado a
tal punto que partidos como los independientes de Alemania y el Partido
Socialista Francés, en los que dominan jefes del viejo tipo, que no han
comprendido ni la agitación nueva ni las condiciones nuevas, que no han
modificado un ápice la actividad parlamentaria, sino que hacen de ella un
recurso para desentenderse de las tareas importantes con palabras vanas y
distraer a los obreros con debates parlamentarios, hasta estos jefes se han
visto forzados a reconocer la dictadura del proletariado y el Poder de los
Soviets. Débese ello a que la masa de obreros, que hace sentir su presencia,
les ha obligado a obrar así.
Sabréis, por los discursos
de otros camaradas, que este fenómeno producido en el partido alemán de los
independientes, este reconocimiento de la dictadura del proletariado y del
Poder soviético ha sido el golpe de gracia asestado a la II Internacional. Teniendo
en cuenta el estado de las cosas, se puede decir que a la II Internacional se
le ha dado muerte, y las masas obreras de Alemania, Inglaterra y Francia se
colocan al lado de los comunistas. En Inglaterra existe también un partido de
independientes, que sigue manteniendo el punto de vista de la legalidad y
condenando las violencias de los bolcheviques. Recientemente ha aparecido en su
periódico una sección de discusiones. Discusión significa debate. Pues bien,
allí se debate la cuestión de los Soviets, y al lado de un artículo impreso
sobre este tema en los periódicos ingleses obreros vemos otro artículo de un
inglés que no quiere tener en cuenta la teoría del socialismo, sino que
conserva el estúpido menosprecio de antaño por la teoría, mas, teniendo presente
las condiciones de la vida inglesa, saca una consecuencia concreta y dice: no
podemos condenar los Soviets, debemos estar en favor de ellos.
Eso es síntoma de que hasta
en las capas atrasadas de los obreros, en países como Inglaterra, ha empezado a
producirse un progreso, y puede decirse que las viejas formas del socialismo
están muertas para siempre.
Europa camina hacia la
revolución de manera distinta a como lo hemos hecho nosotros, pero, en esencia,
está pasando por lo mismo. Cada país debe llevar a su manera, y ha empezado a
llevar, la lucha interna contra los mencheviques propios, contra el oportunismo
y los eseristas propios, que existen con otros nombres y en mayor o menor grado
en todos los países.
Y precisamente porque viven
ellos mismos esa experiencia puede darse garantía de que la victoria de la
revolución comunista en todos los países es inevitable, y cuantas más
vacilaciones e incertidumbres haya en las filas de los enemigos, que se
expresan en declarar que los bolcheviques son unos criminales y que ellos no
concertarán nunca la paz con nosotros, tanto mejor para nosotros.
Ahora dicen: de comerciar,
lo haremos sin reconocer a los bolcheviques. No tenemos nada en contra: prueben
ustedes, señores. En cuanto a lo de no reconocernos, lo comprendemos.
Consideraríamos un error por parte de ustedes el que nos reconocieran. Pero si
se han hecho un embrollo tan grande que primero llaman a los bolcheviques
infractores de todas las leyes divinas y humanas, declaran que no conversarán
ni harán las paces con nosotros, y luego dicen que procederán al intercambio
sin reconocer nuestra política, eso es una victoria tan grande para nosotros
que impulsará el movimiento comunista y lo profundizará en las masas populares
de cada país. Es tan hondo este movimiento que, aparte de los adheridos
oficialmente a la III Internacional, se ha perfilado toda una serie de
movimientos en los países adelantados, movimientos que, sin ser ni socialistas
ni comunistas, y prosiguiendo la condena del bolchevismo, se aproximan a éste
en virtud del curso de los acontecimientos.
197
Discurso
pronunciado en la sesión solemna del Soviet de Moscú,.......
La guerra en el siglo XX en
un país civilizado obliga a los gobiernos a desenmascararse. En un periódico
francés se han publicado unos documentos del ex emperador austríaco Carlos, que
propuso a Francia firmar la paz en 1916. Ahora se ha publicado esta carta y los
obreros se dirigen al líder de los socialistas, a Albert Thomas, y le
preguntan: Usted estaba entonces en el gobierno, y a su gobierno le propusieron
la paz. ¿Qué hizo usted entonces? Cuando le preguntaron eso, no respondió.
Esos desenmascaramientos
empiezan sólo ahora. Las masas populares saben de qué va, y en Europa y América
no pueden tener la vieja actitud frente a la guerra. Preguntan en aras de qué
se inmoló a diez millones de personas y se mutiló a otros veinte millones.
Hacer esta pregunta significa empujar a las masas populares a que se vuelvan
hacia la dictadura del proletariado. Hacer esta pregunta significa responder:
se sacrificó a diez millones de hombres y se mutiló a otros veinte millones
para decidir quiénes se enriquecerían más, los capitalistas alemanes o los
ingleses. Esa es la verdad, y por mucho que la hayan ocultado, se abre camino.
La bancarrota de los
gobiernos capitalistas es ineludible, pues todo el mundo ve que es inevitable
otra guerra igual si los imperialistas y la burguesía siguen en el poder. Entre
Japón y Norteamérica surgen nuevos litigios y conflictos. Son consecuencia de
los decenios de historia diplomática de ambos países. Las guerras son
inevitables sobre la base de la propiedad privada. La guerra entre Inglaterra,
que ha arramblado con las colonias, y Francia, que se considera engañada, es
inevitable. Nadie sabe dónde y cómo estallará, pero todos ven, saben y hablan
de que la guerra es inevitable y se está preparando de nuevo.
Esta situación existente en
el siglo XX en países sin analfabetos nos da garantía de que no se puede hablar
siquiera del reformismo y del anarquismo de antaño. La guerra acabó con ellos.
No es lícito hablar de transformar con reformas la sociedad capitalista, que ha
invertido centenares de miles de millones de rublos en la guerra, hablar de
transformar esta sociedad sin poder revolucionario y sin violencia, sin las
mayores conmociones. A quien hable y piense así no se le puede tomar en serio.
La Internacional Comunista
es fuerte porque se apoya en las enseñanzas de la hecatombe imperialista
mundial. La experiencia de millones de personas confirma más y más en cada país
lo acertado de su posición, y hoy el movimiento hacia ella es cien veces más
amplio y profundo. Este movimiento, en el curso de un año, ha llevado a la
bancarrota total de la II Internacional.
No hay un solo país en el
mundo, incluso el menos desarrollado, en el que no se hayan adherido
ideológicamente a la Internacional Comunista todos los obreros que piensan. En
eso está la garantía plena de que la victoria de la Internacional Comunista en
el mundo entero en un plazo no muy lejano es segura. (Aplausos.)
Publicado íntegramente el 14 de junio de 1920 en el
núm. 10 de la revista "La Internacional Comunista". Firmado: N.
Lenin.
T. 40, págs. 203-211.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
198
IX CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA.
29 de marzo-5 de
abril de 1920.
1. Discurso de
apertura del congreso, 29 de marzo.
Permitidme, en primer
término, que salude en nombre del CC del PCR a los delegados que han venido al
congreso del partido.
Camaradas: Inauguramos el
congreso ordinario del partido en un momento importante en grad superlativo. El
desarrollo interno de nuestra revolución nos ha llevado a grandes y rápidas
victorias sobre el enemigo en la guerra civil. Y en virtud de la situación
internacional, estas victorias no han sido otra cosa que el triunfo de la
revolución soviética en el primer país que ha llevado a cabo esta revolución,
en el país más débil y atrasado; un triunfo sobre el capitalismo y el
imperialismo mundiales unidos. Después de estas victorias, podemos emprender
ahora con seguridad firme y serena las tareas inmediatas de la edificación
económica pacífica, con la seguridad de que el presente congreso hará el
balance de más de dos años de experiencia de labor soviética y sabrá aprovechar
las enseñanzas adquiridas para cumplir la tarea inmediata, más difícil y
complicada, de la edificación económica. En el aspecto internacional, nuestra
situación no ha sido nunca tan favorable como ahora, y nos llenan de singular
alegría y nos dan ánimos las noticias que recibimos cada día de Alemania, las
cuales muestran que por difícil y doloroso que sea el nacimiento de la
revolución socialista, el Poder soviético proletario en Alemania crece de
manera incontenible.
La korniloviada alemana ha
desempeñado en Alemania el mismo papel que en Rusia. Después de la korniloviada
ha empezado el viraje hacia el poder obrero no sólo entre las masas de los
obreros urbanos, sino también entre el proletariado agrícola de Alemania. Y
este viraje tiene una importancia histórica universal. No sólo confirma una y
otra vez de manera absoluta la justedad del camino elegido, sino que nos da
también la seguridad de que no está lejos el día en que marcharemos hombro a
hombro con el Gobierno soviético alemán. (Aplausos.)
Declaro abierto el congreso y ruego que se proceda a elegir la
presidencia.
2. Informe del Comité
Central, 29 de marzo.
Camaradas: Antes de empezar
mi informe debo advertir que, lo mismo que en el congreso anterior, está
dividido en dos partes: una dedicada a las cuestiones políticas y otra a las de
organización. Esta división hace pensar ante todo en cómo se ha desplegado el
trabajo del
CC
desde
el punto de vista exterior, de organización. Nuestro partido acaba de vivir el
primer año sin Y. M. Sverdlov, y esta pérdida no podía por menos de repercutir
en toda la organización del CC. Nadie como el camarada Sverdlov sabía coordinar
el trabajo político con el de organización, y nosotros hemos tenido que hacer
el intento de remplazar su trabajo personal por el de un organismo colegiado.
La labor del CC durante el año de que
rendimos cuenta ha sido realizada en lo referente a la acción diaria,
corriente, por dos organismos elegidos en el Pleno del CC: el Buró de
IX Congreso del PC(b) de Rusia
Organización del CC y el
Buró Político del CC107. Debo advertir que para la coordinación
y continuidad de los acuerdos de ambos organismos, el secretario formaba parte
de los dos burós. La tarea principal del Buró de Organización consistía
esencialmente en distribuir las fuerzas del partido; y la del Buró Político, en
examinar los asuntos políticos. De por sí se comprende que esta división es,
hasta cierto punto, artificial, que no es posible llevar a cabo ninguna
política sin expresarla en nombramientos y traslados. Por consiguiente, toda
cuestión de organización adquiere una significación política y en la práctica
se ha establecido entre nosotros la norma de que basta la demanda de un miembro
del CC para que cualquier cuestión sea examinada, por unas u otras
consideraciones, como una cuestión política. No parecía conveniente intentar
delimitar las actividades del CC de algún otro modo; además era dudoso que se
consiguiese en la práctica el objetivo.
El método señalado de
gestión ha dado resultados extraordinariamente favorables: no se registra
ningún caso en que haya habido algún rozamiento entre uno y otro buró. En
general, el trabajo de ambos organismos ha transcurrido en buena armonía y la
aplicación práctica de sus acuerdos ha sido facilitada por la presencia del
secretario del partido, que ejecutaba entera y exclusivamente la voluntad del
CC. Es preciso subrayar desde el comienzo, para descartar toda interpretación
equívoca, que el secretario del CC del partido llevaba a la práctica
exclusivamente los acuerdos colectivos del CC, adoptados por el Buró de
Organización, por el Buró Político, o bien por el Pleno del CC. De otra forma,
el trabajo del CC no puede desenvolverse acertadamente.
199
Después de estas breves
advertencias sobre la división interior del trabajo del CC, paso a mi tarea, al
informe del CC. Rendir cuenta del trabajo político del CC es una empresa muy
difícil, si se la entiende en el sentido literal de la palabra. Una gran parte
del trabajo del Buró Político durante el año se redujo a la solución corriente
de todas las cuestiones relacionadas con la política, de todas las cuestiones
que abarcan las actividades de todos los organismos de los Soviets y del
partido, de todas las organizaciones de la clase obrera, de todas las
cuestiones que coordinan y tratan de orientar toda la labor de la República
Soviética. El Buró Político se ocupaba de resolver todos los problemas
concernientes a la política exterior e interior. Naturalmente, es imposible
pretender enumerar aproximadamente estas cuestiones. En el material impreso por
el CC para el congreso encontraréis los datos precisos para un resumen.
Intentar repetir este resumen en el informe está por encima de mis fuerzas y me
parece que carecería de interés para los delegados. Trabajando en esta o en la
otra organización de los Soviets o del partido, cada uno de nosotros sigue
diariamente la sucesión sorprendente de las cuestiones políticas exteriores e
interiores. La solución misma de estos problemas, tal como quedó expresada en
los decretos del Poder soviético, en las actividades de las organizaciones del
partido, en cada viraje, ha reflejado la postura del CC. Es preciso señalar que
eran tan numerosas las cuestiones que, muy a menudo, hubieron de ser resueltas
con extraordinaria premura, y únicamente debido a que los miembros de la
colectividad se conocían bien entre sí, a que conocían los matices de las
opiniones, a que había confianza mutua, pudo realizarse la labor. De lo
contrario, hubiera excedido las fuerzas incluso de una colectividad tres veces
más numerosa. Con frecuencia se tuvo que resolver cuestiones complicadas
sustituyendo las reuniones con conferencias telefónicas. Lo hacíamos con la
seguridad de que no serían eludidas ciertas cuestiones manifiestamente
complicadas y discutibles. Ahora, cuando tengo que presentar el informe
general, me permitiré, en vez de pasar revista cronológica a las materias,
clasificándolas por asuntos, examinar los hechos principales, los más esenciales,
los que ligan la experiencia de ayer, o, más exactamente, la experiencia del
año transcurrido con las tareas a realizar.
![]()
107 El
Buró Político y el Buró de Organización del CC del PC(b)R fueron creados como órganos permanentes
el 25 de marzo de 1919, en el primer Pleno del CC elegido por el VIII Congreso
del partido, según la resolución del VIII Congreso del partido sobre cuestiones
de organización.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
No ha llegado todavía el
momento de escribir la historia del Poder de los Soviets. Y aun en el caso de
que hubiese llegado, nosotros —lo digo por mí y, creo, también por el CC— no
nos proponemos ser los historiadores; lo que nos interesa es el presente y el
futuro. Tomamos el año de que damos cuenta como material, como enseñanza, como
escalón para dar el paso siguiente. Desde este punto de vista, la labor del CC
se divide en dos grandes ramas; la relacionada con tareas militares que
determinan la situación internacional de la república, y la de orden interior,
de la construcción económica pacífica, que ha empezado a pasar a primer plano
quizás sólo desde fines del año pasado o principios del año corriente, al
quedar completamente claro que hemos obtenido un triunfo decisivo en los
frentes decisivos de la guerra civil. En la primavera del año pasado nuestra
situación militar era extremadamente difícil, hubimos de sufrir, como
recordaréis, no pocas derrotas, nuevas ofensivas formidables de los
representantes de la contrarrevolución y de la Entente, ofensivas que antes no
esperábamos y que no podíamos prever. Es, pues, completamente natural que la
mayor parte de ese período haya transcurrido estando nosotros consagrados a las
tareas de orden militar, de la guerra civil, tareas que parecían irrealizables
a los pusilánimes, y no hablemos ya del partido de los mencheviques, de los
eseristas y de otros representantes de la democracia pequeñoburguesa, de la
masa de elementos intermedios, tareas que hacían a estos elementos afirmar
sinceramente que eran insuperables, que Rusia era un país atrasado y debilitado
y que no podría vencer al régimen capitalista de todo el mundo, dado que la
revolución tardaba en producirse en el Occidente. Razón por la cual,
permaneciendo en nuestras posiciones, expresándonos con toda firmeza y
manteniendo la absoluta seguridad en ello, tuvimos que decir que venceríamos,
tuvimos que aplicar las consignas: "¡Todo para la victoria!" y
"¡Todo para la guerra!"
En nombre de estas consignas
tuvimos que sacrificar, de un modo completamente consciente y franco, la
satisfacción de toda una serie de necesidades vitales, dejando muy a menudo sin
ayuda a muchísima gente, pues estábamos seguros de que debíamos concentrar
todas las fuerzas en la guerra y vencer en esta guerra que nos había sido
impuesta por la Entente. Y únicamente gracias a que el partido permanecía
alerta, a que el partido mantenía la más rigurosa disciplina, gracias a que la
autoridad del partido unía a todas las instituciones y organismos y a que
decenas, centenares, millares y, en suma, millones seguían como un solo hombre
la consigna lanzada por el CC, únicamente debido a que se han hecho sacrificios
inauditos, ha podido suceder el milagro que se ha producido. Únicamente por eso
hemos podido vencer las reiteradas campañas de los imperialistas de la Entente
y de los imperialistas del mundo entero.
200
Y, huelga decirlo, no sólo
hacemos resaltar este aspecto de la cuestión, sino que debemos tener presente
que este aspecto es una lección que nos enseña que sin disciplina y sin
centralización nunca habríamos podido cumplir esta tarea. Los infinitos sacrificios
que hemos hecho para salvar de la contrarrevolución al país, para que la
revolución rusa triunfase sobre Denikin, Yudénich y Kolchak, es una garantía de
la revolución social mundial. Para eso eran precisas la disciplina en el
partido, la centralización más rigurosa, la seguridad absoluta de que los
durísimos sacrificios de decenas y centenares de miles de hombres contribuirían
a la realización de todas esas tareas, de que eso, efectivamente, podía hacerse
y sería hecho con toda seguridad. Mas para ello era necesario que nuestro
partido y la clase que ejerce la dictadura, la clase obrera, fuesen elementos
que aglutinasen a millones y millones de trabajadores, tanto en Rusia como en
todo el mundo.
Si meditamos en la causa más
profunda que, en fin de cuentas, hizo posible que se produjese este milagro
histórico —el triunfo de un país débil, extenuado, atrasado, sobre los países
más poderosos del mundo—, veremos que esa causa reside en la centralización, en
la disciplina y en la abnegación sin precedentes. ¿Sobre qué base? Millones de
trabajadores han podido llegar, en el país menos instruido, a la organización,
a la realización de esta disciplina y de
IX Congreso del PC(b) de Rusia
esta centralización sólo
merced al hecho de que los obreros, que cursaron la escuela del capitalismo,
habían sido unidos por el capitalismo, de que el proletariado de todos los
países avanzados se unía en tanta mayor proporción cuanto más avanzado era el
país; y, por otra parte, debido a que la propiedad, la propiedad capitalista,
la pequeña propiedad en la producción mercantil, divide. La propiedad divide, y
nosotros vamos uniendo y uniendo a un número cada vez mayor de millones de
trabajadores en todo el mundo. Puede decirse que ahora lo ven hasta los ciegos,
cuando menos aquellos que no lo querían ver. Cuanto más tiempo pasaba, tanto
más se dividían nuestros enemigos. Los dividía la propiedad capitalista, la
propiedad privada bajo el régimen de la producción mercantil, ya fueran
pequeños agricultores que especulan con la venta de los sobrantes del trigo y
se lucran a expensas de los obreros hambrientos, ya fueran capitalistas de
diversos países, aunque tuvieran potencia militar, aunque crearan la "Sociedad
de Naciones", la "gran liga única" de todas las naciones
avanzadas del mundo. Semejante unidad es pura ficción, un engaño total, una
mentira continua. Y nosotros hemos visto —¡grandioso ejemplo!— que esta famosa
"Sociedad de
Naciones" que intentaba
distribuir los mandatos para administrar los Estados y repartir el mundo, que
esta famosa liga resultó ser una pompa de jabón que se deshizo en seguida,
debido a que la basaban sobre la propiedad capitalista. Lo hemos visto en la
mayor escala histórica; esto confirma la verdad esencial, en cuyo
reconocimiento basamos nuestra razón, nuestra absoluta seguridad en el triunfo
de la Revolución de Octubre, nuestra seguridad de que estamos acometiendo una
tarea a la cual, a pesar de su dificultad, a pesar de todos los obstáculos, se
irán incorporando millones y millones de trabajadores de todos los países.
Sabíamos que tenemos aliados y que es preciso dar ejemplo de abnegación en un
país al que la historia ha encomendado una honrosa misión, una misión
dificilísima, para que los inauditos sacrificios sean recompensados mil veces,
porque cada nuevo mes que vivamos en nuestro país nos dará millones y millones
de aliados en todos los países.
Si, en resumidas cuentas,
pensamos en la causa de nuestro triunfo, en la causa de que pudiéramos y
debiéramos triunfar, veremos que ello se debe únicamente a que todos nuestros
enemigos, formalmente ligados por vínculos de toda clase con los gobiernos y con
los representantes del capital más poderosos del mundo —por más fuerte que
fuese esta ligazón formal —, resultaron estar divididos; su trabazón interna,
en el fondo, los dividía, los arrojaba a los unos contra los otros, y la
propiedad capitalista los disgregaba, haciendo que de aliados se convirtieran
en fieras salvajes, haciendo posible que no vieran cómo la Rusia Soviética
aumentaba el número de sus partidarios entre los soldados ingleses
desembarcados en Arjánguelsk, entre los marinos franceses desembarcados en
Sebastopol, entre los obreros de todos los países donde los socialconciliadores
tomaron el partido del capital, en todos los países avanzados sin excepción. Y
esta causa fundamental, la más profunda, es la que, en última instancia, nos ha
dado el triunfo más seguro; fue y continúa siendo la fuente principal,
invencible, inagotable, que nos brinda fuerzas y nos permite decir que cuando
realicemos en nuestro país plenamente la dictadura del proletariado, la unión
más amplia de las fuerzas del mismo, a través de su vanguardia, a través de su
partido avanzado, podremos esperar la revolución mundial. Y, en efecto, esto es
la expresión de la voluntad, la expresión de la decisión proletaria de ir a la
lucha, la expresión de la decisión proletaria de unir a millones y millones de
obreros en todos los países.
Los señores burgueses y los
seudosocialistas de la II Internacional dicen que esto es fraseología con fines
de agitación. No, esto es una realidad histórica confirmada por la sangrienta y
dura experiencia de la guerra civil en Rusia, porque esta guerra civil ha sido
una guerra contra el capital mundial, y este capital se disgregaba por sí mismo
en la contienda, devorándose a sí mismo, mientras que nosotros salimos más
curtidos, más fuertes en un país en que el proletariado moría de hambre y de
tifus exantemático.
201
IX Congreso del PC(b) de Rusia
En este
país hemos ganado nuevos y nuevos contingentes de trabajadores. Lo que
anteriormente les parecía a los conciliadores fraseología de agitación, lo que
la burguesía acostumbraba a poner en ridículo, ha sido transformado
definitivamente por este año de nuestra revolución, del que rendimos cuenta, en
un hecho histórico innegable, el cual permite decir con la seguridad más
positiva: lo que hemos hecho confirma que nosotros tenemos una base mundial
infinitamente más amplia que cualquiera de las revoluciones precedentes.
Tenemos una alianza internacional no registrada en parte alguna, ni refrendada
oficialmente, que desde el punto de vista del "derecho público" no
representa nada, pero en realidad, en el mundo capitalista en disgregación, lo
representa todo. Cada mes, durante el cual conquistábamos posiciones o
simplemente nos manteníamos frente a un enemigo muy poderoso, iba demostrando
al mundo entero que nos asiste la razón y nos iba proporcionando nuevos
contingentes de millones de hombres.
Este proceso parecía difícil
y venía acompañado de gigantescas derrotas. Al inaudito terror blanco en
Finlandia108 siguió, precisamente durante el año de
que rendimos cuenta, la derrota de la revolución húngara, que los
representantes de la Entente han estrangulado engañando a sus parlamentos, de
acuerdo con un tratado secreto con Rumania.
Ha sido ésta la traición más
vil, una conjuración de la Entente internacional para estrangular por medio del
terror blanco la revolución húngara, sin hablar ya de que se entendieron en
todas las formas posibles con los conciliadores alemanes para ahogar la
revolución alemana109, y de que esta gente, que había
declarado a Liebknecht un alemán honrado, se
![]()
108 Lenin alude al terror blanco
desencadenado en mayo de 1918 en Finlandia después de ser aplastada la
revolución. La burguesía reprimió con inaudita saña a los trabajadores. Más de
90.000 fueron arrojados a las cárceles y los campos de concentración, cerca de
18.000 fueron ejecutados y otros tantos murieron a consecuencia del hambre y
las torturas. El número de víctimas del terror blanco fue diez veces mayor que
el de luchadores rojos caídos en los combates por la revolución.
109
Trátase de la derrota
de la revolución de noviembre de 1918 en Alemania, que había conducido al
derrocamiento de la monarquía de Guillermo II.
Los líderes derechistas de
los socialdemócratas y del centrista Partido Socialdemócrata Independiente de
Alemania empeñaron todos sus esfuerzos para salvar el régimen capitalista. Los
socialdemócratas derechistas y centristas lograron apoderarse de un número
predominante de puestos en la mayoría de los Soviets de obreros y soldados. El
Gobierno Provisional constituido el 10 de noviembre en el Pleno del Soviet de
Berlín estaba formado por socialdemócratas derechistas (F. Ebert, F.
Scheidemann, O. Landsberg) y socialdemócratas "independientes" (H.
Haase y otros), que más tarde salieron del gabinete. El programa de gobierno no
rebasaba los límites de las reformas sociales en el marco del régimen burgués.
En el I Congreso de los Soviets de toda Alemania, que tuvo lugar del 16 al 21
de diciembre de 1918 en Berlín, los líderes socialdemócratas de derecha
consiguieron que se aprobara una resolución sobre la entrega del poder
legislativo y ejecutivo al gobierno y la celebración de elecciones a la Asamblea
Constituyente, lo que significaba de hecho la liquidación de los Soviets.
La experiencia de la lucha revolucionaria de la clase obrera
alemana convenció a los espartaquistas de la necesidad de romper
definitivamente con el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania y de
formar un partido revolucionario combativo de la clase obrera. En el Congreso
Constituyente, celebrado del 30 de diciembre de 1918 al 1 de enero de 1919, los
mejores representantes de la clase obrera alemana fundaron el Partido Comunista
de Alemania. Apenas terminadas las labores del Congreso Constituyente, el joven
Partido Comunista de Alemania tuvo que soportar serias pruebas. Con el fin de
decapitar el Partido Comunista y derrotar a la vanguardia de la clase obrera,
la burguesía alemana resolvió provocar a los obreros a un levantamiento armado
prematuro. La dirección del movimiento, que comenzó el 6 de enero en Berlín,
cayó en manos de los "independientes", los cuales no organizaron
desde el comienzo mismo una ofensiva rápida y resuelta contra el enemigo y
luego entablaron traidoramente conversaciones con el gobierno. Los
destacamentos contrarrevolucionarios, acaudillados por el socialdemócrata
derechista y ministro de la Guerra G. Noske, reprimieron con saña excepcional
el movimiento del proletariado berlinés. El 15 de enero bandas armadas
detuvieron y asesinaron ferozmente a C. Liebknecht y R. Luxemburgo, líderes de
la clase obrera alemana. Con la derrota del levantamiento de enero y el
aniquilamiento de los mejores dirigentes de los obreros alemanes, la burguesía
germana logró asegurar el triunfo de los partidos burgueses en las elecciones a
la Asamblea Constituyente del 19 de enero de 1919.
Aunque la revolución en
Alemania no llegó a ser una revolución proletaria y no pudo resolver los
problemas de la emancipación nacional y social del pueblo alemán, tuvo un gran
significado progresista. A consecuencia de la revolución democrática burguesa de
noviembre, que se efectuó en cierto grado por métodos y medios proletarios, en
Alemania fue derrocada la monarquía y proclamada la república democrática
burguesa, que otorgó las libertades democráticas burguesas elementales e
implantó legislativamente la jornada de ocho horas., La revolución de
IX Congreso del PC(b) de Rusia
arrojara como perros
rabiosos, junto con los imperialistas alemanes, sobre aquel alemán honrada. Han
sobrepasado todo lo imaginable, y todos sus excesos en las represiones no han
hecho más que fortalecernos, reforzarnos, socavando el terreno bajo sus propios
pies.
Creo que lo que más debemos
tener en cuenta es esta experiencia fundamental nuestra. Ante todo debemos
pensar en basar nuestra propaganda y agitación en el análisis, en la
explicación del porqué de nuestra victoria, de por qué nuestros sacrificios en
la guerra civil han sido recompensados al céntuplo; pensar en cómo se debe
proceder para triunfar, sobre la base de esta experiencia, en la otra guerra,
en la guerra en el frente sin sangre, en la guerra que sólo ha cambiado de
forma, pero que nos hacen con mayor ahínco, furia y empeño los mismos viejos
representantes, criados y dirigentes del viejo mundo capitalista. Nuestra
revolución ha confirmado, más que ninguna otra, la ley de que la fuerza de la
revolución, el vigor de su empuje, su energía, su decisión y su triunfo
redoblan a la vez la fuerza de resistencia de la burguesía. Cuanto más
victorias obtenemos, tanto más aprenden los explotadores capitalistas a unirse
y tanto más enérgicos se hacen sus ataques. Pues todos vosotros recordaréis muy
bien —son acontecimientos recientes, desde el punto de vista del correr del
tiempo, aunque lejanos desde el punto de vista de los sucesos corrientes—,
recordaréis, digo, que el bolchevismo era considerado, al iniciarse la
Revolución de Octubre, como una curiosidad; y si en Rusia se hubo de renunciar
muy pronto a este criterio, expresión de la falta de desarrollo, de la
debilidad de la revolución proletaria, igualmente en Europa han renunciado a
ese punto de vista. El bolchevismo ha venido a ser un fenómeno mundial, la revolución
obrera ha levantado la cabeza. El sistema soviético, que creamos en octubre
siguiendo los legados del año 1905, elaborando nuestra propia experiencia, ha
resultado ser un hecho histórico y universal.
Podemos decir sin incurrir
en la menor exageración que actualmente se enfrentan, en escala universal, dos
campos con pleno conocimiento de causa. Es preciso señalar que sólo durante el
año transcurrido se han puesto frente a frente en la lucha decisiva y
definitiva y que, precisamente en estos días en que se celebra el congreso,
vivimos quizás uno de los momentos más importantes, cruciales, aún sin coronar,
de transición del estado de guerra al de paz.
Todos sabéis cómo han tenido
que proceder los jefes de las potencias imperialistas de la Entente, los cuales
gritaban a todos los vientos: "¡Nunca cesaremos la guerra contra los
usurpadores, los bandidos, los detentadores del poder, los enemigos de la
democracia, los bolcheviques!" Sabéis cómo, en un principio, levantaron el
bloqueo, cómo les fracasó el intento de unir a las pequeñas potencias, debido a
que nosotros supimos ganarnos no sólo a los obreros de todos los países, sino
que logramos también atraer a la burguesía de los pequeños países, porque los
imperialistas son opresores no sólo de los obreros de sus países, sino también
de la burguesía de los pequeños Estados. Sabéis cómo supimos atraer a nuestro
lado a la burguesía vacilante de los países avanzados, y ahora llega el momento
en que la Entente infringe sus promesas anteriores, sus postulados, viola sus
tratados, que, digámoslo de paso, ha firmado decenas de veces con distintos
guardias blancos rusos, y, actualmente, se ha quedado con un palmo de narices,
ya que ha malgastado centenares de millones en esos tratados sin poder
llevarlos a buen término.
Ahora, una vez levantado el
bloqueo, de hecho la Entente ha iniciado negociaciones de paz con la República
Soviética, sin llevarlas tampoco hasta el final, por cuya razón las pequeñas
potencias han perdido la fe en ella, han perdido la fe en su fuerza. Vemos que
la situación de la Entente, su situación exterior, no puede ser definida en
absoluto desde el punto de vista de las nociones habituales de la
jurisprudencia. Los Estados de la Entente no se encuentran
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noviembre en Alemania prestó una ayuda
sustancial a la Rusia Soviética permitiéndole anular el bandidesco Tratado de
Paz de Brest.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
en guerra ni mantienen la
paz con los bolcheviques; nos reconocen y no nos reconocen. Y este
desmoronamiento completo de nuestros enemigos, los cuales estaban seguros de
representar algo, demuestra que no representan nada salvo un puñado de fieras
capitalistas que riñen entre sí y son completamente impotentes para emprender
algo contra nosotros.
202
La situación es ahora tal
que Letonia110 nos ha hecho proposiciones oficiales de
paz y Finlandia nos ha telegrafiado hablando oficialmente de una línea de
demarcación; pero, en el fondo, esto significa el paso a una política de paz111. Por último, Polonia, esa Polonia cuyos representantes blandían
y continúan blandiendo con particular empecinamiento las armas, esa Polonia que
ha recibido y sigue recibiendo más que nadie trenes con artillería y promesas
de toda clase de ayuda con tal de que continúe la lucha contra Rusia, incluso
esa Polonia, cuyo gobierno atraviesa una situación inestable, lo que la obliga
a lanzarse a cualquier aventura bélica, incluso esa Polonia nos invita a
entablar negociaciones de paz112. Hay
que ser sumamente cautos. Nuestra política exige ante todo una actitud atenta.
Lo más difícil es encontrar una línea acertada, porque nadie sabe aún sobre qué
vía está el tren y ni siquiera el enemigo sabe qué emprenderá en lo sucesivo.
Los señores representantes de la política francesa, los que más azuzan a
Polonia, así como los dirigentes de la Polonia de los burgueses y
terratenientes, ignoran lo que seguirá más adelante, ignoran qué es lo que
quieren. Hoy dicen: "Señores, dadnos algunos trenes con cañones, algunos
centenares de millones y estamos dispuestos a hacer la guerra a los
bolcheviques". Silencian las noticias sobre las huelgas que se extienden
en Polonia, presionan a la censura para ocultar la verdad. Entretanto, el
movimiento revolucionario toma allí cada vez mayor incremento. El avance de la
revolución en Alemania, en su nueva fase, en su nueva etapa, cuando los
obreros, después de la korniloviada alemana, forman ejércitos rojos, atestigua
claramente (según los últimos telegramas recibidos de allí) que los obreros van
cobrando mayor empuje. En la conciencia de los representantes mismos de la
Polonia de la burguesía y de los terratenientes empieza a abrirse paso la idea
siguiente: "¿Y no será tarde, no surgirá la República Soviética en Polonia
antes de la redacción del acta gubernamental de paz o de guerra?" No saben
qué hacer. No saben lo que les deparará el día de mañana.
Nosotros sabemos que cada
mes acrecienta en gigantescas proporciones nuestras fuerzas y que seguirá
aumentándolas en mayor proporción aún. Por eso estamos ahora en el sentido
internacional mucho más firmes que nunca. Sin embargo, debemos prestar una atención
![]()
110 La derrota de los intervencionistas
extranjeros y los guardias blancos en 1919 y el afianzamiento de la situación
internacional de la Rusia. Soviética obligó a los medios burgueses gobernantes
de Letonia a acceder a la firma de la paz con la RSFSR. El 25 de marzo de 1920,
el Ministerio de Negocios Extranjeros de Letonia propuso al Gobierno soviético
iniciar las negociaciones de paz. El 16 de abril se abrió en Moscú la
conferencia de representantes de la RSFSR y Letonia para la conclusión del
tratado de paz y el 11 de agosto se firmó en Riga el tratado de paz con
Letonia.
111
A comienzos de 1920,
al consolidarse la situación interior e internacional de la Rusia Soviética,
las esferas gobernantes de Finlandia viéronse obligadas a acceder a la
conclusión de la paz con la RSFSR. El 25 de marzo, el Ministerio de Negocios
Extranjeros de Finlandia propuso al Gobierno soviético establecer la línea de
demarcación, lo que significaba virtualmente el comienzo de las negociaciones
de paz. El tratado de paz soviético- finlandés se firmó el 14 de octubre de
1920 en la ciudad de Yúriev (hoy Tartu). El tratado refrendó la independencia y
la soberanía de Finlandia que le otorgara el Gobierno soviético en 1917. El
tratado fue ratificado por el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia el 23 de
octubre de 1920.
112 La conformidad de Polonia con las negociaciones no pasaba de ser
una maniobra que encubría sus preparativos para la guerra contra la Rusia
Soviética. A las reiteradas propuestas del Gobierno soviético de entablar
negociaciones (22 de diciembre de 1919, 28 de enero, 2 de febrero y 6 de marzo
de 1920) el Gobierno polaco dio una contestación positiva únicamente el 27 de
marzo y propuso iniciar las negociaciones en Borísovo, ciudad próxima al
frente, suspendiendo las operaciones militares sólo en este sector. A las
propuestas soviéticas de suspender por completo las hostilidades y trasladar el
lugar de las negociaciones a cualquier Estado neutral el Gobierno polaco
respondió con una negativa que tenía carácter de ultimátum. Los círculos
reaccionarios de Polonia torpedearon las negociaciones y el 25 de abril
comenzaron la guerra contra la República Soviética. Los éxitos del Ejército
Rojo durante el otoño de 1920 obligaron al Gobierno polaco a acceder a la
conclusión del tratado de paz. El acuerdo de armisticio y de las condiciones
previas de paz se concluyó el 12 de octubre en Riga; el tratado de paz
definitivo de la RSFSR y la RSSU con Polonia se firmó en Riga el 18 de marzo de
1921.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
extraordinaria a la crisis
internacional y hallarnos dispuestos a hacer frente a cualquier sorpresa.
Polonia nos ha hecho una proposición formal de paz. Estos señores se encuentran
en una situación desesperada, hasta tal punto desesperada que sus amigos, los
monárquicos alemanes, gente mejor educada, con más experiencia política y
conocimientos, se han arriesgado a una aventura, a una korniloviada. La
burguesía polaca lanza una proposición de paz, sabiendo bien que una aventura
puede resultarle una korniloviada polaca. Conocedores de que nuestro enemigo se
encuentra en una situación desesperadamente difícil —un enemigo que ignora lo
que quiere hacer, lo que hará el día de mañana—, nosotros debemos decirnos con
toda firmeza que es posible la guerra, a pesar de la proposición de paz hecha.
No se puede prever el comportamiento futuro de nuestros enemigos. Hemos visto a
estas gentes, conocemos a estos Kerenski, a estos mencheviques, a estos
socialrevolucionarios. Durante estos dos años hemos visto sus bandazos, hoy
hacia Kolchak, mañana casi hacia los bolcheviques, luego hacia Denikin; y todo
esto se encubría con frases sobre la libertad y la democracia. Conocemos a
estos señores, y por eso nos agarramos con ambas manos a la proposición de paz,
admitiendo las mayores concesiones, seguros de que de la paz con las pequeñas
potencias ha de resultar un avance infinitamente más beneficioso que de la
guerra, porque los imperialistas se servían de la guerra para engañar a las
masas trabajadoras, para ocultar la verdad sobre la Rusia de los Soviets. Por
eso, toda paz multiplicará y ampliará cien veces nuestra influencia. En estos
últimos años nuestra influencia es ya, de por sí, grande. La
III
Internacional,
la Internacional Comunista, ha conseguido triunfos sin precedentes. Pero al
mismo tiempo sabemos que nos pueden imponer la guerra el día menos pensado.
Nuestros enemigos mismos aún ignoran de qué son capaces en este sentido.
No cabe la menor duda de que
se están haciendo preparativos bélicos. Muchos países vecinos de Rusia, y quizá
muchos de los Estados no vecinos, se están armando. Por esto se impone recurrir
ante todo a la maniobra en nuestra política internacional, atenerse con mayor
firmeza al curso tomado y estar preparados para todo. Hemos hecho la guerra por
la paz con extraordinaria energía. Esta guerra brinda magníficos resultados.
Nos hemos mostrado en este terreno de la lucha en el mejor aspecto, en todo
caso no peor que en el dominio de la actuación del Ejército Rojo, en el campo
de batalla. Pero aunque los pequeños Estados quisieran sellar la paz, no
depende de su voluntad el firmarla con nosotros. Están empeñados hasta los ojos
con los países de la Entente, los cuales riñen y rivalizan desesperadamente
entre sí. Necesitamos, por tanto, recordar que, desde el punto de vista de la
escala histórico-universal, resultante de la guerra civil y la guerra contra la
Entente, la paz, naturalmente, es posible.
203
Mas debemos acompañar
nuestros pasos hacia la paz intensificando todos nuestros preparativos
militares y sin desarmar en manera alguna a nuestro ejército. Este constituye
la garantía real de que las potencias imperialistas no harán ni el menor
intento, ni el menor atentado contra nuestro país, porque aun en el caso de que
al principio pudieran contar con algunos éxitos efímeros, ninguna podría evitar
ser derrotada por la Rusia Soviética. Debemos saberlo, esto debe ser la base de
nuestra agitación y propaganda, y para ello debemos saber prepararnos y cumplir
la tarea que, dada la creciente fatiga, obliga a unir lo uno con lo otro.
Paso a las consideraciones
esenciales de principio que nos han obligado a orientar resueltamente a las
masas trabajadoras a utilizar el ejército para solucionar los problemas
fundamentales del momento. La vieja fuente de disciplina, el capital, está debilitada,
la vieja fuente de cohesión ha desaparecido. Debemos crear una disciplina
distinta, otra fuente de disciplina y de cohesión. Lo que tiene carácter
coactivo, provoca indignación, gritos, alboroto, lamentos de la democracia
burguesa que esgrime las palabras "libertad" e "igualdad",
sin comprender que la libertad concedida al capital es un crimen contra los
obreros, que la igualdad del ahíto y el hambriento es un crimen contra los
trabajadores. En nombre de la lucha contra esta mentira nosotros adoptamos el
punto de vista de realizar el trabajo general
IX Congreso del PC(b) de Rusia
obligatorio y la unificación
de los trabajadores, sin temer en absoluto recurrir a la coacción, porque en
ninguna parte se ha producido la revolución sin utilizar la violencia, y el
proletariado tiene el derecho a ejercer actos coactivos para mantener a todo
precio lo que es suyo. Cuando los señores burgueses, los señores conciliadores,
los señores "independientes" de Alemania y Austria y los songuetistas
franceses discutían sobre el factor histórico, siempre dejaban en olvido un
factor como la decisión, la firmeza y la inflexibilidad revolucionarias del
proletariado. Y eso es precisamente la inflexibilidad y la firmeza del
proletariado de nuestro país, que se dijo a sí mismo y dijo a otros y demostró
en la práctica que antes pereceremos todos, hasta el último hombre, antes que
entregar nuestro territorio, antes que deponer nuestro principio, el principio
de la disciplina y la política firme, para la cual debemos sacrificarlo todo.
En el momento del desmoronamiento de los países capitalistas, de la disgregación
de la clase capitalista, en el momento de su desesperación y de su crisis, lo
único que decide es este factor político. Las frases sobre la minoría y la
mayoría, sobre la democracia y la libertad no resuelven nada por mucho que las
invoquen los personajes del período histórico pasado.
En este
caso lo que resuelve es la conciencia y la firmeza de la clase obrera. Si está
dispuesta a hacer sacrificios, si ha demostrado que sabe poner en tensión todas
sus fuerzas, el problema está resuelto. Todo para resolver este problema. La
decisión de la clase obrera, su espíritu inquebrantable dispuesto a realizar la
consigna: "¡Más vale perecer que rendirse!" no sólo es un factor
histórico, sino incluso un factor decisivo, un factor que da la victoria.
De esta victoria, de esta
seguridad pasamos, y hemos llegado, a las tareas de la construcción económica
pacífica, el cumplimiento de las cuales constituye la función principal de
nuestro congreso. En este sentido no se cabe hablar, creo, de informe del Buró
Político del Comité Central, o, más exactamente, de informe político del CC,
sino que hay que decir abiertamente y sin rodeos: Sí, camaradas, es una
cuestión que vosotros resolveréis, que debéis sopesar con la autoridad de la
instancia superior del partido. Hemos esbozado con claridad esta cuestión ante
vosotros. Hemos ocupado una posición determinada. Os incumbe el deber de
aprobar definitivamente, corregir o modificar nuestra decisión. Pero el CC debe
decir en su informe que en esta cuestión fundamental, candente, ha ocupado una
posición completamente definida. Sí, ahora se trata de que se aplique a las
tareas pacíficas de la construcción económica, a las tareas de restaurar la
producción destruida, todo aquello que el proletariado puede concentrar, su unidad
absoluta. Lo que aquí se requiere es una disciplina de hierro, un régimen
férreo, sin el cual no nos hubiéramos sostenido no ya más de dos años, sino ni
siquiera dos meses. Hay que saber aprovechar nuestro triunfo. Por otra parte,
es preciso comprender que este paso reclama muchos sacrificios, además de los
que el país ya ha hecho.
El CC veía claramente el
aspecto de principio de la cuestión. Todos nuestros actos estaban supeditados a
esta política, estaban orientados en este sentido.
Así, por ejemplo, una
cuestión que puede parecer de detalle, cuestión que, en sí misma, desligada del
conjunto, no podría, naturalmente, pretender asumir una importancia capital de
principio —la cuestión de la dirección colectiva y de la dirección unipersonal,
que tendréis que resolver—, debe ser planteada a toda costa desde el ángulo de
visión de las adquisiciones fundamentales de nuestro conocimiento, de nuestra
experiencia, de nuestra práctica revolucionaria. Se nos dice, por ejemplo:
"La dirección colectiva es una de las formas de participación de las
amplias masas en la administración". Pero nosotros hemos hablado en el
CC acerca de esta cuestión, hemos tomado
acuerdos y tenemos que rendiros cuenta: camaradas, no se puede transigir con
una confusión teórica de este género. Si admitiéramos en la cuestión
fundamental de nuestra actividad militar, de nuestra guerra civil, una décima
parte de semejante confusión teórica, estaríamos derrotados, y con justa razón.
204
IX Congreso del PC(b) de Rusia
Permitidme, camaradas,
recurrir un poco a la teoría, con motivo del informe del CC y para abordar el
asunto de la participación de la nueva clase en las tareas administrativas
sobre la base de la dirección colectiva o unipersonal, y señalar cómo dirige una
clase y en qué se expresa la dominación de una clase. Pues nosotros no somos
principiantes en este terreno y nuestra revolución se diferencia de las
precedentes porque la nuestra está desprovista de utopismo. Si una nueva clase
viene a remplazar a la vieja, sólo podrá sostenerse a costa de una lucha
furiosa contra las demás clases y sólo triunfará definitivamente si sabe llegar
hasta la supresión de las clases en general. El proceso de la lucha de clases,
proceso gigantesco y complejo, plantea las cosas así; de lo contrario, os
atascaréis en el pantano de la confusión. ¿En qué se expresó la dominación de
clase? ¿En qué se expresó la dominación de la burguesía sobre los señores
feudales? Las constituciones hablaban de libertad, de igualdad. Mentira. Mientras
haya trabajadores, los propietarios son capaces e incluso se ven obligados,
como propietarios, a especular. Decimos que no existe la igualdad, el ahíto no
es igual al hambriento, el especulador no es igual al trabajador.
¿En qué se expresa ahora la
dominación de clase? La dominación del proletariado se expresa en que se ha
expropiado a los terratenientes y a los capitalistas.
El espíritu, el contenido
básico de todas las Constituciones anteriores, incluyendo las más republicanas
y democráticas, estribaba únicamente en la propiedad. Nuestra Constitución
tiene y ha conquistado su razón de ser en el plano histórico precisamente porque
no sólo ha abolido la propiedad sobre el papel. El proletariado victorioso ha
abolido y destruido la propiedad hasta el final; en esto reside su dominación
de clase. Ante todo, en la cuestión de la propiedad. Cuando resolvimos
prácticamente la cuestión de la propiedad, aseguramos con ello la dominación de
clase. Cuando después la Constitución ha registrado sobre el papel lo que la
vida había resuelto —la abolición de la propiedad capitalista, la de los
terratenientes— y ha añadido: la clase obrera, de acuerdo con la Constitución,
goza de mayores derechos que los campesinos, y los explotadores quedan
completamente privados de derechos, ha quedado consignado que hemos realizado
la dominación de nuestra clase, con lo cual ligamos a nosotros a los trabajadores
de todos los sectores y de todos los pequeños grupos.
Los propietarios
pequeñoburgueses están diseminados; los que poseen más son enemigos de los que
poseen menos, y los proletarios, al abolir la propiedad, les declaran una
guerra abierta. Hay aún mucha gente inconsciente, ignorante, que sostiene
enteramente la libertad de comercio sin límite, pero que, al ver la disciplina,
la abnegación para lograr la victoria sobre los explotadores, no puede hacer la
guerra, no está con nosotros, pero es impotente para intervenir contra
nosotros. Solamente la dominación de clase es lo que define la relación de la
propiedad, así como la cuestión de qué clase está encumbrada. El que liga la
cuestión de en qué se expresa la dominación de una clase con la cuestión del
centralismo democrático, como lo advertimos con frecuencia, introduce una
confusión tal que ningún trabajo eficaz es posible sobre esta base. La
condición fundamental es claridad en la propaganda y agitación. Si nuestros
enemigos han dicho y reconocido que hemos hecho milagros en el desarrollo de la
agitación y propaganda, hay que comprenderlo no en su aspecto exterior, es
decir, que hemos tenido numerosos agitadores y que gastamos mucho papel, sino
que hay que comprenderlo en el sentido interior, o sea, que aquella verdad
contenida en esta agitación ha penetrado en la cabeza de todo el mundo. Y no se
puede esquivar esta verdad.
Al sucederse mutuamente, las
clases cambiaron su actitud frente a la propiedad. La burguesía, al remplazar
al feudalismo, modificó su actitud frente a la propiedad. La Constitución
burguesa dice: "El que posee propiedad es igual al indigente". Era
ésta la libertad de la burguesía. Esta "igualdad" aseguraba en el
Estado la dominación de la clase capitalista. Pues bien, ¿creéis que cuando la
burguesía sucedió al feudalismo confundió el Estado con la administración? No,
los burgueses no eran tan tontos; ellos decían: para administrar se necesitan
hombres que sepan hacerlo; tomemos, pues, a los feudales y reeduquémoslos. Y
IX Congreso del PC(b) de Rusia
así lo hicieron. ¿Era un
error? No, camaradas, el arte de gobernar no cae del cielo ni lo otorga el
Espíritu Santo, y porque una clase determinada sea una clase avanzada no por
ello adquiere de golpe y porrazo el arte de gobernar. Lo vemos en el ejemplo citado:
mientras la burguesía triunfaba, contrataba para la administración a gente de
la otra clase, de la feudal. Y no podía encontrarla en ningún otro sitio. Hay
que mirar las cosas con serenidad: la burguesía reclutaba elementos de la clase
precedente; y nuestra tarea actual es la misma: saber tomar, someter,
aprovechar los conocimientos, la preparación de la clase que nos precedió y
utilizarlos para el triunfo de nuestra clase. Por eso decimos que la clase
victoriosa debe estar madura y la madurez no se prueba por medio de un
documento o una cédula, sino por la experiencia, por la práctica.
Los burgueses vencieron sin
saber gobernar y aseguraron su victoria con la declaración de una nueva carta
constitucional, con el reclutamiento y selección de administradores del seno de
su clase y empezaron a aprender, aprovechando a los administradores de la clase
que les había precedido y enseñando a los suyos, a los nuevos, el arte de
administrar. Con este objeto la burguesía puso en marcha todo el aparato
estatal, secuestró las instituciones feudales, abrió escuelas para los ricos,
preparando así, durante largos años, durante decenios, a los administradores
reclutados entre su propia clase. Hoy, en un Estado organizado a imagen y
semejanza de la clase dominante, es preciso proceder como procedieron todos los
Estados. Si no queremos colocarnos en las posiciones del utopismo puro y de la
fraseología huera, debemos decir que hay que tener en cuenta la experiencia de
los años anteriores, que tenemos que asegurar la Ley Fundamental conquistada
por la revolución, pero que para las tareas administrativas, para el aparato
del Estado, debemos tener hombres que posean la técnica de la administración,
que tengan experiencia de la administración estatal y económica, y estos
hombres no podemos sacarlos más que del seno de la clase que nos ha precedido.
205
Los razonamientos sobre la
dirección colectiva están con harta frecuencia totalmente impregnados del
espíritu de la más crasa ignorancia, del espíritu de odio a los especialistas.
Y con este espíritu no se puede triunfar. Para obtener la victoria es preciso
comprender en toda su profundidad la historia del viejo mundo burgués, y para
construir el comunismo es necesario tomar la técnica y la ciencia y ponerlas al
servicio de medíos más amplios; pero la ciencia y la técnica sólo podemos
tomarlas de la burguesía. Hay que hacer resaltar esta cuestión básica entre las
tareas fundamentales de la construcción económica.
Nosotros debemos administrar
con ayuda de hombres salidos de la clase que hemos derrocado, hombres
impregnados de los prejuicios de su clase y que nosotros debemos reeducar. Al
mismo tiempo tenemos que reclutar a nuestros administradores en el seno de nuestra
clase. Debemos emplear todo el aparato del Estado para que los establecimientos
de enseñanza, la instrucción extraescolar, la preparación práctica, todo esto
vaya, bajo la dirección de comunistas, en beneficio de los proletarios, de los
obreros, de los campesinos trabajadores.
Sólo así podremos hacer que las cosas marchen.
Después de nuestros dos años
de experiencia no podemos razonar como si fuera la primera vez que nos ponemos
a construir el socialismo. Hemos cometido bastantes tonterías durante el
período del Smolny y el que le siguió inmediatamente. No hay en ello nada
reprobable. ¿Cómo podíamos tener experiencia, si era la primera vez que
acometíamos esta nueva empresa? Ensayamos esto y lo otro. Seguimos la
corriente, pues era imposible discernir entre lo acertado y lo erróneo. Para
ello hacía falta tiempo. Eso ha quedado ahora en el pasado inmediato, del que
hemos salido. Este pasado, en el cual reinaban el caos y el entusiasmo, ya no
volverá. El documento de este pasado es la paz de Brest. Este es un documento
histórico, más aún: es un período histórico. La paz de Brest nos fue impuesta
porque éramos
IX Congreso del PC(b) de Rusia
impotentes en todos los
dominios. ¿Qué representaba ese período? Un período de impotencia del que
salimos triunfantes. Un período de dirección colectiva absoluta. No es posible
excluir este hecho histórico cuando se dice que la dirección colectiva es una
escuela de administración. ¡No se puede estar siempre en la clase preparatoria
de la escuela! (Aplausos.) Esto no
puede ser. Ahora somos adultos, y nos zurrarán en todos los terrenos si
procedemos como escolares. Hay que avanzar. Es preciso progresar y progresar
con energía, con unidad de voluntad. Los sindicatos tendrán que superar enormes
dificultades. Es necesario conseguir que asimilen esa tarea en el espíritu de
lucha contra los residuos del cacareado democratismo. Todas estas
vociferaciones sobre las designaciones, toda esta antigualla nociva, que se
recoge en diferentes resoluciones y conversaciones, debe ser barrida. De lo
contrario no podremos obtener la victoria. Si no hemos asimilado esta lección
en los dos años transcurridos, quiere decir que estamos atrasados, y los
atrasados serán batidos.
La tarea es sumamente
difícil. Nuestros sindicatos han prestado una gigantesca ayuda en la obra de
estructurar el Estado proletario. Han constituido el eslabón que ligaba al
partido con los millones de hombres de las masas ignorantes. No vayamos a jugar
al escondite: los sindicatos han cargado sobre sus hombros toda la lucha contra
nuestros males cuando hubo que ayudar al Estado en la cuestión de los víveres.
¿No fue ésa una tarea inmensa? Hace poco ha aparecido el Boletín de la Dirección Central de Estadistica. Trae el resumen de
datos hecho por estadísticos que en absoluto pueden ser sospechosos de
bolchevismo. Hay entre esos datos dos cifras interesantes: en 1918 y 1919, los
obreros de las provincias consumidoras recibían 7 puds anuales de trigo,
mientras los campesinos de las provincias productoras consumían 17 puds por
año. Antes de la guerra estos últimos consumían 16 puds anualmente. He aquí dos
cifras que demuestran la correlación de las clases en la lucha por el
abastecimiento. El proletariado ha seguido haciendo sacrificios. ¡Se le
recrimina la violencia! Pero con sus inmensos sacrificios el proletariado ha
justificado y legitimado la violencia, ha demostrado lo acertado de recurrir a
ella. La mayoría de la población, los campesinos de las provincias productoras
de nuestra Rusia hambrienta y arruinada, han comido por vez primera mejor que
durante siglos bajo la Rusia zarista, capitalista. Y nosotros diremos que las
masas sufrirán hambre mientras el Ejército Rojo no triunfe. Era preciso que la
vanguardia de la clase obrera hiciese este sacrificio. Ya se ha forjado en la
escuela de esta lucha; una vez cursada, debemos seguir adelante. Ahora es
preciso dar este paso cueste lo que cueste. Los viejos sindicatos, lo mismo que
todos los sindicatos, tienen su historia y su pasado. En ese pasado han sido
órganos de resistencia contra aquel que oprimía el trabajo, contra el
capitalismo. Pero cuando la clase obrera se ha transformado en gobernante y
cuando ahora tiene que hacer grandes sacrificios, morir y sufrir hambre, la
situación ha cambiado.
206
No todos comprenden este
cambio ni penetran en su significación. Pero aquí vienen en nuestra ayuda
algunos mencheviques y eseristas, los cuales exigen que se sustituya la
dirección unipersonal por la colectiva. ¡Perdonad, camaradas, pero no caerá esa
breva! Ya hemos perdido la costumbre. Tenemos ahora que resolver un problema
muy complicado: después de haber triunfado en el frente cruento hace falta
vencer en el frente incruento. Esta es una guerra más difícil. Este es el
frente más duro. Lo decimos con toda franqueza a los obreros conscientes. A la
guerra que hemos sostenido en el frente debe seguir una guerra incruenta. Surge
una situación en la que cuanto mayores han sido nuestros triunfos, tanto mayor
ha sido el número de regiones como las de Siberia, Ucrania y Kubán. En esas
regiones no hay proletarios, sino campesinos ricos; y aun cuando hay un
proletariado, está corrompido por las costumbres pequeñoburguesas. Y nosotros
sabemos que todo aquel que posee allí un trozo de tierra dice: "Me importa
un comino el gobierno. Sacaré lo que se me antoje al que tenga hambre, y el
gobierno me importa un bledo". La Entente va a ayudar ahora al campesino
especulador que, entregado a Denikin, había vacilado hacia nuestro lado. La
guerra ha cambiado de frente y ha mudado de formas. Ahora la Entente lucha
contra
IX Congreso del PC(b) de Rusia
nosotros por medio del
comercio, de la pequeña especulación, que ha hecho internacional. Las tesis del
camarada Kámenev, publicadas en Izvestia
del CC113, expresan plenamente los principios
generales en esta cuestión.
Pretenden internacionalizar la pequeña especulación.
Pretenden convertir la
construcción económica pacífica en una descomposición pacífica del Poder de los
Soviets. ¡Perdonen, señores imperialistas, nosotros estamos alerta! Decimos:
hemos hecho la guerra y hemos vencido y, por tanto, continuamos manteniendo la
consigna principal que nos ayudó a obtener la victoria; la mantenemos
enteramente y la trasladamos al terreno del trabajo, a saber: la consigna de
firmeza y unidad de voluntad del proletariado. Es preciso terminar con los
viejos prejuicios, con las viejas costumbres que restan.
Para concluir puedo
detenerme en el folleto del camarada Gúsev114, el
cual, a mi entender, merece atención por dos motivos: es un folleto bueno no
sólo desde el punto de vista formal, no sólo por haber sido escrito para
nuestro congreso. Hasta ahora estábamos acostumbrados todos, no sé por qué, a
escribir resoluciones. Se dice que todos los géneros de literatura son buenos,
menos los fastidiosos. Creo que las resoluciones deben estar comprendidas entre
la literatura fastidiosa. Sería mucho mejor si, tomando el ejemplo del camarada
Gúsev, escribiéramos menos resoluciones y más folletos, aunque contuvieran mil
errores como los que abundan en su folleto. Mas, a pesar de esos errores, vale
más este folleto porque concentra su atención en el plan económico fundamental
de restauración de la industria y de la producción de todo el país, porque lo
subordina todo al plan económico fundamental. El CC ha introducido en las tesis
que han sido distribuidas hoy todo un apartado de las tesis del camarada Gúsev.
Con el concurso de especialistas, podemos elaborar con mayores detalles aún
este plan económico fundamental. Debemos recordar que este plan ha sido
calculado para muchos años. No prometemos liberar en el acto al país del
hambre. Nosotros decimos que la lucha será más difícil que en el campo de
batalla, pero que esa lucha nos interesa más, que aborda más de cerca nuestras
tareas verdaderas, fundamentales. Esa lucha reclama la máxima tensión de
fuerzas, exige esa unidad de voluntad de que dimos pruebas antes y que debemos
demostrar en el presente. Si logramos resolver este problema, nuestra victoria
no será menor en el frente incruento que en el frente de la guerra civil. (Aplausos.)
3.
Discurso de resumen de la discusión sobre el informe del Comité
Central,
30
de marzo.
Camaradas: Ha suscitado los
mayores ataques la parte del informe político del CC que el camarada Saprónov
ha calificado de injuriosa. El camarada Saprónov ha dado un carácter y un sabor
extraordinariamente definidos a la posición defendida por él, y para mostraros
cuál es el estado de cosas en el terreno de los hechos, quisiera empezar
recordando algunas
![]()
113 Izvestia
del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia: boletín informativo del CC, se publicó
a partir del 28 de mayo de 1919 en Moscú. En 1929 fue reorganizado como revista
adoptando el nombre de Partíinoe Stroítelstvo ("Edificación del
Partido") (apareció hasta junio de 1946) y luego el de Partíinaya Zhizn ("Vida del
Partido").
114 Lenin alude al folleto de S. Gúsev Cuestiones inmediatas de la edificación económica (Sobre las tesis del
CC del PC(b)R. Materiales para el IX Congreso del PC(b)R. Sarátov, 1920. El
párrafo a que se refiere Lenin fue introducido con algunas modificaciones en el proyecto de resolución del CC del
PC(b)R para el IX Congreso del partido.
En el folleto de S. Gúsev este punto aparece formulado del modo
siguiente: "Todas las industrias que no sean auxiliares para la tarea
fundamental del período económico pueden ser sostenidas siempre y cuando su
trabajo no obstaculice la ejecución de la tarea fundamental. Las industrias
auxiliares para la tarea fundamental deben ser desarrolladas en la medida en
que sean verdaderamente necesarias. Por ello el plan económico único no debe
constituir una suma de programas de producción elaborados por las secciones de
producción y los consejos económicos locales a base de los pedidos que se
reciban de las instituciones centrales y locales, sino, al revés, el plan
económico único debe determinar la escala de los programas de producción para
cada sección".
IX Congreso del PC(b) de Rusia
fechas principales. Tengo
ante mí el número del 2 de marzo de Izvestia
del CC del PCR. En él publicamos en nombre del CC una carta a las
organizaciones del PCR sobre la organización del congreso. Y en la primera
carta decimos: "Han pasado, por fortuna, los tiempos de los razonamientos
puramente teóricos, de las discusiones sobre problemas generales y de la
adopción de resoluciones de principio. Eso es ya una etapa superada, una tarea
cumplida ayer y anteayer. Hay que marchar adelante, hay que saber comprender
que hoy tenemos planteada una tarea
práctica, que debemos cumplir la tarea concreta
de vencer el desbarajuste económico con la mayor rapidez poniendo en juego
todas las fuerzas, con energía verdaderamente revolucionaria, con la misma
abnegación con que nuestros mejores camaradas, los soldados rojos obreros y
campesinos, vencieron a Kolchak, Yudénich y Deníkin".
Debo confesar que en este
caso pequé de optimismo, pues pensaba que el tiempo de los razonamientos
teóricos había pasado. En efecto, teorizamos durante 15 años antes de la
revolución, hemos dirigido el Estado en el transcurso de dos años, ahora hay
que dar pruebas de eficiencia y espíritu práctico, y el 2 de marzo nos
dirigimos a los camaradas que poseen esa experiencia práctica. En respuesta a
ello, el 10 de marzo se publican en Ekonomícheskaya
Zhizn las tesis de Tomski; el 23 de marzo, las tesis de los camaradas
Saprónov, Osinski y Maximovski, y el
27 de marzo aparecen las tesis del Comité Provincial de Moscú, es decir,
después ya de nuestro llamamiento al partido. Y en todas esas tesis se plantea
la cuestión de una manera errónea teóricamente. Si nuestro punto de vista en la
carta era optimista, equivocado; si nos parecía que habíamos dejado atrás esos
tiempos, las tesis han venido a mostrar que no han sido superados aún, y los
camaradas de los sindicatos no tienen por qué quejarse diciendo que se les ha tratado
injustamente. Y ahora surge ante nosotros una pregunta: ¿es justo este punto de
vista o lo es la posición que han defendido todas estas tesis después de
nuestro llamamiento del 2 de marzo? En cada una de estas tesis hay gran
cantidad de material práctico, y eso debe ser tenido en cuenta. Si el CC no
prestara a eso una seria atención, sería una institución inservible por
completo.
Pero escuchad lo que escribe el camarada Tomski:
"§ 7. El principio
fundamental en la estructura de los organismos que regulan y dirigen la
industria, único capaz de asegurar la participación de las grandes masas
obreras sin partido a través de los sindicatos, es el principio existente
actualmente de dirección colectiva de la industria, desde el Presídium del
Consejo Superior de Economía Nacional hasta la administración de la fábrica
inclusive. Sólo en casos especiales, por acuerdo mutuo de los Presídiums del
Consejo Superior de Economía Nacional y del Consejo Central de los Sindicatos
de toda Rusia o de los Comités Centrales de los sindicatos correspondientes,
debe admitirse la dirección unipersonal de las empresas, con la condición
ineludible de que los sindicatos y sus organismos controlen a los administradores
individuales.
§
8.
Para asegurar la unidad del plan de edificación económica y la coordinación en
la actividad de los sindicatos y de los organismos económicos, la participación
de los sindicatos en la dirección de la industria y en su regulación debe
basarse en los siguientes principios: a) los problemas generales de la política
económica los discuten el CSEN y sus organismos con participación de los
sindicatos; b) los cuerpos colegiados dirigentes de la economía los forman el
CSEN y sus organismos junto con los organismos correspondientes de los
sindicatos; c) los cuerpos colegiados de los organismos económicos, al discutir
junto con los sindicatos los problemas generales de la política económica de
una u otra rama de la producción y al rendirles cuentas periódicamente de su
actividad son sólo organismos del CSEN y tienen el deber de cumplir únicamente
sus disposiciones; d) todos los cuerpos colegiados de los organismos económicos
tienen el deber de llevar a la práctica sin objeción alguna las
IX Congreso del PC(b) de Rusia
disposiciones de los organismos
superiores del CSEN personal y colectivamente, respondiendo de su cumplimiento
sólo ante el CSEN".
Esto es un embrollo espantoso de problemas teóricos elementales.
Es cierto que la dirección se efectúa a través del administrador
individual, mas quién será ese administrador —un especialista o un obrero—
dependerá del número de administradores que tengamos del viejo y del nuevo
régimen. Pero eso son cuestiones teóricas elementales. Hablemos de ello. Si
queréis discutir la línea política del CC, no intentéis atribuirnos nada que no
hemos planteado ni hemos dicho. El 2 de marzo exhortamos a los camaradas a
proporcionarnos respaldo práctico, pero ¿qué hemos recibido como respuesta? En
respuesta, los camaradas de las localidades nos ofrecen cosas teóricas
inexactas a sabiendas. En las tesis de los camaradas Osinski, Maximovski y
Saprónov, que aparecieron el 23 de marzo, todo es una tergiversación teórica
completa. Dicen en ellas que la dirección colectiva es, en una forma o en otra,
la base indispensable de la democracia. Yo afirmo que en quince años de
historia prerrevolucionaria de la socialdemocracia no encontraréis nada
parecido. El centralismo democrático significa únicamente que los
representantes locales se reúnen y eligen el organismo responsable que debe
dirigir. Pero ¿cómo? Eso depende del número de hombres idóneos, de cuántos
administradores buenos haya allí. El centralismo democrático consiste en que el
congreso comprueba la actividad del CC, lo destituye y nombra otro nuevo. Pero
si se nos ocurriera comprobar las inexactitudes teóricas escritas en esas
tesis, no acabaríamos nunca. Yo, por mi parte, no me referiré más a esto y diré
solamente que el CC ha adoptado ante este problema la actitud que no se podía
dejar de adoptar. Sé perfectamente que el camarada Osinski y otros no comparten
las opiniones de los adeptos de Majnó y Majáev, pero los majnovistas no pueden
por menos de agarrarse a sus argumentos. Están ligados a ellos. Tomad las tesis
del Comité Provincial de Moscú, que nos han sido entregadas. En ellas se dice
que en la sociedad socialista desarrollada, en la que desaparecerá la división
social del trabajo y la sujeción de las personas a las profesiones, la sucesión
periódica de quienes desempeñan por turno funciones administrativas sólo será
posible sobre la base de una amplia colegialidad, etc., etc. ¡Todo eso es un
embrollo completo!
208
Hemos pedido a quienes están dedicados a la labor práctica en el
plano local: ayudadnos con indicaciones prácticas. Y en vez de eso, se nos dice
que el CC no tiene en cuenta las localidades. ¿Qué es lo que no tiene en
cuenta? ¿Las digresiones acerca de la sociedad socialista? En ellas no hay ni
asomo de practicismo ni eficiencia. Está claro que tenemos obreros magníficos
que imitan muchas cosas de los intelectuales, pero a veces no las mejores, sino
las peores. Entonces hay que combatir eso. Pero si, en respuesta al llamamiento
del CC de que se den indicaciones prácticas, nos planteáis cuestiones de
principio, entonces deberemos hablar de ellas. Entonces deberemos decir que es
imprescindible luchar contra las inexactitudes de principio. Las tesis
presentadas después del 2 de marzo contienen monstruosas inexactitudes de
principio.
Yo así lo afirmo. Hablemos y
discutamos de eso. ¡No hay por qué desentenderse de ello! No hay por qué decir
que no somos teóricos. Perdone usted, camarada Saprónov, pero sus tesis son las
tesis de un teórico. Verá que, de llevarlas a la práctica, será necesario
volver atrás y resolver los problemas en un ambiente nada práctico. Quienes
buscaran indicaciones prácticas en las tesis de los camaradas Maximovski,
Saprónov y Tomski se equivocarían profundamente, pues son inexactas en su base.
Considero que la actitud de la clase ante la organización del Estado es
radicalmente errónea y nos arrastra hacia atrás. Eso lo apoyan, sin duda, todos
los elementos que se quedan detrás, que no han vivido aún todo eso. Y a los
autores de estas tesis se les debe acusar no de que hayan abogado
conscientemente por la negligencia, sino de que con su error teórico en la
cuestión que el CC les propuso plantear brindan cierta bandera, cierta
justificación a los peores elementos. ¿Y por qué se ha hecho
IX Congreso del PC(b) de Rusia
todo eso? Por irreflexión.
Así lo confirman de la manera más incontestable los documentos auténticos.
Paso a la acusación hecha
por el camarada Yurénev acerca del camarada Shliápnikov. Si el CC hubiera
alejado al camarada Shliápnikov como representante de la oposición la víspera
misma del congreso, semejante CC habría cometido, indudablemente, una infamia.
Cuando comprobamos que el camarada Shliápnikov se marchaba, en el Buró Político
dijimos que no le daríamos directrices, y el camarada Shliápnikov vino a verme
la víspera del viaje y me dijo que no iba con las directrices del CC. Así pues,
hasta el camarada Yurénev ha llegado simplemente un rumor y él lo difunde. (Yurénev: "Shliápnikov me lo dijo
personalmente...")
No sé cómo pudo decírselo
personalmente cuando antes de marcharse vino a verme y declaró que no iba con
las directrices del CC. Sí, si el CC hubiera desterrado a la oposición antes
del congreso, eso habría sido, naturalmente, inadmisible. Pero cuando se habla
en general de destierro, yo digo: tomaos la molestia de elegir un CC que pueda
distribuir acertadamente las fuerzas, pero que suprima la posibilidad de
quejarse. ¿Cómo se puede distribuir de modo que cada cual esté satisfecho? De
no existir esa distribución, ¿por qué, entonces, hablar del centralismo? Y si
ha habido adulteraciones de los principios, hablemos de ellas con ejemplos. Si
hemos desterrado a los representantes de la oposición, dadnos un ejemplo y lo
examinaremos; es posible que se hayan cometido errores. ¿Ha sido desterrado,
quizá, el camarada Yurénev, que se ha quejado al Buró Político de haber sido
retirado injustamente del Frente Occidental? Pero el Buró Político, después de
examinar la cuestión, consideró que se había procedido justamente. Y cualquiera
que sea el CC que elijáis, no puede renunciar a distribuir las fuerzas.
Y ahora, acerca de la
división de funciones entre el Buró de Organización y el Buró Político. El
camarada Maximovski tiene más experiencia que yo en cuestiones de organización
y dice que Lenin siembra la confusión en los problemas del Buró de Organización
y del Buró Político. Bueno, vamos a ver. A nuestro juicio, el Buró de
Organización distribuye las fuerzas, y el Buró Político entiende de la
política. De ser equivocada esta división, ¿cómo delimitar, entonces, la
actividad de ambos organismos? ¿Escribir, acaso, una Constitución? Es difícil
separar con exactitud el Buró Político y el Buró de Organización, delimitar su
actividad. Toda cuestión puede tener carácter político, incluso el nombramiento
de un administrador. Si hay quien propone otra solución, que lo haga; camaradas
Saprónov, Maximovski y Yurénev, presenten sus proposiciones, intenten separar,
delimitar el Buró de Organización y el Buró Político. Entre nosotros basta una
sola protesta de un miembro del CC para que cualquier cuestión sea examinada como
una cuestión política. Y entre nosotros no ha habido una sola protesta en todo
el tiempo. La iniciativa es lo que está menos limitado: cualquier miembro del
CC puede declarar que una cuestión tiene carácter político. Y cualquier
funcionario con experiencia práctica, por poca que sea, en cuestiones de
organización y que no las comprenda como el camarada Maximovski, sino que haya
trabajado en este ámbito por lo menos seis meses, no debe hacer la crítica que
ha hecho el camarada Maximovski. Que los críticos hagan indicaciones concretas;
las aceptaremos y aconsejaremos que se elija un nuevo
CC
que
lleve a la práctica esos deseos. Pero nosotros hemos recibido únicamente una
crítica abstracta, afirmaciones falsas.
Supongamos que separáis el
Buró de Organización de la dirección política. ¿En qué consistirá entonces,
pregunto yo, la dirección política? ¿Quién dirige si no los hombres, y cómo
dirigir si no distribuyendo? ¿Es que se puede obligar a un hombre a aplicar
ciertas directrices si no es capaz de hacerlo? Se le dan ciertas indicaciones,
se comprueba su labor y, por último, se le traslada a otro trabajo. ¿Y cómo se
puede enseñar de otra manera a los camaradas Maxímovski, Saprónov y Osinski,
que en las tesis esbozan una enmienda teórica rechazada hace ya mucho? En la
práctica aplican una cosa peor aún y demuestran que no existe ningún material
para una crítica eficiente.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
209
El camarada Saprónov ha
hablado mucho de la oligarquía y el derecho de iniciativa. Es una lástima que
no lo haya ilustrado con los ejemplos de Ucrania. Allí vemos los ataques de que
ha sido objeto la oligarquía por parte de las conferencias locales. El congreso
analizará esta cuestión o encargará de ello al CC. Pero nosotros diremos de la
conferencia ucraniana —en la que la mayoría, con Saprónov a la cabeza, se
manifestó contra el camarada Rakovski y desencadenó un acoso completamente
intolerable— que no reconocemos ese acuerdo de la conferencia regional. Tal es
la decisión del CC. Si ha sido equivocada, exigidnos responsabilidades, pero no
salgáis del paso con frases, pues aquí hay gente instruida y dirá que eso es
demagogia. Si estamos equivocados al valorar la escisión ucraniana, aportad
hechos demostrativos de que el CC ha cometido un error.
Diremos que no reconocemos
esta conferencia del camarada Saprónov y designamos a dos camaradas veteranos y
dos nuevos, al camarada Zh... y a los horotbístas. No he oído una sola protesta
ni del camarada Saprónov ni de otros ni ningún argumento válido. Si hemos
disuelto y liquidado toda una conferencia ucraniana, habría que haber tocado a
rebato y haber dicho que éramos unos criminales. Sin embargo, todos callan,
porque sienten que tras esas frases acerca del derecho de iniciativa, etc., se
han escondido y ocultado todos los elementos desorganizadores, los elementos de
filisteísmo y caudillismo, que en Ucrania son muy fuertes. (Aplausos).
He oído un punto esencial en
el discurso del camarada Saprónov y me he aferrado a él. El camarada Saprónov
dice: El VII Congreso de los Soviets prescribió, y nosotros incumplimos su
prescripción, que el decreto sobre la recolección del lino infringe una disposición
del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia. Yo no puedo recordar ni una décima
parte de los decretos que hemos aprobado. Pero he pedido informes en el
Secretariado del Consejo de Comisarios del Pueblo sobre las reglas de
recolección del lino115. El decreto fue aprobado el 10 de
febrero. ¿Y qué se ha descubierto? Ni en el Buró Político ni en el Comité
Ejecutivo Central hay camaradas que no estén predispuestos en favor de defender
la iniciativa. Los hemos visto aquí en esta tribuna. Los camaradas saben que no
tienen pelos en la lengua. ¿Por qué no recurrieron contra esa disposición?
¡Presentad vuestras quejas! Después del 10 de febrero no se han presentado
quejas semejantes. Aprobamos esa disposición, tras una larga lucha, a propuesta
del camarada Rykov y de acuerdo con el camarada Seredá y el Comisariado del
Pueblo de Abastecimiento. Se nos dice: "¡Os habéis equivocado!" Es
posible. Corregidnos. Pasad la cuestión al Buró Político. Esa será la solución
formal. Traed el acta. Si demuestra que hemos incumplido el acuerdo del
congreso, habrá que entregarnos a los tribunales. ¿Dónde está esa acusación? De
una parte, los reproches respecto a Shliápnikov; de otra, se dice que hemos
infringido la decisión sobre el lino. Tomaos el trabajo de citar datos demostrativos
de que hemos infringido la disposición. Pero no citáis hechos. Todas vuestras
palabras no son más que palabrejas: iniciativa personal, designaciones, etc.
¿Para qué, entonces, el centralismo? ¿Podríamos habernos sostenido dos meses si
no hubiéramos procedido a las designaciones en el transcurso de dos años,
cuando en distintos lugares volvimos a pasar de
![]()
115 El proyecto de disposición del Consejo
de Comisarios del Pueblo sobre el acopio de lino fue confirmado el 10 de
febrero de 1920 y publicado el 12 de febrero en el periódico Ekonomícheskaya Zhizn ("Vida
Económica"), núm. 31. Este decreto fue redactado por el Consejo Superior
de Economía Nacional y concordado con los Comisariados del Pueblo de
Agricultura y Abastecimiento. En él se decía que "la cantidad de lino a
colectar se distribuye por la Dirección General de Empresas Textiles entre las
regiones lineras".
El decreto estimulaba la
entrega de lino por los campesinos antes del plazo estableciendo, por un lado,
primas en tejidos de lino o de algodón a las colectividades rurales,
consistentes en una vara de tela por cada pud de lino entregado y, por otro
lado, la confiscación del lino no entregado en el plazo.
La oposición de aquel tiempo
vio en el orden con que se había promulgado esta disposición y en las medidas
orientadas a mejorar la cosecha de lino un menosprecio de las autoridades
locales y del derecho de iniciativa local y por lo tanto una infracción de lo
acordado por el VII Congreso de los Soviets y el CECR. Este punto de vista de
la oposición se reflejó en el discurso de Saprónov ante el IX Congreso del
PC(b)R acerca del informe de Lenin sobre la actividad política del Comité
Central del partido.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
la extenuación completa y la
destrucción a la victoria? Por el hecho de que no os gusta la revocación del
camarada Shliápnikov o del camarada Yurénev lanzáis esas palabrejas a la
muchedumbre, a la masa inconsciente. El camarada Lutovínov dice: "La cuestión
no está resuelta". Habrá que resolverla. Si dos comisarios del pueblo
discrepan en la apreciación de Fulano y uno afirma que ahí hay política, ¿qué
hacer? ¡Mostradnos el procedimiento! ¿Pensáis que únicamente en el Presídium
del CEC se plantean problemas aburridos? Yo afirmo que no hay una sola
institución en la que no se planteen problemas aburridos y que todos nos vemos
obligados a examinar la cuestión de Mengano y Zutano. Pero no se puede decir
que no hay política, porque la política pasa por cada mente. El camarada
Lutovínov ha tenido... —no sé cómo decirlo, temo ofender los castos oídos del
camarada Saprónov y usar una expresión polémica—, pero ha dicho que el camarada
Krestinski amenazó con la escisión. Se ha hablado de eso en una reunión del
Buró. Existe el acta del Buró y yo ruego a todos los miembros del congreso que
tomen esa acta y la lean. Llegamos a la conclusión de que el camarada
Krestinski se había acalorado, mas en el caso de ustedes, camarada Lutovínov y
camarada Tomski, se trataba de una intriga muy hedionda. Es posible que no
tengamos razón. Corregid, entonces, nuestra decisión. Pero lo que no se puede
es hablar de esa manera sin leer los documentos, sin recordar que hubo una
reunión especial, que la cuestión fue analizada en presencia de Tomski y de
Lutovínov.
Debo referirme aún a dos
puntos, ante todo al nombramiento de los camaradas Bujarin y Rádek. Se dice que
los hemos enviado como comisarios políticos al Consejo Central de los
Sindicatos y se piensa especular, en este caso, utilizando como base que se viola
la iniciativa y se practica el burocratismo. Es posible que conozcáis mejores
teóricos que Rádek y Bujarin. Dádnoslos, pues. Quizá sepáis de hombres mejores,
conocedores del movimiento sindical. Dádnoslos. ¿Cómo es posible que el CC no
tenga derecho a incorporar a los sindicatos a hombres que conocen mejor
teóricamente el movimiento sindical y la experiencia alemana y pueden influir
sobre una línea errónea? ¡Un CC que no cumpliera esta tarea no podría dirigir!
¡Cuanto más nos rodean los campesinos y los cosacos del Kuban tanto más difícil
es nuestra situación con la dictadura del proletariado! Por eso es necesario
enderezar la línea y hacerla de acero, cueste lo que cueste, y recomendamos
esta línea al congreso del partido.
210
El camarada Búbnov ha dicho
aquí que está estrechamente ligado a Ucrania, y con eso ha revelado el
verdadero carácter de sus objeciones. Ha dicho que el CC es el culpable del
reforzamiento de los borotbistas. Esta cuestión es muy complicada y muy importante.
Y creo que en esta importantísima cuestión, que ha requerido maniobras, y muy
complicadas, hemos salido victoriosos. Cuando hablamos en el CC de las
concesiones máximas a los borotbistas, se rieron de eso y se nos dijo que no
íbamos derechos: pero sólo se puede pelear directamente cuando el enemigo tiene
una línea recta. Puesto que el enemigo se mueve en zigzags, y no en línea
recta, debemos seguirle y atraparle en todos los zigzags. Prometimos a los
borotbistas el máximo de concesiones, pero a condición de que aplicaran
unabpolítica comunista. Demostramos así que no teníamos la menor intolerancia.
Y la demostración de que estas concesiones han sido hechas con plena razón es
que todos los mejores elementos borotbistas han ingresado ahora en nuestro partido.
Hemos registrado de nuevo este partido, y en vez de un levantamiento de
borotbistas, que era inevitable, hemos conseguido
—gracias a la justa línea
del CC, magníficamente aplicada por el camarada Rakovski— que todo lo mejor que
existía entre los borotbistas haya entrado en nuestro partido bajo nuestro
control, con nuestro reconocimiento, y que lo demás haya desaparecido del
escenario político. Esta victoria vale tanto como un par de buenas batallas.
Por eso, decir que el CC es culpable del reforzamiento de los borotbistas
significa no comprender la línea política en el problema nacional.
Me referiré también al
discurso del último camarada, el cual ha dicho qué es preciso suprimir del
Programa lo que se dice de los sindicatos. Ahí tenéis un ejemplo de
apresuramiento.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
Nosotros no hacemos las
cosas tan fácilmente. Afirmamos que no es preciso suprimir nada, que hay que
discutir en folletos, en artículos, en la prensa, etc. Los sindicatos tienden a
tomar en sus manos la vida económica, precisamente la industria. Las afirmaciones
de que no deben incluirse especialistas en los sindicatos son un prejuicio. Los
sindicatos son educadores y se les piden cuentas rigurosas. El CC no tolerará a
un mal educador. La educación es una obra larga y difícil. En ella no se puede
salir del paso con decretos. Hay que enfocarla con paciencia y habilidad y
hacia eso vamos e iremos. En esta cuestión debemos ser muy prudentes, pero
firmes.
4. Discurso sobre la
edificación económica, 31 de marzo.
Camaradas: En primer lugar,
dos pequeñas observaciones. El camarada Saprónov ha seguido acusándome de
olvidadizo, pero, de todos modos, no ha aclarado la cuestión planteada por él.
Ha seguido afirmando que el decreto sobre la recolección del lino infringe una
disposición del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia. Yo declaro que en un
congreso del partido no se pueden lanzar así acusaciones gratuitas y, además,
muy graves. Naturalmente, si el Consejo de Comisarios del Pueblo hubiese
infringido una disposición del CEC, debería ser entregado a los tribunales.
Pero ¿por qué desde el 10 de febrero hasta el día de hoy no se ha presentado
ninguna queja diciendo que ese decreto constituye una infracción? Se nos hace
una acusación completamente gratuita, que es muy fácil de lanzar; pero
semejantes métodos de lucha no son nada serios.
El camarada Miliutin dice
que entre nosotros casi no existen discrepancias y que, por ello, resulta algo
así como si Lenin estuviera en contra de la camorra y él mismo fomentase esta
camorra. Pero el camarada Miliutin tergiversa un tanto, cosa que no se debe
hacer. Teníamos un primer proyecto de resolución esbozado por el camarada
Trotski y rehecho después colectivamente en el CC. Enviamos este proyecto a los
camaradas Miliutin y Rykov. Nos lo devolvieron, diciendo que lucharían contra
él. Así es, en realidad, como ocurrieron las cosas. Cuando hicimos agitación y
conseguimos aliados, ellos emprendieron en el congreso la oposición en todos
los aspectos, y sólo cuando vieron que no habían conseguido nada, empezaron a
decir que estaban casi de acuerdo. Esto es así, naturalmente; pero hay que
llevar las cosas hasta el fin y hacer constar que vuestro acuerdo significa
vuestro completo fracaso después de haber intervenido aquí la oposición y de
haber intentado cohesionarse sobre la base de la dirección colectiva. Cuando
agotó el tiempo de su intervención, después de llevar hablando quince minutos,
el camarada Miliutin se acordó, sólo entonces, de que no estaría mal plantear
el problema de una manera práctica. Completamente justo. Pero temo que sea
demasiado tarde; aunque el camarada Rykov debe pronunciar aún su discurso de
resumen, es imposible salvar a la oposición.
211
Si los defensores de la
dirección colectiva hubieran hecho durante los dos meses últimos lo que llaman
a hacer; si nos hubieran dado, por lo menos, un ejemplo, no de que existe un
director y un ayudante, sino una encuesta con un estudio exacto del problema,
con una comparación de la dirección colectiva y de la unipersonal, como se
acordó en el Congreso de los Consejos Económicos y en el Comité Central; si
hubieran hecho eso, seríamos mucho más inteligentes, en el congreso no
habríamos escuchado discursos nada razonables en torno a los principios y los
partidarios de la dirección colectiva podrían haber hecho avanzar las cosas. Su
posición sería firme si pudieran, en realidad, mencionar por lo menos diez
fábricas en iguales condiciones y administradas de acuerdo con el principio de
la colegialidad y compararlas de una manera práctica con la organización de las
cosas en las fábricas en que existe la dirección unipersonal. Para un informe
de esa naturaleza podría concederse una hora a cualquier informante y éste nos
haría avanzar muy lejos; quizá pudiéramos establecer las gradaciones prácticas
sobre este terreno de la dirección colectiva. Pero el quid de la
IX Congreso del PC(b) de Rusia
cuestión está en que ninguno
de ellos, que deberían disponer de material práctico, tanto los que trabajan en
los consejos económicos como en los sindicatos, nos ha dado nada porque no
tenía nada. ¡No tienen nada, absolutamente nada!
El camarada Rykov ha
objetado aquí que quiero rehacer la revolución francesa, que niego que la
burguesía se integrara en el régimen feudal. No he dicho eso. He dicho que al
ser remplazado el régimen feudal por la burguesía, ésta tomó a los feudales y
aprendió de ellos a gobernar, y esto no contradice en nada la integración de la
burguesía en el régimen feudal. Y nadie absolutamente ha refutado mis tesis de
que la clase obrera, después de tomar el poder, empieza a aplicar sus
principios. Después de tomar el poder, la clase obrera se sostiene en él, lo
conserva y afianza, como cualquier otra clase, modificando la actitud ante la
propiedad y promulgando una nueva Constitución. ¡Esta es mi primera tesis
fundamental, que es indiscutible! La segunda tesis, según la cual toda nueva
clase aprende de la clase precedente y toma de la clase vieja a los
representantes de la administración, es también una verdad absoluta. Por
último, mi tercera tesis consiste en que la clase obrera debe aumentar el
número de administradores salidos de su propio seno, crear escuelas y preparar
funcionarios a escala de todo el Estado. Estas tres tesis son incontestables y
contradicen de raíz las tesis de los sindicatos.
En el grupo comunista dije
al camarada Tomski, cuando analizamos sus tesis y cuando el camarada Bujarin y
yo fuimos derrotados116, que el punto 7 de vuestras tesis
quedará como huella de una completa confusión teórica. En él se dice:
"El principio
fundamental en la estructura de los organismos que regulan y dirigen la
industria, único capaz de asegurar la participación de las grandes masas
obreras sin partido a través de los sindicatos, es el principio existente
actualmente de dirección colectiva de la industria, desde el Presídium del
Consejo Superior de Economía Nacional hasta la administración de la fábrica
inclusive. Sólo en casos especiales, por acuerdo mutuo de los Presídiums del
Consejo Superior de Economía Nacional y del Consejo Central de los Sindicatos
de toda Rusia o de los Comités Centrales de los sindicatos correspondientes,
debe admitirse la dirección unipersonal de las empresas, con la condición
ineludible de que los sindicatos y sus organismos controlen a los administradores
individuales".
¡Eso es una tontería
completa, porque se confunde todo: el papel de la clase obrera en la conquista
del poder del Estado, la correlación de los procedimientos, etc.! ¡Es imposible
conformarse con esas cosas! Esas cosas nos arrastran teóricamente hacia atrás.
Lo mismo puede decirse del centralismo democrático de los camaradas Saprónov,
Maxímovski y Osinski. El camarada Osinski lo olvida, adelantando la idea de que
yo califico de estupidez el centralismo democrático. ¡No se puede falsear así!
¿Qué tiene que ver con eso la cuestión de las designaciones, de la aprobación a
través de las organizaciones locales? Se puede aprobar a través de los
organismos colegiados y se puede designar también a los organismos colegiados.
¡La cuestión ha sido planteada sin ton ni son! Se dice que el centralismo
democrático consiste no sólo en que dirige el CEC, sino también en que dirige a
través de las organizaciones locales. ¿Qué tiene que ver con eso la dirección
colectiva o la dirección unipersonal?
El camarada Trotski ha
recordado su informe de 1918 y, al leer el discurso que pronunció en aquella
ocasión, ha señalado que entonces no sólo discutimos en torno a los problemas
fundamentales, sino que fue aprobada una resolución concreta del CEC. He exhumado
mi
![]()
116 Lenin alude a la reunión del grupo del
CCSR del 15 de marzo de 1920 en la que se discutieron las tesis de Tomski Las tareas de los sindicatos. Lenin
criticó duramente las tesis de Tomski, sobre todo el punto 7 acerca de la
dirección colegiada, método
fundamental de dirección. Pero el grupo del CCSR adoptando una posición errónea
votó en su mayoría a favor de las tesis de Tomski.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
viejo folleto Las tareas inmediatas del Poder soviético,
del que me había olvidado por completo, y he visto que el problema de la
dirección unipersonal no sólo fue planteado, sino que fue aprobado en las tesis
del CEC. Trabajamos de tal modo que olvidamos no sólo lo que escribimos, sino
también lo que dispone el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, y después nos
remitimos a la disposición. He aquí unos pasajes del folleto:
"Los representantes
conscientes (y en su mayoría, probablemente, inconscientes) del relajamiento
pequeñoburgués han querido ver en la concesión de poderes
"ilimitados" (es decir, dictatoriales) a determinadas personas una
abjuración de la norma de dirección colectiva, de la democracia y de los
principios del Poder soviético. En algunos lugares, entre los eseristas de
izquierda se emprendió una agitación francamente propia de unos maleantes
contra el decreto sobre los poderes dictatoriales117, es decir, una agitación en la que se apelaba a los bajos
instintos y al afán del pequeño propietario de "sacar" la mayor
tajada posible"... "toda gran industria mecanizada —es decir,
precisamente el origen y la base material, de producción, del socialismo
requiere una unidad de voluntad
absoluta y rigurosísima que dirija el trabajo común de centenares, miles y
decenas de miles de personas. Esta necesidad es evidente desde tres puntos de
vista —técnico, económico e histórico — y cuantos pensaban en el socialismo la
han tenido siempre por una condición para llegar a él"; sólo así
"puede asegurarse la más rigurosa unidad de voluntad"...
212
"Pero, de uno u otro
modo, la subordinación incondicional
a una voluntad única es absolutamente necesaria para el buen éxito de los
procesos de trabajo, organizado al estilo de la gran industria mecanizada. Para
los ferrocarriles ello es el doble y el triple de necesario"...
"Y toda nuestra misión,
la misión del Partido Comunista (bolchevique), intérprete consciente del afán
de emancipación de los explotados, es conocer que es necesario este viraje,
ponerse a la cabeza de las masas cansadas, que buscan con ansiedad una salida,
guiarlas por el buen camino, por el camino de la disciplina laboral, enseñarles
a compaginar las discusiones públicas acerca
de las condiciones de trabajo con el sometimiento incondicional a la voluntad
del dirigente soviético, del dictador, durante
el trabajo"...
"Ha sido precisa la
victoria conquistada en octubre por los trabajadores sobre los explotadores, ha
sido precisa toda una etapa histórica de discusión inicial por los propios
trabajadores de las nuevas condiciones de vida y de las nuevas tareas, para
poder pasar con firmeza a formas superiores de la disciplina de trabajo, a una
asimilación consciente de la idea de que es necesaria la dictadura del
proletariado, a un sometimiento incondicional a las órdenes personales de los
representantes del Poder soviético en las horas de trabajo..."
"Hay que aprender a
conjugar la democracia de las discusiones públicas de las masas trabajadoras,
que fluye tumultuosa como las aguas primaverales desbordadas, con la disciplina
férrea durante el trabajo, con el sometimiento incondicional a la
voluntad de una sola persona, del dirigente soviético, en las horas de
trabajo",
El Comité Ejecutivo Central
de toda Rusia adoptó el 29 de abril de 1918 una resolución, en la que se
aprobaban por completo los postulados fundamentales expuestos en este informe,
y encomendó a su Presídium que redactara los postulados fundamentales en forma
de tesis como tareas principales del Poder soviético. Por consiguiente,
¡estamos repitiendo lo que fue aprobado hace dos años en una resolución oficial
del CEC! y ahora se tira de nosotros hacia atrás en una cuestión resuelta hace
ya mucho, en una cuestión que el CEC ha aprobado y aclarado, a saber: que la
democracia socialista soviética no contradice lo más mínimo la
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117 "Decreto sobre los poderes dictatoriales": así llamaban
demagógicamente los mencheviques y eseristas el decreto del Consejo de
Comisarios del Pueblo Sobre la
centralización de la administración, la protección de los ferrocarriles y la
elevación de su capacidad de tráfico, publicado en el periódico Izvestia del CECR, núm. 59, del 28 de
marzo de 1918.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
dirección unipersonal y la
dictadura, que la voluntad de la clase es realizada en algunas ocasiones por un
dictador, el cual, a veces, hace más que todos y, con frecuencia, es más
necesario. En todo caso, la actitud de principio ante la dirección colectiva y
la dirección unipersonal no sólo ha sido explicada hace tiempo, sino incluso
ratificada por el CEC. En este sentido, nuestro congreso está patentizando la
triste verdad de que, en lugar de avanzar de la explicación de los problemas de
principio a las cuestiones concretas, caminamos adelante como el cangrejo. Si
no nos desembarazamos de este error no cumpliremos la tarea económica.
Quisiera decir dos palabras
más acerca de algunas observaciones del camarada Rykov. Afirma que el Consejo
de Comisarios del Pueblo obstaculiza la unión de los comisariados económicos, y
cuando se dice que el camarada Rykov desea tragarse al camarada Tsiurupa,
responde: "No tengo nada en contra de que Tsiurupa me trague a mí, pero
sólo a condición de que los comisariados económicos estén unidos". Sé a
qué conduce eso y debo decir que el intento del Consejo Superior de Economía
Nacional de estructurarse como una especie de bloque de los comisariados
económicos, separado y al margen del Consejo de Defensa y del Consejo de
Comisarios del Pueblo, no pasó desapercibido para el CC y suscitó una actitud
desfavorable. El Consejo de Defensa ha cambiado ahora su denominación por la de
Consejo de Trabajo y Defensa. Queréis separaros del Comisariado de Guerra, que
entrega las mejores fuerzas a la guerra, que es una institución sin la cual no
podréis hacer realidad ni siquiera el trabajo obligatorio, y nosotros no podemos
hacer realidad el trabajo obligatorio sin el Comisariado del Pueblo del
Interior. Y si tomamos Correos, veremos que no podemos cursar cartas sin el
Comisariado de Correos y Telégrafos. Tomad el Comisariado de Sanidad. ¿Cómo
vais a desarrollar la economía cuando el 70% está contaminado de tifus
exantemático? Resulta que cada asunto deberemos coordinarlo y separarlo en un
comisariado económico...
¡Ese plan es completamente
absurdo! ¡El camarada Rykov carecía de una argumentación seria! Por ello
luchamos contra eso y el CC no lo apoyó.
Después, el camarada Rykov
ha bromeado acerca del bloque, que se perfila, del camarada Trotski con el
camarada Goltsman. Quisiera decir, en pocas palabras, que siempre es necesario
un bloque entre los grupos del partido que tienen razón. Eso debe ser siempre
condición obligatoria para una política acertada. Si el camarada Goltsman, al
que, lamentablemente, conozco poco, pero del que he oído hablar como
representante de una corriente entre los metalúrgicos que insiste de manera
singular en la aplicación de métodos razonables —lo que se subraya también en
mis tesis—; si insiste desde este punto de vista en la dirección unipersonal,
eso, como es natural, sólo puede ser beneficioso en extremo.
213
El bloque con esa corriente
sería archiprovechoso. Si se refuerza la representación de los sindicatos en el
CC, será útil que en él haya también representantes de esta corriente —hasta
cierto punto errónea, pero, en cambio, original, con un matiz inequívoco—, a la
par con los representantes extremistas de la dirección colectiva, que pelean en
nombre de la democracia y se equivocan. Que unos y otros estén representados en
el CC y entonces habrá un bloque. Que el CC esté compuesto de forma que sea
posible, mediante un bloque, encontrar el terreno para operar durante todo el
año y no sólo durante la semana del congreso del partido. Hemos rechazado
constantemente el principio de la representación regional porque tiene mucho de
compadrazgo regional. Cuando hay que fundirse más fuertemente con los
sindicatos, cuando hay que seguir de cerca cada matiz de los sindicatos y tener
ligazón, es inevitable que el CC esté compuesto de tal modo que exista una
correa que vincule con las grandes masas de los sindicatos (en nuestro país
tenemos 600.000 miembros del partido y 3.000.000 de afiliados a los
sindicatos), una correa que vincule al CC simultáneamente con la voluntad única
de los 600.000 miembros del partido y con los 3.000.000 de afiliados a los
sindicatos. Sin esta correa no podemos gobernar. Cuanto más hemos conquistado
Siberia, el Kubán y Ucrania, con su población campesina, tanto más difícil se
ha hecho la tarea, tanto
IX Congreso del PC(b) de Rusia
más pesadamente funciona la
máquina, porque el proletariado en Siberia es escaso y en Ucrania es más débil.
Pero sabemos que los obreros de Donetsk y de Nikoláiev han rechazado
abiertamente la defensa de la semidemagógica dirección colectiva en que ha caído
el camarada Saprónov. No cabe la menor duda de que el elemento proletario en
Ucrania es distinto que en Petrogrado, en Moscú y en Ivánovo-Voznesensk, y no
porque sea malo, sino como consecuencia de acontecimientos puramente
históricos. No ha tenido que curtirse, como los proletarios de Moscú y de
Petrogrado, en el hambre, el frío y la lucha. Por eso hace falta una ligazón
con los sindicatos y una organización del CC que permitan a éste conocer los
matices no sólo de los 600.000 miembros del partido, sino también de los
3.000.000 de afiliados a los sindicatos, y conducirlos a todos como un solo
hombre en cualquier momento. ¡Semejante organización es indispensable! Es un
interés fundamental, político, sin el cual la dictadura del proletariado no
será dictadura. ¡Si se habla de bloque, que sea un bloque! ¡No hay que
asustarse de él, sino aplaudirlo y hacerlo realidad con mayor energía y
amplitud en las instituciones centrales más importantes del partido!
5. Discurso acerca de
la cooperación, 3 de abril.118
Sólo ayer por la noche y hoy
he podido conocer en parte ambas resoluciones. Creo que la resolución de la
minoría de la comisión es más acertada. El camarada Miliutin ha arremetido
contra ella con gran abundancia de palabras tremebundas, ha descubierto en ella
ambigüedad e incluso superambigüedad y la ha acusado de oportunismo. Pero a mí
me parece que no es tan fiero el león como lo pintan. Si analizamos la esencia
del problema, veremos que precisamente los argumentos de Miliutin, que ha
intentado plantear la cuestión sobre una base de principio, ponen al
descubierto el carácter equivocado e inadecuado — precisamente desde el punto
de vista práctico, eficiente y marxista— de la resolución que él ha defendido.
Esa equivocación consiste en lo siguiente: Miliutin ha señalado que en su
resolución, en la resolución de la mayoría de la comisión, se habla de la
fusión con el Comité Ejecutivo distrital, de la subordinación al Comité
Ejecutivo distrital, y ve en ello una prueba de la franqueza y la decisión de
su resolución si se la compara con el insuficiente revolucionarismo de la
resolución de la minoría. Hemos visto ya durante el largo tiempo de nuestra
campaña revolucionaria que nuestras acciones revolucionarias, cuando han sido
preparadas, han tenido éxito; pero cuando sólo han estado impregnadas de ardor
revolucionario, han terminado en un fracaso.
¿Qué dice la resolución de
la minoría de la comisión? La resolución de la minoría dice: orienta la
atención a intensificar la labor comunista en las cooperativas de consumo y a
conquistar en ellas la mayoría, prepara los organismos a los que quieres transferir
y transferirás después. Comparad con esto la línea que sigue Miliutin. El dice:
las cooperativas son malas, por eso hay que transferirlas a los Comités
Ejecutivos distritales. Pero ¿tenéis una base comunista en esas cooperativas
que queréis transferir? Se elude la esencia del problema —la preparación— y se
da únicamente la última consigna. Si esa labor comunista está preparada y se
han creado los organismos que pueden asumirla y realizarla, entonces la
transferencia es comprensible y no hay por qué proclamarlo en el congreso del
partido. ¡Pero no es la primera vez que amenazáis a los campesinos! ¡No es la
primera vez que ese mismo Consejo Superior de Economía Nacional ha amenazado al
campesinado y a las cooperativas en el asunto de la recolección del lino! Si
recordáis la experiencia práctica de trabajo de nuestros organismos locales y
del Consejo de Comisarios del Pueblo, diréis que es erróneo ese enfoque
![]()
118 El IX Congreso del PC(b)R formó
especialmente una comisión para el problema de las cooperativas que en la
reunión del 2 de abril de 1920 examinó las distintas variantes de tesis sobre
el particular sometidas a la discusión del congreso. En la reunión de la
comisión, al principio se tomaron como base las tesis de V. Miliutin que
proponía estatizar las cooperativas. Después de la intervención de Lenin contra
las tesis de Miliutin el congreso aprobó por abrumadora mayoría de votos la
resolución defendida por Lenin.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
del problema y que es
acertada la resolución que afirma que son necesarias la labor de educación
comunista y la preparación de un plantel de funcionarios, sin lo cual la
transferencia es imposible.
214
La segunda cuestión fundamental es el nexo con las cooperativas
de consumo. El camarada Miliutin revela en este terreno una inconsecuencia
extraordinaria. Si las cooperativas de consumo no cumplen todas las tareas, es
decir, lo que se ha dicho durante dos años en toda una serie de decretos
enfilados contra el kulak, será preciso recordar que los medios de poder que
tenemos contra el kulak son aplicados también a las cooperativas de consumo. Y
así se hace en plena medida. Lo más importante hoy es aumentar la producción y
la cantidad de productos. Si las cooperativas de consumo no tienen tiempo de
cumplir eso, serán castigadas. Pero si, vinculadas a las cooperativas de
producción, proporcionan un aumento de los productos, aunque sea pequeño, habrá
que inclinarse ante ellas y fomentar su iniciativa. Si las cooperativas de
consumo, a pesar de la más estrecha ligazón viva local con la producción, no
saben proporcionar ese aumento, ello significará que no han cumplido una tarea
directa del Poder soviético. Si en el distrito existen, por lo menos, dos o
tres camaradas enérgicos dispuestos a luchar contra los kulaks y la burguesía,
la batalla será ganada. ¿Dónde ha sido rechazada la iniciativa del camarada
Chuchin? No ha citado ni un solo ejemplo. Pero la idea de que es necesario
vincular las cooperativas de producción a las de consumo y hacer todas las
concesiones necesarias con tal de aumentar la cantidad de productos en el
futuro inmediato, esta idea dimana de nuestra experiencia de dos años. No
impide lo más mínimo ni a los funcionarios comunistas ni a los de los Soviets
luchar contra las cooperativas de tipo kulak, burgués. Lejos de impedirlo, pone
en sus manos una nueva arma. Si las cooperativas saben organizar algo, les
daremos un premio; pero si no cumplen esta tarea, las golpearemos no sólo por
ser contrarrevolucionarias —para eso existe la Checa, como se ha dicho aquí
justamente -: no, las golpearemos porque no cumplen una tarea del poder
estatal, del Poder soviético, y del proletariado.
El camarada Miliutin no ha
presentado ni un solo argumento válido contra la unificación de las
cooperativas de consumo: ha indicado solamente que eso le parece oportunismo o
ambigüedad. Es extraño escuchar eso del camarada Miliutin, que junto con el
camarada Rykov se proponía dar grandes pasos y se ha convencido de que no puede
dar ni una décima de paso. En este sentido, la ligazón con las cooperativas de
consumo es una ventaja: brinda la posibilidad de ocuparse inmediatamente de la
producción. Se facilitan todos los medios contra la injerencia en la labor
política, y la subordinación en los aspectos productivo y económico depende
íntegramente del Comisariado del Pueblo de Agricultura y del Consejo Superior
de Economía Nacional. Disponéis de todos esos medios en la medida en que podéis
controlar la cooperación.
Llegamos ahora a la tercera
cuestión, la estatificación, que Miliutin ha defendido tanto que resultaba
extraño oírlo. Se constituyó una comisión, el camarada Krestinski quedó en ella
en minoría y el camarada Miliutin salió vencedor, pero ahora dice: "En
cuanto a la estatificación, estoy de acuerdo en no discutir". ¿Por qué,
entonces, ha discutido la comisión? Si opináis como el camarada Chuchin, no
tenéis razón al renunciar a la estatificación. Aquí se ha dicho: si se
nacionalizó a los capitalistas, ¿por qué no se puede nacionalizar a los kulaks?
Pero no en vano ha suscitado aquí regocijo ese argumento. En efecto, se cuente
como se cuente a los campesinos acomodados que no pueden pasarse sin explotar
trabajo ajeno, son no menos de medio millón y, quizá, incluso cerca de un
millón. ¿Cómo podemos nacionalizarlos? Eso es una fantasía. Ahora no tenemos
fuerzas para hacerlo.
El camarada Chuchin tiene
toda la razón cuando dice que en las cooperativas hay toda una serie de
contrarrevolucionarios, pero eso es harina de otro costal. Aquí se ha hablado
justamente de la Checa. Si por culpa de vuestra miopía no podéis desenmascarar
a algunos cabecillas de las cooperativas, enviad allí a un comunista para que
descubra esa
IX Congreso del PC(b) de Rusia
contrarrevolución. Y si es
un buen comunista, y un buen comunista es al mismo tiempo un buen chequista,
colocado en una cooperativa de consumo debe sacar de ella, por lo menos, a dos
cooperadores contrarrevolucionarios.
De ahí que el camarada Chuchin no tenga razón al predicar la
estatificación inmediata. Eso estaría bien, pero es imposible, porque se trata
de una clase fuera de nuestro alcance que no puede ser nacionalizada en modo
alguno. Tampoco hemos nacionalizado todas las empresas industriales. Cuando una
orden dada en nombre de las direcciones generales y de los organismos centrales
llega a las localidades, resulta ya absolutamente impotente: se hunde en un mar
bien de papeles, bien de falta de caminos, de comunicaciones telegráficas, etc.
Por eso es imposible hoy hablar de nacionalización de las cooperativas. El
camarada Miliutin tampoco tiene razón desde el punto de vista de los
principios: se da cuenta de su debilidad y piensa que se puede suprimir
simplemente este punto. Pero entonces, camarada Miliutin, desacredita usted su
resolución, certifica que está en lo cierto la resolución de la minoría, pues
el espíritu de la suya —subordinar las cooperativas al Comité Ejecutivo
distrital (en el primer punto así se dice: "adoptar medidas") es un
espíritu de la Checa, introducido por equivocación en un problema económico. La
otra resolución dice que es preciso, en primer lugar, aumentar el número de
comunistas, intensificar la propaganda y la agitación comunista, que es preciso
crear la base. En ella no hay nada singularmente altisonante, no se promete el
oro y el moro de la noche a la mañana. Pero si en las localidades hay
comunistas, saben lo que tienen que hacer, y el camarada Chuchin no necesitará
explicar a dónde hay que llevar a los contrarrevolucionarios.
215
En segundo lugar, hay que
preparar el organismo. "Prepara el organismo y compruébalo en la práctica,
comprueba si aumenta la producción"; ¡eso es lo que dice la resolución de
la minoría! Ante todo, crea la base; y después, después ya veremos. De esto se
hará por sí mismo lo que haga falta. Se promulgan con abundancia suficiente
decretos en los que se señala que los contrarrevolucionarios deben ser enviados
a la Checa, y si no hay Checa, al Comité Revolucionario. Hace falta menos
amagos de ese tipo. Hay que aprobar la resolución de la minoría, que ofrece la
línea fundamental.
6. Discurso de
clausura del congreso, 5 de abril.
Camaradas: Al hacer un breve
resumen de las labores de nuestro congreso debemos, a mi juicio, hablar en
primer término de las tareas de nuestro partido. El congreso ha aprobado una
resolución detallada sobre los problemas de organización y, como era de esperar,
en ella ocupa el lugar más importante la cuestión de la educación, de la
instrucción, del aprovechamiento de los miembros de nuestro partido desde el
punto de vista de organización. La Comisión de Credenciales ha informado que en
este congreso están representados más de 600.000 miembros de nuestro partido.
Todos conocemos perfectamente las enormes dificultades que ha debido afrontar
el partido en tiempos de combate como los nuestros, en los que ha sido preciso
luchar para impedir que los peores elementos, los detritos del viejo
capitalismo, pudieran infiltrarse y pegarse al partido gobernante, naturalmente
abierto —porque es el partido gobernante— y que abre el camino del poder. Y uno
de los medios de lucha ha sido la organización de Semanas del Partido. Sólo en
tales condiciones y sólo en tales momentos —cuando el partido y el movimiento
atravesaban por una situación singularmente difícil, cuando Denikin se
encontraba al Norte de Oriol, y Yudénich a 50 verstas de Petrogrado— podían
ingresar en el partido únicamente personas fieles de verdad a la causa de la
emancipación de ros trabajadores.
Estas condiciones no se
repetirán ahora, al menos en el futuro inmediato, y debemos decir que el
inmenso número de militantes de nuestro partido alcanzado y realizado —inmenso
en comparación con los congresos precedentes— infunde algunos temores.
IX Congreso del PC(b) de Rusia
Existe el peligro,
completamente real, de que el rápido crecimiento de nuestro partido no haya
marchado siempre al nivel de nuestra labor educativa entre esta masa para que
cumpla las tareas actuales. Debemos tener en cuenta en todo momento que este
ejército de 600.000 hombres debe ser la vanguardia de la clase obrera, que sin
una disciplina férrea es poco probable que hubiéramos podido cumplir nuestras
tareas en el transcurso de dos años. La condición fundamental de la aplicación
y el mantenimiento de nuestra rigurosísima disciplina es la fidelidad: todos
los viejos medios y veneros de aplicación de la disciplina quedaron destruidos
y basamos nuestra actividad únicamente en el alto grado de comprensión y de
conciencia. Esto nos ha permitido aplicar una disciplina que está por encima de
la de cualquier otro Estado y que se asienta en una base distinta a la
disciplina que se mantiene a duras penas, si es que puede mantenerse todavía,
en la sociedad capitalista. Por eso debemos recordar que nuestra tarea durante
el año próximo, después de los brillantes éxitos en la guerra, consiste no
tanto en ampliar el partido, sino en la labor interna, en el sentido de
desarrollar la militancia. No es casual que nuestras resoluciones sobre los
problemas de organización consagren a ello el mayor espacio.
Hay que conseguir a toda
costa que esta vanguardia proletaria, este ejército de 600.000 miembros, esté a
la altura de las tareas que recaen sobre ella. ¡Y las tareas que recaen sobre
ella, internacionales e internas, tienen una importancia gigantesca! En lo que
atañe a las tareas internacionales, nuestra situación internacional jamás ha
sido tan excelente como en la actualidad. Aunque hasta nosotros llegan
raramente noticias del extranjero sobre la vida de los obreros de allí, cada
vez que recibimos un par de cartas o algunos números de los periódicos obreros
socialistas europeos y americanos sentimos el más profundo placer. Porque vemos
que en todas partes, mucho más de lo que nosotros sabemos, en cualquier confín
de la tierra, por doquier, entre las masas no influenciadas antes en absoluto
por la propaganda o que vegetaban en el miserable oportunismo, en el socialismo
puramente parlamentario, se observa un crecímiento gigantesco del interés por
el Poder soviético, por las nuevas tareas; en todas partes se observa un
profundo movimiento revolucionario, efervescencia, el planteamiento del
problema de la revolución.
Ayer tuve ocasión de leer un
número del periódico del Partido Obrero Socialista inglés. Los obreros
ingleses, que han tenido jefes intelectuales, que durante decenios se han
distinguido por el desprecio de la teoría, dicen con toda claridad —y el
periódico lo atestigua— que entre ellos existe interés por el problema de la
revolución, que ha surgido y crece el interés por la lucha contra el
revisionismo contra el oportunismo, contra el socialismo parlamentario, contra
esta socialtraición que tan bien hemos estudiado nosotros. ¡Esta lucha se
plantea en el orden del día! Podemos decir con seguridad que tiene toda la
razón el camarada norteamericano R., el cual ha publicado un grueso volumen con
una serie de artículos del camarada Trotski y míos, que proporciona un resumen
de la historia de la revolución rusa.
216
Este camarada dice que la
revolución francesa resultó victoriosa a escala histórico-universal, y que si
pudo ser aplastada directamente fue porque estaba rodeada en el continente
europeo de países más atrasados, en los que no podían surgir en el acto movimientos
de imitación, simpatía y apoyo. La revolución rusa, que en virtud de la
opresión del zarismo y de otras muchas condiciones (el nexo con 1905, etc.) ha
surgido antes que otras, está rodeada de países que se hallan a un nivel más
elevado de desarrollo capitalista, que se acercan a la revolución con mayor
lentitud, pero, en cambio, ¡de manera más sólida, firme y segura! Vemos que de
año en año, e incluso de mes en mes, el número de partidarios y amigos de la
República Soviética en cada país capitalista aumenta en 10, en 100, en 1.000
veces. ¡Y debemos decir que tenemos más amigos y aliados que lo que sabemos!
¡El intento del imperialismo
mundial de aplastarnos por medio de la guerra ha sufrido un rotundo fracaso! La
situación internacional nos ha dado ahora una tregua mucho más larga y segura
que la que tuvimos a comienzos de la revolución. Pero hay que recordar que no
es
IX Congreso del PC(b) de Rusia
más que una tregua. Hay que
recordar que todo el mundo capitalista está armado de pies a cabeza y espera el
momento, eligiendo las mejores condiciones estratégicas y estudiando los
métodos de agresión. ¡No debe olvidarse en modo alguno que hoy tiene todavía de
su parte toda la fuerza económica y toda la fuerza militar! A escala mundial
somos débiles todavía, crecemos con rapidez, nos fortalecemos, arrancamos de
manos del enemigo un arma tras otra. ¡Pero el enemigo acecha a cada paso a la
República Soviética! El capital internacional abriga ahora determinados
propósitos, un plan que tiende, al levantarse el bloqueo, a unir, fusionar y
fundir la especulación internacional, el libre comercio internacional, con
nuestra especulación interna y, sobre la base de esta especulación, prepararnos
una nueva guerra, preparar una nueva serie de trampas y emboscadas.
Llegamos así a la tarea
fundamental que ha figurado como cuestión principal, como objeto principal de
atención de nuestro congreso. Es la tarea de la edificación. En este sentido,
el congreso nos ha dado muchísimo, a saber: ha aprobado por unanimidad la resolución
sobre el problema principal, sobre la edificación económica y el transporte. Y
ahora, gracias a la labor educativa del partido, conseguiremos que esta
resolución sea aplicada como por un solo hombre por los tres millones de
obreros afiliados a los sindicatos. Conseguiremos que esta resolución sirva
para que dediquemos toda nuestra fuerza, disciplina y energía a restablecer la
economía del país, en primer lugar el transporte, y, en segundo lugar, el
abastecimiento de víveres.
Tenemos ahora toda una serie
de cuestiones para la propaganda. Y en este sentido, cada noticia del
extranjero y cada diez nuevos miembros del partido nos proporcionan nuevo
material para la propaganda. La propaganda debe seguir su curso, sin dispersar
ni fraccionar las fuerzas. Debemos recordar firmemente que la fuente de los
éxitos y de los prodigios que hemos realizado en el terreno militar radica en
que siempre nos hemos concentrado en lo principal, en lo fundamental; ¡hemos
resuelto los problemas como no supo resolverlos la sociedad capitalista! El
quid de la cuestión está en que la sociedad capitalista resuelve todo lo que
interesa especialmente a los ciudadanos — sus condiciones económicas de
existencia, la guerra y la paz— en secreto para la propia sociedad; los
problemas más importantes —la guerra, la paz y las cuestiones diplomáticas— los
resuelve un puñado insignificante de capitalistas, que engañan no sólo a las
masas, sino incluso, con frecuencia, al Parlamento. ¡No hay en el mundo un solo
Parlamento que haya dicho nunca algo serio sobre el problema de la paz y la
guerra! En la sociedad capitalista, los problemas principales de la vida
económica de los trabajadores, su situación de hambre o de buena existencia,
¡los resuelve el capitalista como dueño y señor, como un dios! En todos los
países capitalistas, en las repúblicas democráticas, la atención del pueblo es
desviada durante esos períodos por la venal prensa burguesa, ¡que se denomina
libertad de palabra y que inventa y pone en circulación todo lo imaginable para
embaucar y engañar a esa masa! En nuestro país, por el contrario, todo el
aparato de poder del Estado y toda la atención del obrero consciente se han
concentrado por entero y exclusivamente en el aspecto principal y de mayor
responsabilidad, en la tarea principal. En el terreno militar hemos conquistado
un éxito gigantesco en este sentido, y ahora debemos llevar esta experiencia al
terreno económico.
Estamos realizando la
transición al socialismo, y la cuestión más esencial —la del pan, la del
trabajo— no es una cuestión particular, un asunto privado de los patronos, sino
un problema de toda la sociedad. ¡Y cada campesino capaz de pensar, por poco que
sea, debe tener conciencia y comprender con precisión que si el Estado plantea
el problema del transporte en toda su prensa, en cada artículo, en cada número
de los periódicos, es porque se trata de una causa común! Esta edificación
constituye para el campesino el paso de la ceguera y la ignorancia —que le
condenaban a la esclavitud— a la verdadera libertad, a una situación en la que
los trabajadores conocen todas las dificultades que les esperan y orientan
todas las fuerzas de la organización social, todas las fuerzas del aparato del
Estado y todas las fuerzas
IX Congreso del PC(b) de Rusia
de la agitación hacia lo más
simple y más esencial, dando de lado el oropel, las baratijas, el juego a toda
clase de resoluciones y las inteligentísimas promesas a que se dedican los
agitadores periodísticos de cualquier país burgués.
217
Hay que concentrar todas las fuerzas y toda la atención en las
tareas económicas más simples, comprensibles para cada campesino, a las que no
puede oponerse ningún campesino medio, e incluso acomodado, más o menos
honrado, y durante cuyo planteamiento en cualquier asamblea resultará siempre
que tendremos razón absoluta. La masa obrera y campesina más inconsciente
confirmará que lo principal hoy es restablecer la economía de tal modo que no
pueda caer de nuevo en manos de los explotadores, de tal modo que no pueda
haber la menor indulgencia con quien, poseyendo excedentes de trigo en un país
hambriento, utilice esos excedentes para enriquecerse y para obligar a pasar
hambre a los pobres. No encontraréis una sola persona, incluso la más ignorante
y más inconsciente, que no comprenda que eso es injusto y a la que no se le
ocurra, aunque sea de una manera vaga y confusa, la idea de que los argumentos
expuestos por los partidarios del Poder soviético corresponden por entero a los
intereses de los trabajadores.
En estas tareas simples, que en las grandes sociedades
capitalistas son relegadas a segundo plano y consideradas asunto privado de los
amos, en estas cuestiones debemos concentrar la atención de todo el ejército de
600.000 miembros del partido —entre los que no debemos tolerar a ninguno que no
cumpla su tarea— y, para ello, obligar a toda la masa de obreros a sumarse por
completo a nosotros con la mayor abnegación y fidelidad. Eso es difícil de
organizar, pero tiene una magna autoridad moral y una gigantesca fuerza de
convicción. ¡Es justo desde el punto de vista de los trabajadores! Pues bien,
con la seguridad de que esta tarea, gracias a las labores del congreso, podrá
ser ahora cumplida tan brillantemente como cumplimos la tarea militar, aunque a
costa también de una serie de derrotas y de una serie de errores; con esta
seguridad, podemos decir que ahora nos contemplan los obreros de todos los
países europeos y americanos, nos contemplan esperando si sabremos cumplir esta
tarea, más difícil, que tenemos planteada, ¡pues esta tarea es más difícil que
la tarea de la victoria militar! ¡Es imposible cumplirla con el simple
entusiasmo, la simple abnegación y la exaltación heroica! En este trabajo de
organización, en el que nosotros, los rusos, hemos sido más débiles que otros;
en este trabajo de autodisciplina; en este trabajo de saber apartar lo
secundario y tratar de conseguir lo principal no es posible hacer nada con
rapidez; y en esta esfera del acopio de cereales, de la reparación del
transporte y del restablecimiento de la economía, que avanza sólo paso a paso y
donde se prepara el terreno y se hace poco, pero sólido; ¡en este trabajo nos
contemplan los obreros de todos los países, esperando nuestras nuevas
victorias! ¡Estoy seguro de que, apoyándonos en las resoluciones de nuestro
congreso, consiguiendo que los 600.000 miembros del partido trabajen como un
solo hombre y estableciendo una ligazón más estrecha con los organismos
económicos y sindicales, sabremos cumplir esta tarea tan victoriosamente como cumplimos
la tarea militar y avanzaremos con rapidez y firmeza hacia la victoria de la
República Soviética Socialista Mundial! (Aplausos.)
Publicado íntegramente en 1920, en el libro "0oveno
Congreso del Partido Comunista de Rusia. Actas taquigráficas". El discurso
de resumen de la discusión sobre el informe del CC se publicó íntegramente por
vez primera en 1960, en el libro "0oveno Congreso del PC(b) de Rusia.
Marzo-abril de 1920. Actas”.
T. 40, págs. 235-287.
218
SOBRE LOS COMPROMISOS.119
En una conversación conmigo, el camarada
Lansbury subrayó en forma especial el siguiente argumento de los jefes
oportunistas ingleses del movimiento obrero:
los bolcheviques entran en
compromisos con los capitalistas, por ejemplo, en el tratado de paz con
Estonia, al otorgar concesiones forestales; si es así, son igualmente legítimos
los compromisos con los capitalistas, concertados por los dirigentes moderados
del movimiento obrero inglés.
El camarada Lansbury opina
que este argumento está muy difundido en Inglaterra, que tiene importancia para
los obreros y requiere ser analizado sin falta.
Trataré de hacer este análisis.
I
¿Puede un partidario de la
revolución proletaria concertar compromisos con los capitalistas o con la clase
capitalista?
Al parecer, tal es el
problema que sirve de base al argumento citado. Pero ese modo general de
formular el problema muestra una extrema inexperiencia política y un bajo nivel
de conciencia política en quien plantea la cuestión, o bien su tramposa intención
de encubrir con un sofisma la justificación del bandolerismo, del saqueo, de
toda la violencia capitalista.
En verdad, sería un evidente
absurdo responder negativamente a esta cuestión general. Es claro que un
partidario de la revolución proletaria puede concertar compromisos o acuerdos
con los capitalistas. Todo depende de qué
acuerdo y en qué circunstancias se
concierte. En esto y sólo en esto se puede y se debe buscar la diferencia entre
un acuerdo legítimo, desde el punto de vista de la revolución proletaria, y un
acuerdo traidor y pérfido (desde el mismo punto de vista).
Para aclarar esto recordaré
primero un razonamiento de los fundadores del marxismo y después agregaré
algunos ejemplos muy simples y evidentes.
No sin razón Marx y Engels
son considerados los fundadores del socialismo científico. Fueron enemigos
implacables de toda fraseología huera. Enseñaron que los problemas del
socialismo (entre ellos los de la táctica socialista) deben ser planteados
científicamente. Y en la década del 70 del siglo pasado, cuando Engels analizó
el manifiesto revolucionario de los blanquistas franceses, los fugitivos de la
Comuna, les dijo sin rodeos que su jactanciosa declaración de "ningún
compromiso" era una frase hueca120. No
se puede renunciar a la idea de los compromisos. La cuestión está en saber
conservar, robustecer, forjar y desarrollar la táctica y la organización
revolucionarias, la conciencia revolucionaria, la decisión y la preparación de
la clase obrera y de su vanguardia organizada, el partido comunista, a través
![]()
119
El
documento Sobre los compromisos es el
comienzo de un artículo de Lenin que quedó inconcluso. Los pensamientos
expuestos en este documento fueron desarrollados más detalladamente por Lenin
en su libro La enfermedad infantil del
"izquierdismo" en el comunismo.
La conversación que menciona Lenin con el pacifista Lansbury,
uno de los dirigentes del Partido Laborista Independiente inglés, tuvo lugar el
21 de febrero de 1920, en el Kremlin.
120 Véase F. Engels. El
programa de los emigrados blanquistas de la Comuna.
de todos los compromisos que
a veces la fuerza de las circunstancias impone necesariamente, incluso al
partido más revolucionario hasta de la clase más revolucionaria.
Para quien conozca los
fundamentos de la doctrina de Marx, esa idea deriva ineludiblemente de toda su
doctrina. y puesto que, en virtud de una serie de causas históricas, en
Inglaterra, desde los tiempos del cartismo (que en muchos aspectos vino a
preparar el marxismo, siendo la "penúltima palabra" con respecto a
él), los dirigentes oportunistas semiburgueses de las tradeuniones y de las
cooperativas han relegado a segundo plano el marxismo, intentaré explicar la
validez de la idea que hemos expuesto, por medio de ejemplos típicos, tomados
de hechos conocidos por todos de la vida política y económica corriente.
Empezaré con un ejemplo que
ya cité alguna vez en uno de mis discursos. Supongamos que el automóvil en que
uno viaja es asaltado por bandidos armados. Supongamos que le ponen un revólver
en la sien, y entrega uno a los bandidos el automóvil, el dinero y el revólver,
y que éstos se llevan el automóvil, etc., para cometer nuevos atracos121.
Sin duda es un caso de
compromiso con los bandidos, de pacto con ellos. Este pacto, aunque no firmado,
y concertado tácitamente, sigue siendo, sin embargo, un pacto absolutamente
definido y preciso: "Yo te doy, bandido, mi automóvil, mi arma y mi dinero,
y tú me libras de tu grata compañía".
Cabe preguntar: al hombre
que concertó semejante pacto con los
bandidos, ¿lo llamarán ustedes cómplice
de un acto de bandidaje, cómplice de
un asalto bandidesco a terceras personas, a las que los bandidos desvalijaron
valiéndose del automóvil, el dinero y el arma que obtuvieron de la persona que
había pactado con ellos?
219
No, no lo llamarán así.
La cuestión es aquí absolutamente clara y simple hasta la
trivialidad.
Y también es claro que en
otras circunstancias una tácita entrega del automóvil, del dinero y del arma a
los bandidos sería considerada por todo hombre sensato como complicidad en un
acto de bandidaje.
La conclusión es evidente:
tan absurdo es renunciar a la idea de todo pacto o compromiso con los bandidos,
como justificar la complicidad en un acto de bandidaje partiendo de la tesis
abstracta de que, en general, son admisibles y necesarios a veces los pactos
con los bandidos.
Veamos ahora un ejemplo político...*
* Aquí se interrumpe el manuscrito. (N. de la Edit.)
Publicado por primera
vez en 1936, en el núm. 2 de la revista "Bolsheink".
T. 40, págs. 289-291.
![]()
121 Lenin se refiere a un hecho que le
ocurrió el 19 de enero de 1919, cuando viajaba a Sokólniki para visitar a N.
Krúpskaya, que se encontraba descansando en un sanatorio-escuela. El automóvil
de Lenin fue asaltado por
bandidos armados que le
robaron la billetera y el revólver y se llevaron el auto. Las medidas tomadas
por la Checa y las investigaciones practicadas permitieron encontrar el
automóvil y detener a los asaltantes. Para mayor detalle véanse el libro Recuerdos acerca de Vladímir Ilich Lenin,
segunda parte, Moscú, 1957, págs. 435-438, y el libro de Bonch-Bruévich El atraco a Lenin (1931).
De la destrucción de un régimen secular a la creación de otro
nuevo
220
DE LA DESTRUCCIÓN DE UN RÉGIMEN SECULAR
A LA CREACIÓN DE OTRO NUEVO.
Nuestro periódico122 está consagrado al problema del trabajo comunista.
Es ésta una cuestión de suma
importancia en la construcción del socialismo. Y es preciso ante todo tener
bien claro que esta cuestión ha podido
ser planteada prácticamente sólo después de la conquista del poder político por
el proletariado, sólo después de la expropiación de los terratenientes y de los
capitalistas, sólo después de las victorias decisivas que el proletariado, tras
haber conquistado el poder del Estado, ha alcanzado sobre los explotadores, que
han organizado una desesperada resistencia, levantamientos
contrarrevolucionarios y la guerra civil.
Al comienzo del año 1918
pareció llegado este momento, y, efectivamente, llegó tras la campaña militar
de febrero (1918) que el imperialismo alemán había emprendido contra Rusia.
Pero la ocasión fue entonces demasiado fugaz, ya que una nueva y más fuerte
oleada de invasiones y alzamientos contrarrevolucionarios se desencadenó tan
rápidamente que el Poder soviético no tuvo la posibilidad de ocuparse con la
atención y persistencia debidas de los problemas de la construcción pacífica.
Acabamos de vivir dos años
de inauditas e inverosímiles dificultades, dos años de hambre, de privaciones y
de calamidades, y al mismo tiempo de victorias sin precedentes del Ejército
Rojo sobre las hordas de la reacción capitalista internacional.
Ahora hay fundadas
posibilidades de esperar (si los capitalistas franceses no consiguen lanzar a
Polonia a la guerra) que obtendremos una paz más sólida, más duradera.
Al cabo de dos años contamos
ya con cierta experiencia de la construcción sobre la base del socialismo. Por
eso, la cuestión del trabajo comunista puede y debe ser planteada de lleno.
Ahora bien, será más exacto hablar no del trabajo comunista, sino del trabajo
socialista, ya que no se trata de la fase superior, sino de la inferior, de la
primera fase de desarrollo del nuevo régimen social, que ha brotado del
capitalismo.
El trabajo comunista, en el
más riguroso y estricto sentido de la palabra, es un trabajo gratuito en bien
de la sociedad, un trabajo que es ejecutado no para cumplir una obligación
determinada, no para recibir derecho a determinados productos, no por normas
establecidas y reglamentadas de antemano, sino un trabajo voluntario, sin
normas, hecho sin tener en cuenta recompensa alguna, sin poner condiciones
sobre la remuneración, un trabajo realizado por hábito de trabajar en bien
general y por la actitud consciente (transformada en hábito) frente a la
necesidad de trabajar para el bien común; en una palabra, un trabajo como
exigencia del organismo sano.
Es claro para todos que
nosotros, es decir, nuestra sociedad, nuestro régimen social, estamos aún
lejos, muy lejos de la aplicación en vasta escala, de la efectiva aplicación en
masa de este tipo de trabajo.
Pero el hecho de que esta
cuestión esté planteada, el hecho de que esté planteada tanto por toda la
vanguardia del proletariado (el Partido Comunista y los sindicatos) como por el
poder del Estado, es ya un paso adelante por este camino.
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122 Lenin alude a la hoja: Kommunistícheski Subbótnik ("El
Sábado Comunista"), publicada el 11 de abril de 1920 por iniciativa del
Comité de Moscú del PC(b)R. La compusieron e imprimieron los redactores y
tipógrafos de los periódicos moscovitas en la jornada del sábado 10 de abril.
De la destrucción de un régimen secular a la creación de otro
nuevo
Para llegar a algo grande hay que comenzar desde lo pequeño.
Y, por otro lado, después de
lo "grande", después de la revolución que ha derribado la propiedad
de los capitalistas y ha puesto el poder en manos del proletariado, la
construcción de la vida económica sobre la nueva
base puede comenzar sólo por lo pequeño.
Los sábados comunistas, los
ejércitos de trabajo, el servicio de trabajo obligatorio: he aquí, en
diferentes formas, la realización práctica del trabajo socialista y comunista.
En esta empresa, los
defectos son todavía numerosos. Sólo las gentes totalmente incapaces de pensar,
sin hablar ya de los defensores del capitalismo, pueden salir del paso con
risas (o con ira) a propósito de estos defectos.
Las deficiencias, las
equivocaciones y los desaciertos son inevitables en una obra tan nueva, tan
ardua y de tamaña envergadura. Quien teme las dificultades de la construcción
del socialismo, quien se deja intimidar por ellas, quien cae en la desesperación
o en la confusión pusilánime, no es socialista.
Crear una nueva disciplina
de trabajo, crear nuevas formas de relaciones sociales entre los hombres, crear
formas y procedimientos nuevos de atracción de los hombres al trabajo, es tarea
que exige muchos años, decenas de años.
221
Esta es la tarea más grata y más noble.
Nuestra suerte está en que,
por haber derrocado a la burguesía y aplastado su resistencia, hemos podido
sentar unas bases sobre las que esta tarea se
ha hecho posible.
Y nosotros pondremos mano a
la obra con toda energía. La firmeza, la perseverancia, la disposición, la
decisión y la capacidad de ensayar centenares de veces, de corregir centenares
de veces, para conseguir a toda costa los objetivos propuestos, estas cualidades
las ha adquirido el proletariado en los 10, en los 15, en los 20 años que
precedieron a la Revolución de Octubre y en los dos años transcurridos después
de esta revolución, sufriendo privaciones, hambre, ruina y calamidades nunca
vistas. Estas cualidades del proletariado son la garantía de que el
proletariado triunfará.
8 de abril de 1920.
"Hotnmunisttcheslci
subbótnik" del 11 de abril de 1920. Firmado: N. Lenin.
T. 40, págs. 314-316.

