Libro N° 7059. Obras Escogidas. Tomo IX. Lenin, V. I.
© Libro N° 7059.
Obras Escogidas. Tomo IX. Lenin, V. I. Emancipación. Marazo 7 de
2020.
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Escogidas. Tomo IX. V. I. Lenin
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TOMO IX
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TOMO IX
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V.I. LENIN
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TOMO 9-12
Índice
Prefacio................................................................................................................. 1
La revolución
proletaria y el renegado Kautsky........................................... 2
Discurso en el III
Congreso de las cooperativas obreras........................... 42
Discurso en el I Congreso nacional de las secciones agrarias,
de los comités de
campesinos pobres y de las comunas...................... 46
Esbozo de reglamento
para dirigir las instituciones soviéticas................. 51
Discurso en la
Conferencia obrera del barrio de Presnia........................... 53
“Democracia” y
dictadura............................................................................... 59
Discurso en el II
Congreso nacional de los consejos de economía.......... 62
Sobre las tareas de
los sindicatos................................................................... 66
Una pequeña
ilustración para aclarar grandes problemas.......................... 68
Discurso en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia, el Soviet
de Moscú y el Congreso
nacional de los sindicatos.............................. 70
Discurso en el II
Congreso nacional de los maestros internacionalistas. 77
Informe presentado al
II Congreso nacional de los sindicatos.................. 79
Carta a los obreros de
Europa y América...................................................... 86
I Congreso de la
Internacional Comunista................................................... 90
Lo conquistado y lo
refrendado...................................................................... 99
Acerca de la fundación
de la Internacional Comunista............................ 101
Sesión del Soviet de
Petrogrado................................................................... 104
Éxitos y dificultades
del poder soviético..................................................... 113
VIII Congreso del
PC(b) de Rusia............................................................... 126
¿Que es el poder
soviético?........................................................................... 159
Reunión plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de
diputados obreros y
combatientes del ejército rojo............................. 160
La tercera
internacional y su lugar en la historia....................................... 169
I Congreso nacional de
instrucción extraescolar...................................... 173
Prefacio a la publicación del discurso “Acerca de como se engaña
al pueblo con las
consignas de libertad e igualdad”.......................... 191
Los prohombres de la
internacional de Berna........................................... 196
Notas................................................................................................................. 200
1
PREFACIO.
En el
presente volumen se incluyen trabajos escritos por Lenin entre octubre de 1918
y mayo de 1919.
Da comienzo al tomo el libro
La revolución proletaria y el renegado
Kautsky, en el que Lenin sometió a dura crítica la apostasía de Kautsky, el
cual hizo traición al marxismo revolucionario, desvirtuando la doctrina de Marx
de la revolución socialista y de la dictadura del proletariado. En este
trabajo, basándose en la experiencia de la Revolución de Octubre en Rusia y del
movimiento revolucionario en otros países, Lenin desarrolló la teoría marxista
de la revolución socialista y mostró que la democracia socialista soviética es
la democracia más amplia, una democracia de tipo superior a cualquier
democracia burguesa.
La segunda mitad de 1918 fue
uno de los períodos más difíciles y duros de la historia del Estado soviético.
La República Soviética se vio envuelta en un cerco de fuego, rodeada de frentes
y cortada de sus bases fundamentales de víveres, materias primas y
combustibles. En la lucha contra la República de los Soviets se agruparon las
fuerzas de los intervencionistas extranjeros y de la contrarrevolución
interior.
La situación de la República
Soviética se complicó sobre todo en el otoño de 1918. La victoria que por
entonces alcanzó la Entente en la guerra imperialista mundial dejó a esta las
manos libres para intensificar y ampliar la intervención militar contra el País
de los Soviets. La burguesía de Alemania pretendía también aliarse a su
reciente enemigo, la Entente, para luchar contra Rusia.
Lenin desenmascaraba
constantemente la esencia rapaz del imperialismo y concedía gran importancia a
que los trabajadores de los países capitalistas estuviesen bien informados de
lo que pasaba en Rusia. La Carta a los
obreros de Europa y América desempeñó un gran papel en el desarrollo del
movimiento obrero y comunista de los países capitalistas y contribuyó a que se
ampliara en estos países el movimiento de protesta contra la intervención
armada de los imperialistas en la Rusia soviética.
En este tomo se incluyen
asimismo artículos y discursos de Lenin sobre las tareas de los sindicatos en
la sociedad constructora del socialismo, los discursos que él pronunció en el I
Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú en 1919, en el
Congreso de los Trabajadores de la Agricultura, donde Lenin explicó los
problemas del paso de las pequeñas haciendas individuales al cultivo colectivo
de la tierra, en el Congreso de Instrucción Extraescolar y en otras ocasiones.
En marzo de 1919 se celebró
en Moscú el VIII Congreso del partido, en el que Lenin rindió cuenta de la
labor del Comité Central y presentó un informe sobro el nuevo programa del
partido y sobre el trabajo en el campo. En estos discursos Lenin hizo el balance
del desarrollo del país en el año y medio de existencia del Poder soviético,
desmenuzó los problemas de la política exterior del Gobierno soviético, basada
en la lucha por la coexistencia pacífica, y explicó las tareas de la política
interior. Tuvo singular trascendencia el planteamiento de la necesidad de una
sólida alianza con los campesinos medios a fin de incorporarlos paulatina y
metódicamente, como se indicaba en el proyecto de nuevo programa del partido, a
la construcción del socialismo.
Ofrece sumo interés el
artículo Un saludo a los obreros
húngaros, dedicado a la conquista del poder por el proletariado de Hungría.
Lenin muestra la peculiaridad del paso a la dictadura del proletariado en
Hungría, recalca la necesidad de enfocar con espíritu creador el marxismo y
aprovechar la experiencia soviética, teniendo en cuenta las condiciones
concretas de este
país, y previene a los
comunistas húngaros contra la mera copia de la práctica del Poder soviético en
Rusia. A la vez aconseja aplicar de manera consecuente las transformaciones más
importantes que constituyen el fondo de la transición revolucionaria del
capitalismo al socialismo.
Ese es, en lo fundamental, el contenido del presente volumen.
Todas las obras incluidas
van en orden cronológico. Han sido traducidos de la 5ª edición en ruso de las Obras Completas de V. I. Lenin,
preparada por el Instituto de Marxismo-Leninismo adjunto al CC del PCUS,
indicándose al pie de cada trabajo el tomo y las páginas correspondientes.
LA EDITORIAL
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
2
LA REVOLUCIÓN PROLETARIA Y EL RENEGADO KAUTSKY.
Prefacio.
El folleto de Kautsky La dictadura del proletariado, aparecido
hace poco en Viena (Wien, 1918, Ignaz Brand, 63 págs.), constituye un ejemplo
evidentísimo de la más completa y vergonzosa bancarrota de la II Internacional1, de esa bancarrota que hace tiempo está en los labios de todos
los socialistas honrados de todas las naciones. El problema de la revolución
proletaria pasa ahora prácticamente a la orden del día en bastantes países. De
ahí que sea imprescindible analizar los sofismas de Kautsky, propios de un
renegado, y ver cómo éste abjura por completo del marxismo.
Pero, ante todo, hay que
subrayar que quien escribe estas líneas ha tenido que indicar muchas veces,
desde el mismo principio de la guerra, que Kautsky había roto con el marxismo.
A ello estuvo consagrada una serie de artículos, publicados de 1914 a 1916 en Sotsial-Demokrat y Kommunist2, que aparecían en el extranjero. Estos
artículos han sido reunidos y
publicados por el Soviet de Petrogrado así: G. Zinóviev y N. Lenin. Contra la corriente, Petrogrado, 1918
(550 págs.). En un folleto publicado en Ginebra en 1915, y traducido también entonces al alemán y al francés3, decía yo del "kautskismo":
"Kautsky, la más
destacada autoridad de la II Internacional, es el ejemplo más típico y vivo de
cómo el reconocimiento verbal del marxismo ha llevado en la práctica a su
transformación en "struvismo" o "brentanismo" (es decir, en
una doctrina burguesa liberal que reconoce la lucha "de clase" no
revolucionaria del proletariado, expresada claramente por el autor ruso Struve
y el economista alemán Brentano). Plejánov nos da otro ejemplo de ello. Se
despoja al marxismo, mediante sofismas evidentes, de su espíritu vivo y
revolucionario, se admite del marxismo todo
menos los medios revolucionarios de lucha y la prédica y preparación de los
mismos, la educación de las masas en este sentido. Kautsky
"concilia", faltando a todo principio, la idea fundamental del
socialchovinismo, el reconocimiento de la defensa de la patria en la guerra
actual, con una concesión diplomática y verbalmente su oposición, etc. Kautsky,
que en 1909 escribió todo un libro acerca de la proximidad de una época de
revoluciones y sobre la ligazón entre la guerra y la revolución; Kautsky, que
en 1912 firmó el Manifiesto de Basilea4,
pidiendo que se aprovechase la futura guerra en interés de la revolución, ahora
no cesa de justificar y ensalzar en todas formas el socialchovinismo y, del
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1 II
Internacional:
agrupación internacional de los partidos socialistas fundada en 1889. Cuando
empezó la guerra imperialista mundial de 1914-1918, los jefes de la II
Internacional hicieron traición a la causa del socialismo, se pasaron al lado
de sus gobiernos imperialistas, y la II Internacional se desmoronó
2 "Sotsial-Demokrat" ("El Socialdemócrata"): periódico
clandestino, órgano central del POSDR que se publicó desde febrero de 1908
hasta enero de 1917. El número 1 apareció en Rusia; luego el periódico se editó
en el extranjero. Desde diciembre de 1911 lo dirigió Lenin.
"Kommunist"
("El Comunista"): revista organizada por Lenin y editada por la
redacción del periódico Sotsial-Demokrat.
Apareció sólo un número (doble, en septiembre de 1915).
3 Se alude al folleto El socialismo y la guerra (La actitud de los socialistas ante la guerra),
publicado en ruso y alemán en vísperas de la Conferencia de Zimmerwald, que se
celebró en septiembre de 1915, y repartido entre los participantes en la misma.
Después de la conferencia, este folleto se publicó en Francia traducido al
idioma de este país.
4 El Manifiesto
de Basilea, sobre la guerra, fue aprobado por el Congreso Extraordinario
Socialista Internacional de Basilea, que se celebró el 24 y el 25 de noviembre
de 1912. Este manifiesto prevenía a los pueblos contra la guerra imperialista
mundial que se avecinaba, denunciaba los fines rapaces de esta guerra y
exhortaba a los obreros de todos los países a la lucha enérgica por la paz. En
el Manifiesto de Basilea se incluyó el punto de la resolución del Congreso de
Stuttgart (1907), formulado por Lenin, acerca de que, en caso de declararse la
guerra imperialista, los socialistas debían aprovechar la crisis económica y
política provocada por la guerra para luchar por la revolución socialista
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
mismo modo que Plejánov, se
une a la burguesía para burlarse de todo pensamiento acerca de la revolución,
de todo paso hacia una lucha revolucionaria directa.
"La clase obrera no
puede desempeñar su papel revolucionario en el mundo si no lleva una guerra
implacable contra esa apostasía, contra esa falta de principios, contra esa
actitud servil ante el oportunismo, contra ese envilecimiento teórico sin igual
del marxismo. El kautskismo no es fortuito, sino un producto social de las
contradicciones de la II Internacional, de la combinación de la fidelidad
verbal al marxismo con la subordinación, de hecho, al oportunismo" (G.
Zinóviev y N. Lenin. El socialismo y la guerra,
Ginebra, 1915, págs. 13-14).
Prosigamos. En el libro El imperialismo, etapa contemporánea del
capitalismo5, escrito en 1916 (apareció en
Petrogrado en 1917)*, yo analicé detenidamente la falsedad teórica de todos los
razonamientos de Kautsky sobre el imperialismo. Aduje allí la definición que da
Kautsky del imperialismo: "El imperialismo es un producto del capitalismo
industrial altamente desarrollado. Consiste en la tendencia de toda nación
capitalista industrial a someter o anexionarse regiones agrarias (la cursiva es de Kautsky) más extensas cada vez,
cualquiera que sea el origen étnico de sus habitantes"**. Hice ver que
esta definición es falsa por completo, que está "adaptada" para
encubrir las más hondas contradicciones del imperialismo y, luego, para
conseguir la conciliación con el oportunismo. Presenté mi definición del
imperialismo: "El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo
en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital
financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales, ha
empezado el reparto del aparente a los izquierdistas, absteniéndose en la
votación de los créditos de guerra, mostrando mundo por los trusts
internacionales y ha terminado el reparto de toda la Tierra entre los países
capitalistas más importantes"***. Demostré también que la crítica que
Kautsky hace del imperialismo es incluso inferior a la crítica burguesa y
pequeñoburguesa.
* Véase la presente edición, tomo 5. (N. de la Edit.) ** Véase la presente
edición, tomo 5. (N. de la Edit.)
*** Véase la presente edición, tomo 5. (N. de la Edit.)
3
Finalmente, en agosto y
septiembre de 1917, es decir, antes de la revolución proletaria de Rusia (25 de
octubre, o sea, 7 de noviembre de 1917), escribí El Estado y la revolución. La
doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución*,
folleto a parecido en Petrogrado a
principios de 1918. En el capítulo VI de esa obra, que lleva por título El envilecimiento del marxismo por los
oportunistas, presto una atención especial a Kautsky, demostrando que ha deformado por completo la doctrina de Marx,
tratando de adaptada al oportunismo, que eso "es ya renunciar de hecho a
la revolución, reconociéndola de palabra".
* Véase la presente edición, tomo 7. (N. de la Edit.)
En el fondo, el error
teórico fundamental de Kautsky en su folleto sobre la dictadura del
proletariado consiste precisamente en esas deformaciones oportunistas de la
doctrina de Marx sobre el Estado que he expuesto con detenimiento en mi folleto
El Estado y la revolución.
Estas observaciones
preliminares son necesarias porque prueban que acusé en público a Kautsky de
ser un renegado mucho antes de que
los bolcheviques tomaran el poder y de que eso les valiera el ser censurados
por Kautsky.
Como ha hecho Kautsky
de Marx un liberal adocenado.
El problema fundamental que
Kautsky trata en su folleto es el del contenido esencial de la revolución
proletaria, es decir, el de la dictadura del proletariado. Se trata de un
problema
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5 Con este título apareció la primera edición del libro de V. I.
Lenin El imperialismo, fase superior del
capitalismo
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
de la mayor importancia para
todos los países, sobre todo para los avanzados, sobre todo para los
beligerantes, sobre todo en el momento actual. Puede afirmarse sin temor a
exagerar que es el problema principal de toda la lucha de clase del
proletariado. Por ello es imprescindible estudiarlo con atención. Kautsky
plantea el problema del modo siguiente: "La oposición de las dos
corrientes socialistas" (es decir, los bolcheviques y los no bolcheviques)
es "la oposición de dos métodos radicalmente distintos: el democrático y el dictatorial" (pág. 3).
Observemos de paso que, al
llamar socialistas a los no bolcheviques de Rusia, es decir, a los mencheviques6 y eseristas7,
Kautsky se guía por su denominación,
es decir, por la palabra, y no por el lugar
que efectivamente ocupan en la lucha
del proletariado contra la burguesía. ¡Magnífico modo de concebir y aplicar el
marxismo! Pero ya nos explayaremos en esto más adelante.
Fijémonos ahora en lo
principal: en el gran descubrimiento que Kautsky ha hecho de la "radical
oposición" de los "métodos democrático y dictatorial". Ese es el
quid del problema. Esa es la esencia del folleto de Kautsky. Se trata de una
confusión teórica tan monstruosa, de una apostasía tan completa del marxismo,
que es preciso reconocer que Kautsky ha dejado muy atrás a Bernstein.
El problema de la dictadura
del proletariado es el de la actitud del Estado proletario frente al Estado
burgués, de la democracia proletaria frente a la democracia burguesa. Parece
que está claro como la luz del día. ¡Pero Kautsky, como un profesor de liceo,
momificado por la repetición de textos de historia, se vuelve tozudamente de
espaldas al siglo XX, de cara al XVIII, y por centésima vez, en una larga
sucesión de párrafos aburridos hasta lo infinito, sigue rumiando los viejos
conceptos sobre la actitud de la democracia burguesa ante el absolutismo y el
medievo!
¡En verdad, parece como si
masticara sin muelas! Porque eso significa no comprender en absoluto la
relación que guardan las cosas. Porque sólo una sonrisa provoca ese afán de
Kautsky de presentar las cosas como si hubiera gentes que predicasen "el desprecio
a la democracia" (pág. 11), etc. Kautsky se ve obligado a oscurecer y
embrollar el problema con tonterías como éstas, porque lo plantea al modo de
los liberales, hablando de la democracia en general y no de la democracia burguesa; incluso evita este concepto
exacto de clase y procura hablar de la democracia "presocialista".
Nuestro charlatán ha llenado casi una
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6 Mencheviques: partidarios de la corriente
oportunista de la socialdemocracia rusa. En las elecciones a los organismos
centrales del partido, en el II Congreso del POSDR, celebrado en 1903, los
socialdemócratas revolucionarios, encabezados por Lenin, obtuvieron la mayoría
("bolshinstvó", y de ahí su denominación de bolcheviques), y los
oportunistas, la minoría ("menshinstvó" y de ahí su denominación de
"mencheviques"). Durante la revolución de 1905-1907, los mencheviques
se pronunciaron contra la hegemonía del proletariado en la revolución y contra
la alianza de la clase obrera y los campesinos; exigían el acuerdo con la
burguesía liberal, a la que se debía entregar, a juicio de ellos, la dirección
de la revolución. Durante la reacción que siguió a la derrota de la revolución
de 1905-1907, la mayoría de los mencheviques se hizo liquidadora y reclamó la
liquidación del partido revolucionario ilegal de la clase obrera. Después del
triunfo de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917, los
mencheviques entraron en el Gobierno Provisional burgués, apoyaron su política
imperialista e impugnaron la revolución socialista que se estaba preparando. Al
triunfar la Revolución Socialista de Octubre, los mencheviques se convirtieron
en un partido abiertamente contrarrevolucionario, organizador y participante de
complots y levantamientos encaminados a derrocar el Poder soviético.
7 Eseristas (socialistas-revolucionarios): partido pequeñoburgués
formado en Rusia a fines de 1901 y comienzos de 1902 como consecuencia de la
unificación de diversos grupos y círculos populistas. Los eseristas se llamaban
socialistas, pero su socialismo era utópico y pequeñoburgués. Su método
principal de lucha contra el zarismo era el terrorismo individual. Al ser
derrotada la primera revolución rusa de 1905-1907, el partido de los eseristas
sufrió una crisis: sus dirigentes abjuraron prácticamente de la lucha
revolucionaria contra el zarismo. Durante la primera guerra mundial, la mayoría
de los eseristas ocupó las posiciones del socialchovinismo. Una vez derrocado
el zarismo en febrero de 1917, los líderes de los eseristas formaron parte del
Gobierno Provisional burgués, lucharon contra la clase obrera, que preparaba la
revolución socialista, y participaron en la represión del movimiento campesino
en el verano de 1917. Después de la Revolución Socialista de Octubre lucharon
activamente contra el Poder soviético
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
tercera parte del folleto,
20 páginas de 63, de una palabrería que le resulta muy agradable a la
burguesía, porque equivale a acicalar la democracia burguesa y dejar a oscuras
el problema de la revolución proletaria.
Ahora bien, el folleto de
Kautsky se titula La dictadura del
proletariado. Todo el mundo sabe que ésta es precisamente la esencia de la
doctrina de Marx. Y Kautsky, después de charlar sin entrar en el tema, tiene
que citar las palabras de Marx sobre la dictadura del proletariado.
¡Lo que es una verdadera comedia es cómo lo ha hecho el
"marxista" Kautsky! Escuchen:
"Ese punto de vista se
apoya en una sola palabra de Marx" (Kautsky lo califica de desprecio a la
democracia): así lo dice textualmente en la pág. 20. Y en la pág. 60 lo repite,
llegando a decir que los bolcheviques "han recordado a tiempo una
palabreja" (¡¡así como suena!! des
Wörtchens) "sobre la dictadura del proletariado, que Marx empleó una
vez en una carta de 1875".
Veamos la "palabreja" de Marx:
"Entre la sociedad
capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación
revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también
un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura
revolucionaria del proletariado8".
4
En primer lugar, decir que
es "una sola palabra", y hasta una "palabreja", este famoso
razonamiento de Marx, que resume toda su doctrina revolucionaria, es burlarse
del marxismo, es renegar plenamente de él.
No se debe olvidar que
Kautsky se sabe a Marx casi de memoria y que, a juzgar por todos sus escritos,
tiene en su mesa de trabajo o en su cabeza una serie de cajones de fichero
donde todo lo que Marx escribió está distribuido con el máximo orden y comodidad
para citado cuando le viene a mano. Kautsky no
puede ignorar que, tanto Marx como Engels, tanto en sus cartas como en las
obras destinadas a la imprenta, hablaron muchas
veces de la dictadura del proletariado, antes de la Comuna9 y, sobre todo, después de ella. Kautsky no puede ignorar que la
fórmula "dictadura del proletariado" no es sino un enunciado, más
concreto en el plano histórico y más exacto en el terreno científico, de la
misión del proletariado consistente en "destruir" la máquina estatal
burguesa, misión de la que tanto Marx como Engels, teniendo en cuenta la
experiencia de las revoluciones de 1848, y más aún la de 1871, hablan durante cuarenta años, desde 1852 hasta
1891.
¿Cómo explicar esta
monstruosa deformación que del marxismo hace Kautsky, exegeta del marxismo? Si
se busca la base filosófica de semejante fenómeno, todo se reduce a una
sustitución de la dialéctica por el eclecticismo y la sofistería. Kautsky es
gran maestro en esta clase de sustituciones. Si se pasa al terreno político
práctico, todo se reduce a servilismo ante los oportunistas, es decir, al fin y
al cabo, ante la burguesía. Haciendo progresos cada vez más rápidos desde que
comenzó la guerra10, Kautsky ha llegado al virtuosismo en
este arte de ser marxista de palabra y lacayo de la burguesía de hecho.
Se convence uno más aún de
ello, al ver la admirable "interpretación" que Kautsky da a la
"palabreja" de Marx sobre la dictadura del proletariado. Escuchen:
![]()
8 Esta cita es del trabajo de Carlos Marx Crítica del Programa de Gotha
(véase C. Marx y F. Engels. Obras
Escogidas en tres tomos, ed. en español, t. In, pág. 23)
9 Se refiere a la Comuna de
París, primera experiencia, conocida en la historia, de dictadura del
proletariado, de gobierno revolucionario de la clase obrera. Fue creada por la
revolución proletaria en París y existió setenta y dos días, desde el 18 de marzo
hasta el 28 de mayo de 1871
10 Se trata de la primera
guerra mundial de 1914-1918.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
"Desgraciadamente, Marx
no dejó explayado cómo concebía esta dictadura..." (Mentira completa de
renegado, porque Marx y Engels se explayaron muchísimo en bastantes ocasiones,
y Kautsky, exegeta del marxismo, da de lado esos pasajes.)"...
Literalmente, la palabra
dictadura significa supresión de la democracia. Pero, como es natural, tomada
al pie de la letra, esta palabra significa también el poder personal de un solo
individuo, no coartado por ley alguna. Poder personal que se diferencia del
despotismo en que no se entiende como institución estatal permanente, sino como
medida extrema de carácter transitorio.
"La expresión
"dictadura del proletariado", es decir, no la dictadura de una
persona, sino de una clase, excluye ya que Marx, al utilizarla, entendiera
literalmente la palabra dictadura.
"No se refería en este
caso a una forma de gobierno, sino a un estado de cosas que necesariamente
habrá de darse en todas partes donde el proletariado conquiste el poder
político.
El hecho de que Marx
mantuviera el punto de vista de que en Inglaterra y en Norteamérica la
transición pueda transcurrir por vía pacífica, es decir, democrática, demuestra
ya que entonces no se refería a las formas de gobierno" (pág. 20).
Hemos citado
intencionadamente todo este razonamiento para que el lector pueda ver claros
los procedimientos con que opera el "teórico" Kautsky.
Kautsky ha tenido a bien
abordar el problema de manera que le permitiese empezar por la definición de la
"palabra" dictadura.
Muy bien. Cada cual tiene
perfecto derecho a abordar los problemas como quiera. Pero hay que distinguir
entre el modo serio y honrado y el deshonesto de hacerlo. Quien quisiera tratar
el problema con seriedad, abordándolo de ese modo, tendría que dar su definición de la "palabra".
Entonces el problema quedaría clara y francamente planteado. Kautsky no lo
hace. "Literalmente — escribe—, la palabra dictadura significa supresión
de la democracia".
En primer lugar, esto no es
una definición. Si a Kautsky le place eludir la definición del concepto de
dictadura, ¿para qué eligió esa forma de abordar el problema?
En segundo lugar, esto es
erróneo a todas luces. Es lógico que un liberal hable de "democracia"
en términos generales. Un marxista no se olvidará nunca de preguntar:
"¿Para qué clase?" Todo el mundo sabe, por ejemplo —y el "historiador"
Kautsky lo sabe también—
, que las insurrecciones e incluso las
grandes conmociones de los esclavos en la antigüedad hacían ver inmediatamente
la esencia del Estado de aquella edad como dictadura
de los esclavistas. ¿Suprimía esta dictadura la democracia entre los esclavistas, para ellos? Todo el mundo sabe que no.
El "marxista"
Kautsky ha dicho un absurdo monstruoso y una falsedad, porque "se ha olvidado" de la lucha de las
clases...
Para transformar la
afirmación liberal y falsa de Kautsky en afirmación marxista y verdadera, hay
que decir: dictadura no significa por fuerza supresión de la democracia para la
clase que la ejerce sobre las otras clases, pero sí significa necesariamente
supresión (o una restricción esencialísima, que es también una forma de
supresión) de la democracia para la clase sobre la cual o contra la cual se
ejerce la dictadura.
Pero, por cierta que sea esta afirmación, no define la
dictadura.
Examinemos la frase siguiente de Kautsky:
"...Pero, como es
natural, tomada al pie de la letra, esta palabra significa también el poder
personal de un solo individuo, no coartado por ley alguna..."
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
5
Como un cachorro ciego que
mete la nariz al azar en todos los sitios, Kautsky ha tropezado aquí por
casualidad con una idea atinada (que la dictadura es un poder no coartado por
ley alguna), pero, sin embargo, no ha dado una definición de la
dictadura y ha dicho, además, una falsedad histórica evidente: que la dictadura
significa el poder de una sola persona. Esto es incluso inexacto desde el punto
de vista gramatical" porque la dictadura puede ejercerla un grupo de
personas, una oligarquía, una clase, etc.
Luego, Kautsky indica la
diferencia que hay entre dictadura y despotismo, pero, aunque su afirmación es
falsa a todas luces, no nos detendremos en ella, porque no tiene nada que ver
con el problema que nos interesa. Conocida es la afición de Kautsky a volverse
de espaldas al siglo XX, de cara al siglo XVIII, y del XVIII a la canosa
antigüedad, y esperamos que, cuando el proletariado alemán implante la
dictadura, tendrá en cuenta esta afición y lo nombrará, por ejemplo, profesor
de historia de la edad antigua de un liceo. Rehuir una definición de la
dictadura del proletariado, limitándose a lucubraciones sobre el despotismo, es
o extrema necedad o muy torpe bellaquería.
¡En resumen, Kautsky, que se
proponía hablar de dictadura, ha faltado a la verdad muchas veces y a
sabiendas, pero no ha dado ninguna definición! Sin confiar en sus facultades
intelectuales, hubiera podido recurrir a su memoria y sacar de los "cajones
del fichero" todos los casos en que Marx ha hablado de la dictadura.
Habría obtenido, de seguro, la definición siguiente, u otra que, en el fondo,
coincidiría con ella:
La dictadura es un poder que
se apoya directamente en la violencia y no está coartado por ley alguna.
La dictadura revolucionaria
del proletariado es un poder conquistado y mantenido mediante la violencia
ejercida por el proletariado sobre la burguesía, un poder no coartado por ley
alguna.
Y esta sencilla verdad,
verdad clara como la luz del día para todo obrero consciente (que pertenezca a
la masa, y no al sector alto de la canalla pequeñoburguesa sobornada por los
capitalistas, como son los socialimperialistas de todos los países), esta verdad
evidente para todo explotado que lucha por su liberación, esta verdad
indiscutible para todo marxista; ¡hay que "arrancársela en guerra" al
sapientísimo señor Kautsky! ¿Cómo explicarlo? Por el espíritu de servilismo de
que se han impregnado los jefes de la II Internacional, convertidos en
despreciables sicofantes al servicio de la burguesía.
Kautsky ha empezado a amañar
los términos, afirmando, cosa absurda a todas luces, que la palabra dictadura
significa literalmente dictadura de una sola persona, y luego — ¡apoyándose en
ese amaño!— declara que, "por consiguiente", las palabras de Marx
sobre la dictadura no tienen sentido literal (sino un sentido, según el cual
dictadura no significa violencia revolucionaria, sino conquista
"pacífica" de la mayoría bajo la "democracia", fíjense
bien, burguesa).
Hay que distinguir,
figúrense, entre "estado de cosas" y "forma de gobierno".
¡Distinción de maravillosa profundidad, lo mismo que si hiciéramos diferencias
entre el "estado" de necedad de una persona que razona con poca inteligencia
y la "forma" de sus necedades!
Kautsky necesita interpretar la dictadura como "situación de
dominio" (es la expresión que emplea literalmente en la página siguiente,
la 21), porque entonces desaparece la
violencia revolucionaria, desaparece la
revolución violenta. ¡El "estado de dominio" es el estado en que se halla cualquier mayoría bajo...
la "democracia"! ¡Con este truco truhanesco, la revolución desaparece felizmente!
Pero el truco es demasiado
burdo y no salvará a Kautsky. Que la dictadura presupone e implica un
"estado" de violencia
revolucionaria de una clase sobre otra, cosa desagradable
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
para los renegados, es algo
que cae de su peso. Distinguir entre "estado" y "forma de
gobierno" es un absurdo que salta a la vista. Hablar en este caso de forma
de gobierno es triplemente necio, porque cualquier niño sabe que monarquía y
república son formas distintas de gobierno. Es necesario demostrar al señor
Kautsky que estas dos formas de gobierno, como todas las "formas de
gobierno" de transición bajo el capitalismo, no son sino variedades del Estado burgués, es decir, de la dictadura de la burguesía.
En fin, hablar de formas de
gobierno es falsificar a Marx de manera no sólo necia, sino torpe, porque Marx,
bien claramente, se refiere a la forma o tipo de Estado, y no a la forma de gobierno.
La revolución proletaria es
imposible sin destruir violentamente la máquina del Estado burgués y sin
sustituirla por otra nueva, que, según las palabras de Engels, "no es ya
un Estado en el sentido propio de la palabra"11.
Kautsky tiene que encubrir y tergiversar todo esto; lo exige su
posición de renegado.
Vean a qué miserables subterfugios recurre.
Primer subterfugio:
"...El hecho de que Marx mantuviera el punto de vista de que en Inglaterra
y en Norteamérica la transición pueda transcurrir por vía pacífica, es decir,
democrática, demuestra ya que entonces no se refería a las formas de gobierno..."
La forma de gobierno no tiene que ver con esto nada en absoluto, porque hay
monarquías que no son típicas del Estado
burgués, que se distinguen, por ejemplo, por la ausencia de militarismo, y hay
repúblicas absolutamente típicas en este aspecto, por ejemplo, con militarismo
y con burocracia. Esto es un hecho político e histórico notorio, y Kautsky no
conseguirá falsearlo.
6
Si Kautsky hubiera querido
razonar seria y honradamente, se habría preguntado: ¿Hay leyes históricas que
se refieran a la revolución y no tengan excepciones? La contestación habría
sido: no, no existen tales leyes. Esas leyes se refieren tan sólo a lo típico,
a lo que Marx llamó una vez "ideal", en el sentido de capitalismo
medio, normal, típico.
Prosigamos. ¿Había entre
1870 y 1880 algo que hiciera de Inglaterra o de Norteamérica una excepción en el sentido que examinamos? Toda
persona un poco familiarizada con lo que la ciencia pide en el terreno de los
problemas históricos ve claro que es necesario hacer esta pregunta. No hacerla
significa falsear la ciencia, significa jugar a los sofismas. Y una vez hecha
la pregunta, la contestación no ofrece dudas: la dictadura revolucionaria del
proletariado es violencia contra la
burguesía; esta violencia se hace particularmente
necesaria, según lo han explicado con
todo detalle y múltiples veces Marx y Engels (principalmente en La guerra civil en Francia y en la
introducción a esta obra), por la existencia del militarismo y de la burocracia. ¡Estas instituciones
precisamente, en Inglaterra y en Norteamérica precisamente, y precisamente en el octavo decenio del siglo XIX, cuando Marx
hizo su observación, no existían!
(Aunque ahora existen tanto en el uno como en el otro país.)
¡Kautsky tiene que hacer literalmente trampas a cada paso para
encubrir su apostasía!
Y fíjense cómo ha enseñado
esta vez sin querer sus orejas asnales: ha escrito: ¡¡"por vía pacífica, es decir, democrática"!!
Al definir la dictadura,
Kautsky ha hecho todos los esfuerzos posibles para ocultar al lector el rasgo
fundamental de este concepto: la
violencia revolucionaria. Y ahora sale a relucir la verdad: se trata de la
oposición entre revolución pacífica y
revolución violenta.
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11 Véase la carta de F. Engels a A. Bebel del 18-28 de marzo de
1875
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Ahí está el quid. Kautsky
necesita todos los subterfugios, los sofismas y las falsificaciones truhanescas
de que se vale para ponerse a cubierto
de la revolución violenta, para
ocultar que reniega de ella, que se pasa al lado de la política obrera liberal, es decir, al lado de la
burguesía. Ahí está el quid.
El "historiador"
Kautsky falsea la historia con tal cinismo que "olvida" lo
fundamental: el capitalismo premonopolista —cuyo apogeo corresponde
precisamente al octavo decenio del siglo XIX—, en virtud de sus rasgos económicos esenciales, que en Inglaterra
y en Norteamérica se manifestaban de un modo típico en particular, se
distinguía por un apego relativamente mayor a la paz y a la libertad. En
cambio, el imperialismo, es decir, el capitalismo monopolista, que no alcanzó
plena madurez hasta el siglo XX, atendidos sus rasgos económicos esenciales, se distingue por un apego mínimo a la paz y
a la libertad, por un desarrollo máximo del militarismo en todas partes.
"No ver" esto, hablando de lo típico o de lo probable que es una
revolución pacífica o violenta, es caer tan bajo como el más adocenado lacayo
de la burguesía.
Segundo subterfugio: La
Comuna de París fue una dictadura del proletariado, pero elegida por sufragio universal, sin privar a la burguesía de
su derecho al voto, es decir, "por
vía democrática". Y concluye Kautsky, con aire de triunfo: "...La
dictadura del proletariado era para
Marx" (o según Marx) "un estado que resulta necesariamente de la
democracia pura si el proletariado constituye la mayoría" (bei übrwiegendem Proletariat, pág. 21).
Este argumento de Kautsky es
tan divertido que se ve uno en un verdadero embarras
de richesses (perdido en medio de la abundancia... de objeciones).
En primer lugar, es cosa
sabida que la flor, el Estado Mayor, las capas altas de la burguesía huyeron de
París a Versalles. En Versalles estaba el "socialista" Luis Blanc, lo
cual demuestra, por cierto, que es falsa la afirmación de Kautsky de que en la
Comuna participaron "todas las tendencias" del socialismo.
¿No es ridículo presentar
como "democracia pura" con "sufragio universal" la división
de los habitantes de París en dos campos beligerantes, en uno de los cuales
estaba concentrada toda la burguesía combativa y activa en la política?
En segundo lugar, la Comuna
luchó contra Versalles, como gobierno obrero de Francia contra el gobierno burgués. ¿A qué viene aquí eso de
"democracia pura" y de "sufragio universal" cuando París
decidía la suerte de Francia? Cuando Marx consideraba que la Comuna había
cometido un error por no haberse incautado del banco, que pertenecía a toda
Francia12, ¿¿partía acaso de los principios y del
ejercicio práctico de la "democracia pura"??
Bien se ve que Kautsky
escribe en un país donde la policía prohíbe a la gente reírse "a
coro", porque, de otro modo, la risa hubiera acabado con él.
En tercer lugar, me
permitiré recordar con respeto al señor Kautsky, que se sabe de memoria a Marx
y a Engels, el siguiente juicio de Engels sobre la Comuna, en cuanto a... la
"democracia pura":
"¿No han visto nunca
una revolución estos señores" (los antiautoritarios)? "Una revolución
es, indudablemente, la cosa más autoritaria posible; es el acto mediante el
cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte con fusiles,
bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso,
si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por el
terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿Habría durado, acaso, un
solo día la Comuna de París, de no haber empleado esta autoridad del
![]()
12 Esta idea la expresó Engels en la Introducción de1891 a la obra de Carlos
Marx La guerra civil en Francia
(véase C. Marx y F. Engels. Obras
Escogidas en tres tomos, ed. en español, t. II, pág. 196).
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
pueblo armado frente a los
burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberla utilizado
lo suficiente?"13
7
¡Ahí tienen la
"democracia pura"! ¡Cómo se hubiera mofado Engels del vulgar pequeño
burgués, del "socialdemócrata" (en el sentido que se daba en Francia
a esta palabra por los años 40, y en el que se le da en toda Europa en
1914-1918) que hubiera tenido la ocurrencia de hablar en general de
"democracia pura" en una sociedad dividida en clases!
Pero basta. Es imposible
enumerar todos los absurdos a que llega Kautsky, porque cada una de sus frases
es un abismo insondable de apostasía.
Marx y Engels analizaron con
el mayor detenimiento la Comuna de París, demostrando que su mérito consistió
en la tentativa de destruir, de romper "la máquina del Estado
existente"14. Tanta importancia concedían Marx y
Engels a esta conclusión que, en 1872, introdujeron sólo esa enmienda en el programa "envejecido" (en algunos
de sus puntos) del Manifiesto Comunista15.
Marx y Engels demostraron que la Comuna suprimía el ejército y la burocracia, suprimía el parlamentarismo , destruía "la excrecencia parasitaria que
es el Estado", etc.; pero el sapientísimo Kautsky se encasqueta el gorro
de dormir y repite los cuentos de la "democracia pura", relatados mil
veces por los catedráticos liberales.
No sin razón dijo Rosa
Luxemburgo el 4 de agosto de 1914 que la socialdemocracia alemana es ahora un cadáver hediondo16.
Tercer subterfugio: "Si
hablamos de la dictadura como forma de gobierno, no podemos hablar de dictadura
de una clase. Porque una clase, como ya hemos anotado, sólo puede dominar, pero
no gobernar..." Gobiernan "organizaciones" o "partidos".
¡Embrolla usted, embrolla
usted de un modo atroz, señor "consejero del embrollo"! La dictadura
no es una "forma de gobierno", eso es un absurdo ridículo. Marx no
habla de "forma de gobierno", sino de forma o tipo de Estado, y eso es absolutamente distinto;
lo que se dice, absolutamente distinto. Totalmente inexacto es también eso de
que no puede gobernar una clase:
semejante absurdo sólo puede pronunciarlo un "cretino parlamentario"
que no ve nada más allá del parlamento burgués, que no advierte nada más que
los "partidos gobernantes". Cualquier país europeo puede ofrecer a
Kautsky ejemplos de gobierno ejercido por la clase dominante, por ejemplo, los terratenientes en la Edad Media,
a pesar de su insuficiente organización.
Resumen. Kautsky ha
desvirtuado del modo más inaudito el concepto de dictadura del proletariado,
haciendo de Marx un liberal adocenado, es decir, se ha deslizado él mismo al
nivel de un liberal que dice trivialidades acerca de la "democracia pura",
embelleciendo y velando el contenido de clase de la democracia burguesa y rehuyendo más que nada la violencia revolucionaria por parte de
la clase oprimida. Cuando Kautsky "interpreta" el concepto de "dictadura revolucionaria del proletariado"
de tal modo que desaparece la violencia revolucionaria por parte de la clase
oprimida, contra los opresores, bate el récord mundial de desvirtuación liberal
de Marx. El renegado Bernstein no es más que un pobrecillo al lado del renegado
Kautsky.
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13 Lenin cita el artículo de F. Engels De la autoridad (véase C. Marx F.
Engels. Obras Escogidas en tres
tomos, ed. en español, t. II, pág. 400).
14 Véanse la carta de C. Marx a L.
Kugelmann del 12 de abril de 1871, la obra de Carlos Marx La guerra civil en Francia y la
Introducción de Federico Engels, escrita en 1891, para esta obra (C. Marx y
F. Engels. Obras escogidas en tres
tomos, ed. en español, t. II, págs. 230-231, 234-236).
15 Se alude al prefacio de C. Marx y F. Engels a la edición alemana
de 1872 del Manifiesto del Partido
Comunista (véase C. Marx y F. Engels. Obras
Escogidas en tres tomos, ed. en español, t. I, pág. 100).
16 El 4 de agosto de 1914, la minoría
socialdemócrata del Reichstag alemán votó en pro de conceder los créditos de
guerra al gobierno del káiser, aprobando así la política de Guillermo II.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Democracia burguesa y
democracia proletaria.
El problema que Kautsky embrolla de manera tan atroz se plantea
en realidad así.
Si no es para mofarse del
sentido común y de la historia, claro está que no se puede hablar de
"democracia pura" mientras existan diferentes clases, y sólo puede hablarse de democracia de clase.
(Digamos entre paréntesis
que "democracia pura" es no sólo una frase de ignorante que no comprende ni la lucha de las clases ni la esencia
del Estado, sino una frase completamente vacía, pues en la sociedad comunista,
la democracia, modificándose y convirtiéndose en costumbre, se extinguirá, pero nunca será
democracia "pura".)
La "democracia
pura" es un embuste de liberal que embauca a los obreros. La historia
conoce la democracia burguesa, que sucede al feudalismo, y la democracia
proletaria, que sustituye a la burguesa.
Cuando Kautsky consagra casi
decenas de páginas a "demostrar" la verdad de que la democracia
burguesa es más progresiva que el medievo, de que el proletariado debe
utilizarla sin falta en su lucha contra la burguesía, eso no es sino
charlatanería liberal que embauca a los obreros. En la culta Alemania, lo mismo
que en la inculta Rusia, se trata de una perogrullada. Lo que hace Kautsky es
desorientar a los obreros, hablándoles con "docto" aire de Weitling,
de los jesuitas del Paraguay y de otras muchas cosas para pasar por alto la esencia burguesa
de la democracia contemporánea, es decir, de la democracia capitalista.
Kautsky toma del marxismo lo
que pueden aceptar los liberales, lo que puede aceptar la burguesía (la crítica
del medievo, el papel progresivo que desempeñan en la historia el capitalismo
en general y la democracia capitalista en particular) y arroja por la borda,
calla y oculta del marxismo lo inadmisible
para la burguesía (la violencia revolucionaria del proletariado contra la
burguesía para aniquilar a ésta). Por ello, dada su posición objetiva, sea cual
fuere su convicción subjetiva, Kautsky resulta ser inevitablemente un lacayo de
la burguesía.
La democracia burguesa, que
constituye un gran progreso histórico en comparación con el medievo, sigue
siendo siempre —y no puede menos de serlo bajo el capitalismo— estrecha,
amputada, falsa, hipócrita, paraíso para los ricos y trampa y engaño para los explotados,
para los pobres. Esta verdad, que figura entre lo más esencial de la doctrina
marxista, no la ha comprendido el "marxista" Kautsky. En este
problema —fundamental— Kautsky ofrece "cosas agradables" a la
burguesía, en lugar de una crítica científica de las condiciones que hacen de
toda democracia burguesa una democracia para los ricos.
8
Comencemos por recordar al
doctísimo señor Kautsky las declaraciones teóricas de Marx y Engels que nuestro
exegeta, para vergüenza suya, "ha olvidado" (con objeto de complacer
a la burguesía), y luego explicaremos las cosas del modo más popular.
No sólo el Estado antiguo y
feudal, sino también "el moderno Estado representativo es un instrumento
de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado" (Engels,
en su obra sobre el Estado)17.
"Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en
la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es
un puro absurdo hablar de un Estado popular libre: mientras el proletariado necesite del Estado, no será en
beneficio de la libertad, sino para someter a sus adversarios, y tan pronto
como pueda hablarse de libertad, el Estado, como tal, dejará de existir"
(Engels, en su carta a Bebel del 28
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17 Véase la obra de Federico Engels El origen de la familia, la propiedad
privada y el Estado (C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en tres tomos, ed. en español, t.III, pág. 346).
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
de marzo de 1875). "El
Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo
mismo en la república democrática que bajo la monarquía" (Engels, en la
introducción a La guerra civil de
Marx)18. El sufragio universal es "el
índice de la madurez de la clase obrera. No
puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual" (Engels, en
su obra sobre el Estado19. El señor Kautsky rumia en forma extraordinariamente aburrida
la primera parte de esta tesis, admisible para la burguesía. ¡En cambio, el
renegado Kautsky pasa por alto la segunda, que hemos subrayado y que no es
admisible para la burguesía!) "La Comuna no había de ser un organismo
parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al
mismo tiempo... En vez de decidir una vez cada tres o seis años qué miembros de
la clase dominante han de representar y aplastar (ver-und zertreten) al pueblo en el parlamento, el sufragio
universal habría de servir al pueblo organizado en comunas, como el sufragio
individual sirve a los patronos con el fin de encontrar a obreros, capataces y
contables para sus negocios" (Marx, en su obra sobre la Comuna de París La guerra civil en Francia)20.
Cada una de estas tesis,
perfectamente conocidas por el doctísimo señor Kautsky, lo abofetea y descubre
toda su traición. En todo el folleto de Kautsky no hay ni gota de comprensión
de estas verdades. ¡Es de pe a pa una burla del marxismo!
Tomemos las leyes
fundamentales de los Estados contemporáneos, fíjense en cómo se gobiernan, en
la libertad de reunión o de imprenta, en la "igualdad de los ciudadanos
ante la ley", y se verá a cada paso la hipocresía de la democracia
burguesa, que tan bien conoce todo obrero honrado y consciente. No hay ningún
Estado, ni siquiera el más democrático, cuya Constitución no presente algún
resquicio o salvedad que permita a la burguesía lanzar las tropas contra los
obreros, declarar el estado de guerra, etc., "en caso de alteración del
orden" y, en realidad, en caso de que la clase explotada
"altere" su situación de esclava e intente hacer algo que no sea
propio de esclavos. Kautsky acicala desvergonzadamente la democracia burguesa,
callándose, por ejemplo, lo que los burgueses más democráticos y republicanos
hacen en Norteamérica o en Suiza contra los obreros en huelga.
¡Oh, el sabio y docto
Kautsky se lo calla! Este erudito político no comprende que silenciarlo es una
villanía. Prefiere contar a los obreros cuentos de niños, como lo de que
democracia significa "defensa de la minoría". ¡Resulta increíble,
pero así es! En 1918 de la era cristiana, al quinto año de carnicería
imperialista mundial y de estrangulamiento en todas las "democracias"
del mundo de las minorías internacionalistas (es decir, de las que no han
traicionado vilmente al socialismo, como han hecho los Renaudel y los Longuet,
los Scheidemann y los Kautsky, los Hendersony los Webb, etc.), el sabio señor
Kautsky entona sus melifluas loas a la "defensa de la minoría". Quien
lo desee puede leerlo en la página 15 del folleto de Kautsky. Y en la página
16, tan docto... ejemplar les hablará ¡de los whigs y de los tories21 ingleses del siglo XVIII!
¡Oh, erudición! ¡Oh,
refinado servilismo ante la burguesía! ¡Oh, civilizada manera de reptar ante
los capitalistas y lamerles las botas! Si yo fuera Krupp, Scheidemann,
Clemenceau o Renaudel, le pagaría al señor Kautsky millones, le recompensaría
con besos de Judas, lo elogiaría ante los obreros, recomendaría "la unidad
del socialismo" con gentes tan "respetables" como él. ¿No es
prestar lacayunos servicios a la burguesía eso de escribir folletos contra la
dictadura del proletariado, traer a colación a los whigs y los tories ingleses
del siglo XVIII, afirmar que democracia significa "defensa de la
minoría" y guardar silencio
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18 C. Marx y F. Engels. Obras
Escogidas en tres tomos, ed. en español, t. II, pág. 199)
19 Véase C. Marx y F. Engels. Obras
Escogidas en tres tomos, ed. en español, t. II
20 Véase C. Marx y F. Engels. Obras
Escogidas en tres tomos, ed. en español, t. II, págs.. 233, 235).
21
Whigs y tories: partidos políticos ingleses fundados e
anglicana, defendía las tradiciones del pasado feudal y combatía las
reivindicaciones liberales y progresistas; posteriormente puso comienzo al
Partido Conservador. Los partidos de los whigs y de los tories se alternaban en
el poder.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
sobre los pogromos desencadenados contra los
internacionalistas en la "democrática" república de los Estados
Unidos?
El sabio señor Kautsky
"ha olvidado" — probablemente por casualidad…— una
"pequeñez": que el partido dominante de una democracia burguesa sólo
cede la defensa de la minoría a otro partido burgués, mientras que al proletariado, en todo problema serio , profundo y fundamental, en lugar de "defensa de la
minoría" le tocan en suerte estados de guerra o pogromos. Cuanto más
desarrollada está la democracia, tanto más se acerca al pogromo o a la guerra
civil en toda divergencia política peligrosa para la burguesía. El sabio
señor Kautsky podía haber advertido
esta "ley" de la democracia burguesa en el caso Dreyfus22 en la Francia republicana, en el linchamiento de negros e
internacionalistas en la democrática república de los Estados Unidos, en el
ejemplo de Irlanda y de Ulster en la democrática Inglaterra23, en la persecución de los bolcheviques y en la organización de
pogromos contra ellos en abril de 1917 en la democrática república de Rusia.
Pongo intencionadamente ejemplos que no corresponden sólo al período de guerra,
sino también al anterior, al tiempo de paz. El melifluo señor Kautsky estima
oportuno cerrar los ojos ante estos hechos del siglo XX y contar, en cambio, a
los obreros cosas de admirable novedad, de extraordinario interés, de inusitado
aleccionamiento e increíble enjundia sobre los whigs y los tories del siglo
XVIII.
9
Tomemos el parlamento
burgués. ¿Puede admitirse que el sabio Kautsky no haya oído decir nunca que los
parlamentos burgueses se hallan tanto más
sometidos a la Bolsa y a los banqueros cuanto
más desarrollada está la democracia? Esto no quiere decir que no deba
utilizarse el parlamentarismo burgués (y los bolcheviques lo han utilizado
quizá con mayor éxito que ningún otro partido del mundo, porque en 1912-1914
habíamos conquistado toda la curia obrera de la cuarta Duma)24. Pero sí quiere decir que sólo un liberal puede olvidar, como
lo hace Kautsky, el carácter limitado y
convencional en el plano histórico que tiene el parlamentarismo burgués. En
el más democrático Estado burgués, las masas oprimidas tropiezan a cada paso
con una contradicción flagrante entre la igualdad formal , proclamada por la "democracia" de los
capitalistas, y las mil limitaciones y tretas reales que convierten a los proletarios en esclavos asalariados. Esta contradicción es la que abre a las masas
los ojos ante la podredumbre, la falsedad y la hipocresía del capitalismo.
¡Esta contradicción es la que los agitadores y los propagandistas del
socialismo denuncian siempre ante las masas a
fin de prepararlas para la revolución! Y cuando ha comenzado una era de revoluciones, Kautsky le vuelve la espalda y se dedica a
ensalzar los encantos de la democracia burguesa agonizante.
La democracia proletaria,
una de cuyas formas es el Poder soviético, ha imprimido un desarrollo y una
extensión jamás vistas a la democracia para la inmensa mayoría de la población,
para los explotados y los trabajadores. Escribir todo un folleto sobre la
![]()
22 Lenin se refiere al proceso provocador
urdido en1894 por los círculos reaccionarios monárquicos de la camarilla
militar francesa contra el hebreo Dreyfus, oficial del Estado Mayor Central,
acusado falsamente de espionaje y alta traición. La condena de Dreyfus a cadena
perpetua, inspirada por la soldadesca reaccionaria, fue aprovechada por los
círculos reaccionarios de Francia para instigar el antisemitismo y la ofensiva
contra el régimen republicano y las libertades democráticas. Bajo la presión de
la opinión pública, Dreyfus fue indultado en 1899; y en 1906 fue reconocido
inocente y reincorporado a filas por fallo del tribunal de casación
23 Se alude a la cruel represión de la sublevación irlandesa de
1916 desencadenada con el fin de liberar la isla de la dominación inglesa:
"En Europa... se ha insurreccionado Irlanda, a la que los ingleses
"amantes de la libertad" han apaciguado por medio de
ejecuciones...", escribió Lenin en 1916 (véase su artículo Balance de la discusión sobre la
autodeterminación).
Ulster:
parte nororiental de Irlanda, poblada en su mayor parte por ingleses; las
tropas de Ulster participaron con las inglesas en el aplastamiento de la
sublevación del pueblo irlandés
24
Duma, Duma de Estado: institución representativa convocada
en la Rusia zarista como consecuencia de la revolución de 1905-1907.
Formalmente, la Duma de Estado era un órgano legislativo; pero, en la práctica,
no tenía ningún poder real. Las elecciones a la Duma de Estado eran indirectas,
desiguales y restringidas. Los derechos electorales de las clases trabajadoras,
así como de las naciones alógenas que poblaban Rusia, estaban muy limitados, y
gran parte de obreros y campesinos carecían totalmente del derecho a voto. Las
elecciones a la Duma de Estado se hacían por curias, que sumaban cuatro: la
obrera, la urbana, la propietaria de tierras y la campesina.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
democracia, como lo hace
Kautsky, que dedica dos páginas a la dictadura y decenas de páginas a la
"democracia pura", y no
advertir esto significa deformar por completo las cosas al modo liberal.
Tomemos la política
exterior. En ningún Estado burgués, ni aun en el más democrático, se hace
abiertamente. En todas partes se engaña a las masas; y en países democráticos
como Francia, Suiza, Norteamérica e Inglaterra se engaña cien veces más y de un
modo cien veces más refinado que en otros países. El Poder soviético ha
arrancado a lo revolucionario el velo de misterio que cubría la política
exterior. Kautsky no lo ha notado. Nada dice de ello, aunque en una época de
guerras de rapiña y de tratados secretos para "repartirse las esferas de
influencia" (es decir, de tratados en los que los bandoleros capitalistas
proyectan el reparto del mundo) tiene una importancia cardinal, porque de eso depende la paz, la vida y la muerte de
decenas de millones de seres humanos.
Tomemos la estructura del
Estado. Kautsky se aferra a "minucias", incluso a que las elecciones
son "indirectas" (en la Constitución soviética), pero no ve el fondo
del problema. No nota que la máquina estatal, el aparato del Estado tiene una
esencia de clase. En la democracia
burguesa, valiéndose de mil ardides — tanto más ingeniosos y eficaces cuanto
más desarrollada está la democracia "pura"—, los capitalistas apartan a las masas de la participación
en el gobierno, de la libertad de reunión e imprenta, etc. El Poder soviético
es el primero del mundo (mejor dicho,
el segundo, porque la Comuna de París empezó a hacer lo mismo) que incorpora al gobierno a las masas,
precisamente a las masas explotadas.
Mil barreras cierran a las masas
trabajadoras el paso al parlamento burgués (que nunca resuelve las cuestiones de mayor importancia dentro de la
democracia burguesa: las resuelven la Bolsa y los bancos), y los obreros saben
y sienten, ven y perciben perfectamente que el parlamento burgués es una
institución ajena, un instrumento de opresión de los
proletarios por la burguesía, la institución de una clase hostil, de la minoría
de explotadores.
Los Soviets son la
organización directa de los trabajadores y de las masas explotadas, a los que
da toda clase de facilidades para
organizar por sí mismos el Estado y gobernarlo de todos los modos posibles.
Gracias a las grandes empresas, precisamente el proletariado de las ciudades,
vanguardia de los trabajadores y de los explotados, tiene en este aspecto la
ventaja de ser el más unido; a él le es más fácil que a otros elegir y
controlar a los diputados. La organización soviética facilita automáticamente el agrupamiento de todos los trabajadores
y explotados alrededor de su vanguardia, el proletariado. El viejo aparato
burgués, la burocracia, los privilegios de la fortuna, de la instrucción
burguesa, de las relaciones, etc. (privilegios de hecho, tanto más variados
cuanto más desarrollada está la democracia burguesa), quedan descartados
totalmente con la organización soviética. La libertad de imprenta deja de ser
una farsa, porque se desposee a la burguesía de los talleres gráficos y del
papel. Lo mismo sucede con los mejores edificios, con los palacios, villas,
mansiones señoriales de campo, etc. El Poder soviético desposeyó inmediatamente
a los explotadores de miles y miles de los mejores edificios, haciendo así un millón de veces más
"democrático" el derecho de reunión para las masas, ese derecho de
reunión, sin el cual la democracia es un engaño. Las elecciones indirectas a
los Soviets que no son locales hacen más fáciles los congresos de los Soviets,
hacen que toda la administración sea
menos costosa, más ágil, esté más al alcance de los obreros y de los campesinos
en un período en que la vida se encuentra en efervescencia y es necesario que
los electores puedan proceder con especial rapidez para revocar a su diputado
local o enviarlo al Congreso general de los Soviets.
10
La democracia proletaria es un millón de veces más democrática
que cualquier democracia burguesa. El Poder soviético es un millón de veces más
democrático que la más democrática de las repúblicas burguesas.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Esto sólo podía no verlo un
servidor consciente de la burguesía o un cadáver político, al que los
polvorientos libros burgueses impiden ver la vida tal como es y que está
impregnado hasta la médula de prejuicios democráticos burgueses, por lo que se
ha convertido objetivamente en lacayo de la burguesía.
Esto sólo podía no verlo un
hombre incapaz de plantear la cuestión
desde el punto de vista de las clases oprimidas:
¿Hay un solo país en el
mundo, entre los países burgueses más democráticos, donde el obrero medio, de la masa, el bracero
medio, de la masa, o el semiproletario del campo en general (es decir, el
hombre de la masa oprimida, de la inmensa mayoría de la población) goce, aunque
sea aproximadamente, de la libertad
de celebrar sus reuniones en los mejores edificios; de la libertad de disponer de las mayores imprentas y de las mejores
reservas de papel para expresar sus ideas y defender sus intereses; de la libertad de enviar a hombres de su clase
al gobierno y "organizar" el Estado, como sucede en la Rusia
Soviética?
Es ridículo pensar que el
señor Kautsky pueda hallar en ningún país ni siquiera a un obrero o un bracero
entre mil, que, puesto al corriente, dude al contestar a esta pregunta.
Instintivamente, sin oír más que las confesiones fragmentarias de la verdad que
se les escapa a los periódicos burgueses, los obreros de todo el mundo
simpatizan con la República de los Soviets porque ven en ella la democracia proletaria, la democracia para los pobres , y no una democracia para los ricos,
como en realidad es toda democracia burguesa, incluso la mejor.
Nos gobiernan (y
"organizan" nuestro Estado) funcionarios burgueses, parlamentarios
burgueses y jueces burgueses. Esta es una verdad pura, evidente, indiscutible,
que conocen por experiencia propia, que sienten y perciben todos los días
decenas y centenares de millones de seres de las clases oprimidas de todos los
países burgueses, incluso de los más democráticos.
En cambio, en Rusia se ha
deshecho por completo el mecanismo burocrático, no dejando de él piedra sobre
piedra, se ha dejado cesantes a todos los antiguos magistrados, se ha disuelto
el parlamento burgués y se ha dado a los obreros y a los campesinos una
representación mucho más accesible, sus Soviets han venido a ocupar el
puesto de los funcionarios o sus
Soviets han sido colocados por encima de los funcionarios, sus Soviets son los que eligen a los jueces. Este mero hecho basta
para que todas las clases oprimidas proclamen que el Poder de los Soviets, o
sea, esta forma de dictadura del proletariado, es un millón de veces más
democrático que la más democrática de las repúblicas burguesas.
Kautsky no comprende esta
verdad, inteligible y evidente para todo obrero, porque "ha
olvidado", "ha perdido la costumbre" de preguntar: ¿democracia para qué clase? Razona desde el punto de
vista de la democracia "pura" (es decir, ¿sin clases? o ¿al margen de
las clases?). Argumenta como Shylock25:
"una libra de carne", y sanseacabó. Igualdad de todos los ciudadanos;
si no, no hay democracia.
Hemos de preguntar al sabio Kautsky, al "marxista" y
"socialista" Kautsky:
¿Puede haber igualdad entre el explotado y el explotador?
Es monstruoso, es increíble
que tengamos que hacer esta pregunta, al tratar de un libro del dirigente
ideológico de la II Internacional. Pero, "a lo hecho, pecho". Puestos
a escribir sobre Kautsky, hemos de explicar, pues, a este erudito por qué no
puede haber igualdad entre el explotador y el explotado.
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25 Shylock: personaje de la comedia de G.
Shakespeare El mercader de Venecia,
usurero cruel y duro de corazón que exigió sin piedad, en cumplimiento de las
cláusulas de un contrato, que se cortara una libra de carne a su deudor
insolvente
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
¿Puede haber igualdad
entre el explotado y el explotador?
Kautsky argumenta así:
(1) "Los explotadores han constituido
siempre una pequeña minoría de la población" (pág. 14 del opúsculo de
Kautsky).
Esto es una verdad
indiscutible. ¿Cómo deberemos razonar, partiendo de ella? Podemos razonar como
marxistas, como socialistas; entonces habremos de basarnos en la relación entre
explotados y explotadores. Podemos razonar como liberales, como demócratas burgueses;
entonces habremos de basarnos en la relación entre mayoría y minoría.
Si razonamos como marxistas,
tendremos que decir: los explotadores transforman inevitablemente el Estado
(porque se trata de la democracia, es decir, de una de las formas del Estado)
en instrumento de dominio de su clase, de la clase de los explotadores, sobre
los explotados. Por eso, aun el Estado democrático, mientras haya explotadores
que dominen sobre una mayoría de explotados, será inevitablemente una
democracia para los explotadores. El Estado de los explotados debe distinguirse
por completo de él, debe ser la democracia para los explotados y el sometimiento de los explotadores ; y
el sometimiento de una clase significa la desigualdad en detrimento suyo, su
exclusión de la "democracia".
11
Si argumentamos como
liberales, tendremos que decir: la mayoría decide y la minoría se somete. Los
desobedientes son castigados. Y nada más. No hay por qué hablar del carácter de
clase del Estado en general ni de la "democracia pura" en particular;
no tiene nada que ver con la cuestión, porque la mayoría es la mayoría, y la
minoría es la minoría. Una libra de carne es una libra de carne, y sanseacabó.
Kautsky razona exactamente así:
(2) "¿Qué motivos hay para que la
dominación del proletariado tome o haya de tomar una forma que sea incompatible
con la democracia?" (pág. 21). Después explica, con frases largas y
redundantes, hasta con una cita de Marx y con estadísticas electorales de la
Comuna de París, que el proletariado posee la mayoría. Conclusión: "Un
régimen con tan hondas raíces en las masas no tiene motivo alguno para atentar
contra la democracia. No siempre podrá abstenerse de la violencia cuando se
haga uso de ella contra la democracia. Sólo con la violencia puede contestarse
a la violencia. Pero un régimen que sabe que cuenta con las masas usará de ella
únicamente para defender la
democracia, y no para suprimirla.
Cometería un verdadero suicidio si quisiera suprimir su base más segura, el
sufragio universal, profunda fuente de poderosa autoridad moral" (pág.
22).
Como se ve, la relación
entre explotados y explotadores ha desaparecido de la argumentación de Kautsky.
No queda más que la mayoría en general, la minoría en general, la democracia en
general, la "democracia pura", que ya conocemos.
¡Nótese que esto se dice a propósito de la Comuna de París! Para
mayor evidencia, veamos lo que decían Marx y Engels de la dictadura a propósito de la Comuna:
Marx:
"...Si los obreros sustituyen la dictadura de la clase burguesa con su
dictadura revolucionaria... para vencer la resistencia de la burguesía..., dan
al Estado una forma revolucionaria y transitoria..."26
Engels:
"...El partido victorioso" (en la revolución) "si no quiere
haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por el terror que sus
armas inspiran a los reaccionarios. ¿Habría durado, acaso, un solo día la
Comuna de París, de no haber empleado esta autoridad del
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26 Véase el artículo de Carlos Marx El indiferentismo en materia política.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
pueblo armado frente a los
burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberla utilizado
lo suficiente?.."27
Engels:
"Siendo el Estado una institución meramente transitoria, que se utiliza en
la lucha, en la revolución, para someter por la violencia a los adversarios, es
un puro absurdo hablar de un Estado popular libre: mientras el proletariado
necesite del Estado, no será en beneficio de la libertad, sino para someter a
sus adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de libertad, el Estado, como
tal, dejará de existir..."28
Entre Kautsky, por un lado,
y Marx y Engels, por otro, existe el mismo abismo que entre el cielo y la
tierra, que entre un liberal y un revolucionario proletario. La democracia pura
y sencillamente la "democracia" de que habla Kautsky no es más que
una paráfrasis de ese mismo "Estado popular libre", es decir, un puro absurdo. Con la erudición de un
doctísimo imbécil de gabinete, o con el candor de una niña de diez años,
pregunta Kautsky: ¿Para qué ejercer la dictadura, si se tiene la mayoría? Marx
y Engels lo explican:
— Para aplastar la resistencia de la burguesía,
— para inspirar temor a los reaccionarios,
— para mantener la autoridad del pueblo armado contra la
burguesía,
— para que el proletariado pueda someter por la violencia a sus
adversarios.
Kautsky no comprende estas
explicaciones. Enamorado de la "pureza" de la democracia, no viendo
su carácter burgués, sostiene "consecuentemente" que la mayoría,
puesto que lo es, no tiene necesidad de "aplastar la resistencia" de
la minoría, de "aplastarla por la fuerza"; sostiene que es suficiente
reprimir los casos de violación de la
democracia. ¡Enamorado de la "pureza" de la democracia, Kautsky
incurre por descuido en ese pequeño
error en que siempre incurren todos los demócratas burgueses; toma por igualdad
real la igualdad formal (que no es más que mentira e hipocresía en el régimen
capitalista)! ¡Nada menos!
El explotador no puede ser igual al explotado.
Esta verdad, por desagradable que le resulte a Kautsky, es lo
más esencial del socialismo.
Otra verdad: No puede haber
igualdad real, efectiva, mientras no se haya hecho totalmente imposible la
explotación de una clase por otra.
Se puede derrotar de golpe a
los explotadores con una insurrección victoriosa en la capital o una rebelión
de las tropas. Pero, descontando casos muy raros y excepcionales, no se puede
hacer desaparecer de golpe a los explotadores. No se puede expropiar de golpe a
todos los terratenientes y capitalistas de un país de cierta extensión. Además,
la expropiación por sí sola, como acto jurídico o político, no resuelve, ni
mucho menos, el problema, porque es necesario desalojar de hecho a los terratenientes y capitalistas, remplazarlos de hecho en fábricas y
fincas por la nueva administración obrera. No puede haber igualdad entre los
explotadores, que durante largas generaciones se han distinguido por la
instrucción, la riqueza y los hábitos adquiridos, y los explotados, que,
incluso en las repúblicas burguesas más avanzadas y democráticas, constituyen,
en su mayoría, una masa embrutecida, inculta, ignorante, atemorizada y
dispersa. Durante mucho tiempo después de la revolución, los explotadores
siguen conservando, de hecho, inevitablemente, tremendas ventajas: conservan el
dinero (no es posible suprimir el dinero de golpe), algunos que otros bienes
muebles, con frecuencia valiosos; conservan las relaciones, los hábitos de
organización y administración, el conocimiento de todos los
"secretos" (costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) de la
administración; conservan una instrucción más elevada, sus
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27 Véase el artículo de F. Engels De la autoridad.
28 Véase la carta de F. Engels a A. Bebel del 18-28 de marzo de
1875.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
estrechos lazos con el alto
personal técnico (que vive a lo burgués y piensa en burgués); conservan (y esto
es muy importante) una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al
arte militar, etc., etc.
12
Si los explotadores son
derrotados solamente en un país —y éste es, naturalmente, el caso típico, pues
la revolución simultánea en varios países constituye una rara excepción—,
seguirán siendo, no obstante, más fuertes que las explotados, porque
sus relaciones internacionales son poderosas. Además, una parte de los
explotados, pertenecientes a las masas más atrasadas de campesinos medios,
artesanos, etc., sigue y puede seguir a los explotadores, como lo han probado
hasta ahora todas las revoluciones,
incluso la Comuna (porque entre las tropas de Versalles había también
proletarios, cosa que "ha olvidado" el doctísimo Kautsky).
Por tanto, suponer que en
una revolución más o menos seria y profunda la solución del problema depende
sencillamente de la actitud de la mayoría ante la minoría, es una estupidez
inmensa, el más necio prejuicio de un liberal adocenado, es engañar a las masas, ocultarles a sabiendas la verdad histórica.
Esta verdad histórica es la
siguiente: en toda revolución profunda, la regla es que los explotadores, que
durante bastantes años conservan de hecho sobre los explotados grandes
ventajas, opongan una resistencia larga,
porfiada y desesperada. Nunca —a no
ser en la fantasía dulzona del melifluo tontaina de Kautsky— se someten los
explotadores a la voluntad de la mayoría de los explotados sin haber puesto
antes a prueba su superioridad en una desesperada batalla final, en una serie
de batallas.
El paso del capitalismo al
comunismo llena toda una época histórica. Mientras esta época histórica no
finalice, los explotadores siguen inevitablemente abrigando esperanzas de
restauración, esperanzas que se
convierten en tentativas de
restauración. Después de la primera derrota seria, los explotadores derrocados,
que no esperaban su derrocamiento ni creían en él, que no aceptaban ni siquiera
la idea de que pudiera producirse, se lanzan con energía decuplicada, con
pasión furiosa y odio centuplicado a la lucha por la restitución del
"paraíso" que les ha sido arrebatado, en defensa de sus familias, que
antes disfrutaban de una vida tan dulce y a quienes la "chusma vil"
condena a la ruina y a la miseria (o al trabajo "simple"...). Y
detrás de los capitalistas explotadores sigue una gran masa de pequeña
burguesía, de la que decenios de experiencia histórica en todos los países nos
dicen que titubea y vacila, que hoy sigue al proletariado y mañana se asusta de
las dificultades de la revolución, se deja llevar del pánico ante la primera
derrota o semiderrota de los obreros, se pone nerviosa, se agita, lloriquea, se
pasa de un campo a otro... lo mismo que nuestros mencheviques y eseristas.
¡¡Y en esas condiciones, en
una época de lucha desesperada, aguda, cuando la historia pone a la orden del
día problemas relacionados con la existencia misma de privilegios seculares y
milenarios, se habla de mayoría y minoría, de democracia pura, de que no hace
falta la dictadura, de igualdad entre explotadores y explotados!! ¡Qué abismo
de estupidez y filisteísmo se necesita para ello!
Pero los decenios de un
capitalismo relativamente "pacífico", que van de 1871 a 1914, han
convertido a los partidos socialistas que se adaptan al oportunismo en establos
de Augias de filisteísmo, de estrechez mental y apostasía...
* * *
El lector habrá advertido
probablemente que Kautsky, en el precitado pasaje de su libro, habla de
atentado contra el sufragio universal (al que califica, dicho sea entre
paréntesis, de profunda fuente de poderosa autoridad moral, mientras que
Engels, a propósito de la misma Comuna de París y del mismo problema de la
dictadura, habla de la autoridad del pueblo
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
armado contra la burguesía;
resulta característico comparar las ideas que sobre la "autoridad"
tienen un filisteo y un revolucionario...).
Es de advertir que el privar a los explotadores del derecho de
voto es un problema puramente ruso, y
no un problema de la dictadura del proletariado en general. Si Kautsky hubiera titulado, sin hipocresía, su folleto Contra los bolcheviques, el título
correspondería al contenido, y Kautsky tendría entonces derecho a hablar
directamente del derecho de sufragio. Pero Kautsky ha querido ser, ante todo,
un "teórico". Ha titulado su folleto La dictadura del proletariado en general. De los Soviets y de Rusia
habla especialmente sólo en la
segunda parte del opúsculo, a partir del sexto apartado. En cambio, en la
primera parte (que es de donde yo he tomado la cita), trata de la democracia y
de la dictadura en general. Puesto a hablar del derecho electoral, Kautsky se ha desenmascarado como polemista
contra los bolcheviques sin un ápice de
respeto por la teoría. Porque la teoría, es decir, el estudio de los
fundamentos generales de clase (y no específicos nacionales) de la democracia y
de la dictadura, no debe tratar de un punto concreto, como es el derecho
electoral, sino de todo el problema: ¿Puede mantenerse
la democracia, tanto para los ricos como
para los explotadores, en un período histórico en que se derriba a los
explotadores, y su Estado es sustituido
por el Estado de los explotados?
13
Así y sólo así es como puede plantear el problema un teórico.
Conocemos el ejemplo de la
Comuna, conocemos todos los razonamientos de los fundadores del marxismo sobre
ella y a propósito de ella. Apoyándome en esos datos, he analizado, por
ejemplo, el problema de la democracia y de la dictadura en el folleto El Estado y la revolución, escrito antes
de la Revolución de Octubre. Acerca de la restricción del derecho al sufragio
no he dicho ni una palabra. Y ahora hay que afirmar que este problema es un
asunto específico nacional, y no un problema general de la dictadura. Es un
problema que se debe enfocar estudiando las
condiciones peculiares de la revolución rusa, estudiando su camino especial de desarrollo. Esto
es lo que me propongo hacer en las páginas siguientes. Pero sería un error
asegurar por anticipado que las futuras revoluciones proletarias de Europa,
todas o la mayor parte de ellas, originarán necesariamente una restricción del
derecho de voto para la burguesía. Puede suceder así. Después de la guerra y de
la experiencia de la revolución rusa, es probable que así suceda, pero no es
indispensable para el ejercicio de la dictadura, no constituye un rasgo imprescindible del concepto lógico de
dictadura, no es condición indispensable
del concepto de dictadura en el terreno histórico y de clase.
Lo que es un rasgo
indispensable, una condición imprescindible de la dictadura, es el requisito de
reprimir por la fuerza a los explotadores como clase, y, por consiguiente, la violación
de la "democracia pura", es decir, de la igualdad y de la libertad con relación a esa clase.
Así y sólo así es como puede
plantearse el problema en el terreno teórico. Y Kautsky, al no hacerlo así,
demuestra que no procede contra los bolcheviques como teórico, sino como un
sicofante al servicio de los oportunistas y de la burguesía.
Determinar en qué países, en
qué condiciones específicas nacionales de un capitalismo u otro se va a aplicar
(de un modo exclusivo o preponderante) una restricción determinada, una
violación de la democracia para los explotadores, es algo que depende de las
particularidades nacionales de cada capitalismo, de cada revolución. El
problema es distinto en el plano teórico y se formula así: ¿Es posible la
dictadura del proletariado sin violación
de la democracia respecto a la clase de los explotadores?
Kautsky ha eludido esta
cuestión, la única esencial e
importante en teoría. Cita toda clase de pasajes de Marx y de Engels salvo los que se refieren al problema
que nos ocupa, que yo he citado más arriba.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Habla de todo lo que les
conviene a los liberales y demócratas burgueses, de todo lo que admiten, de lo
que no rebasa su ideario, pero no habla de lo principal: de que el proletariado
no puede triunfar sin vencer la
resistencia de la burguesía, sin
reprimir por la violencia a sus adversarios; y donde hay "represión
violenta", donde no hay "libertad", no hay, desde luego, democracia.
Esto no lo ha comprendido Kautsky.
* * *
Pasemos a la experiencia de
la revolución rusa y a la divergencia entre los Soviets de diputados y la
Asamblea Constituyente29 que condujo a la disolución de ésta,
privándose a la burguesía del derecho de sufragio.
Que no intenten los
soviets convertirse en organizaciones estatales.
Los Soviets son la forma
rusa de la dictadura del proletariado. Si el teórico marxista que escribe un
trabajo sobre la dictadura del proletariado hubiera estudiado de veras este
fenómeno (en lugar de repetir las lamentaciones pequeñoburguesas contra la dictadura,
como hace Kautsky, entonando las coplas mencheviques), habría comenzado por dar
una definición general de la dictadura, y después habría examinado su forma
particular, nacional, los Soviets, analizándolos como una de las formas de la
dictadura del proletariado.
Claro que nada serio puede
esperarse de Kautsky después de su "reajuste" liberal de la doctrina
de Marx sobre la dictadura. Pero es curioso en sumo grado ver cómo aborda el
problema de los Soviets y cómo lo resuelve.
Los Soviets, escribe al
recordar su aparición en 1905, crearon "una forma de organización
proletaria que era la más universal (umfassendste)
de todas, porque comprendía a todos los obreros asalariados" (pág. 31). En
1905 los Soviets no eran más que corporaciones locales; en 1917 se han
convertido en una organización a escala de toda Rusia.
"La organización
soviética —prosigue Kautsky— tiene ahora ya una historia grande y gloriosa. La
que le está reservada es aún más grande, y no sólo en Rusia. En todas partes se
observa que contra las gigantescas fuerzas de que dispone el capital financiero
en los sentidos económico y político, son insuficientes" (versagen: esta palabra alemana dice algo
más que "insuficientes" y algo menos que "impotentes")
"los antiguos métodos del proletariado en su lucha política y económica.
No puede prescindirse de ellos; siguen siendo indispensables para tiempos
normales, pero se les plantean de cuando en cuando problemas para cuya solución
son impotentes, problemas en que el éxito se cifra tan sólo en la unión de
todos los instrumentos políticos y económicos de la fuerza de la clase
obrera" (pág. 32).
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29 El 14(27) de junio de 1917, el Gobierno
Provisional adoptó la disposición de convocar las elecciones a la Asamblea
Constituyente para el 17 (30) de septiembre de 1917. En agosto del mismo las
aplazó para el 12 (25) de noviembre. Las elecciones se celebraron después de la
victoria de la Revolución Socialista de Octubre, en la fecha fijada del 12 (25)
de noviembre. Las listas de electores habían sido compuestas antes aún de la
Revolución de Octubre, y la composición de la Asamblea Constituyente reflejaba la
vieja correlación de fuerzas de los tiempos en que la burguesía se encontraba
en el poder. Se produjo un acusado divorcio entre la voluntad de la inmensa
mayoría del pueblo, que estaba en pro del poder soviético, y la política
aplicada por la mayoría eserista y menchevique de la Asamblea Constituyente,
que expresaba los intereses de la burguesía y los terratenientes. En vista de
que la Asamblea Constituyente se negó a discutir la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado y
ratificar los decretos de la paz y de la tierra, así como del paso del poder a
los Soviets, fue disuelta por decisión del CEC de toda Rusia el 6 (19) de enero
de 1918.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Sigue una disquisición en
torno a la huelga de masas, después de lo cual afirma que "la burocracia
de los sindicatos", tan necesaria como los sindicatos mismos, "no es
apta para dirigir las gigantescas batallas de las masas, que configuran a
nuestra época más cada día..."
14
"...Así pues —concluye
Kautsky—, la organización soviética es uno de los fenómenos más importantes de
nuestra época. Promete adquirir una importancia decisiva en los grandes
combates decisivos que se avecinan entre el capital y el trabajo.
Pero, ¿podemos exigir más a
los Soviets? Los bolcheviques, que después de la Revolución de Noviembre (según
el nuevo calendario; es decir, de Octubre, según el viejo calendario) de 1917
conquistaron con los socialistas-revolucionarios de izquierda la mayoría en los
Soviets rusos de diputados obreros, después de la disolución de la Asamblea
Constituyente han convertido el Soviet, que hasta entonces era organización de combate de una clase, en una organización estatal. Han suprimido la democracia, que el pueblo ruso conquistó en la Revolución de Marzo
(según el nuevo calendario; de Febrero, según el viejo calendario).
Consecuentemente, los bolcheviques han dejado de llamarse socialdemócratas. Se llaman comunistas"
(pág. 33).
Quien conozca las
publicaciones de los mencheviques rusos observará en el acto que Kautsky copia
servilmente a Mártov, Axelrod, Shtein y compañía. "Servilmente" es la
palabra, porque deforma los hechos hasta un punto grotesco en provecho de los
prejuicios mencheviques. Por ejemplo, no se ha tomado la molestia de preguntar
a sus informadores, al Shtein de Berlín o al Axelrod de Estocolmo, acerca del momento en que se planteó el cambio de
nombre de los bolcheviques en comunistas y lo relativo al papel de los Soviets
como organizaciones estatales. De haber solicitado estos datos, no habría
escrito Kautsky unas líneas que mueven a risa, porque ambos asuntos los
plantearon los bolcheviques en abril de
1917, por ejemplo, en mis "tesis" del 4 de abril de 191730, es decir, mucho antes de la Revolución de Octubre de 1917 (por
no hablar ya de la disolución de la Constituyente el 5 de enero de 1918).
Pero el razonamiento de
Kautsky, que he reproducido por entero, es el quid de todo el problema de los
Soviets. El quid está precisamente en saber si los Soviets deben tender a
convertirse en organizaciones de Estado (los bolcheviques lanzaron en abril de
1917 la consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!"; y en la
conferencia del partido bolchevique del mismo mes de abril de 1917 declararon
que no les satisfacía una república parlamentaria burguesa, sino que
reivindicaban una república de obreros y campesinos del tipo de la Comuna o del
tipo de los Soviets); o bien los
Soviets no han de seguir esa tendencia, no han de tomar el poder, no han de
convertirse en organizaciones de Estado, sino que deben seguir siendo
"organizaciones de combate" de una "clase" (según dijo
Mártov, adecentando con estos inocentes deseos el hecho de que, bajo la
dirección menchevique, los Soviets no eran más que un instrumento de subordinación de los obreros a la burguesía).
Kautsky repite servilmente
las palabras de Mártov, tomando fragmentos
de la controversia teórica de los bolcheviques con los mencheviques y
proyectando estos fragmentos, sin crítica ni razón, sobre el terreno teórico
general, sobre el terreno europeo general. El resultado es un embrollo capaz de
provocar una risa homérica en todo obrero ruso consciente que llegase a conocer
el citado razonamiento de Kautsky.
Con la misma risa acogerán a
Kautsky todos los obreros europeos (a excepción de un puñado de empedernidos
socialimperialistas) cuando les expliquemos de qué va.
Llevando con extraordinaria
evidencia al absurdo el error de Mártov, Kautsky le ha prestado un flaco
servicio. En efecto, veamos lo que le resulta a Kautsky.
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30 Se trata de las tesis de abril.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Los Soviets abarcan a todos
los obreros asalariados. Contra el capital financiero son insuficientes los
antiguos métodos del proletariado en su lucha política y económica. Los Soviets
están llamados a cumplir un papel importantísimo, y no sólo en Rusia. Cumplirán
un papel decisivo en las grandes batallas decisivas entre el capital y el
trabajo en Europa. Esto es lo que dice Kautsky.
Muy bien. ¿No deciden
"las batallas decisivas entre el capital y el trabajo" cuál de estas
dos clases se adueñará del poder político?
Nada de eso. Dios nos guarde.
En las batallas
"decisivas", los Soviets, que abarcan a todos los obreros
asalariados, ¡no deben convertirse en una
organización de Estado!
Pero ¿qué es el Estado?
El Estado no es más que una máquina para la opresión de una
clase por otra.
Por tanto, la clase
oprimida, la vanguardia de todos los trabajadores y de todos los explotados en
la sociedad actual debe lanzarse a "las batallas decisivas entre el
capital y el trabajo”, ¡pero no debe
tocar la máquina de la que se sirve el capital para oprimir al trabajo! ¡No debe romper esa máquina! ¡No debe emplear su organización
universal para reprimir a los
explotadores!
¡Magnífico, admirable, señor
Kautsky! "Nosotros" reconocemos la lucha de las clases como la
reconocen todos los liberales, o sea, sin derribar a la burguesía...
Aquí es donde se hace
patente la total ruptura de Kautsky tanto con el marxismo como con el
socialismo. Esto es, de hecho, ¡pasarse al lado de la burguesía, que se halla
dispuesta a admitir todo lo que se quiera menos la transformación de las
organizaciones de la clase que ella oprime en organizaciones de Estado. No hay
ya medio de que Kautsky salve su posición, que todo lo concilia y que no tiene
más que frases para sortear todas las profundas contradicciones.
15
Kautsky renuncia en absoluto
a que el poder político pase a manos de la clase obrera o admite que la clase
obrera se adueñe de la vieja máquina estatal, de la máquina burguesa, pero en
modo alguno consiente que la rompa y la destruya para sustituida con una nueva,
con la máquina proletaria. Se "interprete" o se "explique"
de uno u otro modo el razonamiento de Kautsky, resulta evidente su ruptura con
el marxismo y su paso al lado de la burguesía.
Al hablar, en el Manifiesto Comunista, del Estado que
necesita la clase obrera triunfante, Marx escribía ya: "El Estado, es
decir, el proletariado organizado como clase dominante"31. Y ahora, un hombre que pretende seguir siendo marxista declara
que el proletariado totalmente organizado y en "lucha decisiva"
contra el capital, no debe hacer de
su organización de clase una organización de Estado. La "fe supersticiosa
en el Estado", que, según escribía Engels en 1891 hablando de Alemania,
"se ha trasplantado del campo filosófico a la conciencia general de la
burguesía e incluso a la de muchos obreros"32, es lo que en este caso ha puesto de manifiesto Kautsky.
Luchad, obreros, "autoriza" nuestro filisteo (también lo
"autoriza" el burgués, porque, de todos modos, los obreros luchan, y
lo único que hace falta es buscar la manera de embotar el filo de su espada).
¡Luchad, pero no os atreváis a vencer!
¡No destruyáis la máquina del Estado burgués, no sustituyáis la "organización estatal"
burguesa con la "organización estatal" proletaria!
Una persona que compartiera
en serio la idea de Marx de que el Estado no es más que una máquina para la
opresión de una clase por otra, que se hubiera parado a meditar algo sobre esta
verdad, no habría podido llegar nunca al absurdo de decir que las organizaciones
![]()
31 Véase C. Marx y F. Engels. Obras
Escogidas en tres tomos, ed. en español, t. I, págs. 129-130.
32 Lenin alude a la Introducción
de F. Engels a la obra d
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
proletarias, capaces de
vencer al capital financiero, no deben transformarse en organizaciones
estatales. Eso es lo que revela al pequeño burgués, para el cual el Estado es,
"a pesar de todo", una entidad situada a fin de cuentas al margen de
las clases o por encima de las clases. En efecto, ¿por qué puede el
proletariado, "una sola clase",
hacer una guerra decisiva al capital, que no sólo domina sobre el proletariado,
sino sobre el pueblo entero, sobre toda la pequeña burguesía, sobre todos los
campesinos, y no puede, siendo " una
sola clase", transformar su organización en organización estatal?
Porque el pequeño burgués teme la
lucha de las clases y no la lleva a término, a lo más importante.
Kautsky se ha hecho un lío
completo y descubre la hilaza. Fíjense: él mismo ha reconocido que Europa se
acerca a batallas decisivas entre el capital y el trabajo y que los antiguos
métodos del proletariado en la lucha política y económica son insuficientes.
Pero estos métodos consistían, precisamente, en utilizar la democracia burguesa.
¿Por tanto?..
Kautsky ha tenido miedo de
llevar el razonamiento a sus últimas consecuencias y ver lo que de ello se
deduce.
...Por tanto, sólo un
reaccionario, enemigo de la clase obrera y lacayo de la burguesía, puede
dedicarse ahora a pintar los encantos de la democracia burguesa y a cotorrear
acerca de la democracia pura, de cara a un pasado ya caduco. La democracia
burguesa fue progresista en comparación con la Edad Media, y había que
utilizada. Pero ahora es insuficiente
para la clase obrera. Ahora hay que mirar hacia adelante, y no hacia atrás, hay
que ir a la sustitución de la democracia burguesa por la proletaria . Ha sido posible (y necesario) realizar en el marco del Estado democrático
burgués el trabajo preparatorio de la revolución proletaria, la instrucción y
formación del ejército proletario, pero encerrar al proletariado dentro de ese
marco, cuando se ha llegado a las "batallas decisivas", es hacer
traición a la causa proletaria, ser un renegado.
Kautsky ha metido la pata
con mucha gracia, pues repite el argumento de Mártov ¡sin ver que Mártov apoya este argumento en otro que Kautsky no emplea! Mártov dice (y Kautsky lo repite) que
Rusia no está todavía madura para el socialismo, de lo cual se deduce
naturalmente que es aún pronto para convertir los Soviets, de instrumentos de
combate, en organizaciones de Estado (léase: lo oportuno es transformar los
Soviets, con ayuda de los jefes mencheviques, en órganos de subordinación de los obreros a la burguesía
imperialista). Ahora bien, Kautsky no
puede decir abiertamente que Europa no está madura para el socialismo. En
1909, cuando aún no era un renegado, escribió que no se debía tener miedo de
una revolución prematura, que sería
traidor quien renunciara a la revolución por miedo a la derrota. Kautsky no se
atreve a retractarse francamente. Y
resulta un absurdo que descubre por entero toda la necedad y la cobardía del
pequeño burgués: por una parte, Europa está madura para el socialismo y va a
las batallas decisivas entre el trabajo y el capital; pero, por otra parte, la organización de combate (es decir, la
organización que se está formando, desarrollando y afianzando en la lucha), la
organización del proletariado, vanguardia, organizador y jefe de los oprimidos,
¡no se debe convertir en organización estatal!
* * *
16
Desde el punto de vista
práctico de la política, la idea de que los Soviets son necesarios como
organización de combate, pero que no deben convertirse en organizaciones de
Estado, es todavía infinitamente más absurda que desde el punto de vista
teórico. Incluso en tiempos de paz, sin situación revolucionaria, la lucha
entre las masas obreras y los capitalistas, por ejemplo, la huelga de masas,
origina en ambas partes formidable encono, extremo ardor en el combate,
constantes manifestaciones de la burguesía en el sentido de que ella es y
quiere
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
seguir siendo "el ama
de su casa", etc. Y en tiempos de revolución, cuando la vida política está
en efervescencia, una organización como los Soviets, que abarca a todos los obreros de todas las industrias, y también a todos los soldados y a todos los
trabajadores y pobres del campo, es
una organización que, por sí misma, por el curso del combate, por la simple
"lógica" de la ofensiva y de la defensiva, llega necesariamente a
plantear el problema de manera tajante.
Querer tomar una posición neutra, "conciliar" al proletariado con la burguesía es una necedad condenada a un
fracaso lastimoso: esto fue lo que sucedió en Rusia con las prédicas de Mártov
y otros mencheviques; esto es lo que inevitablemente sucederá en Alemania y en
otros países si los Soviets se desarrollan con suficiente amplitud, si llegan a
unirse y afianzarse. Decir a los Soviets que luchen, pero que no tomen todo el
poder en sus manos, que no se transformen en organizaciones estatales, equivale
a predicar la colaboración de las clases y la "paz social" entre el
proletariado y la burguesía. Es ridículo pensar siquiera que, en una lucha
encarnizada, semejante posición pueda conducir a algo que no sea una vergonzosa
derrota. El eterno destino de Kautsky es nadar entre dos aguas. Hace como si en
teoría no estuviera de acuerdo en nada con los oportunistas; pero, de hecho, en la práctica, está de acuerdo con
ellos en todas las cuestiones esenciales (o sea, en todo lo que concierne a la revolución).
La asamblea
constituyente y la republica soviética.
El problema de la Asamblea
Constituyente y de su disolución por los bolcheviques es lo principal de todo
el folleto de Kautsky. Y a él vuelve constantemente. Toda la obra del jefe
ideológico de la II Internacional rebosa de alusiones a que los bolcheviques
"han suprimido la democracia" (véase más arriba una de las citas de
Kautsky). El problema, en efecto, tiene interés e importancia, porque la
correlación entre democracia burguesa y democracia proletaria se plantea aquí prácticamente ante la revolución. Veamos
cómo lo analiza nuestro "teórico marxista".
Kautsky cita mis Tesis sobre la Asamblea Constituyente,
publicadas en Pravda del 26 de
diciembre de 1917. Parece que no podía esperarse mejor prueba de seriedad por
su parte, ya que aborda la cuestión con documentos en las manos. Pero veamos cómo cita Kautsky. No dice que las tesis
eran 19, ni que en ellas se hablaba tanto de la relación entre una república
burguesa ordinaria con Asamblea Constituyente y la República de los Soviets
como de la historia de la divergencia
entre la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado en nuestra
revolución. Kautsky prescinde de todo esto y dice simplemente al lector que,
entre estas tesis, "dos tienen particular importancia": una, que los
eseristas se dividieron después de las elecciones a la Asamblea Constituyente,
pero antes de reunirse ésta (no dice que esa tesis es la quinta); otra, que la
República de los Soviets es, en general, una forma democrática superior a la
Asamblea Constituyente (no dice que esa tesis es la tercera).
Y sólo de esa tercera tesis cita Kautsky por entero un
fragmento, la afirmación siguiente:
"La República de los
Soviets no es sólo una forma de tipo más elevado de instituciones democráticas
(en comparación con la república burguesa ordinaria
coronada por una Asamblea Constituyente), sino la única forma capaz de asegurar
el tránsito menos doloroso* al socialismo" (Kautsky omite la palabra
"ordinaria", y las palabras de introducción de la tesis: "Para
la transición del régimen burgués al socialista, para la dictadura del
proletariado").
* Por cierto, Kautsky cita repetidas veces
la expresión del tránsito “menos doloroso”, por lo visto, con pretensiones de
ironía. Pero como recurre a malas artes, algunas páginas más adelante hace una
trampa y falsea la cita: ¡un paso “sin dolor”! Claro que con semejante sistema
es fácil atribuir al adversario una insensatez. Esta falsificación permite,
además, desentenderse del fondo del argumento: el tránsito menos doloroso al
socialismo sólo es posible con la organización total de los pobres (los Soviets)
y con la ayuda del poder central del Estado (el proletariado) a tal
organización.
Después de esta cita, Kautsky exclama con magnífica ironía:
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
"Es de lamentar
únicamente que llegasen a esa conclusión sólo al encontrarse en minoría en la
Asamblea Constituyente. Nadie había pedido antes la Asamblea Constituyente con
mayor empeño que Lenin".
¡Así lo dice textualmente en la página 31 de su libro!
¡Una verdadera joya! ¡¡Sólo
un sicofante al servicio de la burguesía puede falsear tanto los hechos, para
dar al lector la impresión de que los discursos de los bolcheviques sobre un
tipo superior de Estado son una invención a la que sólo han recurrido después de haberse visto en minoría en
la Asamblea Constituyente!! Una mentira tan vil sólo pudo decirla un canalla
vendido a la burguesía, o lo que es absolutamente igual, que se ha fiado de P.
Axelrod y encubre a sus informadores.
Porque todo el mundo sabe
que el mismo día de mi llegada a Rusia, el 4 de abril de 1917, leí públicamente
las tesis en que proclamaba la superioridad de un Estado del tipo de la Comuna
sobre la república parlamentaria burguesa. Después lo he vuelto a manifestar repetidamente en la prensa, por ejemplo,
en un folleto sobre los partidos políticos, que se tradujo al inglés y fue
publicado en Norteamérica en enero de 1918, en el Evening Post33 de Nueva York. Es más, la conferencia
del partido bolchevique, celebrada a fines de abril de 1917, adoptó una
resolución, diciendo que la república de proletarios y campesinos es superior a
la república parlamentaria burguesa, que esta última no podía satisfacer a
nuestro partido y que el programa de éste debía modificarse en ese sentido34.
17
¿Cómo calificar, después de
esto, la ocurrencia de Kautsky, quien afirma a los lectores alemanes que yo
exigía con el mayor empeño la convocatoria de la Asamblea Constituyente y que
sólo al quedar los bolcheviques en minoría dentro de ella empecé a "menoscabar"
el honor y la dignidad de esa Asamblea? ¿Cómo puede justificarse esta
ocurrencia?** ¿No estaba Kautsky al corriente de los hechos? ¿Para qué, pues,
se ha sentado a escribir sobre ellos? ¿Por qué no ha declarado lealmente: Yo,
Kautsky, escribo, apoyándome en datos de los mencheviques Shtein, P. Axelrod y
Cía? Con su pretensión de objetividad, quiere disimular su papel de criado de
los mencheviques, ofendidos por su derrota.
** A propósito: ¡hay muchos de estos
embustes mencheviques en el folleto de Kautsky! Es un libelo de un menchevique
enfurecido.
Pero esto no es nada. Lo
gordo viene después. Admitamos que Kautsky no ha querido o no ha podido (??)
recibir de sus informantes una traducción de las resoluciones de los
bolcheviques y de sus declaraciones acerca de si les satisface la república
democrática parlamentaria burguesa. Admitámoslo, aunque sea inverosímil. Pero
Kautsky menciona abiertamente mis
tesis del 26 de diciembre de 1917 en la pág. 30 de su libro.
¿Conoce Kautsky el texto
completo de estas tesis o únicamente lo que le han traducido los Shtein,
Axelrod y Cía? Kautsky cita la tercera
tesis sobre la cuestión fundamental
de si antes de las elecciones a la
Asamblea Constituyente los bolcheviques comprendían y decían al pueblo que la República de los
Soviets es superior a la república burguesa. Pero Kautsky silencia la segunda tesis.
Esta segunda tesis dice:
"La socialdemocracia revolucionaria, que reclamaba la convocatoria de la
Asamblea Constituyente, subrayó en
repetidas ocasiones, desde los primeros días de la revolución de 1917, que la República de los Soviets es una forma de
democracia superior a la república burguesa ordinaria con Asamblea
Constituyente". (Las cursivas son mías)
![]()
33 El folleto de Lenin Los partidos políticos en Rusia y las tareas del proletariado se
publicó en inglés en el periódico burgués norteamericano The Evening Post el 15 de enero de 1918 y en el número 4, de
noviembre-diciembre de 1917, de la revista del ala izquierda del Partido
Socialista de Norteamérica The Class
Struggle; apareció también en separata.
34 Lenin se refiere a la resolución sobre
la revisión del programa del partido, adoptada en la VII Conferencia Nacional
(de Abril) del POSD(b) de Rusia. El texto de la misma lo escribió Lenin.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Para presentar a los
bolcheviques como gente sin principios, como "oportunistas
revolucionarios" (esta expresión se encuentra, no recuerdo con qué motivo,
en un pasaje del libro de Kautsky), ¡el señor Kautsky ha ocultado a los lectores alemanes que las tesis hacen mención de
"repetidas" declaraciones!
Tales son los pobres, míseros y despreciables procedimientos a
que recurre el señor Kautsky.
De este modo se desentiende de la cuestión teórica.
¿Es o no verdad que la
república parlamentaria democrática burguesa es inferior a una república del tipo de la Comuna o de los Soviets?
Este es el quid de la cuestión; pero Kautsky lo elude. Kautsky "ha
olvidado" todo lo que Marx dice en su análisis de la Comuna de París.
También "ha olvidado" la carta de Engels a Bebel del 28 de marzo de
1875, que expresa en forma bien evidente y comprensible la misma idea de Marx:
"La Comuna no era ya un Estado en el sentido propio de la palabra".
Y ahí tenéis al teórico más
eminente de la II Internacional, que, en un folleto que se refiere
especialmente a La dictadura del
proletariado, al tratar en particular de Rusia, donde se ha planteado
muchas veces y sin ambages el problema de una forma de Estado superior a la
república democrática burguesa, no habla de ello para nada. ¿En qué se
diferencia esto, de hecho, del paso
al lado de la burguesía?
(Digamos entre paréntesis
que también en esto va Kautsky a la cola de los mencheviques rusos. Entre ellos
sobran gentes que se saben "todas las citas" de Marx y Engels; pero
ni un solo menchevique, de abril a octubre de 1917 y de octubre de 1917 a
octubre de 1918, ha tratado una sola vez
de analizar el problema de un Estado del tipo de la Comuna. Plejánov lo ha
eludido también. Por lo visto, no
tuvieron más remedio que callar.)
Claro que hablar de
disolución de la Asamblea Constituyente con gentes que se llaman socialistas y
marxistas, pero que en el problema principal,
en el de un Estado del tipo de la Comuna, se pasan en realidad a la burguesía,
sería echar margaritas a puercos. Bastará imprimir como anexo de este folleto
mis tesis completas sobre la Asamblea Constituyente. Por ellas verá el lector
que la cuestión se planteó el 26 de diciembre de 1917 desde el punto de vista
teórico, histórico, político y práctico.
Aunque Kautsky, como
teórico, ha renegado por completo del marxismo, hubiera podido analizar como
historiador la lucha de los Soviets contra la Asamblea Constituyente. Muchos de
sus trabajos nos dicen que Kautsky sabía
ser historiador marxista, y esos
trabajos quedarán como patrimonio perdurable del proletariado, a pesar de
haberles seguido la apostasía de su autor. Pero en este punto Kautsky, también
como historiador, se vuelve de espaldas
a la verdad, cierra los ojos ante hechos notorios,
se conduce como un sicofante. Quiere
presentar a los bolcheviques como gentes sin principios y relata cómo
intentaron atenuar su conflicto con
la Asamblea Constituyente antes de disolverla. No hay absolutamente nada de malo en ello, de nada tenemos que
desdecirnos. Publico íntegras las tesis, y en ellas digo con claridad
meridiana: Señores pequeños burgueses vacilantes que os habéis atrincherado en
la Asamblea Constituyente, aceptad la dictadura del proletariado o triunfaremos
sobre vosotros "por vía revolucionaria" (tesis 18 y 19).
18
Así es cómo ha procedido y
procederá siempre el proletariado verdaderamente revolucionario con respecto a
la pequeña burguesía vacilante.
Kautsky adopta en la
cuestión de la Asamblea Constituyente una actitud formalista. En mis tesis he
dicho clara y reiteradamente que los intereses de la revolución están por
encima de los derechos formales de la Asamblea Constituyente (véanse las tesis
16 y 17). El punto de vista democrático formal es precisamente el del demócrata
burgués, que no admite la supremacía
de los intereses del proletariado y de la lucha proletaria de clase. Como
historiador, Kautsky no hubiera podido menos de reconocer que los parlamentos
burgueses
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
son órganos de una u otra
clase. Pero ahora (para su inmunda abjuración de la revolución), Kautsky ha
tenido que olvidar el marxismo, y no se
pregunta de qué clase era órgano
la Asamblea Constituyente en Rusia. No analiza las circunstancias concretas, no
quiere ver los hechos, nada dice a los lectores alemanes de que mis tesis
contienen, no sólo un estudio teórico del carácter limitado de la democracia
burguesa (tesis 1-3), no sólo las condiciones concretas, en virtud de las
cuales las listas de los partidos, compuestas a mediados de octubre de 1917, no
respondían a la realidad en diciembre de 1917 (tesis 4-6), sino también la historia de la lucha de las clases y de
la guerra civil de octubre a diciembre de 1917 (tesis 7-15). De esta historia concreta dedujimos (tesis
14) que la consigna de "Todo el poder a la Asamblea Constituyente" se
había convertido de hecho en la
consigna de los democonstitucionalistas35, las
huestes de Kaledin y sus secuaces.
El historiador Kautsky no lo
ve. El historiador Kautsky jamás ha oído decir que el sufragio universal da
lugar a veces a parlamentos pequeñoburgueses y a veces a parlamentos
reaccionarios y contrarrevolucionarios. Kautsky, historiador marxista, no ha
oído decir que una cosa es la forma de las elecciones, la forma de la
democracia, y otra el contenido de clase de una institución determinada. Este
problema del contenido de clase de la Asamblea Constituyente está claramente
planteado y resuelto en mis tesis. Puede ser que mi solución no sea atinada.
Nada nos agradaría tanto como una crítica marxista de nuestro análisis. En
lugar de escribir frases absolutamente necias (hay muchas en Kautsky) acerca de
que hay quien impide criticar el bolchevismo, Kautsky hubiera debido realizar
esta crítica. Pero el asunto es que la crítica brilla en él por su ausencia. Ni siquiera plantea el problema de un análisis de los Soviets, por una parte, y
de la Constituyente, por otra, desde el punto de vista de clase. Y por ello es imposible discutir con Kautsky, y
sólo cabe demostrar a los lectores
por qué no puede dársele otro nombre que el de renegado.
La divergencia entre los
Soviets y la Asamblea Constituyente tiene su historia, que no podría dar de
lado un historiador, aun cuando no se colocara en el punto de vista de la lucha
de las clases. Tampoco ha querido Kautsky tocar esta historia de los hechos. Ha
ocultado a los lectores alemanes el hecho notorio (que ahora sólo ocultan los
mencheviques empedernidos) de que los Soviets, también bajo la dominación
menchevique, es decir, desde fines de febrero hasta octubre de 1917, divergían
de las instituciones del "Estado" (es decir, burguesas). En el fondo,
Kautsky adopta una actitud de conciliación, de conformismo, de colaboración
entre el proletariado y la burguesía; por mucho que Kautsky lo niegue, este
punto de vista es un hecho que confirma todo su folleto. La afirmación de que
no se debía disolver la Asamblea Constituyente quiere decir que no se debía
llevar a su término la lucha contra la burguesía, que no se la debía derribar y
que el proletariado hubiera debido conciliarse con la burguesía.
¿Por qué no dice Kautsky que
los mencheviques se dedicaron a esta labor poco honrosa de febrero a octubre de
1917 sin conseguir nada? Si era posible conciliar a la burguesía con el
proletariado, ¿por qué no se consiguió la conciliación bajo el dominio menchevique,
por qué se mantenía la burguesía apartada de los Soviets y se decía (lo decían
los mencheviques) que los Soviets eran la "democracia
revolucionaria", y la burguesía, los "elementos restringidos"?
Kautsky oculta a los
lectores alemanes que precisamente los mencheviques, en la "época" de
su dominio (de febrero a octubre de 1917), calificaban a los Soviets de
democracia revolucionaria, reconociendo así
su superioridad sobre todas las demás instituciones. Sólo a esta ocultación se
debe que, tal como lo presenta el historiador Kautsky, la divergencia entre los
Soviets y la burguesía sea algo sin historia, que se ha producido de la noche a
la mañana,
![]()
35 Democonstitucionalistas: miembros del Partido Demócrata
Constitucionalista, partido principal de la burguesía liberal monárquica de
Rusia; se formó en octubre de 1905. Después de la victoria de la Revolución
Socialista de Octubre, los democonstitucionalistas organizaron complots
contrarrevolucionarios e insurrecciones contra la República Soviética.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
inopinadamente, sin motivos,
a causa de la mala conducta de los bolcheviques. En realidad, más de medio año (lapso inmenso para una
revolución) de experiencia de
conformismo menchevique, de
tentativas de conciliar al proletariado con la burguesía, es lo que convenció
al pueblo de la inutilidad de estas tentativas, lo que apartó de los
mencheviques al proletariado.
Kautsky reconoce que los
Soviets son una magnífica organización de combate del proletariado, con un gran
porvenir. Pero si es así, toda la posición de Kautsky se desmorona como un
castillo de naipes o como una ilusión pequeñoburguesa de que se puede evitar la
encarnizada lucha entre el proletariado y la burguesía. Porque la revolución
toda no es más que una lucha continua, y además desesperada, y el proletariado
es la clase de vanguardia de todos
los oprimidos, el foco y el centro de todas las aspiraciones de todos los
oprimidos a su emancipación. Los Soviets — órgano de lucha de las masas
oprimidas— reflejaban y expresaban, como es natural, de manera
incomparablemente más rápida, completa y fiel, que hubiera podido hacerlo
cualquier otra institución, el sentir y los cambios de opinión de esas masas
(ésta es, por cierto, una de las razones de que la democracia soviética sea un
tipo superior de democracia).
19
Del 28 de febrero (viejo
calendario) al 25 de octubre de 1917, los Soviets consiguieron convocar dos
congresos de toda Rusia con representantes de la inmensa mayoría de la
población del país, de todos los obreros y soldados y de siete u ocho décimas
partes de los campesinos, sin contar un sinnúmero de congresos locales,
distritales, urbanos, provinciales y regionales. Durante este período, la
burguesía no pudo convocar ni una sola institución que representara una mayoría
(excepción hecha de la Conferencia Democrática36 manifiestamente falsificada, que era una mofa y que suscitó la
cólera del proletariado). La Asamblea Constituyente reflejó el mismo sentir de las masas, el mismo agrupamiento político que el
Primer Congreso de los Soviets de toda Rusia, celebrado en junio. En el momento
de reunirse la Asamblea Constituyente (enero de 1918), se habían celebrado los
Congresos Segundo (octubre de 1917) y Tercero (enero de 1918) de los Soviets;
los dos demostraron con mucha claridad
que las masas se habían radicalizado, que eran más revolucionarias, que habían vuelto la espalda a mencheviques
y eseristas, que se habían pasado al lado de los bolcheviques, es decir, que repudiaron la dirección
pequeñoburguesa, la ilusión de un acuerdo con la burguesía, y optaron por la
lucha revolucionaria del proletariado para derribar a la burguesía.
Por consiguiente, la sola historia externa de los Soviets
demuestra ya lo inevitable de la disolución de la Asamblea Constituyente y el carácter reaccionario de ésta. Pero
Kautsky se aferra a su "consigna": ¡perezca la revolución, triunfe la
burguesía sobre el proletariado con tal de que prospere la "democracia
pura"! Fiat justitia, pereat mundus!
(¡Hágase justicia, aunque perezca el mundo!)
He aquí un breve resumen de
los congresos de los Soviets de toda Rusia en la historia de la revolución
rusa:
![]()
36 La Conferencia Democrática de toda Rusia
fue convocada por el CEC menchevique y eserista de los Soviets en septiembre de
1917 en Petrogrado. Los líderes de los mencheviques y de los eseristas
adoptaron todas las medidas necesarias para debilitar la representación de los
Soviets de Diputados Obreros y Campesinos en ella y ampliar el número de
delegados de las diversas organizaciones pequeñoburguesas y burguesas,
asegurándose así la mayoría en la conferencia. La Conferencia Democrática tomó
el acuerdo de organizar el Anteparlamento (Consejo Provisional de la
República), tentativa de dar la impresión de que en Rusia se había establecido
un régimen parlamentario. Lenin insistió de manera categórica en que se
boicotease el Anteparlamento, ya que el permanecer en él hubiera significado
sembrar ilusiones de que esta institución era capaz de cumplir las tareas de la
revolución. El Comité Central del partido discutió la propuesta de Lenin y
dictaminó que los bolcheviques se retirasen del Anteparlamento, cosa que hicieron
el 7 (20) de octubre, día de su apertura, tras de dar lectura a una
declaración.
Basta lanzar una ojeada a
estas cifras para comprender que los argumentos a favor de la Asamblea
Constituyente o los discursos de quienes (como Kautsky) dicen que los
bolcheviques no representan a la mayoría de la población mueven en nuestro país
sólo a risa.
La constitución
soviética.
Como ya he señalado, la
privación del derecho de sufragio a la burguesía no constituye un rasgo
obligatorio e indispensable de la dictadura del proletariado. Los bolcheviques
de Rusia, que habían proclamado la consigna de tal dictadura mucho antes de Octubre,
tampoco hablaban de privar de derechos electorales a los explotadores. Este rasgo de la dictadura no procede
"del plan" de ningún partido, sino que ha surgido por sí mismo en el curso de la lucha. El historiador
Kautsky, claro, no lo ha notado. No comprende que la burguesía, cuando en los
Soviets dominaban aún los mencheviques (partidarios de la conciliación con la
burguesía), se había apartado por propia iniciativa de los Soviets, los
boicoteaba, se oponía a ellos e intrigaba contra ellos. Los Soviets surgieron
sin Constitución alguna y subsistieron más
de un año (desde la primavera de 1917 hasta el verano de 1918) sin
Constitución alguna. El
enfurecimiento de la burguesía contra la organización de los oprimidos,
organización independiente y omnipotente (pues abarca a todos), la lucha más
desvergonzada, más egoísta y más vil de la burguesía contra los Soviets y, en
fin, la complicidad manifiesta de la burguesía (desde los
democonstitucionalistas hasta los eseristas de derecha, desde Miliukov hasta
Kerenski) en la korniloviada37 fue
lo que preparó la exclusión formal de
la burguesía del seno de los Soviets.
Kautsky ha oído hablar del
complot de Kornílov, pero tiene un desprecio olímpico por los hechos históricos
y el curso y las formas de la lucha, que determinan las formas de la dictadura: ¿qué tienen que ver, en efecto, los hechos
si se trata de la democracia "pura"? Debido a esto, la
"crítica" de Kautsky, dirigida contra la privación de derechos
electorales a la burguesía, se distingue por una... melosa ingenuidad que sería
enternecedora en un niño, pero que produce náuseas, tratándose de un hombre a
quien todavía no se ha declarado oficialmente cretino.
20
"...Si, con el sufragio
universal, los capitalistas hubieran quedado reducidos a una minoría
insignificante, les habría costado menos resignarse con su suerte" (pág.
33)... ¿Verdad que es encantador? El inteligente Kautsky ha visto muchas veces
en la historia, y por experiencia de la vida cotidiana los conoce muy bien, a
terratenientes y capitalistas que conceden beligerancia a la voluntad de la
mayoría de los oprimidos. El inteligente Kautsky se mantiene firme en el punto
de vista de la "oposición", es decir, en el punto de vista de la
lucha parlamentaria. Así lo dice textualmente, "oposición" (pág. 34 y
otras muchas).
¡Oh, sabio historiador y
político! Sepa usted que "oposición" es un concepto de lucha pacífica
y exclusivamente parlamentaria, es decir, una noción que responde a una
situación no revolucionaria, a la
ausencia de revolución. En la revolución nos encontramos con un
![]()
37 Se alude al complot contrarrevolucionario del general Kornílov
en agosto de 1917.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
enemigo que es implacable en
la guerra civil; ninguna jeremiada reaccionaria de pequeño burgués, temeroso de
esa guerra, como lo es también Kautsky, hará cambiar en nada este hecho. Es
ridículo enfocar desde el punto de vista de la "oposición" los
problemas de una guerra civil implacable cuando la burguesía está dispuesta a
cometer todos los crímenes —el ejemplo de los versalleses38 y sus tratos con Bismarck dicen bastante a todo el que no vea
la historia como el Petrushka de Gógol39— ,
cuando la burguesía llama en su auxilio a Estados extranjeros e intriga con
ellos contra la revolución. Lo mismo que Kautsky, "consejero del
embrollo", el proletariado revolucionario debe encasquetarse el gorro de
dormir y conceptuar de simple "oposición" legal a esta burguesía que
organiza revueltas contrarrevolucionarias como las de Dútov, Krasnov y los
checoslovacos40 y prodiga millones a los saboteadores.
¡Qué profundidad de pensamiento!
Lo único que a Kautsky le
interesa es el aspecto formal y jurídico del asunto, de modo que al leer sus
razonamientos sobre la Constitución soviética no podemos menos de recordar las
palabras de Bebel de que los jurisconsultos son gente reaccionaria hasta la
médula. "En realidad —escribe Kautsky— no se puede privar de derechos
únicamente a los capitalistas.
¿Qué es el capitalista en
sentido jurídico? ¿Un hombre que posee bienes? Incluso en un país tan
adelantado en el terreno económico, como Alemania, cuyo proletariado es tan
numeroso, la instauración de una república soviética privaría de derechos
políticos a grandes masas. En 1907, el número de personas (comprendidas sus
familias) ocupadas en los tres grandes grupos —agricultura, industria y
comercio— ascendía en el Imperio alemán a unos 35 millones de empleados y
obreros asalariados y 17 millones de productores independientes. Por tanto, el
partido puede muy bien ser mayoría entre los obreros asalariados, pero minoría
en la población" (pág. 33).
Típico modo
de razonar de Kautsky. ¿No es esto una lamentación contrarrevolucionaria de
burgués? ¿Por qué ha incluido usted, señor Kautsky, a todos los
"productores independientes" en la categoría de personas desprovistas
de derechos, cuando sabe muy bien que la inmensa mayoría de los campesinos
rusos no emplean obreros asalariados y, por tanto, no se les priva de derechos?
¿No es ésta una falsificación?
¿Por qué usted, sabio
economista, no ha reproducido datos que conoce perfectamente y que figuran en
la misma estadística alemana de 1907 sobre el trabajo asalariado en los
diversos grupos de explotaciones agrícolas? ¿Por qué no ha citado usted esos
datos a los obreros alemanes, lectores de su folleto, y así verían cuántos explotadores hay, y los pocos
que son en el total de los "propietarios rurales" de la estadística
alemana?
Porque su apostasía lo ha convertido en un simple sicofante al
servicio de la burguesía.
El capitalista, vean
ustedes, es un concepto jurídico impreciso, y Kautsky dedica unas cuantas
páginas a fulminar la "arbitrariedad" de la Constitución soviética.
El "concienzudo erudito" concede a la burguesía inglesa el derecho de
componer y perfeccionar durante siglos una Constitución burguesa nueva (nueva
para la Edad Media); pero a nosotros, los obreros y campesinos de Rusia, este
representante de una ciencia servil no nos otorga plazo alguno. A
![]()
38 Versalleses: partidarios del gobierno
contrarrevolucionario burgués de Francia, encabezado por Thiers e instalado en
Versalles después de haber triunfado la Comuna de París. Concertaron una
alianza militar con las tropas prusianas para aplastar la insurrección de los
obreros parisienses.
39 Petrushka: siervo doméstico, personaje de la
novela de Nicolás Gógol Almas muertas;
leía los libros deletreando, pero sin calar en el contenido, interesándose
únicamente por el proceso mecánico de la lectura.
40
Se
trata de la sublevación contrarrevolucionaria del cuerpo de ejército
checoslovaco, que había sido formado en Rusia, antes aún de triunfar la
Revolución Socialista de Octubre, con prisioneros de guerra checos y eslovacos.
La sublevación estuvo organizada por los imperialistas de la Entente y estalló
en mayo de 1918. Actuando en estrecho contacto con los guardias blancos y los
kulaks, el cuerpo de ejército checoslovaco ocupó gran parte de la región del
Volga, de los Urales y Siberia, restableciendo en todas partes el poder de la
burguesía. La región del Volga fue liberada por el Ejército Rojo en el otoño de
1918, y la contrarrevolución de Siberia derrotada definitivamente a fines de
1919.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
nosotros nos exige una
Constitución ultimada hasta el más pequeño detalle en unos cuantos meses...
…¡"Arbitrariedad"!
Juzguen qué abismo del más vil servilismo ante la burguesía y de la más
estúpida pedantería descubre semejante
reproche. Los jurisconsultos de los países capitalistas, burgueses hasta la
médula y reaccionarios en su mayoría, han dedicado siglos o decenios a redactar
las más minuciosas reglas, a escribir decenas y centenares de volúmenes de
leyes y comentarios para oprimir al
obrero, para atar de pies y manos al
pobre, para oponer mil argucias y trabas al simple trabajador del pueblo,
¡ah, pero los liberales burgueses y el señor Kautsky no ven en ello ninguna
"arbitrariedad"! ¡No ven más que "orden" y
"legislación"! Allí todo está meditado y prescrito para
"exprimir" lo más posible al pobre. Allí hay millares de abogados y
funcionarios burgueses (de los que Kautsky no habla en absoluto, seguramente
porque Marx concedía muchísima importancia precisamente a la destrucción de la máquina
burocrática...); millares de abogados y funcionarios que saben interpretar las
leyes de manera que el obrero y el campesino medio no consigan atravesar nunca
las alambradas que sus preceptos levantan. Eso no es "arbitrariedad"
de la burguesía, eso no es una dictadura de viles y ávidos explotadores que han
chupado hasta la saciedad sangre del pueblo, nada de eso. Es la
"democracia pura", que cada día va haciéndose más y más pura.
21
Pero cuando las clases
trabajadoras y explotadas, aisladas por la guerra imperialista de sus hermanos
extranjeros, crean por primera vez en la historia sus Soviets, incorporan a la vida política a las masas que la burguesía oprimía, embrutecía y embotaba; cuando
comienzan a construir ellas mismas un
Estado nuevo, proletario; cuando, en
el ardor de una lucha encarnizada, en el fuego de la guerra civil, comienzan a esbozar los principios fundamentales de
un Estado sin explotadores, ¡todos
los canallas de la burguesía, toda la banda de vampiros con su acólito Kautsky,
claman contra la "arbitrariedad"! En efecto, ¿cómo pueden esos
ignorantes, esos obreros y campesinos, esa "chusma", interpretar sus
leyes? ¿Dónde van a adquirir el sentido de la justicia esos simples
trabajadores, sin los consejos de abogados cultos, de escritores burgueses, de
los Kautsky y de los sabios funcionarios de antaño?
El señor Kautsky cita las
siguientes palabras de mi discurso del 28 de abril de 191841: "... Las masas determinan ellas mismas la forma y la
fecha de las elecciones..." Y el "demócrata puro" Kautsky
concluye:
"...De modo que, por lo
visto, cada asamblea de electores puede determinar cómo guste el procedimiento
de las elecciones. La arbitrariedad y la posibilidad de deshacerse de los
elementos de oposición molestos, en el seno del mismo proletariado, se multiplicarían
de esa manera en sumo grado" (pág. 37).
¿En qué se distingue eso de
los discursos de un coolí de la pluma vendido a los capitalistas, que clama
porque en una huelga la masa sojuzga a los obreros aplicados que "desean
trabajar"? ¿Por qué no es una
arbitrariedad que los funcionarios burgueses
determinen el procedimiento de las elecciones en la democracia burguesa
"pura"? ¿Por qué el sentido de justicia de las masas que se han levantado para luchar contra sus
explotadores seculares, de las masas a las que instruye y templa esta lucha
desesperada, ha de ser inferior al de un
puñado de funcionarios, intelectuales y abogados nutridos de prejuicios burgueses?
Kautsky es un verdadero
socialista, no se ponga en duda la sinceridad de este venerable padre de
familia, de este honradísimo ciudadano. Es partidario ardiente y convencido de
la victoria de los obreros, de la revolución proletaria. Su único deseo sería que
primero, antes del movimiento de las masas, antes de su furiosa lucha contra los explotadores y
obligatoriamente sin guerra civil,
los melifluos intelectuales pequeñoburgueses y filisteos,
![]()
41 Lenin se refiere a su artículo Las tareas inmediatas del Poder soviético,
publicado el 28 de abril de1918 en los periódicos Pravda e Izvestia del CEC de
toda Rusia; apareció también en separata.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
encasquetado el gorro de dormir,
compusieran unos moderados y precisos estatutos
del desarrollo de la revolución...
Con profunda indignación
moral refiere nuestro doctísimo Judas Golovliov42 a los obreros alemanes que el 14 de junio de 1918, el Comité
Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia acordó expulsar de los Soviets a
los representantes del partido eserista de derecha y de los mencheviques.
"Esta medida — escribe el Judas Kautsky, enardecido por noble indignación—
no va dirigida contra personas determinadas que hayan cometido determinados
actos punibles... La Constitución de la República Soviética no dice ni una
palabra de la inmunidad de los diputados a los Soviets. No son determinadas personas, sino determinados partidos a los que, en este caso, se
expulsa de los Soviets" (pág. 37).
Sí, eso es, en efecto,
horrible, es apartarse de un modo intolerable de la democracia pura, conforme a
cuyas normas hará la revolución nuestro revolucionario Judas Kautsky. Nosotros,
los bolcheviques rusos, debimos haber empezado por prometer la inmunidad a los
Sávinkov y compañía, a los Liberdán43,
Potrésov (los "activistas"44) y
compañía y después redactar un código penal por el que se declarará
"punible" la participación en la campaña contrarrevolucionaria de los
checoslovacos, o la alianza con los imperialistas alemanes en Ucrania o en
Georgia contra los obreros de su
país; sólo después, en virtud de este
código penal, hubiéramos estado facultados, según la "democracia
pura", para expulsar de los Soviets a "determinadas personas".
Se sobrentiende que los checoslovacos, que recibían dinero de los capitalistas
anglo— franceses por mediación de los Sávinkov, Potrésov y Liberdán (o gracias
a su propaganda), lo mismo que los Krasnov, que han recibido proyectiles de los
alemanes por mediación de los mencheviques de Ucrania y de Tiflis, se habrían
estado quietos hasta que nosotros hubiésemos redactado nuestro código penal en
la forma debida y, como los más puros demócratas, se habrían limitado a un
papel de "oposición"...
La misma indignación moral
siente Kautsky ante el hecho de que la Constitución soviética priva de los
derechos electorales a los que "emplean obreros asalariados con fines de
lucro". "Un obrero de la industria doméstica o un pequeño patrono con
un oficial —escribe Kautsky— puede vivir y sentir como verdadero proletario y
no tiene derecho a votar" (pág. 36).
¡Qué desviación de la
"democracia pura"! ¡Qué injusticia! Bien es verdad que, hasta ahora,
todos los marxistas suponían, y lo confirmaban con miles de hechos, que los
pequeños patronos son los más crueles y mezquinos explotadores de los obreros
asalariados; pero el Judas Kautsky no habla, naturalmente, de la clase de los pequeños patronos (¿quién
habrá ideado la funesta teoría de la lucha de las clases?), sino de individuos,
de explotadores que "viven y sienten como verdaderos proletarios". La
famosa "Inés la ahorrativa", a la que se creía muerta hace tiempo, ha
resucitado de la pluma de Kautsky. Inventó a esta Inés la ahorrativa y la puso
en boga en las publicaciones alemanas hace algunos decenios un demócrata
"puro", el burgués Eugenio Richter, quien predijo infinitos males
como consecuencia de la dictadura del proletariado, de la confiscación del
capital de los explotadores, y preguntó con aire inocente qué significaba un
capitalista en el sentido jurídico. Ponía el ejemplo de una costurera pobre y
ahorrativa ("Inés la ahorrativa"), a la que los malos
"dictadores del proletariado" arrebataban los últimos céntimos. Hubo
un tiempo
![]()
42 Judas
Golovliov: tipo de
terrateniente feudal, hipócrita y santurrón, descrito en la obra de M.
Saltykov-Schedrín Los señores Golovliov.
43 Los
Liberdán: apodo
irónico que se dio a los líderes mencheviques Líber y Dan y a sus adeptos
después de haber aparecido en el número 141 del periódico bolchevique de Moscú Sotsial-Demokrat, correspondiente al 25
de agosto (7 de septiembre) de 1917, un folletín de D. Bodni con el título de Liberdán.
44 Mencheviques
"activistas":
corriente, la más derechista, del partido de los mencheviques, que admitía y
aplicaba en la práctica los métodos de la lucha armada contra el Poder
soviético. Los mencheviques "activistas" participaron en acciones
contrarrevolucionarias y en el terror blanco; contaban con la ayuda militar y
pecuniaria de los intervencionistas
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
en que toda la
socialdemocracia alemana se reía de esta "Inés la ahorrativa" del
demócrata puro Eugenio Richter. Pero de eso hace ya mucho, tanto que data de
los tiempos en que aún vivía Bebel y decía francamente esta verdad: en nuestro
partido hay muchos nacional— liberales45. De
eso hace ya tanto tiempo que fue cuando Kautsky aún no era renegado.
22
Y ahora, "Inés la ahorrativa" ha resucitado en la
persona del "pequeño patrono con un solo oficial, que vive y siente como
un verdadero proletario". Los malvados bolcheviques se portan mal con él,
le privan del derecho a votar. Verdad es que "cada asamblea de
electores", según dice el mismo Kautsky, puede en la República Soviética
admitir a un pobre artesano relacionado, por ejemplo, con una fábrica, si por
excepción no es un explotador, si en
realidad "vive y siente como un verdadero proletario". Pero ¿puede
uno fiarse del conocimiento de la vida, del sentido de justicia de una asamblea
de simples obreros de una fábrica mal organizada y que procede (¡horror!) sin
estatutos? ¿No está claro, acaso, que vale más conceder derechos electorales a todos los explotadores, a todos los que emplean obreros
asalariados, que correr el riesgo de que los trabajadores traten mal a
"Inés la ahorrativa" y al "pequeño artesano que vive y siente
como un proletario"?
* * *
Dejemos a los despreciables
canallas de la apostasía, alentados por los aplausos de los burgueses y de los
socialchovinistas*, que vilipendien nuestra Constitución soviética porque priva
a los explotadores del derecho de sufragio. Tanto mejor, porque así se hará más
rápida y profunda la escisión entre los obreros revolucionarios de Europa, de
un lado, y los Scheidemann y Kautsky, Renaudel y Longuet, Henderson y Ramsay
MacDonald, los viejos jefes y viejos traidores del socialismo, de otro.
* Acabo de leer en el editorial de la Gaceta de Francfort46 del 22 de octubre de 1918 (núm. 293) un
resumen entusiasta del folleto de Kautsky. El periódico de los bolsistas está
encantado. ¡Cómo no! Y un camarada de Berlín me escribe que Vorwärts47, el periódico de los Scheidemann, ha
declarado en un artículo especial que suscribe casi todas las líneas de
Kautsky. ¡Lo felicitamos, lo felicitamos!
Las masas de las clases
oprimidas, los jefes conscientes y honrados del proletariado revolucionario
estarán con nosotros. Bastará dar a conocer a estos proletarios y a estas masas
nuestra Constitución soviética para que digan en seguida: Esos son de verdad gente nuestra, ése es un verdadero
partido obrero, un verdadero gobierno obrero. Porque no engaña a los obreros con palabrería acerca de reformas, como nos han engañado todos los jefes mencionados,
sino que lucha en serio contra los explotadores, lleva a cabo en serio la revolución, combate en realidad por la plena emancipación de
los obreros.
Si los
Soviets, después de un año de "práctica", privan a los explotadores
del derecho al sufragio, esto quiere
decir que los Soviets son de veras organizaciones de las masas oprimidas, y
no de los socialimperialistas ni de los socialpacifistas vendidos a la
burguesía. Si estos Soviets han
privado a los explotadores del derecho de sufragio, eso quiere decir que los Soviets no son órganos de conciliación
pequeñoburguesa con los capitalistas, no son órganos de charlatanería
parlamentaria (de los Kautsky, Longuet y MacDonald), sino órganos del
proletariado verdaderamente revolucionario que sostiene una lucha a muerte
contra los explotadores.
![]()
45 Lenin alude al discurso de A. Bebel,
pronunciado el 20 de septiembre de 1910 en el Congreso de Magdeburgo del
Partido Socialdemócrata de Alemania
46 "Frankfurter Zeitung" ("Gaceta de Fráncfort"): órgano
diario de los grandes bolsistas alemanes; se editó en Fráncfort del Meno a
partir de 1856
47 Se alude al artículo de fondo ¿Dictadura o democracia?,
publicado el 21 de octubre de 1918 en el número 290 del periódico Vorwärts.
"Vorwärts" ("Adelante"): diario, órgano central del
Pa oportunistas. Durante la guerra imperialista mundial, Vorwärts mantuvo posiciones socialchovinistas; después de la Gran
Revolución Socialista de Octubre desplegó propaganda antisoviética.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
"Aquí casi no se conoce
el opúsculo de Kautsky," me ha escrito desde Berlín uno de estos días (hoy
estamos a 30 de octubre) un camarada bien informado. Yo aconsejaría a nuestros
embajadores en Alemania y Suiza que no escatimaran recursos para comprar ese
libro y distribuirlo gratis entre los
obreros conscientes, para enterrar en el fango, a la socialdemocracia "europea" —léase imperialista y
reformista—, esa socialdemocracia que desde hace tiempo es un "cadáver
hediondo".
* * *
Al final de su libro, en las
páginas 61 y 63, el señor Kautsky deplora amargamente que "la nueva
teoría" (que es como llama al bolchevismo, temiendo abordar el análisis
que Marx y Engels hicieron de la Comuna de París) "encuentre partidarios
incluso en viejas democracias como Suiza". "Es incomprensible",
para Kautsky, "que acepten esta teoría los socialdemócratas
alemanes".
Al revés, es muy
comprensible, porque después de las serias lecciones de la guerra, tanto los
Scheidemann como los Kautsky repugnan a las masas revolucionarias.
¡"Nosotros", que
hemos propugnado siempre la democracia —escribe Kautsky—, vamos de pronto a
renunciar a ella!
"Nosotros", los
oportunistas de la socialdemocracia, hemos estado siempre contra la dictadura
del proletariado, y los Kolb y Cía. lo dijeron francamente hace mucha. Kautsky lo sabe, y en, vano cree que conseguirá ocultar
a los lectores un hecho tan evidente como su "vuelta al seno" de los
Bernstein y los Kolb.
23
"Nosotros", los
marxistas revolucionarios, no hemos hecho nunca un fetiche de la democracia
"pura" (burguesa). Se sabe que Plejánov era en 1903 un marxista
revolucionario (antes de su lamentable viraje, que hizo de él un Scheidemann ruso).
Y Plejánov dijo entonces, en el congreso del partido en que se adoptó el
programa, que, si era necesario, el proletariado privaría de derechos
electorales a los capitalistas en la revolución, disolvería cualquier parlamento si éste resultaba ser
contrarrevolucionario. Tal es el único punto de vista que corresponde al marxismo; así puede verlo cualquiera,
siquiera sea por las manifestaciones de Marx y Engels que he citado antes. Es
un corolario evidente de todos los fundamentos del marxismo.
"Nosotros", los
marxistas revolucionarios, no hemos dirigido al pueblo los discursos que
gustaban de pronunciar los kautskianos de todas las naciones en sus funciones
de lacayos de la burguesía, adaptándose al parlamentarismo burgués, disimulando
el carácter burgués de la democracia
contemporánea y reclamando tan sólo su
ampliación, su aplicación completa.
"Nosotros" hemos
dicho a la burguesía: Vosotros, explotadores e hipócritas, habláis de
democracia y, al mismo tiempo, levantáis a cada paso millares de obstáculos
para impedir que las masas oprimidas
participen en la vida política. Os tomamos por la palabra y exigimos, en
beneficio de estas masas, que ampliéis vuestra
democracia burguesa, a fin de preparar a
las masas para la revolución que os derribará a vosotros, los explotadores.
Y si vosotros, los explotadores,
intentáis hacer frente a nuestra revolución proletaria, os aplastaremos
implacablemente, os privaremos de derechos, es más: no os daremos pan, porque
en nuestra república proletaria los explotadores carecerán de derechos, se
verán privados del fuego y del agua, porque somos socialistas de verdad, y no
como los Scheidemann y los Kautsky.
Así es como hemos hablado y
hablaremos "nosotros", los marxistas revolucionarios, y por ello las
masas oprimidas estarán a favor nuestro y con nosotros, mientras que los
Scheidemann y los Kautsky irán a parar al basurero de los renegados.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
¿Qué es el
internacionalismo?
Kautsky se cree y proclama
internacionalista con la mayor convicción. Califica de "socialistas
gubernamentales" a los Scheidemann. En la defensa que hace de los
mencheviques (él no dice francamente que se solidariza con ellos, pero aplica
todas sus ideas), Kautsky ha demostrado con extraordinaria evidencia la calidad
de su "internacionalismo". Y como Kautsky no está solo, sino que
representa una corriente 48 nacida inexorablemente en el ambiente
de la II Internacional (Longuet en Francia, Turati en Italia, Nobs, Grimm,
Graber y Naine en Suiza, Ramsa y MacDonald en Inglaterra, etc.), es instructivo
detenerse en el "internacionalismo" de Kautsky.
Después de subrayar que los
mencheviques estuvieron también en Zimmerwald49 (diploma, sin duda, pero... un poco deteriorado), Kautsky traza
el siguiente cuadro de las ideas de los mencheviques, con los cuales se muestra
de acuerdo:
"...Los mencheviques
deseaban la paz universal. Querían que todos los beligerantes aceptasen la
consigna de "sin anexiones ni contribuciones". Mientras esto no se
consiguiera, el ejército ruso, según ellos, debía mantenerse en disposición de
combate. En cambio, los bolcheviques exigían la paz inmediata a toda costa,
estaban dispuestos a concertar una paz por separado en caso de necesidad;
procuraban imponerla por la fuerza, aumentando la desorganización del ejército,
que ya de por sí era grande" (pág. 27). Según Kautsky, los bolcheviques no
debieron tomar el poder, sino contentarse con la Constituyente.
Así pues, el
internacionalismo de Kautsky y de los mencheviques consiste en lo siguiente:
exigir reformas del gobierno burgués imperialista, pero continuar
sosteniéndolo, continuar sosteniendo la guerra dirigida por este gobierno hasta
que todos los beligerantes hayan aceptado la consigna de "sin anexiones ni
contribuciones". Esta idea la han expresado muchas veces Turati, los
kautskianos (Haase y otros) y Longuet y Cía., los cuales manifestaron que
estaban por la "defensa de la
patria".
Desde el punto de vista
teórico, eso supone total incapacidad de separarse de los socialchovinistas y
un completo embrollo en el problema de la defensa de la patria. Desde el punto
de vista político, sustituir el internacionalismo por un nacionalismo pequeñoburgués
y pasarse al lado del reformismo, renegar de la revolución.
Reconocer la "defensa
de la patria" es, desde el punto de vista del proletariado, justificar
esta guerra, legitimarla. Y como la guerra sigue siendo imperialista (tanto
bajo la monarquía como bajo la república), lo mismo si los ejércitos adversarios
están en un momento dado en territorio propio como si se encuentran en
territorio extranjero, reconocer la defensa de la patria es, de hecho, apoyar a la burguesía
imperialista y depredadora, hacer traición completa al socialismo. En Rusia,
con Kerenski, con una república democrática burguesa, la guerra seguía siendo
imperialista porque la hacía la burguesía como clase dominante (y la guerra es
"continuación de la política"); con particular evidencia han
demostrado el carácter
![]()
48 Se trata del "centrismo",
corriente oportunista en el movimiento obrero internacional. Los centristas
ocupaban en los partidos de la II Internacional una posición intermedia entre
los oportunistas declarados y el ala izquierda, revolucionaria. Uno de los
teóricos del centrismo fue Kautsky. Los centristas apoyaban al ala derecha de
la socialdemocracia en todos los problemas principales y encubrían este apoyo
con frases izquierdistas.
49 Conferencia de
Zimmerwald: primera conferencia
socialista internacional que se celebró en Zimmerwald del 5 al 8 de septiembre
de 1915. Lenin la denominó primer paso en el desarrollo del movimiento
internacional contra la guerra. Asistieron a ella treinta y ocho delegados de
los partidos y organizaciones de once países europeos. La conferencia eligió
como órgano dirigente de la agrupación zimmerwaldiana la Comisión Socialista
Internacional. En el seno de la agrupación se desplegaba una lucha entre la
izquierda de Zimmerwald, encabezada por los bolcheviques, y la mayoría
centrista kautskiana (denominada derecha de Zimmerwald). Los centristas
procuraban lograr la conciliación con los socialchovinistas y la reconstitución
de la II Internacional. La izquierda de Zimmerwald exigía la escisión con los
socialchovinistas, la lucha revolucionaria contra la guerra imperialista y la
fundación de una Internacional nueva, revolucionaria y proletaria. La fuerza
principal del grupo de izquierda de Zimmerwald la constituían los bolcheviques,
que ocupaban la única posición internacionalista y consecuente hasta el fin
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
imperialista de la guerra
los tratados secretos que sobre el reparto del mundo y el pillaje de otros
países había concertado el ex zar con los capitalistas de Inglaterra y Francia.
24
Los mencheviques engañaban miserablemente al pueblo, diciendo
que se trataba de una guerra defensiva o revolucionaria; y Kautsky, al aprobar
la política de los mencheviques, aprueba que se engañe al pueblo, aprueba el
papel de los pequeños burgueses, quienes, para complacer al capital, embaucan a
los obreros y los atan al carro del imperialismo. Kautsky mantiene una política
pequeñoburguesa, filistea típica, imaginándose (e inculcando a las masas esa
idea absurda) que el lanzar una consigna
cambia las cosas. Toda la historia de la democracia burguesa pone al desnudo
esta ilusión: para engañar al pueblo, los demócratas burgueses han lanzado y
lanzan siempre todas las "consignas" que se quiera. El problema
consiste en comprobar su sinceridad,
en confrontar las palabras con los hechos,
en no contentarse con frases
idealistas o vanilocuentes, sino en ver la
realidad de clase. La guerra imperialista no deja de serlo cuando los
charlatanes o los pequeños burgueses filisteos lanzan una "consigna"
dulzona, sino únicamente cuando la clase que dirige la guerra imperialista y
está ligada a ella con millones de hilos (incluso de maromas) de carácter
económico, es en realidad derribada y
sustituida en el poder por la clase verdaderamente revolucionaria, el
proletariado. De otro modo es imposible
librarse de una guerra imperialista, así como de una paz imperialista,
depredadora.
Al aprobar la política
exterior de los mencheviques, al calificarla de internacionalista y
zimmerwaldiana, Kautsky pone al descubierto, primero, toda la podredumbre de la
mayoría oportunista de Zimmerwald (¡por algo nos separamos inmediatamente
nosotros, la izquierda de Zimmerwald, de dicha mayoría!), y, segundo —y esto es
lo principal—, pasa del punto de vista proletario al pequeñoburgués, de la
posición revolucionaria a la reformista.
El proletariado lucha para
derribar a la burguesía imperialista mediante la revolución; la pequeña
burguesía propugna el "perfeccionamiento" reformista del
imperialismo, la adaptación a él, sometiéndose
a él. Cuando Kautsky era todavía marxista, por ejemplo, en 1909, al escribir El camino al poder, defendía
precisamente la idea de que la revolución era inevitable en caso de guerra,
hablaba de la proximidad de una era de
revoluciones. El Manifiesto de Basilea de 1912 habla clara y
terminantemente de la revolución
proletaria derivada de la guerra imperialista entre los grupos alemán e
inglés, que fue precisamente la que estalló en 1914. Y en 1918, cuando han
comenzado las revoluciones derivadas de la guerra, en vez de explicar su
carácter inevitable, en vez de meditar y concebir hasta el fin la táctica revolucionaria, los medios y los
procedimientos de prepararse para la revolución, Kautsky se dedica a llamar
internacionalismo a la táctica reformista de los mencheviques. ¿No es esto una
apostasía?
Kautsky
elogia a los mencheviques porque insistieron en que se mantuviera el ejército
en disposición de combate. Censura a los bolcheviques el haber acentuado la
"desorganización del ejército", que ya de por si era grande. Esto
significa elogiar el reformismo y la subordinación a la burguesía imperialista,
censurar la revolución y renegar de ella, porque mantener bajo Kerenski la
disposición de combate significaba y era conservar el ejército con mandos burgueses (aun cuando fuesen
republicanos). Todo el mundo sabe — y el curso de los acontecimientos lo ha
demostrado con evidencia— que el ejército republicano conservaba el espíritu kornilovista, pues los mandos eran
kornilovistas. La oficialidad burguesa no podía menos de ser kornilovista, de
tender al imperialismo, al sojuzgamiento violento del proletariado. La táctica
de los mencheviques se reducía en la
práctica a dejar intactas todas las bases de la guerra imperialista, todas
las bases de la dictadura burguesa,
arreglando detalles de poca monta y componiendo pequeños defectos
("reformas").
Y a la inversa. Sin
"desorganización"' del ejército no se ha producido ni puede
producirse ninguna gran revolución. Porque el ejército es el instrumento más
anquilosado en que se
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
apoya el viejo régimen, el
baluarte más anquilosado de la disciplina burguesa y de la dominación del
capital, del mantenimiento y la formación de la mansedumbre servil de los
trabajadores ante el capital y la sumisión de ellos a éste. La contrarrevolución
no ha tolerado ni pudo tolerar jamás que junto al ejército existieran obreros
armados. En Francia —escribió Engels—, los obreros siguieron armados después de
cada revolución; "por eso, el desarme de los obreros era el primer
mandamiento de los burgueses que se hallaban al frente del Estado"50. Los obreros armados eran el embrión de un ejército nuevo, la célula orgánica de un nuevo régimen social. Aplastar esta
célula, impedir su crecimiento era el primer mandamiento de la burguesía. El
primer mandamiento de toda revolución triunfante —Marx y Engels lo han
subrayado muchas veces— ha sido deshacer el viejo ejército, disolverlo y remplazarlo
con un ejército nuevo51. La clase social nueva que se alza a la
conquista del poder, jamás ha podido ni puede ahora conseguir ese poder ni
afianzarse en él sin descomponer por completo el antiguo ejército
("desorganización", claman con este motivo los pequeños burgueses
reaccionarios o sencillamente cobardes); sin pasar por un período sembrado de
dificultades y pruebas, falto de todo ejército (la Gran Revolución Francesa
pasó también por ese período terrible); sin formar poco a poco, en dura guerra
civil, el nuevo ejército, la nueva disciplina, la nueva organización militar de
una nueva clase. El historiador Kautsky lo comprendía antes. El renegado
Kautsky lo ha olvidado.
25
¿Con qué derecho llama
Kautsky "socialistas gubernamentales" a los Scheidemann, cuando él
mismo aprueba la táctica de los
mencheviques en la revolución rusa? Los mencheviques, que apoyaban a Kerenski y
entraron a formar parte de su ministerio, eran igualmente socialistas
gubernamentales. Kautsky en modo alguno podrá rehuir esta conclusión, si es que
intenta referirse a la clase dominante que hace la guerra imperialista. Pero
rehúye hablar de la clase dominante,
problema obligatorio para un marxista, porque sólo el plantearlo bastaría para desenmascarar a un renegado.
Los kautskianos de Alemania,
los longuetistas de Francia y Turati y Cía. de Italia, razonan del modo
siguiente: el socialismo presume la igualdad y la libertad de las naciones, su
libre determinación; por tanto,
cuando nuestro país es atacado o invadido por tropas enemigas, los socialistas
tienen el derecho y el deber de defender la patria. Pero este razonamiento es,
desde el punto de vista teórico, una burla completa del socialismo o un vil
subterfugio, y en el terreno práctico de la política coincide con el de un
patán de supina ignorancia que no sabe pensar siquiera ni en el carácter social
de la guerra, en su carácter de clase, ni en las tareas de un partido
revolucionario durante una guerra reaccionaria.
El socialismo se opone a la
violencia ejercida contra las naciones. Esto es indiscutible. Pero el
socialismo se opone en general a la violencia ejercida contra el hombre; sin
embargo, excepto los anarquistas cristianos y los seguidores de Tolstói52, nadie ha deducido todavía de ello que el socialismo se oponga
a la violencia revolucionaria. Por
tanto, hablar de "violencia" en general, sin distinguir las
condiciones que diferencian la violencia reaccionaria de la revolucionaria, es
equipararse a un filisteo que reniega de la revolución o bien, sencillamente,
engañarse uno mismo y engañar a los demás con sofismas.
Otro tanto puede afirmarse
de la violencia ejercida contra las naciones. Toda guerra es violencia contra
naciones, pero ello no obsta para que los socialistas estén a favor de la
![]()
50 Lenin cita la Introducción de F. Engels a la obra de C. Marx La guerra civil en Francia (véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en tres tomos, ed. en
español, t. II, pág. 190).
51 Véase la obra de C. Marx La
guerra civil en Francia (C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en tres tomos, ed. en español, t. II, pág. 233).
52
Seguidores de Tolstoi: adeptos de la tendencia utópica y
religiosa que se formó en el pensamiento y en el movimiento sociales de Rusia a
fines del siglo XIX y comienzos del XX, basada en la doctrina del escritor y
filósofo ruso León Tolstoi. Los seguidores de Tolstoi predicaban "el amor
universal", la no oposición al mal y el perfeccionamiento religioso moral
como medio de transformar la sociedad
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
guerra revolucionaria. El
carácter de clase de una guerra es lo fundamental que se plantea un socialista
(si no es un renegado). La guerra imperialista de 1914 -1918 es una guerra
entre dos grupos de la burguesía imperialista que se disputan el reparto del
mundo, el reparto del botín, que quieren expoliar y ahogar a las naciones
pequeñas y débiles. Así es como calificó la guerra el Manifiesto de Basilea de
1912, y los hechos han confirmado esa calificación. Quien se aparte de este
punto de vista sobre la guerra no es socialista.
Si un alemán del tiempo de
Guillermo II o un francés del tiempo de Clemenceau dice: "Como socialista,
tengo el derecho y el deber de defender mi patria si el enemigo la
invade", no razona como socialista, como internacionalista, como
proletario revolucionario, sino como pequeño
burgués nacionalista. Porque en este razonamiento desaparece la lucha revolucionaria de clase del obrero
contra el capital, desaparece la apreciación de toda la guerra en conjunto,
desde el punto de vista de la burguesía mundial y del proletariado mundial, es
decir, desaparece el internacionalismo y no queda sino un nacionalismo
deplorable y rutinario. Se agravia a mi país, lo demás no me importa: a esto se
reduce tal razonamiento, y en ello reside su estrechez nacionalista y pequeñoburguesa.
Es como si alguien razonara así en relación con la violencia individual contra
una persona: "el socialismo se opone a la violencia; por eso, yo prefiero
hacer traición antes que ir a la cárcel".
El francés, alemán o
italiano que dice: "el socialismo condena la violencia ejercida contra las
naciones, y por eso yo me defiendo
contra el enemigo que invade mi país", traiciona
al socialismo y al internacionalismo. Ese hombre no ve más que su "país", coloca por encima de todo a
"su"... burguesía, sin
pensar en los vínculos internacionales
que hacen imperialista la guerra, que hacen de su burguesía un eslabón de la cadena del bandidaje imperialista.
Todos los pequeños burgueses
y todos los patanes sandios e ignorantes razonan exactamente igual que los
renegados —kautskianos, longuetistas, Turati y Cía.—, o sea: el enemigo está en
mi país, lo demás no me importa*.
*
Los
socialchovinistas (los Scheidemann, los Renaudel, los Henderson, los Gompers y
Cía.) no quieren oír hablar de la "Internacional" durante la guerra.
Consideran a los enemigos de "su"
burguesía "traidores"... al socialismo. Preconizan la política de conquistas de su burguesía. Los socialpacifistas (es decir, socialistas de
palabra y pacifistas pequeñoburgueses de hecho) expresan todo género de
sentimientos "internacionalistas", protestan contra las anexiones,
etc.; pero, de hecho, continúan apoyando a su burguesía imperialista. No
es grande la diferencia existente entre los dos tipos, algo así como entre un
capitalista que pronuncia discursos
atrabiliarios y otro que los pronuncia melifluos.
El socialista, el proletario
revolucionario, el internacionalista razona de otra manera: el carácter de la
guerra (cómo es, reaccionaria o revolucionaria) no depende de quién haya
atacado ni del territorio en que esté el "enemigo", sino de la clase que sostiene la guerra y de
la política continuada por esa guerra concreta. Si se trata de una guerra
imperialista reaccionaria, es decir, de una guerra entre dos grupos mundiales
de la burguesía imperialista, despótica, expoliadora y reaccionaria, toda
burguesía (incluso la de un pequeño país) se hace cómplice de la rapiña, y yo,
representante del proletariado revolucionario, tengo el deber de preparar la revolución proletaria mundial como única salvación de los horrores de la
matanza mundial. No debo razonar desde el punto de vista de "mi" país
(porque ésta es la manera de razonar del pequeño burgués nacionalista,
desgraciado cretino que no comprende que es un juguete en manos de la burguesía
imperialista), sino desde el punto de vista de mi participación en la preparación, propaganda y acercamiento de la
revolución proletaria mundial.
26
Eso es internacionalismo,
ése es el deber del internacionalista, del obrero revolucionario, del verdadero
socialista. Ese es el abecé que
"olvida" el renegado Kautsky. Pero su apostasía se hace más evidente
aún cuando, después de dar el visto bueno a la táctica de los nacionalistas
pequeñoburgueses (mencheviques en Rusia, longuetistas en Francia, Turati en
Italia, Haase y Cía. en Alemania), pasa a criticar la táctica bolchevique.
Veamos esta crítica:
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
"La revolución
bolchevique se basaba en la hipótesis de que sería el punto de partida para la
revolución general europea, de que la osada iniciativa de Rusia incitaría a
todos los proletarios de Europa a levantarse.
Partiendo de este supuesto,
poco importaban, naturalmente, las formas que pudiera tomar la paz separada
rusa, los sacrificios y las pérdidas territoriales (literalmente, mutilaciones,
Verstümmelungen) que trajera al
pueblo ruso, la interpretación que diera a la libre determinación de las
naciones. Entonces carecía también de importancia si Rusia era o no capaz de
defenderse. Desde este punto de vista, la revolución europea era la mejor
defensa de la revolución rusa y debía dar a todos los pueblos del antiguo
territorio ruso una verdadera y completa autodeterminación.
La revolución en Europa, que
debía instaurar y afianzar allí el socialismo, tenía que servir también para
apartar los obstáculos que el atraso económico del país ponía a la realización
de una producción socialista en Rusia.
Todo esto era muy lógico y
bien fundado, siempre que se admitiera una hipótesis fundamental: la revolución
rusa tiene que desencadenar indefectiblemente la europea. Pero, ¿y en el caso
de que no suceda así?
Hasta hoy no se ha
confirmado esta hipótesis. Y ahora se acusa a los proletarios de Europa de
haber abandonado y traicionado a la revolución rusa. Es una acusación contra
desconocidos, porque ¿a quién puede hacerse responsable de la conducta del
proletariado europeo?" (pág. 28).
Y Kautsky machaca sobre
esto, añadiendo que Marx, Engels y Bebel se equivocaron más de una vez en lo
que respecta al estallido de la revolución que esperaban, pero que nunca
basaron su táctica en la espera de la revolución "a fecha fija'" (pág. 29), mientras que, según él, los
bolcheviques "lo han jugado todo a la carta de la revolución general
europea".
Hemos reproducido
expresamente una cita tan larga para que el lector pueda ver con qué
"habilidad" falsifica Kautsky el marxismo, sustituyéndolo con una
trivial y reaccionaria concepción filistea.
Primero, atribuir al
adversario una evidente necedad luego refutarla es procedimiento de personas no
muy inteligentes. Hubiera sido una tontería indiscutible por parte de los
bolcheviques fundar su táctica en la espera de la revolución a fecha fija en otros países. Pero el
partido bolchevique no la hizo: en mi carta a los obreros norteamericanos (20
de agosto de 1918)* yo la descarto abiertamente, diciendo que contamos con la
revolución en Norteamérica, pero no para una fecha determinada. En mi polémica
con los eseristas de
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
izquierda53 y los "comunistas de izquierda"54 (de enero a marzo de 1918) he expuesto repetidas veces la misma
idea. Kautsky recurre a una pequeña... a una pequeñísima treta, fundando en
ella su crítica del bolchevismo. Kautsky mete en un mismo saco la táctica que
cuenta con la revolución europea para una fecha más o menos próxima, pero no
fija, y la táctica que espera la revolución europea a fecha fija. ¡Una pequeña,
una pequeñísima adulteración!
* Véase la presente edición, tomo 8. (N. de la Edit.)
La segunda táctica es una
estupidez. La primera es obligatoria
para el marxista, para todo proletario revolucionario y para todo
internacionalista; obligatoria,
porque es la única que tiene en cuenta acertadamente, como lo exige el
marxismo, la situación objetiva resultante de la guerra en todos los países de
Europa, la única que responde a las tareas internacionales del proletariado.
¡Tras de sustituir el gran
problema de los principios de la táctica revolucionaria en general por la
mezquina cuestión del error que hubieran podido cometer los revolucionarios
bolcheviques, pero que no han cometido, Kautsky ha renegado sin el menor tropiezo
de la táctica revolucionaria en general!
Renegado en política, en
teoría no sabe ni plantear el problema
de las premisas objetivas de la táctica revolucionaria.
Y aquí hemos llegado al segundo punto.
![]()
53 Eseristas de
izquierda: partido que se constituyó
orgánicamente en su I Congreso de toda Rusia en noviembre de 1917. Los
eseristas de izquierda habían existido antes como ala izquierda del partido de
los eseristas que empezó a formarse durante la primera guerra mundial. En el II
Congreso de los Soviets de toda Rusia, los eseristas de izquierda tenían la
mayoría del grupo eserista que se escindió en el problema de la participación
en el congreso: los derechistas abandonaron el congreso, obedeciendo las
indicaciones del CC del partido de los eseristas, y los izquierdistas se
quedaron en él y votaron con los bolcheviques en los problemas de mayor
importancia del orden del día, si bien dando una respuesta negativa a la
propuesta de los bolcheviques de entrar en el Gobierno soviético. Tras largas
vacilaciones, los eseristas de izquierda aceptaron el acuerdo con los
bolcheviques a fin de conservar su influencia en las masas campesinas; fueron
incluidos representantes suyos en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Aunque
aceptaron la colaboración con los bolcheviques, los eseristas de izquierda
discrepaban de ellos en los problemas cardinales de la revolución socialista e
impugnaban la dictadura del proletariado. En enero-febrero de 1918, el CC del
partido de los eseristas de izquierda se opuso a la conclusión del Tratado de
Paz de Brest, y cuando éste se hubo firmado, y fue luego ratificado por el IV
Congreso de los Soviets en marzo de 1918, los eseristas de izquierda se
salieron del Consejo de Comisarios del Pueblo, siguiendo, no obstante, en los
cuerpos colegiados de los comisariados del pueblo y en los órganos locales de
poder. Conforme se iba desplegando la revolución socialista en el campo, entre
los eseristas de izquierda fueron cundiendo los ánimos antisoviéticos.
El 24 de junio de 1918, el CC de los eseristas de izquierda tomó
el acuerdo de organizar un alzamiento contra el Poder soviético. Tras de sufrir
una derrota en el V Congreso de los Soviets, asesinaron el 6 de julio de 1918,
en Moscú, al conde de Mirbach, embajador alemán, con objeto de frustrar el
Tratado de Paz de Brest y enzarzar al País Soviético en una guerra con
Alemania. A continuación desencadenaron una insurrección armada. Después de
haber sido sofocada esta insurrección, denominada de julio, el V Congreso de
los Soviets de toda Rusia acordó excluir de los Soviets a los eseristas de
izquierda que compartían las opiniones de su cúspide dirigente. Habiendo
perdido todo apoyo en las masas, el partido de los eseristas de izquierda
emprendió el camino de la lucha armada contra el Poder soviético. La parte de
los eseristas de izquierda que estaba en pro de la colaboración con los
bolcheviques formó los partidos de los "comunistas populistas" y de
los "comunistas revolucionarios". Un número considerable de los
militantes de estos partidos fueron admitidos posteriormente en el Partido
Comunista
54 "Comunistas de
izquierda": grupo oportunista del PC (b) de Rusia encabezado por
Bujarin; surgió a comienzos de 1918 con motivo de la conclusión de la paz de
Brest. Encubriéndose con frases izquierdistas sobre la guerra revolucionaria,
el grupo de los "comunistas de izquierda" propugnaba la política
aventurera de llevar a la República Soviética, que aún no tenía ejército, a la
guerra con la Alemania imperialista y ponía al Poder soviético en peligro de
muerte. Los comunistas de izquierda se pronunciaban también contra la
introducción de la dirección unipersonal en las empresas y la disciplina
laboral, así como contra el empleo de los especialistas burgueses en la
industria. El partido dio, bajo la dirección de Lenin, enérgica réplica a la
política de los "comunistas de izquierda".
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Segundo, todo marxista debe
contar con la revolución europea si es que existe una situación revolucionaria. Es el abecé del marxismo que la
táctica del proletariado socialista no puede
ser la misma cuando se encuentra ante una situación revolucionaria y cuando
ésta no existe.
Si Kautsky se hubiera
planteado esta cuestión, obligatoria para todo marxista, habría visto que la
respuesta iba indudablemente contra él. Mucho antes de la guerra, todos los
marxistas, todos los socialistas estaban de acuerdo en que la conflagración europea
daría lugar a una situación revolucionaria. Kautsky lo admitía clara y
terminantemente cuando aún no era renegado, tanto en 1902 (La revolución social) como en 1909 (El camino al poder). El
Manifiesto de Basilea lo reconoció en nombre de toda la II Internacional: ¡Por
algo los socialchovinistas y los kautskianos (los "centristas",
gentes que vacilan entre los revolucionarios y los oportunistas) de todos los
países temen como al fuego las correspondientes declaraciones del Manifiesto de
Basilea!
27
Por tanto, el esperar una
situación revolucionaria en Europa no era un arrebato de los bolcheviques, sino
la opinión general de todos los
marxistas.
Cuando Kautsky se
desentiende de esta verdad indiscutible, diciendo que los bolcheviques
"han creído siempre en el poder omnímodo de la violencia y de la
voluntad", eso no es más que una frase vacía que encubre la huida, la vergonzosa huida de Kautsky el planteamiento
del problema de la situación revolucionaria.
Prosigamos. ¿Estamos o no en
presencia de una situación revolucionaria? Tampoco esto ha sabido plantearlo
Kautsky. Responden a esta pregunta hechos de orden económico: el hambre y la
ruina, a que en todas partes ha dado lugar la guerra, implican una situación
revolucionaria. Responden también a esa pregunta hechos de carácter político:
desde 1915 se observa ya en todos los
países un claro proceso de escisión en los viejos y podridos partidos
socialistas, un proceso en virtud del cual las masas del proletariado se
separan de los jefes socialchovinistas para orientarse hacia la izquierda,
hacia las ideas y tendencias revolucionarias, hacia los dirigentes
revolucionarios.
El 5 de agosto de 1918,
cuando Kautsky escribía su folleto, sólo a un hombre que temiera la revolución
y la traicionara se le podían escapar esos hechos. Ahora, a fines de octubre de
1918, la revolución avanza ante los ojos de todos, y con gran rapidez, en una serie de países de Europa. ¡¡El
"revolucionario" Kautsky, que quiere continuar pasando por marxista,
resulta un filisteo miope que, como los filisteos de 1847, de los que se
burlaba Marx, no ha visto la revolución que se aproxima!!
Hemos llegado al tercer punto.
Tercero, ¿cuáles son las
particularidades de la táctica revolucionaria, aceptando que existe en Europa
una situación revolucionaria? Kautsky, convertido en renegado, tiene miedo de
plantearse esta cuestión, que es obligatoria para todo marxista. Razona como un
típico pequeño burgués filisteo o como un campesino ignorante: ¿ha estallado o
no "la revolución general europea"? ¡Si ha estallado, también él está dispuesto a hacerse
revolucionario! ¡Pero en ese caso —hacemos notar nosotros— cualquier canalla
(como los granujas que se cuelan a veces entre los bolcheviques victoriosos) se
declarará revolucionario!
¡En caso contrario, Kautsky
vuelve la espalda a la revolución! Ni por asomo comprende una verdad: lo que
distingue al marxista revolucionario del pequeño burgués y del filisteo es el
saber predicar a las masas ignorantes
la necesidad de la revolución que madura, demostrar
que es inevitable, explicar que es
útil para el pueblo, preparar para
ella al proletariado y a todas las masas trabajadoras y explotadas.
Kautsky ha atribuido a los
bolcheviques la insensatez de que lo habían jugado todo a una carta, esperando
que la revolución europea se produciría a fecha fija. Esta insensatez se ha
vuelto contra Kautsky, porque resulta, según él mismo, que ¡la táctica de los
bolcheviques
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
habría sido justa si la
revolución hubiera estallado en Europa el 5 de agosto de 1918! Esta es la fecha
que pone Kautsky a su folleto. ¡Y cuando algunas semanas después de ese 5 de
agosto se ha visto con claridad meridiana que la revolución se avecina en una
serie de países europeos, toda la apostasía de Kautsky, toda su falsificación
del marxismo, toda su incapacidad para razonar como revolucionario e incluso
plantear las cuestiones a lo revolucionario aparecieron en todo su esplendor!
Acusar de traición a los proletarios de Europa –escribe Kautsky—
es acusar a desconocidos.
¡Se equivoca usted, señor
Kautsky! Mírese al espejo y verá a los "desconocidos" contra quienes
va dirigida la acusación. Kautsky se hace el ingenuo, finge no comprender quién lanza la acusación ni qué sentido tiene. En realidad, sabe
perfectamente que esta acusación la han lanzado y la lanzan los socialistas de
"izquierda" alemanes, los espartaquistas55, Liebknecht; y sus amigos. Esta acusación expresa la clara conciencia de que el
proletariado alemán incurrió en una traición con respecto a la revolución rusa
(e internacional) al aplastar a Finlandia, Ucrania, Letonia y Estlandia. Esta
acusación va dirigida, ante todo y sobre todo, no contra la masa, siempre oprimida, sino contra los
jefes que, como Scheidemann y Kautsky, no han
cumplido con su deber de agitación revolucionaria, de propaganda
revolucionaria, de trabajo revolucionario entre las masas para superar la
inercia de éstas; contra los jefe cuya actuación contradecía de hecho los instintos y las aspiraciones
revolucionarias siempre latentes en la entraña de la masa de una clase
oprimida. Los Scheidemann han traicionado franca, grosera y cínicamente al
proletariado, la mayor parte de las veces por motivos egoístas y se han pasado
al campo de la burguesía. Los kautskianos y longuetistas han hecho lo mismo
titubeando, vacilando, mirando cobardemente a los que eran en aquel momento
fuertes. Durante la guerra, Kautsky, con todos sus escritos no ha hecho más que
apagar el espíritu revolucionario en
vez de mantenerlo y fomentarlo.
¡Como un monumento del
beotismo pequeñoburgués del jefe "medio" de la socialdemocracia
oficial alemana quedará en la historia el que Kautsky no comprenda siquiera el
gigantesco valor teórico y la
importancia aún más grande que para la agitación y la propaganda tiene esta
"acusación" de que los proletarios de Europa han traicionado a la
revolución rusa! ¡Kautsky no comprende que esta "acusación", bajo el
régimen de censura del "imperio" alemán, es casi la única forma en
que los socialistas alemanes que no han traicionado al socialismo, Liebknecht y
sus amigos, expresan su llamamiento a los
obreros alemanes para que derriben a los Scheidemann y a los Kautsky,
aparten a tales "jefes" y se desembaracen
de sus prédicas, que les embotan y envilecen; para que se levanten a pesar de ellos, sin ellos y por encima de ellos, hacia la revolución, a la revolución!
28
Kautsky no lo comprende. ¿Cómo puede comprender, pues, la
táctica de los bolcheviques?
¿Cómo puede esperarse que un
hombre que reniega de la revolución en general, sopese y aprecie las
condiciones del desarrollo de la revolución en uno de los casos más
"difíciles"?
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55 Espartaquistas: miembros del grupo Espartaco,
organización revolucionaria de los socialdemócratas de izquierda alemanes. La
fundaron a comienzos de la primera guerra imperialista mundial Carlos
Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Franz Mehring, Clara Zetkin y otros. Los espartaquistas
hacían propaganda revolucionaria entre las masas, organizaban acciones
antibélicas, dirigían huelgas y denunciaban el carácter imperialista de la
guerra mundial y la traición de los líderes oportunistas de la
socialdemocracia. No obstante, los espartaquistas cometieron graves errores en
problemas de teoría y política. Lenin criticó en varias ocasiones estos errores
de los socialdemócratas de izquierda alemanes, ayudándoles a ocupar una
posición adecuada.
En abril de 1917, los
espartaquistas ingresaron en el Partido Socialdemócrata Independiente de
Alemania, de tendencia centrista, conservando en él su independencia orgánica.
En noviembre de 1918, durante la revolución desencadenada en Alemania, los
espartaquistas se constituyeron en Liga Espartaco y, tras de publicar el 14 de
diciembre de 1918 su programa, rompieron con los "independientes". En
el Congreso constitutivo, celebrado del 30 de diciembre de 1918 al 1 de enero
de 1919, los espartaquistas fundaron el Partido Comunista de Alemania.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
La táctica de los
bolcheviques era acertada, era la única
táctica internacionalista, porque no se basaba en un temor cobarde a la
revolución mundial, en una "falta de fe" filistea en ella, en su
deseo estrechamente nacionalista de defender a "su" patria (la patria
de su burguesía), desentendiéndose del resto; estaba basada en una apreciación acertada (antes de la
guerra y de la apostasía de los socialchovinistas y socialpacifistas, todo el
mundo la admitía) de la situación revolucionaria europea. Esta táctica era la
única internacionalista, porque llevaba a cabo el máximo de lo realizable en un
solo país para desarrollar, apoyar y
despertar la revolución en todos los
países. Esa táctica ha quedado probada por un éxito enorme, porque el
bolchevismo (y no debido a los méritos de los bolcheviques rusos, sino en
virtud de la profundísima simpatía que por doquier sienten las masas por una táctica verdaderamente
revolucionaria) se ha hecho mundial,
ha dado una idea, una teoría, un programa y una táctica que se diferencian
concreta y prácticamente del socialchovinismo y del socialpacifismo. El
bolchevismo ha rematado a la vieja
Internacional podrida de los Scheidemann y los Kautsky, de los Renaudel y los
Longuet, de los Henderson y los MacDonald que ahora se atropellaran unos a
otros, soñando con la "unidad" y resucitando un cadáver. El
bolchevismo ha creado la base
ideológica y táctica de la III Internacional, verdaderamente proletaria y
comunista, que tiene en cuenta tanto las conquistas del tiempo de paz como la
experiencia de la era de revoluciones que
ha comenzado.
El bolchevismo ha
popularizado en el mundo entero la idea de la "dictadura del
proletariado", ha traducido estas palabras primero del latín al ruso y
después a todas las lenguas del
mundo, mostrando con el ejemplo del Poder
soviético que los obreros y los campesinos pobres, incluso en un país atrasado, incluso los de menor experiencia, los
menos instruidos y menos habituados a
la organización, han podido, durante
un año entero, rodeados de gigantescas dificultades, luchando contra los
explotadores (a los que apoyaba la burguesía de todo el mundo), mantener el poder de los trabajadores, crear una
democracia infinitamente más elevada y amplia que todas las democracias
anteriores en el mundo, iniciar el
trabajo fecundo de decenas de millones de obreros y campesinos para la
realización práctica del socialismo.
El bolchevismo ha favorecido
en la práctica el desarrollo de la revolución proletaria en Europa y América
como ningún otro partido en ningún otro país lo había hecho hasta ahora. Al
mismo tiempo que los obreros de todo el mundo comprenden con mayor claridad
cada día que la táctica de los Scheidemann y de los Kautsky no libraba de la
guerra imperialista ni de la esclavitud asalariada bajo el poder de la
burguesía imperialista, que esta táctica no sirve de modelo para todos los
países, las masas proletarias del mundo entero comprenden cada día con mayor
claridad que el bolchevismo ha señalado el camino certero para salvarse de los
horrores de la guerra y del imperialismo, que el bolchevismo sirve de modelo de táctica para todos.
La revolución proletaria
madura ante los ojos de todos, no sólo en Europa entera, sino en el mundo, y la
victoria del proletariado en Rusia la ha favorecido, acelerado y sostenido.
¿Que todo esto no basta para el triunfo completo del socialismo? Desde luego,
no basta. Un solo país no puede hacer más. Pero, gracias al Poder soviético,
este país ha hecho tanto, sin embargo, él solo que incluso si mañana el Poder
soviético ruso fuera aplastado por el imperialismo mundial, por una coalición,
supongamos, entre el imperialismo alemán y el anglo-francés, incluso en este
caso, el peor de los peores, la táctica bolchevique habría prestado un servicio
extraordinario al socialismo y habría apoyado el desarrollo de la invencible
revolución mundial.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Servilismo ante la
burguesía disfrazado de "análisis económico".
Como ya hemos dicho, si el
título del libro de Kautsky correspondiera al contenido, no debería llamarse La dictadura del proletariado, sino Paráfrasis de las invectivas burguesas a los
bolcheviques.
Nuestro teórico vuelve a dar
pábulo a las viejas "teorías" de los mencheviques sobre el carácter
burgués de la revolución rusa, es decir, la antigua deformación que del
marxismo hacían los mencheviques (¡y que Kautsky rechazó en 1905!). Por fastidiosa que sea esta cuestión para los
marxistas rusos, tendremos que detenernos en ella.
29
La revolución rusa es una revolución burguesa, decían todos los
marxistas de Rusia antes de 1905. Los mencheviques, sustituyendo el marxismo
por el liberalismo, deducían de ahí: por tanto, el proletariado no debe ir más
allá de lo aceptable para la burguesía, debe seguir una política de
conciliación con ella. Los bolcheviques decían que esto era una teoría liberal
burguesa. La burguesía tiende a transformar el Estado al modo burgués, reformista, no revolucionario,
conservando en lo posible la monarquía, la propiedad de los terratenientes,
etc. El proletariado debe llevar a término la revolución democrática burguesa,
sin permitir que lo "ate" el reformismo de la burguesía. Los
bolcheviques formulaban del modo siguiente la correlación de fuerzas de las diversas clases en la revolución
burguesa: el proletariado se gana a los campesinos, neutraliza a la burguesía
liberal y suprime totalmente la monarquía, las instituciones medievales y la
gran propiedad terrateniente.
El carácter burgués de la
revolución lo revela la alianza del proletariado con los campesinos en general, porque los campesinos, en su
conjunto, son pequeños productores que tienen por base la producción mercantil. Además, añadían ya entonces los
bolcheviques, al ganarse a todo el
semiproletariado (a todos los trabajadores y explotados), el proletariado
neutraliza a los campesinos medios y derroca a la burguesía: en esto consiste
la revolución socialista, a diferencia de la revolución democrática burguesa (véase
mi folleto de 1905 Dos tácticas*,
reimpreso en la recopilación En doce años,
San Petersburgo, 1907).
* Véase la presente edición, tomo 3. (N. de la Edit.)
Kautsky tomó indirectamente
parte en esta discusión en 190556,
cuando, consultado por Plejánov, entonces menchevique, se pronunció en el fondo
contra él, lo que originó entonces
singulares burlas de la prensa bolchevique. Ahora no dice Kautsky ni una palabra de los antiguos debates
(¡teme que lo desenmascaren sus propias declaraciones!). Y así deja al lector
alemán absolutamente imposibilitado para comprender el fondo del problema. El
señor Kautsky no podía decir a los
obreros alemanes en 1918 que en 1905 él era partidario de la alianza de los
obreros con los campesinos, y no con la burguesía liberal, no podía decirles en
qué condiciones propugnaba esta alianza, ni el programa que él proyectaba para
esta alianza.
Kautsky da marcha atrás, y,
aparentando hacer un "análisis económico", propugna ahora, con frases
altaneras sobre el "materialismo histórico", la subordinación de los
obreros a la burguesía, repitiendo machaconamente, respaldándose en citas del
menchevique Máslov, las viejas concepciones liberales de los mencheviques;
¡estas citas le sirven para demostrar una idea nueva sobre el atraso de Rusia,
de cuya idea nueva se saca una conclusión vieja, diciendo, poco más o menos,
que en una revolución burguesa no se puede ir más allá que la burguesía! ¡Y
esto, a pesar de todo lo que tienen dicho Marx y Engels al comparar la
revolución burguesa de 1789-1793 en Francia con la revolución burguesa de
Alemania en 1848!57
![]()
56
Se alude al artículo
de Kautsky Las fuerzas propulsoras y las
perspectivas de la revolución rusa
57 Véase el artículo de C. Marx La burguesía y la contrarrevolución (C.
Marx y F. Engels. Obras Escogidas en
tres tomos, ed. en español, t. I, págs.. 143-144).
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Antes de pasar al
"argumento" de más peso y a lo principal del "análisis
económico" de Kautsky, observemos la curiosa confusión de ideas o la
ligereza del autor que denotan ya las primeras frases:
"La base económica de
Rusia —perora nuestro "teórico"— es hasta ahora la agricultura, y,
concretamente, la pequeña producción campesina. De ella viven cerca de las
cuatro quintas partes, quizá hasta las cinco sextas partes de la población"
(pág. 45). Primero, ¿ha pensado usted, respetable teórico, cuántos explotadores
puede haber entre esta masa de pequeños productores? Naturalmente, una décima
parte a lo sumo; y en las ciudades, menos aún, porque allí está más
desarrollada la gran producción. Ponga usted incluso una cifra elevada hasta lo
inverosímil, suponga usted que una quinta parte de los pequeños productores son
explotadores que pierden el derecho electoral. Y aun así verá usted que ese 66
N de bolcheviques del V Congreso de los Soviets representaba a la mayoría de la población. A ello
debe añadirse, además, que un número muy importante de eseristas de izquierda
fueron siempre partidarios del Poder soviético, es decir, en principio, todos los eseristas de izquierda estaban
por el Poder soviético, y cuando una parte de ellos se lanzó a la aventurera
revuelta de julio de 1918, de su antiguo partido se desgajaron dos partidos
nuevos, el de los "comunistas populistas" y el de los
"comunistas revolucionarios" (constituidos por destacados eseristas
de izquierda, a los que ya el antiguo partido había elevado a los puestos más
importantes del Estado, perteneciendo al primero, por ejemplo, Zax, y al
segundo Kolegáev). Por consiguiente, el mismo Kautsky ha refutado —¡sin
querer!— la ridícula leyenda de que con los bolcheviques está la minoría de la
población.
Segundo: ¿Ha pensado usted,
amable teórico, que el pequeño productor campesino vacila inevitablemente entre el proletariado y la burguesía? Esta verdad
marxista, confirmada por toda la
historia contemporánea de Europa, la "ha olvidado" Kautsky muy a
tiempo, porque ¡hace trizas toda la "teoría" menchevique que él
reproduce! Sin "olvidarla", no habría podido negar la necesidad de la
dictadura del proletariado en un país donde predominan los pequeños productores
campesinos.
Examinemos lo principal del "análisis económico" de
nuestro teórico.
Que el Poder soviético es
una dictadura no hay quien lo discuta, dice Kautsky. "Pero ¿es la
dictadura del proletariado?"
(pág. 34).
"Según la Constitución
soviética, los campesinos son la mayoría de la población y tienen derecho a
participar en las actividades legislativas y administrativas. Lo que se nos
presenta como dictadura del proletariado, si se realiza de un modo consecuente,
y si, hablando en general, una clase pudiera ejercer directamente la dictadura,
cosa que sólo puede hacer un partido, resultaría ser una dictadura de los
campesinos" (pág. 35).
30
Y encantado de tan profundo
e ingenioso razonamiento, el bueno de Kautsky intenta ironizar: "Resulta
como si la realización menos dolorosa del socialismo estuviese asegurada cuando
se confía a los campesinos" (pág. 35).
Con gran lujo de pormenores
y citas eruditas en grado extraordinario del semiliberal Máslov, prueba nuestro
teórico una idea nueva: los campesinos están interesados en que el precio de
los cereales sea elevado, y el salario de los obreros de las ciudades bajo,
etc., etc. Estas ideas nuevas, dicho sea de paso, están expuestas de manera
tanto más fastidiosa cuanto menos atención se concede a los fenómenos
verdaderamente nuevos de la posguerra, por ejemplo, al hecho de que los
campesinos piden, a cambio de los cereales, mercancías y no dinero, que los
campesinos están faltos de aperos y no pueden conseguirlos en la cantidad
debida a precio alguno. De esto volveremos a tratar en especial más adelante.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Así pues, Kautsky acusa a
los bolcheviques, al partido del proletariado, de haber puesto la dictadura, la
tarea de realizar el socialismo, en manos de los campesinos pequeñoburgueses.
¡Muy bien, señor Kautsky! ¿Cuál debería ser, a su ilustrado juicio, la actitud
del partido proletario ante los campesinos pequeñoburgueses?
Nuestro teórico prefiere
callar sobre esto, probablemente recordando el refrán: "La palabra es
plata, pero el silencio es oro". Mas lo delata el razonamiento siguiente:
"En los primeros
tiempos de la República Soviética, los Soviets campesinos eran organizaciones
de los campesinos en general. Ahora,
esta República proclama que los Soviets son organizaciones de proletarios y de
campesinos pobres. Los campesinos
acomodados pierden el derecho de participar en la elección de los Soviets. El
campesino pobre es considerado aquí un producto constante y masivo de la
reforma agraria socialista de la "dictadura del proletariado""
(pág. 48).
¡Qué fulminante ironía! En
Rusia puede oírse en boca de cualquier burgués: todos ellos se refocilan y ríen
de que la República Soviética reconozca francamente la existencia de campesinos
pobres. Se burlan del socialismo. Están en su derecho. Pero el "socialista"
que se ríe de que, después de una guerra de cuatro años, extraordinariamente
ruinosa, haya todavía en nuestro país —y los habrá para largo— campesinos
pobres, ha podido nacer sólo en un ambiente de apostasía en masa.
Pero hay más:
"...La República
Soviética interviene en las relaciones entre campesinos ricos y pobres, mas no
mediante una nueva distribución de las tierras. Para evitar que los habitantes
de las ciudades carezcan de pan, se envían al campo destacamentos de obreros
armados que hacen a los campesinos ricos entregar sus sobrantes de cereales.
Una parte de estos cereales se da a los habitantes de las ciudades, y otra a
los campesinos más pobres" (pág. 48).
Naturalmente, el socialista
y marxista Kautsky se indigna profundamente ante la idea de que tal medida
pueda rebasar los alrededores de las grandes ciudades (y en Rusia se extiende a
todo el país). El socialista y marxista Kautsky observa sentenciosamente, con
inimitable, con incomparable, con admirable flema (o cerrazón) de filisteo:
" ...Estas (expropiaciones de los campesinos acomodados) introducen un
nuevo elemento de perturbación y de guerra civil en el proceso de la
producción..." (¡la guerra civil trasplantada al "proceso de la
producción" es ya una cosa sobrenatural!) "...que requiere
imperiosamente, para su saneamiento, tranquilidad y seguridad" (pág. 49).
Sí, sí, la tranquilidad y
seguridad de los explotadores y de los que especulan con los cereales, esconden
sus excedentes, sabotean la ley sobre el monopolio cerealista y condenan al
hambre a la población de las ciudades, debe, naturalmente, arrancar suspiros y
lágrimas al marxista y socialista Kautsky. Todos nosotros somos socialistas y
marxistas e internacionalistas, gritan a coro los señores Kautsky, Enrique
Weber (Viena), Longuet (París), MacDonald (Londres), etc.; todos estamos por la
revolución de la clase obrera, pero... ¡pero a condición de no perturbar la
tranquilidad ni la seguridad de los especuladores de cereales! Y encubrimos
este inmundo servilismo ante los capitalistas con alusiones
"marxistas" al "proceso de la producción"... Si esto es
marxismo, ¿qué será servilismo ante la burguesía?
Veamos lo que le resulta a
nuestro teórico. Acusa a los bolcheviques de hacer pasar una dictadura de los
campesinos por la dictadura del proletariado. Al mismo tiempo, nos acusa de
llevar la guerra civil al campo (nosotros lo tenemos por un mérito nuestro), de enviar al campo destacamentos de obreros
armados que proclaman públicamente que ejercen "la dictadura del
proletariado y de los campesinos pobres", ayudan a éstos y expropian a los
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
especuladores, a los
campesinos ricos, los sobrantes de cereales que ellos esconden a despecho de lo
dispuesto por la ley sobre el monopolio del trigo.
Por una parte, nuestro
teórico marxista se muestra partidario de la democracia pura, partidario de que
la clase revolucionaria, dirigente de los trabajadores y explotados, se someta
a la mayoría de la población (incluyendo, por consiguiente, a los explotadores).
Por otra parte, explica contra nosotros que la revolución tiene necesariamente
un carácter burgués, porque los campesinos, en su conjunto, se mantienen en un
terreno de relaciones sociales burguesas; ¡y al mismo tiempo tiene la
pretensión de que propugna el punto de vista proletario, de clase, marxista!
31
En vez de "análisis
económico", esto es un lío y un enredo de primer orden. En lugar de
marxismo, fragmentos de doctrinas liberales y prédica del servilismo ante la
burguesía y los kulaks.
En 1905, los bolcheviques
pusieron ya totalmente en claro el problema que Kautsky embrollaba. Sí, nuestra
revolución es burguesa mientras marchamos
con todos los campesinos. Teníamos una idea clarísima de esto y lo hemos
dicho cientos y miles de veces desde 1905; nunca hemos intentado saltarnos ni
abolir con decretos esta etapa necesaria del proceso histórico. Los esfuerzos
de Kautsky de emplear este punto como "prueba" contra nosotros no
prueban sino el lío que él se ha hecho y su temor a recordar lo que él mismo
escribió en 1905, cuando aún no era un renegado.
Pero desde abril de 1917, mucho antes de la
Revolución de Octubre, de que tomásemos el poder, dijimos abiertamente y
explicamos al pueblo que ahora la revolución no podía detenerse en esta etapa,
pues el país había seguido adelante, el capitalismo había seguido avanzando, la
ruina había alcanzado proporciones nunca vistas, lo cual habría de exigir (quisiérase o no) que marchásemos hacia el socialismo, pues no cabía avanzar de otro modo, salvar de
otro modo al país, agotado por la guerra, y aliviar de otro modo los
sufrimientos de los trabajadores y explotados.
Ocurrió, en efecto, tal y
como nosotros dijimos. La marcha de la revolución ha confirmado la certidumbre
de nuestro razonamiento. Al principio,
del brazo de "todos" los campesinos contra la monarquía, contra los
terratenientes, contra lo medieval (y en este sentido, la revolución sigue
siendo burguesa, democrática burguesa). Después,
del brazo de los campesinos pobres, del brazo del semiproletariado, del brazo
de todos los explotados, contra el
capitalismo, incluidos los ricachos del campo, los kulaks y los
especuladores, y, en este sentido, la
revolución se convierte en socialista.
Querer levantar una muralla china artificial entre ambas revoluciones, separar
la una de la otra por algo que no sea
el grado de preparación del proletariado y el grado de su unión con los
campesinos pobres es la mayor tergiversación del marxismo, es vulgarizarlo,
remplazarlo por el liberalismo. Sería hacer pasar de contrabando, mediante
citas seudocientíficas sobre el carácter progresivo de la burguesía en
comparación con lo medieval, una defensa reaccionaria de la burguesía frente al
proletariado socialista.
Los Soviets son, por cierto,
un tipo y una forma muy superior de democracia porque, al aunar e incorporar a
la política a la masa de obreros y
campesinos, son el barómetro más próximo al "pueblo" (en el
sentido en que Marx hablaba en 1871 de verdadera revolución popular)58, el barómetro más sensible del desarrollo y aumento de la
madurez política y de clase de las masas. La Constitución soviética no se ha
escrito según un "plan", no ha sido compuesta en despachos ni
impuesta a los trabajadores por los jurisconsultos burgueses. No, esa
Constitución ha surgido del proceso
de desarrollo de la lucha de las clases,
a medida que
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58 Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 12 de abril de
1871.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
maduraban las contradicciones entre ellas. Así lo
demuestran hechos que Kautsky se ve obligado a reconocer.
Al principio, los Soviets
agrupaban a los campesinos en su totalidad. La falta de desarrollo, el atraso y
la ignorancia de los campesinos pobres ponían la dirección en manos de los
kulaks, de los ricos, de los capitalistas y de los intelectuales pequeñoburgueses.
Fue la época de hegemonía de la pequeña burguesía, de los mencheviques y los
socialistas-revolucionarios (sólo memos o renegados como Kautsky pueden creer
que unos y otros sean socialistas). La pequeña burguesía vacilaba por fuerza,
sin poderlo evitar, entre la dictadura de la burguesía (Kerenski, Kornílov,
Sávinkov) y la dictadura del proletariado, porque es incapaz de toda acción
independiente, atendidos los caracteres esenciales de su situación económica.
Dicho sea de paso, Kautsky reniega totalmente del marxismo cuando, en su
análisis de la revolución rusa, sale del paso con la noción jurídica y formal
de "democracia", que sirve a la burguesía para encubrir su dominación
y engañar a las masas, olvidando que
"democracia" quiere decir, de hecho, unas veces dictadura de la burguesía, y otras reformismo impotente de la
pequeña burguesía que se somete a esa dictadura, etc. Según Kautsky, resulta
que en un país capitalista había partidos burgueses, había un partido
proletario que llevaba tras de sí a la mayoría del proletariado, a su masa (los
bolcheviques), pero no había partidos
pequeñoburgueses. ¡Los mencheviques y eseristas no tenían raíces de clase, raíces pequeñoburguesas!
Las vacilaciones de la
pequeña burguesía, de los mencheviques y eseristas, han instruido a las masas y
han apartado de tales "dirigentes" a su inmensa mayoría, a todas las
"capas bajas", a todos los proletarios y semiproletarios. Los bolcheviques
lograron prevalecer en los Soviets (hacia octubre de 1917 en Petrogrado y
Moscú), y entre los eseristas y mencheviques aumentó la escisión.
El triunfo de la revolución
bolchevique significaba el final de las vacilaciones, la destrucción completa
de la monarquía y de la propiedad latifundista (antes de la Revolución de
Octubre no había sido destruida).
Nosotros llevamos a término la
revolución burguesa. Los campesinos estaban a nuestro lado en su totalidad. Su antagonismo respecto
al proletariado socialista no podía manifestarse inmediatamente. Los Soviets
agrupaban a los campesinos en general.
La división de la masa campesina en clases no estaba todavía madura, no se
había exteriorizado aún.
32
Este proceso fue desplegándose en el verano y el otoño de 1918. La
insurrección contrarrevolucionaria del cuerpo de ejército checoslovaco despertó
a los kulaks, que desencadenaron en Rusia una ola de revueltas. No han sido los
libros ni los periódicos, sino la vida la que ha hecho ver a los
campesinos pobres la incompatibilidad de sus intereses con los de los kulaks,
de los ricachos, de la burguesía rural. Los "eseristas de izquierda",
como todo partido pequeñoburgués, reflejaban las oscilaciones de las masas, y
en el verano de 1918 se escindieron: una parte de ellos hizo causa común con
los checoslovacos (insurrección de Moscú, cuando Proshián, habiéndose apoderado
—¡durante una hora!— del telégrafo, anunció a Rusia la caída de los
bolcheviques; luego vino la traición de Muraviov, jefe del ejército destinado a
combatir contra el cuerpo de ejército checoslovaco, etc.). Otra parte, señalada
más arriba, siguió con los bolcheviques.
La agravación de la crisis
del abastecimiento de las ciudades imponía de manera más tajante cada día el
monopolio cerealista (¡"olvidado" por el teórico Kautsky en su
análisis económico, que repite con machaconería cosas archisabidas y leídas hace
diez años en Máslov!).
El viejo Estado, el Estado
de los terratenientes y burgueses, incluso el Estado democrático republicano,
enviaba al campo destacamentos armados que se encontraban de hecho a
disposición de la burguesía. ¡El señor Kautsky no lo sabe! ¡No ve en ello, Dios
nos libre, "dictadura de la burguesía"!
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
¡Es "democracia
pura", sobre todo si lo aprueba el parlamento burgués! ¡De que Avxéntiev y
S. Máslov, con los Kerenski, Tsereteli y demás elementos eseristas y
mencheviques encarcelaban durante el verano y el otoño de 1917 a los miembros
de los comités agrarios, de eso "no ha oído hablar" Kautsky, eso lo
silencia Kautsky!
Todo se reduce a que el
Estado burgués, que ejerce la dictadura de la burguesía mediante la república
democrática, no puede confesar al pueblo que sirve a la burguesía, no puede
decir la verdad y tiene que recurrir a la doblez.
En cambio, el Estado del
tipo de la Comuna, el Estado soviético dice francamente y en público al pueblo
la verdad, declarando que es la
dictadura del proletariado y de los campesinos pobres, atrayéndose con esta
verdad a decenas y decenas de millones de nuevos ciudadanos que viven en la
ignorancia en cualquier república democrática y son incorporados por los Soviets
a la política, a la democracia, a la
administración del Estado. La República Soviética envía al campo destacamentos
de obreros armados, en primer lugar a los más avanzados, a los de las
capitales. Estos obreros llevan el socialismo al campo, ponen de su lado a los
campesinos pobres, los organizan e instruyen y les ayudan a aplastar la resistencia de la burguesía.
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Cuantos están al corriente
de la situación y han visitado el campo dicen que solamente en el verano y el
otoño de 1918 ha llegado a éste la
Revolución "de Octubre" (es decir, la revolución proletaria). Se
produce un viraje. A la ola de revueltas de kulaks sigue un movimiento
ascensional de los campesinos pobres, un crecimiento de los "comités de
campesinos pobres" 59. En el ejército aumenta el número de
comisarios procedentes de los obreros, el número de oficiales y de jefes de
división y de cuerpo de ejército procedentes de los obreros. Mientras que el
tontaina de Kautsky, asustado por la crisis de julio (de 1918) 60 y los alaridos de la burguesía, corre
tras ella servilmente y escribe todo un folleto del que emana la convicción de
que los campesinos están a punto de derribar a los bolcheviques, mientras que
este tontaina ve en la defección de los eseristas de izquierda una
"reducción" (pág. 37) del círculo de los que sostienen a los
bolcheviques, en ese momento se extiende
inmensamente el círculo verdadero
de los partidarios del bolchevismo, porque decenas y decenas de millones de
campesinos pobres despiertan a una vida política independiente, emancipándose de la tutela e influencia de los
kulaks y de la burguesía rural.
Hemos perdido a unos
centenares de eseristas de izquierda, de intelectuales sin carácter y de
campesinos ricos, pero hemos conquistado a millones de campesinos pobres*.
* En el VI Congreso de los Soviets (del 6
al 9 de noviembre de 1918) hubo 967 delegados con voz y voto, 950 de los cuales
eran bolcheviques, y 351 con voz pero sin voto, 335 de los cuales eran
bolcheviques. Por tanto, hubo un 97% del bolcheviques.
Un año después de la
revolución proletaria en las capitales61,
bajo su influencia y con su ayuda, ha llegado la revolución proletaria a los
rincones más remotos del campo, afianzando definitivamente el Poder soviético y
el bolchevismo, demostrando definitivamente que no hay dentro del país fuerzas
que se le opongan.
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59 Los
comités de campesinos pobres
fueron instituidos en julio de 1918. Se les encomendaban por decreto, las
tareas de sacar la cuenta de las reservas de comestibles en las haciendas
campesinas, descubrir los excedentes de comestibles acaparados por los kulaks y
ayudar a los organismos soviéticos de abastecimiento a confiscar dichos
excedentes, suministrar alimentos a los campesinos pobres a expensas de las
haciendas de los kulaks, distribuir los aperos agrícolas y los artículos
industriales, etc. Para el otoño de 1918 habían sido creados y funcionaban en
los lugares, bajo la dirección del Partido Comunista, más de ochenta mil
comités de campesinos pobres. Estos fueron puntales y órganos de la dictadura
del proletariado en el campo. Tras de haber cumplido las tareas encomendadas,
se fundieron, a fines de 1918, con los Soviets subdistritales y rurales.
60 Con las palabras de "crisis de julio", Lenin se
refiere a los levantamientos contrarrevolucionarios de los kulaks en las
provincias centrales del país, en la región del Volga, en los Urales y Siberia
en el verano de 1918, organizados por los mencheviques y los eseristas con el
apoyo de los intervencionistas extranjeros.
61 Se alude a Moscú y Petrogrado.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Después de haber culminado
la revolución democrática burguesa con todos los campesinos, el proletariado de
Rusia pasó definitivamente a la revolución socialista cuando hubo logrado
escindir el campo, cuando se hubo ganado a los proletarios y semiproletarios
del campo, cuando supo unidos contra los kulaks y la burguesía, incluida la
burguesía campesina.
Si el proletariado
bolchevique de las capitales y de los grandes centros industriales no hubiera
sabido agrupar alrededor suyo a los campesinos pobres contra los campesinos
ricos, se habría demostrado que Rusia "no había sazonado" para la
revolución socialista; el campesinado habría seguido siendo "un
todo", es decir, habría seguido sujeto a la dirección económica, política
y espiritual de los kulaks, los ricachos y la burguesía, y la revolución no
habría rebasado el marco democrático burgués. (Pero ni aun esto, dicho sea
entre paréntesis, habría demostrado que el proletariado no debía tomar el
poder, porque sólo él ha llevado efectivamente a término la revolución
democrática burguesa, sólo él ha hecho algo serio para acercar la revolución
proletaria mundial, sólo él ha creado el Estado soviético, que es, después de
la Comuna, el segundo paso hacia el Estado socialista.)
33
Por otra parte, si el
proletariado bolchevique hubiera intentado "decretar" la guerra civil
o la "instauración del socialismo" en el campo inmediatamente, en
octubre o noviembre de 1917, sin haber sabido aguardar la disociación de los
campesinos en clases, sin haber sabido preparar
ni realizar esta disociación, si hubiese querido prescindir del bloque
(alianza) temporal con todos los
campesinos, sin hacer ciertas concesiones al campesino medio, etc., esto habría
sido una desvirtuación blanquista62 del
marxismo; una minoría habría
intentado imponer su voluntad a la mayoría, se habría llegado a un absurdo
teórico, a no comprender que la revolución de todos los campesinos es todavía una revolución burguesa y que sin una serie de transiciones, de etapas transitorias, no se puede hacer
de ella una revolución socialista en
un país atrasado.
Kautsky lo ha confundido todo en un problema político y teórico
de la mayor trascendencia y, en la práctica, ha demostrado ser un simple lacayo
de la burguesía que clama contra la dictadura del proletariado.
* * *
Idéntica o mayor es la
confusión que Kautsky ha llevado a otro problema de capital interés e
importancia: el de si ha sido bien planteada en principio y luego
convenientemente puesta en práctica la labor legislativa de la República Soviética en cuanto a la transformación
agraria, transformación socialista dificilísima y de máxima importancia al
mismo tiempo. Quedaríamos infinitamente agradecidos a todo marxista del
Occidente de Europa que, después de leer aunque sólo fueran los documentos más
importantes, hiciera la crítica de
nuestra política, porque de este modo nos ayudaría extraordinariamente y
ayudaría a la revolución que está madurando en todo el mundo. Pero, en lugar de
crítica, Kautsky nos ofrece una confusión teórica increíble que convierte el
marxismo en liberalismo, y, de hecho, no es sino un cúmulo de diatribas
filisteas, vacías y rabiosas, contra los bolcheviques. Juzgue el lector:
"No se podrá mantener
la gran propiedad agraria a causa de la revolución. Esto se vio claro desde el
primer instante. No había más remedio que entregarla a la población
campesina..." (No es exacto, señor Kautsky: usted pone lo que está
"claro" para usted en lugar de la actitud de las diversas clases
frente al problema. La historia de la revolución ha demostrado que el
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62
Blanquismo: corriente del movimiento socialista
francés encabezada por el insigne revolucionario y destacado representante del
comunismo utópico francés Luis Augusto Blanqui (1805-1881). Los blanquistas
esperaban "que la humanidad se libraría de la esclavitud asalariada no por
medio de la lucha de clase del proletariado, sino mediante un complot de una
pequeña minoría de intelectuales" (V. I. Lenin). Sustituían la labor del
partido revolucionario con acciones de un puñado de conspiradores, no tenían en
cuenta la situación concreta necesaria para el triunfo de la insurrección y
desdeñaban el contacto con las masas.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
gobierno de coalición de
burgueses con pequeños burgueses, mencheviques y eseristas seguía una política
de mantener la gran propiedad agraria. La mejor prueba está en la ley de S.
Máslov y en las detenciones de los miembros de los comités agrarios63. Sin la dictadura del proletariado, la "población
campesina" no habría vencido nunca al terrateniente unido al capitalista.)
"...Pero en cuanto a
las formas en que esto se había de hacer, no existía unidad de criterio. Eran
concebibles diferentes soluciones..." (Kautsky se preocupa, ante todo, de
la "unidad" de los "socialistas", sean quienes sean los que
se llamen así. Pero olvida que las clases fundamentales de la sociedad
capitalista deben llegar a soluciones diferentes.) "...Desde el punto de
vista del socialismo, la solución más racional hubiera sido transformar las
grandes empresas en propiedades del Estado y confiar a los campesinos, que
hasta entonces habían estado trabajando en ellas como obreros asalariados, el
cultivo de las grandes propiedades agrícolas en forma cooperativa. Pero esta
solución supone la existencia de unos obreros agrícolas como los que no existen
en Rusia. Otra solución hubiera sido transferir al Estado la gran propiedad
agraria, dividiéndola en pequeños lotes, que se concederían en arriendo a los
campesinos que tengan poca tierra. De esta manera se habría realizado siquiera
algo de socialismo..."
Kautsky, como siempre, sale
del paso con el consabido estribillo: por una parte, no se puede menos de
confesar, por otra, hay que reconocer.
Yuxtapone
soluciones diferentes sin pararse en la única idea real, en la única idea
marxista: ¿cuáles deben ser las transiciones
del capitalismo al comunismo en determinadas condiciones particulares? En Rusia hay obreros agrícolas asalariados, pero
pocos; y Kautsky no alude siquiera a la cuestión, que el Poder soviético ha planteado, de cómo pasar al cultivo
en comunas y en cooperativas. Pero lo más curioso es que Kautsky quiere ver
"algo de socialismo" en el arrendamiento de pequeños terrenos. Esto
no es, en el fondo, más que una consigna pequeñoburguesa
y no tiene nada "de
socialismo". Si el "Estado" que da en arriendo las tierras no es un Estado del tipo de la Comuna,
sino una república burguesa parlamentaria (y esto es lo que supone siempre
Kautsky), el arrendamiento de la tierra por pequeñas parcelas será una típica reforma liberal.
Nada dice Kautsky de que el
Poder soviético ha abolido toda
propiedad de la tierra. Peor aún: baraja los datos de manera increíble y cita
decretos del Poder soviético, omitiendo en ellos lo esencial.
34
Después de declarar que
"la pequeña producción aspira a la propiedad privada absoluta de los
medios de producción", que la Constituyente hubiera sido "la única
autoridad" capaz de impedir el reparto (afirmación que provocará una carcajada
en Rusia, porque todo el mundo sabe que los obreros y campesinos sólo reconocen
la autoridad de los Soviets, mientras la Constituyente se ha hecho consigna de
los checoslovacos y de los terratenientes), Kautsky continúa:
"Uno de los primeros
decretos del Gobierno soviético dice: 1. La gran propiedad terrateniente queda
inmediatamente abolida sin indemnización alguna. 2. Los dominios de los
terratenientes y todas las tierras de la familia imperial, de los conventos y
de la Iglesia, con todo su ganado de labor y aperos de labranza,
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63 Lenin alude al proyecto de ley eserista
presentado por el ministro de Agricultura S. Máslov al Gobierno Provisional
días antes de la Revolución Socialista de Octubre. El proyecto estipulaba la
formación de un fondo especial de arrendamiento, adjunto a los comités
agrarios, al que se hiciera entrega de las tierras de los monasterios y de
realengo. La propiedad de los terratenientes se conservaba. Los terratenientes
entregaban a este fondo provisional únicamente las tierras que antes
arrendaban, con la particularidad de que los campesinos debían pagarles la
renta a ellos. Las detenciones de miembros de comités agrarios fueron
practicadas por el Gobierno Provisional en respuesta a las insurrecciones
campesinas y a la ocupación de fincas de los terratenientes por los campesinos.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
dependencias y todo cuanto
hay en ellas pasan a disposición de los comités agrarios subdistritales de los
Soviets de diputados campesinos de distrito hasta que la Asamblea Constituyente
decida el problema de la tierra".
Kautsky no cita más que
estos dos puntos y concluye:
"La alusión a la
Constituyente ha quedado en letra muerta. De hecho, los campesinos de los
distintos subdistritos han podido hacer con la tierra lo que han querido"
(pág. 47).
¡Ahí tenéis unas muestras de
la "crítica" de Kautsky! ¡Ahí tenéis un trabajo
"científico" que parece más que nada una falsificación! ¡Se induce al
lector alemán a creer que los bolcheviques han capitulado ante los campesinos
en cuanto a la propiedad privada de la tierra y les han dejado hacer ("en
los distintos subdistritos") lo que quieren!
En realidad, el decreto que
cita Kautsky, el primer decreto, promulgado el 26 de octubre de 1917 (viejo
calendario), consta de cinco artículos, y no de dos; más los ocho artículos del "mandato"64, del que se dice, encima, que "debe servir de norma de
conducta".
El tercer artículo del
decreto señala que las haciendas pasan "al pueblo" y que es obligatorio hacer "el inventario
exacto de todos los bienes confiscados" e "instalar una protección
revolucionaria de lo más rigurosa". Y el mandato señala que "el
derecho de propiedad privada de la tierra queda abolido para siempre", que
"las fincas de alto nivel de cultivo" "no deben ser repartidas", que "todo el ganado de labor,
aperos de labranza y dependencias de las
tierras confiscadas pasan al usufructo exclusivo del Estado o de las
comunidades, según sean la superficie y la importancia de estas tierras, sin
indemnización", que "toda la tierra se incluye en el fondo agrario
nacional".
Más tarde, al mismo tiempo
que se disolvió la Asamblea Constituyente (5 de en enero de 1918), el III
Congreso de los Soviets aprobó "Declaración
de los derechos del pueblo trabajador y explotado", que ahora es parte
de la Ley Fundamental de la República Soviética. Su artículo II, párrafo 1,
dice que "queda abolida la propiedad privada de la tierra", y que
"las fincas y empresas agrícolas modelo se declaran patrimonio
nacional".
Por tanto, la alusión a la
Asamblea Constituyente no quedó en
letra muerta, porque otra institución nacional representativa, muchísimo más
autorizada para los campesinos, se ha encargado de resolver el problema
agrario.
Luego, el 6 (19) de febrero
de 1918 se promulgó la ley de socialización de la tierra, que confirma una vez
más la abolición de toda propiedad de la tierra, poniéndola, con todo el ganado
de labor y los aperos de labranza de las
explotaciones privadas, a disposición de las autoridades soviéticas, bajo el control del Poder soviético federal;
plantea como objetivo de esta gestión
"el fomento de la
hacienda colectiva en la agricultura, por ser la más ventajosa desde el punto
de vista del ahorro de trabajo y productos, a expensas de las haciendas
individuales, a fin de pasar a la hacienda agrícola socialista" (art. 11,
punto e).
Al instituir el usufructo igualitario de la tierra, la ley dice
acerca del problema fundamental de "quién tiene derecho a cultivar la
tierra":
(Art. 20). "En la
República Federativa Soviética de Rusia pueden cultivar terrenos para cubrir
demandas públicas y personales: A) Con fines culturales y docentes: 1) El
Estado, representado por los órganos del Poder soviético (federal, regional,
provincial,
![]()
64 "Mandato": se refiere al "Mandato campesino acerca de la
tierra", basado en 242 mandatos campesinos locales. Pasó a formar parte
del "Decreto de la tierra", aprobado por el II Congreso de los
Soviets de toda Rusia el 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
distrital, subdistrital y
rural). 2) Las organizaciones sociales (bajo el control y con permiso del Poder
soviético local). B) Para el laboreo: 3) Las comunas agrícolas. 4) Las
cooperativas agrícolas. 5) Las asociaciones rurales. 6) Familias e individuos
por separado..."
El lector puede ver que
Kautsky ha desvirtuado totalmente la cuestión, presentando al lector alemán de
una manera falsa por completo la política y la legislación agraria del Estado
proletario de Rusia.
¡Kautsky ni siquiera ha
sabido plantear los problemas importantes, fundamentales desde el punto de
vista teórico!
Estos problemas son los siguientes:
(1) El usufructo igualitario de la tierra y
(2) la nacionalización de la tierra:
relación de una medida y otra ante el socialismo en general y ante el paso del
capitalismo al comunismo en particular.
(3) Cultivo socializado, de la tierra como
transición del pequeño cultivo fragmentado al gran cultivo socializado;
¿corresponde la forma en que ha sido planteado este problema en la legislación
soviética a los postulados del socialismo?
35
Sobre el primer problema es
preciso dejar sentados, ante todo, los dos hechos siguientes, que son
fundamentales: (a) Teniendo ya en cuenta la experiencia de 1905 (mencionaré,
por ejemplo, mi obra acerca del problema agrario en la primera revolución rusa65), los bolcheviques señalaban la importancia que, desde el punto
de vista democrático progresista y democrático revolucionario, tenía la
consigna de igualitarismo, y en 1917, antes
de la Revolución de Octubre, también hablaron de ello con absoluta claridad.
(b) Al hacer aprobar la ley de socialización de la tierra —"alma" de
la cual es la consigna del usufructo igualitario del suelo—, los bolcheviques
declararon del modo más preciso y concreto: esta idea no es nuestra, nosotros
no estamos conformes con esta consigna, pero creemos nuestro deber hacerla
aprobar, porque así lo pide la inmensa mayoría de los campesinos. Y la idea y
las reivindicaciones de una mayoría de trabajadores deben ser superadas por ellos mismos; no es
posible "abolir" semejantes reivindicaciones ni "saltar"
por encima de ellas. Nosotros, los bolcheviques, ayudaremos a los campesinos a superar las consignas
pequeñoburguesas, a pasar con las
mayores rapidez y facilidad posibles de esas consignas a consignas socialistas.
Un teórico marxista que
quisiera servir a la revolución obrera, haciendo un análisis científico de
ella, debería decir, primero, si es verdad que la idea del usufructo
igualitario de la tierra tiene trascendencia democrática revolucionaria, la de
llevar a término la revolución democrática burguesa.
Segundo, debería decir si
han procedido bien los bolcheviques, al lograr que se apruebe con sus votos (y
acatar con la mayor lealtad) la ley pequeñoburguesa del usufructo igualitario.
¡Kautsky no ha podido notar
siquiera dónde está, en teoría, el quid de la cuestión!
Kautsky jamás hubiera
conseguido refutar que la idea del usufructo igualitario tiene un alcance
progresista y revolucionario en una revolución democrática burguesa. Esta
revolución no puede ir más allá. Al llegar a su término, descubre con tanta más claridad, rapidez y facilidad a las masas la insuficiencia de las soluciones democráticas burguesas, la necesidad de rebasarlas y de pasar al socialismo.
Los campesinos que han
derrocado el zarismo y a los terratenientes sueñan con el usufructo
igualitario, y no hay fuerza que pueda impedírselo, una vez libres de los
terratenientes y del
![]()
65 Se alude al trabajo de Lenin El programa agrario de la socialdemocracia
en la primera revolución rusa de 1905-1907.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Estado republicano,
parlamentario burgués. Los
proletarios dicen a los campesinos: nosotros os ayudaremos a llegar al
capitalismo "ideal", porque el usufructo igualitario de la tierra es
la idealización del capitalismo desde el punto de vista del pequeño productor.
Pero, al mismo tiempo, os señalaremos la deficiencia de este sistema, la
necesidad de pasar al cultivo social de la tierra.
¡Sería interesante ver qué
intentaría Kautsky para refutar que esa
manera de dirigir el proletariado la lucha de los campesinos es acertada!
Kautsky ha preferido eludir el problema...
Además, ha engañado sin más
ni más a los lectores alemanes, ocultándoles que en la ley de la tierra el Poder soviético da preferencia explícita a las comunas y a las
cooperativas, colocándolas en primer plano.
¡Con todos los campesinos
hasta el fin de la revolución democrática burguesa! Con los campesinos pobres,
proletarios y semiproletarios,
¡adelante, hacia la
revolución socialista! Esta era la política de los bolcheviques, y era la única
política marxista.
¡Pero Kautsky se embrolla,
no acertando a plantear ni un solo problema! Por una parte, no se atreve a decir que los proletarios
debieron haber discrepado de los campesinos en el problema del usufructo igualitario, porque comprende lo absurdo de
semejante discrepancia (por lo demás, en 1905, antes de ser renegado,
propugnaba clara y explícitamente la alianza de los obreros y los campesinos,
de la que hacía depender el triunfo de la revolución). Por otra parte, cita con
simpatía las vulgaridades liberales del menchevique Máslov, que
"demuestra" lo utópico y reaccionario de la igualdad pequeñoburguesa desde el punto de vista del socialismo y
pasa en silencio lo progresista y revolucionario de la lucha pequeñoburguesa por la igualdad, por el
usufructo igualitario, desde el punto de
vista de la revolución democrática burguesa.
Kautsky se ha armado un lío sin fin: nótese que el Kautsky de
1918 insiste en el carácter
burgués de
la revolución rusa. El Kautsky de 1918 exige: ¡No os salgáis de ese marco! ¡¡Y
este mismo Kautsky ve "algo de
socialismo" (para la revolución burguesa)
en la reforma pequeñoburguesa que
entrega a los campesinos pobres en
arriendo pequeños trozos de tierra (es decir, en la aproximación al usufructo
igualitario)!!
¡Que lo entienda quien pueda!
Por si fuera poco, Kautsky
muestra una incapacidad filistea para tener en cuenta la política real de un
partido determinado. Cita frases del
menchevique Máslov, sin querer ver la
política real del partido menchevique
en 1917, que, en "coalición" con los terratenientes y los democonstitucionalistas, propugnaba de
hecho una reforma agraria liberal y el
acuerdo con los terratenientes (lo prueban las detenciones de miembros de
los comités agrarios y el proyecto de
ley de S. Máslov).
Kautsky no ha visto que las
frases de P. Máslov acerca del carácter reaccionario y utópico de la igualdad
pequeñoburguesa encubren de hecho la política menchevique de conciliación de campesinos y
terratenientes (es decir, el engaño de aquéllos por éstos), en lugar del
derrocamiento revolucionario de los
terratenientes por los campesinos.
36
¡Buen "marxista" está hecho Kautsky!
Los bolcheviques
precisamente son los que han tenido muy en cuenta la diferencia que hay entre
revolución democrática burguesa y revolución socialista: al llevar la primera a
término, abrían las puertas para el paso a la segunda. Esta es la única política
revolucionaria y la única política marxista.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
En vano repite Kautsky las
sosas chanzas de los liberales: "Nunca ni en parte alguna han pasado los
pequeños campesinos a la producción colectiva movidos por la persuasión
teórica" (pág. 50).
¡Qué ingenioso!
Nunca ni en parte alguna han
estado los pequeños campesinos de un gran país bajo la influencia de un Estado
proletario.
Nunca ni en parte alguna han
llegado los pequeños campesinos a una lucha de clase abierta contra los
campesinos ricos, hasta la guerra civil entre unos y otros, con la circunstancia de estar sostenidos
los pobres por la propaganda, la política y la ayuda económica y militar del
poder político proletario.
Nunca ni en parte alguna se
han enriquecido tanto los especuladores y ricachos a consecuencia de una
guerra, ni se ha arruinado de tal modo la masa campesina.
Kautsky repite antiguallas,
repite machaconamente cosas viejas, temiendo pensar siquiera en las nuevas
tareas de la dictadura del proletariado.
Y si los campesinos, querido
Kautsky, no tienen bastantes aperos
para la pequeña producción, y el Estado proletario les ayuda a conseguir máquinas para cultivar el suelo en régimen
colectivo, ¿será eso "persuasión teórica"?
Pasemos al problema de la
nacionalización de la tierra. Nuestros populistas, y entre ellos todos los
eseristas de izquierda, niegan que la medida que nosotros hemos llevado a la
práctica sea la nacionalización de la tierra. Se equivocan desde el punto de
vista teórico. Puesto que no hemos rebasado el marco de la producción mercantil
y del capitalismo, la abolición de la propiedad privada de la tierra es su
nacionalización. La palabra "socialización" no expresa más que una
tendencia, un deseo, una preparación del tránsito al socialismo.
¿Cuál debe ser, pues, la actitud de los marxistas respecto a la
nacionalización de la tierra?
Tampoco esta vez sabe
Kautsky plantear siquiera el problema teórico, o — lo que es peor— lo elude
intencionadamente, aunque por las publicaciones rusas se sabe que conoce las
viejas discusiones de los marxistas rusos sobre la nacionalización de la tierra,
sobre su municipalización (entrega de las grandes fincas a los organismos de
administración autónoma local) y sobre su reparto.
Kautsky se mofa abiertamente
del marxismo cuando dice que el paso de las grandes propiedades a manos del
Estado y su arrendamiento en pequeños lotes a los campesinos que tengan poca
tierra realizaría "algo de socialismo". Y a hemos dicho que no hay en
ello nada de socialismo. Más aún: no hay ni siquiera revolución democrática burguesa llevada a término.
Kautsky ha tenido la gran desgracia de fiarse de los mencheviques. De ello
resulta un hecho curioso: Kautsky, que defiende el carácter burgués de nuestra
revolución, que reprocha a los bolcheviques su ocurrencia de emprender el
camino que lleva al socialismo, ¡presenta él
mismo una reforma liberal como socialismo, sin llevar esta reforma hasta la supresión completa de todos los
elementos medievales en las relaciones de propiedad agraria! Resulta que
Kautsky, lo mismo que sus consejeros mencheviques, defiende a la burguesía
liberal, temerosa de la revolución, en lugar de defender una revolución
democrática burguesa consecuente.
En efecto, ¿por qué hacer
propiedad del Estado únicamente las grandes fincas y no todas las tierras? La
burguesía liberal llega así al máximo en el mantenimiento de lo viejo (es
decir, una revolución de mínima consecuencia) y deja en pie las máximas facilidades
para volver a ello. La burguesía radical, es decir, la que quiere llevar a
término la revolución burguesa, lanza la consigna de nacionalización de la tierra.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Kautsky, que en tiempos muy
remotos, hace casi veinte años, escribió una magnífica obra marxista sobre el
problema agrario, no puede ignorar lo que indicara Marx: La nacionalización de
la tierra es precisamente una consigna consecuente
de la burguesía66. Kautsky no puede ignorar la polémica
entre Marx y Rodbertus y las notables explicaciones de Marx en Teorías de la plusvalía, donde muestra
con particular evidencia el valor revolucionario que la nacionalización de la
tierra tiene desde el punto de vista democrático burgués.
El menchevique P. Máslov, a
quien con tan mala fortuna ha elegido Kautsky para consejero, negaba que los
campesinos rusos pudieran aceptar la nacionalización de toda la tierra
(incluida la de ellos). Este punto de vista estaba relacionado en cierto grado
con su "original" teoría (repetición de lo dicho por los críticos
burgueses de Marx), que negaba la renta absoluta y aceptaba la "ley"
(o el "hecho", según decía Máslov) "de la fertilidad decreciente
del suelo".
En realidad, la revolución
de 1905 puso ya de manifiesto que la inmensa mayoría de los campesinos de
Rusia, tanto miembros de las comunidades como propietarios de sus parcelas67, deseaban la nacionalización de toda la tierra. La revolución
de 1917 ha venido a confirmarlo y, después de pasar el poder a manos del
proletariado, lo ha convertido en realidad. Los bolcheviques han guardado
fidelidad al marxismo, no intentando (a pesar de que Kautsky nos acusa de ello
sin asomo de pruebas) "saltar" por encima de la revolución
democrática burguesa. Los bolcheviques han empezado por ayudar a los ideólogos
democráticos burgueses de los campesinos que eran más radicales, más
revolucionarios, que estaban más cerca del proletariado, es decir, a los
eseristas de izquierda, a realizar lo que era de hecho la nacionalización de la
tierra. La propiedad privada de la tierra fue abolida en Rusia el 26 de octubre
de 1917, es decir, desde el primer día de la revolución proletaria, socialista.
37
De ese modo se ha creado una
base, la más perfecta desde el punto de vista del desarrollo del capitalismo
(Kautsky no podrá negarlo sin romper con Marx), y, al mismo tiempo, el régimen
agrario más flexible para el paso al
socialismo. Desde el punto de vista democrático burgués, los campesinos
revolucionarios de Rusia no pueden ir más
lejos: no puede haber nada
"más ideal", desde este punto de vista, que la nacionalización de la
tierra y la igualdad de su usufructo, ni nada "más radical" (desde el
mismo punto de vista). Justamente los bolcheviques, únicamente los
bolcheviques, y sólo en virtud del triunfo de la revolución proletaria, son los que han ayudado a
los campesinos a llevar de veras a término la revolución democrática burguesa. Y sólo de este modo han hecho lo máximo para
facilitar y apresurar el paso a la revolución socialista.
Por ello puede juzgarse de
la increíble confusión que ofrece a sus lectores Kautsky cuando acusa a los
bolcheviques de no comprender el carácter burgués de la revolución y se aparta
él mismo del marxismo hasta el punto de
callar lo de la nacionalización de la tierra y presentar la reforma agraria
liberal, la menos revolucionaria (desde el punto de vista burgués), como
¡"algo de socialismo"!
Con ello nos acercamos al
tercero de los problemas planteados antes: ¿Hasta qué punto ha tenido en cuenta
la dictadura del proletariado en Rusia la necesidad de pasar al cultivo
colectivo de la tierra? Kautsky vuelve a incurrir a este respecto en algo que
se parece mucho a una falsificación: ¡se limita a citar las "tesis"
de un bolchevique, en las que se trata de la tarea del paso al cultivo
colectivo de la tierra! Después de haber citado una de estas tesis, nuestro
"teórico" exclama en tono triunfal:
![]()
66 Véase C. Marx. Teorías de
la plusvalía (IV tomo de El Capital),
parte II.
67 Miembros de las
comunidades: campesinos cuyas par
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
"Con declarar que una
cosa determinada es una tarea, ésta, por desgracia, no se cumple. La
agricultura colectiva en Rusia está por ahora condenada a quedarse en el papel.
Nunca ni en parte alguna han pasado los pequeños campesinos a la producción colectiva
movidos por la persuasión teórica" (pág. 50).
Nunca ni en parte alguna ha
caído un autor tan bajo de hacer un escamoteo literario como Kautsky. Cita las
"tesis", pero no dice ni una palabra de la ley del Poder soviético. ¡Habla de "persuasión teórica" y
no dice ni una palabra del poder estatal proletario que tiene en sus manos las
fábricas y las mercancías! Todo lo que en 1899 escribía el marxista Kautsky en
el Problema agrario sobre los medios
de que dispone el Estado proletario para hacer pasar paulatinamente a los pequeños campesinos al socialismo, lo olvida
el renegado Kautsky en 1918.
Claro que unos centenares de
comunas agrícolas y explotaciones soviéticas apoyadas por el Estado (es decir,
de grandes haciendas cultivadas por cooperativas obreras, a expensas del
Estado), representan muy poco. Pero ¿puede llamarse "crítica" la
actitud de Kautsky, que elude este hecho?
La nacionalización de la
tierra, obra en Rusia de la dictadura del proletariado, constituyó la mejor
garantía de que la revolución democrática burguesa fuese llevada a su término,
incluso en el caso de que una victoria de la contrarrevolución hiciera retroceder
de la nacionalización al reparto (caso que analizo especialmente en mí libro
sobre el programa agrario de los marxistas en la revolución de 1905). Además,
la nacionalización de la tierra ha ofrecido al Estado proletario las máximas
posibilidades para pasar al socialismo en la agricultura.
En resumen: Kautsky nos
ofrece, en teoría, una confusión increíble, abjurando por completo del
marxismo; en la práctica vemos su servilismo ante la burguesía y el reformismo
burgués. ¡Buena crítica, en verdad!
* * *
Kautsky inicia su
"análisis económico" de la industria con el magnífico razonamiento
que sigue:
Rusia tiene una gran
industria capitalista. ¿Sería factible montar con ella la producción
socialista? "Podría pensarse, así si el socialismo consistiera en que los
obreros de las distintas minas y fábricas las toman en propiedad"
(literalmente: se las apropian) "llevando a cabo la producción en cada una
de ellas por separado" (pág. 52). "Precisamente hoy, el 5 de agosto,
fecha en que escribo estas líneas —añade Kautsky—, llegan de Moscú noticias
sobre un discurso pronunciado por Lenin el 2 de agosto y en el cual, según
comunican, ha dicho: "Los obreros tienen firmemente las fábricas en sus
manos; los campesinos no devolverán la tierra a los terratenientes". El
lema de "la fábrica para los obrero, la tierra para los campesinos",
no ha sido hasta ahora un lema socialdemócrata, sino anarcosindicalista"
(págs. 52-53).
Hemos citado por entero este
razonamiento para que los obreros rusos, que estimaban antes a Kautsky, y con
razón, vean por sí mismos cómo procede este tránsfuga que se ha pasado a la
burguesía.
¡Quién se lo iba a imaginar!
El 5 de agosto, cuando existía ya un sinnúmero de decretos sobre la
nacionalización de las fábricas en Rusia, no "apropiándose", además,
los obreros, de ninguna de ellas, puesto que todas pasaron a ser propiedad de la
República, el 5 de agosto Kautsky, interpretando con manifiesta superchería una
frase de un discurso mío, trata de imbuir a los lectores alemanes la idea de
que en Rusia se entregan las fábricas a los obreros de cada empresa! ¡Y
después, en decenas y decenas de renglones, repite machacón eso de que las
fábricas no deben entregarse por separado a los obreros!
38
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Esto no es crítica, sino un
procedimiento de lacayo de la burguesía, al que los capitalistas pagan para que
calumnie a la revolución obrera.
Las fábricas tienen que
pasar a manos del Estado, de las comunidades o de las cooperativas de consumo,
repite una y otra vez Kautsky, y por fin
añade:
"Este es el camino que
se ha intentado emprender ahora en Rusia..." ¡¡Ahora!! ¿Qué quiere decir
esto? ¿En agosto? Pero ¿no pudo encargar Kautsky a sus Shtein, Axelrod o demás
amigos de la burguesía rusa que le tradujeran siquiera algún decreto sobre las
fábricas?
"...No se ve aún hasta
dónde se ha llegado en este sentido. En todo caso, este aspecto de la República
Soviética presenta para nosotros el máximo interés, pero sigue enteramente en
las tinieblas. No faltan decretos..." (¡Por eso no quiere ver Kautsky su contenido o lo oculta a sus lectores!)
"pero faltan noticias fidedignas sobre el efecto de tales decretos. La producción socialista es imposible sin una
estadística completa, detallada, segura y rápida. Hasta ahora, la República
Soviética no ha podido crearla. Lo que sabemos de sus medidas económicas es en
extremo contradictorio, y resulta imposible comprobarlo. Esto es también uno de
los resultados de la dictadura y del aplastamiento de la democracia. No hay
libertad de imprenta ni de palabra..." (pág. 53).
¡Así se escribe la historia!
En la "libre" prensa de los capitalistas y los partidarios de Dútov
hubiera encontrado Kautsky datos sobre las fábricas que han pasado a manos de
los obreros... ¡Es en verdad magnífico este "serio erudito" que se
coloca por encima de las clases! Kautsky no quiere ni rozar siquiera ninguno de
los innumerables hechos demostrativos de que las fábricas se entregan únicamente a la República, de que de
ellas dispone un órgano del Poder soviético, el Consejo Superior de Economía
Nacional, compuesto principalmente por delegados de los sindicatos obreros. Con
el necio empecinamiento del hombre enfundado68
repite a porfía: que me den una democracia pacífica, sin guerra civil, sin
dictadura, con buenas estadísticas (la República Soviética ha creado un
departamento de estadística, llevando a él a los elementos más competentes de
Rusia, pero claro que una estadística ideal no puede conseguirse en seguida).
En pocas palabras: lo que pretende Kautsky es revolución sin revolución, sin
lucha enconada, sin violencias. Es como pedir huelgas sin apasionada lucha
entre obreros y patronos. ¡A ver quién distingue entre semejante
"socialista" y un adocenado burócrata liberal!
Y basándose en semejantes
"datos", es decir, rehuyendo intencionadamente, con pleno desprecio,
los numerosísimos hechos, Kautsky "concluye":
"Es dudoso que, en lo
que se refiere a verdaderas conquistas prácticas, y no a decretos, haya
conseguido el proletariado ruso con la República Soviética más de lo que
hubiese obtenido de la Asamblea Constituyente, en la cual, lo mismo que en los
Soviets, predominaban los socialistas, aunque de un matiz distinto" (pág.
58).
¿Verdad que es una joya?
Aconsejamos a los partidarios de Kautsky que difundan ampliamente entre los
obreros rusos estas palabras, porque Kautsky no podía haber dado mejor prueba
acreditativa de su caída política. ¡Kerenski era también "socialista",
camaradas obreros, sólo que "de un matiz distinto"! ¡El historiador
Kautsky se contenta con un nombre, con un calificativo del que se
"apropiaron" los eseristas de derecha y los mencheviques! Pero el
historiador Kautsky no quiere ni oír hablar de los hechos demostrativos de que,
bajo Kerenski, mencheviques y eseristas de derecha apoyaban la política
imperialista y el pillaje de la burguesía, y silencia discreto que la Asamblea
Constituyente daba la mayoría a esos
![]()
68 El hombre enfundado: personaje del cuento homónimo
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
campeones de la guerra imperialista y de
la dictadura burguesa. ¡Y esto se llama "análisis económico"!...
Para terminar, otra muestra de "análisis económico":
"...A los nueve meses
de existencia, en lugar de haber extendido el bienestar general, la República
Soviética se ve obligada a explicar a qué se debe la miseria general"
(pág. 41).
Los democonstitucionalistas
nos tienen acostumbrados a semejantes razonamientos. Todos los lacayos de la
burguesía razonan en Rusia así: Dadnos a los nueve meses el bienestar general;
después de cuatro años de guerra destructora, con una ayuda múltiple del
capital extranjero a la burguesía de Rusia, para que ésta siga el sabotaje y
las insurrecciones. En la práctica no
queda lo que se dice ninguna diferencia, ni asomo de diferencia entre Kautsky y el burgués contrarrevolucionario.
Melifluos discursos disfrazados de "socialismo" que repiten lo que
brutalmente, sin ambages ni adornos, dicen en Rusia los secuaces de Kornílov,
de Dútov y Krasnov.
* * *
Las líneas que preceden
fueron escritas el 9 de noviembre de 1918. Esta madrugada han llegado de
Alemania noticias que anuncian el comienzo victorioso de la revolución, primero
en Kiel y otras ciudades del Norte y del litoral, donde el poder ha pasado a los
Soviets de diputados obreros y soldados, y luego en Berlín, donde también ha
pasado el poder a manos de un Soviet.
39
Huelga la conclusión que me
quedaba por escribir para el folleto sobre Kautsky y la revolución proletaria.
N. Lenin
10 de noviembre de 1918.
Anexo I
Tesis sobre la
asamblea constituyente.
Anexo II
Un nuevo libro de
Vandervelde sobre el estado.
Sólo después de haber leído
el libro de Kautsky ha llegado a mis manos el de Vandervelde: El socialismo contra el Estado (París,
1918), Aun sin quererlo, se impone la comparación de ambos libros. Kautsky es el guía ideológico de la II Internacional
(11:89-1914). Vandervelde, su representante oficial, como presidente que es del
Buró Socialista Internacional. Los dos simbolizan la plena bancarrota de la II
Internacional, los dos encubren "hábilmente" con palabrejas
marxistas, con toda la destreza de duchos periodistas, esa bancarrota, su
propio fracaso y su paso al lado de la burguesía. Uno nos muestra con
particular evidencia lo típico del oportunismo alemán que, pesado y teorizante,
falsifica burdamente el marxismo, amputándole todo lo que la burguesía no puede
aceptar. El segundo es una figura típica de la variedad latina —hasta cierto
punto podría decirse euroccidental (es decir, de la Europa situada al oeste de
Alemania)— del oportunismo dominante, variedad más flexible, menos pesada, que
falsifica el marxismo de un modo más sutil, sirviéndose del mismo procedimiento
esencial.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Los dos tergiversan de raíz
tanto la doctrina de Marx sobre el Estado como la de la dictadura del
proletariado, dedicándose Vandervelde más bien al primer problema, y Kautsky al
segundo. Los dos velan el nexo estrechísimo e indisoluble que liga ambos problemas.
Los dos son revolucionarios y marxistas de palabra, y renegados que hacen todo
lo posible por desentenderse de la revolución en la práctica. Ni uno ni otro
tienen ni sombra de lo que impregna todas las obras de Marx y Engels, de lo que
distingue al socialismo verdadero de su caricatura burguesa: el aclarar las
tareas de la revolución, diferenciándolas
de las tareas de la reforma, diferenciando la táctica revolucionaria de la
táctica reformista, diferenciando el papel del proletariado en la destrucción del sistema, orden de
cosas o régimen de la esclavitud asalariada, del papel del proletariado de las
"grandes" potencias que comparte con la burguesía una pequeña porción
de sus superganancias y superbotín imperialistas.
Veamos unos cuantos
argumentos de los más esenciales de Vandervelde para respaldar el aserto.
Vandervelde cita a Marx y
Engels con extraordinario celo, como Kautsky. Y como Kautsky, cita de Marx y
Engels todo lo que se quiera menos lo
que la burguesía en modo alguno puede aceptar, lo que distingue al
revolucionario del reformista. Todo lo que se quiera de la conquista del poder
político por el proletariado, porque eso lo ha circunscrito ya la práctica a un
marco exclusivamente parlamentario. Pero ni
una palabra de que Marx y Engels, después de la experiencia de la Comuna,
creyeron necesario completar el Manifiesto
Comunista , parcialmente anticuado, explicando una verdad: ¡la clase obrera
no puede adueñarse simplemente de la
máquina estatal existente, tiene que destruirla!
Vandervelde, lo mismo que Kautsky, como si se hubieran puesto de acuerdo,
guarda completo silencio acerca de lo más esencial de la experiencia de la revolución proletaria, lo que distingue a la
revolución del proletariado de las reformas de la burguesía.
Lo mismo que Kautsky,
Vandervelde habla de la dictadura del proletariado para desentenderse de ella.
Kautsky lo hace, valiéndose de burdas falsificaciones. Vandervelde hace lo
mismo con más sutilidad. En el apartado respectivo, el 4, La conquista del poder político por el proletariado, dedica el
punto "b" al problema de la "dictadura colectiva del proletariado", "cita" a
Marx y Engels (repito que omitiendo lo más importante, lo que se refiere a la destrucción de la vieja máquina estatal
democrática burguesa) y concluye:
"...Tal es, en efecto,
la idea que suele tenerse de la revolución social en los medios socialistas:
una nueva Comuna, esta vez triunfante no en un punto, sino en los principales
centros del mundo capitalista.
Hipótesis, pero hipótesis
que no tiene nada de improbable en estos tiempos en que se ve ya que la
posguerra conocerá en muchos países antagonismos de las clases y convulsiones
sociales jamás vistos.
Sólo que, si el fracaso de
la Comuna de París, por no hablar de las dificultades de la revolución rusa,
demuestra algo, es que no se puede acabar con el régimen capitalista mientras
el proletariado no se prepara lo suficiente para ejercer el poder que las
circunstancias hayan podido poner en sus manos" (pág. 73).
¡Y ni una palabra más sobre el fondo del asunto!
¡Así son los jefes y
representantes de la II Internacional! En 1912 suscriben el Manifiesto de
Basilea, en el que hablan francamente de la relación que guardan la guerra que
estalló en 1914 y la revolución proletaria y amenazan abiertamente con ésta. Pero cuando la guerra llegó, y se
dio una situación revolucionaria, esos Kautsky y Vandervelde empezaron a
desentenderse de la revolución. Fíjense bien: ¡la revolución del tipo de la
Comuna no es más que una hipótesis que no tiene nada de improbable! Esto guarda
una analogía completa con el razonamiento de Kautsky sobre el posible papel de
los Soviets en Europa.
40
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Pero así razona cualquier liberal culto, que, indudablemente,
admitirá ahora que una nueva Comuna "no tiene nada de improbable",
que los Soviets tienen reservado un gran papel, etc. El revolucionario
proletario se distingue del liberal en que, como teórico, analiza el nuevo valor
estatal de la Comuna y de los
Soviets. Vandervelde calla todo lo que sobre este tema exponen detenidamente
Marx y Engels al analizar la experiencia de la Comuna.
Como práctico, como
político, un marxista debería aclarar que sólo traidores al socialismo podrían
actualmente eludir el explicar que es imprescindible la revolución proletaria
(del tipo de la Comuna, del tipo de los Soviets o, supongamos, de un tercer tipo),
que es imprescindible prepararse para ella, hacer entre las masas propaganda
para la revolución, rebatir los prejuicios pequeñoburgueses contra ella, etc.
Nada parecido hacen ni
Kautsky ni Vandervelde, puesto que son traidores al socialismo que quieren
conservar entre los obreros su reputación de socialistas y marxistas.
Veamos cómo se plantea teóricamente el problema.
Incluso en la república
democrática, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase
por otra. Kautsky sabe esta verdad, la admite, la comparte, pero... elude el
problema más esencial: a qué clase, por qué y con qué medios tiene que someter
el proletariado cuando conquiste el Estado proletario.
Vandervelde sabe, admite,
comparte y cita esta tesis fundamental del marxismo (pág. 72 de su libro),
pero... ¡¡pero no dice ni una palabra de un tema tan "desagradable"
(para los señores capitalistas) como es el
aplastamiento de la resistencia de los explotadores!!
Vandervelde, lo mismo que
Kautsky, elude totalmente este tema "desagradable". Por ello son
renegados.
Lo mismo que Kautsky,
Vandervelde es gran maestro en el arte de sustituir la dialéctica con el
eclecticismo. Por una parte, no se puede menos de confesar, por otra, hay que
reconocer. De una parte, puede entenderse por Estado el "conjunto de una
nación" (véase el diccionario de Littré, obra sabia, ni que decir tiene,
pág. 87 en Vandervelde); de otra parte, puede entenderse por Estado el
"gobierno" (ibídem). Vandervelde copia este docto tópico,
aprobándolo, junto a citas de Marx.
El sentido marxista de la
palabra "Estado" se diferencia del corriente —escribe Vandervelde —;
por ello son posibles los "malentendidos". "El Estado, en Marx y
Engels, no es Estado en sentido amplio, no es el Estado como órgano de
gobierno, representante de los intereses generales de la sociedad (intérets généraux de la société). Es el
Estado poder, el Estado órgano de autoridad, el Estado instrumento de la
dominación de una clase sobre otra" (págs. 75-76 en Vandervelde).
De la destrucción del Estado
hablan Marx y Engels tan sólo en el segundo sentido. "...Afirmaciones
demasiado absolutas correrían el riesgo de ser inexactas. Entre el Estado
capitalista, fundado en la dominación exclusiva de una clase, y el Estado proletario,
que persigue la supresión de las clases, hay muchos grados intermedios"
(pág. 156).
Ahí tenéis la
"manera" de Vandervelde, que apenas si se distingue de la de Kautsky
y que en realidad es idéntica a ella. La dialéctica niega las verdades
absolutas, explicando cómo de un contrario se pasa a otro y el significado de
las crisis en la historia. El ecléctico no quiere afirmaciones "demasiado
absolutas" para pasar de contrabando su deseo pequeñoburgués y filisteo de
sustituir la revolución por los "grados
intermedios".
Los Kautsky y los
Vandervelde silencian que el grado intermedio entre el Estado órgano de
dominación de la clase capitalista y el Estado órgano de dominación del
proletariado es precisamente la revolución,
la cual consiste en derribar a la
burguesía y romper, destruir su máquina estatal.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Los Kautsky y los
Vandervelde ocultan que a la dictadura de la burguesía tiene que suceder la
dictadura de una clase, del
proletariado, que a los "grados intermedios" de la revolución
sucederán "los grados intermedios" de la extinción paulatina del
Estado proletario.
Por ello son renegados políticos.
En esto estriba, en los
aspectos teórico y filosófico, la sustitución de la dialéctica por el
eclecticismo y la sofistería. La dialéctica es concreta y revolucionaria,
distingue el "tránsito" de la dictadura de una clase a la de otra
clase del "tránsito" del Estado proletario democrático al no Estado
("extinción del Estado"). ¡El eclecticismo y la sofistería de los
Kautsky y los Vandervelde borran, para complacer a la burguesía, todo lo
concreto y exacto de la lucha de las clases, sustituyéndolo por el concepto
general de "tránsito", en el que puede esconderse (y en el que las nueve décimas partes de los
socialdemócratas oficiales de nuestra época esconden) la apostasía de la revolución!
Vandervelde, como ecléctico
y sofista, tiene más arte y más sutileza que Kautsky, porque con la frase "transición del Estado en
sentido estricto al Estado en sentido amplio" pueden eludirse
absolutamente todos los problemas de la revolución, toda diferencia entre
revolución y reforma, incluso la diferencia entre un marxista y un liberal. En
efecto, ¿a qué burgués culto de Europa se le ocurrirá negar "en
general" los "grados intermedios" en este sentido
"general"?
"Coincidimos con Guesde
—escribe Vandervelde— en que es imposible socializar los medios de producción y
cambio sin que se hayan cumplido previamente las dos condiciones siguientes:
41
"1. La transformación
del Estado actual, órgano de dominación de una clase sobre otra, en lo que
Menger llama Estado popular del trabajo, mediante la conquista del poder
político por el proletariado.
"2. La separación del Estado, órgano de autoridad, del
Estado, órgano de gobierno, o,
empleando la expresión de
Saint-Simon, la separación del gobierno de los hombres de la administración de
las cosas (pág. 89).
Eso lo escribe Vandervelde
con cursiva, subrayando especialmente la importancia de tales planteamientos.
¡Pero eso no es sino el más puro embrollo ecléctico, una ruptura completa con
el marxismo! Porque, el "Estado popular del trabajo" no es más que
una paráfrasis del viejo "Estado popular libre" de que hacían gala
los socialdemócratas alemanes en los años 70 y que Engels condenaba como un
absurdo69. La expresión "Estado popular del
trabajo" es una frase digna de un demócrata pequeñoburgués (por el estilo
de nuestros eseristas de izquierda), una frase que sustituye los conceptos de
clase con conceptos al margen de las
clases. Vandervelde equipara la conquista del poder político por el proletariado (por una clase) y el Estado "popular",
sin ver la confusión que de ello resulta. A Kautsky, con su "democracia pura", le resulta la misma confusión, el
mismo desconocimiento antirrevolucionario y pequeñoburgués de las tareas de la
revolución de clase, de la dictadura de clase, proletaria, del Estado de clase
(proletario).
Prosigamos. El gobierno de
los hombres desaparecerá y dará paso a la administración de las cosas tan sólo
cuando se haya extinguido todo
Estado. Con este porvenir relativamente lejano, Vandervelde vela, deja a
oscuras, la tarea inmediata: el derrocamiento de la burguesía.
Este proceder es también
servilismo ante la burguesía liberal. El liberal no tiene inconveniente en
hablar de lo que sucederá cuando no haya que gobernar a los hombres.
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69 Véase la carta de F. Engels a A. Bebel del 18-28 de marzo de
1875.
La revolución proletaria y el renegado Kautsky
¿Por qué no dedicarse a tan
inofensivos sueños? Pero no digamos nada de que el proletariado tiene que
aplastar la resistencia de la burguesía, que se opone a su expropiación. Así lo
exige el interés de clase de la burguesía.
El socialismo contra el Estado. Esto es una reverencia de Vandervelde al proletariado. No es
difícil inclinarse para saludar, todo político "demócrata" sabe
inclinarse ante sus electores. Pero tras la "reverencia" viene el
contenido antirrevolucionario y antiproletario.
Vandervelde refiere con
pormenores a Ostrogorski70, acerca del sinfín de engaños,
violencias, sobornos, mentiras hipocresías y opresión de los pobres que
enmascara el rostro civilizado, pulcro y peripuesto de la democracia burguesa
contemporánea. Pero de ello no saca consecuencia alguna, no advierte que la
democracia burguesa aplasta a las masas trabajadoras y explotadas, mientras que la democracia proletaria
tendrá que aplastar a la burguesía.
Kautsky y Vandervelde están ciegos ante ello. El interés de clase de la
burguesía, a la que siguen estos
pequeñoburgueses traidores al marxismo, exige
que se eluda este problema, que se calle o se niegue francamente la necesidad
de tal sometimiento.
Eclecticismo pequeñoburgués
contra marxismo, sofistería contra dialéctica, reformismo filisteo contra
revolución proletaria. Así debería titularse el libro de Vandervelde.
Escrito entre octubre y la primera década de noviembre de 1918;
el Anexo II fue escrito después del 10 de noviembre de 1918. Publicado en
volumen aparte por la Editorial "Kommunist", de Moscú, en 1918.
T. 37, págs. 235-338.
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70 Se alude al libro de M. Ostrogorski La Démocratie et les Parties Politiques.
La primera edición apareció en 1903 en París. Este libro contiene copiosos
datos de la historia de Inglaterra y los EE.UU. que desenmascaran la falsedad y
la hipocresía de la democracia burguesa.
Discurso en el III Congreso de las cooperativas obreras
42
DISCURSO EN EL III CONGRESO DE LAS COOPERATIVAS
OBRERAS.
El 9 de diciembre de
1919.
(Clamorosos aplausos.) Camaradas: Las cooperativas obreras tienen
planteadas hoy tareas de carácter económico y político de extraordinaria
importancia. Unas y otras están hoy indisolublemente ligadas entre sí en el
sentido de la lucha económica y política. En cuanto a las tareas inmediatas de
las cooperativas, quiero destacar el significado de la "conciliación con
las cooperativas". La conciliación tan debatida últimamente en la prensa
es muy distinta de la conciliación con la burguesía, que no es más que una
traición. La conciliación que estamos tratando ahora es de un tipo muy
singular. Hay una inmensa diferencia entre la conciliación del Gobierno
soviético con Alemania, que tuvo sus resultados, y la conciliación
—nociva y funesta en grado
superlativo para el país— de la clase obrera con la burguesía. Hablo de la
completa traición tanto a la lucha de clase del proletariado como a los
principios básicos del socialismo que implica la segunda conciliación. Para los
socialistas, que se plantean de manera concreta la tarea de luchar contra la
burguesía y el capital, la diferencia es patente de por sí.
Todos nosotros sabemos de
sobra que en nuestra lucha de clase puede haber una sola alternativa: reconocer
o el poder del capital o el de la clase obrera. Sabemos que todas las
tentativas de los partidos pequeñoburgueses de hacer y aplicar su propia política
en el país están condenadas de antemano a un completo fracaso. Hemos visto
claramente y sufrido varias tentativas de tales o cuales partidos y grupos
pequeñoburgueses de aplicar su política y nos hemos convencido de que todas
esas tentativas de las fuerzas intermedias han de malograrse sin falta. Debido
a unas condiciones muy concretas, sólo dos fuerzas centrales, que radican en
polos diametralmente opuestos, pueden implantar su dominación en Rusia y virar
su destino en una u otra dirección. Diré más aún: está dando forma y gobernando
a todo el mundo la una o la otra de estas dos fuerzas centrales. Respecto a
Rusia, puedo afirmar sin titubeos que, por unas u otras condiciones económicas
específicas de la vida, sólo una de estas dos fuerzas puede encabezar el
movimiento. Las restantes fuerzas, las intermedias, son muchas, pero jamás
podrán tener importancia decisiva en la vida del país.
Hoy día, al Poder soviético
se le plantea el problema de conciliar a las cooperativas con él mismo. En
abril dejamos los objetivos que nos habíamos propuesto e hicimos una concesión.
Es natural que, en un país donde se suprimen todas las clases, no puede haber
cooperativas de clases, pero, repito, las condiciones del momento exigían
cierta dilación y la otorgamos por unos meses. Ahora bien, todos sabemos que el
poder existente en el país jamás abandonará la posición que ahora ocupa.
Tuvimos que hacer esa concesión porque entonces estábamos solos en el mundo y
por las dificultades que teníamos en nuestro trabajo. En virtud de las tareas
económicas que el proletariado había asumido, tuvimos que transigir con ciertas
costumbres de los sectores pequeñoburgueses y conservarlas. Aquí se trata
principalmente de que debemos lograr, por el medio que sea, encauzar y
coordinar la actividad de toda la masa de trabajadores y explotados. Debemos
recordar siempre qué nos exige el proletariado. El poder del pueblo debe tomar
en consideración que los distintos sectores de la pequeña burguesía se unirán
más cada día a la clase obrera gobernante cuando la vida les demuestre por
último que no hay otra opción, que se han defraudado
Discurso en el III Congreso de las cooperativas obreras
definitivamente todas las
esperanzas de encontrar un tercer camino para resolver el problema de quién va
a asumir la dirección del Estado. Todas las bellas consignas de acato de la
voluntad del pueblo, Asamblea Constituyente, etc., que eran el embozo de todas
las medidas a medias, fueron barridas tan pronto como se dejó oír la verdadera
voluntad del pueblo. Vosotros mismos veis lo que ha pasado, que todas esas
consignas, consignas de las medidas a medias, saltaron hechas añicos. Ahora
vemos que eso pasa no sólo en Rusia, sino a escala de toda la revolución
mundial.
Quiero enseñaros qué
diferencia hay entre la conciliación que despertó un odio tan espantoso en toda
la clase obrera y la conciliación que hoy reclamamos, el pacto con todos los
pequeños campesinos, con toda la pequeña burguesía. Cuando concertamos la paz
de Brest71, cuando aceptamos las duras condiciones
del tratado, se nos decía que no había ni podía haber esperanzas en la
revolución mundial. Estábamos completamente solos en el mundo. Sabemos que, a
causa de ese tratado, muchos partidos nos volvieron la espalda y se pusieron de
parte de la burguesía. Por aquellos días tuvimos que soportar pruebas terribles
de todo tipo. Unos meses después la vida demostró que no había ni podía haber
otra opción, que no había términos medios.
43
Cuando estalló en Alemania
la revolución, quedó claro para todos que la revolución avanzaba por el mundo
entero, ¡que Inglaterra, Francia y Norteamérica marchaban también por el mismo
camino, por nuestro camino! Cuando nuestros sectores democráticos pequeñoburgueses
siguieron en pos de sus protectores, no comprendían adónde los llevaban, no
comprendían que los llevaban por el camino capitalista. En el ejemplo de la
revolución alemana vemos hoy que esos representantes y protectores de la
democracia, esos Wilson y Cía. imponen a una nación vencida tratados peores que
el impuesto a nosotros en Brest. Hoy vemos claro que, en virtud de lo que está
ocurriendo en Occidente y del cambio de la situación, la demagogia
internacional está en bancarrota. Ahora se ve a las claras la fisonomía de cada
nación. Ahora las caretas han sido arrancadas, y los rudos golpes del pesado
ariete de la historia universal no han dejado en pie ni una ilusión.
Es natural que, ante esos
elementos vacilantes que siempre se presentan en los períodos de transición, el
Poder soviético tenga que poner todo su peso y toda su influencia en el
cumplimiento de las tareas planteadas hoy, tareas que nos sirven de apoyo para
aplicar la política que emprendimos ya en abril.
Entonces aplazamos por algún
tiempo la conquista de los objetivos propuestos e hicimos sin tapujos y a
sabiendas varias concesiones.
Aquí se ha preguntado en qué
preciso tramo del camino nos encontramos. Europa entera ve hoy claro que con
nuestra revolución no se hace ya ningún experimento, y las naciones civilizadas
que la forman han cambiado de actitud con nosotros. Han comprendido que, en
este sentido, estamos realizando una obra nueva y colosal, que en esta empresa
tropezamos con dificultades inmensas porque hemos estado casi todo el tiempo
completamente solos y totalmente olvidados por todo el proletariado
internacional. En este sentido hemos incurrido en numerosos errores de bulto
que no ocultamos en absoluto. Está claro que habíamos de esforzarnos por unir a
toda la población y no sembrar ninguna discordia, y si no lo hemos hecho hasta
ahora, algún día tendremos que empezar. Ya hemos fundido numerosas entidades.
Ahora debemos llevar a cabo la fusión de las cooperativas obreras y los
organismos de los Soviets. Desde abril del año en curso venimos realizando una
labor de organización para empezar a obrar, basándonos en la experiencia, y
poner en juego el acervo
![]()
71 La
paz de Brest-Litovsk se
concertó entre la Rusia Soviética y los países del bloque alemán (Alemania,
Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía) en Brest- Litovsk, el 3 de marzo de 1918,
en condiciones de extraordinaria dureza para la Rusia Soviética. Cuando en
Alemania triunfó la revolución que derrocó el régimen monárquico, el CEC de
toda Rusia declaró anulado el 13 de noviembre de 1918 el tratado depredador e
injusto de Brest-Litovsk.
Discurso en el III Congreso de las cooperativas obreras
de fuerzas sociales y
políticas que hemos atesorado. Hemos empezado a organizar el abastecimiento de
víveres y la distribución de artículos entre toda la población, y lo hemos
hecho comprobando cada paso, pues en un país como el nuestro, atrasado en el aspecto
económico, es dificilísimo llevar a cabo esa organización. Empezamos a
concertar convenios con las cooperativas desde abril, y el decreto promulgado
sobre la fusión total y la organización del abastecimiento de víveres y la
distribución de artículos persigue ese mismo fin. Sabemos que los roces
aludidos por el orador que me ha precedido, refiriéndose a Petrogrado, existen
casi en todas partes. También sabemos que esos roces son inevitables por
completo, pues llega la hora del encuentro y fusión de dos organismos
totalmente distintos. Pero sabemos, sin embargo, que no hay quien lo eluda y
que hemos de pasar por ello. De igual manera debéis comprender vosotros que la
prolongada resistencia de las cooperativas obreras ha dado lugar a que el Poder
soviético acabe por desconfiar de ellas, y la desconfianza es muy legítima.
Decís que queréis
independencia. Es muy natural que se desconfíe de quienquiera que presente esta
reivindicación. Si os quejáis de los roces y queréis
libraras de ellos, lo
primero que debéis hacer es despediros de la idea de independencia, pues quien
la reclama cuando todos nos esforzamos por lograr una fusión mayor, es ya un
adversario del Poder soviético. Esos roces empezarán a desaparecer tan pronto
como las cooperativas obreras se fundan con toda claridad, honradez y franqueza
con el Poder soviético. De sobra sé que, cuando dos grupos se funden, al
principio hay algunas asperezas en su funcionamiento. Pero luego, cuando el
grupo fusionado se gana la confianza del fusionante, los roces van
desapareciendo poco a poco. Ahora bien, si estos dos grupos siguen divididos,
son posibles los roces constantes entre ellos. Lo único que no entiendo es qué
tiene que ver ahí la independencia, pues todos estamos de acuerdo en que, tanto
en el terreno del abastecimiento como en el de la distribución, toda la
sociedad debe ser una gran cooperativa única. Todos convenimos en que las
cooperativas son una conquista del socialismo. Por eso cuesta tanto lograr las
conquistas socialistas. Por eso es tan difícil triunfar. El capitalismo dividió
intencionadamente a la población. Esa división tiene que desaparecer definitiva
e irrevocablemente, y toda la sociedad ha de convertirse en una sola
cooperativa de trabajadores. No puede ni debe hablarse de independencia alguna
de grupos aislados.
44
La creación de esa
cooperativa de toda la sociedad a la que acabo de referirme es tarea de la
victoria del socialismo. Por ello decimos que, cualesquiera que sean las
discrepancias que tengamos en cuestiones secundarias, jamás nos conciliaremos
con el capitalismo ni daremos un paso que nos aleje de los principios de
nuestra lucha. El pacto que concertaremos con algunos sectores de las clases
sociales no lo es con la burguesía ni con el capital, sino con algunos
contingentes de obreros y demócratas. No debemos temer este pacto, porque todas
las discordias existentes entre dichos sectores desaparecerán por completo y
sin dejar rastro en el fuego de la revolución. Lo único que se necesita ahora
es que haya unánime deseo de ingresar con el corazón en la mano en esa
cooperativa de toda la sociedad. Debe fundirse todo lo que hasta ahora han
hecho el Poder soviético y las cooperativas. Ese es el fondo del último decreto
promulgado por el Poder soviético. En ese sentido han obrado en muchos sitios
los representantes del Poder soviético sin esperar la promulgación de nuestros
decretos. La obra colosal que han hecho las cooperativas debe fundirse sin
falta con la inmensa obra realizada por el Poder soviético. Todos los sectores
de la población que luchan por su libertad deben fundirse en una organización
fuerte y única. Sabemos que hemos incurrido en muchos errores, sobre todo
durante los primeros meses que siguieron a la Revolución de Octubre. Pero de
aquí en adelante procuraremos que haya completas unidad y armonía entre la
población. Para ello hace falta que todo esté supeditado al Poder soviético y
se desvanezcan lo antes posible todas las ilusiones de
"independencia", ya sea para algunos
Discurso en el III Congreso de las cooperativas obreras
sectores como para las
cooperativas obreras. Esta esperanza de "independencia" puede existir
sólo donde aún se abrigan esperanzas de algún retorno al pasado.
Antes, los pueblos de
Occidente nos tenían a nosotros y tenían todo nuestro movimiento revolucionario
por algo raro. Decían: dejemos que el pueblo se entretenga, ya veremos qué
resulta de todo eso... ¡Qué raro es el pueblo ruso!... Y hete ahí a ese "raro
pueblo ruso" enseñando al mundo entero lo que significa
"entretenerse". (Aplausos.)
Hoy día, cuando ha comenzado
la revolución en Alemania, un cónsul extranjero ha dicho a Zinóviev: "Aún
no se sabe quién ha sacado más provecho de la paz de Brest, ustedes o
nosotros".
Ha dicho eso porque todos
dicen lo mismo. Todos han visto que eso no es más que el comienzo de la gran
revolución mundial. Y el comienzo de esa gran revolución lo hemos puesto
nosotros, el atrasado y "raro" pueblo ruso... Hay que decir que la historia
lleva caminos raros: concede a un país atrasado el honor de marchar a la cabeza
de un gran movimiento mundial. Este movimiento lo ve y lo comprende la
burguesía del mundo entero. El incendio se ha propagado a Alemania, Bélgica,
Suiza y Holanda.
Ese movimiento se extiende
con más fuerza cada día, y cada día se desarrolla y robustece el Gobierno
revolucionario de los Soviets. Por eso, la burguesía enfoca ahora de un modo
distinto por completo los problemas. Por eso no se puede ni hablar de independencia
de los diversos partidos cuando el hacha está alzada sobre el capitalismo
mundial. El mayor ejemplo nos lo ofrece Norteamérica. Norteamérica es uno de
los países más democráticos, una inmensa república democrática y social.
¿Dónde, pues, si no es en ese país que goza de todos los derechos electorales,
de todos los derechos de un Estado libre, deben dirimirse adecuadamente todas
las cuestiones de Derecho? Sin embargo, sabemos lo que en esa república
democrática se ha hecho a un sacerdote: lo untaron con pez y le pegaron una
paliza tan tremenda que empaparon el polvo con su sangre. Eso ha ocurrido en un
país libre, en una república democrática. Y eso han podido tolerarlo los Wilson
y Cía., esos tigres "humanos", esos tigres "filántropos".
¿Y qué hacen ahora esos
Wilson a Alemania, un país vencido? ¡Mirad qué escenas de las relaciones
imperantes en el mundo se descubren a nuestra vista! Las escenas que nos
brindan el contenido de lo que los Wilson proponen a sus amigos son un millón,
un billón de veces más convincentes. Los Wilson arreglarían nuestros asuntos en
un dos por tres. Esos señores, esos multimillonarios libres, esa gente,
"la más humana" del mundo, sabría quitar en un periquete a sus amigos
la costumbre, no ya de hablar de "independencia", sino incluso de
pensar en ella. Os pondrían de modo tajante y concreto ante el dilema: o estáis
por el régimen capitalista o estáis por los Soviets. Os habrían dicho: debéis
obrar así porque os lo sugerimos nosotros, vuestros amigos ingleses y
norteamericanos, los Wilson, y vuestros amigos franceses, los Clemenceau.
Por eso no podéis tener
absolutamente ninguna esperanza de que sea posible mantener la menor
independencia. No la habrá, y pensar en ella sería pensar en lo excusado.
Cuando, por una parte, se plantea de manera concreta el problema de conservar
la propiedad de uno, y, por otra, el proletariado encuentra su camino, no puede
haber término medio. La vida debe entrelazar fuertemente sus ramas o con el
capital o, más aún, con la República Soviética. Está clarísimo para todos que
el socialismo ha entrado en la fase de su realización. Está claro para todos
que no se pueden defender o sustentar por completo los planteamientos
pequeñoburgueses si se concede el derecho de sufragio a toda la población. Es
posible que los Wilson alimenten esas esperanzas; mejor dicho, no que alimenten
esperanzas, sino que se esfuercen por embellecer sus propios fines, propagando
esas ilusiones; pero debo decir que ahora no hay tantos que se crean esos
cuentos; y si los hay, son rarezas históricas, curiosidades de museo. (Aplausos.)
Discurso en el III Congreso de las cooperativas obreras
45
Debo decir que las discrepancias que desde un comienzo tenéis
respecto al mantenimiento de la "independencia" de las cooperativas
no son sino pujos que acabarán sin esperanza alguna de solución positiva. Esa
lucha no es seria y está en pugna con los principios de la democracia. Por más
que eso no debe extrañar, pues los Wilson también son "demócratas".
Afirman que no les queda por hacer más que una unificación, ya que poseen
tantos dólares que pueden comprar a toda Rusia, a toda la India, a todo el
mundo. Wilson encabeza esa compañía; tienen los bolsillos repletos de dólares,
y eso es lo que les permite hablar de la compra de Rusia, de la India y de todo
lo demás. Pero se olvidan de que, a escala internacional, los planteamientos
fundamentales se deciden de manera distinta por completo, se olvidan de que sus
planteamientos no pueden causar impresión más que en cierto medio, en cierto
sector. Se olvidan de que las resoluciones que aprueba todos los días la clase
más poderosa del mundo, y que sin duda aprobará por unanimidad nuestro
congreso, saludan la dictadura del proletariado, y sólo del proletariado, en el
mundo entero. Al aprobar esta resolución, nuestro congreso ha emprendido un
camino desde el que no queda ni puede quedar ningún puente a esa "independencia"
que hoy debatimos aquí. Sabéis que Carlos Liebknecht no sólo está de manera
bien definida en contra del campesinado pequeñoburgués, sino también en contra
de las cooperativas. Sabéis que Scheidemann y Cía. lo tratan por eso de soñador
y fanático; sin embargo, vosotros le habéis enviado un saludo, lo mismo que a
MacLean. Al expresar esa solidaridad con grandes dirigentes del movimiento
internacional, habéis quemado todas vuestras naves. Debéis manteneros firmes en
vuestras posiciones, ya que ahora no sólo os defendéis vosotros mismos, no sólo
defendéis vuestros derechos, sino también los de Liebknecht y MacLean. He oído
muchas veces a los mencheviques rusos condenar los compromisos, lanzar rayos y
centellas contra quienes mantenían negociaciones con los lacayos del káiser. De
eso han pecado no sólo los mencheviques rusos. Todo el mundo nos ha señalado
con el dedo, calificándonos severamente de "conciliadores". Pero
ahora, cuando ha comenzado la revolución mundial, ahora, cuando ellos se ven
obligados a conversar con los Haase y los Kautsky, tenemos derecho a decir,
caracterizando nuestra postura con un buen proverbio ruso: "Apartémonos y
veamos lo bien sentados que estamos"...
Conocemos nuestras
deficiencias, y señalarlas es fácil. Pero, desde fuera, las cosas parecen
distintas de como son en realidad. Sabéis que hubo momentos cuando en los otros
partidos no quedaba quien no condenara nuestro comportamiento y nuestra
política; y ahora conocemos a partidos enteros que se vienen con nosotros, que
quieren trabajar con nosotros72. La
rueda del movimiento revolucionario mundial ha girado de modo que ahora no nos
intimida absolutamente ninguna conciliación. Creo que nuestro congreso también
hallará su salida acertada de la situación que se ha creado. Esa salida es
únicamente la fusión de las cooperativas y el Poder de los Soviets. Sabéis que
Inglaterra, Francia, Norteamérica y España conceptuaban de experimento nuestra
actuación; pero ahora la conceptúan de otro modo: miran si todo marcha bien en
sus propios Estados. Claro que, desde el punto de vista físico, material,
financiero, son mucho más fuertes que nosotros; pero sabemos que, a pesar de su
brillo exterior, se están pudriendo por dentro; hoy son más fuertes que
nosotros, lo mismo que lo era Alemania cuando concertamos la paz de Brest. ¿Y
qué vemos ahora? En aquel momento todos se apartaron de nosotros. Pero ahora,
con cada mes de lucha por el afianzamiento de la República de los Soviets, no
sólo nos defendemos nosotros mismos, sino que defendemos también la obra
emprendida por Liebknecht y MacLean; vemos que Inglaterra, Francia,
Norteamérica y España se contagian de la misma enfermedad, se inflaman con el
mismo fuego que Alemania, con el fuego de la lucha general, universal de la
clase obrera contra el imperialismo. (Prolongados
aplausos.)
![]()
72 Se refiere a los partidos de los
"comunistas populistas" y de los "comunistas
revolucionarios" que se desgajaron del de los eseristas de izquierda
(véase la nota 53).
Discurso en el III Congreso de las cooperativas obreras
Publicado
íntegramente en 1919 en el folleto "Discursos de V. Lenin, V. Miliutin y
V. Noguín en el III Congreso de las Cooperativas Obreras".
T. 37, págs. 342-351.
Discurso
en el I Congreso Nacional de las Secciones Agrarias, de los Comités de ....
46
DISCURSO EN EL I CONGRESO NACIONAL DE
LAS SECCIONES AGRARIAS, DE LOS COMITÉS DE CAMPESINOS POBRES Y DE LAS COMUNAS.
El 11 de diciembre de
1918.
(Clamorosos aplausos que se transforman en ovación. Todos se ponen en
pie). Camaradas: La propia composición de este congreso muestra, a mi
parecer, las importantes transformaciones que hemos hecho y el gran paso que
hemos dado nosotros, la República Soviética, en la edificación socialista,
sobre todo en la esfera de las relaciones agrícolas, que son las más
importantes en nuestro país. El presente congreso agrupa a representantes de
las secciones agrarias, de los comités de campesinos pobres y de las comunas
agrícolas, y este agrupamiento prueba que nuestra revolución ha avanzado mucho
en el breve plazo de un año en la transformación de las relaciones más
difíciles de modificar, las relaciones que fueron el mayor freno para la causa
del socialismo en todas las revoluciones precedentes y que es necesario
transformar más a fondo para asegurar la victoria del socialismo.
La primera etapa, la primera
fase del desarrollo de nuestra revolución, a raíz de Octubre, estuvo dedicada
principalmente a vencer al enemigo común de todo el campesinado, a los
terratenientes.
Todos sabéis perfectamente,
camaradas, que la revolución de febrero —que fue una revolución burguesa, una
revolución de conciliadores— prometió ya a los campesinos esa victoria sobre
los terratenientes y no cumplió su promesa. Sólo la Revolución de Octubre, sólo
la victoria de la clase obrera en las ciudades, sólo el Poder soviético
permitió liberar de verdad a toda Rusia, del uno al otro confín, de la llaga
que suponía la herencia del viejo régimen de la servidumbre, la vieja
explotación feudal, la propiedad agraria terrateniente y la opresión del
campesinado en su conjunto, de todos los campesinos sin excepción, por los
terratenientes.
Para esta lucha contra los
terratenientes no podían menos de alzarse, y se alzaron en efecto, todos los
campesinos. Esta lucha unió a los campesinos trabajadores pobres, que no viven
de la explotación de trabajo ajeno. Esta lucha unió también a la parte más
acomodada e incluso más rica del campesinado, que no puede pasar sin trabajo
asalariado.
Mientras nuestra revolución
se dedicó a cumplir esta tarea, mientras hubimos de poner en tensión todas las
fuerzas para que el poder de los terratenientes fuera barrido de verdad y
destruido definitivamente por el movimiento independiente de los campesinos,
con ayuda del movimiento de los obreros de la ciudad, la revolución siguió
siendo una revolución campesina general, por lo cual no podía rebasar el marco
burgués.
En esa etapa, la revolución
no lesionaba aún al enemigo más fuerte y moderno de todos los trabajadores: el
capital. Amenazaba, por tanto, acabar en unas medias tintas como la mayoría de
las revoluciones de Europa Occidental, donde, merced a la alianza temporal de
los obreros de las ciudades y de todo el campesinado, se conseguía derrocar la
monarquía, barrer los vestigios de la Edad Media, barrer más o menos hasta el
fin la propiedad agraria terrateniente o el poder de los terratenientes, pero
jamás se lograba socavar las bases mismas del poder del capital.
Y es precisamente esa obra,
mucho más importante y difícil, la que ha empezado a realizar nuestra
revolución desde el verano y el otoño del año en curso. La ola de
insurrecciones
Discurso
en el I Congreso Nacional de las Secciones Agrarias, de los Comités de ....
contrarrevolucionarias que
se levantó el verano pasado, cuando todo lo que existía de explotador y opresor
en la vida rusa se sumó a la campaña que los imperialistas de Europa Occidental
y sus mercenarios, los del cuerpo de ejército checoslovaco, emprendieron contra
Rusia, esa ola despertó nuevas tendencias y una vida nueva en el campo.
Todas esas insurrecciones
unieron de hecho, en la lucha desesperada contra el Poder soviético, a los
imperialistas europeos, a sus mercenarios, los del cuerpo de ejército
checoslovaco, y a cuanto aún se mantenía en Rusia al lado de los terratenientes
y los capitalistas. Y tras ellos se sublevaron todos los kulaks del campo.
El campo ha dejado de estar
unido. En ese mismo campo, que luchó como un solo hombre contra los
terratenientes, se han formado dos bandos: el bando de los campesinos
trabajadores pobres, que siguen avanzando con paso firme al lado de los obreros
hacia el socialismo y pasan de la lucha contra los terratenientes a la lucha
contra el capital, contra el poder del dinero, contra los intentos de los
kulaks de hacer que la gran transformación agraria redunde en su provecho, y el
bando de los campesinos acomodados. Al apartar para siempre de la revolución a
las clases poseedoras y explotadoras, esta lucha llevó por entero nuestra
revolución a la vía socialista por la que quiso encarrilarla en Octubre con
firmeza y decisión la clase obrera de las ciudades, pero por la que no podrá
encauzarla jamás con garantía de victoria si no encuentra apoyo consciente,
firme y unánime en el campo.
47
Esa es la trascendencia de
la revolución registrada este verano y este otoño en los más apartados confines
de la Rusia agraria; una revolución sin estruendo, una revolución que no ha
sido tan visible ni ha saltado tanto a la vista de todos como la Revolución de
Octubre del año pasado, pero que tiene un alcance de profundidad e importancia
incomparablemente mayores.
La formación de los comités
de campesinos pobres en el campo fue un viraje y mostró que la clase obrera de
las ciudades, unida desde Octubre a todo el campesinado para derrotar al
enemigo principal de la Rusia libre, trabajadora y socialista, para derrotar a
los terratenientes, pasaba de esta tarea a otra mucho más difícil, superior en
el plano histórico y socialista de verdad: llevar también al campo la lucha
socialista consciente, despertar asimismo en el campo la conciencia. La gran
transformación agraria —la proclamación, en Octubre, de que se abolía la
propiedad privada de la tierra, la proclamación de que la tierra se
socializaba— habría quedado ineludiblemente en el papel si los obreros de las
ciudades no hubieran despertado a la vida al proletariado agrícola, a los
pobres del campo, al campesinado trabajador, que constituye la inmensa mayoría
y que, con el campesino medio, no explota trabajo ajeno, no está interesado en
la explotación y, por ello, es capaz de pasar, y ahora ha pasado, de la lucha conjunta
contra los terratenientes a la lucha proletaria general contra el capital,
contra el poder de los explotadores, los cuales se apoyan en la fuerza del
dinero, en la fuerza de los bienes muebles, y que, después de limpiar a Rusia
de terratenientes, ha pasado a establecer el régimen socialista.
Este paso, camaradas, era el
más difícil. Cuantos dudaban del carácter socialista de nuestra revolución nos
auguraban un fracaso ineludible en este paso, y de él depende ahora toda la
obra socialista en el campo. La constitución de los comités de campesinos
pobres, que se han propagado en vasta red por toda Rusia, y su transformación,
ya iniciada en parte, en Soviets rurales de diputados con plenitud de poderes,
llamados a aplicar en el campo los principios fundamentales de la edificación
soviética —del poder de los trabajadores— son la auténtica garantía de que no
nos limitaremos en nuestra labor a lo que se limitaron las revoluciones
democráticas burguesas corrientes en los países euroccidentales. Después de
haber acabado con la monarquía y con el poder medieval de los terratenientes,
pasamos ahora a la verdadera edificación socialista. En el campo, esta obra es
la más difícil, pero, al mismo tiempo, la más importante. Es la obra más grata.
Si se ha conseguido en el campo despertar
Discurso
en el I Congreso Nacional de las Secciones Agrarias, de los Comités de ....
la conciencia de la parte
trabajadora del campesinado; si ésta, en virtud precisamente de la ola de
insurrecciones capitalistas, se ha desligado para siempre de los intereses de
la clase capitalista; si el campesinado trabajador se funde cada vez más con
los obreros de las ciudades en los comités de campesinos pobres y en los
Soviets en proceso de transformación: si todo eso es así, nosotros vemos en
ello la única garantía —y, al mismo tiempo, la garantía más segura y, sin duda,
firme— de que hoy la obra de la edificación socialista se ha consolidado más en
Rusia. Ahora ha arraigado también en la enorme masa de la población rural que
se dedica a la agricultura.
No cabe duda de que la
edificación socialista es una tarea muy difícil en un país campesino como
Rusia. No cabe duda de que ha sido relativamente fácil barrer a enemigos como
el zarismo, el poder de los terratenientes y la propiedad agraria terrateniente.
Ha sido posible cumplir esta tarea en unos cuantos días en el centro y en unas
cuantas semanas en todo el país; mas, por su propia esencia, la tarea que
abordamos ahora puede cumplirse sólo mediante un trabajo de ahínco y duración
extraordinarios. En este terreno deberemos luchar paso a paso, pulgada a
pulgada; habrá que alcanzar en dura lid las conquistas de la nueva Rusia, de la
Rusia socialista; habrá que batallar por el laboreo colectivo de la tierra.
Y se comprende de por sí que
una transformación tan radical como el paso de las pequeñas haciendas
campesinas individuales al laboreo colectivo de la tierra requiere mucho tiempo
y en modo alguno puede hacerse de golpe y porrazo.
Sabemos muy bien que en los
países de pequeñas haciendas campesinas es imposible el paso al socialismo sin
toda una serie de etapas graduales previas. Comprendiéndolo así, la Revolución
de Octubre sólo se impuso por primera tarea barrer y destruir el poder
terrateniente. La ley básica de socialización de la tierra, promulgada en
febrero por decisión unánime, como sabéis, de los comunistas y de los que
participaban con ellos en el Poder soviético sin compartir su punto de vista,
expresa, al mismo tiempo, la voluntad y la conciencia de la inmensa mayoría de
los campesinos y demuestra que la clase obrera y el Partido Comunista obrero
comprenden cuál es su misión y marchan hacia la nueva obra socialista con tesón
y paciencia, haciendo transiciones graduales, despertando la conciencia de la
parte trabajadora del campesinado y avanzando sólo en la medida en que se
despierta esa conciencia, en la medida en que el campesinado ingresa en sus
organizaciones independientes.
48
Sabemos muy bien que
transformaciones tan grandiosas de la vida de decenas de millones de seres como
el paso de la pequeña hacienda campesina individual al laboreo colectivo de la
tierra, que llegan hasta los cimientos más hondos de la vida, sólo pueden realizarse
con un trabajo prolongado y cuando, en general, la necesidad misma obliga al
hombre a rehacer su vida.
Y después de una guerra
larga y atroz en todo el orbe vemos claramente el comienzo de la revolución
socialista en el mundo entero. Esta necesidad ha surgido incluso para los
países más atrasados, diciendo a todos y cada uno con lenguaje imperioso,
independientemente de los puntos de vista teóricos o de las doctrinas
socialistas que profese, que no se puede seguir viviendo como antes.
Cuando el país ha sufrido
una ruina y una bancarrota tan gigantescas; cuando vemos que esa bancarrota se
extiende a todo el mundo, que las conquistas de la cultura, de la ciencia y de
la técnica, logradas por la humanidad a lo largo de los siglos, han sido
arrolladas en cuatro años por esa guerra criminal, devastadora y rapaz, y que
toda Europa, y no sólo Rusia, retorna al salvajismo, las más vastas masas —y en
particular, el campesinado, que tal vez sea el que más ha sufrido de esa
guerra— comprenden perfectamente que es necesario hacer esfuerzos
extraordinarios, que es preciso poner en tensión todas las fuerzas para
librarse de esta herencia de la maldita guerra, culpable de tanta ruina y
miseria. Es
Discurso
en el I Congreso Nacional de las Secciones Agrarias, de los Comités de ....
imposible seguir viviendo
como antes, como vivíamos en los tiempos prebélicos, y no puede tolerarse por
más tiempo esa dilapidación de fuerzas y trabajo humanos que lleva implícita la
pequeña hacienda campesina individual. Si se pasara de esta pequeña hacienda
fraccionada a la hacienda colectiva, se duplicaría o triplicaría el rendimiento
del trabajo, se ahorraría la mitad o las dos terceras partes de trabajo humano
para la agricultura y para la actividad económica del hombre.
La ruina que nos ha dejado
en herencia la guerra en modo alguno permite restablecer la pequeña hacienda
campesina de antaño. Porque no se trata sólo de que la guerra ha despertado a
la masa de campesinos, de que les ha mostrado las maravillas dela técnica
existentes en la actualidad y su empleo para el exterminio de los hombres; se
trata además de que la guerra ha inducido la idea de que las maravillas de la
técnica deben ser utilizadas, ante todo, para transformar la rama de la
producción más atrasada, la más popular, la que tiene ocupadas a mayor número
de personas: la agricultura. Aparte de que les han despertado esa conciencia,
los hombres se han convencido, con los monstruosos horrores de la guerra
moderna, de cuán grandes son las fuerzas creadas por la técnica contemporánea y
de cómo se malgastan esas fuerzas en la guerra más horrenda y descabellada; se
han convencido también de que el único medio para salvarse de esos horrores
está en esas mismas fuerzas de la técnica. Tenemos la obligación y el deber de
orientar esas fuerzas para que discurra por nuevos cauces la rama más atrasada
de la producción, la agricultura, para rehacerla y, de ocupación inconsciente,
ejercida a la antigua, convertirla en una ocupación basada en la ciencia y en
las conquistas de la técnica. La guerra ha despertado esta conciencia en un
grado inconmensurablemente mayor de lo que podemos juzgar cada uno de nosotros.
Pero, además de despertar esa con ciencia, la guerra ha excluido también la
posibilidad de restablecer la producción a la antigua.
Se equivocan — y cada día
ven más claro su error— quienes sueñan con la posibilidad de volver, después de
esta guerra, a la situación existente antes de la conflagración, de restablecer
el sistema y la organización de la economía según los viejos métodos. La guerra
ha provocado una ruina tan espantosa que muchas pequeñas haciendas individuales
de nuestro país no tienen ahora ni ganado de labor ni aperos. No podemos
tolerar por más tiempo semejante dilapidación del trabajo del pueblo. Los
campesinos pobres, los campesinos trabajadores, que son quienes más sacrificios
han hecho por la revolución y quienes más han sufrido a causa de la guerra, no
han expropiado a los terratenientes para que la tierra vaya a parar a manos de
los nuevos kulaks. La propia vida plantea ahora de plano a estos campesinos
trabajadores la tarea de pasar al laboreo colectivo de la tierra como único
medio para restablecer la cultura hoy arrasada y destruida por la guerra, como
único medio para salir de la ignorancia, la opresión y el abatimiento a que fue
condenada por el capitalismo toda la masa de población rural; de la ignorancia
y del abatimiento que permitieron a los capitalistas abrumar durante cuatro
años a la humanidad con la guerra; de esa ignorancia y ese abatimiento que han
decidido desterrar hoy, cueste lo que cueste, con energía y pasión
revolucionarias, todos los trabajadores de todos los países.
Ahí tenéis, camaradas, las
condiciones que se han tenido que crear a escala mundial para que se planteara
a la orden del día —y en Rusia ha sido planteado así— el problema de esta
reforma dificilísima, que es al mismo tiempo la principal reforma socialista,
de esta transformación socialista, la más importante y radical. La organización
de comités de campesinos pobres y el presente congreso conjunto de las
secciones agrarias, los comités de campesinos pobres y las comunas agrícolas
nos prueban, en relación con la lucha sostenida en el campo durante el verano y
el otoño de este año, que se ha despertado la conciencia en las más vastas
masas de campesinos trabajadores y que la tendencia a implantar el laboreo
colectivo de la tierra existe en el seno del propio campesinado, entre la
mayoría de los campesinos trabajadores.
49
Discurso
en el I Congreso Nacional de las Secciones Agrarias, de los Comités de ....
Claro que, y lo repito,
debemos abordar esta transformación, la más importante de todas, de manera
paulatina. En este terreno no puede hacerse nada al instante, pero debo
recordaros que también en la ley básica de socialización de la tierra,
predeterminada ya al día siguiente de la Revolución del 25 de Octubre, en la
primera sesión del primer órgano de Poder soviético: el II Congreso de los
Soviets de toda Rusia, se promulgó una ley que proclamaba no sólo la abolición
para siempre de la propiedad privada de la tierra, no sólo la abolición de la
propiedad terrateniente, sino también, entre otras cosas, que los bienes, el
ganado de labor y los aperos que pasaban a manos del pueblo y de las haciendas
basadas en el trabajo personal debían convertirse asimismo en patrimonio
social, debían dejar de ser también propiedad privada de haciendas
particulares; pues bien, el artículo 11 de la ley de socialización de la
tierra, aprobada en febrero de 1918, ley que aclara el problema fundamental de
qué objetivos nos planteamos ahora, de qué tareas queremos cumplir en lo que se
refiere al régimen de posesión de la tierra y de qué medidas exhortamos a
adoptar en este terreno a los partidarios del Poder soviético, a los campesinos
trabajadores, dice que esa tarea consiste en fomentar la hacienda colectiva en
la agricultura por ser la más ventajosa desde el punto de vista del ahorro de
trabajo y productos, a expensas de las haciendas individuales, con el fin de
pasar a la hacienda agrícola socialista.
Camaradas: Cuando aprobamos
esa ley, no había, ni mucho menos, completas unanimidad y concordia entre los
comunistas y otros partidos. Por el contrario, promulgamos esa ley cuando en el
Gobierno soviético íbamos unidos los comunistas y el partido de los eseristas
de izquierda, que no compartía los puntos de vista comunistas. Y, a pesar de
ello, llegamos a un acuerdo unánime, que nos sirve de base también ahora,
teniendo presente, lo repetiré una vez más, que el paso de las haciendas
individuales al laboreo colectivo de la tierra no puede realizarse de golpe,
que la lucha que se entabló en las ciudades planteaba la cuestión de una manera
más sencilla. En las ciudades había un capitalista frente a mil obreros, y no
costó gran trabajo deshacerse de él. En cambio, la lucha entablada en el campo
era mucho más complicada. En un principio fue el ataque general de los
campesinos contra los terratenientes; en un principio fue la destrucción
completa del poder de los terratenientes, de forma que no pudiera resurgir; después,
la lucha en el seno del campesinado, en el que se restablecieron los nuevos
capitalistas personificados en los kulaks, personificados en los explotadores y
los especuladores que aprovechaban los excedentes de cereales para lucrarse a
costa de la población hambrienta, no agrícola, de Rusia. Era inminente una
nueva lucha, y vosotros sabéis que, en el verano del año en curso, esa lucha
llevó al estallido de toda una serie de insurrecciones. Por lo que se refiere a
los kulaks, no decimos que deban ser privados de todas sus propiedades, como
los terratenientes capitalistas. Decimos que debe ser aplastada la resistencia
de los kulaks a la aplicación de las medidas necesarias, como, por ejemplo, el
monopolio del trigo, que los kulaks no acatan para lucrarse mediante la venta
de los excedentes de grano a precios de especulación, mientras que los obreros
y los campesinos de las zonas no agrícolas pasan un hambre espantosa. En este
terreno, nuestra política ha sostenido siempre una lucha tan implacable como la
desplegada contra los terratenientes y los capitalistas. Pero quedaba, además,
la actitud de la parte más pobre del campesinado trabajador ante los campesinos
medios. Por lo que se refiere a estos últimos, nuestra política ha sido siempre
de alianza con ellos. El campesino medio en modo alguno es enemigo de las
instituciones soviéticas, ni enemigo del proletariado, ni enemigo del
socialismo. Vacilará, naturalmente, y accederá a pasar al socialismo sólo
cuando vea un ejemplo palmario, un ejemplo convincente de verdad de que ese
paso es necesario. Como es lógico, al campesino medio no se le puede convencer
con razonamientos teóricos o discursos propagandísticos — no confiamos en
ello—, pero lo convencerá el ejemplo y la cohesión de la parte trabajadora del
campesinado. Lo convencerá la alianza de este campesinado trabajador con el
proletariado, y, en este terreno, ciframos nuestras esperanzas en una labor
persuasiva larga y paulatina, en una serie de medidas de transición que pongan
en práctica el acuerdo de la
Discurso
en el I Congreso Nacional de las Secciones Agrarias, de los Comités de ....
parte proletaria,
socialista, de la población, el acuerdo de los comunistas —que sostienen una
lucha decidida contra todas las formas del capital— con los campesinos medios.
Y teniendo en cuenta estas
circunstancias, teniendo en cuenta que en el campo nos hallamos ante una tarea
incomparablemente más difícil, planteamos la cuestión de la misma manera que se
plantea en la ley de socialización de la tierra. Sabéis que en esa ley se
proclama la abolición de la propiedad privada de la tierra y el reparto
igualitario de la misma, sabéis también que así comenzamos a aplicar esa ley y
que así la hemos aplicado en la mayoría de las localidades campesinas. Mas, a
la vez, por acuerdo unánime y general de los comunistas y de los que no
compartían entonces los puntos de vista del comunismo, en la ley figura el
precepto que os acabo de leer y que proclama que nuestra tarea común, nuestro
objetivo común es pasar a la hacienda agrícola socialista, a la agricultura
colectiva, al laboreo colectivo de la tierra.
50
Cuanto más avanza el período de construcción, más claro ven los
campesinos establecidos ya en la tierra y los ex prisioneros de guerra —que
vuelven, extenuados y atormentados, del cautiverio por centenares de miles y
millones—, más y más claro ven la gigantesca magnitud de la labor que debemos
realizar para restablecer la economía, para sacar definitivamente a los
campesinos del viejo estado de abandono, opresión e ignorancia; más claro ven
que la única salida verdaderamente segura y capaz de incorporar a la masa
campesina a la vida cultural, verdaderamente capaz de colocarla en la misma
situación que el resto de los ciudadanos es el laboreo colectivo de la tierra.
Y a eso tiende continuamente ahora el Poder soviético con sus medidas
graduales. En aras de ese laboreo colectivo de la tierra se organizan comunas y
haciendas soviéticas. El significado de semejantes haciendas se explica en la
ley de socialización de la tierra. En la parte de esta ley, donde se dice quién
puede gozar del usufructo de la tierra, veréis figurar entre los derechos
habientes, personas e instituciones, primero, al Estado; segundo, a las
organizaciones sociales; tercero, a las comunas agrícolas y, cuarto, a las
cooperativas agrícolas. Vuelvo a recordaros que estos preceptos fundamentales
de la ley de socialización de la tierra se adoptaron cuando el Partido
Comunista hacía no sólo su voluntad, sino también, y a sabiendas, concesiones a
quienes expresaban de una u otra manera la conciencia y la voluntad de los
campesinos medios. Hemos hecho y hacemos concesiones de ese género. Hemos
concluido y concluimos acuerdos de esa naturaleza porque es imposible pasar de
golpe a esa forma colectiva de posesión de la tierra, al laboreo colectivo de
ésta, a las haciendas soviéticas, a las comunas. En esta cuestión es
imprescindible la influencia tenaz y perseverante del Poder soviético, que ha
asignado 1.000 millones de rublos para mejorar la agricultura, a condición de
que se pase al laboreo colectivo de la tierra. Esta ley prueba que queremos
influir en la masa de los campesinos medios, ante todo, mediante el ejemplo,
mediante su incorporación al mejoramiento de la agricultura, y que confiamos
únicamente en el efecto gradual de tales medidas para lograr esta profunda e
importantísima revolución en la economía de la Rusia agrícola.
La unión de los comités de
campesinos pobres, de las comunas agrícolas y de las secciones agrarias que
vemos en el presente congreso muestra y nos da plena seguridad en que, con esta
transición al laboreo colectivo de la tierra, la cuestión se plantea con
acierto, a verdadera escala socialista. Con esta labor constante y regular ha
de elevarse el rendimiento del trabajo. Para ello debemos aplicar los métodos
agrícolas óptimos e incorporar a esta obra a los especialistas en agronomía de
Rusia para poder aprovechar todas las haciendas mejor organizadas, que venían
sirviendo hasta ahora sólo como fuente de enriquecimiento de unos cuantos
individuos, como fuente del resurgimiento del capitalismo, de un nuevo yugo, de
una nueva servidumbre de los obreros asalariados, y que ahora, con la ley de
socialización y con la abolición absoluta de la propiedad privada de la tierra,
deben servir de fuente de conocimientos agrícolas, de cultura y aumento de la
productividad para los millones de
Discurso
en el I Congreso Nacional de las Secciones Agrarias, de los Comités de ....
trabajadores. En esta
alianza de los obreros de la ciudad y los campesinos trabajadores, en esta
formación de comités de campesinos pobres y en su transformación en
instituciones soviéticas reside la garantía de que la Rusia agrícola ha
emprendido ahora la senda que siguen uno tras otro, después de nosotros, pero
con mayor seguridad que nosotros, los Estados de Europa Occidental. Para esos
países ha sido mucho más difícil comenzar la revolución, ya que tenían por
enemigo a una clase capitalista culta y unida, y no a la putrefacta autocracia.
Pero vosotros sabéis que esa revolución ha empezado, que la revolución no se ha
circunscrito a las fronteras de Rusia, que nuestra esperanza principal, nuestro
pilar fundamental es el proletariado del oeste de Europa, de los países más
avanzados, que este apoyo principal de la revolución mundial se ha puesto en
movimiento, y estamos firmemente convencidos —el desarrollo de la revolución
alemana lo demuestra en la práctica— de que, en dichos países, el paso a la
economía socialista, el empleo de los métodos y la maquinaria agrícola más
modernos, así como la más rápida unión de la población trabajadora del campo se
efectuarán con mayor celeridad y menor dificultad que en nuestro país.
Hoy, los campesinos
trabajadores rusos pueden estar seguros de que, aliados con los obreros de la
ciudad, aliados con los proletarios socialistas del mundo entero, vencerán
todas las adversidades, todos los ataques de los imperialistas y llevarán a
cabo una obra sin la que es imposible emancipar a los trabajadores: el laboreo
colectivo de la tierra, la transición gradual, pero constante, de las pequeñas
haciendas individuales al laboreo colectivo de la tierra. (Clamorosos y prolongados aplausos.)
Publicado el 14 de
diciembre de 1918 en el núm. 272 de "Pravda".
T. 37, págs. 352-364.
Esbozo de reglamento para dirigir las instituciones soviéticas
51
ESBOZO DE REGLAMENTO PARA DIRIGIR LAS
INSTITUCIONES SOVIÉTICAS.
1
La discusión y solución
colectivas de todos los problemas relativos a la dirección de las instituciones
soviéticas deben ir acompañadas de la especificación, con toda exactitud, de la
responsabilidad de cada uno de los que desempeñan cualquier
cargo soviético por el cumplimiento
de funciones concretas, delimitadas
con claridad y sin ambigüedades, y tareas
prácticas.
La observancia de esta
regla, sin la cual es imposible llevar un auténtico control y seleccionar a las
personas más adecuadas para cada cargo o trabajo, debe ser, en adelante, absolutamente obligatoria.
Por eso todos los organismos
colegiados soviéticos y todas las instituciones soviéticas, sin excepción,
deberán:
1)
dar
inmediatamente una disposición sobre el reparto equitativo de funciones y
responsabilidades entre todos los componentes del consejo colegiado o
funcionarios;
2) determinar en seguida con la mayor
exactitud la responsabilidad de todos los que cumplen encargos del género que
sea, sobre todo relativos al acopio y distribución rápidos y adecuados de
materiales y productos.
La observancia de esta
regla, obligatoria para todas las instituciones soviéticas, lo es sobre todo
para los consejos de economía nacional y secciones de economía de los comités
ejecutivos locales, distritales, urbanos, etc. Estas secciones y estos consejos
de economía deben nombrar sin tardanza a las personas que han de asumir la
responsabilidad por el acopio rápido y adecuado de cada una de las materias primas y de cada uno de los productos que
la población necesita.
Todas las instituciones
dirigentes soviéticas, como son los comités ejecutivos, los Soviets
provinciales, urbanos, etc. de diputados procederán sin demora a reorganizar su
trabajo de manera que se ponga en primer orden el control efectivo del
cumplimiento real de las disposiciones de las autoridades centrales y de los
organismos locales. Las funciones de otro tipo se encomendarán, siempre que
ello sea posible, a comisiones auxiliares integradas por un número reducido de
miembros de la institución de que se trate.
2
Para poner coto al papeleo y
descubrir mejor los abusos, así como para desenmascarar y destituir a los
funcionarios deshonestos que se han infiltrado en las instituciones soviéticas,
se adoptan las siguientes reglas:
Se deberán colocar en lugar
visible de todas las instituciones soviéticas, dentro y fuera de sus locales,
para que los puedan ver todos sin necesidad de pases, los horarios y días de
audiencia para el público. Las salas de audiencia para el público deben tener
libre acceso, sin pases de ningún tipo en absoluto.
Esbozo de reglamento para dirigir las instituciones soviéticas
En todas las instituciones
soviéticas debe haber libros de registro en los que se anotará con la mayor
concisión el nombre de cada solicitante, el fondo de su petición y adónde ha
pasado la instancia.
Los domingos y días de fiesta debe haber horas de audiencia.
Los funcionarios de los
organismos de Control del Estado podrán asistir a todas las audiencias y están
obligados a hacerlo de tiempo en tiempo, durante las horas de visita, así como
a revisar los libros de registro y levantar acta de su visita, de la revisión
del libro y de las respuestas del público a sus preguntas.
Los Comisariados de Trabajo,
Justicia y Control del Estado abrirán en todas partes oficinas de información,
con horario anunciado de consulta y acceso libre, gratuito y sin pases para
todos, siendo obligatorio su funcionamiento los domingos. Dichas oficinas de
información estarán obligadas no sólo a dar respuesta oral o escrita a todas
las preguntas, sino también a escribir gratis las solicitudes de los
analfabetos o incapaces de exponer con claridad su caso. Será obligatorio que
en estas oficinas participen militantes de todos los partidos representados en
los Soviets, así como miembros de los partidos que no entran en el gobierno, de
los sindicatos sin filiación política y de las uniones de intelectuales sin
partido.
3
La defensa de la República
Soviética exige de manera imperiosa la mayor economía de fuerzas y el máximo
rendimiento en el trabajo del pueblo.
Con este objeto se dispone
—en primer orden a todas las instituciones soviéticas, haciéndolo luego
extensivo a todas las empresas y consejos colegiados— que:
52
1.
Cada
sección más o menos independiente de todas las instituciones soviéticas sin
excepción deberá presentar en el plazo de tres días al comité ejecutivo local
(y en Moscú, al Comisariado del Pueblo de Justicia también) una breve
información sobre lo siguiente: a) nombre de la entidad; b) nombre de la
sección; c) carácter de su labor, descrita con la mayor concisión; d)
enumeración de subsecciones, negociados u otras oficinas; e) número de
empleados de cada sexo; f) volumen de trabajo en la manera que pueda expresarse,
por ejemplo, número de expedientes, magnitud de la correspondencia e índices
semejantes.
Los comités ejecutivos
locales (y en Moscú, el CE del Soviet de Diputados, de acuerdo con el
Comisariado del Pueblo de Justicia y el Presídium del CEC) procederán
inmediatamente a: 1) tomar medidas para comprobar si las reglas antes expuestas
se observan debida y oportunamente; 2) hacer en el término de una semana, a
contar desde el momento de recibir la información mencionada, un plan para
coordinar, agrupar y fundir los
negociados que tramitan expedientes similares u homogéneos.
Las comisiones designadas
por las instituciones arriba mencionadas para cumplir esta tarea estarán
compuestas de representantes de los Comisariados del Interior, Justicia,
Control del Estado y Trabajo, así como de otros también, en caso de necesidad,
y deberán presentar semanalmente al
Consejo de Comisarios del Pueblo y al Presídium del CEC informes concisos de lo que se ha hecho para fusionar
negociados homogéneos y para ahorrar trabajo.
2.
En
todas las ciudades donde existan secretarías o negociados homogéneos centrales,
regionales, urbanos, provinciales o distritales, la instancia superior
constituirá inmediatamente comisiones con el objeto de coordinar y unir a todas
esas instancias y economizar el máximo de fuerzas; además, estas comisiones se
regirán, ateniéndose a las reglas y plazos indicados en el artículo 1.
Esbozo de reglamento para dirigir las instituciones soviéticas
3. A esas mismas comisiones (arts. 1 y 2),
y con el mismo fundamento, se encarga la adopción de medidas urgentes para
remplazar en todo lo posible el trabajo masculino por el trabajo femenino y
hacer listas de los hombres que puedan pasar a trabajar en el ejército o para
el ejército, así como a desempeñar otras funciones de carácter ejecutivo y
práctico, pero no oficinesco.
4. Se encomienda a esas mismas comisiones
(arts. 1 y 2), de acuerdo con las organizaciones locales del PCR, que hagan
cambios de personal de manera que los militantes del PCR (con antigüedad mínima
de dos años) ejerzan sólo cargos de dirección y responsabilidad, los otros
cargos podrán desempeñarlos miembros de otros partidos o personas sin filiación
política con el fin de librar al mayor número posible de militantes del PCR
para el ejercicio de otras funciones.
Escrito
el 12 de diciembre de 1918. Publicado por primera vez en 1928, en la
"Recopilación Leninista", t. VIII.
T. 37, págs. 365-368.
Discurso en la Conferencia obrera del barrio de Presnia
53
DISCURSO EN LA CONFERENCIA OBRERA DEL
BARRIO DE PRESNIA.
El 14 de diciembre de
1918.
Camaradas: Permitidme que
hable de algunos de los problemas planteados para hoy. El primero es el de la
situación internacional; y el segundo, el de nuestra actitud con los partidos
demócratas pequeñoburgueses.
Quisiera decir unas palabras
sobre la situación internacional. Sabéis que el imperialismo angloamericano y
francés ha declarado en la actualidad una gran campaña contra la República
Soviética de Rusia. Los imperialistas de estos países hacen propaganda contra
Rusia entre sus obreros, y en esa propaganda acusan a los bolcheviques de que
se apoyan en la minoría y no respetan a la mayoría. Puesto que la inmensa
mayoría de los periódicos de Francia e Inglaterra pertenece a la burguesía,
esas patrañas contra el Gobierno soviético se divulgan allí con rapidez y sin
obstáculos. Por eso no vale la pena preocuparse de ese cuento tan ridículo y
absurdo de que los bolcheviques se apoyan en Rusia en la minoría de la
población. Es un cuento tan absurdo para todos los que ven lo que pasa en
nuestro país que no merece siquiera que lo desmientan, que no llama siquiera la
atención. Pero cuando uno lee periódicos de Inglaterra, Francia y Norteamérica
—a propósito sea dicho, sólo nos llegan diarios burgueses—, puede convencerse
de que la burguesía sigue divulgando esos embustes.
Entre nosotros, los únicos
privados del derecho electoral y de participar o influir en la vida política
del país son los explotadores, los que no viven de su trabajo, sino explotando
a otros. Hay muy pocos de ésos en el total de la población. Podéis haceros una
idea de la gente que explota trabajo asalariado en las ciudades. La propiedad
privada de la tierra ya no existe; los terratenientes han sido despojados de
sus fincas y, en cuanto a los quiñoneros73 que
ya expoliaban a los campesinos durante la gobernación de Stolypin, han sido
despojados de sus tierras; el número de los que explotan trabajo ajeno en el
campo es también insignificante. Pero el Gobierno soviético no les dice que los
priva del derecho electoral. Les dice que reconocerá el derecho de participar
en la administración pública a todo el que esté dispuesto a dejar de explotar
trabajo ajeno. Si quiere ser obrero, con mil amores; si quiere ser explotador,
no sólo no le daremos paso ni lo elegiremos, sino que tampoco le permitiremos
que coma a costa del trabajo ajeno.
Pues bien, por esta base de
nuestra Constitución se ve ya que el Poder soviético se apoya en quienes
trabajan, y a ellos les otorga el derecho de organizar la vida pública; se ve
que se apoya en la inmensa mayoría, en la mayoría aplastante de la población.
Cada congreso de los Soviets
— y hasta ahora ha habido seis— nos demuestra que los representantes de los
obreros, de los campesinos y de los soldados rojos, los representantes de la
mayoría de la población que vive de su propio trabajo, y no del trabajo ajeno,
constituyen la base, más sólida cada día, del Poder soviético. El I Congreso de
los Soviets se
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73
Quiñoneros (en ruso, otrubniki): campesinos que, conforme a la ley del presidente del
Consejo de Ministros, Stolypin, del 14 de junio de 1910, podían salirse de la
comunidad con su parcela en propiedad personal y venderla. La comunidad rural
estaba obligada a entregar tierra en un solo lugar (quiñon, caserío) a los
campesinos que se salían de ella. La reforma de Stolypin acentuó el proceso de
desarrollo del capitalismo en la agricultura y la disociación del campesinado y
exacerbó la lucha de las clases en el campo
Discurso en la Conferencia obrera del barrio de Presnia
celebró en junio de 1917,
cuando Rusia era una república burguesa y hacía una guerra imperialista; se
celebró en ese mismo mes de junio de 1917 en que Kerenski lanzó las tropas a la
ofensiva y sacrificó millones de vidas en las batallas. En ese congreso, los
comunistas, o bolcheviques, éramos sólo el 13 por ciento, es decir, la séptima
parte. En el II Congreso de los Soviets, que dio comienzo al poder de los
obreros y los campesinos, los bolcheviques éramos ya el 51 por ciento, la
mitad; y en el V Congreso, que se celebró en julio del corriente, los
bolcheviques éramos el 66 por ciento. Fue entonces cuando los eseristas de
izquierda, al ver con qué rapidez crecía y se desarrollaba el bolchevismo, se
embarcaron en una aventura que tuvo por resultado su división completa. De esa
escisión surgieron tres partidos distintos, el último de los cuales —el de los
comunistas populistas— se pasó a los bolcheviques, y toda una serie de
dirigentes tan destacados como Kolegáev también se pasó.
En el VI Congreso de los
Soviets, los bolcheviques han constituido el 97 por ciento, es decir,
prácticamente, todos los representantes de los obreros y campesinos de toda
Rusia. Esto muestra cómo se va agrupando hoy la inmensa mayoría de los
trabajadores en torno al Poder soviético y hasta qué punto son ridículos y
absurdos el cuento y la afirmación de la burguesía de que los bolcheviques se
apoyan sólo en la minoría de la población. La burguesía miente de ese modo
porque nos quiere hacer pagar la deuda de 17.000 millones que contrajo el
gobierno zarista con los capitalistas, esa deuda de 17.000 millones que
nosotros hemos anulado y que no reconocemos. (No pensamos pagar por los
gobernantes anteriores. Admitimos que la deuda se contrajo, pero decimos: muy bien,
ustedes contrajeron la deuda, pues ajusten la cuenta entre ustedes.) Los
aliados quieren endosarnos la deuda y restablecer el poder de los
terratenientes y del zar. Sabemos lo que han hecho en Arjánguelsk, Samara y
Siberia, donde hasta los mencheviques y los eseristas de derecha — que después
del Tratado de Paz de Brest se hicieron enemigos nuestros y creían que nuestra
esperanza en el estallido de la revolución en Alemania quedaría defraudada— se
han convencido ahora de que los disuelven a ellos mismos y de que, con la ayuda
de las tropas inglesas y checoslovacas, se restablece a los terratenientes y la
propiedad privada.
54
A pesar de que los periódicos ingleses y franceses ocultan la
verdad, ésta se va abriendo camino en sus países. Los obreros sienten y
comprenden que la revolución de Rusia es suya, es una revolución de obreros,
una revolución socialista. Incluso en Francia e Inglaterra vemos ahora un
movimiento obrero que lanza las consignas de "¡Fuera de Rusia las
tropas!" y "¡Quien haga la guerra a Rusia es un criminal!"
Recientemente se ha celebrado en el salón Albert Hall de Londres un mitin socialista,
y, según las noticias recibidas, pese a todos los esfuerzos del Gobierno inglés
por interceptarlas, los reunidos han planteado la reivindicación de
"¡Fuera de Rusia las tropas!", y todos los dirigentes obreros han
afirmado que la política del Gobierno inglés es una política de expoliación y
violencia. También nos ha llegado la noticia de que MacLean —antes maestro de
escuela en Escocia— llamó a los obreros de los principales distritos
industriales de Inglaterra a que declarasen la huelga, por tratarse esta guerra
de una guerra de rapiña. Con ese motivo, fue encarcelado; luego volvieron a
detenerlo; pero cuando en Europa ha estallado el movimiento revolucionario, ha
sido puesto en libertad, y él ha presentado su candidatura para diputado al
Parlamento por Glasgow, una de las mayores ciudades del norte de Inglaterra y
Escocia. Esto demuestra que el movimiento obrero inglés y sus reivindicaciones
revolucionarias adquieren más fuerza cada día. El Gobierno inglés se vio
obligado a poner en libertad a MacLean, su enemigo más encarnizado, que se
llama a sí mismo bolchevique inglés.
En Francia, donde los
obreros siguen aún imbuidos de chovinismo y donde todavía se piensa que la
guerra se hace sólo en defensa de la patria, se acrecientan los estados de
ánimo revolucionarios. Ahora, cuando Inglaterra y Francia han vencido a los
alemanes, vosotros sabéis que les han impuesto unas condiciones cien veces más
duras que las de la paz de Brest. Hoy, la revolución en Europa se ha hecho
realidad. Los aliados, que se jactaban de que
Discurso en la Conferencia obrera del barrio de Presnia
liberaban a Alemania del
káiser y del militarismo, han caído tan bajo que llegan a desempeñar el papel
que desempeñaron las tropas rusas en tiempos de Nicolás I , cuando Rusia era un país de ignorantes, cuando Nicolás I mandó a
las tropas rusas a sofocar la revolución húngara. Eso ocurrió hace más de
sesenta años, bajo el viejo régimen de la servidumbre. Y hoy, la libre
Inglaterra y otros países se han convertido en verdugos y se creen que pueden
sofocar la revolución y acallar la verdad. Pero esta verdad saltará todas las
barreras, tanto en Francia como en Inglaterra, y los obreros comprenderán que
han sido engañados y embarcados en una guerra para saquear a otro país, y no
para liberar a Francia o a Inglaterra. Hoy nos enteramos de que en el Partido
Socialista Francés74, que antes apoyaba la defensa de la
patria, hay personas que simpatizan fervorosamente con la República Soviética y
protestan contra la intervención armada en Rusia.
Por otra parte, el
imperialismo anglo-francés amenaza con atacar a Rusia y apoya a los Krasnov y
los Dútov, apoya la restauración de la monarquía en Rusia y cree que puede
engañar a un pueblo libre. Sabemos que, desde el punto de vista militar, los
imperialistas son más fuertes que nosotros. Hace mucho que lo sabemos y que lo
hemos dicho. Hemos recabado la ayuda de todos al Ejército Rojo para defendernos
y repeler a los saqueadores y bandidos. Pero cuando se nos dice: "Como el
imperialismo anglo-francés es más fuerte, nuestra causa está perdida",
respondemos: "Recordad la paz de Brest.
¿Acaso no gritaba entonces
toda la burguesía de nuestro país que los bolcheviques habíamos vendido Rusia a
los alemanes? ¿No se gritaba entonces que los bolcheviques, al confiar en la
revolución alemana, confiaban en una visión, en una fantasía?"
El resultado ha sido que el
imperialismo alemán, entonces mucho más fuerte que nosotros y con todas las
posibilidades de saquear a Rusia, porque no teníamos ejército, y el viejo
ejército no podía ni sabía combatir ya porque los hombres estaban tan agotados
por la guerra que ya no tenían fuerzas para combatir, y quienes estén enterados
de lo que pasaba entonces comprenderán que no podíamos defendernos en absoluto
y, por lo tanto, podía caer todo el poder de Rusia en manos de las fieras del
káiser alemán; pues bien, pasados unos meses, los alemanes se atascaron tanto
en esta Rusia y encontraron en ella tanta resistencia y tanta agitación entre
los soldados alemanes que ahora, según me ha dicho Zinóviev, presidente de la
Comuna Septentrional de Petrogrado, cuando los representantes de Alemania huían
de Rusia, el cónsul alemán le declaró: "En efecto, aún no se sabe quién ha
sacado más provecho, ustedes o nosotros". Veía que los soldados alemanes,
muchísimo más fuertes que nosotros, se habían contagiado de la enfermedad del
bolchevismo, y Alemania está hoy envuelta en la revolución y allí se lucha por
el poder de los Soviets. El Tratado de Paz de Brest, calificado de plena
bancarrota de los bolcheviques, ha resultado ser sólo una transición a la
posibilidad de crear ahora el Ejército Rojo, después de habernos afianzado.
Entretanto, las tropas alemanas se han contagiado de bolchevismo, y sus
victorias aparentes han resultado ser sólo un paso hacia la derrota completa
del imperialismo alemán, un peldaño de paso a la ampliación y desarrollo de la
revolución mundial.
55
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74
El Partido Socialista Francés se fundó en
1905 como resultado de la fusión del Partido Socialista (guesdistas) y el
Partido Socialista Francés (jauresistas). Al frente del partido unificado se
pusieron los reformistas. Sus dirigentes se pasaron desde el comienzo de la
guerra imperialista mundial a las posiciones socialchovinistas, de apoyo
manifiesto a la guerra imperialista y de participación en el gobierno burgués.
En este partido existía una tendencia centrista, encabezada por J. Longuet, que
sostenía el criterio del socialpacifismo y aplicaba una política de
conciliación con los socialchovinistas. En el PSF habla también un ala
izquierda, revolucionaria, que ocupaba posiciones internacionalistas y estaba
representada principalmente por militantes de la base. Después de la Revolución
Socialista de Octubre se desplegó en el partido una enconada lucha entre los
reformistas declarados y los centristas, por un lado, y el ala izquierda,
revolucionaria, reforzada merced al ingreso en masa de obreros de filas en el partido,
por otro. En el congreso de Tours, celebrado en diciembre de 1920, obtuvo
mayoría el ala revolucionaria. El congreso acordó adherir el partido a la
Internacional Comunista y fundó el Partido Comunista de Francia. La mayoría
reformista y centrista se separó del partido y formó otro independiente,
conservando la vieja denominación de Partido Socialista Francés.
Discurso en la Conferencia obrera del barrio de Presnia
Durante el período de la paz
de Brest estábamos solos. Toda Europa tenía la revolución rusa por un fenómeno
excepcional; creía que nuestra revolución era una "revolución
asiática" que se había iniciado con tanta rapidez y había derrocado al zar
porque Rusia era un país atrasado, y que pasó tan pronto a confiscar la
propiedad privada y a la revolución socialista en virtud de su atraso. Eso
creía Europa. Pero olvidaba que la revolución rusa había tenido otra causa, y
es que para Rusia no había otra salida. La guerra había originado tanta ruina y
miseria por doquier, había agotado tanto al pueblo y a los soldados, los cuales
vieron que los habían estado engañando tanto tiempo, que a Rusia no le quedaba
más que una salida: la revolución.
A los alemanes se les decía
que había que defenderse de la invasión rusa; pero ahora cada día que pasa
queda más desenmascarada esa mentira. Los capitalistas y los generales de
Alemania siguieron enviando tropas contra Rusia incluso cuando ésta era ya un
país socialista. Entonces justamente es cuando hasta el soldado alemán más
ignorante vio claro que lo habían venido engañando y mandando a la guerra
durante los cuatro años que ésta duró para que los capitalistas alemanes
pudieran saquear a Rusia. La misma causa que provocó el hundimiento del
imperialismo alemán y el estallido de la revolución en Alemania aproxima de día
en día y de hora en hora la revolución en Francia, Inglaterra y otros países.
Estábamos solos. Ahora no lo estamos. Ahora ha estallado la revolución en
Berlín, Austria y Hungría; incluso en Suiza, Holanda y Dinamarca, países libres
que no se vieron complicados en la guerra, el movimiento revolucionario crece,
y los obreros exigen que se constituyan los Soviets. Ahora resulta que no hay
otra salida. La revolución madura en todo el mundo. Nosotros hemos sido los
primeros y debemos defender la revolución hasta que nos alcancen nuestros
aliados, los obreros de todos los países de Europa. Y estos aliados estarán más
cerca de nosotros cuanto más se extralimiten sus gobiernos.
Cuando, en el período de la
paz de Brest, los alemanes se creían los amos, en realidad estaban a un paso
del desastre. Y al imponerles ahora Francia e Inglaterra unas condiciones de
paz mucho más duras y humillantes que las que nos impuso entonces Alemania, se
encuentran al borde del precipicio. Por mucho que mientan, ahora se encuentran
a unos pasos de su ruina. Les asusta esa ruina y, cada día que pasa, quedan más
desenmascaradas sus mentiras. Nosotros afirmamos que por más que estos
imperialistas mientan en sus periódicos, nuestra causa es sólida, mucho más
sólida que la de ellos, pues se apoya en la conciencia de las masas obreras de
todos los países; esta conciencia se formó durante la guerra, que tuvo cuatro
años anegado en sangre al mundo. Después de esta guerra no subsistirán los
antiguos gobiernos. Los viejos gobiernos dicen ahora que están contra el
bolchevismo mundial. Los obreros saben qué está ocurriendo en Rusia: que se
persigue a los terratenientes y a los capitalistas, y éstos llaman en su auxilio
a soldados mercenarios del extranjero. Ahora la situación está clara para
todos; la comprenden los obreros del mundo entero, y pese al salvajismo y la
saña de los imperialistas, los combatimos con valentía, convencidos de que cada
paso que den dentro de Rusia será un paso hacia su hundimiento y que les va a
suceder lo mismo que a las tropas alemanas, que de Ucrania se llevaron el
bolchevismo ruso en vez de trigo.
En Rusia el poder es de los
trabajadores, y si éstos no lo sostienen en sus manos, nadie podrá curar jamás
las heridas causadas por esta guerra sangrienta y abrumadora. Dejar el poder a
los antiguos capitalistas significaría descargar todo el peso de la guerra
sobre las espaldas de la clase de los trabajadores para que pagasen ellos toda
la contribución que les impusieran por esta guerra.
Inglaterra, Norteamérica y
el Japón riñen hoy por ver qué parte se lleva cada cual del botín saqueado.
Ahora está ya repartido
todo. Wilson es el presidente de la república más democrática del mundo. Y ¿qué
dice? En ese país, muchedumbres chovinistas matan a tiros en medio de la
Discurso en la Conferencia obrera del barrio de Presnia
calle a quien pronuncia una
sola palabra a favor de la paz. A un sacerdote que jamás ha sido
revolucionario, lo han sacado a rastras a la calle y le han pegado una paliza
hasta hacerle sangrar por el mero hecho de predicar la paz. Allí donde reina el
terror más feroz, el ejército sirve hoy para estrangular la revolución, para
amenazar con aplastar la revolución alemana. En Alemania, la revolución comenzó
hace muy poco, tan sólo un mes, y el dilema allí más candente es el de Asamblea
Constituyente o Poder de los Soviets. Allí toda la burguesía está por la
Asamblea Constituyente, y otro tanto puede afirmarse de todos los socialistas
que se hicieron lacayos del kaiser y no se atrevieron a comenzar la guerra
revolucionaria. Toda Alemania está dividida en dos campos. Los socialistas son
hoy partidarios de la Asamblea Constituyente; pero Carlos Liebknecht, que se ha
pasado tres años en la cárcel, está, como Rosa Luxemburgo, a la cabeza de La Bandera Roja75.
Ayer recibimos en Moscú un ejemplar de este periódico; ha llegado a nuestras
manos después de grandes dificultades y peripecias. Podréis ver en él una serie
de artículos escritos por dirigentes de la revolución, en los que todos ellos
hablan del engaño del pueblo por la burguesía. La voluntad de Alemania estaba
en manos de los capitalistas, que no publicaban más que sus periódicos; pero he
ahí a La Bandera Roja diciendo que
únicamente las masas obreras tienen derecho a gozar del patrimonio nacional. Ahora, aunque ha transcurrido sólo un mes
desde el comienzo de la revolución en Alemania, todo el país está dividido en
dos campos. Todos los socialistas traidores gritan que son partidarios de la
Asamblea Constituyente; y los socialistas, los verdaderos socialistas, los
socialistas honrados afirman: "Todos nosotros estamos en pro del poder de
los obreros y de los soldados". No dicen "en pro de los
campesinos" porque una parte considerable de los campesinos alemanes
contrata asimismo a obreros; pero dicen: "en pro de los obreros y de los
soldados". Dicen: "en pro de los pequeños campesinos". El Poder
de los Soviets es ya allí una forma de gobierno.
56
El Poder soviético es un poder universal. Viene a sustituir al
viejo Estado burgués; la república y no sólo la monarquía, si deja a los
capitalistas que conserven sus bienes —las fábricas, los talleres, los bancos,
las imprentas—, es una forma de saqueo burgués del pueblo. Y los bolcheviques
tenían razón cuando decían que la revolución mundial estaba en crecimiento. La
revolución mundial se desarrolla de distinta manera en los diferentes países.
Transcurre siempre durante largo tiempo y es dura. Mal socialista es el que
crea que los capitalistas renunciarán al punto a sus derechos sin resistir. El
mundo no ha dado todavía a capitalistas tan bondadosos, no. El socialismo puede
desarrollarse sólo en lucha contra el capitalismo. Aún no ha existido nunca una
clase dominante que cediera sus posiciones sin lucha. Los capitalistas saben
qué es el bolchevismo. Antes decían: "la mentecatez rusa y el atraso ruso
están haciendo allí jugarretas de las que no resultará nada. Los bolcheviques
van en Rusia tras visiones procedentes del otro mundo". Pero esos mismos
señores capitalistas ven hoy que esta revolución es un incendio mundial y que
únicamente el poder de los trabajadores puede salir vencedor.
Ahora estamos pasando a
organizar los comités de campesinos pobres. En Alemania, la inmensa mayoría de
la población rural son braceros o pequeños campesinos. Los grandes campesinos
son las más de las veces en Alemania algo así como terratenientes.
Ayer, el gobierno suizo
expulsó del país a nuestro representante en Suiza, y nosotros conocemos la
causa. Sabemos que los imperialistas franceses e ingleses temen los telegramas
que nos enviaba todos los días, en los que nos informaba de los mítines que se
vienen celebrando en Londres, donde los obreros ingleses clamaban: "¡Fuera
de Rusia las tropas inglesas!" Nos enviaba noticias de Francia también. Se
dice que los imperialistas presentaron un ultimátum a los representantes de
Rusia. Los representantes del Gobierno
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75 "Die Rote Fahne" ("La Bandera Roja"): periódico
fundado por Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo como órgano central de la Liga
Espartaco; posteriormente, órgano central del Partido Comunista de Alemania.
Apareció en Berlín desde el 9 de noviembre de 1918 y fue reprimido y clausurado
en reiteradas ocasiones por las autoridades alemanas.
Discurso en la Conferencia obrera del barrio de Presnia
soviético han sido
expulsados también de Suecia y deberán regresar a Rusia. Pero aún es demasiado
pronto para que canten victoria. Es una victoria barata. Ese paso aún no
conduce a nada. Por más que los "aliados" oculten la verdad y quieran
engañar al pueblo, por mucho que se empeñen en librarse de los representantes
de la Rusia soviética, el pueblo acabará por enterarse de toda la verdad.
Y elevamos ante vosotros
nuestro clamor: ¡dar con todas las fuerzas enérgica réplica a los
"aliados" y apoyar al Ejército Rojo! Se comprenderá todo lo que nos
pasaba cuando no teníamos Ejército Rojo. Pero ahora vemos que el Ejército Rojo
se va fortaleciendo y pugna por la victoria. Frente a nuestro ejército están
las tropas inglesas. Y nuestro ejército cuenta con mandos sacados ayer mismo de
la clase obrera y que sólo ayer acabaron por primera vez los cursillos de
preparación militar. Tenemos una serie de testimonios de que cuando hacemos
prisioneros y les damos a leer la Constitución de nuestra república en inglés,
se dicen: "Nos han engañado. El Poder soviético no es lo que creíamos, el
Poder soviético es el poder de los trabajadores". Y nosotros les
respondemos: "Sí, camaradas, combatimos no sólo en pro de la Rusia
Soviética; peleamos por el poder de los obreros y de los trabajadores de todo
el mundo". Mientras nosotros contenemos la embestida del imperialismo, se
fortalece la revolución en Alemania. Se fortalece también en todos los demás
países. Por eso, como quiera que se la denomine en Europa, la revolución, esta
revolución mundial se alza cual alta es, y el imperialismo internacional se
hundirá. Por difícil que sea nuestra situación, nos da la seguridad de que no
luchamos por una causa justa nosotros solos, de que tenemos aliados, y estos
aliados son los obreros de cada país.
Camaradas, después de estas
observaciones sobre nuestra situación internacional quiero decir unas palabras
sobre otros problemas. Quiero hablar de los partidos pequeñoburgueses. Estos
partidos se consideraban a sí mismos socialistas, pero no lo son. Sabemos
perfectamente que instituciones como los bancos, las cajas y las sociedades
mutualistas en el capitalismo son denominadas de "autoayuda", pero
eso no es así en absoluto; en realidad, con esa denominación se encubre el
latrocinio. Esos partidos, esos señores mencheviques y eseristas de derecha que
parecían estar con el pueblo, resultó que, cuando la clase obrera rusa
rechazaba los ataques de Krasnov (que fue detenido por nuestras tropas y,
lamentablemente, puesto en libertad debido a la excesiva buena fe de los
petrogradenses), se pasaron al lado de la burguesía.
57
Esos partidos de la pequeña
burguesía nunca saben con quién ir: con los capitalistas o con los obreros; los
componen personas que viven con la esperanza de hacerse ricos algún día. Ven
continuamente que la mayoría de pequeños propietarios que los rodean viven mal
y que todos son pueblo trabajador. Pues bien, estos partidos pequeñoburgueses,
que están dispersos por todo el mundo, han comenzado a vacilar. Eso no es
nuevo. Siempre han vacilado y lo mismo les sucede en nuestro país. Cuando
concertamos el Tratado de Paz de Brest —fue el período más duro de nuestra
revolución, pues no teníamos ejército y nos vimos forzados a firmarlo, pero
diciéndonos: no abandonaremos ni por un instante nuestra labor socialista— ,
todos ellos nos dieron la espalda. Olvidaron que Rusia hacía sacrificios
supremos en aras de la revolución socialista, y ellos se pasaron al bando de
los defensores de la Asamblea Constituyente; han aparecido partidarios de ésta
en Samara y en Siberia. Y ahora los tiran de allí y les hacen ver que no hay
más opción que entre el poder de los terratenientes y el poder de los
bolcheviques. Que no puede haber ningún término medio. O el poder de los
opresores o el poder de los oprimidos. Los campesinos pobres pueden seguirnos
únicamente a nosotros. Y nos seguirán sólo cuando vean que no tenemos
miramientos con el viejo régimen y que todo lo que hacemos va en beneficio del
pueblo. El pueblo ha podido apoyar durante un año, a pesar de las terribles
condiciones y del hambre, sólo a un poder así de los Soviets. Los obreros y los
campesinos saben que, por más dura que sea la guerra, el gobierno obrero y
campesino hará todo cuanto pueda contra los explotadores capitalistas para que
Discurso en la Conferencia obrera del barrio de Presnia
todo el peso de la guerra
recaiga sobre las espaldas de esos señores y no sobre las de los obreros. Y el
pueblo viene apoyando ya durante más de un año el poder obrero y campesino.
Hoy día, cuando ha estallado
la revolución alemana, los mencheviques y los eseristas empiezan a dar un
viraje. Los mejores de ellos anhelaban el socialismo. Pero creían que los
bolcheviques iban en pos de visiones, de una fantasía, y ahora se han convencido
de que los bolcheviques esperaban una realidad viva, y no el fruto de una
fantasía. Ven que la revolución mundial ha comenzado y se extiende por todo el
mundo; y los mejores de entre los mencheviques y los eseristas empiezan a
arrepentirse de sus errores y a comprender que el Poder soviético no es sólo
ruso, sino un poder universal de los obreros, y que no hay Asamblea
Constituyente que pueda arreglar las cosas.
Inglaterra, Francia y
Norteamérica saben que hoy, después de haber estallado la revolución mundial,
no tienen enemigos exteriores. El enemigo está dentro de cada país. Nos
encontramos ante un nuevo viraje, en el que los mencheviques y los eseristas de
derecha han empezado a vacilar, y los mejores de ellos se sienten atraídos por
los bolcheviques y ven que, por mucho que aquellos juren fidelidad a la
Asamblea Constituyente, están del lado de los blancos. El problema está hoy
planteado así en todo el mundo: o el Poder soviético o el poder de los bandidos
que han sacrificado en esta guerra a diez millones de hombres y mutilado a
veinte millones, y que siguen saqueando hasta la fecha a otros países.
Este es, camaradas, el
problema que hace vacilar a la democracia pequeñoburguesa. Sabemos que estos
partidos han vacilado siempre y nunca dejarán de vacilar. La mayoría de la
gente saca sus convicciones de la vida, no da crédito a lo que pone en los libros
ni a las palabras que se dicen. Aseveramos al campesino medio que no es enemigo
nuestro y que no tenemos motivo para meternos con él. Si algún Soviet local
hace algo en perjuicio del campesino medio, y éste se siente herido, es preciso
disolver ese Soviet, pues no sabe obrar como es debido. La democracia
pequeñoburguesa, de las clases medias, vacilará siempre. Y si ha vacilado,
inclinándose como un péndulo hacia nosotros, debemos prestarle nuestro apoyo.
Les decimos: "Si ustedes se proponen malograr nuestro trabajo, no los
queremos; pero si quieren ayudarnos, los aceptamos". Los mencheviques
forman distintos grupos; tienen el grupo de los "activistas"
(partidarios de la acción), término derivado del latín que cobija a todos los
que han afirmado: "No basta con criticar; hay que contribuir con la
acción". Nosotros dijimos que lucharíamos contra el cuerpo de ejército
checoslovaco y seríamos implacables con quienes le prestasen ayuda; pero hay
que admitir a los que ven sus errores y ser condescendientes con ellos. Las
clases medias, los que se encuentran entre el obrero y el capitalista,
vacilarán siempre. Creían que el Poder soviético no duraría mucho. Pero, en
realidad, ha ocurrido de otra manera. El imperialismo europeo no puede abatir
nuestro poder. Hoy la revolución se extiende por todo el mundo, y nosotros
invitamos a los que antes vacilaban, y ahora han visto y comprendido su error,
a que se vengan con nosotros; no les volveremos la espalda. Debemos atender
sobre todo a que estas gentes, quienesquiera que fuesen antes, vacilaran o no,
si hoy están sinceramente con nosotros, que vengan a nuestro lado. Hoy somos lo
bastante fuertes para no temer a nadie. Los digeriremos a todos. Ellos son los
que no pueden digerirnos a nosotros. No olvidéis que las vacilaciones de esos
partidos son inevitables. Hoy el péndulo oscila a un lado, y mañana al otro.
Nosotros no podemos dejar de ser el partido proletario de los obreros y de los
oprimidos; pero hoy gobernamos a toda Rusia y tenemos por únicos enemigos a los
que viven del trabajo ajeno; los demás no son enemigos nuestros. Son sólo
vacilantes. Pero los vacilantes aún no son enemigos.
58
Hablemos ahora de otro
problema, el del abastecimiento. Como sabéis todos, la situación del
abastecimiento, que había mejorado algo en el otoño, vuelve a empeorar. La
gente pasa hambre de nuevo, y en la primavera empeorarán más aún las cosas.
Nuestro transporte ferroviario es hoy un desastre. Por si eso fuera poco, está
muy recargado de prisioneros que regresan a su patria. De Alemania huyen ahora
a Rusia dos millones de personas. Estos dos
Discurso en la Conferencia obrera del barrio de Presnia
millones están deshechos,
agotados por completo. Han pasado más hambre que nadie. No son ya seres
humanos; son sombras, esqueletos. El estado desastroso de nuestro transporte se
debe más aún a la guerra intestina. No tenemos locomotoras ni vagones. La situación
del abastecimiento es más grave cada día. Pues bien, ante la gravedad de las
cosas, el Consejo de Comisarios del Pueblo ha dicho que si ahora tenemos un
ejército y una disciplina forjada por las células del partido, que existen en
cada regimiento —y ahora la mayoría de los mandos procede de los obreros, no
son "hijitos de papás"; si estos mandos han comprendido que la clase
obrera debe dar gente para gobernar el Estado y para formar oficiales rojos— ,
el ejército socialista será socialista de verdad con mandos renovados por la
incorporación de oficiales rojos. Sabemos que el viraje se está dando ya. Que
tenemos ejército, y en el ejército una disciplina nueva, mantenida por las
células del partido, por los obreros y los comisarios que han ido por centenares
de miles al frente y han explicado a los obreros y a los campesinos por qué
estamos en guerra. Por eso ha cambiado nuestro ejército. Y por eso el cambio ha
sido tan radical. Los periódicos ingleses informan que las tropas de Inglaterra
se enfrentan ahora en Rusia con un enemigo de importancia.
Todos sabemos perfectamente lo mal que funciona nuestro
organismo del abastecimiento. En él se han infiltrado ciertos grupos de
individuos que engañaban, engañan y roban. Sabemos también que todos los
ferroviarios de la masa obrera que cargan con todo el peso del trabajo están
con el Poder soviético. Pero los que mandan en ellos están a favor del viejo
régimen y sabotean el trabajo o ejercen sus funciones a regañadientes.
Camaradas, sabéis que esta guerra es una guerra revolucionaria. Para triunfar
en ella deben ponerse en pie todas las fuerzas populares del país. El país
entero debe transformarse en un campamento revolucionario. ¡Todos deben aportar
su ayuda! Esta ayuda no consiste sólo en que todos vayan al frente, sino en que
gobierne la clase de nuestro Estado que conduce a todos a la liberación y
sostiene el Poder soviético, pues nadie más que ella tiene derecho a hacerlo.
Sabemos cuán difícil es, pues la clase obrera ha estado mucho tiempo
inhabilitada para gobernar y también alejada de la instrucción; sabemos cuán
difícil le es aprenderlo todo de golpe. Aun así, lo ha conseguido en el terreno
militar, el más difícil y peligroso de todos. La clase obrera consciente debe
ayudarnos a hacer otro tanto en los terrenos del abastecimiento y del
transporte por ferrocarril. Todo ferroviario y todo el que se ocupe del
abastecimiento debe considerarse soldado al pie del cañón, y no olvidar que
está en guerra contra el hambre. Debe abandonar sus viejas costumbres
burocráticas. El otro día promulgamos el decreto de fundación de las comisiones
obreras de inspección del abastecimiento. Nos decimos que para hacer que las
cosas cambien de raíz entre el personal de los ferrocarriles y lograr que sea
algo así como el Ejército Rojo se necesita la participación de los obreros.
Exhortad a vuestros hombres. Organizad cursillos, enseñadles y nombradlos
comisarios. Sólo ellos, si nos proporcionan la gente que necesitamos, podrán
hacer del ejército de viejos funcionarios una especie de ejército rojo
socialista en el sector del abastecimiento, un ejército dirigido por obreros
que operará de buen grado, y no por temor al palo, igual que luchan y mueren en
el frente los oficiales rojos, conscientes de entregar la vida por una
república socialista.
Publicado íntegro por primera vez en el tomo 28 de la 4ª edición
de las "Obras" de V. I. Lenin, en 1950. En forma de breve información
periodística se publicó el 18 de diciembre de 1918 en el núm. 275 de
"Pravda".
T. 37, págs. 370-383.
59
“DEMOCRACIA” Y DICTADURA.
Los escasos
números de La Bandera Roja, de
Berlín, y de La Llamada (Der Weckruf)76, de Viena (órgano del Partido Comunista de Austria alemana),
que han llegado a Moscú nos muestran que los traidores al socialismo, que
apoyaban la guerra de los tiburones imperialistas, todos esos Scheidemann y
Ebert, Austerlitz y Renner, son tratados como se merecen por los verdaderos
representantes de los proletarios revolucionarios de Alemania y Austria.
Nosotros aplaudimos calurosamente a ambos periódicos, que evidencian la
vitalidad y el desarrollo de la III Internacional.
Por lo visto, el problema
principal de la revolución, tanto en Alemania como en Austria, es hoy el de qué
preferir: ¿Asamblea Constituyente o Poder de los Soviets? Todos los
representantes de la II Internacional, de la Internacional en bancarrota, desde
Scheidemann hasta Kautsky, se manifiestan a favor de la Asamblea y denominan su
punto de vista defensa de la "democracia" (Kautsky ha llegado a
hablar incluso de "democracia pura"), en oposición a la dictadura. He
analizado detenidamente las ideas de Kautsky en el folleto La revolución proletaria y el renegado Kautsky, que acaba de
publicarse en Moscú y en Petrogrado. Trataré
de exponer con brevedad la esencia de la cuestión litigiosa que,
prácticamente, está hoy a la orden del día en todos los países capitalistas
adelantados.
Los Scheidemann y los
Kautsky hablan de "democracia pura" o de "democracia" en
general para engañar a las masas y ocultarles el carácter burgués de la democracia contemporánea.
¡Que la burguesía continúe manteniendo en sus manos todo el mecanismo del poder
del Estado, que un puñado de explotadores continúe utilizando la vieja máquina
burguesa del Estado! Como es lógico, a la burguesía le gusta calificar de
"libres", "iguales", "democráticas" y
"universales" las elecciones celebradas en tales condiciones, pues
esas palabras sirven para ocultar la verdad, para ocultar que la propiedad de
los medios de producción y el poder político siguen en manos de los
explotadores y que, por eso, no se puede hablar siquiera de libertad efectiva,
de igualdad efectiva para los explotados, es decir, para la inmensa mayoría de
la población. Para la burguesía es conveniente e imprescindible ocultar al
pueblo el carácter burgués de la
democracia contemporánea, presentarla como democracia en general o como
"democracia pura", y los Scheidemann y los Kautsky también, al
repetirlo, abandonan de hecho el
punto de vista del proletariado y se pasan al lado de la burguesía.
Marx y Engels, cuando
firmaron juntos por última vez el prefacio del Manifiesto Comunista (fue en 1872), consideraron necesario señalar
de manera especial a los obreros que el proletariado no puede limitarse a tomar
posesión de la máquina estatal existente (es decir, burguesa) y ponerla en
marcha para sus propios fines, sino que debe destruirla, demolerla. El renegado
Kautsky escribió todo un folleto sobre La
dictadura del proletariado, ocultando a los obreros este importantísimo
axioma marxista, adulterando la esencia del marxismo; y, naturalmente, las loas
que los señores Scheidemann y Cía. prodigaron a ese folleto fueron plenamente
merecidas, como loas de agentes de la burguesía a un hombre que se pasa al lado
de ésta.
Hablar de democracia pura,
de democracia en general, de igualdad, de libertad, de universalidad, cuando
los obreros y todos los trabajadores están hambrientos, desnudos, arruinados y
torturados no sólo por la esclavitud asalariada capitalista, sino también por
una
![]()
76 "Der Weckruf" ("La Llamada"): diario, órgano central
del Partido Comunista de Austria alemana; se publicó en Viena desde noviembre
de 1918.
guerra de rapiña que dura
cuatro años, mientras los capitalistas y los especuladores continúan poseyendo
la "propiedad" robada y la máquina "existente" del Estado,
es burlarse de los trabajadores y los explotados. Eso está en pugna con los
axiomas fundamentales del marxismo, que enseña a los obreros: debéis utilizar
la democracia burguesa, inmenso progreso histórico en comparación con el
feudalismo, pero no olvidéis ni un solo instante el carácter burgués de esa
"democracia", su carácter convencional y limitado en el plano
histórico, no compartáis la ¡“fe supersticiosa” en el "Estado", no
olvidéis que incluso en la república más democrática, y no sólo en las
monarquías, el Estado no es sino una máquina para la opresión de una clase por
otra.
60
La burguesía se ve obligada a mentir hipócritamente y a llamar
"poder de todo el pueblo", democracia en general o democracia pura a
la república democrática (burguesa),
que es, de hecho, la dictadura de la burguesía, la dictadura de los
explotadores sobre las masas trabajadoras. Los Scheidemann y los Kautsky, los
Austerlitz y los Renner (ahora, desgraciadamente, con la ayuda de Federico
Adler) apoyan esta falsedad y esta hipocresía. Pero los marxistas, los
comunistas, la desenmascaran y dicen sin tapujos a los obreros y a las masas
trabajadoras la pura verdad: de hecho, la república democrática, la Asamblea
Constituyente, las elecciones populares, etc., etc., son la dictadura de la
burguesía, y para liberar al trabajo de la opresión del capital no hay más camino
que la sustitución de esa dictadura por la dictadura
del proletariado. Sólo la dictadura del proletariado puede liberar a la
humanidad del yugo del capital, de la mentira, de la falsedad, de la hipocresía
de la democracia burguesa, de esa democracia para los ricos, y establecer la democracia para los pobres, es decir, hacer los beneficios de la democracia
patrimonio efectivo de los obreros y los campesinos pobres, pues ahora
(incluso en la república — burguesa—
más democrática) esos beneficios son, de hecho, inasequibles para la inmensa
mayoría de los trabajadores.
Tomemos, por ejemplo, la
libertad de reunión y la libertad de imprenta. Los Scheidemann y los Kautsky,
los Austerlitz y los Renner aseguran a los obreros que las actuales elecciones
a la Asamblea Constituyente en Alemania y en Austria se efectúan "democráticamente".
Eso es una mentira, pues, de hecho,
los capitalistas, los explotadores, los terratenientes, los especuladores
poseen las nueve décimas partes de los mejores edificios aptos para celebrar
reuniones y las nueve décimas partes de las reservas de papel, de las
imprentas, etc. El obrero en la ciudad, el bracero y el jornalero en el campo
son puestos, de hecho, al margen de
la democracia tanto por ese "derecho sagrado de la propiedad"
(defendido por los señores Kautsky y Renner, a los que, desgraciadamente, se ha
pasado Federico Adler) como por la máquina burguesa del poder estatal, es
decir, por los funcionarios burgueses, los jueces burgueses, etc. La actual
"libertad de reunión e imprenta" en la república
"democrática" (democrática burguesa) alemana es una mentira y una
hipocresía, porque, de hecho, es la libertad de los ricos para comprar y
sobornar la prensa, la libertad de los
ricos para embriagar al pueblo
con el apestoso aguardiente de las mentiras de la prensa burguesa, la libertad de los ricos para tener
"en propiedad" las mansiones señoriales, los mejores edificios, etc.
La dictadura del proletariado quitará a los capitalistas, en beneficio
de los trabajadores, las mansiones señoriales, los mejores edificios, las
imprentas, los almacenes de papel.
Eso será la sustitución de
la democracia "de todo el pueblo", de la democracia "pura",
por la "dictadura de una sola clase", vociferan los Scheidemann y los
Kautsky, los Austerlitz y los Renner (al unísono con sus correligionarios de
otros países, los Gompers, los Henderson, los Renaudel, los Vandervelde y
Cía.).
No es cierto, respondemos
nosotros. Será la sustitución de la dictadura efectiva de la burguesía
(dictadura que encubren hipócritamente con formas de república democrática
burguesa) por la dictadura del proletariado. Será la sustitución de la
democracia para los ricos por la democracia para los pobres. Será la
sustitución de la libertad de reunión y de imprenta para la minoría, para los
explotadores, por la libertad de reunión y de imprenta para la
mayoría de
la población, para los trabajadores. Será una
ampliación gigantesca, de importancia histórica mundial, de la democracia,
su conversión de mentira en verdad, la liberación de la humanidad de las
cadenas del capital, que deforma y
merma toda democracia burguesa,
incluso la más "democrática" y republicana. Será la sustitución del
Estado burgués por el Estado proletario,
sustitución que es el único camino hacia la extinción absoluta del Estado.
¿Por qué no se puede
alcanzar ese fin sin la dictadura de una sola clase? ¿Por qué no se puede pasar
directamente a la democracia "pura"? —preguntan los hipócritas amigos
de la burguesía o los ingenuos pequeños burgueses y filisteos, embaucados por
ella.
Nosotros respondemos: porque en toda sociedad capitalista
únicamente pueden tener una importancia decisiva la burguesía o el
proletariado, y los pequeños propietarios son inevitablemente vacilantes,
impotentes y necios soñadores que aspiran a la democracia "pura", es
decir, a la democracia al margen de las clases o por encima de ellas. Porque de
una sociedad en que una clase oprime a otra no se puede salir si no es mediante
la dictadura de la clase oprimida. Porque vencer a la burguesía, derrocarla,
sólo puede el proletariado, por ser la única clase unida y
"adiestrada" por el capitalismo y ser capaz de arrastrar tras de sí —
o, por lo menos, de "neutralizar"— a la masa vacilante de los
trabajadores que viven a lo pequeñoburgués. Porque sólo empalagosos pequeños
burgueses y filisteos pueden soñar, engañándose a sí mismos y engañando a los
obreros, con derrocar la opresión del capital sin un largo y difícil aplastamiento de la resistencia de los
explotadores. En Alemania y en Austria esa resistencia aún no se ha desplegado
abiertamente, porque no ha empezado todavía la expropiación de los
expropiadores. Esa resistencia será desesperada, rabiosa, cuando empiece dicha
expropiación. Al ocultarse eso a sí mismos y ocultarlo a los obreros, los
Scheidemann y los Kautsky, los Austerlitz y los Renner traicionan los intereses
del proletariado, pasan, en el momento más decisivo, de la posición de la lucha
de clase y del derrocamiento del yugo de la burguesía a la posición del acuerdo
del proletariado con la burguesía, a la posición de la "paz social" o
conciliación de los explotadores con los explotados.
61
Las revoluciones son las
locomotoras de la historia, dijo Carlos Marx77. Las
revoluciones enseñan con rapidez. Los obreros de las ciudades, los braceros de
las aldeas de Alemania y Austria comprenderán en seguida la traición hecha a la
causa del socialismo por los Scheidemann y los Kautsky, los Austerlitz y los
Renner. El proletariado echará por la borda a esos "socialtraidores",
socialistas de palabra y traidores al socialismo de hecho, del mismo modo que
echó por la borda en Rusia a idénticos pequeños burgueses y filisteos, a los
mencheviques y los "socialistas-revolucionarios". El proletariado
verá —y tanto antes, cuanto mayor sea el dominio de los mencionados
"jefes"— que el camino al socialismo puede abrirlo únicamente la
sustitución del Estado burgués, aunque sea la república burguesa más
democrática, por un Estado del tipo de la Comuna de París (del que tanto habló
Marx, tergiversado y traicionado por los Scheidemann y los Kautsky) o por un
Estado del tipo de los Soviets. La dictadura del proletariado librará a la
humanidad del yugo del capital y de las guerras.
Moscú, 23 de diciembre de 1918.
Publicado el 3 de
enero de 1919 en el núm. 2 de "Pravda".
T. 37, págs. 388-393.
![]()
77 Véase C. Marx. Las luchas de clases en Francia de1848 a 1850 (C. Marx y F. Engels.
Obras Escogidas en tres tomos, ed. en
español, t. 1, pág. 283).
Discurso en el II Congreso de los Consejos de Economía
62
DISCURSO EN EL II CONGRESONACIONAL DE
LOS CONSEJOS DE ECONOMÍA.
El 25 de diciembre de
1918.
(Ovación.) Camaradas: Permitidme que diga ante todo algunas palabras
sobre la situación internacional de la República Soviética. Claro que todos
sabéis que lo principal en este sentido es la victoria de los imperialistas
ingleses, franceses y norteamericanos y las tentativas que hacen por adueñarse
definitivamente del mundo entero y, sobre todo, por hundir a la Rusia
Soviética.
Sabéis que, al comenzar la
Revolución de Octubre, no sólo la mayor parte de la burguesía de Europa
Occidental, sino también cierto sector de la burguesía de Rusia creían que lo
sobrevenido en nuestro país era una especie de experimento socialista sin trascendencia
seria ni enjundiosa desde el punto de vista universal. Los burgueses de
singulares desfachatez y miopía sostenían a menudo que los experimentos
comunistas de Rusia no podían producir sino gozo al imperialismo alemán. Por
desgracia, había gente que se dejaba cegar por esas diatribas y, entre otras
cosas, enjuiciaba con ese criterio las condiciones de dureza y violencia
increíbles del Tratado de Paz de Brest. En realidad, esa gente incitaba a
sabiendas y sin querer el patriotismo de clase pequeñoburgués y evaluaba la
situación, que iba de mal en peor, desde el punto de vista de que el enemigo
principal era el imperialismo alemán y de que esa paz impuesta por la violencia
en condiciones de inaudita expoliación era un triunfo del imperialismo alemán,
y no desde el punto de vista de su trascendencia universal ni del transcurso de
los acontecimientos a escala mundial.
En efecto, si examinamos los
acontecimientos de ese período en lo tocante a la situación de Rusia, peores
condiciones no se pueden ni imaginar. Sin embargo, unos meses después, cuando
los alemanes conquistaban Ucrania y se jactaban ante la burguesía alemana, y
aún más ante el proletariado alemán, de que había llegado el momento de
cosechar los frutos de la política imperialista, y de que en Ucrania obtendrían
todo cuanto Alemania necesitaba, se vio lo absurdas que eran las deducciones de
los imperialistas alemanes. Su evaluación de los acontecimientos era de lo más
estrecha y miope.
Mas no tardó en quedar claro
que asistía la razón sólo a quienes examinaban los acontecimientos desde el
punto de vista de su impacto en el desarrollo de la revolución mundial.
Justamente el ejemplo de Ucrania, que padeció inauditos sufrimientos, ha mostrado
que el único juicio certero de lo que ocurría era el basado en el estudio y la
atenta observación de la marcha de la revolución proletaria internacional. El
imperialismo ha sido arrinconado por las masas trabajadoras, que habían sido
puestas ya en una situación de gravedad insoportable. Ahora vemos que ha sido
uno de los eslabones del proceso de incremento de la revolución mundial.
Los imperialistas alemanes
han podido sacar de Ucrania muchos menos bienes materiales de los que
esperaban. Entre tanto, esa transformación de la guerra en una manifiesta
expoliación corrompió a todo el ejército alemán, y el contacto con la Rusia
Soviética introdujo en este ejército de trabajadores alemanes esa
descomposición que se ha dejado notar unos meses después. Y ahora, cuando el
imperialismo angloamericano es más insolente aún y se siente el dueño y señor
de la situación, al que nadie puede oponer resistencia, no cerramos los ojos
ante el estado de suma gravedad en que nos encontramos. Las potencias de la
Discurso en el II Congreso de los Consejos de Economía
Entente78 han ido más allá de lo que permite la política burguesa, se han
extralimitado igual que se extralimitaron los imperialistas alemanes en febrero
y marzo de 1918, al concluir el Tratado de Paz de Brest. La misma causa que dio
lugar al hundimiento del imperialismo alemán vuelve a perfilarse con nitidez
ante el imperialismo anglo -francés. Este ha impuesto a Alemania condiciones de
paz mucho peores y más duras que las que nos impuso Alemania, al concertar la
paz de Brest. Con ello, el imperialismo anglo— francés ha rebasado ese límite
que será funesto para él en lo sucesivo, pues una vez cruzado ese límite, el
imperialismo pierde la esperanza de mantener sojuzgadas a las masas
trabajadoras.
A pesar del griterío de los
chovinistas con motivo de su victoria y del descalabro de Alemania, a pesar de
que la guerra aún no ha terminado oficialmente, vemos ya en Francia e
Inglaterra síntomas de un crecimiento extraordinario del movimiento obrero y de
cambio de actitud de políticos que antes eran chovinistas y ahora se oponen a
las tentativas de sus respectivos gobiernos de intervenir en los asuntos de
Rusia. Si junto a esto ponemos las noticias aparecidas últimamente en los
periódicos acerca de que los soldados ingleses y norteamericanos han empezado a
confraternizar con los nuestros y si recordamos que los ejércitos imperialistas
están formados por ciudadanos sometidos a engaño y amenazas, podremos admitir
que la Rusia Soviética pisa terreno bastante firme. Teniendo presente este
cuadro general de la guerra y la revolución mundiales, nos sentimos muy
tranquilos, tenemos una seguridad absoluta en el futuro y afirmamos que el
imperialismo anglo-francés ha ido tan lejos que ha rebasado todos los límites de
una paz alcanzable para los imperialistas, que corre peligro de un desastre
completo.
63
Las potencias de la Entente,
que continúan la guerra imperialista, se han planteado el objetivo de sofocar
la revolución y apoderarse de todos los países del mundo y repartírselos; pero,
aunque Inglaterra y Norteamérica han estado mucho más al margen de los horrores
de la guerra que Alemania, y aunque su burguesía, agrupada en organizaciones
democráticas, es mucho más perspicaz que la alemana, los imperialistas ingleses
y norteamericanos han perdido la cabeza, y ahora, en virtud de las condiciones
objetivas, se ven obligados a acometer una obra que está por encima de sus
fuerzas. Se ven obligados a mantener tropas para apaciguar y reprimir.
No obstante, las condiciones
en que nos encontramos exigen que pongamos nuestras fuerzas en máxima tensión.
Y debemos seguir concediendo a cada mes más valor que antes a un decenio,
puesto que hacemos cien veces más: no nos limitamos a defender la República
rusa; estamos realizando una magna obra para el proletariado mundial. La ver
cómo cumplen nuestras empresas las tareas económicas, salta a la vista sobre
todo que la parte ejecutiva de nuestra labor, dependiente de un debate
colectivo, frena a veces su cumplimiento. El paso de la ejecución colectiva a
la responsabilidad personal es la tarea del día.
Exigiremos de manera
categórica que todos los Consejos de Economía Nacional, direcciones generales y
centros administrativos cuiden de que el sistema de dirección colegiada no se
reduzca a hablar por hablar, a escribir resoluciones, a componer planes y manifestar
favoritismos regionales. Eso es intolerable*. Exigiremos de manera categórica
que todos los miembros de los consejos de economía nacional, de las direcciones
generales y centros administrativos sepan de qué rama estricta de la economía
responden. Cuando recibimos noticias de que hay materia prima disponible, pero
los encargados de ella no saben cuánta ni cómo contarla; cuando nos llegan
quejas de que hay almacenes llenos de mercancías, pero cerrados con llave,
mientras los campesinos reclaman, y reclaman con justicia, el intercambio
![]()
78 Se alude a la Entente, bloque de
potencias imperialistas (Inglaterra, Francia y Rusia) formado definitivamente
en 1907. Recibió su denominación de la Entente Cordiale, acuerdo anglo-francés
firmado en 1904. Durante la guerra imperialista mundial (194-1918) se sumaron a
la Entente los EE. UU., el Japón y otros países. Después de la Revolución
Socialista de Octubre, los principales integrantes de este bloque organizaron
la intervención militar contra el País Soviético.
Discurso en el II Congreso de los Consejos de Economía
de mercancías y se niegan a
entregar el trigo y el centeno a cambio de billetes desvalorizados, debemos
saber qué miembro de qué consejo colegiado se dedica al papeleo y decir que él
es quien responde del papeleo y quien asume la responsabilidad desde el punto
de vista defensivo, es decir, de que será detenido en el acto y procesado en
consejo de guerra, aunque sea miembro del sindicato más importante y de la
dirección general más importante. Esa persona debe responder de la medida en
que se hayan puesto en práctica las cosas más simples y elementales, como la
cuenta de los artículos almacenados y el aprovechamiento preparación de un plan
de organización y el establecimiento de nuestras relaciones generales requieren
de nosotros gran tensión e inmenso trabajo.
*
En la
información periodística publicada el 26 de diciembre de 1918 en el núm. 42 de Ekonomíscheskaya Zhizn, el texto
comprendido entre las palabras “El paso de la ejecución colectiva” y “Eso es
intolerable” se expone como sigue: “La tarea del día es pasar, en el terreno
ejecutivo, de la responsabilidad colectiva a la responsabilidad unipersonal. Lo
que vemos hoy día, como ha dicho con mucho tino el camarada Krasin, es un
atasco en toda Rusia. Perdemos demasiado tiempo en palabras estériles que
redundan en perjuicio de la causa común. Por ejemplo, ahora tenemos suficientes
pellicos y no sólo para el ejército, sino también para los ferroviarios, que
trabajan en condiciones de crudeza insoportable, y no reciben esas prendas de
abrigo porque no se ha organizado su registro y envío.
A partir de hoy exigiremos
de manera categórica a los consejos de economía nacional, a las direcciones
generales y a los centros administrativos que el sistema de dirección colegiada
no degenere en prácticas de hablar por hablar, escribir resoluciones, hacer
planes y manifestar favoritismos regionales. El gobierno exige categóricamente
el envío de pellicos, y de los centros regionales se reciben contestaciones
evasivas de que ese asunto ya lo han tratado y siguen teniendo su opinión
peculiar al respecto. Eso es intolerable". (N. de la Edit.)
Pasando al problema de
nuestras tareas inmediatas, debo decir que ya hemos hecho lo esencial y, en el
período transcurrido entre el primero79 y
el segundo Congresos de los Consejos de Economía Nacional, hemos trazado el
tipo fundamental de los trabajos. Hemos compuesto con la colaboración de los
sindicatos y colocado sobre sólida base un plan general de dirección de la
industria, de las empresas nacionalizadas y de sectores completos de la
industria. Por otra parte, seguiremos combatiendo como hasta ahora todas las
tendencias sindicalistas, separatistas, localistas y regionalistas, que
perjudican nuestra causa.
El estado de guerra hace
recaer sobre nosotros una responsabilidad especial y nos impone duras tareas.
La dirección colegiada debe ejercerse con la participación de los sindicatos.
Los consejos colegiados son necesarios, pero no deben convertirse en trabas de
la ejecución de la obra práctica. Y cuando, entre otras cosas, he tenido ahora
ocasión de adecuado que se les dé. El cumplimiento de tareas tan elementales
como éstas es el que más nos cuesta en la mayoría de los casos.
64
Desde el punto de vista
histórico, eso no debe causal ningún recelo, pues al emprender una obra de
formas nuevas y desconocidas hasta ese momento, hay que emplear cierto tiempo
en trazar un plan general de organización que se desplegará luego, en el proceso
de trabajo. Al contrario, lo que debe extrañar es lo mucho que se ha hecho en
esta esfera en tan poco tiempo. Pero, desde el punto de vista militar y
socialista, cuando el proletariado nos exige el máximo de energía para que haya
trigo y zamarras, para que los obreros no sientan tanto la falta de calzado, de
comestibles y otras cosas, hay que triplicar y aun decuplicar el intercambio de
mercancías. Este aspecto del problema debe ser una de las tareas inmediatas de
los consejos de economía nacional.
Necesitamos la labor
práctica de personas que asuman la responsabilidad del intercambio del trigo y
otros cereales por mercancías, que estén al tanto de que el trigo no quede
almacenado, de que en cada almacén se lleve no sólo la cuenta de las existencias
de materia prima, sino que ésta no se guarde allí sin salida y que se coadyuve
de verdad en la esfera de la producción.
En cuanto a las
cooperativas, también se las debe abordar desde el lado práctico. Cuando oigo a
miembros de los consejos de economía decir que las cooperativas son cosa de
mercaderes, que quienes las componen son mencheviques y guardias blancos y que,
por lo
![]()
79 El I Congreso %acional de los Consejos de Economía se celebró en Moscú
del 26 de mayo al 4 de junio de 1918.
Discurso en el II Congreso de los Consejos de Economía
tanto, debemos apartarnos de
ellas cuanto más, mejor, afirmo que esa gente muestra una ignorancia completa
del problema. No comprenden en absoluto cuál es la tarea del momento, pues, en
lugar de reconocer que los buenos cooperativistas son gente entendida, los
tienen por partidarios de los guardias blancos. Afirmo que se meten donde no
los llaman: para cazar a los guardias blancos tenemos las comisiones
extraordinarias, y a ellas hay que dejarles que cumplan con su cometido. Por lo
que respecta a las cooperativas, son el único organismo creado por la sociedad
capitalista que debemos aprovechar. Por eso reprimiremos con el rigor
implacable del estado de guerra todo intento de sustituir la acción con
disquisiciones personificadoras de la miopía, la más burda estupidez y la
autosuficiencia intelectualoide. (Clamorosos
aplausos.)
Si pasado un año, las cosas
siguen mal hasta la fecha, si seguimos discutiendo planes, mientras se nos
plantean tareas prácticas, y el país reclama pan, calzado de fieltro y oportuna
distribución de las materias primas, son intolerables el papeleo y la farragosa
tramitación oficinesca, así como la intromisión en asuntos de incumbencia
ajena.
Entre nuestro personal haya
veces elementos que se inclinan por los guardias blancos; pero si funciona el
control comunista en todas nuestras instituciones, esos elementos no podrán
alcanzar peso político ni desempeñar cargos directivos. De eso no hay ni que
hablar. Pero nos hacen falta como funcionarios con práctica y no tenemos por
qué temerlos. No dudo de que los comunistas son gentes de la mejor ni de que
entre ellos hay excelentes organizadores; pero para obtener organizadores de
este tipo en número considerable se necesitan años y años, y nosotros no
podemos esperar.
Ahora podemos sacar los
funcionarios que necesitamos de entre la burguesía, de entre los especialistas
e intelectuales. Y preguntaremos a todos los camaradas que trabajan en los
consejos de economía: ¿qué habéis hecho, señores, para incorporar al trabajo a
la gente con experiencia?
¿Qué medidas habéis tomado
para atraer a los especialistas, a los dependientes de comercio, a los
cooperativistas burgueses competentes que han de trabajar para vosotros tan
bien como lo hicieran para unos Kolupáiev y Razuváiev80 cualesquiera? Ya va siendo hora de abandonar los viejos
prejuicios y de llamar a todos los especialistas que nos hacen falta para
nuestro trabajo. Esto deben saberlo todas nuestras administraciones colegiadas,
todos nuestros funcionarios comunistas. En esa actitud ante la obra emprendida
está la garantía del éxito.
Ya hemos hablado bastante y
de todo lo habido y por haber; es hora de que pasemos a la labor práctica que
puede sacar a nuestro país del círculo cerrado en que lo meten los
imperialistas. Este es el punto de vista que debe tener todo el personal de los
Soviets y de las cooperativas. ¡Necesitamos obrar y más obrar!
El proletariado perderá
mucho si no sabe utilizar el poder, después de haberlo tomado, si no sabe
plantear el problema en la práctica y resolverlo de manera práctica. Ya es hora
de abandonar el prejuicio de que nadie más que los comunistas —entre quienes
hay sin duda gente magnífica— pueden llevar a cabo un trabajo concreto. Ya es
hora de que se abandone este prejuicio: necesitamos a funcionarios diligentes
que sepan lo que se llevan entre manos, y nosotros debemos incorporarlos a
todos al trabajo.
El capitalismo nos ha dejado
una herencia inmensa, nos ha dejado a sus mejores especialistas, que debemos
utilizar sin falta y en proporciones masivas, poniéndolos a todos en juego. No
tenemos absolutamente nada de tiempo para preparar a especialistas entre
nuestros comunistas, porque ahora todo estriba en la labor práctica, en los
resultados prácticos.
![]()
80 Los Kolupáiev y
Razuváiev: tipos de capitalistas
rapaces
Discurso en el II Congreso de los Consejos de Economía
65
Hay que hacer de manera que cada miembro de los Consejos
colegiados, cada miembro de las instituciones de responsabilidad se haga cargo
de una tarea determinada y se responsabilice por completo de ella. Es
indispensable que todo el que se haga cargo de una rama determinada, responda
de todo, tanto de la producción como de la distribución. Debo deciros que la
situación de nuestra República Soviética es tal que, si distribuimos bien el
trigo y los otros artículos, podremos sostenernos muchísimo tiempo. Mas para
ello hay que aplicar sin falta una política acertada de ruptura decisiva con
toda práctica burocrática. Hay que obrar con rapidez y energía, hay que nombrar
a personas concretas para cada trabajo concreto de responsabilidad y lograr que
todos sepan con exactitud cuál es su función y respondan concretamente de ella,
que respondan de ella con la cabeza. Esa es la política que aplicamos en el
Consejo de Comisarios del Pueblo y en el Consejo de Defensa, y a esa política
hay que supeditar toda la actividad de los consejos de economía y de las
cooperativas. Por ese derrotero debe ir la política del proletariado.
Hay que hacer de manera que
el engranaje del intercambio de mercancías funcione sin fallar. En ello estriba
ahora todo el problema, y en esta esfera nos aguarda un gran trabajo. Para
concluir, os llamo a todos con insistencia a abordar ese trabajo. (Prolongados aplausos.)
Publicado íntegro por primera vez en 1919 en el libro "II
Congreso Nacional de los Consejos de Economía. Actas taquigráficas".
T. 37, págs. 394-401.
Discurso en el II Congreso de los Consejos de Economía
66
SOBRE LAS TAREAS DE LOS SINDICATOS.
I
Cada una de las tesis de
Tomski, Radus-Zenkóvich y Noguín expresan el punto de vista de su
"especialidad” respectiva, a saber, del dirigente de los sindicatos, del
Comisariado y de las cooperativas con cajas de seguros.
Por eso, cada grupo de tesis
adolece de unilateralidad por la manera de recalcar uno de los aspectos de la
cuestión y de velar y oscurecer los problemas fundamentales sujetos a
principios.
El planteamiento adecuado de
estos problemas fundamentales del movimiento sindical de nuestros días y de su
actitud ante el Poder soviético requiere sobre todo que se tengan en cuenta con
acierto las peculiaridades del momento actual,
concreto, en el tránsito del
capitalismo al socialismo.
Los tres autores han
destacado poco o casi no han destacado este aspecto esencial de la cuestión.
II
La peculiaridad principal
del momento presente, en el aspecto que estamos examinando, es la siguiente:
El Poder soviético, como
dictadura del proletariado, ha triunfado tanto entre las masas proletarias de
la ciudad como entre los campesinos pobres; pero aún está lejos de abarcar con
la propaganda comunista y con una organización sólida a todas las profesiones y
a toda la masa de semiproletarios.
De ahí la importancia
especial, exclusiva en el momento presente, que reviste el desplegar una
intensa propaganda y una vasta labor de organización, por una parte, con el fin
de extender nuestra influencia a los sectores de obreros y empleados menos soviéticos (es decir, que están
más lejos de aceptar en su totalidad la plataforma soviética) y de supeditarlos
al movimiento general del proletariado; y, por otra, con el fin de despertar el
interés ideológico, poner en pie y unir mediante la organización a los sectores
y elementos menos desarrollados del proletariado y del semiproletariado, como
son, por ejemplo, los peones, el personal de servicio doméstico en las
ciudades, los semiproletarios del campo, etc.
La segunda peculiaridad
fundamental de este momento consiste en que la edificación de la sociedad
socialista en nuestro país está ya en marcha, es decir, no sólo se ha
presentado como tarea y como objetivo práctico inmediato, sino que ha creado
una serie de importantes organismos de esta edificación (por ejemplo, los
consejos económicos), ha adquirido cierta práctica de conexión de los mismos
con las organizaciones de masas (sindicatos, cooperativas) y ha acumulado
cierta experiencia práctica. A la vez, aún no se ha dado cima, ni mucho menos,
a la edificación, no ha terminado ésta, quedan todavía muchas lagunas, no se ha
asegurado aún lo más esencial (por ejemplo, el acopio y la distribución
acertada de cereales, la obtención y distribución de combustible) y es todavía
insuficiente en sumo grado la participación de las grandes masas trabajadoras
en esta edificación.
III
Discurso en el II Congreso de los Consejos de Economía
De esa situación se
desprenden las siguientes tareas de los sindicatos en el momento que estamos
atravesando.
No cabe ni hablar siquiera
de "neutralidad" de los sindicatos. Toda propaganda de la neutralidad
es o bien un encubrimiento hipócrita del espíritu contrarrevolucionario o bien
una manifestación de total inconsciencia.
Ahora somos lo bastante
fuertes en el núcleo fundamental del movimiento sindical para poder subordinar
a nuestra influencia y a la disciplina general proletaria tanto a los elementos
no comunistas, atrasados o pasivos, dentro de los sindicatos, como a los
sectores de trabajadores que en algunos aspectos siguen siendo
pequeñoburgueses.
Por eso, la tarea principal
no estriba hoy en romper la resistencia de un enemigo fuerte, pues ya no existe
ese enemigo entre las masas del proletariado y del semiproletariado en la Rusia
Soviética, sino en superar con una labor tesonera, perseverante y más amplia de
instrucción y de organización los prejuicios de determinados sectores
pequeñoburgueses del proletariado y del semiproletariado, en ampliar de
continuo la base del Poder soviético, que todavía no es lo suficientemente
extensa (es decir, aumentar el número de obreros y de campesinos pobres que
participen de modo directo en la administración pública), en instruir a los
sectores atrasados de los trabajadores (no sólo con libros, conferencias y
periódicos, sino mediante la participación práctica en la administración) y en
buscar nuevas formas orgánicas tanto
para estas nuevas tareas del movimiento sindical en general como para atraer a las masas incomparablemente
más numerosas del semiproletariado, a los campesinos pobres, pongamos por caso.
67
Por ejemplo, incorporar a todos los miembros de los sindicatos a
la administración pública mediante el nombramiento de comisarios, la
participación en grupos volantes de control, etc., etc. Incorporar al personal
de servicio doméstico, primero, a la labor de las cooperativas, al abastecimiento
público, al control de la producción de artículos de uso y consumo, etc., y,
más tarde, a un trabajo de mayor responsabilidad y menor "estrechez",
observando, claro está, la debida gradación.
Incorporar a los
"especialistas" a la gestión pública al lado de los obreros e
inspeccionar su labor.
Las formas transitorias
requieren más amplitud en el terreno de la organización. Por ejemplo, los
comités de campesinos pobres en las zonas rurales desempeñan un papel
gigantesco. Cabe temer que su fusión con los Soviets conduzca en algunos sitios
a dejar a las masas semiproletarias fuera de la organización permanente. No
se puede renunciar a la tarea de organizar a los campesinos pobres so pretexto
de que no son obreros asalariados. Se puede y se debe buscar, buscar y buscar
nuevas formas, aunque sólo sea, por ejemplo, fundando sindicatos de campesinos
pobres (que pueden ser esos mismos comités de campesinos pobres), como
sindicatos de los campesinos más pobres,
(a) no interesados en la especulación del trigo ni en los precios altos del
mismo, (b) que aspiran a mejorar sus condiciones de vida con medidas generales
para todos, (c) que aspiran a intensificar el laboreo colectivo de la tierra,
(d) que buscan la alianza permanente con los obreros de la ciudad, etc.
Ese sindicato de campesinos
pobres podría constituir una sección
especial del Consejo de los Sindicatos de toda Rusia para que no se
impusiera sobre los elementos netamente proletarios. La forma se puede
modificar y se debe buscar en correspondencia con la práctica, con la nueva
tarea de abarcar a nuevos tipos sociales de transición (los campesinos pobres
no forman parte del proletariado, y ahora ni siquiera del semiproletariado,
pero son los que más cerca están del
semiproletariado, por cuanto aún no ha desaparecido el capitalismo, y al mismo
tiempo son los que más simpatizan con
la idea del paso al socialismo)...
Discurso en el II Congreso de los Consejos de Economía
(Aquí se interrumpe el
manuscrito.)
Escrito
en diciembre de 1918 y primera mitad de enero de 1919. Publicado por primera
vez en 1933, en la "Recopilación Leninista", t. XXIV.
T. 37, págs. 403-406.
Una pequeña ilustración para aclarar grandes problemas
68
UNA PEQUEÑA ILUSTRACIÓN PARA ACLARAR
GRANDES PROBLEMAS.
El camarada
Sosnovski, director de Btednotá81, me
ha traído un libro magnífico. Hay que darlo a conocer al mayor número posible
de obreros y campesinos. De él hay que sacar enseñanzas de lo más serias sobre
las cuestiones primordiales de la edificación socialista, explicadas
maravillosamente con ejemplos vivos. Es el libro del camarada Alexandr Todorski
Un año con el fusil y el arado,
editado en la ciudad de Vesiegonsk por el Comité Ejecutivo del distrito con motivo del aniversario de
la Revolución de Octubre.
El autor describe la
experiencia de un año de labor de los dirigentes que organizaron el Poder
soviético en el distrito de Vesiegonsk: primero, la guerra civil, la
sublevación de los kulaks locales y su aplastamiento; después, el
"ordenamiento pacífico de la vida". La descripción del curso de la
revolución en este distrito perdido es en ese libro tan sencilla y tan viva a
la vez que, referirla, no significaría sino debilitar la impresión que produce
su lectura. Hay que difundir ese libro con la mayor amplitud y expresar el
deseo de que describan su experiencia cuantos más militantes mejor de los que
han trabajado entre las masas y con las masas, en la entraña misma de la vida.
La publicación de varios centenares o, al menos, de unas cuantas decenas de las
mejores descripciones, las más verídicas, las más sencillas y ricas por su
valioso contenido concreto sería infinitamente más útil para la causa del
socialismo que numerosos escritos publicados en periódicos, revistas y libros
por literatos patentados, a los que, en muchos casos, el papel les impide ver
la vida.
Tomaré un pequeño ejemplo
del relato del camarada A. Todorski. En él se trata de no dejar
"desocupadas" las "manos comerciales" y de estimuladas a
"ponerse a trabajar".
"...Con este fin se
hizo comparecer al Comité Ejecutivo a tres enérgicos y dinámicos jóvenes
industriales: E. Efrémov, A. Lóguinov y N. Kozlov, los cuales, amenazados de
encarcelamiento y confiscación de todos sus bienes, accedieron a montar una serrería
y una curtiduría de pieles de becerro, a lo que ellos procedieron
inmediatamente.
"El Poder soviético no
se equivocó en la elección de las personas idóneas, y hay que decir en honor de
los industriales que fueron casi los primeros en comprender que no trataban con
"huéspedes casuales por dos semanas", sino con verdaderos dueños que
sujetaban el poder con mano firme.
"Después de haber
comprendido eso bien, empezaron a poner en ejecución con energía las
disposiciones del Comité Ejecutivo, y hoy día Vesiegonsk cuenta ya con una
serrería que funciona a pleno rendimiento, satisface todas las necesidades de
la población local y, además, cumple encargos para el ferrocarril en
construcción.
"En cuanto a la
curtiduría, el local está ya instalado y ahora se procede al montaje del motor,
de los tambores y de las otras máquinas llegadas de Moscú; dentro de mes y
medio o dos meses, Vesiegonsk tendrá cuero de becerro de fabricación propia.
"El montaje de dos
fábricas soviéticas por manos "no soviéticas" es un buen ejemplo de
cómo se debe luchar contra la clase que nos es hostil.
![]()
81 Biednotá" ("Los Pobres"): diario
para los campesinos que se publicó en Moscú desde marzo de 1918 hasta enero de
1931. Desplegaba una lucha enérgica por reforzar la alianza de la clase obrera
y el campesinado y por organizar y cohesionar a las masas de campesinos medios
y pobres en torno al Partido Comunista y el Poder soviético.
Una pequeña ilustración para aclarar grandes problemas
"Dar en los nudillos a
los explotadores, impedirles que nos perjudiquen o "acabar con ellos"
no es más que la mitad de la obra. Habremos cumplido bien con nuestro cometido
cuando les hagamos trabajar y ayudemos a mejorar la vida nueva y consolidar el
Poder soviético mediante lo hecho con sus manos".
Habría que grabar en placas
este magnífico y acertadísimo razonamiento y ponerlo en lugar visible en todos
los consejos de economía nacional, en todos los organismos de abastecimiento,
en todas las fábricas, en las secciones agrarias, etc. Porque lo que han
comprendido los camaradas de Vesiegonsk, rincón perdido, se obstinan en no
comprenderlo muchos funcionarios soviéticos de las capitales. No es raro
encontrar a un intelectual o a un obrero adicto a los Soviets, a un comunista
que tuerce desdeñosamente el gesto cuando oye hablar de las cooperativas y
declara con sumo empaque y no menos necedad que en ellas no hay manos
soviéticas, que las integran burgueses, tenderos, mencheviques, y que, en tal
lugar y en tal momento, los cooperativistas encubrieron con sus operaciones
financieras una ayuda a los guardias blancos; que el mecanismo del
aprovisionamiento y distribución de nuestra República socialista deben
constituirlo manos limpias, manos soviéticas.
69
Ese razonamiento es típico
en el sentido de que la verdad va tan entrelazada con la mentira que resulta la
deformación más peligrosa de las tareas del comunismo, y eso infiere un daño
insondable a nuestra causa.
Si, las cooperativas son un
mecanismo de la sociedad burguesa nacido en un ambiente de "chalaneo"
que ha formado a sus dirigentes en el espíritu de la política burguesa y de la
concepción burguesa del mundo, un mecanismo que, por esa razón, proporciona un
elevado porcentaje de guardias blancos o de cómplices de los guardias blancos.
Eso es indiscutible. Pero lo peor es cuando se empiezan a sacar conclusiones
estúpidas de una verdad indiscutible, simplificándola y aplicándola torpemente.
No podemos construir el comunismo más que con los materiales que ha creado el
capitalismo, más que con ese mecanismo culto que se ha formado en un ambiente
burgués, y, por ello — cuando se habla del material humano como parte de ese
mecanismo culto—, está necesariamente impregnado de psicología burguesa. En eso
reside la dificultad de la edificación de la sociedad comunista, pero eso es
también la garantía de la posibilidad y del éxito de dicha edificación. Lo que
distingue al marxismo del viejo socialismo utópico es que este último quería
construir la nueva sociedad, no con la masa de material humano engendrada por
el capitalismo expoliador, inmundo, sangriento de los tenderos, sino con seres
extraordinariamente virtuosos criados en estufas e invernaderos especiales.
Esta idea ridícula hace reír hoy a todos y es abandonada por todos, pero no
todos quieren o no todos saben meditar la doctrina opuesta, el marxismo,
meditar cómo se puede (y se debe) construir el comunismo con una masa de
material humano viciado por siglos y milenios de esclavitud, de servidumbre, de
capitalismo, de pequeña producción de cada cual por su lado, viciado por la
guerra de todos contra todos para conquistar un puestecito en el mercado, para
vender a mayor precio los productos o el trabajo.
Las cooperativas son un
mecanismo burgués. De ello se desprende que no son merecedoras de confianza política; pero en modo alguno que se
pueda renunciar a utilizarlas con fines de administración y edificación. La
desconfianza política hace que no se deba encomendar a gente no soviética
puestos de responsabilidad política.
Hace que las comisiones extraordinarias vigilen atentamente a los individuos de
las clases, sectores o grupos que se inclinan por el régimen de los guardias
blancos. (A este respecto, dicho sea entre paréntesis, no es, ni mucho menos,
forzoso decir las necedades que ha escrito en su revista Krasni Terror, publicada en Kazán, el camarada Lacis, uno de los
mejores comunistas, un comunista probado, el cual quería decir que terror rojo
es aplastar por la violencia a los explotadores que tratan de restaurar su
dominación, y en vez de ello escribió en la pág. 2 del núm. 1 de su
Una pequeña ilustración para aclarar grandes problemas
revista: "No busquéis
(!!?) en el sumario pruebas acusatorias de si se ha sublevado contra los
Soviets arma en mano o de palabra".)
La desconfianza política que
se tiene de los individuos de la administración burguesa es lógica y necesaria.
La renuncia a utilizarlos para administrar y ordenar la economía es la mayor de
las necedades y causa un daño inmenso al comunismo. Quien quisiera recomendar a
un menchevique como socialista, o como dirigente político, o incluso como
consejero político, cometería un error enorme pues la historia de la revolución
en Rusia ha probado definitivamente que los mencheviques (y los
socialistas-revolucionarios) no son socialistas, sino demócratas
pequeñoburgueses, capaces, a cada agravación seria de la lucha de clases entre
el proletariado y la burguesía, de ponerse al lado de la burguesía. Pero la democracia pequeñoburguesa no es una formación
política casual, no es una excepción cualquiera, sino un producto necesario del capitalismo, y, por
cierto, los "abastecedores" de esa democracia no son solamente los
viejos campesinos medios, precapitalistas, reaccionarios en el terreno de la
economía, sino también las cooperativas, esas instituciones capitalistas
cultas, surgidas del gran capitalismo, los intelectuales, etc. Hasta en la
atrasada Rusia surgieron al lado de los Kolupáiev y los Razuváiev capitalistas
que sabían poner a su servicio a los intelectuales cultos, mencheviques,
eseristas y sin partido. ¿Seremos más tontos que esos capitalistas y no vamos a
utilizar ese "material de construcción" para edificar la Rusia
comunista?
Escrito a fines de 1918 o comienzos de 1919. Publicado por
primera vez el 7 de noviembre de 1926 en el núm. 268 de "Pravda".
T. 37, págs. 407-411.
Discurso
en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia, el soviet de Moscú y ......
70
DISCURSO EN LA SESIÓN CONJUNTA DEL CEC
DE TODA RUSIA, EL SOVIET DE MOSCÚ Y EL CONGRESONACIONAL DE LOS SINDICATOS.
El 17 de junio de
1919.
(Clamorosa ovación.) Camaradas: Permitidme que comience mi
intervención por una breve referencia de los hechos principales que han marcado
nuestra política de abastecimiento de víveres. Creo que estas breves
referencias serán de utilidad no sólo para enjuiciar debidamente la importancia
de la disposición que hoy proponemos aprobar al CEC de toda Rusia. También
serán de utilidad para evaluar toda nuestra política de abastecimiento de
víveres en general y el papel que hoy, ante el difícil viraje que se aproxima,
corresponde a los representantes del proletariado organizado, vanguardia y
puntal maestro de la Rusia soviética y de la revolución socialista.
Camaradas, nuestra política
de abastecimiento se caracteriza por tres actos principales que se nos
presentan por orden cronológico de la siguiente manera: primero, la disposición
de crear los comités de campesinos pobres fue un paso que constituía toda la
base de nuestra política de abastecimiento y, a la vez, el punto del viraje de
importancia gigantesca en toda la marcha del desarrollo y en el régimen de
nuestra revolución. Con ese paso cruzamos la frontera que separa la revolución
burguesa de la revolución socialista, pues la simple victoria de la clase
obrera en las ciudades y la mera transferencia de todas las fábricas al Estado
proletario no habrían sido suficientes para sentar y consolidar las bases de
orden socialista si, en vez de montar en el campo también un puntal
verdaderamente proletario para nosotros, hubiéramos erigido uno campesino
general. En octubre tuvimos que limitarnos a unir el proletariado con los
campesinos como un todo y en general; gracias a esta alianza pudimos demoler
rápidamente la propiedad terrateniente y barrerla de la faz de la tierra. Pero
sólo cuando pasamos a organizar a los campesinos pobres, a los proletarios y a
los semiproletarios del campo, se pudo concertar la sólida alianza de las masas
trabajadoras del proletariado de la ciudad y el proletariado del campo.
Sólo entonces pudo hacerse
la guerra de verdad a los kulaks y a la burguesía rural. Este paso radical en
nuestra política de abastecimiento de víveres sigue siendo el acto cardinal de
toda nuestra política de abastecimiento.
El segundo
paso, tal vez de menor importancia, fue el decreto, adoptado a iniciativa y con
la participación de representantes nuestros, sobre el aprovechamiento de las
cooperativas. En este punto llegamos a la conclusión de que debíamos aprovechar
el mecanismo creado por las cooperativas y por toda la sociedad capitalista,
mecanismo que en Rusia, por razones comprensibles, era más débil que en Europa
Occidental. A este respecto incurrimos en muchos errores y dejamos mucho por
hacer no sólo en el campo, sino en las ciudades y en los grandes centros
proletarios. Aquí tropezamos con incomprensiones, incapacidad, prejuicios y
tradiciones que nos apartan de las cooperativas. Es completamente lógico que en
las altas esferas de las cooperativas haya muchos elementos no proletarios;
debemos combatir a esta gente capaz de pasarse al campo de la burguesía, a los
elementos contrarrevolucionarios y sus maquinaciones, conservando a la vez la
administración, el mecanismo cooperativista —que es también herencia del capitalismo—,
ese mecanismo de distribución entre millones de personas sin el cual no es
posible construir el socialismo con algún éxito. En este sentido, el
Comisariado de Abastecimiento tiene trazada una política
Discurso
en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia, el soviet de Moscú y ......
certera, pero aún no la
hemos puntualizado del todo, y los planteamientos que hoy proponemos al Comité
Ejecutivo Central de toda Rusia en nombre del grupo comunista son otro paso
adelante en esa dirección e insisten en que se aproveche la administración cooperativista.
Debemos saber cómo combatir a los elementos indeseables de las altas esferas
cooperativistas —contamos con suficiente fuerza y poder para ello, pues sería
ridículo creer que pueden oponer resistencia seria—, debemos saber desplegar
esa lucha y aprovechar sin falta la administración cooperativista para no
dilapidar nuestras fuerzas, para poder aglutinar esa administración con el fin
de que los comunistas apliquen sus fuerzas no sólo al trabajo político, sino
también al de organización, utilizando en el aspecto técnico la administración
preparada para esa función, la administración cooperativista.
71
El tercer paso en nuestra
política de abastecimiento es la formación de organizaciones obreras de
abastecimiento de víveres. En este plano se os plantea a los trabajadores de
los organismos de abastecimiento de víveres una tarea de importancia. El camino
que hemos emprendido es el que debemos seguir y tenemos que esforzarnos porque
lo emprendan todos los comisariados. Esta es una medida de importancia social y
de clase en general, y no sólo en lo que se refiere al abastecimiento de
víveres. Para que la revolución socialista se afiance, debe subir al poder una
clase nueva. Sabemos que el poder gobernante en Rusia hasta 186182 fue el de los terratenientes feudales. Sabemos que, desde
entonces, el poder que gobernó fue, en suma y en general, el de la burguesía,
el del sector acaudalado. Ahora la revolución socialista se consolidará sólo en
la medida en que sepamos elevar a la nueva clase, el proletariado, al gobierno,
en la medida en que sepamos hacer que el proletariado gobierne a Rusia; en que
sepamos hacer que este gobierno sea el tránsito a la iniciación de todos los
trabajadores en el arte de gobernar el Estado, iniciación que no se adquirirá
en libros, ni en periódicos, ni en folletos o discursos, sino en la práctica, a
fin de que todos puedan probar su capacidad para ello.
Esta es, camaradas, la etapa
principal de nuestra política de abastecimiento de víveres que, a la vez,
implica también el carácter mismo de su estructura. Se debe decir que a
nuestros camaradas responsables del abastecimiento de víveres se les plantea una
tarea de lo más peliaguda. Se comprende que el hambre es la más cruel y
espantosa de las calamidades; que todo desorden en esta esfera despierta
naturalmente en las masas la impaciencia, la ira y la indignación, porque no
hay manera de soportar esa calamidad. Se comprende también que al Comisariado
de Abastecimiento se le plantea el problema más difícil. Sabéis perfectamente,
sobre todo lo saben los camaradas de los sindicatos, cuánto desbarajuste y
desorden reina en la administración de las grandes empresas y en la
contabilidad de su producción. No obstante, eso es mil veces más fácil que
llevar la cuenta de los víveres acopiados por millones de campesinos; y no hay
otra alternativa. La escasez de productos en el país es grande. No hay
bastantes para alimentar a todos.
¿Qué significa el aserto de
que algunos productos los tenemos contados? Significa que si los repartiéramos
ahora entre toda la población, si cada campesino hiciera entrega de toda su
producción, si todos redujéramos el consumo a un nivel algo inferior al de la
saciedad — porque no hay bastante para saciar a todos— , si cada campesino
accediera voluntariamente a reducir su consumo a un nivel algo inferior al de
la saciedad y entregase íntegramente al Estado lo demás, y si distribuyéramos
todo eso bien, nos mantendríamos a ración reducida, pero sin pasar hambre. Es
claro que si nos proponemos ese objetivo, con el desbarajuste que tenemos y con
nuestra incapacidad a escala nacional, será imposible logrado por vía normal,
pues sólo ahora vamos adquiriendo capacidad, antes no teníamos de dónde
sacarla. Si hay insuficientes alimentos, eso quiere decir... ¿qué quiere decir?
Quiere decir que si se autoriza la libertad de comercio cuando escasean
productos de los cuales depende la vida o la muerte de la población, se dará
lugar a una especulación desenfrenada, y los precios subirán, hasta
![]()
82 En 1861 se abolió el
régimen de servidumbre en Rusia.
Discurso
en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia, el soviet de Moscú y ......
alcanzar el denominado
precio de monopolio o de hambre, y sólo minorías encumbradas con ingresos
considerablemente superiores al promedio general podrán satisfacer sus
necesidades a precios tan escandalosos, en tanto que la inmensa mayoría del
pueblo pasará hambre. Eso es lo que sucede cuando en un país hay escasez de
alimentos, cuando un país pasa hambre. Rusia está sitiada desde que los
imperialistas la atacaron. No pueden descubrir ante todo el mundo cuáles son
sus planes de saqueo, pero eso no significa, como ha dicho con razón el
camarada Kámenev, que le haya llegado el fin a su intervención. Somos un país
cercado, una fortaleza sitiada. Dentro de esta fortaleza sitiada las
privaciones son inevitables, y por eso la tarea del Comisariado de Abastecimiento
es la tarea de organización más difícil de todos los comisariados.
Hoy, nuestro enemigo es, si
nos referimos al del interior, no tanto el capitalista o el terrateniente,
minoría explotadora fácil de vencer y que ha sido vencida, como los
especuladores y los burócratas; y todo campesino es, por su condición, un
especulador cuando se le presenta la oportunidad de enriquecerse y aprovecharse
de la desesperante necesidad y del hambre atroz que hay en las ciudades y en
algunas aldeas. Y vosotros sabéis muy bien, sobre todo los camaradas de los
sindicatos, que el afán, la tendencia a especular también se ve en los centros
fabriles, cuando ciertas mercancías no se pueden conseguir o escasean, y todos
los que llegan a conseguirlas tratan de acapararlas y lucrarse con ellas. Si
tolerásemos la libertad de comercio, los precios ascenderían a niveles
altísimos, inalcanzables para las grandes masas de la población.
Esa es la situación
existente, camaradas; por eso hay entre las masas poco desarrolladas, entre las
masas demasiado cansadas y atormentadas por el hambre y los sufrimientos, una
tendencia o una sensación indefinida de enojo e ira contra los camaradas que
trabajan en el abastecimiento de víveres. Esas son gentes que no saben pensar,
que no ven más allá de sus narices; les parece que quizás pudieran conseguirse
alimentos; han oído decir que aquí o allá hay comestibles, que acullá los han
conseguido algunos, pero no son capaces de calcular si hay suficientes para 10
millones de personas y cuánto se necesita para alimentar a tanta gente. Se
imaginan que quienes trabajan en el abastecimiento de víveres les ponen trabas
y les crean dificultades. No comprenden que quienes trabajan en el
abastecimiento de víveres proceden como administradores ahorrativos y sensatos
cuando afirman que si se observa la mayor severidad y la máxima organización,
en el mejor de los casos nos sostendremos con una norma inferior a la de saciedad,
pero sin llegar a pasar hambre. Esa es la situación por la que atraviesa el
país, porque hemos quedado aislados de los más grandes centros abastecedores de
alimentos —Siberia, la zona del Donets—; tenemos cortado el abastecimiento de
combustible, de materias primas y de todo cereal para la población y para la
industria, y sin este abastecimiento el país está condenado a pasar tormentos
exasperantes.
72
Los camaradas dedicados al
abastecimiento de víveres proceden como administradores sensatos que dicen:
debemos estar unidos, y sólo entonces podremos sostenernos, mediante las
acciones constantes, contra las tentativas de obrar cada uno por su lado y el deseo
de pagar lo que sea, sin reparar en nada, con tal de saciarse. No debemos
pensar y obrar cada uno por nuestro lado, pues eso es la muerte; debemos
combatir esas tendencias y costumbres, que nos ha dejado a todos nosotros, a
los millones de trabajadores, la economía privada capitalista, el sistema de
trabajo para el mercado: "venderé y obtendré mi parte; cuanto más
produzca, menos hambre pasaré yo, y más hambre pasarán los demás". Esa es
la maldita herencia de la propiedad privada que dejaba pasar hambre a la gente
incluso cuando en el país había abundancia de alimentos, cuando una minoría
insignificante se enriquecía con la abundancia y con la miseria, mientras el
pueblo sufría increíbles calamidades y perecía en la guerra. Esta es, camaradas,
la situación en que se encuentra nuestra política de abastecimiento de víveres.
Esta es la ley económica que versa: cuando
Discurso
en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia, el soviet de Moscú y ......
hay escasez de alimentos,
cada paso hacia la denominada libertad de comercio da lugar a una especulación
desenfrenada. Por eso, todo lo que se hable de la libertad de comercio, todas
las tentativas de sacar a colación la libertad de comercio son el mayor de los
males, un descenso, un paso atrás en la labor de construcción del socialismo
que el Comisariado de Abastecimiento viene realizando con dificultades
inverosímiles, luchando contra los millones de especuladores que nos han dejado
el capitalismo y la vieja costumbre pequeñoburguesa de la propiedad privada:
"cada uno para sí y Dios para todos"; si no vencemos este mal, no
podremos construir el socialismo.
Sólo la unidad, sólo la
unión más estrecha que se logra en la vida diaria y en una labor tan cotidiana
que es donde más difícil resulta lograda —en el reparto de la rebanada de pan,
cuando el pan escasea—, nos permitirá construir realmente el socialismo.
Sabemos que no es obra que pueda hacerse en un año, que la gente que ha
padecido tanta hambre está muy impaciente y reclama que desistamos, al menos de
tiempo en tiempo, de esta política de abastecimiento, que es la única justa. Y
tenemos que desistir de tarde en tarde, pero sin abandonarla del todo, y no nos
desviaremos de ella.
Esa era la situación,
camaradas, que nos obligó hace seis meses, cuando la crisis del abastecimiento
alcanzó su punto culminante, cuando no teníamos ningunas reservas y cuando las
victorias del cuerpo de ejército checoslovaco nos habían arrebatado la mayor
parte de la región del Volga, hubimos de transigir con el pud y medio de
víveres83. Esa medida nos costó una gran batalla,
una encarnizada batalla, pues la situación de ambas partes era muy difícil.
Quienes trabajaban en el abastecimiento de víveres decían: sí, las cosas van
mal, pero no se debe tolerar que empeoren. Aliviar la situación de unos pocos
durante una semana significaría agravar las condiciones de millones de
personas. Los otros decían: reclamáis una organización ideal a un pueblo
exhausto y atormentado por el hambre; exigís lo imposible; debéis aliviar algo
la situación, aunque ello estropee la política general por algún tiempo. Esta
medida dará nuevos ánimos a la gente, y eso es la principal. Esa era la
situación en que nos encontrábamos cuando propusimos permitir el transporte
individual del pud y medio de comestibles. Esa era la situación general,
esencial, cardinal; y cuando se hizo insostenible, tuvimos que abandonarla para
dar al menos algún alivio temporal y mantener el ánimo y la moral. Esa
situación se repite hoy, cuando estamos en lo último, cuando ya hemos pasado
los seis meses fáciles y entramos en los seis meses duros. Para mostrároslo de
manera palpable os diré que durante el primer semestre de 1918 el Comisariado
de Abastecimiento acopió veintiocho millones de puds; y en el segundo, sesenta
y siete millones, es decir, dos veces y media más.
Ahí tenéis una situación en
la que se ve con claridad que el primer semestre implica una escasez muy
perentoria y grave mientras que el segundo, gracias a la cosecha, nos brinda la
oportunidad de mejorar. Ahora, en 1919, el éxito de nuestras organizaciones de
abastecimiento de víveres es inmenso, gracias fundamentalmente a los comités de
campesinos pobres en las aldeas y a los inspectores obreros de abastecimiento
en las ciudades, y nos ha permitido aumentar en dos veces y media los acopios.
Pero ese éxito del primer año de nuestro trabajo, periodo en que debía
construirse un nuevo edificio y ensayarse nuevos métodos, no aseguraba ni podía
asegurar provisiones para todo el año, aunque nos concedió seis meses de
tregua, que está tocando a su fin y dando paso al segundo semestre, el más
difícil y más duro de todos. Tendremos que poner en juego todos nuestros
recursos para ayudar a los obreros, para asegurarles una corta tregua, para
mejorar su situación en lo que podamos. Se comprende que el Presídium del Soviet
de Moscú y su presidente, Kámenev, insistieran tanto en que formuláramos
nuestra política con la mayor
![]()
83 Lenin se refiere a las disposiciones del
Soviet de Moscú en el suministro de alimentos y fue adoptada a título
excepcional por disposición del Consejo de Comisarios del Pueblo sobre el
monopolio del trigo. Por acuerdo del Consejo de Comisarios del Pueblo la
vigencia de dichas disposiciones caducaba en de octubre de 1918.
Discurso
en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia, el soviet de Moscú y ......
claridad posible e
hiciéramos una diferencia bien manifiesta entre los productos alimenticios
monopolizados y los no monopolizados de manera que podamos lograr algunos
resultados, aunque sólo sean temporales, a fin de que los obreros de las
ciudades y zonas no agrícolas tengan al menos un pequeño respiro y cobren
nuevos ánimos y energías, tan necesarios en estos momentos, pues nos
encontramos en vísperas de un semestre duro, si bien hay síntomas de que en el
campo de los imperialistas se debilitan las fuerzas y los ataques contra
nosotros.
73
Indudablemente, el camarada
Kámenev ha mencionado aquí no sólo síntomas, sino también hechos demostrativos
de que, a pesar de las duras pruebas y reveses que sufrimos en Perm, el
Ejército Rojo se va formando con sólida base, puede vencer y vencerá. Pero el
semestre en que entramos es el más grave. Por eso hay que hacer desde el
comienzo mismo todo lo posible y necesario para aliviar la situación y aplicar
con claridad nuestra política de abastecimiento de víveres, lo cual constituye
nuestra tarea más urgente. Los comunistas batallamos igualmente entre nosotros
a propósito del pud y medio, y esa batalla ha sido enconada en algunos
momentos, pero no nos ha debilitado; antes al contrario, ha contribuido a
hacernos más exigentes y cautos en el examen de nuestra política, al lanzarnos
recriminaciones mutuas; pero tomamos una resolución que se aprueba con rapidez
y por unanimidad y que en este difícil momento, cuando entramos en un nuevo y
angustioso semestre, exige que nos preguntemos una y otra vez por qué se ha creado
una situación que nos obliga más y más a movilizar y poner en máxima tensión
todas nuestras fuerzas.
El año transcurrido ha sido
de una dureza excepcional, y el semestre en que nos encontramos lo es más aún.
Pero cada semestre que pasa después de la revolución alemana y después del
comienzo de la efervescencia en Inglaterra y Francia nos aproxima a la victoria,
y no sólo de la revolución rusa, sino también de la revolución mundial. Esa es
la situación actual, y hemos decidido presentar un proyecto de reglas
fundamentales de la política de abastecimiento, cuya aprobación solicitaremos
al CEC de toda Rusia a fin de que los encargados del abastecimiento puedan
transformarlas inmediatamente en los decretos respectivos, y nosotros —los del
centro, los obreros de las ciudades y de las zonas no agrícolas— podamos
multiplicar nuestros esfuerzos, pues sólo en ellos está la garantía de nuestro
triunfo, de que, aunque hagamos algunas concesiones transitorias,
imprescindibles ante el agotamiento y el hambre, defenderemos las bases de
nuestra política comunista de abastecimiento y las mantendremos incólumes hasta
que llegue el momento de la victoria definitiva y universal del comunismo. Os
leeré ahora, punto por punto, la propuesta que el grupo comunista del CEC de
toda Rusia somete al examen de éste:
"La sesión conjunta del
CEC de toda Rusia, del Congreso Nacional de los Sindicatos, del Soviet de Moscú
y de representantes de comités de fábrica y taller y de los sindicatos de la
ciudad de Moscú aprueba las siguientes reglas fundamentales de la política de
abastecimiento de víveres y encomienda al Comisariado del Pueblo de
Abastecimiento que redacte con la mayor urgencia los decretos, ateniéndose a
este reglamento.
"1. Se reafirma que la política
soviética de abastecimiento de víveres es acertada e inmutable y consiste en:
"a) llevar la cuenta y hacer la
distribución estatal conforme al principio de clase; "b) monopolizar los
principales productos alimenticios;
"c) pasar el abastecimiento de víveres de manos privadas a
manos del Estado.
"2. Si no se aplica constantemente el monopolio estatal ya
decretado de los principales
Discurso
en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia, el soviet de Moscú y ......
artículos alimenticios (pan,
azúcar, té y sal), y el Estado no acopia en masa a precios fijos los otros
productos alimenticios de mayor importancia (carne, pescado de mar, aceite de
cáñamo, de girasol y de linaza, grasas animales, exceptuada la manteca de vaca,
y patatas), será imposible asegurar en las condiciones actuales el
abastecimiento normal de víveres para la población; por otra parte, el
mencionado acopio en masa a precios fijos es sólo una medida preparatoria para
implantar asimismo el monopolio estatal de dichos productos alimenticios, lo
cual será tarea inmediata del Comisariado del Pueblo de Abastecimiento.
"No se permite a nadie
más que a los organismos estatales de abastecimiento el acopio y el transporte
de todos los productos enumerados, excepción hecha de las patatas. El derecho
de acopio de patatas en grandes cantidades a precios oficiales de tasa se
concede, además de a los organismos estatales, a las organizaciones obreras, a
los sindicatos y a las cooperativas.
"3. Como medida
provisional, se concede a las organizaciones obreras y a las cooperativas el
derecho de acopio de los productos alimenticios no enumerados en el punto 2.
"4. En el ejercicio de
este derecho, los organismos locales de abastecimiento de víveres están
obligados a ayudar a las organizaciones acopiadoras".
74
Camaradas, es posible que,
desde el punto de vista de las viejas costumbres y de la vieja noción de
sistema estatal, os extrañen las palabras "están obligados" a acatar
el decreto. Quizás os preguntéis si van tan mal las cosas en la República Soviética
que es preciso obligar a la gente a acatar la voluntad del CEC de toda Rusia.
Pues sí, camaradas, es preciso obligar, y vale más confesarlo abiertamente que
esconder la cabeza debajo del ala e imaginarse que todo va a pedir de boca. Que
nuestros camaradas representantes del CEC de toda Rusia y delegados al Congreso
Nacional de los Sindicatos recuerden bien lo que hablan entre ellos, con cuánto
acierto cumplen todo lo decretado hace tiempo en materia de contabilidad
adecuada de los productos alimenticios y entrega total al Estado de los
productos que no deben dejarse para el intercambio; y cuando no hay intercambio
de mercancías, los campesinos dicen que no nos entregarán nada por los kérenkis84 Si recordáis esto cuando habláis mano a
mano entre vosotros y os fijáis en la cantidad de disposiciones del poder
central que no se cumplen, otorgaréis que es preferible decir la verdad y
admitir que sobre nuestros organismos locales se debe ejercer una coacción
permanente e implacable. (Aplausos.)
Esta precisa sesión —donde se ha reunido el CEC de toda Rusia, nuestro
organismo supremo, con los organismos del Congreso Nacional de los Sindicatos,
que tiene aquí la representación más numerosa, cosa de la mayor importancia en
estos momentos—, y estos camaradas de suma autoridad deben declarar con firmeza
aquí precisamente, y hacerlo llegar al plano local, que los organismos locales
deben acostumbrarse a que debemos ejercer sobre ellos coacción para que
apliquen de manera consecuente la política central. Eso resulta muy difícil, y
es natural que muchos millones de personas, habituadas a ver en el poder
central a ladrones, terratenientes y explotadores, desconfíen de él. Pero hay
que vencer esa desconfianza, pues si no se vence, no podremos construir el
socialismo, porque construir el socialismo es montar un sistema de economía
centralizada, un sistema de economía dirigida desde el centro, y eso sólo puede
hacerlo el proletariado, que está educado en este espíritu por la fábrica y por
la vida. Sólo él es capaz de hacerlo. La lucha contra las tendencias
localistas, contra las costumbres del pequeño propietario es dura. Sabemos que
eso no se puede hacer de golpe, pero jamás nos cansaremos de instar a los
representantes del proletariado a que repitan esta verdad y la pongan en práctica,
porque de otro modo es imposible construir el socialismo.
![]()
84 Kérenkis: billetes de banco emitidos por el Gobierno Provisional
burgués, encabezado en 1917 por Kerenski.
Discurso
en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia, el soviet de Moscú y ......
Más adelante, el punto cuarto versa:
"Se declaran libres por
completo el transporte de dichos productos y su venta en el mercado. Ningún
destacamento de retención, fielato o guardia, etc., podrá entorpecer el
transporte y la venta libre de los productos mencionados en bazares, mercados,
desde los carros, etc.".
Camaradas,
este punto es de singular importancia. El camarada Kámenev ha logrado recoger
en él muchas cosas que, como es natural, no cumplíamos con la premura de
nuestro trabajo, puesto que nuestro Comisariado de Abastecimiento y otros
comisariados tienen que amontonar una disposición sobre otra, merced a lo cual,
a los organismos locales les resulta muy difícil orientarse en todo eso. Nos
acusan de apresuramiento en promulgar decretos; pero ¿qué podemos hacer si nos
meten prisa los ataques del imperialismo, si nos obliga a apresurarnos el peor
de los males imaginables, la falta de pan y de combustible? Y como eso es así,
tenemos que poner en juego todos los recursos para aclarar nuestras tareas,
para explicar errores particulares, y por eso es tan importante delimitar con
precisión y claridad la divisoria ya lograda con esta lucha. Para lograr eso en
proporciones mucho mayores tenemos que asegurarnos ahora de que los organismos
locales no se permitan obrar por su cuenta y riesgo, ni se permitan alegar en
su favor que han recordado el decreto de ayer, pero han olvidado el de hoy.
Debemos cerciorarnos de que saben con exactitud y claridad absolutas qué
productos alimenticios son monopolio del Estado y cuáles pueden transportarse y
venderse libremente, o sea, todo menos lo enumerado específicamente en los
puntos 1 y 2. Que esto sea del dominio público, que quienes regresan a sus
lugares lo comuniquen a los demás, que hagan lo que les impone su condición de
funcionarios oficiales, que lleven copia de los decretos correspondientes, que
se van a redactar, para que en los pueblos los acaten y apliquen a rajatabla,
para que las disposiciones del poder central se cumplan en realidad y se acabe
con la indecisión que había antes. Luego, las últimas palabras del punto cuatro
versan:
"Nota: En lo que se
refiere a huevos y manteca de vaca, esta disposición rige sólo para los
distritos donde el Comisariado de Abastecimiento no acopia estos productos en
grandes cantidades".
Camaradas, voy a dar ahora
una lectura somera de los restantes artículos del decreto. Como no tengo
posibilidad de pormenorizar ni veo la necesidad de hacerlo, ya que me seguirán
en el uso de la palabra varios compañeros más, entre ellos algunos más competentes
que yo, recalcaré únicamente lo que considero necesario en especial. Leeré en
forma sucinta las reglas fundamentales que proponemos aprobar al CEC de toda
Rusia y encomendaremos al Consejo de Comisarios del Pueblo y demás autoridades
de la República Soviética que las hagan decretos y los lleven a la práctica en
forma absoluta y obligatoria. (Aplausos.)
"5. Con objeto de
acrecentar el acopio de productos y lograr una mayor eficiencia en el
cumplimiento de tareas sueltas, se pone en vigor el principio de
contingentación y acopio de los productos no monopolizados y un sistema de
primas para las cooperativas y los otros organismos encargados del acopio de
productos, tanto monopolizados como no monopolizados, para el Estado.
75
"Medidas de
organización tendentes a renovar los organismos de abastecimiento y reforzar la
participación de los obreros en ellos:
"a) vasta aplicación de
la inspección obrera de abastecimiento, haciendo extensivas sus funciones al
control del cumplimiento de los decretos del 10/XII por parte de los organismos
de abastecimiento de víveres y del acopio de productos alimenticios no
monopolizados;
Discurso
en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia, el soviet de Moscú y ......
"b) inmediata puesta en
funciones de la inspección obrera en todos los organismos de abastecimiento de
víveres locales, haciéndola extensiva a los departamentos del Comisariado de
Abastecimiento con objeto de combatir con energía los métodos burocráticos y el
papeleo oficinesco;
"c) fortalecimiento de
los vínculos con las organizaciones obreras — sindicatos y cooperativas
obreras—, mediante la vigorización consecutiva de los organismos locales,
valiéndose para ello de las fuerzas existentes entre los activistas de las
precitadas organizaciones;
"d) a fin de preparar
entre los obreros a funcionarios prácticos en problemas de abastecimiento y
capaces de ocupar cargos de responsabilidad, se establecerá, en todos los
organismos e instituciones centrales y locales, un sistema de prácticas de adiestramiento.
"6. En los trabajos de
acopio y distribución de comestibles se aprovechará al máximo la administración
de las cooperativas. Se nombrará a representantes de responsabilidad de los
organismos estatales de suministro para que sean incluidos en la administración
de las cooperativas a fin de controlar y coordinar las actividades de éstas con
la política de abastecimiento del gobierno".
Dicho sea de paso, ésta es
una de las formas de combatir a los elementos de las alturas cooperativistas;
pero sería un error de bulto, y sin duda fatal para nuestro trabajo,
menospreciar la administración cooperativa en su conjunto, rechazarla con
desdén o altivez, diciendo que montaréis otra nueva, que de la existente no
tenéis por qué ocuparos, que de eso pueden ocuparse los comunistas nada más.
Debemos aprovechar el personal que tenemos a mano; el socialismo no se puede
construir si no utilizamos lo que nos ha dejado el capitalismo. Es preciso
utilizar todos los valores culturales que el capitalismo ha creado contra
nosotros. En ello estriba la dificultad del socialismo, en que hay que
construirlo con materiales fabricados por nuestros adversarios; pero sólo en
ello está la posibilidad del socialismo; en teoría lo sabemos todos, y desde
que hemos vencido este año, nos hemos convencido en la práctica de que el
socialismo sólo se puede construir con lo que el capitalismo creó contra
nosotros y de que nosotros debemos utilizar todo eso para construir y
consolidar el socialismo.
El siguiente artículo, el séptimo, versa:
"7. El control del
cumplimiento de las reglas de transporte de los productos y de la estricta
aplicación del monopolio sobre los víveres se encomendará a los obreros que
contarán con el soporte de destacamentos armados organizados por el Comisariado
de Abastecimiento.
"Deberán suprimirse
inmediatamente todos los destacamentos obstaculizadores de la especulación de
víveres que no sean del Comisariado de Abastecimiento y de los comités
provinciales de abastecimiento. Los destacamentos de dichos comisariado y
comités provinciales de abastecimiento se irán disolviendo en la medida que se
formen los respectivos organismos de inspectores obreros en plano local".
He agotado mi turno,
camaradas, y me permitiré señalar sólo que en estos últimos artículos están las
bases principales de lo que constituye el espíritu de nuestra política de
abastecimiento de víveres y de toda la política soviética. Ya he dicho que estamos
en tiempos difíciles, que se ha iniciado un semestre más duro, que se ha
acabado la tregua en cuanto al abastecimiento de víveres y ha comenzado el
período más difícil. Cada vez que el Poder soviético tropieza con dificultades
en la dificilísima obra de construir el socialismo, sabe que tiene una sola
forma de combatirlas: apelar a los obreros, a sectores cada vez más amplios de
obreros. Ya he dicho que el socialismo no podrá construirse hasta que afronten
la obra de
Discurso
en la sesión conjunta del CEC de toda Rusia, el soviet de Moscú y ......
organizar por sí mismas el
Estado y la nueva vida económica masas diez y cien veces más vastas. Nuestros
trabajadores del abastecimiento de víveres están ya, según sus informes, en una
etapa en que no menos de la tercera parte de los miembros de los comités
distritales de abastecimiento son obreros, principalmente obreros de
Petrogrado, Moscú e Ivánovo-Voznesensk, la flor de nuestro ejército proletario.
Eso está bien, pero es poco; necesitamos que sean los dos tercios, y debemos
trabajar más y más. Como sabéis, los sectores avanzados de los obreros han
asumido ya la administración pública y comenzado a organizar una nueva vida.
Sabemos que debemos ir más abajo, calar más hondo e incorporar sin temor a más
y más sectores. Aún no están instruidos, incurrirán sin falta en errores, pero
eso no nos asusta. Sabemos que eso nos proporcionará personal joven y nos
recompensará con creces, dándonos a decenas de fuerzas jóvenes, más lozanas. No
tenemos otras fuentes de donde sacar fuerzas. Tenemos que caminar siempre sólo
adelante, tomar al tuntún a obreros jóvenes y poner a representantes del
proletariado en cargos de mayor responsabilidad cada día.
76
La actual crisis de abastecimiento se debe a que ha empezado un
semestre más difícil. Se debe también al estado del transporte. Como ya he
dicho, en la segunda mitad de 1918 acopiamos sesenta y siete millones y medio
de puds de cereales, pero no pudimos transportar veinte millones de ellos. La
última crisis desesperante de Petrogrado se explica porque nuestras reservas
están detenidas en el ferrocarril Volga-Bugulmá y no podemos traerlas de allí.
Los ferrocarriles están en una situación desastrosa; el desgaste del material
rodante es tan horrendo porque ningún país ha pasado por una prueba tan dura
como Rusia, dado el atraso general y que en la organización de los ferroviarios
no tenemos masas proletarias tan cohesionadas. Aprovechando esta reunión,
querríamos pediros, camaradas, que hagáis comprender a las masas que
necesitamos a más y más obreros para el abastecimiento y para el transporte a
fin de que nos ayuden con su experiencia. Ponedlos a trabajar, atended a los
principiantes, y ellos harán mucho más que las organizaciones de antes. ¡Todos
a las tareas del abastecimiento y del transporte! Que toda organización, sea de
la rama que quiera, haga un recuento de sus fuerzas y diga si hemos tomado a
bastante gente y si hemos hecho todo lo necesario para enviar a comisarios como
los que enviamos al ejército. Los obreros desfallecen por la alimentación
insuficiente. Debemos enviar a nuestra mejor gente a esos trabajos para que
desempeñen cargos de responsabilidad en el ejército, en el abastecimiento y en
el transporte. A esto puede dedicarse cualquiera, incluso los que no son
especialistas. En el transporte se necesita a veces la ayuda de un camarada del
partido, la influencia de un proletario firme de ideas que haya pasado buena
escuela, que influya en los sectores menos proletarios de los empleados de los
ferrocarriles mediante el control y la inspección. Camaradas, repito una vez
más esta consigna: "¡Todos a las tareas del abastecimiento y del
transporte!" En esto debemos hacer lo mismo que hemos hecho en el ejército,
a donde enviamos a comisarios políticos y logramos lo que nos habíamos
propuesto. ¡Estoy seguro de que también ahora, durante este duro semestre,
venceremos el hambre y el desbarajuste!
Publicado íntegramente por primera vez en el tomo XXIII de las
ediciones 2ª y 3ª de las "Obras" de V. I. Lenin, en 1929. Una breve
información periodística se publicó el 18 de enero de 1919 en el núm. 12 de
"Pravda" y en el núm. 12 de "Izvestia del CEC de toda
Rusia".
T. 37, págs. 412-427.
Discurso en el II Congreso Nacional de los Maestros
Internacionalistas
77
DISCURSO EN EL II CONGRESO NACIONAL DE
LOS MAESTROS INTERNACIONALISTAS.
El 18 de enero de
1919.
(Clamorosos aplausos que se transforman en ovación.) Camaradas:
Permitidme que salude a vuestro congreso en nombre del Consejo de Comisarios
del Pueblo. Al magisterio se le plantean hoy tareas de singular importancia, y
confío en que después del año vivido, después de la lucha desplegada entre los
maestros, entre los que se pusieron desde el comienzo al lado del Poder
soviético, al lado de la pugna en pro de la revolución socialista, y la parte
del magisterio que seguía hasta entonces apoyando al viejo régimen y cautiva de
los viejos prejuicios de que la enseñanza puede continuar ejerciéndose en el
terreno del viejo régimen, después del año de lucha y de lo que ha ocurrido en
las relaciones internacionales creo que ahora esa lucha debe acabar y está
acabando ya. No cabe duda de que la inmensa mayoría de los maestros afines a la
clase obrera y a los campesinos trabajadores se ha convencido ahora de lo hondo
que han calado las raíces de la revolución socialista y de que ésta se propaga
inevitablemente al mundo entero. Creo que la inmensa mayoría de los maestros se
pasará ahora, con sinceridad indudable, al lado del poder de los trabajadores y
explotados en la lucha por la revolución socialista, en la lucha contra esa
parte del magisterio que, afincada hasta hoy en los viejos prejuicios
burgueses, en el viejo régimen y en las viejas hipocresías, se imaginaba que
podía conservar algo de ese régimen.
Una de esas hipocresías
burguesas es la persuasión de que la escuela puede mantenerse al margen de la
política. Sabéis perfectamente cuán falsa es esa persuasión. La burguesía, que
defendía ese principio, puso por sí misma su propia política burguesa en el
centro del sistema de enseñanza y trató de reducir ésta a la formación de
servidores dóciles y cumplidores de la burguesía, trató de reducir de arriba
abajo incluso la enseñanza general a la formación de lacayos dóciles y
cumplidores de la burguesía, a la formación de esclavos y ejecutores de la
voluntad del capital, sin preocuparse jamás de hacer de la escuela un
instrumento de educación de la personalidad del hombre. Hoy queda claro para
todos que eso puede hacerlo sólo la escuela socialista, indisolublemente
vinculada a todos los trabajadores y explotados y afincada a conciencia en la
plataforma soviética.
La reforma de la escuela,
claro está, es cosa difícil. Y, por supuesto, se ha incurrido y se sigue
incurriendo en errores, se continúa intentando tergiversar el principio de la
vinculación de la escuela a la política y dar a este principio una interpretación
burda y monstruosa, cuando se procura inculcar torpemente esta política a la
joven generación que se ha de preparar. Y no cabe duda de que tendremos que
combatir siempre esa burda aplicación de dicho principio fundamental; pero hoy
la tarea principal de la parte del magisterio que se ha adherido a la
Internacional, que se ha puesto al lado del Poder soviético es preocuparse de
fundar un sindicato más amplio de trabajadores de la enseñanza que abarque en
lo posible a todos los maestros.
Vuestro sindicato, que es un
sindicato de internacionalistas, no tiene cabida para el viejo sindicato del
magisterio que defendía los prejuicios burgueses, mostraba incomprensión y
propugnaba hasta el último grado esos mismos privilegios incluso mucho más que
los otros sindicatos de trabajadores de las altas esferas que se formaron en
los mismos albores de la revolución de 1917 y que nosotros hemos combatido en
todos los terrenos. Creo que vuestro sindicato internacionalista puede
convertirse perfectamente en un sindicato único de
Discurso en el II Congreso Nacional de los Maestros
Internacionalistas
trabajadores de la enseñanza
que se sume, lo mismo que los demás sindicatos —y esto lo demuestra con
singular brillo el II Congreso Nacional de los Sindicatos—, a la plataforma del
Poder soviético. La tarea planteada a los maestros es inabarcable. Para cumplirla,
habrá que luchar también contra los restos de negligencia y fraccionamiento que
nos dejó la pasada revolución.
Hablemos a continuación de
la propaganda y la agitación. Es muy natural que, dada la desconfianza que nos
han dejado del magisterio los sabotajes y los prejuicios de la parte burguesa
del mismo, habituada a pensar que únicamente los ricos pueden recibir una buena
instrucción y que para la mayoría de los trabajadores es suficiente la
preparación de buenos criados y buenos obreros, en modo alguno la de verdaderos
dueños de la vida, quede ahora el fraccionamiento en todas las esferas de la
propaganda y la instrucción pública. Ello condena a una parte de los maestros a
una esfera estrecha, a la esfera de la presunta enseñanza, y nos impide crear
un mecanismo único y completo en el que entren y colaboren con nosotros todas
las fuerzas del saber. Y lo conseguiremos por cuanto romperemos con los viejos
prejuicios burgueses; ahí está la tarea de vuestro sindicato, que consiste en
incorporar a vuestra familia a las mayores masas del magisterio, en educar a
los sectores más atrasados del magisterio, en subordinados a la política
general del proletariado y agruparlos en una organización común.
78
En la situación que se ha
creado ahora en nuestro país, cuando se aclaran con precisión todos los
problemas de la guerra civil y cuando la marcha de las cosas obliga a los
demócratas pequeñoburgueses a pasarse al lado del Poder soviético, pues se han
convencido de que cualquier otro camino que tomen los llevará, aunque ellos no
quieran, a defender a los guardias blancos y al imperialismo internacional;
pues bien, en esa situación, sobre del magisterio recae la magna tarea de
agruparse en un sindicato. Cuando al mundo entero se le plantea una sola tarea
fundamental, la salida es: o reacción extrema, dictadura militar y
fusilamientos — de lo cual recibimos noticias palmarias de Berlín— , o esa
reacción desenfrenada de los capitalistas desaforados, que sienten que esta
guerra de cuatro años no puede quedar impune y por eso están dispuestos a todo
para seguir anegando la tierra en sangre de los trabajadores, o bien la
victoria total de los trabajadores en la revolución socialista. No existen hoy
términos medios. Por ello, los maestros que desde el comienzo mismo se
adhirieron a la Internacional y que hoy comprenden con claridad que sus
adversarios entre los maestros del bando contrario no pueden oponer una
resistencia seria, deben emprender el camino de una actividad más amplia.
Vuestra organización debe convertirse ahora en un amplio sindicato de
trabajadores de la enseñanza que abarque a una gran cantidad de maestros, en un
sindicato que se sitúe con decisión en la plataforma soviética y pise el
terreno de la lucha por el socialismo mediante la dictadura del proletariado.
Esta es precisamente la
fórmula aprobada por el II Congreso de los Sindicatos que se está celebrando
estos días. El II Congreso de los Sindicatos exige que todos los que se dedican
a una profesión determinada, a un tipo de actividad determinada, se agrupen en
un sindicato único; pero al mismo tiempo declara que el movimiento sindical no
puede estar separado de las tareas fundamentales de la lucha por liberar el
trabajo del yugo del capital. Por eso pueden incluirse con plenitud de derechos
en los sindicatos sólo las organizaciones de ramos profesionales que admiten la
lucha revolucionaria de clase en pro del socialismo, valiéndose de la dictadura
del proletariado. Vuestra organización es de ese tipo. Si adoptáis esa postura,
tendréis asegurado el éxito en la obra de ganaros a la gran masa del magisterio
y de lograr que los conocimientos y las ciencias dejen de ser patrimonio de los
privilegiados, dejen de ser un medio para fortalecer la posición de los ricos y
los explotadores y se conviertan en instrumento de la emancipación de los
trabajadores y explotados. Permitidme, camaradas, que os desee éxitos de toda
clase en vuestra empresa.
Discurso en el II Congreso Nacional de los Maestros
Internacionalistas
Publicado íntegro por primera vez en 1926 en el tomo XX, parte
II, de las "Obras escogidas de N. Lenin (V. Uliánov)". Se publicó una
breve información periodística el 19 de enero de 1919 en el núm. 13 de
"Izvestia del CEC de toda Rusia".
T. 37, págs. 430-433.
Informe presentado al II Congreso Nacional de los Sindicatos
79
INFORME PRESENTADO AL II CONGRESO
NACIONAL DE LOS SINDICATOS.
El 20 de enero de
1919.
(Clamorosos y prolongados aplausos.) Camaradas: Os ruego que me
disculpéis, pues, debido a una pequeña indisposición, hoy tendré que limitarme
a pronunciar un breve discurso sobre el problema que tenéis planteado: las
tareas de los sindicatos.
La resolución que se os
ofrece la propone al Congreso de los Sindicatos el grupo comunista, que la ha
estudiado minuciosamente. Como ya está impresa, supongo que la conocerán todos
los presentes, y yo me permitiré detenerme sólo en dos puntos principales que,
a juicio mío, son los más importantes de los que, hablando en general, aborda
esta resolución.
Creo que el primero de estos
puntos, de carácter negativo, por así decir, es la declaración hecha con motivo
de la consigna de unidad o independencia del movimiento sindical, de esa
consigna que el punto 3 de la resolución califica de haber llevado en la
práctica a la lucha abierta contra el Poder soviético a los grupos que se
atenían a ella, tentativa que ha dejado a estos grupos fuera de las filas de la
clase obrera.
Creo, camaradas, que esta
famosa consigna de independencia merece atención no sólo desde el punto de
vista sindical. A juicio mío, la lucha que hoy llena el mundo y se encona a
ojos vistas con inaudita rapidez en torno al dilema de dictadura del proletariado
o dictadura de la burguesía se comprenderá adecuadamente, se tendrá en cuenta
con tino y podrá brindar a la clase obrera, a sus representantes conscientes,
la posibilidad de participar en ella con acierto sólo si se comprende que esa
consigna de independencia es un autoengaño para unos y un engaño para otros.
Querría señalar ante todo, aunque sea brevemente, hasta qué punto es errónea en
teoría y está por debajo de toda crítica, desde el punto de vista teórico, esa
consigna.
Camaradas, el último suceso
de Alemania, el brutal y traicionero asesinato de Liebknecht y Luxemburgo, no
es sólo el más dramático y trágico de la revolución que comienza en Alemania.
Proyecta, además, una luz de extraordinario brillo sobre el planteamiento de
los problemas de la lucha contemporánea en las actuales tendencias de las
diversas convicciones políticas y en los diversos sistemas teóricos de nuestros
días. En Alemania es precisamente donde más se ha hablado, aunque sólo sea, por
ejemplo, de la famosa democracia, de las consignas de democracia en general y
de las consignas de independencia de la clase obrera con relación al poder del
Estado. Estas consignas, que tal vez parezcan desligadas a primera vista,
guardan en realidad muy estrecha conexión. Están estrechamente vinculadas
porque evidencian que hasta ahora, pese a la inmensa experiencia que el
proletariado ha reunido en su lucha de clase, los prejuicios pequeñoburgueses
son aún muy fuertes; porque evidencian que hasta hoy la lucha de clase sólo se
admite a cada paso de boca para afuera, según la expresión alemana, sin
penetrar ni en la mente ni en el corazón de quienes la mencionan. En efecto, si
recordamos, aunque sólo sea el abecé de la economía política que aprendimos en El Capital de Marx, la teoría de la
lucha de las clases que todos aceptamos sin reservas, ¿cómo se puede hablar de democracia en general o de independencia cuando
hoy se ha exacerbado y extendido tanto la lucha, cuando está claro que la
revolución socialista se ha puesto a la orden del día en todo el mundo y cuando
eso resalta con evidencia en la práctica de los países más democráticos?
Quienes piensen así demuestran que, en cuanto a la teoría de la
Informe presentado al II Congreso Nacional de los Sindicatos
economía política, no han
comprendido una sola página de El Capital
de Marx, hoy acatado sin excepción por todos los socialistas de todos los
países.
Pero, en realidad, aunque acatan esa obra, ahora que casi han
llegado a la lucha principal a la que condujo El Capital de Marx, abandonan esta lucha entre las clases y se
imaginan que puede haber una democracia al margen o por encima de las clases,
que la democracia en la sociedad contemporánea, mientras los capitalistas
conserven su propiedad, puede ser otra, una democracia no burguesa, es decir,
una dictadura burguesa disfrazada con falsos e hipócritas rótulos democráticos.
Fue desde esa misma Alemania desde donde nos han llegado hace poco voces
diciendo que allí es posible, e incluso tal vez probable, que la dictadura del
proletariado no rebase el marco de la democracia, que allí se pondrá en
práctica la democracia. Ha sido allí precisamente, donde personas que tienen la
pretensión de ser maestros del marxismo, personas que como Kautsky, que desde
1889 hasta 1914 fueron los ideólogos de toda la II Internacional, han
enarbolado la bandera de la democracia y no comprenden que mientras la
propiedad esté en manos de los capitalistas la democracia no será más que una
pantalla falaz por completo de la dictadura de la burguesía. No comprenden que
no puede ni hablarse de emancipar el trabajo del yugo del capital mientras no
se arranque esa falaz pantalla, mientras no planteemos el problema como siempre
nos enseñó Marx, como nos han enseñado a plantearlo la lucha cotidiana del
proletariado, cada huelga y cada enconamiento de la lucha sindical: que
mientras la propiedad siga estando en manos de los capitalistas, toda democracia
será sólo una pantalla falaz de la dictadura de la burguesía. Todo lo que se
diga del sufragio universal, del acato de la voluntad del pueblo, de la
igualdad de los electores será un burdo engaño, porque no puede haber igualdad
entre los explotadores y los explotados, entre los dueños del capital y la
propiedad y los modernos esclavos asalariados.
80
Es claro que, en comparación
con el zarismo, con la autocracia, la monarquía y todos los residuos del
feudalismo, la democracia burguesa es un progreso inmenso en el plano
histórico. Es claro que debemos aprovecharla, y mientras la lucha de la clase
obrera por todo el poder no se ponga a la orden del día, estamos obligados a
utilizar las formas de la democracia burguesa. Pero la realidad es que hemos
llegado justamente a ese momento decisivo de la lucha a escala internacional, y
el problema ahora es si podrán los capitalistas sujetar en su poder los medios
de producción y, sobre todo, la propiedad de los instrumentos de producción. Y
eso quiere decir que ellos preparan nuevas guerras. La guerra imperialista nos
ha mostrado con claridad meridiana que la propiedad capitalista está vinculada
a esa matanza de pueblos y condujo a ella de manera incontenible y constante.
Siendo así las cosas, todo cuanto se diga de que la democracia expresa la
voluntad de todo el pueblo es un engaño palmario para todos, no es otra cosa
que el privilegio de los capitalistas y los ricos para embaucar a los sectores
más atrasados de trabajadores, tanto con su prensa, que sigue en manos de los
propietarios, como con todos los otros medios de influencia política.
No hay ni puede haber más
que una alternativa: o dictadura de la burguesía encubierta con asambleas
constituyentes, con sistemas electorales de todo tipo, democracia y demás
engaños burgueses que se emplean para deslumbrar a bobos y de los que sólo
pueden hacer gala hoy quienes han renegado por completo y en todo del marxismo
y del socialismo; o dictadura del proletariado para aplastar con mano de hierro
a la burguesía que azuza a los elementos más inconscientes contra los mejores
líderes del proletariado mundial. Esta dictadura significa la victoria del
proletariado para reprimir a la burguesía, que ahora opone la más rabiosa
resistencia al proletariado, que se hace tanto más furiosa cuanto más claro
percibe que el problema lo han planteado las masas. Pues hasta ahora, en la
gran mayoría de los casos, tenía el descontento y la indignación de los obreros
por expresión temporal de malestar. Los capitalistas ingleses, por ejemplo, que
quizás sean los más expertos en embaucar a los obreros en los problemas políticos
y los mejor instruidos y organizados en el
Informe presentado al II Congreso Nacional de los Sindicatos
aspecto político, siguen
conceptuando hasta hoy a cada paso que la guerra, claro está, ha despertado
descontento, y este descontento origina y seguirá originando disturbios
obreros, pero aún no han dicho que hoy de lo que se trata es de quién
encabezará el Estado, en manos de quién estará el poder del Estado y si los
señores capitalistas conservarán la propiedad. Entre tanto, los acontecimientos
han evidenciado que ese problema precisamente es el que se ha puesto sin duda a
la orden del día no sólo en Rusia, sino en toda una serie de países
euroccidentales, y no sólo tan siquiera de los que participaron en la guerra,
sino también de los neutrales, de los que sufrieron relativamente menos las
consecuencias, como Suiza y Holanda.
La burguesía se ha educado y
ha educado a las masas, más que nada, en el espíritu del parlamentarismo
burgués. Sin embargo, es evidente que en las masas ha madurado un movimiento
soviético, un movimiento por el Poder soviético. El movimiento soviético ha
dejado de ser la forma rusa del poder del proletariado para hacerse la posición
del proletariado internacional en su lucha por el poder, es el segundo paso en
el desarrollo mundial de la revolución socialista. El primer paso fue la Comuna
de París, la cual demostró que la clase obrera no puede llegar al socialismo
por otra vía que no sea la de la dictadura, sometiendo por la fuerza a los
explotadores. Lo primero que demostró la Comuna de París es que la clase obrera
no puede llegar al socialismo por el conducto del viejo Estado parlamentario
democrático burgués, sino sólo por el de un Estado de nuevo tipo que habrá de
destruir de arriba abajo el parlamentarismo y la burocracia.
El segundo paso, desde el
punto de vista del desarrollo mundial de la revolución socialista, ha sido el
Poder soviético, que, si bien fue tenido en un principio, y se podía, e incluso
se debía tener por un fenómeno exclusivamente ruso, si no se abandonaba el
terreno de los hechos, hoy los acontecimientos han mostrado que no es un
fenómeno sólo ruso, sino también una forma internacional de lucha del
proletariado, han mostrado que las guerras, al barajar a las masas proletarias
y semiproletarias, han dado a éstas una organización nueva, evidentemente
opuesta al imperialismo rapaz, a la clase capitalista que obtiene ganancias
fabulosas, sin precedente antes de la guerra, y han creado por doquier esas
nuevas organizaciones de lucha de las masas, las organizaciones del
proletariado, para derrocar el poder de la burguesía.
81
No todos comprendían, cuando
surgieron los Soviets, este significado suyo. No todos lo comprenden ni
siquiera hoy. Pero nosotros, los que vimos en 1905 los embriones de estos
Soviets, y pasamos después de la revolución de febrero de 1917 un largo período
de vacilaciones y titubeos entre la organización soviética de las masas y la
ideología pequeñoburguesa, conciliadora y traicionera, tenemos un cuadro más
claro que la luz del sol. Ese cuadro lo tenemos delante mismo de nosotros, y
abordamos el problema desde su punto de vista, desde el punto de vista de la
marcha más amplia y profunda cada día de la lucha del proletariado por el poder
del Estado, contra la propiedad capitalista. Y desde ese punto de vista, ¿qué
valen todas las invocaciones a la democracia y todas las frases sobre
"independencia" y demás cosas por el estilo que desvían
constantemente a cierta posición al margen de las clases, puesto que sabemos
que en la sociedad capitalista domina la burguesía, que la sociedad capitalista
nace precisamente del poder de la burguesía en las esferas política y
económica? O poder del proletariado o dictadura de la burguesía, no hay término
medio que pueda ser perdurable en problemas de alguna seriedad. Y quien hable
de independencia, quien hable de democracia en general, presupone consciente o
inconscientemente algún término medio, algo que está entre las clases o por
encima de las clases. Y en todos los casos, es una ilusión, es un engaño, es
encubrir que mientras subsista el poder de los capitalistas, mientras los
capitalistas conserven la propiedad de los medios de producción, la democracia
puede ser menos amplia o más amplia, civilizada, etc., pero en realidad sigue
siendo la
Informe presentado al II Congreso Nacional de los Sindicatos
dictadura de la burguesía, y
de cada gran contradicción brota con mayor claridad, con mayor evidencia, la
guerra civil.
Cuanto más próximas a la
democracia son las formas políticas de Francia, tanto antes se desprende la
guerra civil de casos como el de Dreyfus. Cuanto más amplia es la democracia en
Norteamérica, con su proletariado, sus internacionalistas e incluso sus meros
pacifistas, tanto antes se dan casos de linchamiento y estallidos de guerra
civil. El significado de eso lo vemos tanto más claro hoy, cuando la primera
semana de libertad y democracia burguesas en Alemania ha dado lugar al más
rabioso estallido de la guerra civil, estallido mucho más violento y mucho más
furioso que en nuestro país. Y quien juzgue de esos estallidos desde el punto
de vista de si se conoce o no el juicio de tales o cuales partidos, quien los
juzgue sólo por el asesinato de Liebknecht y Luxemburgo, se distingue por su
ceguera y su cobardía intelectuales y no quiere comprender que esos estallidos
son los de una guerra civil incontenible, una guerra civil que dimana de manera
incontenible de todas las contradicciones del capitalismo. No hay ni puede
haber términos medios. Todo lo que se diga de independencia o democracia en
general, cualquiera que sea la salsa con que se condimente, es el mayor de los
engaños, la mayor traición al socialismo. Y si la propaganda teórica de los
bolcheviques, que son ahora los fundadores efectivos de la Internacional; si
las enseñanzas teóricas de los bolcheviques sobre la guerra civil no han
llegado muy lejos y han sido interceptadas con demasiada frecuencia por la
censura y las medidas de contención castrenses de los Estados imperialistas,
hoy no son ya la propaganda ni la teoría, sino los hechos de la guerra civil
los que alcanzan tanta mayor violencia cuanto más vieja es y más perdura la
democracia en los Estados euroccidentales. Estos hechos se abrirán paso a las
mentes más cerradas y embotadas. De los que hablan de democracia en general y
de independencia puede afirmarse hoy que son unos fósiles.
No obstante, teniendo en
cuenta las duras condiciones de la lucha, entre las que surgió y se desarrolló
el movimiento sindical de Rusia hace tan poco tiempo —y hoy ha adquirido un
desarrollo casi total— debemos lanzar de paso una mirada retrospectiva y recordar
el ayer. A juicio mío, esas evocaciones son tanto más necesarias por cuanto el
movimiento sindical, precisamente como movimiento sindical, ha de sufrir un
cambio muy brusco en el período en que ha comenzado la revolución socialista
mundial.
En este movimiento sindical
ha sido donde los ideólogos de la burguesía han intentado muchas veces sacar
ganancia a río revuelto. Han procurado independizar de la lucha política la
lucha económica, que es la base del movimiento sindical. Entretanto, es precisamente
ahora, sobre todo después de la revolución política que ha entregado el poder
al proletariado, cuando los sindicatos, la organización más amplia del
proletariado a escala de clase, deben desempeñar en realidad un papel muy
importante y ocupar la situación más céntrica en la política, deben
convertirse, en cierto sentido, en el órgano político principal, pues todos los
viejos conceptos y categorías de esta política han sido refutados e invertidos
por la revolución política que ha entregado el poder al proletariado. El viejo
Estado, tal y como lo habían constituido, incluso las mejores y más
democráticas de las repúblicas burguesas, nunca fue ni pudo ser, lo repito,
otra cosa que la dictadura de la burguesía, es decir, de los dueños de las
fábricas, de los instrumentos de producción, de la tierra, de los
ferrocarriles, en suma, de todos los recursos materiales, de todos los
instrumentos de trabajo sin cuya posesión el trabajo sigue en la esclavitud.
82
Por eso justamente, cuando
el poder político ha pasado a manos del proletariado, los sindicatos han tenido
que asumir cada vez más la función de artífices de la política de la clase
obrera, la función de personas cuya organización de clase está llamada a
remplazar a la anterior clase explotadora, después de haber dado al traste con
todos los viejos prejuicios y tradiciones de la vieja ciencia que decía al
proletariado por boca de un sabio: ocúpate de tus problemas económicos, que de
los políticos se ocupará el partido de la burguesía. Toda esta
Informe presentado al II Congreso Nacional de los Sindicatos
prédica ha resultado ser un
arma directa en manos de la clase de los explotadores y sus verdugos para
aplastar al proletariado, que empieza a sublevarse y luchar en todas partes.
Y en este punto, camaradas,
a los sindicatos se les plantea un problema totalmente nuevo en su trabajo de
organización estatal, el problema de su "estatificación", como se ha
denominado en la resolución propuesta por el grupo de los comunistas. Ahí es
donde los sindicatos deben meditar más que nada en una de las más profundas y
conocidas máximas de los fundadores del comunismo contemporáneo: "cuanto
más amplia y profunda sea la revolución que se opera en la sociedad, tanto
mayor debe ser el número de personas que la hacen, que son sus artífices en el
verdadero sentido de la palabra"85.
Tomemos la vieja sociedad feudal de la nobleza. Hacer en ella revoluciones,
mientras se tratara sólo de arrancar el poder a un grupo de nobles o señores
feudales y entregado a otro, era de una facilidad que movía a risa. Tomemos la
sociedad burguesa, que se jacta del sufragio universal. En realidad, como
sabemos, ese sufragio universal, todo ese mecanismo se trueca en un engaño ya
que hasta en los países más avanzados, cultos y democráticos, la inmensa
mayoría de los trabajadores está oprimida y aplastada por las galeras
capitalistas, de manera que, en realidad, no participa ni puede participar en
la política. Y ahora comienza por primera vez en la historia de la humanidad
una revolución que puede conducir a la victoria total del socialismo, pero sólo
con la condición de que nuevas e inmensas multitudes afronten la tarea de
gobernar por su cuenta. La revolución socialista no significa un cambio en la
forma del Estado, ni la sustitución de la monarquía por la república, ni nuevas
elecciones que presuponen que todos son absolutamente "iguales",
pero, en realidad, no son más que un hábil enmascaramiento que encubre el hecho
de que unos son poseedores y otros desposeídos. Desde el punto de vista de la
gente de la sociedad burguesa, como quiera que hay "democracia", y en
las elecciones participan capitalistas y proletarios, eso es "voluntad del
pueblo", eso es "igualdad", eso es la expresión de su deseo.
Sabemos que estas palabras constituyen un burdo engaño que sólo sirve para
encubrir a verdugos y asesinos como Ebert y Scheidemann. En la sociedad
burguesa, las multitudes trabajadoras están gobernadas por la burguesía
mediante formas más o menos democráticas; están gobernadas por una minoría, los
poseedores, los que participan de la propiedad capitalista y han transformado
la enseñanza y la ciencia, ese baluarte supremo y flor de la civilización
capitalista, en un instrumento de explotación, en un monopolio para tener en la
esclavitud a la inmensa mayoría del pueblo. La revolución que hemos iniciado,
que venimos haciendo ya durante dos años y que estamos firmemente resueltos a
llevar hasta el fin (aplausos), es
posible y factible sólo a condición de que logremos entregar el poder a la
clase nueva, a condición de que la burguesía, los esclavistas capitalistas, los
intelectuales burgueses, los representantes de todos los poseedores, de todos
los propietarios, sean reemplazados de abajo arriba por la nueva clase en todas
las esferas de gobierno, en toda la organización estatal, en toda la dirección
de la nueva vida. (Aplausos)
Esta es la tarea que hoy
tenemos planteada. La revolución socialista podrá consolidarse sólo cuando esa
nueva clase aprenda a gobernar, y no en los libros, ni en los mítines o
discursos, sino en la práctica, sólo cuando incorpore a esa tarea a las mayores
multitudes de trabajadores, sólo cuando elabore formas que permitan a todos los
trabajadores adaptarse con facilidad a la obra de gobernar el Estado y crear el
nuevo orden estatal; sólo con esa condición no puede menos de consolidarse la
revolución. Y si esta condición existe, constituirá una fuerza que barrerá al
capitalismo y todas sus reminiscencias como pajuelas o polvo.
Desde el punto de vista de
clase, y hablando en términos generales, esa es la tarea que tenemos planteada
como condición para la victoria de la revolución socialista, tarea que está
vinculada de manera tan íntima y directa a la tarea de las organizaciones que,
incluso en la
![]()
85 Esta cita es del VI
capítulo de la obra de C. Marx y F. Engels La
Sagrada Familia o crítica de la crítica crítica.
Informe presentado al II Congreso Nacional de los Sindicatos
sociedad capitalista,
procuraban desplegar la lucha más amplia de las masas para destruir dicha
sociedad. Y las organizaciones más amplias que existían entonces eran los
sindicatos. Ahora, aunque por la forma siguen siendo organizaciones
independientes, pueden y deben, como se expresa en uno de los enunciados de la
resolución que se os ha propuesto, participar con energía en las labores del
Poder soviético, trabajando directamente en todos los organismos
gubernamentales, organizando un control masivo de sus actividades, etc., y
creando nuevos organismos de contabilidad, control y regulación de toda la
producción y distribución, apoyados en la iniciativa organizada de las propias
masas multitudinarias e interesadas de los trabajadores.
83
Ni en los mejores casos ni en los países más adelantados de la
sociedad capitalista, tras decenios y a veces incluso siglos de desarrollo de
la civilización y la cultura, jamás ocurrió en la democracia burguesa que los
sindicatos abarcaran a más de la quinta parte de los asalariados. Participaba
en ellos una pequeña cúspide, de la cual sólo una minoría insignificante era
seducida y sobornada por los capitalistas a fin de que ocuparan en esa sociedad
un lugar como dirigentes obreros. Los socialistas norteamericanos llamaron a
esa gente "lugartenientes obreros de la clase capitalista". En ese
país de la cultura burguesa más libre, en esa república, la más democrática de
las repúblicas burguesas, fue donde vieron mejor ese papel de las cúspides insignificantes
del proletariado que se ponían en realidad al servicio de la burguesía, que la
sustituían, se dejaban sobornar y comprar por ella y formaron esa legión de
socialpatriotas y defensistas que tienen a Ebert y Scheidemann por paladines a
perpetuidad.
La situación que tenemos
ahora, camaradas, es distinta. Los sindicatos pueden comenzar a organizar de
manera nueva la economía a escala nacional, apoyándose en lo creado por la
cultura capitalista y la producción capitalista, construyendo el socialismo con
esa precisa base material, con esa gran producción que nos subyugaba, que fue
creada contra nosotros, que fue forjada para oprimir infinitamente a las masas
obreras, pero que las agrupaba y cohesionaba, creando así la vanguardia de la
nueva sociedad, vanguardia que después de la Revolución de Octubre, después de
haber tomado el poder el proletariado, comenzó a cumplir su verdadero cometido:
educar a las masas trabajadoras y explotadas, incorporarlas a la gestión
pública, a dirigir la producción sin funcionarios, sin burguesía, sin
capitalistas. Por eso en la resolución que os proponemos se rechaza todo plan
burgués y toda esa palabrería traicionera. Por eso se afirma en ella que es
ineludible estatificar los sindicatos. A la vez, da un paso adelante. Ahora no
planteamos ya sólo en teoría la estatificación de los sindicatos. Gracias a
Dios, ya salimos de la fase de plantear esos problemas sólo como tema de
discusiones teóricas. Quizás incluso hayamos tenido tiempo de olvidar días en
que solíamos planteamos esas discusiones libres sobre puros temas teóricos.
Esos tiempos caducaron hace mucho, y hoy planteamos dichos problemas,
respaldándonos en el año de experiencia de los sindicatos, los cuales, en su
papel de organizadores de la producción, han creado organismos como el Consejo
Superior de Economía Nacional que en esta labor de increíble dificultad han
incurrido en numerosos errores, y siguen incurriendo constantemente en ellos,
por supuesto, sin hacer caso de las malévolas risitas de la burguesía, que
dice: ahí tenéis, los proletarios han decidido edificarlo ellos mismos todo, y
ya veis, han cometido un montón de errores.
La burguesía se imagina que
cuando recibió el poder de manos de los zares y los nobles, no se equivocó
nunca. Se figura que la reforma de 1861, que era un remiendo del edificio de la
servidumbre y dejaba una inmensidad de rentas y poder en manos de los señores
feudales, se realizó sin dificultades y no fue seguida de varios decenios de
caos en Rusia. No hay un solo país en el mundo donde los señores de la nobleza
no se burlaran de la burguesía advenediza y de gente de origen plebeyo cuando
comenzaron a gobernar el Estado.
Se comprende por sí solo que
hoy toda la flor y nata, mejor dicho, la flor infecunda de la intelectualidad
burguesa, se burle también de cada uno de los errores en que incurre el
Informe presentado al II Congreso Nacional de los Sindicatos
nuevo poder, sobre todo
cuando, debido a la rabiosa resistencia de los explotadores y a la cruzada de
la alianza internacional de los explotadores contra Rusia, uno de los países
más débiles y menos preparados, la nueva clase, la alianza de los trabajadores,
ha tenido que hacer su revolución con una celeridad vertiginosa, en unas
condiciones en las que se podía pensar no tanto en allanar el curso de la
revolución como en sostenerse hasta que empezara a despertar el proletariado de
Europa Occidental. Y hemos cumplido la tarea. En este sentido, camaradas,
podemos decir ya que hemos tenido mucha más fortuna que los hombres de la
Revolución Francesa, la cual fue derrotada por una alianza de países
monárquicos y atrasados, y que, personificada por el poder de los sectores
ínfimos de la burguesía de entonces, se sostuvo un año sin promover en seguida
un movimiento homogéneo en otros países. Sin embargo, hizo tanto para la
burguesía, para la democracia burguesa, que todo el desarrollo de toda la
humanidad civilizada a lo largo del siglo XIX proviene de la Gran Revolución
Francesa, a ella se lo debe todo.
Nosotros hemos tenido mucha
más fortuna. En el año transcurrido hemos hecho por el nuevo régimen proletario
muchísimo más de lo que hicieron en igual lapso los revolucionarios de entonces
por el desarrollo de la democracia burguesa; y lo hemos hecho de manera que hoy
ya el movimiento de Rusia, comenzado en virtud de una concurrencia singular de
circunstancias y de condiciones especiales que colocaron a Rusia entre dos
gigantes imperialistas del mundo civilizado contemporáneo, y no en virtud de
méritos nuestros, ese movimiento y el triunfo del Poder soviético durante el
último año han logrado que el propio movimiento haya llegado a ser
internacional, que se haya constituido la Internacional Comunista y se hayan
desmoronado las consignas y los ideales de la vieja democracia burguesa, y hoy
no queda en parte alguna del mundo un solo político consciente, sea del partido
que quiera, que no vea que la revolución socialista mundial ha comenzado, que
ya está en marcha. (Aplausos.)
84
Camaradas, al hablar de lo
mucho que nos hemos alejado del planteamiento teórico del problema para pasar a
su solución práctica, me he desviado un tanto del tema. Tenemos un año de
experiencia que nos ha dado hoy ya muchísimos más éxitos para la victoria del
proletariado y de su revolución de lo que dio a fines del siglo antepasado un
año de dictadura de la democracia burguesa para la victoria de ésta en todo el
mundo. Además, en este año hemos adquirido una experiencia práctica inmensa que
nos permite, si no calcular con absoluta precisión cada uno de nuestros pasos,
planear al menos el ritmo de desarrollo, la velocidad del mismo, ver las
dificultades reales y dar los pasos concretos que nos conducirán de una
victoria parcial a otra en el derrocamiento de la burguesía.
Al volver la mirada hacia
atrás, vemos cuáles son los errores que debemos corregir, vemos claramente qué
debemos construir y cómo hacerlo en adelante. Por eso nuestra resolución no se
limita a proclamar la necesidad de estatificar los sindicatos ni a proclamar
por principio la dictadura del proletariado y la necesidad de que marchemos,
como se afirma en un pasaje de la resolución, "inevitablemente a la fusión
de las organizaciones sindicales con los organismos del poder estatal".
Eso lo sabíamos ya en teoría, lo enunciamos ya antes de Octubre y debimos
haberlo enunciado antes aún. Pero eso es poco. El quid del asunto no es el
mismo de antes para un partido que acomete de lleno la construcción práctica
del socialismo, ni para sindicatos que ya han creado órganos de dirección de la
industria a escala de toda Rusia y de todo el Estado, que han constituido ya el
Consejo Superior de Economía Nacional y que han adquirido miles de elementos de
su propia experiencia de organización al precio de miles de errores.
Ahora ya no podemos
limitarnos a proclamar la dictadura del proletariado. Son ineludibles la
estatificación de los sindicatos, la fusión de éstos con los órganos del poder
del Estado, el paso íntegro de la obra de organizar la gran producción a manos
de los sindicatos. Pero todo eso aún es poco.
Informe presentado al II Congreso Nacional de los Sindicatos
Debemos tener asimismo en
cuenta nuestra experiencia práctica para enjuiciar el momento actual, el más
próximo. Ese es ahora el quid de la cuestión para nosotros. Y ese momento
aborda la resolución cuando dice que si los sindicatos intentaran ahora asumir
por propia iniciativa funciones de poder estatal, no resultaría más que un
batiburrillo. Ya hemos sufrido bastante las consecuencias de tal batiburrillo.
Hemos pugnado mucho contra los residuos del maldito régimen burgués, contra los
afanes de pequeño propietario, afanes que no sabría calificar si de anarquistas
o egoístas, que están muy arraigados aún entre los obreros también.
Ninguna muralla china ha
separado jamás de la vieja sociedad a los obreros, que conservan mucho de la
psicología tradicional de la sociedad capitalista.
Los obreros
están construyendo una nueva sociedad sin haberse transformado en hombres
nuevos y limpios del lodo del viejo mundo, hundidos hasta las rodillas en ese
lodo. Lo único que podemos hacer es soñar en limpiarnos ese lodo. Sería la
mayor utopía creer que eso puede lograrse de golpe. Sería una utopía que, en la
práctica, alejaría el reino del socialismo hasta los cielos.
No, no es así como abordamos
la construcción del socialismo. La abordamos, pisando aún el terreno de la
sociedad capitalista, luchando contra todas las debilidades y deficiencias que
tienen también los trabajadores y que tiran del proletariado hacia abajo. En
esta lucha hay muchos o inveterados hábitos y costumbres separatistas de
pequeño propietario y aún se palpa el ambiente del viejo lema: "Cada uno
para sí y Dios para todos". De eso había más que suficiente en cada
sindicato, en cada fábrica, que se preocupaba a cada paso de sí misma y dejaba
el resto al cuidado de Dios y de la jefatura. Todo eso lo hemos visto y lo
hemos experimentado en nuestra propia carne. Nos ha costado tantos errores,
tantos y tan graves, que ahora tomamos en consideración esta experiencia y
decimos a nuestros camaradas: os prevenimos de la manera más resuelta contra
toda acción que emprendáis por vuestra cuenta en ese terreno. Y recalcamos que
eso no será la construcción del socialismo, que eso será dejarnos llevar todos
por las debilidades del capitalismo.
Ya hemos aprendido a tener
en cuenta toda la dificultad de la tarea que se nos plantea. Estamos en el
mismo centro de los trabajos de construcción del socialismo y, desde el punto
de vista de este centro de los trabajos, impugnamos toda acción por cuenta de
uno en este campo. Los obreros conscientes deben estar prevenidos contra estas
acciones por cuenta propia. Hay que decirles que no podemos fundir ahora, de
golpe y porrazo, los sindicatos con los órganos del poder estatal. Sería un
error. El problema no se plantea así.
Sabemos ahora que el
proletariado ha destacado a varios miles, y tal vez a varias decenas de miles,
de proletarios para la gestión del Estado. Sabemos que la nueva clase, el
proletariado, cuenta hoy con representantes suyos en cada dominio de la
administración pública, en cada sector de empresa socializada o en proceso de
socialización, o en la esfera de la economía. Esto lo sabe el proletariado. Ha
emprendido esta obra en la práctica y ahora ve que es preciso continuar por
este mismo camino, que es preciso dar aún no pocos pasos antes de que se pueda
decir: los sindicatos de los trabajadores se han fusionado definitivamente con
todo el mecanismo del Estado. Esto ocurrirá cuando los obreros tomen de manera
definitiva en sus manos los órganos de coerción de una clase sobre otra. Y se
llegará a eso, lo sabemos.
85
Ahora queremos fijar toda
vuestra atención en la obra práctica inmediata. Es necesario ampliar más y más
la participación de los propios trabajadores en la dirección de la economía y
en el montaje de la nueva producción. Si no cumplimos esta tarea, si no
convertimos los sindicatos en organismos de educación de masas diez veces más
amplias, para que participen directamente en la administración pública, no
llevaremos hasta el fin la obra de la edificación comunista. Esto lo vemos con
claridad. Esto se dice en nuestra resolución y en esto último quisiera yo que
centraseis, sobre todo, vuestra atención.
Informe presentado al II Congreso Nacional de los Sindicatos
Debido a la grandiosa
revolución que se ha operado en la historia, al tomar el proletariado en sus
manos el poder del Estado, los sindicatos están dando el más profundo viraje en
toda su actividad. Pasan a ser los principales artífices de la nueva sociedad,
porque sólo las masas multitudinarias pueden ser las creadoras de esta
sociedad. Mientras que en la época de la servidumbre de la gleba el número de
estos creadores se contaba por centenares, y mientras en la época del
capitalismo edificaron el Estado miles o decenas de miles de personas, ahora la
revolución socialista sólo puede ser llevada a cabo con la participación
práctica, activa y directa de decenas de millones de personas en la
administración pública. Llevamos esa dirección, pero aún no hemos llegado a
eso.
Los sindicatos deben saber
que, al lado de las tareas planteadas en parte, y superadas ya en parte, tareas
que, aun cuando sigan estando a la orden del día, no pueden dejar de ser tareas
menudas para nosotros, al lado de estas tareas de contabilidad, establecimiento
de normas y unificación de organizaciones se plantea una tarea mayor y más
importante: la de "enseñar a las masas, y no por medio de libros,
conferencias y mítines, sino en la experiencia, a administrar y hacer las cosas
de manera que sea cada vez más numerosa la capa avanzada que el proletariado ha
destacado de su seno a los puestos de dirección y de organización, que vengan a
remplazarla nuevos y nuevos sectores obreros, que este nuevo sector se
multiplique por diez. Esta tarea parece inmensa y ardua. Pero si pensamos en la
rapidez con que la experiencia de la revolución ha permitido cumplir las tareas
más inmensas planteadas a partir de Octubre y cómo anhelan adquirir
conocimientos los sectores trabajadores para los que estos conocimientos eran
antes inasequibles e innecesarios, si pensamos en esto, la tarea dejará de
parecernos inabarcable.
Veremos que podemos cumplir
este cometido, que podemos enseñar a las masas trabajadoras incomparablemente
mayores una obra como la de dirigir el Estado y la industria, que podemos
desplegar el trabajo práctico, destruir lo que durante siglos y decenios se ha
venido inculcando a las masas obreras: el funesto prejuicio de que la dirección
del Estado es obra de unos privilegiados, el prejuicio de que se trata de un
arte especial. Eso no es verdad. Cometeremos inevitablemente errores, pero de
cada error aprenderán ahora no ya unos grupos de estudiantes que sigan un curso
teórico cualquiera de administración pública, sino millones de trabajadores que
sentirán en su propia carne las consecuencias de cada falta y verán ellos
mismos que tienen planteadas las impostergables tareas de llevar la cuenta y
distribuir los productos y de elevar el rendimiento del trabajo, que
comprobarán por propia experiencia que el poder está en sus manos, que nadie
les ayudará si no se ayudan ellos mismos: tal es la nueva psicología que se
está formando en la clase obrera, tal es la nueva tarea de colosal
trascendencia histórica que se alza ante el proletariado y de la que deben
tomar conciencia ante todo los sindicatos y los dirigentes del movimiento
sindical. Los sindicatos no son sólo profesionales. Son profesionales hoy en
tanto en cuanto están en el único marco posible, ligado con el viejo
capitalismo, y engloban al mayor número de trabajadores. Y su misión consiste
en poner en movimiento a estos millones y decenas de millones de trabajadores,
elevándolos de una actividad simple a otra superior, sin cesar nunca de
promover nuevos sectores de la reserva de las masas trabajadoras y sin dejar en
ningún momento de propulsarlos con miras al cumplimiento de las tareas más
difíciles; educar, por lo tanto, a masas cada vez más amplias con vistas a la
gestión pública, fundirse con la lucha del proletariado, que ha asumido las
funciones de la dictadura y la ejerce ahora ante todo el mundo, atrayendo cada
día en todos los países a nuevos destacamentos de obreros industriales y de
socialistas, que ayer toleraban aún las directrices de los socialtraidores y
socialdefensistas y hoy se colocan cada día más bajo la bandera del comunismo y
de la Internacional Comunista.
Sostener esta bandera y, a
la vez, ampliar constantemente las filas de los constructores del socialismo,
recordar que las tareas de los sindicatos consisten en ser los artífices de la
nueva
Informe presentado al II Congreso Nacional de los Sindicatos
vida, en ser los educadores
de nuevos millones y decenas de millones de seres que aprendan por propia
experiencia a no cometer errores y a desechar los viejos prejuicios, que
aprendan por propia experiencia a dirigir el Estado y la producción: sólo en esto
reside la garantía infalible de que la causa del socialismo venza por completo,
excluyendo toda posibilidad de retroceso.
Información periodística publicada el 21 de enero en el núm. 14
de "Ekonomícheskaya Zhizn" y el 22, 24 y 25 de enero de 1919 en los
núms. 15, 16 y 17 de "Pravda".
T. 37, págs. 435-453.
Carta a los obreros de Europa y América
86
CARTA A LOS OBREROS DE EUROPA Y AMÉRICA.
Camaradas:
Al final de la carta que escribí a los obreros norteamericanos el 20 de agosto
de 1918, decía que nos encontramos como si estuviéramos en una fortaleza
sitiada en tanto no nos llegue la ayuda de otros destacamentos de la revolución
socialista mundial*. Los obreros
—añadía yo— rompen con sus socialtraidores: los Gompers y los
Renner. Los obreros se van acercando con paso lento, pero firme, hacia la
táctica comunista y bolchevique.
* Véase la presente edición, tomo 8. (N. de la Edit.)
Desde que escribí esas
palabras han pasado menos de cinco meses, y he de decir que, en virtud del paso
de los obreros de los distintos países al lado del comunismo y del bolchevismo,
la revolución proletaria mundial ha madurado en este período con extraordinaria
rapidez.
Entonces, el 20 de agosto de
1918, nuestro partido, el partido bolchevique, era el único que había roto de
manera decidida con la vieja Internacional, con la II Internacional de los años
1889-1914, que tan vergonzosa bancarrota sufriera durante la guerra
imperialista de 1914-1918. Nuestro partido fue el único que pasó del todo a un
nuevo camino y abandonó a los socialistas y la socialdemocracia, cubiertos de
oprobio por su alianza con la rapaz burguesía, para abrazar el comunismo; el
único que abandonó el reformismo pequeñoburgués y el oportunismo, de los que
estaban y están impregnados los partidos socialdemócratas y los partidos
socialistas oficiales para adoptar una táctica verdaderamente proletaria,
verdaderamente revolucionaria.
Hoy, 12 de enero de 1919,
vemos ya muchos partidos comunistas proletarios, y no sólo en lo que fuera el
imperio de los zares, como es el caso de Letonia, Finlandia y Polonia, sino en
Europa Occidental, en Austria, en Hungría, en Holanda y, finalmente, en
Alemania. Hoy, cuando la Liga Espartaco alemana, con jefes tan famosos y
conocidos en todo el mundo, con partidarios tan fieles de la clase obrera como
Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y Francisco Mehring, ha roto
definitivamente toda relación con los socialistas del tipo de Scheidemann y de
Südekum, esos socialchovinistas (socialistas de palabra y chovinistas de hecho)
que se han cubierto para siempre de vergüenza, aliándose con la rapaz burguesía
imperialista de Alemania y con Guillermo II; hoy, cuando la Liga Espartaco se
ha intitulado Partido Comunista de Alemania, es ya un hecho la fundación de la III Internacional, de la Internacional Comunista, verdaderamente
proletaria, verdaderamente internacionalista, verdaderamente revolucionaria. Formalmente, esta fundación no ha
sido refrendada aún, pero, de hecho, la III Internacional existe ya.
Ahora, ningún obrero
consciente, ningún socialista sincero puede menos de ver qué traición tan vil
al socialismo perpetraron quienes, como los mencheviques y los
"socialistas-revolucionarios" en Rusia, como los Scheidemann y los
Südekum en Alemania, como los Renaudel y los Vandervelde en Francia, como los
Henderson y los Webb en Inglaterra y los Gompers y Cía. en Norteamérica,
apoyaban a "su" burguesía en la guerra de 1914-1918. Esta guerra se
desenmascaró por entero como una guerra imperialista, como una guerra
reaccionaria, como una guerra de rapiña tanto por parte de Alemania como por
parte de los capitalistas de Inglaterra, Francia, Italia y Norteamérica, que
empiezan ahora a pelearse por el reparto del botín robado, por el reparto de
Turquía, de Rusia, de las colonias de África y de la Polinesia, por el reparto
de los Balcanes, etc., etc. Las habladurías hipócritas de Wilson y de los
"wilsonistas" acerca de la "democracia" y la "liga de
naciones" quedan desenmascaradas con asombrosa rapidez cuando vemos la
ocupación de la margen izquierda del Rin por la burguesía francesa, la
ocupación de Turquía (Siria y Mesopotamia) y parte de Rusia (Siberia,
Arjánguelsk, Bakú, Krasnovodsk, Ashjabad, etc., etc.) por los capitalistas
franceses, ingleses y norteamericanos, cuando vemos el incremento que toma la
hostilidad,
Carta a los obreros de Europa y América
a causa del reparto del
botín robado, entre Italia y Francia, entre Francia e Inglaterra, entre
Inglaterra y Norteamérica y entre Norteamérica y el Japón.
Al lado de los
"socialistas" cobardes, vacilantes, impregnados hasta la médula de
los prejuicios de la democracia burguesa, de esos "socialistas" que
ayer defendían a "sus" gobiernos imperialistas y hoy se limitan a
hacer "protestas" platónicas contra la intervención armada en Rusia;
al lado de esos "socialistas", aumenta en los países de la Entente el
número de personas que siguen el camino comunista, el camino de MacLean, Debs,
Loriot, Lazzari y Serrati; aumenta el número de personas que han comprendido que
sólo el derrocamiento de la burguesía y la destrucción de los parlamentos
burgueses, que sólo el Poder soviético y la dictadura del proletariado pueden
aplastar el imperialismo y asegurar la victoria del socialismo, asegurar una
paz duradera.
87
Entonces, el 20 de agosto de
1918, la revolución proletaria estaba circunscrita a Rusia, y el "Poder
soviético", es decir, todo el
Poder del Estado en manos de los Soviets de diputados obreros, soldados y
campesinos, parecía aún (y en realidad lo era) una institución exclusivamente
rusa.
Hoy, 12 de enero de 1919,
vemos un poderoso movimiento "soviético" no sólo en territorios que
formaron parte del que fue imperio del zar, como es el caso de Letonia, Polonia
y Ucrania, sino también en los países de Europa Occidental, tanto en los países
neutrales (Suiza, Holanda, Noruega) como en los que han sufrido la guerra
(Austria, Alemania). La revolución en Alemania —uno de los países capitalistas
más adelantados y, por ello, importante y característico en particular— ha
tomado desde el comienzo mismo formas "soviéticas". Todo el
desarrollo de la revolución alemana y, sobre todo, la lucha de los
"espartaquistas", es decir, de los verdaderos y únicos representantes
del proletariado, contra la alianza de la canalla traidora —los Scheidemann y
los Südekum— con la burguesía, demuestran claramente cómo ha planteado la historia la cuestión en lo que respecta a Alemania.
"Poder soviético"
o parlamento burgués, sea cual fuere su rótulo (Asamblea "Nacional" o
"Constituyente").
Así está planteada la
cuestión por la historia en el mundo
entero. Ahora esto puede y debe afirmarse, sin temor a pecar de exagerados.
El "Poder
soviético" es el segundo paso, o la segunda etapa, de trascendencia
histórica mundial, en el desarrollo de la dictadura del proletariado. El primer
paso fue la Comuna de París. El análisis genial del contenido e importancia de
la Comuna, hecho por Marx en su obra La
guerra civil en Francia, demostró que la Comuna había creado un nuevo tipo de Estado, el Estado proletario. Todo Estado,
comprendida la república más democrática, no es sino una máquina para el aplastamiento de una clase por otra. El Estado
proletario es una máquina para el aplastamiento de la burguesía por el
proletariado, y ese aplastamiento es necesario debido a la resistencia furiosa,
desesperada, que le ofrecen, sin detenerse ante nada, los terratenientes y
capitalistas, toda la burguesía y todos sus lacayos, todos los explotadores,
cuando comienza su derrocamiento, cuando comienza la expropiación de los
expropiadores.
El parlamento burgués, aun
el más democrático de la más democrática república, en la que se mantiene la
propiedad de los capitalistas y el poder de éstos, es una máquina para el
aplastamiento de millones de trabajadores por un puñado de explotadores. Los
socialistas, que luchan por liberar a los trabajadores de la explotación,
hubimos de utilizar los parlamentos burgueses como una tribuna, como una base
para hacer propaganda y agitación, como una base para organizar, mientras nuestra lucha se circunscribía al
marco del régimen burgués. Ahora, cuando la historia universal ha puesto a
la orden del día la cuestión de
destruir todo ese régimen, de derrocar y aplastar a los explotadores, de pasar
del capitalismo al socialismo, circunscribirse al parlamentarismo burgués,
circunscribirse a la
Carta a los obreros de Europa y América
democracia burguesa, pintar
esta democracia de color de rosa, como "democracia" en general, velar
su carácter burgués, olvidar que el
sufragio universal será una de las armas del Estado burgués mientras exista la
propiedad de los capitalistas significa traicionar ignominiosamente al
proletariado, pasarse al lado de su enemigo de clase, de la burguesía, ser un
traidor y un renegado.
Las tres tendencias del
socialismo mundial, de las cuales viene hablando sin cansarse la prensa
bolchevique desde 1915, aparecen ahora con singular nitidez ante nosotros, a la
luz de la lucha sangrienta y la guerra civil empeñadas en Alemania.
Carlos Liebknecht: este
nombre lo conocen los obreros de todos los países. Por doquier, sobre todo en
los países de la Entente, este nombre es símbolo de la fidelidad de un jefe a
los intereses del proletariado, de fidelidad a la revolución socialista.
Este nombre es símbolo de
una lucha verdaderamente sincera, de una lucha verdaderamente abnegada, de una
lucha implacable contra el capitalismo. Este nombre es símbolo de una lucha
inconciliable contra el imperialismo, y no de palabra, sino de hecho, de una
lucha abnegada en el preciso momento en que al país "propio" se le
suben a la cabeza los humos de las victorias imperialistas. Con Liebknecht y
los "espartaquistas" está todo lo que queda de honrado y de
verdaderamente revolucionario entre los socialistas de Alemania, todo lo mejor
y lo más convencido del proletariado, todas las masas explotadas, posesas de
indignación y más dispuestas cada día a lanzarse a la revolución.
Contra Liebknecht actúan los
Scheidemann, Südekum y toda esa banda de despreciables lacayos del káiser y de
la burguesía. Son unos traidores al socialismo iguales que los Gompers y los
Víctor Berger, los Henderson y los Webb, los Renaudel y los Vandervelde. Me
refiero a esa cúspide de obreros comprados por la burguesía a quienes nosotros,
los bolcheviques, llamábamos (aplicándolo a los Südekum rusos, a los
mencheviques) "agentes de la burguesía en el movimiento obrero" y a
quienes los mejores socialistas de Norteamérica han bautizado con el nombre,
extraordinariamente expresivo y profundamente atinado, de "labor lieutenants of the capitalist class",
"lugartenientes obreros de la clase capitalista". Este es el novísimo, "moderne", tipo de traición al socialismo, pues en
todos los países civilizados, adelantados,
la burguesía saquea —bien mediante la opresión colonial o bien sacando
"ventajas" financieras de pueblos débiles, formalmente
independientes— a una población que supera en muchas veces a la del país
"propio". De ahí la posibilidad económica para la burguesía
imperialista de obtener "superbeneficios" y destinar parte de ellos a
comprar a cierta capa superior del proletariado y convertirla en pequeña
burguesía reformista, oportunista, temerosa de la revolución.
88
Entre los espartaquistas y
los scheidemannistas se encuentran los "kautskianos", los vacilantes
y veleidosos correligionarios de Kautsky, "independientes" de palabra
y dependientes de hecho, por entero y
en todo, hoy de la burguesía y de los scheidemannistas y mañana de los espartaquistas. Siguen en parte a los primeros y
en parte a los segundos, son gente sin ideas, sin carácter, sin política
propia, sin honor, sin conciencia; son la plasmación viva del desconcierto de
los filisteos, partidarios de palabra de la revolución socialista e incapaces
de hecho de comprenderla, cuando ésta ha empezado ya, y que defienden como
renegados la "democracia" en general, es decir, defienden de hecho la democracia burguesa.
En cada país capitalista
todo obrero capaz de pensar podrá percibir —en la nueva situación creada por
las condiciones nacionales e históricas— estas mismas tres corrientes
fundamentales entre los socialistas y entre los sindicalistas, pues la guerra
imperialista y el comienzo de la revolución proletaria mundial originan en el
mundo entero corrientes ideológicas y políticas homogéneas.
Carta a los obreros de Europa y América
* * *
Las líneas que preceden
fueron escritas antes del bestial y abyecto asesinato de Carlos Liebknecht y
Rosa Luxemburgo por el gobierno Ebert-Scheidemann. Estos verdugos, llevados de
su servilismo ante la burguesía, han permitido que los guardias blancos alemanes,
cancerberos de la sagrada propiedad capitalista, linchasen a Rosa Luxemburgo y
matasen a tiros por la espalda a Carlos Liebknecht, con el pretexto, a todas
luces falso, de que intentó "fugarse" (el zarismo ruso, al anegar en
sangre la revolución de 1905, recurrió muchas veces a semejantes asesinatos con
el mismo e igualmente falso pretexto de la "fuga" de los detenidos).
Y, al mismo tiempo, esos verdugos encubren a los guardias blancos con la
autoridad de un gobierno que proclaman inocente en todo y ¡situado por encima
de las clases! No hay palabras que puedan expresar toda la ignominia y toda la
vileza de esos crímenes, perpetrados por hombres que se dicen socialistas. Por
lo visto, la historia ha elegido un camino en el que el papel de los
"lugartenientes obreros de la clase capitalista" debe ser llevado al
"grado extremo" de la ferocidad, de la ignominia y de la vileza. ¡Que
los simplones kautskianos hablen en su periódico Freiheit86 de un "tribunal" de
representantes de "todos" los partidos "socialistas" (estos
hombres con alma de lacayos siguen llamando socialistas a los verdugos como
Scheidemann)! Estos campeones de la necedad filistea y de la cobardía
pequeñoburguesa ni siquiera comprenden que un tribunal es un órgano del poder
estatal y que la lucha y la guerra civil en Alemania se libran, precisamente,
por ver en manos de quién queda el poder: en manos de la burguesía, a la que
"servirán" los Scheidemann como verdugos y pogromistas y los Kautsky
como glorificadores de la "democracia pura", o en manos del
proletariado, que derrocará a los explotadores capitalistas y aplastará su
resistencia.
La sangre de las mejores
figuras de la Internacional proletaria del mundo, de jefes inolvidables de la
revolución socialista mundial templará a nuevas y nuevas masas obreras,
animándolas a una lucha a muerte. Y esta lucha ha de llevar a la victoria. En el
verano de 1917, nosotros pasamos en Rusia por las "jornadas de julio"87, cuando los Scheidemann rusos, los mencheviques y los
eseristas, encubrían también "con la autoridad del gobierno" la
"victoria" de los guardias blancos sobre los bolcheviques; cuando los
cosacos lincharon en las calles de Petrogrado al obrero Vóinov por difundir
octavillas bolcheviques. Nosotros sabemos por experiencia lo pronto que estas
"victorias" de la burguesía y sus lacayos curan a las masas de toda
ilusión en la democracia burguesa, en las "elecciones universales",
etc., etc.
* * *
Entre la burguesía y entre
los gobiernos de la Entente se observan ahora ciertas vacilaciones. Parte de
ellos ven que comienza ya la descomposición de las tropas de los aliados que
ayudan en Rusia a los guardias blancos, que sirven a la más negra reacción
monárquica y terrateniente; ven que persistir en la intervención armada y en
sus intentos de vencer a Rusia
![]()
86 "Die Freiheit"
("La Libertad"): diario, órgano del Partido Independiente Centrista
Socialdemócrata Alemán.
87 Lenin alude a la manifestación del 3 y 4 (16 y 17) de julio de
1917 en Petrogrado. El 3 (16) de julio comenzaron unas manifestaciones
espontáneas contra el Gobierno Provisional. El partido bolchevique estaba en
esos momentos en contra de la acción armada, pues consideraba que la crisis
revolucionaria no había madurado aún, pero como la manifestación ya había
comenzado, los bolcheviques participaron en ella para imprimirle un carácter
pacífico y organizado. En la manifestación del 4 (17) de julio participaron más
de quinientas mil personas. Transcurrió bajo la consigna bolchevique
fundamental de "¡Todo el poder a los Soviets!" Contra los obreros y
los soldados, que desfilaban pacíficamente, fueron lanzados, con el
conocimiento y la conformidad del CEC menchevique y eserista, destacamentos de
cadetes y oficiales que abrieron fuego sobre los manifestantes. Se trajeron del
frente unidades militares contrarrevolucionarias para derrotar el movimiento
revolucionario. El CC de los bolcheviques tomó en la noche del 4 (17) do julio
el acuerdo de poner fin a la manifestación. Los periódicos bolcheviques Pravda, Soldátskaya Pravda y otros fueron clausurados por el Gobierno
Provisional. Comenzaron las detenciones en masa, los registros y pogromos. Después de las jornadas de
julio, el poder pasó en todo el país a manos del Gobierno Provisional
contrarrevolucionario.
Carta a los obreros de Europa y América
—lo que requiere, por largo
plazo, un ejército de ocupación de un millón de hombres— es el camino más
seguro para llevar con la mayor rapidez la revolución proletaria a los países
de la Entente. El ejemplo de las tropas de ocupación alemanas en Ucrania es
bastante convincente.
89
Otra parte de la burguesía
de los países de la Entente sigue propugnando la intervención armada en Rusia,
el "cerco económico" (Clemenceau) y la estrangulación de la República
Soviética. Toda la prensa al servicio de esta burguesía, es decir, la mayoría
de los diarios de Inglaterra y de Francia, comprados por los capitalistas,
augura un rápido hundimiento del Poder soviético, pinta los horrores del hambre
en Rusia, miente hablando de "desórdenes" y de la
"flojedad" del Gobierno soviético. Las tropas de los guardias
blancos, de los terratenientes y los capitalistas, a las que la Entente ayuda
con oficiales y proyectiles, con dinero y destacamentos auxiliares, están
cortando el centro y el norte de Rusia, donde reina el hambre, de Siberia y del
Don, las regiones más ricas en trigo.
Los sufrimientos de los
obreros hambrientos de Petrogrado y Moscú, de Ivánovo -Voznesensk y otros
centros obreros del país son verdaderamente grandes. Las masas obreras no
soportarían nunca tales sufrimientos, ni el suplicio del hambre a que las
somete la intervención armada de la Entente (intervención encubierta muchas
veces con hipócritas promesas de no enviar "sus" tropas, al tiempo
que siguen enviando "negros" y, además, proyectiles, dinero y
oficiales), si no comprendieran que defienden la causa del socialismo en Rusia
y en el mundo entero.
Las tropas
"aliadas" y de los guardias blancos tienen en sus manos Arjánguelsk,
Perm, Oremburgo, Rostov del Don, Bakú y Ashjabad, pero el "movimiento
soviético" ha ganado Riga y Járkov. Letonia y Ucrania se están
transformando en Repúblicas Soviéticas. Los obreros ven que no hacen en vano
tan grandes sacrificios, que la victoria del Poder soviético avanza y se
amplía, se extiende y se fortalece en el mundo entero. Cada mes de dura lucha y
de ingentes sacrificios robustece la causa del Poder soviético en todo el mundo
y debilita a sus enemigos, a los explotadores.
Los explotadores tienen aún
bastantes fuerzas en sus manos para asesinar y linchar a los mejores jefes de
la revolución proletaria mundial, para hacer más dolorosos los sacrificios y
las torturas de los obreros en los países y regiones que han ocupado o que
están conquistando. Pero los explotadores del mundo entero no tienen fuerza
suficiente para impedir la victoria de la revolución proletaria mundial, que
trae a la humanidad la liberación del yugo del capital, la liberación del
eterno peligro de nuevas guerras imperialistas, inevitables bajo el
capitalismo.
21 de enero de 1919.
N. Lenin.
Publicado el 24 de enero de 1919 en el núm. 16 de
"Pravda" y en el núm. 16 de "Izvestia del CEC de toda
Rusia".
T. 37, págs. 454-462.
I Congreso de la Internacional Comunista
89
I CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA.
1. Discurso de
apertura del congreso, pronunciado el 2 de marzo.
Por encargo del Comité
Central del Partido Comunista de Rusia declaro inaugurado el primer congreso
comunista internacional. Ante todo, ruego a todos los presentes que honremos la
memoria de los mejores representantes de la III Internacional, de Carlos Liebknecht
y Rosa Luxemburgo, poniéndonos en pie. (Todos
se ponen en pie.)
Camaradas: Nuestra asamblea
tiene una gran trascendencia histórica universal. Es una prueba del fracaso de
todas las ilusiones puestas en la democracia burguesa. Pues la guerra civil es
un hecho no sólo en Rusia, sino en los países capitalistas más desarrollados de
Europa, como Alemania, por ejemplo.
La burguesía tiene un miedo
vesánico al creciente movimiento revolucionario del proletariado. Esto se
comprenderá si tenemos presente que el curso de los acontecimientos que
siguieron a la guerra imperialista coadyuva de manera indefectible al
movimiento revolucionario del proletariado, que la revolución mundial comienza
y se intensifica en todos los países.
El pueblo ve la grandeza y
el alcance de la lucha empeñada en nuestros días. Hace falta sólo encontrar la
forma práctica que permita al proletariado ejercer su dominio. Esa forma es el
sistema soviético con la dictadura del proletariado. ¡La dictadura del
proletariado!, palabras que eran hasta la fecha latín para las masas. Merced a
la propagación del sistema de los Soviets por todo el mundo, este latín se ha
traducido a todas las lenguas modernas; las masas obreras han dado con la forma
práctica de la dictadura. Las grandes masas obreras la comprenden gracias al
Poder soviético instaurado en Rusia, gracias a los espartaquistas de Alemania y
a organizaciones análogas de otros países, como los Shop Stewards Committees en Inglaterra88, por ejemplo. Todo esto es demostración de que se ha encontrado
la forma revolucionaria de la dictadura del proletariado, de que el
proletariado está ahora en condiciones de ejercer en la práctica su dominio.
Camaradas, creo que, después
de los sucesos de Rusia y después de la lucha de enero en Alemania, es de
singular importancia señalar que también en otros países se abre camino a la
vida y adquiere dominio la novísima forma del movimiento del proletariado. Hoy,
por ejemplo, he leído en un periódico antisocialista un comunicado telegráfico
de que el Gobierno inglés ha concedido audiencia al Soviet de diputados obreros
de Birmingham y se ha manifestado dispuesto a reconocer los Soviets como
organizaciones económicas 89. El sistema soviético ha vencido no
sólo en la atrasada Rusia, sino en Alemania, el país más desarrollado de
Europa, y en Inglaterra, el país capitalista más viejo.
![]()
88 Shop
Stervards Committees
(comités de delegados de fábrica): organizaciones obreras electivas que
existieron en varias industrias de la Gran Bretaña y estuvieron muy extendidas
durante la primera guerra mundial. Al revés que las tradeuniones conciliadoras,
que aplicaban una política de "paz social" y renuncia a la lucha
huelguística, los comités de delegados de fábrica asumieron la defensa de los
intereses y las reivindicaciones de las masas obreras, dirigían las huelgas de
los obreros y hacían propaganda contra la guerra. Después del triunfo de la
Gran Revolución Socialista de Octubre, en el período de la intervención militar
extranjera contra la República Soviética, los comités de delegados de fábrica
apoyaron enérgicamente a la Rusia Soviética.
89 Es posible que hubiera alguna
inexactitud en el periódico que leyó Lenin. Lo más probable es que aquí se
trate del comité de delegados de fábrica de Birmingham, y no del Soviet de
diputados obreros de esta ciudad
I Congreso de la Internacional Comunista
Siga la burguesía cometiendo
ferocidades, asesine aún a millares de obreros, que la victoria será nuestra;
la victoria de la revolución comunista mundial es segura.
Camaradas, al saludaros cordialmente en
nombre del Comité Central del Partido Comunista de Rusia, propongo que pasemos
a elegir la presidencia. Ruego que deis nombres.
Publicado en 1920 en
el libro "Der I Kongress der Kommunistischen Internationale,
Protokoll".
Petrogrado.
2. Tesis
e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado,
presentados el 4 de marzo.
1.
El
desarrollo del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países
ha originado forcejeos convulsivos entre la burguesía y sus agentes en las
organizaciones obreras para hallar argumentos ideológicos y políticos en
defensa de la dominación de los explotadores. Entro esos argumentos se esgrime
sobre todo la condena de la dictadura y la defensa de la democracia. La
falsedad y la hipocresía de este argumento, repetido de mil maneras en la
prensa capitalista y en la Conferencia de la Internacional amarilla de Berna90, celebrada en febrero de 1919, son evidentes para todos los que
no quieren hacer traición a los principios fundamentales del socialismo.
2. Ese argumento opera ante todo con los
conceptos de "democracia en general" y "dictadura en
general", sin mencionar siquiera la clase de que se trata. Ese
planteamiento del problema al margen de las clases o por encima de las clases,
hecho presuntamente desde el punto de vista de todo el pueblo, es un escarnio
directo de la teoría principal del socialismo, a saber, de la teoría de la
lucha entre las clases, teoría que reconocen de palabra y olvidan en la
práctica los socialistas que se han pasado al lado de la burguesía. Pues en
ningún país capitalista civilizado existe "democracia en general",
sino únicamente democracia burguesa, y de lo que se trata no es de la
"dictadura en general", sino de la dictadura de la clase oprimida, es
decir, del proletariado, sobre los opresores y los explotadores, es decir,
sobre la burguesía, con el fin de vencer la resistencia que los explotadores
oponen en la lucha por su dominación.
91
3. La historia enseña que ninguna clase
oprimida llegó ni pudo llegar a dominar sin un período de dictadura, es decir,
sin conquistar el poder político y aplastar por la fuerza la resistencia más
desesperada y más rabiosa que, sin detenerse ante ningún crimen, siempre han
opuesto los explotadores. La burguesía, cuya dominación defienden hoy los
socialistas, al impugnar la "dictadura en general" y desgañitarse
abogando en pro de la "democracia en general", conquistó el poder en
los países adelantados mediante una serie de insurrecciones y guerras civiles,
aplastando por la violencia a los reyes, a los señores feudales, a los
esclavistas y sus tentativas de restauración. En sus libros y folletos, en las
resoluciones de sus congresos y en sus discursos de agitación, los socialistas
de todos los países han explicado miles y millones de veces al pueblo el
carácter de clase de esas revoluciones burguesas, de esa dictadura burguesa.
Por eso, la defensa encubierta que hoy hacen de la democracia burguesa con sus
discursos sobre la "democracia en general" y los alaridos y voces que
hoy lanzan contra la dictadura del proletariado, haciendo creer que van
dirigidos contra la "dictadura en general", son una franca traición
al socialismo, el paso virtual al lado de la burguesía, la negación del derecho
del proletariado a su revolución, a la revolución proletaria, la defensa del
![]()
90 Denominábase Internacional amarilla o de
Berna la II Internacional restablecida en la Conferencia de los partidos
socialchovinistas y centristas que se celebro en Berna en febrero de 1919.
I Congreso de la Internacional Comunista
reformismo burgués en un período
histórico en el que dicho reformismo ha fracasado en todo el mundo y en el que
la guerra ha creado una situación revolucionaria.
4. Al explicar el carácter de clase de la
civilización burguesa, de la democracia burguesa, del parlamentarismo burgués,
todos los socialistas han expresado la idea formulada con la máxima precisión
científica por Marx y Engels cuando dijeron que la república burguesa, aun la
más democrática, no os más que una máquina para la opresión de la clase obrera
por la burguesía, de la masa de los trabajadores por un puñado de capitalistas91. No hay ni un solo revolucionario, ni un solo marxista de los
que hoy vociferan contra la dictadura y claman a favor de la democracia que no
haya jurado y perjurado ante los obreros que reconoce esa máxima fundamental
del socialismo; pero ahora, cuando el proletariado revolucionario empieza a
agitarse y a ponerse en movimiento para destruir esa máquina de opresión y para
conquistar la dictadura proletaria, esos traidores al socialismo presentan las
cosas como si la burguesía hubiera ofrendado a los trabajadores la
"democracia pura", como si la burguesía hubiera renunciado a la
resistencia y estuviese dispuesta a someterse a la mayoría de los trabajadores,
como si en la república democrática no hubiera habido y no hubiese máquina
estatal alguna para la opresión del trabajo por el capital.
5. La Comuna de París, honrada de palabra
por cuantos se las dan de socialistas, porque saben que las masas obreras
simpatizan con ella ardiente y sinceramente, mostró con particular evidencia el
convencionalismo histórico y el valor limitado del parlamentarismo burgués y de
la democracia burguesa, instituciones progresistas en alto grado en comparación
con el medievo, pero que exigen de manera indefectible un cambio radical en la
época de la revolución proletaria. Precisamente Marx, que aquilató mejor que
nadie la trascendencia histórica de la Comuna, mostró, al analizarla, el
carácter explotador de la democracia burguesa y del parlamentarismo burgués,
bajo los cuales las clases oprimidas obtienen el derecho a decidir una vez en
varios años qué miembros de las clases poseedoras han de "representar y
aplastar" (ver-und zertreten) al
pueblo en el Parlamento92. Justamente ahora, cuando el movimiento
soviético, que se extiende a todo el mundo, lleva adelante a la vista de todos
la causa de la Comuna, los traidores al socialismo olvidan la experiencia
concreta y las enseñanzas concretas de la Comuna de París, repitiendo la vieja
cantilena burguesa de la "democracia en general". La Comuna fue una
institución no parlamentaria.
6. La importancia de la Comuna consiste,
además, en que intentó destruir, demoler hasta los cimientos la máquina del
Estado burgués, los cuerpos burocrático, judicial, militar y policíaco,
sustituyéndolos con una autogestión de las masas obreras desconocedora de la
división entre el poder legislativo y el ejecutivo. Todas las repúblicas
democráticas burguesas contemporáneas, incluida la alemana, denominada por los
traidores al socialismo, haciendo burla de la verdad, república proletaria,
conservan esa máquina estatal. Por tanto, se confirma una y otra vez con toda
evidencia que los gritos en defensa de la "democracia en general" son
de hecho defensa de la burguesía y de sus privilegios de explotadora.
7.
La
"libertad de reunión" puede ser tomada como modelo de las
reivindicaciones de la "democracia pura". Todo obrero consciente que
no haya roto con su clase comprenderá en seguida que sería absurdo prometer la
libertad de reunión a los explotadores en un período y en una situación en que
ellos se resisten a su derrocamiento y defienden sus privilegios. Ni en la
Inglaterra de 1649 ni en la Francia de 1793 dio la burguesía, cuando era
revolucionaria, "libertad de reunión" a los monárquicos y a los
nobles, que llamaban en su ayuda a tropas extranjeras y "se reunían"
para organizar intentonas de restauración. Si la burguesía de hoy, reaccionaria
ya desde hace mucho tiempo, exige del proletariado que garantice de antemano
![]()
91 Véase la Introducción de F. Engels a la obra de C. Marx La guerra civil en Francia (C. Marx y F. Engels, Obras Escogidas en tres tomos, ed. en
español, t. II, págs. 199-200).
92 Véase C. Marx. La guerra civil en Francia (C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en tres tomos, ed. en
español, t. II, pág. 235).
I Congreso de la Internacional Comunista
la "libertad de
reunión" para los explotadores, a despecho de la resistencia que los
capitalistas opongan a su expropiación, los obreros no podrán sino reírse del
fariseísmo de la burguesía.
92
Por otra parte, los obreros saben perfectamente que la
"libertad de reunión" es, incluso en la república burguesa más
democrática, una frase vacía, ya que los ricos tienen a su disposición todos
los mejores locales públicos y privados, así como suficiente tiempo libre para
sus reuniones y la protección de éstas por las autoridades burguesas. Los
proletarios de la ciudad y el campo, así como los pequeños campesinos, es
decir, la mayoría gigantesca de la población, no cuentan ni con lo primero, ni
con lo segundo, ni con lo tercero. Mientras las cosas marchen así, la
"igualdad", es decir, la "democracia pura", es un engaño.
Para conquistar la verdadera igualdad, para que haya democracia de verdad para
los trabajadores es preciso quitar primero a los explotadores todos los locales
públicos y sus lujosas mansiones, hay que dar primero asueto a los
trabajadores, hace falta que la libertad de sus reuniones esté protegida por
obreros armados, y no por señoritos de la nobleza ni hijos de capitalistas con
graduación militar al mando de soldados embrutecidos.
Sólo después de tal cambio
se podrá hablar de libertad de reunión e igualdad sin mofarse de los obreros,
de los trabajadores, de los pobres. Pero ese cambio sólo puede realizarlo la
vanguardia de los trabajadores, el proletariado, que derroca a los explotadores,
a la burguesía.
8. La "libertad de imprenta" es
asimismo una de las principales consignas de la "democracia pura". Y
de nuevo son los obreros quienes saben, y los socialistas de todos los países
lo han reconocido millones de veces, que esa libertad será un engaño mientras
las mejores imprentas y las mayores reservas de papel se hallen en manos de los
capitalistas y mientras exista el poder del capital sobre la prensa, poder que
se manifiesta en todo el mundo con tanta mayor claridad, nitidez y cinismo cuan
lo más desarrollados estén la democracia y el régimen republicano, como ocurre,
por ejemplo, en Norteamérica. A fin de conquistar la igualdad efectiva y la
verdadera democracia para los trabajadores, para los obreros y los campesinos,
hay que quitar primero al capital la posibilidad de contratar a escritores,
comprar editoriales y sobornar periódicos, y para ello es necesario derrocar el
yugo del capital, derrocar a los explotadores y aplastar su resistencia. Los
capitalistas siempre han llamado "libertad" a la libertad de lucro
para los ricos, a la libertad de morirse de hambre para los obreros. Los
capitalistas llaman libertad de imprenta a la libertad de soborno de la prensa
por los ricos, a la libertad de utilizar la riqueza para fabricar y falsear la
llamada opinión pública. Los defensores de la "democracia pura"
vuelven a manifestarse prácticamente en este caso como defensores del más
inmundo y venal sistema de dominio de los ricos sobre los medios de ilustración
de las masas, resultan ser burladores del pueblo que lo distraen con frases
plausibles, bellas y falsas de cabo a rabo de la histórica tarea concreta de
librar a la prensa del yugo del capital. Libertad e igualdad verdaderas serán
el orden de cosas que están instaurando los comunistas, y en él será imposible
enriquecerse a costa de otros, no habrá posibilidad objetiva de someter directa
o indirectamente la prensa al poder del dinero, no habrá obstáculo para que
cada trabajador (o grupo de trabajadores, sea cual fuere su número) posea y
ejerza el derecho igual de utilizar las imprentas y el papel, que pertenecerán
a la sociedad.
9.
La
historia de los siglos XIX y XX nos mostró ya antes de la guerra qué es de
hecho la cacareada "democracia pura" bajo el capitalismo. Los
marxistas han dicho siempre que cuanto más desarrollada y más "pura"
es la democracia, tanto más descubierta, enconada e implacable se hace la lucha
de las clases, con tanta mayor "pureza" oprimen el yugo del capital y
la dictadura de la burguesía. El caso Dreyfus en la Francia republicana, las
sangrientas represalias de los destacamentos mercenarios, armados por los capitalistas,
contra los huelguistas en la libre y democrática república de Norteamérica son
hechos que,
I Congreso de la Internacional Comunista
como miles de otros
análogos, exhiben la verdad que la burguesía trata en vano de ocultar, o sea,
que en las repúblicas más democráticas imperan en la práctica el terror y la
dictadura de la burguesía, que se manifiestan abiertamente toda vez que a los explotadores
empieza a parecerles ver tambalearse el poder del capital.
10. La guerra imperialista do 1914-1918 ha revelado
definitivamente hasta a los obreros
atrasados el verdadero
carácter de la democracia burguesa, que es, hasta en las repúblicas más libres,
una dictadura de la burguesía. En aras del enriquecimiento del grupo alemán o
inglés de millonarios y multimillonarios perecieron decenas de millones de
hombres, y en las repúblicas más libres se instauró la dictadura militar de la
burguesía. Esta dictadura militar sigue en pie en los países de la Entente
incluso después de la derrota de Alemania. Precisamente la guerra es lo que más
ha abierto los ojos a los trabajadores, ha arrancado las falsas flores a la
democracia burguesa y ha mostrado al pueblo cuán hondo ha sido el abismo de la
especulación y el lucro durante la guerra y con motivo de la guerra. La
burguesía hizo esa guerra en nombre de "la libertad y la igualdad", y
en el mismo nombre de "la libertad y la igualdad" han amasado
riquezas inauditas los mercaderes de la guerra. Ningún esfuerzo de la
Internacional amarilla de Berna podrá ocultar a las masas el carácter
explotador, hoy definitivamente desenmascarado, de la libertad burguesa, de la
igualdad burguesa, de la democracia burguesa.
93
11.
En Alemania, el país
capitalista más desarrollado del continente europeo, los primeros meses de
plena libertad republicana, traída por la derrota de la Alemania imperialista,
han mostrado a los obreros alemanes y a todo el mundo cuál es la verdadera esencia
de clase de la república democrática burguesa. El asesinato de Carlos
Liebknecht y Rosa Luxemburgo es un acontecimiento de importancia histórica
mundial no sólo porque han perecido trágicamente los dos jefes mejores y
brillantísimas personalidades de la Internacional Comunista, Internacional
verdaderamente proletaria, sino también porque se ha descubierto hasta el fin
la esencia de clase de un Estado adelantado de Europa, de un Estado —puede
afirmarse sin temor a exagerar— adelantado a escala mundial. El hecho de que
unos detenidos, es decir, gente que el poder del Estado toma bajo su custodia,
hayan podido ser asesinados impunemente por militares y capitalistas, siendo el
gobierno de los socialpatriotas, tiene por consecuencia que la república
democrática en que ha sido posible tal cosa es una dictadura de la burguesía.
La gente que expresa su indignación por el asesinato de Carlos Liebknecht y
Rosa Luxemburgo, pero no comprende esa verdad, descubre con ello su torpeza o
su hipocresía. La "libertad" en una de las repúblicas más libres y
adelantadas del mundo, en la república alemana, es la libertad de asesinar
impunemente a los jefes del proletariado detenidos. Y no puede ser de otro modo
mientras subsista el capitalismo, pues el desarrollo de la democracia no
embota, sino que agudiza la lucha de las clases, la cual ha alcanzado, en
virtud de todos los resultados e influjos de la guerra y sus consecuencias, el
punto de ebullición.
Hoy se deporta, persigue y
encarcela a los bolcheviques en todo el mundo, como ha ocurrido en Suiza, una
de las repúblicas burguesas más libres, en Norteamérica, donde se organizan
pogromos contra ellos, etc. Desde el punto de vista do la "democracia en
general" o de la "democracia pura", es verdaderamente ridículo
que países adelantados, civilizados, democráticos, armados hasta los dientes,
teman la presencia en ellos de un puñado de personas de la atrasada, hambrienta
y arruinada Rusia, tildada de salvaje, criminal, etc. en las decenas de
millones de ejemplares de los periódicos burgueses. Está claro que la situación
social que ha podido dar lugar a tan flagrante contradicción es, de hecho, la
dictadura de la burguesía.
12. Con tal estado de cosas, la dictadura
del proletariado es no sólo legítima por completo como medio para derrocar a
los explotadores y aplastar su resistencia, sino también
I Congreso de la Internacional Comunista
absolutamente necesaria para
toda la masa trabajadora como única defensa contra la dictadura de la
burguesía, que ha llevado a la guerra y está gestando nuevas contiendas.
Lo principal que no
comprenden los socialistas y constituye su miopía teórica, su cautiverio de los
prejuicios burgueses y su traición política al proletariado es que, en la
sociedad capitalista, cuando la lucha de las clases implícita en ella se encona
de manera algo seria, no puede haber por medio nada que no sea la dictadura de
la burguesía o la dictadura
del proletariado. Todo sueño
en una tercera solución es un reaccionario gimoteo de pequeño burgués. Así lo
evidencian tanto la experiencia de más de cien años de desarrollo de la
democracia burguesa y del movimiento obrero en todos los países adelantados
como, particularmente, la experiencia del último lustro. Así lo testifica
también toda la ciencia de la economía política, todo el contenido del
marxismo, que pone en claro la indefectibilidad económica de la dictadura de la
burguesía en toda economía mercantil, dictadura que nadie puede sustituir
excepto la clase que está siendo desarrollada, multiplicada, agrupada y
fortalecida por el propio desarrollo del capitalismo, es decir, la clase de los
proletarios.
13.
Otro
error teórico y político de los socialistas consiste en que no comprenden que
las formas de la democracia han ido cambiando inevitablemente en el transcurso
de los milenios, empezando por sus gérmenes en la antigüedad, a medida que una
clase dominante iba siendo sustituida por otra. En las antiguas repúblicas de
Grecia, en las ciudades del medievo, en los países capitalistas adelantados la
democracia presenta distintas formas y se aplica en grado distinto. Sería una
solemne necedad creer que la revolución más profunda de la historia de la
humanidad, el paso del poder de manos de la minoría explotadora a manos de la
mayoría explotada —paso que se registra por primera vez en el mundo— puede
producirse en el viejo marco de la vieja democracia burguesa, parlamentaria,
sin los cambios más radicales, sin croar nuevas formas de democracia, nuevas
instituciones que materialicen las nuevas condiciones de su aplicación, etc.
14. Lo que tiene de común la dictadura del
proletariado con la dictadura de las otras clases es que está motivada, como
cualquier otra dictadura, por la necesidad de aplastar a viva fuerza la
resistencia de la clase que pierde la dominación política. La diferencia
radical entre la dictadura del proletariado y la dictadura de las otras clases
—la dictadura de los terratenientes en la Edad Media, la dictadura de la
burguesía en todos los países capitalistas civilizados— consiste en que la
dictadura de los terratenientes y la burguesía ha sido el aplastamiento por la
violencia de la resistencia de la inmensa mayoría de la población,
concretamente de los trabajadores. La dictadura del proletariado, por el
contrario, es el aplastamiento por la violencia de la resistencia que ofrecen
los explotadores, es decir, la minoría Ínfima de la población, los
terratenientes y los capitalistas.
94
De ahí dimana, a su vez, que
la dictadura del proletariado no sólo debía acarrear inevitablemente un cambio
de las formas y las instituciones de la democracia, hablando en general, sino
precisamente un cambio que diese una extensión aún no vista en el mundo al goce
efectivo de la democracia por los hombres que el capitalismo oprimiera, por las
clases trabajadoras.
En efecto, esa forma de la
dictadura del proletariado que ha sido forjada ya en la práctica — el Poder
soviético en Rusia, el Râte-System en
Alemania, los Shop Stewards Committees
y otras instituciones análogas a los Soviets en otros países— significa y es
precisamente para las clases trabajadoras, o sea, para la inmensa mayoría de la
población, una posibilidad efectiva, real, de gozar de las libertades y los
derechos democráticos, posibilidad que nunca existió, ni siquiera
aproximadamente, en las repúblicas burguesas mejores y más democráticas.
I Congreso de la Internacional Comunista
La esencia del Poder
soviético consiste en que la base permanente y única de toda la potestad, de
toda la máquina del Estado es la organización masiva precisamente de las clases
oprimidas antes por el capitalismo, es decir, de los obreros y los semiproletarios
(los campesinos que no explotan trabajo ajeno y que recurren constantemente a
la venta, aunque sólo sea en parte, de su fuerza de trabajo). Precisamente las
masas que, aun siendo iguales en derechos ante la ley, hasta en las repúblicas
burguesas más democráticas, se han visto apartadas, en realidad, por medio de
mil procedimientos y artimañas, de la participación en la vida política y del
goce de los derechos y libertades democráticos, son hoy las que tienen
necesariamente una participación constante y, además, decisiva en la dirección
democrática del Estado.
15.
La
igualdad de los ciudadanos, independientemente de su sexo, religión, raza y
nacionalidad , que la democracia burguesa ha prometido siempre y en todas
partes, pero que no ha dado en ningún sitio ni ha podido dar, debido a la
dominación del capitalismo, la otorga en el acto y por completo el Poder
soviético, o sea, la dictadura del proletariado, pues eso puede hacerlo
únicamente el poder de los obreros, que no están interesados en la propiedad
privada de los medios de producción ni en la lucha por repartirlos una y otra
voz.
16.
La
vieja democracia, es decir, la democracia burguesa, y el parlamentarismo
estaban organizados de manera que fueran precisamente las masas trabajadoras
las que se vieran más apartadas que nadie del gobierno. El Poder soviético, es
decir, la dictadura del proletariado está, por el contrario, organizado de
manera que aproxima las masas trabajadoras al gobierno. El mismo fin persigue
la unión del poder legislativo y el poder ejecutivo en la organización
soviética del Estado y la sustitución de las circunscripciones electorales
territoriales por las de entidades de producción, como son las fábricas.
17.
El
ejército ha sido un cuerpo de opresión no sólo en las monarquías. Sigue siendo
lo mismo en todas las repúblicas burguesas, incluso en las más democráticas.
Sólo el Poder soviético, organización estatal permanente de las mismas clases
oprimidas antes por el capitalismo, está en condiciones de acabar con la
subordinación del ejército al mando burgués y de fundir en realidad al
proletariado con el ejército, de llevar efectivamente a cabo el armamento del
proletariado y el desarme de la burguesía, sin lo que es imposible la victoria
del socialismo.
18. La organización soviética del Estado
está adaptada al papel dirigente del proletariado, la clase más concentrada e
ilustrada por el capitalismo. La experiencia de todas las revoluciones y de
todos los movimientos de las clases oprimidas, así como la experiencia del
movimiento socialista mundial, nos enseñan que sólo el proletariado es capaz de
reunir y llevar en pos de sí a los sectores dispersos y atrasados de la
población trabajadora y explotada.
19. Sólo la organización soviética del
Estado puede en realidad demoler de golpe y destruir definitivamente la vieja
máquina, es decir, la máquina burocrática y judicial burguesa que se ha
mantenido y debía inevitablemente mantenerse bajo el capitalismo, incluso en
las repúblicas más democráticas, siendo, en efecto, la mayor traba que se podía
poner a la democracia para los obreros y los trabajadores. La Comuna de París
dio el primer paso de importancia histórica mundial por ese camino; y el Poder
soviético, el segundo.
20. La destrucción del poder del Estado es
un fin que se plantearon todos los socialistas, entre ellos, y a la cabeza de
ellos, Marx. La verdadera democracia, es decir, la igualdad y la libertad, es
irrealizable si no se alcanza ese fin. Pero a él sólo lleva prácticamente la
democracia soviética, o proletaria, pues, al hacer que las organizaciones de
masas de los trabajadores participen con carácter permanente e ineludible en la
gestión pública, empieza a preparar en seguida la extinción completa de todo Estado.
21.
La
bancarrota absoluta de los socialistas que se han reunido en Berna, su absoluta
incomprensión de la nueva democracia, es decir, de la democracia proletaria, se
ve sobre
I Congreso de la Internacional Comunista
todo en lo que sigue. El 10
de febrero de 1919, Branting clausuró en Berna la Conferencia de la
Internacional amarilla. El 11 de febrero del mismo año, Die Freiheit, periódico que editan en Berlín los adeptos de dicha
Internacional, publicó un llamamiento del partido de los
"independientes"93 al proletariado. En este llamamiento se
reconoce el carácter burgués del gobierno Scheidemann, se reprocha a éste el
deseo de anular los Soviets, a los que se llama Trüger und Schiitzer der Revolution —portadores y defensores de la
revolución— y se propone legalizar
los Soviets, concederles derechos estatales y el de suspender las decisiones de
la Asamblea Nacional, sometiendo los asuntos públicos a votación de todo el
pueblo.
95
Esa propuesta es la plena
bancarrota ideológica de los teóricos que defendían la democracia y no
comprendían su carácter burgués. La ridícula tentativa de unir el sistema de
los Soviets, es decir, la dictadura del proletariado, con la Asamblea Nacional,
o sea, la dictadura de la burguesía, desenmascara por completo la indigencia
mental de los socialistas y los socialdemócratas amarillos, su carácter
político reaccionario, propio de pequeños burgueses, y sus cobardes concesiones
a la fuerza, en crecimiento incontenible, de la nueva democracia, de la
democracia proletaria.
22. Al condenar el bolchevismo, la mayoría
de la Internacional amarilla de Berna, que no se ha atrevido a votar
formalmente la correspondiente resolución por miedo a las masas obreras, ha
procedido con acierto desde el punto de vista de clase. Precisamente esta
mayoría se solidariza por entero con los mencheviques y los socialistas—
revolucionarios rusos y con los Scheidemann en Alemania. Cuando los
mencheviques y los socialistas-revolucionarios rusos se quejan de que los
bolcheviques los persiguen, intentan ocultar que eso ocurre porque participan
en la guerra civil al lado de la burguesía, contra el proletariado. De la misma
manera, los Scheidemann y su partido han demostrado ya en Alemania que
participan lo mismo en la guerra civil al lado de la burguesía, contra los
obreros.
Es completamente natural,
por ello, que la mayoría de los hombres de la Internacional amarilla de Berna
se haya pronunciado en pro de condenar a los bolcheviques. Eso no ha sido una
defensa de la "democracia pura", sino la autodefensa de gentes que
saben y perciben que en la guerra civil están al lado de la burguesía, en
contra del proletariado.
Por eso, desde el punto de
vista de clase, no puede menos de tenerse por acertada la decisión de la
mayoría de la Internacional amarilla. El proletariado debe mirar sin temor cara
a cara a la verdad y sacar de ello todas las conclusiones políticas pertinentes.
Camaradas, quisiera añadir
algo más a los dos últimos puntos. Creo que los camaradas que deben informarnos
de la Conferencia de Berna94 nos hablarán de ello con mayor detalle.
![]()
93
Partido Socialdemócrata Independiente de
Alemania: partido
centrista que se fundó en abril de1917 en el Congreso constitutivo de Gotha.
Los "independientes" se enmascaraban con frases centristas y
predicaban la unidad con los socialchovinistas, deslizándose a renunciar a la
lucha de clase. Durante algún tiempo estuvo incluido en este partido el grupo
Espartaco (véase la nota 55). En octubre de 1920 se produjo una escisión del
Partido Socialdemócrata Independiente en el Congreso de Halle. Gran parte de
los "independientes" se unió al Partido Comunista de Alemania en
diciembre de 1920. Los elementos derechistas formaron un partido aparte y
adoptaron la vieja denominación de Partido Socialdemócrata Independiente de
Alemania, el cual existió hasta 1922.
94 Conferencia
de Berna: primera
conferencia posbélica de los partidos socialchovinistas y centristas, convocada
con el fin de restablecer la II Internacional y celebrada del 3 al 10 de
febrero de 1919 en Berna. Uno de los problemas principales de la conferencia
fue el de la democracia y la dictadura. En el informe dedicado a este problema,
el centrista J. Branting quiso demostrar que la revolución socialista y la
dictadura del proletariado no conducirían al socialismo. C. Kautsky y E.
Bernstein se esforzaron por lograr con sus discursos que la conferencia
condenara el bolchevismo y la revolución socialista de Rusia. Branting propuso
una resolución en la que, tras de expresar un hipócrita saludo a las
revoluciones de Rusia, Austria-Hungría y Alemania, en el fondo se condenaba la
dictadura del proletariado y se ensalzaba la democracia burguesa. Esta
resolución fue aprobada por mayoría de votos. La conferencia tomó el acuerdo de
enviar á la Rusia Soviética una comisión para estudiar su situación económica y
política e incluir el problema del bolchevismo en el orden del día del
siguiente congreso. Al dar su conformidad al envío de dicha comisión, el
Gobierno soviético planteó que los gobiernos de los países que tuviesen a
representantes suyos en la comisión de Berna permitieran la entrada de una
comisión de la República Soviética en esos países. Esta
I Congreso de la Internacional Comunista
En toda la Conferencia de
Berna no se ha dicho ni una sola palabra sobre la importancia del Poder
soviético. En Rusia llevarnos ya dos años discutiendo esta cuestión. En la
conferencia del partido celebrada en abril de 1917, planteamos ya en teoría y
en política la cuestión "¿Qué es el Poder soviético, cuál es su contenido,
en qué consiste su importancia histórica?" Llevamos casi dos años
discutiendo esta cuestión, y en el congreso de nuestro partido hemos adoptado
una resolución sobre ello95.
El Freiheit berlinés publicó el 11 de febrero un llamamiento al
proletariado alemán, firmado no sólo por los líderes de los socialdemócratas
independientes de Alemania, sino también por todos los miembros de su minoría
parlamentaria. En agosto de 1918, el mayor teórico de dichos independientes,
Kautsky, declaró en su folleto La
dictadura del proletariado que era partidario de la democracia y de los organismos soviéticos, pero que
los Soviets debían tener únicamente un carácter de gestión económica y en modo
alguno debían reconocerse corno organizaciones estatales. Kautsky repite lo
mismo en los números de Freiheit del
11 de noviembre y del 12 de enero. El 9 de febrero apareció un artículo de
Rodolfo Hilferding, también considerado gran autoridad teórica de la II
Internacional. Hilferding propone unir el sistema de los Soviets con la
Asamblea Nacional por vía jurídica, mediante la legislación del Estado. Eso
ocurrió el 9 de febrero. El 11 del mismo mes, dicha propuesta fue aceptada por
todo el partido de los independientes y publicada en forma de llamamiento.
A pesar de que la Asamblea
Nacional existe ya, incluso después de que la "democracia pura" es ya
un hecho y de que los mayores teóricos de los socialdemócratas independientes
han declarado que las organizaciones soviéticas no deben ser organizaciones
estatales, a pesar de todo eso ¡vuelven a vacilar! Ello demuestra que, en
realidad, esos señores no han comprendido nada del nuevo movimiento ni de las
condiciones de su lucha. Demuestra otra cosa, además: que debe haber
condiciones, causas que motiven esa vacilación. Después de todos esos
acontecimientos, después de casi dos años de revolución triunfante en Rusia,
cuando se nos ofrecen resoluciones como las adoptadas en la Conferencia de
Berna, en las que no se dice nada de los Soviets ni de su importancia; cuando
vemos que en esa conferencia ningún delegado ha dicho siquiera una palabra
sobre el particular en sus discursos, podemos afirmar con sobrada razón que,
como socialistas y como teóricos, todos esos señores han muerto para nosotros.
96
Pero, en la práctica, desde
el punto de vista de la política, eso es, camaradas, una demostración de que
entre las masas se está produciendo un gran cambio, pues, de otro modo, esos
independientes, que estaban en teoría y por principio contra estas organizaciones
estatales, no hubieran propuesto de buenas a primeras una necedad como eso de
unir "pacíficamente" la Asamblea Nacional con el sistema de los
Soviets, es decir, unir la dictadura de la burguesía con la dictadura del
proletariado. Somos testigos de que todos ellos están en bancarrota como
socialistas y como teóricos y del enorme cambio que se está produciendo en las
masas. ¡Las masas atrasadas del proletariado alemán se acercan a nosotros, se
han venido con nosotros! Por tanto, la importancia del Partido Socialdemócrata
Independiente de Alemania, lo mejor de la Conferencia de Berna, es, desde el
punto de vista de la teoría y del socialismo, igual a cero; sin embargo,
continúa teniendo cierta importancia, y consiste ésta en que esos elementos
vacilantes nos sirven de indicador del estado de ánimo
![]()
propuesta quedó sin
respuesta. Los "ilustres inspectores de Berna", como Lenin denominó a
esa comisión, no llegaron a Rusia.
El I Congreso de la
Internacional Comunista adoptó una resolución especial, titulada "Actitud
ante las corrientes "socialistas" y ante la Conferencia de
Berna", en la que se criticaban los acuerdos de ésta y, entre otras cosas,
se condenaban las tentativas de los líderes de los socialistas de derecha de
obligar a la Conferencia de Berna a adoptar una resolución con la que la II
Internacional pudiera encubrir la intervención armada de los imperialistas
contra la Rusia Soviética.
95 Se alude a la resolución adoptada por el
VII Congreso del PC (b) de Rusia, celebrado del 6 al 8 de marzo de 1918, sobre
el cambio de nombre y del programa del partido.
I Congreso de la Internacional Comunista
de los sectores atrasados
del proletariado. En ello reside, a mi entender, la grandísima importancia
histórica de esa conferencia. Nosotros hemos visto algo parecido en nuestra
revolución. Nuestros mencheviques recorrieron casi exactamente el mismo camino
de desarrollo que los teóricos de los independientes en Alemania. Al principio,
cuando tenían la mayoría en los Soviets, se pronunciaban por éstos. Entonces
sólo se oían gritos de "¡Vivan los Soviets!", "¡Por los
Soviets!", "¡Los Soviets son la democracia revolucionaria!"
Cuando los bolcheviques conquistamos la mayoría en los Soviets, ellos entonaron
otras coplas, diciendo que los Soviets no debían existir paralelamente a la
Asamblea Constituyente; y distintos teóricos mencheviques hacían propuestas casi
idénticas, como la de unir el sistema de los Soviets con la Asamblea
Constituyente e incluirlos en la organización estatal. Esto evidencia una vez
más que el curso general de la revolución proletaria es igual en todo el mundo.
Primero, la formación espontánea de los Soviets; luego, su propagación y
desarrollo; más tarde se plantea prácticamente la cuestión: Soviets, o Asamblea
Nacional, o Asamblea Constituyente, o parlamentarismo burgués; completo
desconcierto entre los jefes y, por último, la revolución proletaria. Pero yo
creo que después de casi dos años de revolución no debemos plantear la cuestión
así, sino que debemos tornar acuerdos concretos, ya que la propagación del
sistema de los Soviets es para nosotros, y sobre todo para la mayoría de los
países de Europa Occidental, la más importante de las tareas.
Quisiera citar aquí una sola
resolución, la de los mencheviques. Pedí al camarada Obolenski que la tradujera
al alemán. Me prometió que lo haría, pero, desgraciadamente, no está aquí.
Trataré de reproducirla de memoria, pues no tengo el texto íntegro.
A un extranjero que no haya
oído nada de bolchevismo le será muy difícil hacerse una idea de nuestras
cuestiones litigiosas. Todo lo que afirman los bolcheviques lo discuten los
mencheviques, y viceversa. Naturalmente, en tiempos de lucha no puede ser de
otro modo, por ello es de suma importancia que la última conferencia del
partido de los mencheviques, celebrada en diciembre de 1918, aprobara una
extensa y detallada resolución, que fue publicada íntegra en el periódico
menchevique Gazeta Pechátnikov96. En
esa resolución, los propios mencheviques exponen concisamente la historia de la
lucha entre las clases y de la guerra civil. La resolución dice que ellos
condenan a los grupos de su partido que están aliados a las clases poseedoras
en los Urales y en el Sur, en Crimea y Georgia, y se enumeran todas estas
zonas. Ahora la resolución condena a los grupos del partido menchevique que,
aliados a las clases poseedoras, han luchado contra el Poder soviético; el
último punto condena también a los que se han pasado a los comunistas. De ahí
se desprende que los mencheviques se ven obligados a confesar que en su partido
no hay unidad y que están unos al lado de la burguesía y otros al lado del
proletariado. La mayor parte de los mencheviques se pasó al lado de la burguesía,
y durante la guerra civil combatió contra nosotros. Naturalmente, nosotros
perseguimos a los mencheviques, e incluso los fusilamos, cuando participan en
la guerra que se nos hace, combaten contra nuestro Ejército Rojo y fusilan a
nuestros jefes militares rojos. A la guerra de la burguesía respondimos con la
guerra del proletariado: no puede haber otra salida. Así pues, desde el punto
de vista político, todo eso no es más que hipocresía menchevique. Desde el
punto de vista de la historia no se comprende cómo en la Conferencia de Berna,
hombres que oficialmente no han sido declarados dementes, pudieron, por encargo
de los mencheviques y los socialistas— revolucionarios, hablar de la lucha de
los bolcheviques contra ellos, pero silenciar que ellos luchan al lado de la
burguesía contra el proletariado.
Todos ellos nos atacan
encarnizadamente, pues nosotros los perseguimos. Eso es cierto. ¡Pero no dicen
ni una sola palabra de la participación que tuvieron en la guerra civil! Creo
![]()
96 "Gazeta Pechátnikov" ("El Periódico de los
Tipógrafos"): publicación del Sindicato de Obreros de Artes Gráficas de
Moscú, que se encontraba a la sazón bajo la influencia de los mencheviques;
empezó a salir el 8 de diciembre de 1918 y fue clausurada en marzo de 1919 por
su propaganda antisoviética.
I Congreso de la Internacional Comunista
que debo proporcionar para
el acta el texto íntegro de la resolución, y ruego a los camaradas extranjeros
que le presten atención, pues es un documento histórico que plantea con acierto
el problema y ofrece los mejores elementos de juicio para apreciar la disensión
entre las tendencias "socialistas" existentes en Rusia. Entre el
proletariado y la burguesía hay gente que tan pronto se inclina a un lado como
al otro; así ha sido siempre en todas las revoluciones, y es absolutamente
imposible que entre el proletariado y la burguesía, que forman en la sociedad
capitalista dos campos hostiles, no existan capas intermedias. La existencia de
esos elementos vacilantes es inevitable desde el punto de vista histórico y,
por desgracia, esos elementos, que no saben ellos mismos al lado de quién van a
luchar mañana, seguirán existiendo mucho tiempo todavía.
97
Quiero hacer una propuesta
práctica, consistente en que aprobemos una resolución en la que deben señalarse
especialmente tres puntos.
Primero: Una
de las tareas más importantes para los camaradas de los países de Europa
Occidental consiste en aclarar a las masas la significación, la importancia y
la necesidad del sistema de los Soviets. Se ve que este problema no se
comprende lo suficiente. Si bien es verdad que Kautsky e Hilferding han
fracasado como teóricos, los últimos artículos publicados en Freiheit demuestran, sin embargo, que
reflejan fielmente el estado de ánimo de los sectores atrasados del
proletariado alemán. En Rusia pasó lo mismo: en los primeros ocho meses de la
revolución rusa, el problema de la organización soviética se discutió
muchísimo, y para los obreros no estaba claro en qué consistía el nuevo sistema
ni si se podría formar el Estado con los Soviets. Nosotros no avanzamos en
nuestra revolución por el camino de la teoría, sino por el de la práctica. El
problema de la Asamblea Constituyente, por ejemplo, no lo planteábamos antes en
teoría ni decíamos que no reconocíamos esta institución. No decidimos
disolverla hasta más tarde, cuando los Soviets se hubieron extendido por todo
el país y hubieron conquistado el poder político. Ahora vemos que en Hungría y
Suiza se plantea el mismo problema de manera mucho más acuciante97. Por una parte, eso está muy bien, pues nos da firme seguridad
en que la revolución avanza con más rapidez en los países de Europa Occidental
y nos traerá grandes victorias. Por otra parte, ello entraña cierto peligro, y
es el de que la lucha se despliegue con tanta impetuosidad que la conciencia de
las masas obreras se rezague de ese desarrollo. La importancia del sistema de
los Soviets sigue incluso hoy sin estar clara para grandes masas de obreros
alemanes avezados en la política, pues han sido educados en el espíritu del
parlamentarismo y en los prejuicios burgueses.
Segundo:
Sobre la propagación del sistema de los Soviets. Las noticias de la rapidez con
que se propaga la idea de los Soviets en Alemania e incluso en Inglaterra son
para nosotros una importantísima prueba de que la revolución proletaria
vencerá. Su marcha puede ser detenida únicamente por breve tiempo. Otra cosa es
cuando los camaradas Albert y Platten nos comunican que entre los obreros
agrícolas y los pequeños campesinos de las aldeas de su país apenas si hay
Soviets. He leído en Rote Fahne98 un
artículo contra los Soviets
![]()
97 A fines de 1918 y comienzos de 1919 hubo
una serie de grandes acciones del proletariado húngaro bajo la dirección del
Partido Comunista. En el país se creó una situación revolucionaria. El 20 de
marzo dimitió el Gobierno de Karolyi. Los comunistas exigieron que se
proclamase la República Soviética, se nacionalizara la industria, se
confiscaran las tierras de los terratenientes y se concluyera una alianza con
la Rusia Soviética. Los trabajadores húngaros apoyaron con vehemencia al
Partido Comunista. El 21 de marzo, los obreros de Budapest ocuparon todos los
puntos estratégicos y desarmaron a la policía. Hungría fue proclamada República
Soviética.
En Suiza hubo en 1917-1919,
bajo la influencia de la Revolución Socialista de Octubre, un auge del
movimiento obrero. En noviembre de 1918 comenzó allí una huelga política
general en apoyo de la Rusia Soviética. Los elementos izquierdistas,
revolucionarios, del Partido Socialista Suizo formaron un grupo comunista que
exhortó en sus octavillas y folletos a crear los Soviets de diputados obreros y
campesinos. En el discurso pronunciado en el I Congreso de la Internacional
Comunista, el delegado del grupo comunista suizo habló de la formación del
Soviet de diputados obreros de Zúrich, el cual había adoptado "el programa
comunista por plataforma suya"
98 Véase la nota 75.
I Congreso de la Internacional Comunista
campesinos, pero, con mucho
acierto, a favor de los Soviets de obreros agrícolas y campesinos pobres. La
burguesía y sus lacayos, como Scheidemann y Cía., han lanzado ya la consigna de
los Soviets campesinos. Pero nosotros necesitamos sólo Soviets de obreros
agrícolas y campesinos pobres. Por desgracia, de los informes de los camaradas
Albert, Platten y otros colegimos que, a excepción de Hungría, se hace muy poco
para propagar el sistema soviético en el campo. Tal vez resida en ello el
peligro, aún real y bastante grande, de que el proletariado alemán no pueda
conquistar una victoria segura. La victoria podrá considerarse garantizada
únicamente cuando no sólo estén organizados los obreros de la ciudad, sino
también los proletarios del campo, y además, organizados no como antes, en
sindicatos y cooperativas, sino en Soviets. A nosotros nos fue más fácil
conseguir la victoria porque en octubre de 1917 marchábamos con el campesinado,
con todo el campesinado. En este sentido, nuestra revolución era entonces burguesa.
El primer paso de nuestro gobierno proletario fue reconocer en una ley que
promulgó al día siguiente de la revolución, el 26 de octubre de 1917 (según el
viejo calendario), las viejas reivindicaciones de todo el campesinado,
expresadas ya bajo Kerenski por los Soviets campesinos y las asambleas rurales.
En eso consistía nuestra fuerza, por eso nos fue tan fácil conquistar una
mayoría aplastante. Para el campo, nuestra revolución continuaba siendo una
revolución burguesa. Y sólo más tarde, al cabo de seis meses, nos vimos
obligados, en el marco de la organización del Estado, a comenzar en las aldeas
la lucha de clase, a instituir en cada aldea comités de campesinos pobres, de
semiproletarios, y a luchar sistemáticamente contra la burguesía rural. En Rusia
eso fue inevitable, dado su atraso. En Europa Occidental, las cosas se
producirán de modo diferente, y por eso debemos hacer hincapié en que es
absolutamente necesario propagar el sistema de los Soviets en formas adecuadas,
quizás nuevas, también entre la población rural.
Tercero:
Debemos decir que la conquista de una mayoría comunista en los Soviets
constituye la tarea fundamental en todos los países donde el Poder soviético
aún no ha vencido. Nuestra comisión redactora de las resoluciones discutió ayer
este problema. Quizás otros camaradas hablen todavía de ello, pero yo quisiera
proponer que estos tres puntos se adopten como resolución especial.
Naturalmente, no estamos en condiciones de prescribir el camino que ha de
seguir el desarrollo. Es muy probable que la revolución empiece muy pronto en
muchos países euroccidentales, pero nosotros, la parte organizada de la clase
obrera, el partido, tendemos y debemos tender a lograr la mayoría en los
Soviets. Entonces estará garantizada nuestra victoria y no habrá fuerza capaz de
emprender nada contra la revolución comunista. De otro modo, la victoria no se
conseguirá con tanta facilidad ni será duradera. Así pues, yo quisiera proponer
que se aprueben estos tres puntos como resolución especial.
Publicado el 6 de marzo de 1919 en el núm. 51 del periódico
"Pravda" y en el núm. 51 del periódico "Izvestia del CEC de toda
Rusia".
98
3. Resolución
para las tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado.
Basándose en estas tesis y
en los informes de los delegados de los diversos países, el congreso de la
Internacional Comunista declara que la tarea principal de los partidos
comunistas en todos los países donde aún no existe el Poder soviético estriba
en lo siguiente:
1) Explicar a las grandes masas de la clase
obrera la trascendencia histórica y la necesidad política e histórica de la
nueva democracia, la democracia proletaria, que debe ser puesta en el lugar de
la democracia burguesa y el parlamentarismo.
I Congreso de la Internacional Comunista
2)
Propagar
y organizar los Soviets entre los obreros de todas las industrias, entre los
soldados del ejército y los marinos de la Flota, así como entre los obreros
agrícolas y los campesinos pobres.
3) Constituir dentro de los Soviets una sólida mayoría comunista.
Publicado el 11 de
marzo de 1919 en el núm. 54 del periódico "Pravda".
4.
Discurso de clausura del congreso, pronunciado el 6 de marzo.
Hemos logrado reunirnos, pese a todos los
impedimentos y persecuciones
de la policía, y hemos podido tornar importantes acuerdos en breve plazo y sin
discrepancias sustanciales sobre todos los problemas palpitantes de la actual
época revolucionaria merced a que, con sus acciones, las masas proletarias del
mundo entero habían puesto prácticamente todos estos problemas a la orden del
día y comenzado a resolverlos.
Aquí hemos tenido sólo que
refrendar lo que las masas habían conquistado ya en su lucha revolucionaria.
El movimiento en pro de los
Soviets se propaga más y más no sólo en los países del Este de Europa, sino en
los del Oeste también, no sólo en las naciones vencidas, sino en las vencedoras
también, como Inglaterra, por ejemplo; este movimiento no es otra cosa que un
movimiento que se propone crear una democracia nueva, la democracia proletaria,
y constituye el paso adelante de mayor importancia hacia la dictadura del
proletariado, hacia la victoria completa del comunismo.
No importa que la burguesía
del mundo entero siga enfureciéndose, que expulse, encarcele e incluso asesine
a los espartaquistas y a los bolcheviques, pues ya no le valdrá de nada. Eso
servirá únicamente para aleccionar a las masas, para librarlas de los viejos
prejuicios democráticos burgueses y templarlas en la lucha. La victoria de la
revolución proletaria en todo el mundo es segura. La fundación de la República
Soviética internacional es inminente. (Clamorosos
aplausos.)
Publicado íntegro en 1920 en el libro "Der I Kongress der
Kommunistischen Internationale, Protokoll", Petrogrado. Una breve
información periodística se publicó el 7 de marzo de 1919 en el núm. 52 de
"Izvestia del CEC de toda Rusia".
T. 37, págs. 487-511.
Lo conquistado y lo refrendado
99
LO CONQUISTADO Y LO REFRENDADO.
Es sólido
en una revolución únicamente lo que han conquistado las masas proletarias, y
sólo merece ser refrendado en sus anales lo que queda realmente conquistado en
firme.
La fundación de la III
Internacional, de la Internacional Comunista, que ha tenido lugar en Moscú el 2
de marzo de 1919, ha sido la refrendación de lo conquistado no sólo por las
masas proletarias rusas, por las de todos los pueblos de Rusia, sino también
por las de Alemania, Austria, Hungría, Finlandia, Suiza, en una palabra, por
las masas proletarias de todo el mundo.
Y precisamente por eso, la
fundación de la III Internacional, de la Internacional Comunista, es obra
sólida.
Hace cuatro meses no podía
afirmarse todavía que el Poder soviético, que la forma soviética de Estado
fuera una conquista de valor internacional. Algo había en ella, y algo
esencial, que no pertenecía exclusivamente a Rusia, sino a todos los países
capitalistas. Pero no se podía aún decir, antes de la comprobación práctica,
qué cambios había de introducir el desarrollo ulterior de la revolución
mundial, ni la profundidad y la trascendencia de estos cambios.
La revolución alemana ha
ofrecido esta comprobación. Un país capitalista avanzado —tras uno de los más
atrasados— ha demostrado a todo el mundo, en un breve período de tiempo, en
poco más de cien días, no sólo las mismas fuerzas fundamentales de la revolución,
no sólo la misma orientación principal, sino la misma forma básica de la nueva
democracia, de la democracia proletaria: los Soviets.
Paralelamente, en
Inglaterra, país vencedor, el país que tiene más colonias, el país que durante
más tiempo ha sido y ha servido de modelo de "paz social", el país
del más antiguo capitalismo, vemos con qué amplitud, fuerza incontenible,
ímpetu y pujanza se extienden los Soviets y las nuevas formas soviéticas de la
lucha proletaria de masas: los Shop
Stewards Committees, los comités de delegados de fábrica.
En Norteamérica, el país
capitalista más poderoso y más joven, los Soviets gozan de una profunda
simpatía entre las masas obreras.
El hielo se ha puesto en movimiento.
Los Soviets han triunfado en todo el mundo.
Han triunfado, ante todo y
sobre todo, en el sentido de que se han granjeado la simpatía de las masas
proletarias. Esto es lo más importante. La burguesía imperialista no podrá
arrebatar a las masas esta conquista, por brutal que sea su furia y por muchas
persecuciones que desencadene y asesinatos que perpetre de bolcheviques. Cuanto
más bárbara sea la ferocidad de la burguesía "democrática", con mayor
firmeza anidarán estas conquistas en el corazón de las masas proletarias, en su
espíritu, en su conciencia, en su heroica voluntad de luchar.
El hielo se ha puesto en movimiento.
Y esto explica que la
conferencia comunista internacional que se ha celebrado en Moscú, y de la que
ha surgido la III Internacional, haya transcurrido sin obstáculos, con tanta
facilidad, con un espíritu de decisión tan sereno y tan resuelto.
Hemos refrendado lo que ya
está conquistado. Hemos trasladado al papel lo que ha arraigado fuertemente en
la conciencia de las masas. Todos sabían, más aún, todos veían, sentían y
Lo conquistado y lo refrendado
palpaban, basándose cada uno
en la experiencia de su propio país, que había empezado a bullir un nuevo
movimiento proletario, sin precedente en el mundo por su fuerza y profundidad,
que no cabe en ninguno de los viejos marcos y que no podrán frenar los grandes
maestros de la politiquería mezquina, ni los Lloyd George y los Wilson,
representantes del capitalismo "democrático" angloamericano con
habilidad y experiencia universales, ni los bribones de siete suelas Henderson,
Renaudel, Branting y demás prohombres del socialchovinismo.
El nuevo movimiento va hacia
la dictadura del proletariado, a pesar de todas las vacilaciones, a pesar de
las tremendas derrotas, a pesar del inaudito e increíble caos "ruso"
(si se juzga por las apariencias, de puertas afuera), marcha hacia el Poder soviético con la fuerza
arrolladora de un torrente de millones y decenas de millones de proletarios.
Esto es lo que hemos
refrendado. En nuestros informes y discursos, en nuestras tesis y resoluciones,
hemos recogido lo ya conquistado.
100
La teoría del marxismo,
iluminada por los rayos brillantes de la nueva experiencia de los obreros
revolucionarios —experiencia de riqueza universal—, nos ha ayudado a comprender
la lógica de los acontecimientos actuales. Esta teoría ayudará a los proletarios
de todo el mundo, que combaten por la abolición de la esclavitud asalariada
capitalista, a adquirir una conciencia más clara de los objetivos de su lucha,
a marchar con paso más firme por la ruta ya perfilada, a conquistar la victoria
con mayor seguridad y solidez y a afianzarla.
La fundación de la III
Internacional, de la Internacional Comunista, significa que hemos llegado a los
umbrales de la República Internacional de los Soviets, a los umbrales de la
victoria del comunismo en el mundo entero.
5 de marzo de 1919.
Publicado el 6 de
marzo de 1919 en el mimo 51 de "Pravda".
T. 37, págs. 512-514.
Acerca de la fundación de la Internacional Comunista
101
ACERCA DE LA FUNDACIÓN DE LA INTERNACIONAL
COMUNISTA.
Discurso pronunciado en la sesión
solemne conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Moscú, del comité de
Moscú del PC(b) de Rusia, del consejo central de los sindicatos de toda Rusia,
de los sindicatos y de los comités de fábrica de Moscú, celebrada en homenaje a
la fundación de la Internacional Comunista el 6 de marzo de 1919.
(Clamorosa ovación.) Camaradas: No hemos conseguido reunir en el I
Congreso de la Internacional Comunista a representantes de todos los países
donde hay amigos de los más fieles de esta organización, donde hay obreros que
simpatizan por entero con nosotros. Permitidme, pues, empezar por una breve
cita demostrativa de que tenemos realmente muchos más amigos de los que vemos,
de los que sabemos y de los que hemos logrado reunir aquí, en Moscú, a despecho
de todas las persecuciones, a pesar de la unión de la burguesía de todo el
mundo, que parece omnipotente. Estas persecuciones han llegado a tal punto que
se ha procurado cercamos con una especie de muralla china, y los bolcheviques
de las repúblicas más libres del mundo son deportados por decenas y docenas, como
si se temiera que diez o doce bolcheviques fueran capaces de contaminar a todo
el mundo; pero nosotros sabemos que este temor es ridículo, pues han contagiado
ya a todo el mundo, pues la lucha de los obreros rusos ha hecho ya que las
masas obreras de todos los países sepan que aquí, en Rusia, se decide la suerte
de la revolución universal.
Camaradas, he aquí en mis
manos el periódico francés L'Humanité99,
que por su tendencia corresponde más a nuestros mencheviques o eseristas de
derecha. Durante la guerra, este periódico hostigaba de la manera más
implacable a cuantos compartían nuestros puntos de vista. Ahora defiende a
quienes estuvieron al lado de la burguesía de sus países durante la guerra.
Pues bien, este periódico dice el 13 de enero de 1919 que en París se ha
celebrado una reunión inmensa, según él mismo reconoce, de los activistas del
partido y de los sindicatos obreros de la federación del Sena, es decir, del
departamento más próximo a París, centro del movimiento proletario y de toda la
política de Francia. En esta reunión ha hablado, en primer lugar, Bracke,
socialista que mantuvo durante toda la guerra la misma posición que nuestros
mencheviques y defensistas de derecha. Ha estado ahora más manso que un
cordero. ¡No ha pronunciado una palabra sobre ninguna cuestión candente! Ha
terminado diciendo que está contra la intervención del gobierno de su país en
la lucha del proletariado de otros países. Sus palabras se han perdido entre
los aplausos. Luego ha hablado uno de sus correligionarios, un tal Pierre
Laval. Ha tratado de la desmovilización, la cuestión más candente de Francia en
la actualidad, país que ha sufrido quizá más víctimas en esta criminal guerra
que cualquier otro. Y este país ve ahora que se aplaza, se frena la
desmovilización, que no hay deseos de llevarla a cabo y que se está preparando
otra nueva guerra que exigirá, sin duda, más víctimas a los obreros franceses
para que los capitalistas franceses o los ingleses saquen aún más botín. Pues
bien, este periódico declara que la multitud ha escuchado a ese orador, pero
sus declaraciones hostiles al bolchevismo han promovido tales
![]()
99 "L'Humanite”
("La Humanidad"): diario fundado por J. Jaurès en 1904 como órgano
del Partido Socialista Francés.
Durante la primera guerra
mundial estuvo en manos del ala derecha extrema de este partido y ocupó una
posición socialchovinista. En 1918 lo encabezó, en calidad de director
político, el destacado dirigente del movimiento obrero francés e internacional
Mareel Cachin. De 1918 a 1920 L'Humanité
impugnó la política imperialista del Gobierno francés, que había enviado tropas
suyas para combatir a la República Soviética. A partir de diciembre de 1920,
después de la escisión del Partido Socialista Francés y de la formación del
Partido Comunista de Francia, este periódico pasó a ser el órgano central de
los comunistas franceses.
Acerca de la fundación de la Internacional Comunista
protestas, han promovido tal
excitación que no se ha podido seguir la reunión. Después de eso, el ciudadano
Pierre Renaudel no ha podido obtener la palabra, y la reunión ha terminado por
una breve alocución del ciudadano Péricat. Este es uno de los pocos
representantes del movimiento obrero francés que simpatiza con nosotros en lo
fundamental. Así pues, el periódico se ha visto forzado a reconocer que los
asistentes a la reunión impidieron hablar a un orador en cuanto abrió la boca
contra los bolcheviques.
Camaradas, en esta ocasión
no hemos podido recibir a ningún delegado venido directamente de Francia, y a
costa de grandes esfuerzos ha llegado hasta nosotros sólo un francés, el
camarada Guilbeaux. (Clamorosos aplausos.)
Hará uso de la palabra hoy. Ha permanecido varios meses en las cárceles de
Suiza, de esta república libre, y lo acusaban de tener relaciones con Lenin y
de preparar la revolución en Suiza. Lo han conducido a través de Alemania
escoltado por gendarmes y oficiales, temerosos, por lo visto, de que se le
cayera una cerilla que prendiera fuego a toda Alemania. Pero Alemania arde sin
necesidad de esa cerilla. Y en Francia, corno vemos, hay también simpatizantes
con el movimiento bolchevique. Las masas francesas son, tal vez, de las más
experimentadas, de las más educadas en política, de las más vivas y sensibles.
No permiten a un orador que tome una nota falsa en una asamblea popular, lo
interrumpen. Y aún ha salido bien librado, pues, con el temperamento francés,
¡podían haberlo echado de la tribuna! Por eso, cuando un periódico hostil a
nosotros reconoce lo que ha sucedido en esta gran reunión, decimos: el
proletariado francés está con nosotros.
102
Citaré otro breve pasaje de
un periódico italiano. Procuran tenernos tan aislados de todo el mundo que es
rarísimo el que recibamos periódicos socialistas de otros países. Nos ha
llegado como una rareza un número de Avanti!100,
órgano del Partido Socialista Italiano, que estuvo presente en Zímmerwald,
luchó contra la guerra y ha adoptado ahora una resolución, por la que se niega
a asistir al congreso de los amarillos de Berna, al congreso de la vieja
Internacional, en el que participan individuos que han contribuido con sus
gobiernos a prolongar esta guerra criminal. Avanti!
aparece hasta la fecha sometido a rigurosa censura. Pero en este número, que
nos ha llegado por casualidad, he leído una crónica de la vida del partido en
cierto lugarejo llamado Cavriago — debe ser un rincón muy perdido, pues no está
en el mapa— , y resulta que los obreros, reunidos allí, han aprobado una
resolución de simpatía con su periódico por su inconciliabilidad, y declaran
que aprueban a los espartaquistas alemanes —y luego siguen unas palabras que,
aun estando en italiano , se entienden en todo el mundo: "Sovietisti russi"—, saludan a los
"sovietistas" rusos y expresan su deseo de que el programa de los
revolucionarios rusos y alemanes se adopte en todo el mundo y sirva para llevar
hasta el fin la lucha contra la burguesía y el dominio militar. Pues bien,
cuando uno lee una resolución así de un villorrio italiano cualquiera, puede
decirse con pleno derecho: las masas italianas están a nuestro lado, las masas
italianas han comprendido qué son los "sovietistas" rusos, qué es el
programa de los "sovietistas" rusos y de los espartaquistas alemanes.
¡Y eso que entonces carecíamos de tal programa! No teníamos ningún programa
común con los espartaquistas alemanes, y los obreros italianos rechazan todo
cuanto ven en la prensa burguesa de su país, que, sobornada por los millonarios
y los multimillonarios, difunde en millones de ejemplares calumnias contra
nosotros. No ha engañado a los obreros italianos. Estos han comprendido qué son
los espartaquistas y los "sovietistas" y han dicho que simpatizan con
su programa, cuando este programa aún no existía. Por eso ha sido tan fácil
nuestra tarea en este congreso. No hemos tenido que hacer sino asentar como
programa lo que estaba ya sellado en la conciencia y en los corazones hasta de
los obreros de un rincón perdido, obreros aislados de nosotros por cordones
policíacos y militares. He ahí por qué hemos logrado con tanta facilidad y
unanimidad tan
![]()
100 "Avanti!" ("¡Adelante!"): diario, órgano central del
Partido Socialista Italiano; se fundó en diciembre de 1896 en Roma.
Acerca de la fundación de la Internacional Comunista
completa llegar a un acuerdo
común en todas las cuestiones principales, y estamos totalmente seguros de que
estos acuerdos tendrán poderosa repercusión en el proletariado de todos los
países.
El movimiento de los
Soviets, camaradas, es la forma conquistada en Rusia, la forma que hoy se
extiende por el mundo entero, que sólo con su nombre ofrece a los obreros todo
un programa. Camaradas, confío en que nosotros, a quienes ha tocado en suerte
la gran felicidad de desarrollar la forma soviética hasta la victoria, no
caeremos en la situación de gentes que puedan ser tachadas de engreídos.
Camaradas, sabemos
perfectamente que hemos sido los primeros en participar en la revolución
proletaria soviética no porque hayamos estado preparados igual o mejor que
otros obreros, sino porque estábamos peor preparados. Esta circunstancia
precisamente ha sido motivo de que frente a nosotros estuviese el adversario
más salvaje, más podrido; esta circunstancia precisamente ha hecho que la
revolución adquiera trascendencia en el exterior. Pero sabemos también que los
Soviets siguen existiendo en nuestro país hasta la fecha, que pugnan contra
dificultades gigantescas, debidas al insuficiente nivel cultural y al abrumador
peso que hemos debido soportar durante más de un año nosotros, que nos hemos
mantenido en nuestros puestos solos, cercados por todos lados de enemigos y
castigados, lo sabéis muy bien, por inverosímiles tormentos, por el hambre y
atroces sufrimientos.
Camaradas, quienes directa o
indirectamente se ponen al lado de la burguesía, procuran dirigirse a menudo a
los obreros y llenarlos de indignación, aludiendo los penosos sufrimientos que
soportan ahora los obreros. Pero nosotros les decimos: sí, estos sufrimientos
son penosos, y no os lo ocultamos. Así se lo decimos a los obreros, y ellos lo
saben muy bien por experiencia propia. Veis que luchamos no sólo por la
victoria del socialismo para nosotros, no sólo porque nuestros hijos recuerden
a los capitalistas y los terratenientes como monstruos prehistóricos; luchamos
por que los obreros de todo el mundo venzan al lado de nosotros.
Y este I Congreso de la
Internacional Comunista, que ha consignado que los Soviets conquistan la
simpatía de los obreros en todo el mundo, nos muestra que la causa de la
victoria de la revolución comunista internacional está asegurada. (Aplausos.) La burguesía seguirá
enfureciéndose en varios países, no hace más que empezar a preparar en ellos la
muerte de los mejores hombres, de los mejores representantes del socialismo,
como lo demuestra el atroz asesinato de Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht por
los guardias blancos. Sacrificios así son inevitables. No buscamos
entendimientos con la burguesía, vamos a la lucha final y decisiva contra ella;
pero sabemos que tras los sacrificios, tormentos y calamidades de la guerra
—cuando las masas de todo el mundo pugnan por la desmovilización, se sienten
engañadas, comprenden cuán inverosímil es el peso de las contribuciones que han
volcado sobre ellas los capitalistas, inmoladores de decenas de millones de
seres humanos por ver quién recibiría más ganancias—, ¡ha pasado ya la hora del
dominio de estos bandidos!
103
Ahora, cuando la palabra
"Soviet" la entienden todos, la victoria de la revolución comunista
es segura. Los camaradas presentes en esta sala han visto cómo se ha fundado la
primera República Soviética, ven ahora cómo se ha fundado la III Internacional,
la Internacional Comunista (Aplausos),
verán todos cómo se fundará la República Federativa Mundial de los Soviets. (Aplausos)
El 7 de marzo de 1919 se publicaron informaciones periodísticas
en el núm. 52 de "Pravda" y en el núm. 52 de "Izvestia del CEC
de toda Rusia". Publicado íntegramente en mayo de 1919,
Acerca de la fundación de la Internacional Comunista
en el folleto "Sesión solemne conjunta del CEC de toda
Rusia, del Soviet de Diputados Obreros y Soldados Rojos de Moscú, del Comité de
Moscú del PCR, del Consejo de los Sindicatos de toda Rusia y de los comités de
fábrica de Moscú celebrada en homenaje a la fundación de la internacional
Comunista".
T. 37, págs. 515-520.
Sesión del Soviet de Petrogrado
104
SESIÓN DEL SOVIET DE PETROGRADO.
12 de marzo de 1919.
1. Informe
sobre la política exterior e interior del consejo de comisarios del pueblo.
Breve información
periodística.
(La aparición del camarada Lenin en la tribuna es acogida con una
clamorosa ovación. Todos se ponen de pie.) Esta sala, dice el camarada
Lenin, me recuerda la primera vez que hablé en una reunión del Soviet de Petrogrado, en el que entonces dominaban
aún los mencheviques y los eseristas. Nos hemos olvidado demasiado pronto de un
pasado reciente. Pero ahora, la marcha que lleva el desarrollo de la revolución
en otros países nos refresca en la memoria lo que hemos vivido hace poco. Antes
suponíamos que en Occidente, donde las contradicciones entre las clases están
más exacerbadas debido al mayor desarrollo del capitalismo, la revolución
seguiría un camino algo distinto que en Rusia, y el poder pasaría allí en
seguida de la burguesía al proletariado. Sin embargo, lo que está ocurriendo
ahora en Alemania demuestra lo contrario. La burguesía alemana, que se ha unido
para hacer frente a las masas proletarias, que alzan cabeza, extrae su fuerza
de la mayor experiencia que posee la burguesía occidental y combate de manera
sistemática al proletariado. Las masas revolucionarias alemanas, por el
contrario, no poseen aún la suficiente experiencia, que sólo podrán adquirir en
el transcurso de la lucha. Todos recordamos la revolución de 1905, cuando el
proletariado de Rusia se lanzó a la lucha sin ninguna experiencia previa. En la
revolución actual, en cambio, hemos tenido presente y utilizado la experiencia
que nos proporcionó la revolución de 1905.
Lenin hace a continuación un
resumen de la actividad del Consejo de Comisarios del Pueblo. Rememora el
primer período de la revolución, cuando las masas aún no sabían qué hacer ni
contaban con centros de dirección lo bastante fuertes y prestigiosos.
Sabíamos muy bien, continúa
Lenin, que para tener éxito en la lucha iniciada necesitábamos aglutinar lo más
posible a todas las masas explotadas y a todos los elementos trabajadores del
país, y por ello no podía menos de planteársenos el problema de las formas de
organización. Recordando perfectamente el papel que los Soviets habían tenido
en 1905, los hemos resucitado por ser el instrumento más idóneo para unir a los
trabajadores y su lucha contra los explotadores. Hasta que estalló la
revolución en Alemania, sostuvimos siempre que los Soviets eran los órganos más
adecuados para Rusia. Entonces no podíamos afirmar que serían válidos en la
misma medida para Occidente; pero la vida ha demostrado que lo son. Vemos ahora
que los Soviets son cada vez más populares en Occidente y que por ellos se
lucha no sólo en Europa, sino también en América. Los Soviets van surgiendo en
todas partes y, tarde o temprano, tomarán el poder en sus manos.
América, donde se
constituyen ahora los Soviets, está pasando por momentos muy interesantes. Es
posible que allí el movimiento no vaya por el mismo cauce que en nuestro país,
pero lo importante es que la forma soviética de organización ha ganado allí también
gran popularidad. Esta forma de organización proletaria ha desplazado
actualmente todas las demás. Los anarquistas, que estaban en contra de todo
poder, han aceptado la forma soviética del mismo, después de haberla conocido.
Con lo cual no han dejado piedra sobre piedra de la teoría del anarquismo que
niega toda forma de poder, cualquiera que sea. Hace dos años predominaba en los
Soviets la idea conciliadora de la colaboración con la burguesía.
Sesión del Soviet de Petrogrado
Hubo de pasar cierto tiempo
para que sé barriera de la mentalidad de las masas esa vieja basura que impedía
comprender lo que ocurría. Y ello podía lograrse únicamente con la labor
práctica de los Soviets encauzada a organizar el Estado. En la misma situación
se encuentran ahora también las masas obreras de Alemania, y es necesario
quitarles de la cabeza esa misma basura vieja, aunque allí el proceso
transcurre en formas más acusadas, implacables y cruentas que en Rusia.
Me he desviado algo del tema
que me pidió tratar el Presídium del Soviet de Petrogrado, pero era necesario
hacerlo.
Sólo valorando el papel de
los Soviets a escala de la revolución mundial podemos comprender la labor del
Consejo de Comisarios del Pueblo durante el año transcurrido. Los pormenores
cotidianos de tipo administrativo y los inevitables problemas particulares en
la labor de organización nos desvían a menudo y nos hacen olvidar la gran causa
de la revolución mundial. Y sólo evaluando el papel de los Soviets a escala
mundial podemos comprender con acierto las minucias de nuestra vida interna y
regularlas oportunamente. Los ilustres inspectores de Berna101 dicen que somos partidarios de la táctica de la violencia;
pero, a la vez que dicen eso, cierran por completo los ojos para no ver lo que
hace en sus países la burguesía, la cual gobierna exclusivamente con el método
de la violencia.
105
Antes de adoptar la forma
soviética de gobierno, hubo un período de varios meses durante los cuales las
masas se prepararon para esta forma nueva, aún no vista, de gobierno. Hicimos
trizas con tesón al gobierno de Kerenski; obligamos al Gobierno
Provisional a cambiar con
frecuencia de ministros a diestra y siniestra, de arriba abajo, demostrando
definitivamente con ello a las masas la incapacidad de la pandilla de
conciliadores burgueses para gobernar el país, pandilla que reclamaba por
entonces el derecho al poder, y sólo después de eso tomamos el poder en
nuestras manos.
La cuestión es mucho más
complicada a escala mundial, pues la violencia revolucionaria a solas no basta,
tiene que ir precedida de un trabajo preparatorio, como el que realizamos
nosotros, sólo que, naturalmente, durante un período algo más prolongado. El
Tratado de Paz de Brest dio mucho que hablar en su tiempo, y ciertos señores
decidieron aprovechar para sus fines demagógicos este paso del
Poder soviético, llamándolo
conciliación. Pero si llamamos a esto conciliación, habría que conceptuar
también de conciliación con el zar nuestra entrada en la Duma de Estado, cuando
lo hicimos para minarla desde dentro. Concertamos el Tratado de Brest en espera
de que se diesen en Alemania las condiciones interiores precisas que
provocarían el derrocamiento de Guillermo, y ello prueba cuán atinados fueron
nuestros cálculos.
En los países de la Entente
se registra un despertar de las masas que los gobiernos de éstas procuran
impedir por todos los medios. Con ese objeto se intenta desviar la atención de
las masas, inconscientes aún, hacia el "patriotismo". Se las alimenta
con promesas, se las seduce con las ventajas de una paz victoriosa,
prometiéndoseles un sinfín de venturas para después de firmada la paz. Se las
nutre con ilusiones. Pero de lo atinado del cálculo de que estas ilusiones se
cumplan puede juzgarse por una conversación que he tenido hace poco con un
norteamericano, comerciante sensato, deseoso de hacer negocio y muy alejado de
nuestros intereses. He aquí cómo caracteriza este comerciante la situación de
Francia: el Gobierno francés promete a las masas el oro y el moro que supone
obtendrá de los alemanes; pero será preciso que los alemanes tengan con qué
pagar, pues de donde no hay no se puede sacar; y todas las ilusiones cifradas
en la conclusión de una paz ventajosa con Alemania entrarán en quiebra, pues la
paz que se concierte lo será de quiebra. De ello se percatan hasta los enemigos
de la revolución, los cuales no ven otra salida de la situación actual que
![]()
101 Véase la nota 94.
Sesión del Soviet de Petrogrado
el derrocamiento del
capitalismo. A este respecto es característico el estado de ánimo de la
muchedumbre parisiense, la más solícita y sensible. Ahora no deja abrir la boca
a quienes hablan contra los bolcheviques, en tanto que hace medio año prestaba
oído a los que echaban pestes de ellos. La burguesía nos ha hecho un gran
servicio en la propaganda de nuestras ideas. Los ataques que nos dirige han
hecho pensar y recapacitar a las masas, en consecuencia de lo cual, las masas
de París que piensan han llegado a la conclusión de que si la burguesía odia
tanto a los bolcheviques es porque los bolcheviques saben combatirla. La
Entente tiene ahora puesta la atención en nosotros y quiere pagar con dinero de
nuestro bolsillo las cuentas que le presentan. Debemos tomar en consideración
que tenemos delante a un enemigo poderoso que nos aventaja en el terreno
militar, pero no por mucho tiempo. Llegará el desengaño de la victoria, que
traerá como resultado el fracaso completo de todas las maquinaciones de los
"aliados", si ellos no se pelean antes entre sí. Ahora pasan hambre
todos los países, y no hay victoria que acabe con ella. Afrontamos complejas
tareas planteadas por la política exterior. En este campo contamos con la
experiencia de la paz de Brest, el paso más importante dado por el Consejo de
Comisarios del Pueblo en materia de política exterior. Dicha paz fue concertada
con un enemigo mucho más poderoso que nosotros en el terreno militar, y ello
provocó discrepancias incluso en nuestros medios, pero no podía ser otro el
primer paso del Estado proletario, rodeado por todas partes de fieras
imperialistas. La paz de Brest minó las fuerzas de nuestro poderoso enemigo.
Después de habernos impuesto condiciones expoliadoras, Alemania no tardó en
caer, y lo mismo debe esperarse en otros países también, máxime que en todas
partes vemos que los ejércitos se descomponen.
Hay que recordar el período
en que la descomposición de nuestro ejército se explicaba por la impaciencia de
los rusos; pero ahora resulta que ésa es la suerte de todos los países que
marchan por el camino de la revolución. El descarado robo a que ahora se
entregan los gobiernos "democráticos" en París abre los ojos a las
masas, tanto más que las discordias motivadas por el reparto del botín, que a
menudo se convierten en serias disputas, han dejado de ser un secreto102. A pesar de las desfavorables condiciones en que ha de vivir la
Rusia soviética, contamos con una ventaja que el propio periódico burgués Times103 se encarga de recalcar. En un artículo
de su comentarista militar, este periódico señala el rápido proceso de
descomposición que se advierte en los ejércitos de todos los países, excepto en
Rusia. Según el Times, Rusia es el
único país donde el ejército, lejos de desmoronarse, se consolida. Este es uno
de los aspectos esenciales de nuestro desarrollo durante el año transcurrido.
Estarnos rodeados de enemigos por todas partes, nos defendemos y vamos
reconquistando palmo a palmo el territorio de la Rusia Soviética, y cada mes de
lucha nos acerca más y más a la revolución mundial. Hemos sido los primeros del
mundo en conquistar el poder, y ahora gobiernan en nuestro país los Soviets de
trabajadores. ¿Podremos sostenernos en el poder? Si no podemos, eso significará
que, desde el punto de vista histórico, no fe justifica que hayamos tornado el
poder. Pero hoy podemos sentirnos ya
![]()
102 Se trata de la Conferencia de Paz de París, convocada, después de haber acabado la
primera guerra mundial (1914-1918), por las potencias vencedoras para redactar
los tratados de paz con los países vencidos. Llevaban la voz cantante en la
organización y en las labores de la Conferencia de Paz de París Gran Bretaña,
EE.UU., Francia, Italia y Japón. Se inauguró el 18 de enero de 1919. Entre los
participantes en ella se desplegó una enconada pugna por el reparto del botín
saqueado a los países vencidos. Motivó grandes discrepancias el reparto de las
colonias que habían pertenecido a Alemania. Hubo una empeñada lucha en torno a
la idea de Wilson de fundar la Liga de las Naciones. La conferencia fue unánime
sólo en la propensión a estrangular a la República Soviética y aplastar el
movimiento revolucionario internacional.
La Conferencia de Paz de París acabó en la firma de varios
tratados: el de Versalles, del 28 de junio, con Alemania; el del 10 de
septiembre de 1919 con Austria; el del 27 de noviembre de 1919 con Bulgaria; el
del 4 de junio de 1920 con Hungría, y el del 10 de agosto de 1920 con Turquía.
103
"The Times" ("Los
Tiempos"): diario fundado en 1785 en Londres uno de los periódicos
conservadores más importantes de la burguesía inglesa.
Sesión del Soviet de Petrogrado
orgullosos de haber
soportado esta prueba y de haber salvaguardado el poder de los trabajadores,
pese a las incalculables penurias.
106
A continuación, el camarada Lenin habla de los especialistas.
Algunos camaradas nuestros,
dice, se indignan de que al mando del Ejército Rojo haya viejos oficiales y
otros que sirvieron al zar. Es natural que este problema adquiera singular
importancia al organizarse el Ejército Rojo y que el éxito de esta empresa dependa
del acertado planteamiento del problema. La cuestión de los especialistas debe
tratarse con mayor amplitud. Debemos aprovecharlos en todas las esferas de
organización donde, como es natural, no podemos valernos con nuestras fuerzas
por carecer de la experiencia y la preparación científica de los viejos
especialistas burgueses. No somos utopistas para creer que la Rusia socialista
puede construirse con ciertas gentes nuevas; utilizamos el material que nos ha
dejado el viejo mundo capitalista. Ponemos a la gente de antes en las nuevas
condiciones, la rodeamos del control adecuado, la sometemos a la atenta
vigilancia del proletariado y la obligamos a realizar el trabajo que
necesitamos. Sólo así es posible construir. Si no sois capaces de levantar el edificio
con los materiales que nos dejó el mundo burgués, no lo construiréis en general
y no seréis comunistas, sino unos charlatanes vacíos. Para construir el
socialismo, debemos utilizar plenamente la ciencia, la técnica y, en general,
todo lo que nos ha legado la Rusia capitalista. Claro está que en este camino
tropezaremos con grandes dificultades. Los errores son inevitables. En todas
partes hay tránsfugas y saboteadores contumaces. Contra ellos se precisaba ante
todo la violencia. Pero después debemos utilizar el peso moral del
proletariado, la fuerza de la organización y la disciplina. No hay por qué
desechar a los especialistas que nos son de utilidad. Lo que se debe hacer es
colocarlos dentro de ciertos límites que permitan al proletariado controlarlos.
Es preciso encomendarles una labor y vigilarlos atentamente, colocando por
encima de ellos a comisarios nuestros para que desbaraten sus designios
contrarrevolucionarios. Y al paso, debemos aprender de ellos. Aun con todo eso,
no debemos hacer la menor concesión política a estos señores, cuyos servicios
utilizamos dondequiera que sea posible. Lo hemos logrado ya en parte. Del
aplastamiento de los capitalistas hemos pasado a la etapa de utilizar sus
servicios, y tal vez sea ésta una de las conquistas más importantes que
alcanzamos este año en el terreno del desarrollo interno.
Uno de los más serios
problemas de nuestro desarrollo cultural es el del campo. El Poder soviético
presupone el apoyo más amplio de los trabajadores. A esto se ha reducido toda
la política que hemos aplicado durante este período en el campo. Era necesario
unir a los proletarios de la ciudad con los pobres del campo, y así lo hemos
hecho. Ahora los unen con los más estrechos nexos miles de hilos invisibles.
Como en todas partes, aquí tropezamos también con grandes dificultades, pues
los campesinos están acostumbrados a sentirse propietarios independientes.
Están acostumbrados a vender libremente su cereal, y todos ellos tienen eso por
un derecho inalienable. Ahora se precisa un esfuerzo ímprobo para convencerlos
definitivamente de que sólo organizando la economía de manera comunista se
podrá hacer frente a la ruina que nos ha dejado la guerra. En estas lides hay
que obrar con la persuasión y no con la violencia. Claro está que también entre
los campesinos tenernos enemigos declarados, los kulaks; pero la inmensa
mayoría de los campesinos pobres y de los campesinos medios cercanos a ellos
están con nosotros. Contra los kulaks, enemigos jurados nuestros, sólo tenernos
un arma: la violencia. Cuando comenzamos a aplicar nuestra política de
abastecimiento de víveres, basada en el principio de que los campesinos debían
entregar sus excedentes a los hambrientos, hubo quienes comenzaron a gritar a
los campesinos: "¡Os están saqueando!". Eran los enemigos jurados de
los campesinos, de los obreros y del comunismo, enemigos disfrazados de
mencheviques, de eseristas de izquierda o de cualquier otra manera bufonesca; y
nosotros seguiremos tratándolos igual que hasta ahora.
Sesión del Soviet de Petrogrado
Publicado el 14 de
marzo de 1919 en el núm. 58 de "Stévernaya Kommuna".
2. Respuesta a las
preguntas escritas.
Camaradas: Quiero ahora
contestar a las preguntas escritas, dos de las cuales no están muy claras. A
pesar de todo, una de ellas contiene, al parecer, dos ideas fundamentales. La
primera es que el autor de la nota no está de acuerdo con los bolcheviques, los
cuales se extralimitan, a juicio suyo, y él simpatiza con los mencheviques,
pues son partidarios del avance gradual. La segunda encierra una pregunta sobre
las insurrecciones campesinas.
107
Por cuanto a la primera pregunta, debo decir que, puestos a
acusar a los bolcheviques, hay que mencionar en qué se han extralimitado y qué
tiene de bueno el avance gradual. Lo fundamental que nos separaba de los
mencheviques era que nosotros insistíamos en la entrega de todo el poder a los
Soviets, y nos extralimitamos tanto que en octubre del año antepasado lo
tomamos. Y los mencheviques exigían que se avanzara poco a poco, pues no
querían esa toma del poder. Por ejemplo, el conocido socialista Kautsky, que
simpatiza con los mencheviques, escribió en un folleto, en agosto de 1918, que
los bolcheviques no debían tomar el poder, pues no podrían sostenerse en él,
sucumbirían y, con ello, destruirían a todo el partido. A mí me parece que este
punto de vista ha sido refutado por la marcha de los acontecimientos, razón por
la cual no vale la pena detenerse en él, sobre todo si no hay objeciones claras
que hacer. En Alemania, Kautsky insistía en la democracia, en la Asamblea
Constituyente. Los mencheviques alemanes y los nuestros decían que no se debía
entregar el poder a los Soviets. En Alemania se reunió la Asamblea
Constituyente, y en enero y marzo estalló una serie de insurrecciones obreras
formidables, una guerra civil que ha tenido por resultado la propuesta de los
mencheviques alemanes, dirigidos por Hilferding, hecha en artículos recientes,
de unir la Asamblea Constituyente con los Soviets de manera que se otorgue al
Comité Central de los Soviets el derecho de poner el veto a las decisiones de
la Asamblea Constituyente, y someter los problemas a plebiscito. Esto evidencia
que los mencheviques alemanes, incluso los mejores de ellos, han caído en la
más completa confusión. La idea de unir la Asamblea Constituyente con los
Soviets, de unir la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado
puede sólo hacer reír.
En cuanto a las rebeliones
campesinas, ya se había hecho otra pregunta sobre lo mismo. Claro está que ha
habido y sigue habiendo rebeliones de kulaks. Durante el verano del año pasado
hubo toda una serie de ellas. El kulak es nuestro enemigo inconciliable. En
esta cuestión no ha y que confiar en nada más que en su aplastamiento. El
campesino medio es otra cosa, no es enemigo nuestro. No es verdad que en Rusia
haya habido rebeliones campesinas en las que participaran muchísimos
campesinos, y no kulaks. A los kulaks se adhiere alguna aldea o subdistrito,
pero no ha habido bajo el Poder soviético rebeliones que abarcasen a todos los
campesinos de Rusia. Ha habido rebeliones de kulaks, y seguirá habiéndolas con
un gobierno que obliga a vender a precio de tasa todo el trigo sobrante a los
hambrientos. Estas rebeliones son inevitables porque el kulak, que acapara
grandes reservas de trigo, puede venderlo a varios cientos de rublos el pud, y
todos sabemos a qué precios venden estos acaparadores. Si diésemos a los kulaks
esa libertad, el rico, que tiene reservas secretas de papel moneda, de kérenkis, comería hasta la saciedad,
mientras que la mayoría de la gente que nada esconde pasaría hambre. Por eso no
cerramos los ojos ante el hecho de que las rebeliones de los kulaks contra el
Poder soviético son inevitables. Cuando el poder estaba en manos de los
capitalistas, las sublevaciones obreras contra aquéllos y las sublevaciones
campesinas contra los terratenientes eran inevitables. Ahora que los
terratenientes y los capitalistas han sido aplastados, las rebeliones de los
kulaks estallarán más de tarde en tarde. Hay que elegir. Y si alguien quiere
que todo marche bien, sin rebeliones algunas, y que los
Sesión del Soviet de Petrogrado
ricos nos sirvan en bandeja
su declaración de amor y la promesa de entregarnos sus excedentes por las
buenas, yo creo que no se le puede tomar en serio.
Hay otra pregunta escrita
poco clara, que dice así: ¿cómo proceder cuando los obreros, soliviantados por
los llamamientos de los eseristas contra la escasez de víveres, se niegan a
trabajar, se declaran en huelga y se oponen al Poder soviético? Claro está que
yo no espero que todos los obreros sin excepción apoyen al Poder soviético.
Cuando los obreros de París se sublevaron en 1871, no fueron pocos los obreros
de otras ciudades que lucharon contra ellos en las filas de las tropas de los
guardias blancos y contribuyeron a aplastar a los parisienses, lo cual no
impidió a los socialistas conscientes afirmar que los federados de París
representaban a todo el proletariado, es decir, a lo mejor y más honrado de él;
en las filas de los guardias blancos luchaban sólo sectores atrasados de
obreros. También entre nosotros hay obreros inconscientes y atrasados que no
han entendido aún lo que es el Poder soviético; y nosotros nos esforzamos por
instruirlos. Ningún otro gobierno dio tanto para las asambleas permanentes de
masas de obreros como los Soviets; que conceden a todo representante de una
fábrica un puesto en el instituto del Estado. Incorporamos en la medida de lo
posible a los obreros a la elaboración de la política del Estado; en el
capitalismo, incluso con régimen republicano, los obreros estaban excluidos de
ello; el Poder soviético los incorpora con todas sus fuerzas, pero algunos
seguirán todavía bastante tiempo inclinándose por el pasado.
Habrá muy pocos entre
vosotros, quizás algunos contados, que recuerden el régimen de la servidumbre;
sólo pueden recordarlo los ancianos; pero sí habrá quienes recuerden la
situación de hace unos treinta o cuarenta años. Quienes han estado en el campo
saben que hace unos treinta años se podía encontrar en los pueblos a ancianos
que decían: "En el régimen de la servidumbre se vivía mejor, había más
orden, se exigía más, no se vestía a las mujeres con lujo". Si ahora
leemos a Gleb Uspenskí, a quien vamos a levantar un monumento, pues ha sido uno
de los mejores escritores que han descrito la vida de los campesinos, podemos
encontrar descripciones de las décadas del ochenta y noventa de viejos
campesinos de buena fe, y a veces sencillamente de personas de edad avanzada
que decían que bajo el régimen de la servidumbre se vivía mejor. Cuando se
derriba un viejo orden social, éste no puede ser destruido de golpe en la mente
de todos los seres humanos y siempre queda a quien le tira el pasado.
108
Algunos obreros, como los
tipógrafos, por ejemplo, dicen que en el capitalismo se vivía bien, pues se
publicaban muchos periódicos, mientras que ahora hay pocos; que entonces
ganaban bastante y por eso no quieren el socialismo. Antes había muchas industrias
que dependían de las clases ricas o que existían por la producción ele
artículos de lujo. En las grandes ciudades había bajo el capitalismo muchos
obreros que vivían ele la producción de artículos de lujo. En la República
Soviética tendremos que dejar temporalmente sin trabajo a estos obreros. Les
diremos: "Haced otro trabajo de utilidad". Y el obrero de esas
industrias dirá: "Yo hacia un trabajo fino, era joyero; mi trabajo era
limpio, y lo hacía para señores distinguidos; ahora han venido esos patanes de
mujiks y han echado con cajas destempladas a los señores distinguidos: quiero
que vuelva el capitalismo". La gente de ese tipo seguirá predicando que
debemos volver al capitalismo, o, como dicen los mencheviques, avanzar hacia un
capitalismo sano y hacia una democracia sana. Habrá varios centenares de
obreros que digan: "Nosotros vivíamos bien bajo el capitalismo sano".
Pero los que vivían bien bajo el capitalismo eran una ínfima minoría; y
nosotros defendemos los intereses de la mayoría, que vivía mal bajo el
capitalismo. (Aplausos.) El
capitalismo sano llevó a la matanza mundial en los países más libres. No puede
haber capitalismo sano; lo hay como el que existe en la república
norteamericana, la más libre, culta, rica y adelantada en el aspecto técnico; y
ese capitalismo democrático, el más republicano, llevó a la escabechina
universal más espantosa en aras del saqueo de todo el mundo. De quince millones
de obreros encontraréis en el país unos cuantos millares que vivían bien bajo
el capitalismo. En los países ricos hay más obreros
Sesión del Soviet de Petrogrado
de ésos porque han trabajado
para mayor número de millonarios y multimillonarios. Han estado al servicio de
este puñado de magnates y recibido de ellos salarios altos en especial. Si
tomáis a varios centenares de millonarios ingleses, veréis que han amasado
miles de millones porque han saqueado a la India y a toda una serie de
colonias. No les costaba nada hacer una dádiva a diez o veinte mil obreros,
pagarles salarios el doble o más altos que los usuales para que les trabajaran
bien. Leí en cierta ocasión un relato sobre las memorias de un peluquero
norteamericano a quien un multimillonario pagaba un dólar diario para que lo
afeitara. Y este peluquero escribió todo un libro en el que ensalzaba al
multimillonario y su maravillosa vida. Por una visita matutina de una hora a su
alteza financiera, recibía un dólar diario, quedaba satisfecho y no quería nada
más que el capitalismo. Debemos estar en guardia contra tales argumentos. La
inmensa mayoría de los obreros no se hallaba en esa situación. Nosotros, los
comunistas del mundo entero, defendemos los intereses de la inmensa mayoría de
los trabajadores, en tanto que los capitalistas han sobornado con salarios
elevados a una minoría insignificante de trabajadores y los han convertido en
fieles servidores del capital. Lo mismo que en el régimen de la servidumbre
había gente, campesinos, que decían a los terratenientes: "Somos esclavos
suyos (y eso después de recibir la libertad), no nos iremos de su lado".
¿Eran muchos? No, una ínfima minoría. ¿Y podría por este solo hecho negarse que
existía una lucha contra el régimen de la servidumbre? Claro está que no. Pues
bien, tampoco ahora se puedo negar el comunismo apelando a la minoría de
obreros que percibían magníficos salarios en los periódicos burgueses, en la
producción de artículos de lujo o por sus servicios personales a los
multimillonarios.
Paso ahora a las preguntas
expuestas en términos claros; ante todo, a la que se refiere a la concesiones
en general, y en particular a la concesión para el Gran Ferrocarril del Norte104. Se dice que eso significa permitir a las fieras que se lleven
la riqueza del pueblo. A eso respondo que el problema está aquí muy relacionado
con los especialistas burgueses y con el problema del imperialismo mundial.
¿Podemos aplastar al
imperialismo mundial ahora mismo? Si pudiéramos, estaríamos obligados a
hacerlo; pero bien sabéis que no podemos hacerlo ahora, lo mismo que tampoco
podíamos derrocar a Kerenski en el mes de marzo de 1917; teníamos que aguardar
que se desarrollaran los Soviets, afanarnos en ello, y no lanzarnos
inmediatamente a la insurrección contra Kerenski, Lo mismo pasa hoy: ¿es acaso
posible una guerra ofensiva contra el imperialismo mundial? Claro está que no.
Si fuésemos más fuertes, si obtuviésemos mañana mucho trigo, tuviésemos
artefactos técnicos y demás, no permitiríamos a los Scheidemann que diezmaran a
los espartaquistas, sino que los derribaríamos. Pero eso ahora es una fantasía
inoportuna, pues nuestro país solo no puede derribar el imperialismo mundial,
mientras otros países están en un período en el que no hay mayoría soviética, y
en muchas naciones apenas comienzan a surgir los Soviets; por eso tenemos que
hacer una concesión a los imperialistas. Hoy no podemos construir ferrocarriles
a gran escala, y Dios quiera que podamos reparar los existentes. Andamos
escasos de cereales y combustible, nos faltan locomotoras, hay varios millones
de puds de cereal amontonado en la línea férrea Volga— Bugulrná, y no podemos
traerlo. Hace unos días hemos decidido en el Consejo de Comisarios del Pueblo
enviar a representantes con plenos poderes para traer de allí ese cereal.
109
Mientras el pueblo pasa
hambre en Petrogrado y Moscú, millones de puds de trigo están allí amontonados,
y no los podemos traer por falta de locomotoras y combustible. En esas
condiciones decimos que vale más pagar un tributo a los capitalistas extranjeros,
pero que construyan ferrocarriles. No pereceremos por ese tributo; y si no
ponemos orden en el transporte ferroviario, podemos perecer, porque el pueblo
pasa hambre; por sufrido que sea el obrero ruso, el aguante tiene un límite.
Por eso estamos obligados a tomar medidas para mejorar el movimiento
ferroviario, aunque sea al precio de un tributo al capitalismo. Esté
![]()
104 Se trata de las obras del ferrocarril que uniría la cuenca del
Obi con Petrogrado y Múrmansk a través de Kotlas.
Sesión del Soviet de Petrogrado
bien o mal, hoy por hoy no
tenemos otra opción. Mientras no derroquemos definitivamente el capitalismo
mundial, por pagarle un tributo no hundiremos al Poder soviético. Hemos pagado
en oro a los imperialistas alemanes porque nos obligaban a hacerlo las cláusulas
del Tratado de Brest, y ahora los países de la Entente les arrebatan ese oro:
el bandolero vencedor despoja al bandolero vencido. Ahora decimos que mientras
no triunfe el movimiento mundial del proletariado, tendremos que luchar o pagar
tributo a estos bandidos, y no creemos que haya nada de malo en ello. Mientras
pagábamos tributo a los bandoleros alemanes, y les entregamos varios centenares
de millones, fortalecimos nuestro Ejército Rojo, y ahora a los bandoleros
alemanes no les ha quedado nada. Otro tanto les sucederá a los demás bandoleros
imperialistas. (Aplausos.)
El camarada que hace esa
pregunta añade que estuvo detenido cuatro días por haberse opuesto a que se
arruinara a los campesinos medios, quiere saber qué es el campesino medio y
alega una serie de rebeliones campesinas. Claro es que si se detuvo a este camarada
por haber protestado contra medidas que arruinaban a los campesinos medios, no
cabe duda de que se obró mal y, a juzgar por la rapidez con que fue puesto en
libertad, supongo que alguien
— el mismo que lo detuvo u otro representante del Poder
soviético— se convenció de que la detención era errónea. Ahora hablaré del
campesino medio. Se distingue del kulak en que no recurre a la explotación de
trabajo ajeno. El kulak roba dinero y trabajo de otros. Los campesinos pobres,
los semiproletarios, son los que sufren esa explotación; el campesino medio es
el que no explota a otros, el que vive de su propia hacienda, tiene
aproximadamente el cereal necesario para vivir, pero no llega a kulak ni puede
ser incluido entre los pobres. Esos campesinos vacilan entre nosotros y los
kulaks. Un pequeño número de ellos, si les sonríe la fortuna, pueden llegar a
ser kulaks, por eso tienden hacia ellos, pero la mayoría jamás podrán ser
kulaks. Y si los socialistas y comunistas saben hablar con tiento a los
campesinos medios, les demostrarán que el Poder soviético les reporta más
ventajas que cualquier otro poder, pues los demás oprimen y aplastan al
campesino medio. Pero el campesino medio vacila. Hoy está con nosotros, y
mañana con otro poder; una parte está con nosotros, otra parte con la
burguesía. Y en el programa que aprobaremos dentro de unos días nos
manifestamos en contra de toda violencia con los campesinos medios. Esto es lo
que declara nuestro partido. Si hay detenciones, las censuramos y enmendaremos.
Estamos por el empleo de la violencia contra el kulak, pero en lo tocante al
campesino medio, estamos contra la violencia. A éste le decimos: si te pones al
lado del Poder soviético, no queremos meterte a la fuerza en la comuna; nunca
hemos forzado a los campesinos a entrar en las comunas, ni hay decreto alguno
que lo imponga. Si eso ocurre en algún sitio, es un abuso que le cuesta a los
responsables el cargo y el ser procesados. Este problema es muy importante. El
campesino medio se halla entre dos campos. Pero nuestra política aquí es
clarísima, camaradas: estamos en contra de que se haga violencia al campesino
medio y en pro de que se llegue a un acuerdo con él, de que se le hagan
concesiones. El campesino medio puede venir y vendrá al comunismo poco a poco.
Hasta un la república capitalista más libre el campesino medio está amenazado
por el capital, que lo aplasta y oprime de una u otra manera.
En otra nota me preguntan
qué opino de la Flota del Báltico. No he estudiado este problema y no puedo
contestar ahora; quizás esté explicado por completo en el discurso del camarada
delegado de la Flota.
Otra pregunta se refiere a
que en los pueblos hay mucha roña, burocracia y porquería y debe combatirse
todo eso. No tiene vuelta de hoja. Cuando la Revolución de Octubre barrió a los
viejos burócratas, lo hizo porque creó los Soviets. Quitó a los viejos jueces y
puso el tribunal del pueblo. Pero los juicios podían simplificarse; para ello
no era preciso conocer las viejas leyes, bastaba con guiarse meramente por el
sentido de la justicia. Era fácil acabar con los métodos burocráticos en la
administración de la justicia. En otras esferas resultaba mucho
Sesión del Soviet de Petrogrado
más difícil hacerlo.
Expulsamos a los viejos burócratas, pero han vuelto; se autodenominan
"comunistas" cuando apenas si saben deletrear esta palabra; se ponen
una divisa roja en el ojal y se cuelan a una sinecura. ¿Qué hacer contra eso?
Luchar y luchar sin desmayo contra osa basura; barrerla y tirarla de
dondequiera que se infiltre; limpiar, expulsar, vigilar y estar al tanto, de lo
que se encargarán los obreros comunistas y los campesinos bien conocidos desde
antaño. Tengo aquí, además, otra pregunta, una nota en la que se dice que no
reporta nada bueno el dar preferencias a los miembros del partido, porque
entonces medran los granujas. Esto, camaradas, se combate y seguirá
combatiéndose. En el congreso del partido hemos aprobado una resolución de no
admitir a los delegados que militen menos de un año en el partido; y en lo
sucesivo adoptaremos medidas de esto tipo. Cuando un partido está en el poder,
en un principio hay que dar preferencia a sus miembros. Supongamos que se
presentan dos individuos, uno de los cuales saca su carnet de afiliado al
partido y dice que es comunista, el otro no tiene carnet., y los dos son
igualmente desconocidos; es natural que en tal caso se dé preferencia al
miembro del partido, al que enseña el carnet. ¿Cómo distinguir si alguien
milita verdaderamente en el partido por convicción o por conveniencia? Hay que
asentar en el carnet la fecha de ingreso en el partido, no entregar el carnet
hasta que el pretendiente pase una prueba, saque enseñanzas, etc.
110
Hay, además, una nota sobre
el impuesto revolucionario105, en la que se dice que abruma al
campesino medio. Sobre esto hemos celebrado una sesión especial; había muchas
quejas y, para comprobarlas, se hizo lo siguiente: tenemos una Dirección
Central de Estadística, en la que trabajan los mejores especialistas de Rusia
en la materia, la mayoría de los cuales son eseristas de derecha, mencheviques
y hasta democonstitucionalistas; entre ellos son pocos los comunistas, los
bolcheviques, pues éstos se ocupaban más de luchar contra el zarismo que de
estudios prácticos. Por lo que he podido observar, estos especialistas trabajan
bien, lo que, claro está, no quiere decir que no haya que luchar contra algunos
de ellos. Les encargamos una investigación de ensayo de varios subdistritos
para ver cómo han distribuido el impuesto revolucionaría entre sí los
campesinos. Las quejas son muchísimas; claro que si nos fijamos en que llegan
unas mil de todo el país, vemos que es una cifra insignificante para toda
Rusia; mil quejas entre varios millones de haciendas no es nada; si al Comité
Ejecutivo Central acuden a quejarse tres personas cada día, sumarán noventa
quejas al cabo del mes, y la impresión que se produce es de que estamos
agobiados por las quejas. Para comprobarlo, decidimos llevar a cabo una
investigación de varios subdistritos y recibimos una respuesta exacta en el
informe de Popov, que luego repetimos en una sesión del Comité Ejecutivo
Central en presencia de obreros. Este informe ha evidenciado que en la mayoría
de los casos los campesinos distribuyen justamente el impuesto. El Poder
soviético reclama que los campesinos pobres no paguen nada, que los campesinos
medios abonen una suma moderada, y los campesinos ricos desembolsen mucho;
claro está que no es posible determinar con exactitud quién es campesino rico y
quién pobre, y hay errores; pero en su mayoría, los campesinos reparten bien el
impuesto. Y así debe ser. (Aplausos.)
Claro que ha habido errores. Por ejemplo, un pequeño empleado ferroviario se
quejaba de que la cuantía que le había impuesto el comité domiciliario era
injusta. Lo comunicó a las autoridades soviéticas. Entonces se dijo: hay que
hacer un registro en su casa, pues se dedica a la especulación. Y le
encontraron varios sacos con un millón de kérenkis.
Mientras no encontremos el modo de cambiar los billetes viejos por otros
nuevos, seguirán sucediendo estas cosas. Cuando sustituyamos estos papeles por
otros nuevos, se quitará la careta a todos
![]()
105 Se alude al decreto sobre el Impuesto extraordinario y revolucionario de
los diez mil millones de rublos que se aprobó en la reunión del Consejo
Ejecutivo Central de toda Rusia el 30 de octubre de 1918. Este impuesto, a
pagar una vez, gravaba principalmente a los kulaks y la burguesía de las
ciudades. Eximíanse de su pago los pobres de la ciudad y del campo y los
individuos que no tuviesen más ingresos que su salario o pensión tope de 1.500
rubios. El 9 de abril de 1919, el CEC de toda Rusia aprobó un decreto
complementario sobre las exenciones del pago de este impuesto extraordinario
para los campesinos medios. Según este decreto, se dejó de cobrar el impuesto
"a las personas que pagaban bajas cuotas de contribución".
Sesión del Soviet de Petrogrado
los especuladores. Todos
tendrán que cambiar los billetes viejos por los nuevos. (Clamorosos aplausos.) A quien declare una cantidad pequeña de
dinero, la que necesita un obrero para vivir,
le daremos rublo por rublo; lo mismo haremos con quien declare, digamos, mil o
dos mil rublos. A quien declare más, le daremos una parte al contado, y el
resto se lo apuntaremos en una cartilla: ¡que espere! (Aplausos.) Para poder hacer eso, hay que preparar los nuevos
billetes. De los viejos tenemos aproximadamente 60.000 millones. Para
canjearlos, no se necesita una cantidad tan grande de los nuevos, pero los
especialistas calculan que harán falta no menos de 20.000 millones de rublos
nuevos. Contamos ya con 17.000 millones. (Aplausos.)
Y en el Consejo de Comisarios del Pueblo se ha planteado la cuestión de
preparar pronto hasta el fin esta medida, que asestará un golpe a los
especuladores. Esta medida desenmascarará a quienes ocultan los kérenkis, Pero su puesta en práctica
requiere una gran organización; no se trata de una medida fácil de aplicar.
En otra nota se pregunta
cómo va la siembra, pues es difícil obtener semilla suficiente, lo cual, claro,
es verdad. Se ha instituido un Comité de Tierra de Sembradío. Y adjunto al
Comisariado de Agricultura se ha instituido por decreto del Poder soviético un
Comité Obrero que se constituirá de acuerdo con los sindicatos y se cuidará de
que las tierras no estén baldías, de que todos los terrenos baldíos de los
terratenientes sean entregados a los obreros. Hay una disposición de que si el
campesino no ocupa la tierra, el Estado se encargará de aprovecharla. Es cierto
que no hay bastante semilla. Ahí se precisa que los campesinos pobres denuncien
a los kulaks que esconden los excedentes de cereal y no los entregan para
semilla. El kulak está interesado en esconder estas reservas para sacar mil
rublos por cada pud en los meses de hambre, y no le importa que el trigo quede
sin sembrar y que con ello perjudique a miles de obreros. Es un enemigo del
pueblo y hay que desenmascararlo.
Otra pregunta es sobre los
sueldos: al especialista se le pagan 3.000 rublos; y él pasa de un trabajo a
otro, y no es fácil encontrarlo. De los especialistas diré que son gentes que
conocen la ciencia y la técnica burguesas corno no puede conocerlas la inmensa
mayoría de los obreros y campesinos; necesitamos a estos especialistas,
opinamos que es imposible implantar ahora la igualdad completa de remuneración
y somos partidarios de pagarles más de 3.000 rublos. Incluso si tuviésemos que
pagar varios millones al año en sueldos, no sería mucho si, a cambio de ello,
aprendiésemos a trabajar bien.
111
No vemos otra manera de arreglar las cosas para que trabajen de
buen grado y no por miedo al palo; y mientras escaseen los especialistas, no
podemos renunciar a pagarles sueldos elevados. No hace mucho, tuve una
conversación sobre el particular con Shmidt, Comisario de Trabajo; él está de
acuerdo con nuestra política y agregó que antes, en el capitalismo, el salario
de un peón era de 25 rublos mensuales, mientras que un buen especialista no
ganaba menos de 500 rublos al mes, lo que supone una diferencia de 1 a 20; en
la actualidad, los salarios más bajos son de 600 rublos, y los especialistas
ganan 3.000, lo que hace una diferencia de 1 a 5. Por tanto, hemos hecho mucho
para nivelar los salarios bajos y los sueldos altos, y seguiremos avanzando por
el camino emprendido. Mas, por ahora, no podemos igualar la remuneración, y
mientras haya pocos especialistas, no podremos renunciar a elevarles los
sueldos. Afirmamos que vale más pagar un millón o hasta mil millones más al año
con tal de aprovechar a todos los especialistas disponibles, pues lo que
enseñarán a los obreros y campesinos vale más que esos mil millones.
Luego hay una pregunta sobre
las comunas agrícolas y si se puede dejar en ellas a los ex terratenientes. Eso
depende de qué terrateniente fuese. No ha habido ningún decreto que prohíba a
los terratenientes entrar en las comunas. Claro que se desconfía de los
terratenientes, pues oprimieron durante siglos a los campesinos, y éstos los
odian; pero si hay terratenientes a quienes los campesinos tienen por personas
honestas, no sólo se los puede, sino que incluso se los debe admitir. Debemos
utilizar a esos especialistas que están
Sesión del Soviet de Petrogrado
acostumbrados a organizar
grandes haciendas y pueden enseñar mucho a los campesinos y obreros agrícolas.
Además, se pregunta si se
puede permitir que los campesinos medios participen en las labranzas
colectivas. Pues claro que sí. Últimamente, distritos enteros han dispuesto
pasar a la labranza colectiva; no sé en qué medida se cumplirá, pero lo que
importa en eso es atraer precisamente a los campesinos medios, ya que los
campesinos pobres están de acuerdo con nosotros, en tanto que los medios no
siempre lo están, y es preciso atraerlos. Somos partidarios de la violencia
contra los capitalistas y los terratenientes, y no sólo de la violencia, sino
también de la expropiación completa de cuanto han acumulado; somos partidarios
de la violencia contra el kulak, pero no de su expropiación completa, porque
cultiva la tierra, parte de la cual la ha adquirido con su propio trabajo. Esta
diferencia tenernos que aprendérnosla bien. Contra el terrateniente y el
capitalista, la expropiación total; pero al kulak no se le puede quitar todo lo
que posee, no ha habido tal disposición; al campesino medio queremos
convencerlo, atraerlo con el ejemplo, persuadiéndolo. Ese es nuestro programa.
Y si en los pueblos no lo cumplen, eso es infringir la disposición del Poder
soviético, bien porque no la quieren acatar o simplemente porque no la
comprenden.
Hay luego una pregunta sobre
cómo estimular a los ferroviarios, y también sobre la suspensión del tráfico
por ferrocarril. Este problema ha sido estudiado con especial atención en el
Consejo de
Comisarios del Pueblo y se han tomado muchas medidas. Este
problema es fundamental. Junto al ferrocarril Volga -Bugulmá hay amontonados
millones de puds de trigo y pueden pudrirse, pues en algunos sitios está encima
de la nieve, y si comienza el deshielo, se perderá. Ya está húmedo (su grado de
humedad llega al 20 N). Hay que traerlo de allí; de lo contrario, se perderá.
Lo principal es que los propios ferroviarios están muy necesitados de pan. Y para transportarlo hay que suspender
el movimiento de pasajeros, según los cálculos de nuestros camaradas del
Comisariado de Vías de Comunicación, desde el 18 de marzo hasta el 10 de abril.
Esta suspensión del movimiento de pasajeros puede dar tres millones y medio de
puds de cereales, que podrán ser transportados, si bien con las locomotoras de
poca potencia de los trenes de pasajeros. Si en estos trenes llevasen el trigo
los del saco, lo más que podrían transportar sería medio millón. Los que se
quejan de la suspensión del movimiento de pasajeros no tienen razón. Los del
saco, en el mejor de los casos, transportarán medio millón; y nosotros, si
llenamos de trigo los vagones hasta los bordes, y si nos ayudan los
ferroviarios, transportaremos tres millones y medio de puds, con lo que
mejorará el abastecimiento. Por eso hemos dicho y seguimos diciendo que todos
los camaradas más despiertos y organizados deben ir a trabajar al ejército y a
los organismos de abastecimiento de víveres. Hay que dar más y más gente, mal
que nos pese. Sabemos perfectamente que Petrogrado ha sido la ciudad de Rusia
que ha proporcionado más gente, y eso es porque allí están los obreros mejor
organizados y formados. Este medio año será duro. Los primeros seis meses de
1918 nos dieron 27 millones de puds, y en el segundo semestre obtuvimos 67 millones.
Ahora estamos en un semestre de hambre. Los meses de marzo, abril, mayo y junio
serán difíciles. Para evitarlo hay que poner en tensión todas las fuerzas. Se
debe plantear en cada fábrica y en cada círculo el problema de si hay alguien
que pueda ser enviado a trabajar a los talleres ferroviarios, que pueda ser
sustituido por alguna mujer y enviado a ese otro trabajo. Hay que pensar en
esto en todos los círculos, en todos los grupos, en todas las organizaciones;
hay que proporcionar a nuevos obreros; entonces saldremos airosos de este duro
semestre. (Aplausos.)
Publicado por primera
vez en 1950 en el torno 29 de la 4a edición de las "Obras" de V. l.
Lenin,
T. 38, págs. 1-21.
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
113
ÉXITOS Y DIFICULTADES DEL PODER SOVIÉTICO.
En estos
precisos momentos en que hemos logrado restablecer la Internacional
revolucionaria, la Internacional Comunista, en estos precisos momentos en que
la forma soviética del movimiento ha llegado por sí misma a ser programa
teórico y práctico de toda la III Internacional, en los precisos momentos en
que ya se ha hecho eso, cabe recordar el desarrollo general de los Soviets.
¿Qué son los Soviets? ¿Cuál es la importancia de esta forma creada por las
masas y no inventada por nadie?
Sólo desde ese punto de
vista se pueden evaluar también con tino, a mi parecer, las tareas que tenemos
ya planteadas nosotros, el poder conquistado por el proletariado, y el
cumplimiento de las mismas, que hemos intentado y logrado en el transcurso del
último año, teniendo ya la dictadura del proletariado en Rusia.
Sólo desde el punto de vista
del papel general de los Soviets, de su importancia general, de su lugar en el
desarrollo histórico mundial se puede comprender en qué situación nos hemos
visto, por qué teníamos que obrar así, y no de otra manera, y cómo hay que
comprobar, mirando atrás, lo acertado o desacertado de nuestros pasos.
Y hoy sentimos una necesidad
redoblada de opiniones más generales, de mayor amplitud o de mayor alcance
porque ahora los militantes del partido tienen que sufrir a veces en Rusia y
advertir las insuficiencias, faltas y defectos de su trabajo debido a que el
cumplimiento práctico de las tareas inaplazables, corrientes, inmediatas y
palpitantes de administración que recayeron y recaen en el Poder soviético,
distrae y embota a menudo la atención, nos obliga, pese a todos nuestros
esfuerzos —aquí no se puede hacer nada contra las condiciones en que se actúa—
a dedicar demasiada atención a las minucias administrativas y olvidar el curso
general del desarrollo de toda la dictadura del proletariado a escala mundial,
del desarrollo de esta dictadura por el cauce del Poder soviético, mejor dicho,
del movimiento soviético, por el cauce errático de las masas proletarias dentro
de los Soviets —lo que hemos vivido y olvidado todos—, por el cauce de la
tentativa hecha dentro de los Soviets de ejercer la dictadura.
He ahí las dificultades que
nos han caído encima y las tareas generales en que, a juicio mío, debemos
procurar fijarnos para desprendernos algo, en la medida de lo posible, nosotros
mismos de las minucias administrativas que recaen en cada cual que se ocupa del
trabajo práctico en los Soviets y para comprender qué paso tan grande nos queda
por dar como destacamento del ejército proletario universal.
Vencer por completo y
definitivamente a escala mundial no se puede en Rusia a solas; se podrá
únicamente cuando triunfe el proletariado en todos los países, al menos en los
adelantados, o, siquiera, en varios de los adelantados más grandes. Sólo
entonces podremos afirmar con toda seguridad que la causa del proletariado ha
triunfado, que hemos alcanzado nuestro primer objetivo: el derrocamiento del
capitalismo.
Hemos alcanzado ese objetivo
con relación a un país, y se nos ha planteado la segunda tarea. Si el Poder de
los Soviets es una realidad, si la burguesía ha sido derrocada en un país, la
segunda tarea es la lucha a escala internacional, la lucha en otro plano, la
lucha del Estado proletario en el medio de los Estados capitalistas.
La situación es de novedad y dificultad extraordinarias.
Por otra parte, una vez
derrocado el poder de la burguesía, la tarea principal es organizar la
construcción del socialismo.
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
A los socialistas amarillos
que, reunidos ahora en Berna, se disponen a honrarnos con la visita de
extranjeros ilustres, les gusta más que nada pronunciar frases como ésta:
"Los bolcheviques creen que la violencia es omnipotente". Esta frase
no evidencia sino que la pronuncian gentes que, en el ardor de la lucha
revolucionaria, cuando los aplasta por completo la violencia de la burguesía
—mirad lo que ocurre en Alemania—, no saben enseñar a su proletariado la
táctica de la violencia necesaria.
Hay condiciones ante las
cuales la violencia es necesaria y útil; y hay condiciones ante las cuales la
violencia no puede dar ningún resultado. Hubo ejemplos, sin embargo, de que
esta diferencia no la aprendieron todos, y de eso hay que hablar. En Octubre la
violencia, el derrocamiento de la burguesía por el Poder soviético, la
destitución del viejo gobierno, la violencia revolucionaria tuvo un brillante
resultado.
114
¿Por qué'?
Pues porque, primero, las masas estaban organizadas en los Soviets y porque,
segundo, el enemigo —la burguesía— estaba socavado, quebrantado, desmirriado,
igual que un trozo de hielo carcomido por las aguas vernales, por el largo
período político comprendido entre febrero y octubre, y ya no tenía fuerza
alguna por dentro. Y el movimiento de Octubre, comparado aunque sólo sea con el
movimiento revolucionario actual de Alemania, nos dio con suma facilidad una
victoria completa y brillante de la violencia revolucionaria.
¿Se puede suponer que esa
vía, esa forma de lucha, esa fácil victoria de la violencia revolucionaria sea
posible sin esas condiciones?
Suponerlo así sería un craso
error. Y cuanto mayores son las victorias revolucionarias, conquistadas en
determinadas condiciones, tanto más frecuente es el peligro de que nos dejemos
seducir por esas victorias, sin pensar con serenidad, calma y atención en las
condiciones en que eso ha sido posible.
Cuando hicimos trizas, puede
decirse que con tesón, al gobierno de Kerenski y al gabinete de coalición de
Miliukov, agotamos las tentativas de acomodarlos en las poltronas
ministeriales, haciendo todas las combinaciones posibles, y los obligamos a
cambiar de carteras a diestra y siniestra, de abajo arriba y de arriba abajo, y
resultó que, ocuparan la poltrona que quisieran, no concertaban en la orquesta,
y entonces salieron con cajas destempladas.
¿Se parece en algo a esa
situación lo que se ve ahora frente a nuestra actividad práctica con relación
al imperialismo mundial? Pues claro que no.
Por eso ha sido motivo de
tantas dificultados en materia de política exterior la cuestión de la paz de
Brest. Lo nutrido del movimiento de las masas nos ha ayudado a superar esas
dificultades.
¿Pero cuál es el origen de
los errores que han hecho pensar a parte de nuestros camaradas que estamos
cometiendo un crimen inaudito? Aún queda algún que otro tipo raro entre los que
saben manejar la pluma y se tienen creído que representan personalmente algo,
cuentan con experiencia y pueden enseñar a otros, etc., que signe machacando
que eso fue un compromiso con el imperialismo alemán.
En efecto, al mismo
compromiso fuimos cuando nos "conciliamos" con el zar para entrar en
la repulsiva Duma reaccionaria con objeto de minarla por dentro.
¿Acaso se podía contar con
el derrocamiento del imperialismo mundial por el mero empleo de la violencia
sin haber desarrollado adecuadamente al proletariado de esos países
imperialistas?
Si planteamos el problema de
esa manera —y, como marxistas, nosotros hemos enseñado siempre que ésa es la
única manera de hacerlo—, debemos reconocer que aplicar una política de
violencia en esas circunstancias habría sido descabellado y absurdo de cabo a
rabo, habría sido una total incomprensión de las condiciones en que la política
de violencia surte efecto.
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
Eso lo vemos ahora. Tenemos
más experiencia. Mientras en el período de la paz de Brest nos veíamos
obligados a reunir fuerzas y colocar con espantosas dificultades los cimientos
del nuevo ejército, del Ejército Rojo, en el país más arruinado y torturado del
mundo por la guerra, mientras íbamos colocando piedra a piedra en la primera
mitad ya comienzos de la segunda mitad de 1918 los cimientos de un auténtico
Ejército Rojo socialista, la descomposición interior y el creciente descontento
minaban, carcomían e iban debilitando el imperialismo de otros países.
La violencia revolucionaria
triunfó asimismo en Alemania cuando los largos meses de lucha quebrantaron la
fuerza del imperialismo en dicho país; lo mismo se repite ahora —hasta cierto
punto, no del todo— en los países de la Entente.
Un norteamericano que
observó directamente con mucha atención y sin ninguna idea preconcebida lo que
ocurría en los países euroccidentales, me decía hace poco: "A Francia le
espera, sin duda alguna, el mayor de los desengaños, el derrumbamiento de sus
ilusiones; a los franceses los mantienen con promesas, les recuerdan que han
vencido". La burguesía aprovecha los viejos sentimientos patrióticos de
todo el pueblo francés, el rencor por la derrota infligida a éste en el año
1870 y la indignación extrema del mismo de ver a su país desangrado, postrado y
sin gente en cuatro años de guerra para encauzar dichos sentimientos hacia el
chovinismo: "Hemos derrotado a los alemanes, nos llenaremos ahora los
bolsillos y podremos descansar". Pero el norteamericano sereno, que mira
las cosas con ojo de comerciante, dice: "Los alemanes no pagaran porque no
tienen con qué".
Por eso al pueblo francés
hacen promesas y le cuentan cuentos sobre la paz y sobre la victoria final e
inmediata. Pero esta paz es la defraudación de todas las esperanzas de salir de
este sangriento pantano con un hilo de vida, deshechos de pies y manos, pero
vivos. Con el viejo capitalismo no es posible salir de esa paz, porque la
guerra ha acumulado un alud tan inmenso de deudas capitalistas, una mole tan
descomunal de ruinas en todo el mundo capitalista que no es posible salir de
esa paz sin despeñar el alud.
Incluso quienes no son
revolucionarios ni creen en la revolución, pero la temen, sin embargo la
discuten en teoría; y la marcha de los acontecimientos, las consecuencias de la
guerra imperialista los obligarán a convencerse de que no hay otra salida que la
revolución.
Repito que a mí me ha
sorprendido sobre todo cómo ha evaluado la situación el norteamericano; lo ha
hecho desde el punto de vista del comerciante que, como es natural, no ha
estudiado la teoría de la lucha de las clases y la considera en su fuero
interno una tontería, pero le interesan los millones y miles de millones, y,
como sabe calcular, pregunta: ¿pagarán o no pagarán?, y contesta —siempre desde
el punto de vista del practicismo mercantil-: "No tienen con qué pagar.
¡No se les sacará ni siquiera veinte kopeks por rublo!"
115
Esa es la situación en que
vemos por doquier una inmensa agitación motivada en todos los países de la
Entente por la simpatía que sienten los obreros a la forma soviética de poder.
En París, por ejemplo, la
multitud —que tal vez sea la más sensible de las asambleas populares de los
otros países, pues ha pasado por una escuela muy buena y ha hecho varias
revoluciones— , esa multitud parisiense, la más sensible, que no permitirá a un
orador tomar una nota falsa, para en seco ahora a quienes se atreven a hablar
en contra del bolchevismo; y hace sólo unos meses, nadie podía ni siquiera
insinuar ante ella que estaba con el bolchevismo sin que lo hiciera blanco de
sus burlas.
Entretanto, la burguesía de
París ha puesto en juego contra el bolchevismo todo su armatoste de falsedades,
calumnias y engaños. Pero ya sabemos lo que significa eso, pues en 1917 los
bolcheviques sufrimos la persecución de toda la prensa burguesa. Sin embargo,
los señores burgueses de nuestro país calcularon mal y se pasaron de listos al
pensar que iban a envolver a los bolcheviques en las redes de sus embustes y
calumnias; se pasaron de listos y se
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
excedieron tanto en sus
ataques que nos hicieron la propaganda gratis y obligaron a los obreros más
atrasados a pensar: "¡Cuando los capitalistas echan tantas pestes de los
bolcheviques, eso quiere decir que los bolcheviques saben combatirlos!"
He ahí por qué la política
que hubimos de aplicar durante el período de la paz de Brest, la paz más
brutal, forzosa y humillante, resultó ser la única política acertada que se
podía seguir.
Creo que no estará de más
recordar otra vez esta política en los precisos momentos actuales, cuando la
situación de los países de la Entente se hace parecida, cuando todos ellos se
sienten arrebatados por el insano deseo de endosar a Rusia sus deudas, su
miseria, su ruina, de saquear y aplastar a Rusia para desviar de este modo la
creciente indignación de sus masas trabajadoras.
Si miramos serenos las
cosas, habremos de decirnos con completa claridad, a menos que queramos
engañarnos y engañar a otros —ocupación peligrosa para los revolucionarios—,
habremos de decir que la Entente puede más que nosotros en el sentido de la
fuerza militar. Pero si vernos el problema en desarrollo, diremos también con
completas claridad y convicción, basada ésta no sólo en nuestras concepciones
revolucionarias, sino también en nuestra experiencia, que dicho poderío de los
países de la Entente no durará mucho, pues se hallan en vísperas de un gran
viraje en el estado de ánimo de sus masas.
Esos países han mantenido
con promesas a los obreros franceses e ingleses, diciéndoles: "Acabaremos
de saquear el mundo entero, y entonces os sobrará para comer". Eso es lo
que vocea toda la prensa burguesa, metiéndoselo en la cabeza a las masas
atrasadas.
Es de suponer que dentro de
unos meses concertarán la paz, si no se pelean en el acto entre ellos, como
parece indicarlo una serie de síntomas muy graves. Pero si logran concertar la
paz sin tirarse de los pelos ni agarrarse del gaznate mutuamente, esta paz será
el comienzo del fin inmediato, pues no podrán pagar esas deudas inauditas ni
aliviar la atroz ruina en que se encuentran, cuando en Francia la producción de
trigo ha descendido en más de la mitad, el hambre llama a todas las puertas, y
las fuerzas productivas han sido destruidas.
Si miramos serenamente la
situación, se debe admitir que el método de apreciar las cuestiones, que ha
demostrado ser tan acertado para valorar la revolución rusa, confirma cada día
que se avecina la revolución mundial. Sabemos que los torrentes que se llevarán
los témpanos de hielo de la Entente, del capitalismo, del imperialismo, son
mayores cada día.
Por una parte, los países de
la Entente son más vigorosos que nosotros; pero, por otra, en ningún caso
lograrán mantenerse largo tiempo, dada su situación interior.
De esa situación se derivan
complicadas tareas de política internacional, tareas que, tal vez, y es muy
probable, hayamos de cumplir en los próximos días y de las que quisiera hablar
más que nada, pero no conozco lo bastante en concreto, para que tengáis
delante, camaradas, un cuadro claro y emotivo de la experiencia atesorada en la
esfera de labor del Consejo de Comisarios del Pueblo, en la esfera de la
política exterior.
Nuestra experiencia más
sustancial es la paz de Brest. Eso es lo más importante del balance del Consejo
de Comisarios del Pueblo en política exterior. Hemos tenido que esperar,
retroceder, bordear los escollos y firmar la paz más humillante para poder así
colocar los cimientos del nuevo ejército socialista. Los hemos colocado, y
nuestro adversario, antes robusto y todopoderoso, está ya reducido a la
impotencia.
Las cosas siguen ese
derrotero en todo el mundo, y ésa es la enseñanza principal, fundamental, que
se debe asimilar con la mayor solidez y esforzarse por comprender con la mayor
claridad posibles para no equivocarse en los complejísimos, dificilísimos e intrincadísimos
problemas de política exterior que se le plantearán un día de éstos al Consejo
de Comisarios del Pueblo, al Comité Ejecutivo Central y, en general, a todo el
Poder soviético.
116
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
Con esto doy por terminado
el turno de política exterior para pasar a otros problemas importantísimos.
Camaradas, en cuanto a la
labor militar, hace un año, en febrero y marzo de 1918, carecíamos totalmente
de ejército. Contábamos quizás con diez millones de obreros y campesinos
armados, que constituían el viejo ejército, descompuesto por completo, presto y
resuelto absolutamente a marcharse, a salir por pies y abandonarlo todo a costa
de lo que fuera.
Eso se tenía entonces por un
fenómeno exclusivamente ruso. Se creía que los rusos, a causa de la impaciencia
o del poco espíritu de organización que les son propios, no podrían aguantar, y
que los alemanes lo soportarían.
Eso nos decían. Pero ahora
vemos, al cabo de unos meses, que a la organización del ejército alemán,
infinitamente superior a la nuestra en cuanto a cultura, técnica y disciplina,
en cuanto a las condiciones humanas para los enfermos y heridos, en cuanto a
permisos, etc., le ha pasado lo mismo. Las masas más cultas y disciplinadas no
han podido soportar la matanza, los largos años de escabechina: ha comenzado un
período de descomposición absoluta, en el que el ejército alemán, tan moderno,
ha flaqueado también.
Es evidente que todos los
países, y no sólo Rusia, tienen un límite. Un límite diferente para los
distintos países, pero límite al fin y al cabo, más allá del cual no se puede
llevar la guerra en aras de los intereses de los capitalistas. Esto es lo que vemos
hoy.
El imperialismo alemán se ha
desenmascarado hasta el fin, poniendo al desnudo su cariz de fiera. Lo más
importante es que incluso en Norteamérica y Francia, en estas decantadas
democracias (de las democracias hablan por los codos los traidores al socialismo,
los mencheviques y eseristas, estos pobres diablos que se dicen socialistas),
en estas democracias avanzadas del mundo, en estas repúblicas, el imperialismo
se hace más desfachatado cada día y salen a la luz fieras más brutales y
salvajes que en ninguna otra parte. Los imperialistas saquean el mundo, se
pelean entre ellos y se arman los unos contra los otros. Eso no se puede
ocultar largo tiempo. Se pudo encubrir en el ardor de la guerra. Pero el ardor
pasa, la paz viene, y las masas ven, precisamente en esas democracias y pese a
todas las mentiras, que la guerra ha conducido a nuevos saqueos. La república
más democrática no es sino un tapujo para la fiera más salvaje y cínica que
está dispuesta a arruinar a centenares de millones de seres para pagar las deudas,
es decir, para pagar a los señores imperialistas, a los señores capitalistas
por haber hecho a los obreros la gracia de que se degüellen mutuamente, lo que
está más claro cada día para las masas.
Esa es la
situación que posibilita actos políticos como el artículo de un comentarista
militar, publicado en el Times
inglés, el periódico de la burguesía más rica y más experta en política, que
enjuicia los acontecimientos en los siguientes términos: "Los ejércitos se
desintegran en el mundo entero; sólo en un país se está formando un ejército.
Este país es Rusia".
Ese es el hecho que se ve
obligada a reconocer la burguesía, mucho más fuerte en el aspecto militar que
el bolchevismo soviético. Con este hecho presente, enjuiciamos lo que hemos
realizado en esto año de trabajo soviético.
Hemos logrado un cambio tal
que, en lugar del ejército de diez millones de hombres que huía en masa, que no
pudo soportar más los horrores de la guerra y que comprendía que esa guerra era
criminal, ha comenzado a formarse, por centenas y centenas de millar de
hombres, un ejército socialista que sabe por qué lucha y acepta mayores
sacrificios y privaciones que bajo el zarismo, pues sabe que defiende su causa,
su tierra, su poder en la fábrica, el poder de los trabajadores, y los
trabajadores de otros países se despiertan, si bien tienen un despertar difícil
y penoso.
Esa es la situación caracterizada por el año de experiencia del
Poder soviético.
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
La guerra es de una crudeza
inverosímil para la Rusia Soviética, de una crudeza inverosímil para el pueblo,
que ha sufrido cuatro años los horrores de la degollina imperialista. La guerra
es de una dureza inverosímil para la Rusia Soviética. Pero en estos momentos
hasta los enemigos poderosos reconocen que sus ejércitos se descomponen,
mientras que el nuestro se está formando. Porque, por primera vez en la
historia, el ejército se forma en la afinidad, en el parentesco inquebrantable,
puede afirmarse incluso que en fusión inseparable de los Soviets y el ejército.
Los Soviets agrupan a todos los trabajadores y explotados, y el ejército se
constituye basado en los principios de la conciencia y la defensa socialistas.
Un monarca prusiano del
siglo XVIII pronunció una frase sabia: "Si nuestros soldados comprendiesen
por qué combatimos, no se podría hacer ninguna guerra". Este viejo monarca
prusiano no era tonto. En cuanto a nosotros, estamos dispuestos a decir hoy,
comparando nuestra situación con la de ese monarca: Podemos hacer la guerra
porque las masas saben por qué pelean, y quieren pelear a despecho de los
inauditos sinsabores —repito, los sinsabores de la guerra abruman hoy más que
con el zarismo—, sabiendo que han de hacer sacrificios exasperantes, casi
superiores a sus fuerzas, para defender su causa socialista y combatir al lado
de los obreros de los otros países, que se están "descomponiendo" y
han comenzado a comprender nuestra situación.
Hay mentecatos que hablan a
gritos del militarismo rojo; son truhanes de la política que fingen creer esa
memez y lanzan a diestra y siniestra acusaciones de ese tipo, valiéndose para
ello de sus artes abogadiles de inventar falsos argumentos y despistar a las
masas. También gritan los mencheviques y eseristas: "¡Ojo, que meten
militarismo rojo por socialismo!"
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En efecto, ¡vaya crimen tan
"horrendo"! Los imperialistas del mundo entero se han lanzado a
estrangular a la República de Rusia, y nosotros hemos empezado a crear un
ejército que, por primera vez en la historia, sabe por qué lucha, por qué se sacrifica,
y resiste airoso a un enemigo más numeroso, aproximando la revolución mundial a
escala sin precedentes con cada mes de resistencia. ¡Y eso lo tachan de
militarismo rojo!
Repito: o son unos
mentecatos que están por debajo de toda evaluación política o unos truhanes de
la política.
Todo el mundo sabe que esta
guerra nos ha sido impuesta; a comienzos del año 1918 pusimos fin a la vieja
guerra y no queríamos empezar otra nueva; todo el mundo sabe que los guardias
blancos nos atacaron desde el Oeste, desde el Sur y desde el Este sólo merced a
la ayuda de la Entente, que tiraba los millones por la ventana, reuniendo
además los países avanzados las inmensas reservas de pertrechos que quedaban de
la guerra imperialista y poniéndolos a disposición de los guardias blancos,
porque los señores millonarios y multimillonarios saben que su suerte se decide
aquí, que perecerán aquí si no nos aplastan inmediatamente.
La república socialista hace
esfuerzos inauditos y sacrificios y obtiene victorias. Si hoy, al cabo de un
año de guerra civil, miramos en el mapa qué territorio tenía la Rusia Soviética
en marzo de 1918 y el que llegó a tener en julio de 1918, cuando los
imperialistas alemanes se hallaban al Oeste en la línea marcada por el Tratado
de Paz de Brest o imponían su yugo a Ucrania, mientras que al Esto, el cuerpo
de ejército checoslovaco, comprado por los franceses y los ingleses, dominaba
hasta Kazán y Simhirsk, y si lo comparamos con el mapa actual, veremos que nos
hemos extendido de manera inaudita y que hemos obtenido victorias colosales.
Esa es la situación quo sólo
truhanes políticos de lo más inicuos y viles pueden no ver para proferir
palabras fuertes y acusarnos de militarismo rojo.
La historia no conoce
revoluciones que, luego del triunfo, se puedan meter en un bolsillo y permitan
a los revolucionarios dormirse en los laureles. Quien crea concebibles tales
revoluciones, lejos de ser revolucionario, es uno de los peores enemigos de la
clase obrera.
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
Jamás hubo una revolución,
ni siquiera secundaria, ni siquiera burguesa, en la que sólo se tratase del
paso del poder de una minoría poseedora a otra. ¡Conocemos ejemplos! La
Revolución francesa, contra la cual embistieron aliadas las viejas potencias a principios
del siglo XIX para aplastarla, se llama grande precisamente porque supo poner
en pie para la defensa de sus conquistas a las amplias masas populares que
resistieron al mundo entero; en ello reside concretamente uno de sus mayores
méritos.
La revolución se somete a
las pruebas más serias en la realidad, en la lucha, en el fuego. Si uno es
oprimido, explotado y piensa derrocar el poder de los explotadores, si ha
decidido llevar esta causa hasta el fin, debe saber que habrá de arrostrar la acometida
de los explotadores de todo el mundo; y si está dispuesto a rechazar esta
acometida y hacer nuevos sacrificios para salir airoso de la lucha, será un
revolucionario; en caso contrario, lo aplastarán.
Así plantea el problema la historia de todas las revoluciones.
La verdadera prueba de
nuestra revolución es que, en un país atrasado, hemos sabido tomar el poder
antes que otros, hemos sabido conquistar la forma soviética de gobierno, el
poder de los trabajadores y explotados. ¿Podremos sostenernos en el poder al menos
hasta que se pongan en movimiento las masas de los demás países? Si no sabemos
hacer nuevos sacrificios ni somos capaces de sostenernos en el poder, se dirá:
La revolución no ha tenido razón de ser en el plano histórico. Los demócratas
de los países civilizados, armados hasta los dientes, temen, sin embargo, que
en una república libre de cien millones de habitantes, como, pongamos por caso,
Norteamérica, aparezca un centenar de bolcheviques: ¡son tan contagiosos! ¡Y
resulta que la lucha contra un centenar de oriundos de la Rusia hambrienta y
arruinada que se ponen a hablar del bolchevismo es superior a las fuerzas de
los demócratas! ¡Las simpatías de las masas están con nosotros! Los burgueses
no tienen más que una posibilidad de salvarse: mientras no se les caiga la
espada de las manos, mientras posean los cañones, enfilarlos contra la Rusia
Soviética y aplastar a ésta en unos meses, porque más tarde no habrá modo de
aplastarla. Esta es la situación en que nos encontramos, esto es lo que ha
determinado la política militar del Consejo de Comisarios del Pueblo durante el
año transcurrido y, por tanto, al señalar los hechos y los resultados, podemos
decir que si soportamos la prueba es únicamente porque los obreros y los
campesinos, cansados por la guerra de manera inaudita, dando muestras de un
nuevo heroísmo, crean un ejército nuevo en condiciones más dolorosas aún.
Esos son unos breves
resultados de la política del Poder soviético en el terreno militar. Me
permitiré decir unas palabras más sobre un punto en el que nuestra política
militar se da la mano con la política en otras esferas, con la política en el
terreno de la economía: hablo de los especialistas militares.
Quizás sepáis qué
discusiones motivó esta cuestión y cuán a menudo camaradas que figuraban entre
los más fieles y convencidos comunistas bolcheviques, protestaban acalorados
contra el aprovechamiento, para organizar el Ejército Rojo socialista, de los
viejos especialistas militares, de los generales, jefes y oficiales zaristas
mancillados con el servicio al zarismo y, a veces, con represiones sangrientas
de obreros y campesinos.
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La contradicción salta a la
vista, la indignación brota aquí, puede afirmarse, por sí sola. ¿De qué manera
formar un ejército socialista con ayuda de especialistas del zarismo?
Ha resultado que lo hemos
formado sólo de esa manera. Y si nos paramos a pensar en la tarea que nos ha
caído en suerte, no será difícil entender que sólo así podíamos formarlo. Esa
obra no es sólo militar, esa tarea se nos plantea en todos los terrenos de la
vida del pueblo y de la economía nacional.
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
Los viejos socialistas
utopistas se imaginaban que el socialismo se podría construir con otros
hombres, que primero formarían a hombres buenos, impecables, magníficamente
instruidos y construirían con ellos el socialismo. Nosotros nos reíamos siempre
y decíamos que eso era jugar a las muñecas, que eso era un entretenimiento de
remilgadas señoritas del socialismo, y no política seria.
Queremos construir el
socialismo con la gente educada por el capitalismo, con la gente estropeada y
pervertida por el capitalismo, pero, en cambio, templada por él para la lucha.
Hay proletarios de tanto temple que pueden soportar sacrificios mil veces mayores
que cualquier ejército; hay decenas de millones de campesinos oprimidos,
ignorantes, dispersos, pero capaces de unirse en la lucha en torno al
proletariado si éste aplica una táctica acertada. Hay, además, especialistas de
la ciencia y la técnica impregnados hasta la médula de espíritu contemplativo
burgués; hay especialistas militares que se han formado en condiciones
burguesas, y menos mal si lo han sido en condiciones burguesas y no feudales,
en las del palo y del régimen de la servidumbre. En cuanto a la economía
nacional, todos los agrónomos, ingenieros y maestros salían de la clase
poseedora, ¡no caían del cielo! Los desposeídos, los proletarios de las
fábricas y los labradores de arado de madera no podían pasar por la universidad
ni bajo el zar Nicolás ni bajo el presidente republicano Wilson. La ciencia y
la técnica eran para los ricos, para los poseedores, el capitalismo proporciona
cultura sólo a la minoría. Y nosotros debemos construir el socialismo con esa
cultura. No disponemos de otro material. Queremos construir inmediatamente el
socialismo con material que nos ha dejado el capitalismo de ayer a hoy, ahora
mismo, y no con hombres que se críen en invernaderos, si es que nos querernos
entretener con ese cuento. Tenemos especialistas burgueses, y nada más. No
tenernos otros ladrillos, no tenemos otro material con que construir. El
socialismo debe vencer, y nosotros, socialistas y comunistas, debemos demostrar
con hechos que somos capaces de edificar el socialismo con esos ladrillos, con
ese material; que somos capaces de construir la sociedad socialista con
proletarios, que gozaban en grado ínfimo de la cultura, y con especialistas
burgueses.
Y si no construís la
sociedad comunista con ese material, seréis gente que habla por hablar, unos
charlatanes.
¡Así plantea la cuestión la
herencia histórica del capitalismo mundial! ¡Esa es la dificultad que se nos
planteó concretamente cuando tomarnos el poder, cuando obtuvimos la
administración soviética!
Esta es una parte de la
tarea, la parte mayor. La administración soviética significa que los
trabajadores se han unido de manera que con el peso de su unión masiva pueden
aplastar el capitalismo. Y lo han aplastado. Pero el aplastamiento del
capitalismo aún no resuelve las cosas. Hay que tomar toda la cultura que dejó
el capitalismo y construir el socialismo con ella. Hay que tomar toda la
ciencia, la técnica, todo el saber, el arte. Sin eso no podemos edificar la
vida de la sociedad comunista. Y esa ciencia, esa técnica y ese arte están en
las manos y en las cabezas de los especialistas.
Así está planteada en todas
las esferas la tarea, contradictoria, como contradictorio es todo el
capitalismo, dificilísima, pero viable. Y no porque hayamos formado dentro de
veinte años especialistas comunistas intachables: la primera generación de comunistas
sin mácula ni tacha; no, perdonad, no debemos hacerlo todo dentro de veinte
años, sino ahora, dentro de dos meses, para luchar contra la burguesía, contra
la ciencia y la técnica burguesas de todo el mundo. Debemos vencer en esta
empresa. Es difícil obligar con nuestro peso masivo a los especialistas
burgueses a que nos sirvan, pero se puede; y si lo conseguimos, habremos
vencido.
Cuando, hace poco, el
camarada Trotski me dijo que el número de jefes y oficiales en el departamento
militar era de varias decenas de miles, me hice una idea concreta de en qué
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
consiste el secreto de la
utilización de nuestro enemigo, de cómo hay que obligar a edificar el comunismo
a quienes fueron sus enemigos, de cómo hay que construir el comunismo con los
ladrillos que los capitalistas eligieron para utilizarlos contra nosotros.
¡Otros ladrillos no podemos conseguir! Y con esos ladrillos, bajo la dirección
del proletariado, debemos obligar a los especialistas burgueses a levantar
nuestro edificio. Eso es lo difícil, pero eso es también la garantía del éxito.
Claro que en este camino,
nuevo y difícil, se han cometido no pocos errores, en este camino nos esperaban
no pocos reveses; todos saben que un determinado número de especialistas nos
hacía sistemáticamente traición; entre los especialistas de las fábricas, de la
agronomía y de la administración hemos tropezado a cada paso y seguimos
tropezando con una actitud perversa ante el trabajo, con un sabotaje perverso.
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Sabemos que esas dificultades son
inmensas y que la violencia no basta para vencerlas...
Naturalmente, no estamos en contra de la violencia; nos reímos
de quienes se oponen a la dictadura del proletariado y decimos que son gente
necia, incapaz de comprender que debe haber dictadura del proletariado o
dictadura de la burguesía. Quien diga lo contrario o es un idiota o es tan
ignorante en política que sería una vergüenza, no digo ya dejarle subir a una
tribuna, sino permitirle que entre en una asamblea. O violencia contra
Liebknecht y Luxemburgo, linchamiento de los mejores dirigentes de los obreros,
o aplastamiento de los explotadores por la violencia, eso es lo que puede
haber; y quien sueñe con un término medio es nuestro enemigo peor y más
peligroso. Así está planteada ahora la cuestión. De manera que, cuando hablamos
de aprovechar a los especialistas, hay que tomar en consideración la enseñanza
de la política soviética en el año transcurrido; en este año hemos arrollado y
vencido a los explotadores, y ahora debemos cumplir la tarea de utilizar a los
especialistas burgueses. Repito que eso no puede hacerse únicamente por la
violencia. En eso, además de la violencia, después de la violencia victoriosa,
se necesitan la organización, la disciplina y el peso moral del proletariado
triunfante, que subordina e incorpora a su labor a todos los especialistas
burgueses.
Se dirá: ¡Lenin recomienda
el influjo moral en lugar de la violencia! Pero sería necio imaginar que el
problema de la organización de la nueva ciencia y la nueva técnica en la
edificación de la sociedad comunista puede resolverse sólo por la violencia.
¡Eso es una necedad!
Nosotros, como partido, como hombres que hemos aprendido algo en este año de
trabajo de los Soviets, no incurriremos en esa necedad y prevendremos a las
masas contra ella. La tarea de utilizar todo el mecanismo de la sociedad
burguesa, de la sociedad capitalista, no sólo requiere violencia victoriosa,
sino además, organización, disciplina, disciplina de camaradas entre las masas,
organización de la influencia proletaria sobre el resto de la población,
creación de un nuevo ambiente de masas en el que el especialista burgués vea
que no tiene otra salida, que no hay vuelta a la vieja sociedad y que él puede
cumplir su cometido sólo con los comunistas, los cuales están al lado, dirigen
a las masas, gozan de la absoluta confianza de las masas y laboran con el fin
de que los frutos de la ciencia y la técnica burguesas, los frutos del
desarrollo milenario de la civilización no vayan a manos de un puñado de
individuos que se aprovechen de ellos para destacarse y enriquecerse, sino a
manos de todos los trabajadores sin excepción.
¡Es una tarea difícil en
grado sumo, y para cumplirla íntegramente habrá que emplear decenios! Para
cumplirla es preciso crear una fuerza, una disciplina, una disciplina de
camaradas, una disciplina soviética, una disciplina proletaria que no sólo
aplaste físicamente a los contrarrevolucionarios burgueses, sino que los
abarque a todos ellos, los subordine, los encauce por nuestros rieles para
servir a nuestra causa.
Repito que topamos todos los
días con esta tarea en la organización del ejército y de la economía del país,
en el trabajo de cada consejo de economía, en la labor de cada comité de
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
fábrica, en el
funcionamiento de cada fábrica nacionalizada. Este año apenas ha habido una
semana en la que en el Consejo de Comisarios del Pueblo no se haya planteado de
tal o cual forma este problema y nosotros no le hayamos buscado solución. Estoy
seguro de que no ha habido en toda Rusia ni un solo comité de fábrica, ni una
sola comuna agrícola, ni una sola hacienda soviética, ni una sola sección
distrital agraria que en este año de labor de los Soviets no haya topado
decenas de veces con este problema.
En eso está la dificultad de
la tarea, pero eso mismo es lo que la hace una tarea grata de verdad, a eso es
a lo que debemos dedicarnos ahora, al día siguiente de haber aplastado con la
fuerza de la insurrección proletaria a los explotadores.
Aplastamos su resistencia –y
eso hubo que hacerlo—, pero no era eso lo único que se debía hacer, sino que
también se les había de obligar, con la fuerza de la nueva organización,
organización de camaradas trabajadores, a que se pusieran a nuestro servicio;
había que quitarles los viejos vicios, impedirles que volvieran a su práctica
explotadora. Siguen siendo los burgueses de antes, desempeñan los grados de
jefes y oficiales y ejercen en los estados mayores de nuestro ejército; esos
burgueses de antes que se dicen mencheviques y eseristas son ingenieros y
agrónomos. La denominación no cambia la condición, son burgueses hasta la
médula, de pies a cabeza, por la mentalidad y las costumbres.
¿Y vamos a tirarlos por la
borda? ¡No se puede tirar por la borda a centenares de miles! Y si lo
hiciésemos, nos perjudicaríamos nosotros mismos. No tenemos otro material para
construir el comunismo que el creado por el capitalismo. Lo que se debe hacer no
es tirarlos por la borda, sino romper su resistencia, vigilarlos a cada paso y
sin hacerles ninguna concesión política, como les hacen continuamente los
débiles de carácter. Los instruidos se dejan llevar por la política y la
influencia de la burguesía porque adquirieron toda su cultura en el ambiente y
por el ambiente burgués. Por eso tropiezan a cada paso y hacen concesiones
políticas a la burguesía contrarrevolucionaria.
El comunista que dice que no
se debe caer en una situación en la que se hayan de manchar las manos, que debe
tener manos comunistas limpias, que edificará la sociedad comunista con manos
comunistas limpias, sin utilizar a los despreciables cooperativistas burgueses
y contrarrevolucionarios, es un charlatán insulso, pues, antes al contrario, no
se puede menos de utilizarlos.
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La tarea práctica que se nos
plantea hoy es la de poner a nuestro servicio a quienes el capitalismo educó
contra nosotros, en vigilarlos cada día, en poner por encima de ellos a
comisarios obreros en un ambiente de organización comunista, en poner diariamente
coto a sus designios contrarrevolucionarios y aprender, al paso, de ellos.
En el mejor de los casos,
nosotros poseemos los conocimientos del agitador, del propagandista, del hombre
templado por la suerte de satánica dureza del obrero fabril o del campesino
hambriento, esos conocimientos que enseñan a aguantar mucho y ser tenaz en la
lucha, lo que nos ha venido salvando hasta la fecha; todo eso es necesario;
pero no basta, con eso sólo no se puede vencer; para que la victoria sea
completa y definitiva hay que tornar, además, todo lo que el capitalismo tiene
de valioso, toda la ciencia y toda la cultura.
¿Y de dónde sacarlas? Pues
aprendiendo de ellos, de nuestros enemigos, aprendiendo del agrónomo burgués en
la sección distrital agraria nuestros campesinos avanzados, aprendiendo del
ingeniero burgués nuestros obreros conscientes en sus fábricas, etc., para
asimilar los frutos de su cultura.
En ese aspecto, la lucha
declarada el último año en nuestro partido ha sido fructífera en grado
extraordinario; ha provocado no pocos choques violentos, pero es que la lucha
no transcurre sin choques violentos; en cambio, hemos adquirido experiencia
práctica en un problema que nunca se nos había planteado antes, pero sin el que
no se logrará construir el comunismo. El
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
problema de unir la
revolución proletaria victoriosa con la cultura burguesa, con la ciencia y la
técnica burguesas, hasta ahora patrimonio de unos pocos, es un problema
difícil, lo repito. Su solución depende totalmente de la organización, de la
disciplina que tenga el sector de vanguardia de las masas trabajadoras. Si en
Rusia no hubiera a la cabeza de millones de campesinos atrasados, ignorantes,
incapaces por completo de emprender por su cuenta una obra, oprimidos durante
siglos por los terratenientes, si no hubiera junto a estos campesinos un sector
avanzado de obreros de la ciudad comprendidos por ellos, afines a ellos,
acreedores de la confianza de ellos, en los cuales creen ellos como en gente
suya, trabajadora, si no existiera esa organización capaz de aglutinar a las
masas trabajadoras, de hacerles ver y explicarles la importancia que reviste el
adquirir toda la cultura burguesa, de persuadirlos de que ésa es una tarea
importante, la causa del comunismo estaría perdida.
Y no lo digo desde un punto
de vista abstracto, sino desde el punto de vista de la experiencia diaria
reunida a lo largo de todo un año. Si bien es verdad que en esta experiencia
hay muchas pequeñeces, a veces tediosas y desagradables, no lo es menos que
tras ellas debe verse algo más hondo y comprender que esas minucias del
trabajo, los conflictos entre un comité de fábrica y un ingeniero, entre un
soldado rojo y un oficial burgués, entre un campesino y un agrónomo burgués,
tales conflictos, roces y nimiedades entrañan un contenido inconmensurablemente
más profundo. Hemos acabado con el prejuicio de que hay que tirar a estos
especialistas burgueses a la calle. Hemos tomado en nuestras manos este
armatoste, que todavía marcha mal —no nos hagamos ilusiones, pues se para a
cada paso, se desvía sin cesar, se mete continuamente en la cuneta y lo
volvemos a sacar —, pero marcha y lo conduciremos por el buen camino. Así, y
sólo así, lograremos salir de este tremedal de destrucción y terribles
dificultades, ruina, salvajismo, miseria y hambre, en el que la guerra nos
metió y en el que los imperialistas de todos los países se esfuerzan por
atascarnos y hundirnos.
Pero ya hemos comenzado a salir. Estamos dando los primeros
pasos.
Este año de labor soviética
nos ha enseñado a comprender y asimilar con claridad esa tarea en cada caso
concreto del trabajo en la práctica fabril y en la práctica agrícola.
Constituye una conquista inmensa del Poder soviético en un año transcurrido. No
lamentamos haber perdido un año en eso. No entraremos como antaño en peregrinas
discusiones teóricas sobre la importancia de los especialistas burgueses y la
significación de las organizaciones proletarias; aprovecharemos en todos los
comités de fábrica y en todas las organizaciones agrarias cada paso de nuestra
experiencia. Hemos colocado los cimientos de nuestro Ejército Rojo, contamos
con una pequeña base, tenemos ya empresas nacionalizadas donde los obreros han
sabido comprender sus tareas y empezado a elevar el rendimiento del trabajo con
la ayuda de los especialistas burgueses que procuran volver atrás a cada paso y
son obligados por las organizaciones obreras de masas a avanzar al lado del
Poder soviético; ésta es la mayor conquista del Poder soviético. Esta no es una
labor vistosa, no tiene nada de brillante, y es difícil de apreciarla en todo
lo que vale, pero en eso mismo se deja sentir el avance de nuestro movimiento,
en que de la simple tarea de aplastar simplemente a los explotadores hemos
pasado a la de aprender nosotros mismos y enseñar a las masas a construir el
comunismo con los ladrillos capitalistas, a obligar a los especialistas
burgueses del capitalismo a trabajar para nosotros. Sólo por este camino
llegaremos a la victoria. Y ahora sabemos que, marchando como lo hemos venido
haciendo hasta aquí, alcanzaremos esa victoria en realidad.
Camaradas, paso ahora al
último problema que quisiera tratar, aunque fuese en breve, ya que he
prolongado mi discurso demasiado: me refiero al problema de nuestra actitud
ante el campo.
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Éxitos y dificultades del Poder Soviético
He venido hablando hasta
aquí de nuestra labor militar, de la dictadura y del aprovechamiento de los
servicios de los especialistas burgueses; en cuanto al campo, tropezamos en él
con otra inmensa dificultad para construir el comunismo.
¿Qué hacer si el poder ha
pasado a manos del proletariado en un país donde el proletariado de las
ciudades constituye una minoría, y la mayoría son campesinos acostumbrados a
trabajar solos e impregnados de esta costumbre de llevar a solas cada cual sus faenas
agrícolas?
No obstante, la mayoría de
estos campesinos están tan arruinados, depauperados y atormentados por el yugo
de los terratenientes y los capitalistas que acuden gustosos en ayuda de los
proletarios. Si el obrero de la ciudad se acerca al campesino con buenos modos
y tacto, corno hacen las personas, y no como el que quiere mandar, concitando
legítima aversión, si lo hace como cuadra a las personas, encontrará en él la
mayor confianza de camarada y completo apoyo. Lo sabemos. En eso se sostiene el
Poder soviético en el campo. El Poder soviético ha podido mantenerse sólo
porque cuenta con el más sincero apoyo de la mayoría de los trabajadores. Y
este apoyo nos lo prestan porque los obreros de la ciudad se pusieron en
relación de mil maneras, que nosotros ni sospechamos, con los pobres del campo.
El poder del Estado, que
antes entorpecía esa relación, hace ahora cuanto puede para propiciada.
Merced a eso sólo se mantiene el Poder soviético, sólo en eso
está la garantía de la victoria.
Las inmensas dificultades
que acabo de mencionar estriban en que los campesinos están habituados a
trabajar cada uno por su lado, a vender libremente su trigo, y eso les parece
lo más natural.
¿Cómo no voy a poder vender
mi trigo como quiera — razona el campesino—, después de haber trabajado para
cosechado, con el sudor y la sangre que me ha costado'? Esto les parece un
atropello a los campesinos.
Nosotros sabemos, por toda
la experiencia del desarrollo de Rusia, que la libertad de comercio equivale a
implantar libremente capitalistas; y la libertad de comercio en un país
atormentado por el hambre, en un país donde el hambriento está dispuesto a dar
lo que sea, incluso a aceptar la esclavitud, por un mendrugo de pan, la
libertad de comercio cuando el país pasa hambre es tanto como dar a la minoría
libertad de enriquecerse, y a la mayoría, de arruinarse.
Nosotros debemos demostrar
que la primera tarea en un país atormentado por el hambre es ayudar al
campesinado; pero sólo podemos ayudarle unificando su acción, uniendo a las
masas, pues los campesinos viven dispersos, desunidos, y están acostumbrados a
vivir y trabajar cada uno por su lado.
No hay
obstáculos externos que impidan cumplir esta difícil tarea; todo lo que se
debía hacer por la violencia ya está hecho; no renunciamos a la violencia, pues
sabemos que entre los campesinos hay kulaks que nos oponen enérgica
resistencia, llegando incluso a organizar rebeliones de guardias blancos; esto
no va con toda la masa campesina. Los kulaks son una minoría, y contra ellos lo
único que cabe es luchar y luchar; hay que aplastarlos, y los estarnos
aplastando; pero después de cumplir victoriosamente la tarea de aplastar a los
explotadores en el campo, se plantea un problema que no se puede resolver con
la violencia. En este terreno, corno en todos los demás, nuestra tarea puede
ser cumplida sólo organizando a las masas, ejerciendo el proletariado de la
ciudad prolongada influencia educativa sobre el campesinado.
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
¿Podremos cumplir esa tarea?
Sí; lo sabemos por experiencia; y sólo gracias a que la gran mayoría de los
campesinos tienen confianza en el poder obrero, y apoyándonos en esta confianza
que ellos tienen en los obreros, se pueden reforzar los cimientos del edificio
que hemos comenzado a construir y que debemos seguir construyendo, pero sólo
influyendo en ellos como camaradas y guardando una disciplina de camaradas.
Esa es la tarea que se nos
plantea en la práctica. Cuando organizamos los comités de campesinos pobres,
cuando procuramos implantar el intercambio de mercancías con el campo, no
queríamos que fuesen éstas a parar a manos del campesino rico, sino, ante todo,
a manos del campesino pobre, que fuese él quien obtuviese las escasas
mercancías que la ciudad podía facilitarle a fin de poder nosotros, ayudando a
los campesinos pobres, vencer con su ayuda a los kulaks y quitarles los
excedentes de cereales.
Era dificilísimo cumplir la
tarea de abastecer de pan a la población de un país inmenso, con malos medios
de comunicación y con un campesinado disperso; ésta es la tarea que más nos ha
dado que hacer. Recordando todas las sesiones del Consejo de Comisarios del
Pueblo, puedo afirmar que no hubo ninguna otra a la que el Poder soviético
dedicase con tanto ahínco sus afanes. Nuestros campesinos se hallan muy
dispersos y desunidos; en ninguna parte hay tanta ignorancia como en el campo
ni está tan arraigada la costumbre de trabajar cada uno por su lado; la
prohibición de la venta libre del trigo tiene descontenta a la población rural,
y en esas circunstancias, dicho sea de paso, aparecen, como es natural,
truhanes políticos, eseristas y mencheviques de todo tipo que azuzan a los
campesinos, diciéndoles: "¡Os están saqueando!"
En efecto, hay infames que
después de un año de labor soviética, cuando los encargados del abastecimiento
de víveres han demostrado, entre otras cosas, que en estos últimos meses hemos
enviado al campo 42.000 vagones de productos y sólo hemos recibido a cambio
39.000 vagones de cereales, hay infames, repito, que gritan a pesar de todo:
"¡Campesinos, el Poder soviético os está saqueando!"
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Mientras los obreros pasan
apuros en las ciudades —y en ninguna otra parte hay hambre tan espantosa como
en las ciudades y en las zonas no agrícolas de Rusia—; mientras los campesinos
se apoderaron de todas las tierras y cereales de los terratenientes; mientras
los campesinos han trabajado un masa, como sabemos, el primer año de Poder
soviético para sí y no para el terrateniente ni para el comerciante, y se han
alimentado mejor que antes; mientras la población urbana y de las zonas no
agrícolas del país pasa hambre, y todos los capitalistas ponen su empeño en
aplastarnos por el hambre; mientras ocurre todo eso hay quienes se disfrazan de
mencheviques y eseristas, o se ponen otros ropajes bufonescos, y se atreven a
clamar: "¡Os están saqueando!" ¡Esos son agentes del capitalismo, y
como a tales, y no de otra manera, debemos tratarlos y los trataremos!
En los momentos en que la
principal dificultad que el Poder soviético tiene delante es el hambre, el
deber de todo ciudadano soviético es entregar a los hambrientos sus excedentes
íntegros de cereales. Es tan claro, tan evidente y tan comprensible para cualquier
trabajador que nadie puede objetar nada. ¡Hay que ser un embustero y un truhán
político para poner en tela de juicio esta verdad tan simple, tan clara y
evidente, para hacer que no se entienda o para tergiversarla!
En esa verdad se respaldan
los obreros de las ciudades. Cumplen su dificilísimo cometido merced a que esa
verdad es tan evidente. Los obreros venían diciendo hasta hoy a los campesinos
pobres: nosotros constituimos con vosotros el verdadero puntal del Poder
soviético. Para ello se crearon los comités de campesinos pobres, se organizó
el intercambio de mercancías y se hizo obligatoria la obra de agrupar
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
en las cooperativas a toda
la población. Todos los decretos promulgados sobre agricultura y todos los
llamamientos a los obreros de la ciudad han estado presididos por esta idea
fundamental: uníos con los pobres del campo, pues de otro modo no podréis resolver
el problema más importante y más difícil, es decir, el problema del pan. Y a
los campesinos les hemos dicho: o bien os unís con los obreros de la ciudad, en
cuyo caso triunfaremos, o bien os dejáis engañar por las promesas y moralejas
de los capitalistas y sus servidores, sus lacayos vestidos de mencheviques, los
cuales os dicen: "¡No dejéis que la ciudad os saquee, vended libremente!
¡El que más tiene, más gana; y si hay quien se muere de hambre, que os importa
a vosotros!"; en tal caso, pereceréis vosotros mismos, os haréis esclavos
del capitalista y hundiréis a la Rusia Soviética. Sólo bajo el capitalismo se
razonaba así: "Yo vendo, yo gano; cada uno para sí y Dios para
todos". Así razonaba el capitalismo y dio lugar a la guerra; por eso los
obreros y los campesinos estaban en la miseria, mientras que una ínfima minoría
llegaba a multimillonarios.
El problema es cómo abordar
a los campesinos en la labor práctica, cómo organizar a los campesinos pobres y
medios para combatir a cada paso su propensión a lo de antes, sus tentativas de
volver al ayer, de volver al comercio libre, su anhelo constante de ser
productores "libres". La palabra "libertad" es una hermosa
palabra; la encontramos a cada paso: libertad de comercio, libertad de venta,
libertad de venderse uno mismo, etc. Y hay mencheviques y eseristas fulleros
que manipulan con la hermosa palabra "libertad" en todos sus
periódicos y discursos; pero entre ellos no hay más que bellacos y prostitutas
del capitalismo que tiran del pueblo hacia atrás.
Por último, el objeto
principal de la preocupación y el propósito de las actividades del Consejo de
Comisarios del Pueblo, lo mismo que del Consejo de Defensa, durante los últimos
meses y las últimas semanas, han sido combatir el hambre.
El hambre es un tremendo
azote para nosotros ahora precisamente, cuando llega la primavera, pues en la
primavera nos aguarda lo más duro. Lo mismo que el año pasado, cuando el
período más duro fue el final del invierno, la primavera y el comienzo del verano,
este año estamos entrando ya en un período grave. Incapaces de destrozar el
Poder soviético en franca lucha, los guardias blancos, los terratenientes y los
capitalistas vuelven a cifrar sus mayores esperanzas en poder lograrlo con el
hambre.
Los que se autodenominan
mencheviques y eseristas, de derecha e izquierda, los cuales caen tan bajo que
se declaran de palabra partidarios de los trabajadores, pero cuando se agrava
la situación del abastecimiento de víveres y se acerca el hambre tratan de
aprovecharla y azuzan a las masas populares contra el poder de los obreros y
los campesinos, no comprenden tampoco que, lo mismo que el año pasado la
traición del eserista de izquierda Muraviov en el Frente Oriental costó la vida
a decenas de miles de obreros y campesinos en la guerra contra los guardias
blancos, toda esa política, ese azuzamiento y esas tentativas de los eseristas
de izquierda de aprovechar el hambre —supuestamente a favor de los obreros— son
ahora una ayuda directa a los guardias blancos. Toda agitación en este sentido
cuesta más miles de vidas en la guerra contra los guardias blancos. El año
pasado, cuando Muraviov consumó su traición, estuvo a punto de abrir todo el
frente al enemigo y nos ocasionó una serie de duras derrotas.
Por ello quisiera ante todo y sobre todo referirme brevemente a
los hechos más importantes.
123
Si bien es cierto que
nuestra situación en el abastecimiento de víveres ha vuelto a empeorar en la
actualidad, lo mismo que sucedió en la primavera del año pasado, hoy tenemos no
sólo fundadas esperanzas de vencer esta dificultad, sino que confiamos en salir
de ella mejor que el año anterior. Esta esperanza se basa en el hecho de que,
en el Este y en el Sur —los principales graneros de Rusia—, la situación ha
mejorado mucho. En una serie de reuniones celebradas los últimos días en el
Consejo de Defensa y el Consejo de Comisarios del Pueblo
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
se ha puesto en claro con
exactitud que en las líneas de Kazán-Sarátov y Volga-Bugulmá, así como en la de
Samara hacia el Este, al otro lado del Volga, hay aproximadamente nueve
millones de puds de trigo amontonado.
La enorme dificultad y el
gran peligro es que nuestros ferrocarriles están en pésimo estado y hay tal
escasez de locomotoras, que no tenemos la seguridad de que podamos sacar de
allí todo ese cereal. Esa ha sido la principal preocupación que hemos tenido en
la labor desplegada últimamente, y por eso recurrimos a una medida como la de
suspender por completo el movimiento de pasajeros desde el 18 de marzo hasta el
10 de abril.
Sabemos que es una medida
muy rigurosa. No faltarán agitadores que griten en apoyo ele los guardias
blancos: "¡Ya lo veis, el pueblo pasa hambre y le quitan los trenos de
pasajeros para que nadie pueda llevar trigo!" Hay agitadores de ésos. Pero
nosotros nos decimos: pese a todas las dificultades, confiamos en la conciencia
de los obreros honrados, y éstos nos apoyarán.
Según datos de los
especialistas, la suspensión del movimiento de pasajeros desocupará doscientas
veinte locomotoras. Estas locomotoras de trenes de pasajeros son de menos
potencia que las locomotoras de trenes de mercancías, arrastran menos carga,
pero hemos calculado que podrán transportar en ese plazo no menos de tres
millones y medio de puds de cereales. En ese tiempo, los del saco y la gente
hambrienta que viaja por el país en busca de cereal podrían, en el mejor de los
casos, transportar medio millón de puds. Esta verdad puede confirmarla
cualquier ferroviario de experiencia, cualquiera que haya estado en el
ferrocarril del otro lado del Volga y visto el cereal amontonado, algunas veces
encima de la nieve. Los sacos de cereal pueden pudrirse; el grano ya está
húmedo de por sí, y la situación empeorará más aún cuando comience el deshielo
de primavera. Por ello hemos recurrido a esta medida extrema, seguros de que no
se puede ocultar la verdad a la gran masa de obreros, de que los agitadores
eseristas de izquierda no lograrán engañarlos y de que la verdad prevalecerá.
Una medida severa, como es
la suspensión del movimiento de pasajeros, puede proporcionarnos varios
millones de puds de trigo. Apartando la mentira, la calumnia y las invenciones
de los que sostienen que es perjudicial suspender el tránsito de pasajeros, debemos
decir que, con ayuda de los obreros de Petrogrado, Moscú e Ivánovo— Voznesensk,
que son enviados al Sur, esta medida nos proporcionará bastante cereal. Diré de
paso que ninguna ciudad ha contribuido tanto como Petrogrado a organizar el
abastecimiento de víveres; las mejores fuerzas de esta ciudad se han puesto ya
en movimiento para cumplir dicho trabajo, así deben comportarse los obreros de
las ciudades avanzadas.
La revolución socialista no
puede hacerse sin la clase obrera; es imposible hacerla si la clase obrera no
reúne las fuerzas suficientes para dirigir a las decenas de millones de
aldeanos dispersos, aplastados por el capitalismo, atosigados y analfabetos.
Los únicos capaces de dirigidos son los obreros avanzados. Pero nuestras
mejores fuerzas están ya exhaustas, quebrantadas, extenuadas. Es preciso
remplazarlas, promoviendo a obreros corrientes, a jóvenes. Es posible que
cometan errores; no le hace. Lo que importa es que sean fieles a la causa
obrera, que estén formados en el ambiente de la lucha proletaria.
Hemos tomado ya medidas para
enviar las mejores fuerzas al ferrocarril Volga-Bugulmá. Allí ha ido el
camarada Briujánov con un destacamento de obreros. También han ido a otros
ferrocarriles destacamentos militares con obreros y, repito, tenemos esperanzas
fundadas en recibir cereales. Nos espera un semestre duro, pero será el último,
porque nuestro enemigo, lejos de fortalecerse, se va descomponiendo, pues el
movimiento soviético se extiende en todos los países.
Por estas razones, y después
de pensarlo bien y comprobar muchas veces los cálculos, hemos dicho que la
suspensión del movimiento de pasajeros nos permitirá traer varios millones de
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
puds de cereales y
aprovechar los riquísimos graneros del Este y el Sur. En el duro semestre que
nos encontramos, venceremos a nuestro principal enemigo, el hambre, y, además,
estamos en mejores condiciones que el año pasado, pues disponemos de reservas.
El año pasado, el cuerpo de
ejército checoslovaco llegó hasta Kazán y Simbirsk; Ucrania se hallaba bajo la
bota de los alemanes; Krasnov reclutaba tropas en el Don con dinero de los
alemanes, y el Sur estaba aislado de nosotros; actualmente Ucrania se está
liberando de los imperialistas alemanes, que han querido llevarse a su país
sesenta millones de puds de cereales, pero sólo han podido llevarse nueve
millones de puds, y, con ellos, algo que no podrán digerir: el bolchevismo.
Esto es lo que ha trastornado a los imperialistas alemanes, y lo mismo les
sucederá a los imperialistas franceses e ingleses, si logran internarse más en
Rusia.
124
Hoy tenemos una Ucrania
soviética, y cuando se plantea el problema de abastecernos de cereal, el
Gobierno soviético de Ucrania no fijará su precio como un mercachifle, un
especulador o un mujik que dice: "El hambriento me dará incluso 1.000
rublos por un pud; me río del monopolio del Estado; lo único que me interesa es
enriquecerme, y cuanta más hambre pase el pueblo, tanto mejor, pues pagará
más". Así razona la burguesía rural, los kulaks y los especuladores,
apoyados por todos los que agitan contra el monopolio estatal del trigo, por
los que propugnan la "libertad" de comercio, es decir, la libertad
del mujik rico para amasan fortuna y la libertad del obrero, que nada percibe,
para morirse de hambre. Pero el Gobierno ucranio ha dicho: "Nuestra
primera tarea es ayudar al Norte hambriento. Ucrania no podrá sostenerse si los
del Norte, atormentados por el hambre, no aguantan. Ucrania se sostendrá y
triunfará con toda seguridad, si ayuda al Norte hambriento".
Las reservas de trigo en
Ucrania son inmensas. No podemos transportarlas de una vez. Hemos enviado a
Ucrania nuestras mejores fuerzas soviéticas, y ya hemos recibido esta respuesta
unánime: "Las reservas de cereales son inmensas, pero no es posible enviarlas
por falta de personal". Los alemanes han asolado Ucrania hasta el punto de
que sólo ahora empieza a constituirse la administración; el caos es completo.
Los peores tiempos, cuando nos hallábamos en el Smolny106 las primeras semanas que siguieron a la Revolución de Octubre y
procurábamos vencer el desbarajuste, no eran nada comparados con las
dificultades que pasa ahora Ucrania. Los camaradas ucranios se quejan con
amargura de que no tienen gente, de que no hay quien construya el Poder
soviético, de que no disponen de una administración, porque allí no hay centros
proletarios como Petrogrado o Moscú, y los existentes están ocupados por el
enemigo. Kíev no es un centro proletario; la cuenca del Donets, azotada por el
hambre, aún no ha sido liberada de los cosacos. Nuestros camaradas ucranios
claman: "¡Obreros del Norte, acudid en nuestra ayuda!"
Por eso decirnos en nombre
de los camaradas ucranios a los obreros petrogradenses, sabiendo que han hecho
ya más que cualquier otra ciudad: "¡Haced un esfuerzo más!" ¡Ahora
podemos y debemos ayudar a nuestros camaradas ucranios, porque deben organizar
la administración pública soviética en la zona más castigada y asolada de
todas, en una zona que ha sufrido y aguantado más que todas!
Tras de discutir esta
situación en el Comité Central de nuestro partido, hemos encomendado, primero,
hacer todo lo necesario para organizar la administración pública en Ucrania y,
en cuanto esté organizada ésta, ponerse a trabajar con objeto de obtener cincuenta
millones de puds de cereales para el 1 de junio. Nada más lejos de mi intención
que asegurar que esta tarea será cumplida. Todos sabemos que, asumiéramos las
tareas que quisiéramos, no las hemos podido cumplir en el plazo fijado.
Supongamos que cumplimos sólo una parte de esta tarea. Como quiera que sea,
habréis de saber bien que cuando las cosas vengan mal dadas,
![]()
106
Smolny: edificio del que fue Instituto Smolny de nobles doncellas de
Petrogrado y luego sede del Gobierno soviético hasta su traslado a Moscú en
marzo de 1918.
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
cuando el hambre se acentúe
cada día más en nuestro país y cuando en el Este y en el Sur funcione a pleno
rendimiento el organismo ele abastecimiento, podremos recibir ayuda urgente del
Sur y mejorar nuestra situación.
Además de Ucrania, tenemos
otra fuente de abastecimiento de cereales: la región del Don. Las victorias del
Ejército Rojo han hecho ya milagros allí. En el Don —en la guerra contra
Krasnov, contra nuestro enemigo principal, contra los oficiales y los cosacos107 que fueron sobornados al precio de millones, primero por los
alemanes y luego por los ingleses y franceses, los cuales siguen ayudándoles— ,
nuestra situación era muy difícil hace unas semanas. Ahora, en cambio, no sólo
hemos reconquistado con gran celeridad el territorio hasta Tsaritsin, sino que
hemos avanzado más hacia el Sur. Las tropas de Krasnov y los
contrarrevolucionarios del Don han sido aplastados, y no ha habido ayuda de los
imperialistas que les valga.
¿Qué significa eso?
Significa que nos hemos acercado a las fuentes de hulla y cereales, sin los
cuales pereceremos, ya que por la falta de hulla se paralizan los ferrocarriles
y las fábricas, y por la falta de trigo sufren el tormento del hambre los obreros
de las ciudades y de las zonas no agrícolas en general*.
* A continuación, en el acta taquigráfica figura el texto
siguiente, no incluido en el folleto: "El Ejército Rojo cumple con su
deber en condiciones extraordinariamente difíciles. En un período en que todo
el mundo está agotado por la guerra, nuestro ejército se ha robustecido, en él
luchan hombres que soportan una guerra mucho más dura que bajo el zar, y la
soportan porque ven que, junto a cada mando militar, hay un comisario
comunista, uno de los mejores obreros de Petrogrado, Moscú o Ivánovo— Voznesensk.
En cada unidad militar se forman células comunistas; cada Estado Mayor se
convierte en un centro de agitación y propaganda. Toda la fuerza del ejército
se basa en una cosa, sólo en una cosa: en su más estrecha vinculación a los
mejores obreros de Petrogrado, Moscú o Ivánovo— Voznesensk. Esto es lo que ha
producido el viraje y realizado el milagro de que un ejército que huía sólo con
oír la palabra "cosaco", se haya convertido en un ejército que ha
tomado en pocas semanas dos líneas férreas que son las principales vías hacia
el trigo y la hulla". (N. de la
Edit.)
Las reservas de cereales,
tanto en el Don como en Ucrania, son inmensas; además, no podemos decir que
allí no haya administración pública; en todas las unidades militares hay
células comunistas, comisarios obreros, grupos de obreros encargados del abastecimiento
de víveres; la principal dificultad allí es que, al retirarse, los guardias
blancos han volado los puentes, y por ello no se puede utilizar ninguna de las
dos líneas férreas principales.
125
A la última sesión del Consejo de Defensa y del Consejo de
Comisarios del Pueblo citamos a especialistas y les interrogamos cómo conseguir
materiales para reparar las vías y poner en funcionamiento, por lo menos, una
de ellas. En la última sesión del Consejo de Defensa pudimos convencernos de
que, merced a una tensión inmensa de las fuerzas, no sólo se han reunido
materiales, sino que, además, los camaradas de aquella zona nos han asegurado,
casi nos han garantizado, que los dos ferrocarriles estarán reparados antes de
que comiencen los deshielos de primavera. El restablecimiento del transporte en
estas dos líneas tal vez valga muchas victorias sobre los cosacos, y eso nos
permite decir: "Debemos sostenernos durante varios meses duros más,
debemos poner en tensión todas las fuerzas y dejar que nos ayuden los obreros
de Petrogrado, Moscú e Ivánovo-Voznesensk ", Aparte del Este, de donde es
difícil traer algo, y de Ucrania, donde existen reservas inmensas, pero donde
no hay administración pública, tenemos la región del Don, reconquistada por el
Ejército Rojo. Por eso decimos con prudencia, sopesándolo con serenidad y
contrastando todo esto con reiterados informes y noticias recogidas sobre el
terreno, luego de escuchar a los especialistas en abastecimiento y en
transporte ferroviario, decimos que estamos firmemente convencidos, y con
fundamento, de que no sólo aguantaremos como el año pasado, sino que
mejoraremos considerablemente nuestra situación.
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107 Cosacos: en un principio, gente libre que se
había evadido del yugo feudal (campesinos siervos y pobres de las ciudades) que
se establecían en las regiones periféricas del Estado ruso (el Don, el Yaik,
Zaporozhie, etc.). En el siglo XVIII eran agricultores privilegiados con la
obligación de prestar servicio militar en condiciones especiales. De ellos se
formaban a menudo unidades militares especiales que la autocracia empleara para
combatir el movimiento revolucionario.
Éxitos y dificultades del Poder Soviético
Nuestro enemigo interior se
está descomponiendo, y el exterior tampoco se sostendrá mucho tiempo.
Camaradas, de ello nos ha convencido sobre todo lo que hemos oído decir a los
delegados extranjeros que han llegado y con los que hemos fundado hace poco en
Moscú la Internacional Comunista. En las asambleas populares de París se echa
de las tribunas a los oradores que atacan al bolchevismo. ¡Sí, la victoria será
nuestra! Los imperialistas podrán verter aún sangre de miles y miles de
obreros, podrán asesinar a Rosa Luxemburgo, a Carlos Liebknecht y a centenares
de los mejores representantes de la Internacional, podrán llenar de socialistas
las cárceles de Inglaterra, Francia, Alemania e Italia. ¡Pero de nada les
valdrá! ¡La victoria será nuestra! Porque, a pesar de todas las mentiras, a
pesar de los torrentes de insultos e inicuas calumnias, los obreros de todos
los países han comprendido lo que son los Soviets, lo que es el Poder
soviético. Los capitalistas de todos los países carecen de salida. Repito que reñirán
cuando firmen la paz. Francia está dispuesta a lanzarse contra Italia, pues no
pueden repartirse el botín, y el Japón se arma contra Norteamérica. Han
impuesto a los pueblos un tributo inaudito: los miles y miles de millones de
los empréstitos de guerra. Pero los pueblos están en todas partes extenuados
por la guerra, en todas partes faltan víveres y se detiene la producción, en
todas partes hay hambre. La Entente, que promete ayudar a los
contrarrevolucionarios a diestro y siniestro, no puede dar de comer a sus
países. Las masas obreras de París, Londres y Nueva York han traducido a sus
idiomas la palabra "Soviet" y la han hecho comprensible para cada
obrero, pues saben que la vieja república burguesa no puede arreglar las cosas,
que sólo puede arreglarlas el poder obrero.
Y si el Poder soviético se
encuentra hoy en Rusia ante dificultades inmensas, la causa estriba en que
sobre Rusia se ha descargado la fuerza militar de las potencias mejor armadas y
más fuertes del mundo. Pese a ello, el Poder soviético de Rusia ha sabido
granjearse las simpatías, la atención y el apoyo moral de los obreros del mundo
entero. Basándonos en estos hechos, sin exagerarlos lo más mínimo, sin cerrar
los ojos a que tanto en Alemania como en otros países corre la sangre de los
obreros y perecen muchos de los mejores líderes del socialismo, torturados
atrozmente —lo sabemos y no nos desentendemos de ello—, afirmamos que la
victoria será nuestra, y será una victoria completa, porque los imperialistas
de los otros países se tambalean, porque los obreros se recuperan ya del estado
de embriaguez y de engaño, y el Poder soviético se ha ganado ya el
reconocimiento de los obreros del mundo entero. En todas partes se cifran las
esperanzas únicamente en la organización de los Soviets, se tiene únicamente esperanza
en que los obreros tomen el poder.
Y cuando los obreros sepan
que incluso los poco desarrollados, pero unidos, de su clase han tomado el
poder en un país atrasado y han sabido crear una fuerza que opone resistencia a
los imperialistas del mundo entero, cuando sepan que estos obreros han sabido
arrancar las fábricas a los capitalistas y entregar la tierra de los
latifundistas a los campesinos, cuando esta verdad impregne a las masas obreras
de todos los países, podrá proclamarse una vez más a los cuatro vientos, con
plena seguridad, que tenemos garantizada la victoria a escala mundial, porque
la burguesía se ha tambaleado y no podrá seguir engañando a los obreros, pues
el movimiento soviético ha nacido en todas partes. Y de la misma manera que el
25 de octubre de 1917 vimos nacer la República Soviética, de la misma manera
que hace unos días hemos visto nacer en Moscú la III Internacional, la
Internacional Comunista, no tardaremos en ver que nace la República Soviética
Internacional. (El discurso es
interrumpido varias veces por clamorosos aplausos y concluye en una prolongada
ovación.)
Publicado en 1919 en folleto aparte por el Soviet de Diputados
Obreros y Soldados Rojos de Petrogrado.
T. 38, págs. 39-73.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
126
VIII CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA.
1. Discurso de
apertura del congreso, pronunciado el 18 de marzo.
Camaradas: Las primeras
palabras que se pronuncien en nuestro congreso deben ser dedicadas al camarada
Yákov Mijáilovich Sverdlov. Camaradas, si Yákov Mijáilovich Sverdlov fue para
todo el partido y para toda la República Soviética un organizador principalísimo,
como han dicho hoy en el entierro muchos compañeros, para el congreso del
partido fue algo mucho más valioso y entrañable. Hemos perdido a un camarada
que consagró íntegramente sus últimos días al congreso. Su ausencia aquí
repercutirá en toda la marcha de nuestra labor, y el congreso notará su falta
con singular fuerza. Camaradas, propongo que honremos su memoria, poniéndonos
en pie. (Todos se ponen en pie.)
Camaradas, iniciamos las labores de nuestro congreso del partido
en un momento muy difícil, complicado y peculiar de la revolución proletaria
rusa y mundial. Si en los primeros tiempos que siguieron a Octubre, las fuerzas
del partido y del Poder soviético se vieron absorbidas casi totalmente por las
tareas de la defensa directa, de la resistencia inmediata a los enemigos —a la
burguesía interior y exterior, que no admitía siquiera la idea de que la
República socialista tuviera una existencia más o menos prolongada—, nos hemos
ido fortaleciendo poco a poco, a pesar de todo, y han empezado a plantearse en
primer plano las tareas de fomento y organización. Creo que nuestro congreso va
a transcurrir íntegramente bajo el signo de esta labor de fomento y organización.
Los problemas programáticos, que ofrecen enormes dificultades en el aspecto
teórico, son también, ante todo, problemas de fomento. Y el problema de
organización, así como el del Ejército Rojo y, en particular, el del trabajo en
el campo, que figuran de manera especial en el orden del día del congreso,
requieren de nosotros que tensemos y concentremos la atención en el problema
principal, que presenta las mayores dificultades, pero que constituye la tarea
más grata para los socialistas: el problema de organización. Hay que recalcar
aquí, en particular, que ante nosotros debe plantearse precisamente ahora una
de las tareas más difíciles de la edificación comunista en un país de pequeños
campesinos: la de qué actitud adoptar
frente al campesino medio.
Camaradas, es natural que
durante los primeros tiempos, cuando debíamos defender el derecho de la
República Soviética a la existencia, no pudiera plantearse esta cuestión con
gran amplitud ni en primer plano. La guerra implacable contra la burguesía rural
y los kulaks hacía que ocupara el lugar primordial la tarea de organizar a los
proletarios y semiproletarios del campo. Mas el paso inmediato de un partido
que quiere sentar los firmes cimientos de la sociedad comunista consiste en
resolver con acierto el problema de nuestra actitud frente al campesino medio.
Esta tarea es de un orden superior. Y no podíamos plantearla en toda su
amplitud hasta que no estuvieran garantizadas las bases de existencia de la
República Soviética. Esta tarea es más compleja. Requiere que determinemos
nuestra actitud ante un sector de la población numeroso y fuerte. Esta actitud
no puede ser determinada con una respuesta simple: lucha o apoyo. Si nuestra
tarea respecto a la burguesía se formula con las palabras "lucha" y
"aplastamiento", si esa tarea respecto a los proletarios y
semiproletarios del campo se formula con las palabras "nuestro
puntal", en el caso de los campesinos medios es, indudablemente, más
complicada. En este caso, los socialistas, los mejores representantes del
socialismo de los viejos tiempos — cuando creían aún en la revolución y se
ponían a su servicio en los terrenos teórico e ideológico— hablaban de neutralizar al campesinado, es decir, de
hacer del campesino medio un sector social que, si no ayudaba
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
activamente a la revolución
del proletariado, al menos no la obstaculizara y se mantuviese neutral, que no
se pusiera al lado de nuestros enemigos. Este planteamiento teórico, abstracto,
de la tarea está claro por completo para nosotros. Pero no es suficiente. Ha
comenzado una fase de la edificación socialista en la que hay que elaborar
concretamente y con todo detalle las reglas e indicaciones fundamentales,
comprobadas por la experiencia del trabajo en el campo, que deben servirnos de
guía para llegar a concertar una alianza
sólida con el campesino medio, para hacer imposibles las desviaciones y
equivocaciones tantas veces repetidas, que lo apartaban de nosotros, aunque, en
realidad, podíamos aspirar plenamente a toda su confianza, pues nosotros, el
Partido Comunista dirigente, fuimos los primeros en ayudar al campesino ruso a
desembarazarse por completo del yugo de los terratenientes y fundar para él la
verdadera democracia. Esta tarea no es de las que requieren un aplastamiento y
una ofensiva rápidos e implacables. Es, sin duda, más compleja. Mas me permito
expresar la seguridad de que, después de un año de labor previa, la
cumpliremos.
127
Unas cuantas palabras sobre nuestra situación internacional.
Camaradas, todos sabéis, naturalmente, que la fundación de la III
Internacional, de la Internacional Comunista, en Moscú, es un acto de suma
importancia para determinar nuestra situación internacional. Se encuentra aún
frente a nosotros una ingente fuerza militar real bien pertrechada: todas las
potencias más poderosas del mundo. Y, sin embargo, nos decimos con seguridad
que esta fuerza, aparentemente gigantesca y mucho más poderosa que nosotros desde
el punto de vista físico, se ha tambaleado. No es ya una fuerza. No hay en ella
esa solidez que había antes. Por eso, nuestra tarea y nuestro objetivo — salir
vencedores en la lucha contra ese gigante— no son utópicos. Por el contrario, a
pesar de que ahora estamos aislados de manera artificiosa de todo el mundo, no
pasa un solo día sin que los periódicos informen del ascenso del movimiento
revolucionario en todos los países. Más aún: sabemos y vemos que este
crecimiento adopta la forma soviética. Y en eso reside la garantía de que, al
implantar el Poder soviético, hemos hallado la
forma internacional, universal, de la dictadura del proletariado. Y estamos
firmemente convencidos de que el proletariado del mundo ente ro ha emprendido el camino de esa lucha,
el camino de la creación de esas formas de poder proletario — del poder de los
obreros y de los trabajadores—, y de que no hay en el mundo fuerza capaz de
contener la marcha de la revolución comunista mundial hacia la República
Soviética mundial. (Prolongados aplausos.)
Camaradas, permitidme ahora
que, en nombre del Comité Central del Partido Comunista de Rusia, declare
abierto el VIII Congreso y pasemos a elegir la presidencia.
2. Informe del Comité
Central, pronunciado el 18 de marzo.
(Clamorosos y prolongados aplausos. Voces de "¡Viva Ilich!"
"¡Viva el camarada Lenin!") Camaradas: Permitidme que empiece por
el informe político del Comité Central. Hacer el balance de la labor política
del Comité Central en el período transcurrido desde el último congreso
significa, en el fondo, hacer el de toda nuestra revolución. Y creo que todos
convendrán conmigo en que cumplir esta tarea en plazo tan breve no sólo es
superior a las fuerzas de una sola persona, sino que, en general, no puede
cumplirla una persona sola. Por eso he decidido limitarme a los puntos que, a
mi juicio, tienen una importancia de singular magnitud no sólo en la historia
de lo que ha tenido que hacer nuestro partido durante este período, sino
también desde el punto de vista de nuestras tareas actuales. Entregarme por
entero a la historia en un momento como el que vivimos, recordar lo pasado sin
pensar en lo presente y en lo futuro sería para mí, he de confesarlo, algo
superior a mis fuerzas.
Si empezamos por la política
exterior, cae de su peso que figuran en primer término nuestra actitud ante el
imperialismo alemán y la paz de Brest. Y creo que vale la pena hablar de esto,
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
pues su importancia es no
sólo histórica. Me parece que la propuesta que el Poder soviético ha hecho a
las potencias aliadas o, mejor dicho, la conformidad que nuestro Gobierno ha
dado a la propuesta, conocida de todos, de celebrar la Conferencia de las Islas
de los Principes108, me parece que esta propuesta y nuestra
contestación reproducen en algunos aspectos, bastante importantes además, la
actitud que adoptamos ante el imperialismo durante la paz de Brest. Por eso
creo necesario tratar de este asunto, habida cuenta de la rapidez con que hoy
transcurren los acontecimientos.
Cuando resolvíamos el
problema de la paz de Brest, la estructuración de los Soviets, sin hablar ya de
la del partido, se hallaba todavía en su primera etapa. Sabéis que el partido
en su conjunto aún tenía muy poca experiencia por entonces para determinar,
aunque fuese aproximadamente, la rapidez de nuestro avance por el camino
elegido. Cierta confusión, herencia inevitable del pasado, hacía entonces
dificilísima la visión de conjunto de los acontecimientos y el conocimiento
exacto de lo que ocurría. Por otra parte, nuestro enorme aislamiento de Europa
Occidental y de los demás países nos privaba de todo elemento objetivo para
juzgar de la posible rapidez o de las formas de progreso de la revolución
proletaria en Occidente. El resultado de esta compleja situación fue que el
problema de la paz de Brest provocó numerosas discrepancias en nuestro partido.
Pero los acontecimientos han
mostrado que este repliegue obligado ante el imperialismo alemán, que se
presentaba embozado en una capa de paz en extremo violenta, escandalosa y
expoliadora, era el único camino justo desde el punto de vista de la actitud de
la joven República Soviética ante el imperialismo mundial (ante la mitad del
imperialismo mundial). Nosotros, que acabábamos de derribar a los
terratenientes y a la burguesía en Rusia, no teníamos entonces en absoluto más
opción que la de replegarnos frente a las fuerzas del imperialismo mundial.
Quienes condenaban este repliegue desde el punto de vista revolucionario,
mantenían en realidad una opinión errónea de raíz y no marxista. Habían
olvidado en qué condiciones, después de qué largo y difícil desarrollo de la
época de Kerenski y a costa de qué ingente labor preparatoria en los Soviets
logramos, al fin, en octubre, tras las graves derrotas de julio y después de la
korniloviada109, que madurase por completo entre las
inmensas masas trabajadoras la voluntad y la disposición de derrocar a la
burguesía, así como la fuerza material organizada necesaria para ello. Es claro
que por entonces no se podía ni hablar de nada semejante a escala
internacional. Desde este punto de vista, la lucha contra el imperialismo
mundial se planteaba así: seguir obrando para descomponer este imperialismo,
educar y unir a la clase obrera, que comenzaba a agitarse en todas partes, pero
que no había llegado aún a determinarse por completo en sus acciones.
128
Por eso, la única política
justa era la que adoptamos con relación a la paz de Brest, aunque,
naturalmente, esta política ahondara entonces nuestra enemistad con una serie
de elementos pequeñoburgueses, que no son, ni pueden ser, ni deben ser en todas
las circunstancias y en todos los países, ni mucho menos, adversarios del
socialismo.
La historia nos ha dado en
esta esfera una lección que debemos aprender bien, pues no cabe duda de que
habremos de aplicarla más de una vez. Esta lección consiste en lo siguiente:
las relaciones del partido del proletariado con el partido democrático pequeñoburgués,
con esos elementos, sectores, grupos y clases de fuerza y número singulares en
Rusia y existentes
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108 La Conferencia
de las Islas de los Príncipes (mar de Mármara) se proyectó a iniciativa de
Lloyd George y Wilson como conferencia de representantes de todos los gobiernos
existentes en el territorio de Rusia con objeto de adoptar medidas para poner
fin a la guerra civil. El Gobierno soviético expresó el 4 de febrero de 1919 su
conformidad con participar en la conferencia. En un radiograma del Comisariado
del Pueblo de Relaciones Exteriores de la RSFSR se formularon las concesiones
que el Gobierno soviético estaba dispuesto a hacer en aras de la paz. Los
imperialistas de la Entente dieron la callada por respuesta. Confiando en que
podrían estrangular a la República Soviética con la fuerza de las armas,
Denikin, Kolchak y otros gobiernos contrarrevolucionarios se negaron a
participar en la conferencia, que no llegó a celebrarse.
109 Véase la nota 37.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
en todos los países,
constituyen un problema sumamente complejo y difícil. Los elementos
pequeñoburgueses vacilan entre la vieja sociedad y la nueva. No pueden ser los
propulsores ni de la vieja sociedad ni de la nueva. A la vez, son adictos de lo
viejo en distinta medida que los terratenientes y la burguesía. El patriotismo
es un sentimiento ligado precisamente a las condiciones económicas de vida de
los pequeños propietarios. La burguesía es más internacional que los pequeños
propietarios. Hemos tenido ocasión de verlo durante la conclusión de la paz de
Brest, cuando el Poder soviético puso la dictadura mundial del proletariado y
la revolución mundial por encima de todos los sacrificios nacionales, por muy
dolorosos que fueran.
Y hubimos de chocar de la
manera más violenta e implacable con los elementos pequeñoburgueses. Por
entonces se unieron con la burguesía y los terratenientes contra nosotros
muchos de estos elementos que luego comenzaron a vacilar.
El problema de la actitud ante los partidos pequeñoburgueses,
planteado aquí por algunos camaradas, se aborda en grado considerable en
nuestro programa y será tratado a fondo en la discusión de cada uno de los
puntos del orden del día. Este problema ha dejado de ser abstracto y general en
el curso de nuestra revolución para concretarse. Durante la conclusión de la
paz de Brest, nuestra tarea de internacionalistas consistía en dar a toda costa
a los elementos proletarios la posibilidad de fortalecerse y cohesionarse. Eso
es lo que apartó entonces de nosotros a los partidos pequeñoburgueses. Sabemos
cómo, después de la revolución alemana, los elementos pequeñoburgueses
comenzaron de nuevo a vacilar. Esos acontecimientos han abierto los ojos a
muchos de los que, en la época en que maduraba la revolución proletaria,
juzgaban las cosas desde el punto de vista del viejo patriotismo, de un modo no
sólo no socialista, sino absolutamente falso. Hoy, debido a la difícil
situación del abastecimiento, debido a la guerra que prosigue aún contra la
Entente, vemos de nuevo una oleada de vacilaciones de la democracia
pequeñoburguesa. Tuvimos ya antes que tomar en consideración estas
vacilaciones, pero —y de ello se deriva para todos nosotros una oleada de
colosal importancia—, las viejas situaciones no se repiten en su forma
anterior. La nueva situación es más compleja. Podremos tenerla en cuenta como
es debido, y nuestra política podrá ser acertada, si nos pertrechamos con la
experiencia de la paz de Brest. Cuando aceptamos la propuesta de participar en
la Conferencia de las Islas de los Príncipes, sabíamos que íbamos a aceptar una
paz impuesta por la violencia. Pero, de otra parte, hoy también sabemos más
acerca del auge de la ola proletaria revolucionaria en Europa Occidental,
sabemos que la efervescencia se transforma allí en descontento consciente y
conduce a la organización de un movimiento proletario mundial en pro de los
Soviets. Si en aquella época avanzábamos a tientas, si tratábamos de adivinar
cuándo podía estallar la revolución en Europa —lo hacíamos basándonos en
nuestras convicciones teóricas de que esta revolución debía producirse—, hoy
disponemos ya de una serie de hechos demostrativos de que la revolución está
madurando en otros países, de que este movimiento ha comenzado. Por eso, con
relación a Europa Occidental, a los países de la Entente, tenemos o tendremos
que repetir mucho de lo que hicimos durante la conclusión de la paz de Brest.
Después de la experiencia de Brest nos resultará mucho más fácil hacerlo. Cuando
nuestro Comité Central tuvo que discutir sobre la participación en la
Conferencia de las Islas de los Príncipes con los blancos — lo cual se reducía,
en el fondo, a la anexión de todo el territorio ocupado por los blancos—, el
problema del armisticio no suscitó ninguna protesta airada del proletariado, y
la actitud del partido fue idéntica. Por lo menos, no tuve ocasión de oír
hablar de descontento o indignación en ninguna parte. Ocurrió así porque
nuestra lección de política internacional había dado sus frutos.
129
Por lo que se refiere a los
elementos pequeñoburgueses, la tarea del partido aún no ha sido cumplida
definitivamente. Durante el año transcurrido hemos creado la base para cumplir
con acierto esta tarea, especialmente respecto a la actitud ante el campesino
medio, en toda
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
una serie de problemas que,
en realidad, son todos los que figuran, sin excepción, en el orden del día. En
el plano teórico estamos de acuerdo en que el campesino medio no es enemigo
nuestro, en que requiere éste una actitud especial, en que las cosas cambiarán
aquí según se presenten numerosos aspectos accesorios de la revolución, en
particular, según la respuesta que se dé a esta pregunta: ¿a favor del
patriotismo o en contra del patriotismo? Estas preguntas tienen para nosotros
una importancia secundaria e incluso de tercer orden, pero ciegan a la pequeña
burguesía. De otra parte, todos esos elementos vacilan en la lucha y son unos
verdaderos pusilánimes. No saben lo que quieren y son incapaces de defender su
posición. Esto exige de nosotros una táctica de flexibilidad y prudencia
extraordinarias, pues a veces nos vemos obligados a dar con una mano y quitar
con otra. La culpa no es nuestra, sino de los elementos pequeñoburgueses que no
pueden agrupar sus fuerzas. Lo vemos ahora en la práctica, y hoy, sin ir más
lejos, hemos leído en los periódicos a qué aspiran ahora los independientes
alemanes, que disponen de fuerzas tan grandes como Kautsky e Hilferding.
Vosotros sabéis que querían incluir el sistema de los Soviets en la
Constitución de la República Democrática Alemana, es decir, unir en legítimo
matrimonio la "Constituyente" y la dictadura del proletariado. Eso es
para nosotros una burla tal del sentido común de nuestra revolución, de la
revolución alemana, de la revolución húngara y de la revolución polaca en
proceso de maduración que lo único que podemos hacer es abrirnos de brazos,
sorprendidos. Podemos decir que esos elementos vacilantes existen en los países
más avanzados. A veces, elementos instruidos, desarrollados, cultos actúan,
incluso en un país tan adelantado desde el punto de vista capitalista como
Alemania, de una manera cien veces más confusa y chillona que nuestra atrasada
pequeña burguesía. De ahí se deduce una enseñanza para Rusia en cuanto a los
partidos pequeñoburgueses y a los campesinos medios. Nuestra tarea será largo
tiempo compleja y doble. Durante mucho tiempo, esos partidos darán
inevitablemente un paso adelante y dos pasos atrás, pues están condenados a
ello por su situación económica, pues cuando emprendan la senda del socialismo
en modo alguno será porque estén absolutamente convencidos de la inutilidad del
régimen burgués. Es inútil esperar de ellos fidelidad al socialismo. Y es
ridículo confiar en su socialismo. Emprenderán la senda del socialismo sólo
cuando se convenzan de que no hay otro camino, cuando la burguesía sea
derrotada y aplastada definitivamente.
No tengo la posibilidad de
hacer un balance sistematizado de la experiencia adquirida durante el año
transcurrido. He lanzado una mirada retrospectiva sólo desde el punto de vista
de lo que hará falta mañana o pasado mañana para nuestra política. La enseñanza
principal consiste en que debemos ser prudentísimos en nuestra actitud con los
campesinos medios y la pequeña burguesía. Así lo exige la experiencia del
pasado, lo hemos visto en el ejemplo de la paz de Brest. Tendremos que cambiar
a menudo de conducta, cosa que podrá parecer extraña e incomprensible al
observador superficial. ''¿Cómo es eso? —dirá-. Ayer hacían ustedes promesas a
la pequeña burguesía, y hoy anuncia Dzerzhinski que los eseristas de izquierda
y los mencheviques serán puestos ante el paredón. ¡Qué contradicción!..."
Sí, es una contradicción. Pero contradictoria es la conducta de la propia
democracia pequeñoburguesa, que no sabe a qué carta quedarse, que prueba a
nadar entre dos aguas, pasa de la una a la otra y cae ora en la derecha ora en
la izquierda. Hemos cambiado de táctica con relación a ella, y toda vez que se
vuelve hacia nosotros, le decimos: "¡Bienvenida!" No queremos
expropiar en absoluto al campesino medio, en modo alguno queremos emplear la
violencia contra la democracia pequeñoburguesa. Le decimos: "Ustedes no
son un enemigo serio. Nuestro enemigo es la burguesía. Pero si actúan ustedes
al lado de ella, nos veremos obligados a aplicarles también a ustedes las
medidas de la dictadura del proletariado".
Pasemos ahora al problema de
la construcción interior y analicemos de manera concisa lo principal que
caracteriza la experiencia política, los resultados de la labor política del
Comité Central durante este período. Dicha labor política del Comité Central se
ha manifestado cada
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
día en cuestiones de magna
importancia. De no haber existido el intenso trabajo conjunto de que he hablado
antes, no habríamos podido actuar como lo hemos hecho, no habríamos podido
cumplir las tareas de combate. En lo que atañe al Ejército Rojo, que suscita
ahora tales debates y al que se dedica un punto especial del orden del día del
congreso, hemos adoptado gran número de pequeños acuerdos parciales planteados
por el Comité Central de nuestro partido y los hemos puesto en práctica
mediante el Consejo de Comisarios del Pueblo y del Comité Ejecutivo Central de
toda Rusia. Es mayor aún el número de importantísimos nombramientos que han
hecho los comisarios del pueblo, cada uno de por sí, pero siguiendo todos ellos
de manera periódica y consecuente una pauta general.
130
El problema de la fundación
del Ejército Rojo era completamente nuevo, no se había planteado en absoluto ni
siquiera en el terreno teórico. Marx dijo en alguna ocasión que fue un mérito
de los federados de París haber aplicado decisiones no tomadas de ninguna
doctrina preconcebida, sino dictadas por una necesidad real 110. Estas palabras de Marx sobre los
federados tenían cierto carácter mordaz, ya que en la Comuna predominaban dos
tendencias —los blanquistas y los proudhonistas111— y ambas tendencias tuvieron que proceder en contra de lo que
les había enseñado su doctrina. Pero nosotros hemos procedido conforme a lo que
nos ha enseñado el marxismo. Al mismo tiempo, la labor política del Comité
Central ha estado determinada íntegramente, en sus manifestaciones concretas,
por las exigencias absolutas de una necesidad urgente e imperiosa. Hemos tenido
a cada momento que caminar a tientas. Este hecho lo subrayará con rigor todo
historiador que sea capaz de exponer mañana toda la actividad del Comité
Central del partido y del Poder soviético durante este año. Este hecho salta a
la vista de manera particular cuando intentamos abarcar con una mirada todo lo
vivido. Pero eso no nos hizo vacilar lo más mínimo ni siquiera el 10 de octubre
de 1917, cuando se decidió la cuestión de la toma del poder. No dudábamos de
que tendríamos, según la expresión del camarada Trotski, que experimentar, que
hacer un experimento. Pusimos manos a una obra que jamás había emprendido antes
nadie con tanta amplitud.
Lo mismo ha ocurrido con la
creación del Ejército Rojo. Cuando el ejército empezó a descomponerse, después
de terminada la guerra, fueron muchos los que pensaron al principio que se
trataba de un fenómeno solamente ruso. Pero vemos que la revolución rusa ha
sido, en el fondo, el ensayo general o uno de los ensayos de la revolución
proletaria mundial. Cuando discutimos la paz de Brest, cuando a comienzos de
enero de 1918 planteamos la cuestión de la paz, no sabíamos aún cuándo ni en
qué otros países empezaría esta descomposición del ejército. Fuimos de
experimento en experimento, intentamos formar un ejército voluntario, marchando
a tientas, sondeando el terreno, probando por qué medio se podría cumplir la
tarea en la situación dada. Y la tarea estaba planteada con claridad. Sin la
defensa armada de la República socialista no podíamos existir. La clase
dominante jamás entregará su poder a la clase oprimida. Pero esta última debe
demostrar en la práctica que es capaz no sólo de derrocar a los explotadores, sino
de organizarse para
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110 Véase C. Marx Y. F. Engels. Obras
Escogidas en tres tomos, ed. en español, t. II, págs. 196-197.
111 Sobre los blanquistas véase la nota 62.
Proudhonismo:
corriente del socialismo pequeñoburgués hostil al marxismo, a la que se dio el
nombre de su ideólogo, el anarquista francés Pedro José Proudhon. Proudhon
criticaba duramente el capitalismo, pero no veía la salida en la destrucción
del modo capitalista de producción que engendra ineluctablemente la miseria, la
desigualdad y la explotación de los trabajadores, sino en
"perfeccionar" el capitalismo y eliminar sus defectos y abusos
mediante una serie de reformas. Proudhon soñaba con eternizar la pequeña
propiedad privada, proponía organizar un "Banco del Pueblo" y un
"Banco de Cambio", con ayuda de los cuales podrían los obreros, según
él, adquirir medios de producción propios, hacerse artesanos y asegurar la
venta "equitativa" de sus productos. No comprendía la misión
histórica del proletariado, adoptaba una actitud negativa ante la lucha de las
clases, la revolución proletaria y la dictadura del proletariado y negaba con
criterio anarquista la necesidad del Estado. Marx y Engels llevaban una lucha
consecuente contra las tentativas de Proudhon de imponer sus opiniones a la I
Internacional. La enérgica lucha de Marx y Engels y sus partidarios contra el
proudhonismo en la I Internacional acabó en la victoria completa del marxismo.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
la autodefensa, de jugárselo
todo a una carta. Hemos dicho siempre: "Hay guerras y guerras". Hemos
condenado la guerra imperialista,
pero no hemos negado la guerra en
general. Se hicieron un lío quienes intentaron acusarnos de militarismo. Y
cuando tuve que leer la información sobre la Conferencia de Berna de los
amarillos, en la que Kautsky empleó la expresión de que lo que tienen los
bolcheviques no es socialismo, sino militarismo, me sonreí y me abrí de brazos,
sorprendido. ¡Como si hubiera habido de verdad en la historia al menos una gran
revolución que no estuviera relacionada con una guerra! ¡Claro que no!
Vivimos no
solamente en un Estado, sino en un
sistema de Estados, y la existencia de la República Soviética durante largo
tiempo al lado de los Estados imperialistas es inconcebible. En fin de cuentas,
triunfará una cosa u otra. Y mientras llega ese final, será inevitable una
serie de choques de lo más terribles entre la República Soviética y los Estados
burgueses. Esto significa que la clase dominante, el proletariado, si quiere
dominar y llega a dominar, debe demostrarlo también con su organización militar.
¿Cómo debe esta clase, que había desempeñado hasta ahora el papel de bestia
ignorante para los capitanes de la clase imperialista dominante, formar a sus
capitanes, cómo debe cumplir la tarea de conjugar el entusiasmo, la nueva
creación revolucionaria de los oprimidos con el aprovechamiento de la ciencia y
la técnica burguesas que posee el militarismo en sus peores formas, pero sin
las cuales no podrá dominar la técnica moderna ni los medios modernos de hacer
la guerra?
En este terreno se nos
planteó una tarea que se ha generalizado a lo largo de un año de experiencia.
Cuando en el programa
revolucionario de nuestro partido hablamos de los especialistas, hicimos el
balance de la experiencia práctica de nuestro partido en uno de los problemas
de mayor importancia. No recuerdo que los anteriores maestros del socialismo, que
previeron muchísimas cosas en la venidera revolución socialista y esbozaron
muchísimo de lo que habría en ella, emitieran su opinión sobre este problema.
Para ellos no existía, porque no se planteó hasta que empezamos a organizar el
Ejército Rojo. Esto significaba organizar de la clase oprimida, que había sido
convertida en una bestia ignorante, un ejército pletórico de entusiasmo y
obligar a este ejército a utilizar lo peor y más repugnante que nos ha legado
el capitalismo.
Esta contradicción, que aparece ante nosotros en el problema del
Ejército Rojo, existe también en todos los terrenos de nuestra obra. Tomemos el
problema del que más nos hemos ocupado: el paso del control obrero a la
administración obrera de la industria. Después de los decretos y disposiciones
del Consejo de Comisarios del Pueblo y de los organismos locales del Poder
soviético —todos ellos han creado nuestra experiencia política en este
terreno—, al Comité Central no le quedaba más, hablando en propiedad, que hacer
el balance. Es poco probable que pudiera dirigir, en el verdadero sentido de la
palabra, en una cuestión como ésta. Bastará recordar lo flojos, espontáneos y
casuales que eran nuestros primeros decretos y disposiciones acerca del control
obrero en la industria. Nos parecía que era muy fácil hacer eso. En la
práctica, eso condujo a demostrar la necesidad de organizar, pero no
respondimos en absoluto a la pregunta de cómo
organizar. Cada fábrica nacionalizada, cada rama de la industria nacionalizada,
el transporte, en particular el transporte ferroviario —máxima expresión del
mecanismo capitalista, la obra más centralizada con base en la gran técnica
material y la más indispensable para el Estado—, todo eso plasmaba la
experiencia concentrada del capitalismo y nos creaba dificultades
inconmensurables.
131
Estamos muy lejos aún de
haber salido de estas dificultades. Al principio, las enfocábamos de una manera
completamente abstracta, como revolucionarios que predicaban, pero que no
sabían en absoluto cómo poner manos a la obra. Es claro que muchísima gente nos
acusaba —y todos los socialistas y socialdemócratas siguen acusándonos— de que
habíamos
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
emprendido esta obra sin
saber cómo llevarla hasta el fin. Pero ésa es una acusación ridícula de hombres
muertos. ¡Como si fuera posible hacer la mayor de las revoluciones sabiendo de
antemano cómo hacerla hasta el fin! ¡Como si eso pudiera aprenderse en los
libros! No, sólo de la experiencia de las masas podía nacer nuestra solución. Y
tengo por mérito nuestro el que, en medio de dificultades increíbles,
emprendimos la solución de un problema que hasta entonces conocíamos a medias,
que incorporamos a las masas proletarias a una labor independiente, que
llegamos a la nacionalización de las empresas industriales, etc. Recordamos
cómo aprobábamos de una vez en el Smolny diez o doce decretos en cada reunión.
Aquello era una manifestación de nuestra decisión y nuestro deseo de despertar
la experiencia y la actividad independientes de las masas proletarias. Ahora
tenemos esa experiencia. Ahora hemos pasado del control obrero a la
administración obrera de la industria o nos hemos acercado de lleno a ella.
Ahora, en vez de la ineptitud absoluta, contamos con numerosas indicaciones que
nos hace la experiencia y, en la medida de lo posible, las hemos resumido en
nuestro programa. Habrá que hablar detenidamente de ello, al tratar los
problemas de organización. No habríamos podido realizar ese trabajo si los
camaradas de los sindicatos no nos hubieran ayudado ni hubieran trabajado con
nosotros.
En Europa Occidental, el
problema está planteado de otra manera. Allí, los camaradas ven un mal en los
sindicatos, ya que los representantes amarillos del viejo socialismo se han
apoderado hasta tal extremo de esos sindicatos que los comunistas ven poco provecho
en su apoyo. Muchos representantes de los comunistas occidentales, incluso Rosa
Luxemburgo, proclaman la disolución de los sindicatos112. Esto prueba hasta qué punto es más difícil nuestra tarea en
Europa Occidental. En nuestro país, en cambio, no nos habríamos sostenido ni un
solo mes sin el apoyo de los sindicatos. En este sentido tenemos una
experiencia de ingente labor práctica que nos permite emprender la solución de
problemas dificilísimos.
Tomemos el problema de los
especialistas, que aparece ante nosotros a cada paso, que se plantea con motivo
de cada nombramiento y que nos vemos obligados a plantear a los representantes
de la economía nacional y al Comité Central del partido. En la situación
actual, el Comité Central del partido no puede trabajar para guardar las
formas. Si no existiera la posibilidad de designar a camaradas que actúan por
su cuenta en su rama, no podríamos desplegar ninguna labor en absoluto. Gracias
únicamente a que contábamos con organizadores como Yákov Sverdlov, hemos podido
trabajar en la situación de guerra de tal modo que no hemos tenido ni un solo
conflicto digno de atención. Y en este trabajo hemos tenido que aprovechar
inevitablemente la ayuda de hombres, poseedores de conocimientos adquiridos en
los viejos tiempos, que nos ofrecían sus servicios.
Tomemos, en particular, el
problema de la dirección del departamento militar. Es imposible resolver este
problema si no se tiene confianza en el Estado Mayor, en los grandes
especialistas organizadores. Entre nosotros ha habido discrepancias
accidentales con este motivo, pero en lo fundamental no podían caber dudas.
Hemos recurrido a la ayuda de especialistas burgueses impregnados hasta la
médula de sicología burguesa, que nos han traicionado y nos traicionarán
todavía años y años. Sin embargo, plantear la cuestión en el sentido de que
vamos a edificar el comunismo sólo con las manos de comunistas intachables, y
no con la ayuda de especialistas burgueses, es una idea pueril. Estamos
templados en la lucha, tenemos fuerzas, unidad y debemos avanzar por la vía del
trabajo de organización, utilizando los conocimientos y la experiencia de esos
especialistas. Sin esta condición indispensable es imposible construir el
socialismo. Sin la herencia de la cultura capitalista no
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112 En el Congreso de fundación del Partido
Comunista de Alemania, celebrado en Berlín del 30 de diciembre de 1918 al 1 de
enero de 1919, debido a la política traicionera de los dirigentes derechistas
de los sindicatos, Rosa Luxemburgo apoyó los discursos erróneos de varios
delegados respecto a la liquidación de los sindicatos. Las tareas de estos, a
juicio de ella, debían asumirlas los Soviets de diputados obreros y soldados y
los comités fabriles. Esta posición errónea del congreso fundacional fue
durante mucho tiempo un obstáculo interpuesto en el camino de los comunistas
alemanes para ganarse a las masas.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
construiremos el socialismo.
No hay de qué edificar el comunismo excepto de lo que nos ha dejado el
capitalismo.
Necesitamos construir ahora
en la práctica, y no hay más remedio que crear la sociedad comunista con las
manos de nuestros enemigos. Esto parece una contradicción, quizá incluso una
contradicción insoluble; pero, en realidad, sólo por ese camino puede cumplirse
la tarea de edificar el comunismo. Y cuando observamos nuestra experiencia, el
choque diario con esta cuestión; cuando vemos la labor práctica del Comité
Central, me parece que nuestro partido ha cumplido, en lo fundamental, esta
tarea. Se ha tropezado con dificultades colosales, pero sólo así podía ser
cumplida. El trabajo de organización, creador y unánime, debe apretar de tal
modo a los especialistas burgueses que les obligue a marchar en las filas del
proletariado, por mucho que se resistan y por mucho que luchen a cada paso.
Debemos ponerlos a trabajar, como fuerza técnica y cultural, para conservarlos
y hacer de un país capitalista inculto y salvaje un país comunista culto. Y
pienso que durante este año hemos aprendido a construir, hemos emprendido el
camino certero y no nos apartaremos de él.
132
Quisiera referirme brevemente a los problemas del abastecimiento
y del campo. El problema del abastecimiento ha sido siempre para nosotros el
más difícil. En un país en el que el proletariado ha tenido que tomar el poder
con ayuda del campesinado, en el que ha correspondido al proletariado el papel
de agente de la revolución pequeñoburguesa, nuestra revolución ha sido en grado
considerable, hasta la organización de los comités de campesinos pobres, es
decir, hasta el verano e incluso el otoño de 1918, una revolución burguesa. No tememos decirlo. Hicimos
con tanta facilidad la Revolución de Octubre porque el campesinado, en su
conjunto, nos seguía; porque el campesinado marchó contra los terratenientes;
porque veía que en este terreno iríamos hasta el fin; porque llevamos a la
práctica, en forma de leyes, lo que escribían los periódicos eserístas, lo que
la cobarde pequeña burguesía prometía, pero no podía hacer. Mas, cuando
empezaron a organizarse los comités de campesinos pobres, desde ese momento
nuestra revolución se convirtió en una revolución proletaria. Se nos planteó una tarea que estamos lejos aún de haber
cumplido. Pero tiene extraordinaria importancia que la hayamos abordado en la
práctica. Los comités de campesinos pobres fueron un peldaño de transición. El
primer decreto sobre la organización de comités de campesinos pobres por el
Poder soviético se aprobó a iniciativa del camarada Tsiurupa, que estaba
entonces al frente del abastecimiento. Había que salvar de la muerte a la
población no agrícola, atormentada por el hambre. Eso podía hacerse únicamente
mediante los comités de campesinos pobres corno organizaciones proletarias. Y
cuando vimos en el verano de 1918 que en el campo empezaba la Revolución de
Octubre, y ésta se produjo, sólo entonces nos asentamos en nuestra auténtica
base proletaria; sólo entonces nuestra revolución se convirtió en proletaria, y no por las proclamas, no por las
promesas y declaraciones, sino en los
hechos.
Seguimos sin cumplir aún la
tarea, planteada ante nuestro partido, de crear las formas de organización del
proletariado y del semiproletariado del campo. Hace poco tuve que ir a
Petrogrado y asistí a uno de los primeros congresos de obreros agrícolas de aquella
provincia. Vi que seguimos abordando a tientas esta cuestión, pero creo, sin
duda alguna, que se la hará avanzar. Debo decir que la experiencia principal
que nos ha proporcionado la dirección política durante este año consiste en
encontrar el puntal de nuestra organización. Hemos dado un paso en ese sentido
al constituir los comités de campesinos pobres, elegir de nuevo los Soviets y
transformar la política de abastecimiento, en la que tropezamos con
dificultades increíbles. Es posible que en las regiones de Rusia que se están
haciendo ahora soviéticas — Ucrania, el Don— haya que modificar esa política.
Sería un error que estampáramos simplemente con un mismo cliché decretos para
todos los lugares de Rusia; que los comunistas bolcheviques y los funcionarios
de los Soviets de Ucrania y del Don empezaran a hacerlos extensivos a otras
regiones, sin hacer diferencias. Seremos testigos de no pocas
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
soluciones originales. No
nos atamos las manos de ninguna de las maneras a un patrón monótono, no
decidimos de una vez para siempre que nuestra experiencia, la experiencia de la
Rusia Central, puede ser trasplantada íntegramente a todas las zonas periféricas.
Acabamos de abordar la tarea de la verdadera construcción, estamos dando
solamente los primeros pasos en este sentido y ante nosotros se extiende un
campo de acción inabarcable.
He señalado que el primer
paso decisivo del Poder soviético fue la formación de los comités de campesinos
pobres. Estuvo dictado por la necesidad y lo llevaron a cabo los trabajadores
de los organismos de abastecimiento. Mas, para cumplir hasta el fin nuestras
tareas, no necesitamos organizaciones provisionales como los comités de
campesinos pobres. Al lado de los Soviets existen las organizaciones
sindicales, que utilizamos como escuela de educación de las masas atrasadas. El
sector de obreros que han dirigido de hecho a Rusia durante este año y aplicado
toda la política, que han constituido nuestra fuerza, este sector es
increíblemente pequeño en Rusia. Nos hemos convencido de ello, lo sentimos en
nuestra propia carne. Si un futuro historiador reúne algún día datos acerca de
qué grupos gobernaron a Rusia durante estos 17 meses, que centenares o millares
de hombres han efectuado toda esta labor, han cargado en sus espaldas con todo
el peso increíble de la gobernación del país, nadie creerá que eso pudo conseguirse
con una cantidad tan insignificante de fuerzas. Esta cantidad es insignificante
porque en Rusia había pocos dirigentes políticos cultos, instruidos y capaces.
Este sector era débil en Rusia, y durante la pasada lucha ha quedado rendido,
ha trabajado demasiado, ha hecho más de lo que podía. Creo que en el presente
congreso buscaremos medios prácticos para utilizar en la industria y —lo que es
más importante— en el campo nuevas y nuevas fuerzas a escala masiva, para
incorporar a la labor de los Soviets a los obreros y campesinos que se hallan a
nivel medio e incluso por debajo de ese nivel. A nuestro juicio, sin su ayuda a
escala masiva es imposible la actividad ulterior.
133
Como he agotado casi todo mi
tiempo, quiero decir solamente unas palabras de nuestra actitud con los
campesinos medios. Nuestra actitud con ellos estaba clara por principio para
nosotros ya antes de que empezara la revolución. Se nos planteó la tarea de neutralizar al campesinado. En una
reunión celebrada en Moscú, en la que hubo que plantear el problema de la
actitud ante los partidos pequeñoburgueses, cité unas palabras textuales de
Engels, el cual no sólo señalaba que los campesinos medios son nuestros aliados,
sino que expresada incluso la seguridad de que quizás no fuese preciso emplear
la violencia ni tampoco adoptar medidas represivas contra los campesinos ricos.
Esta conjetura no se ha hecho realidad en Rusia: hemos estado, estamos y
estaremos en franca guerra civil con los kulaks. Eso es inevitable. Lo hemos
visto en la práctica. Pero por la inexperiencia de los funcionarios de los
Soviets, por las dificultades del problema, los golpes destinados a los kulaks
han caído con frecuencia sobre los campesinos medios. En este terreno hemos
pecado muchísimo. La experiencia adquirida al respecto nos ayudará a hacer todo
lo necesario para evitarlo en lo sucesivo. He ahí la tarea que tenemos
planteada, y no en teoría, sino en la práctica. Sabéis muy bien que es una
tarea difícil. Carecemos de bienes que pudiéramos dar al campesino medio, y él
es materialista, práctico, pide bienes materiales concretos que ahora no
podemos dar y sin los cuales, probablemente, tendrá que pasarse aún el país
durante meses de dura lucha, que promete ahora la plena victoria. Pero podemos
hacer mucho en nuestra práctica administrativa: mejorar nuestro aparato y
corregir gran cantidad de abusos. Podemos y debemos corregir y enderezar la
pauta de nuestro partido, orientada en grado insuficiente al bloque, a la
alianza, al acuerdo con los campesinos medios.
Esto es, en breves rasgos,
lo que podía deciros ahora acerca de la labor económica y política del Comité
Central durante el año transcurrido. Debo pasar ahora, del modo más sucinto, a
la segunda parte de la tarea que me ha encomendado el Comité Central: el
informe de organización del Comité Central. Esta tarea hubiera podido cumplirla
como es debido únicamente Yákov Mijáilovich Sverdlov, que fue designado
informante sobre esta cuestión
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
por el Comité Central.
Hombre de una memoria extraordinaria, inverosímil, guardaba en ella gran parte
de su informe, y el conocimiento personal de la labor de organización en cada
lugar le permitía hacer este informe. Yo no estoy en condiciones de sustituirle
ni en una centésima parte, porque en este trabajo nos veíamos obligados a
confiar por entero en él y teníamos pleno fundamento para confiar en el
camarada Sverdlov, que adoptaba personalmente decisiones muy a menudo.
Puedo presentar aquí breves
fragmentos de lo que está preparado por escrito de los informes. Pero el
Secretariado del Comité Central, que no ha tenido la posibilidad de terminar su
trabajo, ha prometido con la mayor firmeza que los informes por escrito estarán
preparados en la próxima semana para la imprenta y serán reproducidos en
multicopista y puestos a disposición de todos los delegados al congreso. Estos
informes completarán las noticias superficiales y fragmentarias que puedo dar
aquí. En la parte del informe ya escrita encontramos, sobre todo, datos
referentes a los documentos recibidos: 1.483 en diciembre de 1918; 1.537 en
enero de 1919; y 1.840 en febrero. Hay una clasificación de estos papeles en
porcentaje, pero yo me permito no leerla. Los camaradas que tengan interés,
podrán conocer por el informe que se va a repartir que en el mes de noviembre
hubo, por ejemplo, cuatrocientas noventa visitas al Secretariado. Los camaradas
que me han entregado este resumen dicen que no puede abarcar la mitad de lo
hecho por el Secretariado, ya que el camarada Sverdlov recibía diariamente a
decenas de delegados, más de la mitad de los cuales no eran, seguramente,
funcionarios de los Soviets, sino del partido.
Debo atraer vuestra atención
al informe referente a la actividad de la Federación de Grupos Extranjeros113. Conozco esta esfera de la labor, pues he tenido la posibilidad
de repasar por encima lo que escriben los grupos extranjeros. Al principio eran
siete, ahora son nueve. Los camaradas que vivan en localidades puramente rusas
y que no hayan tenido ocasión de conocer directamente estos grupos o leer
informes en los periódicos pueden repasar los extractos de prensa, que me
permito no leer íntegramente. Debo decir que en esto se advierte la verdadera
base de lo que hemos hecho para la III Internacional. La Tercera Internacional
se ha fundado en Moscú en un breve congreso, del que os informará con detalle
el camarada Zinóviev, así como de cuanto propone el Comité Central sobre todas
las cuestiones relacionadas con la Internacional. Si hemos podido hacer en
corto plazo tanto en el congreso de los comunistas celebrado en Moscú, ello se
debe a que el Comité Central de nuestro partido y el organizador del congreso,
camarada Sverdlov, han realizado un gigantesco trabajo preparatorio. Se ha
hecho propaganda y agitación entre los extranjeros que se encuentran en Rusia y
se han organizado numerosos grupos extranjeros. Decenas de miembros de esos
grupos han sido informados de los planes fundamentales y de las tareas
generales de la política en el sentido de pautas rectoras. Centenares de miles
de prisioneros de guerra de los ejércitos que los imperialistas organizaron
exclusivamente para sus propios fines, al trasladarse a Hungría, Alemania y
Austria, han hecho que los bacilos del bolchevismo
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113
La
Federación de Grupos Extranjeros adjunta al CC del PC(b) de Rusia se constituyó
en mayo de 1918 como organismo de los comunistas extranjeros para dirigir la
labor entre los ex prisioneros de guerra que se encontraban en Rusia. Su primer
presidente fue, por elección, Béla Kun. El movimiento revolucionario entre los
prisioneros de guerra que se encontraban en Rusia comenzó antes aún de la
Revolución Socialista de Octubre; cuando hubo triunfado ésta, los prisioneros
de guerra empezaron a crear sus propias organizaciones revolucionarias que, en
las primeras fechas de diciembre de 1917, emprendieron la edición de periódicos
en las lenguas respectivas. En 1918 se formaron entre los prisioneros de guerra
grupos comunistas extranjeros que admitieron íntegramente el programa del PC(b)
de Rusia y la lucha por la dictadura del proletariado. En la conferencia de
socialistas internacionalistas, que se celebró en marzo de 1918, se creó una
Oficina Central de los grupos comunistas extranjeros que debía dirigir sus labores
y entablar relaciones con el CC del PC(b) de Rusia y con las organizaciones
comunistas de los países respectivos y se fundaron las secciones extranjeras
adjuntas al CC del PC(b) de Rusia. En total, integraron la Federación nueve
grupos comunistas: el checoslovaco, el inglés, el francés, el rumano, el
alemán, el húngaro, el yugoslavo, el polaco y el búlgaro. La tarea principal de
los grupos consistía en hacer propaganda y agitación entre los prisioneros de
guerra y entre las tropas intervencionistas que habían agredido a la Rusia
Soviética. Los informes de los grupos se publicaban regularmente en el
periódico Pravda. Esta Federación fue
disuelta a comienzos de 1920.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
se apoderen por entero de
dichos países. Y si allí predominan grupos o partidos que se solidarizan con
nosotros, es gracias a la labor de los grupos extranjeros en Rusia, invisible
aparentemente y sumaria y lacónica en el informe de organización; una labor que
constituye una de las páginas más importantes de la actividad del Partido
Comunista de Rusia como una de las células del Partido Comunista Mundial.
134
En los escritos que me han
entregado hay, además, datos acerca de qué organizaciones y cómo han informado
al Comité Central; y en este terreno, nuestra desidia rusa se manifiesta en
toda su fealdad, vergonzosa para nosotros. Se han recibido con regularidad
noticias de las organizaciones de cuatro provincias; de manera irregular, de
catorce provincias; y de manera casual, de dieciséis provincias. Los nombres de
esas provincias figuran en una lista y me permitiréis que no los lea.
Naturalmente, las condiciones de la guerra civil explican en gran parte, pero
no del todo, ni mucho menos, esta extremada desorganización nuestra, esta falta
extrema de organización. Y lo que menos cabe es encubrirse, defenderse y
disculparse con las condiciones de la guerra civil. La labor de organización no
ha sido nunca el lado fuerte de los rusos, en general, ni de los bolcheviques,
en particular. Y, sin embargo, la tarea principal de la revolución proletaria
es precisamente una tarea de
organización. Por algo se ha planteado aquí en un lugar destacado el
problema de organización. En este terreno hay que luchar por todos los medios,
una y otra vez, con decisión y firmeza. Sin una larga educación y reeducación
no lograremos nada en este terreno. Este es el terreno en el que la violencia
revolucionaria, la dictadura se emplea para abusar, y yo me atrevería a poneros
en guardia contra ese abuso. La violencia revolucionaria y la dictadura son
cosas excelentes si se aplican cuando se debe y contra quien se debe. Pero no
se pueden emplear en el terreno de la organización. No hemos cumplido en
absoluto esta tarea de educación, reeducación y largo trabajo de organización y
debernos abordarla con regularidad.
Tenemos aquí un balance financiero detallado. De las distintas
partidas, la más importante
—3 millones— corresponde a
las editoriales obreras y a los periódicos: 1 millón, 1 millón y 1 millón más.
A las organizaciones del partido, 2.800.000; gastos de redacción, 3.600.000. En
este balance, que será reproducido y entregado a todos los delegados, hay
cifras más detalladas. Por ahora, los camaradas pueden conocerlas a través de
los representantes de los grupos. Permitidme que no las lea. Los camaradas que
han presentado los balances han recogido en ellos lo principal y más patente, a
saber: los resultados generales de la labor de propaganda en el sentido de las
ediciones. La Editorial Kommunist114 ha
publicado 62 libros. El diario Pravda115 ha
dado en 1918 un beneficio neto de 2 millones y publicado 25 millones de
ejemplares. El periódico Biednotá ha
proporcionado un beneficio neto de 2.370.000 y publicado 33 millones de
ejemplares. Los camaradas del Buró de Organización del Comité Central han
prometido evaluar las cifras exactas de que disponen para que se puedan
comparar, por lo menos, dos puntos de partida. Entonces podrá ver cada cual la
gigantesca labor educativa del partido, que utiliza por vez primera en la
historia la gran maquinaria moderna de imprenta capitalista no para la
burguesía, sino para los obreros y los campesinos. Se nos ha acusado y se nos
acusa miles y millones de veces de que violamos la libertad de prensa y
abjuramos de la democracia. Los acusadores llaman democracia a que la prensa
sea comprada por el capital, y los ricos puedan utilizarla para sus propios
fines. Nosotros no denominamos a eso democracia, sino plutocracia. Con el fin
de satisfacer las demandas políticas de los obreros y los campesinos, hemos
despojado a los capitalistas de todo lo que había creado la cultura burguesa
para defender a estos últimos y engañar al pueblo. Y en este sentido hemos
hecho tanto como ningún partido socialista pudo hacer en un cuarto de siglo
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114 La Editorial Kommunist, del CC del PC(b) de Rusia, se fundó en 1918 y publicaba
principalmente escritos populares para grandes masas. En mayo de 1919, por
disposición del CEC de toda Rusia, se fundó la Editorial del Estado, en la que
se incluyó la Editorial Kommunist.
115 "Pravda" ("La Verdad"): primer periódico obrero legal
para las masas, fundado por Lenin el 5 de mayo de 1912. Órgano del CC del PCUS.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
o en medio siglo. Mas, pese
a todo, hemos hecho una parte inconmensurablemente pequeña de lo que se debe
hacer.
Los últimos escritos que me
ha entregado el Buró son las circulares. Suman catorce en total, y los
camaradas que las desconocen o que las conocen poco son invitados a leerlas. En
este sentido, como es natural, la actividad del Comité Central ha estado lejos
de ser completa. Pero es preciso tener en cuenta que, cuando hay que trabajar
en las condiciones en que lo hemos hecho nosotros, cuando hay que dar cada día
directrices políticas sobre una serie de cuestiones y sólo en casos
excepcionales, e incluso raros, hacerlo a través del Buró Político o del Pleno
del Comité Central es imposible suponer que pudiéramos recurrir con frecuencia
a las circulares políticas.
Repito que, como organismo
combativo de un partido combativo, en época de guerra civil no podemos trabajar
de otra manera. En caso contrario, resultarán o medias palabras o un
Parlamento, y, en la época de la dictadura, con el Parlamento no se pueden ni resolver
los problemas ni dirigir el partido o las organizaciones soviéticas. Camaradas,
en la época en que utilizamos el mecanismo de las imprentas y la prensa
burguesas, la importancia de las circulares del Comité Central ha decrecido.
Enviamos únicamente las directrices que no se pueden divulgar, pues en nuestra
actividad, que ha sido pública a pesar de sus colosales proporciones, ha
seguido existiendo, existe y existirá, sin embargo, el trabajo clandestino. No
hemos temido que se nos reproche nuestra clandestinidad y nuestro secreto; no,
nos hemos enorgullecido de ello. Y al caer en una situación en la que, después
de derrocar a la burguesía, nos encontramos ante la burguesía europea, en
nuestras acciones ha seguido existiendo el secreto, y en nuestro trabajo ha
habido clandestinidad.
Aquí, camaradas, termino mi informe. (Aplausos.)
135
3. Informe sobre el programa del partido, pronunciado el 19 de
marzo.
(Aplausos.) Camaradas: Conforme a la distribución de temas convenida
con el camarada Bujarin, me corresponde exponer el criterio de la comisión
sobre toda una serie de puntos concretos, más litigiosos o de mayor interés en
estos momentos para el partido.
Empezaré por hablar
brevemente de los puntos que ha tratado al final de su informe el camarada
Bujarin, puntos en que discrepamos en el seno de la comisión. El primero
estriba en el carácter que debe tener la estructura de la parte general de
nuestro programa. A mi entender, el camarada Bujarin no ha expuesto con toda
exactitud las razones que han movido a la mayoría de la comisión a rechazar las
tentativas de redactar el programa, tachando de él todo lo que se decía del
viejo capitalismo. El camarada Bujarin se expresaba de manera que a veces se
podía creer que la mayoría de la comisión temía el qué dirán, temía ser acusada
de insuficiente respeto a lo viejo. No cabe duda de que, tal como se presenta,
la posición de la mayoría de la comisión queda bastante ridiculizada. Pero eso
está muy lejos de la verdad. La mayoría de la comisión ha rechazado esas
tentativas porque entrañarían una posición errónea. No corresponderían a la
verdadera situación. El imperialismo puro, sin la base fundamental del
capitalismo, no ha existido nunca, no existe en parte alguna ni existirá jamás.
Esto es una síntesis falsa de cuanto se ha dicho acerca de los consorcios, de
los cárteles, los trusts y el capitalismo financiero, cuando este último era
presentado como si estuviese privado de todas las bases que constituyen el
viejo capitalismo.
Esto no es así. Sobre todo,
referido a la época de la guerra imperialista y a la que sigue a la guerra
imperialista. En uno de sus razonamientos sobre la guerra futura, Engels
escribía ya que ésta causaría una devastación más atroz que la debida a la guerra
de los Treinta Años, que la humanidad retrocedería en grado considerable al
salvajismo, que nuestro artificioso
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
mecanismo del comercio y la
industria se desmoronaría116. Al principio de la guerra, los
socialtraidores y los oportunistas se jactaban de la vitalidad del capitalismo
y ridiculizaban a los "fanáticos o semianarquistas", como ellos nos
llamaban. "Mirad —decían—, estos vaticinios no se han confirmado. ¡Los
acontecimientos han demostrado que esto era cierto sólo con respecto a un
insignificante número de países y por un período muy corto de tiempo!"
Pero hoy, no sólo en Rusia y en Alemania, sino en los países vencedores también
da comienzo precisamente un desmoronamiento tan gigantesco del capitalismo
moderno que suprime a cada paso este mecanismo artificioso y restablece el
viejo capitalismo.
Cuando el camarada Bujarin
afirmaba que se podría intentar presentar un cuadro acabado del desmoronamiento
del capitalismo y del imperialismo, nosotros lo rebatimos en la comisión, y yo
tengo que rebatirlo también aquí: probad a hacerlo y veréis cómo no lo
conseguís. El camarada Bujarin lo intentó en el seno de la comisión y tuvo que
desistir él mismo. Estoy plenamente convencido de que si alguien pudiera
hacerlo, sería, sobre todo, el camarada Bujarin, el cual se ha ocupado de esta
cuestión larga y meticulosamente. Yo afirmo que tal intento no puede tener
éxito porque el problema es erróneo. Ahora estamos viviendo en Rusia las
consecuencias de la guerra imperialista y asistimos al comienzo de la dictadura
del proletariado. Y al mismo tiempo, en toda una serie de regiones de Rusia,
que han estado aisladas las unas de las otras más de lo que estuvieron antes,
vemos a cada paso el renacimiento del capitalismo y el desarrollo de su primera
fase. No es posible pasar esto por alto. Si redactáramos el programa tal como
quería el camarada Bujarin, sería un programa erróneo. En el mejor de los
casos, repetiría lo más afortunado que se ha dicho del capitalismo financiero y
el imperialismo, pero no reflejaría la realidad, porque ésta no da ese cuadro
acabado. Un programa compuesto de partes heterogéneas no es elegante (lo cual,
claro está, no tiene importancia); pero un programa distinto sería simplemente
un programa erróneo. De esta heterogeneidad, de la obra hecha con distintos
materiales, por desagradable que ello sea, por desaliñado que parezca, no
saldremos durante un período muy largo. Cuando logremos salir de ello
redactaremos un nuevo programa. Poro entonces viviremos ya en la sociedad
socialista. Sería ridículo pretender que las condiciones de entonces fueran las
mismas de ahora.
Vivimos en una época en que
ha resucitado toda una serie de los fenómenos básicos más elementales del
capitalismo. Basta tomar, por ejemplo, el desbarajuste del transporte cuyos
efectos sentimos tan bien, mejor dicho, tan mal, en nosotros mismos. Eso mismo
ocurre también en otros países, incluso en los países vencedores. Pero ¿qué
significa el desbarajuste del transporte en el sistema imperialista? El retorno
a las formas más primitivas de producción mercantil. Sabemos muy bien qué
significa eso de los del saco. Por lo visto, los extranjeros no comprendían
hasta ahora este término. ¿Y hoy? Conversad con los camaradas que han venido al
Congreso de la Tercera Internacional. Resulta que en Alemania y Suiza comienzan
a aparecer términos idénticos. Ahora bien, no podréis referir esta categoría a
ninguna dictadura del proletariado, sino que tendréis que volver la vista a los
albores de la sociedad capitalista y de la producción mercantil.
136
Salir de esta triste
realidad mediante la creación de un programa llano y acabado es dar un salto en
el vacío, andar por las nubes, trazar un programa erróneo. Y en modo alguno es
el respeto a lo viejo, como cortésmente insinuaba el camarada Bujarin, lo que
nos ha obligado a introducir en el nuevo programa pasajes del viejo. Según el
camarada Bujarin, la cosa era así: el programa fue redactado en 1903 con la
participación de Lenin; el programa, sin ningún género de dudas, es malo; pero
como lo que más les gusta a los viejos es recordar el pasado, ocurre que, por
respeto a lo viejo, se ha redactado en una época nueva un nuevo programa en el
que se repite lo que está dicho en el viejo. Si así fuera, habría que reírse de
gentes tan extravagantes. Pero yo afirmo que no es así. El capitalismo que se
describió en 1903 continúa
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116 Véase F. Engels. Prefacio
al folleto de Borkheim "En memoria de los patrioteros alemanes de
1806-1807".
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
siendo el mismo en 1919 en
la República proletaria de los Soviets, precisamente en virtud de la
descomposición del imperialismo, en virtud de su bancarrota. Es el capitalismo
que podemos ver, por ejemplo, en las provincias de Samara y Viatka, no muy lejos
de Moscú. En tiempos en que la guerra civil desgarra al país no saldremos tan
pronto de esa situación, de ese fenómeno de los del saco. Por esta razón sería
erróneo redactar el programa de cualquier otra manera. Hay que decir las cosas
como son: el programa debe contener lo que es absolutamente indiscutible, lo
que ha sido comprobado en realidad: sólo entonces será un programa marxista.
El camarada Bujarin lo
comprende bien en teoría y dice que el programa debe ser concreto. Pero una
cosa es comprenderlo y otra aplicarlo en la práctica. Lo concreto en el
camarada Bujarin es una exposición libresca del capitalismo financiero. En
realidad vernos fenómenos heterogéneos. En cada provincia agrícola, al lado de
la industria monopolizada existe la libre competencia. En ninguna parte del
Inundo ha existido ni existirá el capitalismo monopolista sin la libre
competencia en una serie de ramas. Escribir de semejante sistema significaría
trazar un sistema irreal y falso. Si Marx decía de la manufactura que era una
superestructura de la pequeña producción en masa117, el imperialismo y el capitalismo financiero son
superestructuras del viejo capitalismo. Desmoronad la cúspide y aparecerá el
viejo capitalismo. Mantener el punto de vista de que existe un imperialismo
puro, sin el viejo capitalismo, es pintar como querer.
En ese error natural se
incurre con mucha facilidad. Si tuviéramos delante un imperialismo puro, que
hubiese transformado radicalmente al capitalismo, nuestra tarea sería cien mil
veces más fácil. Tendríamos un sistema en el que todo estaría subordinado únicamente
al capital financiero. Entonces no nos quedaría más que quitar la cúspide y
dejar el resto en manos del proletariado. Esto sería agradabilísimo, pero la
realidad es otra. En realidad, el desarrollo es de tal naturaleza que nos
obliga a proceder de un modo completamente distinto. El imperialismo es una superestructura del capitalismo.
Cuando éste
se desmorona, nos vemos frente a la cúspide derrumbada y a los cimientos
desnudos. Por eso nuestro programa, si quiere ser exacto, debe presentar las
cosas tales y como son. Tenemos el viejo capitalismo, que en una serie de ramas
se ha desarrollado hasta transformarse en imperialismo. Sus tendencias son
exclusivamente imperialistas. Los problemas esenciales no pueden ser examinados
más que desde el punto de vista del imperialismo. No existe ninguna cuestión
importante de política interior o exterior que pueda resolverse de otro modo
que desde el punto de vista de esta tendencia. Por de pronto, el programa no
trata de eso. En realidad, existe un inmenso subsuelo del viejo capitalismo.
Existe una superestructura imperialista que ha conducido a la guerra, y de esta
guerra ha surgido el comienzo de la dictadura del proletariado. De esta fase no
podréis desentenderos. Este hecho caracteriza el ritmo mismo del
desenvolvimiento de la revolución proletaria en todo el mundo y persistirá
durante muchos años.
Es posible que las
revoluciones del Occidente de Europa se realicen de manera más llana; pero, no
obstante, la reorganización de todo el mundo, la reorganización de la mayoría
de los países exigirá un período largo, de muchos años. Y esto quiere decir que,
en el período de transición que estamos atravesando, no podemos eludir esta
realidad variada. No hay manera de deshacerse de ella, compuesta como está de
partes heterogéneas; por inelegante que sea, no se puede quitar nada de ahí. Un
programa redactado de manera diferente de cómo está el nuestro sería erróneo.
Decimos que hemos llegado a
la dictadura. Pero hay que saber cómo
hemos llegado. El pasado nos detiene, nos sujeta con mil manos e impide dar un
solo paso adelante o nos obliga a darlo tan mal como lo estamos dando. Y
nosotros decimos: para comprender la situación
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117 Véase C. Marx. El Capital,
t. I, cap. XIL.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
en que nos encontramos hay
que contar cómo hemos marchado, qué es lo que nos ha traído a la misma
revolución socialista. Nos ha traído el imperialismo, nos ha traído el
capitalismo en sus formas primarias de economía mercantil. Todo esto es
necesario comprenderlo, porque únicamente teniendo en cuenta la realidad
podremos resolver problemas como, por ejemplo, el de la actitud a adoptar con
los campesinos medios. En efecto, ¿de dónde ha podido surgir el campesino medio
en la época del capitalismo puramente imperialista? Ni siquiera en los países
simplemente capitalistas existía. Si tratamos de decidir qué actitud adoptar
ante este fenómeno casi medieval (ante el campesino medio), manteniéndonos
exclusivamente en el punto de vista del imperialismo y de la dictadura del
proletariado, no ataremos cabos, no haremos otra cosa que dar tropezones. Ahora
bien, si tenemos que cambiar de actitud ante el campesino medio, tened la
bondad de decir también en la parte teórica de dónde ha salido este campesino y
qué representa. Es un pequeño productor de mercancías. Este es el abecé del
capitalismo que hay que enunciar, porque aún no hemos salido de este abecé.
Esquivarlo y decir': "¿Para qué ocuparnos del abecé cuando hemos estudiado
el capitalismo financiero?", es una falta de seriedad en grado
superlativo.
137
Lo mismo debo decir del problema nacional. El camarada Bujarin
también pinta en este punto como quiere. Dice que no se puede reconocer el
derecho de las naciones a la autodeterminación. La nación es la burguesía con
el proletariado. ¡Reconocer nosotros, los proletarios, el derecho a la
autodeterminación de esa burguesía despreciable! ¡Eso es una incongruencia
cabal! Perdón, pero yo afirmo que eso concuerda con la realidad. Si no se
admite, lo que se hará será fantasear. Se apela al proceso de disociación que
se está operando en el seno de la nación, al proceso de separación del
proletariado y la burguesía. Pero aún estamos por ver cómo se producirá esta
disociación.
Tomemos, por ejemplo, a
Alemania, modelo de país capitalista adelantado que, en el sentido de
organización del capitalismo, del capitalismo financiero, se encontraba a un
nivel superior al de Norteamérica. Alemania se hallaba a un nivel inferior en
muchos sentidos, en el de la técnica y la producción, en el sentido político;
pero, en lo que respecta a organización del capitalismo financiero, en lo que
respecta a transformación del capitalismo monopolista en capitalismo
monopolista de Estado, Alemania estaba por encima de Norteamérica. Un modelo,
al parecer. Y ¿qué vemos allí? ¿Se ha disociado el proletariado alemán de la
burguesía? ¡No! Ha habido noticia de que sólo en unas cuantas ciudades
importantes la mayoría de los obreros se pronuncia contra los adeptos de
Scheidernann. Pero ¿cómo ha sucedido eso? ¡Mediante la alianza de los
espartaquistas con los tres veces malditos mencheviques -independientes
alemanes, que todo lo embrollan y pretenden el maridaje del sistema de los
Soviets con la Asamblea Constituyente! ¡Eso es lo que sucede en esa misma
Alemania! Y se trata de un país adelantado.
El camarada Bujarin dice:
“¿Para qué necesitamos el derecho de las naciones a la autodeterminación?"
Repetiré la objeción que lo hice cuando él, en el verano de 1917, propuso
desechar el programa mínimo y dejar únicamente el programa máximo 118. Yo lo repliqué entonces: "No te
ufanes al partir para la guerra; déjalo para la vuelta". Lo haremos cuando
hayamos conquistado el poder y haya pasado algún tiempo. Hoy, conquistado ya el
poder y transcurrido cierto tiempo, estoy de acuerdo en hacerlo. Hemos pasado de
lleno a la construcción socialista, hemos repelido la primera embestida que nos
amenazaba; ahora es tiempo de hacerlo. Lo mismo cabe decir en cuanto al derecho
de las naciones a la
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118 El programa del POSDR, aprobado por el II Congreso del POSDR
(1903), constaba de dos partes:
Programa mínimo se denominaba la parte del programa que contenía las
reivindicaciones de la revolución democrática burguesa: derrocamiento de la
autocracia, proclamación de la república, confiscación de las tierras de los
terratenientes e implantación de la jornada laboral de ocho horas. Programa máximo era la parte del
programa en el que se indicaba el objetivo final de la lucha de la clase
obrera: revolución socialista, destrucción del capitalismo, implantación de la
dictadura del proletariado y transición al socialismo.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
autodeterminación. "Yo
quiero reconocer únicamente el derecho de las clases trabajadoras a la
autodeterminación", dice el camarada Bujarin. Eso significa que usted
quiere reconocer lo que en realidad no se ha alcanzado en ningún país, salvo en
Rusia. Es ridículo.
Véase Finlandia: país
democrático, más desarrollado, más culto que el nuestro. Allí se está
produciendo el proceso de separación, de disociación del proletariado, y se
produce de una manera peculiar, mucho más dolorosa que en el nuestro. Los
finlandeses han padecido la dictadura de Alemania, ahora padecen la de la
Entente. Pero gracias a que nosotros hemos reconocido el derecho de las
naciones a la autodeterminación, el proceso de disociación se ha facilitado
allí. Recuerdo muy bien la escena del Smolny, cuando hube de entregar el acta
a
Svinhufvud119 —traducido al ruso significa "cabeza de cerdo"—
representante de la burguesía finlandesa, el cual jugó el papel de verdugo. Me
estrechó la mano amablemente y cambiamos unos cumplidos. ¡Qué desagradable fue
aquello! Pero había que hacerlo, porque entonces la burguesía finlandesa
engañaba al pueblo, engañaba a las masas trabajadoras, diciendo que los de
Moscovia, los patrioteros, los chovinistas rusos querían estrangular a los
finlandeses. Era forzoso hacerlo.
¿Acaso ayer no tuvimos que
hacer lo mismo con la República de Bashkiria120?
Cuando el camarada Bujarin decía: "Se puede reconocer este derecho a
algunos", pude incluso tomar nota de que en su lista figuraban los
hotentotes, los bosquimanes y los hindúes. Al oír esta enumeración, pensé:
¿cómo ha podido el camarada Bujarin olvidarse de una pequeñez, de los
bashkires? En Rusia no existen bosquimanes, tampoco he oído que los hotentotes
hayan pretendido tener su república autónoma, pero tenemos bashkires, kirguizes
y otros muchos pueblos a los que no podemos negar este derecho. No lo podemos
negar a ninguno de los pueblos que viven dentro de las fronteras de lo que fue
Imperio ruso. Admitamos incluso que los bashkires derrocasen a los explotadores
y que nosotros les ayudásemos a hacerlo. Pero esto es posible únicamente si la
revolución ha alcanzado plena madurez. Y hay que hacerlo con cautela para no
frenar con nuestra intervención ese mismo proceso de disociación del
proletariado que debemos acelerar. Ahora bien, ¿qué es lo que podemos hacer
respecto a pueblos como los kirguizes, uzbekos, tadzhikos y turkmenos, que
hasta hoy se encuentran bajo la influencia de sus mulhas? En Rusia, después de
una larga experiencia con los popes, la población nos ayudó a derribarlos. Pero
vosotros sabéis lo mal que hasta ahora se cumple en la práctica el decreto
sobre el matrimonio civil. ¿Podemos nosotros dirigirnos a estos pueblos y
decirlos: "Nosotros vamos a derrocar a vuestros explotadores"? No lo
podemos hacer, porque se encuentran dominados totalmente por sus mulhas. Es
necesario esperar que se desarrolle la nación de que se trato y que el
proletariado se disocie de los elementos burgueses, lo cual es inevitable.
138
El camarada Bujarin no quiere esperar. Se deja dominar por la
impaciencia: "¿A santo de qué?
— dice-. Si nosotros hemos
derrocado a la burguesía y hemos instaurado el Poder soviético y la dictadura
del proletariado, ¿a santo de qué vamos a proceder así?" Esto obra como un
llamamiento que entusiasma, es una indicación del camino que debemos seguir;
pero si en nuestro programa nos limitamos únicamente a proclamarlo, más que un
programa resultará una proclama. Nosotros podemos proclamar el Poder soviético,
la dictadura del proletariado y el mayor desprecio a la burguesía, que lo tiene
merecido mil veces, pero nuestro programa debe recoger con precisión absoluta
la realidad. Entonces será indiscutible.
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119 Se alude a la entrega por Lenin, el 18
(31) de diciembre de 1917, del decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo
sobre el reconocimiento de la independencia de Finlandia al jefe del gobierno
burgués de este país, P. Svinhufvud, y al secretario de Estado, K. Enckel. El
22 de diciembre de 1917 (4 de enero de 1918), el CEC de toda Rusia ratificó el
decreto de reconocimiento de la independencia de Finlandia.
120
Lenin
se refiere a las conversaciones sostenidas en marzo de 1919 con una delegación
de Bashkiria sobre la constitución de ésta en República Soviética Autónoma. El
20 de marzo se firmó el "Acuerdo del Poder Soviético Central con el
Gobierno de los bashkires sobre la formación de la Bashkiria Autónoma
Soviética".
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
Nos mantenemos en un punto
de vista estrictamente de clase. Lo que consignamos en el programa es el
reconocimiento de lo que se ha producido en la realidad después de la época en
que escribimos sobre la autodeterminación de las naciones de una manera general.
Entonces no existían aún repúblicas proletarias. Cuando han surgido, y sólo en
la medida que han surgido, hemos podido escribir lo que hemos formulado en el
programa: "Unión federativa de Estados, organizados según el tipo soviético". El tipo
soviético no son todavía los Soviets, tal como existen en Rusia, pero se está
haciendo internacional. Esto es lo único que podemos decir. Ir más allá, un
paso más allá, un milímetro más allá sería ya erróneo y, por ello, no nos
serviría de nada para el programa.
Nosotros decimos: es necesario tener presente el escalón en que
se encuentra una nación determinada en el camino que va del régimen medieval a
la democracia burguesa y de ésta a la democracia proletaria. Esto es de una
certidumbre absoluta. Todas las naciones tienen derecho a la autodeterminación,
y en lo concerniente a los hotentotes y los bosquimanes no cabe hacer una
referencia especial. La inmensa mayoría de la población de la Tierra,
probablemente las nueve décimas partes, tal vez el noventa y cinco por ciento,
se ajusta a esta caracterización, pues todos los países se encuentran en el
camino que va del régimen medieval a la democracia burguesa o de ésta a la
democracia proletaria. Es un camino inevitable por completo. No es posible
decir más, porque no sería exacto, porque no correspondería a la realidad.
Desechar la autodeterminación de las naciones y sustituirla por la
autodeterminación de los trabajadores es totalmente erróneo, porque semejante
manera de plantear las cosas no tiene en cuenta las dificultades, la vía
tortuosa que sigue la disociación en el seno de las naciones. En Alemania se
realiza de una manera distinta que entre nosotros: en algunos aspectos es más
rápida; en otros, el camino es más lento y más cruento. En nuestro país, ningún
partido ha aceptado una idea tan monstruosa como la de combinar los Soviets y
la Asamblea Constituyente. Y nosotros hemos de vivir al lado de estas naciones.
Los adeptos de Scheidemann dicen ya ahora de nosotros que queremos conquistar a
Alemania. Esto es, desde luego, absurdo y ridículo. Pero la burguesía tiene sus
intereses y su prensa que lo pregona a los cuatro vientos en centenares de
millones de ejemplares, y Wilson, partiendo de sus intereses, lo apoya. Los
bolcheviques, al decir de esas gentes, poseen un numeroso ejército y quieren
implantar el bolchevismo en Alemania mediante la conquista. Los mejores hombres
de Alemania, los espartaquistas, nos han dicho que a los obreros alemanes se
les azuza contra los comunistas, diciéndoles: "¡Mirad qué mal marchan las
cosas entre los bolcheviques!" Y en efecto, no podemos decir que las cosas
nos vayan muy bien. El argumento que allí esgrimen nuestros enemigos para
influir en las masas es el de que la revolución proletaria en Alemania
entrañaría el mismo desorden que en Rusia. Nuestro desorden es una enfermedad
nuestra de larga duración. Luchamos contra tremendas dificultades, al implantar
en nuestro país la dictadura del proletariado. Mientras la burguesía o la
pequeña burguesía, o incluso una parte de los obreros alemanes, se encuentre
bajo los efectos de este espantajo: "Los bolcheviques quieren implantar
por la fuerza su régimen", la fórmula "autodeterminación de los
trabajadores" no mejorará la situación. Debemos plantear las cosas de modo
que los socialtraidores alemanes no puedan decir que los bolcheviques imponen
su sistema universal, que, según ellos, puede ser llevado a Berlín en la punta
de las bayonetas de los soldados rojos. Y si negamos el principio de
autodeterminación de las naciones, podrían decirlo.
Nuestro programa no debe
hablar de autodeterminación de los trabajadores, porque eso es erróneo. Debe
decir las cosas tal como son. Puesto que las naciones se encuentran en
diferentes etapas del camino que va del régimen medieval a la democracia
burguesa, y de la democracia burguesa a la proletaria, esta tesis de nuestro
programa es absolutamente exacta. En este camino hemos tenido numerosos
zigzags. Cada nación debe obtener el derecho a la autodeterminación, y esto
contribuye a la autodeterminación de los trabajadores. En Finlandia, el proceso
de separación entre el proletariado y la burguesía se
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
está desarrollando de manera
muy acusada, fuerte, profunda. Allí todo marchará, en cualquier caso, no como
entre nosotros. Si nosotros dijéramos que no reconocemos a la nación
finlandesa, sino únicamente a las masas trabajadoras, esto sería el mayor de los
absurdos. No se puede menos de reconocer lo que existe: la realidad se impondrá
por sí misma.
139
En los diferentes países, el deslindamiento de los campos entre
el proletariado y la burguesía sigue vías peculiares. En este camino tenemos
que obrar con suma prudencia. Debemos observar una prudencia especial con
respecto a las diferentes naciones, porque no hay peor cosa que la desconfianza
de una nación. Entre los polacos se está operando el proceso de
autodeterminación del proletariado. He aquí los últimos datos sobre la
composición del Soviet de diputados obreros de Varsovia: socialtraidores polacos,
333; comunistas, 297. Esto demuestra quo allí, según nuestro calendario
revolucionario, ya no está lejos Octubre. Allí se está en agosto o en
septiembre de 1917. Pero, primero, no existe todavía un decreto que obligue a
todos los países a vivir conforme al calendario revolucionario bolchevique, y
si existiese, no se cumpliría. Segundo, la mayoría de los obreros polacos, más
adelantados y cultos que los nuestros, mantiene el punto de vista del
socialdefensismo, del socialpatriotismo. Hay que esperar. Aquí no se puede
hablar de autodeterminación de las masas trabajadoras. Debemos hacer propaganda
en pro de esta disociación. Eso lo hacemos, pero no cabe la menor duda de que
no se puede menos de reconocer ahora ya la autodeterminación de la nación
polaca. Eso es evidente. El movimiento proletario polaco sigue el mismo rumbo
que el nuestro, marcha hacia la dictadura del proletariado, pero de una manera
diferente a la de Rusia. Y se intimida a los obreros, diciéndoles que los
moscovitas, los rusos, que han oprimido siempre a los polacos, quieren imponer
a Polonia su chovinismo ruso, enmascarado con el nombre de comunismo. No es por
la violencia como se hace arraigar el comunismo. Uno de los mejores camaradas
entre los comunistas polacos, cuando yo le dije: "Vosotros procederéis de
otra manera", me respondió: "No, nosotros haremos lo mismo que
vosotros, pero lo haremos mejor que vosotros". Contra tal argumento no he
tenido absolutamente nada que objetar. Hay que concederles la posibilidad de cumplir
este modesto deseo: instaurar el Poder soviético mejor que en nuestro país. No
es posible dejar de tener en cuenta que allí el camino que debe seguirse tiene
algunas peculiaridades, y no se puede exclamar: "¡Abajo el derecho de las
naciones a la autodeterminación! Concedemos el derecho a la autodeterminación
únicamente a las masas trabajadoras". Esta autodeterminación sigue una vía
muy complicada y difícil. No existe en ninguna parte, excepción hecha de Rusia,
y, previendo todas las fases de su desarrollo en otros países, no se debe
decretar nada desde Moscú. He ahí por qué esta propuesta es inaceptable desde
el punto de vista de los principios.
Paso a los otros puntos,
que, conforme al plan trazado, debo tratar. He planteado en primer plano la
cuestión de los pequeños propietarios y
los campesinos medios. A este respecto, el apartado 47 dice:
"Con relación a los
campesinos medios, la política del PC de Rusia consiste en incorporarlos de una
manera paulatina y metódica a la construcción socialista. El partido se plantea
la tarea de apartarlos de los kulaks, de atraerlos al lado de la clase obrera
mediante una solicita preocupación por sus necesidades, luchando contra su
atraso con medidas de influencia ideológica y nunca con medidas represivas,
tratando, en todos los casos en que sean afectados sus intereses vitales, de
concertar acuerdos prácticos con ellos, haciéndoles concesiones cuando se trate
de determinar los métodos para llevar a cabo las transformaciones
socialistas".
A mi parecer, aquí
formulamos lo que los fundadores del socialismo afirmaron en reiteradas
ocasiones con respecto a los campesinos medios. El único defecto de que adolece
este punto es el de ser poco concreto. Es difícil que pudiéramos decir más en
un programa. Pero en el
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
congreso no cabe plantear únicamente cuestiones programáticas,
debemos conceder al problema de los campesinos medios una atención redoblada,
decuplicada. Obran en nuestro poder datos, según los cuales aparece claro que
los levantamientos que se han producido en algunas zonas obedecen a un plan de conjunto, ligado
evidentemente con el plan militar de los guardias blancos, que han fijado para
marzo la ofensiva general y la organización de una serie de insurrecciones. La
presidencia del congreso tiene un proyecto de manifiesto en nombre del mismo
que será sometido a vuestro examen. Estos levantamientos muestran con claridad
meridiana que los eseristas de izquierda y una parte de los mencheviques —en
Briansk fueron los mencheviques quienes trabajaron en la organización del
levantamiento— desempeñan el papel de agentes directos de los guardias blancos.
Ofensiva general de los guardias blancos, levantamientos en el campo,
interrupción del tráfico ferroviario: ¿no se conseguirá, aunque sea de este
modo, derribar a los bolcheviques? Aquí es donde aparece con particular
relieve, y como cuestión apremiante y vital en sumo grado, el papel de los
campesinos medios. En el congreso no sólo debemos subrayar de un modo especial
nuestra disposición a hacer concesiones a los campesinos medios, sino, además,
acordar una serie de medidas, lo más concretas posible, que otorguen, cuando
menos, algunas ventajas directas a los campesinos medios. Lo exigen
imperiosamente tanto los intereses de nuestra propia conservación como los intereses
de la lucha contra todos nuestros enemigos, que saben que el campesino medio
vacila entre nosotros y ellos y que tratan de apartarlo de nosotros. Hoy,
nuestra situación es tal que contamos con reservas inmensas. Sabemos que tanto
la revolución polaca como la húngara maduran con gran rapidez. Estas
revoluciones nos darán reservas proletarias, aliviarán nuestra situación y
fortalecerán de manera inconmensurable nuestra base proletaria, que en nuestro
país es débil. Esto puede ocurrir en los próximos meses, pero no sabemos
exactamente cuándo ocurrirá. No ignoráis que ha llegado un momento peliagudo,
razón por la cual el problema de los campesinos medios adquiere una importancia
práctica inmensa.
140
Quisiera detenerme ahora en
el tema de las cooperativas, apartado
48 de nuestro programa. Hasta cierto punto, este apartado ha envejecido. Cuando
lo redactamos en la comisión, existían en el país las cooperativas, mas no
había comunas de consumidores; pero unos días después fue decretada la fusión
de todos los tipos de cooperativas en una comuna de consumo única. No sé si
este decreto121 fue dado a la publicidad ni si la
mayoría de los presentes lo conoce. Si no es así, mañana o pasado mañana será
publicado. En este sentido, el apartado en cuestión ha envejecido ya, pero, sin
embargo, opino que es necesario, puesto que todos saben de sobra que entre los
decretos y su aplicación hay un gran trecho. El asunto de las cooperativas nos
preocupa ya desde el mes de abril de 1918; y, si bien hemos obtenido éxitos
notables, no son todavía decisivos. El agrupamiento de la población en
cooperativas ha alcanzado tales proporciones que llega a abarcar en muchos
distritos al 98N de los vecinos de los pueblos. Pero estas cooperativas, que
existían en la sociedad capitalista, están impregnadas por completo del
espíritu de la sociedad burguesa, y su dirección se halla en manos de
mencheviques y eseristas, de especialistas burgueses. Aún no hemos sido capaces
de someterlas a nuestra influencia, y en este aspecto el problema está sin
resolver. Nuestro decreto marca un paso adelante en el sentido de la creación
de las comunas de consumo; prescribe para toda Rusia la fusión de los
diferentes tipos de cooperativas. Pero incluso este decreto, aun cuando
logremos aplicarlo en su integridad, mantendría en el seno de la futura comuna
de consumo la sección autónoma de las cooperativas obreras, porque los
representantes de las cooperativas obreras que conocen prácticamente este
asunto nos han asegurado y demostrado que estas cooperativas, como organización
más desarrollada, deben seguir subsistiendo, ya que su obra es imprescindible.
En el partido hemos tenido no pocas divergencias y discusiones a propósito de
las cooperativas; ha habido roces entre los
![]()
121 El Decreto
sobre las comunas de consumo fue aprobado por el Consejo de Comisarios del
Pueblo el 16 de marzo de 1919 y publicado el 20 de marzo de 1919 en el
periódico Izvestia del CEC de toda Rusia.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
bolcheviques que trabajan en
las cooperativas y los que trabajan en los Soviets. Desde el punto de vista de
los principios, yo creo que esta cuestión debe ser resuelta, sin duda alguna,
en el sentido de que este mecanismo, el único que el capitalismo había
preparado en las masas, el único que mantiene su actividad entre las masas
campesinas, las que permanecen aún en la fase del capitalismo primitivo, debe
ser conservado a toda costa, debe ser desarrollado y, en todo caso, no debe ser
desechado. La tarea es difícil, porque en la mayoría de los casos las
cooperativas están dirigidas por especialistas burgueses que resultan ser muy a
menudo verdaderos guardias blancos. Esto explica el odio que se les tiene, odio
legítimo, y explica la lucha entablada contra ellos. Pero esta lucha hay que
llevarla, naturalmente, con habilidad: hay
que poner coto a las tentativas contrarrevolucionarias de los cooperadores,
pero la lucha no debe ir dirigida contra el mecanismo cooperativista.
Debemos someter este mecanismo a
nuestra influencia, eliminando a esos cooperadores contrarrevolucionarios. Aquí
el problema es idéntico al de los especialistas burgueses, que es otra cuestión
a la que deseo referirme.
El problema de los especialistas burgueses origina no
pocos roces y discrepancias. Entre las preguntas que me hicieron por escrito
durante el discurso que pronuncié hace poco en el Soviet de Petrogrado, varias
se referían a los sueldos. Se me preguntaba: ¿Es posible, acaso, en una
República socialista pagar sueldos hasta de 3.000 rublos? En realidad, hemos
incluido esta cuestión en el programa porque el descontento que ha originado ha
ido bastante lejos. El problema de los especialistas burgueses está planteado
en el ejército, en la industria, en las cooperativas, en todas partes. Es un
problema muy importante en el período de transición del capitalismo al
comunismo. Podremos construir el comunismo únicamente cuando, mediante los
recursos que nos brindan la ciencia y la técnica burguesas, lo hagamos más
accesible a las masas. No existe otra manera de construir la sociedad
comunista. Y para construirla de esta manera hay que adoptar el mecanismo
creado por la burguesía, incorporar al trabajo a todos estos especialistas. En
el programa hemos desarrollado expresamente esta cuestión en forma detallada,
con el fin de que se resuelva de un modo radical. Conocemos perfectamente lo
que significa el atraso cultural de Rusia y qué es lo que esta incultura hace
con el Poder soviético, que, en principio, ha creado una democracia proletaria
incomparablemente más elevada, que ha dado un modelo de esta democracia para
todo el mundo; sabemos cómo esta incultura menoscaba el Poder soviético y
reproduce la burocracia. De palabra, la administración soviética es accesible a
todos los trabajadores; pero en la práctica, como todos sabemos, dista mucho de
serlo. Y no porque lo impidan las leyes, como ocurría bajo el régimen burgués;
por el contrario, nuestras leyes lo favorecen, pero las leyes solas no bastan.
Es precisa una ingente labor educativa, cultural y de organización, que no
puede hacerse por medio de la ley, con rapidez, sino que exige un esfuerzo
inmenso y prolongado. Este congreso debe resolver con entera precisión el problema
de los especialistas burgueses. Y esta solución permitirá a los camaradas, que,
indudablemente, están pendientes de los trabajos del congreso, apoyarse en su
autoridad y ver qué dificultades encontramos en el camino. Ayudará a los
camaradas, que tropiezan a cada paso con este problema, a tomar parte, cuando
menos, en el trabajo de propaganda.
141
Los camaradas que
representaban a los espartaquistas en el congreso, aquí en Moscú, nos han
contado que en la Alemania occidental, donde está más desarrollada la
industria, donde es mayor la influencia de los espartaquistas entre los
obreros, aunque los espartaquistas no han triunfado aún allí, los ingenieros y
directores de muchísimas de las empresas más importantes se acercaban a éstos y
les decían: "Estaremos con vosotros". En nuestro país no ha habido
tal cosa. Es evidente que el nivel cultural más elevado de los obreros, una
mayor proletarización del personal técnico y posiblemente toda una serie de
otras causas que no conocemos hayan creado allí relaciones algo diferentes de
las nuestras.
En todo caso, esto es uno de los mayores obstáculos que se
oponen a nuestro avance.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
Necesitamos ahora mismo, sin esperar la ayuda de los demás
países, sin demoras, urgentemente, elevar las fuerzas productivas. Y no lo
podemos hacer sin recurrir a los especialistas burgueses. Hay que decido de una
vez para siempre. Es claro que la mayoría de estos especialistas está
impregnada hasta la médula de concepciones burguesas. Es preciso rodearlos de
una atmósfera de colaboración amistosa, de comisarios obreros, de células
comunistas; es preciso colocarlos en una situación en la que no puedan eludir
el control, pero hay que darles la posibilidad de trabajar en mejores
condiciones que bajo el capitalismo, puesto que este sector social, educado por
la burguesía, no trabajara en otras condiciones. No es posible hacer trabajar a
la fuerza a todo un sector social; lo hemos experimentado bien en la práctica.
Es posible impedirles que participen activamente en la contrarrevolución,
intimidados de manera que no se atrevan a prestar oídos a los llamamientos de
los guardias blancos. En este sentido los bolcheviques obramos con energía.
Podemos hacerlo y lo hacemos en el grado debido. Todos hemos aprendido a
hacerlo. Pero no es posible obligar por este procedimiento a trabajar a todo un
sector de la población. Estas gentes están habituadas a un trabajo de difusión
de la cultura; la han impulsado en el marco del régimen burgués, es decir, han
enriquecido a la burguesía con inmensas adquisiciones materiales, mientras que
al proletariado la han llevado en proporciones insignificantes; no obstante,
han impulsado la cultura, ya que ésta es su profesión. Y a medida que observan
que la clase obrera destaca de su seno sectores organizados y avanzados que no
sólo aprecian la cultura, sino que también contribuyen a hacerla extensiva a
las masas, cambian de actitud con nosotros. Cuando un médico ve que en la lucha
contra las epidemias el proletariado despierta la iniciativa de los
trabajadores, adopta con nosotros una actitud totalmente diferente. En nuestro
país existen numerosos médicos, ingenieros, agrónomos y cooperadores de
formación burguesa, y cuando vean en la práctica que el proletariado incorpora
a esta obra a masas cada vez mayores, serán vencidos moralmente, y no sólo separados de la burguesía en el terreno
político. Nuestra tarea será entonces más fácil. Entonces ellos mismos se
incorporarán a nuestro mecanismo y se convertirán en una parte del mismo. Para
eso es preciso hacer algunos sacrificios. Gastar en eso aunque sean dos mil
millones de rublos es una bagatela. Sería pueril temer este sacrificio, pues
significaría no comprender las tareas que tenemos planteadas.
La desorganización del
transporte, la desorganización de la industria y de la agricultura minan la
existencia misma de la República Soviética. En este terreno debernos adoptar
las medidas más enérgicas, que pongan en la máxima tensión todas las fuerzas del
país. No debemos seguir respecto a los especialistas una política de
fastidiarlos por pequeñas faltas. Estos especialistas no son lacayos de los
explotadores, son hombres cultos que, en la sociedad burguesa, servían a la
burguesía y de ellos decían los socialistas de todo el mundo que en la sociedad
proletaria nos servirían a nosotros.
En este periodo de transición debemos facilitarles, dentro de lo posible, las
mejores condiciones de existencia. Esta será la política más acertada, la
manera más económica de administrar. De lo contrario, por haber economizado
algunos centenares de millones de rublos, podemos perder tanto que no
recuperaremos lo perdido ni con miles de millones.
Durante una conversación
sobre los sueldos, el Comisario del Pueblo del Trabajo, camarada Shmidt, nos
señalaba los hechos siguientes. En la nivelación de los sueldos, decía, hemos
hecho lo que en ninguna parte ha hecho ni ha podido hacer durante decenas de
años ningún país burgués. Veamos los sueldos de antes de la guerra: el peón
cobraba un rublo por día, o sea, 25 rublos al mes, mientras que el especialista
cobraba 500 rublos al mes, sin hablar ya de quienes recibían centenares de
miles de rublos. El especialista percibía veinte veces más que el obrero. En
nuestra escala actual, los sueldos oscilan entre 600 y 3.000 rublos, de forma
que la diferencia es sólo del quíntuplo. Hemos hecho mucho en el terreno de la
nivelación. Es cierto que a los especialistas les pagamos hoy algo de más, pero
pagarles de más por sus provechosas enseñanzas no sólo merece la pena, sino que
es una obligación y una necesidad
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
desde el punto de vista
teórico. A mi entender, el programa expone en una forma bastante detallada esta
cuestión. Es necesario hacer gran hincapié en ella. Hay que resolverla aquí, y
no sólo como cuestión de principio, sino hacer las cosas de manera que todos
los congresistas, una vez estén en sus localidades, logren con sus informes
ante las organizaciones, así como con toda su actividad, que esto se lleve a la
práctica.
142
Hemos conseguido ya que
entre la intelectualidad vacilante se produzca un viraje muy considerable. Si
ayer hablábamos de legalizar los partidos pequeñoburgueses, y hoy encarcelamos
a los mencheviques y eseristas, eso quiere decir que procedemos en estas oscilaciones
conforme a un sistema perfectamente determinado. A través de estas
oscilaciones, la línea es siempre una y de lo más inflexible: liquidar la contrarrevolución y utilizar el
aparato cultural burgués. Los mencheviques son los peores enemigos del socialismo, porque se visten con ropaje
proletario, siendo un sector no proletario. En este sector sólo existe una
delgada capa en la superficie que pertenece al proletariado, mientras que el
sector mismo está compuesto de pequeños intelectuales. Este sector se está
pasando a nuestro lado. Lo incorporaremos en su totalidad, como sector social.
Cada vez que vienen a nosotros, les decirnos: "Bienvenidos". En cada
una de estas oscilaciones, parte de ellos se adhiere a nosotros. Eso les pasó a
los mencheviques, a los partidarios de Nóvaya
Zhizn122 y a los eseristas, y esto mismo les
pasará a todos estos elementos vacilantes, que aún obstaculizarán largo tiempo
nuestros pasos, lloriquearán y se pasarán de un campo a otro; con ellos no se
puede hacer nada. Pero nosotros, a través de todas estas vacilaciones,
conseguiremos que los sectores de intelectuales cultos engrosen las filas de
los colaboradores soviéticos y prescindiremos de los elementos que continúen
apoyando a los guardias blancos.
Otro de los problemas que,
según el reparto convenido de temas, me incumbe tratar, es el de la burocracia y el de la incorporación de las grandes masas a la
labor de los Soviets. Hace tiempo
que se oyen quejas, indudablemente fundadas, contra la burocracia. Y hemos
hecho en la lucha contra ella lo que ningún otro Estado. Hemos extirpado de
raíz el cuerpo administrativo, esencialmente burocrático y de opresión
burguesa, cuerpo que sigue siendo así incluso en las repúblicas burguesas más
libres. Tomemos, por ejemplo, los órganos de la justicia. Aquí, por cierto, la
tarea era más fácil: no había que crear un nuevo cuerpo, ya que todos pueden
ejercer esta función, apoyándose en el concepto de justicia revolucionaria de
las clases trabajadoras. Nos falta mucho todavía para coronar la obra, pero en
toda una serie de aspectos hemos transformado la justicia en lo que debe ser.
Hemos creado órganos judiciales cuyas funciones pueden ser ejercidas no sólo
por todos los hombres sin excepción, sino incluso por todas las mujeres, las
cuales constituyen el elemento de la población que se encuentra en estado de
máximo atraso y estancamiento.
Los funcionarios de otras
ramas de la administración tienen más apego a la rutina burocrática. Aquí la
tarea es más ardua. No podemos prescindir de este personal, puesto que todas
las ramas de la administración tienen necesidad de él. Aquí sufrimos las consecuencias
de que Rusia fuese un país de insuficiente desarrollo capitalista. Es probable
que en Alemania esto sea más fácil, porque su burocracia ha cursado una mejor
escuela, en la que se exprime todo el jugo, pero donde se obliga a trabajar y
no a calentar los asientos, como sucede en nuestras oficinas. Hemos disuelto a
este personal burocrático anticuado, lo hemos removido y luego hemos comenzado
a colocar en otros puestos a quienes lo integraban. Los burócratas zaristas han
comenzado a pasar a las oficinas de los órganos soviéticos, en los que
introducen sus hábitos burocráticos, se encubren con el disfraz de comunistas
y, para asegurar un mayor
![]()
122 Los de Nóvaya Zhizn:
mencheviques internacionalistas agrupados en torno al periódico Nóvaya Zhizn.
"Nóvaya Zhizn" ("Vida Nueva"): diario que se publicó
en Petrogrado desde el 18 de abril (1 de mayo) de 1917 hasta julio de 1918. Los
iniciadores de la publicación del periódico fueron los mencheviques
internacionalistas. Recibió de uñas la Revolución Socialista de Octubre y el
establecimiento del Poder soviético
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
éxito en su carrera, se
procuran carnets del PC de Rusia. ¡De modo que después de ser echarlos por la
puerta, se meten por la ventana! Aquí es donde se deja sentir más la escasez de
elementos cultos. A estos burócratas podríamos dejarlos cesantes, pero no es
posible reeducarlos de golpe y porrazo. Lo que aquí se nos plantea, ante todo,
son problemas de organización, problemas de tipo cultural y educativo.
Sólo cuando toda la
población participe en la administración del país se podrá luchar hasta el fin
contra la burocracia y vencerla totalmente. En las repúblicas burguesas no sólo
es imposible hacerlo: la ley misma lo
impide. Las mejores repúblicas burguesas, por más democráticas que sean,
impiden mediante innumerables trabas legislativas la participación de los
trabajadores en la administración. Hemos hecho todo lo necesario por suprimir
estas trabas, pero hasta hoy no hemos podido lograr que las masas trabajadoras
puedan participar en la administración: además de las leyes, existe el problema
del nivel cultural, que no puede ser sometido a ninguna ley. Este bajo nivel
cultural hace que los Soviets, siendo por su programa órganos de administración
ejercida por los trabajadores, sean
en la práctica órganos de administración para
los trabajadores ejercida por el sector avanzado del proletariado, y no por
las masas trabajadoras.
143
En este aspecto tenemos
planteada una tarea que no puede ser llevada a cabo más que con un largo
trabajo de educación. En el presente, esta tarea ofrece para nosotros
dificultades inmensas, porque, como ya he tenido ocasión de señalar más de una
vez, el sector de obreros que gobiernan es excesivamente, increíblemente escaso. Debemos obtener refuerzos. Según
todos los indicios, estas reservas aumentan en el interior del país. La inmensa
sed de conocimientos y el magno éxito en el terreno de la instrucción, conseguido
las más de las veces por vía extraescolar, es un adelanto gigantesco e
indudable en la instrucción de las masas trabajadoras. Estos éxitos no encajan
en ningún marco escolar, pero son prodigiosos. Todos los síntomas nos hacen
creer que en un futuro próximo podremos disponer de una reserva inmensa que
vendrá a remplazar a los representantes de este pequeño sector del
proletariado, exhausto de tanto trabajar. Pero, como quiera que sea, en los
momentos actuales nuestra situación es a este respecto muy difícil. La
burocracia ha sido vencida. Los explotadores han sido eliminados. Pero el nivel
cultural no se ha elevado, razón por la cual los burócratas ocupan sus antiguos
puestos. Se les puede hacer perder terreno únicamente mediante la organización
del proletariado y de los campesinos a una escala considerablemente mayor que
hasta ahora, a la par con la aplicación efectiva de medidas tendentes a
incorporar a los obreros a la administración pública. Conocéis estas medidas en
lo que se refiere a cada Comisariado del Pueblo, y no me detendré en
pormenores.
El último punto que me resta
por examinar es el que respecta al papel
dirigente del proletariado y a la privación del derecho electoral. Nuestra
Constitución reconoce la preeminencia
del proletariado sobre los campesinos y priva del derecho electoral a los
explotadores, preciso punto contra el que más han dirigido sus ataques los
demócratas puros de Europa Occidental. Nosotros les hemos respondido y les
respondemos que se han olvidado de las tesis más fundamentales del marxismo, de
que lo que ellos tienen es la democracia burguesa, mientras que nosotros hemos
pasado a la democracia proletaria. No
hay en el mundo un solo país que haya hecho tan siquiera la décima parte de lo
que ha hecho la República Soviética en los pasados meses para incorporar a los
obreros y campesinos pobres a la gestión pública. Esto es una verdad absoluta.
Nadie podrá negar que para la verdadera democracia, y no para la ficticia, para
incorporar a los obreros y campesinos a la vida pública hemos hecho lo que no
han hecho ni pudieron hacer en centenares de años las mejores repúblicas
democráticas. Esto ha determinado la importancia de los Soviets; gracias a
ello, los Soviets se han convertido en una consigna del proletariado de todos
los países.
Pero eso no nos libra en lo más mínimo
del obstáculo que supone la escasa cultura de las masas.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
En modo alguno interpretamos la privación de los derechos
electorales a la burguesía desde un punto de vista absoluto, porque es
perfectamente admisible en el terreno teórico que la dictadura del proletariado
irá aplastando a la burguesía a cada paso, sin privarla, no obstante, de los
derechos electorales. Desde el punto de vista teórico, esto se concibe
plenamente, y de ahí que tampoco propongamos nuestra Constitución como un
modelo para otros países. Decimos únicamente que quien concibe la transición al
socialismo sin el aplastamiento de la burguesía no es socialista. Pero si es
indispensable aplastar a la burguesía como clase, no es imprescindible privarla
de los derechos electorales ni de la igualdad. No queremos la libertad para la
burguesía, no reconocemos la igualdad entre explotadores y explotados, pero
interpretamos en el programa esta cuestión de manera que la Constitución no
prescribe en absoluto medidas como la desigualdad entre obreros y campesinos.
La Constitución las ha consignado después
de haber sido aplicadas en la práctica. Ni siquiera han sido los bolcheviques
quienes han redactado la Constitución soviética; la redactaron los mencheviques
y eseristas contra sí mismos antes de la revolución bolchevique. Y la
redactaron tal y como lo dictaba la vida misma. La organización del
proletariado se ha llevado a cabo a ritmo mucho más rápido que la organización
de los campesinos, lo que ha hecho de los obreros el puntal de la revolución y
les ha dado en la práctica una ventaja. La tarea siguiente consiste en ir
pasando poco a poco a la nivelación de estas ventajas. Nadie, ni antes de la
Revolución de Octubre, ni después de ella, ha expulsado a la burguesía de los
Soviets. Los ha abandonado ella misma.
Así están las cosas en
cuanto a los derechos electorales de la burguesía. Nuestra tarea consiste en
plantear este problema con toda claridad. En modo alguno nos disculpamos por
nuestra conducta; lo que hacemos es presentar los hechos tales y como son. Como
hemos señalado, nuestra Constitución se vio obligada a consignar esta
desigualdad, porque el nivel cultural es bajo, porque nuestra organización es
débil. Pero no hacemos de esto un ideal, sino que, por el contrario, el partido
se compromete en su programa a desplegar una labor metódica para suprimir esta
desigualdad entre el proletariado más organizado y los campesinos, desigualdad
que suprimiremos tan pronto como logremos elevar el nivel cultural. Entonces
podremos prescindir de estas restricciones. Al cabo de diecisiete meses nada
más de revolución, estas restricciones tienen en la práctica muy escasa
importancia.
Estos son, camaradas, los
puntos esenciales a los que he considerado necesario referirme en la discusión
general del programa, para dejar que se sigan debatiendo en las deliberaciones
del congreso. (Aplausos.)
4. Discurso
de resumen de la discusión en torno al informe sobre el programa del Partido,
19 de marzo.
144
(Aplausos.) Camaradas: No he podido repartir con tanto detenimiento
esta parte de la cuestión con el camarada Bujarin, aconsejándonos previamente,
como hicimos respecto al informe. Tal vez no haya habido siquiera necesidad de
ello. Creo que los debates que se han desplegado aquí han mostrado
principalmente una cosa; que no hay ninguna contrapropuesta definida y
coherente. Se ha hablado mucho de partes sueltas, sin conexión, mas no ha
habido ninguna contrapropuesta. Me detendré en las principales objeciones que
se han hecho, ante todo, a la parte preliminar. El camarada Bujarin me ha dicho
que él está con quienes defienden la idea de que se puede unir en el preámbulo
la caracterización del capitalismo y la del imperialismo en un todo coherente,
pero que, a falta de eso, tendremos que aceptar el proyecto existente.
Muchos oradores han
manifestado el punto de vista —sobre todo, y con particular energía, el
camarada Podbelski— de que, tal como se os ha presentado, el proyecto es
erróneo. Las pruebas que el camarada Podbelski ha expuesto son extrañas en sumo
grado. Algo así como
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
que, por ejemplo, en el
primer apartado, la revolución ha sido denominada revolución de tal fecha. No
sé por qué causa, eso ha producido al camarada Podbelski la impresión de que la
revolución tiene hasta su número. Puedo decir que en el Consejo de Comisarios
del Pueblo manejamos muchos papeles numerados y nos cansamos de eso a menudo,
mas ¿para qué traer aquí también esa impresión? En efecto, ¿qué tiene que ver
aquí el número? Nosotros fijamos la fecha de la fiesta y la conmemoramos. ¿Cómo
se puede negar que el poder se tomo precisamente el 25 de octubre? Si tratáis
de modificar eso de algún modo, resultará artificioso. Si denomináis de
Octubre-Noviembre a la revolución, se dará con ello la posibilidad de decir que
la obra no se hizo en un día. Es claro que transcurrió durante un período más
prolongado, no a lo largo del mes de octubre, ni del de noviembre, ni de un año
siquiera. El camarada Podbelski ha impugnado que en un apartado se habla de la
revolución social venidera. Y tomando
eso como base, ha pintado el programa casi como un atentado contra la
"honra de su majestad" la revolución social. ¡Estamos en plena
revolución social y nos hablan de ella en futuro! Semejante argumento carece de
consistencia a todas luces, pues en nuestro programa se trata de la revolución
social a escala de todo el mundo.
Se nos dice que abordamos la
revolución desde el punto de vista económico. ¿Hace o no hace falta eso?
Numerosos camaradas, aquí presentes, que se dejan llevar por la pasión, han
llegado a hablar del consejo de economía mundial y del supeditamiento de todos
los partidos comunistas nacionales al Comité Central del PC de Rusia. Al
camarada Piatakov le ha faltado poco para decirlo. (Piatakov, desde su sitio: "¿Acaso cree usted que estaría
mal?") Si él hace ahora la observación de que no estaría mal, debo responderle
que si en el programa hubiera algo por el estilo, no haría falta criticarlo:
los autores de semejante propuesta se pondrían ellos mismos fuera de combate.
Estos camaradas que se dejan llevar por la pasión no han tenido en cuenta que
en el programa debemos partir de lo que existe. Un camarada de esos que criticó
muy enérgico el programa, diciendo que era pobre, etc., uno de esos camaradas
que se dejan llevar por la pasión, me parece que fue Sunitsa, declaró que no
puede estar conforme con que debe haber lo que existe, y propone que debe haber
lo que no existe. (Risas.) Creo que,
por la evidencia del error, este planteamiento de la cuestión hace reír con
pleno fundamento. Yo no he dicho que deba haber sólo lo que existe. He dicho
que debemos partir de lo absolutamente
comprobado. Debemos decir y demostrar a los proletarios y campesinos trabajadores que la
revolución comunista es inevitable. ¿Ha dicho aquí alguien que no hace falta
exponer eso? Si alguien probara a hacer semejante propuesta, le demostrarían
que eso no es así. Nadie ha dicho ni dirá nada parecido, pues no suscita duda
el hecho de que nuestro partido ha alcanzado el poder con el apoyo no sólo del
proletariado comunista, sino de todos los campesinos. ¿Es que nos vamos a
limitar a decir a todas estas masas que vienen ahora con nosotros: "La
misión del partido es sólo llevar a cabo la edificación socialista. La
revolución comunista está hecha, realizad el comunismo"? Semejante punto
de vista es inconsistente de raíz, es erróneo en teoría. Nuestro partido se ha
engrosado directamente, y aún más, indirectamente, con millones de personas que
están aprendiendo ahora qué es lucha de clase y qué es transición del
capitalismo al comunismo.
Ahora puede afirmarse —y,
naturalmente, no habrá ninguna exageración en ello— que en ningún sitio, en
ningún otro país se interesó tanto la población trabajadora por la
transformación del capitalismo en socialismo como hoy en el nuestro. En nuestro
país se piensa en eso mucho más que en cualquier otro. ¿Es que el partido no
debe dar respuesta a esta cuestión? Debemos mostrar científicamente cómo
transcurrirá esa revolución comunista. A este respecto las demás propuestas
quedan en medias tintas. Nadie ha querido tachar eso por completo. Se ha
hablado con ambigüedad: tal vez se pueda reducir, no citar el viejo programa,
porque es erróneo. Pero, si fuera erróneo, ¿cómo habríamos podido partir de él
durante tantos años en nuestro trabajo? Tal vez tengamos un programa común
cuando se constituya la República Soviética mundial, pero hasta entonces aún
escribiremos seguramente varios programas. Y escribirlos ahora, cuando existe
sólo una República
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
Soviética en el lugar del
viejo Imperio ruso, sería prematuro. Ni siquiera Finlandia, que va sin duda
hacia la República Soviética, la ha llevado aún a cabo, ni siquiera Finlandia,
que se distingue de todos los demás pueblos que habitaban el viejo Imperio ruso
por tener mayor cultura. De manera que pretender ahora dar en el programa la
expresión de un proceso acabado sería un error grandísimo. Eso parecería lo
mismo que si incluyéramos en nuestro programa el consejo de economía mundial.
Dicho sea de paso, nosotros mismos aún no nos hemos acostumbrado a este
monstruoso vocablo de conecón
(consejo de economía), y los extranjeros, según se dice, buscan a veces en las
guías para ver si hay tal estación. (Risas.)
No podemos decretar a todo el mundo palabras como ésa.
145
Para que nuestro programa sea internacional, debe tener en
cuenta los aspectos clasistas típicos, desde el punto de vista económico, de
todos los países. Es típico de todos los países que el capitalismo aún se
desarrolla en muchísimos lugares. Eso es cierto para toda Asia, para todos los
países que pasan a la democracia burguesa, es cierto también para toda una
serie de sitios de Rusia. El camarada Rykov, que conoce muy bien los hechos en
la esfera de la economía, nos ha hablado de la nueva burguesía existente en
nuestro país. Eso es verdad. No sólo nace de nuestros empleados soviéticos
—puede nacer asimismo de ellos en número insignificante —, sino de los
campesinos y los artesanos libres del yugo de los bancos capitalistas y
desconectados ahora del transporte ferroviario. Eso es un hecho. ¿De qué modo
queréis darlo de lado? Con eso no hacéis sino alimentar vuestras ilusiones o
llevar a la realidad, que es mucho más complicada, un librito poco meditado.
Esa realidad nos demuestra que incluso en Rusia vive, actúa y se desarrolla la
economía mercantil capitalista, que engendra burguesía lo mismo que en
cualquier sociedad capitalista.
El camarada Rykov ha dicho: "Luchamos contra la burguesía
que nace en nuestro país porque la economía campesina aún no ha desaparecido, y
esta economía engendra burguesía y capitalismo". Carecemos de datos
exactos de esto, pero no hay duda de que sucede. La República Soviética es la
única que existe por ahora en el mundo en los límites del viejo Imperio ruso.
Crece y se desarrolla en una serie de países, pero aún no existe en ningún
otro. Por eso, pretender en nuestro programa a lo que aún no hemos visto es una
fantasía, es querer escapar de una realidad desagradable que nos muestra que
los dolores del parto de la república socialista en otros países serán
indudablemente mucho mayores que los que hemos sufrido nosotros. A nosotros nos
ha sido fácil porque legalizamos el 26 de octubre de 1917 lo que exigían los
campesinos en las resoluciones de los eseristas. Eso no sucede en ningún otro
país. El camarada suizo y el camarada alemán han dicho que los campesinos se
armaron contra los huelguistas en Suiza como nunca, y que en el campo alemán no
se nota vientecillo libre alguno en el sentido del surgimiento de Soviets de
obreros agrícolas y pequeños campesinos. En Rusia, tras los primeros meses de
revolución, los Soviets de diputados campesinos se extendieron a casi todo el
país. Nosotros, un país atrasado, los hemos creado. Aquí se plantea un problema
gigantesco que los pueblos capitalistas aún no han resuelto. ¿Y qué nación
capitalista ejemplar hemos sido nosotros? Hasta 1917 aún teníamos
supervivencias del régimen de la servidumbre. Pero ninguna nación de estructura
capitalista ha mostrado aún cómo se resuelve esta cuestión en la práctica.
Nosotros conquistamos el poder en condiciones excepcionales, cuando la opresión
del zarismo obligó a realizar con gran ímpetu una transformación radical y
rápida, y, en esas condiciones excepcionales, supimos apoyarnos durante varios
meses en el conjunto de todos los campesinos. Este es un hecho histórico. Nos
mantuvimos como poder no menos que hasta el verano de 1918, hasta la formación
de los comités de campesinos pobres, porque nos apoyamos en el conjunto de
todos los campesinos. En ningún país capitalista es posible eso. Este hecho
económico fundamental es el que olvidáis cuando habláis de rehacer radicalmente
todo el programa. Sin eso, vuestro programa no descansará sobre cimientos
científicos.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
Estamos obligados a partir
de la tesis marxista, por todos admitida, de que el programa debe erigirse
sobre cimientos científicos. Debe explicar a las masas cómo surgió la
revolución comunista, por qué es inevitable, cuál es su importancia, su esencia
y su fuerza, qué problemas debe resolver. Nuestro programa debe ser un
prontuario para la agitación, un prontuario como fueron todos los programas,
como fue, por ejemplo, el Programa de Erfurt123.
Cada apartado de este programa contenía centenares de miles de discursos y
artículos de agitadores. Cada apartado de nuestro programa es lo que debe
saber, aprender y entender todo trabajador. Si no entiende qué es el
capitalismo, que los pequeños campesinos y las industrias de oficio engendran
inevitable y obligatoriamente ese capitalismo sin cesar; si no comprende eso,
aunque se declare cien veces comunista y figure como comunista de lo más
radical, ese comunismo no valdrá nada. Nosotros apreciamos el comunismo sólo
cuando tiene argumentación económica.
La revolución socialista
modificará muchísimas cosas incluso en algunos países adelantados. El modo de
producción capitalista signo existiendo en todo el mundo, conservando a menudo
sus formas menos desarrolladas, a pesar de que el imperialismo ha reunido y
concentrado el capital financiero. En ningún país, ni siquiera en el más
desarrollado, se puede encontrar el capitalismo exclusivamente en su forma más
perfecta. No hay nada parecido ni siquiera en Alemania. Cuando nosotros
reuníamos datos relativos a nuestras tareas concretas, el camarada gerente del
Buró Central de Estadística me participó que, en Alemania, el campesino alemán había ocultado a los órganos de abastos
el 40N de sus excedentes de patata.
146
En un Estado capitalista, en el que el capitalismo se encuentra
en pleno desarrollo, siguen existiendo pequeñas haciendas campesinas con
pequeña venta libre, con pequeña especulación. Tales hechos no se pueden
olvidar. ¿Habrá muchos entre los trescientos mil miembros del partido aquí
representados que entiendan bien esta cuestión? Sería ridícula presunción creer
que, como nosotros, que hemos tenido la dicha de escribir el proyecto, sabemos
todo eso, la masa de comunistas también lo ha comprendido. Sí, las masas
necesitan estas primeras letras, las necesitan cien veces más que nosotros,
pues no podrán construir el comunismo quienes no hayan aprendido, quienes no
hayan llegado a comprender qué es el comunismo y qué la economía mercantil.
Tropezamos cada día con estos hechos de pequeña economía mercantil en toda
cuestión de política práctica, agraria, de abastecimiento o relativa al Consejo
Supremo de Economía Nacional. ¡Y se nos dice que de eso no se debe hablar en el
programa! Si obráramos así demostraríamos únicamente que no sabemos resolver
esta cuestión, que el éxito de la revolución en nuestro país se explica por
unas condiciones excepcionales.
A nuestro país vienen
camaradas de Alemania para aprender las formas del régimen socialista. Y
debemos proceder de manera que demostremos a los camaradas extranjeros nuestro
vigor, a fin de que vean que en nuestra revolución no nos apartamos un ápice de
la realidad, a fin de ofrecerles datos que serán irrefutables para ellos. Sería
ridículo presentar nuestra revolución como un ideal para todos los países,
imaginarse que ha hecho toda una serie de geniales descubrimientos e
introducido un montón de innovaciones socialistas. No
![]()
123 El Programa
de Erfurt del Partido Socialdemócrata Alemán fue aprobado en el Congreso de
Erfurt, que se celebró en octubre de 1891. Se basaba en la doctrina marxista
sobre la inevitabilidad del hundimiento del modo de producción capitalista y la
sustitución de éste por el modo de producción socialista; se recalcaba en él la
necesidad de que la clase obrera desplegara la lucha política e indicaba el
papel del partido como dirigente de esta lucha, etc.; pero en él se hacían
también serias concesiones al oportunismo. F. Engels sometió el proyecto de
programa de Erfurt a dura crítica en el trabajo Contribución a la crítica del programa socialdemócrata de 1891; en
el fondo, fue una crítica del oportunismo de toda la II Internacional. Sin
embargo, los dirigentes del Partido Socialdemócrata Alemán ocultaron a las
masas del partido la crítica de Engels, y sus observaciones más importantes no
fueron tomadas en consideración al redactarse el texto definitivo. Lenin
opinaba que el defecto principal del programa de Erfurt, concesión cobarde
hecha al oportunismo, consistió en que silenciaba la dictadura del
proletariado.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
se lo he oído decir a nadie
y afirmo que no se lo oiremos decir a nadie. Tenemos experiencia práctica de
dar los primeros pasos para destruir el capitalismo en un país en el que existe
una relación especial entre el proletariado y los campesinos. Nada más. Si
vamos a inflarnos y presumir como la rana, haremos reír a todo el mundo,
seremos unos simples jactanciosos.
Hemos educado al partido del
proletariado con un programa marxista, y de la misma manera debemos educar a
las decenas de millones de trabajadores que tenemos. Nos hemos reunido como
dirigentes ideológicos, y debemos decir a las masas: "Hemos educado al
proletariado y hemos partido siempre y ante todo del análisis económico
exacto". No es ésa la misión del manifiesto. El Manifiesto de la III
Internacional es un llamamiento, una proclama, un toque de atención a lo que se
nos plantea, una apelación a los sentimientos de las masas. Procurad demostrar
científicamente que tenéis una base económica y que no hacéis castillos en el
aire. Si no podéis demostrarlo, no os pongáis a redactar un programa. Y para
demostrarlo, no podemos obrar de otra manera que revisando lo que hemos vivido
durante quince años. Si hace quince años dijimos que íbamos a la futura
revolución social, y ahora hemos llegado a ella, ¿acaso nos debilita eso? Eso
nos fortalece y da vigor. Todo se reduce a que el capitalismo pasa al
imperialismo, y el imperialismo lleva al comienzo de la revolución socialista.
Esto es aburrido y largo, y ningún país capitalista ha terminado aún ese
proceso. Pero señalarlo en el programa es necesario.
Por eso, las objeciones
teóricas que se han hecho están por debajo de toda crítica. No dudo que si
ponemos a trabajar durante tres o cuatro horas diarias, en el curso de un mes,
de diez a veinte literatos duchos en la exposición de sus ideas, redactarían un
programa mejor, más completo. Pero exigir que eso se haga en uno o dos días,
como ha dicho el camarada Podbelski, mueve a risa. No hemos trabajado uno o dos
días, y ni siquiera dos semanas. Repito, si se pudiera elegir para un mes una
comisión de treinta personas y ponerlas a trabajar varias horas al día, sin
que, además, les molestaran las llamadas telefónicas, no cabe duda que sacarían
un programa cinco veces mejor. Pero aquí nadie ha impugnado la esencia de la
cuestión. Un programa que no hable de las bases de la economía mercantil ni del
capitalismo no será un programa marxista internacional. Para que sea
internacional, no basta aún con que proclame la República Soviética mundial o
la supresión de las naciones, como ha declarado el camarada Piatakov: no hacen
falta naciones algunas, lo que se necesita es la agrupación de todos los
proletarios. Claro está que eso es algo maravilloso, y se llegará a ello, pero
en otra fase, muy distinta, del desarrollo comunista. El camarada Piatakov dice
con ostensible superioridad: "En 1917 erais atrasados, y ahora habéis
avanzado". Hemos avanzado cuando hemos puesto en el programa lo que ha
empezado a corresponder a la realidad. Cuando hemos dicho que las naciones
avanzan de la democracia burguesa al poder proletario, hemos expresado lo que
existe; y en 1917 eso era lo que se deseaba.
Cuando entre los
espartaquistas y nosotros exista la plena confianza de camaradas que se precisa
para el comunismo único, la confianza de camaradas que nace cada día y tal vez
se alcance dentro de varios meses, entonces se estampará en el programa. Pero mientras
eso no exista, proclamarlo significa tirar de los espartaquistas para llevarlos
a lo que ellos aún no ven por propia experiencia. Hemos dicho que el tipo
soviético ha adquirido importancia internacional. El camarada Bujarin ha
mencionado los comités de delegados de fábrica ingleses. No son lo mismo que
los Soviets. Crecen, pero aún están en desarrollo intrauterino. Cuando salgan a
la luz, ya veremos. Pero decir que nosotros regalamos los Soviets rusos a los
obreros ingleses está por debajo de toda crítica.
147
Debo detenerme a
continuación en la autodeterminación de las naciones, Nuestra crítica ha
concedido a este problema una importancia exagerada. La debilidad de nuestra
crítica se ha dejado notar en este caso en que ha concedido especial
importancia a este problema, que, en el fondo, desempeña un papel menos que
secundario en la estructura del programa, en la suma general de
reivindicaciones programáticas.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
Cuando el camarada Piatakov
habló, yo me quedé pasmado, sin saber si exponía razonamientos acerca del
programa o se trataba de una disputa de dos burós para problemas de
organización. Cuando el camarada Piatakov dijo que los comunistas ucranios
actuaban según las directrices del CC del PC(b) de Rusia, no comprendí con qué
tono lo decía. ¿Con tono de lástima? No sospecho eso del camarada Piatakov,
pero el sentido de su discurso fue así: ¡Qué falta hacen todas esas
autodeterminaciones cuando hay un magnífico Comité Central en Moscú! Este es un
punto de vista infantil. Ucrania estaba separada de Rusia por condiciones
excepcionales, y el movimiento nacional no echó allí hondas raíces. Los
alemanes terminaron con él en lo que se manifestó. Este es un hecho, pero
excepcional. Hasta con el lenguaje está planteada la cuestión de manera quo no
se sabe si el ucranio es una lengua de masas o no. Las masas trabajadoras de
otras naciones desconfiaban por completo de los rusos, como nación dominante y
opresora. Esto es un hecho. El representante finlandés me contó que entre la
burguesía de su país, que odiaba a los rusos, se oyen voces que dicen:
"Los alemanes han resultado una fiera mayor, la Entente también ha
resultado una fiera mayor, preferimos a los bolcheviques". He aquí la
inmensa victoria que hemos obtenido sobre la burguesía finesa en el problema
nacional. Esto en absoluto nos impedirá combatirla como enemigo de clase,
escogiendo para ello los medios convenientes. La República Soviética,
constituida en un país cuyo zarismo oprimía a Finlandia, debe decir que respeta
el derecho de las naciones a la independencia. Concertamos un tratado con el
Gobierno finlandés rojo de breve existencia y le hicimos ciertas concesiones
territoriales, por las que he oído muchas objeciones netamente patrioteras:
"Allí hay buenas pesquerías, y las habéis entregado". Son estas
objeciones del tipo de las que dije: escarba a algún que otro comunista y
hallarás a un patriotero ruso.
Creo que este ejemplo
relativo a Finlandia, lo mismo que el referente a los bashkires, prueba que en
el problema nacional no se puede razonar afirmando que hace falta a toda costa
la unidad económica. ¡Pues claro que hace falta! Pero debemos lograrla mediante
la propaganda, la agitación, la unión voluntaria. Los bashkires desconfían de
los rusos porque éstos tienen más cultura y aprovecharon esa cultura suya para
expoliarlos. Por eso, en los apartados lugares de los bashkires, el vocablo
"ruso" significa para ellos "opresor", "truhán".
Esto hay que tenerlo en cuenta y combatirlo. Es un fenómeno muy duradero. No se
anula con ningún decreto. Hemos de ser muy prudentes con eso. Se necesita
singular prudencia por parte de una nación como la rusa, que ha despertado en
todas las otras naciones un odio rabioso contra ella, y sólo ahora hemos
aprendido a corregirlo, y aun así mal. Tenemos, por ejemplo, en el Comisariado
de Instrucción Pública o cerca de él a comunistas que dicen: la escuela es
única, ¡por tanto, no os atreváis a enseñar en otra lengua que no sea la rusa!
Soy de la opinión de que semejante comunista es un patriotero ruso. Lo llevamos
en la sangre muchos de nosotros y debemos combatirlo.
Por eso debemos decir a
otras naciones que somos internacionalistas hasta el fin y aspiramos a la unión
voluntaria de los obreros y campesinos de todas las naciones. Eso en modo
alguno excluyo las guerras. La guerra es otra cuestión que dimana de la esencia
del imperialismo. Si peleamos contra Wilson, y Wilson convierte a una nación
pequeña en instrumento suyo, diremos que combatimos contra ese instrumento.
Jamás hemos impugnado eso. Jamás hemos dicho que la república socialista pueda
existir sin fuerza militar. En determinadas condiciones, la guerra puede ser
una necesidad. Y ahora, en el problema de la autodeterminación de las naciones,
el meollo está en que diversas naciones marchan por el mismo derrotero
histórico, pero haciendo muchísimos zigzags y pisando otros senderos, y en que
las naciones más cultas van a ciencia cierta de otra manera que las menos
cultas. Finlandia ha ido de otra manera. Alemania va de otra manera. El
camarada Píatakov tiene mil veces razón cuando afirma que necesitamos la unidad.
Pero hay que luchar por ella con la propaganda, con la influencia del partido,
creando sindicatos únicos. Sin embargo, tampoco en esto se puede proceder
siguiendo un mismo patrón. Si suprimiéramos este punto o lo
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
redactáramos de otra manera,
tacharíamos el problema nacional del programa. Se podría hacer eso si hubiera
gente sin peculiaridades nacionales. Pero esa gente no existe, y en modo alguno
podemos construir de otra manera la sociedad socialista.
Camaradas, creo que el
programa propuesto aquí se debe tomar como base, pasarlo a la comisión,
completar ésta con representantes de la oposición, mejor dicho, con los
camaradas que han presentado aquí propuestas prácticas, y retirar de ella: 1)
las enmiendas enumeradas del proyecto y 2) las objeciones teóricas que no
pueden dar pie a acuerdos. Creo que éste será el planteamiento más práctico de
la cuestión que nos dará una solución acertada y de lo más rápida. (Aplausos.)
5. Proyecto del
tercer punto de la parte política general del programa.
148
(Para la comisión de
programa del VIII Congreso del partido)
La democracia burguesa se
limitaba a proclamar derechos formales para todos los ciudadanos por igual; por
ejemplo, la libertad de reunión, de asociación y de prensa. En el mejor de los
casos, en las repúblicas burguesas más democráticas se podían anular todas las
restricciones legislativas de esos derechos. Pero, en realidad, tanto la
práctica administrativa como, principalmente, la esclavitud económica de los
trabajadores en la democracia burguesa colocaban siempre a éstos en la
imposibilidad de hacer uso más o menos amplio de esos derechos y esas
libertades.
Por el contrario, la
democracia proletaria o soviética, en lugar de proclamar formalmente los
derechos y las libertades, los concede en la práctica, ante todo y sobre todo,
precisamente a las clases de la población antes oprimidas por el capitalismo,
es decir, al proletariado y al campesinado. Para ello, el
Poder soviético expropia a
la burguesía los edificios, las imprentas y los almacenes de papel y los pone
por entero a disposición de los trabajadores y de sus organizaciones.
La tarea del PC de Rusia
consiste en incorporar a contingentes más nutridos cada día de la población
trabajadora al ejercicio de los derechos y libertades democráticas y en
desarrollar las posibilidades materiales para ello.
Escrito antes del 20 de marzo de 1919. Publicado por primera vez
el 22 de abril de 1919 en el núm. 113 de "Pravda".
6. Radiograma
de saludo al gobierno de la Republica Soviética de Hungría en nombre del
congreso.
Al Gobierno de la República Soviética de Hungría, Budapest.
El VIII Congreso del Partido
Comunista de Rusia envía un caluroso saludo a la República Soviética de
Hungría. Nuestro congreso está convencido de que no se hará esperar el día del
triunfo del comunismo en el mundo entero. La clase obrera de Rusia se apresura
con todas sus fuerzas a acudir en vuestra ayuda. El proletariado del mundo
entero sigue de cerca con profunda atención la lucha consecutiva que estáis
desplegando y no permitirá que los imperialistas levanten la mano contra la
nueva república soviética.
¡Viva la república comunista internacional!
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
Escrito el 22 de marzo de 1919. Publicado el 25 de marzo de
1919, en húngaro, en el núm. 71 del periódico "Népszava". Publicado
por primera vez en ruso en 1927, en el núm. 5 de la revista "Proletárskaya
Revoliutsia".
7. Informe sobre el trabajo en el campo, pronunciado el 23 de
marzo.
(Prolongados aplausos.) Camaradas: Debo disculparme por no haber
podido asistir a todas las reuniones de la sección elegida por el congreso para
estudiar el trabajo en el campo. Por eso, completarán mi informe los discursos
de los camaradas que han participado desde un principio en las labores de la
misma. En fin de cuentas, la sección ha redactado las tesis entregadas a la
comisión, las cuales serán sometidas a vuestro estudio. Quisiera detenerme a
analizar el significado general del problema tal como se nos ha planteado de
resultas de la labor de la sección y tal como, a mi entender, se ha planteado
ahora ante todo el partido.
Camaradas, es completamente
natural que, en el proceso de desarrollo de la revolución proletaria, tengamos
que destacar en primer plano ora uno, ora otro de los problemas más complejos e
importantes de la vida de la sociedad. Es completamente natural que en una
revolución que toca, y no puede menos de tocar, las bases más profundas de la
vida, y que atañe a las más vastas masas de la población, ningún partido,
ningún gobierno, por muy estrechos que sean sus nexos con las masas, esté en
absoluto en condiciones de abarcar de una
vez todos los aspectos de la vida. Y si hoy nos vemos obligados a
detenernos en el trabajo en el campo
y a destacar principalmente de este problema la situación de los campesinos
medios, en ello no puede haber nada de extraño ni de anormal desde el punto de
vista del desarrollo de la revolución proletaria en general. Es claro que la
revolución proletaria ha tenido que comenzar por la relación fundamental entre
dos clases hostiles: el proletariado y la burguesía. La tarea fundamental era
hacer pasar el poder a manos de la clase obrera, asegurar su dictadura,
derribar a la burguesía y privarla de las fuentes económicas de su poder, que,
incuestionablemente, representan un obstáculo para toda construcción socialista
en general. Ninguno de nosotros, por cuanto conocemos el marxismo, ha puesto en
duda jamás la verdad de que, en la sociedad capitalista, por su misma
estructura económica, la importancia decisiva puede tenerla o el proletariado o
la burguesía. Actualmente oímos afirmar a muchos exmarxistas —por ejemplo, del
campo menchevique— que en el período de la lucha decisiva entre el proletariado
y la burguesía puede predominar la
democracia en general. Eso dicen los mencheviques, coincidentes por
completo con los eseristas, ¡Como si
no fuera la misma burguesía la que implanta o suprime la democracia, según lo
que más le conviene! Y siendo así, no puede ni hablarse de democracia en
general durante el período de la lucha exacerbada entre la burguesía y el
proletariado. No puede uno sino sorprenderse de la rapidez con que estos
marxistas o seudomarxistas — por ejemplo, nuestros mencheviques— se
desenmascaran ellos mismos, de la rapidez con que se hace patente su verdadera
naturaleza, su naturaleza de demócratas pequeñoburgueses.
149
Contra lo que más luchó Marx
toda la vida fue contra las ilusiones de la democracia pequeñoburguesa y de la
democracia burguesa. Lo que más ridiculizaba Marx era la fraseología huera
acerca de la libertad y la igualdad, fraseología que encubre la libertad de los
obreros de morirse de hambre o la igualdad entre el que vende su fuerza de
trabajo y el burgués, quien, aparentemente, compra con libertad y en
condiciones de igualdad en el mercado libre el trabajo de aquél, etc. Marx
explicó esto en todas sus obras de economía. Puede afirmarse que todo El Capital de Marx está consagrado a
esclarecer la verdad de que las fuerzas
básicas de la sociedad capitalista son y sólo pueden ser la burguesía y el
proletariado: la burguesía, como edificadora de la sociedad capitalista,
como dirigente y motor suyo; el
proletariado, como su sepulturero, como la única fuerza capaz de remplazarla.
Es difícil encontrar un solo capítulo de cualquier obra de Marx que no esté
dedicado a esta
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
cuestión. Puede afirmarse
que, en el seno de la II Internacional, los socialistas del mundo entero
juraron y perjuraron infinidad de veces ante los obreros que comprendían esta
verdad. Pero cuando las cosas llegaron a la lucha verdadera y, además, decisiva,
por el poder entre la burguesía y el proletariado, vimos que nuestros
mencheviques y eseristas, y con ellos los jefes de los viejos partidos
socialistas de todos los países, echaban en olvido esta verdad y se dedicaban a
repetir de un modo puramente mecánico las frases filisteas sobre la democracia
en general.
Entre nosotros se intenta a
veces hacer que suenen estas palabras, al parecer, con mayor
"fuerza", diciendo: "Dictadura de la democracia". Esto es
ya un verdadero absurdo. La historia nos enseña perfectamente que la dictadura
de la burguesía democrática no ha significado otra cosa que el aplastamiento de
los obreros insurrectos. Así ha venido ocurriendo desde 1848, por lo menos,
aunque podemos encontrar también algunos ejemplos en épocas anteriores. La
historia nos muestra que precisamente en la democracia burguesa se despliega a
gran escala y con libertad la lucha más enconada entre el proletariado y la
burguesía. Hemos tenido ocasión de convencernos prácticamente de esta verdad. Y
si los pasos dados por el Gobierno soviético a partir de octubre de 1917 se han
distinguido por su firmeza en todas las cuestiones cardinales, ello se debe,
precisamente, a que nosotros jamás nos hemos apartado de esta verdad, jamás la
hemos olvidado. Sólo la dictadura de una clase
—la del proletariado— puede
decidir la cuestión en la lucha contra la burguesía por el poder. Sólo la
dictadura del proletariado puede derrotar a la burguesía. Sólo el proletariado
puede derribar a la burguesía. Sólo el proletariado puede llevar tras de sí a
las masas contra la burguesía.
Sin embargo, de ahí en modo
alguno se deriva — creerlo así constituiría el más grave error— que en la obra
posterior de la edificación del comunismo, una vez derribada la burguesía y
cuando el poder político se encuentra ya en manos del proletariado, podamos
prescindir asimismo en lo sucesivo de los elementos medios e intermedios.
Es natural que al comienzo
de la revolución —de la revolución proletaria—, toda la atención de sus
dirigentes se concentre en lo principal, en lo esencial: en implantar el
dominio del proletariado y asegurar este dominio mediante la victoria sobre la
burguesía, en asegurar que la burguesía no pueda retornar al poder. Sabemos muy
bien que la burguesía sigue conservando hasta hoy algunas ventajas debido a las
riquezas que posee en otros países o consistentes, a veces incluso en nuestro
país, en riquezas pecuniarias. Sabemos muy bien que existen elementos sociales,
más expertos que los proletarios, que ayudan a la burguesía. Sabemos muy bien
que la burguesía no ha abandonado la idea de recuperar el poder ni ha cejado en
los intentos de restaurar su dominación.
Pero esto no es todo, ni
mucho menos. La burguesía, que se atiene particularmente al principio de
"Donde se está bien, allí está la patria"; la burguesía, que desde el
punto de vista del dinero ha sido siempre internacional; la burguesía, a escala mundial, es hoy más fuerte todavía que nosotros.
Su dominación va siendo socavada con rapidez; la burguesía ve ejemplos como la revolución húngara —
de la que hemos tenido ayer la felicidad de daros cuenta y de la que nos llegan
hoy noticias confirmatorias — y empieza a comprender que su dominación se
tambalea. Ya no posee libertad de acción. Pero hoy, si se tienen presentes los
recursos materiales a escala mundial, por fuerza se habrá de reconocer que, en
este aspecto, la burguesía es más vigorosa aún que nosotros.
He ahí por qué las nueve
décimas partes de nuestra atención, de nuestra labor práctica, estuvieron y
hubieron de estar dedicadas a esta cuestión fundamental de derrocar a la
burguesía, consolidar el poder del proletariado, suprimir toda posibilidad de
retorno de la burguesía al poder. Esto es completamente lógico, legítimo e
inevitable, y en este aspecto se han hecho muchas cosas con buen éxito.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
Ahora, en cambio, debemos
poner a la orden del día el problema de los otros sectores. Debemos —ésta fue
nuestra conclusión común en la sección agraria, y estamos seguros de que en eso
coincidirán todos los funcionarios del partido, por cuanto no hemos hecho más
que resumir la experiencia de sus observaciones prácticas— poner a la orden del
día en toda su magnitud el problema de
los campesinos medios.
150
Habrá, sin duda, quien, en lugar de meditar sobre el curso de
nuestra revolución, en lugar de reflexionar sobre las tareas que se nos
plantean hoy, aprovechará cada paso del Poder soviético para hacer burlas y
críticas como las que observamos entre los señores mencheviques y eseristas de
derecha. Son gentes que siguen sin comprender hasta hoy que deben elegir entre
nosotros y la dictadura burguesa. Hemos tenido con ellos mucha paciencia e
incluso benevolencia; les daremos una vez más la posibilidad de poner a prueba
esa benevolencia nuestra; pero, en un futuro próximo se nos agotarán la
paciencia y la generosidad, y si ellos no hacen su elección, les propondremos
con toda seriedad que se vayan con Kolchak. (Aplausos.) No esperamos que esa gente tenga dotes intelectuales muy
brillantes. (Risas.) Pero podría
esperarse que, después de sentir en sus costillas las atrocidades de Kolchak,
comprendieran que tenemos derecho a exigirles que elijan entre nosotros y
Kolchak. Si en los primeros meses que siguieron a Octubre, muchos ingenuos
incurrieron en la tontería de pensar que la dictadura del proletariado era algo
pasajero y casual, hoy hasta los mencheviques y los eseristas deberían
comprender que se trata de un fenómeno lógico en la lucha desplegada bajo la
presión de toda la burguesía internacional.
De hecho han cristalizado
únicamente dos fuerzas: la dictadura de la burguesía y la dictadura del
proletariado. Quien no haya aprendido eso, leyendo las obras de Marx, quien no
lo haya aprendido leyendo las obras de todos los grandes socialistas, jamás ha
sido socialista ni entiende una palabra de socialismo, y de socialista sólo
tiene el nombre. Concedemos a esas gentes un plazo corto para que reflexionen y
les exigirnos que elijan. Las he mencionado, porque ahora dicen o dirán:
"Los bolcheviques han planteado la cuestión de los campesinos medios,
quieren coquetear con ellos". Sé perfectamente que ese género de
argumentos y otros mucho peores aparecen con profusión en la prensa
menchevique. Nosotros los desdeñamos, jamás concedemos importancia a la charlatanería
de nuestros enemigos. Los hombres capaces de continuar desertando hasta hoy de
la burguesía al proletariado y viceversa pueden decir lo que quieran.
Nosotros seguimos nuestro camino.
Nuestra ruta está
determinada, ante todo, por la correlación de las fuerzas de las clases. En la
sociedad capitalista está empeñada la lucha entre la burguesía y el
proletariado. Mientras esta lucha no haya terminado, seguiremos centrando
redoblada atención en llevarla hasta su término. Aún no ha sido llevada hasta
el fin. Hemos logrado hacer ya mucho en esa lucha. Hoy, la burguesía
internacional no puede ya obrar suelta de manos. La mejor prueba de ello es el
estallido de la revolución proletaria en Hungría. De ahí se desprende con
claridad que nuestra labor en el campo no se limita ya a satisfacer la
necesidad fundamental de lucha por el poder.
Esta labor ha pasado por dos
fases principales. En octubre de 1917 tomamos el poder junto con todos los campesinos. Era una revolución burguesa, por
cuanto en el campo no se había desplegado
todavía la lucha entre las clases. Como ya he dicho, sólo en el verano de 1918
comenzó la verdadera revolución proletaria en el campo. Si no hubiéramos sabido
realizar esa revolución, nuestra labor habría sido incompleta. La primera etapa
consistió en tomar el poder en las ciudades, en instaurar la forma de gobierno
soviética. La segunda etapa ha consistido en lo que es fundamental para los
socialistas y sin lo cual éstos dejan de serlo: la separación de los elementos
proletarios y semiproletarios en el campo y su unión estrecha con el
proletariado urbano para luchar contra la burguesía agraria. Esta etapa también
ha
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
terminado en lo fundamental.
Las organizaciones que creamos para ello al principio, los comités de
campesinos pobres, se han consolidado tanto que hemos considerado posible
sustituirlos por Soviets elegidos normalmente, es decir, reorganizar los
Soviets rurales de forma que puedan convertirse en órganos de dominación de
clase, en órganos del poder proletario en el campo. Medidas como la ley sobre
la organización socialista del usufructo de la tierra y sobre las medidas de
transición a la agricultura socialista —aprobada no hace mucho por el Comité
Ejecutivo Central y que todos vosotros, naturalmente, conocéis— resumen la obra
realizada desde el punto de vista de nuestra revolución proletaria.
Hemos cumplido lo principal, lo que constituye la tarea
primordial y fundamental de la revolución proletaria. Y precisamente por eso se
ha planteado un problema más complejo: nuestra
actitud ante el campesino medio. No comprenden en absoluto las tareas del proletariado, las tareas de la
revolución comunista, quienes creen que el planteamiento de este problema es
algo así como una atenuación del carácter de nuestro poder, un debilitamiento
de la dictadura del proletariado, un cambio, por leve y parcial que sea, de
nuestra política fundamental. Estoy seguro de que en nuestro partido no habrá
gente de ese tipo. He querido sólo prevenir a los camaradas contra gentes que
no pertenecen al partido obrero y que hablan así, no porque ello se desprenda
de alguna concepción filosófica, sino, simplemente, para desbaratar nuestra
obra .Y ayudar a los guardias blancos, es decir, para azuzar contra nosotros a
los campesinos medios, que han vacilado siempre, que no pueden menos de vacilar
y que seguirán vacilando durante bastante tiempo. Para azuzarlos contra
nosotros, les dirán: "¡Tened cuidado, están coqueteando con vosotros! Eso
significa que han tomado en consideración vuestras insurrecciones, que han
comenzado a vacilar", etc., etc. Todos nuestros camaradas deben estar
pertrechados contra semejante agitación. Y tengo la seguridad de que lo estarán
si logramos ahora plantear esta cuestión desde el punto de vista de la lucha de
clase.
151
Es evidente a todas luces
que este problema fundamental constituye una tarea más compleja, pero no menos
urgente: ¿cómo determinar con precisión
la actitud del proletariado ante el campesino medio? Camaradas, desde el
punto de vista teórico, asimilado por la inmensa
mayoría de los obreros, esta cuestión no presenta dificultades para los
marxistas. Recordaré, por ejemplo, que en el libro de Kautsky sobre el problema
agrario —escrito cuando exponía con acierto la doctrina de Marx y era
considerado una autoridad indiscutible en esta materia— se dice, al hablar de
la transición del capitalismo al socialismo, que la tarea del partido
socialista consiste en neutralizar al
campesinado, es decir, en lograr que los campesinos permanezcan neutrales
en la lucha entre el proletariado y la burguesía, que los campesinos no puedan
prestar a esta última una ayuda activa contra nosotros.
Durante el larguísimo
período de dominación de la burguesía, el campesinado apoyó el poder de ésta,
estuvo al lado de ella. Y eso se comprende si se tiene en cuenta la fuerza
económica de la burguesía y los medios políticos de su dominación. No podemos esperar
que el campesino medio se coloque inmediatamente a nuestro lado. Pero si
seguimos una política acertada, al cabo de algún tiempo terminarán esas
vacilaciones, y el campesino podrá situarse a nuestro lado.
Engels, que colocó con Marx
los cimientos del marxismo científico, es decir, de la doctrina que sirve de
guía constante a nuestro partido, sobre todo durante la revolución, subdividía
ya a los campesinos en pequeños, medios y ricos, división que también hoy
corresponde a la realidad en la inmensa mayoría de los países europeos. Engels
decía: "Puede darse el caso de que no en todas partes tenga que aplastarse
por la violencia ni siquiera a los campesinos ricos". Y ningún socialista
sensato ha pensado jamás que tuviéramos que emplear alguna vez la violencia
contra los campesinos medios (los pequeños campesinos son amigos nuestros). Así
hablaba Engels en 1894, un año antes de morir, cuando el problema agrario se
planteaba
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
a la orden del día124. Este punto de vista nos prueba una verdad a veces olvidada,
pero con la que todos estamos de acuerdo en teoría. Por lo que se refiere a los
terratenientes y capitalistas, nuestra tarea consiste en su completa
expropiación. Pero no admitimos ninguna
violencia contra los campesinos medios. Ni siquiera con relación a los
campesinos ricos empleamos un
lenguaje tan tajante como con la burguesía: expropiación absoluta de los
campesinos ricos y de los kulaks. En nuestro programa se hace esa diferencia.
Decimos: aplastamiento de la resistencia de los campesinos ricos, aplastamiento
de sus conatos contrarrevolucionarios. Y esto no es lo mismo que expropiación
completa.
La diferencia principal que
determina nuestra actitud ante la burguesía y ante el campesino medio —
expropiación completa de la burguesía y alianza con el campesino medio que no
explota a otros— es la pauta fundamental reconocida por todos en teoría. Mas,
en la práctica, no es observada con la debida consecuencia, y en el plano local
no se ha aprendido todavía a aplicarla. Cuando el proletariado, después de
derrocar a la burguesía y de afianzar su propio poder, ha emprendido la obra de
crear la nueva sociedad en sus diversos aspectos, la cuestión del campesino
medio ha pasado a primer plano. Ningún socialista del mundo ha negado que la
edificación del comunismo seguirá diferentes derroteros en los países de
grandes fincas agrícolas y en los de pequeñas haciendas agrícolas. Es una
verdad elementalísima, primaria. De ella se desprende que, conforme nos
aproximamos a las tareas de la edificación del comunismo, debemos concentrar
nuestra máxima atención, en cierto sentido, precisamente en el campesino medio.
Mucho depende de cómo
definamos nuestra actitud ante el campesino medio. Este problema está resuelto
en teoría, pero conocemos perfectamente, por propia experiencia, la diferencia
existente entre la solución teórica de un problema y la aplicación práctica de
esa solución. Hemos tocado de lleno esa diferencia, tan peculiar de la Gran
Revolución Francesa, cuando la Convención adoptaba medidas de gran
trascendencia, pero carecía de la base necesaria para aplicarlas y no sabía
siquiera en qué clase debía apoyarse para llevar a cabo tal o cual medida.
Las condiciones en que nos
encontramos nosotros son incomparablemente más favorables. Todo un siglo de
desarrollo nos permite saber en qué clase nos apoyamos. Pero sabemos también
que la experiencia práctica de esta clase es harto insuficiente. Para la clase
obrera, para el partido obrero, estaba claro lo fundamental: derrocar a la
burguesía y entregar el poder a los obreros. Pero ¿cómo hacerlo? Todos recuerdan con cuántas dificultades y errores
pasamos del control obrero a la dirección de la industria por los obreros. Y
eso que se trataba de una labor en el seno de nuestra propia clase, en el seno
de la masa proletaria, con la que siempre hemos tratado. Ahora, en cambio,
debemos definir nuestra posición ante una nueva clase, ante una clase
desconocida para el obrero urbano. Es necesario fijar la actitud ante una clase
que no mantiene una posición firme, definida. El proletariado en masa es
partidario del socialismo; la burguesía en masa está contra el socialismo;
definir las relaciones entre estas dos clases es fácil. Pero cuando se trata de
un sector como los campesinos medios, vemos que ésta es una clase que vacila.
152
El campesino medio es en
parte propietario y en parte trabajador. No explota a otros trabajadores. Se ha
visto obligado a defender con esfuerzo inmenso su situación, ha experimentado
en su propia carne la explotación a que lo sometían los terratenientes y los
capitalistas, lo ha padecido todo, pero, al mismo tiempo, es propietario. Por
eso, nuestra actitud ante esta clase vacilante ofrece dificultades inmensas.
Basándonos en nuestra experiencia de más de un año, en más de seis meses de
labor proletaria nuestra en el campo y en el hecho de que en él se haya
producido ya la disociación en clases, debemos guardarnos,
![]()
124 Véase F. Engels. El problema campesino en Francia y en Alemania. (C. Marx y F.
Engels. Obras Escogidas en tres
tomos, ed. en español, t. III, págs. 482-502).
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
sobre todo, de cualquier
precipitación, de toda teorización inhábil, de toda pretensión a considerar ya
consumado lo que estamos haciendo, pero que aún no hemos acabado de hacer. En
la resolución que somete a vuestro examen la comisión elegida por la sección
agraria y que os leerá uno de los camaradas que me sucederá en el uso de la
palabra encontraréis una advertencia suficiente al respeto.
Desde el punto de vista
económico, es evidente que debemos acudir en ayuda del campesino medio. En este
sentido no existe ninguna duda teórica. Pero dadas nuestras costumbres y
nuestro nivel cultural, dadas la escasez de medios culturales y técnicos que podríamos
ofrecer al campo y la debilidad que mostramos con frecuencia en nuestras
relaciones con él, los camaradas apelan con harta frecuencia a la coerción y lo
estropean todo. Ayer, sin ir más lejos, un camarada me entregó un folleto
titulado Instrucciones y reglas sobre la
organización del trabajo del partido en la provincia de Nizhni Nóvgorod,
editado por el Comité Local del PC(b)
de Rusia. En la página 41, por ejemplo, de este folleto se dice: "El
decreto sobre el impuesto extraordinario debe recaer con todo su peso sobre las
espaldas de los kulaks rurales, sobre los especuladores y, en general, sobre el elemento medio del campesinado".
¡Esto se llama haber
"comprendido"! O es una errata —¡Y dejar pasar semejantes erratas es
intolerable!—, o es un trabajo hecho con precipitación, a la ligera, que
demuestra cuán peligroso es todo apresuramiento en este asunto. Tal vez se
trate —y ésta es la peor hipótesis, que yo no quisiera hacer respecto a los
camaradas de Nizhni Nóvgorod— de una mera incomprensión. Es muy probable que
sea un simple descuido125.
En la práctica se dan casos
como el que nos ha contado en la comisión un camarada. Un día lo rodearon los
campesinos y lo asaetearon a preguntas: "Determina si soy campesino medio
o no. Tengo dos caballos y una vaca. Tengo dos vacas y un caballo", etc. Y
este propagandista, que recorre los distritos, debería disponer de un
termómetro infalible para ponérselo al campesino y averiguar si es o no
campesino medio. Mas para eso es preciso conocer toda la historia de la
hacienda de ese campesino y su actitud ante los grupos inferiores y superiores,
cosa que no podemos saber con exactitud.
Para eso se necesita mucha
mano práctica, hay que conocer las condiciones locales. Y eso nos falta aún. No
debemos avergonzarnos de confesarlo; debemos reconocerlo francamente. Jamás
hemos sido unos utopistas ni nos hemos imaginado que íbamos a edificar la
sociedad comunista con las manos limpitas de comunistas impolutos, que deben
nacer y educarse en una sociedad puramente comunista. Eso son cuentos para
niños. Debemos edificar el comunismo con los escombros del capitalismo, y eso
sólo puede hacerlo la clase templada en la lucha contra el capitalismo. Como
sabéis perfectamente, el proletariado no está exento de los defectos y
debilidades de la sociedad capitalista. Lucha por el socialismo y, al mismo
tiempo, combate sus propios defectos. La parte mejor del proletariado, su
vanguardia, que ha luchado durante decenios a la desesperada en las ciudades,
ha tenido la posibilidad de asimilar a lo largo de esa lucha toda la cultura de
la vida urbana, de la vida de la capital, y, hasta cierto punto, la ha asimilado.
Vosotros sabéis que el campo, incluso en los países adelantados, estaba
condenado a la ignorancia. Es claro que nosotros elevaremos el nivel cultural
del campo, pero para ello se requieren años y años. Esto es lo que entre
nosotros olvidan los camaradas en todas partes y lo que refleja ante nosotros
con particular evidencia cada palabra de la gente de provincias, no de los
intelectuales de aquí, ni de los que ocupan puestos oficiales —a éstos los
hemos escuchado mucho—, sino de los que han observado
![]()
125 Respecto al lugar citado del folleto Instrucciones y reglamento para organizar el
trabajo del partido en la provincia de Nizhni Nóvgorod, los delegados de la
organización del partido de esta provincia (hoy de Gorki) entregaron a la presidencia del VIII Congreso del PC(b)
de Rusia una nota en la que se indicaba que las palabras "campesinos
medios en general" eran una errata enojosa y debía leerse no "en
general", sino "parte de los campesinos medios". En la nota se
decía: "Declaramos que la organización de la provincia de Nizhni Nóvgorod
comparte plenamente el punto de vista expresado por el camarada Lenin en el
problema de la actitud ante los campesinos medios y lo aplica en la
práctica".
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
prácticamente el trabajo en
el campo. Estas palabras han tenido para nosotros un valor especial en la
sección agraria y ahora —estoy convencido de ello— tendrán un valor
extraordinario para todo el congreso del partido, pues no están sacadas de
libros ni decretos, sino de la vida misma.
Todo eso nos incita a
trabajar de manera que nuestra actitud ante los campesinos medios quede lo más
clara posible. Y es muy difícil, porque esa
claridad no existe en la vida. Si se quiere zanjar la cuestión de golpe y porrazo, lejos de quedar
resuelta, es insoluble. Hay quienes
dicen: "No se debieron promulgar tantos decretos", y reprochan al
Gobierno soviético el haber publicado decretos sin saber cómo llevarlos a la
práctica. Esas gentes no advierten, en realidad, cómo van deslizándose al campo
de los guardias blancos. Si confiáramos en que la redacción de un centenar de
decretos iba a cambiar la vida del campo, seríamos unos tontos de remate. Mas
si renunciáramos a señalar en los decretos el camino a seguir, seríamos unos
traidores al socialismo. Estos decretos, que en la práctica no han podido ser
aplicados en el acto y en toda su integridad, han desempeñado un importante
papel desde el punto de vista de la propaganda. Y si antes montábamos nuestra
propaganda con verdades generales, hoy lo
hacemos con nuestro trabajo.
153
Esto también es propaganda, pero es una propaganda con la
acción, y no en el sentido de acciones aisladas de unos advenedizos
cualesquiera, que tanto nos hacían reír en la época de los anarquistas y del
viejo socialismo. Nuestros decretos son llamamientos, mas no al viejo estilo:
"¡Arriba, obreros, derrocad a la burguesía!" Son exhortaciones a las
masas, son llamamientos a acciones prácticas. Los decretos son instrucciones que invitan a una acción práctica de las
masas. Eso es lo que importa, y no que contengan muchas cosas inútiles, muchas cosas que no podrán ser
aplicadas en la práctica. Pero en ellos hay material para obras eficaces, y su
misión consiste en enseñar a dar pasos prácticos a los centenares, millares y
millones de hombres que escuchan con atención la voz del Poder soviético. Son
un ensayo de actividad concreta en el terreno de la edificación del socialismo
en el campo. Si les damos esa interpretación, obtendremos extraordinaria
utilidad de la suma de nuestras leyes, decretos y disposiciones. No debemos
interpretarlos como disposiciones absolutas que es necesario aplicar en
seguida, inmediatamente, cueste lo que cueste.
Hay que evitar cuanto pueda
estimular en la práctica los abusos. En algunos sitios se han pegado a nosotros
arribistas y aventureros que se dicen comunistas y nos engañan, que se han
metido en nuestras filas porque los comunistas están hoy en el poder y porque
los empleados más honestos no han querido trabajar con nosotros a causa de sus
ideas atrasadas, en tanto que los arribistas carecen de ideas, de honestidad.
Esta gente, cuya única aspiración es hacer méritos, emplea en los pueblos la
coerción y cree que obra bien. Pero, en la práctica, eso da lugar a veces a que
los campesinos digan: "¡Viva el Poder soviético, pero abajo la comuna!" (es decir, el comunismo). Casos así no son
fantasías, sino hechos reales tomados
de la vida, de los informes de los camaradas de los pueblos. No debemos olvidar
el daño gigantesco que ocasiona toda falta de moderación, toda impaciencia,
toda precipitación.
Tuvimos que darnos prisa a
toda costa para salir, mediante un salto temerario, de la guerra imperialista,
que nos había conducido a la ruina; tuvimos que hacer esfuerzos desesperados
para aplastar a la burguesía y a las fuerzas que amenazaban con aplastarnos a
nosotros. Todo eso era imprescindible, sin ello no hubiésemos podido triunfar.
Pero si se procede del mismo modo respecto al campesino medio, eso será tan
idiota, tan estúpido y tan funesto para nuestra causa que sólo provocadores
pueden obrar así conscientemente. La tarea debe ser planteada, en este caso, de
un modo completamente distinto. No se trata aquí de cumplir la tarea que nos
habíamos planteado antes: aplastar la resistencia de explotadores evidentes,
vencerlos y derrocarlos. No; conforme íbamos cumpliendo esta tarea principal,
se nos planteaban con carácter inmediato otras más complejas. En este terreno
no se podrá crear
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
nada por medio de la
violencia. La violencia con el campesino
medio es perjudicial en grado sumo. Se trata de un sector social
numerosísimo, de muchos millones de personas. Ni siquiera en Europa, donde este sector no ha alcanzado tanta fuerza
en ningún sitio, donde la técnica y la cultura, la vida urbana y los
ferrocarriles están desarrollados en proporciones gigantescas y donde hubiera
sido mucho más fácil pensar en eso, nadie, ni uno solo de los socialistas más
revolucionarios ha propuesto la aplicación de medidas de violencia contra los
campesinos medios.
Cuando tomamos el poder, nos
apoyamos en el conjunto de todo el campesinado. En aquel momento todos los
campesinos tenían una sola tarea: luchar contra los terratenientes. Pero hasta
hoy día siguen recelosos de la gran hacienda. El campesino piensa: "Si la
hacienda es grande, volveré a verme de bracero". Eso es falso,
naturalmente. Sin embargo, la idea de la gran hacienda está ligada en la
mentalidad del campesino al odio, a los recuerdos de la terrible opresión del
pueblo por los terratenientes. Esta sensación perdura, no ha desaparecido
todavía.
Debemos basarnos sobre todo
en la verdad de que en este problema no es posible, por la misma naturaleza del
asunto, conseguir nada con los métodos de la violencia. La tarea económica se
plantea en este caso de un modo completamente distinto. No existe esa cúspide
que es posible derribar dejando en pie todos los cimientos, todo el edificio.
Esa cúspide formada por los capitalistas de la ciudad no existe en este caso. Actuar por la violencia en este caso
significa echarlo todo a perder. Se precisa un largo trabajo de educación. Al campesino, práctico y
realista no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo, debemos darle ejemplos
concretos para demostrarle que la comuna es lo mejor. Naturalmente, no
conseguiremos nada positivo si en el campo aparecen gentes atolondradas, que
llegan revoloteando de la ciudad, charlan un poco, promueven unas cuantas
discordias de intelectuales, y no de intelectuales, y se marchan después de
enemistarse con todo el mundo. Eso suele ocurrir. Y es lógico que, en vez de
respeto, tales gentes no despierten sino burlas.
Debemos decir, en relación
con eso, que estimulamos las comunas, pero que éstas deben organizarse de
manera que se ganen la confianza de los
campesinos. Hasta que eso no ocurra, seguiremos siendo alumnos de los
campesinos y no maestros suyos. No hay nada más estúpido que considerarse
maestros de los campesinos en todo, como hacen esos hombres que, sin conocer la
agricultura ni sus peculiaridades, se han lanzado al campo únicamente porque
han oído hablar de la utilidad de la hacienda colectiva, porque están cansados
de la vida urbana y desean trabajar en la aldea. No hay nada más necio que la idea misma de la violencia en lo que se
refiere a las relaciones económicas del campesino medio.
154
En este caso la tarea no
consiste en expropiar al campesino medio, sino en tener en cuenta las
condiciones especiales de la vida del campesino, en aprender de él los métodos
para pasar a un régimen mejor y en ¡no
permitirse mandar! Esta es la norma que nos hemos impuesto. (Aplausos de todo el congreso.) Esta es
la norma que hemos tratado de exponer en nuestro proyecto de resolución, pues
la verdad es, camaradas, que hemos pecado bastante en este sentido. No nos
avergonzamos lo más mínimo de reconocerlo. Carecíamos de experiencia. La propia
lucha contra los explotadores la hemos aprendido en la práctica. Si a veces se
nos reprocha esa lucha, podemos decir: "La culpa es de ustedes, señores
capitalistas. Si ustedes no hubieran opuesto una resistencia tan brutal,
insensata, insolente y desesperada, si no se hubieran aliado con la burguesía
del mundo entero, la revolución habría adquirido formas más pacíficas".
Hoy, después de haber rechazado los rabiosos ataques que nos han hecho desde
todos los lados, podemos pasar a otros métodos porque no actuamos como un
círculo, sino como un partido que conduce a millones de seres. Esos millones no
pueden comprender en el acto el cambio de rumbo, debido a lo cual vemos a cada
paso que los golpes dirigidos contra los kulaks dan en el campesino medio. No
tiene nada de extraño. Lo que hace falta es
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
comprender que el origen de
semejante hecho está en unas condiciones históricas ya superadas, y que las
nuevas condiciones y las nuevas tareas con relación a esta clase exigen una
nueva mentalidad.
Nuestros decretos acerca de
las explotaciones campesinas son justos en el fondo. No tenemos motivos para
retractarnos de ninguno de ellos ni para lamentarlos. Mas si los decretos son
justos, lo injusto es imponérselos por la
fuerza a los campesinos. En ningún decreto se habla de eso. Son justos como
rutas trazadas, como un llamamiento a adoptar medidas prácticas. Cuando
decimos: "Estimulad la asociación", damos directrices que deben ser
ensayadas muchas veces para encontrar la forma
definitiva de su aplicación. Puesto que se ha dicho que es necesario lograr la
conformidad voluntaria, hay que convencer a los campesinos, y convencerlos en
la práctica. No se dejarán convencer sólo con palabras, y harán bien. Lo malo
sería que se dejaran convencer por la simple lectura de los decretos y las
hojas de propaganda. Si fuera posible transformar así la vida económica, esa
transformación no valdría un comino. Primero hay que demostrar que esa
asociación es mejor, hay que asociar a la gente de manera que se agrupen de verdad
y no que riñan; demostrar que la asociación es beneficiosa. Así plantean el
problema los campesinos y así lo plantean también nuestros decretos. Y si no
hemos logrado asociarlos hasta ahora, no hay en ello nada de vergonzoso y
debemos reconocerlo públicamente.
Por el momento no hemos
cumplido más que la tarea básica de toda revolución socialista: vencer a la
burguesía. Y la hemos cumplido en lo fundamental, aunque ahora empieza un
semestre dificilísimo, en el que los imperialistas de todo el mundo están
haciendo los últimos esfuerzos para aplastarnos. Hoy podemos decir, sin
exagerar lo más mínimo, que ellos mismos
han comprendido que, después de este semestre, su causa estará perdida por
completo. O aprovechan ahora nuestro agotamiento y vencen al país, que está
solo, o nosotros saldremos
vencedores, y no sólo en lo que se refiere a nuestro país. En este semestre, en
el que la crisis del abastecimiento se entrelaza con la del transporte, y las
potencias imperialistas tratan de emprender la ofensiva en varios frentes, nuestra
situación es difícil en extremo. Pero éste
será el último semestre difícil. Es preciso seguir poniendo en tensión
todas las fuerzas para luchar contra el enemigo exterior, que nos ataca.
Mas, a pesar de las
dificultades, a pesar de que toda nuestra experiencia está dirigida al
aplastamiento inmediato de los explotadores, cuando hablamos de las tareas que
implica el trabajo en el campo debemos tener presente, y no olvidarlo, que allí
el problema de los campesinos medios está planteado en otros términos.
Todos los obreros
conscientes —de Petrogrado, de Ivánovo-Voznesensk, de Moscú— que han estado en
el campo han citado ejemplos demostrativos de que una serie de equivocaciones,
al parecer las más irreparables, y una serie de conflictos, que parecían los más
graves, se allanaban o atenuaban cuando tomaban la palabra obreros sensatos. Y
se allanaban o atenuaban porque estos obreros no hablaban en un lenguaje
libresco, sino en un lenguaje comprensible para el campesino, porque no
hablaban como jefes que se permiten dar órdenes, aunque desconozcan la vida del
campo, sino como camaradas que explican a los campesinos la situación y que
apelan a sus sentimientos de trabajadores contra los explotadores. Y en el
terreno de esta explicación fraternal se conseguía lo que no pudieron lograr
otros cientos, que se comportaban como jefes y superiores.
Ese es el espíritu que impregna toda la resolución que sometemos
a vuestro estudio.
En mi breve informe he
intentado detenerme en el aspecto de principio, en la importancia política
general de esta resolución. He procurado demostrar —y quiero creer que lo he
logrado— que desde el punto de vista de los intereses de la revolución en su conjunto
no existe ningún viraje, no existe ningún cambio de línea. Los guardias blancos
y sus auxiliares gritan o van a gritar que sí. Que griten cuanto quieran. Nos
tiene sin cuidado. Llevaremos
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
adelante nuestras tareas del
modo más consecuente. Nuestra atención, dedicada hasta ahora a la tarea de
aplastar a la burguesía, debe concentrarse en la de organizar la vida del
campesino medio. Debemos vivir en paz con él. En la sociedad comunista, los campesinos
medíos sólo vendrán a nuestro lado cuando aliviemos y mejoremos las condiciones
económicas de su vida. Si mañana pudiéramos proporcionar 100.000 tractores de
primera clase, dotarlos de gasolina y de conductores (de sobra sabéis que, por
ahora, esto es una fantasía), los campesinos medios dirían: "Voto por la
comuna" (es decir, por el comunismo). Mas, para hacer esto, tenemos que
vencer antes a la burguesía internacional, obligada a suministrarnos esos
tractores, o elevar nuestra productividad hasta el punto de que podamos
suministrarlos nosotros mismos. Sólo así quedará planteado con acierto este
problema.
155
El campesino necesita de la
industria de la ciudad, no puede vivir sin ella, y la industria está en
nuestras manos. Si abordamos la tarea como es debido, el campesino nos estará
agradecido, ya que le llevaremos de la ciudad estos productos, estos aperos,
esta cultura. Y no serán los explotadores, los terratenientes, quienes se los
llevarán, sino camaradas trabajadores como él, a quienes tiene hondo aprecio,
pero con un espíritu práctico, sólo por su ayuda real, rechazando —y con justa
razón— los métodos de ordeno y mando, la "prescripción'' desde arriba.
Ayudadle primero y tratad
luego de ganaros su confianza. Si se encauza bien esta labor, si se organiza
con acierto cada paso de nuestros grupos en los distritos, en los subdistritos,
en los destacamentos de abastecimiento y en las distintas organizaciones, si se
comprueba con atención desde este punto de vista toda medida nuestra, nos
ganaremos la confianza del campesino , y sólo entonces podremos marchar
adelante. Hoy debemos prestarle ayuda, aconsejarle. No se tratará de la orden
de un jefe, sino del consejo de un camarada. En ese caso, el campesino estará
por completo a nuestro lado.
Eso es, camaradas, lo que
contiene nuestra resolución eso es lo que, a mi entender, debe acordar el
congreso. Si aprobamos eso, si lo convertimos en guía para toda la labor de las
organizaciones de nuestro partido, podremos cumplir también la segunda y gran
tarea que tenemos planteada.
Hemos aprendido a derribar a
la burguesía y a aplastarla y nos enorgullecemos de ello. Pero no hemos
aprendido todavía, y debemos declararlo abiertamente, a normalizar nuestras
relaciones con los millones de campesinos medios, a ganarnos su confianza. Sin
embargo, hemos comprendido la tarea, la hemos planteado y nos decimos llenos de
esperanza, con pleno conocimiento de causa y toda decisión: cumpliremos con
éxito esta tarea, y, entonces, el socialismo será absolutamente invencible. (Prolongados aplausos.)
8. Palabras
contra la propuesta de poner fin a los debates con motivo del informe sobre el
trabajo en el campo" pronunciadas el 23 de marzo.
Camaradas: Yo en modo alguno
puedo estar de acuerdo con lo dicho por el orador que me ha precedido, pues
estoy seguro de que no podréis agotar el tema esta tarde. En la comisión
suponíamos que en el congreso no hablaríamos sólo para los reunidos en esta pequeña
sala, sino para toda Rusia, que no se fijará solamente en las resoluciones de
nuestro congreso, sino que querrá saber, además, hasta qué punto el partido
muestra interés por el trabajo en el campo. Por eso es necesario escuchar a los
camaradas de la zona rural. Y si en eso perdéis una hora u hora y media, el
trabajo en el campo no se resentirá por ello. Esa es la causa que me obliga a
rogaros encarecidamente, en nombre de la comisión, que no escatiméis esa hora u
hora y media. Es indudable que los trabajadores prácticos que hablarán aquí no
agregarán mucho; pero estas pocas horas de nuestro trabajo serán muy útiles
para toda la Rusia que lee los periódicos.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
9. Resolución sobre
la actitud ante el campesinado medio.
Respecto al trabajo en el
campo, el VIII Congreso, firme en el terreno del programa del partido que se
aprobó el 22 de marzo de 1919 y en el apoyo sin reservas a la ley ya promulgada
por el Poder soviético sobre la organización socialista del usufructo de la
tierra y sobre las medidas de transición a la agricultura socialista, reconoce
que, en los momentos actuales, es de particular importancia aplicar del modo
más certero la política del partido con relación a los campesinos medios en el
sentido de otorgar más atención a sus necesidades, acabar con los actos de
arbitrariedad de las autoridades locales y procurar llegar a un acuerdo con
ellos.
1)
Mezclar
a los campesinos medios con los kulaks y hacer extensivas en mayor o menor
grado a los primeros las medidas contra los segundos significa infringir del
modo más burdo, no sólo todos los decretos y toda la política del Poder
soviético, sino todos los principios fundamentales del comunismo, conforme a
los cuales el pacto entre el proletariado y el campesinado medio en el período
de la lucha decisiva del proletariado por el derrocamiento de la burguesía es
una de las condiciones del tránsito indoloro a la supresión de toda
explotación.
2) Los campesinos medios, que tienen raíces
económicas relativamente fuertes en virtud del atraso que las máquinas
agrícolas llevan de las industriales hasta en los países capitalistas más
adelantados, sin hablar ya de Rusia, aún subsistirán bastante tiempo después
del comienzo de la revolución proletaria. Por lo tanto, la táctica de los
funcionarios soviéticos en el campo, lo mismo que la de los militantes del
partido, deberá contemplar un largo período de colaboración con los campesinos
medios.
156
3)
El
partido debe conseguir a toda costa que los funcionarios soviéticos del campo
comprendan con claridad y solidez la verdad, totalmente comprobada por el
socialismo científico, de que los campesinos medios no son explotadores, ya que
no sacan ganancias del trabajo de otros. Esta clase de pequeños productores no
puede perder con el socialismo, antes al contrario, ganará en medida muy grande
del derrocamiento del yugo del capital, que la explota de mil maneras en todos
los países, hasta en las repúblicas más democráticas.
La aplicación adecuada por
completo de la política del Poder soviético en el campo asegura, por
consiguiente, la alianza y el concierto del proletariado victorioso con los
campesinos medios.
4)
Al
estimular las cooperativas de todo tipo y las comunas agrícolas de los
campesinos medios, los representantes del Poder soviético no deberán incurrir
en la menor coerción para que se formen. Sólo tienen valor las agrupaciones
hechas por el libre albedrío de los propios campesinos que ofrecen ventajas
comprobadas por ellos en la práctica. La precipitación excesiva en estos
asuntos es perjudicial, ya que sólo servirá para reforzar los prejuicios de los
campesinos medios contra las innovaciones.
Se deberán pedir severas
responsabilidades y destituir del trabajo en el campo a los representantes del
Poder soviético que se permitan apelar no sólo a la coerción directa, sino
también a la indirecta para incorporar a los campesinos a las comunas.
5) Se castigarán sin piedad todas las
requisas arbitrarias, es decir, en discrepancia con las prescripciones exactas
de las leyes del poder central. El congreso insiste en la necesidad de reforzar
en este terreno el control del Comisariado del Pueblo de Agricultura, del
Comisariado del Pueblo del Interior y del CEC de toda Rusia.
6)
En
los momentos actuales, el desbarajuste extremo originado en todos los países
del mundo por los cuatro años de guerra imperialista en aras de los intereses
ladronescos de los
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
capitalistas, desbarajuste
de gravedad especial en Rusia, coloca a los campesinos medios en una difícil
situación.
Tomando eso en
consideración, la ley del Poder soviético sobre el impuesto extraordinario, a
diferencia de todas las leyes de todos los gobiernos burgueses del mundo,
insiste en que el peso del impuesto recaiga enteramente sobre los kulaks,
minoría insignificante de campesinos explotadores que amasaron grandes riquezas
durante la guerra. Este impuesto deberá ser muy moderado para el campesino
medio y constituir una suma que él pueda aprontar sin que le resulte onerosa.
El partido
exige que, con relación al campesino medio, el cobro del impuesto
extraordinario sea atenuado en todos los casos llegando incluso a disminuir la
cuantía del mismo.
7) El Estado socialista deberá prestar la
máxima ayuda a los campesinos, ayuda que consistirá principalmente en
suministrar a los campesinos medios artículos de las industrias urbanas y,
sobre todo, mejores aperos agrícolas, las simientes y diversos materiales para
elevar el nivel de la agricultura y mejorar el trabajo y la vida de los
campesinos.
Si el actual desbarajuste
impide poner en práctica estas medidas sin demora y en todo su alcance, las
autoridades soviéticas locales tienen la obligación de encontrar las posibles
formas de prestar a los campesinos pobres y medios toda clase de ayuda real
para hacer frente a la difícil situación actual. El partido estima necesaria la
asignación de importantes fondos públicos para ello.
8)
Es
necesario conseguir sobre todo que se aplique realmente con pleno vigor la ley
del Poder soviético que exige de las haciendas soviéticas, de las comunas
agrícolas y de todas las demás agrupaciones similares una ayuda inmediata y
múltiple a todos los campesinos medios de los contornos. Sólo con esa ayuda
efectiva se podrá pactar con los campesinos medios. Sólo así podremos y debemos
ganarnos su confianza.
El congreso llama la
atención de todos los funcionarios del partido a la necesidad de poner
realmente en práctica sin demora los puntos expuestos en la parte agraria del
programa del partido, a saber:
a) reglamentación del usufructo de la
tierra por los campesinos (supresión de los enclavados, de las "hazas
largas", etc.); b) suministro de simientes seleccionadas y de abonos
químicos a los campesinos; c) mejora de las razas de ganado; d) difusión de los
conocimientos agronómicos; e) ayuda agronómica a los campesinos; f) reparación
de los aperos agrícolas de los campesinos en talleres de los Soviets; g)
organización de establecimientos de alquiler de aperos, de estaciones
experimentales, campos modelo, etc.; h) mejora de las tierras de los
campesinos.
9)
La
formación de cooperativas de campesinos con objeto de aumentar la producción
agrícola y, en particular, de transformar los productos del agro, mejorar las
tierras de los campesinos, fomentar las industrias de oficio, etc., deberán
recibir del Estado cuantiosa ayuda tanto en forma de subsidios como de
organización.
10)
El
congreso recuerda que ni las resoluciones del partido ni los decretos del Poder
soviético se han desviado nunca de la tendencia al acuerdo con los campesinos
medios. Así, por ejemplo, en el importantísimo problema de la organización del
Poder soviético en el campo, al constituirse los comités de campesinos pobres,
se publicó una circular suscrita por el presidente del Consejo de Comisarios
del Pueblo y el Comisario del Pueblo de Abastecimiento, en la que se señalaba
la necesidad de incluir en esos comités a representantes de los campesinos
medios también. Cuando estos comités de campesinos pobres fueron disueltos, el
congreso de los Soviets de toda Rusia volvió a señalar la necesidad de incluir
en los Soviets subdistritales a representantes del campesinado medio. La
política del gobierno obrero y campesino y del Partido Comunista deberá seguir
aplicándose en lo
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
sucesivo en ese espíritu de convenio
entre el proletariado y los campesinos pobres, por un lado, y los campesinos
medios, por otro.
157
10.
Discurso de clausura del congreso, pronunciado el 23 de marzo.
Nuestro orden del día, camaradas, se ha agotado.
Permitirme que pronuncie unas palabras con motivo de la
terminación del congreso.
Camaradas: Hemos tenido que
reunirnos en un momento difícil, y no sólo porque hemos perdido a nuestro mejor
organizador y dirigente práctico, a Yákov Mijáilovich Sverdlov. Hemos tenido
que reunirnos en un momento especialmente difícil porque el imperialismo
internacional —ya no queda la menor duda de ello— hace el último intento, de
fuerza singular, de aplastar a la República Soviética. No nos cabe ninguna duda
de que la acrecentada ofensiva desde el Oeste y desde el Este, simultaneada con
toda una serie de levantamientos de guardias blancos y con las tentativas de
desmontar las vías férreas en varios lugares es un paso de los imperialistas de
la Entente, meditado muy a las claras y decidido con toda evidencia en París.
Todos conocemos, camaradas, las dificultades con que Rusia, después de haber
sufrido una guerra imperialista de cuatro años, tuvo que empuñar de nuevo las
armas para defender la República Soviética frente a las fieras imperialistas.
Todos sabemos cuán dura es esta guerra, cómo nos extenúa. Pero sabemos también
que si esta guerra se sostiene con sublime energía, con sublime heroísmo, es
únicamente porque se ha creado, por vez primera en el mundo, un ejército, una
fuerza armada que sabe por qué lucha, y porque los obreros y los campesinos,
que soportan sacrificios increíblemente penosos, tienen clara conciencia, por
vez primera en el mundo, de que defienden la República Socialista Soviética, el
poder de los trabajadores sobre los capitalistas, de que defienden la causa de
la revolución socialista proletaria mundial.
A pesar de esas difíciles
condiciones, hemos conseguido hacer en breve plazo una obra muy grande. Hemos
conseguido aprobar, además, por unanimidad — lo mismo que todos los acuerdos
esenciales del congreso— el programa. Estamos seguros de que, no obstante sus
numerosos defectos de redacción y de otra índole, ha entrado ya en la historia
de la III Internacional como el programa que resume la nueva etapa del
movimiento emancipador mundial del proletariado. Estamos seguros de que en toda
una serie de países en los que tenemos muchísimos más aliados y amigos de lo
que sabemos, la simple traducción de nuestro programa será la mejor respuesta a
la pregunta de qué ha hecho el Partido Comunista de Rusia, que es uno de los
destacamentos del proletariado mundial. Nuestro programa será un documento de
inmenso vigor para la propaganda y la agitación, será el documento que
permitirá a los obreros decir: "Ahí están nuestros camaradas, nuestros
hermanos; ahí se está realizando nuestra obra común".
Camaradas, hemos conseguido
también adoptar en este congreso otras decisiones importantísimas.
Hemos aprobado la creación
de la III Internacional, la Internacional Comunista, que se ha fundado aquí, en
Moscú. Hemos llegado a un acuerdo unánime sobre la cuestión militar. Por muy
grandes que parecieran al principio las discrepancias, por muy dispares que
fueran las opiniones de muchos camaradas, que han hablado aquí con toda
sinceridad de los defectos de nuestra política militar, en la comisión hemos
llegado con extraordinaria facilidad a un acuerdo absolutamente unánime. Y
saldremos de este congreso seguros de que nuestro defensor principal, el
Ejército Rojo, en aras del cual todo el país soporta tan innumerables
sacrificios, tendrá en todos los congresistas, en todos los miembros del
partido, a sus auxiliares, dirigentes, amigos y colaboradores más fervientes y
fieles sin reservas.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
Camaradas, en lo que atañe a
las cuestiones de organización, hemos resuelto con tanta facilidad los
problemas que teníamos planteados porque la historia de las relaciones del
partido con los Soviets había esbozado ya todas esas soluciones. No nos quedaba
más que resumir. Respecto al trabajo en el campo, hemos trazado con el acuerdo
unánime y rápido del congreso la pauta en un problema muy necesario y
dificilísimo, considerado en otros países incluso insoluble: en el problema de
la actitud del proletariado, después de derrocar a la burguesía, ante los
millones y millones de campesinos medios. Todos estamos seguros de que esta
resolución del congreso fortalecerá nuestro poder. En los tiempos difíciles que
vivimos, cuando los imperialistas hacen el último intento de derrocar por la
violencia el Poder soviético, cuando la perentoria escasez de víveres y la
desorganización del transporte ponen una y otra vez en una situación
desesperada a centenares, millares y millones de personas, estamos seguros de
que la resolución que hemos aprobado y el espíritu que ha animado a los
congresistas ayudarán a soportar esta prueba, ayudarán a salir de este difícil
semestre.
158
Estamos seguros de que éste
será el último semestre difícil. Nos reafirma especialmente en esta
seguridad la noticia que comunicamos hace unos días al congreso: la del triunfo
de la revolución proletaria en Hungría. Si el Poder soviético había triunfado
hasta ahora únicamente en el interior, entre los pueblos que integraban lo que
fue Imperio ruso; si la gente miope, que se desprende con particular dificultad
de la rutina y de los viejos modos de pensar (aunque pertenezca al campo de los
socialistas), podía creer hasta ahora que sólo las peculiaridades de Rusia
habían originado este inesperado viraje hacia la democracia soviética
proletaria y que en las peculiaridades de esta democracia se reflejan, quizá,
como en un espejo deformante, las viejas peculiaridades de la Rusia zarista; si
esa opinión podía mantenerse todavía, ahora ha sido destruida hasta los
cimientos. Camaradas, las noticias recibidas hoy nos pintan un cuadro de la
revolución húngara. Sabemos por las informaciones de hoy que las potencias aliadas
han presentado el ultimátum más salvaje a Hungría, exigiéndole que deje pasar a
las tropas. El gobierno burgués, al ver que las potencias aliadas quieren que
sus tropas atraviesen Hungría, al ver que sobre Hungría vuelve a recaer el
inaudito peso de una nueva guerra, el gobierno burgués conciliador ha dimitido,
ha entrado él mismo en negociaciones con los comunistas, con los camaradas
húngaros que se encontraban en las cárceles, y él mismo ha reconocido que no
hay otra salida que la entrega del poder al pueblo trabajador. (Aplausos).
Camaradas, se ha dicho de
nosotros que somos usurpadores. A fines de 1917 y comienzos de 1918, la
burguesía y muchos de sus adeptos no tenían otras palabras para hablar de
nuestra revolución que las de "violencia" y "usurpación".
Todavía se oyen afirmaciones, cuya absurdidad hemos demostrado más de una vez,
según las cuales el poder bolchevique se sostiene gracias a la violencia. Si
esas estupideces se podían repetir antes, el ejemplo de Hungría obliga a callar
ahora a quienes las decían. Hasta la burguesía ha visto que no puede existir
otro poder que el de los Soviets. La burguesía de un país más culto ha visto,
con mayor claridad que nuestra burguesía en vísperas del 25 de octubre, que el
país se hunde, que el pueblo ha de pasar por pruebas cada vez más duras y que,
por consiguiente, el poder debe estar en manos de los Soviets, que los obreros
y los campesinos de Hungría, la nueva democracia proletaria soviética, debe
salvar al país.
Las dificultades de la
revolución húngara son inmensas, camaradas. Este país, pequeño en comparación
con Rusia, puede ser estrangulado por los imperialistas con mucha mayor
facilidad. Pero cualesquiera que sean las dificultades que, sin duda, se
presentan aún a Hungría, tenemos en este caso, además de la victoria del Poder
soviético, una victoria moral
nuestra. La burguesía más radical, más democrática y conciliadora ha reconocido
que en un momento de crisis grandiosa, cuando sobre un país extenuado por la guerra
se cierne la amenaza de una nueva guerra, el Poder soviético es una necesidad
histórica; ha reconocido
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
que en un país así no puede
haber más poder que el de los Soviets, que la dictadura del proletariado.
Camaradas, hemos dejado en
pos nuestro a toda una pléyade de revolucionarios que sacrificaron su vida por
la liberación de Rusia. A la mayoría de esos militantes revolucionarios les
tocó en suerte un duro destino. Les tocaron en suerte las persecuciones del
zarismo y no han tenido la dicha de asistir al triunfo de la revolución. Pero
nosotros hemos tenido una felicidad mayor aún. No sólo hemos visto el triunfo
de nuestra revolución, no sólo hemos visto cómo se afianzaba en medio de
dificultades inauditas y creaba las nuevas formas de poder, que nos granjean
las simpatías del mundo entero, sino que vemos también que la semilla sembrada
por la revolución rusa germina en Europa. Esto hace que nazca en nosotros la
seguridad absoluta e inflexible de que, por duras que sean las pruebas que
tengamos que afrontar aún, por grandes que sean las calamidades que pueda
causarnos todavía la fiera agonizante del imperialismo internacional, esa fiera
morirá, y el socialismo vencerá en el mundo entero. (Prolongados aplausos.)
Declaro clausurado el VIII Congreso del Partido Comunista de
Rusia.
Publicados: el discurso de apertura del congreso, el informe del
Comité Central, el informe sobre el programa del partido, el discurso de
clausura de los debates en torno al informe sobre el programa del partido, la
resolución sobre la actitud ante el campesino medio y el discurso de clausura
del congreso los días 20, 21, 22, 25, 27 y 28 de marzo y el 1 y 2 de abril de
1919 en los núms. 60, 62, 64, 70 y 71 de "Pravda" y 60, 61, 62, 66,
67 y 70 de "Izvestia del CEC de toda Rusia"; las palabras contra la
propuesta de poner fin a los debates en torno al informe sobre el trabajo en el
campo, en 1919, en el libro "VIII Congreso del Partido Comunista
(bolchevique) de Rusia. Actas taquigráficas. 18-23 de marzo de 1919".
T. 38, págs.,
125-215.
VIII Congreso del PC(b) de Rusia
159
¿QUE ES EL PODER SOVIÉTICO?
Discurso grabado en
disco fonográfico.
¿Qué es el Poder soviético?
¿En qué consiste la esencia de este nuevo poder, que no quieren o no pueden
comprender aún en la mayoría de los países?
Su esencia, que atrae cada
día más a los obreros de todas las naciones, consiste en que el Estado era
gobernado antes, de uno u otro modo, por los ricos o los capitalistas, mientras
que ahora lo gobiernan por primera vez (y, además, en masa) precisamente las
clases que estaban oprimidas por el capitalismo. Mientras exista la dominación
del capital, mientras la tierra siga siendo propiedad privada, el Estado lo
gobernará siempre, incluso en la república más democrática y más libre, una
pequeña minoría, integrada en sus nueve décimas partes por capitalistas o
ricos.
Por primera vez en el mundo,
el poder del Estado ha sido organizado en Rusia de manera que únicamente los
obreros y los campesinos trabajadores, excluidos los explotadores, constituyen
los Soviets, organizaciones de masas a las que se transfiere todo el poder
público. Esa es la causa de que, por más que calumnien a Rusia los
representantes de la burguesía de todos los países, la palabra
"Soviet" no sólo se ha hecho comprensible en todo el mundo, sino
popular, entrañable para los obreros, para todos los trabajadores. Y
precisamente por eso, el Poder soviético, cualesquiera que sean las
persecuciones de que se haga objeto a los partidarios del comunismo en los
distintos países, triunfará en todo el mundo de modo ineludible o indefectible
en un futuro próximo.
Sabemos muy bien que tenemos
todavía muchos defectos en la organización del Poder soviético. Este poder no
es un talismán prodigioso. No cura de golpe las lacras del pasado, el
analfabetismo, la incultura, la herencia de la brutal guerra, la herencia del
capitalismo rapaz. En cambio, permite pasar al socialismo. Ofrece a los
oprimidos de ayer la posibilidad de elevarse y de tomar cada vez más en sus
manos toda la gobernación del Estado, toda la administración de la economía,
toda la dirección de la producción.
El Poder soviético es el
camino al socialismo, hallado por las masas trabajadoras y, por eso, un camino
acertado e invencible.
Pronunciado a fines de marzo de 1919. Publicado el 21 de enero
de 1928 eh el núm. 18 de "Pravda".
T. 38, págs. 238-289.
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
160
REUNIÓN PLENARIA Y EXTRAORDINARIA DEL
SOVIET DE MOSCÚ DE DIPUTADOS OBREROS Y COMBATIENTES DEL EJÉRCITO ROJO.
3 de abril de 1919
1. Informe sobre la
situación interior y exterior de la Republica Soviética.
Camaradas: He de comenzar mi
informe sobre la situación interior y exterior de la República Soviética
diciendo que en estos meses de primavera vamos a tener de nuevo una situación
extraordinariamente difícil. Creo que las condiciones de la guerra, tanto de la
civil como de la que sostenemos contra la Entente, nos permiten afirmar, en
todo caso, aun razonando con la mayor prudencia —volveré a referirme a esas
condiciones cuando hable de la situación internacional—, que este semestre, ya
mediado, será el último de gravedad, puesto que los capitalistas franceses e
ingleses no podrán ya repetir con tanto empuje como ahora las embestidas en que
ponen todas sus fuerzas contra nosotros. Por otra parte, todas las conquistas
que nuestro Ejército Rojo ha hecho en Ucrania y en el Don, y que podemos
consolidar, aliviarán en grado considerable nuestra situación interior, nos
proporcionarán cereales y hulla, víveres y combustibles. Pero ahora, en tanto
la lucha no ha terminado aún, en tanto tropezamos con las mayores dificultades
en el acopio de cereales en Ucrania, en tanto los caminos siguen
intransitables, debido al deshielo primaveral, la situación es gravísima.
Hemos dicho multitud de
veces que toda la fuerza del Poder soviético reside en la confianza y en la
actitud consciente de los obreros. Hemos demostrado multitud de veces que, por
más numerosos que sean los enemigos que nos rodean y los espías que la Entente
envía a nuestro país, auxiliados por algunos que, quizá sin darse cuenta,
ayudan a los guardias blancos, no debemos perder de vista ni un momento que
cada palabra pronunciada aquí será mal interpretada y que los agentes de los
guardias blancos escucharán bien atentos lo que digamos. Pero no nos importa.
Sacaremos mucho más provecho de la verdad dicha en público y sin tapujos, pues
estamos seguros de que, por dolorosa que sea, cuando se proclama claramente,
todo obrero consciente y todo campesino trabajador extraerán de ella la única
conclusión acertarla que puede extraerse.
La única conclusión posible
que de ella extraerán es, en fin de cuentas, la de que nuestra causa está
próxima a la victoria en el mundo entero y que, por más duras que sean las
condiciones de las masas trabajadoras, extenuadas, hambrientas y a atormentadas
por los cuatro años de guerra imperialista y los otros dos años de la guerra
civil más espantosa; por muy grave que sea la situación y por mucho que haya
empeorado ahora, tenernos las mayores probabilidades de obtener la victoria, y
no sólo en Rusia, sino en el mundo entero. Por eso, a pesar de lo duros que
todavía pueden ser los cuatro o cinco meses próximos, lograremos superar una
vez más nuestras dificultades y demostrar así a los enemigos, a la coalición
mundial de capitalistas, que su ofensiva contra Rusia fracasará.
Y en estos precisos momentos
hacen ellos tentativas, sin duda conforme a un plan preconcebido, de
aplastarnos por la fuerza de las armas, desde el Oeste y el Este, para salvar
del desastre a las bandas agonizantes de Krasnov. Ayer recibimos la noticia de
la caída de Mariúpol, Rostov, por lo tanto, queda medio cercado. En pocas
palabras, los países de la Entente dirigen todos sus esfuerzos a sacar del
apuro a Krasnov y a asestarnos un rudo golpe
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
esta primavera. No cabe duda
de que operan de acuerdo con Hindenburg. El camarada de Lotonin nos ha
informado de la situación en que se han visto nuestros compañeros letones. La
mayor parte del país ha sufrido unas calamidades tan grandes corno ni siquiera
se pueden imaginar los obreros de Moscú: los estragos de la invasión y del
asolamiento reiterado de las aldeas por las tropas que se desplazan en tropel.
Ahora los alemanes avanzan hacia Dvinsk para aislar a Riga. Por el Norte les
ayudan los guardias blancos estonios, sostenidos con dinero enviado por
Inglaterra y reforzados con los voluntarios que mandan los suecos y los daneses
y que están enteramente a sueldo de los multimillonarios de Inglaterra, Francia
y Norteamérica. Operan conforme a un plan común, claro por completo para
nosotros, aprovechándose de haber debilitado en Alemania, con su sangrienta
represión, el movimiento de los espartaquistas y revolucionarios. Y aunque
presienten que se les aproxima el fin, creen que la situación es lo bastante
propicia para dejar a Hindenburg que disponga de una parte de sus tropas e
intensifique la ofensiva desde el Oeste contra la torturada y atormentada
Letonia y nos amenace a nosotros. Por otra parte, Kolchak ha logrado una serie
de victorias en el Este, preparando así las condiciones para la última y más
decisiva embestida de los países de la Entente.
161
Como siempre, no se limitan
a atacar desde fuera; operan también dentro del país mediante conjuras,
rebeliones, tentativas de poner bombas y volar la conducción de agua potable a
Petrogrado, de lo que os habéis enterado por los periódicos; intentan inutilizar
las vías férreas, como han hecho cerca de Samara, por donde pasa ahora el
ferrocarril más importante que nos surte cereales del Este. Una parte de estos
cereales se ha perdido al caer en manos de Kolchak. Se han hecho tentativas de
levantar los raíles de la vía Kursk-Járkov, por la que comenzábamos a
transportar la hulla recuperada por el Ejército Rojo en la cuenca del Donets.
Cuando sumamos y examinamos todo esto junto, vemos claro que los países de la
Entente, que los imperialistas y los multimillonarios franceses hacen la última
tentativa de aplastar el Poder soviético por la fuerza de las armas.
Tanto los mencheviques corno
los eseristas de derecha e izquierda siguen sin comprender hasta hoy que la
lucha va tocando a su fin, que el problema planteado es el de la guerra más
implacable y atroz, tan pronto siguen predicando la huelga corno el cese de la
guerra civil. Adopten la actitud que quieran, ayudan a los guardias blancos.
Hablaré de ellos más adelante; aquí quería señalar sólo que la situación es
grave en realidad.
Todas las fuerzas de los
capitalistas internacionales quieren darnos esta primavera la batalla final.
Por fortuna, estas fuerzas son las de un anciano decrépito, enfermo sin cura y
agonizante: el capitalismo internacional. Pero, comoquiera que esto sea, las
fuerzas militares reunidas hoy contra nosotros son numerosísimas. Kolchak, en
concreto, ha puesto en juego ahora todas sus reservas; cuenta con nutridas
bandas de guardias blancos voluntarios y con la ayuda de Inglaterra y Estados
Unidos en forma de una inmensidad de armas y municiones. Por eso, la situación
actual nos exige una clara comprensión de las dificultades que afronta la
República Soviética.
Estamos seguros de que las
masas trabajadoras han comprendido en aras de qué se hace la guerra. Saben que
los próximos meses decidirán la suerte de nuestra revolución y, en medida
considerable, de la revolución internacional; han comprendido que esta tentativa
de los capitalistas de aplastar a la Rusia Soviética es tan enconada y que los
capitalistas arremeten contra nosotros con tanta furia porque saben que dentro
de sus países tienen delante el mismo enemigo: el movimiento bolchevique. Este
movimiento crece también en sus países con rapidez y pujanza incontenible.
Lo que comunica una gravedad
especial a nuestra situación y nos obliga a recabar de manera continuada la
ayuda de todos los obreros conscientes son las dificultades con que tropezamos
en el suministro de comestibles y en el transporte. El sistema de transporte
vino
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
siendo destrozado
paulatinamente en los cuatro años de guerra imperialista; y en un país tan
atrasado como Rusia las huellas de este destrozo no se han borrado aún, ni
podrán borrarse en muchos meses, ni quizás en años de tenaz esfuerzo. Ahora
bien, es imposible trabajar sin combustible. Sólo en el último tiempo hemos
empezado a recibir hulla de la cuenca del Donets. Sabéis que los ingleses nos
han arrebatado el petróleo de Bakú, que al haberse apoderado de una parte de
los barcos del mar Caspio y al haber ocupado a Grozni, nos obstaculizan el
aprovechamiento del petróleo. Y sin combustible no pueden funcionar ni la
industria ni los ferrocarriles. Debemos poner en tensión todas nuestras
fuerzas.
Decimos una vez más a todos nuestros camaradas: es preciso
incorporar más fuerzas a la labor de mejorar el abastecimiento de víveres y el
funcionamiento del transporte. El transporte funciona tan mal que, en el Este
de Rusia, al otro lado del Volga, hemos reunido millones de puds de trigo y
centeno —de 10 a 20 millones han sido ya acopiados y almacenados— y no podemos
transportarlos. Hemos perdido una parte de este cereal como consecuencia del
avance de las tropas de Kolchak, que tomaron Ufá y obligaron a nuestras fuerzas
a replegarse. Esta es una pérdida muy dura y dolorosa. La mejora del
funcionamiento del transporte requiere el máximo esfuerzo. Es preciso que, en
cada reunión, los obreros se pregunten: ¿cómo podemos contribuir a mejorar el
transporte? ¿No podríamos sustituir con mujeres en los trabajos de aquí a los
hombres y enviar a éstos a los talleres de reparación o a ayudar a los
ferroviarios? Los obreros sabrán cómo hacerlo mejor, pues ellos están enterados
de quién vale para qué especialidad. Eso lo sabe mejor la gente práctica, que
habrá de idear más y más formas de ayuda. Confiamos en que nuestro Comisariado
de Vías de Comunicación y nuestro Comisariado de Abastecimiento habrán
conseguido ya últimamente algunos éxitos y estamos seguros de ello. El mes del
transporte de mercancías, durante el cual ha estado suspendido el movimiento de
pasajeros, por mucho que nos calumnien nuestros enemigos, ha dado ya cierta
mejora; pero hay que decuplicar nuestros esfuerzos para obtener mayores éxitos.
Ayer se publicaron en Izvestia
algunas cifras. Citaré las principales. A comienzos de marzo llegaba a Moscú un
promedio diario de ciento dieciocho vagones de víveres, veinticinco de los
cuales eran de trigo o centeno. A fines de marzo empezaron a llegar doscientos
nueve vagones de víveres, cuarenta y siete de los cuales eran de cereales, o
sea, casi el doble que antes, lo que demuestra que fue un acierto adoptar una
medida tan drástica como la prohibición del movimiento de pasajeros. Eso
significa que hemos ayudado a la población hambrienta de Moscú, de Petrogrado y
de toda la zona industrial. Pero está muy lejos de ser todo lo que puede
hacerse. Y más adelante, cuando los caminos se pongan intransitables por
completo, pasaremos días de mayores dificultades y más hambre. Por eso decimos
que se debe trabajar con los mayores ahínco y energía en ese terreno. Debemos
apoyarnos principalmente en las masas obreras y no en los intelectuales que,
aun habiéndose puesto a nuestro servicio, son, muchos de ellos, inutilizables a
pesar de todo.
162
Debemos tener presente
asimismo la situación de Ucrania. Todo su territorio ha estado ocupado el año
entero por los alemanes, y la situación del Don ha sido gravísima en su
totalidad; hemos tenido que aguantar mucho. Pero ya va mejorando nuestra
situación. En Ucrania tenernos doscientos cincuenta y ocho millones de puds de
cereales y hemos destinado ya cien a la distribución; pero lo peor es que a los
campesinos ucranios les dura el tremendo susto que les dieron los alemanes y el
pillaje alemán. He oído decir que los campesinos están allí tan asustados por
los alemanes que, a pesar de conocer cuál es aquí la situación del Poder
soviético, siguen hasta hoy sin atreverse a tornar las tierras de los
terratenientes. Entretanto, va llegando la temporada del laboreo primaveral de
la tierra. Los campesinos ucranios han sufrido tanto en su carne los horrores
de la expoliación alemana que se muestran hasta la fecha indecisos en extremo.
Debe decirse que en Ucrania se mantuvo todo el tiempo una guerra de guerrillas,
guerra que sigue haciéndose ahora en el Sur también. Allí no hay tropas
regulares, y ésa es la causa de que no se haya logrado hasta
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
hoy una victoria completa.
Hemos desplazado hacia allá tropas regulares nuestras, pero eso no hasta. Hay
que reforzar considerablemente nuestra labor, y por eso quiero deciros que en
cada reunión de obreros se deben plantear de manera concreta el problema del
acopio y suministro de víveres y el problema del transporte. Tenemos que
decidir sin tardanza cómo aliviar la situación y cómo utilizar lo que hoy es
aprovechable.
Debemos tener bien sabido
que podremos mantenernos firmes en pie y obtener nuestras brillantes victorias
sólo mediante la fuerza de la clase obrera; por eso debernos enviar al frente a
las mejores fuerzas de nuestro proletariado. Debemos enviar al frente a los
militantes destacados. Y si por ello se resiente aquí alguna institución, es
claro que eso nos ocasionará cierto perjuicio, pero no pereceremos; en cambio,
si en el ejército hay pocos obreros, sucumbiremos sin la menor duda. Nuestro
ejército adolece hasta hoy de cohesión y organización insuficientes, y en este
sentido toda la ayuda tiene que venir de los obreros, en ellos debemos cifrar
toda nuestra esperanza. Únicamente los obreros que han pasado por toda la
lucha, que pueden transmitir toda su experiencia, todo lo que han vivido,
podrán influir en el ejército y convertir a los campesinos en los guerreros
conscientes que necesitamos.
Por eso hemos venido aquí de
nuevo, os hemos reunido a todos y os damos cuenta del calamitoso estado en que
se encuentra nuestro transporte debido a nuestra grave situación general.
Hacernos hincapié en que debernos aguantar tres o cuatro meses más, sólo
entonces será nuestra la victoria completa. Mas para eso hacen falta fuerzas.
¿De dónde sacarlas? ¿No vemos, acaso, que únicamente los obreros, que cargaban
con todo el peso de nuestro desbarajuste, cuando la lucha alternaba con las
invasiones de los guardias blancos, debido a lo cual apechugaban con todo y, en
consecuencia, adquirían gran experiencia, que los únicos que pueden ayudarnos
son estos obreros, nuestros destacamentos de vanguardia? Sabernos perfectamente
que están extenuados hasta lo increíble, que están agotados por el trabajo
sobrehumano que les ha caído en suerte. Sabemos todo eso, pero os decimos hoy
aquí, a pesar de ello, que es preciso poner en tensión todas las fuerzas, que
se debe pensar en concentrar todas las energías para la revolución, para que
ésta alcance una brillante victoria. Vienen ahora los días más difíciles y más
duros, y debemos actuar como revolucionarios. Debernos sacar las fuerzas del
medio de las masas trabajadoras.
Ayer se celebró aquí una
reunión de dirigentes influyentes del movimiento sindical de Moscú y de toda
Rusia. Y en esa reunión todos convinieron en la necesidad de incorporar en los
momentos actuales al trabajo a la gente mediana que hasta hoy todos creíamos
incapaz de realizarlo. Pero ha quedado claro por completo que, para relevar a
nuestros militantes extenuados, necesitamos poner a trabajar a este sector
mediano y que, antes de hacerlo, es necesario que lo instruyan quienes han
venido realizando este trabajo hasta hoy día. Tenemos que conservar nuestras
fuerzas, para lo cual debemos sustituir por cierto tiempo a nuestros militantes
destacados con gente mediana. Tenemos que promover a decenas de miles de
trabajadores de ésos. No temamos que no hagan su trabajo tan bien como lo
harían los militantes duchos. Si los colocamos en puestos de responsabilidad,
los errores que cometan al principio no tendrán serias consecuencias. Lo
importante para nosotros es colocarlos en puestos de responsabilidad y de vanguardia,
desde los que puedan aplicar su energía y desplegar su actividad, porque podrán
obrar con mano segura, pues sabrán que los respalda gente ducha que cuenta ya
con la experiencia de un año de trabajo en Rusia.
163
Saben que estos camaradas de
más experiencia acudirán en su ayuda y les facilitarán la tarea en los momentos
críticos. Este nuevo sector de obreros podrá hacer las cosas bien si los
obreros de vanguardia los promueven a puestos de avanzada. Y podemos hacerlo
sin menoscabo, porque este amplio sector posee instinto proletario, comprensión
proletaria y sentido del deber. Se puede confiar en ellos y afirmar que nos
ayudarán en los momentos difíciles. Rusia se ha distinguido por haber sabido
encontrar siempre, en las situaciones más
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
difíciles, a las masas
populares que podían ser impulsadas adelante, como una reserva en la que se
hallaban nuevas fuerzas cuando las viejas comenzaban a extinguirse. Sí, el
obrero de vanguardia está extenuado, y el sector que le sigue hará las cosas
peor; pero eso no es grave, ni nos ocasionará menoscabo, ni hundiremos nuestra
causa si ponemos en movimiento a estas nuevas fuerzas, si las encauzamos y no
toleramos que nuestra causa perezca.
En estas circunstancias no
se puedo menos de mencionar a los eseristas y los mencheviques. En los últimos
tiempos, el Poder soviético ha empezado a detener los y a clausurar sus
periódicos. Al verlo, algunos camaradas obreros dicen: "Eso significa que
se equivocaban los bolcheviques —yo entre ellos— que nos indujeron a hacer
cierta concesión a los demócratas pequeñoburgueses. ¿Para qué les hacíamos
concesiones, si ahora tenemos que detenerlos y clausurar sus periódicos? ¿Hay
alguna consecuencia en eso?"
Mi respuesta es la
siguiente. En un país corno Rusia, donde toda la agricultura está a cargo de
los elementos pequeñoburgueses, no podremos sostenernos mucho tiempo sin la
ayuda de este sector pequeñoburgués. Actualmente, este sector no va derecho a
la meta, sino haciendo zigzags. Si persigo a un enemigo que se retira haciendo
zigzags, y no en línea recta, yo también debo avanzar en zigzag para
alcanzarlo. Hablando en términos políticos, las masas pequeñoburguesas vacilan
entre el trabajo y el capital y necesitan recibir cien golpes para que lleguen
a comprender que la única alternativa posible es o la dictadura de la burguesía
o la dictadura de la clase obrera. Quien tiene esto presente, conoce cuál es la
situación actual. Y los obreros la conocen. La experiencia y toda una serie de
observaciones les han hecho comprender que sólo son posibles esos dos tipos de
poder: o el poder absoluto de la clase obrera o el poder absoluto de la
burguesía; ahí no hay ningún término medio, no hay ningún tercer camino.
La clase obrera hace mucho
que lo comprendió por la lucha huelguística y revolucionaria. La pequeña
burguesía no puede comprenderlo de repente; centenares de ejemplos diarios no
pueden enseñar ni hacer a la pequeña burguesía a esta idea, y ella no deja de
pensar en aliarse con la gran burguesía, pues no le cabe en la cabeza que es
inevitable o la dictadura del proletariado o la dictadura de la burguesía.
Los eseristas y los
mencheviques han sacado en limpio de la experiencia de Kolchak que la
democracia no ha dado nada, y no por casualidad, en medio de la lucha más
furiosa y desesperada, sostenida con ayuda del extranjero. Sobre ellos
presionan dos fuerzas —y no hay nada más que ellas-: o la dictadura de la
burguesía o el poder y la dictadura completa de la clase obrera; en parte
alguna pudo dar ni dio nada ningún término medio. Nada resultó de la Asamblea
Constituyente. Y eso lo sufrieron en su carne los eseristas, los mencheviques y
la pequeña burguesía.
Cuando los eseristas y los
mencheviques decían: "Nos apartaremos de Kolchak y de todos los que estén
a favor de él y de la intervención de la Entente", lo hacían no sólo con
doblez. Era no sólo una argucia política, aunque parte de esa gente pensaba
así: "Engañaremos a los bolcheviques con tal de que se nos dé la
posibilidad de volver a lo de antes". Nosotros vimos la argucia y, por
supuesto, tomamos medidas contra ella. Pero cuando los mencheviques y los
eseristas decían eso, no se trataba sólo de hipocresía y artimaña; muchos estaban persuadidos de ello. Entre esa
gente vemos no sólo a un grupo de literatos, sino también a sectores pequeñoburgueses de peritos, ingenieros, etc. Cuando los
mencheviques declararon que estaban en contra de la intervención de los
aliados, les propusimos que trabajaran con nosotros, ellos aceptaron de buen
grado. Pero hoy los perseguimos con razón de sobra a ellos y al sector
pequeñoburgués, pues este sector es de una torpeza supina para comprender. Se
ha visto en el período de Kerenski y también por su conducta actual. Cuando se
pusieron a nuestro servicio, dijeron: "Nos hemos retirado de la política;
trabajaremos de buena gana". Les contestamos: "Necesitamos
funcionarios de procedencia menchevique, ya
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
que no son ni defraudadores
de fondos públicos ni cavernícolas que se infiltran entre nosotros y se alistan
a los comunistas para hacernos faenas". Si hay quienes creen en la
Asamblea Constituyente, les decimos: "Crean, señores, y no sólo en la
Constituyente, sino en Dios también; pero hagan su trabajo y no se metan en
política". Cada día son más los que, entre ellos, se saben desprestigiados
en política: clamaban a gritos que el Poder soviético era una invención
monstruosa posible sólo en la bárbara Rusia. Decían que la disolución de la
Constituyente era un acto de bárbaros criados por el zarismo. Y estas voces
eran coreadas en Europa. Ahora llegan de Europa noticias de que el Poder
soviético va a sustituir a las asambleas constituyentes burguesas en el mundo
entero. Estas son lecciones que se dan a todos los intelectuales que se ponen a
trabajar para nosotros. Hoy trabaja para nosotros el doble de funcionarios que
hace seis meses.
164
Hemos salido ganando con haber admitido a estos funcionarios que
trabajan mejor que los cavernícolas. Cuando les propusimos que entrasen a
nuestro servicio, el los decían: "Temo a Kolchak; estoy contigo, pero no
quiero ayudarle. Razonaré como un parlamentario de los más puros, corno si
ocupase un escaño de la Constituyente; y tú no te atrevas a tocarme, pues soy
demócrata". Nosotros decimos a estos grupos que hablan de la
Constituyente: "Si van a seguir ustedes hablando así durante mucho tiempo,
los enviaremos con Kolchak o a Georgia". (Aplausos.) Se entabla una polémica y surge la oposición de un grupo
legal. Nosotros no toleraremos la oposición. Los imperialistas del mundo entero
nos agarran del pescuezo, procuran derrotarnos con toda la violencia de una
embestida armada y nos vemos obligados a pelear, y la pelea es a vida o muerte.
Si has venido aquí para ayudarnos, bienvenido seas; pero si vas a publicar
periódicos e instigar a los obreros a la huelga, y a causa de las huelgas
mueren nuestros soldados rojos en los frentes, y con cada día de huelga sufren
privaciones y el tormento del hambre decenas de miles de nuestros obreros
fabriles — el tormento que nos preocupa tanto—, os posible que tengas razón
desde el punto de vista de la Constituyente, pero desde el punto de vista de
nuestra lucha y de la responsabilidad quo recae sobre nosotros estás
equivocado, no puedes ayudarnos, ¡vete a Georgia, vete con Kolchak, o te
meteremos en la cárcel! Y lo haremos.
Camaradas, confío en que
aprobaremos por unanimidad la resolución que se presentará al final de la
reunión. Nos hemos esforzado por formular en ella las indicaciones necesarias
que he procurado argumentar en mi informe. Ahora quisiera pasar a tratar dos cuestiones:
el estado en que se encuentran los campesinos medios y la situación
internacional, que es de una importancia excepcional.
De los campesinos medios
hablamos en el congreso de nuestro partido y decidimos la pauta que éste debe
seguir con ellos. Nuestro partido ha elegido para un cargo de responsabilidad,
el de presidente del CEC de toda Rusia, cargo de tanto mayor responsabilidad
cuanto que hasta hace poco lo desempeñaba el camarada Sverdlov, organizador de
talento excepcional, al camarada Kalinin, obrero de San Petersburgo que guarda
hasta la fecha sus vínculos con el campo. Hoy publican los periódicos la
noticia del asesinato de un camarada Kalinín por los eseristas, pero no es el
Kalinín al que me refiero. Esto es una muestra de los métodos a los que
recurren los eseristas. El camarada M. I. Kalinín era campesino medio de la
provincia de Tver, y todos los años va a visitarla. Los campesinos medios
constituyen el sector más vasto de la población y se ha ampliado después de
nuestra revolución merced a que abolimos la propiedad terrateniente, privada,
de la tierra. Los campesinos resultaron beneficiados de nuestra revolución, porque
tomaron todas las tierras de los terratenientes, y eso tuvo la consecuencia de
aumentar notablemente el número de campesinos medios. Y si entre ellos se
advierte descontento, decimos que es causado desde arriba y se debe saber hasta
qué punto es legítimo, teniendo presente la insuficiencia de nuestras fuerzas.
Aquí, en la capital, sabéis cuán difícil es luchar contra los farragosos
trámites burocráticos, contra el papeleo oficinesco. Nos vemos obligados a
admitir a los funcionarios de antes, porque no hay otros.
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
Es preciso reeducarlos, enseñarles, pero eso lleva tiempo.
Podemos designar a más obreros para puestos de responsabilidad en los
organismos de abastecimiento de víveres, pero en el Control del Estado existe
todavía un número desmesurado de viejos funcionarios, y el papeleo y los
trámites burocráticos nos perjudican. Nos proponemos designar a más obreros
para que participen, al lado de los especialistas, en las labores de
supervisión y del Comisariado de Vías de Comunicación. De esa manera combatimos
la burocracia y el papeleo. ¡Cuánto nos cuesta eso incluso aquí, en Moscú! ¿Y
qué ocurre en el campo? Allí hay individuos que se dicen militantes del partido
y son a menudo unos bribones que cometen desmanes con el mayor descaro. ¡Cuán a
menudo hay que contender con gente inexperta que confunde a los campesinos
medios con los kulaks! El kulak es el que vive del trabajo ajeno, quien se
lleva los frutos del trabajo de otros y saca provecho de la pobreza. El
campesino medio no explota a otros ni es explotado; vive de su pequeña hacienda
y de su trabajo. A ningún socialista del mundo se le pasó jamás por las mientes
quitar la propiedad al pequeño agricultor. El pequeño agricultor seguirá
existiendo durante muchos años. En este caso no se podrá hacer nada con
decretos de ningún género; hay que esperar que los campesinos aprendan a tener
en cuenta la experiencia. Cuando vean que la agricultura colectiva es mucho
mejor, estarán con nosotros. Tenemos que ganarnos su confianza. Para ello
debemos luchar contra los abusos. Y sólo podemos luchar con la fuerza de los
obreros de la ciudad, ya que éstos tienen vínculos muy estrechos con los
campesinos y pueden proporcionarnos cientos de miles de colaboradores. Sabemos
perfectamente que de nada servirán los nombramientos de camaradas para altos
cargos, ni las circulares, ni los decretos; son los obreros de cada grupo y de
cada círculo los que deben emprender la obra, pues ellos tienen un nexo
especial con el campo.
165
He dicho que lo primero que
deben hacer los obreros es ayudar con todas sus fuerzas en la guerra. Lo
segundo, ayudar a los campesinos medios, estando en contacto permanente con
ellos para no dejar impune ni un solo ataque serio del enemigo en el campo. Debe
señalarse que los obreros de la ciudad ayudan a los campesinos medios como a
camaradas, pues los campesinos medios son, igual que ellos, trabajadores, con
la diferencia de que se han formado en otras condiciones, de que viven
aislados, sumidos en la ignorancia aldeana, y les resulta más difícil abrirse
camino. Y debemos saber que sólo con la tenacidad de nuestros camaradas
lograremos mantenernos en contacto con los campesinos medios. Una minoría
insignificante de campesinos se convertirá en kulaks y participará en
insurrecciones, eso lo sabemos. Y si eso es así, ¿cómo ayudar, cómo ganar la
confianza de los campesinos medios, cómo ayudarles contra los abusos de todo
género? Si hemos hecho poco en este terreno, la culpa no es nuestra, pues nos
ataba la lucha contra la burguesía. Hay que comprenderlo, hay que plantear a
cada obrero este problema y decir: nosotros, los obreros, mantenemos en suma
contacto con los campesinos medios y utilizamos este contacto, procurando que
cada campesino medio se entere de que le prestamos ayuda, no sólo por haber
nombrado al camarada Kalinin para un alto cargo, sino para que la reciba en
realidad, aunque pequeña, por el consejo de camaradas, aunque pequeño, que le
hemos dado. Los campesinos apreciarán ahora, más que nada, esa ayuda. Deben
comprender por qué la gravedad de nuestra situación nos impide prestarles la
ayuda que necesitan, la ayuda que reside en la cultura urbana. Los campesinos
necesitan productos de la ciudad, necesitan la cultura urbana, y nosotros
debemos proporcionárselos. Sólo cuando el proletariado les preste esta ayuda se
convencerán los campesinos de que los obreros les ayudan de distinta manera que
los explotadores. Ayudar al campesino a elevarse al nivel de la ciudad: ésta es
la tarea que deben imponerse todos los obreros que estén en contacto con el
campo. Los obreros urbanos deben decirse que ahora, en la primavera, cuando se
agrava sobre todo el estado del abastecimiento de víveres, deben acudir en
ayuda de los campesinos, y si cada cual hace, aunque sólo sea una pequeña parte
de esta labor, veremos que nuestro edificio no tiene sólo fachada y que nuestro
esfuerzo para consolidar el Poder soviético dará sus frutos, pues los
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
campesinos dicen:
"¡Viva el Poder soviético, vivan los bolcheviques y abajo la comuna!"
Detestan la "comuna" mal organizada e impuesta. Recelan, y su recelo
es legítimo, de todo lo que se les impone.
Nosotros debemos acudir al
lado de los campesinos medios a ayudarles, a enseñarles, pero sólo en lo
tocante al saber y al socialismo. En lo que se refiere a la agricultura,
debemos, por el contrario, aprender de ellos. Esta es la tarea que tenernos
planteada de manera apremiante.
Pasemos ahora a examinar la
situación internacional. He dicho que los imperialistas de Inglaterra, Francia
y Estados Unidos están haciendo la última tentativa de agarrarnos por el
pescuezo, pero no lo conseguirán. Por grave que sea la situación, podemos asegurar,
sin temor a equivocarnos, que venceremos al imperialismo internacional, que
venceremos a los multimillonarios del mundo entero. Y podemos vencerlos por dos
razones. Primera, porque estas fieras están tan enfrascadas en la lucha entre
ellas que siguen mordiéndose las unas a las otras sin darse cuenta de que están
al borde del abismo. Segunda, porque el Poder soviético se va propagando sin
cesar por todo el mundo. No pasa un día que no leamos de ello en los
periódicos. Hoy viene una noticia comunicada desde Lyon por una agencia
radiotelegráfica de prensa norteamericana, según la cual la Comisión de los
Diez se ha reducirlo a cuatro personas, y ahora parlamentan sólo Wilson, Lloyd
George, Clemonceau y Orlando. Ni aun las primeras figuras de cuatro naciones
pueden ponerse de acuerdo: Inglaterra y Estados Unidos no quieren otorgar a
Francia las ganancias que rinda la extracción de hulla. Son fieras que se han
llevado el botín del mundo entero y no pueden conciliarse a la hora del
reparto. Estos cuatro individuos se han encerrado en un cónclave secreto para
que, ¡Dios nos guarde!, no corran rumores —los cuatro son grandes demócratas —,
pero ellos mismos los hacen correr y envían radiogramas en los que dicen que no
están dispuestos a ceder las ganancias procedentes de la hulla. Un camarada
francés que ha visto a los prisioneros de guerra franceses me ha contado que
dicen: "Nos aseveraron que debíamos venir a Rusia a combatir contra los
alemanes, porque los alemanes habían estrangulado a nuestro país. Pero ahora
que tenemos el armisticio con Alemania, ¿contra quién vamos a luchar?" No
les respondieron ni una palabra. Y el número de los que se hacen esta pregunta
crece por millones y millones cada día. Han sufrido los horrores de la guerra
imperialista y se preguntan: “¿En aras de qué vamos a luchar'?" Antes les
explicaban los bolcheviques en octavillas clandestinas por qué los enviaban a
guerrear; ahora los imperialistas cursan radiogramas, en los que dicen que
Inglaterra no está dispuesta a ceder a Francia las ganancias procedentes de la
hulla. Así pues, según la expresión de un periodista francés, corren de
habitación en habitación, haciendo vanos esfuerzos por resolver el problema.
Dirimen a quién dar más, y llevan cinco meses riñendo entre sí. Estas fieras ya
no pueden dominarse, y seguirán riñendo hasta que no les quede más que el rabo.
Nosotros afirmamos que nuestra situación internacional era en los primeros
tiempos tan precaria que hubieran podido aplastarnos en unas cuantas semanas;
pero ahora, cuando ellos no pueden repartirse el botín, porque han comenzado a
darse dentelladas entre sí, nuestra situación es mejor. Prometen a los soldados
que, si vencen a Alemania, obtendrán ventajas inauditas. Discuten la cantidad
que van a exigir a Alemania: 60.000 u 80.000 millones. El problema es en grado
sumo de principios, en grado sumo interesante, sobre todo si se pone en
conocimiento de los obreros o los campesinos. Pero si esos individuos pierden
mucho tiempo discutiendo, no obtendrán ni uno solo. ¡Y eso es lo más
interesante!
166
Por eso nos decimos, sin
exagerar nada, y no ya como socialistas siquiera, sino sopesando con serenidad
las fuerzas que se lanzan contra nosotros, que la situación do la República
Soviética mejora por momentos, y no de día en día. Nuestros enemigos no pueden
reconciliarse. Han pasado ya cinco meses desde que triunfaron, pero no han
concertado la paz.
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
El Parlamento francés ha
votado hace poco en pro de la concesión de nuevos centenares de millones para
preparativos de guerra. Se están cavando su propia fosa, y en sus países hay
gente que los meterá en ella y los tapará bien con tierra. (Aplausos). Eso es así porque el
movimiento soviético crece en todos los países, y la revolución húngara ha
evidenciado que cuando decimos que no luchamos sólo por nosotros, sino por el
Poder soviético en el mundo entero, que los combatientes del Ejército Rojo no
derraman sangre sólo por sus camaradas hambrientos, sino por la victoria del
Poder soviético en todo el mundo, eso no es únicamente una previsión y una
promesa, sino la realidad más viva y directa.
La revolución se ha
producido en Hungría de un modo muy original. El Kerenski húngaro, que se llama
allí Károlyi, ha dimitido por su propia voluntad, y los conciliadores húngaros
—los mencheviques y los eseristas — han comprendido que se debía ir a la cárcel,
donde estaba encerrado nuestro camarada Béla Kun, uno de los mejores comunistas
húngaros. Y han ido a decirle: "¡Tiene usted que hacerse cargo del
poder!" (Aplausos.) El gobierno
burgués ha dimitido. Los socialistas burgueses, los mencheviques y los eseristas
húngaros se han fundido con el partido bolchevique húngaro y han formado un
partido único y un gobierno único. Béla Kun, un camarada nuestro, un comunista
que recorrió en Rusia todo el camino práctico del bolchevismo, me ha dicho en
la conversación que he tenido con él por radio: "No tengo mayoría en el
gobierno, pero venceré porque las masas están conmigo y se va a convocar un
congreso de los Soviets". Se trata de una revolución de trascendencia
histórica mundial.
Hasta hoy se ha venido
mintiendo a todos los obreros de Europa, afirmando, cuando se les hablaba de la
Rusia Soviética: "Allí no existe gobierno alguno, lo que hay es una simple
anarquía, son unos simples pendencieros". Recientemente, el ministro
francés Pichon ha declarado, refiriéndose a la Rusia Soviética: "¡Eso es
la anarquía, gente que hace uso de la violencia, son unos usurpadores!"
"Mirad a Rusia — han dicho los mencheviques alemanes a sus obreros—:
¡guerra, hambre y ruina! ¿Es ése el socialismo que queréis?" Y de esa
manera han intimidado a los obreros. Pero Hungría es un ejemplo de revolución
nacida de un modo distinto por completo. No cabe duda de que Hungría también
tendrá que pasar por una tenaz lucha contra la burguesía; eso es inevitable.
Pero el hecho es que cuando esas fieras, los imperialistas ingleses y
franceses, previeron el estallido de la revolución en Hungría, quisieron
hacerla abortar, impedir que naciera. La dificultad de nuestra situación
consistió en que tuvimos que crear el Poder soviético en oposición al
patriotismo. Tuvimos que romper ese patriotismo y concertar la paz de Brest,
Fue una ruptura sangrienta de lo más terrible y feroz. En los países vecinos,
la burguesía vio quiénes debían gobernar. ¿Quiénes, sino los Soviets? Algo así
como en los viejos tiempos, cuando los reyes, reyezuelos y príncipes, al ver
que su potestad iba de capa caída, decían: "Se necesita una Constitución,
¡que venga a gobernar la burguesía!" Y si el rey se debilitaba, recibía
una buena pensión o una sinecura. Hoy la burguesía mundial está pasando por lo
mismo que pasaron los reyes y reyezuelos hace cincuenta o sesenta años. Cuando
los imperialistas ingleses y franceses presentaron sus inauditas exigencias a
los capitalistas húngaros, éstos declararon: "No podemos hacer la guerra.
El pueblo no nos seguirá; pero nosotros, como patriotas húngaros, queremos dar
una respuesta contundente. ¿Qué clase de poder debe instaurarse? El Poder de
los Soviets". La burguesía húngara ha reconocido ante el mundo entero que
dimite voluntariamente y que el único poder en el mundo capaz de gobernar a los
pueblos en los momentos de gravedad es el Poder de los Soviets. (Aplausos .) Por eso la revolución
húngara, al haber nacido de un modo completamente distinto que la nuestra,
mostrará al mundo entero lo que no se descubrió con relación a Rusia, y es que
el bolchevismo está vinculado a una nueva democracia, a la democracia proletaria,
a la democracia obrera, que viene a actuar en vez del viejo parlamento. Aquélla
fue una época en la que los obreros eran engañados y sojuzgados por el capital.
El viejo parlamento burgués es desplazado ahora por el Poder soviético mundial,
que se ha granjeado la simpatía de todos los obreros, porque es el poder de los
trabajadores, el poder de los millones de seres que ejercen el mando y
gobiernan por sí
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
mismos. Es posible que
gobiernen mal, como nosotros en Rusia, pero es que las circunstancias en que
nos encontramos son de una dificultad increíble. En un país donde la burguesía
no oponga una resistencia tan rabiosa, las tareas del Poder soviético serán más
fáciles, y este poder podrá funcionar sin recurrir a la violencia, sin las
efusiones de sangre que nos impusieron los Kerenski y los imperialistas.
Recorreremos un camino más escabroso aún. No importa que sobre Rusia hayan
recaído mayores sacrificios que sobre otros países. No tiene nada de extraño,
puesto que hemos recibido en herencia el viejo desbarajuste. Otros países
acuden por otro camino, más humano, al mismo Poder soviético. Por eso el
ejemplo de Hungría tendrá una importancia decisiva.
167
La gente aprende de la
experiencia. No es posible demostrar con palabras que la razón está de parte
del Poder soviético. El ejemplo de Rusia sola no era lo suficiente comprensible
para los obreros de todo el mundo. Estos sabían que en Rusia mandaba el Soviet,
eran partidarios del Soviet, pero los asustaban los horrores de una lucha
sangrienta. El ejemplo de Hungría será decisivo para las masas proletarias,
para el proletariado europeo y los campesinos trabajadores. En los momentos de
dificultad, nadie más que el Poder soviético será capaz de dirigir el país.
Recordamos el ejemplo que
nos dan los ancianos, cuando dicen: "Nuestros hijos se han hecho mayores y
se han abierto camino; ahora ya podemos morir". Nosotros no nos disponemos
a morir. Marchamos hacia la victoria. Pero cuando vemos a hijos como Hungría,
donde existe ya el Poder soviético, decimos que hemos cumplido con nuestro
cometido, y no sólo en Rusia, sino a escala internacional también, y que
superaremos las más terribles dificultades para alcanzar la victoria completa,
para que a las repúblicas soviéticas rusa y húngara se sume — y llegaremos a
ver cómo se suma— la República Soviética mundial. (Aplausos.)
Publicado el 9 y el
10 de abril de 1919 en los núms. 76 y 77 de "Pravda".
2. Proyecto
de resolución con motivo del informe sobre la situación interior y exterior de
la Republica Soviética.
La reunión de representantes
de la clase obrera y de los campesinos de la RSFSR declara que la República
Soviética ha entrado en un mes de particular gravedad. La Entente hace las
últimas tentativas desesperadas de aplastarnos con fuerzas armadas. El estado
del abastecimiento de víveres en la primavera es de lo más calamitoso, y el
desastre del transporte causa espanto.
Por eso, únicamente poniendo
en extrema tensión nuestras fuerzas podemos salvarnos. La victoria es posible.
La revolución de Hungría ha demostrado definitivamente que el movimiento
soviético se extiende en Europa Occidental y que su victoria no se hará esperar.
Contamos con muchos aliados en todo el mundo, más de los que conocemos. Mas,
para vencer al enemigo, debernos sostenernos cuatro o cinco meses duros.
La reunión condena sin
piedad a los eseristas de izquierda*, a los mencheviques y a los eseristas de
derecha, quienes, estando de palabra en pro del Poder soviético, o en contra de
la intervención armada de la Entente, ayudan
de hecho a los guardias blancos, instigando a declarar huelgas, o a
abandonar la guerra civil (¡si bien nosotros hemos ofrecido la paz a todos!), o
a hacer concesiones a la libertad de comercio, etc.
* La primera hoja del manuscrito no se ha
conservado. El texto precedente a las palabras "eseristas de
izquierda" se publica según la copia mecanografiada. (N. de la Edit.) la reunión declara que la firmeza de espíritu de
los obreros no ha decaído, que la clase obrera sigue en su puesto, que superará
todas las dificultades y garantizará a toda costa la victoria de la República
Socialista Soviética en Rusia y en el mundo entero.
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
La reunión manifiesta a
todos los mencheviques y eseristas, dispuestos a ayudar en nuestra difícil
lucha, que pondremos a buen recaudo la plena garantía de su libertad como
ciudadanos de la República Soviética.
Pero la reunión declara una
guerra sin cuartel a los mencheviques y eseristas que, a semejanza de los
grupos literarios y políticos de Vsegdá
Vperiod!126 y Dielo
Naroda127, entorpecen de hecho nuestra lucha, ayudan
de hecho a los guardias blancos.
La reunión llama a todos los
obreros, a todas las organizaciones obreras y a todos los campesinos
trabajadores a poner en tensión todas las fuerzas para repeler a los enemigos
del Poder soviético y defender este poder, para intensificar el abastecimiento
de víveres y el funcionamiento del transporte.
1.
Incorporar
al sector mediano —es decir, a gente menos avezada que los obreros y los
campesinos avanzados para relevar a los vanguardistas extenuados.
2.
Incrementar
más y más el envío de vanguardistas y obreros corrientes a las labores del
abastecimiento de víveres, de la mejora del transporte y a trabajar con las
tropas.
3.
Intensificar
la incorporación de obreros y campesinos conscientes al trabajo en el
Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación y en los organismos de Control
del Estado a fin de mejorar su funcionamiento y extirpar la burocracia, el
papeleo y los farragosos trámites oficinescos.
4. Enviar el mayor número posible de
habitantes de las ciudades hambrientas a la agricultura, a los huertos, al
campo, a Ucrania, a la región del Don, etc., para acrecentar la producción de
cereales.
Poner en tensión todas las
fuerzas para ayudar a los campesinos medios a combatir los abusos de que a
menudo son objeto, para prestarles nuestro apoyo de camaradas y para destituir
en el plano local a los funcionarios soviéticos que no quieren aplicar esta
política, la única acertada, o que no la comprenden.
5. Combatir toda manifestación de
cansancio, apocamiento y titubeo; alentar al máximo a quienes manifiesten estas
debilidades y fortalecer la firmeza de espíritu, la conciencia política y la
disciplina de camaradas La clase obrera y el campesinado de Rusia han soportado
inconmensurables sufrimientos. De una gravedad desmedida son los últimos meses.
Pero la reunión declara que la firmeza de espíritu de los obreros no ha
decaído, que la clase obrera sigue en su puesto, que superará todas las
dificultades y garantizará a toda costa la victoria de la República Socialista
Soviética en Rusia y en el mundo entero.
Escrito entre el 1 y
3 de abril de 1919.
168
3. Resolución
con motivo del informe sobre la situación interior y exterior de la Republica
Soviética.
En la dura y gloriosa lucha
que sostiene al frente de todos los pueblos, la República Soviética pasa al
período más difícil de su existencia. Los próximos meses serán meses críticos.
La Entente hace los últimos esfuerzos desesperados para aplastarnos por la
fuerza de las armas. El estado del abastecimiento de víveres empeora en sumo
grado. El desastre del transporte es espantoso.
![]()
126
"Vsegdá Vperiod!" ("¡Siempre
Adelante!"): periódico menchevique publicado en Moscú en 1918 y 1919.
127 "Dielo Naroda" ("La Causa del Pueblo"): órgano del
partido de los eseristas; apareció con interrupciones y diversos títulos desde
marzo de 1917 hasta marzo de 1919.
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
Sólo una tensión extrema de
las fuerzas puede salvarnos. No obstante, la victoria es muy posible. La
revolución en Hungría es la prueba definitiva de que el movimiento soviético se
extiende con rapidez en Europa y de que su victoria se aproxima. Tenernos en
todos los países muchos más aliados de lo que nosotros mismos suponemos. Para
que nuestra victoria sea completa, necesitamos sostenernos otros cuatro o cinco
meses nada más, si bien pueden ser los más peligrosos y duros. Los insensatos y
los aventureros, que se denominan a sí mismos mencheviques y eseristas de
izquierda y de derecha, que se adhieren al Poder soviético y protestan de
palabra contra la intervención armada de la Entente, instigan de hecho a
declarar huelgas o preconizan las concesiones a la libertad de comercio o el
cese de la guerra civil, relegando al olvido que hemos sido nosotros quienes
propusimos la paz a todo el mundo y que nuestra guerra es una defensa justa,
legítima e ineludible. Es evidente que tal propaganda constituye la ayuda más
eficiente y real a los guardias blancos, que con su último esfuerzo nos
preparan el desastre.
La reunión condena sin piedad a estos enemigos encubiertos del
pueblo.
La reunión manifiesta a
todos los mencheviques y eseristas, realmente dispuestos a ayudarnos en nuestra
difícil lucha, que el poder obrero y campesino les concederá plena libertad y
les garantizará en toda su amplitud los derechos de ciudadanos de la República
Soviética.
La reunión declara que la
tarea del Poder soviético es hoy la guerra sin cuartel contra los mencheviques
y eseristas que, a semejanza de los grupos literarios y políticos de Vsegdá Vperiod! y Dielo Naroda; en realidad entorpecen nuestra lucha y son aliados de
nuestros enemigos jurados. La reunión
llama a todas las organizaciones obreras, a todos los proletarios y campesinos
trabajadores a poner en tensión todas las fuerzas para repeler a los enemigos
del Poder soviético y defender este poder, así como también para normalizar el
abastecimiento de víveres y el funcionamiento del transporte.
Para ello, la reunión estima necesario:
1)
Incorporar
al sector mediano —es decir, a gente menos avezada que los obreros y los
campesinos avanzados— para relevar a los vanguardistas extenuados.
2) Incrementar más y más el envío de
vanguardistas y obreros corrientes a las labores del abastecimiento de víveres,
de la mejora del transporte y a trabajar con las tropas.
3) Incorporar al mayor número posible de
obreros y campesinos conscientes al trabajo en el Comisariado del Pueblo de
Vías de Comunicación y en los organismos de Control del Estado a fin de mejorar
su funcionamiento y extirpar la burocracia, el papeleo y los farragosos
trámites oficinescos.
4) Enviar el mayor número posible de
habitantes de las ciudades hambrientas a los trabajos agrícolas del campo: a
los huertos, a Ucrania, a la región del Don, etc., para acrecentar la
producción de cereales y otros frutos de la agricultura.
5) Poner en tensión todas las fuerzas para
ayudar a los campesinos medios y poner coto a los abusos de que a menudo son
objeto, así como para prestarles nuestro apoyo de camaradas. Los funcionarios
soviéticos que no comprenden esta política, la única acertada, o no saben
aplicarla, deben ser destituidos en el acto.
6) Se pone para todos a la orden del día la
lucha contra toda manifestación de cansancio, apocamiento y titubeo. Hay que
infundir aliento en los corazones, exhortar la firmeza de espíritu, fomentar la
conciencia y reforzar la disciplina de camaradas.
La clase obrera y el
campesinado de Rusia han soportado penurias increíbles. Sus sufrimientos han
sido mayores aún durante los últimos meses. Pero la reunión declara que la
voluntad de los obreros no ha decaído, que la clase obrera sigue como antes en
su puesto,
Reunión
plenaria y extraordinaria del Soviet de Moscú de diputados obreros y ....
que está completamente segura de que
superará todas las dificultades y garantizará a toda costa la victoria de la
República Socialista Soviética en Rusia y en el mundo entero.
Publicado el 4 de
abril de 1919 en el núm. 73 de "Pravda".
T. 38, págs. 245-267.
La Tercera Internacional y su lugar en la historia
169
LA TERCERA INTERNACIONAL Y SU LUGAR EN LA HISTORIA.
Los
imperialistas de los países de la "Entente" bloquean a Rusia,
procurando aislar del mundo capitalista a la República Soviética, como foco de
contaminación. Estas gentes, que se jactan del carácter "democrático"
de sus instituciones, están tan cegadas por el odio a la República Soviética
que no se dan cuenta de que hacen el ridículo. Figúrense ustedes: unos países
adelantados, los más civilizados y "democráticos", que están armados
hasta los dientes y ejercen el dominio militar absoluto sobre todo el mundo,
temen como al fuego el contagio ideológico
procedente de un país arruinado, hambriento, atrasado y que, según ellos, ¡es incluso un país semisalvaje!
Esta sola contradicción abre
ya los ojos a las masas trabajadoras de todos los países y ayuda a
desenmascarar la hipocresía de los imperialistas Clemenceau, Lloyd George,
Wilson y sus gobiernos.
Pero a nosotros nos ayuda no
sólo la ceguera que el odio a los Soviets causa a los capitalistas, sino
también las discordias mutuas que los separan y que los llevan a ponerse
zancadillas los unos a los otros. Los capitalistas han organizado entre sí una verdadera
conspiración del silencio, temerosos más que nada de la difusión de noticias
verídicas sobre la República Soviética, en general, y de sus documentos
oficiales, en particular. Sin embargo, el órgano principal de la burguesía
francesa, Le Temps128, ha publicado la noticia sobre la fundación, en Moscú, de la III
Internacional, de la Internacional Comunista.
Expresamos a este órgano
principal de la burguesía francesa, a este portavoz del chovinismo y del
imperialismo francés, nuestro más respetuoso agradecimiento. Estamos dispuestos
a remitir a Le Temps un mensaje
solemne para manifestarle nuestro reconocimiento por la ayuda que nos presta de
un modo tan acortado y hábil.
La manera en que dicho
periódico ha redactado su información, basándose en nuestro comunicado por
radio, muestra con claridad meridiana los motivos que han guiado a este órgano
del dinero. Quería disparar un dardo contra Wilson, como para mortificarlo, diciéndole:
"¡Vea qué gentes son ésas con las que usted admite que se entablen
negociaciones!" Los sabihondos que escriben por encargo de la gente
adinerada no ven que su empeño de atemorizar a Wilson con los bolcheviques se
transforma, a los ojos de las masas trabajadoras, en una propaganda a favor de
los bolcheviques. Repetirnos: ¡Nuestro más respetuoso agradecimiento al órgano
periodístico de los millonarios franceses!
La III Internacional ha sido
fundada en una situación mundial en la que ni las prohibiciones ni los
miserables malabarismos y triquiñuelas de los imperialistas de la
"Entente" o de los lacayos del capitalismo, al estilo de Scheidemann
en Alemania y de Renner en Austria, pueden impedir que entre la clase obrera
del mundo entero se difundan las noticias acerca de esta Internacional y las
simpatías que ella despierta. Esta situación la ha creado la revolución
proletaria, que, de un modo evidente, está tomando incremento en todas partes
cada día, cada hora. Esta situación la ha creado el movimiento soviético entre las masas trabajadoras,
el cual ha alcanzado ya una potencia tal que se ha convertido verdaderamente en
un movimiento internacional.
La I Internacional
(1864-1872) echó los cimientos de la organización internacional de los obreros
para la preparación de su ofensiva revolucionaria contra el capital. La II
Internacional
![]()
128 “Le
Temps" ("El tiempo"): diario publicado en París desde 1861
hasta 1942. Reflejaba los intereses de los medios gobernantes de Francia y era
de hecho órgano oficial del Ministerio de Negocios Extranjeros.
La Tercera Internacional y su lugar en la historia
(1889-1914) ha sido una
organización internacional del movimiento proletario, cuyo crecimiento se
realizaba en amplitud, cosa que no
pudo menos de originar un descenso temporal del nivel revolucionario y un
robustecimiento temporal del oportunismo, que, en fin de cuentas, llevó a dicha
Internacional a una bancarrota ignominiosa.
De hecho, la III
Internacional se fundó en 1918, cuando el largo proceso de la lucha contra el
oportunismo y el socialchovinismo, sobre todo durante la guerra, condujo a la
formación de partidos comunistas en una serie de naciones. Oficialmente la III
Internacional se ha fundado en su I Congreso, celebrado en marzo de 1919 en
Moscú. El rasgo más característico de esta Internacional, su misión, es
cumplir, poner en práctica los preceptos del marxismo y hacer realidad los
ideales seculares del socialismo y del movimiento obrero. Este rasgo, el más
peculiar de la III Internacional, se ha manifestado inmediatamente en que la
nueva "Asociación Internacional de los Trabajadores", la tercera, ha
comenzado a identificarse ya desde ahora,
en cierto grado, con la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas.
170
La I Internacional echó los cimientos de la lucha proletaria
internacional por el socialismo.
La II Internacional marca la
época de la preparación del terreno para una amplia extensión del movimiento
entre las masas en una serie de países.
La III Internacional ha
recogido los frutos del trabajo de la II Internacional, ha amputado la parte
corrompida, oportunista, socialchovinista, burguesa y pequeñoburguesa y ha comenzado a implantar la dictadura
del proletariado.
La alianza internacional de
los partidos que dirigen el movimiento más revolucionario del mundo, el
movimiento del proletariado para el derrocamiento del yugo del capital, cuenta
ahora con una base más sólida que nunca: varias Repúblicas Soviéticas que convierten en realidad, a escala
internacional, la dictadura del proletariado, la victoria de éste sobre el
capitalismo.
La importancia histórica
universal de la III Internacional, de la Internacional Comunista, reside en que
ha comenzado a poner en práctica la consigna más importante de Marx, la
consigna que resume el desarrollo del socialismo y del movimiento obrero a lo
largo de un siglo, la consigna expresada en este concepto: dictadura del
proletariado.
Esta previsión genial, esta teoría genial se está haciendo
realidad.
Estas palabras latinas están traducidas
actualmente a los idiomas de todos los pueblos de la Europa contemporánea; más
aún, a los idiomas de todos los pueblos del mundo.
Ha comenzado una nueva época
de la historia universal. La humanidad se sacude la última forma de esclavitud:
la esclavitud capitalista, o sea, la esclavitud asalariada.
Al liberarse de la esclavitud, la humanidad adquiere por vez
primera la verdadera libertad.
¿Cómo ha podido suceder que
haya sido precisamente uno de los países más atrasados de Europa el primero en
implantar la dictadura del proletariado, en organizar la República Soviética?
No es probable que nos equivoquemos si afirmamos que precisamente esta
contradicción entre el atraso de Rusia y su "salto" a la forma más
elevada de democracia, a la democracia soviética o proletaria, por encima de la
democracia burguesa, ha sido una de las causas (además del peso de las
costumbres oportunistas y de los prejuicios filisteos sobre la mayoría de los
jefes socialistas) que ha dificultado mucho o retardado en Occidente la
comprensión del papel de los Soviets.
Las masas obreras del mundo
entero percibieron instintivamente el significado de los Soviets como arma de
lucha del proletariado y como forma del Estado proletario. Pero los
"líderes", corrompidos por el oportunismo, seguían y siguen rindiendo
pleitesía a la democracia burguesa, calificándola de "democracia" en
general.
La Tercera Internacional y su lugar en la historia
¿Qué hay de extraño, pues,
en que la implantación de la dictadura del proletariado haya mostrado, ante
todo, la "contradicción" entre el atraso de Rusia y su
"salto" por encima de la
democracia burguesa? Cabría extrañarse si la historia nos brindara la
posibilidad de implantar una forma nueva
de democracia sin una serie de
contradicciones.
Cualquier marxista, incluso
cualquier hombre familiarizado con la ciencia moderna en general , al que
preguntáramos si es probable el paso uniforme o armónico y proporcional de los
diversos países capitalistas a la dictadura del proletariado, nos respondería,
sin duda, que no. En el mundo del capitalismo no hubo ni pudo haber jamás nada
uniforme, ni armónico, ni proporcional. Cada país ha ido desarrollando con
particular relieve uno u otro aspecto o rasgo, o todo un grupo de rasgos,
inherentes al capitalismo y al movimiento obrero. El proceso de desarrollo ha
transcurrido en forma desigual.
Cuando Francia llevó a cabo
su gran revolución burguesa, despertando a todo el continente europeo a una
vida nueva en la historia, Inglaterra, aunque estaba mucho más desarrollada que
Francia en el sentido capitalista, se puso a la cabeza de la coalición
contrarrevolucionaria. Pero el movimiento obrero inglés de aquella época
anticipó ya genialmente muchos de los aspectos del marxismo futuro.
Cuando Inglaterra dio al
mundo el primer movimiento proletario y revolucionario, movimiento amplio,
verdaderamente de masas con fisonomía política, el movimiento carlista129, en el continente europeo se producían revoluciones burguesas,
en su mayoría débiles, mientras que en Francia estalló la primera gran guerra
civil entre el proletariado y la burguesía. La burguesía derrotó por separado,
y de manera distinta en los diferentes países, a los diversos destacamentos
nacionales del proletariado.
Inglaterra constituyó el
modelo de país en el que, según expresión de Engels, la burguesía y la
aristocracia aburguesada habían creado la cúspide más aburguesada del
proletariado130. Un país capitalista adelantado resultó
llevar un atraso de varios decenios en el sentido de la lucha revolucionaria
del proletariado. Francia parecía haber agotado sus fuerzas del proletariado en
las dos heroicas insurrecciones de 1848 y 1871 de la clase obrera contra la
burguesía, insurrecciones que fueron una aportación valiosísima en el sentido
histórico universal. Luego, desde los años 70 del siglo XIX, la hegemonía del
movimiento obrero en la Internacional pasó a Alemania, cuando este país
marchaba en el aspecto económico a la zaga de Inglaterra y Francia. Y cuando
Alemania adelantó en desarrollo económico a estos dos países, es decir, en el
segundo decenio del siglo XX, a la cabeza del partido obrero La Tercera
Internacional y su lugar en la historia marxista de Alemania, que servía de
modelo universal, se encontraba un puñado de bellacos redomados, desde
Scheidemann y Noske hasta David y Legien, inmunda canalla vendida a los
capitalistas, los verdugos más repugnantes salidos de la clase obrera y puestos
al servicio de la monarquía y de la burguesía contrarrevolucionaria.
171
La historia mundial conduce
indefectiblemente a la dictadura del proletariado. Pero no lo hace, ni mucho
menos, por caminos lisos, llanos y rectos.
Cuando Carlos Kautsky era
todavía marxista, y no el renegado del marxismo en que se ha convertido al
luchar por la unidad con los Scheidernann y por la democracia burguesa contra
![]()
129 Cartismo: movimiento de la clase obrera de
Inglaterra en los años 30-40 del siglo XIX. Tras de publicar la Carta del
Pueblo (y de ahí la denominación de cartismo)
los participantes en este movimiento lucharon en defensa de las
reivindicaciones que contenía: sufragio universal, abolición de la
obligatoriedad de poseer tierra para ser diputado al Parlamento, etc. Durante
varios años se celebraron en todo el país mítines y manifestaciones en los que
participaron millones de obreros y artesanos.
El Parlamento inglés se negó a aprobar la Carta del Pueblo y
rechazó todas las peticiones de los cartistas. El gobierno desencadenó contra
ellos crueles represiones y encarceló a sus líderes. El movimiento fue
aplastado, pero el cartismo ejerció gran influencia en el desarrollo ulterior
del movimiento obrero internacional.
130 Véase la carta de F. Engels a C. Marx del 7 de octubre de 1858.
La Tercera Internacional y su lugar en la historia
la democracia soviética o
proletaria, escribió a principios del siglo XX un artículo titulado Los eslavos y la revolución. En este
artículo exponía las condiciones históricas que marcaban la posibilidad de que la hegemonía en el movimiento revolucionario
mundial pasara a los eslavos.
Y así ha sucedido.
Temporalmente —se sobrentiende que sólo por poco tiempo—, la hegemonía en la
Internacional revolucionaria del proletariado ha pasado a los rusos, tal como
pasó, en diversos períodos del siglo XIX, a los ingleses, luego a los franceses
y más tardo a los alemanes.
He tenido ocasión de decir
reiteradas veces: en comparación con los países adelantados, a los rusos les ha
sido más fácil comenzar la gran
revolución proletaria, pero les será más difícil continuarla y llevarla hasta el triunfo definitivo, en el sentido
de la organización completa de la
sociedad socialista.
Nos ha sido más fácil
comenzar, primero, porque el atraso político de la monarquía zarista — atraso
excepcional para la Europa del siglo XX— originaba un empuje revolucionario de
las masas de una fuerza excepcional. Segundo, porque el atraso de Rusia hizo
coincidir de un modo peculiar la revolución proletaria contra la burguesía con
la revolución campesina contra los terratenientes. De ahí partimos en Octubre
de 1917 y no hubiéramos vencido entonces con tanta facilidad de no haber
arrancado de ahí. En 1856, refiriéndose a Prusia, Marx indicaba ya la
posibilidad de una original combinación de la revolución proletaria con una
guerra campesina131. Los bolcheviques, desde el comienzo do
1905, abogaban por la idea de la dictadura democrática revolucionaria del
proletariado y de los campesinos. Tercero, la revolución de 1905 contribuyó
muchísimo a la educación política de las masas obreras y campesinas, tanto en
el sentido de familiarizar a su vanguardia con la "última palabra"
del socialismo en Occidente como en el sentido de la acción revolucionaria de las masas. Sin este "ensayo
general" de 1905, las revoluciones de 1917, tanto la burguesa de febrero
como la proletaria de Octubre, habrían sido imposibles. Cuarto, las condiciones
geográficas permitieron a Rusia sostenerse más tiempo que otras naciones frente
a la superioridad militar de los países capitalistas adelantados. Quinto, la
actitud peculiar del proletariado ante los campesinos facilitaba la transición
de la revolución burguesa a la revolución socialista, facilitaba la influencia
de los proletarios de la ciudad sobre los sectores semiproletarios, los
sectores pobres de los trabajadores del campo. Sexto, la larga escuela de lucha
huelguística y la experiencia del movimiento obrero de masas de Europa facilitaron
el surgimiento, en una situación revolucionaria que se exacerbaba profunda y
rápidamente, de una forma tan peculiar de organización revolucionaria del
proletariado como son los Soviets.
Esta enumeración, claro está, no es completa. Pero, por ahora,
podemos limitarnos a ella.
La democracia soviética o proletaria
tiene su cuna en Rusia. En comparación con la Comuna de París, se ha dado el
segundo paso de importancia histórica universal. La república proletaria y
campesina de los Soviets ha resultado ser la primera república socialista
sólida en el mundo. Esta república no puede ya desaparecer como nuevo tipo de Estado. Esta república ya
no está sola en el mundo.
Para continuar y llevar a
cabo la obra de la construcción del socialismo aún hace falta mucho, muchísimo.
Las repúblicas soviéticas de los países más cultos, en los que el proletariado
tiene mayores peso e influencia, cuentan con todas las probabilidades de
sobrepasar a Rusia cuando emprendan el camino de la dictadura del proletariado.
La II Internacional en
bancarrota está agonizando y se descompone en vida. De hecho, desempeña el
papel de lacayo de la burguesía internacional. Es una verdadera Internacional
amarilla. Sus jefes ideológicos más destacados, como Kautsky, cantan loas a la
democracia
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131 Véase la carta de C. Marx a F. Engels del 16 de abril de 1856.
La Tercera Internacional y su lugar en la historia
burguesa,
calificándola de "democracia" en general o —lo que es más necio y
burdo todavía— de "democracia pura".
La democracia burguesa ha
caducado, lo mismo que la II Internacional, la cual cumplía un trabajo
necesario y útil en el plano histórico, cuando estaba planteada a la orden del
día la obra de preparar a las masas obreras en el marco de esta democracia burguesa.
La república burguesa más
democrática ha sido siempre, y no podía ser otra cosa, una máquina para la
opresión de los trabajadores por el capital, un instrumento del poder político
del capital, la dictadura de la burguesía. La república democrática burguesa
prometía el poder a la mayoría, lo proclamaba, pero jamás pudo realizarlo ya
que existía la propiedad privada de la tierra y demás medios de producción.
La "libertad" en
la república democrática burguesa era, de hecho, la libertad para los ricos. Los proletarios y los
campesinos trabajadores podían y debían aprovecharla con objeto de preparar sus
fuerzas para derrocar el capital, para vencer a la democracia burguesa; pero, de hecho, las masas trabajadoras, por
regla general, no podían gozar de la democracia bajo el capitalismo.
172
La democracia soviética o
proletaria ha creado por vez primera en el mundo una democracia para las masas, para los trabajadores, para los obreros
y los pequeños campesinos.
Jamás ha existido en el
mundo un poder estatal ejercido por la mayoría
de la población, un poder que fuera efectivamente
de esta mayoría, como lo es el Poder soviético.
Este poder coarta la
"libertad" de los explotadores y de sus auxiliares, les priva de la
"libertad" de explotar, de la "libertad" de lucrarse con el
hambre, de la "libertad" de luchar por la restauración del poder del
capital, de la " libertad " de confabularse con la burguesía
extranjera contra los obreros y campesinos de su patria.
Que sigan los Kautsky
defendiendo semejante libertad. Para ello hay que ser un renegado del marxismo,
un renegado del socialismo.
En ninguna otra cosa se ha
manifestado con tanta evidencia la bancarrota de los jefes ideológicos de la II
Internacional, del tipo de Hilferding y Kautsky, como en su total incapacidad
para comprender la significación de la democracia soviética o proletaria, la
relación de esta democracia con la Comuna de París, el lugar de esta misma
democracia en la historia, la necesidad de su existencia como forma de la
dictadura del proletariado.
El periódico La Libertad (Die Freiheit), órgano de
prensa de la socialdemocracia alemana "independiente" (léase:
filistea, pequeñoburguesa), publica en su núm. 74, del 11 de febrero de 1919,
un llamamiento titulado "Al proletariado revolucionario de Alemania".
Este llamamiento está
firmado por el comité dirigente de dicho partido y por toda su minoría en la
"Asamblea Nacional", la "Constituyente" alemana.
En él se acusa a los
Scheidemann de tenor la intención de eliminar los Soviets y se propone —¡bromas aparte!— combinar los Soviets con la Constituyente, conferir a los Soviets
ciertos derechos estatales, un determinado lugar en la Constitución.
¡Conciliar, unir la
dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado! ¡Qué sencillo es
todo eso!
¡Qué idea filistea más genial!
Sólo es de lamentar que la
hayan experimentado ya en Rusia, bajo Kerenski, los mencheviques y
socialistas-revolucionarios unidos, esos demócratas pequeñoburgueses que se
creen socialistas.
La Tercera Internacional y su lugar en la historia
Quien, al leer a Marx, no
haya comprendido que en cada situación grave, en cada conflicto importante
entre las clases que se da en la sociedad capitalista sólo es posible la
dictadura de la burguesía o la dictadura del proletariado, no ha comprendido
nada de la doctrina económica ni de la doctrina política de Marx.
Pero la idea, de genialidad
filistea, que se les ha ocurrido a Hilferding, Kautsky y Cía., de unir de un
modo pacífico la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado,
requiere un análisis especial, siempre que se quiera analizar a fondo los
absurdos económicos y políticos acumulados en este notabilísimo y ridiculísimo
llamamiento del 11 de febrero. Habrá que aplazarlo, pues, para otro artículo*.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Moscú, 15 de abril de 1919.
Publicado en mayo de
1919 en el núm. 1 de la revista "La Internacional Comunista".
T. 38, págs. 301-309.
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
173
I CONGRESO NACIONAL DE INSTRUCCIÓN EXTRAESCOLAR.
6-19 de mayo de 1919.
1. Discurso de saludo
pronunciado el 6 de mayo.
Camaradas: Me alegra mucho saludar al Congreso de Instrucción
Extraescolar. Claro que no esperaréis de mí un discurso que cale en el fondo
del tema como lo ha hecho el orador que me ha precedido, el camarada
Lunacharski, enterado del problema y que se ocupa especialmente de él.
Permitidme que me limite a pronunciar unas palabras de saludo y a exponer
algunas breves observaciones y consideraciones que he tenido ocasión de hacer
cuando en el Consejo de Comisarios del Pueblo se ha tratado algo de cerca vuestro
trabajo concreto. Estoy seguro de que difícilmente podrá encontrarse otra
esfera de la actividad soviética que haya alcanzado en año y medio éxitos tan
colosales como los logrados por la instrucción extraescolar. Es indudable que a
vosotros y a nosotros nos ha sido más fácil trabajar en esta esfera que en
otros terrenos. En esta esfera hemos tenido que apartar a un lado viejas trabas
y viejos obstáculos. En esta esfera nos ha sido más fácil satisfacer la enorme
necesidad de conocimientos, de instrucción libre, de desarrollo libre que se
dejó sentir, sobre todo, entre las masas obreras y campesinas; pues sí, gracias
al poderoso empuje de las masas, nos fue fácil retirar los obstáculos
exteriores que se alzaban en su camino, demoler las históricas instituciones
burguesas que nos ataban a la guerra imperialista y condenaban a Rusia a las
mayores dificultades, dimanantes de dicha guerra; si nos fue fácil romper los
obstáculos exteriores, tuvimos, en cambio, que soportar con tanta mayor dureza
todo el peso del trabajo de reeducación de las masas, de organización u
instrucción, de difusión de los conocimientos, de la lucha contra la herencia
de ignorancia e incultura, de salvajismo y embrutecimiento que recibimos. Hubo
que desplegar la lucha en este terreno con métodos completamente distintos. En
este terreno podíamos cifrar nuestras esperanzas únicamente en un éxito
duradero y en la influencia tenaz y constante de los sectores avanzados de la
población, en esa influencia que es acogida con el mayor entusiasmo por las
masas, y, a menudo, tenemos la culpa de dar menos de lo que podríamos dar. Me
parece que en estos primeros pasos, en la difusión de la instrucción
extraescolar, libre, no limitada por los viejos marcos y convencionalismos,
instrucción a la que tiende la población adulta, tuvimos que luchar, sobre
todo, con obstáculos de dos tipos, heredados ambos de la vieja sociedad, de la
sociedad capitalista, que nos ata hasta ahora, que tira de nosotros hacia abajo
con miles y millones de hilos, maromas y cadenas.
La primera deficiencia ha
sido la abundancia de individuos procedentes de los sectores intelectuales
burgueses que tenían a cada paso los establecimientos de enseñanza de los
campesinos y de los obreros, creados de nueva manera, por el campo más propicio
para sus invenciones personales en materia de filosofía o de la cultura, cuando
las más absurdas contorsiones eran presentadas a cada paso por algo nuevo y se
hacía pasar algo sobrenatural y absurdo por arte puramente proletario y cultura
puramente proletaria. (Aplausos.)
Pero en los primeros tiempos eso era natural y, quizás, perdonable, y no se puede culpar de ello a un vasto
movimiento; confío en que, a pesar de todo y en definitiva, vamos saliendo de
eso y saldremos del todo.
La segunda deficiencia es
también heredada del capitalismo. Al demoler lo viejo, en su afán de saber, las
grandes masas de trabajadores pequeñoburgueses no podían aportar nada
organizante ni nada organizado. Pude hacer algunas observaciones en el Consejo
de Comisarios del Pueblo cuando se planteaba movilizar a los letrados y
organizar un
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
departamento de bibliotecas,
y de esas pequeñas observaciones saqué la conclusión de que las cosas marchaban
muy mal en ese terreno. Claro que en los discursos de saludo no se acostumbra a
hablar de lo malo. Pero confío en que sois gente libre de esos convencionalismos
y no os enfadaréis conmigo si os participo algunas de mis tristes
observaciones. Cuando nos planteábamos movilizar a los letrados, lo que más
saltaba a la vista era que la revolución había tenido un brillante éxito en
nuestro país sin desquiciar de golpe los moldes de la revolución burguesa.
Despejaba el campo para el desarrollo a las fuerzas existentes, y esas fuerzas
existentes eran pequeñoburguesas, con esa misma consigna de "cada uno para
sí y Dios para todos", con esa misma maldita consigna capitalista que
nunca puede llevar a nada que no sea a Kolchak y a la restauración del viejo
orden de cosas burgués. Cuando se mira lo que se hace en el país para instruir
a los analfabetos, pienso que se ha hecho muy poco, y nuestra tarea común en
este terreno es comprender que se necesita la organización de los elementos
proletarios. El quid de la cuestión no reside en las frases irrisorias que
quedan en el papel, sino en las medidas impostergables que se deben ofrecer al
pueblo en seguida y que hagan que toda persona culta tenga por deber suyo la
necesidad de instruir a varios analfabetos. Eso lo hemos proclamado en un
decreto132. En este terreno, sin embargo, no se ha
hecho casi nada.
174
Cuando tuve que ver en el
Consejo de Comisarios del Pueblo otro problema, el de las bibliotecas, dije:
las quejas que se vienen oyendo sin cesar —la culpa es de nuestro atraso en la
producción, tenemos pocos libros y no podemos imprimirlos en la cantidad
suficiente— son verdad. Eso me dije. Claro que no tenemos combustible, que las
fábricas están paradas, que escasea el papel y no podemos obtener libros. Todo
eso es así, pero también lo es que no podemos conseguir los libros que tenemos.
Seguimos padeciendo, en este sentido, de la ingenuidad y la ineptitud del
mujik, quien, después de saquear la biblioteca del señor, corría a su casa y
temía que alguien se la quitara, pues el mujik no tenía ni podía tener aún la
conciencia de que es posible una distribución adecuada, de que el fisco no es
algo odiado, de que el fisco es patrimonio común de los obreros y demás
trabajadores. Las masas campesinas sin desarrollo no tienen la culpa de no
haber adquirido esa conciencia, y desde el punto de vista del desenvolvimiento
de la revolución eso es completamente lógico, es una fase inevitable, y cuando
el campesino se llevaba a su casa la biblioteca y la tenía allí oculta de los
demás, no podía proceder de otro modo, pues no concebía que se pudieran unir
todas las bibliotecas de Rusia, que habría bastantes libros para saciar la sed
de lectura de los letrados y enseñar a los analfabetos. Ahora hay que combatir
las secuelas de la desorganización, el caos y las ridículas disensiones entre
las entidades. Esa debe ser nuestra tarea fundamental. Debemos poner manos a la
obra simple y esencial de movilizar a la gente letrada y combatir el
analfabetismo. Debemos utilizar los libros que tenemos y acometer la creación
de una red organizada de bibliotecas que ayuden al pueblo a utilizar todos los
libros que tengamos, sin montar organizaciones paralelas, creando una sola
organización metódica. En esta pequeña obra se refleja la tarea principal de
nuestra revolución. Si no cumple esta tarea, si no pone rumbo a la creación de
una sola organización metódica de verdad, que acabe con el estúpido caos y los
absurdos existentes en Rusia, esa revolución no pasará de revolución burguesa,
pues la peculiaridad fundamental de la revolución proletaria, que marcha hacia
el comunismo, consiste precisamente en eso, mientras que a la burguesía le
bastaba con demoler lo viejo y dar libertad a la economía campesina, que
regeneraba ese mismo capitalismo, como en todas las revoluciones de antes.
![]()
132
Se
refiere al decreto "Sobre la movilización de los instruidos y la
organización de la propaganda del régimen soviético", adoptado el 10 de
diciembre de 1918 por el Consejo de Comisarios del Pueblo. Este decreto
proponía hacer un censo de toda la población instruida, destacando de entre
ellos a los que supieran leer bien para organizarlos en grupos que deberían
"...primero, dar a conocer todas las medidas del gobierno a la población
analfabeta y, segundo, coadyuvar al desarrollo político de toda la población en
general...".
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
Si nos llamamos Partido
Comunista, debemos comprender que sólo ahora, cuando hemos acabado con los
obstáculos exteriores y demolido las viejas instituciones, se alza ante
nosotros por primera vez de verdad y en toda su talla la tarea primera de una
verdadera revolución proletaria: la de organizar a decenas y centenares de
millones de personas.
Después de la experiencia de
año y medio que todos hemos adquirido en este terreno, debemos emprender al fin
el camino certero que nos lleve a vencer esa incultura, esa ignorancia y esa
barbarie a causa de las cuales hemos tenido que padecer todo el tiempo.
(Clamorosos aplausos.)
2. Discurso
acerca de cómo se engaña al pueblo con las consignas de libertad e igualdad,
pronunciado el 19 de mayo.
Camaradas: Permitidme que,
en vez de emitir un juicio de los momentos en que vivimos, como creo que
esperabais hoy algunos de vosotros, dé respuesta a los problemas políticos más
importantes, y no sólo teóricos, naturalmente, sino también prácticos, que se
nos plantean ahora, que caracterizan toda la etapa de la revolución soviética y
que suscitan más discusiones y más diatribas entre los que se tienen por
socialistas, que promueven más incomprensiones entre quienes se consideran
demócratas y difunden de buen grado y ampliamente acusaciones de que
infringimos la democracia. Me parece que estos problemas políticos generales se
encuentran con excesiva frecuencia, incluso siempre, en toda la propaganda y
agitación actuales, en todas las publicaciones hostiles al bolchevismo, sí,
claro está, dichas publicaciones rebasan algo, por poco que sea, el nivel de
meras falsedades, calumnias e injurias que se ve en todos los órganos de prensa
de la burguesía. Si tomamos las publicaciones que, por poco que sea, rebasan
ese nivel, creo que veremos que los problemas fundamentales, como son el de la
relación entre democracia y dictadura, el de las tareas de la clase
revolucionaria en un período revolucionario, el de las tareas del paso al
socialismo en general y el de las relaciones entre la clase obrera y el
campesinado, constituyen la base principal de todos los debates políticos
actuales, y nuestra misión primordial debe ser esclarecerlos, aunque a veces
pueda pareceros un tanto alejada de los temas candentes del día. Claro está que
en una breve exposición no puedo pretender a abarcar todos estos problemas. He
elegido unos cuantos, y de ellos es de los que quisiera hablaros.
I
175
El primero de los problemas
elegidos es el de las dificultades con que tropieza toda revolución, todo
tránsito a un nuevo régimen. Si os fijáis en las invectivas que lanzan a
granizadas contra los bolcheviques quienes se tienen por socialistas y demócratas
— podemos citar como modelo de gente de este tipo a los grupos de autores de Vsegdá Vperiod! y Dielo Noroda, periódicos clausurados, y, a mi parecer, con razón
sobrada y en beneficio de la
revolución, periódicos cuyos representantes recurren las más de las veces a la
crítica teórica en sus ataques, demasiado naturales en órganos que nuestras
autoridades consideran contrarrevolucionarios—, si os fijáis en las invectivas
que se lanzan contra el bolchevismo desde ese campo veréis que a cada paso se
nos hace la siguiente acusación: "Trabajadores, los bolcheviques os
prometieron pan, paz y libertad; pero no os han dado ni pan, ni paz, ni
libertad; os han engañado, y el engaño consiste en que han abandonado la
democracia". Del abandono de la democracia hablaré aparte. Por de pronto
trataré del otro aspecto de la misma acusación: "Los bolcheviques os
prometieron pan, paz y libertad, pero, en realidad, os han dado la continuación
de la guerra, os han dado una lucha cruel y tenaz en particular, una guerra de
todos los imperialistas, de los capitalistas de todos los países de la
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
Entente, esto es, de los
países más civilizados y avanzados, contra la Rusia torturada, atormentada,
atrasada y exhausta". Estas acusaciones, repito, las encontraréis en todos
los periódicos mencionados, las oiréis en boca de todos los intelectuales
burgueses que, claro está, no se tienen por burgueses; las oiréis siempre en
boca de todos los filisteos. Pues bien, os invito a reflexionar en las
acusaciones de este tipo.
Sí; los bolcheviques fuimos
a la revolución contra la burguesía, al derrocamiento del gobierno burgués por
la violencia, a la ruptura con todas las costumbres tradicionales, con las
promesas y preceptos de la democracia burguesa; fuimos a la lucha y a la guerra
más enconadas y atroces para aplastar a las clases poseedoras; lo hicimos para
sacar a Rusia, y luego a toda la humanidad, de la matanza imperialista y acabar
con todas las guerras. Sí, los bolcheviques fuimos a la revolución por eso y,
claro está, jamás se nos ha ocurrido abandonar dicha misión fundamental, la más
importante. También es indudable que los intentos de salir de esta matanza
imperialista, y desterrar la dominación de la burguesía han impulsado a todos
los países civilizados a la cruzada contra Rusia, Pues ése es el programa
político de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, por mucho que aseveren que
han abandonado la idea de la intervención. Por mucho que los Lloyd George, los
Wilson y los Clemenceau aseveren que han abandonado la idea de la intervención,
todos sabemos que mienten. Sabemos que los barcos de guerra de los aliados, que
zarparon (fueron obligados a hacerlo) de Odesa y Sebastopol, bloquean ahora el
litoral del mar Negro e incluso cañonean, cerca de Kerch, la parte de la península
de Crimea donde se han hecho fuertes los del ejército voluntario. Les dicen:
"Eso no podemos cedéroslo a vosotros. Aunque los voluntarios no acaben con
vosotros, no podemos cederos esta parte de la península de Crimea, porque si lo
hacemos, seréis los dueños del mar de Azov, nos interceptaréis el paso hacia
Denikin y nos privaréis de la posibilidad de abastecer a nuestros amigos".
O fijaos en la ofensiva que se está desplegando contra Petrogrado: ayer hubo un
combate entre uno de nuestros destructores y cuatro destructores del enemigo.
¿Acaso no está claro que eso es una intervención? ¿Acaso no es la Flota inglesa
la que participa allí'? ¿No ocurre otro tanto en Arjánguelsk y en Siberia? La
realidad es que hoy todo el mundo civilizado está en contra de Rusia.
Cabe preguntarse: ¿hemos
entrado en contradicción con nosotros mismos, al llamar a los trabajadores a la
revolución, prometerles la paz y venir a parar en la cruzada de todo el mundo
civilizado contra la Rusia débil, exhausta, atrasada y arruinada? ¿O están en
pugna con los conceptos elementales de democracia y socialismo quienes han
tenido la desfachatez de lanzarnos semejante reproche? Ese es el problema. Para
planteároslo en forma teórica, general, haré una comparación. Hablamos de la
clase revolucionaria, de la política revolucionaria del pueblo, pero os
propongo que tomemos a un revolucionario por separado. Tomemos, por ejemplo, a
Chernyshevski y aquilatemos su labor. ¿Cómo podría aquilatarla un patán de
ignorancia supina? Puede que diga: "Bien, he ahí a un hombre que destruyó
su vida, que fue a parar a Siberia y no consiguió nada". Ahí tenéis un
modelo. Si no sabemos de quién es esa opinión, diremos: "En el mejor de
los casos, es de un ignorante supino que tal vez no tenga la culpa de ser tan
ignorante que no puede comprender la importancia de la labor de un
revolucionario por separado en la cadena general de acontecimientos
revolucionarios; o es la opinión de un granuja, partidario de la reacción, que
procura intimidar adrede a los trabajadores para apartarlos de la
revolución". He tomado el ejemplo de Chernyshevski porque, cualquiera que
sea la tendencia de quienes se denominan a sí mismos socialistas, no pueden
tener discrepancias de fondo en el enjuiciamiento de un revolucionario como él.
Todos convendrán en que, si se enjuicia a un revolucionario según el criterio
de los sacrificios estériles a simple vista, y a menudo infructuosos, que ha
hecho, dejando a un lado el contenido de su labor y la conexión de su actividad
con la de los revolucionarios anteriores y posteriores, si se enjuicia así el
alcance de su actividad, eso es o un desconocimiento y una ignorancia supinas o
una defensa malintencionada e hipócrita de
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
los intereses de la
reacción, de la opresión, de la explotación y del yugo de la clase explotadora.
En cuanto a esto, no puede haber divergencias.
176
Ahora invito a pasar de un
revolucionario por separado a la revolución de todo un pueblo, de todo un país.
¿Acaso ha negado alguna vez un solo bolchevique que la revolución podrá
triunfar definitivamente sólo cuando abarque a todos o, al menos, a varios de
los países avanzados más importantes? Siempre lo hemos dicho. ¿Acaso hemos
afirmado que se podía salir de la guerra imperialista, clavando simplemente las
bayonetas en el suelo'? Empleo adrede esta expresión, que en el período de
Kerenski acostumbrábamos a emplear todos nuestros camaradas y yo personalmente
en resoluciones, en discursos y en los periódicos. No se puede — decíamos—
poner fin a la guerra clavando las bayonetas en el suelo; si hay partidarios de
la doctrina de Tolstóí que piensan así, lo sentimos, pues han perdido el
juicio; qué se le va a hacer, no se les puede pedir nada.
Sosteníamos que la salida de
esta guerra podía implicar una guerra revolucionaria. Eso lo dijimos a partir
de 1915, y más tarde, en el período de Kerenski. Por supuesto, una guerra
revolucionaria es también una guerra no menos tenaz, sangrienta y atormentadora.
Y cuando llega a transformarse en revolución a escala mundial, provoca
inevitablemente una resistencia a esa misma escala mundial. Por eso, cuando
ahora nos encontramos en una situación en la que todos los países civilizados
del mundo han abierto una cruzada contra Rusia, no debemos extrañarnos de que
algunos mujiks, completos ignorantes, nos acusen de que no cumplimos nuestras
promesas. Diremos que no se les puede pedir nada. El desconocimiento absoluto y
la ignorancia supina en que viven nos impide echarles la culpa. En efecto,
¿cómo podemos pedir que un campesino ignorante por completo comprenda que hay
guerras y guerras, que hay guerras justas o injustas, guerras progresistas y
guerras reaccionarias, guerras de clases avanzadas y guerras de clases reaccionarias,
guerras que sirven para perpetuar la opresión de una clase y guerras que sirven
para acabar con la opresión? Para eso hay que conocer la lucha de las clases,
los principios del socialismo y un poco, al menos, de historia de la
revolución. Y eso no podemos exigírselo a un campesino ignorante.
Pero si un hombre que se
llama demócrata, o socialista, que sube a una tribuna para hablar en público,
independientemente de cómo se llame — menchevique, socialdemócrata, eserista,
socialista verdadero o partidario de la Internacional de Berna, pues hay muchos
calificativos, y son baratos—, si un sujeto así nos lanza la acusación:
"¡Vosotros prometisteis la paz y provocasteis la guerra!", ¿qué se le
debe contestar? ¿Podemos suponer que ha llegado al grado de desconocimiento del
palurdo que no puede distinguir una guerra de otra? ¿Podemos admitir que no
entienda la diferencia existente entre la guerra imperialista, que ha sido una
guerra de rapiña y ahora está desenmascarada hasta el fin — después de la paz
de Versalles133 únicamente los que no sepan razonar ni
pensar en absoluto o los que estén ciegos por completo pueden no ver que ha
sido una guerra de rapiña por ambas partes—, podernos admitir que exista un
solo hombre que sepa leer y escribir y no comprenda la diferencia existente
entre esa guerra de rapiña y la que sostenemos nosotros, guerra que adquiere
proporciones mundiales, pues la burguesía ha entendido que es su combate
postrero y decisivo? No podemos admitirlo. Por eso decimos: todo el que
pretenda al título de demócrata o de socialista del matiz que sea y difunda de
una manera u otra, directa o indirectamente entre el pueblo la acusación de que
los bolcheviques prolongan la guerra civil,
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133 Paz
de Versalles: sistema
de tratados de paz redactados en la Conferencia de Paz de París en 1919, cuando
hubo terminado la guerra imperialista mundial de 1914-1918 entre Alemania y sus
enemigos: los EE.UU., el Imperio británico, Francia, Italia, el Japón y los
países adheridos a ellos. El Tratado de Paz de Versalles tenía por objeto
consolidar el reparto del mundo capitalista a favor de las potencias vencedoras
y crear un sistema de relaciones entre los países que estuviera encaminado a
estrangular a la Rusia Soviética y derrotar el movimiento revolucionario en
todo el mundo.
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
que es dura y dolorosa, en
tanto que habían prometido la paz, es un partidario de la burguesía; y le
responderemos así y le plantaremos cara lo mismo que hicimos con Kolchak. Esa
es nuestra respuesta. De eso se trata.
Los señores de Dielo Naroda se asombran: "También
nosotros —dicen— estamos contra Kolchak, ¡qué escandalosa injusticia es que nos
persigan!"
Lo sentimos mucho, señores, que no quieran atar cabos ni
comprender el mero abecé de la política que induce a determinadas conclusiones.
Ustedes afirman que están contra Kolchak. Tomo los periódicos Vsegdá Vperiod! y Dielo Naroda y entresaco las digresiones filisteas de ese tipo,
esos estados de ánimo tan extendidos ahora entre los intelectuales y que son
los predominantes en su seno. Y digo: todo el que entre ustedes difunda en el
pueblo acusaciones de ese tipo es un secuaz de Kolchak porque no comprende la
diferencia elemental, fundamental, al alcance de toda persona letrada, que
existe entre la guerra imperialista, que hemos desbaratado, y la guerra civil
que nos hemos echado encima. Jamás hemos ocultado al pueblo que afrontábamos
esto riesgo. Ponemos en tensión todas nuestras fuerzas para derrotar en esta
guerra civil a la burguesía y excluir toda posibilidad de opresión de clase. No
ha habido ni puede haber una revolución garantizada contra una lucha larga y
porfiada, llena tal vez de los sacrificios más espantosos. Y quien no sepa
distinguir entre los sacrificios que se hacen por la victoria durante una lucha
revolucionaria, cuando todas las clases poseedoras, todas las clases
contrarrevolucionarias combaten a la revolución; quien no sepa distinguir estos
sacrificios de los que entraña una guerra de rapiña sostenida por los
explotadores es un ignorante de lo más supino —y habría que mandarlo a aprender
el abecé, darle la instrucción más elemental antes de pasar a la enseñanza
extraescolar— o es un hipócrita reclamado y partidario de Kolchak, llámese como
se llame y se encubra con el calificativo que quiera.
177
Y estas acusaciones contra los bolcheviques son las más
corrientes y "en boga". En efecto, estas acusaciones están muy en
boga entre las grandes masas trabajadoras, pues al campesino ignorante le
cuesta mucho comprender eso. Los sufrimientos que le causa la guerra son los
mismos, independientemente del motivo por el que se haga. No me extrañaría oír
en boca de los campesinos ignorantes opiniones como ésta: "Combatimos para
el zar, peleamos también mandados por los mencheviques, y ahora tendremos que
hacerlo aún a favor de los bolcheviques". No me extraña. En efecto, la
guerra es la guerra y acarrea un sin fin de penosos sacrificios. "El zar
decía que era una guerra por la libertad y por librarnos del yugo; los
mencheviques decían que era una guerra por la libertad y por librarnos del
yugo; y ahora los bolcheviques nos dicen lo mismo. Todos nos vienen con lo
mismo, ¿cómo queréis que entendamos eso?"
En efecto, ¿cómo va a
entender eso un campesino ignorante'? Las personas como él tienen aún que
aprender lo más elemental de la política. Mas ¿qué podemos decir de quien
emplea las palabras "revolución", "democracia" y
"socialismo" y tiene la pretensión de emplearlas, conociendo su
significado? No puede hacer trucos con esos conceptos si no quiere convertirse
en un fullero político, pues la diferencia entre una guerra de dos grupos de
bandidos y una guerra desplegada por una clase oprimida que se rebela contra el
bandolerismo en todas sus formas es una diferencia elemental, básica, de raíz.
Y no se trata de que tal o cual partido, tal o cual clase, tal o cual gobierno
justifique la guerra, sino de cuál es el fondo de esa guerra, cuál es su
contenido de clase, qué clase la hace y qué política se plasma en esa guerra.
II
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
Del enjuiciamiento del grave
y difícil período que estamos viviendo y va unido indefectiblemente a la
revolución paso ahora a otro problema político, que surge asimismo en todas las
discusiones y que mueve también a confusión: el del pacto con los imperialistas,
el de la alianza, el de la transacción con los imperialistas.
Es probable que hayáis visto
en los periódicos los nombres de dos socialistas -revolucionarios, llamados el
uno Volski y el otro creo que Sviatitski, los cuales han escrito últimamente en
Izvestia134, entre otros periódicos, y han
publicado su manifiesto. Se tienen precisamente por socialistas-revolucionarios de esos a los que no se puede acusar
de secuaces de Kolchak, pues han huido del campo de Kolchak, han sufrido de
mano de Kolchak y, al venir a nuestro campo, nos han prestado un servicio
contra Kolchak. Eso es verdad. Pero fijaos en los razonamientos de estos
ciudadanos, fijaos cómo enjuician el problema del pacto con los imperialistas,
de la alianza o de la transacción con los imperialistas. Tuve ocasión de leer
sus razonamientos cuando sus escritos fueron recogidos por las autoridades
nuestras que combaten la contrarrevolución y cuando hubo que revisar sus
documentos para poder juzgar sin equivocarnos hasta qué grado estuvieron
complicados en la lucha de Kolchak. Se trata, indudablemente, de lo mejor de
los eseristas. En sus escritos encontré razonamientos como éste: "Ahí
tienen, esperan que nos arrepintamos. Eso es lo que esperan de nosotros.
¡Nunca, ni de nada! ¡No
tenemos de qué arrepentirnos! Nos acusan de haber concertado un pacto, una
transacción con la Entente, con los imperialistas. Y vosotros, los
bolcheviques, ¿no estuvisteis en tratos con los imperialistas alemanes?
¿Qué fue la paz de Brest?
¿Acaso la paz de Brest no fue una transacción con el imperialismo? Vosotros
concertasteis un acuerdo con el imperialismo alemán en Brest; nosotros lo
concertamos con el imperialismo francés; ¡estamos en paz, no tenernos de qué arrepentirnos!"
Este razonamiento encontrado
por mí en los escritos de los individuos que he mencionado y de quienes piensan
como ellos es el que encuentro también cuando recuerdo los periódicos citados y
cuando trato de resumir las impresiones que me producen las palabras de
filisteos. Razonamientos como ése se encuentran a cada paso. Es uno de los
principales razonamientos políticos que tiene uno que abordar. Pues bien, os
invito a examinarlo, analizarlo y reflexionar en él desde el punto de vista
teórico.
¿Cuál es su significado?
¿Tienen razón los que dicen: "Nosotros, los demócratas y socialistas,
pactamos con la Entente; vosotros pactasteis con Guillermo y concertasteis la
paz de Brest; no tenemos nada que echarnos en cara los unos a los otros, estamos
en paz"? ¿O la tenemos nosotros cuando decimos que quienes han demostrado
estar no ya de palabra, sino de hecho, concertados con la Entente contra la
revolución bolchevique son secuaces de Kolchak? Aunque lo nieguen cien mil
veces, aunque se hayan apartado personalmente de Kolchak y hayan declarado ante
todo el pueblo que están contra él, son secuaces de Kolchak por sus raíces
fundamentales, por toda la naturaleza y el significado de sus razonamientos,
por todos sus actos. ¿Quién tiene razón? Este es el problema fundamental de la
revolución, y hay que meditar en él.
Para aclarar este problema,
me permitiré aducir otra comparación, esta vez no con un revolucionario, sino
con un filisteo por separado. Imaginaos que el automóvil en que vais queda
rodeado de bandidos, y éstos os encañonan con un revólver. Imaginaos que, en
vista de eso, entregáis a los bandidos vuestro dinero y vuestras armas y hasta
les permitís que se vayan en el automóvil. ¿Qué ha pasado? Habéis dado a los
bandidos el dinero y las armas.
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134 "Izvestia" (“Las Noticias"): diario que apareció en
febrero de 1917 como órgano del CEC y, a partir de 1922, como órgano del CEC de
la URSS y del CEC de toda Rusia. En la actualidad aparece con el título de Izvestia Soviétov Deputátov Trudiáschijsia
("Noticias de los Soviets de Diputados de los Trabajadores").
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
Eso os un hecho. Imaginaos
ahora que otro ciudadano entrega a los bandidos armas y dinero para participar
en las correrías de esos bandidos contra gente pacífica.
178
En ambos casos hay una
transacción. Y el que sea escrita u oral no tiene importancia. Puede uno
imaginarse que una persona entrega, sin decir palabra, su revólver, sus armas y
su dinero. El fondo de la transacción está claro. Esa persona dice: "Te entrego
mi revólver, mis armas y mi dinero, y tú me das la posibilidad de librarme de
tu grata compañía".
(Risas.) La transacción es patente. También es igualmente posible un
acuerdo tácito por parte de una persona que entrega a los bandidos armas y
dinero para permitirles robar a otros y recibir luego una parte del botín. Esto
es también un acuerdo tácito.
Ahora os pregunto: ¿habrá
alguien que esté en sus cabales y no sepa distinguir entre esos dos acuerdos?
Me responderéis que si hay
alguien incapaz de distinguir entre esas dos transacciones y dice: "Tú has
entregado a los bandidos armas y dinero; por tanto, no acuses más a nadie de
bandolerismo; ¿qué derecho tienes, pues, para acusar a otros de bandolerismo?",
debe ser un cretino. Si encontráis a una persona como ésa, tendréis que
admitir, o al menos en 999 casos de cada 1.000 se admitirá, que ese individuo
no está en sus cabales y que con él no se puede hablar no ya de política, sino
ni siquiera de delitos comunes.
Ahora os propongo que
pasemos de este ejemplo a la comparación entre la paz de Brest y el acuerdo con
la Entente. ¿Qué fue la paz de Brest? ¿No fue, acaso, la violencia de unos
bandidos que nos atacaron cuando propusimos honradamente la paz e invitamos a
todos los pueblos a que derrocaran a su
burguesía? ¡Habría sido ridículo si hubiéramos comenzado por el derrocamiento
de la burguesía alemana! Nosotros desenmascaramos este tratado ante el mundo
entero, explicando que era el más rapaz y expoliador; lo condenamos e incluso
nos negamos a suscribirlo en seguida, pues confiábamos en la colaboración de
los obreros alemanes. Pero cuando los salteadores nos encañonaron con el
revólver, dijimos: tomad las armas y el dinero; ya os ajustaremos las cuentas
por otros medios. Sabemos que el imperialismo alemán tiene otro enemigo que
sólo no ven los ciegos. Ese enemigo son los obreros alemanes. Dicha transacción
con el imperialismo, ¿puede compararse con el acuerdo que han concertado
demócratas, socialistas, socialistas- revolucionarios —bromas aparte, radicales
a cuál más— con la Entente para combatir a los obreros de su propio país? Pues
bien, eso es lo que han hecho y lo que aún siguen haciendo hasta hoy. Pues no
se negará que la parte más influyente de los mencheviques y eseristas que
tienen fama en Europa sigue viviendo en el extranjero y está aliada con la
Entente. No sé si es un convenio suscrito o no, quizás no lo sea, pues la gente
lista hace esas cosas a la chita callando. Pero lo que está claro es que el
convenio existe, ya que los llevan en palmitas, les facilitan pasaportes y
emiten comunicaciones radiotelegráficas a todo el mundo, anunciando que hoy ha
pronunciado un discurso Axelrod, mañana hablará Sávinkov o Avxéntiev y pasado
mañana lo hará Breshkóvskaya. ¿Acaso no es éste un acuerdo, si bien tácito? ¿Y
puede decirse que sea un acuerdo con los imperialistas como el que concertamos
nosotros? Por fuera se parece tanto al nuestro como el proceder de la persona
que entrega a los bandidos las armas y el dinero se parece a todo acto de este
tipo, cualquiera que sea su objetivo y su carácter; en todo caso, cualquiera
que sea la finalidad con que uno entrega a los bandidos su dinero y sus armas.
Lo mismo da si lo hace para librarse de ellos cuando lo atacan y se ve en
trance de que lo maten si no les da el revólver, o entrega dinero y armas a
unos bandoleros que van a robar, y él está enterado y participa en el reparto
del botín.
"Naturalmente, yo llamo
a esto liberar a Rusia de la dictadura de los tiranos; soy demócrata, por
supuesto, pues apoyo la consabida democracia de Siberia o la de Arjánguelsk, y
lucho, desde luego, por la Asamblea Constituyente. ¡No os atreváis a sospechar
que estoy complicado en algo censurable, y si presto algún servicio a esos
bandidos de imperialistas
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ingleses, franceses y
norteamericanos, lo hago en bien de la democracia, de la Asamblea
Constituyente, de la soberanía del pueblo, de la unidad de las clases
trabajadoras de la población y del derrocamiento de los bolcheviques, esos
usurpadores que gobiernan por la violencia!"
Ni que decir tiene que los
fines son de lo más nobles. Pero ¿no han oído acaso los que se dedican a la
política que no se juzga de ésta por las palabras, sino por su contenido real
de clase? ¿A qué clase sirve uno? Si tiene algún convenio con los imperialistas,
¿participa del bandolerismo imperialista o no?
En mi Carta a los obreros
norteamericanos* decía yo, entre otras cosas, que cuando el pueblo
revolucionario norteamericano sostuvo en el siglo XVIII, para emanciparse de
Inglaterra, una de las primeras guerras verdaderamente liberadoras y más
grandes de la historia, una de las pocas guerras verdaderamente revolucionarias
de la historia de la humanidad, al luchar ese pueblo, el gran pueblo
revolucionario norteamericano, por su emancipación concertó acuerdos con los
bandidos del imperialismo español y francés, que entonces poseían colonias,
contiguas a este pueblo, en la misma América. Aliado con estos bandidos, fue
asestando golpes a los ingleses y se liberó de ellos. ¿Ha habido algún
extravagante en alguna parte, habéis visto a algún socialista, socialista-revolucionario,
representante de la democracia o como quiera que se llame —incluso
menchevique—, habéis oído alguna vez que se haya atrevido a acusar en público
de eso al pueblo norteamericano, que se haya atrevido a decir que infringió los
principios de la democracia, de la libertad, etc.? Aún no ha nacido ningún tipo
tan raro; y ahora aparecen entre nosotros individuos como ésos, que se
atribuyen esas denominaciones e incluso tienen la pretensión de militar en la
misma Internacional que nosotros, y dicen que no es sino una jugarreta de los
bolcheviques —pues bien se sabe que los bolcheviques son unos pillines— el que
organicen su Internacional Comunista y no quieran entrar en la Internacional de
Berna, ¡en la buena, vieja, una y única Internacional!
* Véase la presente edición, t. 8. (N. de la Edit.)
179
Y hay gente que dice:
"No tenemos de qué arrepentirnos; vosotros concertasteis un acuerdo con
Guillermo, y nosotros con la Entente, ¡estamos en paz!"
Yo afirmo que si esos
individuos tienen la noción política más elemental, son secuaces de Kolchak,
por mucho que personalmente les repugne lo que representa Kolchak, por mucho
que hayan sufrido personalmente de su mano y a despecho de haberse pasado a nuestro
lado. Son secuaces de Kolchak, pues no es posible imaginarse que no ven la
diferencia existente entre un pacto obligado en la lucha contra los
explotadores —pacto como los que las clases explotadas se han visto a menudo
obligadas a concertar a lo largo de la historia de la revolución— y la conducta
de los representantes más influyentes de nuestros demócratas de pacotilla, de
nuestros intelectuales que se las dan de "socialistas", una parte de
los cuales pactó ayer, y otra pacta hoy, con los bandidos y salteadores del
imperialismo internacional contra una parte
—como ellos dicen — de las clases trabajadoras de su propio país. Estos
individuos son secuaces de Kolchak y con ellos no cabe otra actitud que la que
deben tener los revolucionarios conscientes con los secuaces de Kolchak.
III
Paso ahora al siguiente problema, al de nuestra actitud ante la
democracia en general.
Ya he tenido ocasión de
señalar que la justificación más corriente, la defensa más corriente de la
postura política que los demócratas y los socialistas adoptan contra nosotros
es apelar a la democracia. El propugnador más decidido de este punto de vista
en las publicaciones europeas es, como sin duda sabéis, Kautsky, el jefe
ideológico de la II Internacional y miembro
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
de la Internacional de Berna
hasta la fecha. "Los bolcheviques —dice Kautsky-han elegido un método que
viola la democracia, han elegido el método de la dictadura, y por eso llevan
mal camino". Este es un argumento que se repite miles y millones de veces
por doquier y siempre en todas las publicaciones y en los periódicos que he
mencionado. Lo repiten siempre todos los intelectuales y, a veces, lo repite de
manera medio inconsciente el común de las gentes. "Democracia es libertad,
es igualdad, es acato de la voluntad de la mayoría; ¿qué puede haber superior a
la libertad, a la igualdad y al acato de la voluntad de la mayoría? ¡Si
vosotros, los bolcheviques, os habéis apartado de esto e incluso tenéis la
desfachatez de afirmar públicamente que estáis por encima de la libertad, de la
igualdad y de la voluntad de la mayoría, no os extrañéis ni os quejéis de que
os llamemos usurpadores que gobernáis por la violencia!"
No nos extraña en absoluto,
porque lo que más anhelamos es la claridad y confiamos sólo en que el sector
avanzado de los trabajadores tenga en realidad clara conciencia de su
situación. Sí; hemos dicho y decimos siempre en nuestro programa, en el programa
de nuestro partido, que no nos dejaremos engañar por consignas tan bien
sonantes como las de libertad, igualdad y acato de la voluntad de la mayoría y
que tenemos por secuaces de Kolchak a quienes se llaman demócratas, partidarios
de la democracia pura, adictos de la democracia consecuente y se oponen directa
o indirectamente a la dictadura del proletariado.
Entendámonos, pues las cosas
deben quedar claras. La culpa de los demócratas puros ¿consiste realmente en
que predican la democracia pura, en que la defienden contra los usurpadores, o
en que se ponen del lado de las clases poseedoras, del lado de Kolchak?
Comencemos a entendernos por
el problema de la libertad. Ni que decir tiene que libertad es una consigna
esencialísima para toda revolución, ya sea esta socialista o democrática.
Nuestro programa enuncia: la libertad, si está en pugna con la liberación del
trabajo del yugo del capi tal, es un engaño. Y todo el que, entre vosotros,
haya leído a Marx —creo que incluso el que haya leído, al menos, una sola
exposición popular de la doctrina de Marx — sabrá que Marx dedicó la mayor
parte de su vida, la mayor parte de sus obras literarias y la mayor parte de
sus investigaciones científicas precisamente a burlarse de la libertad, de la
igualdad, del acato de la voluntad de la mayoría y de todos los Bentharn que
escribían palabras tan lindas sobre eso y a demostrar que, en el trasfondo de
esas frases, no se ve nada más que los intereses de la libertad de los
poseedores de mercancías, los intereses de la libertad del capital que éste
utiliza para oprimir a las masas trabajadoras.
180
Cuando ha llegado la hora de
derrocar la dominación del capital en el mundo entero, o en un país al menos;
cuando ha llegado ese momento histórico, en que sale a primer plano la lucha de
las clases trabajadoras oprimidas por el derrocamiento completo del capital y
por la supresión completa de la producción mercantil, decimos que cuantos en
ese momento político esgrimen el concepto de "libertad" en general y
se oponen en nombre de esa libertad a la dictadura del proletariado, no hacen
más que ayudar a los explotadores y son secuaces suyos, ya que la libertad, si
no se supedita a la tarea de emancipar el trabajo del yugo del capital, es un
engaño, como lo declaramos abiertamente nosotros en el programa de nuestro
partido. Es posible que huelgue desde el punto de vista de la estructura del
programa, pero es de lo más sustancial desde el punto de vista de toda nuestra
propaganda y agitación, desde el punto de vista de los principios de la lucha
proletaria y del poder proletario. Sabemos de sobra que es necesario luchar
contra el capital mundial; sabemos de sobra que el capital mundial se proponía
en su época conquistar la libertad, que dicho capital barrió la servidumbre
feudal y dio la libertad burguesa. Sabemos perfectamente que éste es un
progreso de trascendencia histórica. Y declaramos que luchamos contra el
capitalismo en general, contra el capitalismo republicano, contra el
capitalismo democrático, contra el capitalismo libre, aunque sabemos,
naturalmente, que el capitalismo enarbolará contra nosotros la bandera de la
libertad. Y le respondemos. Hemos creído necesario dar en nuestro
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
programa esta respuesta:
toda libertad es un engaño si está en pugna con la liberación del trabajo del
yugo del capital.
¿Por ventura eso no es así?
¿Acaso la libertad no está en pugna con la liberación del trabajo del yugo del
capital? Fijaos en todos los países de Europa Occidental, en los que hayáis
estado o de los que, al menos, hayáis leído algo. En todos los libros se pinta
el régimen existente en esos países como el más libre de todos; y ahora, esos
países civilizados de Europa Occidental
—Francia, Inglaterra— y
Estados Unidos han enarbolado esa bandera y arremeten contra los bolcheviques
"en nombre de la libertad". El otro día — ahora los periódicos
franceses nos llegan rara vez, ya que estamos cercados por completo, pero nos enteramos
por radio de las noticias, pues del aire, a pesar de todo, no pueden apoderarse
e interceptamos los radiogramas extranjeros— , el otro día tuve ocasión de leer
un mensaje transmitido por el rapaz gobierno de Francia: decía que Francia, al
luchar contra los bolcheviques y apoyar a los adversarios de éstos, sigue
llevando en alto el "sublime ideal de la libertad" que le es propio.
Eso lo oímos a cada paso, ése es el tono fundamental de su polémica con
nosotros.
¿A qué llaman ellos
libertad? Esos franceses, ingleses y norteamericanos civilizados llaman
libertad, al menos, a la libertad de reunión. En la constitución debe figurar
un artículo que diga: "Libertad de reunión para todos los
ciudadanos". "Ese es —dicen— el contenido, la manifestación
fundamental de la libertad. Y ustedes, los bolcheviques, han violado la
libertad de reunión".
Sí —contestamos— , la
libertad que predican ustedes, señores ingleses, franceses y norteamericanos,
es un engaño si está en pugna con la liberación del trabajo del yugo del
capital. Se han olvidado de una pequeñez, señores civilizados. Se han olvidado
de que la libertad de ustedes está inscrita en una constitución que legitima la propiedad privada. He ahí el
quid de la cuestión.
La libertad al lado de la
propiedad: eso es lo que tienen ustedes inscrito en su constitución. El que
ustedes admitan la libertad de reunión es, por supuesto, un progreso inmenso en
comparación con el régimen feudal, con la Edad Media, con la servidumbre. La
han admitido todos los socialistas mientras se han valido de la libertad de la
sociedad burguesa para enseñar al proletariado a sacudirse el yugo del
capitalismo.
Pero la libertad de ustedes
no es más que libertad en el papel, y no en la práctica. Eso significa que si
en las grandes ciudades existen locales espaciosos, como éste, pertenecen a los
capitalistas y a los terratenientes y suelen llamarse "clubs de la
nobleza". Podéis reuniros libremente, ciudadanos de la República
democrática de Rusia, pero el salón es propiedad privada; perdonad, por favor,
pero hay que respetar la propiedad privada; si no la respetáis, seréis unos
bolcheviques, unos criminales, unos bandidos, unos salteadores y unos truhanes.
Pero nosotros decimos: "Le daremos la vuelta a todo esto. Primero haremos
que este edificio deje de ser "club de la nobleza" y lo convertiremos
en local para las organizaciones obreras; ya hablaremos luego de la libertad de
reunión". Ustedes nos acusan de violar la libertad. Por nuestra parte,
nosotros decirnos que toda libertad, si no se supedita a la tarea de emancipar
el trabajo del yugo del capital, es un engaño. La libertad de reunión, inscrita
en las constituciones de todas las repúblicas burguesas, es un engaño, pues,
para poder reunirse en un país civilizado que, pese a todo, no ha abolido el
invierno ni ha cambiado el clima, hay que tener locales, y los mejores son
propiedad privada. Primero confiscaremos los mejores locales y ya hablaremos
luego de libertad.
Deciros que conceder
libertad de reunión a los capitalistas es el mayor de los crímenes contra los
trabajadores; eso es libertad de reunión para los contrarrevolucionarios.
Decimos a los señores intelectuales burgueses, a los señores partidarios de la
democracia: ¡ustedes mienten cuando nos acusan de que violamos la libertad!
Cuando los grandes revolucionarios burgueses de ustedes hicieron la revolución
en Inglaterra en 1649, y en Francia en 1792-
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
1793, no dieron la libertad de reunión a los monárquicos. Y la
revolución francesa se llama Gran Revolución precisamente porque no adoleció de
la blandenguería, ni de las medias tintas, ni de la verborrea de muchas
revoluciones de 1848, sino porque fue una revolución enérgica que, cuando hubo
derribado a los monárquicos, los aplastó por completo. Y nosotros sabremos
hacer lo mismo con los señores capitalistas, pues nos consta que, para liberar
a los trabajadores del yugo del capital hay que privar a los capitalistas de la
libertad de reunión, hay que anular o restringir su "libertad". Eso
es lo que sirve para emancipar el trabajo del yugo del capital; lo que sirve a
la causa de la auténtica libertad, en la que no habrá edificios enteros
habitados por una sola familia y pertenecientes a algún particular, sea
terrateniente o capitalista, o a alguna sociedad anónima. Cuando llegue ese
día, cuando la gente se haya olvidado de que puede haber edificios públicos en
propiedad de alguien, estaremos a favor de la plena libertad. Cuando en el
mundo no haya más que trabajadores, y la gente se haya desacostumbrado de
pensar que puede ser miembro de la sociedad alguien que no trabaje –y eso no
sucederá tan pronto, por culpa de los señores burgueses y los señores intelectuales
burgueses—, estaremos en pro de la libertad de reunión para todos. Pero ahora
la libertad de reunión es libertad de reunión para los capitalistas, para los
contrarrevolucionarios. Luchamos contra ellos, los repelemos y declaramos que
les anulamos esa libertad.
181
Vamos a la lucha: ése es el fondo de la dictadura del
proletariado. Pasó el tiempo del socialismo candoroso, utópico, fantástico,
mecanicista y de intelectuales en que las cosas eran presentadas de manera que
bastaba con persuadir a la mayoría y pintar un hermoso cuadro de la sociedad
socialista para que esa mayoría optara por el socialismo. Pasó el tiempo en que
era posible entretenerse uno y entretener a los demás con esos cuentos para
niños. El marxismo, que reconoce la necesidad de la lucha de las clases,
afirma: la humanidad llegará al socialismo sólo pasando por la dictadura del
proletariado. Dictadura es una palabra rígida, pesada, cruenta y dolorosa, y
palabras como ésta no se vocean al viento. Los socialistas proclaman esta
consigna porque saben que los explotadores no se rendirán más que tras una
lucha encarnizada y sin cuartel, que tratarán de encubrir su dominación con
lindas palabras de todo género.
¿Qué puede haber más sublime
ni mejor que las palabras libertad de reunión? ¿Puede concebirse el desarrollo
de los trabajadores y de su conciencia sin libertad de reunión? ¿Pueden
concebirse los principios del humanismo sin libertad de reunión? Pues nosotros
afirmamos que la libertad de reunión inscrita en las constituciones de
Inglaterra y Estados Unidos de América del Norte es un engaño porque ata las
manos a las masas trabajadoras durante todo el período de transición al
socialismo; es un engaño porque sabemos muy bien que la burguesía hará todo lo
posible por derrocar este poder que parece tan fuera de lo común y tan
"monstruoso" al comienzo. Y no puede ser de otra manera para quien
haya meditado en la lucha de las clases y tenga una idea más o menos clara y
concreta de la actitud que deben adoptar los obreros sublevados ante la
burguesía, que ha sido derrocada en un país, pero no en todos, y que,
precisamente por no haber sido derrocada del todo, arremete en la lucha con más
furia que nunca.
Precisamente después del
derrocamiento de la burguesía, la lucha entre las clases adopta las formas más
enconadas. Y nada valen esos demócratas y socialistas que se engañan a sí
mismos y luego engañan a otros, diciendo: como la burguesía ya está derrocada,
se acabó la lucha. Lejos de haber acabado, la lucha sólo comienza, porque hasta
ese momento la burguesía no se cree derrocada. En vísperas de la Revolución de
Octubre, la burguesía bromeaba con suma gentileza y amabilidad; bromeaban los
Miliukov, los Chernov y los de Nóvaya
Zhizn, diciendo: "¡Tengan la bondad, señores bolcheviques; formen
gabinete y asuman el poder por un par
de semanitas, así nos prestarán un magnífico servicio!" Eso lo
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
escribía Chernov en nombre
de los eseristas, lo escribía Miliukov en Riech 135, y también lo escribía la
semimenchevique Nóvaya Zhizn. Lo
escribían en broma porque no tomaban las cosas en serio. Pero ahora ven que la
cosa va en serio, y los señores burgueses de Inglaterra, Francia y Suiza, que
creían que sus "repúblicas democráticas" eran corazas que los tenían
a cubierto, ven y comprenden que la cosa se ha puesto fea, y todos se arman.
Tendríais que ver lo que ocurre en la libre Suiza, cómo se arman allí todos los
burgueses sin excepción, cómo forman una guardia blanca, porque saben que lo
que se pone en juego es si conservarán los privilegios que les permiten
mantener a millones de seres en la esclavitud asalariada. La lucha ha adquirido
hoy proporciones mundiales; por eso, todo el que vaya contra nosotros con las
palabras de "libertad" y "democracia" se pone del lado de
las clases poseedoras y engaña al pueblo, pues no comprende que la libertad y
la democracia han sido, hasta el día de hoy, libertad y democracia para los poseedores y sólo migajas del
festín para los desposeídos.
¿Qué es la libertad de
reunión, cuando la esclavitud del capital y el trabajo en beneficio del capital
abruman a los trabajadores? Es un engaño; si se quiere conquistar la libertad
para los trabajadores, hay que empezar por vencer la resistencia de los explotadores;
y si se quiere vencer la resistencia de toda una clase, es evidente que no se
puede prometer a esta clase ni libertad, ni igualdad, ni acato de la voluntad
de la mayoría.
IV
Dejemos la libertad y
pasemos ahora a hablar de la igualdad, que es un problema mucho más profundo y
delicado todavía, un problema de mayor enjundia que provoca grandes
discrepancias.
182
La revolución derroca a su paso a una clase explotadora tras
otra. Al principio derrocó la monarquía y entendió por igualdad sólo un régimen
electivo, la república. Al ir más allá derrocó a los terratenientes, y vosotros
sabéis que toda la lucha contra el régimen medieval, contra el feudalismo,
transcurrió bajo la consigna de "Igualdad". Todos son iguales,
cualquiera que sea el sector social a que pertenezcan; todos son iguales, tanto
el millonario como el descamisado. Así hablaban, así pensaban y así lo creían
sinceramente los grandes revolucionarios del período que entró en la historia
como el período de la Gran Revolución Francesa. La revolución se hizo contra
los terratenientes bajo la consigna de igualdad, y por igualdad se entendía la
concesión de los mismos derechos al millonario y al obrero. La revolución fue
más allá. Dijo que la "igualdad" —esto no lo especificamos en nuestro
programa, pero no hace falta repetirlo a cada paso, pues se trata de algo tan
claro como lo que dijimos respecto a la libertad— es un engaño si está en pugna
con la liberación del trabajo del yugo del capital. Esto es lo que decimos, y
es la pura verdad. Decimos que la república democrática con la moderna igualdad
es mentira, es un engaño; que en ella no hay ni puedo haber igualdad y que lo
que impide hacer uso de ella es la propiedad de los medios de producción, del
capital. Puede abolirse en el acto la propiedad de las ricas mansiones, puede
abolirse con relativa presteza la propiedad del capital y de los medios de
producción. Mas intenten abolir la propiedad del dinero.
El dinero es riqueza social
condensada, trabajo social condensado. El dinero es un certificado para cobrar
tributo a todos los trabajadores, es un residuo de la explotación de ayer. Eso
es el dinero. ¿Podría abolirse de golpe? No. Los socialistas escribieron antes
aún de la revolución socialista que era imposible abolir el dinero de golpe, y
nuestra experiencia lo confirma. Se necesitan numerosísimas conquistas técnicas
y, lo que es mucho más difícil de conseguir y
![]()
135 "Riech" (“La Palabra"): órgano central del partido
contrarrevolucionario de los democonstitucionalistas, apareció desde octubre de
1917 hasta agosto de 1918.
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
más importante, adelantos en
el terreno de la organización, para poder abolir el dinero; entretanto, habrá
que seguir con la igualdad de palabra escrita en la constitución, transigiendo,
además, con la situación de que quien posee dinero goza en la práctica del
derecho a explotar. No hemos podido abolir el dinero de golpe. Y afirmamos que
subsiste por ahora, y subsistirá durante bastante tiempo en el período de
transición de la vieja sociedad capitalista a la nueva sociedad socialista. La
igualdad es un engaño en está en pugna con los intereses de la liberación del
trabajo del yugo del capital.
Engels tenía mil veces razón
cuando escribió: tomado al margen de
la supresión de las clases, el concepto de igualdad es el más necio y absurdo
de los prejuicios136. Los catedráticos burgueses han
intentado imputarnos, escudándose en el concepto de igualdad, que queríamos
hacer iguales a todos los hombres. Pretendían culpar de esta necedad, urdida
por ellos mismos, a los socialistas. Pero, dada su ignorancia, no sabían que
los socialistas — concretamente, los fundadores del socialismo científico
contemporáneo, Marx y Engels— habían dicho que la igualdad es una frase vacía
si por ella no se entiendo la supresión de las clases. Queremos suprimir las
clases, y en este sentido somos partidarios de la igualdad. Pero tener la
pretensión de que haremos a todos los hombres iguales no es más que una frase
vacía y una necia invención de intelectual que a veces busca y rebusca
concienzudamente las palabras, pero estas palabras no tienen sentido, llámese
escritor, hombre de ciencia o como mejor quiera.
Pues bien, nosotros decimos
que nos proponemos alcanzar la igualdad, entendida como la supresión de las
clases. Para ello habrá que suprimir también la diferencia de clase existente
entre los obreros y los campesinos. Ese es precisamente nuestro objetivo.
Una sociedad en la que
perdure la diferencia de clase entre los obreros y los campesinos no es una
sociedad comunista ni una sociedad socialista. Claro está que, si se interpreta
la palabra socialismo en cierto sentido, se la podría llamar sociedad socialista,
pero eso sería mera casuística, una discusión en torno a las palabras. El
socialismo es la primera fase del comunismo, pero no vale la pena discutir en
torno a las palabras. Lo único que está claro es que, mientras perduren las
diferencias de clase entre los obreros y los campesinos, no podremos hablar de
igualdad sin temer llevar el agua al molino de la burguesía. Los campesinos
constituyen una clase de la época patriarcal, una clase que fue educada durante
decenios y siglos de esclavitud, y durante todos esos decenios ellos existieron
como pequeños propietarios, al
principio sometidos a otras clases, luego libres e iguales en el papel, pero como propietarios y poseedores de productos alimenticios.
Aquí llegamos al problema
que suscita más reproches de nuestros enemigos, al problema que más dudas
despierta entre los incautos y poco habituados a pensar, el problema que más
nos separa de quienes quieren que los tengan por demócratas y socialistas y se
enfadan con nosotros porque no los tenemos ni por los unos ni por los otros y
los llamamos partidarios de los capitalistas; tal vez por desconocimiento, pero
son partidarios de los capitalistas.
La posición del campesino es
tal que, por su manera de vivir y por las condiciones en que produce, vive y
lleva su hacienda, es mitad trabajador y mitad especulador.
183
Eso es una realidad. Y una
realidad de la que no se puede escapar mientras no se suprima el dinero,
mientras no se anule el intercambio. Ahora bien, para poderlo hacer se
necesitan años y años de sólida dominación del proletariado, ya que nadie más
que él puede vencer a la burguesía. Cuando nos dicen: "Habéis infringido
la igualdad, habéis infringido la igualdad no sólo con los explotadores —eso
todavía lo puedo admitir, declara algún socialista— revolucionario o
menchevique, sin saber lo que dice—, sino que también habéis infringido la
igualdad entre los obreros y los campesinos, la igualdad de la "democracia
del trabajo" ¡sois
![]()
136 Véase F. Engels, Anti-Dühring,
parte primera, capítulo X.
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
unos criminales!"
Respondemos: "Sí, hemos infringido la igualdad entre los obreros y los
campesinos, y afirmamos que vosotros, los que propugnáis esa igualdad, sois
secuaces de Kolchak". Hace poco he leído en Pravda un magnífico artículo del camarada Guérmanov que transcribe
las tesis del ciudadano Sher, uno de los socialdemócratas mencheviques más
"socialistas". Estas tesis fueron expuestas en una de nuestras
organizaciones cooperativas. Y su naturaleza es tal que se deberían grabar en
una placa y colgar en todos los comités ejecutivos distritales con la siguiente
inscripción debajo: "Este es un secuaz de Kolchak".
Sé perfectamente que el
ciudadano Sher y sus correligionarios me llamarán por esto calumniador y algo
peor aún. No obstante, invito a quienes hayan estudiado el abecé de la economía
política y de la política en general a que diluciden atentamente a quién asiste
la razón y a quién no. El ciudadano Sher dice: la política de abastecimiento y,
en general, la política económica del Poder soviético son desastrosas y hay que
pasar, primero poco a poco y luego con mayor amplitud, a la libertad de
comercio de los productos alimenticios y a la protección de la propiedad
privada.
Yo afirmo que ése es el
programa económico, la base económica de Kolchak. Afirmo que quien haya leído a
Marx, sobre todo el primer capítulo de El
Capital, quien haya leído al menos el esbozo de divulgación de Marx,
escrito por Kautsky con el título de La
teoría económica de Carlos Marx, ha de llegar a la conclusión de que,
efectivamente, la libertad de comercio
con los cereales, cuando se ha producido la revolución proletaria contra la
burguesía, cuando se procede a abolir la propiedad de los terratenientes y los
capitalistas y cuando el país, arruinado por los cuatro años de guerra
imperialista, está pasando hambre, es la libertad para los capitalistas, la
libertad para restaurar la dominación del capital. Ese es el programa económico
de Kolchak, pues Kolchak no se apoya en el aire.
No es de mucha inteligencia
criticar a Kolchak sólo porque ha empleado la violencia contra los obreros, o
incluso porque ha mandado azotar a alguna maestra de escuela por simpatizar con
los bolcheviques. Esa es una defensa vulgar de la democracia, eso son
acusaciones estúpidas contra Kolchak. Kolchak aplica los métodos que mejor lo
parecen. Pero ¿en qué base económica se apoya? Se apoya en la libertad de
comercio, lucha en aras de ella, y por
eso tiene el concurso de todos los capitalistas. Y vosotros nos decís:
"Me he evadido del bando de
Kolchak. Yo no estoy con él". Eso, claro está, os hace honor, pero aún no
demuestra que tengáis la cabeza para pensar. Así contestamos a esa gente, sin
atentar en absoluto al honor de los eseristas y mencheviques que se han evadido
del campo de Kolchak, al ver que es un tirano. Pero si en un país envuelto en
desesperada contienda contra Kolchak hay quien sigue luchando por la
"igualdad de la democracia del trabajo" y por la libertad de comercio
del trigo y otros cereales, es un secuaz de Kolchak, si bien no comprende lo
que hace ni sabe atar cabos.
Kolchak —llámese Kolchak o
Denikin, pues aunque los uniformes sean distintos, el fondo es el mismo— se
sostiene porque se ha apoderado de una rica región cerealista e implanta la
libertad de comercio del trigo y el centeno y la libertad de restauración del capitalismo. Así ocurrió en todas
las revoluciones y así nos ocurrirá también a nosotros, si renunciamos a la
dictadura del proletariado para adoptar esta "libertad" y esta
"igualdad" de los señores demócratas, eseristas, mencheviques de
izquierda, etc., incluidos a veces los anarquistas, pues los calificativos son
muchos. En Ucrania cada banda elige hoy un calificativo político a cuál más
libre, a cuál más democrático, y cada distrito tiene su banda.
Preconizan la igualdad de
los obreros y los campesinos los "defensores do los intereses del
campesinado trabajador", en su mayoría eseristas.
Otros, como el ciudadano
Sher, han estudiado el marxismo; pero, aun con todo, no comprenden que en el
período de transición del capitalismo al social ismo no puede haber igualdad
alguna entre los obreros y los campesinos, y a quienes prometen tal cosa hay
que
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
tenerlos por gente que
desarrolla el programa de Kolchak, aunque lo hagan sin darse cuenta. Yo afirmo
que todo el que se pare a pensar en las condiciones concretas del país, sobre
todo un país arruinado por completo, lo comprenderá.
Nuestros
"socialistas", que afirman que nos encontramos en el período de la
revolución burguesa, nos acusan constantemente de haber implantado un comunismo
de consumo. Algunos dicen que es un comunismo cuartelero; y se imaginan que
ellos están por encima, que se han elevado a mayor altura que ese comunismo de
"baja estofa". Son, sencillamente, personas que juegan con las
palabras. Han visto libros, se los han aprendido al dedillo, repiten lo que
pone en ellos, pero no han entendido ni papa de lo que traen. Hay gente tan
docta e incluso doctísima. Han leído en los libros que el socialismo es el
desarrollo máximo de la producción. Kautsky hasta hoy no hace más que
repetirlo. El otro día leí en un periódico alemán, que llegó por casualidad a
nuestro país, una información acerca del último congreso de los Soviets en
Alemania. Kautsky fue uno de los informantes, y en su informo subrayó — no él
personalmente, sino su esposa, que fue la que leyó el informo, pues él estaba
enfermo— que el socialismo es el desarrollo máximo de la producción, que sin
producción no se puede sostener ni el capitalismo ni el socialismo, y que los
obreros alemanes no lo comprenden.
184
¡Pobres obreros alemanes! ¡Luchan contra Scheidemann y Noske,
luchan contra los verdugos, se esfuerzan por derrocar el poder de los verdugos
Scheidemann y Noske, que siguen haciéndose pasar por socialdemócratas, y creen
que están haciendo una guerra civil! Liebknecht ha sido asesinado. Rosa
Luxemburgo también. Todos los burgueses rusos dicen
—lo ha publicado un
periódico de Ekaterinodar—; "¡Así es como hay que hacer con nuestros
bolcheviques!" Como lo digo: se ha publicado. Y quien sabe de qué va, se
da perfecta cuenta de que ésa es la opinión de toda la burguesía mundial.
Tenemos que defendernos. Scheldemann y Noske hacen la guerra civil contra el
proletariado. La guerra es la guerra. Los obreros alemanes creen que se hallan
en guerra civil y que todos los demás problemas son de importancia secundaria.
Ante todo hay que alimentar a los obreros. Kautsky estima que esto es comunismo
de cuartel o de consumo. ¡Hay que desarrollar la producción!…
¡Oh, sapientísimos señores!
¿Cómo podrán ustedes desarrollar la producción en un país saqueado y arruinado
por los imperialistas, en un país donde no hay carbón, ni materias primas, ni
máquinas? ¡"Desarrollan la producción"! No hay una sola reunión del
Consejo de Comisarios del Pueblo o del Consejo de Defensa donde no repartamos
los últimos millones de puds de hulla o petróleo y pasemos una angustia
terrible cuando todos los comisarios se llevan lo último que queda, y ninguno
tiene bastante, y hemos de optar entre cerrar las fábricas de aquí o las de
allá, entre dejar sin trabajo a los obreros de aquí o a los de allá; problema
angustioso, pero tenemos que decidirnos, porque no hay hulla. La hulla está en
la cuenca del Donets; y las minas han sido destrozadas por la invasión alemana.
Es un fenómeno típico. Tomemos a Bélgica o Polonia. En todas partes ocurre lo
mismo como secuela de la guerra imperialista. Eso quiere decir que el desempleo
y el hambre durarán muchos años, pues hay minas que, cuando se anegan, tardan
muchos años en restaurarse. Y nos dicen: "El socialismo es aumentar el
rendimiento". Habrán leído y escrito libros, mis buenos señores, pero no
han entendido ni papa de lo que ponen. (Aplausos.)
Por supuesto, si se tratara
de una sociedad capitalista que pasase pacíficamente al socialismo en tiempos
de paz, no se nos plantearían tareas más urgentes que la de aumentar el
rendimiento. Pero hay que proferir una brevísima palabreja: "si". Si el socialismo naciera con tanta paz
como los señores capitalistas no han querido permitirle. Pero ha faltado una
pequeñez. Aun si no hubiese habido guerra, los señores capitalistas habrían
hecho todo lo posible por impedir esa evolución pacífica. Las grandes revoluciones,
aun cuando comenzaran pacíficamente, como la Gran Revolución Francesa, acabaron
en sañudas guerras desencadenadas por la burguesía contrarrevolucionaria. Y no
puede ser de otra manera, de
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
enfocar el problema desde el
punto de vista de la lucha de las clases, y no desde el punto de vista de la
fraseología pequeñoburguesa sobre la libertad, la igualdad, la democracia del
trabajo y la voluntad de la mayoría, de toda la estúpida fraseología filistea
con que nos obsequian los mencheviques, los eseristas y todos esos
"demócratas". No puede haber evolución pacífica hacia el socialismo.
Y en el período actual, después de la guerra imperialista, es ridículo esperar
que la evolución sea pacífica, sobre todo en un país arruinado. Tomemos a
Francia. Francia ha vencido, y, a pesar de ello, su producción de cereales ha
disminuido a la mitad. He leído en periódicos burgueses de Inglaterra que los
ingleses dicen: "Ahora somos unos pordioseros". ¡Y en un país
arruinado nos quieren echar a los comunistas la culpa de que la producción se
halle estancada! Quien diga eso o es tonto de remate, aunque se llame tres
veces jefe de la Internacional de Berna, o hace traición a los obreros.
En un país arruinado, la tarea primordial es salvar a los
trabajadores. La primera fuerza productiva de toda la humanidad es el obrero,
el trabajador. Si él
sobrevive, lo salvaremos y lo restauraremos todo.
Tendremos que soportar
muchos años de miseria, de retorno a la barbarie. La guerra imperialista nos ha
hecho retroceder hacia la barbarie, y si salvamos al trabajador, si salvamos la
principal fuerza productiva de la humanidad —el obrero— lo recuperaremos todo;
pero pereceremos si no logramos salvarlo. Por eso, quienes gritan en estos
momentos acerca del comunismo de consumo o del comunismo cuartelero, quienes
miran a los demás por encima del hombro, imaginándose que se han elevado más
que estos comunistas bolcheviques, son, repito, gente que no entiende una
palabra de economía política y se aferra a las citas de los libros como los
eruditos que parecen tener un fichero de citas en la cabeza y las sacan a
relucir cuando las necesitan; pero si se da una situación nueva, no descrita en
los libros, se desconciertan y sacan del fichero justamente la cita que no
viene al caso.
En los momentos en que el
país está arruinado, nuestra tarea principal y fundamental es poner a cubierto
la vida del obrero, salvar al obrero,
pues los obreros sucumben porque las fábricas se paran, y las fábricas se paran
porque no hay combustible y porque nuestra producción es toda artificiosa, la
industria está aislada de las fuentes de materias primas. Eso es en todo el
mundo así. Las fábricas rusas de tejidos de algodón necesitan importar la
materia prima de Egipto, de Estados Unidos y del Turquestán, que es la fuente
más cercana. ¿Y cómo traer el algodón de allí, si las bandas
contrarrevolucionarias y las fuerzas inglesas se han apoderado de Ashjabad y
Krasnovodsk? ¿Cómo traerlo de Egipto, de Estados Unidos, si los ferrocarriles
están destrozados, si no funcionan y no hay carbón?
185
Hay que salvar al obrero,
aunque éste no pueda trabajar. Si lo salvamos por estos años, unos pocos años,
salvaremos al país, salvaremos a la sociedad y el socialismo. Si no logramos
salvarlo, nos veremos lanzados atrás, hacia la esclavitud asalariada. Así está
planteado el problema del socialismo, que no nace de la fantasía de un tontaina
deseoso del desarrollo pacífico, que se llama a sí mismo socialdemócrata, sino
de la realidad de la vida, de la rabiosa, desesperada y sañuda lucha entre las
clases. Eso es un hecho. Hay que hacer todos los sacrificios necesarios para
salvar la existencia del obrero. Y desde ese punto de vista, cuando vienen a
decirnos: "Nosotros estamos en pro de la igualdad de la democracia del
trabajo, mientras que vosotros, los comunistas, no permitís siquiera la
igualdad entre los obreros y los campesinos", respondemos: los obreros y
los campesinos son iguales como trabajadores; pero el ahíto que especula con
cereales no es igual que el obrero hambriento. Sólo por eso se ha inscrito en nuestra
Constitución que los obreros y los campesinos no son iguales.
¿Decís vosotros que deben
ser iguales? Vamos a sopesarlo y sacar la cuenta. Tomemos a sesenta campesinos
y a diez obreros. Los sesenta campesinos poseen un excedente de cereal. Van
vestidos con harapos, pero tienen pan. Tomemos a los diez obreros. Después de
la guerra
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
imperialista, van también
harapientos, y, además, están exhaustos, no tienen pan, ni combustible, ni
materias primas. Las fábricas están paradas. ¿Seguís opinando que son iguales?
¿Los sesenta campesinos tienen derecho a hacer su voluntad, y los diez obreros
están obligados a obedecer? ¡Magno principio de la igualdad, de la unidad de la
democracia del trabajo y del acato de la voluntad de la mayoría!
Eso es lo que nos decís.
Nosotros respondemos: "Sois unos payasos de siete suelas, pues encubrís y
disimuláis con palabras rimbombantes la cuestión del hambre''.
Os preguntamos: Los obreros
hambrientos de un país arruinado, donde las fábricas están paradas, ¿están
obligados a acatar la voluntad de la mayoría de los campesinos, si éstos no
quieren entregar los cereales excedentes? ¿Tienen derecho a recoger esos excedentes,
incluso por la fuerza, si no hay más recurso? ¡Contestad con franqueza! Pero
cuando se va al grano, empezáis a iros por las ramas y escapar por la tangente.
La
industria está arruinada en todos los países y seguirá en el mismo estado
durante algunos años, porque no cuesta mucho incendiar las fábricas o anegar
las minas, y resulta fácil volar los vagones o destrozar las locomotoras:
cualquier memo puede hacerlo, aunque se llame oficial alemán o francés, sobre
todo si dispone de buenos artefactos explosivos, buenas armas de fuego, etc.;
pero restaurar todo lo destruido resulta muy difícil, es una labor de años.
Los campesinos forman una
clase especial. Como trabajadores son enemigos de la explotación capitalista;
pero, al mismo tiempo, son propietarios.
Al campesino le han
inculcado durante siglos que el cereal es suyo y que puede venderlo libremente.
Estoy en mi derecho —
piensa—, pues se trata del fruto de mi trabajo, del sudor de mi frente, del
gasto de mi sangre. No es posible hacer cambiar esa mentalidad de la noche a la
mañana; sólo se la puede hacer cambiar tras una lucha larga y difícil. Quien se
imagine que puede pasarse al socialismo si éste convence a ése, y ése convence
a aquél, es, en el mejor de los casos, un niño, o bien un hipócrita en
política; y la mayoría de los que hablan desde las tribunas políticas
pertenece, sin duda, a la segunda categoría.
El problema es que los
campesinos están acostumbrados a vender libremente su cereal. Cuando hemos
derrocado las instituciones capitalistas, hemos visto que existe todavía otra
fuerza que sostiene al capitalismo, y es la fuerza de la costumbre. Y cuanto más
energía hemos puesto en suprimir las instituciones que sostenían al
capitalismo, tanto más se ha manifestado esta otra fuerza que sostenía al
capitalismo: la fuerza de la costumbre. Si la situación es propicia, una
institución puede ser derribada de golpe; la costumbre nunca puede ser
suprimida así, por muy favorables que sean las condiciones. Hemos entregado
toda la tierra a los campesinos, los hemos librado del régimen de propiedad de
la tierra de los terratenientes y de todas las ataduras que los sujetaban, y
ellos siguen creyendo que "libertad" es la venta libre del cereal, y
tiranía, la entrega obligatoria de los excedentes del mismo a precios de tasa.
¿Pero qué es eso y a santo de qué voy a "entregar" el cereal? —
exclama indignado el campesino, sobre todo si, por añadidura, aún funciona mal
el organismo encargado del abastecimiento de cereales, y funciona mal porque
toda la intelectualidad burguesa está de parte de los mercanchifles de
Sújarevka137. Se comprende que este organismo ha de
apoyarse en personas que están aprendiendo y que, en el mejor de los casos, si
son honrados y fieles a la causa, aprenderán en pocos años; pero, mientras
tanto, el organismo seguirá funcionando mal y, a veces, se arrimarán a él
truhanes de toda calaña que se denominarán a sí mismos comunistas. Este peligro
amenaza a todo partido
![]()
137 Sújarevka: mercado que estaba alrededor de la
Torre de Sújarev de Moscú, mandada construir por Pedro I en 1692. Este mercado
fue un centro de especulación durante la intervención militar extranjera y la
guerra civil.
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
gobernante, al proletariado
victorioso de todos los países, pues no es posible vencer de la noche a la
mañana la resistencia de la burguesía ni montar un organismo perfecto. De sobra
sabemos que el organismo del Comisariado de Abastecimiento es todavía malo.
Recientemente se ha hecho un estudio científico estadístico de cómo se
alimentan los obreros en las provincias no agrícolas. Resulta que los obreros
reciben del Comisariado de Abastecimiento la mitad de sus alimentos, y la otra
mitad se la compran a los especuladores; por la primera mitad desembolsan la
décima parte de sus gastos totales en alimentación; por la otra mitad pagan las
nueve décimas restantes.
186
La mitad de los víveres
acopiados y transportados por el Comisariado de Abastecimiento se acopian mal,
claro, pero se acopian con métodos socialistas, y no capitalistas. Se acopian
venciendo a los especuladores, y no haciendo transacciones con ellos; se acopian
sacrificando a los intereses de los obreros hambrientos todos los demás
intereses del mundo, entre ellos los intereses de la "igualdad" en el
papel, de la que tanto presumen los señores mencheviques, eseristas y Cía.
Quédense con su "igualdad", señores, y nosotros nos quedaremos con
nuestros obreros hambrientos, a quienes hemos salvado del hambre. Por mucho que
los mencheviques nos acusen de haber infringido la "igualdad", el
hecho es que hemos resuelto la mitad del problema del abastecimiento entre
dificultades inauditas e increíbles. Y decimos que si sesenta campesinos poseen
excedentes de trigo y centeno, y diez obreros pasan hambre, no hay que hablar
de "igualdad" en general, ni de "igualdad de los
trabajadores", sino del deber insoslayable de los sesenta campesinos de
acatar la voluntad de los diez obreros y entregarles, aunque sea a crédito, sus
excedentes de cereal panificable.
Toda la economía política,
si alguien ha aprendido algo de ella, toda la historia de la revolución y toda
la historia del desarrollo político a lo largo del siglo XIX nos enseñan que
los campesinos siguen o a los obreros o a los burgueses. No pueden tomar otro
camino. Habrá, naturalmente, algún demócrata a quien le parezca enojoso lo que
digo; también habrá algún otro que piense que calumnio a los campesinos,
llevado de mi malevolencia marxista. Siendo los campesinos la mayoría, y
trabajadores además, ¡por qué no han de poder llevar su propio camino!
Si no sabéis por qué, diría
yo a esos ciudadanos, leed los rudimentos de economía política de Marx y cómo
los expone Kautsky; meditad en el desarrollo de cualquiera de las grandes
revoluciones de los siglos XVIII y XIX, en la historia política de cualquier
país del siglo XIX, y obtendréis la respuesta. La economía de la sociedad
capitalista es de tal naturaleza que la fuerza dominante puede ser sólo el
capital o el proletariado que lo derroca. No
hay otras fuerzas en la economía de esa sociedad.
El campesino es mitad
trabajador y mitad especulador. Es trabajador, porque se gana el pan con el
sudor de su frente y la fuerza de su sangre, porque lo explotan los
terratenientes, los capitalistas y los comerciantes. Es especulador, porque
vende trigo, artículo de primera necesidad, artículo que, cuando falta, vale
todo lo que se pida, y uno entrega por él todo lo que posee. Hambre y esperar
hacen rabiar. Por el pan se pagarían mil rublos, cualquier suma de dinero, todo
lo que se tenga.
El campesino no tiene la
culpa de eso: las condiciones en que se desenvuelve le hacen vivir en la
economía mercantil, y durante decenios y siglos se ha acostumbrado a trocar sus
cereales por dinero. No puede cambiarse una costumbre ni suprimirse el dinero
de la noche a la mañana. Para suprimir el dinero hay que organizar la
distribución de alimentos para centenares de millones de personas, y eso es
algo que llevará muchos años. Pues bien, mientras exista la economía mercantil,
mientras haya obreros hambrientos junto a campesinos ahítos que esconden sus
excedentes de trigo, mientras eso ocurra persistirá cierta oposición de los
intereses de los obreros y los campesinos. Y quien trate de desentenderse de
esta oposición real, nacida de la vida, con palabras de "libertad",
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
"igualdad" y
"democracia del trabajo", será, en el mejor de los casos, un
charlatán de lo más insulso, y en el peor, un hipócrita defensor del
capitalismo. Si el capitalismo vence a la revolución, lo hará aprovechándose de
la ignorancia de los campesinos, sobornándolos y seduciéndolos con la
perspectiva del retorno a la libertad de comercio. De hecho, los mencheviques y
los eseristas están a favor del capitalismo, en contra del socialismo.
El programa económico de
Kolchak, de Denikin y de todos los guardias blancos rusos es la libertad de
comercio. Ellos sí que lo comprenden y no tienen la culpa de que el ciudadano
Sher no lo entienda. Los hechos económicos de la vida no cambian porque determinado
partido no los comprenda. La consigna de la burguesía es la libertad de
comercio. Se intenta engañar a los campesinos, haciéndoles las siguientes
preguntas: "¿No sería mejor vivir como antes?
¿Acaso no se vivía mejor vendiendo libremente los frutos del
trabajo agrícola? ¿Puede haber algo más justo?" Así se expresan los
partidarios conscientes de Kolchak, y tienen razón desde el punto de vista de
los intereses del capital. Para restaurar el poder del capital en Rusia hay que
apoyarse en la tradición, en los prejuicios de los campesinos contra su sentido
común, en el viejo apego al libre comercio, y aplastar por la fuerza la
resistencia de los obreros. No hay otra salida. Los secuaces de Kolchak tienen
razón desde el punto de vista del capital; saben atar cabos en su programa
económico y político, se las saben todas, comprenden que existe un nexo entre
la libertad de los campesinos para comerciar y el ametrallamiento de los
obreros. Ese nexo existe, aunque el ciudadano Sher no lo vea. La libertad de
comercio del trigo y otros cereales es el programa económico de la gente de
Kolchak; el ametrallamiento de decenas de miles de obreros (como en Finlandia)
es un medio necesario para llevar a cabo ese programa, porque los obreros no
entregarán por las buenas sus conquistas. El nexo es indisoluble, y quienes no
comprenden absolutamente nada de la ciencia económica ni de política, quienes
por pusilanimidad filistea han olvidado el abecé del socialismo, concretamente,
los mencheviques y los "social-revolucionarios", tratan de hacernos
olvidar este nexo hablando de "igualdad" y de "libertad",
clamando que infringimos el principio de la igualdad dentro de la
"democracia del trabajo" y diciendo que nuestra Constitución es
"injusta".
187
El voto de un obrero vale por el de varios campesinos. ¿Eso es
injusto?
No, es justo cuando hay que
derrocar el capital. Yo sé de dónde sacáis vuestros conceptos de la justicia;
los sacáis del ayer capitalista. La igualdad y la libertad del propietario de
mercancías: ésos son los conceptos que tenéis de la justicia. Son residuos
pequeñoburgueses de prejuicios pequeñoburgueses: ésa es vuestra justicia,
vuestra igualdad y vuestra democracia del trabajo. Para nosotros, la justicia
se supedita a la necesidad de derrocar el capital. Y no es posible derrocarlo
más que con las fuerzas armadas del proletariado.
¿Se puede agrupar de golpe y
con solidez a decenas de millones de campesinos contra el capital, contra la
libertad de comercio? No se puede, en virtud de las condiciones económicas,
aunque los campesinos disfrutasen de plena libertad y fuesen mucho más cultos.
No se puede, porque para ello se necesitan otras condiciones económicas y
largos años de preparación. ¿Y quién se encargará de esa preparación? O el
proletariado o la burguesía.
Por su posición económica en
la sociedad burguesa, los campesinos se ven indefectiblemente impulsados a
seguir o a los obreros o a la burguesía.
No hay términos medios. Podrán vacilar, embrollarse, fantasear; podrán reprender,
imprecar, maldecir a los "rígidos" representantes del proletariado y
a los "rígidos" representantes de la burguesía, decir de unos y otros
que son minorías. Se podrá echar pestes de ellos; se podrán pronunciar palabras
sonoras sobre la mayoría, sobre el carácter amplio y universal de vuestra
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
democracia del trabajo, de
la democracia pura. Se podrán ensartar cuantas palabras se quieran, pero serán
palabras para encubrir el hecho de que, si el campesino no sigue a los obreros,
sigue a la burguesía. No hay ni puede haber un término medio. Y quienes en este
gravísimo trance de la historia, cuando los obreros pasan hambre y su industria
está paralizada, no ayudan a los obreros
a adquirir el pan a un precio más justo, que no es ni de "mercado
libre", ni capitalista, ni de especulación, son gentes que aplican el
programa de Kolchak, por más que se
lo nieguen a sí mismos y por más convencidos que estén de que cumplen a
conciencia su propio programa.
V
Voy a hablar ahora de la
última cuestión que me había propuesto, de la derrota y la victoria de la
revolución. Kautsky, a quien os he mencionado como el principal representante
del socialismo viejo y podrido, no ha comprendido las tareas de la dictadura del
proletariado. Nos echa en cara que no hemos ido a la solución pacífica, posible
de haber acatado la voluntad de la mayoría. La solución mediante una dictadura
es una solución de fuerza armada. Por lo tanto, si no vence uno por la fuerza
de las armas, será derrotado y aniquilado, porque la guerra civil no hace
prisioneros, extermina al enemigo. Así ha querido "intimidarnos" el
atemorizado Kautsky.
Esa es la pura verdad. Es un
hecho. Damos fe de que la observación es atinada. Ni que decir tiene. La guerra
civil es más dura y cruel que cualquier otra.
Así ha sido siempre en la
historia, a raíz de las guerras civiles de la antigua Roma; las guerras entre
naciones siempre acabaron en pactos entre las clases poseedoras; sólo en la
guerra civil pone la clase oprimida sus esfuerzos en exterminar totalmente a la
clase opresora, en suprimir las condiciones económicas de la existencia de esta
clase.
Ahora os pregunto: ¿qué vale un "revolucionario" que
intimida a los que han iniciado la revolución, diciéndoles que ésta puede ser
derrotada? Jamás ha habido, ni hay, ni habrá, ni puede haber revolución alguna
que no se arriesgue a ser derrotada. Una revolución es una lucha encarnizada,
que ha alcanzado el máximo ensañamiento, entre las clases. La lucha entre las
clases es inevitable. O hay que renunciar a la revolución en general o hay que
reconocer que la lucha contra las clases poseedoras será la revolución más
enconada de todas. En cuanto a esto, jamás ha habido disparidad de opinión
entre los socialistas que saben algo. Hace un año, cuando hube de analizar todo
el trasfondo de apostasía que hay en esos escarceos de Kautsky, escribí: aun
cuando los imperialistas derrocaran mañana (eso fue en septiembre del año
pasado) el poder bolchevique, ni por un segundo nos arrepentiríamos de haberlo
tomado*. Y ni un solo obrero consciente que defienda los intereses de las masas
trabajadoras se arrepentirá de ello ni dudará de que nuestra revolución, a
pesar de todo, ha triunfado. Pues la revolución triunfa cuando lleva adelante a
la clase de vanguardia, que asesta rudos golpes a la explotación. En esas
circunstancias, las revoluciones triunfan incluso cuando son derrotadas. Podrá
parecer un juego de palabras, pero para demostrar que eso es así, tomemos un
ejemplo concreto de la historia.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
188
Tomemos la Gran Revolución
Francesa. Por algo recibió el calificativo de grande. Hizo tanto para la
burguesía, la clase a la cual sirvió, que todo el siglo XIX, el siglo que ha
ofrendado la civilización y la cultura a toda la humanidad, transcurrió bajo el
signo de la revolución francesa. El siglo XIX no hizo más que aplicar, poner en
práctica por partes y llevar a cabo en todos los confines del mundo lo creado
por los grandes revolucionarios franceses de la burguesía, al servicio de cuyos
intereses se ponían, aun sin darse cuenta de ello, escudándose en las palabras
de libertad, igualdad y fraternidad.
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
Nuestra revolución ha hecho
ya en año y medio por nuestra clase, el proletariado, a cuyo servicio nos
ponemos, incomparablemente más de lo que hicieron los grandes revolucionarios
franceses por la suya.
Ellos se sostuvieron en su
país dos años y sucumbieron bajo los golpes de la reacción europea coligada,
bajo los golpes de las hordas coligadas del mundo entero, las cuales arrollaron
a los revolucionarios franceses, restauraron en Francia al monarca legítimo, el
Románov de aquel período, restauraron a los terratenientes y aplastaron por
largos decenios todo movimiento revolucionario en Francia. Y a pesar de ello,
la Gran Revolución Francesa triunfó.
Todo el que estudie en serio
la historia admitirá que, pese a haber sido derrotada, la revolución francesa
triunfó porque dio al mundo entero unos puntales de la democracia burguesa y de
la libertad burguesa que ya no se podían derribar.
![]()
Nuestra revolución ha hecho
en año y medio para el proletariado, para la clase a cuyo servicio estamos,
para la meta a que aspiramos, para el derrocamiento de la dominación del
capital, inconmensurablemente más de lo que hizo la revolución francesa para su
clase. Por eso decimos que incluso admitiendo la hipotética posibilidad, el
peor de los casos probables, el de que mañana algún Kolchak afortunado no
dejara vivo ni aun bolchevique, la revolución seguiría siendo invencible. Y la
prueba de que eso es así está en que el nuevo tipo de organización estatal
creado por esta revolución ha alcanzado ya la victoria moral entre la clase
obrera de todo el mundo y cuenta ya con su apoyo. Cuando los grandes
revolucionarios burgueses de Francia sucumbieron en la lucha, sucumbieron
solos, pues no contaban con apoyo en otros países. Contra ellos se lanzaron
todos los Estados europeos y, más que nadie, la adelantada Inglaterra. En sólo
año y medio de poder bolchevique, nuestra revolución ha conseguido que la nueva
organización estatal creada por ella, la organización soviética, haya llegado a
ser comprendida, conocida y popular entre los obreros de todo el mundo, haya
llegado a ser algo propio de ellos.
He procurado demostraros que
la dictadura del proletariado es inevitable, necesaria y absolutamente
indispensable para salir del capitalismo. Dictadura no significa sólo
violencia, si bien es imposible sin violencia; significa también una
organización del trabajo superior a la precedente. Por eso, en el breve
discurso de saludo que pronuncié al comenzar el congreso, hice hincapié en esta
sencillísima y elemental tarea básica de organización;
por eso arremeto también con hostilidad tan implacable contra todos esos
devaneos intelectuales, contra todas esas "culturas proletarias".
Opongo a esos devaneos el abecé de la organización. Distribuid el trigo, el
centeno y la hulla, cuidando celosamente de cada pud de hulla y de cada pud de
grano: ésa es la misión de la disciplina proletaria. No esa disciplina que se
mantiene a palos, como se mantenía la de los señores feudales, o a fuerza de
hambre, como la mantienen los capitalistas, sino la disciplina del
compañerismo, la disciplina de las asociaciones obreras. Cumplid esta
sencillísima y elemental tarea de organización y venceremos, pues entonces se
vendrán enteramente con nosotros los campesinos, que vacilan entre los obreros
y los capitalistas, que no saben si ir con gentes en quienes aún no confían,
pero a quienes no pueden negar que están creando un sistema de trabajo más
justo, en el cual no habrá explotación y en el cual el "libre"
comercio del trigo será un delito de Estado; que no saben si ir con éstos o con
quienes les prometen como antes la libertad de comercio del trigo, libertad que
parece implicar también la libertad de trabajo. Cuando los campesinos vean que
el proletariado organiza su poder estatal de manera que puede mantener el orden
—cosa que los campesinos quieren y exigen con razón, aunque este deseo de orden
esté ligado a muchas cosas confusas y reaccionarias, a muchos prejuicios—,
seguirán en definitiva, después de una serie de vacilaciones, a los obreros.
Los campesinos no pueden pasar simple y llanamente, de golpe y porrazo, de la
vieja sociedad a la nueva. Saben que la vieja sociedad les proporcionaba el
"orden" a costa de arruinar y hacer esclavos a los trabajadores. Pero
no saben si el proletariado podrá garantizarles el orden. No se puede
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
pedir más a esos campesinos
embrutecidos, ignorantes y dispersos. No creen en palabras ni programas de
ningún género y hacen bien en no creer en palabras, pues de otro modo no
saldrían de engaños. Creen sólo en los hechos, en la experiencia práctica. Demostradles
que vosotros, el proletariado unido, el poder estatal proletario, la dictadura
del proletariado, sabéis distribuir los cereales y la hulla sin que se pierda
un solo pud, que sabéis hacer de manera que no vaya ni un pud de carbón, ni un
pud de trigo excedente a la especulación, que no beneficien a los personajes de
Sújarovka, que se distribuyan con justicia para el suministro de los obreros
hambrientos, para darles sustento incluso cuando hay desempleo, cuando hay
fábricas y talleres parados. Demostradles que podéis hacer eso. Esa es la tarea
fundamental de la cultura proletaria, de la organización proletaria. La
violencia puede aplicarse aun sin tener raíces económicas, pero entonces está
condenada al fracaso por la historia. Puede aplicarse también con el apoyo de
la clase avanzada, basándose en los principios más elevados del régimen, el
orden y la organización socialistas. Entonces
puede sufrir un revés temporal, pero es invencible.
189
Si la organización
proletaria demuestra al campesino que puede mantener bien el orden, que puede
organizar bien la distribución del trabajo y del pan, que se vela por cada pud
de trigo y de carbón, que los obreros somos capaces de hacer todo eso con nuestra
disciplina de camaradas, con la disciplina que nos da la unión, que recurrimos
a la violencia en nuestra lucha sólo para defender los intereses del trabajo,
que confiscamos los cereales a los especuladores y no a los trabajadores, que
queremos llegar a un entendimiento con los campesinos medios, con los
campesinos trabajadores, y que estamos dispuestos a darles todo lo que podemos
darles hoy, su alianza con la clase obrera, su alianza con el proletariado será
indestructible, y hacia eso vamos.
Pero me he desviado algo y
debo volver al tema. Las palabras "bolchevique" y "Soviet"
han dejado ya de ser en todos los países palabras raras, como eran hasta hace
poco, igual que la palabra "bóxer", que repetíamos sin comprender lo
que significaba. "Bolchevique" y "Soviet" son palabras que
se repiten hoy en todos los idiomas del mundo. Los obreros conscientes ven que
la burguesía de todos los países colma de calumnias cada día, en los millones
de ejemplares de sus periódicos, al Poder soviético y aprenden de esos
infundios. He visto hace poco algunos periódicos norteamericanos. He leído el
discurso de un cura norteamericano que afirma que los bolcheviques somos unos
inmorales, que hemos nacionalizado a las mujeres, que somos unos bandidos y
unos saqueadores. He leído también la respuesta de los socialistas
norteamericanos. Difunden al precio de cinco centavos la Constitución de la
República Soviética de Rusia, de esta "dictadura" que no concede la
"igualdad de la democracia del trabajo". Los socialistas norteamericanos
responden, citando un artículo de la Constitución de estos
"usurpadores", de estos "bandidos" y "tiranos"
que rompen la unidad de la democracia del trabajo. Por cierto, cuando se dio la
bienvenida a Breshkóvskaya el día de su llegada a Norteamérica, el principal
periódico capitalista de Nueva York imprimió con letras de molde:
"¡Bienvenida, abuela!" Los socialistas norteamericanos reprodujeron
el saludo con el siguiente comentario: "Breshkóvskaya es partidaria de la
democracia política. ¿De qué os asombráis, obreros norteamericanos, si la
elogian los capitalistas?" Es partidaria de la democracia política. ¿Por
qué han de elogiarla los capitalistas'? Pues porque está en contra de la
Constitución soviética.
"He aquí —dicen los
socialistas norteamericanos-un artículo de la Constitución de esos
bandidos". Y citan siempre el mismo, el que dice que no tendrá derecho a
elegir ni a ser elegido quien explote el trabajo de otros. Este artículo de
nuestra Constitución es conocido en todo el mundo. El Poder soviético se ha
granjeado la simpatía de los obreros de todo el mundo precisamente porque ha
dicho con franqueza que a la dictadura del proletariado se supedita todo, que
la dictadura del proletariado es un nuevo tipo de organización estatal. Esta
nueva organización estatal nace con un esfuerzo ímprobo, porque vencer nuestra
I Congreso Nacional de Instrucción extraescolar
indisciplina pequeñoburguesa
y desorganizadora es lo más difícil, es un millón de veces más difícil que
vencer a los terratenientes tiranos o a los capitalistas tiranos; pero el
esfuerzo es también un millón de veces más fructífero para obtener una organización
nueva, libre de explotación. Cuando la organización proletaria cumpla esta
misión, el socialismo habrá triunfado por completo. A esto debéis dedicar toda
vuestra actividad tanto en la enseñanza extraescolar como en la escolar. Pese a
las gravísimas circunstancias imperantes, pese a que la primera revolución
socialista de la historia se está haciendo en un país de nivel cultural tan
bajo, pese a todo eso el Poder soviético se ha ganado ya el reconocimiento de
los obreros de otros países. La expresión "dictadura del
proletariado" es una expresión latina, y los trabajadores que la oyeron
por primera vez no sabían qué significaba ni cómo podía ponerse en práctica.
Ahora ha sido traducida del latín a los idiomas contemporáneos de los pueblos y
hemos demostrado que la dictadura del proletariado es el
Poder soviético, el poder de
los propios obreros organizados que dicen: "Nuestra organización es
superior a cualquier otra; a ella no puede pertenecer nadie que no trabaje,
ningún explotador. Esta organización tiene un solo fin: derrocar el capitalismo.
No se nos engallará con ninguna consigna falsa, con ningún fetiche por el
estilo de "libertad" e "igualdad". No admitimos ni la
libertad, ni la igualdad, ni la democracia del trabajo si están en pugna con la
causa de emancipar el trabajo del yugo del capital". Esto lo hemos
incluido en la Constitución soviética, y ya le hemos granjeado la simpatía de
los obreros de todo el mundo. Estos obreros saben que, por muy difícil que haya
sido el nacimiento del nuevo poder, por duras que sean las pruebas y grandes
las derrotas que algunas de las repúblicas soviéticas tengan que sufrir, no hay
fuerza en el mundo capaz de hacer retroceder a la humanidad. (Clamorosos aplausos.)
190
Publicados: el discurso de saludo, el 7 de mayo de 1919
en el núm. 96 de "Pravda"; el discurso acerca de cómo se engaña al
pueblo con las consignas de libertad e igualdad, en 1919 en el folleto: N.
Lenin, "Dos discursos pronunciados en el 1 Congreso Nacional de
Instrucción Extraescolar (6-19 de mayo de 1919)". Moscú.
T. 38, págs. 327-372.
Prefacio a la publicación del discurso “acerca de cómo se engaña
al pueblo con las consignas de libertad e igualdad”
191
PREFACIO A LA PUBLICACIÓN DEL DISCURSO
“ACERCA DE COMO SE ENGAÑA AL PUEBLO CON LAS CONSIGNAS DE LIBERTAD E IGUALDAD”.
El problema que traté en mi
discurso del 19 de mayo ante el Congreso de Enseñanza Extraescolar, el problema
de la igualdad en general y de la igualdad entre el obrero y el campesino en
particular, es, sin duda, uno de los más escabrosos y "delicados" de
nuestros días que atañe a los prejuicios más arraigados del pequeño burgués,
del pequeño propietario, del pequeño poseedor de mercancías, de todo filisteo y
de las nueve décimas partes de los intelectuales (incluidos los intelectuales
mencheviques y eseristas).
¡Negar la igualdad del obrero y el campesino!
¡Quién se lo podía imaginar!
¡Qué monstruosidad! Está claro que procurarán aferrarse a esta monstruosidad
todos los amigos de los capitalistas, todos sus lacayos, y, en primer término,
los mencheviques y los eseristas, para "excitar" a los campesinos,
para "soliviantarlos", para indisponerlos con los obreros, con los
comunistas. Tales tentativas son inevitables; pero, como se basan en mentiras,
su vergonzoso fracaso es seguro.
Los campesinos son gente
sensata, práctica y realista. Hay que explicarles las cosas con hechos, con
ejemplos sencillos de la vida. ¿Es justo que los campesinos que poseen grano
sobrante lo escondan en espera de que los precios suban hasta alcanzar proporciones
de especulación, de locura, sin dárseles nada de los obreros hambrientos? ¿O lo
justo es que el poder del Estado, que se encuentra en manos de los obreros, se
haga cargo de todos los excedentes de trigo, y no a precio de especulación, de
trapicheo, de verdadero robo, sino al precio de tasa establecido por el Estado?
El problema está planteado
así precisamente. Ahí está el quid, del que quieren "desentenderse"
con frases de todo género acerca de la "igualdad" y la "unidad
de la democracia del trabajo" todos los trapaceros que, como los mencheviques
y los eseristas, hacen el caldo gordo a los capitalistas y les propician la
restauración de su poder omnímodo.
El campesino debe optar: o
por el comercio libre del trigo, lo cual significa especular con el trigo,
significa la libertad de los ricos de lucrarse y la libertad de los pobres de
arruinarse y pasar hambre, significa la restauración del poder omnímodo de los
terratenientes y los capitalistas, la ruptura de la alianza de los campesinos y
los obreros; o por la entrega de los excedentes de trigo a precio de tasa al
Estado, es decir; al poder obrero unido, lo cual significa pronunciarse a favor
de la alianza de los campesinos y los obreros para aniquilar por completo a la
burguesía, para descartar toda posibilidad de que retorne su poder.
Esa es la alternativa.
Los campesinos ricos, los
kulaks, optarán por lo primero, querrán probar fortuna en alianza con los
capitalistas y los terratenientes contra los obreros, contra los campesinos
pobres; pero esos campesinos ricos serán en Rusia una minoría. La mayoría de los
campesinos se inclinará por la alianza con los obreros contra la restauración
del poder de los capitalistas, contra la "libertad de los ricos de
lucrarse", contra la "libertad de los pobres de pasar hambre",
contra las engañosas tentativas de disfrazar esta maldita "libertad"
capitalista (la libertad de morirse de hambre) con palabras rimbombantes sobre
la "igualdad" (sobre la igualdad del ahíto, del que posee excedentes
de trigo, y el hambriento).
Prefacio a la publicación del discurso “acerca de cómo se engaña
al pueblo con las consignas de libertad e igualdad”
Nuestra tarea es deshacer la
astuta superchería capitalista propagada por los mencheviques y los eseristas
con sonoras y pomposas frases sobre la "libertad" y la
"igualdad".
Campesinos: Arrancad la
careta a los lobos con piel de cordero que entonan almibarados ditirambos a la
"libertad", a la "igualdad", a la "unidad de la
democracia del trabajo", pero que en la práctica defienden así la "libertad"
del terrateniente de oprimir a los campesinos, la "igualdad" de los
ricachones capitalistas y los obreros o los campesinos semihambrientos, la
"igualdad" del ahíto que esconde los excedentes de trigo y el obrero
atormentado por el hambre y el paro forzoso debido a la ruina del país como
consecuencia de la guerra. Esos lobos con piel de cordero son los peores
enemigos de los trabajadores; aunque se llamen mencheviques, eserístas o no
militen en ningún partido, son en realidad amigos de los capitalistas.
192
"El obrero y el campesino son iguales, pues son
trabajadores; pero no hay igualdad entre el especulador de trigo que está ahíto
y el trabajador que pasa hambre". "Nosotros luchamos en defensa
exclusiva de los intereses del trabajo y nos incautamos del trigo del que
especula, y no del que trabaja". "Queremos un pacto con los
campesinos medios, con los campesinos trabajadores": eso es lo que dije en
mi discurso, ése es el fondo de la cuestión, ésa es la pura
verdad, embrollada con frases altisonantes sobre la "igualdad". y la
inmensa mayoría de los campesinos sabe que eso es verdad, que el Estado obrero combate a los
especuladores y a los ricos, ayudando por todos los medios a los trabajadores y
a los pobres, mientras que el Estado de
los terratenientes (con el zar) y el
Estado de los capitalistas (con la república más libre y democrática), siempre, en todas partes y en todos los
países ayudan a los ricos a desvalijar a
los trabajadores, ayudan a los especuladores y a los ricos a lucrarse a costa
de los pobres, precipitados en la ruina.
Esta verdad la conocen todos
los campesinos. Y por eso la mayoría de ellos, con tanta mayor rapidez y
firmeza cuanto más conscientes sean, harán su elección: ¡por la alianza con los
obreros, por el pacto con el gobierno obrero, contra el Estado terrateniente o
capitalista; por el Poder soviético, contra la "Asamblea
Constituyente" o contra la "república democrática"; por el pacto
con los comunistas bolcheviques, contra todo apoyo a los capitalistas, a los
mencheviques y a los eseristas!
* * *
En cuanto a los señores
"instruidos", a los demócratas, a los socialistas, a los
socialdemócratas, a los socialistas-revolucionarios, etc., les diremos: de
palabra, todos admitís la "lucha de las clases"; pero, de hecho, os
olvidáis de ella en el preciso momento en que más se encona. Pero olvidarse de
la lucha de las clases significa pasarse al lado del capital, al lado de la
burguesía, contra los trabajadores.
Quien admite la lucha de las
clases debe reconocer que jamás en una república burguesa, ni aun en la más
libre y democrática, pudieron ser ni han sido nunca la "libertad" y
la "igualdad" otra cosa que expresión de la igualdad y la libertad de
los poseedores de mercancías,
expresión de la igualdad y la libertad del capital.
En todas sus obras, sobre todo en El
Capital (que todos vosotros celebráis de
palabra) Marx lo explicó y se mofó miles de veces de la concepción
abstracta de la "libertad e igualdad", de los adocenados Bentham que
no lo veían, y puso al descubierto las raíces materiales de esas abstracciones.
En el régimen burgués (es
decir, en tanto se mantenga la propiedad privada de la tierra y de los medios
de producción) y en la democracia burguesa, la "libertad y la
igualdad" no son sino meros formalismos que implican en realidad la esclavitud asalariada de los obreros
(libres en el papel, investidos de iguales derechos en el papel) y el poder omnímodo del capital, la
opresión del trabajo por el capital. Este es el abecé del socialismo, señores "instruidos", y lo habéis
olvidado.
Prefacio a la publicación del discurso “acerca de cómo se engaña
al pueblo con las consignas de libertad e igualdad”
De ese abecé se desprende
que durante la revolución proletaria, cuando la lucha de las clases se ha
exacerbado hasta desencadenar la guerra civil, únicamente los mentecatos y los
traidores pueden salir del paso con frases sobre la "libertad", la
"igualdad" y la "unidad de la democracia del trabajo". En
la práctica todo lo decide el desenlace de la lucha del proletariado contra la
burguesía, y las clases intermedias, las clases medias (comprendida toda la
pequeña burguesía y, por lo tanto, todo el "campesinado") vacilan
inevitablemente entre uno y otro bando.
Se trata de la adhesión de
esos sectores intermedios a una de las fuerzas principales, al proletariado o a
la burguesía. No puede haber otra
alternativa: quien no lo haya comprendido, al leer El Capital de Marx, no ha comprendido nada de Marx, no ha
comprendido nada del socialismo y es, de hecho, un filisteo, un mesócrata que
sigue ciegamente en pos de la burguesía. Quien lo haya comprendido, no se
dejará engañar con frases sobre la "libertad" y la
"igualdad", pensará y hablará de
cosas reales, es decir, de las condiciones concretas de aproximación de los campesinos y los obreros, de la alianza de unos y otros contra los
capitalistas, del pacto de unos y
otros contra los explotadores, los ricos y los especuladores.
La dictadura del
proletariado no es la terminación de la lucha de las clases, sino su
continuación en nuevas formas. La dictadura del proletariado es la lucha de la
clase proletaria, que ha triunfado y ha tomado en sus manos el poder político,
contra la burguesía que ha sido vencida, pero que no ha sido aniquilada, que no
ha desaparecido, que no ha dejado de oponer resistencia, contra la burguesía
que ha intensificado su resistencia. La dictadura del proletariado es una forma
singular de alianza de clase del proletariado, vanguardia de los trabajadores,
y los numerosos sectores no proletarios (pequeña burguesía, pequeños
propietarios, campesinos, intelectuales, etc.) de trabajadores o la mayoría de
ellos, alianza dirigida contra el capital, alianza que persigne el
derrocamiento completo del capital, el aplastamiento completo de la resistencia
de la burguesía y de sus tentativas de restauración, alianza que se propone la
instauración y consolidación definitivas del socialismo. Es una alianza de tipo
especial que se concierta en una situación especial, en medio de una furiosa
guerra civil; es una alianza de los partidarios resueltos del socialismo con
sus aliados vacilantes, y a veces con los "neutrales" (en cuyo caso,
de pacto de lucha, la alianza se convierte en pacto de neutralidad); es una
alianza entre clases diferentes en los aspectos económico, político, social
Prefacio a la publicación del discurso “Acerca de como se engaña al pueblo con
las consignas de…” y espiritual. Desentenderse del estudio de las formas,
condiciones y tareas concretas de esta alianza con frases generales sobre la
"libertad", la "igualdad" y la "unidad de la
democracia del trabajo", esto es, con retazos del bagaje ideológico de la
época de la economía mercantil, pueden únicamente los podridos líderes de la
podrida Internacional "de Berna" o amarilla, como Kautsky, Mártov y
Cía.
23 de junio de 1919.
N. Lenin.
Publicado en 1919 en el folleto: N. Lenin, "Dos discursos
pronunciados en el l Congreso Nacional de Instrucción Extraescolar (6-19 de
mayo de 1919)". Moscú.
T. 38, págs. 373-377.
Un saludo a los obreros húngaros
194
UN SALUDO A LOS OBREROS HÚNGAROS.
Camaradas:
Las noticias que recibimos de los dirigentes de los Soviets húngaros nos llenan
de entusiasmo y alegría. Hará sólo dos meses y pico que existe el Poder
soviético en Hungría, y el proletariado húngaro, por lo visto, ya nos ha dejado
atrás en lo que a organización se refiere. Y se comprende, porque en Hungría es
más elevado el nivel de cultura general de la población, porque la proporción
de obreros industriales es muchísimo mayor en el total de habitantes (Budapest
cuenta con tres millones, siendo la población de Hungría de ocho millones) y,
por último, porque la transición al régimen soviético, a la dictadura del
proletariado, ha sido en Hungría infinitamente más fácil y pacífica.
Esta última circunstancia
tiene una importancia singular. La mayoría de los jefes socialistas de Europa
—tanto los de la tendencia socialchovinista como los de la kautskiana— se han
encenagado tanto en los prejuicios pequeñoburgueses puros, formados por decenas
de años de capitalismo relativamente "pacífico" y de parlamentarismo
burgués, que son incapaces de comprender el Poder soviético y la dictadura del
proletariado. El proletariado no se hallará en condiciones de cumplir su misión
emancipadora, de alcance histórico universal, si no aparta de su camino a esos
jefes, si no se deshace de ellos. Esos líderes prestaron crédito, total o a
medias, a las mentiras difundidas por la burguesía contra el Poder soviético en
Rusia, y no supieron distinguir entre la esencia de la democracia nueva,
proletaria, la democracia para los trabajadores, la democracia socialista,
personificada por el Poder soviético, y la democracia burguesa, ante la que se
prosternan servilmente, llamándola "democracia pura" o "democracia"
en general.
Esta gente, cegada y
ofuscada por los prejuicios burgueses, no ha comprendido el viraje, de
trascendencia histórica universal, de la democracia burguesa a la democracia
proletaria, de la dictadura burguesa a la dictadura proletaria. Han confundido
esta o aquella particularidad del Poder soviético en Rusia, de la historia rusa
de su desarrollo, con el Poder soviético en su significarlo internacional.
La revolución proletaria
húngara abre los ojos hasta a los ciegos. En Hungría, la forma de la transición
a la dictadura del proletariado es totalmente distinta de la de Rusia: dimisión
voluntaria del Gobierno burgués, restablecimiento inmediato de la unidad de la
clase obrera, de la unidad del socialismo con
un programa comunista. La esencia del Poder soviético se perfila ahora con
mucha más claridad: ningún otro poder, que cuente con el apoyo de los
trabajadores, con el proletariado a su frente, es posible hoy en ninguna parte
del mundo, fuera del Poder soviético, fuera de la dictadura del proletariado.
Esta dictadura presupone el
empleo de la violencia, de implacable rigor, rápida y decidida, para aplastar
la resistencia de los explotadores, de los capitalistas, de los terratenientes
y sus secuaces.
Quien no lo haya
comprendido, no es un revolucionario y hay que apartarlo de la dirección o del
puesto de consejero del proletariado.
Pero la esencia de la
dictadura del proletariado no reside sólo en la violencia, ni principalmente en
la violencia. Su esencia fundamental reside en la organización y disciplina del
destacamento avanzado de los trabajadores, de su vanguardia, de su único
dirigente: el proletariado. Su objetivo es construir el socialismo, suprimir la
división de la sociedad en clases, convertir a todos los miembros de la
sociedad en trabajadores, quitar el terreno a
Un saludo a los obreros húngaros
toda la explotación del
hombre por el hombre. Este objetivo no puede alcanzarse de golpe; ello exige un
período de transición bastante largo del capitalismo al socialismo, tanto
porque reorganizar la producción es empresa difícil como porque se necesita tiempo
para introducir cambios radicales en todos los dominios de la vida y porque la
inmensa fuerza de la costumbre de dirigir de modo pequeñoburgués y burgués la
economía sólo puede superarse en una lucha larga y tenaz. Precisamente por eso
habla Marxde todo un período de dictadura del proletariado como período de
transición del capitalismo al socialismo.
Durante todo ese período de
transición opondrán una resistencia consciente a la revolución los capitalistas
y sus numerosos secuaces en el seno de la intelectualidad burguesa, y vastas
masas de trabajadores, entre ellos los campesinos, que, demasiado ofuscadas por
las costumbres y tradiciones pequeñoburguesas, ofrecen las más de las Un saludo
a los obreros húngaros veces una resistencia inconsciente. Las vacilaciones, en
estos sectores, son inevitables. El campesino, como trabajador, tiende al
socialismo, prefiriendo la dictadura de los obreros a la dictadura de la
burguesía. Pero, como vendedor de su trigo, el campesino propende a la
burguesía, al comercio libro, es decir, vuelve la vista hacia atrás, hacia el
capitalismo "habitual", hacia el viejo capitalismo
"tradicional".
195
Hace falta la dictadura del proletariado, el poder de una sola
clase, su fuerza de organización y disciplina, su potencia centralizada, que se
apoya en todas las conquistas de la cultura, de la ciencia y de la técnica del
capitalismo, su afinidad proletaria a la sicología de todo trabajador, su
autoridad ante los trabajadores del campo o los pequeños productores,
dispersos, menos desarrollados y menos firmes en política, a fin de que el
proletariado pueda llevar tras de sí
a los campesinos y a todos los sectores de la pequeña burguesía en general. Y de nada valen aquí las frases sobre
"democracia" en general, sobre "unidad" o sobre "la
unidad de la democracia del trabajo", sobre la "igualdad" de
todos los "hombres del trabajo" y otras por el estilo, tan del agrado
de los socialchovinistas y kautskianos aburguesados. La fraseología no hace más
que nublar la vista, ofuscar la conciencia, dar un nuevo aliento al secular
atraso, a la inercia y a la rutina del capitalismo, del parlamentarismo, de la
democracia burguesa.
La abolición de las clases
es obra de una larga, difícil y tenaz lucha
de las clases que no desaparece
(como se lo imaginan los vulgares personajes del viejo socialismo y de la vieja socialdemocracia) después del derrocamiento del poder del capital, después de la destrucción del Estado
burgués, después de la implantación
de la dictadura del proletariado, sino que se limita a cambiar de forma,
haciéndose en muchos aspectos más encarnizada todavía.
Mediante la lucha de clase
contra la resistencia de la burguesía, contra la inercia, la rutina, la
indecisión y las vacilaciones de la pequeña burguesía debe el proletariado
defender su poder, fortalecer su influencia organizadora, lograr la
"neutralización" de los sectores que temen separarse de la burguesía
y lo siguen a él con muy poca firmeza; debe consolidar la nueva disciplina, la
disciplina fraternal de los trabajadores, los lazos estrechos de éstos con el
proletariado, su agrupación en torno al proletariado; debe consolidar esta
nueva disciplina, nueva base de las relaciones sociales, en lugar de la
disciplina feudal de la Edad Media, en lugar de la disciplina del hambre, de la
disciplina de la "libre" esclavitud asalariada en el capitalismo.
Para suprimir las clases
hace falta un período de dictadura de una sola clase, precisamente de la clase
oprimida que no sólo sea capaz de derribar a los explotadores y aplastar sin
piedad su resistencia, sino también de romper ideológicamente con todas las
concepciones democráticas burguesas, con toda la charlatanería pequeñoburguesa
de la libertad e igualdad en general (en el fondo, según demostró Marx hace ya
tiempo, esas frases significan
Un saludo a los obreros húngaros
"libertad e
igualdad" de los poseedores de
mercancías, "libertad e igualdad" del capitalista y del obrero).
Pero eso no es todo. De las
clases oprimidas, sólo es capaz de suprimir las clases, por medio de su
dictadura, la que está aleccionada, unida, educada, fogueada por decenas de
años de luchas políticas y de huelgas contra el capital; la que ha asimilado la
cultura de las ciudades, de la industria, del gran capitalismo y tiene decisión
y capacidad para defenderla, para conservar y desarrollar todas sus conquistas,
para ponerlas al alcance de todo el pueblo, de todos los trabajadores; la clase
que sabe soportar todas las cargas, todas las pruebas, todas las adversidades,
todos los grandes sacrificios que la historia impone de manera inevitable a
quien rompe con el pasado y se abre audazmente paso hacia un porvenir nuevo;
sólo la clase cuyos mejores hijos rezuman odio y desprecio por todo lo mediocre
y filisteo, cualidades que tanto prosperan entre la pequeña burguesía, los
pequeños empleados y la "intelectualidad"; sólo la clase que se ha
"templado en la escuela del trabajo" y sabe infundir respeto por su
capacidad de trabajo a todo trabajador, a todo hombre honrado.
¡Camaradas obreros húngaros!
El ejemplo que habéis ofrecido al mundo es todavía mejor que el de la Rusia
Soviética, porque habéis sabido unir en seguida a todos los socialistas sobre
la plataforma de una verdadera dictadura del proletariado. Ahora tenéis la más
grata y dificilísima tarea de sostener vuestras posiciones en la dura guerra
contra la Entente. ¡Manteneos firmes! Si entre los socialistas que acaban de
unirse a vosotros, a la dictadura del proletariado, o entre la pequeña
burguesía surgiesen vacilaciones, aplastadlas sin piedad. El paredón es lo que
merecen los cobardes en la guerra.
Vosotros hacéis la única
guerra legítima, justa, verdaderamente revolucionaria, la guerra de los
oprimidos contra los opresores, la guerra de los trabajadores contra los
explotadores, la guerra por la victoria del socialismo. Todos los elementos
honrados de la clase obrera mundial están a vuestro lado. Cada mes está más
próxima la revolución proletaria mundial.
¡Manteneos firmes! ¡La victoria será vuestra!
27 de mayo de 1919.
Lenin.
Publicado el 29 de
marzo de 1919 en el núm. 115 de "Pravda".
T. 38, págs. 384-388.
Los prohombres de la Internacional de Berna
196
LOS PROHOMBRES DE LA INTERNACIONAL DE BERNA.
En el
artículo La Tercera Internacional y su
lugar en la historia*, (publicado en el número 1 de La Internacional Comunista 138, 1-V-1919, pág. 38 de la edición en
ruso) señalé una de las manifestaciones más notables de la bancarrota
ideológica de los representantes de la vieja y podrida Internacional de Berlín.
Esta bancarrota de los teóricos del socialismo reaccionario, que no comprende
la dictadura del proletariado, se ha expresado en la propuesta de los
socialdemócratas "independientes" alemanes de combinar, de unir, de
hacer compatibles el Parlamento burgués con el Poder soviético.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Los teóricos más destacados
de la vieja Internacional —Kautsky, Hilferding, Otto Bauer y Cía.— ¡no han
comprendido que proponen unir la dictadura de la burguesía y la dictadura del
proletariado! Hombres que han cobrado renombre y se han granjeado las simpatías
de los obreros con la prédica de la lucha de clase de los mismos y la
explicación de que esta lucha es necesaria no han comprendido —en el momento
más decisivo de la batalla por el socialismo— que abandonan íntegramente toda
la doctrina de la lucha de las clases, que abjuran por completo de ella y, de
hecho, se pasan al campo de la burguesía, intentando hacer compatible la
dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado. Parece increíble,
pero es un hecho.
A título de rarísima
excepción, hemos conseguido recibir ahora en Moscú bastantes periódicos
extranjeros, aunque por números sueltos, que nos permiten restablecer algo más
detalladamente — si bien, como es natural, no por completo, ni mucho menos— la
historia de las vacilaciones de los señores "independientes" en el
problema teórico y práctico más importante de nuestro tiempo. Es el problema de
la actitud de la dictadura (proletaria)
respecto a la democracia (burguesa) o
del Poder soviético respecto al parlamentarismo burgués.
En su folleto La dictadura del proletariado (Viena,
1918), el señor Kautsky decía que "la organización soviética es uno de los
fenómenos más importantes de nuestra época. Promete adquirir una importancia
decisiva en los grandes combates decisivos que se avecinan entre el capital y
el trabajo" (pág. 33 del folleto de Kautsky). Y agregaba que los
bolcheviques habían cometido el error de convertir los Soviets de "organización de combate de una clase" en "una organización estatal", con lo cual
"han suprimido la democracia" (loc. cit.).
En mi folleto La revolución proletaria y el renegado
Kautsky (Petrogrado y Moscú, 1918) analicé circunstanciadamente esta
opinión de Kautsky y mostré que en ella se relegan por completo al olvido las
bases mismas de la doctrina del marxismo acerca del Estado*. Porque el Estado
(cualquier Estado, incluso la república más democrática) no es otra cosa que
una máquina para la opresión de una clase por otra. Denominar a los Soviets
organización de combate de una clase
y negarles el derecho a convertirse en "una organización estatal"
significa, de hecho, abjurar del
abecé del socialismo , proclamar o defender la intangibilidad de la máquina burguesa de opresión del
proletariado (es decir, la república democrática burguesa, el Estado
burgués); significa, de hecho, desertar al campo de la burguesía.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Lo absurdo de la posición de
Kautsky es tan patente, y el embate de las masas obreras, que exigen el Poder
soviético, tan fuerte que Kautsky y los kautskianos han tenido que retroceder
![]()
138 La
Internacional Comunista:
revista, órgano del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista; apareció en
ruso, alemán, francés, inglés, español y chino desde mayo de 1919 hasta mayo de
1943.
Los prohombres de la Internacional de Berna
vergonzosamente, haciéndose
un lío, pues han sido incapaces de reconocer con honradez su error.
El 9 de febrero de 1919, el
periódico La Libertad (Freiheit),
órgano de los socialdemócratas "independientes" (independientes del
marxismo, pero muy dependientes de la democracia pequeñoburguesa) de Alemania
publica un artículo del señor Hilferding, el cual exige ya la conversión de los Soviets en organizaciones estatales, pero a la par con el Parlamento burgués, con
la "Asamblea Nacional", al lado de ella. El 11 de febrero de 1919, en
un llamamiento al proletariado de Alemania, todo
el partido "independiente" adopta esta consigna (por tanto, también
la adopta el señor Kautsky, que rebate las declaraciones que él mismo hizo en
el otoño de 1918).
Estas tentativas de hacer
compatible la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado
significan abjurar por completo del marxismo y del socialismo en general,
olvidar la experiencia de los mencheviques y "socialistas-revolucionarios"
rusos, que desde el 6 de mayo de 1917 hasta el 25 de octubre de 1917 (según el
viejo calendario) hicieron la "experiencia" de combinar los Soviets
como "organización estatal" con el sistema estatal burgués y fracasaron vergonzosamente en
esta experiencia.
197
En el congreso del partido
de los "independientes" (a comienzos de marzo de 1919), todo el
partido adopta esta postura de unión sapientísima de los Soviets con el
parlamentarismo burgués. Pero el número 178 de La Libertad, del 13 de abril de 1919 (Anexo), informa que el grupo de los "independientes" ha
presentado al II Congreso de los Soviets una moción:
"El II Congreso de los
Soviets hace suya la idea del sistema soviético. De acuerdo con ello, la
estructura política y económica de Alemania deberá basarse en la organización
de los Soviets. Los Soviets de diputados obreros están llamados a representar a
la población trabajadora en todos los ámbitos de la vida política y
económica".
Y al lado de eso, el mismo grupo ha propuesto al congreso un
proyecto de "directrices"
(Richtlinien), en las que leemos:
"Todo el poder político
pertenece al congreso de los Soviets... Tienen derecho a elegir y ser elegidos
a los Soviets, sin distinción de sexo, quienes realicen un trabajo útil y
necesario para la sociedad sin explotar mano de obra ajena..."
Vemos, por consiguiente, que
los jefes "independientes" han resultado ser unos pequeños burgueses
dignos de compasión, dependientes por entero de los prejuicios filisteos de la
parte más atrasada del proletariado. En el otoño de 1918, estos jefes abjuran,
por boca de Kautsky, de toda transformación de los Soviets en organizaciones
estatales. En marzo de 1919 entregan esta posición y se colocan a la zaga de la
masa obrera. En abril de 1919 rechazan el acuerdo de su congreso y se suman por
entero a la posición de los comunistas: "¡Todo el poder a los
Soviets!"
Jefes así no valen mucho.
Para reflejar el estado de ánimo de la parte más atrasada del proletariado, que
marcha detrás, y no delante, de la vanguardia, no hacen falta jefes. Y dado el
apocamiento con que cambian sus consignas, esos jefes no valen nada. No se
puede confiar en ellos. Serán siempre
un lastre, una magnitud negativa en el movimiento obrero.
El más
"izquierdista" de ellos, un tal señor Däumig, razonaba en el congreso
del partido (véase La Libertad, del 9
de marzo) de la siguiente forma:
"...Däumig declara que
no le separa nada de la reivindicación de los comunistas: "Todo el Poder a
los Soviets de diputados obreros". Pero él debe pronunciarse contra el
putchismo que el partido de los comunistas aplica en la práctica y contra el
bizantinismo que éstos muestran con las masas, en vez de educarlas. La acción
putchísta, dispersa, no puede llevar a delante..."
Los prohombres de la Internacional de Berna
Los alemanes denominan
putchísmo a lo que los viejos revolucionarios llamaban en Rusia, hace cincuenta
años, "fogonazos", "fuegos artificiales", organización de
pequeñas conspiraciones, atentados, levantamientos, etc.
Al acusar de
"putchismo'' a los comunistas, el señor Däumig lo único que demuestra es
su "bizantinismo", su servilismo lacayuno ante los prejuicios
filisteos de la pequeña burguesía. El "izquierdismo" de un señor así,
que repite una consigna "de moda" por cobardía ante las masas, sin comprender el movimiento revolucionario
de masas, no vale un comino.
En Alemania se ha levantado
una potente ola de huelgas espontáneas. Un auge y un crecimiento inauditos de
la lucha proletaria, que supera, evidentemente, lo que hubo en Rusia en 1905,
cuando el movimiento huelguístico alcanzó proporciones nunca vistas. Hablar de
"fuegos artificiales" ante un movimiento como ése significa ser una
persona trivial sin remedio y un lacayo de los prejuicios filisteos.
Los señores filisteos, con
Däumig al frente, sueñan, por lo visto, con una revolución (si es que albergan
en su cabeza alguna idea, aunque sea pequeña, de la revolución) en la que las
masas se alcen de golpe y organizados por completo.
Las revoluciones de ese tipo
no han existido ni pueden existir. El capitalismo dejaría de ser capitalismo si
no mantuviera a millones de trabajadores, a la inmensa mayoría de los
trabajadores, en la opresión, el embrutecimiento, la pobreza y la ignorancia.
El capitalismo sólo puede derrumbarse mediante una revolución que ponga en pie
en el curso de la lucha a masas antes intactas. Los estallidos espontáneos
durante el crecimiento de la revolución son inevitables. Sin ellos no ha
habido, ni puede haber, ninguna revolución.
Que los comunistas favorecen
la espontaneidad es una mentira del señor Däumig, absolutamente de la misma
índole que la mentira que hemos oído muchas veces decir a los mencheviques y
eseristas. Los comunistas no
favorecen la espontaneidad, no son
partidarios de los estallidos aislados. Los comunistas enseñan a las masas la
acción organizada, cabal, unánime, oportuna y madura. Los señores Däumig,
Kautsky y Cía. no podrán refutar con calumnias filisteas este hecho.
Pero los filisteos son
incapaces de comprender que los comunistas consideran —y muy justamente— un
deber suyo estar con las masas
combatientes de los oprimidos, y no con los prohombres de la mesocracia que
permanecen al margen y esperan cobardemente. Cuando las masas luchan, los
errores en la lucha son inevitables. Y los comunistas, que ven esos errores,
que se los explican a las masas y se esfuerzan por que los corrijan, que
defienden con firmeza la victoria de la conciencia sobre la espontaneidad, siguen con las masas. Vale más estar con
las masas combatientes, que en el curso de la lucha se libran paulatinamente de
los errores, que con los intelectualillos, filisteos y kautskianos, que esperan
la "victoria completa" desde su retiro: tal es la verdad que los
señores Däumig no pueden comprender.
198
Peor para ellos. Han entrado
ya en la historia de la revolución proletaria mundial como pequeños burgueses
cobardes, como jeremías reaccionarios, criados ayer de los Scheidemann y
predicadores hoy de la "paz social", tanto da que esta prédica se
encubra con la unión de la Constituyente y los Soviets como tras la sesuda
condena del "putchismo".
El señor Kautsky ha batido
la marca de sustituir el marxismo con lamentaciones pequeñoburguesas y
reaccionarias. Repite la misma cantilena: ¡deplora lo que ocurre, se lamenta,
llora, se horroriza y predica la reconciliación! Este caballero de la triste figura
ha escrito toda su vida sobre la
lucha de las clases y el socialismo; pero cuando las cosas han llegado a la máxima exacerbación de la
lucha de las clases y a la víspera del socialismo, nuestro sabio se
desconcierta, suelta el llanto y resulta ser un filisteo adocenado. En el
número 98 del órgano de los traidores vieneses al socialismo, de los
Austerlitz, los Henner y
Los prohombres de la Internacional de Berna
los Bauer (Periódico Obrero, 9 de abril de 1919, Viena, edición matutina),
Kautsky reúne por centésima, si no por milésima vez, sus lamentaciones.
"...El pensamiento
económico y la visión económica —lloriqueaban sido desalojados de la cabeza de
todas las clases... La larga guerra ha enseñado a vastos sectores del
proletariado a despreciar por completo las condiciones económicas y a confiar
firmemente en la omnipotencia de la violencia..."
¡Son dos "manías"
de nuestro "muy docto" varón! El "culto a la violencia" y
la bancarrota de la producción: a eso se debe que, en vez de analizar las
condiciones reales de la lucha de las
clases, haya caído en el acostumbrado gimoteo pequeñoburgués, viejo y
tradicional. "Esperábamos —escribe— que la revolución viniera como un
producto de la lucha de la clase proletaria '" pero la revolución ha
venido como consecuencia de la bancarrota militar del sistema dominante tanto
en Rusia como en Alemania..."
Dicho con otras palabras: ¡este "sabio" esperaba una
revolución pacífica! ¡Es admirable!
Pero el señor Kautsky se ha
desconcertado hasta el punto de olvidar que él mismo escribió antes, cuando era
marxista, que la guerra sería, muy probablemente, el motivo de la revolución.
Ahora, en vez de analizar con serenidad y sin temor qué cambios de las formas
de la revolución son inevitables como
consecuencia de la guerra, ¡nuestro "teórico" deplora sus
"esperanzas" frustradas! ¡“...Desprecio de las condiciones económicas
por vastos sectores del proletariado"! ¡Qué miserable estupidez! ¡Qué bien
conocemos, por los periódicos mencheviques de la época de Kerenski, esta copla
pequeñoburguesa!
El economista Kautsky ha
olvidado que cuando el país está arruinado por la guerra y se encuentra al
borde de la catástrofe, la "condición económica" principal,
fundamental, cardinal, es salvar al
obrero. Si se salva a la clase obrera de la muerte por hambre, del
perecimiento seguro, entonces se podrá restablecer la economía destruida. Y
para salvar a la clase obrera hace falta la dictadura del proletariado, único
medio de impedir que se cargue sobre las espaldas de los obreros el peso y las
consecuencias de la guerra.
El economista Kautsky
"ha olvidado" que el reparto del peso de la derrota es un problema
que se resuelve por medio de la lucha de
las clases, y que la lucha de las clases en las condiciones de un país
completamente atormentado, arruinado, hambriento y moribundo cambia inevitablemente sus formas. No es ya una
lucha de una clase por participar en la producción, por dirigir la producción
(pues la producción está parada, no hay carbón, los ferrocarriles son
inservibles, la guerra ha trastocado las cosas, las máquinas se hallan
desgastadas, etc., etc.), sino por
salvarse del hambre. Sólo unos tontainas, por mucho que hayan
"aprendido", pueden "condenar" en semejante situación el
comunismo "de consumo, cuartelero" y enseñar con altanería a los
obreros la importancia de la producción.
Primero, ante todo y sobre
todo, hay que salvar al obrero. La burguesía quiere conservar sus privilegios,
endosar al obrero todas las consecuencias de la guerra, y eso significa matar
de hambre a los obreros.
La clase obrera quiero
salvarse del hambre, y para eso hay que derrotar por completo a la burguesía,
asegurar primero el consumo, por
escaso que sea, pues de otra manera será
imposible ir tirando medio hambrientos, será
imposible sostenerse hasta que se pueda poner de nuevo en marcha la producción.
"¡Piensa en la
producción!", dice el burgués ahíto al obrero famélico y extenuado por el
hambre, y Kautsky, repitiendo estas coplas de los capitalistas disfrazadas de
"ciencia económica", se convierte por completo en un lacayo de la burguesía.
Y el obrero dice: que la
burguesía viva también a media ración para que los trabajadores puedan
reponerse, para que no perezcan. El
"comunismo de consumo" es la condición para
Los prohombres de la Internacional de Berna
salvar al obrero. ¡No hay
que reparar en sacrificios para salvar al obrero! Media libra a los
capitalistas y una libra a los obreros: así hay que salir del período de
hambre, de la ruina. El consumo del obrero famélico es la base y la condición
del restablecimiento de la producción.
Zetkin ha dicho con plena razón a Kautsky que él
199
"se
desliza a la economía política burguesa. La producción para el hombre, y no a
la inversa..."
Al deplorar el "culto a
la violencia", el independiente señor Kautsky ha evidenciado que depende
exactamente igual de los prejuicios pequeñoburgueses. Cuando los bolcheviques
señalaban ya en 1914 que la guerra imperialista se transformaría en guerra
civil, el señor Kautsky guardaba silencio, siguiendo en las filas del mismo
partido que David y Cía., los cuales calificaban de "locura" esta
previsión (y esta consigna). ¡Kautsky no comprendió en absoluto que era
inevitable la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, y ahora
achaca su incomprensión a las dos partes beligerantes en la guerra civil! ¿No
es esto un modelo de beotismo pequeñoburgués reaccionario?
Pero si en 1914 era únicamente beotismo pequeñoburgués la
incomprensión de que la guerra imperialista debía transformarse inevitablemente
en guerra civil, ahora, en 1919, es algo peor. Es una traición a la clase
obrera. Porque la guerra civil es un
hecho en Rusia, y en Finlandia, y en Letonia, y en Alemania, y en Hungría.
Kautsky ha reconocido centenares y centenares de veces en sus obras anteriores
que existen períodos históricos en los que la lucha entre las clases se
transforma inevitablemente en guerra civil. Eso ha ocurrido, y Kautsky se ha
encontrado en el campo de la pequeña burguesía cobarde y vacilante.
"...El espíritu
que anima a Espartaco es, en el fondo, el espíritu de Ludendorf! ...
Espartaco
consigue no sólo el fracaso de su obra,
sino también la intensificación de la política de violencia por parte de los
socialistas de la mayoría. Noske es el antípoda de Espartaco..." Estas
palabras de Kautsky (de un artículo suyo publicado en el Periódico Obrero de Viena) son de una estupidez, una ruindad y una
vileza tan extremas que basta señalarlas con el dedo. Un partido que tolera en
su seno a semejantes jefes está podrido. La Internacional de Berna, a la que
pertenece el señor Kautsky, debe ser enjuiciada por nosotros como se merece,
desde el punto de vista de estas palabras de Kautsky, como una Internacional
amarilla.
* * *
Como caso curioso, citaremos
también un razonamiento del señor Haase expuesto en el artículo acerca de
"la Internacional en Ámsterdam" (La
Libertad, 4 de mayo de 1919). El señor Haase se jacta de haber propuesto
una resolución sobre el problema de las colonias, en la que se dice que
"la liga de naciones organizada a propuesta de la Internacional... tiene
la tarea, hasta la realización del
socialismo..." (¡fíjense bien!) "...de gobernar las colonias, en
primer lugar, en beneficio de los aborígenes y, después, en el de todos los
pueblos agrupados en la liga de naciones..."
¿Verdad que
es una joya? Hasta la realización del socialismo gobernará las colonias,
según la resolución de este sabio, no la burguesía, sino una – perdón—
¡¡generosa, justa y meliflua "liga de naciones"!! ¿En qué se
diferencia esto, prácticamente, del maquillaje de la más abominable hipocresía
capitalista? ¡Y ésos son los miembros "izquierdistas'' de la Internacional
de Berna!...
* * *
Para que d lector pueda
comparar de manera más clara toda la estupidez, ruindad e ignominia de los
escritos de Haase, Kautsky y Cía. con la situación real en Alemania,
reproduciré otra breve cita.
Los prohombres de la Internacional de Berna
El conocido capitalista
Gualterio Rathenau ha publicado un librejo titulado El Estado nuevo (Derneue Staat). El librejo está fechado el 24 de
marzo de 1919. Su valor teórico es igual a
cero. Pero como persona observadora, Gualterio Ratheuau se ve obligado a
reconocer lo siguiente:
"...Nosotros, pueblo de poetas y
pensadores, somos, por ocupación accesoria (im
Nevenberuf), filisteos..."
"...El idealismo existe ahora
únicamente entre los monárquicos extremistas y los espartaquistas..."
"La verdad sin aderezos es ésta:
vamos hacia una dictadura, proletaria o pretoriana" (págs. 29, 52, 65).
Este burgués se cree, por lo visto, tan
"independiente" de la burguesía como los señores Kautsky y Haase se
creen "independientes" del espíritu pequeñoburgués y del filisteísmo.
Pero Gualterio Rathenau le lleva dos cabezas a
Carlos Kautsky, pues el segundo gimotea,
ocultándose cobardemente de "la verdad sin aderezos", mientras que el
primero la reconoce al descubierto.
28 de mayo de 1919.
Publicado en junio de
1919 en el núm. 2 de la revista "La Internacional Comunista".
T. 38, págs. 389-398.

