Libro N° 7058. Obras Escogidas. Tomo VIII. Lenin, V. I.
© Libro N° 7058.
Obras Escogidas. Tomo VIII. Lenin, V. I. Emancipación. Marazo 7 de
2020.
Título
original: © Obras
Escogidas. Tomo VIII. V. I. Lenin
Versión Original: © Obras Escogidas. Tomo VIII. V. I.
Lenin
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición
digital de Versión original de textos:
https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Lenin/Lenin-Obras_escogidas-8_de_12-K.pdf
Licencia Creative Commons:
Emancipación
Obrera utiliza una licencia Creative
Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única
condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión
cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a
Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente
educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de Imagen original:
https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Lenin/Lenin-Obras_escogidas-8_de_12-K.pdf
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
OBRAS ESCOGIDAS
TOMO VIII
V. I. Lenin
OBRAS ESCOGIDAS
TOMO VIII
V. I. Lenin
OBRAS ESCOGIDAS, TOMO VIII
(1918)
![]()
V.I. LENIN
Nota de EHK sobre la
conversión
a libro digital para
facilitar su estudio.
En el lateral de la
izquierda aparecerán
los
números de las páginas que
se corresponde con
las del libro original.
El corte de página no
es exacto,
porque
no hemos querido cortar
ni palabras ni
frases,
es simplemente una
referencia.
Este trabajo ha sido convertido a libro digital
para uso interno y para el estudio e investigación
del pensamiento marxista.
Euskal Herriko
Komunistak
http:NNwww.abertzalekomunista.net
TOMO 8-12
Índice
Prefacio................................................................................................................... 1
VII congreso extraordinario del PC(BN de Rusia............................................ 2
Las tareas principales de nuestros días........................................................... 23
IV congreso extraordinario de los soviets de toda Rusia............................. 26
Las tareas inmediatas del poder soviético...................................................... 38
Borrador del plan de trabajos tecno-científicos............................................ 54
Discurso en el soviet
de Moscú de diputados obreros,
campesinos y soldados rojos.......................................................... 55
Seis tesis acerca de las tareas inmediatas del poder soviético................... 58
Acerca del infantilismo “izquierdista” y del espíritu
pequeñoburgués.... 60
Tesis sobre la situación actual......................................................................... 73
El hambre............................................................................................................ 75
La academia socialista de ciencias sociales................................................... 79
Discurso en el I Congreso nacional de los consejos de economía............ 80
Observaciones al
proyecto de “reglamento para la administración
de las empresas nacionalizadas”................................................. 84
Reunión conjunta del
CEC de toda Rusia, del soviet de
diputados obreros,
campesinos y soldados rojos y
de los sindicatos de Moscú............................................................. 85
Discurso en el I congreso nacional de maestros
internacionalistas........... 95
Sobre la organización de bibliotecas.............................................................. 96
Discurso en un mitin que se dio en el Club de Sokolniki........................... 97
IV conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú....... 99
Palabras proféticas........................................................................................... 112
El carácter democrático y socialista del poder soviético........................... 115
V congreso de toda
Rusia de los soviets de diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo.......... 116
Discurso pronunciado
en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de toda
Rusia, del soviet de Moscú, de los comités
fabriles y de los sindicatos de Moscú....................................... 127
¡Camaradas obreros! ¡Vamos a la lucha final, a la lucha
decisiva!........ 135
Carta a los obreros norteamericanos............................................................ 137
Discurso en un mitin que se dio en el museo politécnico......................... 143
Discurso en el I congreso nacional de instrucción pública...................... 146
Discurso en un mitin
celebrado en la vieja fábrica de Michelson........... 148
El carácter de nuestros periódicos................................................................ 150
Sesión conjunta del
Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del soviet
de Moscú, de los comités de fábrica y de los sindicatos........ 152
Discurso en la
reunión solemne del consejo central de toda Rusia y
del consejo de Moscú
de los sindicatos................................... 158
VI congreso
extraordinario de los soviets de toda Rusia de diputados
obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos....................... 160
Discurso en la
inauguración del monumento erigido a Marx y Engels. .173
Discurso en una
reunión de delegados de los comités de
campesinos pobres de las provincias centrales....................... 174
Discurso en el I
congreso de obreras de toda Rusia................................. 178
Las preciosas confesiones de Pitirim Sorokin........................................... 180
Reunión de los cuadros del partido celebrada en Moscú......................... 184
Notas.................................................................................................................. 195
1
PREFACIO
En el presente volumen de
las Obras Escogidas en doce tomos se
incluyen artículos, discursos y libros de Lenin escritos entre marzo y
noviembre de 1918.
Al comienzo del tomo se
insertan los informes presentaos por V. I. Lenin al VII Congreso del partido,
que se celebró en marzo de 1918. En este congreso, lo mismo que en el IV
Congreso Extraordinario de los Soviets, se discutió la ratificación del Tratado
de Paz de Brest. La inmensa mayoría de los delegados a los dos congresos apoyó
el acuerdo del CC del partido de firmar este tratado de paz que, si bien fue
concertado en condiciones durísimas para Rusia, proporcionó la tregua necesaria
al pueblo, atormentado hasta el extremo por los cuatro años de guerra, el
desbarajuste económico y el hambre. La postura de los eseristas de izquierda y
de los comunistas de "izquierda", que exigían que no se firmase el
tratado de paz y se declarase la "guerra revolucionaria" a Alemania,
obtuvo tenaz resistencia. El IV Congreso de los Soviets ratificó el Tratado de
Paz de Brest.
Nada más haberse concertado
la paz, Lenin propuso en el artículo Las
tareas inmediatas del Poder soviético y en el informe homónimo que presentó
a la sesión del CEC de tosa Rusia el plan
de restablecimiento y transformación de la economía de Rusia, basándola en los
principios socialistas. Las tareas principales que Lenin formuló; elevación de
la productividad del trabajo, introducción de la contabilidad y el control más
rigurosos en la producción y distribución de los productos, el fortalecimiento
máximo de la disciplina laboral y el desarrollo de la emulación socialista.
Al problema de las vías de
paso del capitalismo al socialismo están consagrados asimismo el artículo de
Lenin Acerca del infantilismo
"izquierdista" y del espíritu pequeñoburgués, los discursos
pronunciados en las sesiones del CEC de toda Rusia, del Soviet de Moscú y del I
Congreso de los Consejos de Economía Nacional, etc. El pueblo soviético, decía
Lenin, tiene planteada la tarea de "transformar toda la suma de riquísimas
reservas de cultura, de conocimientos y de técnica acumuladas por el
capitalismo e históricamente necesarias, indispensables para nosotros, de
transformar todo eso de instrumento del capitalismo en instrumento del
socialismo".
Entonces se planteaba en
primer plano la tarea de combatir el hambre, esta herencia del régimen
autocrático y de los durísimos cuatro años de guerra. En la alocución a los
obreros de Petrogrado El hambre se
expone el plan leninista para combatirlo: crear destacamentos de obreros
avanzados para organizar el suministro de comestibles e incorporar a los pobres
del campo a esta labor.
En el presente volumen se
incluye la carta de Lenin a los obreros norteamericanos, escrita en agosto de
1918 cuando los imperialistas de Inglaterra, Francia, los EE.UU. y el Japón
comenzaron la intervención armada contra Rusia con el fin de destruir el Poder
soviético. Esta carta denunciaba con la mayor evidencia y fuerza de convicción
la voracidad y la hipocresía sin par de la política de las potencias
imperialistas que habían atacado a la joven República Soviética. Si bien el
propio envío de la carta de Lenin a los EE.UU. era algo complicado y difícil,
debido al bloqueo de la Rusia Soviética y a la intervención, cruzó el océano y,
en diciembre de 1918, se publicó en la prensa del ala revolucionaria del
movimiento obrero norteamericano y luego en la prensa izquierdista de Francia e
Inglaterra. La Carta a los obreros
norteamericanos contribuyó a que se intensificase en esos países el
movimiento de protesta
contra la intervención armada de los imperialistas en la Rusia Soviética.
* * *
Todas las obras incluidas en
el tomo van en orden cronológico. Han sido traducidos de la 5ª edición en ruso
de las Obras Completas de V. I.
Lenin, preparada por el Instituto de Marxismo-Leninismo adjunto al CC del PCUS,
indicándose al pie de cada trabajo el tomo y las páginas correspondientes.
LA EDITORIAL.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
2
VII CONGRESO EXTRAORDINARIO DEL PC(B) DE RUSIA.
1. Informe político
del Comité Central, 7 de marzo.
El informe político podría
consistir en la enumeración de las medidas adoptadas por el CC; pero lo que
requieren los presentes momentos no es un informe de esta naturaleza, sino un bosquejo de nuestra revolución en
conjunto; sólo un bosquejo así puede ofrecer la única argumentación marxista de todas nuestras decisiones. Debemos
examinar todo el curso precedente del desarrollo de la revolución y esclarecer
las causas por las cuales se ha modificado su ulterior desarrollo. En nuestra
revolución hay virajes que pueden tener inmensa importancia para la revolución
internacional; me refiero precisamente a la Revolución
de Octubre1.
Los primeros éxitos de la
Revolución de Febrero2 determinados por el hecho de que no
sólo la masa campesina, sino también la burguesía seguían al proletariado. De
aquí la facilidad de la victoria sobre el zarismo, que no pudimos conseguir en
1905. La creación espontánea de los Soviets de diputados obreros, por
iniciativa propia de las masas, durante la Revolución de Febrero repitió la
experiencia de 1905 y nos obligó a proclamar el principio del Poder soviético.
Las masas aprendían las tareas de la revolución en su propia experiencia de
lucha. Los acontecimientos de los días 20 y 21 de abril3 constituyen una combinación peculiar de
![]()
1 Revolución
de Octubre:
revolución socialista que comenzó en Rusia el 25 de octubre (7 de noviembre).
El II Congreso de los Soviets de diputados obreros y soldados de toda Rusia,
que se reunió este día en Petrogrado, dispuso derrocar el Gobierno Provisional
burgués y entregar el poder a los Soviets de diputados obreros, soldados y
campesinos. Formó un gobierno obrero y campesino: el Consejo de Comisarios del
Pueblo, encabezado por V. I. Lenin, promulgó el Decreto de la paz, dirigido a
todos los pueblos y gobiernos de los países beligerantes con la propuesta de
comenzar las negociaciones de paz, así como el Decreto de la tierra, que abolió
la propiedad terrateniente en Rusia y declaró toda la tierra propiedad del
pueblo.
2 Revolución
de Febrero: revolución democrática burguesa que empezó el 27 de febrero (11
de marzo) de 1917 en Rusia. La insurrección de los obreros de Petrogrado, a la
que se adhirieron los soldados de la guarnición de la capital, derrocó el
gobierno zarista. En Petrogrado, Moscú y otras ciudades se formaron Soviets de
diputados obreros y soldados. Pero en los Soviets eran mayoría los
representantes de los partidos pequeñoburgueses de los eseristas y los
mencheviques que aplicaban una política de conciliación con la burguesía y
cedieron el poder estatal al Gobierno Provisional, formado de líderes de los
partidos políticos burgueses. Este gobierno no dio satisfacción a ninguna de
las reivindicaciones de las masas populares. La tierra permaneció en propiedad
de los grandes terratenientes, y el gobierno respondía con represiones a las
luchas de los campesinos que exigían la abolición de la gran propiedad
terrateniente. La inmensa mayoría de las masas trabajadoras exigía que se
pusiera fin a la guerra imperialista que costó al pueblo innumerables
sacrificios; pero, en cumplimiento de la voluntad de la burguesía imperialista,
que obtenía superganancias colosales de la guerra, el Gobierno Provisional se
proponía continuada "hasta el fin victorioso". Una vez anunciada la
convocatoria de la Asamblea Constituyente, el Gobierno provisional posponía sin
cesar la fecha de la misma. La burguesía de Rusia declaró, por boca del
capitalista Riabushinski, uno de sus representantes, que estaba dispuesta a
"estrangular la revolución con la mano sarmentosa del hambre" cerró
fábricas y talleres, agravando intencionadamente el desbarajuste económico y
desorganizando el abastecimiento de víveres en las ciudades; cada día era mayor
el hambre en el país y más numerosos los contingentes de trabajadores que,
convencidos de que el Gobierno Provisional traicionaba los intereses del
pueblo, manifestaban su apoyo a los bolcheviques. Las reelecciones de los
Soviets de diputados obreros y soldados, celebradas en el otoño de 1917 en Petrogrado
y Moscú, dieron la mayoría a los bolcheviques en los Soviets de ambas
capitales. En Petrogrado, Moscú y otras ciudades hubo nutridas manifestaciones
de obreros y soldados que reivindicaban la entrega del poder estatal a los
Soviets.
3 El 18 de abril (1 de mayo) de 1917, el
ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Provisional y líder del partido
de los democonstitucionalistas P. Miliukov dirigió una nota a los Estados
imperialistas de la Entente en la que declaraba que Rusia se comprometía a
cumplir los tratados concertados por el gobierno zarista derrocado y estaba
dispuesta a hacer la guerra "hasta el fin victorioso". La nota de
Miliukov despertó la indignación de las grandes masas de trabajadores. El 20 y
el 21 de abril hubo en Petrogrado manifestaciones bajo la consigna de
"¡Todo el poder a los Soviets!" Las manifestaciones tuvieron por
resultado la destitución de Miliukov y la formación de un
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
una manifestación con algo
parecido a una insurrección armada. Fue lo bastante para que cayera el gobierno
burgués. Comienza entonces un largo período de política conciliadora, derivada
de la propia naturaleza del gobierno pequeñoburgués instalado en el poder. Los
acontecimientos de julio4 no podían traer todavía la dictadura
del proletariado, pues las masas no estaban aún preparadas. Por eso, ninguna
organización responsable las invitó a ello. Pero los acontecimientos de julio
tuvieron una gran importancia en el sentido de que constituyeron una
exploración realizada en el campo enemigo. La korniloviada5 y los acontecimientos posteriores, que fueron enseñanzas
prácticas, hicieron posible la victoria de octubre. El error de quienes querían
compartir también el poder en octubre6
consiste en que no supieron establecer un vínculo entre la victoria de octubre
y las jornadas de julio, la ofensiva, la korniloviada, etc., etc.,
acontecimientos todos ellos que llevaron a la mente de la masa de millones de
hombres la idea de que el Poder soviético era una cosa inevitable. A
continuación, viene nuestra marcha triunfal por toda Rusia, acompañada por el
anhelo de paz que invadía a todos. Sabemos que con una renuncia unilateral a la
guerra no obtendremos la paz. Esto ya lo habíamos señalado en la Conferencia de
Abril7. En el período que va de abril a
octubre, los soldados se dieron perfecta cuenta de que la política de
conciliación no hacía más que prolongar la guerra y provocar intentos salvajes
y absurdos de los imperialistas de emprender la ofensiva, de enzarzarse aún más
en una guerra que duraría años y años. En este terreno era preciso pasar a toda
costa y lo antes posible a una política activa de paz, era preciso poner el
poder en manos de los Soviets y barrer por completo la
![]()
gobierno de coalición integrado por
representantes de los partidos de los eseristas y los mencheviques junto a
líderes de la burguesía.
4 El 18 de junio (1 de julio) de 1917, por orden del Gobierno
Provisional, que cumplía la voluntad de los imperialistas de la Entente, las
tropas rusas pasaron a la ofensiva en el frente alemán. La ofensiva, comenzada
contra la voluntad de las masas populares, que exigían se pusiera fin a la
guerra imperialista, acabó en dura derrota y en la pérdida de unos 60.000
hombres. La ofensiva de julio levantó una ola de indignación contra la política
criminal del Gobierno Provisional. El 3 de julio comenzaron las manifestaciones
espontáneas de los obreros y soldados de Petrogrado. Los manifestantes lanzaron
consignas bolcheviques de poner fin a la guerra imperialista y entregar todo el
poder a los Soviets de diputados obreros y soldados. El 4 de julio prosiguieron
las manifestaciones, más nutridas aún. De acuerdo con los líderes mencheviques
y eseristas de los Soviets, el Gobierno Provisional lanzó contra los
manifestantes unidades militares que ametrallaron a los participantes inermes
de las manifestaciones.
El partido de los
bolcheviques opinaba que aún no habían madurado las condiciones para la
insurrección armada contra el Gobierno Provisional y para la toma del poder por
los Soviets, pero participó en la manifestación con el fin de comunicarle un
carácter pacífico. En la noche del 4 al 5 de julio, el Comité Central y el
Comité de Petrogrado del partido de los bolcheviques adoptaron en reunión
conjunta el acuerdo del cese organizado de la manifestación.
Después de las jornadas de julio, el Gobierno Provisional
desencadenó contra los obreros de Petrogrado y, en primer orden, contra el
partido de los bolcheviques, crueles represiones. Comenzaron las detenciones en
masa, fueron asaltados los locales de los periódicos bolcheviques, y las
unidades militares de moral revolucionaria fueron enviadas al frente.
5 Korniloviada: sublevación contrarrevolucionaria que comenzó el 25
de agosto (7 de septiembre) de 1917 y estuvo encabezada por el general zarista
L. Kornílov. El objetivo de la insurrección era poner fin al movimiento
revolucionario creciente de los obreros y los campesinos, disolver los Soviets
de diputados obreros y soldados e implantar en el país un régimen de dictadura
militar contrarrevolucionaria. Kornílov lanzó un cuerpo de ejército de
caballería contra el Petrogrado revolucionario. El partido de los bolcheviques
llamó a los obreros y soldados a combatir a la contrarrevolución. Los
destacamentos de la Guardia Roja, formados con rapidez, detuvieron el avance de
las tropas de Kornílov. La insurrección fue sofocada en varios días, y el
Gobierno Provisional se vio obligado, bajo la presión de las masas populares, a
dar la orden de detención y procesamiento de Kornílov y sus cómplices.
6 Se trata de la posición
capituladora de L. Kámenev, G. Zinóviev y otros que se pronunciaron contra la
Revolución Socialista de Octubre; y cuando la revolución triunfó, propusieron
formar un gobierno en el que entrasen, además de los bolcheviques, representantes
de los partidos de los mencheviques y los eseristas, hostiles a la revolución
socialista.
7 Conferencia de Abril:
Conferencia nacional del partido de los bolcheviques que se celebró en
Petrogrado del 24 al
29 de abril (7-12 de mayo)
de 1917. Esta conferencia discutió las cuestiones siguientes: el momento actual
(la guerra y la actitud ante el Gobierno Provisional); revisión del programa
del partido; la situación en la Internacional y otras. Esta conferencia eligió
el CC del partido encabezado por Lenin. El alcance histórico de la Conferencia
de Abril consistió en que adoptó el programa leninista de transición a la
segunda etapa de la revolución, trazó un plan de lucha para convertir la
revolución democrática burguesa en revolución socialista y lanzó la consigna de
paso de todo el poder a los Soviets.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
propiedad terrateniente.
Esta última era apoyada, como sabéis, no sólo por Kerenski, sino también por
Avxéntiev, que llegó incluso a ordenar la detención de los miembros de los
comités agrarios. Y fue esta política y la consigna de “¡El poder a los Soviets!”,
que nosotros íbamos inculcando a las grandes masas populares, las que nos
permitieron en octubre triunfar con tanta facilidad en Petrogrado, las que
convirtieron los últimos meses de la revolución rusa en una marcha triunfal
ininterrumpida.
La guerra civil se convirtió
en un hecho. Lo que nosotros predecíamos al comienzo de la revolución, e
incluso al comienzo de la guerra, y hacia lo que gran parte de los medios
socialistas manifestaban entonces su desconfianza o incluso su ironía, es decir,
la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, el 25 de octubre
de 1917 se convirtió en un hecho para uno de los países beligerantes mayores y
más atrasados. En esta guerra civil, la inmensa mayoría de la población estuvo
a nuestro lado, y en consecuencia, la victoria se nos dio con extraordinaria
facilidad.
Adondequiera que fuesen, las
tropas que abandonaban el frente eran portadoras del máximo de decisión
revolucionaria de acabar con la política conciliadora; y los elementos
partidarios de dicha política, la guardia blanca, los retoños de los
terratenientes quedaron privados de todo apoyo entre la población. Con el paso
de las grandes masas y de las unidades militares, que avanzaban contra
nosotros, al lado de los bolcheviques, la guerra contra dichos elementos se
convirtió en una marcha triunfal de la revolución. Esto lo hemos visto en
Petrogrado, en el frente de Gátchina, donde vacilaron los cosacos que Kerenski
y Krasnov intentaban lanzar contra la capital roja. Esto lo hemos visto más
tarde en Moscú, en Oremburgo y en Ucrania. Por toda Rusia se encrespaba la ola
de la guerra civil, y en todas partes triunfábamos con extraordinaria facilidad
precisamente porque el fruto estaba maduro, porque las masas ya habían pasado
por toda la experiencia de la política de pactos con la burguesía. Nuestra
consigna de “¡Todo el poder a los Soviets!”, comprobada en la práctica por las
masas a lo largo de una gran experiencia histórica, prendió con fuerza en
ellas.
3
Por esta razón constituyeron
una marcha triunfal tan rotunda los primeros meses de la revolución rusa que
siguieron al 25 de octubre de 1917. Esta marcha triunfal relegaba a segundo
plano, hacía olvidar las dificultades con las que la revolución socialista
tropezó desde los primeros momentos y con las que no podía menos de tropezar.
Una de las diferencias fundamentales entre la revolución burguesa y la
revolución socialista consiste en que, para la revolución burguesa, que brota
del feudalismo, se van creando gradualmente, en el seno del viejo régimen,
nuevas organizaciones económicas que modifican poco a poco todos los aspectos
de la sociedad feudal. La revolución burguesa tenía una sola misión: barrer,
arrojar, romper todas las ataduras de la sociedad anterior. Al cumplir esta
tarea, toda revolución burguesa lleva a cabo cuanto de ella se exige:
intensificar el desarrollo del capitalismo.
Muy distinta es la situación
en que se halla la revolución socialista. Cuanto más atrasado es el país que,
en virtud de los zigzags de la historia, ha tenido que comenzar la revolución
socialista, más difícil le resulta pasar de las viejas relaciones capitalistas
a las relaciones socialistas. Aquí, a las tareas destructivas se añaden otras
nuevas, de inaudita dificultad: las de organización. Si la iniciativa creadora
popular de la revolución rusa, que pasó por la gran experiencia de 1905, no
hubiera creado ya en febrero de 1917 los Soviets, éstos en modo alguno habrían
podido tomar el poder en octubre, pues el éxito sólo dependía de que el
movimiento, que abarcaba a millones de personas, contase con formas de
organización ya plasmadas. Estas formas ya plasmadas fueron los Soviets, y por
ello, nos aguardaban éxitos tan brillantes en el terreno político y una marcha
triunfal ininterrumpida como la que hemos realizado, pues la nueva forma de
poder político estaba ya dispuesta y sólo nos restaba transformar mediante
algunos decretos aquel poder de los Soviets que en los primeros meses de la
revolución se hallaba en estado
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
embrionario, en forma
legalmente reconocida y afianzada en el Estado ruso: en la República Soviética
de Rusia. Esta surgió de golpe y con tanta facilidad porque, en febrero de
1917, las masas crearon los Soviets, antes incluso de que ningún partido hubiese
tenido siquiera tiempo de lanzar esta consigna. Ha sido el mismo genio creador
del pueblo el que, después de haber pasado por la amarga experiencia de 1905,
aleccionado por ella, diera esta forma de poder proletario. La consecución de
la victoria sobre el enemigo interior fue una tarea fácil en sumo grado. Fue de
una facilidad extraordinaria crear el poder político, pues las masas nos
proporcionaron la armazón, la base de este poder. La República de los Soviets
nació de golpe. Pero quedaban todavía dos problemas de una dificultad inmensa
cuya solución en modo alguno podía ser aquel camino triunfal por el que avanzó
en los primeros meses nuestra revolución. No nos cabía ni podía cabemos la
menor duda de que, en lo sucesivo, la revolución socialista iba a tropezar con
tareas de una dificultad gigantesca.
Primero, las tareas de
organización interna que se plantean a toda revolución socialista. La
diferencia entre la revolución socialista y la revolución burguesa está,
precisamente, en que, en el segundo caso, existen formas plasmadas de
relaciones capitalistas, mientras que el Poder soviético, poder proletario, no
se encuentra con relaciones plasmadas, si se prescinde de las formas más
desarrolladas del capitalismo, que en el fondo abarcan sólo en pequeña medida a
los sectores superiores de la industria y muy escasamente a la agricultura. La
organización de la contabilidad, el control sobre las empresas más importantes,
la transformación de todo el mecanismo económico del Estado en una sola gran
máquina, en un organismo económico que funcione de modo que centenares de
millones de personas se rijan por un solo plan: he ahí la inmensa tarea de
organización que recayó sobre nuestros hombros. Dadas las condiciones actuales
del trabajo, este problema no admitía en absoluto una solución improvisada,
como las que solíamos dar a los problemas de la guerra civil. La propia
naturaleza del asunto impedía tales soluciones. Si habíamos triunfado con tanta
facilidad sobre las fuerzas de Kaledin8 y
creado la República Soviética con una resistencia que no merecía siquiera gran
atención fue porque tal curso de los acontecimientos había sido prejuzgado ya
por todo el desarrollo objetivo precedente, de manera que sólo faltaba
pronunciar la última palabra, cambiar el rótulo y, en lugar de “los Soviets
constituyen una organización profesional”, poner “los Soviets constituyen la
única forma de poder del Estado”; si esto era así, en el terreno de los
problemas de organización las cosas se presentaban de modo muy distinto. Aquí
encontrarnos dificultades inmensas. Aquí, desde el primer momento, fue
evidente, para todo el que quisiera examinar con detenimiento los problemas de
nuestra revolución, que la descomposición que la guerra había llevado a la
sociedad capitalista sólo podía ser vencida con una tenaz autodisciplina
durante un período prolongado; sólo con métodos extraordinariamente duros,
largos y tenaces podremos superar esta descomposición y vencer a los elementos
que contribuyeron a acrecentarla y tenían la revolución por un medio de
desembarazarse de las viejas cadenas, procurando sacar de ella la mayor tajada
posible.
4
La aparición de estos
elementos a gran escala era un fenómeno inevitable en un país de pequeños
campesinos y en unos momentos de indecible ruina. Y nos espera una lucha contra
estos elementos, lucha cien veces más difícil que no promete posiciones efectistas
de ningún género, una lucha que apenas hemos iniciado. Nos hallamos en el
primer peldaño de esta lucha. Nos esperan todavía duras pruebas. En este caso,
dada la situación objetiva de las cosas, en modo alguno podremos limitarnos a
marchar triunfalmente a banderas desplegadas, como lo hicimos contra las tropas
de Kaledin. Todo el que intentase trasladar este método de lucha a los
problemas de organización que se alzan en el camino de la
![]()
8 Fuerzas
de Kaledin:
contrarrevolucionarios que deben el nombre al general zarista y atamán de
cosacos A. Kaledin, quien organizó después de la Revolución Socialista de
Octubre levantamientos contrarrevolucionarios de los cosacos del Don.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
revolución sufriría un
fracaso rotundo como político, como socialista y como dirigente de la
revolución socialista.
Y la misma suerte les
esperaba a algunos de nuestros jóvenes camaradas que se entusiasmaban de la
inicial marcha victoriosa de la revolución en el momento en que ante ésta se
alzó la segunda dificultad gigantesca: la cuestión internacional. Si hemos podido
acabar de manera tan fácil con las bandas de Kerenski, si hemos instaurado con
tanta facilidad nuestro poder, si hemos conseguido sin la menor dificultad los
decretos de socialización de la tierra y del control obrero9 si hemos logrado de manera tan fácil todo esto se debe
exclusivamente a que las condiciones favorables creadas durante breve tiempo
nos protegieron del imperialismo internacional. El imperialismo internacional,
con todo el poderío de su capital, con su máquina bélica muy bien organizada, que
constituye la verdadera fuerza, la verdadera fortaleza del capital
internacional, en modo alguno, ni bajo condición alguna, podía acostumbrarse a
vivir al lado de la República Soviética tanto por su situación objetiva como
por los intereses económicos de la clase capitalista que él encarna; y no podía
en virtud de los vínculos comerciales, de las relaciones financieras
internacionales. Aquí el conflicto es inevitable. En ello reside la más grande
dificultad de la revolución rusa, su mayor problema histórico: la necesidad de
resolver los problemas internacionales, la necesidad de provocar la revolución
internacional; la necesidad de realizar el paso de nuestra revolución, como
revolución estrechamente nacional, a la revolución mundial. Este problema se nos
planteaba con toda su extraordinaria dificultad. Repito, una gran parte de
nuestros jóvenes amigos, que se consideran izquierdistas, ha comenzado a
olvidar lo más importante, a saber: la razón por la cual, durante las semanas y
meses del grandioso triunfo que siguió a Octubre, hemos podido seguir marchando
de triunfo en triunfo con tanta facilidad. Y, sin embargo, esto ha sido posible
únicamente porque la especial coyuntura internacional que se había formado nos
ha protegido temporalmente del imperialismo. Otras cosas le preocupaban más que
nosotros. También a nosotros nos pareció que otras cosas debían preocuparnos
más que el imperialismo. Y a algunos imperialistas les preocupaban más otras
cosas que nosotros únicamente porque toda la inmensa fuerza sociopolítica y
militar del actual imperialismo mundial se hallaba en ese momento dividida en
dos grupos por una guerra intestina. Enzarzados en esta guerra, las fieras
imperialistas han llegado a extremos increíbles, a empeñarse en una lucha a
muerte hasta el punto de que ninguno de estos grupos ha podido concentrar
fuerzas de alguna importancia contra la revolución rusa. En octubre coincidimos
precisamente con este momento: nuestra revolución ha coincidido precisamente
—esto es paradójico, pero justo— con el feliz momento en que sobre la gran
mayoría de los países imperialistas se habían abatido inauditas calamidades en
forma de exterminio de millones de vidas; momento en que la guerra extenuaba a
los pueblos con estragos nunca vistos; momento en que, en el cuarto año de
guerra, los países beligerantes se encontraban en un callejón sin salida, en
una encrucijada; momento en que se planteaba objetivamente la cuestión de si
podrían seguir luchando unos pueblos que habían sido llevados a semejante
situación. Sólo gracias al hecho de que nuestra revolución ha coincidido con
este feliz momento en que ninguno de los dos gigantescos grupos de fieras se
hallaba en estado de lanzarse inmediatamente el uno sobre el otro ni podía
agruparse contra nosotros; sólo aprovechando, como efectivamente aprovechó
nuestra revolución, este momento en
![]()
9 La Ley
de socialización de la tierra del 18 (31) de enero de 1918 estipulaba la
distribución igualitaria de la tierra según una norma "laboral" o
"de consumo", exigida por el campesinado. A la vez, esta ley
planteaba la tarea de "desarrollar la hacienda colectiva en agricultura
como forma más ventajosa en el sentido de economía del trabajo y de los
productos" con objeto de pasar a la economía socialista.
El Reglamento sobre el control obrero, aprobado por el CEC de toda
Rusia el 14 (27) de noviembre de 1917, estipulaba la implantación del control
obrero en las empresas sobre la producción y la distribución de todos los
productos y materias primas. El control lo ejercían representantes electos de
los obreros y empleados de la empresa de que se tratase. La implantación del
control obrero desempeñó un gran papel en los preparativos para nacionalizar la
industria.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
las relaciones políticas y
económicas internacionales pudo recorrer su brillante camino triunfal en la
Rusia europea, pasar a Finlandia y comenzar a conquistar el Cáucaso y Rumania.
Sólo así puede explicarse el que entre nosotros, en los círculos avanzados de
nuestro partido, aparecieran militantes, intelectuales superhombres a quienes
se les subió a la cabeza esta marcha triunfal y los cuales decían: nosotros
venceremos al imperialismo internacional; también allí el camino que se ha de
recorrer será un camino triunfal; allí no existen verdaderas dificultades. Esto
diverge de la situación objetiva de la revolución rusa, que ha aprovechado sólo
las dificultades temporales del imperialismo internacional, pues la máquina que
debía lanzarse sobre nosotros, lo mismo que un tren se lanza contra una
carretilla y la destroza, se detuvo temporalmente, y se detuvo porque habían
chocado entre sí dos grupos de fieras.
5
Tanto aquí como allí, el
movimiento revolucionario iba en crecimiento; pero en todos los países
imperialistas sin excepción este movimiento revolucionario se hallaba todavía,
en la mayoría de los casos, en estado incipiente. El ritmo de su desarrollo era
distinto por completo del de Rusia. Para todo el que se de tuviese a meditar
sobre las premisas económicas de la revolución socialista en Europa no podía
menos de resultar evidente que en Europa es muchísimo más difícil comenzar la
revolución, mientras que en Rusia es inconmensurablemente más fácil comenzarla,
pero será más difícil continuarla. Esta situación objetiva ha sido la causa de
que tuviéramos que dar un viraje histórico extraordinariamente difícil y
brusco. Después de una marcha triunfal tan rotunda como la que hemos hecho en
los meses de octubre, noviembre y diciembre en nuestro frente interior,
combatiendo a nuestra contrarrevolución, a los enemigos del Poder soviético,
hubimos de chocar con el verdadero imperialismo internacional, rebosante de verdadero
odio a nosotros. Del período de marcha triunfal tuvimos que pasar a un período
en que la situación era de una dureza y una dificultad extraordinarias y de la
que, naturalmente, no podíamos salir con simples palabras o consignas
brillantes —por muy agradable que esto fuese—, pues en nuestro desorganizado
país teníamos unas masas terriblemente cansadas que habían llegado a un estado
tal que no había posibilidad alguna de seguir luchando, con unas masas tan
extenuadas por tres años de guerra agotadora que, desde el punto de vista
militar, se hallaban un estado de completa inutilidad. Ya antes de la
Revolución de Octubre habíamos visto cómo representantes de las masas de
soldados, que no pertenecían al partido bolchevique, no tenían inconveniente en
proclamar la verdad ante toda la burguesía, diciendo que el ejército ruso no
continuaría la guerra. Esta situación del ejército fue causa de una crisis
gigantesca. El país de pequeñas haciendas campesinas, al que la guerra ha
desorganizado y conducido a un estado calamitoso, se halla en una situación de
extraordinaria gravedad no tenemos ejército, pero hemos de seguir viviendo al
lado de un feroz bandido armado hasta los dientes, que era y sigue siendo por
ahora un bandido y al que, naturalmente, no se puede persuadir con prédicas de
paz sin anexiones ni contribuciones. Era como si un manso animal doméstico
estuviese al lado de un tigre y tratase de convencerlo de que la paz tiene que
ser una paz sin anexiones ni contribuciones. Pero una paz sin anexiones ni contribuciones
no podía conseguirse más que atacando al tigre. Ciertos círculos dirigentes de
nuestro partido —los intelectuales y algunas organizaciones obreras— intentaron
deshacerse de esta perspectiva sobre todo mediante frases y evasivas: las cosas
no deben suceder así. Esta paz10
constituía una perspectiva demasiado inverosímil
![]()
10 Inmediatamente después del paso del
poder del Estado a los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, el
II Congreso de los Soviets de toda Rusia adoptó el 26 de octubre (8 de
noviembre) de 1917 el Decreto de la paz, en el que proponía a todos los
gobiernos y pueblos beligerantes poner fin a la guerra imperialista que se
prolongaba más de tres años y comenzar las negociaciones de paz. Como quiera
que las potencias de la Entente declinaron la propuesta soviética y
prosiguieron la guerra, el Gobierno soviético empezó en diciembre de 1917 en
Brest-Litovsk las negociaciones de paz con Alemania. El gobierno de Guillermo
II propuso unas condiciones de paz muy duras. Lenin insistía en que se
aceptaran esas condiciones, ya que, por entonces, la joven República Soviética
no estaba en condiciones de hacer la guerra: el ejército zarista estaba
descompuesto, y el nuevo ejército aún no se
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
para que nosotros, que hasta
ahora habíamos ido al combate a banderas desplegadas y que con nuestros gritos
habíamos derrotado a todos los enemigos, pudiésemos ceder, pudiésemos aceptar
unas condiciones humillantes. ¡Jamás! Somos unos revolucionarios demasiado
orgullosos, y, ante todo, decimos: “Los alemanes no podrán atacar”.
Esa era la primera salvedad con la que se consolaban dichas
gentes. La historia nos ha colocado en los momentos presentes en una situación
extraordinariamente difícil; al mismo tiempo que realizamos una labor orgánica
de inusitada dificultad, tenemos que pasar por toda una serie de torturantes
derrotas. Si examinamos la situación a escala histórica mundial, no cabe la
menor duda de que, si nuestra revolución se quedase sola, si no existiese un
movimiento revolucionario en otros países, no existiría ninguna esperanza de
que llegase a alcanzar el triunfo final. Si el partido bolchevique se ha hecho
cargo de todo, lo ha hecho convencido de que la revolución madura en todos los
países, y que, a la larga —y no a la corta—, cualesquiera que fuesen las
dificultades que hubiéramos de atravesar, cualesquiera que fuesen las derrotas
que tuviésemos deparadas, la revolución socialista internacional tiene que
venir, pues ya viene, tiene que madurar, pues ya madura y llegará a madurar del
todo. Nuestra salvación de todas estas dificultades –repito— está en la
revolución europea. Partiendo de esta verdad, verdad completamente abstracta, y
orientándonos por ella, tenemos que cuidar de que esta verdad no se convierta
con el tiempo en una frase huera, ya que toda verdad abstracta, aplicada sin
sometimiento a ningún análisis, se convierte en una frase huera. Si decís que
tras cada huelga se oculta la hidra de la revolución y que quien no lo
comprende no es socialista, habréis dicho una verdad. En efecto, tras cada
huelga se oculta la revolución socialista. Pero si decís que cada huelga
constituye un paso directo hacia la revolución socialista, habréis dicho una
frase huera. Hemos oído esta eterna cantinela hasta la saciedad, hasta el punto
de que los obreros han desechado todas estas frases anarquistas, pues tan
indudable es que tras cada huelga se esconde la hidra de la revolución
socialista como absurda por completo la afirmación de que de cada huelga se
puede pasar a la revolución. Tan indiscutible en absoluto es que todas las dificultades
de nuestra revolución sólo podrán ser superadas cuando madure la revolución
socialista mundial, que está madurando ahora en todas partes, como absurda por
completo la afirmación de que no debe preocuparnos cada dificultad determinada,
concreta, del momento, de nuestra revolución, diciendo: “Baso mis cálculos en
el movimiento socialista internacional y, por tanto, puedo hacer toda clase de
tonterías”. “Liebknecht me sacará de apuros, pues él triunfará de todas las
maneras”.
6
Organizará las cosas de tal
modo y señalará todo de antemano de tal modo que no tendremos más que tomar los
modelos ya acabados, de igual manera que tomamos de Europa Occidental la
doctrina marxista ya acabada, quizás gracias a lo cual haya triunfado esta
doctrina en Rusia en unos cuantos meses, mientras que para su triunfo en Europa
Occidental han sido precisas decenas de años. Así pues, este trasplante del
viejo método de resolver el problema de la lucha mediante una marcha triunfal
al nuevo periodo histórico constituye una aventura que no conduce a nada; este
nuevo período histórico que ya ha llegado, nos coloca ante un bandido
internacional, el imperialismo de Alemania, donde la revolución
![]()
había formado. Contra la
concertación de la paz se pronunciaron los eseristas de izquierda y el grupo de
los comunistas denominados "de izquierda" encabezados por Bujarin.
Trotski, que en un principio estaba al frente de la delegación soviética de paz
en Brest, se negó a firmar el Tratado de Paz, declarando a la vez que Rusia no
combatiría y desmovilizaría el ejército. En respuesta a ello, las tropas
alemanas pasaron a la ofensiva en el frente noroccidental. El 3 de marzo de
1918 se firmó en Brest-Litovsk el Tratado de Paz entre la Rusia Soviética y
Alemania y sus aliados en condiciones más duras aún para Rusia que las antes
propuestas: bajo el control de Alemania debían pasar Polonia, casi todo el
litoral báltico y parte de Bielorrusia; Ucrania se separaba de la Rusia
Soviética y se convertía en un Estado dependiente de Alemania; el Estado
soviético se comprometía a pagar a Alemania una contribución. Pero la paz de
Brest dio al pueblo soviético la tregua que necesitaba y le permitió comenzar
el restablecimiento de la economía destruida por la guerra, así como la
creación del Ejército Rojo. La revolución de Alemania, que comenzó el 9 de
noviembre de 1918, anuló el Tratado de Paz de Brest
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
madurando, pero donde,
indudablemente, no ha madurado todavía, y no ante esos baldragas de Kerenski y
Kornílov. La afirmación de que el enemigo no se decidiría a atacar la
revolución era una aventura de esta naturaleza. Las negociaciones de Brest no
representan todavía el momento en que deberíamos aceptar cualesquiera
condiciones de paz. La correlación objetiva de fuerzas correspondía a una
situación en la que la obtención de una tregua era poco. Las negociaciones de
Brest tenían que demostrar que los alemanes iban a atacar, que la sociedad
alemana no estaba lo suficientemente preñada de revolución para que ésta
pudiese estallar inmediatamente. Y no podemos achacar a los imperialistas
alemanes el que, con su conducta, no hubiesen preparado todavía esta explosión
o, como dicen nuestros jóvenes amigos que se consideran izquierdistas, una
situación en la que las tropas alemanas no pudiesen atacar. Cuando se les dice
que no tenemos ejército, que nos hemos visto obligados a desmovilizarlo —y nos
hemos visto obligados, a pesar de que no hemos olvidado ni por un momento que
al lado de nuestro manso animal doméstico se encontraba un tigre—
,
no
lo quieren comprender. Y si nos vimos obligados a desmovilizar el ejército, en
modo alguno habíamos olvidado que no es posible poner fin a la guerra con la
orden unilateral de clavar las bayonetas en tierra.
¿Cómo ha podido ocurrir, en
general, que ninguna corriente, ninguna tendencia, ninguna organización de
nuestro partido se haya manifestado contra esta desmovilización? ¿Nos habremos
vuelto completamente locos? Nada de eso. Los militares, que no eran bolcheviques,
decían ya antes de Octubre que el ejército no podía luchar, que no había
posibilidad de retenerlo en el frente unas cuantas semanas. Después de Octubre,
esto fue evidente para todo el que quisiera ver los hechos, la amarga y
desagradable verdad, y no esconderse o taparse los ojos, escabulléndose con
frases vanidosas. No tenemos ejército. No hay posibilidad de retenerlo en el
frente. Lo mejor que podemos hacer es desmovilizarlo cuanto antes. Es la parte
enferma de un organismo, es la parte que ha experimentado sufrimientos
indecibles, que ha sido atormentada por las privaciones de una guerra en la que
había entrado sin preparación técnica y de la que salió en tal estado que era
presa del pánico ante cada ofensiva. No se puede increpar por esto a unos hombres
que han padecido sufrimientos tan inauditos. Los soldados han dicho con toda
sinceridad en centenares de resoluciones, incluso en el primer período de la
revolución rusa, que “nos hemos ahogado en sangre; no podemos seguir luchando”.
Se podía haber aplazado artificialmente la terminación de la guerra; se podía
haber recurrido a las trapacerías de Kerenski; se podía aplazar el final por
unas cuantas semanas, pero la realidad objetiva se abría paso. El ejército es
la parte enferma del organismo estatal ruso que no puede seguir soportando el
peso de la guerra. Cuanto antes lo desmovilicemos, tanto menos tardará en
reabsorberse entre las partes que no han sido contaminadas del todo, tanto
antes estará el país preparado para nuevas y duras pruebas. Esto es lo que nos
guiaba cuando tomamos unánimemente, sin la menor protesta, una decisión absurda
desde el punto de vista de los acontecimientos exteriores: la de desmovilizar
el ejército. Fue una medida acertada. Nosotros decíamos que intentar retener el
ejército era una ilusión pueril. Cuanto antes desmovilicemos el ejército, tanto
más pronto comenzará el restablecimiento de todo el organismo social en su
conjunto. Por esta razón la frase revolucionaria “los alemanes no pueden
atacar”, de la que derivaba esta otra: “podemos proclamar el fin de la guerra;
ni guerra ni conclusión de la paz”, constituían un error tan profundo y una
sobrestimación tan amarga de los acontecimientos. Pero ¿y si los alemanes
atacan? “No, los alemanes no pueden atacar”. ¿Pero acaso tenéis derecho a
jugaros a una carta no la suerte de la revolución internacional, sino el
problema concreto de saber si no vais a desempeñar el papel de auxiliares del
imperialismo alemán cuando llegue dicho momento? Pero nosotros, que desde
octubre de 1917 nos hemos convertido todos en defensistas, en partidarios de la
defensa de la patria, sabemos que hemos roto con los imperialistas no de
palabra, sino de hecho, pues hemos denunciado los
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
tratados secretos 11, hemos vencido a la burguesía en
nuestro país y propusimos abiertamente una paz honrosa de modo que todos los
pueblos pudieran ver prácticamente todas nuestras intenciones. ¿Cómo ha podido
ocurrir que unas personas verdaderamente partidarias de la defensa de la
República Soviética hayan ido a una aventura nueva ha dado sus frutos? Y esto
es un hecho, pues la dura crisis por que atraviesa nuestro partido, con motivo
de la formación dentro de él de una oposición de “izquierda”, es una de las
mayores crisis por las que ha pasado la revolución rusa.
7
Esta crisis será superada.
Jamás nuestro partido ni nuestra revolución se estrellarán contra esta crisis,
aunque en el caso presente esto ha estado a punto de ocurrir, ha sido muy
posible. La garantía de que no nos estrellaremos contra este problema reside en
que el viejo método de resolver las discrepancias fraccionales, método basado
en una cantidad extraordinaria de publicaciones y discusiones, y que contaba
con buen número de escisiones, ha sido sustituido por un nuevo método de
aprender aportado por los acontecimientos. Este método consiste en contrastarlo
todo con los hechos, los acontecimientos y las enseñanzas de la historia
universal. Decís que los alemanes no pueden atacar. Según vuestra táctica,
podíamos declarar terminada la guerra; pero la historia os ha aleccionado,
refutando esta ilusión. Sí, la revolución alemana va creciendo, pero no como
quisiéramos, no crece con la rapidez que sería del agrado de los intelectuales
rusos, no crece al ritmo establecido en octubre por nuestra historia, cuando llegábamos
a cualquier ciudad, proclamábamos el Poder soviético y, a los pocos días, las
nueve décimas partes de los obreros se venían con nosotros. La revolución
alemana tiene la desgracia de no avanzar con tanta rapidez. Pero ¿quién debe
hacer caso de quien: nosotros de la revolución alemana o la revolución alemana
de nosotros? Vosotros quisisteis que la revolución alemana hiciese caso de
vosotros, pero la historia os ha dado una lección. Y es una lección, porque
constituye una verdad absoluta el hecho de que sin la revolución alemana
estamos perdidos. Quizá no sea a Petrogrado ni a Moscú, sino a Vladivostok o
aun a lugares más lejanos, a los que tengamos que trasladarnos, y de los que
nos separa una distancia mayor que la mediante entre Petrogrado y Moscú. Pero,
de todos modos, y con todas las peripecias posibles e imaginables, si la
revolución alemana no estalla, estamos perdidos. Sin embargo, esto no nos hace
vacilar ni un ápice en nuestra convicción de que debemos saber soportar las
situaciones más difíciles sin fanfarronadas.
La revolución no llegará tan
pronto como esperábamos. La historia lo ha demostrado y hay que saber aceptarlo
como un hecho, hay que aprender a tener en cuenta que la revolución socialista
mundial en los países avanzados no puede comenzar de manera tan fácil como en
Rusia, país de Nicolás y de Rasputin, y donde, para gran parte de la población,
era indiferente por completo saber qué clase de pueblos viven en la periferia y
qué es lo que allí ocurre. En un país de esta naturaleza, comenzar la
revolución era tan fácil como levantar una pluma.
Pero en un país donde el
capitalismo se ha desarrollado y ha dado una cultura democrática y una
organización que alcanzan hasta el último hombre, comenzar la revolución sin la
debida preparación es un desatino, un absurdo. En este caso no hacemos más que
abordar el penoso período del comienzo de las revoluciones socialistas. Y esto
es un hecho.
Quizá esta revolución —y
esto es plenamente posible— triunfe dentro de pocas semanas, dentro de unos
cuantos días. Nosotros no lo sabemos ni lo sabe nadie, y no podemos jugárnoslo
a una carta. Es preciso estar preparados para dificultades extraordinarias,
para derrotas extraordinariamente duras e inevitables, porque la revolución no
ha comenzado
![]()
11 Los tratados secretos de la Rusia
zarista con los Estados imperialistas fueron publicados por el Comisariado del
Pueblo de Negocios Extranjeros en diciembre de 1917 en virtud de una
disposición del II Congreso de los Soviets de toda Rusia. De los archivos del
Ministerio de Negocios Extranjeros zarista se extrajeron, descifraron y luego
publicaron más de cien tratados y otros documentos secretos del gobierno
zarista y del Gobierno Provisional de Rusia. Primero se publicaron en los
periódicos y, luego, en nueve fascículos. La publicación de los tratados
secretos desempeñó un papel inmenso en el desenmascaramiento del carácter
imperialista de la primera guerra mundial
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
todavía en Europa, aunque puede comenzar mañana, y,
naturalmente, cuando comience ya no nos atormentarán más nuestras dudas, ya no
se planteará la cuestión de la guerra revolucionaria, sino que no habrá más que
una marcha triunfal ininterrumpida. Esto ocurrirá, esto tiene que ocurrir sin
falta, pero no ha ocurrido aún. Este es un hecho simple que nos ha enseñado la
historia, es un hecho con el que la historia nos ha pegado fuerte y ya es
sabido que hombre escarmentado vale por dos. Por eso, después de que la
historia nos ha pegado tan fuerte a propósito de esta esperanza nuestra de que
los alemanes no podrían atacar y de que nosotros podríamos avanzar, confiando
en nuestros “hurras”, considero que esta lección, gracias a nuestras
organizaciones soviéticas, llegar muy pronto a la conciencia de las masas de
toda la Rusia Soviética. Estas masas se mueven, se preparan, se aprestan para
el congreso, votan resoluciones, meditan sobre todo lo que acaba de pasar. Lo
que ahora está pasando entre nosotros no son las viejas discusiones de antes de
la revolución, que quedaban limitadas a círculos estrechos de partido, sino que
todas las decisiones se someten a la discusión de las masas, que reclaman la
comprobación de estas decisiones por la experiencia por la práctica y que nunca
se dejan arrastrar por frases fáciles ni desviar del camino trazado por el
curso objetivo de los acontecimientos. Naturalmente, podemos desentendernos de
las dificultades que se alzan ante nosotros, cuando unos hallamos frente a un
intelectual o un bolchevique de izquierda. Estos, naturalmente, pueden
desentenderse de cuestiones tales como la de que uno tenemos ejército o la de
que la revolución no se desencadena en Alemania. Las masas multitudinarias —y
la política empieza allí donde hay millones de personas; la política seria
empieza allí donde hay no miles, sino millones de personas— y los millones de
personas saben lo que es el ejército, han visto a los soldados que volvían del
frente. Saben — nos referimos a la verdadera masa y no a individuos sueltos—
que no podemos luchar, que todo hombre ha sufrido en el frente cuanto se pueda
imaginar. La masa ha comprendido la verdad, y esta verdad consiste en que, si
no tenemos ejército, y a nuestro lado hay un bandido feroz, no tendremos más
remedio que firmar un tratado de paz, por duro y humillante que sea. Esto es
inevitable mientras no nazca la revolución, mientras no saneemos nuestro
ejército, mientras no hagamos que los soldados vuelvan a sus casas. Mientras no
hagamos esto, no devolveremos la salud al enfermo. No someteremos ala fiera
alemana con mera audacia, no nos desembarazaremos de ella como nos
desembarazamos de Kerenski y de Kornilov. Es ésta una lección que las masas han
aprendido sin los subterfugios que querían ofrecerles ciertas personas deseosas
de cerrar los ojos a la triste realidad.
8
Al principio, durante los
meses de octubre y noviembre, una marcha triunfal ininterrumpida. De pronto, la
revolución rusa es derrotada en pocas semanas por el bandido alemán, la
revolución rusa se halla dispuesta a aceptar las condiciones de un tratado leonino.
Sí, los virajes de la historia son muy duros; y en nuestra historia estos
virajes son siempre duros. Cuando en 1907 firmamos con Stolypin un tratado
interior bochornoso en grado excepcional y tuvimos que pasar por el establo de
la Duma stolypiniana, aceptando un compromiso al firmar los papeluchos
monárquicos12, vivimos, aunque a menor escala, lo
mismo que estamos viviendo hoy. Entonces, unos hombres pertenecientes a la
mejor vanguardia de la revolución decían (y tampoco dudaban un momento de que
les asistía la razón): “Nosotros somos unos revolucionarios orgullosos, creemos
en la revolución rusa y jamás entraremos en las instituciones legales de
Stolypin”. Sí, entraréis. La vida de las masas, la historia son más fuertes que
vuestras afirmaciones. Y si no entráis, la historia os obligará a entrar. Y al
primer viraje de la historia, estos elementos, que eran muy izquierdistas, no
dejaron, como fracción, más rastro que una humareda. Si entonces supimos seguir
siendo revolucionarios, trabajar en condiciones penosas y salir de nuevo de
aquella situación, también ahora sabremos salir de ésta, porque no es un
capricho nuestro, sino la necesidad objetiva creada en un país
![]()
12 Se trata del juramento de lealtad al zar
que debían suscribir obligatoriamente los diputados a la Duma de Estado durante
el zarismo. La negativa a firmar privaba del acta al diputado a la Duma.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
arruinado hasta más no
poder, porque, pese a nuestros deseos, la revolución europea se ha atrevido a
retrasarse, y el imperialismo alemán, pese a nuestros deseos, se ha atrevido a
atacar.
Lo que hace falta aquí es
saber replegarse. No escaparemos de la realidad, terriblemente amarga y
lamentable, con simples frases. Es preciso decir: ¡Ojalá podamos replegarnos
conservando el orden, aunque sea a medias! No podemos replegarnos en orden. ¡Ojalá
podamos hacerlo a medias, ganar un poco de tiempo para que la parte enferma de
nuestro organismo pueda reabsorberse aunque sea un poco! El organismo en su
conjunto está sano y podrá, por tanto, vencer la enfermedad. Pero no se le
puede exigir que la venza de golpe y porrazo, pues no es posible detener a un
ejército que huye. Cuando una vez propuse a uno de nuestros jóvenes amigos que
quería ser izquierdista: “camarada, vaya usted al frente y vea lo que allí
ocurre en el ejército”, mi propuesta fue tomada como una ofensa: “se nos quiere
desterrar para que no realicemos aquí una agitación en pro de los grandes
principios de la guerra revolucionaria”. Por cierto, yo no hacía esta propuesta
con la intención de desterrar a nuestros enemigos fraccionalistas; mi propósito
era que viesen cómo el ejército había iniciado a desbandada inaudita. Y esto lo
sabíamos antes, y tampoco antes podíamos cerrar los ojos ante el hecho de que
la descomposición en el frente había llegado a hechos insólitos, a la venta de
nuestros cañones a los alemanes por una miseria. Esto lo sabíamos tan bien como
sabemos que no hay posibilidad de retener al ejército en el frente, y la
evasiva de que los alemanes no iban a atacar equivalía a la mayor de las
aventuras. Si bien es verdad que el comienzo de la revolución europea se ha
retrasado, no lo es menos que nos esperan las derrotas más duras, porque no
tenemos ejército, porque carecemos de organización, porque no podemos resolver
ahora estos dos problemas. Si no sabéis adaptaros, si no estáis dispuestos a
andar a rastras por el fango, no sois revolucionarios, sino unos charlatanes. Y
yo no propongo que marchemos así porque me guste, sino porque no nos queda otro
camino, porque la historia está lejos de sernos favorable hasta el punto de hacer
que la revolución madure simultáneamente en todas partes.
Las cosas ocurren de tal modo que la guerra civil ha comenzado
como un conato de choque con el imperialismo, que ha demostrado que éste se ha
descompuesto por completo y que en el seno de cada ejército se alzan elementos
proletarios. Sí, nosotros veremos la revolución internacional mundial; pero,
mientras tanto, esto constituye un magnífico cuento, un hermoso cuento.
Comprendo perfectamente que a los niños les gusten mucho los cuentos hermosos.
Pero yo pregunto: ¿es propio de un revolucionario serio creer en cuentos? En
todo cuento hay algo de realidad: si ofrecieseis a los niños un cuento en el
que el gallo y el gato no hablasen como las personas, los niños perderían todo
interés por dicho cuento. Exactamente igual que si dijerais al pueblo que la
guerra civil en Alemania tiene que llegar, y al mismo tiempo garantizáis que,
en lugar del choque con el imperialismo, vendrá una revolución mundial en los
frentes; el pueblo dirá que lo engañáis. Sólo en vuestra imaginación y en
vuestros deseos pasáis por las dificultades que ofrece la historia. Está bien
si el proletariado alemán se halla en condiciones de alzarse. Pero, ¿lo habéis
medido, habéis hallado un instrumento capaz de precisar el día en que va a
nacer la revolución alemana? No. no lo sabéis, ni nosotros tampoco. Os lo
jugáis todo a una carta. Si la revolución se desencadena, todo se ha salvado.
¡Naturalmente! Pero ¿y si no lo hace como nosotros queremos y se le ocurre no
triunfar mañana? ¿Entonces, qué? Entonces las masas os dirán que habéis actuado
como unos aventureros, que os lo habéis jugado todo a una carta, esperando un
curso feliz de los acontecimientos que no advino, y, por tanto, no servís para
la situación que se ha creado enlugar de la revolución mundial, que tiene que
llegar sin falta, pero que todavía no ha madurado.
9
Ha llegado un período de derrotas
durísimas infligidas por un imperialismo armado hasta los dientes a un país que
ha desmovilizado su ejército, que ha tenido que desmovilizarlo. Lo que
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
yo predecía, ha sucedido
plenamente: en lugar de la paz de Brest, hemos obtenido una paz mucho más
humillante, por culpa de quienes no quisieron aceptar la primera. Nosotros
sabíamos que si concertábamos una paz con el imperialismo, era por culpa del
ejército. A quien teníamos enfrente, al firmar la paz, era a Hoffmann y no a
Liebknecht. Y con ello ayudamos a la revolución alemana. En cambio, ahora
ayudáis al imperialismo alemán, porque habéis entregado nuestras enormes
riquezas: nuestros cañones y nuestras municiones. Esto lo debía predecir
cualquiera que viese el estado terriblemente angustioso en que se hallaba el
ejército. Cualquier persona honrada del frente lo decía: a la menor ofensiva de
los alemanes estamos inevitable e inexorablemente perdidos. En pocos días, nos
convertimos en presa del enemigo.
Después de esta lección,
nosotros, por muy grave que sea esta enfermedad, superaremos nuestra escisión,
nuestra crisis, porque en nuestro auxilio vendrá un aliado incomparablemente
más fiel: la revolución mundial. Cuando nos hablan de la ratificación de esa
paz de Tilsit13, de esta paz inaudita, más humillante y
más rapaz que la de Brest, yo digo: sí, indudablemente debemos hacerlo, pues
vemos los acontecimientos desde el punto de vista de las masas. La tentativa de
trasladar, con nuestra fantasía, la táctica del período correspondiente a los
meses de octubre y noviembre, de ese período triunfal de la revolución dentro
de un solo país, al curso de los acontecimientos de la revolución mundial es
una tentativa condenada al fracaso. Cuando se dice que la tregua es una
fantasía, cuando el periódico que se hace llamar Kommunist14 —título derivado, por lo visto, de la
Comuna— llena columnas enteras intentando refutar la teoría de la tregua,
entonces yo digo: he pasado en mi vida por muchos choques fraccionales, por
muchas escisiones; de manera que me sobra experiencia sobre el particular, pero
he de decir, que para mí es evidente que esta enfermedad no se curará por el
viejo procedimiento — el de las escisiones fraccionales del partido— porque la
propia vida la curará antes. La vida marcha a grandes pasos. Y en este sentido
obra a la perfección. La historia hace avanzar con tanta rapidez a la
locomotora de la vida que antes de que la redacción de Kommunist tenga tiempo de publicar su número correspondiente, la
mayoría de los obreros de Petrogrado ya habrá comenzado a desengañarse de sus
ideas, porque la vida demuestra que la tregua es un hecho. Ahora firmamos la
paz y tenemos una tregua que aprovechamos para defender mejor la patria;
porque, si en lugar de esto hubiese guerra, lo que tendríamos sería aquel
ejército que huía presa del pánico, al que sería preciso detener, pero al que
nuestros camaradas no pueden ni han podido detener porque la guerra es más
fuerte que toda clase de prédicas y que miles de razonamientos. Si no han
comprendido la situación objetiva, no pueden detener el ejército, no podrán
detenerlo. Este ejército enfermo contaminaba a todo el organismo, y el
resultado fue una nueva y extraordinaria derrota, un nuevo golpe asestado por
el imperialismo alemán a la revolución; y fue un golpe duro, porque nos
despojamos con gran ligereza de las ametralladoras ante los golpes del
imperialismo. Sin embargo, nosotros aprovechamos esta tregua para convencer al
pueblo de la necesidad de agruparse, de luchar; la aprovechamos para decir a
los obreros y a los campesinos rusos: “Forjad una disciplina consciente, una
disciplina severa, pues, de lo contrario, os hallareis bajo la bota alemana,
igual que os halláis ahora, como inevitablemente os hallaréis mientras el pueblo
no aprenda a luchar, a crear un ejército que sea capaz de no huir, de soportar
sufrimientos indecibles”. Y esto es inevitable, porque la revolución alemana no
ha nacido aún y no podemos garantizar que llegue mañana.
![]()
13 Paz
de Tilsit: tratado
de paz concertado en julio de 1807 por Napoleón con Prusia en la ciudad de
Tilsit. Según este tratado, Prusia perdía extenso territorio y había de pagar
una contribución de cien millones de francos; además, se la obligaba a no
comerciar con Inglaterra. Prusia debía reducir también su ejército a 40.000
hombres y dar fuerzas armadas auxiliares para el ejército francés
14 Kommunist: periódico, órgano fraccional del grupo
de los "comunistas de izquierda"; apareció en Petrogrado desde el 5
hasta el 19 de marzo de 1918.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
Por esta razón, la teoría de
la tregua, negada en redondo por torrentes de artículos de Kommunist, es planteada por la vida misma. Cada cual puede observar
que la tregua existe, que todos nos
aprovechamos de ella. Nosotros suponíamos que íbamos a perder Petrogrado en
unos cuantos días. Esto sucedía en el momento en que las tropas alemanas que se
iban acercando se encontraban a unas pocas jornadas de la capital, mientras
que, a pesar de su gran entusiasmo, los mejores marinos y los obreros de la
fábrica Putílov se encontraban solos, en un momento en el que reinaba un caos
indescriptible, una situación de pánico que había llevado a las fuerzas en su
huida hasta Gátchina. Era un momento en que recuperábamos lo que no habíamos
perdido, un momento en que las cosas ocurrían del siguiente modo: el
telegrafista llegaba a una estación, se ponía al aparato y telegrafiaba: “No
hay ni un solo alemán. La estación ha sido ocupada por nosotros”. A las pocas
horas se me comunicaba por teléfono desde el Comisariado de Vía s de
Comunicación: “Ha sido ocupada la estación siguiente. Nos acercamos a Yamburgo.
No hay ni un solo alemán. El telegrafista ocupa su puesto”. Tales han sido los
momentos que hemos vivido. Esta es la verdadera historia de la guerra de los
once días 15. Esta historia nos la han descrito los
marinos y los obreros de Putílov, a los que tenemos que llevar al congreso de
los Soviets para que cuenten allí la verdad. Es una verdad terriblemente amarga
y desagradable, es una verdad que duele, pero es cien veces más beneficiosa,
pues es una verdad comprendida por el pueblo ruso.
10
Yo admito que pueda uno
dejarse llevar por la revolución internacional en los frentes, porque ésta
llegará. Todo ha de llegar a su tiempo. Pero ahora emprended la organización de
la autodisciplina, subordinaos por encima de todo para que tengamos un orden
ejemplar, para que los obreros se dediquen, aunque sólo sea una hora al día, a
aprender el arte militar. Esto es algo más difícil que contar un cuento bonito.
Tal es la tarea actual, y, cumpliéndola, ayudaréis a la revolución alemana, a
la revolución internacional. No sabemos cuántos días nos han concedido de
tregua, pero la tregua la tenemos. Es preciso desmovilizar el ejército cuanto
antes porque éste es un órgano enfermo. Y, mientras tanto, ayudaremos a la
revolución finlandesa16.
Sí es evidente que violamos
el tratado, pero ya lo hemos, treinta o cuarenta veces. Sólo unos niños pueden
dejar de comprender que, en esta época en que se inicia un período lento y
penoso de liberación, un período que acaba de crear el Poder soviético y lo ha
elevado tanto su desarrollo, sólo unos niños, repito, pueden no comprender que
la lucha que aquí se va a desarrollar tiene que ser una lucha prolongada y
prudente. Un tratado de paz vergonzoso provoca insurrecciones, pero cuando los
camaradas de Kommunist discurren
sobre la guerra, apelan a los sentimientos, olvidándose de que los hombres
crispaban los puños de rabia y se les inyectaban los ojos de sangre. ¿Qué
dicen? “Jamás un revolucionario consciente podrá soportar tal cosa, nunca
aceptará semejante vergüenza”. Su periódico lleva el título de Kommunist, pero debiera titularse El Hidalgo , ya que ve las cosas como un
hidalgo que adopta una postura
elegante para morir y dice con la espada en la mano: “La paz es un oprobio, la
guerra un honor”. Ellos discurren desde el punto de vista del hidalgo. Yo,
desde el punto de vista del campesino.
![]()
15 Lenin se refiere, por lo visto, a los
días en que comenzó la ofensiva de las tropas alemanas, el 18 de febrero, hasta
la llegada de la delegación soviética a Brest-Litovsk el 28 de febrero de 1918.
La ofensiva de los invasores alemanes duró hasta el 3 de marzo, día en que se
firmó el Tratado de Paz
16 A fines de enero de 1918 comenzó en Finlandia la revolución
proletaria. El gobierno revolucionario de Finlandia, en él que entraron E.
Gylling, O. Kuusinen, Y. Sirola y otros, promulgó leyes que establecían el
control popular sobre los bancos, entregaban en completa propiedad a los
campesinos sin tierras las que venían cultivando, etc. El gobierno burgués de
Svinhufvud, derrocado por el pueblo revolucionario, recabó la ayuda del
gobierno del káiser alemán. Debido a la intervención de las fuerzas armadas alemanas
y luego de tres meses de sañuda guerra civil, fue aplastada la revolución
obrera de Finlandia. Miles de obreros y campesinos revolucionarios fueron
pasados por las armas o torturados en las cárceles
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
Si yo acepto la paz en un
momento en que el ejército huye, en que no puede menos de huir para no perder
miles de hombres, lo hago evitando males mayores. ¿Es acaso vergonzoso el
tratado? Cualquier campesino o cualquier obrero serio justificará mi posición,
porque comprende que la paz es un recurso para reunir fuerzas. La historia
conoce —ya me he remitido a esto más de una vez— cómo, después de la paz de
Tilsit, los alemanes se liberaron de la dominación napoleónica. He calificado
intencionadamente la paz con el nombre de paz de Tilsit, aunque nosotros no
firmamos lo que en esta paz figuraba: el compromiso de ayudar con nuestras
fuerzas al conquistador a conquistar otros pueblos. Y, sin embargo, la historia
ha llegado a estos extremos, y también llegaremos nosotros si ciframos nuestras
esperanzas sólo en la revolución internacional en los frentes. ¡Tened cuidado
de que la historia no os conduzca también a esta forma de esclavitud militar! Y
mientras la revolución socialista no haya triunfado en todos los países, existe
la posibilidad de la esclavización de la República Soviética. En Tilsit,
Napoleón obligó a los alemanes a firmar unas condiciones de paz inauditamente
vergonzosas. En aquel entonces las cosas ocurrían de tal modo que la paz hubo
de firmarse varias veces. El Hoffmann de entonces –Napoleón— se dedicaba a
pillar a los alemanes en las infracciones de las condiciones de paz. Hoffmann
nos pillará en lo mismo. Pero procuraremos que no sea tan pronto.
La última guerra ha dado al
pueblo ruso una enseñanza amarga y penosa, pero sería; es la de saber
organizarse, disciplinarse, subordinarse, de saber crear una disciplina
ejemplar. Aprended de los alemanes a ser disciplinados, pues, en caso
contrario, somos pueblo perdido y estaremos eternamente esclavizados.
Este y sólo éste ha sido el curso de la historia. La historia
nos enseña que la paz es una tregua para la guerra y que la guerra es un medio
de obtener una paz más o menos buena. La correlación de fuerzas en Brest
correspondía a las condiciones de una paz impuesta al vencido, pero no era una
paz humillante. La correlación de fuerzas en Pskov correspondía a una paz
bochornosa, más humillante. En la etapa siguiente, en Petrogrado o en Moscú,
nos impondrán una paz cuatro veces más humillante. Nosotros no diremos que el
Poder soviético no es más que pura forma, como nos han dicho nuestros jóvenes
amigos de Moscú, nosotros no diremos que en aras de tales o cuales principios
revolucionarios podemos sacrificar el contenido. No, nosotros diremos: el
pueblo ruso tiene que comprender que su deber consiste en disciplinarse, en
organizarse, y entonces podrá soportar toda clase de paces de Tilsit. Toda la
historia de las guerras de liberación nos enseña que cuando estas guerras
afectaban a las grandes masas, la liberación sobre venía rápidamente. Nosotros
decimos: si tal es el curso de la historia, tendremos que terminar la paz y
retornar a la guerra. Y este futuro puede residir en los próximos días. Todos
deben estar preparados. A mí no me cabe la menor duda de que los alemanes se
están preparando más allá de Narva, si es cierto que no ha sido tomada, como
afirman todos los periódicos. Si no es en Narva, es a las puertas de Narva; si
no es en Pskov, es a las puertas de Pskov donde los alemanes están concentrando
su ejército regular y preparando sus ferrocarriles para dar un nuevo salto y
apoderarse de Petrogrado. Esta fiera ya ha demostrado que sabe saltar bien. Y
va a saltar una vez más. No cabe la menor duda. Por eso, tenemos que estar
preparados; tenemos que saber no lanzar fanfarronadas, sino aprovechar incluso
un día de tregua, pues podemos aprovechar hasta un día para evacuar Petrogrado
cuya pérdida significaría terribles penalidades para cientos de miles de
nuestros proletarios. Digo una vez más que estoy dispuesto —y lo considero un
deber— a firmar un acuerdo veinte veces, cien veces más humillante con tal de
obtener aunque sólo sean unos cuantos días para evacuar Petrogrado, ya que con
ello alivio los padecimientos de los obreros, que, en caso contrario, pueden
caer bajo el yugo de los alemanes. Facilito con ello la evacuación de
materiales existentes en Petrogrado, pólvora, etc., que necesitamos, porque soy
un defensista, porque soy partidario de que se prepare el ejército, aunque sea
en la retaguardia más remota, donde se está reponiendo ahora el ejército
desmovilizado, enfermo.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
11
No sabemos cuánto durará la tregua, pero procuraremos aprovechar
el momento. Quizá la tregua sea mayor, pero tal vez sólo dure unos cuantos
días. Todo puede ocurrir, pero nadie sabe ni puede saber lo que va a ocurrir,
porque todas las grandes potencias se ven atadas, constreñidas, se ven
obligadas a luchar en varios frentes. La conducta de Hoffmann se ve
condicionada, por una parte, por la necesidad de aplastar a la República
Soviética; por otra, por el hecho de que tiene la guerra en toda una serie de frentes
y, finalmente, porque la revolución en Alemania madura, crece, y Hoffmann lo
sabe y no puede, como se afirma, apoderarse inmediatamente de Petrogrado ni de
Moscú. Pero, y esto es en un todo posible, puede conseguirlo mañana. Repito; en
un momento en que la enfermedad del ejército constituye un hecho irrefutable;
cuando, por encima de todo, tenemos que aprovechar cada instante, aunque sólo
sea para conseguir un día de tregua, en tal momento decimos: cada
revolucionario serio, ligado a las masas, cada revolucionario que sepa lo que
es la guerra y lo que son las masas tiene que disciplinar a las masas, tiene
que someterlas a cura, tiene que procurar levantarlas a una nueva guerra. Todo
revolucionario de este tipo aprobará nuestro proceder y reconocerá acertado
cualquier pacto bochornoso, ya que este último se haría en aras de la
revolución proletaria y de la renovación de Rusia, en aras de librarla de un
órgano enfermo. Como cualquier persona sensata puede comprender, al firmar
dicha paz no cejamos en nuestra revolución obrera. Y todo el mundo comprende
que, al firmar la paz con los alemanes, nosotros no cejamos en nuestra ayuda
militar; lo que enviamos a los finlandeses son armas, y no tropas que
resultarían inservibles.
Tal vez tengamos que aceptar
la guerra. Tal vez mañana tengamos que entregar también Moscú, pero luego
pasaremos a la ofensiva. Y si se produce en la psicología de las masas el
cambio radical que está madurando, para el que tal vez se requiera mucho tiempo,
pero que tiene que llegar en el momento en que las grandes masas digan otra
cosa de lo que ahora dicen, en tal caso podremos lanzar nuestro ejército contra
el ejército enemigo. Tengo que aceptar la paz, aunque sea la más dura, porque,
actualmente, no puedo decirme a mí mismo que ese momento ha llegado. Cuando
llegue el momento de la renovación, todos lo experimentarán y verán que el ruso
no es tonto. Hoy ve y mañana comprenderá la necesidad que tenemos de
abstenemos, la necesidad de seguir esta orientación. En ello reside la tarea
principal de nuestro congreso del partido y del congreso de los Soviets.
Es preciso saber trabajar en
la nueva senda. Es mucho más duro, pero en modo alguno carece de perspectivas.
Y en modo alguno hará fracasar al Poder soviético, si no somos nosotros mismos
los que, con una aventura estúpida, lo hacemos fracasar. Llegará un momento en
que el pueblo diga: no permito que se me martirice más. Pero eso sólo ocurrirá
en el caso de que no nos lancemos a esa aventura, sino que aprendamos a
trabajar en unas condiciones difíciles y con el tratado inauditamente
humillante que acabamos de firmar en estos días. Pues de una crisis histórica
de esta naturaleza no se sale con una sola guerra ni con un solo tratado de
paz. El pueblo alemán se hallaba atado por su organización monárquica cuando en
1807 firmó su paz de Tilsit, después de varias paces humillantes, que se
convertían en treguas a las que seguían una nueva humillación y una nueva
infracción. La organización soviética de las masas nos aliviará esta labor.
Nuestra consigna puede ser
sólo una: aprender de veras el arte militar, poner orden en los ferrocarriles.
Dejar la guerra revolucionaria socialista sin ferrocarriles constituye una
traición de lo más dañina. Es preciso poner las cosas en orden. Es preciso
crear la energía y la fuerza capaces de dar vida a lo mejor de que dispone la
revolución.
Ya que os conceden una
tregua, aunque sólo sea por una hora, agarraos a ella para poder estar en
contacto con la retaguardia profunda, para crear allí nuevos ejércitos.
Abandonad las ilusiones por las que la realidad de la vida os ha castigado y
aún os castigará más. Ante nosotros se perfila una época de derrotas muy duras,
y esa época está en puertas, hay que
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
aprender a tenerla en
cuenta, es preciso estar preparados para una labor tenaz en condiciones
ilegales, en condiciones de innegable esclavitud bajo los alemanes. No hay
necesidad de embellecer esta verdad. Es una auténtica paz de Tilsit. Si sabemos
obrar de este modo, entonces, a pesar de las derrotas, podremos decir con
absoluta seguridad que triunfaremos. (Aplausos.)
Breve información periodística publicada el 9 de marzo (24 de
febrero) de 1918 en el núm.
45 de “Pravda”.
T. 36, 1-26.
2. Discurso
de resumen de la discusión del informe político del Comité Central, 8 de marzo.
12
Camaradas: Permitidme que
empiece por referirme a unas observaciones relativamente pequeñas, empezando
por el final. Al terminar su discurso, el camarada Bujarin ha llegado al
extremo de compararnos con Petliura. Si considera que eso es así, ¿cómo puede seguir
en el mismo partido que nosotros? ¿No es eso una frase? Naturalmente; si fuese
así en realidad, no estaríamos en el mismo partido. El hecho de que estemos
juntos demuestra que estamos de acuerdo con Bujarin en las nueve décimas
partes. Es cierto que ha añadido unas cuantas frases revolucionarias acerca de
que queríamos traicionar a Ucrania. Estoy convencido de que no merece la pena
hablar de bagatelas tan evidentes. Me ocuparé del camarada Riazánov y señalaré
que, de la misma manera que una excepción registrada cada diez años no hace más
que confirmar la regla, también él ha pronunciado sin querer una frase seria. (Aplausos.) Ha dicho que Lenin cede
terreno para ganar tiempo. Es un razonamiento casi filosófico. Las cosas han
ocurrido esta vez de manera que el camarada Riazánov ha pronunciado una frase,
por cierto completamente seria, que encierra el quid de la cuestión: yo quiero
ceder terreno al vencedor de hecho para ganar tiempo. En eso reside toda la
esencia, y sólo en eso. Todo lo demás no son sino palabras: necesidad de la
guerra revolucionaria, ampliación del movimiento campesino, etc. Cuando el
camarada Bujarin presenta las cosas como si no pudiera haber dos opiniones en
lo que se refiere a la posibilidad de la guerra y dice “preguntad a cualquier
militar” (he anotado literalmente sus palabras), cuando plantea así la
cuestión, diciendo que se pregunte a cualquier militar, yo le respondo: ese
cualquier militar es un oficial francés con el que he tenido ocasión de
conversar17. Ese oficial francés, mirándome,
naturalmente, con ojos furioso —pues he vendido Rusia a los alemanes—, me dijo:
“soy realista y partidario de la monarquía también en Francia, partidario de la
derrota de Alemania; no piense usted que soy partidario del Poder soviético
—¡cómo pensarlo, si es
monárquico!—, pero estuve de acuerdo con que firmaran ustedes el Tratado de
Brest porque era indispensable”. ¡Ahí tenéis esa “preguntad a cualquier
militar”! Cualquier militar debía decir lo que yo dije: había que firmar el
Tratado de Brest. Si del discurso de Bujarin se desprende ahora que nuestras
discrepancias han disminuido mucho, eso se debe a que sus adeptos han ocultado
el punto principal de las discrepancias.
Cuando Bujarin nos fulmina
ahora porque hemos desmoralizado a las masas, tiene completa razón, pero se
fulmina sólo a sí mismo, y no a nosotros. ¿Quién llevó esa bazofia al CC?
Usted, camarada Bujarin. (Risas.) Por
mucho que grit usted “no”, la verdad se impone: estamos en nuestra familia de
camaradas, estamos en nuestro propio congreso, no tenemos nada que ocultar y
habrá que decir la verdad. Y la verdad consiste en que en el CC existían tres
tendencias. Lómov y Bujarin no votaron el 17 de febrero. He pedido que se
reproduzca el
![]()
17 Lenin se refiere a la
conversación que tuvo con el conde de Lubersac, oficial francés, el 27 de
febrero de 1918
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
acta de la votación, que se
hagan copias, y cualquier miembro del partido que lo desee puede ir al
Secretariado y ver la votación, la histórica votación del 21 de enero, la cual
demuestra que eran ellos quienes vacilaban, que nosotros no vacilábamos lo más
mínimo dijimos: “aceptemos la paz en Brest —otra mejor no habrá— para preparar
la guerra revolucionaria”. Ahora hemos ganado ya cinco días para evacuar
Petrogrado. Ahora se ha lanzado el llamamiento de Krylenko y Podvoiski que no
figuraban entre los izquierdistas y que Bujarin trató con desprecio, diciendo
que “se saca” a Krylenko. Como si inventáramos nosotros lo que Krylenko había
declarado. Con eso estamos completamente de acuerdo; porque así son las cosas,
porque esos militares han demostrado lo que yo decía, en tanto que vosotros
alegáis que los alemanes no atacarán. ¿Es que se puede comparar esta situación
con la de octubre, cuando no se trataba de la técnica? No, si queréis tener en
cuenta los hechos, tened en cuenta que las discrepancias se referían a que no
se puede empezar la guerra cuando es desfavorable a todas luces. El camarada
Bujarin me ha sorprendido mucho al empezar su discurso de resumen con una
atronadora pregunta: “¿Es posible la guerra en un futuro inmediato?” Respondo
sin vacilaciones: es posible, y ahora debemos aceptar la paz. No hay ninguna
contradicción en ello.
Después de estas breves
observaciones, paso a responder detalladamente a los oradores precedentes. Debo
hacer una excepción con Rádek. Pero ha habido otra intervención, la del
camarada Uritski. ¿Qué ha habido en ella, aparte de Canosa 18, “traición”, “retrocedimos” y “nos
adaptamos”? Pero ¿qué es eso? ¿Es que no ha tomado su crítica del periódico
eserista de izquierda19?. El camarada Búbnov nos ha leído una
declaración enviada al CC por algunos de sus miembros que se consideran muy
izquierdistas y que han dado un ejemplo cabal de manifestación ante el mundo
entero: “La conducta del CC asesta un golpe al proletariado internacional”. ¿Es
que eso no es una frase? “¡Demostrar la impotencia ante el mundo entero!” ¿Cómo
lo demostramos? ¿Proponiendo la paz? ¿Con la huida del ejército? ¿Es que no
hemos demostrado que empezar la guerra contra Alemania ahora, sin aceptar la
paz de Brest, significaría mostrar al mundo que nuestro ejército está enfermo,
que no desea marchar al combate? Es vacía por completo la afirmación de Búbnov
de que esa vacilación se debe íntegramente a nosotros. Eso ha ocurrido porque
nuestro ejército está enfermo. Había que concederle una tregua, fuera cuando
fuese. Si hubierais seguido una táctica acertada, tendríamos un mes de tregua;
pero como habéis seguido una estrategia desacertada, tenemos solamente cinco
días de tregua, e incluso eso está bien. La historia de la guerra muestra que
para detener a un ejército que huye despavorido bastan a veces incluso unos
días. Quien no acepta, quien no firma ahora la paz diabólica, es un hombre de
frases, pero no un estratega. Esa es la desgracia.
13
Cuando estos miembros del CC
me escriben: “demostración de impotencia” y “traición”, no son más que pueriles
frases perniciosas y vacías en grado superlativo. Hemos demostrado nuestra
impotencia, intentando combatir cuando no se podía hacer demostraciones cuando
la ofensiva contra nosotros era inevitable. Por lo que se refiere a los
campesinos de Pskov, los llevaremos al congreso de los Soviets para que cuenten
cómo tratan los alemanes, para que creen una psicología que haga empezar a
curarse al soldado que huye presa del pánico
![]()
18 Canosa: castillo del norte de Italia. En 1077,
después de ser derrotado el emperador de Alemania Enrique IV en la lucha contra
el papa Gregorio VII, se vio obligado a permanecer durante tres días vestido de
penitente ante las puertas del castillo para redimirse de la excomunión y
recuperar el poder imperial. Este hecho dio origen a la frase "ir a
Canosa", que significa arrepentirse, humillarse ante el enemigo
19 Eseristas de
izquierda: ala izquierda del partido
de los socialistas revolucionarios; se constituyó orgánicamente como partido
independiente en noviembre de 1917. Después de la Revolución Socialista de
Octubre, los eseristas de izquierda colaboraron algún tiempo con los bolcheviques
y entraron en el Gobierno soviético. En enero-febrero de 1918 se pronunciaron
contra la conclusión del Tratado de Paz de Brest, exigiendo que se hiciera la
"guerra revolucionaria" contra Alemania. En julio de 1918, los
eseristas de izquierda asesinaron en Moscú al embajador alemán Mirbach,
intentando de esa manera provocar la guerra y se alzaron en armas contra el
Poder soviético. La sublevación fue aplastada en varios días.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
y le obligue a decir: “Sí,
ahora he comprendido que ésta no es la guerra que los bolcheviques habían
prometido acabar; es una nueva guerra que los alemanes hacen contra el Poder
soviético”. Entonces llegará la curación. Pero vosotros planteáis un problema
imposible de resolver. Nadie sabe cuánto durará la tregua.
Debo referirme también a la
posición del camarada Trotski. Es preciso distinguir dos aspectosen su
actividad: cuando comenzó las negociaciones de Brest, las aprovechó
magníficamente para la agitación, y todos estuvimos de acuerdo con el camarada
Trotski. Ha citado una parte de la conversación que tuvo conmigo, pero yo
añadiré que habíamos convenido que nos mantendríamos hasta el ultimátum de los
alemanes y que después del ultimátum cederíamos. Los alemanes nos han engañado:
de siete días nos han robado cinco20. La
táctica de Trotski era acertada en tanto tendía a dar largas; pero dejó de
serlo cuando se declaró que cesaba el estado de guerra y no se firmó la paz. Yo
propuse del modo más concreto que se firmase la paz. No podíamos conseguir una
paz mejor que la de Brest. Para todos está claro que la tregua habría sido de
un mes, que no habríamos salido perdiendo. Por cuanto la historia ha barrido
eso, no merece la pena recordarlo; pero es ridículo que Bujarin diga: “la vida
demostrará que teníamos razón”. Quien tenía razón era yo, porque había escrito
de ello ya en 1915: “Hay que prepararse par a hacer la guerra, es inevitable,
está en marcha, llegara”. Pero había que aceptar la paz, y no fanfarronear en
vano. Y puesto que la guerra ha de venir, tanto más necesario era aceptar la
paz; ahora, por lo menos, facilitaremos la evacuación de Petrogrado, la hemos
facilitado ya. Esto es un hecho. Cuando el camarada Trotski presenta nuevas
exigencias: “prometed que no firmaréis la paz con Vinnichenko”, yo digo que en
modo alguno contraeré ese compromiso. Si el congreso contrajera ese compromiso,
nadie, ni yo ni ninguno de mis correligionarios, asumiría la responsabilidad
por ello. Eso significaría atarse de nuevo con una resolución formal en vez de
aplicar una línea de maniobra: al replegarse, atacar a veces cuando sea
posible. En la guerra es posible atarse nunca con consideraciones formales. Es
ridículo desconocer la historia militar, desconocer que un tratado es el medio
de acumular fuerzas: he aludido ya a la historia prusiana. Hay quienes piensan,
por cierto, como niños: firmar un tratado significa venderse a Satanás, ir al
infierno. Eso es sencillamente ridículo, pues la historia militar demuestra con
claridad meridiana que la firma de un tratado en caso de derrota es el medio de
acumular fuerzas. La historia conoce casos en que las guerras se han sucedido
unas a otras; hemos olvidado todo eso, y vemos que la vieja guerra se
transforma en...* Si os place, ataos para siempre con consideraciones formales
y entregad los puestos de responsabilidad a los eseristas de izquierda.
Nosotros nos hacemos responsables de eso. En lo que digo no hay ni sombra de
escisión. Estoy convencido de que la vida o hará aprender. El 12 de marzo no
está tan lejos y os proporcionara datos abundantes21.
* En el acta taquigráfica faltan algunas palabras. (N. de la Edit.)
El camarada Trotski dice que
eso será una traición en todo el sentido de la palabra. Yo afirmo que ese punto
de vista es absolutamente erróneo**. Para demostrarlo concretamente, expondré
un ejemplo. Dos hombres van por un camino, son atacados por otros diez hombres;
uno de los dos primeros se defiende, el otro huye: eso es una traición. Pero
supongamos que se trata de dos ejércitos de cien mil hombres cada uno, y que
tienen enfrente cinco ejércitos; un ejército es cercado por doscientos mil
hombres; el otro debe acudir en su ayuda, mas sabe que trescientos mil hombres
están dislocados en una emboscada: ¿puede prestar ayuda? No, no puede. Eso no
es una traición, no es cobardía; el simple aumento del número ha modificado
todos los conceptos y cada militar sabe que en ese caso no se trata de un
![]()
20 Las tropas alemanas comenzaron la
ofensiva el 18 de febrero, dos días después de haberse declarado vencido el
armisticio, en tanto que, según el tratado de armisticio, las hostilidades
podían reanudarse sólo previo aviso de siete días.
21 El 12 de marzo se proyectaba convocar el
IV Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia para decidir la
ratificación del Tratado de Paz de Brest. El congreso se celebró entre el 14 y
el 16 de marzo de 1918
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
concepto personal: al
proceder así, yo conservo mi ejército, aunque hagan prisionero al otro;
renovaré mi ejército, tengo aliados, esperaré, los aliados llegarán. Sólo así
se puede razonar; pero cuando las consideraciones militares se mezclan con
otras, no resultan más que frases. Así no se puede hacer política.
** En la anotación del secretario, que
comienza por las palabras “…es el medio de acumular fuerzas…” el texto versa:
“…es para acumulas fuerzas”. La historia ha creado centenares de convenios de
todo género. Entonces entregad los puestos a Trotski y demás…” (N. de la Edit.)
Hemos hecho todo lo que
podía hacerse. Con la firma del tratado hemos conservado a Petrogrado, aunque
sólo sea por unos cuantos días. (Que no se les ocurra a los secretarios y
taquígrafos escribir esto.) En el tratado se nos ordena sacar nuestras tropas de
Finlandia, tropas evidentemente inservibles; pero no se nos prohíbe introducir
armas en Finlandia. Si Petrogrado hubiera caído días pasados, el pánico se
habría apoderado de la ciudad y no habríamos sacado nada de ella; pero en esos
cinco días hemos ayudado a nuestros camaradas finlandeses, no diré cuánto, pues
ellos mismos lo saben.
14
La afirmación de que hemos
traicionado a Finlandia es una frase de lo más pueril. Le hemos ayudado
precisamente al replegarnos a tiempo ante los alemanes. Rusia jamás se hundirá
porque se pierda Petrogrado; en esto tiene mil veces razón el camarada Bujarin;
pero si se maniobra a lo Bujarin, entonces se puede hundir una buena
revolución. (Risas.)
No hemos traicionado ni a
Finlandia ni a Ucrania. Ningún obrero consciente nos lo reprochará.
Ayudamos con lo que podemos.
No hemos sacado ni sacaremos de nuestras tropas a un solo hombre bueno. Si
decís que Hoffmann nos pilla y apabulla, os contestare que puede hacerlo, no
dudo de ello pero ni él ni nadie sabe en cuántos días lo hará. Además, vuestros
razonamientos de que nos pillará y apabullara se refieren a la correlación de
fuerzas políticas, de la que hablaré más adelante.
Después de explicar por qué
en modo alguno puedo aceptar la propuesta de Trotski —así no se puede hacer
política— debo decir que Rádek ha dado un ejemplo de hasta qué extremo se han
apartado los camaradas en nuestro congreso de la frase que sigue existiendo, de
hecho, en labios de Uritski. Por esa alocución en modo alguno puedo acusar a
Rádek de palabrería. Ha dicho: “No hay ni sombra de traición ni de oprobio,
porque está claro que habéis retrocedido ante una fuerza militar aplastante”.
Esta apreciación desbarata por completo la posición de Trotski. Cuando Rádek
dijo que “hay que preparar fuerzas, apretando los dientes”, tenía razón, y yo
lo suscribo íntegramente: hay que prepararse no engallándose, sino apretando
los dientes.
Aprieta los dientes sin
engallarte y prepara fuerzas. La guerra revolucionaria llegará, en eso no hay
discrepancias entre nosotros; las discrepancias se refieren a la paz de Tilsit,
en si debe firmarse o no. Lo peor de todo es el ejército enfermo, sí; y por
eso, en el CC debe existir una sola pauta firme, y no discrepancias o una pauta
intermedia, que ha apoyado también el camarada Bujarin. No pinto la tregua de
color de rosa; nadie sabe cuánto durará, y yo tampoco lo sé. Son ridículos los
esfuerzos que se hacen con el propósito de arrancarme cuánto durará la tregua.
Conservando las principales líneas de comunicaciones, ayudamos a Ucrania y
Finlandia. Aprovechamos la tregua maniobrando, replegándonos.
Al obrero alemán ya no se le
puede decir que los rusos son caprichosos, pues ahora está claro que el
imperialismo germano-nipón avanza, y eso estará claro para todos sin excepción;
además del deseo de estrangular a los bolcheviques, el alemán tiene también el
de estrangular en Occidente, todo se ha revuelto, y en esta nueva guerra habrá
que maniobrar y será necesario saber maniobrar.
Refiriéndome al discurso del
camarada Bujarin, debo señalar que cuando le faltan argumentos, lanza algo de
Uritski y dice: “El tratado es un ultraje para nosotros”. En ese caso
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
no hacen falta argumentos:
si se nos ha ultrajado, deberíamos haber recogido los papeles y echado a
correr; pero aunque estemos “ultrajados”, yo no creo que se hayan hecho
tambalear nuestras posiciones. El camarada Bujarin ha intentado analizar la
base de clase de nuestras posiciones; mas, en lugar de ello, nos ha contado una
anécdota sobre un finado economista moscovita. Cuando en nuestra táctica se ha
descubierto vinculación con la especulación, se ha olvidado, resulta ridículo,
palabra de honor, que la actitud de la clase en su conjunto —de la clase, y no
de los de los especuladores— nos muestre que la burguesía rusa y todos sus
lacayos —los de Dielo Naroda y los de
Nóvaya Zhizn22— nos
arrastran a esa guerra con todas sus fuerzas. Porque no subrayáis este hecho,
que tiene carácter de clase. Declarar ahora la guerra a Alemania significaría
caer en la provocación de la burguesía rusa. Eso no es nuevo, pues representa
el camino más seguro —yo no digo absolutamente seguro, ya que no existe nada
absolutamente seguro— de derribarnos ahora. Cuando el camarada Bujarin decía
que la vida respalda sus asertos, que todo acabaría en que reconoceríamos la
guerra revolucionaria, cantaba una victoria fácil, por cuanto la inevitabilidad
de la guerra revolucionaria fue pronosticada ya por nosotros en 1915. Nuestras
discrepancias consistían en qué haría el alemán, en si atacaría o no; en que
debíamos declarar terminado el estado de guerra; en que, en aras de la guerra
revolucionaria, debíamos replegarnos físicamente, entregando el país para ganar
tiempo. La estrategia y la política prescriben el tratado de paz más abominable
que pueda existir. Nuestras discrepancias desaparecerán por completo si
admitimos esa táctica.
Breve relación publicada el 19 (6) de marzo de 1918 en el núm. 54 del periódico
“Hoja Obrera y Campesina de Nizhni-Nóvgorod”.
T. 36, págs. 27-34.
3. Informe
sobre la revisión del programa y el cambio de nombre del partido, 8 de marzo.
Camaradas: Como sabéis,
desde abril de 1917 se ha sostenido en el partido una discusión bastante
circunstanciada sobre el problema del cambio de su nombre. Por eso, en el
Comité Central se ha conseguido llegar en el acto a un acuerdo que, al parecer,
no suscita grandes discusiones y quizá incluso ninguna: el Comité Central os
propone que se cambie el nombre de nuestro partido, que lo denominemos Partido
Comunista (bolchevique) de Rusia.
15
Todos nosotros consideramos
necesaria esta adición, porque la palabra “bolchevique” ha adquirido carta de
naturaleza tanto en la vida política de Rusia como en toda la prensa
extranjera, que sigue a rasgos generales el desarrollo de los acontecimientos en
Rusia. En nuestra prensa se ha explicado también que la denominación de
“Partido Socialdemócrata” es incorrecta en el aspecto científico. Al crear los
obreros su propio Estado, el viejo concepto de democracia —de democracia
burguesa— ha quedado superado en el proceso de desarrollo de nuestra
revolución. Hemos llegado a un tipo de democracia que no ha existido en ningún
sitio de Europa Occidental. Tuvo su prototipo únicamente en la Comuna de París,
y Engels decía que la Comuna de París no era ya un Estado en el verdadero
sentido de la palabra23. Dicho con brevedad, en la misma medida
en que las propias masas trabajadoras
![]()
22 Dielo
Naroda ("La
Causa del Pueblo"): periódico, órgano del partido de los socialistas-
revolucionarios. Apareció en Petrogrado desde marzo de 1917 hasta julio de
1918.
Nóvaya
Zhizn ("Vida Nueva"):
periódico, órgano del grupo de los socialdemócratas denominados
internacionalistas que agrupaban a los mencheviques de izquierda y a los
intelectuales de tendencia semimenchevique. Apareció en Petrogrado desde abril
de 1917 hasta julio de 1918
23 Véase la carta de F. Engels a A. Bebel del 18-28 de marzo de
1875
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
toman en sus manos la
administración del Estado y la creación de la fuerza armada que apoya a ese
régimen estatal desaparece el mecanismo especial de administración, desaparece
el mecanismo especial de cierta violencia estatal y, por consiguiente, no podemos
defender la democracia en su vieja forma.
Por otra parte, al comenzar
las transformaciones socialistas debemos plantearnos claramente el objetivo
hacia el cual tienden, en resumidas cuentas, estas transformaciones: el de
crear la sociedad comunista, que no se limita a expropiar las fábricas, la tierra
los medios de producción, que no se limita a establecer una contabilidad y un
control rigurosos de la producción y la distribución de los productos, sino que
va más allá para hacer realidad el principio “de cada cual, según su capacidad:
a cada cual, según sus necesidades”. De ahí que el nombre de Partido Comunista
sea el único acertado desde el punto de vista científico. En el Comité Central
fue rechazada en el acto la objeción de que dicho nombre puede dar motivo a que
se nos confunda con los anarquistas, ya que éstos nunca se denominan
simplemente comunistas y agregan ciertas adiciones. En este sentido existe toda
clase de variedades de socialismo; sin embargo, no dan lugar a que se confunda
a los socialdemócratas con los socialreformistas, los socialistas nacionales y
otros partidos semejantes.
Existe, además, otro
argumento importantísimo en pro de que se cambie la denominación del partido.
Los viejos partidos
socialistas oficiales de todos los países avanzados de Europa no han podido
deshacerse aún de la embriaguez del socialchovinismo y el socialpatriotismo,
que ha conducido durante la presente guerra a la bancarrota completa del
socialismo europeo oficial, de tal modo que casi todos los partidos socialistas
oficiales han sido hasta ahora un verdadero freno, un verdadero obstáculo para
el movimiento socialista obrero revolucionario. Y nuestro partido, que en el
momento actual goza, sin duda alguna, de grandísimas simpatías entre las masas
trabajadoras de todos los países, tiene el deber de declarar del modo más
inequívoco y con la mayor decisión, energía y claridad posibles que rompe sus
relaciones con ese viejo socialismo oficial. Y el medio más adecuado para
lograr ese objetivo es cambiar el nombre del partido.
Mucho más difícil,
camaradas, es lo relativo a la parte teórica del programa, a su parte práctica
y política. Por lo que se refiere a la parte teórica del mismo, disponemos de
ciertos escritos: se han publicado dos recopilaciones, una en Moscú y otra en San
Petersburgo, sobre la revisión del programa del partido, y los dos órganos
teóricos principales de nuestro partido, Prosveschenie,
de San Petersburgo, y Spartak, de
Moscú, han insertado artículos que argumentan una u otra orientación en las
modificaciones de la parte teórica de nuestro programa. En esta cuestión
existen ciertos datos. Se han manifestado dos puntos de vista principales que,
a juicio mío, no difieren, por lo menos radicalmente, en cuanto a los
principios. Un punto de vista, defendido por mí, consiste en que no hay motivos
para renunciar a la vieja parte teórica de nuestro programa y que eso sería
incluso desacertado. Lo que hace falta es completarla con una definición del
imperialismo como etapa superior del desarrollo del capitalismo y, además, con
una definición de la era de la revolución socialista, partiendo de que esta era
de la revolución socialista ha comenzado. Cualesquiera que sean los destinos de
nuestra revolución, de nuestro destacamento del ejército proletario
internacional; cualesquiera que sean las peripecias ulteriores de la revolución
está claro, en todo caso, que los países imperialistas que se han enzarzado en
esta guerra y llevado a los países más avanzados al hambre, la ruina y el
embrutecimiento, se hallan objetivamente en una situación sin salida. Y hoy
debemos repetir lo que decía Federico Engels hace treinta años, en 1887, al
apreciar la posible perspectiva de una guerra europea. Engels decía que las
coronas rodarían a docenas por los suelos en Europa y que no habría quien las
recogiera; hablaba de la increíble ruina a que estaban predestinados los países
europeos y decía que el resultado final de los horrores de una guerra europea
podía ser sólo uno: “o la victoria de la
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
clase obrera —cito sus
palabras—, o la creación de condiciones que hagan posible y necesaria esta
victoria”24. En esta cuestión, Engels se expresaba
con extraordinaria exactitud y prudencia.
A diferencia de quienes
adulteran el marxismo, de quienes brindan sus trasnochadas seudocavilaciones
acerca de que el socialismo es imposible si se erige sobre la ruina. Engels
comprendía magníficamente que toda guerra, incluso en cualquier sociedad avanzada,
no sólo provocará la ruina, el embrutecimiento, el sufrimiento y las
calamidades para las masas
—las cuales se ahogarán en
sangre hasta el extremo de que será imposible responder de que eso conduzca al
triunfo del socialismo— y decía que eso será “o la victoria de la clase obrera
o la creación de condiciones que hagan posible y necesaria esa victoria”.
16
O sea, en
este caso es posible, por consiguiente, una serie de duras etapas de
transición, con una inmensa destrucción de la cultura y de los medios de
producción, pero cuyo resultado sólo puede ser el ascenso de la vanguardia de
las masas trabajadoras, de la clase obrera, y la toma del poder por ésta para
crear la sociedad socialista. Porque, por muy grandes que sean las
destrucciones de la cultura, será imposible borrarla de la vida histórica; será
difícil renovarla, pero ninguna destrucción conducirá jamás a que esta cultura
desaparezca por completo. Esta cultura es inextinguible en una u otra de sus
partes, en unos u otros de sus restos materiales; las dificultades consistirán
únicamente en su renovación. Tal es, pues, uno de los puntos de vista, consistente
en que debemos conservar el viejo programa, agregándole una definición del
imperialismo y del comienzo de la revolución social.
He expresado este punto de
vista en el proyecto de programa publicado por mí. El otro proyecto fue
publicado por el camarada Sokólnikov en la recopilación moscovita. El otro
punto de vista ha sido expuesto en nuestras conversaciones, en particular por
el camarada Bujarin, y en la prensa por el camarada V. Smirnov en la
recopilación moscovita. Este punto de vista consistía en que era necesario o
bien tachar íntegramente la vieja parte teórica del programa o bien excluirla
casi por completo y sustituirla con otra nueva, que defina no la historia del
desarrollo de la producción mercantil y del capitalismo, como lo hacía nuestro
programa, sino la fase moderna de desarrollo superior del capitalismo —el
imperialismo— y la transición directa a la era de la revolución social. No me
parece que estos dos puntos de vista difieran de modo radical y de principio,
pero yo insistiré en el mío. A mi juicio, sería equivocado teóricamente
eliminar el viejo programa, que define el desarrollo desde la producción
mercantil hasta el capitalismo. En ese programa no hay nada erróneo. Así se
desarrollaron las cosas y así se desarrollan, pues la producción mercantil dio
vida al capitalismo, y éste ha conducido al imperialismo. Tal es la perspectiva
general histórica universal, y no deben olvidarse los fundamentos del
socialismo. Cualesquiera que sean las vicisitudes ulteriores de la lucha, por
muchos que sean los zigzags parciales que debamos vencer (y ser muchísimos,
pues la experiencia nos muestra los gigantescos virajes que da la historia de
la revolución, por ahora sólo en nuestro país; pero cuando la revolución se
transforme en europea, las cosas serán mucho más complicadas y marcharán con
mayor rapidez, el ritmo de desarrollo será más desenfrenado, y los virajes más
complejos), para no extraviarnos en esos zigzags y virajes de la historia y
conservar la perspectiva general; para ver el hilo de engarce que fue todo el
desarrollo del capitalismo y todo el camino que conduce al socialismo y que
nosotros, como es natural, nos imaginamos recto y debemos imaginárnoslo recto
si queremos ver el comienzo, la continuación y el fin —aunque en la realidad de
la vida jamás será recto, sino increíblemente tortuoso-; para no extraviarnos
en esos virajes ni en los períodos de pasos atrás, de repliegues, de derrotas
temporales o cuando la historia o el enemigo nos hagan retroceder; para no
extraviarnos, es importante, a juicio mío, y lo único acertado desde el punto
de vista teórico, no suprimir nuestro viejo programa fundamental. Porque en
Rusia nos encontramos ahora únicamente en la primera etapa de
![]()
24 Véase F. Engels. Prefacio al folleto de Borkheim "En
memoria de los patrioteros alemanes de 1806-1807".
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
transición del capitalismo
al socialismo. La historia no nos ha proporcionado la situación de paz que nos
imaginábamos teóricamente para cierto tiempo, que deseábamos y que habría
permitido recorrer con rapidez esas etapas de transición. Vemos en el acto que
la guerra civil ha creado muchas dificultades en Rusia y se entrelaza con una
serie de guerras. Los marxistas no hemos olvidado nunca que la violencia
acompañará inevitablemente a la bancarrota del capitalismo en toda su amplitud
y al nacimiento de la sociedad socialista. Y esa violencia abarcará un período
histórico universal, toda una era de guerras del carácter más diverso: guerras
imperialistas, guerras civiles, entrelazamiento de unas y otras, guerras
nacionales, guerras de liberación de las nacionalidades aplastadas por los
imperialistas y por distintas combinaciones de las potencias imperialistas
integrantes ineluctablemente de unas y otras alianzas en la época de los
gigantescos trusts y consorcios capitalistas de Estado y militares. Esa época
—una época de gigantescas bancarrotas, de violentas soluciones bélicas en masa
y de crisis— ha empezado ya, la vemos con claridad, es sólo el comienzo. Por
ello carecemos de fundamento para excluir cuanto se refiere a la definición de
la producción mercantil general del capitalismo en general. No hemos hecho más
que dar los primeros pasos para demoler el capitalismo por completo e iniciar
la transición al socialismo. No sabemos ni podemos saber cuántas etapas de
transición habrá que atravesar a antes de llegar al socialismo. Eso depende de
cuándo empiece con verdadera amplitud la revolución socialista europea, de la
facilidad, rapidez o lentitud con que se desembarace de sus enemigos y salga al
camino trillado del desarrollo socialista. Desconocemos eso, pero el programa
de un partido marxista debe basarse en hechos establecidos con exactitud
absoluta. Sólo en esto reside la fuerza de nuestro programa, que se ha visto
confirmado a través de todas las vicisitudes de la revolución. Sólo sobre ese
terreno pueden erigir su programa los marxistas.
17
Debemos partir de hechos
registrados con exactitud absoluta, y esos hechos consisten en que el
desarrollo del intercambio y de la producción mercantil en el mundo entero se
ha convertido en el fenómeno histórico predominante, ha conducido al
capitalismo, y éste se ha transformado en imperialismo. Este hecho es
absolutamente indiscutible y debe consignarse, ante todo, en el programa.
También es un hecho evidente para nosotros, y debemos hablar de él con
claridad, que el imperialismo inicia la era de la revolución social. Al dejar
constancia de este hecho en nuestro programa, alzamos a la vista del mundo
entero la antorcha de la revolución social no sólo en el sentido de la
agitación verbal, sino como un nuevo programa, que dice a todos los pueblos de
Europa Occidental: “Ahí tenéis lo que hemos sacado, junto con vosotros, de la
experiencia del desarrollo capitalista. Ahí tenéis lo que era el capitalismo y
cómo ha llegado al imperialismo, ahí tenéis la era de la revolución social, que
empieza y en la que nos ha correspondido, en el tiempo, el primer papel”.
Apareceremos ante todos los países civilizados con este manifiesto que no será
sólo un caluroso llamamiento, si no que estará fundamentado con exactitud
absoluta, se deducirá de hechos reconocidos por todos los partidos socialistas.
Tanto más clara será la contradicción entre la táctica de esos partidos, que
han traicionado ahora al socialismo, y las premisas teóricas compartidas por
todos nosotros y que se han convertido en carne de la carne y sangre de la sangre
de cada obrero consciente: el desarrollo del capitalismo y su transformación en
imperialismo. En vísperas de las guerras imperialistas, en las resoluciones de
los congresos de Chemnitz y de Basilea25 se
![]()
25 El congreso de la socialdemocracia
alemana, celebrado en septiembre de 1912 en Chemnitz, adoptó la resolución Acerca del imperialismo, en la que
caracterizó la política de los Estados imperialistas como "una política desvergonzada de rapiña y
anexiones" y exhortó a la clase obrera "a luchar con energía
redoblada contra el imperialismo hasta derrocarlo".
El Congreso Socialista
Internacional (Congreso Extraordinario de la II Internacional) que se celebró
en noviembre de 1912 en Basilea adoptó una resolución (Manifiesto) que
exhortaba a los socialistas de todos los países a "impedir el
desencadenamiento de la guerra". "El proletariado tiene por un crimen disparar los unos contra los otros"
-se decía en este Manifiesto- en aras de las ganancias de los capitalistas, en
aras de ambiciones dinásticas, en aras del cumplimiento de los tratados
diplomáticos secretos. En caso de que, a pesar de todo, la guerra estalle,
"los socialistas
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
hizo una definición del
imperialismo con la que está en flagrante contradicción la táctica actual de
los socialtraidores. Por ello debemos repetir los hechos fundamentales para
mostrar con mayor claridad a las masas trabajadoras de Europa Occidental de qué
se acusa a sus dirigentes.
He ahí lo fundamental que me
hace considerar semejante estructura del programa como la única acertada desde
el punto de vista teórico. El carácter histórico de lo que ocurre no sugiere
que debamos abandonar como trastos viejos la definición de la producción
mercantil y del capitalismo, pues no hemos ido más allá de las primeras etapas
de la transición del capitalismo al socialismo, y nuestra transición se ve
complicada en Rusia con peculiaridades que no existen en la mayoría de los
países civilizados. Por consiguiente, es no sólo probable, sino inevitable que
esas etapas de transición sean diferentes en Europa; y de ahí que resulte
erróneo en teoría fijar toda la atención en esas etapas específicas nacionales
de transición, indispensables para nosotros, pero que en Europa pueden no ser
indispensables. Debemos empezar por la base general del desarrollo de la
producción mercantil, del paso al capitalismo y de la transformación del
capitalismo en imperialismo. Con ello ocuparemos y fortificaremos teóricamente
una posición de la que no podrá tratar de desalojarnos nadie que no haya
traicionado al socialismo. De esto se deduce una conclusión igualmente
ineludible: comienza la era de la revolución social.
Hacemos eso sin abandonar el terreno de los hechos registrados
de manera incontestable.
A continuación, nuestra
tarea consiste en hacer una definición del tipo soviético de Estado. Por lo que
se refiere a esta cuestión, he tratado de exponer los puntos de vista teóricos
en el libro El Estado y la revolución*.
A mi juicio, la concepción marxista del Estado ha sido adulterada en grado
superlativo por el socialismo oficial dominante en Europa Occidental, como lo
ha confirmado con magnifica claridad la experiencia de la revolución soviética
y la creación de los Soviets en Rusia. En nuestros Soviets existen todavía gran
tosquedad y multitud de cosas inacabadas, eso es indudable y está claro para
cuantos examinen con atención su labor; pero lo importante en ellos, lo que
tiene un valor histórico, lo que representa un paso adelante en el desarrollo mundial
del socialismo es que se ha creado un nuevo tipo de Estado. En la Comuna de
París ocurrió eso durante unas cuantas semanas, en una sola ciudad, sin tenerse
noción de lo que se hacía. Los creadores de la Comuna no la comprendían, la
creaban con la genial intuición de las masas despertadas, y ni una sola
fracción de los socialistas franceses tenía noción de lo que hacía. Nosotros
nos encontramos en otras condiciones, en las cuales, por apoyarnos en la Comuna
de París y en los largos años de desarrollo de la socialdemocracia alemana,
podemos ver con claridad lo que hacemos al crear el Poder soviético. A pesar de
toda la tosquedad e indisciplina que existen en los Soviets, lo que constituye
una reminiscencia del carácter pequeñoburgués de nuestro país, las masas
populares han creado un nuevo tipo de Estado. Y ese tipo de Estado no se aplica
semanas, sino meses; no se aplica en una ciudad, sino en un país inmenso, en
varias naciones. Este tipo de Poder soviético ha mostrado de lo que es capaz,
como lo prueba el que se haya extendido a un país tan distinto en todos los
aspectos como Finlandia, donde no existen los
![]()
están obligados a intervenir para
ponerle fin en el plazo más breve y aprovechar al máximo la crisis económica y
política provocada por la guerra para alzar al pueblo y, con ello, acelerar la
caída de la dominación del capital". Cuando en julio de 1914 comenzó la
guerra imperialista mundial, la mayoría de los líderes de los partidos
socialistas que integraban la II Internacional traicionaron la causa del
socialismo, se negaron a cumplir la resolución de Basilea y se pusieron de
parte de sus gobiernos imperialistas. Los bolcheviques rusos, encabezados por
Lenin, así como los socialdemócratas alemanes de izquierda (C. Liebknecht, R.
Luxemburgo y otros) y ciertos grupos de otros partidos socialistas guardaron
fidelidad al internacionalismo y, de acuerdo con el Manifiesto de Basilea,
exhortaron a los obreros de sus países a la lucha contra su gobierno
imperialista y la guerra imperialista.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
Soviets, pero el tipo de
poder es también nuevo, proletario 26. Y
eso constituye una demostración de lo que es indiscutible desde el punto de
vista teórico, de que el Poder soviético es un nuevo tipo de Estado sin
burocracia, sin policía, sin ejército permanente, en el que la democracia
burguesa es sustituida con una nueva democracia: la democracia que adelanta a
primer plano a la vanguardia de las masas trabajadoras, convirtiéndolas en
legislador, ejecutor y protector militar, y crea el mecanismo capaz de reeducar
a las masas.
* Véase el tomo 7 de la presente edición. (N. de la Edit.)
18
En Rusia apenas se ha iniciado esa obra, y se ha iniciado. Si
comprendemos lo que hay de malo en lo que hemos iniciado, lo subsanaremos,
siempre que la historia nos brinde la posibilidad de trabajar para perfeccionar
este Poder soviético durante un período más o menos considerable. Por eso, me
parece que la definición del nuevo tipo de Estado debe ocupar un lugar
destacado en nuestro programa. Lamentablemente, hemos tenido que preparar el
programa en momentos en que estamos absorbidos por la labor del gobierno y con
una precipitación tan increíble que no hemos podido siquiera reunir a nuestra
comisión y redactar un proyecto oficial. Lo que se ha distribuido a los
camaradas delegados es únicamente un borrador**, como podrán ver con claridad
cuantos lo lean. En él se ha dedicado bastante espacio al problema del Poder
soviético, y creo que en ello debe manifestarse la importancia internacional de
nuestro programa. A mi juicio, sería erróneo en extremo que limitáramos la
importancia internacional de nuestra revolución a llamamientos, consignas,
manifestaciones, manifiestos, etc.
** Véase el presente volumen. (N. de la Edit)
Eso no
basta. Debemos mostrar de una manera concreta a los obreros europeos que obra
hemos emprendido, cómo la hemos emprendido y cómo deben comprenderla, pues eso
les llevará de una manera concreta a la cuestión de cómo se puede conseguir el
socialismo. Los obreros europeos han de ver que los rusos emprenden una buena
obra, y si la emprenden mal, nosotros lo haremos mejor. Para esto debemos
facilitarles la mayor cantidad posible de datos y decirles qué es lo nuevo que
hemos intentado crear. El Poder soviético es un nuevo tipo de Estado;
procuremos trazar sus tareas, su estructura, procuremos explicar por qué es
éste un nuevo tipo de democracia, en el que hay tantas cosas caóticas y
absurdas, y cuál es su alma viva: el paso del poder a los trabajadores, la
abolición de la explotación, de la máquina de coerción. El Estado es una
máquina de coerción. Hay que coaccionar a los explotadores, pero eso no se
puede hacer con la policía; sólo pueden hacerlo las propias masas, y la máquina
debe estar vinculada a ellas, debe representarlas como Soviets. Estos se hallan
mucho más próximos a las masas, permiten estar más cerca de ellas, brindan
mayores posibilidades para educarlas. Sabemos perfectamente que el campesino
ruso trata de aprender, pero queremos que aprenda de su propia experiencia, y
no de los libros. El poder soviético es una máquina, una máquina destinada a
que las masas empiecen inmediatamente a aprender a administrar el Estado y a
organizar la producción a escala de todo el país. Esta tarea ofrece dificultades
gigantescas. Pero lo importante en el plano histórico es que emprendemos su
cumplimiento y no sólo desde el punto de vista exclusivamente de nuestro país,
sino recabando la ayuda de los obreros europeos. Debemos dar una explicación
concreta de nuestro programa precisamente desde este punto de vista general.
Por eso consideramos que es la continuación del camino de la Comuna de París.
Por eso estamos seguros de que, emprendiendo ese camino, los obreros europeos
podrán ayudarnos. Ellos podrán hacer mejor lo que nosotros hacemos, con la
particularidad de que el centro de gravedad, desde el punto de vista formal, se
trasladará a las condiciones concretas. Mientras que en el pasado tenía
importancia singular una reivindicación como la garantía del derecho de
reunión, hoy nuestro punto de vista sobre él consiste en que nadie
![]()
26 Lenin se refiere al gobierno
revolucionario de Finlandia, Consejo de Delegados del Pueblo, que existió desde
enero hasta mayo de 1918. Simultáneamente se constituyó la Junta Principal de
Organizaciones Obreras, que era el órgano supremo de poder. La base del poder
estatal del país la constituían los "consejos de organizaciones
obreras".
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
puede ahora impedir las
reuniones, y el Poder soviético sólo debe asegurar locales para celebrarlas.
Para la burguesía, lo importante es proclamar principios grandilocuentes:
“Todos los ciudadanos tienen derecho a reunirse, mas a reunirse a la intemperie:
no les daremos locales”. Nosotros decimos: “Obras son amores y no buenas
razones”. Es preciso confiscar los palacios —y no sólo el de Táuride, sino
también otros muchos— , mas no decimos nada del derecho de reunión. Y eso hay
que hacerlo extensivo a todos los demás puntos del programa democrático.
Debemos juzgar nosotros mismos. Los ciudadanos deben participar sin exclusión
alguna en la administración de la justicia y en el gobierno del país. Y para
nosotros es importante incorporar a la administración pública del Estado a
todos los trabajadores sin excepción. Esta tarea ofrece dificultades
gigantescas. Pero la minoría, el partido, no puede implantar el socialismo.
Podrán implantarlo decenas de millones de seres cuando aprendan a hacerlo ellos
mismos. Vemos nuestro mérito en que tratamos de ayudar a las masas a que
inicien inmediatamente ellas mismas esta obra, y no a que lo aprendan de los
libros, de las conferencias. Esa es la razón por la que, al exponer estas
tareas nuestras de una manera concreta y clara, incitamos a todas las masas
europeas a discutir la cuestión y a plantearla de una manera práctica. Es
posible que llagamos mal lo que es necesario hacer, pero incitamos a las masas
a que hagan lo que deben hacer. Si lo que hace nuestra revolución no es casual
—y estamos profundamente convencidos de ello—, no es producto de una decisión
de muestro partido, sino producto ineluctable de toda revolución calificada por
Marx de popular, es decir, de una revolución creada por las propias masas
populares con sus consignas y sus aspiraciones, y no repitiendo el programa de
la vieja burguesa; si planteamos así la cuestión, alcanzaremos lo más esencial.
Y llegamos así a la cuestión de si es oportuno anular las diferencias entre los
programas máximo y mínimo 27. Sí y no. Yo no temo esa anulación
porque el punto de vista que existía aún durante el verano no debe existir en
la actualidad. Yo decía “es pronto”, cuando no habíamos tomado aún el poder;
ahora, cuando hemos tomado y probado ese poder, no es pronto. En sustitución
del viejo programa, debemos escribir ahora un nuevo programa del Poder
soviético, sin renunciar lo más mínimo al aprovechamiento del parlamentarismo
burgués. Pensar que no se nos puede hacer retroceder es una utopía.
19
Desde el punto de vista
histórico es imposible negar que Rusia ha creado la República de los Soviets.
Decimos que, en caso de cualquier retroceso, sin renunciar al aprovechamiento
del parlamentarismo burgués —si las fuerzas de clase enemigas nos hacen retornar
a esa vieja posición—, avanzaremos hacia lo conquistado por la experiencia,
hacia el Poder soviético, hacia el tipo soviético de Estado, hacia un Estado
del tipo de la Comuna de París. Eso debe expresarse en el programa. En lugar
del programa mínimo introduciremos el programa del Poder soviético. La
definición del nuevo tipo de Estado debe ocupar un lugar destacado en nuestro
programa.
Es claro que no podemos
redactar ahora un programa. Debemos elaborar sus postulados fundamentales y
entregárselos a la comisión o al Comité Central para que elaboren las tesis
fundamentales. E incluso más fácil: esa elaboración puede hacerse tomando como
base la resolución sobre la Conferencia de Brest-Litovsk, que ha proporcionado
ya las tesis. Basándose en la experiencia de la revolución rusa, debe hacerse
una definición del Poder soviético y luego deben proponerse transformaciones
prácticas. A mi parecer, aquí, en la parte histórica, es preciso indicar que ha
empezado la expropiación de la tierra y de la
![]()
27 El programa del POSDR, aprobado por el
II Congreso del POSDR (1903), constaba de dos partes. El programa mínimo era la parte del programa que contenía las
reivindicaciones de la revolución democrática burguesa: derrocamiento de la
autocracia, proclamación de la república, confiscación de la tierra de los
grandes terratenientes e introducción de la jornada de ocho horas. El programa máximo era la parte del
programa que indicaba el objetivo final de la lucha de la clase obrera: la
revolución socialista, la destrucción del capitalismo, el establecimiento de la
dictadura del proletariado y el paso al socialismo
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
industria28. Señalaremos aquí la tarea concreta de organizar el consumo,
universalizar los bancos, transformarlos en una red de instituciones de Estado
que abarquen todo el país y nos proporcionen la contabilidad social, la
contabilidad y el control efectuados por la propia población, como punto de
arranque de los pasos ulteriores del socialismo. Pienso que esta parte la más
difícil, debe ser expuesta en forma de reivindicaciones concretas de nuestro
Poder soviético; qué queremos hacer ahora mismo, qué reformas nos proponemos
efectuar en el terreno de la política bancaria, en la organización de la
producción de artículos, en la organización del intercambio, de la contabilidad
y del control, en la implantación del trabajo obligatorio, etc. Cuando sea
posible, añadiremos qué pasos, pasitos o medios pasos hemos dado ya en este
terreno. Debe señalarse con absolutas exactitud y claridad lo que se ha
empezado en nuestro país y lo que no se ha terminado. Todos sabemos
perfectamente que está sin terminar una parte inmensa de lo que hemos empezado.
En el programa debemos hablar, sin exagerar lo más mínimo, con absoluta
objetividad y sin apartarnos de los hechos, de lo que hay y de lo que nos
proponemos hacer. Mostraremos esta verdad al proletariado europeo y le diremos:
“Eso hay que hacer”, a fin de que él nos diga: “Los rusos hacen mal esto o
aquello, pero nosotros lo haremos mejor”. Y entonces, cuando esa aspiración
cautive a las masas, la revolución socialista será invencible. Se está haciendo
a la vista de todos una guerra imperialista, expoliadora desde el comienzo
hasta el fin. Cuando a la vista de todos, la guerra imperialista se quita los
tapujos y se convierte en guerra de todos los imperialistas contra el Poder
soviético, contra el socialismo, ello da un nuevo impulso al proletariado de
Occidente. Hay que poner eso al desnudo, presentar la guerra como una unión de
los imperialistas contra el movimiento socialista. Tales son las
consideraciones generales que estimo necesario exponeros, basándome en las
cuales hago la propuesta práctica de efectuar ahora un intercambio de los
puntos de vista fundamentales sobre esta cuestión y, quizá elaborar después
algunas tesis fundamentales aquí mismo; pero si se considera que eso es ahora
difícil, renunciemos a ello y confiemos la cuestión del programa al Comité
Central o a una comisión especial, encargándole que redacte el programa del
partido —el cual deberá cambiar ahora mismo de nombre—, tomando por base los
escritos de que se dispone y las actas taquigráficas o detallados resúmenes de
los secretarios del congreso. Me parece que, en la actualidad, podemos hacer
eso, y creo que todos estaréis de acuerdo con que, dada la insuficiente
preparación de la redacción de nuestro programa en que nos han sorprendido los
acontecimientos, ahora no es posible hacer otra cosa. Estoy seguro de que
podremos hacerlo en unas cuantas semanas. En todas las corrientes de nuestro
partido disponemos de fuerzas teóricas suficientes para redactar un programa en
unas cuantas semanas. Contendrá, como es natural, muchas equivocaciones, sin
hablar ya de las incorrecciones de redacción y de estilo, porque no disponemos
de meses para hacer esa labor con la tranquilidad indispensable en todo trabajo
de redacción.
Corregiremos todas esas
equivocaciones en el proceso de nuestro trabajo, plenamente seguros de que
daremos al Poder soviético la posibilidad de cumplir dicho programa. Si, por lo
menos formulamos con exactitud, sin apartarnos de la realidad, que el Poder
soviético es un nuevo tipo de Estado, una forma de dictadura del proletariado;
que hemos asignado otras tareas a la democracia y que hemos trasladado las
tareas del socialismo de la fórmula abstracta general “expropiación de los
expropiadores” a fórmulas concretas como la nacionalización de los bancos29 y de la tierra; si lo hacemos así, tendremos la parte esencial
del programa.
20
![]()
28 Después de la victoria de la Revolución
Socialista de Octubre, el Poder soviético fue nacionalizando paulatinamente la
industria. Para la primavera de 1918 pasaron a propiedad del Estado las mayores
fábricas de la industria metalúrgica y mecánica de Petrogrado, Moscú y otras
regiones, así como la industria minera de los Urales y la cuenca del Donets. A
partir de mayo de 1918 comenzó la nacionalización de ramas enteras de la gran
industria: del azúcar, del petróleo y otras. La nacionalización de toda la gran
industria fue decretada el 28 de junio de 1918.
29 El decreto de
nacionalización de los bancos se promulgó en diciembre de 1918.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
El problema agrario
deberemos transformarlo en el sentido de que estamos presenciando los primeros
pasos de mostrativos de que los pequeños campesinos, que desean estar al lado
del proletariado y ayudarle en la revolución socialista, a pesar de todos sus
prejuicios y de todas sus viejas opiniones, se han impuesto la tarea práctica
de pasar al socialismo. No imponemos eso a los demás países, pero es un hecho.
El campesinado ha demostrado, no con palabras, sino con hechos, que desea
ayudar y ayuda al proletariado, dueño ya del poder, a realizar el socialismo.
En vano nos imputan que queremos implantar el socialismo por la violencia.
Repartiremos la tierra de modo equitativo desde el punto de vista,
primordialmente de la pequeña hacienda. Al hacerlo, damos preferencia a las
comunas y a los grandes arteles de producción. Apoyamos la monopolización del
comercio del trigo. Apoyamos —así ha dicho el campesinado— la expropiación de
los bancos y las fábricas. Estamos dispuestos a ayudar a los obreros en la
realización del socialismo. Considero que debe editarse en todos los idiomas la
ley fundamental de socialización de la tierra. Esa edición se hará, si no se ha
hecho ya. En el programa expondremos de manera concreta esta idea: es preciso
expresarla en teoría, sin apartarse lo más mínimo de los hechos comprobados de
modo concreto. En Occidente se hará eso de otra manera. Es posible que
cometamos errores, pero tenemos la esperanza de que el proletariado de
Occidente los subsanará. Rogamos al proletariado europeo que nos ayude en
nuestra labor.
Por consiguiente, podemos
redactar nuestro programa en unas cuantas semanas, y los errores que cometamos
los corregirá la vida, los corregiremos nosotros mismos. Serán tan ligeros como
una pluma en comparación con los resultados positivos que alcanzaremos.
Breve relación
publicada el 20 (7) de
marzo de1918 en el núm. 55 del periódico “Hoja Obrera
y Campesina
de Nizhnt-Nóvgorod”. T. 36, págs. 43-57.
4. Borrador del
proyecto de programa.30
Tómese por base mi proyecto* (folleto, pág. 19 y siguientes).
* El nombre del partido, simplemente
“Partido Comunista” (sin agregar “de Rusia”) , y, entre paréntesis: (partido de
los bolcheviques).
La parte teórica debe
quedar, suprimiéndose el último párrafo de la primera parte (página 22 del
folleto, desde las palabras “Las condiciones objetivas” hasta “el contenido de
la evolución socialista”; es decir, desaparecen
cinco líneas).
En el siguiente párrafo
(pág. 22), que comienza por las palabras: “El cumplimiento de esta tarea”,
introdúzcase el cambio señalado en el artículo Sobre la revisión del programa del partido, publicado en Prosveschenie (núm. 1-2,
septiembre-octubre de 1917), pág. 93.
En el mismo párrafo, en lugar de “socialchovinisnio” póngase en
ambos casos:
(1) “oportunismo y
socialchovinismo”;
(2)
entre
el oportunismo y el socialchovinismo,
por una parte, y la lucha revolucionaria internacionalista del proletariado en
aras de la plasmación del régimen socialista, por otra cosa”.
![]()
30 El Borrador
del proyecto de programa del partido, escrito por Lenin, se repartió entre
los delegados al VII Congreso del partido como texto de discusión. Para
redactar el proyecto definitivo del nuevo programa, el congreso eligió una
comisión encabezada por Lenin. El nuevo programa del partido fue aprobado en
marzo de 1919 en el VIII Congreso del partido
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
A continuación habrá que rehacerlo todo, aproximadamente de la
siguiente manera:
La revolución del 25 de
Octubre (7 de noviembre) de 1917 instauró en Rusia la dictadura del
proletariado, que ha sido apoyada por los campesinos pobres o semiproletarios.
Dicha dictadura plantea en
Rusia al Partido Comunista la tarea de llevar hasta el fin, de culminar la ya
iniciada expropiación de los terratenientes y la burguesía, así como la entrega
de todas las fábricas, ferrocarriles, bancos, la flota y demás medios de
producción y circulación en propiedad a la República Soviética;
utilizar la alianza de los
obreros de las ciudades y de los campesinos pobres, que ya ha proporcionado la
abolición de la propiedad privada de la tierra y la ley sobre la forma de
transición de la pequeña hacienda campesina al socialismo, que los modernos
ideólogos del campesinado, puesto de parte de los proletarios, han llamado
socialización de la tierra, para pasar de manera paulatina, pero incesante, al
laboreo colectivo de la tierra y a la gran agricultura socialista;
consolidar y seguir
desarrollando la República Federativa de los Soviets como una forma de
democracia inconmensurablemente más alta y progresista que el parlamentarismo
burgués y como único tipo de Estado que corresponde, vista la experiencia de la
Comuna de París de 1871 y la experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y
1917-1918, al período de transición del capitalismo al socialismo, es decir, al
período de la dictadura del proletariado;
utilizar al máximo y en
todos los aspectos la antorcha de la revolución socialista mundial encendida en
Rusia para llevar la revolución a los países más adelantados y, en general, a
todos los países, paralizando las tentativas de los Estados burgueses imperialistas
de inmiscuirse en los asuntos internos de Rusia o unirse para luchar
abiertamente contra la República Socialista Soviética o hacerle la guerra.
21
DIEZ TESIS SOBRE EL PODER SOVIÉTICO.
Consolidación y
desarrollo del Poder soviético.
Consolidación y desarrollo
del Poder soviético como forma, comprobada ya en la práctica y proporcionada
por el movimiento de masas y la lucha revolucionaria, de la dictadura del
proletariado y de los campesinos pobres (semiproletarios).
La consolidación y el
desarrollo deben consistir en el cumplimiento (más amplio, general y metódico)
de las tareas planteadas por la historia a esta forma de poder estatal, a este
nuevo tipo de Estado, a saber:
(1)
agrupación
y organización de las masas trabajadoras y explotadas, oprimidas por el
capitalismo, y sólo de ellas, es decir, sólo de los obreros y los campesinos
pobres, los semiproletarios, excluidas automáticamente las clases explotadoras
y los representantes ricos de la pequeña burguesía;
(2) agrupación de la parte más dinámica,
activa y consciente de las clases oprimidas, de su vanguardia, la cual debe
educar a toda la población trabajadora, sin excepción, a que participe por su
cuenta en el gobierno del país en la práctica, y no en teoría.
(4) (3) Supresión del parlamentarismo (como
separación de las funciones legislativas de las ejecutivas); unión de la
gestión pública legislativa y ejecutiva. Fusión de la administración con la
legislación.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
(3) (4) Vinculación más estrecha de todo el
mecanismo del poder estatal y la administración pública a las masas que en las
formas anteriores de la democracia.
(5) Creación de una fuerza armada de obreros
y campesinos que esté lo menos apartada posible del pueblo (Soviets = obreros y
campesinos armados). Armamento general organizado de todo el país como uno de
los primeros pasos hacia el armamento de todo el pueblo.
(6) La más completa democracia en virtud del
menor formalismo y la mayor facilidad para elegir y revocar.
(7)
Vinculación
estrecha (y directa) por ramas y unidades económicas de producción (elecciones
por fábricas y por zonas campesinas y de industrias de oficio locales). Esta
estrecha vinculación permite realizar hondas transformaciones socialistas.
(8) (Se incluye en parte, si no del todo, en
lo anterior) posibilidad de suprimir la burocracia, de valernos sin ella; de la
realización de esta posibilidad.
(9) Traslado del centro de gravedad de los
problemas de la democracia del reconocimiento formalista de la igualdad de
forma entre la burguesía y el proletariado, entre los pobres y los ricos, al
disfrute práctico de la libertad (democracia) por parte de la masa trabajadora
y explotada de la población.
(10) El desarrollo sucesivo de la
organización soviética del Estado debe consistir en que todo diputado de un
Soviet ejerza sin falta una función permanente en la gestión pública al paso
que participe en las reuniones del Soviet; además, en que toda la población sea
incorporada paulatinamente tanto a participar en la organización de los Soviets
(a condición de que se subordine a las organizaciones de los trabajadores) como
a ejercer funciones en la gestión pública.
El cumplimiento de
estas tareas exige:
a) En la esfera política:
desarrollo de la República
Soviética. [Ventajas del socialismo (Prosveschenie,
págs. 13-44) 6 punto.]
propagación de la
Constitución soviética a toda la
población en la medida que vayan
dejando de oponer resistencia los explotadores;
federación de las naciones
como tránsito a una unidad consciente
y más estrecha de los trabajadores que han aprendido a elevarse voluntariamente por encima de las
discordias nacionales;
represión implacable y
obligatoria de la resistencia de los explotadores; las normas de la democracia
“general” (es decir, burguesa) se
subordinan y dan paso a este objetivo:
“Libertades” y democracia no para todos, sino para las masas trabajadoras y explotadas a fin de emanciparlas de
la explotación; represión implacable de los explotadores;
NB: el centro de gravedad se
traslada del reconocimiento formal de
las libertades (como sucedía en el parlamentarismo burgués) a la garantía del disfrute real de las libertades por los
trabajadores que derrocan a los explotadores.
Por ejemplo, del reconocimiento de la libertad de reunión
a la entrega de los mejores locales y
salones a los obrero del reconocimiento de la libertad de palabra a la entrega
de las mejores imprentas a los obreros, etc.
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
{Breve enumeración de dichas
“libertades”, tomada del viejo programa mínimo. Armamento de los obreros y
desarme de la burguesía.}
Paso, por conducto del Estado soviético, a la supresión paulatina del
Estado mediante la incorporación regular de un número mayor cada día de
ciudadanos, y luego de todos los ciudadanos sin
excepción, al cumplimiento directo y cotidiano
de su parte de obligaciones en la gestión pública.
b) En la esfera económica:
organización socialista de
la producción a escala nacional: manda las
organizaciones obreras (sindicatos, comités de fábrica, etc.) bajo la
dirección general del Poder soviético, único soberano.
Otro tanto para el
transporte y la distribución (primero monopolio estatal del “comercio”; luego
sustitución completa y definitiva del “comercio” con la distribución, organizada de una manera metódica, por el conducto de
los sindicatos de empleados de comercio y la industria, bajo la dirección del
Poder soviético).
22
— Agrupación forzosa de toda
la población en comunas de consumo y producción.
Sin abolir (temporalmente)
el dinero ni prohibir algunas operaciones de compra-venta para familias por
separado, debemos hacer ante todo obligatoria, con fuerza de ley, la ejecución
de todas las operaciones de ese tipo por conducto de las comunas de consumo y
producción.
— Comienzo inmediato del
cumplimiento del trabajo general obligatorio, haciéndolo extensivo de la manera
más paulatina cautelosa a los pequeños campesinos que viven de su propia
hacienda, sin emplear trabajo asalariado;
la primera medida y primer
paso hacia el trabajo general obligatorio debe ser instituir cartillas
(obligatorias) para trabajo y consumo (con registro de entradas y salidas) para
todos los ricos (o sea, los que tienen un ingreso mensual de más de 500 rublos;
luego, los propietarios de empresas con obreros asalariados; las familias con
criada, etc.);
La compra-venta es admisible
también por conducto de otra comuna que no sea la de uno (durante los viajes,
en los mercados, etc.); pero es obligatorio registrar las operaciones (si
superan cierta suma) en las cartillas de trabajo y consumo.
— Concentración total de la
banca en manos del Estado, y de todo el giro monetario-mercantil en los bancos.
Universalización de las cuentas corrientes bancarias: paso gradual a la
apertura obligatoria de cuenta corriente en un banco, primero para las grandes
empresas y luego para todas las
empresas del país. Depósito obligatorio del dinero en los bancos y trámite de
las transferencias monetarias exclusivamente
por los bancos.
— Universalización de la
contabilidad y el control de toda la producción y distribución de los
productos, debiendo practicarse primero por las organizaciones obreras y luego
por toda la población, sin excluir a
nadie.
— Organización de la
emulación entre las diversas (todas) comunas de consumo y producción del país
con objeto de elevar constantemente la organización, la disciplina y la
productividad del trabajo, de pasar a una técnica superior, de economizar
trabajo y materiales, de reducir gradualmente la jornada a 6 horas y nivelar
poco a poco todos los salarios en todos los oficios y categorías.
— Medidas constantes y
periódicas para sustituir los quehaceres domésticos de familias por separado
con la alimentación en común de grupos numerosos de familias (paso a la
Alimentación pública).
VII Congreso extraordinario del PC(B) de Rusia
En la esfera
pedagógica:
los viejos puntos…
En la esfera
financiera:
sustitución de los impuestos
indirectos con el impuesto progresivo de utilidades, así como con un descuento
(determinado) de las ganancias de los monopolios estatales. En relación con
esto, entrega en especie de pan y otros productos a los obreros empleados por
el Estado en diversos tipos de trabajo socialmente necesarios.
Política
internacional:
Apoyo en primer orden al
movimiento revolucionario del proletariado socialista en los países
adelantados.
Propaganda. Agitación. Confraternización.
Lucha implacable contra el oportunismo y el socialchovinismo.
Apoyo al movimiento
democrático y revolucionario de todos los países en general, sobre todo de las
colonias y países dependientes.
Liberación de las colonias. Federación como tránsito a la unión
voluntaria.
Escrito entre el 1 y el 8 de marzo de 1918. Publicado el 9 de
marzo de 1918 en el núm. 5 del periódico “Kommunist”.
T. 36, págs. 70-76.
Las tareas principales de nuestros días
23
LAS TAREAS PRINCIPALES DE NUESTROS DÍAS.
¡Eres mísera y opulenta,
Eres vigorosa e impotente,
Madrecita Rusia!
La historia de la humanidad
está dando en nuestros días uno de los virajes mayores y más difíciles, uno de
esos virajes de inmensa significación que podríamos calificar, sin exagerar lo
más mínimo, de liberadora universal. Es el viraje de la guerra a la paz; de la
guerra entre fieras, que envían al matadero a millones de trabajadores y
explotados en aras de un nuevo reparto del botín saqueado por los bandoleros
más fuertes, a la guerra de los oprimidos contra los opresores por sacudirse el
yugo del capital; un viraje del abismo de sufrimientos, torturas, hambre y
barbarie al futuro luminoso de la sociedad comunista, al bienestar general y la
paz duradera. No es extraño que en los tramos más cerrados de tan brusco
viraje, cuando alrededor se rompe y desmorona lo viejo con ruido y estrépito
infernales, y nace lo nuevo entre sufrimientos indescriptibles, haya quien
sienta vértigo, quien se desespere, quien busque escapatoria de la realidad, a
veces demasiado amarga, y quiera salvarse al amparo de una frase bonita y
atractiva.
A Rusia le ha tocado en
suerte ver con singular claridad y sufrir con especial intensidad y dolor el
más brusco zigzag de la historia, que vuelve la espalda al imperialismo para
orientarse hacia la revolución comunista. En unos cuantos días hemos destruido
una de las monarquías más viejas, Poderosas, bárbaras y feroces. En unos
cuantos meses hemos recorrido toda una serie de etapas de conciliación con la
burguesía y desvanecimiento de las ilusiones pequeñoburguesas, etapas que han
durado decenas de años en otros países. En unas cuantas semanas, después de
derrocar a la burguesía hemos aplastado en guerra civil su resistencia abierta.
El bolchevismo ha cruzado en marcha triunfal nuestro inmenso país del uno al
otro confín. Hemos llevado la libertad y a una vida independiente a los
sectores más pobres de las masas trabajadoras oprimidas por el zarismo y la
burguesía. Hemos instaurado y consolidado la República Soviética, nuevo tipo de
Estado, incomparablemente elevado y democrático que las mejores repúblicas parlamentarias
burguesas. Hemos implantado la dictadura del proletariado, apoyada por los
campesinos pobres, y hemos iniciado un sistema de transformaciones socialistas
de gran alcance. Hemos despertado la fe en sus propias fuerzas y encendido el
fuego del entusiasmo en millones de obreros de todos los países. Hemos lanzado
en todas partes el llamamiento a la revolución obrera internacional. Hemos
desafiado a los bandidos imperialistas de todos los países.
Y en unos cuantos días nos
ha echado por tierra una fiera imperialista, que nos ataco, al vernos
desarmados y nos ha obligado a firmar una paz increíblemente dura y humillante,
que es un tributo por habernos atrevido a librarnos de la férrea tenaza de la
guerra imperialista, aunque sólo sea por un plazo brevísimo. La fiera aplasta,
estrangula y despedaza a Rusia con tanta mayor saña cuanto más amenazador se
yergue ante ella el fantasma de la revolución obrera en su propio país.
Nos hemos visto obligados a
firmar una paz de “Tilsit”. No tenemos por qué engañarnos nosotros mismos. Hay
que tener el valor de mirar cara a cara a la verdad, amarga y desnuda. Hay que
medir por completo, hasta el fondo, ese abismo derrota, desmembramiento,
vasallaje y humillación al que nos han empujado hoy. Cuanto más claro lo
comprendamos, tanto más firme y templado estará el acero de nuestra voluntad de
liberación, de nuestro
Las tareas principales de nuestros días
anhelo de salir del
vasallaje y de alzarnos nuevamente a la independencia, nuestra firme decisión
de lograr a toda costa que Rusia deje de ser mísera y débil para convertirse en
vigorosa y opulenta en el pleno sentido de la palabra.
Puede serlo porque, a pesar
de todo, aún nos quedan extensión y riquezas naturales suficientes para proveer
a todos y a cada uno de medios de subsistencia, si no en abundancia, por lo
menos en cantidad suficiente. Tenemos los recursos precisos — en riquezas
naturales, reservas de fuerzas humanas y el magnífico impulso que la gran
revolución ha dado a la energía creadora del pueblo— para hacer una Rusia
vigorosa y opulenta de verdad.
Y Rusia lo será si desecha
todo desaliento y toda fraseología; si, apretando los dientes, reúne todas sus
fuerzas; si pone en tensión cada nervio y cada músculo; si comprende que la
salvación sólo es posible siguiendo el camino de la revolución socialista
internacional que hemos emprendido. Seguir adelante por ese camino sin que las
derrotas depriman nuestro ánimo; edificar piedra a piedra los sólidos cimientos
de la sociedad socialista; trabajar sin desmayo para crear una disciplina y una
autodisciplina, para fortalecer en todo momento y lugar la organización, el
orden, la eficiencia, la colaboración armónica de las fuerzas de todo el
pueblo, la contabilidad y el control general de la producción y distribución de
los productos: tal es la senda que conduce a crear el poderío militar y el
poderío socialista.
24
No es digno de un verdadero
socialista engallarse o dejarse llevar de la desesperación por haber sufrido
una grave derrota. No es cierto que no tengamos salida y nos veamos forzados a
elegir entre una muerte “sin gloria” (desde el punto de vista de un hidalgo),
como lo es una paz durísima, y una muerte “gloriosa” en lucha sin perspectiva.
No es cierto que hayamos hecho traición a nuestros ideales o a nuestros amigos,
al firmar una paz de “Tilsit”. No hemos hecho traición a nada ni a nadie; no
hemos canonizado ni encubierto ninguna mentira. No nos hemos negado a ayudar en
todo lo que podíamos, con todo lo que estaba a nuestro alcance, a ningún amigo
y compañero de fatigas. Un jefe militar que conduce a la profunda retaguardia
del país los restos de un ejército que ha sido derrotado o ha huido presa del
pánico, un jefe militar que, en caso extremo, protege este repliegue, aceptando
la paz más dura y humillante, no traiciona por ello a las unidades a las que
está imposibilitado de prestar ayuda y que ha quedado cortadas por el enemigo.
Ese jefe militar cumple con su deber, al elegir el único procedimiento para
salvar lo que aún puede salvarse, al no aceptar aventuras ni ocultar al pueblo
la amarga verdad, “al entregar terreno para ganar tiempo”, al aprovechar toda
tregua, por mínima que sea, para reagrupar sus fuerzas, para permitir que el
ejército, enfermo de descomposición y desmoralización pueda cobrar aliento o
restablecerse.
Hemos firmado una paz de
“Tilsit”. Cuando Napoleón I obligó a Prusia, en 1807, a firmar la paz de
Tilsit, el conquistador había destrozado todos los ejércitos de los alemanes,
ocupó la capital y todas las ciudades importantes, implantó su policía, obligó
a los vencidos a proporcionarle cuerpos auxiliares para emprender nuevas
guerras de rapiña, desmembró a Alemania y concluyó alianzas con unos Estados
alemanes contra otros Estados alemanes. Y a pesar de todo, incluso después de
semejante paz, el pueblo alemán se mantuvo firme, supo reagrupar sus fuerzas,
erguirse y conquistar su derecho a la libertad y a la independencia.
Para cuantos quieran y sepan
razonar, el ejemplo de la paz de Tilsit (que fue sólo uno de los muchos
tratados y humillantes impuestos a los alemanes en aquella época) muestra con
claridad cuán pueril e ingenua es la idea de que una paz durísima representa en
todas las circunstancias un abismo de perdición y de que la guerra es la senda
del heroísmo y de la salvación. Las épocas de guerras nos enseñan que la paz ha
desempeñado más de una vez en la historia el papel de tregua para acumular
fuerzas con vistas a nuevas batallas. La paz de Tilsit fue para Alemania una
gran humillación; pero fue también, a la vez, un viraje hacia un grandioso
resurgimiento nacional. La situación histórica no permitía entonces a ese
resurgimiento otra salida que la del Estado burgués.
Por entonces, hace más de cien años, la
Las tareas principales de nuestros días
historia la hacían un puñado
de nobles y pequeños grupos de intelectuales burgueses, en tanto que las masas
de obreros y campesinos permanecían amodorradas o dormidas. En virtud de eso,
la historia sólo podía transcurrir a la sazón con una lentitud espantosa.
Hoy, el capitalismo ha
elevado a un nivel muchísimo más alto la cultura en general y la cultura de las
masas en particular. Con sus inauditos horrores y sufrimientos, la guerra ha
sacudido a las masas, las ha despertado. La guerra ha dado un impulso a la
historia, que avanza en nuestros días con la velocidad de una locomotora. La
historia la hacen ahora millones y decenas de millones de hombres. El capital
ha madurado ahora para el socialismo.
Por tanto, si Rusia marcha
hoy y —eso es indiscutible — de una paz de “Tilsit” al resurgimiento nacional,
a la gran guerra patria la salida para ese resurgimiento no es la que conduce
al Estado burgués, sino la que lleva a la revolución socialista internacional.
Somos defensistas desde el 25 de octubre de 1917. Somos partidarios de “la
defensa de la patria”; pero la guerra patria hacia la que nos encaminamos es
una guerra la patria socialista, por el socialismo como patria una guerra por
la República Soviética como destacamento
del ejército mundial del socialismo.
“¡Odia al alemán, muera el alemán!”: tal ha sido y sigue siendo
la consigna del patriotismo
corriente, es decir, del patriotismo burgués. Pero nosotros
diremos: “¡Odia a los bandidos
imperialistas, odia al
capitalismo, muera el capitalismo!” Y al mismo tiempo: “¡Aprende del alemán!
¡Sé fiel a la alianza fraternal con los obreros alemanes! Se han retrasado en
acudir en nuestra ayuda. Pero nosotros ganaremos tiempo, los esperaremos, y ellos
vendrán en nuestra ayuda”.
Sí, ¡aprende del alemán! La
historia hace zigzags y da rodeos. Las cosas han ocurrido de manera que son
precisamente los alemanes quienes encarnan hoy, al mismo tiempo que un
imperialismo feroz, los principios de la disciplina, de la organización, de la colaboración
metódica que se basa en la industria mecanizada más moderna, un control y una
contabilidad rigurosísimos.
Y eso es precisamente lo que
nos falta. Eso es precisamente lo que tenemos que aprender. Eso es precisamente
lo que necesita nuestra gran revolución para poder pasar, a través de una serie
de duras pruebas, del comienzo triunfal al final victorioso. Eso es
precisamente lo que necesita la República Socialista Soviética de Rusia para
dejar de ser mísera e impotente, para convertirse en vigorosa y opulenta por
siempre.
11 de marzo de 1918.
Publicado el 12 de
marzo de 1918 en el núm. 46 de “Izvestia del CEC de toda Rusia”.
T. 36, págs. 78-82.
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
26
IV CONGRESO EXTRAORDINARIO DE LOS
SOVIETS DE TODA RUSIA.
14-16 de marzo de
1918.
1. Proyecto de
resolución sobre el mensaje de Wilson.
El congreso expresa al
pueblo norteamericano, en primer lugar a las clases trabajadoras y explotadas
de Estados Unidos de América, su agradecimiento por el mensaje de simpatía que
el presidente Wilson ha hecho llegar al pueblo ruso por el conducto del congreso
de los Soviets en días de duras pruebas para la República Socialista Soviética
de Rusia.
Convertida en país neutral,
la República Soviética de Rusia aprovecha el mensaje del presidente Wilson para
expresar a todos los pueblos que sufren y perecen a causa de los horrores de la
guerra imperialista su profunda simpatía y su firme convicción de que no está
lejano el día feliz en que las masas trabajadoras de todos los países burgueses
se sacudan el yugo del capital e instauren la organización socialista de la
sociedad, única capaz de asegurar una paz justa y duradera, así como la cultura
y el bienestar para todos los trabajadores.
Escrito el 14 de marzo de 1918. Publicado el 15 de marzo de 1918
en el núm. 48 de “Izvestia del CEC de toda Rusia”.
T. 36, págs. 91.
2. Informe sobre la
ratificación del tratado de paz, 14 de marzo.
Camaradas: Hoy debernos
resolver un problema que implica un viraje en el desarrollo de la revolución
rusa, y no sólo rusa, sino internacional; y para resolver con acierto el
problema de la gravosísima paz que han concertado los representantes del Poder
soviético en Brest-Litovsk y que el Poder soviético propone aprobar, es decir,
ratificar; para resolver con acierto este problema lo que más necesitamos es
comprender el sentido histórico del viraje que debemos dar, comprender en qué
ha consistido la peculiaridad principal del desarrollo de la revolución hasta
ahora y en qué consiste la causa fundamental de la penosa derrota y de la época
de duras pruebas que hemos pasado.
Me parece que la fuente
principal de las discrepancias en torno a esta cuestión entre los partidos
soviéticos consiste, precisamente, en que algunos se dejan llevar demasiado por
un sentimiento de legítima y justa indignación con motivo de la derrota de la
República Soviética por el imperialismo; a veces se dejan llevar demasiado de
la desesperación, y en lugar de tener en cuenta las condiciones históricas del
desarrollo de la revolución tal y como se dieron antes de la presente paz y tal
y como se nos presentan ahora a nosotros después de la paz, intentan dar una
respuesta sobre la táctica de la revolución basándose en los sentimientos
espontáneos. Pero la experiencia de todas las historias de las revoluciones nos
enseña que cuando se trata de cualquier movimiento de masas o de una lucha
entre las clases, sobre todo como la actual, que no se desarrolla únicamente en
un solo país aunque sea inmenso, sino que abarca todas las relaciones
internacionales, es preciso basar nuestra táctica, ante todo y sobre todo, en
la situación objetiva, analizar cuál ha sido hasta ahora el curso la
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
revolución y por qué ha
cambiado de manera tan amenazadora, brusca y desfavorable para nosotros.
Si examinamos desde este punto de vista el desarrollo de nuestra
revolución, veremos con claridad que ha atravesado hasta ahora un período de
independencia relativa y aparente en grado considerable, de independencia
temporal de las relaciones internacionales. El camino seguido por nuestra
revolución desde fines de febrero de 1917 hasta el 11 de febrero del año
actual, día en que empezó la ofensiva alemana, ha sido en general un camino de
victorias fáciles y rápidas. Si examinar el desarrollo de esta revolución a
escala internacional, desde el punto de vista únicamente de la revolución rusa,
veremos que durante ese año hemos vivido tres períodos. Durante el primer
período, la clase obrera de Rusia y cuanto de avanzado, consciente y puesto en
movimiento había en el campesinado barrieron en unos cuantos días la monarquía
con el apoyo no sólo de la pequeña burguesía, sino también de la gran
burguesía. Este éxito vertiginoso se explica, por una parte, porque el pueblo
ruso extrajo de la experiencia de 1905 una gigantesca reserva de combatividad
revolucionaria y, por otra, porque Rusia, país singularmente atrasado, sufrió
de modo especial a causa de la guerra y se encontró con rapidez particular
imposibilitada por completo para continuar esta guerra bajo el viejo régimen.
27
El corto período de éxito
impetuoso en que se creó la nueva organización —la organización de los Soviets
de diputados obreros, soldados y campesinos—, fue seguido para nuestra
revolución por largos meses del período de transición, el período durante el cual
el poder de la burguesía, minado en el acto por los Soviets, era sostenido y
fortalecido por los partidos conciliadores pequeñoburgueses, los mencheviques y
eseristas que respaldaban ese poder. Era un poder que apoyaban la guerra
imperialista y los tratados secretos imperialistas, que alimentaba de promesas
a la clase obrera, un poder que no hacía absolutamente nada y mantenía el
desbarajuste económico. En ese período largo para nosotros, para la revolución
rusa, acumularon fuerzas los Soviets; fue un período largo para la revolución
rusa y corto desde el punto de vista de la revolución internacional porque, en
la mayoría de los países centrales, el período de superación de las ilusiones
pequeñoburguesas, el período de la política conciliadora de los diversos
partidos, fracciones y matices no duró meses, sino largos, larguísimos
decenios; este período, desde el 20 de abril hasta la reanudación, en junio, de
la guerra imperialista por Kerenski, que llevaba en el bolsillo el tratado
secreto imperialista, desempeñó un papel decisivo. Durante ese período pasamos
por la derrota de julio y la korniloviada, sólo basándonos en la experiencia de
la lucha de las masas, sólo cuando las grandes masas de obreros y campesinos
vieron, no por las prédicas, sino por su propia experiencia, toda la
esterilidad de la política conciliadora pequeñoburguesa, sólo entonces, después
de un largo desarrollo político, después de una larga preparación y de cambios
en el estado de ánimo y en los puntos de vista de las agrupaciones de partidos,
se creó la base para la Revolución de Octubre. Y llegó el tercer período de la
revolución rusa en su primera fase, apartada o temporalmente separada de la
revolución mundial.
Este tercer período, el de
octubre, fue el período de organización, el más difícil y, al mismo tiempo, el
de los triunfos más importantes y rápidos. A partir de octubre, nuestra
revolución, que puso el poder en manos del proletariado revolucionario, implantó
la dictadura de éste y le aseguró el apoyo de la inmensa mayoría de los
proletarios y de los campesinos pobres; a partir de octubre, nuestra revolución
avanzó victoriosa, en marcha triunfal. En todos los confines de Rusia comenzó
la guerra civil en forma de resistencia de los explotadores, de los
terratenientes y la burguesía apoyados por una parte de la burguesía
imperialista.
Empezó la guerra civil. Y en
esta guerra civil, las fuerzas de los enemigos del Poder soviético, las fuerzas
de los enemigos de las masas trabajadoras y explotadas resultaron ser
insignificantes; la guerra civil fue un triunfo continuo del Poder soviético
porque sus enemigos, los explotadores, los terratenientes y la burguesía,
carecían de todo apoyo político
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
y económico y su ataque
fracasó. La lucha contra ellos consistió no tanto en acciones militares como en
agitación; sector tras sector, masas tras masas, hasta los cosacos trabajadores
fueron desembarazándose de los explotadores que intentaban apártalos del Poder
soviético.
Este período de marcha
victoriosa, triunfal, de la dictadura del proletariado y del Poder soviético,
en el que este último conquistó de modo absoluto, decidido e irrevocable a
gigantescas masas de trabajadores y explotados de Rusia, fue el punto último y
superior del desarrollo de la revolución rusa que, durante todo ese tiempo,
parecía avanzar independientemente del imperialismo internacional. Esa fue la
causa de que el país más atrasado y más preparado para la revolución por la
experiencia de 1905 promoviera al poder tan rápida, fácil, y metódicamente a
una clase tras otra, superando distintas combinaciones políticas, y, por
último, llegara a la combinación política que representaba la última palabra
tanto de la revolución rusa como de las revoluciones obreras de Europa
Occidental. Porque el Poder soviético se afianzó en Rusia y se ganó las
simpatías inextinguibles de los trabajadores y explotados debido a que destruyó
la vieja máquina de opresión, el viejo poder del Estado; debido a que creó
desde la base un tipo de Estado nuevo y superior, como el que fue en germen la
Comuna de París, la cual derribó la vieja máquina y puso en su lugar directa—
mente la fuerza armada de las masas, sustituyendo la democracia parlamentaria
burguesa con la democracia de las masas trabajadoras, excluyendo a los
explotadores y aplastando con regularidad la resistencia de estos últimos.
He ahí lo que hizo la
revolución rusa en ese período. He ahí el motivo de que en una pequeña
vanguardia de la revolución rusa se creara la impresión de que esta marcha
triunfal, este rápido avance de la revolución rusa podía contar con la victoria
consecutiva. Y en eso consistía el error, pues el período en que se
desarrollaba la revolución rusa, haciendo pasar el poder de una clase a otra y
acabando con la conciliación de las clases en los límites sólo de Rusia, ese
período pudo existir desde el punto de vista histórico únicamente porque las
más gigantescas fieras voraces del imperialismo mundial habían sido detenidas
temporalmente en su ofensiva contra el Poder soviético. Una revolución que en
unos cuantos días había derrocado la monarquía, que en unos cuantos meses había
agotado todos los intentos de conciliación con la burguesía y que en unas
cuantas semanas había vencido en la guerra civil toda la resistencia de la
burguesía; una revolución así, la revolución de la república socialista, pudo
existir entre las potencias imperialistas, rodeada de fieras voraces, al lado
de las fieras del imperialismo mundial, únicamente porque la burguesía,
empeñada en una lucha intestina a muerte, se encontraba paralizada en su
ofensiva contra Rusia.
28
Y empezó el período que no podemos menos de sentir de modo tan
patente y tan penoso; un período de durísimas derrotas, de durísimas pruebas
para la revolución rusa; un período en el que, en lugar de una ofensiva franca,
directa y rápida contra los enemigos de la revolución, tenemos que sufrir
durísimas derrotas y replegarnos ante una fuerza incomparablemente mayor que la
nuestra: ante la fuerza del imperialismo y del capital financiero
internacionales, ante la fuerza del poderío militar, que toda la burguesía, con
su técnica moderna y su organización, ha agrupado contra nosotros con el
propósito de saquear, oprimir y ahogar a las naciones pequeñas. Hemos tenido
que pensar en equilibrar las fuerzas, nos hemos visto ante una tarea
infinitamente difícil, hemos tenido que hacer frente, en la pelea directa, no a
un enemigo como Románov y Kerenski, que no pueden ser tomados en serio, sino a
las fuerzas de la burguesía internacional con todo su poderío bélico
imperialista, hemos tenido que luchar cara a cara con los buitres mundiales. Y
es comprensible que, al retrasarse la ayuda del proletariado socialista
internacional, hayamos tenido que resistir solos este choque y sufrir una
durísima derrota.
Es ésta una época de duras
derrotas, una época de repliegues, una época en la que debemos salvar, por lo
menos, una pequeña parte de las posiciones, retrocediendo ante el
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
imperialismo, esperando el
momento en que cambien las condiciones internacionales en general, en que
acudan en nuestra ayuda las fuerzas del proletariado europeo; unas fuerzas que
existen, que maduran y que no han podido deshacerse de su enemigo con tanta
facilidad como nosotros, pues sería la mayor de las ilusiones y el mayor de los
errores olvidar que a la revolución rusa le fue fácil empezar y le es difícil
seguir adelante. Era inevitable que ocurriera así porque hubimos de empezar por
el régimen político más podrido y atrasado. La revolución europea tiene que
empezar por la burguesía, tiene que habérselas con un enemigo increíblemente
más serio, en condiciones incomparablemente más difíciles A la revolución
europea le será muchísimo más difícil empezar. Vemos que le es
incomparablemente más difícil abrir la primera brecha en el régimen que la
aplasta. A la revolución europea le será mucho más fácil pasar a sus etapas
segunda y tercera. Y no puede ser de otra manera, dada la correlación de
fuerzas que existe actualmente en la palestra internacional entre las clases
revolucionarias y las reaccionarias. Ese es el viraje fundamental que pierden
de vista en todo momento quienes enfocan la situación actual, la situación
extraordinariamente grave de la revolución desde el punto de vista de los
sentimientos y de la indignación, y no desde el punto de vista histórico.
La experiencia de la
historia nos muestra que siempre, en todas las revoluciones — durante el
período en que la revolución experimentaba un cambio brusco y pasaba de las
rápidas victorias al período de duras derrotas — llegaba una etapa de frases
seudorrevolucionarias que causaron siempre el mayor daño al desarrollo de la
revolución. Pues bien, camaradas, sólo estaremos en condiciones de apreciar
acertadamente nuestra táctica si nos planteamos la tarea de tener en cuenta el
viraje que nos ha hecho pasar de las victorias completas, fáciles y rápidas a
las duras derrotas. Esta cuestión, infinitamente difícil e infinitamente grave,
es resultado del viraje en el desarrollo de la revolución en el momento actual
—de las victorias fáciles en el interior a las derrotas extraordinariamente
duras en el exterior— y representa un viraje en toda la revolución mundial, un
viraje de la época de la labor de agitación y propaganda de la revolución rusa,
con una actitud de espera del imperialismo, a las acciones ofensivas del imperialismo
contra el Poder soviético. Y ello plantea el problema con especiales gravedad y
agudeza ante todo el movimiento internacional de Europa Occidental. Si no
olvidamos este momento histórico, deberemos comprender cómo se ha determinado
el grupo fundamental de los intereses de Rusia en el problema de la gravosísima
paz actual, de la llamada paz indecorosa.
En la polémica con los que
negaban la necesidad de aceptar esta paz he oído más de una vez que el punto de
vista de la firma de la paz expresa únicamente los intereses de las masas
campesinas cansadas, de los soldados desclasados, etc., etc. Y siempre que oía
esas alusiones y esas indicaciones me sorprendía de cómo olvidan los camaradas,
hombres que rebuscan sus argumentos con excepcional minuciosidad, el enfoque
clasista del desarrollo nacional. Como si el partido del proletariado que ha
tomado el poder, no calculara de antemano que sólo la alianza del proletariado
y del semiproletariado, es decir, de los campesinos pobres, o sea de la mayoría
del campesinado de Rusia; que sólo semejante alianza está en condiciones de dar
el poder en Rusia al poder revolución de los Soviets —a la mayoría, a la
verdadera mayoría del pueblo-; que sin ello es inconcebible todo intento de
implantar el poder, sobre todo en los difíciles virajes de la historia.
Presentan las cosas como si fuera posible desembarazarse ahora de esta verdad,
reconocida por todos nosotros, y salir del paso alegando despectivamente el
cansancio de los campesinos y de los soldado desclasados. Por lo que se refiere
al cansancio del campesinado y de los soldados desclasados, debemos decir que
el país admitirá la resistencia, que los campesinos pobres podrán ofrecer
resistencia únicamente en la medida en que sean capaces de orientar sus fuerzas
a la lucha.
29
Cuando tomamos el poder en octubre,
estaba claro que el desarrollo de los acontecimientos llevaba a ello
indefectiblemente, que el viraje de los Soviets hacia el bolchevismo
significaba
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
un viraje en todo el país,
que el poder del bolchevismo era inevitable. Cuando, conscientes de ello, nos
lanzamos en octubre a la conquista del poder, nos dijimos a nosotros mismos y
dijimos a todo el pueblo con absoluta claridad y precisión que se trataba del
paso del poder a manos del proletariado y de los campesinos pobres, que el
proletariado sabía que los campesinos lo apoyarían; vosotros mismos sabéis en
qué lo apoyarían en su activa lucha por la paz, en su disposición a proseguir
el combate contra el gran capital financiero. En eso no nos equivocamos, y
nadie que se mantenga, por poco que sea, en los límites de las fuerzas de clase
y de las relaciones de clase podrá abstraerse de la verdad indudable de que no
podemos pedir a un país de pequeños campesinos, que tanto ha hecho para la
revolución europea y mundial, que sostenga la lucha en condiciones tan duras,
las más duras, cuando el proletariado de Europa Occidental acude, sin duda en
nuestra ayuda — como lo demuestran los hechos, las huelgas, etc.—, pero esa
ayuda indudablemente, se retrasa. Por eso digo que semejante alusiones al
cansancio de las masas campesinas, etc., son simplemente resultado de la falta
de argumentos y de la impotencia completa de quienes recurren a esos
argumentos, testimonian la imposibilidad absoluta por su parte de abarcar todas
las relaciones de clase en su conjunto, en su escala general: de la revolución
del proletariado y de la masa del campesinado. Sólo si apreciamos en cada
viraje brusco de la historia la correlación de las clases en su conjunto, de
todas las clases, y no tomamos ejemplos aislados y casos aislados, sentiremos
que nos apoyamos firmemente en el análisis de los hechos probables. Comprendo
muy bien que la burguesía rusa nos empuja a una guerra revolucionaria, nos
empuja en un momento en que la guerra es completamente imposible para nosotros.
Así lo exigen los intereses de clase de la burguesía.
Cuando gritan “paz
indecorosa”, sin decir una palabra de quién ha llevado al ejército a esa
situación, comprendo perfectamente que son la burguesía y los de Dielo Naroda, los mencheviques de
Tsereteli31 los adeptos de Chernov32 y sus voceros (Aplausos),
comprendo perfectamente que es la burguesía la que habla a gritos de la guerra
revolucionaria. Así lo requieren sus intereses de clase, así lo requieren sus
anhelos de que el Poder soviético dé un paso en falso. Eso es comprensible en
gentes que, de una parte, llenan las páginas de sus periódicos con escritos
contrarrevolucionarios... (Voces:
“¡Los habéis clausurado todos!”) Por desgracia, no todos aún, pero los
clausuraremos todos. (Aplausos.) Me
gustaría ver un proletariado que permitiese a los contrarrevolucionarios, a los
partidarios de la burguesía y a los conciliadores con ella seguir aprovechando
el monopolio de las riquezas para embaucar al pueblo con su opio burgués. Ese
proletariado no ha existido nunca. (Aplausos.)
Comprendo perfectamente que,
desde las páginas de semejantes publicación se lancen sin cesar aullidos,
chillidos y gritos contra la paz indecorosa; comprendo perfectamente que sean
partidarios de esa guerra revolucionaria hombres que, al mismo tiempo, desde
los democonstitucionalistas33
hasta los eseristas de derecha, salen a recibir a los alemanes
![]()
31 Mencheviques: corriente oportunista de la
socialdemocracia de Rusia que se formó en 1903 en el II Congreso del POSDR y
luego se constituyó en partido de los mencheviques. Después de la revolución
democrática burguesa de febrero de1917 los mencheviques apoyaban la política
del Gobierno Provisional burgués y formaban parte de él. Después de la
Revolución Socialista de Octubre de 1917, los mencheviques se pronunciaron en
contra de concluir la paz con Alemania y en pro de continuar la guerra
imperialista. En la guerra civil de 1918-1920, parte de los mencheviques
participaron en la lucha contrarrevolucionaria que se hacía al pueblo
soviético.
Tsereteli fue uno de los líderes de los mencheviques
32
Adeptos de Chemov: socialistas-revolucionarios
(eseristas); Chernov fue uno de los líderes del partido de los
socialistas-revolucionarios. Este partido se formó en 1901-1902 y combatía al
zarismo con los métodos del terrorismo individual.
Después de la revolución democrática burguesa de 1917, los
eseristas formaron parte del Gobierno Provisional burgués y apoyaron su
política. Después de la Revolución Socialista de Octubre de 1917, se
pronunciaron en contra de concertar la paz con Alemania y en pro de continuar
la guerra imperialista. Los líderes de los eseristas organizaban la lucha
contrarrevolucionaria frente al pueblo soviético en 1918-1920
33 Democonstitucionalistas: miembros del Partido Demócrata
Constitucionalista, partido principal de la burguesía liberal rusa fundado en
1905.
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
durante su ofensiva, dicen solemnemente: “¡Aquí están los
alemanes!” y dejan que sus oficiales luzcan de nuevo las charreteras en los
lugares ocupados por la invasión del imperialismo alemán. Sí, no me sorprende
lo más mínimo que esos burgueses, esos conciliadores prediquen la guerra
revolucionaria. Quieren que el Poder soviético caiga en una trampa. Esos
burgueses y conciliadores han mostrado de lo que son capaces. Los hemos visto y
los vemos actuar; sabemos que en Ucrania, los Kerenski ucranianos, los Chernov
ucranianos y los Tsereteli ucranianos son los señores Vinnichenko. Estos
señores, los Kerenski, los Chernov y los Tsereteli ucranianos han ocultado al
pueblo la paz que concertaron con los imperialistas alemanes y ahora, con ayuda
de las bayonetas alemanas, intentan derribar el Poder soviético en Ucrania. Ahí
tenéis lo que han hecho esos burgueses y esos conciliadores y sus secuaces. (Aplausos. ) Ahí tenéis lo que han hecho
esos burgueses y conciliadores ucranianos, cuyo ejemplo podemos ver con nuestros
propios ojos; esos burgueses y conciliadores que han ocultado y ocultan al
pueblo sus tratados secretos y que se lanzan con las bayonetas alemanas contra
el Poder soviético. Ahí tenéis lo que quiere la burguesía rusa, adónde empujan
consciente o inconscientemente los voceros de la burguesía: saben que el Poder
soviético en modo alguno puede aceptar la guerra imperialista contra un
imperialismo poderoso. De ahí que sólo en esta situación internacional, sólo en
esta situación general de las clases podamos comprender en toda su profundidad
el error de quienes, a semejanza del partido de los eseristas de izquierda, se
han dejado arrastrar por una teoría, corriente en todas las historias de las
revoluciones en los momentos difíciles, compuesta a partes iguales de
desesperación y frases hueras; esa teoría consiste en exhortaros a resolver un
serio y dificilísimo problema bajo la presión de los sentimientos sólo desde el
punto de vista de los sentimientos, en vez de mirar serenamente a la realidad y
de apreciar desde el punto de vista de las fuerzas de clase la tareas de la
revolución respecto a los enemigos interiores y exteriores. La paz es
increíblemente dura y vergonzosa. Yo mismo, en mis declaraciones y discursos,
la he calificado más de una vez de paz de Tilsit, recordando la paz que el
conquistador Napoleón impuso a los pueblos prusiano y alemán después de una
serie de durísimas derrotas.
30
Sí, esa paz representa una
durísima derrota y humilla al Poder soviético; pero al apelar al sentimiento,
al fomentar la indignación e intentar resolver un grandioso problema histórico,
basándonos en eso y limitándonos a eso, caemos en la ridícula y lamentable
posición en que se encontró ya en una ocasión todo el partido eserista (Aplausos), cuando en 1907, en usa
situación algo semejante en ciertos aspectos, apeló de la misma manera al
sentimiento de los revolucionarios; cuando Stolypin, tras la durísima derrota
de nuestra revolución en 1906 y 1907, nos impuso las leyes de la III Duma,
condiciones vergonzosas y duras en extremo para laborar en una de las más
repugnantes instituciones representativas; cuando nuestro partido, después de
una pequeña vacilación en su seno (las vacilaciones sobre esta cuestión fueron
entonces mayores que ahora), decidió que no teníamos derecho a dejarnos
arrastrar por los sentimientos, que, por grandes que fueran nuestra indignación
y nuestra irritación contra la vergonzosísima III Duma, debíamos reconocer que
no era una casualidad, sino una necesidad histórica de la lucha de las clases
en desarrollo, la cual no tenía fuerzas suficientes para seguir adelante y las
reuniría incluso en esas vergonzosas condiciones que se nos imponían. Resultó
que teníamos razón. Quienes intentaron arrastrar con la frase revolucionaria,
con la justicia, por cuanto expresaba un sentimiento tres veces legítimo,
recibieron una lección que no olvidará ningún revolucionario capaz de pensar y
reflexionar.
![]()
Después de la Revolución de
Febrero de 1917, los democonstitucionalistas, que entraron en el Gobierno
Provisional burgués, lucharon contra el movimiento revolucionario de los
obreros y los campesinos; defendieron la propiedad terrateniente e intentaron obligar
al pueblo a proseguir la guerra imperialista. Después de la victoria de la
Revolución Socialista de Octubre de 1917, los democonstitucionalistas iban a la
cabeza de la contrarrevolución que había organizado la lucha armada contra la
Rusia Soviética
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
Las revoluciones no se
desarrollan tan llanamente que puedan asegurarnos un auge rápido y fácil. No ha
habido una sola gran revolución, ni siquiera en el marco nacional, que no haya
conocido un duro período de derrotas. Ante la seria cuestión de los movimientos
de masas, de las revoluciones en desarrollo, no cabe declarar la paz indecorosa
y humillante para que el revolucionario no pueda aceptarla; no basta con
pronunciar frases de agitación y cubrirnos de reproches con motivo de esta paz:
eso es el abecé evidente de la revolución, una experiencia evidente de todas
las revoluciones. Recordemos nuestra experiencia desde 1905
—y si somos ricos era algo, si a la clase obrera y a los
campesinos pobres de Rusia les ha correspondido el dificilísimo y honrosísimo
papel de iniciar la revolución socialista internacional, ello se debe
precisamente a que el pueblo ruso consiguió, gracias a una concurrencia
especial de circunstancias históricas, hacer dos grandes revoluciones a
comienzos del siglo XX-: hay que estudiar la experiencia de esas revoluciones,
hay que saber comprender que sólo teniendo en cuenta los cambios en las
correlaciones de los vínculos de clase de un Estado con otro se puede afirmar a
ciencia cierta que no estamos en condiciones de aceptar hoy el combate. Debemos
tenerlo en cuenta y decirnos: cualquiera que sea la tregua, por efímera, breve,
dura y humillante que sea la paz, es mejor que la guerra, ya que permite dar un
respiro a las masas populares, ya que permite corregir lo que hizo la
burguesía, la cual grita ahora en todas partes donde puede hacerlo, sobre todo
bajo la protección de los alemanes en las regiones ocupadas. (Aplausos.)
La burguesía grita que son los bolcheviques quienes han
descompuesto el ejército, que no hay ejército, y que la culpa de ello la tienen
los bolcheviques; pero miremos al pasado, camaradas, miremos, sobre todo, al
desarrollo de nuestra revolución. ¿Acaso no sabéis que la huida y la
descomposición de nuestro ejército empezaron mucho antes de la revolución, ya
en 1916, y que cuantos hayan visto el ejército deben reconocerlo así? ¿Y qué
hizo nuestra burguesía para impedirlo? ¿No está claro que la única probabilidad
de salvarse de los imperialistas se encontraba entonces en sus manos, que esa
probabilidad se presentó en marzo y abril, cuando las organizaciones de los
Soviets podían tomar el poder simplemente alzando la mano contra la burguesía?
Si los Soviets hubieran tomado entonces el poder, si los intelectuales
burgueses y pequeñoburgueses, con los eseristas y los mencheviques, en vez de
ayudar a Kerenski a engañar al pueblo, a ocultar los tratados secretos y a
llevar el ejército a la ofensiva, hubieran acudido en ayuda del ejército,
abasteciéndolo de armamento y de víveres, obligando a la burguesía a ayudar a
la patria con el concurso de todos los intelectuales, no a la patria de los
mercaderes, no a la patria de los tratado que contribuyen a exterminar al pueblo
(Aplausos); si los Soviets, obligando
a la burguesía a ayudar a la patria de los trabajadores, de los obreros,
hubieran prestado su concurso al ejército desnudo, descalzo y hambriento; si
hubieran hecho eso, habríamos tenido, quizá, un periodo de diez meses,
suficiente para dar al ejército un respiro y un apoyo unánime, a fin de que,
sin dar un paso atrás en el frente, propusiera la paz democrática general,
rompiendo los tratados secretos, pero manteniéndose en el frente, sin
retroceder un solo paso. En eso residía la oportunidad de paz que concedían y
apoyaban los obreros y los campesinos. Era la táctica de defensa de la patria,
no de la patria de los Románov, los Kerenski y los Chernov, la patria de los
tratados secretos, la patria de la burguesía venal, sino la patria de las masas
trabajadoras. Ahí tenéis quiénes han llevado a que el paso de la guerra a la
revolución y de la revolución rusa al socialismo internacional vaya acompañado
de pruebas tan duras. Ahí tenéis por qué suena como una frase tan huera la
propuesta de la guerra revolucionaria cuando sabemos que no tenemos ejército,
cuando sabemos que era imposible retener al ejército, y quienes estaban al
tanto de las cosas no podían dejar de ver que nuestra orden dedesmovilización
no era una fantasía, sino un resultado de la necesidad evidente, de la simple
imposibilidad de retener al ejército. Era imposible retener al ejército.
31
Y tenía razón aquel militar, no
bolchevique, que decía ya antes de la Revolución de Octubre que el ejército no
podía combatir y no combatiría. Ahí tenéis a lo que han conducido los
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
meses de tira y afloja con
la burguesía y todos los discursos en torno a la necesidad de continuar la
guerra; por muy nobles que fueran los sentimientos que hacían hablar así a
muchos revolucionarios, o a unos pocos revolucionarios, resultaron frases revolucionarias
vacías que ayudaban al imperialismo internacional a seguir saqueando tanto y
más de lo que había saquea lo después de nuestro error táctico o diplomático:
después de la negativa a firmar el tratado de Brest. Cuando decíamos a quienes
estaban en contra de que firmásemos la paz que si la tregua fuera más o menos
prolongada comprenderían que los intereses del saneamiento del ejército, los
intereses de las masas trabajadoras estaban por encima de todo y que la paz
debía ser firmada en aras de eso, nos respondían que no podía haber tregua.
Pero nuestra revolución se ha distinguido de todas las
revoluciones anteriores precisamente en que ha impulsado el afán de
construcción y de creación en las masas, en que las masas trabajadoras de las
aldeas más remotas —humilladas, aplastadas y oprimidas por los zares, los
terratenientes y la burguesía— se han puesto en pie, y este período de la
revolución termina sólo ahora, cuando se realiza la revolución en el campo, que
está organizando la vida con bases nuevas. Y en aras de esa tregua, por corta y
pequeña que sea, teníamos la obligación de firmar dicho tratado, si colocamos
los intereses de las masas trabajadoras por encima de los intereses de los
espadones burgueses, que blanden las armas y nos llaman al combate. He ahí lo
que enseña la revolución. La revolución enseña que cuando cometemos errores
diplomáticos, cuando suponemos que los obreros alemanes acudirán mañana en
nuestra ayuda, con la esperanza de que Liebknecht vencerá ahora mismo —y
nosotros sabemos que de uno u otro modo Liebknecht vencerá, ello es inevitable
en el desarrollo del movimiento obrero (Aplausos)—,
eso significa que las consignas revolucionarias del difícil movimiento
socialista, si se deja uno arrastrar por ellas, se convierten en una frase
huera. Y ni un solo representante de los trabajadores, ni un solo obrero
honrado se negará a hacer los mayores sacrificios para ayudar al movimiento
socialista de Alemania, porque durante todo este tiempo ha aprendido en el
frente a distinguir entre los imperialistas alemanes y los soldados, torturados
por la disciplina alemana y simpatizantes nuestros en su mayor parte. Por eso
digo que la revolución rusa ha corregido en la práctica nuestro error, lo ha
corregido con esta tregua. Según todos los indicios, será muy corta, pero
tenemos la probabilidad, por lo menos, de una brevísima tregua para que el
ejército, extenuado y hambriento, adquiera conciencia de que se le da la
posibilidad de descansar. Está claro para nosotros que ha terminado el período
de las viejas guerras imperialistas y que amenazan nuevos horrores del comienzo
de nuevas guerras; pero los períodos de esas guerras existieron en muchas
épocas históricas, adquiriendo el mayor enconamiento en vísperas de su
terminación. Y hace falta que se comprenda eso no sólo en los mítines de Petrogrado
y Moscú; hace falta que lo comprendan en las aldeas decenas y decenas de
millones de personas; hace falta que la parte más aleccionada de los
campesinos, al volver del frente después de haber sufrido todos los horrores de
la guerra, ayude a comprenderlo y que la inmensa masa de campesinos y de
obreros se convenza de la necesidad del frente revolucionario y diga que hemos
procedido con acierto.
Se nos dice, ¡oh, qué
vergüenza!, que hemos traicionado a Ucrania y Finlandia. Pero se ha creado una
situación en la que estamos cortados de Finlandia, con la que habíamos
concertado antes de la revolución un tratado tácito y hemos firmado ahora un
tratado formal. Se nos dice que entregamos Ucrania, a la que van a hundir
Chernov, Kerenski y Tsereteli; se nos dice: ¡Traidores, habéis traicionado a
Ucrania! Yo digo: camaradas, he visto demasiadas cosas en la historia de la
revolución para que puedan turbarme las miradas de hostilidad y los gritos de
hombres que se dejan dominar por el sentimiento y son incapaces de razonar. Os
citaré un sencillo ejemplo. Imaginaos que dos amigos caminan de noche y son
atacados súbitamente por diez hombres. Si estos miserables rodean y aíslan a
uno de ellos, ¿qué le queda al otro? No puede acudir en su ayuda; y si huye,
¿es acaso un traidor? Mas figuraos que no se trata de individuos o de esferas
en las que se resuelven cuestiones de
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
sentimiento natural, sino
que se encuentran cinco ejércitos de cien mil hombres cada uno y cercan a un
ejército de doscientos mil hombres, en ayuda del cual debe acudir otro
ejército. Pero si este último ejército sabe que caerá ineludiblemente en una
trampa, debe retroceder; no puede dejar de retroceder, incluso en el caso de
que para cubrir la retirada sea preciso firmar una paz indecorosa, mala,
calificadla como queráis, pero, de todos modos, será necesario firmarla. No se
puede tomar en consideración el sentimiento del duelista que desenvaina la
espada y dice: Debo morir porque me obligan a firmar una paz humillante. Sin
embargo, todos sabemos que, cualquiera que sea la decisión que toméis,
carecemos de ejército y algún gesto nos salvará de la necesidad de retroceder y
ganar tiempo para que el ejército pueda tomar aliento. Cuantos miren de cara a
la realidad y no se engañen a sí mismos con frases revolucionarias convendrán
en eso. Deben saber eso cuantos miren de cara a la realidad sin engañarse a sí
mismos con frases y gestos arrogantes.
32
Si sabemos eso, nuestro
deber revolucionario consiste en firmar el tratado, duro, archiduro y
expoliador, pues con ello conseguiremos una situación mejor para nosotros y
para nuestros los aliados. ¿Es que hemos salido perdiendo por haber firmado el
3 de marzo el tratado de paz? Cualquiera que desee enfocar las cosas desde el
punto de vista de las relaciones de masas, y no desde el punto de vista de un
hidalguillo duelista, comprenderá que aceptar la guerra y denominar
revolucionaria a esa guerra cuando se carece de ejército o se tiene únicamente
un resto enfermo de ejército significaría engañarse a sí mismo, hacer víctima
al pueblo del mayor engaño. Tenemos el deber de decir la verdad al pueblo: Sí,
la paz es durísima, Ucrania y Finlandia perecen; pero debemos aceptar esa paz,
y la aceptará toda la Rusia trabajadora consciente, porque conoce la verdad
desnuda, porque sabe lo que es la guerra, sabe que jugárselo todo a una carta,
confiando en que la revolución alemana estallará ahora mismo, es engañarse a sí
mismo. Con la firma de la paz hemos recibido lo que nuestros amigos finlandeses
recibieron de nosotros: una tregua, una ayuda, y no la muerte.
Conozco casos de la historia
de los pueblos en los que se firmó una paz muchísimo más expoliadora, en los
que la paz entregaba a merced del vencedor a pueblos llenos de vida. Comparemos
esta paz nuestra con la paz de Tilsit, que el conquistador victorioso impuso a
Prusia y Alemania. Fue una paz tan dura que, como consecuencia de ella, no sólo
se ocuparon todas las capitales de los Estados alemanes, no solo se arrojó a
los prusianos hasta Tilsit —lo que equivale a que se no arrojara a nosotros
hasta Omsk o Tomsk—,
Sino que Napoleón (y ello
constituye el mayor horror) obligo a los pueblos derrotados a facilitarle
tropas auxiliares para sus guerras. Y cuando, pese a todo, se creó una
situación en la que los pueblos alemanes hubieron de soportar el embate del
conquistador; cuando la época de las guerras revolucionarias de Francia dio
paso a la época de las guerras imperialistas de conquista, se puso de relieve
con toda claridad lo que no quieren comprender quienes, seducidos por las
frases hueras, presentan la firma de la paz como el hundimiento. Esa psicología
es comprensible desde el punto de vista del hidalguillo duelista, pero no desde
el punto de vista del obrero y el campesino. Este último ha cursado la dura
escuela de la guerra y ha aprendido a contar. Ha habido pruebas más duras, de
las que han salido airosos pueblos más atrasados. Ha habido una paz más dura, y
concluida por los alemanes, en una época en que no tenían ejército o le tenían
enfermo, como lo está el nuestro. Firmaron una durísima paz con Napoleón. Y esa
paz no significó el hundimiento de Alemania; antes al contrario, fue un viraje,
un acto de defensa nacional, de ascenso. También nosotros estamos en vísperas
de un viraje semejante y nos encontramos en condiciones análogas. Hay que mirar
a la verdad cara a cara y desechar las frases y peroratas hueras. Debemos decir
que, si es necesario, se debe firmar la paz. La guerra liberadora, la guerra de
clase, la guerra popular ocupará el puesto de la guerra napoleónica. El sistema
de guerras napoleónicas cambiará, la paz sustituirá a la guerra, la guerra
sustituirá a la paz, y cada nueva paz durísima ha derivado siempre en una
preparación más amplia para la guerra. El tratado
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
de paz más duro —el de
Tilsit— ha entrado en la historia como el punto de arranque hacia el período en
que el pueblo alemán iniciaba el viraje, retrocedía hasta Tilsit, hasta Rusia
pero, en realidad, ganaba tiempo, esperaba que la situación internacional, que
permitió en otra época triunfar a Napoleón —tan expoliador como ahora
Hohenzollern e Hindenburg—, a que esa situación cambiara, a que saneara la
conciencia del pueblo alemán, extenuado por decenios de guerras napoleónicas y
derrotas, a que el pueblo alemán resucitara a una nueva vida. He ahí lo que nos
enseña la historia, he ahí por qué constituyen un crimen la desesperación y las
frases hueras y todos dirán: Sí, se están acabando las viejas guerras
imperialistas. El viraje histórico ha comenzado.
Desde octubre, nuestra
revolución ha marchado de triunfo en triunfo; mas ahora han empezado tiempos
difíciles y para largo; no sabemos por cuánto tiempo, pero sí que será un
periodo largo y difícil de derrotas y repliegues, porque tal es la correlación
de fuerzas, porque con ese repliegue daremos al pueblo la posibilidad de
descansar. Daremos la posibilidad a cada obrero y cada campesino de asimilar la
verdad que le permitirá comprender que se acercan nuevas guerras de los voraces
imperialistas contra los pueblos oprimidos, comprender que debemos alzarnos en
defensa de la patria, ya que desde octubre somos defensistas. Desde el 25 de
octubre hemos proclamado abiertamente que somos partidarios de la defensa de la
patria, pues hoy tenemos esa patria, de la que hemos expulsado a los Kerenski y
los Chernov, pues hemos roto los tratados secretos y hemos aplastado a la
burguesía, por ahora mal, pero aprenderemos a hacerlo mejor.
Existe, camaradas, una
diferencia más importante aún entre la situación en que se encuentra el pueblo
ruso, que ha sufrido las más duras derrotas por parte de los conquistadores de
Alemania, y la situación en que se encontraba el pueblo alemán; existe una
grandísima diferencia, de la que es necesario hablar, aunque me he referido a
ella brevemente en la parte anterior de mi discurso. Camaradas, cuando el
pueblo alemán cayó, hace más de cien años, en el período de las más duras
guerras de conquista, en el período en que se vio obligado a retroceder y
firmar una paz vergonzosa tras otra, antes de que el pueblo alemán despertara,
la situación era la siguiente: el pueblo alemán era solamente débil y atrasado,
solamente así. No sólo tenía enfrente la fuerza militar y la potencia del
conquistador Napoleón; tenía enfrente un país que era superior a él en el
aspecto político y revolucionario, que era superior a Alemania en todos los
aspectos, que se había elevado infinitamente más que los otros países y había
dicho la última palabra. Ese país estaba muy por encima de un pueblo que
vegetaba sometido a los imperialistas y los terratenientes. Un pueblo que era,
repito, solamente débil y atrasado, supo aprender de las amargas lecciones y
ponerse en pie. Nosotros estamos en mejor situación: no somos solamente un
pueblo débil y atrasado, somos el pueblo que ha sabido —no por méritos
especiales o por predestinación histórica, sino en virtud de una concatenación
especial de circunstancias históricas— asumir el honor de enarbolar la bandera
de la revolución socialista internacional. (Aplausos.)
33
Sé muy bien, camaradas, y lo
he dicho claramente más de una vez, que esta bandera se encuentra en manos
débiles y que los obreros del país más atrasado no podrán sostenerla mientras
no acudan en su ayuda los obreros de todos los países avanzados. Las transformaciones
socialistas que hemos efectuado son en muchos aspectos imperfectas, débiles e
insuficientes; serán una indicación a los obreros avanzados de Europa
Occidental, los cuales se dirán: “Los rusos no han empezado como es debido la
obra que era preciso empezar”. Pero lo importante es que nuestro pueblo, en
comparación con el pueblo alemán, no es un pueblo solamente débil y solamente
atrasado, sino que es el pueblo que ha enarbolado la bandera de la revolución.
Si la burguesía de cualquier país llena todas las columnas de sus publicaciones
con calumnias a los bolcheviques, si en este terreno se funden las voces de la
prensa de los imperialistas de Francia, Inglaterra, Alemania, etc.,
recriminando a los bolcheviques, en cambio no existe un solo país donde se
puedan celebrar reuniones
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
obreras en las que los nombres y las consignas de nuestro poder
socialista susciten explosiones de indignación. (Una voz: “¡Eso es mentira!”) No, no es mentira, es verdad. Y
cualquiera que haya estado durante los últimos meses en Alemania, en Austria,
en Suiza y en Norteamérica os dirá que eso no es mentira, sino verdad; que los
obreros acogen con extraordinario entusiasmo los nombres y las consignas de los
representantes del Poder soviético en Rusia; que, a despecho de todas las
mentiras de la burguesía de Alemania, Francia, etc., las masas obreras han
comprendido que, por muy débiles que seamos, aquí, en Rusia, se está haciendo
realidad su propia causa. Sí, nuestro pueblo tiene que soportar el abrumador
peso con que ha cargado; pero un pueblo que ha sabido crear el Poder soviético
no puede sucumbir. Y lo repito: ningún socialista consciente, ningún obrero que
reflexione sobre la historia de la revolución puede discutir que, pese a todos
sus defectos —que conozco demasiado bien y aprecio perfectamente —, el Poder
soviético es un tipo Superior de Estado, es la continuación directa de la
Comuna de París. Ha subido un peldaño más que las otras revoluciones europeas,
y por eso no nos encontramos en condiciones tan graves como el pueblo alemán
hace cien años. El único recurso que les quedaba entonces a los oprimidos por
el régimen de la servidumbre era esperar que cambiara esa correlación de
fuerzas entre los expoliadores, aprovechar el conflicto y satisfacer las
exigencias del expoliador Napoleón, del expoliador Alejandro I, de los
expoliadores de la monarquía inglesa. Sin embargo, el pueblo alemán no sucumbió
de la paz de Tilsit. Nosotros, lo repito, estamos en mejores condiciones, pues
contamos con un grandísimo aliado en todos los países de Europa Occidental: el
proletariado socialista internacional, que está con nosotros, digan lo que
digan nuestros enemigos. (Aplausos.)
Sí a este aliado no le es fácil hacer oír su voz, como no nos fue fácil a
nosotros hacerlo hasta finales de febrero de 1917. Este aliado vive en la
clandestinidad, en las condiciones del presidio militar en que han sido
convertidos todos los países imperialistas, pero nos conoce y comprende nuestra
causa; le es difícil acudir en nuestra ayuda, y, por ello, las tropas
soviéticas necesitan mucho tiempo, mucha paciencia y duras pruebas para esperar
que llegue ese momento. Y nosotros aprovecharemos la menor oportunidad para
ganar tiempo, pues el tiempo obra a nuestro favor. Nuestra causa se fortalece,
las fuerzas de los imperialistas se debilitan y, cualesquiera que sean las
pruebas y las derrotas derivadas de la paz de “Tilsit”, emprendemos la táctica
del repliegue. Lo repito una vez más: no cabe la menor duda de que tanto el
proletariado consciente como los campesinos conscientes están con nosotros, y
no sólo sabremos atacar heroicamente, sino también replegarnos heroicamente;
esperaremos a que el proletariado socialista internacional acuda en nuestra
ayuda y empezaremos la segunda revolución socialista ya a escala mundial. (Aplausos.)
Publicado el 16 y 17 (3 y 4) de marzo de 1918 en los núms. 47 y 48 de
“Pravda” (“Sotsial— Demokrat”) .
T. 36, págs. 92-111.
3. Discurso
de resumen de la discusión del informe sobre la ratificación del tratado de
paz, 15 de marzo.
Camaradas: Si quisiera
encontrar una confirmación de lo dicho en mi primer discurso acerca del
carácter de la guerra revolucionaria que se nos propone, el informe del
representante de los eseristas de izquierda34 me
brindaría la confirmación mejor y más patente. Creo que lo
![]()
34 En el IV Congreso Extraordinario de los
Soviets pronunció un coinforme sobre la ratificación de la paz de Brest el
eserista de izquierda Kamkov, quien proponía renunciar a la concertación de la
paz y comenzar la denominada guerra revolucionaria.
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
más oportuno será que cite
su discurso según el acta taquigráfica y veremos qué argumentos aportan para
corroborar sus tesis. (Lee el acta
taquigráfica.)
34
Ahí tenéis una muestra de
los argumentos en que se apoyan. Se ha hablado aquí de junta distrital35 Quienes creen que esta reunión es una junta distrital, pueden
recurrir a semejantes argumentos; sin embargo, está claro que repiten aquí
nuestras palabras, pero no saben reflexionar bien sobre ellas. Repiten lo que
los bolcheviques enseñamos a los eseristas de izquierda cuando se encontraban
todavía entre los derechistas, y cuando hablan se ve que se han aprendido de
memoria lo que decíamos nosotros, pero no han comprendido en qué se basaba eso
y ahora lo repiten. Tsereteli y Chernov fueron defensistas, pero ahora nosotros
somos defensistas, somos “traidores”, “felones”. Los secuaces de la burguesía
hablan aquí de junta distrital —coqueteando al decir esto — , pero todo obrero
comprende muy bien los objetivos del defensismo que servía de guía a Tsereteli
y Chernov y los motivos que nos obligan a nosotros a ser defensistas.
Si apoyamos a los
capitalistas rusos, que querían apoderarse de los Dardanelos, Armenia y
Galitzia, como se decía en un tratado secreto, eso será defensismo en el
espíritu de Chernov y Tsereteli, y este defensismo fue cubierto de oprobio
entonces, en tanto que nuestro defensismo es hoy honroso. (Aplausos.)
Y cuando, al lado de
semejantes argumentos, encuentro dos veces en el texto taquigráfico del
discurso de Kamkov la afirmación repetida de que los bolcheviques son
lugartenientes del imperialismo alemán (Aplausos
en la derecha), las palabras son duras, me alegra en extremo que cuantos
aplicaron la política de Kerenski subrayen esto con sus Aplausos. (Aplausos.) Por
supuesto, camaradas, no seré yo quien esté en contra de las palabras duras.
Jamás estaré en contra de ellas. Pero para ser duro hay que tener derecho a
serlo, y ese derecho se tiene cuando las palabras no discrepan de los hechos. Y
esta pequeña condición, que no aprecian muchos intelectuales, ha sido captada
por los obreros y los campesinos también en las juntas distritales —¡es tan
mísero hablar de juntas distritales!— y en las organizaciones de los Soviets, y
sus palabras y sus hechos no discrepan. Pero sabemos muy bien que ellos, los
eseristas de izquierda, permanecieron en el partido de los eseristas de derecha
hasta octubre, cuando éstos participaban en el reparto de la ganancia, cuando
eran lugartenientes porque se les prometió un puesto de ministro a cambio de
que silenciasen la existencia de todos los tratados secretos. (Aplausos.) Mas en modo alguno puede
llamarse lugartenientes del imperialismo a hombres que han declarado al
imperialismo la guerra con hechos, que han roto los tratados y corrido el
riesgo que ello implicaba, que han dado largas a las negociaciones de
Brest-Litovsk, sabiendo que eso hundía al país, que han sufrido la ofensiva militar
y toda una serie de derrotas inauditas, pero no han ocultado absolutamente nada
al pueblo.
Mártov ha asegurado aquí que
no ha leído el tratado. Que le crea quien quiera. Sabemos que esta gente está
acostumbrada a leer muchos periódicos, pero no ha leído el tratado (Aplausos.) Que le crea quien quiera.
Pero yo os digo que el partido eserista sabe muy bien que cedemos ante la
violencia, denunciada íntegramente por nosotros mismos; que hacemos esto de
modo consciente, diciendo con toda franqueza que ahora no podemos pelear, pero
cedemos —la historia conoce una serie de tratados de lo más vergonzosos y una
serie de guerras-; cuando, en respuesta a ello, lanzan la palabra
“lugartenientes”, esta dureza los desenmascara, y cuando aseguran que declinan
la responsabilidad, ¿qué es lo que hacen? ¿No es, acaso, hipocresía declinar la
responsabilidad y seguir en el gobierno? Yo afirmó que cuando dicen que declina
la responsabilidad, no la declinan, no, y en vano piensan que esto
![]()
35
En
el discurso pronunciado en este congreso, el menchevique Mártov, que afirmó
falsamente que los delegados ignoraban el contenido del Tratado de Brest,
procuró comparar a los delegados al congreso con los
campesinos que en tiempos del zar se
veían obligados a firmar en sus juntas los papeles que las autoridades les
ponían delante, sin conocer ellos su contenido.
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
es una junta distrital. No,
esto es lo mejor y más honrado que hay entre las masas trabajadoras. (Aplausos.) Esto no es un parlamento
burgués, al que se eligen diputados cada año o cada dos años para que se estén
en sus casas y reciban dietas. Los que están aquí son hombres enviados desde
las localidades y mañana estarán en sus localidades, mañana contarán que si los
votos del partido eserista de izquierda se esfuman es porque se lo tiene bien
merecido, porque este partido, que se comporta así, es tanto una pompa de jabón
entre el campesinado como lo fue entre la clase obrera. (Aplausos, voces:
“Cierto”.)
Os citaré otro pasaje más
del discurso de Kamkov para mostrar qué actitud adoptar ante esta cuestión todo
representante de las masas trabajadoras y explotadas. “Cuando el camarada Lenin
afirmaba ayer aquí que los camaradas Tsereteli y Chernov y otros descomponían
el ejército, ¿es que no tendremos la valentía de decir que también nosotros con
Lenin, descomponíamos el ejército?” Ha marrado el golpe. (Aplausos.) Ha oído decir que nosotros habíamos sido derrotistas y
lo ha recordado cuando hemos dejado de serlo. Lo ha recordado a destiempo. Se
han aprendido de memoria la palabreja, se han hecho con un sonajero
revolucionario, pero no saben pensar en cómo están las cosas. (Aplausos.) Yo afirmo que de mil juntas
distritales en las que se ha afianzado el Poder soviético, que de mil de estas
juntas, en más de novecientas hay gente que dirá al partido eserista de
izquierda que no se merece ninguna confianza. Dirá: fijaos, descomponíamos el
ejército y debemos recordarlo ahora. Pero ¿cómo descomponíamos el ejército? Fuimos
derrotistas en tiempos del zar, mas en tiempos de Tsereteli y Chernov no
fuimosderrotistas. Publicamos en Pravda
la proclama que Krylenko, entonces todavía perseguido, dirigió al ejército: Por qué voy a Petrogrado. En ella decía
“No os llamamos a que os amotinéis”. Eso no era descomponer el ejército. Lo
descomponían quienes calificaban de grande esta guerra.
35
Descomponían el ejército
Tsereteli y Chernov por haber dicho al pueblo bellas palabras que distintos
eseristas de izquierda están acostumbrados a lanzar al viento. Las palabras
pesan poco, pero el pueblo ruso está acostumbrado a pensarlas y tomarlas en serio
en las juntas distritales. Si se le ha dicho que aspiramos a la paz y que
discutimos las condiciones de la guerra imperialista, yo pregunto: ¿y los
tratados secretos y la ofensiva de junio? Ahí tenéis con qué descomponían el
ejército. Le hablaban de la lucha contra los imperialistas, de la defensa de la
patria, y él se preguntaba: pero ¿agarrarán por el cuello a los capitalistas en
alguna parte? Ahí tenéis con qué descomponían el ejército. Por eso he dicho, y
nadie lo ha refutado, que la salvación del ejército habría consistido en que
tomáramos el poder en marzo y abril y en que, en vez del odio furioso de los
explotadores por que los aplastábamos — nos odian con toda razón—, en vez de
eso, hubieran colocado los intereses de la patria de los trabajadores y
explotados por encima de los intereses de la patria de Kerenski y de los
tratados secretos de Riabushinski y de las aspiraciones a Armenia, Galitzia y
los Dardanelos. En eso habría estado la salvación. Y en este sentido, desde la
gran revolución rusa, y en particular desde marzo, cuando apareció el ambiguo
llamamiento a todos los pueblos36, el
gobierno que publicó el llamamiento exhortando a derrocar a los banqueros de
todos los países, pero que compartía con los banqueros los ingresos y las
ventajas, es el que descompuso el ejército, y esa es la razón de que el
ejército no Pudiera resistir. (Aplausos.)
Y yo afirmo que a partir de
la proclama de Krylenko, que no fue la primera37 que recuerdo porque se me ha quedado bien grabada en la
memoria, no hemos descompuesto el ejercito, sino que hemos dicho: Mantened el
frente, cuanto antes toméis el poder, más fácil os será
![]()
36 Lenin se refiere al llamamiento del
Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado "A los pueblos de
todo el mundo", publicado el 15 (28) de marzo de 1917, cuando en el Soviet
de Petrogrado tenían mayoría los mencheviques y los eseristas. En este
llamamiento, los líderes mencheviques y eseristas del Soviet de Petrogrado
encubrieron con frases altisonantes sobre las guerras de rapiña su política de
apoyo al Gobierno Provisional, que defendía los intereses de la burguesía
imperialista de Rusia, la cual se esforzaba por seguir la guerra "hasta el
fin victorioso".
37 Se alude a los llamamientos del partido de los bolcheviques a
poner fin a la guerra imperialista
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
mantenerlo. ¡Y qué
indignidad y despreciable charlatanería es decir ahora que estamos en contra de
la guerra civil y a favor de la insurrección! Cuando esta charlatanería llegue
al campo; encontrará allí a soldados que han visto la guerra de forma distinta
a como la conocen los intelectuales, soldados que saben que sólo es fácil
blandir espadas de cartón y que les dirán que en el momento crítico, cuando
estaban descalzos, desnudos y atormentados, se les ayudó, lanzándolos a la
ofensiva, y ahora se les dice que no importa que no haya ejército, pues habrá
insurrección. Es criminal lanzar al pueblo contra un ejército regular dotado de
una técnica superior. Así lo hemos enseñado como socialistas. Porque la guerra
ha enseñado mucho, no ha enseñado sólo que la gente sufre, sino también que
triunfa quien posee la mayor técnica, organización y disciplina y las mejores
máquinas; la guerra ha enseñado esto, y está muy bien que lo haya enseñado. Hay
que aprender que sin máquinas y sin disciplina es imposible vivir en la
sociedad contemporánea: o se supera la mejor técnica o se es aplastado. Los
años de los sufrimientos más agobiantes han enseñado a los campesinos lo que es
la guerra. Y cuando cualquiera vaya con sus discursos a las juntas distritales,
cuando el partido de los eseristas de izquierda vaya allá, recibirá el castigo
que tan justamente se merece. (Aplausos.)
Otro ejemplo, otra cita del discurso de Kamkov. (Lee.)
En algunas ocasiones es de
una facilidad sorprendente hacer preguntas; pero hay un proverbio — descortés y
grosero— que se usa cuando se hacen preguntas de ese tipo, mal que les pese a
algunos, y que yo voy a recordar: un tonto puede preguntar más de lo que pueden
responder diez listos. (Aplausos, Rumores.)
Camaradas, en la cita que
acabo de leer se me invita a responder a la pregunta de si la tregua durará una
semana, dos o más. Yo afirmo que en cualquier junta distrital y en cada
fábrica, el pueblo se mofará de quien le haga semejante pregunta en nombre de
un partido serio y lo echará a empujones, porque en cualquier junta distrital
se comprenderá que es imposible preguntar lo que no se puede saber. Lo
comprenderán cualquier obrero y cualquier campesino. (Aplausos.) Si queréis recibir sin falta una respuesta, he de
deciros que, como es natural, cualquier eserista de izquierda de los que
escriben en los periódicos o hablan en los mítines dirá de qué depende ese
plazo: de cuándo ataque el Japón, de las fuerzas con que lo haga y de la
resistencia que encuentre; del grado en que se atasquen los alemanes en
Finlandia y Ucrania; de cuándo empiece la ofensiva en todos los frentes y de
cómo se desarrolle; de cómo avance el conflicto interno en Austria y Alemania,
y de otras muchas causas. (Aplausos.)
Y por eso, cuando en una asamblea seria se pregunta con aire
triunfal cuánto va a durar la tregua, yo digo que tales hombres serán
expulsados de las reuniones obreras y campesinas por quienes comprenden que,
después de una atormentadora guerra de tres años, cualquier semana de tregua es
la mayor de las venturas. (Aplausos.)
Y afirmo que por mucho que nos insulten aquí, si mañana se reunieran todas las
increpaciones que han hecho llover sobre nosotros los eseristas de derecha,
casi de derecha, adyacentes a la derecha y de izquierda, los
democonstitucionalistas y los mencheviques; si mañana se reunieran y publicaran
esos insultos, si resultaran centenares de puds, todo eso tendría para mí el
mismo peso que una pluma en comparación con el hecho de que entre nosotros, en
nuestro grupo bolchevique, nueve décimas partes de sus representantes han
dicho: Sabemos lo que es la guerra y ahora, cuando hemos conseguido una pequeña
tregua, sabemos que ésta es un factor positivo en el saneamiento de nuestro
ejército enfermo. Y en cada reunión campesina, las nueve décimas partes de los
asistentes dirán lo que saben cuántos se interesan por la cuestión, y jamás
hemos rechazado ni rechazamos ni una sola propuesta práctica cuando podemos
ayudar en algo.
36
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
Hemos obtenido la
posibilidad de descansar, aunque sólo sean doce días, gracias a la política que
se ha enfrentado con la frase revolucionaria y con la opinión “pública”. Cuando
Kamkov y los eseristas de izquierda coquetean con vosotros, de una parte, os
miran tiernamente; pero, de otra, dicen a los democonstitucionalistas:
asentarlo en nuestro haber, pues estamos de corazón con vosotros. (Una voz: “¡Mentira!”) Y cuando un
representante eserista, creo que ni siquiera de izquierda, sino de
superizquierda, maximalista, habla de la frase, dice que es frase todo lo que
se refiere al honor. (Una voz:
“¡Verdad!” ) Desde la derecha gritan, naturalmente “verdad” Este grito me
agrada más que el de “mentira”, aunque el de “mentira” tampoco me produce la
menor impresión. Porque yo no los he acusado de fraseología huera sin aportar
ninguna prueba clara y concreta; he aducido (los ejemplos, y no inventados,
sino turnados de la vida real.
Recordad: ¿es que los representantes de los eseristas no se
encontraron en la misma situación en 1907, cuando se comprometieron por escrito
ante Stolypin a servir con toda fidelidad al monarca Nicolás II? Tengo la
esperanza de haber aprendido algo en los largos años de revolución, y cuando se
me injuria acusándome de traición, digo: hay que estudiar primero la historia.
Si hemos querido obligar a la historia a cambiar de rumbo y hemos sido
nosotros, y no la historia, los que hemos virado, ajusticiadnos. A la historia
no se la puede convencer con discursos, y la historia demostrará que teníamos
razón, que llevamos las organizaciones obreras a la Gran Revolución de Octubre
de 1917, pero merced únicamente a que marchamos por encima de las frases y
supimos mirar a los hechos cara a cara y aprender de ellos. Y cuando ahora, el
14 y el 15 de marzo, se ha puesto en claro que si hubiéramos combatido
habríamos ayudado al imperialismo, habríamos acabado con el transporte y
perdido Petrogrado, vemos que es inútil lanzar palabras al viento y blandir una
espada de cartón. Pero cuando se me acerca Kamkov y pregunt a: “¿Durará mucho
esta tregua?”, no puedo responder, pues no existía una situación revolucionaria
objetiva internacional. En la actualidad no puede haber una tregua larga de la
reacción, porque la situación objetiva es por doquier revolucionaria, porque en
todas partes las masas obreras están indignadas, están a punto de perder la
paciencia, se encuentran al borde de la extenuación por culpa de la guerra.
Esto es un hecho. Es imposible escapar a este hecho, y por eso he tratado de
demostraros que hubo un período en el que la revolución avanzaba, nosotros
marchábamos en cabeza y, tras nosotros, galleaban los eseristas de izquierda. (Aplausos.) Pero ahora ha llegado un
período en el que no hay más remedio que replegarse ante una fuerza aplastante.
Esta característica es absolutamente concreta. Nadie podrá replicarme a ella.
El análisis histórico debe confirmarlo. Nuestro marxista, casi marxista, Mártov
se burlará a costa de la junta distrital, a costa de la clausura de los
periódicos; se jactará de que los periódicos oprimidos y ofendidos han sido
clausurados porque ayudan a derrocar el poder soviético; se burlará (Aplausos)... No guardará silencio sobre
eso. Os dirá tales cosas, pero en lo que respecta a tratar de responder a mi
pregunta relacionada la historia, y hecha a bocajarro, de si es cierto o no que
desde octubre avanzamos en marcha triunfal... (Voces en la derecha : “No”.) Vosotros decís “no”, pero todos los demás
dirán “sí”. Yo pregunto: ¿podemos ahora pasar a la ofensiva en marcha triunfal
contra el imperialismo internacional? No podemos, y lo sabe todo el mundo.
Cuando esta frase, concreta y sencilla, se dice francamente a la cara para que
la gente aprenda la revolución —la revolución es una ciencia sabia, difícil y
complicada—, para que aprendan los obreros y los campesinos que la hacen, los
enemigos gritan: cobardes, traidores, habéis abandonado la bandera; se deshacen
en palabras y aspavientos. No. La historia de todas las revoluciones ha
conocido a muchos revolucionarios de la frase de este tipo, de los cuales no ha
quedado nada, excepto fetidez y humo. (Aplausos.)
El otro ejemplo citado por
mí, camaradas, es el de Alemania, de la Alemania aplastada por Napoleón, de la
Alemania que vio paces vergonzosas y, alternando con ellas, guerras. Se me
pregunta: ¿respetaremos los tratados durante mucho tiempo? Si un niño de tres
años me
IV Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia
preguntase si íbamos a
respetar o no el tratado, resultaría gracioso e ingenuo. Pero cuando pregunta
eso el adulto Kamkov, del partido de los eseristas de izquierda, sé que serán
muy pocos los obreros y campesinos adultos que crean en la ingenuidad: la mayoría
dirá: “No sea usted hipócrita”. Porque el ejemplo histórico citado por mí nos
habla con claridad meridiana de que es imposible borrar de la historia, y no
podréis rasparlo de ninguna manera, las guerras liberadoras de los pueblos que
perdieron su ejército —cosa que ocurrió más de una vez—, de los pueblos
aplastados hasta el punto de perder por completo toda su tierra, hasta el punto
de tener que facilitar cuerpos de ejércitos auxiliares al conquistador para
nuevas campañas de conquista. Pero si el eserista de izquierda Kamkov dice al
replicarme, como he visto en el texto taquigráfico, que “en España, sin
embargo, hubo guerras revolucionarias”, con ello no hace más que confirmar lo
dicho por mí y rebatirse a sí mismo.
37
España y Alemania corroboran precisamente mi ejemplo de que es
propio de niños resolver el problema de un período histórico de guerras de
conquista, basándose en si “¿van ustedes a respetar el tratado, cuándo serán
sorprendidos si lo violan...? Mas la historia nos dice que todo tratado es
debido a la interrupción de la lucha y al cambio de la correlación de fuerzas,
que ha habido tratados de paz que saltaron hechos añicos a los pocos días, que
ha habido tratados de paz que saltaron hechos añicos al mes de firmados, que ha
habido períodos de muchos años durante los cuales Alemania y España concluyeron
la paz y la violaron pocos meses después, y varias veces, y que los pueblos han
aprendido en una serie de guerras lo que significa hacerla guerra. Cuando Napoleón
condujo a las tropas alemanas para estrangular a otros pueblos, les enseñó la
guerra revolucionaria. Tal es el camino seguido por la historia.
Por eso os digo, camaradas,
y estoy profundamente convencido de ello, que la decisión adoptada por las
nueve décimas partes de nuestro grupo bolchevique será adoptada también por las
nueve décimas partes de los obreros y campesinos trabajadores conscientes de
Rusia. (Aplausos.)
Se puede comprobar si he
dicho la verdad o si me he equivocado, pues volveréis a vuestros lugares, cada
uno de vosotros informará a los Soviets locales y en todas partes se adoptarán
decisiones locales.
Como conclusión, diré: ¡no
caigáis en la provocación! (Aplausos.)
La burguesía sabe lo que hace, la burguesía sabe por qué se regocijaba en Pskov
y expresaba en días pasados su júbilo en Odesa, la burguesía de los
Vinnichenko, los Kerenski ucranianos, de los Tsereteli y los Chernov. Se
regocijaba porque comprendía muy bien que el Poder soviético había cometido un
gigantesco error diplomático en la apreciación del momento, al intentar hacer
la guerra con un ejército enfermo y que huye a la desbandada. La burguesía os
arrastra a la trampa de la guerra. Y en la guerra hay avances y retrocesos.
Cualquier soldado sabe esto. Comprended que la burguesía nos arrastra, a
vosotros y a nosotros, a una trampa. Comprended que toda la burguesía y todos
sus cómplices voluntarios o involuntarios tienden esa trampa. Sabréis soportar
las derrotas más duras y conservar las posiciones más difíciles y,
replegándoos, ganar tiempo. El tiempo obra a nuestro favor. Los imperialistas
reventarán de un hartazgo; en sus entrañas crece un nuevo gigante; crece más
despacio de lo que nosotros quisiéramos pero crece, vendrá en nuestra ayuda, y
cuando veamos que va a asestar su primer golpe, diremos: ha terminado el
período del repliegue, empieza la época de la ofensiva mundial, la época de la
victoria de la revolución socialista mundial. (Clamorosos y prolongados Aplausos.)
Publicado el 19 (6) de marzo de 1918 en el núm. 49 de “Pravda”.
T. 36, págs. 112-121.
Las tareas inmediatas del poder soviético
38
LAS TAREAS INMEDIATAS DEL PODER SOVIÉTICO.
La
situación internacional de la República Soviética de Rusia y las tareas
fundamentales de la revolución socialista.
Gracias a la paz lograda
—pese a todos los sacrificios que implica y a lo efímera que es—, la República
Soviética de Rusia obtiene durante cierto tiempo la posibilidad de concentrar
todas sus fuerzas en el punto más importante y difícil de la revolución socialista,
en la tarea de organización.
Esa tarea ha sido planteada
con claridad y precisión a todas las masas trabajadoras y oprimidas en el 4º
apartado (4ª parte) de la resolución aprobada el 15 de marzo de 1918 por el
Congreso Extraordinario de los Soviets celebrado en Moscú, en el mismo apartado
(o en la misma parte) de la resolución en que se habla de la autodisciplina de
los trabajadores y de la lucha implacable contra el caos y la desorganización.
Lo efímero de la paz lograda
por la República Soviética de Rusia no depende, como es natural, de que ésta
piense reanudar ahora las hostilidades; excepto los contrarrevolucionarios
burgueses y sus acólitos (los mencheviques y otros), ningún político que esté
en su sano juicio piensa en ello. Lo efímero de la paz depende de que en los
países imperialistas, que limitan con el Oeste y el Este de Rusia y que poseen
inmensa fuerza militar, puede triunfar de un momento a otro el partido
belicista, tentado por la debilidad momentánea de Rusia y estimulado por los
capitalistas, que odian el socialismo y se desviven por expoliar.
En tal situación, la única
garantía de paz, real y no sobre el papel, nos la ofrecen las disensiones entre
las potencias imperialistas, que han alcanzado el punto culminante y que se
manifiestan, por un lado, en la reanudación de matanza imperialista entre los
pueblos de Occidente y, por otro lado, en la competencia imperialista,
exacerbada hasta el extremo, entre el Japón y Norteamérica por el dominio en el
Océano Pacífico y sus costas.
Claro está que la situación
internacional de nuestra República Socialista Soviética, con protección tan
endeble, es sin duda crítica e insegura en extremo. Se necesita una
extraordinaria tensión de todas nuestras fuerzas para aprovechar la tregua
lograda en virtud de una concurrencia de circunstancias, con objeto de curar
las profundas heridas que la guerra ha inferido a todo el organismo social de
Rusia y para elevar el nivel económico del país, sin lo cual no puede ni
hablarse de un aumento algo serio de nuestra capacidad defensiva.
Es claro también que
únicamente en la medida en que sepamos resolver el problema de organización que
tenemos planteado podremos prestar una ayuda seria a la revolución socialista
en Occidente, que se ha retrasado en virtud de una serie de causas.
La condición fundamental
para resolver con éxito el problema de organización, planteado ante nosotros en
primer término, es que los dirigentes políticos del pueblo, es decir, los
afiliados al Partido Comunista (bolchevique) de Rusia y, tras ellos, todos los
representantes conscientes de las masas trabajadoras, comprendan perfectamente
la diferencia radical existente, en el aspecto que estamos analizando, entre
las revoluciones burguesas anteriores y la actual revolución socialista.
Las tareas inmediatas del poder soviético
La misión principal de las
masas trabajadoras en las revoluciones burguesas estribaba en llevar a cabo la
labor negativa o destructora de aniquilamiento del feudalismo, de la monarquía,
del régimen medieval. El trabajo positivo o constructivo de organización de la
nueva sociedad lo realiza la minoría poseedora, la minoría burguesa de la
población. Y, a pesar de la resistencia de los obreros y campesinos pobres, la
burguesía cumplía esta tarea con relativa facilidad no solo porque la
resistencia de las masas explotadas por el capital era entonces, debido a su
dispersión y atraso, débil en extremo, sino también porque la principal fuerza
organizadora de la sociedad capitalista, sociedad anárquica, es el mercado
nacional e internacional, que se amplía y ahonda de manera espontánea.
En cambio, la misión principal del proletariado y de los
campesinos pobres, guiados por él, estriba en toda revolución socialista —por
consiguiente, también en la revolución socialista comenzada por nosotros en
Rusia el 25 de Octubre de 1917—, en el trabajo positivo o constructivo de
formación de una red extraordinariamente compleja y sutil de nuevas relaciones
de organización que abarquen la producción y distribución metódicas de los
productos necesarios para la existencia de decenas de millones de hombres. Una
revolución de esta naturaleza sólo puede verse coronada por el éxito cuando la
mayoría de la población y, ante todo, la mayoría de los trabajadores, demuestre
una iniciativa creadora independiente en el plano histórico. La victoria de la
revolución socialista quedará asegurada únicamente en el caso de que el
proletariado y los campesinos pobres logren el grado suficiente de conciencia,
firmeza ideológica, abnegación y tenacidad. Al crear un nuevo tipo de Estado,
el Estado soviético, que ofrece a las masas trabajadoras y oprimidas la
posibilidad de participar activamente en la construcción independiente de la
nueva sociedad, no hemos resuelto más que una pequeña parte de un difícil
problema. La dificultad principal reside en el terreno económico: llevar en
todas partes una contabilidad y un control rigurosos de la producción y
distribución de los productos, aumentar la productividad del trabajo,
socializar la producción en la práctica.
39
— — —
El desarrollo del partido de
los bolcheviques, que es en la actualidad el partido gobernante en Rusia, nos
muestra de manera palmaria en especial en qué consiste el viraje histórico que
estamos dando, viraje que constituye la peculiaridad del momento político
actual y que exige una nueva orientación del Poder soviético, es decir, un
nuevo planteamiento de las nuevas tareas.
La primera tarea de todo
partido del porvenir consiste en convencer a la mayoría del pueblo de lo
acertado de su programa y de su táctica. Esta tarea se colocaba en primer plano
tanto en el régimen zarista como en el período de conciliación de los Chernov y
los Tsereteli con los Kerenski y los Kishkín. Hoy día esta tarea que, como es
lógico, está lejos del haberse cumplido hasta el fin (y que jamás puede
cumplirse hasta el fin) se ha cumplido en lo fundamental, pues, como lo ha
demostrado de manera irrefutable el último congreso de los Soviets, celebrado
en Moscú, la mayoría de los obreros y campesinos de Rusia apoya a todas luces a
los bolcheviques.
La segunda tarea de nuestro
partido consistía en conquistar el poder político y aplastar la resistencia de
los explotadores. Esta tarea también se halla lejos de haber sido cumplida
hasta el fin, y no se puede pasar por alto, pues los monárquicos y los democonstitucionalistas,
por un lado, y sus acólitos y lacayos, los mencheviques y eseristas de derecha,
por otro, persisten en sus tentativas de agruparse para derrocar el Poder
soviético. Pero, en lo fundamental, el problema de aplastar la resistencia de
los explotadores ha sido resuelto ya en el período que media entre el 25 de
octubre de 1917 y (aproximadamente) febrero de 1918 o la rendición de
Bogaievski.
Ahora, la tercera tarea inmediata que se nos plantea, tarea que
caracteriza el momento que
Las tareas inmediatas del poder soviético
atravesamos, es la de
organizar la labor de gobernar a
Rusia. Está claro que esta tarea se planteó y comenzó a cumplirse ya al día
siguiente del 25 de octubre de 1917; pero hasta hoy, mientras la resistencia de
los explotadores adquiría la forma de guerra civil abierta, la tarea de
gobernar el país no podía convertirse
en la tarea principal, central.
Ahora se plantea ya así.
Nosotros, el partido de los bolcheviques, hemos
convencido a Rusia, se la hemos
ganado a los ricos para los pobres, a los explotadores para los
trabajadores. Ahora debemos gobernarla
. Y toda la peculiaridad del momento en que vivimos, toda la dificultad
consiste en saber comprender las particularidades
de la transición de una tarea principal, como la de convencer al pueblo y
aplastar por la fuerza militar la resistencia de los explotadores, a otra tarea
principal, la de gobernar.
Por vez primera en la
historia universal, un partido socialista ha logrado coronar en términos
generales, la conquista del poder y el aplastamiento de los explotadores abordar de lleno la tarea de gobernar el país. Es necesario que
resultemos dignos cumplidores de esta dificilísima (y muy grata) tarea de la
transformación socialista. Es menester tomar
en consideración que para poder gobernar con acierto hace falta, además de saber convencer, además de
saber triunfar en la guerra civil, saber organizar
de un modo práctico. Esta es la tarea más difícil, pues se trata de
organizar de un modo nuevo las más profundas bases de la vida de decenas y
decenas de millones de hombres, las bases económicas. Y ésta es la tarea más
grata de todas, pues únicamente después
de cumplirla (en sus aspectos principales y fundamentales) podrá decirse que
Rusia se ha convertido no sólo en
república soviética, sino también en república socialista.
La consigna general
del momento.
La situación objetiva que
hemos descrito, debida a una paz extremadamente dura y efímera, a una ruina
penosísima, al paro y al hambre que nos han legado la guerra y el dominio de la
burguesía (representada por Kerenski y los mencheviques y eseristas de derecha
que lo apoyaban): todo esto ha dado ineludiblemente lugar a un cansancio
inmenso y ha llegado incluso a agotar las fuerzas de las grandes masas
trabajadoras. Estas masas exigen imperiosamente —y no pueden menos de hacerlo—
cierto descanso. A la orden del día se nos plantean las tareas de restablecer
las fuerzas productivas, arruinadas por la guerra y por el gobierno de la
burguesía; curar las heridas producidas por la guerra, por la derrota militar,
la especulación y los intentos de la burguesía de restablecer el derrocado
poder de los explotadores; elevar el nivel económico del país; mantener con
firmeza un orden elemental. Puede parecer paradójico, pero, en realidad y en
virtud de las condiciones objetivas indicadas, es absolutamente indudable que
en estos momentos el Poder soviético sólo puede asegurar el paso de Rusia al
socialismo en el caso de que cumpla en la práctica estas tareas, las más
elementales, del mantenimiento del orden social, y las cumpla, a pesar de la
resistencia de la burguesía, de los mencheviques y eseristas de derecha. Dadas
las peculiaridades concretas de la situación actual y la existencia del Poder
soviético con sus leyes sobre la socialización de la tierra, el control obrero,
etc., el cumplimiento práctico de estas tareas elementales y la superación de
las dificultades de organización de los primeros pasos hacia el socialismo
constituyen ahora las dos caras de una misma medalla.
40
Lleva con puntualidad y
honradez la cuenta del dinero, administra con economía, no seas perezoso, no
robes, observa la mayor disciplina en el trabajo: éstas son precisamente las
consignas que, ridiculizadas con razón por el proletariado revolucionario cuando
la burguesía encubría con ellas su dominio como clase explotadora, se
transforman hoy día, después del derrocamiento de la burguesía, en las
consignas principales y propias del
Las tareas inmediatas del poder soviético
momento. Por un lado, la
aplicación práctica de estas consignas por la masa de trabajadores constituye la única condición para salvar al país, desangrado casi totalmente por
la guerra imperialista y por los rapaces imperialistas (con Kerenski a la
cabeza); y, por otro lado, la aplicación práctica de estas consignas por el
Poder soviético , con sus métodos, basándose en sus leyes, es
necesaria y suficiente para asegurar
la victoria definitiva del socialismo. Esto es lo que no pueden comprender
quienes rechazan con desdén el planteamiento en primer plano de consignas tan
“gastadas” y “triviales”. En un país de pequeños campesinos que apenas hace un
año ha derrocado el zarismo y menos de medio año que se ha librado de los
Kerenski, han quedado, naturalmente, bastantes elementos de anarquismo
espontáneo, acrecentados por el embrutecimiento y la barbarie, eternos
acompañantes de toda guerra prolongada y reaccionaria y se ha propagado a
escala bastante grande, el espíritu de desesperación y de irritación abstractas,
y si añadimos a esto la política provocadora de los lacayos de la burguesía
(mencheviques eseristas de derecha y otros) se comprenderá claramente cuántos
esfuerzos prolongados y tenaces deben realizar los obreros y campesinos mejores
y más conscientes para lograr un viraje completo en el estado de ánimo de las
masas y su paso a un trabajo ordenado, consecuente y disciplinado. Este paso
dado por la masa pobre (los proletarios y semiproletarios) es el único capaz de
coronar la victoria sobre la burguesía y, particularmente, sobre la burguesía
campesina, la más obstinada y numerosa.
Nueva fase de la
lucha contra la burguesía.
Hemos vencido a la
burguesía, pero todavía no hemos logrado desarraigarla, aún no está aniquilada,
ni siquiera quebrantada por completo. Por eso se plantea a la orden del día una
nueva forma de lucha contra la burguesía, una forma superior: la de pasar de la
tarea elemental de la expropiación consecutiva de los capitalistas a una tarea
mucho más compleja y difícil, la de crear unas condiciones que imposibiliten la
existencia y el resurgimiento de la burguesía. Es evidente que esta tarea es
incomparablemente más elevada y que el socialismo puede darse por inexistente
si no se cumple.
Si tomamos por punto de
referencia la revolucionas del occidente de Europa, nosotros nos encontramos
aproximadamente al nivel alcanzado en 1793 y 187138. Podemos estar orgullosos, y con plena razón, de haber
alcanzado este nivel y, en cierto sentido, es indudable que hemos avanzado algo
más, pues hemos decretado o implantado en toda Rusia un tipo superior de Estado: el Poder soviético. Pero en modo alguno
podemos darnos por satisfechos con lo que hemos logrado, pues estamos tan sólo
en el comienzo de la transición al socialismo, sin haber aplicado todavía las medidas decisivas en este sentido.
Lo decisivo en este caso es
organizar la contabilidad y el control severísimos de la producción y
distribución de los productos a cargo de todo el pueblo. Sin embargo, no hemos logrado todavía establecer esa contabilidad ni ese control en las empresas,
en las diversas ramas de la economía
e industrias que hemos confiscado a la burguesía, sin lo cual no puedo ni
hablarse de la otra condición, la condición material de la realización del
socialismo, tan sustancial como la anterior: el aumento de la productividad del
trabajo a escala nacional.
Por eso, no sería posible
definir la tarea del momento presente con una simple fórmula: continuar la
ofensiva contra el capital. A pesar de que no cabe duda que no hemos dado el
golpe de gracia al capital y de que es incuestionablemente necesario continuar
la ofensiva contra este enemigo de los trabajadores, el planteamiento de
nuestras tareas no sería exacto ni concreto, pues no se tendría en cuenta la peculiaridad del momento presente,
cuando en aras del éxito de la ulterior
ofensiva hay que “interrumpir” la desplegada en estos momentos.
![]()
38 Se trata de la Revolución
Francesa de 1789-1794 y de la Comuna de París de 1871
Las tareas inmediatas del poder soviético
Esto puede explicarse
mediante la comparación de nuestra situación en la guerra contra el capital con
la situación de un ejército victorioso que se ha apoderado, digamos de la mitad
o de los dos tercios del territorio enemigo y se ve obligado a interrumpir la
ofensiva para reagrupar sus fuerzas, aumentar sus efectivos y pertrechos,
reparar y reforzar las vías de comunicación, construir nuevos depósitos, reunir
nuevas reservas, etc. Precisamente en aras de la conquista del resto del
territorio enemigo, o sea, de la victoria completa, la interrupción de la
ofensiva del ejército victorioso es, en las condiciones descritas, una
necesidad. Quien no haya comprendido que tales, precisamente, el carácter de la
“interrupción” de la ofensiva contra el capital, impuesta por la situación
objetiva del momento actual, no ha comprendido una palabra del momento político
que vivirnos.
41
Por supuesto, de una
“interrupción” de la ofensiva contra el capital puede hablarse sólo entre
comillas, es decir, sólo en metáfora. En una guerra corriente puede darse una
orden general sobre la interrupción de la ofensiva y se puede, efectivamente,
detener el avance. En la guerra contra el capital no es posible detener el
avance y no cabe ni hablar de que renunciemos a seguir expropiando al capital.
Se trata de cambiar el centro de gravedad
de nuestra labor económica y política. Hasta ahora se destacaban en primer plano las medidas encaminadas
a la expropiación inmediata de los expropiadores. Hoy colocarnos en primer plano la organización de la
contabilidad y del control en las haciendas y empresas ya expropiadas a los
capitalistas y en todas las demás.
Si quisiéramos hoy continuar
expropiando al capital al ritmo anterior sufriríamos, sin duda, un fracaso,
puesto que nuestra labor en el terreno de la organización de la contabilidad y
del control proletarios se ha retrasado
a todas luces (esto es evidente para toda persona que piense) de la labor directa de “expropiación de los
expropiadores”. Si ahora aplicamos todas nuestras fuerzas a organizar la
contabilidad y el control, podremos resolver este problema, recuperaremos lo
perdido, ganaremos toda nuestra “campaña’
contra el capital.
Pero reconocer que hay que
recuperar lo perdido ¿no implica, acaso, reconocer algún error cometido? En
modo alguno. Hagamos de nuevo una comparación de carácter militar. Si podernos
derrotar y hacer retroceder al enemigo, empleando sólo destacamentos de caballería
ligera, debemos hacerlo. Ahora bien, si esto puede hacerse con éxito sólo hasta
cierto límite, es lógico pensar que, a partir de ese límite, surgirá la
necesidad de traer la artillería pesada. Al reconocer que ahora hay que
recuperar lo perdido en cuanto a la utilización de la artillería pesada, en
modo alguno reconocemos que la carga victoriosa de la caballería ha sido un
error.
Los lacayos de la burguesía
nos han reprochado con frecuencia que atacábamos al capital a lo “Guardia
Roja”. Reproche absurdo, digno justamente de los lacayos de la bolsa de oro.
Pues es indudable que, a su debido tiempo,
el ataque a lo “Guardia Roja” contra el capital estuvo dictado por las
circunstancias: primero, el capital oponía entonces
una resistencia militar, personificada en Kerenski y Krasnov, Sávinkov y Gots
(aun hoy Gueguechkori resiste de esta manera), Dútov y Bogaievski. Una
resistencia militar no puede romperse más que por medios militares, y los
guardias rojos realizaban la obra histórica más noble y grande de liberar a los
trabajadores y explotados del yugo de los explotadores.
Segundo, por entonces no
hubiésemos podido colocar en primer plano los métodos de gobierno en lugar del
método de represión, aunque sólo fuese porque el arte de gobernar no es innato
en los hombres, sino producto de la experiencia. Entonces no poseíamos esta
experiencia, ahora sí. Tercero, entonces no podíamos tener a nuestra
disposición a especialistas de las diferentes ramas de la ciencia y de la
técnica, pues estos especialistas luchaban en las filas de los Bogaievski o
tenían aún la posibilidad de oponer, mediante
el sabotaje, una resistencia pasiva regular y tenaz. Ahora, este sabotaje
ha sido vencido.
Las tareas inmediatas del poder soviético
El ataque a lo “Guardia
Roja” contra el capital ha sido eficaz y victorioso porque hemos vencido tanto
la resistencia militar del capital como la que éste oponía mediante el
sabotaje.
¿Quiere decir esto, acaso,
que el ataque a lo “Guardia Roja” contra el capital es apropiado siempre, en todas las circunstancias, que no
poseemos otros medios de combatirlo? Sería infantil pensar así. Hemos vencido con caballería ligera, pero
también disponemos de artillería pesada. Hemos vencido reprimiendo, pero
también sabremos vencer gobernando. Hay que saber variar los métodos de lucha
contra el enemigo cuando cambian las circunstancias. No renunciaremos ni por un
instante a aplastar a lo “Guardia Roja” a los señores Sávinkov y Gueguechkori,
así como a todos los demás terratenientes y burgueses contrarrevolucionarios.
Pero no seremos tan tontos que pongamos en primer plano los métodos a lo
“Guardia Roja” cuando, en lo fundamental, ha terminado la época en que eran
necesarios los ataques de este tipo (y ha terminado en nuestro triunfo) y
cuando llama a la puerta la época de la utilización de los especialistas
burgueses por el Poder estatal proletario para remover el terreno de manera que
en él no pueda crecer en absoluto ninguna burguesía.
Es una época peculiar o, más
bien, una fase peculiar del desarrollo, y, para vencer definitivamente al
capital, tenemos que saber adoptar las formas de nuestra lucha a las
condiciones peculiares de esta fase.
Sin la dirección de las
diversas ramas de la ciencia, de la técnica, de la práctica por parte de los
especialistas es imposible la transición al socialismo, ya que el socialismo
exige un avance consciente y masivo hacia una productividad del trabajo superior
a la del capitalismo y basada en lo alcanzado por éste. El socialismo debe
impulsar este avance a su manera, con
métodos propios, y para ser más concretos, con métodos soviéticos. Pero, debido a las condiciones de la vida
social que ha permitido a los especialistas hacerse especialistas, éstos
pertenecen por fuerza y en masa a la burguesía. Si después de tomar el poder,
nuestro proletariado resolviera rápidamente el problema de la contabilidad, del
control y de la organización a escala que abarque a todo el pueblo (todo esto,
era irrealizable a causa de la guerra y del atraso de Rusia), entonces, una vez
vencido el sabotaje y llevando a cabo una contabilidad y un control generales,
subordinaríamos también por completo a los especialistas burgueses. Como vamos
muy “atrasados” en la contabilidad y el control en general, pese a haber
conseguido vencer el sabotaje, no hemos creado todavía las condiciones que puedan poner nuestra disposición a los
especialistas burgueses. El grueso de los saboteadores “acepta el empleo”, pero
los mejores organizadores y los más grandes especialistas pueden ser utilizados
por el Estado, ya sea a la antigua, a lo burgués (es decir, mediante una
elevada remuneración), o a lo nuevo, a lo proletario (es decir, creando las
condiciones que permitan ejercer la contabilidad y el control desde abajo, por
todo el pueblo, condiciones que, por sí solas, subordinarían y atraerían
inevitablemente a los especialistas).
42
Hemos tenido que recurrir
ahora al viejo método burgués y aceptar los “servicios” de los especialistas
burgueses más reputados a cambio de una remuneración muy elevada. Quienes
conocen la situación lo comprenden; pero no todos se detienen a meditar sobre
el significado de semejante medida tomada por un Estado proletario. Es evidente
que tal medida constituye un compromiso, una desviación de los principios
sustentados por la Comuna de París y por todo poder proletario, que exigen la
reducción de los sueldos al nivel del salario del obrero medio, que exigen se
comban el arribismo con hechos y no con palabras.
Pero esto no es todo. Es
evidente que semejante medida no es sólo una interrupción —en cierto terreno y
en cierto grado— de la ofensiva contra el capital (ya que el capital no es una
simple suma de dinero, sino
Las tareas inmediatas del poder soviético
determinadas relaciones
sociales), sino también un paso atrás
de nuestro poder estatal socialista, soviético, que desde el primer momento
proclamó y comenzó a poner en práctica la política de reducción de los sueldos
elevados hasta el nivel del salario del obrero medio39.
Naturalmente, los lacayos de la burguesía, sobre todo los de
poca monta, como los mencheviques, los de Nóvaya
Zhizn y los eseristas de derecha, soltarán la carcajada por haber
reconocido nosotros que damos un paso atrás. Pero no debemos hacer caso de esas
risitas. Debemos estudiar las peculiaridades del camino, tortuoso en extremo y
nuevo, que lleva al socialismo, sin velar nuestros errores ni debilidades, sino
procurando coronar a tiempo lo que aún nos queda por hacer. Ocultar a las masas
que la incorporación de los especialistas burgueses mediante sueldos muy
elevados es apartarse de los principios de la Comuna sería descender al nivel
de los politicastros burgueses y engañar a las masas. En cambio, explicar
abiertamente cómo y por qué hemos dado este paso atrás, discutir públicamente
los medios de que disponemos para recuperar lo perdido significa educar a las
masas y, con la experiencia reunida, aprender junto a ellas a construir el
socialismo. No es probable que la historia conozca una sola campaña militar
victoriosa en la que el vencedor no haya cometido algunos errores, no haya
sufrido derrotas parciales, no haya tenido que retroceder temporalmente en algo
y en alguna parte. Y la “campaña” contra el capitalismo, comenzada por
nosotros, es un millón de veces más difícil que la peor expedición militar; por
lo tanto, sería necio y bochornoso dejarse dominar por el abatimiento a causa
de una retirada particular y parcial.
Abordemos ahora la cuestión
desde el lado práctico. Admitamos que, para dirigir el trabajo del pueblo con
objeto de alcanzar el más rápido ascenso económico del país, la República
Soviética de Rusia necesita mil especialistas y sabios de primera fila en los
diversos dominios de la ciencia, la técnica y la práctica. Admitamos que a cada
una de estas “estrellas de primera magnitud” (la mayoría de ellas está tanto
más corrompida por las costumbres burguesas cuanto más grato le es vociferar
sobre la corrupción de los obreros) hay que pagarle 25.000 rublos al año.
Admitamos que esta suma (25 millones de rublos) tiene que ser duplicada (en
concepto de pago de primas por el cumplimiento más rápido y mejor de los
encargos técnicos y de organización más importantes) o, incluso, cuadruplicada
(por haber invitado a varios centenares de especialistas extranjeros, que
exigen más). Cabe preguntar; ¿puede considerarse excesivo o imposible para la
República Soviética el gasto de cincuenta o cien millones de rublos al año para
reorganizar el trabajo del pueblo según la última palabra de la ciencia y de la
técnica? Claro que no. La inmensa mayoría de los obreros y campesinos
conscientes aprobarán este gasto; aleccionados por la práctica, saben que
nuestro atraso nos hace perder miles de millones de rublo y que no hemos aún alcanzado el grado suficiente de organización, contabilidad y
control en nuestro trabajo para
lograr la participación general y voluntaria de las “estrellas” de la
intelectualidad burguesa.
Por supuesto, el problema
tiene también otro aspecto Es indiscutible que los sueldos altos influyen
también, corrompiendo, tanto en el Poder soviético (con tanto mayor motivo que
la rapidez de la revolución no ha podido impedir que se arrime a este poder
cierto número de aventureros y granujas, que, junto con algunos comisarios
ineptos o sin escrúpulos, no tienen inconveniente en llegar a “estrellas” de...
la malversación de fondos públicos) como en la masa obrera.
43
Pero todos los obreros y
campesinos pobres honrados y que piensan convendrán con nosotros y reconocerán
que no podemos librarnos de golpe y porrazo de la herencia nociva
![]()
39 El Consejo de Comisarios del Pueblo
promulgó el18 de noviembre (1 de diciembre) de 1917 un decreto que limitaba el
sueldo máximo de los comisarios del pueblo y funcionarios superiores a 500
rublos mensuales más 100 rublos por cada familiar no apto para el trabajo, lo
que correspondía, aproximadamente, al salario medio de un obrero. El 2 (15) de
enero de 1918, el Consejo de Comisarios del Pueblo explicó que el decreto del
18 de noviembre no prohibía el pago de sueldos superiores a los indicados en el
decreto para los científicos y especialistas técnicos
Las tareas inmediatas del poder soviético
del capitalismo, que no
podemos librar a la República Soviética del “tributo” de cincuenta o cien
millones de rublos (tributo que pagamos por nuestro atraso en la organización
de la contabilidad y del control ejercidos desde
abajo por todo el pueblo), sino únicamente organizándonos, disciplinándonos
más, depurando nuestras filas de cuantos “guardan la herencia del capitalismo”
y “siguen las tradiciones del capitalismo”, es decir, de los haraganes, de los
parásitos y de los malversadores de fondos públicos (ahora toda la tierra,
todas las fábricas, todas las vías férreas constituyen el “Tesoro” de la
República Soviética). Si los obreros y los campesinos pobres conscientes y
avanzados, ayudados por las instituciones soviéticas, logran en un año
organizarse, disciplinarse, poner sus fuerzas en tensión y crear una fuerte
disciplina del trabajo, podremos librarnos en un año de este “tributo” que
incluso podrá ser reducido antes... proporcionalmente a los éxitos de nuestra
disciplina y de nuestra organización laborales, obreras y campesinas. Cuanto
antes aprendamos nosotros mismos, los obreros y campesinos, a tener una
disciplina laboral mejor y una técnica del trabajo más elevada, aprovechando
para ello a los especialistas burgueses, tanto antes nos libraremos de todo
“tributo” a estos especialistas.
Nuestro trabajo, dirigido
por el proletariado, de organización, de la contabilidad y el control de la
producción y distribución de los productos por todo el pueblo se halla muy
rezagado de nuestra labor directa de expropiación de los expropiadores. Es éste
un principio fundamental para comprender las peculiaridades del momento
presente y las tareas del Poder soviético que de aquí se derivan. El centro de
gravedad en la lucha contra la burguesía se desplaza hacia la organización de
esta contabilidad y de este control. Únicamente partiendo de esto podremos
determinar con acierto las tareas inmediatas de la política económica y
financiera en el terreno de la nacionalización de los bancos, del monopolio del
comercio exterior, del control del Estado sobre la circulación fiduciaria, del
establecimiento de un impuesto sobre los bienes y los ingresos aceptable desde
el punto de vista proletario, de la implantación del trabajo obligatorio.
En todos estos dominios (que
son muy esenciales, esencialisimos), nuestra labor de transformación socialista
se ha retrasado de un modo extraordinario, y el retraso se debe precisamente a
la insuficiente organización de la contabilidad y del control en general. Por
supuesto, ésta es una de las tareas más difíciles, que, con el desbarajuste
causado por la guerra, sólo admite una solución a la larga; pero no hay que
olvidar que es aquí justamente donde la burguesía —sobre todo la pequeña
burguesía y la burguesía campesina, particularmente numerosas— nos presenta una
batalla muy seria, socavando el control que vamos estableciendo, socavando, por
ejemplo, el monopolio del trigo, conquistando posiciones para la especulación y
el trapicheo. Estamos aún lejos de haber llevado suficientemente a la práctica
lo que ya ha sido decretado, y la tarea principal del momento consiste
precisamente en concentrar todos los esfuerzos en la realización práctica, efectiva, de las bases de las
transformaciones que se han convertido ya en leyes (pero que no son todavía una
realidad).
Para proseguir la
nacionalización de los bancos y marchar tesoneros hacia la transformación de
los mismos en puntos centrales de la contabilidad social en el régimen
socialista, es necesario, ante todo y sobre todo, lograr éxitos reales en el
aumento del número de sucursales del Banco Nacional, atraer las imposiciones
facilitar al público las operaciones cuenta correntistas, acabar con las
“colas”, detener y fusilar a los
concusionarios y granujas, etc. Hay que empezar por poner en práctica con
eficacia lo más simple, organizar de manera satisfactoria lo existente y, luego
ya, preparar lo más complicado.
Las tareas inmediatas del poder soviético
Afianzar y poner en orden
los monopolios del Estado (del trigo, el cuero etc.) y implantados y, con ello,
preparar la monopolización del comercio exterior por el Estado40 sin la cual no podremos “librarnos” del capital extranjero
mediante el pago de “tributos”. Ahora bien, todas las posibilidades de la
construcción socialista dependen de que logremos poner a salvo durante cierto
período de transición nuestra independencia económica interior, pagando cierto
tributo al capital extranjero.
En cuanto a la recaudación
de impuestos en general, y de los establecidos sobre los bienes e ingresos en
particular, también llevamos mucho retraso. La imposición de contribuciones a
la burguesía —medida que, en principio, es absolutamente aceptable y que merece
la aprobación del proletariado— nos demuestra que, en este terreno, nos
hallamos todavía más cerca de los métodos de ganar (Rusia a los ricos para los
pobres) que de los métodos de gobernar. Pero, para fortalecernos y pisar más
firmes, debemos pasar a estos últimos métodos, debemos sustituir la
contribución exigida a la burguesía por un impuesto sobre los bienes e
ingresos, aplicado con regularidad y acierto, impuesto que rendirá más al
Estado proletario y que requiere de nosotros precisamente una organización
mayor de la contabilidad y del control y más orden en su ejercicio41.
Nuestro retraso en la implantación del trabajo obligatorio nos
demuestra una vez más que es precisamente la labor preparatoria y de
organización la que se plantea a la orden del día, labor que, por un lado, debe
consolidar definitivamente lo conquistado y, por otro, es necesaria para
preparar la operación que “cercará” al capital y le obligará a “entregarse”.
Deberíamos comenzar inmediatamente la implantación del trabajo obligatorio,
pero hay que hacerlo de una manera muy gradual y cautelosa, comprobando cada
paso en la práctica y, naturalmente, implantándolo en primer término para los ricos. La implantación de la
cartilla de trabajo y de la libreta de consumo y entradas y salidas para todo
burgués, incluida la burguesía rural, representaría un avance serio hacia el
“cerco” total del enemigo y hacia la creación de una contabilidad y de un control
verdaderamente populares de la producción y de la distribución de los
productos.
44
Importancia de la
lucha por una contabilidad y un control populares.
El Estado, que ha sido
durante siglos un órgano de opresión y expoliación del pueblo, nos ha dejado en
herencia un odio una desconfianza inmensos de las masas por todo lo estatal.
Vencerlos es una tarea ardua que sólo está al alcance del poder soviético, pero
que también requiere de éste largo tiempo y gran perseverancia. Sobre el
problema de la contabilidad y del control —problema cardinal con que la
revolución socialista se enfrenta ya al otro día de haber derrocado a la
burguesía—, esta “herencia” se deja sentir con mucha agudeza. Pasará
inevitablemente cierto tiempo hasta que las masas, que se vieron libres por
primera vez después del derrocamiento de los terratenientes y de la burguesía,
comprendan —no por los libros, sino por su propia experiencia soviética— y sientan que sin una contabilidad y un
![]()
40 El control del comercio exterior empezó
a ejercerse desde los primeros días del Poder soviético. No obstante, sólo la
organización del control y de las barreras aduaneras no podían ser una
protección segura de la economía soviética contra el capital extranjero. Lenin
decía que la clase obrera del País Soviético "no está absolutamente en
condiciones de reconstruir su industria, de hacer de Rusia un país industrial
si no lo protege, pero de ninguna manera con política aduanera, sino sola y
exclusivamente con el monopolio del comercio exterior". El decreto del
monopolio del comercio exterior fue adoptado por el Consejo de Comisarios del
Pueblo el 22 de abril de 1918.
41 Durante los primeros meses de Poder soviético, una de las
fuentes fundamentales de ingresos del presupuesto, sobre todo en el plano
local, eran las contribuciones y los impuestos extraordinarios. Con el
reforzamiento del Poder soviético se planteó el problema de pasar al pago
regular de contribuciones; el papel principal debían desempeñarlo en ello los
impuestos progresivos de utilidades y bienes que permitían descargar el peso
fundamental de las contribuciones sobre los sectores pudientes de la población.
El 17 de junio de 1918, el Consejo de Comisarios del Pueblo aprobó el Decreto
sobre los cambios y adiciones al del 24 de noviembre de 1917 sobre la exacción
de los impuestos directos que determinó un orden riguroso de cobro de los
impuestos de utilidades y bienes.
Las tareas inmediatas del poder soviético
control muy amplios y
ejercidos por el Estado sobre la producción y la distribución de los productos,
el poder de los trabajadores, la libertad de los trabajadores no puede sostenerse y que el retorno al
yugo del capitalismo es ineludible.
Todos los hábitos y todas
las tradiciones de la burguesía en general, especialmente de la pequeña
burguesía, se oponen también al control estatal
y defienden la inviolabilidad de la “sacrosanta propiedad privada”, de la
“sacrosanta” empresa privada. Hoy vemos con la mayor claridad hasta qué grado
es exacta la tesis marxista de que el anarquismo y el anarcosindicalismo son
corrientes burguesas; de que están en
pugna inconciliable con el socialismo, la dictadura del proletariado, el
comunismo. La lucha por inculcar a las masas la idea de la contabilidad y del
control ejercidos por el Estado, de la contabilidad y del control soviéticos, la lucha por llevar a la
práctica dicha idea, por romper con el maldito pasado que ha acostumbrado a la gente a tener la conquista del pan y del
vestido por asunto “privado”, la compraventa por un negocio que “sólo a mi me
incumbe” es una lucha grandiosa, de importancia histórica universal, de la
conciencia socialista contra la espontaneidad anárquica burguesa.
Hemos implantado el control
obrero como una ley; pero la práctica cotidiana, y aun en la conciencia de las
grandes masas proletarias, no hace más que empezar a penetrar. En nuestra
agitación hablamos poco, y nuestros obreros campesinos avanzados piensan y
hablan poco, de que el no llevar la contabilidad ni ejercer el control sobre la
producción y la distribución de los productos es la muerte de los gérmenes del
socialismo, es malversar los fondos públicos (ya que todos los bienes
pertenecen al Tesoro, y el Tesoro es precisamente el Poder soviético, el Poder
de la mayoría de los trabajadores), y que la negligencia en la contabilidad y
en el control significa una complicidad directa con los Kornílov alemanes y
rusos, que sólo pueden derrocar el
poder de los trabajadores en caso de que no logremos resolver el problema de la
contabilidad y del control, y que con la ayuda de toda la burguesía campesina,
con ayuda de los democonstitucionalistas, los mencheviques y los eseristas de
derecha nos “acechan” en espera del momento propicio. Pero en tanto el control
obrero no sea un hecho, en tanto los obreros avanzados no hayan organizado y
llevado a efecto su cruzada victoriosa e implacable contra los infractores de
este control o contra los negligentes en este dominio no podremos, después de
haber dado este primer paso (el del control obrero), dar el segundo hacia el
socialismo, es decir, pasar a la regulación de la producción por los obreros.
El Estado socialista puede
surgir únicamente como una red de comunas de producción y consumo que calculen
concienzudamente su producción y consumo, economicen el trabajo, aumenten
incesantemente la productividad del mismo y consigan con ello reducir la jornada
laboral hasta siete, seis y aun menos horas. Aquí no es posible eludir la
organización de una contabilidad y un control completos rigurosísimos,
ejercidos por todo el pueblo, sobre el trigo
y la obtención del trigo (y, a
continuación, de los demás productos indispensables). El capitalismo nos ha
legado organizaciones de masas capaces de facilitar el tránsito a la
contabilidad y al control a vasta escala de la distribución de productos: las
cooperativas de consumo. En Rusia están menos desarrolladas que en los países
avanzados, pero, no obstante, han abarcado a más de diez millones de asociados.
El decreto promulgado hace unos días sobre las cooperativas de consumo42 tiene una significación extraordinaria y demuestra
palpablemente la peculiaridad de la situación y de las tareas de la República
Socialista Soviética en el momento presente.
![]()
42 El Decreto
de las Cooperativas de Consumo fue adoptado por el Consejo de Comisarios
del Pueblo el 10 de abril de 1918. El proyecto inicial del decreto topó con la
resistencia de los cooperativistas burgueses que defendían la independencia de
las cooperativas respecto de los órganos del Poder soviético. Con el fin de
utilizar el mecanismo cooperativista existente para organizar la distribución
de comestibles, el Consejo de Comisarios del Pueblo hizo algunas concesiones a
los cooperativistas burgueses, de los que Lenin habla a renglón seguido.
Las tareas inmediatas del poder soviético
El decreto es un acuerdo
concertado con las cooperativas burguesas y con las cooperativas obreras que
siguen manteniendo un punto de vista burgués. El acuerdo o compromiso consiste,
primero, en que los representantes de estas instituciones no sólo han participado
en la discusión del decreto, sino que, de hecho, han gozado durante la
discusión del derecho de voto, pues las partes del decreto a las que dichas
cooperativas se oponían con denuedo, fueron suprimidas. Segundo, el compromiso
consiste, en realidad, en que el poder soviético renuncia al principio del
ingreso gratuito en las cooperativas (único principio consecuentemente
proletario), así como a la asociación de toda la población de un lugar dado en
una sola cooperativa. Al renunciar a este principio, único principio socialista
que responde al objetivo de la supresión de las clases, se ha autorizado a las
“cooperativas obreras de clase” (que se llaman “de clase” en este caso
únicamente porque se subordinan a los intereses de clase de la burguesía) para seguir
subsistiendo. Por último, la propuesta del Poder soviético de excluir
totalmente a la burguesía de la dirección de las cooperativas también ha sido
muy debilitada, y la prohibición de entrar en las directivas de las
cooperativas se ha hecho extensiva sólo a los propietarios de las empresas
comerciales e industriales de tipo capitalista privado.
45
No habría necesidad de tales
compromisos si el proletariado hubiese conseguido, a través del Poder
soviético, organizar la contabilidad y el control a escala nacional o, aunque
sólo fuese, sentar las bases de dicho control. Mediante las secciones de abastecimiento
de los Soviets y los organismos similares anejos a los Soviets agruparíamos a
la población en una cooperativa única, dirigida por el proletariado y sin la
ayuda de las cooperativas burguesas, sin hacer concesiones al principio
puramente burgués de que la cooperativa obrera ha de seguir subsistiendo como
tal al lado de la cooperativa
burguesa en vez de supeditar
totalmente la cooperativa burguesa, uniendo las dos y asumiendo toda la dirección, tomando en sus manos el control del consumo de los ricos.
Al concertar semejante
acuerdo con las cooperativas burguesas, el Poder soviético ha determinado de un
modo concreto sus tareas tácticas y sus métodos peculiares de obrar en la
presente fase de desarrollo, a saber: aprovechar y dirigir a los elementos burgueses,
haciéndoles algunas concesiones parciales, con lo cual creamos las condiciones
para un avance que será más lento de lo que en un comienzo suponíamos, porque,
al mismo tiempo, será más firme, tendrá mejor aseguradas la base y las vías de
comunicación y mejor fortificadas las posiciones conquistadas. Por lo demás,
los Soviets pueden (y deben ) evaluar
hoy día sus éxitos en la obra de la edificación del socialismo con un criterio
extraordinariamente claro, sencillo y práctico: en qué número exacto de
comunidades (comunas, pueblos o barrios, etc.) y en qué grado se aproxima el
desarrollo de las cooperativas a abarcar a toda la población.
El aumento de la
productividad del trabajo.
En toda revolución
socialista, una vez resuelto el problema de la conquista del poder por el
proletariado y en la medida en que se va cumpliendo en lo fundamental la tarea
de expropiar a los expropiadores y aplastar su resistencia, va colocándose
necesariamente en primer plano una tarea cardinal: la de crear un tipo de
sociedad superior a la del capitalismo, es decir, la tarea de aumentar la
productividad del trabajo y, en relación con esto (y para esto), dar al trabajo
una organización superior. Nuestro Poder soviético se encuentra precisamente en
una situación en que, gracias a las victorias sobre los explotadores, desde
Kerenski hasta Kornílov, ha obtenido la posibilidad de abordar de lleno esta
tarea y entregarse a ella por entero. Y aquí es donde se ve en el acto que, si
bien es posible apoderarse en pocos días del poder central del Estado, si bien
es posible aplastar en pocas semanas la resistencia militar (y el sabotaje) de
los explotadores, incluso en los diversos confines de un país grande, no lo
Las tareas inmediatas del poder soviético
es menos que para cumplir
con eficacia la tarea de elevar la productividad del trabajo se necesitan, en
todo caso (especialmente después de una guerra de las más penosas y
devastadoras), varios años. Lo prolongado de esta labor se debe sin duda a
circunstancias objetivas.
El aumento de la
productividad del trabajo exige, ante todo, que se asegure la base material de
la gran industria: el incremento de la extracción de combustible y de la
fabricación de hierro, maquinaria y productos químicos. En este sentido la
República Soviética de Rusia se encuentra en condiciones favorables porque
dispone, incluso después de la paz de Brest, de reservas gigantescas de
minerales (en los Urales); de combustible en Siberia Occidental (hulla), en el
Cáucaso y Sureste (petróleo) y en el Centro (turba); posee también inmensas
riquezas forestales, energía hidráulica y materias primas para la industria
química (Kara-Bugas), etc. La explotación de estas riquezas naturales con los
medios técnicos modernos pondrá los cimientos para un progreso jamás visto de
las fuerzas productivas.
Otra de las condiciones del
aumento de la productividad del trabajo es elevar el nivel de cultura e
instrucción de las grandes masas de la población.
Esta elevación marcha ahora
con gran celeridad, cosa que no ven los obcecados por la rutina burguesa,
incapaces de comprender cuán grande es el ansia de luz y el espíritu de
iniciativa que se extiende hoy entre las capas “bajas” del pueblo gracias a la
organización soviética. También son condiciones del fomento de la economía el
fortalecimiento de la disciplina de los trabajadores, la mejora de la maestría
y de la aplicación en el trabajo, el aumento de la intensidad y una
organización mejor del mismo.
En este aspecto, de creer a
quienes se han dejado intimidar por la burguesía o la sirven, guiados por
intereses egoístas, las cosas marchan entre nosotros muy mal e incluso no
tienen solución. Estas gentes no comprenden que no ha habido ni puede haber una
revolución en la que los partidarios del viejo régimen no griten a voz en
cuello sobre el desbarajuste, la anarquía, etc. Es natural que en las masas,
que se acaban de sacudir un yugo de increíble salvajismo, haya una profunda y
amplia efervescencia y agitación; que el proceso de formación de las nuevas
bases de la disciplina laboral sea muy largo y que ni siquiera pudiera
comenzarse antes de la victoria completa sobre los terratenientes la burguesía.
46
Pero, sin dejarnos llevar en
absoluto de la desesperación, a menudo fingida, que propagan los burgueses y
los intelectuales burgueses (que han perdido las esperanzas de poder defender
sus viejos privilegios), nosotros en modo al debemos encubrir un mal evidente.
Todo lo contrario, lo iremos poniendo de manifiesto y reforzaremos los métodos
soviéticos de lucha contra este mal, ya que el triunfo del socialismo es
inconcebible sin el triunfo de la disciplina proletaria consciente sobre la
anarquía espontánea pequeñoburguesa, verdadera premisa de que pueda ser
restaurado el régimen de Kerenski o de Kornílov43.
La vanguardia más consciente
del proletariado de Rusia se ha planteado ya la tarea de fortalecer la
disciplina en el trabajo. Por ejemplo, el Comité Central del Sindicato de
Obreros Metalúrgicos y el Consejo Central de los Sindicatos han comenzado a
redactar las medidas y proyectos de decretos respectivos44. Esta labor debe ser apoyada e impulsada con todas las
![]()
43
Régimen de Kerenski: período comprendido entre las
revoluciones democrática burguesa de febrero y la Socialista de Octubre de
1917, cuando el Gobierno Provisional estaba encabezado por el eserista
Kerenski, el cual aplicaba una política dictada por los intereses de la burguesía.
Korniloviada: tentativa de los medios
monárquicos castrenses de implantar en Rusia una dictadura militar encabezada
por el general del ejército zarista Kornílov. En agosto de 1917 Kornílov
organizó un alzamiento contrarrevolucionario que fue aplastado rápidamente por
destacamentos de obreros y soldados revolucionarios de la Guardia Roja
44
La organización de la
producción social según los principios socialistas exigió nuevos reglamentos
sobre la disciplina laboral y la elevación de la productividad del trabajo en
las empresas nacionalizadas.
Los sindicatos y los
organismos de economía asumieron esa labor. Mostró una valiosa iniciativa el
Comité Central del Sindicato de Obreros Metalúrgicos que propuso aplicar el
principio de pago por unidad de trabajo realizado y
Las tareas inmediatas del poder soviético
fuerzas. Se debe poner a la
orden del día la aplicación práctica y el ensayo de la remuneración por unidad
de trabajo realizado45 el aprovechamiento de lo mucho que hay
de científico y progresista en el sistema Taylor46 la observancia de las proporciones entre el salario y los
resultados generales de la producción de artículos o de la explotación del
transporte ferroviario, marítimo, fluvial, etc., etc.
El ruso es un mal trabajador
comparado con los de las naciones adelantadas. Y no podía ser de otro modo en
el régimen zarista, dada la vitalidad de los restos del régimen de servidumbre.
La tarea que el Poder soviético debe plantear con toda amplitud al pueblo es la
de aprender a trabajar. La última palabra del capitalismo en este terreno —el
sistema Taylor—, al igual que todos los progresos del capitalismo, reúne toda
la refinada ferocidad de la explotación burguesa y varias conquistas
científicas de sumo valor concernientes al estudio de los movimientos mecánicos
durante el trabajo, la supresión de movimientos superfluos y torpes, la
adopción de los métodos de trabajo más racionales, la implantación de los
sistemas óptimos de contabilidad y control, etc. La República Soviética debe
adquirir a toda costa las conquistas más valiosas de la ciencia y de la técnica
en este dominio. La posibilidad de realizar el socialismo quedará precisamente
determinada por el grado en que logremos combinar el Poder soviético y la forma
soviética de administración con los últimos progresos del capitalismo. Hay que
organizar en Rusia el estudio y la enseñanza del sistema Taylor, su
experimentación y adaptación sistemáticas. Al mismo tiempo, y con el propósito
de elevar la productividad del trabajo, hay que tener presentes las
peculiaridades del periodo de transición del capitalismo al socialismo que
reclaman, por un lado, el establecimiento de las bases de la organización
socialista de la emulación y, por otro, la aplicación de medidas coercitivas
para que la consigna de la dictadura del proletariado no quede empañada por una
blandenguería del poder proletario en la práctica.
La organización de la
emulación.
Al cúmulo de absurdos que la
burguesía difunde gustosa sobre el socialismo pertenece también el de que los
socialistas niegan la importancia de la emulación. Pero, en realidad, sólo el
socialismo, al suprimir las clases y, en consecuencia, la esclavización de las
masas, les abre por vez primera el camino a la emulación a escala amplia de
verdad. Y es precisamente el régimen soviético el que, pasando de la democracia
formal de la república burguesa a la verdadera participación de las masas
trabajadoras en el gobierno, plantea
por primera vez a gran escala el problema de la emulación. Es mucho más fácil
plantearlo en el terreno político que en el económico; pero, para el éxito del
socialismo, este último es precisamente el que importa.
Examinemos el problema de la
publicidad como medio de organizar la emulación. La república burguesa la lleva
a cabo únicamente de una manera formal, subordinando de hecho la prensa al
capital, distrayendo al “populacho” con nimiedades políticas picantes,
ocultando lo que sucede en los talleres, en las transacciones comerciales, en
los suministros,
![]()
un sistema de premios en la
industria del metal. El Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia aprobó
en abril de 1918 el Reglamento sobre la
disciplina laboral, que proponía introducir en todas las empresas estatales
las reglas de orden interno, establecer normas de trabajo y contabilidad del
rendimiento del mismo, introducir el pago a destajo y un sistema de primas y
aplicar severas medidas de castigo a los infractores de la disciplina laboral.
45 Después de la Revolución Socialista de
Octubre, el pago del trabajo en la mayoría de las empresas era por horas. El
pago a destajo, que corresponde más al principio socialista de la distribución
según la cantidad y calidad del trabajo realizado, comenzó a aplicarse después
de concertarse el Tratado de Paz de Brest en 1918 y aprobado definitivamente
por el Código laboral publicado en diciembre de 1918.
46
Sistema Taylor: sistema de organización del trabajo
ideado por el ingeniero norteamericano F. Taylor. Los elementos de organización
verdaderamente científica y aprovechamiento racional de los medios de
producción se combinaban en el sistema Taylor con propuestas conducentes a
reforzar la explotación de los trabajadores
Las tareas inmediatas del poder soviético
etc., bajo el manto del
“secreto comercial” que cubre la “sacrosanta propiedad”. El Poder soviético ha
suprimido el secreto comercial47 y
emprendido una nueva senda; pero aun no hemos hecho casi nada para aprovechar
la publicidad en beneficio de la emulación económica. Debe procurarse
periódicamente que, al mismo tiempo que se reprime sin piedad la prensa
burguesa, impregnada totalmente de falsedades y calumnias descaradas, se cree
una prensa que no se dedique a distraer y embaucar a las masas con anécdotas
picantes y nimiedades políticas, sino que someta al juicio de las masas los
problemas económicos cotidianos y les ayude a estudiarlos en serio. Cada
fábrica y cada aldea es una comuna de producción y consumo que tiene el derecho
y el deber de aplicar a su manera las leyes soviéticas generales (“a su manera”
no en el sentido de infringirlas, sino de la diversidad de formas de su
aplicación), resolver a su manera el problema de la contabilidad de la
producción y la distribución de los productos. En el capitalismo, esto era un
“asunto privado” de cada capitalista, de cada terrateniente o kulak. En el
Poder soviético, esto no es un asunto privado, sino público y de la mayor
importancia.
47
Apenas si hemos comenzado
aún la inmensa, difícil y, a la vez, grata labor de organizar la emulación
entre las comunas, de implantar la rendición de cuentas y la publicidad en la
producción del trigo, del vestido, etc., de convertir los balances burocráticos,
escuetos y sin vida, en ejemplos vivos, unas veces repulsivos y otras
atrayentes. Con el modo capitalista de producción, la importancia de cada
ejemplo por separado, digamos, de una cooperativa cualquiera de producción,
quedaba sin falta limitada hasta el último grado, y sólo la fantasía
pequeñoburguesa podía soñar con “corregir” el capitalismo con la influencia de
los ejemplos de las instituciones rebosantes de virtudes. Después de pasar el
poder político a manos del proletariado, después de la expropiación de los
expropiadores, la situación cambia de raíz y
—conforme a las reiteradas
indicaciones de socialistas destacados— la fuerza del ejemplo adquiere por vez
primera la posibilidad de ejercer su influencia a vasta escala. Las comunas
modelo deben servir y servirán de ejemplo educador, instructivo y estimulante
para las comunas atrasadas. La prensa debe ser un instrumento de la
construcción del socialismo que difunde con lujo de pormenores los éxitos de
las comunas modelo, analiza las causas de estos éxitos y los métodos de
organización de la hacienda de las mismas y pone, por otro lado, en la picota a
las comunas que se obstinan en conservar las “tradiciones del capitalismo”, es
decir, de la anarquía, la holgazanería, el desorden, la especulación. En la
sociedad capitalista, la estadística era de la incumbencia exclusiva de los
funcionarios públicos o de profesionales; nosotros debemos llevarla a las
masas, popularizarla para que los trabajadores vayan aprendiendo poco a poco a
comprender y ver ellos mismos cómo y cuánto hay que trabajar, cómo y cuánto se puede
descansar; para que la comparación de los
balances económicos de la hacienda de comunas por separado se transforme en
objeto de interés y estudio para todos, para que las comunas que se destaquen
sean recompensadas en el acto (reduciéndoles la jornada de trabajo durante
cierto tiempo, aumentando en ellas la retribución, concediéndoles mayores
bienes y valores culturales o estéticos, etc.).
Cuando en el escenario
histórico entra una clase nueva como jefe y dirigente de la sociedad, por un
lado siempre hay un período de grandes “sacudidas”, conmociones, luchas y
tempestades, y, por otro lado, tampoco falta un período de titubeos,
experimentos, vacilaciones y dudas respecto a la elección de nuevos métodos
correspondientes a la nueva situación objetiva. La nobleza feudal agonizante se
vengaba de la burguesía que triunfaba y la desplazaba; se vengaba no sólo
mediante conspiraciones e intentos de insurrección y restauración, sino también
mediante torrentes de burlas a costa de la incapacidad, la torpeza y los
errores de esos “advenedizos” e “insolentes” que se atrevían a empuñar el
“sagrado
![]()
47
Secreto comercial: derecho protegido por las leyes
burguesas a mantener en secreto las operaciones de producción, comercio y
finanzas, así como la documentación respectiva a ellas de las empresas
capitalistas privadas. El secreto comercial fue abolido en la Rusia Soviética
por el Reglamento sobre el Control Obrero aprobado por el CEC de toda Rusia y
el Consejo de Comisarios del Pueblo el 14 (27) de noviembre de 1917.
Las tareas inmediatas del poder soviético
timón” del Estado sin poseer
la preparación secular que para ello tienen los príncipes, barones, nobles y
aristócratas. Del mismo modo, los Kornílov y los Kerenski, los Gots y los
Mártov, toda esa cofradía de héroes de la chalanería y del escepticismo burgueses,
se están vengando ahora de la clase obrera de Rusia por su “atrevido” intento
de tomar el poder.
Se requieren, por supuesto,
largos meses y años, y no semanas, para que la nueva clase social, una clase
hasta ahora oprimida y aplastada por la miseria y la ignorancia, pueda
familtarizarse con la nueva situación, orientarse, organizar su trabajo y destacar
a sus organizadores. Se comprende que
el partido que dirige al proletariado revolucionario no podía adquirir la
experiencia ni los hábitos de las grandes medidas destinadas a organizar a
millones y decenas de millones de ciudadanos, que el rehacer los viejos
hábitos, que se reducían casi exclusivamente a la agitación, es una obra muy
larga. Pero en esto no hay nada imposible, y lo conseguiremos en cuanto
tengamos la clara conciencia de que ese cambio es necesario, la firme decisión
de realizarlo, la constancia imprescindible en la lucha por este objetivo
grande y difícil. Es inmenso el número de organizadores de talento que existen
en el “pueblo”, es decir, entre los obreros y los campesinos que no explotan
trabajo ajeno; el capital los oprimía por millares, los aplanaba y lanzaba por
la borda.
Nosotros aún no sabemos
descubrirlos, animarlos, ponerlos en pie, destacarlos. Pero aprenderemos si nos
aplicamos a ello con todo el entusiasmo revolucionario, sin el cual no puede
haber revoluciones victoriosas.
No ha habido ningún
movimiento popular profundo y caudaloso en la historia que no llevara esa
inmunda espuma de aventureros y granujas, de fanfarrones y vocingleros que se
arriman a los innovadores sin experiencia; no ha habido movimiento sin ajetreos
absurdos, sin confusión, sin agitación vana, sin que algunos “jefes” intenten
hacer veinte cosas a la vez y no acabar ninguna. Que ladren y gruñan los
gozques de la sociedad burguesa, desde Bielorrússov hasta Mártov, a propósito
de cada astilla que salte al talar ese bosque grande y vetusto. Para eso son
gozques, para ladrarle al elefante proletario48. Que ladren. Nosotros seguiremos nuestro camino, tratando de
poner a prueba y estudiar pacientemente, con el mayor cuidado posible, a los
verdaderos organizadores, a los hombres de mente clara y visión práctica, a los
hombres que reúnan la fidelidad al socialismo con la capacidad de organizar sin
alboroto (y a pesar del desorden y del alboroto) el trabajo unido, solidario y
común de gran número de personasen el marco de la organización soviética. Sólo a hombres así, después de probarlos
diez veces y pasarlos de los trabajos más sencillos a los más complejos,
debemos llevarlos a los puestos de responsabilidad de dirigentes del trabajo
del pueblo, de dirigentes administrativos. Todavía no hemos aprendido a
hacerlo. Pero aprenderemos.
48
“Buena organización”
y dictadura.
La tarea primordial del
momento que plantea la resolución del último congreso de los Soviets, celebrado
en Moscú, es crear una “buena organización” y fortalecer la disciplina. Hoy
todos “votan” y “suscriben” gustosos resoluciones de este género; mas, por lo
común, no se paran a pensar que su aplicación requiere el empleo de la
coerción, y, precisamente, de una coerción en forma de dictadura. Sin embargo,
sería la mayor torpeza y la más absurda utopía suponer que se puede pasar del
capitalismo al socialismo sin coerción y sin dictadura. La teoría marxista se
ha pronunciado hace mucho, del modo más rotundo, contra este absurdo
democrático pequeñoburgués y anarquista. La Rusia de 1917-1918 confirma con tal
evidencia y de un modo tan palpable y convincente la teoría de Marx sobre el
particular que sólo tontos de remate o empeñados en volver la espalda a la
verdad pueden todavía
![]()
48 Lenin hace un remedo de las palabras de
la fábula de I. Krylov El elefante y el
gozque: "¡Bravo debe ser el gozque cuando ladra al elefante!"
Las tareas inmediatas del poder soviético
desorientarse en este
terreno. O dictadura de Kornílov (si lo tomamos por el tipo ruso del Cavaignac
burgués) o dictadura del proletariado: no
puede haber otra salida para un país que se desarrolla con extraordinaria
rapidez, con virajes de excepcional brusquedad y en medio del terrible
desbarajuste económico originado por la más penosa de las guerras. Todas las
soluciones intermedias serán o un fraude al pueblo, cometido por la burguesía,
que no puede decir la verdad, que no puede declarar que necesita a Kornílov; o
una manifestación de la estupidez de los demócratas pequeñoburgueses, de los
Chernov, Tsereteli y Mártov, con su charlatanería acerca de la unidad de la
democracia, de la dictadura de la democracia, del frente democrático general y
demás tonterías por el estilo. Hay que considerar perdidos sin remedio a
quienes no han aprendido siquiera en el curso de la revolución rusa de
1917-1918 que las soluciones intermedias son imposibles.
Por otra parte, no es
difícil convencerse de que, en toda transición del capitalismo al socialismo,
la dictadura es imprescindible por dos razones esenciales o en dos aspectos
fundamentales Primero, es imposible vencer y desarraigar el capitalismo sin aplastar
sin piedad la resistencia de los explotadores, que no pueden ser privados de
golpe de sus riqueza de las ventajas que les proporcionan su organización y sus
conocimientos y que, en consecuencia, se esforzarán inevitablemente durante un
período bastante prolongado, por derrocar el odiado poder de los pobres.
Segundo, toda gran revolución, especialmente la revolución socialista, es
inconcebible sin guerra interior, es decir, sin guerra civil, aunque no exista
una guerra exterior. Y la guerra civil lleva implícita una ruina mayor aún que
la ocasionada por la guerra exterior; significa millares y millones de
vacilaciones y de deserciones de un campo a otro, un estado de terrible
incertidumbre, de desequilibrio y de caos. Como es natural todos los elementos de
descomposición de la sociedad vieja fatalmente numerosísimos y ligados, sobre
todo, a la pequeña burguesía (pues es la primera en quedar arruinada y
aniquilada por toda guerra y toda crisis), no pueden menos de “manifestarse” en
una conmoción tan profunda. Y los elementos de descomposición sólo pueden “manifestarse” en un aumento
de la delincuencia, de la golfería, del soborno, de la especulación y de toda
clase de escándalos. Para acabar con todo eso se requiere tiempo y hace falta mano de hierro.
La historia no conoce
ninguna gran revolución en la que el pueblo no haya sentido eso por instinto y
no haya mostrado una firmeza salvadora, fusilando a los ladrones en el acto. La
desgracia de las revoluciones precedentes consistió en que el entusiasmo revolucionario
de las masas que las tenía en tensión y les daba energías para reprimir sin
piedad a los elementos corruptores duraba poco. La causa social, es decir, de
clase, de esa poca duración del entusiasmo revolucionario de las masas residía
en la debilidad del proletariado, único
capaz (cuando es bastante numeroso, consciente y disciplinado) de atraer a la mayoría de los trabajadores y
explotados (a la mayoría de los pobres, empleando un término más sencillo y
popular) y sujetar el poder en sus manos el tiempo suficiente para aplastar por
completo a todos los explotadores y a todos los elementos corruptores.
Esta experiencia histórica
de todas las revoluciones, esta enseñanza —económica y política— de alcance
histórico universal fue resumida por Marx en su fórmula breve, tajante, precisa
y brillante: la dictadura del proletariado. Y la marcha triunfal de la organización
soviética por todos los pueblos y naciones de Rusia ha demostrado que la revolución rusa ha abordado con acierto esta
tarea de alcance histórico universal. Pues el Poder soviético no es otra cosa
que la forma de organización de la dictadura del proletariado de la dictadura
de la clase de vanguardia, que eleva a una nueva democracia y a la
participación efectiva en el gobierno del Estado a decenas y decenas de
millones de trabajadores explotados, los cuales aprenden de su misma
experiencia a considerar que su jefe más seguro es la vanguardia disciplinada y
consciente del proletariado.
49
Las tareas inmediatas del poder soviético
Pero la palabra dictadura es
una gran palabra. Y las grandes palabras no deben vocearse al viento. La
dictadura un poder férreo, de audacia y rapidez revolucionarias, implacable en
la represión tanto de los explotadores como le los malhechores. Sin embargo,
nuestro poder es demasiado blando y, en infinidad de ocasiones, se parece más a
la gelatina que al hierro. No debe olvidarse ni por un instante que el elemento
burgués y pequeñoburgués lucha contra el Poder soviético de dos maneras: por un
lado, actuando desde fuera con los métodos de los Sávinkov, Gots, Gueguechkori
y Kornílov, con conspiraciones y alzamientos, con su inmundo reflejo
“ideológico”, con torrentes de mentiras y calumnias difundidas en la prensa de
los democonstitucionalistas, de los eseristas de derecha y de los mencheviques;
por otro lado, este elemento actúa desde dentro, aprovechando todo factor de
descomposición y toda flaqueza, a fin de practicar el soborno y aumentar la
indisciplina, el libertinaje y el caos. Cuanto más nos acercamos al total
aplastamiento militar de la burguesía, más peligroso se hace para nosotros el
elemento de la anarquía pequeñoburguesa. Y contra este elemento no se puede
luchar únicamente con la propaganda, la agitación, la organización de la
emulación o la selección de organizadores; hay que oponerle también la
coerción.
A medida que la tarea
fundamental del poder deje de ser la represión militar para convertirse en la
labor administrativa, la manifestación típica de la represión y coerción no
será el fusilamiento en el acto, sino el tribunal. Después del 25 de octubre de
1917, las masas revolucionarias emprendieron el camino justo en este terreno y
demostraron la vitalidad de la revolución, empezando a organizar sus propios
tribunales obreros y campesinos, sin esperar que se promulgasen los decretos de
disolución del mecanismo judicial burocrático burgués. Pero nuestros tribunales
revolucionarios y populares son de una debilidad extraordinaria e increíble. Se
nota que aún no se ha borrado del todo la opinión que el pueblo tiene de los
tribunales como de algo burocrático y ajeno, opinión heredada de la época en
que existía el yugo de los terratenientes y de la burguesía. Todavía no se
comprende bastante que el tribunal es un órgano llamado a incorporar
precisamente a todos los pobres a la gestión pública del Estado (pues la actividad
judicial es una de las funciones administrativas del Estado), que el tribunal
es un órgano de poder del
proletariado y de los campesinos pobres, que el tribunal es un instrumento para inculcar la disciplina. No se
comprende bastante el hecho simple y evidente de que si el hambre y el paro son
las mayores plagas de Rusia, estas plagas no podrán ser vencidas con ningún
movimiento impulsivo, sino sólo con una organización y una disciplina en todos
los órdenes, extensivas a todo y a todos, que permitan aumentar la producción
de pan para la gente y de pan para la industria (combustible), transportarlo a
tiempo y distribuirlo acertadamente; que, por eso, cuantos infringen la disciplina del trabajo en cualquier fábrica,
en cualquier empresa o en cualquier obra son los culpables de los tormentos causados por el hambre y el paro; que es
necesario saber descubrir a los culpables, entregarlos a los tribunales y
castigarlos sin piedad. El elemento pequeñoburgués, contra el que habremos de
luchar ahora con el mayor tesón, se manifiesta precisamente en la insuficiente
comprensión de la relación económica y política existente entre el hambre y el
paro, por un lado, y el relajamiento de todos y cada uno en el terreno de la
organización y la disciplina, por otro; en que sigue muy arraigado el punto de
vista del pequeño propietario: sacar
la mayor tajada posible y, después, ¡lo que sea sonará!
En el transporte ferroviario
—que tal vez sea donde se plasman con mayor evidencia los vínculos económicos
del organismo creado por el gran capitalismo— se manifiesta con singular
relieve esta lucha entre el elemento relajador pequeñoburgués y el espíritu
proletario de organización. El elemento “administrativo” proporciona en gran
abundancia saboteadores y concusionarios; la mejor parte del elemento
proletario lucha por la disciplina; pero en uno y otro hay, como es natural,
muchos vacilantes muchos “débiles”, incapaces de no caer en la “tentación” de
especular, dejarse sobornar y sacar provecho persona a costa de deteriorar todo
el mecanismo, de cuyo buen funcionamiento depende el triunfo sobre el hambre y
el paro.
Las tareas inmediatas del poder soviético
Es sintomática la lucha
entablada en este terreno en torno al último decreto sobre la administración de
los ferrocarriles, sobre la concesión de poderes dictatoriales (o “ilimitados”)
a ciertos dirigentes49. Los representantes conscientes (y en
su mayoría, probablemente, inconscientes) del relajamiento pequeñoburgués han
querido ver en la concesión de poderes “ilimitados” (es decir, dictatoriales) a
ciertas personas una abjuración de la norma de dirección colectiva, de la
democracia y de los principios del Poder soviético. En algunos lugares, entre
los eseristas de izquierda se emprendió una agitación francamente propia de
maleantes contra el decreto sobre los poderes dictatoriales, es decir, una
agitación en la que se apelaba a los bajos instintos y al afán del pequeño
propietario de “sacar” la mayor tajada posible. La cuestión planteada tiene, en
efecto, inmensa importancia: primero, se trata de una cuestión de principio, de
saber si el nombramiento de determinadas personas investidas de poderes dictatoriales
ilimitados es, en general, compatible con los principios cardinales del Poder
soviético; segundo, de saber qué relación guarda este caso —o este precedente,
si se quiere— con las tareas especiales del poder en el momento concreto
actual. Ambas cuestiones deben ser examinadas con la mayor atención.
50
La experiencia irrefutable de la historia muestra que la
dictadura de ciertas personas ha sido con mucha frecuencia, en el curso de los
movimientos revolucionarios, la expresión de la dictadura de las clases
revolucionarias, su portadora y su vehículo. No ofrece duda alguna que la
dictadura personal ha sido compatible con la democracia burguesa. Pero los
detractores burgueses del Poder soviético, así como sus segundones
pequeñoburgueses, recurren siempre al escamoteo y dan pruebas de gran destreza
en este punto: por una parte, declaran que el Poder soviético es algo
simplemente absurdo, anárquico, salvaje, eludiendo con el mayor cuidado todos
nuestros paralelos históricos y las pruebas teóricas de que los Soviets son la
forma superior de democracia, más aún, el comienzo de la forma socialista de democracia; por otra
parte, exigen de nosotros democracia superior a la burguesa y dicen: la
dictadura personal es absolutamente incompatible con vuestra democracia
soviética, bolchevique (o sea, no burguesa sino
socialista).
Los razonamientos no pueden
ser peores. Si no somos anarquistas, debemos admitir la necesidad del Estado, es decir, la coerción, para pasar del capitalismo al socialismo. La forma de
coerción está determinada por el grado de desarrollo de la clase revolucionaria
correspondiente, por circunstancias especiales —como es, por ejemplo, la
herencia recibida de una guerra larga y reaccionaria— y por las formas de
resistencia de la burguesía y de la pequeña burguesía. Así pues, no existe absolutamente ninguna contradicción
de principio entre la democracia soviética (es
decir, socialista) y el ejercicio del poder dictatorial por ciertas
personas. La dictadura proletaria se diferencia de la dictadura burguesa en que
la primera dirige sus golpes contra la minoría explotadora, a favor de la
mayoría explotada; además, en que la primera es ejercida —también por el conducto de ciertas personas— no sólo por las masas
trabajadoras y explotadas, sino asimismo por organizaciones estructuradas de
manera que puedan despertar precisamente a esas masas y elevarlas a hacer la
historia (a este género de organizaciones pertenecen los Soviets).
Por lo que se refiere a la
segunda cuestión (el significado precisamente del poder dictatorial unipersonal
desde el punto de vista de las tareas específicas del momento presente),
debemos decir que toda gran industria mecanizada —es decir, precisamente el
origen y la base material, de producción, del socialismo— requiere una unidad de voluntad absoluta y
![]()
49 Se alude al decreto Sobre la centralización de la dirección, la protección de los caminos y
el aumento de su capacidad de tráfico, aprobado por el Consejo de
Comisarios del Pueblo el 23 de marzo de 1918. Este decreto fue promulgado a causa de la gravísima
situación en que se encontraba el transporte ferroviario y estipulaba una serie
de medidas tendentes a mejorar el trabajo de los ferrocarriles. Al propugnar
este decreto, contra el cual objetaban los mencheviques y los eseristas, Lenin
señalaba la necesidad de adoptar las medidas más firmes para desterrar el
sabotaje y el desorden en los ferrocarriles
Las tareas inmediatas del poder soviético
rigurosísima que dirija el
trabajo común de centonares, miles y decenas de miles de personas. Esta
necesidad es evidente desde tres puntos de vista —técnico, económico e
histórico —, y cuantos pensaban en el socialismo la han tenido siempre por una
condición para llegar a él. Pero, ¿cómo puede asegurarse la más rigurosa unidad
de voluntad? Supeditando la voluntad de miles de personas a la de una sola.
Si quienes participan en el
trabajo común poseen una conciencia y una disciplina ideales, esta supeditación
puede recordar más bien la suavidad con que conduce un director de orquesta. Si
no existen esa disciplina y esa conciencia ideales, la supeditación puede
adquirir las formas tajantes de la dictadura. Pero, de un modo u otro modo, la supeditación incondicional a una
voluntad única es absolutamente necesaria para el buen éxito de los procesos
del trabajo, organizado al estilo de la gran industria mecanizada. Para los
ferrocarriles ello es el doble y el triple necesario. Y esta transición de una
tarea política a otra, que no se le parece en nada por fuera, constituye la peculiaridad del momento que vivimos. La
revolución acaba de romper las
cadenas más antiguas, más fuertes y pesadas, con las que se sometía a las masas
por la fuerza. Eso sucedía ayer. Pero hoy, esa misma revolución, en beneficio
precisamente de su desarrollo y robustecimiento, en beneficio del socialismo,
exige la supeditación incondicional
de las masas a la voluntad única de
los dirigentes del proceso de trabajo. Está
claro que semejante transición es inconcebible de golpe. Está claro que
sólo puede llevarse a cabo a costa de enormes sacudidas y conmociones, con
retornos a lo viejo, mediante una tensión colosal de las energías de la
vanguardia proletaria que conduce al pueblo hacia lo nuevo. En esto no piensan
quienes se dejan arrastrar por el histerismo pequeñoburgués de Nóvaya Zhizn o Vperiod, Dielo Naroda o Nash Viek.
Tomemos la psicología del individuo medio, de base, de la masa
trabajadora y explotada y comparémosla con las condiciones objetivas,
materiales, de la vida social del mismo. Hasta la Revolución de Octubre no
había visto aún en la práctica que las clases poseedoras, las clases
explotadoras le hubiesen sacrificado o cedido realmente algo de importancia
para ellas. No había visto aún que
esas clases le hubiesen dado la tierra y la libertad, tantas veces prometidas,
que le hubiesen dado la paz, que hubiesen renunciado a sus intereses de “nación
dominante” y a los tratados secretos imperialistas, que hubiesen sacrificado
algo de su capital y de sus ganancias. Lo ha visto únicamente después del 25 de octubre de 1917,
cuando él mismo hubo de conquistarlo todo esto por la fuerza y defenderlo
también por la fuerza frente a los Kerenski, los Gots, los Gueguechkori, los
Dútov y los Kornílov. Se comprende que, durante cierto tiempo, toda su atención,
todos sus pensamientos, todas sus fuerzas espirituales hayan tendido a una sola
cosa: a respirar libremente, a erguirse, explayarse y gozar de los bienes
inmediatos que le ofrecía la vida y le negaban los explotadores derrocados. Se
comprende que haga falta cierto tiempo para que el individuo de las masas vea,
se convenza y, además, sienta que no se puede simplemente “tomar”, echar el
guante a algo y llevárselo, que esto aumenta el desbarajuste, el desastre, que
trae de vuelta a los Kornílov. El viraje correspondiente en las condiciones de
vida (y, por tanto, en la psicología también) de las masas trabajadoras
sencillas no hace más que empezar. Y toda nuestra misión, la misión del Partido
Comunista (bolchevique), intérprete consciente del afán de emancipación de los
explotados, es conocer este viraje, comprender que es necesario, ponerse a la
cabeza de las masas cansadas, que buscan con ansiedad una salida, guiarlas por
el buen camino, por el camino de la disciplina laboral, enseñarles a compaginar
las discusiones públicas acerca de
las condiciones de trabajo con el sometimiento incondicional a la voluntad del
dirigente soviético, del dictador, durante
el trabajo.
51
Los burgueses, los
mencheviques, los de Nóvaya Zhizn,
que sólo ven caos, desorden y explosiones de egoísmo de pequeños propietarios,
se burlan de las “discusiones públicas” o las denigran, furiosos, con más
frecuencia aún. Pero sin las discusiones públicas, la masa de oprimidos jamás
podría pasar de la disciplina impuesta por los explotadores a la disciplina
Las tareas inmediatas del poder soviético
consciente y voluntaria. Las
discusiones públicas son, precisamente, la verdadera democracia, el
enderezamiento, el despertar de los trabajadores a la nueva vida; son los
primeros pasos que dan por un terreno que ellos mismos han limpiado de reptiles
(explotadores, imperialistas, terratenientes y capitalistas) y que ellos mismos
quieren aprender a organizar a su manera, para sí, respaldándose en los
principios de su propio poder del Poder soviético,
y no de un poder ajeno, señorial o burgués. Ha sido precisa la victoria
conquistada en octubre por los trabajadores sobre los explotadores, ha sido
precisa toda una etapa histórica de discusión inicial por los propios
trabajadores de las nuevas condiciones de vida de las nuevas tareas, para poder
pasar con firmeza a formas superiores de la disciplina de trabajo, a una
asimilación consciente de la idea de que es necesaria la dictadura del
proletariado, a un sometimiento incondicional a las órdenes personales de los
representantes del Poder soviético en las horas de trabajo.
Esta transición ha comenzado ahora.
Hemos cumplido con éxito la
primera tarea de la revolución, hemos visto cómo preparan las masas
trabajadoras en su propio seno la condición fundamental para el triunfo de esa
revolución: la unificación de los esfuerzos contra los explotadores a fin de lograr
su derrocamiento. Etapas como las de octubre de 1905 y febrero y octubre de
1917 tienen una importancia histórica universal.
Hemos cumplido con éxito la
segunda tarea de la revolución: despertar y alzar a esos mismos “sectores
bajos” de la sociedad que los explotadores habían echado al fondo y que sólo
después del 25 de octubre de 1917 obtuvieron la plena libertad de derrocar a
esos explotadores y de comenzar a orientarse y a organizar la vida a su manera.
Esta segunda gran etapa de la revolución estriba en las discusiones públicas
precisamente de las masas trabajadoras más oprimidas, más atrasadas y menos
preparadas, el paso de éstas a los bolcheviques, la instauración por ellas de
su organización soviética en todas partes.
Empieza la tercera etapa.
Hay que afianzar lo conquistado por nosotros mismos, lo que hemos decretado,
legalizado, discutido y proyectado; hay que afianzarlo mediante formas estables
de una disciplina de trabajo diaria.
Es la tarea más difícil, pero también la más grata, pues únicamente su
cumplimiento nos permitirá implantar el orden socialista. Hay que aprender a
conjugar la democracia de las discusiones públicas de las masas trabajadoras,
que fluye tumultuosa como las aguas primaverales desbordadas, con la disciplina
férrea durante el trabajo, con el sometimiento
incondicional a la voluntad de una sola persona, del dirigente Soviético,
en las horas de trabajo.
Todavía no hemos aprendido a hacerlo.
Pero aprenderemos
La amenaza de restauración
de la explotación burguesa personificada por los Kornílov, los Gots, los Dútov,
los Gueguechkori y los Bogaievski, se cernía ayer sobre nosotros. Pero los
hemos vencido. Esta restauración, esta misma restauración nos amenaza hoy bajo
otra forma bajo la forma del elemento de relajación y anarquismo
pequeñoburgués, del espíritu del pequeño propietario: “Eso no reza conmigo”;
bajo la forma de ataques e incursiones cotidianos, pequeños, pero numerosos, de
este elemento contra la disciplina proletaria. Debemos vencer este elemento de
anarquía pequeñoburguesa, y lo venceremos.
El desarrollo de la
organización soviética.
El carácter socialista de la
democracia soviética — es decir, proletaria,
en su aplicación concreta presente— consiste, primero, en que los electores son
las masas trabajadoras y explotadas, quedando excluida la burguesía; segundo,
en que desaparecen todas las
Las tareas inmediatas del poder soviético
formalidades y restricciones
burocráticas en las elecciones: las propias masas determinan las normas y el
plazo de las elecciones, gozando de plena libertad para revocar a los elegidos;
tercero, en que se crea la mejor organización de masas de la vanguardia
trabajadora, del proletariado de la gran industria, la cual le permite dirigir
a las más vastas masas de explotados, incorporarlas a una vida política
independiente y educarlas en el aspecto político, basándose en su propia
experiencia; en que, de este modo, se aborda por vez primera la tarea de que
aprenda a gobernar y comience a gobernar realmente toda la población.
52
Tales son los principales
rasgos distintivos de la democracia aplicada en Rusia, que constituye un tipo superior de democracia, que
significa la ruptura con la deformación burguesa de la misma y el paso a la
democracia socialista y a condiciones que permitan el comienzo de la extinción
del Estado.
Por supuesto, el elemento de
la desorganización pequeñoburguesa (que se dejará sentir inevitablemente, bajo una u otra forma, en toda revolución proletaria, y que en nuestra revolución se manifiesta con fuerza singular en virtud del
carácter pequeñoburgués del país, de su atraso y de las consecuencias de la
guerra reaccionaria) no puede menos de imprimir también su sello en los
Soviets.
Hay que trabajar
infatigablemente para desarrollar la organización de los Soviets y el Poder
soviético. Existe la tendencia pequeñoburguesa a convertir a los miembros de
los Soviets “parlamentarios” o, de otro lado, en burócratas. Hay que luchar
contra esto, haciendo participar prácticamente a todos los miembros de los Soviets en el gobierno del país. En
muchos lugares, las secciones de los Soviets se están transformando en órganos
que se funden paulatinamente con los comisariados. Nuestro objetivo es hacer
participar prácticamente a toda la
población pobre en el gobierno del país; y todos los pasos que se den para
lograr este objetivo —cuanto más variados, tanto mejor— deben ser registrados,
analizados y sistematizados minuciosamente, deben ser contrastados con una
experiencia más amplia y refrendados por la ley. Nuestro objetivo es lograr que
cada trabajador, después de “cumplir
la tarea” de ocho horas de trabajo productivo, desempeñe sin retribución las funciones estatales. El paso a este sistema es
particularmente difícil, pero sólo en él está la garantía de que se consolide
definitivamente el socialismo. Como es natural, la novedad y la dificultad del
cambio motivan la abundancia de pasos que se dan a tientas, por decirlo así;
originan multitud de errores y titubeos, sin los cuales no puede haber ningún
avance rápido. Toda la originalidad de la situación actual consiste, desde el
punto de vista de muchos que desean considerarse socialistas, en que la gente
se ha acostumbrado a oponer en forma abstracta el capitalismo al socialismo,
intercalando entre uno y otro, con aire grave, la palabra “salto” (algunos,
recordando fragmentos aislados de cosas leídas en las obras de Engels,
agregaban con aire aún más grave: “salto del reino de la necesidad al reino de
la libertad”50). La mayoría de los llamados
socialistas, que del socialismo “han leído en los libros”, pero que jamás han
profundizado en serio en este problema, no saben pensar que los maestros del
socialismo denominaban “salto” al cambio brusco, considerado desde el punto de
vista de los virajes de la historia universal, y que los saltos de esta
naturaleza abarcan períodos de diez e incluso más años. Es lógico que la famosa
“intelectualidad” suministre en momentos como éste una infinidad de plañideras:
una llora por la Asamblea
Constituyente; otra, por la
disciplina burguesa; la tercera, por el orden capitalista; la cuarta, por el
terrateniente civilizado; la quinta, por el espíritu imperialista de nación
dominante, etc., etc.
El
verdadero interés de la época de los grandes saltos consiste en que la
abundancia de escombros de lo viejo amontonados a veces con mayor rapidez que
despuntan los brotes de lo nuevo (no siempre perceptibles al primer golpe de
vista), requiere que se sepa destacar lo
![]()
50 Lenin cita el libro de F.
Engels Anti-Dühring, cap. II, Ensayo de teoría.
Las tareas inmediatas del poder soviético
más esencial en la línea o
en la cadena del desarrollo. Hay momentos históricos en que lo más importante
para asegurar el éxito de la revolución consiste en amontonar la mayor cantidad
posible de escombros, es decir, hacer saltar el mayor número de instituciones
caducas; hay momentos en que, logrado esto en grado suficiente, se plantea a la
orden del día la labor “prosaica” (“tediosa” para el revolucionario
pequeñoburgués) de descombrar el terreno; hay momentos en que lo más importante
es cuidar con solicitud los brotes de lo nuevo, que surgen de entre los
escombros en un terreno aún mal descombrado.
No basta con ser
revolucionario y partidario del socialismo o comunista en general. Es necesario
saber encontrar en cada momento peculiar el eslabón particular al cual hay que
aferrarse con todas las fuerzas para sujetar toda la cadena y preparar sólidamente
el paso al eslabón siguiente. El orden los eslabones, su forma, su engarce, la
diferencia entre unos y otros no son tan simples ni tan burdos en la cadena
histórica de los acontecimientos como en una cadena corriente forjada por un
herrero.
La lucha contra la
deformación burocrática de la organización soviética está garantizada por la
solidez de los vínculos de los Soviets con el “pueblo” —entendiendo por tal a
los trabajadores y explotados—, por la flexibilidad y elasticidad de esos
vínculos. Los pobres jamás consideran instituciones “suyas” los parlamentos
burgueses, ni siquiera en la república capitalista más democrática del mundo.
Los Soviets, en cambio, son instituciones “propias”, y no ajenas, para la masa
de obreros y campesinos. A los actuales “socialdemócratas” del matiz de
Scheidemann o, lo que es casi igual, de Mártov les repugnan los Soviets y los
atrae el respetable Parlamento burgués o la Asamblea Constituyente, del mismo
modo que a Turguénev, hace sesenta años, le atraía la moderada constitución
monárquica y aristocrática y le repugnaba el espíritu democrático “plebeyo” de
Dobroliúbov y Chernyshevski51.
Es precisamente esta
proximidad de los Soviets al “pueblo” trabajador la que crea formas especiales
de control desde abajo —derecho de revocación, etc.—, que deben ser
desarrolladas ahora con un celo singular. Por ejemplo, los Consejos de
Instrucción Pública, como conferencias periódicas de los electores soviéticos
con sus delegados para discutir y controlar la labor de las autoridades
soviéticas en este terreno, son dignos de la mayor simpatía y apoyo. No hay
nada más necio que transformar los Soviets en algo anquilosado que se basta por
sí solo. Cuanto mayor sea la decisión con que debamos defender hoy la necesidad
de un poder firme o implacable, de dictadura de ciertas personas para determinados procesos de trabajo,
en determinados momentos del ejercicio de funciones puramente ejecutivas, tanto más variadas habrán de ser las formas
y los métodos de control desde abajo, a fin de paralizar toda sombra de posible
deformación del Poder soviético, a fin de arrancar reiterada y constantemente
la mala hierba burocrática.
53
Conclusión.
Una situación internacional
extraordinariamente dura, difícil y peligrosa; la necesidad de maniobrar y
replegarse; un período de espera de nuevas explosiones revolucionarias, que
maduran con agobiante lentitud en los países occidentales; dentro del país, un
período constructivo lento y de implacable “acicate”, de lucha prolongada y
tenaz de una severa disciplina proletaria contra los elementos amenazadores de
la relajación y de la anarquía pequeñoburguesas: tales son, en pocas palabras,
los rasgos distintivos de la etapa peculiar de la revolución socialista que
estamos atravesando. Tal es el eslabón de la cadena histórica de los
acontecimientos al que debemos aferrarnos ahora con todas nuestras fuerzas para
estar a la altura de nuestras tareas hasta el momento de pasar al eslabón
siguiente, eslabón
![]()
51 El escritor liberal ruso I. Turguénev
dejó de colaborar en 1860 en la revista Sovreménnik,
que se publicaba en San Petersburgo bajo la dirección de N. Chernyshevski y N.
Dobroliúbov. La causa fue su desacuerdo con la tendencia demócrata
revolucionaria de la revista.
Las tareas inmediatas del poder soviético
que nos atrae por su
singular esplendor, por el esplendor de las victorias de la revolución
proletaria internacional.
Intentemos comparar con el
concepto corriente, habitual, del “revolucionario” las consignas que surgen de
las condiciones peculiares de la etapa que atravesamos: maniobrar, replegarse,
esperar, construir lentamente, espolear implacablemente, disciplinar con
severidad, combatir la relajación…
¿Qué hay de extraño en que
al oír esto, algunos “revolucionarios” sean presa de una noble indignación y
comiencen a “fulminarnos”, acusándonos de haber olvidado las tradiciones de la
Revolución de Octubre, de conciliarnos con los especialistas burgueses, de
concertar compromisos con la burguesía, de tener un espíritu pequeñoburgués, de
haber caído en el reformismo, etc., etc.?
La desgracia de estos
malhadados revolucionarios consiste en que ni siquiera los impulsados por las
mejores intenciones del mundo ni los adictos por completo a la causa del
socialismo llegan a comprender el estado singular y particularmente
“desagradable” por el que debe pasar sin falta un país atrasado, devastado por
una guerra reaccionaria y maldita y que ha iniciado la revolución socialista
mucho antes que los países más adelantados, consiste en que les falta la
firmeza imprescindible en los momentos difíciles de una difícil transición.
Naturalmente, la oposición “oficial” de este
género a nuestro partido se la hace el partido de los eseristas de izquierda.
Es evidente que existe y existirán siempre excepciones individuales que se
apartan de los modelos típicos de un grupo o de una clase. Pero los tipos
sociales quedan. En un país donde el predominio de los pequeños propietarios
sobre la población puramente proletaria es enorme, la diferencia entre el
revolucionario proletario y el revolucionario pequeñoburgués tiene que
reflejarse de manera ineludible (y en ciertas ocasiones con extraordinario
contraste). El revolucionario pequeñoburgués duda y vacila ante cada giro de
los acontecimientos; pasa de un revolucionarismo furibundo, en marzo de 1917, a
glorificar la “coalición” en mayo, odiar a los bolcheviques (o lamentar su
“aventurerismo”) en julio, a apartarse temeroso de ellos a fines de octubre, a
apoyarles en diciembre y, por último, a decir en marzo y abril de 1918,
haciendo una mueca despectiva: “No soy de los que cantan loas al trabajo
“orgánico”, al practicismo y al avance pasito a paso”.
La base social de semejantes
tipos es el pequeño propietario exasperado por los horrores de la guerra, por
la ruina súbita, por los insoportables sufrimientos del hambre el desbarajuste
económico y que se debate histéricamente, buscando salida y salvación,
vacilando entre la confianza y el apoyo al proletariado, por un lado, y los
accesos de desesperación, por otro. Hay que comprender claramente y recordarlo
muy bien que con tal base social no es posible construir el socialismo. Sólo la
clase que sigue su camino sin vacilaciones, que no se desanima ni desespera en
los tránsitos más duros, difíciles y peligrosos puede dirigir a las masas
trabajadoras y explotadas. No necesitamos accesos de histeria. Lo que
necesitamos es el paso acompasado de los batallones de hierro del proletariado.
Escrito entre el 13 y el 26 de abril de 1918. Publicado el 28 de
abril de 1918 en el núm. 83 de “Pravda” y en el suplemento del núm. 85 de
“Izvestia del CEC de toda Rusia”.
T. 36, págs. 167-208.
Borrador del Plan de trabajos tecno-cintíficos
54
BORRADOR DEL PLAN DE TRABAJOS TECNO-CIENTÍFICOS.
El Consejo Superior de
Economía Nacional debe encargar inmediatamente a la Academia de Ciencias, que
ha empezado el estudio y la investigación periódicos de las fuerzas productivas
naturales* de Rusia, que forme varias comisiones de especialistas para trazar
con la mayor rapidez posible un plan de reorganización de la industria y del
fomento económico de Rusia.
* N. B. Hay que acelerar con toda energía
la edición de estos escritos y enviar
una nota sobre ellas al Comisariado de Instrucción Pública, al Sindicato de
Artes Gráficas y al Comisariado de Trabajo.
Este plan debe abarcar:
La distribución racional de la industria en Rusia desde el punto de
vista de la proximidad de las materias primas y de la posibilidad de pasar con
las mínimas pérdidas de la transformación de las materias primas a todas las
etapas posteriores de preparación de los productos semifabricados hasta obtener
artículos acabados.
La fusión y concentración de
la producción, racionales desde el punto de vista de la novísima gran industria
y, en particular, de los trusts, en unas cuantas empresas gigantescas.
La posibilidad máxima para
la actual República Soviética de Rusia (sin Ucrania ni las regiones ocupadas
por los alemanes) de abastecerse por su
cuenta de todos los tipos principales de materias primas y de industria.
Una atención singular a la
electrificación de la industria y del transporte y a la aplicación de la
electricidad en la agricultura. El empleo de combustibles secundarios (turba,
carbón de las peores clases) para obtener energía eléctrica con los menores gastos
de extracción y transporte.
Fuerzas hidráulicas y motores eólicos en general y de aplicación
agrícola.
Escrito entre el 18 y el 25 de abril de 1918. Publicado el 4 de
marzo de 1924 en el núm. 52 de “Pravda”.
T. 36, págs. 228-231.
Discurso en el soviet de Moscú de diputados obreros, campesinos
y soldados rojos
55
DISCURSO EN EL SOVIET DE MOSCÚ DE
DIPUTADOS OBREROS, CAMPESINOS Y SOLDADOS ROJOS.
El 23 de abril de
1918.
Camaradas: Permitidme ante
todo que salude a los nuevos diputados obreros y campesinos del Soviet de
Moscú.
Habéis tenido que elegir el
nuevo Soviet en momentos de extraordinaria gravedad, en los momentos trágicos
en que el proceso del desarrollo de nuestra revolución entra en la fase más
peligrosa y dura. Los elementos hostiles a la revolución, todos los que apoyan
a los enemigos del pueblo, todos los que van detrás de la burguesía cifraban
grandes esperanzas en las nuevas elecciones de nuestro Soviet, ya que hoy día
vivimos en una época dificilísima, época en que ha terminado la marcha
victoriosa de la revolución, la cual ha entrado en un período de duras pruebas
y aun derrotas. Y en estos momentos el proletariado se yergue otra vez ante
nosotros con todo el vigor de su conciencia. Los obreros tienen en cuenta toda
la dificultad del período que atravesamos y comprenden claramente que poner fin
a los grandes sufrimientos que han caído en suerte al pueblo trabajador no
depende de nosotros, sino de toda la marcha de los acontecimientos históricos.
Y los obreros soportarán con heroica resolución las nuevas privaciones con tal
de conservar las grandes conquistas de la Revolución de Octubre.
No cabe duda de que, a la
par con las duras pruebas la revolución ha entrado, así y todo, en una fase de
nuevas victorias imperceptibles a primera vista, pero que no son menos
importantes que las brillantes victorias de la época de las barricadas de Octubre.
Ante nosotros se yerguen de cuerpo entero dos enemigos mortales nuestros: ante
nosotros están armados hasta los dientes y dispuestos a destrozar la revolución
los enemigos del exterior y del interior, que el momento propicio para
asestarnos el golpe definitivo. El enemigo exterior es el imperialismo
internacional, armado hasta los dientes y rebosante de fuerzas técnicas que
acecha el momento para atacar de nuevo, como un salteador de caminos, a la
Rusia Soviética. Y al recordar esto, hay que mirar directamente, con implacable
claridad, a los ojos de la temible verdad.
Como resultado de la más
reaccionaria de las guerras que nuestro atormentado país ha tenido que sufrir
en tiempo alguno, hoy carecemos de fuerzas suficientes para llevar una activa
lucha armada contra la reacción mundial, carecemos de ejército, carecemos de
fuerzas que oponer a los destacamentos magníficamente organizados de la
contrarrevolución internacional que tiene en sus manos la potencia de una
técnica avanzada y de una disciplina ideal. Por el momento estamos solos y
rodeados de enemigos mortales.
En la época de la
insurrección del pueblo trabajador en Octubre, cuando desplegamos ante los
obreros la bandera roja de la revolución socialista, vivimos un período de
fácil éxito deslumbrante. Y los obreros de otros países, que prestan oído al
lejano fragor de la revolución de Rusia, comprendían lo que ocurría en Rusia,
se daban cuenta de que el proletariado de Rusia llevaba adelante la propia
causa de ellos, la causa íntima de ellos. Entonces vencíamos, con facilidad a
las bandas reaccionarias, entonces sometíamos con facilidad a los restos de las
bandas mencheviques que se habían sublevado contra el pueblo, pero que nos
atacaban abiertamente a mano armada, sino con el arma vil de la mentira, la
calumnia y la inaudita traición. Como resultado de la batalla que hemos dado a
la contrarrevolución, vemos una
Discurso en el soviet de Moscú de diputados obreros, campesinos
y soldados rojos
victoria tan grande como el
hecho de que Kornílov, el contrarrevolucionario más valiente, ha muerto a mano
airada de sus propios soldados indignados52.
Al combatir con amplitud en todos los frentes a la
contrarrevolución patria, hemos aprovechado un momento difícil para la
burguesía internacional y asestado a tiempo un poderoso golpe al cuerpo de la
contrarrevolución, hoy aplastada. Puede afirmarse con toda seguridad que la
guerra civil se ha acabado en lo fundamental. Es claro que habrá algunos
encontronazos, que en las calles de algunas ciudades habrá tiroteos motivados
por las tentativas parciales de los reaccionarios de derrocar el Poder
soviético, la fuerza de la revolución; pero no cabe duda de que, en el frente
interior, los esfuerzos del pueblo sublevado han dado muerte sin remedio a la
reacción. Así pues, hemos vivido la primera época del desarrollo de la
revolución, cuyo comienzo arranca de los días de Octubre, época del éxito
embriagador que se les subió a algunos a la cabeza.
56
Repito una vez más que ha
llegado el período más difícil y duro en la vida de nuestra revolución. Tenemos
planteada la tarea de poner en férrea tensión todas las fuerzas para aplicarlas
a la nueva obra creadora, pues sólo la firmeza de hierro y la disciplina
laboral ayudarán al proletariado revolucionario de Rusia, tan solitario por
ahora en su titánica labor revolucionaria, a aguantar hasta el momento
liberador en que el proletariado internacional acuda en nuestra ayuda.
Somos uno de los
destacamentos revolucionarios de la clase obrera, un destacamento que se ha
adelantado a los otros, y no porque seamos mejores que los demás obreros, no
porque el proletariado de Rusia esté por encima de la clase obrera de otros
países, sino sólo y exclusivamente porque éramos uno de los países más
atrasados del mundo. Alcanzaremos la victoria definitiva sólo cuando logremos
vencer definitivamente al imperialismo internacional, que se apoya en la
grandiosa fuerza de la técnica y de la disciplina. Pero alcanzaremos la
victoria únicamente con todos los obreros de los demás países, del mundo
entero.
La historia nos ha hecho
firmar la dura paz de Brest, y no ocultamos que esta paz puede ser infringida
pérfidamente en cualquier momento por los numerosos enemigos de la revolución,
que nos atacan por todas partes y contra los cuales nos vemos impotentes de
emprender una lucha activa en los momentos actuales. Y debéis saber que si
alguien os llamara ahora a esa lucha armada, activa y abierta, contra el rapaz
imperialismo internacional, cometería un acto de traición al pueblo, sería,
voluntaria o involuntariamente un provocador y un lacayo de uno u otro puñado
de imperialistas. Y quien combate la táctica que hemos seguido durante los
últimos tiempos –aunque se llame el comunista más “izquierdista”, incluso
superizquierdista—, es un mal revolucionario; diré más: no es revolucionario en
absoluto. (Aplausos.)
Nuestro atraso nos ha hecho
avanzar y pereceremos si no sabemos sostenemos hasta que encontremos el
poderoso apoyo de los obreros sublevados de otros países. Nuestra tarea es
seguir constantemente nuestra táctica de lucha proletaria.
Tenemos un enemigo secreto
en extremo peligroso, más peligroso que muchos contrarrevolucionarios
declarados. Este enemigo es un enemigo mortal de la revolución socialista y del
Poder soviético, parlamento popular de nuevo tipo para los pobres, parlamento
sin precedentes en ningún otro sitio; este enemigo es el espíritu de los
pequeños propietarios. No cabe duda de que hemos llegado al punto de superar
los obstáculos más difíciles en la vía del desarrollo de la revolución
socialista. Tenernos delante, en primer orden, la tarea de aplicar en plena
medida y en todas las esferas la dictadura del proletariado: en la
![]()
52 En abril de 1918 apareció en los
periódicos la noticia del asesinato del general Kornílov por sus propios
soldados. Posteriormente se supo que Kornílov había perecido por efecto de la
explosión de un proyectil de artillería durante un combate con las unidades del
Ejército Rojo
Discurso en el soviet de Moscú de diputados obreros, campesinos
y soldados rojos
organización de la
disciplina del trabajo, en la producción y en la distribución de los productos.
El enemigo de que he hablado es el espíritu del pequeño propietario que vive
con un solo pensamiento: “arramblo con lo que pueda, y luego que se hunda el mundo”;
este enemigo es más fuerte que todos los Kornílov, Dútov y Kaledin juntos.
Estos pequeños kulaks, pequeños patronos y propietarios dicen: “nos han estado
oprimiendo todo el tiempo, nos han estado asfixiando todo el tiempo, ¿cómo no
hemos de aprovechar un momento tan propicio?” Este fenómeno es un serio
obstáculo y, sin superarlo, es imposible vencer, ya que de cada pequeño
propietario, de cada ávido tomajón sale un nuevo Kornílov.
Junto a ese peligro se alzan
ante nosotros, como temible fantasma, las perspectivas del hambre inminente y
el paro en masa, pero vemos que todo obrero consciente –y son más y más cada
día, cada hora —, todo obrero consciente digo, tiene en cuenta y comprende que
en el momento actual el único medio de lucha contra ese temible peligro es
poner en férrea tensión todas las fuerzas y tener un poderos aguante. Y que no
olviden, los que en los momentos de tragos amargos de nuestra revolución son
presa de la desesperación, del desánimo y la debilidad, que hemos dicho siempre
que no llegaremos del capitalismo a la victoria completa del socialismo por un
camino incruento y fácil, mediante la persuasión y la conciliación y que sólo
alcanzaremos nuestra meta tras enconada lucha.
La dictadura del
proletariado está por la violencia contra los explotadores. Nuestro camino es
el aguante, la cohesión proletaria, la dictadura férrea del pueblo trabajador.
No cabe duda de que el Poder soviético no ha sido bastante enérgico en muchos
casos, al batir a la contrarrevolución, y en ese aspecto no ha sido de hierro,
sino de gelatina, de la que no se puede construir el socialismo. No hemos
vencido el elemento pequeñoburgués. La situación del país, arruinado y exangüe,
que la marcha de la historia ha puesto a la cabeza de todos en el campo de la
revolución mundial, es de gravedad extraordinaria, y nos aplastarán si no
oponemos una férrea dictadura de los obreros conscientes al desbarajuste, a la
desorganización y a la desesperación. Seremos implacables tanto con nuestros
enemigos como con todos los elementos vacilantes y nocivos de nuestro propio
medio que se atrevan a llevar la desorganización a nuestra dura labor creadora
de edificación de una nueva vida para el pueblo trabajador.
Hemos abordado el
cumplimiento de una tarea que, una vez cumplida, nos traerá la garantía y el
afianzamiento completos del socialismo. Para vencer todas las dificultades,
para luchar con éxito contra el hambre y el paro haremos una pesada y modesta
labor imperceptible de importancia estatal, y quien se nos oponga será un cruel
enemigo del proletariado.
57
Las elecciones al Soviet de
Moscú han mostrado hasta dónde los obreros, que han comprendido que el Poder
soviético no es un adorno de gala, sino su propia causa íntima, se dan cuenta
de lo que está ocurriendo. Con el último acto, el de la nueva elección de
nuestro Soviet, han sido vencidos todos los que cifraban grandes esperanzas en
estas elecciones, han sido vencidos los elementos vacilantes, y eso me da
seguridad y esperanza en que llevamos buen camino, el camino que nos conducirá
a la victoria completa del socialismo. (Ovación.
Todos cantan La Internacional.)
Publicado el 24 de abril de 1918 en el núm. 79 de “Pravda” y en
el núm. 81 de “Izvestia del CEC de toda Rusia”.
T. 36, págs. 232-237.
Seis tesis acerca de las tareas inmediatas del poder soviético
58
SEIS TESIS ACERCA DE LAS TAREAS
INMEDIATAS DEL PODER SOVIÉTICO
1. La situación internacional de la
República Soviética es difícil y crítica en grado sumo, pues el capital y el
imperialismo internacionales, movidos por sus intereses más profundos y
cardinales, aspirar no sólo a volver las armas contra Rusia, sino también a
llegar a un acuerdo sobre el reparto del territorio de ésta y la estrangulación
del Poder soviético.
Únicamente el ensañamiento
de la matanza imperialista de pueblos en el oeste de Europa y la competición
imperialista de Japón y de Norteamérica en el Extremo Oriente paralizan o
frenan esas aspiraciones, y sólo en parte y por cierto, probablemente corto.
Por ello, la táctica
obligatoria de la República Soviética debe consistir, por una parte, en poner
todas las fuerzas en máxima tensión para lograr el fomento económico más rápido
posible del país, aumentar su capacidad defensiva y crear un poderoso ejército
socialista; por otra parte, en aplicar en la política internacional una táctica
obligatoria de maniobras, de repliegues y espera hasta el momento en que madure
definitivamente la revolución proletaria internacional, que está sazonando hoy
con mayor rapidez que antes en toda una serie de países adelantados.
2.
En
el terreno de la política interior, en la actualidad se plantea a la orden del
día, de acuerdo con la resolución aprobada el 15 de marzo de 1918 por el
Congreso de los Soviets de toda Rusia, la tarea de organización. Precisamente
esta tarea, aplicada a la organización nueva y superior de la producción y de
la distribución, basadas en la gran producción (trabajo) mecanizada, constituye
el contenido principal —y la condición principal de la victoria completa— de la
revolución socialista iniciada en Rusia el 25 de octubre de 1917.
3. Desde el punto de vista puramente
político, la clave del momento consiste en que han sido cumplidas, en lo
fundamental y a grandes rasgos, la tarea de convencer a la Rusia trabajadora de
que el programa de la revolución socialista es justo y la tarea de ganar a
Rusia para los trabajadores, arrancándola de manos de los explotadores,
planteándose a la orden del día la tarea principal: cómo gobernar a Rusia.
Organizar con acierto el gobierno del país y el estricto cumplimiento de las
disposiciones del Poder soviético: en eso consiste la tarea esencial de los
Soviets, la condición de la victoria completa del tipo soviético de Estado,
tipo que no hasta con decretar oficialmente, que no basta con instituir e
implantar en todos los confines del país, sino que es necesario, además, poner
a punto y controlar prácticamente en la labor regular, cotidiana de gobierno.
4.
En
el terreno del establecimiento de la economía del socialismo, la clave del
momento consiste en que nuestra labor de organización de la contabilidad y del
control populares y universales de la producción y de la distribución y de
implantación de la regulación proletaria de la producción se ha rezagado mucho
de la labor expropiación directa de los expropiadores: los terratenientes y los
capitalistas. Este es el hecho fundamental que determina nuestras tareas.
De él se desprende, por una
parte, que la lucha contra la burguesía entra en una nueva fase, a saber: que
el centro de gravedad se desplaza a la organización de la contabilidad y del
control. Sólo así pueden afianzarse todas las conquistas económicas arrancadas
al capital y todas las medidas de nacionalización de algunas ramas de la
economía nacional aplicadas por
Seis tesis acerca de las tareas inmediatas del poder soviético
nosotros desde octubre; sólo
así puede prepararse la feliz culminación de la lucha contra la burguesía, es
decir, el afianzamiento total del socialismo.
Del hecho fundamental
señalado se desprende, por otra parte, por qué el Poder soviético se ha visto
obligado en determinados casos a dar un paso atrás o aceptar un compromiso con
las tendencias burguesas.
Uno de esos pasos atrás y
una dejación de los principios de la Comuna de París fue, por ejemplo, la
concesión de sueldos elevados a una serie de especialistas burgueses. Un
compromiso de ésos fue el acuerdo con las cooperativas burguesas acerca de los
pasos y medidas necesarios para incorporar gradualmente a toda la población a
las cooperativas. En tanto el poder proletario no implante del todo el control
y la contabilidad populares, los compromisos de ese género serán
imprescindibles, y nuestra tarea consiste, sin silenciar en modo alguno al
pueblo los aspectos negativos de esos compromisos, en poner las fuerzas en
tensión para mejorar la contabilidad y el control como único medio y vía de
llegar a la supresión total de semejantes compromisos. En el Seis tesis acerca de las tareas inmediatas
del poder soviético momento actual, tales compromisos son imprescindibles
como único medio (dado nuestro atraso
en la contabilidad y el control) de asegurar un avance más lento, pero más
seguro. La necesidad de esos compromisos desaparecerá cuando se aplique por
entero la contabilidad y el control de la producción y la distribución.
59
5. Se plantean, en particular, a la orden
del día las medida orientadas a elevar la disciplina laboral y la productividad
del trabajo. Los pasos emprendidos ya en este sentido sobre todo por los
sindicatos, deben ser apoyados, respaldados e intensificados con todas las
fuerzas. Entre ellos figuran, por ejemplo, el establecimiento de la retribución
por unidad de trabajo realizado, la aplicación de lo mucho que hay de
científico y progresista en el sistema Taylor correspondencia de los salarios
al balance general del trabajo de la fábrica o a los resultados de la
explotación del transporte ferroviario fluvial y marítimo, etc. Figuran también
la organización de la emulación entre las distintas comunas de producción y
consumo, la selección de organizadores, etc.
6.
La
dictadura del proletariado es una necesidad absoluta durante la transición del
capitalismo al socialismo, y esta verdad se ha visto confirmada plenamente en
la práctica de nuestra revolución. Pero la dictadura presupone un poder
revolucionario verdaderamente firme e implacable en la represión tanto de los
explotadores como de los malhechores, y nuestro poder es demasiado blando.
Estamos muy lejos aún de haber asegurado plenamente el sometimiento
incondicional, durante el trabajo, a las disposiciones de una sola persona, de
los dirigentes soviéticos, de los dictadores, elegidos o designados por las
instituciones soviéticas, dotados de plenos poderes dictatoriales (como lo
exige, por ejemplo, el decreto ferroviario). En este terreno se manifiesta la
influencia del elemento pequeñoburgués, la influencia de las costumbres,
aspiraciones y estados de ánimo inherentes a los pequeños propietarios privados
que se hallan en pugna abierta con la disciplina proletaria y el socialismo.
Todo lo que hay de consciente en el proletariado debe estar orientado a la
lucha contra este elemento pequeñoburgués, que se expresa de modo directo (en
el apoyo de la burguesía y sus lacayos, los mencheviques, de derecha, etc., a
toda resistencia al poder proletario) e indirecto (en la vacilación histérica
que revelan en las cuestiones políticas principales tanto el partido
pequeñoburgués de los eseristas de izquierda como la corriente de los
“comunistas de izquierda” en nuestro partido, corriente que se desliza a los
procedimientos del revolucionarismo pequeñoburgués e imita a los eseristas de
izquierda).
Disciplina férrea y dictadura del
proletariado aplicada hasta el fin contra las vacilaciones pequeñoburguesas:
tal es la consigna general y concluyente del momento.
Seis tesis acerca de las tareas inmediatas del poder soviético
Escrito entre el 29
de abril y el 3 de mayo de 1918. Publicado el 9 de mayo de 1918 en el núm.
88 del periódico
“Bednotá”.
T. 36, págs. 277-280.
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
60
ACERCA DEL INFANTILISMO “IZQUIERDISTA” Y
EL ESPÍRITU PEQUEÑOBURGUÉS.
La publicación de la revista
Kommunist (núm. 1, 20 de abril de
1918 por el pequeño grupo de “comunistas de izquierda”53 y de las “tesis” de este grupo ofrece una excelente
confirmación de cuanto he dicho en el folleto acerca de las tareas inmediatas
del Poder soviético*. Sería imposible desear una confirmación más evidente —en
los escritos políticos— de toda la ingenuidad de la defensa del relajamiento
pequeñoburgués, defensa que se encubre a veces con lemas “izquierdistas”. Es
útil y necesario examinar los razonamientos de los “comunistas de izquierda”
porque son peculiares del momento que vivimos; explican con inusitada
precisión, en su aspecto negativo, la “clave” de este momento y son
aleccionadores, pues se trata de los mejores hombres que no comprenden el
momento y que tanto por sus conocimientos como por su fidelidad están muy por
encima de los representantes adocenados
del mismo error: los eseristas de izquierda.
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
I
Como magnitud política —o
que pretende desempeñar un papel político—, el grupo de los “comunistas de
izquierda” nos ha proporcionado sus “tesis sobre el momento actual”. Es una
buena costumbre marxista hacer una exposición coherente y acabada de los fundamentos
de las propias opiniones y de la propia táctica. Y esta buena costumbre
marxista nos ha ayudado a descubrir el error de nuestros “izquierdistas”, pues
el intento de argumentar —y no de emplear retórica— descubre por sí solo la
inconsistencia de los argumentos. Salta a la vista, ante todo, la abundancia de
alusiones indirectas y subterfugios a propósito de la vieja cuestión de si fue
acertado concertar la paz de Brest. Los “izquierdistas” no se han atrevido a
plantear de cara esta cuestión y se debaten, haciendo cómicos ademanes,
amontonando un argumento sobre otro, echando mano a consideraciones, rebuscando
toda clase de objeciones “de una parte” y “de otra parte”; hablan de todo a
tontas y a locas, procurando no ver que se golpean a sí mismos. Los “izquierdistas”
recuerdan solícitamente las cifras: doce votos contra la paz y veintiocho en
pro de la paz en el congreso del partido; pero silencian con toda modestia que,
en el grupo bolchevique del congreso de los Soviets, reunieron menos de una
décima parte de los centenares y centenares de votos emitidos. Inventan la
“teoría” de que la paz fue aprobada por los “ cansados y desclasados” y que
contra la paz “estaban los obreros y los campesinos de las regiones del Sur, de
más vitalidad económica y mejor abastecidas de pan”... ¿Cómo no reírse de eso?
Ni una palabra sobre la votación del Congreso Nacional de los Soviets de
Ucrania a favor de la paz, ni una palabra sobre el carácter social y de clase
del conglomerado político pequeñoburgués y desclasado típico que se pronunciaba
en Rusia contra la paz (el partido de los eseristas de izquierda). Es una
manera puramente infantil de ocultar su fracaso con divertidas explicaciones
![]()
53 "Comunistas de
izquierda": corriente oportunista que surgió en el partido bolchevique
en enero de
1918. Los encabezaba N.
Bujarin y se oponían a la conclusión del Tratado de Paz de Brest, empeñados, lo
mismo que los eseristas de izquierda, en llevar la "guerra
revolucionaria" contra Alemania. Los "comunistas de izquierda"
se pronunciaban también en varias cuestiones contra la política económica del
Poder soviético: contra la utilización de los especialistas burgueses en la
economía nacional, contra el reforzamiento de la disciplina laboral, etc.
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
“científicas”, de ocultar
hechos cuya simple enumeración mostraría que fueron precisamente la “flor y
nata” y los cabecillas desclasados e intelectuales del partido quienes
combatieron la paz con lemas tomados de la fraseología revolucionaria
pequeñoburguesa y que precisamente las masas
de obreros y campesinos explotados hicieron triunfar la paz.
Mas, pese a todo, la verdad
sencilla y clara sobre el problema de la paz y la guerra se abre paso entre
todas las declaraciones y escapatorias antes mencionadas de los
“izquierdistas”. “La firma de la paz —se ven obligados a reconocer los autores
de las tesis — ha debilitado, al menos por ahora, la aspiración de los
imperialistas a una confabulación internacional” (los “izquierdistas” no
exponen eso exactamente, pero no es éste el lugar apropiado para examinar las
inexactitudes). “La firma de la paz ha exacerbad ya la pelea entre las
potencias imperialistas”.
Eso es un hecho. Un hecho
que tiene importancia decisiva. Y ésa es la causa de que los enemigos de la
firma de la paz fuesen objetivamente un juguete en manos de los imperialistas y
cayesen en la trampa tendida por ellos. Porque mientras no estalle la revolución
socialista internacional, que abarque a varios países y tenga la fuerza
suficiente para vencer al imperialismo
internacional; mientras no ocurra eso, el deber ineludible de los
socialistas triunfantes en un solo país (y especialmente si es un país atrasado)
consiste en no aceptar el combate con los gigantes del imperialismo, en tratar
de rehuir el combate, de esperar que la contienda entre los imperialistas
debilite a éstos más aún, acerque más
aún la revolución en otros países. Nuestros “izquierdistas” no comprendieron
esta sencilla verdad en enero, febrero y marzo y temen también ahora
reconocerla abiertamente, pero esa verdad se abre paso a través de sus
balbuceos: “de una parte, es imposible no reconocer; de otra parte, hay que
confesar”.
61
“Durante la primavera y el
verano próximos — escriben los “izquierdistas” en sus tesis— debe empezar el
hundimiento del sistema imperialista, que, en caso de triunfar el imperialismo
alemán en la fase actual de la guerra, sólo podrá ser aplazado y se expresará
entonces en formas aún más agudas”.
La fórmula es aquí de una
pueril inexactitud mayor aún, pese a toda la apariencia científica. Es propio
de niños “comprender” la ciencia en el sentido de que ésta puede determinar en
qué año “debe” “empezar el hundimiento” y si ha de ser en primavera y verano o
en otoño e invierno.
Son esfuerzos ridículos por
enterarse de lo que no se puede averiguar. Ningún político serio dirá jamás cuándo “debe empezar” uno u otro
hundimiento del “sistema” (tanto más que el hundimiento del sistema ha empezado ya, y de lo que se
trata es del momento de la explosión en distintos
países). Pero por la pueril impotencia de la fórmula se abre paso una verdad
indiscutible: las explosiones de la revolución en otros países más avanzados
están más cerca de nosotros ahora, un
mes después de la “tregua” iniciada con la firma de la paz, que hace un mes o
mes y medio.
¿Qué significa esto?
Significa que tenían
perfecta razón y han sido justificados por la historia los partidarios de la
paz, quienes se esforzaron por hacer comprender a los aficionados a las
posturas efectistas que es necesario saber calcular la correlación de fuerzas y
no ayudar a los imperialistas,
facilitándoles el combate contra el socialismo cuando éste es débil aún y las
probabilidades de éxito en la lucha no le
son favorables a ciencia cierta.
Sin embargo, nuestros
comunistas “de izquierda” —a quienes también gusta denominarse comunistas
“proletarios”, pues tienen muy poco de proletario y mucho de pequeñoburgués— no
saben pensar en la correlación de fuerzas, no saben tomar en consideración la correlación
de fuerzas. En eso reside la médula del marxismo y de la táctica
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
marxista, pero ellos pasan
de largo ante la “médula” con frases “orgullosas” como la siguiente:
“…El afianzamiento en las masas de la
indolente “psicología de paz” es un factor objetivo del momento político...”
¡Menuda joya! Después de
tres años de la guerra más agobiante y reaccionaria, el pueblo ha obtenido,
gracias al Poder soviético y a su acertada táctica, que no incurre en las
frases hueras, una tregua muy pequeña, pequeñísima en extremo, precaria e incompleta
en absoluto; pero los intelectualoides “izquierdistas”, con el empaque de un
Narciso enamorado de sí mismo, sentencian con aire grave: “el afianzamiento
(!!!) de la indolente (¿¿¿!!!) psicología de paz en las masas (???)”. ¿Es que
no tenía yo razón cuando dije en el congreso del partido que el periódico o
revista de los “izquierdistas” no debería denominarse Kommunist, sino El Hidalgo54 *?
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
¿Es que puede un comunista,
por poco que comprenda las condiciones de vida y la psicología de las masas
trabajadoras y explotadas, descender hasta ese punto de vista del típico
intelectual, pequeñoburgués y desclasado, con la psicología del señorito o del
hidalgo, que declara “indolente” la “psicología de paz” y considera
“diligencia” el blandir una espada de cartón? Porque eso es, precisamente, lo
que hacen nuestros “izquierdistas”, blandir una espada de cartón, cuando dan de
lado un hecho conocido de todos y demostrado una vez más con la guerra en
Ucrania: que los pueblos, extenuados por tres años de carnicería, no pueden
combatir sin tregua: que la guerra, si no se dispone de fuerzas para
organizarla a escala nacional, engendra a cada paso la psicología de la
desorganización peculiar del pequeño propietario, y no de la férrea disciplina
proletaria. La revista Kommunist nos
muestra a cada paso que nuestros “izquierdistas” no tienen la menor noción de
la férrea disciplina proletaria ni de su preparación, que están impregnados
hasta la médula de la psicología del intelectual pequeñoburgués desclasado.
II
Pero ¿no serán las frases de
los “izquierdistas” sobre la guerra mero arrebato infantil, orientado, además,
al pasado y, por ello, sin el menor significado político? Así defienden algunos
a nuestros “izquierdistas”. Mas es erróneo. Si se aspira a la dirección
política, hay que sabor pensar bien
las tareas políticas; la falta de eso convierte a los “izquierdistas” en
pusilánime predicadores de la vacilación, que, objetivamente, sólo puede tener
un significado: con sus vacilaciones, los “izquierdistas” ayudan a los imperialistas a provocar a la República Soviética de
Rusia a un combate evidentemente desfavorable para ella, ayudan a los imperialistas a que nos metan en una trampa.
Escuchemos lo que dicen:
“...La revolución obrera en
Rusia no puede “mantenerse” abandonando el camino revolucionario internacional,
eludiendo constantemente el combate y retrocediendo ante la embestida del
capital internacional, haciendo concesiones al “capital patrio”.
![]()
54 Lenin se remite al siguiente pasaje del
discurso que él pronunció en el VII Congreso del PC(b) de Rusia: "Cuando
los camaradas de Kommunist discurren
sobre la guerra, apelan a los sentimientos... ¿Qué dicen? "Jamás un
revolucionario consciente podrá soportar tal cosa, nunca aceptará semejante
vergüenza". Su periódico lleva el título de Kommunist, pero debiera titularse El Hidalgo, ya que ve las cosas como un hidalgo que adopta una
postura elegante para morir y dice con la espada en la mano: "La paz es un
oprobio, la guerra un honor". Ellos discurren desde el punto de vista del
hidalgo. Yo, desde el punto de vista del campesino. Si yo acepto la paz en un
momento en que el ejército huye, en que no puede menos de huir para no perder
miles de hombres, lo hago evitando males mayores. ¿Es acaso vergonzoso el
tratado? Cualquier campesino o cualquier obrero serio justificará mi posición,
porque comprende que la paz es un recurso para reunir fuerzas".
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
Desde este punto de vista
hacen falta: una enérgica política internacional de clase, que conjugue la
propaganda revolucionaria internacional con palabras y con hechos, y el
fortalecimiento del nexo orgánico con el socialismo internacional (y no con la
burguesía internacional)…”
62
Más adelante haremos mención
especial de las invectivas que se hacen aquí a la esfera de la política
interior. Pero fijémonos en esta orgía de la frase huera —acompañada en la
práctica— en el terreno de la política exterior. ¿Qué táctica es obligatoria para cuantos no que quieran
convertirse en instrumento de la provocación imperialista y caer en la trampa
en el momento actual? Todo político
debe dar una respuesta clara y franca a esta pregunta. La respuesta de nuestro
partido es conocida: en el momento actual,
replegarse, eludir el combate.
Nuestros “izquierdistas” no se atreven a decir lo contrario y disparan al aire:
¡¡“una enérgica política internacional de clase”!!
Eso es engañar a las masas.
Si quieren combatir ahora, díganlo claramente. Si no quieren retroceder ahora, díganlo claramente.
Porque, de otro modo, su papel objetivo será el de instrumento de la provocación imperialista. Y su “psicología”,
subjetiva es la psicología del pequeño burgués enfurecido que se engalla y
vanagloria, pero siente magníficamente que el proletario tiene razón al replegarse y tratar de replegarse organizado; que el
proletario tiene razón al considerar que, mientras se carezca de fuerzas, hay
que replegarse (ante el imperialismo occidental y oriental) aunque sea hasta
los Urales, pues ésa es la única
posibilidad de ofrecer ventaja al periodo de maduración de la revolución en
Occidente, revolución que no “deberá” (pese a la charlatanería de los
“izquierdistas”) empezar “en la primavera o en el verano”, pero que cada mes que pasa está más cerca y es
más probable.
Los “izquierdistas” carecen
de una política “propia”, no se atreven
a declarar que ahora es innecesario
el repliegue. Dan vueltas y rodeos, jugando con las palabras, y sustituyen el
problema de rehuir el combate en el
momento actual por el de rehuirlo “constantemente”, hacen pompas de jabón:
¡¡“propaganda revolucionaria internacional con hechos”!! ¿Qué significa eso?
Solo puede significar una de
estas dos cosas: o presunción y alarde dignos de un Nozdriov55 o guerra ofensiva para derrocar el imperialismo internacional.
Semejante absurdo no puede proclamarse abiertamente: por eso los comunistas de
“izquierda” tienen que encubrirse con frases altisonantes y hueras en extremo
para evitar que los ridiculice cualquier proletario consciente, confiando el
lector distraído no se dé cuenta de lo que significa, en realidad, esa
“propaganda revolucionaria internacional con hechos”.
Pronunciar frases
altisonantes es una propiedad de los intelectuales pequeñoburgueses
desclasados. Los proletarios comunistas organizados castigarán seguramente por
esas “maneras”, al menos, con burlas y con la destitución de todo puesto de
responsabilidad. Hay que decir a las masas la amarga verdad con sencillez,
claridad y franqueza: posible e incluso probable que el partido belicista se
imponga de nuevo en Alemania (en el sentido de pasar en el acto a la ofensiva
contra nosotros) y que Alemania, unida al Japón, intente repartirnos y
estrangulamos mediante un acuerdo formal o tácito. De no escuchar a los
chillones, nuestra táctica debe consistir en esperar, dar largas, rehuir el
combate y retroceder. Si arrojamos por la borda a los chillones y “ponemos en
tensión” nuestras fuerzas, creando una disciplina verdaderamente férrea,
verdaderamente proletaria, verdaderamente comunista, tendremos serias
posibilidades de ganar muchos meses. Y entonces, retrocediendo incluso hasta
los Urales (en el peor de los casos), facilitamos
a nuestro aliado (el proletariado internacional) la posibilidad de acudir en
nuestra ayuda, la posibilidad de “cubrir” (hablando en lenguaje
![]()
55 Nozdriov: personaje de la obra de Gógol Las almas muertas. Prototipo de fanfarrón y embustero sin medida
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
deportivo) la distancia que
media entre el comienzo de las explosiones revolucionarias y la revolución.
Esta táctica, y sólo ella,
fortalece de hecho la ligazón de un destacamento del socialismo internacional,
aislado temporalmente, con los otros destacamentos; pero, a decir verdad,
ustedes, estimados “comunistas de izquierda”, se limitan a “fortalecer la ligazón
orgánica” de una frase rimbombante con otra frase altisonante. ¡Mala “ligazón
orgánica” es ésa!
Y les explicaré, estimados
míos, por qué les ha ocurrido esa desgracia: porque, en vez de reflexionar
sobre las consignas de la revolución, ustedes se dedican más a aprendérselas de
memoria. Por eso ponen entre comillas las palabras “defensa de la patria
socialista”, entre unas comillas que deben significar, probablemente, un asomo
de ironía, pero que, de hecho, demuestran el embrollo que reina en sus cabezas.
Están ustedes acostumbrados a considerar el “defensismo” una cosa abominable y
repugnante, se han aprendido eso, lo recuerdan y lo repiten de memoria con
tanto celo que algunos de ustedes han llegado a decir la estupidez de que, en
la época imperialista, la defensa de
la patria es intolerable (en realidad, es intolerable sólo en una guerra
imperialista reaccionaria, hecha por la burguesía). Mas no se les ha ocurrido
pensar por qué y cuándo es abominable el “defensismo”.
Admitir la defensa de la
patria significa admitir la legitimidad y la justicia de la guerra. La
legitimidad y la justicia ¿desde qué punto de vista? Sólo desde el punto de
vista del proletariado socialista y de su lucha por la emancipación; nosotros
no admitimos ningún otro punto de vista. Si hace la guerra la clase de los
explotadores para afianzar su dominación como clase, será una guerra criminal,
y el “defensismo” será en esa guerra
una abominación y una traición al socialismo. Si la guerra la hace el proletariado
después de vencer a la burguesía en su país, si la hace en aras del
fortalecimiento y desarrollo del socialismo, entonces será una guerra legítima
y “santa”.
63
Somos defensistas desde el
25 de octubre de 1917. He dicho esto más de una vez con toda precisión, y
ustedes no se atreven a discutirlo.
Precisamente para
“fortalecer la ligazón” con el socialismo internacional es obligatorio defender la patria socialista. Destruye la ligazón con el socialismo internacional el
que enfoque a la ligera la defensa de un país en el que ha triunfado ya el
proletariado. Cuando éramos representantes de una clase oprimida, no adoptamos
una actitud frívola ante la defensa de la patria en la guerra imperialista,
sino que negamos por principio esa defensa. Cuando nos hemos convertido en
representantes de la clase dominante, que ha empezado a organizar el
socialismo, exigimos a todos un comportamiento serio ante la defensa del país.
Y tener un comportamiento serio ante la defensa del país significa prepararse a
fondo y tener muy en cuenta la correlación de fuerzas. Si las fuerzas son a
ciencia cierta pocas, el principal medio de defensa es replegarse al interior del país (quien vea en esto una fórmula
traída por los pelos para el caso presente, que lea lo que dice el viejo
Clausewitz, uno de los grandes autores militares, acerca de las enseñanzas de
la historia sobre el particular). Pero entre los “comunistas de izquierda” no
hay el menor indicio de que comprendan la importancia del problema de la
correlación de fuerzas.
Cuando éramos enemigos por
principio del defensismo teníamos derecho a ridiculizar a los que querían
“preservar a su patria en bien, según ellos, del socialismo. Ahora que hemos
obtenido el derecho a ser defensistas proletario, todo el planteamiento de la
cuestión cambia de raíz. Pasa a ser un deber nuestro hacer un recuento
rigurosísimo de las fuerzas, sopesar con la mayor precisión si podrá llegar a
tiempo nuestro aliado (el proletariado internacional) El capital está
interesado en derrotar al enemigo (el proletariado revolucionario) por partes
antes de que se unan (de hecho, es decir, iniciando la revolución) los obreros
de todos los países. Nosotros estamos interesados en hacer todo lo posible, en
aprovechar incluso la más pequeña probabilidad para retrasar el combate
decisivo hasta el momento (o “hasta
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
después” del momento) de esa
unificación de los destacamentos revolucionarios en un gran ejército
internacional.
III
Pasemos a las desventuras de
nuestros “comunistas de izquierda” en el terreno de la política interior. Es
difícil leer sin esbozar una sonrisa frases como las siguientes en las tesis
sobre el momento actual:
“...El aprovechamiento
metódico de los medios de producción que han quedado es concebible sólo con la
socialización más decidida”... “no capitular ante la burguesía y los
intelectuales pequeñoburgueses secuaces suyos, sino rematar a la burguesía y
acabar definitivamente con el sabotaje...”
¡Simpáticos “comunistas de
izquierda”! ¡Cuánta decisión tienen... y qué poca reflexión! ¿Qué significa “la
socialización más decidida”?
Se puede ser decidido o
indeciso en el problema de la nacionalización, de la confiscación 56. Pero el quid está en que la mayor
“decisión” del mundo es insuficiente para pasar de la nacionalización y la
confiscación a la socialización. La desgracia de nuestros “izquierdistas”
consiste precisamente en que con esa ingenua e infantil combinación de
palabras, “la socialización… más decidida”, muestran la mayor incomprensión del
quid del problema, del quid del momento “actual”. La desventura de los
“izquierdistas” está en que no han visto la propia esencia del “momento
actual”, del paso de las confiscaciones (durante cuya realización la cualidad
principal del político es la decisión) a la socialización (para cuya
realización se requiere otra cualidad del revolucionario).
El quid del momento actual
consistía ayer en nacionalizar, confiscar con mayor decisión, en golpear y
rematar a la burguesía, en acabar con el sabotaje57. Hoy nadie más que los ciegos podrán no ver que hemos
nacionalizado, confiscado, golpeado y acabado más de lo que hemos podido contar. Y la socialización se distingue
precisamente de la simple confiscación en
que se puede confiscar con la sola “decisión”, sin saber contar y distribuir
acertadamente; pero es imposible
socializar sin saber hacerlo.
Nuestro mérito histórico
consiste en que ayer fuimos (y mañana seremos) decididos en las confiscaciones,
en rematar a la burguesía, en acabar con el sabotaje. Hablar hoy de eso en unas
“tesis sobre el momento actual” significa mirar al pasado y no comprender la
transición al futuro.
...“Acabar definitivamente
con el sabotaje”... ¡Vaya tarea! ¡Pero si con los saboteadores “hemos acabado”
en grado suficiente! Lo que nos falta es otra cosa distinta, completamente
distinta: llevar la cuenta de dónde y
a qué saboteadores colocar; organizar nuestras
fuerzas para que, por ejemplo, un dirigente o controlador bolchevique vigile a
un centenar de saboteadores que vienen a ponerse a nuestro servicio. En tal
situación, lanzar frases como “la socialización más decidida”, “rematar” y
“acabar definitivamente” significa no dar pie con bola. Es peculiar del
revolucionario pequeñoburgués no advertir que para el socialismo no basta
rematar, acabar, etc.; eso es suficiente para el pequeño propietario,
enfurecido contra el grande; pero el revolucionario proletario jamás caería en
semejante error.
64
![]()
56 Se refiere a la nacionalización de la
gran industria y de los bancos realizada por el Gobierno soviético después de
la Revolución de Octubre de 1917
57 Se trata del sabotaje que hacían durante
las primeras semanas que siguieron a la Revolución de Octubre de 1917 algunos
grupos de funcionarios y de la intelectualidad burguesa en señal de protesta
contra el paso del poder a manos de los Soviets. A comienzos de 1918, gran
parte de los que participaban en la preparación de los sabotajes, convencidos
de lo erróneo de esa táctica, declararon ya que estaban dispuestos a colaborar
con el Poder soviético.
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
Si las palabras que hemos
citado hacen sonreír, el descubrimiento hecho por los “comunistas de izquierda”
de que con la “desviación bolchevique de derecha”, la República Soviética se ve
amenazada de “evolucionar hacia el capitalismo de Estado”, provoca una franca
carcajada homérica. ¡Vaya susto que nos han dado, por cierto! ¡Y con qué celo
repiten los “comunistas de izquierda” este tremendo descubrimiento en sus tesis
y en sus artículos!...
Pero no se les ha ocurrido
pensar que el capitalismo de Estado sería un
paso adelante en comparación con la situación existente hoy en nuestra
República Soviética. Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro
país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme
garantía de que, al cabo de un año, el socialismo se afianzaría definitivamente
y se haría invencible.
Me imagino la noble
indignación con que rechazará estas palabras el “comunista de izquierda” y la
“crítica demoledora” que desencadenará ante los obreros contra “la desviación
bolchevique de derecha”. ¿Cómo? ¿El tránsito al capitalismo de Estado significaría un paso adelante en la República
Socialista Soviética? ... ¿No es eso
una traición al socialismo?
Precisamente ahí está la
raíz del error económico de los
“comunistas de izquierda”. Por ello es preciso examinar con detalle este punto.
Primero, los “comunistas de
izquierda” no han comprendido cuál es precisamente la transición del capitalismo al socialismo que nos da derecho y pie
para denominarnos República
Socialista de los Soviets.
Segundo, revelan su espíritu
pequeñoburgués precisamente en que no ven
el elemento pequeñoburgués como enemigo principal
del socialismo en nuestro país.
Tercero, al esgrimir el
espantajo del “capitalismo de Estado”, demuestran que no comprenden en qué se
diferencia en lo económico el Estado soviético del Estado burgués.
Examinemos estas tres circunstancias.
A juicio mío, no ha habido
una sola persona que, al ocuparse de la economía de Rusia, haya negado el
carácter transitorio de esa economía. Ningún comunista ha negado tampoco, a mi
parecer, que la expresión República Socialista Soviética significa la decisión
del Poder soviético de llevar a cabo la transición al socialismo; mas en modo
alguno el reconocimiento de que el nuevo régimen económico es socialista.
Mas ¿qué significa la
palabra transición? ¿No significará, aplicada a la economía, que en el régimen
actual existen elementos, partículas, pedacitos tanto de capitalismo como
de socialismo? Todos reconocen que sí. Mas no todos, al reconocer eso, se paran
a pensar qué elementos de los distintos tipos de economía social existen en
Rusia. Y ahí está todo el meollo de la cuestión.
Enumeremos esos elementos:
1) economía campesina patriarcal, es decir, natural en grado
considerable;
2) pequeña producción mercantil (en ella se
incluye la mayoría de los campesinos que venden cereales);
3) capitalismo privado;
4) capitalismo de Estado;
5) socialismo.
Rusia es tan grande y tan heterogénea
que en ella se entrelazan todos esos tipos diferentes de economía social. Lo
original de la situación consiste precisamente en eso.
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
Cabe preguntar: ¿qué
elementos predominan? Está claro que en un país de pequeños agricultores
predomina, y no puede menos de predominar, el elemento pequeñoburgués; la
mayoría, la inmensa mayoría de los agricultores son pequeños productores de
mercancías. Los especuladores, y el
principal objeto de especulación es el trigo,
rompen ora aquí ora allá la envoltura del capitalismo de Estado (el monopolio
del trigo, el control sobre los patronos y comerciantes, los cooperativistas
burgueses).
La lucha principal se
sostiene hoy precisamente en este terreno. ¿Entre quiénes se sostiene esa
lucha, si empleamos términos de categorías económicas, como, por ejemplo, el
“capitalismo de Estado”? ¿Entre los peldaños cuarto y quinto en el orden en que
acabo de enumerarlos? Es claro que no. No es el capitalismo de Estado el que
lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo
privado los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de
Estado como contra el socialismo. La pequeña burguesía opone resistencia a cualquier intervención del Estado,
contabilidad y control tanto capitalista de Estado como socialista de Estado.
Eso es un hecho de la realidad absolutamente incontrovertible, en cuya
incomprensión está la raíz del error económico de los “comunistas de izquierda”.
El especulador, el merodeador del comercio, el saboteador del monopolio: ése es
nuestro principal enemigo “interno”, el enemigo de las medidas económicas del
Poder soviético. Si hace ciento veinticinco años podía perdonarse aún a los
pequeños burgueses de Francia, los revolucionarios más fervientes y más
sinceros, el afán de vencer al especulador mediante la ejecución de unos
cuantos “elegidos” y el estruendo de las declaraciones hueras, hoy, en cambio,
la pura palabrería de ciertos eseristas de izquierda ante esta cuestión no
despierta en cada revolucionario consciente otra cosa que repugnancia o asco.
Sabemos perfectamente que la base económica de la especulación la constituyen
el sector de los pequeños propietarios, amplísimo en Rusia, y el capitalismo
privado, que tiene un agente suyo en cada
pequeño burgués. Sabemos que los millones de tentáculos de esta hidra
pequeñoburguesa apresan aquí o allá a algunos sectores obreros y que la
especulación, en lugar del monopolio de
Estado, irrumpe por todos los poros de nuestra vida socioeconómica.
65
Quienes no ven eso revelan
precisamente con su ceguera que son prisioneros de los prejuicios
pequeñoburgueses. Así son nuestros “comunistas de izquierda”, quienes de
palabra (y profundísimamente convencidos de ello, como es natural) son enemigos
implacables de la pequeña burguesía; pero, de hecho, no hacen más que ayudarle,
no hacen más que servirle, no hacen más que expresar su punto de vista,
luchando —¡¡en abril de 1918!!—
contra... ¡el “capitalismo de Estado”! ¡Eso se llama no dar pie con bola!
El pequeño burgués tiene
reservas de dinero, unos cuantos miles, acumulados por medios “lícitos”, y
sobre todo ilícitos, durante la guerra. Tal es el tipo económico característico
como base de la especulación y del capitalismo privado. El dinero es el certificado
que les permite recibir riquezas sociales, y los millones de pequeños
propietarios guardan bien ese certificado, se lo ocultan al “Estado”, pues no
creen en ningún socialismo ni comunismo, “esperan a que pase” la tempestad
proletaria. Y una de dos: o sometemos a ese pequeño burgués a nuestro control y a nuestra contabilidad
(y podemos hacerlo, si organizamos a los campesinos pobres, es decir, a la
mayoría de la población o semiproletarios en torno a la vanguardia proletaria
consciente), o él echará abajo nuestro poder obrero de manera inevitable e
indefectible, de la misma manera que acabaron con la revolución los Napoleones
y los Cavaignac, que brotan precisamente sobre ese terreno de los pequeños
propietarios. Así está planteado el problema. Los eseristas de izquierda son
los únicos que no ven esta verdad, sencilla y clara, tras las frases hueras
sobre el campesinado “trabajador”; pero ¿quién puede tomar en serio a los
eseristas de izquierda, hundidos en las frases hueras?
El pequeño burgués que
esconde sus miles es un enemigo del capitalismo de Estado y aspira a invertir
esos miles única y exclusivamente en provecho propio, en contra de los pobres,
en contra de toda clase de control del Estado; y el conjunto de estos miles
forma una base de
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
muchos miles de millones
para la especulación, que malogra nuestra edificación socialista. Supongamos
que determinado número de obreros aporta en varios días valores por una suma
igual a mil. Supongamos, además, que de esta suma tenemos una pérdida igual a
200, como consecuencia de la pequeña especulación, de las dilapidaciones de
todo género y de las maniobras de los pequeños propietarios para transgredir
las normas y los decretos soviéticos. Todo obrero consciente dirá: si yo
pudiera aportar trescientos de esos mil, a condición de que se implantase un
orden y una organización mejores, aportaría con gusto trescientos en lugar de
dos cientos, ya que, con el Poder soviético, reducir luego este “tributo”,
pongamos por caso, hasta cien o cincuenta será una tarea muy fácil dado que se
impondrá el orden y la organización, dado que se vencerá por completo el
sabotaje de la pequeña propiedad privada contra todo monopolio de Estado.
Este sencillo ejemplo con
cifras —simplificado premeditadamente al máximo para hacer más clara la
exposición— explica la correlación,
en la situación actual, entre el capitalismo de Estado y el socialismo. Los
obreros tienen en sus manos el poder del Estado, tienen la absoluta posibilidad
jurídica de “tomar” todo el millar, es decir, de no entregar un solo kopek que
no esté destinado a fines socialistas. Esta posibilidad jurídica, que se
asienta en el paso efectivo del poder a los obreros, es un elemento de
socialismo.
Pero los elementos de la
pequeña propiedad y del capitalismo privado se valen de muchos medios para
minar la situación jurídica, para abrir paso a la especulación y frustrar el
cumplimiento de los decretos soviéticos. El capitalismo de Estado significaría
un gigantesco paso adelante incluso
si pagáramos más que ahora (he tomado
adrede un ejemplo con cifras para mostrarlo con claridad), pues merece la pena
pagar “por aprender”, pues eso es útil para los obreros, pues vencer el
desorden, el desbarajuste y el relajamiento tiene más importancia que nada,
pues continuar la anarquía de la pequeña propiedad es el peligro mayor y más
temible, que nos hundirá sin duda alguna
(si no lo vencemos), en tanto que pagar un tributo mayor al capitalismo de
Estado, lejos de hundirnos, nos llevará por el camino más seguro hacia el
socialismo. La clase obrera, después de aprender a proteger el orden estatal
frente a la anarquía de la pequeña propiedad, después de aprender a organizar
la producción a gran escala, a escala de todo el país, basándola en el
capitalismo de Estado, tendrá entonces a mano —perdón por la expresión— todos
los triunfos, y el afianzamiento del socialismo estará asegurado.
El capitalismo de Estado es
incomparablemente superior, desde el
punto de vista económico, a nuestra economía actual. Eso primero.
Y segundo, no tiene nada de
temible para el Poder soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el
que está asegurado el poder de los obreros y de los campesinos pobres. Los
“comunistas de izquierda” no han comprendido estas verdades indiscutibles, que,
como es natural, jamás podrá comprender el “eserista de izquierda”, incapaz en
general de hilvanar en la mente ninguna clase de ideas sobre economía política,
pero que todo marxista se verá obligado
a reconocer. No merece la pena discutir con el eserista de izquierda: basta
señalarlo con el dedo como un
“ejemplo repulsivo” de charlatán; pero con el “comunista de izquierda” es preciso discutir, pues en este caso
el error lo cometen marxistas, y el análisis de sus errores ayudara a la clase obrera
a encontrar el camino certero.
66
IV
Para aclarar más aún la
cuestión, citaremos primero un ejemplo concretísimo de capitalismo de Estado.
Todos conocemos: Alemania. Allí tenemos la “última palabra” de la gran técnica
capitalista moderna y de la organización armónica, subordinada al imperialismo terrateniente-burgués. Dejemos a un
lado las palabras subrayadas, coloquemos en lugar de
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
Estado
militar, terrateniente, burgués, imperialista, también un Estado , pero un Estado de otro tipo social, de otro
contenido de clase, el Estado soviético,
es decir, proletario, y obtendremos toda
la suma de condiciones que da como resultado el socialismo.
El socialismo es
inconcebible sin la gran técnica capitalista basada en la última palabra de la
ciencia moderna, sin una organización estatal armónica que someta a decenas de
millones de personas a la más rigurosa observancia de una norma única en la producción
y distribución de los productos. Los marxistas hemos hablado siempre de eso, y
no merece la pena gastar siquiera dos segundos en conversar con gentes que no
han comprendido ni siquiera eso (los
anarquistas y una buena mitad de los eseristas de izquierda).
Al mismo tiempo, el
socialismo es inconcebible sin la dominación del proletariado en el Estado: eso
es también elemental. Y la historia (de la que nadie, excepto los obtusos
mencheviques de primera categoría, esperaba que diera sin tropiezos, con calma,
simple y llanamente el socialismo “íntegro”) siguió un camino tan original que dio a luz hacia 1918 dos mitades
separadas de socialismo, una al lado de la otra, exactamente igual que dos
futuros polluelos en el mismo cascarón del imperialismo internacional; Alemania
y Rusia encarnaron en 1918 del modo más patente la realización material de las
condiciones sociales, productivas y económicas del socialismo, de una parte, y
de sus condiciones políticas, de otra.
La revolución proletaria
victoriosa en Alemania romperá de golpe, con extraordinaria facilidad, todo
cascarón del imperialismo (hecho, por desgracia, del mejor acero, por lo que no
pueden romperlo los esfuerzos de cualquier
… polluelo), haría realidad de modo seguro la victoria del socialismo mundial,
sin dificultades o con dificultades insignificantes, si se toma, naturalmente,
la escala de lo “difícil” desde el punto de vista histórico universal y no
desde el punto de vista pequeñoburgués y de círculo.
Mientras la revolución tarde
aún en “nacer” en Alemania, nuestra tarea consiste en aprender de los alemanes
el capitalismo de Estado, en implantarlo con
todas las fuerzas , en no escatimar métodos dictatoriales para acelerar su implantación más aún que Pedro I
aceleró la implantación del progreso occidental por la bárbara Rusia, sin
reparar en medios bárbaros de lucha contra la barbarie. Si entre los
anarquistas y eseristas de izquierda hay hombres (he recordado por casualidad
los discursos de Karelin y Gue en el CECN
capaces de razonar a lo Narciso de que no es digno de revolucionarios
“aprender” del imperialismo alemán, habrá que decirles una cosa: una revolución
que tomará en serio a semejantes individuos se hundiría sin falta (y se lo
tendría bien merecido).
En Rusia predomina hoy
precisamente el capitalismo pequeñoburgués, del que un mismo camino lleva tanto
al gran capitalismo de Estado como al
socialismo, lleva a través de una misma
estación intermedia, llamada “contabilidad y control por todo el pueblo de la
producción y distribución de los productos”. Quien no comprenda esto incurre en
un error económico imperdonable, o bien por ignorar los hechos de la realidad,
no viendo lo que existe ni sabiendo mirar a la verdad cara a cara, o bien por
limitarse a una contraposición abstracta del “capitalismo” y el “socialismo”,
sin calar hondo en las formas y fases concretas de esa transición que está
sobreviniendo hoy en nuestro país. Entre paréntesis sea dicho, se trata del
mismo error teórico que desconcertó a los mejores hombres del campo de Nóvaya Zhizn y Vperiod: los peores y medianos de entre ellos van, por torpes y
anodinos, a la zaga de la burguesía,
asustados por ella; los mejores no han comprendido que los maestros del
socialismo no hablaron en vano de todo un período de transición del capitalismo
al socialismo ni recalcaron en vano los “largos dolores del parto” de la nueva
sociedad; por cierto que esta nueva sociedad es también una abstracción que
sólo puede hacerse realidad mediante intentos concretos, imperfectos y variados
de crear uno u otro Estado socialista.
Precisamente porque no se
puede seguir avanzando desde la actual situación económica de Rusia sin pasar
por lo que es común al capitalismo de
Estado y al socialismo (la contabilidad
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
y el control por todo el
pueblo), es un completo absurdo teórico asustar a los demás y asustarse a sí
mismos con la “evolución hacia el
capitalismo de Estado” (Kommunist,
núm. 1, pág. 8, col. 1). Eso significa precisamente desviarse con el
pensamiento, “apartándose” del verdadero camino de la “evolución”, no
comprender dicho camino; en la práctica, eso equivale a tirar hacia atrás,
hacia el capitalismo basado en la pequeña propiedad.
A fin de que el lector se
convenza de que no hago sólo hoy, ni mucho menos, una “alta” apreciación del
capitalismo de Estado, sino que la hice también antes de la toma del poder por
los bolcheviques, me permito reproducir la siguiente cita de mi folleto La catástrofe que nos amenaza y cómo
combatirla, escrito en septiembre de 1917:
67
“...Pues bien, prueben
ustedes a sustituir ese Estado de
junkers y capitalistas, ese Estado de terratenientes y capitalistas, con un
Estado democrático revolucionario ,
es decir, con un Estado que suprima revolucionariamente todos los privilegios, que no tema implantar por vía revolucionaria
la democracia más completa. Y entonces verán que el capitalismo monopolista de
Estado, en un Estado democrático y revolucionario de verdad, representa
inevitablemente, infaliblemente, ¡un paso, varios pasos hacia el socialismo!”
“...Porque el socialismo no
es otra cosa que el paso siguiente después del monopolio capitalista de
Estado...”
“…El capitalismo monopolista
de Estado es la preparación material
más completa para el socialismo, su antesala,
un peldaño de la escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado
socialismo no hay ningún peldaño
intermedio” (págs. 27 y 28)*.
* Véase el tomo 7 de la presente edición. (N. de la Edit.)
Obsérvese que eso fue
escrito en tiempos de Kerenski, que se trata aquí de la dictadura del
proletariado, no se trata del Estado
socialista, sino del Estado “democrático revolucionario”. ¿No está claro, pues,
que cuanto más alto nos hayamos
elevado de ese peldaño político, cuanto
más hayamos plasmado en los Soviets el Estado socialista y la dictadura del proletariado, tanto menos podremos permitirnos temer el “capitalismo de Estado”?
¿No está claro, pues que en el sentido material,
económico, de la producción, no nos encontramos aún en la “antesala” del
socialismo? ¿Y qué no se puede entrar por la puerta del socialismo si no es
cruzando esa “antesala”, que nosotros aún no hemos alcanzado?
Se enfoque la cuestión desde
el lado que se quiera, la conclusión será siempre la misma: el razonamiento de
los “comunistas de izquierda” acerca de la supuesta amenaza que supone para
nosotros el “capitalismo de Estado” es un craso error económico y una prueba
evidente de que están prisioneros por completo precisamente de la ideología
pequeñoburguesa.
V
Es también aleccionadora en extremo la circunstancia siguiente.
Cuando discutimos en el CEC
con el camarada Bujarin, éste advirtió, entre otras cosas: en la cuestión de
los sueldos elevados a los especialistas, “nosotros” (por lo visto, nosotros
quiere decir los “comunistas de izquierda”) “estamos a la derecha de Lenin”,
pues no vemos en ello ningún apartamiento de los principios, recordando las
palabras de Marx de que, en determinadas condiciones, lo más conveniente para
la clase obrera sería “deshacerse por dinero de toda esa cuadrilla”58 (precisamente de la cuadrilla de capitalistas, es decir, indemnizar a la burguesía por la tierra,
las fábricas y demás medios de producción).
![]()
58 Federico Engels escribió en el artículo El problema campesino en Francia y en
Alemania: Tan pronto como nuestro partido tome posesión del poder del
Estado, procederá a expropiar sin rodeos a los grandes terratenientes,
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
Esta observación, de
extraordinario interés, pone de relieve, en primer lugar, que Bujarin está muy
por encima de los eseristas de izquierda y anarquistas, que no se ha hundido
definitivamente, ni mucho menos, en las frases hueras, sino que, por el contrario,
trata de profundizar en las dificultades concretas
de la transición —dolorosa y dura transición— del capitalismo al socialismo.
Segundo esta observación pone al descubierto con mayor evidencia
aún el error de Bujarin.
En efecto. Profundicemos en el pensamiento de Marx.
Se trata de la Inglaterra de
los años 70 del siglo pasado, del período culminante del capitalismo
premonopolista, del país donde lo que menos había entonces era militarismo y
burocracia, del país en el que existían entonces mayores probabilidad de victoria
“pacífica” del socialismo en el sentido de que los obreros “indemnizasen” a la
burguesía. Y Marx decía: en determinadas condiciones, los obreros no se negarán
de ninguna manera a indemnizar a la burguesía. Marx no se ataba las manos —ni
se las ataba a los futuros dirigentes de la revolución socialista— en cuanto a
las formas, métodos y procedimientos de la revolución, comprendiendo muy bien
cuán grande sería el número de problemas nuevos que se plantearían, cómo
cambiaría toda la situación en el curso do la revolución, con qué frecuencia y en qué medida habría de cambiar esa situación.
¿Y cuál es la situación en
la Rusia Soviética después de haber
tomado el poder el proletariado, después de haber sido aplastados la
resistencia militar y el sabotaje de los explotadores? ¿No es evidente que se
han creado algunas condiciones del
tipo de las que podían haberse creado hace medio siglo en Inglaterra, si dicho
país hubiera empezado entonces el paso pacífico al socialismo? El sometimiento
de los capitalistas a los obreros podría haberse asegurado entonces por las siguientes
circunstancias: (1) predominio absoluto de los obreros, de los proletarios,
entre la población debido a la ausencia de campesinado (en los años 70 había en
Inglaterra indicios que permitían esperar éxitos de extraordinaria rapidez del
socialismo entre los obreros agrícolas); (2) excelente organización del
proletariado en Uniones sindicales (Inglaterra era entonces el primer país del
mundo en este sentido); (3) nivel cultural relativamente alto del proletariado,
disciplinado por el desarrollo secular de la libertad política; (4) larga
costumbre de los capitalistas de Inglaterra, magníficamente organizados —
entonces eran los capitalistas mejor organizados de todos los países del mundo
(hoy esa primacía ha pasado a Alemania)—, de resolver los problemas políticos y
económicos mediante un compromiso. He ahí las circunstancias que permitían
entonces pensar en la posibilidad del sometimiento pacífico de los capitalistas de Inglaterra a sus obreros.
68
En nuestro país, ese
sometimiento está asegurado en el momento actual por ciertas premisas
cardinales (triunfo en octubre y aplastamiento, desde octubre hasta febrero, de
la resistencia militar y del sabotaje de los capitalistas). En nuestro país, en lugar del predominio absoluto de los
obreros, de los proletarios, entre la población y de su alto nivel de
organización, el factor de la victoria ha sido el apoyo de los campesinos
pobres y arruinados con rapidez a los proletarios. Por último, en nuestro país
no existen ni un elevado nivel cultural ni la costumbre de concertar
compromisos. Si se piensa a fondo en estas condiciones concretas, estará claro
que podemos y debemos conseguir ahora la combinación
de los métodos de represión implacable* contra los capitalistas incultos, que
no aceptan ningún “capitalismo de Estado”, que no conciben ningún compromiso y
siguen minando las medidas soviéticas por medio de la especulación, el soborno
de los pobres, etc., con los métodos de
compromiso o de
![]()
exactamente lo mismo que a
los fabricantes. El que esta expropiación se lleve a cabo con indemnización o
sin ella no dependerá en gran parte de nosotros, sino de las circunstancias en
que subamos al poder, y, sobre todo, de la actitud que adopten los señores
grandes terratenientes. La indemnización no es considerada por nosotros, ni
mucho menos, como inadmisible en todas las circunstancias; Marx apuntó ante mí
-¡muchas veces!- su opinión de que lo más barato para nosotros sería el poder
deshacernos por dinero de toda esa cuadrilla"
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
indemnización a los
capitalistas cultos, que aceptan el “capitalismo de Estado”, que pueden
aplicarlo y que son útiles al proletariado como organizadores inteligentes y
expertos de grandísimas empresas que cubran de verdad el abastecimiento de
productos a decenas de millones de personas.
* En este sentido hay que mirar también la
verdad cara a cara: la inclemencia, indispensable para el éxito del socialismo,
sigue siendo poca entre nosotros, y no porque falte decisión. Tenemos bastante
decisión. Lo que nos falta es destreza para atrapar
con la rapidez necesaria el número necesario de especuladores, merodeadores y
capitalistas, de infractores de las medidas soviéticas. ¡Porque esa
"destreza" se da únicamente organizando la contabilidad y el control!
En segundo lugar, no hay bastante firmeza en los tribunales, que, en vez de
condenar a los concusionarios al paredón, les imponen penas de medio año de
cárcel. Estos dos defectos nuestros tienen la misma raíz social: la influencia
del elemento pequeño burgués, su falta de firmeza.
Bujarin es un marxista
economista magníficamente instruido. Por eso ha recordado que Marx tenía
profundísima razón cuando enseñaba a los obreros la importancia que tiene
conservar la organización de la gran producción precisamente para facilitar el
paso al socialismo y les hacía ver que era admisible por completo la idea de pagar bien a los capitalistas, de
indemnizarlos en el caso (a título de
excepción: e Inglaterra lo era entonces) de que las circunstancias obligasen a
los capitalistas a someterse pacíficamente y a pasar de una manera organizada y
culta al socialismo respaldándose en la indemnización.
Pero Bujarin incurre en un
error, pues no ha reflexionado sobre la peculiaridad concreta del momento
actual en Rusia, un momento precisamente excepcional, en el que nosotros, el
proletariado de Rusia, llevamos la
delantera a cualquier Inglaterra y a cualquier Alemania por nuestro régimen
político, por la fuerza del poder político de los obreros, y, al mismo tiempo, vamos rezagados del Estado más atrasado
de Europa Occidental en lo que se refiere a
organización de un respetable capitalismo de Estado, a nivel cultural y
grado de preparación de la producción material para “implantar” el socialismo.
¿No está claro que de esta
situación peculiar se deduce, para el momento actual, precisamente la necesidad
de algo parecido a una “indemnización”, que los obreros deben proponer a los
capitalistas más cultos, más inteligentes y más capaces, desde el punto de
vista de organización, dispuestos a servir al Poder soviético y ayudar
honestamente a poner en marcha la producción “estatal” grande y grandísima? ¿No
está claro que, en una situación tan original, debemos esforzarnos por evitar
los errores de dos tipos, cada uno de los cuales es pequeñoburgués a su manera?
Por una parte, sería un error irreparable declarar que, como se reconoce la
falta de correspondencia entre nuestras “fuerzas” económicas y nuestra fuerza
política, “por consiguiente”, no se debía haber tomado el poder. Así razonan
los “hombres enfundados”59, quienes olvidan que jamás habrá
“correspondencia”, que no puede haberla en el desarrollo de la naturaleza, como
tampoco en el desarrollo de la sociedad; que sólo mediante una serie de
intentos —cada uno de los cuales, tomado por separado, será unilateral,
adolecerá de cierta falta de correspondencia— se creará el socialismo integro
con la colaboración revolucionaria de los proletarios de todos los países.
Por otra parte, sería un
error evidente dar rienda suelta a los bocazas y vocingleros que se dejan
llevar del espíritu revolucionario “llamativo”, pero que son incapaces de
llevar a cabo una labor revolucionaria firme, reflexiva y sopesada que tenga en
cuenta asimismo las dificilísimas transiciones.
Por fortuna, la historia del
desarrollo de los partidos revolucionarios y de la lucha del bolchevismo contra
ellos nos ha dejado en herencia tipos claramente definidos, entre los cuales
figuran los eseristas de izquierda y lo anarquistas, que son una ilustración
bastante gráfica del tipo de los malos revolucionarios. Gritan ahora —hasta
darles accesos de histeria y atragantarse— contra el “espíritu de conciliación”
de los “bolcheviques de derecha”. Pero
![]()
59 "El hombre enfundado": personaje del cuento homónimo de A.
Chéjov. Se trata de un funcionario cuyo mundo está limitado por el estrecho
círculo de sus obligaciones, de una persona desacostumbra da de pensar y sentir
por su cuenta, que tiene verdadero pánico a todo lo nuevo, a todo lo que puede
introducir cambios en el ritmo rigurosamente establecido de su existencia
burocrática
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
no saben pensar por qué era malo el “espíritu de
conciliación” y por qué fue condenado
en justicia por la historia y el curso de la revolución. El espíritu de
conciliación de los tiempos de Kerenski entregaba el poder a la burguesía
imperialista, y la cuestión del poder es la cuestión cardinal de toda
revolución.
69
El espíritu de conciliación
de una parte de los bolcheviques en octubre-noviembre de 191760 temía la toma del poder por el proletariado o quería compartir a medias el poder no sólo con
los “compañeros de viaje inseguros”, como los eseristas de izquierda, sino
también con los enemigos, los adeptos de Chernov, los mencheviques, que nos
habrían estorbado inevitablemente en lo fundamental: en la disolución de la
Constituyente61 en el aplastamiento implacable de los
Bogaievski62 en la implantación total de las instituciones
soviéticas, en cada confiscación.
Ahora ha tomado el poder, lo
sostiene y afianza en sus manos un partido, el partido del proletariado,
incluso sin los “compañeros de viaje inseguros”. Mentar hoy el espíritu de
conciliación, cuando no se habla ni puede hablarse siquiera de compartir el poder, de renunciar a la dictadura de
los proletarios contra la burguesía, significa simplemente repetir como un loro
palabras aprendidas de memoria, pero no comprendidas. Denominar “espíritu de
conciliación” el hecho de que, como podemos y debemos gobernar el país,
tratamos de ganarnos, sin escatimar dinero, a los elementos más cultos,
instruidos por el capitalismo, de ponerlos a nuestro servicio contra la
disgregación sembrada por los pequeños propietarios, significa no saber pensar
en absoluto en las tareas económicas de la edificación del socialismo.
Y por eso —por muy bien que
testifique al camarada Bujarin la circunstancia de que “se avergonzara” al
punto en el CEC del “servicio” que le prestaron los Karelin y los Gue—, pese a
ello, sigue constituyendo una seria advertencia a la corriente de los “comunistas de izquierda” la crítica que se hace a
sus compañeros de lucha política.
He ahí a Znamia Trudá, el órgano de los eseristas
de izquierda, que en su número del 25 de abril de 1918 declaraba con orgullo:
“La posición actual de nuestro partido se solidariza con otra corriente del
bolchevismo (con Bujarin, Pokrovski y otros)”. He ahí al menchevique Vperiod, de esa misma fecha, que
contenía, entre otras cosas, la “tesis” siguiente del conocido menchevique
Isuv:
“La política del Poder
soviético, ajena desde el primer momento al carácter proletario genuino,
emprende en los últimos tiempos y cada día de manera más abierta la senda del
acuerdo con la burguesía y adquiere un carácter antiobrero evidente. Bajo la
bandera de la nacionalización de la industria se aplica una política de
implantación de los trusts industriales; bajo la bandera del restablecimiento
de las fuerzas productivas
![]()
60 La
conciliación de una parte de los bolcheviques en octubre-noviembre de 1917: Se alude a la conducta de esquiroles
que tuvieron Kámenev y Zinóviev en la víspera de la Revolución de Octubre de
1917, los cuales se pronunciaron contra la insurrección armada y publicaron en
el periódico semimenchevique Nóvaya Zhizn
el acuerdo del CC del partido de comenzar la insurrección armada, así como la
postura de Ríkov, Noguín y Miliutin, que en noviembre de 1917 dimitieron del
Consejo de Comisarios del Pueblo
61 La Asamblea Constituyente se convocó el
5 de enero de 1918. Las elecciones a la misma se hicieron por listas preparadas
ya antes de la Revolución Socialista de Octubre; la composición de la Asamblea
Constituyente reflejaba la vieja correlación de fuerzas, cuando en el poder se
encontraba la burguesía. Se produjo una ruptura completa entre la voluntad de
la inmensa mayoría del pueblo, que se pronunciaba en pro del Poder soviético, y
la política que aplicaba la mayoría eserista menchevique y democonstitucionalista
de la Asamblea Constituyente, que expresaba los intereses de la burguesía y los
terratenientes. En vista de que la Asamblea Constituyente renunció a discutir
la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado y confirmar
los decretos del II Congreso de los Soviets sobre la paz, la tierra y el paso
del poder a los Soviets, fue disuelta por acuerdo del CEC de toda Rusia el 6
(19) de enero de 1918
62 Bogaievski,
M. P.
(1881-1918) fue uno de los líderes de los cosacos contrarrevolucionarios y un
organizador de acciones contrarrevolucionarias en el Don en 1918.
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
del país se hacen intentos
de acabar con la jornada de ocho horas, de implantar el trabajo a destajo y el
sistema Taylor, las listas negras y las cédulas de identidad discriminatorias.
Esta política amenaza con privar al proletariado de sus conquistas fundamentales
en el terreno económico y convertirlo en una víctima de la ilimitada
explotación por parte de la burguesía”.
¿Verdad que es magnífico?
Los amigos de Kerenski, que
sostuvieron con él la guerra imperialista en nombre de los tratados secretos,
que prometían anexiones a los capitalistas rusos; los colegas de Tsereteli, que
el 11 de junio se disponía a desarmar a los obreros63, los Liberdán64, que
encubrían el poder de la burguesía con frases rimbombantes; ellos, ¡ellos!
acusan al Poder soviético de concertar un “acuerdo con la burguesía”, de
“implantar los trusts” (¡es decir, de implantar precisamente el “capitalismo de
Estado”!), de implantar el sistema Taylor
Sí, hay que entregar a Isuv
una medalla en nombre de bolcheviques, y su tesis debe ser expuesta en cada
club obrero y en cada sindicato como modelo de discursos provocadores de la burguesía. Los obreros conocen ahora
bien, conocen por experiencia propia en todas partes, a los Liberdán, los Tsereteli y los lsuv, y será
archipoderoso para los obreros reflexionar atentamente por qué semejantes lacayos de la burguesía los
provocan para que se resistan al sistema Taylor y a la “implantación de los
trusts”.
Los obreros conscientes
confrontarán reflexivamente la “tesis” de Isuv, el amigo de los señores
Liberdán y Tsereteli, con la siguiente tesis de los “comunistas de izquierda”:
“La implantación de la
disciplina de trabajo, con motivo del restablecimiento de la dirección de los
capitalistas en la producción, no podrá aumentar de manera substancial el
rendimiento del trabajo, pero disminuirá la iniciativa, la diligencia y el grado
de organización de clase del proletariado. Amenaza con esclavizar a la clase
obrera y despertará el descontento tanto de los sectores atrasados como de la
vanguardia del proletariado. Para poner en práctica este sistema, con el odio
reinante entre los medios proletarios contra “los saboteadores capitalistas”,
el Partido Comunista tendría que apoyarse en la pequeña burguesía contra los
obreros y, con ello, hundirse como partido del proletariado” (Kommunist, núm. 1, pág. 8, col. 2).
He ahí la prueba más
palpable de cómo han caído en la trampa los “izquierdistas”, de cómo se han
dejado llevar por la provocación de los Isuv y otros Judas del capitalismo. He
ahí una buena lección que se ha dado a los obreros, quienes saben que precisamente
la vanguardia del proletariado está a favor de que se implante la disciplina de
trabajo, que es precisamente la pequeña burguesía la que se esfuerza más que
nadie por destruir esa disciplina. Palabras del tipo de las que figuran en la
tesis de los “izquierdistas” que acabamos de citar constituyen el mayor
oprobio, una abjuración total del comunismo de hecho, una plena deserción al
campo precisamente de la pequeña burguesía.
70
“Con motivo del
restablecimiento de la dirección de los capitalistas”: ahí tenéis las palabras
con que piensan “defenderse” los “comunistas de izquierda”. Es una defensa que
no vale para nada, pues, primero, el Poder soviético entrega la “dirección” a
los capitalistas, existiendo los comisarios obreros o los comités obreros, que
vigilan cada paso del dirigente, aprenden de su experiencia de dirección y
tienen la posibilidad no sólo de apelar contra las disposiciones del dirigente,
sino de destituirlo por conducto de los organismos del Poder soviético.
Segundo, se entrega la “dirección” a los capitalistas para que desempeñen
![]()
63 Tsereteli: uno de los líderes de los
mencheviques, ministro del Gobierno Provisional burgués en 1917; en el discurso
que pronunció en la sesión del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado de
diputados obreros y soldados el 11 (24) de junio de 1917 declaró que se
adoptarían medidas enérgicas para desarmar a los obreros petrogradenses que
apoyaban a los bolcheviques
64 Los Liberdán: los mencheviques M. Líber (1880-1937) y F. Dan (1871-1947).
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
funciones ejecutivas durante
el tiempo de trabajo, cuyas condiciones fija precisamente el Poder soviético y
son abolidas y revisadas por él. Tercero, el Poder soviético entrega la
“dirección” a los capitalistas no como capitalistas, sino como técnicos especialistas
u organizadores, a los que asigna una alta remuneración por su trabajo. Y los
obreros saben muy bien que los organizadores de las empresas verdaderamente
grandes y grandísimas, de los trusts o de otras instituciones pertenecen, en el
noventa y nueve por ciento de los casos, a la clase de los capitalistas, lo
mismo que los técnicos de primera; pero es precisamente a ellos a quienes
debemos admitir nosotros, el partido proletario, como “dirigentes” del proceso
de trabajo y de la organización de la producción, pues no hay otros más que ellos que tengan práctica y experiencia de
eso. Porque los obreros, que han salido ya de la primera infancia, del periodo
en que podían desorientarlos la frase “izquierdista” o el relajamiento
pequeñoburgués, marchan hacia el socialismo precisamente a través de la
dirección capitalista de los trusts, a través de la gran producción mecanizada,
a través de las empresas con un giro anual de varios millones, sólo a través de
esa producción y de esas empresas. Los obreros no son pequeños burgueses. No
temen al gran “capitalismo de Estado”, sino que lo aprecian como un instrumento
suyo, proletario, que su poder, el Poder soviético, utilizará contra la
disgregación y la desorganización peculiares de los pequeños propietarios.
Los únicos que no comprenden
eso son los intelectuales desclasados —y, por ello, pequeñoburgueses hasta la
médula —, cuyo prototipo en el grupo de los “comunistas de izquierda” y en su
revista es Osinski, cuando escribe:
“...Toda la iniciativa en la
organización y dirección de la empresa pertenecerá a los “organizadores de los
trusts”: porque nosotros no queremos enseñarles,
no queremos convertirlos en simples trabajadores, sino aprende de ellos” (Kommunist,
núm. 1, pág. 14, col. 2).
Los esfuerzos por ironizar
en esta frase están dirigidos contra mis palabras: “aprender el socialismo de
los organizadores de los trusts”.
A Osinksi eso le parece
ridículo. Quiere convertir a organizadores de los trusts en “simples
trabajadores”. Si esto lo hubiera escrito un hombre de la misma edad que aquel
de quien decía el poeta: “Sólo quince años, ¿no más?”65, no habría de qué sorprenderse. Pero resulta algo extraño oír
esas palabras en boca de un marxista que ha aprendido que el socialismo es
imposible sin aprovechar las conquistas de la técnica y de la cultura
alcanzadas por el gran capitalismo. En este caso no ha quedado ni rastro de marxismo.
No. Sólo son dignos de
llamarse comunistas quieren comprenden que es
imposible crear o implantar el socialismo sin aprender de los organizadores de los trusts. Porque el
socialismo no es una invención, sino la asimilación y la aplicación por la
vanguardia proletaria, después de conquistar el poder, de todo lo creado por
los trusts. Nosotros, el partido del proletariado, no podemos sacar de ningún sitio la pericia para
organizar la gran producción del tipo de los trusts, como los trusts; no
podemos sacarla de ningún sitio como
no sea de los mejores especialistas del capitalismo.
No tenemos nada que
enseñarles, a no ser que nos planteemos el pueril objetivo de “enseñar” el
socialismo a los intelectuales burgueses: no hay que enseñarles, sino
expropiarlos (cosa que en Rusia se hace con bastante “decisión”) , hay que acabar con su sabotaje, hay que someterlos, como sector o grupo, al
Poder soviético. Nosotros, en cambio, si no somos comunistas de edad infantil
ni de mentalidad pueril, debemos aprender de ellos, tenemos cosas que aprender,
pues el partido del proletariado y la vanguardia del proletariado carecen de experiencia para trabajar
independientemente en la organización de grandísimas empresas que sirvan a
decenas de millones de habitantes.
![]()
65 Lenin cita un epigrama del poeta ruso V. L. Pushkin.
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
Y los mejores obreros de
Rusia lo han comprendido. Han empezado a aprender de los capitalistas
organizadores de los ingenieros dirigentes, de los técnicos especialistas. Han
empezado con firmeza y precaución por lo más fácil, pasando gradualmente a lo
más difícil. Si las cosas van más despacio en la metalurgia y en la
construcción de maquinaria, ello se debe a que es un asunto más difícil. Pero
los obreros textiles, tabaqueros y curtidores no temen, como los intelectuales
pequeñoburgueses desclasados, al “capitalismo de Estado”, no temen “aprender de
los organizadores de los trusts”. En las instituciones dirigentes centrales,
como la “Dirección General de la Industria del Cuero” o el “Comité Central de
la Industria Textil”, estos obreros se sientan a la misma mesa que los
capitalistas, aprenden de ellos,
organizan los trusts, organizan el “capitalismo de Estado”, que con el Poder
soviético es la antesala del socialismo, una condición de la firme victoria del
socialismo.
71
Esta labor de los obreros
avanzados de Rusia, al lado de la que despliegan para implantar la disciplina
de trabajo, ha empezado y se realiza sin ruido, sin brillantez, sin el
estruendo y el griterío que necesitan algunos “izquierdistas’, con inmensa prudencia
y paso a paso, teniendo en cuenta las lecciones de la actividad práctica. Esta
dura labor de aprendizaje práctico a
crear la gran producción es la garantía de que marchamos por el camino certero;
la garantía de que los obreros conscientes de Rusia luchan contra la
disgregación y la desorganización peculiares de los pequeños propietarios,
contra la indisciplina pequeño burguesa*; la garantía del triunfo del
comunismo.
* Es elocuente en extremo que los autores
de las tesis no digan ni palabra sobre la significación de la dictadura del proletariado en la esfera económica de la vida. Hablan solamente
"de organización", etc. Pero eso lo admite también el pequeño
burgués, que teme precisamente la dictadura
de los obreros en las relaciones económicas. El revolucionario proletario jamás
habría podido "olvidar" en un momento como el actual esta
"médula" de la revolución proletaria, enfilada contra las bases
económicas del capitalismo.
VI
Para terminar, dos observaciones.
Cuando el 4 de abril de 1918
discutí con los “comunistas de izquierda” (véase Kommunist, núm. 1, pág. 4, nota) les planteé a bocajarro una
cuestión: probad a explicar qué os disgusta en el decreto sobre los
ferrocarriles66, presentad vuestras enmiendas. Tenéis el deber de hacerlo como dirigentes
soviéticos del proletariado, pues, de otro modo, vuestras palabras no pasarán
de ser frases hueras.
El 20 de abril de 1918
apareció el número 1 de Kommunist,
pero en él no se dice ni una palabra de cómo debe modificarse o corregirse, a
juicio de los “comunistas de izquierda”, el decreto sobre los ferrocarriles.
Con ese silencio, los
“comunistas de izquierda” se han condenado a sí mismos. Se han limitado a
lanzar invectivas y hacer alusiones al
decreto sobre los ferrocarriles (págs. 8 y 16 del núm. 1), pero no han contestado nada coherente a esta
pregunta: “¿Cómo corregir el decreto, si es erróneo?”
Huelgan los comentarios. Los
obreros conscientes calificarán de “isuvista” o de frase huera semejante “crítica” del decreto sobre
los ferrocarriles (que es un modelo de nuestra pauta, de la pauta de firmeza,
de la pauta de la dictadura, de la pauta de la disciplina proletaria).
Otra observación. En el núm.
1 de Kommunist se publica una reseña
del camarada Bujarin, muy elogiosa, sobre mi folleto El Estado y la revolución**.
** Véase el tomo 7 de la presente edición.
![]()
66 Se refiere al decreto Sobre la centralización de la dirección, la
protección de los caminos y el aumento de su capacidad de tráfico aprobado
por el Consejo de Comisarios del Pueblo el 26 de marzo de 1918
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
Pero, por muy valiosas que
sean para mí las opiniones de hombres como Bujarin, debo decir honradamente que
el carácter de la reseña pone al
desnudo un hecho triste y significativo: Bujarin enfoca las tareas de la
dictadura del proletariado de cara al
pasado y no al futuro. Bujarin ha observado y subrayado todo lo que pueden
tener de común en el problema del Estado el revolucionario proletario y el
revolucionario pequeñoburgués. Bujarin “no ha visto” precisamente lo que separa
al primero del segundo.
Bujarin ha visto y recalcado
que el viejo mecanismo del Estado debe ser “destruido”, “dinamitado”, que es
preciso “acabar de estrangular” a la burguesía, etc. El enfurecido pequeño
burgués también puede querer eso. Y eso lo ha hecho ya, en líneas generales, nuestra revolución desde octubre de 1917
hasta febrero de 1918.
Pero en mi folleto se habla
también de lo que no puede querer el pequeño burgués, ni siquiera el más
revolucionario, de lo que quiere el proletario consciente, de lo que no ha hecho aún nuestra revolución. Y Bujarin ha guardado silencio sobre esta
tarea, sobre la tarea del día de mañana.
No obstante, tengo motivos
de sobra para no guardar silencio sobre el particular, primero, porque debe
esperarse de un comunista más atención a las tareas de mañana que a las de
ayer; y, segundo, porque mi folleto fue escrito antes de que los bolcheviques tomáramos el poder, cuando no se
podía obsequiar a los bolcheviques con una consideración pequeñoburguesa
vulgar: “Claro, después de haber
conquistado el poder hablan, naturalmente,
de disciplina...”
“...El socialismo se
transformará gradualmente en comunismo… pues los hombres se acostumbran a
observar las reglas elementales de la convivencia social sin violencia ni
subordinación” (El Estado y la revolución,
págs. 77-78. Por consiguiente, se hablaba de las “reglas elementales” antes de tomar el poder).
“...Y sólo entonces
comenzará a extinguirse la democracia...”, por la razón de que “los hombres se
habituarán poco a poco a observar las reglas elementales de convivencia,
conocidas a lo largo de los siglos y repetidas desde hace miles de años en
todos los preceptos; a observarlas sin violencia, sin coerción, sin
subordinación, sin ese aparato especial de coerción que se llama Estado” (ob.
cit., pág. 84; de los “preceptos” se habló antes
de tomar el poder).
“. ..La fase superior de
desarrollo del comunismo” (a cada cual, según sus necesidades; de cada cual,
según su capacidad) “presupone una productividad del trabajo que no es la
actual y hombres que no son los actuales filisteos, capaces — como los seminaristas
de Pomialovski67— de dilapidar “a tontas y a locas” la
riqueza social y de pedir lo imposible” (ob. cit., pág. 91).
“...Mientras llega la fase
“superior” del comunismo, los socialistas exigen el más riguroso control por
parte de la sociedad y por parte del Estado sobre la medida de trabajo y la
medida de consumo...” (ibídem).
72
“...Contabilidad y control:
eso es lo principal que se necesita para “poner a punto” y para que funcione
bien la primera fase de la sociedad comunista” (ob. cit., pág. 95). Y ese
control debe ser establecido no sólo sobre “la insignificante minoría de capitalistas,
sobre los señoritos que quieran conservar sus hábitos capitalistas”, sino
también sobre los obreros “profundamente corrompidos por el capitalismo” (ob.
cit., pág. 96), y sobre “los haraganes, los señoritos, los truhanes y demás
depositarios de las tradiciones del capitalismo” (ibídem).
Es significativo que Bujarin no haya subrayado esto.
![]()
67 Seminaristas: alumnos de las escuelas conciliares
(seminarios) que vivían internados en ellas y cuyas costumbres fueron descritas
por el escritor ruso N. Pomialovski en Apuntes
de un seminarista.
Acerca del infantilismo “izquierdista” y el espíritu
pequeñoburgués
5 de mayo de 1918.
Publicado los días 9,
10 y 11 de mayo de 1918 en los núms. 88, 89 y 90 de “Pravda”.
T. 36, págs. 283-314.
Tesis sobre la situación actual
73
TESIS SOBRE LA SITUACIÓN ACTUAL
I
Se ha señalado ya muchas
veces en la prensa bolchevique y reconocido en resoluciones oficiales de los
órganos del Poder superior soviético que la situación internacional de la
República Soviética, rodeada de potencias imperialistas, es inestable en extremo.
En los últimos días, es
decir, en la primera década de mayo de 1918, la situación política se ha
agravado extraordinariamente en virtud de causas tanto exteriores como
interiores.
Primero, se ha intensificado
la ofensiva directa de la tropas contrarrevolucionarias (de Semiónov y otros)
con ayuda de los japoneses en el Extremo Oriente; a este respecto, una serie de
indicios ha mostrado la posibilidad de que toda la coalición imperialista
antialemana llegue a un acuerdo, tomando como base la presentación de un
ultimátum a Rusia: o peleas contra Alemania o te invadirán los japoneses con
nuestra ayuda.
Segundo, después de Brest,
en la política alemana se ha impuesto, en general, el partido belicista, que
ahora puede imponerse también de un momento a otro en la cuestión de una
ofensiva general inmediata contra Rusia, es decir, dar de lado por completo la
otra política de los medios imperialistas burgueses de Alemania, que aspiran a
nuevas anexiones en Rusia pero que, hoy por hoy, quieren la paz con ella y no
una ofensiva general contra ella.
Tercero, la restauración del
monarquismo burgués y terrateniente en Ucrania con el apoyo de los elementos
democonstitucionalistas y octubristas de la burguesía de toda Rusia y con la
ayuda de las tropas alemanas tenía forzosamente que exacerbar la lucha frente a
la contrarrevolución en nuestro país, tenía que dar alas a los planes de
nuestra contrarrevolución y elevar sus ánimos.
Cuarto, se ha agravado en
extremo el desbarajuste en el abastecimiento que ha conducido en muchos lugares
a una verdadera hambre, debido a que Rostov del Don ha quedado cortado de
nosotros y también a los esfuerzos de la pequeña burguesía y de los capitalistas
en general por frustrar el monopolio del trigo y la resistencia de
insuficientes firmeza, disciplina e inclemencia de la clase dominante, es
decir, del proletariado, a esos afanes, esfuerzos e intentos.
II
La política exterior del
Poder soviético en modo alguno debe cambiar. Nuestra preparación militar no ha
terminado aún, por lo que la consigna general sigue siendo la misma: maniobrar,
replegarse y esperar, prosiguiendo esa preparación con todas las fuerzas.
Sin renunciar en general, ni
mucho menos, a los acuerdos militares con una coalición imperialista contra la
otra en los casos en que esos acuerdos, sin infringir los fundamentos del Poder
soviético, puedan fortalecer su situación y paralizar el ataque contra él por
parte de cualquier potencia imperialista, en el momento actual no podemos
aceptar un acuerdo militar con la coalición anglo-francesa. Porque para esta
coalición es de verdadera importancia distraer del Oeste a las tropas de
Alemania, es decir, que avancen numerosos cuerpos de ejército japoneses hacia
el corazón de la Rusia europea, y esa condición es inaceptable porque significa
la bancarrota completa del Poder Soviético. Si la coalición anglo— francesa nos
presentara ultimátum de ese género, responderíamos con una
Tesis sobre la situación actual
negativa, pues el peligro de
avance japonés puede ser paralizado con menos dificultades (o puede ser alejado
por más tiempo) que el peligro de ocupación de Petrogrado, Moscú y la mayor
parte de la Rusia europea por los alemanes.
III
Al fijar las tareas de la
política exterior del Poder soviético en estos momentos, hay que observar la
mayor prudencia, cautela y firmeza para no ayudar, con un paso irreflexivo o
precipitado, a los elementos extremistas de los partidos belicistas del Japón o
de Alemania.
Se trata de que en esos dos
países, los elementos extremistas del partido belicista están a favor de una
ofensiva inmediata y general contra Rusia para ocupar todo su territorio y
derrocar el Poder soviético. Y esos elementos extremistas pueden imponerse de
un momento a otro.
Mas, por otra parte, es un
hecho indudable que la mayoría de la burguesía imperialista de Alemania se
opone a esa política y prefiere en el momento actual una paz anexionista con
Rusia y no proseguir la guerra, considerando que semejante guerra distraería
fuerzas del Oeste, aumentaría la inestabilidad de la situación interior en
Alemania, ya de por sí notable, y dificultaría la obtención de materias primas
de los lugares sublevados o damnificados por la destrucción de los
ferrocarriles, la siembra insuficiente, etc., etc.
74
El afán japonés de atacar a
Rusia se ve frenado, primero, por el peligro de movimiento y de las
insurrecciones en China; segundo, por cierto antagonismo de Norteamérica, que
teme el fortalecimiento del Japón y confía en conseguir materias primas de
Rusia con mayor facilidad en condiciones de paz.
Por supuesto, es muy posible
que tanto en el Japón como en Alemania se impongan de un momento a otro los
elementos extremistas del partido belicista. Mientras no estalle la revolución
en Alemania no podrá haber ninguna garantía contra ello. La burguesía norteamericana
puede confabularse con la japonesa; y la japonesa, con la alemana. Por eso, la
más intensa preparación militar es un deber absoluto nuestro.
Pero mientras existan
algunas probabilidades, por pocas que sean, de conservar la paz o de firmar la
paz con Finlandia, Ucrania y Turquía, al precio de nuevas anexiones o nuevas
pérdidas, no debemos dar en modo alguno ningún paso que pueda ayudar a los elementos
extremistas del partido belicista de las potencias imperialistas.
IV
En el problema de la intensa
preparación militar, lo mismo que en el de la lucha contra el hambre, figura en
primer plano la tarea de organización.
No puede hablarse de una
preparación militar más o menos seria sin vencer las dificultades alimenticias,
sin asegurar a la población un abastecimiento acertado de pan, sin implantar el
orden más severo en el transporte ferroviario, sin establecer entre las masas
de la población trabajadora (y no sólo en sus capas superiores) una disciplina
verdaderamente férrea. Es en este terreno precisamente en el que llevamos más
retraso.
Justamente esta verdad es la
que no comprenden en absoluto los elementos eseristas de izquierda y
anarquistas que lanzan gritos a formar comités “insurreccionales” y aullidos,
llamando “¡a las armas!”, etc. Esos gritos y aullidos son el colmo de la estupidez
y de la palabrería de lo más ruin, despreciable y repulsiva, pues resulta
ridículo hablar de “insurrección” y “comités insurreccionales” cuando el Poder
soviético central pone todas sus
Tesis sobre la situación actual
fuerzas a convencer a la
población de que debe aprender el arte militar y armarse, cuando tenemos muchas
más armas de las que somos capaces de contar y distribuir, cuando precisamente
el desbarajuste económico y la falta de disciplina nos impiden utilizar las
armas existentes y nos obligan a perder un tiempo precioso que necesitamos para
prepararnos.
La intensa preparación
militar para una guerra seria no requiere arrebatos, gritos ni consignas de
combate, sino una labor prolongada, intensa, tenacísima de disciplinada a gran
escala. Hay que dar una réplica contundente a los elementos eseristas de izquierda
y anarquistas que no desean comprender estos y no dejar que contagien su
histerismo a ciertos elementos de nuestro partido proletario, comunista.
V
Se necesita una lucha
implacable contra la burguesía que asoma la oreja en los últimos días como
consecuencia de las circunstancias antesindicadas; hay que declarar el estado
de sitio, clausurar periódicos, detener a los cabecillas, etc. Estas medidas son
tan imprescindibles como la campaña militar contra la burguesía rural, que no
entrega los excedentes de cereales y frustra el monopolio del trigo. Sin la
disciplina férrea del proletariado es imposible salvarse ni de la
contrarrevolución ni del hambre.
Debe tenerse en cuenta, en
particular, que la burguesía ha utilizado en los últimos días, con maestría
inigualable, con la habilidad de un virtuoso, otra arma contra el Poder
soviético: sembrar el pánico. Y algunos de nuestros camaradas, sobre todo de los
menos firmes ante las frases revolucionarias de los eseristas de izquierda y
anarquistas, se han dejado llevar, presos del pánico o no viendo la divisoria
que separa a la prevención legítima y necesaria contra los peligros que nos
amenazan a causa de la siembra del pánico.
Es necesario tener bien
presentes las peculiaridades fundamentales de toda la actual situación política
y económica de Rusia, en virtud de las cuales nada se gana con arrebatos de
ninguna clase. Es preciso que asimilemos y hagamos asimilar a todos los obreros
la verdad de que sólo una labor firme y paciente para crear y restablecer la
disciplina proletaria y aplastar sin piedad a los hampones, los kulaks y
desorganizadores puede salvar al Poder soviético en el momento actual, en el
momento de una de las transiciones más difíciles y peligrosas, inevitable como
consecuencia de que la revolución se retrasa en Occidente.
Escrito el 12 ó 13 de mayo de 1918. Publicado por primera vez en
1929, en la “Recopilación Leninista”, t. XI.
T. 36, págs. 322-326.
75
EL HAMBRE
(Carta a los obreros de Petrogrado)
Camaradas: Hace unos días me
visitó un delegado vuestro, miembro del partido y obrero de la fábrica Putílov.
Este camarada me describió con lujo de pormenores el cuadro, en extremo penoso,
del hambre que se pasa en Petrogrado. Todos sabemos que, en numerosas
provincias industriales, el problema del abastecimiento presenta la misma
gravedad; el hambre llama con no menos dolor a las puertas de los obreros y de
los pobres en general.
Y al mismo tiempo observamos
el desenfreno de la especulación con el pan y otros artículos alimenticios. El
hambre no se debe a que falte grano en Rusia, sino a que la burguesía y todos
los ricos despliegan la lucha final, la lucha decisiva, contra el dominio de
los trabajadores, contra el Estado de los obreros, contra el Poder soviético,
en el problema más importante y grave: el del trigo. La burguesía y todos los
ricos, incluidos los ricachos del campo, los kulaks, hacen fracasar el
monopolio del trigo y la distribución de cereales por el Estado, implantada en
beneficio y provecho del abastecimiento de toda la población, en primer término
de los obreros, de los trabajadores, de los necesitados. La burguesía sabotea
los precios de tasa, especula con los cereales, se gana cien o doscientos
rublos, e incluso más, en cada pud, destruye el monopolio del trigo e impide la
justa distribución, recurriendo a la corrupción y al soborno, al apoyo
premeditado de cuanto pueda hundir el poder de los obreros, que pugna por
llevar a la práctica el primer principio del socialismo, su principio básico y
fundamental: “El que no trabaja, no come”.
“El que no trabaja, no
come”: esto lo comprende cualquier trabajador. Con ello están de acuerdo todos
los obreros, todos los campesinos pobres e incluso los campesinos medios, todo
el que haya conocido las necesidades, todo el que haya vivido alguna vez de su
trabajo. Las nueve décimas partes de la población de Rusia están de acuerdo con
esta verdad sencilla, la más sencilla y evidente, que constituye la base del
socialismo, el manantial inagotable de su fuerza, la firme garantía de su
victoria definitiva.
Mas lo esencial consiste,
precisamente, en que una cosa es expresar la conformidad con esta verdad, jurar
que se la comparte y reconocerla de palabra, y otra saber aplicarla en la
práctica. Cuando centenares de miles y millones de seres padecen el suplicio
del hambre (en Petrogrado, en las provincias no agrícolas y en Moscú) en un
país donde los ricos, los kulaks y los especuladores ocultan millones y
millones de puds de cereales, en un país que se denomina República Socialista
Soviética, hay motivos para que cada obrero y campesino consciente reflexione
del modo más serio y profundo.
“El que no trabaja, no come”: ¿cómo llevar esto a la práctica?
Es claro como la luz del día que
para ello se precisa:
primero, el monopolio estatal del trigo, es decir, la prohibición absoluta de
todo comercio privado de cereales, la entrega obligatoria al Estado de todos
los excedentes de cereales a precios de tasa, la prohibición absoluta a quienquiera
que sea de retener y ocultar los excedentes; segundo, un recuento minucioso de
todos los excedentes de cereales y su envío, irreprochablemente organizado, de
los lugares donde abundan a los puntos donde escasean, acopiándose al mismo
tiempo reservas para el consumo y la siembra; tercero, una distribución
acertada y equitativa de los cereales entre todos los ciudadanos del país, bajo
el control del Estado obrero, del Estado proletario, sin privilegios ni
ventajas de ningún género para los ricos.
Basta reflexionar, por poco
que sea, en estas condiciones de la victoria sobre el hambre para comprender la
profundísima estupidez de los despreciables charlatanes anarquistas, que niegan
la necesidad del poder estatal (implacablemente severo con la burguesía,
implacablemente riguroso con los desorganizadores del mismo) para pasar del
capitalismo al comunismo, para emancipar a los trabajadores de todo yugo y de
toda explotación. Precisamente ahora, cuando nuestra revolución ha empezado a
acometer de lleno, de manera concreta y práctica (y en esto consiste su inmenso
mérito) las tareas de la realización del socialismo, precisamente ahora — por
cierto, en el problema más importante, el de los cereales— se ve con perfecta
claridad la necesidad de un férreo poder revolucionario, de la dictadura del
proletariado, de la organización del acopio de productos, de su transporte y su
distribución en masa a escala nacional, teniendo en cuenta las necesidades de
decenas y centenares de millones de seres, teniendo en cuenta las condiciones y
los resultados de la producción no sólo con uno, sino con muchos años de
antelación (pues se dan años de malas cosechas, a veces se necesitan trabajos
de mejoramiento del terreno para que aumente la cosecha de cereales, lo que
requiere una labor de muchos años, etc.).
76
Románov y Kerenski dejaron en herencia a la clase obrera un país
arruinado hasta el extremo por su guerra de rapiña, criminal y durísima, un
país desvalijado totalmente por los imperialistas rusos y extranjeros. Sólo
habrá cereales para todos si se registra del modo más riguroso cada pud, si se
procede con la más absoluta equidad en la distribución de cada libra de pan. El
pan para las máquinas, es decir, el combustible, escasea también mucho: si no
ponemos en tensión todas las fuerzas para conseguir una economía
inflexiblemente rigurosa en su consumo, una acertada distribución, se
paralizarán los ferrocarriles y las fábricas, y el paro forzoso y el hambre
harán sucumbir a todo el pueblo. La catástrofe nos amenaza, está materialmente
a un paso de nosotros. Tras las inusitadas dificultades de mayo vienen otras
más penosas aún en junio, julio y agosto.
El monopolio estatal del
trigo existe en nuestro país, en virtud de una ley; pero, de hecho, es violado
a cada paso por la burguesía. El ricachón de la aldea, el kulak, ese parásito
que durante decenios ha venido saqueando a toda la comarca, prefiere lucrarse
con la especulación y con la destilación clandestina de alcohol —¡tan
beneficiosas para su bolsillo!— y echar la culpa del hambre al Poder soviético.
Exactamente igual proceden los defensores políticos de los kulaks — los
democonstitucionalistas, los eseristas de derecha y los mencheviques— que
“trabajan” descarada y solapadamente contra el monopolio del trigo y contra el
Poder soviético. El partido de los vacilantes, es decir, de los eseristas de
izquierda, ha demostrado también en este caso su falta de carácter: cede a los
gritos y lamentos interesados de la burguesía, clama contra el monopolio del
trigo, “protesta” contra la dictadura en el abastecimiento, se deja intimidar
por la burguesía, teme la lucha contra el kulak y se revuelve histéricamente, aconsejando
elevar los precios de tasa, autorizar el comercio privado y otras cosas por el
estilo.
Este partido de los
vacilantes refleja en política algo parecido a lo que sucede en la vida diaria,
cuando el kulak solivianta a los campesinos pobres contra los Soviets, los
soborna, vende, por ejemplo, a algún campesino pobre un pud de grano por tres rublos
y no por seis para que este campesino pobre corrompido se “aproveche” a su vez
de la especulación, se “beneficie” con la venta especulativa de ese pud de
trigo en ciento cincuenta rublos y se convierta en un voceras contra los
Soviets, que prohíben el comercio privado de los cereales.
Todo el que sea capaz de
pensar, todo el que desee pensar, por poco que sea, verá con claridad en qué
dirección se desarrolla la lucha:
O vencen los obreros
conscientes, avanzados, agrupando a su alrededor a las masas de campesinos
pobres y estable haciendo un orden férreo, un poder de implacable severidad, la
verdadera dictadura del proletariado, y obligan al kulak a someterse, implantando
una
distribución acertada de los
cereales y del combustible a escala nacional; o la burguesía, ayudada por los
kulaks y con el apoyo indirecto de los vacilantes y los desorientados
(anarquistas y eseristas de izquierda), derribará el Poder soviético y entronizará
a un Kornílov ruso— alemán o a un Kornílov ruso-japonés que traerá al pueblo la
jornada de 16 horas, el medio cuarterón de pan a la semana, fusilamientos de
obreros en masa y torturas en las mazmorras, como en Finlandia y en Ucrania.
Una cosa u otra.
No hay términos medios.
La situación del país ha llegado al extremo.
Quien reflexione sobre la
vida política no podrá menos de ver que los democonstitucionalistas, los
eseristas de derecha y los mencheviques tratan de ponerse de acuerdo si es más
“grato” un Kornílov ruso -alemán o un Kornílov ruso-japonés, si aplastará mejor
y con mayor energía la revolución un Kornílov coronado o un Kornílov
republicano.
Es ya hora de que se pongan
de acuerdo todos los obreros conscientes, avanzados. Es ya hora de que
despierten y comprendan que cada minuto de dilación es una amenaza de que
perezcan el país y la revolución.
Con medias tintas no se
arregla nada. Las lamentaciones no conducirán a nada. Los intentos de conseguir
pan o combustible “al por menor”, para “uno mismo”, es decir, para “su”
fábrica, para “su” empresa, no hacen más que aumentar la desorganización, facilitar
a los especuladores su obra egoísta, inmunda y tenebrosa.
He ahí por qué, camaradas
obreros de Petrogrado, me permito dirigiros esta carta. Petrogrado no es toda
Rusia. Los obreros de Petrogrado son una pequeña parte de los de Rusia. Pero
son uno de sus destacamentos mejores, más avanzados, más conscientes, más
revolucionarios, más firmes; son uno de los destacamentos de la clase obrera y
de todos los trabajadores de Rusia que menos se dejan llevar por las frases
vacías, por la desesperación pusilánime, que menos se dejan intimidar por la
burguesía. Y en los instantes críticos de la vida de los pueblos ha sucedido
más de una vez que los destacamentos de vanguardia de las masas avanzadas, aun
siendo poco numerosos, supieron llevar en pos de sí a todos, prendieron el
fuego del entusiasmo revolucionario en el corazón de las masas y realizaron las
más grandiosas hazañas históricas.
Contábamos con cuarenta mil
obreros en laEl hambre fábrica Putílov, me decía el delegado de los obreros de
Petrogrado; pero la mayoría eran “temporeros”, no proletarios, gente insegura,
floja. Hoy quedan quince mil; pero son proletarios templados y probados en la
lucha.
77
Y es esta vanguardia de la
revolución (en Petrogrado y en todo el país) la que debe lanzar el grito de
guerra, alzarse en masa , comprender
que la salvación del país está en sus manos, que se exige de ella un heroísmo
no menor que el de enero y octubre de 1905, el de febrero y octubre de 1917,
que es preciso organizar la gran “cruzada”
contra los especuladores de cereales, los kulaks, los parásitos, los
desorganizadores y los concusionarios, la gran “cruzada” contra los violadores del rígido orden impuesto por el
Estado en la obra de acopiar, transportar y distribuir el pan para la población
y el pan para las máquinas.
Sólo el entusiasmo masivo de
los obreros avanzados puede salvar el país y la revolución. Hacen falta decenas
de millares de proletarios avanzados, templados, lo suficiente conscientes para
explicar la situación a los millones de campesinos pobres en todos los confines
del país y ponerse a la cabeza de esas masas; lo suficiente firmes para apartar
y fusilar sin contemplaciones a todo el que se “deje seducir” (como sucede a
veces) por la especulación y se convierta de combatiente de la causa del pueblo
en saqueador; lo
suficiente seguros y fieles
a la revolución para soportar de una manera organizada todo el peso de la
cruzada en los distintos confines del país con objeto de poner orden, reforzar
los órganos locales del Poder soviético y controlar por doquier cada pud de
trigo, cada pud de combustible.
Esto es más difícil que
portarse con heroísmo unos cuantos días, sin abandonar el lugar de residencia,
sin participar en la cruzada, limitándose a una insurrección relámpago contra
el monstruo e idiota de Románov o el tontaina y vanidoso de Kerenski. El heroísmo
del trabajo de organización, prolongado y tenaz, a escala nacional es
inconmensurablemente más difícil que el de las insurrecciones; pero es, en
cambio, inconmensurablemente más elevado. Sin embargo, la fuerza de los
partidos obreros y de la clase obrera ha consistido siempre en que miran el
peligro cara a cara, audaz, directa y francamente, sin temor a reconocerlo, en
que sopesan con serenidad las fuerzas existentes en “su” campo y en el campo
“ajeno”, el campo de los explotadores. La revolución avanza, se despliega y
amplía. Son mayores también nuestras tareas. Aumentan la extensión y la
profundidad de la lucha. El umbral verdadero principal del socialismo consiste
en distribuir con acierto los cereales y el combustible, en aumentar su
obtención, en establecer un registro y un control rigurosos por parte de los obreros a escala
nacional.
Esto no es ya una tarea
“general de la revolución”, sino una tarea precisamente comunista, la tarea en que los trabajadores y los pobres deben dar
la batalla decisiva al capitalismo.
Merece la pena entregar
todas las fuerzas a esa batalla; cierto que son grandes las dificultades, pero
grande es también la causa —por la que luchamos— de poner fin a la opresión y
la explotación.
Cuando el pueblo padece
hambre, y el paro hace estragos cada vez más terribles, quien oculte un solo
pud de grano sobrante, quien prive al Estado de un pud de combustible es un
criminal de la peor calaña.
En momentos como los
actuales —y para la auténtica sociedad comunista eso es cierto siempre—, cada
pud de grano y de combustible son verdaderas cosas sagradas, muy superiores a
las que esgrimen los popes para embaucar a los tontos, prometiéndoles el reino
de los cielos como recompensa por la esclavitud en la tierra. Y para despojar
esta verdadera cosa sagrada de todo vestigio de “santidad” clerical hay que apoderarse de ella en la práctica,
lograr de hecho su acertada distribución, recoger absolutamente todos los
sobrantes de cereales, sin excepción, para reservas del Estado, limpiar todo el país de los sobrantes de
cereales escondidos o no recogidos, hay que poner las fuerzas en máxima
tensión, con mano firme de obrero, para aumentar la obtención de combustible y
lograr la más estricta economía del mismo, el más estricto orden en su
transporte y consumo.
Necesitamos una “cruzada” en
masa de los obreros avanzados a cada lugar donde se producen cereales y
combustibles, a cada punto importante de destino y distribución de los mismos,
para intensificar la energía en el trabajo, para decuplicarla y ayudar a los
órganos locales del Poder soviético en el registro y el control, para acabar a
mano armada con la especulación, la confusión y el desorden. Esta tarea no es
nueva. Hablando con propiedad, la historia no plantea tareas nuevas; lo único
que hace es aumentar las proporciones y la amplitud de las viejas tareas a
medida que se amplía la revolución, aumentan sus dificultades y se agiganta la
grandeza de sus tareas de trascendencia histórica universal.
Una de las obras más
ingentes e imperecederas de la Revolución de Octubre —de la revolución
soviética— estriba en que el obrero avanzado, como dirigente de los campesinos pobres, como jefe de las masas trabajadoras del campo, como edificador del Estado del trabajo, “ha ido hacia el pueblo”.
Petrogrado ha enviado al campo a millares y millares de sus mejores obreros; lo mismo han hecho otros centros proletarios. Los
destacamentos de combatientes contra los Kaledin y los Dútov o los
destacamentos de abastecimiento no son
una novedad. La tarea
consiste únicamente en que la proximidad de la catástrofe y la gravedad de la
situación obligan a hacer diez veces
más que antes.
78
El obrero, al convertirse en
jefe avanzado de las masas pobres, no se ha vuelto un santo. Conducía al pueblo
hacia adelante, pero al mismo tiempo se contaminaba de las enfermedades
inherentes a la descomposición pequeñoburguesa. Cuanto menor era el número de
destacamentos integrados por los obreros mejor organizados, más conscientes,
disciplinados y firmes, con tanta mayor frecuencia se corrompían, tanto más
menudeaban los casos en que la psicología del pequeño propietario del pasado
triunfaba sobre la conciencia proletaria, comunista, del futuro.
Al iniciar la revolución
comunista, la clase obrera no puede despojarse de golpe y porrazo de las
debilidades y los vicios que ha dejado en herencia la sociedad de los
terratenientes y capitalistas, la sociedad de los explotadores y parásitos, la
sociedad basada en el sórdido interés y en el lucro personal de unos pocos a
costa de la miseria de los muchos. Pero la clase obrera puede vencer —y, en fin de cuentas, vencerá segura e
indefectiblemente— al viejo mundo, sus vicios y debilidades, si contra el
enemigo se lanzan nuevos y nuevos destacamentos obreros, cada vez más numerosos
y avezados, cada día más templados en las dificultades de la lucha.
Esa, precisamente ésa, es la
situación existente hoy en Rusia. Por separado, con acciones desperdigadas, no
es posible vencer ni el hambre ni el paro forzoso. Necesitamos una “cruzada” en
masa de los obreros avanzados a todos los confines del inmenso país. Hacen
falta diez veces más destacamentos de
hierro del proletariado consciente y de una fidelidad sin reservas al
comunismo. Entonces venceremos el hambre y el paro forzoso. Entonces llevaremos
la revolución hasta el verdadero umbral del socialismo. Entonces podremos
también hacer una guerra defensiva victoriosa contra los rapaces imperialistas.
22 de mayo de 1918
N. Lenin.
Publicado el 24 de
mayo de 1918 en núm. 101 de “Pravda”.
T. 36, págs. 357-364.
79
LA ACADEMIA SOCIALISTA DE CIENCIAS SOCIALES.68
1. Proyecto de
decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo.
El CCP saluda y aprueba
plenamente la idea en que se basa el proyecto de fundar la Academia Socialista
y encomienda al Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública que rehaga este
proyecto, basándose en lo siguiente:
1) considerar que la piedra angular es formar una editorial de
orientación marxista;
2) invitar al número mayor posible de fuerzas marxistas del
exterior;
3)
considerar
que una de las tareas más urgentes es hacer una serie de investigaciones
sociales;
4) tomar medidas inmediatas para localizar, reunir y utilizar al
personal docente ruso.
Escrito el 25 de mayo de 1918.
2. Directrices
a la comisión. Encomendar
a la Comisión:
1) examinar detenidamente los estatutos de
la Academia Socialista de Ciencias Sociales para presentarlos al CCP y luego al
CEC;
2) iniciar inmediatamente un intercambio de
opiniones sobre este problema y también sobre la composición de la Academia,
con marxistas no rusos y del extranjero;
3) hacer y discutir una lista de candidatos
idóneos y dispuestos a ser miembros fundadores y profesores para presentarla al
CCP y al CEC.
Escrito el 7 de junio
de 1918. T. 36, págs. 372-373.
![]()
68 La cuestión de fundar la Academia
Socialista de Ciencias Sociales se discutió en el Consejo de Comisarios del
Pueblo el 25 de mayo de1918. La inauguración solemne de la Academia se celebró
el 1 de octubre de 1918. A fines de 1923, se le cambió el nombre por el de
Academia Comunista. En febrero de 1936, la Academia Comunista fue disuelta, y
sus institutos y colaboradores científicos pasaron a la Academia de Ciencias de
la URSS
Discurso en el I Congreso Nacional de los Consejos de Economía
80
DISCURSO EN EL I CONGRESO NACIONAL DE
LOS CONSEJOS DE ECONOMÍA.
(La aparición del camarada
Lenin es acogida con clamorosos Aplausos.)
Camaradas: Permitidme, ante
todo, que salude al Congreso de los Consejos de Economía Nacional en nombre del
Consejo de Comisarios del Pueblo. (Aplausos.)
Camaradas: Sobre el Consejo
Superior de Economía Nacional ha recaído ahora una tarea difícil y de las más
gratas. Es indudable que cuanto más avancen las conquistas de la Revolución de
Octubre, cuanto más profundas sean las transformaciones radicales iniciadas por
ella, cuanto más firmes sean los cimientos de las conquistas de la revolución
socialista y el afianzamiento del régimen socialista, más se elevará el papel
de los consejos de economía nacional. Estos organismos serán las únicas
instituciones del Estado que ocuparán un lugar firme, tanto más firme cuanto
más nos acerquemos al establecimiento del orden socialista, cuanto menos
necesario resulte el mecanismo puramente administrativo, el mecanismo que se
ocupa sólo de la administración. Después de que sea aplastada definitivamente
la resistencia de los explotadores, después de que los trabajadores aprendan a
organizar la producción socialista, este mecanismo de administración en el
sentido escueto y estricto de la palabra, esta máquina del viejo Estado deberá
morir, en tanto que el mecanismo del tipo del Consejo Superior de Economía
Nacional está llamado a crecer, a desarrollarse y fortalecerse, haciéndose
totalmente cargo de la actividad principal de la sociedad organizada.
Por eso, camaradas, cuando
veo la experiencia de nuestro consejo Superior de Economía Nacional y de los
consejos locales, a cuya actividad está ligado estrecha e indisolublemente,
considero que, pese a haber muchas cosas sin terminar, imperfectas y no organizadas,
no tenemos el menor motivo para hacer deducciones pesimistas. Porque la tarea
que se impone el Consejo Superior de Economía Nacional y todos los consejos
regionales y locales es tan gigantesca, tan universal, que no hay absolutamente
nada que infunda temor en todo lo que vemos. Con mucha frecuencia —desde
nuestro punto de vista, naturalmente, quizá con demasiada frecuencia— no se ha
aplicado el proverbio “en cosa alguna pensar mucho y hacer una”. En la
organización de la economía al modo socialista, las cosas no resultan tan
sencillas, por desgracia, como en ese proverbio.
Nuestras tareas se complican
con el paso de todo el poder — esta vez no sólo político, y en primer lugar
incluso no político, sino económico, es decir, que afecta a las bases más
hondas de la vida cotidiana del hombre— a una nueva clase, a una clase que lleva
tras de sí, por vez primera en la historia de la humanidad, a la aplastante
mayoría de la población, a toda la masa de trabajadores y explotados. Es
evidente a todas luces que en este caso, dadas la grandísima importancia y las
grandísimas dificultades de las tareas de organización, cuando tenemos que
organizar de una manera completamente nueva las bases más profundas de la vida
de centenares de millones de seres, resulta imposible arreglar las cosas de
modo tan sencillo como con el proverbio “en cosa alguna pensar mucho y hacer
una”. Nosotros, en efecto, no podemos pensar con antelación muchas veces y
después hacer fijar lo que ha sido pensado y ajustado definitivamente. Debemos
levantar nuestro edificio económico en el curso mismo del trabajo, probando
unas u otras instituciones, observando su actividad en la práctica,
comprobándolas con la experiencia colectiva general de los trabajadores y, lo
Discurso en el I Congreso Nacional de los Consejos de Economía
principal, con la
experiencia de los resultados del trabajo. Debemos hacer eso sin tardanza en el
curso mismo del trabajo y, además, en una situación de lucha a muerte y de
furiosa resistencia de los explotadores, cuya rabia crece cuanto más nos
acercamos al momento de arrancar definitivamente la última muela cariada de la
explotación capitalista. Es comprensible que, en tales condiciones, no exista
el menor motivo para el pesimismo; aunque, claro está, para los ataques
rabiosos de la burguesía y de los señores explotadores, heridos en sus mejores
sentimientos, significa un gran motivo el que nosotros tengamos, incluso en un
corto plazo, que rehacer varias veces en ciertas ocasiones los tipos, estatutos
y organismos de dirección de distintas ramas de la economía nacional. Como es
natural, para quienes participan demasiado cerca y de modo demasiado directo en
este trabajo, rehaciendo incluso tres veces los estatutos, normas y leyes de
administración, por ejemplo, de la Dirección General del Transporte Fluvial y
Marítimo, no resulta muy agradable, y las satisfacciones que puede reportarles
ese género de trabajo no pueden ser muy grandes.
81
Pero si nos abstraemos un
poquito del desagrado inmediato que representa rehacer con excesiva frecuencia
los decretos o si examinamos un poquito más a fondo y con mayor perspectiva la
gigantesca obra histórica universal que ha emprendido el proletariado ruso —
por ahora con sus propias fuerzas insuficientes —, comprenderemos en el acto
que son inevitables modificaciones incluso más repetidas, pruebas en la
práctica de distintos sistemas de administración y de distintas normas de
organización de la disciplina. Comprenderemos que, en una obra tan gigantesca,
jamás podríamos aspirar —y ningún socialista sensato que haya escrito sobre las
perspectivas del futuro ha pensado nunca en ello— a poder crear de una vez y
concretar de golpe las formas de organización de la nueva sociedad de acuerdo
con una indicación dada de antemano.
Lo único que sabíamos, lo
único que nos habían indicado con exactitud los mejores conocedores de la
sociedad capitalista, los más grandes cerebros que previeron el desarrollo de
esa sociedad, es que la transformación debía seguir, de modo históricamente inevitable,
cierta gran pauta, que la propiedad privada de los medios de producción estaba
condenada por la historia, que saltaría hecha añicos, que los explotadores
serían expropiados sin remedio. Todo eso fue consignado con exactitud
científica. Y nosotros lo sabíamos cuando enarbolamos la bandera del
socialismo, cuando nos proclamamos socialistas, cuando fundamos los partidos
socialistas, cuando empezamos a transformar la sociedad. Lo sabíamos cuando
tomamos el poder para emprender la reorganización socialista, pero no podíamos
conocer ni las formas de la transformación ni la rapidez del desarrollo de la
reorganización concreta. Sólo la experiencia colectiva, sólo la experiencia de
millones de personas puede dar en este sentido indicaciones decisivas, precisamente
porque para nuestra causa, para la causa de la edificación del socialismo no
basta la experiencia de centenares y centenares de miles de componentes de las
capas superiores, que hicieron hasta ahora la historia tanto en la sociedad
terrateniente como en la sociedad capitalista. Nosotros no podemos proceder así
precisamente porque confiamos en la experiencia conjunta, en la experiencia de
millones de trabajadores.
Por eso sabemos que la labor
de organización, que constituye la tarea principal, cardinal y fundamental de
los Soviets, lleva implícita obligatoriamente para nosotros multitud de
experimentos, multitud de pasos, multitud de modificaciones, multitud de dificultades,
sobre todo en lo que respecta a cómo colocar a cada cual en su sitio, pues en
este sentido carecemos de experiencia, tenemos que decidir nosotros mismos cada
paso. Y cuanto más graves son los errores en ese camino, tanto mayor es la
seguridad de que con cada nuevo incremento del número de afiliados a los
sindicatos, con cada nuevo millar, con cada nueva centena de millar de hombres
que pasan del campo de los trabajadores, de los explotados — que vivían hasta
ahora ateniéndose a las tradiciones, a las costumbres— al campo de los
Discurso en el I Congreso Nacional de los Consejos de Economía
creadores de las
instituciones soviéticas, aumenta el número de personas que deben reunir las
debidas condiciones y encarrilar acertadamente la obra.
Tomemos una de las tareas
secundarias con que tropieza muy a menudo el Consejo de Economía Nacional, el
Consejo Superior de Economía Nacional: la tarea de utilizar a los especialistas
burgueses. Todos nosotros sabemos —al menos quienes nos basamos en la ciencia y
en el socialismo— que esta tarea sólo puede ser cumplida cuando el capitalismo
internacional ha desarrollado, y en la medida que lo ha hecho, las premisas
materiales, técnicas del trabajo, efectuado a escala gigantesca y basado en los
datos de la ciencia y, por ello, en la preparación de inmensos cuadros de
especialistas con instrucción científica. Sabemos que el socialismo es
imposible sin eso. Si releemos las obras de los socialistas que durante el
último medio siglo observaron el desarrollo del capitalismo y llegaron una y
otra vez a la conclusión de que el socialismo es inevitable, veremos que todos
ellos, sin excepción, indicaban que sólo el socialismo liberará a la ciencia de
sus trabas burguesas, de su sometimiento al capital, de su esclavitud ante los
intereses del sucio egoísmo capitalista. Sólo el socialismo permitirá difundir
ampliamente y subordinar de verdad la producción y la distribución sociales de
los productos según consideraciones científicas al objeto de hacer que la vida
de todos los trabajadores sea lo más fácil posible y les dé la posibilidad del
bienestar. Sólo el socialismo puede hacer eso. Y sabemos que debe hacerlo, y en
la comprensión de esa verdad residen toda la dificultad del marxismo y toda su
fuerza.
Debemos realizar esa obra,
apoyándonos en los elementos que le son hostiles, pues cuanto más grande se
hace el capital, más desarrolla la opresión por parte de la burguesía y el
aplastamiento de los obreros. Cuando el poder se encuentra en manos del proletariado
y de los campesinos pobres, cuando el poder se plantea el cumplimiento de
tareas con el apoyo de esas masas, no tenemos más remedio que llevar a cabo
dichas transformaciones socialistas con ayuda de los especialistas burgueses,
de unos especialistas que se han educado en la sociedad burguesa, que no han
visto otro ambiente, que no pueden imaginarse otro ambiente social. Y por eso,
incluso en los casos en que tales hombres son absolutamente sinceros y fieles a
su obra, incluso en esos casos están llenos de miles de prejuicios burgueses,
están ligados por miles de hilos imperceptibles para ellos a la sociedad
burguesa agonizante, en descomposición, y que, por ello, opone furiosa
resistencia.
82
No pueden ocultársenos estas
dificultades de la tarea y de su cumplimiento. De todos los socialistas que han
escrito de ello, no puedo recordar ni una sola obra socialista conocida por mí
o una opinión de socialistas destacados sobre la futura sociedad socialista en
las que se indicar a la dificultad práctica concreta que habría de surgir ante
la clase obrera, después de tomar el poder, al plantearse la tarea de
transformar toda la suma de riquísimas reservas de cultura, de conocimientos y
de técnica acumuladas por el capitalismo e históricamente necesarias,
indispensables para nosotros, de transformar todo eso de instrumento del
capitalismo en instrumento del socialismo. Eso es fácil en la fórmula general,
en la contraposición abstracta; pero en la lucha contra el capitalismo, que no
muere de repente y cuya resistencia se hace tanto más furiosa cuanto más se
acerca a la muerte, esta tarea requiere un grandioso trabajo. Si en este
terreno se efectúan experimentos, si hacemos correcciones repetidas de errores parciales,
ello es inevitable cuando no se consigue de golpe, en una u otra rama de la
economía nacional, convertir a los especialistas de servidores del capitalismo
en servidores de las masas trabajadoras, en asesores suyos. El hecho de que no
logremos eso en el acto no puede suscitar ni un ápice de pesimismo, ya que la
tarea que nos señalamos es una tarea de dificultad y significación históricas
universales. No cerramos los ojos ante la realidad de que solos, con nuestras
propias fuerzas, no podemos hacer íntegramente la revolución socialista en un
solo país, incluso si este país fuera muchísimo menos atrasado que Rusia,
incluso si viviéramos en condiciones más fáciles que las resultantes de cuatro
años de una guerra inaudita, dolorosa, dura y ruinosa. Quien vuelve la
Discurso en el I Congreso Nacional de los Consejos de Economía
espalda a la revolución
socialista que se desarrolla en Rusia, señalando la flagrante desproporción de
fuerzas, se asemeja al anquilosado hombre enfundado que no ve más allá de sus
narices, que olvida que no ha habido ninguna transformación radical histórica
de cierta importancia sin una serie de casos de desproporción de fuerzas. Las
fuerzas crecen en el proceso de la lucha, al unísono con el auge de la
revolución. Cuando el país ha emprendido la senda de las más grandes
transformaciones, el merito de este país y del partido de la clase obrera, que
ha triunfado en él, consiste en que hemos emprendido de lleno el cumplimiento
práctico de las tareas planteadas antes en abstracto, en teoría. Esa
experiencia no se olvidará. Pase lo que pase, por duras que sean las
vicisitudes de la revolución rusa y de la revolución socialista internacional,
no se podrá prescindir de esa experiencia de los obreros, que están unidos
ahora en organizaciones sindicales y locales y ponen prácticamente manos a la
obra de organizar la producción a escala de todo el país. Esa experiencia ha
entrado en la historia como una conquista del socialismo, y la futura
revolución internacional erigirá sobre ella su edificio socialista.
Me permitiré señalar otra
tarea, quizá la más difícil, que debe cumplir prácticamente el Consejo Superior
de Economía Nacional. Es la tarea de la disciplina laboral. Hablando en
propiedad, cuando nos referimos a ella debemos reconocer y destacar con satisfacción
que los primeros que han emprendido por propia iniciativa el cumplimiento de
esta tarea, de significación histórica universal, han sido precisamente los
sindicatos, sus organizaciones más importantes: el Comité Central del Sindicato
de Obreros Metalúrgicos, el Consejo de los Sindicatos de toda Rusia, las
organizaciones sindicales superiores, que agrupan a millones de trabajadores.
Para comprender esta tarea es preciso hacer abstracción de los pequeños reveses
parciales, de las increíbles dificultades, que parecen invencibles si se las
toma por separado. Hay que remontarse más alto y contemplar la sucesión
histórica de los tipos de economía social. Sólo desde este punto de vista
resaltará con claridad qué gigantesca tarea hemos asumido y qué gigantesca
importancia tiene el hecho de que el representante más avanzado de la sociedad,
las masas trabajadoras y explotadas, hayan acometido esta vez, por propia
iniciativa, una misión que en la Rusia feudal anterior a 1861 69 era cumplida íntegramente por un puñado
de terratenientes, que la consideraba obra propia. Su obra consistía entonces
en crear unas relaciones y una disciplina que abarcaran a todo el Estado.
Sabemos cómo crearon esa
disciplina los terratenientes feudales. Esa disciplina significó opresión,
ultrajes, trabajos forzados y sufrimientos inauditos para la mayoría del
pueblo. Recordad toda esa transición del régimen de la servidumbre a la
economía burguesa. Lo que habéis visto, aunque la mayoría de vosotros no ha
podido verlo, y lo que conocéis por las viejas generaciones, este paso que
siguió de 1861 a la nueva economía burguesa, el paso de la vieja disciplina
feudal del látigo, de la disciplina feudal absurda, del ultraje y la violencia
más insolentes y brutales sobre el hombre, a la disciplina burguesa, a la
disciplina del hambre, a la llamada contrata libre, que en realidad era la
disciplina de la esclavitud capitalista; este paso parecía fácil, desde el
punto de vista histórico, porque la humanidad pasaba de un explotador a otro
explotador, porque una minoría de saqueadores y explotadores del trabajo del
pueblo cedía su puesto a otra minoría también de saqueadores y también de
explotadores del trabajo del pueblo, porque los terratenientes cedían su puesto
a los capitalistas, una minoría a otra minoría, en tanto que las amplias masas
de las clases trabajadoras y explotadas seguían oprimidas. E incluso esa
sustitución de una disciplina explotadora por otra costó años, si no decenios
de esfuerzos, costó años, si no decenios del período de transición, cuando los
viejos terratenientes feudales consideraban con absoluta sinceridad que se
hundía todo, que sería imposible mantener la economía sin el régimen de la
servidumbre; cuando el nuevo amo, el capitalista, chocaba a cada paso con
dificultades prácticas y abandonaba su hacienda; cuando el signo material, una
de las pruebas materiales
![]()
69 En 1861 se abolió el
régimen de servidumbre en Rusia
Discurso en el I Congreso Nacional de los Consejos de Economía
de la dificultad de esa
transición consistía en que Rusia traía máquinas del extranjero para trabajar
con ellas, para trabajar con las mejores máquinas, y resultaba que no había ni
hombres que supieran manejarlas ni dirigentes. Y en todos los confines de Rusia
se observaba que las mejores máquinas estaban tiradas, sin utilizar. He ahí una
prueba de hasta qué extremo fue difícil pasar de la vieja disciplina de la
servidumbre a la nueva disciplina burguesa, capitalista.
83
Por tanto, camaradas, si enfocáis las cosas de ese modo, no os
dejaréis desorientar por las personas, las clases, la burguesía y los lacayos
de la burguesía que se plantean la única misión de sembrar el pánico, extender
el desaliento, levar el total abatimiento a todo el trabajo y presentarlo como
condenado al fracaso; que destacan cada caso aislado que la disciplina y
descomposición y apuntan con el dedo a la revolución como si hubiera habido en
el mundo, como si hubiera habido en la historia una revolución verdaderamente
grande sin descomposición, sin pérdida de la disciplina, sin dolorosos pasos
experimentales cuando la masa forja una nueva disciplina. No debemos olvidar
que hemos llegado por vez primera a un punto preliminar de la historia en el
que millones de trabajadores y explotados están forjando de verdad una nueva
disciplina, la disciplina laboral, la disciplina de las relaciones de
camaradas, la disciplina soviética. No pretendemos ni aspiramos a tener éxitos
rápidos en este terreno. Sabemos que esta labor ocupará toda una época
histórica. Hemos empezado una época histórica, en la que en un país todavía
burgués destruimos la disciplina de la sociedad capitalista, la destruimos y
nos enorgullecemos de que todos los obreros conscientes y absolutamente todos
los campesinos trabajadores ayuden al máximo a destruirla; una época en la que
en las masas crece voluntariamente, por propia iniciativa, la conciencia de que
deben sustituir esta disciplina, basada en la explotación y la esclavitud de
los trabajadores, no por indicación desde arriba, sino por indicación de su
experiencia de la vida, de que deben sustituirla con la nueva disciplina del
trabajo unido, con la disciplina de los obreros y los campesinos trabajadores,
unidos y organizados, de toda Rusia, de un país con decenas y centenas de
millones de habitantes. Esta tarea presenta dificultades gigantescas, pero es
una tarea grata, ya que sólo cuando la cumplamos prácticamente hincaremos el
último clavo en el ataúd de la sociedad capitalista que estamos enterrando. (Aplausos.)
Publicado íntegramente en 1918 en el libro “Trabajos del I
Congreso Nacional de los Consejos de Economía. Actas taquigráficas”. Moscú.
T. 36. Págs. 377-386.
Discurso en el I Congreso Nacional de los Consejos de Economía
84
OBSERVACIONES AL PROYECTO DE “REGLAMENTO
PARA LA ADMINISTRACIÓN DE LAS EMPRESAS NACIONALIZADAS”.
El comunismo requiere y
presupone la mayor centralización de la gran producción en todo el país. Por
eso debe concederse sin falta al organismo central de toda Rusia el derecho de
subordinar directamente a todas las empresas de la rama respectiva. Los organismos
regionales determinan sus funciones en dependencia de las condiciones locales,
de existencia, etc., conforme a las indicaciones y decisiones del organismo
central concernientes a toda la producción.
Privar al organismo central
de toda Rusia de derecho de subordinar directamente a todas las empresa, de una
rama determinada en todos los confines del país, como se desprende del proyecto
de la comisión, sería anarcosindicalismo regionalista, pero no comunismo.
Escrito el 2 de junio de 1918. Publicado por primera vez en 1959
en la “Recopilación leninista”, t. XXXVI.
T. 36, págs. 392.
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
85
REUNIÓN CONJUNTA DEL CEC DE TODA RUSIA,
DEL SOVIET DE DIPUTADOS OBREROS, CAMPESINOS Y SOLDADOS ROJOS Y DE LOS
SINDICATOS DE MOSCÚ.
4 de junio de 1918.
1. Informe sobre la
lucha contra el hambre.
Camaradas: El tema del que
voy a hablar hoy es el de la gran crisis que se ha abatido sobre todos los
países con temporáneos y que atormenta a Rusia con más rigor, quizá, que a
ningún otro país, o en todo caso, que se siente aquí con la mayor intensidad.
Debo hablar de esta crisis,
del hambre que padecemos, en relación con los problemas que se nos plantean
como resultado de la situación general. Y cuando hablamos de la situación
general no se puede, desde luego, limitarse únicamente a Rusia, con tanto mayor
motivo que, en la actualidad, todos los países de la civilización capitalista
contemporánea se hallan vinculados entre sí de manera mucho más penosa y
dolorosa que antes.
En todas partes, tanto en
los países beligerantes como en los países neutrales, la guerra, la guerra
imperialista entre dos grupos de saqueadores gigantescos, ha acarreado el total
agotamiento de las fuerzas productivas. La ruina y la miseria han llegado al
punto de que la guerra ha sumido en el hambre, en el sentido más literal y
genuino de la palabra, a los países más adelantados, civilizados y cultos que
hace no ya décadas, sino siglos, la desconocían. Es cierto que en los países
adelantados, especialmente en los que el gran capitalismo ha habituado a la
población, desde hace mucho tiempo, al máximo nivel de organización económica
posible bajo ese sistema, se ha logrado distribuir adecuadamente el hambre,
posponerla y hacerla menos aguda. Pero Alemania y Austria, por ejemplo, están
padeciendo hambre, el hambre más verdadera, desde hace tiempo, sin hablar ya de
los países vencidos y avasallados. Hoy es difícil abrir un solo ejemplar de un
periódico sin tropezar con muchas noticias procedentes de una serie de países
adelantados y cultos —no sólo países beligerantes, sino también neutrales,
como, por ejemplo, Suiza o algunos de los países escandinavos—, sobre el hambre
y las espantosas calamidades que se han abatido sobre la humanidad como
consecuencia de la guerra.
Camaradas, los que han
estado al tanto del desarrollo de la sociedad europea no dudan ya, desde hace
mucho tiempo, que el capitalismo no se extinguirá por vía pacífica y que lleva
directamente a la rebelión de las grandes masas contra el yugo del capital o al
mismo resultado por el camino mucho más penoso, doloroso y sangriento de la
guerra.
Muchos años antes de la
guerra, los socialistas de todos los países señalaban y declaraban solemnemente
en sus congresos que una guerra entre los países adelantados no sólo sería un
crimen enorme, que semejante guerra, la guerra por el reparto de las colonias,
por el reparto del botín de los capitalistas, no sólo significaría una ruptura
total con los últimos progresos de la civilización y la cultura, sino que
podría llevar, y en realidad llevaría inexorablemente, a socavar los
fundamentos mismos de la sociedad humana. Porque, por primera vez en la
historia, los más importantes progresos de la técnica han sido empleados a tal
escala, de manera tan destructiva y con tal energía para el exterminio en masa
de millones de seres humanos. Y ahora, cuando de tal modo se ponen todos los
medios de producción al servicio de la guerra, vemos que se cumple la más
sombría profecía, y que el salvajismo, el hambre y el total decaimiento de
todas las fuerzas productivas se apoderan de un número mayor cada vez de
países.
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
Por eso recuerdo cuánta
razón tenía Engels, uno de los geniales fundadores del socialismo científico,
cuando en 1887, treinta años antes de la revolución rusa, escribió que una
guerra europea llevaría no sólo a que las coronas —como decía él— rodaran por
docenas, caídas de las testas coronadas, y no habría quien las recogiese, sino
que esa guerra conduciría también a una crueldad sin precedentes, a la barbarie
y al atraso en Europa entera; y que, por otra parte, la guerra llevaría a la
dominación de la clase obrera o a la creación de las condiciones que harían
indispensable su dominación70.
Esta vez el fundador del socialismo se expresó con mucha prudencia porque veía
claramente que si la historia marchaba por ese camino, el resultado sería la
bancarrota del capitalismo y la propagación del socialismo, y que nadie podría
imaginar transición más dolorosa y dura, miseria más aguda y crisis más grave
que quebrantaría todas las fuerzas productivas.
Y bien; ahora vemos con
claridad la significación de los resultados de la matanza imperialista de los
pueblos que se ha prolongado
más de tres años, cuando incluso en los países más adelantados se siente que la
guerra ha entrado en un callejón sin salida, que no tiene solución bajo el
capitalismo y que conducirá a una dolorosa ruina. Y si nosotros, camaradas, si
la revolución rusa —que no se debe a un mérito especial del proletariado ruso,
sino al curso general de los acontecimientos históricos, que, por la voluntad
de la historia ha colocado transitoriamente a ese proletariado en el primer
lugar, y lo ha convertido por ahora en la vanguardia de la revolución mundial—
si nos ha tocado sufrir padecimientos particularmente duros y agudos por el
hambre que nos azota cada vez más duramente, debemos comprender con claridad
que estos infortunios son, ante todo y sobre todo, resultado de la maldita
guerra imperialista. Esta guerra es causa de infortunios inauditos en todos los
países, pero estos infortunios pueden ocultarse todavía a las masas y al
conocimiento de la enorme mayoría de los pueblos sólo con transitorio éxito.
Mientras continúe la
opresión militar, mientras dure la guerra, mientras ésta siga vinculada, por
una parte, a esperanzas de victoria y a la creencia de que se puede salir de la
crisis actual mediante la victoria de uno de los grupos imperialistas, y, por
otra parte, se imponga una rabiosa censura militar y la embriaguez de la
exaltación militarista en todo el pueblo, mientras continúe todo esto se podrá
ocultar a la masa de la población de la mayoría de los países el abismo en que
van a caer, en el cual han caído ya a medias. Y nosotros lo sentimos ahora con
particular agudeza, porque en ninguna parte, excepto en Rusia, hay una
oposición tan evidente entre la inmensidad de las tareas que se ha fijado el
proletariado insurrecto, que ha comprendido que es imposible poner término a la
guerra, la guerra mundial de los gigantes imperialistas más poderosos del
mundo, que es imposible poner término a la guerra sin una poderosa revolución
proletaria que abarque también al mundo entero.
Y cómo la marcha de los
acontecimientos nos ha colocado en uno de los lugares más destacados de esta
revolución y nos ha obligado durante un largo período, por lo menos desde
octubre de 1917, a seguir siendo un destacamento aislado al que los acontecimientos
le impiden acudir con la suficiente rapidez en ayuda de los otros destacamentos
del socialismo internacional, la situación en que nos hallamos es ahora diez
veces más dura. Cuando hemos hecho todo lo que puede hacer directamente el
proletariado insurrecto, apoyado por el campesinado pobre, para derrocar a
nuestro principal enemigo y para defender a la revolución socialista, vemos no
obstante que, a cada paso, la opresión de las rapaces potencias imperialistas
que cercan a Rusia y la herencia de la guerra pesan sobre nosotros cada día
más. Estas consecuencias de la guerra aún no se han dejado sentir del todo. Hoy
estamos, en el verano de 1918, quizás ante una de las etapas más duras,
difíciles y críticas de transición de nuestra revolución. Y las dificultades no
se limitan al ámbito internacional,
![]()
70 Véase F. Engels. Prefacio al folleto de Borkheim "En
memoria de los patrioteros alemanes de1806-1807".
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
donde estamos
inexorablemente condenados a una política de retrocesos, mientras nuestro fiel
y único aliado, el proletariado internacional, sólo se prepara para la
insurrección, sólo madura para la misma, todavía no está en condiciones de
actuar abierta y concertadamente, aunque todo el curso de los acontecimientos
en la Europa Occidental, el furioso salvajismo de las últimas batallas en el
frente occidental, la crisis que se agrava en los países beligerantes, todo
concurre a demostrar que la insurrección de los obreros europeos no está lejana
y que, aunque puede ser demorada, llegará sin falta.
Justamente en tal situación
tenemos que soportar dentro del país las mayores dificultades, cuyas
consecuencias son una serie de vacilaciones provocadas, más que nada, por la
penosa escasez de alimentos, por la agobiante hambre que nos acosa y obliga a
afrontar una tarea que exige la máxima tensión de fuerzas, la mayor
organización, y que, al mismo tiempo, no se puede afrontar con los métodos
viejos. Emprenderemos la solución de este problema junto a la clase que afrontó
con nosotros la guerra imperialista, la clase con la que derrocamos a la
monarquía imperialista y a la burguesía imperialista republicana de Rusia, la
clase que debe forjar sus armas, desarrollar sus fuerzas y crear su
organización en medio de dificultades crecientes, de tareas crecientes y del
creciente alcance de la revolución.
Tenemos planteada ahora la
tarea más elemental de toda colectividad humana: vencer el hambre, o, por lo
menos, aliviar de inmediato el hambre directa, la penosa hambre que aflige a
las dos capitales y a decenas de distritos de la Rusia rural. Y debemos resolver
esta tarea en medio de una guerra civil y de la furiosa, desesperada
resistencia de los explotadores de todo rango y especie, de todo matiz y
orientación. Naturalmente, en tal situación, esos elementos de los partidos
políticos que no pueden romper con lo viejo y no pueden creer en lo nuevo, se
encuentran en estado de guerra, utilizándola para una única finalidad: el
restablecimiento de los explotadores.
Las noticias que recibimos
de cualquier rincón de Rusia exigen que afrontemos este problema, la relación
entre el hambre y la lucha contra los explotadores, frente a la
contrarrevolución que levanta cabeza. Se nos plantea la tarea de vencer el
hambre, o, por lo menos, aliviar su rigor hasta la nueva cosecha, defender el
monopolio de los cereales y los derechos del Estado soviético, los derechos del
Estado proletario. Hay que acopiar todos los excedentes de cereales; debemos
conseguir que todas las reservas sean transportadas a los sitios donde hacen
falta y distribuidas adecuadamente. Esta tarea fundamental significa preservar
la sociedad humana; al mismo tiempo implica un esfuerzo increíble, es una tarea
que puede cumplirse por un solo conducto: una intensificación mayor y
generalizada del trabajo.
87
En los países donde esta
tarea se cumple mediante la guerra eso se hace por la esclavitud militar,
implantando la esclavitud militar para los obreros y campesinos; se cumple
proporcionando a los explotadores nuevos y mayores beneficios. Por ejemplo, en
Alemania, donde la opinión pública está tan coartada, donde se reprime todo
intento de protesta contra la guerra, pero donde persiste, sin embargo, un
sentido de la realidad, de hostilidad socialista a la guerra, no encontraremos
método más común de mantener la situación que el rápido aumento del número de
millonarios que se han enriquecido con la guerra. Esos nuevos millonarios se
han enriquecido con ahínco y ensañamiento.
El hambre de las masas
constituye ahora, en todos los países imperialistas, el mejor terreno para la
especulación más desenfrenada, para ganar riquezas sin precedentes con la
miseria y el hambre.
Esto lo estimulan los países
imperialistas, por ejemplo, Alemania, donde el hambre está mucho mejor
organizada. No en vano se dice que es el centro del hambre organizada, donde
las raciones de pan y los mendrugos están mejor repartidos entre la población.
Vemos que allí la aparición de nuevos millonarios es un rasgo común del Estado
imperialista; que esos
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
países no conocen otro modo
de combatir el hambre. Se permite obtener ganancias dobles, triples y
cuádruples a quienes tienen mucho trigo y saben cómo especular y convertir la
organización, el racionamiento, la reglamentación y la distribución en especulación.
No queremos marchar por ese camino, sea quien fuere el que nos impulse a ello,
consciente o inconscientemente. Afirmamos: hemos estado y estaremos hombro a
hombro, junto a la clase con la que hemos actuado contra la guerra, con la que
derrocamos a la burguesía y con la que estamos sufriendo las penurias de la
crisis actual. Debemos insistir en que se cumpla el monopolio de los cereales,
pero no como medio para legalizar la especulación capitalista, a pequeña o gran
escala, sino para combatir a los saqueadores conscientes.
En esto vemos dificultades
más grandes, peligros mayores que los que arrastramos cuando teníamos frente a
nosotros al zarismo armado hasta los dientes, o a la burguesía rusa armada
hasta los dientes, que no consideró un crimen derramar la sangre de centenares
de miles de obreros y campesinos rusos en la ofensiva de junio del año pasado71, a la vez que guardaba en el bolsillo los tratados secretos que
le proporcionaban una participación en el botín, pero que considera un crimen
la guerra de los trabajadores contra los opresores, la única guerra justa,
sagrada, la guerra de la que hablamos desde el comienzo mismo de la matanza
imperialista y que ahora todos los acontecimientos vinculan inevitablemente, a
cada paso, al hambre.
Sabemos que la autocracia
zarista estableció desde el comienzo precios de tasa para los cereales y elevó
estos precios. ¡Cómo no! Seguía fiel a sus aliados: los comerciantes de
cereales, los especuladores, los magnates de la banca, quienes con eso ganaban
millones.
Sabemos cómo los
conciliadores del Partido Demócrata Constitucionalista — junto con los
eseristas y mencheviques— y Kerenski implantaron el monopolio del trigo, ya que
toda Europa decía que sin el monopolio no podían sostenerse más. Y sabemos cómo
este mismo Kerenski, en agosto de 1917, eludió la ley democrática de entonces.
Para eso existen las leyes democráticas y los regímenes hábilmente
interpretados: para eludirlos. Sabemos cómo este mismo Kerenski duplicó esos
precios en agosto, mientras que los socialistas de todo matiz y color
protestaban contra la medida y se ofendían por la misma. Entonces no hubo un
solo periódico que no se indignara por este proceder de Kerenski y no
denunciara que, detrás de los ministros republicanos, detrás del gabinete de los
mencheviques y de los eseristas estaban las manipulaciones de los
especuladores, que duplicar los precios del trigo fue una concesión a los
especuladores, que todo el asunto no era nada más que una concesión a los
especuladores. Conocemos esa historia.
Podemos comparar ahora cómo
se desarrolló el monopolio del trigo y la lucha contra el hambre en los países
capitalistas de Europa y cómo se desarrolló en nuestro país. Vemos ahora cómo
aprovechan estos acontecimientos los contrarrevolucionarios. Son una lección de
la que debemos extraer conclusiones firmes y rigurosas. La crisis, que ha
llegado al extremo de una penosa hambre, ha provocado una mayor agudización de
la guerra civil. Ha conducido al desenmascaramiento de partidos tales como el
eserista de derecha y el menchevique, que se diferencian del reconocido partido
capitalista, el Partido Demócrata Constitucionalista, en que éste es
directamente un partido de las centurias negras. Los democonstitucionalistas no
están obligados a dirigirse al pueblo y nada tienen que decirle; no están
obligados a disfrazar sus objetivos; en cambio estos partidos que se
conciliaron con Kerenski, que compartieron el poder y los tratados secretos con
él, están obligados a dirigirse al pueblo. (Aplausos.)
Y por eso, a pesar de sus deseos y de sus planes, se ven forzados a ponerse en
evidencia de cuando en cuando.
![]()
71 Se trata de la ofensiva emprendida por
el Gobierno Provisional burgués el 18 de junio de 1917en el frente alemán.
Véanse los por menores en la nota 4
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
Al ver, por una parte, que
el hambre provoca alzamientos y motines de la gente hambrienta y, por otra, que
la chispa de las rebeliones contrarrevolucionarias, por cierto alimentadas con
el dinero de los imperialistas anglo-franceses y ayudadas por los esfuerzos de
los eseristas de derecha y mencheviques (Aplausos),
se propaga del uno al otro confín de Rusia, nos decimos: el cuadro es claro;
quien quiera soñar con frentes únicos, que lo haga.
88
Y ahora vemos muy claramente que, después de la derrota de la
burguesía rusa en abierto conflicto militar, en el período de octubre de 1917 a
febrero y marzo de 1918, todo choque abierto entre las fuerzas revolucionarias
y contrarrevolucionarias demostró a los contrarrevolucionarios, hasta a los
cabecillas de los cosacos del Don, con quienes se contaba más que con nadie,
que su causa estaba perdida, que en todas partes la mayoría de la población
estaba contra ellos. Y toda nueva tentativa, incluso en las regiones más
patriarcales, con capas de agricultores más ricos, más separados en castas,
como los cosacos, toda nueva tentativa de la contrarrevolución ha terminado
siempre, sin excepción, por volver contra ellas, en realidad, a nuevos sectores
de trabajadores oprimidos.
En el periodo de octubre a
marzo, la experiencia de la guerra civil ha demostrado que las masas de los
trabajadores, la clase obrera de Rusia y los campesinos que viven de su propio
trabajo, que no explotan el trabajo ajeno, están todas ellas, en abrumadora
mayoría y en todos los confines de Rusia, en pro del Poder soviético. Pero
quien pensó que estábamos ya en camino de un mayor desarrollo orgánico ha
tenido que convencerse de su error.
La burguesía se vio
derrotada...* Y aquí comienza una escisión en la pequeña burguesía de Rusia:
unos se orientan a los alemanes; otros, a los anglo-franceses; pero los unos y
los otros están unidos por la orientación del hambre.
* En la versión taquigráfica sigue una frase indescifrable. (N. de la Edit.)
A fin de que tengáis claro,
camaradas, que no es nuestro partido, sino sus enemigos y los enemigos del
Poder soviético quienes concilian la orientación alemana y la anglo-francesa,
basándolas en un programa común: derrocar el Poder soviético, aprovechándose
del hambre; a fin de aclarar cómo ocurre eso, me permito citar, sintetizando el
informe de la última conferencia menchevique. Este informe fue publicado en el
periódico Zhizn. (Murmullos, Aplausos.)
Por este informe, publicado
en el núm. 26 de Zhizn, sabemos que
Cherevanin, el cual hizo el informe sobre política económica, criticó la
política del Poder soviético y propuso una solución de compromiso al problema:
la incorporación de representantes del capital comercial, como hombres de
negocios prácticos, en condiciones especialmente ventajosas para ellos, basadas
en el cobro por comisión. Por el mismo informe sabemos que Groman, presidente
de la Junta de Abastecimiento del Norte, presente en la conferencia, hizo la
siguiente deducción, a la que llegó, como dice el informe, basándose en un gran
acopio de observaciones personales y de todo género — únicamente en círculos
burgueses, agrego yo-
:
“Es
necesario –dijo— adoptar dos métodos: el primero, los actuales precios deben
ser aumentados; el segundo, debe ofrecerse una prima especial por el transporte
urgente de trigo”, etc. (Una voz:
“¿Qué hay de malo en eso?”) Sí; oiréis lo que eso tiene de malo, aun cuando el
orador que se ha tomado la palabra desde ese rincón sin que se la concedan (Aplausos) crea poder convenceros de que
en eso no hay nada de malo. Pero tal vez haya olvidado el desarrollo de la
conferencia menchevique. El mismo periódico Zhizn
informa que, después de Groman, habló el delegado Kolokólnikov, quien manifestó
lo siguiente: “Nos invitan a participar en las organizaciones bolcheviques de
abastecimiento”. Qué mal,
¿verdad?, deberíamos decir,
recordando las palabras del orador anterior. Y si el mismo orador, que no
quiere estarse quieto y toma la palabra, aunque no se la hayan concedido, grita
que es mentira, que Kolokólnikov no dijo tal cosa, tomo nota de la declaración
y le pido que repita con claridad y con voz que oigan todos esa negativa. Me
permito recordaros la resolución presentada en la conferencia por Mártov, quien
no es desconocido de vosotros,
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
en la cual se dice
exactamente lo mismo del Gobierno soviético, aunque con otras palabras y con
otras frases. (Murmullos, voces) Sí;
por mucho que os riais, sigue siendo un hecho; en la discusión del informe
sobre la situación del abastecimiento, los representantes mencheviques dicen
que el Poder soviético no es una organización proletaria, sino una organización
inútil.
En tales momentos, cuando
estallan motines contrarrevolucionarios debidos al hambre, y, aprovechándose
del hambre, es inútil recurrir a negativas y artimañas: el hecho es evidente.
Tenemos delante la política sobre esta cuestión eficazmente desarrollada por
Cherevanin, Groman y Kolokólnikov. La guerra civil se reanima, la
contrarrevolución enseña la oreja; y estoy seguro de que el noventa y nueve por
ciento de los obreros y campesinos rusos han sacado su conclusión de estos
acontecimientos —aunque no todos lo sepan aún—, la están sacando y la seguirán
sacando, y dicha conclusión es la siguiente: sólo aplastando la
contrarrevolución, sólo continuando la política socialista en el problema del
hambre, en la lucha contra el hambre, lograremos vencer el hambre y a los
contrarrevolucionarios que se aprovechan del hambre.
Camaradas, ha llegado en
realidad el momento en que el Poder soviético, después de una prolongada y dura
lucha contra grandes y duros enemigos contrarrevolucionarios, los ha derrotado
en choque abierto, y luego de vencer la resistencia militar de los explotadores
y su sabotaje, se apresta a emprender el trabajo de organización. La dificultad
de la lucha contra el hambre y la inmensidad de esta tarea tiene realmente su
explicación en el hecho de que ahora nos acercamos de lleno y directamente a la
de organización.
89
Triunfar en la insurrección
es infinitamente más fácil. Derrotar la resistencia de la contrarrevolución es
un millón de veces más fácil que triunfar en la esfera de la organización. Esto
se refiere especialmente a los casos de cumplimiento de la tarea en que el
proletariado insurrecto y el pequeño propietario, es decir, los grandes
sectores de la pequeña burguesía, podían marchar en gran medida juntos, cuando
había aún muchos elementos democráticos y trabajadores en general. Ahora hemos
pasado a otra tarea. La penosa hambre nos ha llevado por fuerza a una tarea
netamente comunista. Afrontamos una tarea revolucionaria socialista. Se nos
presentan dificultades extraordinarias.
No tememos estas
dificultades, las conocíamos y nunca dijimos que sería fácil la transición del
capitalismo al socialismo. Implicará todo un período de violenta guerra civil,
implicará la adopción de medidas penosas, hasta que al destacamento del proletariado
insurrecto de un país se una el proletariado de otro país para enmendar los
errores en un esfuerzo conjunto. Se nos presentan aquí tareas de organización
relacionadas con los artículos de consumo general, relacionadas con las más
profundas raíces de la especulación, las cuales están vinculadas a las capas
superiores del mundo burgués y de la explotación capitalista, y que no son
fáciles de eliminar con el solo empuje de las masas. Tenemos que ocuparnos aquí
de las raíces y raicillas, pequeñas pero profundas, de la explotación burguesa
en todos los países, plasmadas en los pequeños propietarios, en todo su sistema
de vida, en las costumbres y en la mentalidad del pequeño propietario y del
pequeño patrono; tenemos que ocuparnos aquí del pequeño especulador, de su
falta de costumbre del nuevo sistema de vida, de la falta de fe en éste y de la
desesperación.
Pues es un hecho que muchos
trabajadores, al advertir las tremendas dificultades que nos pone la
revolución, se han dejado llevar por la desesperación. Eso no nos atemoriza.
Jamás ni en parte alguna hubo revolución en la que ciertos sectores de la
población no fueran presa de la desesperación.
Cuando las masas destacan
una determinada vanguardia disciplinada, cuando esta vanguardia sabe que esta
dictadura, que este poder firme ayudará a atraer a todos los campesinos pobres
—se trata de un proceso largo que implica una lucha dura—, eso es el
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
comienzo de la revolución
socialista en su verdadero sentido. Pero cuando vemos que los obreros unidos y
la masa de los campesinos pobres que se habían organizado contra los ricos y
los especuladores, contra la multitud a la que muchos intelectuales conscientes
o inconscientes lanzan como los
Cherevanin y los Groman
consignas de especuladores, cuando estos obreros, confundidos, abogan por la
venta libre del trigo o por la importación de vehículos de carga, nosotros
respondemos que eso significa socorrer a los kulaks. No tomaremos ese camino. Decimos:
nos apoyaremos en los elementos trabajadores con cuya ayuda logramos la
victoria de octubre y sólo con nuestra clase, sólo implantando la disciplina
proletaria en todos los sectores del pueblo trabajador podremos cumplir la
tarea histórica que ahora afrontamos.
Tenemos que vencer inmensas
dificultades. Tendremos que reunir todos los excedentes y reservas, organizar
adecuadamente su transporte y distribución entre decenas de millones de
personas.
Tendremos que conseguir que
el trabajo marche con la regularidad de un reloj. Tendremos que vencer el
desbarajuste estimulado por los especuladores y los vacilantes, que siembran el
pánico. Esta tarea de organización sólo pueden cumplirla los obreros conscientes
que afrontan las dificultades prácticas. Vale la pena consagrar todas las
fuerzas a esta tarea; vale la pena empeñarse en el último y decisivo combate. Y
en este combate triunfaremos. (Aplausos.)
Camaradas, los últimos
decretos sobre medidas tomadas por el Poder soviético nos muestran que el
camino de la dictadura proletaria es un camino de duras pruebas eso es claro e
indiscutible para un verdadero socialista.
Los últimos decretos se ocupan del problema fundamental de la
vida: el pan. Los inspiran tres
ideas rectoras: primero, la
idea de la centralización: la de unir a todos en el cumplimiento de la tarea
común bajo la dirección del centro. Debemos demostrar que somos serios y no
ceder al desánimo; debemos rechazar los servicios de los pequeños especuladores
de comestibles y unir todas las fuerzas proletarias, pues en la lucha contra el
hambre nos apoyamos en las clases oprimidas y vemos la salida únicamente en su
enérgica oposición a todos los explotadores, en la unificación de toda su
labor.
Sí, nos dicen que el
monopolio del trigo es quebrantado a cada paso por la acción de los pequeños
especuladores de comestibles y de los acaparadores. Con frecuencia oímos decir
a los intelectuales: sin embargo los pequeños especuladores de comestibles nos
ayudan, nos alimentan a todos. Sí; pero los pequeños especuladores de
comestibles nos alimentan a lo kulak, hacen justamente lo que se necesita para
establecer, consolidar y perpetuar el poder de los kulaks, para que quienes
tengan poder puedan ejercerlo a su alrededor con ayuda de sus ganancias y por
medio de diversas gentes. Pero nosotros afirmamos que si la gente, cuyo pecado
es hoy, sobre todo, la falta de fe, uniera sus fuerzas, la lucha sería mucho
más fácil. Si en alguna parte existiera un revolucionario que tuviese la
esperanza de que pudiésemos pasar al régimen socialista sin dificultades,
semejante revolucionario, semejante socialista no valdría un comino.
90
Nosotros sabemos que la
transición del capitalismo al socialismo es una lucha sumamente difícil. Pero
estamos dispuestos a soportar mil dificultades, estamos dispuestos a realizar
mil tentativas, y luego de estas mil tentativas emprenderemos la mil y una.
Ahora procuramos atraer a todas las organizaciones soviéticas a esta nueva vida
creadora, las inducimos a desplegar nuevas energías. Nuestro cálculo es vencer
las nuevas dificultades con la ayuda de nuevos sectores, con la organización de
los campesinos pobres. Y ahora paso a la segunda tarea fundamental.
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
He dicho que la primera idea
que figura en todos los decretos es la de centralizar. Únicamente juntando todo
el cereal en una bolsa común podremos vencer el hambre, y aun así el cereal
apenas alcanzará. Nada queda en Rusia de la abundancia pasada, y es preciso que
el comunismo penetre hondo en todas las conciencias, para que todos consideren
los excedentes de trigo como propiedad del pueblo y sean sensibles a los
intereses de los trabajadores, para lograrlo, el único método es el que propone
el Poder soviético.
Cuando se nos habla de otros
métodos, respondemos como lo hicimos en la sesión del CEC de toda Rusia. Cuando
os propusieron otros métodos, dijimos: marchaos con Skoropadski, con la
burguesía. Enseñadles vuestros métodos, tales como aumentar el precio del trigo
o formar un bloque con los kulaks; allí encontraréis oídos dispuestos a
escucharos. Pero el Gobierno soviético sólo dice una cosa: las dificultades son
inmensas y debéis responder a cada dificultad con nuevos esfuerzos de
organización y disciplina. Tales dificultades no pueden ser superadas en un
mes. La historia de las naciones nos muestra décadas consagradas a superar
dificultades menos importantes que las nuestras, y esas décadas han pasado a la
historia como las décadas más grandes y fructíferas. Nunca lograrán sumirnos en
el desánimo con referencias a los fracasos del primer semestre de una gran
revolución. Continuaremos con nuestra vieja consigna de centralización, unidad
y disciplina proletaria a escala de toda Rusia.
Si nos dicen, como dice
Groman en su informe: “los destacamentos que ustedes han enviado a acopiar
cereales se emborrachan y se convierten ellos mismos en destiladores de
aguardiente y en saqueadores”, responderemos: sabemos muy bien con cuánta
frecuencia ocurre eso. No disimulamos ni disculpamos tales hechos; tampoco
tratamos de eludirlos con frases y propósitos supuestamente izquierdistas. No;
la clase obrera no está separada de la vieja sociedad burguesa por una muralla
china. Y cuando llega la revolución, las cosas no ocurren como con la muerte de
un individuo, en que se saca al difunto. Cuando perece la vieja Sociedad, no es
posible encerrar su cadáver en un ataúd y enterrarlo. Se descompone en nuestro
medio; este cadáver se pudre y nos contamina.
En ninguna gran revolución
ha ocurrido de otra manera; en ninguna gran revolución puede ocurrir de otra
manera. Precisamente para preservar y desarrollar los brotes del nuevo orden en
una atmósfera impregnada de los miasmas del cadáver en putrefacción, debemos
luchar contra el ambiente literario y político, contra el juego de los partidos
políticos —impregnados todos, desde los democonstitucionalistas hasta los
mencheviques, de esos miasmas del cadáver en putrefacción—, pues todo eso va a
ser utilizado para ponerlo como obstáculo en nuestro camino. La revolución
socialista no puede nacer de otra manera; ningún país podrá pasar del
capitalismo al socialismo de otro modo que en una atmósfera de capitalismo en
descomposición y de penosa lucha contra él. Y por eso decimos: nuestra primera
consigna es la centralización; nuestra segunda consigna, la unidad de los
obreros. ¡Obreros, uníos, uníos! Esto no es nuevo; puede no parecer efectista
ni original. No promete éxitos fáciles de charlatanes, como esos con que tratan
de tentarlos hombres como Kerenski, quien en agosto de 1917 duplicó los
precios, tal como los han duplicado y decuplicado los burgueses alemanes;
hombres que os prometen éxitos directos e inmediatos con tal de que os mostréis
cada vez más indulgentes con los kulaks.
Por supuesto, no marcharemos por ese camino. Nosotros decimos:
nuestro segundo método
puede ser un método viejo, pero es un método permanente: ¡uníos!
(Aplausos.)
Estamos en una situación
difícil. La República Soviética atraviesa tal vez uno de sus períodos más
arduos. Nuevos sectores de obreros vendrán en nuestra ayuda. No tenemos
policía, no tendremos una casta militar especial, no tenemos otro aparato que
la unidad consciente de los obreros. Ellos sacarán a Rusia de su situación
desesperada y enormemente difícil. (Aplausos.)
Los obreros deben unirse, hay que organizar destacamentos obreros, deben
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
organizarse los hambrientos
en los distritos no agrícolas de hambre: a ellos pedimos ayuda, a ellos los
llama nuestro Comisariado de Abastecimiento, a ellos los exhortamos a que se
incorporen a la cruzada por el pan, a la cruzada contra los especuladores y los
kulaks, por el restablecimiento del orden.
Una cruzada era una campaña
en la que a la fuerza física se agregaba la fe en algo que, en siglos pasados,
se obligaba con torturas a la gente a considerar sagrado. Pero nosotros
queremos, creemos, estamos convencidos, sabemos que la Revolución de Octubre ha
hecho que los obreros avanzados y los campesinos pobres avanzados consideren
ahora sagrado: la conservación de su poder sobre los terratenientes y
capitalistas. (Aplausos.) Ellos saben
que no basta con la fuerza física para tener influencia sobre las masas de la
población. Necesitamos de la fuerza física porque construimos una dictadura,
aplicamos la fuerza a los explotadores y apartaremos con desprecio a quien no
comprenda esto, para no gastar palabras en hablar sobre la forma de socialismo.
(Aplausos.)
91
Nosotros decimos: estamos
ante una nueva tarea histórica. Tenemos que hacer comprender a esta nueva clase
histórica que necesitamos destacamentos de agitadores obreros. Necesitamos
obreros de los diversos distritos de las provincias no productoras.
Necesitamos que inicien
desde allí su marcha como preconizadores políticos conscientes del Poder
soviético, que bendigan y legitimen nuestra guerra por los víveres, nuestra
guerra contra los kulaks, nuestra guerra contra el desorden; que posibiliten la
realización de la propaganda socialista; que expliquen en el campo la
diferencia existente entre pobres y ricos, noción que comprenderá todo
campesino y que constituye la profunda fuente de nuestra fuerza. Es una fuente
difícil de hacer brotar y brotar plenamente porque hay gran cantidad de
explotadores. Y estos explotadores recurren a los métodos más variados para
someter a las masas, por ejemplo, al soborno de los campesinos pobres,
permitiéndoles que se enriquezcan con el aguardiente casero o se dediquen a la
venta a precios especulativos para ganar con cada rublo varios rublos. ¡Esos
son los métodos a que recurren los kulaks y la burguesía campesina para influir
sobre las masas!
No podemos culpar a los
pobres por esto, porque sabemos que durante décadas y milenios han sufrido la
esclavitud, han padecido la servidumbre y el sistema que la servidumbre dejó en
Rusia. Debemos acercarnos a ellos no solo con las armas dirigidas contra los
kulaks, sino también con la prédica de los obreros conscientes, que llevan al
campo la fuerza de su organización. Uníos, representantes de los pobres: ésa es
nuestra tercera consigna. Esto no es coquetear con los kulaks ni es el absurdo
método de elevar los precios. Si dobláramos los precios, ellos dirían: subir
los precios. Están hambrientos. Esperemos un poco y los subirán más aún. (Aplausos)
Este es un camino trillado,
el camino de complacer a los kulaks y especuladores; es fácil tomar este camino
y ofrecer perspectivas tentadoras. Los intelectuales que se titulan socialistas
están dispuestos a pintarnos tales perspectivas, y esos intelectuales forman
legión. Pero nosotros os decimos: invitamos a tomar otro camino a quienes estén
dispuestos a defender el Poder soviético, a quienes lo valoren y consideren que
es el poder de los trabajadores, el poder de la clase explotada. Esta nueva
tarea histórica es cosa difícil. Si la cumplimos, elevaremos una nueva capa,
daremos una nueva forma de organización a los sectores de los trabajadores y
explotados que son en su mayoría oprimidos e ignorantes, que están menos unidos
y que todavía deben unirse.
Los destacamentos de
vanguardia de los obreros urbanos, los obreros industriales, se han unido en
todo el mundo y lo han hecho sin excepción. Pero en casi ninguna parte del
mundo se han hecho aún tentativas sistemáticas, sin reservas y abnegadas para
unir a los que se dedican a la pequeña producción agrícola y están embrutecidos
por sus condiciones de vida en las aldeas, porque viven en rincones remotos y
apartados, en la ignorancia. Aquí se nos
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
plantea una tarea que funde
en una sola meta, no sólo la lucha contra la escasez de alimentos, sino también
la lucha por el régimen del socialismo en toda su profundidad e importancia. Se
nos plantea aquí un combate tal por el socialismo que vale la pena consagrarle
todas nuestras energías y arriesgarlo todo, porque se trata de la lucha por el
socialismo (Aplausos), porque se
trata de la lucha por el régimen de los trabajadores y explotados.
Tendremos a los campesinos
trabajadores por aliados nuestros en este camino. En este camino nos esperan
conquistas sólidas y, además, inalienables.
¡Esta es nuestra tercera y significativa consigna!
Tales son las tres consignas
fundamentales: centralización en el trabajo de abastecimiento, unidad del
proletariado y organización de los campesinos pobres. Y nuestro llamamiento, el
llamamiento de nuestro Comisariado de Abastecimiento a cada sindicato, a cada
comité de fábrica, dice: la vida es penosa para vosotros, camaradas; ayudadnos
pues, unid vuestros esfuerzos a los nuestros, castigad toda infracción de las
disposiciones, toda infracción del monopolio del trigo. La tarea es difícil,
pero lucha contra los pequeños especuladores de comestibles, contra la
especulación y los kulaks, una y otra vez, cien veces, mil veces y venceremos.
Porque a este camino traen a la mayoría de los obreros todo el curso de su vida
y las duras enseñanzas de nuestros padecimientos y fracasos en el terreno del
abastecimiento. Ellos saben que si bien las deficiencias de las organizaciones
de abastecimiento eran compensadas por acciones aisladas, individuales,
mientras en Rusia aún no había una falta absoluta de cereales, en lo sucesivo
no ocurrirá así. Únicamente pueden ayudarnos el esfuerzo común y la unidad de
todos los que más sufren en las ciudades y provincias castigadas por el hambre.
Ese es el camino que el Poder soviético les exhorta a seguir: la unidad de los
obreros, de sus destacamentos de vanguardia, para llevar la agitación a las
aldeas, para hacer la guerra por los cereales contra los kulaks.
No lejos de Moscú, en las
vecinas provincias de Kursk, Oriol y Tambov, según el cálculo de los
especialistas más prudentes, aún hay un excedente de unos diez millones de puds
de cereales. Aún nos falta mucho para poder acopiar ese excedente y concentrarlo
en una reserva estatal.
92
Emprendamos con toda energía
esta tarea. Que el obrero consciente vaya a cada una de esas fábricas donde
domina por momentos la desesperación, donde la gente, torturada por el hambre,
está dispuesta a aceptar las consignas falsas de quienes vuelven a los métodos
de Kerenski, al aumento de los precios de tasa, y que diga: vemos a gente que
ha perdido la fe en el Poder soviético. Incorporaos a nuestros destacamentos de
agitadores de choque. No os desaniméis porque haya muchos casos en que estos
destacamentos se dan a la bebida y se disuelven. Utilizaremos cada uno de esos
ejemplos para demostrar, no que la clase obrera no sirve, sino que todavía no
se ha librado de los defectos de la vieja sociedad rapaz y que no puede
librarse de ellos de golpe. Unamos nuestros esfuerzos, formemos decenas de
destacamentos, aunemos sus acciones y así nos libraremos de nuestros defectos.
Camaradas, para terminar,
permitidme que llame vuestra atención sobre algunos de los telegramas que suele
recibir el Consejo de Comisarios del Pueblo y, en especial, nuestro Comisariado
de Abastecimiento. (Lee varios
telegramas.)
Camaradas, en esta cuestión
de la crisis del abastecimiento de víveres, de los tormentos del hambre que
azota a todas nuestras ciudades, observamos que, como dice el refrán, las malas
noticias tienen alas. Quiero haceros conocer ciertos documentos recibidos por
los organismos e instituciones del Poder soviético, después de publicado el
decreto del 13 de mayo sobre la dictadura en el abastecimiento de víveres, en
el cual se dice que ahora, igual que antes, contamos únicamente con el
proletariado. Los telegramas señalan que las
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
provincias ya han empezado a
organizar la cruzada contra los kulaks, a organizar a los pobres del campo, tal
y como proponíamos. Prueba de ello son los telegramas recibidos.
¡Que toquen, pues, sus
trompetas los Cherevanin y los Groman, que sus voces, siembren el pánico y
exhorten a destruir y derribar el Poder soviético! Los que se dedican a
trabajar no se dejarán inquietar por eso; verán los hechos, verán que el
trabajo marcha y que las nuevas filas se forman y se cierran.
Está surgiendo una nueva
forma de lucha contra los kulaks: la alianza de los campesinos pobres, a los
que es preciso ayudar y a los que es preciso unir. Es necesario apoyar la
propuesta de dar primas por la entrega de cereales. Estamos de acuerdo con dar
esas primas a los campesinos pobres y ya hemos comenzado a hacerlo. Pero contra
los kulaks, contra esos criminales que someten a la población a los tormentos
del hambre y por cuya culpa sufren millones de personas, emplearemos la fuerza.
A los pobres del campo les damos toda clase de alicientes; tienen derecho a
ello. El campesino pobre ha logrado acceso, por primera vez, a los bienes
materiales de la vida, y vemos que su existencia es más pobre que la del
obrero. Daremos a los pobres del campo toda clase de alicientes, les ayudaremos
si nos ayudan a organizar el acopio de los cereales, a conseguir los cereales
de los kulaks. No debemos escatimar recurso alguno para que ello sea una
realidad en Rusia.
Ya hemos emprendido este
camino. La experiencia de todos los obreros conscientes y los nuevos
destacamentos lo seguirán desarrollando día cada día.
Camaradas, el trabajo ha
comenzado y va en marcha. No esperamos un éxito deslumbrante, pero estamos
seguros de que tendremos éxito. Sabemos que entramos en un período de nuevas
destrucciones, en uno de los períodos más duros y difíciles de la revolución.
No nos sorprende en absoluto que la contrarrevolución se reanime, que entre
nosotros aumente el número de vacilantes y desesperados. Diremos: basta de
vacilaciones, fuera la desesperación, que será aprovechada por la burguesía,
interesada en sembrar el pánico; comenzad a trabajar; con nuestros decretos
sobre el abastecimiento, con nuestro plan que se apoya en los pobres, nos
hallamos en el único camino justo. Frente a las nuevas tareas históricas, os
exhortamos a hacer un nuevo esfuerzo. Esta tarea es de una dificultad inmensa,
pero, repito, grata en grado sumo. Aquí luchamos por las bases de la
distribución comunista, por la creación efectiva de los firmes pilares de la
sociedad comunista. A trabajar todos juntos. Venceremos el hambre y
conquistaremos el socialismo. (Clamorosos
Aplausos que se transforman en ovación.)
2. Discurso
de resumen de la discusión del informe sobre la lucha contra el hambre.
Camaradas: Opino que los
discursos de los representantes de los diversos grupos fraccionales han
revelado lo que era de esperar.
A pesar de las diferencias
existentes entre los bolcheviques y ciertos partidos y grupos, nos hemos
convencido de que es el inmenso entusiasmo de las masas lo que cohesiona en la
lucha contra el hambre, y no sólo a las organizaciones bolcheviques. Y no dudamos
de que cuanto más avance la lucha contra el hambre y cuanto más de manifiesto
se ponga la contrarrevolución que se esconde detrás de las bandas checoslovacas
y otras, tanto mayor será el deslindamiento entre los partidarios de los
bolcheviques —los obreros y las masas campesinas trabajadoras—, y sus enemigos,
cualquiera que sea el nombre que se den, cuyos argumentos estamos discutiendo.
Dichos enemigos siguen repitiendo los viejos y trillados argumentos sobre la
paz de Brest y la guerra civil, como si en los tres meses transcurridos desde
la paz de Brest los acontecimientos no hubieran confirmado de manera
convincente la razón de quienes afirmaban que sólo la táctica de los comunistas
podía dar al pueblo paz
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
y libertad para la labor de
organizar y unir sus fuerzas en la preparación de las nuevas y grandes guerras
que sobrevendrán, esta vez en condiciones diferentes. Los acontecimientos
demuestran plenamente que el proletariado europeo, entonces imposibilitado de
ayuda, ahora —podemos decirlo sin temor a exagerar—, cada mes que transcurre se
aproxima aún más al punto en que comprenderá por completo que la insurrección
es inminente y se hará inevitable. Los acontecimientos han demostrado
plenamente que sólo había una elección posible: aceptar una paz obligada, una
paz expoliadora.
93
Toda persona que piensa
advirtió que la resolución presentada por los eseristas de derecha al IV
Congreso de los Soviets era contrarrevolucionaria72; y todo el que piensa advertid lo mismo respecto a la
resolución de los mencheviques, que todavía siguen vociferando: “abajo la paz
de Brest”, y fingen no saber que con su actitud tratan en realidad de
arrastrarnos a una guerra con la burguesía alemana, por medio del cuerpo de
ejército checoslovaco amotinado73 y
los agentes mercenarios.
No vale la pena que nos
detengamos en las acusaciones que se hacen a los comunistas, achacándoles las
culpas del hambre. Otro tanto sucedió durante la Revolución de Octubre. Ningún
socialista o anarquista, llámenlo como quieran, se atreverá a levantarse en una
asamblea y afirmar, a menos que se haya vuelto loco, que se puede llegar al
socialismo sin guerra civil.
Se pueden revisar
íntegramente todas las publicaciones de todos los partidos, fracciones y grupos
socialistas de alguna responsabilidad. y no se encontrará a un solo socialista
responsable y serio que diga nada tan absurdo como que el socialismo puede llegar
de otro modo que por medio de la guerra civil, o que los terratenientes y
capitalistas entregarán voluntariamente sus privilegios. Sería una ingenuidad
rayana en la tontería. Y hoy, después de las derrotas infligidas a la burguesía
y a sus partidarios, oímos confesiones como la de Bogaievski, por ejemplo, que
contaba en el Don con el mejor terreno de Rusia para la contrarrevolución,
quien ha admitido también que la mayoría del pueblo está contra ellos y que,
por lo tanto, ninguna actividad subversiva de la burguesía servirá sin la ayuda
de las bayonetas extranjeras. Sin embargo, aquí se ataca a los bolcheviques por
la guerra civil. Eso equivale a pasarse al campo de la burguesía
contrarrevolucionaria, cualesquiera que sean las consignas que se utilicen para
disimularlo.
Tanto antes de la revolución
como ahora decimos que cuando el capital internacional coloca la guerra en el
terreno de la historia, cuando mueren centenares de miles de personas y cuando
la guerra crea nuevas formas de vivir y acostumbra a la gente a resolver los
problemas por la fuerza de las armas, pensar que se pueda salir de la guerra de
otro modo que no sea transformándola en guerra civil es algo más que extraño. Y
lo que está madurando en Austria. Italia y Alemania muestra que, en esos
países, la guerra civil tomará formas aún más
![]()
72 Lenin se refiere a la resolución
presentada al IV Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia por el
partido de los eseristas
73 Se trata de la acción
contrarrevolucionaria del cuerpo de ejército checoslovaco organizada por los
imperialistas de la Entente con la participación activa de los mencheviques y
los eseristas. El cuerpo de ejército checoslovaco fue formado en1917 por el Gobierno
Provisional burgués con prisioneros checos y eslovacos para combatir contra
Alemania. Después de la Revolución Socialista de Octubre, el mando de este
cuerpo de ejército comenzó, de acuerdo con los imperialistas anglo-franceses y
de común con las tropas contrarrevolucionarias de los guardias blancos, la
lucha armada contra el Poder soviético. El cuerpo checoslovaco se alzó en mayo
de 1918 y ocupó varias
ciudades de la región del Volga, participando luego al lado de
la contrarrevolución en la guerra civil en los Urales y Siberia. Al mismo
tiempo, gran parte de los prisioneros de guerra checos y eslovacos no se
dejaron llevar por la propaganda antisoviética del mando de este cuerpo de
ejército; unos doce mil checos y eslovacos se batieron en las filas del
Ejército Rojo.
La región del Volga fue
liberada por el Ejército Rojo en octubre de 1918. La acción
contrarrevolucionaria del cuerpo de ejército checoslovaco se liquidó a fines de
1919, al ser derrotado Kolchak.
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
acusadas, será mucho más
aguda. No existe otro camino para el socialismo, y quien hace la guerra al
socialismo lo traiciona por completo.
En cuanto a las medidas
relacionadas con el abastecimiento, se me ha reprochado que no hable de ellas
con detenimiento. Pero eso no formaba parte de mi tarea. El informe sobre el
problema del abastecimiento lo han hecho mis compañeros, que han trabajado especialmente
en ese problema, y no durante meses, sino durante años, estudiándolo no sólo en
las oficinas de Petrogrado o Moscú, sino también en las provincias, ocupándose
concretamente de cómo almacenar los cereales, de cómo instalar los graneros,
etc. Estos informes fueron presentados al CEC de toda Rusia y al Soviet de
Moscú, donde pueden encontrarse los datos sobre el tema. En cuanto a la crítica
práctica y a las indicaciones concretas, no eran tarea mía, la cual estribaba
en esbozar los principios del problema que se nos plantea, y aquí no he oído
crítica alguna que merezca atención, ni objeción sensata que merezca un examen
desde el punto de vista de nuestros principios. Para finalizar, camaradas,
permitidme decir que estoy persuadido, más aún, que estoy seguro de que la
inmensa mayoría estará de acuerdo conmigo, pues nuestra asamblea no se propone
aprobar una resolución determinada, aun cuando eso, naturalmente, sea también
importante, ya que demostrará que el proletariado sabe cohesionar sus fuerzas;
pero eso no hasta, está lejos, lejísimos de bastar: lo que debemos hacer ahora
es resolver problemas prácticos.
Sabemos, y en particular lo
saben los camaradas obreros, que a cada paso dado en la vida práctica, en cada
fábrica, en cada asamblea y en cada aglomeración accidental que se produce en
la calle, se plantea siempre y con creciente agudeza el mismo problema: el del
hambre. Por eso, nuestra principal tarea debe ser que esta asamblea, en la que
estamos reunidos con representantes del CEC de toda Rusia. del Soviet de
Diputados de Moscú y de los sindicatos, sirva de punto de partida para un
viraje en todo nuestro trabajo práctico. Todo lo demás debe supeditarse por
entero al éxito de nuestra labor de propaganda, agitación y organización en la
lucha contra el hambre, que debe colocarse en primer plano y fundirse
completamente con la guerra proletaria, implacable y firme contra los kulaks y
los especuladores.
94
Nuestro Comisariado de
Abastecimiento ha dirigido ya un llamamiento a los comités de fábrica, a los
sindicatos y a los grandes centros proletarios donde actuamos directamente, a
esos múltiples y estrechos vínculos que unen a los obreros de Moscú con centenares
de miles de obreros organizados de las fábricas de todos los grandes distritos
industriales.
Con tanta mayor razón debemos aprovechar estos vínculos.
La situación es crítica. El
hambre no sólo amenaza; ya está presente. Es necesario que todo obrero, todo
militante del partido se imponga de inmediato la tarea práctica de cambiar el
rumbo esencial de su actividad.
¡Todos a las fábricas, todos
a las masas, todos deben emprender ahora el trabajo práctico! Este trabajo nos
dará gran cantidad de indicaciones prácticas acerca de métodos más fructíferos
y, al mismo tiempo, ayudará a descubrir y promover nuevas fuerzas. Con la ayuda
de estas nuevas fuerzas desplegaremos un amplio trabajo, y estamos firmemente
persuadidos de que los próximos tres meses, mucho más difíciles que los
anteriores, servirán para templar nuestras fuerzas, nos llevarán a la victoria
total sobre el hambre y facilitarán la realización de todos los planes del
Gobierno soviético. (Clamorosos Aplausos.)
Publicado íntegro por primera vez en 1920 en el libro “Actas de
las sesiones del CEC de toda Rusia, 4ª legislatura. Versión taquigráfica”.
T. 36, págs. 399-418.
Reunión conjunta del CEC de toda Rusia, del soviet de Diputados
obreros, campesinos y soldados rojos y de los sindicatos de Moscú
95
DISCURSO EN EL I CONGRESO NACIONAL DE
MAESTROS INTERNACIONALISTAS
Breve nota
taquigráfica.
(El congreso recibe al
camarada Lenin con una entusiástica ovación.)
Lenin saluda al congreso en
nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo y dice que los maestros, que antes
se decidían con lentitud a trabajar con el Gobierno soviético, se van
convenciendo cada vez más de que esa colaboración es necesaria. En otros sectores
sociales son también muchos los casos en que los adversarios del Poder
soviético se transforman en partidarios suyos.
El ejército de los maestros
debe encarar gigantescas tareas en la esfera de la instrucción y, ante todo,
debe formar el principal ejército de la instrucción socialista. Es necesario
emancipar la vida y el saber del imperio del capital, del yugo de la burguesía.
Los maestros no deben limitarse al marco de los estrechos deberes pedagógicos.
Deben fundirse con toda la masa combatiente de los trabajadores. La tarea del
nuevo magisterio consiste en ligar la labor docente con la organización
socialista de la sociedad.
Es necesario reconocer que
la mayoría de los intelectuales de la vieja Rusia se revela como categórico
adversario del Poder soviético, y no hay duda de que no será fácil superar las
dificultades que ello implica. El proceso de efervescencia en la gran masa de
maestros no hace más que comenzar, y los que están de verdad con el pueblo no
deben constreñirse a los límites del sindicato de trabajadores de la enseñanza
de toda Rusia, sino que deben llevar con paso firme su propaganda a las masas.
Este camino desembocará en la lucha conjunta del proletariado y del magisterio
en pro de la victoria del socialismo. (Lenin
abandona la sala entre prolongados y unánimes Aplausos.)
Publicado en el núm. 1 de “Memorias de la Unión de Maestros
Internacionalistas de toda Rusia” de 1918.
T. 36, págs. 420-421.
Discurso en el I Congreso Nacional de Maestros
Internacionalistas
96
SOBRE LA ORGANIZACIÓN DE BIBLIOTECAS.
Proyecto de
disposición del CCP.
El Consejo de Comisarios del
Pueblo amonesta al Comisariado de Instrucción Pública porque no presta atención
suficiente a la organización acertada de bibliotecas en Rusia y le encomienda
que adopte sin demora las medidas más enérgicas: 1) para centralizar la
organización de bibliotecas en Rusia, y
2) para implantar el sistema suizo-norteamericano.
Se prescribe al Comisariado
de Instrucción Pública que presente al CCP informes quincenales de lo que haya
realizado prácticamente en este terreno.
Escrito el 7 de junio de 1918. Publicado por primera vez en 1933
en la “Recopilación Leninista”, t. XXI.
T. 36, pág. 422.
Discurso en un mitin que se dio en el Club de Sokolniki
97
DISCURSO EN UN MITIN QUE SE DIO EN EL CLUB DE SOKOLNIKI
Información
periodística.
(Clamorosos Aplausos.) Nuestro partido se ha propuesto celebrar hoy,
en Moscú, el mayor número posible de mítines con el objeto de llamar la
atención de la clase obrera sobre la situación en que se halla el Poder
soviético y los esfuerzos que deberá realizar para superar la actual situación.
Ustedes saben que en los
últimos meses, e incluso semanas, se ha reanimado la contrarrevolución. Los
eseristas de derecha y los mencheviques acusan al Poder Soviético de haber
traicionado y vendido a Rusia a los imperialistas alemanes.
Sin embargo, sabemos muy
bien lo que ha ocurrido y ocurre en el Cáucaso, donde los mencheviques
caucasianos han concertado una alianza con los imperialistas turcos, y en
Ucrania, donde los eseristas de derecha ucranios han concertado una alianza con
el imperialismo alemán. Más aun, camaradas, en esas regiones no sólo se han
suprimido todas las realizaciones del Poder soviético, no sólo se detienen y
fusila a los obreros, no sólo se les ha privado de todas sus conquistas, sino
que incluso han llevado al poder a Skoropadski. Desde luego, con tales medidas
no pueden ganar la simpatía de la clase obrera. Por eso los
contrarrevolucionarios tratan de aprovecharse en estos momentos del cansancio
del pueblo ruso, del hambre. Ponen en juego sus últimos recursos para derrocar
el Poder soviético.
Ahora se han aferrado a los
checoslovacos, quienes, preciso es decirlo, no están en absoluto contra el
Poder soviético. No son los checoslovacos quienes están contra el Poder
soviético, sino sus oficiales contrarrevolucionarios. Con ayuda de estos oficiales,
los imperialistas aspiran a arrastrar a Rusia a la matanza mundial que aún
prosigue.
Lo sintomático es que, en
cuanto el poder pasa en un lugar a manos de los mencheviques y los eseristas de
derecha, éstos quieren agraciarnos en seguida con algún Skoropadski. Y tan
pronto como las masas descubren adónde las han llevado los mencheviques y
eseristas de derecha, éstos quedan sin el apoyo de las masas.
Quedan sin apoyo. Entonces,
como último recurso, comienzan a especular con el hambre, y cuando tampoco eso
surte efecto, no retroceden siquiera ante el asesinato a traición.
Todos sabéis que ha sido
asesinado el camarada Volodarski, viejo militante del partido que pagó sus
convicciones con sufrimientos y privaciones. Por supuesto, es muy posible que
consigan todavía asesinar a algunos otros miembros activos del Poder soviético;
pero eso sólo servirá para que éste se reafirme en las masas y nos impulse a
defender con más vigor aún nuestras conquistas.
En la actualidad, dos
circunstancias colocan a la República Soviética en una situación de particular
gravedad: el hambre y la situación internacional.
La situación internacional
es grave porque el imperialismo alemán, francés e inglés sólo esperan el
momento propicio para volver a lanzarse contra la República Soviética. La tarea
de nuestro partido es derrocar el yugo del capitalismo; y esto sólo puede ocurrir
mediante la revolución internacional. Pero, camaradas, debéis comprender que
las revoluciones no se hacen por encargo. Comprendemos que en la República de
Rusia se dieron las condiciones para que la clase obrera rusa fuese la primera
en lograr el derrocamiento del yugo del capital y la burguesía, y comprendernos
que no lo ha logrado por estar más desarrollada y ser más perfecta, sino porque
nuestro país es sumamente atrasado.
Discurso en un mitin que se dio en el Club de Sokolniki
El capitalismo será
definitivamente derrocado cuando en este impulso se nos unan algunos países por
lo menos. Y sabemos que en todos los países, pese al rigor de la censura, hemos
logrado que en todas las asambleas la sola mención del Partido Comunista y de
la República de Rusia provoque estallidos de entusiasmo. (Clamorosos Aplausos.)
Nosotros afirmamos que
mientras en Occidente siga la matanza mundial, nos sentimos seguros.
Cualesquiera que sean las consecuencias de la guerra, ésta provocará
inevitablemente la revolución, que es y será nuestra aliada.
Después de caracterizar la
grave situación de la Rusia Soviética, cercada de enemigos por fuera y
amenazada en el interior por la contrarrevolución, el camarada Lenin pasa a
hablar del hambre.
Nuestra revolución hace
estremecerse a las clases imperialistas, conscientes de que su existencia
depende de que se mantenga o no su capital; por eso debemos proseguir la marcha
al lado de la clase con la que alcanzamos las conquistas de la Revolución de
Octubre.
98
Es la misma clase con la que marchamos en la lucha contra el
hambre.
Ahora es necesario poner en
tensión todas nuestras fuerzas y energías durante un mes, mes y medio o dos
meses, los más difíciles.
En la vida de los pueblos ha
habido momentos en que el poder estatal pasó a manos de la clase obrera, pero
ésta no pudo sostenerlo. En cambio, nosotros podemos sostenerlo, pues contamos
con el Poder soviético, que une a la clase obrera que ha tomado su causa en sus
propias manos.
Por grave que sea nuestra
situación, sean cuales fueren las conspiraciones que tramen los eseristas de
derecha y los del cuerpo de ejército checoslovaco, sabemos que hay cereales,
incluso en las provincias que rodean el centro. Es necesario que nos apoderemos
de este cereal, conservando y afianzando la alianza de la clase obrera con los
campesinos pobres.
Los destacamentos de
soldados rojos salen del centro con las mejores intenciones del mundo; pero
algunas veces, al llegar a su lugar de destino, caen en la tentación del
merodeo y la bebida. La culpa es de esa matanza de cuatro años que retuvo a los
hombres en las trincheras durante tanto tiempo y los obligó a matarse entre
ellos como bestias. Esta bestialidad puede verse en todos los países. Pasarán
años antes de que los hombres dejen de ser bestias y recuperen su condición
humana.
Exhortamos a los obreros a colaborar con nosotros.
Cuando leí la noticia de que en la provincia de
Tambov, distrito de Usmán,
un destacamento de abastecimiento entregó a los campesinos pobres tres mil puds
de cereales de los seis mil requisados, me dije: incluso si me demuestran que
hasta hoy no existe en Rusia más que un destacamento como éste, diré de todas
las maneras que el Poder soviético está realizando su obra. ¡Pues en ningún
otro país se encontrará un destacamento semejante! (Clamorosos Aplausos.)
La burguesía tiene plena
conciencia de sus intereses y hace todo lo posible por asegurarlos. Sabe que si
después de muchos siglos, los campesinos reciben este otoño por vez primera los
frutos de su propio trabajo en forma de cosecha y aseguran el aprovisionamiento
de la clase trabajadora de las ciudades, se defraudarán todas las esperanzas
que la burguesía ha puesto en la restauración, y el Poder soviético se
consolidará. Por eso la burguesía despliega ahora una actividad tan febril.
Es indispensable dedicar
todos nuestros esfuerzos a combatir a los campesinos ricos, a los especuladores
y a la burguesía de la ciudad.
Discurso en un mitin que se dio en el Club de Sokolniki
Uno de los mayores males de
nuestra revolución es la timidez de nuestros obreros, convencidos todavía de
que sólo pueden gobernar el Estado los “superiores”… los superiores en el arte
del pillaje.
Pero en cada taller y en
cada fábrica hay excelentes obreros. No importa que no pertenezcan al partido;
ustedes tienen que unirlos y templarlos, y el Estado hará todo lo posible por
ayudarles en su difícil labor. (Clamorosos Aplausos.)
Publicado el 22 y 23 de junio de 1918 en los núms. 127 y 128 de
“Izvestia del CEC de toda Rusia” y el 23 de junio de 1918 en el núm. 126 de
“Pravda”.
T. 36, págs. 426-429.
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
99
IV CONFERENCIA DE LOS SINDICATOS Y DE
LOS COMITÉS FABRILES DE MOSCÚ.
27 de junio – 2 de
julio de 1918.
1. Informe sobre la
situación actual, 27 de junio.
(El camarada Lenin es
recibido con clamorosos y prolongados Aplausos.)
Camaradas: Todos conocéis, por supuesto, la inmensa calamidad
que se ha abatido sobre
nuestro país: el hambre.
Antes de pasar a discutir las medidas para combatir esta calamidad, agudizada
ahora más que nunca, debemos enfocar las principales causas que la han
provocado. Al discutir este problema, debemos recordar y decirnos que la misma
calamidad se ha abatido no sólo sobre Rusia, sino sobre todos los otros países,
incluso los más cultos, adelantados y civilizados.
Durante las últimas décadas,
el hambre ha castigado varias veces regiones enteras de nuestro país agrario,
donde la inmensa mayoría del campesinado ruso vivía arruinado y oprimido por el
yugo de los zares, terratenientes y capitalistas y nos ha afectado en especial
ahora, durante la revolución. Pero en los países de la Europa Occidental reina
también la misma calamidad. Muchos de estos países habían olvidado lo que era
el hambre, no sólo desde hace décadas, sino desde hace siglos, debido al alto
desarrollo de su agricultura y a las enormes cantidades de cereal importado que
se procuraban los países europeos que no podían producir grano propio. Pero
ahora, en el siglo XX, junto con el progreso técnico, mayor aún, junto con los
maravilloso inventos, junto con la amplia difusión de las maquinarias y la
electricidad, de nuevos motores de combustión interna en la agricultura, junto
con todo esto vemos que en todos los países europeos, sin excepción, avanza
sobre los pueblos una misma calamidad: el hambre. Diríase que, a pesar de la
civilización, a pesar de la cultura, lo países retornan a la barbarie
primitiva, atraviesan de nuevo una situación en que las costumbres degeneran y
los seres se embrutecen en la lucha por el pan. ¿Qué ha provocado en muchos
países europeos, en la mayoría de ellos, este retorno a la barbarie? Todos
sabemos que ha sido la guerra imperialista, la guerra que atormenta a la
humanidad desde hace cuatro años, una guerra que cuesta ya a los pueblos más,
mucho más de diez millones de vidas jóvenes, una guerra desencadenada por la
avaricia de los capitalistas, una guerra que se hace para determinar cuál de
los grandes saqueadores, el inglés o el alemán, dominará el mundo, conquistará
colonias y estrangulará a los pueblos pequeños.
Esta guerra, que ha abarcado
a casi todo el globo terrestre, que ha segado diez millones de vidas por lo
menos, sin contar los millones de mutilados, inválidos y enfermos, esta guerra
que, además, ha sustraído del trabajo productivo a millones de hombres que
forman las fuerzas mejores y más sanas, esta guerra ha reducido a la humanidad
a un estado de completa barbarie. Se ha cumplido lo que muchos autores de
orientación socialista previeron como el fin peor, más doloroso y difícil del
capitalismo, cuando decían que la sociedad capitalista, basada en la propiedad
privada de la tierra, de las fábricas y las maquinarias por un puñado de
capitalistas y de monopolistas, se transformaría en sociedad socialista, la
única capaz de poner fin a la guerra, pues el “civilizado” y “culto” mundo
capitalista se encamina a una inaudita bancarrota que puede destrozar y
destrozará inexorablemente todos los fundamentos de la vida civilizada. Repito,
no sólo vemos hambre en Rusia, sino también en países más civilizados y cultos,
como Alemania, donde la productividad del trabajo es muchísimo mayor, en un
país que está en condiciones de suministrar al mundo medios
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
técnicos en abundancia y de
abastecer a su población de productos alimenticios, ya que aún mantiene
relaciones libres con países lejanos. Allí el hambre está muchísimo mejor
organizada, se prolonga más que en Rusia; pero es un hambre más dura y penosa
todavía que aquí. El capitalismo ha desembocado en una calamidad tan dura y
dolorosa que ahora resulta absolutamente claro para todos que la guerra actual
no puede acabar sin una serie de las más duras y sangrientas revoluciones, de
las cuales la revolución rusa fue sólo la primera, sólo el comienzo.
Por ejemplo, os habéis
enterado ahora de que en Viena se ha formado por segunda vez un Soviet de
diputados obreros; de que, por segunda vez, la población trabajadora ha
declarado una huelga de masas casi general. Nos enteramos de que en ciudades,
hasta el presente modelos de orden capitalista, cultura y civilización, como,
por ejemplo, Berlín, se hace peligroso salir a la calle de noche, porque, pese
a las más rigurosas medidas y a la vigilancia más estricta, la guerra y el
hambre han reducido a la gente a tal estado de completo salvajismo, han llevado
a una anarquía tal, han despertado tal indignación, que no sólo la venta, sino
el robo verdadero, la guerra verdadera por un pedazo de pan resultan cosa
corriente en todos los países cultos y civilizados.
100
Por eso, camaradas, cuando observamos la penosa y difícil
situación que se ha creado en nuestra patria como consecuencia del hambre,
debemos explicar a esas personas completamente ciegas e ignorantes (pocas
quedan, pero existen todavía) cuáles son las principales y fundamentales causas
del hambre. Todavía podemos encontrar en nuestro país a gente que razona así:
con el zar, a pesar de todo, teníamos pan; pero ha llegado la revolución, y no
hay pan. Y es natural que, para alguna vieja campesina, todo el desarrollo de
la historia durante los últimos diez años puede resumirse enteramente en que
antes había pan y ahora no. Es comprensible, porque el hambre es una calamidad
que barre todos los otros problemas, los descarta y se pone en primer plano, y
supedita todo lo restante. Pero se sobrentiende que nuestra tarea, la tarea de
los obreros conscientes, es explicar a las grandes masas, a todos los
representantes de las masas trabajadoras de la ciudad y el campo, cuál es la
causa fundamental del hambre, pues si no la explicamos, nos será imposible
crear una actitud acertada en nosotros mismos, o en los representantes de las
masas trabajadoras; nos será imposible lograr que se comprenda bien su carácter
funesto y no podremos alcanzar la firme decisión y el ánimo necesarios para
combatir esta calamidad. Si recordamos que esta calamidad ha sido producto de
la guerra imperialista, que hasta los países más ricos experimentan actualmente
una escasez de alimentos sin precedentes y que la abrumadora mayoría de las
masas trabajadoras sufren inauditas torturas, si recordamos que la guerra
imperialista obliga a los obreros de los diversos países desde hace ya cuatro
años a derramar su sangre en beneficio de la codicia de los capitalistas y que
cuanto más dure la guerra más difícil será salir de ella, comprenderemos qué
fuerzas tan gigantescas, inmensas, debemos poner en movimiento.
La guerra ha durado casi
cuatro años. Rusia ha salido de la guerra; pero, por haber salido sola, se
encuentra en medio de dos bandas de saqueadores imperialistas que la desgarran,
la estrangulan y se aprovechan de su transitoria falta de medios de defensa y
armamentos. La guerra ha durado casi cuatro años. Los saqueadores imperialistas
alemanes han logrado una serie de victorias y siguen engañando a sus obreros;
una parte de éstos, sobornados por la burguesía, se ha pasado al campo de los
imperialistas alemanes y sigue repitiendo la repulsiva y sangrienta mentira de
la defensa de la patria, cuando los soldados alemanes defienden de hecho los
egoístas y rapaces intereses del capitalismo alemán, que les ha prometido que
Alemania le daría paz y prosperidad. La realidad nos muestra que cuanto más
amplias son las victorias de Alemania, más se pone de manifiesto la situación
desesperada del país.
Alemania, los capitalistas
alemanes se vanagloriaban, al concertar la paz de Brest, esa paz impuesta y
explotadora, esa paz fundada en la violencia y la opresión de los pueblos, de
que
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
no darían pan y paz a los
obreros. Y ahora han reducido la ración de pan. Como es del dominio público, la
campaña de abastecimiento en la rica Ucrania ha resultado un fracaso. En
Austria, la situación ha llegado nuevamente a los motines de hambrientos y a
una indignación de todo el pueblo, porque, cuanto más victorias obtiene
Alemania, tanto más claro queda para todos, incluso para muchos representantes
de la gran burguesía de este país, que la guerra no tiene salida. Comienzan a
comprender que aun en el caso de que los alemanes pudieran mantener su
resistencia en el frente occidental, ello en nada los acercaría al fin de la
guerra, sino que se verían convertidos en país avasallado, que debería ser
ocupado por tropas alemanas, y tendrían que proseguir la guerra; y esto
llevaría a la descomposición del ejército alemán, que se está transformando en
una banda de saqueadores que ejercen la violencia contra otros pueblos inermes
y sustraen a sus países los últimos restos de alimentos y materias primas,
venciendo la gran resistencia de la población. Cuanto más se aproxima Alemania
a la periferia de Europa, tanto más evidente resulta que tiene frente a ella a
Inglaterra y Norteamérica, mucho más desarrolladas, con fuerzas productivas
mayores, que han tenido tiempo de enviar a Europa a decenas de miles de hombres
de las mejores fuerzas frescas y de transformar todas las máquinas y fábricas
en medios de destrucción. La guerra se aproxima nuevamente, y esto significa
que trae cada año, más aún, cada mes, una ampliación de esta guerra. No hay
otra salida de esta guerra que la revolución, la guerra civil, la
transformación de la guerra entre los capitalistas por sus ganancias, por el
reparto del botín y por el estrangulamiento de los pequeños países en una
guerra de los oprimidos contra los opresores, la única guerra que en la
historia acompaña siempre no sólo a las grandes revoluciones, sino a toda
revolución algo importante, la única guerra legítima y justa, la única guerra
santa desde el punto de vista de los intereses de las masas trabajadoras,
oprimidas y explotadas. (Aplausos.)
Es imposible liberarse de la esclavitud imperialista sin una guerra de ese
carácter. Debemos darnos perfecta cuenta de las nuevas calamidades que la
guerra civil acarrea a cualquier país.
101
Cuanto más civilizado sea el país, tanto más graves serán esas
calamidades. Imaginemos que un país que tiene maquinaría y ferrocarriles es
asolado por la guerra civil, la cual interrumpe las comunicaciones entre las
diferentes partes del mismo. Imaginemos la situación en que se encontrarán
regiones habituadas en el curso de décadas a vivir del intercambio de artículos
manufacturados y se comprenderá que nuevas calamidades, previstas ya por los
más eminentes socialistas, provoca toda guerra civil. Los imperialistas
condenan a la clase obrera a las calamidades, los sufrimientos y la muerte.
Mas, por penoso e insoportable que sea todo esto para la humanidad entera, cada
día resulta más claro para la nueva sociedad socialista que los imperialistas
no podrán terminar la guerra que han desencadenado; que será otra clase —la
clase obrera, más activa, más irritada e indignada cada día en todos los
países— la que, por la fuerza de las circunstancias y prescindiendo de
sentimientos y estados de ánimo, se ve obligada a derrocar la dominación de los
capitalistas. La calamidad del hambre nos afecta con especial fuerza en Rusia;
pasamos por un período más difícil que el soportado por revolución alguna, y no
podemos contar con la ayuda inmediata de los camaradas de Europa Occidental.
Toda la dificultad de la revolución rusa estriba en que a la clase obrera
revolucionaria de Rusia le ha sido mucho más fácil comenzar que a las otras
clases de Europa Occidental, pero le es mucho más difícil continuar. Es más
difícil comenzar la revolución en los países de Europa Occidental, porque allí,
frente al proletariado revolucionario, está el pensamiento superior que procede
de la cultura, y la clase obrera se encuentra en un estado de esclavitud
cultural.
Entretanto, debemos vivir
momentos sumamente difíciles a consecuencia de nuestra situación internacional,
y nosotros, representantes de las masas trabajadoras, nosotros, obreros
conscientes, debemos explicar en toda nuestra agitación y propaganda, en cada
discurso que pronunciemos, en cada llamamiento que publiquemos, en las charlas
que demos en las fábricas y en cada conversación con los campesinos, que la
calamidad que se ha abatido sobre nosotros es una calamidad internacional, que
de ella no hay otra salida que
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
la revolución mundial.
Puesto que nos toca pasar por un período tan penoso, en el que hemos quedado
temporalmente solos, debemos concentrar todas nuestras fuerzas para soportar
con firmeza las dificultades de este período, pues sabemos que, en último término,
no nos hallamos solos, que la calamidad que estamos sufriendo amenaza a cada
país europeo y que ninguno de estos países encontrará salida si no es por una
serie de revoluciones.
El hambre que azota a Rusia
se ha agudizado porque la paz impuesta la ha privado de las provincias más
fértiles, ricas en cereales, y se ha agudizado también porque nos estamos
aproximando al final de la vieja campaña de abastecimiento. Hasta la próxima cosecha,
que sin duda será abundante, quedan todavía algunas semanas, y estas pocas
semanas serán un período de transición, que es muy difícil en general y se
torna más crítico aún porque las clases explotadoras terratenientes y
capitalistas depuestas en Rusia hacen todo cuanto está a su alcance,
intensifican todos sus esfuerzos para recuperar el poder. Esta es una de las
razones principales de que las provincias de Siberia, ricas en cereales,
quedaran separadas de nosotros por el motín del cuerpo de ejército
checoslovaco. Pero sabemos muy bien cuáles son las fuerzas que mueven este
motín: sabemos muy bien que los soldados checoslovacos declaran a los
representantes de nuestras tropas, de nuestros obreros y campesinos, que no
quieren luchar contra Rusia ni contra el Poder soviético ruso, que sólo desean
abrirse paso hasta la frontera con las armas en la mano. Pero los encabezan los
generales, los terratenientes y capitalistas de ayer, que están pagados por los
ingleses y los franceses y reciben el apoyo de los traidores rusos al
socialismo, que se han pasado al campo de la burguesía. (Aplausos.)
Toda esta pandilla se
aprovecha del hambre para hacer una nueva tentativa de devolver el poder a los
terratenientes y los capitalistas. Camaradas, la experiencia de nuestra
revolución confirma las palabras que siempre diferencian a los representantes
del socialismo científico, Marx y sus continuadores, de los socialistas
utópicos, de los socialistas pequeñoburgueses, de los intelectuales socialistas
y de los soñadores socialistas Los soñadores intelectuales, los socialistas
pequeñoburgueses creían, y quizá creen todavía, o sueñan, que se puede
implantar el socialismo por medio de la persuasión. Creen que la mayoría del
pueblo se convencerá, y una vez se haya convencido, la minoría la obedecerá; la
mayoría votará, y el socialismo será proclamado. (Aplausos.) No, el mundo no está hecho de manera tan afortunada; los
explotadores, los feroces terratenientes, la clase capitalista, no cede a la
persuasión. La revolución socialista confirma lo que todos han visto: la
furiosa resistencia de los explotadores. Cuanto mayor es la presión de las
clases oprimidas, cuanto más cerca se hallan éstas de suprimir toda opresión,
toda explotación, cuanto más resuelta es la propia iniciativa de los obreros y
los campesinos oprimidos, tanto más rabiosa es la resistencia de los explotadores.
Estamos atravesando el
período más difícil y penoso de la transición del capitalismo al socialismo,
período que será ineludiblemente prolongado en todos los países porque, repito,
los opresores responden a cada avance de la clase oprimida con nuevas y nuevas
tentativas de resistencia, tentativas de derrocar el poder de la clase
oprimida. Prueba de lo que puede ser esta resistencia es el motín del cuerpo de
ejército checoslovaco, evidentemente apoyado por el imperialismo anglo-francés,
cuyo objetivo político es derrocar el Poder soviético.
102
Vemos cómo este motín se
extiende a causa del hambre, por supuesto. Claro está que las grandes masas
trabajadoras, compuestas de gran número de personas, no son socialistas
instruidos —vosotros lo sabéis muy bien, pues cada uno puede verlo en su
fábrica—, ni pueden serlo, porque el trabajo esclavizador en la fábrica les
resta tiempo y posibilidades para convertirse en socialistas. Claro está que
dichas personas sienten simpatía cuando ven cómo se destacan los obreros en las
fábricas, cuando ven que estos obreros obtienen la posibilidad de aprender el
arte de administrar fábricas, una labor difícil, exigente, en la que son
inevitables los errores, pero la única labor con la que los obreros pueden
alcanzar en
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
definitiva su permanente
aspiración a que las máquinas, las fábricas, la mejor técnica moderna y las
mejores conquistas de la humanidad no sirvan para la explotación, sino para
mejorar la vida, para hacer menos pesada la existencia de la abrumadora mayoría.
Pero cuando ven que los saqueadores imperialistas de Occidente, del Norte y de
Oriente se aprovechan del desamparo de Rusia para desgarrarla, mientras no
sepan qué dirección tomará el movimiento obrero de otros países, es natural que
haga presa en ellos la desesperación. No puede ser de otro modo. Sería ridículo
esperar y absurdo creer que de la sociedad capitalista, basada en la
explotación, pudiera surgir de golpe el pleno conocimiento de la necesidad del
socialismo y la comprensión del mismo. Esto no puede ser. Este conocimiento se
logra sólo al final de la lucha que es preciso llevar a cabo en este penoso
período, en el que una revolución ha estallado antes que las otras y no recibe
ayuda de las otras, y cuando el hambre se echa encima. Es natural que ciertas
capas de trabajadores estén inexorablemente dominadas por la desesperación y la
indignación y dispuestas a desentenderse de todo. Y es natural que los
contrarrevolucionarios, los terratenientes y capitalistas, y sus protectores y
cómplices, aprovechen esta situación para atacar una y otra vez al poder
socialista.
Vemos adónde ha llevado esto
en todas las ciudades donde no hubo ayuda de bayonetas extranjeras. Sabemos que
se lograba derrotar al Poder soviético cuando los que tanto vociferaban sobre
la defensa de la patria y sobre su patriotismo mostraban su naturaleza
capitalista y concertaban acuerdos, hoy con las bayonetas alemanas para
asesinar con ellas a los bolcheviques ucranios, mañana con las bayonetas turcas
para avanzar contra los bolcheviques, pasado mañana con las bayonetas
checoslovacas para derrocar el Poder soviético y asesinar a los bolcheviques en
Samara. Sólo la ayuda extranjera, sólo la ayuda de las bayonetas extranjeras,
sólo la venta de Rusia a las bayonetas japonesas, alemanas y turcas ha dado
hasta ahora algún asomo de éxito a los terratenientes y a los que se han
conciliado con el capitalismo. Pero sabemos que cuando, debido al hambre y la
desesperación de las masas, se produjeron levantamientos de este género en
lugares donde no se podía obtener la ayuda de las bayonetas extranjeras, tal
como sucedió en Sarátov, Kozlov y Tambov, la dominación de los terratenientes,
los capitalistas y sus amigos que se encubren con la hermosa consigna de la
Asamblea Constituyente no duró más que días, sino horas. Cuanto más alejadas se
hallaban las unidades de las tropas soviéticas del centro, ocupado
momentáneamente por la contrarrevolución, tanto más decidido era el movimiento
entre los obreros urbanos, tanta mayor iniciativa manifestaban dichos obreros y
campesinos al marchar en ayuda de Saratov, Penza y Kozlov y derrocar
rápidamente el poder de la contrarrevolución allí establecido.
Camaradas, si examináis
estos acontecimientos desde el punto de vista de todo lo que ocurre en la
historia universal; si recordáis que vuestra tarea — nuestra tarea común—
consiste en explicarnos nosotros mismos explicar a las masas que estas grandes
calamidades no se han abatido sobre nosotros por casualidad, sino como
consecuencia, primero, de la guerra imperialista, y, segundo, de la rabiosa
resistencia de los terratenientes, los capitalistas y los explotadores; si se
comprende con claridad esto podemos estar seguros de que, por difícil que sea,
el pleno conocimiento de ello se difundirá cada vez más entre las grandes
masas, y conseguiremos crear la disciplina, vencer la indisciplina en nuestras
fábricas y ayudar al pueblo a soportar este penoso período, particularmente
difícil, pero que tal vez no dure más de uno o dos meses, las pocas semanas que
quedan hasta la nueva cosecha.
Se sabe que la actual
situación en Rusia es difícil en particular debido al motín
contrarrevolucionario checoslovaco que nos ha aislado de Siberia, debido a la
permanente excitación en el Sur y a la guerra; pero se sobrentiende que cuanto
más difícil sea la situación del país, en el cual amenaza el hambre, más
decididas y firmes deben ser las medidas que adoptemos para luchar contra ella.
El establecimiento del monopolio del trigo es una de las
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
principales medidas de lucha
contra el hambre. En cuanto a esto, sabéis perfectamente, y lo veis en la
práctica, que los kulaks, los ricos, gritan a cada paso contra el monopolio del
trigo. Y se comprende, pues allí donde el monopolio del trigo fue temporalmente
abolido, tal como lo hizo Skoropadski en Kiev, la especulación alcanzó
dimensiones sin precedentes, y el precio del pud de grano llegó a doscientos
rublos. Naturalmente, cuando hay escasez de productos, sin los cuales la vida
es imposible, quienes los posean pueden enriquecerse, los precios de los mismos
alcanzan alturas inauditas. Es natural que el terror, el pánico ante el peligro
de morir por inanición sea la causa de que los precios suban a alturas
inauditas, y en Kiev han tenido que pensar en volver al monopolio. En Rusia, en
los tiempos anteriores a la toma del poder por los bolcheviques, a pesar de la
riqueza cerealista que poseía Rusia, el gobierno se convenció de la necesidad
de implantar el monopolio del trigo. Sólo pueden oponerse al monopolio los
ignorantes supinos o los que se vendido deliberadamente a los intereses de la
bolsa de dinero. (Aplausos.)
103
Sin embargo, camaradas,
cuando se habla del monopolio del trigo debemos pensar en las enormes
dificultades no encierran estas palabras para ejercerlo. Es fácil decir:
monopolio del trigo; pero hay que reflexionar en lo que estas palabras
significan. Significan que todos los excedentes de cereales pertenecen al
Estado; significan que cada pud de grano del que el campesino puede prescindir
para su hacienda, para alimentar a su familia y su ganado o para la siembra,
cada pud de grano sobrante debe ser recogido por el Estado. ¿Cómo lograrlo? Es
necesario que el Estado fije los precios, que cada pud sobrante de cereales sea
registrado y recogido.
¿Cómo puede aprender en
pocas semanas o meses a valorar lo que significa el monopolio del trigo el
campesino de mentalidad embotada durante centenares de años por los
terratenientes y capitalistas, los cuales han robado y apaleado al campesino,
sin permitirle jamás satisfacer su hambre? Esos millones de personas que hasta
ahora han conocido el Estado sólo por su opresión, sólo por su violencia, sólo
por la arbitrariedad y el robo de los funcionarios gubernamentales; esos
campesinos confinados en lejanas aldeas y condenados a la ruina, ¿cómo pueden
comprender lo que significa el poder de los obreros y los campesinos,
comprender que el poder está en manos de los pobres, que quien guarda cereales,
quien posee excedentes de cereales y no los entrega al Estado es un bandido, un
explotador culpable del hambre agobiante que padecen los obreros de Moscú,
Petrogrado y otras ciudades?
¿Cómo pueden comprenderlo,
si hasta ahora los han mantenido en la ignorancia y su único interés en la
aldea ha sido vender los cereales? ¿Cómo pueden comprenderlo? No es de extrañar
que cuando examinamos este problema con más atención desde el punto de vista de
la vida práctica, se nos revele la inmensa dificultad de la tarea de implantar
el monopolio del trigo en un país donde el zarismo y lo terratenientes
mantuvieron a la mayor parte de los campesinos en la ignorancia, en un país
donde el campesinado ha sembrado cereales en tierra propia por primera vez
después de muchos siglos. (Aplausos.)
Pero cuanto más difícil es
la tarea, cuanto más grande se alza ante un estudio atento y reflexivo de las
cosas tanto más claro debemos decirnos lo que siempre nos hemos dicho: la
liberación de los obreros debe ser obra de los obreros mismos. Hemos dichos
siempre: la liberación de los trabajadores de la opresión no puede venir de
fuera; los trabajadores mismos, con su lucha, con su movimiento con su
agitación, deben aprender a resolver un nuevo problema histórico; y cuanto más
difícil, grande y de responsabilidad sea este nuevo problema histórico, tanto
mayor debe ser el número de personas, de millones de personas que se debe
atraer para que participen con independencia en la solución de estos problemas.
Para vender cereales a un comerciante, a un negociante, no hace falta
conciencia de clase ni organización alguna. Para ello sólo se precisa vivir tal
y como lo ha ordenado la burguesía: sólo hay que ser un esclavo obediente,
imaginar y admitir que es magnífico el mundo tal y
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
como lo estructuró la
burguesía. Pero, en cambio, para vencer este caos capitalista, para implantar
el monopolio del trigo, para conseguir que todo pud de grano sobrante sea
entregado al Estado hace falta un largo, difícil y tenaz trabajo de
organización, no de los organizadores y agitadores, sino de las propias masas.
En el campo ruso hay gente
así. La mayoría de los campesinos pertenece a la categoría de los campesinos
muy pobres y pobres, y no pueden comerciar con excedentes de cereales, ni
convertirse en esos bandidos que guardan tal vez centenares de puds de cereales
mientras otros sufren hambre. Hoy la situación es tal que cualquier campesino
que quizá se llame a sí mismo campesino trabajador —palabra muy del agrado de
algunos — se convierte en un bandido; pero no se puede llamar campesino
trabajador a quien, con su propio trabajo, aun sin emplear trabajo asalariado,
ha cosechado centenares de puds de cereales y calcula que, si retiene ese
cereal, puedo venderlo por más de seis rublos el pud a un especulador, o a un
obrero hambriento de la ciudad que ha llegado con su familia hambrienta y puede
ofrecer doscientos rublos por un pud; un campesino semejante, que guarda
centenares de puds de cereales para subir el precio y obtener incluso cien
rublos por pud; se convierte en un explotador, es peor que un bandido. ¿Qué hacer
en estas circunstancias? ¿En quién apoyarnos nuestra lucha? Sabemos que la
revolución soviética y el Poder soviético difieren de las otras revoluciones y
poderes no sólo en que han derribado el poder de los terratenientes y
capitalistas, no sólo en que han destruido el Estado feudal al autocrático,
sino en que las masas se han levantado contra toda burocracia y han creado un
nuevo Estado en el cual el poder debe pertenecer a los obreros y campesinos, y
no sólo debe, sino que ya les pertenece. En este Estado no existe policía ni
burocracia, ni un ejército regular en cerrado largos años en los cuarteles,
aislado del pueblo y educado para disparar contra el pueblo.
104
Estamos armando a los
obreros y campesinos que deben aprender el manejo de las armas. Ciertas
unidades caen en la tentación, incurren en el vicio y el delito porque no están
separadas por una muralla china del mundo de la opresión, del mundo del hambre,
en el cual quien tiene mucho quiere enriquecerse más con lo mucho que tiene.
Por eso vemos con frecuencia destacamentos de obreros conscientes que parten de
Petrogrado y Moscú, y al llegar a las localidades adonde han sido enviados se
extravían y se convierten en delincuentes. Y vemos cómo la burguesía bate
palmas y llena las columnas de su prensa corrompida con todo género de
espantajos para asustar al pueblo: ¡vean qué destacamentos son los de ustedes,
qué desorden crean; cuánto mejor se comportaban los destacamentos de
capitalistas privados!
¡Gracias anticipadas,
señores burgueses! ¡No lograrán asustarnos! Bien saben ustedes que los
infortunios y llagas del mundo capitalista no se curarán de inmediato. Pero
nosotros sabemos que la cura llegará sólo con la lucha; denunciaremos cada uno
de los casos de este tipo, no por rencor, no para apoyar las artimañas
contrarrevolucionarias de los mencheviques y de los democonstitucionalistas,
sino para enseñar a las más amplias masas populares. Ya que nuestros
destacamentos no cumplen su cometido, dadnos otros destacamentos más fieles,
más conscientes y en mucho mayor número que los que cayeron en la tentación. Es
preciso organizarlos, educarlos; es necesario agrupar en torno a los obreros
conscientes a los trabajadores explotados y hambrientos que no lo son. Es
necesario elevar a los Pobres del campo, instruirlos y demostrarles que el
poder soviético hará todo lo posible por ayudarles, de modo que pueda ponerse
en práctica el monopolio del trigo.
Y bien; al abordar esta
tarea, el Poder soviético planteó con claridad dichos problemas, diciendo:
camaradas obreros, organizaos, agrupaos en los destacamentos de abastecimiento,
combatid cada caso en que estos destacamentos evidencien que no están a la altura
de su cometido, organizaos con más solidez y corregid sus deficiencias, agrupad
a su alrededor a los pobres del campo. Los kulaks saben que ha sonado su última
hora, que su enemigo avanza, no sólo con la prédica, no sólo con palabras y
frases, sino con la organización
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
de los pobres del campo. Si
logramos organizarlos, obtendremos la victoria sobre los kulaks. Los kulaks
saben que se aproxima el momento de dar la última batalla por el socialismo, la
más decidida y desesperada. En apariencia, se trata solamente de la lucha por
el pan; pero, en realidad, es la lucha por el socialismo. Cuando los obreros
hayan aprendido a resolver estos problemas de manera independiente —nadie
acudirá en su ayuda-; cuando hayan aprendido a agrupar a su alrededor a los
pobres del campo, alcanzarán la victoria, habrá pan y una justa distribución
del pan, tendrán incluso una adecuada distribución del trabajo; porque, al
distribuir el trabajo de manera adecuada, dominaremos en todas las esferas del
trabajo, en todas las esferas de la industria.
Ahora bien, previendo todo
esto, los kulaks han intentado en reiteradas ocasiones sobornar a los pobres.
Saben que deben vender a seis rublos los cereales al Estado; pero al vecino, un
campesino pobre, se lo venden a tres rublos y le dicen: “Se lo puedes vender a
un especulador a cuarenta rublos.
Nuestros intereses son
comunes; debemos estar juntos contra el Estado, que nos roba. Quiere darnos
seis rublos; toma tres puds; puedes ganar 60 rublos. En cuanto a lo que yo
gane, no te preocupes, es cosa mía”.
En este terreno, lo sé, hay
a menudo choques armados con los campesinos, mientras los enemigos del Poder
soviético gozan con ello, se ríen por lo bajo y no escatiman esfuerzos para
derrocar el Poder soviético. Pero nosotros decimos: eso ocurre porque los
destacamentos de abastecimiento que se enviaron no tienen suficiente
conciencia; pero cuanto más numerosos eran los destacamentos, más a menudo se
observaban casos —y eran muchos— en que los campesinos entregaban cereales sin
que hubiera un solo caso de violencia, pues los obreros conscientes demuestran
que su fuerza principal reside no en la violencia, sino en el hecho de que son
los representantes de los pobres organizados e instruidos, en momentos en que
en el campo existe todavía muchísima ignorancia y los pobres no están
instruidos. Si nos acercamos a ellos de manera inteligente, si les explicamos
con un lenguaje sencillo y humano, sin palabras rebuscadas, que docenas de
miles de obreros y campesinos rusos, en Petrogrado, Moscú y decenas de
distritos, sufren y mueren de inanición y que el tifus se extiende como
consecuencia del hambre, que los ricos retienen los cereales injustamente y
especulan con el hambre del pueblo, entonces se logrará organiza a los pobres y
hacer que los excedentes de cereales sean recogidos no con la violencia, sino
con la organización de los pobres del campo. Oigo a menudo informes contra los
kulaks de camaradas que han ido a las aldeas con los destacamentos de
abastecimiento a combatir la contrarrevolución. Mencionaré un ejemplo reciente,
fresco en mi memoria, pues lo oí ayer: se trata de lo ocurrido en el distrito
de Elets. En ese distrito se ha constituido un Soviet de diputados, y allí hay
gran número de obreros conscientes y campesinos pobres. Gracias a ello se logró
afianzar el poder de los pobres. Cuando los representantes del distrito de
Elets vinieron a informarme por primera vez, no les di crédito; pensé que se
jactaban. Pero los camaradas enviados especialmente de Moscú a otras provincias
me confirmaron que aquéllos merecen ser felicitados por la forma en que han
organizado el trabajo, y me confirmaron que en Rusia hay distritos donde los
Soviets de diputados locales han estado a la altura de sus tareas, pues
lograron eliminar por completo a los kulaks y explotadores de los Soviets y
organizar a los trabajadores, organizar a los pobres. ¡Quienes aprovechan su
riqueza para lucrarse, pueden alejarse del Poder soviético! (Aplausos.)
105
Después de expulsar a los
kulaks, se dirigieron a la ciudad de Elets, ciudad comercial. No esperaron
ningún decreto para implantar el monopolio del trigo, sino que recordaron que
los Soviets son un poder que está más cerca del pueblo, y que cada cual, si es
revolucionario, si es socialista y si está verdaderamente al lado de los
trabajadores, debe actuar con rapidez y decisión. Organizaron a todos los
trabajadores y campesinos pobres y formaron tal cantidad de destacamentos que
hicieron la requisa en todo Elets. En las casas dejaban entrar
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
únicamente a los dirigentes
de confianza responsables de los destacamentos, sin permitir que se introdujera
ni una sola persona de quien no estuvieran seguros, pues sabían con cuánta
frecuencia ocurren casos de vacilación, y que nada es más vergonzoso para el
Poder soviético que los casos de pillaje cometidos por indignos representantes
y servidores del Poder soviético. Consiguieron reunir una inmensidad de
excedentes de cereales y que en la comercial Eleis no quedara una sola casa
donde la burguesía pudiera lucrarse mediante la especulación.
Desde luego, yo sé que es
mucho más fácil hacer esto en una ciudad pequeña que en una ciudad como Moscú;
pero no debemos olvidar que en Moscú hay una fuerza proletaria que no existe en
ninguna ciudad distrital.
En Tambov triunfó hace poco
tiempo por unas horas la contrarrevolución e incluso se publicó un número de un
periódico menchevique y eserista de derecha que exhortaba a convocar la
Asamblea Constituyente, a derrocar el Poder soviético y consolidar la victoria
duradera del nuevo poder. Pero desde el distrito llegaron los soldados del
Ejército Rojo y los campesinos, y en un solo día derrocaron a este nuevo poder
“duradero”, supuestamente apoyado en la Asamblea Constituyente. (Aplausos.)
Lo mismo ocurrió, camaradas,
en otros distritos de la provincia de Tambov, provincia de inmensa extensión.
Sus distritos septentrionales lindan con la zona no agrícola, pero sus
distritos meridionales son de una fertilidad extraordinaria, y las cosechas muy
abundantes. Allí hay muchos campesinos que tienen excedentes de cereales, y
para poder conquistar el apoyo de los campesinos pobres y derrocar a los kulaks
es necesario saber actuar con energía y comprensión firme y clara en especial.
Allí los kulaks son hostiles a todo poder obrero y campesino; allí fue
necesario esperar la ayuda de los obreros de Petrogrado y Moscú, quienes,
pertrechados en cada caso con el arma de la organización expulsan a los kulaks
de los Soviets, organizan a los pobres y adquieren con los campesinos del lugar
experiencia en la lucha por el monopolio estatal del trigo, experiencia en la
organización de los pobres del campo y los trabajadores de la ciudad en forma
tal que nos garantizará la victoria definitiva y total. Y bien, camaradas, con
estos ejemplos me he permitido ilustrar la situación del abastecimiento, porque
me parece que desde el punto de vista de los trabajadores, cuando se describe
la lucha contra los kulaks por el pan, lo que importa para nosotros, para los
obreros, para el proletariado consciente en el aspecto político no es el
cálculo en cifras de la cantidad de cereales, de cuántos millones de puds se
pueden obtener. Ese trabajo se lo dejo a los especialistas en abastecimiento;
lo que yo debo decir es que si consiguiéramos asegurar los excedentes de
cereales de las provincias que lindan con la zona no agrícola de Moscú y de la
fértil Siberia, sólo con eso podríamos asegurar pan para salvar de la muerte
por hambre a las provincias no agrícolas durante las pocas semanas críticas que
restan hasta la nueva cosecha. Para ello es necesario organizar un número mayor
todavía de obreros avanzados, conscientes. Esta es la enseñanza fundamental de
todas las revoluciones pasadas, la enseñanza fundamental de nuestra revolución.
Cuanto mayor sea la organización, cuanta más amplitud manifieste la
organización, cuanto mejor comprendan los obreros de las fábricas y talleres
que su fuerza reside enteramente en su organización y en la organización de los
pobres del campo, tanto más segura será nuestra victoria en la lucha contra el
hambre, en la lucha por el socialismo. Repito, pues, que nuestra misión no
consiste en inventar un nuevo poder, sino en despertar, educar y organizar para
la acción independiente a los representantes de los pobres del campo, en cada
aldea, hasta en las más apartadas. No es difícil para un grupo de obreros
urbanos conscientes, de Petrogrado y Moscú, explicar, incluso en aldeas
apartadas, lo injusto que es ocultar los cereales, especular con ellos, hacer
con ellos aguardiente casero, cuando centenares de miles de personas perecen en
Moscú. Para conseguirlo, los obreros de Petrogrado y Moscú y especialmente
vosotros, camaradas representantes de los comités de fabrica, representantes de
los más diversos oficios, fábricas
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
y talleres, tenéis que
comprender a fondo que nadie vendrá a ayudaros, que de las otras clases no
podéis esperar a colaboradores, sino a enemigos; que el Poder soviético no
tiene a su servicio una intelectualidad fiel. La intelectualidad pone su
experiencia y sus conocimientos —la suprema conquista humana— al servicio de
los explotadores y utiliza cualquier recurso para dificultarnos la victoria
sobre los explotadores; sus esfuerzos provocarán la muerte por hambre de miles
de personas, pero no quebrantarán la resistencia de los trabajadores. No
contamos con nadie, excepto la clase con la que hicimos la revolución, con la
que venceremos las mayores dificultades, con la que atravesaremos el
dificilísimo periodo que tenemos delante: son los obreros fabriles, el
proletariado urbano y rural, quienes tienen un lenguaje común, que tanto en la
ciudad como en el campo vencerán a todos nuestros enemigos: los kulaks y los
ricos.
106
Mas, para hacer esto es
preciso recordar con cuánta frecuencia los obreros olvidan la tesis fundamental
de la revolución socialista: para hacer la revolución socialista, para llevarla
a cabo, para librar al pueblo de la opresión no es necesario suprimir de
inmediato las clases: los obreros más conscientes y mejor organizados deben
tomar el poder en sus manos. Los obreros deben convertirse en la clase
dominante del Estado. Esta es una verdad que la mayoría de vosotros habéis
leído en el Manifiesto Comunista, de Marx y Engels, escrito hace más de setenta
años y que, traducido a todos los idiomas, recorrió todos los países. En todas
partes se ha revelado la verdad de que, para vencer a los capitalistas, es
necesario que los obreros fabriles organizados de la ciudad se conviertan en la
clase dominante durante la lucha contra la explotación, mientras reine la
ignorancia, mientras no se tenga fe en el nuevo sistema. Cuando estéis reunidos
en los comités de fábrica para debatir vuestros asuntos, recordad que la revolución
no podrá retener ni una sola de vuestras conquistas si os ocupáis en vuestros
comités de fábrica sólo de los intereses tecnológicos o puramente económicos de
los obreros. Los obreros y las clases oprimidas tomaron el poder en varias
ocasiones, pero jamás lograron mantenerlo. Para ello es necesario que los
obreros no sólo sean capaces de alzarse en lucha heroica y derrocar la
explotación, sino también de organizarse, de mantener la disciplina, de ser
firmes, de discutir las cosas con calma cuando todo se tambalea y vacila,
cuando nos atacan, cuando se difunden sin cesar los Rumores más absurdos; es entonces cuando los comités de fábrica,
estrechamente vinculados en todo a las vastas masas, afrontan la magna tarea
política de convenirse principalmente en órganos dirigentes de la actividad
pública. El problema político fundamental que afronta el Poder soviético es el
de asegurar la debida distribución de los cereales. Si bien Elets pudo poner
coto a la burguesía local, hacerlo en Moscú es más difícil; pero aquí la
organización es muchísimo mayor, aquí podréis encontrar con más facilidad a
decenas de miles de hombres honestos que vuestros partidos y sindicatos
proporcionarán, y por los que responderán, hombres que podrán dirigir los
destacamentos, asumiendo la plena responsabilidad de que se mantengan
ideológicamente fieles pese a todas las dificultades, pese a todas las
tentaciones y pese a los tormentos del hambre. Fuera del proletariado fabril
urbano no existe en los actuales momentos otra clase capaz de emprender esta
tarea, no existe otra clase capaz de dirigir al pueblo que cae con frecuencia
en la desesperación. Vuestros comités de fábrica deben dejar de ser comités de
fábrica exclusivamente, deben convertirse en células estatales básicas de la
clase dominante. (Aplausos.) Vuestra
organización, vuestra unidad y vuestra energía determinarán si podremos
soportar este difícil período de transición con la firmeza que corresponde al
Poder soviético. Emprended vosotros mismos esta labor, emprendida en todos sus
aspectos, desenmascarad diariamente los abusos, corregid con la experiencia
propia todos los errores que se cometan: por ahora se cometen muchos errores
porque la clase obrera aún no tiene experiencia; pero lo que importa es que
ella misma emprenda esta labor y corrija sus errores. ¡Si obramos de este modo,
si cada comité comprende que es uno de los dirigentes de la mayor revolución
del orbe, habremos conquistado el socialismo para el mundo entero! (Aplausos que se transforman en clamorosa
ovación.)
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
2.
Discurso de resumen de la discusión del informe sobre la
situación actual,
28
de junio.
Camaradas: Permitidme que me detenga, ante todo, en ciertas
tesis opuestas a las mías,
planteadas por el coinformante Paderin. Por el acta taquigráfica
veo que dijo: “Debemos hacer todo lo posible para que el proletariado inglés y,
en primer orden, el alemán tengan la posibilidad de levantarse contra sus
opresores. ¿Qué debe hacerse para ello? ¿Acaso debemos ayudar a estos
opresores? Al instigar la enemistad entre nosotros, al destruir y debilitar el
país, fortalecemos infinitamente la posición de los imperialistas ingleses,
franceses y alemanes que acabarán por unirse para estrangular a la clase obrera
de Rusia”. Estos razonamientos de muestran cuán endebles han sido siempre los
mencheviques en su lucha y oposición a la guerra imperialista; el razonamiento
que acabo de leer sólo es comprensible en labios de un hombre que se titule
defensista, que se coloque en una posición imperialista por completo (Aplausos), en un hombre que justifique
la guerra imperialista y repita la mentira burguesa de que los obreros
defienden a su patria en una guerra tal. En efecto, sostener el punto de vista
de que los obreros no deben destruir ni debilitar el país durante tal guerra
significa exhortar a los obreros a defender la patria en la guerra
imperialista. Y vosotros sabéis lo que ha hecho el gobierno bolchevique, el
cual tuvo por su primer deber publicar, desenmascarar y poner en la picota los
tratados secretos. Sabéis que los aliados hicieron la guerra a causa de los
tratados secretos, y que el gobierno de Kerenski, que existió con la ayuda y el
apoyo de los mencheviques y eseristas de derecha, lejos de anular los tratados
secretos, ni siquiera los publicó; saben que el pueblo ruso hacía la guerra a
causa de los tratados secretos, donde se prometía a los terratenientes y
capitalistas rusos que, en caso de victoria, podrían apoderarse de
Constantinopla, de los estrechos, de Lvov, Galitzia y Armenia.
107
Así pues, si sostenemos el punto de vista de la clase obrera, si
estamos contra la guerra, ¿podíamos tolerar esos tratados secretos? Mientras
tolerábamos los tratados secretos, mientras tolerábamos en Rusia el poder de la
burguesía, contribuíamos a mantener en los obreros alemanes la convicción
chovinista de que en Rusia no había obreros conscientes, de que toda Rusia
apoyaba al imperialismo, de que Rusia proseguía la guerra con objeto de saquear
a Austria y Turquía. Por el contrario, ningún otro gobierno del mundo ha hecho
más que el de los obreros y los campesinos para debilitar a los imperialistas
alemanes, para apartar de ellos a los obreros alemanes, pues cuando los
tratados secretos fueron publicados y revelados ante el mundo, hasta los
chovinistas alemanes, hasta los defensistas alemanes, hasta los obreros que
apoyaban a su gobierno tuvieron que reconocer en su periódico Vorwärts, órgano central suyo, que éste
es un acto de un gobierno socialista, un auténtico acto revolucionario. Tuvieron que reconocerlo porque ninguno de
los gobiernos imperialistas beligerantes lo había hecho, y nuestro gobierno fue
el único que denunció los tratados secretos.
Por supuesto, cada obrero
alemán, por acosado, embrutecido o sobornado que esté por los imperialistas,
lleva en la mente esta idea: ¿acaso nuestro gobierno no tiene tratados
secretos? (Una voz: “¡Díganos algo
sobre la flota del mar Negro!”) . Bien, lo diré, aunque no tiene relación con
el tema. Todo obrero alemán lleva en la mente esta idea: si el obrero ruso ha
llegado a denunciar los tratados secretos, ¿acaso el gobierno alemán no los
tiene? Cuando se iniciaron las negociaciones de Brest, en el mundo resonaron
las revelaciones del camarada Trotski, ¿y acaso esta política no condujo a que
en un país enemigo, complicado en una horrenda guerra imperialista con otros
gobiernos, nuestra política produjera no ira, sino la simpatía de las masas
populares? El único gobierno que aplicaba tal política fue el nuestro. Nuestra
revolución logró que durante la guerra surgiera en el país enemigo un grandioso
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
movimiento revolucionario
sólo por haber denunciado los tratados secretos, por haber dicho que no nos
detendríamos ante ningún peligro. Si sabemos, si decimos —y no por decirlo,
pues estamos convencidos de ello— que únicamente la revolución mundial puede
salvarnos de la guerra mundial, de la matanza imperialista de los pueblos, con
nuestra revolución debemos perseguir esa meta, a pesar de todas las
dificultades y de todos los peligros. Y cuando, por primera vez en la historia
emprendimos este camino, en Alemania, en el país más imperialista y más
disciplinado, estalló durante la guerra, en enero, una huelga de masas. Desde
luego, hay quienes creen que en un país extranjero la revolución puede
producirse por encargo, o por un acuerdo. Estas personas, o están locas o son
unos provocadores. En los últimos doce años hemos vivido dos revoluciones.
Sabemos que las revoluciones no pueden hacerse por encargo, ni por un acuerdo;
surgen cuando decenas de millones de personas llegan a la conclusión de que no
pueden seguir viviendo como antes. Conocemos las dificultades que acompañaron
el nacimiento de las revoluciones de 1905 y 1917, y nunca esperamos que la
revolución estalle de golpe, como resultado de un mero llamamiento, en otros
países. Pero la revolución que ahora comienza a desplegarse en Alemania y
Austria es en gran medida consecuencia de la Revolución rusa de Octubre. (Aplausos.) Leemos hoy en nuestros
periódicos que en Viena, donde la ración de pan es menor que la nuestra, donde
el despojo de Ucrania no puede constituir ayuda alguna, donde la población dice
que jamás ha padecido un hambre tan espantosa, ha surgido un Soviet de
diputados obreros. En Viena se están produciendo nuevas huelgas generales.
Y nos decimos: éste es el
segundo paso, ésta es la segunda prueba de que cuando los obreros rusos
denunciaron los tratados secretos imperialistas, cuando expulsaron a su
burguesía, procedieron como obreros internacionalistas consecuentes y
conscientes, facilitaron el desarrollo de la revolución en Alemania y Austria
como nunca lo ha hecho ninguna revolución del mundo en un país enemigo en
estado de guerra y de extrema exasperación.
Predecir cuándo madurará la
revolución y prometeros que llegará mañana sería engañaros. Recordaréis, en
especial los que habéis vivido las dos revoluciones rusas: nadie habría podido
asegurar en noviembre de 1904 que dos meses más tarde cien mil obreros de San
Petersburgo marcharían contra el Palacio de Invierno e iniciarían una gran
revolución.
Recordad diciembre de 1916:
¿cómo se podía asegurar que dos meses más tarde la monarquía zarista sería
derribada en pocos días? En nuestro país, que ha vivido dos revoluciones,
sabemos y comprendemos que es imposible predecir la marcha de la revolución, que
es imposible provocarla. Sólo es posible trabajar en pro de la revolución. Si
trabajamos de manera consecuente, si trabajamos con abnegación, si este trabajo
está ligado a los intereses de las masas oprimidas, que constituyen la mayoría,
la revolución llegará; pero es imposible decir dónde, cuándo, en qué momento y
por qué motivo inmediato. Por eso en modo alguno nos permitiremos decir,
engañando a las masas: los obreros alemanes nos ayudarán mañana y derribarán al
káiser pasado mañana. No tenemos derecho a decir tales cosas.
108
Nuestra situación es más difícil porque la revolución rusa se
adelantó a otras revoluciones; pero no estamos solos; nos lo demuestran las
noticias que recibimos casi a diario de que a favor de los bolcheviques se
pronuncian los mejores socialdemócratas alemanes, de que en la prensa legal
alemana apoyan a los bolcheviques Clara Zetkin y Franz Mehring, quien ha
demostrado a los obreros alemanes en una serie de artículos que únicamente los
bolcheviques han sabido interpretar como es debido el socialismo. Hoschka, un
social demócrata, ha declarado rotundamente hace poco en el Landtag de
Wurtemberg que sólo en los bolcheviques ve un ejemplo de consecuencia en la
aplicación de una política revolucionaria certera. ¿Creéis que tales
declaraciones no repercuten en decenas, centenares y miles de obreros alemanes
que son solidarios con ellas casi antes de que se expresen? Cuando en Alemania
y Austria las cosas han llegado a la formación de un Soviet
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
de diputados obreros y a la
segunda huelga de masas, podemos afirmar sin temor a exagerar, sin hacernos la
menor ilusión, que eso anuncia el comienzo de la revolución. Podernos afirmar
con toda certeza: nuestra política y nuestro camino han sido justos, hemos
ayudado a los obreros austriacos y alemanes a sentirse, no enemigos que
estrangulan a los obreros rusos en aras de los intereses del káiser, de los
intereses de los capitalistas alemanes, sino hermanos de los obreros rusos que
están realizando el mismo trabajo revolucionario que ellos. (Aplausos.)
Quisiera señalar también
otro pasaje del discurso de Paderin que, a juicio mío, merece que se le preste
atención tanto más cuanto que coincide en parte con el pensamiento del orador
precedente. He aquí el pasaje: “Vemos que la guerra civil está empeñada ahora
en el seno de la clase obrera. ¿Acaso podemos permitirlo?” Ya lo veis; la
guerra civil es caracterizada como guerra en el seno de la clase obrera, o
—como la caracterizó el orador precedente— como guerra contra los campesinos.
Nosotros sabemos muy bien que una y otra caracterización son erróneas. La
guerra civil la hacen en Rusia los obreros y los campesinos pobres contra los
terratenientes y los capitalistas. Esta guerra se prolonga y dura demasiado
porque los terratenientes y los capitalistas rusos fueron derrotados en octubre
y noviembre con pocas víctimas relativamente, fueron derrotados por el
entusiasmo de las masas del pueblo en condiciones tales que quedó
inmediatamente claro para ellos que el pueblo no los apoyaría. En el Don —
donde predominan los cosacos ricos que viven de la explotación del trabajo
asalariado, donde eran grandes las esperanzas en la contrarrevolución —, aun
allí las cosas han llegado al extremo de que Bogaievski, el jefe de la
sublevación contrarrevolucionaria, se vio obligado a reconocer públicamente que
“nuestra causa está perdida porque la inmensa mayoría de la población apoya a
los bolcheviques hasta en nuestra región”. (Aplausos.)
Así estaba la situación, así
fue cómo en octubre y noviembre los terratenientes y capitalistas perdieron la
partida en su juego contrarrevolucionario.
Así les resultó la aventura
cuando intentaron organizar una guardia blanca con los cadetes, los oficiales y
los hijos de terratenientes y capitalistas contra la revolución obrera y
campesina. Y ahora, ¿acaso no sabéis —leed los periódicos de hoy— que los
aventureros checoslovacos operan con la ayuda financiera de los capitalistas
anglo-franceses; que sobornan a las tropas para arrastrarnos nuevamente a la
guerra? Habréis leído que los checoslovacos dijeron en Samara: nos uniremos con
Dútov y Semiónov y obligaremos a los obreros y al pueblo de Rusia a combatir
nuevamente contra Alemania e ir al lado de Inglaterra y Francia,
restableceremos esos mismos tratados secretos y os lanzaremos tal vez otros
cuatro años a esa guerra imperialista en alianza con la burguesía. En vez de
eso, ahora hacemos la guerra a nuestra burguesía y la burguesía de otros
países, y por el solo hecho de que hacemos esta guerra nos granjeamos la
simpatía y el apoyo de los obreros de otros países. Cuando los obreros de un
país beligerante ven que en otro país beligerante se establecen vínculos
estrechos entre los obreros y la burguesía, este hecho divide a los obreros por
naciones y los une con sus propias burguesías; es un mal grande, significa la
bancarrota de la revolución socialista, significa la bancarrota y la muerte de
toda la Internacional. (Aplausos.)
La Internacional sucumbió en
1914 porque los obreros se unieron en todos los países con su burguesía
nacional y dividieron sus filas. Ahora la división se acaba. Tal vez hayáis
leído recientemente cómo el maestro de escuela escocés y militante sindical MacLean
ha sido sentenciado de nuevo en Inglaterra a cinco años de cárcel; la primera
vez fue sentenciado a un año y medio por desenmascarar los verdaderos objetivos
de la guerra y hablar de la naturaleza criminal del imperialismo inglés. Cuando
lo pusieron en libertad, ya estaba en Inglaterra el representante del Gobierno
soviético, Litvínov, quien de inmediato designó cónsul a MacLean, representante
de la República Federativa Soviética de Rusia en Inglaterra,
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
designación que los obreros
escoceses recibieron con júbilo. El Gobierno inglés ha iniciado por segunda vez
la persecución abierta de MacLean, y esta vez no sólo en su calidad de maestro
de escuela escocés, sino también en su calidad de cónsul de la República
Federativa Soviética. MacLean está en la cárcel por actuar abiertamente como
representante de nuestro gobierno; nosotros jamás hemos visto a este hombre, ni
él perteneció nunca a nuestro partido; pero es un líder querido de los obreros
escoceses y nosotros nos unimos a él, los obreros rusos y escoceses se unen
contra el gobierno inglés, a pesar de que este último soborna a los del cuerpo
de ejército checoslovaco y maniobra rabiosamente para arrastrar a la guerra a
la República de Rusia.
109
Esto indica que en todos los
países, independientemente de su situación en la guerra, tanto en Alemania, que
combate contra nosotros, como en Inglaterra, que quiere apoderarse de Bagdad y
acabar de estrangular a Turquía, los obreros se unen a los bolcheviques rusos,
a la revolución bolchevique rusa. Cuando el orador, cuyas palabras he citado,
dijo que los obreros y campesinos despliegan una guerra civil contra los
obreros y los campesinos, sabemos que eso no es cierto. Una cosa es la clase
obrera y otra los grupitos, las pequeñas capas de la clase obrera. Durante casi
medio siglo, desde 1871 hasta 1914, la clase obrera alemana fue para todo el
mundo un modelo de organización socialista. Sabemos que tenía un partido con un
millón de afiliados, que creó sindicatos con dos, tres y cuatro millones de
afiliados; sin embargo, en el curso de ese medio siglo, centenares de miles de
obreros alemanes se mantuvieron unidos en un sindicato clerical muy adicto a
los curas, a la iglesia y al káiser. ¿Quiénes eran, pues, los verdaderos
representantes de la clase obrera: el gigantesco Partido Socialdemócrata Alemán
y los sindicatos obreros o los centenares de miles de obreros que iban a misa?
Una cosa es la clase obrera, que aglutina a la inmensa mayoría de los obreros
conscientes, avanzados, capaces de pensar, y otra cosa es una fábrica, una
región, algunos grupos de obreros que todavía continúan al lado de la
burguesía.
La clase obrera de Rusia, en
su gran mayoría —lo demuestran todas las elecciones a los Soviets, los comités
de fábrica, las conferencias—, está en el 99 por ciento al lado del Poder
soviético (Aplausos), pues sabe que
este poder hace la guerra contra la burguesía, contra los kulaks, y no contra
los campesinos y los obreros. Es algo muy diferente del insignificante grupo de
obreros que continúan en servil dependencia de la burguesía. No les hacemos la guerra
a ellos, sino a la burguesía, y tanto peor para esos grupos insignificantes que
hasta hoy se mantienen aliados a la burguesía. (Aplausos.)
Me han hecho una pregunta
por escrito. Dice así: “¿Por qué siguen apareciendo todavía los periódicos
contrarrevolucionarios?” Una de las razones es que entre los obreros de las
imprentas hay elementos sobornados por la burguesía. (Alboroto, gritos: “No es cierto”) . Podéis gritar cuanto queráis,
pero no me impediréis que diga la verdad, que todos los obreros conocen y que
apenas he comenzado a explicar en estos momentos. Cuando un obrero concede gran
importancia al salario que gana en la prensa burguesa; cuando dice: quiero
mantener mi alto salario, con el cual ayudo a la burguesía a vender veneno, a
emponzoñar la mente del pueblo, entonces digo que es como si esos obreros
fueran sobornados por la burguesía (Aplausos),
no en el sentido de que cualquiera de ellos se haya vendido individualmente,
sino en el de que todos los marxistas han hablado de los obreros ingleses que
se aliaban con sus capitalistas. Todos habéis leído publicaciones sindicales y
sabéis que en Inglaterra no sólo existen sindicatos, sino también alianzas
entre los obreros y los capitalistas de una determinada industria con el objeto
de elevar los precios y robar a todos los demás. Todos los marxistas, todos los
socialistas de todos los países señalan con el dedo esos ejemplos, y,
comenzando por Marx y Engels, hablan de que esos obreros se dejan sobornar por
la burguesía debido a su ignorancia, a su apego a los intereses gremiales. Por
aliarse a sus capitalistas contra la gran mayoría de los obreros y los
trabajadores oprimidos de su propio país, contra su propia clase, han vendido
su derecho de primogenitura, su
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
derecho a la revolución
socialista. Ocurre otro tanto entre nosotros. Cuando ciertos grupos de obreros
dicen: qué nos importa si lo que imprimimos es opio, veneno portador de
mentiras y provocación; cobramos un alto salario, y todo lo demás nos importa un
comino. Debemos censurar a semejantes obreros. Siempre hemos dicho en todas
nuestras publicaciones, y lo hemos dicho abiertamente: semejantes obreros se
apartan de la clase obrera y se pasan al campo de la burguesía. (Aplausos.)
Camaradas. Voy a contestar
ahora a las preguntas que me han hecho; pero antes, para no olvidarlo,
contestaré a la pregunta sobre la flota del mar Negro, formulada al parecer con
objeto de desenmascararnos. Diré que allí actuó el camarada Raskólnikov, a quien
los obreros de Moscú y Petrogrado conocen muy bien por la agitación y la labor
de partido llevada a cabo. El camarada Raskólnikov vendrá aquí en persona y os
contará la agitación que hizo en pro de la destrucción de la flota antes de
permitir que las tropas alemanas la utilizaran para atacar a Novorossiisk. Esa
era la situación con respecto a la flota del mar Negro; y los comisarios del
pueblo Stalin, Shliiápnikov y Raskólnikov llegarán en breve a Moscú y nos dirán
cómo se desarrollaron los acontecimientos. Comprobaréis que nuestra política
fue la única posible y que, al igual que la política de la paz de Brest, nos
causó muchos infortunios, pero permitió al Poder soviético y a la revolución
socialista obrera en Rusia seguir manteniendo en alto su bandera ante los
obreros de todos los países. Si ahora aumenta cada día en Alemania el número de
obreros que se despojan de sus viejos prejuicios sobre los bolcheviques y
comprenden cuán justa es nuestra política, se debe a la táctica que hemos
aplicado desde el Tratado de Brest.
110
De las preguntas que me han
hecho, contestaré dos, referentes al transporte de cereales. Algunos obreros
preguntan ¿por qué se prohíbe a los obreros que traigan por su cuenta cereales
a la ciudad, si los traen para el consumo de sus familias? La respuesta es
sencilla: pensad en lo que ocurriría si miles de personas comenzaran a
transportar los miles de puds necesarios para determinada población, para
determinada fábrica, para determinado barrio o para determinada calle. Si lo
permitiéramos, comenzaría la desintegración completa de las organizaciones de
abastecimiento. No culpamos a la persona, atormentada por el hambre que va
personalmente en busca de cereal y lo consigue, por cualquier medio, pero
decimos: nosotros, como gobierno obrero y campesino, no estamos aquí para
legitimar y estimular la desintegración y la ruina. No se necesita un gobierno
para eso. Se necesita para unir y organizar con conocimiento de causa en la
lucha contra la falta de conciencia de clase. No podemos culpar a quienes, por
su falta de conciencia de clase, lo abandonan todo, cierran los ojos a todo y
tratan de salvarse, consiguiendo cereales por cualquier medio; pero podemos
culpar a los hombres de partido que preconizan el monopolio del trigo y no
estimulan suficientemente la conciencia y la solidaridad en la acción. Por
cierto, la lucha contra los especuladores de comestibles y contra el transporte
privado de cereales es una lucha muy difícil, porque es la lucha contra la
ignorancia, la inconsciencia, la falta de organización de las grandes masas;
pero jamás renunciaremos a esta lucha. Siempre que la gente trate de recoger
cereales por su cuenta, los exhortaremos a emplear en la lucha contra el hambre
métodos socialistas: sustituyamos todos unidos con fuerzas nuevas; con hombres
nuevos, más enérgicos y honestos, más conscientes y probados, los destacamentos
de abastecimiento enfermos y recogeremos la misma cantidad de cereales, los
mismos miles de puds que reúnen individualmente doscientas personas, llevando
cada una quince puds, lo cual contribuye a elevar los precios y fomentar la
especulación. Uniremos a estas doscientas personas y formaremos un destacamento
obrero fuerte, cohesionado. Si no lo conseguimos en seguida, repetiremos
nuestros esfuerzos; en cada fábrica bregaremos para que los obreros conscientes
proporcionen mayor número de hombres más seguros en la lucha contra la
especulación; y estamos convencidos de que, finalmente, la conciencia, la
disciplina y la organización de los obreros saldrán airosas de todas las duras
pruebas. Cuando la gente se haya convencido por experiencia propia de que es
imposible salvar a los centenares de miles
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
de hambrientos con la
actividad de algunos especuladores de comestibles, veremos que la organización
y la conciencia triunfan, y mediante la acción unida organizaremos la lucha
contra el hambre y lograremos una distribución adecuada de los cereales.
Me preguntan: ¿por qué no se
implanta el monopolio de otros artículos industriales, tan indispensables como
los cereales? A eso respondo: el Poder soviético está tomando todas las medidas
para ello. Sabéis que existe la tendencia a organizar, a fusionar las fábricas
textiles, la industria textil. Sabéis que la mayoría de las personas que
integran los centros directivos de esta organización son obreros; sabéis que el
Poder soviético se dispone a nacionalizar todas las ramas de la industria;
sabéis que las dificultades que afrontamos en esta cuestión son inmensas, y que
se necesita mucho esfuerzo para realizar todo eso de manera organizada. No
hacemos esta labor como los gobiernos que se apoyan en burócratas. Así es fácil
dirigir: que un hombre reciba cuatrocientos rublos; que otro reciba más, mil
rublos; nuestra misión es dar órdenes, y la de los otros, obedecer. De esta
manera son gobernados todos los países burgueses; emplean a funcionarios por un
salario alto, emplean a los hijos de los burgueses y encomiendan a unos y a
otros la administración. La República Soviética no puede ser gobernada de esta
manera. No tiene funcionarios para regir y encauzar la fusión de todas las
fábricas textiles, el registro de todos sus bienes y valores, la implantación
del monopolio de todos los artículos de primera necesidad y de distribuirlos
adecuadamente. Para hacerlo, llamamos a los obreros; llamamos a los
representantes de los sindicatos textiles y les decimos: debéis constituir la
mayoría del cuerpo colegiado de la Dirección General de la Industria Textil; y
lo sois ya, como lo sois también en los Cuerpos colegiados del Consejo Superior
de Economía Nacional. Camaradas obreros, emprended vosotros mismos esta
importantísima tarea estatal. Sabemos que resulta mucho más difícil que
designar a funcionarios especializados, pero también sabemos que no hay otro
camino. Hay que poner el poder en manos de la clase obrera, y los obreros
avanzados, pese a todas las dificultades, deben aprender por su propia y amarga
experiencia, por su propio esfuerzo, por el trabajo de sus propias manos, cómo
hay que distribuir todos los artículos, todos los tejidos en beneficio de los
trabajadores. (Aplausos.)
He ahí por qué el Poder
soviético hace todo lo posible en las circunstancias presentes para implantar
el monopolio estatal y fijar los precios. Lo hace por intermedio de los obreros
y junto con los obreros: les da la mayoría en las juntas de administración y en
todos los cuerpos colegiados, así sea en el Consejo Superior de Economía
Nacional como en las fábricas metalúrgicas fusionadas o en las refinerías de
azúcar nacionalizadas en unas semanas. El camino es difícil, pero, repito, no
podemos evitar las dificultades para lograr que los obreros, habituados y
enseñados durante siglos por la burguesía sólo a cumplir servilmente sus
órdenes, a trabajar como galeotes, adopten una posición distinta, que sientan
que el poder somos nosotros. Nosotros somos los dueños de las industrias, los
dueños del pan, los dueños de todas las riquezas del país. Todas las
dificultades de la revolución socialista se vencerán sólo cuando la clase
obrera tenga plena conciencia de esto, cuando ella decuplique sus fuerzas con
su experiencia y su trabajo.
111
Para finalizar, reitero mi
exhortación a esta conferencia de comités de fábrica. En la ciudad de Moscú,
las dificultades son colosales, pues es un centro inmenso de comercio y
especulación en el cual decenas de miles de personas han vivido durante muchos
años exclusivamente del comercio y la especulación. Aquí las dificultades son
enormes, pero, en cambio, existen más fuerzas que en ninguna otra población
pequeña. Que las organizaciones obreras, los comités de fábrica recuerden bien
y se graben con firmeza en la memoria lo que enseñan los acontecimientos
actuales y el hambre que se ha abatido sobre los trabajadores de Rusia. Sólo
pueden salvar a la revolución e impedir que los terratenientes y capitalistas
recobren el poder numerosas organizaciones nuevas y más amplias, formadas por
obreros conscientes y avanzados. Tales obreros constituyen la mayoría en la
actualidad, pero no son
IV Conferencia de los sindicatos y de los comités fabriles de
Moscú
suficientes; es preciso que
participen más en el trabajo estatal general. En Moscú hay una infinidad de
casos en que los especuladores se aprovechan del hambre, se enriquecen con el
hambre, destruyen el monopolio del trigo, y en que los ricos tienen cuanto
desean. En Moscú hay ocho mil afiliados al partido comunista. En Moscú los
sindicatos pueden proporcionar de veinte a treinta mil personas, de quienes
pueden dar garantía de que serán seguros y firmes exponentes de la política
proletaria. Unidlos, constituid centenares de miles de destacamentos, encarad
el problema del abastecimiento, iniciad la requisa de toda la población rica y
conseguiréis lo que necesitáis. (Aplausos.)
La vez anterior hablé en mi
informe de los éxitos obtenidos en esta esfera en la ciudad de Elets; pero en
Moscú es más difícil lograrlo. Dije que Elets es una ciudad bien organizada.
Existen muchas ciudades peor organizadas porque el trabajo es difícil, no
porque haya escasez de armas —hay todas las que se quiera-; la dificultad está
en designar para los puestos directivos, de responsabilidad, a centenares y
miles de obreros absolutamente seguros, obreros capaces de comprender que no
están trabajando por su causa local, sino por la causa de toda Rusia, capaces
de mantenerse en sus puestos como representantes de toda su clase, de organizar
el trabajo de acuerdo con un plan sistemático y definido, de cumplir lo
prescrito, de cumplir las decisiones del Soviet de Moscú, de las organizaciones
moscovitas que representan a todo el Moscú proletario. Toda la dificultad está
en organizar al proletariado, en educarlo para que sea más consciente que hasta
ahora. Mirad las elecciones de Petrogrado y veréis que, a pesar de que el
hambre es allí todavía más tremenda que en Moscú y de que se padecen
infortunios más grandes aún, aumenta la fidelidad a la revolución obrera crecen
la organización y la unidad; entonces diréis: las calamidades que se han
abatido sobre nosotros se multiplican, pero la decisión de la clase obrera de
vencer todas esta dificultades también se multiplica. Marchad por camino,
intensificad vuestros esfuerzos, colocad en este camino a nuevo y nutridos
destacamentos para ayudar a resolver el problema del abastecimiento, y con
vosotros, contando con vuestro apoyo, venceremos el hambre y lograremos una
justa distribución. (Clamorosos Aplausos.)
Publicado íntegro en el libro “Actas de la IV Conferencia de los
sindicatos y de los comités fabriles de Moscú”, Editorial del Consejo Central
de los Sindicatos de toda Rusia, 1918.
T. 36, págs. 433-468.
112
PALABRAS PROFÉTICAS.
Hoy, gracias a Dios, nadie
cree ya en milagros. La profecía milagrosa no es más que una fábula. La
científica, en cambio, es un hecho. En nuestros días, cuando se ve a menudo
alrededor un vergonzoso abatimiento e incluso desesperación, es útil recordar una
profecía científica que se ha confirmado.
En 1887, Federico Engels, en
el prólogo al folleto de Segismundo Borkheim En memoria de los patrioteros alemanes de 1806-1807 (Zur Erinnerung für die deutschen
Mordspatrioten 1806-1807N (folleto que lleva el número XXIV de la Biblioteca Socialdemócrata, que se publicaba en 1888 en Gottinga y
Zúrich), tuvo la oportunidad de escribir sobre la futura guerra mundial.
He aquí la opinión que
Federico Engels tenía hace ya más de treinta años sobre la futura guerra
mundial:
“...Para Prusia-Alemania, en
la actualidad no es posible ya ninguna guerra que no sea la guerra mundial. Y
ésta será una guerra mundial de magnitud y ferocidad sin precedentes. De ocho a
diez millones de soldados se aniquilarán mutuamente y devastarán toda Europa
como nunca lo han hecho las plagas de langosta. La devastación causada por la
guerra de los Treinta Años74, reducida a un plazo de tres o cuatro
años y extendida a todo el continente; el hambre y las epidemias; el
embrutecimiento general, tanto de las tropas como de las masas populares,
provocado por la extrema miseria; el desorden irremediable de nuestro mecanismo
artificioso en el comercio, en la industria y en el crédito que acabará en una
bancarrota general; el derrumbamiento de los viejos Estados y de su sabiduría
estatal rutinaria, derrumbamiento tan grande que las coronas rodarán por
docenas en las calles y no habrá quien las recoja; es absolutamente imposible
prever cómo acabará todo esto y quién será el vencedor en esta contienda; pero
un resultado es absolutamente indudable: el agotamiento general y la creación
de las condiciones para la victoria definitiva de la clase obrera.
“Tal es la perspectiva, si
el sistema de la rivalidad mutua en los armamentos, llevado a su extremo, da,
al fin, sus inevitables frutos. He aquí, señores reyes y hombres de Estado,
adónde ha llevado a la vieja Europa la sabiduría de ustedes. Y si no les queda
otro remedio que empezar esta última gran danza guerrera, allá ustedes (uns kann es recht sein). Aunque la
guerra tal vez nos relegue temporalmente a un segundo plano, aunque nos quite
algunas de las posiciones ya conquistadas. Pero si llegáis a desencadenar las
fuerzas que vosotros mismos no seréis ya capaces de dominar, cualquiera que sea
el curso de los acontecimientos, al final de la tragedia os convertiréis en
ruinas, y el triunfo del proletariado, o habrá sido conquistado ya, o será,
cuando menos (doch), inevitable.
Federico Engels”.
Londres, 15 de diciembre de 1887.
![]()
74 La
guerra de los Treinta Años:
guerra de los emperadores católicos alemanes contra los principados
protestantes de Alemania con el fin de reincorporados al poder del Imperio. A
la guerra se sumaron, al lado de los principados protestantes, Suecia, y luego
Francia. La guerra duró desde 1618 hasta 1648 y dio lugar a la destrucción de
ciudades y al exterminio en masa de la población y de las fuerzas productivas
de Alemania
¡Qué genial profecía! ¡Y
cuán infinitamente rica en ideas es cada frase de este análisis científico,
exacto, claro, conciso, hecho desde el punto de vista de clase! ¡Cuánto
provecho para sí podrían sacar de él los que, en nuestros días, se entregan a
la vergonzante pusilanimidad, al desaliento y a la desesperación, si ..., si la
gente acostumbrada a ser lacayos de la burguesía o los que se dejaron
atemorizar por ella supieran meditar, fuesen capaces de meditar!
Alguna que otra cosa
predicha por Engels sucedió de un modo distinto: ¡no faltaba más que no hubiese
cambiado nada en el mundo y en el capitalismo en el transcurso de esos treinta
años de desarrollo imperialista de vertiginosa rapidez! Pero lo más asombroso
es que vayan cumpliéndose, “como si obedecieran a un plan trazado de antemano”,
tantas de las cosas predichas por Engels. Esto se debe a que Engels hizo un
análisis, de irreprochable exactitud, de las clases, y tanto éstas como sus
relaciones recíprocas siguen siendo las mismas.
“...Aunque la guerra tal vez
nos relegue temporalmente a un segundo plano...” Las cosas transcurrieron
precisamente por este camino, pero fueron más lejos aún y en peor forma: una
parte de los socialchovinistas “relegados” y de sus “semiadversarios” faltos de
carácter, los kautskianos75, empezaron a cantar loas a su
movimiento atrás y se convirtieron en renegados y traidores directos del
socialismo.
“...Aunque nos quite algunas
de las posiciones ya conquistadas...” Toda una serie de posiciones “legales”
han sido arrebatadas a la clase obrera. En cambio, ésta se ha templado en las
pruebas y recibe lecciones duras, pero útiles, de organización clandestina, de
lucha ilegal, de preparación de sus fuerzas para el asalto revolucionario.
113
“...Las coronas rodarán por
docenas...” Ya han rodado varias coronas y, entre ellas, una que vale por una
docena de otras: la del autócrata de todas las Rusias, Nicolás Románov.
“...Es absolutamente
imposible prever cómo acabará todo esto...” Después de cuatro años de guerra,
esta imposibilidad absoluta, valga la expresión, es más absoluta aún.
“...El desorden irremediable
de nuestro mecanismo artificioso en el comercio, en la industria y en el
crédito...” Hacia fines del cuarto año de guerra, esto se ha cumplido
totalmente en uno de los Estados más grandes y más atrasados, que fue
arrastrado por los capitalistas a la guerra: en Rusia. Pero ¿es que el hambre,
siempre mayor en Alemania y en Austria, la escasez de ropa y de materias primas
y el desgaste de los medios de producción no son prueba de que igual situación
se avecina también, con enorme rapidez, en otros países?
Engels describe las
consecuencias acarreadas únicamente por la guerra “exterior”, sin referirse a
la guerra interior, es decir, a la guerra civil, sin la cual no se ha hecho
todavía ninguna revolución importante en la historia, sin la cual no se ha
imaginado el tránsito del capitalismo al socialismo ningún marxista serio. Y si
la guerra exterior puede continuar por cierto tiempo sin provocar el “desorden
irremediable” en el “mecanismo artificial” del capitalismo, es evidente que no
se puede imaginar en absoluto una guerra civil sin semejantes consecuencias.
Qué estupidez, qué falta de
carácter —sin referirnos al interesado servilismo ante la burguesía— revelan
quienes siguiendo llamándose “socialistas”, como los de Nóvaya Zhizn, los mencheviques, los eseristas de derecha, etc.,
destacan con maldad las manifestaciones de este “desorden irremediable”,
achacando la culpa de todo al proletariado revolucionario,
![]()
75
Kautskianos: partidarios del "centrismo",
corriente oportunista del movimiento socialista internacional. Los centristas
ocuparon en los partidos de la II Internacional una situación intermedia entre
los oportunistas declarados y el ala izquierdista, revolucionaria. Al apoyar a
la derecha de la socialdemocracia en las cuestiones fundamentales, los
centristas enmascaraban este apoyo con frases izquierdistas. El ideólogo
principal del centrismo era el socialdemócrata alemán Kautsky de donde proviene
la denominación de "kautskianos"
al Poder soviético, a la
“utopía” del tránsito al socialismo. El “desorden” —el desbarajuste (razruja) según magnífica expresión rusa—
ha sido provocado por la guerra. No puede haber una guerra dura sin
desbarajuste. No puede haber guerra civil, esa condición indispensable y
satélite de la revolución socialista, sin desbarajuste. Renunciar a la revolución
y al socialismo “a causa” del desbarajuste significa únicamente revelar falta
de principios y pasarse, de hecho, al lado de la burguesía.
“...El hambre y las
epidemias; el embrutecimiento general, tanto de las tropas como de las masas
populares, provocado por la extrema miseria...”
¡Con cuánta sencillez y
claridad hace Engels esta conclusión irrefutable, evidente para todo el que sea
capaz de pensar, aunque sólo sea un poco, en las consecuencias objetivas de una
guerra penosa, cruenta y de muchos años de duración! Y asombra cuán poco
inteligentes son los numerosos “socialdemócratas” y “socialistas” de pacotilla
que no quieren o no pueden profundizar en esta idea tan sencilla.
¿Es concebible una guerra de
muchos años de duración sin el embrutecimiento
de las tropas y de las masas populares? ¡Claro que no! Tales consecuencias de
una guerra prolongada son absolutamente inevitables para varios años, sino para
toda una generación. Pero nuestros “hombres en fundados”76, los baldragas de la intelectualidad burguesa que se llaman a
sí mismos “socialdemócratas” y “socialistas”, achacan a la revolución, haciendo
coro a la burguesía, las manifestaciones de embrutecimiento a la inevitable dureza
de las medidas para combatir los casos especialmente graves de brutalidad,
aunque es tan claro como la luz del día que aquél es originado por la guerra
imperialista y que no hay revolución que pueda deshacerse de semejantes consecuencias de la guerra
sin una lucha prolongada y sin una serie de duras represiones.
Nuestros
plácidos literatos de Nóvaya Zhizn ,
de Vperiod o de Dielo Naroda están dispuestos a admitir “en teoría” la revolución
realizada por el proletariado y las demás clases oprimidas, pero sólo a
condición de que esta revolución caiga del cielo y no surja ni se desarrolle en
la tierra, anegada en sangre por la matanza de pueblos durante cuatro años de
matanza imperialista, entre millones y millones de seres exhaustos,
atormentados y embrutecidos en esa matanza.
Ellos han oído decir y han
admitido “en teoría” que la revolución debe compararse con el parto; pero
cuando se llegó a los hechos, se acobardaron vergonzosamente, convirtiendo el
lloriqueo de sus inmundos espíritus en eco de los rabiosos ataques de la burguesía
contra la insurrección del proletariado. Tomemos las descripciones de los
partos en la literatura, las descripciones con que sus autores se proponían
pintarnos de un modo real toda la dureza, todo el martirio, todos los horrores
de este acontecimiento; por ejemplo, la descripción de Emilio Zola en La joie de viere (“La alegría de vivir”)
o la de Veresáev en Memorias de un médico.
El nacimiento del ser humano va acompañado de un proceso que convierte a la mujer en un trozo medio muerto de carne
exhausto, martirizado, enloquecido de dolor y bañado en sangre. Pero ¿habrá
alguien que tenga por ser humano al “individuo” que vea únicamente este aspecto en el amor, en sus consecuencias, en el
acto de conversión de la mujer en
madre? ¿Quién renunciaría al amor y a la procreación por este motivo?
114
El alumbramiento es unas
veces fácil y otras penoso. Marx y Engels, los fundadores del socialismo
científico, hablaron siempre de los
largos sufrimientos del parto relacionados indefectiblemente con el
tránsito del capitalismo al socialismo. Y Engels, al analizar las consecuencias
de una guerra mundial, describe con sencillez y claridad el hecho evidente e
indiscutible de que la revolución que sigue a la guerra, que estalla en virtud
de la guerra (y con mayor razón todavía —añadiremos por nuestra parte— la revolución
que estalló en el
![]()
76 Véase la nota 59
período de la guerra y que
se ve obligada a desarrollarse y defenderse en medio de la guerra mundial que
la rodea), semejante revolución es un caso de alumbramiento de singular gravedad.
Consciente por completo de
este hecho, Engels habla con particular cautela del nacimiento del socialismo,
que saldrá de la sociedad capitalista que se hunde en la guerra mundial. “Un
resultado (de la guerra mundial) —dice Engels— es absolutamente indudable: el
agotamiento general y la creación de
las condiciones para la victoria definitiva de la clase obrera”.
Y este mismo pensamiento
está expresado con mayor claridad aún al final del prólogo que analizamos:
“...Al final de la tragedia
os convertiréis (los capitalistas y terratenientes, los reyes y estadistas de
la burguesía) en ruinas, y el triunfo del proletariado, o habrá sido
conquistado ya, o será, cuando menos, inevitable”.
Los partos difíciles
aumentan muchísimo el peligro de enfermedad mortal o funesto desenlace. Pero si
bien algunas mujeres mueren del parto, la nueva sociedad, surgida del seno de
la formación antigua, no puede sucumbir, y su nacimiento será sólo más torturante,
más prolongado, serán más lentos su crecimiento y su desarrollo.
Todavía no ha llegado el
final de la guerra. Pero sí ha llegado ya el agotamiento general. De los dos
resultados inmediatos de la guerra,
previstos por Engels como probables (o la victoria ya conquistada de la clase
obrera o la creación de las condiciones que la hacen inevitable, a pesar de todas las dificultades), en
la actualidad, a mediados del año 1918, estamos en presencia de ambos.
En uno de los países
capitalistas, en el menos desarrollado, la victoria de la clase obrera ya ha sido conquistada. En los demás
países, con el inaudito esfuerzo de sufrimientos nunca vistos, se crean las condiciones que hacen esta victoria, “cuando
menos, inevitable”.
¡Que suelten sus malos
agüeros los baldragas “socialistas”, que se ensañe y enfurezca la burguesía!
Únicamente los que cierran los ojos y se tapan los oídos pueden no ver ni oír
que han empezado en todo el mundo, para la vieja sociedad capitalista preñada
de socialismo, los dolores del parto. A nuestro país, colocado temporalmente
por el curso de los acontecimientos a la vanguardia de la revolución
socialista, le han caído en suerte los sufrimientos, particularmente agudos,
del primer período del alumbramiento que ha empezado ya. Tenemos razón de sobra
para mirar con plena firmeza y absoluta seguridad el porvenir, que nos prepara
a nuevos aliados y nuevos triunfos de la revolución socialista en una serie de
países más adelantados. Tenemos derecho a enorgullecernos y considerarnos
felices de que nos haya tocado ser los primeros en derribar, en un confín de la
Tierra, a la fiera salvaje, al capitalismo, que anegó al mundo en sangre, que
llevó a la humanidad al hambre y al embrutecimiento y que sucumbirá pronto sin
falta, por monstruosas que sean las atroces manifestaciones de su furia en la
agonía.
29 de junio de 1918.
Publicado el 2 de
julio de 1918 en el núm. 133 de “Pravda”.
T. 36, págs. 472-478.
El carácter democrático y socialista del poder soviético
115
EL CARÁCTER DEMOCRÁTICO Y SOCIALISTA DEL PODER
SOVIÉTICO.
El carácter democrático y
socialista del Poder soviético se manifiesta: en que el poder estatal supremo
son los Soviets, compuestos de representantes del pueblo trabajador (obreros,
soldados y campesinos) que las masas, antes oprimidas por el capital, eligen
libremente y revocan en cualquier momento; en que los Soviets locales se unen
libremente, rigiéndose por el centralismo democrático, en el Poder soviético
único de la República Soviética de Rusia, el cual se extiende a todo el Estado
y está refrendado por una unión federal; en que los Soviets concentran en sus
manos no sólo el poder legislativo y el control del cumplimiento de las leyes,
sino también la aplicación práctica de éstas por conducto de todos los miembros
de los Soviets a fin de que absolutamente toda la población trabajadora pase de
modo gradual a desempeñar funciones legislativas y de administración pública.
Considerando, además, que
toda legitimación, directa o indirecta, de la propiedad de los obreros de una
fábrica o profesión determinada sobre su producción peculiar, o de sus derechos
a debilitar o frenar las disposiciones del poder estatal constituye la mayor
tergiversación de los principios fundamentales del Poder soviético y la
renuncia completa al socialismo...
Aquí se interrumpe el
manuscrito.
Escrito en el primer semestre de 1918. Publicado por primera vez
el 22 de abril de 1957 en el núm. 112 de “Pravda”.
T. 36, págs. 481.
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
116
V CONGRESO DE TODA RUSIA DE LOS SOVIETS
DE DIPUTADOS OBREROS, CAMPESINOS, SOLDADOS Y COMBATIENTES DEL EJÉRCITO ROJO.
4-10 de julio de
1918.
1.
Informe del consejo de comisarios del pueblo, 5 de julio.
Camaradas: Pese a que el discurso de la oradora
que me ha precedido ha sido
en algunos pasajes muy exaltado, permitidme que presente mi informe, en nombre
del Consejo de Comisarios del Pueblo, como de costumbre, es decir, tratando los
problemas de principios más importantes, tal como se merecen, sin dejarme
llevar por la polémica que tanto desea la oradora precedente ni proponerme,
como es natural, renunciar a ella del todo. Camaradas, sabéis que, en el
período transcurrido desde el último congreso, el Tratado de Brest ha sido el
factor principal que ha determinado nuestra posición, ha modificado nuestra
política y definido nuestra táctica y nuestra actitud ante algunos de los otros
partidos de Rusia. Recordaréis cuántos reproches y acusaciones nos hicieron en
el último congreso, cuántas voces se alzaron para decir que la famosa tregua no
ayudaría a Rusia, que, de todos modos, se había concertado una alianza del
imperialismo internacional y que el repliegue propugnado por nosotros no nos
llevaría en la práctica a ninguna parte. Este factor principal ha determinado
también toda la situación de los Estados capitalistas y en él, como es natural,
debemos detenernos. Creo, camaradas, que después de los tres meses y medio
transcurridos, y a pesar de los reproches y acusaciones que nos han hecho, se
ve de manera indiscutible que teníamos razón. Podemos decir que el proletariado
y los campesinos que no explotan a otros ni se lucran con el hambre del pueblo
están en su totalidad y sin reservas con nosotros y, en todo caso, contra esos
insensatos que los arrastran a la guerra y quieren romper el Tratado de Brest.
(Rumores.)
Las nueve décimas partes
están con nosotros, y cuanto más clara se perfila la situación, tanto menos
dudas quedan de que nuestra táctica ha sido acertada en los momentos en que los
partidos imperialistas de Europa Occidental, en que los dos grupos imperialistas
principales, enzarzados en mortal combate, se empujan, aproximándose más y más
cada mes, cada semana y cada día que pasa al precipicio cuyos contornos podemos
percibir con claridad. Eso lo saben y sienten bien, sobre todo, quienes han
vivido la guerra, quienes han visto lo que es la guerra y no hablan de ella con
ligereza. Para nosotros está clarísimo que mientras cada uno de esos grupos nos
gane en fuerza, mientras el viraje fundamental que permitirá a los obreros y al
pueblo trabajador de Rusia gozar de los frutos de la revolución, recuperarse de
los golpes sufridos y erguirse cuan alto es para crear un nuevo ejército
organizado, disciplinado y estructurado sobre nuevos principios, para que
podamos de hecho, y no de palabra...
(clamorosos Aplausos de la izquierda; una exclamación de la derecha:
“¡Kerenski!”) , mientras este viraje fundamental no se produzca, debemos
esperar. Por eso, cuanto más nos adentremos en las masas populares, cuanto más
nos acerquemos a los obreros de las fábricas y a los campesinos trabajadores
que no explotan trabajo asalariado ni defienden los intereses especulativos del
kulak, que esconde sus cereales y teme la dictadura en el abastecimiento, con
tanta mayor seguridad se podrá decir que también allí encontramos y estamos
encontrando —ahora podemos afirmar con plena convicción que ya hemos
encontrado— completas simpatía y unanimidad. Efectivamente, hoy día el pueblo
no quiere ni puede combatir a sus enemigos imperialistas, y no los combatir por
mucho que algunos intenten,
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
por desconocimiento o
afición a las frases, empujarlo a esa guerra, sean cuales fueren las palabras
con que se encubran. Sí, camaradas, quien hoy hable directa o indirectamente,
con franqueza o disimulo de la guerra, quien clame contra el Tratado de Paz de
Brest, tildándolo de dogal, no ve que quienes echan el dogal al cuello de los
obreros y campesinos de Rusia son los señores Kerenski y los terratenientes,
los capitalistas y los kulaks... (Una voz:
“¡Mirbach!” Rumores.) ¡Por mucho que
vociferen, en todas las asambleas, su causa no tiene apoyo en el pueblo! (Aplausos y Rumores.)
No me extraña nada que esa
gente, dada la situación en que se halla, no pueda responder más que dando
voces, gritando como energúmenos, insultando y haciendo disparates (Aplausos), cuando no se tienen otros
argumentos... (Una voz: “¡Tenemos
argumentos!” Rumores.)
117
Noventa y nueve de cada cien
soldados rusos saben los increíbles sufrimientos que costó acabar esta guerra.
Saben que para dar a la guerra una nueva base socialista y económica (exclamaciones de “¡Mirbach no lo
permitirá!”) se necesitan esfuerzos extraordinarios, y, antes que nada, debemos
poner término a la guerra de saqueo. Ellos no se enzarzan en esta guerra, pues
saben que las fuerzas rabiosas del imperialismo prosiguen la lucha y que en los
últimos tres meses transcurridos desde el congreso anterior se han aproximado
varios pasos más al precipicio. Después de haber cumplido con nuestro deber
ante todos los pueblos, de haber comprendido el significado de la declaración
de paz y de haber hecho llegar este significado, por medio de nuestra
delegación de Brest, encabezada por el camarada Trotski, a conocimiento de los
obreros de todos los países, cuando propusimos abiertamente una paz honrosa y
democrática, esta propuesta fue rechazada por la enfurecida burguesía de todos
los países. Nuestra postura no puede ser otra que la de esperar, y el pueblo
verá entonces a esos grupos imperialistas desbocados, aún fuertes por ahora,
caer en el precipicio al que se van aproximando; eso lo ve todo el mundo... (Aplausos.) Lo ven todos los que no
cierren los ojos adrede. Es indudable que después de tres meses y medio,
durante los cuales el enloquecido partido imperialista ha propalado la
continuación de la guerra, se está ya más cerca de ese precipicio. Sabemos,
sentimos y palpamos que aún no estamos preparados para la guerra; lo dicen los
soldados, los combatientes que han sufrido en su propia carne la guerra; en
cuanto a esos gritos que exhortan a quitarse inmediatamente el dogal de Brest,
parten de los mencheviques, de los eseristas de derecha y de los partidarios de
Kerenski, los democonstitucionalistas. Vosotros sabéis dónde se han quedado los
partidarios de los terratenientes y de los capitalistas, dónde se han quedado
los lacayos de los eseristas de derecha y de los democonstitucionalistas. Los
discursos de los eseristas de izquierda, que también propenden a la guerra,
serán aplaudidos con estruendo en ese bando. Como han dicho los oradores que me
han precedido, los eseristas de izquierda se ven en una situación desagradable:
iban a una habitación y fueron a parar a otra. (Aplausos.)
Sabemos que a una gran
revolución la levanta la muchedumbre desde lo más hondo de su seno, que para
eso se necesitan meses y años, y no nos extraña que el partido de los eseristas
de izquierda haya tenido en el curso de la revolución vacilaciones increíbles.
De esas vacilaciones nos ha hablado aquí Trotski, y a mí no me resta sino
añadir que el 26 de octubre invitamos a los camaradas eseristas de izquierda a
participar en el gobierno, pero ellos rehusaron, y no estuvieron con nosotros
cuando Krasnov llegó a las puertas de Petrogrado; por consiguiente, el
resultado es que no nos ayudaron a nosotros, sino a Krasnov. No nos extrañan
esas vacilaciones. Ese partido ha tenido muchas, en efecto. Pero todo tiene un
límite, camaradas.
Sabemos que la revolución es
algo que se aprende con la experiencia y la práctica, y que una revolución
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
llega a ser verdadera sólo
cuando decenas de millones de personas se alzan unánimes como un solo hombre. (Aplausos que no dejan oír las palabras de
Lenin, gritos de: “¡Vivan los Soviets!”) Esta gran lucha, que nos eleva a
una nueva vida, la han comenzado ciento quince millones de personas, por tanto,
hay que fijarse en ella con la mayor seriedad. (Clamorosos Aplausos.) En octubre, cuando se estableció el Poder
soviético el 26 de octubre de 1917, cuando...
(Rumores, gritos, Aplausos.) nuestro partido y sus representantes en el Comité
Ejecutivo Central propusieron al partido eserista de izquierda que participara
en el gobierno, éste se negó. Cuando rehusaron participar en nuestro gobierno,
los eseristas de izquierda no estaban con nosotros, estaban en contra de
nosotros. (Rumores en los escaños de los
eseristas de izquierda.) lamento mucho haber tenido que decirles algo que
les disgusta. (Los Rumores de la derecha
se acrecientan.) ¿Pero que se le puede hacer? Si el general cosaco Krasnov... (Los Rumores y el griterío impiden a Lenin seguir.) Cuando el 26 de
octubre vacilasteis, sin saber vosotros mismos qué queríais y os negasteis a
marchar con nosotros...
(Alboroto que dura varios minutos.) ¡La verdad duele! Permitidme que
os recuerde que quienes vacilaron, que quienes ni ellos mismos saben lo que
quieren y renuncian a marchar con nosotros, escuchan de buena gana los cuentos
que les llevan otros. Os dije que el soldado que ha estado en la guerra... (Rumores, Aplausos.) Cuando habló la oradora precedente, la inmensa mayoría
de los delegados no la molestó. Bueno, se comprende. Si hay alguien que
prefiera abandonar el congreso de los Soviets, ¡puente de plata! (Rumores y alboroto en los escaños de la
derecha. El presidente llama al orden.)
Así pues, camaradas, la
marcha de los acontecimientos ha demostrado que teníamos razón cuando firmamos
la paz de Brest. Y quienes, en el anterior congreso de los Soviets, intentaron
gastar bromas de mal gusto a propósito de la tregua, han aprendido y han visto
que hemos logrado, si bien con un esfuerzo colosal, una prórroga, y que durante
esta prórroga nuestros obreros y campesinos han dado un gran paso adelante
hacia la construcción socialista, mientras que las potencias occidentales, por
el contrario, han dado un paso gigantesco hacia ese precipicio en que está
cayendo el imperialismo con tanta mayor rapidez cuanto más dura esa guerra.
Por eso, sólo puedo explicar
por el más completo desconcierto la conducta de quienes apelan a la gravedad de
nuestra situación para criticar nuestra táctica. Repito que es suficiente con
apelar a los tres meses y medio últimos. Quiero recordar a quienes asistieron
al congreso anterior algunas de las cosas que allí se dijeron; y a quienes no
estuvieron, les sugiero que lean las actas o los artículos de los periódicos
sobre el mismo para que se convenzan de que los acontecimientos han acreditado
por completo nuestra táctica. No puede haber fronteras entre las victorias de
la Revolución de Octubre y las victorias de la revolución socialista
internacional, y sus estallidos habrán de comenzar en otros países. Para
acelerarlos hicimos todo lo posible en el período de Brest. Quienes hayan
vivido las revoluciones de 1905 y 1917, quienes hayan meditado sobre ellas,
quienes se hayan detenido a estudiarlas con cabeza y seriedad conocen las
increíbles dificultades con que se hicieron estas revoluciones en nuestro país.
118
Dos meses antes de enero de
1905 y de febrero de 1917 ningún revolucionario, cualquiera que fuese su
experiencia y sus conocimientos y por bien que conociera la vida del pueblo,
podía pronosticar que estremecerían a Rusia tales estallidos. Hacerse eco de
gritos sueltos y lanzar a las masas populares llamamientos que equivalen a
poner fin a la paz y arrastrarnos a la guerra es una política de gente
totalmente desconcertada, que ha perdido del todo la cabeza. Y para probar que
eso es así, citaré las palabras de una persona cuya sinceridad no puede ser
puesta en duda ni por mí ni por nadie, las palabras del discurso de la camarada
Spiridónova publicado en el periódico Golos
Trudovogo Krestianstva, y que no fue desmentido. En ese discurso del 30 de
junio, la camarada Spiridónova insertó tres líneas insulsas para decir que
tenía entendido que los alemanes nos habían presentado un
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
ultimátum, exigiéndonos el
envío de artículos manufacturados por valor de dos mil millones de rublos.
Un partido que conduce a sus
representantes más sinceros a la horrenda charca del engaño y la mentira está
definitivamente perdido. Los obreros y campesinos no ignoran los esfuerzos y
angustias inauditos que nos costó la firma del Tratado de Brest. ¿Acaso hace
falta recurrir aún a cuentos y patrañas, como lo hacen incluso los personajes
más sinceros de ese partido, para pintar lo gravoso de esa paz? Pero nosotros
sabemos cuál es la verdad del pueblo y nos guiamos por ella, mientras esa gente
forcejea entre gritos de histeria. Desde ese punto de vista, semejante actitud,
inspirada por ese desconcierto completo, es peor que cualquier provocación.
Sobre todo si comparamos a todo el conjunto de partidos de Rusia, que es como
lo exige el enfoque científico de la revolución. Nunca se debe olvidar el
examen de las actitudes de todos los partidos en suma. Individuos o grupos
sueltos pueden equivocarse, no saber cómo comportarse ni explicar propia
conducta; pero si tomarnos a todos los partidos de Rusia juntos los examinamos
en su correlación, no puede haber error alguno. Mirad lo que dicen ahora los
eseristas de derecha, Kerenski, Sávinkov, etc., al escuchar las exhortaciones
de los eseristas de izquierda... En estos momentos aplauden como locos, sí. Se
alegrarían de arrastrar a Rusia a la guerra ahora, cuando le conviene a
Miliukov. Y hablar así del dogal de Brest ahora, significa echar al cuello del
campesino ruso el dogal del terrateniente. Cuando aquí nos hablan de combatir a
los bolcheviques, tal como lo ha hecho la oradora precedente, al referirse a
una discordia con los bolcheviques, yo respondo: no, camaradas, esto no es una
discordia, sino una ruptura efectiva e irrevocable, una ruptura entre quienes
soportan todo el peso de la situación, diciendo al pueblo la verdad sin
embriagarse con exclamaciones, y los que se embriagan con esas exclamaciones y
hacen sin querer una labor ajena, una labor de provocadores. (Aplausos.)
Doy fin a la primera parte de mi informe. En tres meses y medio
de furiosa guerra imperialista, los Estados imperialistas se han acercado a ese
precipicio, en el que quieren despeñar al pueblo. Esta fiera que se desangra
nos ha arrancado muchos pedazos de carne de nuestro organismo vivo. Nuestros
enemigos se acercan a ese precipicio con tanta rapidez que, aun concediéndoles
un plazo mayor de tres meses y medio e incluso si la matanza imperialista nos
volviera a causar pérdidas iguales a las sufridas, sucumbirían ellos, y no
nosotros, porque la rapidez con que disminuye su resistencia los lleva deprisa
al precipicio. Nosotros, en cambio, pese a la tremenda gravedad de la
situación, que hacemos pública ante todo el pueblo, en estos tres meses y medio
hemos tenido efusiones de vigor de un organismo sano: tanto en la industria
como en los demás sectores se lleva a cabo una labor de construcción, tal vez
menuda, nada efectista ni estrepitosa. Ha dado ya resultados fecundísimos y si
llegamos a disponer de otros tres meses, de seis meses más, de toda una campaña
de invierno de trabajo como ése, seguiremos avanzando, en tanto que la fiera
imperialista de la Europa Occidental, extenuada de la pelea, no soportará esa
competición, pues maduran en su seno fuerzas que aún no confían en sí mismas,
pero que llevarán el imperialismo a la muerte. El proceso que ha comenzado ya
en Europa Oeste, y ha comenzado de manera cardinal, no se podrá modificar en
tres meses y medio. De esa labor menuda, creadora, de construcción, se habla
creo muy poco, y yo soy del parecer de que debe dedicársele más atención. Por
mi parte no puedo ocultar lo dicho, aunque sólo sea porque debo tener presentes
las invectivas de la oradora que me ha precedido. Apelaré a la resolución del
Comité Ejecutivo Central del 29 de abril de 1918. Entonces presenté un informe
en el que hube de hablar de las tareas inmediatas del Poder soviético e hice
hincapié en que pese a las increíbles dificultades de nuestra situación,
debíamos poner en primer orden, dentro del país, el trabajo creador.
119
Y, sin hacernos ilusiones, es preciso
decir aquí que debemos aplicar todas nuestras fuerzas a este trabajo, por
abrumador que sea. La experiencia que os puedo comunicar muestra que
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
en ese terreno hemos
avanzado mucho, sin la menor duda. Bien es verdad que, si nos limitamos a los
resultados externos, como hace la burguesía, entresacando ejemplos aislados de
errores nuestros, difícilmente se podrá hablar de éxito alguno; pero nosotros
tenemos una opinión muy distinta de eso. La burguesía toma el ejemplo de una
dirección cualquiera de la flota fluvial e indica las veces que hemos tenido
que reorganizarla, se regocija y afirma que el Poder soviético no puede llevar
a cabo esa labor. A eso yo respondo que sí, que hemos reorganizado muchas veces
la dirección de nuestra flota fluvial, lo mismo que la de los ferrocarriles, y
ahora estamos haciendo una reorganización mayor aún del Consejo de Economía
Nacional. En eso estriba el sentido de la revolución, en que el socialismo ha
pasado de la esfera del dogma, del que sólo pueden hablar quienes no entienden
absolutamente nada, de la esfera de los libros y programas a la esfera del
trabajo práctico. Los obreros y los campesinos están construyendo ahora el
socialismo con sus propias manos.
Han pasado ya para Rusia, y
estoy seguro de que para no volver, los tiempos en que discutíamos los
programas socialistas por lo que sabíamos de nuestras lecturas. Hoy podemos
hablar de socialismo sólo por la experiencia. En eso precisamente consiste el significado
de la revolución, en que ésta, por primera vez en la historia, ha prescindido
del viejo mecanismo burocrático de la burguesía, del sistema burgués de
administración, y ha creado las condiciones para que los obreros y campesinos
puedan emprender por sí mismos esta obra de increíble dificultad que sería
ridículo ocultaros a nosotros mismos, pues los terratenientes y capitalistas
osaron y persiguieron durante siglos a decenas de millones de personas por el
solo hecho de que pensaban administrar la tierra. Y ahora, en medio de un
desbarajuste espantoso, atroz, cuando la guerra ha cubierto de heridas el
cuerpo de Rusia, de manera que el pueblo parece un hombre medio muerto a palos,
cuando los zares, los terratenientes y los capitalistas nos han dejado en
herencia el mayor de los desbarajustes, son las nuevas clases, los obreros y
los campesinos que no explotan trabajo asalariado ni se lucran especulando con
cereales, las que deben emprender en unas cuantas semanas, en unos cuantos
meses, esta nueva obra, esta nueva labor de construcción. Sí, la obra es de
dificultad, increíble, pero también grata en extremo. Cada mes de trabajo y
experiencia de este tipo vale por diez años; si no por veinte, de nuestra
historia. No tememos confesaros de qué es indicio el hecho de que cuando
conocemos nuestros decretos, tenemos que rehacerlos constantemente; todavía no
hemos hecho nada acabado, aún no conocemos un socialismo que pueda ser
encasillado en cláusulas y apartados. Y si hoy podemos ofrecer a este congreso
la Constitución soviética, es sólo porque los Soviets han sido formados y
probados en todos los confines del país, porque vosotros habéis creado y
probado esa Constitución en todos los confines del país; tan sólo medio año
después de la Revolución de Octubre, casi un año después del Primer Congreso de
los Soviets de toda Rusia, hemos podido inscribir en ella lo que ya existe en
la práctica77.
En la esfera económica,
donde el socialismo comienza solo a construirse, donde debe establecerse una
nueva disciplina, carecemos de experiencia de ese tipo y la vamos adquiriendo a
fuerza de modificar y reorganizar. Esa es nuestra principal tarea; nosotros
decimos que todo orden social nuevo requiere nuevas relaciones entre la gente y
una nueva disciplina. Hubo un tiempo en que era imposible dirigir la economía
sin la disciplina feudal, en que había una sola disciplina; la del palo. Y ha
habido otro tiempo, el de la dominación de los capitalistas, en que la fuerza
de la disciplina era el hambre. Pero ahora, desde que hicimos la revolución
soviética, desde que comenzó la revolución socialista, la disciplina debe
basarse en principios completamente nuevos; debe ser la disciplina de la
confianza en la capacidad de organización de los obreros y los campesinos
pobres, la disciplina del compañerismo, la
![]()
77 Se trata del proyecto de Constitución de
la República Socialista Federativa Soviética de Rusia que se sometió a la
aprobación del V Congreso de los Soviets de toda Rusia. Este congreso aprobó
por unanimidad la Constitución (Ley fundamental) de la R.S.F.S.R., encargando
la redacción definitiva de su texto al CEC de toda Rusia nuevamente elegido. La
Constitución entró en vigor el 19 de julio de1918
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
disciplina del respeto en
todos los aspectos, de la independencia y la iniciativa en la lucha. Todo el
que recurra a los viejos métodos capitalistas, todo el que en tiempos de
privaciones y hambre razona como antes, a la manera capitalista: sacaré más si
vendo mi trigo, cuando nadie más lo vende, me costará menos encontrar trigo si
me pongo en camino cuando los demás se están en su casa; quien razona de esa
manera, elige la senda más fácil, pero no llegará al socialismo.
Es simple y llano mantenerse
en el terreno de las relaciones capitalistas habituales, pero nosotros queremos
emprender un camino nuevo. Este camino exige de nosotros y de todo el pueblo
más conciencia, más organización y más tiempo y nos lleva también a grandes
errores. Pero nos decirnos que no se equivoca el que no hace nada práctico.
Si, desde el punto de vista
de este congreso, el período del que os rindo cuenta incluye experiencias, en
las que se encuentran a menudo enmiendas, correcciones y retornos a lo viejo,
eso no es la tarea principal, ni el contenido principal, ni el valor principal
del período en que vivimos. El viejo personal administrativo, compuesto de
funcionarios para quienes bastaba que se ordenara un aumento de sueldo, se ha
acabado. Tenemos que tratar con organizaciones obreras que asumen el gobierno
de la economía.
120
Hemos de tratar con los
obreros de los ferrocarriles, que estaban en peores condiciones que otros y
tienen el legítimo derecho de exigir que mejore su situación; mañana expondrán
sus reivindicaciones los obreros del transporte fluvial, y pasado mañana serán
los campesinos medios —de quienes he de hablar más despacio—, los cuales
sienten no tan a menudo que están en peor situación que el obrero, a quien
prestamos la mayor atención y cuyos intereses defienden todos nuestros
decretos, cosa que la oradora precedente no ha comprendido en absoluto. Todo
esto crea increíbles dificultades, pero estas dificultades se deben a que los
obreros y campesinos pobres organizan por primera vez, al cabo de los siglos y
con sus propias manos, toda la economía nacional de Rusia. Pues bien, tenemos
que buscar la manera de satisfacer las reivindicaciones justas, de rehacer los
decretos y reorganizar el sistema de administración. Y al lado de los fracasos
y desaciertos —que la prensa burguesa destaca y que, desde luego, son numerosos—,
logramos éxitos, pues aprendemos de esos fracasos y errores parciales,
aprendemos de la experiencia a construir el edificio del socialismo. Y cuando
vemos salir de todas partes nuevas reivindicaciones, decimos que así debe ser,
que eso es el socialismo, cuando cada cual desea mejorar su situación, cuando
todos quieren disfrutar los bienes de la vida. Pero el país es pobre, está en
la miseria, hoy por hoy es imposible satisfacer todas las reivindicaciones,
razón por la cual resulta tan difícil construir el nuevo edificio entre ese
desbarajuste. Pero se equivoca de medio a medio quien piense que el socialismo
puede construirse en tiempos de paz y tranquilidad: se construirá en todas
partes en tiempos de desbarajuste, en tiempos de hambre, y así ha de ser; y
cuando vemos a gentes de ideas de verdad, nos decimos: los obreros y campesinos
trabajadores han comenzado a construir el nuevo edificio socialista con miles,
decenas de miles y centenares de miles de manos. Hoy día se está comenzando una
profunda revolución en el campo, donde los kulaks realizan un trabajo de
agitación y tratan de estorbar al campesino trabajador, que no explota trabajo
ajeno ni se lucra especulando con cereales; allí la tarea es distinta. En las
ciudades hay que organizar las fábricas, la industria del metal; y distribuir
la producción, distribuir las materias primas y otros materiales en medio del
desbarajuste causado por la guerra es una tarea muy difícil. En las ciudades,
los obreros están aprendiendo a hacerlo y creando los órganos de administración
central; tenemos que rehacer el Consejo Superior de Economía Nacional, pues las
anteriores leyes, promulgadas a comienzos de este año, han envejecido ya, el
movimiento obrero avanza, el anterior control obrero está ya anticuado, y los sindicatos
se van transformando en embriones de los órganos administrativos de toda la
industria. (Aplausos.) En esta esfera
ya se ha hecho mucho; pero aún no podemos ufanamos de ningún éxito brillante.
Sabemos que, en este terreno, los elementos burgueses, los
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
capitalistas, terratenientes
y kulaks tendrán todavía oportunidad de realizar su agitación por largo tiempo,
diciendo, como de costumbre, que no entró en vigor un decreto promulgado y que
otro, al cabo de tres meses de promulgarse, ya está siendo corregido, mientras
la especulación continua igual que durante el capitalismo. En efecto, no
conocernos ninguna panacea universal de charlatán de feria que pueda acabar de
golpe con la especulación. Las costumbres del régimen capitalista están
demasiado arraigadas; reeducar a un pueblo educado durante siglos en dichas
costumbres es obra complicada y requiere mucho tiempo. Pero nosotros decimos:
nuestro método de lucha es la organización. Debemos organizarlo todo, tomarlo
todo en nuestras manos, controlar a los kulaks y especuladores a cada paso,
declararles una guerra implacable y no darles respiro, vigilando cada uno de
sus movimientos. (Aplausos.)
Sabemos por experiencia que
la modificación de los decretos es indispensable, pues se tropieza con nuevas
dificultades, las cuales ratifican la necesidad de modificarlos. Y si ahora, en
el problema del abastecimiento de comestibles, hemos llegado al punto de
organizar a los pobres del campo, si nuestros camaradas de ayer —los eseristas
de izquierda— nos dicen con toda esa franqueza que no da lugar a duda de que
nuestros caminos divergen, les respondemos con firmeza tanto peor para
vosotros, pues eso significa que habéis vuelto la espalda al socialismo. (Aplausos.)
Camaradas. El problema del
abastecimiento es el principal, es el problema al que más atención dedicamos en
nuestra política. El Consejo de Comisarios, del Pueblo ha adoptado un montón de
pequeñas medidas, imperceptibles desde fuera, como son la mejora de los
sistemas de transporte por agua y ferrocarril, la limpieza de los almacenes de
la intendencia militar, la lucha contra la especulación, todas ellas
encaminadas a poner en orden el abastecimiento de comestibles. No sólo nuestro
país, sino también los países más civilizados, que jamás conocieron el hambre
antes de la guerra, se hallan ahora en la más penosa situación creada por los
imperialistas en su lucha por la supremacía de uno u otro grupo. En Occidente,
decenas de millones de personas padecen los tormentos del hambre. Eso es
precisamente lo que hace inevitable la revolución social, pues la revolución
social no arranca de los programas, sino del clamor que decenas de millones de
personas elevan: “antes morir por la revolución que vivir hambrientos”. (Aplausos.)
Una espantosa calamidad —el
hambre— nos azota, y cuanto más difícil es nuestra situación, cuanto más se
agrava la crisis de los alimentos tanto más se exacerba la lucha de los
capitalistas contra el Poder soviético. Sabéis que el motín del cuerpo de ejército
checoslovaco es un alzamiento de gente comprada por los imperialistas ingleses
y franceses.
121
Oímos decir
continuamente que unas veces aquí y otras allá estallan rebeliones contra los
Soviets. Las rebeliones de los kulaks se extienden a más y más zonas. En la del
Don está Krasnov, a quien los obreros rusos de Petrogrado dejaron marchar con
magnanimidad cuando él se presentó y entregó su espada, pues los prejuicios de
los intelectuales están muy arraigados todavía, y la intelectualidad protestó
contra la pena de muerte; a Krasnov se le dejó marchar en libertad debido a las
prejuicios de los intelectuales contra la pena de muerte. Quisiera ver yo ahora
qué tribunal popular, qué tribunal campesino u obrero no fusilaría a Krasnov,
como él fusila a obreros y campesinos. Cuando la Comisión Dzerzhinski78 condena al paredón, se dice que eso está bien; pero si un
tribunal declara públicamente ante la faz de todo el pueblo que fulano es un
contrarrevolucionario y merece ser fusilado, eso está mal. Los que han llegado
a tal hipocresía son cadáveres políticos. (Aplausos.)
Un revolucionario que no quiere ser hipócrita no puede oponerse a la pena de
muerte, no. Jamás hubo una revolución o un período de guerra civil sin
fusilamientos.
![]()
78 Se refiere a la Comisión Extraordinaria
de toda Rusia (Cheka), adjunta al Consejo de Comisarios del Pueblo y presidida
por Félix Dzerzhinski.
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
Nuestro suministro de
comestibles se encuentra en un estado casi catastrófico. Hemos llegado al
período más grave de nuestra revolución. Estamos ante el período más difícil,
jamás hubo otro peor en la Rusia obrera y campesina: es el periodo que nos
queda hasta la cosecha. A mí, que soy persona avezada en discrepancias en el
seno del partido y en polémicas sobre la revolución, no me extraña que en un
período tan difícil como éste aumente el número de los que sufren accesos de
histeria y gritan: abandonaré los Soviets. Se apela a los decretos que suprimen
la pena de muerte. Malo es el revolucionario que en el momento de lucha
enconada se detiene ante la inmutabilidad de la ley. En períodos de transición,
las leyes tienen una validez temporal. Y si una ley impide el desarrollo de la
revolución, se deroga o se enmienda. Camaradas, cuanto más nos azota el hambre,
tanto más clara se ve la necesidad de combatir esta terrible calamidad con
medidas igual de terribles.
El socialismo, repito, ha dejado de ser un dogma, lo mismo que,
tal vez, haya dejado de ser un programa. Nuestro partido aún no ha redactado un
programa nuevo, y el viejo ya no sirve para nada. (Aplausos.) Distribuir el pan con acierto y equidad: eso es lo que
constituye hoy la base del socialismo. (Aplausos.)
La guerra nos ha dejado en herencia el desbarajuste económico; los esfuerzos de
Kerenski, de los terratenientes y los kulaks, cuya consigna es “después de
nosotros, el diluvio”, han colocado al país en la situación de decir: cuanto
peor van las cosas, tanto mejor. La guerra nos ha dejado tales calamidades que
ahora percibimos que la esencia misma de todo el régimen socialista está en el
problema del pan, y debemos abordar este problema y encontrarle solución
práctica. En este terreno nos preguntamos: ¿Cómo obrar respecto al trigo?
¿Seguir como antes, como se hacía en el capitalismo, cuando los campesinos,
aprovechando la ocasión, ganaban miles de rublos en la venta de los cereales,
atribuyéndose al paso la denominación de campesinos trabajadores e incluso, a
veces, de eseristas de izquierda? (Aplausos,
Rumores.) Son del parecer de que si
el pueblo pasa hambre, los precios de los cereales subirán; si el hambre llega
a las ciudades, ellos se llenarán los bolsillos; y si el hambre se acentúa, las
ganancias de ellos serán mayores aún. Camaradas, de sobra sé que no es de
fulano o mengano la culpa de que se piense así. Ha sido toda la vieja y
repugnante herencia de la sociedad terrateniente y capitalista la que ha
enseñado a la gente a argumentar, pensar y vivir de esa manera; y rehacer la
vida de decenas de millones de personas es muy difícil; eso requiere una labor
larga y pertinaz, y nosotros acabamos de comenzarla. Jamás se nos pasó siquiera
por las mentes culpar a esos individuos que, atormentados por el hambre y sin
ver la ventaja de la organización de un sistema socialista de distribución del
pan, se lanzan por su cuenta y riesgo a conseguirlo, liándose la manta a la
cabeza. No se puede echar la culpa a esta gente. Pero afirmamos que cuando se
trata de representantes de los partidos, cuando se trata de militantes de un
partido determinado, cuando se trata de grandes agrupamientos del pueblo, les
exigimos que afronten el problema, desde el punto de vista de la edificación de
la nueva sociedad y no desde el punto de vista del individuo dolido,
atormentado, hambriento, a quien nadie se atrevería a levantar la mano.
Repito: jamás se logrará
construir el socialismo, reinando en torno la calma y la tranquilidad; el
socialismo no se logrará construir sin chocar con la furiosa resistencia de los
terratenientes y los capitalistas. Cuanto peor es la situación, tanto más contentos
se frotan ellos las manos, tanto mayores deseos tienen de rebelarse; cuanto más
difícil es la situación y cuanto más saboteadores hay entre nosotros, tanto más
gustosos se entremeten en historias como la sublevación del cuerpo de ejército
checoslovaco y la campaña de Krasnov. Y nosotros afirmamos que eso debe
superarse, mas no a la manera antigua, por difícil que sea tirar del carro
cuesta arriba, y no dejarlo rodar cuesta abajo. Sabemos perfectamente que no ha
transcurrido una semana, ni si quiera un solo día, sin que en el Consejo de
Comisarios del Pueblo no nos hayamos ocupado del problema del suministro de
comestibles, sin que no hayamos emitido miles de propuestas, disposiciones y
decretos, y sin que no nos hayamos
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
planteado cómo combatir el
hambre. Se dice que no hay necesidad de precios especiales de tasa ni de
monopolio del trigo. Hay que dar libertad de comercio. Los ricos se
enriquecerán más aún, y si los pobres se mueren de hambre, no le hace, pues
siempre ha sido así.
122
Pero un socialista no puede
razonar así; en estos momentos, en lo más empinado de la cuesta, cuando hemos
de tirar del carro por las escarpas mayores, el socialismo ha dejado de ser una
cuestión de discrepancias entre los partidos para convertirse en un problema de
la vida: ¿podremos aguantar firmes en la lucha contra los kulaks, si nos
aliamos a los campesinos que no especulan con los cereales?, ¿podremos aguantar
firmes ahora, cuando hay que luchar, cuando nos espera un trabajo de lo más
arduo? Se ha hablado de los comités de campesinos pobres 79. Quienes hayan padecido el suplicio del
hambre verán claro que para vencer y aplastar sin piedad a los kulaks se
requieren medidas drásticas e implacables. Cuando comenzamos a organizar los
comités de campesinos pobres, sabíamos perfectamente cuán severa y drástica era
esta medida, porque sólo la alianza de las ciudades con los campesinos pobres y
con quienes no especulan con los excedentes de cereales que poseen, con quienes
están decididos a superar las dificultades y conseguir que los excedentes de
cereales pasen al Estado y se distribuyan entre los trabajadores es el único
recurso de esta lucha. No es en programas ni discursos donde se desplegará esta
lucha; en esta lucha contra el hambre se pondrá de manifiesto quién va derecho
al socialismo, pese a todas las pruebas, y quién se deja llevar por las
añagazas y embelecos de los kulaks.
Y si en el partido eserista
de izquierda hay quienes dicen, como la oradora que me ha precedido, una de las
personas más sinceras y, por tanto, de las más volubles y propensas a cambiar
de opinión, que no pueden trabajar con los bolcheviques y que se marchan, no lo
sentiremos ni un instante. Los socialistas que se marchan en un momento como
éste, cuando mueren de hambre cientos y miles de personas, mientras otras
tienen grandes excedentes de cereales que no vendieron hasta agosto del año
pasado, cuando se doblaron los precios de tasa para los cereales, contra lo
cual protestaron todos los demócratas; quienes saben que el pueblo sufre
tormentos inauditos por el hambre y no quieren vender el trigo al precio que
los campesinos medios, ¡son enemigos del pueblo, malogran la revolución y
apoyan la violencia, son amigos de los capitalistas! ¡Hagámosles la guerra, una
guerra sin cuartel! (Aplausos de toda la
sala; aplaude también una parte considerable de los eseristas de izquierda.)
Se equivoca mil veces, yerra mil veces quien habla, aunque sea un momento, por boca de ganso y dice que ésta es una
batalla contra el campesinado, como lo han hecho a veces algunos eseristas de
izquierda imprudentes o irreflexivos. No, esta lucha va contra una minoría
insignificante de kulaks rurales; esta lucha se sostiene por salvar el
socialismo y distribuir de manera adecuada el pan en Rusia. (Voces “¿Y los tejidos?”) Lucharemos en
alianza con la inmensa mayoría del campesinado. En esta batalla venceremos, y
entonces todos los obreros europeos verán en la práctica lo que significa el
socialismo.
En esta lucha nos ayudarán
todos los que, aun sin poseer quizás un conocimiento científico de lo que es el
socialismo, han trabajado toda la vida y saben lo mucho que cuesta ganar el
pan. Esta gente nos comprenderá y estará con nosotros. En estos momentos de
extrema calamidad nacional, en que todas las conquistas de la revolución se
juegan a una carta, en que los Skoropadski de todos los matices y de todos los
confines ocupados o no del país,
![]()
79 Los
comités de campesinos pobres: se
crearon en las aldeas en la primavera y en el verano de 1918. Los campesinos
pobres se unieron para apoyar al Poder soviético y combatir a los campesinos
ricos, que organizaban acciones contrarrevolucionarias e intentaban malograr el
abastecimiento de pan de las ciudades hambrientas. Según el decreto del CEC de
toda Rusia del 11 de junio de 1918, a los comités de campesinos pobres se les
planteaban las tareas de llevar la cuenta de las reservas de comestibles en las
haciendas campesinas, ayudar a los organismos soviéticos a sacar los excedentes
de trigo de las haciendas de los campesinos ricos y enviarlos a las ciudades y
las zonas obreras, abastecer de comestibles a los campesinos pobres, etc. Los
comités de campesinos pobres fueron puntales del Poder soviético en el campo.
Existieron hasta el invierno de 1918, cuando se unieron con los Soviets rurales
y subdistritales de diputados campesinos.
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
estiran el pescuezo en
acecho del instante propicio para derribar con el hambre el poder obrero y
campesino y restablecer a los terratenientes, nuestro primer deber socialista
es declarar una guerra sin cuartel a los kulaks que tienen excedentes de cereales
y son capaces de ocultarlos. Quien se lava las manos y repite los cuentos de la
burguesía en estos momentos de gravísimas dificultades para el pueblo
hambriento y pruebas ingentes para la revolución socialista, es un mal
socialista.
¡Miente mil veces quien
afirma que ésta es una lucha contra el campesinado! He leído centenares de
veces esta afirmación en las páginas de los periódicos democonstitucionalistas
y no me extraña oír gritar que los obreros se han apartado del campesinado. No
me extraña ver cuando escriben histéricamente: “Campesinos, abrid los ojos,
pensadlo bien y abandonad a los bolcheviques”. Cuando oigo y leo tales cosas,
no me extraño. Allí están en su sitio. Allí sirven al amo que deben, ¡pero no
quisiera yo verme en el pellejo del socialista que ha caído tan bajo que habla
de esa manera! (Clamorosos aplausos.)
Camaradas, conocemos de sobra las increíbles dificultades que se requiere
vencer para garantizar el suministro de víveres. Aquí los prejuicios son de lo
más profundos. Aquí los intereses están de lo más arraigados, son los intereses
de los kulaks; aquí reinan la división, el estancamiento, la dispersión, la
ignorancia de la población rural; en muchos casos todos se agrupan contra
nosotros; pero respondemos que, pese a todas estas dificultades, no podemos
retroceder, con el hambre no se bromea, y si las masas populares no reciben
ayuda cuando padecen el hambre es capaz de lanzarlas incluso en brazos de un
Skoropadski. ¡Miente quien afirma que esta lucha va contra el campesinado!
Quien afirme esto es el mayor criminal, y a quienes, en raptos de histeria,
llegan a pronunciar palabras como ésas, les cae la mayor de las desgracias. No,
no sólo no luchamos contra los campesinos pobres, sino que ni tan siquiera lo
hacemos contra el campesino medio. Los campesinos medios tienen ínfimos
excedentes de cereales por toda Rusia. Los campesinos medios han vivido
decenios, antes de la revolución, en peores condiciones que los obreros. Antes
de la revolución sólo conocían privaciones y opresión. Nuestra política con los
campesinos medios es la del acuerdo.
123
La revolución socialista lleva la igualdad a todas las masas
trabajadoras; sería injusto que todo obrero de la ciudad recibiera más que el
campesino medio que no explota trabajo asalariado ni especula; el campesino
sufre mayores privaciones y opresión que el obrero y vive peor aún que él. No
tiene organizaciones, ni sindicatos que se ocupen de mejorar su situación.
Hasta en los sindicatos obreros tenemos que organizar decenas de reuniones para
nivelar los salarios de los diferentes oficios. Y ni aun así lo podemos lograr.
Todo obrero sensato sabe que para llegar a ello se necesita mucho tiempo.
¿Acaso son pocas las quejas que recibe el Comisariado de Trabajo? Puede verse
que cada gremio se solivianta: ¡no queremos vivir como antes, no queremos vivir
como esclavos! Queremos curar las heridas que recibió nuestro pobre país,
nuestro país indigente. Tenemos que elevar de alguna manera la economía,
arruinada casi por completo. Sólo podemos hacerlo con organización. Y para
organizar al campesinado, promulgamos el decreto sobre los comités de
campesinos pobres. Únicamente los enemigos del socialismo pueden oponerse a
este decreto. Dijimos que estimábamos justo bajar los precios de los tejidos.
Estamos registrando y nacionalizándolo absolutamente todo. (Aplausos.) Y esto nos permitirá regular
la distribución de los artículos industriales.
Hemos dicho que se reduzcan
los precios de los tejidos a la mitad para los campesinos pobres y en un 25 por
cien para los campesinos medios. Tal vez esta proporción no sea la justa. No
pretendemos haber dado la solución acertada del problema. No afirmamos eso.
Vamos a resolverlo juntos para no equivocarnos. (Aplausos.) Y es un problema que no se resuelve si nos quedamos
sentados en las poltronas de la administración central o nos limitamos a
combatir la especulación y atrapar a los truhanes que hacen a escondidas sus
negocios.
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
Sólo después de que el
Comisariado de Abastecimiento, de común acuerdo con el de Agricultura, haya
nacionalizado todas las mercancías y fijado los precios, nos habremos
aproximado realmente al socialismo. Sólo se acercan al socialismo los
trabajadores de las ciudades y los pobres del campo, todos los que trabajan y
no se apropian de lo ajeno, los que no explotan el trabajo de otros ni por
contrata de mano de obra ni por especulación —pues quien cobra cien rublos y
aún más por un pud de cereal no es menos especulador que quien contrata a
obreros asalariados; tal vez sea un especulador peor aún o más contumaz-.
Después de medio año de gobierno soviético, difícil hasta el extremo, hemos
llegado a tener organizados a los campesinos pobres: ¡lástima no haberlo logrado
en media semana, y ésa es nuestra culpa! Si se nos reprochara que el decreto
para organizar a los pobres del campo y que la dictadura del suministro de
comestibles han llegado con medio año de retraso, aceptaríamos gustosos el
reproche. Decimos que únicamente ahora, cuando hemos emprendido este camino, el
socialismo ha dejado de ser tan sólo una frase para transformarse en una obra
viva. Es posible que el decreto sea desacertado, y los precios erróneos. Pero
¿en qué podíamos basarnos para determinarlos? Sólo en vuestra experiencia.
¡Cuántas veces hemos rehecho las tarifas de los ferroviarios, y eso que ellos
tienen su sindicato, mientras que los campesinos pobres no tienen ninguno!
Comprobemos juntos, pues, si son atinados los precios para los campesinos
pobres que dispone el decreto, si es justo que estos se rebajen a la mitad para
los campesinos pobres, en el 25% para los campesinos medios y queden completos,
sin merma, para los campesinos ricos. ¿Están en lo cierto estas proporciones o
no?
Si hemos de dar una batalla,
lo haremos con decretos valientes y sin vacilar un instante. Será una verdadera
batalla por el socialismo, no por un dogma, un programa, el Partido o una
minoría de éste, sino por el socialismo vivo, por la distribución del pan entre
centenares de miles y millones de hambrientos de las zonas de vanguardia de
Rusia, para que, cuando hay cereal, éste sea recogido y mejor distribuido.
Repito: no nos cabe la menor duda de que cuando el noventa y nueve por ciento
de los campesinos conozcan la verdad, cuando les llegue el decreto, lo
comprueben y lo apliquen, cuando nos digan cómo enmendarlo, y nosotros lo
enmendemos y corrijamos las proporciones, cuando emprendan esta labor y se
hagan una idea de las dificultades con que van a tropezar en la práctica, se
pondrán de nuestro lado y nos dirán que expresamos el sano instinto de todo
trabajador, que así y sólo así se resuelvo el problema verdadero, el problema
básico y vital del socialismo. Fijaremos los precios de tasa adecuados para las
mercancías, estableceremos el monopolio del trigo, de los tejidos y de todos
los demás artículos, y entonces el pueblo dirá: sí, el socialismo nos ofrece
una distribución del trabajo, del pan y los otros productos mejor que antes. Y
esto es lo que el pueblo empieza ya a decir. Junto al sinfín de dificultades,
junto a la multitud de errores, junto a los casos, que no encubrimos lo más
mínimo, sino que sacamos a la luz del día y ponemos en la picota, junto a los
casos en que nuestros propios destacamentos incurren en la especulación y caen
en ese resbaladizo camino que lleva al precipicio de las costumbres y hábitos
capitalistas —casos de éstos hay en todas partes— y nosotros sabemos que no es
posible rehacer de golpe y porrazo a la gente, que es imposible infundir de
pronto confianza en el socialismo a decenas de millones de personas (¿de dónde
puede sacar esa gente la confianza? ¿de su cabeza? No, de su propia
experiencia), junto a todo eso comienza a decirse que el pan puede conseguirse
sin recurrir a la especulación, y que la salvación del hambre está sólo en la
alianza de los obreros de la ciudad, de los obreros de las fábricas y talleres
con los campesinos pobres, ya que los pobres del campo son los únicos que no
especulan con el trigo. Por cierto, cuando el campesino medio vea nuestros
decretos, cuando los haya leído y comparado con la palabrería y las calumnias
de los eseristas de derecha y de los defensores de los kulaks, dirá que estamos
procediendo con justicia al establecer una tarifa para los campesinos pobres,
otra para los medios, y confiscar los cereales a los kulaks. Quizás no diga que
procedemos como socialistas, pues tal vez ni conozca esa palabra; pero él es
nuestro
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
más fiel aliado, pues no
especula con los cereales. Comprenderá y convendrá en que especular con los
cereales en momentos de gravísimo peligro para la revolución socialista es el
mayor de los crímenes contra al pueblo.
124
El pan no puede ser
distribuido por decreto. Pero cuando, después de un largo y tenaz esfuerzo para
formar y mejorar la alianza de los obreros fabriles de la ciudad con los
campesinos pobres, con los campesinos trabajadores que no participan en la
especulación ni contratan obreros asalariados, cuando logremos que esto marche
en la práctica, no habrá alarido histérico contra nuestro partido que pueda
romper esta alianza. (Aplausos.)
Cuando prometimos al
campesinado la socialización de la tierra80 con
ello hicimos una concesión, pues sabíamos que la nacionalización no podía
realizarse de golpe. Sabemos que quizás haya sido un error incluir vuestra
socialización de la tierra en nuestra ley del 26 de octubre. Fue una concesión
a los eseristas de izquierda, quienes dijeron que renunciaban a participar en
el gobierno y se quedarían en él únicamente si se promulgaba esa ley
Spiridónova se equivoca mil veces cuando aduce hechos sueltos y dice que vino a
verme, que se humilló y me suplicó. Camaradas, muchos de vosotros habéis venido
a verme y sabéis que eso es imposible, que yo nunca podría tratar así a una
camarada. Malo debe de ser el partido cuyos mejores representantes se humillan
hasta el extremo de difundir patrañas. (Rumores).
Tengo en mi poder una carta de la camarada Spiridónova, pues se ha dirigido a
mí a menudo por escrito. Mañana mismo encontraré esa carta y la daré a conocer.
En ella me escribía: “¿Por qué no quiere usted dar dos millones para la comuna
agrícola?”. Y esto, el mismo día en que el Comisario del Pueblo de Agricultura,
Seredá, cuya labor ella no entiende, presentó una propuesta de asignar diez
millones para las comunas agrícolas81. (Prolongados aplausos.) Eso se lo habéis
oído decir a la camarada Spiridónova en su discurso; pero malo debe ser el
partido en el que hasta la gente más sincera cae tan bajo que cuenta cuentos
con fines de propaganda. Repito: ¡Qué malo debe ser el partido cuyos mejores y
más sinceros representantes llegan al extremo de difundir cuentos semejantes
sobre el Poder soviético! ¡Tanto peor para ellos! Cualquier campesino que
visite el Comisariado de Agricultura se enterará de que se han asignado diez
millones de rublos para las comunas agrícolas, lo verá y creerá más lo que ve
con sus propios ojos y oye con sus propios oídos que lo que digan otros;
comprenderá que esa gente ha caído tan bajo que cuenta cuentos y dará la
espalda a ese partido. (Aplausos.)
Para terminar, diré una sola cosa. Hasta la nueva cosecha, hasta que sus frutos
sean transportados a las regiones hambrientas de Petrogrado y Moscú, nos espera
un período penoso de revolución rusa. Sólo la alianza más estrecha de los
obreros de las
![]()
80 Los
socialistas-revolucionarios denominaban socialización
de la tierra la aplicación del "usufructo laboral igualitario",
según el que la tierra, que pasaba a ser propiedad del pueblo, se entregaba en
usufructo a las haciendas campesinas que la cultivaban con su trabajo,
repartiéndose periódicamente ésta según una norma de trabajo (por el número de
familiares aptos para el mismo) o de consumo (por el número de bocas). La
"socialización de la tierra" era la consigna programática de los
socialistas-revolucionarios. Los bolcheviques estaban en contra de esta
consigna, pues creían que la aplicación del "usufructo laboral
igualitario" en modo alguno significaba la aplicación del socialismo en el
campo, como afirmaban los eseristas, sino que, por el contrario, llevaría al
desarrollo acelerado del capitalismo en la agricultura. Mas, como el Mandato campesino acerca de la tierra,
basado en 242 mandatos campesinos locales y sometido a la aprobación del II
Congreso de los Soviets de toda Rusia, contenía la reivindicación del usufructo
laboral igualitario, los bolcheviques accedieron a incluido en el Decreto de la
tierra y en la Ley de socialización de la tierra, aprobada el 18 (31) de mero
de 1918. "Como gobierno democrático no podemos dar de lado la decisión de
las masas populares, aunque no estemos de acuerdo con ella. Los propios
campesinos verán dónde está la verdad en el fragor de la vida, al llevarla a
aplicarla en la práctica, al ponerla en vigor en cada lugar". En la Ley de
socialización de la tierra se incluyó un apartado que expresaba el punto de
vista de los bolcheviques en cuanto al paso de la agricultura a la vía del
desarrollo socialista, el cual versaba que el Poder soviético debía contribuir
a crear haciendas colectivas en el campo
81 El Estado soviético ayudó desde los
primeros días de su existencia, tanto con aperos como con dinero, a los arteles
y comunas agrícolas que se fundaban a iniciativa de los campesinos. Por decreto
del 2 de noviembre de 1918, a fin de mejorar y desarrollar la agricultura y
reestructurada según los principios socialistas se formó un fondo de mil
millones para ayudar a las cooperativas agrícolas y a las comunas
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
ciudades con los campesinos
pobres y las masas trabajadoras del campo que no especulan con los cereales es
lo único que puede salvar a la revolución.
El congreso nos muestra que,
pese a todo, la unión de todos los trabajadores se vigoriza, crece y se
extiende, no sólo en Rusia, sino en el mundo entero.
Lo que en el extranjero se
conoce de nuestra revolución es tan poco que da risa y miedo a la vez.
Allí impera la censura
militar, que no deja pasar nada. Eso es lo que nos cuentan los camaradas que
han venido del extranjero. Mas, no obstante, los obreros europeos, aunque sólo
sea por instinto, están al lado del gobierno bolchevique. Se multiplican más y
más las voces que de muestran que la simpatía por la revolución socialista en
Europa se acentúa en los países donde aún prosigue la guerra imperialista. El
gobierno bolchevique recibe de socialistas alemanes y de otras personas, cuyos
nombres son conocidos por todo obrero y campesino consciente, como Clara Zetkin
y Franz Mehring, expresiones de reconocimiento, simpatía y apoyo. En Italia, el
viejo secretario del partido, Lazzari, que en Zimmerwald desconfiaba de los
bolcheviques, ha sido encarcelado por habernos expresado su simpatía.
Cada vez se comprende mejor
la revolución. En Francia, los camaradas y obreros que en la Conferencia de
Zimmerwald mostraron su gran desconfianza de los bolcheviques, ahora acaban de
publicar en nombre del Comité de Relaciones Internacionales82 un llamamiento en el que se pronuncian calurosamente en pro de
apoyar al gobierno bolchevique y en contra de las acciones aventureras de
cualquier partido.
Así pues, camaradas, por
duro y difícil que sea el período que hemos de atravesar, tenemos la obligación
de decir toda la verdad y mostrar esto con toda claridad, pues sólo el pueblo,
con su iniciativa y su organización, presentando nuevas y nuevas condiciones y
defendiendo la república socialista, puede ayudarnos. Y nosotros decimos:
Camaradas, no cabe la menor duda de que si seguimos el camino que hemos elegido
y que los acontecimientos han confirmado, si seguimos avanzando firme e
invariablemente por ese camino, no permitimos que las frases, las ilusiones,
los engaños y el histerismo nos desvíen del buen camino, tenemos las mayores
probabilidades de sostenemos y de ayudar con tesón al triunfo del socialismo en
Rusia y, de este modo, coadyuvar al triunfo de la revolución socialista
mundial. (Clamorosos y prolongados
Aplausos que se transforman en ovación.)
125
2. Discurso
de resumen del informe del consejo de comisarios del pueblo, 5 de julio.
Todas las objeciones de la
oposición a mi informe comienzan por el problema del Tratado de Brest.
Semejante planteamiento del problema podría calificarse de práctico si llevara
a resultados prácticos. Pero ninguno de sus discursos sobre ello ha tenido ni
puede tener resultados. (Aplausos.)
Si el partido eserista de
izquierda hubiese logrado la mayoría, no habría alborotado tanto como alborota
ahora en torno a este problema. Debemos hablar de las conquistas reales de la
República Soviética en el camino al socialismo, y podemos afirmar —cosa que
ningún orador ha negado— que en este aspecto se han logrado grandes éxitos
durante el tiempo transcurrido desde el congreso anterior. Los representantes
de la oposición tampoco han rebatido que quienes están por la ruptura del
Tratado de Brest obran en pro del
![]()
82 El Comité de Relaciones Internacionales
lo formaron los internacionalistas franceses en enero de 1916. Fue la primera
tentativa de crear en Francia una organización revolucionaria internacionalista
en contraposición a las organizaciones socialchovinistas. En 1920, se incluyó
en el Partido Comunista de Francia
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
restablecimiento del poder
de los terratenientes y los capitalistas, y su fuerza estriba en el apoyo del
imperialismo anglo-francés. Cuando dije que el cuerpo de ejército checoslovaco,
a cambio de unos diez o quince millones, ahoga también por esta ruptura, nadie
lo refutó. ¿Puede alguien negar que los checoslovacos que se encubren con la
consigna de Asamblea Constituyente persiguen el fin de arrastrarnos a la
guerra?
Los eseristas de izquierda
han dicho que es imposible un ejército en breve plazo, pero todo depende del
tiempo que nos lleve resolver el problema del combustible, de cómo organicemos
a los campesinos y de los resultados de la próxima cosecha.
En cuanto a vuestras
exhortaciones a formar destacamentos de guerrilleros para batir al ejército
regular imperialista, hacen reír a cualquier soldado.
Cuando nos obligan a volver
al problema de la paz de Brest, decimos: “¡Esta paz se infringirá si vosotros
derrocáis el Poder soviético; pero eso no ocurrirá!” (Aplausos.) Sólo así, rompiendo la paz de Brest, podríais arrastrar
a las masas trabajadoras a la guerra, para alegría de los terratenientes, de
los capitalistas y de los guardias blancos, sobornados con los millones del
imperialismo anglo-francés. La ruptura de la paz de Brest se apoyaría de hecho
en las fuerzas hostiles a las clases trabajadoras. Ninguna discrepancia sobre
la paz de Brest puede ser conceptuada de práctica. Se trata solamente del
histerismo de los eseristas de izquierda.
Cuando se habló aquí de que
los bolcheviques hacen concesiones y que no han dicho nada de valor práctico en
sus informes, recordé las palabras pronunciadas por un eserista, maximalista
según creo, de que en el Consejo Superior de Economía Nacional se está pasando
del control a la administración de la producción. ¿Acaso no es eso una
declaración de valor práctico? ¿Qué hacen, pues, los obreros que han comenzado
con sus propias fuerzas, mediante los sindicatos, a aprender de sus patronos a
administrar las empresas? Decís que no cuesta nada aprender a administrar; sin
embargo, en el Consejo Superior de Economía Nacional tenemos que resolver todos
los días miles de conflictos e incidentes que testimonian lo mucho que han
aprendido los obreros, y eso nos lleva a la conclusión de que los obreros han
comenzado a aprender, con lentitud y equivocaciones, por cierto; pero una cosa
es pronunciar frases bonitas y otra distinta observar mes tras mes cómo el
obrero se va compenetrando poco a poco con su función, cómo va perdiendo la
timidez y comienza a sentirse gobernante. Con tino o desacierto, realiza su
labor lo mismo que el campesino la suya en la comuna agrícola. El tiempo
demuestra que el obrero ha tenido que aprender a dirigir la industria, y todo
lo demás son palabras hueras que no valen nada. Si después de medio año de
Poder soviético hemos empezado a ver que el control se ha quedado anticuado,
eso es ya un paso gigantesco adelante.
Aquí se ha voceado que no
nos movemos del sitio y que incluso retrocedemos. Nada de eso. Podréis
convencer de ello a un kulak, pero no a un simple obrero; el obrero entiende
cuando decimos: enviadnos a gente mejor de la que nos habéis enviado, obligadle
a aprender mejor de lo que tú aprendes. Por eso quisiera que los que aquí
gritan sobre las concesiones preguntaran a cualquier obrero y campesino qué
prefieren ellos: ¿pagar la deuda que los alemanes nos han impuesto, abriendo
concesiones para ellos, o reanudar la guerra? Cuando firmamos el Tratado de Paz
de Brest, dijimos de los imperialistas que mientras ellos no fueran derrotados
por una revolución socialista internacional, nosotros no tendríamos otro modo
de defendernos que retrocediendo. Es desagradable, pero es un hecho —y vale más
decírselo así al pueblo—, mientras no formemos nuestro ejército; un ejército
puede formarse en pocos años, y no en decenios, a condición de que logremos
organizar una distribución adecuada de los cereales, reunir una reserva de
éstos y almacenarlos para el ejército. ¿En qué provincia, en qué distrito han
hecho los eseristas de izquierda algo semejante? ¡No han hecho nada de eso!
Mientras eso no se haga, declaramos que todos sus gritos no son más que
palabras de
V Congreso de toda Rusia de los soviets de Diputados obreros,
campesinos, soldados y combatientes del ejército rojo
lo más hueras; y cuando
caminamos hacia la administración obrera, damos un paso adelante. Aquí se han
citado, desfiguradas, palabras mías. Yo he dicho que malo debe ser un partido
cuya gente más sincera cae tan bajo que pronuncia palabras como ésas.
126
Hemos asignado mil millones
a nuestro Comisariado de Abastecimiento, ¿no es acaso eso un paso adelante?
Mucho es lo que todavía queda por organizar, y si vosotros queréis, podéis
hacerlo. Aunque no sé con quién. Supongo que no será con los funcionarios de
antes. Entre nosotros van aprendiendo a hacerlo los obreros y los campesinos de
los Soviets (Aplausos), y por eso la
compra de partidas de tejidos y las asignaciones dan su resultado. En el
Consejo de Comisarios del Pueblo hemos estudiado centenares de veces el
problema de quién debe ocuparse de la compra de los tejidos, como ejercer el
control y cómo acelerar la venta lo más posible. Sabemos que hemos ido ideando
de semana en semana las medidas para combatir la especulación y reprimir a los
especuladores, y que, cada mes que pasa, los obreros están fuertes en esta
esfera. Nadie puede negar este éxito nuestro. No permanecemos sin movernos del
sitio, sino que avanzamos. El 28 de junio llevamos a cabo la nacionalización
que tal vez abarque varios centenares de millones; sin embargo, seguís haciendo
objeciones y repitiendo las palabras de los intelectuales burgueses. El
socialismo es un trabajo que no puede realizarse en unos cuantos meses. No
estamos sin movernos del sitio, sino que seguimos avanzando hacia el
socialismo, y después del Tratado de Brest nos hemos acercado más a él. Los
obreros tienen la experiencia que han sacado de una serie de errores, tienen
conciencia de su responsabilidad y de las dificultades de la lucha; los
campesinos tienen experiencia de socializar la tierra, y no cabe duda de que
los campesinos más listos y avezados se dicen: en la primavera pasada tomamos
toda la tierra; en el otoño emprenderemos toda la obra, la obra de distribuir
la tierra. No se olvide que vendemos a los campesinos los tejidos al 50 por
ciento más barato, es decir, a la mitad de su precio, ¿quién otro daría al
campesinado pobre los tejidos a ese precio? Marcharemos hacia el socialismo por
el camino de impedir que los cereales, los tejidos y los aperos de labranza caigan
en manos de los especuladores, entregándoselos primero y ante todo a los
campesinos pobres. Esto es socialismo. (Aplausos.)
Después de medio año de revolución socialista, quienes tienen una manera de
pensar libresca no comprenden nada. Hemos llegado a la etapa de dar pasos
concretos para la distribución del pan y para el intercambio de los tejidos por
pan de manera que se favorezcan los campesinos pobres, y no los especuladores
ricos. No somos una república burguesa, pues para eso no harían falta los Soviets.
Es preciso que la distribución de cereales y tejidos beneficie a los campesinos
pobres, cosa que ninguna república del mundo ha intentado hacer, pero que
nosotros estamos intentando. (Aplausos.)
Estamos empeñados en una obra noble, hemos adquirido experiencia y hacemos todo
lo posible para que los campesinos pobres se organicen. Los casos de robo y
truhanería van desapareciendo casi, y por cada uno de esos casos hay decenas de
otros en que los campesinos pobres y medios dicen; ¡es necesario que nos libremos
de los kulaks y los terratenientes! Desde que firmamos la paz de Brest hemos
dado pasos gigantescos en cuanto a la capacitación de los campesinos, y ellos
no son ya novatos en la lucha por el socialismo.
Publicado íntegro en 1918 en el libro “Quinto Congreso de los
Soviets de toda Rusia. Actas taquigráficas”. Ed. del CEC de toda Rusia.
T. 36, págs. 491-517.
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
127
DISCURSO PRONUNCIADO EN LA REUNIÓN
CONJUNTA DEL COMITÉ EJECUTIVO CENTRAL DE TODA RUSIA, DEL SOVIET DE MOSCÚ, DE
LOS COMITÉS FABRILES Y DE LOS SINDICATOS DE MOSCÚ.
29 de julio de 1918.
(Aplausos que se transforman en ovación.) Camaradas: Hemos tenido
que señalar varias veces en la prensa del partido, en las instituciones
soviéticas y en la propaganda para las masas que el período precedente a la
nueva cosecha es el más difícil, duro y crítico para la revolución socialista comenzada
en Rusia. Creo que ahora debemos decir que esa situación crítica ha alcanzado
su punto culminante. Eso ha ocurrido porque hoy los partidarios del mundo
imperialista, de los países imperialistas, por una parte, y los partidarios de
la República Socialista Soviética, por otra, se han definido plena y
terminantemente. Ante todo hay que decir que, en el aspecto militar, es ahora
cuando la situación de la República Soviética se ha precisado definitivamente.
Muchos creían al principio de la sublevación del cuerpo de ejército
checoslovaco que ésta era uno de tantos motines contrarrevolucionarios.
Subestimamos un tanto las noticias de la prensa acerca do la participación del
capital anglo-francés, de los imperialistas anglo— franceses, en dicha
sublevación. Ahora debemos recordar cómo sucedieron las cosas en Múrniansk,
entre las tropas de Siberia, y en el Kubán; debemos recordar que los
anglo-franceses, aliados al cuerpo de ejército checoslovaco y con la
participación más directa de la burguesía inglesa, trataron de derrocar los
Soviets83. Todos estos hechos muestran ahora que
el movimiento checoslovaco fue uno de los eslabones forjados hace tiempo para
estrangular a la Rusia Soviética, mediante la política aplicada constantemente
por los imperialistas anglo-franceses para arrastrar de nuevo a Rusia al ruedo
de las guerras imperialistas. Ahora esta crisis debe ser superada por las
vastas masas de la Rusia Soviética, ya que hoy se nos presenta como lucha por
salvar a la República Socialista Soviética no sólo del cuerpo de ejército
checoslovaco, como atentado de la contrarrevolución, no sólo de los atentados
contrarrevolucionarios en general, sino como lucha contra el embate de todo el
mundo imperialista.
Quisiera recordar primero
que hace ya tiempo se logró dejar sentado que el imperialismo anglo-francés
participa de modo directo e inmediato en la sublevación de los checoslovacos;
mencionaré el artículo que se publicó el 28 de junio en el Órgano Central del
Partido Comunista de Checoslovaquia Prúkopnílc
Svobody y fue reproducido en nuestra prensa.
“El 7 de marzo, la Filial del Consejo
Nacional recibió la primera aportación del cónsul francés: tres millones de
rublos.
“Ese dinero fue entregado a cierto Sr. Sip, empleado de la
Filial del Consejo Nacional.
![]()
83
Los
imperialistas de la Entente rompieron en 1918 las hostilidades contra el País
Soviético al lado de la contrarrevolución de Rusia. Al mismo tiempo que el
cuerpo de ejército checoslovaco comenzó su acción organizada por los Estados de
la Entente, desembarcaron en Múrmansk y Arjánguelsk, al norte de Rusia, tropas
inglesas y norteamericanas. El 5 de abril de 1918, el Japón hizo un desembarco
en Vladivostok, adonde, en agosto, llegaron tropas de los EE.UU. al mando del
general Grevs. El objeto de la ocupación del Extremo Oriente se expuso con
sinceridad en la disposición del Consejo Supremo de la Entente del 2 de julio
de 1918. "Los aliados -se decía en esta disposición- deben aprovechar la
posibilidad e implantar su control en Siberia, ya que en el futuro esa
posibilidad puede no presentarse". En el verano de 1918, las tropas
británicas intentaron apoderarse de Bakú, y los barcos de guerra franceses
entraron en el mar Negro e hicieron un desembarco en Odesa
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
“El 9 de marzo, a ese mismo
Sr. Sip hizo entrega de otros dos millones; el 25 del mismo mes, el Sr. Sip
recibió un millón, y 26 de marzo, el vicepresidente del Consejo Nacional, Sr.
Bohumil Cermak, obtuvo un millón más; otro millón se entregó al Sr. Sip el 3 de
abril.
“En total, el cónsul francés
desembolsé a la Filial del Consejo Nacional, entre el 7 de marzo y el 4 de abr
ocho millones de rublos.
Sin registrar fecha, se
entregó: al Sr. Sip, un millón; al Sr. Bohu mil Cermak, un millón, y de nuevo
al Sr. Sip, otro millón.
“Además se entregaron a una
persona no especificada 188.000 rublos. Total: 3.188.000 rublos que, añadidos a
los ocho millones antes mencionados, suman la cantidad de 11.188.000 rublos
abonados por el Gobierno francés a la Filial del Consejo Nacional.
“La Filial recibió del
cónsul inglés 80.000 libras esterlinas. Así pues, desde el 7 de marzo hasta el
día del levantamiento, los jefes del Consejo Nacional checo recibieron de los
gobiernos francés e inglés unos quince millones, precio por el que se vendió el
ejército checoslovaco a los imperialistas franceses e ingleses”.
Claro que la mayoría de
vosotros leeríais entonces esta noticia en los periódicos; claro que no dudamos
nunca do que los imperialistas y los financieros ingleses y franceses harían
cuanto pudieran y aun lo imposible para derrocar el Poder soviético, para
crearle dificultades de todo género. Pero entonces todavía no se había
desenvuelto todo el curso de los acontecimientos, que muestran que nos hallamos
ante una cruzada contrarrevolucionaria militar y financiera, hostil a la
República Soviética, cruzada regular, incesante, concebida por lo visto hace
mucho y gestada durante meses y meses por todos los representantes del
imperialismo anglo-francés.
128
Ahora, cuando tomamos los acontecimientos en conjunto,
contraponemos el movimiento contrarrevolucionario checoslovaco al desembarco
hecho en Múrmansk; sabemos que los ingleses han desembarcado allí más de 10.000
soldados y que, so pretexto de defender a Múrmansk, lo que han hecho es
avanzar, han ocupado Kem y Soroki, han rebasado este último punto hacia el Este
y han empezado a fusilar a nuestros activistas de los Soviets; leemos en los
periódicos que muchos miles de ferroviarios y otros obreros del Extremo Norte
huyen de esos salvadores y liberadores, es decir, hablando en plata, de esos
nuevos verdugos imperialistas que desgarran a Rusia por el extremo opuesto; sí,
cuando comparamos todos estos hechos vemos clara la conexión general de los
acontecimientos. Por otra parte, en los últimos tiempos se han llegado a
conocer nuevos hechos que confirman el carácter de la ofensiva anglo-francesa
contra Rusia.
Se comprende que la propia
geografía determine que las formas de esta ofensiva del imperialismo contra
Rusia no puedan ser las mismas que en Alemania. No tienen con Rusia frontera
común, como Alemania; tampoco tienen tantas tropas. El carácter eminentemente
colonial y naval de la fuerza militar de Inglaterra hace ya mucho —decenios y
decenios— que obliga a los ingleses a proceder en sus campañas de rapiña de
modo distinto, tratando, principalmente, de cortar al país al que atacan de sus
fuentes de abastecimiento; los obliga a preferir el método de estrangulación,
so pretexto de ayuda, al método de la violencia armada directa, inmediata,
brutal. Noticias llegadas en los últimos tiempos descubren que Alexéiev, viejo
conocido de los soldados y obreros rusos, que ha ocupado hace poco el poblado
cosaco de Tijoréts kaya, contaba, sin duda alguna, con la ayuda del
imperialismo anglo-francés. Allí la sublevación ha tomado formas más
determinadas, y ello se debe también, evidentemente, a que media la mano del
imperialismo anglo-francés.
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
Por último, ayer se
recibieron noticias de que el imperialismo anglo-francés ha logrado hacer una
jugada muy espectacular en Bakú. Ha conseguido la mayoría —unos 30 votos— en el
Soviet de esta ciudad contra nuestro partido, contra los bolcheviques y los eseristas
de izquierda — desgraciadamente muy pocos—, que no han seguido el ejemplo de la
vil aventura y de la baja traición de los eseristas de izquierda de Moscú84 y se han mantenido aliado del Poder soviético contra el
imperialismo y la guerra. Sí, contra ese núcleo, fiel al Poder soviético, que
era hasta la fecha mayoría en el Soviet de Bakú, el imperialismo anglo-francés
ha obtenido esta vez una ventaja de 30 votos debido a que se ha pasado a su
bando, contra nosotros, una gran parte del Dashnaktsutiún85, el partido de los armenios semisocialistas. (Da lectura al telegrama siguiente.)
"Por orden del
Comisario del Pueblo Korgánov, el destacamento de Adzhikabul se replegó el 26
de julio de Adzhikabul a posiciones próximas a Aliat. Después del repliegue del
destacamento de Shemajá de este punto y de Maraza, el enemigo desplegó una ofensiva
por el valle del Pirsagat. En las cercanías de la aldea de Kubalá tuvo el
primer choque con la vanguardia.
"Al mismo tiempo, por
la parte del Kurá, desde el Sur, un numeroso destacamento de caballería avanzó
en dirección a la estación de Pirsagat. En tal situación, para mantener la
estación de Adzhikabul, se habría tenido que desplegar todas las fuerzas disponibles
en tres direcciones: al oeste de Adzhikabul y al norte y al sur del valle de
Navagui-Pirsagat. Un frente tan extenso nos hubiera privado de reservas y, dada
la falta de caballería, nos hubiera privado de la posibilidad de asestar un
golpe al enemigo e incluso hubiera puesto en difícil situación a la agrupación
de Adzhikabul en caso de rotura del frente por el Norte o por el Sur. Debido a
esa situación, y también con el fin de conservar las fuerzas de las tropas, se
dio la orden de que el destacamento de Adzhikabul se replegase a posiciones
próximas a Aliat. El repliegue se ha efectuado en pleno orden. Se han volado
los objetivos importantes del ferrocarril y de la estación de Adzhikabul, así
como las cisternas de queroseno y petróleo. Debido a la ofensiva general, el
enemigo se muestra activo en el Daguestán. El 24 de julio atacó en grandes
masas en cuatro direcciones. Después de veinticuatro horas de combate, ocupamos
las trincheras del enemigo, que se dispersó por el bosque. La noche hizo
imposible la persecución. El 24 de julio nos comunicaron de Shurá que había
habido combates favorables para nosotros. El teatro de operaciones militares
son los suburbios. El enemigo se bate con tesón, organizado y al mando de ex
oficiales daguestanos. Los campesinos de Daguestán participan activamente en
los combates de las inmediaciones de Shurá.
"En Bakú, los partidos
derechistas se han levantado y han desplegado una enérgica agitación en pro de
que se llame a los ingleses. Apoyan con energía la agitación los mandos del
ejército y la propagan a las unidades del frente. La propaganda anglófila ha
desorganizado el ejército. En los últimos tiempos, la orientación pro inglesa
ha tenido gran éxito entre las masas, desesperadas y abatidas por los
sufrimientos.
"Bajo la influencia de
la falsa y provocadora actividad de los partidos derechistas, la Flotilla del
Caspio ha adoptado varias resoluciones contradictorias sobre los ingleses.
Engañada por los mercenarios de los ingleses y los agentes voluntarios, creía
ciegamente hasta el último tiempo en la sinceridad del apoyo inglés.
129
"Las últimas noticias
dan a conocer el avance de los ingleses en Persia y la toma de Resht (Guilán).
En Resht, los ingleses se batieron cuatro días contra Kuchuk-Khan y contra las
bandas germano-turcas unidas a él, encabezadas por los musavatistas evadidos de
Bakú.
![]()
84 Se refiere a la sublevación contrarrevolucionaria de los
eseristas de izquierda en julio de 1918. Véase la nota 19
85 Dashnaktsutiún: partido nacionalista armenio que se
fundó en los años noventa del siglo pasado; se proponía liberar a los armenios
turcos del yugo del sultán. Después de la Revolución Socialista de Octubre, el
Dashnaktsutiún participó en la lucha de la contrarrevolución transcaucásica
contra el Poder soviético
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
Después de los combates de
Resht, los ingleses nos pidieron ayuda, pero nuestros representantes en Persia
se la negaron. Los ingleses han vencido en Resht. Pero en Persia apenas si
tienen fuerzas. Se ha puesto en claro que en Enzeli disponen en total de 50
hombres. Necesitan gasolina y nos ofrecen automóviles a cambio de ella. Sin
gasolina no pueden avanzar.
"El 25 de julio se
celebró una segunda reunión del Soviet de diputados para tratar de la situación
política y militar, y los partidos de la derecha plantearon el problema de los
ingleses. El camarada Shaumián, Comisario Extraordinario del Cáucaso, declaró,
basándose en la resolución del V Congreso de los Soviets y en el telegrama de
Stalin en nombre del Consejo Central de Comisarios del Pueblo, que es
inadmisible invitar a los ingleses y exigió que se retirase la propuesta de
discutir si llamarlos o no. Por una mayoría insignificante fue rechazada la
exigencia del camarada Shaumián, quien, como representante del poder central,
presentó acto seguido una protesta categórica. Se escuchó el informe de los
delegados que habían visitado el frente. Por una mayoría de 259 votos de los
eseristas de derecha, los dashnakes de derecha y los mencheviques contra 236 de
los bolcheviques, los eseristas de izquierda y los dashnakes de izquierda se
aprobó la resolución de invitar a los ingleses y formal un gobierno de todos los
partidos soviéticos que reconocían el poder del Consejo de Comisarios del
Pueblo. La resolución fue condenada duramente por el sector de izquierda.
Shaumián declaró que consideraba que la resolución adoptada era una traición
infame y una negra ingratitud a los obreros y campesinos de Rusia y que, como
representante del poder central, recusaba toda responsabilidad por la
resolución adoptada. En nombre de las minorías de los bolcheviques, los
eseristas de izquierda y los dashnakes de izquierda se declaró no formar parte
del gobierno de coalición y presentar la dimisión del Consejo de Comisarios del
Pueblo. El camarada Shaumián declaró en nombre de las tres minorías de
izquierda que un poder que invitaba a los imperialistas ingleses rompía de
hecho con el Poder soviético de Rusia y no contaría con ningún apoyo de la
Rusia Soviética. Al invitar a los ingleses, el Soviet de diputados local había
perdido, con su política de traición, el apoyo de Rusia y de los partidos
adictos al Poder soviético.
“La decisión del Consejo de
Comisarios del Pueblo de presentar la dimisión ha sumido a los partidos
derechistas en el mayor desconcierto. Al llegar las noticias de la situación
creada, la moral ha cambiado mucho en los distritos y en el frente. Los marinos
han comprendido que han sido de hecho engañados por traidores que quieren
romper con Rusia y destruir el Poder soviético. Cambia la actitud de las masas
con los ingleses. Ayer, debido a la dimisión del Consejo de Comisarios del
Pueblo, se celebró una reunión extraordinaria del Comité Ejecutivo. Se acordó
que los Comisarios del Pueblo siguieran en sus puestos y desplegaran la labor
que venían realizando hasta que se resolviera la cuestión del poder en la
reunión del Soviet del 31 de julio. El Comité Ejecutivo ha acordado tomar
medidas urgentes para combatir la contrarrevolución, que sazona. Los enemigos
despliegan su labor escudados en los partidos anglo-franceses. Oficina de
Prensa del Consejo de Comisarios del Pueblo de Bakú".
Como podéis ver
continuamente en nuestras minorías, que, aun llamándose socialistas, jamás han
roto sus lazos con la burguesía, también allí se han pronunciado por invitar a
las tropas inglesas para defender a Bakú86.
Sabemos de sobra lo que significa invitar a las tropas imperialistas para
defender la República Soviética. Sabemos lo que ha sido esa invitación hecha
por la burguesía, parte de los eseristas y de los mencheviques. Sabemos lo que
ha sido esa invitación hecha por los jefes de los mencheviques de Tiflís, en
Georgia.
130
![]()
86 En julio de 1918, los mencheviques, los
dashnakes y los eseristas que entraban en el Soviet de Bakú dispusieron, so
pretexto de defender a Bakú de las tropas turcas, llamar a las tropas inglesas
"en ayuda". El resultado de esta traición fue la caída del Poder
soviético en Bakú, y los veintiséis comisarios bolcheviques de esta capital
fueron atrozmente asesinados por los intervencionistas ingleses.
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
Ahora podemos decir que el
único partido que no ha invitado a los imperialistas ni ha concertado con ellos
una alianza rapaz, que únicamente se ha replegado ante ellos cuando los
verdugos avanzaban, ha sido el partido de los bolcheviques comunistas. (Aplausos.) Sabemos que en el Cáucaso la
situación de nuestros camaradas comunistas ha sido particularmente difícil
porque los han traicionado a cada paso los mencheviques, concertando alianzas
directas con los imperialistas germanos so pretexto, claro está, de defender la
independencia de Georgia.
Todos sabéis muy bien que
esa independencia de Georgia se ha convertido en puro engaño: en realidad, es
la ocupación y la absoluta dominación de Georgia por los imperialistas
germanos, la alianza de las bayonetas alemanas y del gobierno menchevique contra
los obreros y campesinos bolcheviques, y por ello tienen mil veces razón
nuestros camaradas de Bakú, que, sin menospreciar el peligro de la situación,
se han dicho: jamás estaríamos contra la paz con una potencia imperialista,
cediéndole parte de nuestro territorio, si ello no nos asestara un golpe, si no
aliara a nuestras tropas con las bayonetas de los verdugos y no nos privara de
la posibilidad de continuar nuestra obra de transformación socialista.
Ahora bien, si la cuestión
está planteada de modo que, al invitar a los ingleses para que
"defiendan" a Bakú, se invita a una potencia que se ha tragado ahora
a toda Persia y hace tiempo que prepara sus fuerzas armadas para ocupar el sur
del Cáucaso, es decir, si se trata de entregarse al imperialismo anglo—
francés, en ese caso no podemos dudar un instante de que, por difícil que sea
su situación, nuestros camaradas de Bakú, al negarse a concertar esa paz, han
dado el único paso digno de socialistas de verdad, y no de palabra. La negativa
resuelta a todo acuerdo con los imperialistas anglo-franceses es el único paso
atinado que podían dar los camaradas de Bakú, ya que no se puede invitar a
aquéllos sin convertir el poder socialista independiente, aunque sea en un
territorio separado del resto del país, en esclavo de la guerra imperialista.
Por ello no tenemos ninguna
duda de lo que significa en el curso general de los acontecimientos lo ocurrido
en Bakú. Ayer se recibió la noticia de que en parte de las ciudades de Asia
Central ha estallado una sublevación contrarrevolucionaria con participación
manifiesta de los ingleses, que se han hecho fuertes en la India y, después de
haber sometido por completo al Afganistán, hace mucho que han creado un punto
de apoyo tanto para ampliar sus dominios coloniales, para estrangular las
naciones, como para atacar a la Rusia Soviética. Y ahora, cuando vemos claro
todos esos eslabones, se ha definido plenamente la actual situación militar y
estratégica general de nuestra República. Múrmansk en el Norte, el frente
checoslovaco en el Este, Turquestán, Bakú y Astracán en el Sudeste. Como vemos,
están engarzados casi todos los eslabones de la cadena forjada por el
imperialismo anglo-francés.
Ahora vemos perfectamente
que los terratenientes, los capitalistas y los kulaks, que, claro está, odian
todos, por causas para ellos bastante lógicas, el Poder soviético, también han
obrado hoy aquí en formas muy poco distintas de las que tuvo la actuación de
los terratenientes, los capitalistas y los kulaks en Ucrania y otros lugares
cortados de Rusia. Como lacayos del imperialismo anglo-francés, se mostraron
dispuestos a hacer, costara lo que costase, todo lo posible contra el Poder
soviético. No podían hacerlo con fuerzas de la propia Rusia y resolvieron
actuar con los procedimientos de lucha más enérgicos, con operaciones
militares, y no con palabras, no con llamamientos al estilo de los lanzados por
los Mártov. Es sobre esta circunstancia sobre la que hay que llamar
principalmente vuestra atención, en la que debemos centrar toda nuestra
agitación, toda la propaganda y, de acuerdo con ello, desplazar el centro de
gravedad de toda la labor de nuestros Soviets.
El hecho fundamental es ése,
que ahora están en juego fuerzas imperialistas de otra coalición, no de la
germana, sino de la anglo-francesa, coalición que ha ocupado parte del
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
territorio y se basa en él.
Si hasta el momento la situación geográfica le impedía agredir directamente a
Rusia, ahora, dando un rodeo, el imperialismo anglo-francés, que lleva ya
cuatro años anegando en sangre el mundo por asegurarse la dominación en él, ha
llegado a las puertas de Rusia para estrangular a la República Soviética y
llevar el país a la guerra imperialista. Sabéis perfectamente, camaradas, que
desde el comienzo de la Revolución de Octubre nos planteamos como principal
objetivo poner fin a la guerra imperialista; pero jamás nos hemos hecho la
ilusión de que con las fuerzas del proletariado y de las masas revolucionarias
de un solo país —por más heroicas que sean, por más grandes que sean su
organización y disciplina—, de que con las fuerzas del proletariado de un solo
país, se pueda derrocar el imperialismo internacional: eso únicamente puede
hacerse con el esfuerzo conjunto de los proletarios de todos los países.
Pero hemos logrado que se
rompan en un país todos los lazos con los capitalistas del mundo entero.
No hay ningún hilo que
vincule al gobierno de nuestro país con ningún imperialista, y jamás lo habrá,
sea cual fuere el camino que siga nuestra revolución. Hemos logrado que el
movimiento revolucionario contra el imperialismo diese en los ocho meses de existencia
de nuestro poder un enorme paso adelante y que en Alemania, uno de los
principales centros del imperialismo, las cosas llegaran en enero de 1918 a
choques armados y a la represión sangrienta de ese movimiento 87. Hemos impulsado nuestra obra revolucionaria
como en ningún otro país lo hubiera podido hacer ningún gobierno revolucionario
a escala internacional, a escala mundial, pero sin forjarnos la ilusión de que
eso pueda lograrse con las fuerzas de un solo país. Sabíamos que nuestros
esfuerzos llevan inevitablemente a la revolución mundial y que con los
esfuerzos de los gobiernos imperialistas no se puede poner fin a la guerra
empezada por ellos. Con la guerra únicamente pueden acabar los esfuerzos de
todo el proletariado, y nuestra tarea, al subir al poder como Partido Comunista
proletario, cuando en los otros países ha quedado en pie la dominación
burguesa, capitalista, nuestra tarea inmediata era, lo repito, mantener ese
poder, esa antorcha del socialismo para que continuara echando todas las chispas
posibles al creciente incendio de la revolución socialista.
131
Esta tarea era en todas las partes de extraordinaria dificultad,
y nosotros la cumplimos gracias a que el proletariado defendía precisamente las
conquistas de la república socialista. Esa tarea condujo a una situación dura y
crítica en particular, ya que la revolución socialista, en el sentido directo
de la palabra, aún no ha empezado en ningún país, aunque los países como Italia
y Austria se hallan incomparablemente más cerca de ella. Pero, como aún no ha
empezado, asistimos a un nuevo éxito del imperialismo anglo-francés y, por
ende, mundial. Si en Occidente el imperialismo alemán continúa alzándose como
una fuerza imperialista militar de rapiña, al noreste y al sur de Rusia el
imperialismo anglo-francés ha obtenido la posibilidad de hacerse fuerte y nos
hace ver con toda evidencia que esa fuerza está dispuesta a arrastrar de nuevo
a Rusia a la guerra imperialista, dispuesta a aplastar a Rusia. Estado
socialista independiente, que continúa su labor y su propaganda socialistas en
proporciones hasta ahora nunca vistas en el mundo. El imperialismo
anglo-francés ha logrado un gran éxito contra esto y, tras de cercarnos, ha
orientado todos sus esfuerzos a aplastar a la Rusia Soviética. Sabemos
perfectamente que ese éxito del imperialismo anglo-francés se halla indisolublemente
vinculado a la lucha de las clases.
Siempre hemos dicho, y las
revoluciones lo confirman, que cuando corren peligro los cimientos del poder
económico, del poder de los explotadores, su propiedad, que pone a su
![]()
87 A comienzos de 1918 hubo grandiosas
huelgas de obreros en Berlín y otras ciudades de Alemania. Los obreros exigían
la conclusión más rápida de la paz sin anexiones ni contribuciones, la mejora
del abastecimiento de víveres y la puesta en libertad de los presos políticos.
En una serie de ciudades se eligieron Soviets obreros. El Gobierno del káiser
aplastó a mano armada las acciones de los obreros
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
disposición el trabajo de
decenas de millones de obreros y campesinos y da a los terratenientes y
capitalistas la posibilidad de lucrarse, cuando corre peligro, repito, la
propiedad privada de los capitalistas y los terratenientes, éstos olvidan todas
sus frases de amor a la patria y a la independencia. Sabemos perfectamente que
los democonstitucionalistas, los eseristas de derecha y los mencheviques han
batido la marca en cuanto a alianzas con las potencias imperialistas, la firma
de tratados onerosos y la venta de la patria al imperialismo anglo- francés.
Ucrania y Tiflis son un ejemplo. La alianza de los mencheviques y los eseristas
de derecha con el cuerpo de ejército checoslovaco es bastante elocuente a este
respecto. Y la sublevación de los eseristas de izquierda, que han querido
arrastrar a la República de Rusia a la guerra en provecho de los guardias
blancos de Yaroslavl88, muestra con bastante claridad que,
cuando se trata de los beneficios de su clase, la burguesía vende la patria y
trapichea con cualesquiera extranjeros en contra de su pueblo. La historia de
la revolución rusa nos ha evidenciado una y otra vez esa verdad después de
habernos enseñado la historia de la revolución en el transcurso de más de un
siglo que ésa es la ley de los intereses de clase, de la política de clase de
la burguesía en todos los tiempos y en todos los países. Por ello no tiene nada
de extraño que las agravaciones, hoy observadas, de la situación internacional
de la República Soviética estén relacionadas con la agudización de la lucha de
las clases en el interior del país.
Hemos repetido muchas veces,
en lo que se refiere a la agravación de la crisis de subsistencias en el
período precedente a la nueva cosecha es el más duro en este sentido. Sobre
Rusia se ha abatido el azote del hambre, agravada de modo inaudito, ya que el
plan de las fieras imperialistas consiste precisamente en aislar a Rusia de
todas las zonas trigueras. En este aspecto, sus intenciones son bien lógicas y
consisten en hallar una base social de clase precisamente en las regiones
trigueras periféricas, en hallar zonas con predominio de kulaks, de campesinos
ricos que han hecho su agosto con la guerra y viven del trabajo ajeno, del
trabajo de los pobres. Sabéis que esos elementos han acumulado decenas y
centenares de miles de rublos y que poseen enormes reservas de cereales. Sabéis
que esa gente que se ha lucrado con la escasez del pueblo, esa gente que
hallaba mayor base para robar y lucrarse cuanto más horrenda era el hambre del
pueblo en la capital, que esos kulaks constituyen el puntal principal y más serio
del movimiento contrarrevolucionario de Rusia. En este terreno la lucha entre
las clases ha llegado hasta el extremo. No ha quedado ni una sola aldea donde
no se haya desplegado la lucha de clase de los pobres del campo y parte de los
campesinos medios sin excedentes de grano —se lo han comido hace tiempo— y que
no han participado en la especulación, de esta inmensa mayoría de los
trabajadores contra un puñado insignificante de kulaks; esa lucha entre las
clases ha penetrado en cada aldea.
Cuando determinamos nuestros
planes políticos y publicamos nuestros decretos —que, como es natural, conocéis
la inmensa mayoría de los aquí presentes-; cuando, repito escribimos y
aplicamos los decretos relativos a la organización de los pobres del campo89, vimos claramente que nos acercábamos al problema decisivo y
cardinal de toda la revolución, al problema del poder, al problema de si
sostendrá el proletariado el poder en sus manos, de si atraerá a todos los
pobres del campo, con los que no tiene divergencia alguna, de si sabrá atraerse
a los campesinos, de los que no le separa ninguna discrepancia, y agrupar a
toda
![]()
88 El 6 de julio de 1918 comenzó en
Yaroslavl, simultáneamente al levantamiento de los eseristas de izquierda en
Moscú, una sublevación contrarrevolucionaria organizada con medios de los
imperialistas anglo-franceses. Los organizadores de la sublevación, que fueron
los guardias blancos, los eseristas y los mencheviques, reprimieron
salvajemente a los dirigentes del Poder soviético en Yaroslavl y se apoderaron
de Correos, Telégrafos y otras instituciones. Los obreros de las fábricas de
Yaroslavl y las unidades del Ejército Rojo dieron la batalla a los sublevados.
Acudieron en su ayuda destacamentos de obreros armados de Petrogrado, Moscú,
Ivánovo-Voznesensk, Kostromá y otras ciudades. El 21 de julio de 1918 fue
aplastada la sublevación contrarrevolucionaria
89 Lenin se refiere al decreto "Sobre
la organización de los campesinos pobres y el suministro de trigo, artículos de
primera necesidad y aperos agrícolas para los mismos", aprobado por el CEC
de toda Rusia el 11 de junio de 1918. Véase la nota 79.
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
esta masa, dispersa,
desunida, diseminada por las aldeas — en este aspecto está por debajo del
obrero urbano—, de si los unirá contra el otro campo, el campo de los
terratenientes, los imperialistas y los kulaks.
Y he ahí a los pobres del
campo que han empezado a agruparse con extraordinaria rapidez ante nuestros
ojos. Se dice que la revolución enseña. La lucha de las clases enseña de hecho,
en la práctica, que toda falsedad en las posiciones de un partido lleva a éste
inmediatamente al lugar que se merece. Hemos visto palmariamente la política
del partido de los eseristas de izquierda, que, en virtud de su falta de médula
y de cabeza, vacilaron en el momento en que la crisis de subsistencias se
planteó con tanta agudeza, y el partido eserista de izquierda desapareció como
tal, convirtiéndose en un peón en manos de los guardias blancos de Yaroslavl. (Aplausos.)
132
Camaradas, este enconamiento
de la lucha de las clases relacionado con la crisis de subsistencias,
precisamente cuando se ha podido averiguar que la nueva cosecha es abundante,
pero que no se podrá recoger, y cuando los kulaks y los elementos de la burguesía,
que dicen, haciendo los esfuerzos más desesperados: ahora o nunca, y empujan a
los habitantes hambrientos de Petrogrado y Moscú, es lo que permite comprender
la oleada de sublevaciones que se extiende por Rusia. Se ha producido el
levantamiento de Yaroslavl. Y vemos la influencia de los anglo-franceses; vemos
los planes de los terratenientes y la burguesía contrarrevolucionarios. Allí
donde se plantease el problema de los cereales, ellos impedían la aplicación
del monopolio del trigo, y sin él no puede haber socialismo. Precisamente en
esto debía agruparse la burguesía, en esto la burguesía tiene un puntal más
hondo que el mujik del campo. El combate decisivo entre las fuerzas del
socialismo y la sociedad burguesa se reñirá en todo caso, de tal o cual modo,
hoy o mañana, por esta o la otra razón. Vacilaciones de todo tipo pueden tener
sólo los socialistas entre comillas, como nuestros eseristas de izquierda, por
ejemplo. Cuando en esta cuestión, en este problema cardinal, hay vacilaciones
entre los socialistas, quiere decir que son socialistas entre comillas y que no
valen un comino. La revolución hace que tales socialistas se conviertan de
hecho en simples peones con los que juegan los generales franceses, peones cuyo
papel lo ha evidenciado el ex Comité Central del ex partido eserista de
izquierda.
Camaradas, de este esfuerzo
mancomunado del imperialismo anglo-francés y la burguesía rusa
contrarrevolucionaria ha resultado que ahora nos encontramos con la guerra
civil que se nos echa encima por donde no todos la esperaban ni la concebían
claramente, y esa guerra civil se ha fundido con la guerra exterior en un todo
indisoluble.
La sublevación de los
kulaks, el motín del cuerpo de ejército checoslovaco y el movimiento de
Múrmansk son episodios de una misma guerra que avanza sobre Rusia. Hemos salido
de la guerra por nuestra parte, sufriendo enormes daños; al concertar una paz
increíblemente dura, sabíamos que era onerosa, pero decíamos que podríamos
continuar nuestra propaganda y nuestra construcción y que con ello minaríamos
el mundo imperialista. Eso supimos hacerlo. Alemania negocia hoy cuántos miles
de millones sacar a Rusia por el Tratado de Paz de Brest, pero ha reconocido
todas las nacionalizaciones que nosotros realizamos en virtud del decreto del
28 de junio. No ha planteado la cuestión de la propiedad privada de la tierra
en la República. Esto hay que subrayarlo en contraposición a las inauditas
falsedades que difundían Spiridónova y otros líderes eseristas de izquierda
como ella, falsedades que han beneficiado a los terratenientes y son repetidas
ahora por los elementos de las centurias negras90 más ignorantes y atrasados. Esas falsedades deben ser refutadas
y desenmascaradas.
![]()
90 Centurias
negras: así se
denominaban las bandas monárquicas que organizaba la policía zarista para
combatir el movimiento revolucionario. Los componentes de estas bandas
asesinaban a los revolucionarios, atacaban a la intelectualidad progresista y
organizaban pogromos hebreos
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
En efecto, nosotros, pese a
lo dura que nos es la paz, hemos conquistado la libre construcción socialista
en el interior y hemos dado en este terreno pasos que ahora empieza a conocer
Europa Occidental y que son elementos de propaganda inconmensurablemente más
poderosos que antes.
Ahora bien, las cosas se han
puesto de manera que, al salir de la guerra por nuestra parte contra una
coalición, ahora sufrimos el embate del imperialismo por su parte. El
imperialismo es un fenómeno universal, es la lucha por el reparto de todo el
mundo, de toda la tierra, y por el sometimiento a uno u otro puñado de fieras.
Ahora se lanza sobre nosotros otro grupo de fieras, el grupo anglo-francés, y
nos dice: os arrastraremos de nuevo a la guerra. Su guerra y la guerra civil se
funden en un todo único, y ésa es la verdadera causa de las dificultades del
momento presente, en el que de nuevo entra en escena la cuestión de la guerra,
de los acontecimientos bélicos, como cuestión principal, cardinal, de la
revolución. y en ello reside toda la dificultad, pues el pueblo está cansado de
la guerra, atormentado como nunca por la guerra. Este estado de extremo agobio
y sufrimiento del pueblo ruso a causa de la guerra puede compararse con el del
hombre al que han apaleado hasta dejarlo más muerto que vivo y del que no se
puede exigir que dé pruebas de energía ni de capacidad de trabajo. Del mismo
modo, es natural que la guerra de casi cuatro años que se abatió sobre el país,
al que saquearon, torturaron y mancillaron el zarismo, la autocracia, la
burguesía y Kerenski, despertara por muchas razones la repulsión en el pueblo
ruso y sea la causa principal de las enormes dificultades que pasamos.
Por otra parte, el giro que
han tomado los acontecimientos lo ha reducido todo a una determinada guerra. De
nuevo hemos ido a parar a la guerra, nos encontramos en guerra, y esta guerra
no sólo es civil, contra los kulaks, terratenientes y capitalistas, que ahora
se han unido contra nosotros; en el presente tenemos ya enfrente al
imperialismo anglo-francés; éste todavía no está en condiciones de lanzar sus
hordas sobre Rusia, se lo impiden las condiciones geográficas; pero todo lo que
puede, todos sus millones, relaciones diplomáticas y energías los dedica a
ayudar a nuestros enemigos.
Nos hallamos en estado de
guerra, y de esta guerra podemos salir vencedores; pero tenemos que luchar
contra uno de los enemigos más difíciles de vencer: hay que combatir el
cansancio producido por la guerra, el odio y la aversión a la guerra; debemos
superar ese estado de ánimo, pues, de lo contrario, no podremos resolver un
problema que no depende de nuestra voluntad: el problema de la guerra. Nuestro
país de nuevo está en guerra, y el desenlace de la revolución depende ahora por
entero de quién venza en esta guerra, cuyo principal vehículo es el cuerpo de
ejército checoslovaco, pero de hecho sus dirigentes, promotores e impulsores
son los imperialistas anglo-franceses. Todo el problema de la existencia de la
República Socialista Federativa Soviética de Rusia, todo el problema de la
revolución socialista en Rusia ha quedado reducido al de la guerra. En ello
reside el origen de la enorme dificultad, dado el estado de ánimo con que el
pueblo ha salido de la guerra imperialista. Para nosotros está bien clara nuestra
tarea. Toda mentira sería un perjuicio enorme; consideramos un crimen ocultar a
los obreros y campesinos esta dura verdad. Todo lo contrario: que cada uno la
conozca con la mayor claridad y detalle.
133
Sí, conocemos ejemplos en
los que nuestras tropas mostraron una debilidad criminal, por ejemplo, cuando
el cuerpo de ejército checoslovaco tomó Simbirsk y los nuestros retrocedieron;
sabemos que las tropas están cansadas de la guerra, que sienten aversión por
ella, pero también es natural e inevitable que mientras el imperialismo no haya
sido derrotado a escala mundial, intente arrastrar a Rusia a la guerra
imperialista, se esfuerce por hacer de ella un matadero. Querámoslo o no, el
problema está planteado así: nos hallamos en guerra, y la suerte de la
revolución la decidirá el desenlace de esa guerra. Esta debe ser la primera y
la última palabra de nuestra agitación, de toda nuestra actividad política,
revolucionaria y transformadora. Hemos hecho mucho en muy poco tiempo, pero
tenemos
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
que llevarlo todo hasta sus
últimas consecuencias. Toda nuestra actividad debe subordinarse por completo al
problema del que ahora dependen la suerte de la revolución y su desenlace, la
suerte de la revolución rusa e internacional. Naturalmente, el imperialismo de
todo el mundo no saldrá de la presente guerra sin una serie de revoluciones;
esta guerra no terminará sino con la victoria final del socialismo. Pero
nuestra tarea es hoy día apoyar, defender y conservar esta fuerza del
socialismo, esta antorcha socialista, este manantial de socialismo cuya
poderosa acción abarca el mundo entero; dado el actual giro de los
acontecimientos, esa tarea es una tarea militar.
Hemos pasado varias veces
por tal situación, y muchos decían que por cara que nos hubiese costado la paz,
por muchos sacrificios que se nos exigiera, por mucho que se esforzara el
enemigo por arrancarnos nuevos y nuevos pedazos de territorio, Rusia, pese a
todo, continuaba gozando de la paz y podía consolidar sus conquistas
socialistas. Por este camino hemos ido incluso más lejos de lo que muchos de
nosotros nos imaginábamos. Nuestro control obrero por ejemplo, ha ido mucho más
allá de las formas que tomara al principio, y hoy nos hallamos ante los
umbrales de la transformación socialista de la administración del Estado. Hemos
progresado mucho en nuestro trabajo práctico. En el país, los obreros
administran ya toda la producción, pero las circunstancias nos han impedido
proseguir en paz este trabajo; de nuevo se nos ha llevado al estado de guerra,
y debemos poner en tensión todas nuestras fuerzas y llamar a todos a las armas.
Sería una vergüenza si entre los comunistas viésemos vacilaciones a este
respecto.
Las vacilaciones entre los
campesinos no nos extrañan. La masa campesina no ha pasado por una escuela de
vida como la del proletariado, que está acostumbrado durante decenios a ver en
el capitalista a su enemigo de clase y que ha sabido agrupar sus fuerzas para
la lucha contra él. Sabemos que los campesinos no han pasado por tal
universidad. Durante un tiempo marcharon con el proletariado, y ahora se asiste
a un período de vacilaciones entre ellos, en el que la masa campesina se
escinde. Conocemos infinidad de casos en los que los kulaks venden a los
campesinos grano a precios inferiores a los de tasa para aparentar que
defienden sus intereses. Nada de eso nos extraña; pero el obrero comunista no
vacilará, la masa obrera es firme como una roca, y si la masa campesina
comparte el estado de ánimo del kulak, eso se explica fácilmente. Allí donde no
hay bolcheviques y mandan las autoridades del cuerpo de ejército checoslovaco,
hemos observado el siguiente fenómeno: al principio se recibe a los
checoslovacos casi como a liberadores suyos; pero al cabo de unas semanas de
dominio de esta burguesía se advierte un viraje inmenso contra los
checoslovacos y a favor del Poder soviético, pues los campesinos empiezan a
comprender que todas las frases acerca de la libertad de comercio y la Asamblea
Constituyente91 significan una sola cosa: el poder de
los terratenientes y los capitalistas.
Nuestra tarea consiste en
cerrar todavía más las filas proletarias y organizar las cosas de manera que en
las próximas semanas todo se dedique ya a resolver el problema de la guerra.
Ahora combatimos contra el imperialismo anglo-francés y contra todo lo que hay
de burgués, de capitalista en Rusia, contra lo que se esfuerza por frustrar la
causa de la revolución socialista y arrastrarnos a la guerra. La cuestión se
plantea de manera que se ponen en juego todas las conquistas de los obreros y
los campesinos. Debemos estar seguros de que encontraremos en el proletariado
amplia simpatía y apoyo, de que el peligro será plenamente rechazado y de que
nuevas filas del proletariado se alzarán en defensa de su clase para salvar la
revolución socialista. La cuestión se plantea hoy de manera que la lucha se
desarrolla por dos puntos principales, y todas las diferencias esenciales entre
los partidos se han atenuado en el fuego de la revolución. El eserista de
izquierda que recalca con insistencia que es de izquierda y se encubre con
frases revolucionarias, sublevándose de hecho contra el Poder soviético, es
también un mercenario de los guardias blancos de
![]()
91 Véase la nota 61
Discurso pronunciado en la reunión conjunta del Comité Ejecutivo
Central de Toda Rusia, del soviet de Moscú, de los comités fabriles y de los
sindicatos de Moscú
Yaroslavl. ¡Eso es ante la
historia y la lucha revolucionaria! Hoy se enfrentan en la palestra tan sólo
dos clases: se despliega la lucha de clase del proletariado, defensor de los
intereses de los trabajadores, contra quienes defienden los intereses de los
terratenientes y los capitalistas. Todas las frases en torno a la Asamblea
Constituyente, el Estado independiente, etc., con que se trata de engañar a las
masas inconscientes, han sido desenmascaradas por la experiencia del movimiento
del cuerpo de ejército checoslovaco y por la del movimiento de los mencheviques
caucasianos. Tras todas esas frases se hallan las mismas fuerzas: los
terratenientes y los capitalistas; y la sublevación del cuerpo de ejército
checoslovaco va seguida, lo mismo que la ocupación alemana, del poder de
aquéllos. ¡Por esa se hace la guerra!
134
Camaradas. Los proletarios deben cerrar todavía más sus filas y
ofrecer en esta lucha un ejemplo de organización y disciplina. Rusia continúa
siendo el único país que ha roto todo lazo con los imperialistas. Verdad es que
nos desangramos por nuestras graves heridas. Nos hemos replegado ante la fiera
imperialista para ganar tiempo, asestándole, ya aquí ya allá, golpes parciales,
pero hemos seguido siendo independientes como República Soviética Socialista.
Al realizar nuestra labor socialista, hemos ido contra el imperialismo del
mundo entero, y esta lucha es cada día más comprensible para los obreros del
globo, y su indignación, en aumento, acerca cada vez más la futura revolución.
Precisamente por eso se lucha, porque nuestra República es el único país del
mundo que no ha marchado codo con codo al lado del imperialismo, que no ha
dejado que se matase a millones de hombres en aras de la dominación francesa o
alemana en el mundo. Nuestra República es el único país que ha salido por vía
violenta y revolucionaria de la guerra imperialista mundial, que ha enarbolado
la bandera de la revolución socialista, pero la arrastran de nuevo a la guerra
imperialista, quieren llevada de nuevo al frente. Que los checoslovacos
combatan contra los alemanes, que la burguesía rusa elija, que Miliukov decida,
quizás hasta de acuerdo con Spiridónova y Kamkov, con qué imperialistas quieren
ir. Pero nosotros declaramos que, para impedir que decidan esta cuestión,
debemos estar prestos a entregar la vida, ya que se trata de salvar toda la
revolución socialista. (Aplausos. )
Sé que entre los campesinos de las provincias de Sarátov, Samara y Simbirsk,
donde se venía observando el mayor cansancio y la mayor incapacidad de
participar en acciones bélicas, se perfila un cambio. Después de haber conocido
la invasión de los cosacos y los checoslovacos, después de haber conocido
prácticamente lo que es la Asamblea Constituyente o lo que significan los
gritos de "¡Abajo la paz de Brest!", han comprendido que todo eso
conduce al retorno del terrateniente, a la entronización del capitalista, y
ahora se van convirtiendo en fervorosos defensores del Poder de los Soviets. No
me cabe la menor duda de que las masas proletarias de Petrogrado y de Moscú,
que marchan a la vanguardia de la revolución, comprenderán las circunstancias,
comprenderán cuán críticos son los instantes que vivimos, darán pruebas de una
mayor decisión, y el proletariado, en beneficio de la revolución socialista,
arrollará la ofensiva anglo-francesa y la checoslovaca. (Aplausos.)
Publicado en 1918 en el folleto "Reunión conjunta del
Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del Soviet de Moscú, de los
representantes de los comités fabriles, de los sindicatos de Moscú y del
Congreso Nacional de los presidentes de los Soviets, celebrada el 29 de julio
de 1918".
T. 37, págs. 1-19.
Camaradas obreros! ¡Vamos a la lucha final, a la lucha decisiva
135
¡CAMARADAS OBREROS! ¡VAMOS A LA LUCHA
FINAL, A LA LUCHA DECISIVA!
La República Soviética está
rodeada de enemigos. Pero vencerá tanto a los enemigos exteriores como a los
interiores. Entre las masas obreras se observa ya el entusiasmo que garantizará
el triunfo. Se ve ya que en Europa Occidental se han hecho más frecuentes las
chispas y estallidos del incendio revolucionario, infundiéndonos seguridad en
la próxima victoria de la revolución obrera internacional.
En la actualidad, el enemigo
exterior de la República Socialista Soviética de Rusia es el imperialismo
anglo-francés, y el norteamericano— nipón. Este enemigo ataca hoy a Rusia,
saquea nuestra tierra, ha ocupado Arjánguelsk y (de creer a los periódicos franceses)
ha avanzado desde Vladivostok hasta Nikolsk-Ussuriiski. Este enemigo ha
sobornado a los generales y oficiales del cuerpo de ejército checoslovaco.
Ataca a la pacífica Rusia con la misma ferocidad e idénticos objetivos de
saqueo con que la atacaban los alemanes en el mes de febrero, con la
diferencia, sin embargo, de que los anglo-japoneses no sólo necesitan ocupar y
saquear el suelo ruso, sino también derribar el Poder soviético para
"restablecer el frente", es decir, para arrastrar de nuevo a Rusia a
la guerra imperialista (más sencillamente: a la guerra de rapiña) de Inglaterra
contra Alemania.
Los capitalistas
anglo-nipones quieren restaurar el poder de los terratenientes y los
capitalistas en Rusia para repartirse el botín de guerra, para someter a los
obreros y campesinos rusos al capital anglo-francés, para arrancarles intereses
por empréstitos de muchos miles de millones, para extinguir el incendio de la
revolución socialista, que se inició en nuestro país y amenaza cada vez más con
extenderse al mundo entero.
Las fieras del imperialismo
anglo-nipón no tendrán fuerzas suficientes para ocupar y sojuzgar a Rusia. No
las tiene siquiera nuestra vecina Alemania, como ha demostrado su
"experiencia" con Ucrania. Los anglo-japoneses esperaban pillarnos
desprevenidos. No lo han conseguido. Los obreros de Petrogrado, después los de
Moscú y luego los de toda la región industrial del Centro se alzan con
creciente unanimidad, con mayor tenacidad y abnegación, en masas cada vez
mayores. En eso reside la garantía de nuestra victoria.
Al lanzarse contra la Rusia
pacífica, los tiburones capitalistas anglo -nipones confían aún en su alianza
con el enemigo interior del Poder soviético. Sabemos muy bien quién es ese
enemigo interior. Son los capitalistas, los terratenientes, los kulaks y sus
secuaces, que odian el poder de los obreros y de los campesinos trabajadores,
de los campesinos que no chupan la sangre de sus convecinos.
Una oleada de sublevaciones
de kulaks recorre toda Rusia. El kulak odia furiosamente el Poder soviético y
está dispuesto a estrangular, a degollar a centenares de miles de obreros.
Sabemos perfectamente que si los kulaks consiguieran triunfar, asesinarían sin
piedad a centenares de miles de obreros, se aliarían con los terratenientes y
los capitalistas, restablecerían los trabajos forzados para los obreros,
abolirían la jornada de 8 horas y colocarían de nuevo las fábricas bajo el yugo
de los capitalistas.
Eso sucedió en todas las
revoluciones europeas precedentes, cuando los kulaks, por debilidad de los
obreros, lograban dar marcha atrás, retornar de la república a la monarquía,
del poder de los trabajadores al poder omnímodo de los explotadores, de los ricos,
de los parásitos. Así ha sucedido ante nuestros propios ojos en Letonia, en
Finlandia, en Ucrania y en Georgia. La jauría ávida, ahíta y feroz de los
kulaks se ha unido por doquier a los terratenientes y los
¡Camaradas obreros! ¡Vamos a la lucha final, a la lucha
decisiva!
capitalistas contra los
obreros y los pobres en general. En todas partes, los kulaks se han ensañado
con salvaje ferocidad en la clase obrera. En todas partes se han aliado a los capitalistas extranjeros contra los
obreros de su país. Así han procedido y proceden los democonstitucionalistas, los eseristas de derecha y los
mencheviques: baste recordar sus hazañas durante la sublevación del cuerpo de
ejército checoslovaco. Así proceden también, por su extrema estupidez y
pusilanimidad, los eseristas de izquierda que, con la sublevación de Moscú, han
ayudado a los guardias blancos en Yaroslavl y a los checoslovacos y a los
guardias blancos en Kazán. No en vano han merecido esos eseristas de izquierda
los elogios de Kerenski y de sus amigos, los imperialistas franceses.
No hay duda posible: los kulaks son enemigos rabiosos del Poder
soviético. Y no caben
términos medios: o los kulaks exterminan a una infinitud de
obreros, o los obreros sofocan sin piedad las sublevaciones de los kulaks —que
forman dentro del pueblo una minoría expoliadora— contra el poder de los
trabajadores. La paz es imposible: al kulak se le puede reconciliar, y
fácilmente, con el terrateniente, el zar y el pope aun cuando hayan reñido,
pero jamás se reconciliará con la
clase obrera.
136
Y por eso decimos que la
lucha contra los kulaks es la lucha final
y decisiva. Esto no significa que no pueda haber numerosas sublevaciones de
kulaks o reiteradas campañas expedicionarias del capitalismo extranjero contra
el Poder soviético. Las palabras "lucha final" significan que dentro
del país se ha sublevado contra nosotros la última y más numerosa de las clases
explotadoras.
Los kulaks son los
explotadores más feroces, los más brutales y desenfrenados, los que, en la
historia de otros países, han restaurado más de una vez el poder de los
terratenientes, de los reyes, de los popes y de los capitalistas. Hay más
kulaks que terratenientes y capitalistas. Pero, a pesar de ello, los kulaks
forman una minoría dentro del pueblo.
Supongamos que en Rusia hay
unos quince millones de familias campesinas que se dedican a faenas agrícolas,
considerando a Rusia tal y como era antes de que las fieras imperialistas le
arrebatasen Ucrania y otras regiones. De esos quince millones, cerca de diez
son, con toda seguridad, familias pobres que viven de la venta de su fuerza de
trabajo, se ven obligadas a someterse a la esclavitud de los ricos o carecen de
excedentes de cereales y han sido arruinadas en particular por las cargas de la
guerra. Unos tres millones son campesinos medios, y apenas si habrá más de dos
millones de kulaks, de ricos, de especuladores de cereales. Estos vampiros se
aprovecharon de la miseria del pueblo durante la guerra y amasaron miles y
cientos de miles de rublos, encareciendo los cereales y otros productos. Estas
arañas engordaron a costa de los campesinos arruinados por la guerra, y de los
obreros hambrientos. Estas sanguijuelas chuparon la sangre de los trabajadores,
aumentando sus riquezas a medida que aumentaba el hambre de los obreros en las
ciudades y en las fábricas. Estos pulpos acumulaban y siguen acumulando en sus
manos la tierra de los terratenientes y sojuzgan una y otra vez a los
campesinos pobres.
¡Guerra sin cuartel a los
kulaks! ¡Mueran los kulaks! ¡Odio y desprecio a los partidos que los defienden:
a los eseristas de derecha, a los mencheviques y a los actuales eseristas de
izquierda! Los obreros deben aplastar con mano de hierro las sublevaciones de
los kulaks, que se alían a los capitalistas extranjeros contra los trabajadores
de su propio país.
Los kulaks se aprovechan de
la ignorancia, del fraccionamiento, de la dispersión de los campesinos pobres.
Azuzan a éstos contra los obreros y los sobornan a veces, dejándoles que se
"ganen" un centenar de rublos con la venta de cereales a precios
especulativos (mientras les roban miles y miles). Los kulaks tratan de ganarse
a los campesinos medios y a veces lo consiguen.
Camaradas obreros! ¡Vamos a la lucha final, a la lucha decisiva
Pero la clase obrera en modo
alguno está obligada a vivir en desacuerdo con los campesinos medios. La clase
obrera no puede reconciliarse con los kulaks, pero puede tratar y trata de
llegar a un acuerdo con los
campesinos medios. El gobierno obrero, es decir, el gobierno bolchevique, lo ha demostrado con hechos y no con
palabras.
Lo hemos demostrado
promulgando y aplicando rigurosamente la ley de "socialización de la
tierra", que contiene muchas
concesiones a los intereses y opiniones de los campesinos medios.
Lo hemos demostrado triplicando (hace unos días) los precios
que pagamos por el grano, pues reconocemos plenamente que lo que el campesino
medio gana, a menudo no corresponde a los precios actuales de los productos
industriales, por lo que debe ganar
más.
Todo obrero consciente
explicará esto al campesino medio y le demostrará con paciencia, perseverancia
y reiteración que el socialismo le conviene infinitamente más que el poder de
los zares, terratenientes y capitalistas.
El poder obrero jamás ha
agraviado ni agraviará al campesino medio. En cambio, el poder de los zares,
terratenientes, capitalistas y kulaks no sólo ha agraviado siempre al campesino
medio, sino que lo ha ahogado, lo ha desvalijado y lo ha llevado a la ruina en
todos los países, en todos sin excepción, incluida Rusia.
La más estrecha alianza y
una fusión completa con los pobres del campo; concesiones al campesino medio y
acuerdos con él; aplastamiento implacable de los kulaks, de esos parásitos,
vampiros y saqueadores del pueblo, de esos especuladores que se lucran con el
hambre: tal es el programa de todo obrero consciente. Tal es la política de la
clase obrera.
Escrito entre el 6 y el 15 de agosto de 1918. Publicado por
primera vez el 17 de enero de 1925 en el núm. 14 del periódico "Rabóchaya
Moskvá".
T. 37, págs38-42.
Carta a los obreros norteamericancos
137
CARTA A LOS OBREROS NORTEAMERICANOS
Camaradas: Un bolchevique
ruso, que tomó parte en la revolución de 1905 y que después ha pasado muchos
años en vuestro país, se ha ofrecido para haceros llegar mi carta92. He aceptado su ofrecimiento con tanto mayor placer, por cuanto
los proletarios revolucionarios norteamericanos están llamados a desempeñar
precisamente ahora un papel de singular importancia como enemigos
inconciliables del imperialismo norteamericano, el más lozano, el más fuerte,
el último que se ha incorporado a la matanza mundial de pueblos organizada por
el reparto de los beneficios entre los capitalistas. Precisamente ahora, los
multimillonarios norteamericanos, esos esclavistas contemporáneos, han abierto
una página particularmente trágica en la sangrienta historia del sangriento imperialismo
al dar su aprobación —directa o indirecta, abierta o velada por la hipocresía,
es igual — a la intervención armada emprendida por las fieras anglo-japonesas
para estrangular a la primera república socialista.
La historia de la
Norteamérica moderna, de la Norteamérica civilizada, comienza con una de las
grandes guerras verdaderamente liberadoras y revolucionarias, tan escasas
frente a la multitud de guerras de rapiña provocadas, a semejanza de la actual
guerra imperialista, por las peleas entre los reyes, los terratenientes y los
capitalistas en torno al reparto de las tierras usurpadas o de las ganancias
obtenidas como fruto del pillaje. Fue una guerra del pueblo norteamericano
contra los bandidos ingleses, que oprimían a Norteamérica y la tenían sometida
a un régimen de esclavitud colonial, lo mismo que esos vampiros
"civilizados" siguen oprimiendo hoy y manteniendo en esclavitud
colonial a centenares de millones de personas en la India, en Egipto y en todos
los confines del mundo.
Han transcurrido desde
entonces unos 150 años. La civilización burguesa ha dado todos sus espléndidos
frutos. Norteamérica se ha puesto a la cabeza de los países libres y cultos en
cuanto al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo humano
asociado, al empleo de la maquinaria y de todas las maravillas de la técnica
moderna. Norteamérica se ha convertido, a la vez, en uno de los países donde es
más profundo el abismo entre un puñado de multimillonarios insolentes, sumidos
en el fango y en el lujo, y los millones de trabajadores que viven siempre al
borde de la miseria. El pueblo norteamericano, que dio al mundo un modelo de
guerra revolucionaria contra la esclavitud feudal, ha caído en la moderna
esclavitud capitalista, en la esclavitud asalariada impuesta por un puñado de
multimillonarios, y se ha visto obligado a desempeñar el papel de verdugo
mercenario, que estranguló, en beneficio de la opulenta canalla, a las
Filipinas en 1898 so pretexto de "liberarlas"93, y que en 1918 estrangula a la República Socialista de Rusia so
pretexto de "defenderla" de los alemanes.
![]()
92 La Carta
a los obreros norteamericanos se encargó de enviarla el bolchevique M.
Borodín, que había regresado de Norteamérica poco antes. En las condiciones de
la intervención militar extranjera y del bloqueo de la Rusia Soviética, ésta
era una tarea nada fácil. La carta la llevó en mano a los EE.UU. P. Travin
(Sliótov). Junto con la carta, llevó a los EE.UU. la Constitución de la
R.S.F.S.R. y el texto de la nota del Gobierno soviético al Presidente Wilson,
en la que se exigía poner fin a la intervención
93 Se trata de la guerra hispano-americana
de 1898. So pretexto de "ayudar" al pueblo filipino, que luchaba
contra España, colonia de la cual eran entonces las Filipinas, los
imperialistas norteamericanos empezaron la guerra contra ésta. Cuando los
españoles hubieron sido derrotados, las tropas norteamericanas comenzaron las
hostilidades contrala República Filipina y convirtieron las islas en colonia
suya
Carta a los obreros norteamericancos
Pero los cuatro años de
matanza imperialista de pueblos no han pasado en vano. El engaño del pueblo por
los miserables que forman los dos grupos de bandidos, tanto el grupo inglés
como el alemán, ha sido desenmascarado plenamente por hechos incontrovertibles
y evidentes. Los resultados de los cuatro años de guerra han mostrado la ley
general del capitalismo aplicada a la guerra entre los bandidos por el reparto
del botín: los más ricos, los más fuertes, se han enriquecido y han expoliado
más que nadie; los más débiles han sido despojados, torturados, oprimidos y
estrangulados sin contemplaciones.
Los bandidos del
imperialismo inglés eran los más fuertes por el número de "esclavos
coloniales". Los capitalistas ingleses no han perdido ni una pulgada de
"sus" tierras (es decir, de las tierras reunidas por ellos durante
siglos como fruto del pillaje) y se han apoderado de todas las colonias
alemanas de África, se han adueñado de Mesopotamia y de Palestina, han
estrangulado a Grecia y han comenzado el saqueo de Rusia.
Los bandidos del
imperialismo alemán eran los más fuertes por la organización y la disciplina de
"sus" tropas, pero más débiles en colonias. Han perdido todas las
colonias, pero han saqueado a media Europa, han estrangulado el mayor número de
países pequeños y de pueblos débiles. ¡Qué gran guerra "liberadora"
por ambas partes! ¡Qué bien "defendían la patria" los bandidos de
ambos grupos, los capitalistas anglo-franceses y alemanes con sus lacayos, los
socialchovinistas, es decir, los socialistas que se pasaron al lado de "su" burguesía!
Los multimillonarios
norteamericanos eran, probablemente, los más ricos de todos y los que se
encontraban en la situación geográfica más segura. Se han enriquecido más que
nadie; han convertido en tributarios suyos a todos los países, incluso a los
más ricos; han reunido como fruto del pillaje centenares de miles de millones
de dólares. Y en cada dólar se ven huellas de lodo, las huellas de los sucios
acuerdos secretos entre Inglaterra y sus "aliados", entre Alemania y
sus vasallos; de los acuerdos sobre el reparto del botín expoliado; de los
acuerdos de "ayuda" mutua para oprimir a los obreros y perseguir a
los socialistas internacionalistas. En cada dólar hay huellas del lodo de los
"ventajosos" suministros militares que enriquecían aún más en cada
país a los ricos y arruinaban más aún a los pobres. En cada dólar hay manchas
de sangre, de la sangre que vertieron a mares los diez millones de muertos y
los veinte millones de mutilados durante esa magna y noble lucha, durante esa
lucha liberadora y sagrada en que se ventilaba cuál de los dos bandidos, el
inglés o el alemán, habría de obtener mayor botín, cuál de los dos verdugos, el
inglés o el alemán, sería el que más
pueblos débiles estrangulase en todo el mundo.
138
Si los bandidos alemanes han
batido la marca por la ferocidad de sus represiones militares, los bandidos
ingleses lo han batido no sólo por la cantidad de colonias expoliadas, sino
también por el refinamiento de su repugnante hipocresía. Precisamente ahora, la
prensa capitalista anglo— francesa y norteamericana difunde mentiras y
calumnias sobre Rusia en millones y millones de ejemplares, tratando de
justificar con falacia su cruzada ladronesca contra ella, alegando la supuesta
intención de "defenderla" de los alemanes.
Para desmentir esta infame y
vil mentira no hacen falta muchas palabras: basta mencionar un hecho de todos
conocido. Cuando los obreros de Rusia derrocaron el gobierno imperialista de su
país en octubre de 1917, el Poder soviético, el poder de los obreros y
campesinos revolucionarios propuso abiertamente a todos los países beligerantes una paz justa, una paz sin anexiones
ni contribuciones, una paz basada en la plena igualdad de derechos de todas las
naciones.
¡Fueron precisamente la
burguesía anglo-francesa y la burguesía norteamericana las que rechazaron
nuestra propuesta; precisamente esas burguesías rehusaron incluso tratar con
nosotros sobre la paz general! ¡Esas
burguesías precisamente traicionaron los intereses de todos los pueblos;
ellas precisamente han hecho que se prolongue la matanza imperialista!
Carta a los obreros norteamericancos
Fueron ellas precisamente
las que, especulando con la posibilidad de arrastrar de nuevo a Rusia a la
guerra imperialista, rehusaron participar en las negociaciones de paz, dejando
así las manos libres a otros bandidos capitalistas del mismo jaez, a los de
Alemania, ¡que impusieron a Rusia por la fuerza la paz anexionista de Brest!
Es difícil imaginarse una
hipocresía más repugnante: la burguesía anglo-francesa y la burguesía
norteamericana nos echan la "culpa" de la paz de Brest ¡y son
precisamente los capitalistas de esos países, de quienes dependía convertir las
negociaciones de Brest en negociaciones generales de una paz universal, los que
hacen de "acusadores" nuestros! Los buitres del imperialismo
anglo-francés, enriquecidos con el saqueo de las colonias y con la matanza de
pueblos, prosiguen la guerra casi un año después de Brest; y son ellos quienes
nos "acusan" a nosotros, a
los bolcheviques, que hemos propuesto a todos los países una paz justa, a
nosotros, que hemos roto, que hemos publicado y estigmatizado ante todo el
mundo los criminales tratados entre el ex zar y los capitalistas
anglo-franceses.
Los obreros de todo el
mundo, cualquiera que sea el país en que vivan, se congratulan y simpatizan con
nosotros, nos aplauden por haber roto las férreas argollas de los vínculos
imperialistas, de los sucios tratados imperialistas, de las cadenas imperialistas;
por haber logrado la libertad aun a costa de los mayores sacrificios; porque,
como república socialista que somos, aunque martirizada y saqueada por los
imperialistas, hemos quedado fuera de
la guerra imperialista y hemos enarbolado ante el mundo entero la bandera de la
paz, la bandera del socialismo.
No es extraño que la
pandilla de imperialistas internacionales nos odie por ello, nos
"acuse", que todos los lacayos de los imperialistas, sin exceptuar a
nuestros eseristas de derecha ni a nuestros mencheviques, nos
"acusen" también. El odio que estos perros de presa del imperialismo,
lo mismo que la simpatía que los obreros conscientes de todos los países nos
tienen a los bolcheviques, nos infunde mayor seguridad aún en la justedad de
nuestra causa.
No es socialista quien no
comprenda que en aras de la victoria sobre la burguesía, en aras del paso del
poder a manos de los obreros, en aras del comienzo
de la revolución proletaria internacional no
se puede ni se debe retroceder ante
ningún sacrificio, ni siquiera ante el sacrificio de una parte del territorio,
ante el sacrificio de sufrir penosas derrotas de manos del imperialismo. No es
socialista quien no haya demostrado con
hechos que está dispuesto a que "su" patria haga los mayores
sacrificios para impulsar de verdad la causa de la revolución socialista.
En aras de "su"
causa, es decir, en aras de la conquista del dominio mundial, los imperialistas
de Inglaterra y de Alemania no han vacilado en arruinar por completo y en
estrangular a toda una serie de países, comenzando por Bélgica y Serbia y siguiendo
por Palestina y Mesopotamia. y los socialistas, en aras de "su"
causa, en aras de la liberación de los trabajadores de todo el mundo del yugo
del capital, en aras de la conquista de una paz universal duradera, ¿deberán
esperar que se encuentre un camino que no exija sacrificios, deberán precaverse
de comenzar el combate antes de que esté "garantizado" un triunfo
fácil, deberán poner la seguridad y la integridad de "su patria"
—creada por la burguesía— por encima de los intereses de la revolución
socialista mundial? Los bellacos del socialismo internacional y los lacayos de
la moral burguesa que piensen así merecen el más profundo desprecio.
139
Las fieras voraces del
imperialismo anglo-francés y norteamericano nos "acusan" de que
tenemos un "convenio" con el imperialismo alemán. ¡Qué hipócritas!
¡Qué miserables! ¡Calumnian al gobierno obrero, temblando de miedo ante la
simpatía que por nosotros sienten los obreros de "sus" propios
países! Pero su hipocresía será desenmascarada. Fingen no comprender la
diferencia existente entre un convenio de los "socialistas" con la
burguesía (la propia y la extranjera) contra
los obreros, contra los trabajadores, y un convenio para la
Carta a los obreros norteamericancos
defensa de
los obreros triunfantes sobre su burguesía, un convenio con la burguesía de un
color contra la burguesía de otro
color nacional a fin de que el proletariado aproveche las contradicciones entre
los diferentes grupos de la burguesía.
En realidad, cualquier
europeo conoce a la perfección esa diferencia, y el pueblo norteamericano, como
lo demostraré ahora, la ha "vivido" en su propia historia de modo
bien palpable. Hay convenios y convenios, hay fagots et fagots (casos y casos), como dicen los franceses.
En febrero de 1918, cuando
las fieras voraces del imperialismo alemán lanzaron sus tropas contra la Rusia
inerme, que había desmovilizado su ejército, confiada en la solidaridad
proletaria internacional, antes de que madurara plenamente la revolución mundial,
no vacilé lo más mínimo en concertar cierto "convenio" con los
monárquicos franceses. El capitán francés Sadoul, que de palabra simpatizaba
con los bolcheviques, mientras de hecho servía en cuerpo y alma al imperialismo
francés, me presentó al oficial francés de Lubersac. "Yo soy monárquico
—me confesó de Lubersac-. Mi único objetivo es la derrota de Alemania". Se
sobrentiende, le contesté (cela va sans
dire). Ello no me impidió en absoluto "convenir" con de Lubersac
en cuanto a los servicios que los oficiales franceses especializados en
voladuras estaban dispuestos a prestarnos para volar las vías férreas y
obstaculizar así la invasión de los alemanes. Fue un modelo de
"convenio" que aprobará todo obrero consciente, un convenio en
provecho del socialismo. Un monárquico francés y yo nos estrechamos la mano
sabiendo que cada cual colgaría gustoso a su "consocio". Pero
nuestros intereses coincidían temporalmente. Nosotros aprovechamos intereses opuestos, igualmente de fieras, de otros imperialistas, en beneficio de la
revolución socialista rusa y de la revolución socialista mundial, contra las
fieras alemanas que nos atacaban. Así servíamos a los intereses de la clase
obrera de Rusia y de otros países; reforzábamos al proletariado y debilitábamos
a la burguesía del mundo entero; empleábamos medios archilegítimos e
imprescindibles en toda guerra: la maniobra, la estratagema, el repliegue en
espera del momento en que sazone la revolución proletaria que va madurando
rápidamente en varios países avanzados.
Y por mucho que vociferen de
rabia los tiburones del imperialismo anglo-francés y norteamericano, por mucho
que nos calumnien, por muchos millones que gasten en sobornar a los periódicos
eseristas de derecha, mencheviques y demás socialpatrioteros, yo no dudaré un solo instante en
concertar un "convenio" idéntico
con las fieras voraces del imperialismo
alemán, en el caso de que el ataque de las tropas anglo-francesas a Rusia lo
haga necesario.
Y yo sé muy bien que el
proletariado consciente de Rusia, de Alemania, de Francia, de Inglaterra, de
los Estados Unidos, en una palabra, de todo el mundo civilizado aprobará mi
táctica. Semejante táctica facilitará la revolución socialista, acelerará su advenimiento,
debilitará a la burguesía internacional, reforzará las posiciones de la clase
obrera en su victoriosa lucha contra aquélla.
El pueblo norteamericano
hace ya tiempo que empleó con éxito para la revolución esa táctica.
Cuando hizo su gran guerra
de liberación contra los opresores ingleses, tuvo también que enfrentarse con
los opresores franceses y españoles, en cuyas manos se hallaba una parte del
actual territorio de los Estados Unidos de Norteamérica. También el pueblo
norteamericano, en su difícil guerra de liberación, concertó con unos opresores
"convenios" dirigidos contra otros opresores para debilitar a los
opresores y reforzar a los que desplegaban una lucha revolucionaria contra la
opresión, en beneficio de las masas
oprimidas. El pueblo norteamericano aprovechó las discordias entre franceses,
españoles e ingleses; se batió en ocasiones incluso al lado de las tropas de
los opresores franceses y
Carta a los obreros norteamericancos
españoles contra los
opresores ingleses; venció primero a los ingleses y después se redimió (en
parte, mediante rescates) de los franceses y españoles.
La obra de la historia no es
una acera de la Avenida Nevski, decía el gran revolucionario ruso Chernyshevski94. Quien "admite" la revolución proletaria sólo "a
condición" de que transcurra lisa y llanamente, de que actúen de consuno
los proletarios de distintos países, de que exista una garantía contra las
derrotas, de que el camino de la revolución sea ancho, recto y esté despejado,
de que para vencer no haya necesidad de pasar a veces por los más penosos
sacrificios, de "permanecer en una fortaleza sitiada" o abrirse
camino por las más tortuosas, angostas, impracticables y peligrosas veredas
montañosas, ése ni es revolucionario ni se ha despojado de la pedantería
intelectual burguesa y, de hecho, se deslizará siempre al campo de la burguesía
contrarrevolucionaria, como les ocurre a nuestros eseristas de derecha, a
nuestros mencheviques e incluso (aunque con menos frecuencia) a nuestros
eseristas de izquierda.
140
A esos señores les agrada
culparnos, repitiendo palabras de la burguesía, de ser los causantes del
"caos" de la revolución, de la "destrucción" de la
industria, del paro y del hambre. ¡Qué hipócritas son estas acusaciones en boca
de quienes aplaudieron y apoyaron la guerra imperialista o
"convenido" con Kerenski para que la guerra continuase! Precisamente
la guerra imperialista es la culpable de todos estos desastres. Una revolución
originada por la guerra no puede menos de pasar por dificultades y tormentos
increíbles, recibidos en herencia de esa reaccionaria matanza devastadora de
pueblos que dura ya varios años. Acusarnos de "destrucción" de la
industria o de "terror" es dar prueba de hipocresía o mostrar una
pedantería obtusa, mostrar incapacidad de comprender las condiciones
fundamentales de esa rabiosa y exacerbada hasta el extremo lucha de las clases
que se llama revolución.
En el fondo, si los
"acusadores" de este jaez llegan a "reconocer" la lucha de
las clases, se limitan a reconocerla de palabra; pero de hecho caen siempre en
la utopía pequeñoburguesa de la "conciliación" y de la "colaboración"
de las clases. La lucha de las clases, en períodos de revolución, ha tomado
siempre y en todos los países, indefectible e inevitablemente, la forma de guerra civil . Y la guerra civil es
inconcebible sin las más crueles destrucciones, sin terror ni restricción de la
democracia formal en provecho de la guerra. Sólo unos curas almibarados, tanto
da que lleven sotana o que sean "legos", como los socialistas de
salón y de tribuna parlamentaria, pueden no ver, ni comprender, ni palpar esta
necesidad. Sólo unos "hombres enfundados" sin vida pueden ser capaces
de apartarse de la revolución por este motivo, en lugar de lanzarse al combate
con toda vehemencia y resolución en el momento en que la historia exige que la
lucha y la guerra decidan los más grandes problemas de la humanidad.
El pueblo norteamericano
tiene una tradición revolucionaria, recogida por los mejores representantes del
proletariado estadounidense, quienes nos han expresado en reiteradas ocasiones
su completa adhesión a nosotros, los bolcheviques. Esa tradición ha sido creada
por la guerra de liberación contra los ingleses en el siglo XVIII y, más tarde,
por la guerra civil en el siglo XIX95. En
cierto sentido, si se tiene en cuenta sólo la "destrucción" de
algunas industrias y de la economía nacional, Norteamérica había retrocedido en
1870 con relación
![]()
94 En la reseña al libro del economista
norteamericano H. Carey Cartas
político-económicas al presidente de los Estados Unidos de América, N.
Chernyshevski escribió: "La vía histórica no es una acera de la avenida
Nevski: va a campo traviesa, unas
veces por el polvo, otras por el barro, otras por cenagales y otras por
vericuetos. Quien tema llenarse de polvo o ensuciarse las botas, que no se meta
en actividades públicas".
95 La guerra del pueblo norteamericano por la independencia contra
Inglaterra duró de 1775 a 1783. Su resultado fue que las colonias inglesas de
Norteamérica conquistaron su independencia, se separaron de la metrópoli y se
constituyeron en Estado independiente: los Estados Unidos de América.
La Guerra de Secesión de los
EE.UU. entre los Estados industriales del Norte y los Estados del Sur, en los
que dominaban los plantadores esclavistas, duró de 1863 a 1865. Como resultado
de la victoria obtenida por los del Norte, en EE.UU. se abolió la esclavitud de
los negros
Carta a los obreros norteamericancos
a 1860. ¡Pero qué pedante e
imbécil sería el individuo que, basándose en eso, negara la inmensa significación histórica universal,
progresista y revolucionaria de la guerra civil de 1863-1865 en Norteamérica!
Los representantes de la
burguesía comprenden que la supresión de la esclavitud de los negros y el
derrocamiento del poder de los esclavistas valieron bien que todo el país
pasase por los largos años de guerra civil, devastaciones colosales,
destrucciones y terror que acompañan a toda guerra. Pero ahora, cuando se trata
de una tarea inconmensurablemente más grande, cuando se trata de suprimir la
esclavitud asalariada, la esclavitud
capitalista, de derrocar el poder de la burguesía, los representantes y defensores
de ésta, así como los socialreformistas que, amedrentados por la burguesía, se
apartan temerosos de la revolución, no pueden ni quieren comprender que la
guerra civil es necesaria y legítima.
Los obreros norteamericanos
no seguirán a la burguesía. Estarán a nuestro lado, al lado de la guerra civil
contra la burguesía. Me convence de ello toda la historia del movimiento obrero
norteamericano y mundial. Recuerdo también las palabras que Eugenio Debs, uno
de los jefes más queridos del proletariado norteamericano, escribió en el Llamamiento a la Razón ("Appeal to
Reason")96, creo que a finales de 1915, en su
artículo What shall I light for
("Por qué voy a luchar") (citado por mí a comienzos de 1916 en una
reunión obrera pública celebrada en Berna, Suiza). Debs decía que se dejaría
fusilar antes que votar los créditos para la actual guerra, guerra reaccionaria
y criminal; que conocía una sola guerra sagrada y legítima desde el punto de
vista de los proletarios: la guerra contra los capitalistas, la guerra para
liberar a la humanidad de la esclavitud asalariada.
No me extraña que Wilson,
cabeza de los multimillonarios norteamericanos y servidor de los tiburones
capitalistas, halla encarcelado a Debs. ¡La burguesía puede ensañarse con los
auténticos internacionalistas, con los auténticos representantes del proletariado
revolucionario! Cuanto mayores sean su ferocidad y su ensañamiento, tanto más
cerca estará el día del triunfo de la revolución proletaria.
Nos acusan de las
destrucciones causadas por nuestra revolución... Pero, ¿quiénes nos acusan? Los
lacayos de la burguesía, de esa misma burguesía que en cuatro años de guerra
imperialista ha destruido casi por completo la cultura europea, sumiendo a Europa
en la barbarie, en el embrutecimiento y en el hambre. Y esa burguesía nos exige
hoy que no hagamos la revolución sobre el terreno de esas destrucciones, en
medio de los cascotes de la cultura, de los escombros y de las ruinas
originados por la guerra, con los hombres embrutecidos por la guerra. ¡Oh, qué
burguesía tan humana y tan justa!
Sus criados nos acusan de
terror... Los burgueses británicos han olvidado su 1649, y los franceses su
1793. El terror era justo y legítimo cuando la burguesía lo empleaba a su favor
contra los señores feudales. ¡El terror se ha hecho monstruoso y criminal en
cuanto los obreros y los campesinos pobres se han atrevido a emplearlo contra
la burguesía! El terror era justo y legítimo cuando lo empleaban para remplazar
a una minoría explotadora por otra minoría explotadora. ¡El terror se ha hecho
monstruoso y criminal cuando se aplica para derrocar a toda minoría explotadora
en beneficio de la mayoría verdaderamente aplastante, en beneficio de los
proletarios y semiproletarios, de la clase obrera y de los campesinos pobres!
141
La burguesía imperialista
mundial ha exterminado a diez millones de hombres y ha mutilado a veinte
millones en "su" guerra, en una guerra hecha para decidir quién habrá
de dominar en el mundo: las fieras voraces inglesas o las alemanas.
![]()
96
"Appeal to Reason"
("Llamamiento a la Razón"): periódico de los socialistas
norteamericanos que propagaba las ideas socialistas; durante la guerra
imperialista mundial de 1914 a 1918 ocupó una posición internacionalista
Carta a los obreros norteamericancos
Si nuestra guerra, la guerra de los oprimidos y explotados contra los
opresores y explotadores, costara medio millón o un millón de víctimas, entre
todos los países, la burguesía diría que las víctimas antes mencionadas son
legítimas mientras que estas últimas son criminales.
El proletariado dirá una cosa muy distinta.
Ahora, en medio de los
horrores de la guerra imperialista, el proletariado asimila prácticamente en
toda su plenitud la gran verdad que enseñan todas las revoluciones, la verdad
que legaron a los obreros sus mejores maestros, los fundadores del socialismo
moderno. Esta verdad dice que no puede triunfar la revolución si no se aplasta la resistencia de los
explotadores. Cuando los obreros y los campesinos trabajadores conquistamos
el poder del Estado, nuestro deber
consistió en aplastar la resistencia de los explotadores. Estamos orgullosos de
haberlo hecho y de hacerlo. Y lamentamos que no se haga con suficiente firmeza
y decisión.
Sabemos que la resistencia
exasperada de la burguesía contra la revolución socialista es inevitable en
todos los países y que dicha resistencia aumentará
en la medida en que se desarrolle esa revolución. El proletariado vencerá esa
resistencia, y durante la propia lucha contra la resistencia de la burguesía
adquirirá la madurez necesaria para triunfar y ejercer el poder.
La venal prensa burguesa
puede gritar a los cuatro vientos siempre que nuestra revolución incurra en una
falta. No tenemos miedo a nuestras faltas. Los hombres no se han vuelto santos
por el hecho de que haya comenzado la revolución. Las clases trabajadoras,
oprimidas y engañadas durante siglos, condenadas a vivir por fuerza en la
miseria, en la ignorancia y el embrutecimiento, no pueden hacer la revolución
sin incurrir en faltas. Y, como ya he dicho en otra ocasión, no se puede meter
en un ataúd y enterrar el cadáver de la sociedad burguesa. El capitalismo
muerto se pudre, se descompone entre nosotros, infestando el aire con sus
miasmas, emponzoñando nuestra vida y envolviendo lo nuevo, lo fresco, lo joven,
lo vivo con miles de hilos y nexos de lo viejo, de lo podrido, de lo muerto.
Por cada cien faltas
nuestras, proclamadas a los cuatro vientos por la burguesía y sus lacayos
(incluidos nuestros mencheviques y eseristas de derecha), hay 10.000 hechos
grandes y heroicos, tanto más grandes y tanto más heroicos porque son hechos
sencillos, imperceptibles, ocultos en la vida diaria del barrio fabril o de la
aldea perdida, y son realizados por hombres que no tienen la costumbre (ni la
posibilidad) de proclamar al mundo entero cada uno de sus éxitos.
Pero incluso si fuera al
revés —aunque sé que es erróneo suponerlo—, incluso si por cada cien aciertos
nuestros hubiera diez mil yerros, aun así nuestra revolución sería, y lo será ante la historia universal,
grande e invencible; pues por primera vez
no es una minoría, no son sólo los
ricos, no son únicamente los instruidos, sino la verdadera masa, la inmensa
mayoría de los trabajadores quienes crean por
sí mismos una vida nueva, quienes resuelven con su propia experiencia los dificilísimos problemas de la organización
socialista.
Cualquier falta cometida en
semejante trabajo, en ese trabajo tan concienzudo y sincero que decenas de
millones de sencillos obreros y campesinos llevan a cabo para reorganizar toda
su vida; cada una de esas faltas vale por miles y millones de éxitos "infalibles"
de la minoría explotadora, de éxitos obtenidos en la obra de engañar y estafar
a los trabajadores. Pues sólo a través
de esas faltas aprenderán los obreros
y campesinos a crear una vida nueva, aprenderán
a prescindir de los capitalistas;
sólo así se abrirán camino, a través de miles de obstáculos, hacia el
socialismo victorioso.
Cometen faltas en su trabajo
revolucionario nuestros campesinos, que de un solo golpe, en una sola noche, la
del 25 al 26 de octubre (según el viejo calendario) de 1917, suprimieron
Carta a los obreros norteamericancos
por completo la propiedad
privada de la tierra y ahora, un mes tras otro, venciendo inmensas
dificultades, corrigiéndose a sí mismos, cumplen en la práctica la dificilísima
tarea de organizar nuevas condiciones de economía, de luchar contra los kulaks,
de asegurar que la tierra sea para los trabajadores
(y no para los ricachones), de pasar a la gran agricultura comunista.
Cometen faltas en su trabajo
revolucionario nuestros obreros, que han nacionalizado ahora, en el curso de
unos meses, casi todas las fábricas y empresas más importantes y que, en el
duro trabajo de cada día, aprenden por vez primera a administrar ramas enteras
de la industria, hacen funcionar las empresas nacionalizadas, venciendo la
resistencia enconada de la rutina, del espíritu pequeñoburgués, del egoísmo;
ponen, piedra sobre piedra, los cimientos de nuevas relaciones sociales, de una nueva disciplina laboral, y de una nueva autoridad de los sindicatos obreros respecto a sus afiliados.
Cometen faltas en su trabajo
revolucionario nuestros Soviets, creados ya en 1905 por un potente auge de las
masas97. Los Soviets de obreros y campesinos
representan un nuevo tipo de Estado,
un tipo nuevo y superior de
democracia; son la forma de la dictadura del proletariado, el medio de gobernar
el Estado sin burguesía y contra la burguesía. Por primera vez la
democracia sirve aquí a las masas, a los trabajadores, dejando de ser una
democracia para los ricos, como sigue siendo la democracia en todas las repúblicas
burguesas, incluso en las más democráticas. Por primera vez las masas populares
resuelven a escala de un centenar de millones de personas el problema de dar
cuerpo a la dictadura de los proletarios y los semiproletarios, un problema
que, de no resolverse, no da pie ni
para hablar siquiera de socialismo.
142
Los pedantes o las personas henchidas sin remedio de prejuicios
democráticos burgueses o parlamentarios pueden extrañarse de nuestros Soviets
de diputados, alegando, por ejemplo, la falta de elecciones directas. Esa gente
no ha olvidado ni ha aprendido nada durante las grandes conmociones de
1914-1918. La unión de la dictadura del proletariado y de la nueva democracia
para los trabajadores, de la guerra civil y la más amplia incorporación de las
masas a la política, no se obtiene de golpe y porrazo ni encaja en las formas
trilladas de la rutinaria democracia parlamentaria. Lo que se yergue en esbozo
a nuestra vista, como República de los Soviets, es un mundo nuevo, el mundo del
socialismo. Y no debe extrañar que ese mundo no nazca ya hecho, no surja de improviso
como Minerva de la cabeza de Júpiter.
En tanto que las viejas
constituciones democráticas burguesas exaltaban, por ejemplo, la igualdad
formal y el derecho de reunión, nuestra Constitución soviética, proletaria y
campesina, rechaza la hipocresía de la igualdad formal. Cuando los republicanos
burgueses derribaban tronos, no se preocupaban de la igualdad formal de los
monárquicos con los republicanos. Cuando se trata de derrocar a la burguesía,
sólo los traidores o los idiotas pueden reclamar la igualdad formal de derechos
para la burguesía. Bien poco vale la "libertad de reunión" para los
obreros y campesinos cuando los mejores edificios están en poder de la
burguesía. Nuestros Soviets han
arrebatado a los ricos todos los buenos edificios de la ciudad y del campo,
entregándoselos totalmente a los
obreros y campesinos para uso de sus
asociaciones y asambleas. ¡Esa es nuestra
libertad de reunión para los trabajadores! ¡Ese es
![]()
97 Los
Soviets de diputados obreros se
crearon por primera vez en Rusia durante la revolución de 1905 en varias
grandes ciudades y centros industriales. Los Soviets, en los que entraban
representantes de las fábricas y talleres locales, organizaban huelgas y
manifestaciones y dirigían las acciones combativas de los obreros. La
revolución de 1905-1907 fue derrotada, y los Soviets de diputados obreros
fueron disueltos por el gobierno zarista. Durante la revolución de febrero de
1917 volvieron a formarse los Soviets de diputados obreros. Simultáneamente
surgieron los Soviets de diputados soldados y los Soviets de diputados
campesinos. Durante la Revolución Socialista de Octubre de 1917, el poder
estatal de Rusia pasó a los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos
Carta a los obreros norteamericancos
el sentido y el contenido de
nuestra Constitución soviética, de nuestra Constitución socialista!
Y por eso todos estamos tan
seguros de que nuestra República de los Soviets, cualesquiera que sean los
reveses por los que aún haya de pasar, es
invencible.
Es invencible porque cada
golpe del furioso imperialismo, cada derrota que nos inflige la burguesía
internacional alza a la lucha a nuevos y nuevos sectores de obreros y
campesinos, los instruye al precio de los mayores sacrificios, los templa y
despierta en ellos un nuevo heroísmo de masas.
Sabemos, camaradas obreros
norteamericanos, que vuestra ayuda aún tarde tal vez en llegar, pues el
desarrollo de la revolución en los diversos países se produce en formas
distintas, a ritmo diferente (y no puede producirse de otro modo). Sabemos que
la revolución proletaria europea puede no estallar en las próximas semanas, por
rápida que sea en este último tiempo su maduración. Contamos con que la
revolución mundial es ineludible, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que
cifremos nuestras esperanzas como unos simples en la indefectibilidad de la
revolución a plazo breve y determinado.
Hemos visto en nuestro país dos grandes revoluciones, la de 1905 y la de 1917,
y sabemos que las revoluciones no se hacen por encargo ni por convenios.
Sabemos que las circunstancias han puesto en vanguardia a nuestro destacamento, al destacamento de Rusia del proletariado
socialista, y no a causa de nuestros méritos, sino a causa del atraso
particular de Rusia, y que hasta que
estalle la revolución mundial son posibles derrotas de algunas revoluciones.
A pesar de ello, sabemos a
ciencia cierta que somos invencibles, ya que la humanidad no se doblegará ante
la matanza imperialista, sino que acabará con ella. Y el primer país que ha roto los grilletes de la guerra
imperialista ha sido el nuestro.
Hemos hecho los mayores sacrificios
en la lucha por destruir esos grilletes, pero los hemos roto. Estamos libres
de ataduras imperialistas y hemos enarbolado ante el mundo entero la bandera de
la lucha por el derrocamiento completo del imperialismo.
Nos encontramos como si
estuviéramos en una fortaleza sitiada en tanto no nos llegue la ayuda de otros
destacamentos de la revolución socialista mundial. Pero esos destacamentos existen, son más numerosos que los nuestros, maduran, crecen y se fortalecen
a medida que se prolongan las
ferocidades del imperialismo. Los obreros rompen con sus socialtraidores: los
Gompers, los Henderson, los Renaudel, los Scheidemann y los Renner. Los obreros
marchan con paso lento, pero firme, hacia la táctica comunista, bolchevique,
hacia la revolución proletaria, la única que puede salvar la cultura y la
humanidad del hundimiento definitivo.
En pocas palabras, somos invencibles, pues invencible es la
revolución proletaria mundial.
N. Lenin.
20 de agosto de 1918.
Publicada el 22 de
agosto de 1918 en el núm. 178 de "Pravda".
T. 37, págs. 48-64.
Discurso en un mitin que se dio en el Museo Politécnico
143
DISCURSO EN UN MITIN QUE SE DIO EN EL MUSEO
POLITÉCNICO.
El 23 de agosto de
1918.
(Clamorosa ovación.) ¿En qué consiste nuestro programa? En la
conquista del socialismo. En los actuales momentos de la guerra mundial no hay
más salida de ella que la victoria del socialismo. Pero son muchos los que no
lo comprenden. Hoy día, la mayoría de la humanidad está contra la matanza
sangrienta, mas no puede comprender la ligazón que tiene dicha matanza con el
régimen capitalista. Los horrores de la presente guerra saltan a la vista
incluso de la burguesía, mas no va a ser ella quien relacione el final de la
guerra con el del régimen capitalista... Y ésta ha sido siempre la idea
principal que ha distinguido a los bolcheviques y a los socialistas
revolucionarios de todos los demás países de quienes quieren traer la paz a la
tierra, dejando intacto el orden de cosas capitalista.
¿Por qué se hacen las
guerras? Sabemos que la mayoría de ellas se han hecho en beneficio de las
dinastías y que se llaman guerras dinásticas. Pero, a veces, las guerras se
hicieron en provecho de los oprimidos. Espartaco hizo la guerra para defender a
la clase esclavizada. Guerras análogas se han hecho en la época de la opresión
colonial, que no ha terminado aún, en la época de la esclavitud, etc. Esas
guerras eran justas, esas guerras no pueden ser condenadas.
Pero cuando hablamos de la
presente guerra europea y la condenamos, ello es tan sólo porque la hace la
clase de los opresores.
¿Qué fines persigue la
presente guerra? De creer a los diplomáticos de todos los países, Francia e
Inglaterra la hacen para defender a los pueblos pequeños contra los bárbaros,
contra los hunos, los alemanes; por parte de Alemania se hace contra los bárbaros
cosacos, que amenazan al culto pueblo alemán, y en defensa de la patria contra
los enemigos que la atacan.
Mas nosotros sabemos que
esta guerra ha estado preparada, iba madurando y era inevitable. Era tan
inevitable como la guerra entre Norteamérica y el Japón. ¿En qué consiste esa
inevitabilidad?
Pues en que el capitalismo
ha concentrado las riquezas de la Tierra en manos de unos cuantos Estados y ha
repartido el mundo hasta el último pedazo; el reparto sucesivo, el
enriquecimiento sucesivo puede producirse únicamente a costa de otros; un
Estado puede enriquecerse únicamente a expensas de otro. Este litigio no puede
resolverse si no es por la fuerza, y por eso la guerra entre los tiburones
mundiales se hizo inevitable.
Al frente de la guerra
actual se hallaban hasta hoy dos firmas principales: Inglaterra y Alemania.
Inglaterra era el país colonial más poderoso. Aunque la población de Inglaterra
no pasa de 40 millones, la de sus colonias es de más de 400. Hace tiempo que,
por el derecho del más fuerte, se apoderó de colonias de otros, echó la zarpa a
gran cantidad de tierras y viene gozando de los frutos de su explotación. Pero
en los últimos cincuenta años quedó atrasada de Alemania en el aspecto
económico. La industria alemana adelantó a la inglesa. El gran capitalismo de
Estado alemán se unió con la burocracia, y Alemania batió la marca.
El litigio por la supremacía
entre estos dos gigantes no podía dirimirse sino por la fuerza.
Discurso en un mitin que se dio en el Museo Politécnico
Si Inglaterra se había
apoderado en otros tiempos, por el derecho del más fuerte, de tierras de
Holanda, Portugal, etc., luego entró en escena Alemania y declaró que había
llegado su hora de sacar provecho a costa de otros.
De eso se trata, de la lucha
por el reparto del mundo entre los más fuertes. Y como ambas partes poseen
capitales evaluados en centenares de millones, la lucha entre ellas se ha hecho
mundial.
Sabemos cuántos crímenes
secretos se han perpetrado en esta guerra… Los tratados secretos que hemos
hecho públicos han demostrado que las frases que explican el porqué de la
guerra no son más que eso, frases, y que todos los Estados, comprendida Rusia,
estaban ligados por tratados inmundos para lucrarse a costa de los pueblos
pequeños y débiles.
En consecuencia, quienes
eran fuertes han multiplicado sus riquezas; los débiles han sido aplastados.
No se puede culpar a una u
otra persona de haber empezado la guerra; es erróneo culpar a los reyes y zares
de la presente matanza, que es obra del capital. El capitalismo se ha metido en
un callejón sin salida.
Este callejón sin salida es
el imperialismo, que ha impuesto la guerra entre los pretendientes a la
dominación mundial.
Ha sido la mayor de las
falsedades declarar que la guerra se hacía para liberar a los pequeños pueblos.
Ambas fieras se hallan frente a frente, mirándose tan sanguinarias como al
principio, y cerca de ellas yacen, aplastados, no pocos pueblos pequeños.
144
Nosotros decimos: no hay otra salida de la guerra imperialista
que la guerra civil.
Cuando lo dijimos en 1914,
nos objetaron que eso se parecía a una línea recta trazada en el espacio, pero
nuestro análisis ha sido confirmado por todo el curso de los acontecimientos
posteriores. En el presente vemos que los generales del chovinismo se quedan
sin ejércitos. Hace poco, en Francia, el país más dañado por la guerra, el país
en que más hondo había calado la consigna de defensa de la patria, pues el
enemigo se hallaba a las puertas de París, los defensistas han sufrido una
derrota; verdad es que al chovinismo lo han derrotado hombres vacilantes, como
Longuet, pero eso es lo de menos.
Sabemos que en los primeros
días de la revolución en Rusia, el poder pasó a manos de señores que no decían
más que palabras, pero que guardaban en el bolsillo los mismos tratados que
había firmado el zar. Y si la radicalización de los partidos fue en Rusia más
rápida, a ello contribuyeron el maldito régimen que teníamos antes de la
revolución y nuestra revolución de 1905.
En Europa, donde domina un
capitalismo inteligente y calculador, que posee una organización poderosa y
bien montada, la embriaguez nacionalista pasa con mayor lentitud. De todos
modos, no puede menos de verse que la guerra imperialista fenece de muerte lenta
y dolorosa.
Según noticias dignas de
todo crédito, la descomposición ha hecho presa en el ejército alemán, y éste se
ha dedicado a la especulación. No podía ser de otro modo. La descomposición no
puede menos de penetrar en las masas cuando el soldado despierta y empieza a
comprender que la mutilación y la muerte redundan sólo en beneficio de la
burguesía.
El ejército francés, que se
había mantenido más tiempo y con mayor firmeza que los demás, ha mostrado
asimismo que le ha hecho impacto la descomposición. El proceso de Malvy
Discurso en un mitin que se dio en el Museo Politécnico
también ha levantado el velo
que cubría los acontecimientos de Francia y ha dado a conocer que miles de
soldados se negaron a ir al frente98.
Todo eso son síntomas de
acontecimientos como los que se desarrollaron en Rusia. Sólo que los países
cultos nos ofrecerán un cuadro de guerra civil mucho más cruenta que la de
Rusia. Lo confirma el caso de Finlandia, el país más democrático de Europa, el
primer país en que la mujer ha recibido el derecho de sufragio. Finlandia se ha
ensañado de manera salvaje y sin piedad con los soldados rojos99 y éstos no se entregaban así como así. Este cuadro muestra qué
aciaga suerte espera a esos países cultos.
Ya veis lo absurdo que fue
acusar a los bolcheviques de que era obra suya la descomposición del ejército
ruso.
Nosotros somos únicamente un
destacamento que ha avanzado algo más que el resto de los destacamentos
obreros, y no porque sea mejor, sino porque la estúpida política de nuestra
burguesía permitió a la clase obrera de Rusia sacudirse con más celeridad su yugo.
Ahora, al luchar por el régimen socialista en Rusia, luchamos por el socialismo
en todo el mundo. Ahora, en todos los países, en todos los mítines obreros, en
todas las reuniones obreras no se habla más que de los bolcheviques, y nos
conocen; saben que hoy día nos esforzamos por la causa de todo el mundo, que
trabajamos para ellos.
Al abolir la propiedad
agraria, al nacionalizar las empresas y los bancos, que hoy se ocupan de
organizar la industria, oímos gritar por los cuatro costados que cometemos un
montón de errores. Sí, pero los obreros crean el socialismo ellos mismos, y por
muchos errores que cometamos, con esta práctica aprendemos y preparamos el
terreno para dominar el arte de hacer la revolución sin equivocaciones. Por eso
vemos un odio tan feroz. Por eso no le duele al imperialismo francés tirar
decenas y centenares de millones para apoyar la contrarrevolución, pues ésta
supone la devolución a Francia de las deudas rusas, que ascienden a miles de
millones y que los obreros y los campesinos no reconocen.
La prensa burguesa se
entretiene actualmente en colma de falsedades sus columnas, diciendo que el
Consejo de Comisarios del Pueblo se ha trasladado a Tula; que hace diez días lo
vieron en Cronstadt, etc.; que Moscú está a punto de caer y que las autoridades
soviéticas han huido.
Toda la burguesía, todos los
ex Románov, todos los capitalistas y terratenientes están con el cuerpo de
ejército checoslovaco, ya que vinculan su sublevación a la posibilidad de la
caída del Poder soviético. Eso lo saben los aliados y emprenden una de las
batallas más serias. Les faltaba un núcleo en Rusia, y los de dicho cuerpo
checoslovaco se lo han proporcionado. Por eso la sublevación de los
checoslovacos no debe tomarse a la ligera. Ha desencadenado toda una serie de
insurrecciones contrarrevolucionarias; las últimas páginas de nuestra historia
revolucionaria llevan la impronta de toda una sarta de levantamientos de kulaks
y guardias blancos.
La situación del Poder
soviético es grave, no hay que perderlo de vista. Pero mirad en derredor y
veréis que la seguridad en la victoria no puede menos de llenar vuestros
corazones.
![]()
98 En la primavera y en el verano de 1917
se extendió entre las tropas francesas un movimiento de protesta contra la
guerra imperialista. Atormentados por las duras condiciones de la vida del
frente, los soldados se negaban a ir a las trincheras, organizaban mítines y
presentaban reivindicaciones de mejora de su situación y de cese de la guerra.
Según datos oficiales, el movimiento abarcó a setenta y cinco regimientos de
infantería, veintitrés batallones de fusileros y doce regimientos de
artillería.
Después de aplastado el movimiento, el ministro del Interior del
Gobierno francés, L. Malvy, fue culpado por dicho gobierno de haber llevado una
lucha poco enérgica contra los "derrotistas" y lo procesaron.
99 Véase la nota 16.
Discurso en un mitin que se dio en el Museo Politécnico
Alemania ha sufrido una
serie de derrotas, y no es un secreto que se deben a la "traición" de
los soldados alemanes; los soldados franceses se han negado a ir al frente, en
el momento más peligroso, a causa de la detención del camarada Andrieu, a quien
el gobierno ha tenido que poner en libertad para poder mover las tropas, etc.,
etc.
145
Hemos hecho muchos
sacrificios. La paz de Brest es una herida dolorosísima; esperábamos la
revolución en Alemania, pero entonces no había madurado aún. Eso ocurre ahora,
la revolución avanza sin ningún género de dudas y es inevitable. Mas sólo un
tonto podría preguntar cuándo estallará la revolución en Occidente. La
revolución no se puede prever, no se puede predecir, llega por sí misma. Madura
y debe estallar. ¿Acaso una semana antes de la revolución de febrero sabía
alguien que iba a estallar? ¿Acaso cuando un pope loco llevaba al pueblo a
Palacio100 pensaba alguien que iba a estallar la
revolución de 1905? Pero la revolución madura y debe estallar sin falta.
Nosotros debemos mantener el
Poder soviético hasta que comience allí la revolución; nuestros errores deben
ser una enseñanza para el proletariado de Occidente, para el socialismo
internacional. La salvación de la revolución, no sólo de la rusa, sino también
de la internacional, está en el frente checoslovaco. Y tenemos ya noticias de
que el ejército, al que los generales han traicionado infinidad de veces, el
ejército, infinitamente cansado, empieza a obtener victorias después de la
llegada de nuestros camaradas, los comunistas, los obreros, empieza a dar
pruebas de entusiasmo revolucionario en la lucha contra la burguesía mundial.
Estamos seguros de que la
victoria será nuestra y de que, venciendo, salvaremos el socialismo. (Clamorosa ovación)
Publicado íntegro por primera vez en 1926 en las "Obras
Completas" de N. Lenin (V. Uliánov), 2a edición, t. XX, parte II.
T. 37, págs. 65-70.
![]()
100 Se trata del cura Gapón, que organizó el
9 de enero de 1905 una manifestación de obreros de San Petersburgo con sus
mujeres e hijos hacia el palacio del zar para entregar a éste una petición en
la que se describía la grave situación de los obreros. Por orden del zar, la
manifestación pacífica de los obreros fue ametrallada: más de mil personas
resultaron muertas y unas cinco mil heridas. En respuesta al atroz
ametrallamiento de San Petersburgo, en toda Rusia hubo huelgas y
manifestaciones. Comenzó la revolución de 1905-1907.
Discurso en el I Congreso Nacional de Instrucción Pública
146
DISCURSO EN EL I CONGRESO NACIONAL DE
INSTRUCCIÓN PÚBLICA
(Cuando el camarada Lenin entra en la sala, todos se ponen en pie.
Clamorosos y prolongados Aplausos) Camaradas: Vivimos uno de los momentos
más críticos, importantes e interesantes de
la historia, un momento de avance de la revolución socialista mundial. Ahora
ven ya claro, incluso quienes estaban lejos de las teorías y las previsiones
socialistas, que esta guerra no terminará del mismo modo que comenzó, es decir,
concertándose como de costumbre la paz entre los viejos gobiernos
imperialistas. La revolución rusa ha demostrado que la guerra lleva
inevitablemente a la disgregación de toda la sociedad capitalista, que se
convierte en una guerra de los trabajadores contra los explotadores. En ello
estriba la trascendencia de la revolución rusa.
Por grandes que sean los
obstáculos que se alzan en nuestro camino, por más que hagan todos los países
por dilapidar decenas de millones en difundir mentiras y calumnias sobre la
revolución rusa, la clase obrera del mundo entero siente que la causa de la
revolución rusa es su propia causa. A la par con la guerra entre los dos grupos
imperialistas, comienza otra guerra en todas partes, la guerra que la clase
obrera, contagiada del ejemplo de la revolución rusa, declara a su propia
burguesía. Todos los síntomas muestran que Austria e Italia están en vísperas
de una revolución. El antiguo régimen se descompone allí a pasos agigantados.
En países más sólidos y robustos, como Alemania, Inglaterra y Francia, se
produce el mismo proceso, pero en forma algo diferente y menos visible. La
bancarrota del régimen capitalista y de la guerra capitalista son inevitables.
Los imperialistas alemanes no han podido ahogar la revolución socialista. El
aplastamiento de la revolución en la Letonia roja, en Finlandia y en Ucrania ha
costado a Alemania la descomposición de su ejército. La derrota de Alemania en
el frente occidental se ha debido en gran parte a que su antiguo ejército ya no
existe. Esa "rusificación" de los soldados alemanes, de que hablaban
medio en broma los diplomáticos alemanes, ha resultado ahora que no es ninguna
broma, sino una verdad amarga para ellos. Aumenta el espíritu de protesta, y
los actos de "traición" se están haciendo un fenómeno corriente en el
ejército alemán.
Por otra parte, Inglaterra y
Francia hacen los últimos esfuerzos para conservar sus posiciones. Se lanzan
contra la República rusa y ponen tan tensas las cuerdas del capitalismo, que
éstas empiezan a saltar. Incluso los órganos de prensa de la burguesía reconocen
que en el estado de ánimo de las masas obreras se ha producido un viraje
indudable: en Francia fracasa la idea de la "defensa de la patria", y
en Inglaterra la clase obrera declara terminada la "paz civil". Esto
significa que los imperialistas ingleses y franceses han jugado su última
carta; podemos decir con absoluta seguridad que perderán la baza. (Clamorosos aplausos.) Por más que
ciertos grupos griten que los bolcheviques se apoyan sólo en una minoría, han
de reconocer que no cuentan con fuerzas en el interior de Rusia para luchar
contra ellos y tienen que recurrir a la intervención extranjera. Así pues, la
guerra que la clase obrera de Francia e Inglaterra se ve forzada a llevar es
una manifiesta guerra de conquista que persigue el fin de aplastar la
revolución rusa. Eso significa que el imperialismo inglés y francés, y, por
consiguiente, el imperialismo mundial, se encuentra en trance de muerte. (Clamorosos aplausos.)
Por difícil que fuese
declarar de nuevo el estado de guerra en un país donde el pueblo mismo la había
arrollado y había desbaratado al antiguo ejército, por difícil que fuese
organizar un ejército durante una encarnizada guerra civil, superamos todas las
dificultades y hemos
Discurso en el I Congreso Nacional de Instrucción Pública
creado otro ejército, con lo
que tenemos asegurada la victoria sobre el cuerpo de ejército checoslovaco, los
guardias blancos, los terratenientes, los capitalistas y los kulaks. (Clamorosos aplausos.) Las masas
trabajadoras comprenden que no se baten por los intereses de un puñado de
capitalistas, sino por su propia causa. Los obreros y los campesinos rusos
tienen por primera vez la posibilidad de dirigir las fábricas y de disponer de
la tierra, y esta experiencia no podía no dejar huellas. Nuestro ejército se ha
formado de gente escogida, de campesinos y obreros con conciencia de clase;
todos ellos van al frente, sabiendo que luchan no sólo por el destino de la
revolución rusa, sino de toda la revolución mundial, pues podemos estar seguros
de que la revolución rusa es sólo un ejemplo, sólo el primer paso en la serie
de revoluciones en que desembocará indefectiblemente la guerra.
147
La instrucción pública es
parte integrante de la lucha que ahora desplegamos. A la hipocresía y a la
falsedad podemos oponer la verdad plena y patente. La guerra ha mostrado en la
práctica qué es la "voluntad de la mayoría", con la que la burguesía
se escudaba; ha mostrado que un puñado de plutócratas lleva a los pueblos a la
matanza en aras de sus intereses. Se ha puesto definitivamente en entredicho la
fe en que la democracia burguesa está al servicio de la mayoría. Nuestra
Constitución y nuestros Soviets, que han sido una novedad para Europa, pero que
nosotros conocemos ya desde la experiencia de la revolución de 1905, son el
mejor ejemplo de agitación y propaganda, un ejemplo que desenmascara toda la
falsedad y toda la hipocresía de la democracia burguesa. Hemos proclamado
públicamente que dominan los trabajadores y los explotados, y esto constituye
nuestra fuerza y lo que nos hace invencibles.
En el terreno de la
instrucción pública ocurre lo mismo: cuanto más culto era el Estado burgués,
con tanto más refinamiento mentía, afirmando que la escuela podía permanecer al
margen de la política y servir a toda la sociedad.
En realidad, la escuela
había sido convertida por entero en instrumento de la dominación de clase de la
burguesía, estaba toda ella impregnada del espíritu burgués de casta, perseguía
el fin de proporcionar lacayos serviciales y obreros mañosos a los capitalistas.
La guerra ha mostrado que las maravillas de la técnica moderna sirven de
instrumento de exterminio de millones de obreros y enriquecimiento fabuloso de
los capitalistas que se lucran con la guerra. La guerra está minada por dentro
porque hemos denunciado la mentira de los capitalistas y le hemos opuesto la
verdad. Decimos que nuestra labor en el terreno de la enseñanza es esa misma
lucha por derrocar a la burguesía; declaramos públicamente que la escuela al
margen de la vida, al margen de la política es falsedad e hipocresía. ¿Qué era
el sabotaje declarado por los más instruidos representantes de la vieja cultura
burguesa? El sabotaje ha demostrado con más evidencia que cualquier agitador y
con más claridad que todos nuestros discursos y miles de folletos que esa gente
considera el saber monopolio suyo y lo convierte en instrumento de su
dominación sobre quienes se ha dado en llamar "los de abajo". Han
utilizado su instrucción para frustrar la edificación del socialismo y actuado
abiertamente contra las masas trabajadoras.
Los obreros y los campesinos
rusos han acabado de instruirse en la lucha revolucionaria. Han visto que
nuestro régimen es el único que les brinda la dominación efectiva, se han
convencido de que el poder del Estado ayuda por completo y en todo a los obreros
y a los campesinos pobres a aplastar definitivamente la resistencia de los
kulaks, de los terratenientes y los capitalistas.
Los trabajadores tienden al
saber porque lo necesitan para triunfar. Nueve décimas partes de las masas
trabajadoras han comprendido que el saber es un arma en su lucha por la
emancipación, que sus reveses se deben a la falta de instrucción y que ahora depende
de ellos mismos hacerla accesible en realidad para todos. Nuestra causa
triunfará porque las propias masas han emprendido la construcción de la nueva
Rusia, de la Rusia socialista. Aprenden de su experiencia propia, aprenden de
sus reveses y equivocaciones y ven cuán
Discurso en el I Congreso Nacional de Instrucción Pública
necesaria es la instrucción
para el desenlace victorioso de la lucha que sostienen. A pesar de la aparente
descomposición de muchas instituciones y del júbilo de los intelectuales
saboteadores, vemos que la experiencia de la lucha ha enseñado a las masas a
decidir ellas mismas su destino. Todos los que simpatizan con el pueblo de
hecho, y no de palabra, los mejores hombres del magisterio acudirán en nuestra
ayuda, y en ello vemos una garantía infalible de que la causa del socialismo
vencerá. (Ovación.)
Publicado íntegramente por primera vez en 1919 en el libro
"Actas del I Congreso de Instrucción Pública de toda Rusia".
T. 37, págs. 74-78.
Discurso en un mitin celebrado en la vieja fábrica de Michelson
148
DISCURSO EN UN MITIN CELEBRADO EN LA
VIEJA FÁBRICA DE MICHELSON.
El 30 de agosto de
1918.
Breve información
periodística.
(Clamorosos aplausos que se convierten en ovación.) A los
bolcheviques nos imputan siempre que abandonamos las consignas de igualdad y
fraternidad. Expliquémonos en esta cuestión con claridad.
¿Qué poder sustituyó al
zarista? El de Guchkov y Miliukov, que quiso reunir en Rusia la Asamblea
Constituyente. ¿Qué se ocultaba en realidad tras esa labor a favor del pueblo
liberado de una opresión milenaria? Pues que Guchkov y demás bienhechores estaban
respaldados por una caterva de capitalistas que perseguían sus objetivos
imperialistas. Y cuando se entronizó la pandilla de Kerenski, Chernov y
compañía, ese gobierno tambaleante y falto de base se cuidaba únicamente de los
intereses vitales de la burguesía cercana a él. El poder pasó de hecho a los
kulaks y no daba nada a las masas trabajadoras. Lo mismo vemos en otros países.
Tomemos a Norteamérica, el país más libre y civilizado. Es una república
democrática. ¿Y qué? Allí domina impúdicamente un puñado, no de millonarios,
sino de multimillonarios, y todo el pueblo vive en la esclavitud, en la
servidumbre. Si las fábricas, los bancos y todas las riquezas del país
pertenecen a los capitalistas, y aliado de la república democrática vemos la
esclavitud feudal de millones de trabajadores y la miseria más deprimente, cabe
preguntan ¿dónde están vuestras cacareadas igualdad y fraternidad?
Sí, donde dominan los
"demócratas" existe un saqueo descarado, auténtico. Conocemos la
verdadera naturaleza de las llamadas democracias.
Los tratados secretos
concertados entre la República Francesa, Inglaterra y otras democracias han
mostrado con claridad meridiana el fondo y el trasfondo de todo esto. Los fines
e intereses que defienden son tan criminales y rapaces como los de Alemania. La
guerra nos ha abierto los ojos, y ahora vemos con claridad al insolente opresor
y saqueador tras la careta de defensor de la patria. A este empuje del
saqueador hay que oponer la acción revolucionaria, la obra revolucionaria. Es
cierto que en una época tan dura no resulta fácil lograr la unidad, sobre todo
de los campesinos revolucionarios, pero tenemos fe en la fuerza creadora y en
el fervor social de la vanguardia de la revolución: el proletariado industrial.
Los obreros, por su parte, han comprendido perfectamente que mientras sigan
cautivando el ánimo las ilusiones en la república democrática y la Asamblea
Constituyente, no dejarán de gastarse cincuenta millones de rublos diarios con
fines bélicos funestos para ellos, y que de ese modo no podrán liberarse jamás
de la opresión capitalista. El haberlo comprendido fue lo que los llevó a crear
sus Soviets.
La realidad de la vida ha
enseñado igualmente a los trabajadores a comprender que mientras los
terratenientes sigan instalados a sus anchas en sus palacios y fantásticos
castillos, la libertad de reunión será ficticia y significará libertad de
reunirse quizás en el otro mundo. Convendrán conmigo en que prometer libertad a
los obreros y dejar las mansiones, la tierra, las fábricas y todas las riquezas
en manos de los capitalistas y terratenientes nada tiene que ver con la
libertad y la igualdad. Nuestra consigna, nuestro lema es uno solo: todo el que
trabaja tiene derecho a gozar de los bienes de la vida. Es preciso privar de
esos bienes a los
Discurso en un mitin celebrado en la vieja fábrica de Michelson
holgazanes, a los parásitos
que chupan la sangre al pueblo trabajador. Nosotros proclamamos: ¡todo para los
obreros, todo para los trabajadores!
Sabemos que es difícil
lograr todo eso, conocemos la furiosa resistencia que opone la burguesía; pero
tenemos fe en la victoria final del proletariado, pues si ha sido capaz de
librarse de las espantosas calamidades del temporal guerrero imperialista, de
levantar el edificio de la revolución socialista sobre las ruinas del edificio
destruido por él, no puede no triunfar.
Y en efecto las fuerzas se
cohesionan en todas partes. Merced a que hemos abolido la propiedad privada de
la tierra, el proletariado de la ciudad y del campo se une en rápido proceso.
En Occidente se produce también un despertar en la conciencia de clase de los
obreros. Los obreros de Inglaterra, Francia, Italia y otros países hacen
llamamientos y plantean a menudo reivindicaciones que indican cuán cercano está
el triunfo de la revolución mundial. La tarea que hoy se nos plantea es
realizar nuestro trabajo revolucionario, desdeñando la hipocresía, los gritos
insolentes y los lamentos de la burguesía expoliadora. Debemos lanzar todo lo
que tenemos alDiscurso en un mitin celebrado en la vieja fábrica de Michelson
frente checoslovaco para aplastar a esta banda, que se encubre con consignas de
libertad e igualdad y acribilla a centenares y miles de obreros y campesinos.
¡Tenemos una sola alternativa: vencer o morir!
Publicado el 1 de
septiembre de 1918 en el núm.
188 de "Izvestia
del CEC de toda Rusia".
T. 37, págs. 83-85.
Discurso en un mitin celebrado en la vieja fábrica de Michelson
150
EL CARÁCTER DE NUESTROS PERIÓDICOS
Se dedica demasiado espacio
a la agitación política sobre temas viejos, al estrépito político. Se dedica
poquísimo espacio a la multitud de hechos que dan testimonio de la edificación
de la nueva vida.
¿Por qué no hablar en 10 ó
20 líneas, y no en 200 ó 400, de cosas tan simples, conocidas de todo el mundo,
claras y asimiladas ya en medida considerable por las masas, como la infame
traición de los mencheviques, lacayos de la burguesía; como la invasión
anglo-japonesa, emprendida para restablecer los derechos sagrados del capital;
como las amenazas de los multimillonarios norteamericanos a Alemania, etc.,
etc.? Hay que hablar de ello, hay que señalar cada hecho nuevo a este respecto,
pero no escribir artículos ni repetir razonamientos, sino estigmatizar en unas
cuantas líneas, con "estilo telegráfico", las nuevas manifestaciones
de una política vieja, ya conocida, ya apreciada.
La prensa burguesa de los
"buenos tiempos viejos de la burguesía" no tocaba el sanctasanctórum: el estado interior de
cosas en las fábricas y empresas privadas. Esta costumbre iba en provecho de la burguesía. Nosotros tenemos que
perderla radicalmente. Aún no lo
hemos hecho. El tipo de nuestros periódicos no
cambia todavía tanto como debería en una sociedad que está pasando del
capitalismo al socialismo.
Menos política. La política
está "esclarecida" a fondo y se reduce a la lucha entre dos campos:
el del proletariado insurrecto y el de un puñado de capitalistas esclavistas
(seguidos de su jauría, en la que se incluyen los mencheviques, etc.). De esta
política se puede, repito, y se debe hablar con suma brevedad.
Más economía. Pero no en el
sentido de razonamientos "generales", de estudios doctos, de planes
seudointelectuales y demás hojarasca que, lamentablemente, no son sino un
fárrago de cosas inútiles con demasiada frecuencia. No, la economía nos es
necesaria en el sentido del allegamiento, de la comprobación escrupulosa y del estudio de los hechos
concernientes a la edificación real de la nueva vida. Las grandes fábricas, las
comunas agrícolas, los comités de campesinos pobres, los consejos de economía
locales ¿cuentan en la práctica con
éxitos en la organización de la nueva economía? ¿Cuáles son precisamente estos
éxitos? ¿Se han visto confirmados? ¿No son más bien quimeras, jactancias,
promesas de intelectuales ("las cosas se van arreglando", "el
plan está trazado", "ponemos en juego las fuerzas", "ahora
respondemos del éxito", "la mejora es indudable" y demás frases
charlatanescas de las que "nosotros" somos maestros consumados)? ¿A
qué se deben los éxitos? ¿Cómo ampliarlos?
¿Dónde está la lista negra
de fábricas atrasadas que, después de la nacionalización, siguen siendo modelos
de desorden, disgregación, suciedad, golfería, parasitismo? No existe. Pero esas fábricas existen. No
sabemos cumplir con nuestro deber sin hacer la guerra a esos "guardianes de las tradiciones del
capitalismo". No seremos comunistas, sino traperos, mientras toleremos en
silenciar la situación reinante en esas fábricas. No sabemos valernos de los
periódicos para sostener una lucha de clase, como lo hacía la burguesía.
Recordemos cómo sabía acosar
perfectamente en la prensa a sus enemigos de clase, cómo se mofaba de ellos,
cómo los difamaba, cómo les hacía la vida imposible. ¿Y nosotros? ¿Acaso la
lucha de clase en la época del tránsito del capitalismo al socialismo no
consiste en proteger los intereses de la clase
obrera contra los puñados, los grupos, las capas de obreros que se aferran
tenazmente a las tradiciones (costumbres) del capitalismo, considerando el
Estado
Discurso en un mitin celebrado en la vieja fábrica de Michelson
soviético igual que antes:
trabajar "para él" lo menos y lo peor posible y sacarle "a
él" la mayor cantidad posible de dinero? ¿Es que hay pocos de esos
canallas, por ejemplo, entre los cajistas de las imprentas soviéticas, entre
los obreros de las fábricas de Sórmovo y Putílov, etc.? ¿A cuántos de ellos
hemos pillado, desenmascarado y puesto en la picota?
La prensa no dice nada de
esto. Y si habla de ello, lo hace al estilo administrativo, burocrático, no
como una prensa revolucionaria, no como órgano de la dictadura de una clase que
demuestra con sus actos que la resistencia de los capitalistas y de quienes
conservan los hábitos capitalistas de parasitismo será vencida con mano de
hierro.
151
Otro tanto cabe decir de la guerra. ¿Acosamos a los jefes
pusilánimes y a los papanatas? ¿Hemos puesto en vergüenza ante Rusia a los
regimientos que no sirven para nada? ¿Hemos "echado el guante" a
elementos deplorables que deberían ser expulsados con escándalo del ejército
por ineptitud, negligencia, tardanza, etc.? No hacemos una guerra seria, despiadada, verdaderamente revolucionaria contra los
portadores concretos del mal. Hacemos
poca educación de masas con ejemplos
y modelos vivos y concretos, tomados de todos los dominios de la vida, y ésta es la tarea principal de la prensa
durante la transición del capitalismo al comunismo. Prestamos poca atención a
la vida cotidiana de las fábricas,
del campo, de los regimientos, donde lo nuevo crece más que en ninguna otra
parte, donde hay que concentrar la mayor atención, desarrollar la publicidad,
criticar a la luz del día, estigmatizar los defectos y llamar a aprender de los
buenos ejemplos.
Menos estrépito político.
Menos razonamientos seudointelectuales. Hay que estar más cerca de la vida.
Prestar más atención a cómo la masa obrera y campesina construye de hecho lo nuevo en su esfuerzo diario. Hay que comprobar más hasta qué punto esto nuevo
es comunista.
Publicado el 20 de
septiembre de 1918 en el núm. 202 de "Pravda".
T. 37, págs. 89-91.
Sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del
soviet de Moscú, de los Comités de Fábrica y de los Sindicatos
152
SESIÓN CONJUNTA DEL COMITÉ EJECUTIVO
CENTRAL DE TODA RUSIA, DEL SOVIET DE MOSCÚ, DE LOS COMITÉS DE FÁBRICA Y DE LOS
SINDICATOS.
22 de octubre de
1918.
1. Informe.
(Atronadores e interminables Aplausos y exclamaciones de “hurra”.)
Camaradas: Me parece que la situación en que nos encontramos ahora, con todo lo
que tiene de contradictoria, se puede expresar, primero, en que nunca hemos
estado tan cerca de la revolución proletaria internacional como hoy y, segundo,
en que jamás nos ha amenazado mayor peligro que en la actualidad. Pues bien,
hoy quisiera hablar con más detenimiento de estos dos puntos, sobre todo del
segundo. Creo que las grandes masas apenas se dan cuenta de todo el peligro que
nos acecha, y como nosotros podemos actuar únicamente apoyándonos en las
grandes masas, la tarea principal de los representantes del Poder soviético
consiste en decir a esas masas toda la verdad de la situación actual, por
angustiosa que sea de tiempo en tiempo. De la proximidad de la revolución
socialista internacional se ha hablado en reiteradas ocasiones y seré breve. En
efecto, uno de los reproches principales que han hecho al Poder soviético no
sólo la burguesía, sino los sectores pequeñoburgueses que han perdido la fe en
el socialismo y muchos de los llamados socialistas, que estaban habituados a
los tiempos pacíficos y no creían en el socialismo, consiste en que hacemos la
revolución socialista en Rusia al azar, pues en Occidente aún no ha madurado.
Camaradas, hoy, después de
cuatro años de guerra, la bancarrota general del imperialismo es un hecho
evidente; ahora queda claro para todos que la revolución es inevitable en todos
los países beligerantes. Mientras tanto, nosotros, a quienes nos auguraban en
un principio días o semanas de existencia, hemos hecho en este año de
revolución más que ningún otro partido proletario hiciera jamás en el mundo.
Nuestra revolución ha resultado ser un fenómeno de carácter universal. Que hoy
el bolchevismo es un fenómeno universal lo reconoce también toda la burguesía,
y este reconocimiento pone de manifiesto que nuestra revolución ha empezado a
desplazarse de Oriente a Occidente y encuentra allí terreno más abonado cada
día. Sabéis que ha estallado la revolución en Bulgaria. Los soldados búlgaros
han empezado a formar Soviets.
Nos llegan noticias de que
en Serbia también se están formando Soviets. Aunque la Entente anglo-francesa
promete a los pueblos miles de venturas si se sublevan y se apartan de
Alemania, aunque los capitalistas más acaudalados del mundo y más poderosos de
Norteamérica, Inglaterra y Francia prometen mucho, queda claro que la burguesía
de los distintos Estados pequeños en que se está desmembrando Austria en modo
alguno se va a sostener, que su dominio, su poder en esos Estados será un
fenómeno muy efímero, transitorio, porque la revolución obrera llama a las
puertas por doquier.
La burguesía de algunos
países se da cuenta de que habrá de mantenerse en sus Estados con la ayuda de
bayonetas extranjeras. Y no sólo en Austria, sino también en Alemania, donde
hace poco la situación parecía estable, vemos que ha empezado la revolución.
Nos llegan noticias de allá, en la prensa alemana se escribe ya de la
abdicación del káiser, y la prensa del partido de los socialdemócratas
independientes ha recibido ya permiso del canciller para hablar de la república
alemana. Eso quiere decir algo. Sabemos que se ha intensificado la
Sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del
soviet de Moscú, de los Comités de Fábrica y de los Sindicatos
descomposición de las
tropas, que allí se las exhorta abiertamente a que se subleven. Sabemos que en
la Alemania Oriental se han formado comités militares revolucionarios, los
cuales sacan a la luz publicaciones que revolucionan a los soldados. Por eso podemos
afirmar con toda seguridad que la revolución madura de hora en hora, y eso no
lo decimos nosotros solos, sino todos los alemanes del partido belicista y de
la burguesía, que sienten tambalearse a los ministros, que no cuentan ya con la
confianza del pueblo y que se mantendrán en su gobierno muy poco tiempo. Lo
dicen todos los que están enterados de cómo van las cosas: así es de inevitable
en Alemania la revolución popular y puede que incluso la proletaria.
Sabemos perfectamente cuán
inmenso es el movimiento proletario que se ha desplegado asimismo en otros
países. Hemos visto a Gompers presentarse en Italia y recorrer todas sus
ciudades, pagados los gastos por las potencias de la Entente y ayudado por toda
la burguesía y por los socialpatriotas italianos, predicando a los obreros
italianos que continuasen la guerra imperialista.
153
Hemos visto durante ese
tiempo a la prensa socialista italiana insertar sueltos, en los que no quedaba
más que el nombre de Gompers, y todo lo demás estaba tachado por la censura, o
se publicaban sueltos de mofa: "Gompers asiste a banquetes y habla por los
codos", y la prensa burguesa ha reconocido que a Gompers lo han abucheado
en todas partes. Ha escrito: "La conducta de los obreros italianos es tal
que se diría hubieran permitido viajar por Italia sólo a Lenin y a
Trotski". El Partido Socialista Italiano ha dado durante la guerra un gran
paso adelante, o sea, a la izquierda. Sabemos que en Francia ha habido
demasiados patriotas entre los obreros; les decían que amenazaba un peligro
inmenso a París y al territorio francés. Pero también allí cambia de conducta
el proletariado. En el último congreso101,
cuando se ha dado lectura a una carta sobre los actos de los aliados, los
imperialistas anglo-franceses, se han oído vivas a la república socialista. Y
ayer se recibió la noticia de que en París se ha celebrado un mitin de dos mil
metalúrgicos que ha saludado a la República Soviética de Rusia. Vemos que de
los tres partidos socialistas de Inglaterra sólo uno, el Partido Socialista
Independiente, no se adhiere abiertamente a los bolcheviques, mientras el Partido
Socialista Británico y el Partido Socialista Obrero de Escocia se declaran con
resolución partidarios de los bolcheviques. En Inglaterra también empieza a
difundirse el bolchevismo, y los partidos españoles, que estaban al lado del
imperialismo anglo-francés y entre los cuales se hubiera podido encontrar al
principio de la guerra a una o dos personas que tuvieran una remota noción de
los internacionalistas, han saludado todos ellos en sus congresos a los
bolcheviques rusos. ¡El bolchevismo se ha convertido en teoría y táctica
mundiales del proletariado internacional! (Aplausos.
) El bolchevismo ha hecho que se despliegue una armoniosa revolución socialista
ante todo el mundo, que se produzca, de hecho, una escisión entre los
socialistas por la disyuntiva de qué bando tomar: el de los bolcheviques o el
contrario a los bolcheviques. El bolchevismo ha hecho que se plantee el
programa de la creación del Estado proletario. Los obreros que no sabían lo que
pasaba en Rusia, pues leían únicamente periódicos burgueses llenos de
falsedades y calumnias, han empezado a darse cuenta de la realidad, al ver que
el gobierno proletario obtiene victoria tras victoria sobre sus
contrarrevolucionarios, al ver que no hay otra salida de esta guerra sino
nuestra táctica, sino el modo de obrar revolucionario de nuestro gobierno
obrero. El miércoles pasado se celebró una manifestación en Berlín, los obreros
exteriorizaron su indignación contra el káiser,
![]()
101 En el Congreso del Partido Socialista
Francés, celebrado entre el 6 y el 11 de octubre de 1918 en París, uno de los
líderes del partido, Jean Longuet, dio lectura a la carta del capitán Jean
Sadoul, miembro de la misión militar francesa en Rusia, a Romaní-Rolland, en la
que Sadoul condenaba las acciones vergonzosas de los Estados de la Entente en
Rusia enderezadas contra la revolución rusa. El corresponsal de Pravda en Ginebra comunicó que "la
carta produjo una impresión colosal. Desde la izquierda gritaban "Viva la
República Soviética" (Pravda,
núm. 221 del 13 de octubre de 1918).
Sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del
soviet de Moscú, de los Comités de Fábrica y de los Sindicatos
procurando desfilar por
delante de su palacio, y luego se encaminaron a la Embajada rusa para expresar
su solidaridad con los actos del Gobierno ruso.
¡He ahí adónde ha llegado
Europa después de cuatro años de guerra! Por eso mismo decimos que nunca hemos
estado tan próximos a la revolución mundial, que jamás ha sido tan evidente la
implantación del poderío del proletariado ruso, y está claro que nos seguirán
millones y decenas de millones del proletariado mundial. Por eso, repito, nunca
hemos estado tan cerca de la revolución internacional, ni jamás ha sido tan
peligrosa nuestra situación, porque antes no se tuvo nunca al bolchevismo por
una fuerza mundial. Parecía que no era sino consecuencia del cansancio de los
soldados rusos, una explosión de descontento de los soldados rusos, cansados de
la guerra, y que tan pronto como pasara ese descontento y se estableciera la
paz, aunque fuera impuesta de la manera más violenta, serían aplastados todos
los pasos dados por el camino de la fundación del Estado y de las reformas
socialistas. Todos estaban seguros de eso, pero ha resultado que en cuanto
hemos pasado de la guerra imperialista, terminada con una paz impuesta de la
manera más violenta, a dar los primeros pasos en la fundación del Estado, en
cuanto hemos pasado a brindar a los campesinos la posibilidad de que vivan de
hecho sin terratenientes de que entablen sus relaciones contra los
terratenientes, de que se convenzan en la práctica de que organizan su vida en
las tierras expropiadas no para los kulaks ni para nuevos capitalistas, sino
efectivamente para los propios trabajadores, en cuanto los obreros han visto
que han obtenido la posibilidad de organizar su vida sin capitalistas, de
aprender la difícil, pero gran obra, sin cuya realización jamás se librarán de
la explotación, ha quedado claro para todos, y de hecho así ha resultado, que
no hay fuerza ni contrarrevolución capaces de derrocar el Poder soviético.
Para que nosotros llegásemos
en Rusia a ese convencimiento han hecho falta meses enteros. Se dice que, en el
campo, los campesinos comprendieron el sentido y el alcance de nuestra
revolución sólo en el verano y a principios del otoño de 1918. En la ciudad ya
se tenía esa conciencia desde hacía mucho, mas para que llegara a cada
distrito, a cada subdistrito y aldea retirada, a fin de que el campesino viese
por la propia vida, y no por libros ni discursos, que la tierra debe recibirla
el trabajador y no el kulak, que se debe luchar contra el kulak, que al kulak
se le debe vencer con la organización propia, que la ola de sublevaciones que
ha recorrido este verano todo el país la han apoyado los terratenientes, los
kulaks y los guardias blancos, a fin de que el campesino sintiese por
experiencia propia, en sus costillas, en sus espaldas, el poder de la Asamblea
Constituyente, para eso han hecho falta meses y más meses, y el campo hoy sale
templado, y las masas campesinas pobres, que no roban trabajo ajeno, sólo ahora
han visto por experiencia propia, y no por libros, de los que nunca sacan
convicciones firmes las masas trabajadoras, que el Poder soviético es el poder
de los trabajadores explotados, y que cada aldea tiene la posibilidad de
empezar a echar los cimientos de la nueva Rusia socialista. Han hecho falta
largos meses para que, después de 1918, pudiéramos decir con seguridad también
en el resto de Rusia, basándonos en noticias personales, noticias sacadas de la
experiencia real, que en el campo no hay rincón apartado alguno donde no se
sepa qué es el Poder soviético y donde no lo defiendan, pues el campo ha visto
todo el peligro que suponen los terratenientes y los capitalistas, ha visto
asimismo la dificultad de la transformación socialista y no se ha asustado,
sino que se ha dicho: incorporaremos a este trabajo a decenas de millones de
brazos, hemos aprendido mucho en un año y aún aprenderemos más. Eso dicen ahora
con plena convicción en Rusia, basándose en la experiencia propia, decenas y
decenas de millones.
154
Sólo ahora queda claro
también para la burguesía de Europa Occidental, que hasta hoy no tomaba en
serio a los bolcheviques, sólo ahora queda claro para ella que en nuestro país
se ha constituido el único poder sólido, el único poder que va con las masas trabajadoras
y puede despertar en ellas un verdadero sacrificio heroico. Y cuando este poder
proletario ha empezado a contaminar a Europa, cuando se ha visto que esto no es
en absoluto una
Sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del
soviet de Moscú, de los Comités de Fábrica y de los Sindicatos
peculiaridad cualquiera de
Rusia y que los cuatro años de guerra han descompuesto el ejército en todo el
mundo — mientras que antes decían que sólo Rusia había llegado, por su atraso y
falta de preparación, a que su ejército se desbandara al cuarto año de guerra—
¿acaso hubiera sido esto posible en los países parlamentarios civilizados?
Y ahora todos ven que a los
cuatro años de guerra mundial, cuando millones de hombres han sido inmolados y
mutilados para que los capitalistas pudieran enriquecerse más, cuando los
desertores se cuentan por decenas de miles, este fenómeno inusitado se observa
no sólo en Rusia y Austria, sino en Alemania, jactanciosa de su orden; pues
bien, cuando se ha llegado a esto, la burguesía universal ha visto que tiene
que enfrentarse con un enemigo más serio y ha comenzado a agruparse, y cuanto
más nos hemos aproximado a la revolución proletaria internacional, tanto más se
ha agrupado la burguesía contrarrevolucionaria.
En algunos países aún siguen
haciendo caso omiso de la revolución, como hicieron en Octubre caso omiso de
los bolcheviques los ministros coalicionistas y dijeron que en Rusia las cosas
no irían tan lejos como para que los bolcheviques tomaran el poder. En Francia,
por ejemplo, dicen que los bolcheviques son un puñado de traidores que venden
su pueblo a los alemanes. Tiene más perdón que digan eso los burgueses de
Francia que los eseristas de izquierda en Rusia, pues para eso son burgueses,
para gastar millones en falsas invenciones. Pero cuando la burguesía francesa
ha visto el desarrollo del bolchevismo en Francia y que hasta partidos que no
eran revolucionarios se han pronunciado en pro de los bolcheviques, con una
consigna revolucionaria, se ha dado cuenta de que tiene delante a un enemigo
más temible: la bancarrota del imperialismo y la superioridad de los obreros en
la lucha revolucionaria. Todos saben que, debido a la guerra imperialista, en
nuestros días es particularmente grande el peligro para la revolución
proletaria, porque ésta crece de manera desigual en todos los países, ya que
todos los países están en distintas condiciones de vida política, y en unos el
proletariado está demasiado debilitado, y en otros es más fuerte. En un país,
la cúspide del proletariado es débil; en otros suele suceder que la burguesía
logre temporalmente dividir a los obreros, como ha ocurrido en Inglaterra y en
Francia; he ahí por qué la revolución proletaria se desarrolla de manera
desigual y por qué la burguesía ha visto que su enemigo más poderoso es el
proletariado revolucionario. La burguesía se cohesiona para detener la
bancarrota del imperialismo mundial.
Ahora ha cambiado la
situación para nosotros, y los acontecimientos sobrevienen con inmensa
celeridad. En un principio había dos grupos de imperialistas rapaces empeñados
en exterminarse el uno al otro, pero ahora se han dado cuenta, sobre todo en el
ejemplo del imperialismo alemán, considerado hacía poco tan fuerte como
Inglaterra y Francia, que su enemigo principal es el proletariado
revolucionario. Hoy, cuando a Alemania la descompone desde dentro el movimiento
revolucionario, el imperialismo anglo-francés se cree el amo del mundo. Allí
están persuadidos de que los enemigos principales del imperialismo son los
bolcheviques y la revolución mundial. Cuanto mayor es el desarrollo de la
revolución, tanto más se agrupa la burguesía. Por eso algunos de nosotros,
sobre todo muchos de las grandes masas, convencidos ahora de que pueden vencer
a nuestros contrarrevolucionarios, a los cosacos, a los oficiales y a los
checoslovacos, creen que con eso ya está hecho todo, no se dan cuenta de que
ahora eso es poco para nosotros, de que tenemos otro nuevo adversario mucho más
temible: el imperialismo anglo-francés. Hasta la fecha este adversario había
alcanzado pocos éxitos en Rusia, como en el desembarco de Arjánguelsk, pongamos
por caso. Un escritor francés, que editaba un periódico titulado La Victoire102, ha dicho que Francia no tiene bastante
con la victoria sobre los alemanes, que necesita vencer también al bolchevismo,
y que la campaña contra Rusia no es una ofensiva contra Alemania, sino una
![]()
102
El
periódico chovinista La Victoire lo
editaba en París, desde comienzos de 1916, H. Hervé, charlatán
ultraizquierdista hasta la primera guerra mundial y director del periódico La Guerre Sociale
Sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del
soviet de Moscú, de los Comités de Fábrica y de los Sindicatos
campaña contra el
proletariado revolucionario bolchevique y contra esa plaga que se está
propagando por todo el mundo.
155
He ahí por qué surge para nosotros un nuevo peligro, que aún no
se ha desenvuelto del todo ni se ve del todo, peligro que los imperialistas
anglo- franceses preparan por debajo de cuerda y que nosotros debemos
comprender mejor para hacer que las masas lo conozcan por medio de sus
dirigentes, porque los ingleses y los franceses no han tenido gran éxito ni en
Siberia ni en Arjánguelsk; al contrario, han sufrido una serie de derrotas;
pero ahora encauzan sus esfuerzos a atacar a Rusia por el Sur, bien desde los
Dardanelos, bien desde el mar Negro, bien por tierra a través de Bulgaria y
Rumania. Como esa gente obra guardando los secretos de guerra, no podemos decir
en qué estado de preparación estará la cruzada ni cuál de esos dos planes, o
quizá un tercero, habrán elegido; en eso precisamente reside el peligro, en que
no lo podemos saber a ciencia cierta. Pero sabemos con toda exactitud que se
está preparando, que la prensa de esos países escribe a veces con poca cautela,
algún que otro periodista declara abiertamente los fines principales y desecha
toda la falsa palabrería sobre la alianza de las naciones.
En los medios gobernantes
alemanes vemos ahora claramente dos tendencias, dos planes de salvación, si
ésta es aún posible. Unos dicen: ganemos tiempo, sostengámonos hasta la
primavera, puede que aún estemos en condiciones de resistir en las líneas de
fortificaciones; otros ven su salvación principal en Inglaterra y Francia,
dedican toda la atención a conseguir un acuerdo con Inglaterra y Francia contra
los bolcheviques, tienen toda la atención puesta en eso. Y si Wilson responde
ahora a la propuesta de paz con una burda y desdeñosa negativa, eso aún no hace
renunciar a sus planes al partido de los capitalistas germanos, que buscan el
entendimiento con Inglaterra. Este partido sabe que a veces puede existir un
acuerdo tácito, qué si presta servicios a los capitalistas ingleses y franceses
contra los bolcheviques, tal vez obtenga recompensa. En la sociedad capitalista
pasa eso: por los servicios se paga. Los capitalistas alemanes se hacen la
cuenta de que tal vez ayudemos a los capitalistas ingleses y franceses a
saquear algo, y entonces nos darán algo del botín. Pagar y que te paguen, tal
es la moral del mundo capitalista. Yo creo que esta gente sabe contar y, al
pretender a una parte del capital anglo-francés, calcula recibir miles de
millones como mínimo. Parte de esos señores entiende de cálculos así.
Es dudoso que no se haya
concertado ya tal acuerdo tácito entre la burguesía germana y la burguesía de
las potencias de la Entente. El fondo de ese acuerdo estriba en que los
ingleses y los franceses dicen: nosotros llegaremos a Ucrania; pero mientras no
estén allí nuestros destacamentos de ocupación, vosotros, alemanes, no retiréis
vuestras tropas; si no, los obreros tomarán el poder en Ucrania y triunfará
allí también el Poder soviético. Así piensan, porque comprenden que la
burguesía de todos los países ocupados: Finlandia, Ucrania y Polonia, sabe que
no se sostendrá ni un día si las tropas alemanas de ocupación se marchan; por
eso la burguesía nacional de estos países, que ayer se vendía a los alemanes,
iba a humillarse a los pies de los imperialistas germanos y se aliaba con ellos
contra sus propios obreros, como han hecho los mencheviques ucranios y los
eseristas en Tiflis, revende ahora su patria a todos. Ayer la vendía a los
alemanes, y hoy se la vende a los ingleses y a los franceses. Eso es lo que ocurre
entre bastidores, ésos son los negocios que se llevan. Al ver que la burguesía
anglo-francesa vence, todos ellos se ponen de su lado y preparan una
transacción con el imperialismo anglo-francés contra nosotros, a expensas
nuestras.
Cuando dicen a su futuro
señor multimillonario anglo-francés que toman su bando, declaran: vuestra
merced vencerá a los bolcheviques y debe ayudarnos a nosotros, pues los
alemanes no nos salvarán. Esta confabulación de la burguesía de todos los
países contra los obreros revolucionarios y los bolcheviques se perfila más
cada vez y se pone al descubierto con descaro. Nuestra obligación directa es
indicar ese peligro a los obreros y a los campesinos de todos los países
beligerantes.
Sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del
soviet de Moscú, de los Comités de Fábrica y de los Sindicatos
Pondré el ejemplo de Ucrania. Pensemos en su situación, pensemos
qué deben hacer en la situación actual los obreros y los comunistas
conscientes. Por un lado, ven la indignación despertada contra los
imperialistas alemanes, contra el espantoso saqueo de Ucrania; por otro lado,
ven que parte de las tropas alemanas, quizás gran parte, se ha marchado. Tal
vez se les ocurra exteriorizar el odio y la cólera acumulados y arrojarse
inmediatamente contra los imperialistas germanos, sin parar mientes en nada. Otros
dicen: somos internacionalistas y debemos mirar desde el punto de vista de
Rusia y de Alemania; incluso desde el punto de vista de Alemania sabemos que
allí no se mantendrá el poder, sabemos con seguridad que si la victoria
ucraniana de los obreros y de los campesinos es simultánea al afianzamiento del
poder en Rusia y a sus éxitos, la Ucrania socialista proletaria no sólo
vencerá, ¡sino que será invencible! Esos comunistas ucranios conscientes se
dicen: debemos ser muy prudentes; tal vez mañana se requiera de nosotros que
pongamos en tensión todas las energías y nos lo juguemos todo a una carta en
aras de la lucha contra el imperialismo y las tropas alemanas. Puede que mañana
sea así, mas hoy no; y hoy sabemos que las tropas de los imperialistas germanos
se están descomponiendo por sí solas; esos comunistas saben que las tropas
prusianas orientales y germanas editan publicaciones revolucionarias a la par
con las publicaciones revolucionarias ucranias. Al mismo tiempo, nuestra tarea
principal consiste en hacer propaganda en pro de la insurrección ucraniana. Eso
es desde el punto de vista de la revolución internacional, porque el eslabón
fundamental de esa cadena es el eslabón alemán, porque la revolución alemana ha
madurado ya, y de ella depende más que nada el éxito de la revolución mundial.
156
Tendremos cuidado de que nuestra intervención no perjudique a la
revolución de ellos. Se deben comprender los cambios y el crecimiento de cada
revolución. En cada país —nosotros lo hemos visto y experimentado y lo sabemos
mejor que otros—, la revolución sigue su curso peculiar, y esos cursos son tan
distintos que pueden retrasarla uno o dos años. La revolución mundial no es tan
llana que siga el mismo curso por doquier, en todos los países; si fuera así,
haría ya mucho que habríamos triunfado. Cada país debe pasar por etapas
políticas determinadas. Por todas partes vemos el mismo empeño de los
conciliadores, sus intentos de "salvar de la burguesía al pueblo",
poniéndose aliado de la burguesía, como hicieron en Rusia Tsereteli y Chernov,
como hacen en Alemania los partidarios de Scheidemann; en Francia eso se hace a
su manera. Y ahora, cuando la revolución ha llegado a Alemania, a este país del
movimiento obrero más fuerte, que se distingue por su organización y entereza,
donde los obreros han aguantado más tiempo, pero donde quizás hayan acumulado
más odio revolucionario y sepan ajustar mejor las cuentas a sus enemigos, la
ingerencia, en esos sucesos, de gentes desconocedoras del ritmo de crecimiento
de la revolución puede perjudicar a los comunistas conscientes que dicen: pongo
la atención, ante todo, en hacer que este proceso sea consciente. Hoy, cuando
el soldado alemán se ha persuadido de que, al decirle que va a defender la
patria, lo envían a la muerte y defiende en realidad a los imperialistas alemanes,
se acerca la hora en que la revolución alemana estallará con tanta fuerza y
organización que resolverá una centena de cuestiones internacionales. Por eso
los comunistas ucranianos conscientes dicen: debemos darlo todo por la victoria
de la revolución internacional, pero hemos de comprender que tenemos un futuro
y debemos marchar al paso de la revolución alemana.
Esas son las dificultades
que yo quería mostrar con el ejemplo de las reflexiones de los comunistas
ucranios, dificultades que también se reflejan en la situación de la Rusia
Soviética. Ahora debemos decir que el proletariado internacional se ha despertado
en nuestros días y avanza a pasos agigantados, pero nuestra situación es tanto
más difícil por cuanto nuestro "aliado" de ayer se revuelve contra
nosotros, viendo en nosotros a su enemigo principal. Va a combatir ahora no
contra las tropas adversarias, sino contra el bolchevismo internacional. Hoy,
cuando en el frente Sur se concentran las tropas de Krasnov, y sabemos que han
recibido proyectiles de los alemanes, cuando hemos desenmascarado al
imperialismo ante todos los
Sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del
soviet de Moscú, de los Comités de Fábrica y de los Sindicatos
pueblos, las gentes que nos
acusaron de haber concertado la paz de Brest enviaron a Krasnov a que tomase
proyectiles a los alemanes y los disparase contra los obreros y los campesinos
rusos, hoy los reciben de los imperialistas anglo -franceses, y al recibirlos
comercian y revenden a Rusia al millonario que más dé. Por eso ahora no basta
con la seguridad general que teníamos en que había sobrevenido un cambio
radical. Tenemos enemigos viejos, pero, además de ellos, se está reuniendo a
sus espaldas, y hoy precisamente, otra nueva ayuda para ellos. Estamos
enterados de todo eso y observamos. Por allá por febrero o marzo, hace tan sólo
medio año, no teníamos ejército. El ejército no podía combatir. El ejército que
había soportado cuatro años de guerra imperialista sin saber por qué peleaba,
sintiendo confusamente que batallaba por intereses ajenos, había sido puesto en
fuga y no había fuerzas en el mundo que lo pudieran detener.
Toda revolución vale algo
únicamente si sabe defenderse; pero no aprende en seguida a hacerlo. Nuestra
revolución ha sido el despertar de millones a una vida nueva. En febrero y
marzo esos millones no sabían para qué iban a proseguir la matanza a la que los
habían enviado los zares y los Kerenski, matanza cuyo objetivo no había sido
desenmascarado hasta diciembre por el gobierno bolchevique. Comprendían
claramente que esa guerra no era de ellos, y se necesitó cerca de medio año
para que se operase un cambio radical, cambio que ha sobrevenido y está
modificando la pujanza de la revolución. Agotadas y atormentadas por los cuatro
años de guerra las masas lo tiraban todo en febrero y marzo y clamaban por que
se concertase la paz y se pusiera fin a la guerra. No estaban en condiciones de
explicarse el por qué de la guerra. Si estas masas han creado ahora en el
Ejército Rojo una disciplina nueva, no la impuesta por el palo y los
terratenientes, sino la disciplina de los Soviets de diputados obreros y
campesinos; si están dispuestos hoy a hacer el mayor sacrificio; si entre ellos
se ha constituido una cohesión nueva, eso se debe a que nace y ha nacido por
primera vez, en la conciencia y sobre la experiencia de decenas de millones,
una disciplina nueva, la disciplina socialista, a que ha nacido el Ejército
Rojo. Y ha nacido sólo cuando estas decenas de millones de seres han visto por
experiencia propia que han sido ellos quienes han derrocado a los
terratenientes y a los capitalistas, que se construye una vida nueva, que han
empezado a construirla ellos mismos y que la construirán si no lo impide la
invasión extranjera.
Cuando los campesinos han
visto a su enemigo principal y empezado la lucha contra los kulaks rurales,
cuando los obreros han expulsado a los fabricantes y comenzado a organizar las
fábricas según el principio proletario de economía nacional, han visto toda la
dificultad de la reorganización, pero han sabido llevarla a cabo; han hecho
falta meses para poner en orden el trabajo. Esos meses han transcurrido, y el
viraje se ha operado; pasó el período de nuestra impotencia y hemos echado a
andar a pasos agigantados; pasó el período en que carecíamos de ejército, en
que no había disciplina; se ha creado otra nueva disciplina, y al ejército se
han presentado otros hombres que ofrendan su vida por millares.
157
Eso quiere decir que la
nueva disciplina y la alianza de camaradas nos han reeducado en la lucha del
frente y en la lucha del campo contra el kulak.
Este viraje que vivimos ha
sido difícil, pero ahora notamos que las cosas se van arreglando y vamos
pasando del socialismo sin orden, hecho por decreto, al socialismo verdadero.
La tarea principal que se nos plantea es la lucha contra el imperialismo, y en
esta lucha debemos vencer. Señalamos toda la dificultad y el peligro que
acarrea esta lucha. Sabemos que se ha operado un viraje en la conciencia del
Ejército Rojo, que éste ha empezado a tener victorias, que destaca de sus filas
a millares de oficiales que han terminado los estudios en las nuevas escuelas
militares proletarias y a millares de otros oficiales que no han cursado
estudios algunos, excepto la cruel escuela de la guerra. Por eso no exageramos
nada al reconocer el peligro, pero decimos que poseemos un ejército; y este
ejército ha creado su disciplina, es capaz de combatir. Nuestro frente Sur no
es un frente contra un adversario solo, es un frente
Sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del
soviet de Moscú, de los Comités de Fábrica y de los Sindicatos
contra todo el imperialismo
anglo-francés, contra el enemigo más poderoso del mundo, pero no le tememos,
pues sabemos que no podrá reducir a su propio enemigo interior.
Hace tres meses se reían
cuando decíamos que en Alemania podía estallar la revolución, nos replicaban
que únicamente los bolcheviques, medio locos, podían creer en la revolución
alemana. No sólo toda la burguesía, sino los mencheviques y los eseristas de
izquierda nos llamaban a los bolcheviques traidores al patriotismo y decían que
en Alemania no podía haber revolución. Mas nosotros sabíamos que allí hacía
falta nuestra ayuda, y que para prestar esa ayuda deberíamos sacrificarlo todo,
aceptar hasta las duras condiciones de la paz. Hace unos meses nos decían y
trataban de demostrar eso, pero Alemania se ha transformado en estos meses de
poderoso imperio en un árbol carcomido. La fuerza que lo ha destruido actúa
también en Norteamérica y en Inglaterra, es aún débil hoy, pero a cada paso que
los anglo— franceses intentan dar en Rusia, si prueban a ocupar Ucrania, como
han hecho los alemanes, se irá manifestando con mayor pujanza y será más
temible aún que la gripe española.
Por eso, camaradas, repito
que la tarea principal de cada obrero consciente estriba hoy en no ocultar nada
a las grandes masas, que pueden desconocer toda la gravedad de la situación,
sino, por el contrario, en decirles toda la verdad. Los obreros han madurado
para saber esa verdad. Debemos vencer no sólo a los guardias blancos, sino al
imperialismo mundial también. Debemos vencer y venceremos no sólo a este
enemigo, sino a otro más terrible. Para eso hace falta más que nada el Ejército
Rojo. Que cada organización de la Rusia Soviética no cese de poner en primer
plano la cuestión del ejército. Actualmente, cuando todo se ha consolidado,
está en primer plano el problema de la guerra y del fortalecimiento del
ejército. Estamos seguros por completo de que podremos con la
contrarrevolución. Sabemos que contamos con fuerzas, pero también sabemos que
el imperialismo anglo-francés es más fuerte que nosotros y queremos que las
masas obreras tengan una noción clara de ello. Decimos: hay que fortalecer el
ejército en diez veces y más aún, insistir en que se refuerce la disciplina y
en que los verdaderos jefes, conscientes, instruidos y organizados, decupliquen
la atención y los cuidados a eso, y entonces el auge de la revolución
internacional no se circunscribirá a los países que ya han sido derrotados.
Ahora la revolución comienza también ya en los países vencedores. ¡Nuestras
fuerzas deben acrecentarse cada día, y este acrecentamiento constante es para
nosotros, como antes, la garantía principal y completa de que el socialismo
internacional triunfará! (El discurso del
camarada Lenin es interrumpido muchas veces por clamorosos Aplausos y termina
en una ovación. Todos los asistentes se ponen en pie como un solo hombre y
saludan al jefe de la revolución mundial.)
Publicado íntegro en 1919 en el libro "Quinta legislatura
del CEC de toda Rusia. Actas taquigráficas".
T. 37, págs. 111-125.
Discurso en la reunión solemne del Consejo Central de toda Rusia
y del Consejo de Moscú de los Sindicatos
158
DISCURSO EN LA REUNIÓN SOLEMNE DEL
CONSEJO CENTRAL DE TODA RUSIA Y DEL CONSEJO DE MOSCÚ DE LOS SINDICATOS.
El 6 de noviembre de
1918.
Información
periodística.
(Los reunidos se ponen en pie y saludan al camarada Lenin con
prolongados y clamorosos aplausos.) Nos reunimos hoy —empezó el camarada
Lenin— en decenas y centenares de mítines
para festejar el aniversario de la Revolución de Octubre. Para quienes hace
tiempo participaron en el movimiento obrero, quienes estuvieron ligados antes
con los bajos sectores de los obreros y tuvieron estrecha relación con la
fábrica es claro que el año transcurrido ha sido un año de auténtica dictadura
del proletariado. Este concepto era antes un latinajo libresco desconocido, una
combinación de palabras difíciles de comprender. Los intelectuales buscaban la
explicación de este concepto en doctos libros que, no obstante, les daban una
idea muy confusa de lo que es la dictadura del proletariado. Y nuestro mérito
principal en el año transcurrido estriba en que hemos traducido estas palabras
del incomprensible latín al comprensible ruso. La clase obrera no se ha
dedicado durante el año transcurrido a lucubraciones vanas, sino que ha aplicado
en la práctica la dictadura del proletariado, a despecho de las mentes
excitadas de los intelectuales.
En Occidente ha seguido
reinando el capitalismo. Ahora empieza allí también el período de las grandes
revoluciones. El obrero euroccidental se está acercando también a la difícil
época de transición del capitalismo al socialismo. Lo mismo que nosotros, tendrá
que romper todo el viejo mecanismo y construir otro nuevo.
No hemos tenido que
aprovechar toda la reserva de experiencia, conocimientos y cultura técnica que
poseía la intelectualidad burguesa. La burguesía se reía burlona de los
bolcheviques, diciendo que el Poder soviético difícilmente se sostendría dos
semanas, y por eso no sólo eludía el seguir trabajando, sino que se resistía
allí donde podía y con todos los medios a su alcance al nuevo movimiento, a la
nueva edificación que rompía el viejo modo de vida.
La resistencia de la
burguesía aún está lejos de desaparecer. Su exasperación aumenta cada día, y
con tanta mayor rapidez cuanto más nos aproximamos al fin del viejo mundo
capitalista.
La situación internacional,
con motivo del bolchevismo, que se va reforzando y va adquiriendo alcance
mundial, es ahora tal que contra la República Soviética puede concertarse una
alianza de imperialistas de todos los matices, y la resistencia de la burguesía
puede convertirse de nacional en internacional.
Como sabéis, Alemania ha
expulsado de Berlín a nuestro embajador so pretexto de que nuestra
representación en Alemania hacía propaganda revolucionaria. Como si no hubiera
sabido antes el Gobierno alemán que nuestra embajada introducía la
contaminación revolucionaria. Pero si Alemania callaba antes, era porque aún
estaba fuerte, porque no nos temía. Ahora, después del descalabro militar, le
damos miedo. Los generales y los capitalistas alemanes se dirigen a los aliados
y les dicen: aunque nos habéis vencido, no os distraigáis mucho, haciendo
experimentos con nosotros, pues el bolchevismo mundial, en la lucha contra el
cual os podemos ser útiles, os amenaza a vosotros y nos amenaza a nosotros.
Discurso en la reunión solemne del Consejo Central de toda Rusia
y del Consejo de Moscú de los Sindicatos
Y es muy posible que los
imperialistas aliados se unan con el imperialismo alemán si, claro, este último
aún sigue en pie por entonces, para participar en la cruzada unida contra
Rusia. Por eso el peligro que nos ha rodeado a lo largo de todo el año pasado
es particularmente grande ahora. Pero ya no estamos solos. Ahora tenemos amigos
en los pueblos que ya se han sublevado en unos sitios y se están sublevando en
otros, que convencen con la suficiente evidencia a sus gobiernos de que no
quieren seguir combatiendo con fines de conquistas ladronescas. Mas, a pesar de
que nos espera una nueva época de períodos muy peligrosos, seguiremos nuestra
edificación socialista. La experiencia del pasado nos ayudará a evitar los
errores y nos proporcionará nuevas fuerzas para seguir trabajando.
El papel de los sindicatos
en la organización de la nueva administración pública ha sido inmenso. La clase
obrera ha mostrado que sabe, sin intelectuales ni capitalistas, organizar la
industria. Se ha hecho mucho, pero aún queda mucho por hacer. ¡Avanzad con
valentía, camaradas, por el camino que habéis seguido hasta ahora, incorporad
al trabajo a nuevos sectores de masas! Dad la posibilidad a todos los obreros,
aunque no sepan leer, aunque no tengan experiencia ni conocimientos, pero que
estén ligados con las masas y deseen sinceramente que el nuevo régimen se
consolide, dadles a todos ellos, sean afiliados al partido o no, la posibilidad
de trabajar y estudiar en el nuevo Estado proletario, de dirigir y crear
riquezas.
159
El proletariado
internacional se sublevará, derrocará en todas partes el capitalismo y ultimará
nuestro trabajo, que llevará a la victoria completa del socialismo. (Clamorosos aplausos.)
Publicado el 9 de
noviembre de 1918 en el núm. 244 de "Izvestia del CEC de toda Rusia".
T. 37, págs. 132-134.
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
160
VI CONGRESO EXTRAORDINARIO DE LOS
SOVIETS DE TODA RUSIA DE DIPUTADOS OBREROS, CAMPESINOS, COSACOS Y SOLDADOS
ROJOS.
6-9 de noviembre de
1918.
1. Discurso sobre el
aniversario de la revolución, 6 de noviembre.
(La aparición del camarada Lenin es acogida por una prolongada ovación.
Todos se ponen en pie y saludan al camarada Lenin.) Camaradas: Conmemoramos
el aniversario de nuestra revolución
en momentos de importantísimos acontecimientos del movimiento obrero
internacional, cuando hasta los más escépticos, hasta los que más dudaban entre
la clase obrera y los trabajadores ven claro que la guerra mundial no acabará
en convenios o violencias del viejo gobierno y de la vieja clase dominante, la
burguesía, que la guerra lleva no sólo a Rusia, sino a todo el mundo, a la
revolución proletaria mundial, a la victoria de los obreros sobre el
capitalismo, que ha anegado en sangre la Tierra y muestra, después de todas las
violencias y atrocidades del imperialismo alemán, la misma política por parte
del imperialismo anglo-francés, apoyado por Austria y Alemania.
El día en que celebramos el
aniversario de la revolución se debe lanzar una mirada al camino recorrido.
Hubimos de empezar nuestra revolución en condiciones de inusitada dificultad,
en las que no se encontrará ninguna de las siguientes revoluciones obreras del
mundo, y por eso es de singular importancia que intentemos verter luz sobre
todo el camino que hemos recorrido y ver qué hemos alcanzado en este tiempo y
en qué medida nos hemos preparado en este año para nuestra tarea principal,
para nuestra tarea verdadera, decisiva y fundamental. Debemos ser una parte de
los destacamentos, una parte del ejército proletario y socialista de todo el
mundo. Nos hemos dado siempre cuenta de que si hemos tenido que empezar la
revolución, que dimanaba de la lucha de todo el mundo, no ha sido en virtud de
méritos algunos del proletariado ruso o en virtud de que él estuviera delante
de todos; antes al contrario, sólo la debilidad peculiar, el atraso del
capitalismo y, sobre todo, las agobiadoras circunstancias estratégicas y militares
nos hicieron ocupar, por la lógica de los acontecimientos, un lugar delante de
otros destacamentos, sin esperar que éstos se acercasen, se alzasen. Ahora
hacemos el balance a fin de enterarnos de la medida en que nos hemos preparado
para acercarnos a las batallas que nos esperan en nuestra futura revolución.
Y bien, camaradas, al
preguntarnos qué hemos hecho de importancia en este año, debemos decir que
hemos hecho lo siguiente: del control obrero, estos primeros pasos de la clase
obrera, del manejo de todos los recursos del país hemos llegado al umbral de la
creación de la administración obrera de la industria; de la lucha de todos los
campesinos por la tierra, de la lucha de los campesinos contra los
terratenientes, de la lucha de carácter nacional, democrático y burgués hemos
llegado a que en el campo se destaquen los elementos proletarios y
semiproletarios, se destaquen los que más trabajan, los explotados, y se
comience a edificar la nueva vida; la parte más oprimida del campo ha empezado
la lucha hasta el fin contra la burguesía, incluida su propia burguesía rural,
los kulaks.
Sigamos: como ha dicho
acertadamente el camarada Sverdlov, al inaugurar el congreso, de los primeros
pasos de la organización soviética hemos llegado al punto en que en Rusia no
hay un solo rincón donde no se haya consolidado esta organización, donde no forme
un todo con la Constitución soviética, redactada teniendo en cuenta la larga
experiencia de lucha de todos los trabajadores y oprimidos.
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
De nuestra completa
incapacidad defensiva, de la última guerra de cuatro años, que ha dejado en las
masas no sólo el odio de los oprimidos, sino la repulsa, un cansancio tremendo
y una extenuación que condenó la revolución a un período de lo más difícil y
pesado, cuando estábamos indefensos ante los golpes del imperialismo alemán y
austriaco, de esa incapacidad defensiva hemos pasado a tener un poderoso
Ejército Rojo. Por último, y esto es lo más importante, hemos llegado del
aislamiento internacional, del que padecíamos en Octubre y al principio del año
en curso, a una situación en la que nuestro único, pero firme aliado, los
trabajadores y oprimidos de todos los países, se han alzado al fin, cuando
dirigentes del proletariado euroccidental, como Liebknecht y Adler, dirigentes
que han pagado con largos meses de presidio sus audaces y heroicos intentos de
levantar la voz contra la guerra imperialista, vemos que estos dirigentes están
en libertad porque ha obligado a ponerlos en libertad la revolución obrera de
Viena y Berlín, que crece por instantes. Del aislamiento hemos llegado a la
situación de estar codo con codo y hombro a hombro con nuestros aliados
internacionales. Eso es lo fundamental que hemos alcanzado este año. Y me
permitiré detenerme brevemente a hablar de este camino, a hablar de esta
transición.
161
Camaradas, al principio, nuestra consigna era el control obrero.
Decíamos: a pesar de todas las promesas del gobierno de Kerenski, el capital
continúa saboteando la producción del país y destruyéndola cada vez más. Vemos
ahora que las cosas marchaban hacia la disgregación, y el primer paso
fundamental obligatorio para todo gobierno socialista, obrero, debe ser el
control obrero. No decretamos en el acto el socialismo en toda nuestra
industria porque el socialismo puede formarse y afianzarse únicamente cuando la
clase obrera aprenda a dirigir, cuando se afiance el prestigio de las masas
obreras. Sin eso, el socialismo no pasa de ser un deseo. De ahí que
implantáramos el control obrero, sabiendo que es un paso contradictorio, un
paso incompleto, pero es necesario que los propios obreros emprendan la gran
obra de crear la industria de un inmenso país sin explotadores y contra los
explotadores. Y, camaradas, quien ha participado directa e incluso
indirectamente en esa obra, quien ha sufrido toda la opresión, todas las
atrocidades del viejo régimen capitalista ha aprendido muchísimo.
Sabemos que es poco lo
conseguido. Sabemos que en el país más atrasado y arruinado, en el que tantas
trabas y dificultades se ha puesto a la clase obrera, esta clase necesita un
plazo largo para aprender a dirigir la industria. Estimamos que lo más importante
y valioso consiste en que los propios obreros han tomado en sus manos esta
dirección, en que del control obrero, que debía seguir siendo caótico,
desmembrado, artesano e incompleto en todas las ramas básicas de la industria,
hemos llegado a la dirección obrera de la industria a escala nacional.
La situación de los
sindicatos ha cambiado. Su tarea principal consiste ahora en enviar a
representantes suyos a todas las Direcciones Generales y organismos centrales,
a todas las nuevas organizaciones que han heredado del capitalismo una
industria arruinada y premeditadamente saboteada y que han puesto manos a la
obra sin la ayuda de todas esas fuerzas intelectuales que se plantearon desde
el principio el objetivo de utilizar los conocimientos y la instrucción
superior —resultado del acervo de conocimientos adquiridos por la humanidad—
para frustrar la causa del socialismo, en vez de poner la ciencia al servicio
de las masas en la organización de la economía pública, nacional, sin
explotadores. Esa gente se ha planteado el objetivo de utilizar la ciencia para
poner obstáculos, para estorbar a los obreros que han tomado en sus manos la
dirección, siendo los menos preparados para ello. Y podemos decir que el
obstáculo fundamental ha sido vencido. La tarea ha resultado
extraordinariamente difícil. El sabotaje de todos los elementos que se inclinan
hacia la burguesía ha sido roto. A pesar de los enormes impedimentos, los
obreros han conseguido dar este paso fundamental que ha echado los cimientos
del socialismo. No exageramos ni tememos lo más mínimo decir la verdad. Sí, se
ha hecho poco para alcanzar el objetivo final;
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
pero se ha hecho mucho,
muchísimo, para consolidar esos cimientos. Al hablar del socialismo, no se
puede hablar de la edificación consciente de los cimientos entre las más
amplias masas obreras en el sentido de que esas masas hayan tomado los libros y
leído un folleto; la conciencia consiste en este caso en que han emprendido con
su propia energía, con sus propias manos una obra de extraordinaria dificultad,
han cometido millares de errores y han sufrido ellos mismos las consecuencias
de cada uno de ellos, en que cada error les templaba y forjaba en la
organización de la dirección de la industria, hoy ya realidad con firme base.
Han llevado su labor hasta el fin. Esta labor no se efectuará ahora como antes;
ahora, toda la masa obrera, no sólo los jefes y los trabajadores de vanguardia,
sino verdaderamente los más amplios sectores saben que ellos mismos edifican el
socialismo con sus propias manos, que han colocado ya sus cimientos y que no
hay en el interior del país fuerza capaz de impedirles llevar a término esta
obra.
Si en lo que se refiere a la
industria hemos encontrado tan grandes dificultades, si en ese terreno hemos
debido recorrer un camino que a muchos les parece largo, pero que en realidad
es corto, y que nos ha llevado del control obrero a la administración obrera,
en el campo, que es el más atrasado, hemos debido realizar una labor
preparatoria mucho mayor. Y quienes han observado la vida rural, quienes han
tenido contacto con las masas campesinas en las propias aldeas dicen: la
Revolución de Octubre en las ciudades se ha convertido en verdadera Revolución
de Octubre para el campo sólo durante el verano y el otoño de 1918. Y en esta
cuestión, camaradas, cuando el proletariado petrogradense y los soldados de la
guarnición de esta ciudad tomaron el poder, sabían perfectamente que la
organización de la nueva vida en el campo presentaría grandes dificultades; que
en esta labor sería necesario avanzar de manera más gradual, que constituiría
el mayor absurdo intentar imponer por decreto y por ley el laboreo colectivo de
la tierra; que eso podría ser aceptado por un insignificante número de
campesinos conscientes, pero que la inmensa mayoría de los campesinos no se
planteaba esa tarea. Y por eso nos limitamos a lo que era absolutamente
indispensable para el desarrollo de la revolución: no adelantarse en modo
alguno al desarrollo de las masas, sino esperar que el avance dimane de la
propia experiencia de esas masas, de su propia lucha. En Octubre nos limitamos
a barrer de un solo golpe al enemigo secular de los campesinos, al
terrateniente feudal, al propietario de los latifundios. Eso era la lucha
campesina general. Entonces aún no existía en el seno del campesinado la
división entre proletariado, semiproletariado, campesinado pobre y burguesía.
Nosotros, socialistas, sabíamos que sin esa lucha no existiría el socialismo;
pero sabíamos también que no bastaba que lo supiéramos nosotros, que era
necesario que lo comprendieran millones de seres, no a través de la propaganda,
sino como resultado de su propia experiencia, y por eso, cuando todo el
campesinado en su conjunto se imaginaba la revolución basada exclusivamente en
el usufructo igualitario de la tierra, dijimos abiertamente en nuestro decreto
del 26 de octubre de 1917 que tomábamos como base el mandato campesino sobre la
tierra.
162
Dijimos claramente que ese mandato no respondía a nuestros
puntos de vista, que eso no era comunismo; mas no impusimos a los campesinos lo
que no respondía a sus puntos de vista y respondía exclusivamente a nuestro
programa. Declaramos que marchábamos con ellos como con camaradas trabajadores,
seguros de que el desarrollo de la revolución habría de conducir a la misma
situación a que hemos llegado y, como resultado, vemos el movimiento campesino.
La reforma agraria se inició con esa socialización de la tierra que hemos
aprobado nosotros mismos, con nuestros votos, diciendo francamente que no
coincide con nuestras opiniones, sabiendo que la inmensa mayoría comparte la
idea del usufructo igualitario de la tierra y no queriendo imponerle nada a
aquélla, esperando que el campesinado se desembarazara de eso por sí mismo y
marchara adelante. Hemos esperado todo lo necesario y hemos sabido preparar
nuestras fuerzas.
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
La ley que aprobamos
entonces se basaba en los principios democráticos generales, en lo qué une al
campesino rico, al kulak, con el campesino pobre; el odio al terrateniente; se
basaba en la idea general de la igualdad, que era, sin duda alguna, una idea
revolucionaria contra el viejo régimen de la monarquía. Y de esa ley debíamos
pasar a la división en el seno del campesinado. Aplicamos la ley de
socialización de la tierra con el asentimiento general. Esa ley fue aprobada
unánimemente por nosotros y por los que no compartían los puntos de vista de
los bolcheviques. En la solución del problema de quién debe poseer la tierra
concedimos prioridad a las comunas agrícolas. Dejamos abierto el camino para
que la agricultura pudiera desarrollarse, basada en los principios socialistas,
sabiendo perfectamente que entonces, en octubre de 1917, no estaba en
condiciones de emprender ese camino. Con nuestra preparación hemos esperado
hasta conseguir un gigantesco paso de importancia histórica universal, que no
ha sido dado aúnen ninguno de los Estados republicanos más democráticos. Ese
paso lo ha dado este verano toda la masa campesina, incluso en las aldeas rusas
más apartadas. Cuando las cosas llegaron al desorden en el abastecimiento, al
hambre; cuando como consecuencia de la vieja herencia y de los cuatro años
malditos de guerra, cuando con los esfuerzos de la contrarrevolución y de la
guerra civil nos fue arrebatada la zona más cerealista; cuando todo eso alcanzó
el punto culminante y el peligro del hambre amenazó a las ciudades, el único
baluarte de nuestro poder, el más fiel y seguro, el obrero avanzado de las
ciudades y de las zonas industriales marchó unánime al campo. Calumnian quienes
dicen que los obreros marcharon al campo para dar principio a la lucha armada entre
los obreros y los campesinos. Los acontecimientos refutan esa calumnia. Los
obreros marcharon para oponer resistencia a los elementos explotadores del
campo, a los kulaks, que han amasado riquezas inauditas especulando con el
trigo mientras el pueblo se moría de hambre. Marcharon para ayudar a los
campesinos trabajadores pobres, a la mayoría de la aldea. Y que no fueron en
vano, que tendieron su mano de alianza, que su trabajo preparatorio se fundió
con la masa, lo ha demostrado plenamente julio, la crisis de julio, cuando la
sublevación de los kulaks se extendió por toda Rusia. La crisis de julio
terminó en que en las aldeas se levantaron por doquier los elementos
trabajadores explotados, se levantaron junto con el proletariado de las
ciudades. El camarada Zinóviev me ha comunicado hoy por teléfono que al
Congreso regional de comités de campesinos pobres, que se está celebrando en
Petrogrado, asisten 18.000 personas y que en él reinan entusiasmo y animación
extraordinarios. A medida que lo que ocurre en toda Rusia va adoptando una
forma más evidente, los pobres del campo, al alzarse, han visto la lucha con
los kulaks por propia experiencia, han visto que para abastecer de víveres la
ciudad, que para restablecer el intercambio de mercancías —sin el cual no puede
vivir el campo — no se puede marchar con la burguesía rural y con los kulaks.
Hay que organizarse aparte. Y nosotros hemos dado ahora el primer paso
grandioso de la revolución socialista en el campo. En Octubre no podíamos
darlo. Comprendimos ese momento cuando pudimos ir a las masas, y ahora hemos
logrado que haya empezado la revolución socialista en el campo, que no exista
una sola aldea apartada en la que no sepan que si el hermano rico, el hermano
kulak especula con trigo, enfoca todos los acontecimientos actuales desde el
viejo punto de vista retrógrado.
Y bien, la economía rural,
los pobres del campo, uniéndose estrechamente a sus jefes, los obreros urbanos,
sólo ahora proporcionan los cimientos definitivos y firmes para la verdadera
edificación socialista. Sólo ahora empezará en el campo la edificación
socialista. Sólo ahora se organizarán los Soviets y haciendas que tiendan
sistemáticamente al laboreo colectivo de la tierra a gran escala, al
aprovechamiento de los conocimientos, de la ciencia y de la técnica, sabiendo
que, en el terreno de la época vieja, reaccionaria y oscurantista es imposible
hasta la cultura humana más simple y elemental. En este terreno, la labor es
más difícil que en la industria. En este terreno son mayores aún las
equivocaciones de nuestros comités locales y de los Soviets rurales. Aprenden
en las equivocaciones. Nosotros no tememos las equivocaciones cuando las
cometen las masas, que tienen una actitud
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
consciente ante la
edificación, porque sólo confiamos en la propia experiencia y en el propio
trabajo.
163
Pues bien, la mayor
revolución que nos ha traído en plazo tan breve al socialismo en el campo
muestra que toda esta lucha ha sido coronada por el éxito. Lo muestra de la
manera más evidente el Ejército Rojo. Sabéis en qué situación hemos estado en
la guerra imperialista mundial, cuando Rusia se vio en una situación en la que
las masas populares no podían soportarla. Sabemos que entonces nos vimos en la
situación más desamparada. Dijimos abiertamente toda la verdad a las masas
obreras. Denunciamos los tratados imperialistas secretos de la política que
sirve de instrumento más grande de engaño, política que ahora, en Norteamérica,
la república democrática del imperialismo burgués más avanzada, engaña a las
masas como nunca y les toma el pelo. Cuando el carácter imperialista de la
guerra quedó claro para todos, el único país que desmoronó hasta los cimientos
la política exterior secreta de la burguesía fue la República Soviética de
Rusia. Denunció los tratados secretos y dijo por boca del camarada Trotski, dirigiéndose
a los países de todo el mundo; os llamamos a que terminéis esta guerra por vía
democrática, sin anexiones ni contribuciones, y decimos abiertamente y con
orgullo la dura verdad, pero la verdad al fin y al cabo, que para acabar esta
guerra hace falta la revolución contra los gobiernos burgueses. Nuestra voz
quedó sola. Por ello hubimos de pagar con una paz de inverosímiles dureza y
sacrificio que nos impuso el tiránico Tratado de Brest, que sembró el
abatimiento y la desesperación entre muchos simpatizantes. Eso fue porque
estábamos solos. Pero cumplimos con nuestro deber y dijimos a todos. ¡Tales son
los fines de la guerra! Y si se desbordó sobre nosotros el alud del
imperialismo alemán fue porque hacía falta un gran lapso para que nuestros
obreros y campesinos llegasen a una organización sólida. Entonces carecíamos de
ejército; teníamos el viejo ejército desorganizado de los imperialistas, que
llevaban a la guerra por fines que los soldados no compartían y con los que no
simpatizaban. Resultó que hubimos de pasar por un período muy doloroso. Fue un
período en el que las masas debían descansar de la atormentadora guerra
imperialista y comprender que empezaba otra guerra. Tenemos derecho a llamar
guerra nuestra la guerra en que defendamos nuestra revolución socialista. Eso
tenían que comprenderlo por experiencia propia millones y decenas de millones.
Se tardaron meses en ello. Esa conciencia se fue abriendo paso durante mucho
tiempo y a duras penas. Pero en el verano de este año quedó claro para todos que
se había abierto paso al fin, que el viraje se había empezado, que el ejército,
producto de la masa popular, el ejército, que se sacrifica, que después de la
sangrienta matanza de cuatro años va otra vez a la guerra, para que ese
ejército combata por la República Soviética necesita nuestro país que el
cansancio y la desesperación de la masa, que va a esa guerra, sean sustituidos
por una conciencia clara de que van a morir verdaderamente por su causa: por
los Soviets obreros y campesinos, por la república socialista. Eso lo hemos
logrado.
Las victorias que este
verano obtuvimos sobre el cuerpo de ejército checoslovaco y las noticias de las
victorias que se reciben y alcanzan enormes proporciones demuestran que se ha
dado un viraje y que la tarea más difícil, la de formar unas masas socialistas
organizadas y conscientes, se ha cumplido después de una dolorosa guerra de
cuatro años. Esa conciencia ha calado hondo en las masas. Decenas de millones
han comprendido que están dedicados a una obra difícil. Y en ello está la
garantía de que, aunque se proponen atacarnos las fuerzas del imperialismo
mundial, que son más vigorosas que nosotros ahora, que aunque nos rodeen ahora
los soldados de los imperialistas, que han comprendido el peligro del
Poder soviético y arden en
deseos de asfixiarlo, a pesar de que decimos la verdad, de que no ocultamos que
son más fuertes que nosotros, no nos dejamos llevar por la desesperación.
Nosotros decimos:
¡Avanzamos, la República Soviética avanza! La causa de la revolución proletaria
avanza con más rapidez de lo que se acercan las fuerzas de los imperialistas.
Estamos llenos de esperanza y seguridad en que defendemos los intereses no sólo
de la
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
revolución socialista rusa, sino en que hacemos la guerra en
defensa de la revolución socialista mundial. Nuestras esperanzas en la victoria
crecen con más rapidez porque crece la conciencia de nuestros obreros. ¿Qué era
la organización soviética en octubre del año pasado? Eran los primeros pasos.
No podíamos amoldarla, hacerla llegar a una situación determinada, a la
situación actual, y ahora tenemos la Constitución soviética. Sabemos que esta
Constitución soviética fue aprobada en julio, que no ha sido inventada por una
comisión cualquiera, que no ha sido redactada por jurisconsultos ni copiada de
otras constituciones. En el mundo no ha habido otras constituciones como la
nuestra. En ella está refrendada la experiencia de lucha y organización de las
masas proletarias contra los explotadores así dentro del país como en todo el
mundo. Tenemos en nuestro haber experiencia de lucha. (Aplausos.) Y esta experiencia es una confirmación evidente de que
los obreros organizados han creado el Poder soviético sin funcionarios, sin
ejército permanente, sin privilegios concedidos de hecho en beneficio de la
burguesía y han colocado en las fábricas los cimientos de la nueva edificación.
Nos ponemos manos a la obra, incorporando a los nuevos colaboradores que nos
hacen falta para aplicar la Constitución soviética. Para ello tenemos listo
personal recién reclutado, jóvenes campesinos que debemos incorporar al trabajo
y nos ayudarán a llevar la obra hasta el fin.
164
Hablaré ahora del último
punto en que quiero detenerme: de la situación internacional. Estamos hombro a
hombro con nuestros camaradas internacionales y nos hemos convencido de cuánta
resolución y energía ponen en expresar la seguridad en que la revolución
proletaria rusa seguirá con ellos como una revolución internacional.
En la medida en que ha
venido creciendo la importancia internacional de la revolución, ha venido
creciendo y reforzándose la rabiosa cohesión de los imperialistas de todo el
mundo. En octubre de 1917 consideraban nuestra república un caso curioso al que
no valía la pena conceder atención; en febrero la consideraban un experimento
socialista que no merecía tenerse en cuenta. Pero el ejército de la República
ha ido creciendo y fortaleciéndose: ha cumplido la misión más difícil de crear
el Ejército Rojo socialista. En virtud del avance y el éxito de nuestra causa
ha venido aumentando la resistencia y el odio rabiosos de los imperialistas de
todos los países, los cuales han hecho a los capitalistas anglo -franceses, que
pregonaban a voz en grito su enemistad a Guillermo, estar a punto de unirse con
ese mismo Guillermo en la lucha por asfixiar a la República Soviética
Socialista, ya que han visto que ha dejado de ser un caso curioso y un
experimento socialista y se ha convertido en un foco verdadero, en un foco efectivo
de la revolución socialista mundial. Por eso, en la medida en que han sido
mayores los éxitos de nuestra revolución, ha venido aumentando el número de
nuestros enemigos. Debemos darnos cuenta, sin ocultar lo más mínimo la gravedad
de nuestra situación, de lo que tenemos que hacer en adelante. Pero iremos a
ello, y no vamos ya solos, sino con los obreros de Viena y Berlín, que se alzan
a la misma lucha y aportarán, quizás, mayores disciplina y conciencia a nuestra
causa común.
Camaradas, para mostraros
cómo se echa encima de nuestra República Soviética el nublado y qué peligros
nos acechan, os leeré el texto completo de una nota que el Gobierno alemán nos
ha hecho llegar por mediación de su consulado:
"Al Comisario del
Pueblo para las Relaciones Exteriores, G. V. Chicherin, Moscú, 5 de noviembre
de 1918.
"Por encargo del
Gobierno imperial alemán, el Consulado Imperial Alemán tiene el honor de
comunicar a la República Federativa de Rusia lo que sigue: el Gobierno alemán
se ha visto obligado a elevar por segunda vez una protesta con motivo de las
declaraciones hechas por entidades oficiales rusas, las cuales, a pesar de las
disposiciones del artículo 2 del Tratado de Paz de Brest, llevan a cabo una
campaña intolerable contra las instituciones públicas alemanas. Además, no
considera posible
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
limitarse a protestar contra
dicha campaña, la cual no sólo viola las disposiciones indicadas en el tratado,
sino que entraña una trasgresión de las habituales prácticas internacionales.
Cuando, después de haber concluido el Tratado de Paz, el Gobierno soviético
estableció su representación diplomática en Berlín, se indicó en forma clara al
representante de Rusia, señor Ioffe, que debía abstenerse de hacer en Alemania
agitación o propaganda algunas. La respuesta de éste fue que conocía el
artículo 2 del Tratado de Brest y que sabía que, como representante de una
potencia extranjera, no debía inmiscuirse en los asuntos internos de Alemania.
Por ello, tanto el señor Ioffe como los organismos que de él dependen, gozaban
en Berlín de la habitual atención y confianza que se otorga a las
representaciones extranjeras que tienen derechos de extraterritorialidad. Sin
embargo, esta confianza ha sido defraudada. De un tiempo a esta parte ha
quedado claro ya que la representación diplomática rusa ha mantenido estrecho
contacto con determinados elementos que actúan para derrocar el régimen estatal
de Alemania y, utilizando dichos elementos, ha mostrado interés en el
movimiento orientado a derrocar el régimen existente en Alemania. Merced al
incidente ocurrido el 4 del mes en curso, se ha puesto en claro que la
representación rusa introduce en el país hojas volantes que exhortan a la
revolución, tomando así incluso parte activa en los movimientos que tienen como
objetivo derribar el régimen existente y abusando con ello del privilegio de
utilizar correos diplomáticos. Debido al deterioro causado durante el
transporte a uno de los cajones del equipaje oficial del correo ruso que llegó
ayer a Berlín, se ha comprobado que contenía hojas volantes revolucionarias
impresas en alemán y destinadas a ser distribuidas en Alemania. La actitud
adoptada por el Gobierno soviético ante la manera de resarcir el asesinato del
Embajador imperial, conde de Mirbach, es un motivo más de queja para el
Gobierno alemán. El Gobierno ruso prometió solemnemente hacer cuanto estuviera
a su alcance para castigar a los culpables. Sin embargo, el Gobierno alemán no
ha podido registrar indicio alguno de que se haya iniciado la búsqueda o el
castigo de los culpables o de que se haya propuesto hacerla. Los asesinos
huyeron del edificio, el cual estaba acordonado por agentes de la seguridad
pública del Gobierno ruso.
165
Los instigadores del crimen,
que han reconocido públicamente haberlo planeado y preparado, siguen hasta el
día de hoy gozando de impunidad, y a juzgar por las noticias recibidas, incluso
han sido amnistiados. El Gobierno alemán protesta contra esta violación del
tratado y del derecho público y ha de exigir del Gobierno ruso garantías de que
en adelante se evitará toda agitación y propaganda que vulnere el Tratado de
Paz. Ha de insistir, además, en que se purgue el asesinato del Embajador, conde
de Mirbach, castigando a los homicidas y quienes los instigaron. El Gobierno
alemán ha de solicitar del Gobierno de la República Soviética que retire a sus
representantes diplomáticos y otros que tenga en Alemania mientras no se hayan
satisfecho estos requerimientos. Hoy se ha comunicado al representante de Rusia
en Berlín que se pondrá a su disposición un tren expreso para que pueda salir
del país el personal diplomático y consular, así como los demás representantes
oficiales de Rusia que se encuentran en la capital alemana; el tren partirá
mañana por la tarde, y se tomarán todas las medidas pertinentes para que todo
el personal pueda llegar sin obstáculos hasta la frontera rusa. Se ruega al
Gobierno soviético que se preocupe a la vez de dar a los representantes alemanes
que se encuentran en Moscú y Petrogrado la posibilidad de abandonar el país,
observando todos los requisitos que impone el deber de cortesía. Se pondrá en
conocimiento de los otros representantes de Rusia que se encuentren en
Alemania, así como de los representantes oficiales alemanes que se hallen en
otros lugares de Rusia, que deben emprender el viaje en el plazo de una semana,
los primeros para Rusia, y los segundos para Alemania. El Gobierno alemán se
permite manifestar que confía en que su personal oficial mencionado en último
orden gozará
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
también, en el momento de
partir, de las debidas atenciones que impone la cortesía, y en que a los
súbditos alemanes o personas acogidas a la jurisdicción alemana, en caso de que
lo solicitaran, se les permitirá abandonar el país sin inconvenientes".
Camaradas, todos estamos al
cabo de la calle de que el Gobierno alemán sabía de sobra que en la Embajada
rusa eran bien recibidos los socialistas alemanes, y no los partidarios del
imperialismo alemán, gente que nunca traspuso los umbrales de la Embajada rusa.
Sus amigos eran los socialistas adversarios de la guerra que simpatizaban con
Carlos Liebknecht. Desde que se estableció la Embajada, ellos fueron sus
visitantes, y sólo con ellos mantuvimos relaciones. De todo eso estaba muy bien
enterado el Gobierno alemán, que vigila a cada representante de nuestro
Gobierno con tanto celo como lo hacía Nicolás II con nuestros camaradas. Y si
el Gobierno alemán adopta ahora esa actitud no es porque haya cambiado algo,
sino porque antes se creía más fuerte y no temía que las llamas de una casa
incendiada en las calles de Berlín se propagaran a toda Alemania. El Gobierno
alemán ha perdido la cabeza y piensa apagar el incendio, que abarca a todo el
país, dirigiendo sus extintores policíacos a una sola casa. (Clamorosos aplausos.)
Esto es simplemente
ridículo. Si el Gobierno alemán se dispone a anunciar la ruptura de las
relaciones diplomáticas, declaramos que nosotros lo sabíamos y que orienta
todos sus esfuerzos a concertar una alianza con los imperialistas anglo—
franceses. Sabemos que el gobierno de Wilson ha recibido numerosos telegramas
con la petición de que no se retiren las tropas alemanas de Polonia, Ucrania,
Estlandia y Liflandia, pues, aunque esos imperialistas son enemigos del
imperialismo alemán, dichas tropas cumplen una misión de ellos: la de reprimir
a los bolcheviques. Podrán retirarse sólo cuando lleguen allí "tropas
liberadoras" de la Entente para estrangular a los bolcheviques.
Eso lo sabemos de sobra: por
ese lado nada nos pillará por sorpresa. Decíamos sólo que ahora, cuando
Alemania está en llamas y toda Austria arde, cuando se han visto obligados a
poner en libertad a Liebknecht y permitirle ir a la Embajada rusa, donde se celebraba
una reunión general de socialistas rusos y alemanes encabezada por Liebknecht,
el paso dado por el Gobierno alemán no es tanto una prueba de que quiere
luchar, sino más bien de que ha perdido totalmente la cabeza y que va,
desesperado, de un lado a otro en busca de una solución, porque contra Alemania
avanza el enemigo más encarnizado, el imperialismo anglo-norteamericano, un
enemigo que aplastó a Austria con una paz cien veces más expoliadora que la paz
de Brest. Alemania comprende que estos liberadores también quieren aplastarla a
ella, despedazarla y martirizarla. Al mismo tiempo, se alza el obrero alemán.
El ejército alemán no resultó ineficaz y sin capacidad de combatir porque se
hubiera relajado su disciplina, sino porque los soldados, que se negaban a
pelear fueron trasladados del frente oriental al occidental de Alemania y
llevaron con ellos lo que la burguesía llama bolchevismo mundial.
Esa es la causa de que el
ejército alemán no tuviese capacidad de combate y de que este documento sea la
mejor prueba del desconcierto del Gobierno de Alemania. Afirmamos que dicho
documento motivará la ruptura de las relaciones diplomáticas, y quizás lleve
incluso a la guerra si dicho gobierno cuenta con fuerzas para dirigir tropas de
guardias blancos. Por eso hemos enviado a todos los Soviets de diputados un
telegrama que termina en una exhortación a estar alerta, a prepararse y poner
en tensión todas las fuerzas, pues esto es otra prueba de que el imperialismo
internacional se propone el objetivo principal de dar al traste con el
bolchevismo.
166
Ello significa vencer no
sólo a Rusia, sino también, en cada país, a los obreros propios. Mas no lo
conseguirán, aunque empleen las mayores brutalidad y violencia en alcanzar su
propósito. Estas fieras se preparan, preparan una campaña contra Rusia desde el
Sur, a través de los Dardanelos, o por Bulgaria y Rumania; negocian para formar
un ejército de guardias
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
blancos en Alemania y
lanzarlo contra Rusia. Nos damos perfecta cuenta de este peligro y decimos con
franqueza: camaradas, el año de trabajo que hemos realizado no ha sido en vano;
hemos colocado los cimientos y nos hallamos ante batallas decisivas que lo
serán de verdad. Pero no avanzamos solos: el proletariado de Europa Occidental
se ha alzado y no ha dejado piedra sobre piedra en Austria— Hungría. El
gobierno de ese país es tan flojo, está tan desconcertado y ha perdido tanto la
cabeza como el gobierno de Nicolás Románov a fines de febrero de 1917. Nuestra
consigna debe ser: ¡poned una vez más todas las fuerzas en la lucha, sin
olvidar que nos aproximamos a la batalla final, a la batalla decisiva en aras
de la revolución socialista mundial, y no sólo de la rusa!
Sabemos que las fieras del
imperialismo son todavía más fuertes que nosotros, que pueden volcar sobre
nosotros y nuestro país las violencias, las atrocidades y tormentos más
desenfrenados, pero no pueden vencer a la revolución mundial. Están posesos de
un odio cerril, y por ello nos decimos a nosotros mismos: pase lo que pase,
cada obrero y cada campesino de Rusia cumplirá con su deber y entregará la vida
si así lo exige la defensa de la revolución. Decimos: pase lo que pase,
cualesquiera que sean las calamidades que nos envíen los imperialistas, no se
salvarán. ¡El imperialismo sucumbirá, y la revolución socialista internacional
triunfará contra viento y marea! (Clamorosos
aplausos que se transforman en prolongada ovación.)
2. Discurso sobre la
situación internacional, 8 de noviembre.
(Prolongados aplausos.) Camaradas: Desde el comienzo mismo de la
Revolución de Octubre, el problema de la política exterior y las relaciones
internacionales ha sido para nosotros el principal, y no sólo porque el
imperialismo constituye desde ahora un fuerte sistema sólidamente cohesionado,
por no decir un inmundo cuajarón de sangre, de todos los Estados del orbe, sino
también porque la victoria completa de la revolución socialista es inconcebible
en un solo país, pues requiere la colaboración más enérgica, por lo menos, de
varios países avanzados, entre los cuales no podemos incluir a Rusia. De ahí
que uno de los problemas principales de la revolución sea determinar en qué
grado conseguiremos que ésta se extienda también a otros países y en qué medida
lograremos hasta entonces rechazar al imperialismo.
Me permitiré recordaros con
la mayor brevedad las principales etapas de nuestra política internacional en
el año transcurrido. Como ya he dicho en el discurso pronunciado en el
aniversario de la revolución, el signo descollante de nuestra situación hace un
año era nuestro aislamiento. Por muy persuadidos que estuviéramos de que en
toda Europa se estaba acumulando y se había llegado a acumular una fuerza
revolucionaria y de que la guerra no acabaría sin revolución, entonces no
existían síntomas de que ésta hubiese comenzado o estuviese a punto de
comenzar. En esta situación no nos quedaba otra salida que orientar los
esfuerzos de nuestra política exterior a instruir a las masas obreras de Europa
Occidental, mas no en el sentido de enseñarles que pretendíamos tener mejor
preparación que ellas, sino en el de que, mientras no sea derrocada la
burguesía en un país, en él imperan la censura militar y el inaudito y
sangriento engaño que acompañan a toda guerra, sobre todo si es una guerra
reaccionaria. Sabéis muy bien que en los países republicanos, los más
democráticos, la guerra significa la censura militar y los inauditos métodos
que la burguesía y sus Estados Mayores burgueses emplean para engañar al
pueblo. Nuestra misión era participar a los otros pueblos lo que en este
sentido habíamos alcanzado. Hicimos a este respecto cuanto pudimos cuando
anulamos y dimos a la publicidad los ignominiosos tratados secretos que el ex
zar había concertado en provecho de sus capitalistas con los capitalistas de
Inglaterra y Francia. Sabéis que esos tratados eran expoliadores de cabo a
rabo. Sabéis que el gobierno de Kerenski y de los mencheviques guardó en
secreto estos tratados y los ratificó. A título de excepción podemos leer en la
prensa algo honesta de Inglaterra y Francia
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
que sólo gracias a la
revolución rusa han llegado los franceses y los ingleses a enterarse de muchas
cosas importantes de la historia de su diplomacia.
Naturalmente, hemos hecho
muy poco desde el punto de vista de la revolución social en suma, pero lo que
hemos hecho ha sido uno de los mayores pasos dados en su preparación.
Si ahora intentásemos
abarcar de una ojeada los resultados que nos brinda el desenmascaramiento del
imperialismo alemán, veríamos que los trabajadores de todos los países tienen
hoy claro y patente el hecho de que la guerra que se les obligó a hacer fue sangrienta
y de rapiña. Y al final de este año de guerra comienza idéntico
desenmascaramiento de la conducta de Inglaterra y Norteamérica, porque las
masas abren los ojos y empiezan a comprender el fondo de los designios de ambos
Estados. Esto es todo lo que hemos hecho, pero ésta ha sido también nuestra
contribución.
167
La denuncia de esos tratados fue un golpe para el imperialismo.
Las condiciones de paz que nos vimos obligados a suscribir fueron un arma muy
poderosa en el sentido de la propaganda y la agitación, y, al aceptarlas,
hicimos mucho más que cualquier gobierno, que cualquier pueblo. Si bien es
cierto que nuestra tentativa de despertar a las masas no dio resultados
inmediatos, no lo es menos que jamás supusimos que o la revolución comenzaba en
seguida o que todo estaba perdido. Durante los últimos quince años hemos hecho
dos revoluciones y hemos visto claramente el período que han tenido que
recorrer antes de prender en las masas. Vemos una confirmación del aserto en
los últimos acontecimientos de Austria y Alemania. Decíamos que no confiábamos
en llegar, en alianza con las fieras imperialistas, a convertirnos en fieras
como ellos; no, nosotros confiábamos en despertar al proletariado de los países
del bando contrario. Nos respondían con burlas, diciéndonos que nos proponíamos
despertar al proletariado de Alemania, el cual nos estrangularía, en tanto que
nosotros nos preparábamos para impugnarlo con propaganda. Pero los hechos han
venido a demostrar que teníamos razón cuando confiábamos en que las masas
trabajadoras de todos los países eran igualmente hostiles al imperialismo. Lo
único que se precisa es darles cierto tiempo para que se preparen, pues el
pueblo ruso, a pesar de que mantenía vivo el recuerdo de la revolución de 1905,
necesitó también un período prolongado para alzarse de nuevo a la revolución.
Antes de la paz de Brest
hicimos cuanto pudimos para asestar un golpe al imperialismo. Si la historia
del desarrollo de la revolución proletaria no ha borrado esto y si la paz de
Brest nos obligó a replegarnos ante el imperialismo, eso ocurrió porque en enero
de 1918 no estábamos aún bastante preparados. El destino nos condenó a marchar
solos y hemos atravesado una época penosa después de la paz de Brest.
Camaradas, los cuatro años
que hemos pasado de guerra mundial han traído la paz, pero ésta ha sido una paz
impuesta por la violencia. Mas incluso esta paz impuesta por la violencia ha
demostrado en definitiva que teníamos razón y que nuestras esperanzas tenían
fundamento. Hemos venido cobrando fuerzas de mes en mes, al tiempo que se
debilitaba el imperialismo de Europa Occidental. Ahora vemos como consecuencia
que Alemania, la cual hace medio año no tenía en nada a nuestra Embajada y
creía que allí no podía ni existir una simple casa roja, se debilita, al menos
en los tiempos postreros. El último telegrama informa de que el imperialismo
alemán exhorta a las masas a que mantengan la calma y les dice que la paz está
próxima. Conocemos el significado de los llamamientos de los emperadores a
mantener la tranquilidad y de sus promesas, que no pueden cumplir, para un
futuro próximo. Si Alemania obtiene pronto la paz, será para ella una paz de
Brest que, en lugar de paz, reportará a las masas trabajadoras sufrimientos
mayores que hasta ahora.
Los resultados de nuestra
política internacional han sido tales que, medio año después de la paz de
Brest, éramos un país destrozado desde el punto de vista de la burguesía, pero
emprendimos el camino de un rápido desarrollo desde el punto de vista proletario
y hoy nos
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
encontramos a la cabeza del
ejército proletario que ha comenzado a hacer tambalearse a Austria y Alemania.
Este éxito ha revalidado y justificado plenamente a los ojos de cada
representante de las masas proletarias todos los sacrificios hechos. Si nos arrollasen
de golpe
— supongamos que se pusiera
fin a nuestra actividad, cosa que no puede suceder porque no hay milagros—, si,
a pesar de todo, eso ocurriese, tendríamos derecho a decir, sin ocultar los
errores cometidos, que habíamos aprovechado totalmente en beneficio de la
revolución socialista mundial el tiempo que el destino nos había deparado. Todo
lo hemos hecho en bien de las masas trabajadoras de Rusia, y hemos hecho más
que nadie por la revolución proletaria mundial. (Aplausos.)
Camaradas, en los últimos
meses, en las últimas semanas, la situación internacional viene cambiando de
manera tan brusca que el imperialismo alemán se ha visto casi aniquilado. Todas
las esperanzas puestas en Ucrania, con las que el imperialismo alemán alimentó
a sus trabajadores a fuerza de promesas, han sido meras promesas. Ha resultado
que el imperialismo norteamericano se preparó, y el golpe lo ha recibido
Alemania. Se ha creado una situación completamente distinta. No nos hacíamos
ningunas ilusiones. Después de la Revolución de Octubre éramos mucho más
débiles que el imperialismo, y seguimos siendo más débiles que el imperialismo
internacional: esto es algo que debemos repetirlo ahora también para no
engañarnos; después de la Revolución de Octubre éramos más débiles y no
podíamos aceptar el combate. Ahora también somos más débiles y debemos hacer
cuanto se necesite para evitar el combate con él.
Pero si hemos conseguido
mantenernos en pie un año después de la Revolución de Octubre, debemos
agradecerlo a que el imperialismo internacional estaba dividido en dos grupos
de fieras: los anglo— franco-norteamericanos y los germanos, enzarzados en una
contienda a vida o muerte entre ellos, lo que les impedía ocuparse de nosotros.
Ninguno de estos dos grupos podía lanzar todas sus fuerzas importantes contra
nosotros; pero, claro está, ambos lo habrían hecho si hubiesen podido. La
guerra y los ríos de sangre les nublaban la vista. Los sacrificios materiales
necesarios para la guerra exigían poner en tensión hasta el extremo las
fuerzas. No podían ocuparse de nosotros, y no porque fuésemos por arte de magia
más fuertes que los imperialistas, no, ¡eso es una tontería!, sino gracias
exclusivamente a que el imperialismo internacional estaba dividido en dos
grupos de fieras empeñados en estrangularse mutuamente. Sólo a esto debemos que
la República Soviética pudiese proclamar abiertamente la lucha contra los imperialistas
de todos los países, arrebatándoles los capitales invertidos en los empréstitos
exteriores, dándoles un bofetón en pleno rostro, atentando a la vista de todos
contra su bolsillo de saqueadores.
168
Se acabó el período de las
declaraciones que hacíamos entonces con motivo de las notas de los
imperialistas alemanes, se acabó a pesar de que el imperialismo mundial no pudo
lanzarse contra nosotros como debió hacerlo, llevado de su hostilidad y de su
codicia de beneficios capitalistas, acrecentados hasta lo inaudito por la
guerra. Antes de que los imperialistas angloamericanos venciesen al otro grupo,
unos y otros estaban ocupados de lleno en la lucha entre sí y, por lo mismo,
tuvieron que desistir de emprender una campaña enérgica contra la República
Soviética. El otro grupo ya no existe: ha quedado un solo grupo, el de los
vencedores. Esto ha hecho cambiar por completo nuestra situación internacional
y debemos tenerlo en cuenta. Los hechos indican qué relación guarda este cambio
con el desarrollo de la situación internacional. Los países derrotados asisten
ahora a la victoria de la revolución obrera, pues para todos es evidente el
enorme desarrollo de ésta. Cuando tomamos el poder en Octubre, no éramos en Europa
más que una chispa aislada. Por cierto, las chispas se multiplicaron, y estas
chispas procedían de nosotros. Tal fue la obra colosal que conseguimos
realizar, pero, no obstante, eran chispas sueltas. Hoy, en cambio, en la
mayoría de los países incluidos en la esfera del imperialismo germano-austriaco
se ha declarado el incendio (Bulgaria, Austria, Hungría). Sabemos que, después
de Bulgaria, la revolución se propagó a
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
Serbia. Sabemos que estas
revoluciones obreras y campesinas pasaron por Austria y llegaron hasta
Alemania. Toda una serie de países está envuelta en las llamas de la revolución
obrera. En este sentido no han sido estériles nuestros esfuerzos y sacrificios.
Ni han sido una aventura, como decían para calumniarnos nuestros enemigos, sino
un tránsito necesario para la revolución internacional, un tránsito por el que
debía pasar nuestro país, puesto en cabeza de todos a pesar de su deficiente
desarrollo y de su atraso.
Este es uno de los
resultados, el más importante desde el punto de vista del desenlace definitivo
de la guerra imperialista. El otro resultado, el que he señalado al comienzo,
es que el imperialismo angloamericano ha comenzado ahora a desenmascararse como
lo hizo en otro tiempo el austro-alemán. Vemos que si Alemania se hubiese
dominado un poco durante las negociaciones de Brest, dando pruebas de sangre
fría y no embarcándose en aventuras, habría podido conservar su supremacía y
crear, sin duda, una situación favorable para ella en Occidente. No lo hizo
porque, una vez puesta en marcha la máquina de la guerra de millones y decenas
de millones de hombres, guerra que ha excitado hasta lo indecible las pasiones
chovinistas, guerra que está ligada con los intereses capitalistas, que se
cuentan por cientos de miles de millones de rublos, no hay freno que pueda
pararla. Esta máquina ha ido más allá de lo que los propios imperialistas
alemanes querían y los ha aplastado. Se han atascado, les ha pasado como a aquel
que reventó de un atracón. Y ahora aparece ante nosotros el imperialismo inglés
y norteamericano en ese mismo estado, nada atractivo, pero muy útil desde el
punto de vista del proletariado revolucionario. Se podría pensar que los
imperialistas ingleses y norteamericanos tienen bastante más experiencia
política que Alemania. Estos dos países están acostumbrados al gobierno
democrático, y no a la gobernación despótica de los terratenientes; hace ya
siglos que atravesaron el período más difícil de su historia. Se podría pensar
que esa gente conservaría la sangre fría. Si reflexionásemos desde el punto de
vista individual acerca de si son capaces o no de conservar la serenidad, si
reflexionásemos desde el punto de vista de la democracia en general, como
filisteos de la burguesía, como catedráticos que nada han comprendido de la
lucha del imperialismo y de la clase obrera, si reflexionásemos desde el punto
de vista de la democracia en general tendríamos que decir que Inglaterra y
Norteamérica son países donde la democracia ha cursado una escuela de siglos y
que allí la burguesía sabrá sostenerse. Si ahora esa burguesía se sostuviese
mediante la aplicación de ciertas medidas, sería, en todo caso, por un plazo
bastante prolongado. Pero resulta que con ellos se repite lo mismo que ocurrió
con la Alemania militarista y despótica. En esta guerra imperialista existe una
enorme diferencia entre Rusia y los países republicanos. La guerra imperialista
es tan sangrienta, feroz y bestial que ha borrado incluso estas acusadísimas
diferencias; en este sentido ha igualado a la libérrima democracia de
Norteamérica con la Alemania semicastrense y despótica.
Vemos que Inglaterra y
Norteamérica, países que tenían más posibilidades que otros de seguir siendo
Estados democráticos, han perdido todo sentido de la medida con el mismo
desenfreno y la misma insensatez que Alemania en su tiempo, por lo que se
acercan con rapidez idéntica y tal vez mayor aún al mismo final a que ha
llegado con tanta facilidad el
imperialismo alemán. Al
principio, el imperialismo alemán se infló hasta lo inverosímil a expensas de
lastres cuartas partes de Europa, y echó grasas para luego reventar, dejando un
hedor insoportable.
169
A este mismo final se
encamina ahora a paso acelerado el imperialismo inglés y norteamericano. Para
convencerse de ello basta lanzar, aunque sólo sea, una rápida ojeada a las
condiciones de armisticio y de paz que ahora proponen a los pueblos vencidos los
ingleses y norteamericanos, los cuales se presentan como los
"redentores" de los pueblos que habían caído en las garras del
imperialismo alemán. Tomemos el caso de Bulgaria. Cabría pensar que un país
como Bulgaria no podía infundir miedo a un coloso como el imperialismo
angloamericano. Sin embargo, la revolución en este país pequeño, débil e
indefenso por
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
completo ha hecho que los ingleses y norteamericanos pierdan la
cabeza y le dicten unas condiciones de armisticio equivalentes a la ocupación.
En Sofía, importante nudo ferroviario y capital de este país, donde ha sido
proclamada la República campesina, todos los ferrocarriles están ocupados por
las tropas angloamericanas. Tienen que luchar contra la República campesina de
un pequeño país. Desde el punto de vista militar, ésta es una nimiedad. Las
gentes que se atienen al punto de vista de la burguesía, vieja clase dominante,
y de las viejas relaciones militares, se limitan a sonreírse, haciendo una
mueca de desprecio y diciendo: ¿Qué puede este pigmeo —Bulgaria— contra las
fuerzas angloamericanas? Desde el punto de vista militar, nada; pero desde el
punto de vista revolucionario, muchísimo. No se trata de una colonia, donde los
vencidos, siguiendo la costumbre, son degollados por millones: los ingleses y
los norteamericanos llaman a eso implantar el orden, llevar la civilización y
el cristianismo a los salvajes africanos. Bulgaria no es para ellos el África
Central; por fuerte que sea el ejército angloamericano, sus soldados se
descomponen en Bulgaria cuando entran en contacto con la revolución. Que esto
no es una frase vacía lo demuestra Alemania. En Alemania, al menos en el
sentido de la disciplina, los soldados eran un modelo. Cuando los alemanes iban
a Ucrania, aquí, además de la disciplina, actuaron otros factores. Los soldados
alemanes hambrientos buscaban trigo, y era inútil exigir de ellos que no robasen
demasiado. Como sabemos, fue en este país donde más se contagiaron del espíritu
de la revolución rusa. Esto lo comprendió perfectamente la burguesía de
Alemania, y esto fue lo que obligó a Guillermo a dar bandazos de un lado a
otro. Se equivocan los Hohenzollern si creen que Alemania derramará ni siquiera
una gota de sangre por sus intereses. Este ha sido el resultado de la política
del imperialismo alemán, armado hasta los dientes. Y esto se repite ahora en
Inglaterra. Ya comienza la descomposición en el ejército angloamericano;
comenzó desde que ese ejército inició sus brutalidades en Bulgaria. Pero esto
no es más que el comienzo. Detrás de Bulgaria ha ido
Austria. Permitidme que lea
varios puntos de las condiciones que dictan los vencedores imperialistas
angloamericanos*. Son los que más han gritado para convencer a las masas
trabajadoras de que ellos hacían una guerra liberadora y de que su objetivo
principal era aplastar al militarismo prusiano, el cual amenazaba con extender
el régimen cuartelero a todos los países. Se hartaron de gritar que sostenían
una guerra de liberación. Pero no era verdad. Como sabéis, cuando los abogados
de la burguesía, esos parlamentarios adiestrados toda la vida a embaucar sin
sentir el menor sonrojo, tuvieron que engañarse unos a otros, les fue fácil
hacerlo; pero cuando se trata de embaucar a los obreros, este engaño les cuesta
caro. Estos personajes de Inglaterra y Norteamérica son unos politicastros, son
unos parlamentarios, duchos en tretas de ese tipo. Pero de nada les valdrán sus
añagazas. Las masas obreras, que ellos arrastraron en nombre de la libertad, no
tardarán en darse cuenta del fraude, y eso se dejará sentir también cuando
dichas masas vean a gran escala, y no por efecto de proclamas, las cuales
coadyuvan a la revolución, pero no son el factor que verdaderamente la mueve,
sino por propia experiencia, que las engañan, cuando conozcan las condiciones
de paz con Austria.
¡Esa es la paz que ahora
imponen a un Estado relativamente débil, que ya atraviesa un proceso de
disgregación, los mismos que gritaban que los bolcheviques eran unos traidores
porque suscribían la paz de Brest! Cuando los alemanes quisieron lanzar a sus soldados
contra Moscú, declaramos que sucumbiríamos todos en el combate antes de
consentirlo. (Aplausos.) Dijimos que
serían grandes los sacrificios que tendrían que hacer las regiones ocupadas,
pero todo el mundo sabe cómo la Rusia Soviética les ayudó y las abasteció de
todo lo necesario. Ahora, las tropas democráticas de Inglaterra y Francia
habrán de servir "para mantener el orden", y esto se dice en un
momento en que en Bulgaria y Serbia hay Soviets de diputados obreros, en un
momento en que en Viena y Budapest hay Soviets de diputados
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
obreros. Todos sabemos de
qué orden se trata. Eso quiere decir que a las tropas angloamericanas se les
asigna el papel de estranguladores y verdugos de la revolución mundial.
* En la información periodística del discurso de Lenin publicada
en el núm. 243 de Pravda el 10 de
noviembre de 1918 se citaban las siguientes condiciones: "Desmovilización
total de Austria— Hungría. La mitad de los pertrechos de artillería se deberá
entregar a los aliados. Todas las regiones evacuadas serán ocupadas por los
aliados. Las tropas angloamericanas deberán mantener allí el orden. Los aliados
podrán desplazarse libremente por todos los ferrocarriles y vías fluviales. Los
aliados tendrán derecho a efectuar requisas". (N. de la Edit.)
170
Camaradas, cuando las tropas
rusas de campesinos siervos marcharon en 1848 a aplastar la revolución húngara,
eso pudo hacerse porque estaban encuadradas por siervos; eso pudo hacerse
también con relación a Polonia, ¡pero lo que no puede ser es que un pueblo que
goza de la libertad desde hace ya un siglo y al que se ha infundido el odio al
imperialismo alemán diciéndole que se trataba de una fiera a la que era
necesario estrangular, no comprenda que el imperialismo angloamericano es otra
fiera exactamente igual, a la que en justicia hay que estrangular de igual
modo!
Pues bien, ahora la
historia, por una malévola ironía propia de ella, ha llegado al punto de que,
después de haber sido desenmascarado el imperialismo alemán, le llega el turno
al anglo-francés, que se está desenmascarando definitivamente. Y nosotros declaramos
ante las masas obreras rusas, alemanas y austriacas: ¡Estas de hoy no son las
tropas rusas de campesinos siervos del año 1848! ¡Los imperialistas recibirán
su merecido! Pretenden reprimir a un pueblo que está pasando del capitalismo a
la libertad, pretenden ahogar la revolución. Pero nosotros afirmamos con plena
seguridad que ahora esta fiera ahíta se despeñará en el precipicio exactamente
igual que se despeñó la fiera del imperialismo alemán.
Camaradas, ahora voy a hablar de lo que más nos afecta. Paso a
exponer las condiciones de paz que tiene que suscribir Alemania. Los camaradas
del Comisariado de Negocios Extranjeros me informan que el Times, órgano principal de la burguesía de Inglaterra, burguesía
que goza de riquezas fabulosas y es de hecho la que mueve todos los hilos de la
política, ha publicado ya las condiciones que deberá aceptar Alemania. Se le
exige que entregue la isla de Helgoland y el canal de Wilhelmshafen, que
entregue la ciudad de Essen, en la que se produce casi todo el material de
guerra, que destruya la marina mercante, que entregue en el acto la Alsacia y
Lorena y que pague sesenta mil millones de indemnización de guerra, en gran
parte en especie, porque la moneda está desvalorizada en todas partes, y los
comerciantes ingleses han comenzado también a hacer sus operaciones con otra
divisa. Vemos que preparan para Alemania una paz equivalente a una verdadera
asfixia, una paz más violenta que la de Brest. Desde el punto de vista material
y desde el punto de vista de sus fuerzas, podrían hacerlo si no existiese en el
mundo el bolchevismo, tan desagradable para ellos. Con esta paz preparan su
propia ruina, pues no ocurre en el África Central, sino en países civilizados y
en pleno siglo XX. Si bien es verdad que la población ucraniana es analfabeta y
que el disciplinado soldado alemán oprimió a los ucranianos, también lo es que
ahora el soldado alemán ha sepultado su vieja disciplina; con mayor motivo aún
se buscarán la ruina los imperialismos inglés y norteamericano cuando emprendan
una aventura que los conducirá a la bancarrota política al asignar a sus tropas
el papel de verdugos y gendarmes de toda Europa. Llevan largo tiempo tratando
de eliminar a Rusia; la campaña contra ella fue concebida hace ya mucho. Basta
recordar la ocupación de la zona de Múrmansk, los millones que pagaron al
cuerpo de ejército checoslovaco y el tratado suscrito con el Japón. Ahora, en
virtud de otro tratado, Inglaterra ha arrebatado Bakú a los turcos para
intentar asfixiarnos, dejándonos sin materia prima.
Las tropas inglesas están
dispuestas a iniciar la campaña contra Rusia, desde el Sur o desde los
Dardanelos, o bien a través de Bulgaria y Rumania. Oprimen el cerco a la
República Soviética, tratan de cortar las relaciones económicas entre nuestra
República y el resto del
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
mundo. Para ello han
obligado a Holanda a romper las relaciones diplomáticas con nosotros. Si
Alemania ha expulsado a nuestro embajador, lo ha hecho, si no de acuerdo
directo con la política anglo-francesa, al menos con el ánimo de prestarles un
servicio, para que los ingleses y franceses sean magnánimos con ella. Nosotros
también —parecen decir— cumplimos las funciones de verdugos con relación a los
bolcheviques, enemigos vuestros.
Camaradas, debemos decirnos
que el balance principal de la situación internacional se puede caracterizar,
como he tenido ya ocasión de hacerlo estos días, de la siguiente manera: nunca
hemos estado tan cerca como ahora de la revolución proletaria internacional*.
Hemos demostrado que no nos equivocábamos al cifrar nuestras esperanzas en la
revolución proletaria internacional. No hemos hecho en vano nuestros inmensos
sacrificios en el orden nacional y económico. En este sentido hemos tenido un
éxito. Pero si bien es verdad que no hemos estado nunca tan cerca de la
revolución internacional como ahora, también lo es que jamás nos hemos
encontrado en situación tan peligrosa como en los momentos actuales. Los
imperialistas estaban enzarzados entre ellos. Pero ahora uno de los grupos ha
sido barrido por el grupo anglo-francés y norteamericano. Este último se
propone la misión principal de ahogar el bolchevismo mundial, de aplastar su
célula principal: la República Soviética de Rusia. Con este fin se disponen a erigir
una muralla china que los resguarde del bolchevismo, igual que se busca
protección de la peste con cuarentenas. Estas gentes se proponen librarse del
bolchevismo, poniéndolo en cuarentena; pero eso no se puede hacer. Si los
señores imperialistas anglo-franceses, dueños de la mejor técnica del mundo,
consiguen levantar esa muralla china en torno a la República, el bacilo del
bolchevismo cruzará los muros y contaminará a los obreros de todos los países.
(Aplausos.)
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
Camaradas, la prensa del
imperialismo euroccidental, del imperialismo anglo-francés, hace esfuerzos
denodados para que se mantenga en silencio esta situación. No hay falsedades y
calumnias a las que no se haya recurrido contra el Poder soviético. Puede afirmarse
que toda la prensa anglo-francesa y norteamericana está en manos de los
capitalistas —y maneja miles de millones—, que toda ella obra de común acuerdo,
como asociada en un consorcio, para silenciar la verdad sobre la Rusia
Soviética, para difundir falsedades y calumnias contra nosotros. Mas, a pesar
de que la censura militar es feroz desde hace años y de que se ha conseguido
que en la prensa de los países democráticos no penetre la verdad sobre la
República Soviética, no transcurre ni una sola asamblea obrera de importancia
en ningún país donde no se ponga de relieve que las masas obreras están al lado
de los bolcheviques, por la sencilla razón de que no es posible ocultar la
verdad. El enemigo nos acusa de que ejercemos la dictadura del proletariado:
¡sí, no lo ocultamos! Y él no sentir temor de hablar abiertamente, atrae al
lado del Gobierno soviético a nuevos millones de trabajadores, porque éste
ejerce la dictadura contra los explotadores; las masas trabajadoras ven y sacan
la convicción de que la lucha contra los explotadores ha sido seria y será
llevada a cabo de modo serio. Pese a esta conspiración de silencio con que nos
cerca la prensa europea, ellos han venido hablando hasta ahora de que tienen un
deber que cumplir, han venido diciendo que se lanzan contra Rusia porque Rusia
se ha dejado conquistar por Alemania, porque Rusia es de hecho un agente
alemán, porque los hombres situados al frente del gobierno en Rusia son, según
ellos, agentes alemanes. En los países de Europa Occidental aparecen cada mes
nuevos falsificadores de documentos que reciben buena remuneración por
demostrar que Lenin y Trotski son traidores consumados a sueldo de los
alemanes. A pesar de todo esto, no pueden ocultar la verdad; y a veces se dejan
traslucir sin querer claros síntomas de que estos señores imperialistas no
pueden sentirse muy seguros. L'Echo
de Paris hace esta confesión: "Vamos a Rusia para acabar con el poder de
los bolcheviques". Porque, según su posición oficial, ellos no hacen la
guerra a Rusia, no se inmiscuyen en los asuntos militares, sino que se limitan
a luchar contra la prepotencia alemana. Nuestros internacionalistas franceses,
que publican en Moscú el periódico La
Troisieme Internationale, han reproducido esta cita, y
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
aunque nos han aislado de
París y de Francia, aunque en este sentido se ha levantado con extraordinaria
habilidad una muralla china, afirmamos: señores imperialistas franceses,
ustedes no podrán defenderse de su propia burguesía. Naturalmente, cientos de
miles de obreros franceses conocen esta pequeña cita, y no sólo ésta, y ven que
son pura mentira todas las declaraciones de sus gobernantes y de su burguesía.
Su propia burguesía se va de la lengua; ellos reconocen: queremos destruir el
poder de los bolcheviques. Después de una sangrienta guerra de cuatro años,
ellos tienen que decir a su pueblo: marchad de nuevo a combatir contra Rusia
para acabar con el poder de los bolcheviques, a los que odiamos porque nos
deben diecisiete mil millones y no quieren pagárnoslos103, porque no tienen contemplaciones con los capitalistas, los
terratenientes y los zares. Los pueblos civilizados, que se han dejado llevar a
una situación en que se les tiene que hablar así, descubren ante todo que su
política va de capa caída y, por fuertes que sean en el aspecto militar,
nosotros miramos con plena tranquilidad esta fuerza y les decimos: tenéis en
vuestra retaguardia a un enemigo más temible aún, las masas populares, a las
que habéis venido engañando hasta ahora, y se os ha secado la lengua a fuerza
de mentir y calumniar, como lo habéis hecho, contra la Rusia Soviética. Otra
información análoga procede del periódico The
Manchester Guardian. He aquí lo que escribe este periódico de la burguesía
inglesa en su número del 23 de
octubre: "Si los ejércitos aliados se quedan también en Rusia y continúan
las operaciones militares, el único objetivo es provocar un golpe de Estado en
Rusia... Por eso, los gobiernos aliados deben poner fin a sus operaciones
militares o declarar que están en guerra con los bolcheviques".
Lo repito, la importancia de
esta pequeña cita, que tiene para nosotros el valor de un llamamiento
revolucionario, el valor de la más vigorosa exhortación revolucionaria, reside
en que la afirmación proviene de un periódico burgués, enemigo de los socialistas,
pero que comprende que no se puede seguir ocultando la verdad. Si los
periódicos burgueses se expresan así, podéis imaginaros lo que dirán y pensarán
las masas obreras inglesas. Conocéis el lenguaje que empleaban los liberales en
nuestro país bajo el zarismo, antes de la revolución de 1905 o de 1917. Sabéis
que este lenguaje de los liberales significaba que estaba próximo el estallido
de las masas proletarias revolucionarias. Por eso, del lenguaje de estos
liberales burgueses ingleses deduciréis cuál es el estado de ánimo y qué pasa
en las mentes y en los corazones de los obreros ingleses, franceses y
norteamericanos. De ahí que debamos decimos sin tapujos la cruda verdad de
nuestra situación internacional. La revolución internacional está próxima, pero
no hay horarios que rijan su desarrollo; nosotros, que hemos vivido dos
revoluciones, lo sabemos bien. Pero sabemos también que, aunque los
imperialistas no pueden contener el desarrollo de la revolución mundial, son
posibles las derrotas en algunos países y puede haber
sacrificios más duros aún.
Ellos saben que Rusia está atravesando el proceso doloroso de la revolución
proletaria, pero se equivocan si creen que, al aplastar un foco de la
revolución, podrán aplastar la revolución en otros países.
172
Por lo que se refiere a
nosotros, debemos decir que la situación es más peligrosa que nunca y que
necesitamos poner en máxima tensión nuestras fuerzas. Después de haber colocado
sólidos cimientos en un año y haber creado el Ejército Rojo socialista con una
nueva disciplina, decimos sin temor a equivocarnos que podemos y debemos
proseguir esta labor y debemos repetirlo en todas las asambleas, en cualquier
institución soviética, en los sindicatos y en las reuniones de los comités de
campesinos pobres: Camaradas, nos hemos
![]()
103 Lenin se refiere a las deudas del
gobierno zarista y del Gobierno Provisional burgués a Inglaterra, Francia, los
EE.UU. y otros países. El total de las deudas de Rusia por los empréstitos
hechos tanto por el Gobierno zarista como por el Provisional (incluidas las
inversiones en la industria rusa) rebasaba los dieciséis mil millones de rublos
oro. El Gobierno soviético, por decreto del CEC de toda Rusia del 21 de enero
(3 de febrero) de 1918, renunciaba a pagar las deudas del Gobierno zarista y
del Gobierno Provisional.
VI Congreso Extraordinario de los soviets de toda Rusia de
diputados obreros, campesinos, cosacos y soldados rojos
mantenido un año y hemos
salido airosos, pero esto aún es poco en comparación con el poderoso enemigo
que nos embiste. Este enemigo es un enemigo universal poderoso, que ha vencido
al mundo entero, es el imperialismo anglo-francés. Vamos a la lucha contra él
no porque hayamos pensado equipararnos en el sentido económico y técnico con
los países avanzados de Europa. No; pero sabemos que este enemigo va a caer en
el precipicio en que se despeñó el imperialismo austro -alemán; sabemos que
este enemigo, que ahora ha envuelto en sus mallas a Turquía, se ha apoderado de
Bulgaria y está empeñado en ocupar toda Austria-Hungría y en implantar un
régimen zarista y policiaco, sabemos que camina hacia la bancarrota. Sabemos
que esto es un hecho histórico, razón por la cual, sin proponernos en modo
alguno objetivos a todas luces incongruentes, decimos: ¡Podemos rechazar al
imperialismo anglo-francés!
Cada paso dado en el fortalecimiento de nuestro
Ejército Rojo tendrá como
repercusión diez pasos de descomposición y de revolución en el campo de este
adversario, que tan fuerte parece. Por eso no existe el menor fundamento para
dejarse llevar de la desesperación y del pesimismo. Sabemos que el peligro es
grande. Tal vez nos depare el destino sacrificios más dolorosos aún. Supongamos
que puedan aplastar a un país, pero jamás a la revolución proletaria
internacional: ¡lo que harán será atizar más aún su fuego, y todos ellos
perecerán en sus llamas! (Prolongados Aplausos
que se transforman en ovación.).
Publicado íntegro en 1919 en el libro "Sexto Congreso
Extraordinario de los Soviets de toda Rusia. Actas taquigráficas".
T. 37, págs. 135-168.
Discurso en la inauguración del monumento erigido a Marx y
Engels
173
DISCURSO EN LA INAUGURACIÓN DEL
MONUMENTO ERIGIDO A MARX Y ENGELS.
El 7 de noviembre de
1918.
Hoy inauguramos un monumento a los jefes de la revolución obrera
mundial, a Marx y Engels.
La humanidad venía sufriendo
y padeciendo durante siglos bajo el yugo de un puñado insignificante de
explotadores que vejaban a millones de trabajadores. Pero, mientras los
explotadores de la época anterior, los terratenientes, expoliaban y sojuzgaban
a los campesinos siervos de la gleba, divididos, diseminados y sumidos en la
ignorancia, los explotadores de los tiempos modernos, los capitalistas,
encontraron frente a ellos, entre las masas oprimidas, el destacamento de
vanguardia de las mismas: a los obreros industriales de las ciudades, de las
fábricas y de los talleres. La fábrica los unió, la vida en los centros urbanos
los instruyó, la lucha huelguística común y las acciones revolucionarias los
templaron.
El gran mérito de Marx y
Engels, de importancia histórica universal, consiste en que ellos demostraron,
mediante un análisis científico, el hundimiento inevitable del capitalismo y su
paso al comunismo, en el que no habrá más explotación del hombre por el hombre.
El gran mérito de Marx y
Engels, de alcance histórico mundial, consiste en que ellos indicaron a los
proletarios de todos los países su papel, su tarea, su misión; alzarse los
primeros en la lucha revolucionaria contra el capital y agrupar en esta lucha a
todos los trabajadores y explotados en torno suyo.
Nosotros vivimos en la época
feliz en que esta previsión de los grandes socialistas ha comenzado a
realizarse. Ahora todos vemos cómo en una serie de países se vislumbra ya la
aurora de la revolución socialista internacional del proletariado. Los horrores
inauditos de la carnicería imperialista entre los pueblos provocan en todas
partes el alzamiento heroico de las masas oprimidas, decuplicando sus fuerzas
en la lucha por la liberación.
Que los monumentos a Marx y
Engels recuerden una y otra vez a los millones de obreros y campesinos que no
estamos solos en nuestra lucha. A nuestro lado van alzándose los obreros de los
países más avanzados. A ellos, como a nosotros, aún nos esperan duros combates.
¡En la lucha común será abolida la opresión del capital y conquistado
definitivamente el socialismo!
En el núm. 242 de "Pravda" del 9 de noviembre de 1918
se publicó una breve información periodística. Publicado íntegramente por
primera vez el 3 de abril de 1924 en el núm. 76 de "Pravda".
T. 37, págs. 169-170.
Discurso en una reunión de los Delegados de los Comités de
campesinos pobres de las provincias centrales.
174
DISCURSO EN UNA REUNIÓN DE DELEGADOS DE
LOS COMITÉS DE CAMPESINOS POBRES DE LAS PROVINCIAS CENTRALES.
El 8 de noviembre de
1918.
Camaradas: La organización
de los campesinos pobres se alza ante nosotros como la cuestión más importante
de nuestra edificación interior e incluso como la cuestión principal de toda
nuestra revolución.
La Revolución de Octubre se
planteó la tarea de arrancar las fábricas de manos de los capitalistas para
convertir los instrumentos de producción en patrimonio de todo el pueblo y,
entregando toda la tierra a los campesinos, reestructurar la agricultura según
los principios socialistas.
La primera parte de la tarea
ha sido mucho más fácil de cumplir que la segunda. En las ciudades, la
revolución tuvo que habérselas con la gran producción, en la que están ocupados
decenas y centenares de miles de obreros. Las fábricas pertenecían a un pequeño
número de capitalistas, a quienes los obreros pudieron meter en cintura con
facilidad. Los obreros tenían ya una larga experiencia gracias a la lucha
anterior contra los capitalistas, que les había enseñado a actuar al unísono,
con decisión y organizados. Además, la fábrica no necesita ser repartida; lo
importante es que toda la producción se oriente de manera que redunde en
beneficio de la clase obrera y del campesinado para que los frutos del trabajo
no vayan a parar a manos de los capitalistas.
Muy distinta es la situación
en lo que se refiere a la tierra. En este caso, para la victoria del socialismo
se necesitó una serie de medidas transitorias. Hacer de golpe una finca grande
de numerosas haciendas pequeñas de los campesinos es imposible, lo mismo que,
naturalmente, lo es conseguir en el acto, en breve plazo, que la agricultura
explotada de modo individual se convierta en social y adquiera la forma de gran
producción estatal, en la que los productos del trabajo sean disfrutados de
manera justa y equitativa por todo el pueblo trabajador y exista el trabajo
obligatorio general y equitativo.
Mientras los obreros
fabriles de las ciudades habían derribado definitivamente a los capitalistas y
se habían sacudido el yugo de la explotación, en el campo no hacía más que
empezar la verdadera lucha contra ella.
Después de la Revolución de
Octubre hemos acabado con el terrateniente, le hemos quitado la tierra; pero la
lucha en el campo no ha terminado aún. La conquista de la tierra, lo mismo que
cualquier conquista de los trabajadores, es sólida únicamente cuando se asienta
en la iniciativa de los mismos trabajadores, en su propia organización, en su
entereza y su firmeza revolucionaria.
¿Tenían esa organización los campesinos trabajadores?
Por desgracia, no; y ahí está la raíz, la causa de todas las
dificultades de la lucha.
Los campesinos que no
emplean trabajo de otros, que no se lucran con el trabajo de otros, apoyarán
siempre, como es natural, que todos reciban tierra por igual, que todos
trabajen, que la posesión de la tierra no se convierta en explotación y que,
para ello, no se hagan tentativas de apoderarse de la mayor cantidad de
parcelas. Pero otra cosa son los kulaks y los parásitos, que se enriquecieron
con la guerra, aprovecharon el hambre para vender el
Discurso en una reunión de los Delegados de los Comités de
campesinos pobres de las provincias centrales.
trigo a precios fabulosos,
lo ocultaron en espera de que éstos volvieran a subir y tratan ahora por todos
los medios de enriquecerse a costa de la desgracia del pueblo, del hambre de
los pobres del campo y de los obreros de la ciudad.
Los kulaks y los parásitos
son enemigos no menos peligrosos que los capitalistas y los terratenientes. Y
si el kulak permanece incólume, si no vencemos a los parásitos, volverán sin
falta el zar y el capitalista.
La experiencia de todas las
revoluciones habidas hasta ahora en Europa confirma con evidencia que la
revolución es derrotada sin remedio si los campesinos no vencen la
preponderancia de los kulaks.
Todas las revoluciones
europeas terminaron sin conseguir sus objetivos precisamente porque el campo no
supo ajustar las cuentas a sus enemigos. Los obreros de las ciudades derrocaron
a los reyes (en Inglaterra y en Francia, los reyes fueron ejecutados hace
varios siglos; sólo nosotros nos hemos retrasado con nuestro zar) y, sin
embargo, algún tiempo después volvió a reinar el viejo régimen. Eso se debe a
que entonces no existía siquiera en las ciudades la gran producción que
agrupara en fábricas a millones de obreros y los cohesionara en un ejército
fuerte capaz de resistir, sin el apoyo de los campesinos, el ataque de los
capitalistas y de los kulaks.
175
Los campesinos pobres no
estaban organizados, luchaban mal contra los kulaks, a consecuencia de lo cual
la revolución era derrotada también en las ciudades.
Hoy la situación es
distinta. En los doscientos años últimos, la gran producción se ha desarrollado
tanto y ha cubierto todos los países con una red tan extensa de gigantescas
fábricas, con millares y decenas de millares de obreros, que ahora se ha reunido
por doquier en las ciudades un gran contingente de obreros organizados, de
proletarios que suponen una fuerza suficiente para la victoria definitiva sobre
la burguesía, sobre los capitalistas.
En las revoluciones
anteriores, los campesinos pobres no contaban con el apoyo de nadie en su dura
lucha contra los kulaks.
El proletariado organizado
de Rusia —más fuerte y con mayor experiencia que el campesinado (esta
experiencia se la dio la lucha anterior)— se encuentra ahora en el poder, es
dueño de todos los instrumentos de producción, de todas las fábricas,
ferrocarriles, barcos, etc.
Ahora, los campesinos pobres
tienen un aliado seguro y fuerte en la lucha contra los kulaks. Los campesinos
pobres saben que la ciudad está de parte suya, que el proletariado les ayudará
cuanto pueda y les está ayudando ya en la práctica, como han demostrado los
recientes acontecimientos.
Todos recordaréis,
camaradas, la peligrosa situación en que se hallaba la revolución en julio de
este año. La sublevación del cuerpo de ejército checoslovaco tomaba incremento,
el hambre aumentaba en las ciudades, y los kulaks se hacían en el campo cada vez
más insolentes, atacaban con creciente furia a la ciudad, al Poder soviético, a
los campesinos pobres.
Exhortamos a los campesinos
pobres a que se organizaran y emprendimos la constitución de comités de
campesinos pobres y la organización de destacamentos obreros de abastecimiento.
Los eseristas de izquierda se lanzaron a la insurrección. Decían que los comités
de campesinos pobres estaban integrados por haraganes y que los obreros robaban
el trigo a los campesinos trabajadores.
Nosotros les respondimos que
ellos defendían a los kulaks, los cuales habían comprendido que en la lucha
contra el Poder soviético podía emplearse también el hambre, y no sólo las
armas. Ellos decían: "haraganes". Y nosotros les preguntábamos por
qué uno u otro se había
Discurso en una reunión de los Delegados de los Comités de
campesinos pobres de las provincias centrales.
hecho un
"haragán", por qué se había degenerado, por qué se arruinaba, por qué
se había dado a la bebida. ¿Acaso no era por culpa de los kulaks? Los kulaks y
los eseristas de izquierda gritaban contra los "haraganes", mientras
que ellos mismos se apoderaban del trigo, lo ocultaban y especulaban con él,
deseando enriquecerse a costa del hambre y de los sufrimientos de los obreros.
Los kulaks exprimían todo el
jugo a los campesinos pobres, aprovechaban el trabajo ajeno y, al mismo tiempo,
gritaban: ¡"Haraganes"!
Los kulaks esperaban
impacientes a los checoslovacos y hubieran puesto con agrado a un nuevo zar en
el trono para seguir explotando impunemente, para continuar dominando al
bracero, para continuar lucrándose.
Y toda la salvación estuvo
en que el campo se unió a la ciudad, en que los elementos proletarios y
semiproletarios del campo —los que no emplean trabajo ajeno— emprendieron con
los obreros de la ciudad la campaña contra los kulaks y los parásitos.
Para llegar a esta unión
hubo que hacer mucho en el terreno del abastecimiento. La población obrera de
las ciudades sufría un hambre inaudita, mientras que los kulaks se decían:
"Retendré un poco más mi trigo, a lo mejor pagan más caro por él".
Los kulaks, como es natural,
no tienen prisa: disponen de bastante dinero; ellos mismos cuentan que han
acumulado a espuertas billetes de banco emitidos por Kerenski.
Pero gentes capaces de
ocultar y acumular trigo en época de hambre son de los peores criminales.
Hay que combatirlos como a los peores enemigos del pueblo.
Y esta lucha en el campo la hemos iniciado.
Los mencheviques y los
eseristas nos asustaban con la escisión que llevaríamos al campo si
organizábamos los comités de campesinos pobres.
Mas ¿qué significa no
escindir el campo? Significa dejarlo bajo el poder del kulak. Y nosotros no
queremos eso; por ello decidimos escindir el campo. Nosotros decíamos: es
cierto que perdemos a los kulaks, no ocultamos esta desgracia (Risas), pero ganamos a miles y millones
de campesinos pobres, que se pondrán aliado de los obreros. (Aplausos.)
Y así está sucediendo. La
escisión en el campo no ha hecho más que mostrar con mayor claridad dónde están
los campesinos pobres, dónde están los campesinos medios, que no emplean
trabajo ajeno, y dónde están los parásitos y los kulaks.
Los obreros han prestado y
prestan su ayuda a los campesinos pobres en la lucha contra los kulaks. En la
guerra civil surgida en el campo, los obreros están al lado de los campesinos
pobres, de la misma manera que lo estuvieron cuando aprobaron la ley de
socialización de la tierra presentada por los eseristas.
Nosotros, los bolcheviques,
éramos enemigos de esa ley. Pero, a pesar de ello, la firmamos porque no
queríamos marchar contra la voluntad de la mayoría del campesinado. La voluntad
de la mayoría es siempre obligatoria para nosotros, y marchar contra esa voluntad
significa traicionar la revolución.
No queríamos imponer al
campesinado la idea, que le era ajena, de la inanidad del reparto igualitario
de la tierra. Considerábamos que sería mejor que los mismos campesinos
trabajadores probaran sobre sus propias espaldas, en su propia piel, lo absurdo
del reparto igualitario. Sólo entonces podríamos preguntarles dónde estaba la
salida de la ruina y de la preponderancia de los kulaks que el reparto de la
tierra ha originado.
176
Discurso en una reunión de los Delegados de los Comités de
campesinos pobres de las provincias centrales.
El reparto era bueno sólo
para empezar. Debía mostrar que la tierra dejaba de pertenecer a los
terratenientes y pasaba a los campesinos. Pero esto no basta. La salida está
sólo en el laboreo colectivo de la tierra.
Vosotros no os dabais
cuenta, pero la propia vida os convence de ello. Las comunas, el laboreo
colectivo, las cooperativas de campesinos: he ahí el remedio para salvarse de
las desventajas de la pequeña hacienda, he ahí el medio para elevar y mejorar
la hacienda, ahorrar energías y luchar contra los kulaks, el parasitismo y la
explotación.
Sabíamos perfectamente que
los campesinos viven como enraizados en la tierra: los campesinos temen las
novedades, se aferran tenazmente a lo antiguo. Sabíamos que los campesinos
creerían en las ventajas de una u otra medida sólo cuando comprendieran con su
propia inteligencia esas ventajas. Por eso ayudamos al reparto de la tierra,
aunque comprendíamos que ésa no era la solución.
Pero ahora los propios
campesinos pobres comienzan a darnos la razón. La vida les enseña que allí
donde son necesarios, por ejemplo, diez arados porque la tierra está dividida
en cien parcelas, con la comuna necesitarían menos arados, ya que la tierra no
estaría tan diseminada. La comuna permite a todo un artel, a toda una
cooperativa introducir en la hacienda mejoras inaccesibles a los pequeños
propietarios individuales, etc.
Es claro que no se
conseguirá pasar en el acto por doquier al usufructo colectivo de la tierra.
Los kulaks se resistirán a ello por todos los medios; incluso los propios
campesinos se oponen con frecuencia a la implantación de la comuna en la
agricultura. Pero cuanto más se convenza el campesinado por los ejemplos, por
experiencia propia, de las ventajas de la comuna, mayor será el éxito de esta
labor.
En esta tarea desempeñan un
importante papel los comités de campesinos pobres. Es necesario que estos
comités se propaguen por toda Rusia. Hace ya mucho se ha intensificado su
formación. En Petrogrado se celebró hace unos días el Congreso de comités de campesinos
pobres de la región del Norte. En lugar de los 7.000 representantes que se
esperaban, llegaron 20.000 y en el local preparado para el congreso no cabían
todos los que acudieron. Nos sacó del apuro el buen tiempo, que permitió
celebrar el congreso al aire libre, en la plaza que hay delante del Palacio de
Invierno.
Este congreso ha demostrado
que en el campo se comprende bien la guerra civil: los campesinos pobres se
agrupan y cierran filas contra los kulaks, los ricachones y los parásitos.
El Comité Central de nuestro
partido ha preparado un plan de transformación de los comités de campesinos
pobres, que será presentado a la aprobación del VI Congreso de los Soviets.
Hemos acordado que los comités de campesinos pobres y los Soviets rurales no
deben existir por separado, pues, en caso contrario, habrá discordias y
verborrea. Fusionaremos los comités de campesinos pobres con los Soviets,
haremos que los primeros se conviertan en los segundos.
Sabemos que los kulaks
también se infiltran a veces en los comités de campesinos pobres. Si esto
continúa, los campesinos pobres tendrán ante dichos comités la misma actitud
que ante los Soviets de kulaks de Kerenski y Avxéntiev. El cambio de nombre no
engaña a nadie. En vista de ello se piensa celebrar nuevas elecciones de
comités de campesinos pobres. Sólo tienen derecho a elegir a los componentes de
dichos comités quienes no explotan trabajo de nadie, quienes no roban,
aprovechándose del hambre del pueblo, quienes no especulan con los excedentes
de trigo ni lo ocultan. En los comités de campesinos pobres, de carácter
proletario, no puede haber lugar para kulaks ni parásitos.
El Poder soviético ha
decidido asignar 1.000 millones de rublos para un fondo especial destinado a
fomentar la agricultura. Se prestará ayuda financiera y técnica a todas las
comunas existentes y a las que se funden.
Discurso en una reunión de los Delegados de los Comités de
campesinos pobres de las provincias centrales.
Si hacen falta intelectuales
especialistas, los enviaremos. Aunque en su mayoría son contrarrevolucionarios,
los comités de campesinos pobres sabrán hacerles trabajar, y ellos trabajarán
para el pueblo no peor que lo hacían antes para los explotadores. En general,
nuestros intelectuales han podido convencerse ya de que, saboteando y
malogrando premeditadamente el trabajo, no podrán derribar el poder obrero.
Tampoco tememos al
imperialismo extranjero. Alemania se ha quemado ya las manos en Ucrania.
En lugar de los sesenta
millones de puds de trigo que esperaba sacar de allí, ha sacado sólo nueve
millones y, por añadidura, el bolchevismo ruso, por el que no siente ninguna
simpatía especial. (Clamorosos aplausos.)
No está excluido, ni mucho menos, que les pase otro tanto a los ingleses, a
quienes podemos decir: ¡tengan cuidado, señores, no se vayan a atragantar! (Risas y aplausos.)
Sin embargo, el peligro
existirá para nosotros mientras nuestros hermanos del extranjero no se hayan
alzado en todas partes. Por eso debemos seguir organizando y fortaleciendo
nuestro Ejército Rojo.
Esta obra debe ser
entrañable en especial para los campesinos pobres, quienes sólo bajo la
protección de nuestro ejército pueden dedicarse a su propia hacienda.
Camaradas, el paso a la
nueva economía transcurrirá, probablemente, con lentitud; mas es necesario
llevar a la práctica sin vacilaciones los principios de la hacienda comunal.
177
Contra los kulaks hay que luchar enérgicamente, no hacer ninguna
transacción con ellos.
Con los campesinos medios
podemos trabajar juntos y luchar juntos contra los kulaks. No tenemos nada
contra los campesinos medios. Es posible que no sean socialistas ni lleguen a
serlo, mas la experiencia les demostrará los beneficios del laboreo colectivo
de la tierra, y la mayoría de ellos no opondrá resistencia.
Por lo que se refiere a los
kulaks, les decimos: tampoco tenemos nada contra ustedes, pero entreguen sus
excedentes de trigo, no especulen ni exploten trabajo ajeno. Mientras no hagan
eso, llevaremos contra ustedes una lucha implacable.
No quitamos nada a los
trabajadores; pero les expropiaremos todo a quienes emplean trabajo asalariado,
a quienes se lucran a costa de otros. (Clamorosos
aplausos.)
Publicado el 10 de
noviembre de 1918 en el núm. 185 de "Bednotá".
T. 37, págs. 175-182.
Discurso en el I Congreso de obreras de toda Rusia
178
DISCURSO EN EL I CONGRESO DE OBRERAS DE TODA RUSIA.
(Las delegadas acogen al camarada Lenin con prolongados Aplausos que se
transforman en ovación.)
Camaradas: En cierto
sentido, el congreso de la parte femenina del ejército proletario reviste
singular importancia, ya que en todos los países son las mujeres las que se
suman con más dificultad al movimiento. No puede haber revolución socialista si
la inmensa mayoría de las mujeres trabajadoras no toman gran parte en ella.
La situación de la mujer es
tal en todos los países civilizados, incluso en los más adelantados, que no sin
motivo se denomina a esta esclava del hogar. En ningún Estado capitalista, ni
siquiera en la república más libre, existe plena igualdad de derechos de la
mujer.
La tarea de la República
Soviética consiste, primero, en acabar con todas las restricciones de los
derechos de la mujer. El Poder soviético ha suprimido por completo el proceso
de divorcio, que en la sociedad burguesa es fuente de ignominias, de opresión y
de humillaciones.
Pronto hará un año que
existe una legislación plenamente libre sobre el divorcio. Hemos dictado un
decreto que ha puesto fin a la diferencia entre hijos legítimos y naturales y a
toda una serie de trabas de orden político; en ninguna otra parte se han visto
realizadas con tanta amplitud la igualdad y la libertad de la mujer
trabajadora.
Sabemos que todo el peso de
las normas anticuadas recae sobre las mujeres de la clase obrera.
Nuestra ley ha tachado por
primera vez en la historia todo lo que convertía a la mujer en un ser privado
de derechos. Mas no se trata de la ley. En nuestras ciudades y en las zonas
fabriles, esta ley sobre la plena libertad de matrimonio arraiga bien, pero en
el campo es muy frecuente que sea sólo papel mojado. Allí predomina hasta ahora
el matrimonio eclesiástico, y se debe a la influencia de los clérigos; es más
difícil combatir este mal que la vieja legislación.
Es preciso luchar contra los
prejuicios religiosos con extraordinaria cautela; causan grave daño quienes en
esta lucha hieren los sentimientos religiosos. Hay que luchar por medio de la
propaganda, por medio de la ilustración. Enconando la lucha, podemos exasperar
a la masa; una lucha así acentúa la división de las masas según su actitud ante
la religión, cuando lo cierto es que nuestra fuerza reside en la unión. La
fuente más profunda de los prejuicios religiosos está en la miseria y la
ignorancia; éste es el mal que debemos combatir.
Hasta ahora, la situación de
la mujer ha sido tal que se la ha calificado de esclavitud; la mujer ha estado
agobiada por los quehaceres de la casa, y de esta situación sólo puede sacarla
el socialismo. Sólo cuando pasemos de las pequeñas haciendas a la economía
colectiva y al laboreo en común de la tierra existirá la plena libertad y la
emancipación de la mujer. Esta tarea es difícil, pero ahora, cuando se forman
los comités de campesinos pobres, llega el momento en que se afianza la
revolución socialista.
Sólo ahora se organiza la
parte más pobre de la población en el campo, y en estas organizaciones de los
campesinos pobres el socialismo adquiere una base sólida.
Antes ocurría con frecuencia
que la ciudad emprendía el camino revolucionario, y después de ella actuaba el
campo.
Discurso en el I Congreso de obreras de toda Rusia
La presente revolución se
apoya en el campo, y en esto consiste su significado y su fuerza. La
experiencia de todos los movimientos liberadores confirma que el éxito de la
revolución depende del grado en que participen en ella las mujeres. El Poder
soviético hace cuanto puede para que la mujer desarrolle con independencia su
actividad socialista proletaria.
La situación del Poder
soviético es difícil por cuanto los imperialistas de todos los países odian a
la Rusia Soviética y se disponen a hacerle la guerra por haber sido ella la que
ha provocado el incendio de la revolución en toda una serie de países y ha dado
pasos enérgicos hacia el socialismo.
Ahora, cuando los
imperialistas quieren aplastar a la Rusia revolucionaria, ellos mismos ven que
empieza a arder el terreno que pisan. Sabéis cómo crece el movimiento
revolucionario en Alemania; en Dinamarca los obreros luchan contra el gobierno.
Se intensifica el movimiento revolucionario en Suiza y Holanda. En estos
pequeños países, el movimiento revolucionario no tiene importancia por sí solo,
pero es sintomático en especial porque en estos países no ha habido guerra y
existía el régimen democrático más "constitucional". Si países así se
ponen en movimiento, esto nos da la seguridad de que el movimiento
revolucionario se extiende a todo el mundo.
179
Hasta ahora, ninguna república ha podido emancipar a la mujer.
El Poder soviético le ayuda.
Nuestra causa es invencible,
porque en todos los países se alza la invencible clase obrera. Este movimiento
implica el ascenso de la invencible revolución socialista. (Prolongados aplausos. Se canta La
Internacional.)
Información periodística publicada el 20 de noviembre de 1918 en
el núm. 253 de "Izvestia del CEC de toda Rusia".
T. 37, págs. 185-187.
Las preciosas confesiones de Pitirm Sorokin
180
LAS PRECIOSAS CONFESIONES DE PITIRIM SOROKIN.
Pravda ha
reproducido hoy una interesantísima carta de Pitirim Sorokin, a la que todos
los comunistas deben prestar singular atención. En esta carta, que ha sido
publicada en Izvestia Sévero— Dvínskogo
Ispolnítelnogo Komiteta, Pitirim Sorokin informa que se ha dado de baja del
partido de los eseristas de derecha y que renuncia al acta de diputado a la
Asamblea Constituyente. Los motivos aludidos por el autor de la carta consisten
en que le es difícil dar no sólo a otros, sino incluso a sí mismo, recetas políticas
salvadoras, en vista de lo cual "se retira de toda política".
"El año de revolución transcurrido — escribe Pitirim Sorokin— me ha
enseñado una verdad: los políticos pueden equivocarse, la política puede ser
útil para la sociedad, pero puede ser también perjudicial; en cambio, la labor
en la ciencia y en la instrucción pública siempre es útil, siempre es necesaria
para el pueblo..." Al pie de la carta figura esta firma: "Pitirim
Sorokin, auxiliar de cátedra de la Universidad de San Petersburgo y del Instituto
Siconeurológico, ex diputado a la Asamblea Constituyente y ex miembro del
partido de los eseristas".
Esta carta es digna de
atención, primero, como "documento humano" de extraordinario interés.
No es muy frecuente ver la sinceridad y la franqueza con qué P. Sorokin
reconoce que su política es errónea. Casi en la mayoría de los casos, los políticos
que se convencen de que la pauta seguida por ellos es equivocada, intentan
enmascarar su viraje, velado, "inventar" algún motivo más o menos
accesorio, etc. El reconocimiento franco y honrado de su error político es por
sí mismo un importante acto político. Pitirim Sorokin no tiene razón cuando
dice que la labor en la ciencia "siempre es útil", pues también en
este terreno se cometen errores. En la literatura rusa encontramos asimismo
ejemplos de personas evidentemente no reaccionarias que preconizaron con
tenacidad opiniones reaccionarias, por ejemplo, filosóficas. Por otro lado, la
declaración pública de un hombre destacado, es decir, de un hombre que ha
ocupado un puesto político de responsabilidad y conocido de todo el pueblo,
anunciando que se retira de la política, es
también política. El reconocimiento honrado de un error político es de gran
provecho político para muchas personas, si se trata de un error en el que han
incurrido partidos enteros, en otros tiempos con influencia entre las masas.
La carta de Pitirim Sorokin
tiene extraordinaria importancia política precisamente en los momentos
actuales. Nos da a todos una "lección" que es necesario meditar bien
y asimilar.
Todo marxista conoce desde
hace mucho la verdad de que las fuerzas decisivas
de cualquier sociedad capitalista sólo pueden ser el proletariado y la
burguesía, en tanto que todos los elementos sociales que median entre estas dos
clases, a los que se da la denominación económica de pequeña burguesía, vacilan
inevitablemente entre estas fuerzas
decisivas. Pero hay un trecho inmenso entre el reconocimiento libresco de esta
verdad y el acierto para hacer las deducciones que se derivan de ella en una
situación compleja de la actividad práctica.
Pitirim Sorokin representa
una corriente social y política de extraordinaria influencia: la menchevique—
eserista. Los acontecimientos de la revolución rusa a partir de febrero de 1917
han mostrado con particular fuerza de convicción y singular evidencia que se
trata de una sola corriente, que la diferencia entre mencheviques y eseristas
desde el punto de vista de su actitud ante la lucha entre la burguesía y el
proletariado no es esencial. Los mencheviques y los eseristas son variedades de
la democracia pequeñoburguesa: tal es la esencia económica y la característica
política fundamental de esa corriente. La historia de los
Las preciosas confesiones de Pitirm Sorokin
países avanzados nos enseña
que esta corriente se tiñe a menudo de "socialista" en su juventud.
Y cabe preguntar: ¿qué fue,
sobre todo, lo que apartó a los representantes de esta tendencia, hace varios
meses, de los bolcheviques, de la revolución proletaria, y qué les impulsa
ahora a dar el viraje de la hostilidad a la neutralidad? Es evidente por completo
que las causas del viraje han sido, primero, la bancarrota del imperialismo
alemán unida a la revolución en Alemania 104 y en
otros países y al desenmascaramiento del imperialismo anglo-francés, y,
segundo, el desenmascaramiento de las ilusiones democráticas burguesas.
181
Examinemos la primera causa.
El patriotismo es uno de los sentimientos más profundos, afianzados por siglos
y milenios de patrias aisladas. Entre las dificultades grandes en particular,
podría decirse que excepcionales, de nuestra revolución proletaria figuraba la
circunstancia de que tuvo que atravesar el período de más violenta divergencia
con el patriotismo, el período de la paz de Brest. La amargura, la ira y la
furiosa indignación suscitadas por esta paz son comprensibles. Y no hace falta
decir que nosotros, los marxistas, sólo de la vanguardia consciente del
proletariado podíamos esperar que comprendiera esta verdad: hacemos y debemos
hacer los mayores sacrificios nacionales en aras del interés supremo de la
revolución proletaria mundial. Los ideólogos no pertenecientes al marxismo y
las amplias masas trabajadoras que no forman parte del proletariado, forjado
durante largos años en la escuela huelguística y revolucionaria, no tenían de
donde sacar ni el firme convencimiento de que maduraba esta revolución ni la
fidelidad incondicional a la misma. En el mejor de los casos, nuestra táctica
les parecía fantasía, fanatismo, aventura, sacrificar los intereses evidentes y
reales de centenares de millones de seres en aras de la esperanza abstracta,
utópica o dudosa de lo que pudiera ocurrir en otros países. Y la pequeña
burguesía, por su situación económica, es más patriótica que la burguesía y que
el proletariado.
Pero ha resultado
como nosotros decíamos.
El imperialismo alemán, que
parecía el único enemigo, se ha desplomado. La revolución alemana, que parecía
un "sueño-farsa" (utilizando la conocida expresión de Plejánov), se
ha convertido en una realidad. El imperialismo anglo-francés, que la fantasía
de los demócratas pequeñoburgueses hacía aparecer como amigo de la democracia y
defensor de los oprimidos, ha resultado en la práctica una fiera que ha
impuesto a la República alemana y a los pueblos de Austria condiciones peores
que las de Brest, una fiera que utiliza las tropas de los republicanos
"libres", de los franceses y de los norteamericanos, como gendarmes y
verdugos para estrangular la independencia y la libertad de las naciones
pequeñas y débiles. La historia mundial ha arrancado con decisión y sinceridad
implacables la careta a este imperialismo. Los hechos de la historia universal
han probado a los patriotas rusos —los cuales no querían saber nada que no
fueran las ventajas inmediatas (comprendidas también a la antigua) de su
patria— que la transformación de nuestra revolución, rusa, en socialista no era
una aventura, sino una necesidad, pues no
había otra elección: el imperialismo anglo-francés y norteamericano
estrangulará indefectiblemente la
independencia y la libertad de Rusia si no triunfa la revolución socialista
mundial, el bolchevismo mundial.
![]()
104 En noviembre de 1918 comenzó la
revolución en Alemania. El 3 de noviembre se sublevaron los marinos de la Flota
de Guerra en Kiel, que se negaban a seguir la guerra. Se formaron Soviets de
diputados obreros y soldados en Kiel, Berlín, Hamburgo, Lubeck y otras
ciudades. El 9 de enero, la huelga general de Berlín se transformó en
insurrección armada. El káiser Guillermo II se vio obligado a renunciar al
trono. En el nuevo gobierno que se formó, la mayoría eran socialdemócratas de
derecha (Ebert, Noske, Scheidemann y otros). En enero de 1919, los
destacamentos contrarrevolucionarios, encabezados por el ministro de la Guerra
Noske, reprimieron con extraordinaria crueldad la insurrección de los obreros
de Berlín. Los dirigentes de los obreros, Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo,
fueron asesinados atrozmente. Los Soviets de diputados obreros y soldados
fueron transformados en órganos que no tenían el menor poder real. En las
elecciones a la Asamblea Constituyente triunfaron los partidos burgueses que
fundaron la llamada República de Weimar
Las preciosas confesiones de Pitirm Sorokin
Los hechos son tozudos, dice
un proverbio inglés. Y en los últimos meses hemos vivido hechos que implican un
grandioso viraje en toda la historia universal. Estos hechos obligan a los
demócratas pequeñoburgueses de Rusia, pese a su odio al bolchevismo —alimentado
por la historia de nuestra lucha interna de partido—, a dar un viraje y pasar
de la hostilidad al bolchevismo a la neutralidad, primero, y al apoyo a éste,
después. Han dejado de existir las condiciones objetivas que apartaban de
nosotros con particular violencia a esos patriotas-demócratas. Han aparecido
condiciones objetivas mundiales que les obligan
a orientarse hacia nosotros. El viraje de Pitirim Sorokin no es, ni mucho
menos, una casualidad, sino la manifestación del viraje inevitable de toda una clase, de toda la democracia
pequeñoburguesa. Quien no sepa tener esto en cuenta y aprovecharlo, no será
marxista, será un mal socialista.
Prosigamos. En todos los
países se han mantenido durante siglos y decenios, con particular persistencia
entre la pequeña burguesía, la fe en la acción universal y salvadora de la
"democracia" en general y
la incomprensión de que esa democracia es
burguesa, de que su eficacia y su necesidad tienen una limitación
histórica. El gran burgués se las sabe todas, sabe que la república
democrática, como cualquier otra forma de Estado bajo el capitalismo, no es
otra cosa que una máquina para oprimir al proletariado. El gran burgués sabe esto gracias a su más íntimo
conocimiento de los verdaderos dirigentes y de los resortes más profundos (y,
con frecuencia, los más ocultos, a causa de ello) de toda máquina estatal
burguesa. Por su situación económica y todas las condiciones de su vida, el
pequeño burgués es menos capaz de comprender esta verdad y abriga incluso la
ilusión de que la república democrática significa la "democracia
pura", el "Estado popular libre", el poder soberano del pueblo
al margen o por encima de las clases, la pura expresión de la voluntad popular,
etc., etc. El demócrata pequeñoburgués se halla más alejado de la aguda lucha
de clases, de la bolsa, de la "verdadera" política, lo que engendra
inevitablemente la pervivencia de sus prejuicios. Y sería en absoluto no
marxista esperar que sea posible desarraigar esos prejuicios sólo con
propaganda y a breve plazo.
Pero la historia universal
avanza ahora con una velocidad tan vertiginosa y destruye todo lo habitual,
todo lo viejo, con un mazo de potencia tan inmensa, con crisis de fuerza tan
inusitada que los prejuicios más arraigados no pueden resistir. En el "demócrata
en general" surgió de modo natural e inevitable la ingenua confianza en la
Constituyente, la ingenua contraposición de la "democracia pura" a la
"dictadura del proletariado". Pero lo sobrevivido por los partidarios
de la Constituyente en Arjánguelsk y en Samara, en Siberia y en el Sur105 no podía menos de destruir los prejuicios más persistentes. La
idealizada república democrática de Wilson ha
resultado en la práctica una forma de imperialismo de lo más rabioso, de la
más desvergonzada opresión y estrangulamiento de los pueblos débiles y
pequeños. El "demócrata" de la base en general, el menchevique y el
eserista, pensaba: "¡Para qué soñar con un tipo de Estado supuestamente
superior, con un Poder soviético! ¡Bastará con que Dios nos dé una república democrática
corriente!" Y, como es natural, en tiempos "corrientes", en
tiempos relativamente pacíficos, semejante "esperanza" hubiera durado
largos decenios.
182
Pero ahora, el curso de los
acontecimientos mundiales y las duras lecciones de la alianza concluida por
todos los monárquicos de Rusia con el imperialismo anglo- francés y
norteamericano muestran en la práctica que la república democrática es una
república
![]()
105 Los
de la Constituyente:
políticos de los partidos pequeñoburgueses de los mencheviques y eseristas,
partidarios de la contrarrevolucionaria Asamblea Constituyente y enemigos del
Poder soviético. Los gobiernos de los guardias blancos, formados con la ayuda
de los imperialistas ingleses, norteamericanos y franceses en Arjánguelsk, en
el Volga, en Siberia y en el sur de Rusia ejercían una dictadura terrateniente
y burguesa, quitaban a los campesinos y devolvían a los terratenientes la
tierra que les había arrebatado la Revolución de Octubre y suprimían los
derechos y las libertades políticas conquistados por los obreros y los
campesinos.
Las preciosas confesiones de Pitirm Sorokin
democrática burguesa,
envejecida ya desde el punto de vista de las cuestiones planteadas por el
imperialismo en el orden del día de la historia; que no hay otra elección
posible: o el Poder soviético vence en todos los países avanzados del mundo o
se impone el imperialismo angloamericano, el más reaccionario y más furioso,
que ha aprendido a las mil maravillas a aprovechar la forma de la república
democrática, que asfixia a todos los pueblos pequeños y débiles y que restaura
la reacción en todo el mundo.
O una cosa u otra. No hay
términos medios. Hasta hace poco se consideraba que ese punto de vista era
fanatismo ciego de los bolcheviques.
Pero ha ocurrido
precisamente así.
No es una casualidad que
Pitirim Sorokin haya renunciado al acta de diputado a la Asamblea
Constituyente: eso es un síntoma del viraje de toda
una clase, de toda la
democracia pequeñoburguesa. La escisión de sus filas es inevitable: una parte
vendrá a nuestro lado, otra parte permanecerá neutral y otra se incorporará
conscientemente a los democonstitucionalistas y los monárquicos, que venden Rusia
al capital angloamericano y tratan de aplastar la revolución con bayonetas
extranjeras. Una de las tareas esenciales del momento consiste en saber tener
en cuenta y utilizar este viraje que se produce entre la democracia menchevique
y eserista: el paso de la hostilidad al bolchevismo a la neutralidad, primero,
y al apoyo a éste, después.
Toda consigna lanzada por el
partido a las masas tiene la propiedad de anquilosarse, quedar muerta y
conservar su vigencia para muchas personas incluso después de haberse
modificado las condiciones que la hicieron necesaria. Este mal es inevitable, y
sin aprender a luchar contra él y a vencerlo es imposible asegurar la justa
política del partido. El período en que nuestra revolución proletaria se apartó
con brusquedad particular de la democracia menchevique y eserista fue una
necesidad histórica; era imposible prescindir de esa dura lucha contra
semejantes demócratas en un momento en que se inclinaban al campo de nuestros
enemigos y se dedicaban a restablecer la república democrática burguesa e imperialista. Ahora, las
consignas de esa lucha se han quedado yertas y rígidas en una serie de casos, impidiendo tener en cuenta con acierto y aprovechar
convenientemente la nueva situación, en la que se ha iniciado un nuevo viraje
entre esa democracia, un viraje hacia nosotros, un viraje que no es casual,
sino que tiene sus raíces en las condiciones más profundas de toda la situación
internacional.
No basta con apoyar este
viraje y acoger amistosamente a quienes vienen hacia nosotros. Un político que
comprenda sus tareas debe aprender a suscitar
ese viraje en las distintas capas y grupos de la amplia masa democrática
pequeñoburguesa si está convencido de que existen causas históricas serias y
profundas para semejante viraje. El proletariado revolucionario debe saber a
quién es necesario aplastar, con quién, cuándo y cómo hay que saber concluir un
acuerdo. Sería ridículo y estúpido renunciar al terror y al aplastamiento con
relación a los terratenientes, a los capitalistas y a sus lacayos, que venden
Rusia a los imperialistas extranjeros "aliados". Sería una farsa
intentar "convencerlos" y, en general, "influir sicológicamente"
en ellos. Pero, en la misma medida, si no más, sería ridículo y estúpido
insistir exclusivamente en la táctica del aplastamiento y del terror con
relación a la democracia pequeñoburguesa cuando la marcha de los
acontecimientos la obliga a venir hacia nosotros.
Y el proletariado encuentra
a esa democracia por doquier. En el campo, nuestra tarea consiste en acabar con
los terratenientes y en romper la resistencia de los explotadores y de los
kulaks especuladores; para esto sólo
podemos apoyarnos firmemente en los semiproletarios, en los "pobres".
Las preciosas confesiones de Pitirm Sorokin
Pero el campesino medio no
es enemigo nuestro. Ha vacilado, vacila y seguirá vacilando: la tarea de
influir sobre los vacilantes no es la
misma que la de derrocar a los explotadores y la de vencer a los enemigos
activos. Saber llegar a un acuerdo con los campesinos medios, sin renunciar ni
un instante a la lucha contra los kulaks y apoyándose firmemente sólo en los
campesinos pobres: tal es la tarea del momento, pues ahora, precisamente, el
viraje de los campesinos medios hacia nosotros es inevitable en virtud de las
causas expuestas más arriba.
Lo mismo hay que decir de
los artesanos de la ciudad y del campo, del obrero que trabaja en las
condiciones más pequeñoburguesas o que conserva en mayor grado las opiniones
pequeñoburguesas, de muchos empleados, de los oficiales y, particularmente, de
los intelectuales en general. Es indudable que en nuestro partido se observa
con frecuencia incapacidad para aprovechar el viraje entre ellos y que esa
incapacidad puede y debe ser superada y transformada en capacidad.
Contamos ya con un firme
apoyo en la inmensa mayoría de los proletarios organizados en sindicatos.
Hay que saber ganar,
incorporar a la organización general y someter a la disciplina proletaria
general alas capas trabajadoras menos proletarias, más pequeñoburguesas, que se
orientan hacia nosotros. En este terreno, la consigna del momento no es luchar contra
ellas, sino ganárnoslas, influir sobre ellas, convencer a los vacilantes,
aprovechar a los neutrales, educar
—con el ambiente de la gran
influencia proletaria— a quienes se han rezagado o hace muy poco que han
comenzado a abandonar las ilusiones en la Constituyente o en la
"democracia patria".
183
Contamos ya: con un apoyo suficientemente firme entre las masas
trabajadoras, como lo ha demostrado con particular evidencia el VI Congreso de
los Soviets. No tememos a los intelectuales burgueses, y no debilitaremos ni un
instante la lucha contra los saboteadores premeditados y guardias blancos que
surjan de su seno. Mas la consigna del momento es saber aprovechar el viraje
hacia nosotros que se observa entre ellos. En nuestro país quedan aún no pocos
de los peores intelectuales burgueses que "se pegan" al Poder
soviético: arrojados por la borda y sustituidos por intelectuales que ayer aún
se mantenían conscientemente hostiles a nosotros y que hoy son sólo neutrales
constituye una importantísima tarea del momento, una tarea de todos los
dirigentes soviéticos que tienen contacto con la "intelectualidad",
una tarea de todos los agitadores, propagandistas y organizadores.
Es claro que el acuerdo con
el campesino medio, con el obrero menchevique de ayer, con el empleado o el
intelectual saboteador de ayer requiere capacidad, lo mismo que cualquier otra
acción política en una situación compleja que cambia vertiginosamente. La
cuestión reside en no darnos por satisfechos con la capacidad de que nos ha
dotado nuestra experiencia anterior, sino en ir sin falta más allá, en conseguir obligatoriamente más, en pasar a toda costa de las tareas más
fáciles a las más difíciles. Sin esto es imposible ningún progreso en general
y, en particular, el progreso en la edificación socialista.
Hace unos días me visitaron
unos representantes del congreso de delegados de las cooperativas de crédito.
Me mostraron una resolución de su congreso contra
la fusión del Banco de Crédito Cooperativo con el Banco Popular de la
República. Les dije que soy partidario del acuerdo con el campesino medio y que
aprecio profundamente incluso el comienzo del viraje de los cooperativistas de
la hostilidad a la neutralidad con relación a los bolcheviques; pero el terreno
para el acuerdo lo proporciona únicamente su conformidad con la fusión completa
del banco especial con el banco único de la República. Los representantes del
congreso sustituyeron entonces su resolución por otra, hicieron que el congreso
aprobara otra resolución, en la que eliminaron todo lo que se decía, contra la
fusión, pero... pero proponían constituir una "unión de crédito" especial de los
Las preciosas confesiones de Pitirm Sorokin
cooperativistas, ¡que en la
práctica no se diferencia en nada de un banco especial! Esto era ridículo.
Cambiando de rótulo se puede, naturalmente, satisfacer o engañar sólo a un
tonto. Pero el "fracaso" de uno de estos... "intentos" no
hará vacilar lo más mínimo nuestra política; con relación a los
cooperativistas, a los campesinos medios, hemos aplicado y seguiremos aplicando
la política del acuerdo, cortando de manera tajante todo intento de modificar
la pauta del Poder soviético y de la
edificación socialista soviética.
Las vacilaciones de los
demócratas pequeñoburgueses son inevitables. Bastaron unas cuantas victorias
del cuerpo de ejército checoslovaco para que estos demócratas fueran presas del
pánico, sembraran el pánico, desertaran al campo de los "vencedores"
y se dispusieran a recibirlos servilmente. Como es natural, no se puede olvidar
ni un instante que ahora bastarán también éxitos parciales, por ejemplo, de los
guardias blancos angloamericanos-krasnovianos para que las vacilaciones
comiencen en otro lado, cunda el pánico, se multipliquen los casos de siembra
del pánico, de traición y de deserción al campo imperialista, etc., etc.
Todo eso lo sabemos. Y no lo
olvidaremos. La base puramente proletaria del Poder soviético, conquistada por
nosotros y apoyada por los semiproletarios, seguirá siendo firme. Nuestra
legión no temblará, nuestro ejército no vacilará: lo sabemos ya por experiencia.
Pero cuando profundísimos cambios de importancia histórica universal provocan
un viraje inevitable hacia nosotros entre las masas de la democracia sin
filiación política, menchevique y eserista, debemos aprender, y aprenderemos, a
aprovechar ese viraje, a apoyarlo, a provocarlo en los correspondientes grupos
y capas, a hacer todo lo posible en aras del acuerdo con estos elementos, a
aliviar con ello la labor de edificación socialista, a disminuir la carga de la
dolorosa ruina, de la incultura y de la incapacidad, que frenan la victoria del
socialismo.
Escrito el 20 de noviembre de 1918. Publicado el 21 de noviembre
de 1918 en el núm. 252 de "Pravda".
T. 37, págs. 188-197.
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
184
REUNIÓN DE LOS CUADROS DEL PARTIDO
CELEBRADA EN MOSCÚ.
27 de noviembre de
1918.
1. Informe
sobre la actitud del proletariado ante la democracia pequeñoburguesa.
Camaradas: Quisiera hablar
de las tareas que incumben a nuestro partido y al Poder soviético en lo
relativo a la actitud del proletariado ante la democracia pequeñoburguesa. Es
indudable que los últimos acontecimientos plantean esta cuestión a la orden del
día, ya que el gigantesco cambio operado en la situación internacional —por
ejemplo, la anulación del Tratado de Brest, la revolución en Alemania, la
bancarrota del imperialismo alemán y la descomposición del imperialismo
angloamericano— no podía menos de socavar toda una serie de tesis democráticas
burguesas que constituyen el fundamento teórico de la democracia
pequeñoburguesa. La situación militar de Rusia y la presión del imperialismo
anglo-francés y norteamericano debían empujar forzosamente a una parte de esa
democracia pequeñoburguesa más o menos a nuestro lado. En la tarde de hoy
quisiera hablar precisamente de esos cambios que es necesario introducir en
nuestra táctica y de las nuevas tareas que se nos plantean.
Permitidme que empiece por
algunas tesis teóricas fundamentales. No cabe duda de que el principal sector
de la sociedad que constituye la base económica de la democracia
pequeñoburguesa en Rusia es el de los campesinos medios. No cabe duda de que la
revolución socialista y la transición del capitalismo al socialismo debe
adquirir por fuerza formas especiales en un país donde la población campesina
es muy numerosa. Por eso quisiera recordaros, ante todo, cómo fueron creándose
las tesis fundamentales del marxismo sobre la actitud del proletariado ante los
campesinos medios. Para recordároslo, leeré unas cuantas manifestaciones hechas
por Engels en su artículo El problema
campesino en Francia y en Alemania . Este artículo, publicado en un
folleto, fue escrito en 1895 ó 1894, cuando el problema del programa agrario del Partido Socialista con relación
al campesinado se planteaba de hecho a la orden del día con motivo de la
discusión del programa de la socialdemocracia alemana en su congreso de
Breslau. He aquí lo que opinaba entonces Engels sobre la actitud del
proletariado: "¿Cuál es, pues, nuestra actitud ante los pequeños
campesinos?... En primer lugar, es absolutamente exacta la afirmación concebida
en el programa francés de que, aun previendo la inevitable desaparición de los
pequeños campesinos, no somos nosotros, ni mucho menos, los llamados a
acelerarla con nuestras injerencias. Y, en segundo lugar, es asimismo evidente
que, cuando estemos en posesión del poder del Estado, no pensaremos siquiera en
expropiar violentamente a los pequeños campesinos (ya sea con indemnización o
sin ella), como nos veremos obligados a hacer con los grandes terratenientes.
Nuestra misión respecto a los pequeños campesinos consistirá, ante todo, en
encauzar su producción individual y su propiedad privada hacia un régimen
cooperativo, no por la fuerza, sino con el ejemplo, y brindando ayuda social
para este fin".
Más adelante, Engels decía
acerca de esto: "Ni ahora ni nunca podremos prometer a los campesinos
parcelistas la conservación de la propiedad individual y de la explotación
individual de la tierra contra el empuje arrollador de la producción capitalista.
Lo único que podemos prometerles es que no nos entrometeremos violentamente en
su régimen de propiedad contra la voluntad de ellos".
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
La última manifestación que
quisiera recordaros se refiere a los campesinos ricos, a los grandes campesinos
(a los "kulaks", como decimos en ruso), a los campesinos que no
pueden pasarse sin emplear mano de obra asalariada. Si estos campesinos no
comprenden que su actual modo de producción está irremisiblemente condenado a
perecer y no saben sacar las deducciones pertinentes, los marxistas no podrán
hacer nada por ellos. Nos encargaremos solamente de facilitarles también a
ellos el paso al nuevo modo de producción.
Esas son las tesis que
quería recordaros y que, sin duda, conocen todos los comunistas. Por ellas
vemos que la tarea del proletariado, una vez dueño del poder del Estado, en
modo alguno puede ser la misma en los países donde predomina el régimen de la
gran propiedad capitalista que en aquellos donde existen campesinos pequeños,
medios y grandes atrasados. Como se ve, hemos expuesto con toda exactitud las
tareas del marxismo cuando decíamos que nuestro deber consistía en hacer la
guerra al terrateniente explotador.
185
Por lo que se refiere al campesino medio, decimos: en modo
alguno nada de violencia. En cuanto al gran campesino, afirmamos: nuestra
consigna es someterlos al monopolio cerealista; luchar contra ellos cuando
infringen este monopolio, cuando ocultan el trigo. Hace poco he tenido ocasión
de repetir estas tesis en una reunión de varios centenares de representantes de
los comités de campesinos pobres, llegados a Moscú al tiempo de celebrarse el
VI Congreso*.
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
En las publicaciones de
nuestro partido, en la propaganda y en la agitación hemos destacado siempre
esta diferencia en nuestra posición ante la gran burguesía y la pequeña
burguesía. Mas aunque todos estábamos de acuerdo desde el punto de vista
teórico, no todos, ni mucho menos, ni con la suficiente rapidez, han sacado las
correspondientes conclusiones políticas. Y yo he comenzado adrede desde muy
lejos, por decirlo así, a fin de mostraros qué concepciones económicas sobre
las relaciones mutuas de las clases deben servirnos de guía para plantear con
razones indiscutibles nuestra política respecto a la democracia
pequeñoburguesa. No cabe duda de que esta clase de pequeños campesinos
(denominamos campesino medio al que no vende su fuerza de trabajo), este campesino
constituye, por lo menos en Rusia, la principal clase económica que sirve de
base a la gran variedad de corrientes políticas de la democracia
pequeñoburguesa. En Rusia, estas corrientes están vinculadas, sobre todo, a los
partidos de los mencheviques y de los eseristas. La historia del socialismo en
Rusia conoce una larga lucha de los bolcheviques contra esos partidos, con la
particularidad de que los socialistas de Europa Occidental la consideraban
siempre una lucha dentro del
socialismo, es decir, la escisión del socialismo en Rusia. Digamos entre
paréntesis que esta opinión aparece a
cada paso en los discursos incluso de buenos socialdemócratas.
Precisamente hoy me han
entregado una carta de Federico Adler, un hombre conocido por su conducta
revolucionaria en Austria. Su carta, escrita a finales de octubre y recibida
hoy, contiene sólo un ruego: que se ponga en libertad a los mencheviques encarcelados.
En un momento como éste no se le ha ocurrido escribir nada más inteligente que
ese ruego. Es cierto que hace la salvedad de que no está informado de nuestro
movimiento, etc.; mas, de todos modos, eso es sintomático. Este error ridículo
de los socialistas de Europa Occidental tiene su explicación en que miran atrás
y no adelante, en que no comprenden que ni los mencheviques ni los eseristas
(que pregonan el socialismo) pueden ser considerados socialistas. Durante toda
la revolución de 1917, los mencheviques y los eseristas no hicieron otra cosa
que vacilar entre la burguesía y el proletariado, no pudieron ocupar jamás una
posición justa y, como si lo hicieran adrede, ilustraron la tesis de Marx de
que la pequeña burguesía es incapaz de mantener una posición independiente en
las batallas decisivas.
Desde el comienzo mismo de
la creación de los Soviets, el proletariado adoptó instintivamente una posición
de clase bien definida por el propio hecho de haberlos creado. Los mencheviques
y los eseristas han vacilado siempre. Y si sus mismos amigos los
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
denominaban
"semibolcheviques" durante la primavera y el verano de 1917, eso no
era sólo un calificativo ingenioso, sino también una definición exacta. En las
cuestiones de los Soviets, del movimiento revolucionario en el campo, de la
toma directa de las tierras, de la confraternización en el frente, del apoyo o
no apoyo del imperialismo; en todas estas cuestiones vitales, los mencheviques
y los eseristas decían hoy "sí" y mañana "no". Por un lado,
ayudaban; por otro, no, siendo modelo de falta de carácter y de impotencia.
Mas, por otra parte, cuando lanzaban a la población frases "a favor de los
Soviets" (pues ellos han denominado siempre los Soviets "democracia
revolucionaria" y los han contrapuesto a lo que llamaban elemento restrictivo),
se trataba únicamente de una argucia política, en tanto que las amplias masas a
las que iban a parar esas frases se sentían cautivadas: "¡Eso es a favor
del Soviet!" Con frecuencia, las prédicas de los mencheviques nos
prestaban también un servicio a nosotros.
Esta cuestión es muy
compleja y tiene larga historia, por lo que bastará que me ocupe brevemente de
ella. Pues bien, esta política de los mencheviques y de los eseristas confirma
definitivamente ante nuestros propios ojos la tesis sustentada por nosotros de
que es un error considerados socialistas. Fueron socialistas, quizás, por la
fraseología y los recuerdos. Pero, de hecho, son la pequeña burguesía rusa.
Al empezar, hablaba de la
actitud de los marxistas ante el campesino medio, dicho con otras palabras,
ante los partidos pequeñoburgueses. Nos vamos acercando a una etapa en la que
nuestras consignas del período precedente de la revolución deben ser modificadas
para tener en cuenta con acierto el viraje actual. Vosotros sabéis que esos
elementos vacilaron en octubre y noviembre.
El partido bolchevique fue
entonces intransigente y procedió con justedad; nos dijimos que teníamos la
misión de acabar con los enemigos del proletariado, que nos esperaba la batalla
en torno a los problemas fundamentales de la guerra y la paz, de la representación
burguesa y del Poder soviético. En todos estos problemas podíamos apoyarnos
únicamente en nuestras propias fuerzas y procedimos con absoluto acierto al no
aceptar un compromiso con la democracia pequeñoburguesa.
El curso posterior de los
acontecimientos nos planteó el problema de la paz y de la conclusión del
Tratado de Brest. Como sabéis, la paz de Brest apartó de nosotros a los
elementos pequeñoburgueses.
186
Estas dos circunstancias, la
de nuestra política exterior, que llevó a la firma de la paz de Brest, y la de
nuestra lucha implacable contra las ilusiones democráticas de una parte de la
democracia pequeñoburguesa, la de nuestra lucha implacable por el Poder de los
Soviets, dieron lugar a que la democracia pequeñoburguesa se apartara
bruscamente de nosotros. Vosotros sabéis que, después de la paz de Brest,
comenzaron las vacilaciones entre los eseristas de izquierda. Una parte de
ellos se lanzó a una aventura; los otros se escindieron y continúan
escindiéndose. Mas los hechos, hechos son. Como es natural, no podemos dudar ni
un momento, ni un instante, de que nuestra política fue entonces absolutamente
justa. Tratar de demostrar esto ahora significaría repasar las viejas
lecciones, pues la revolución alemana ha probado mejor que nada lo acertado de
nuestras opiniones.
Lo que más nos reprochaban
después de la paz de Brest y lo que decían con mayor frecuencia las masas
obreras poco conscientes era que en vano cifrábamos nuestras esperanzas en la
revolución alemana, que ésta no se producía. La revolución alemana refutó todos
esos reproches y demostró que teníamos razón al defender el criterio de que la
revolución debía producirse, de que debíamos luchar contra el imperialismo
alemán no sólo por medio de la guerra nacional, sino también mediante la
propaganda y su descomposición interna. Los acontecimientos han confirmado de
tal modo nuestra opinión que no hay necesidad de demostrar nada. Lo mismo ha
ocurrido con la Constituyente: las vacilaciones fueron
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
inevitables en esta
cuestión, y el curso de los acontecimientos ha confirmado hasta extremo la
certeza de nuestros puntos de vista que todas las revoluciones que se inician
ahora en Occidente transcurren bajo la consigna de este Poder soviético y crean
el Poder soviético. El rasgo peculiar de las revoluciones en todas partes son
los Soviets. Han pasado de Austria y Alemania a Holanda y Suiza (a países de
cultura democrática de lo más antigua que se denominan a sí mismos Europa
Occidental, en comparación incluso con Alemania). En esos países se lanza la
consigna de Poder soviético. Y eso significa que la bancarrota histórica de la
democracia burguesa no era una invención de los bolcheviques, sino una
necesidad histórica absoluta. La lucha política se inició en Suiza y Holanda
hace ya centenares de años, y si ahora se lanza allí la consigna de Poder
soviético no es por la linda cara de los bolcheviques. Eso quiere decir que
hemos tenido en cuenta el presente con acierto. El desarrollo de los
acontecimientos ha confirmado de tal modo lo certero de nuestra táctica que no
hay necesidad de detenerse más en este problema. Lo único que hace falta es
comprender que se trata de una cuestión importante, del más profundo prejuicio
de la democracia pequeñoburguesa. Recordad la historia general de la revolución
burguesa y del desarrollo del parlamentarismo en todos los países de Europa
Occidental y veréis que entre los viejos socialdemócratas de todos los países
de la década del 40 reinaban prejuicios semejantes. Estas opiniones se
mantuvieron en Francia más tiempo que en ningún otro sitio. Y no podía ser de
otra manera. En los problemas del parlamentarismo, la pequeña burguesía es la
más patriótica en comparación con el proletariado y con la gran burguesía. Esta
última es más internacional porque la pequeña burguesía es más pasiva, no está
tan ligada a otros pueblos ni ha sido atraída a la órbita del comercio mundial.
Era de esperar, por ello, que donde más se manifestara la pequeña burguesía
fuera en la cuestión del parlamentarismo. Así ocurrió en Rusia también. En este
aspecto desempeñó un papel importante la circunstancia de que nuestra
revolución había luchado contra el patriotismo. En la época de la paz de Brest
tuvimos que ir contra el patriotismo. Nosotros decíamos: si eres socialista,
debes sacrificar todos tus sentimientos patrióticos en aras de la revolución
mundial, que llegará, que todavía no ha llegado, pero en la que debes creer si
eres internacionalista.
Y es comprensible que, al
hablar así, sólo podíamos atraernos a los destacamentos de vanguardia de la
clase obrera. Es comprensible que la mayoría de la pequeña burguesía no
compartiera nuestro punto de vista. No podíamos esperar eso. Además, ¿por qué
iba a adoptar la pequeña burguesía nuestro punto de vista? Hemos tenido que
ejercer la dictadura del proletariado en su forma más severa. Hemos superado la
época de las ilusiones en varios meses. Mas, si se repasa la historia de los
países europeos occidentales, se comprobará que ni siquiera en decenios se han
desembarazado de esa ilusión. Tomemos la historia de Holanda, de Francia, de
Inglaterra y de otros países. Nos vimos obligados a desvanecer la ilusión
pequeñoburguesa de que el pueblo es un todo único y de que la voluntad popular
puede ser expresada en algo que no sea su lucha de clase. Tuvimos absoluta
razón al no aceptar ningún compromiso en este punto. Si hubiéramos sido
indulgentes con las ilusiones pequeñoburguesas, con las ilusiones en la Constituyente,
habríamos malogrado toda la obra de la revolución proletaria en Rusia. En aras
de los estrechos intereses nacionales habríamos sacrificado los intereses de la
revolución mundial, que seguía la senda bolchevique porque no era nacional,
sino puramente proletaria. En estas condiciones se apartaron de nosotros las
masas mencheviques y eseristas pequeñoburguesas. Se colocaron al otro lado de
la barricada, fueron a parar al campo de nuestros enemigos. Cuando comenzó la
sublevación de Dútov, nos convencimos palpablemente de que en las huestes de
Dútov, Krasnov y Skoropadski se encontraban las fuerzas políticas que luchaban
contra nosotros. A nuestro lado estuvieron el proletariado y los campesinos
pobres.
187
Vosotros sabéis que durante
la sublevación del cuerpo de ejército checoslovaco, en el momento en que ésta
obtenía mayor éxito, se registraron en toda Rusia alzamientos de kulaks. Sólo
el acercamiento del proletariado urbano al campo fortaleció nuestro poder. El
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
proletariado, ayudado por
los campesinos pobres, fue el único que sostuvo la lucha contra todos los
enemigos. Tanto los mencheviques como los eseristas se colocaron, en su inmensa
mayoría, al lado de los checoslovacos, de Dútov y de Krasnov. Semejante situación
requería de nosotros la lucha más encarnizada y la aplicación de métodos
terroristas en ella. Por mucho que se censurara ese terrorismo desde diversas
posiciones (y escuchamos esa censura en boca de todos los socialdemócratas
vacilantes), para nosotros estaba claro que el terror era consecuencia de la
guerra civil exacerbada. Era debido a que toda la democracia pequeñoburguesa se
había vuelto contra nosotros. Luchaban contra nosotros con diversos métodos: la
guerra civil, el soborno y el sabotaje. Tales son las condiciones que hicieron
necesario el terror. Por eso no debemos arrepentirnos o abjurar de él. Lo que
hace falta es comprender con claridad qué condiciones de nuestra revolución
proletaria motivaron el encono de la lucha. Estas condiciones especiales
consistían en que tuvimos que actuar contra el patriotismo, en que tuvimos que
sustituir la Asamblea Constituyente por la consigna de "Todo el poder a
los Soviets".
Y cuando llegó el viraje en
la política internacional, se produjo también inevitablemente el viraje en la
situación de la democracia pequeñoburguesa. Vemos cómo cambia el estado de
ánimo en su campo. En el manifiesto de los mencheviques vemos un llamamiento a
renunciar a la alianza con las clases poseedoras, un llamamiento que hacen los
mencheviques a sus amigos, los hombres de la democracia pequeñoburguesa, que
han concluido una alianza con Dútov, los del cuerpo de ejército checoslovaco y
los ingleses. Los exhortan a luchar contra el imperialismo angloamericano.
Ahora está claro para todos que, excepción hecha del imperialismo
angloamericano, no hay fuerza capaz de contraponer algo al poder bolchevique.
Vacilaciones del mismo género se observan también entre los eseristas y entre
la intelectualidad, contaminada en mayor grado que nadie de los prejuicios de
la democracia pequeñoburguesa y que era la más henchida de predisposiciones
patrióticas. En su seno se registra el mismo proceso.
Nuestro partido tiene ahora
la tarea de regirse por las relaciones entre las clases al elegir su táctica, a
fin de que comprendamos con claridad esta cuestión y veamos si se trata de un
hecho casual, de una manifestación de falta de carácter, de vacilaciones
carentes de todo fundamento, o si, por el contrario, se trata de un proceso con
profundas raíces sociales. Si abordamos esta cuestión en su conjunto desde el
punto de vista de las actitudes teóricas adoptadas por el proletariado ante el
campesino medio, desde el punto de vista de la historia de nuestra revolución,
veremos que la respuesta no ofrece dudas. Este viraje no es casual ni individual. Atañe a millones y millones de seres
que tienen en Rusia la situación de campesinos
medios o una situación equivalente. El viraje atañe a toda la democracia
pequeñoburguesa. Luchó contra nosotros con saña rayana en el frenesí porque
tuvimos que herir todos sus sentimientos patrióticos. Pero la historia ha hecho
que el patriotismo se oriente ahora hacia nosotros, pues está claro que a los
bolcheviques sólo se les puede derrocar con bayonetas extranjeras. Si hasta
ahora se creía que los ingleses, los franceses y los norteamericanos eran la
verdadera democracia, si hasta ahora se conservaba esta ilusión, la desvanece
por completo la paz que ellos proporcionan hoy a Austria y Alemania. Los
ingleses se comportan como si se hubieran planteado el objetivo especial de
demostrar la justedad de las opiniones bolcheviques acerca del imperialismo
internacional.
Por eso, de los partidos que
lucharon contra nosotros, por ejemplo, del campo de Plejánov, salen voces
diciendo: nos hemos equivocado, pensábamos
que el imperialismo alemán
era nuestro enemigo principal y que los países occidentales — Francia,
Inglaterra y Norteamérica— nos traían el régimen democrático. Ha resultado que
la paz que conceden esos países occidentales es cien veces más humillante, bandolera
y rapaz que nuestra paz de Brest. Ha resultado que los ingleses y los
norteamericanos actúan como verdugos y gendarmes de la libertad rusa, lo mismo
que ese papel fue interpretado en
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
tiempos del verdugo ruso
Nicolás I no peor que los reyes que hacían de verdugos cuando estrangulaban la
revolución húngara. Este papel lo desempeñan ahora los agentes de Wilson.
Ahogan la revolución en Austria, hacen de gendarmes, presentan un ultimátum a
Suiza: no les daremos trigo si no se suman a la lucha contra el gobierno
bolchevique. Declaran a Holanda: no tengan la osadía de permitir la llegada a
su país de embajadores soviéticos, pues, en caso contrario, declararemos el
bloqueo. Tienen un arma sencilla: el dogal del hambre. Con ella se estrangula a
los pueblos.
La historia de los últimos
tiempos, de la época de la guerra y de la posguerra, se distingue por la
inusitada rapidez del desarrollo y prueba la tesis de que el imperialismo
anglo-francés es tan repulsivo como el alemán. No olvidéis que América es la
república más libre, la república más democrática, lo que no impide en absoluto
al imperialismo actuar allí con el mismo salvajismo, que no sólo linchen a los
internacionalistas, sino que la multitud los saque de sus casas, los desnude
por completo, los embadurne de brea y les prenda fuego.
188
Los acontecimientos
desenmascaran al imperialismo con fuerza excepcional y plantean este dilema: o
el Poder soviético o el completo aplastamiento de la revolución por las
bayonetas anglo-francesas. No se trata ya de un acuerdo con Kerenski: vosotros
sabéis que la pequeña burguesía lo ha arrojado como a un limón exprimido. Antes
iba con Dútov y Krasnov. Ha pasado ya ese período. El patriotismo la empuja
ahora hacia nosotros: así ha sucedido, así la ha obligado a proceder la
historia. Y nosotros debemos tener en cuenta esta experiencia masiva de toda la
historia universal. No se puede defender a la burguesía, no se puede defender
la Constituyente, porque, en la práctica, ha hecho el juego a los Dútov y los
Krasnov. Resulta ridículo que la Asamblea Constituyente haya podido convertirse
en su consigna. Pero así ha ocurrido, porque la Asamblea Constituyente se
convocó cuando la burguesía se hallaba en el poder. La Asamblea Constituyente
resultó un órgano de la burguesía, y ésta se colocó al lado de los imperialistas,
que dirigían su política contra los bolcheviques. La burguesía estaba dispuesta
a todo para estrangular el Poder soviético con los métodos más viles, estaba
dispuesta a vender Rusia a quien fuera con tal de acabar con el Poder de los
Soviets.
Esa es la política que
condujo a la guerra civil y que obligó a la democracia pequeñoburguesa a dar un
viraje. Naturalmente, las vacilaciones en este medio son siempre inevitables.
Cuando los del cuerpo de ejército checoslovaco consiguieron las primeras victorias,
esta intelectualidad pequeñoburguesa intentó correr el rumor de que el triunfo
de aquéllos era inevitable. Publicaban telegramas de Moscú diciendo que éste se
hallaba en vísperas de la caída, que estaba cercado. Y sabemos muy bien que si
los anglo-franceses consiguen victorias, por insignificantes que sean, la
intelectualidad pequeñoburguesa es la primera en perder la cabeza, en ser presa
del pánico y en empezar a hacer correr toda clase de Rumores sobre los éxitos de nuestros enemigos. Pero la revolución
ha mostrado que la insurrección contra el imperialismo es inevitable. Y ahora,
nuestros "aliados" han resultado ser los enemigos principales de la
libertad y la independencia rusas. Rusia no puede ser ni será independiente si
no se afianza el Poder soviético. Ese es el motivo del viraje. Y como
consecuencia de él, tenemos hoy la tarea de determinar nuestra táctica.
Cometería un craso error quien pensara aplicar ahora maquinalmente las
consignas de nuestra lucha revolucionaria del período en que no podía existir
ninguna reconciliación entre nosotros, en que la pequeña burguesía estaba
contra nosotros y en que nuestra intransigencia nos exigía el empleo del
terror. Eso no sería ahora intransigencia, sino sencillamente estupidez,
insuficiente comprensión de la táctica del marxismo. Cuando tuvimos que
concertar la paz de Brest, este paso parecía una traición a Rusia desde el
punto de vista estrictamente patriótico; desde el punto de vista de la
revolución mundial fue un paso estratégico acertado que ayudó, ante todo, a la
revolución mundial. Esta se ha desencadenado precisamente ahora, cuando el
Poder soviético se ha convertido en una institución de todo el pueblo.
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
Y ahora, a pesar de que la
democracia pequeñoburguesa continúa vacilando, sus ilusiones han sido
socavadas. Y, como es natural, debemos tener en cuenta esta situación, lo mismo
que las demás condiciones. Si antes teníamos otro punto de vista es porque la
pequeña burguesía estaba de parte de los checoslovacos, y la violencia era
inevitable, pues la guerra es la guerra, y en ella hay que actuar como en la
guerra. Pero ahora, cuando esas gentes comienzan a virar hacia nosotros, no
debemos volverles la espalda por el mero hecho de que nuestras consignas
lanzadas en octavillas y periódicos eran antes otras. Cuando vemos que dan
media vuelta hacia nosotros, debemos escribir de nuevo nuestras octavillas,
porque ha cambiado la actitud de esa democracia pequeñoburguesa hacia nosotros.
Debemos decir: sean bienvenidos, no les tememos. Si piensan ustedes que sabemos
actuar sólo con la violencia, se equivocan. Podríamos llegar a un acuerdo. Y
podrán venir a nuestro lado los elementos llenos de tradiciones y de prejuicios
burgueses, todos los cooperativistas, todos los sectores de los trabajadores
más vinculados a la burguesía.
Tomemos toda la
intelectualidad. Vivía la vida burguesa, estaba acostumbrada a ciertas
comodidades. Por cuanto se inclinaba hacia los checoslovacos, nuestra consigna
fue la lucha implacable: el terror.
En vista de que ha llegado ese viraje al estado de ánimo de las masas pequeñoburguesas, nuestra consigna debe
ser el acuerdo, el establecimiento de relaciones de buena vecindad. Cuando
encontramos declaraciones de un grupo de la democracia pequeñoburguesa que
dicen que quiere ser neutral con el Poder soviético, debemos responder: la
"neutralidad" y las relaciones de buena vecindad son trastos viejos
que no valen para nada desde el punto de vista del comunismo. Son viejos
cachivaches y nada más, pero debemos examinarlos desde el punto de vista práctico.
Hemos pensado siempre así y nunca hemos tenido la esperanza de que esos
elementos pequeñoburgueses se hicieran comunistas. Mas debemos examinar las
propuestas prácticas.
Hablando de la dictadura del
proletariado, hemos dicho que ésta debe dominar sobre todas las demás clases.
Antes de la completa implantación del comunismo no podremos poner fin a la
diferencia entre las clases. Estas seguirán existiendo hasta que acabemos con
los explotadores, la gran burguesía y los terratenientes, a quienes expropiamos
sin piedad. Mas, con relación a los campesinos medios y pequeños, hay que
hablar de otra manera. Al mismo tiempo que aplastamos implacablemente a la
burguesía y a los terratenientes, debemos ganarnos a la democracia
pequeñoburguesa. Cuando dicen que quieren permanecer neutrales y tener
relaciones de buena vecindad con nosotros, respondemos: eso es precisamente lo
que necesitamos. Nunca esperamos que se hicieran ustedes comunistas.
189
Seguimos manteniéndonos en
el terreno de la expropiación despiadada de los terratenientes y de los
capitalistas. En eso somos implacables y no podemos aceptar ninguna
conciliación o acuerdo. Pero sabemos que la pequeña producción no puede
transformarse en grande por decreto, que en esta cuestión es necesario
convencer gradualmente, con el curso de los acontecimientos, de la
inevitabilidad del socialismo. Esos elementos no serán nunca socialistas
convencidos, francos, verdaderos socialistas. Se harán socialistas cuando vean
que no hay salida. Y ahora ven que Europa se ha desmoronado tanto, y el
imperialismo ha llegado a tal estado, que la salvación no está en ninguna
democracia burguesa, que la salvación está únicamente en el Poder soviético. De
ahí que hoy, lejos de temer esa neutralidad, esas relaciones de buena vecindad
por parte de la democracia pequeñoburguesa, los deseemos. Por eso, si abordamos
la cuestión como representantes de una clase que ejerce la dictadura, decimos:
nunca habíamos esperado más de la democracia pequeñoburguesa. Nos basta con
eso. Ustedes tendrán con nosotros relaciones de buena vecindad, y nosotros
tendremos el poder del Estado. A ustedes, señores mencheviques, los
legalizaremos de buen grado después de sus declaraciones acerca de los
"aliados". Esto lo hará el Comité Central de nuestro partido. Mas no
olvidaremos que en el partido de ustedes han quedado los
mencheviques-"activistas". Y con relación a ellos, nuestros métodos
de lucha seguirán siendo
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
los viejos, ya que los
"activistas" son amigos de los checoslovacos, y mientras estos
últimos no sean expulsados de Rusia, ustedes son tan enemigos como ellos.
Conservamos en nuestras manos, sólo en las nuestras, el poder del Estado.
Respecto a quienes establecen con nosotros relaciones de neutralidad, razonamos
como la clase que tiene en sus manos el poder político, que dirige el filo de
sus armas contra los terratenientes y los capitalistas y dice a la democracia
pequeñoburguesa: si desean pasarse a los checoslovacos y a las huestes de
Krasnov, sepan que hemos mostrado cómo sabemos luchar y que lucharemos también
en lo sucesivo. Si desean aprender del ejemplo de los bolcheviques, nosotros
emprenderemos la senda del acuerdo con ustedes, sabiendo que el país sólo puede
pasar al socialismo mediante toda una serie de acuerdos, que probaremos,
controlaremos y confrontaremos.
Esta senda la emprendimos
desde el comienzo mismo, cuando, por ejemplo, votamos la ley de socialización
de la tierra y la transformamos gradualmente en un instrumento que permitió
unir en torno nuestro a los campesinos pobres y volverlos contra los kulaks.
Sólo a medida que triunfe el movimiento proletario en el campo iremos pasando
sistemáticamente al régimen de propiedad social, colectiva, de la tierra y a su
laboreo en común. Esta tarea sólo puede realizarse apoyándose en el movimiento
puramente proletario en el campo, y en este sentido queda aún mucho por hacer.
Es indudable que sólo la experiencia práctica, sólo la realidad mostrará cómo
debe procederse en este asunto.
Las tareas del acuerdo con
el campesino medio, con los elementos pequeñoburgueses y con los
cooperativistas son distintas. Esta tarea sufrirá modificaciones si la
planteamos en relación con las alianzas que han conservado las tradiciones y
costumbres pequeñoburguesas. Esta tarea experimenta asimismo cierto cambio
cuando hablamos de la intelectualidad pequeñoburguesa. Esta vacila, pero la
necesitamos también para nuestra revolución socialista. Sabemos que el
socialismo se puede construir únicamente con elementos de la cultura
capitalista propia de la gran industria, y la intelectualidad es uno de esos
elementos. Si tuvimos que luchar implacablemente contra ella fue porque nos
obligó no el comunismo, sino el curso de los acontecimientos, que apartó de
nosotros a todos los "demócratas" y a todos los enamorados de la
democracia burguesa. Ahora ha surgido la posibilidad de aprovechar para el
socialismo a esa intelectualidad, a esos intelectuales que no son socialistas,
que jamás serán comunistas, pero a los que el curso objetivo de los
acontecimientos y de la correlación de fuerzas obliga hoy a tener una actitud
de neutralidad, de buena vecindad con nosotros. En los intelectuales no nos
apoyaremos nunca; nos apoyaremos exclusivamente en la vanguardia del proletariado,
que lleva tras de sí a todos los proletarios y a todos los campesinos pobres.
El Partido Comunista no puede tener otro apoyo. Mas una cosa es apoyarse en la
clase que representa la dictadura y otra dominar sobre las demás clases.
Recordaréis que Engels
decía, incluso refiriéndose a los campesinos que emplean trabajo asalariado,
que, posiblemente, no sería necesario expropiarlos a todos.106 Nosotros expropiamos conforme a una regla general, y en los
Soviets de nuestro país no hay kulaks. Los hemos echado. Los aplastamos
físicamente cuando penetran en los Soviets e intentan ahogar allí a los
campesinos pobres.
190
Veis cómo se aplica en este
caso el dominio de una clase. Sólo el proletariado puede dominar. Mas esto se
aplica de una manera al pequeño campesino, de otra al campesino medio, de otra
al terrateniente y de otra al pequeño burgués. Toda la cuestión consiste en que
sepamos comprender este viraje, provocado por las condiciones internacionales;
en que sepamos comprender que las consignas a que nos hemos acostumbrado en el
medio año transcurrido de historia de la revolución deben modificarse
ineluctablemente en lo que se refiere a la democracia pequeñoburguesa. Debemos
decir: conservamos el poder en manos de la misma
![]()
106 Véase F. Engels. El
problema campesino en Francia y en Alemania.
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
clase. Nuestra consigna
respecto a la democracia pequeñoburguesa era el acuerdo, pero nos obligaron a
emplear el terror. Si ustedes aceptan verdaderamente vivir con nosotros como
buenos vecinos, tómense la molestia de cumplir una u otra tarea, señores cooperativistas
e intelectuales. Y si no las cumplen, serán unos infractores de la ley,
enemigos nuestros, y lucharemos contra ustedes. Mas si se mantienen en el
terreno de las relaciones de buena vecindad y cumplen esas tareas, eso es más
que suficiente para nosotros. Nuestra base es firme. Jamás dudamos de la
flojedad de ustedes. Pero no negamos que los necesitamos, porque ustedes son el
único elemento culto.
Si no tuviéramos que edificar el socialismo con los elementos
que nos ha legado el capitalismo, la tarea sería fácil. Pero la dificultad de
la edificación socialista reside en que nos vemos obligados a edificar el
socialismo con elementos completamente corrompidos por el capitalismo. La
dificultad de la transición consiste en que está vinculada a la dictadura que
sólo puede dirigir una clase: el proletariado. De ahí que nos digamos a
nosotros mismos que la línea será determinada por el proletariado, disciplinado
y convertido en una fuerza de combate capaz de derrotar a la burguesía. Entre
la burguesía y el proletariado existe una masa de grados intermedios, con
relación a los cuales nuestra política debe seguir ahora los cauces previstos
teóricamente por nosotros; ahora podemos aplicarla. Nos espera toda una serie
de misiones, toda una serie de acuerdos y tareas técnicas que nosotros, el
poder proletario dominante, debemos saber encomendar. Debemos saber encomendar
al campesino medio una tarea: ayudar en el intercambio de mercancías, en el
desenmascaramiento del kulak. A los cooperativistas hemos de darles otra, pues
disponen de un mecanismo para la distribución de los productos a gran escala;
debemos tomar ese mecanismo. A los intelectuales hay que encomendarles otra
tarea completamente distinta; no pueden continuar el sabotaje, y su estado de
ánimo hace que ocupen ahora, respecto a nosotros,
la más excelente posición de buena vecindad. Y nosotros debemos aceptar a esos intelectuales, señalarles determinadas
tareas, vigilar y comprobar su cumplimiento, tener con ellos la misma actitud
de que hablaba Marx con relación a los empleados de la Comuna de París:
"Cada contratista sabe elegir auxiliares y contables convenientes; cuando
se equivocan, sabe corregir sus errores, y si no valen, sabe sustituirlos por
otros nuevos, buenos". Nosotros construimos el poder con los elementos que
nos ha dejado el capitalismo. No podemos hacerlo sin utilizar una herencia de
la cultura capitalista como son los intelectuales. Ahora estamos en condiciones
de tratar a la pequeña burguesía como a un buen vecino que se encuentra bajo el
control riguroso del poder del Estado. La tarea del proletariado consciente
consiste en este terreno en comprender que el dominio no significa que sea él
mismo quien debe realizar todas esas tareas. Quien piensa así no tiene la menor
noción de lo que significa edificar el socialismo, no ha aprendido nada en un
año de revolución y de dictadura. Lo mejor que pueden hacer semejantes señores
es ir a la escuela y aprender; mas quienes hayan aprendido algo en los últimos
tiempos, se dirán para su fuero interno: esa intelectualidad la aprovecharé
ahora para la construcción. Tengo para ello suficiente apoyo en el campesinado.
Y debemos recordar que sólo en el transcurso de esta lucha, en una serie de
acuerdos y ensayos de acuerdos del proletariado con la democracia
pequeñoburguesa se hace la obra que conducirá al socialismo.
Recordemos las palabras de
Engels de que debemos actuar con el ejemplo. Ninguna forma será definitiva
hasta que no se consiga el comunismo completo. No hemos pretendido ser
conocedores del camino seguro. Pero marchamos hacia el comunismo de manera
inevitable e ineluctable. Hoy, cada semana da más que decenios de tiempo de
paz. Los seis meses vividos desde la paz de Brest han sido una época de
vacilaciones contra nosotros. La revolución de Europa Occidental, nuestro
ejemplo, que comienza a cundir, ha de fortalecernos. Debemos tener en cuenta
los cambios operados, tomar en consideración todos los elementos, sin hacernos
ninguna ilusión, sabiendo que los vacilantes seguirán siendo vacilantes hasta
que triunfe por completo la revolución socialista universal. Es posible
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
que esto no suceda muy
pronto, aunque la marcha de los acontecimientos de la revolución alemana hace
abrigar la esperanza de que ocurrirá antes de lo que muchos suponen. La
revolución alemana se desarrolla como se desarrolló la nuestra, pero a un ritmo
más acelerado. En todo caso, nuestra tarea consiste en luchar con arrojo contra
el imperialismo angloamericano. Este ha sentido que el bolchevismo ha pasado a
ser una fuerza mundial, y precisamente por eso trata de estrangularnos con la
máxima rapidez, deseando acabar primero con los bolcheviques rusos para después
hacer lo mismo con los suyos.
191
Debemos aprovechar a los
elementos vacilantes que se sienten empujados hacia nosotros por las
atrocidades de los imperialistas. Y los aprovecharemos. Sabéis perfectamente
que en la guerra no se puede despreciar ninguna ayuda, aunque sea indirecta. En
la guerra, incluso la actitud de las clases vacilantes tiene inmensa
importancia. Cuanto más dura es la guerra, mayor debe ser la influencia que
consigamos ejercer sobre los elementos vacilantes que se acercan a nosotros. De
ahí se desprende que la táctica que hemos seguido durante seis meses debe ser
modificada de acuerdo con las nuevas tareas en lo que se refiere a los
distintos sectores de la democracia pequeñoburguesa.
Si he conseguido concentrar
la atención de los cuadros del partido en esta tarea y estimularlos a encontrar
su solución acertada mediante la experiencia sistemática podré considerar que
he cumplido mi misión.
Publicado el 5 y 6 de
diciembre de 1918 en los núms. 264 y 265 de "Pravda".
T. 37, págs. 207-224.
2. Discurso
de resumen de la discusión del informe sobre la actitud del proletariado ante
la democracia pequeñoburguesa.
Camaradas: Tendré que hacer
unas cuantas observaciones como conclusión. Primero, querría responder a la
cuestión aquí aludida sobre el dogma.
Marx y Engels dijeron muchas
veces que nuestra doctrina no es un dogma, sino una guía para la acción, y creo
que, ante todo y sobre todo, esto es lo que debemos tener en cuenta.
La doctrina de Marx y Engels
no es un dogma que nos aprendemos de memoria. Hay que tomarla como una guía
para la acción. Esto es lo que hemos dicho siempre, y creo que hemos obrado de
la manera conveniente, sin caer nunca en el oportunismo, sino modificando
nuestra táctica. Eso en modo alguno es una desviación del marxismo ni puede, en
modo alguno, denominarse oportunismo. Lo dije antes y vuelvo a repetirlo que
esta doctrina no es un dogma, sino una guía para la acción.
Me referiré ahora a la
observación del camarada Steklov: ¿con quién debemos concertar acuerdos, con
los dirigentes o con las masas? Mi respuesta es que primero, naturalmente, con
las masas, y luego con los dirigentes; respecto a cuándo hemos de luchar contra
los dirigentes, depende de cada caso aparte. Ya hablaré de eso; por el momento
no veo posibilidades prácticas de llegar a un acuerdo con los partidos de los
mencheviques y de los eseristas. Nos dicen que concertar un acuerdo significa
ceder en algo. ¿En qué vais a ceder y cómo os vais a apartar de la pauta
fundamental? Esto sería una apostasía que, circunscrita sólo a la práctica, no
sería nada nuevo. Por supuesto, jamás renunciaremos a nuestros principios. No
tiene sentido discutir eso ahora. Hace quince años hubo un debate sobre la
pauta fundamental y sobre los principios; lamento haberlo tenido que sostener
en su mayor parte en el extranjero, y no en Rusia. Pero de lo que se trata hoy
es del poder estatal, y en este punto no se puede ni pensar en hacer la menor
concesión. Por algo declaró Wilson:
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
ahora nuestro enemigo es el
bolchevismo mundial. Lo mismo que dice la burguesía de todo el mundo. Si ellos
preparan una cruzada contra nosotros, eso significa que reconocen que el poder
bolchevique no es un fenómeno ruso solamente, sino universal. Sería un
bolchevique ridículo y desdeñable el que propusiera a la burguesía una
transacción de cualquier tipo. Además, cuando las llamas de la revolución se
han propagado a tantos países, ningún gobierno capitalista burgués la aceptaría
ni podría aceptarla.
Cuando se llegó a los
últimos acontecimientos, la burguesía suiza declaró sin rodeos: nosotros no
somos rusos, no os entregaremos el poder. El capitán Sadoul, que se ha sumado
ahora a los bolcheviques, escribe que se maravilla de ver la asombrosa mansedumbre
de la burguesía rusa y declara que la burguesía francesa de ellos actuará de
otra manera. Allí veremos mucho más enconamiento, y la guerra civil, si llega a
estallar, adoptará las formas más despiadadas. Mirando las cosas por este lado,
no se puede plantear ningún problema.
En la práctica, el problema
ha sido resuelto definitivamente por el año de dictadura proletaria, y a ningún
campesino ni obrero se le ocurriría intentar llegar a una transacción con la
burguesía. Estoy de completo acuerdo en que una transacción no es nada nuevo.
Mi único propósito era que debatiésemos juntos estos problemas.
Las circunstancias que han
apartado más de nosotros a los mencheviques y eseristas, así como a los
pequeños intelectuales, han sido las dimanantes de la enconada lucha en torno a
la paz de Brest, durante la ofensiva del imperialismo alemán; y ya quedaron en
el pasado. Pero sabemos perfectamente que aún los éxitos pasajeros de los
ingleses y los franceses darán lugar a nuevas vacilaciones entre esa
intelectualidad y esa pequeña democracia, que empezarán a sembrar el pánico y a
pasarse al otro bando. Pactamos con ellos para alcanzar ciertos resultados y
para un trabajo práctico determinado. Esta táctica no puede ser motivo de
discusiones ni asombrar a nadie. Sin embargo, han demostrado no haberla
comprendido muchos del tipo del camarada Maxímov, influyente miembro del Soviet
de Moscú, quien dijo que no debemos pactar con Jinchuk, sino sólo llegar a un
entendimiento razonable. Cuando en la primavera promulgamos el primer decreto
sobre las cooperativas, y éstas nos presentaron reivindicaciones en forma de
ultimátum, cedimos. Esto es lo que llamamos pactar; a esta política no se le
puede dar otro nombre. Me daré por satisfecho si cada funcionario soviético
toma como norma, se dice a sí mismo y dice a todos sus camaradas que debemos
llegar a un entendimiento razonable con los demócratas pequeñoburgueses.
192
En nuestro trabajo, sobre todo en el plano local, estamos
todavía muy lejos de un entendimiento razonable. Todo lo contrario, dejamos a
menudo de entendernos de manera razonable. Nos lo imputan quienes no comprenden
que eso es inevitable durante la construcción de algo nuevo. No hay genio capaz
de organizar una vida nueva sin aprender a hacerlo. No sabemos ponernos de
acuerdo de manera razonable con la gente práctica cuando es preciso. Para
establecer una tienda, hay que saber cómo hacerlo. Necesitamos gente que sepa
realizar su trabajo. Los bolcheviques hemos tenido muy pocas oportunidades de
aplicar nuestros conocimientos a este tipo de trabajo práctico. Muy rara vez
nos faltan propagandistas; pero, en cambio, tenemos una escasez de lo más
perentoria de dirigentes y organizadores prácticos. Y eso continúa hasta hoy,
pese al año de experiencia que llevamos. Se puede llegar a un entendimiento
razonable con todo el que tenga suficiente experiencia en este terreno y esté
por las consignas de neutralidad y relaciones de buena vecindad. Si sabe poner
una tienda y distribuir mercancías, si nos puede enseñar algo, si es un hombre
práctico, será una gran adquisición.
Todo el mundo sabe que,
desde el momento que triunfamos, entre los "amigos" de los
bolcheviques hay muchos enemigos. A menudo se arrima a nosotros gente muy
insegura y truhanesca, vacilante en política, que nos vende, nos es infiel y
nos traiciona. Lo sabemos perfectamente, pero no nos hace cambiar. Es un
fenómeno histórico inevitable. Cuando los
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
mencheviques nos reprochan
que entre los empleados de los Soviets hay muchos vividores y gente deshonesta
incluso en el aspecto cívico general, les preguntamos: ¿dónde encontrar
mejores? ¿Qué hacer para que la gente mejor tenga en seguida fe en nosotros? No
hay revolución que pueda vencer y convencer a todos en el acto, que se gane la
confianza de golpe. La revolución comienza en un país, y en otros países se
desconfía de ella. Nuestra revolución es tenida por una pesadilla, por un caos,
y en otros países nada se espera de nuestras "caóticas" asambleas
organizadas que nosotros llamamos Soviets. Y eso es muy natural. Teníamos que
conquistar muchas cosas. Por eso, cuando se dice que debemos llegar a un
entendimiento razonable con Jinchuk, porque él sabe establecer una tienda, yo
digo: lleguen a acuerdos con otros también y utilicen a los pequeños burgueses,
que saben hacer muchas cosas.
Si inculcamos la consigna de
"llegar a un entendimiento", si se la metemos en la cabeza a la gente
en el plano local, si comprendemos que despierta una nueva clase para ejercer
el poder, que quienes están dirigiendo ahora son personas que jamás afrontaron
antes una tarea tan complicada y, claro está, se equivocan, no nos
desconcertamos. Sabemos que no es posible gobernar sin equivocarse. Pero,
además de errores, vemos también que se utiliza mal el poder como tal, que a
veces la gente dice: yo tengo la sartén por el mango, yo soy el que manda, y tú
el que obedeces. Nosotros afirmamos que no es éste el lema que se debe aplicar
con toda una serie de elementos de la democracia pequeñoburguesa de los
sindicatos, de los campesinos y de los agrupados en cooperativas; ha dejado ya
de ser necesario. Es más razonable, por tanto, llegar a un entendimiento con la
democracia pequeñoburguesa, sobre todo con la intelectualidad: ésta es nuestra
tarea. Claro que llegaremos a entendernos, tomando por base nuestra plataforma,
y lo haremos como poder.
Preguntamos: ¿es verdad que
ustedes han pasado de la hostilidad a la neutralidad y a la buena vecindad? ¿Es
verdad que han dejado de ser enemigos? De lo contrario no cerraremos los ojos y
les diremos sin tapujos: si quieren guerra, la tendrán; y nos comportaremos
como en la guerra. Pero, si ustedes han pasado de la hostilidad a la
neutralidad, si quieren buena vecindad —he tomado estas palabras de
declaraciones de personas que no pertenecen al campo de los comunistas y que
ayer aún estaban mucho más cerca de los guardias blancos—
, digo que como hay tanta gente que pasa
con tanta amplitud de su hostilidad anterior a la neutralidad y a la buena
vecindad de hoy, debemos seguir nuestra propaganda.
El camarada Jmelnitski no
tiene por qué temer que los mencheviques hagan propaganda para dirigir la vida
de la clase obrera. No hablamos de los socialdemócratas que no comprendieron
qué era la república socialista; tampoco de los burócratas pequeñoburgueses;
aquí no cabe sino la lucha ideológica contra los mencheviques, hacerles una
guerra sin cuartel. El peor insulto que se puede lanzar a un menchevique es
llamarlo demócrata pequeñoburgués; y cuanto más tranquilo esté uno al intentar
demostrárselo, más furioso se pondrá él. Es un error creer que cederemos una
centésima o una milésima parte de la posición que hemos conquistado. No
retrocederemos ni un ápice.
Los ejemplos aducidos por el
camarada Schmidt han demostrado que incluso el grupo del proletariado que
estaba más cerca de la burguesía (como los tipógrafos, por ejemplo), los
oficinistas pequeñoburgueses, los empleados de banca burgueses, ocupados antes
en casas comerciales e industriales, pierden mucho con la transición al
socialismo. Hemos clausurado muchísimos periódicos burgueses, nacionalizado los
bancos y obstruido varios canales por los que los empleados de banca solían
hacer dinero, negociando y especulando; pero incluso entre ellos hay
vacilaciones, vemos que se pasan a nuestro lado. Si Jinchuk vale porque sabe
establecer tiendas, el empleado de banca sirve porque conoce el mecanismo de la
circulación del dinero, problema en el que, si bien muchos de nosotros nos
desenvolvemos en teoría, estamos muy flojos en la práctica. Y hablo con una
persona que conoce ese mecanismo y que confiesa que ha pasado de su hostilidad
de ayer a la neutralidad y a la buena vecindad.
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
Decimos que estamos por el
entendimiento razonable con todos. Me sentiré más que satisfecho si el camarada
Maxímov, como miembro destacado del presídium del Soviet de Diputados de Moscú,
aplica en los Soviets de diputados la táctica a la cual se refirió respecto a
los intelectuales y la pequeña burguesía vacilante.
193
Proseguiré con el problema
de las cooperativas. El camarada Steklov ha dicho que las cooperativas hieden.
El camarada Maxímov ha dicho de las cooperativas que no deberíamos haber
promulgado decretos como el último del Consejo de Comisarios del Pueblo. En el
terreno de la práctica no hemos tenido unidad de criterio. No es nuevo para
nosotros que, si la pequeña burguesía no nos muestra hostilidad, hayamos de
satisfacer sus reivindicaciones. Si nuestro planteamiento anterior resulta
malo, habrá que revisarlo cuando lo exija el cambio de las circunstancias. Y
vemos claro que, en este aspecto, las cosas han cambiado; las cooperativas son
ejemplo elocuente de ello. El mecanismo cooperativo es un mecanismo de
abastecimiento basado en la participación en masa de los propios trabajadores,
y no en la iniciativa privada de los capitalistas. Kautsky tenía razón cuando
decía, mucho antes de pasarse a los renegados, que la sociedad socialista es
una gran cooperativa única.
Si queremos llegar a ejercer
el control y organizar de manera práctica la economía en beneficio de
centenares de miles de personas, no podemos olvidar que, cuando los socialistas
discuten este problema, señalan que los dirigentes de los trusts pueden sernos
útiles por la experiencia que tienen como gente práctica. La realidad demuestra
ahora que los elementos pequeñoburgueses han pasado de la hostilidad a la
neutralidad. Además, debemos comprender que ellos saben llevar una tienda. No
negamos que, como ideólogo, Jinchuk está impregnado por completo de prejuicios
burgueses. Todos esos individuos trascienden a prejuicios burgueses, pero, al
mismo tiempo, poseen conocimientos prácticos. Por lo que a las ideas se
refiere, todos los cañones están en nuestro bando, ellos no cuentan con
ninguno. Pero cuando afirman que ya no son hostiles y pasan a la neutralidad,
debemos tomar en consideración que ahora son centenares y millares las personas
menos capaces que Jinchuk y que llegan también a un entendimiento razonable.
Insisto en que debemos saber ponernos de acuerdo con ellos. En el terreno de
organizar en la práctica, saben más, lo hacen mejor que nosotros y tendremos
que aprender de ellos. ¡Que aprendan ellos de nosotros a influir en el
proletariado internacional!; pero en cuanto a establecer tiendas, ¡aprenderemos
de ellos! Eso no sabemos hacerlo. Ahí se necesitan en todos los terrenos
peritos con conocimientos especiales.
En lo que se refiere a las
cooperativas, no comprendo por qué se dice que hieden. Cuando preparamos el
primer decreto sobre las cooperativas, invitamos a discutir en el Consejo de
Comisarios del Pueblo a personas que no sólo no eran comunistas, sino que, en
realidad, estaban mucho más cerca de los guardias blancos; conferenciamos con
ellos y les preguntamos: ¿pueden ustedes aceptar este punto? Nos respondieron:
éste sí que podemos, pero este otro, no. Claro que, visto por fuera o sin
reflexionar, esto puede parecer un pacto con la burguesía. Los invitados eran
representantes de las cooperativas burguesas, y a indicación suya se
suprimieron varias cláusulas del decreto. Por ejemplo, una que estipulaba el
usufructo y el ingreso gratuitos en las cooperativas proletarias. A nosotros
nos parecía aceptable por completo, pero ellos rechazaron nuestra propuesta.
Decimos que debemos avanzar,
concertando acuerdos con quienes saben establecer tiendas mucho mejor que
nosotros; de eso no sabemos. Pero no retrocedemos un paso en nuestra lucha.
Cuando promulgamos otro decreto del mismo tipo, el camarada Maxímov dijo que no
debían redactarse tales decretos, pues el decreto estipulaba que se abriesen de
nuevo las cooperativas clausuradas. Esto muestra que tanto entre los
funcionarios del Soviet de Diputados de Moscú como entre nosotros hay ciertos
malentendidos y, para eliminarlos, incluso se deben organizar conferencias y
debates como éste. Hemos dicho que, en bien de nuestra labor, nos proponíamos
utilizar, no sólo los sindicatos en general, sino hasta el
Reunión de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
sindicato de empleados del
comercio y la industria, y, como ustedes saben, los empleados del comercio y la
industria han sido siempre un puntal del régimen burgués. Pero, como esta gente
recurre a nosotros y nos dice que accede a vivir en buena vecindad con
nosotros, debemos recibirla con los brazos abiertos y estrechar la mano que nos
tienden, pues no se nos secará la nuestra por ello. No olvidamos que si los
imperialistas anglo -franceses nos atacaran mañana, ellos serían los primeros
en darse la vuelta y huir. Pero mientras este partido, mientras estos elementos
burgueses no huyan, repetiremos: debemos mantener estrechas relaciones con
ellos. Por eso aprobamos el decreto promulgado el domingo, ese decreto que
desagrada al camarada Maxímov; lo que demuestra que él se aferra a la vieja
táctica comunista, inaplicable en las nuevas condiciones. Si redactamos ese
decreto ayer, y en respuesta hemos recibido la resolución del Comité Central de
los empleados, quedaríamos como unos tontos si dijéramos que empezamos a
destiempo, que no hay necesidad de redactar decretos cuando ha comenzado el
viraje y cambia la situación.
194
Los capitalistas armados llevan la guerra más allá y con más
obstinación que nunca, y es de inmensa importancia para nuestra obra práctica
aprovechar este viraje, aunque sea temporal. Todo el poder está en nuestras
manos. No necesitamos clausurar las cooperativas y podemos volver a abrir las
que han sido clausuradas, puesto que las clausuramos cuando estaban puestas al
servicio de la propaganda de los guardias blancos. Toda consigna tiene la
propiedad de hacerse más rígida de lo que se precisa. Las condiciones del
momento exigían esa ola de represalias y clausura de cooperativas. Hoy ya no es
necesario. Constituyen un mecanismo muy importante vinculado a los campesinos
medios, un mecanismo que agrupa a los sectores de campesinos dispersos y
divididos. Y estos señores Jinchuk hacen un trabajo útil, iniciado por
elementos burgueses. Y cuando estos campesinos y demócratas pequeñoburgueses
dicen que pasan de la hostilidad a la neutralidad y a la buena vecindad,
debemos decirles: eso es precisamente lo que queremos. Y ahora, buenos vecinos,
vamos a ver si nos entendemos de manera razonable. Los apoyamos todo lo posible
y les dejamos que ejerzan sus derechos; examinaremos sus solicitudes y les
concederemos cualesquiera privilegios, pero ustedes deben cumplir las tareas
que les encomendamos. Si no lo hacen, tengan en cuenta que todo el personal de
la Comisión Extraordinaria está en nuestras manos. Si no son capaces de hacer
el debido uso de sus derechos y no cumplen las tareas que les encomendamos,
tenemos todo el personal del Control del Estado en nuestras manos y los
consideraremos transgresores de la voluntad del Estado. Deben rendir cuenta
hasta del último kopek, y toda vulneración será castigada como trasgresión de
la voluntad del Estado y de sus leyes.
Mantenemos todo ese sistema
de control en nuestras manos; pero ahora, el ganarnos a esa gente, aunque sea
por algún tiempo, aunque no sea una tarea gigantesca desde el punto de vista de
la política mundial, es de imperiosa necesidad para nosotros. Fortalecerá
nuestras posiciones en la guerra. No disponemos de una retaguardia eficiente.
Esto nos proporcionará una victoria moral, ya que demostrará a los
imperialistas de Europa Occidental que habrán de encontrar una resistencia
bastante seria, cosa que no se debe desdeñar, pues cada país tiene su propia
oposición interna obrera, proletaria, contra la invasión de Rusia. Por eso
creo, a juzgar por la declaración del camarada Maxímov, que estamos tanteando
el camino para un acuerdo concreto. Incluso si surgen divergencias, no serán
tan importantes, dado que se reconoce la necesidad de llegar a un entendimiento
razonable con toda la democracia pequeñoburguesa, con la intelectualidad, los
cooperativistas y los sindicatos que aún no nos reconocen, sin dejar que el poder
se nos escape de las manos; si aplicamos esta política con firmeza durante todo
el invierno, obtendremos una gran ventaja para toda la causa de la revolución
mundial.
Publicado por primera
vez en 1929 en la 2a y 3a ed. de las "Obras" de V. I. Lenin, t.
XXIII.
Reunión
de los Cuadros del Partido celebrada en Moscú
T. 37, págs. 225-233.

