Libro N° 7062. Obras Escogidas. Tomo XII. Lenin, V. I.
© Libro N° 7062.
Obras Escogidas. Tomo XII. Lenin, V. I. Emancipación. Marazo 7 de
2020.
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Escogidas. Tomo XII. V. I. Lenin
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OBRAS ESCOGIDAS
TOMO XII
V. I. Lenin
OBRAS ESCOGIDAS
TOMO XII
V. I. Lenin
OBRAS
ESCOGIDAS, TOMO XII (1921-1923)
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V.I. LENIN
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TOMO 12-12
Índice
Prefacio................................................................................................................. 1
X Congreso del P.C.(b) de Rusia..................................................................... 3
Sobre el impuesto en especie.......................................................................... 28
Los sin partido y el poder soviético................................................................ 45
III Congreso de la Internacional Comunista................................................ 46
Nuevos tiempos, viejos errores de nuevo tipo.............................................. 64
Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre............. 68
La nueva política
económica y las tareas de los comités de
instrucción política........................................................................ 72
Acerca de la
significación del oro ahora y después de la victoria
completa del socialismo............................................................... 80
Acerca de las tesis
del partido comunista francés sobre
el problema agrario....................................................................... 84
La política interior y exterior de la república.............................................. 87
Proyecto de directriz
del CC del PC(b) de Rusia para la delegación
soviética a la Conferencia de Genova..................................... 103
Carta a G. V.
Chicherin sobre las directrices del CC del PC(b) de Rusia
para la delegación
soviética en la Conferencia de Génova..104
Proyecto de
resolución del CC del PC(b) de Rusia sobre las tareas
de la delegación soviética en Génova...................................... 105
Notas de un publicista.................................................................................... 107
El significado del materialismo militante.................................................. 111
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, presentado
al XI Congreso del partido........................................................ 116
En el décimo aniversario de Pravda............................................................ 136
Cinco años de la
revolución rusa y perspectivas de la
revolución mundial..................................................................... 138
Discurso pronunciado en el pleno del soviet de Moscú........................... 145
Últimos artículos y cartas............................................................................. 151
Paginas del diario............................................................................................ 156
Sobre las cooperativas.................................................................................. 159
Nuestra revolución......................................................................................... 163
Como tenemos que reorganizar la Inspección Obrera y Campesina.... 165
Mas vale poco y bueno................................................................................. 168
Notas................................................................................................................ 175
1
PREFACIO
En este volumen se incluyen
obras escritas entre marzo de 1921 y marzo de 1923, en las que Lenin siguió
examinando problemas importantísimos de la edificación del socialismo, de la
política exterior del Estado soviético y del movimiento obrero y comunista
mundial.
Fue una gran aportación de
Lenin a la teoría y la práctica del comunismo científico el planteamiento y
aplicación de la nueva política económica. Para resucitar la economía destruida
por la guerra y construir con buen éxito el socialismo debía concertarse una
alianza económica entre la ciudad y el campo y estimularse el interés económico
de los campesinos en los resultados de su trabajo. En vez del sistema de
contingentación, que implicaba la exacción de todos los excedentes de productos
a los campesinos, Lenin propuso introducir el impuesto en especie, determinado
de antemano, después de cuyo pago al Estado el campesino podía disponer
libremente de los excedentes de su producción, venderlos e intercambiarlos por
artículos de gran consumo. Lenin enseñó que la consolidación de la pequeña
hacienda campesina y el restablecimiento de la pequeña propiedad privada, en el
terreno de la libre circulación mercantil, del comercio privado, originarían
cierta reanimación del capitalismo, un renacimiento de la burguesía en la
ciudad y un crecimiento de los kulaks en el campo. Pero, recalcaba Lenin, puede
tolerarse cierta reanimación del capitalismo sin socavar las bases de la
dictadura del proletariado, ya que, teniendo el poder político en sus manos y
respaldándose en cimas dominantes de la economía como son la gran industria, la
tierra, los bancos, los ferrocarriles, etc., la clase obrera dispone de medios
suficientes para someter a los elementos capitalistas a su control.
Los problemas de la nueva
política económica se tratan en el informe sobre la sustitución del sistema de
contingentación por el impuesto en especie, presentado al X Congreso del PC(b)
de Rusia, en el folleto Sobre el impuesto
en especie (Significación de la nueva política y sus condiciones), en las Tesis del informe sobre la táctica del
Partido Comunista de Rusia presentado al III Congreso de la Internacional
Comunista, en los artículos Con
motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre y Acerca de la significación del oro ahora y
después de la victoria completa del socialismo, en el informe Cinco años de la revolución rusa y
perspectivas de la revolución mundial, presentado al IV Congreso de la
Internacional Comunista, etc.
Para cumplir con éxito las
complicadas tareas de la construcción del socialismo hacía falta, ante todo,
reforzar el partido, fuerza dirigente de la dictadura del proletariado. Lenin
decía que se debía depurar el partido de elementos casuales, no comunistas,
arribistas, que se debía reforzar la unidad del partido, el cual "se ha
ganado, y no de golpe, sino en el transcurso de veinticinco años y con sus
obras, el papel, el título, la fuerza de "vanguardia" de la única
clase revolucionaria".
Lenin hace hincapié en el
papel, de creciente importancia, que desempeña el partido en la dirección del
fomento de la economía e indica que es necesario reagrupar las fuerzas del
mismo, encauzando su mejor parte a la administración de la economía.
Lenin concedía gran
importancia a la lucha contra la ideología burguesa. En el presente volumen se
incluye el conocido artículo de Lenin El
significado del materialismo militante, en el que determinó las direcciones
más importantes de la labor del Partido Comunista en el frente filosófico,
caracterizó sus fines, esbozó medidas prácticas y determinó también las tareas
y los métodos de la propaganda ateísta. Preside todo el artículo la idea de la
magna
trascendencia del
materialismo dialéctico e histórico para transformar la naturaleza, la vida de
la sociedad y la conciencia de las personas.
Varias producciones
incluidas en el presente volumen están dedicadas a problemas de política
exterior y, ante todo, a los relacionados con la Conferencia de Génova, primera
conferencia económica internacional en la que participó el Estado soviético.
El Estado soviético,
encabezado por Lenin, aplicó de manera consecuente y con perseverancia en
difíciles condiciones una política de paz, una política de coexistencia
pacífica de Estados de distinto régimen social, procurando lograr con tesón que
se entrara en tratos con los países capitalistas y se concertasen convenios
económicos con ellos, rechazando enérgicamente a la vez las condiciones,
desventajosas para el País soviético, de estos convenios.
2
Lenin concedía una
importancia inmensa, para el feliz cumplimiento de las tareas de la edificación
del socialismo, al monopolio del comercio exterior y decía que sólo con este
monopolio, con la regulación, planificada por el Estado, de la importación y la
exportación de mercancías se podía proteger la economía soviética, débil por
entonces, contra la intrusión del capital extranjero y garantizar el
restablecimiento y el desarrollo subsiguiente de la industria nacional, la
obtención de ganancias y el aumento de las reservas de oro imprescindibles para
industrializar el país.
Varias producciones
incluidas en este volumen se dedican a los problemas del movimiento obrero y
comunista mundial. Son discursos pronunciados por Lenin en el III y IV
Congresos de la Internacional Comunista, las obras Nuevos tiempos, viejos errores de nuevo tipo, Acerca de las tesis del
Partido Comunista Francés sobre el problema agrario y otras, en las que
Lenin prosigue la lucha contra el
dogmatismo y el sectarismo en el movimiento comunista mundial e indica que la
tarea principal de los partidos comunistas estriba en ganarse a la mayoría de
los obreros, a la mayoría de los trabajadores. Un medio importante en la lucha
por ganarse a las masas es la táctica de frente único. Lenin recalcaba que los
comunistas habían de ser flexibles en su táctica y saber emplear todas las
formas y medios de lucha.
Debe hacerse especial
hincapié en la importancia de las postreras cartas y artículos de Lenin,
denominados con razón testamento político suyo: Carta al Congreso, Contribución al problema de las naciones o sobre la
"autonomización", Páginas del diario, Sobre las cooperativas, Nuestra
revolución (A propósito de las notas de N. Sujánov), Cómo tenemos que
reorganizar la Inspección Obrera y Campesina, Más vale poco y bueno.
Vinculadas orgánicamente entre sí,
constituyen en el fondo un trabajo único en el que Lenin desplegó las
deducciones y planteamientos contenidos en obras y discursos suyos de antes y
expuso en síntesis el programa de transformación socialista de Rusia a la luz
de las perspectivas generales del movimiento de liberación mundial.
* * *
Los trabajos que figuran en
el presente volumen han sido traducidos de la 5a edición rusa de las Obras Completas de V. 1. Lenin,
preparada por el Instituto de Marxismo -Leninismo, adjunto al CC del PCUS. Al
pie de cada trabajo, a la derecha, se indican el tomo y las páginas
correspondientes. Al final del tomo se insertan notas aclaratorias y un índice
de nombres.
LA EDITORIAL.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
3
X CONGRESO DEL P.C.(b) DE RUSIA.1
8-16 de marzo de
1921.
1. Discurso de
apertura del congreso, pronunciado el 8 de marzo.
(Prolongados aplausos.) Camaradas: Permitidme declarar abierto el X
Congreso del Partido Comunista de Rusia. Hemos vivido un año muy rico en
acontecimientos tanto en la historia internacional como en la nuestra, en la
interior. Para empezar por la situación internacional debo decir que nos
reunimos por primera vez en condiciones en las que la Internacional Comunista
ha dejado de ser una mera consigna para transformarse realmente en una poderosa
organización que tiene sus cimientos, unos verdaderos cimientos, en los mayores
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1 El X
Congreso del PC(b) de Rusia se reunió en Moscú del 8 al 16 de marzo de
1921. Según datos de la Comisión de Credenciales, asistieron a él 694 delegados
con voz y voto y 296 con voz, pero sin voto, en representación de 732.521
miembros del partido. Los puntos del orden del día eran los siguientes: 1)
Informe de la gestión del Comité Central; 2) informe de la gestión de la
Comisión de Control; 3) los sindicatos y su papel en la economía del país; 4)
la república socialista en el cerco capitalista, el comercio exterior, el
arrendamiento de empresas en régimen de concesión a capitalistas, etc.; 5) el
trabajo de los organismos de abastecimiento, el sistema de contingentación y el
impuesto en especie, la crisis de combustibles; 6) problemas orgánicos del
partido; 7) las tareas inmediatas del partido en el problema nacional; S) la
reorganización del ejército y el problema de las milicias de orden público; 9)
el Comité General de Instrucción Política y la labor de propaganda y agitación
del partido; 10) informe del representante del PC de Rusia en la Internacional
Comunista y las tareas inmediatas de ésta; 11) informe de los miembros del PC
de Rusia en el Consejo Sindical Mundial; 12) elecciones al Comité Central y a
las comisiones de Control y Revisión.
El X Congreso adoptó
resoluciones sobre los problemas cardinales de la vida política y económica del
país. Dirigió sus labores Lenin, quien pronunció los discursos de inauguración
y clausura y los informes de la gestión política del CC, sobre la sustitución
del sistema de contingentación con el impuesto en especie, sobre la unidad del
partido y la desviación anarcosindicalista, sobre los sindicatos y sobre el
problema de los combustibles. Lenin redactó también los proyectos de las
resoluciones más importantes del congreso. En el informe sobre la gestión del
Comité Central y en el relativo a la sustitución del sistema de contingentación
con el impuesto en especie, Lenin dio profundos argumentos teóricos y políticos
de la necesidad de pasar a la nueva política económica. Tras discutir el
informe de Lenin, el congreso adoptó el histórico acuerdo de sustituir el
sistema de contingentación con el impuesto en especie, de pasar del comunismo
de guerra a la nueva política económica, calculada para incorporar a los millones
y millones de campesinos a la edificación del socialismo.
El X Congreso dedicó especial atención al problema de la unidad
del partido. Lenin sometió a dura crítica en sus discursos las concepciones
antimarxistas de los grupos de oposición. En la resolución aprobada a propuesta
de Lenin Sobre la unidad del partido
se prescribía disolver inmediatamente todos los grupos fraccionales que
debilitaban al partido y rompían su
unidad. El congreso dio al CC plenos poderes para aplicar como medida extrema
la expulsión del partido de los miembros del CC que hubieran emprendido la
senda fraccionalista.
El X Congreso adoptó también una resolución, redactada por
Lenin, Sobre la desviación sindicalista y
anarquista en nuestro partido. Decíase en ella que las ideas de la
"oposición obrera" eran expresión de vacilaciones pequeñoburguesas, anarquistas. La propaganda de las ideas de la
desviación anarcosindicalista fue conceptuada de incompatible con la filiación
en el PC(b) de Rusia. En el ambiente de edificación pacífica del socialismo, el
congreso exigió que se ampliase la democracia interna del partido y se reorganizase
la actuación del mismo con una base de lo más democrática.
Ocupó un lugar muy
importante en las labores del X Congreso el problema del papel de los
sindicatos en la organización de la economía. Al hacer el resumen de los
debates sobre los sindicatos, el congreso condenó enérgicamente las ideas de
los trotskistas, de la "oposición obrera", del grupo
"centralismo democrático" y otras tendencias oportunistas y aprobó
por inmensa mayoría de votos la plataforma leninista, en la que se determinaba
el papel y las tareas de los sindicatos como escuela de comunismo y se proponían
medidas para ampliar la democracia en los sindicatos.
El X Congreso trazó las vías concretas
de paso del capitalismo al socialismo y determinó los métodos de la edificación
de socialismo en las nuevas condiciones.
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
países capitalistas
adelantados. Lo que en el II Congreso de la Internacional Comunista2 fueron aún resoluciones nada más, se ha logrado hacer realidad
en el año transcurrido y ha encontrado su expresión, su confirmación, su
afianzamiento en países como Alemania, Francia e Italia. Basta con mencionar
estos tres países para que veáis que después del II Congreso, celebrado el
verano pasado en Moscú, la Internacional Comunista se ha convertido en todos
los mayores países capitalistas adelantados de Europa en la causa del
movimiento obrero en cada uno de ellos; más aún, se ha convertido en el factor
fundamental de la política internacional. Esta es una conquista tan gigantesca,
camaradas, que por difíciles y duras que sean las diversas pruebas que nos
esperan —jamás podemos ni debemos perderlas de vista— , ¡nadie nos la podrá
arrebatar!
Camaradas, es la primera vez
que reunimos nuestro congreso cuando en el territorio de la República Soviética
no hay tropas enemigas, apoyadas por los capitalistas e imperialistas de todo
el mundo. La primera vez que, gracias a las victorias del Ejército Rojo durante
este año, inauguramos el congreso del partido en tales condiciones. Tres años y
medio de lucha de dureza inaudita, ¡pero hemos logrado expulsar a los ejércitos
enemigos de nuestro territorio! Es natural que estemos aún muy lejos de haberlo
conquistado todo con eso, y en modo alguno hemos conquistado con eso lo que
debemos conquistar: librarnos verdaderamente de la agresión y la ingerencia de
los imperialistas. Por el contrario, sus acciones de armas contra nosotros han
adquirido una forma menos militar, pero más dura y peligrosa en algunos
aspectos para nosotros. La transición de la guerra a la paz, transición que
aplaudimos en el pasado congreso del partido y hemos tratado de realizar ya,
procurando ordenar el trabajo en este sentido, aún no se ha consumado hasta
hoy. Siguen alzándose ante nuestro partido tareas de inverosímil dificultad,
tareas que no sólo atañen al plan económico, en el que hemos cometido muchos
errores, tareas que no sólo atañen a las bases de la edificación económica,
sino a las bases de las propias relaciones entre las clases que han quedado en
nuestra sociedad, en nuestra República Soviética. Las propias relaciones entre
las clases han cambiado, y esta cuestión debe ser —creo que todos estaréis
conformes con ello— una de las cuestiones principales que habéis de dilucidar y
resolver aquí.
Camaradas, hemos vivido un
año excepcional, nos hemos permitido el lujo de abrir discusiones y
controversias dentro de nuestro partido3.
¡Para un partido que está rodeado
![]()
2
El II Congreso de la Internacional Comunista,
que colocó las bases programáticas, tácticas y orgánicas de esta Internacional,
se celebró del 19 de julio al 7 de agosto de 1920 en la Rusia Soviética (Véanse
en el t. 11 de la presente edición los discursos pronunciados por Lenin en el
II Congreso de la Internacional Comunista).
3 Se alude a la discusión
sobre el papel y las tareas de los sindicatos en la edificación del socialismo.
Esta discusión fue impuesta al partido por Trotski, quien pronunció, el 3 de
noviembre de 1921, un discurso en la sesión de la minoría del PC(b) de Rusia en
la V Conferencia Sindical de toda Rusia, impugnando la pauta del partido
enfilada a desplegar en lossindicatos los principios de la democracia y
llamando a "apretar las clavijas del comunismo de guerra". El fondo
de las discrepancias estribaba en el distinto enfoque del "problema de los
métodos de abordar a las masas, de ganarse a las masas, de ligarse con las
masas". Las discrepancias que surgieron en la reunión de la minoría fueron
sometidas al examen del Pleno del CC del PC(b) de Rusia. Sin embargo, a fines
de diciembre, la discusión se incrementó y rebasó el marco del CC. El 24 de
diciembre Trotski habló en la reunión de activistas del movimiento sindical y
delegados al VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia. El 25 de diciembre publicó
un folleto que implicaba la constitución de una fracción antipartido y fue la
señal para que se manifestasen otros grupos antipartido: el grupo
"tope", la "oposición obrera", el grupo "centralismo
democrático" y demás.
Lenin estaba en contra de la discusión, pues consideraba que
distraía la atención y las fuerzas del partido del cumplimiento de las tareas
inmediatas en el terreno de la economía, encauzadas a combatir el desbarajuste
y el hambre. Pero, una vez manifestada la oposición, Lenin le dio enérgica
batalla, enderezando el golpe principal contra los trotskistas, fuerza
fundamental de los grupos antipartido. Puso al desnudo el verdadero sentido de
la lucha en el seno del partido, denunció el carácter fraccional de las
acciones de los oposicionistas, que socavaban la unidad del partido y mostró el
daño que hacía la discusión impuesta por ellos. A la vez, expuso y desplegó
varias tesis importantísimas, acordes con los principios, sobre la función de
los sindicatos en el sistema de la dictadura del proletariado y sus tareas en
la edificación del socialismo.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
de enemigos poderosísimos y
fortísimos, enemigos que agrupan a todo el mundo capitalista, para un partido
que carga con un peso inaudito, este lujo ha sido verdaderamente asombroso!
No sé cómo valoraréis ahora
esto. ¿Os parece que este lujo ha correspondido plenamente a nuestras riquezas,
tanto materiales como espirituales? De vosotros depende valorarlo. Pero, en
todo caso, debo decir una cosa: que aquí, en este congreso, debemos adoptar un
lema, proponernos un fin y una tarea principal que debemos llevar a cabo cueste
lo que cueste: salir más fuertes de la discusión y las controversias que cuando
las empezamos. (Aplausos.) Vosotros,
camaradas, no podéis ignorar que todos nuestros enemigos —y sus nombres forman
legión— repiten y despliegan en todos sus innumerables órganos extranjeros el
mismo rumor a cien y mil voces, que nuestros enemigos burgueses y
pequeñoburgueses difunden aquí, dentro de la República Soviética, a saber: si
hay discusión hay controversias; si hay controversias hay disensiones, y si hay
disensiones, los comunistas se han debilitado: ¡dale, ahora o nunca,
aprovéchate de su debilitamiento! Esta es hoy la consigna del mundo hostil a
nosotros. No debemos olvidarlo un instante. Nuestra tarea consiste ahora en
mostrar que, aunque nos permitiéramos, con acierto o sin él, este lujo en
elpasado, de esta situación debemos salir de manera que, tras haber examinado
debidamente en nuestro congreso del partido la extraordinaria abundancia de
plataformas, matices, tonos y semitonos formulados y discutidos, nos digamos:
en todo caso, como quiera que la discusión se venga manifestando hasta ahora,
por mucho que discutamos entre nosotros — y tenemos delante a tantos enemigos—
, la tarea de la dictadura del proletariado en un país campesino es tan
inabarcable y difícil que no nos basta con que el trabajo sea más cohesionado y
más aunado que antes de manera sólo formal —vuestra presencia aquí, en este
congreso, demuestra ya que eso es así—, sino también de manera no sólo formal,
a fin de que no queden los menores residuos de fraccionalismo — dondequiera y
comoquiera que se haya manifestado hasta la fecha—, a fin de que en modo alguno
queden esos residuos. Sólo con esa condición cumpliremos las inmensas tareas
que tenemos planteadas. Y estoy convencido de que expresaré el propósito y la
firme resolución de todos vosotros si digo: ¡Debemos salir del presente
congreso, en todo caso, con una unidad del partido más sólida, más estrecha y
sincera! (Aplausos.)
4
Publicado el 9 de
marzo de 1921 en el núm. 52 de "Pravda".
T. 43, págs. 3-6.
2. Informe
sobre la gestión política del CC del PC(b) de Rusia, presentado el 8 de marzo.
Camaradas: Como sabéis, la
gestión política del CC guarda, naturalmente, una relación tan estrecha con
toda la labor del partido, con toda la labor de las instituciones soviéticas y
con toda la marcha de la revolución que, al menos a mi juicio, no puede hablarse
de un informe de rendición de cuentas en el sentido exacto y literal de las
palabras. Y concibo mi tarea en el aspecto de que debo esforzarme por destacar
algunos de los hechos más importantes: lo que, a mi entender, constituye, por
decirlo así, los puntos nodulares de nuestro trabajo y de la política soviética
durante este año, lo más característico de la experiencia vivida y lo que nos
proporciona más materia para reflexionar sobre las causas que han determinado
la marcha de la revolución, sobre el significado de los errores cometidos —y
hemos cometido no pocos— y sobre las enseñanzas que de aquí se desprenden para
el futuro. Porque, por
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La discusión sobre los
sindicatos duró más de dos meses, a lo largo de los cuales la mayoría de las
organizaciones del partido aprobó la plataforma leninista. La oposición sufrió
una derrota completa en todas organizaciones comunistas más influyentes. Los
resultados de la discusión se resumieron en el X Congreso del partido.
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
natural que sea la tarea de
rendir cuenta de la gestión durante el año transcurrido, por obligatoria que
sea para el CC y por interesante que resulte de por sí para el partido, las
tareas de la lucha que nos espera y que ya se está desplegando son tan impostergables,
tan difíciles y tan arduas y hasta tal punto nos agobian que, quiérase o no,
toda nuestra atención está puesta precisamente en hacer las deducciones más
pertinentes de la experiencia vivida y en cumplir de la mejor manera las tareas
del presente y del futuro que reclaman toda nuestra atención.
El primero de los puntos
nodulares de nuestro trabajo que durante este año reclaman más la atención y
con los que, a mi parecer, están más relacionados nuestros errores, es la
transición de la guerra a la paz. Es probable que todos vosotros, o cuando menos
la mayoría, recordéis que, en el transcurso de tres años y medio, hemos hecho
ya varias veces esta transición sin que la hayamos terminado una sola. Por lo
visto, tampoco ahora la llevaremos a cabo, porque los intereses vitales del
capitalismo internacional están profundamente ligados al deseo de impedirlo.
Recuerdo que ya en abril de 1918, es decir, hace tres años, tuve ocasión de
hablar ante el CEC de toda Rusia de nuestras tareas, que entonces se formulaban
diciendo que la fase principal de la guerra civil había terminado, cuando, en
realidad, no hacía más que empezar. Todos recordaréis que en el anterior
congreso del partido basamos nuestros cálculos en esta transición a la
edificación pacífica, suponiendo que las enormes concesiones que hicimos entonces
a Polonia4 nos asegurarían la paz. Pero ya en
abril comenzó la ofensiva de la burguesía polaca, que, junto con los
imperialistas de los países capitalistas, interpretó nuestro afán de paz como
un signo de debilidad, cosa que esa burguesía pagó cara, pues obtuvo una paz
más desfavorable. Pero nosotros no conseguimos pasar a la edificación pacífica
y tuvimos que concentrar de nuevo la atención principal en la guerra con
Polonia y, más tarde, en la liquidación de Wrangel. Eso es lo que determinó el
contenido de nuestro trabajo en el año del que rendimos cuenta. De nuevo toda
nuestra labor hubo de orientarse a las tareas militares.
Luego comenzó el tránsito de
la guerra a la paz, cuando logramos que no quedase en el territorio de la RSFSR
ni un solo soldado de los ejércitos enemigos.
Este tránsito ha acarreado
tantas conmociones que hemos estado lejísimos de tenerlas todas en cuenta. Es
indudable que en ello radica una de las causas principales del cúmulo de
errores y desaciertos que hemos cometido en nuestra política durante este período
y cuyas consecuencias sufrimos hoy. La desmovilización del ejército, que fue
preciso crear en un país que había soportado una tensión de gravedad inaudita,
que fue preciso crear después de varios años de guerra imperialista; la
desmovilización del ejército, cuyo retorno ofreció extraordinarias dificultades
por el estado de nuestros medios de transporte y, además, en un momento en que
sufríamos el azote del hambre como consecuencia de la mala cosecha y de la
escasez de combustible, que paralizó en grado considerable el transporte; esta
desmovilización nos impuso, como vemos ahora, tareas que no supimos calibrar,
ni mucho menos, por completo. Aquí radican en buena parte las causas detoda una
serie de crisis: la económica, la social y la política.
5
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4 El Gobierno soviético hizo todo lo
posible para entablar relaciones normales de buena vecindad con Polonia. En
1919 propuso ya varias veces a este país concluir una paz sólida y duradera.
Pero d Gobierno terrateniente-burgués de Polonia no respondió a estas
propuestas de paz y prosiguió su política hostil a la Rusia Soviética. El 28 de
enero de 1920, el Consejo de Comisarios del Pueblo de la Federación Rusa
dirigió al Gobierno de Polonia y al pueblo polaco una declaración en la que se
volvía a hacer hincapié en el reconocimiento de la independencia y la soberanía
del Estado polaco y se ofrecían considerables concesiones territoriales a
Polonia. El 2 de febrero de 1920, el CEC de toda Rusia volvió a dirigir al
pueblo polaco propuestas de paz. No obstante, el Gobierno reaccionario de
Polonia, que se hallaba en completa dependencia de la Entente imperialista,
tomó por síntoma de debilidad las concesiones del Estado soviético. Por eso
fracasaron las negociaciones de paz. Los medios dirigentes de Polonia se preparaban
para atacar a mano armada a la República Soviética.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
Ya a fines del año pasado tuve ocasión de señalar que entre las
principales dificultades de la próxima primavera figurarían las relacionadas
con la desmovilización del ejército. Tuve ocasión de señalar eso también el 30
de diciembre en una gran discusión, en la que, probablemente, participasteis
muchos de vosotros. Debo decir que entonces apenas si nos imaginábamos la
magnitud de estas dificultades: entonces no veíamos aún hasta qué punto las
dificultades no serían sólo de carácter técnico, hasta qué punto la
desmovilización precisamente agravaría todas las calamidades que sufría la
República Soviética, extenuada por la anterior guerra imperialista y por la
nueva guerra, por la guerra civil. En cierto sentido será acertado decir que
justamente la desmovilización viene a hacer que se manifiesten en mayor grado
esas calamidades. Durante varios años, el país volcó sus esfuerzos
exclusivamente en las tareas militares, ayudó al cumplimiento de estas tareas
con todos los medios a su alcance, sin escatimar nada de lo poco que quedaba,
de sus escasas reservas y recursos. Sólo al terminar la guerra hemos podido ver
hasta dónde llegan la ruina y la miseria, que nos condenan por mucho tiempo a
dedicarnos simplemente a restañar las heridas. Pero no podemos siquiera dedicarnos
por entero a restañar estas heridas. Las dificultades técnicas de la
desmovilización del ejército muestran en grado considerable la magnitud de la
ruina, de la que dimana, entre otras cosas, una serie inevitable de crisis de
carácter económico y social. La guerra nos ha enseñado, ha enseñado a todo
nuestro país, a centenares de miles de hombres, a cumplir únicamente las tareas
militares. Y cuando, cumplidas estas tareas militares, una gran parte del
ejército encuentra condiciones infinitamente peores, encuentra en el campo
dificultades increíbles y, como consecuencia de ello y de la crisis general, no
tiene la posibilidad de emplear su trabajo, resulta algo intermedio entre la
guerra y la paz. La situación que se perfila es tal que tampoco ahora se puede
hablar de paz. Precisamente la desmovilización, el fin de la guerra civil,
implica la imposibilidad de concentrar todas nuestras tareas en la edificación
pacífica, ya que la desmovilización da lugar a que continúe la guerra, aunque
en forma nueva. Cuando decenas y centenares de miles de desmovilizados no
pueden aplicar su trabajo, cuando regresan míseros y en la ruina, acostumbrados
a hacer la guerra y a ver en ella poco menos que el único oficio, nos sentimos
arrastrados a una nueva forma de guerra, a un nuevo tipo de guerra que puede
ser definido con una palabra: bandidaje.
El error del CC ha
consistido, sin duda, en no calcular las proporciones de estas dificultades
derivadas de la desmovilización. Es preciso decir, naturalmente, que no
podíamos tener puntos firmes de apoyo para este cálculo, pues la guerra civil
era tan difícil que sólo podía haber una norma: todo para la victoria en los
frentes de la guerra civil, y nada
más. Únicamente ateniéndonos a esta norma y gracias a la inaudita tensión de
fuerzas manifestada por el Ejército Rojo en la lucha contra Kolchak, Yudénich y
otros, únicamente así pudimos lograr la victoria sobre los imperialistas que
habían invadido la Rusia Soviética.
Una vez señalada esta
circunstancia fundamental, causa determinante de diversos errores y de una
mayor agravación de la crisis, quisiera decir que en la labor del partido y en
la lucha de todo el proletariado se ha manifestado toda una serie de incongruencias
más graves aún, de equivocaciones en los cálculos o en los planes, y no sólo de
equivocaciones en los planes, sino también de errores al determinar la
correlación entre las fuerzas de nuestra clase y las de aquellas otras con las
que el proletariado debe decidir en colaboración, y a veces en lucha, los
destinos de la República. Partiendo de este punto de vista, debemos examinar
los resultados de la experiencia vivida, la experiencia política, lo que el CC,
por cuanto es el que ha dirigido la política, debe esclarecerse a sí mismo y
tratar de esclarecer a todo el partido. Son fenómenos tan diversos como la
marcha de nuestra guerra con Polonia y los problemas del abastecimiento y del
combustible. Es indudable que en nuestra ofensiva se incurrió en un error al
avanzar con excesiva rapidez casi hasta Varsovia. No voy a analizar ahora si el
error fue estratégico o político, porque esto me llevaría demasiado lejos; creo
que esto deberá ser obra de los futuros historiadores, pues quienes en lucha
difícil tienen que seguir
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
defendiéndose de todos los
enemigos, no están para dedicarse a investigaciones históricas. Pero, en todo
caso, hubo un error, debido a una excesiva valoración de la superioridad de
nuestras fuerzas. Sería demasiado complicado dilucidar hasta qué punto esta
superioridad de fuerzas dependía de las condiciones económicas, hasta qué punto
dependía de que la guerra con Polonia había despertado los sentimientos
patrióticos incluso entre los elementos pequeñoburgueses, que no son
proletarios en absoluto, que no simpatizan con el comunismo en absoluto, que no
apoyan incondicionalmente la dictadura del proletariado y que, a veces, es
preciso decirlo, no la apoyan en general. Pero el hecho es que en la guerra con
Polonia cometimos cierto error.
Y si tomamos un sector de
nuestra actividad como es el del abastecimiento, veremos un error análogo. En
relación con el sistema de contingentación y con su cumplimiento, el año del
que rendimos cuenta ha sido incomparablemente más favorable que el anterior.
Este año, la cantidad de grano acopiado ha pasado de 250 millones de puds. Se
consideraba que para el 1 de febrero se habían almacenado ya 235 millones de
puds, mientras que durante todo el año precedente los acopios fueron de 210
millones; es decir, que durante una parte mucho menor del año, los acopios
fueron superiores a los de todo el año anterior. Y, sin embargo, ha resultado
que de esos 235 millones almacenados para el 1 de febrero gastamos en el primer
semestre cerca de 155 millones, es decir, 25 millones de puds al mes, o incluso
más, por término medio.
6
Naturalmente, es preciso reconocer que, en general, no hemos
sabido distribuir con acierto nuestros recursos cuando éstos han sido mejores
que los del año anterior. No hemos sabido apreciar debidamente todo el peligro
de la crisis que se cernía sobre nosotros en la primavera y nos hemos dejado
llevar por el deseo natural de aumentar el racionamiento a los obreros
hambrientos. Claro que es menester decir, a este respecto, que carecíamos de
puntos de apoyo para los cálculos. En todos los Estados capitalistas, a pesar
de la anarquía, a pesar del caos inherente al capitalismo, sirve de punto de
apoyo para los cálculos del programa económico la experiencia de decenios, una
experiencia que pueden comparar los Estados capitalistas, de régimen económico
homogéneo, los cuales sólo se distinguen por sus pormenores. De esta
comparación puede inferirse una ley verdaderamente científica, cierta ley
objetiva y cierta regularidad. Nosotros no teníamos ni podíamos tener nada
semejante a esa experiencia para tales cálculos; y es completamente natural que
cuando, al terminar la guerra, se presentó la posibilidad de dar, por fin, algo
más a la población hambrienta, no pudiéramos determinar de golpe la medida
exacta. Está claro que debimos haber moderado el aumento de las raciones,
creando así cierto fondo de reserva para los días difíciles que habrían de
llegar en primavera y que, en efecto, han llegado. Pero no lo hicimos. Fue un
nuevo error, y del mismo género que es propio de todo nuestro trabajo: un error
que demuestra que el paso de la guerra a la paz nos creó toda una serie de
problemas y dificultades para cuya solución carecíamos de experiencia, de
preparación y de las condiciones materiales necesarias, por lo que se produjo
una acentuación, una agravación, un empeoramiento extraordinarios de la crisis.
Algo análogo ha ocurrido sin
duda con el combustible. Este es el problema fundamental de la organización de
la economía. Todo el tránsito de la guerra a la paz, todo el tránsito a la
edificación económica —de lo que se habló en el anterior congreso del partido,
que ha constituido la preocupación principal y ha reclamado la atención
principal en la esfera política durante el año del que rendimos cuenta—, todo
eso, claro está, no podía menos de tener como base y fundamento el cálculo de
la extracción de combustible y su atinada distribución. Sin eso no puede ni
hablarse de superar las dificultades ni de restablecer la industria. Es claro
que en este sentido nos encontramos en mejores condiciones que el año pasado.
Antes estábamos aislados de las zonas hullera y petrolera. Después de las
victorias del Ejército Rojo hemos conseguido carbón y petróleo. En todo caso,
han aumentado nuestras existencias de
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
combustible. Sabemos que los
recursos de combustible con que entramos en el año del que rendimos cuenta eran
mayores que en años anteriores. Debido a este aumento cometimos un error al
permitir de golpe una distribución de combustible tan amplia que agotó las
existencias, y hemos tenido que hacer frente a una crisis de combustible antes
de reorganizar el trabajo como es debido. Sobre todas estas cuestiones
escucharéis aquí informes especiales; yo no puedo ahora presentaros ni siquiera
aproximadamente los datos que existen al respecto. Pero, en todo caso, teniendo
en cuenta la experiencia del pasado, debemos decir que este error está
relacionado con una idea equivocada del estado de cosas y con la rapidez del
paso de la guerra a la paz. Como luego se ha visto, este tránsito sólo es
posible a un ritmo bastante más lento de lo que pensábamos. Hace falta una
preparación mucho más prolongada, un ritmo más lento: tal es la enseñanza que
hemos recibido en el transcurso de este año, enseñanza que el partido en su conjunto
deberá tener muy archipresente a fin de determinar nuestras tareas
fundamentales para el año próximo y evitar en lo sucesivo los errores
mencionados.
Al mismo tiempo es preciso
decir, indudablemente, que estos errores y, especialmente, las crisis que de
ellos se derivan, se han agravado a causa de la mala cosecha. Aunque he
indicado que la labor realizada en la esfera del abastecimiento nos proporcionó,
durante el año del que informamos, una cantidad incomparablemente mayor de
productos alimenticios, es preciso decir que en esto radicó también una de las
causas principales de las crisis, porque debido a la mala cosecha, que originó
una escasez inmensa de forrajes, la mortandad del ganado y la ruina de la
hacienda campesina, el centro de la contingentación se trasladó a zonas en las
que los excedentes de cereales no eran muy grandes. Los excedentes son mucho
mayores en distintas regiones periféricas de la República —en Siberia, en el
Cáucaso Septentrional—, pero precisamente allí estaba menos organizada la
administración soviética, precisamente allí el Poder soviético era menos
estable, y el transporte desde dichas regiones ofrecía dificultades muy grandes.
Por eso resultó que el aumento de víveres se logró a costa de las provincias
donde las cosechas son menores, lo cual vino a agravar en extremo la crisis de
la hacienda campesina.
7
Vemos claro una vez más que
no teníamos bien organizada la contabilidad. Por otra parte, nuestra situación
era tan apurada que no podíamos elegir. Como es natural, el país, que después
de la devastadora guerra imperialista hubo de afrontar una guerra civil tan
prolongada, no podía subsistir sinoentregando todas sus fuerzas al frente. Y
está claro que un país arruinado no podía hacer otra cosa que incautarse de los
excedentes de los campesinos, incluso sin indemnizarles de algún modo. Eso era
necesario para salvar al país, al ejército y al poder obrero y campesino.
Decíamos a los campesinos: "Naturalmente, entregáis vuestro trigo a
crédito al Estado obrero y campesino, pero es que no podéis salvar de otro modo
vuestro Estado frente a los terratenientes y los capitalistas". No
podíamos proceder de otra manera en las condiciones que nos impusieron con su
guerra los imperialistas y capitalistas. No teníamos otra salida. Pero esto
hizo que la hacienda campesina se debilitase hasta tal punto, después de una
guerra tan prolongada, que la mala cosecha fue una secuela de la reducción de
la superficie de siembra, del empeoramiento de los medios de producción, de la
disminución del rendimiento por hectárea, de la escasez de mano de obra, etc.
La mala cosecha alcanzó proporciones enormes, y el acopio de excedentes
agrícolas, que, no obstante, fue mejor de lo que esperábamos, coincidió con una
agravación tal de la crisis que quizá nos depare dificultades y calamidades aún
mayores en los meses próximos. Esta circunstancia es preciso tenerla muy en
cuenta al analizar nuestra experiencia política del año del que informamos y
las tareas políticas que debemos plantearnos en el venidero. El año que
resumimos ha dejado al próximo las mismas tareas impostergables.
Pasaré ahora a otro punto,
de una esfera completamente distinta: a la discusión sobre los sindicatos, que
tanto tiempo ha restado al partido.
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
Hoy he tenido ya ocasión de
hablar de esto y, como es lógico, me he limitado a afirmar prudentemente que no
creo que sean muchos los que no consideren esta discusión un lujo excesivo*.
Por lo que se refiere a mí, personalmente, no puedo menos de agregar que, a mi
parecer, este lujo ha sido verdaderamente inadmisible por completo y que, al
permitir semejante discusión, hemos cometido sin duda un error por no ver que
en ella sacábamos a primer plano una cuestión que, dadas las condiciones
objetivas, no puede figurar en primer plano. Nos hemos permitido este lujo sin
advertir hasta qué punto desviábamos nuestra atención de esa misma crisis, de
un problema palpitante y amenazador, que tan de cerca nos atañe. ¿Cuáles son
los resultados verdaderos de esta discusión, en la que hemos estado enfrascados
tantos meses y de la que estamos hastiados o poco menos la mayoría de los aquí
presentes? Sobre esto escucharéis informes especiales, pero en el mío yo
quisiera llamar la atención a un aspecto del problema: que aquí está
justificado, sin duda, el proverbio de que "no hay mal que por bien no
venga".
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Por desgracia, el mal ha
sido un poco demasiado, y el bien demasiado poco. (Risas.) Pero, de todos modos, ha habido algo de bien, y consiste en
que, al perder tiempo, al desviar la atención de nuestros camaradas de partido
de las tareas urgentes de la lucha contra el elemento pequeñoburgués que nos
rodea, hemos aprendido, sin embargo, a conocer ciertas relaciones que antes no
veíamos. Ha sido bueno que el partido haya tenido que aprender algo en esta
lucha. Aunque todos sabíamos que, como partido gobernante, no podíamos menos de
fundir las "altas esferas" del partido con las de los Soviets — están
fundidas y lo seguirán estando—, el partido ha sacado de esta discusión ciertas
enseñanzas que es necesario tener en cuenta. A favor de unas plataformas han
votado principalmente las "altas esferas" del partido. Se ha visto
que las plataformas que se llamaban a veces "plataformas de la
"oposición obrera””5, y a veces recibían otros nombres, eran
una desviación claramente sindicalista. Y ésta no es sólo mi opinión personal,
sino la de la inmensa mayoría de los presentes. (Voces: "Es cierto".)
El partido ha demostrado
tanta madurez en esta discusión que, al comprobar la existencia de ciertas
vacilaciones en las "altas esferas", al ver que las "altas
esferas" decían: "No hemos logrado ponernos de acuerdo, decid
vosotros quién tiene razón", el partido se movilizó para esta tarea con
rapidez, y la inmensa mayoría de sus organizaciones más importantes nos
respondieron sin demora: "Nosotros tenemos nuestra opinión y os la vamos a
decir".
![]()
5 "Oposición obrera": grupo fraccional antipartido de tendencia
anarcosindicalista encabezado por A. Shliápnikov, S. Medvédiev, A. Kolontái, I.
Kutúzov, Y. Lutovínov y otros. Se dio a conocer con esta demagógica
denominación en septiembre de 1920, en la IX Conferencia Nacional del PC(b) de
Rusia; tomó forma definitiva durante la discusión sobre los sindicatos en
1920-1921. Sus opiniones expresaban la desviación anarcosindicalista en el
partido y quedaron expuestas con la mayor amplitud en el folleto de Kolontái La oposición obrera, publicado en
vísperas del X Congreso del PC(b) de Rusia. La oposición proponía que se
transfiriera la dirección de la economía nacional al Congreso de Productores de
toda Rusia, agrupados en sindicatos, los cuales deberían elegir un órgano
central encargado de toda la gestión económica. La oposición reclamaba que
todos los organismos dirigentes de la economía nacional se eligieran sólo por
los sindicatos respectivos, con la particularidad de que las candidaturas
presentadas por los sindicatos no podían ser retiradas por los organismos del
partido ni de los Soviets. Estas exigencias significaban la negación del papel
dirigente del partido y de la dictadura del proletariado como instrumento
fundamental de la edificación del socialismo. La "oposición obrera"
contraponía los sindicatos al Estado soviético y al Partido Comunista,
considerando que la forma superior do organización de la clase obrera no es el
partido, sino los sindicatos. En lo tocante a los problemas interiores del
partido, la plataforma de la "oposición obrera" se componía de
acusaciones calumniosas a los dirigentes del partido de que "estaban
aislados de las masas del partido", de que "subestimaban las fuerzas
creadoras del proletariado" y de que "en las altas esferas del
partido cundía la degeneración". El X Congreso del partido conceptuó la
propaganda de las ideas de la "oposición obrera" incompatible con la
militancia en el Partido Comunista. La resolución sobre la unidad del partido,
adoptada por el congreso, exigía la disolución inmediata de todos los grupos,
sin excepción, que se hubiesen formado con tal o cual plataforma. Después del
congreso, la mayoría de los militantes de la base rompió con la "oposición
obrera" y apoyó sin reservas la pauta política del partido. La derrota de
la "oposición obrera", desde el punto de vista de organización, quedó
terminada en 1922 en el XI Congreso del PC(b) de Rusia.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
En esta discusión hemos
visto varias plataformas. Han sido tantas que yo, por ejemplo, obligado por mi
cargo a leerlas, temo que no he cumplido con mi deber y no las he leído todas.
(Risas.) Ignoro si todos los
presentes han dispuesto del tiempo libre necesario para leerlas; pero, en todo
caso, hay que decir que esta desviación sindicalista —y, hasta cierto punto,
incluso semianarquista—, que se ha puesto de relieve, proporciona mucho material
para reflexionar sobre ella. Durante varios meses nos hemos permitido el gran
lujo de dilucidar con todo apasionamiento los diversos matices de opinión.
Entretanto, la desmovilización del ejército daba lugar al bandolerismo y
agravaba la crisis económica. Esta discusión debía habernos ayudado a
comprender que nuestro partido, que cuenta ya aproximadamente con no menos de
medio millón de militantes e incluso ha rebasado esa cifra, se ha convertido,
primero, en un partido de masas, y segundo, en un partido gobernante, y que,
por ser un partido de masas, refleja en parte algo de lo que ocurre fuera de
sus filas. Es muy importante comprender esto.
No sería de temer una
pequeña desviación sindicalista o semianarquista: el partido adquiriría
conciencia de ella con rapidez y decisión y se pondría a corregirla. Pero si
esa desviación estárelacionada con un predominio gigantesco del campesinado en
el país, si este campesinado está más descontento cada día de la dictadura
proletaria, si la crisis de la hacienda campesina está llegando al extremo, si
el licenciamiento de un ejército formado por campesinos deja en la calle a
cientos y miles de hombres extenuados, que no encuentran ocupación, que tienen
por oficio la costumbre de hacer exclusivamente la guerra y son los que
originan el bandolerismo, no es éste el momento de discutir sobre desviaciones
teóricas. Y en el congreso debemos decir claramente: no permitiremos debates
sobre desviaciones, hay que poner coto a esto. El congreso del partido puede y
debe hacerlo, debe sacar de aquí las enseñanzas pertinentes y agregarlas al
informe político del CC, respaldarlas, refrendarlas y convertirlas en una obligación,
en una ley para el partido. El ambiente de discusión se va haciendo peligroso
en grado sumo, se va convirtiendo en una amenaza directa a la dictadura del
proletariado.
8
Hace varios meses dije a
algunos camaradas, con los que hube de ponerme en contacto y polemizar durante
la discusión: "¡Cuidado, ahí se oculta una amenaza a la dominación de la
clase obrera y a la dictadura de la clase obrera!". Pero ellos replicaron:
"Eso es una intimidación, lo que usted quiere es aterrorizarnos"6. He tenido que escuchar en varias ocasiones como respuesta a
mis observaciones este despropósito de que lo que yo pretendía era aterrorizar.
Mi respuesta a eso ha sido que sería ridículo por mi parte intimidar a viejos
revolucionarios que habían pasado por todas las pruebas. Pero cuando veis hasta
dónde llegan las dificultades de la desmovilización, no puede ya caber duda de
que, además de no existir el propósito de aterrorizar a nadie, no se trataba
siquiera del acaloramiento propio de toda discusión; de lo que se trataba era
de indicar con exactitud la nueva situación que tenemos hoy, de hacer ver que
necesitamos cohesión, aguante y disciplina, no sólo porque sin estas cualidades
un partido proletario no puede trabajar compenetrado, sino porque la primavera
ha creado y ha de crear aún condiciones difíciles en las que no podemos actuar
si no existe entre nosotros la máxima cohesión. Estas son las dos enseñanzas
principales que creo sabremos sacar, pese a todo, de la discusión. Por eso
opino que es preciso decir que si nos hemos permitido ese lujo y hemos dado al
mundo un ejemplo admirable de cómo un partido colocado en las condiciones más
difíciles de una lucha desesperada presta una atención inaudita a esclarecer
detalladamente los distintos pormenores de las plataformas
—y eso en las circunstancias
de mala cosecha y crisis, de ruina y desmovilización—, ahora sacaremos de estas
enseñanzas una conclusión política. No sólo una conclusión que haga ver este o
el otro error, sino una conclusión política que se refiera a las relaciones
entre las clases,
![]()
6 Lenin alude a los discursos de A.
Shliápnikov y A. Kiseliov en la reunión de la minoría del PC(b) de Rusia en el
II Congreso Nacional de los Mineros.
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
entre la clase obrera y el
campesinado. Estas relaciones no son las que nosotros pensábamos. Exigen del
proletariado una cohesión y una concentración de fuerzas incomparablemente
mayores. Representan en la dictadura del proletariado un peligro mucho mayor
que todos los Denikin, Kolchak y Yudénich juntos. ¡A este respecto nadie debe
equivocarse, porque eso sería lo más funesto! Las dificultades derivadas de
este elemento pequeñoburgués son grandes, para vencerlas hace falta una gran
cohesión —y no sólo de forma—, hace falta un trabajo conjunto y bien
compenetrado, hace falta una voluntad única, pues sólo con una voluntad única
de las masas proletarias puede el proletariado acometer en un país campesino
las gigantescas tareas de su dictadura y de su dirección.
La ayuda de los países de Europa Occidental llega, pero no con
tanta rapidez. Llega y crece.
En la sesión de esta mañana
he indicado ya que uno de los factores más importantes del período del que
rendimos cuenta —también esto guarda estrecha relación con la actividad del CC—
es la organización del II Congreso de la Internacional Comunista*.
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
Naturalmente, la revolución
internacional ha dado ahora un gran paso adelante en comparación con el año
pasado. Naturalmente, la Internacional Comunista, que cuando celebró su
congreso el año pasado no existía sino en forma de proclamas, existe hoy como un
partido independiente en cada país, y no sólo como un partido de vanguardia: el
comunismo ha pasado a ser la cuestión central de todo el movimiento obrero en
su conjunto. En Alemania, Francia e Italia la Internacional Comunista se ha
convertido no sólo en el centro del movimiento obrero, sino en el centro de la
atención de toda la vida política de estos países. El otoño pasado no había
periódico alemán o francés que no hablase a cada paso de Moscú y de los
bolcheviques, propinándonos toda suerte de calificativos y haciendo de los
bolcheviques y de las 21 condiciones de ingreso en la III Internacional7 la cuestión central de toda su vida política. ¡Esa es una
conquista nuestra que nadie nos podrá arrebatar! Eso muestra cómo madura la
revolución internacional y, a la par, cómo se agrava en Europa la crisis
económica. De todos modos, si hiciéramos la deducción de que en breve plazo va
a llegar de allí la ayuda en forma de una revolución proletaria firme, seríamos
sencillamente unos locos, y estoy seguro de que en esta sala no hay hombres
así. En estos tres años hemos aprendido a comprender que las esperanzas puestas
en la revolución internacional no significan que la revolución vaya a estallar
a plazo fijo; hemos aprendido que el ritmo de desarrollo, cada vez más rápido,
puede traer la revolución para la primavera y puede no traerla. Por eso debemos
saber amoldar nuestra actuación a las correlaciones de las fuerzas de las
clases en nuestro país y en otros países, de modo que estemos durante largo
tiempo en condiciones de mantener la dictadura del proletariado y de superar,
aunque sea paulatinamente, los infortunios y las crisis que se nos vienen
encima. Un planteamiento así será el único justo y sensato.
9
Paso ahora a un punto que se
refiere a la gestión del CC durante el año transcurrido y se aproxima mucho a
las tareas que tenemos planteadas. Es el de las relaciones con el extranjero.
Hasta el IX Congreso del
partido, nuestra atención y todos nuestros esfuerzos estuvieron encaminados a
lograr la transición de las relaciones de guerra con los países capitalistas a
las relaciones de paz y de comercio. Dimos para ello todo género de pasos
diplomáticos y salimos vencedores sobre gentes de la diplomacia que,
indudablemente, eran de gran talla. Cuando,
![]()
7 En el II Congreso de la IC se aprobaron
las Condiciones de ingreso en la
Internacional Comunista: eran veintiuna y en ellas se exponían las bases
orgánicas del partido de nuevo tipo y se definían brevemente los principios
programáticos y tácticos do la Internacional Comunista. La veintiuna condición
versaba: "Los miembros del partido que rechacen en principio las
condiciones y las tesis formuladas por la Internacional Comunista debenser
expulsados de sus filas. Esto afecta asimismo a los delegados de los congresos
extraordinarios del partido".
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
por ejemplo, los
representantes de Norteamérica o de la Sociedad de las Naciones8 nos propusieron el cese de las hostilidades contra Denikin y
Kolchak en determinadas condiciones, creyeron que nos veríamos colocados en una
situación difícil. En realidad, quienes se vieron en una situación difícil
fueron ellos, mientras que nosotros logramos una victoria colosal en el terreno
diplomático. Ellos fueron quienes se llevaron un chasco, viéndose obligados a
dar marcha atrás y a retirar sus condiciones, hecho que fue denunciado después
por todas las publicaciones diplomáticas y por la prensa del mundo entero. Pero
una victoria diplomática es poco en demasía para que nos demos por satisfechos.
Necesitamos verdaderas relaciones comerciales, y no sólo victorias diplomáticas.
Pero únicamente en el transcurso de este año han comenzado a prosperar algo las
relaciones comerciales. Se planteó la cuestión de las relaciones comerciales
con Inglaterra, cuestión que, a partir del verano último, ha pasado a ser el
punto central. La guerra con Polonia nos hizo retroceder mucho en este sentido.
Inglaterra estaba ya dispuesta a firmar el acuerdo comercial. La burguesía
inglesa quería este acuerdo; la Corte inglesa no lo quería, se esforzaba por
malograrlo; la guerra con Polonia lo aplazó. El resultado es que este asunto
sigue sin resolver hasta la fecha.
Según parece, los periódicos
de hoy informan que Krasin ha declarado a la prensa londinense que espera se
llegue rápidamente a la firma de un tratado comercial9. No sé si está garantizado del todo el cumplimiento de esta
esperanza. No puedo decir si va a ocurrir así en realidad; pero, por mi parte,
debo agregar que en el Comité Central hemos dedicado a este problema una gran
atención y hemos considerado justa nuestra táctica de hacer concesiones para
lograr un acuerdo comercial con Inglaterra. Y no tanto porque podríamos recibir
de este país más que de otros (Inglaterra, en este sentido, no es un país tan
avanzado como, por ejemplo, Alemania y Norteamérica). Inglaterra es un país
colonialista, demasiado interesado en la política asiática y, a veces, demasiado
sensible a los éxitos del Poder soviético en algunas naciones situadas no lejos
de las colonias británicas. A causa de ello se registra cierta inestabilidad
especial de nuestras relaciones con Inglaterra. Inestabilidad debida a un
cúmulo tan objetivo de causas que, en este caso, de nada servirá el arte de los
diplomáticos soviéticos, por grande que sea. Pero lo que nos interesa es el
tratado comercial con Inglaterra debido a la oportunidad que se ofrece de un
tratado con Norteamérica, cuyas posibilidades de producción son mucho mayores.
En relación con esto se
plantea el problema de la entrega de empresas en régimen de concesión. Durante
el año transcurrido nos hemos ocupado de él más que antes. El 23 de noviembre
se promulgó un decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo en el que se expone
este problema en la forma más aceptable para los capitalistas extranjeros.
Cuando en los medios del partido hubo algunos malentendidos al respecto, o una
comprensión incompleta del problema, se celebraron varias reuniones de personas
que desempeñan cargos de responsabilidad en las que se discutió el asunto. En
general, este problema no ha originado discrepancias, aunque han llegado hasta
nosotros no pocas protestas de obreros y campesinos. Se ha dicho lo siguiente:
"Hemos expulsado a nuestros capitalistas y ahora se
![]()
8 Sociedad
de las Naciones:
organización internacional que existió en el período comprendido entre la
primera y la segunda conflagraciones mundiales. Se fundó en 1919 en la
Conferencia de la Paz de París de los Estados vencedores en la primera guerra
mundial. Los Estatutos de la Sociedad de las Naciones eran una parte del
Tratado de Paz de Versalles de 1919, y los firmaron cuarenta y cuatro Estados.
De 1920 a 1934 su labor presentó un carácter hostil a la Unión Soviética. En
1920-1921 fue uno de los centros do organización de la intervención armada
contra el Estado soviético. En 1934, a iniciativa de la diplomacia francesa,
treinta y cuatro Estados miembros de la Sociedad de las Naciones invitaron a la
Unión Soviética a ingresar en esta organización internacional, cosa que ella
hizo con el fin de consolidar la paz. Pero las tentativas de la URSS de crear
un frente de paz chocaron con la resistencia de los medios reaccionarios de las
potencias occidentales. Declarada la segunda guerra mundial, la Sociedad de las
Naciones dejó de existir de hecho. El acuerdo formal de disolverla se tomó en
abril de 1946 por disposición de la Asamblea convocada especialmente para el
caso
9 El tratado comercial de la
Rusia Soviética con Inglaterra se firmó el 16 de marzo de 1921.
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
quiere llamar a capitalistas
extranjeros". Como es natural, en el CC no había datos estadísticos —y, en
general, ninguna estadística del mundo podría reflejarlo y esclarecerlo—
, de hasta qué punto esas protestas eran
producto de la inconsciencia, de hasta qué punto reflejaban los cálculos de los
kulaks o de la parte francamente capitalista de los sin partido que se
consideran con derecho legítimo a ser en Rusia capitalistas, y además con
poder, en lugar de atraer capital extranjero sin poder, y hasta qué punto lo
uno o lo otro ha desempeñado en ello su papel. Pero, en todo caso, con este
decreto hemos dado un paso para iniciar relaciones basadas en la explotación de
empresas en régimen de concesión. Es preciso decir que, en la práctica —y esto
no hay que olvidarlo nunca—, no hemos conseguido establecer ni una sola
concesión. Nuestras discusiones giran en torno a si debemos esforzarnos por
lograr establecerlas a toda costa. Que lo consigamos o no depende del capital
internacional, y no de nuestras discusiones. El 1 de febrero de este año, el
Consejo de Comisarios del Pueblo dictó otra disposición sobre las concesiones.
El primer punto dice: "Aprobar en principio la entrega de concesiones de
petróleo en Grozni y Bakú y en otros yacimientos en explotación y dar comienzo
a las negociaciones, llevándolas con celeridad".
10
Este problema ha dado lugar
a ciertas polémicas. La entrega de concesiones precisamente en Grozni y Bakú ha
sido considerada por algunos camaradas un desacierto que puede suscitar
oposición entre los obreros. La mayoría del CC y yo personalmente hemos sostenido
el criterio de que las quejas no estén, quizá, justificadas.
La mayoría del CC y yo
personalmente hemos sustentado el punto de vista de que estas concesiones son
necesarias y os vamos a rogar que respaldéis con vuestra autoridad este punto
de vista. Necesitamos de todo punto este convenio con los trusts estatales de
otros países adelantados debido a que nuestra crisis económica es tan profunda
que, de no recibir del extranjero utillaje y ayuda técnica, no podremos
restaurar con nuestras propias fuerzas la economía en ruinas. La simple
importación de este utillaje es insuficiente. Se pueden entregar concesiones en
condiciones más vastas, quizá, a los principales consorcios imperialistas —la
cuarta parte de Bakú, la cuarta parte de Grozni, la cuarta parte de nuestras
mejores reservas forestales— para asegurar así la obtención de utillaje y crear
la base necesaria según la última palabra de la técnica; además, a cambio de
esto recibiríamos el utillaje que necesitamos para la otra parte. De este modo
podríamos alcanzar, por lo menos en cierto grado, aunque no sea más que en una
cuarta parte o en la mitad, a los modernos consorcios avanzados de otros
países. Nadie que examine con un criterio algo realista el actual estado de
cosas puede dudar de que sin eso nos encontraremos en una situación muy difícil
y no alcanzaremos a los consorcios sin una tensión colosal de todas nuestras
fuerzas. Las negociaciones con algunos de los mayores trusts del mundo han
comenzado ya. Está claro que, por parte de ellos, eso no es un simple servicio
que nos prestan: lo hacen pura y exclusivamente para recibir ganancias
fabulosas. Expresándonos con el lenguaje de los diplomáticos pacíficos, el
capitalismo contemporáneo es un bandolero, un trust de bandoleros, no es el
viejo capitalismo de los tiempos normales: se embolsa ganancias de varios centenares
por cien, aprovechándose de su situación monopolista en el mercado mundial.
Claro que eso nos saldrá muy caro; pero como la revolución mundial se hace
esperar, no hay otra salida. No tenemos ninguna otra posibilidad de conseguir
que nuestra técnica alcance el nivel contemporáneo. Y si en una de las crisis
cambiara bruscamente en sentido favorable el ritmo de desarrollo de la
revolución mundial, y ésta se produjera antes de haber caducado los plazos de
las concesiones, los compromisos dimanantes de ellas no serían tan graves como
los estipulados en el papel.
El Consejo de Comisarios del
Pueblo acordó el 1 de febrero de 1921 comprar en el extranjero 18.500.000 puds
de hulla, pues ya entonces se barruntaba nuestra crisis de combustible.
Entonces se puso ya en claro que tendríamos que gastar nuestras reservas de oro
no sólo en la adquisición de maquinaria. Esta maquinaria elevaría nuestra
producción hullera; desde el
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
punto de vista de nuestra
economía, sería mejor adquirir en el extranjero máquinas para fomentar la
industria hullera que comprar carbón; pero la crisis era tan grave que hubo
necesidad de renunciar a este método, mejor en el aspecto económico, y pasar a
otro peor, desembolsando medios en la compra de hulla que hubiéramos podido
extraer en nuestro propio país. Aún tendremos que ceder más a fin de comprar
artículos de consumo para los campesinos y los obreros.
Quisiera hablar ahora de los
sucesos de Cronstadt10. No conozco aún las últimas noticias,
pero no dudo de que esta sublevación, que ha dejado entrever en seguida la
conocida figura de los generales blancos, será liquidada en los días próximos,
si no en las horas próximas. De eso no puede caber duda. Pero tenemos que
sopesar detenidamente las enseñanzas políticas y económicas de lo sucedido.
¿Qué significa? El paso del
poder político de manos de los bolcheviques a un conglomerado indefinido o
bloque de elementos heterogéneos, aparentemente sólo algo más derechistas y
hasta tal vez "más izquierdistas" que los bolcheviques: así es de
indefinido el conjunto de grupos políticos que ha intentado en Cronstadt tomar
el poder. Es indudable que, al mismo tiempo, los generales blancos —todos
vosotros lo sabéis— han desempeñado en ello un importante papel. Está
plenamente demostrado. Dos semanas antes de los sucesos de Cronstadt se
informaba ya en los periódicos de París que en Cronstadt había un
levantamiento. Es claro como la luz del día que eso es obra de los esetistas11 y de los guardias blancos emigrados; pero, al mismo tiempo,
este movimiento se ha reducido a una contrarrevolución pequeñoburguesa, a un
movimiento del elemento anarquista pequeñoburgués. Y eso es ya algo nuevo. Esta
circunstancia, relacionada con todas las crisis, debe ser tenida muy en cuenta
desde el punto de vista político y examinada con todo detalle. En este caso se
ha manifestado el elemento anarquista, pequeñoburgués, con la consigna de
libertad de comercio y dirigido siempre contra la dictadura del proletariado. Y
este estado de ánimo se ha dejado sentir mucho en el proletariado. Se ha dejado
sentir en las empresas de Moscú y en las empresas de toda una serie de
poblaciones en provincias. Esta contrarrevolución pequeñoburguesa es sin duda
de mayor peligro que Denikin, Yudénich y Kolchak juntos, porque nos las vemos
con un país donde el proletariado constituye la minoría y donde la ruina abarca
a la propiedad campesina. Además, estamos ante la desmovilización del ejército,
que haproporcionado elementos sediciosos en cantidad increíble.
11
Por pequeño e insignificante
que pudiera parecer al principio este, llamémoslo así, desplazamiento del poder
que reclamaban los marinos y los obreros de Cronstadt —ellos querían corregir a
los bolcheviques en materia de libertad de comercio; aunque aparentemente se
trate de un desplazamiento de poca monta, aunque aparentemente la
![]()
10 Lenin alude a la sublevación
contrarrevolucionaria que estalló en Cronstadt el 28 de febrero de 1921. La
organizaron los eseristas, mencheviques y guardias blancos y fue apoyada por
los imperialistas extranjeros. Los cabecillas de la sublevación lanzaron la
consigna de "Soviets sin comunistas", pretendiendo así apartar a los
comunistas de la dirección de los Soviets, derribar el Poder soviético y
restaurar el régimen capitalista en Rusia. La ocupación de Cronstadt por los
sublevados creaba una amenaza directa a Petrogrado. El Gobierno soviético envió
unidades regulares del Ejército Rojo para sofocar la sublevación. El Partido
Comunista envió al asalto de Cronstadt a más de trescientos delegados al X
Congreso del partido. La sublevación fue liquidada por completo el 18 de marzo.
11 Socialistas-revolucionarios (eseristas): partido pequeñoburgués
formado en Rusia a fines de 1901 y comienzos de 1902 mediante la unificación de
diversos grupos y círculos populistas. Durante la primera guerra mundial, la
mayoría de los eseristas compartían las posiciones del socialchovinismo.
Después de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917 los eseristas
fueron con los mencheviques el apoyo principal del Gobierno Provisional
burgués, en el que participaban los líderes de este partido (Kerenski,
Avxéntiev, Chernov). En vísperas de la insurrección armada de octubre, el
partido de los eseristas se pasó abiertamente al lado de la burguesía
contrarrevolucionaria, en defensa del régimen capitalista, y se vio aislada de
las masas del pueblo revolucionario. Después de la Revolución Socialista de
Octubre, los eseristas lucharon activamente contra el Poder soviético. A fines
de noviembre de 1917, el ala izquierda de los eseristas formó el partido
independiente de los eseristas de izquierda. Procurando conservar su influencia
en las masas campesinas, los eseristas de izquierda reconocieron formalmente el
Poder soviético y entraron en tratos con los bolcheviques, pero no tardaron en
emprender la senda de la lucha contra el Poder soviético.
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
consigna sea la misma de "Poder soviético", pero
ligeramente modificado o sólo corregido—
,
la
realidad es que los elementos sin partido han servido sólo de estribo, de
escalón, de puente por el que luego han hecho acto de presencia los guardias
blancos. Esto es inevitable en el sentido político. Hemos visto a los elementos
pequeñoburgueses y anarquistas en la revolución rusa, y los hemos combatido
durante decenas de años. Desde febrero de 1917 hemos visto a estos elementos
pequeñoburgueses en acción, durante la gran revolución, y hemos visto los
intentos de los partidos pequeñoburgueses de pregonar que su programa se
diferencia poco del de los bolcheviques, pero lo aplican con otros métodos.
Conocemos eso no sólo por la experiencia de la Revolución de Octubre, sino
también por la experiencia de las regiones periféricas, de las distintas partes
que integraban el antiguo Imperio de Rusia, en las que el Poder soviético era
sustituido por los representantes de otro poder. ¡Recordemos el Comité
democrático de Samara!12 Todos ellos acudían con consignas de
igualdad, libertad y Constituyente, y todos ellos fueron muchas veces simple
escalón y puente para dar paso al poder de los guardias blancos.
Y debemos extraer de toda
esa experiencia todas las deducciones inexcusables en teoría para un marxista,
porque el Poder soviético vacila en virtud de la situación económica. La
experiencia de toda Europa muestra en la práctica cómo terminan los intentos de
nadar entre dos aguas. Por eso precisamente debemos decir a este respecto que
los roces políticos suponen un gravísimo peligro. Debemos estar muy alertas con
esta contrarrevolución pequeñoburguesa, que proclama la consigna de libertad de
comercio. La libertad de comercio, incluso si al principio no está tan ligada
con los guardias blancos como lo ha estado Cronstadt, lleva inevitablemente al
campo de los guardias blancos, a la victoria del capital, a su restauración
completa, Y, repito, debemos ver claramente este peligro político.
Este peligro nos muestra lo
que yo decía, al hablar de nuestras discusiones sobre las plataformas*. Ante
este peligro debemos comprender que hemos de poner fin a las discusiones en el
seno del partido, y no sólo por lo que respecta a la forma. Eso es claro que lo
haremos, ¡pero es poco! Necesitamos tener presente que es preciso abordar la
cuestión de un modo más serio.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Debemos comprender que, en
las condiciones de crisis de la hacienda campesina, sólo podemos subsistir
apelando a esta misma hacienda campesina para ayudar a la ciudad y al campo. No
debemos olvidar que la burguesía procura malquistar a los campesinos con los
obreros, procura indisponer con éstos al elemento anárquico pequeñoburgués,
proclamando consignas de los obreros, lo que conduciría directamente al
derrocamiento de la dictadura del proletariado y, por consiguiente, a la
restauración del capitalismo, del antiguo poder de los terratenientes y
capitalistas. En este terreno existe un evidente peligro político. Ese camino,
que siguieron claramente diversas revoluciones y que siempre hemos señalado
como uno de los peligros, se ha perfilado ante nosotros con claridad. Y exige,
sin ningún género de dudas, que el Partido Comunista, partido gobernante, y los
elementos revolucionarios dirigentes del proletariado tengan una actitud
distinta de la que hemos venido manteniendo con frecuencia durante este último
año. ¡Ante tal peligro hace falta indudablemente más cohesión, más disciplina,
mayor compenetración en el trabajo! Sin eso será imposible hacer frente a los
peligros que nos depara el destino.
Veamos ahora las cuestiones
económicas. ¿Qué significa esta consigna de libertad de comercio, planteada por
el elemento pequeñoburgués? Significa que en las relaciones entre el
proletariado y los pequeños agricultores hay problemas difíciles, hay tareas que
no hemos cumplido todavía. Me refiero a la actitud del proletariado victorioso
ante los pequeños
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12
En
junio de 1918 se formó en Samara un gobierno contrarrevolucionario de guardias
blancos, eseristas y mencheviques, el denominado Comité de Miembros de la
Asamblea Constituyente. En otoño, este gobierno dejó de existir bajo los golpes
del Ejército Rojo.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
propietarios cuando la
revolución proletaria se desarrolla en un país donde el proletariado está en
minoría y donde la mayoría es pequeñoburguesa. La misión del proletariado en un
país así consiste en dirigir la transición de estos pequeños propietarios al
trabajo en común, al trabajo conjunto, colectivo. Esto es indudable en el
terreno teórico. Nos hemos referido a este paso en diversas disposiciones
legislativas; pero sabemos que no se trata de las disposiciones legislativas,
sino de la realización práctica; sabemos que esto se puede garantizar cuando se
posee una robustísima gran industria capaz de proporcionar al pequeño productor
tales beneficios que vea en la práctica las ventajas de esa gran hacienda.
Así han planteado siempre en
teoría la cuestión los marxistas y todos los socialistas que pensaban en la
revolución social y en sus tareas. Pero en nuestro país se da la primera
peculiaridad, justamente la peculiaridad de que ya he hablado y que es propia
de Rusia en sumo grado: tenemos no sólo una minoría, sino una considerable
minoría proletaria y una inmensa mayoría campesina. Y las condiciones en que
hemos tenido que defender la revolución han hecho que el cumplimiento de
nuestras tareas sea deuna dificultad inaudita.
12
No hemos podido mostrar en
la práctica todas las ventajas de la gran producción, ya que está destruida, se
encuentra en el más lamentable estado y sólo es posible restaurarla imponiendo
sacrificios a los propios pequeños agricultores. Hay que levantar la industria,
mas para ello hace falta combustible; y si hace falta combustible, hay que
contar con leña; pero contar con leña significa contar con el campesino y su
caballo. En las condiciones de crisis, de falta de piensos y de mortandad del
ganado, el campesino debe conceder un crédito al Poder soviético en aras de la
gran industria, de la cual no recibe nada por ahora. Tal es la situación
económica que crea inmensas dificultades y obliga a calar más hondo en el
problema de la transición de la guerra a la paz. En tiempos de guerra no
podemos administrar sino diciendo a los campesinos: "Es necesario conceder
un crédito al Estado obrero y campesino para que pueda salir de esta difícil
situación". Cuando dirigimos toda nuestra atención al restablecimiento de
la economía, debemos saber que no tenemos más que pequeños agricultores,
pequeños propietarios, pequeños productores que trabajarán para el mercado
hasta que se logre la plena victoria de la gran producción, su restauración.
Pero esta restauración es imposible sobre la vieja base: será obra de muchos
años, no menos de un decenio, y dado nuestro estado de ruina, probablemente
más. Mientras tanto, durante muchos años tendremos que tratar a estos pequeños
productores como a tales, y la consigna de libertad de comercio será
inevitable. El peligro de esta consigna no estriba en que sirva para encubrir
los designios de los guardias blancos y de los mencheviques13, sino en que pueda alcanzar difusión, a pesar del odio de esas
mismas masas campesinas a los guardias blancos. Esta consigna alcanzará
difusión porque corresponde a las condiciones económicas de existencia del
pequeño productor. Partiendo de estas consideraciones, el CC ha acordado
sustituir el sistema de contingentación por el impuesto en especie, ha abierto
una discusión sobre este problema, lo ha planteado hoy abiertamente en el
congreso y vosotros lo habéis aprobado con vuestra resolución. El problema del
impuesto en especie y del sistema de contingentación está planteado en nuestra
legislación desde hace mucho, desde fines de
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13 Mencheviques: partidarios de la corriente
oportunista pequeñoburguesa de la socialdemocracia de Rusia. En las elecciones
de los organismos centrales del partido, en el II Congreso del POSDR, celebrado
en 1903, los socialdemócratas revolucionarios, encabezados por Lenin,
obtuvieron la mayoría ("bolshinstvó", y de ahí su denominación de
bolcheviques) , y los oportunistas, la minoría ("menshinstvó", y de
ahí su denominación de mencheviques). Durante la revolución de 1905-1907 los
mencheviques se pronunciaron contra la hegemonía del proletariado en la
revolución, contra la alianza de la clase obrera y de los campesinos y exigían
el acuerdo con la burguesía liberal. Durante los años de reacción (1907-1910),
que siguieron a la derrota de esta revolución, la mayoría de los mencheviques
se hicieron liquidadores. Después de la victoria de la revolución democrática
burguesa de febrero de 1917, los mencheviques entraron con los eseristas en el
Gobierno Provisional burgués, apoyaron su política imperialista y lucharon
contra la revolución socialista que se avecinaba. Al triunfar la Revolución
Socialista de Octubre, los mencheviques se convirtieron en un partido
abiertamente contrarrevolucionario, organizador de complots y levantamientos
encaminados a derrocar el Poder soviético.
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
1918. La ley del impuesto en
especie data del 30 de octubre de dicho año. Esta ley, la del impuesto en
especie para los agricultores, se aprobó, pero no se puso en vigor. Una vez
promulgada, se dictaron diversas instrucciones en el transcurso de varios meses
y quedó sin efecto. Por otra parte, la incautación de los excedentes de las
haciendas campesinas fue una medida absolutamente necesaria, impuesta por la
guerra, pero en modo alguno corresponde a las condiciones en que debe
desenvolverse la hacienda campesina en tiempo de paz. Los campesinos necesitan
la seguridad de qué entregan determinada parte de su producción, pero podrán
disponer de la otra parte para venderla en el mercado local.
Toda nuestra economía, tanto
en conjunto como en sus diversas partes, ha estado enteramente supeditada a las
necesidades de la guerra. Teniéndolas en cuenta, debimos acopiar una
determinada cantidad de víveres sin tomar absolutamente en consideración las
repercusiones que esta medida pudiera tener en la circulación general de
mercancías. Ahora, cuando pasamos de los problemas de la guerra a los problemas
de la paz, comenzamos a mirar el impuesto en especie de otra manera: lo miramos
no sólo desde el punto de vista de los intereses del Estado, sino también desde
el punto de vista de que las pequeñas haciendas campesinas estén abastecidas.
Debemos comprender las formas económicas de protesta de los pequeños
propietarios agrícolas contra el proletariado, formas que se han manifestado ya
y que se exacerban en la presente crisis. Debemos esforzarnos por hacer lo más
posible en este terreno. Eso es lo de mayor importancia para nosotros. Dar a
los campesinos la posibilidad de cierta libertad en el mercado local, sustituir
el sistema de contingentación por el impuesto en especie para que los pequeños
propietarios puedan calcular mejor el volumen de su producción, estableciéndolo
conforme al impuesto. Por supuesto, sabemos que en la situación que nos rodea
es muy difícil hacer eso. La superficie de siembra, el rendimiento de los
cultivos y los medios de producción son menos; indudablemente, los excedentes
son menores y, en muchos casos, no existen. Hay que tener en cuenta estas
condiciones como un hecho de la vida real. Los campesinos deben soportar
algunas privaciones para librar a las fábricas y a las ciudades del hambre
total que sufren ahora. A escala de todo el Estado, esto se comprende
perfectamente; pero no confiamos en que lo comprendan también los propietarios
agrícolas, dispersos y arruinados. Sabemos que no podemos prescindir de los
métodos coercitivos, ante los cuales reaccionan tan vivamente los campesinos
arruinados. Tampoco hay que creer que esta medida nos va a poner a salvo de la
crisis. Pero, al mismo tiempo, nos proponemos hacer las máximas concesiones con
objeto de colocar a los pequeños productores en las mejores condiciones para
que puedan manifestar todas sus energías. Hasta ahora nos hemos adaptado a las
tareas de la guerra. Ahora debemos adaptarnos a las condiciones de los tiempos
de paz. Es la tarea que se ha planteado el CC: pasar al impuesto en especie a
condición de que subsista el poder proletario, y esta tarea guarda estrecha
relación con la entrega de empresas en régimen de concesión. Vais a examinar de
manera esp ecial dicha tarea, que requiere singular atención. Por medio de las
concesiones, el poderproletario puede asegurarse un acuerdo con los Estados
capitalistas de los países adelantados. Y de este acuerdo depende el
fortalecimiento de nuestra industria, sin lo cual no podremos avanzar hacia el
régimen comunista.
13
Por otra parte, en este
período de transición, en un país en el que predomina el campesinado, debemos
saber pasar a la adopción de medidas que aseguren las condiciones económicas de
existencia de los campesinos, a la adopción del máximo de medidas para aliviar
su situación económica. Mientras no transformemos a los campesinos, mientras no
los transforme la gran producción mecanizada, debemos asegurarles la
posibilidad de llevar libremente su hacienda. La situación en que nos
encontramos ahora es intermedia, nuestra revolución subsiste rodeada de países
capitalistas. Mientras sigamos en esta situación, nos vemos obligados a buscar
formas extraordinariamente complejas de relaciones recíprocas. Agobiados por la
guerra, no podíamos centrar la atención en organizar las relaciones económicas
ni las formas de convivencia entre el poder estatal proletario, dueño de una
gran
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
producción increíblemente
arruinada, y los pequeños agricultores, que, mientras sigan siéndolo, no pueden
subsistir sin que se asegure a las pequeñas haciendas un cierto sistema de
mercado. Creo que, en los momentos actuales, éste es el problema económico y
político más importante para el Poder soviético. Creo que este problema cerrará
el balance político de nuestro trabajo al terminar el período de guerra e
iniciar el paso a la situación de paz en el año del que rendimos cuenta.
Este paso va acompañado de
tales dificultades y ha puesto tan de manifiesto al elemento pequeñoburgués que
es preciso verlo con toda serenidad. Enfocamos esta serie de fenómenos desde el
punto de vista de la lucha de las clases, y jamás hemos caído en el error de
pensar que las relaciones del proletariado con la pequeña burguesía no
constituyen un problema difícil que requiera medidas complejas o, mejor dicho,
todo un sistema de complicadas medidas de transición para que triunfe el poder
proletario. El hecho de que a fines de 1918 dictáramos un decreto sobre el
impuesto en especie indica que esta cuestión preocupaba a los comunistas, pero
que entonces no pudimos resolverla debido a las circunstancias de la guerra.
Durante la guerra civil tuvimos que adoptar medidas propias de los tiempos de
guerra. Pero sería el más burdo error sacar de ahí la conclusión de que sólo
son posibles medidas y relaciones de este tipo. Eso significaría, sin duda
alguna, la bancarrota del Poder soviético y de la dictadura del proletariado.
Cuando el paso a la paz se efectúa en plena crisis económica, hace falta
recordar que es más fácil edificar el Estado proletario en un país de gran
producción que en un país en el que predomina la pequeña producción. Esta tarea
exige toda una serie de enfoques, y en modo alguno cerramos los ojos ante esas
dificultades ni olvidamos que una cosa es el proletariado y otra la pequeña
producción. No olvidamos que hay diferentes clases, que la contrarrevolución
anárquica pequeñoburguesa es un escalón político que conduce al campo de los
guardias blancos. Tenemos que mirar las cosas cara a cara, con serenidad,
conscientes de que son imprescindibles, por un lado, la máxima cohesión,
firmeza y disciplina dentro del partido proletario y, por otro, toda una serie
de medidas económicas que no hemos podido aplicar hasta ahora a causa de las
circunstancias de la guerra. Debemos reconocer que es necesario arrendar
empresas en régimen de concesión y comprar máquinas y aperos para satisfacer
las necesidades de la agricultura con el fin de proporcionar instrumentos de
trabajo a cambio de cereales y establecer así unas relaciones entre el
proletariado y el campesinado que aseguren a éste la existencia en tiempo de
paz. Espero que aún tendremos ocasión de tratar de esto, y repito que, a juicio
mío, es un problema importante. El año transcurrido, que debe ser caracterizado
como el año de transición de la guerra a la paz, nos plantea tareas sumamente
arduas.
Para terminar, diré sólo dos
palabras sobre la lucha contra la burocracia, cuestión que nos ha llevado tanto
tiempo. Este problema fue abordado por el CC ya en el verano del año pasado; en
agosto, el CC lo planteó en una carta a todas las organizaciones, en septiembre
fue puesto a discusión en la conferencia del partido y, por último, en
diciembre fue planteado en el congreso de los Soviets con mayor amplitud. Es
incuestionable que existe una plaga burocrática; ha sido reconocida y hay que
combatirla con eficacia. Naturalmente, en algunas plataformas de la discusión a
que hemos asistido, esta cuestión se ha planteado, por lo menos, con ligereza,
y, en muchos casos, ha sido enfocada con un criterio pequeñoburgués. Es
indudable que, en los últimos tiempos, se ha observado efervescencia y
descontento entre los obreros sin filiación política. En las asambleas de
obreros sin filiación política, celebradas en Moscú, se ha visto claramente que
convierten la democracia y la libertad en una consigna que conduce al derrocamiento
del Poder soviético. Muchos o, por lo menos, algunos representantes de la
"oposición obrera" han combatido este mal, este espíritu
contrarrevolucionario pequeñoburgués, y han afirmado: "Nos uniremos contra
eso". Y, en efecto, han sabido dar pruebas de la máxima cohesión. No sé si
son así todos los partidarios del grupo de la "oposición obrera" y de
otros grupos con plataforma semisindicalista. Es preciso que en este congreso
lleguemos a enterarnos mejor, es preciso que comprendamos
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
que la lucha contra la
burocracia es absolutamente necesaria y tan compleja como lalucha contra el
elemento pequeñoburgués. La burocracia ha adquirido en nuestro régimen estatal
las proporciones de lacra de tal cariz que ha sido necesario hablar de ella en
el programa de nuestro partido, por cuanto está vinculada al elemento
pequeñoburgués y a su dispersión. Tales dolencias pueden curarse únicamente con
los esfuerzos unidos de los trabajadores, para que éstos, además de aplaudir
los decretos de la Inspección Obrera y Campesina14 — ¿son pocos, acaso, los decretos acogidos con aplausos?—,
sepan ejercer su derecho por conducto de la Inspección Obrera y Campesina, cosa
que no ocurre ahora ni en el campo, ni en las ciudades, ¡ni siquiera en las
capitales! A menudo no se sabe ejercer este derecho ni aun en los sitios en que
más se clama contra la burocracia. Es necesario prestar mucha, muchísima
atención a esta circunstancia.
14
En este terreno observamos con frecuencia que, al combatir este
mal, algunas personas quieren, quizá sinceramente, ayudar al partido
proletario, a la dictadura proletaria, al movimiento proletario; pero, de
hecho, ayudan al elemento anárquico pequeñoburgués que ha demostrado
reiteradamente en el transcurso de la revolución ser el enemigo más peligroso
de la dictadura proletaria. Ahora —y ésta es la conclusión y la enseñanza
fundamental del año transcurrido—, ese elemento ha demostrado de nuevo que es
el enemigo más peligroso, el que mejor puede contar con partidarios y con apoyo
en un país como el nuestro, el que puede cambiar el estado de ánimo de las
grandes masas e incluso influir en una parte de los obreros no afiliados al
partido. La situación del Estado proletario se hace así muy difícil. Si no lo
comprendemos, si no extraemos esta enseñanza y no convertimos este congreso en
un punto de viraje — tanto en la política económica como en el sentido de la
máxima cohesión del proletariado—, se nos podrán aplicar las tristes palabras
de no haber sabido olvidar lo que es preciso olvidar, a veces vacuo y mezquino,
y de no haber aprendido nada de lo mucho y serio que hemos debido aprender en
este año de revolución. ¡Confío en que eso no ocurrirá! (Clamorosos aplausos.)
Publicado el 10 de marzo de 1921 en el núm. 53 de
"Pravda" y en el núm. 53 de "Izvestia del CEC de toda
Rusia".
T. 43, págs. 7-33.
3. Discurso acerca de
los sindicatos, pronunciado el 14 de marzo.
Camaradas: El camarada
Trotski ha polemizado hoy conmigo con singular cortesía y me ha reprochado o
tildado de archiprudente. Le agradezco el cumplido y lamento no poder
devolvérselo. Todo lo contrario, tendré que hablar de mi imprudente amigo para
exponer el enfoque del error que tanto tiempo me ha hecho perder y que nos
obliga ahora a proseguir el debate sobre los sindicatos sin pasar a problemas
de mayor actualidad. El camarada Trotski hizo en Pravda15 del 29 de enero de 1921 su resumen de
la discusión sindical. En su artículo Hay
discrepancias, pero ¿a qué viene la confusión? me acusó de ser el
responsable de esta confusión, de
haber planteado el problema de quién empezó. La acusación se vuelve por
completo contra Trotski: es él precisamente quien quiere cargar sus culpas en
cabeza ajena. Porque su folletín se basaba en que era él quien planteaba el
problema del papel de los sindicatos en la producción y que era preciso
discutirlo. No es cierto que fuera eso lo que motivara las discrepancias y les
imprimiera un matiz morboso. Y por tedioso que resulte repetirlo, repetirlo
hasta la saciedad después de la discusión —cierto que yo sólo participé
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14 La Inspección
Obrera y Campesina se creó a iniciativa de Lenin en febrero de 1920,
reorganizándose en Comisariado del Pueblo de Control del Estado, instituido en
los primeros meses del Poder soviético.
15 "Pravda":
primer periódico obrero legal de masas fundado por Lenin el 5 de mayo de 1912;
órgano del CC del PCUS.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
en ella un mes—, hay que
insistir en que el punto inicial no era éste, sino la consigna de
"zarandeo" lanzada entre el 2 y el 6 de noviembre en la V Conferencia
de los Sindicatos de toda Rusia. Y ya entonces, a todos los que repararon en la
resolución de Rudzutak —entre ellos los miembros del CC, incluido también yo—
les pareció que en el problema del papel de los sindicatos en la producción no
habría discrepancias, pero los tres meses de discusión las han puesto de
manifiesto; esas discrepancias existían y constituyen un error político. El
camarada Trotski me reprochó durante la discusión en el Gran Teatro, ante
gentes que desempeñan cargos de responsabilidad, que yo malograba la discusión.
Esto lo tomo como un cumplido: yo procuré malograrla en la forma en que se
desarrollaba, porque semejante discusión en la víspera de una primavera difícil
era perjudicial. Sólo los ciegos podían no verlo.
El camarada Trotski se ríe
ahora de que yo plantee el problema de quién empezó y se pregunta asombrado por
qué le reprocho no haber formado parte de la comisión. Porque esto tiene mucha
importancia, camarada Trotski, muchísima importancia; porque la negativa a
formar parte de la comisión sindical era infringir la disciplina del CC. Y
cuando Trotski es quien habla de ello, no resulta controversia, sino zarandeo
del partido e irritación, se cae en extremismos: el camarada Trotski ha
empleado la expresión de ensañamiento "satánico". Recuerdo una
expresión del camarada Goltsman —no la repetiré, porque la palabra
"satán" implica cosas terribles, y Goltsman trae a la memoria algo
agradable—; no hay, pues, nada de "satánico" en este caso; pero lo
que no debe olvidarse es que ambas partes caen en extremismos y, lo que es
mucho más monstruoso, han caído en ellos en algunas ocasiones incluso ciertos
camaradas muy simpáticos. Pero cuando a esto se suma el prestigio del camarada
Trotski, y él afirma en público, el 25 de diciembre, que el congreso debe
elegir entre dos tendencias,¡esas palabras son imperdonables! Esas palabras
constituyen el error político que motiva nuestra lucha. Y es ingenuo hablar
aquí en tono de broma de que se celebran a veces reuniones en dos habitaciones.
Desearía ver al bromista que dijese que se prohíben las reuniones de delegados
al congreso para evitar que se dividan sus votos. Eso sería el colmo de la
exageración. Hubo un error político del camarada Trotski y del Cectrán16 cuando se planteó, y de manera completamente equivocada, el
problema del "zarandeo". Fue un error político que no ha sido
rectificado hasta la fecha. Acerca del transporte hay una resolución.
15
Nosotros, en cambio,
hablamos del movimiento sindical, de la actitud de la vanguardia de la clase
obrera con el proletariado. Si destituimos a alguien de un alto cargo, no hay
en ello nada que desdore. No denigra a nadie. Si se ha cometido un error, el congreso
lo reconocerá y restablecerá las relaciones y la confianza mutua entre la
vanguardia de la clase obrera y la masa obrera. Tal es el sentido de la
Plataforma de los diez17, Si en la plataforma hay cosas
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16 Cectrán (Comité Central del
Sindicato Unificado de Trabajadores del Transporte Ferroviario y Fluvial):
se fundó en septiembre de 1920. La unificación de los dos sindicatos del
transporte fue debida a la necesidad de crear una fuerte dirección
centralizada, capaz de garantizar el cumplimiento de las tareas de
restablecimiento del transporte, cuyo desbarajuste amenazaba paralizar la
economía del país. La dificultad de las tareas planteadas requería que se
aplicara temporalmente una política de medidas extraordinarias y métodos
militares de trabajo dentro de la organización sindical. Tras derealizar un
considerable trabajo de restablecimiento del transporte, el Cectrán degeneró en
un órgano burocrático desligado de las masas sindicadas. La burocracia, los
métodos de escueto ordeno y mando, el nombramiento, en vez de la elección, de
personas para desempeñar cargos y la renuncia a los métodos democráticos de
trabajo, implantados a todo pasto por los trotskistas, que se habían apoderado
de la dirección del Cectrán, indisponían a los obreros con el partido y
dividían las filas de los trabajadores del transporte. Estos métodos
perjudiciales fueron condenados por el Comité Central del partido. Los Plenos
del CC del PC(b) de Rusia, celebrados el 8 de noviembre y el 7 de diciembre de
1920, tomaron el acuerdo de incluir al Cectrán en el sistema general de trabajo
del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia con los mismos derechos que
los otros sindicatos y recomendaron al Cectrán que cambiara de métodos de
trabajo en el sentido de ampliar la democracia sindical y practicar a vasta
escala la electividad de todos los organismos sindicales.
17 La Plataforma
de los diez (Proyecto de resolución
del X Congreso del PC(b) de Rusia sobre el papel y las tareas de los
sindicatos, redactado en noviembre de 1920 durante la discusión sindical)
fue firmada por Lenin, F. Serguéiev (Artiom),
G. Zinóviev, M. Kalinin, L. Kámenev, S. Lozovski, J. Stalin, M. Tomski, Y.
Rudzutak y G. Petrovski. Apoyada por
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
que se pueden cambiar, si
esto lo subraya Trotski y lo amplía Riazánov, son cosas de poca monta. A los
que afirman que en la plataforma no se ve la mano de Lenin, que no se nota su
participación en ella de una u otra manera, les replicaré: si en todo lo que
tengo que firmar debiera intervenir personalmente, escribiéndolo o hablando por
teléfono, hace tiempo que me habría vuelto loco. Sostengo que para establecer
la comprensión y la confianza mutuas entre la vanguardia de la clase obrera y
la masa obrera, si el Cectrán había cometido un error
—todos nos apasionamos a
veces—, era necesario corregirlo. Pero cuando se empieza a defender el error,
eso se convierte en fuente de peligro político. Si no hiciéramos todo lo
posible en el sentido de la democracia basada en los estados de ánimo que expresa
aquí Kutúzov, llegaríamos a la bancarrota política. Debemos, ante todo,
convencer y, después, obligar. Debemos convencer primero a toda costa, y luego
pasar a la coerción. No supimos persuadir a las grandes masas y alteramos la
debida correlación entre la vanguardia y las masas.
Cuando hombres como Kutúzov
dedican una parte de su discurso eficiente a señalar los escándalos
burocráticos de nuestra administración pública, respondemos: eso es cierto,
nuestro Estado tiene deformaciones burocráticas. Contra ello llamamos también a
luchar a los obreros que no militan en el partido. Y en este sentido debo decir
que los camaradas del tipo de Kutúzav deben ser incorporados a éste trabajo más
de cerca y colocados en cargos más elevados. He aquí la enseñanza que se
desprende de nuestra experiencia.
En cuanto a la desviación
sindicalista, bastará con decir dos palabras a Shliápnikov, quien afirma que el
Congreso de Productores de Rusia, del que se escribe con letras de molde en su
plataforma, y Kolontái lo confirma, puede ser defendido, invocando a Engels:
eso es ridículo. Engels habla de la sociedad comunista. En ella no habrá
clases, habrá productores18. ¿Hay ahora clases en nuestro país? Sí,
las hay. ¿Hay ahora lucha entre las clases en nuestro país? ¡De lo más rabiosa!
Y hablar de un congreso de productores de Rusia en momentos de lucha de lo más
rabiosa entre las clases, ¿qué es sino una desviación sindicalista merecedora
de enérgica y definitiva condena? En esta sucesión vertiginosa de plataformas
hemos sido testigos de que hasta Bujarin ha tropezado con las candidaturas de
un tercio. Camaradas, en la historia del partido no debemos olvidar tales
vacilaciones.
Y ahora, como la
"oposición obrera" ha defendido la democracia, como ha presentado
reivindicaciones sanas, haremos el máximo para acercarnos a ella, y el
congreso, como tal, debe hacer cierta selección. Afirmáis que combatimos poco
la burocracia: venid a ayudarnos, acercaos y colaborad en la lucha; pero si
proponéis un congreso de productores de Rusia, diremos que ese punto de vista
no es marxista, no es comunista. La "oposición obrera", con los
esfuerzos de Riazánov, interpreta mal el programa. En el programa se dice:
"Los sindicatos deben llegar a
concentrar efectivamente en sus manos toda la dirección de la economía nacional como un todo único
económico". Shliápníkov piensa —exagerando, como siempre— que, según
nosotros, eso ocurrirá dentro de veinticinco siglos. El programa dice: los
sindicatos "deben llegar", y cuando el congreso diga que han llegado,
esta reivindicación quedará satisfecha.
Camaradas: Cuando el
congreso declare ahora ante el proletariado de toda Rusia y ante el
proletariado del mundo entero que considera las propuestas de la
"oposición obrera" una semidesviación sindicalista, estoy seguro de
que todo cuanto haya de verdaderamente proletario, de sano, en la oposición se
vendrá con nosotros, nos ayudará a recuperar la confianza de las masas, puesta
en entredicho por el pequeño error del Cectrán, y con esfuerzos aunados
podremos fortalecer y cohesionar nuestras filas y marchar unidos a la
![]()
la inmensa mayoría de los miembros del
partido, la Plataforma de los diez sirvió de base a la resolución del X
Congreso del PC(b) de Rusia sobre el papel y las tareas de los sindicatos.
18 Véase F. Engels. El origen
de la familia, la propiedad privada y el Estado.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
difícil lucha que nos espera. Y si vamos
a esa lucha unidos, con decisión y firmeza, venceremos. (Aplausos.)
Publicado
en 1921 en el libro "X Congreso del Partido Comunista de Rusia. Actas
taquigráficas (8-16 de marzo de 1921)".
T. 43, págs. 52-56.
4. Informe
sobre la sustitución del sistema de contingentacion con el impuesto en especie,
presentado el 15 de marzo.
16
Camaradas: La sustitución del sistema de contingentación con el
impuesto en especie es antetodo y sobre todo una cuestión política, pues su
esencia reside en la actitud de la clase obrera ante los campesinos. El
planteamiento de esta cuestión significa que debemos someter a un nuevo examen,
o yo diría más bien a un examen complementario más cauteloso y acertado y a una
cierta revisión, las relaciones de estas dos clases principales, cuya lucha
intestina o cuyo acuerdo recíproco determinan la suerte de nuestra revolución.
No tengo necesidad de detenerme a analizar con todo detalle las causas de esta
revisión. Desde luego, todos vosotros conocéis perfectamente la serie de
hechos, debidos en particular a la extrema exacerbación de la miseria,
provocada por la guerra, la ruina, la desmovilización y la pésima cosecha, la
serie de circunstancias que lían agravado de manera extraordinaria la situación
de los campesinos y han acentuado inevitablemente sus vacilaciones, que los
alejan del proletariado y los aproximan a la burguesía.
Dos palabras sobre el
significado teórico o el enfoque teórico de esta cuestión. No cabe duda de que
en un país donde la inmensa mayoría de la población es de pequeños productores
agrícolas, la revolución socialista puede hacerse únicamente mediante toda una
serie de medidas especiales de transición que serían completamente innecesarias
en países de capitalismo desarrollado, donde los obreros asalariados de la
industria y la agricultura constituyen una mayoría aplastante. En los países de
capitalismo desarrollado existe una clase de obreros asalariados agrícolas
formada a lo largo de decenios. Sólo esta clase puede ser, en los sentidos
social, económico y político, el puntal para la transición directa al
socialismo. Sólo en países donde se ha desarrollado lo suficiente esta clase,
el paso directo del capitalismo al socialismo es posible y no requiere medidas
especiales de carácter transitorio a escala nacional. En toda una serie de
obras, en todos nuestros discursos y en todas nuestras publicaciones hemos subrayado
que en Rusia la situación es distinta, que en Rusia poseemos una minoría de
obreros industriales y una inmensa mayoría de pequeños agricultores. En un país
así la revolución socialista sólo puede alcanzar el éxito definitivo con dos
condiciones. La primera es que sea apoyada a su debido tiempo por la revolución
socialista en uno o en varios países adelantados. Como sabéis, al objeto de que
se dé esta condición, hemos hecho muchos más esfuerzos que antes, pero no son
suficientes, ni mucho menos, para que esto llegue a convertirse en una
realidad.
La otra condición es el
acuerdo entre el proletariado, que ejerce su dictadura o tiene en sus manos el
poder del Estado, y la mayoría de la población campesina. El acuerdo representa
un concepto muy amplio, que incluye toda una serie de medidas y transiciones.
Hay que decir al respecto que debemos plantear el asunto en toda nuestra
propaganda y agitación con entera sinceridad. Las gentes que conciben la
política como mezquinos artificios, rayanos a veces en el engaño, deben
encontrar en nosotros la condena más resuelta. Es necesario corregir sus
errores. No se puede engañar a las clases. Durante tres años hemos hecho mucho
para elevar la conciencia política de las masas. Donde más han aprendido éstas
ha sido en la
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
ardua lucha. Conforme a
nuestra concepción filosófica del mundo, a nuestra experiencia revolucionaria
de decenios enteros y a las enseñanzas de nuestra revolución, necesitamos
plantear los problemas de plano: los intereses de estas dos clases son distintos,
el pequeño agricultor no quiere lo que desea el obrero.
Sabemos que sólo el acuerdo
con el campesinado puede salvar la revolución socialista en Rusia, en tanto que
no estalle la revolución en otros países. Así es como tenemos que hablar, sin
rodeos, en todas las asambleas, en toda la prensa. Sabemos que este acuerdo
entre la clase obrera y los campesinos, expresándonos con suavidad, pero sin
recoger la palabra "suavidad" en las actas, es precario, y, diciendo
las cosas como son, es mucho peor. En todo caso no debemos tratar de ocultar
nada, sino decir francamente que el campesinado está descontento de la forma de
relaciones establecidas entre él y nosotros, que no quiere esa forma de
relaciones y que no está dispuesto a seguir así. Esto es indiscutible. Esta
voluntad se ha manifestado de un modo resuelto. Es la voluntad de masas enormes
de la población trabajadora. Debemos tenerla en cuenta, y somos políticos lo
suficiente sensatos para decir abiertamente: ¡Vamos a revisar nuestra política
con respecto al campesinado! No es posible dejar las cosas tal como estaban
hasta ahora.
Debemos decir a los
campesinos: "¿Queréis retroceder, queréis restaurar por completo la
propiedad privada y la libertad de comercio? Eso significa deslizarse de manera
ineludible e irrevocable hacia el poder de los terratenientes y capitalistas.
Lo testifica toda una serie de hechos históricos y ejemplos de las
revoluciones. Un sucinto razonamiento del abecé del comunismo, del abecé de la
economía política, confirma que esto es inevitable. Vamos a ver. ¿Les conviene
a los campesinos apartarse del proletariado para dar marcha atrás —y consentir
que dé marcha atrás el país— hasta caer bajo el poder de los capitalistas y
terratenientes, o no les conviene? Pensadlo vosotros y pensémoslo juntos".
Y estimamos que, de sopesar
las cosas con buen sentido, aun dada la profunda disparidad que nosotros
reconocemos entre los intereses económicos del proletariado y los del pequeño
agricultor, el cálculo confirmará que la razón está de nuestra parte.
Por difícil que sea nuestra
situación en cuanto a los recursos, debe cumplirse la tarea de dar satisfacción
al campesino medio. Hay muchos máscampesinos medios que antes, las
contradicciones se han atenuado, la tierra está distribuida en usufructo mucho más
igualitario, se ha metido al kulak en cintura y se le ha expropiado en buena
parte, en Rusia más y en Siberia menos que en Ucrania. Pero, en suma, los datos
estadísticos muestran el hecho absolutamente incontestable de que el agro se ha
nivelado, de que hay en él más igualdad, es decir, se ha paliado el proceso de
acusada segregación de kulaks, por su lado, y campesinos que no siembran, por
el suyo. Existe por doquier más igualdad, los campesinos se encuentran hoy, en
general, en la situación de campesinos medios.
17
¿Podemos dar satisfacción a
estos campesinos medios como tales, con sus peculiaridades económicas, con sus
raíces económicas? Si algún comunista ha soñado con que en tres años se pueden
transformar la base económica, las raíces económicas de la pequeña hacienda
agrícola, es, naturalmente, un visionario. No hay por qué ocultar que entre
nosotros existían no pocos soñadores de ésos. Y nada hay de extraordinariamente
malo en ello. ¿Cómo se podía haber empezado sin visionarios la revolución
socialista en un país como el nuestro? Como es lógico, la práctica ha
demostrado el formidable papel que pueden desempeñar los experimentos y las
iniciativas de toda índole en orden al cultivo colectivo de la tierra. Pero la
práctica ha demostrado también que estos experimentos, como tales, han
desempeñado asimismo un papel negativo en los casos en que personas llevadas de
las mejores intenciones y deseos han ido al campo a organizar comunas,
colectividades, sin saber administrar, porque carecían de experiencia de
cultivo colectivo. La experiencia de estas haciendas colectivas no
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
muestra sino un ejemplo de
cómo no se debe administrar una hacienda: los campesinos de los contornos se
ríen o se enfurecen.
Sabéis muy bien que ha
habido muchos ejemplos semejantes. Repito que esto no puede extrañar, pues la
labor de rehacer al pequeño agricultor, la labor de trastrocar toda su
sicología y todos sus hábitos es obra de varias generaciones. Resolver este
problema en relación con el pequeño agricultor, sanear, por decirlo así, toda
su sicología, únicamente puede hacerlo la base material, la maquinaria, el
empleo a gran escala de tractores y otras máquinas en la agricultura, la
electrificación a escala masiva. He aquí lo que podría transformar de raíz y
con enorme celeridad al pequeño agricultor. Esto es obra de generaciones
enteras, pero yo no digo que hagan falta siglos. Comprenderéis bien que, en
todo caso, se requiere, cuando menos, varios decenios para conseguir tractores
y máquinas y electrificar un país inmenso. Tal es la situación objetiva.
Debemos esforzarnos por
atender las demandas de los campesinos, que no están satisfechos, que están
descontentos, y con razón, y no pueden estar contentos. Debemos decirles:
"Esta situación no puede prolongarse por más tiempo". ¿Cómo
satisfacer al campesino y qué significa darle satisfacción? ¿Dónde está la
respuesta a la cuestión de cómo darle satisfacción? Naturalmente, en las
propias reivindicaciones del campesinado. Conocemos estas reivindicaciones,
pero debemos comprobarlas, examinar desde el punto de vista de la ciencia
económica todo lo que sabemos de las reclamaciones de tipo económico de los
agricultores. Ahondando en esta cuestión, nos diremos al punto: en realidad, se
puede satisfacer al pequeño agricultor con dos cosas. Primero, se precisa cierta
libertad de intercambio de mercancías, libertad para el pequeño propietario
privado, y segundo, es necesario facilitar mercancías y productos. ¿Qué sentido
puede tener la libertad de intercambio, si no hay mercancías que cambiar, y la
libertad de comercio, si no hay con qué comerciar? Esto quedaría en el papel;
pero a las clases no se las satisface con papeles, sino con cosas materiales.
Es preciso comprender muy bien estas dos condiciones. De la segunda condición
—cómo facilitar mercancías, y si sabremos facilitarlas— hablaremos después.
Ahora voy a detenerme en la primera, en la libertad de intercambio de
mercancías.
¿Qué es libertad de
intercambio? Libertad de intercambio es libertad de comercio, y esta libertad
significa un retroceso hacia el capitalismo. La libertad de intercambio y la
libertad de comercio significan el intercambio de mercancías entre los pequeños
propietarios por separado. Todos los que hemos estudiado aunque sólo sea el
abecé del marxismo sabemos que de este intercambio y de esta libertad de
comercio se desprende necesariamente la división del productor de mercancías en
dueño del capital y dueño de la mano de obra, la división en capitalistas y
obreros asalariados, es decir, la reconstitución de la esclavitud capitalista
asalariada, que no cae del cielo, sino que surge en todo el mundo precisamente
de la economía agrícola mercantil. Esto lo sabemos perfectamente en teoría, y
todo el que examine la vida y las condiciones de la economía del pequeño
agricultor no puede menos de verlo en Rusia.
Cabe preguntar: ¿acaso puede
el Partido Comunista admitir la libertad de comercio y pasar a ella? ¿No hay en
esto contradicciones inconciliables?
Debe responderse que, desde
luego, es un problema extraordinariamente difícil en el sentido de su solución
práctica. Preveo de antemano, y lo sé por las conversaciones con los camaradas,
que el proyecto previo de sustitución del sistema de contingentación con el
impuesto en especie, proyecto que se os ha distribuido, es el que suscita más
preguntas, legítimas e inevitables, respecto a que el intercambio se admite sin
rebasar los límites de las transacciones económicas locales. Esto se dice al
final del apartado 8. ¿Qué significa? ¿Qué límites tiene? ¿Cómorealizarlo? Se
equivoca quien piense recibir respuesta a estas preguntas
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
en el presente congreso. La
recibiremos en nuestra legislación: nuestra tarea consiste en trazar tan sólo
la pauta de principio, en proclamar la consigna.
18
Nuestro partido es un partido de gobierno, y la resolución que
adopte el congreso del partido será obligatoria para toda la República; aquí
debemos resolver esta cuestión en principio. Debemos resolver esta cuestión en
principio y dar cuenta de ello a los campesinos, porque la siembra está al
llegar. Y después debemos movilizar a todo nuestro personal, a todos nuestros
valores teóricos y toda nuestra experiencia práctica para ver cómo hacer las
cosas. ¿Se puede hacer esto, se puede, hablando teóricamente, restaurar hasta
cierto punto la libertad de comercio, la libertad del capitalismo para los
pequeños agricultores, sin socavar con ello las raíces del poder político del
proletariado? ¿Es posible esto? Es posible, porque el quid está en hacer las
cosas con medida. Si pudiésemos obtener aunque sólo fuera una pequeña cantidad
de mercancías y retenerlas en manos del Estado, en manos del proletariado,
dueño del poder político, y ponerlas en circulación, nosotros, como Estado,
añadiríamos a nuestro poder político el poder económico. La puesta en
circulación de estas mercancías reanimaría la pequeña economía agrícola, que
ahora se encuentra en un estado de terrible estancamiento por el efecto nocivo
de las duras condiciones de la guerra, la ruina y la imposibilidad de propulsar
la pequeña producción en el campo. El pequeño agricultor, mientras siga
siéndolo, debe tener un estímulo, un aliciente, un acicate adecuado a su base
económica, esto es, a la pequeña economía individual. En este caso no cabe
prescindir de la libertad de efectuar transacciones económicas a escala local.
Si estas transacciones proporcionan al Estado, a cambio de los productos de la
industria, un mínimo de trigo, suficiente para cubrir las necesidades de la
ciudad, de las fábricas, de la industria, el intercambio económico se
restablecerá de manera que el poder estatal siga en manos del proletariado y se
fortalezca. El campesinado exige que se le muestre en la práctica que el
obrero, el cual tiene en sus manos los talleres, las fábricas, la industria,
puede organizar el intercambio con él. Y, por otra parte, un inmenso país
agrícola con pésimas vías de comunicación, con un territorio inabarcable, con
diversidad de climas, con distintas condiciones agrícolas, etc., presupone
indefectiblemente una cierta libertad de circulación mercantil de la
agricultura local y de la industria local a escala local. En este sentido hemos
cometido muchas faltas, yendo demasiado lejos: hemos ido demasiado lejos por el
camino de la nacionalización del comercio y de la industria, por el camino de
cerrar la circulación local de mercancías. ¿Ha sido un error? Sin duda alguna.
A este respecto hemos hecho
mucho simplemente equivocado, y sería un gravísimo delito no ver y no
comprender que no hemos tenido sentido de la medida, que no hemos sabido
tenerlo. Pero, por otra parte, también nos hemos visto ante una necesidad
imperiosa: hemos vivido hasta ahora en medio de una guerra feroz,
increíblemente dura, en la que no nos quedaba otra disyuntiva que actuar con
arreglo a las leyes marciales hasta en el terreno económico. Ha sido un milagro
que un país en ruinas haya podido soportar una guerra semejante, y este milagro
no ha caído del cielo, sino que ha brotado de los intereses económicos de la
clase obrera y del campesinado, que han hecho este milagro con su entusiasmo
masivo; este milagro ha sido el que ha posibilitado la resistencia a los
terratenientes y a los capitalistas. Mas, al propio tiempo, el hecho indudable,
que no debemos ocultar en la agitación y la propaganda, es que hemos ido más
lejos de lo que era necesario desde el punto de vista teórico y político.
Podemos permitir en grado considerable el libre intercambio local de
mercancías, no destruyendo, sino reforzando el poder político del proletariado.
Cómo hacerlo, es cosa de la práctica. La misión mía es demostraros que esto es
concebible en el terreno teórico. El proletariado que tiene en sus manos el
poder estatal, si cuenta con algunos recursos, puede perfectamente ponerlos en
circulación y así lograr satisfacer en parte al campesino medio, darle
satisfacción con el intercambio económico local.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
Ahora, unas palabras sobre
el intercambio económico local. Antes debo hablar de las cooperativas. Como es
natural, dado el intercambio económico local, necesitamos las cooperativas, que
en nuestro país se encuentran en un estado de extraordinario amortiguamiento.
Nuestro programa subraya que el mejor mecanismo para la distribución es el de
las cooperativas que nos han quedado del capitalismo, y ese mecanismo hay que
conservarlo. Así está dicho en el programa. ¿Lo hemos cumplido? Con mucha
deficiencia, y en parte no lo hemos cumplido en absoluto, unas veces por error
y otras por las necesidades de la guerra. Las cooperativas, al destacar a
elementos que administran mejor y están más preparados en el sentido económico,
han segregado en política a mencheviques y eseristas. Esta es una ley química,
¡qué le vamos a hacer! (Risas.) Los
mencheviques y eseristas son gentes que consciente o inconscientemente
restauran el capitalismo y ayudan a los Yudénich. Esto también es una ley.
Debemos hacerles la guerra. Y en la guerra, como en la guerra: teníamos que
defendernos y nos hemos defendido. Pero ¿podemos continuar sin falta en la
actual situación? No. Sería un craso error atarnos con esto las manos. Por eso,
en el problema de las cooperativas propongo adoptar una resolución muy breve,
que voy a leer:
"En vista de que la
resolución del IX Congreso del PC de Rusia sobre la actitud ante las
cooperativasestaba basada enteramente en el reconocimiento del principio del
sistema de contingentación, que ahora va a ser sustituido con el impuesto en
especie, el X Congreso del Partido Comunista de Rusia acuerda:
19
"Anular la mencionada resolución.
"El congreso encarga al
Comité Central que redacte y ponga en práctica por conducto del partido y de
los Soviets disposiciones que mejoren y desarrollen la estructura y el
funcionamiento de las cooperativas conforme al programa del PCR y habida cuenta
de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en
especie".
Diréis que eso es impreciso.
Sí, y es menester que hasta cierto punto lo sea. ¿Por qué? Porque, para que sea
preciso del todo, debemos saber hasta el fin lo que haremos durante todo el
año. ¿Quién lo sabe? Nadie lo sabe ni puede saberlo.
Pero la resolución del IX
Congreso nos ata las manos, al decir: "Subordinar las cooperativas al
Comisariado de Abastecimiento". El Comisariado de Abastecimiento es una
magnífica institución, pero subordinar obligatoriamente las cooperativas a él y
atarnos las manos en el momento en que estamos revisando la actitud ante los
pequeños agricultores es cometer un evidente error político. Al CC que salga
elegido del congreso debemos encargarle que prepare y lleve a cabo determinadas
medidas y modificaciones, que compruebe los pasos que demos adelante y atrás,
en qué medida debemos hacer eso, cómo velar por los intereses políticos, hasta
qué punto debemos soltar la mano para que las cosas sean más llevaderas y cómo
comprobar los resultados de la experiencia. Teóricamente hablando, en este
sentido tenemos por delante toda una serie de fases y medidas transitorias.
Tenemos clara una cosa: la resolución del IX Congreso presuponía que nuestro
movimiento habría de ir en línea recta. Ha resultado, como se observa constantemente
en la historia de todas las revoluciones, que el movimiento ha ido en zigzag.
Atarnos las manos con una tal resolución es un error político. Al anularla,
decimos que es preciso regirse por el programa, que subraya la importancia del
mecanismo cooperativo.
Al anular la resolución,
decimos: adaptaos a la sustitución del sistema de contingentación con el
impuesto en especie. Pero ¿cuándo lo haremos? No antes de que recojamos la
cosecha, es decir, dentro de algunos meses. ¿Lo haremos igual en todos los
lugares? De ninguna manera. Querer ajustar a un mismo modelo, medir por el
mismo rasero a la Rusia Central, a Ucrania y a Siberia sería la mayor de las
necedades. Propongo aprobar esta idea fundamental sobre la libertad de
intercambio local de mercancías en forma de acuerdo del congreso. Pienso que
después de esto, en los próximos días, aparecerá sin falta una carta del
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
CC
que
diga, y, naturalmente, lo dirá mejor que yo ahora (encontraremos a mejores
plumas, que lo escribirán mejor): No deis pasos en falso, no os apresuréis,
meditad las cosas sin precipitaros, obrad de modo que deis la máxima
satisfacción a los campesinos medios sin menoscabar los intereses del
proletariado. Probad esto, probad lo otro, estudiad en la práctica, tened
presente la experiencia, comunicadnos después vuestras impresiones, decidnos
qué os ha salido bien, y nosotros formaremos una comisión especial e incluso
varias comisiones que tendrán en cuenta la experiencia adquirida, y creo que
incorporaremos especialmente a eso al camarada Preobrazhenski, autor del libro El papel moneda en la época de la dictadura
del proletariado. Esta cuestión es muy importante, porque la circulación monetaria es de tal naturaleza que
aquilata a las mil maravillas la eficiencia del intercambio de mercancías en el
país, y cuando este intercambio no es normal, el dinero se convierte en papeles
inútiles. Para marchar luego adelante, respaldados en la experiencia,
necesitamos comprobar diez veces las medidas adoptadas.
Se nos preguntará y se
deseará saber de dónde sacar las mercancías. Pues la libertad de comercio
requiere mercancías, y los campesinos son muy listos y saben burlarse de lo
lindo. ¿Podemos ahora obtener mercancías? Ahora podremos, porque nuestra
situación económica a escala internacional ha mejorado en medida colosal.
Luchamos contra el capital internacional, el cual ha dicho, refiriéndose a
nuestra República: "Son unos forajidos, unos cocodrilos" (estas
palabras me las ha dicho literalmente una pintora inglesa que se las ha oído
decir a un político de lo más influyente)19. Y
como son unos cocodrilos, lo único que cabe es despreciarlos. Esta ha sido la
voz del capital internacional. La voz del enemigo de clase, una voz justa desde
su punto de vista. Sin embargo, la justedad de esas conclusiones necesita una
comprobación práctica. Si eres una fuerza universal y poderosa, capital
mundial, si dices: "Sois unos cocodrilos" y tienes en tus manos todos
los artefactos, ¡prueba a acabar con nosotros! Mas cuando probó a hacerlo,
resultó que salía perdiendo. Entonces el capital, que se ve obligado a tener en
cuenta la vida política y económica real, dice: "Es preciso
comerciar". Esta es nuestra mayor victoria. Ahora os diré que se nos ha
hecho dos ofertas de empréstito por valor de unos cien millones de rublos oro.
Oro tenemos, pero el oro no se puede vender, porque es algo que no se come.
Todos están arruinados, la guerra ha alterado hasta lo increíble en todo el
mundo las relaciones de cambio monetario entre los Estados capitalistas.
Además, para las relaciones con Europa es preciso tener marina, y nosotros no
la tenemos, está en manos enemigas. Con Francia no hemos concluido ningún
tratado. Francia estima que somos deudores de ella, y, por lo tanto, cualquier
barco — dice— "es mío". Ellos tienen marina de guerra, y nosotros no.
Esta es la situación que,hasta ahora, sólo nos ha permitido comercializar el
oro en una proporción pequeña, insignificante hasta más no poder.
20
Ahora hay dos propuestas de banqueros capitalistas: conceder un
empréstito de cien millones. Como es natural, por esta suma percibirán
intereses usurarios. Pero hasta ahora, en general, no hablaban de eso, hasta
ahora decían: "Te mataré a tiros y me apropiaré de todo gratis".
Ahora, como no pueden acabar con nosotros a tiros, están dispuestos a
comerciar. Ahora se puede decir que el tratado comercial con EE.UU. e
Inglaterra es un asunto que marcha; lo mismo que la entrega de empresas en
régimen de concesión. Ayer recibí otra carta de míster Vanderlip, que se
encuentra en nuestro país y que, luego de toda una serie de quejas, nos
comunica diversos planes referentes a las concesiones y al empréstito. Se trata
de un representante del capital financiero archipráctico, ligado con los
Estados occidentales de América del Norte, más hostiles al Japón. De modo que
ahora contamos con una posibilidad económica de obtener mercancías. Otra cosa
es cómo sabremos hacerlo, pero existe cierta posibilidad.
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19 Estas palabras se las dijo a Lenin la escultora inglesa.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
Repito que este tipo de
relaciones económicas, que, por arriba, ofrece el aspecto de pacto con el
capitalismo extranjero, por abajo brindará al poder estatal proletario la
posibilidad de establecer el libre intercambio de mercancías con el
campesinado. Yo sé —y he tenido ya ocasión de decirlo— que esto ha sido motivo
de algunas burlas. En Moscú existe todo un sector intelectual burocrático que
tiene pretensiones de crear "opinión pública". Pues bien, ese sector
comenzó a mofarse, diciendo: "¡Mirad lo que ha resultado del comunismo! Es
como uno que llevara muletas, con toda la cabeza cubierta de vendajes. Del
comunismo no ha quedado otra cosa que una figura enigmática". Hasta mí han
llegado en número más que suficiente bromitas por el estilo, pero estas chanzas
¡o despiden tufillo burocrático o no tienen ningún fundamento! Rusia ha salido
de la guerra en tal estado que se parece más bien al de una persona medio
muerta a palos: siete años estuvieron apaleándola, ¡y menos mal que puede andar
con muletas! ¡Esa es nuestra situación! ¡Creer que podemos salir de ella sin
muletas es no comprender nada! Mientras no estalle la revolución en otros
países, deberemos ir saliendo del presente estado en unos cuantos decenios, y
no hemos de escatimar unas centenas de millones, si no millares de millones de
rublos, de nuestras incalculables riquezas, de nuestras abundantes fuentes de
materias primas, con tal de recibir la ayuda del gran capitalismo adelantado.
Después lo recuperaremos
todo con creces. Pero no es posible sostener el poder proletario en un país
increíblemente arruinado, con un gigantesco predominio de los campesinos
igualmente arruinados, sin ayuda del capital, por la que, lógicamente, cobrará
intereses desorbitados. Esto hay que comprenderlo. De ahí que el dilema sea: o
relaciones económicas de este tipo o nada. Quien plantee de otro modo la
cuestión no entiende ni un comino de economía práctica y sale del paso con
tales o cuales cuchufletas. Hay que reconocer el hecho del agotamiento y de la
extenuación de las masas. ¿Cómo no iban a repercutir en nuestro país los siete
años de guerra, si los cuatro años de conflagración mundial se dejan sentir aún
en los países más adelantados!
En cuanto a nosotros, en
nuestro atrasado país, tras siete años de guerra nos encontramos en un
verdadero estado de agotamiento de los obreros, que han hecho sacrificios
inauditos, y de las masas campesinas. Este agotamiento, este estado se parece
mucho a la imposibilidad absoluta de trabajar. Se precisa una tregua económica.
Pensábamos emplear en la adquisición de medios de producción el oro atesorado.
Lo mejor es fabricar máquinas, pero si las compráramos, montaríamos nuestra
industria. Mas para ello es preciso que haya obreros, que haya campesinos que
puedan trabajar; pero en la mayoría de los casos no pueden trabajar: están
agotados, están extenuados. Hay que apoyarlos, hay que gastar oro en la
adquisición de artículos de consumo, pese a lo que antes decíamos en nuestro
programa. Nuestro programa anterior era justo en teoría, pero insostenible en
la práctica. Daré a conocer una nota del camarada Lezhava que obra en mi poder.
Por ella vemos que se han comprado ya varios cientos de miles de puds de diferentes
productos alimenticios y están en camino con la mayor urgencia desde Lituania,
Finlandia y Letonia. Hoy hemos recibido la noticia de que en Londres se ha
firmado un contrato para comprar dieciocho millones y medio de puds de carbón,
que acordamos adquirir con el fin de reanimar la industria de Petrogrado y la
textil. Si recibimos mercancías para el campesino, ello será, naturalmente, una
infracción del programa, una irregularidad, pero hay que dar una tregua, porque
el pueblo está tan extenuado que de otro modo no podrá trabajar.
Debo referirme aún al
intercambio individual de mercancías. Hablar de libertad de circulación
significa hablar de intercambio individual de mercancías, es decir, significa
estimular a los kulaks. ¿Qué hacer? No hay que dejar de ver que la sustitución
del sistema de contingentación con el impuesto en especie significa que los
kulaks se multiplicarán en esas circunstancias más que hasta ahora. Crecerán
donde antes no podían hacerlo. Pero no hay que combatirlos con medidas
prohibitorias, sino con la fuerza unida del Estado y con medidas
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
estatales dictadas desde
arriba. Si se pueden proporcionar al campesinado máquinas, con ello será
posible levantarlo, y cuando se le faciliten máquinas o electrificación,
decenas o cientos de miles de pequeños kulaks dejarán de serlo. Mientras no se
lepueda proporcionar eso, hay que darle una determinada cantidad de mercancías.
Si se dispone de mercancías, se podrá sostener el poder; pero cerrar el paso,
evitar, descartar la posibilidad de contar con mercancías equivale a impedir
todo intercambio, significa no dar satisfacción a los campesinos medios, y
obrando así no cabrá la convivencia con ellos.
21
En Rusia son ahora más los
campesinos medios, y no hay por qué temer que el intercambio sea individual.
Todos podrán dar algo al Estado a cambio. Unos podrán venderle trigo sobrante;
otros entregarán a cambio hortalizas, y otros, trabajo. En lo fundamental, la
situación es la siguiente: debemos dar satisfacción en el sentido económico a
los campesinos medios y llegar a la libertad de intercambio de mercancías; de
otro modo, dado que la revolución internacional se retarda, no será posible —no
lo será desde el punto de vista económico— sostener en Rusia el poder del
proletariado. Esto hay que comprenderlo con claridad y en modo alguno temer
hablar de ello. En el proyecto de resolución sobre la sustitución del sistema
de contingentación con el impuesto en especie (el texto se os ha repartido)
advertiréis una gran falta de concordancia y veréis que hay contradicciones,
razón por la cual hemos escrito al final: "El congreso, aprobando en lo
fundamental (expresión muy imprecisa que se presta a muchas interpretaciones)
las tesis formuladas por el CC acerca de la sustitución del sistema de
contingentación con el impuesto en especie, encarga al CC del partido que las
concuerde con la mayor urgencia". Sabemos que no concordaban, no hemos
tenido tiempo para concordadas, no hemos efectuado esta labor de detalle. El
Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y el Consejo de Comisarios del Pueblo
estudiarán detalladamente las formas de aplicar el impuesto y promulgarán la
ley correspondiente. Se ha acordado seguir el siguiente orden: si vosotros
aprobáis este proyecto hoy, la disposición pertinente será adoptada en la
primera sesión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, que tampoco habrá de
dictar una ley, sino un reglamento modificado; luego, el Consejo de Comisarios
del Pueblo y el Consejo de Trabajo y Defensa20 lo
convertirán en ley y —lo que vale más aún— darán instrucciones prácticas.
Importa que en el plano local se comprenda la significación de esta medida y
que sea bien acogida.
¿Por qué necesitábamos
sustituir el sistema de contingentación con el impuesto en especie? El sistema
de contingentación suponía: requisar todos los excedentes e implantar el
monopolio obligatorio del Estado. No podíamos proceder de otra manera, atravesábamos
un estado de penuria extremada. Teóricamente no es forzoso considerar que el
monopolio del Estado sea lo mejor desde el punto de vista del socialismo. En un
país campesino que posee industria —y la industria está en funcionamiento—, si
existe cierta cantidad de mercancías, es posible aplicar como medida
transitoria el sistema del impuesto en especie y del libre intercambio.
Este intercambio de
mercancías es para el campesino un estímulo, un aliciente, un acicate. El
agricultor puede y debe afanarse por su propio interés, puesto que no le serán
incautados todos los excedentes, sino que sólo se exigirá de él un impuesto
que, a ser posible, habrá de fijarse con antelación. Lo fundamental es que haya
un estímulo, un aliciente, un acicate para el pequeño agricultor en su trabajo.
Nos es preciso construir nuestra economía estatal, teniendo en cuenta la
economía de los campesinos medios, que no hemos podido transformar en tres años
ni podremos hacerlo en diez más.
![]()
20 A primeros de abril de 1920, el Consejo
de la Defensa Obrera y Campesina, fundado en noviembre de 1918 como centro
económico, militar y planificador principal de la república, fue reorganizado y
empezó a denominarse Consejo de Trabajo y Defensa. Por acuerdo del VIII
Congreso de los Soviets de toda Rusia, el Consejo de Trabajo y Defensa comenzó
a funcionar en diciembre de 1920 con atribuciones de comisión del Consejo de
Comisarios del Pueblo con la tarea principal de coordinar el funcionamiento de
todas las entidades de la economía nacional; existió hasta 1937.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
El Estado tenía determinadas
obligaciones en materia de abastecimiento. Por eso, nuestros contingentes
fueron aumentados el año pasado. El impuesto en especie debe ser menor. Las
cifras no han sido precisadas con exactitud, y no es posible precisarlas. En el
folleto de Popov La producción cerealista
en la República Soviética y en las repúblicas confederadas se reproducen datos de nuestra Dirección
General de Estadística que contienen cifras exactas y muestran por qué causas
se ha reducido la producción agrícola.
Si la cosecha es mala, no se
podrán reunir sobrantes, porque no los habrá. Tendríamos que quitárselos de la
boca a los campesinos. Si hay cosecha, todos tendrán que privarse de un poco de
lo suyo, y el Estado se salvará; o bien, si no somos capaces de tomar parte de
los productos a quienes no pueden comer hasta la saciedad, el Estado perecerá.
Tal es la tarea de nuestra propaganda entre los campesinos. Si la cosecha es
regular, los excedentes llegarán a los quinientos millones de puds, lo
suficiente para cubrir las necesidades del consumo y para acumular una cierta
reserva. El quid está en dar a los campesinos un estímulo, un aliciente desde
el punto de vista de la economía. Es preciso decir al pequeño agricultor:
"Tú, campesino, produce, y él Estado te cobrará un impuesto mínimo".
Mi turno se acaba, debo terminar. Lo repito: no podemos
promulgar ahora una ley. El defecto
de nuestra resolución consiste en que no es demasiado
legislativa: en el congreso del partido no se redactan leyes. Por eso
proponemos adoptar la resolución del CC como base y encargarle que concuerde
sus planteamientos. Imprimiremos el texto de esta resolución, y los
funcionarios locales se esforzarán por concordar los planteamientos que
contiene y por corregirla. Concordar hasta el fin resulta imposible, ello
constituye una tarea que no se puede cumplir, ya que la vida es harto variada.
Buscar medidas transitorias es un cometido muy arduo. Si no logramos hacerlo
con rapidez y sin rodeos, no por eso decaerá nuestro ánimo, ya nos saldremos
con la nuestra. Un campesino que sea algo consciente nopuede menos de
comprender que nosotros, como gobierno, representamos a la clase obrera y a los
trabajadores con quienes pueden ponerse de acuerdo los campesinos laboriosos
(que son las nueve décimas partes del campesinado), y que toda vuelta atrás
significa el retorno al viejo gobierno zarista. Así lo demuestra la experiencia
de Cronstadt. Allí no quieren a los guardias blancos ni quieren nuestro poder
—pero otro no existe— , y se hallan en tal situación que constituye la mejor
agitación a nuestro favor y contra todo gobierno nuevo.
22
En los momentos actuales tenemos la posibilidad de sellar un
acuerdo con los campesinos, y hay que llegar a él en la práctica con
inteligencia, perspicacia y flexibilidad. Conocemos el mecanismo del
Comisariado de Abastecimiento, sabemos que es uno de los mejores que tenemos.
Comparándolo con otros, vemos que es el mejor, y debemos conservarlo, pero
tiene que estar subordinado a la política. De nada nos servirá el magnífico
mecanismo del Comisariado de Abastecimiento si no sabemos establecer relaciones
con los campesinos. En ese caso, este excelente mecanismo no servirá a nuestra
clase, sino a Denikin y a Kolchak. Puesto que la política requiere un cambio
resuelto, flexibilidad y un viraje inteligente, los líderes deben comprenderlo.
Un mecanismo sólido debe ser apto para toda clase de maniobras. Pero si la
solidez del mecanismo se convierte en entumecimiento e impide dar los virajes,
entonces la lucha resulta inevitable. Por eso es preciso poner todas las
fuerzas en lograr indefectiblemente nuestros fines, en conseguir que el
mecanismo se supedite por completo a la política. La política es la relación
entre las clases: esto decide la suerte de la República. El mecanismo, como
medio auxiliar, resultará tanto mejor y más adecuado para las maniobras cuanto
más sólido sea. Y si no está en condiciones de cumplir este cometido, no
servirá para nada.
Os invito a tener en cuenta
lo fundamental: un estudio que comprenda todos los detalles y las posibles
interpretaciones es labor de varios meses. Y ahora necesitamos tener en cuenta
lo fundamental, necesitamos que lo que acordemos sea dado a conocer esta misma
noche por radio en todos los ámbitos del mundo: que el congreso del partido
gobernante sustituye
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
en lo fundamental el sistema
de contingentación con el impuesto en especie, dando así toda una serie de
estímulos al pequeño agricultor para que amplíe su hacienda, para que aumente
las superficies de siembra; que el congreso, al emprender este camino, corrige
el sistema de relaciones entre el proletariado y los campesinos y expresa la
seguridad de que, siguiendo esta senda, se conseguirán unas relaciones estables
entre el proletariado y los campesinos. (Clamorosos
aplausos.)
Publicado el 16 de marzo de 1921 en el núm. 57 de
"Pravda" y en el núm. 57 de "Izvestia del CEC de toda
Rusia".
T. 43, págs. 57-73.
5. Proyecto
inicial de resolución del X Congreso del PC de Rusia sobre la unidad del
partido.
1. El congreso llama la atención de todos
los miembros del partido acerca de que la unidad y la cohesión de sus filas, la
absoluta confianza entre los miembros del partido y la labor verdaderamente
unánime, auténtica encarnación de la voluntad única de la vanguardia del
proletariado, son necesarias sobre todo en estos momentos en que, por una serie
de circunstancias, aumentan las vacilaciones entre la población pequeñoburguesa
del país.
2.
Entretanto,
antes aún de la discusión sobre los sindicatos, entablada en todas las
organizaciones del partido, veníanse manifestando ya en su seno algunos
indicios de fraccionalismo, es decir, la formación de grupos con una plataforma
especial y con la tendencia a aislarse hasta cierto punto y crear su propia
disciplina de grupo. Síntomas de esta naturaleza se vieron, por ejemplo, en una
de las conferencias del partido en la ciudad de Moscú (noviembre de 1920) y en
Járkov21, tanto por parte del grupo llamado
"oposición obrera", como, parcialmente, también del grupo llamado
"centralismo democrático"22.
Es necesario que todo obrero
consciente comprenda con claridad el carácter pernicioso e inadmisible de todo
fraccionalismo, el cual, pese a todo el deseo de los representantes de algunos
grupos de mantener la unidad del partido, conduce sin falta en la práctica al
debilitamiento de la labor aunada y a los intentos acentuados y repetidos de
los enemigos del partido gubernamental, que se infiltran en sus filas, de
ahondar las disensiones en su seno y utilizarlas para los fines de la
contrarrevolución.
El ejemplo de la sublevación
de Cronstadt, cuando la contrarrevolución burguesa y los guardias blancos de
todos los países del mundo se han mostrado al punto dispuestos a
![]()
21 Se refiere a la V Conferencia del partido de toda Ucrania, celebrada en noviembre
de 1920 en Járkov, en la que votaron en pro de la plataforma de la
"oposición obrera" veintitrés delegados de los trescientos dieciséis
presentes, o sea, el 7% .
22
Grupo "centralismo democrático”: grupo oportunista de oposición que
impugnó por primera vez los principios leninistas de organización del partido y
de los Soviets en el VIII Congreso del PC(b) de Rusia. En el IX Congreso del
PC(b) de Rusia, el grupo "centralismo democrático" presentó
coinformantes suyos en los problemas de fomento de la economía y de
organización. Negaba el papel dirigente del partido en los Soviets y en los
sindicatos, se oponía a la dirección unipersonal y a la responsabilidad
personal de los directores en la industria, combatía los principios leninistas
en los problemas de organización y exigía libertad de fracciones y grupos. El
congreso denunció las opiniones antipartido de los "centralistas
democráticos" y les dio contundente replica. Estos oposicionistas carecían
de influencia entre las masas del partido y sus actos contaban con la anuencia
de los mencheviques, los cuales se solidarizaban con ellos en muchas
cuestiones. Durante la discusión sindical de 1920-1921, el grupo
"centralismo democrático" publicó su plataforma fraccional y la
preconizó en las asambleas que precedieron al congreso, reuniendo algunos votos
a su favor. En el X Congreso del PC(b) de Rusia, el grupo trasladó el centro de
gravedad de la lucha contra el partido a los problemas de organización de partido,
hablando en su nombre como conformante en el congreso V. Maximovski. Este grupo
se disolvió en 1923 y sus dirigentes formaron bloque con la oposición
trotskista.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
adoptar incluso las
consignas del régimen soviético con tal de derribar la dictadura del
proletariado en Rusia, cuando los eseristas y la contrarrevolución burguesa en
general han utilizado en Cronstadt las consignas de la insurrección,
supuestamente promovida en aras del Poder soviético contra el Gobierno
soviético de Rusia, ha evidenciado poco menos que de la manera más palmaria que
los enemigos del proletariado aprovechan todas las desviaciones de la pauta
comunista estricta y consecuente. Estos hechos demuestran por completo que los
guardias blancos procuran y saben disfrazarse de comunistas, hasta de los más
izquierdistas, con tal de debilitar y derribar el baluarte de la revolución
proletaria en Rusia. Las hojas mencheviques difundidas en Petrogrado lavíspera
de la sublevación de Cronstadt evidencian igualmente que los mencheviques han
aprovechado las discrepancias y ciertos indicios de fraccionalismo existentes
en el seno del PC de Rusia para alentar y apoyar de hecho a los sediciosos de
Cronstadt, a los eseristas y guardias blancos, haciéndose pasar de palabra por
adversarios de las sediciones y por adictos del Poder soviético, si bien, al
decir de ellos, con algunas enmiendas de poca monta.
23
3. En esta cuestión, la propaganda debe
consistir, por un lado, en aclarar a fondo el daño y el peligro que supone el
fraccionalismo desde el punto de vista de la unidad del partido y del ejercicio
de la voluntad única de la vanguardia del proletariado como condición
fundamental del éxito de la dictadura del proletariado, y, por otro lado, en
explicar la peculiaridad de los nuevos métodos tácticos de los enemigos del
Poder soviético. Esos enemigos, convencidos de que con la bandera de los
guardias blancos, la contrarrevolución tiene la causa perdida, ponen ahora en
tensión todas sus fuerzas para aprovechar las discrepancias existentes dentro
del PC de Rusia e impulsar de uno u otro modo la contrarrevolución, entregando
el poder a la tendencia política más propensa a aparentar que reconoce el Poder
soviético.
La propaganda debe explicar
también la experiencia de las anteriores revoluciones, cuando la
contrarrevolución apoyaba a los grupos oposicionistas más próximos al partido
revolucionario extremo, para hacer vacilar y derribar la dictadura
revolucionaria, abriendo con ello el camino para la ulterior victoria completa
de la contrarrevolución, de los capitalistas y terratenientes.
4. En la lucha práctica contra el
fraccionalismo es preciso que cada una de las organizaciones del partido impida
con todo rigor cualquier manifestación de ese carácter. Hay que organizar la
crítica absolutamente necesaria de los defectos del partido de modo que toda
propuesta práctica se exponga con la mayor claridad posible y sea sometida en
el acto, sin papeleo alguno, al examen y decisión de los organismos dirigentes
locales y del organismo central del partido. Todos los que hagan críticas
deben, además, tener en cuenta, en lo que respecta a la forma de su crítica, la
situación del partido entre los enemigos que lo rodean, y, en lo que se refiere
al contenido de la crítica, deben comprobar en la práctica, con su
participación personal en la labor de los Soviets y del partido, si se corrigen
los errores del partido o de algunos militantes. Todo análisis de la pauta
general del partido o la apreciación de su experiencia práctica, la
comprobación del cumplimiento de los acuerdos del mismo, el estudio de los métodos
para corregir los errores, etc., en modo alguno deben ser sometidos a la
discusión previa de los grupos que se forman con cualquier
"plataforma", etc., sino que deben ser sometidos exclusivamente a la
discusión directa de todos los miembros del partido. A tal efecto, el congreso
dispone que se editen con mayor regularidad Diskussionni
Listoks23 y publicaciones especiales, procurando
constantemente que la crítica vaya dirigida
![]()
23 "Diskussionni Listok" ("Boletín de Discusión"):
publicación no periódica del CC del PC(b) de Rusia; se editaba por acuerdo de
la IX Conferencia Nacional del PC(b) de Rusia, celebrada en septiembre de 1920.
Antes del X Congreso salieron dos números de este boletín: el primero, en
enero; y el segundo, en febrero de 1921. Después del X Congreso dejó de
aparecer y luego reapareció varias veces durante los períodos de las
discusiones y antes de celebrarse algunos congresos del partido.
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
al quid del problema, sin adquirir jamás
formas capaces de favorecer a los enemigos de clase del proletariado.
5. Rechazando por principio la desviación
sindicalista y anarquista, a cuyo análisis se dedica una resolución especial, y
encomendando al Comité Central que proceda a la liquidación de todo
fraccionalismo, el congreso declara al paso que las propuestas positivas
referentes a las cuestiones que han merecido una atención especial, por
ejemplo, la del grupo de la llamada "oposición obrera" y las
relativas a la depuración del partido de elementos no proletarios e inseguros,
a la lucha contra la burocracia, al desarrollo de la democracia y la iniciativa
de los obreros, etc., deben ser discutidas con la máxima atención y comprobadas
en la labor práctica. El partido debe saber que, en lo tocante a estas
cuestiones, no aplicamos todas las medidas necesarias, habiendo chocado con una
serie de obstáculos diversos; y que el partido, rechazando sin piedad las
habladurías y labor fraccional con apariencia de crítica, probando métodos
nuevos, seguirá luchando constantemente y con todos los medios a su alcance
contra la burocracia y en pro de ampliar la democracia y la iniciativa y
descubrir, denunciar y expulsar a los infiltrados en el partido, etc.
6.
Por
las razones expuestas, el congreso declara disueltos y prescribe disolver
inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado con tal o
cual plataforma (a saber: "oposición obrera", "centralismo
democrático", etc.). El incumplimiento de este acuerdo del congreso
acarreará la inmediata e incondicional expulsión del partido.
7. Con el fin de implantar una severa
disciplina en el seno del partido y en toda labor de los Soviets, lograr la
mayor unidad y acabar con todo fraccionalismo, el congreso concede al Comité
Central atribuciones para aplicar, en caso de que se infrinja la disciplina y
resurja o se tolere el fraccionalismo, todas las sanciones al alcance del
partido, incluida la expulsión de sus filas; en cuanto a los miembros del CC,
serán descendidos a la categoría de suplentes y, como medida extrema,
expulsados del partido. Para aplicar esta medida extrema a los miembros
efectivos y suplentes del CC, así como a los miembros de la Comisión de
Control, es condición previa la convocatoria de una reunión plenaria del CC con
asistencia de todos los miembros suplentes del mismo y de todos los miembros de
la Comisión de Control. Si esta asamblea general de los dirigentes de mayor
responsabilidad del partido llegase a reconocer necesario, por mayoría de
dostercios de votos, el paso de algún miembro efectivo a miembro suplente del CC
o su expulsión del partido, la medida será aplicada en el acto.
24
Publicado por primera
vez en 1923 en el núm. 22 de la revista "Prozhéktor".
T. 43, págs. 89-92.
6. Informe
sobre la unidad del partido y la desviación anarcosindicalista, presentado el
16 de marzo.24
Camaradas: Creo que no será
necesario hablar mucho de esta cuestión, puesto que nuestro congreso, al
discutir todos los problemas, ha abordado ya los temas sobre los cuales hay que
manifestarse ahora oficialmente en nombre del congreso del partido, o sea, en
nombre de todo el partido. En cuanto a la resolución "sobre la
unidad", una parte considerable de la misma está destinada a definir la
situación política. Todos habéis leído, naturalmente, el texto impreso de esta
resolución, que ha sido distribuido. No se publicará el punto séptimo,
![]()
24 Lenin presentó el informe sobre la
unidad del partido y la desviación anarcosindicalista el 16 de marzo de 1921 en
la última sesión, la dieciséis, del congreso. En los debates que se abrieron
contra los proyectos de resoluciones propuestos por Lenin Sobre la unidad del partido y Sobre
la desviación sindicalista y anarquista en nuestro partido, hablaron
representantes de los grupos "oposición obrera" y "centralismo
democrático". Después del discurso de resumen de Lenin, el congreso aprobó
por mayoría aplastante de votos las resoluciones propuestas por él.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
que implanta una medida
excepcional: el derecho a excluir del CC a alguno de sus integrantes, a
condición de que así lo acuerde, por mayoría de dos tercios, la asamblea
general de miembros efectivos y suplentes del CC y de la Comisión Central de
Control. En las reuniones parciales, en las que han expuesto su opinión
representantes de todos los matices, esta medida ha sido discutida repetidas
veces. Confiemos, camaradas, en que no se habrá de aplicar este punto, pero es
necesario en la nueva situación en que nos encontramos ante un viraje bastante
brusco, y nosotros queremos acabar con los rastros de alejamiento.
Paso a la resolución sobre
las desviaciones sindicalistas y anarquistas. Nos encontramos ante un problema
que ha sido aludido en el punto cuarto del orden del día del congreso. El quid
de toda la resolución consiste en determinar nuestra actitud ante ciertas
corrientes o desviaciones ideológicas. Al decir "desviaciones",
subrayamos que no vemos aún nada que haya adquirido forma definitiva, nada
absoluto y perfectamente definido, sino sólo el comienzo de una orientación
política que no puede dejar de ser enjuiciada por el partido. En el punto
tercero de la resolución sobre la desviación sindicalista y anarquista, que
todos tenéis, sin duda, hay una errata evidente (que, a juzgar por las
observaciones, ha sido advertida). Se debe leer como sigue: "Es significativa,
por ejemplo, su tesis" (es decir, de la "oposición obrera")
"siguiente: "El Congreso de Productores de Rusia organiza la
dirección de la economía nacional; los productores están agrupados en
sindicatos, que eligen un órgano central para dirigir toda la economía de la
República"". Hemos hablado ya más de una vez de este punto en el
congreso, tanto en las reuniones parciales como en las sesiones plenarias
públicas del mismo. Creo que hemos aclarado ya que en modo alguno se debe
defender este punto con el argumento de que Engels habla de la agrupación de
los productores, pues es evidente a todas luces —y la confrontación del pasaje
correspondiente así lo demuestra— que Engels se refiere a la sociedad
comunista, en la que no existirán clases. Para todos nosotros esto es
indiscutible. Cuando en la sociedad no haya clases, en ella quedarán solamente
trabajadores productores, no habrá obreros ni campesinos. Y nosotros sabemos
perfectamente que Marx y Engels diferencian con la mayor precisión en todas sus
obras el período en que las clases existen todavía y el período en que ya no
las habrá. Marx y Engels se burlaron sin piedad de las ideas, frases e
hipótesis relativas a la desaparición de las clases antes del comunismo y
afirmaron que sólo el comunismo significa la supresión de las clases25.
Nos encontramos en una
situación en la que hemos sido los primeros en plantear de una manera práctica
el problema de esta supresión de las clases, y en un país campesino como el
nuestro quedan ahora dos clases fundamentales: la clase obrera y el campesinado.
Junto a ellas, subsisten grupos enteros de restos y supervivencias del
capitalismo.
Nuestro programa dice
taxativamente que estamos dando los primeros pasos y que atravesaremos toda una
serie de etapas de transición. Pero en la práctica de nuestra labor en los
Soviets y de toda la historia de la revolución vemos constantemente, y del modo
más patente, que es erróneo
hacer definiciones teóricas como las que formula la oposición en este caso.
Sabemos muy bien que en nuestro país subsisten las clases y subsistirán durante
largo tiempo; que en un país en el que predomina la población campesina, las
clases subsistirán inevitablemente durante muchos años. El plazo mínimo para
organizar la gran industria de modo que cree un fondo con el que pueda
subordinar la agricultura se calcula en diez años. Es un plazo mínimo en
condiciones técnicas extraordinariamente favorables. Y sabemos que nos
encontramos en condiciones desfavorables en extremo. Tenemos un plan de
edificación de Rusia basado en la gran industria contemporánea: es el plan de
electrificación, preparado por hombres de ciencia. El plazo mínimo que se fija
en él es de diez
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25 Véanse C. Marx. Crítica del Programa de Gotha; carta a J. Weidemeyer, del 5 de
marzo de 1852; F. Engels. Anti-Dühring;
El origen de la familia, .la propiedad
privada y el Estado.
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
años, tomando como base
condiciones que se aproximen algo a las normales. Pero sabemos muy bien que
esas condiciones no existen. Por consiguiente, un decenio es para nosotros un
plazo muy breve, eso no tiene vuelta de hoja. Llegamos así al meollo del problema:
es posible una situación en la que subsistan clases hostiles al proletariado;
por lo mismo no podemos crear ahora, en la práctica, eso de que hablaba Engels.
Habrá dictadura del proletariado. Después habrá sociedad sin clases.
25
Marx y Engels combatieron
implacablemente a quienes olvidaban la diferencia existente entre las clases, a
quienes hablaban de los productores, del pueblo o de los trabajadores en
general. Quien conozca algo las obras de Marx y Engels no puede olvidar que en
todas ellas se ridiculiza a quienes hablan de los productores, del pueblo y de
los trabajadores en general. No hay trabajadores en general, ni gente que
trabaja en general: existe o bien el pequeño propietario, que posee medios de
producción y cuya sicología y cuyos hábitos de vida son enteramente
capitalistas —y no pueden ser otros—, o bien el obrero asalariado de la gran
industria, cuya sicología es completamente distinta, y que ocupa una posición
de antagonismo, de contradicción y de lucha con los capitalistas.
El abordar este problema
después de tres años de lucha y de ejercicio del poder político del
proletariado, conociendo las inmensas dificultades que existen en las
relaciones entre las clases y que éstas mismas subsisten todavía; el abordar
este problema cuando los restos de la burguesía aparecen aún en todos los
resquicios de nuestra vida y dentro de las instituciones soviéticas hace que el
surgimiento entre nosotros de plataformas con tesis como las que he leído sea
una clara y evidente desviación anarcosindicalista. Estas palabras no son
desmedidas, están meditadas. La desviación no es todavía una tendencia formada.
Es algo que se puede corregir. Esa gente se ha desviado algo del camino o
empieza a desviarse, pero todavía es posible corregirla. Esto es, a mi modo de
ver, lo que significa la palabra "desviación". Subraya que no se
trata aún de algo definitivo, que las cosas se pueden corregir fácilmente;
expresa el deseo de prevenir y de plantear el problema en todo su volumen y en
el terreno de los principios. Si alguien encuentra una palabra que exprese
mejor esta idea, que la diga. Espero que no discutiremos en torno a las
palabras, sino que examinaremos el fondo de esta tesis, como fundamental, para
no lanzarnos tras el cúmulo de ideas semejantes, que tanto abundan en el grupo
de la "oposición obrera". Dejemos que las analicen nuestros
publicistas y también los dirigentes de esta corriente, pues al final de la
resolución decimos intencionadamente que, en ediciones especiales y
recopilaciones, se puede y se debe reservar un lugar a un intercambio más
detallado de opiniones entre los miembros del partido sobre todas las
cuestiones indicadas. Ahora no estamos para dar largas al problema. Somos un
partido que lucha en medio de dificultades agravadas. Debemos decirnos: para
que la unidad sea sólida, es preciso condenar cierta desviación. Y puesto que
ha aparecido, hay que sacarla a la luz y examinarla. Pero si se considera
necesaria una discusión amplia, bienvenida sea; encontraremos a personas que
citen detalladamente todas las publicaciones y, si hace falta y es oportuno,
plantearemos el problema en el plano internacional, pues, como habéis oído
ahora en el informe del representante de la Internacional Comunista, y como
todos sabéis, existe una desviación izquierdista en las filas del movimiento
obrero revolucionario internacional. La desviación de que hablamos ahora es
igual a la desviación anarquista del Partido Comunista Obrero Alemán, la lucha
contra el cual se manifestó claramente en el anterior congreso de la
Internacional Comunista26. Las palabras que se emplearon entonces
para calificarla fueron a menudo más duras que la de "desviación".
Vosotros sabéis que se trata de un problema internacional. Por eso sería
equivocado acabar con él, poniendo punto final a la discusión. Pero una cosa es
la discusión
![]()
26 Lenin se refiere al grupo anarquista de
los "izquierdistas", que se desgajó del Partido Comunista de Alemania
y formó en abril de 1920 el denominado Partido Comunista Obrero Alemán. Los
"izquierdistas" propugnaban ideas anarcosindicalistas,
pequeñoburguesas. Los delegados del Partido Comunista Obrero Alemán al II
Congreso de la Internacional Comunista, Otto Rüle y A. Merges, abandonaron el
congreso, al no encontrar apoyo en la IC.
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
teórica, y otra la pauta
política del partido, la lucha política. No somos un club de discusiones.
Podemos, naturalmente, editar recopilaciones y publicaciones especiales, y así
lo haremos; pero debemos, ante todo, luchar en las condiciones más difíciles, y
por eso tenemos que unirnos estrechamente. Si en la discusión política, en la
lucha política se mezclan propuestas como la de organizar un congreso de
productores de toda Rusia, no podremos marchar unidos y cohesionados; no es ésa
la política que nos hemos trazado para varios años. Semejante política echaría
por tierra el trabajo unido del partido; es errónea no sólo desde el punto de
vista teórico, sino también porque determina de manera equivocada las
relaciones entre las clases. Y eso es lo fundamental y básico, sin eso no hay
marxismo, como ha hecho constar en una resolución el II Congreso de la
Internacional Comunista27. El momento es ahora tal que el
elemento sin partido se deja ganar por las vacilaciones pequeñoburguesas,
inevitables en la actual situación económica de Rusia. Debemos recordar que el
peligro interior es, en cierto sentido, mayor que el que representan Denikin o
Yudénich, y dar prueba de una cohesión no sólo de forma, sino con raíces mucho
más profundas. Para lograr una cohesión así no podemos prescindir de una
resolución de este tipo.
Considero también de gran
importancia el punto cuarto de esta resolución, en el que se interpreta nuestro
programa de una manera auténtica, es decir, en el espíritu en que lo escribió
su autor. Su autor es el congreso, y por eso es él quien debe dar una interpretación
que ponga fin a las "vacilaciones e incluso al juego que se lleva a cabo,
a veces, con nuestro programa: como si en él se dijera sobre los sindicatos lo
mismo que alguien quisiera ver en él. Habéis escuchado la crítica del programa
hecha desde esta tribuna por el camarada Riazánov, ¡agradecemos al autor de esa
crítica sus investigaciones teóricas! Habéis oído la crítica hecha por el
camarada Shliápnikov. Esto no se puede silenciar. Creo que en esta resolución
tenemos lo que necesitamos hoy. En nombre del congreso, que aprueba el programa
y que es el órgano supremo del partido, hay que decir: así entendemos nosotros
el programa. Repito que con ello no se pone fin a las discusiones teóricas.
Pueden hacerse propuestas de modificar el programa, a este respecto no se dicta
prohibición alguna. No consideramos que el programa sea tan perfecto que no
admita modificación alguna; pero ahora no tenemos propuestas concretas, no
hemos dedicado tiempo a examinar este problema.
26
Al leer con atención este
programa, encontramos en él lo siguiente: "los sindicatos deben llegar a
concentrar efectivamente en sus manos", etc. "Deben llegar a
concentrar efectivamente en sus manos": esto hay que subrayarlo. Y más arriba
leemos que "los sindicatos, de acuerdo con la ley, participan en todos los
órganos locales y centrales de dirección de la producción". Sabemos que la
producción capitalista, con el concurso de todos los países avanzados del
mundo, se ha creado a lo largo de decenios. ¿Es que hemos caído ya en el
infantilismo para pensar que en un momento como éste, de la mayor escasez y de
empobrecimiento del país, en el que los obreros constituyen la minoría, en el
que la vanguardia proletaria está extenuada y sangrante y existe una masa campesina,
podemos terminar este proceso con tanta rapidez! Ni siquiera hemos colocado aún
los cimientos, sólo comenzamos a esbozar, respaldándonos en la experiencia, la
manera de dirigir la producción con el concurso de los sindicatos. Sabemos que
el obstáculo principal es la escasez. No es cierto que no incorporemos a las
masas. Al contrario: todo el que revela cierto talento, que se destaca en el
seno de la masa obrera por su capacidad, tiene nuestro más sincero apoyo. Lo
único que hace falta es que la situación se alivie un tanto. Necesitamos, por
lo menos, un año o dos para descansar del hambre. Desde el punto de vista de la
historia es un plazo insignificante; pero en nuestras condiciones, es grande.
Un año o dos de descanso del
![]()
27
Se
trata de la resolución sobre el problema agrario, aprobada el 4 de agosto de
1920 en el II Congreso de la Internacional Comunista.
X Congreso del P.C.(b) de Rusi
hambre, un año o dos de
abastecimiento normal de combustible para que las fábricas funcionen, y
recibiremos de la clase obrera un apoyo cien veces mayor, y de sus filas
saldrán muchos más hombres de talento de los que tenemos ahora. Nadie duda,
nadie puede dudar de eso. Si ahora no recibimos ese apoyo, no es porque no
queramos. Hacemos todo lo posible para obtenerlo. Nadie podrá decir que el
gobierno, los sindicatos y el Comité Central del partido hayan dejado escapar
siquiera una posibilidad en ese sentido; pero sabemos que la escasez es
desesperada, que en todas partes reinan el hambre y la miseria y que, así las
cosas, surge a cada paso la pasividad. No temamos llamar al mal y a la
calamidad por su verdadero nombre. Eso es lo que frena el incremento de la
energía de las masas. Por tanto, cuando la estadística nos dice que el 60% de
las direcciones se compone de obreros, es absolutamente imposible tratar de
interpretar como Shliápnikov las palabras del programa "los sindicatos
deben llegar a concentrar efectivamente en sus manos", etc.
Una interpretación auténtica
del programa nos permitirá conjugar la cohesión y unidad tácticas necesarias
con la necesaria libertad de discusión, como se subraya al final de la
resolución. ¿A qué se reduce la resolución? Leamos el punto sexto:
"Basándose en todo
esto, el congreso del PC de Rusia rechaza con denuedo las ideas mencionadas,
que reflejan una desviación sindicalista y anarquista, y acuerda: 1) considerar
necesaria una lucha constante y sistemática contra estas ideas; 2) reconocer
incompatible la propaganda de estas ideas con la condición de miembro del
Partido Comunista de Rusia.
"El congreso, a la vez
que encomienda al CC del partido la más estricta ejecución de estas decisiones,
indica que en ediciones especiales, recopilaciones, etc., se puede y debe
reserva un lugar para el cambio más detallado de opiniones entre los miembros
del partido sobre todas las cuestiones indicadas".
¿Acaso no veis — todos sois,
en una forma u otra, agitadores y propagandistas— la diferencia que existe
entre la propaganda de ideas en el seno de partidos políticos en lucha y el
intercambio de opiniones en ediciones especiales y recopilaciones? Estoy convencido
de que toda persona deseosa de profundizar en el sentido de la resolución ve
esa diferencia. Y confiamos en que en el CC,
en el que incluimos a representantes de dicha desviación, estos representantes
mantendrán ante el acuerdo del congreso del partido la actitud que corresponde
a todo militante disciplinado y consciente; confiamos en que, con su ayuda,
aclararemos en el CC esta diferencia sin crear una situación especial;
aclararemos lo que ocurre en el seno del partido: si se trata de la propaganda
de ideas dentro de un partido político en lucha o de un intercambio de
opiniones en ediciones especiales y recopilaciones. ¡Quien se interese por el
estudio de las citas de Engels en todos sus matices, que lo haga! Hay teóricos
que siempre darán al partido un consejo útil. Eso es necesario. Publicaremos
dos o tres grandes recopilaciones, esto es útil e imprescindible. Pero ¿acaso
se parece eso a la propaganda de ideas, a la lucha de plataformas, es que se
pueden confundir ambas cosas? No las confundirá nadie que trate de calar hondo
en nuestra situación política.
No hay que frenar nuestra
labor política, sobre todo en un momento grave, pero tampoco hay que abandonar
las investigaciones científicas. Si el camarada Shliápnikov, por ejemplo, como
complemento al volumen que ha publicado hace poco sobre su experiencia de lucha
revolucionaria en la época de la clandestinidad, quiere escribir en sus ratos
de ocio en los próximos meses un segundo volumen para analizar el concepto de
"productor", que lo haga, por favor. Pero la presente resolución nos
servirá de jalón. Hemos abierto la discusión más amplia y libre. La plataforma
de la "oposición obrera" fue publicada en el Órgano Central del
partido, con una tirada de 250.000 ejemplares. La sopesamos en todos sus
aspectos y de todas las maneras, efectuamos las elecciones, basándonos en esa
plataforma y reunimos, por fin, el congreso, que al hacer el resumen de la
discusión política, dice: la desviación ha quedado definida, no juguemos al
escondite y digamos francamente que la desviación es
X Congreso del P.C.(b) de Rusia
desviación y hay que
rectificarla; lo haremos, y la discusión se trasladará entonces al plano
teórico.
27
He ahí por qué renuevo y
apoyo la propuesta de que aprobemos ambas resoluciones, reforcemos la unidad
del partido y definamos de modo correcto a qué deben dedicarse las reuniones
del partido y qué pueden hacer en sus ratos libres, en forma individual, los
marxistas, los comunistas que quieran ayudar al partido consagrándose al
estudio de unos u otros problemas teóricos. (Aplausos)
Publicado el 30 de
marzo de 1921 en el núm. 68 de "Pravda".
T. 43, págs. 98-106.
28
SOBRE EL IMPUESTO EN ESPECIE.
(Significación
de la nueva política y sus condiciones).28 A modo de introducción.
El problema del impuesto en
especie despierta una especialísima atención y es motivo de muchas discusiones
y debates hoy día. Se comprende perfectamente, ya que es en realidad una de las
cuestiones fundamentales de la política en las circunstancias actuales.
Las discusiones tienen un
carácter algo caótico. Todos nosotros, por causas harto comprensibles,
adolecemos de este pecado. Tanto más útil será el intento de abordar este
problema no en su aspecto "palpitante", sino en el aspecto de los
principios generales. Dicho con otras palabras, el intento de fijarnos en el
fondo general, fundamental, del cuadro en el que estamos trazando ahora el
dibujo de las medidas prácticas concretas de la política actual.
Para realizar esa tentativa,
me permitiré aducir una larga cita de mi folleto La tarea principal de nuestros días. Acerca del infantilismo
"izquierdista" y del espíritu pequeño burgués*. Ese folleto, editado por el Soviet de
Petrogrado en 1918, contiene: 1) un artículo periodístico sobre la paz de Bres29, publicado el 11 de marzo de 1918; 2) la polémica con el grupo
de los comunistas de izquierda de entonces30, con
fecha del 5 de mayo de 1918. Ahora la polémica huelga y la omito, dejando
solamente lo relativo a los razonamientos sobre "el capitalismo de
Estado" y sobre los elementos esenciales de nuestra economía actual, que
es la de transición del capitalismo al socialismo.
* Véase la presente edición. (N.
de la Edit.)
He aquí lo que escribí entonces:
Sobre la economía
actual de Rusia.
(Fragmento del folleto de
1918.)
... El capitalismo de Estado
sería un paso adelante en comparación con la situación existente hoy en nuestra
República Soviética. Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro
![]()
28 Lenin empezó a escribir el folleto Sobre el impuesto en especie a fines de
marzo de 1921, poco después de finalizar el X Congreso del partido, y lo acabó
el 21 de abril. Concedía gran importancia a la rápida publicación y difusión de
esta obra en la que seargumentaba profundamente la necesidad de pasar a la
nueva política económica. A primeros de mayo se publicó en folleto aparte y,
poco después, en el número 1 de la revista Krásnaya
Nov, reeditándose luego en numerosas ciudades del país y reimprimiéndose
íntegramente o fragmentos de él tanto en la prensa central como en la local. En
1921 fue traducido al alemán, al inglés y al francés. El CC del PC(b) de Rusia
recomendó, mediante una disposición especial, a los comités regionales,
provinciales y distritales del partido que utilizasen este folleto de Lenin
para explicar a los trabajadores la importancia de la nueva política económica.
29 El Tratado de Paz de Brest entre la Rusia Soviética y los países
de la Cuádruple Alianza (Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía) se
firmó el 1 de marzo de 1918 en condiciones muy onerosas para la Rusia
Soviética.
30 "Comunistas de
izquierda": grupo antipartido que surgió a comienzos de 1918 con
motivo de la conclusión del tratado de paz con Alemania (paz de Brest).
Encubriéndose con frases izquierdistas sobre la guerra revolucionaria, el grupo
de los "comunistas de izquierda" defendía la política aventurera de
arrastrar a la República Soviética, que aún no tenía ejército, a la guerra con
la Alemania imperialista y ponía al Poder soviético en trance de muerte.
Impugnaba también la introducción de la dirección unipersonal en las empresas y
la disciplina en el trabajo, así como el empleo de los especialistas burgueses
en la industria. El partido, dirigido por Lenin, dio enérgica réplica a la
política de los "comunistas de izquierda".
país el capitalismo de
Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de
un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible.
Me imagino la noble
indignación con que algunos rechazarán estas palabras... ¿Cómo? ¿El tránsito al
capitalismo de Estado significaría un
paso adelante en la República Socialista Soviética?... ¿No es eso una traición
al socialismo?
Por ello es preciso examinar
con detalle este punto. Primero, se debe examinar cuál es precisamente la transición del capitalismo al socialismo
que nos da derecho y pie para denominarnos República Socialista de los Soviets.
Segundo, hay que descubrir
el error de quienes no ven las condiciones económicas pequeñoburguesas y el
elemento pequeñoburgués como enemigo principal
del socialismo en nuestro país.
Tercero, hay que comprender
bien la importancia del Estado soviético
en lo que se diferencia del Estado burgués en el plano económico.
Examinemos estas tres circunstancias.
Creo que no ha habido una
sola persona que, al ocuparse de la economía de Rusia, haya negado el carácter
transitorio de esa economía. Ningún comunista ha negado tampoco, a mi parecer,
que la expresión "República Socialista Soviética" significa la
decisión del Poder soviético de llevar a cabo la transición al socialismo; mas
en modo alguno el reconocimiento de que el nuevo régimen económico es
socialista.
Mas ¿qué significa la
palabra transición? ¿No significará, aplicada a la economía, que en el régimen
actual existen elementos, partículas, pedacitos de capitalismo y de socialismo?
Todos reconocen que sí. Mas no todos, al reconocerlo, se paran a pensar qué
elementos de los distintos tipos de economía social existen en Rusia. Y ahí
está todo el meollo de la cuestión.
Enumeremos esos elementos:
1) economía campesina patriarcal, es decir, natural en grado
considerable;
2) pequeña producción mercantil (en ella se
incluye la mayoría de los campesinos que venden cereales);
3) capitalismo privado;
4) capitalismo de Estado;
5) socialismo.
Rusia es tan grande y tan
heterogénea que en ella se entrelazan todos esos tipos diferentes de economía
social. Lo original de la situación consiste precisamente en eso.
29
Cabe preguntar: ¿qué
elementos predominan?Está claro que en un país de pequeños agricultores
predomina, y no puede menos de predominar, el elemento pequeñoburgués: la
mayoría, la inmensa mayoría de los agricultores son pequeños productores de
mercancías. Los especuladores, y el
principal objeto de especulación es el trigo,
rompen ora aquí ora allá la envoltura del capitalismo de Estado (el monopolio
del trigo, el control sobre los patronos y comerciantes, los cooperativistas
burgueses).
La lucha principal se
sostiene hoy precisamente en ese terreno. ¿Entre quiénes se sostiene esa lucha,
si empleamos términos de categorías económicas, como, por ejemplo, el
"capitalismo de Estado"? ¿Entre los peldaños cuarto y quinto en el
orden en que acabo de enumerarlos? Es claro que no. No es el capitalismo de
Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el
capitalismo privado los que luchan juntos, de
común acuerdo, tanto contra
el capitalismo de Estado como contra el socialismo. La pequeña burguesía opone
resistencia a cualquier intervención
del Estado, contabilidad y control tanto capitalista de Estado como socialista
de Estado. Eso es un hecho de la realidad absolutamente incontrovertible, en
cuya incomprensión está la raíz de varios errores económicos. El especulador,
el merodeador del comercio, el saboteador del monopolio: ése es nuestro
principal enemigo "interno", el enemigo de las medidas económicas del
Poder soviético. Si hace ciento veinticinco años podía perdonarse aún a los
pequeños burgueses de Francia, los revolucionarios más fervientes y más
sinceros, el afán de vencer al especulador mediante la ejecución de unos
cuantos "elegidos" y el estruendo de las declaraciones hueras, hoy,
en cambio, la pura actitud francesa de ciertos eseristas de izquierda ante esta
cuestión no despierta en cada revolucionario consciente otra cosa que
repugnancia o asco. Sabemos perfectamente que la base económica de la
especulación la constituyen el sector de los pequeños propietarios, amplísimo
en Rusia, y el capitalismo privado, que tiene un agente suyo en cada pequeño
burgués. Sabemos que los millones de tentáculos de esta hidra pequeñoburguesa
apresan aquí o allá a algunos sectores obreros y que la especulación, en lugar
del monopolio de Estado, irrumpe por todos los poros de nuestra vida
socioeconómica.
Quienes no ven eso revelan
precisamente con su ceguera que son prisioneros de los prejuicios
pequeñoburgueses...
El pequeño burgués tiene
reservas de dinero, unos cuantos miles, acumulados por medios
"lícitos", y sobre todo ilícitos, durante la guerra. Tal es el tipo
económico característico como base de la especulación y del capitalismo
privado. El dinero es el certificado que les permite recibir riquezas sociales,
y los millones de pequeños propietarios guardan bien ese certificado, se lo
ocultan al "Estado", pues no creen en ningún socialismo ni comunismo,
"esperan que pase" la tempestad proletaria. Y una de dos: o sometemos
a ese pequeño burgués a nuestro control y a nuestra contabilidad (y podemos
hacerlo, si organizamos a los campesinos pobres, es decir, a la mayoría de la
población o semiproletarios, en torno a la vanguardia proletaria consciente), o
él echará abajo nuestro poder obrero de manera inevitable e indefectible, de la
misma manera que acabaron con la revolución los Napoleones y los Cavaignac, que
brotan precisamente sobre ese terreno de pequeños propietarios. Así está
planteado el problema. Y sólo así...
El pequeño burgués que
esconde sus miles es un enemigo del capitalismo de Estado y aspira a invertir
esos miles única y exclusivamente en provecho propio, en contra de los pobres,
en contra de toda clase de control del Estado; y el conjunto de estos miles
forma una base de muchos miles de millones para la especulación, que malogra
nuestra edificación socialista. Supongamos que determinado número de obreros
aporta en varios días valores por una suma igual a mil. Supongamos, además, que
de esta suma tenemos una pérdida igual a 200, como consecuencia de la pequeña
especulación, de las dilapidaciones de todo género y de las maniobras de los
pequeños propietarios para transgredir las normas y los decretos soviéticos.
Todo obrero consciente dirá: si yo pudiera aportar trescientos de esos mil, a
condición de que se implantase un orden y una organización mejores, aportaría
con gusto trescientos en lugar de doscientos, ya que, con el Poder soviético,
reducir luego este "tributo", pongamos por caso, hasta cien o cincuenta
será una tarea muy fácil dado que se impondrá el orden y la organización, dado
que se vencerá por completo el sabotaje de la pequeña propiedad privada contra
todo monopolio de Estado.
Este sencillo ejemplo con
cifras —simplificado premeditadamente al máximo para hacer más clara la
exposición— explica la correlación, en la situación actual, entre el
capitalismo de Estado y el socialismo.
Los obreros tienen en sus
mimos el poder del Estado, tienen la absoluta posibilidad jurídica de
"tomar" todo el millar, es decir, de no entregar un solo kopek que no
esté destinado a
fines socialistas. Esa
posibilidad jurídica, que se asienta en el paso efectivo del poder a los
obreros, es un elemento de socialismo.
Pero los elementos de la
pequeña propiedad y del capitalismo privado se valen de muchos medios para
minar la situación jurídica, para abrir paso a la especulación y frustrar el
cumplimiento de los decretos soviéticos. El capitalismo de Estado significaría
un gigantesco paso adelante incluso si
pagáramos más que ahora (he tomado
adrede un ejemplo con cifras para mostrarlo con claridad), puesmerece la pena
pagar "por aprender", pues eso es útil para los obreros, pues vencer
el desorden, el desbarajuste y el relajamiento tiene más importancia que nada,
pues continuar la anarquía de la pequeña propiedad es el peligro mayor y más
temible, que nos hundirá sin duda alguna
(si no lo vencemos), en tanto que pagar un tributo mayor al capitalismo de
Estado, lejos de hundirnos, nos llevará por el camino más seguro hacia el
socialismo. La clase obrera, después de aprender a proteger el orden estatal
frente a la anarquía de la pequeña propiedad, después de aprender a organizar
la producción a gran escala, a escala de todo el país, basándola en el
capitalismo de Estado, tendrá entonces a mano —perdón por la expresión— todos
los triunfos, y el afianzamiento del socialismo estará asegurado.,
30
El capitalismo de Estado es
incomparablemente superior, desde el
punto de vista económico, a nuestra economía actual. Eso primero.
Y segundo, no tiene nada de
temible para el Poder soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el
que está asegurado el poder de los obreros y de los campesinos pobres...
* * *
Para aclarar más aún la
cuestión, citaremos primero un ejemplo concretísimo de capitalismo de Estado.
Todos lo conocemos: Alemania. Allí tenemos la "última palabra" de la
gran técnica capitalista moderna y de la organización armónica, subordinada al imperialismo
terrateniente-burgués. Dejemos a un lado las palabras subrayadas,
coloquemos en lugar de Estado
militar, terrateniente, burgués, imperialista, también un Estado, pero un
Estado de otro tipo social, de otro contenido de clase, el Estado soviético, es
decir, proletario, y obtendremos toda la suma de condiciones que da como
resultado el socialismo.
El socialismo es
inconcebible sin la gran técnica capitalista basada en la última palabra de la
ciencia moderna, sin una organización estatal armónica que someta a decenas de
millones de personas a la más rigurosa observancia de una norma única en la producción
y distribución de los productos. Los marxistas hemos hablado siempre de eso, y
no merece la pena gastar siquiera dos segundos en conversar con gentes que no
han comprendido ni siquiera eso (los anarquistas y una buena mitad de los
eseristas de izquierda)31.
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31
Eseristas de izquierda: partido de los socialistas-
revolucionarios de izquierda (internacionalistas), constituida orgánicamente en
su I Congreso Nacional, celebrado del 19 al 28 de noviembre (2-11 de diciembre)
de 1917. Hasta aquel momento habían existido como ala izquierda del partido de
los eseristas. En el II Congreso de los Soviets de toda Rusia votaron en los
puntos más importantes del orden del día con los bolcheviques, rechazando, sin
embargo, la propuesta de los bolcheviques de entrar en el Gobierno soviético.
Tras largas vacilaciones, los eseristas de izquierda aceptaron el acuerdo con
los bolcheviques, procurando conservar su influencia entre los campesinos, y
fueron incluidos en varios consejos colegiados de comisariados del pueblo. Al
emprender la senda de la colaboración con los bolcheviques, los eseristas de
izquierda discreparon de ellos en los problemas cardinales de la edificación
del socialismo y se pronunciaron contra la dictadura del proletariado. En
enero-febrero de 1918, el CC del partido de los eseristas de izquierda empezó
la lucha contra la conclusión del Tratado de Paz de Brest y, cuando fue firmado
y ratificado por el IV Congreso de los Soviets en marzo de 1918, abandonaron el
Consejo de Comisarios del Pueblo, prosiguiendo, sin embargo, en los consejos
colegiados de los comisariados del pueblo y en los organismos locales de poder.
Conforme se fue desplegando la revolución socialista en el campo, entre los
eseristas de izquierda fue ganando terreno el sentir antisoviético. En julio de
1918, el CC de los eseristas de izquierda organizó en Moscú el asesinato del
embajador alemán con el propósito de provocar de esa manera la guerra entre la
Rusia Soviética y Alemania y organizó una sublevación armada contra el Poder
soviético. A este respecto, el V Congreso de los Soviets de toda
Al mismo tiempo, el
socialismo es inconcebible sin la dominación del proletariado en el Estado: eso
es también elemental. Y la historia (de la que nadie, excepto los obtusos
mencheviques de primera categoría, esperaba que diera sin tropiezos, con calma,
simple y llanamente el socialismo "íntegro") siguió un camino tan
original que dio a luz hacia 1918 dos mitades separadas de socialismo, una al
lado de la otra, exactamente igual que dos futuros polluelos en el mismo
cascarón del imperialismo internacional. Alemania y Rusia encarnaron en 1918
del modo más patente la realización material de las condiciones sociales,
productivas y económicas del socialismo, de una parte, y de sus condiciones
políticas, de otra.
La revolución proletaria
victoriosa en Alemania rompería de golpe, con extraordinaria facilidad, todo
cascarón del imperialismo (hecho, por desgracia, del mejor acero, por lo que no
pueden romperlo los esfuerzos de cualquier... polluelo), haría realidad de modo
seguro la victoria del socialismo mundial, sin dificultades o con dificultades
insignificantes, si se toma, naturalmente, la escala de lo "difícil"
desde el punto de vista histórico universal y no desde el punto de vista
pequeñoburgués y de círculo.
Mientras la revolución tarde
aún en "nacer" en Alemania, nuestra tarea consiste en aprender de los alemanes el capitalismo
de Estado, en implantarlo con todas las
fuerzas, en no escatimar métodos dictatoriales para acelerar la
implantación del progreso occidental por la bárbara Rusia, sin reparar en
medios bárbaros de lucha contra la barbarie. Si entre los anarquistas y
eseristas de izquierda hay hombres (he recordado por casualidad los discursos
de Karelin y Gue en el CEC) capaces de razonar a lo Karelin de que no es digno
de revolucionarios "aprender" del imperialismo alemán, habrá que
decirles una cosa: una revolución que tomara en serio a semejantes individuos
se hundiría sin falta (y se lo tendría bien merecido).
En Rusia predomina hoy
precisamente el capitalismo pequeñoburgués, del que un mismo camino lleva tanto al gran capitalismo de Estado como al
socialismo, lleva a través de una misma
estación intermedia, llamada "contabilidad y control por todo el pueblo de
la producción y distribución de los
productos". Quien no comprenda esto incurre en un error económico
imperdonable, o bien por ignorar los hechos de la realidad, no viendo lo que
existe ni sabiendo mirar a la verdad cara a cara, o bien por limitarse a una contraposición
abstracta del "capitalismo" y el "socialismo", sin calar
hondo en las formas y fases concretas de esa transición en nuestro país.
Entre paréntesis sea dicho,
se trata del mismo error teórico que desconcertó a los mejores hombres del
campo de Nóvaya Zhizn32 y Vperiod33; los peores y medianos de entre ellos
van, por torpes y anodinos, a la zaga de la burguesía, asustados por ella; los
mejores no han comprendido que los maestros del socialismo no hablaron en vano
de todo un período de transición del capitalismo al socialismo ni recalcaron en
vano los "largos dolores del parto" de la nueva socíedad34; por cierto, esta nueva sociedad es también una abstracción que
sólo
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Rusia adoptó la resolución, después de
aplastar la sublevación, de excluir de los Soviets a los eseristas de
izquierda, que compartían las opiniones de sus cabecillas.
32 " Nóvaya Zhizn"
("Vida Nueva"): diario publicado en Petrogrado del 18 de abril (1 de
mayo) de 1917 hasta julio de 1918. La iniciativa de publicar este periódico fue
del grupo de mencheviques internacionalistas y de escritores agrupados en torno
a la revista Létopis. Este periódico acogió con hostilidad la Revolución
Socialista de Octubre y la instauración del Poder soviético. Desde el 1 de
junio de 1918, Nóvaya Zhizn salió en dos ediciones: la de Petrogrado y la de
Moscú, clausuradas ambas en julio de 1918.
33
"Vperiod" ("Adelante"):
diario menchevique publicado desde marzo de 1917 en Moscú como órgano de la
organización moscovita de los mencheviques y luego como órgano de los comités
del POSDR (de los mencheviques) de la organización de Moscú y de la Región
Central.
Desde el 2 de abril de 1918 pasó a ser también órgano del Comité
Central de los mencheviques. Por disposición de la Cheka, fue clausurado el 10
de mayo de 1918, debido a su actividad contrarrevolucionaria; sus dirigentes
fueron procesados.
34 Véase C. Marx. Critica del
Programa de Gotha.
puede hacerse realidad
mediante intentos concretos, imperfectos y variados de crear uno u otro Estado
socialista.
31
Precisamente porque no se
puede seguiravanzando desde la actual situación económica de Rusia sin pasar
por lo que es común al capitalismo de
Estado y al socialismo (la contabilidad y el control por todo el pueblo), es un
completo absurdo teórico asustar a los demás y asustarse a sí mismos con la
"evolución hacia el capitalismo
de Estado". Eso significa precisamente desviarse con el pensamiento,
"apartándose" del verdadero camino de la "evolución", no
comprender dicho camino; en la práctica, eso equivale a tirar hacia atrás, hacia el capitalismo basado en la pequeña
propiedad.
A fin de que el lector se
convenza de que no hago sólo hoy, ni mucho menos, una "alta"
apreciación del capitalismo de Estado, sino que la hice también antes de la toma del poder por los
bolcheviques, me permito reproducir la siguiente cita de mi folleto La catástrofe que nos amenaza y cómo
combatirla, escrito en septiembre de 1917:
"...Pues bien, prueben
ustedes a sustituir ese Estado de junkers y capitalistas, ese Estado de
terratenientes y capitalistas, con un Estado democrático revolucionario, es
decir, con un Estado que suprima revolucionariamente todos los privilegios, que
no tema implantar por vía revolucionaría la democracia más completa. Y entonces
verán que el capitalismo monopolista de Estado, en un Estado democrático y
revolucionario de verdad, representa inevitablemente, infaliblemente, un paso
hacia el socialismo.
"...Porque el
socialismo no es otra cosa que el paso siguiente al monopolio capitalista de
Estado...
"...El capitalismo
monopolista de Estado es la preparación material más completa para el
socialismo, su antesala, un peldaño de la escalera histórica entre el cual y el
peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio" (págs. 27 y
28)*.
* Véase la presente edición, tomo. (N. de la Edit.)
Obsérvese que eso fue
escrito en tiempos de Kerenski, que no
se trata aquí de la dictadura del proletariado, no se trata del Estado socialista, sino del Estado
"democrático revolucionario". ¿No está claro, pues, que cuanto más alto nos hayamos elevado de
ese peldaño político, cuanto más
hayamos plasmado en los Soviets el Estado socialista y la dictadura del
proletariado, tanto menos podremos
permitirnos temer el "capitalismo de Estado"? ¿No está claro, pues,
que en el sentido material,
económico, de la producción, no nos encontramos aún en la "antesala"
del socialismo? ¿Y qué no se puede entrar por la puerta del socialismo si no es
cruzando esa "antesala", que nosotros aún no hemos alcanzado?...
* * *
Es también aleccionadora en extremo la circunstancia siguiente.
Cuanto discutimos en el CEC
con el camarada Bujarin, este advirtió, entre otras cosas: en la cuestión de
los sueldos elevados a los especialistas, "nosotros" "estamos a
la derecha de Lenin", pues no vemos en ello ningún apartamiento de los
principios, recordando las palabras de Marx de que, en determinadas
condiciones, lo más conveniente para la clase obrera sería "deshacerse por
dinero de toda esa cuadrilla"35
(precisamente de la cuadrilla de capitalistas es decir indemnizar a la burguesía por la tierra, las fábricas y demás
medios de producción). Esta observación, de extraordinario interés...
...Profundicemos en el pensamiento de Marx.
Se trata de la Inglaterra de
los años 70 del siglo pasado, del período culminante del capitalismo
premonopolista, del país donde lo que menos había entonces era militarismo y
![]()
35 Véase F. Engels. El
problema campesino en Francia y en Alemania.
burocracia, del país en el
que existían entonces mayores probabilidades de victoria "pacífica"
del socialismo en el sentido de que los obreros "indemnizasen" a la
burguesía. Y Marx decía: en determinadas condiciones, los obreros no se negarán
de ninguna manera a indemnizar a la burguesía. Marx no se ataba las manos —ni
se las ataba a los futuros dirigentes de la revolución socialista— en cuanto a
las formas, métodos y procedimientos de la revolución, comprendiendo muy bien
cuán grande sería el número de problemas nuevos que se plantearían, cómo
cambiaría toda la situación en el curso de la revolución, con qué frecuencia y
en qué medida habría de cambiar esa situación.
¿Y cuál es la situación en
la Rusia Soviética después de haber
tomado el poder el proletariado, después
de haber sido aplastados la resistencia militar y el sabotaje de los
explotadores? ¿No es evidente que se
han creado algunas condiciones del
tipo de las que podían haberse creado hace medio siglo en Inglaterra, si dicho
país hubiera empezado entonces el paso pacífico al socialismo? El sometimiento
de los capitalistas a los obreros podría haberse asegurado entonces por las siguientes
circunstancias: (1) predominio absoluto de los obreros, de los proletarios,
entre la población debido a la ausencia de campesinado (en los años 70 había en
Inglaterra indicios que permitían esperar éxitos de extraordinaria rapidez del
socialismo entre los obreros agrícolas); (2) excelente organización del
proletariado en uniones sindicales (Inglaterra era entonces el primer país del
mundo en este sentido); (3) nivel cultural relativamente alto del proletariado,
disciplinado por el desarrollo secular de la libertad política; (4) larga
costumbre de los capitalistas de Inglaterra, magníficamente organizados —
entonces eran los capitalistas mejor organizados de todos los países del mundo
(hoy esa primacía ha pasado a Alemania)—, de resolver los problemas políticos y
económicos mediante un compromiso. He ahí las circunstancias que permitían
entonces pensar en la posibilidad del sometimiento pacífico de los capitalistas de Inglaterra a sus obreros.En nuestro
país, ese sometimiento está asegurado en el momento actual por ciertas premisas
concretas (triunfo en octubre y aplastamiento, desde octubre hasta febrero, de
la resistencia militar y del sabotaje de los capitalistas).
32
En nuestro país, en lugar
del predominio absoluto de los obreros, de los proletarios, entre la población
y de su alto nivel de organización, el factor de la victoria ha sido el apoyo
de los campesinos pobres y arruinados con rapidez a los proletarios. Por
último, en nuestro país no existen ni un elevado nivel cultural ni la costumbre
de concertar compromisos. Si se piensa a fondo en estas condiciones concretas,
estará claro que podemos y debemos conseguir ahora la combinación de los métodos de represión implacable contra los
capitalistas incultos, que no aceptan ningún "capitalismo de Estado",
que no conciben ningún compromiso y siguen minando las medidas soviéticas por
medio de la especulación, el soborno de los pobres, etc., con los métodos de compromiso o de indemnización a los capitalistas
cultos, que aceptan el "capitalismo
de Estado", que pueden aplicarlo y que son útiles al proletariado como
organizadores inteligentes y expertos de grandísimas empresas que cubran de
verdad el abastecimiento de productos a decenas de millones de personas.
Bujarin es un economista
marxista magníficamente instruido. Por eso ha recordado que Marx tenía
profundísima razón cuando enseñaba a los obreros la importancia que reviste
conservar la organización de la gran producción precisamente para facilitar el
paso al socialismo y les hacía ver que era admisible por completo la idea de pagar bien a los capitalistas, de
indemnizarlos en el caso (a título de excepción: e Inglaterra lo era entonces) de que las circunstancias obligasen a
los capitalistas a someterse pacíficamente y a pasar de una manera organizada y
culta al socialismo, respaldándose en la indemnización.
Pero Bujarin incurre en un
error, pues no ha reflexionado sobre la peculiaridad concreta del momento
actual en Rusia, un momento precisamente excepcional, en el que nosotros, el
proletariado de Rusia, llevamos la
delantera a cualquier Inglaterra y a cualquier Alemania por nuestro régimen
político, por la fuerza del poder político de los obreros, y, al mismo tiempo,
vamos rezagados del Estado más atrasado de Europa Occidental en lo que se
refiere a organización de un respetable capitalismo de Estado, a nivel cultural
y grado de preparación de la producción material para "implantar" el
socialismo.
¿No está claro que de esta
situación peculiar se deduce, para el momento actual, precisamente la necesidad
de algo parecido a una "indemnización", que los obreros deben
proponer a los capitalistas más cultos, más inteligentes y más capaces, desde
el punto de vista de organización, dispuestos a servir al Poder soviético y
ayudar honestamente a poner en marcha la producción "estatal" grande
y grandísima?
¿No está claro que, en una
situación tan original, debemos esforzarnos por evitar los errores de dos
tipos, cada uno de los cuales es pequeñoburgués a su manera? Por una parte,
sería un error irreparable declarar que, como se reconoce la falta de correspondencia
entre nuestras "fuerzas" económicas y nuestra fuerza política,
"por consiguiente" no se debía haber tomado el poder. Así razonan los
"hombres enfuridados"36,
quienes olvidan que jamás habrá "correspondencia", que no puede
haberla en el desarrollo de la naturaleza, como tampoco en el desarrollo de la
sociedad; que sólo mediante una serie de intentos —cada uno de los cuales,
tomado por separado, será unilateral, adolecerá de cierta falta de
correspondencia— se creará el socialismo íntegro con la colaboración
revolucionaria de los proletarios de todos
los países.
Por otra parte, sería un
error evidente dar rienda suelta a los bocazas y vocingleros que se dejan
llevar del espíritu revolucionario "llamativo", pero que son
incapaces de llevar a cabo una labor revolucionaria firme, reflexiva y sopesada
que tenga en cuenta asimismo las dificilísimas transiciones.
Por fortuna, la historia del
desarrollo de los partidos revolucionarios y de la lucha del bolchevismo contra
ellos nos ha dejado en herencia tipos claramente definidos, entre los cuales
figuran los eseristas de izquierda y los anarquistas, que son una ilustración
bastante gráfica del tipo de los malos revolucionarios. Gritan ahora —hasta
darles accesos de histeria y atragantarse— contra "el espíritu de
conciliación" de los "bolcheviques de derecha". Pero no saben
pensar por qué era malo el
"espíritu de conciliación" y
por qué fue condenado en justicia por la historia y el curso de la
revolución.
El espíritu de conciliación
de los tiempos de Kerenski entregaba el poder a la burguesía imperialista, y la
cuestión del poder es la cuestión cardinal de toda revolución. El espíritu de
conciliación de una parte de los bolcheviques en octubre-noviembre de 1917
temía la toma del poder por el proletariado o quería compartir a medias el poder no sólo con los "compañeros de
viaje inseguros", como los eseristas de izquierda, sino también con los
enemigos, los adeptos de Chernov, los mencheviques, que nos habrían estorbado
inevitablemente en lo fundamental: en la disolución de la Constituyente, en el
aplastamiento implacable de los Bogaievski, en la implantación total de las
instituciones soviéticas, en cada confiscación.
Ahora ha tomado el poder, lo
sostiene y afianza en sus manos un partido, el partido del proletariado,
incluso sin los "compañeros de viaje inseguros". Mentar hoy el
espíritu de conciliación, cuando no se habla ni puede hablarse siquiera de compartir
el poder, de renunciar a la dictadura
de los proletarios contra la burguesía, significa simplemente repetircomo un
loro palabras aprendidas de memoria, pero no comprendidas. Denominar
"espíritu de conciliación" el hecho de que, como podemos y debemos gobernar
el país, tratamos de ganarnos, sin escatimar dinero, a los elementos más
cultos, instruidos por el capitalismo, de ponerlos a nuestro servicio contra la
disgregación sembrada por los pequeños
![]()
36 El hombre enfundado: personaje del cuento homónimo de A. Chéjov. Tipo de pequeño
burgués
propietarios, significa no
saber pensar en absoluto en las tareas económicas de la edificación del
socialismo...*
* Véase la presente edición, t. 8. (N. de la Edit.)
33
Sobre
el impuesto en especie, la libertad de comercio y el arrendamiento de empresas
en régimen de concesión.
En los citados razonamientos
de 1918 hay varios errores en cuanto a los plazos; han resultado ser más largos
de lo que se suponía entonces. No tiene nada de extraño. Pero los elementos
fundamentales de nuestra economía siguen siendo los mismos. Los campesinos
"pobres" (proletarios y semiproletarios) se han convertido, en
muchísimos casos, en campesinos medios. Como consecuencia de ello, el
"elemento" pequeñoburgués, pequeño propietario, se ha reforzado. Al
mismo tiempo, la guerra civil de 1918-1920 arruinó mucho más al país, frenó la
restauración de sus fuerzas productivas y desangró, sobre todo, precisamente al
proletariado. A ello hay que añadir la mala cosecha de 1920, la escasez de
forrajes y la mortandad del ganado, que retardaron más aún la restauración del
transporte y de la industria, reflejándose esto, por ejemplo, en que tuvimos
que transportar la leña, nuestro principal combustible, con los caballos de los
campesinos.
Como resultado, la situación
política en la primavera de 1921 era tal que se hizo absolutamente necesario
tomar rápidamente las medidas más enérgicas y urgentes a fin de mejorar la
situación de los campesinos y elevar sus fuerzas productivas.
¿Por qué precisamente de los campesinos y no de los obreros?
Porque, para mejorar la
situación de los obreros, hace falta pan y combustible. Hoy, la mayor
"traba" — desde el punto de vista de toda la economía del Estado— se
debe precisamente a esta circunstancia. Y aumentar la producción y la
recolección de trigo, el aprovisionamiento y el transporte de combustible no se
puede de otro modo que mejorando la situación de los campesinos, elevando sus
fuerzas productivas. Hay que empezar por los campesinos. El que no lo
comprenda, el que considere esta preferencia por los campesinos una
"abdicación" de la dictadura del proletariado, o algo parecido,
sencillamente no cala en la cuestión, se deja llevar por las frases. La
dictadura del proletariado significa la dirección de la política por el
proletariado. Este, como clase dirigente, dominante, debe saber dirigir la
política de modo que cumpla primero la tarea más impostergable, la más
palpitante. Hoy, lo más impostergable son las medidas capaces de elevar
inmediatamente las fuerzas productivas de la economía campesina. Sólo mediante esto se podrá conseguir mejorar
también la situación de los obreros y consolidar la alianza de los obreros con
los campesinos, fortalecer la dictadura del proletariado. Todo proletario o
representante del proletariado que pretendiera con otro procedimiento que no fuese éste mejorar la situación de los
obreros resultaría, en realidad, un
cómplice de los guardias blancos y capitalistas. Ya que tomar otro camino distinto significa poner los intereses
gremiales de los obreros por encima de los intereses de clase; significa
sacrificar, en aras del aprovechamiento de ventajas inmediatas, parciales y
momentáneas, los intereses de toda la clase obrera, de su dictadura, de su
alianza con los campesinos contra los terratenientes y capitalistas, de su
papel de dirigente en la lucha por liberar el trabajo del yugo del capital.
Por lo tanto: primero es
necesario tomar medidas urgentes y serias para elevar las fuerzas productivas
de los campesinos.
Esto no se puede hacer sin
profundos cambios en la política de abastecimiento. Un cambio tal es la
sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie, lo que
está relacionado con la libertad de comercio, después del pago del impuesto, por
lo menos en las transacciones económicas locales.
¿En qué consiste la esencia
de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie?
A este respecto se han
extendido mucho ideas erróneas. Las más de las veces el error se debe a que no
se compenetran con la esencia de este cambio, porque no se plantean la
pregunta: de dónde y adónde lleva este paso. Se imaginan la cuestión como si se
tratara del paso del comunismo, en general, al régimen burgués, en general.
Contra este error es necesario volver a insistir en lo dicho en mayo de 1918.
El impuesto en especie es una de las formas de transición del
peculiar "comunismo de guerra"
— obligado por la extrema
miseria, la ruina y la guerra— a un adecuado intercambio socialista de
productos. Y este último es, a su vez, una de las formas de transición del
socialismo, con las particularidades originadas por el predominio de los
pequeños campesinos en la población, al comunismo.
El peculiar "comunismo
de guerra" consistía en que tomábamos en la práctica a los campesinos
todos los excedentes, y a veces incluso lo no excedente, una parte de los
víveres indispensables al campesino, para cubrir los gastos del ejército y para
mantener a los obreros. Lo tomábamos, las más de las veces, a crédito,
entregando papel moneda. De otro modo nopodíamos vencer a los terratenientes y
capitalistas en un país arruinado, en un país de pequeños campesinos. Y el
hecho de que hayamos triunfado (a pesar del apoyo obtenido por nuestros
explotadores de parte de las potencias más poderosas del mundo) demuestra no
sólo qué maravillas de heroísmo son capaces de realizar los obreros y
campesinos en la lucha por su liberación. Este hecho también pone de manifiesto
el papel de lacayos de la burguesía que, en realidad, desempeñaron los
mencheviques, los eseristas, Kautsky y Cía., cuando nos reprochaban este "comunismo de guerra", que debe tenerse
por un mérito nuestro.
34
Pero no es menos necesario
conocer la verdadera medida de este mérito. El "comunismo de guerra"
nos fue impuesto por la guerra y la ruina. No fue ni podía ser una política que
respondiera a las tareas económicas del proletariado. Fue una medida
provisional. Una política acertada del proletariado, que ejerce su dictadura en
un país de pequeños campesinos, es el intercambio del trigo por los artículos
industriales necesarios al campesino. Únicamente tal política de abastecimiento
responde a las tareas del proletariado; sólo esta política es capaz de
consolidar las bases del socialismo y llevarlo a la victoria completa.
El impuesto en especie
representa la transición a ella. Estamos aún tan arruinados, tan agobiados por
el peso de la guerra (terminada ayer y que mañana mismo, a causa de la avidez y
de la furia de los capitalistas, puede estallar de nuevo), que no podemos
entregar al campesino artículos industriales a cambio de todo el trigo que necesitamos. Sabiendo esto, implantamos el
impuesto en especie, es decir, tomamos a los campesinos a título de impuesto el
mínimo indispensable de trigo (para el ejército y para los obreros), y el resto
se lo cambiaremos por artículos industriales.
Además, es preciso no
olvidarse de lo siguiente: la miseria y la devastación son tales que no podemos
restablecer de golpe la gran
producción fabril, la producción estatal, la producción socialista. Para ello
hace falta acumular grandes reservas de trigo y combustible en los centros de
la gran industria, hace falta sustituir las máquinas desgastadas por otras
nuevas, etc. Nos hemos convencido por experiencia de que esto no se puede hacer
de repente, y sabemos que, después de una guerra imperialista devastadora,
incluso los países más ricos y más adelantados sólo podrán resolver semejante
problema en el transcurso de cierto número de años, bastante prolongado. Esto
quiere decir que es necesario ayudar, en cierta medida, a la restauración de la
pequeña industria, que no exige
maquinaria, que no requiere tener reservas estatales, ni grandes reservas de
materias primas, de combustible y de víveres, la cual puede prestar
inmediatamente cierta ayuda a la economía campesina y elevar sus fuerzas
productivas.
¿Qué resulta entonces de todo esto?
Resulta el resurgimiento,
basado en cierta libertad de comercio (si bien local sólo), de la pequeña
burguesía y del capitalismo. Esto es indudable. Sería ridículo no quererlo ver.
Cabe preguntar: ¿Es eso necesario? ¿Puede justificarse? ¿No es
peligroso?
Se hacen muchas preguntas de
ese género, y en la mayoría de los casos evidencian sólo la ingenuidad
(expresándome con recato) de quienes las hacen.
Fijaos cómo definí en mayo
de 1918 los elementos (partes integrantes) de las diferentes formaciones
socioeconómicas* que había en nuestra economía. Nadie podrá negar la existencia
de los cinco grados (o partes integrantes) de estas cinco formaciones, desde la
patriarcal, es decir, semisalvaje, hasta la socialista. Es de una claridad
meridiana que en un país de pequeños campesinos prevalezca la
"formación" de los pequeños campesinos, es decir, en parte
patriarcal, en parte pequeñoburguesa. El desarrollo de la pequeña hacienda es
un desarrollo pequeñoburgués, un desarrollo capitalista, ya que existe el
intercambio; ésta es una verdad indiscutible, una verdad elemental de la
economía política, confirmada, además, por la experiencia cotidiana y la
observación incluso del vulgo.
* Véase la presente edición, t. 8. (N. de la Edit.)
¿Qué política puede, pues,
aplicar el proletariado socialista ante semejante realidad económica? ¿Dar al
pequeño campesino todos los artículos
que necesite de la producción de la gran industria socialista a cambio del
trigo y de las materias primas? Esta sería la política más deseable, la más
"adecuada", y es precisamente la política que hemos comenzado a
aplicar. Pero no podemos darles todos
los artículos; estamos aún lejos de ello y tardaremos en poder hacerlo; por lo
menos, no podremos hacerlo hasta que hayamos terminado aunque sólo sean los
primeros trabajos de electrificación de todo el país.
¿Cómo proceder entonces? O
bien intentar prohibir, impedir por completo todo desarrollo del intercambio
privado, no estatal, es decir, el comercio, esto es, el capitalismo, inevitable
con la existencia de millones de pequeños productores. Esta política sería
absurda y suicida para el partido que tratara de ponerla en práctica. Absurda,
porque esta política es imposible en el aspecto económico; suicida, porque los
partidos que intentan ponerla en práctica sufren un fracaso indefectible.
Debemos confesar que algún que otro comunista, con sus "pensamientos,
palabras y hechos", ha pecado, cayendo precisamente en tal política. Procuremos corregir estos
errores. Corrijámoslos sin falta, de otro modo nos veremos en un gran aprieto.
O bien (la última política posible y la única prudente) no tratar
de prohibir, impedir el desarrollo del capitalismo, sino tratar de meterlo en
el cauce del capitalismo de Estado.
Esto es posible en el plano económico, ya que el capitalismo de Estado existe —
en una u otra forma, en uno u otro grado— dondequiera que hay, en general,
elementos de comercio libre y de capitalismo.
35
¿Es posible la combinación,
la unión, la compatibilidad del Estado soviético, de la dictadura del
proletariado con el capitalismo de Estado?
Claro que es posible. Esto
es precisamente lo que procuré demostrar yo en mayo de 1918 y lo que creo
demostré en aquella ocasión. Más aún: demostré también entonces que el
capitalismo de Estado es un paso adelante en comparación con el elemento
pequeño propietario (pequeño patriarcal y pequeñoburgués). Se cometen
muchísimos errores al contraponer el capitalismo de Estado únicamente al
socialismo, o compararlo únicamente con él, mientras que en la situación
político-económica presente es necesario comparar también el capitalismo de
Estado con la producción pequeñoburguesa.
Todo el problema —tanto en
teoría como en la práctica— consiste en encontrar los métodos acertados de cómo
se debe llevar precisamente el inevitable (hasta cierto grado y por un plazo
determinado) desarrollo del capitalismo al cauce del capitalismo de Estado, en
qué condiciones hacerlo y cómo asegurar, en un futuro próximo, la
transformación del capitalismo de Estado en socialismo.
Para abordar la solución de
este problema es necesario, ante todo, imaginarse con la mayor claridad posible
lo que será y puede ser en la práctica el capitalismo de Estado dentro de
nuestro sistema soviético, dentro del marco de nuestro Estado de los Soviets.
El caso o el ejemplo más sencillo de cómo el Poder soviético
conduce el desarrollo del capitalismo al cauce del capitalismo de Estado, de
cómo "implanta" el capitalismo de Estado, lo constituye la
explotación de empresas en régimen de concesión. Ahora todos estamos de acuerdo
en que las concesiones son indispensables, pero no todos reflexionan sobre la
significación de estas concesiones. ¿Qué es el arrendamiento de empresas en
régimen de concesión en las condiciones del sistema soviético, desde el punto
de vista de las formaciones socioeconómicas y la correlación entre ellas? Un
acuerdo, una alianza, un pacto del Poder soviético, es decir, del poder estatal
proletario con el capitalismo de Estado, contra el elemento pequeño propietario
(elemento patriarcal y pequeñoburgués). El concesionario es un capitalista.
Dirige las empresas a la manera capitalista con el fin de obtener ganancias;
concluye un contrato con el poder proletario a fin de obtener ganancias extra,
superganancias, o con el fin de obtener un tipo de materias primas que no
podría obtener o que le sería muy difícil conseguir de otro modo. El Poder
soviético obtiene ventajas en forma de desarrollo de las fuerzas productivas y
de aumento inmediato o en breve plazo de la cantidad de productos. Tenemos, por
ejemplo, un centenar de explotaciones, minas o bosques. No podemos explotarlo
todo: nos faltan máquinas, víveres, medios de transporte. Por el mismo motivo
explotamos mal las restantes empresas. A causa de la mala e insuficiente
explotación de las grandes empresas se refuerza el elemento pequeño propietario
en todas sus manifestaciones: decaimiento de las explotaciones agrícolas
vecinas (y luego también de todas las demás), merma de sus fuerzas productivas,
pérdida de la confianza del campo en el Poder soviético, robos y pequeña
especulación en masa (la más peligrosa), etc. "Implantando" el
capitalismo de Estado en forma de concesiones, el Poder soviético refuerza la
gran producción contra la pequeña, la producción avanzada contra la atrasada,
la producción con máquinas contra la producción manual, aumentando así la
cantidad de artículos de la gran industria reunidos en sus manos (por medio de
los cánones de concesión) e intensificando las relaciones económicas reguladas
por el Estado para contrarrestar las anárquicas relaciones pequeñoburguesas. La
política de explotación de empresas en régimen de concesión, aplicada con
medida y precaución, nos ayudará, sin duda, a mejorar con rapidez (hasta cierto
grado, no muy alto) el estado de la producción, la situación de los obreros y
los campesinos; y, claro está, a costa de ciertos sacrificios, de la entrega de
decenas y decenas de millones de puds de los productos más valiosos al
capitalista. La determinación de la medida y de las condiciones en las que el arrendamiento
de empresas en régimen de concesión es conveniente y no ofrece peligro para
nosotros depende de la correlación de fuerzas y se decide por la lucha, puesto
que también las concesiones son un tipo de lucha, la continuación de la lucha
de las clases en otra forma, pero de ninguna manera la lucha de las clases es
remplazada por la paz de las clases. Los métodos de lucha que se deben emplear
los indicará la práctica.
El capitalismo de Estado en
forma de concesiones tal vez sea la forma más sencilla, precisa, clara y
definida con exactitud, en comparación con otras formas de capitalismo de
Estado dentro del sistema soviético. Tenemos aquí un contrato formal, escrito, con
el capitalismo más culto y adelantado, el de Europa Occidental. Conocemos
exactamente nuestras ganancias y nuestras pérdidas, nuestros derechos y
nuestros deberes, sabemos con exactitud
el plazo por el que hacemos
la concesión, conocemos las condiciones del rescate anterior al plazo, si es
que en el contrato se estipula este derecho. Pagamos cierto "tributo"
al capitalismo mundial, "indemnizándole" en determinados aspectos,
obteniendo al punto encierta medida la consolidación de la situación del Poder
soviético y la mejora de las condiciones para dirigir nuestra economía. Toda la
dificultad del problema de las concesiones se reduce a que hay que meditarlo y
aquilatarlo todo cuando se concluye un contrato de concesión, y después saber
estar al tanto de su cumplimiento. Indudablemente, en ello hay dificultades, y
los errores, seguramente, serán inevitables en los primeros tiempos; pero estas
dificultades son mínimas si se las compara con los otros problemas de la
revolución social, sobre todo con las otras formas de desarrollo, admisión e
implantación del capitalismo de Estado.
36
La tarea más importante de
todos los funcionarios del partido y de los Soviets, en relación con la
implantación del impuesto en especie, consiste en saber aplicar los principios,
las bases de la política de "concesiones" (es decir, semejante a la
política de "concesiones" aplicada al capitalismo de Estado) a las
demás formas de capitalismo, a la libertad de comercio, a la circulación local,
etc.
Tomemos las cooperativas.
Por algo el decreto sobre el impuesto en especie ha originado inmediatamente la
revisión del estatuto sobre las cooperativas y ha dado lugar a cierta
ampliación de su "libertad" y sus derechos. También la cooperativa es
un tipo de capitalismo de Estado, pero menos simple, menos definido, más
confuso y, por tanto, una forma que en la práctica plantea ante nuestro poder
mayores dificultades. Las cooperativas de pequeños productores de mercancías
(de ellas se trata aquí —y no de las cooperativas obreras—, como una de las
formas predominantes y típicas en un país de pequeños campesinos) engendran
inevitablemente relaciones capitalistas, pequeñoburguesas, contribuyen a su
desarrollo, sacan a primer plano a los pequeños capitalistas, ofreciéndoles las
mayores ventajas. Y no puede ser de otro modo, ya que existe el predominio de
los pequeños propietarios, así como la posibilidad y la necesidad del
intercambio. Libertad y derechos para las cooperativas, en las condiciones
actuales de Rusia, significan libertad y derechos para el capitalismo. No
querer ver esta verdad evidente sería una sandez o un crimen.
Pero el capitalismo
"cooperativo", a diferencia del capitalismo privado, constituye, con
el Poder soviético, una variedad de capitalismo de Estado, y, como tal, nos es
útil y provechoso ahora, en cierta medida, por supuesto. Como el impuesto en
especie significa libertad de venta de los otros excedentes (no recogidos a
título de impuesto), debemos hacer esfuerzos para que este desarrollo del capitalismo —ya que la libertad de venta, la
libertad de comercio es un desarrollo
del capitalismo— se lleve al cauce del capitalismo cooperativo. Este se asemeja al capitalismo de Estado en el
sentido de que facilita el registro, el control, la inspección y las relaciones
contractuales entre el Estado (en este caso el Estado soviético) y el
capitalista. La cooperativa, como forma de comercio, es más ventajosa y útil
que el comercio privado, no sólo por las causas ya indicadas, sino también
porque facilita la unificación, la organización de millones de habitantes y
luego de la población entera, siendo esta circunstancia, a su vez, una ventaja
inmensa desde el punto de vista del paso consecutivo del capitalismo de Estado
al socialismo.
Comparemos la explotación de
empresas en régimen de concesión y las cooperativas como formas de capitalismo
de Estado. Las concesiones se basan en la gran industria mecanizada; las
cooperativas, en la pequeña industria, en la industria manual, incluso patriarcal.
La concesión atañe a un solo capitalista o a una sola casa, a un consorcio, a
un solo cártel o trust en cada contrato de concesión por separado. La
cooperativa abarca a muchos miles, incluso a millones de pequeños propietarios.
La concesión admite e incluso presupone un contrato preciso y un plazo fijo. La
cooperativa no requiere contratos exactos por completo ni plazos fijos del
todo. Abolir la ley de las cooperativas es mucho más fácil que anular el
contrato
sobre una concesión; pero romper un contrato significa romper de
golpe y porrazo, sin más ni más, las relaciones contractuales existentes en
realidad o la "convivencia" económica con el capitalista; mientras
que ninguna derogación de la ley sobre las cooperativas, ninguna ley en general
no sólo no romperá de golpe la "convivencia" real del Poder soviético
con los pequeños capitalistas, sino que, en general no será capaz de eliminar
las relaciones económicas que existen de hecho. Es fácil "vigilar" al
concesionario, pero no así a los cooperativistas. El paso de la explotación de
empresas en régimen de concesión al socialismo es el paso de una forma de gran
producción a otra forma de gran producción. El paso de las cooperativas de
pequeños propietarios al socialismo es el paso de la pequeña producción a la
gran producción, es decir, una transición más compleja, pero capaz, en cambio,
de abarcar, en caso de éxito, a las mayores masas de la población, capaz de
extirpar las más profundas y las más vitales raíces de las relaciones viejas,
de las relaciones presocialistas, incluso precapitalistas, las más tenaces en
resistir a toda "innovación". La política de concesiones, en caso de
éxito, nos proporcionará un pequeño número de grandes empresas modelo —en
comparación con las nuestras—, que estarán al nivel del adelantado capitalismo
actual; transcurridos varios decenios, estas empresas pasarán íntegramente a
nuestras manos. La política cooperativista, en caso de éxito, nos proporcionará
el crecimiento de la pequeña economía y facilitará su paso, en un plazo
indeterminado, a la gran producción basada en la asociación voluntaria.
37
Tomemos la tercera forma de
capitalismo de Estado. El Estado atrae al capitalista, en calidad
decomerciante, pagándole cierta comisión por la venta de la producción del
Estado y por el acopio de los productos del pequeño productor. Y la cuarta
forma: el Estado entrega en arriendo al capitalista industrial una empresa, una
explotación o un bosque o terreno, etc., perteneciente al Estado, teniendo el
contrato de arriendo el mayor parecido con el de la concesión. Estos dos
últimos tipos de capitalismo de Estado no los tratamos, ni pensamos en ellos,
ni los tenemos en cuenta para nada. Mas no porque seamos fuertes e
inteligentes, sino porque somos débiles y tontos. Tememos mirar cara a cara a
la "ruin verdad" y nos entregamos con harta frecuencia a la
"mentira que nos enaltece"37.
Siempre caemos en la afirmación de que "nosotros" vamos pasando del
capitalismo al socialismo, olvidándonos de precisar con exactitud y claridad
quiénes somos "nosotros". Es necesario tener a la vista la
enumeración de todos los elementos integrantes —absolutamente todos, sin
excepción— de los diversos tipos socioeconómicos de nuestra economía que hice
en un artículo del 5 de mayo de 1918*, para no olvidar este diáfano cuadro.
"Nosotros", la vanguardia, el destacamento avanzado del proletariado,
pasamos directamente al socialismo; pero el destacamento avanzado sólo
constituye una pequeña parte de todo el proletariado, que, a su vez, no es más
que una pequeña parte de toda la masa de la población. Y para que
"nosotros" podamos cumplir con buen éxito la tarea de nuestro paso
inmediato al socialismo es necesario comprender cuáles son los caminos, los
métodos, los recursos, los elementos intermedios
que se necesitan para pasar de las relaciones precapitalistas al socialismo. Este es el quid de la cuestión.
* Véase la presente edición, t. 8. (N. de la Edit.)
Fijaos en el mapa de la RSFS
de Rusia. Al norte de Vólogda, al sureste de Rostov del Don y de Sarátov, al
sur de Oremburgo y de Omsk y al norte de Tomsk se extienden territorios
inmensos, en los que cabrían decenas de grandes Estados cultos. Y en todas estas
extensiones reina el régimen patriarcal, la semibarbarie y la verdadera
barbarie. ¿Y en los apartados lugares del campo en el resto de Rusia? En todas
partes, donde decenas de verstas de caminos vecinales —mejor dicho, decenas de
verstas sin camino alguno— separan a las aldeas de las líneas férreas, es
decir, de los medios materiales de comunicación con la cultura,
![]()
37 Aquí Lenin cita palabras de la poesía de Alejandro Pushkin El héroe.
con el capitalismo, con la
gran industria, con las grandes ciudades. ¿Acaso no predominan también en todos
estos lugares el régimen patriarcal, el "oblomovísmo”38, la semibarbarie?
¿Es concebible el paso
directo de semejante estado, predominante en Rusia, al socialismo? Sí, es
concebible hasta cierto grado, pero sólo con una condición, que ahora conocemos
exactamente, gracias a un gran trabajo científico39 que se ha llevado a cabo. Esta condición es la electrificación.
Si construimos decenas de centrales eléctricas distritales (ahora ya sabemos
dónde y cómo se pueden y deben construir), si llevamos su energía a todas las
aldeas y si conseguimos la suficiente
cantidad de motores eléctricos y otras máquinas, no necesitaremos, o casi no
necesitaremos, pasar por grados transitorios o intermedios entre el régimen
patriarcal y el socialismo. Pero sabemos perfectamente que esta
"sola" condición exige, por lo menos, un decenio únicamente para los
trabajos más urgentes, y reducir este plazo, a su vez, sólo es posible en el
caso de que triunfe la revolución proletaria en países como Inglaterra,
Alemania y Norteamérica.
Mas para los próximos años
es necesario saber pensar en los grados intermedios, capaces de facilitar el
paso del régimen patriarcal, de la pequeña producción, al socialismo.
"Nosotros" seguimos viniendo a menudo a parar en el razonamiento: "el
capitalismo es un mal, el socialismo es un bien". Pero este razonamiento
es erróneo, ya que olvida el conjunto de los tipos socioeconómicos existentes,
entresacando dos de ellos nada más.
El capitalismo es un mal en
relación con el socialismo. El capitalismo es un bien en relación con el
medievo, en relación con la pequeña producción, en relación con la burocracia
vinculada a la dispersión de los pequeños productores. Puesto que aún no tenemos
fuerzas para dar el paso directo de la pequeña producción al socialismo, el
capitalismo es, por tanto y en cierta medida, inevitable como producto
espontáneo de la pequeña producción y del intercambio, por lo que debemos
aprovechar el capitalismo (llevándolo especialmente por el cauce del
capitalismo de Estado) como grado intermedio entre la pequeña producción y el
socialismo, como recurso, camino, procedimiento o método de aumentar las
fuerzas productivas.
Tomad el problema de la
burocracia y observadlo en su aspecto económico. El 5 de mayo de 1918 no se nos
planteaba este problema. Medio año después de la Revolución de Octubre, después
de haber destrozado de arriba abajo el viejo armatoste burocrático, aún no
sentíamos esta plaga.
Pasó un año más. En el VIII
Congreso del PC de Rusia —18-23 de marzo de 1919— se aprobó un nuevo programa
del partido en el que hablamos abiertamente, sin miedo a reconocer el mal, y
con el deseo de descubrirlo, de desenmascararlo, de ponerlo en la picota, de
despertar la conciencia y la voluntad, la energía y la acción para la lucha
contra el mal, hablamos ya del "renacimiento
parcial de la burocracia en el seno del régimen soviético".
38
![]()
38 Oblomovismo: sinónimo de rutina, estancamiento, inmovilidad.
39
Se
alude al plan de electrificación de toda
Rusia, primer plan científico de restablecimiento y desarrollo de la
economía de la República Soviética para un período prolongado, que hizo, por
encargo de Lenin, la Comisión Estatal de Electrificación de Rusia (GOELRO) en
1920. Este plan se calculaba para un período de 10 a 15 años y se proyectaban
construir veinte centrales termoeléctricas y diez hidroeléctricas de una
potencia total de un millón quinientos mil kilovatios hora y elevar en tres
lustros la potencia de todas las centrales eléctricas distritales a 1.750.000
kilovatios hora. La generación anual de electricidad se proyectaba en
8.800.000.000 kWh contra
1.900.000.000 kWh que se producían en Rusia en 1913. El plan estipulaba una
distribución racional e igual de la industria por todo el territorio del país.
Según el plan se proyectaba aumentar la producción industrial entre el 80 y el
100 por cien en comparación con el nivel de 1913 y en muchas veces en
comparación con el nivel de producción de 1920. El plan GOELRO se cumplió en lo
fundamental ya en 1931. La generación de electricidad en 1931 en la URSS
alcanzó la cifra de 10.700.000.000 kWh, habiendo aumentado en diez años en más
de veinte veces.
Pasaron dos años más. En la primavera de 1921, después del VIII
Congreso de los Soviets (diciembre de 1920), en el que se discutió el problema
de la burocracia, y después del X Congreso del PC deRusia (marzo de 1921), que
hizo el resumen de las discusiones relacionadas estrechamente con el análisis
de la burocracia, vimos ya esta plaga
con mayor claridad y precisión, la vimos alzarse más amenazadora ante nosotros.
¿Cuáles son las raíces económicas de la burocracia? Son, principalmente, de dos
tipos: por un lado, una burguesía desarrollada necesita la máquina burocrática,
precisamente, contra el movimiento revolucionario de los obreros (en parte
también contra el de los campesinos); en primer lugar, los cuerpos armados;
luego la judicatura, etc. Nuestro caso es distinto. Nuestros tribunales son
tribunales de clase, contra la burguesía. Nuestro ejército es un ejército de
clase, contra la burguesía. La burocracia no se halla en el ejército, sino en
las instituciones puestas a su servicio. Entre nosotros las raíces económicas
de la burocracia son distintas: el fraccionamiento, la dispersión del pequeño
productor, su miseria, su incultura, la falta de comunicaciones, el
analfabetismo, la falta de intercambio
entre la agricultura y la industria, la falta de enlace e interacción entre
ellas. Esto es, en gran parte, resultado de la guerra civil. Cuando nosotros
estábamos bloqueados, asediados por todas partes, aislados del resto del mundo,
de las regiones trigueras del Sur, de Siberia, de la hulla, no podíamos
restablecer la industria. No debíamos temer aplicar el "comunismo de
guerra", la medida más extrema: soportaremos una existencia semihambrienta
e incluso peor que semihambrienta, pero defenderemos a toda costa, pese a la
ruina más inaudita y a la falta de intercambio, el poder de los obreros y
campesinos. Y no nos dejamos amedrentar por lo que se asustaron los eseristas y
mencheviques (que de hecho seguían a la burguesía mayormente por miedo, por
intimidación). Pero lo que era una condición para la victoria en un país
bloqueado, en una fortaleza sitiada, mostró su lado negativo precisamente en la
primavera de 1921, cuando las últimas tropas de los guardias blancos fueron
expulsadas definitivamente del territorio de la RSFS de Rusia.
"Encerrar" todo intercambio en una fortaleza sitiada es cosa que
puede y debe hacerse; con un heroísmo extraordinario de las masas esto puede
soportarse tres años. Después, la ruina del pequeño productor se agravó más
aún, el restablecimiento de la gran industria volvió a retrasarse, se aplazó.
La burocracia como herencia de los tiempos de "asedio", como
superestructura levantada sobre la dispersión y la cohibición del pequeño
productor, se manifestó por completo.
Hay que saber reconocer el
mal sin temor alguno para combatirlo con más tenacidad, para volver y volver a
comenzar por el principio; aún tendremos que empezar muchas veces, reiteradas
veces, en todas las ramas de nuestra construcción, desde el principio,
corrigiendo lo defectuoso, eligiendo diversos caminos para abordar las tareas.
Se ha puesto de manifiesto la demora en el restablecimiento de la gran
industria, se ha revelado como insoportable el "encierro" del
intercambio entre la industria y la agricultura, lo que significa que es
necesario impulsar lo más factible: el restablecimiento de la pequeña
industria. Hay que contribuir a la obra desde este lado, apuntalar este lado
del edificio, semiderruido por la guerra y el bloqueo. Hay que desarrollar por todos
los medios y a toda costa el intercambio, sin temor al capitalismo, puesto que
lo hemos metido en un marco bastante estrecho (por la expropiación de los
terratenientes y de la burguesía en la economía, por el poder de los obreros y
campesinos en la política), bastante "moderado". Tal es la idea
fundamental del impuesto en especie, tal es su significación económica.
Todos los funcionarios del
partido y de los Soviets deben encauzar enteramente todos sus esfuerzos y toda
su atención a despertar y fomentar la iniciativa en plano local —en las
provincias; más aún, en los distritos; y aún más, en los subdistritos y en los
pueblos— para organizar la economía precisamente desde el punto de vista de dar
un impulso inmediato, aunque sea con "pequeños" recursos, en medida
insignificante, a la hacienda campesina, ayudándole con el desarrollo de la
pequeña industria de la comarca. El plan económico general y único del Estado
exige que esto precisamente se convierta en el centro de la
atención y preocupación, en
el centro de los trabajos "de choque". La mejora conseguida aquí, a
la menor distancia posible del "fundamento" más amplio y profundo,
permitirá pasar con la mayor brevedad al más enérgico y victorioso restablecimiento
de la gran industria.
Los trabajadores dedicados al abastecimiento conocían hasta
ahora una sola directriz fundamental: recoger el 100% del monto de la
contingentación. Ahora la directriz es distinta: recaudar el 100% del impuesto
en el plazo más breve y luego un 100% más mediante el intercambio con productos
de la gran y pequeña industria. Quien
recaude el 75% del impuesto y el 75% (del segundo centenar) mediante el
intercambio de productos de la gran y pequeña industria realizará una obra más
útil de interés público que quien recaude el 100% del impuesto y el 55% (del
segundo centenar) mediante el intercambio. La tarea de los encargados del
abastecimiento se complica. Por una parte, se trata de una tarea fiscal:
recaudar cuanto antes y del modo más racional posible el impuesto; por otra
parte, es una tarea de importancia económica general: tratar de dirigir las
cooperativas y ayudar a la pequeña industria de manera que aumente y se
consolide el intercambio entre la agricultura y la industria, tratar de
impulsar la iniciativa a escala local con el mismo fin. Y eso aún lo hacemos
muy mal. La demostración es la burocracia. No debemos temer reconocer que en
este sentido todavía se puede y se debe
aprender muchode los capitalistas. Comparemos por provincias, distritos,
subdistritos y pueblos los resultados de la experiencia práctica: en un sitio,
los capitalistas privados y los pequeños capitalistas han logrado tal cosa. Sus
ganancias son aproximadamente tales. Este es el tributo, el pago que damos
"por la enseñanza". No da pena pagar por la enseñanza, con tal de que
ésta sea provechosa. En cambio, en el pueblo vecino se ha conseguido tal y tal
cosa mediante las cooperativas. Las ganancias de las cooperativas son tales y
tales. Y en una tercera localidad se ha conseguido, por la vía puramente
estatal, puramente comunista, otra cosa distinta (este caso tercero será, en
nuestros días, una rara excepción).
39
La tarea debe consistir en que cada institución económica
regional, cada asamblea económica provincial, convocada por los comités
ejecutivos, resuelva inmediatamente, como cuestión de primera urgencia, la
organización rápida de toda clase de ensayos o sistemas de
"intercambio" con los productos excedentes que restan después de
haber abonado el impuesto en especie. Al cabo de unos meses se deben tener los
resultados prácticos para compararlos y estudiarlos. La sal local o traída de
otros sitios; el petróleo traído del centro; la industria domiciliaria de la
madera; las industrias de oficios que trabajan con materias primas locales, que
aportan algunos productos, aunque no muy importantes, pero sí indispensables y
útiles para los campesinos; la "hulla verde" (aprovechamiento de las
fuerzas hidráulicas locales, de poca importancia, para la electrificación),
etc., etc.; hay que ponerlo todo en marcha a fin de avivar el intercambio entre
la industria y la agricultura, cueste lo que cueste. Quien obtenga en este terreno
los mayores resultados, aunque sea mediante el capitalismo privado, incluso
aunque no sea por las cooperativas, sin transformar directamente este
capitalismo en capitalismo de Estado, rendirá más provecho a la construcción
socialista de toda Rusia que quien "medite" en la pureza del
comunismo, escriba instrucciones y reglas para el capitalismo de Estado y las
cooperativas, pero no impulse de hecho el intercambio.
Eso podrá parecer una
paradoja: ¿el capitalismo privado en el papel de auxiliar del socialismo?
Pero no es ninguna paradoja,
sino un hecho de carácter económico absolutamente incontrovertible. Como se
trata de un país de pequeños campesinos, con un transporte desastroso en
particular, de un país que ha salido de la guerra y el bloqueo y cuya dirección
política corre a cargo del proletariado, el cual tiene en sus manos el
transporte y la gran industria, de estas premisas se deduce de manera
absolutamente necesaria la importancia primordial que tiene en estos momentos,
primero, el intercambio local, y, segundo, la
posibilidad de que el
capitalismo privado preste ayuda al socialismo (sin hablar ya del capitalismo
de Estado).
Discutamos menos en torno a
las palabras. Hasta hoy seguimos pecando en demasía a este respecto. Variemos
más la experiencia práctica y estudiémosla mejor. Suele haber circunstancias en
las que la organización ejemplar del trabajo local, aunque sea a escala muy
reducida, tiene una importancia estatal mucho mayor que numerosas ramas de la
administración pública en el centro. Y entre nosotros, justamente en estos
momentos, con relación a la economía campesina, en general, y al intercambio de
los excedentes de la producción agrícola por artículos industriales, en
particular, las circunstancias son éstas precisamente. La organización ejemplar
del trabajo, en el sentido indicado, aunque sea en un solo subdistrito, tiene
una importancia general para el interés público mucho mayor que la mejora
"ejemplar" del cuerpo administrativo central de tal o cual Comisaria
do del Pueblo. Pues, en tres años y medio, nuestro cuerpo administrativo
central se ha formado ya hasta el punto de llegar a adquirir cierta rutina
nociva en el país; no podemos mejorarlo considerablemente ni con rapidez, no
sabemos cómo hacerlo. La ayuda para mejorarlo de un modo más radical, para
infundirle fuerzas frescas, para combatir con éxito la burocracia, para superar
la rutina nociva debe partir de los lugares, de la base, de la organización
ejemplar de un "conjunto" pequeño, pero precisamente
"conjunto", es decir, no de una sola explotación, no de un solo
sector de la economía, de una sola empresa, sino de la suma de todas las relaciones económicas, de la suma de todo el intercambio económico, aunque sea en un lugar
pequeño.
Los que estamos condenados a permanecer en el trabajo central,
seguiremos mejorando el cuerpo administrativo y depurándolo de burocracia,
aunque sea a modesta escala, en la medida de lo directamente posible. Pero la
ayuda principal en este sentido viene y vendrá de los lugares. En general, en
los lugares — por lo que he podido observar— las cosas están mejor que en el
centro; y esto es comprensible, ya que el mal de la burocracia, como es
natural, se concentra en el centro; en este sentido, Moscú no puede menos de
ser la peor ciudad y, en general, el peor "lugar" de la república. En
los lugares, las desviaciones del término medio se dan en ambos sentidos; las
desviaciones en el peor sentido son más raras que en el mejor. Las desviaciones
hacia el peor lado son los abusos de los viejos funcionarios, terratenientes,
burgueses y demás canalla, que se han arrimado a los comunistas y cometen a
veces repugnantes arbitrariedades y vilezas, ultrajando a los campesinos. La
depuración ahí debe ser terrorista: procesar y fusilar en el acto sin
contemplaciones. Que los Mártov, Chernov y los pequeños burgueses sin partido,
semejantes a ellos, se den golpes de pecho y exclamen: "¡Alabado seas,
Señor, porque no me parezco a "ellos", pues no he aceptado jamás
niacepto el método del terror!" Estos necios "no aceptan el
terror", ya que eligieron para sí el papel de auxiliares lacayunos de los
guardias blancos, en lo que se refiere al embaucamiento de los obreros y los
campesinos.
40
Los eseristas y los
mencheviques "no aceptan el terror", ya que cumplen su misión de colocar bajo el terrorismo de los
guardias blancos a las masas encuadradas bajo la bandera del "socialismo". Así lo han
demostrado la kerenskiada y la korniloviada40 en
Rusia, la kolchakiada en Siberia, el menchevismo en Georgia; así lo han
demostrado los héroes de la II Internacional y de la Internacional "II y
media"41 en Finlandia, Hungría, Austria,
Alemania, Italia, Inglaterra,
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40 Se trata de la sublevación
contrarrevolucionaria de la burguesía y los terratenientes en agosto de 1917.
La encabezó el general en jefe del ejército zarista Kornilov. Los confabulados
se proponían apoderarse de Petrogrado, destrozar el partido bolchevique,
disolver los Soviets, implantar una dictadura militar en el país y preparar la
restauración de la monarquía. La sublevación estalló el 25 de agosto (7 de
septiembre) y fue aplastada por los obreros y los campesinos, dirigidos por los
bolcheviques.
41 Internacional
II y media: se alude
a la organización internacional de los partidos y grupos socialistas centristas
que abandonaron la II Internacional bajo la presión de las masas
revolucionarias. Esta agrupación, conocida también con el nombre de
"Internacional de Viena" (su denominación oficial era Agrupación
Internacional de Partidos Socialistas),
etc. Que los lacayunos del
terror de los guardias blancos sigan ufanándose de negar todo terrorismo.
Nosotros diremos la dura, pero indudable verdad: en los países que viven una
crisis inaudita, una desintegración de las viejas relaciones, una exacerbación
de la lucha entre las clases después de la guerra imperialista de 1914-1918
—tal es el caso en todos los países del mundo—, no se puede pasar sin el
terror, a despecho de los hipócritas y charlatanes. O terror blanco burgués, al
estilo norteamericano, inglés (Irlanda), italiano (fascista), alemán, húngaro y
otros, o terror rojo, proletario. No hay término medio, "tercer"
camino no lo hay ni puede haberlo.
Las desviaciones hacia el
mejor lado significan: lucha venturosa contra la burocracia, solicitud con las
demandas de los obreros y campesinos, gran preocupación por elevar la economía,
aumento de la productividad del trabajo y desarrollo del intercambio local
entre la agricultura y la industria. Estas desviaciones hacia el mejor lado,
aunque son más frecuentes que hacia el lado peor, son, sin embargo, raras. Pero
existen. Por doquier transcurre a escala local el proceso de formación de
nuevas fuerzas comunistas, jóvenes, frescas, templadas en la guerra civil y en
las privaciones. Aún estamos muy lejos, lejísimos, de hacer lo suficiente para
promover con regularidad y constancia estas fuerzas de abajo arriba. Es posible
y necesario hacerlo de modo más amplio y perseverante. Se puede y debe sacar a
algunos dirigentes del trabajo central y colocarlos en el plano local: como
dirigentes de distrito y subdistrito,
creando allí una organización ejemplar de
toda la labor económica en su
conjunto, estos dirigentes serán de inmensa utilidad y harán una obra mucho
más importante para todo el país que
cualquier función central. La organización ejemplar de este trabajo serviría de plantel de dirigentes y ejemplo
digno de ser imitado y relativamente fácil de imitar, y nosotros, desde el
centro, sabremos contribuir a que esta "imitación" de la obra
ejemplar se haga a vasta escala y llegue a ser obligatoria.
Para desarrollar el
"intercambio" entre la agricultura y la industria con los excedentes
restantes del pago del impuesto en especie y con los artículos de la pequeña
industria, sobre todo de la domiciliaria, es indispensable, por su misma esencia,
una iniciativa local independiente,
experta e inteligente; por eso, en las circunstancias actuales, la organización
ejemplar del trabajo de un distrito o de un subdistrito adquiere una
importancia verdaderamente extraordinaria desde el punto de vista de los intereses
generales del Estado. En el terreno militar, por ejemplo, durante la última
guerra con Polonia, no temimos saltarnos las jerarquías burocráticas ni
"degradar", o sea, trasladar a los miembros del Consejo Militar
Revolucionario de la república (respetándoles su alto cargo central) a puestos
inferiores. ¿Por qué no enviar ahora a algunos miembros del Comité Ejecutivo
Central de toda Rusia, o a los miembros de los consejos de dirección de los
comisariados, o a otros camaradas que ocupan importantes puestos de
responsabilidad, a trabajar incluso en los distritos, incluso en los
subdistritos? Creo que no nos hemos "burocratizado" en realidad hasta
el punto de "tener reparos" de semejante procedimiento. Y saldrán de
entre nosotros decenas de dirigentes del centro que aceptarán gustosos ese
traslado. La organización de la economía de toda la república ganaría muchísimo
con ello, y los subdistritos o distritos ejemplares desempeñarían un papel, no
ya grande, sino realmente decisivo, un papel histórico.
Dicho sea de paso, como
circunstancia pequeña, pero, sin embargo, circunstancia importante, es
necesario destacar el cambio indispensable en la manera de plantearse, en
principio, el problema de la lucha contra la especulación. Debemos apoyar, nos
conviene
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quedó formada en la
Conferencia de Viena en febrero de 1921. Aunque criticaban de palabra a la II
Internacional, los líderes de la Internacional II y media aplicaban, de hecho,
entre la clase obrera una política oportunista y escisionista en todos los problemas
primordiales del movimiento proletario y procuraban utilizar la agrupación
creada por ellos para contrarrestar la creciente influencia de los comunistas
entre las masas obreras, En mayo de 1923 la II Internacional y la Internacional
II y media se fusionaron, formando la llamada Internacional Socialista Obrera.
desarrollar el comercio
"correcto" que no elude el control estatal. Pero la especulación no puede distinguirse del comercio
"correcto", si se la toma como un concepto de la economía política. La libertad de comercio es
capitalismo, y el capitalismo es especulación: sería ridículo no querer lo ver.
¿Cómo proceder, entonces? ¿Declarar impune la especulación?
No. Es necesario revisar y
reformar todas las leyes sobre la especulación, declarando punible
(persiguiendo, de hecho, con triple rigor que antes) todo hurto y toda elusión,
directa o indirecta, abierta o encubierta, del control, de la vigilancia y de
la contabilidad estatal. Precisamente con semejante modo de plantear el
problema (en el Consejo de Comisarios del Pueblo ya se ha comenzado esta labor,
es decir, el Consejo de Comisarios del Pueblo ha dado ya orden de comenzar la
revisión de las leyes sobre la especulación) conseguiremos que el desarrollo
del capitalismo, en cierta medida inevitable e indispensable para nosotros,
vaya por el cauce del capitalismo de
Estado.
Balance político y
deducciones políticas.
Me resta solamente hablar,
aunque seabrevemente, de la situación política, tal como se ha formado y ha
cambiado debido a las condiciones económicas descritas más arriba.
41
Ya queda dicho que los
rasgos principales de nuestra economía en 1921 siguen siendo los mismos que en
1918. La primavera de 1921 nos ha traído —principalmente a causa de la mala
cosecha y de la mortandad del ganado— una agravación extrema de la situación de
los campesinos, que ya de por sí era dificilísima a causa de la guerra y el
bloqueo. Resultado de esta agravación han sido las vacilaciones políticas, que
constituyen, hablando en general, la "naturaleza" misma del pequeño
productor. La manifestación más palmaria de estas vacilaciones ha sido la
sublevación de Cronstadt.
Lo más característico de los acontecimientos de Cronstadt son
precisamente las vacilaciones del elemento pequeñoburgués. Había muy poco de
formado, claro y definido por completo. Nebulosas consignas de
"libertad", "libertad de comercio",
"emancipación", "Soviets sin bolcheviques" o nuevas
elecciones a los Soviets, o liberación de la "dictadura del partido",
etc., etc. Tanto los mencheviques como los eseristas declaran "suyo"
el movimiento de Cronstadt. Víctor Chernov envía un mensajero a Cronstadt; por
la "Constituyente" vota en
Cronstadt, a propuesta de dicho mensajero, el menchevique Valk, uno de los
dirigentes de la sublevación de Cronstadt. Todos los elementos de los guardias
blancos se movilizan instantáneamente "a
favor de Cronstadt" con rapidez que puede calificarse de
radiotelegráfica. Los guardias blancos entre los militares profesionales de
Cronstadt, toda una serie de especialistas, no sólo Kozlovski, están haciendo
un plan de desembarco de tropas en Oranienbaum, plan que asusta a la masa
vacilante de los mencheviques, eseristas y sin partido. Más de medio centenar
de periódicos de los guardias blancos que se editan en el extranjero en lengua
rusa despliegan una furibunda campaña "a
favor de Cronstadt". Los grandes bancos, todas las fuerzas del capital
financiero abren suscripciones de ayuda a Cronstadt. El democonstitucionalista
Miliukov, inteligente líder de la burguesía y de los terratenientes, explica
pacientemente de un modo directo al imbécil de Víctor Chernov (y a los
mencheviques Dan y Rozhkov, encarcelados en Petrogrado, por estar comprometidos
en los acontecimientos de Cronstadt, de un modo indirecto), que no hay por qué
apresurarse con la Constituyente, que se
puede y debe manifestarse a favor del Poder soviético, pero sin bolcheviques.
Claro está que no es difícil
tener más inteligencia que tontos tan fatuos como Chernov, héroe de la frase
pequeñoburguesa, o como Mártov, caballero del reformismo pequeñoburgués que él
quiere hacer pasar por marxismo. Y no me refiero, propiamente, a que Miliukov,
como
figura política, sea más
inteligente que ellos, sino a que un líder del partido de la gran burguesía, a
causa de su situación de clase, ve con mayor claridad, comprende mejor la
esencia de clase del asunto y las relaciones políticas que los líderes de la
pequeña burguesía, como los Chernov y Mártov. Ya que la burguesía constituye en
realidad una fuerza de clase que domina inevitablemente en el capitalismo,
tanto con monarquía como con la república más democrática, gozando también
inevitablemente del apoyo de la burguesía mundial. En tanto que la pequeña
burguesía, es decir, todos los héroes
de la II Internacional y de la Internacional "II y media", no puede
ser otra cosa, por la esencia económica del problema, que la demostración de la
impotencia de clase: de ahí las vacilaciones, las frases, la ineptitud. En 1789
los pequeños burgueses podían ser todavía grandes revolucionarios; en 1848 eran
ridículos y deplorables; en 1917-1921 son ya repugnantes acólitos de la
reacción, sus francos lacayos por el verdadero papel que desempeñan, llámense
Chernov y Mártov o Kautsky, MacDonald, etc., etc.
Cuando Mártov declara en su
revista de Berlín 42 que Cronstadt no sólo propugnaba
consignas mencheviques, sino que dio pruebas de que es posible la existencia de
un movimiento antibolchevique que no sirva íntegramente a los guardias blancos,
a los capitalistas y terratenientes, representa precisamente un modelo de fatuo
Narciso pequeñoburgués. ¡Cerremos simplemente los ojos para no ver que todos
los verdaderos guardias blancos saludaron a los amotinados de Cronstadt y
recolectaron, por intermedio de los bancos, fondos para ayudar a Cronstadt!
Miliukov tiene razón si se le compara con los Chernov y Mártov, ya que revela
la verdadera táctica de la verdadera fuerza de los guardias
blancos, de la fuerza de los capitalistas y terratenientes: ¡Apoyemos a
cualquiera, incluso a los anarquistas, a cualquier Poder soviético, con tal de derrocar a los bolcheviques, con tal de desplazarlos del poder! Lo mismo da que se los desplace hacia la
derecha como hacia la izquierda,
hacia los mencheviques como hacia los anarquistas, con tal de que los
bolcheviques se queden fuera del poder; del resto nos encargaremos
"nosotros mismos", los Miliukov, "nosotros", los
capitalistas y terratenientes, echando a guantadas a los anarquistoides, a los
Chernov y Mártov, tal como lo hicimos en Siberia con Chernov y Maiski, en
Hungría con los Chernov y Mártov húngaros, como lo hicimos en Alemania con
Kautsky y en Viena con los F. Adler y Cía. La verdadera burguesía de acción ha
embaucado a centenares de estos Narcisos pequeñoburgueses —mencheviques,
eseristas, sin partido— y los ha echado luego a puntapiés en todas las
revoluciones decenas de veces y en todos los países del mundo. Esto lo ha
demostrado la historia y lo han comprobado los hechos. Los Narcisos seguirán
hablando. LosMiliukov y los guardias blancos seguirán obrando.
42
"Con tal de quitar el
poder a los bolcheviques, tanto da ir un poco a la derecha como un poco a la
izquierda, lo demás ya vendrá"; en esto Miliukov tiene toda la razón. Esta
es una verdad de clase confirmada por toda la historia de las revoluciones de
todos los países, por una época de muchos siglos de la historia de la edad
moderna, tras el medievo. Al pequeño productor y al campesino dispersos los une
en los aspectos económico y político
la burguesía (así ha sucedido siempre bajo el capitalismo en todos los países,
en todas las revoluciones de la edad moderna y así sucederá siempre bajo el
capitalismo), o el proletariado (así ha sucedido, en forma embrionaria, en los
momentos culminantes de algunas de las más grandes revoluciones de la historia
de la edad moderna durante un período muy breve; así sucedió en Rusia en
1917-1921 en forma más desarrollada). De un "tercer" camino, de una
"tercera fuerza" sólo pueden charlar y soñar los fatuos Narcisos.
Con inmenso trabajo, en
lucha desesperada forjaron los bolcheviques una vanguardia del proletariado
capaz de gobernar; crearon y defendieron la dictadura del proletariado; y la
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42
Se
alude a la revista menchevique Sotsialistícheski
Véstnik ("El Heraldo Socialista"), fundada por L. Mártov y
publicada en la emigración; apareció desde 1921, primero en Berlín y luego en
París. Actualmente aparece en los EE.UU.
correlación de fuerzas de
clase en Rusia se hizo más clara que la luz del día, después de la comprobación
por la experiencia, por la práctica de cuatro años: la vanguardia de acero
templado de la única clase revolucionaria, el elemento vacilante de la pequeña
burguesía y los Miliukov, los capitalistas y terratenientes emboscados al otro
lado de la frontera, que gozan del apoyo de la burguesía mundial. La cuestión
es de una claridad meridiana. Toda "sustitución en el poder" la
aprovecharán y pueden aprovecharla solamente ellos.
En el antecitado folleto de
1918 se decía abiertamente de esto: "el enemigo principal" es el
"elemento pequeñoburgués". "O sometemos a ese pequeño burgués a
nuestro control y a nuestra contabilidad, o él echará abajo nuestro poder
obrero de manera inevitable e indefectible, de la misma manera que acabaron con
la revolución los Napoleones y los Cavaignac, que brotan precisamente sobre ese
terreno de pequeños propietarios. Así está planteado el problema. Y sólo
así". (Del folleto del 5 de mayo de 1918, véase más arriba*).
* Véase la presente edición, t. 8. (N. de la Edit.)
Nuestra fuerza consiste en
la completa claridad y sobriedad en el cálculo de todos los valores efectivos de clase, tanto rusos como
internacionales, y después en la energía de hierro, la firmeza, la decisión y
la abnegación en la lucha que provienen de ello. Tenemos muchos enemigos, pero
están desunidos, o no saben lo que quieren (como todos los pequeños burgueses,
todos los Mártov y Chernov, todos los sin partido, todos los anarquistas).
Nosotros estamos unidos directamente entre nosotros e indirectamente con los
proletarios de todos los países, sabemos lo que queremos, y por lo mismo somos
invencibles a escala mundial, aunque esto no excluye, en absoluto, la
posibilidad de que sean derrotadas por más o menos tiempo algunas revoluciones
proletarias.
El elemento pequeñoburgués
por algo se llama elemento, puesto que se trata, realmente, de algo de lo más
amorfo, indefinido e inconsciente. Los Narcisos de la pequeña burguesía piensan
que el "sufragio universal" acaba con la naturaleza del pequeño
productor bajo el capitalismo, mientras que, en realidad, dicho sufragio ayuda a la burguesía, con el apoyo de la
Iglesia, de la prensa, del magisterio, de la policía, de los militares y de la
opresión económica ejercida en miles de formas, le ayuda a someter a los pequeños productores dispersos. La ruina, la miseria,
la gravedad de la situación originan las vacilaciones: hoy a favor de la
burguesía y mañana a favor del proletariado. Únicamente la templada vanguardia
del proletariado es capaz de mantenerse y resistir las vacilaciones.
Los acontecimientos de la
primavera de 1921 han demostrado una vez más el papel que desempeñan los
eseristas y los mencheviques: ayudan al elemento pequeñoburgués vacilante a
apartarse de los bolcheviques, a hacer "sustituciones en el poder" a favor
de los capitalistas y terratenientes. Los
mencheviques y los eseristas han aprendido ahora a disfrazarse de gente
"sin partido". Está demostrado por completo. Y ahora, únicamente
los tontos pueden no verlo, pueden no
comprender que no vamos a permitir que se nos embauque. Las conferencias de los
sin partido no son un fetiche. Son valiosas si ofrecen la posibilidad de
granjearnos la simpatía de la masa que aún no se encuentra bajo la influencia
de ninguna propaganda, de los millones de trabajadores que se mantienen al
margen de la política; pero son nocivas si proporcionan una plataforma a los
mencheviques y eseristas, disfrazados de gente "sin partido". Esos
elementos favorecen los motines, ayudan a los guardias blancos. El lugar de los
mencheviques y eseristas, declarados o disfrazados de gente sin partido, está
en la cárcel (o en los periódicos del extranjero, al lado de los guardias
blancos; hemos dejado con mucho gusto a Mártov salir al extranjero), pero no en
la conferencia de los sin partido. Se pueden y deben encontrar otros métodos
para comprobar el estado de ánimo de las masas y granjearnos su simpatía. Que
se vayan al extranjero los que quieran jugar al parlamentarismo, a la
Constituyente, a las conferencias de los sin partido; que hagan el favor de marcharse
con Mártov, de comprobar las bellezas de la "democracia"; tened la
bondad de preguntar a los soldados de Wrangel por estas bellezas.
Pero nosotros no tenemos
tiempo para jugar a las "oposiciones" en las
"conferencias". Estamos rodeados por la burguesía mundial, queacecha
cada instante de vacilación para propiciar la vuelta de los "suyos",
para restaurar a los terratenientes y a la burguesía. Meteremos en la cárcel a
los mencheviques y eseristas, tanto da que sean declarados como que se hayan
disfrazado de gente "sin partido".
43
Vamos a estrechar por todos los medios las relaciones con la
masa trabajadora no influida por la política, a excepción de los medios que
ofrecen campo libre a los mencheviques y socialistas— revolucionarios, que
ofrecen campo libre a las vacilaciones
ventajosas para Miliukov. Destacaremos con especial celo para los trabajos
de los Soviets, sobre todo para los
relacionados con la economía, a centenares y centenares de personas sin
partido, de verdaderos representantes de la masa sin filiación política, de simples
obreros y campesinos de la base, y no a los que se han "disfrazado"
de gente sin partido con objeto de repetir de carrerilla lo que contienen los
mandatos mencheviques y eseristas, tan ventajosos para Miliukov. Entre nosotros
trabajan centenares y miles de personas sin partido, entre las cuales hay
decenas que desempeñan cargos de gran importancia y responsabilidad. Es
necesario controlar más su trabajo. Es necesario destacar para nuevas pruebas a
otros miles y miles de simples trabajadores del común de las gentes, a los que
hay que probar periódica y constantemente, elevando a centenares de ellos,
comprobados en la práctica, a cargos más altos.
Los comunistas siguen sin
comprender bien hasta la fecha sus verdaderas tareas de dirección: no hay que
empeñarse en hacerlo "todo" uno "mismo", echando los bofes
y sin poder conseguirlo, emprendiendo veinte asuntos y no acabando ninguno,
sino que hay que controlar el trabajo de decenas y centenares de ayudantes, hay
que organizar el control de su trabajo desde abajo, es decir, por la verdadera
masa; es necesario orientar el
trabajo y aprender de los que saben
(los especialistas) y tienen experiencia de organizar grandes empresas (los capitalistas). Un
comunista inteligente no teme aprender de un militar profesional, aunque las
nueve décimas partes de estos militares profesionales sean capaces de
traicionarnos en la primera ocasión. Un comunista inteligente no teme aprender
de un capitalista (tanto da que se trate de un gran capitalista concesionario
como de un comisionista o de un pequeño capitalista, socio de una cooperativa,
etc.), aunque el capitalista no es mejor que el militar profesional. En el
Ejército Rojo se ha aprendido a capturar a los traidores entre los militares
profesionales, destacando a los honrados y a los que trabajan a conciencia,
aprovechando así, en general, a miles y decenas de miles de militares
profesionales. Estamos aprendiendo a hacer lo mismo (en forma peculiar) con los
ingenieros, con los maestros, aunque lo hacernos de un modo mucho peor que en
el Ejército Rojo (allí Denikin y Kolchak nos apresuraban de verdad,
obligándonos a aprender cuanto antes, con la mayor aplicación e inteligencia).
Aprenderemos a hacer lo mismo (también en forma peculiar) con los
comisionistas, con los agentes de compras que trabajan para el Estado, con los
pequeños capitalistas socios de cooperativas, con los industriales
concesionarios, etc.
La masa de obreros y
campesinos necesita mejorar sin demora su situación. Designando para el trabajo
útil a fuerzas nuevas, entre ellas a gente sin partido, lo conseguiremos. El
impuesto en especie y la serie de medidas relacionadas con él nos ayudarán a
realizarlo. Cortaremos con ello la raíz económica de las inevitables
vacilaciones del pequeño productor. Y las vacilaciones políticas, útiles
solamente para Miliukov, las combatiremos sin piedad. Los vacilantes son
muchos. Nosotros somos pocos. Los vacilantes están desunidos. Nosotros estamos
unidos. Los vacilantes no tienen independencia económica. El proletariado la
tiene. Los vacilantes no saben lo que quieren: los ojos se abalanzan, los pies
se cansan, y Miliukov prohíbe que las manos lo alcancen. Pero nosotros sabemos
lo que queremos.
Y por eso venceremos.
Conclusión.
Resumamos.
El impuesto en especie es la
transición del comunismo de guerra a un intercambio socialista de productos
adecuado.
La extrema ruina, agravada
por la mala cosecha de 1920, hacía que este paso fuese necesario con toda
urgencia, en vista de la imposibilidad de restablecer con rapidez la gran
industria.
De ahí que se deba mejorar
primero la situación de los campesinos. Medios para ello: el impuesto en
especie, desenvolvimiento del intercambio entre la agricultura y la industria,
desarrollo de la pequeña industria.
El intercambio significa
libertad de comercio, es capitalismo. Este nos será útil en la medida en que
nos ayude a combatir la dispersión del pequeño productor y, en cierto grado, la
burocracia. La medida la dará la práctica, la experiencia. Mientras el proletariado
sostenga firmemente el poder en sus manos, mientras mantenga con firmeza en sus
manos los medios de transporte y la gran industria, el poder proletario no
tiene en ello nada que temer.
La lucha contra la
especulación debe ser transformada en lucha contra los robos y contra el modo
de eludir la vigilancia, la contabilidad y el control del Estado. Con este
control llevaremos el capitalismo, en cierto grado imprescindible e
indispensable para nosotros, al cauce del capitalismo de Estado.
Desarrollar en todos los
sentidos, por todos los medios y cueste lo que cueste la iniciativa y la
autogestión locales en materia de estímulo del intercambio entre la agricultura
y la industria. Estudiar la experiencia práctica en este sentido y conseguir la
mayor variedad posible de la misma.
44
Apoyar a la pequeña
industria que atiende a la agricultura campesina y le ayuda a alzarse. Ayudarle
en cierto grado, incluso con la entrega de materias primas del Estado. Lo más
criminal es dejar materias primas sin aprovechar.
No temer que los comunistas
"aprendan" de los especialistas burgueses, incluso de los
comerciantes, de los pequeños capitalistas asociados en cooperativas, de los
capitalistas en general. Aprender de ellos en forma distinta, peto en esencia
del mismo modo que se aprendía y se llegó a aprender de los militares
profesionales. Contrastar los resultados de la "enseñanza" únicamente
con la experiencia práctica: hacedlo mejor que lo hacían a vuestro lado los
especialistas burgueses; sabed alcanzar de una u otra manera el ascenso de la
agricultura, el incremento de la industria, el desarrollo del intercambio entre
la agricultura y la industria. No escatiméis el pago "por la
enseñanza": no da pena pagar caro por la enseñanza con tal de que ésta sea
provechosa.
Ayudar por todos los medios
a la masa de los trabajadores, granjearse su simpatía, destacar de su seno a
centenares y miles de trabajadores sin partido para administrar la economía. Y
a los "sin partido", que en la práctica no son sino mencheviques y
eseristas disfrazados con el traje de moda, o sea, con el de los sin partido de
Cronstadt, hay que tenerlos a buen recaudo en las cárceles o enviarlos a
Berlín, donde está Mártov, para que gocen a sus anchas de todas las bellezas de
la democracia pura, para que intercambien libremente sus opiniones con Chernov,
con Miliukov, con los mencheviques georgianos.
21 de abril de 1921.
Publicado en mayo de
1921, en folleto aparte, por la Editorial del Estado, en Moscú.
Los sin partido y el poder soviético
45
LOS SIN PARTIDO Y EL PODER SOVIÉTICO.
Discurso grabado en
disco fonográfico43.
Obreros y campesinos:
Dadnos, para gobernar el país y mejorar la economía, a funcionarios sin partido
honrados y fieles al Poder soviético. El Poder soviético necesita funcionarios
honestos y leales, pues no basta sólo con los militantes del partido. Entre los
obreros y los campesinos sin partido hay muchos, muchísimos, que se distinguen
por su honestidad y su capacidad para gobernar y dirigir la economía. Por
ejemplo, para poner en marcha las industrias de oficio, organizar las
cooperativas, distribuir bien los productos, mejorar los asuntos relacionados
con los comedores, las viviendas, la alimentación infantil, etc., etc.
En cada provincia hay miles
y miles de obreros y campesinos sin partido no incorporados aún a la dirección
y al restablecimiento de la economía. Es un deber personal de los funcionarios
del partido y de los Soviets descubrir a esos hombres, promoverlos, darles
trabajo, probar sus aptitudes, brindarles la posibilidad de desarrollarse y
mostrar de lo que son capaces.
No tememos, sino que, por el
contrario, necesitamos y deseamos la ayuda de los obreros y campesinos sin
partido. Hay que tener recelo únicamente de los mencheviques y socialistas—
revolucionarios, aficionados ahora a denominarse sin partido, para, en realidad,
llevar a cabo su pérfida labor en pro de los guardias blancos y los
terratenientes. Por algo todos los guardias blancos y terratenientes han
acudido presurosos en ayuda de la sublevación de Cronstadt. Es a esos sin
partido disfrazados a los que se debe desenmascarar y detener; pero a los
obreros y campesinos sin partido honrados hay que incorporarlos por todos los
medios al trabajo.
Pronunciado el 25 de abril de 1921. "Recopilación Leninista", t.
XXXVII, págs. 289-290.
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43 La grabación de discursos de Lenin en
discos fonográficos fue organizada por "Centropechat"(Agencia Central
de Prensa) en 1919-1921.
III Congreso de la Internacional Comunista
46
III CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA.44
22 de junio-17 de
julio de 1921.
1.
Tesis del informe sobre la táctica del Partido Comunista de
Rusia.
1.
La situación internacional de la RSFSR.
Caracteriza actualmente la
situación internacional de la República Socialista Federativa Soviética de
Rusia cierto equilibrio, que, aun siendo en extremo inestable, ha creado, sin
embargo, una coyuntura peculiar en la política mundial.
Esta peculiaridad consiste
en lo siguiente: por una parte, la burguesía internacional, llena de odio y
hostilidad rabiosos contra la Rusia Soviética, está dispuesta a lanzarse en
todo momento sobre ella y estrangularla. Por otra parte, todas las tentativas
de intervención militar, que le han costado a esa burguesía centenares de
millones de francos, han terminado en un completo fracaso, a pesar de que el
Poder soviético era entonces más débil que ahora y los terratenientes y
capitalistas rusos tenían ejércitos enteros en el territorio de la RSFSR. En
todos los países capitalistas se ha acentuado extraordinariamente la oposición
a la guerra contra la Rusia Soviética, oposición que nutre el movimiento
revolucionario del proletariado y se extiende a masas muy grandes de la
democracia pequeñoburguesa. La divergencia de intereses entre los distintos
países imperialistas se recrudece más cada día. El movimiento revolucionario
crece con pujanza formidable entre los centenares de millones de hombres que
forman los pueblos oprimidos de Oriente. Como consecuencia de todas estas
condiciones, el imperialismo internacional, a pesar de ser mucho más fuerte que
la Rusia Soviética, no ha podido estrangularla y se ha visto obligado a
reconocerla por algún tiempo o reconocerla a medias, a concertar con ella
tratados comerciales.
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44 El III
Congreso de la Internacional Comunista se celebró en Moscú del 22 de junio
al 12 de julio de1921. Participaron en sus labores 605 delegados (291 con voz y
voto y 314 con voz, pero sin voto) en representación de 103 organizaciones de
52 países. Estas organizaciones eran: 48 partidos comunistas, 8 partidos
socialistas, 28 organizaciones de las juventudes, 4 organizaciones sindicales,
2 partidos comunistas oposicionistas (el Partido Comunista Obrero Alemán y el
Partido Comunista Obrero de España) y otras 13 organizaciones. El Partido
Comunista (bolchevique) de Rusia estuvo representado en el congreso por 72
delegados con Lenin al frente.
El congreso debatió los
problemas de la crisis económica mundial y las nuevas tareas de la
Internacional Comunista, los informes sobre la labor del Comité Ejecutivo de la
Internacional Comunista, sobre el Partido Comunista Obrero Alemán, sobre la
cuestión italiana, sobre la táctica de la IC, sobre la actitud del Consejo
Internacional Rojo de los Sindicatos ante la Internacional Comunista; sobre la
lucha contra la Internacional de Amsterdam, sobre la táctica del PC(b) de
Rusia;sobre la Internacional Comunista y el movimiento de las juventudes
comunistas; sobre el movimiento femenino, sobre el Partido Comunista Unificado
de Alemania y otros. Lenin presentó al congreso el informe sobre la táctica del
PC(b) de Rusia y pronunció los discursos en defensa de la táctica de la
Internacional Comunista, sobre la cuestión italiana, y habló en las comisiones
del congreso, en las reuniones ampliadas del Comité Ejecutivo de la ICI así
como en las reuniones de delegados. En vísperas del congreso y durante las
labores del mismo, Lenin tuvo entrevistas con los delegados y trató con ellos
de la marcha de las cosas en los partidos comunistas.
El III Congreso de la
Internacional Comunista desempeñó un gran papel en la formación y desarrollo de
los jóvenes partidos comunistas. Dedicó la atención principal a elaborar la
táctica de la IC y de sus organizaciones con motivo de las nuevas condiciones
de desarrollo del movimiento comunista mundial. Además de combatir el peligro
centrista, Lenin hubo de prestar mucha atención a la lucha contra el dogmatismo
"izquierdista", la frase ultraizquierdista seudorrevolucionaria y el
sectarismo. Como resultado de la tenaz lucha desplegada por Lenin contra el
peligro "de la izquierda", en el congreso prevaleció el marxismo
revolucionario.
III Congreso de la Internacional Comunista
Ha resultado un equilibrio
extremadamente precario, extremadamente inestable, pero equilibrio al fin y al
cabo que hace posible, claro que no por mucho tiempo, la existencia de la
república socialista en el cerco capitalista.
2. Correlación de las
fuerzas de las clases a escala internacional.
Con semejante estado de
cosas, la correlación de las fuerzas de las clases a escala internacional es
como sigue:
La burguesía internacional,
privada de la posibilidad de hacer abiertamente la guerra a la Rusia Soviética,
se mantiene a la expectativa, acechando el momento en que las circunstancias le
permitan reanudar esta guerra.
El proletariado de los
países capitalistas avanzados ha formado ya en todas partes su vanguardia, los
partidos comunistas, que se desarrollan, marchando con firmeza a la conquista
de la mayoría del proletariado en cada país, destruyendo la influencia de los
viejos burócratas tradeunionistas y de la capa superior de la clase obrera de
América y Europa, corrompida por los privilegios imperialistas.
La democracia
pequeñoburguesa de los países capitalistas, representada en su sector avanzado
por la II Internacional y por la Internacional II y media, constituye en la
actualidad el pilar principal del capitalismo, porque sigue influyendo en la
mayoría o en una parte considerable de los obreros y empleados de la industria
y del comercio, que temen perder, en caso de revolución, su relativo bienestar
pequeñoburgués, creado por los privilegios del imperialismo. Pero la creciente
crisis económica agrava en todas partes la situación de las grandes masas, cosa
que, sumada al hecho cada vez más evidente de que son inevitables nuevas
guerras imperialistas si se mantiene el capitalismo, hace que sea cada vez más
inseguro el pilar de que venimos hablando.
Las masas trabajadoras de
las colonias y semicolonias, que constituyen la inmensa mayoría de la población
del globo, fueron despertadas ya a la vida política desde principios del siglo
XX, sobre todo por las revoluciones de Rusia, Turquía, Persia y China. La
guerra imperialista de 1914-1918 y el Poder soviético en Rusia hacen
definitivamente de estas masas un factor activo de la política mundial y de la
destrucción revolucionaria del imperialismo, aunque los filisteos instruidos de
Europa y América, incluidos los líderes de la II Internacional y de la
Internacional II y media, siguen obstinados en no verlo. Encabeza estos países
la India Británica, donde la revolución asciende con tanta mayor rapidez cuanto
más importancia adquiere en ella, por una parte, el proletariado industrial y
ferroviario y cuanto más bestial es, por otra, el terror de los ingleses, que
recurren con mayor frecuencia cada día a matanzasen masa (Amritsar)45, a penas de azotes en público, etc.
47
3. Correlación de las
fuerzas de las clases en Rusia.
La situación política
interior de la Rusia Soviética se caracteriza por el hecho de que, por primera
vez en la historia universal, vemos que en Rusia sólo existen desde hace
algunos años dos clases: el proletariado, educado a lo largo de decenios por
una gran industria mecanizada moderna, a pesar de ser muy joven, y los pequeños
campesinos, que constituyen la inmensa mayoría de la población.
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45 El 13 de abril de 1919, en Amritsar,
importante centro industrial de Penjab, las tropas inglesas ametrallaron un
multitudinario mitin de trabajadores en protesta del terror desplegado por los
colonialistas. Resultaron muertas unas mil y heridas unas dos mil personas.
Como respuesta a la matanza de Amritsar, en Penjab estalló una insurrección del
pueblo, y los disturbios se extendieron a otras zonas de la India. La
insurrección de Penjab fue aplastada con saña por los colonialistas ingleses.
III Congreso de la Internacional Comunista
Los grandes terratenientes y
los capitalistas no han desaparecido en Rusia, pero han sido expropiados
totalmente y han quedado derrotados por completo en el terreno político como
clase, cuyos restos han ido a esconderse entre los funcionarios públicos del
Poder soviético. Han conservado su organización de clase en el extranjero como
emigración, que asciende probablemente a millón y medio o dos millones de
personas y tiene más de cincuenta diarios de todos los partidos burgueses y
"socialistas" (es decir, pequeñoburgueses), restos del ejército y
numerosos vínculos con la burguesía internacional. Esta emigración se afana con
todas sus fuerzas y todos los medios por derribar el Poder soviético y
restaurar el capitalismo en Rusia.
4. El proletariado y
los campesinos de Rusia.
Dada esta situación interior
de Rusia, la tarea principal de su proletariado, como clase dominante, consiste
en este momento en determinar y poner en práctica con acierto las medidas
necesarias para dirigir a los campesinos, para entablar una firme alianza con
ellos, para realizar una larga serie de transiciones graduales que conduzcan a
la gran agricultura socializada y mecanizada. Esta tarea ofrece en Rusia
dificultades especiales, tanto por el atraso de nuestro país como por la
extremada ruina en que se encuentra luego de siete años de guerra imperialista
y guerra civil. Pero aun prescindiendo de tal particularidad, esta tarea es de
las más difíciles que la construcción socialista planteará a todos los países
capitalistas, exceptuando, quizá, sólo a Inglaterra. Sin embargo, tampoco por
lo que toca a Inglaterra se debe olvidar que, si bien es en ella muy poco
numerosa la clase de los pequeños agricultores arrendatarios, en cambio es
elevadísimo el porcentaje de obreros y empleados que viven como pequeños burgueses
debido a la esclavitud que de hecho sufren centenares de millones de habitantes
en las colonias "pertenecientes" a Inglaterra.
Por eso, desde el punto de
vista del desarrollo de la revolución proletaria mundial, como proceso único,
la importancia de la época por la que atraviesa Rusia reside en que ésta ponga
prácticamente a prueba y compruebe la política que el proletariado, dueño del
poder estatal, aplica con respecto a la masa pequeñoburguesa.
5. La alianza militar
entre el proletariado y los campesinos de la RSFSR.
La base de unas relaciones
adecuadas entre el proletariado y los campesinos en la Rusia Soviética ha sido
creada por la época de 1917-1921, cuando la invasión de los capitalistas y
terratenientes, apoyados por toda la burguesía mundial y por todos los partidos
de la democracia pequeñoburguesa (eseristas y mencheviques), formó, templó y
selló la alianza militar del proletariado y los campesinos en defensa del Poder
soviético. La guerra civil es la forma más enconada de la lucha entre las
clases, y cuanto más sañuda es esta lucha, con tanta mayor rapidez arden en su
fuego todas las ilusiones y prejuicios pequeñoburgueses, con tanta mayor
evidencia enseña la misma práctica, aun a los sectores más atrasados de los
campesinos, que sólo la dictadura del proletariado puede salvarlos, que los
eseristas y los mencheviques no son de hecho más que lacayos de los
terratenientes y capitalistas.
Pero si la alianza militar
entre el proletariado y los campesinos fue —y no pudo menos de serlo— la
primera forma de una alianza sólida entre ellos, no hubiera podido mantenerse
ni siquiera unas semanas sin cierta alianza económica entre las clases mencionadas.
Los campesinos obtuvieron del Estado obrero toda la tierra y protección contra
los terratenientes y los kulaks; los obreros obtuvieron de los campesinos
víveres a crédito hasta que se restableciera la gran industria.
III
Congreso de la Internacional Comunista
6.
Paso a relaciones económicas adecuadas entre el proletariado y
los campesinos.
Desde el punto de vista del
socialismo, la alianza entre los pequeños campesinos y el proletariado sólo
puede ser del todo adecuada y firme cuando el transporte y la gran industria,
completamente restablecidos, permitan al proletariado suministrar a los campesinos,
a cambio de víveres, todos los artículos que necesiten para sí y para mejorar
su hacienda. La espantosa ruina del país impedía hacerlo en seguida. El sistema
de contingentación fue la medida más asequible, para un Estado
insuficientemente organizado, con el fin de sostenerse en una guerra de
inauditas dificultades contra los terratenientes. La mala cosecha y la falta de
piensos en 1920 recrudecieron de un modo particular la grave penuria que ya
sufrían los campesinos, haciendo absolutamente indispensable el paso inmediato
al impuesto en especie.
Un impuesto en especie
moderado mejora inmediata y considerablemente la situación de los campesinos,
interesándolos al mismo tiempo en ampliar los sembrados y perfeccionar la
agricultura.
El impuesto en especie es el
paso de la requisa detodos los excedentes de trigo del campesino a un
intercambio socialista adecuado de productos entre la industria y la
agricultura.
48
7. Porque
y en qué condiciones el poder soviético admite el capitalismo y el
arrendamiento de empresas en régimen de concesión.
El impuesto en especie,
naturalmente, significa que el campesino tiene libertad de disponer de los
excedentes que le quedan después de pagar el impuesto. Mientras el Estado no
pueda ofrecer al campesino productos de la fábrica socialista a cambio de todos
estos excedentes, la libertad de comercio con ellos significa inevitablemente
libertad de desarrollo del capitalismo.
Sin embargo, dentro de los
límites indicados, esto no representa peligro alguno para el socialismo,
mientras el transporte y la gran industria sigan en manos del proletariado. Al
contrario, el desarrollo del capitalismo, controlado y regulado por el Estado
proletario (es decir, del capitalismo "de Estado" en este sentido de la palabra) es ventajoso
y necesario (claro que sólo hasta cierto punto) en un país de pequeños
campesinos, extraordinariamente arruinado y atrasado, porque puede acelerar un
desarrollo inmediato de la
agricultura por los campesinos. Con mayor razón puede afirmarse lo mismo de las
concesiones: sin desnacionalizar en absoluto, el Estado obrero da en arriendo
determinadas minas, bosques, explotaciones de petróleo, etc., a capitalistas
extranjeros, para obtener de ellos equipos industriales y máquinas
suplementarias que nos permitan apresurar el restablecimiento de la gran
industria soviética.
Al pagar a los
concesionarios con una parte de productos de gran valor, el Estado obrero abona
sin duda un tributo a la burguesía mundial; sin velarlo en lo más mínimo,
debemos comprender claramente que nos conviene pagarlo con tal de apresurar el
restablecimiento de nuestra gran industria y conseguir una mejora notable de la
situación de los obreros y los campesinos.
8. Éxitos de nuestra
política de abastecimiento.
La política de
abastecimiento de la Rusia Soviética de 1917 a 1921 ha sido indudablemente muy
tosca, imperfecta, ha dado lugar a muchos abusos. Se cometió una serie de
errores al aplicarla. Pero fue en suma la única posible en aquellas
condiciones. Y cumplió su misión histórica: salvó la dictadura del proletariado
en un país en ruinas y atrasado. Es un hecho indiscutible que esta política fue
perfeccionándose poco a poco. Durante el primer año de
III Congreso de la Internacional Comunista
nuestro pleno ejercicio del
poder (del 1° de agosto de 1918 al 1° de agosto de 1919) recogió el Estado 110
millones de puds de grano; en el segundo, 220; en el tercero, más de 285.
Ahora, contando ya con una experiencia práctica, nos proponemos y calculamos
recoger 400 millones de puds (el volumen del impuesto en especie es de 240
millones de puds). Únicamente siendo dueño efectivo de unas reservas de víveres
suficientes, podrá el Estado obrero mantenerse firmemente sobre sus pies en el
terreno económico, asegurar una restauración lenta, pero constante, de la gran
industria y crear el debido sistema financiero.
9. Base material del
socialismo y plan de electrificación de Rusia.
La base material del
socialismo no puede ser sino la gran industria mecanizada, capaz de reorganizar
también la agricultura. Pero no debemos limitarnos a este principio general.
Hay que concretarlo. Una gran industria, a la altura de la técnica moderna y
capaz de reorganizar la agricultura, supone la electrificación de todo el país.
Teníamos que hacer el trabajo científico de elaborar el plan de electrificación
de la RSFSR, y ya lo hemos hecho. Con la colaboración de más de doscientos de
los mejores hombres de ciencia, ingenieros y agrónomos de Rusia, esta obra
quedó terminada, se imprimió en un grueso volumen y, en conjunto, fue aprobada
por el VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia en diciembre de 1920. Ahora
está preparada ya la convocatoria de un congreso nacional de electrotécnicos,
que se celebrará en agosto de 1921 y examinará con detenimiento esta obra,
después de lo cual será aprobada definitivamente por el gobierno46. Los trabajos de electrificación están calculados para diez
años en su primera fase; requerirán unos trescientos setenta millones de
jornadas.
Mientras en 1918 teníamos
ocho centrales eléctricas de nueva planta (con 4.757 Kw), en 1919 esta cifra se
elevó a treinta y seis (con 1.648 Kw), y a cien en 1920 (con 8.699 Kw).
Por muy modesto que sea este
comienzo para nuestro inmenso país, lo esencial es que se ha empezado, que se
trabaja, y cada vez mejor. Después de la guerra imperialista, después de que un
millón de prisioneros en Alemania se han familiarizado con la técnica moderna,
avanzada, después de la dura experiencia de tres años de guerra civil, que ha
templado al campesino ruso, éste no es ya el de antes.
De mes en mes va viendo con
mayor claridad y evidencia que sólo la dirección del proletariado puede
arrancar a la masa de pequeños agricultores de la esclavitud del capital y
llevarlos al socialismo.
10. Papel
de la “democracia pura”, de la II internacional, de la internacional II y
media, de los eseristas y de los mencheviques como aliados del capital.
49
La dictadura del
proletariado no significa el cese de la lucha de las clases, sino su
continuación en una forma nueva y con nuevas armas. Mientras subsistan las
clases, mientras la burguesía derribada en un paísdecuplique sus ataques contra
el socialismo en el terreno internacional, seguirá siendo indispensable esa
dictadura. La clase de los pequeños agricultores no puede menos de pasar en la
época de transición por una serie de vacilaciones. Las dificultades en las
circunstancias de transición y la influencia de la burguesía provocan
inevitablemente, de cuando en cuando, vacilaciones en el estado de ánimo de
esta masa. El proletariado, debilitado y hasta cierto punto desclasado por la
ruina de su base vital —la gran industria mecanizada—, debe asumir una misión
histórica sumamente difícil, la más grande:
![]()
46 El VIII Congreso Nacional de Electrotécnicos se celebró en Moscú
del 1 al 9 de octubre de 1921.
III Congreso de la Internacional Comunista
mantenerse firme frente a
estas vacilaciones y llevar a cabo su obra de emancipar el trabajo del yugo del
capital.
La expresión política de las
vacilaciones de la pequeña burguesía es la política aplicada por los partidos
democráticos pequeñoburgueses, es decir, los partidos de la II Internacional y
de la Internacional II y media, como son en Rusia el de los eseristas
("socialistas-revolucionarios") y el de los mencheviques. Como ahora
tienen sus jefaturas y sus periódicos en el extranjero, estos partidos actúan
de hecho en bloque con toda la contrarrevolución burguesa y son sus fieles
servidores.
Los jefes inteligentes de la
gran burguesía rusa, y a su frente Miliukov, jefe del partido de los
"democonstitucionalistas"47, han
apreciado con toda claridad, exactitud y franqueza este papel de la democracia
pequeñoburguesa, es decir, de los eseristas y de los mencheviques. Con motivo
de la sublevación de Cronstadt, en la que unieron sus fuerzas mencheviques,
eseristas y guardias blancos, propugnó Miliukov la consigna de "los
Soviets sin bolcheviques" (N° 64 de Pravda,
1921, citando Posliednie Nóvosti48 de
París). Desarrollando esta idea, escribía: "Honor y sitio" a los
eseristas y a los mencheviques, porque sobre ellos recae la misión de ser los primeros en relevar a los
bolcheviques en el poder. Miliukov, líder de la gran burguesía, tiene muy en
cuenta la experiencia de todas las revoluciones, que han demostrado cómo la
democracia pequeñoburguesa es incapaz de conservar el poder, limitándose
siempre a encubrir la dictadura de la burguesía, a ser el escalón que conduce
al poder omnímodo de esta última.
La revolución proletaria en
Rusia vuelve a confirmar esta experiencia de 1789-1794 y 1848-1849, a confirmar
las palabras de F. Engels, quien, en una carta a Bebel, del 11 de diciembre de
1884, decía:
"...La democracia
pura... en momentos de revolución, adquirirá por breve plazo un valor
temporal... como última tabla de salvación de toda la economía burguesa e
incluso feudal...
De igual modo, en 1848, toda
la masa burocrático-feudal apoyó de marzo a septiembre a los liberales para
mantener sujetas a las masas revolucionarias... En todo caso, durante la crisis
y al día siguiente de ésta, nuestro único adversario será toda la masa
reaccionaria, agrupada alrededor de la democracia pura, y creo que esto en modo
alguno puede perderse de vista (publicado en ruso en el periódico Kommunistícheski Trud49, Nº 360, del 9 de junio de 1921, en el artículo del camarada V.
Adoratski: Lo que dicen Marx y Engels
sobre la democracia. En alemán, en el libro de Federico Engels: Testamento Político, Berlín, 1920, Nº 12
de la Biblioteca Internacional de la
Juventud, pág. 19).
N. Lenin Moscú, Kremlin,
13 de junio de 1921.
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47 Democonstitucionalistas: miembros del Partido Demócrata
Constitucionalista, partido principal de la burguesía liberal monárquica de
Rusia, fundado en octubre de 1905 e integrado por elementos de la burguesía,
terratenientes partidarios de los zemstvos e intelectuales burgueses. Durante
la primera guerra mundial apoyaron activamente la política exterior anexionista
del gobierno zarista. Durante la revolución democrática burguesa de febrero
de1917 procuraron salvar la monarquía. Desde la posición dirigente que ocupaban
en el Gobierno Provisional burgués, los democonstitucionalistas aplicaban una
política antipopular y contrarrevolucionaria. Después de triunfar la Revolución
Socialista de Octubre fueron enemigos inconciliables del Poder soviético y
participaron en todas las acciones contrarrevolucionarias armadas y en todas
las campañas de los intervencionistas.
48 "Posliednie Nóvosti"
("Las Ultimas Noticias"): diario de los emigrados blancos, órgano del
contrarrevolucionario partido de los democonstitucionalistas; se publicó en
París desde abril de 1920 hasta julio de 1940. Su director fue P. Miliukov.
49 "Kommunistícheski Trud" ("El Trabajo Comunista"):
diario, órgano del Comité de Moscú del PC(b) de Rusia y del Soviet de Moscú de
Diputados Obreros y Campesinos. Aparece desde marzo de 1918. Actualmente se
publica con el título de Moskóvskaya
Pravda ("La Verdad de Moscú").
III Congreso de la Internacional Comunista
Publicado en 1921, en folleto aparte, por la Sección de Prensa
de la Internacional Comunista, Moscú.
T. 44, págs. 3-12.
2. Discurso en
defensa de la táctica de la internacional comunista, 1 de julio.
Camaradas: Lamento mucho
tener que limitarme a la autodefensa. (Risas.)
Digo que lo lamento mucho porque, después de conocer el discurso del camarada
Terracini y las enmiendas presentadas por tres delegaciones, siento gran deseo
de pasar a la ofensiva, pues contra las opiniones defendidas por Terracini y
estas tres delegaciones hacen falta, en realidad, acciones ofensivas50. Si el congreso no despliega una enérgica ofensiva contra estos
errores, contra estas necedades "izquierdistas", todo el movimiento
estará condenado a perecer. Tal es mi profunda convicción. Pero nosotros somos
marxistas organizados y disciplinados. No podemos conformarnos con discursos
contra determinados camaradas. A los rusos, estas frases izquierdistas nos
causan ya náuseas. Somos hombres de organización. Al elaborar nuestros planes,
debemos actuar organizados y esforzarnos por encontrar una línea certera.
Naturalmente, para nadie es un secreto que nuestras tesis son un compromiso.
Pero ¿por qué no ha de ser así? Entre los comunistas, que convocan ya el tercer
congreso y han establecido principios básicos bien definidos, los compromisos,
en determinadas condiciones, son necesarios. Nuestras tesis, propuestas por la
delegación rusa, han sido estudiadas y preparadas con la mayor meticulosidad
tras largas reflexiones y deliberaciones con las diferentes delegaciones. Su
finalidad es trazar la línea fundamental de la Internacional Comunista, y estas
tesis son necesarias sobre todo ahora, después de que no sólo hemos condenado
en el aspecto formal a los verdaderos centristas, sino que los hemos expulsado
del partido. Tales son los hechos. Debo defender estas tesis. Y cuando ahora
sale Terracini diciendo que debemos proseguir la lucha contra los centristas, y
luego expone cómo proponen desplegar esta lucha, yo digo que si estas enmiendas
deben implicar unadeterminada tendencia, es necesario combatirla sin piedad,
porque, de lo contrario, no habrá comunismo ni Internacional Comunista. A mí me
extraña que el Partido Comunista Obrero Alemán51 no haya suscrito estas enmiendas (Risas.) Pues basta ver lo que defiende Terracini y lo que se dice
en estas enmiendas. Comienzan así: "En la página primera, columna primera,
renglón 19, hay que tachar: "La mayoría..."" ¡La mayoría! ¡Esto
es peligrosísimo! (Risas.) Y más
adelante. En lugar de las palabras "principios fundamentales", hay
que decir "objetivos". Los principios fundamentales y los objetivos
son dos cosas distintas: en cuanto a los objetivos, estarán de acuerdo con
nosotros hasta los anarquistas, porque también ellos son partidarios de abolir
la explotación y las diferencias de las clases.
50
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50 Se alude a las enmiendas presentadas por
las delegaciones alemana, austriaca e italiana al proyecto de tesis sobre
táctica propuesto por la delegación del PC(b) de Rusia al III Congreso de la
Internacional Comunista. Estas enmiendas se publicaron en alemán en el
periódico Moskau, órgano del III
Congreso de la Internacional Comunista.
51 El Partido
Comunista Obrero Alemán (PCOA) se formó en abril de 1920 con los comunistas
"de izquierda" expulsados del Partido Comunista de Alemania en el
Congreso de Heidelberg en 1919. Fue admitido provisionalmente en la
Internacional Comunista como simpatizante, en noviembre de 1920, para facilitar
la unificación de todas las fuerzas comunistas de Alemania e ir al encuentro de
los mejores elementos del PCOA. Sin embargo, el Comité Ejecutivo de la IC tenía
por única sección, con plenitud de derechos, el Partido Comunista Unificado de
Alemania. Al admitir en la IC al PCOA, se puso a sus representantes la
condición de que se fusionasen con el PCUA y lo apoyasen en todas sus acciones.
Los dirigentes del PCOA no acataron las indicaciones del Comité Ejecutivo de la
IC. El III Congreso de la Internacional Comunista, que luchó por ganarse a los
obreros que seguían aún al PCOA, acordó darle un plazo de dos a tres meses para
que convocase un congreso y decidiese unificarse. En este acuerdo del III
Congreso se decía que si el congreso renunciaba a la unificación de los
comunistas alemanes, el PCOA se consideraría excluido de la IC. Los dirigentes
del PCOA no cumplieron los acuerdos del III Congreso de la IC, prosiguieron su
labor escisionista, y el Comité Ejecutivo de la IC se vio obligado a romper las
relaciones con este partido, que se vio fuera de la IC. Posteriormente, el PCOA
degeneró en un insignificante grupo sectario sin apoyo alguno en la clase
obrera alemana y hostil a ella.
III Congreso de la Internacional Comunista
A lo largo de mi vida he
topado y he hablado con pocos anarquistas, pero he visto, así y todo, a
bastantes. A veces he conseguido ponerme de acuerdo con ellos en cuanto a los
objetivos, pero jamás en cuanto a los principios. Los principios no son el objetivo,
ni el programa, ni la táctica, ni la teoría. La táctica y la teoría no son los
principios.
¿Qué nos diferencia de los
anarquistas en el sentido de los principios? Los principios del comunismo
consisten en el establecimiento de la dictadura del proletariado y en el empleo
de la coacción por el Estado durante el período de transición. Tales son los
principios del comunismo, pero eso no es el objetivo. Y los camaradas que han
hecho semejante propuesta han incurrido en un error.
Segundo, allí se dice: "Hay que tachar la palabra
"mayoría"". Leamos todo el texto.
"El III Congreso de la
Internacional Comunista emprende la revisión de los problemas de táctica en
momentos en que en diversos países la situación objetiva se ha exacerbado en el
sentido revolucionario y en que se ha organizado toda una serie de partidos
comunistas de masas, que, por cierto, en ninguna parte han tomado en sus manos
la dirección efectiva de la mayoría de la clase obrera en su lucha
revolucionaria real".
Pues bien, quieren tachar la
palabra "mayoría". Si no podemos ponernos de acuerdo en cosas tan
sencillas, no comprendo cómo podemos actuar juntos y conducir al proletariado
hacia la victoria. Entonces no es de extrañar que tampoco podamos llegar a un
acuerdo en cuanto a los principios. Mostradme un partido que haya conseguido ya
la mayoría de la clase obrera. Terracini no ha pensado siquiera en citar un
ejemplo. Semejante ejemplo no existe.
Así pues: en lugar de "principios", poner la palabra
"objetivos" y tachar la palabra "mayoría".
¡Muchas gracias! No lo
aceptaremos. Ni siquiera el partido alemán —uno de los mejores— cuenta con la
mayoría de la clase obrera. Esto es un hecho.
Nosotros, que nos
encontramos ante la lucha más dura, no tememos proclamar esta verdad; pero aquí
hay tres delegaciones que quieren comenzar por lo que no es verdad, porque si
el congreso tachara la palabra "mayoría", demostraría con ello que quiere
lo que no es verdad. Esto es clarísimo.
Sigue después esta enmienda:
"En la página 4, columna primera, renglón 10, "hay que tachar"
las palabras "Carta abierta"52,
etc.". He oído hoy un discurso en el que se ha expresado el mismo
pensamiento. Pero allí eso era completamente natural. Se trataba del discurso
del camarada Hempel, miembro del Partido Comunista Obrero Alemán. Decía:
"La "Carta abierta" ha sido un acto de oportunismo". Con
harto pesar mío y para mi mayor vergüenza, había escuchado ya semejante opinión
en conversaciones particulares. Pero cuando en el congreso, después de debates
tan prolongados, se califica de oportunista la "Carta abierta",
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52 Se alude a la Carta abierta ("Offener Brief") del Comité Central del
Partido Comunista Unificado de Alemania al Partido Socialista de Alemania, al
Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, al Partido Comunista Obrero
Alemán y a todas las organizaciones sindicales de este país, publicada en el
periódico Die Rote Fahne ("La
Bandera Roja") el 8 de enero de 1921. En esta carta, el PCUA exhortaba a
todas las organizaciones obreras, sindicales y socialistas a luchar unidas
contra la creciente reacción y la ofensiva del capital a los derechos vitales
de los trabajadores. El programa de acciones conjuntas, presentado por los
comunistas, estipulaba la lucha por aumentar las pensiones a los mutilados de
la guerra, por poner fin al paro, sanear la situación financiera del país a
costa de los monopolios, implantar el control de los comités fabriles sobre
todas las existencias de productos alimenticios, materias primas y
combustibles, poner en funcionamiento todas las empresas paralizadas,
establecer el control de la siembra, la recolección y la venta de toda la
producción agrícola por los Soviets de campesinos con las organizaciones de
obreros agrícolas, desarmar inmediatamente y disolver todas las organizaciones
paramilitares burguesas, fundar la autodefensa obrera, amnistiar a todos los
presos políticos y restablecer sin demora las relaciones comerciales y
diplomáticas con la Rusia Soviética. Los dirigentes derechistas de las
organizaciones a las que iba dirigida la Carta
abierta rechazaron las propuestas de unidad de acción con los comunistas,
pese a que los obreros se pronunciaron en
pro del frente único del proletariado.
III Congreso de la Internacional Comunista
¡esto es un bochorno y un
oprobio! Pues bien, aparece el camarada Terracini, en nombre de tres
delegaciones, y pretende tachar las palabras "Carta abierta". ¿Para
qué, entonces, la lucha contra el Partido Comunista Obrero Alemán? La
"Carta abierta" es un paso político ejemplar. Así está dicho en
nuestras tesis. Y debemos defender sin falta este criterio. Esa carta es
ejemplar como primer acto del método práctico de atraer a la mayoría de la
clase obrera. Quien no comprenda que en Europa —donde casi todos los
proletarios están organizados— debemos conquistar a la mayoría de la clase
obrera, está perdido para el movimiento comunista, jamás aprenderá nada si en
tres años de gran revolución aún no ha aprendido esto.
Terracini dice que en Rusia
hemos vencido a pesar de que el partido era muy pequeño. Está descontento de
que, con respecto a Checoslovaquia, se diga lo que se dice en las tesis. Hay
aquí 27 enmiendas, y si se me ocurriese criticarlas, tendría que hablar no
menos de tres horas, como lo han hecho algunos oradores... Aquí se ha dicho que
el Partido Comunista tiene en Checoslovaquia de 300.000 a 400.000 afiliados,
que es necesario atraer a la mayoría, crear una fuerza invencible y continuar
conquistando nuevas masas obreras. Terracini ya está dispuesto a lanzarse al
ataque y dice: Si el partido tiene ya 400.000 obreros, ¿para qué queremos más?
¡Tachar! (Risas.) Teme la palabra
"masas" y quiere hacerla desaparecer. El camarada Terracini ha
comprendido muy poco de la revolución rusa.
En Rusia éramos un partido
pequeño, pero con nosotros estaba, además, la mayoría de los Soviets de
diputados obreros y campesinos de todo el país. (Una voz: "¡Es cierto!") ¿Es que ocurre eso en vuestro
país? Con nosotros estaba casi la mitad del ejército, que contaba entonces, por
lo menos, con diez millones de hombres. ¿Acaso a vosotros os sigue la mayoría
del ejército? ¡Indicadme un solo país! Si estas opiniones del camarada
Terracini son compartidas por tres delegaciones más, ¡entonces notodo marcha
bien dentro de la Internacional! Entonces debemos decir: "¡Alto! ¡Lucha
enérgica! De lo contrario, perecerá la Internacional Comunista". (Animación en la sala.)
51
Basándome en mi experiencia,
debo decir, aunque adopto una postura defensiva (Risas), que el objetivo y el principio de mi discurso es la defensa
de la resolución y de las tesis propuestas por nuestra delegación.
Naturalmente, sería pedantería afirmar que en ellas no se puede cambiar ni una
letra. He tenido que leer no pocas resoluciones y sé muy bien que en cada
renglón se podrían hacer excelentes enmiendas. Pero esto sería pedantería. Y si
ahora, no obstante, afirmo que en el sentido político no se puede cambiar ni
una letra, es porque las enmiendas presentan, como veo, un carácter político
perfectamente definido, porque conducen a un camino nocivo y peligroso para la
Internacional Comunista. Por eso, yo y todos nosotros, y la delegación rusa,
debemos insistir en que no se cambie en las tesis ni una letra. No sólo hemos
condenado a nuestros elementos derechistas, sino que los hemos expulsado. Pero
si la lucha contra los derechistas se convierte en un deporte, como lo hace
Terracini, debemos decir: "¡Basta! ¡De lo contrario, el peligro será
demasiado grave!"
Terracini ha defendido la
teoría de la lucha ofensiva53. Las
decantadas enmiendas proponen a este respecto una fórmula que ocupa dos o tres
páginas. No hay necesidad de leerlas.
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53 El fondo de la teoría de la lucha ofensiva o "teoría de la ofensiva",
proclamada en diciembre de 1920 en el Congreso de Unificación del Partido
Comunista de Alemania y del ala izquierda del Partido Socialdemócrata
Independiente de Alemania estriba en que el partido debe aplicar la táctica de
la ofensiva sin parar mientes en si existen las premisas objetivas
imprescindibles para la acción revolucionaria o en si el Partido Comunista
cuenta con el apoyo de las grandes masas trabajadoras.
La "teoría de la
ofensiva" tenía seguidores también entre los "izquierdistas" de
Hungría, Checoslovaquia, Italia, Austria y Francia; fue la base y una de las
causas de la derrota de la acción de marzo del proletariado de Alemania en 1921
(véase la nota 54). Después de ser derrotada la insurrección de marzo, los
"izquierdistas" intentaron justificar los errores del CC del PCUA; en
las tesis sobre la insurrección de marzo, aprobadas por este CC el 8 de abril
de 1921, se decía que el PCUA debía siempre "atenerse a la pauta de la
ofensiva revolucionaria" en que se había basado la insurrección de marzo;
que las acciones ofensivas "aun cuando son derrotadas, constituyen la
premisa de la futura
III Congreso de la Internacional Comunista
Sabemos lo que allí está
escrito. Terracini ha dicho con claridad meridiana cuál es el quid de la
cuestión. Ha defendido la teoría de la ofensiva, hablando de "tendencias
dinámicas" y del "tránsito de la pasividad a la actividad". En Rusia
tenemos ya bastante experiencia política de lucha contra los centristas. Hace
ya quince años que luchamos contra nuestros oportunistas y centristas, así como
contra los mencheviques, y alcanzamos la victoria no sólo sobre los
mencheviques, sino también sobre los semianarquistas.
Si no hubiésemos hecho eso,
no habríamos podido mantener el poder en nuestras manos, no ya tres años y
medio, sino ni siquiera tres semanas y media, y no habríamos podido convocar
aquí congresos comunistas. Las "tendencias dinámicas" y el "tránsito
de la pasividad a la actividad" no son sino frases que pusieron en juego
contra nosotros los eseristas de izquierda. Ahora éstos se hallan en la cárcel,
defendiendo allí los "objetivos del comunismo" y pensando en el
"tránsito de la pasividad a la actividad". (Risas.) No es posible argumentar como se argumenta en las enmiendas
propuestas, porque en ellas no hay marxismo, ni experiencia política, ni
argumentación. ¿Acaso en nuestras tesis hemos desarrollado la teoría general de
la ofensiva revolucionaria? ¿Acaso Rádek o alguno de nosotros ha cometido
semejante tontería? Hemos hablado de la teoría de la ofensiva con relación a un
país y a un período muy concretos.
De nuestra lucha contra los
mencheviques podemos citar casos demostrativos de que ya antes de la primera
revolución había quienes dudaban de que el partido revolucionario debiera pasar
a la ofensiva.
Si un socialdemócrata
—entonces todos nos llamábamos así— tenía tales dudas, emprendíamos la lucha
contra él y decíamos que era un oportunista, que nada comprendía del marxismo
ni de la dialéctica del partido revolucionario. ¿Acaso el partido puede discutir
si es admisible o no, en general, la ofensiva revolucionaria? En nuestro país,
para encontrar ejemplos así, debemos retornar a quince años atrás. Si aparece
un centrista de ésos o un centrista embozado que pone en tela de juicio la
teoría de la ofensiva, es preciso expulsarlo en el acto. Este problema no puede
ser motivo de discusión. Pero es una vergüenza y un oprobio que ahora, a los
tres años de Internacional Comunista, sigamos discutiendo de las
"tendencias dinámicas" y del "tránsito de la pasividad a la
actividad".
Nosotros no discutimos de
esto con el camarada Rádek, que ha redactado con nosotros estas tesis. Tal vez
no haya sido acertado del todo iniciar en Alemania las divagaciones sobre la teoría de la ofensiva
revolucionaria, cuando no estaba preparada una verdadera ofensiva. No obstante, el movimiento de marzo es un
gran paso adelante, a pesar de los errores de sus dirígentes54. Pero esto no quiere decir nada. Cientos de miles de obreros
han luchado con
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victoria y el único medio
posible para que el partido revolucionario se gane a las masas..." En el
III Congreso de la Internacional Comunista, los adeptos de la "teoría de
la ofensiva" trataron de conseguir que sirviera de base para las resoluciones
sobre la táctica de la Internacional Comunista. Lenin mostró en los discursos
que pronunció en el congreso cuán errónea y aventurera era esta
"teoría". El congreso aprobó las propuestas de Lenin de prepararse
con paciencia y ganar para el movimiento comunista a la mayoría de la clase
obrera.
54 Se alude a la acción armada del
proletariado de Alemania en marzo de 1921. La burguesía alemana, asustada por
el aumento de la influencia de los comunistas entre las masas, decidió provocar
a la vanguardia revolucionaria del proletariado a una acción armada prematura y
sin preparar y aplastar las organizaciones revolucionarias de la clase obrera.
El 16 de marzo, so pretexto de combatir a los maleantes, presuntos promotores
de huelgas, el jefe superior de la policía prusiana, que era el socialdemócrata
Górsing, dio la orden de introducir destacamentos de policía en las empresas de
Alemania central. Las provocaciones de las autoridades despertaron la
turbulenta indignación de los obreros, comenzando los choques con la policía.
La mayoría izquierdista del CC del Partido Comunista Unificado de Alemania,
partiendo de la denominada "teoría de la ofensiva" (véase la nota53),
empujó a los obreros a una insurrección prematura. El 17 de marzo, el CC del
PCUA tomó el acuerdo de que el “proletariado tiene el deber de aceptar el
combate" y llamó al proletariado del país a la huelga general en apoyo de
los obreros de Alemania central. Sin embargo, la mayoría de la clase obrera no
estaba preparada para la lucha y no participó en los combates; la acción
adquirió el carácter de lucha armada sólo en Alemania central. Durante las
jornadas de marzo, el joven Partido Comunista de Alemania incurrió en una serie
de errores. A pesar de la heroica lucha de los obreros, la acción de marzo
III Congreso de la Internacional Comunista
heroísmo. Por mucho que haya
sido el valor con que el Partido Comunista Obrero Alemán ha luchado contra la
burguesía, debemos decir lo mismo que dijo el camarada Rádek en un artículo
publicado en la prensa rusa, refiriéndose a Hölz. Si alguien, aunque sea
anarquista, lucha heroicamente contra la burguesía, esto, claro está, es una
gran cosa; pero si cientos de miles de hombres luchan contra la infame
provocación de los socialtraidores y contra la burguesía, esto es un verdadero
paso adelante.
Es muy importante tener una
actitud crítica con los propios errores. Por ahí comenzamos nosotros. Si
alguien, después de una lucha en la que han participado cientos de miles de
personas, se pronuncia contra esta lucha y procede como Levi, es preciso expulsarlo.
Y esto es lo que se ha hecho. Pero de ahí debemos sacar una enseñanza: ¿Acaso
hemos preparado la ofensiva? (Rádek:
"No hemos preparado ni la defensa".) Sí, de la ofensiva se hablaba
sólo en artículos periodísticos. Esta teoría, aplicada a la acción de marzo de
1921 en Alemania, ha sido errónea — debemos reconocerlo—; pero, en general, la
teoría de la ofensiva revolucionaria no es falsa, ni mucho menos.
52
Vencimos en Rusia, y además
con gran facilidad, porque preparamos nuestra revolución durante la guerra
imperialista. Esta fue la primera condición. Ennuestro país estaban armados
diez millones de obreros y campesinos, y nuestra consigna era: paz inmediata a
toda costa. Vencimos porque las grandes masas campesinas estaban animadas de un
espíritu revolucionario contra los grandes terratenientes. Los
socialistas-revolucionarios, partidarios de la II Internacional y de la
Internacional II y media, eran en noviembre de 1917 un gran partido campesino.
Exigían procedimientos revolucionarios; pero, como verdaderos héroes de la II
Internacional y de la Internacional II y media, no tuvieron la suficiente
valentía para actuar a lo revolucionario. En agosto y septiembre de 1917
decíamos: "Seguimos luchando en teoría contra los eseristas, pero en la
práctica estamos dispuestos a adoptar su programa, porque sólo nosotros podemos
aplicarlo". Y como lo dijimos, lo hicimos. A los campesinos, que estaban
contra nosotros en noviembre de 1917, después de nuestra victoria, y que
enviaron una mayoría de socialistas-revolucionarios a la Asamblea Constituyente55, nos los ganamos, si no en unos días — como equivocadamente
supuse y predije—, en todo caso en unas semanas. La diferencia no es grande.
Indicadme en Europa un país donde podáis atraer a vuestro lado a la mayoría de
los campesinos en unas cuantas semanas. ¿Acaso en Italia? (Risas.) Si se dice que vencimos en Rusia, a pesar de que teníamos
un partido pequeño, lo único que se demuestra con eso es que no se ha
comprendido la revolución rusa y que no se comprende en absoluto cómo hay que
preparar la revolución.
Nuestro primer paso fue la
creación de un verdadero Partido Comunista para saber con quién hablábamos y en
quién podíamos tener plena confianza. La consigna del I y del II congresos fue:
"¡Abajo los centristas!" Si no rompemos en toda la línea y en todo el
mundo con los centristas y semicentristas, que en Rusia llamamos mencheviques,
no podemos aprender ni
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fue sofocada, asestándose un
rudo golpe al Partido Comunista y a la clase obrera. Una de las causas
principales del fracaso de la insurrección fue la traicionera política de
división y desmembramiento de las fuerzas que aplicaron los socialdemócratas y
los líderes de los sindicatos reformistas. Causaron un gran daño a la
insurrección y al Partido Comunista las acciones oportunistas de P. Levi.
55 El 14 (27) de junio de 1917, el Gobierno Provisional dispuso
convocar las elecciones a la Asamblea Constituyente para el 17 (30) de
septiembre del mismo año. En agosto, las elecciones fueron aplazadas para el 12
(25) de noviembre. Estas elecciones se celebraron después de la victoria de la
Revolución Socialista de Octubre, en la fecha fijada del 12 (25) de noviembre
de 1917. Se hicieron según las listas compuestas antes de la Revolución de
Octubre, y la composición de la Asamblea Constituyente reflejaba la correlación
de fuerzas existente cuando se encontraba en el poder la burguesía. Resultó un
divorcio entre la voluntad de la inmensa mayoría del pueblo, que se pronunciaba
en pro del Poder soviético, y la política que aplicaba la mayoría
eserista-menchevique-democonstitucionalista de la Asamblea Constituyente, que
expresaba los intereses de la burguesía y los terratenientes. En vista de que
la Asamblea Constituyente se negó a examinar la Declaración de los derechos del pueblo trabajador y explotado y
aprobar los decretos del II Congreso de los Soviets sobre la paz, la tierra y
el paso del poder a los Soviets, fue disuelta por acuerdo del CEC de toda Rusia
el 6 (19) de enero de 1918.
III Congreso de la Internacional Comunista
siquiera el abecé del comunismo. Nuestra primera tarea es crear
un partido revolucionario de verdad y romper con los mencheviques. Pero esto no
es más que el grado preparatorio. Estamos celebrando ya el III Congreso, y el
camarada Terracini sigue insistiendo en que la tarea del grado preparatorio
consiste en expulsar, perseguir y desenmascarar a los centristas y
semicentristas. ¡Muy agradecido! Ya nos hemos ocupado bastante de eso. En el II
Congreso dijimos ya que los centristas son nuestros enemigos. Pero hay que
seguir adelante. La segunda fase consistirá en aprender a preparar la
revolución después de organizarnos en partido. En muchos países ni siquiera
hemos aprendido a hacernos con la dirección. Vencimos en Rusia porque tuvimos a
nuestro lado no sólo a la mayoría indudable de la clase obrera (en 1917,
durante las elecciones, nos apoyó la aplastante mayoría de los obreros, en
contra de los mencheviques), sino también porque se pasaron a nuestro lado la
mitad del ejército, inmediatamente después de la conquista del poder por
nosotros, y las nueve décimas partes de la masa campesina, en unas cuantas
semanas; vencimos porque adoptamos y pusimos en práctica no nuestro programa
agrario, sino el eserista. Nuestra victoria consistió precisamente en que
aplicamos el programa eserista; por eso fue tan fácil esta victoria. ¿Acaso en
vuestros países, en Occidente, cabe hacerse semejantes ilusiones? ¡Sería
ridículo! ¡Comparad las condiciones económicas concretas, camarada Terracini y
todos los que habéis suscrito la propuesta sobre las enmiendas! A pesar de que
la mayoría se colocó con tanta rapidez a nuestro lado, fueron muy grandes las
dificultades con que tropezamos después de la victoria. Sin embargo, nos
abrimos paso porque no olvidábamos ni nuestros objetivos ni nuestros
principios, y no consentimos la permanencia en nuestro partido de gentes que
silenciaban los principios y hablaban de los objetivos, de las "tendencias
dinámicas" y del "tránsito de la pasividad a la actividad". Tal
vez se nos acuse de que preferimos tener a estos señores en la cárcel. Pero de
otro modo es imposible la dictadura. Debemos preparar la dictadura, mas esta
preparación consiste en la lucha contra semejantes frases y semejantes
enmiendas. (Risas.) En nuestras tesis
se habla a cada paso de las masas. Pero, camaradas, es preciso comprender qué
son las masas. Camaradas de la izquierda, el Partido Comunista Obrero Alemán
abusa demasiado de esta palabra. Pero el camarada Terracini y todos los que han
suscrito estas enmiendas tampoco saben lo que se debe entender por la palabra
"masas".
Llevo hablando demasiado
tiempo; por eso, sólo quisiera decir unas palabras sobre el concepto de
"masas". El concepto de "masas" varía según cambie el
carácter de la lucha. Al comienzo de la lucha bastaban varios miles de
verdaderos obreros revolucionarios para que se pudiese hablar de masas. Si el
partido, además de llevar a la lucha a sus militantes, consigue poner en pie a
los sin partido, esto es ya el comienzo de la conquista de las masas. Durante
nuestras revoluciones hubo casos en que unos cuantos miles de obreros
representaban la masa. En la historia de nuestro movimiento, en la historia de
nuestra lucha contra los mencheviques, encontraréis muchos ejemplos en que
bastaban en una ciudad unos miles de obreros para hacer evidente el carácter
masivo del movimiento. Si unos miles de obreros sin partido que llevan
habitualmente una vida pancista y arrastran una existencia lamentable, que
nunca han oído hablar de política, comienzan a actuar a lo revolucionario, ya
tenéis delante a la masa. Si el movimiento se extiende e intensifica, va
transformándose paulatinamente en una verdadera revolución. Esto lo vimos en
1905 y en 1917, durante las tres revoluciones, y vosotros también tendréis
aúnocasión de convenceros de ello.
53
Cuando la revolución está ya
suficientemente preparada, el concepto de "masas" es otro: unos
cuantos miles de obreros no constituyen ya la masa. Esta palabra comienza a
significar otra cosa distinta. El concepto de masas cambia en el sentido de que
por él se entiende una mayoría, y además no sólo una simple mayoría de obreros,
sino la mayoría de todos los explotados. Para un revolucionario es inadmisible
otro modo de concebir esto; cualquier otro sentido de esta palabra sería
incomprensible. Es posible que también un pequeño partido, el inglés o el
norteamericano, por ejemplo, después de estudiar bien la marcha del desarrollo
III Congreso de la Internacional Comunista
político y de conocer la
vida y los hábitos de las masas sin partido, suscite en un momento favorable un
movimiento revolucionario (el camarada Rádek, como un buen ejemplo, ha indicado
la huelga de míneros56). Si un partido así presenta en
semejante momento sus propias consignas y logra que le sigan millones de
obreros, tendréis delante un movimiento de masas. Yo no excluyo en absoluto que
la revolución pueda ser iniciada también por un partido muy pequeño y llevada
hasta la victoria. Pero es preciso conocer los métodos para ganarse a las
masas. Para ello es necesario preparar a fondo la revolución. Pero vemos que
hay camaradas que afirman: Hace falta renunciar inmediatamente a la exigencia
de conquistar "grandes" masas. Es necesario luchar contra estos
camaradas. En ningún país lograréis la victoria sin una preparación a fondo. Es
suficiente un partido muy pequeño para conducir a las masas. En determinados
momentos no hay necesidad de grandes organizaciones.
Mas para la victoria es
preciso contar con la simpatía de las masas. No siempre es necesaria la mayoría
absoluta; mas para la victoria, para mantener el poder, es imprescindible no
sólo la mayoría de la clase obrera —empleo aquí el término "clase obrera"
en el sentido euroccidental, es decir, en el sentido de proletariado
industrial—, sino también la mayoría de la población rural explotada y
trabajadora. ¿Habéis pensado en esto? ¿Vemos en el discurso de Terracini,
aunque sólo sea, una insinuación de esta idea? En él sólo se habla de la
"tendencia dinámica", del "tránsito de la pasividad a la
actividad". ¿Se dice en él una palabra, al menos, del problema del
abastecimiento? Porque los obreros exigen alimentos, aunque pueden soportar
muchas privaciones y pasar hambre, como lo hemos visto, hasta cierto grado, en
Rusia. Por eso debemos atraer a nuestro lado no sólo a la mayoría de la clase
obrera, sino también a la mayoría de la población rural trabajadora y
explotada. ¿Habéis preparado esto? En casi ningún país.
Así pues, repito: debo defender sin falta nuestras tesis y
considero obligatoria, por mi parte, esta defensa. No sólo hemos condenado a
los centristas, sino que los hemos expulsado del partido. Ahora debemos dirigir
los dardos contra otra parte, que también consideramos peligrosa. Debemos decir
a los camaradas la verdad de la manera más cortés (y en nuestras tesis se ha
dicho con amabilidad y cortesía) para que nadie se sienta ofendido: hoy tenemos
planteadas cuestiones más importantes que la de acosar a los centristas. Basta
de ocuparnos de este problema. Ya estamos algo hartos de él. En lugar de eso,
los camaradas deberían aprender a sostener una verdadera lucha revolucionaria.
Los obreros alemanes ya la han emprendido. Cientos de miles de proletarios se
han batido con heroísmo en este país. Es necesario expulsar inmediatamente a
todo el que se pronuncie contra esta lucha. Pero después de esto no hay que
dedicarse a la simple palabrería, sino que es necesario comenzar inmediatamente
a aprender, a aprender de los errores cometidos, la mejor manera de organizar
la lucha. No debemos ocultar nuestros errores ante el enemigo. Quien tema esto,
no es revolucionario. Por el contrario, si declaramos abiertamente a los
obreros: "Sí, hemos cometido errores", esto significará que en
adelante no habrán de repetirse tales errores y que sabremos elegir mejor el
momento. Y si durante la propia lucha se pasa a nuestro lado la mayoría de los
trabajadores —no sólo la mayoría de los obreros, sino la mayoría de todos los
explotados y oprimidos—, entonces venceremos de veras. (Prolongados y clamorosos aplausos.)
![]()
56 Se trata de la huelga sostenida por los
mineros ingleses entre abril y junio de 1921. Se declaró en respuesta a la
exigencia de los propietarios de las minas de disminuir considerablemente el
salario de los mineros. Participó en ella más de un millón de mineros y se
convirtió en general tras el llamamiento del sindicato de esta rama. La
Federación de los mineros propuso a los comités ejecutivos de las tradeuniones
de los obreros del transporte y de los ferroviarios que participasen en la
huelga de solidaridad, pero los líderes reformistas de estos sindicatos no
apoyaron a los mineros. Mantuvieron entre bastidores conversaciones con el
Gobierno y los propietarios de las minas con el fin de llegar a un compromiso y
romper la huelga. Después de tres meses de heroica lucha, los mineros ingleses
tuvieron que reanudar el trabajo.
III Congreso de la Internacional Comunista
Publicado íntegro el 8 de julio de 1921 en el núm. 11 del
"Boletín del III Congreso de la Internacional Comunista". Una
información periodística se publicó el 5 de julio de 1921 en el núm. 144 de
"Pravda" y en el núm. 144 de "Izvestia del CEC de toda
Rusia",
T. 44, págs. 23-33,
3. Informe sobre la
táctica del PC de Rusia, 5 de julio.
Camaradas: A decir verdad,
no me ha sido posible prepararme como es debido para este informe. Todo lo que
he podido preparar de un modo sistemático es la traducción de mi folleto sobre
el impuesto en especie* y las tesis relativas a la táctica del Partido
Comunista de Rusia**. A estos escritos deseo únicamente agregar algunas
aclaraciones y observaciones.
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.) ** Véase el presente
volumen. (N. de la Edit.)
Para argumentar la táctica
de nuestro partido es preciso, a juicio mío, comenzar por exponer la situación internacional. Hemos
analizado ya con prolijidad la situación económica del capitalismo a escala internacional, y el congreso ha adoptado
sobre el particular las resoluciones pertinentes57. En mis tesis trato esta cuestión en forma muy somera y
exclusivamente desde el punto de vista político.
54
No trato los fundamentos
económicos, pero creo que, en el examen de la situación internacional de
nuestra república desde el punto de vista político, debe tomarse en
consideración el hecho de que ahora se ha establecido sin duda un cierto
equilibrio de las fuerzas que venían desplegando entre sí una lucha abierta, a
mano armada, por el dominio de una u otra clase dirigente: un equilibrio entre
la sociedad burguesa, la burguesía internacional en su conjunto, por una parte,
y la Rusia Soviética, por otra. Pero, desde luego, se puede hablar de
equilibrio únicamente en un sentido restringido. Sólo en relación con esta
lucha militar yo afirmo que ha sobrevenido un cierto equilibrio en la situación
internacional. Lógicamente es necesario subrayar que no se trata sino de un
equilibrio relativo, de un equilibrio muy inestable. En los Estados
capitalistas se ha acumulado mucho material inflamable, igual que en los países
que hasta hoy eran considerados sólo como objetos y no como sujetos de la
historia, es decir, en las colonias y semicolonias; es perfectamente posible,
pues, que en estos países estallen tarde o temprano, y de un modo inopinado en
absoluto, insurrecciones, grandes combates y revoluciones. En los últimos años
hemos asistido a una contienda abierta de la burguesía internacional contra la
primera república proletaria. Toda la situación política mundial ha venido
girando en torno a esta contienda, y justamente aquí se ha producido ahora el
cambio. Como ha fracasado el intento de la burguesía internacional de asfixiar
a nuestra república, ha surgido el equilibrio, muy inestable, por supuesto.
Naturalmente, comprendemos
bien que la burguesía internacional es en estos momentos mucho más fuerte que
nuestra república y que sólo una peculiar combinación de circunstancias le
impide proseguir la guerra contra nosotros. En las últimas semanas hemos podido
ver ya en el Extremo Oriente nuevas tentativas de reanudar la invasión58, y es
![]()
57 Se alude a la resolución del III Congreso de la Internacional
Comunista La situación internacional y
nuestras tareas.
58
El
26 de mayo de 1921 los guardias blancos derrocaron en Vladivostok, con el apoyo
de los intervencionistas japoneses, la Dirección Regional de Primorie de la
República Extremoriental y pusieron en el poder a representantes de la gran
burguesía. En Primorie se implantó un régimen de dictadura burguesa y terror;
Primorie del Sur quedó convertido en plaza de armas para continuar la
intervención imperialista en el Extremo Oriente. El ejército popular
revolucionario de la República Extremo Oriental derrotó a los guardias blancos.
El Japón se vio obligado a evacuar sus tropas del Extremo Oriente. El 14 de
noviembre de 1922, la Asamblea Popular de dicha república acordó constituir el
Comité Revolucionario Extremoriental, le confirió la plenitud de poder y le encargó
poner en práctica la unificación
III Congreso de la Internacional Comunista
indudable que han de
repetirse tentativas de este género. A este respecto, en nuestro partido no
abrigamos dudas. Nos importa dejar sentado que existe un equilibrio inestable y
que debemos aprovechar esta tregua, tomando en consideración los rasgos característicos
de la situación presente, ajustando nuestra táctica a las peculiaridades de
esta situación y no olvidando ni un instante que puede volver a surgir de
súbito la necesidad de una lucha armada. La organización del Ejército Rojo y su
fortalecimiento siguen siendo una de nuestras tareas. Igualmente, por lo que
atañe al problema del abastecimiento, debemos continuar pensando, primero, en
nuestro Ejército Rojo. En la presente situación internacional, cuando aún
debemos esperar nuevas agresiones y nuevas tentativas de invasión de la
burguesía mundial, no podemos seguir otro camino.
En cuanto a nuestra política
práctica, el hecho de que en la situación internacional haya sobrevenido cierto
equilibrio reviste alguna importancia, mas sólo en el sentido de que debemos
reconocer que, en rigor, el movimiento revolucionario ha hecho progresos, pero
el desarrollo de la revolución internacional no ha seguido este año una
trayectoria tan recta como esperábamos.
Cuando, en su tiempo,
iniciamos la revolución internacional, no lo hicimos persuadidos de que
podíamos adelantarnos a su desarrollo, sino porque toda una serie de
circunstancias nos impulsaron a comenzarla. Nosotros pensábamos: o la
revolución internacional acude en nuestra ayuda, y entonces tenemos plenamente
garantizadas nuestras victorias, o llevaremos a cabo nuestra modesta labor
revolucionaria con la convicción de que, en caso de derrota, y pese a todo,
serviremos a la causa de la revolución, y nuestra experiencia será útil para
otras revoluciones. Teníamos claro que la victoria de la revolución proletaria
era imposible sin el apoyo de la revolución mundial. Ya antes de la revolución,
y después de ella, pensábamos: o estalla inmediatamente la revolución —o por lo
menos muy pronto— en los otros países, más desarrollados en el aspecto
capitalista, o, de lo contrario, habremos de sucumbir. A pesar de este
convencimiento, hicimos todo lo posible para mantener en todas las
circunstancias y a todo trance el sistema soviético, porque sabíamos que no
sólo bregábamos para nosotros mismos, sino también para la revolución
internacional. Lo sabíamos, habíamos expresado reiteradas veces esta convicción
antes de la Revolución de Octubre, igual que inmediatamente después de ella y
cuando firmamos la paz de Brest— Litovsk. Y, hablando en términos generales,
esto era justo.
Pero, en realidad, el
movimiento no ha seguido un camino tan recto como esperábamos. La revolución no
ha estallado aún en otros grandes países, más desarrollados en el aspecto
capitalista. Bien es verdad que la revolución se desarrolla —podemos consignarlo
con satisfacción— en todo el mundo, y sólo merced a esta circunstancia la
burguesía internacional, aunque en el sentido económico y militar sea cien
veces más fuerte que nosotros, no está en condiciones de estrangularnos. (Aplausos.)
En el apartado 2 de las
tesis examino cómo se ha creado esta situación y qué conclusiones debemos sacar
de ella. Añadiré que la deducción definitiva que yo hago es la siguiente: el
desarrollo de la revolución internacional, previsto por nosotros, sigue su
curso. Pero este movimiento ascendente no es tan rectilíneo como esperábamos. A
primera vista es claro que no se ha conseguido desatar la revolución en otros
países capitalistas, una vez concertada la paz, por mala que ésta haya sido,
aunque, como sabemos, los síntomas revolucionarios hayan sido considerables y
numerosos, inclusive mucho más considerables y numerosos de lo que creíamos.
55
Ahora comienzan a aparecer
folletos que nos hacen ver que, en los últimos años y meses, estos síntomas
revolucionarios han sido en Europa bastante más importantes de lo que
![]()
del Extremo Oriente con la Rusia
Soviética. El 15 de noviembre de 1922, el Presídium del CEC de toda Rusia
decretó que la República Extremoriental era parte inseparable de la Federación
Rusa.
III Congreso de la Internacional Comunista
sospechábamos. Pues bien,
¿qué debemos hacer en la actualidad? Ahora es indispensable preparar a fondo la
revolución y estudiar profundamente su desarrollo concreto en los países
capitalistas más adelantados. Esta es la primera enseñanza que debemos extraer
de la situación internacional. Para nuestra república de Rusia debemos
aprovechar esta breve tregua a fin de adaptar nuestra táctica a este zigzag de
la historia. Desde el punto de vista político, este equilibrio es muy
importante, porque vemos a las claras que precisamente en muchos países del
oeste de Europa, donde están organizadas las grandes masas de la clase obrera,
y con toda probabilidad, la inmensa mayoría de la población, constituyen el
principal punto de apoyo de la burguesía, ni más ni menos, las organizaciones
de la clase obrera que nos son hostiles y están adheridas a la II Internacional
y a la Internacional II y media. Hablo de esto en el apartado 2 de las tesis y
creo que aquí debo tratar sólo dos puntos que ya han sido aclarados en nuestras
discusiones sobre táctica. Primero: la conquista de la mayoría del
proletariado. Cuanto más organizado esté el proletariado en un país capitalista
desarrollado, tanta más solidez nos exigirá la historia en lo que se refiere a
la preparación de la revolución y tanto más a fondo debemos conquistar la
mayoría de la clase obrera. Segundo: el apoyo principal del capitalismo en los
países capitalistas de alto desarrollo industrial lo constituye precisamente la
parte de la clase obrera organizada en la II Internacional y en la
Internacional
II y media. Si la burguesía internacional
no se apoyase en estos sectores obreros, en estos elementos
contrarrevolucionarios del seno de la clase obrera, en modo alguno podría
sostenerse. (Aplausos.)
También quisiera poner de
relieve aquí el significado del movimiento
en las colonias. En este sentido vemos en todos los viejos partidos, en
todos los partidos obreros burgueses y pequeño burgueses de la II Internacional
y de la Internacional II y media, vestigios de las antiguas concepciones
sentimentales: según ellos dicen, todas sus simpatías son para los pueblos
oprimidos de las colonias y semicolonias. Aún se considera el movimiento en las
colonias un movimiento nacional insignificante y pacífico del todo. Pero no es
así. Desde comienzos del siglo XX se han producido en este sentido grandes
cambios, a saber: millones y centenares de millones de personas —de hecho, la
inmensa mayoría de la población del orbe— intervienen hoy como factores
revolucionarios activos e independientes. Y es claro a todas luces que, en las
futuras batallas decisivas de la revolución mundial, el movimiento de la
mayoría de la población del globo terráqueo, encaminado al principio hacia la
liberación nacional, se volverá contra el capitalismo y el imperialismo y
desempeñará tal vez un papel revolucionario mucho más importante de lo que
esperamos. Importa destacar que, por primera vez en nuestra Internacional,
hemos emprendido la preparación de esta lucha. Naturalmente, en este inmenso
sector hay muchos más escollos; pero, en todo caso, el movimiento avanza, y las
masas trabajadoras, los campesinos de las colonias, a pesar de que aún son
atrasados, desempeñarán un papel revolucionario muy grande en las fases
sucesivas de la revolución mundial. (Vivas
muestras de aprobación.)
En cuanto a la situación política interior de nuestra
república, debo comenzar por un examen exacto de las relaciones de clase.
En los últimos meses han sobrevenido cambios, por cuanto observamos la
formación de nuevas organizaciones de la clase explotadora enfiladas contra
nosotros. La misión del socialismo consiste en suprimir las clases. En las
primeras filas de la clase de los explotadores figuran los grandes
terratenientes y los capitalistas industriales. Por lo que a ellos se refiere,
la labor de destrucción es bastante fácil y puede ser llevada a término en unos
cuantos meses, y a veces inclusive en unas cuantas semanas o días. En Rusia
hemos expropiado a nuestros explotadores, los grandes terratenientes y
capitalistas. Durante la guerra, éstos no poseían su propia organización y sólo
actuaban como lacayos de las fuerzas armadas de la burguesía internacional.
Ahora, después de que hemos repelido la ofensiva de la contrarrevolución
internacional, se ha constituido en el extranjero la organización de la burguesía
rusa y de todos los partidos contrarrevolucionarios rusos. Se puede calcular en
millón y medio o dos millones el número de emigrados rusos diseminados por
todos los
III Congreso de la Internacional Comunista
países extranjeros. Casi en
cada país publican diarios, y todos los partidos, los de los terratenientes y
los pequeñoburgueses, sin excluir a los socialistas— revolucionarios ni a los
mencheviques, disponen de numerosos vínculos con los elementos burgueses
extranjeros, es decir, reciben dinero suficiente para contar con prensa propia;
podemos observar en el extranjero el trabajo mancomunado de todos nuestros
antiguos partidos políticos sin excepción, y vemos cómo la prensa rusa
"libre" que se publica en el extranjero, comenzando por la de los
socialistas— revolucionarios y los mencheviques y terminando por los
monárquicos ultrarreaccionarios, defiende la gran propiedad agraria. Esto
alivia hasta cierto punto nuestra tarea, porque podemos atalayar mejor las
fuerzas del enemigo, comprobar su grado de organización y las corrientes
políticas existentes en su campo. Por otra parte, esto, como es natural,
entorpece nuestra labor, porque estos emigrados contrarrevolucionarios rusos
recurren a todos los medios para preparar la lucha contra nosotros.
56
Esta lucha demuestra una vez
más que, en general, el instinto de clase y la conciencia de clase de las
clases dominantes son aún superiores a la conciencia de las clases oprimidas, a
pesar de que, en este sentido, la revolución rusa ha hecho más que todas las
revoluciones anteriores. En Rusia no existe ni una aldea donde la gente, los
oprimidos no hayan experimentado una sacudida. A pesar de esto, si enjuiciamos
fríamente el grado de organización y la claridad política de los puntos de
vista de la emigración contrarrevolucionaria rusa residente en el extranjero,
nos persuadiremos de que la conciencia de clase de la burguesía es todavía
superior a la de los explotados y oprimidos. Estas gentes hacen todos los
intentos imaginables y utilizan con habilidad cada ocasión para lanzarse de una
u otra forma contra la Rusia Soviética y desmembrarla. Sería muy aleccionador —
y yo creo que los camaradas extranjeros así lo harán— estudiar de un modo
sistemático las pretensiones más salientes, los métodos tácticos más importantes
y las tendencias principales de la contrarrevolución rusa. Esta opera sobre
todo en el extranjero, y a los camaradas extranjeros no les será muy difícil
estar al tanto de su movimiento. En algunos aspectos debemos aprender de este
enemigo. Los emigrados contrarrevolucionarios están muy bien informados, tienen
una excelente organización, son buenos estrategas, y yo estimo que la
confrontación sistemática, el estudio sistemático de cómo se organizan y cómo
utilizan tal o cual oportunidad, puede ejercer fuerte influjo sobre la clase
obrera desde el punto de vista de la propaganda. Esto no es teoría general,
esto es política práctica, y aquí se ve lo que el enemigo ha aprendido. En los
últimos años, la burguesía rusa ha sufrido una tremenda derrota. Hay una vieja
frase proverbial que dice que los ejércitos aprenden mucho de las derrotas59. El vapuleado ejército reaccionario ha aprendido mucho y bien.
Estudia con el mayor ahínco; en realidad, ha conseguido grandes éxitos. Cuando
tomamos de un golpe el poder, la burguesía rusa no estaba ni organizada ni
desarrollada en el sentido político. Ahora, a mi entender, está a la altura del
actual desarrollo euroccidental. Debemos tenerlo en cuenta, debemos mejorar
nuestras propias organizaciones y nuestros propios métodos, y nos afanaremos
con toda energía por hacerlo así. A nosotros nos ha sido relativamente fácil, y
yo creo que también les será fácil a las demás revoluciones acabar con estas
dos clases explotadoras.
Además de esta clase de los
explotadores, en casi todos los países capitalistas — excepción hecha, tal vez,
de Inglaterra— existe la clase de los pequeños productores y de los pequeños
campesinos. El principal problema de la revolución estriba hoy en la lucha
contra estas dos últimas clases. Para librarnos de ellas es necesario aplicar
métodos distintos de los empleados en la lucha contra los grandes
terratenientes y capitalistas. A estas dos clases últimas pudimos simplemente
expropiarlas, pudimos deshacernos de ellas, como así lo hicimos. Pero no
podemos proceder del mismo modo con las últimas clases capitalistas, con los
pequeños productores y con los pequeños burgueses que existen en todos los
países. En
![]()
59 Véase F. Engels. ¿Puede
Europa desarmarse?.
III Congreso de la Internacional Comunista
la mayoría de los países
capitalistas, estas clases constituyen una minoría muy nutrida, aproximadamente
del 30 al 45% de la población. Si a ellas añadimos el elemento pequeñoburgués
de la clase obrera, resultará incluso más del 50%. No se las puede expropiar ni
es posible deshacerse de ellas; la lucha debe llevarse ahí de otra forma. La
significación del período que ahora se inicia en Rusia, desde el punto de vista
internacional —si consideramos la revolución internacional como un proceso
único—, consiste esencialmente en que debemos resolver de manera práctica el
problema de la actitud del proletariado ante la última clase capitalista en
Rusia. Todos los marxistas han resuelto bien y con facilidad este problema en
teoría; pero la teoría y la práctica son dos cosas distintas, y no es lo mismo,
ni mucho menos, resolver este problema en el terreno práctico que en el terreno
teórico. Sabemos a ciencia cierta que hemos cometido grandes faltas. Desde el
punto de vista internacional constituye un enorme progreso el que nos
esforcemos por determinar la actitud del proletariado, dueño del poder estatal,
con la última clase capitalista, con la base más profunda del capitalismo, con
la pequeña propiedad, con el pequeño productor. Esta cuestión se nos plantea
hoy prácticamente. Pienso que podremos resolverla. En todo caso, la experiencia
que estamos viviendo será útil para las futuras revoluciones proletarias, y
éstas sabrán prepararse mejor desde el punto de vista técnico para dar solución
al problema.
He intentado analizar en mis
tesis la actitud del proletariado ante
los campesinos. Por primera vez en la historia existe un Estado en el que
sólo hay dos clases: el proletariado y los campesinos. Estos últimos
constituyen la inmensa mayoría de la población. Como es natural, están muy
atrasados.
¿De qué modo se manifiesta
prácticamente en el desarrollo de la revolución la actitud del proletariado,
dueño del poder, ante los campesinos? Primera forma: alianza, una alianza
estrecha. Esta es una tarea muy difícil, pero, en todo caso, posible en los aspectos
económico y político.
¿Cómo hemos abordado en la
práctica este problema? Hemos sellado con los campesinos una alianza que
entendemos así: el proletariado emancipa a los campesinos de la explotación
burguesa, los arranca de la dirección e influencia de ésta y los atrae a su lado
para vencer juntos a los explotadores.
57
Los mencheviques razonan así: el campesinado forma la mayoría, y
como nosotros somosdemócratas puros, consideramos que es la mayoría la que debe
decidir. Pero como el campesinado no puede ser independiente, esto no significa
en la práctica sino la restauración del capitalismo. La consigna es la misma:
alianza con los campesinos. Al hablar así, entendemos por esto el reforzamiento
y la consolidación del proletariado. Hemos intentado concluir esta alianza
entre el proletariado y los campesinos, y la primera etapa ha sido la alianza
militar. Los tres años de guerra civil crearon enormes dificultades, pero, en
cierto sentido, la guerra nos facilitó la tarea. Posiblemente resulte extraño,
pero así es. La guerra no fue algo nuevo para los campesinos; ellos comprendían
perfectamente la guerra contra los explotadores, contra los grandes
terratenientes. Las grandes masas campesinas estaban a nuestro lado. A pesar de
las inmensas distancias y de que la mayoría de nuestros campesinos no saben
leer ni escribir, nuestra propaganda era asimilada por ellos con gran
facilidad. Esto es una demostración de que las amplias masas —lo mismo que en
los países más adelantados— aprenden mucho mejor de su propia experiencia
práctica que de los libros. Y en nuestro país, la experiencia práctica para el
campesinado estuvo facilitada, además, porque Rusia es extensísima y porque sus
distintas partes podían atravesar a un mismo tiempo diferentes fases de
desarrollo.
En Siberia y en Ucrania, la
contrarrevolución pudo triunfar temporalmente, porque allí la burguesía tenía a
su lado al campesinado, porque los campesinos estaban contra nosotros. Los
campesinos decían a menudo: "Somos bolcheviques, pero no comunistas.
Estamos a
III Congreso de la Internacional Comunista
favor de los bolcheviques,
porque han arrojado a los terratenientes, pero no a favor de los comunistas,
porque están en contra de la hacienda individual". Y durante cierto
tiempo, la contrarrevolución pudo triunfar en Siberia y en Ucrania, porque la
burguesía tuvo éxito en la lucha por ganar influencia entre los campesinos;
pero bastó un período muy corto para abrir los ojos a los campesinos. En poco
tiempo acumularon experiencia práctica y bien pronto se dijeron: "Sí, los
bolcheviques son gente bastante desagradable; no sentimos cariño por ellos,
pero son mejores que los guardias blancos y la Asamblea Constituyente".
Para ellos, la Constituyente sonaba a insulto. No sólo entre los comunistas
desarrollados, sino también entre los campesinos. Estos saben por la vida
práctica que la Asamblea Constituyente y la guardia blanca son una y la misma
cosa, que tras la primera llega irremisiblemente la segunda. Los mencheviques
también utilizan el hecho de la alianza militar con el campesinado, pero no
piensan en que no es suficiente esta alianza. No puede haber alianza militar
sin alianza económica, pues no vivimos sólo de aire; nuestra alianza con los
campesinos en modo alguno podría sostenerse largo tiempo sin una base
económica, que fue la de nuestra victoria en la guerra contra nuestra
burguesía: no hay que perder de vista que nuestra burguesía estaba unida a toda
la burguesía internacional.
La base de esta alianza
económica entre nosotros y el campesinado era, naturalmente, muy simple,
incluso tosca. El campesino obtuvo de nosotros toda la tierra y apoyo contra la
gran propiedad agraria. Nosotros debíamos recibir a cambio víveres. Esta alianza
era algo completamente nuevo y no estaba fundada en las relaciones habituales
entre productores de mercancías y consumidores. Nuestros campesinos lo
comprendían mucho mejor que los héroes de la II Internacional y la
Internacional II y media. Y se decían: "Estos bolcheviques son unos jefes
severos, pero, a pesar de todo, son gente nuestra". Como quiera que sea,
sentamos, pues, las bases de una nueva alianza económica. Los campesinos
suministraban al Ejército Rojo sus productos y recibían de él apoyo para
defender sus tierras. Esto lo olvidan siempre los prohombres de la II
Internacional que, a semejanza de Otto Bauer, no comprenden en absoluto la
situación actual. Reconocemos que la forma inicial de la alianza era muy
primitiva y que cometimos muchos errores. Pero debíamos actuar con la mayor
celeridad posible, debíamos organizar a toda costa el aprovisionamiento del
ejército. Durante la guerra civil estuvimos aislados de todas las zonas
cerealistas de Rusia. Nuestra situación era pavorosa, y parece casi un milagro
que el pueblo ruso y la clase obrera pudieran soportar tantos sufrimientos,
miseria y privaciones sin poseer otra cosa que una incontenible voluntad de
vencer. (Vivas muestras de aprobación y
aplausos.)
Una vez finalizada la guerra
civil, nuestra tarea pasó a ser, en todo caso, distinta. Si el país no hubiera
estado tan arruinado como lo estaba después de siete años de guerra incesante,
tal vez habría sido posible una transición más fácil hacia una nueva forma de
alianza entre el proletariado y los campesinos. Pero la mala cosecha, la
escasez de piensos, etc., agravaron más aún las ya duras condiciones reinantes
en el país. Como consecuencia de ello, las privaciones de los campesinos se
hicieron insoportables. Debíamos hacer ver inmediatamente a las grandes masas
campesinas que, sin desviarnos en absoluto de la senda revolucionaria,
estábamos dispuestos a modificar nuestra política de manera que los campesinos
pudieran decirse: los bolcheviques quieren mejorar ahora mismo y a todo trance
nuestra insoportable situación.
Así pues, se produjo el cambio de nuestra política económica:
en lugar de las requisas se implantó el impuesto en especie. No se ideó de
golpe. En la prensa bolchevique pudisteis ver durante meses diversas
propuestas; pero no se llegó a trazar un proyecto que prometiese realmente el
éxito. Mas no es eso lo que importa. Lo importante es que modificamos nuestra
política económica, ajustándonos exclusivamente a las circunstancias prácticas
y a una necesidad dictada por la situación.
58
III Congreso de la Internacional Comunista
La mala cosecha, la escasez
de piensos y la falta de combustible tienen, claro está, una influencia
decisiva en toda la economía, incluida también la campesina. Si el campesinado
se declara en huelga, no obtenemos leña. Y si no disponemos de leña, las fábricas
tendrán que parar. Por lo tanto, en la primavera de 1921, la crisis económica
resultante de la pésima cosecha y de la escasez de piensos alcanzó gigantescas
proporciones. Todo eso fue consecuencia de los tres años de guerra civil. Era
menester mostrar a los campesinos que podíamos y queríamos modificar con
rapidez nuestra política para aliviar al instante su penuria. Nosotros decimos
constantemente —en el II Congreso se dijo lo mismo— que la revolución requiere
sacrificios. Hay camaradas que en su propaganda emplean los siguientes
argumentos: estamos dispuestos a hacer la revolución, pero ésta no debe ser
demasiado dura. Si no me equivoco, esta afirmación fue del camarada Smeral en
el discurso que pronunció en el congreso del partido checoslovacos60. Lo he leído en una información del Vorwarts61 de Reichenberg. Allí existe, por lo
visto, un ala ligeramente izquierdista. Por lo tanto, la fuente no puede ser considerada enteramente ecuánime. En
todo caso, debo manifestar que si Smeral dijo eso, no tiene razón. Algunos
oradores que hicieron uso de la palabra en el citado congreso después de Smeral
dijeron: "Sí, seguiremos a Smeral, porque así nos libraremos de la guerra
civil". (Risas.) Si todo eso es
verdad, yo debo decir que semejante agitación no es comunista ni
revolucionaria. Es natural que cada revolución origine enormes sacrificios a la
clase que la lleva a cabo. La revolución se distingue de la lucha corriente
porque toman parte en el movimiento diez, cien veces más personas, y en este
sentido cada revolución implica sacrificios no sólo para unos cuantos, sino
para toda la clase. La dictadura del proletariado en Rusia ha acarreado a la
clase dominante, al proletariado, sacrificios, miseria y privaciones como jamás
se habían conocido en la historia, y es muy probable que en cualquier otro país
las cosas sigan el mismo derrotero.
Cabe preguntar: ¿Cómo repartiremos estas privaciones?
Somos poder estatal. Hasta cierto punto, estamos en condiciones de repartir las
privaciones, de distribuirlas entre las clases, y, por lo tanto, de mitigar
relativamente la situación de algunos sectores de la población. ¿Con arreglo a
qué principio debemos actuar? ¿Con arreglo al principio de la justicia o de la
mayoría? No. Debemos proceder con un criterio práctico. Debemos hacer la
distribución de modo que se mantenga el poder del proletariado. Este es nuestro
único principio. Al comienzo de la revolución, la clase obrera se vio obligada
a padecer penurias sin cuenta. Hago constar ahora que nuestra política de
abastecimiento obtiene cada año mayores éxitos. Y es indudable que, en general,
la situación ha mejorado. Pero, incuestionablemente, los campesinos de Rusia
han salido ganando con la revolución más que la clase obrera. De esto no puede
caber la menor duda. Desde el punto de vista teórico, esto, claro está, indica
que nuestra revolución era, en cierto sentido, burguesa. Cuando Kautsky
esgrimió contra nosotros este argumento, nos echamos a reír. Es natural que sin
expropiar la gran propiedad agraria, sin arrojar a los grandes terratenientes y
sin repartir la tierra, la revolución es solamente burguesa y no socialista.
Sin embargo, hemos sido el único partido que ha sabido llevar la revolución
burguesa hasta el fin y facilitar la lucha por la revolución socialista. El
Poder soviético y el sistema soviético son instituciones del Estado socialista.
Hemos hecho ya realidad estas instituciones, pero no hemos cumplido aún la
tarea de entablar las relaciones económicas entre los campesinos y el
proletariado. Queda mucho por hacer, y el desenlace de esta lucha dependerá de
si podemos cumplir esta tarea o no. Así pues, la distribución de
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60 Congreso
del partido checoslovaco:
Congreso del Partido Socialdemócrata Checoslovaco (izquierdista), que fue el
Congreso de Fundación del Partido Comunista de Checoslovaquia. Se celebró en
Praga del 14 al 16 de mayo de 1921 y participaron en él 569 delegados en
representación de más de 350.000 afiliados. Bajo las clamorosas y prolongadas
ovaciones de los delegados, el congreso adoptó la resolución de ingresar en la
III Internacional. El informante fundamental fue B. Smeral.
61 "Vorwärtd N ("Adelante"): periódico que empezó a
publicarse en mayo de 1911 como órgano de la tendencia izquierdista de los
socialdemócratas austriacos en Reichenberg. Desde 1921 fue órgano del Partido
Comunista de Checoslovaquia (sección alemana).
III Congreso de la Internacional Comunista
las privaciones representa
prácticamente uno de los cometidos más difíciles. En general, ha sobrevenido
una mejora en la situación de los campesinos, y sobre la clase obrera han
recaído duros sufrimientos, precisamente porque está ejerciendo su dictadura.
Ya he dicho que la escasez de piensos y la mala cosecha dieron
origen en la primavera de 1921 a una tremenda indigencia del campesinado, que
en nuestro país constituye la mayoría. Sin unas buenas relaciones con las masas
campesinas no podemos subsistir. De ahí que nuestra tarea haya consistido en
acudir en su ayuda inmediatamente. La situación de la clase obrera es agobiante
en extremo. Sus sufrimientos son terribles. Sin embargo, los elementos más
esclarecidos en el terreno político comprenden que, en beneficio de la
dictadura de la clase obrera, debemos realizar los mayores esfuerzos para
ayudar a los campesinos a todo trance. La vanguardia de la clase obrera lo ha
comprendido; pero en el seno de esta vanguardia hay quienes no pueden
entenderlo, quienes están demasiado extenuados para entenderlo. Han visto en
ello un error y han empezado a emplear la palabra "oportunismo". Han
dicho que los bolcheviques ayudan a los campesinos. Los campesinos, que nos
explotan, reciben todo cuanto quieren, mientras los obreros pasan hambre. Eso
venían a decir. Pero ¿es oportunismo eso? Ayudamos a los campesinos porque sin
una alianza con ellos es imposible el poder político del proletariado y es
inconcebible que este poder se sostenga. Lo decisivo para nosotros ha sido precisamente
esta razón de la conveniencia y no la razón de la distribución justa. Ayudamos
a loscampesinos porque esto es absolutamente necesario para que retengamos el
poder político. El principio supremo de la dictadura es mantener la alianza
entre el proletariado y los campesinos, para que el proletariado pueda
conservar el papel dirigente y el poder estatal.
59
El único medio que hemos encontrado para ello es el paso al impuesto en especie,
consecuencia inevitable de la lucha. El próximo año implantaremos por primera
vez este impuesto. Prácticamente, este principio no ha sido ensayado todavía.
De la alianza militar debemos pasar a la alianza económica, y, hablando en
teoría, la única base posible de esta última consiste en establecer el impuesto
en especie. En ello reside la única posibilidad teórica de llegar a colocar una
base económica realmente sólida de la sociedad socialista. La fábrica
socializada proporciona a los campesinos sus artículos, y los campesinos dan a
cambio de ellos trigo. Esta es la única forma posible de existencia de la
sociedad socialista, la única forma de edificación socialista en un país donde
los pequeños campesinos constituyen la mayoría o, cuando menos, una minoría muy
considerable. Los campesinos darán una parte a título de impuesto, y otra a
cambio de los artículos de la fábrica socialista o mediante el intercambio de
mercancías.
En este punto abordamos la
cuestión más difícil. El impuesto en especie implica, como es lógico, la libertad de comercio. El campesino,
después de hacer entrega del impuesto en especie, tiene derecho a trocar
libremente lo que le quede de su trigo. Esta libertad de cambio implica
libertad para el capitalismo. Lo decimos abiertamente y lo subrayamos. No lo
ocultamos en absoluto. Mal nos irían las cosas si se nos ocurriera ocultarlo.
La libertad de comercio implica libertad para el capitalismo; pero, a la vez,
una nueva forma del mismo. Significa que, hasta cierto punto, creamos de nuevo
capitalismo. Y lo hacemos sin ningún rebozo. Se trata del capitalismo de
Estado. Ahora bien, el capitalismo de Estado en una sociedad en la que el poder
pertenece al capital y el capitalismo de Estado en un Estado proletario son dos
conceptos distintos. En un Estado capitalista, el capitalismo de Estado
significa que es reconocido y controlado por el Estado en beneficio de la
burguesía y contra el proletariado. En el Estado proletario se hace eso mismo
en beneficio de la clase obrera con el fin de mantenernos frente a la
burguesía, todavía fuerte, y combatirla. De suyo se comprende que debemos
otorgar concesiones a la burguesía extranjera, al capital extranjero. Sin la
menor desnacionalización entregamos en arriendo minas, bosques y yacimientos de
III Congreso de la Internacional Comunista
petróleo a capitalistas
extranjeros para recibir de ellos artículos industriales, máquinas, etc., y,
por lo tanto, restablecer nuestra propia industria.
Como es natural, en la
cuestión del capitalismo de Estado no
todos hemos tenido el mismo criterio desde el primer momento. Pero a este
respecto hemos podido comprobar con gran alegría que nuestros campesinos se
desarrollan, que han comprendido plenamente el significado histórico de la
lucha que estamos desplegando en estos momentos. Campesinos muy sencillos de
los lugares más remotos han llegado hasta nosotros y nos han dicho:
"¿Cómo? ¿Hemos arrojado a nuestros capitalistas, que hablan en ruso, para
que ahora vengan capitalistas extranjeros?" ¿Acaso esto no indica el
desarrollo que han alcanzado nuestros campesinos? A un obrero orientado en el
sentido económico no es preciso explicarle por qué esto es necesario. Estamos
tan arruinados por los siete años de guerra que el restablecimiento de nuestra
industria requiere muchos años. Tenemos que pagar por nuestro atraso, por
nuestra debilidad, por lo que ahora estamos aprendiendo, por lo que debemos
aprender. Quien desea estudiar, debe pagar por la enseñanza. Debemos explicar
esto a todos y cada uno, y si lo hacemos ver de una manera práctica, las
grandes masas de campesinos y de obreros estarán de acuerdo con nosotros, pues,
siguiendo ese camino, mejorará de inmediato su situación, ya que esto permitirá
restablecer nuestra industria. ¿Qué nos mueve a hacer esto? No estamos solos en
nuestro planeta. Existimos en medio de un sistema de Estados capitalistas...
Por un lado están las colonias, pero no pueden ayudarnos aún; y por otro están
los países capitalistas, pero son enemigos nuestros. Resulta un cierto
equilibrio, claro que muy malo. Pero, con todo, debemos tener en cuenta este
hecho. No debemos perder de vista este hecho si queremos subsistir. O victoria
inmediata sobre toda la burguesía, o pago de un tributo.
Reconocemos con toda
franqueza y no ocultamos que, en el sistema del capitalismo de Estado, el
arrendamiento de empresas en régimen de concesión implica un tributo al
capitalismo. Pero ganaremos tiempo, y ganar tiempo significa ganarlo todo,
sobre todo en una época de equilibrio, cuando nuestros camaradas del extranjero
preparan a fondo su revolución. Y cuanto más a fondo la preparen, más segura
será la victoria. Pero, mientras tanto, tendremos que pagar un tributo.
Unas palabras sobre nuestra política de abastecimiento. Ha sido
sin duda primitiva y mala. Pero también podemos decir que ha tenido éxitos. En
relación con ello debo poner de relieve una vez más que la única base económica
posible del socialismo es la gran industria mecanizada. Quien olvide esto no es
comunista. Debemos elaborar de un modo concreto esta cuestión. No podemos
plantear las cuestiones como lo hacen los teóricos del viejo socialismo.
Debemos plantearlas en la práctica. ¿Qué significa la gran industria moderna?
Significa la electrificación de toda
Rusia. Suecia, Alemania yNorteamérica están ya a punto de llevar a término
su electrificación, aunque son países todavía burgueses. Un camarada de Suecia
me decía que allí está electrificada una gran parte de la industria, como
asimismo el 30% de la agricultura. En Alemania y en Norteamérica, países más
desarrollados aún en el sentido capitalista, la electrificación alcanza
proporciones mayores aún. La gran industria mecanizada no significa otra cosa
que la electrificación de todo el país. Hemos nombrado ya una comisión especial
compuesta por los mejores economistas y técnicos. Cierto es que casi todos
ellos están en contra del Poder soviético. Todos estos especialistas llegarán
al comunismo, pero no como nosotros, no a través de veinte años de trabajo
clandestino, durante el cual estudiamos y repetimos con machaconería el abecé
del comunismo.
60
Casi todos los órganos del
Poder soviético han estado de acuerdo en que debíamos recurrir a los
especialistas. Los ingenieros especialistas se pondrán a nuestro servicio
cuando les demostremos en la práctica que, siguiendo ese camino, se desarrollan
las fuerzas productivas de nuestro país. No basta demostrárselo en teoría.
Debemos demostrárselo en la práctica. Y atraeremos a estos hombres a nuestro
lado si planteamos el problema de otra manera, no
III Congreso de la Internacional Comunista
haciendo propaganda teórica
del comunismo. Decimos: la gran industria es el único medio de poner a salvo de
la miseria y del hambre al campesino. Con esto están todos de acuerdo. Pero
¿cómo hacerlo? Para restablecer la industria, dejándola asentada en los viejos
cimientos, hace falta demasiado trabajo y tiempo. Debemos dar a la industria
formas más modernas, es decir, pasar a la electrificación. Esta requiere mucho
menos tiempo. Ya hemos trazado los planes de electrificación. Más de doscientos
especialistas —casi todos ellos, sin excepción, adversarios del Poder
soviético— han trabajado con interés en esta obra, aunque no son comunistas.
Pero, desde el punto de vista de la ciencia técnica, han debido reconocer que
es el único camino acertado. Naturalmente, de plantear el plan a cumplirlo hay
un gran trecho. Los especialistas más cautelosos afirman que para la primera
fase de las obras se necesitarán diez años cuando menos. El profesor Ballod ha
calculado que para la electrificación de Alemania bastan tres o cuatro años.
Mas, para nosotros, un decenio es muy poco. En mis tesis cito cifras para que
veáis lo poco que hasta ahora hemos podido hacer en este orden de cosas. Las
cifras que yo he aportado son tan modestas que se advierte al punto su carácter
más propagandístico que científico. Sin embargo, debemos comenzar por la
propaganda. El campesino ruso que ha tomado parte en la guerra mundial y ha
vivido algunos años en Alemania ha visto allí cómo se debe organizar, para
acabar con el hambre, la hacienda según los métodos modernos. Debemos realizar
una vasta propaganda en este sentido. Estos planes, por sí solos, tienen escaso
significado práctico, pero su importancia es muy grande desde el punto de vista
de la agitación.
El campesino ve que debe
crearse algo nuevo. El campesino comprende que en esta empresa debe trabajar no
cada uno para sí, sino todo el Estado en su conjunto. Estando prisionero en
Alemania, el campesino ha visto y aprendido cuál es la base real de la vida, de
una vida culta. 12.000 kilovatios son un comienzo modesto. Posiblemente se ría
de esto un extranjero que conozca la electrificación norteamericana, alemana o
sueca. Pero reirá mejor quien ría el último. Sí, es un comienzo modesto. Mas
los campesinos empiezan a comprender que es preciso realizar en proporciones
inmensas nuevos trabajos, y éstos se inician ya. Hay que superar dificultades
colosales. Intentaremos entablar relaciones con los países capitalistas. No hay
que lamentar que suministremos a los capitalistas varios cientos de millones de
kilogramos de petróleo a condición de que nos ayuden a electrificar nuestro
país.
Y ahora, para terminar, unas palabras sobre la "democracia pura". Reproduzco
lo que escribía
Engels el 11 de diciembre de 1884 en una carta a Bebel:
"La democracia pura, en
momentos de revolución, adquirirá por breve plazo un valor temporal en calidad
de partido burgués más extremo, lo mismo que ocurrió ya en Fráncfort, como
última tabla de salvación de toda la economía burguesa e incluso feudal... De
igual modo, en 1848, toda la masa burocrático-feudal apoyó de marzo a
septiembre a los liberales para mantener sujetas a las masas revolucionarias...
En todo caso, durante la crisis y al día siguiente de ésta, nuestro único
adversario será toda la reacción agrupada
alrededor de la democracia pura, y creo que esto en caso alguno puede menos de tenerse en cuenta".
No podemos plantear nuestras
cuestiones como lo hacen los teóricos. Toda la reacción en su conjunto, no sólo
la burguesa, sino también la feudal, se agrupa en torno de la "democracia
pura". Los camaradas alemanes conocen mejor que nadie lo que significa la
"democracia pura", ya que Kautsky y demás líderes de la II
Internacional y de la Internacional II y media defienden esta "democracia
pura" contra los malvados bolcheviques. Si juzgamos de los
socialistas-revolucionarios y de los mencheviques rusos por sus hechos, y no
por sus palabras, no resultarán ser otra cosa que representantes de la
"democracia pura" pequeñoburguesa. En nuestra revolución han mostrado
con pulcritud clásica, y lo mismo ha ocurrido durante la última crisis, en los
días de la sublevación de Cronstadt, lo que significa la democracia pura.
III Congreso de la Internacional Comunista
La efervescencia era muy
grande entre los campesinos; también reinaba el malestarentre los obreros.
Estaban extenuados y agotados.
61
Las fuerzas humanas tienen
sus límites. Habían pasado hambre tres años, pero no se puede pasar hambre
cuatro o cinco años. Naturalmente, el hambre influye mucho en la actividad
política. ¿Cómo procedieron los socialistas-revolucionarios y los mencheviques?
Vacilaron todo el tiempo, reforzando así a la burguesía. La organización de
todos los partidos rusos en el extranjero mostró cómo estaban las cosas a la
sazón. Los jefes más inteligentes de la gran burguesía rusa se dijeron:
"No podemos vencer inmediatamente en Rusia. Por eso nuestra consigna debe
ser: "Los Soviets sin bolcheviques"". El líder de los
democonstitucionalistas, Miliukov, defendió el Poder soviético contra los
socialistas— revolucionarios. Por muy peregrino que esto parezca, tal es la
dialéctica práctica, que estudiamos en nuestra revolución siguiendo una vía
original: en la práctica de nuestra lucha y de la lucha de nuestros
adversarios. Los democonstitucionalistas defienden los "Soviets sin
bolcheviques" porque comprenden bien la situación y confían en hacer que
muerda este anzuelo una parte de la población. Así hablan los
democonstitucionalistas inteligentes. Naturalmente, no todos los
democonstitucionalistas son inteligentes, pero parte de ellos lo son y han
aprendido algo de la experiencia de la revolución francesa. Hoy la consigna es:
luchar contra los bolcheviques a toda costa, a todo trance. Toda la burguesía
ayuda ahora a los mencheviques y a los socialistas-revolucionarios. Los
eseristas y mencheviques son en estos momentos la vanguardia de toda la
reacción. En la pasada primavera hemos tenido ocasión de conocer los frutos de
esta alianza contrarrevolucionaria62.
Por eso debemos continuar la
lucha implacable contra estos elementos. La dictadura es un estado de guerra
exacerbada. Nos encontramos precisamente en ese estado. En la actualidad, no
existe invasión militar. Sin embargo, estamos aislados. Pero, por otra parte,
no estamos del todo aislados, ya que la burguesía internacional no se halla hoy
en condiciones de hacernos abiertamente la guerra, pues la clase obrera —aunque
en su mayoría no sea todavía comunista— es, no obstante, tan consciente que no
tolera la intervención. La burguesía debe tener en cuenta esos ánimos de las
masas, aunque éstas no se hayan desarrollado todavía hasta abrazar las
posiciones del comunismo. De ahí que la burguesía no pueda pasar ahora a la
ofensiva contra nosotros, si bien esto tampoco está excluido. Mientras no haya
un resultado general definitivo, proseguirá el estado de horrenda guerra. Y
nosotros decimos: "En la guerra actuaremos como en la guerra: no
prometemos ninguna libertad, ninguna democracia". Declaramos a los
campesinos con toda franqueza que deben elegir: o el poder de los bolcheviques
–y en ese caso haremos todas las concesiones posibles hasta donde nos lo
permita la necesidad de mantener el poder y después los conduciremos al
socialismo— o bien el poder burgués. Todo lo demás es engaño, pura demagogia. A
este engaño, a esta demagogia se debe declarar la guerra más encarnizada.
Nuestro punto de vista es el siguiente: por ahora, grandes concesiones y la
mayor cautela; precisamente porque atravesamos un estado de cierto equilibrio,
precisamente porque somos más débiles que nuestros enemigos coligados, porque
nuestra base económica es harto débil y necesitamos unos cimientos económicos
más sólidos.
Esto es lo que yo quería
decir sobre nuestra táctica, sobre la táctica del Partido Comunista de Rusia, a
los camaradas. (Prolongados aplausos.)
Publicado íntegro el 14 de julio de 1921 en el núm. 17 del
"Boletín del III Congreso de la Internacional Comunista". Una
información periodística se publicó el 9 de julio de 1921 en el núm. 144 de
"Pravda".
![]()
62 Se trata de la insurrección contrarrevolucionaria de Cronstadt
en marzo de 1921 (véase la nota 10).
III Congreso de la Internacional Comunista
T. 44, págs. 34-54.
4. Discursos
pronunciados en la reunión de las delegaciones alemana, polaca, checoslovaca,
húngara e italiana, el 11 de julio.
I
Ayer leí en Pravda algunas informaciones que me han
convencido de que el momento de la ofensiva está, posiblemente, más próximo de
lo que pensábamos en el congreso, lo que dio motivo a que nos criticaran con
tanta dureza los camaradas jóvenes. Pero de estas informaciones hablaré
después. Ahora debo decir que cuanto más se aproxime la ofensiva general, tanto
más "oportunista" deberá ser nuestra actuación. Ahora regresaréis
todos a vuestros países y diréis a los obreros que nos hemos hecho más sensatos
que antes del III Congreso. No os dé vergüenza decirles que hemos cometido
errores y que ahora queremos obrar con más cautela; así nos ganaremos a las
masas del Partido Socialdemócrata y del Partido Socialdemócrata Independiente,
masas que el desarrollo de los acontecimientos empuja objetivamente a nuestro
lado, pero ellas nos temen. Quiero mostrar, con nuestro propio ejemplo, que
debemos actuar con más cautela.
Al empezar la guerra, los
bolcheviques defendíamos una sola consigna: guerra civil y, además, implacable.
Estigmatizábamos como traidores a cuantos no propugnaban la guerra civil.
Pero cuando regresamos a
Rusia en marzo de 1917, cambiamos por completo de posición. Cuando regresamos a
Rusia y hablamos con los campesinos y los obreros, vimos que todos eran
partidarios de la defensa de la patria, aunque, como es natural, en un sentido
completamente distinto que los mencheviques, y no podíamos tildar de miserables
y traidores a aquellos obreros y campesinos sencillos.
62
Definimos aquel estado de
ánimo como "defensismo de buena fe". En general, quiero escribir un
extensoartículo sobre eso y dar a la publicidad todos los datos. El 7 de abril
publiqué unas tesis, en las que decía: prudencia y paciencia. Nuestra posición
inicial, al empezar la guerra, era justa; entonces importaba crear un núcleo
bien definido y firme. Nuestra posición posterior fue también justa. Arrancaba
de que era preciso conquistar a las masas. Ya entonces nos oponíamos a la idea
de derribar inmediatamente el Gobierno Provisional. Yo escribía: se le debe
derribar, pues es un gobierno oligárquico, un gobierno que no es del pueblo, ya
que no puede darnos ni pan ni paz; no se le puede derribar inmediatamente, pues
se apoya en los Soviets obreros y goza todavía de la confianza de los obreros.
No somos blanquístas63, no queremos gobernar con la minoría de
la clase obrera contra la mayoría*.
* Véase la presente edición, t. 6. (N. de la Edit.)
Los
democonstitucionalistas, que son políticos sutiles, advirtieron en el acto la
contradicción entre nuestra posición anterior y la nueva posición y nos
llamaron hipócritas. Pero como, al mismo tiempo, nos llamaban espías,
traidores, infames y agentes alemanes, la primera denominación no causó ninguna
impresión. El 20 de abril se produjo la primera crisis. La nota de Miliukov
sobre los Dardanelos desenmascaró al gobierno como imperialista. A
continuación, las masas de soldados armados se dirigieron al edificio del
gobierno y derribaron a Miliukov. Al frente de los soldados se encontraba un
tal Linde, sin partido. No
![]()
63 Blanquistas: partidarios de una corriente del
movimiento socialista francés encabezada por Luis Augusto Blanqui (1805-1881),
eminente revolucionario y destacado representante del comunismo utópico
francés.. Los blanquistas esperaban "que la humanidad se libraría de la
esclavitud asalariada por medio de un complot de una pequeña minoría de
intelectuales, y no por medio de la lucha de clase del proletariado" (V.
1. Lenin). Al sustituir la labor del partido revolucionario con las acciones de
un puñado de confabulados, menospreciaban los vínculos con las masas y no
comprendían la necesidad del movimiento revolucionario de masas.
III Congreso de la Internacional Comunista
fue un movimiento organizado
por el partido, lo caracterizamos entonces de la siguiente forma: es algo más
que una manifestación armada y algo menos que una insurrección armada. En
nuestra conferencia del 22 de abril, la corriente izquierdista exigió el derrocamiento
inmediato del gobierno. El CC, por el contrario, se opuso a la consigna de
guerra civil y dimos a todos los agitadores de provincias la indicación de
refutar la desvergonzada mentira de que los bolcheviques querían la guerra
civil. El 22 de abril escribí que la consigna de "¡Abajo el Gobierno
Provisional!" era equivocada, pues, de no estar respaldados por la mayoría
del pueblo, se convertiría en una frase o en una aventura.
No nos avergonzamos de
llamar "aventureros" a nuestros izquierdistas delante de nuestros
enemigos.
Los mencheviques cantaban
victoria con este motivo y hablaban de nuestra bancarrota. Pero nosotros
decíamos que todo intento de colocarse un poco, aunque sólo fuese un poquito,
más a la izquierda del CC, era una estupidez y que quien se colocaba a la izquierda
del CC había perdido ya el simple sentido común. No nos dejaremos intimidar por
el hecho de que el enemigo se alegre de nuestros yerros.
Nuestra única estrategia en
la actualidad consiste en ser más fuertes y, por ello, más inteligentes, más
sensatos, más "oportunistas", y debemos decírselo así a las masas.
Pero después de que hayamos conquistado a las masas, gracias a nuestra sensatez,
aplicaremos la táctica de la ofensiva, y precisamente en el sentido más
estricto de la palabra.
Ahora, unas palabras sobre las tres informaciones:
1) La huelga de los obreros municipales de
Berlín. Los obreros municipales son, en su mayor parte, conservadores,
pertenecen a los socialdemócratas de la mayoría y al Partido Socialdemócrata
Independiente64, están bien retribuidos, pero se ven
obligados a declararse en huelga65.
2) La huelga de los obreros textiles de Lille66.
3) El tercer hecho es el más importante. En
Roma se ha celebrado un mitin para organizar la lucha contra los fascistas, al
que han asistido 50.000 obreros de todos los partidos: comunistas, socialistas
y republicanos. Han acudido a él 5.000 ex combatientes vestidos de uniforme y
ni un solo fascista se ha atrevido a aparecer en la calle67. Esto demuestra que en Europa hay más material inflamable del
que creíamos. Lazzari ha elogiado nuestra resolución
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64 Partido
Socialdemócrata Independiente de Alemania: partido centrista fundado en abril de1917 en el Congreso
fundacional de Gotha. Los"independientes" propugnaban la unidad con
los socialchovinistas y se deslizaban hacia el abandono de la lucha de clase.
Cuando se fundó la Internacional Comunista (1919), abandonaron la II
Internacional. En octubre de 1920, el Partido Socialdemócrata Independiente se
escindió en el Congreso de Halle, fundiéndose una parte considerable de él, en
diciembre del mismo año, con el Partido Comunista de Alemania. Los elementos
derechistas formaron su partido, al que dieron el viejo nombre de Partido
Socialdemócrata Independiente de Alemania, el cual subsistió hasta 1922.
65 A comienzos de julio de 1921, los obreros y empleados de las
empresas municipales de Berlín decidieron declararse en huelga, reclamando
aumento de salarios. La mayoría de los obreros (unos 80.000) se pronunció a
favor de la huelga. Pero los reformistas consiguieron frustrada: como resultado
de las negociaciones sostenidas por los representantes de los obreros y
empleados con el Ayuntamiento de Berlín, que se encontraba en manos de los
socialdemócratas, los salarios de los obreros y empleados municipales experimentaron
un pequeño aumento.
66 En los primeros días de julio de 1921,
los obreros textiles de Lille (Francia) se declararon en huelga con motivo de
la reducción de salarios efectuada por los fabricantes. La huelga se extendió a
los departamentos del Norte y los Vosgos, llegando a 60.000 el número de
huelguistas. En la primera quincena de septiembre fueron a la huelga general
los obreros de la región septentrional de Francia, siendo secundados
provisionalmente por los de otras regiones. El gobierno introdujo tropas en la
región septentrional e hizo simultáneamente de mediador en las negociaciones
entre los obreros y los fabricantes. A pesar de la firmeza de los obreros, que
lucharon durante dos meses, la huelga fracasó debido a la táctica reformista de
los líderes de los sindicatos y a las condiciones económicas desfavorables.
67 Pravda" publicó el 10 de julio de 1921,
en su número 149, una información detallada del gran mitin celebrado por los
obreros de Roma el 8 del mismo mes.
III Congreso de la Internacional Comunista
sobre táctica. Es un gran
éxito de nuestro congreso. Si Lazzari la acepta, los miles de obreros que van
tras él nos seguirán, sin duda, a nosotros, y sus jefes no podrán apartarlos de
nuestro lado. Il faut reculer, pour mieux
sauter (hay que retroceder para saltar mejor). Y este salto es inevitable,
ya que la situación se hace objetivamente insoportable.
Empezamos, pues, a aplicar
nuestra nueva táctica. No hay que ponerse nerviosos, no podemos retrasarnos,
más bien podemos empezar demasiado pronto. Y si nos preguntáis si podrá Rusia
mantenerse tanto tiempo, os respondemos que hacemos ahora la guerra a la
pequeña burguesía, al campesinado, una guerra económica, mucho más peligrosa
para nosotros que la pasada guerra. Pero, como ha dicho Clausewitz, el peligro
es el elemento de la guerra, y nosotros no hemos estado ni un solo instante al
margen del peligro. Estoy seguro de que, si actuamos con mayor prudencia, si
hacemos concesiones a tiempo, venceremos también en esta guerra aun en el caso
de que dure más de tres años.
Resumo:
1)
Todos
nosotros diremos unánimemente en Europa entera que aplicamos una nueva táctica
y, de este modo, conquistaremos a las masas.
2) Coordinación de la ofensiva en los
países principales: Alemania, Checoslovaquia, Italia. En esta labor se
necesitan preparativos, una cooperación permanente. Europa está preñada de
revolución, pero es imposible trazar de antemano el calendario de la revolución.
Nosotros nos sostendremos en Rusia no sólo cinco años, sino más. La única
estrategia acertada es la que hemos aprobado. Estoy seguro de que
conquistaremos para la revolución posiciones a las que la Entente68 no podrá oponer nada, y eso será el comienzo de la victoria a
escala mundial.
63
II
Smeral parecía satisfecho de
mi discurso; sin embargo lo interpreta de manera unilateral. He dicho en la
comisión que, para encontrar la pauta certera, Smeral debe dar tres pasos a la
izquierda; y Kreibich, uno a la derecha. Smeral, por desgracia, no ha dicho que
vaya a dar esos pasos. Tampoco ha dicho nada de cómo se imagina el estado de
cosas. En cuanto a las dificultades, se ha limitado a repetir lo viejo y no ha
dicho nada nuevo. Smeral ha dicho que yo le he quitado una preocupación. En la
primavera temía que la jefatura comunista le exigiera una acción inoportuna;
sin embargo, los acontecimientos han disipado ese temor. Pero a nosotros nos
inquieta ahora otra cosa, y es saber si en Checoslovaquia se llegará también,
efectivamente, a preparar la ofensiva o no se pasará de pláticas sobre las
dificultades. Un error izquierdista es un simple error, no grande y subsanable
con facilidad. Pero si el error atañe a la decisión de actuar, en modo alguno
se trata ya de un error pequeño, se trata de una traición. Esos errores no se
pueden comparar. La teoría de que haremos la revolución, pero sólo después de
que otros se lancen a la acción, es profundamente errónea.
III
![]()
68 Entente: bloque de Estados imperialistas
(Inglaterra, Francia y Rusia) formado definitivamente en 1907; estaba dirigido
contra los imperialistas de la Triple Alianza (Alemania, Austria-Hungría e
Italia). Debe la denominación al convenio anglo-francés, Entente Cordiale, concertado en 1904. Durante la primera guerra
mundial (1914-1918) se adhirieron a la Entente los EE.UU., el Japón y otros
países. Después de la Revolución Socialista de Octubre, los componentes
principales de este bloque (Inglaterra, Francia, EE.UU. y Japón) fueron los
inspiradores, los organizadores y los participantes en la intervención militar
contra el País Soviético.
III Congreso de la Internacional Comunista
El repliegue hecho en este
congreso debe ser comparado, a juicio mío, con nuestras acciones de 1917 en
Rusia, mostrando así que dicho repliegue debe servir para preparar la ofensiva.
Los adversarios afirmarán que hoy no decimos lo mismo que antes.
Sacarán poco provecho de
ello; en cambio, las masas obreras nos comprenderán si les decimos en qué
sentido puede considerarse un éxito la acción de marzo y por qué criticamos sus
errores y decimos que en lo sucesivo deberemos prepararnos mejor. Estoy de acuerdo
con Terracini cuando afirma que las interpretaciones de Smeral y Burian son
equivocadas. Si la coordinación se entiende en el sentido de que debemos
esperar a que se lance a la acción otro país más rico y poblado, eso no será
una interpretación comunista, sino un franco engaño. La coordinación debe
consistir en que los camaradas de otros países sepan cuáles son los momentos
importantes. La interpretación primordial de la coordinación es la siguiente:
imitar mejor y con mayor rapidez los buenos ejemplos. Y bueno es el ejemplo de
los obreros de Roma.
Publicado por primera vez en 1958 en el núm. 5 de la revista
"Voprosi Istorii KPSS": el primer discurso, íntegro; el segundo y el
tercero, según el texto taquigráfico abreviado.
T. 44, págs. 57-61.
Nuevos tiempos, viejos errores de nuevo tipo
64
NUEVOS TIEMPOS, VIEJOS ERRORES DE NUEVO TIPO.
Cada giro singular de la
historia da lugar a algunos cambios en la forma de las vacilaciones
pequeñoburguesas, que siempre existen al lado del proletariado y penetran
siempre en tal o cual grado en su medio.
El reformismo
pequeñoburgués, es decir, el servilismo ante la burguesía encubierto con
bondadosas frases democráticas y "social"— democráticas e impotentes
deseos, así como el radicalismo pequeñoburgués, temible, inflado y vanidoso de
palabra y nulidad de división, dispersión e insensatez en realidad, son las dos
"corrientes" de esas vacilaciones. Son inevitables en tanto subsistan
las raíces más profundas del capitalismo. Su forma cambia hoy en virtud del
conocido viraje de la política económica del Poder soviético.
El lema fundamental de los
menchevizantes es: "Los bolcheviques han dado vuelta atrás, hacia el
capitalismo, y ahí sucumbirán. La revolución es, pese a todo, burguesa,
¡incluida la de Octubre! ¡Viva la democracia! ¡Viva el reformismo!". Se
diga esto puramente a lo menchevique o a lo eserista, en el espíritu de la II
Internacional o de la Internacional II y media, el fondo es el mismo.
El lema fundamental de los
semianarquistas por el estilo del "partido comunista obrero" alemán o
de la parte de nuestra ex oposición obrera, que se ha salido del partido o se
está saliendo de él, es: "¡Ahora los bolcheviques no tienen fe en la clase
obrera!". De ahí se deducen consignas más o menos parecidas a "las de
Cronstadt" de la primavera de 1921.
La tarea de los marxistas es
oponer de la manera más serena y exacta la apreciación de las fuerzas reales de
clase y los hechos indudables al gimoteo y el pánico de los filisteos del
reformismo y de los filisteos del radicalismo.
Recordad las etapas principales de nuestra revolución.
La primera, puramente
política, por así decir, desde el 25 de octubre hasta el 5 de enero, hasta la
disolución de la Asamblea Constituyente. En unas diez semanas hicimos cien
veces más para la destrucción verdadera y completa de los restos del feudalismo
en Rusia que los mencheviques y los eseristas en los ocho meses (de febrero a
octubre de 1917) que tuvieron el
poder. Los mencheviques y los eseristas, y en el extranjero todos los
prohombres de la Internacional II y media, eran por entonces deplorables auxiliares
de la reacción. Los anarquistas o bien se mantenían desconcertados, al margen,
o bien nos ayudaban. ¿Era entonces burguesa la revolución? Claro que sí, por
cuanto nuestra obra cabal era llevar hasta el fin la revolución democrática
burguesa, por cuanto aún no había lucha de clases en el seno del
"campesinado". Pero, al mismo tiempo, hicimos mucho, de manera
gigantesca, por encima de la
revolución burguesa para la
revolución socialista, proletaria: 1) Desplegamos como nunca las fuerzas de la clase obrera para que ellas utilizasen el poder estatal. 2)
Asestamos un golpe, que se notó en todo el mundo, a los fetiches de la
democracia pequeñoburguesa, a la Asamblea Constituyente ya las
"libertades" burguesas por el estilo de la libertad de prensa para
los ricos. 3) Creamos el tipo
soviético de Estado, paso gigantesco adelante después de los años 1793 y 1871.
Segunda etapa. La paz de
Brest. Una desbocada verborrea revolucionaria contra la paz, un torrente de
frases semipatrióticas de los eseristas y los mencheviques y de frases
"izquierdistas" de una parte de los bolcheviques. "Puesto que
hemos hecho las paces con el imperialismo, estamos perdidos", porfiaba,
presa del pánico o de la malevolencia, el pequeño burgués. Pero los eseristas y
los mencheviques hacían las paces con el imperialismo como participantes en la
expoliación burguesa de los obreros. Hemos "hecho las paces",
entregando al expoliador una parte de los bienes a fin de salvar el poder de
los obreros para
Nuevos tiempos, viejos errores de nuevo tipo
asestar golpes más enérgicos
aún al expoliador. Entonces oímos hasta la saciedad las frases de que "no
tenemos fe en las fuerzas de la clase obrera", mas no nos dejamos engañar
por ellas.
Tercera etapa. La guerra
civil desde la rebelión del cuerpo de ejército checoslovaco69 y los partidarios de la Asamblea Constituyente70 hasta Wrangel, entre 1918 y 1920. Nuestro Ejército Rojo no
existía al principio de la guerra. Este ejército sigue siendo insignificante
frente a cualquier ejército de los países de la Entente, de comparar las
fuerzas materiales. No obstante, hemos vencido en la lucha contra la Entente,
poderosa a escala mundial. La alianza de los obreros y los campesinos,
dirigidos por el poder estatal del proletariado, se elevó, como conquista de la
historia universal, a una altura nuncavista. Los mencheviques y eseristas
desempeñaron el papel de auxiliares de la monarquía, tanto declarados
(ministros, organizadores, predicadores) como encubiertos (la posición más
"sutil" y ruin de los Chernov y Mártov que parecían lavarse las manos
y de hecho manejaban la pluma contra nosotros). Los anarquistas también
vacilaban, sin saber qué hacer: una parte nos ayudaba, otra nos entorpecía la
labor con sus voces contra la disciplina militar o con su escepticismo.
65
Cuarta etapa. La Entente
está obligada a cesar (¿por mucho tiempo?) en la intervención y el bloqueo. El
país, arruinado hasta lo indecible, apenas empieza a restablecerse, viendo sólo
ahora toda la profundidad de la ruina, sufriendo penurias muy atormentadoras,
el paro de la industria, la mala cosecha, el hambre y las epidemias.
Hemos subido al escalón más
alto y, al mismo tiempo, más difícil de nuestra lucha histórica universal. En
el momento actual y en la época actual el enemigo no es el mismo de ayer. El
enemigo no lo forman hordas de guardias blancos mandados por terratenientes y
apoyados por todos los mencheviques y eseristas, por toda la burguesía
internacional. El enemigo es la rutina de la economía en un país de pequeños
campesinos con una gran industria arruinada. El enemigo es el elemento
pequeñoburgués que nos rodea como el aire y penetra con mucha fuerza en las
filas del proletariado. Y el proletariado se ha desclasado, es decir, se ha
descastado. Las fábricas no funcionan, el proletariado está debilitado,
disperso, extenuado. Y al elemento pequeñoburgués dentro del Estado lo apoya
toda la burguesía internacional, aún poderosa en el mundo entero.
¿Cómo no amilanarse así?
Sobre todo prohombres como los mencheviques y los eseristas, como los
caballeros de la Internacional II y media, como los desvalidos anarquistas,
como los aficionados a las frases "izquierdistas". "Los
bolcheviques dan la vuelta hacia el capitalismo,
![]()
69
Se
trata de la contrarrevolucionaria sublevación armada del cuerpo de ejército
checoslovaco, urdida por los imperialistas de la Entente con la participación
activa de los mencheviques y los eseristas. El cuerpo de ejército checoslovaco
se formó en Rusia antes aún del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre
con prisioneros de guerra checos y eslovacos. En el verano de 1918 había en él
más de 60.000 hombres (en Rusia se encontraban en total unos 200.000
prisioneros checos y eslovacos). Cuando se hubo instaurado el Poder soviético,
el cuerpo de ejército checoslovaco se integró en el ejército francés, y los
representantes de la Entente plantearon el problema de evacuado a Francia.
Según el acuerdo del 26 de marzo de 1915, al cuerpo de ejército se le dio la
posibilidad de salir de Rusia por Vladivostok, previa condición de que
entregara las armas. Pero el mando contrarrevolucionario del cuerpo infringió
pérfidamente el convenio concertado con el Gobierno soviético sobre la entrega
de las armas y, por indicación de los imperialistas de la Entente, provocó a
fines de mayo una sublevación armada.
Operando en estrecho
contacto con los guardias blancos y los kulaks, los checos blancos ocuparon una
parte considerable de los Urales, de la región del Volga y de Siberia,
restableciendo por doquier el poder de la burguesía. La mayoría de los
prisioneros de guerra checos y eslovacos simpatizaban con el Poder soviético y
no se dejaron arrastrar por la propaganda antisoviética del mando reaccionario
del cuerpo de ejército. Convencidos del engaño, muchos soldados abandonaron el
cuerpo de ejército, negándose a combatir contra la Rusia Soviética. Unos 12.000
checos y eslovacos pelearon en las filas del Ejército Rojo.
La región del Volga fue liberada por el Ejército Rojo en el
otoño de 1918. Los checos blancos fueron derrotados definitivamente al mismo
tiempo que se liquidó la campaña de KoIchak.
70 Se alude al gobierno de guardias
blancos, eseristas y mencheviques formado en Samara, el llamado Comité de
Miembros de la Asamblea Constituyente o "Constituyente de Samara"
(véase la nota 12).
Nuevos tiempos, viejos errores de nuevo tipo
les llega el fin, la
revolución de ellos tampoco ha rebasado el marco de la revolución
burguesa". Oímos bastantes gritos de éstos.
Pero ya estamos acostumbrados a ellos.
No empequeñecemos el
peligro. Lo miramos cara a cara. Decimos a los obreros y a los campesinos: el
peligro es grande, tened más cohesión, aguante y sangre fría, echad de vuestro
lado con desprecio a los menchevizantes, a los eserizantes, a los que siembran
el pánico y a los que vociferan.
El peligro es grande. El
enemigo es mucho más fuerte que nosotros en el aspecto económico, lo mismo que
ayer lo fue en el aspecto militar. Lo sabemos, y en saberlo está nuestra
fuerza. Hemos hecho ya tantísimo para depurar a Rusia del feudalismo, para desarrollar
todas las fuerzas de los obreros y los campesinos, para desplegar la lucha
universal contra el imperialismo e impulsar el movimiento proletario
internacional, libre de las trivialidades y vilezas de la II Internacional y de
la Internacional II y media que los gritos de pánico no nos producen efecto.
Hemos "justificado" ya del todo y con creces nuestra actividad
revolucionaria, demostrando con hechos a todo el mundo de qué es capaz el
espíritu revolucionario del proletariado, a diferencia de la
"democracia" menchevique-eserista y del cobarde reformismo encubierto
con frases de gala.
Quien teme la derrota, antes
de empezar la gran lucha, no se puede llamar a sí mismo socialista sin hacer
escarnio de los obreros.
Precisamente porque no
tememos mirar cara a cara el peligro empleamos mejor nuestras fuerzas para la
lucha, somos más serenos, más cautelosos, más comedidos en sopesar las
posibilidades, hacemos todas las concesiones que nos robustecen a nosotros y
dividen las fuerzas del enemigo (como hasta el último tonto ha visto ahora que
la "paz de Brest" fue una concesión que nos reforzó a nosotros y
dividió las fuerzas del imperialismo internacional).
Los mencheviques gritan que
el impuesto en especie, la libertad de comercio, el arrendamiento de empresas
en régimen de concesión y el capitalismo de Estado son la bancarrota del
comunismo. En el extranjero, el ex comunista Levi ha sumado su voz a la de estos
mencheviques; a este mismo Levi había que defenderlo mientras era posible
explicar sus errores como una reacción frente a los que cometieron los
comunistas de "izquierda", en especial en Alemania en marzo de 1921,
pero este mismo Levi no tiene defensa cuando, en vez de reconocer su error, cae
de lleno en el menchevísmo.
A los mencheviques chillones
les diremos simplemente que ya en la primavera de 1918 los comunistas
proclamaron y defendieron la idea de un pacto, de una alianza con el
capitalismo de Estado contra el elemento pequeñoburgués. ¡Hace ya tres años!
¡En los primeros meses de la victoria bolchevique! Los bolcheviques ya eran
sensatos a la sazón. Y desde entonces nadie ha podido rebatir la exactitud de
nuestro sereno cálculo de las fuerzas existentes.
Levi, que ha ido a parar al
menchevismo, aconseja a los bolcheviques (¡"predice" que los vencerá
el capitalismo, lo mismo que predecían nuestra destrucción todos los
pequeñoburgueses, los demócratas, los socialdemócratas, etc., en caso de que disolviéramos
la Asamblea Constituyente!) ¡pedir ayuda a
toda la clase obrera! ¡Porque, fíjense, sólo una parte de la clase obrera ayudaba hasta ahora a los comunistas!
Aquí Levi coincide de una
manera sorprendente con lo que dicen los semianarquistas y vociferadores, y
también algunos miembros de la ex "oposición obrera", aficionados a
las frases altisonantes de que ahora los bolcheviques "han perdido la fe
en las fuerzas de la clase obrera". Tanto los mencheviques como los
elementos anarquizantes hacen del concepto "fuerzas de la clase
obrera" un fetiche, y no son capaces de captar su significado real y
concreto. Sustituyen el estudio y el análisis de su significado con retórica.
66
Nuevos tiempos, viejos errores de nuevo tipo
Los señores de la
Internacional II y media se presentan como revolucionarios; pero en toda
situación sería demuestran ser contrarrevolucionarios, pues temen la
destrucción violenta de la vieja máquina del Estado, no tienen fe en las
fuerzas de la clase obrera. Cuando lo decíamos de los eseristas y Cía., no eran
palabras vacías. Todo el mundo sabe que la Revolución de Octubre ha dado paso a
fuerzas nuevas, a una nueva clase: todo el mundo sabe que los mejores
representantes del proletariado gobiernan ahora en Rusia, han constituido un
ejército, lo mandan, han montado la administración local, etc., dirigen la
industria y demás. Y si en esta administración existen deformaciones
burocráticas, no ocultamos el mal, sino que lo ponemos al desnudo y lo
combatimos. Quienes, con la lucha contra las deformaciones del nuevo régimen,
olvidan su contenido, olvidan que la clase obrera ha creado y dirige un Estado
de tipo soviético, son simplemente incapaces de pensar y claman al viento.
Pero las "fuerzas de la
clase obrera" no son ilimitadas. Si hoy acuden pocas y a veces incluso
poquísimas fuerzas nuevas de la clase obrera; si a pesar de todos nuestros
decretos, llamamientos y agitación, si a pesar de todas nuestras disposiciones
de "promover a gente sin partido" siguen acudiendo pocas fuerzas,
salir del paso con retóricas de que "se ha perdido la fe en las fuerzas de
la clase obrera" significa caer tan bajo como para pronunciar frases
vacías.
Sin cierta
"tregua" no tendremos esas nuevas fuerzas; sólo podrán aumentar con
mucha lentitud y teniendo por base la reconstrucción de la gran industria (es
decir, para ser más concreto y exacto, la electrificación), no hay ninguna otra fuente de donde puedan
salir.
Después de esfuerzos
inmensos, inauditos, la clase obrera de un país arruinado, de pequeños
campesinos, que ha sufrido un gran desclasamiento, necesita tiempo para que las
nuevas fuerzas puedan crecer y elevarse, para que las fuerzas viejas y
consumidas puedan "recobrarse". La creación de la máquina militar y
del Estado, capaz de salir triunfante de las pruebas de 1917-1921, fue un gran
esfuerzo que ocupó, absorbió y agotó las verdaderas "fuerzas de la clase
obrera" (y no las existentes en las declamaciones de los voceras). Esto
hay que comprenderlo y hay que tener en cuenta la retardación necesaria o, más bien, inevitable del crecimiento de
las nuevas fuerzas de la clase
obrera.
Cuando los mencheviques
vociferan contra el "bonapartismo" de los bolcheviques (diciendo que
éstos se apoyan en el ejército y en la máquina del Estado contra la voluntad de
la "democracia"), expresan magníficamente la táctica de la burguesía,
y Miliukov no se equivoca al sostenerla y apoyar las consignas de "los de
Cronstadt" (primavera de 1921). La burguesía tiene bien en cuenta que las verdaderas "fuerzas de la clase
obrera" se componen hoy de la poderosa vanguardia de esta clase (el
Partido Comunista de Rusia, que se ha ganado, y no de golpe, sino en el
transcurso de veinticinco años y con sus obras, el papel, el título, la fuerza
de "vanguardia" de la única clase revolucionaria) y de los elementos
más debilitados por el desclasamiento, más susceptibles de caer en vacilaciones
mencheviques y anarquistas.
Ahora, con la consigna de
"más fe en las fuerzas de la clase obrera", se refuerza, en realidad, la influencia de los
mencheviques y anarquistas: Cronstadt lo ha demostrado y probado del modo más
evidente en la primavera de 1921. Todo obrero consciente debe desenmascarar y
mandar a paseo a los que vociferan que "hemos perdido la fe en las fuerzas
de la clase obrera", pues los voceras no son sino cómplices de la
burguesía y de los terratenientes, interesados en debilitar al proletariado en
beneficio propio, propagando la influencia menchevique y anarquista.
¡He ahí dónde "está el
gato encerrado", de calar con serenidad en el verdadero significado del
concepto "fuerzas de la clase obrera"!
¿Qué hacen ustedes,
estimados señores, para llevar a los sin partido al "frente" más
importante en el momento actual, al frente económico, a la obra de organizar la
economía?
Nuevos tiempos, viejos errores de nuevo tipo
Esta es la pregunta que los
obreros conscientes deben hacer a los voceras. Así es como se puede y se debe
desenmascarar siempre a los bocazas, así es como se puede probar siempre que en
realidad no ayudan, sino que obstaculizan la organización de la economía; que
no ayudan, sino que obstaculizan la revolución proletaria; que no persiguen
objetivos proletarios, sino pequeñoburgueses, y que sirven a una clase ajena.
Nuestras consignas son:
¡Abajo los voceras! ¡Abajo los cómplices inconscientes de los guardias blancos,
que repiten los errores de los miserables sediciosos de Cronstadt en la
primavera de 1921! ¡Adelante el trabajo práctico, serio, que sabe tener presentes
los rasgos específicos y las tareas del momento actual! No necesitamos frases,
sino hechos.
Una apreciación sensata de
estos rasgos específicos y de las fuerzas de clase verdaderas, no imaginarias,
nos dice:
Después de un período de
logros proletarios sin precedentes en el terreno de organización militar,
administrativa y política se ha entrado —y no por casualidad, sino de manera
inevitable, no debido adeterminadas personas o partidos, sino a causas objetivas—
en un período de crecimiento mucho más lento de las nuevas fuerzas. En el
terreno económico es inevitable una estructuración más difícil, más lenta, más
paulatina, propia del fondo de las actividades de este terreno en comparación
con la labor militar, administrativa y política. Ello se deriva de la
dificultad específica de esa estructuración, de su profunda raigambre, valga la
expresión.
67
Por eso procuraremos con el mayor cuidado, con un cuidado
triple, determinar nuestras tareas en esta etapa de lucha nueva y más elevada.
Las determinaremos de la manera más moderada posible; haremos el mayor número
de concesiones, claro que sin rebasar los límites de lo que el proletariado puede conceder, sin dejar de ser la
clase dominante. Recaudaremos con la mayor rapidez posible un impuesto en
especie moderado y permitiremos la máxima libertad posible para el desarrollo,
consolidación y restablecimiento de la hacienda campesina; entregaremos en
arriendo, incluso a capitalistas privados y a concesionarios extranjeros, las
empresas que no son absolutamente imprescindibles para nosotros. Necesitamos un
pacto o una alianza del Estado proletario con el capitalismo de Estado contra
el elemento pequeñoburgués. Tenemos que llevar a cabo esta alianza con tacto,
según el refrán "en cosa alguna, pensar mucho y hacer una". Dejaremos
para nosotros un campo de trabajo más reducido, el estrictamente necesario.
Concentraremos en menos terreno las
fuerzas debilitadas de la clase obrera, pero consolidaremos en cambio nuestras posiciones y probaremos nuestras
fuerzas, no una ni dos veces, sino muchas, en la labor práctica. Las
"tropas" que tenemos ahora a nuestra disposición no pueden avanzar por el difícil camino que debemos transitar, en
las duras condiciones en que vivimos y en medio de los peligros que debemos
afrontar, si no es paso a paso, palmo a palmo. A quien "aburre", a
quien "no interesa", a quien "no comprende" este trabajo,
frunce la nariz, es presa del pánico o se le suben a la cabeza sus propias
declamaciones de que ya no existe el "auge anterior", el
"entusiasmo de antes", etc., es mejor "dejarlo cesante" y
arrinconarlo para que no perjudique, pues no quiere o no es capaz de pensar en
los rasgos específicos de la fase actual, de la etapa actual de la lucha.
Con esfuerzos casi
sobrehumanos, nos entregamos en un país increíblemente arruinado, con las
fuerzas del proletariado agotadas, a la labor más difícil: colocar los
cimientos de una economía verdaderamente socialista, organizar un intercambio
normal de mercancías (mejor dicho, un intercambio de productos) entre la
industria y la agricultura. El enemigo sigue siendo mucho más fuerte que
nosotros; el intercambio de mercancías anárquico, individual, que realizan los
especuladores, socava nuestra labor a cada paso. Percibimos con claridad las
dificultades y las superaremos metódica y tenazmente. Más iniciativa e
independencia local, más fuerzas para las localidades, más atención a su
experiencia práctica. La clase obrera
Nuevos tiempos, viejos errores de nuevo tipo
podrá curar sus heridas,
restablecer su "fuerza de clase" proletaria y ganarse la confianza
del campesinado en su dirección proletaria sólo
en la medida en que se obtengan éxitos verdaderos en el restablecimiento de la
industria y en el logro de un adecuado intercambio estatal de productos que
beneficie a los campesinos y a los obreros, En la medida en que lo consigamos,
lograremos la afluencia de nuevas fuerzas, tal vez no tan pronto como cada uno
de nosotros quisiera, pero, no obstante, lo lograremos.
¡A trabajar, pues, con paso más lento y cauteloso, con aguante y
perseverancia!
20 de agosto de 1921.
Publicado el 28 de
agosto de 1921 en el núm. 190 de "Pravda".
T. 44, págs. 101-109.
Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre
68
CON MOTIVO DEL CUARTO ANIVERSARIO DE LA
REVOLUCIÓN DE OCTUBRE.
Se avecina el cuarto aniversario del 25 de octubre (7 de
noviembre).
Cuanto más tiempo nos separa
de esta gran jornada, tanto más claro aparece el significado de la revolución
proletaria en Rusia y tanto más hondo reflexionamos sobre la experiencia
práctica, en conjunto, de nuestro trabajo.
Este significado y esta
experiencia podrían exponerse brevemente —en forma, claro es, muy distante de
ser completa y exacta— como sigue.
La tarea directa e inmediata
de la revolución en Rusia era democrática burguesa: acabar con los restos de
todo lo medieval, barrerlos hasta el fin, limpiar a Rusia de esa barbarie, de
esa vergüenza, de ese inmenso freno para toda la cultura y todo el progreso en
nuestro país.
Y nos enorgullecemos con
razón de haber llevado a cabo esa limpieza con mucha más energía, rapidez,
audacia, éxito, amplitud y profundidad, desde el punto de vista de la
influencia sobre las masas del pueblo, sobre el grueso de la nación, que la
Gran Revolución Francesa hace más de ciento veinticinco años.
Tanto los anarquistas como
los demócratas pequeñoburgueses (es decir, los mencheviques y los eseristas
como representantes rusos de ese tipo social internacional) han dicho y dicen
una increíble cantidad de cosas confusas sobre la relación existente entre la
revolución democrática burguesa y la revolución socialista (es decir, proletaria). Los cuatro años últimos han confirmado
plenamente que comprendemos con acierto el marxismo en este punto, que tenemos
en cuenta con tino la experiencia de las revoluciones anteriores. Hemos llevado
como nadie la revolución democrática burguesa a su término. Seguimos adelante,
hacia la revolución socialista, con plena conciencia, con firmeza y sin cejar,
sabiendo que no está separada de la revolución democrática burguesa por ninguna
muralla china, sabiendo que sólo la lucha
decidirá en qué grado conseguiremos (a fin de cuentas) avanzar, qué parte de nuestra tarea de inabarcable magnitud
cumpliremos, qué parte de nuestras victorias consolidaremos. Vivir para ver.
Mas ya se va viendo que hemos dado pasos gigantescos — gigantescos para un país
arruinado, atormentado y atrasado— en la transformación socialista de la
sociedad.
Mas acabemos de explicar el
contenido democrático burgués de nuestra revolución. Los marxistas deben
comprender lo que significa. Para que quede claro aduciremos varios ejemplos
elocuentes.
El contenido democrático
burgués de la revolución quiere decir depurar de todo lo medieval, de los
elementos de servidumbre, de feudalismo, las relaciones sociales (el orden de
cosas, las instituciones) de un país.
¿Cuáles eran las principales
manifestaciones, supervivencias y vestigios del régimen de la servidumbre en
Rusia en 1917? La monarquía, la división en estamentos, las formas de propiedad
y usufructo de la tierra, la situación de la mujer, la religión, la opresión de
las naciones. Tomemos cualquiera de estos "establos de Augías" —que,
dicho sea de paso, todos los Estados avanzados han dejado en gran parte sin
limpiar del todo al realizar sus
revoluciones democráticas burguesas hace ciento veinticinco, doscientos
cincuenta y más años (en 1649 en Inglaterra)—, tomemos cualquiera de estos
establos de Augías y veremos
Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre
que los hemoslimpiado por
completo. En las escasas diez semanas
transcurridas desde el 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917 hasta la
disolución de la Constituyente (5 de enero de 1918), hicimos en este terreno
mil veces más que los demócratas burgueses y liberales
(democonstitucionalistas) y los demócratas pequeñoburgueses (mencheviques y
eseristas) en los ocho meses que
estuvieron en el poder.
¡Estos cobardes, charlatanes, fatuos Narcisos y Hamlets de
sainete blandían una espada de cartón y ni siquiera destruyeron la monarquía!
Nosotros hemos echado fuera como nadie y como nunca toda la basura monárquica.
No hemos dejado piedra sobre piedra ni ladrillo sobre ladrillo en el edificio
secular de la división estamental (¡los países más adelantados, como
Inglaterra, Francia y Alemania, no se han desembarazado todavía de los
vestigios de esa división!) Hemos arrancado definitivamente las raíces más hondas
de los estamentos, a saber: los restos del feudalismo y de la servidumbre en la
propiedad de la tierra. "Puede discutirse" (en el extranjero hay
bastantes literatos, democonstitucionalistas, mencheviques y eseristas para
dedicarse a esas discusiones) lo que resultará "alfin y al cabo" de
las transformaciones agrarias de la Gran Revolución de Octubre. No somos
partidarios de perder ahora el tiempo en esas discusiones, porque las dirimimos
todas, y cuántas de ellas se derivan, luchando. Pero lo que no se puede poner
en entredicho es que los demócratas pequeñoburgueses estuvieron ocho meses
"entendiéndose" con los terratenientes —los cuales guardaban las
tradiciones de la servidumbre—, mientras que nosotros, en unas cuantas semanas,
hemos barrido por completo de la faz de la tierra rusa a esos terratenientes y
todas sus tradiciones.
69
Tomemos la religión, o la
falta de derechos de la mujer, o la opresión y la desigualdad de derechos de
las naciones no rusas. Todos ésos son problemas de la revolución democrática
burguesa. Los entes vulgares de la democracia pequeñoburguesa se pasaron ocho
meses hablando de ello; ninguno de
los países más avanzados del mundo ha resuelto hasta el fin estos problemas en sentido democrático burgués.
En nuestro país, la
legislación de la Revolución de Octubre los ha resuelto hasta el fin. Hemos
luchado y luchamos de verdad contra la religión. Hemos dado a todas las naciones no rusas sus propias repúblicas o regiones
autónomas. En Rusia no existe nada tan vil, infame y canallesco como la falta de derechos o la desigualdad jurídica de
la mujer, supervivencia indignante de la servidumbre y de la Edad Media, que la
burguesía egoísta y la pequeña burguesía obtusa y asustada retocan en todos los
países del globo, sin excepción alguna.
Todo eso es el contenido de
la revolución democrática burguesa. Hace ciento cincuenta y doscientos
cincuenta años, los dirigentes más avanzados de esta revolución (de estas
revoluciones, si hablamos de cada variedad nacional de un solo tipo común)
prometieron a los pueblos liberar a la humanidad de los privilegios medievales,
de la desigualdad de la mujer, de las ventajas concedidas por el Estado a una u
otra religión (o a la "idea de
religión", a la "religiosidad" en general), de la desigualdad de
las naciones. Lo prometieron y no lo cumplieron. Y no podían cumplirlo, porque
lo impedía el "respeto" … a la "sacrosanta propiedad
privada". En nuestra revolución proletaria no ha habido este maldito
"respeto" a esa, tres veces maldita, Edad Media y a esa
"sacrosanta propiedad privada".
Mas, a fin de consolidar
para los pueblos de Rusia las conquistas de la revolución democrática burguesa,
nosotros debíamos ir más lejos y así lo hicimos. Resolvimos los problemas de la
revolución democrática burguesa sobre la marcha, de paso, como "producto
accesorio" de nuestra labor principal y verdadera, de nuestra labor
revolucionaria proletaria,
socialista. Hemos dicho siempre que las reformas son un producto accesorio de
la lucha revolucionaria de las clases. Las transformaciones democráticas
burguesas —lo hemos dicho y lo hemos demostrado con hechos— son un producto
accesorio de la revolución proletaria, es decir, socialista. Digamos de paso
que todos los Kautsky, los Hilferding, los Mártov, los Chernov, los
Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre
Hillquit, los Longuet, los
MacDonald, los Turati y demás héroes del marxismo "II y medio" no han
sabido comprender esta correlación
entre la revolución democrática burguesa y la revolución proletaria socialista.
La primera se transforma en la segunda. La segunda resuelve de paso los
problemas de la primera. La segunda consolida la obra de la primera. La lucha,
y solamente la lucha, determina hasta qué punto la segunda logra rebasar a la
primera.
El régimen soviético es
precisamente una de las confirmaciones o manifestaciones evidentes de esta
transformación de una revolución en otra. El régimen soviético es el máximo de
democracia para los obreros y los campesinos y, a la vez, significa la ruptura
con la democracia burguesa y el
surgimiento de un nuevo tipo de
democracia, de alcance histórico universal: la democracia proletaria o
dictadura del proletariado.
No importa que los perros y
los cerdos de la moribunda burguesía y la democracia pequeñoburguesa que los
sigue nos cubran de improperios, maldiciones y burlas a montones por los
desaciertos y los errores que hemos cometido al construir nuestro régimen soviético. No olvidamos un momento que, en efecto,
hemos tenido y tenemos aún muchos desaciertos y errores. ¡Y cómo no íbamos a
tenerlos en una obra tan nueva, nueva en toda la historia mundial, como es la
de crear un tipo de régimen estatal
sin precedente! Lucharemos sin cesar para corregir nuestros desaciertos y
nuestros errores, para mejorar la forma en que aplicamos los principios
soviéticos, que dista aún mucho, muchísimo, de ser perfecta. Pero podemos estar
y estamos orgullosos de que nos haya caído en suerte la felicidad de iniciar la construcción del Estado
soviético, de iniciar así una nueva
época de la historia universal, la época de la dominación de una clase nueva, oprimida en todos los países
capitalistas, de la clase que avanza por doquier hacia una vida nueva, hacia la
victoria sobre la burguesía, hacia la dictadura del proletariado, hacia la
liberación de la humanidad del yugo del capital y de las guerras imperialistas.
La cuestión de las guerras
imperialistas, de la política internacional del capital financiero, política
que domina hoy en todo el mundo y que engendra inevitablemente nuevas guerras imperialistas, que acentúa
ineludiblemente y de modo inaudito la opresión nacional, el pillaje, la
expoliación, el estrangulamiento de pequeñas naciones, débiles y atrasadas, por
un puñado de potencias "avanzadas", es una cuestión que se ha
convertido desde 1914 en piedra angular de la política de todos los países. Es
una cuestión de vida o muerte para decenas de millones de seres.
70
Se trata de saber si en la
próxima guerra imperialista, que la burguesía está preparando a nuestra vista,
que va surgiendo del capitalismo ante nosotros, morirán veinte millones de
seres humanos (en lugar de los diez millones que perecieron en la guerra de
1914-1918 y en las "pequeñas" guerras, aún no terminadas, que
vinieron a completarla); se trata de saber si en esa futura guerra inevitable
(caso de que subsista el capitalismo) quedarán mutilados 60 millones (en lugar
de los 30 millones de mutilados de 1914-1918). Nuestra Revolución de Octubre ha
iniciado también en este punto una nueva época en la historia universal. Los
lacayos de la burguesía y su coro de eseristas y mencheviques, toda la
democracia pequeñoburguesa del mundo entero, que se dice "socialista",
se burlaban de la consigna de "transformación de la guerra imperialista en
guerra civil". Pero esta consigna ha resultado ser la única verdad: desagradable, brutal, desnuda e
implacable, desde luego, mas verdad
entre el sinfín de los más sutiles engaños patrioteros y pacifistas. Estos
engaños se vienen abajo. Se ha puesto al desnudo el fondo de la paz de Brest.
Cada nuevo día muestra con mayor claridad y de modo más despiadado la
significación y las consecuencias de una paz todavía peor que la de Brest: la
de Versalles71. Y ante los millones y millones de
seres que
![]()
71 El Tratado
de Paz de Versalles, que puso fin a la primera guerra mundial de 1914-1918,
lo firmaron el 28 de junio de 1919 los EE.UU., el Imperio británico, Francia,
Italia, el Japón y los Estados que se les adhirieron, por una parte, y
Alemania, por la otra. El objetivo de este tratado era afianzar el reparto del
mundo capitalista a favor de las potencias
Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre
piensan en las causas de la
guerra de ayer y de la que se avecina para mañana se alza con mayor claridad y
precisión, de manera más ineludible cada vez, la terrible verdad de que es
imposible salir de la guerra imperialista, del mundo y de la paz imperialistas
que la engendran inevitablemente, de que es imposible salir de ese infierno de otra manera que no sea la lucha
bolchevique, la revolución bolchevique.
No importa que la burguesía
y los pacifistas, los generales y los pequeños burgueses, los capitalistas y
los filisteos, todos los cristianos creyentes y todos los caballeros de la II
Internacional y de la Internacional II y media lancen rabiosas imprecaciones
contra esta revolución. Con torrentes de rabia, de calumnias y de mentiras no
podrán enturbiar el hecho histórico universal de que, por primera vez después
de siglos y milenios, los esclavos han respondido a la guerra entre esclavistas
proclamando abiertamente esta consigna: transformemos esa guerra entre
esclavistas por el reparto del botín en una guerra de los esclavos de todas las
naciones contra los esclavistas de todas las naciones.
Por primera vez después de
siglos y milenios, esta consigna ha dejado de ser una espera vaga e impotente
para convertirse en un programa político claro y preciso, en una lucha enérgica
de millones de oprimidos dirigida por el proletariado; se ha convertido en la
primera victoria del proletariado, en el primer triunfo en la obra de acabar
con las guerras, en un triunfo de la alianza de los obreros de todos los países
sobre la alianza de la burguesía de las distintas naciones, de la burguesía que
hace unas veces la paz y otras la guerra a costa de los esclavos del capital, a
costa de los obreros asalariados, a costa de los campesinos, a costa de los
trabajadores.
Esta primera victoria no es aún la victoria definitiva, y
nuestra Revolución de Octubre la ha conseguido con dolores y dificultades sin
precedentes, con inauditos sufrimientos, con una serie de graves desaciertos y
errores nuestros.
¡Hubiera sido demasiado
desear que un pueblo atrasado triunfase sin desaciertos y sin errores sobre las
guerras imperialistas de los países más poderosos y avanzados del globo! No
tememos reconocer nuestros errores y los examinaremos serenamente para aprender
a corregirlos. Pero los hechos son elocuentes: por primera vez en siglos y
milenios, la promesa de "responder" a la guerra entre esclavistas con
la revolución de los esclavos contra
todo género de esclavistas se ha cumplido
hasta el fin... y se cumple contra viento y marea.
Nosotros hemos empezado la
obra. Poco importa saber cuándo, en qué plazo y en qué nación culminarán los
proletarios esta obra. Lo esencial es que se ha roto el hielo, que se ha
abierto el camino, que se ha indicado la dirección.
¡Continuad vuestra
hipocresía, señores capitalistas de todos los países que "defendéis la
patria" japonesa contra la norteamericana, la norteamericana contra la
japonesa, la francesa contra la inglesa y así sucesivamente! ¡Continuad
"desentendiéndoos" de los medios de lucha contra las guerras
imperialistas con nuevos "manifiestos de Basilea" (como el Manifiesto
de Basilea de 191272), señores paladines de la II
Internacional y de la Internacional II y media y filisteos y pequeños burgueses
pacifistas del mundo entero! La primera
revolución bolchevique ha arrancado de la guerra imperialista, del mundo y
de la paz imperialistas, al
![]()
vencedoras y crear un sistema de
relaciones entre los países enfilado a asfixiar a la Rusia Soviética y aplastar
el movimiento revolucionario en todo el mundo.
72 El Manifiesto de Basilea,
sobre la guerra, fue aprobado por el Congreso Extraordinario Socialista
Internacional de Basilea, que se celebró el 24 y el 25 de noviembre de 1912.
Este manifiesto prevenía a los pueblos contra la guerra imperialista mundial
que se avecinaba, denunciaba los fines rapaces de esta guerra y exhortaba a los
obreros de todos los países a la lucha enérgica por la paz, oponiendo "al
imperialismo capitalista el poderío de la solidaridad internacional del
proletariado". El Manifiesto de Basilea condenó enérgicamente la política
expansionista de los Estados imperialistas y llamó a los socialistas a luchar
contra toda opresión de los pueblos pequeños y las manifestaciones de
chovinismo.
Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre
primer centenar de millones de hombres de la Tierra. Las siguientes arrancarán
de esas guerras, de ese mundo y de esa paz a toda la humanidad.
Lo último —lo más
importante, lo más difícil y lo que menos tenemos hecho— es organizar la
economía, colocar los cimientos económicos del edificio nuevo, socialista, que
ha de ocupar el lugar del destruido edificio feudal y del semidestruido
edificio capitalista. En esta labor, la más importante y difícil, es donde
hemos tenido más desaciertos y errores.
¡Qué más hubiéramos querido
que comenzar sin desaciertos ni errores una obra tan nueva para todo el mundo!
Pero la hemos empezado. Y la continuamos. Y precisamente ahora, con nuestra
"nueva política económica", subsanamos buen número de nuestros
errores y aprendemos a proseguir sin ellos la construcción del edificio
socialista en un país de pequeños campesinos.
71
Las dificultades son
inabarcables. Estamosacostumbrados a luchar contra dificultades inabarcables.
Por algo han dicho nuestros enemigos que somos "como la roca" y que
representamos una "política quebrantahuesos". Pero hemos aprendido también,
al menos hasta cierto punto, otro arte imprescindible en la revolución: la
flexibilidad, el saber cambiar de táctica con rapidez y decisión, partiendo de
los cambios operados en las condiciones objetivas y eligiendo otro camino para
nuestros fines si el que seguíamos antes no resulta conveniente o practicable
en un período determinado.
Llevados de una ola de
entusiasmo, después de despertar en el pueblo un entusiasmo al principio
político general y luego militar, contábamos con cumplir directamente,
sirviéndonos de ese entusiasmo, tareas económicas de la misma magnitud que las
tareas políticas generales y las tareas militares. Contábamos —o quizá sea
mejor decir, suponíamos, sin haber contado lo suficiente— que con órdenes
directas del Estado proletario podríamos organizar al modo comunista, en un
país de pequeños campesinos, la producción y la distribución estatales. La vida
nos ha hecho ver nuestro error. Han sido necesarias diversas etapas
transitorias —el capitalismo de Estado y el socialismo— para preparar el paso al comunismo con el
trabajo de una larga serie de años. Esforzaos por construir al comienzo sólidos
puentes que, en un país de pequeños campesinos, lleven al socialismo a través
del capitalismo de Estado, no basándoos directamente en el entusiasmo, sino en
el interés personal, en la ventaja personal, en la autogestión financiera,
valiéndoos del entusiasmo despertado por la gran revolución. De otro modo no os
acercaréis al comunismo, no llevaréis a él a decenas y decenas de millones de
personas. Eso es lo que nos ha enseñado la vida, lo que nos ha enseñado el
desarrollo objetivo de la revolución.
Y nosotros, que en tres o
cuatro años hemos aprendido algo en el terreno de los virajes bruscos (cuando
hace falta un viraje brusco), nos hemos puesto a estudiar un nuevo viraje, la
"nueva política económica", con empeño, atención e insistencia
(aunque no todavía con suficiente empeño, suficiente atención ni suficiente
insistencia). El Estado proletario tiene que ser un "patrono"
prudente, celoso y hábil, un buen comerciante
al por mayor; de lo contrario, no podrá elevar en el aspecto económico a un
país de pequeños campesinos. Ahora, en las condiciones actuales, con la
vecindad de un Occidente capitalista (todavía capitalista), no hay otro modo de
pasar al comunismo. El comerciante al por mayor parece un tipo económico tan
apartado del comunismo como el cielo de la tierra. Pero esta contradicción es,
precisamente, una de las que en la vida real conducen de la pequeña hacienda
campesina al socialismo, a través del capitalismo de Estado. El interés
personal eleva la producción, y nosotros necesitamos, ante todo y a toda costa,
que aumente la producción. El comercio al por mayor agrupa desde el punto de
vista económico a millones de pequeños campesinos, interesándolos, ligándolos,
conduciéndolos a la etapa siguiente: a diversas formas de relación y unión en
la producción misma. Hemos iniciado la necesaria transformación de nuestra
política económica. En este terreno contamos ya con algunos
Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre
éxitos, es cierto que poco
considerables, parciales, pero indudables. Estamos terminando, en este terreno
de la nueva "ciencia", el curso preparatorio. Si estudiamos con
firmeza y ahínco, si contrastamos con la experiencia práctica cada uno de nuestros
pasos, si no tememos rehacer varias veces lo empezado ni corregir nuestros
errores, reflexionando detenidamente sobre lo que éstos significan, pasaremos
también a los cursos siguientes. Terminaremos la "carrera", aunque
las circunstancias de la economía y de la política mundiales la hayan hecho
mucho más larga y difícil de lo que hubiéramos deseado. Cueste lo que cueste,
por duros que sean los tormentos de la época de transición, las calamidades, el
hambre, la ruina, no nos desalentaremos y llevaremos nuestra obra hasta el fin
victorioso.
14 de octubre de 1921.
Publicado el 18 de
octubre de 1921 en el núm. 234 de "Pravda".
T. 44, págs. 144-152.
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
72
LA NUEVA POLÍTICA ECONÓMICA Y LAS TAREAS
DE LOS COMITÉS DE INSTRUCCIÓN POLÍTICA.
Informe
presentado al II congreso nacional de los comités de instrucción política, el
17 de octubre de 1921.
Camaradas: En este informe,
o, para ser más exacto, en esta charla, me propongo examinar la nueva política
económica y las tareas de los comités de instrucción política73 relacionadas con esa política, tal y como yo las interpreto.
Creo que es erróneo hasta el extremo limitar los informes sobre problemas que
no son de la incumbencia de tal o cual congreso a mera información de lo que
pasa en general en el partido o en la República Soviética.
El brusco viraje del
poder soviético y del PC de Rusia
Sin negar en absoluto el
valor de tal información, ni la utilidad de las conferencias sobre problemas de
toda índole, creo, a pesar de todo, que el principal defecto existente en las
labores de la mayoría de nuestros congresos es la falta de relación directa e
inmediata con los problemas prácticos planteados en ellos. De estos defectos es
de los que quisiera hablar con motivo de la nueva política económica.
Hablaré de la nueva política
económica a grandes rasgos y seré breve. Camaradas, la inmensa mayoría de
vosotros sois comunistas y, a pesar de la mucha juventud de algunos, comunistas
que habéis hecho un magnífico trabajo para aplicar nuestra política general
durante los primeros años de la revolución. Y como habéis hecho una gran parte
de este trabajo, no podéis menos de ver qué viraje tan brusco han dado nuestro
Poder soviético y nuestro Partido Comunista, al adoptar la política económica
que llamamos "nueva", es decir, nueva respecto a nuestra política
económica anterior.
En el fondo, en esa política
hay más de viejo que en la política económica que aplicábamos antes.
¿Por qué es así? Porque si
no podemos decir que nuestra política económica anterior calculaba (entonces
calculábamos poco, en general), sí que, hasta cierto punto, presuponía
—podemos decir que
presuponía, sin hacer cálculos— que se produciría una transición directa de la
vieja economía rusa a la producción y a la distribución estatales, basadas en
los principios comunistas.
Si recordamos nuestros
propios escritos del pasado sobre economía, si recordamos lo que los comunistas
escribían antes e inmediatamente después de la toma del poder en Rusia — por
ejemplo, a comienzos de 1918, cuando la primera embestida política contra la
vieja Rusia acabó en una victoria aplastante, cuando se proclamó la República
Soviética, cuando Rusia salió de la guerra imperialista, mutilada, por cierto,
pero mucho menos mutilada que si hubiera seguido "defendiendo la
patria" tal como lo aconsejaban los imperialistas, los mencheviques y los
eseristas—, si recordamos todo esto veremos que en aquel primer período, en el
que acabábamos de dar el primer paso para organizar el Poder soviético y de
salir de la guerra imperialista, hablábamos de nuestras tareas de organización
de la economía
![]()
73 Los
comités de instrucción política se constituyeron en virtud del decreto del 23 de febrero de
1920 adjuntos a las secciones locales de instrucción pública. El trabajo de los
comités locales de instrucción política estaba dirigido por el Comité General
de Instrucción Política de la República, adjunto al Comisariado del Pueblo de
Instrucción Pública.
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
con muchas más prudencia y
cautela que en la segunda mitad de 1918 y a lo largo de los años 1919 y 1920.
El CEC de toda Rusia
sobre el papel del campesinado en 1918.
Si bien es cierto que no
todos erais por entonces activos funcionarios del partido y del Poder
soviético, no lo es menos que, en todo caso, habéis podido conocer, y sin duda
conocéis, la resolución que el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia adoptó a
fines de abril de 191874. Dicha resolución señalaba la necesidad
de que no se desestimase la economía campesina y se fundaba en un informe que
tenía en cuenta el papel del capitalismo de Estado en la construcción del
socialismo en un país campesino, hacía hincapié en la importancia de la
responsabilidad personal, individual, unipersonal y recalcaba la trascendencia
de ese factor en el gobierno del país, a diferencia de las tareas políticas de
la organización del poder público y de las tareas militares.
Nuestro error.
A comienzos de 1918
confiábamos en el advenimiento de un período determinado que posibilitara la
construcción pacífica. Cuando se hubo concertado la paz de Brest, parecía que
el peligro se había alejado, y creíamos que podíamos emprender la construcción pacífica.
Pero nos equivocamos, pues en 1918 se cernió sobre nosotros un verdaderopeligro
militar: la sublevación del cuerpo de ejército checoslovaco y el estallido de
la guerra civil que se prolongó hasta 1920. Debido en parte a los problemas de
la guerra que nos abrumaron y, creyérase, a la terrible situación en que se
hallaba la república entonces, al acabar la guerra imperialista, cometimos el
error, por estas y otras circunstancias, de decidirnos a pasar directamente a
la producción y a la distribución comunista. Creímos que, con el sistema de
contingentación, los campesinos proporcionarían la cantidad necesaria de
cereales que nosotros podríamos distribuir por fábricas y talleres y, de esa
manera, tendríamos una producción y una distribución comunistas.
73
No puedo afirmar que nos trazáramos ese plan de manera tan
precisa y evidente, pero actuábamos poco más o menos así. Por desgracia, eso es
un hecho. Digo "por desgracia" porque la experiencia, que no ha
durado mucho, nos ha hecho ver que nos equivocábamos al creer lo contrario de
lo que antes habíamos escrito sobre la transición del capitalismo al
socialismo, opinando que no podríamos aproximarnos siquiera a la fase inferior
del comunismo sin pasar por un período de contabilidad y control socialistas.
Desde 1917, cuando a los bolcheviques se nos planteó el problema de tomar el
poder y se lo explicamos a todo el pueblo, hemos venido recalcando con toda
precisión en nuestros escritos de teoría que se necesita un período complejo y
prolongado de transición de la sociedad capitalista a uno, por lo menos, de los
accesos a la sociedad comunista, período que pasa por la contabilidad y el
control socialistas (y que se prolonga tanto más cuanto menos desarrollada está
la sociedad capitalista).
Nuestra retirada
estratégica.
Parecimos olvidarnos de eso
cuando, en el fragor de la guerra civil, tuvimos que dar los pasos necesarios
para organizar la economía. En el fondo, nuestra nueva política económica
estriba en que sufrimos una gran derrota en ese terreno y emprendimos una retirada
estratégica. Nos dijimos: "Antes de que nos hagan trizas definitivamente,
retrocedamos y rehagámoslo
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74 Se alude al acuerdo del Comité Ejecutivo
Central de toda Rusia, adoptado el 29 de abril de 1918 con relación al informe
de Lenin sobre las tareas inmediatas del Poder soviético.
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
todo de nuevo, pero con
mayor solidez". Desde el momento que los comunistas plantean
conscientemente el problema de la nueva política económica, no puede caber la
menor duda de que hemos sufrido una derrota muy grave en el frente económico. Y
así las cosas, es desde luego inevitable que parte de la gente se desanime
mucho, sea casi presa del pánico y que, con motivo de la retirada, el pánico
empiece a cundir en ella. Eso no se puede evitar. Cuando el Ejército Rojo
retrocedía, empezó a forjar su victoria, corriendo delante del enemigo. Algunos
sufrieron cada vez y en todos los frentes ese período de pánico. Pero siempre,
así en el frente de Kolchak como en el de Denikin, en el de Yudénich, en el de
Polonia y en el de Wrangel, toda vez que nos asestaban un rudo golpe (y a veces
más de uno), acreditábamos la veracidad del proverbio: "de los
escarmentados se hacen los avisados". Cuando nos daban un escarmiento,
comenzábamos a avanzar lentos, con regularidad y cautela.
Claro que las tareas del
frente económico son mucho más arduas que las del frente militar, aunque existe
una semejanza general entre los esquemas elementales de la estrategia de ambos.
Al intentar pasar directamente al comunismo en la primavera de 1921, sufrimos
en el frente económico una derrota mucho más grave, mucho más importante y
peligrosa que las que nos infligieron Kolchak, Denikin o Pilsudski. Esta
derrota se manifestó en que las altas esferas de nuestra política económica
perdieron el contacto con la base y en que no lograron elevar las fuerzas
productivas, lo que se tenía por tarea fundamental e impostergable en el
programa de nuestro partido.
El sistema de
contingentación en el campo, esta manera comunista de abordar directamente las
tareas de organización de la economía en la ciudad, entorpecía el ascenso de
las fuerzas productivas y fue la causa principal de la profunda crisis
económica y política que sufrimos en la primavera de 1921. Por eso hubimos de
hacer lo que, desde el punto de vista de nuestra pauta, de nuestra política, no
podemos calificar de otro modo que de grandísima derrota y retirada. Con la
particularidad de que no podemos decir que esta retirada sea como las del
Ejército Rojo, una retirada hecha en completo orden a posiciones preparadas de
antemano. Por cierto, nuestras posiciones estaban preparadas con antelación, y
eso puede comprobarse comparando los acuerdos aprobados por nuestro partido en
la primavera de 1921 y el que ya he mencionado, que se adoptó en abril de 1918.
Las posiciones estaban preparadas de antemano, pero la retirada a estas
posiciones se ha hecho (y en numerosos lugares del país se hace todavía) con
mucho desorden y aun con excesivo desorden.
Sentido de la nueva
política económica.
Combatir eso es tarea
planteada en primer plano a los comités de instrucción política. Desde el punto
de vista de la nueva política económica, el problema fundamental es saber
aprovechar con la mayor rapidez posible la situación creada.
La nueva política económica
implica sustituir el sistema de contingentación por un impuesto, implica pasar
en grado considerable, si bien no sabemos en qué grado concreto, al
restablecimiento del capitalismo. Las empresas que se arrienden a los capitalistas
extranjeros (es verdad que por ahora se han concertado muy pocos contratos de
concesión, sobre todo en comparación con los que hemosofrecido) y las empresas
entregadas en arriendo a los capitalistas privados implican un restablecimiento
directo del capitalismo y eso radica en la nueva política económica, pues la
supresión de la contingentación significa para los campesinos la libertad de
comercio con los excedentes agrícolas que les deja el impuesto, pues éste se
lleva sólo una pequeña parte de los productos. Los campesinos constituyen la
parte gigantesca de toda la población y de toda la economía, y por eso el
capitalismo no puede menos de crecer en ese terreno de libertad de comercio.
74
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
Esto es el abecé más
elemental de la economía enseñado en los rudimentos de la ciencia económica y,
en Rusia, además, por todo especulador, ese tipo que nos da buenas lecciones de
economía al margen de la ciencia económica o política. Desde el punto de vista
de la estrategia, el problema cardinal es el siguiente: ¿quién se beneficiará
primero con la nueva situación? Toda la cuestión consiste en esto: ¿a quién
seguirá el campesinado: al proletariado, que quiere construir la sociedad
socialista, o al capitalista, que dice "demos marcha atrás, eso es menos
peligroso, pues vete a saber qué socialismo se han inventado"?
¿Quien vencerá? ¿El
capitalista o el poder soviético?
He aquí a qué se reduce toda la guerra actual: ¿quién vencerá,
quién se beneficiará primero
de la situación: el
capitalista, a quien nosotros mismos dejamos entrar por la puerta, y hasta por
varias puertas (y por muchas otras puertas que desconocemos y que se abren sin
que lo sepamos y en contra de nosotros), o el poder público proletario? ¿En qué
factor económico puede apoyarse el poder?
Por una parte, en la mejora
de las condiciones de vida de la población. En este sentido debemos recordar a
los campesinos. Es indiscutible por completo y evidente para todos que, a pesar
de la tremenda calamidad del hambre, y dejando por el momento a un lado esta
calamidad, las condiciones de vida de la población han mejorado merced
precisamente al cambio de nuestra política económica.
Por otra parte, si el
capitalismo gana, aumentará la producción industrial y, al paso, se acrecentará
el proletariado. Los capitalistas ganarán con nuestra política y crearán un
proletariado industrial que, en nuestro país, debido a la guerra, a la inmensa
devastación y al desbarajuste, se ha desclasado, es decir, se ha descastado y
ha dejado de existir como proletariado. Se llama proletariado a la clase
ocupada en la producción de valores materiales en las empresas de la gran
industria capitalista. Como quiera que la gran industria capitalista ha sido
destruida, y las fábricas y talleres no funcionan, el proletariado ha
desaparecido. A veces ha figurado formalmente, pero desligado de las raíces
económicas.
Si se restablece el
capitalismo, se restablece también la clase proletaria ocupada en la producción
de valores materiales, útiles para la sociedad, ocupada en las grandes fábricas
mecanizadas, y no en especular o hacer encendedores para venderlos, o en cualquier
otra "faena" que no es muy útil, pero sí de lo más ineludible debido
al desbarajuste que reina en nuestra industria.
Todo el problema consiste en
quién tomará la delantera. Si los capitalistas logran organizarse primero, nos
echarán a los comunistas y ya no habrá más de qué hablar. Hay que mirar a estas
cosas con serenidad. ¿Quién vencerá a quién? O el poder público proletario
demuestra que es capaz, apoyándose en el campesinado, de sujetar a los
capitalistas con rienda lo bastante corta para meter el capitalismo en el cauce
estatal y crear un capitalismo que se subordine al Estado y lo sirva. Es
necesario plantear este problema con serenidad. Toda discusión de problemas
ideológicos, toda disquisición sobre libertades políticas es aquí como las que
oímos a raudales, sobre todo en la Rusia emigrada, en la Rusia número dos,
donde existen decenas de diarios de todos los partidos políticos, donde todas
estas libertades se ensalzan a toda voz y de mil maneras; todo eso es
palabrería, fraseología. Debemos saber abstraernos de esa fraseología.
La lucha será más
enconada todavía.
Durante los cuatro años
pasados hemos reñido numerosas batallas duras y hemos aprendido que una cosa es
darlas y otra muy distinta hablar de ellas, sobre todo cuando lo hacen
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
quienes las miran sin
participar en ellas. Debemos saber abstraernos de toda esa manera de pensar y
charlar y ver el quid de la cuestión. Y el quid está en que la lucha es y será
más desesperada, más enconada todavía que la guerra que hicimos a Kolchak y a
Deníkin, Eso es así porque aquella contienda de armas era cosa de costumbre. Se
combatió siempre, a lo largo de los siglos y milenios. En el arte de exterminar
al ser humano en la guerra se han hecho inmensos progresos.
Por cierto, en los estados
mayores de casi todos los terratenientes había eseristas y mencheviques que
vociferaban sobre los derechos del pueblo, la Asamblea Constituyente y la
violación de todas las libertades por los bolcheviques.
Cumplir una tarea militar
es, a pesar de todo, más fácil que la planteada hoy ante nosotros, pues puede
cumplirse de una embestida, de un ataque imprevisto, con el entusiasmo,
simplemente con la sola fuerza física de ese gran número de obreros y campesinos
que veían a los terratenientes echárseles encima. Ahora no hay terratenientes
manifiestos. Los Wrangel, los Kolchak y los Denikin han seguido en parte a
Nicolás Románov, y en parte han buscadorefugio en rincones seguros del
extranjero. El pueblo no ve ya a este enemigo declarado, como veía antes al
terrateniente y al capitalista. El pueblo no puede tener una visión clara de
que el enemigo está ya entre nosotros y que ese enemigo es el mismo de antes,
que la revolución está al borde del precipicio, al que llegaron y ante el que
retrocedieron todas las revoluciones anteriores; y no puede tenerla por su gran
ignorancia, por su analfabetismo. Es difícil decir cuánto tiempo tardarán todas
esas comisiones extraordinarias75, con
sus métodos extraordinarios, en liquidar este analfabetismo.
75
¿Cómo puede enterarse el
pueblo de que en vez de Kolchak, Wrangel y Denikin se encuentra al ladito
nuestro el enemigo que dio al traste con todas las revoluciones anteriores? Si
los capitalistas nos ganan la delantera, eso será el retorno al viejo régimen;
y lo ha confirmado la experiencia de todas las revoluciones anteriores. La
tarea de nuestro partido consiste en hacer comprender a las masas que el
enemigo entre nosotros es el capitalismo anárquico y el intercambio anárquico
de mercancías. Debemos ver con claridad esto y lograr que las grandes masas de
obreros y campesinos vean con la misma claridad que el fondo de la lucha
estriba en "quién vencerá a quién, quién podrá más". La dictadura del
proletariado es la lucha más encarnizada y furibunda, en la que el proletariado
debe pelear contra todo el mundo, pues todo el mundo se nos enfrentaba y
apoyaba a Kolchak y Denikin.
La burguesía de todo el
mundo apoya hoy a la burguesía de Rusia y es muchísimo más fuerte que nosotros.
Pero eso no es óbice para dejarnos dominar por el pánico, pues su fuerza
militar era también mayor que la nuestra y no le bastó para hacernos morder el
polvo en la guerra, si bien era mucho más fácil hacerlo en la guerra, dada su
incomparable superioridad en pertrechos. Tal vez hubiera sido suficiente para
ello movilizar a tiempo varios cuerpos de ejército de una u otra potencia
capitalista de las que se enfrentaban con nosotros y no escatimar varios
millones de oro a crédito para Kolchak.
Pero no le surtió efecto
porque las masas de soldados ingleses que llegaron a Arjánguelsk y las masas de
marinos que obligaron a la flota francesa a retirarse de Odesa habían
comprendido que sus gobernantes no tenían razón, que la razón nos asistía a nosotros.
Hoy, lo mismo que ayer, nos atacan fuerzas más poderosas que nosotros. Para
vencer debemos respaldarnos en la última fuente de fuerzas, en las masas
obreras y campesinas, en su conciencia, en su organización.
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75 Se trata de la Comisión Extraordinaria de toda Rusia de Liquidación del Analfabetismo,
formada por decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo del 19 de julio de
1920.
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
O poder proletario
organizado —los obreros avanzados y la pequeña parte de campesinos avanzados
comprenderán esta tarea y sabrán organizar en torno suyo el movimiento del
pueblo—, y entonces venceremos.
O no sabemos hacerlo, y
entonces el enemigo, que cuenta con más fuerzas en el sentido de los
pertrechos, nos vencerá sin falta.
¿Es esta la lucha
final?
La dictadura del
proletariado es una guerra encarnizada. El proletariado ha triunfado en un
país, pero sigue siendo débil a escala internacional. Debe agrupar en torno
suyo a todos los obreros y campesinos, haciéndoles saber que la guerra no ha
terminado. En nuestro himno cantamos "agrupémonos todos en la lucha
final", mas, por desgracia, eso es una pequeña mentira; por desgracia,
ésta no es la lucha final. O sabéis agrupar en esta lucha a los obreros y los
campesinos o no obtendréis la victoria.
Jamás ha habido en la
historia una lucha como la que vemos ahora, si bien la historia conoce, desde
los primeros tiempos de la esclavitud, muchas guerras entre campesinos y
terratenientes. Guerras de esas ha habido muchas, pero jamás hubo ninguna de un
poder público contra la burguesía de su propio país y contra la burguesía unida
de todos los países.
El desenlace de la lucha
depende de si sabemos organizar a los pequeños campesinos, basándonos en el
desarrollo de sus fuerzas productivas y fomentando este desarrollo con el poder
proletario, o de si los supeditan los capitalistas. En decenas de revoluciones
sucedió lo mismo; pero el mundo no ha conocido todavía una guerra como la
nuestra. El pueblo no ha podido adquirir experiencia en guerras como ésta.
Nosotros mismos debemos forjar esta experiencia y, para ello, podemos contar
sólo con la conciencia de los obreros y los campesinos. Ese es nuestro lema y
en ello estriba la grandísima dificultad de esta tarea.
No debemos pretender
al tránsito inmediato al comunismo.
No debemos pretender al
tránsito inmediato al comunismo. Debemos construir, estimulando el interés
personal del campesino. Se nos dice que "estimular el interés personal del
campesino significa restaurar la propiedad privada". Pero no, jamás pusimos
coto a la propiedad individual de los artículos de consumo y aperos con
relación a los campesinos. Hemos abolido la propiedad privada de la tierra, y
el campesino ha llevado la hacienda sin esa propiedad de la tierra, por
ejemplo, en terrenos arrendados. Este sistema viene existiendo en muchísimos
países. En este dominio no hay nada imposible desde el punto de vista
económico. La dificultad estriba en despertar el interés personal. También
debemos estimular a todos los especialistas para que estén interesados en
desarrollar la producción.
¿Hemos sabido hacerlo? ¡Pues
no! Creíamos que la producción y la distribución en un país que tenía un
proletariado desclasado se llevarían a cabo pororden de los comunistas. Debemos
cambiar de método, pues, de lo contrario, no podremos hacer que el proletariado
comprenda este proceso de transición. Jamás se plantearon antes en la historia
tareas como ésta. Toda vez que intentábamos cumplirla directamente, como el que
dice, atacando de frente, fracasábamos. Errores de este tipo se cometen en toda
guerra y ni siquiera son tenidos por errores. Si el ataque frontal no da
resultado, se flanquea al enemigo, se le asedia y socava.
76
El principio del
interés y de las responsabilidades personales.
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
Nosotros decimos que todo
sector importante de la economía nacional debe montarse según el principio del
interés personal. La discusión debe ser colectiva; pero la responsabilidad,
personal. Sufrimos a cada paso las consecuencias de no saber aplicar este
principio. La nueva política económica exige que se marque con absoluta
precisión, con toda exactitud, esta divisoria. Cuando el pueblo pasó a las
nuevas condiciones económicas, se enfrascó en discusiones en torno a qué
resultaría de eso y cómo se deberían reorganizar las cosas. No podía
emprenderse nada sin pasar por esas discusiones generales, pues el pueblo tuvo
prohibido durante decenios y siglos discutir cualquier cosa, y la revolución no
podía progresar de otra manera que pasando por un período de discusiones
generales sobre todos los problemas.
Esto ha dado lugar a mucha
confusión. Esto ha sido así y no se puede evitar; pero debemos decir que
tampoco supone un peligro. Sólo si aprendemos a separar a tiempo lo que se debe
tratar en las asambleas de lo que se debe dejar para el gobierno podremos mantener
a la República Soviética a la altura de las circunstancias. Por desgracia, aún
no hemos aprendido a hacerlo, y la mayoría de los congresos transcurre en un
ambiente que dista mucho de ser práctico.
Superamos a todos los países
del mundo en abundancia de congresos. Ninguna república democrática celebra
tantos congresos como nosotros, ni se lo puede permitir.
No debemos olvidar que
nuestro país ha sufrido muchas pérdidas, se encuentra en la miseria y debemos
enseñarle a discutir en las reuniones de manera que no confunda, como he dicho,
qué se debe tratar en las asambleas y qué dejar para el gobierno. Discutamos en
las reuniones, pero gobernemos sin el menor titubeo; gobernemos con mayor
firmeza de lo que gobernó el capitalista antes que nosotros. De lo contrario,
no podremos vencerlo. Debemos recordar que es preciso gobernar con mayor
severidad y firmeza que antes.
Después de muchos meses de
discutir en asambleas, la disciplina del Ejército Rojo no era peor que la
disciplina del ejército de antes. Se aplicaron medidas severas, rigurosas,
hasta el fusilamiento, medidas que no llegó a emplear siquiera el anterior gobierno.
Los pequeños burgueses vociferaban y escribían: "Los bolcheviques aplican
el fusilamiento". Debemos responder que "lo aplicamos, y lo hemos
hecho con pleno conocimiento de causa".
Debemos decir que han de
perecer o quienes querían aplastarnos —y nosotros opinamos que deben sucumbir
ellos—, y en ese caso nuestra República Soviética sobrevivirá, o, por el
contrario, los supervivientes serán los capitalistas, perecerá la república. En
un país que se encuentra en la miseria perecerán quienes no sepan acatar la
disciplina, o será la república obrera y campesina la que perezca. Ahí no hay
otra disyuntiva, ni puede haberla, como tampoco debe haber ningún
sentimentalismo. El sentimentalismo es un delito tan grande como procurar
salvar el pellejo en la guerra. El que en estos momentos no acata el orden ni
la disciplina, deja entrar al enemigo en nuestro medio.
Por eso afirmo que la nueva
política económica tiene también importancia en el aspecto instructivo.
Habláis aquí de cómo se debe
enseñar. Tenéis que llegar a la conclusión de decir que entre nosotros no hay
sitio para los que no quieren aprender. Cuando lleguemos al comunismo, la
escuela será menos dura.
Pero hoy por hoy digo que la escuela no puede menos de ser dura,
so pena de perecer.
¿Sabremos trabajar
para nosotros?
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
Hemos tenido desertores del
ejército, y también del frente del trabajo. Antes se trabajaba para los
capitalistas, para los explotadores, y se comprende que se trabajara mal; pero
ahora trabajamos para nosotros mismos, para el poder obrero y campesino.
Recordemos que se debe
dirimir la cuestión de si sabremos trabajar para nosotros, pues de lo
contrario, repito, nuestra república perecerá. Y decimos lo mismo que decíamos
en el ejército: o perecen todos los que deseaban hundirnos, y para eso
aplicaremos las medidas disciplinarias más severas, o salvamos a nuestro país,
y nuestra república vivirá.
Esa debe ser nuestra pauta;
por eso (entre otras cosas) necesitamos la nueva política económica.
Administrad todos la
economía del país. Tendréis al lado a los capitalistas —incluso a capitalistas
extranjeros—, concesionarios y arrendatarios que os sacarán ganancias de
centenares por cien, se enriquecerán a vuestra costa. Dejadlos que se
enriquezcan y aprended de ellos a llevar la economía; sólo entonces sabréis
edificar la república comunista. Desde el punto de vista de la necesidad de
aprender con rapidez, toda negligencia a este respecto es un grave delito. Y
debemos pasar por este aprendizaje duro, severo, incluso sañudo a veces, pues
no hay otra salida.
77
Debéis recordar que nuestro
País Soviético,sumido en la miseria tras largos años de pruebas, no está
rodeado de una Francia o una Inglaterra socialistas, que podrían ayudarnos con
su alto nivel técnico e industrial. ¡Nada de eso! Debemos recordar que ahora
toda su técnica adelantada y su industria desarrollada pertenecen a los
capitalistas, los cuales obran contra nosotros.
Debemos recordar que hemos
de poner en máxima tensión nuestras fuerzas en el trabajo diario o nos espera
una muerte segura.
En virtud de esta situación,
todo el mundo se desarrolla con mayor rapidez que nosotros. Al desarrollarse,
el mundo capitalista enfila todas sus fuerzas contra nosotros. ¡Así está
planteada la cuestión! Por eso tenemos que dedicar una atención especial a esta
lucha.
Dada nuestra incultura, no
podemos arrollar al capitalismo, atacándolo de frente. Si estuviésemos a otro
nivel cultural, podríamos resolver el problema de un modo más directo, y tal
vez lo resuelvan así otros países cuando les llegue el momento de estructurar
sus repúblicas comunistas. Pero nosotros no podemos hacerlo de un modo directo.
El Estado debe aprender a
comerciar de manera que la industria cubra las demandas de los campesinos, de
manera que éstos puedan satisfacer sus necesidades mediante el comercio. Hay
que organizar las cosas de manera que cada trabajador aplique sus esfuerzos a
consolidar el Estado obrero y campesino. Sólo entonces podremos crear la gran
industria.
Es preciso que esta idea
prenda en las masas, y no sólo que prenda en ellas, sino que ellas la
materialicen en la práctica. De ahí se desprenden —ésa es mi opinión— las
tareas del Comité Central de Instrucción Política. Después de todo cambio
político profundo, el pueblo necesita mucho tiempo para comprenderlo. Y aquí
cabe preguntar si el pueblo ha comprendido las lecciones que le han dado. Se
puede responder con harto dolor que no. Si las hubiera comprendido, sería mucho
más corto nuestro camino de creación de la gran industria y nos llevaría mucho
menos tiempo el recorrerlo.
Después de haber hecho la
mayor revolución política del mundo, se nos han planteado otras tareas, tareas
culturales, que podrían denominarse "asuntos de poca monta". Hay que
digerir este cambio político, hacer que lo comprendan las masas de la población
para que no quede en simple declaración.
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
Métodos anticuados.
Esas declaraciones y
proclamas, esos manifiestos y decretos fueron necesarios en su día. De eso ha
habido bastante. Antes todo eso era necesario para mostrar al pueblo qué
queríamos construir y cómo, qué cosas nuevas e inauditas queríamos hacer. Pero
¿acaso se puede seguir mostrando al pueblo qué queremos construir? ¡No se
puede! En ese caso, el obrero más sencillo se burlará de nosotros y dirá:
"¿Qué me vienes mostrando sin cesar cómo quieres construir? Muestra con
hechos cómo sabes construir. Y si no sabes, ¡vete a la porra!, que yo llevo
otro camino". Y tendrá razón.
Pasaron los días cuando se
necesitaba pintar en el terreno político grandes tareas y ha sonado la hora de
ponerlas en práctica. Las tareas que tenemos ahora planteadas son culturales,
son las de digerir la experiencia política que puede y debe ser llevada a la
práctica. O se malogran todas las conquistas políticas del Poder soviético o se
colocan los cimientos económicos para ellas. Esos cimientos ahora no existen. Y
es a colocarlos precisamente a lo que debemos aplicar nuestros esfuerzos.
La tarea de elevar el nivel
cultural es una de las más inmediatas. Y es una tarea que incumbe a los comités
de instrucción política, si es que saben servir a "la instrucción
política", como dice el nombre que han elegido. Adjudicarse una denominación
no es difícil; pero ¿corresponde al cometido? Confiemos en que, después de este
congreso, recibiremos datos exactos sobre el particular. La Comisión de
Liquidación del Analfabetismo se instituyó en nuestro país el 19 de julio de
1920. Antes de venir al congreso, he leído a propósito el decreto respectivo.
Comisión de toda Rusia de Liquidación del Analfabetismo... Más aún: Comisión
Extraordinaria de Liquidación del Analfabetismo. Confiemos en que, después de
este congreso, recibiremos datos de qué precisamente se ha hecho en este
terreno, y en cuántas provincias, y en que el balance que obtengamos sea
exacto. Pero el propio hecho de que hayamos tenido que instituir una comisión
extraordinaria para liquidar el analfabetismo demuestra que somos gente (¿cómo
decirlo con mayor suavidad?) algo así como medio bárbara; porque en un país en
el que no existe gente medio bárbara daría vergüenza instituir una comisión
extraordinaria para liquidar el analfabetismo: allí se liquida el analfabetismo
en las escuelas. Allí hay escuelas aceptables, y en ellas se enseña. ¿Qué se
enseña? Ante todo, a leer y escribir. Mas si este cometido elemental no se ha
cumplido, es ridículo hablar de nueva política económica.
El mayor de los
milagros.
¿De qué nueva política puede
hablarse? Quiera Dios que podamos ir tirando con la vieja, si hemos de liquidar
el analfabetismo con medidas de emergencia. Eso es evidente. Pero lo es más aún
que hemos hecho milagros en el terreno militar y en otros. El mayor de esos
milagros sería, creo yo, liquidar por completo la propia Comisión de
Liquidación del Analfabetismo. Y que no surgieran proyectos como el que he oído
aquí de separarla del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública. Si eso es
así, si recapacitáis en ello, estaréis de acuerdoconmigo en que convendría
crear una comisión extraordinaria de liquidación de algunos malos proyectos.
78
Mas aún, no basta con
liquidar el analfabetismo; hay que organizar también la economía soviética, y
por ahí no se puede ir muy lejos conociendo únicamente las primeras letras.
Necesitamos elevar en medida inmensa el nivel cultural. Es necesario que el hombre
practique la lectura y la escritura, que tenga qué leer, que tenga periódicos y
folletos de propaganda, que éstos se distribuyan debidamente y lleguen al
pueblo, que no se pierdan por el camino, causa por la que no más de la mitad
son leídos y se los usa en las oficinas para ciertos fines, mientras que al
pueblo no llega, posiblemente, ni la cuarta parte. Hay que aprender a
aprovechar lo poco que tenemos.
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
Por eso, en relación con la
nueva política económica, hay que preconizar continuamente la idea de que la
instrucción política requiere elevar a toda costa el nivel cultural. Debemos
lograr que el saber leer y escribir contribuya a elevar este nivel para que el
campesino pueda aplicar ese conocimiento con el fin de mejorar su hacienda y su
Estado.
Las leyes soviéticas son muy
buenas porque ofrecen a todos la posibilidad de luchar contra la burocracia y
el papeleo, posibilidad que no se ofrece al obrero y al campesino en ningún
Estado capitalista. Pero ¿aprovecha alguien esta posibilidad? ¡Casi nadie! Y no
son únicamente los campesinos los que no saben aprovechar las leyes soviéticas
de lucha contra el papeleo, la burocracia o un fenómeno tan auténticamente ruso
como la concusión, sino que tampoco sabe hacerlo un porcentaje inmenso de
comunistas. ¿Qué es lo que impide la lucha contra este fenómeno? ¿Nuestras
leyes? ¿Nuestra propaganda? ¡Todo lo contrario! ¡Leyes se ha escrito una
infinidad! ¿Por qué no tiene éxito esa lucha? Porque no puede sostenerse con
propaganda escueta, porque únicamente se puede llevar a término si ayudan las
mismas masas populares. No menos de la mitad de nuestros comunistas no saben
llevar esa lucha, sin hablar ya de los que impiden hacerla. Es verdad que el
99% de vosotros sois comunistas y sabéis que estamos sometiendo a esos últimos
comunistas a las operaciones a que se dedica la comisión de depuración del
partido, y tenemos la esperanza de expulsar de nuestro partido a unos cien mil.
Algunos dicen que a unos doscientos mil, y eso me gusta más.
Confío mucho en que
expulsemos de nuestro partido de cien mil a doscientos mil militantes que se
han infiltrado en nuestras filas y que, lejos de saber luchar contra el papeleo
y la concusión, impiden esta lucha.
Tareas de los
instructores políticos.
El que depuremos nuestro
partido de cien mil o doscientos mil afiliados será útil, mas eso es una parte
insignificante de lo que debemos hacer. Es preciso que los comités de
instrucción política orienten toda su labor a este objetivo. Se debe combatir
el analfabetismo; pero saber sólo leer y escribir también es poco: hace falta
esa cultura que enseña a combatir el papeleo y la concusión. Esa es una llaga
que no se cura con ninguna victoria militar ni con transformación política
alguna. En el fondo, puede curarse únicamente elevando el nivel cultural, y no
con victorias militares ni transformaciones políticas. Y esta tarea es de los
comités de instrucción política.
Es imprescindible que los
instructores políticos comprendan sus tareas de manera no burocrática, cosa que
se ve también muy a menudo cuando se pregunta si no habría que incluir a los
representantes del Comité Provincial de Instrucción Política en las Asambleas
Económicas Provinciales76. Perdonadme, a vosotros no hay que
incluiros en ningún sitio; lo que hace falta es que cumpláis vuestro cometido
como simples ciudadanos. Cuando formáis parte de un organismo, os
burocratizáis; mas si tratáis con el pueblo y le dais instrucción política, la
experiencia os dirá que en un pueblo instruido en el aspecto político no habrá
sobornos, y en el nuestro se registran a cada paso. Cabe preguntaros:
"¿Qué hacer para que no haya sobornos, para que tal o cual funcionario de
un comité ejecutivo no se deje sobornar? Enseñadnos a conseguirlo". Y si
los instructores políticos responden: "Eso no es función de nuestro
organismo", "en nuestro país se han publicado folletos y proclamas
sobre
![]()
76 Las
Asambleas (o Juntas)
Económicas Provinciales (Regionales)
eran organismos locales del Consejo de Trabajo y Defensa fundados a comienzos
de 1921 con el fin de coordinar e intensificar la labor de todos los organismos
locales de economía. Las tareas principales de éstas consistían en comprobar el
cumplimiento oportuno y exacto de las disposiciones sobre problemas económicos
de todos los organismos superiores, examinar y coordinar los planes de economía
de las provincias, controlar su aplicación y velar por el aprovechamiento
adecuado de los recursos materiales y por el desarrollo de la iniciativa local.
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
eso", el pueblo os
dirá: "Sois malos miembros del partido: cierto que eso no es función de
vuestro organismo, para eso existe la Inspección Obrera y Campesina; pero
vosotros sois, además, miembros del partido". Habéis adoptado la denominación
de instrucción política. Cuando la adoptasteis, se os advirtió: no tengáis
muchas pretensiones en la elección de nombre; elegid una denominación más
sencilla. Pero vosotros quisisteis adoptar el nombre de instrucción política, y
ese nombre abarca mucho. Pues no os habéis denominado personas que enseñan las
letras al pueblo, sino que tomasteis el nombre de instrucción política. Se os
podrá decir: "Está muy bien que enseñéis al pueblo a leer, escribir y
hacer una campaña económica; pero eso no es instrucción política, porque
instrucción política significa hacer el balance de todo".
Hacemos propaganda, y yo
espero que vosotros también, contra la barbarie y contra llagas como el
soborno; pero la instrucción política no se agota con esa propaganda, implica
resultados prácticos, implica enseñar al pueblo a conseguir eso y dar a los demás
ejemplos de ese tipo, no como miembros de un comité ejecutivo; sino como
simples ciudadanos que, por tener mayor instrucción política que otros, saben
no sólo regañar por toda manifestación de burocracia-eso está muy extendido
entre nosotros—, sino mostrar cómo se vence ese mal en la práctica. Este arte
es muy difícil, es una tarea que no se podrá cumplir sin una elevación general
del nivel de cultura, sin conseguir que la masa obrera y campesina sea más
culta que la de hoy. Y quisiera llamar la atención, más que nada, sobre esta
tarea del Comité Principal de Instrucción Política de la república.
79
Quiero sintetizar cuanto he
dicho y hacer un resumen práctico de todas las tareas que tienen planteadas los
comités provinciales de instrucción política.
Tres enemigos
principales.
A mi juicio, hoy se alzan
ante el hombre, independientemente de las funciones que ejerza y de las tareas
que tenga planteadas como instructor político, si es comunista, y la mayoría lo
son, tres enemigos principales, y son los siguientes: primero, la altanería
comunista; segundo, el analfabetismo, y tercero, el soborno.
Primer enemigo: la
altanería comunista.
La altanería comunista
significa que una persona perteneciente al Partido Comunista, y no depurada
todavía de él, se imagina que puede cumplir todas sus tareas mediante
disposiciones comunistas. Mientras es miembro del partido gobernante y ejerce
en tales o cuales organismos públicos, se cree que eso le da pie para hablar de
los resultados de la instrucción política. ¡Nada más lejos de la realidad! Eso
es solamente altanería comunista. Aprender a instruir en el aspecto político:
ahí está el quid de la cuestión. Pero nosotros no lo hemos aprendido y aún no
enfocamos el problema con acierto.
Segundo enemigo: el
analfabetismo.
En cuanto al segundo enemigo
—el analfabetismo— , puedo decir que mientras exista en nuestro país un
fenómeno como el analfabetismo será demasiado difícil hablar de instrucción
política. Liquidarlo no es una tarea política, es una condición sin la cual no
puede hablarse de política. El analfabeto está al margen de la política, hay
que enseñarle primero las letras. Sin eso no puede haber política, sin eso sólo
hay rumores, chismes, cuentos y prejuicios, pero no política.
Tercer enemigo: el
soborno.
Por último, si existe un
fenómeno como el soborno, si eso es posible, no puede hablarse de política. En
esta cuestión no hay siquiera proximidad a la política, no se puede hacer
política, porque todas las medidas quedarán en suspenso y no conducirán absolutamente
a ningún
La nueva política económica y las tareas de los comités de
Instrucción política
resultado. La ley tendrá
peor efecto si se aplica en un ambiente de tolerancia y propagación del
soborno. En esas circunstancias no se puede hacer ninguna política, falta la
condición fundamental que permite dedicarse a la política. Para que sea posible
esbozar ante el pueblo nuestras tareas políticas, para que sea posible mostrar
a las masas populares: "He ahí las tareas que debemos acometer" (¡y
deberíamos hacerlo!), es preciso comprender que en este terreno hace falta
elevar el nivel cultural de las masas. Y hay que alcanzar ese nivel determinado
de cultura. Sin ello es imposible cumplir en la práctica nuestras tareas.
Diferencia entre
tareas militares y culturales.
Las tareas culturales no
pueden ser cumplidas con tanta rapidez como las tareas políticas y militares.
Es preciso comprender que las condiciones del avance no son hoy las mismas. En
una época de agravamiento de la crisis se puede vencer en la esfera política en
varias semanas. En la guerra se puede vencer en unos cuantos meses; pero es
imposible vencer en el mismo plazo en el terreno cultural, pues, por el mismo
fondo del problema, en este terreno se necesita un plazo más largo, y hay que
adaptarse a él, midiendo nuestro trabajo y dando pruebas de la mayor tenacidad,
perseverancia y consecuencia. Sin estas cualidades es imposible comenzar
siquiera la instrucción política. Y los resultados de la instrucción política
pueden medirse únicamente por el mejoramiento de la economía. No basta con que
liquidemos el analfabetismo, con que pongamos fin a la concusión, que subsiste
y está abonada por el analfabetismo. Es preciso también que nuestra propaganda,
nuestras directrices y nuestros folletos sean asimilados de verdad por el
pueblo y que el resultado de ello sea el mejoramiento de la economía nacional.
Esas son las tareas de los
comités de instrucción política relacionadas con nuestra nueva política
económica, y quisiera confiar en que, gracias a nuestro congreso, alcanzaremos
mayores éxitos en este terreno.
"II Congreso Nacional de los Comités de Instrucción
Política. Boletín del Congreso", núm. 2, del 19 de octubre de 1921.
T. 44, págs. 155-175.
Acerca de la significación del oro ahora y después de la
victoria completa del socialismo
80
ACERCA DE LA SIGNIFICACIÓN DEL ORO AHORA
Y DESPUÉS DE LA VICTORIA COMPLETA DEL SOCIALISMO.
La mejor manera de
conmemorar el aniversario de la Gran Revolución es concentrar la atención en
las tareas que ésta no ha resuelto todavía. Semejante conmemoración es oportuna
y necesaria en particular cuando existen tareas cardinales aún no resueltas por
la revolución, cuando hay que asimilar algo nuevo (desde el punto de vista de
lo realizado hasta ahora por la revolución) para resolver esas tareas.
En el momento actual, lo
nuevo de nuestra revolución consiste en la necesidad de recurrir al método de
acción "reformista", gradual, de prudente rodeo en los problemas
fundamentales de organización de la economía. Esta "novedad" da lugar
a una serie de problemas, incomprensiones y dudas de carácter teórico y
práctico.
Un problema teórico: ¿cómo
explicarse que, después de una serie de acciones de lo más revolucionarias, se
pase, sobre el mismo terreno, a acciones extraordinariamente
"reformistas", pese a la marcha victoriosa general de toda la
revolución en su conjunto? ¿No será esto una "entrega de posiciones",
un "reconocimiento de la bancarrota" o algo por el estilo? Como es
natural, los enemigos, empezando por los reaccionarios de tipo semifeudal y
terminando por los mencheviques y demás caballeros de la Internacional II y
media, responden que así es.
Pero están en su papel de
enemigos al hacer, con cualquier motivo o sin motivo alguno, declaraciones de
esta índole. La conmovedora unanimidad que manifiestan en esta cuestión todos
los partidos — desde los feudales hasta los mencheviques— viene a demostrar una
vez más que, frente a la revolución proletaria, todos esos partidos constituyen
verdaderamente "una sola masa reaccionaria" (como lo pronosticó
Engels, dicho sea entre paréntesis, en sus cartas a Bebel en 1875 y 1884)77.
Pero también entre los amigos hay cierta...
"incomprensión".
Restableceremos la gran
industria y organizaremos el intercambio directo de sus artículos con los
productos de la pequeña agricultura campesina, contribuyendo a la socialización
de ésta. Para restablecer la gran industria, tomaremos a los campesinos, en concepto
de préstamo, determinada cantidad de víveres y materias primas mediante la
contingentación. Tal es el plan (método o sistema) que hemos aplicado durante
más de tres años, hasta la primavera de 1921. Era una forma revolucionaria de
enfocar el problema, en el sentido de demoler de manera directa y completa la
vieja estructura socioeconómica para remplazarla con otra nueva.
Desde la primavera de 1921,
en lugar de este enfoque, de este plan, método o sistema de acción, venimos
planteando (todavía no "hemos planteado" por completo, sino que sólo
"estamos planteando", y sin tener plena conciencia de ello) una forma
completamente distinta, de tipo reformista: no demoler la vieja estructura socioeconómica, el comercio, la pequeña
hacienda, la pequeña empresa, el capitalismo, sino reanimar el comercio, la pequeña empresa, el capitalismo,
dominándolos con precaución y de modo gradual u obteniendo la posibilidad de
someterlos a una regulación estatal sólo
en la medida que se vayan reanimando.
Es una forma completamente distinta de enfocar el problema.
![]()
77 Véanse las cartas de F. Engels a A. Bebel del 18-28 de marzo de
1875 y del 11 de diciembre de 1884.
Acerca de la significación del oro ahora y después de la
victoria completa del socialismo
Comparada con la forma
anterior, revolucionaria, ésta es reformista (la revolución es una
transformación que destruye lo viejo en lo más fundamental y radical, pero no
lo transforma cautelosa, lenta y gradualmente, procurando demoler lo menos
posible).
Cabe preguntar: si después
de probar los métodos revolucionarios habéis reconocido su fracaso y pasado a
los métodos reformistas, ¿no demuestra eso que declaráis, en general, que la
revolución es un error? ¿No demuestra eso que no era preciso, en general,
comenzar por la revolución, sino que era necesario empezar por reformas y
limitarse a ellas?
Esta es la deducción que
hacen los mencheviques y sus semejantes. Mas esta deducción es o bien un
sofisma y una simple artimaña de politicastros redomados o bien una puerilidad
de incautos. El mayor peligro —y quizá el único— para un auténtico revolucionario
consiste en exagerar su radicalismo, en olvidar los límites y las condiciones
del empleo adecuado y eficaz de los métodos revolucionarios. Es ahí donde los
auténticos revolucionarios se estrellaban con la mayor frecuencia al comenzar a
escribir "revolución" con mayúscula, colocar la
"revolución" a la altura de algo casi divino, perder la cabeza,
perder la capacidad de comprender, sopesar ycomprobar con la mayor serenidad y
sensatez en qué momento, en qué circunstancias y en qué terreno hay que saber
actuar a lo revolucionario y en qué momento, en qué circunstancias y en qué
terreno hay que saber pasar a la acción reformista. Los auténticos
revolucionarios sucumbirán (no en el sentido físico, sino espiritual de su
causa) sólo —pero sin falta— en el caso de que pierdan la serenidad y se
figuren que la revolución, "grande, victoriosa y mundial", puede y
debe cumplir obligatoriamente por vía revolucionaria toda clase de tareas en
cualquier circunstancia y en todos los terrenos.
81
Quien se "imagine"
tal cosa sucumbirá, pues se habrá imaginado una estupidez en la cuestión
fundamental; y en época de guerra encarnizada (la revolución es la guerra más
encarnizada), el castigo por una estupidez suele consistir en la derrota.
¿De qué se deduce que la
revolución, "grande, victoriosa y mundial", puede y debe emplear
únicamente métodos revolucionarios? De nada. Eso es absoluta y totalmente
falso. La falsedad de eso es evidente de por sí sobre el fondo de tesis
puramente teóricas, si no se aparta uno del terreno del marxismo. La falsedad
de eso es confirmada también por la experiencia de nuestra revolución. En el
aspecto teórico: durante la revolución se hacen tonterías igual que en
cualquier otro tiempo, decía Engels78, y
decía la verdad. Hay que tratar de hacer las menos posibles y corregir cuanto
antes las ya hechas, teniendo en cuenta con la mayor sensatez qué tareas y
cuándo pueden llevarse a la práctica con métodos revolucionarios y cuáles no.
Nuestra propia experiencia: la paz de Brest ha sido un modelo de acción
absolutamente no revolucionaria, sino reformista e incluso peor que reformista,
puesto que ha sido una acción regresiva, en tanto que las acciones reformistas,
por regla general, avanzan lenta, cautelosa y gradualmente, pero no retroceden.
La justedad de nuestra táctica al firmar la paz de Brest ha quedado ya tan
demostrada y es tan clara y reconocida por todos que no merece la pena seguir
hablando de este tema.
Lo único que hemos acabado
por completo es la labor democrática burguesa de nuestra revolución. Y tenemos
el más legítimo derecho a enorgullecernos de ello. La labor proletaria o
socialista de nuestra revolución se resume en tres aspectos principales: 1)
Salida revolucionaria de la
guerra imperialista mundial; desenmascaramiento y cese de la matanza emprendida por dos grupos mundiales de fieras
capitalistas. Esto nosotros lo hemos hecho hasta el fin por nuestro lado;
consumarlo por todos los lados podría únicamente la revolución en una serie de
países avanzados. 2) Creación del régimen soviético, forma de plasmación de la
dictadura del proletariado. Se ha dado un viraje mundial. Se acabó la época del
parlamentarismo democrático burgués. Ha comenzado un nuevo capítulo en la
historia
![]()
78 F. Engels. Las
publicaciones de los emigrados.
Acerca de la significación del oro ahora y después de la
victoria completa del socialismo
universal: la época de la
dictadura proletaria. Sólo una serie de países perfeccionará y culminará el
régimen soviético y todas las formas de dictadura proletaria. A nosotros nos
queda aún mucho, muchísimo por hacer en este terreno. Sería imperdonable no
verlo. Más de una vez tendremos que culminar, rehacer y volver a empezar. Cada
grado que logremos avanzar, subir, en el desarrollo de las fuerzas productivas
y de la cultura, debe ir acompañado del perfeccionamiento y modificación de
nuestro sistema soviético, y nosotros nos encontramos a un nivel muy bajo en el
aspecto económico y cultural. Hay mucho que rehacer; y "turbarse" por
ello sería el colmo de la estupidez (o acaso de algo peor que estupidez). 3)
Edificación económica de las bases del régimen socialista. En este terreno
queda aún por coronar lo principal, lo fundamental. Y ésta es la tarea nuestra
más certera, la más certera tanto desde el punto de vista de los principios
como de la práctica, tanto desde el punto de vista de la RSFSR hoy como desde el
punto de vista internacional.
Ya que lo principal no está
consumado en su base, hay que fijar en ello toda la atención. Y en este
problema la dificultad estriba en la forma de transición.
"No basta con ser
revolucionario y partidario del socialismo o comunista en general — escribía yo
en abril de 1918 en Las tareas inmediatas
del Poder soviético— . Es necesario saber encontrar en cada momento
peculiar el eslabón particular al cual hay que aferrarse con todas las fuerzas
para sujetar toda la cadena y preparar sólidamente el paso al eslabón
siguiente. El orden de los eslabones, su forma, su engarce, la diferencia entre
unos y otros no son tan simples ni tan burdos en la cadena histórica de los
acontecimientos como en una cadena corriente forjada por un herrero"*.
* Véase la presente edición, t. 8. (N. de la Edit.)
En los momentos actuales, en
el terreno de las actividades de que estamos tratando, ese eslabón es la
reanimación del comercio interior,
regulado (orientado) con acierto por el Estado. El comercio, he ahí el
"eslabón" de la cadena histórica de los acontecimientos, de las
formas de transición de nuestra edificación socialista en 1921-1922, "al cual debemos aferrarnos con todas
las fuerzas" nosotros, el poder estatal proletario, el Partido
Comunista dirigente. Si ahora "nos aferramos" a este
eslabón con suficiente fuerza, podremos estar seguros de ser los dueños de toda la cadena en un futuro próximo. De
otro modo no podremos ser dueños de toda la cadena, no podremos crear la base
de las relaciones socioeconómicas de tipo socialista.
Esto parece extraño.
¿Comunismo y comercio? Resulta algo muy incoherente, absurdo y distinto. Pero
si se reflexiona desde el punto de vista
económico, lo uno no se distingue más de lo otro que el comunismo se
diferencia de la pequeña agricultura campesina, patriarcal.
82
A mi parecer, cuando
triunfemos a escala mundial, pondremos urinarios públicos de oro en las calles
de algunas de las ciudades más importantes del mundo. Este sería el empleo más
"justo", gráfico e instructivo del oro para las generaciones que no
han olvidado que, a causa del oro, fueron sacrificados diez millones de hombres
y mutilados treinta millones en la "gran guerra liberadora" de
1914-1918, en la guerra en que se ventilaba el grandioso problema de qué paz
era peor, la de Brest o la de Versalles; y que a causa de ese mismo oro hay
quien se dispone, seguramente, a aniquilar a veinte millones de hombres y
mutilar a sesenta millones en la guerra que quizá estalle por allá por 1925 o
por 1928, acaso entre el Japón y Norteamérica, o entre Inglaterra y Norteamérica,
o algo por el estilo.
Mas, por "justo",
útil y humano que parezca ese empleo del oro, diremos, a pesar de todo: para
llegar a semejante resultado es preciso trabajar uno o dos decenios con el
mismo empeño e iguales éxitos con que hemos trabajado de 1917 a 1921, sólo que
en un terreno mucho más vasto. Por el momento, en la RSFSR es preciso
economizar el oro, venderlo más caro, adquirir con él mercancías a precios más
bajos. Quien con lobos anda, a aullar aprende; pero en lo que se refiere al
exterminio de todos los lobos, como corresponde en una sociedad
Acerca de la significación del oro ahora y después de la
victoria completa del socialismo
humana inteligente, nos
atendremos al sabio proverbio ruso: "No te envanezcas al partir para la
guerra, hazlo a la vuelta"...
El comercio es la única
ligazón económica posible entre decenas de millones de pequeños agricultores y
la gran industria, si... si no existe
al lado de estos agricultores una magnífica gran industria mecanizada con una
red de cables eléctricos; una industria que,
tanto por su potencia técnica como por su "superestructura" orgánica
y por los fenómenos concomitantes, provea a los pequeños agricultores de los
mejores productos en mayor cantidad, con más rapidez y más barato que antes. A
escala mundial este "si" se ha
realizado ya, esta condición existe ya, pero un país aislado —y, por
añadidura, uno de los países capitalistas
más atrasados— que ha intentado realizar, convertir en realidad, organizar
prácticamente, de golpe y de modo directo, la nueva ligazón entre la industria y la agricultura, no ha podido
cumplir "al asalto" esta tarea y se ve precisado a cumplirla mediante
una serie de acciones lentas, graduales, de "asedio" cauteloso.
El poder estatal proletario
puede dominar el comercio, encauzarlo, encajarlo en determinado marco. Un
ejemplo pequeño, muy pequeño: en la cuenca del Donets ha comenzado una
reanimación económica reducida, muy reducida aún, pero indiscutible, en parte
gracias al aumento de la productividad del trabajo en las grandes minas del
Estado y, en parte también, gracias a la entrega en arriendo de pequeñas minas
campesinas. De este modo, el poder estatal proletario recibe una pequeña
cantidad complementaria de hulla (miserablemente pequeña desde el punto de
vista de los países avanzados, pero, no obstante, digna de tenerse en cuenta
dentro de nuestra pobreza) a un coste, digamos, del 100 % y la vende a diversas
instituciones oficiales al 120 %, y a particulares al 140 %. (Indicaré, entre
paréntesis, que estas cifras son arbitrarias por completo, primero, porque no
conozco las cifras exactas y, segundo, porque, si las conociera, no las haría
públicas en este momento.)
Esto se parece a que empezamos a dominar, si bien dentro de
los límites más modestos, el intercambio
entre la industria y la agricultura; a dominar el comercio al por mayor; a
dominar la tarea de asirse a la
pequeña industria atrasada que tenemos, o a la grande, pero debilitada y
arruinada; a reanimar el comercio con la base económica existente; a hacer sentir la reanimación económica al campesino
medio, al simple campesino (y éste es uno de la masa, un representante de la
masa, un vehículo del elemento espontáneo); a aprovechar todo esto para llevar
a cabo una labor más regular y tenaz, más amplia y fecunda de restablecimiento
de la gran industria.
No nos dejaremos dominar por
el "socialismo de sentimiento" o por el estado de ánimo patriarcal,
semiseñorial, semivillano de la Rusia de antes, que se caracterizan por un
inconsciente desprecio al comercio. Es admisible aprovechar toda clase de
formas económicas de transición y hay
que saber aprovecharlas, dada la necesidad de ello, para fortalecer la ligazón
del campesinado con el proletariado, para reanimar sin tardanza la economía
nacional en un país arruinado y extenuado, para impulsar la industria, para
facilitar medidas posteriores, más amplias y más profundas, como la
electrificación.
Sólo el marxismo ha definido
con exactitud y acierto la relación entre las reformas y la revolución, si bien
Marx tan sólo pudo ver esta relación bajo un aspecto, a saber: en las
condiciones anteriores al primer triunfo más o menos sólido, más o menos duradero
del proletariado, aunque sea en un solo país.
En tales condiciones, la
base de una relación acertada era ésta: las reformas son un producto accesorio
de la lucha de clase revolucionaria del proletariado. Para todo el mundo
capitalista, esta relación constituye el fundamento de la táctica revolucionaria
del proletariado, el abecé, que tergiversan y ofuscan los líderes venales de la
II Internacional y los caballeros semipedantes, semirremilgados de la
Internacional II y media. Después del triunfo del proletariado, aunque sea en
un solo país, aparece algo nuevo en la relación entre las
Acerca de la significación del oro ahora y después de la
victoria completa del socialismo
reformas y la revolución. En
principio, el problema sigue planteado del mismo modo, pero en la forma se
produce un cambio, que Marx, personalmente, no pudo prever, pero que sólo puede
ser comprendido colocándose uno en el terreno de la filosofía y de la política
del marxismo. ¿Por qué pudimos aplicar con acierto el repliegue de Brest?
Porque habíamos avanzado tanto que teníamos terreno para retroceder.
Construimos el Estado soviético, salimos por vía revolucionaria de la guerra
imperialista y culminamos la revolución democrática burguesa con tan
vertiginosa rapidez —en unas cuantas
semanas, desde el 25 de octubre de 1917 hasta la paz de Brest—, que incluso un repliegue tan inmenso (la paz
de Brest) dejó en nuestras manos, a pesar de todo, posiciones suficientes por
completo para aprovechar la "tregua" y avanzar triunfalmente contra
Kolchak, Denikin, Yudénich, Pilsudski y Wrangel.
83
Hasta el triunfo del proletariado, las reformas son un producto
accesorio de la lucha revolucionaria de clase, Después del triunfo, ellas
(aunque a escala internacional sigan siendo el mismo "producto
accesorio") constituyen, además, para el país en que se ha triunfado, una
tregua necesaria y legítima en los casos en que es evidente que las fuerzas,
después de una tensión extrema, no bastan para llevar a cabo por vía
revolucionaria tal o cual transición. El triunfo proporciona tal "reserva
de fuerzas" que hay con qué mantenerse, tanto desde el punto de vista
material como del moral, aun en el caso de una retirada forzosa. Mantenerse
desde el punto de vista material significa conservar la suficiente superioridad
de fuerzas para que el enemigo no pueda derrotarnos por completo. Mantenerse
desde el punto de vista moral significa no dejarse desmoralizar ni
desorganizar, conservar una apreciación serena de la situación, conservar el
ánimo y la firmeza de espíritu, replegarse aunque sea muy atrás, pero en la medida
debida, replegarse de modo que se pueda detener a tiempo el repliegue y pasar
nuevamente a la ofensiva.
Nos hemos replegado hacia el
capitalismo de Estado. Pero nos hemos replegado con sentido de la medida. Ahora
nos replegamos hacia la regulación estatal del comercio. Pero nos replegaremos
con sentido de la medida. Hay ya síntomas de que se vislumbra el final de este
repliegue, de que se vislumbra en un futuro no muy lejano la posibilidad de
detener este repliegue. Cuanto más conscientes y unidos hagamos este repliegue
necesario, cuanto menores sean los prejuicios con que lo llevemos a cabo, tanto
antes podremos detenerlo, tanto más firme, rápido y amplio será después nuestro
victorioso avance.
5 de noviembre de 1921.
Publicado en el núm.
251 de "Pravda", correspondiente al 6 y 7 de noviembre de 1921.
T. 44, págs. 221-229.
Acerca de las tesis del Partido Comunista Francés sobre el
problema agrario
84
ACERCA DE LAS TESIS DEL PARTIDO
COMUNISTA FRANCÉS SOBRE EL PROBLEMA AGRARIO.
A propósito de las tesis sobre el problema agrario,
publicadas con la firma de "CD (Le
comité directeur) del Partido Comunista Francés" en el núm. 95 de La Voix Paysanne ("La voz campesina") del 19-XI-1921, puedo
decir lo siguiente:
Las ideas fundamentales de
dichas tesis me parecen muy acertadas, acordes con las resoluciones de los
congresos de la Internacional Comunista y muy bien expuestas; son: 1) la
necesidad de la revolución para evitar nuevas guerras imperialistas; 2) el fracaso
de la ideología pacifista y wilsoniana; 3) la incuestionable necesidad de
redactar, en cuanto al problema agrario, un "programa de medidas de
transición" (un programme
transitoire) hacia el comunismo que se adapten al paso voluntario de los campesinos a la socialización de la agricultura y
proporcionen, al mismo tiempo, una mejora inmediata
de la situación de la inmensa mayoría de la población rural, de los obreros
asalariados y los pequeños campesinos; 4) la confiscación inmediata, o sea, la expropiación sin indemnización
tanto de las tierras no cultivadas (les
terres arables en friche) como de las cultivadas por colonos, arrendatarios
u obreros asalariados (les terres mises
en valeur par les colons, fermiers ou salariés); 5) la entrega de estas
tierras al conjunto de obreros que las cultivan ahora con objeto de que ellos constituyan "cooperativas de
producción", conforme a las disposiciones de la nueva legislación agraria;
6) garantía absoluta del derecho de usufructo permanente (y hereditario) de las
tierras a los "pequeños propietarios que las cultivan ellos mismos" (les petits propriétaires exploitant
eux-mêmes); 7) la necesidad de asegurar "continuidad y aumento de la producción" en la
agricultura; 8) la necesidad de una serie de medidas para la metódica
"educación comunista del campesinado" (éducation communiste de la classe paysanne79).
Como estoy de acuerdo por
completo con estas ideas fundamentales de las tesis, sólo puedo hacer las
siguientes observaciones generales sobre ellas:
1. La primera parte está dedicada al
problema: "guerra o revolución". Allí se dice, entre otras cosas, y
con razón de sobra, que "los acontecimientos de los últimos años han
matado la ideología pacifista y wilsoniana" ("les événements des dernières années ont tué lN idéologie
pacifiste et wilsonienne"),
Para acabar de quitar esas
ilusiones pacifistas habría que hablar, a juicio mío, no sólo de la guerra en
general, sino también del carácter específicamente imperialista, tanto de la
guerra de 1914-1918 como de la que ahora se prepara entre Norteamérica y el
Japón, con la probable participación de Inglaterra y Francia.
No cabe duda de que sólo la
revolución proletaria puede poner —y pondrá sin duda— fin a todas las guerras
en general. Pero sería una ilusión pacifista creer que la revolución victoriosa
del proletariado en un país, como, por ejemplo, en Francia, podría poner fin de
golpe y sin falta a todas las guerras.
![]()
79 Lenin se refiere al artículo de F.
Engels El problema campesino en Francia y
en Alemania, publicado en la revista Die
Neue Zeit, Bd. 1, N° 10, 1894-1895. (Véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en tres tomos, ed. en
español, t. III, págs. 482-502).
Acerca de las tesis del Partido Comunista Francés sobre el
problema agrario
La experiencia de Rusia ha desvanecido con evidencia esa
ilusión, ha demostrado que de la guerra imperialista sólo podía salirse con la
revolución, y que los obreros y campesinos rusos se han beneficiado
infinitamente con su revolución, a
despecho de la guerra civil que
les impusieron los capitalistas de todos los países. Las guerras reaccionarias,
y en particular las imperialistas (entre las que figura, por parte de Francia
también, la de 1914-1918; y la paz de Versalles lo ha mostrado con singular
evidencia) son tan criminales y funestas como legítimas y justas las guerras
revolucionarias, es decir, las que se hacen contra los capitalistas en defensa
de las clases oprimidas, contra los opresores en defensa de las naciones
oprimidas por los imperialistas de un puñado de países, contra las invasiones
extranjeras en defensa de la revolución socialista. Cuanto más clara conciencia
tengan de ello las masas obreras y campesinas de Francia, tanto menos probables
y menos prolongadas serán las inevitables tentativas de los capitalistas
franceses, ingleses y otros de aplastar mediante la guerra la revolución de los
obreros y campesinos de Francia. En la Europa actual, después de la victoria de
la Rusia Soviética sobre todos los
países capitalistas que apoyaron a Denikin, Kolchak, Wrangel, Yudénich y
Pilsudski y ante el desmedido y vergonzoso estrangulamiento de Alemania por la
paz de Versalles, la guerra civil de los capitalistas franceses contra una
revolución socialista triunfante en Francia sólo puede ser de muy corta
duración y mil veces menos dura para los obreros y campesinosAcerca de las
tesis del partido comunista francés sobre el problema agrario franceses de lo
que ha sido la guerra civil para los rusos. Pero es absolutamente necesario
distinguir con toda claridad las guerras imperialistas —guerras por el reparto
del botín capitalista, guerras para estrangular a las naciones débiles y
pequeñas— de las guerras revolucionarias, guerras para defenderse de los
capitalistas contrarrevolucionarios, guerras para sacudirse el yugo
capitalista.
85
A la luz de los
razonamientos expuestos, creo que sería más atinado sustituir lo que se dice en
las tesis sobre "guerra o revolución" con lo siguiente, poco más o
menos:
Los acontecimientos de los
últimos años han denunciado toda la falsedad y todo el engaño que entraña la
ideología pacifista y wilsoniana. Hay que acabar definitivamente con esta
mentira. La guerra de 1914-1918 fue una guerra imperialista, reaccionaria y de
rapiña no sólo por parte de Alemania, sino también por parte de Francia; esto
lo ha mostrado con singular evidencia la paz de Versalles, aún más feroz e
infame que la de Brest-Litovsk. La nueva guerra que ahora se prepara entre
Norteamérica y el Japón (o Inglaterra), guerra ineludible mientras subsista el
capitalismo, envolverá también inevitablemente a la Francia capitalista, pues
está complicada en todos los crímenes, atrocidades e infamias imperialistas de
la actual época imperialista. Los obreros y campesinos de Francia no tienen
otra opción que entre una nueva guerra o serie de guerras en
"defensa" del imperialismo francés y la revolución socialista. No se
dejarán intimidar por las referencias que los capitalistas
contrarrevolucionarios les den de los sufrimientos de la guerra civil que ellos
mismos impusieron a la Rusia Soviética. Los obreros y campesinos de Francia
supieron hacer una guerra legítima, justa y revolucionaria contra sus señores
feudales cuando éstos quisieron aplastar la Gran Revolución Francesa del siglo
XVIII. Los obreros y los campesinos franceses serán capaces de hacer una guerra
igualmente legítima, justa y revolucionaria contra sus capitalistas, cuando
éstos emigren y organicen desde fuera la invasión extranjera contra la república
socialista de Francia. A los obreros y campesinos franceses les será más fácil
aplastar a sus explotadores, porque toda
Europa, destrozada, atormentada y balcanizada por la inicua paz de Versalles,
estará directa e indirectamente con ellos.
2.
En
la parte siguiente de las tesis estimo erróneo el aserto: "La próxima
revolución en Francia (cette révolution
que nous devons faire)... será en cierto modo una revolución
prematura" (sera en quelque sorte
une révolution avant terme), como también este otro:
Acerca de las tesis del Partido Comunista Francés sobre el
problema agrario
"La concentración de la
propiedad anunciada por los teóricos del marxismo no se ha producido con
regularidad en la agricultura". (La
concentration de la propriété annoncée par les théoriciens du marxisme ne sNest
pas produite avec régularité dans l’agriculture),
Eso es falso; y no es un
criterio de Marx ni del marxismo, sino de los "teóricos" del
"marxismo" de pacotilla que
llevaron la II Internacional a la ignominiosa bancarrota de 1914. Es un
criterio de los seudomarxistas que se
pasaron en 1914 al campo de "su" burguesía nacional y de quienes se
burló con tanto donaire hace tiempo nadie menos que Jules Guesde cuando
escribió contra Millerand y dijo que los futuros Millerandes estarían del lado
de "sus" capitalistas en la guerra inminente por el reparto del botín
capitalista.
Marx no conceptuaba las
formas del proceso de concentración en la agricultura de modo simplista y
rígido. Así lo prueban el tercer tomo de El
Capital y el artículo escrito por Engels en la década del 90 del siglo
pasado contra el programa agrario francés de entonces". Marx no creía que
la revolución proletaria sería "oportuna" sólo cuando el último
campesino hubiese sido expropiado. Dejemos semejante interpretación de las
opiniones de Marx a los Hyndmann, Renaudel, Vandervelde y Südekum, los señores
Turati y Serrati.
Yo aconsejaría que se
eliminaran todos estos asertos erróneos e innecesarios que desacreditan a los
comunistas franceses. No hacen falta para probar la idea fundamental,
importante y certera en los sentidos práctico y teórico de que la inmediata
aplicación (lNapplication immédiate)
del comunismo integral a la pequeña agricultura campesina (no sólo en Francia, ni mucho menos, sino
en todos los países donde existe la pequeña agricultura campesina) sería un profundo error.
En vez de hacer esas
afirmaciones erróneas, sería mejor que se expusiera con mayor detenimiento por
qué no puede ser estable el enriquecimiento de los campesinos franceses durante
la guerra; por qué se devalúa el dinero que estos campesinos acumularon durante
la guerra; por qué se acentúa la opresión tanto de los obreros como de los
campesinos de Francia por parte de los grandes bancos; en qué se manifiesta
esta acentuación, y así sucesivamente.
3. Más adelante se dice en las tesis que, según las estadísticas de
preguerra, había en Francia
5.700.000 explotaciones rurales; 4.850.000 pequeñas (de no más
de 10 hectáreas) y 850.000 de más de 10 hectáreas. Estas cifras muestran —se
dice en las tesis- la desigualdad con que está distribuida la tierra en
Francia. "Pero estas cifras no dan —siguen las tesis— una idea exacta ("mais ils —ces chiffres— ne
fournissent aucune précision...") de la proporción existente entre la
extensión de las tierras cultivadas por sus propietarios y las que sirven de
fuente de ganancia capitalista" ("...
sur le rapport qui existe entre lN étendue des terres travaillées par leurs
propriétaires et des terres source de profit capitaliste").
Primero, también las tierras cultivadas por
suspropietarios sirven en Francia (como en cualquier otro país capitalista) de
"fuente de ganancia capitalista". Habría sido más atinado en teoría y
más útil en la práctica que las tesis del Partido Comunista Francés explicaran
las formas de dicha ganancia antes que decir que la concentración de la
propiedad no se produce "con regularidad" ("avec régularité") en la agricultura.
86
Segundo, es cierto que la estadística agraria francesa es mala,
peor aún que la alemana, la norteamericana, la suiza y la danesa, y que no da
una idea exacta de la extensión de las tierras cultivadas de
modo capitalista. También es cierta la circunstancia, señalada luego en las
tesis, de que explotaciones menores de 10 hectáreas emplean a veces a obreros
asalariados y que campesinos propietarios cultivan a veces ellos mismos
"haciendas de 20, 30 y más hectáreas" ("des fermes de 20, 30 hectares et au-dessus").
Acerca de las tesis del Partido Comunista Francés sobre el
problema agrario
Aunque la estadística
agraria francesa no nos da una idea exacta de la superficie de las tierras que
se cultivan de modo capitalista, podemos, no obstante, sacar una idea aproximada. No tengo a mano el libro de
Compére-Morel ni otras fuentes, pero recuerdo que las estadísticas francesas
dan por separado las fincas de 40 y más hectáreas. Sería muy útil aducir estas
cifras para mostrar con mayor claridad a los pequeños campesinos de Francia qué
extensiones de tierra tan grandes les quitaron (a ellos y a los obreros) los
capitalistas y terratenientes franceses. Es posible (y a mi parecer, necesario)
que las tesis agrarias muestren de manera más palmaria, con cifras de la misma
estadística agraria francesa (y los datos compilados por Compére-Morel, cuando
éste era aún socialista y no defensor de los capitalistas, de la guerra de
rapiña de 1914-1918 y de la expoliadora paz de Versalles), que la inmensa
mayoría de la población rural francesa saldría ganando en seguida, de inmediato
y mucho con la revolución proletaria.
4. Mi última observación se refiere a los
apartados de las tesis en que se habla de la necesidad de aumentar la
producción agrícola, de la importancia de las máquinas modernas (des machines modernes), en particular
de máquinas como las trilladoras (les
batteuses), los arados a motor (les charrues á tracteur), etc.
Todas estas indicaciones de
las tesis son certeras en absoluto y necesarias en la práctica. Pero me parece
que no convendría limitarse al marco de lo totalmente habitual de la técnica
capitalista, que debería darse un paso más. Convendría decir algunas palabras
sobre la necesidad de la electrificación gradual y completa de toda Francia,
sobre la imposibilidad absoluta de efectuar esta labor en provecho de los obreros y de los campesinos sin derrocar el
poder de la burguesía, sin la conquista del poder por el proletariado. En las
publicaciones francesas abundan los datos que demuestran la importancia que
tiene para Francia la electrificación. Sólo sé que una pequeña parte de estos
datos han sido citados en el trabajo, ejecutado por encargo de nuestro gobierno,
sobre el plan de electrificación de Rusia, y que la preparación técnica de la
electrificación ha avanzado mucho en Francia después de la guerra.
A mi parecer, es de suma
importancia, tanto desde el punto de vista teórico como desde el punto de vista
práctico, de la agitación, hablar en las tesis (y, en general, hablar más en
las publicaciones comunistas) de que la técnica moderna avanzada exige imperiosamente
la electrificación de todo el país —y de
una serie de países vecinos— conforme a un plan único; que esta labor es plenamente posible en la actualidad; que
saldría ganando con ella, sobre todo, la agricultura y, en particular, el
campesinado; que mientras existan el capitalismo y la propiedad privada de los
medios de producción, la electrificación de todo el país y de una serie de
países no puede, primero, ser ni rápida ni gradual y, segundo, no puede ser llevada a la práctica en provecho de los obreros y de los
campesinos. En el capitalismo, la electrificación conduce inevitablemente a
reforzar el yugo de los grandes bancos
sobre los obreros y sobre los campesinos.
Antes de la guerra ya, y no un "marxista estrecho", sino el propio
Lysis, que hoy da pruebas de servilismo patriotero ante los capitalistas, dijo
que Francia es de hecho una oligarquía
financiera.
Francia posee magníficas
posibilidades para la electrificación. Con la victoria del proletariado en
Francia, la electrificación —efectuada de modo gradual y sin tener en cuenta la
propiedad privada de los grandes terratenientes y de los capitalistas — beneficiará
de manera gigantesca, sobre todo, a los pequeños campesinos. Si perdura el
poder de los capitalistas, será
inevitable que la electrificación no se haga de modo ni gradual ni rápido y,
como en general se llevará a cabo, será un nuevo yugo para los campesinos, una
nueva esclavitud de los campesinos, expoliados por la "oligarquía
financiera".
Acerca de las tesis del Partido Comunista Francés sobre el
problema agrario
Tales son las pocas observaciones que
puedo hacer a las tesis agrarias francesas, en mi opinión, certeras por
completo a grandes rasgos.
N.
Lenin.
11-XII-1921.
Publicado por primera
vez en 1922 en el núm. 20 de la revista "La Internacional Comunista".
T. 44, págs. 274-281.
La política interior y exterior de la República
87
LA POLÍTICA INTERIOR Y EXTERIOR DE LA REPÚBLICA.
Informe de la gestión del CEC de toda Rusia y del CCP al IX
Congreso de los soviets de toda Rusia80, 23
de diciembre de 1921.
(Clamorosas Ovaciones. Voces de ¡"Hurra!", "¡Viva
nuestro jefe, el camarada Lenin!", "¡Viva el camarada Lenin, jefe del
proletariado internacional!". Prolongados
aplausos que tardan mucho en aplacarse.)
Camaradas: He de presentar
el informe sobre la situación exterior e interior de la República, y es la
primera vez que lo hago en una situación caracterizada por no haber habido en
todo el año agresiones militares, al menos en grandes proporciones, de los
capitalistas rusos y extranjeros contra nuestro Poder soviético. Es el primer
año que disfrutamos de una tregua, si no completa, al menos relativa, y que
hemos podido dedicar parte de nuestras fuerzas a nuestra tarea principal y
fundamental: a restablecer la economía arruinada por las guerras, restañar las
heridas causadas a Rusia por las clases explotadoras gobernantes y colocar los
cimientos de la edificación socialista.
Ante todo, al referirme a la
situación internacional de nuestra república, debo decir lo que ya he tenido
ocasión de afirmar, que en las relaciones internacionales se ha creado cierto
equilibrio, inestable en sumo grado, pero equilibrio al fin y al cabo. Y ahora
lo vemos. Para los que hemos vivido la revolución desde su comienzo, para los
que hemos conocido y visto directamente las increíbles dificultades con que
rompimos los frentes imperialistas, resulta extraño en sumo grado comprobar
ahora la marcha de las cosas. Es probable que nadie esperara ni pudiera esperar
que se crease una situación como la que vemos.
Nos figurábamos el
desarrollo inmediato (tal vez no esté de más recordarlo, porque será útil para
nosotros y para las conclusiones prácticas que saquemos de los principales
problemas económicos) de manera más simple y directa de lo que vemos ahora. Nos
decíamos, y decíamos a la clase obrera, a todos los trabajadores, tanto de
Rusia como de los otros países, que no había otra salida de la maldita y
criminal matanza imperialista que la salida revolucionaria. Y, al poner fin a
la guerra imperialista con la revolución, abríamos a todos los pueblos la única
salida posible de aquella criminal matanza. Creíamos entonces — y no podía ser
de otro modo— que ese camino era claro, recto y el más fácil. Ha resultado que
otros pueblos no han logrado emprender, por lo menos con la rapidez que
esperábamos, ese camino recto, el único que nos ha puesto realmente a salvo de
las ligaduras imperialistas, de los crímenes imperialistas y de la guerra
imperialista que continúa amenazando al resto del mundo. Y si, a pesar de todo,
vemos ahora lo conseguido, vemos que existe una República
![]()
80
El IX Congreso de los Soviets de toda Rusia
se celebró del 23 al 28 de diciembre de 1921 en Moscú. Lenin llevó a cabo una
gran labor preparatoria de este congreso y dirigió sus deliberaciones: presentó
el informe de balance del trabajo del CEC de toda Rusia y del Consejo de
Comisarios del Pueblo e hizo uso de la palabra tres veces en la conferencia de
los delegados sin partido. El IX Congreso de los Soviets hizo el primer resumen
de la labor realizada en las condiciones de la nueva política económica y
aprobó plenamente la actividad del Gobierno Obrero y Campesino en la política
interior y exterior. El congreso se dirigió a los gobiernos de los países
vecinos y de todos los demás Estados, proponiéndoles que basasen su política
exterior en el principio de la coexistencia pacífica. Centró la atención
principal en el restablecimiento más rápido posible de la agricultura como
condición imprescindible del ascenso de toda la economía nacional. En las
resoluciones del congreso se decía que el restablecimiento y el ascenso de la
gran industria constituyen, a la par con el restablecimiento de la agricultura,
la tarea fundamental de la república. Se dedicó mucha atención a la lucha
contra el hambre. El IX Congreso de los Soviets eligió un nuevo CEC de toda
Rusia.
La política interior y exterior de la República
Soviética socialista,
rodeada de toda una serie de potencias imperialistas que le guardan rabiosa
hostilidad, nos preguntamos: ¿cómo ha podido lograrse eso?
Se puede responder sin
exageración alguna: las cosas han ocurrido así porque era exacta en lo
fundamental nuestra apreciación de los acontecimientos, era exacta en lo
fundamental nuestra apreciación de la matanza imperialista y del lío de
relaciones entabladas entre las potencias imperialistas. Sólo por eso se ha
creado una situación tan extraña, un equilibrio tan inestable, tan
incomprensible y, pese a todo, tan indudable como el que ahora vemos,
equilibrio consistente en que, estando cercados por todos lados de potencias
incomparablemente más poderosas en lo económico y en lo militar que nosotros,
abierta y rabiosamente hostiles a nosotros a cada paso, vemos, sin embargo, que
no han conseguido lo que se proponían, pese a haber gastado durante tres años tantos
medios y tantas fuerzas: no han conseguido estrangular de manera directa e
inmediata a la Rusia Soviética. Cuando nos preguntamos cómo ha podido ocurrir
esto, cómo ha podido ocurrir que uno de los Estados sin duda más atrasados y
débiles en extremo, hostilizado descaradamente por las más pujantes potencias
del mundo, haya podido soportar los ataques de que ha sido objeto; cuando
examinamos este problema, vemos con toda claridad dónde está el quid: ha
resultado que teníamos razón en lo más fundamental. Ha resultado que teníamos
razón en nuestras previsiones y en nuestros cálculos. Ha resultado que, aunque
no hemos recibido de las masas trabajadoras de todo el mundo la ayuda rápida,
directa e inmediata que esperábamos y en la que se basaba toda nuestra política,
hemos tenido un apoyo de otro género, un apoyo no directo, un apoyo norápido,
pero ese apoyo y esa simpatía de las masas trabajadoras — de las masas obreras
y campesinas, de las masas de agricultores— de todo el mundo, incluso de los
países más hostiles a nosotros, han sido precisamente el último y más decisivo
motivo, la causa decisiva de que se hayan venido abajo todas las agresiones
militares dirigidas contra nosotros, la causa de que la unión de los
trabajadores de todos los países, proclamada por nosotros, se haya reforzado,
la causa de que esa unión sea una realidad en nuestra república, cosa que ha
influido en todos los países. Por inestable que este punto de apoyo sea,
mientras subsista el capitalismo en otros países (esto, como es natural, debemos
verlo con claridad y debemos reconocerlo abiertamente), por inestable que sea
este punto de apoyo, es preciso decir que ya es posible basarse en él. Esta
simpatía y este apoyo se han manifestado en el sentido de que las agresiones
militares que hemos sufrido tres años y que nos han causado increíbles
devastaciones y penurias, estas invasiones militares no diré que sean ya
imposibles — a este propósito debemos ser muy cautelosos y prudentes—, pero
constituyen una empresa de inmensa dificultad para nuestros enemigos. Así se
explica en definitiva la extraña situación que ahora se presenta,
incomprensible a primera vista.
88
Si sopesamos con toda
serenidad las simpatías con que cuentan el bolchevismo y la revolución
socialista, si examinamos la situación internacional simplemente desde el punto
de vista del recuento de fuerzas, independientemente de si esas fuerzas están a
favor de una causa justa o injusta, a favor de la clase explotadora o a favor
de las masas trabajadoras — en eso no vamos a fijarnos ahora; lo que
pretendemos es comprobar cómo están agrupadas dichas fuerzas a escala
internacional—, veremos que se agrupan de manera que confirman en lo
fundamental nuestras previsiones, nuestros cálculos; veremos que el capitalismo
se descompone; veremos que, después de la guerra a la que ha puesto fin primero
el Tratado de Brest-Litovsk y luego el de Versalles —a cual peor—, en los
países vencedores también crecen cada día el odio y la repulsa a ella.
Cuanto más nos alejamos de
la guerra, más claro va siendo no sólo para los trabajadores, sino, en
proporciones muy grandes, para la burguesía de los países vencedores, que el
capitalismo se descompone, que la crisis económica ha creado en todo el mundo una
situación insostenible y que no hay salida, a pesar de todas las victorias
obtenidas. Por eso, aun siendo incomparablemente más débiles, en el sentido
económico, político y militar, que
La política interior y exterior de la República
las restantes potencias,
somos a la vez más fuertes que ellas porque conocemos y valoramos con acierto
todas las derivaciones que se desprenden por fuerza de este embrollo
imperialista, de este enredo sangriento y de estas contradicciones (tomad
aunque sólo sea la contradicción relacionada con las divisas; a las otras no
voy a referirme) en las que se han embrollado y se embrollan más cada día y de
las que no ven salida.
Podemos ver cómo cambia el
tono de los representantes de la burguesía más moderada, resuelta y
absolutamente ajena a toda idea de socialismo en general —sin hablar ya
"de ese terrible bolchevismo"—, cuando cambian de tono hasta hombres
como el famoso autor Keynes, cuyo libro ha sido traducido a todos los idiomas,
que participó personalmente en las negociaciones de Versalles y que puso todo
su empeño en ayudar a sus gobiernos: incluso este hombre ha tenido que desechar
ese camino y abandonarlo, sin dejar de maldecir el socialismo. Repito que un
hombre así no habla del bolchevismo y ni siquiera desea pensar en él, sino que
dice al mundo capitalista: "Lo que hacéis os conduce a un callejón sin
salida", y hasta llega a proponer algo así como la anulación de todas las
deudas.
¡Muy bien, señores! Hace mucho que debían ustedes haber seguido
nuestro ejemplo.
Hace unos días leímos en los
periódicos una breve información de que uno de los líderes más expertos,
hábiles y capaces de los gobiernos capitalistas, Lloyd George, parece que
comienza a proponer esta misma medida, y que Norteamérica, por lo visto, le quiere
responder así: Perdone, pero nosotros queremos recibir lo nuestro hasta el
último centavo. Entonces nos decimos: feas se les ponen las cosas a las
adelantadas y robustas potencias que durante tantos años después de la guerra
andan debatiendo una medida tan sencilla. ¡Hacer esto era la cosa más fácil
para nosotros, que hemos vencido tantas dificultades! (Aplausos .) Si en este aspecto vemos un embrollo creciente, podemos
afirmar, sin olvidar en modo alguno los peligros que nos rodean, que no tememos
esa propaganda, por débiles que seamos en el sentido económico y militar en
comparación con cualquiera de esos Estados, todos los cuales manifiestan
abiertamente y a cada paso el odio que nos tienen. Cuando expresamos un
criterio distinto en cuanto a si es justo que sigan existiendo los
terratenientes y capitalistas, eso no les gusta y califican nuestras opiniones
de propaganda delictiva. No lo puedo comprender de ningún modo, pues semejante
propaganda se hace legalmente en todos los Estados que no comparten nuestras
opiniones y concepciones económicas. En cambio, en todos esos países se hace
públicamente la propaganda en el sentido de que el bolchevismo es algo
monstruoso, criminal, de bandidos, de que no hay palabras para calificar este
régimen abominable. No hace mucho tuve ocasión de entrevistarme con
Christensen, candidato del Partido Obrero y Campesino a la presidencia de los
Estados Unidos. No os dejéis engañar, camaradas, en cuanto a esta denominación.
No se parece en nada a lo que en Rusia se llama Partido Obrero y Campesino.
EnNorteamérica, éste es un simple partido burgués, abierta y decididamente
hostil a todo socialismo y considerado plenamente decoroso por todos los
partidos burgueses. Pues bien, este señor, danés de nacimiento y ahora
norteamericano, que ha obtenido en las elecciones presidenciales hasta un
millón de votos (esto significa algo en los Estados Unidos), me contaba que
cuando en Dinamarca, ante un público "vestido como yo" —así lo dijo,
y él iba bien vestido, como un burgués—, "intenté decir que los
bolcheviques no son unos criminales, casi me matan", dijo él. Le
replicaron que los bolcheviques son unos monstruos, unos usurpadores, y que no
comprendían cómo se le había ocurrido hablar de esa gente ante un auditorio respetable.
Ese es el clima de la propaganda que nos rodea.
89
Sin embargo, vemos que se ha
creado cierto equilibrio. Esta es una situación política objetiva,
independiente de nuestras victorias, que muestra que hemos valorado la
profundidad de las contradicciones relacionadas con la guerra imperialista y
que sopesamos las cosas con más acierto que nunca, con más acierto que otras
potencias, las cuales, a pesar de todas sus victorias y de toda su fuerza, no
han encontrado ni encuentran hasta ahora salida. Este es el quid de la
situación internacional, que explica lo que ahora vemos. Vemos ante nosotros
La política interior y exterior de la República
cierto equilibrio, inseguro
en sumo grado, pero indudable, incuestionable. No sé si para mucho tiempo, y
creo que no es posible saberlo. Por eso debemos dar muestras de la mayor
cautela. El primer legado de nuestra política, la primera enseñanza que se deduce
del año de ejercicio gubernamental, enseñanza que deben asimilar todos los
obreros y campesinos, es que debemos estar alerta y recordar que nos hallamos
cercados de hombres, de clases, de gobiernos que exteriorizan públicamente el
mayor odio por nosotros. Es preciso recordar que nos hallamos siempre al borde
de una agresión militar. Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para evitar
tamaño infortunio. A causa de la guerra imperialista sufrimos calamidades que
tal vez no haya conocido ningún otro pueblo. Después sufrimos las calamidades
de la guerra civil, impuesta por las clases dominantes, que defendían a la
Rusia emigrante: a la Rusia de los terratenientes, a la Rusia de los
capitalistas. Conocemos, de sobra conocemos las inauditas penurias que lleva la
guerra a los obreros y a los campesinos. Por eso debemos ser de lo más
cautelosos y ponderados en este problema. Estamos dispuestos a hacer las
mayores concesiones y los mayores sacrificios, estamos dispuestos a ello con
tal de mantener la paz que hemos conseguido a tan alto precio. Estamos
dispuestos a hacer las mayores concesiones y los mayores sacrificios, pero no
de cualquier género, ni por tiempo indefinido: que tomen buena nota los pocos,
afortunadamente pocos, representantes de los partidos belicistas y de las
camarillas anexionistas de Finlandia, Polonia y Rumania que especulan con eso.
(Aplausos.)
Quien reflexione con un criterio razonable y realista; como
político, dirá que no ha habido ni puede haber en Rusia otro gobierno, fuera
del soviético, que haga tales concesiones ni tales sacrificios con respecto a
las naciones, tanto a las que existían dentro de nuestro Estado como a las que
fueron incorporadas al Imperio ruso. No hay ni puede haber otro gobierno que
comprenda con tanta claridad como nosotros y que diga y declare con tanta
precisión a todo el mundo que la actitud de la vieja Rusia, de la Rusia
zarista, de la Rusia de los partidos belicistas era criminal con los pueblos
que habitaban en Rusia, que esta actitud era inadmisible y provocó las más
legítimas protestas, el odio y la indignación de las naciones oprimidas. No hay
ni puede haber otro gobierno que reconozca tan abiertamente esta situación, que
haga esta propaganda, la propaganda antichovinista, propaganda que consigna el
carácter criminal de la vieja Rusia, de la Rusia del zarismo y de la Rusia de
Kerenski; no hay ni puede haber otro gobierno que haga tal propaganda contra la
incorporación por la fuerza de otras naciones a Rusia. Esto no es mera
palabrería, sino un simple hecho político, claro para todos y absolutamente
indiscutible. Mientras no haya, por parte de cualquier nación, intrigas contra
nosotros que la comprometan y la aten a los esclavizadores con lazos
imperialistas, mientras estas naciones no tiendan un puente que sirva para
estrangularnos, no nos detendremos en formalidades. No olvidaremos que somos
revolucionarios. (Aplausos.) Pero hay
hechos que muestran de manera incontrovertible, sin dejar lugar a dudas, que la
nación más pequeña y desprovista de armamento, por débil que sea, en la Rusia
que ha vencido a los mencheviques y a los eseristas, puede y debe estar
tranquila por completo de que no tenemos con ella más que intenciones
pacíficas, de que no existe la menor atenuación de nuestra propaganda sobre el
carácter criminal de la antigua política de los antiguos gobiernos y de que
sigue siendo firme nuestro deseo de mantener a todo trance, a costa de inmensos
sacrificios y concesiones, la paz con todas las naciones que formaban parte del
Imperio ruso y que no han querido continuar dentro de nuestro Estado. Esto lo
hemos demostrado. Y lo demostraremos por violentas que sean las imprecaciones
que nos lancen desde todos lados. Creemos que lo hemos demostrado a la
perfección, y ante esta asamblea de representantes de los obreros y campesinos
de toda Rusia, ante toda la masa de millones y millones de obreros y campesinos
de Rusia declaramos que seguiremos salvaguardando con todas nuestras fuerzas la
paz y que no repararemos en concesiones ni sacrificios para mantenerla.
90
La política interior y exterior de la República
Pero hay un límite del que
no podemos pasar. No consentiremos que se haga escarnio de los tratados de paz,
no toleraremos las tentativas de malograr nuestra labor de paz. No lo
consentiremos en ningún caso, y nos alzaremos como un solo hombre para defender
nuestra existencia. (Aplausos .)
Camaradas: Lo que acabo de decir es para vosotros muy comprensible y está
clarísimo; no podíais esperar otra cosa de quienquiera que os rindiera cuenta
de nuestra gestión política. Sabéis que nuestra política es así y sólo así.
Mas, por desgracia, hoy existen dos mundos: el viejo, el capitalista, que se ha
embrollado, que nunca retrocederá, y él nuevo mundo que crece, que todavía es
muy débil, pero que se consolidará porque es invencible. Ese viejo mundo tiene
su vieja diplomacia, que no puede creer que sea posible hablar en público y con
sinceridad. La vieja diplomacia piensa: Aquí debe haber alguna asechanza. (Aplausos y risas .) Cuando un Estado de
ese viejo mundo, omnipotente en el sentido económico y militar, envió a Moscú
—hace ya mucho de esto— a un representante del Gobierno norteamericano, a
Bullitt81, con la propuesta de que concertásemos
la paz con Kolchak y Denikin, paz que era la más desfavorable para nosotros, y
cuando dijimos que apreciábamos tanto la sangre de los obreros y campesinos que
venía vertiéndose hacía mucho en Rusia que estábamos dispuestos a firmar esa
paz, aunque para nosotros era desventajosa en extremo, porque teníamos la
seguridad de que Kolchak y Denikin habían de caer por efecto de la descomposición
interna; cuando dijimos eso sin ambages, sin recurrir mucho al afectado tono
diplomático, pensaron de nosotros que éramos unos embusteros. En cuanto regresó
a su país Bullitt, que había demostrado su buena disposición en las
conversaciones con nosotros, fue recibido con insultos y se le obligó a
presentar la dimisión; lo que me extraña es que no lo llevasen a presidio,
siguiendo la costumbre imperialista, por simpatizar en secreto con los
bolcheviques. (Risas y aplausos.) Y
resultó que quienes proponíamos a la sazón una paz peor para nosotros, la
obtuvimos en mejores condiciones. Esta es una pequeña lección. Sé que no
podemos aprender los métodos de la vieja diplomacia, como tampoco podemos dejar
de ser lo que somos; pero las lecciones que en este tiempo hemos dado en
materia de diplomacia y que han sido comprendidas por otras potencias no han
podido menos de dejar ciertas huellas y es posible que se hayan quedado
grabadas en la memoria de alguien. (Risas.)
Por eso, nuestra declaración franca de que los obreros y campesinos de Rusia
estiman más que nada los beneficios de la paz, pero que sólo están dispuestos a
ceder en este sentido hasta cierto límite, ha sido entendida en el sentido de
que ellos no han olvidado ni un segundo, ni un instante, las calamidades que
les acarrearon la guerra imperialista y la guerra civil. Tenemos que recordarlo
y, estoy seguro de ello, hemos de verlo confirmado y refrendado por el
congreso, por todas las masas obreras y campesinas y por toda Rusia. Y estoy
convencido de que no lo vamos a recordar en vano, de que ello desempeñará
cierto papel, cualquiera que sea la actitud que se adopte, aunque, siguiendo la
vieja costumbre de las cancillerías, no se vea en el hecho de recordarlo sino
una añagaza diplomática.
He aquí, camaradas, lo que
considero necesario decir sobre nuestra situación internacional. Se ha logrado
un equilibrio inestable hasta cierto punto. En el aspecto material de lo
económico y lo militar somos inconmensurablemente débiles, pero somos más fuertes
que nadie en el aspecto moral. Claro está que no se debe comprender esta idea
en el sentido de
![]()
81 Lenin se refiere a las negociaciones con
Bullitt, quien llegó en marzo de 1919 a la Rusia Soviética para poner en claro
las condiciones en que el Gobierno soviético accedería a concertar la paz con
los aliados, así como con los gobiernos de guardias blancos formados en
territorio de Rusia. Por mediación de Bullitt llegaron al Gobierno soviético
las propuestas del Presidente de los EE.UU. Wilson y del Primer Ministro de la
Gran Bretaña Lloyd George.
El Gobierno soviético, deseoso de concertar la paz lo antes
posible, accedió a negociar en las condiciones propuestas, pero introduciendo
en ellas enmiendas sustanciales.
Poco después de haberse
marchado Bullitt de la Rusia Soviética Kolchak logró algunos éxitos en el
Frente Este, y los gobiernos imperialistas, confiando en derrotar al Estado
soviético, renunciaron a negociar la paz. Wilson prohibió publicar el proyecto
de acuerdo que llevaba Bullitt, y Lloyd George dijo en el Parlamento que, en
general, no tenía nada que ver en las negociaciones con el Gobierno soviético.
La política interior y exterior de la República
la moral abstracta, sino en
el de la correlación de las fuerzas reales de todas las clases en todos los
Estados. Esto ha sido comprobado en la práctica, y se demuestra con hechos, no
con palabras; se ha demostrado ya en una ocasión; y si la marcha de la historia
se repite de cierta manera, se volverá a demostrar una y otra vez. Por eso
afirmamos: puesto que hemos iniciado nuestra edificación pacífica, dedicaremos
todas nuestras fuerzas a proseguirla sin interrupción. Al mismo tiempo,
camaradas, estad alerta, cuidad del poder defensivo de nuestro país y de
nuestro Ejército Rojo como de las niñas de los ojos y recordad que no tenemos
derecho a permitir ni un instante la menor debilidad en la defensa de nuestros
obreros y campesinos y de sus conquistas. (Aplausos.)
Camaradas: Hecha esta
concisa exposición de los aspectos más esenciales de nuestra situación
internacional, pasaré a tratar de cómo empiezan a entablarse las relaciones
económicas en nuestro país y en Europa Occidental, en los Estados capitalistas.
La mayor dificultad en ese terreno consistía en que, sin ciertas relaciones
mutuas con los Estados capitalistas, no podemos establecer sólidos nexos
económicos. Los acontecimientos muestran con toda nitidez que tampoco ellos
pueden establecerlos. Pero no somos tan altruistas como para dejar de pensar,
sobre todo, en la manera de seguir subsistiendo pese a la hostilidad que nos
muestran las otras potencias.
Ahora bien, ¿cabe concebir
que una república socialista pueda subsistir en medio del cerco capitalista?
Eso parecía inconcebible lo mismo en el sentido político que en el militar. Que
esto es posible en los sentidos político y militar es ya cosa demostrada, ya es
un hecho. ¿Y en el sentido comercial, en el sentido de las relaciones
económicas? ¿Son posibles los vínculos, la ayuda, el intercambio de servicios
entre la Rusia agraria atrasada y en ruinas y el grupo de potencias
capitalistas adelantadas y ricas en el aspecto industrial? ¿Es que no se nos
amenazó con cercarnos de alambradas, impidiendo de este modo todarelación
económica? "Si no los ha intimidado la guerra, los venceremos con el
bloqueo".
91
Camaradas: Durante estos cuatro años hemos oído tantas amenazas,
y amenazas tan terribles, que no podemos sentir temor por ninguna de ellas. En
cuanto al bloqueo, la experiencia ha demostrado que no se sabe para quién es
peor, si para los bloqueadores o para los bloqueados. La experiencia ha
demostrado, sin dejar lugar a dudas, que durante este primer año, del que puedo
rendiros cuenta, durante esta tregua relativamente elemental de la feroz
violencia directa, no hemos sido reconocidos, se nos ha repudiado, se ha venido
diciendo que no existían relaciones con nosotros (dejad que, juzgando con su
criterio burgués, lo consideren así), pero, a pesar de todo, las relaciones
existen. Esto es lo que me considero autorizado para comunicaros, sin la menor
exageración, como uno de los resultados principales del año 1921, del que
rendimos cuenta.
No sé si ya ha sido
distribuido hoy entre vosotros, o aún lo será, el informe del Comisariado del
Pueblo de Negocios Extranjeros al IX Congreso de los Soviets. A juicio mío,
este informe adolece del defecto de ser demasiado voluminoso y difícil de leer
hasta el final. Puede que ésta sea una debilidad personal mía; no dudo de que
la inmensa mayoría de vosotros, lo mismo que todo el que se interese por la
política, leerá este informe, aunque no lo haga en el acto. Y aun cuando no se
lo lea de cabo a rabo, sino por encima, se verá que Rusia se ha cubierto, si
cabe expresarse así, de toda una serie de relaciones, representaciones,
convenios comerciales, etc., bastante adecuados y permanentes. Es cierto que
aún no existe el reconocimiento jurídico. Esto sigue teniendo su importancia,
pues ha arreciado el peligro de alteración de este equilibrio inestable, el
peligro de nuevos intentos de invasión, cosa a la que antes me he referido;
pero el hecho es ése.
En 1921 —primer año de
relaciones comerciales con el extranjero— hemos avanzado extraordinariamente.
Esto se debe en parte a la situación del transporte, nuestra base, tal vez
principal, o una de las bases principales de toda nuestra economía. Esto se debe
a la
La política interior y exterior de la República
importación y exportación.
Permitidme citar unas cifras escuetas sobre el particular. Todas nuestras
dificultades, las más increíbles, todas nuestras penurias, la clave de nuestras
dificultades reside en el combustible y en el abastecimiento; todas nuestras
penurias provienen del estado de la economía campesina, del hambre y las
calamidades que se han abatido sobre nosotros.
Sabemos bien que todo eso
está relacionado con el transporte; de esto es preciso hablar para que todos
los camaradas venidos de fuera sepan, y lo den a conocer una vez más a todos
los camaradas de los distintos lugares, que necesitamos poner en tensión toda
nuestra energía para superar la crisis de abastecimiento y de combustible.
Estas causas siguen repercutiendo en nuestro transporte, instrumento material
de las relaciones con el extranjero.
La mejora operada en la
organización de nuestro transporte este año es indudable. En 1921, nuestra
flota fluvial ha transportado muchas más cargas que en 1920. El recorrido medio
en 1921 ha sido de 1.000 puds-versta, mientras que en 1920 fue de 800 puds—
versta. Indudablemente hay un progreso en la organización. Es preciso decir
que, por primera vez,
comenzamos a recibir ayuda
del extranjero: hemos hecho un pedido de miles de locomotoras y ya hemos
recibido las primeras, 13 suecas y 37 alemanas. Este es un comienzo muy
modesto, pero es un comienzo. Hemos encargado centenas de cisternas, y en 1921
han llegado ya unas 500. Todo esto nos cuesta muy caro, carísimo; pero, no
obstante, la gran industria de los países adelantados nos presta ayuda, es
decir, la gran industria de los países capitalistas nos presta ayuda en el
restablecimiento de nuestra economía, a pesar de que todos esos países están
gobernados por capitalistas, que nos odian con todas las fibras de su alma.
Todos esos países están unidos entre sí por los gobiernos, que continúan
tratando en su prensa el reconocimiento de
jure de la Rusia Soviética y la legitimidad del gobierno bolchevique. Tras
prolijas investigaciones, resulta que el gobierno bolchevique es legítimo, pero
no puede ser reconocido. No tengo derecho a ocultar la triste verdad de que aún
no nos reconocen, pero debo deciros que, pese a todo, se desarrollan nuestras
relaciones comerciales.
Todos estos países
capitalistas se encuentran en tal situación que nos roban, que hemos de
pagarles más de lo que cuestan las mercancías; pero, a pesar de todo, ayudan a
nuestra economía. ¿Por qué ha podido ocurrir eso? Porque actúan contra su
voluntad, contra lo que pregona sin cesar la prensa; esta prensa no puede
compararse con la nuestra ni por la tirada ni por la fuerza y el odio con que
los países capitalistas nos combaten. Nos declaran criminales, pero nos ayudan.
El resultado es que están vinculados a nosotros en el sentido económico. Como
ya os he dicho, nuestro cálculo, tomado a vasta escala, resulta más exacto que
el suyo. Y no porque no tengan hombres que sepan calcular bien — al contrario,
tienen más que nosotros— , sino porque no se puede calcular debidamente cuando
se lleva camino de perecer. Por eso yo quería daros a conocer algunas cifras
más a título demostrativo de cómo se desarrolla nuestro comercio, con el
extranjero. Tomaré sólo las cifras más escuetas y fáciles de recordar. Si analizamos
los tres años transcurridos — 1918, 1919 y 1920—, nuestras importaciones fueron
de algo más de 17 millones de puds, mientras que en 1921 han sido de 50
millones, es decir, tres veces más que en los tres años anteriores juntos.
Nuestras exportaciones en los tres primeros años fueron de dos millones y medio
de puds, en tanto que sólo durante el año 1921 han sido de once millones y
medio. Estacifra es insignificante, irrisoria, pequeña hasta más no poder; para
cualquier entendido no es sino señal de miseria. Eso es lo que testimonian
estas cifras; y aun con todo, es un comienzo. Después de haber sufrido las
tentativas de asfixiarnos directamente, después de haber estado oyendo durante
años amenazas en el sentido de que mientras sigamos siendo lo que somos, recurrirán
a todo para no permitir las relaciones con nosotros, vemos, no obstante, que
hay quien ha sido más fuerte que esas amenazas. Vemos que ellos no han sabido
tener bien en cuenta el desarrollo económico, pero nosotros sí hemos sabido
hacerlo. Se le ha
La política interior y exterior de la República
puesto comienzo. Ahora, toda
nuestra atención, todos nuestros esfuerzos, toda nuestra preocupación deben
tender a que este desarrollo no se interrumpa, a que siga adelante.
Os presentaré un pequeño
cuadro más para mostrar cómo hemos avanzado en el transcurso de 1921. En el
primer trimestre, las importaciones fueron de unos tres millones de puds; en el
segundo, de ocho millones, y en el tercero, de veinticuatro. A pesar de todo,
caminamos. Estas cifras son ínfimas, pero aumentan poco a poco. Vemos cómo
aumentan en 1921, año de penurias inauditas. Sabéis lo que fue para nosotros
una calamidad como la del hambre, y los padecimientos inauditos que el hambre
sigue ocasionando a toda la agricultura, a la industria y a toda nuestra vida.
Sin embargo, pese a que éramos un país tan arruinado por la guerra, un país que
ha sufrido calamidades tan colosales a causa de las guerras y del dominio de
los zares y los capitalistas, pisamos ahora una senda que nos ofrece la
posibilidad de mejorar nuestra situación, aun cuando no cese la hostilidad
contra nosotros. Este es el factor fundamental. Por eso, después de las
recientes informaciones sobre la Conferencia de Washington82, después de conocer la noticia de que las potencias hostiles a
nosotros se verán precisadas a convocar en el verano una segunda conferencia,
invitando a Alemania y a Rusia, para examinar las condiciones de una paz
auténtica, decimos: nuestras condiciones son claras y precisas, las hemos
expuesto, las hemos publicado83.
¿Serán acogidas con hostilidad? De esto no pueden caber dudas. Pero sabemos que
la situación económica de los que nos bloqueaban es vulnerable. Existe una
fuerza mayor que el deseo, la voluntad y la decisión de cualquiera de los
gobiernos o de las clases hostiles a nosotros; esa fuerza está representada por
las relaciones económicas generales del mundo, que les obligan a emprender el
camino de las relaciones con nosotros. Cuanto más lejos vayan por este camino,
con tantas mayores amplitud y rapidez se perfilará lo que hoy, en el informe de
balance de 1921, sólo puedo mostraros con cifras tan irrisorias.
Debo pasar ahora a nuestra
situación económica interior. También en este punto la cuestión principal en la
que debe uno detenerse, ante todo, es la de nuestra política económica. Nuestra
labor principal durante el año 1921 ha consistido en pasar a esta nueva
política económica, en dar los primeros pasos por este camino, en aprender a
darlos y en ajustar a esto nuestra legislación y nuestra administración.
Conocéis por la prensa numerosos hechos e informaciones que muestran cómo ha
ido el trabajo en este sentido. Claro está, no me vais a exigir que cite aquí
nuevos hechos o enumere tales o cuales cifras. Es necesario dejar sentado
únicamente lo fundamental, lo que más nos ha unido a todos nosotros, lo que es
![]()
82 La Conferencia
de Washington, para limitar los armamentos navales y tratar las cuestiones
del Océano Pacífico y del Extremo Oriente, fue convocada a iniciativa de los
EE.UU. y se celebró en Washington desde el 12 de noviembre de 1921 hasta el 6
de febrero de 1922. Participaron en ella los EE.UU., Inglaterra, el Japón,
Francia, Italia, China, Bélgica, Portugal y Holanda. La Rusia Soviética no fue
invitada, así como tampoco lo fue la República Extremoriental, que existía a la
sazón. En esta conferencia, en la que no participó la República Soviética, se
discutieron varias cuestiones que le atañían directamente a ella. Con este
motivo, el Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros envió en dos
ocasiones, el 19 de julio y el 2 de noviembre de 1921, protestas a los
gobiernos respectivos, en las que declaraba que no reconocería acuerdos algunos
adoptados en una conferencia en la que no participaba una de sus principales
partes interesadas. El 8 de diciembre de 1921, el Comisariado del Pueblo de
Negocios Extranjeros protestó de que en la Conferencia de Washington se tratara
la cuestión del ferrocarril oriental de China, que incumbía exclusivamente a
Rusia y a China.
Los acuerdos de la Conferencia de Washington fueron una adición
al Tratado de Versalles; bajo la presión de los EE.UU. e Inglaterra, el Japón
se vio obligado a renunciar a una serie de posiciones conquistadas por él en
China, consolidando a la vez su dominación en el sur de Manchuria.
83 Por lo visto, Lenin se refiere a la Declaración sobre el reconocimiento de las deudas del 28 de octubre
de 1921, publicada el 29 del mismo en el número 243 de Izvestia del CEC de toda Rusia. Rigiéndose por el principio de la
coexistencia pacífica de los Estados de distinto régimen socioeconómico,
elGobierno soviético expresó su disposición a entablar conversaciones sobre las
reclamaciones mutuas y el reconocimiento de las deudas anteriores a la guerra,
previa condición de firmar la paz con Rusia, de que la reconocieran los otros
países y se cesara incondicionalmente en toda acción que pusiera en peligro la
seguridad de las repúblicas soviéticas y de la República Extremoriental, amiga
de éstas. El Gobierno soviético recordaba que uno de los fines fundamentales de
su política había sido siempre la colaboración económica con otros Estados.
La política interior y exterior de la República
más substancial desde el
punto de vista de la cuestión más esencial y más cardinal de toda nuestra
revolución y de todas las futuras revoluciones socialistas (tomadas a escala
universal).
La cuestión más cardinal y
más esencial es la actitud de la clase obrera con los campesinos, la alianza de
la clase obrera con el campesinado, la capacidad de los obreros avanzados, que
han cursado la escuela larga y dura, pero prometedora, de las grandes fábricas,
su capacidad para hacer las cosas de manera que atraigan a su lado a la masa de
los campesinos, agobiados por el capitalismo, agobiados por los terratenientes,
agobiados por su vieja hacienda escasa y mísera; su capacidad para demostrarles
que sólo en la alianza con los obreros, cualesquiera que sean las dificultades
que tengan que atravesar en este camino —las dificultades son muchas, y no
podemos perderlas de vista—, sólo en esta alianza reside la garantía de que los
campesinos se verán libres de la opresión secular de los terratenientes y
capitalistas. Sólo en el afianzamiento de la alianza de los obreros y los
campesinos reside la garantía de que toda la humanidad ha de verse libre de
cosas como la reciente matanza imperialista, de las atroces contradicciones que
hoy vemos en el mundo capitalista, donde un pequeño número, un puñado
insignificante de las potencias más ricas se ahoga en su abundancia, mientras
la inmensa mayoría de la población del globo terrestre sufre penalidades sin
poder gozar de la cultura ni de los abundantes recursos existentes, que no
encuentran salida por falta de mercado.
El paro forzoso es la
calamidad principal de los países adelantados. No existe otra salida de esa
situación que una sólida alianza entre el campesinado y la clase obrera, que ha
cursado una escuela penosa, pero la única seria y verdadera, la de la fábrica,
la de la explotación fabril, la de la unión dentro de las fábricas. No hay otra
salida. Hemos experimentado esta alianza, política y militar, en los años más
difíciles de nuestra república. Por primera vez en 1921, esta alianza presenta
asimismo un carácter económico. Aún tenemos organizadas muy mal la cosas en
este sentido. Hay que decirlo abiertamente. Es preciso ver este defecto, y no
disimularlo. Es menester orientar todas las fuerzas a corregirlo, yhace falta
comprender que en ello reside la base de nuestra nueva política económica.
93
Para organizar bien las relaciones entre la clase obrera y los
campesinos, sólo caben dos caminos. Si existe una gran industria floreciente,
si esta industria puede suministrar en seguida a los pequeños campesinos la
cantidad necesaria de artículos, o más artículos que antes, y entablar así unas
relaciones adecuadas entre las reservas de productos agrícolas procedentes de
los campesinos y los artículos industriales, entonces los campesinos se verán
plenamente satisfechos; entonces las masas campesinas, los campesinos sin
partido, reconocerán, por la lógica de las cosas, que este nuevo orden es mejor
que el orden capitalista. Por lo que concierne a una gran industria
floreciente, capaz de facilitar en seguida a los campesinos todos los artículos
que necesitan, tal condición existe; si se toma la cuestión a escala mundial,
existe una gran industria floreciente que puede proveer al mundo de todos los
artículos, pero no se sabe obtener de ella otra cosa que cañones, proyectiles y
demás pertrechos bélicos, con tanto éxito empleados en 1914-1918. Entonces la
industria trabajaba para la guerra y abasteció a la humanidad de sus artículos
hasta el punto de que resultaron no menos de 10 millones de muertos y de 20
millones de mutilados. Esto lo hemos comprobado nosotros mismos, y téngase
presente que la guerra en el siglo XX no se parece en nada a las precedentes.
Después de esta guerra,
hasta en los países que salieron vencedores de ella han dejado oír su voz las
gentes más hostiles y ajenas a todo socialismo, enemigos irreconciliables de
cualquier idea socialista; se han dejado oír muchas voces diciendo de manera
tajante que, aunque no existiesen en el mundo los malvados bolcheviques,
difícilmente se consentiría otra guerra parecida. Esto lo afirman
representantes de los países más ricos. Para eso ha servido esta rica y
avanzada gran industria. Ha servido para fabricar mutilados, y no para
La política interior y exterior de la República
proveer de artículos a los
campesinos. Sin embargo, estamos en lo justo al decir que existe a escala
mundial una industria como ésa. Existen en la Tierra países con una gran
industria tan adelantada que puede abastecer inmediatamente a cientos de
millones de campesinos atrasados. En esto basarnos nuestros cálculos. Vosotros
sabéis mejor que nadie, porque lo observáis en la vida diaria, lo que nos ha
quedado de nuestra gran industria, que ya de por sí era débil. Por ejemplo, en
la cuenca del Donets, base fundamental de nuestra gran industria, ha habido
tantas destrucciones en la guerra civil y han pasado por el poder tantos
gobiernos imperialistas (¡cuántos no habrá conocido Ucrania!), que de nuestra
gran industria no quedan más que restos insignificantes. Si a esto se agrega
una calamidad como la mala cosecha de 1921, se comprenderá que haya fallado el
intento de proveer a los campesinos de artículos de la gran industria, hoy en
manos del Estado. Y habiendo fallado este intento, no puede haber otro vínculo
económico entre los campesinos y los obreros, es decir, entre la agricultura y
la industria, que el trueque de mercancías, el comercio. Este es el meollo del
problema. La sustitución del sistema de contingentación por el impuesto en
especie: tal es la esencia de nuestra política económica, la esencia más
simple. Si no existe una gran industria floreciente, capaz de organizarse con
el fin de satisfacer inmediatamente las necesidades de los campesinos, para el
desarrollo gradual de una potente alianza de los obreros y los campesinos, no
hay otra salida que el comercio y el ascenso paulatino de la agricultura y de
la industria, superando su estado actual, bajo la dirección y el control del
Estado obrero; no hay otro camino. La necesidad absoluta nos ha llevado a este
camino. Y sólo ahí está la base y la esencia de nuestra nueva política
económica.
Cuando la atención y las
fuerzas principales estaban concentradas en las tareas políticas y militares,
teníamos que actuar con la mayor rapidez, lanzándonos adelante con la
vanguardia, sabiendo que esta vanguardia se vería apoyada. En las grandes
transformaciones políticas, en la ingente empresa realizada durante tres años,
al sostener la guerra contra las principales potencias del mundo tuvimos
asegurada la alianza de los campesinos y los obreros por simples móviles
políticos y militares, porque cada campesino sabía, sentía y palpaba que tenía
enfrente a su enemigo secular, el terrateniente, al que, de una u otra forma,
ayudaban los representantes de otros partidos. De ahí que esta alianza fuese
tan firme e invencible.
En la esfera económica, la
alianza debe tener otras bases. En esta esfera es necesario que cambien la
esencia y las formas de la alianza. Si hay alguien entre los militantes del
Partido Comunista o de los sindicatos, o simplemente entre los simpatizantes
del Poder soviético, que no haya visto este cambio necesario de la esencia y de
la forma de la alianza, tanto peor para él. Tales distracciones son
inadmisibles en la revolución. La necesidad de cambiar la forma de la alianza
obedece a que la alianza política y la alianza militar no podían extenderse con
tanta facilidad a la esfera económica, porque aún no tenemos una gran
industria, arruinada como está por una guerra sin precedentes en ningún otro
país. Hoy es el día en que la industria aún no ha levantado cabeza ni siquiera
en países incomparablemente más ricos que el nuestro, países que no sólo no han
salido perdiendo a causa de la guerra, sino que han ganado. El cambio de forma
y de esencia de la alianza de los obreros y los campesinos es una necesidad. En
la esfera política y militar fuimos mucho más allá de lo que nos permitía la
alianza económica de los obreros y los campesinos. Tuvimos que hacerlo para
vencer alenemigo, y estábamos en el derecho de hacerlo. Lo hicimos con éxito
porque vencimos a nuestros enemigos en el terreno en que entonces estaba
planteada la lucha, en el terreno político y militar; pero en el terreno
económico sufrimos toda una serie de reveses.
94
No debemos temer
reconocerlo; al contrario: sólo aprenderemos a vencer cuando no temamos
reconocer nuestras derrotas y nuestros defectos, cuando miremos cara a cara a
la verdad, por amarga que sea. Tenemos derecho a enorgullecernos de los méritos
contraídos en ese terreno, en el terreno político y militar. Esos méritos han
pasado a figurar en la historia
La política interior y exterior de la República
como una conquista
universal, cuyas consecuencias habrán de verse en todas las esferas. Pero en la
esfera de la economía, durante el año del que estoy rindiendo cuenta, no hemos
hecho más que iniciar la nueva política económica, y en este sentido estamos
dando un paso adelante. Al mismo tiempo, en este sentido sólo estamos
comenzando a aprender, y cometemos incomparablemente más faltas, mirando atrás,
dejándonos llevar por la vieja experiencia magnífica, de largo alcance,
sublime, de trascendencia mundial, pero que no podía cumplir la tarea económica
actual, en las condiciones de un país que tiene en ruinas la gran industria, en
unas condiciones que exigen que aprendamos ante todo a entablar las relaciones
económicas hoy inevitables y necesarias. Estas relaciones no son otra cosa que
el comercio. Para los comunistas, éste es un descubrimiento muy desagradable.
Es muy posible que este descubrimiento sea desagradable en extremo, y hasta no
ofrece duda de que es desagradable, pero si nos dejamos llevar por lo que es
agradable o desagradable, descenderemos al nivel de esos "casi"
socialistas que tanto abundaban en la época del Gobierno Provisional de
Kerenski. Es dudoso que esos "socialistas" gocen todavía de algún
prestigio en nuestra república. Nuestra fuerza consistió siempre en la
capacidad de tener en cuenta las correlaciones reales y no temerlas, por
desagradables que fuesen.
Existiendo la gran industria
a escala mundial, es indudable que se puede pasar directamente al socialismo,
cosa que nadie podrá negar, como tampoco negará que esta gran industria o bien
se congestiona y da lugar al paro forzoso en los países vencedores más
prósperos y ricos o bien no hará sino fabricar proyectiles para el exterminio
de seres humanos. Y si en nuestro país, dadas las condiciones de atraso en que
estábamos, al hacer la revolución, no existe hoy el necesario desarrollo
industrial, ¿qué debemos hacer? ¿Renunciar al camino emprendido?
¿Desanimarnos? No.
Emprenderemos una labor ímproba, porque el camino iniciado es el certero.
Indudablemente, el camino de la alianza de las masas populares es el único que
conduce a que el trabajo de los campesinos y el de los obreros sea un trabajo
para ellos mismos y no para los explotadores. Mas, para llegar a esto en
nuestra situación, necesitamos entablar las únicas relaciones económicas
posibles: las relaciones a través de la economía.
Esa es la causa de nuestro
repliegue. Esa es la razón de que debamos replegarnos hacia el capitalismo de
Estado, hacia la explotación de empresas en régimen de concesión, hacia el
comercio. Sin eso, dado el actual estado de ruina, no podremos restablecer los
debidos nexos con el campesinado. Sin eso nos amenaza el peligro de que el
destacamento de vanguardia de la revolución avance tanto que se aleje de las
masas campesinas. No habría alianza entre él y las masas campesinas, y eso
equivaldría a la muerte de la revolución. Debemos abordar esta cuestión con
extraordinaria serenidad, pues de ahí se desprende, ante todo y sobre todo, lo
que hemos dado en llamar nueva política económica. Por eso hemos dicho
unánimemente que aplicaremos esta política en serio y durante mucho tiempo,
pero, claro está, como ya se ha señalado con razón, no siempre. Una tal
política está dictada por nuestro estado de miseria y de ruina y por el
tremendo debilitamiento de nuestra gran industria.
Me voy a permitir citar
algunas cifras para mostrar que, por difícil que nos haya sido, por muchos que
sean nuestros errores (los hemos cometido en cantidad extraordinaria), las
cosas marchan, sin embargo. Camaradas: No poseo datos generales del desarrollo
del comercio interior; sólo voy a citar datos de las operaciones de tres meses
de la Unión Central de Cooperativas de Consumo. En septiembre, el giro de la
Unión Central de Cooperativas fue de un millón de rublos oro; en octubre, de
tres millones; y en noviembre, de seis. Una vez más, las cifras, tomadas como
cifras absolutas, son pequeñas, ínfimas; hay que reconocerlo abiertamente,
porque sería funesto hacerse ilusiones al respecto. Son cifras ínfimas, pero en
el estado de ruina en que nos encontramos indican, sin duda, que avanzamos y
que podemos apoyarnos en esta base económica. Por muchos que sean los errores
que cometamos —los sindicatos, el Partido Comunista, la administración
pública—, estamos convencidos, sin embargo, de que podemos evitarlos, y paulatinamente
los evitamos, y de que seguimos un
La política interior y exterior de la República
camino que restablecerá a
todo trance las relaciones entre la agricultura y la industria. Debemos y
podemos lograr el ascenso de las fuerzas productivas, aunque sólo sea al nivel
de la pequeña hacienda campesina, y por ahora basándonos en la pequeña industria,
ya que tan difícil es restablecer la grande. Debemos lograr éxitos y comenzamos
a lograrlos, pero es preciso recordar que en este terreno, donde se requiere
otro ritmo y otro ambiente de trabajo, es más difícil conseguir la victoria. En
este terreno no podemos alcanzar nuestros objetivos con tanta rapidez como los
alcanzamos en el terrenopolítico y militar. Aquí no podemos caminar a tirones y
saltos; los plazos son otros, pues se miden por decenios. Tales son los plazos
en que tendremos que lograr los éxitos en la guerra económica, al no contar con
la ayuda, sino con la hostilidad de nuestros vecinos.
95
Pero nuestro camino es
certero, puesto que es el que, tarde o temprano, emprenderán sin falta los
otros países. Hemos comenzado a marchar por este camino certero. Lo único que
necesitamos es medir cuidadosamente hasta el menor paso, tener en cuenta hasta
nuestras más pequeñas faltas, entonces conseguiremos nuestros fines.
Ahora, camaradas, tendría
que decir unas palabras sobre el renglón principal de nuestra economía, sobre
la agricultura; pero supongo que sobre esto escucharéis un informe mucho más
detallado y completo que el que yo podría hacer. Lo mismo digo en relación con
el hambre, de lo cual os hará una exposición el camarada Kalinin.
Conocéis muy bien,
camaradas, los tremendos estragos causados por el hambre en 1921. Esta
calamidad de la vieja Rusia teníamos que heredarla por fuerza, porque la única
salida está en el restablecimiento de las fuerzas productivas, pero no con la
antigua base, estrecha y mísera, sino con otra nueva, con la base de la gran
industria y de la electrificación. Sólo así podremos librarnos de nuestra
miseria, de las rachas continuas de hambre. Mas para llevar a cabo este
trabajo, como se advierte en seguida, no sirven los plazos con que medíamos
nuestras victorias políticas y militares. No obstante, cercados como estamos de
Estados enemigos, hemos abierto una brecha en el bloqueo: por exigua que haya
sido la ayuda, algo hemos recibido. En total, esa ayuda equivale a dos millones
y medio de puds. Esta es toda la ayuda que hemos recibido del extranjero, toda
la ayuda que han tenido a bien prestar a la Rusia hambrienta los Estados
extranjeros. Hemos podido reunir en concepto de donativos cerca de 600.000
rublos oro. Es una cifra irrisoria, que nos permite hacernos una idea del
egoísmo de la burguesía europea ante el hambre que nos azota. Todos habréis
leído, probablemente, que al principio, al conocerse las noticias sobre el
hambre, influyentes hombres de Estado declararon con empaque y solemnidad que
sería diabólico aprovecharse del hambre para plantear la cuestión de las viejas
deudas. Yo no sé si el diablo es más terrible que el moderno imperialismo. Lo
que sí sé es que, en realidad, a pesar del hambre, han intentado cobrarse las
viejas deudas en condiciones particularmente gravosas. No nos negamos a pagar y
declaramos solemnemente que estamos dispuestos a hablar de esto con criterio
realista. Pero todos comprenderéis —no puede haber dudas al respecto — que
jamás, en ningún caso toleraremos que nos aten con este motivo sin más ni más,
sin examinar las mutuas pretensiones, sin debate realista de la cuestión.
Debo comunicaros que en
estos últimos días hemos conseguido, a pesar de todo, un éxito muy considerable
en la lucha contra el hambre. Habréis leído probablemente en los periódicos que
Norteamérica ha asignado veinte millones de dólares para ayudar a los hambrientos
de Rusia, posiblemente en las mismas condiciones que la ARA, organización
norteamericana de ayuda a los hambrientos84. En
días pasados recibimos un telegrama de
![]()
84 ARA (American
Relief Administration): organización norteamericana fundada en 1919 con el
fin de ayudar a la población que había sufrido a causa de la primera guerra
mundial. Su presidente era H. Hoover, gran capitalista estrechamente
relacionado con el capital ruso hasta 1917.
Al aceptar la ayuda de la
ARA, con motivo del hambre declarado en 1921 en la región del Volga y en el sur
de Ucrania, el Gobierno soviético rechazó las tentativas de ésta de inmiscuirse
en los asuntos internos de la República de los
La política interior y exterior de la República
Krasin, en el que daba
cuenta de que el Gobierno norteamericano propone formalmente garantizar que en
el transcurso de tres meses recibiremos comestibles y semillas por valor de
veinte millones de dólares, si por nuestra parte podemos comprometernos a invertir
con el mismo fin diez millones de dólares (veinte millones de rublos oro).
Inmediatamente dimos nuestro consentimiento, cosa que comunicamos por
telégrafo. Y, por lo visto, podemos decir que durante los primeros tres meses
aseguraremos víveres y semillas para los hambrientos por la suma de treinta
millones de dólares, es decir, sesenta millones de rubios oro. Esto,
naturalmente, es poco, no basta en absoluto para poner fin a las terribles
calamidades que se han abatido sobre nosotros. Todos lo comprenderéis
perfectamente. Pero, en todo caso, es una ayuda que, sin duda, hará lo suyo en
el sentido de aliviar las tremendas necesidades y el terrible azote del hambre.
Y si en el otoño hemos conseguido ya cierto éxito en el abastecimiento de
semillas a los lugares afectados por el hambre y en la ampliación de la
superficie de siembra en general, esperamos lograr éxitos mayores aún en la
primavera.
En el otoño sembramos
aproximadamente, en las provincias azotadas por el hambre, el 75% de las
tierras dedicadas a cultivos otoñales; en las provincias parcialmente afectadas
por la mala cosecha, el 102 %; en las provincias productoras de grano, el 123 %;
y en las provincias consumidoras, el 126 %. Estas cifras indican en todo caso
que, por endiabladamente difíciles que sean las condiciones en que nos
desenvolvemos, hemos ayudado algo, no obstante, a los campesinos a ampliar el
área de siembra y a combatir el hambre. En las condiciones creadas tenemos
derecho a esperar ahora, sin exageración alguna y sin temor a equivocarnos, que
si logramos aprontar las semillas para la siembra de la primavera, prestaremos
una ayuda substancial a los campesinos. Esta ayuda, lo repito, en ningún caso
será completa. En modo alguno contamos con los recursos precisos para cubrir
todas las necesidades. Esto hay que decirlo abiertamente. Por eso es tanto más
necesario poner en tensión las fuerzas para ampliar esta ayuda.
96
A este propósito debo daros a conocer las cifras generales
referentes a nuestra labor en materia de abastecimiento. El impuesto en especie
ha sido, ensuma, un alivio para el conjunto de los campesinos, para todo el
campesinado en general. Esto no necesita demostración. El problema no estriba
sólo en la cantidad de trigo que se haya incautado a los campesinos, sino en
que éstos ven más asegurada su situación con el impuesto en especie y tienen
ahora más interés en el fomento de la economía. A los campesinos laboriosos, si
aumentan las fuerzas productivas, el impuesto en especie les ofrece una
perspectiva más amplia. El balance de la recaudación del impuesto en especie,
durante el año del que rendimos cuenta, es tal que debemos decir: hay que
intensificar todos nuestros esfuerzos para no malograr las cosas.
He aquí el balance general
más escueto que puedo daros a conocer, según los últimos datos facilitados por
el Comisariado del Pueblo de Abastecimiento.
Necesitamos no menos de
doscientos treinta millones de puds, De ellos, doce para los hambrientos,
treinta y siete para semillas y quince para el fondo de reserva. Podemos
recibir ciento nueve millones de impuesto en especie, quince por el uso de los
molinos, doce y medio por la devolución de los préstamos de semillas, trece y
medio por el trueque de mercancías, veintisiete de Ucrania y treinta y ocho del
extranjero (treinta y ocho si se tiene en cuenta que recibiremos treinta de la
operación de que acabo de hablaros, más ocho millones de puds que compraremos).
En total, doscientos quince millones de puds. Por tanto, resulta un déficit, y
no disponemos siquiera de un pud de reserva. Y no sabemos si podremos hacer
nuevas compras en el extranjero. Debido a eso, nuestro plan de abastecimiento
está
![]()
Soviets e implantó el
control sobre la actividad de la ARA. Como evidenciaron los sucesos
posteriores, el personal de la ARA, constituido principalmente por oficiales
del ejército norteamericano, se dedicaba al espionaje y a apoyar a los
elementos contrarrevolucionarios. En junio de 1923 se puso fin a la actividad
de la ARA en la URSS.
La política interior y exterior de la República
orientado ahora tan sólo a
echar las menores cargas posibles sobre los campesinos, que han sufrido las
consecuencias del hambre. Durante mucho tiempo hemos dedicado todos nuestros
esfuerzos, en las instituciones soviéticas centrales, a conseguir que el plan
de abastecimiento se calculara con la máxima exactitud. Mientras que en 1920 el
Estado subvenía al abastecimiento de treinta y ocho millones de personas, ahora
hemos reducido esta cifra a ocho millones. Tal es la magnitud de la reducción
efectuada en este terreno. Pero de ahí se desprende una sola conclusión: el
impuesto en especie debe ser hecho efectivo en el cien por cien, es decir,
totalmente, a todo trance. En modo alguno olvidamos que esto representa una
carga inmensa para los campesinos, que tanto han sufrido. Sé muy bien que los
camaradas que han llevado a cabo en los distintos lugares la campaña de
abastecimiento comprenden mejor que yo lo que significa esta tarea: recoger sin
falta ahora, en un cien por cien, el impuesto en especie. Pero en nombre del
gobierno, como resumen del informe de rendición de cuentas de nuestra gestión
en 1921, debo deciros: es preciso, camaradas, cumplir esta tarea, es preciso
hacer frente a esta dificultad e imprescindible salir airosos de esta dura
prueba. De otro modo no podemos asegurar lo fundamental, lo más elemental en el
terreno de nuestro transporte y de nuestra industria, no podemos asegurar el
presupuesto mínimo y absolutamente indispensable, sin el cual no es posible
subsistir en la situación en que nos encontramos, cercados de enemigos y ante
un equilibrio internacional inestable en sumo grado.
Sin hacer los mayores
esfuerzos no hay ni puede haber salida de la situación en que nos vemos, por
efecto de los estragos de la guerra imperialista y de la guerra civil, así como
de la furiosa campaña desencadenada contra nosotros por las clases gobernantes
de todos los países. Por eso es preciso que digamos con toda claridad, sin
temor a la amarga verdad y ratificándolo en nombre del congreso, a todos los
funcionarios locales: "Camaradas: La existencia de la República Soviética
y nuestro modestísimo plan de restablecimiento del transporte y de la industria
dependen de que cumplamos el programa general de abastecimiento. Por eso la
recaudación del impuesto en especie en un cien por cien es una necesidad
absoluta".
Hablando del plan, paso a
tratar de la situación que prácticamente se nos ha creado en relación con el
plan del Estado. Comenzaré por el combustible, por lo que es el pan para la
industria, por lo que es la base de toda nuestra actividad industrial. Probablemente
habréis recibido ya hoy o recibiréis uno de estos días los datos relativos a la
labor de
nuestro Gosplán, de la
Comisión del Plan del Estado. Recibiréis un informe sobre el congreso de los
técnicos en electricidad, que ha dado como fruto una profunda y abundante
documentación, una comprobación, por los mejores técnicos y científicos de
Rusia, del único plan con fundamento científico, el más rápido y el más
inmediato para restablecer nuestra gran industria, plan cuyo cumplimiento
requiere no menos de diez o quince años. Ya he dicho, y no me cansaré de
repetirlo, que los plazos a que debemos atenernos en nuestra labor práctica no
son ahora como lo fueron en la actividad política y militar. Muchos de los
funcionarios dirigentes del Partido Comunista y de los sindicatos lo han
comprendido así, pero es preciso que lo comprendan todos. Por cierto, en el
folleto del camarada Krzhizhanovski que se os entregará mañana —el informe
sobre la labor del Gosplán—, veréis cómo se plantea la cuestión de nuestro plan
estatal en general desde el punto de vista del pensamiento colectivo de los
ingenieros y agrónomos. Veréis cómo abordan este asunto los ingenieros y
agrónomos: no con nuestro criterio habitual, desde el punto de vista político
general o económico general, sino desde el punto de vista de la experiencia
colectiva, calculando, entre otras cosas, hasta dónde podemos replegarnos. En
este folleto veréis la respuesta a esta cuestión desde el punto de vista de los
ingenieros yagrónomos, lo cual concede tanto mayor valor a lo que encontraréis
en él, como resultado de la labor realizada este año por el organismo planificador
de nuestro Estado: un cuadro de cómo plantean ellos
La política interior y exterior de la República
el problema del transporte y
de la industria. Claro es que yo no puedo exponeros aquí el contenido de esa
labor.
97
Sólo quisiera detenerme con mucha concisión en el estado en que
se encuentra el plan de combustible, pues en este terreno es donde se creó la
situación más grave a comienzos del año 1921, del que rendimos cuenta.
Precisamente en este terreno, basándonos en la mejora operada a fines de 1920,
incurrimos en el mayor error de cálculo y llevamos el transporte a la colosal
crisis de la primavera de 1921, crisis debida no ya sólo a la escasez de
recursos materiales, sino a que calculamos mal el ritmo de desarrollo. Entonces
se vieron ya las consecuencias del error cometido al trasplantar a las tareas
económicas la experiencia reunida por nosotros durante el período de las tareas
políticas y militares: error gravísimo, error cardinal, en el que hasta ahora,
camaradas, seguimos reincidiendo a cada paso. En la actualidad son muchos
nuestros errores, y hay que decir que si no nos damos cuenta de ellos y si no
logramos a todo trance corregirlos, no podrá haber una mejora económica firme.
Después de la lección recibida, para la segunda mitad de 1921 trazamos ya el
plan de combustibles con gran cautela, considerando inadmisible en este sentido
la menor exageración y combatiéndola por todos los medios. Las cifras hasta
finales de diciembre, todavía incompletas, facilitadas por el camarada Smilga,
que dirige todos nuestros organismos de acopio de combustibles, muestran que
tenemos un déficit, pero ya insignificante, y además un déficit demostrativo de
que mejora la estructura interna de nuestro presupuesto de combustible, precisamente
lo que los técnicos llaman mineralización de dicho presupuesto, es decir, un
gran éxito en el abastecimiento de Rusia de combustible mineral. No olvidemos
que sólo con combustible mineral puede lograrse una sólida organización de la
gran industria, capaz de sentar los cimientos de la sociedad socialista.
He aquí cómo fue calculado a
comienzos del segundo semestre de 1921 nuestro plan de combustibles. Traducidos
los 2.700.000 sazhen* cúbicos de leña
a combustible convencional de 7.000 calorías, como siempre hacemos y como se
hace en la página 40 del folleto de Krzhizhanovski, que se os entregará,
esperamos obtener 297 millones de puds. Las cifras muestran que ahora hemos
obtenido unos 234 millones de puds. Resulta un déficit inmenso, sobre el que
debo llamar vuestra atención. Durante el año del que rendimos cuenta hemos
prestado gran atención a la labor de nuestros organismos de acopio de leña.
Pero precisamente esta labor es la que más relación guarda con el estado de la
economía campesina. Ahí precisamente recae todo el peso sobre el campesino y su
caballo. Ahí repercute con gran fuerza en el trabajo la falta de combustible,
de piensos, etc. Por eso resulta el déficit. Por eso, ahora que estamos
comenzando la campaña invernal de acopio de combustible, debo decir una vez
más: camaradas, difundid por todas partes la consigna de poner en máxima
tensión las fuerzas en este terreno. En nuestro presupuesto de combustible
hemos calculado el mínimo de lo absolutamente necesario para levantar la
industria, pero este mínimo hay que cumplirlo a toda costa, por difíciles que
sean las condiciones.
* Antigua medida rusa equivalente a 2.134 metros. (N. de la Edit.)
Sigamos. Calculábamos
obtener ciento cuarenta y tres millones de puds de carbón, y hemos obtenido
ciento ochenta y cuatro: este éxito, este progreso de la mineralización de
nuestro combustible se debe a la cuenca del Donets y a otros organismos, en los
que toda una serie de camaradas han trabajado con gran abnegación y han
conseguido resultados prácticos en el mejoramiento de la gran industria. Os
citaré un par de cifras referentes a la cuenca del Donets, porque ésta es la
base, el gran centro de toda nuestra industria. Calculábamos obtener ochenta
millones de puds de petróleo; lo que, traducido a combustible convencional,
equivalía a ciento veinte millones. Calculábamos obtener cuarenta millones de
puds de turba (diecinueve millones de combustible convencional), y hemos
obtenido cincuenta. En suma, calculábamos reunir quinientos setenta y nueve
millones de puds y, por lo visto, se conseguirán no más de quinientos sesenta y
dos millones. En resumidas cuentas,
La política interior y exterior de la República
hay un déficit de combustible. Ciertamente, este déficit no es
tan grande, será tal vez del 3
% o del 4 %, pero, de todos modos, es un
déficit. En todo caso, habrá que reconocer que todo esto supone un peligro
directo para la gran industria, pues no se cumplirá algo de ese mínimo que se
había señalado. Con este ejemplo creo que os he demostrado, primero, que la
labor de nuestros organismos planificadores no ha sido infructuosa y que nos
acercamos al momento de ver cumplidos nuestros planes. A la vez, este ejemplo
muestra que no hacemos más que iniciar el ascenso, que en este sentido nuestra
situación económica es aún extraordinariamente dura y difícil y que, por tanto,
la consigna fundamental, la divisa fundamental de combate, la exhortación
fundamental con que debe desarrollar y terminar sus labores nuestro congreso y
que debe ser propagada del uno al otro confín del país, al finalizar nuestras
sesiones, es la siguiente: hace falta poner en más tensión aún las fuerzas, por
duro que ello sea, tanto en la industria como en la agricultura. No hay otra
salvación para la república que un trabajo más intenso en este sentido, si
queremos mantener, conservar y afianzar el poderde los obreros y los
campesinos.
98
Que hemos conseguido no pocos éxitos lo demuestra, en
particular, el ejemplo de la cuenca del Donets, donde han trabajado con
extraordinarios éxito y lealtad hombres como el camarada Piatakov, en la gran
industria, y el camarada Rujimóvich, en la pequeña industria; este camarada ha
conseguido por primera vez organizar la pequeña industria de modo que
proporcione algunos frutos. En la gran industria, el rendimiento de los mineros
ha alcanzado el nivel de anteguerra, cosa que antes no ocurría. Toda la productividad
de la cuenca del Donets, si tomamos el año 1920, equivalía a doscientos setenta
y dos millones de puds; en 1921 equivale a trescientos cincuenta millones de
puds. Esta cifra es muy pequeña en comparación con la máxima de antes de la
guerra, que era de mil setecientos millones; pero ya es algo. Esto muestra que
estamos dando un gran paso adelante. A pesar de todo, es un paso adelante en el
restablecimiento de la gran industria. No podemos escatimar sacrificios para
restablecerla.
Dos palabras más sobre la
metalurgia. En este sentido, nuestra situación es grave en particular.
Producimos, quizás, el 6% de lo que se producía antes de la guerra. ¡Tal es el
estado de ruina, la miseria a que han llevado a Rusia la guerra imperialista y
la guerra civil! Pero, claro está, vamos levantando cabeza. Están creándose en
nuestro país centros como Yugostal85,
donde trabaja con la mayor abnegación el camarada Mezhlauk. Por difícil que sea
nuestra situación, en este terreno vemos un éxito inmenso. En la primera mitad
de 1921 se fundieron mensualmente setenta mil puds de hierro; en octubre,
ciento treinta mil; en noviembre, doscientos setenta mil, es decir, casi el
cuádruplo. Como vemos, no hay motivo para dejarse llevar del pánico. En modo
alguno ocultamos que estas cifras muestran un nivel bajísimo, mísero, pero con
ellas podemos demostrar que, por duro que haya sido el año 1921, por
extraordinarias que hayan sido las penurias para la clase obrera y los
campesinos, estamos saliendo de esa situación, seguimos un camino certero y,
desplegando todas las fuerzas, podemos confiar en que el ascenso será mayor
aún.
Quisiera daros a conocer,
además, algunos datos sobre los progresos de la electrificación.
Lamentablemente, todavía no contamos con grandes éxitos. Yo esperaba poder
felicitar al IX Congreso por la inauguración de la segunda gran central
eléctrica construida por el Poder soviético: la primera fue la de Shatura, y la
segunda —la nueva central— es la de Kashira, que pensábamos inaugurar en
diciembre86. Esta nueva central debería dar —y
puede dar— 6.000
![]()
85 Yugostal: trust minerometalúrgico fundado en
septiembre de 1921. Lo integraban varias empresas metalúrgicas de importancia
de Ucrania, el Cáucaso del Norte y Crimea. Desempeñó notable papel en el
restablecimiento de la siderurgia del país; existió hasta 1929.
86 La inauguración de la primera turbina de
la central eléctrica distrital de Shatura, comenzada a construir en 1918, se
celebró el 25 de julio de 1920 (la potencia de esta primera turbina era de
5.000 kilovatios). Las obras acabaron definitivamente en 1925; a la central
eléctrica se le adjudicó el nombre de V. I. Lenin.
La política interior y exterior de la República
kilovatios en la primera
fase de las obras, que, unidos a los 18.000 kilovatios de que disponemos en
Moscú, sería una ayuda substancial. Pero diversos obstáculos nos han impedido
poner en marcha esta central en diciembre de 1921.
Comenzará a funcionar en
breve, dentro de unas semanas. Probablemente os habréis fijado en el balance
que días pasados apareció en Ekonomícheskaya
Zhizn87 con la firma del ingeniero Levi, uno de
los principales participantes del VIII Congreso Nacional de Electrotecnia y uno
de nuestros especialistas más destacados. De este balance citaré tan sólo las
siguientes cifras escuetas: En 1918 y 1919 se inauguraron cincuenta y una
centrales con una potencia de 3.500 kilovatios. En 1920 y 1921 se inauguraron
doscientas veintiuna con una potencia de 12.000 kilovatios. Si comparamos estas
cifras con las de Europa Occidental, parecerán, claro está, ínfimas y míseras.
Pero muestran cómo es posible progresar incluso en medio de dificultades jamás
vistas en ningún país. Ha desempeñado un papel de no poca importancia la
proliferación de las pequeñas centrales en el campo. Hay que decir abiertamente
que, con mucha frecuencia, en este sentido ha habido dispersión de esfuerzos.
Pero en esta dispersión hay cierta utilidad. Gracias a estas pequeñas centrales
se han creado en el campo centros de la nueva gran industria moderna. Aunque
insignificantes, estas pequeñas centrales hacen ver a los campesinos que Rusia
no se detendrá en el trabajo manual, no se detendrá en su primitivo arado de
madera, sino que marchará al compás de los nuevos tiempos. En las masas
campesinas va penetrando paulatinamente la idea de que debemos y podemos poner
en Rusia otra base. Como ya he dicho, en este sentido los plazos se cuentan por
decenios, pero el trabajo ha comenzado ya, y el grado de conciencia de las
masas campesinas crece, en parte gracias precisamente a que en nuestro país las
pequeñas centrales se multiplican con mayor rapidez que las grandes. Si en 1921
hemos demorado la inauguración de una gran central eléctrica, a comienzos de
1922 tendremos dos: la de Kashira en la zona de Moscú y la de Utkina Závod en
la de Petrogrado88. A este respecto, en todo caso hemos
emprendido un camino por el que podremos avanzar si seguimos cumpliendo
nuestras tareas con el mismo empeño.
Dos palabras sobre otro
éxito, sobre el obtenido con la turba. En 1920, la extracción fue de noventa y
tres millones de puds; y en 1921, de ciento treinta y nueve millones; es, tal
vez, la única esfera en la que hemos dejado muy atrás el nivel de anteguerra.
Contamos con riquísimos yacimientos, como en ningún otro país. Pero ha habido,
y en parte sigue habiendo, gigantescas dificultades en el sentido de que este
trabajo, duro en general, era terriblemente difícil en Rusia. El descubrimiento
del método hidráulico de extracción, gracias a los trabajos realizados en la
Dirección General de la Turba por los camaradas Rádchenko, Ménshikov y Morózov
facilita la tarea. En este sentido se ha conseguido un éxito inmenso. En 1921
han sido puestos en serviciodos aparatos para la extracción hidráulica de
turba, que evitan a los obreros el trabajo sobrehumano para obtener este
combustible.
99
Ahora hemos hecho un pedido
a Alemania y esperamos contar en 1922 con veinte aparatos más. La cooperación
con este adelantado país europeo ha comenzado. Surge la posibilidad de impulsar
esta obra, que no podemos dejar de la mano. La abundancia de tierras pantanosas
y las reservas de turba en Rusia son mayores que en ningún otro país, y ahora
es
![]()
Las obras de la central
eléctrica de Kashira comenzaron en febrero de 1919 y, según el plan, debían
estar terminadas para fines de 1921, antes de la apertura del IX Congreso de
los Soviets de toda Rusia. Lenin concedía gran importancia a las obras de la central
eléctrica de Kashira, que debía surtir de fluido a las grandes fábricas de
Moscú y era una de las primeras obras emprendidas en cumplimiento del plan de
electrificación del país. La primera turbina de la central eléctrica distrital
de Kashira (12.000 kilovatios) fue puesta en funcionamiento el 4 de junio de
1922.
87 "Ekonomícheskaya
Zhizn" ("La Vida Económica"): diario que apareció desde
noviembre de 1918 hasta noviembre de 1937 como órgano del Consejo Superior de
Economía Nacional, del Comisariado del Pueblo de Hacienda, del Banco del Estado
y otros comisariados de ramas de la economía nacional.
88 Utkina
Závod, cerca de
Petrogrado: central eléctrica Krasni
Oktiobr ("Octubre Rojo"); su primera turbina, de 10.000
kilovatios, fue puesta en funcionamiento el 8 de octubre de 1922
La política interior y exterior de la República
posible conseguir que este
trabajo, antes sobrehumano y del que sólo se ocupaba y podía ocuparse un
pequeño número de obreros, sea más normal. La colaboración práctica con un
Estado avanzado moderno — con Alemania— es un hecho, puesto que ya se están fabricando
allí aparatos que alivian este trabajo, aparatos que seguramente podrán ser
empleados ya en 1922. Debemos prestar atención a esta circunstancia. En este
orden de cosas es mucho lo que podemos hacer si todos llegamos a comprender y
difundimos la idea de que, poniendo en tensión las fuerzas y mecanizando el
trabajo, Rusia cuenta con mayores posibilidades que ningún otro país para salir
de la crisis económica.
Ahora, en la esfera de
nuestra política económica, quiero subrayar otro aspecto de la cuestión. Al
enjuiciar nuestra nueva política económica, no basta prestar atención a algo
que puede ser muy importante. Desde luego, la esencia de la nueva política económica
es la alianza entre el proletariado y los campesinos, la alianza de la
vanguardia, del proletariado, con las grandes masas campesinas. El ascenso de
las fuerzas productivas —a todo trance, inmediatamente, ahora mismo— ha
comenzado gracias a la nueva política económica. Hay además otro aspecto de la
nueva política económica: la posibilidad de aprender. La nueva política
económica es la forma mediante la cual comenzaremos de verdad a aprender a
administrar; pero, hasta ahora, en esta esfera no hemos podido hacerlo peor. Es
natural que a un dirigente comunista, a un dirigente sindical de las masas
trabajadoras le sea difícil hacerse a la idea de que el comercio es hoy el eje
de nuestra vida económica, el único vínculo posible del destacamento de vanguardia
del proletariado con los campesinos, el único eslabón posible; aferrándonos al
cual conseguiremos iniciar un ascenso económico en todo el frente. Si nos
fijamos en cualquier comerciante que opera bajo el control del Estado y de los
tribunales (nuestros tribunales son proletarios y sabrán controlar a cada
empresario privado para que las leyes se les apliquen no como se les aplican en
los Estados burgueses; hace poco hubo en Moscú un ejemplo de esta naturaleza89, y todos vosotros sabéis bien que multiplicaremos el número de
estos ejemplos, castigando con rigor los intentos de los señores empresarios
privados de infringir nuestras leyes), veremos que, no obstante, este
comerciante, este empresario privado, por el cien por cien de beneficio sabrá
organizar las cosas —supongamos, adquirir materias primas para la industria—
como muy a menudo no saben hacerlo ni los comunistas ni los dirigentes
sindicales. Pues bien, ahí está el significado de la nueva política económica.
Aprended. Esta escuela es muy seria, todos debemos cursarla. Es una escuela muy
dura. No se parece en nada a los ciclos ordinarios de conferencias ni a la
habitual rendición de exámenes. Se trata de una lucha económica áspera y dura,
en medio de la miseria, en medio de increíbles penurias y dificultades debidas
a la falta de pan, al hambre, al frío, pero es la verdadera escuela que debemos
cursar. Todo intento de desentenderse de esta tarea, todo intento de no querer
ver la realidad y permanecer al margen sería altanería comunista y sindical de lo
más delictiva y peligrosa. Camaradas: Todos nosotros, gobernantes de la Rusia
Soviética, adolecemos mucho de este defecto, y es preciso reconocerlo con toda
franqueza para corregirlo.
Emprendemos nuestra
edificación económica, basándonos en la experiencia de ayer, y en esto radica
nuestro error fundamental. Os recordaré un proverbio francés que dice que, por
lo general, los defectos de los hombres guardan relación con sus virtudes. Los
defectos en el hombre son, por decirlo así, una prolongación de sus virtudes.
Si las virtudes son más de la cuenta, se manifiestan cuando no hace falta y
donde no hace falta, se convierten en defectos. Probablemente, casi todos
vosotros lo habréis visto en la vida personal y en la vida en general. Ahora lo
vemos en el desarrollo de nuestra revolución, de nuestro partido y de
![]()
89 Se alude al proceso judicial abierto en
Moscú del 15 al 18 de diciembre de 1921 contra 35 patronos, propietarios de
salones de té y comedores, tahonas, zapaterías, etc. Se les acusaba de
infracción del Código de Leyes sobre el Trabajo, de explotar a menores,
adolescentes y mujeres, de prolongar la jornada laboral, etc. Los acusadores
eran obreros de grandes empresas, tanto afiliados al partido bolchevique como
sin filiación política. El tribunal condenó a más de diez patronos a elevadas
multas o a trabajos obligatorios sin privarles de la libertad.
La política interior y exterior de la República
nuestros sindicatos, que son
el principal punto de apoyo del partido, así como en la administración pública
de la Rusia Soviética. Vemos este defecto, que es, por decirlo así, la
prolongación de nuestras virtudes. Nuestro mayor mérito es el haber dado en la
esfera política y militar un paso de alcan ce histórico mundial que ha entrado
en la historia universal como la inauguración de una nueva época. Por muchas
que sean las penurias que debamos sobrellevar, nadie podrá quitarnos eso. De la
guerra imperialista y de nuestras penurias pudimos salir gracias únicamente a
la revolución proletaria, gracias únicamente a que el régimen soviético vino a
sustituir al viejo régimen. Esto no se nos puede quitar, éste es un mérito
innegable, indiscutible e inalienable que no puede ser anulado por mucho que se
empeñen y nos ataquen nuestros enemigos, pero que, de seguir poniéndolo en
evidencia donde no hace falta, se convertiría en el defecto más peligroso.
Las tareas políticas y las
tareas militares pudieron cumplirse gracias al entusiasmo que tenía su raíz en
el nivel de conciencia alcanzado entonces por los obreros y los campesinos.
Todos veían que la guerra imperialista los asfixiaba; para comprenderlo no era
preciso llegar a un nivel más alto de conciencia, a unnivel más alto de
organización.
100
Aquel entusiasmo, aquel ímpetu, aquel heroísmo, que han sido y
serán siempre un ejemplo imperecedero de lo que es capaz de hacer la revolución
y de lo que ha podido hacer la revolución, contribuyeron a cumplir estas
tareas. Así logramos nuestros éxitos políticos y militares, pero esta virtud se
convierte ahora en nuestro defecto más peligroso. No hacemos más que mirar
atrás y creer que también las tareas económicas se pueden cumplir de la misma
manera. Ahí está el error: cuando la situación ha cambiado y debemos cumplir
tareas de otro género, no se puede mirar atrás y pretender emplear los métodos
de ayer. No lo intentéis: ¡así no haréis nada! Necesitamos darnos cuenta de
esta equivocación. Los militantes del partido y los dirigentes de los
sindicatos que, en calidad de funcionarios soviéticos o de combatientes de
ayer, dejaron a un lado en muchos casos la labor económica modesta, difícil y
prolongada, que requiere firmeza, duras pruebas, un largo esfuerzo, diligencia
y tesón, se desentienden ahora de ella, diciendo que ayer hicimos una gran
obra; me hacéis recordar la fábula de los gansos que se ufanaban de haber
"salvado a Roma", a lo que el campesino replicó, empuñando una vara:
"Dejad en paz a vuestros antepasados. Decidme qué habéis hecho
vosotros". Nadie niega que en 1917, 1918, 1919 y 1920 cumplimos nuestras
tareas políticas y militares con el heroísmo y el éxito con que dimos comienzo
a la nueva época de la historia universal. Este es un mérito que nos pertenece
y que nadie pretende negarnos ni en el partido ni en los sindicatos; pero hoy
es otra la tarea que se plantea a los funcionarios de la administración
soviética y a los funcionarios de los sindicatos.
Hoy estáis rodeados de
potencias capitalistas que, lejos de ayudaros, os estorbarán; ahora trabajáis
en medio de la miseria, la ruina, el hambre y los desastres. O aprendéis a
trabajar a otro ritmo, calculando el esfuerzo para decenios, y no para meses, apoyándoos
en unas masas que están extenuadas y que no pueden trabajar con heroísmo y a un
ritmo revolucionario en la vida cotidiana, u os llamarán gansos, y con sobrada
razón. Cuando cualquier funcionario sindical y político dice frases generales,
proclamando que nosotros — los sindicatos—, nosotros —el Partido Comunista —
somos los que administramos, dice bien. En la esfera política y militar lo
hicimos a las mil maravillas, pero en la esfera económica lo hacemos
pésimamente. Hay que reconocerlo y hacer las cosas mejor. A los sindicatos que
plantean a grandes rasgos si deben participar en la producción, les diré: dejad
vuestra charlatanería (aplausos),
será mejor que me contestéis prácticamente y digáis (si ocupáis cargos de
responsabilidad, como hombres de prestigio, como funcionarios del Partido
Comunista o de los sindicatos): ¿Dónde habéis organizado bien la producción?,
¿durante cuántos años lo habéis estado haciendo?, ¿a cuántos hombres
controláis: a mil o a diez mil? Dadme la lista de los que habéis elevado a
puestos de responsabilidad de una labor
La política interior y exterior de la República
económica que hayáis llevado
hasta el fin, en vez de ocuparos de veinte asuntos distintos y no llevar a
término ninguno por falta de tiempo. No es costumbre soviética llevar los
asuntos hasta el fin, rendir cuenta de éxitos durante varios años seguidos y no
tener miedo de aprender del comerciante que obtiene el cien por cien de
beneficio y algo más. En vez de eso, lo que se hace es escribir flamantes
resoluciones sobre las materias primas y decir que somos los representantes del
Partido Comunista, de los sindicatos, del proletariado. Perdonad que os diga:
¿Qué es el proletariado? Es la clase ocupada en la gran industria. ¿Y dónde
está la gran industria? ¿Qué proletariado es éste? ¿Dónde está vuestra
industria? ¿Por qué está paralizada? ¿Porque no hay materias primas? ¿Pero
habéis sabido conseguirlas? No. Escribid resoluciones para conseguirlas, y
haréis el ridículo: os dirán que no hacéis más que tonterías y que os parecéis
a esos gansos cuyos antepasados salvaron a Roma.
La historia nos ha impuesto actualmente la tarea de dar cima a
la más grandiosa revolución política mediante una labor económica lenta,
penosa, ardua, en la que los plazos son muy largos. Las grandes revoluciones
políticas de la historia han exigido siempre un largo camino para asimilarlas.
Todas las grandes revoluciones políticas se han decidido por el entusiasmo de
los destacamentos de vanguardia, tras los cuales seguían las masas de manera
espontánea, semiconsciente. De otro modo no podía ser el desarrollo en una
sociedad oprimida por los zares, los terratenientes y los capitalistas. Esta
parte del trabajo, es decir, la revolución política, fue realizada por nosotros
de tal modo que el significado histórico universal de esta obra es
incuestionable. Pero después, tras la gran revolución política, surge otra
tarea que es preciso comprender: hay que asimilar esta radical transformación,
hacerla realmente efectiva, sin desentenderse, diciendo que el régimen
soviético es malo y hay que reorganizarlo. Existen entre nosotros demasiados
partidarios de hacer toda clase de reorganizaciones, de las que se deriva la
mayor calamidad que yo he conocido en mi vida. Sé perfectamente que nuestra
administración adolece de defectos en lo que atañe a organización de las masas;
por cada diez deficiencias que me señale cualquiera de vosotros, yo añadiría en
seguida un centenar más. Pero no se trata de mejorar la administración,
reorganizándola con rapidez; lo que hace falta es asimilar esta transformación
política para alcanzar otro nivel cultural y económico. Ese es el quid. No hay
que reorganizar, sino, por el contrario, ayudar a corregir los numerosos
defectos de que adolece el régimen soviético y todo el sistema
administrativo,con el fin de ayudar a millones de personas. Es preciso que toda
la masa campesina nos ayude a digerir la grandiosa conquista política que hemos
logrado. En este sentido tenemos que ver las cosas con serenidad y darnos
cuenta de que esta conquista es real, pero aún no ha echado hondas raíces en la
vida económica diaria y en las condiciones de existencia de las masas. Aquí hay
trabajo para decenios enteros, y será preciso hacer enormes esfuerzos. Es
imposible llevarlo a cabo al ritmo, con la rapidez y en las condiciones de la
labor militar.
101
Antes de terminar, me
permitiré hacer extensiva esta enseñanza —que los defectos son a veces la
prolongación de nuestras virtudes— a una de nuestras instituciones: a la
Comisión Extraordinaria de toda Rusia (Cheka)90. Camaradas: Todos vosotros sabéis, como es natural, que esta
institución promueve un odio feroz entre la emigración rusa y entre los
numerosos representantes de las clases gobernantes de los países imperialistas,
que conviven con los emigrados rusos. ¡No faltaría más! Esta institución ha
sido nuestra arma contundente contra los innumerables complots, contra los
innumerables atentados de que han hecho objeto al Poder soviético gentes
infinitamente más fuertes que nosotros. En manos de los capitalistas y
terratenientes quedaron todos los vínculos internacionales, todo el apoyo
internacional;
![]()
90
VChK, Cheka: Comisión
Extraordinaria de toda Rusia para combatir a la contrarrevolución, el sabotaje
y la especulación, fundada el 7 (20) de diciembre de 1917 por disposición del
Consejo de Comisarios del Pueblo. La Cheka, uno de los organismos más
importantes de la dictadura del proletariado, desempeñó un papel inmenso
durante los años de la guerra civil y la intervención militar extranjera en la
lucha contra la labor subversiva de la contrarrevolución y en defensa de la
seguridad del Estado de la República Soviética.
La política interior y exterior de la República
ellos contaron con el apoyo
de Estados incomparablemente más poderosos que el nuestro. Por la historia de
estos complots sabéis cómo actuaron estas gentes. Sabéis que no era posible
replicarles de otra forma que con una represión despiadada, rápida e inmediata
que contase con la simpatía de los obreros y los campesinos. Este es un mérito
de nuestra Cheka. Subrayaremos esto siempre que oigamos, en forma directa o
indirecta, que es como a menudo llegan a nuestros oídos desde el extranjero,
los clamores de esos emigrados rusos que emplean en todos los idiomas la
palabra "Cheka", presentándola como el modelo y prototipo de la
barbarie rusa.
Señores capitalistas, rusos
y extranjeros: Sabemos que no os puede gustar esta institución. ¡Y cómo os
había de gustar! Ha sabido repeler vuestras intrigas y vuestros manejos como
nadie en momentos en que nos estrangulabais, en momentos en que nos atacabais
por todas partes, en momentos en que tramabais conjuras dentro de nuestro país
y no reparabais en crímenes para desbaratar nuestro trabajo pacífico. Nuestra
réplica no puede ser otra que la de un organismo que conoce cada paso de los
conjurados y sabe darles castigo inmediato, y no emplear con ellos la
persuasión. Sin este organismo no puede existir el poder de los trabajadores,
mientras haya en el mundo explotadores que no tienen el menor deseo de rendir
en bandeja a los obreros y los campesinos sus derechos de terratenientes, sus
derechos de capitalistas. Esto lo sabemos muy bien, pero también sabemos que
las virtudes de un hombre pueden convertirse en sus defectos, y sabemos que la
situación creada en nuestro país exige de manera imperiosa circunscribir este
organismo a una esfera puramente política, concentrar sus esfuerzos en unas
tareas para cuyo cumplimiento cuenta con la ayuda de la situación y de las
condiciones existentes. Si los intentos de la contrarrevolución siguen siendo
los mismos que hasta ahora —y no tenemos pruebas de que a este respecto haya
cambiado la sicología de nuestros adversarios, no tenemos motivo para pensar
así—, sabremos contestarles de manera que vean que nuestra respuesta es
contundente. El Estado soviético permite la entrada en nuestro país a
representantes extranjeros que llegan so pretexto de ayudar, pero que en
realidad cooperan con los que pretenden derrocar el Poder soviético. Ejemplos
no faltan. Nuestro Estado no caerá en la trampa, gracias a que sabremos valorar
y utilizar un organismo como la Cheka. Esto lo podemos garantizar a todo el
mundo. Pero, a la vez, decimos de manera tajante que es necesario reformar la
Cheka, determinar sus funciones y su jurisdicción y circunscribir su labor a
las tareas políticas. Actualmente tenemos marcada la tarea de impulsar el
comercio, como lo requiere la nueva política económica, lo cual exige a su vez
una mayor observancia de las leyes revolucionarias. Se comprende que si en
plena agresión militar, cuando nuestros enemigos se abalanzaron sobre el Poder
soviético, nos hubiésemos planteado esta tarea como objeto primordial,
habríamos sido unos pedantes, habríamos jugado a la revolución, pero no la
habríamos hecho. Cuanto más nos vemos situados en las condiciones propias de un
poder estable y sólido, cuanto más avanza el proceso de desarrollo de la
economía social, más imperativa es la necesidad de formular la firme consigna
de hacer efectiva una mayor observancia de las leyes revolucionarias y más se
reduce la esfera de un organismo que contesta con un golpe a cada golpe de los
conjurados. Tal es el resultado de la experiencia, de las observaciones y de
las reflexiones a que el gobierno ha llegado en el año del que rendimos cuenta.
Camaradas: Para terminar
debo decir que la tarea que estamos cumpliendo este año, y que hasta hoy
venimos cumpliendo tan mal —la unión de los obreros y de los campesinos en una
firme alianza económica, incluso en las condiciones de la mayor miseria y ruina
—, ha sido planteada ahora por nosotros con acierto, hemos adoptado una pauta
certera, y no pueden caber dudas al respecto. Esta tarea no es sólo una tarea
rusa, sino universal. (Clamorosos y
prolongados aplausos.)
102
La tarea que estamos cumpliendo, por
ahora — temporalmente— solos, parece una tarea puramente rusa, pero en realidad
es una tarea que se planteará a todos los socialistas. El
La política interior y exterior de la República
capitalismo perece; antes de
morir, aún puede causar a decenas y centenares de millones de seres humanos
increíbles padecimientos, pero no hay fuerza capaz de evitar su caída. Es
inevitable el advenimiento de una nueva sociedad que se funde en la alianza de
los obreros y los campesinos. Tarde o temprano, veinte años antes o veinte años
después, esa sociedad vendrá, y para ella, para esa sociedad, contribuimos a
idear las formas de la alianza de los obreros y los campesinos cuando nos
esforzamos por determinar nuestra nueva política económica. Cumpliremos esta
tarea y crearemos una alianza de los obreros y los campesinos tan firme que en
la Tierra no habrá fuerza capaz de romperla. (Clamorosos y prolongados aplausos.)
Publicado el 23 de diciembre de 1921 en el núm. 1 del boletín
"IX Congreso de los Soviets de toda Rusia. Actas taquigráficas".
T. 44, págs. 291-329.
Proyecto de directriz del CC del PC(b) de Rusia para la
delegación soviética de la conferencia de Genova
103
PROYECTO DE DIRECTRIZ DEL CC DEL PC(B) DE RUSIA PARA LA
DELEGACIÓN SOVIÉTICA A LA CONFERENCIA DE GENOVA.91
Propongo el siguiente proyecto de directriz del CC:
Sin aprobar la lista de
expertos, el CC propone a los candidatos incluidos en ella que presenten en el
término de una semana un resumen del programa
y la táctica (sobre problemas de la
competencia de cada experto) en toda
la Conferencia de Génova. Todos los comisarios del pueblo deben proporcionar,
en el término de dos días, referencias y avales escritos sobre los expertos que presentan como candidatos. Si éstos
quedan mal en Europa, responderán
ellos y los comisarios del pueblo.
Con objeto de ampliar y
completar las directrices para la Conferencia de Génova, propongo lo siguiente:
1. Sin decidir por anticipado la forma ni
el momento de cada uno de los discursos de nuestra delegación, el CC considera
deber incuestionable de ésta la exposición de un programa completo,
independiente y cohesionado de todos los problemas fundamentales.
2. Este programa debe ser pacifista
burgués, con la salvedad, hecha con claridad y a su debido tiempo por nuestra
delegación, de que no presentamos allí el único programa comunista
correspondiente a nuestras ideas (brevemente: tal y tal programa), pues deseamos
someter a la atención de las demás delegaciones, que ocupan una posición de
principios diferente,
![]()
91 Lenin se refiere a la conferencia
económica y financiera internacional que se había de celebrar en Génova
(Italia). La iniciativa de convocar una conferencia para examinar los problemas
del establecimiento de la paz y la colaboración económica en Europa, incluido
el de las deudas de Rusia, era del Gobierno soviético, que hizo pública el 28
de octubre de 1921 una nota sobre este problema dirigida a Inglaterra, Italia,
EE.UU., Francia y el Japón. El acuerdo de convocar la conferencia fue adoptado
por el Consejo Supremo de los países de la Entente el 6 de enero de 1922 en la
conferencia celebrada en la ciudad de Cannes (Francia).
La Conferencia de Génova duró del 10 de abril al 19 de mayo da
1922 y participaron en ella representantes de veintinueve países: la Rusia
Soviética, Gran Bretaña, Francia, Italia, Bélgica, Japón, Alemania y otros. El
Gobierno estadounidense renunció a participar en la conferencia.
Chicherin, el presidente de
la delegación soviética, dio lectura en la primera sesión de la conferencia a
la declaración del Gobierno soviético que partía del principio fundamental de
la política exterior soviética: del principio de la coexistencia pacífica de
los Estados de distinto régimen social: socialista y capitalista. En ella se
decía que, sin abandonar el punto de vista de los principios del comunismo, la
delegación de Rusia reconocía a la vez la necesidad de implantar la
colaboración económica entre los Estados que representan a dos sistemas
distintos de propiedad y reafirmaba las intenciones del Gobierno soviético de
negociar con todos los Estados, basando las relaciones en la reciprocidad, la
igualdad y el reconocimiento completo e incondicional. El Gobierno soviético
propuso una serie de medidas que aseguraban la colaboración económica de los
Estados occidentales y de la Rusia Soviética. La delegación soviética declaró
queestaba dispuesta a someter al examen de la conferencia la propuesta de reducción
general de los armamentos y convocar un congreso mundial para el
establecimiento de la paz universal.
La declaración del Gobierno
soviético, sobre todo la propuesta de reducir los armamentos, motivó una brusca
negativa de los representantes de los países capitalistas. Los Estados
imperialistas exigieron al Estado soviético que reconociera todas las deudas
del Gobierno zarista y del Gobierno Provisional, que devolviera las empresas
nacionalizadas a sus propietarios extranjeros, que concediera privilegios
económicos y jurídicos a los extranjeros, que aceptara una serie de exigencias
que significaban en realidad la abolición del monopolio del comercio exterior,
etc.
La delegación soviética dio
enérgica réplica a estas tentativas de los imperialistas de inmiscuirse en los
asuntos internos del Estado soviético, rechazó las exigencias de ellos,
encauzadas a subyugar a la Rusia Soviética en los aspectos económico y político,
a liquidar el poder soviético y transformar a Rusia en apéndice semicolonial
del capitalismo mundial y presentó a los Estados aliados, en contrapartida, la
reclamación de compensar las pérdidas ocasionadas a la Rusia Soviética por la
intervención militar extranjera y el bloqueo.
En vista de la postura
intransigente adoptada por los países de la Entente, la conferencia no tuvo
resultados prácticos inmediatos en la normalización de las relaciones de la
Rusia Soviética con los Estados capitalistas. El 19 de mayo, en la última sesión
plenaria de la conferencia se adoptó la resolución de formar dos comisiones de
expertos (una soviética y otra de Estados occidentales) que deberían reunirse
en junio de 1922 en La Haya para seguir debatiendo las cuestiones no resueltas
en Génova.
Proyecto de directriz del CC del PC(b) de Rusia para la
delegación soviética de la conferencia de Genova
una serie de paliativos y
medidas de tipo reformista que han propuesto ya por partes, en Inglaterra y
otros países capitalistas, personas de ideas burguesas. En determinadas
condiciones, este programa de paliativos podría, no obstante, aliviar la
difícil situación actual (cuya salida sólo puede estar asegurada rompiendo
definitivamente con todas las bases de la propiedad capitalista).
3.
La
relación aproximada de los puntos fundamentales de este programa puede ser la
siguiente:
(1) anulación de todas las deudas;
(2)
aplicación
de la solución "irlandesa”92 a
todas las colonias, países y naciones dependientes;
(3) revisión radical del Tratado de Versalles;
(4) concesión de empréstitos en condiciones
de privilegio a los países más devastados por la guerra y, por lo mismo, menos
capaces de recuperarse con sus propios medios y más importantes para la
economía mundial como proveedores eventuales de una inmensidad de alimentos y
materias primas;
(5) institución de un patrón oro
internacional único para los sistemas monetarios de una serie de países y de
medidas que lo pongan en vigor;
(6) acuerdo de varios países sobre medidas
para combatir la inflación y la desvalorización del dinero (indicar algunas de
estas medidas);
(7) acuerdo de varios países sobre medidas
para combatir la crisis de combustible y lograr una utilización más racional y
económica de las fuentes de energía conforme a una electrificación única y
metódica;
(8) ídem respecto a las medidas más urgentes
— desde el punto de vista de la posibilidad de acarreo de materias primas y
alimentos— para reorganizar y mejorar el transporte internacional.
Y así sucesivamente.
4. Un programa de este tipo es el que se
debe exponer en los discursos; y si esto no es posible, debe ser publicado en
tres o cuatro idiomas europeos, distribuido entre los delegados y entregado a
la prensa (aunque sea resumido). (En cualquier caso, debe publicarse.)
5.
Designar
exclusivamente para expertos a personas capaces de exponer, argumentar y
defender (en uno u otro aspecto) ese programa y que hayan demostrado esta capacidad.
Los expertos deberán
publicar para Europa sus programas y
planes firmados por ellos. (La prensa
de la III Internacional se hará eco de tal programa, diciendo que es una
tentativa de "convencer" inocua, pero casi inútil, porque lo que se necesita es la revolución; y
en cuanto a la prensa de la II Internacional y de la Internacional II y media,
ya veremos qué dirá.)
Escrito el 6 de febrero de 1922. Publicado incompleto por
primera vez el 24 de abril de 1962 en el núm. 214 de "Pravda".
T. 44, págs. 382-384.
![]()
92 Lenin se refiere a la política de
algunas concesiones aplicada a comienzos de los años veinte por el Gobierno
inglés de Lloyd George con el fin de aplastar el movimiento revolucionario de
liberación nacional de Irlanda.
El tratado anglo-irlandés se
concertó el 6 de diciembre de 1920 como resultado de la prolongada y tenaz
lucha del pueblo irlandés por su independencia nacional. Estipulaba este
tratado la formación del "Estado libre de Irlanda", incluido como dominio
en el Imperio británico. Los seis condados nororientales (Ulster), que
constituían la parte de Irlanda más desarrollada en el aspecto industrial, eran
separados de ella y seguían incluidos en la Gran Bretaña
Carta a G.V. Chicherin sobre las directrices del CC del PC(b) de
Rusia ...
104
CARTA A G. V. CHICHERIN SOBRE LAS
DIRECTRICES DEL CC DEL PC(b) DE RUSIA PARA LA DELEGACIÓN SOVIÉTICA EN LA
CONFERENCIA DE GÉNOVA.
7. II.
Camarada Chicherin:
Las numerosas conjeturas
suyas son todas, a juicio mío, erróneas por completo y se deben, por decirlo
así, al acaloramiento en la polémica93.
En las directrices no se
dice que nosotros no adoptaremos ninguna forma de rebatir cualesquiera pretensiones del adversario con
contrapretensiones nuestras.
El presidente de la
delegación (y en el caso dado, el vicepresidente también) tiene, al parecer, un
sinfín de derechos que lo invisten del poder casi de un autócrata.
La carta de usted (y la de
Krasin más aún) evidencia —mejor dicho, ha evidenciado— pánico. Eso es lo que
supone el mayor peligro. No tememos lo más mínimo que esta conferencia fracase:
mañana habrá otra mejor. Ahora ya no se nos asusta con el aislamiento ni el
bloqueo, ni tampoco con una intervención.
Proponemos un amplio orden
del día y aludimos a nuestro programa "paliativo" de medidas
generales.
¿Que lo rechazan?
¡Allá ellos! (nosotros eventuell* publicamos nuestro programa
amplio en nombre de cualquier componente de la delegación que (previa
conformidad del CC, claro) hasta quizás dimita).
* Si viene al caso; a lo mejor. (Alemán. —N. de la Edit.)
Si ustedes no quieren un
programa amplio, presenten otro restringido: Wir nehmen auch Abschlagszahlung!*
* ¡Aceptamos también pagos a plazos! (Alemán. —N. de la Edit.)
Aceptaremos incluso el más
restringido, pero en modo alguno nada desventajoso para nosotros. No nos
someteremos a ultimátums. Si lo que desean ustedes es sólo
"comerciar", háganlo, pero no nos meterán ningún gato por liebre ni
concluiremos trato alguno sin haber contado las "pretensiones" hasta el último céntimo.
Nada más.
Hay que preparar y emplazar
todos nuestros cañones, que siempre tendremos tiempo para decidir cuáles
exhibiremos y con cuáles y cuándo dispararemos.
Un saludo comunista
Lenin
Escrita el 7 de
febrero de 1922. Publicada incompleta por primera vez en el libro: "V. I.
Lenin.
Biografía".
1960.
T. 44, págs. 385-386.
![]()
93 En la carta a Lenin, Chicherin
exteriorizaba algunos temores en cuanto al éxito de la Conferencia de Génova y
a la posibilidad de ponerse en ella de acuerdo con los medios capitalistas.
Proyecto de resolución del CC del PC(b) de Rusia sobre las
tareas de la delegación soviética ...
105
PROYECTO DE RESOLUCIÓN DEL CC DEL PC(b)
DE RUSIA SOBRE LAS TAREAS DE LA DELEGACIÓN SOVIÉTICA EN GENOVA.94
Sólo para los miembros del Buró Político
Proyecto de resolución del CC
1.
El
CC considera acertado el enjuiciamiento de la situación y de las tareas (de
nuestra delegación en Génova) que el camarada Litvínov ha hecho en sus tesis.
2.
El
CC confirma al vicepresidente de la delegación, camarada Chicherin, en todas
las atribuciones de presidente de la delegación.
3. En caso de enfermedad o viaje del
camarada Chicherín, sus atribuciones pasarán por turno a uno de los dos tríos
siguientes: a) Litvínov, Krasin, Rakovski; b) Litvínov, Ioffe, Vorovski.
4.
En
cuanto a la aceptación de las condiciones de Cannes95, nuestra delegación debe procurar eludirla. Si no se logra y
nos ponen abiertamente un ultimátum, se intentará hacer pasar la fórmula de
Krasin: "Todos los países reconocen sus deudas estatales y se comprometen
a indemnizar los daños y perjuicios ocasionados por los actos de sus
gobiernos".
Si tampoco se logra esto,
iremos a una ruptura, declarando al paso con toda energía que estamos
dispuestos a reconocer deudas particulares; pero como no queremos jugar al
escondite, dejamos sentado que las consideramos saldadas —así como también la
suma total de nuestras obligaciones generales— por nuestras contrapretensiones.
No toleramos a ningún superárbitro entre nosotros y todos los países burgueses,
pues el litigio es entre dos sistemas de propiedad.
Si se llega a la ruptura,
habrá que plantear con toda claridad la causa fundamental y única de la misma:
la codicia de un puñado de capitalistas privados, Urquhart y otros, a cuyo
servicio se ponen los gobiernos.
![]()
94 El proyecto de resolución propuesto por
Lenin fue adoptado por el Buró Político del CC del PC(b) de Rusia el 28 de
febrero de 1922 con la siguiente adición de Stalin: "1. No plantear el
problema del reconocimiento del Poder
soviético al comienzo, sino al final de la conferencia (luego que se hayan
hecho las tentativas de convenio económico) y, además, no hacer de ello un
ultimátum; 2. No poner como sujetos (contratantes) en la conferencia, por parte
de Rusia, a Centrosoyuz ni a las cooperativas rurales, etc. (como hace Krasin),
sino tener presente un solo sujeto, el Estado de Rusia" (Archivo Central
del Partido del Instituto de Marxismo-Leninismo adjunto al CC del PCUS).
95 Lenin se refiere a la resolución sobre
la convocatoria de la Conferencia de Génova, adoptada en la conferencia del
Consejo Supremo de los países de la Entente, la cual se celebró entre el 6 y el
13 de enero de 1922 en la ciudad de Cannes (Francia). En esta resolución se
exponían las condiciones que era necesario aceptar, a juicio del Consejo
Supremo de los países de la Entente, para que diese frutos la proyectada
conferencia. El primer punto de estas condiciones se reducía a lo siguiente:
unas naciones no pueden dictar a otras los principios básicos de organización
de su sistema de propiedad, de su vida económica ni de su forma de gobierno;
cada país tiene derecho a elegir el sistema que prefiera. En las condiciones se
estipulaban garantías de inviolabilidad y obtención de ganancias para el
capital extranjero cuando éste prestara ayuda a cualquier país el
reconocimiento de todas las deudas y compromisos que se hubiesen concertado, se
hubieren de concertar o estuviesen respaldados por los gobiernos de tal o cual
país, el reconocimiento del compromiso de resarcir, restablecer o compensar los
daños y perjuicios causados a los intereses extranjeros por la confiscación o
secuestro de bienes, se asentaba el compromiso de las naciones a abstenerse de
la propaganda encauzada a derrocar el orden y el sistema político de otros
países, a abstenerse de emprender acciones hostiles contra los Estados aliados.
Como conclusión, los Estados aliados declararon que podían reconocer al
Gobierno soviético sólo después de que aceptara todas estas condiciones.
Durante la preparación de la
Conferencia de Génova, los medios dirigentes de Francia y el Primer Ministro
inglés Lloyd George se proponían que la invitación de la Rusia Soviética a la
Conferencia de Génova estuviera condicionada por el reconocimiento previo de la
resolución de Cannes.
Proyecto de resolución del CC del PC(b) de Rusia sobre las
tareas de la delegación soviética ...
Como extrema concesión a
esos capitalistas se propondrá, además, que tienen derecho preferencial al
arriendo de empresas en régimen de concesión (es decir, si entregamos en tales
y cuales condiciones sus antiguas propiedades, total o parcialmente, en concesión
a X, nos comprometemos a otorgarlas en iguales condiciones a sus ex
propietarios).
5.
Dada
la posibilidad de que los burgueses intenten impedir que proclamemos íntegro
nuestro programa, hemos de esforzarnos porque ya en el primer discurso, si no
podemos proclamar este programa íntegro, lo expongamos, o enunciemos, o al
menos lo esbocemos (y publiquemos con pormenores en seguida).
6. Nuestro programa consiste en que, sin
ocultar nuestras ideas comunistas, nos limitemos a enunciarlas de manera muy
general y breve (por ejemplo, en oraciones subordinadas) y declaremos
abiertamente que no creemos oportuno propugnar nuestras ideas allí, ya que
hemos acudido para concluir un tratado comercial e intentar un pacto con el
sector pacifista del otro campo (el burgués).
Tenemos que considerar y
denominar sector pacifista de ese campo (se puede emplear alguna otra expresión
cortés, especialmente elegida) a los demócratas pequeñoburgueses pacifistas y
semipacifistas del tipo de la II Internacional y de la Internacional II y
media, luego a los del tipo de Keynes, etc.
Una de nuestras principales
tareas políticas en Génova, si no la principal, es separar de su propio campo
esta ala del campo burgués, tratar de adularla, declarar que admitimos, desde
nuestro punto de vista, y deseamos un acuerdo con ella, no sólo comercial, sino
también político (como una de las pocas posibilidades de evolución pacífica del
capitalismo hacia un nuevo régimen, en lo cual nosotros, como comunistas, no
creemos mucho, pero que, como representantes de una potencia enfrentada a la
mayoría de las otras potencias hostiles, estamos dispuestos, y lo tenemos por
un deber nuestro, a ayudarles a probar).
Primero, haremos todo lo
posible y aun algo imposible para fortalecer el ala pacifista de la burguesía y
aumentar, aunque sea un poco, la posibilidad de su triunfo en las elecciones;
segundo, trataremos de dividir a los países burgueses unidos contra nosotros en
Génova: tal es nuestra doble tarea política en Génova; en modo alguno exponer
las ideas comunistas.
7. Debemos tratar por todos los medios de
exponer con tantos pormenores como sea posible y divulgar ampliamente (si no se
logra en los discursos, que sea en la prensa) el plan para restablecer la
economía de Rusia y de Europa en el espíritu de los trabajos del Gosplán y
basándonos en esos trabajos.
106
8. Si el campo burgués nos pone en Génova
un ultimátum: no hablar del pacifismo, sino sólo de temas estrictamente
comerciales, deberemos decir que lo lamentamos, pero nos subordinaremos a este
ultimátum, declarando que tenemos dos objetivos en esta conferencia: el
objetivo pacifista y el objetivo comercial. Nos quedará uno solo.
9. El CC encomienda a la delegación que
piense detalladamente cómo presentar el programa pacifista, limitándose a la
directriz general: tratar de exponerlo con toda la amplitud posible para
provocar una profunda división entre el campo pacifista de la burguesía
internacional y el campo netamente burgués, agresivamente burgués,
reaccionariamente burgués.
10. Respecto al comercio y al arrendamiento
de empresas en régimen de concesión (también a los empréstitos), se pondrán
como principal garantía los bosques del Norte, etc. No aceptaremos que se
menoscaben los derechos de nuestro Estado. No se concertarán tratados sin
conformidad especial del CC, recibida por telégrafo.
Lenin.
Escrito el 24 de
febrero de 1922. T. 44, págs. 406-408.
107
NOTAS DE UN PUBLICISTA.
La ascensión a las
altas montañas; lo dañino del desaliento; la utilidad del comercio; la actitud
con los mencheviques, etc.96
I. A modo de ejemplo.
Imaginemos que un hombre
asciende a una montaña muy alta, abrupta y aún no explorada. Supongamos que ha
superado increíbles dificultades y peligros y ha logrado alcanzar un punto
mucho más alto que quienes lo precedieron, pero sin llegar todavía a la cumbre.
Se encuentra en una situación donde no solamente es difícil y peligroso avanzar
en la dirección y a lo largo del camino elegido, sino francamente imposible.
Debe volver atrás, descender, buscar otros caminos, tal vez más largos, pero
que, sin embargo, le permitirán llegar a la cumbre. El descenso desde la altura
jamás alcanzada por nadie resulta para nuestro imaginario caminante más difícil
y peligroso quizá que la ascensión; es más fácil dar un traspié, no es tan
fácil ver dónde pisar, no se siente el singular entusiasmo tan habitual de las
ascensiones directas hacia la meta, etc. Es preciso ajustarse la cuerda a la
cintura, perder horas enteras para hacer con la piqueta un escalón o un
saliente al cual se pueda atar fuertemente la cuerda; hay que moverse con la
lentitud de una tortuga: hacia atrás, hacia abajo, alejarse de la meta, sin
saber todavía en qué terminará ese peligrosísimo y penoso descenso, o si
encontrará algún rodeo seguro por donde puede volver a subir, más resuelto, más
rápido y más derecho hacia la cumbre.
Sería casi natural suponer
que un hombre que ha llegado a tan increíble altura, y se ha encontrado en tal
situación, haya tenido instantes de desaliento. Y es probable que esos momentos
fuesen más numerosos, frecuentes y duros aún si oyera las voces de quienes
desde abajo, desde un lugar lejano y seguro, observan con un catalejo el
peligroso descenso, al cual no se puede llamar siquiera (al estilo de los de Smiena Vej97) "descenso frenado", pues el
freno supone un vehículo bien proyectado y probado, un camino preparado con
antelación y mecanismos ensayados antes. Pero aquí no hay vehículo, ni camino,
nada en absoluto que haya sido probado antes.
Las voces que se emiten
desde abajo son malévolas. Unas se alegran abiertamente; gritan, se refocilan:
¡ya se cae, y lo tiene merecido por loco! Otras tratan de ocultar su
malevolencia;
![]()
96
El
artículo Notas de un publicista. La ascensión a las altas montañas; lo dañino
del desaliento; la utilidad del comercio; la actitud con los mencheviques, etc.
quedó sin terminar.
97 Los
de "Smiena Vej":
representantes de una corriente sociopolítica surgida en 1921 entre la
intelectualidad rusa blanca emigrada. Deben su denominación a la recopilación Smiena Vej ("Cambio de
Jalones"), que se editaba en Praga en 1921. Los ideólogos de los de Smiena Vej eran emigrados políticos de
tendencia democonstitucionalista. Esta corriente encontró apoyo también entre
parte de la vieja intelectualidad burguesa que no había emigrado de la Rusia
Soviética. Los de Smiena Vej
publicaban en París una revista con el mismo nombre que salió desde octubre de
1921 hasta marzo de 1922.La base social de la corriente política representada
por los de Smiena Vej era la
reanimación de los elementos capitalistas relacionada con la aplicación de la
Nep en la República Soviética. Los de Smiena
Vej, convencidos de la completa imposibilidad de derrocar el Poder
soviético mediante la intervención militar extranjera, se pronunciaban en pro
de la colaboración con el Poder soviético, cifrando las esperanzas en la
degeneración burguesa del Estado soviético. Los de Smiena Vej tenían el paso a la Nep por una evolución del Poder
soviético hacia el restablecimiento del capitalismo. Una parte de los de Smiena Vej expresó su disposición a
colaborar honradamente con el Poder soviético y contribuir al resurgimiento
económico del país.
En lo sucesivo, la mayoría de los de Smiena Vej ocupó una posición contrarrevolucionaria. .
imitan a Judas Golovliov98: se afligen y alzan la mirada al cielo, como diciendo: ¡Por
desgracia, nuestros temores se confirman! ¿Acaso no fuimos nosotros quienes
pasamos toda la vida preparando un plan sensato para escalar esa montaña,
quienes exigíamos que se aplazara la ascensión hasta que nuestro plan estuviera
acabado? ¡Y si protestábamos con tanta porfía de ese camino que el propio loco
abandona ahora (¡mirad, mirad, retrocede, baja, se prepara horas enteras para
poder dar un solo paso, y antes nos insultaba con las peores palabras cuando
exigíamos porfiados moderación y prudencia!), y si censurábamos con tanto
acaloramiento a este loco y aconsejábamos a todos que no lo imitaran ni le
ayudaran, fue sólo movidos por nuestra devoción al grandioso plan de escalar
esa montaña y para no desacreditar, en general, ese grandioso plan!
Por suerte, nuestro
caminante imaginario, en las circunstancias que hemos descrito, no puede oír
las voces de estos "auténticos amigos" de la idea de la ascensión,
pues, de lo contrario, tal vez le diera a él vértigo. Y el vértigo, según
dicen, no contribuye a mantener clara la mente ni firmes las piernas, sobre
todo a alturas muy grandes.
II. Sin metáforas.
La comparación no prueba
nada. Toda comparación cojea. Estas son verdades indiscutibles y conocidas por
todos, pero no está de sobra recordarlas para presentar de modo más patente el
alcance de toda comparación en general.
El proletariado de Rusia se
ha elevado en su revolución a una altura gigantesca, y no sólo en comparación
con los años de 1789 y 1793, sino también con el de 1871. Hay que darse cuenta,
de la manera más serena, clara y palmaria, de qué es precisamente lo que
"hemos hecho hasta el fin" y lo que no hemos hecho hasta el fin;
entonces tendremos la cabeza despejada, no nos dará vértigo, ni nos haremos
ilusiones, ni caeremos en el abatimiento. "Hemos hecho hasta el fin"
la revolución democrática burguesa con tanta "nitidez", como jamás se
hizo en el mundo. Esta es una gran conquista que ninguna fuerza nos quitará.
108
Salimos hasta el fin de la
reaccionarísima guerra imperialista por vía revolucionaria. Esta es tambiénuna
conquista que ninguna fuerza del mundo nos arrebatará, y una conquista tanto
más valiosa que las matanzas reaccionarias imperialistas serán inevitables en
un futuro próximo si se conserva el capitalismo; y no será tan fácil que los
hombres del siglo XX se contenten por segunda vez con "manifiestos de
Basilea" como los que los renegados, los prohombres de la II Internacional
y de la Internacional II y media adoptaron para engañarse a sí mismos y engañar
a los obreros en 1912 y de 1914 a 1918.
Hemos creado el tipo
soviético de Estado, dando con ello comienzo a una nueva época histórica
universal, a la época de la dominación política del proletariado, que ha venido
a sustituir a la época de la dominación de la burguesía. Eso tampoco se nos
puede quitar ya, pese a que "hacer hasta el fin" el tipo soviético de
Estado no lo logrará en la práctica más que la clase obrera de varios países.
Mas no hemos colocado del
todo siquiera los cimientos de la economía socialista. Eso aún nos lo pueden
quitar las fuerzas hostiles del capitalismo agonizante. Debe tenerse clara
conciencia de esto y reconocerse abiertamente, pues no hay nada más peligroso
que las ilusiones (y el vértigo, sobre todo a grandes alturas). Y no tiene
absolutamente nada de "horrendo", nada que dé motivo justificado para
el menor abatimiento, reconocer esa amarga verdad, pues siempre hemos predicado
y repetido la verdad elemental del marxismo de que para la victoria del
socialismo hacen falta los esfuerzos conjuntos de los obreros de
![]()
98
Judas Golovliov: personaje de la obra del escritor
satírico ruso M. Saltykov-Schedrín Los
señores Golovliov, terrateniente feudal llamado Judas por su gazmoñería, su
hipocresía y su dureza de corazón.
varios países adelantados.
Seguimos estando solos, y hemos hecho increíblemente mucho en nuestro atrasado
país, en nuestro país, más arruinado que otros. Es más, hemos conservado el
"ejército" de las fuerzas revolucionarias del proletariado, hemos
conservado su "capacidad de maniobra", hemos conservado la claridad
de pensamiento, que nos permite calcular serenamente dónde, cuándo y cuánto
debemos retroceder (para saltar con más ímpetu); dónde, cuándo y cómo
precisamente tenemos que ponernos a rehacer lo que aún no está hecho hasta el
fin. Habría que tener seguramente por perecidos a los comunistas que imaginasen
que se podría terminar sin errores, sin retrocesos, sin rehacer multitud de
veces lo que no se ha hecho hasta el fin o lo que se ha hecho mal, la "empresa"
histórica universal de acabar de colocar los cimientos de la economía
socialista (sobre todo en un país de pequeños campesinos). No han perecido (y
lo más seguro es que no perezcan) los comunistas que no se permiten hacerse
ilusiones, que no caen en el abatimiento, conservando la fuerza y agilidad del
organismo para volver a "abordar desde el principio" la dificilísima
tarea.
Tanto menos nos está
permitido caer en el menor abatimiento, tanto menos fundamento tenemos para
ello, puesto que en algo, con toda nuestra ruina, miseria, atraso y hambre, hemos empezado a avanzar por el terreno
de la economía preparatoria del
socialismo, mientras que a nuestro
lado, en todo el mundo, países más adelantados, mil veces más ricos y poderosos
en el aspecto militar, siguen caminando
hacia atrás por el terreno de "su"
economía capitalista, ensalzada y conocida por ellos, probada ya durante siglos.
III. Sobre la caza de
zorros; acerca de Levi y Serrati.
Dicen que el método más
seguro para cazar zorros es el siguiente: una vez descubierto, es rodeado, a
cierta distancia, con una cuerda tendida a poca altura del suelo cubierto de
nieve, a la que se han atado banderines rojos; temeroso del artificio evidentemente
"humano", el zorro no sale más que por donde y cuando se le abre el
"cerco" de banderines; y allí es donde lo espera el cazador.
Creyérase que el rasgo más marcado de un animal acosado por todos es la
cautela. Pero resulta que también el "exceso de cautela" es un
defecto en este caso. El zorro cae justamente por exceso de cautela.
Debo confesar que cometí un
error en el III Congreso de la Internacional Comunista también por exceso de
cautela. En este congreso yo ocupaba el flanco de la extrema derecha. Estoy
convencido de que era la única postura acertada, pues un grupo muy numeroso (e
"influyente") de delegados, encabezados por muchos camaradas
alemanes, húngaros e italianos, adoptaban una postura de "izquierda"
desmedida, de izquierda errónea: agitaron con demasiada frecuencia e intensidad
los banderines rojos, en vez de analizar con serenidad la situación, no muy
propicia para una acción revolucionaria inmediata y directa. Por prudencia,
preocupado de que esta desviación hacia la izquierda, errónea sin duda, pudiera
imprimir una falsa orientación a toda la táctica de la Internacional Comunista,
defendí a Levi cuanto pude. Sugerí que tal vez éste hubiera perdido la cabeza
(no negué que la había perdido) por un temor excesivo a los errores de la
izquierda, y sostuve que hubo casos de comunistas que perdieron la cabeza, pero
que después la "recobraron". Admití incluso — ante la ofensiva de la
"izquierda"— que Levi fuera menchevique, y señalé que tal supuesto no
resolvía el problema. Por ejemplo, toda la historia de los quince años de lucha
entre mencheviques y bolcheviques rusos (1903-1917) prueba, y lo prueban
también las tres revoluciones rusas, que, en general, los mencheviques estaban
completamente equivocados y que, en la práctica, eran agentes de la burguesía
en el movimiento obrero. Este es un hecho indiscutible; pero este hecho indiscutible
no elimina otro, el de que, en algunos
casos, los
mencheviques tenían razón,
al oponerse a los bolcheviques, como, por ejemplo, en el problema del boicot a
la Duma de Stolypin en 190799
109
Han pasado ya ocho meses
desde que se celebró el III Congreso de la Internacional Comunista. Nuestra
discusión de entonces con las "izquierdas" ha quedado evidentemente
superada: la ha resuelto la vida. Yo estaba equivocado en cuanto a Levi, pues
éste ha probado luego con claridad que no pisó de manera casual ni transitoria
el sendero menchevique en oposición al peligrosísimo error de las
"izquierdas", que no "exageró la nota", sino que lo hizo,
en virtud de su propia naturaleza, con premeditación y por largo tiempo.
Después del
III
Congreso
de la Internacional Comunista, en vez de reconocer honestamente la necesidad de
pedir que lo readmitieran en el partido, como debe proceder cualquiera que ha
perdido momentáneamente la cabeza, irritado por algunos errores de las
izquierdas, Levi comenzó a hacer mezquinas jugarretas al partido y a ponerle
zancadillas por la espalda, es decir, comenzó a prestar en realidad servicios a
los agentes de la burguesía afiliados a las Internacionales II y II y media.
Por supuesto, los comunistas alemanes tenían toda la razón cuando contestaron
hace poco a eso con la expulsión de su partido de varios señores más que
apoyaban en secreto a Paul Levi en tan noble ocupación.
El desarrollo de los
partidos comunistas alemán e italiano, después del III Congreso de la
Internacional Comunista, muestra que no echaron en saco roto el error que las
izquierdas cometieron en ese congreso y que lo van corrigiendo poco a poco,
lenta pero constantemente; las resoluciones del III Congreso de la
Internacional Comunista son puestas en práctica con lealtad. El proceso de
transformación de un partido europeo parlamentario del viejo tipo, reformista
en los hechos y apenas teñido con colores revolucionarios, en un partido de
nuevo tipo, en un partido
revolucionario de verdad, comunista de verdad, es un proceso arduo en extremo.
Quizá el ejemplo de Francia es el que lo muestra con más claridad. El proceso
de modificar el tipo de trabajo del
partido en la vida diaria, de romper con la rutina, de convertir al partido en
la vanguardia del proletariado revolucionario, sin que se aparte de las masas,
sino, por el contrario, acercándose cada vez más a ellas, elevándolas hasta que
adquieran conciencia revolucionaria, incorporándolas a la lucha revolucionaria,
es el proceso más difícil, pero también el más importante. Sería el mayor de
los crímenes que los comunistas europeos no aprovecharan los intervalos (muy
breves sin duda) entre los períodos de particular enconamiento de las batallas
revolucionarias, como los que hubo en muchos países capitalistas de Europa y
América en 1921 y principios de 1922, para llevar a cabo esta profunda y
radical reorganización interna de toda la estructura y todo el trabajo de sus
partidos. Por suerte, no hay razones para temerlo. La silenciosa, firme,
modesta labor, no muy rápida pero profunda, de crear en Europa y América
auténticos partidos comunistas, auténticas vanguardias revolucionarias del
proletariado se ha iniciado y prosigue.
Incluso algo tan trivial
como la caza de zorros es de utilidad para sacar enseñanzas políticas: por una
parte, la excesiva prudencia conduce a errores. Por otra, no se debe olvidar
que, si en vez de hacer un análisis sereno de la situación, nos dejamos llevar
por un simple "estado de ánimo" o nos ponemos a agitar banderines
rojos, podemos incurrir en errores
![]()
99 Duma
de Estado:
institución representativa que el Gobierno zarista se vio obligado a convocar
como resultado de los acontecimientos revolucionarios de 1905. Formalmente, la
Duma de Estado era un órgano legislativo; pero, en realidad, no tenía ningún
poder. Las elecciones a la Duma de Estado eran indirectas, desiguales y
restringidas. Los derechos electorales de las clases trabajadoras, así como de
las naciones alógenas que poblaban Rusia, estaban muy restringidos, y una gran
parte de obreros y campesinos no disfrutaba de ningún derecho electoral.
Las Dumas primera
(abril-julio de 1906) y segunda (febrero-junio de 1907) fueron disueltas por el
Gobierno zarista. Tras de dar el 3 de junio de 1907 un golpe de Estado, el
Gobierno promulgó una nueva ley electoral que restringía más aún los derechos
de los obreros, de los campesinos y de la pequeña burguesía urbana y
garantizaba la dominación completa del bloque reaccionario de los
terratenientes y los grandes capitalistas en las Dumas tercera (1907-1912) y
cuarta (1912-1917).
irreparables; podemos
perecer donde no es necesario, ni una pizca necesario, pese a que las
dificultades son grandes.
Paul Levi desea ahora hacer
méritos especiales ante la burguesía —y, por
consiguiente, ante sus agentes, ante la II Internacional y la Internacional
II y media—, reeditando las precisas obras de Rosa Luxemburgo en las que ella
estaba equivocada. Contestemos a esto con dos líneas de una buena fábula rusa:
a veces, las águilas vuelan más bajo que las gallinas; pero las gallinas jamás
podrán elevarse a la altura de las águilas. Rosa Luxemburgo se equivocó en el
problema de la independencia de Polonia; se equivocó al enjuiciar en 1903 el
menchevismo; se equivocó en la teoría de la acumulación del capital; se
equivocó en julio de 1914, cuando defendió con Plejánov, Vandervelde, Kautsky y
otros la unidad de los bolcheviques y los mencheviques; se equivocó en sus
escritos de la cárcel, en 1918 (por lo demás, ella misma corrigió, al salir a
la calle, a fines de 1918 y principios de 1919, la mayor parte de sus errores).
Pero, a pesar de todos los errores, Rosa Luxemburgo fue y seguirá siendo una
águila; y no sólo será siempre entrañable para todos los comunistas su
recuerdo, sino que su biografía y sus obras completas
(cuya edición demoran demasiado los comunistas alemanes, quienes sólo en parte
merecen ser disculpados por la inaudita cantidad de víctimas que sufren en su
dura lucha) serán utilísimas enseñanzas para educar a muchas generaciones de
comunistas de todo el mundo. "Después del 4 de agosto de 1914, la
socialdemocracia alemana es un cadáver hediondo": con esta máxima entrará
el nombre de Rosa Luxemburgo en la historia del movimiento obrero mundial.
Mientras tanto, en el corral del movimiento obrero, las gallinas del tipo de
Paul Levi, Scheidemann, Kautsky y toda su cuadrilla seguirán admirando, entre
los montones de estiércol, por supuesto y sobre todo, los errores de la gran
comunista. A cada uno lo suyo.
En cuanto a Serrati, hay que
compararlo con un huevo podrido, que revienta con estrépito y un tufillo muy...
penetrante. Es una verdadera joya hacer aprobar primero en "su"
congreso una resolución que declara la disposición a someterse a la decisión
del Congreso de la Internacional Comunista, después enviar a este congreso al
viejo Lazzari y, por último,engañar a los obreros con el descaro de un chalán.
Los comunistas italianos cuentan ahora con un modelo práctico de truhanería
política y de menchevismo a la vista de las masas obreras para educar a un
verdadero partido del proletariado revolucionario. El efecto útil, repelente, de este modelo no se dejará
sentir en seguida y sin dar antes en buen número reiteradas lecciones prácticas, pero se dejará sentir sin falta.
No hay que apartarse de las masas ni perder la paciencia en la ardua labor de
descubrir en la práctica y ante los obreros de la base todas las tretas de
Serrati; no caer en la tentación, demasiado fácil, pero la más peligrosa de
todas, de decir "menos a"
cuando Serrati dice "a"; educar constantemente a las masas para que
adopten una concepción revolucionaria del mundo y prepararlas para la acción
revolucionaria; aprovechar también con criterio práctico en la labor práctica
las concretas y magníficas lecciones palmarias (aunque caras) del fascismo;
entonces la victoria del comunismo italiano estará asegurada.
110
Levi y Serrati son típicos, pero no por sí mismos, sino como
modelo contemporáneo del ala de extrema izquierda de la democracia
pequeñoburguesa, del bando "de ellos", del bando de los capitalistas
internacionales en pugna con nosotros. Todo el bando "de ellos",
desde Gompers hasta Serrati, se refocila, se regocija o derrama lágrimas de
cocodrilo con motivo de nuestro retroceso, de nuestro "descenso", de
nuestra nueva política económica. Que se refocilen. Dejémosles hacer sus
contorsiones de payasos. A cada uno lo suyo. En cuanto a nosotros, no dejaremos
que hagan presa en nuestro pecho ni las ilusiones ni el desaliento. No temamos
reconocer nuestros errores ni tomarnos el trabajo de corregirlos
reiteradamente, muchas veces, y llegaremos a la cumbre. La causa del bloque
internacional que incluye desde Gompers hasta Serrati es una causa perdida.
Escrito a fines de febrero de 1922. Publicado íntegro por
primera vez el 16 de abril de 1924 en el núm. 87 de "Pravda" y en el
núm. 88 de "Izvestia del CEC de toda Rusia". Publicado incompleto por
primera vez en 1924 en el núm. 2 de la revista "La Internacional
Comunista".
T. 44, págs. 415-423.
Observación al
artículo “Notas de un publicista”.
Ahora la página 10 dirá: 1)
tienen razón sobrada para expulsar a los levistas. 2) En Alemania e Italia se
han desarrollado magníficamente los izquierdistas, al tener en cuenta los
errores que cometieron en el III Congreso. 3) ∑∑* =las enseñanzas del zorro. 4) Levi y R. Luxemburgo. 5)
Serrati=sólo un zorro, una alimaña. 6) II y II y media.
* Summa summarum, en suma. (N. de la Edit.)
Escrito
a fines de febrero de 1922. Publicado por primera vez en 1959, en la
"Recopilación Leninista", t. XXXVI.
T. 44, págs. 423.
El significado del Materialismo Militante
111
EL SIGNIFICADO DEL MATERIALISMO MILITANTE.100
El camarada Trotski ha dicho
ya todo lo esencial, y lo ha dicho muy bien, sobre las tareas generales
planteadas a la revista Pod Známenem
Marxizma en el número 1-2. Quisiera detenerme en algunas cuestiones que
determinan más de cerca el contenido y el programa de la labor que se propone
realizar la Redacción de esta revista, según se proclama en la declaración
publicada en el número 1-2.
En dicha declaración se dice
que no todos los que se agruparon en derredor de la revista Pod Známenem Marxizma son comunistas,
pero que todos son materialistas consecuentes. Creo que esta alianza de comunistas con los que no lo son es sin duda
necesaria y determina con acierto las tareas de la revista. Uno de los más
graves y peligrosos errores de los comunistas (como de todos los
revolucionarios que hayan coronado con éxito la etapa inicial de una gran
revolución) es imaginarse que la revolución pueden llevarla a cabo los
revolucionarios solos. Al contrario, para que todo trabajo revolucionario serio
tenga éxito es preciso comprender y saber plasmar en la vida el concepto de que
los revolucionarios sólo son capaces de desempeñar el papel de vanguardia de la
clase vital y avanzada de verdad. La vanguardia cumple sus tareas de vanguardia
sólo cuando sabe mantener el contacto con la masa que dirige, cuando sabe
conducir realmente adelante a toda la masa. Sin la unión, en los más diversos
terrenos, con los que no son comunistas, no puede ni siquiera hablarse de
ninguna construcción comunista venturosa.
Otro tanto puede afirmarse
de la defensa del materialismo y del marxismo que emprende la revista Pod Známenem Marxizma. Las principales
orientaciones del pensamiento social avanzado de Rusia tienen, por suerte, una
sólida tradición materialista. Sin referirme ya a J.
V. Plejánov, bastará con
mencionar a Chernyshevski, del que a menudo quedaban muy por debajo y muy atrás
los populistas modernos (los socialistas populares101, los eseristas y otros) en su afán de seguir las doctrinas
filosóficas reaccionarias en boga, deslumbrados por el oropel de la supuesta
"última palabra" de la ciencia europea e incapaces de ver, tras ese
oropel, tal o cual variedad de servilismo ante la burguesía, sus prejuicios y
su carácter reaccionario burgués.
En todo caso, en Rusia hay
todavía —y aún durarán bastante, sin duda— materialistas del campo de los no
comunistas, y nuestro deber indiscutible es el de incorporar a todos los
partidarios del materialismo consecuente y militante al trabajo común, a la lucha
contra la reacción filosófica y los prejuicios filosóficos de la llamada
"sociedad instruida". Dietzgen padre, que no debe ser confundido con
Dietzgen hijo —autor tan presuntuoso como fracasado—, al decir que los
catedráticos de filosofía en la sociedad moderna son de hecho, en la mayoría de
los casos, solamente "lacayos titulados del clericalismo102, expresó con
![]()
100 El artículo El significado del materialismo militante fue escrito para el
tercer número de la revista Bajo la
Bandera del Marxismo, que debía salir para el XI Congreso del partido.
"Pod Známenem
Marxizma" ("Bajo la Bandera del Marxismo"): revista
filosófica y socioeconómica; se fundó para propagar el materialismo y el
ateísmo militantes. Apareció mensualmente en Moscú desde enero de 1922 hasta
junio de 1944 (en 1933-1935 fue bimestral).
101 El Partido
Socialista Popular del Trabajo (socialistas populares, enesistas) surgió
del ala derecha del partido de los eseristas en 1906. Se pronunciaba en pro de
formar un bloque con los democonstitucionalistas. Después de la revolución
democrática burguesa de febrero de 1917, el partido de los "socialistas
populares" se unió con los trudoviques y apoyó activamente la labor del
Gobierno Provisional burgués, enviando a él a representantes suyos. Después de
la Revolución Socialista de Octubre, los enesistas participaron en complots
contrarrevolucionarios y en acciones de armas contra el Poder soviético. Su
partido dejó de existir en el período de la intervención militar extranjera y
la guerra civil.
102 Lenin se refiere a las siguientes palabras de J.
Dietzgen: "Desdeñamos en lo hondo
del alma las frases rimbombantes sobre "la enseñanza y la ciencia" y
los discursos sobre "los bienes ideales" en boca de los lacayos
titulados que hoy embaucan al pueblo con idealismo de pega, lo
El significado del Materialismo Militante
acierto, tino y claridad el
concepto fundamental del marxismo acerca de las tendencias filosóficas
predominantes en los países burgueses, las cuales son objeto de la atención de
sus eruditos y publicistas.
A nuestros intelectuales de
Rusia, los cuales se complacen en considerarse avanzados —lo mismo que, dicho
sea de paso, sus colegas de todos los demás países—, les disgusta mucho
trasladar la cuestión al plano del juicio emitido por Dietzgen. Y les disgusta
porque la verdad les duele. Basta con reflexionar un poco en la dependencia
estatal, luego en la económica general, y después en la de otros tipos en que
de la burguesía dominante pone la vida cotidiana a los intelectuales
contemporáneos para comprender la certeza absoluta de la tajante calificación
dada por Dietzgen. Basta con recordar la inmensa mayoría de las tendencias
filosóficas en boga, que surgen con tanta frecuencia en los países europeos,
aunque sea empezando por las relacionadas con el descubrimiento del radio y
terminando por las que tratan ahora de aferrarse a Einstein, para darse cuenta
de la ligazón existente entre los intereses de clase y la posición de clase de
la burguesía, entre el apoyo que ésta presta a todas las formas de las religiones
y el contenido ideológico de las tendencias filosóficas de moda.
Por lo expuesto se ve que
una revista deseosa de ser órgano de prensa del materialismo militante debe
ser, primero, órgano combativo en el sentido de desenmascarar y perseguir
constantemente a todos los "lacayos titulados del clericalismo" de nuestros
tiempos, tanto da que se presenten como representantes de la ciencia oficial
que como francotiradores autodenominados publicistas "demócratas de
izquierda o de ideología socialista".
112
Una revista así debe ser, en
segundo lugar, unórgano de prensa del ateísmo militante. Tenemos entidades o,
por lo menos, instituciones públicas que se dedican a esa labor. Pero lo hacen
con una apatía extremada, de manera insatisfactoria en grado sumo, sintiendo,
por lo visto, en su propia carne, el yugo de las condiciones generales de
nuestra burocracia genuinamente rusa (si bien soviética). Por lo mismo, es de
suma importancia que, para completar, corregir y avivar la labor de las
instituciones públicas respectivas, una revista consagrada a convertirse en
órgano de prensa del materialismo militante despliegue una propaganda y una
lucha ateístas infatigables. Hay que estar al tanto de todas las publicaciones
que, sobre el particular, aparezcan en todos los idiomas, traduciéndolas o, por
lo menos, resumiendo el contenido de cuanto aparezca de valor al respecto.
Hace ya mucho que Engels
aconsejaba a los dirigentes del proletariado moderno que se tradujesen, para
difundirlas en masa entre el pueblo, las publicaciones ateístas militantes de
fines del siglo XVII103. Para vergüenza nuestra, seguimos sin
hacerlo hasta la fecha (y ésta es una de las muchas demostraciones de que en
una época revolucionaria es mucho más fácil conquistar el poder que saber
utilizarlo acertadamente). A veces se pretende justificar esta apatía, esta
inactividad y esta incapacidad nuestras con toda clase de razonamientos
"altisonantes"; por ejemplo, diciendo que las viejas publicaciones
ateístas del siglo XVIII están ya anticuadas, que no son científicas, que son
ingenuas, etc. No hay nada peor que estos sofismas presuntamente doctos que
encubren la pedantería o la completa incomprensión del marxismo. Claro está que
en las obras ateas de los revolucionarios del siglo XVIII encontraremos no
pocos elementos no científicos e ingenuos. Pero nadie impide a los editores de
estas obras que las abrevien y provean de sucintos epílogos en los que se
exponga el progreso alcanzado por la humanidad en la crítica científica de la
religión desde fines del siglo XVIII, se enumeren las respectivas obras nuevas,
etc. Sería un crasísimo error, uno de los errores más graves que pueda cometer
un marxista, pensar que las multitudinarias masas
![]()
mismo que lo engañaban en tiempos los
sacerdotes paganos con las primeras nociones de la naturaleza obtenidas a la
sazón".
103 Véase F. Engels. Las
publicaciones de los emigrados.
El significado del Materialismo Militante
populares (sobre todo, de
campesinos y artesanos), condenadas por toda la sociedad contemporánea al
oscurantismo, la ignorancia y los prejuicios, puedan salir de esa ignorancia
únicamente por la línea recta de la ilustración puramente marxista. Es necesario
dar a dichas masas las más variadas publicaciones de propaganda atea,
relacionarlas con los hechos de las más variadas esferas de la vida, abordarlas
de una y otra manera a fin de interesarlas, de sacudirlas en todos los aspectos
y sacarlas del letargo religioso, empleando para ello los procedimientos más
distintos, etc.
Las publicaciones vivas y
amenas de los viejos ateos del siglo XVIII, escritas con talento y llenas de
ataques ingeniosos y abiertos al oscurantismo clerical dominante, resultarán, a
cada paso, mil veces más adecuadas para sacar a la gente del letargo religioso
que las exposiciones de marxismo aburridas, secas, no ilustradas casi con
ningún hecho bien seleccionado, exposiciones que prevalecen en nuestras
publicaciones y que (debemos confesarlo) tergiversan a menudo el marxismo.
Todas las obras de alguna importancia de Marx y Engels ya están traducidas al
ruso. No hay el menor fundamento para temer que el viejo materialismo y el
viejo ateísmo queden sin completar con las enmiendas aportadas por Marx y
Engels. Lo más importante — lo que olvidan precisamente con mayor frecuencia
nuestros comunistas seudomarxistas, en realidad deformadores del marxismo— es
saber interesar a las masas, todavía incultas, en la actitud consciente ante
los problemas religiosos y la crítica consciente de las religiones.
Por otra parte, fijémonos en
los representantes de la moderna crítica científica de las religiones. Estos
representantes de la burguesía ilustrada "completan" casi siempre sus
propias refutaciones de los prejuicios religiosos con tales razonamientos que
los descubren al punto como esclavos ideológicos de la burguesía, como
"lacayos titulados del clericalismo".
Dos ejemplos. El catedrático
R. Y. Vípper editó en 1918 un folleto titulado El origen del cristianismo (Editorial Faros, Moscú). Al exponer los
resultados principales de la ciencia moderna,
lejos de combatir los prejuicios y el engaño, arma de la Iglesia como
organización política, lejos de tratar de estas cuestiones, declara
abiertamente pretensión ridícula y de las más reaccionarias el elevarse por
encima de ambos "extremos": tanto del idealismo como del
materialismo. Esto no es más que servilismo ante la burguesía dominante, la
cual desembolsa en apoyo de la religión en todo el mundo centenares de millones
de rublos de las ganancias que extrae de los trabajadores.
El conocido erudito alemán
Arthur Drews refuta en su libro El mito
de Cristo las leyendas y prejuicios religiosos, demuestra que en el mundo
no ha existido Cristo alguno, y al final del mismo se pronuncia en pro de la
religión, pero de una religión algo renovada, refinada, artificiosa, capaz de
contrarrestar "el torrente naturalista que aumenta a diario más y
más" (página 238 de la cuarta edición alemana de 1910). Este es un
reaccionario franco, consciente, que ayuda abiertamente a los explotadores a
que sustituyan los viejos y putrefactos prejuicios religiosos por otros
nuevecitos, más ruines y viles todavía.
Esto no significa que no
haya que traducir la obra de Drews. Significa que los comunistas y todos los
materialistas consecuentes deben, a la vez que concluyen en cierta medida su
alianza con la parte progresista de la burguesía, desenmascararla sinreservas
cuando se desliza a la reacción. Significa que rehuir la alianza con los
representantes de la burguesía del siglo XVIII, es decir, de la época en que la
burguesía era revolucionaria, equivaldría a traicionar el marxismo y el
materialismo, puesto que la "alianza" con los Drews es de una u otra
forma, en mayor o menor grado, obligatoria para nosotros en la lucha contra los
oscurantistas religiosos dominantes.
113
La revista Pod Známenem Marxizma, que se propone
ser el órgano de prensa del materialismo militante, debe dedicar mucho espacio
a la propaganda atea, a la información sobre las publicaciones respectivas y
subsanar las inmensas faltas de nuestra labor estatal en
El significado del Materialismo Militante
esta esfera. Es de singular
importancia utilizar los libros y folletos que contienen numerosos datos
concretos y comparaciones demostrativas de la relación existente entre los
intereses de clase y las organizaciones de clase de la burguesía moderna, por un
lado, y las organizaciones de las instituciones religiosas y de la propaganda
religiosa, por el otro.
Son de extraordinaria
importancia todos los escritos relativos a los Estados Unidos de América del
Norte, donde se revela en grado menor la relación oficial, gubernamental, de
Estado, entre la religión y el capital. En cambio, se hace más evidente que la
llamada "democracia moderna" (ante la cual se prosternan con tanta
insensatez los mencheviques, los eseristas y, en parte, los anarquistas, etc.)
no es otra cosa que la libertad de predicar lo que conviene a la burguesía, y a
ésta le conviene predicar las ideas más reaccionarias, la religión, el
oscurantismo, la defensa de los explotadores, etc.
Quisiera abrigar la
esperanza de que una revista que se propone ser órgano de prensa del
materialismo militante ofrecerá a nuestros lectores resúmenes de publicaciones
ateas con referencias que indiquen para qué grupos de lectores y en qué sentido
podrían servir tales o cuales obras y una relación de las aparecidas en nuestro
país (deben considerarse aparecidas únicamente las traducidas con decoro, que
no son tantas) y de las que aún debemos editar.
* * *
Además de la alianza con los
materialistas consecuentes no afiliados al Partido Comunista, no es de menos
importancia, sino tal vez de más importancia aún, para la labor que el
materialismo militante debe realizar, la alianza con los representantes de las
ciencias naturales modernas que tienden al materialismo y no temen defenderlo
ni predicarlo contra las vacilaciones filosóficas en boga, predominantes en la
llamada "sociedad instruida", que se inclinan por el idealismo y el
escepticismo.
El artículo de A. Timiriázev
sobre la teoría de la relatividad de Einstein, publicado en el número 1-2 de Pod Známenem Marxizma, permite abrigar
la esperanza de que la revista logre también concluir esta segunda clase de
alianza, a la cual es preciso dedicar más atención. Hay que recordar que
precisamente del brusco viraje que están dando actualmente las ciencias
naturales modernas surgen a cada paso las escuelas y escuelillas, las
tendencias y subtendencias filosóficas reaccionarias. Por lo tanto, seguir de
cerca los problemas que la novísima revolución en la esfera de las ciencias
naturales destaca y atraer a esta labor, en la revista filosófica, a los
investigadores naturalistas es una tarea sin cuyo cumplimiento el materialismo
militante en modo alguno puede ser ni militante ni materialismo. Si Timiriázev
se ha visto obligado a señalar en el primer número de la revista que a la
teoría de Einstein — quien, según dice Timiriázev, no ha emprendido
personalmente ninguna cruzada activa contra las bases del materialismo—, se ha
aferrado ya en todos los países una infinidad de intelectuales burgueses, esto
se refiere no sólo a Einstein, sino a toda una serie, quizás a la mayoría, de
los grandes transformadores de las ciencias naturales a partir de fines del siglo
XIX.
Y para no tratar semejante
fenómeno de un modo inconsciente debemos comprender que sin una sólida
fundamentación filosófica no hay ciencias naturales, ni materialismo, que
puedan soportar la lucha contra el empuje de las ideas burguesas y el
restablecimiento de la concepción burguesa del mundo. Para soportar esta lucha
y llevarla hasta el fin con pleno éxito, el naturalista debe ser un
materialista moderno, un partidario consciente del materialismo representado
por Marx, es decir, debe ser un materialista dialéctico. Para alcanzar este
fin, los colaboradores de la revista Pod
Známenem Marxizma deben organizar el estudio sistematizado de la dialéctica
de Hegel desde el punto de vista materialista, es decir, de la dialéctica que
Marx aplicó prácticamente en su Capital
y en sus otras obras de historia y política con tanto éxito que, en la
actualidad, cada día del despertar de las nuevas clases a la vida y a la lucha
en el Oriente (el Japón, la India, China) —es decir, de esos
El significado del Materialismo Militante
centenares de millones de
seres que constituyen la mayoría de la población del globo y que eran hasta
hoy, con su inactividad y letargo históricos, la causa del estancamiento y de
la putrefacción de muchos Estados adelantados de Europa—, cada día del despertar
de nuevos pueblos y de nuevas clases a la vida aporta una confirmación mayor
aún del marxismo.
Naturalmente, la labor dedicada a tal estudio, a tal
interpretación y a tal propaganda de la dialéctica de Hegel es sumamente
difícil y, sin duda, los primeros intentos en este sentido conducirán a
errores. Pero únicamente quien no hace nada no se equivoca. Basándonos en el
modo que tenía Marx de aplicar la dialéctica de Hegel, concebida de una manera
materialista, podemos y debemos desarrollar esta dialéctica en todos sus
aspectos, publicar en la revistafragmentos de las principales obras de Hegel,
interpretarlas de un modo materialista, comentándolas con ejemplos de la
aplicación de la dialéctica por Marx y con ejemplos de la dialéctica aplicada
al terreno de las relaciones económicas y políticas, ejemplos que la historia
contemporánea, sobre todo la guerra imperialista y la revolución actuales, nos
ofrecen en cantidad extraordinariamente abundante. El grupo de redactores y
colaboradores de la revista Pod Známenem
Marxizma, a mi parecer, debe constituir algo así como una "Sociedad de
amigos materialistas de la dialéctica hegeliana". Los naturalistas
modernos encontrarán (si saben investigar y si nosotros aprendemos a ayudarles
en ello) en la interpretación materialista de la dialéctica de Hegel una serie
de respuestas a las cuestiones filosóficas que plantea la revolución en las
ciencias naturales y con las cuales van a parar a la reacción los admiradores
intelectuales de las modas burguesas.
114
El materialismo no puede ser
materialismo militante si no se plantea ni cumple con regularidad esa tarea.
Seguirá siendo, empleando una expresión de Schedrín, no tan combativo como
combatido. Sin ello, los grandes naturalistas seguirán siendo, con tanta frecuencia
como hasta ahora, impotentes en sus conclusiones y síntesis filosóficas, ya que
las ciencias naturales progresan con tanta rapidez, atraviesan un período de
tan profundo viraje revolucionario en todos los dominios que no pueden pasarse
de ninguna manera sin conclusiones filosóficas.
Para terminar, aduciré un
ejemplo que no se refiere al terreno de la filosofía, pero que, en todo caso,
se refiere al de las cuestiones sociales, a las que Pod Známenem Marxizma también quiere prestar atención.
Este es uno de los ejemplos
de cómo la seudociencia de nuestros días sirve en realidad de vehículo para los
conceptos reaccionarios más groseros e ignominiosos.
Hace poco me enviaron el
número 1 de la revista Ekonomist104
(1922), editada por la XI sección de la Sociedad Técnica Rusa. El joven
comunista que me la envió (es probable que le faltara tiempo para conocer el
contenido de la revista) tuvo la imprudencia de elogiármela mucho. En realidad,
esta revista es un órgano de prensa, no sé hasta qué punto consciente, de los
feudales modernos que, como es natural, se encubren con el manto de la
sabiduría, de la democracia, etc.
Cierto señor P. A. Sorokin
publica en dicha revista unos estudios seudosociológicos titulados Acerca de la influencia de la guerra. El
artículo científico está lleno de citas científicas de los trabajos "sociológicos" del autor y de sus numerosos
maestros y cofrades del extranjero. He aquí una muestra de su sabiduría.
En la página 83 leemos:
"En la actualidad, por
cada 10.000 matrimonios hay en Petrogrado 92,2 divorcios, una cantidad
fantástica; además, de cada 100 casos de divorcio, el 51,1% de los matrimonios
![]()
104 "Ekonomist" ("El Economista"): revista de la sección
económica e industrial de la Sociedad Técnica Rusa, a la que estaba afiliada la
intelectualidad técnica burguesa hostil al Poder soviético y los ex
propietarios de empresas. Apareció en Petrogrado desde diciembre de 1921 hasta
junio de 1922 (en la portada del núm. 1 figura el año 1922).
El significado del Materialismo Militante
duraron menos de un año; el
11 %, menos de un mes; el 22 %, menos de dos meses; el 41 %, menos de 3-6
meses, y sólo el 26 % duraron más de 6 meses. Estas cifras testimonian que el
matrimonio legal moderno es una forma que, en realidad, encubre las relaciones
sexuales extramatrimoniales y ofrece a los amantes "de la manzana" la
posibilidad de satisfacer de un modo "legal" sus apetitos" (Ekonomist, núm. 1, pág. 83). No cabe
duda de que tanto dicho señor como esa sociedad técnica rusa que edita la
revista mencionada e inserta en ella semejantes razonamientos se consideran a
sí mismos partidarios de la democracia y tendrán por grandísima ofensa que se
les llame con el nombre que en realidad se merecen, es decir, señores feudales,
reaccionarios, "lacayos titulados del clericalismo".
El menor conocimiento de la
legislación de los países burgueses en cuanto al matrimonio, el divorcio y los
hijos bastardos, así como de la situación real a este respecto, mostrará a
cualquiera que se interese por esta cuestión que la democracia burguesa moderna,
incluso en todas las repúblicas burguesas más democráticas, se manifiesta,
precisamente en este sentido, como feudal con relación a la mujer y a los hijos
bastardos.
Esto, claro está, no impide
a los mencheviques, a los eseristas, a una parte de los anarquistas y a todos
los partidos respectivos de Occidente seguir dando voces con motivo de la
democracia y de la violación de la misma por los bolcheviques. En realidad, la
única revolución consecuentemente democrática respecto a cuestiones como las
del matrimonio, el divorcio y la situación de los hijos bastardos es,
precisamente, la revolución bolchevique. Y ésta es una cuestión que atañe de un
modo muy directo a los intereses de más de la mitad de la población de
cualquier país. Sólo la revolución bolchevique, por primera vez, a pesar de la
infinidad de revoluciones burguesas que la precedieron y que se llamaban
democráticas, ha llevado a cabo una lucha decidida en dicho sentido, tanto
contra la reacción y el feudalismo como contra la hipocresía habitual de las
clases pudientes y gobernantes.
Si los 92 divorcios, en
proporción a 10.000 matrimonios, le parecen una cifra fantástica al señor
Sorokin, nos queda por suponer que el autor o bien ha vivido y se ha educado en
algún monasterio tan alejado de la vida que es dudoso que alguien crea en la
existencia de tal monasterio, o bien dicho autor tergiversa la verdad para
complacer a la reacción y a la burguesía. Cualquiera que conozca, por poco que
sea, las condiciones sociales de los países burgueses sabrá que el número real
de divorcios reales (naturalmente, no sancionados por la Iglesia ni por la ley)
es, en todas partes, inconmensurablemente mayor. En este sentido, Rusia sólo se
distingue de otros países en que sus leyes no santifican la hipocresía y la
carencia de derechos de la mujer y su hijo, sino que declaran abiertamente y en
nombre de la autoridad pública una guerra constante a toda hipocresía y toda
falta de derechos.
115
La revista marxista tendrá
que hacer la guerra también a semejantes "cultos" feudales de
nuestros tiempos. Es probable que una parte no pequeña de ellos incluso reciba
honorarios del Estado y esté al servicio del Estado ilustrando a la juventud, a
pesar de que sirven para tales fines en un grado no mayor del que servirían
corruptores manifiestos para ejercer de maestros en escuelas de primera
enseñanza.
La clase obrera de Rusia
supo conquistar el poder, pero no ha aprendido todavía a utilizarlo, puesto
que, en caso contrario, hace ya mucho que habría enviado con la mayor cortesía
posible a semejantes maestros y miembros de sociedades científicas a los países
de la "democracia" burguesa. Ese es el lugar más adecuado para
semejantes señores feudales.
Pero ya aprenderá, siempre que no le falten los deseos de
aprender.
12-III-1922.
Publicado en marzo de
1922 en el núm. 3 de la revista "Pod Ztuimenetti Marxizma".
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
116
INFORME POLÍTICO DEL COMITÉ CENTRAL DEL
PC(b) DE RUSIA, PRESENTADO AL XI CONGRESO DEL PARTIDO.
El 27 de marzo de
1922.105
(Aplausos.) Camaradas: Permitidme empezar el informe político del CC
desde fin de año y no desde el comienzo de éste. La cuestión política de mayor
actualidad es la Conferencia de Génova. Pero como ya se ha hablado muchísimo de
esto en la prensa de nuestro país, y como tuve ocasión de manifestar lo
esencial de esta cuestión en mi discurso del 6 de marzo, que ha sido publicado,
pediría que me autorizarais a no entrar en detalles sobre este problema, si no
tenéis ninguna necesidad especial de que se os expliquen algunos pormenores.
En general, sabéis todo lo
referente a la Conferencia de Génova, porque la prensa ha dedicado mucho
espacio a esta cuestión, a mi parecer, demasiado, incluso en perjuicio de las
necesidades reales, prácticas y apremiantes de nuestra construcción en general
y de la organización de la economía en particular. Se comprende que en todos
los países burgueses de Europa guste mucho entretener a la gente o llenarle la
cabeza con toda clase de frases rimbombantes sobre Génova. Esta vez (y no es la
única) los imitamos, y lo hacemos de manera excesiva.
Debo decir que en el CC
hemos tomado las más escrupulosas medidas para formar una delegación de
nuestros mejores diplomáticos (ahora tenemos un número considerable de
diplomáticos soviéticos, no como al comienzo de la existencia de la República
Soviética). En el CC hemos adoptado directrices bastante detalladas para
nuestros representantes diplomáticos enviados a la Conferencia de Génova. Las
hemos estudiado muy detenidamente, hemos deliberado varias veces y vuelto a
deliberar sobre ellas. Cae de su peso que aquí se trata de una cuestión, no
diría militar, porque esta palabra daría pie a un malentendido, pero sí, en
todo caso, de una competición. En el campo burgués existe una corriente de
extraordinario vigor, muchísimo más poderosa que las demás, que tiende a
frustrar la Conferencia de Génova. Hay corrientes que tratan de defenderla a
toda costa, de lograr que se celebre, y son las que prevalecen ahora. Por
último, en el campo de todos los países burgueses existe una corriente que se
podría denominar pacifista y en la cual hay que incluir asimismo a toda la II
Internacional y a la Internacional II y media. Es el campo de la burguesía que
intenta mantener una serie de propuestas pacifistas y trazar algo así como una
política pacifista. Nosotros, como comunistas, tenemos nuestras opiniones
concretas, que huelga por completo exponer aquí, de este pacifismo. Se
comprende que vamos a Génova a negociar, y no como comunistas, sino como
comerciantes. Nosotros necesitamos negociar, y ellos también. Nosotros queremos
negociar con ventaja para nosotros, y ellos con ventaja
![]()
105 El XI
Congreso del PC(b) de Rusia se celebró en Moscú del 27 de marzo al 2 de
abril de 1922. Fue convocado un año después de haberse terminado la guerra
civil y de haber pasado el País Soviético a organizar la economía en un
ambiente de paz. La misión del congreso estribaba en hacer el resumen del
primer año de aplicación de la nueva política económica y trazar el plan
sucesivo de edificación del socialismo. Participaron en sus labores 522
delegados con voz y voto y 164 con voz, pero sin voto.
El informe de la labor política del CC del partido lo pronunció
Lenin. El congreso aprobó la pauta política y orgánica seguida por el CC y
reconoció que las concesiones necesarias hechas al capitalismo privado habían
dado de sí todo lo que podían y, en este sentido, el retroceso había acabado.
La tarea fundamental que trazó el congreso al partido fue reagrupar sus fuerzas
para asegurar la aplicación de su política en la vida. El congreso indicó la
necesidad de seguir delimitando con precisión las funciones de los organismos
del partido y de los Soviets con objeto de que el primero, al ejercer la
dirección política del Estado soviético, garantizase la elevación del papel de
los segundos en la obra de organizar la economía. El congreso aprobó la labor
de la delegación del PC(b) de Rusia en la Internacional Comunista y se
solidarizó con la pauta política del Comité Ejecutivo de dicha Internacional y
con la táctica de frente único adoptada y aplicada por él.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
para sí mismos. La forma en
que se va a desarrollar la lucha dependerá, aunque no sea en gran medida, del
arte de nuestros diplomáticos.
Desde luego, cuando vamos a
Génova como negociantes, no nos da igual tener que entendérnoslas con
representantes del campo burgués que tiendan hacia la solución militar del
problema o con representantes del campo burgués que tiendan hacia el pacifismo,
aunque éste sea de lo más mediocre y, desde el punto de vista del comunismo, no
resista la menor crítica. Sería un mal negociante quien no supiera captar esta
diferencia y, ajustando a ello su táctica, lograr objetivos prácticos.
Nosotros vamos a Génova con
un objetivo práctico: impulsar el comercio y crear las condiciones para que se
desarrolle de la manera más amplia y eficaz. Pero en modo alguno garantizamos
el éxito de la Conferencia de Génova. Sería ridículo y absurdo garantizarlo.
Debo confesar que, enjuiciando con mayor moderación y prudencia las
posibilidades que representa ahora la Conferencia de Génova, creo, sin embargo,
que no será exagerado decir que conseguiremos este objetivo nuestro.
A través de Génova —si
nuestros interlocutores allí son lo suficiente inteligentes y no demasiado
testarudos—, dejando Génova a un lado —si se les ocurre obstinarse— ¡pero
alcanzaremos nuestro objetivo!
Los intereses más
impostergables, vitales y prácticos de todas las potencias capitalistas,
intereses que se han manifestado de manera acusada en los últimos años, exigen
que se desarrolle, normalice y amplíe el comercio con Rusia. Y como este tipo
de intereses existe, puede discutirse, puede haber disensiones, podemos
separarnos en diferentes combinaciones —y hasta es muy verosímil quehayamos de
hacerlo—, pero, aun con todo, esta necesidad económica fundamental acabará
abriéndose paso en definitiva. Creo que a este respecto podemos estar
tranquilos. No garantizo el plazo, no garantizo el éxito, pero precisamente en
esta reunión puede afirmarse con bastante seguridad que han de seguir
desarrollándose sin falta las relaciones comerciales regulares entre la República
Soviética y todo el mundo capitalista. De las interrupciones que pueda haber en
ellas hablaré en mi informe a su debido tiempo, pero creo que en cuanto a la
Conferencia de Génova nos podemos limitar a lo dicho.
117
Por supuesto que los camaradas que deseen conocer la cuestión
con mayor detalle y no se den por satisfechos con la lista de miembros de la
delegación publicada en los periódicos podrán elegir una comisión o sección y
ver todos los documentos, correspondencia y directrices que se tienen en el CC.
Los detalles, naturalmente, los hemos esbozado de una manera convencional,
porque hasta ahora no se sabe con exactitud quién se sentará a la mesa en esta
Conferencia de Génova y cuáles serán las condiciones, o las condiciones previas
que se pongan, o las salvedades que se hagan. No tendría el menor objeto
analizarlas aquí todas; creo que incluso es prácticamente imposible. Repito: él
congreso tiene plena posibilidad de reunir, mediante una sección o una
comisión, todos los documentos sobre esta cuestión, tanto los publicados como
los que obran en poder del CC.
Me limitaré a lo expuesto
porque estoy convencido de que no es en esta cuestión donde tropezamos con
nuestras mayores dificultades. No es a esto a lo que todo el partido debe
prestar su principal atención. La prensa burguesa europea abulta y exagera con artificio
y adrede la importancia de esta conferencia, engañando a las masas trabajadoras
(así lo hacen siempre las nueve décimas partes de toda la prensa burguesa en
todas estas repúblicas y países libres y democráticos.). Nos hemos dejado
llevar un poco por esta prensa. Como siempre, nuestros periódicos se dejan
llevar aún por las viejas costumbres burguesas, se resisten a pasar a la nueva
vía socialista, y hemos armado más barullo del que merece el tema. La
Conferencia de Génova no ofrece en el fondo grandes dificultades para los
comunistas, sobre todo para los que han vivido años tan duros como nosotros
desde 1917,
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
para los que han visto
combinaciones políticas de tanta trascendencia como nosotros hemos visto desde
entonces. No recuerdo que en relación con este asunto se produjeran
divergencias o discusión alguna, no ya en el CC, sino tampoco en el seno de
nuestro partido. Y esto es natural, ya que aquí no hay nada discutible desde el
punto de vista de los comunistas, ni aun teniendo en cuenta la diferencia de
matices entre ellos. Vamos a Génova, repito, como negociantes, a fin de lograr
formas más ventajosas para el desarrollo del comercio, que ya ha comenzado, que
está en marcha y que, incluso en el caso de que alguien lograra interrumpirlo
por la violencia durante cierto tiempo, pasada esa interrupción se desarrollará
indefectiblemente a pesar de todo.
Circunscribiéndome, por lo
tanto, a estas breves observaciones sobre la Conferencia de Génova, paso a lo
que constituye, a juicio mío, las principales cuestiones políticas del año
transcurrido y las más importantes del año próximo. Me parece (o, por lo menos,
ésta es mi costumbre) que en el informe político del CC se debe hablar no sólo
de lo que ha ocurrido en el año del que se rinde cuenta, sino de las enseñanzas
políticas que hemos recibido en este año — las fundamentales, las esenciales—,
para determinar con acierto nuestra política en el año venidero, para aprender
algo de las experiencias de un año.
El problema principal es,
claro está, la nueva política económica. Todo el año del que ahora rendimos
cuenta ha transcurrido bajo el signo de la nueva política económica. Si en el
curso de este año hemos hecho alguna conquista importante, seria e imprescriptible
(lo que para mí no es aún tan indudable), ha consistido sólo en aprender algo
del principio de esta nueva política económica. Y si al menos hemos aprendido
un poco durante este año, ha sido efectivamente muchísimo en el terreno de la
nueva política económica. Y la prueba de que realmente hemos aprendido, y en
qué grado, la darán probablemente los acontecimientos subsiguientes,
acontecimientos de un tipo que dependen muy poco de nuestra voluntad; por
ejemplo, la inminente crisis financiera. A mi parecer, lo principal que se debe
tener presente, en lo que toca a nuestra nueva política económica, como base
para todos los razonamientos y para tomar en consideración la experiencia de un
año y adquirir conocimientos prácticos para el año entrante, son los tres
puntos siguientes:
Primero,
nuestra nueva política económica nos interesa, sobre todo, para comprobar que
logramos realmente una conexión con la economía campesina. En la época anterior
del desarrollo de nuestra revolución, cuando toda la atención y todas las
fuerzas estaban dirigidas o casi absorbidas, principalmente, por la tarea de
oponer resistencia a la invasión, no podíamos pensar como es debido en esta
conexión, no teníamos tiempo para preocuparnos de ella. Hasta cierto punto se
podía y se debía no tenerla en cuenta, cuando existía la tarea absolutamente
inaplazable y apremiante de hacer frente al peligro de ser estrangulados en el
acto por las gigantescas fuerzas del imperialismo mundial.
118
El viraje hacia la nueva
política económica fue acordado con excepcional unanimidad, incluso mayor que
para otros problemas afrontados en nuestro partido (que, debemos reconocerlo,
sedestaca, en general, por su gran unanimidad), en el congreso anterior. Esta
unanimidad demostró que había madurado por completo la necesidad de abordar de
una manera nueva la economía socialista. Personas que disentían en muchos
problemas, que enjuiciaban la situación desde puntos de vista distintos,
convinieron inmediatamente, sin vacilación y sin excepción alguna, en que no
teníamos una forma verdadera de abordar la economía socialista, la construcción
de sus cimientos, y que existía un procedimiento único para encontrar este modo
de abordarla: la nueva política económica. Debido al desarrollo de los
acontecimientos militares, debido al desarrollo de los acontecimientos
políticos, debido al desarrollo del capitalismo en el antiguo Occidente culto y
al desarrollo de las condiciones sociales y políticas en las colonias, tuvimos
que ser los primeros en abrir una brecha en el
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
viejo mundo burgués en un
momento en que nuestro país era, económicamente, si no el más atrasado, por lo
menos uno de los más atrasados. La inmensa mayoría de los campesinos de nuestro
país sostienen pequeñas haciendas individuales. Lo que podíamos realizar
inmediatamente del programa de la construcción de la sociedad comunista,
trazado por nosotros, se llevaba a cabo al margen, hasta cierto punto, de lo
que ocurría entre las extensas masas campesinas, a las que impusimos tributos
muy agobiadores, justificándolos con que la guerra no admitía ningún titubeo a
este respecto. Y esta justificación, si se toma en su conjunto, fue aceptada
por los campesinos, a pesar de los errores que no pudimos evitar. La masa
campesina, en general, vio y comprendió que estas enormes cargas que se le
imponían eran indispensables para defender de los terratenientes el poder
obrero y campesino y no ser ahogados por la invasión capitalista, que amenazaba
arrebatar todas las conquistas de la revolución. Pero no existía una conexión entre
la economía que se construía en las fábricas nacionalizadas, socializadas, y en
los sovjóses, de una parte, y la economía campesina, de otra.
Esto lo vimos con claridad
en el anterior congreso del partido106. Lo
vimos con tanta claridad que no hubo en el partido ninguna vacilación sobre la
inevitable necesidad de la nueva política económica.
Es divertido observar las
apreciaciones que de esta decisión nuestra hace la prensa, extraordinariamente
abundante, de toda clase de partidos rusos en el extranjero. La diferencia
entre estas apreciaciones es de lo más nimia: ellos, que viven del pasado,
siguen insistiendo hasta hoy en que los comunistas de izquierda están contra la
nueva política económica incluso en el presente. Estos individuos recordaron en
1921 lo que había ocurrido en 1918, y lo que los mismos comunistas de izquierda
han olvidado, y lo vienen repitiendo y repitiendo con machaconería hasta la
fecha, llegando a asegurar que estos bolcheviques son, como se sabe, gente
pérfida y mentirosa, que oculta a Europa las discrepancias existentes entre
ellos en este punto. Cuando uno lee estas cosas, piensa: deja que se engañen.
Si es ésta la idea que tienen de lo que ocurre en nuestro país, se puede juzgar
por ello del grado de conciencia de esta gente vieja, que pretende ser la más
instruida y que ahora se ha marchado al extranjero. Nosotros sabemos que aquí
no ha habido ninguna discrepancia, y no la ha habido porque estaba clara para
todos la necesidad práctica de abordar de otra manera la construcción de los
cimientos de la economía socialista.
En nuestro país no existía
conexión entre la economía campesina y la nueva economía que intentábamos
crear. ¿Existe ahora? Aún no. Sólo nos vamos acercando a ella. Todo el
significado de la nueva política económica, que nuestra prensa sigue buscando a
menudo por todas partes menos donde se debe buscar, todo el significado
consiste única y exclusivamente en esto: encontrar la forma de conexión para
esta nueva economía, que estamos creando a costa de ímprobos esfuerzos, con una
economía campesina. Y en esto consiste nuestro mérito; sin esto no seríamos
comunistas, revolucionarios.
Hemos comenzado a construir
la nueva economía de una manera completamente nueva, sin tomar en consideración
nada de lo viejo. Y si no la hubiéramos comenzado a construir, nos habrían
aplastado por completo en los primeros meses, en los primeros años. Pero esto
no quiere decir que nos obstinemos en que, debido a haberla comenzado con
tamaña audacia, la debamos continuar sin falta de esta manera. ¿De dónde se
desprende esto? De ninguna parte.
Hemos dicho desde un
principio que debemos realizar una obra más que nueva y que si no nos ayudan
con rapidez los camaradas obreros de los países más desarrollados en el sentido
capitalista, nuestra labor será increíblemente difícil y cometeremos, sin duda,
una serie de errores. Lo principal es saber analizar con serenidad los errores
cometidos y reconstruirlo
![]()
106 Se alude al X Congreso del PC(b) de Rusia.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
todo desde el comienzo. Si
es necesario rehacerlo todo desde el comienzo, no dos, sino hasta muchas veces,
esto demostrará que abordamos sin prejuicios y con mirada serena nuestra tarea,
la más grandiosa de cuantas se hayan emprendido jamás en el mundo.
119
Ahora lo esencial de la
nueva política económica es que asimilemos bien la experiencia del año
transcurrido. Es preciso hacerlo, y lo deseamos hacer. Y si queremos lograrlo a
toda costa (¡queremos y lo lograremos!), es necesario saber que la tarea de la Nep,
la tarea principal y decisiva, la que subordina todo lo demás, consiste en
establecer una conexión entre la nueva economía, que hemos comenzado a
construir (muy mal, con mucha torpeza, pero que, noobstante, hemos comenzado a
construir, basándola en una economía socialista enteramente nueva, de una
producción nueva, de una nueva distribución), y la economía campesina, de la
que viven millones y millones de campesinos.
Antes no existía esa
conexión, y eso es lo que debemos crear en primer término. A esta idea hay que
supeditarlo todo. Debemos aclarar aún hasta qué grado ha conseguido la nueva
política económica establecer esta conexión y no desmoronar lo que hemos comenzado
a construir con torpeza.
Estamos edificando nuestra
economía con los campesinos. Debemos rehacerla de continuo y construirla de
manera que sea una ligazón entre nuestra labor socialista en la gran industria
y en la economía agrícola y la labor en la que está atareado cada campesino y
que realiza como puede, saliendo de la miseria como sabe, sin filosofar (porque
¿qué puede filosofar él para salir y salvarse del peligro directo de morir
entre las torturas del hambre?).
Hay que mostrar esta
conexión para que la veamos con claridad nosotros, para que la vea todo el
pueblo y para que toda la masa campesina vea que existe un vínculo entre la
vida actual, dura, inauditamente desolada, extremadamente miserable y
angustiosa, y el trabajo que se lleva a cabo en aras de remotos ideales
socialistas. Hay que proceder de manera que cada simple trabajador, cada
trabajador de filas, comprenda que ha obtenido alguna mejora, y la ha obtenido
no como unos cuantos campesinos durante la época del poder de los
terratenientes y del capitalismo, cuando cada paso hacia la mejora
(indudablemente, mejoras las había, y muy grandes) iba acompañado del escarnio,
los ultrajes, las burlas a cuenta del mujik, la violencia contra la masa; cosa
que ningún campesino ha olvidado en Rusia ni olvidará en decenas de años.
Nuestro objetivo es restablecer la conexión, demostrar con hechos a los
campesinos que comenzamos por lo que ellos conocen, comprenden y pueden
alcanzar hoy pese a toda su miseria, y no por algo distante y fantástico desde
su punto de vista; demostrarles que sabemos ayudarles, y que los comunistas les
ayudan de hecho en estos momentos difíciles para los pequeños campesinos
arruinados, empobrecidos, que sufren el tormento del hambre. O nosotros les
demostramos eso o ellos nos enviarán al diablo. Eso no habrá quien lo evite.
Esta es la significación de
la nueva política económica, éste es el fundamento de toda nuestra política. He
aquí para nosotros la principal lección del año transcurrido —en el que se ha
aplicado la nueva política económica— y, por decirlo así, nuestra principal
norma política para el año entrante. El campesinado nos concede crédito y,
desde luego, después de lo que ha sufrido, no puede menos de concedérnoslo. Los
campesinos, en su mayoría, viven con esta resignación: "Bueno, si no
sabéis hacer las cosas, esperaremos, puede que aprendáis" Pero este
crédito no puede ser inagotable.
Es preciso saberlo y, una
vez obtenido el crédito, hay que apresurarse, a pesar de todo. Hay que saber
que se aproxima el momento en que el país campesino no nos seguirá concediendo
créditos, en que nos pedirá dinero contante, si se puede usar aquí este término
comercial. "Pero, sin embargo, ahora, después de tantos meses y tantos
años de prórrogas, vosotros, distinguidos gobernantes, habéis obtenido el
método mejor y más seguro para ayudarnos a salir de la pobreza, de la miseria,
del hambre, de la ruina. Vosotros sabéis hacer las cosas, lo
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
habéis demostrado". He
aquí la prueba que irremisiblemente se cierne sobre nosotros, y esta prueba, en
última instancia, lo decidirá todo: los destinos de la Nep y los destinos del
poder comunista en Rusia.
¿Sabremos dar cima a nuestra
obra inmediata o no? ¿Esta Nep servirá para algo o no? Si resulta un retroceso
hecho con acierto, entonces, replegados, nos uniremos con la masa campesina y
con ella marcharemos adelante con centuplicada lentitud, pero de un modo firme
y constante para que ésta vea siempre que, a pesar de todo, vamos avanzando.
Entonces nuestra causa será
absolutamente invencible, y no nos dominará ninguna fuerza en el mundo. Hasta
ahora, en este primer año, no lo hemos logrado. Es preciso decirlo con
franqueza. Y yo estoy profundamente convencido (y nuestra nueva política económica
permite sacar esta conclusión con toda claridad y firmeza), que si nos
percatamos de todo el inmenso peligro que representa la Nep y concentramos
todas nuestras fuerzas en los puntos débiles, resolveremos el problema.
Cerrar filas con la masa
campesina, con los simples campesinos trabajadores, y comenzar a avanzar
incomparable, infinitamente más despacio de lo que nosotros soñábamos, pero, en
cambio, de forma que toda la masa avance efectivamente con nosotros. Si obramos
así, llegará un momento en que la aceleración de este movimiento alcanzará un
ritmo con el que ahora no podemos ni soñar. Esta es, a mi entender, la primera
lección política fundamental de la nueva política económica.
La segunda lección, más particular, es la comprobación, por medio de
la emulación, de las empresas estatales y capitalistas. En nuestro país se
crean ahora sociedades mixtas —hablaré un poco de ellas más adelante—, las
cuales, lo mismo que todo nuestro comercio estatal y toda nuestra nueva
política económica, son la aplicación por nosotros, los comunistas, de
procedimientos comerciales, de procedimientos capitalistas. Asimismo tienen la
importancia de que se establece una emulación práctica entre los procedimientos
capitalistas y nuestros procedimientos. Comparad en la práctica.
Hasta ahora escribíamos un
programa y prometíamos. En su tiempo esto era completamenteindispensable. Sin
programa y sin promesas no se puede propugnar la revolución mundial. Si nos
critican por ello los guardias blancos, y entre ellos los mencheviques, esto
solamente demuestra que los mencheviques y los socialistas de la II
Internacional y de la Internacional II y media no tienen la menor idea de cómo
transcurre, en general, el desarrollo de la revolución. No podíamos comenzar de
otro modo.
120
Pero ahora las cosas se
hallan de tal manera que debemos comprobar ya en serio nuestro trabajo, y no
como suelen hacerlo las instituciones de control creadas por los mismos
comunistas, aunque éstas sean magníficas y estén incluidas en el sistema de las
instituciones soviéticas y en el sistema de las instituciones del partido,
aunque sean instituciones de control casi ideales; semejante comprobación es
una burla desde el punto de vista de la necesidad real de la economía
campesina, mas no es, en modo alguno, una burla desde el punto de vista de
nuestra edificación. Estamos constituyendo ahora estas instituciones de
control, pero no hablo ahora de esa comprobación, sino de la que representa un
control desde el punto de vista de la producción masiva.
El capitalista sabía
abastecernos. Lo hacía mal, lo hacía saqueando, nos vejaba, nos expoliaba. Esto
lo saben los simples obreros y campesinos, que no discuten de comunismo, porque
no saben con qué se come.
"Pero los capitalistas,
a pesar de todo, sabían abastecer. Y vosotros, ¿sabéis? No, vosotros no
sabéis". Estas son las voces que se oían el año pasado, en la primavera
—no siempre con claridad—, pero que abonaron el terreno para toda la crisis de
la primavera del año pasado.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
"Sois personas
excelentes, pero no sabéis hacer la obra que habéis comenzado, la obra
económica". He aquí la crítica más simple y contundente que el año pasado
dirigieron contra el Partido Comunista los campesinos y, por el conducto de
ellos, toda una serie de sectores obreros. Por eso precisamente, este punto
viejo adquiere tanta importancia en el problema de la Nep.
Es necesaria una verdadera
comprobación. A nuestro lado actúa el capitalista, actúa saqueando, recoge
ganancias, pero sabe hacer las cosas. ¿Y vosotros? Vosotros probáis con
procedimientos nuevos: no obtenéis ganancias, los principios son comunistas,
los ideales son buenos — bien, os han pintado tan bonitos que parecíais santos
dignos de entrar vivos en el paraíso—, pero ¿sabéis hacer las cosas? Hace falta
una comprobación, una verdadera comprobación, que no se limite a que la CCC
investigue y determine censurar, y el CEC de toda Rusia determine sancionar,
no, sino una auténtica comprobación, desde el punto de vista de la producción
masiva.
Se ha concedido a los
comunistas toda clase de prórrogas, y se les ha dado más crédito que a ningún
otro gobierno. Claro es que los comunistas han ayudado al campesino a
desembarazarse de los capitalistas y de los terratenientes, esto él lo aprecia,
y nos ha concedido prórrogas a crédito, pero todo hasta cierto plazo. Y luego
viene ya la comprobación: ¿sabéis administrar no peor que otros? El viejo
capitalista sabe, pero vosotros no sabéis.
He aquí la primera
enseñanza, la primera parte principal del informe político del CC. Nosotros no
sabemos llevar la hacienda pública. Esto se ha demostrado durante este año. Yo
desearía tomar como ejemplo varios "trustestats" (expresándome con ese
excelente idioma, tan alabado por Turguénev)* y demostrar de qué manera sabemos
llevar la hacienda.
* La nota irónica que va entre paréntesis
se refiere a la costumbre adquirida de formar nuevas palabras compuestas con
abreviaciones, en este caso, "trusts estatales". (N. de la Edit.)
Lamento no haber podido, por
una serie de razones, y en grado considerable por mi enfermedad, preparar a
fondo esta parte del informe y tener que limitarme a exponer mis convicciones,
basadas en la observación de lo que ocurre. En el transcurso de este año hemos
demostrado con entera claridad que no sabemos llevar la hacienda pública. Esta
es la enseñanza principal. O en el año próximo demostramos lo contrario, o el
Poder soviético no podrá existir. Y el peligro mayor es que no todos se dan
cuenta de eso. Si todos los comunistas que ocupan puestos de responsabilidad
reconocieran claramente: no sabemos, comencemos a estudiar desde el principio y
saldremos ganando, sería, a juicio mío, la conclusión principal, fundamental.
Pero no lo reconocen y están convencidos de que si alguien piensa así, es gente
poco desarrollada que no ha estudiado, según dicen ellos, el comunismo, puede
ser que lo estudien y lo lleguen a comprender. Mas no, perdonad, no se trata de
que el campesino o el obrero sin partido no haya estudiado el comunismo, sino
de que han pasado los tiempos en que bastaba con desarrollar un programa y
hacer un llamamiento al pueblo para que cumpliera este gran programa. Y han
pasado esos tiempos, ahora hay que demostrar que vosotros, en la difícil
situación actual, sabéis ayudar prácticamente a la economía del obrero y del
mujik, para que vean que habéis sabido sostener la emulación.
Las sociedades mixtas que
hemos comenzado a crear, en las que participan capitalistas privados —rusos y
extranjeros— y comunistas, constituyen una de las formas en que se puede
organizar con acierto la emulación, demostrar que nosotros sabemos establecer
la conexión con la economía campesina no peor que los capitalistas, que podemos
satisfacer sus necesidades, que podemos ayudar al campesino a avanzar tal y
como es ahora, pese a toda su ignorancia, ya que no es posible hacerle cambiar
en un plazo corto.
121
Esa es la emulación que se nos plantea
como una tarea absoluta e inaplazable. Ese es precisamente el quid de la nueva
política económica y, según mi convicción, todo el fondo
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
de la política del partido.
Tenemos todos los problemas y las dificultades puramente políticos que se
quieran. Y vosotros sabéis cuáles son: la Conferencia de Génova, el peligro de
intervención... Dificultades inmensas, pero todas ellas insignificantes comparadas
con esta dificultad. Allí ya hemos visto cómo se hace eso, allí hemos aprendido
mucho, hemos percibido lo que es la diplomacia burguesa. Eso es cosa que nos
han venido enseñando quince años los mencheviques, y nosotros hemos aprendido
algo de provecho. Eso no es nuevo.
Pero veamos qué debemos
hacer en la economía: salir airosos de la emulación con el simple dependiente
de comercio, con el simple capitalista o comerciante, que llegará al campesino
y no discutirá con él de comunismo — imaginaos: no discutirá de comunismo—,
sino que le dirá: si hay necesidad de abastecer, de comerciar bien, de
construir, yo construiré caro; pero puede ser que los comunistas construyan más
caro aún, e incluso diez veces más caro. Este es el género de propaganda que
presenta ahora todo el fondo del problema, he ahí la clave de la economía.
Repito, hemos obtenido del
pueblo una prórroga y crédito gracias a nuestra política justa, y esto,
expresándolo en la terminología de la Nep, son letras de cambio, pero ni se
indica en ellas cuándo vencen ni por su texto se entera uno de cuándo serán protestadas.
He ahí en qué consiste el peligro, he
ahí la particularidad que diferencia estas letras de cambio políticas de las
comerciales corrientes. A eso debemos prestar toda nuestra atención, no
tranquilizarnos por el hecho de que en todas partes, en los trusts estatales y
en las sociedades mixtas, se encuentren los comunistas mejores y más
responsables, pues de nada sirve, porque ellos no saben administrar, y en este
sentido son peores que un empleadillo capitalista cualquiera que ha pasado por
la escuela de una fábrica grande o de una casa importante. No nos damos cuenta
de esto, aquí pervive la altanería comunista, la comaltanería, expresándome en
ese gran idioma de moda. El problema consiste en que un comunista que desempeña
un cargo de responsabilidad — el mejor, el honrado a carta cabal, el más fiel,
el que ha pasado por la cárcel y no ha temido a la muerte— no sabe comerciar,
porque no es un hombre de negocios, porque no ha estudiado ni quiere estudiar
eso y no comprende que debe empezar por el abecé. Él, comunista, revolucionario
que ha hecho la revolución más grande del mundo; él, contemplado si no por
cuarenta siglos desde la cumbre de las pirámides, sí por cuarenta países
europeos con la esperanza de verse libre del capitalismo, debe aprender de un simple
empleado que lleva diez años trabajando en una tienda, que conoce este ramo, y
él, comunista que ocupa un puesto de responsabilidad y es un revolucionario
abnegado, no solamente lo desconoce, sino que hasta ignora que lo desconoce.
Pues bien, camaradas, si
nosotros corrigiéramos, aunque sólo fuera este primer desconocimiento, ya sería
un grandísimo triunfo. Debemos salir de este congreso con la convicción de que
eso no lo sabíamos y de que tenemos que aprender desde el abecé. Pero, a pesar
de todo, aún no hemos dejado de ser revolucionarios (aunque muchos dicen, y
hasta no sin cierto fundamento, que nos hemos burocratizado) y podemos
comprender esta cosa sencilla: que en la obra nueva, extraordinariamente
difícil, hay que saber comenzar desde el principio varias veces. Si después de
haber comenzado te encuentras en un atolladero, comienza de nuevo, y así diez
veces si es necesario, hasta que te salgas con la tuya. No te envanezcas, no
presumas de ser comunista, porque puede haber allí cualquier empleado sin
partido, quizá algún guardia blanco, y seguramente un guardia blanco que sabe
hacer las cosas que necesariamente deben hacerse en el orden económico, en
tanto que tú no lo sabes. Si tú, comunista que ocupas un puesto de responsabilidad,
con centenares de categorías y títulos, incluso con el de "caballero"
comunista y soviético, llegas a comprender eso, habrás conseguido tu objetivo,
pues eso se puede aprender.
Aunque muy pequeños, hemos
logrado algunos éxitos este año, pero son insignificantes. Lo principal es que
no existe la conciencia, la convicción, muy extendida y compartida por todos
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
los comunistas, de que ahora
entre nosotros, entre los comunistas rusos que desempeñamos cargos de
responsabilidad y somos leales, ese saber es menor que el de cualquier viejo
empleado. Repito, hay que comenzar a estudiar desde el principio. Si tomamos conciencia
de esto triunfaremos en la prueba, y es seria la prueba que nos prepara la
crisis financiera que se aproxima, la que nos prepara el mercado ruso e
internacional, al que estamos subordinados, al que estamos atados, del que no
nos podemos separar. Es una prueba seria, ya que en ella nos pueden batir en
los aspectos económico y político.
El problema se plantea así y
solamente así, porque ésta es una emulación seria y decisiva. Hemos tenido
muchos caminos y salidas para nuestras dificultades políticas y económicas.
Podemos jactarnos con orgullo de que hasta ahora hemos sabido utilizar todos
estos caminos y salidas en diversas combinaciones, adaptándolos a las
diferentes situaciones, pero ahora no tenemos ninguna salida. Permitidme que os
lo diga sin ninguna exageración, porque en este sentido, realmente, es la
"lucha final", y no con el capitalismo internacional —con éste habrá
todavía muchas "luchas finales"—, no, sino con el capitalismo ruso,
con ese capitalismo que brota de lapequeña economía campesina y es ayudado por
ésta.
122
Y aquí ha de librarse un combate, en un futuro cercano, cuyo
plazo aún no se puede fijar con exactitud. Aquí ha de reñirse la "lucha
final", aquí no puede haber rodeos políticos ni de ninguna otra clase, ya
que ésta es la prueba de la emulación con el capital privado. O salimos airosos
de esta prueba de la emulación con el capital privado o será un fracaso
completo. Para salir bien de esta prueba tenemos el poder político y un montón
de diversos recursos económicos y de otro tipo, tenemos todo lo que queráis,
menos capacitación. Falta capacitación. Y por eso, si extraemos esta simple
lección de la experiencia del año pasado y la convertimos en nuestra directriz
para todo el año 1922, superaremos también esta dificultad a pesar de que es
mucho mayor que la dificultad anterior, porque la llevamos dentro de nosotros
mismos. Esto no es lo mismo que un enemigo exterior cualquiera. Esta dificultad
consiste en que nosotros no queremos reconocer la desagradable verdad que se
nos impone ni queremos caer en la desagradable situación en que es necesario
caer: comenzar a estudiar desde el principio. Esta es la segunda enseñanza,
que, a mi juicio, se deduce de la nueva política económica.
La tercera enseñanza —enseñanza complementaria — está relacionada con
el problema del capitalismo de Estado. Es una pena que no asista al congreso el
camarada Bujarin, pues quisiera discutir con él un poco, pero será mejor que lo
aplace hasta el próximo. En cuanto al capitalismo de Estado, nuestra prensa y,
en general, nuestro partido cometen el error de caer en el intelectualismo, en
el liberalismo: alambicamos sobre cómo se debe comprender el capitalismo de
Estado, y hojeamos libros viejos. Y allí se trata de algo muy distinto: se
describe el capitalismo de Estado que existe bajo el capitalismo, pero no hay
ni un solo libro en el que se escriba del capitalismo de Estado que existe bajo
el comunismo. Ni siquiera a Marx se le ocurrió decir una sola palabra de esto y
murió sin dejar ni una cita precisa ni indicaciones irrefutables. Por eso
tenemos ahora que salir adelante solos. Y si se da un vistazo general a nuestra
prensa para hacer un resumen mental de cómo se trata en ella el problema del
capitalismo de Estado, como he intentado hacerlo yo, al prepararme para este
informe, se convence uno de que allí no dan en el blanco y de que apuntan en
direcciones completamente distintas.
Según todas las
publicaciones de economía, el capitalismo de Estado es el existente bajo un
régimen capitalista, en el que el poder estatal tiene supeditadas directamente
a tales o cuales empresas capitalistas. Pero nuestro Estado es proletario, se
apoya en el proletariado, da al proletariado todas las ventajas políticas y se
gana mediante el proletariado a los campesinos
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
por abajo (recordaréis que
comenzamos esta labor por los comités de campesinos pobres107). Por eso el capitalismo de Estado desorienta a tantísimos.
Para que eso no ocurra, hay que recordar lo fundamental: que en ninguna teoría
ni en ninguna publicación se analiza el capitalismo de Estado en la forma que
lo tenemos aquí, por la sencilla razón de que todas las nociones comunes
relacionadas con estas palabras se refieren al poder burgués en la sociedad
capitalista. Y la nuestra es una sociedad que se ha salido ya de los raíles
capitalistas, pero que no ha entrado aún en los nuevos raíles; pero este Estado
no lo dirige la burguesía, sino el proletariado. No queremos comprender que
cuando decimos "Estado", este Estado somos nosotros, es el proletariado,
es la vanguardia de la clase obrera. El capitalismo de Estado es el capitalismo
que nosotros sabremos limitar, al que sabremos poner límites, este capitalismo
de Estado está relacionado con el Estado, y el Estado son los obreros, es la
parte más avanzada de los obreros, es la vanguardia, somos nosotros.
El capitalismo de Estado es
el capitalismo que debemos encajar en un marco determinado y que aún no sabemos
cómo hacerlo hasta hoy. En eso consiste todo. Y ahora depende de nosotros cómo
será este capitalismo de Estado. Tenemos poder político suficiente,
absolutamente suficiente; a nuestra disposición tenemos también suficientes
medios económicos, pero es insuficiente la capacitación de esa vanguardia de la
clase obrera que está puesta directamente a mandar, a determinar, a deslindar
los campos, a subordinar y no a ser subordinada. Para ello se necesita sólo
capacitación, y no la tenemos.
Es una situación sin precedentes en la historia: el
proletariado, la vanguardia revolucionaria, tiene poder político absolutamente
suficiente; y a su lado, existe el capitalismo de Estado. El quid de la
cuestión consiste en que nosotros comprendamos que éste es el capitalismo que
podemos y debemos admitir, que podemos y debemos encajar en un marco, ya que
este capitalismo es necesario para la extensa masa campesina y para el capital
privado, el cual debe comerciar de manera que satisfaga las necesidades de los
campesinos. Es indispensable organizar las cosas de manera que sea posible el
curso corriente de la economía capitalista y el intercambio capitalista, ya que
el pueblo lo necesita, sin esto no se puede vivir. Para ellos, para este campo,
todo lo demás no es absolutamente indispensable, con todo lo demás pueden
transigir. Sed capaces vosotros, comunistas, vosotros, obreros, vosotros, parte
consciente del proletariado que os habéis encargado de dirigir el Estado, sed
capaces de hacer que el Estado que tenéis en vuestras manos haga vuestra
voluntad. Pues bien, ha pasado un año, el Estado se encuentra en nuestras
manos, pero ¿ha hecho en la nueva política económica durante este año nuestra
voluntad? No. Y no lo queremos reconocer: el Estado no ha hecho nuestra
voluntad. ¿Qué voluntad ha hecho? Elautomóvil se desmanda; al parecer, va en él
una persona que lo guía, pero el automóvil no marcha hacia donde lo guía el
conductor, sino hacia donde lo lleva alguien, algo clandestino, o algo que está
fuera de la ley, o que Dios sabe de dónde habrá salido, o tal vez unos
especuladores, quizás unos capitalistas privados, o puede que unos y otros;
pero el automóvil no va hacia donde debe, y muy a menudo en dirección
completamente distinta de la que imagina el que va sentado al volante. Esto es
lo esencial que hay que recordar en el problema del capitalismo de Estado. En
este terreno esencial hay que estudiar desde el abecé, y solamente entonces, si
esto se hace patrimonio, aprenderemos.
123
si llega a ser nuestro saber absoluto, podremos garantizar que
lo
![]()
107 Los
comités de campesinos pobres
fueron instituidos en junio de 1918. Se les encomendaban, por decreto, las
tareas de sacar la cuenta de las reservas de comestibles en las haciendas
campesinas, descubrir las reservas y los excedentes de comestibles acaparados
por los kulaks y ayudar a los organismos soviéticos de abastecimiento a
confiscar dichos excedentes, suministrar alimentos a los campesinos pobres a
expensas de las haciendas de los kulaks, distribuir los aperos agrícolas y los
artículos industriales, etc. Pero la labor práctica de los comités de
campesinos pobres abarcó todos los aspectos del trabajo en el campo; de hecho,
estos comités fueron puntales y órganos de la dictadura del proletariado en el
campo. Tras de haber cumplido las tareas encomendadas, se fundieron, a fines de
1918, con los Soviets subdistritales y rurales.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
Ahora pasaré al problema de
la suspensión del repliegue, sobre lo que hube de hablar en el congreso de los
metalistas. Desde entonces no he encontrado ninguna objeción, ni en la prensa
del partido, ni en las cartas particulares de los camaradas, ni en el Comité
Central. El Comité Central aprobó mi plan, consistente en que en el informe que
se presentaría en su nombre al presente congreso se subraye con toda energía
esta suspensión del repliegue y se pediría al congreso que diese la directriz
correspondiente, ya en nombre de todo el partido ya como obligatoria. Hemos
retrocedido durante un año. Ahora debemos declarar en nombre del partido:
¡Basta! El objetivo que
perseguíamos con nuestro repliegue ha sido alcanzado. Este período toca a su
fin o ha finalizado ya. Ahora pasa a primer plano otro objetivo: el de
reagrupar las fuerzas. Hemos llegado a un nuevo punto. En su conjunto hemos
llevado a cabo el repliegue, a pesar de todo, con relativo orden. Verdad es que
desde diferentes lugares se oían no pocas voces que querían convertirlo en un
retroceso por pánico. Había quienes alegaban: vosotros, en tal o cual parte, no
os habéis replegado bien; esto lo decían, por ejemplo, algunos representantes
del grupo que se denominaba "oposición obrera". (Creo que llevaban
este nombre injustamente.) Debido a un celo excesivo, iban hacia una puerta y
dieron con otra, y ahora lo han descubierto con toda claridad. Por entonces no
veían que sus actividades, lejos de estar encauzadas a corregir nuestro
movimiento, tenían, en realidad, un solo significado: sembrar el pánico,
impedir que la retirada se hiciera con disciplina.
El repliegue es cosa
difícil, sobre todo para los revolucionarios que están acostumbrados a avanzar;
sobre todo, cuando están acostumbrados a avanzar con éxitos gigantescos durante
varios años y, más aún, si están rodeados de revolucionarios de otros países
que sólo sueñan con empezar la ofensiva. Al ver que nos replegábamos, algunos
de ellos soltaron el llanto de manera intolerable e infantil, como ocurrió en
el último Pleno ampliado del CE de la Internacional Comunista108. Movidos por los mejores sentimientos y anhelos comunistas,
algunos camaradas lloraban porque los buenos comunistas rusos, ¡imaginaos!,
retrocedían. Es posible que ahora me resulte ya difícil compenetrarme con esa
sicología euroccidental, aunque he vivido bastantes años emigrado en esos
hermosos países democráticos. Pero quizás, desde su punto de vista, eso sea tan
difícil de comprender, que hasta se puede romper a llorar. En todo caso, no
tenemos tiempo para detenernos en sentimentalismos. Para nosotros estaba claro
que, precisamente porque veníamos avanzando con tanto éxito y obteniendo tantos
triunfos extraordinarios a lo largo de tantos años (¡y todo esto en un país
increíblemente arruinado, falto de premisas materiales!), para consolidar este
avance, ya que habíamos conquistado tanto, nos era completamente indispensable
retroceder. No podíamos mantener todas las posiciones que habíamos tomado al
asalto; pero, por otra parte, sólo gracias a que, en dicho asalto, impulsados
por el entusiasmo de los obreros y campesinos, nos hemos apoderado de algo tan
inmenso, sólo por esto hemos tenido tanto terreno que nos ha sido posible
retroceder mucho, y aun ahora podemos replegarnos mucho sin perder en absoluto
lo principal y fundamental. El retroceso, en general, se hizo con bastante
orden, aunque algunas voces de pánico, entre las cuales se encontraba la de la
"oposición obrera" (¡y en eso consistió su enorme daño!), produjeron
entre nosotros defecciones parciales e infracciones de la disciplina y del
orden de retirada. Lo peor en la retirada es el pánico. Si todo un ejército
(hablo en sentido figurado) se repliega, no puede
![]()
108 Por lo visto, se trata de una parte de
la delegación del Partido Comunista Francés al Primer Pleno ampliado del Comité
Ejecutivo de la Internacional Comunista: Daniel Renoult, Louis Sellier y otros
que no comprendieron el fondo ni la importancia de la nueva política económica
del PC(b) de Rusia y estimaban que la Nep llevaba a la restauración del
capitalismo en Rusia y debilitaba el movimiento revolucionario internacional.
El Primer Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la
Internacional Comunista se
celebró en Moscú del 21 de febrero al 4 de marzo de 1922. La cuestión central
debatida fue la de la táctica de frente único. En las tesis La nueva política económica de la Rusia Soviética se confirmó que la Nep era una
política acertada y se recalcó la importancia internacional de la misma.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
tener la moral que hay
cuando todos avanzan. Entonces podéis encontrar a cada paso una moral baja
hasta cierto grado. Hubo entre nosotros incluso poetas que escribieron: Moscú
pasa hambre y frío; antes era limpio y bonito; ahora todo es en él comercio y especulación.
Abundan las obras poéticas de este tipo.
Y se comprende que eso se
deba al retroceso. Y ello entraña un peligro inmenso, pues cuesta un trabajo
terrible replegarse después de un gran avance victorioso; entonces cambian por
completo las relaciones; cuando se avanza, aunque no sea firme la disciplina,
todos avanzan con ímpetu y se precipitan adelante por propio impulso; en
cambio, en el repliegue, la disciplina debe ser más consciente y es cien veces
más necesaria, porque cuando todo un ejército retrocede, no ve con claridad
dónde debe detenerse, ve solamente el retroceso, y bastan en ocasiones varias
voces de pánico para que todos pongan pies en polvorosa. En este caso, el
peligro es enorme. Cuando se emprende un retroceso como éste en un verdadero
ejército, se emplazan ametralladoras, y cuando el retroceso ordenado se
convierte en desordenado, se manda abrir fuego. Y bien hecho.
124
Si hay gente que, aunque sea
llevada de los másplausibles motivos, siembra el pánico en momentos en que
hacemos un retroceso de inaudita dificultad, y todo depende de que se guarde un
orden perfecto, en tales momentos es indispensable castigar con mano dura, saña
y sin piedad la menor infracción de la disciplina, y no sólo respecto a algunos
asuntos interiores de nuestro partido, sino que también hay que tenerlo en
cuenta más aún en lo que respecta a señores como los mencheviques o como todos
los señores de la Internacional II y media.
Hace unos días he leído en
el número 20 de la Internacional
Comunista el artículo del camarada Rákosi sobre el nuevo folleto de Otto
Bauer, a quien estudiamos durante un tiempo, pero quien, después de la guerra,
lo mismo que Kautsky, se convirtió en un deplorable pequeño burgués109. Ahora escribe: "Ellos retroceden hacia el capitalismo; lo
veníamos diciendo siempre: la revolución es burguesa".
Tanto los mencheviques como
los eseristas, que son los que propagan todo eso, se extrañan cuando decimos
que por tales cosas vamos a fusilar. Se asombran y, sin embargo, la cuestión es
clara: cuando un ejército retrocede, hace falta cien veces más disciplina que
cuando se avanza, porque en este segundo caso todos desean lanzarse adelante. Y
si ahora todos se pusieran a correr para atrás, sería la muerte inevitable e
inmediata.
Precisamente en estos
momentos lo principal es replegarse con orden, fijar con exactitud los límites
del retroceso y no dejarse llevar del pánico. Y cuando un menchevique dice:
"Vosotros retrocedéis ahora, pero yo siempre fui partidario del retroceso,
estoy de acuerdo con vosotros, soy de los vuestros, vamos a retroceder
juntos", nosotros le respondemos a eso: "Por preconizar públicamente
el menchevismo, nuestros tribunales revolucionarios deben fusilar, de lo
contrario, no serían nuestros tribunales, sino sabe Dios lo que serían".
No son capaces de comprender
eso de ningún modo y dicen: "¡Qué maneras dictatoriales tiene esta
gente!" Siguen creyendo hasta hoy que perseguimos a los mencheviques
porque riñeron con nosotros en Ginebra110.
Pero si nosotros fuéramos por ese camino, seguramente no nos sostendríamos en
el poder ni dos meses. En efecto, esa prédica, pronunciada tanto por Otto Bauer
como por los dirigentes de la II Internacional y de la Internacional II y
media,
![]()
109 Lenin se refiere al artículo de M.
Rákosi La nueva política económica en la
Rusia Soviética, dedicado a analizar el folleto de Otto Bauer Der " Neue Kurs" in Sowjetruband,
Wien, 1921 (El " Nuevo rumbo"
en la Rusia Soviética, Viena, 1921). Este artículo se publicó en marzo de
1922 en el núm. 20 de la revista La
Internacional Comunista.
La
Internacional Comunista: órgano del Comité
Ejecutivo de la Internacional Comunista, se publicaba en ruso, alemán, francés,
inglés, español y chino. El primer número apareció e11 de mayo de 1919. Se dejó
de publicar en junio de 1943 en virtud del acuerdo del Presídium del Comité
Ejecutivo de la IC del 15 de mayo de 1943 sobre la disolución de la
Internacional Comunista.
110 Se trata de la lucha entre bolcheviques y mencheviques en la
emigración.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
los mencheviques y los
eseristas, constituye su propia naturaleza: "La revolución ha ido muy
lejos. Nosotros hemos dicho siempre lo que tú dices ahora. Permítenos repetirlo
una vez más". Y nosotros respondemos a eso: "Permitidnos por esto llevaros
al paredón. O hacéis el favor de absteneros de expresar vuestros puntos de
vista, o si queréis manifestar vuestras opiniones políticas en la situación
actual, cuando nos encontramos en condiciones mucho más difíciles que bajo una
invasión directa de los blancos, entonces, perdonadnos, os trataremos como a
los peores y más peligrosos elementos de los guardias blancos". Esto no lo
debemos olvidar.
Cuando hablo de la
suspensión del retroceso, no quiero, ni mucho menos, dar a entender con eso que
nosotros ya hemos aprendido a comerciar. Por el contrario, me atengo a la
opinión opuesta, y no sería bien comprendido y se demostraría que no sé
expresar correctamente mis ideas, si lo que digo produjera tal impresión.
Pero de lo que se trata es
de poner fin al nerviosismo, a la agitación que se ha originado aquí con motivo
de la Nep, de poner fin al deseo de hacerlo todo de nueva manera, de adaptarse.
Ahora tenemos varias sociedades mixtas. Es verdad que no son muchas. Con la
participación de los capitalistas extranjeros han sido fundadas nueve
sociedades, aprobadas por el Comisariado de Comercio Exterior; la comisión de
Sokólnikov111 aprobó seis, y el Severolés112 ha firmado dos. Existen, pues, diecisiete sociedades, aprobadas
por diferentes instancias con un capital de muchos millones. (Claro que hasta
en las instancias tenemos bastante confusión, con lo que también es posible un
descuido.) Pero, de todas maneras, ahora tenemos sociedades con capitalistas
rusos y extranjeros. No son muchas. Este comienzo minúsculo, pero práctico,
demuestra que han sabido apreciar a los comunistas, los han sabido apreciar
desde el punto de vista de su práctica, pero no instituciones tan elevadas como
la Comisión Central de Control y el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia.
Desde luego, la CCC es una institución muy buena, y ahora le concederemos más
poderes aún. No obstante, cuando estas instituciones controlan a los
comunistas... imaginaos que en el mercado internacional no se reconoce su
autoridad. (Risas.) Pero cuando
simples capitalistas, rusos o extranjeros, ingresan en una sociedad mixta al
lado de los Comunistas, nosotros decimos: "Y, a pesar de todo, algo
sabemos, a pesar de todo, ya tenemos algo a título de comienzo, por muy malo,
por muy mísero que sea". Claro que no es mucho; tened presente que hace ya
un año que hemos proclamado, que hemos canalizado a esta obra toda la energía
(y dicen que tenemos mucha), y en un año sólo hay diecisiete sociedades.
Esto demuestra hasta qué
punto somos endiabladamente lerdos y desmañados, cuánto oblomovismo llevamos aún dentro de nosotros, y eso es seguro que
nos costará aún más trompazos. Pero,
a pesar de todo, repito, ya hay un principio, ya se han hecho las
exploraciones. Los capitalistas no hubieran venido hacia nosotros si no
existieran las condiciones elementales para su actividad. Pero si han venido,
aunque sea en una parte ínfima, esto ya demuestra que hay un triunfo parcial.
Claro que ellos nos engañarán todavía dentro de estas sociedades, y lo harán de
tal manera que luego se necesitarán variosaños para analizar lo ocurrido. Pero
no importa. Yo no digo que eso sea un triunfo, es sólo una exploración que
demuestra que ya tenemos un campo de acción, que tenemos un trozo de terreno y
que ya podemos frenar el retroceso.
125
La exploración ha dado un
insignificante número de tratados con los capitalistas, pero, a pesar de todo,
ya están concluidos. De eso hay que aprender a actuar en lo sucesivo. En este
sentido ya es hora de dejar los nerviosismos, los gritos, el ajetreo. Llegan
nota tras nota, telefonema tras telefonema: "¿No sería posible
reorganizarnos también nosotros, puesto
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111 Se trata de la Comisión para los Asuntos
de las Sociedades Mixtas adjunta al Consejo de Trabajo y Defensa y fundada en
febrero de 1922. Presidía esta comisión G. Sokólnikov.
112 Severolés: Dirección Especial de la Industria Forestal de la Zona
Septentrional y del Mar Blanco, fundada en 1921.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
que vivimos en la Nep?"
Todos se agitan, resulta un lío; las cosas prácticas no las hace nadie, todos
razonan cómo adaptarse a la Nep, y no se logra ningún resultado.
Los comerciantes se ríen de
los comunistas y, probablemente, repiten: "Antes eran persuasores
generales113, ahora son parlanchines
generales". No cabe ni asomo de duda de que los capitalistas se han mofado
de nosotros, de que hemos llegado tarde, de que no hemos sabido aprovecharnos,
y en este sentido digo que, en nombre del congreso, es necesario aprobar
también esta directriz.
El repliegue ha finalizado.
Han sido trazados los principales métodos de acción para trabajar con los
capitalistas. Hay ejemplos, aunque en cantidad insignificante.
Dejaos de sutilizar, de
razonar sobre la Nep, dejad que las poesías las escriban los poetas, que para
eso son poetas. Pero vosotros, economistas, dejaos de filosofar sobre la Nep y
aumentad el número de estas sociedades, comprobad el número de comunistas que
saben organizar la emulación con los capitalistas.
El repliegue ha terminado,
ahora se trata de reagrupar las fuerzas. Tal es la directriz que debe aprobar
el congreso y que debe poner fin al ajetreo y al alboroto. Tranquilizaos, no os
metáis en sutilezas, que eso os restará méritos. Hay que demostrar prácticamente
que uno trabaja no peor que los capitalistas. Los capitalistas crean la
conexión económica con los campesinos para enriquecerse; nosotros, en cambio,
debemos crear la conexión con la economía campesina para reforzar el poder
económico de nuestro Estado proletario. Nosotros aventajamos a los
capitalistas, porque el poder estatal está en nuestras manos, y toda una serie
de medios económicos están en nuestras manos, lo que pasa es que no sabemos
utilizarlos; veamos las cosas con más serenidad, alejemos de nuestro lado todo
oropel, el solemne ropaje comunista, aprendamos simplemente una cosa sencilla,
y entonces venceremos al capitalista privado. Nosotros poseemos el poder
estatal, poseemos numerosos medios económicos; si vencemos al capitalismo y creamos
la conexión con la economía campesina, seremos una fuerza absolutamente
invencible. Entonces no será la construcción del socialismo lo que hace una
gota de agua en el océano, gota que se llama el Partido Comunista, sino la obra
de todas las masas trabajadoras; entonces pensará el simple campesino: ellos me
ayudan; y se vendrá con nosotros, y aunque este paso sea cien veces más lento,
será, en cambio, un millón de veces más firme y seguro.
En este sentido es en el que
hay que hablar sobre la suspensión del repliegue, y de una u otra manera sería
justo convertir esta consigna en resolución del congreso.
En relación con esto quisiera referirme al problema siguiente:
¿qué es la nueva política
económica de los bolcheviques: evolución o táctica? Así
planteaban el problema los de Smiena Vej,
los cuales, como sabéis, representan una corriente que ha prendido entre los emigrados rusos, una corriente
sociopolítica encabezada por los dirigentes democonstitucionalistas más
destacados, por algunos ministros del ex gobierno de Kolchak, gentes que
llegaron a la convicción de que el Poder soviético construye un Estado ruso, razón
por la cual hay que ir tras él. "¿Pero qué Estado construye este Poder
soviético? Los comunistas dicen que un Estado comunista, asegurando que se
trata de una cuestión de táctica: en el momento difícil, los bolcheviques
engatusarán a los capitalistas privados; y luego, dicen, se saldrán con la
suya. Los bolcheviques pueden decir todo cuanto les plazca, pero, en realidad,
esto no es táctica, sino evolución, una degeneración interna, llegarán a un
Estado burgués común, y nosotros debemos apoyarlos. La historia sigue
diferentes derroteros", así razonan los de Smiena Vej.
![]()
113
Persuasor general: apodo que los soldados dieron a A.
Kerenski, ministro de Guerra y Marina del Gobierno Provisional, por intentar
persuadir a los soldados, durante su viaje por el frente en el verano de 1917,
a ir a la ofensiva.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
Algunos de ellos se hacen pasar por comunistas, pero hay
personas más francas, entre ellas Ustriálov. Creo que fue ministro en el
gobierno de Kolchak. Este no está de acuerdo con sus camaradas y dice: "En
cuanto al comunismo, pensad lo que queráis, pero yo repito que no es táctica,
sino evolución". Entiendo que este Ustriálov nos aporta un gran beneficio
con esta declaración franca. Tenemos que oír muchas veces al día, sobre todo
yo, por el cargo que ocupo, melosas mentiras comunistas, y las náuseas que esto
produce son a veces de muerte. Y he aquí que, a cambio de estas mentiras
comunistas, aparece el número de Smiena
Vej y dice sin ambages: "Vuestras cosas, en general, no marchan como
os lo imagináis, sino que, en realidad, rodáis hacia la vulgar charca burguesa,
y allí se agitarán los banderines comunistas con toda clase de
palabrejas". Esto es muy provechoso, porque en ello vemos no ya la simple
repetición de la cantilena que oímos constantemente en torno nuestro, sino
sencillamente la verdad de clase del enemigo de clase. Conviene mucho fijarse
en cosas como ésta, que se escriben no porque en el Estado comunista se suela
escribir así o porque esté prohibido escribir de otra manera, sinoporque es
efectivamente la verdad de clase, expresada de un modo burdo y franco por el
enemigo de clase. "Estoy de acuerdo con el apoyo al Poder soviético en
Rusia —dice Ustriálov, a pesar de haber sido democonstitucionalista, burgués y
defensor de la intervención—, y estoy de acuerdo con el apoyo al Poder
soviético porque ha adoptado un camino por el cual se desliza hacia un vulgar
poder burgués".
126
Esto es una cosa muy útil, y
que, a mi entender, hay que tener presente: es mucho mejor para nosotros cuando
los de Smiena Vej escriben de tal
manera, que cuando algunos de ellos se fingen casi comunistas, tanto que desde
lejos quizás resulte difícil distinguirlos: puede que crean en Dios, y puede
que en la revolución comunista. Hay que decir con franqueza que tales enemigos
sinceros son útiles. Hay que decir con franqueza que cosas como las que dice
Ustriálov son posibles. La historia conoce conversiones de toda clase; en
política no es cosa seria, ni mucho menos, confiar en la convicción, en la
lealtad y otras magníficas cualidades morales. Cualidades morales magníficas
las posee sólo contado número de personas, pero las que deciden el desenlace
histórico son las grandes masas, las cuales, si este pequeño número de personas
no se adapta a ellas, a veces no se paran en pelillos.
Ha habido múltiples ejemplos
de ello, por lo cual debemos celebrar esta declaración franca de los de Smiena Vej. El enemigo dice la verdad de
clase, señalándonos el peligro que se alza ante nosotros. El enemigo se
esfuerza para que éste se haga inevitable.
Los de Smiena Vej expresan el estado de espíritu de miles y decenas de
miles de toda clase de burgueses o de empleados soviéticos, que participan en
nuestra nueva política económica. Este es el peligro principal y verdadero. Y
por esto hay que prestar a este problema la mayor atención: en efecto, ¿quién
vencerá a quién? Yo he hablado de la emulación. No nos atacan directamente, no
nos agarran por el pescuezo. Aún queda por ver lo que pasará mañana; pero hoy
no nos atacan con las armas en la mano y, a pesar de todo, la lucha con la
sociedad capitalista se ha vuelto cien veces más encarnizada y peligrosa,
porque no siempre vemos con claridad dónde está el enemigo que se nos enfrenta
y quién es nuestro amigo.
He hablado de la emulación
comunista no desde el punto de vista de la simpatía con el comunismo, sino
desde el punto de vista del desarrollo de las formas de la economía, así como
de las formas del régimen social. Esto no es una emulación, esto es una lucha
desesperada, furiosa, una lucha a muerte entre el capitalismo y el comunismo,
que si no es la última, está muy cerca de serlo.
Y aquí se debe plantear la
cuestión con claridad: ¿en qué consiste nuestra fuerza y qué nos falta? El
poder político es absolutamente suficiente. Apenas si habrá alguien aquí que
señale que en tal cuestión práctica, en tal institución concreta, los comunistas,
el Partido Comunista,
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
tiene insuficiente poder.
Hay gente que no deja de pensar en ello, pero es gente que mira
incorregiblemente atrás y no comprende que se debe mirar adelante. La fuerza
económica fundamental se encuentra en nuestras manos. Todas las grandes
empresas decisivas, los ferrocarriles, etc., se encuentran en nuestras manos.
Los arriendos, por amplio que sea su desarrollo en algunos sitios, desempeñan
en suma un papel de lo más insignificante, constituyen, en general, una parte
muy pequeña. El Estado proletario de Rusia dispone de fuerzas económicas
completamente suficientes para asegurar el tránsito al comunismo. ¿Qué es,
pues, lo que falta? Está bien claro qué es lo que falta: falta cultura en el
sector de comunistas que están dirigiendo. Si nos fijamos en Moscú —4.700
comunistas ocupan cargos de responsabilidad— y observamos esta mole
burocrática, este montón, nos preguntamos: ¿Quién conduce a quién? Pongo muy en
duda que se pueda decir que los comunistas conducen a ese montón. A decir
verdad, no son ellos los que conducen, sino los conducidos. En el caso presente
acontece algo semejante a lo que nos relataban en las clases de Historia cuando
éramos niños. Nos enseñaban: ocurre a veces que un pueblo conquista a otro, y
el pueblo conquistador es el vencedor, y el que ha sido conquistado es el
vencido. Esto es muy sencillo y comprensible para todos.
¿Pero qué sucede con la
cultura de esos pueblos? Esto no es tan sencillo. Si el pueblo conquistador es
más culto que el pueblo conquistado, impone a éste su cultura; pero si es al
contrario, acontece que el vencido impone su cultura al vencedor. ¿No ha pasado
algo semejante en la capital de la RSFSR, y no ha resultado aquí que 4.700
comunistas (casi una división completa, y todos de los mejores) se ven
dominados por una cultura ajena? Aquí se podría tener, por cierto, la impresión
de que los vencidos tienen una cultura elevada. Nada de eso. Su cultura es
mísera, insignificante, pero, sin embargo, superior a la nuestra. Por
deplorable y mísera que sea, es mayor que la de nuestros militantes comunistas
que ocupan cargos de responsabilidad, porque ellos no poseen la suficiente
capacitación para dirigir. Los comunistas, al colocarse a la cabeza de las
instituciones —y a menudo los colocan adrede y hábilmente los saboteadores para
obtener un rótulo—, los comunistas resultan burlados a menudo. Esta confesión
es muy desagradable, o, en todo caso, no es nada agradable, pero creo que debe
hacerse, porque en ella reside ahora la clave del problema. A esto se reduce, a
juicio mío, la lección política del año pasado; y bajo este signo transcurrirá
la lucha del año 1922.
¿Serán capaces de comprender
los comunistas de la RSFSR y del PC de Rusia que ocupan cargos de
responsabilidad que no saben dirigir, que ellos, quese imaginan ser los que
conducen, son, en realidad, los conducidos? Ahora bien, si lo saben comprender,
entonces aprenderán, como es natural, porque se puede aprender; mas para eso es
necesario estudiar, y aquí no estudian. Lanzan a diestro y siniestro órdenes y
decretos, y no se consigue en absoluto lo que se quiere.
127
La emulación y la
competición que hemos puesto a la orden del día, al proclamar la Nep, es una
emulación seria. Parecerá que se declara en todas las instituciones estatales;
pero, en realidad, es una forma más de la lucha entre dos clases enemigas e
inconciliables. Es una forma más de lucha de la burguesía contra el
proletariado, es una lucha que no ha terminado aún y ni siquiera en las
instituciones centrales de Moscú ha sido superada de una manera culta. Ya que
generalmente los burgueses conocen las cosas mejor que nuestros mejores
comunistas, que tienen todo el poder, todas las posibilidades, y que no saben
dar un solo paso con sus derechos y su poder.
Yo quisiera citar un pasaje
del libro de Alexandr Todorski114. El
libro apareció en la ciudad de Vesiegonsk (existe tal cabeza de distrito en la
provincia de Tver), y apareció en el primer
![]()
114 Se refiere al libro de A. Todorski Un año con el fusil y el arado, editado
en 1918 por el Comité Ejecutivo del distrito de Vesiegonsk.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
aniversario de la revolución
soviética en Rusia: el 7 de noviembre de 1918, en tiempos ya muy remotos. Este
camarada de Vesiegonsk es, por lo visto, miembro del partido. Hace mucho tiempo
que he leído este libro y no doy garantía de que no me vaya a equivocar en lo
que a él se refiere. Relata de qué modo comenzó a instalar dos fábricas
soviéticas, cómo incorporó a dos burgueses, e hizo esto a la manera de
entonces: bajo la amenaza de privarles de libertad y confiscar todos sus
bienes. Fueron incorporados a la reconstrucción de la fábrica. Sabemos de qué
manera se incorporaba a la burguesía en 1918 (risas), así que no vale la pena que me detenga en detalles sobre
esto: ahora la incorporamos con otros métodos. Pero he aquí la conclusión a que
llegó: "Esto es sólo la mitad de la obra: no basta con vencer a la
burguesía, hacerle la vida imposible, hay que obligarla a que trabaje para
nosotros".
Estas son unas palabras
magníficas. Magníficas palabras que demuestran que incluso en la ciudad de
Vesiegonsk, incluso en 1918, había una comprensión justa de las relaciones
entre el proletariado victorioso y la burguesía vencida.
Si damos al explotador con
la badila en los nudillos, si lo dejamos sin fuerza y le hacemos la vida
imposible, eso no será más que la mitad de la obra. Y aquí, en Moscú, cerca del
90 por 100 de los militantes que tienen cargos de responsabilidad se figuran
que en esto consiste todo, es decir, en hacerle la vida imposible, en dejarlo
sin fuerza, en darle con la badila en los nudillos. Lo que dije de los
mencheviques, de los eseristas, de los guardias blancos lleva muy a menudo sólo
a dejarlos sin fuerza, a darles en los nudillos (y puede que no sólo en los
nudillos, sino en otro sitio más) y asestarles el golpe de gracia. Pero, sin
embargo, esto es sólo la mitad de la obra. Incluso en 1918, cuando lo dijo el
camarada de Vesiegonsk, esto era la mitad de la obra, y ahora hasta es menos de
una cuarta parte de la obra. Debemos obligar y lograr que trabajen con sus
manos para nosotros, y no que los comunistas que ocupan cargos de
responsabilidad estén a la cabeza, tengan rango, pero sigan la corriente a la
burguesía. En eso está todo el quid.
Construir la sociedad
comunista sólo con los brazos de los comunistas es una idea pueril,
completamente pueril. Los comunistas son una gota de agua en el mar, una gota
en el mar del pueblo. Sabrán conducir al pueblo por su camino únicamente si
saben determinar con exactitud este camino, no sólo en el sentido del
desarrollo de la historia universal. En este sentido hemos determinado nuestro
camino con absoluta precisión, y la experiencia de cada país nos trae la
confirmación de que lo hemos hecho con acierto, y así lo debemos determinar
también en nuestra patria, en nuestro país. Nuestro camino se determina no
solamente por esto, sino también por el hecho de que no habrá intervención, de
que sabremos darle al campesino mercancías a cambio de trigo. El campesino
dirá: "Tú eres una persona magnífica, has defendido nuestra patria; por
eso te hemos obedecido, pero si no sabes administrar la hacienda pública, largo
de aquí". Sí, el campesino dirá eso.
Sabremos administrar la
hacienda pública si los comunistas saben organizarla con manos ajenas, pero
ellos mismos han de aprender de esta burguesía y la dirigirán por el camino que
ellos quieran. Mas si el comunista se imagina: "Yo lo sé todo, porque soy
un comunista que ocupo un cargo de responsabilidad, he vencido a gente mucho
más importante que un empleadillo cualquiera. ¿Acaso era como ésta la que
derroté en el frente?", precisamente esta moral predominante es la que nos
mata.
La parte menos importante de
la obra es que dejemos sin fuerza a los explotadores, o que les demos con la
badila en los nudillos y los despojemos. Esto es preciso hacerlo.
Nuestra Dirección Política
del Estado y nuestros tribunales deben hacerlo con menos indolencia de lo que
lo vienen haciendo hasta ahora, deben recordar que son tribunales proletarios,
rodeados de enemigos de todo el mundo. Esto no es difícil, en lo fundamental ya
lo hemos aprendido. En esto debe hacerse cierto hincapié, pero es fácil.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
Y la segunda parte del
triunfo —construir el comunismo con manos no comunistas, saber realizar en la
práctica todo lo que hay que hacer en el terreno económico— es encontrar la
conexión con la economía campesina, satisfacer al campesino para que éste diga:
"Por muy difícil, por muy penosa yatormentadora que sea el hambre, veo
que, si bien este poder no es común y habitual, de él se recibe un beneficio
práctico, real".
128
Hay que procurar que
los numerosos elementos que nos superan en muchas veces, con los cuales
colaboramos, trabajen de manera que podamos observar su trabajo, comprenderlo,
y que hagan con sus manos algo útil para el comunismo. Este es el quid de la
situación actual, y si bien esto lo han visto y comprendido algunos comunistas,
en las amplias masas de nuestro partido no ven la necesidad de incorporar al
trabajo a los que no militan en el partido. ¡Cuántas circulares se han escrito
sobre esto, cuánto se ha hablado! ¿Y se ha hecho algo en un año? Nada. De cien
comités de nuestro partido, ni cinco siquiera podrán mostrar sus resultados
prácticos. He aquí hasta qué punto nos hemos retrasado con respecto a las
necesidades que tenemos ahora en primer plano, hasta qué punto vivimos de las
tradiciones de los años 1918 y 1919. Aquéllos fueron años grandiosos, años de
obra histórica universal de lo más grande. Y si sólo se mira atrás, hacia
aquellos años, y no se ve qué tarea está ahora en primer plano, eso representará
la ruina indudable y absoluta, y todo el quid de la cuestión está en que no nos
percatamos de ello.
Yo quisiera citar ahora dos
ejemplos prácticos de lo que resulta de nuestra administración. Ya he dicho que
lo más acertado para ello sería tomar algún trust del Estado. Debo disculparme
por no poder hacer uso de este método acertado, porque para ello habría que
estudiar de manera más concreta los datos, aunque fuese de un solo trust; pero,
lamentablemente, no he podido llevar a cabo personalmente este estudio, y por
eso tomo dos pequeños ejemplos. Uno es el siguiente: la Cooperativa de Consumo
de Moscú ha culpado de burocracia al Comisariado del Pueblo de Comercio
Exterior; el otro ejemplo es el de la cuenca del Donets.
El primer ejemplo es poco
adecuado, pero no tengo a mano ninguno mejor. Este ejemplo sirve, no obstante,
para ilustrar la idea fundamental. Como sabéis por los periódicos, en los
últimos meses no he podido tratar los asuntos directamente, no he trabajado en
el Consejo de Comisarios del Pueblo ni estado en el CC. En mis raras y cortas
visitas a Moscú me han llamado la atención las atroces y terribles
reclamaciones contra el Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior. Que el
Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior es malo, que allí hay papeleo, no
lo he dudado nunca ni un solo minuto. Pero cuando estas quejas han cobrado un
apasionamiento especial, he intentado orientarme, tomar un caso concreto,
llegar aunque sólo fuese una vez hasta el fondo y aclarar qué ocurre allí, por
qué no marcha esa máquina.
La Cooperativa de Consumo de
Moscú necesitaba comprar conservas. Se presentó para esto un ciudadano francés.
No sé si lo hizo en bien de la política internacional, ni si estaban enterados
los dirigentes de la Entente, o si ha sido debido a la aprobación de Poincaré y
otros enemigos del Poder soviético (creo que nuestros historiadores lo
descifrarán después de la Conferencia de Génova), pero el hecho es que la
burguesía francesa ha participado no sólo en teoría, sino incluso en la
práctica, puesto que un representante de la burguesía francesa se encontraba en
Moscú y vendió las conservas. Moscú pasa hambre, y en el verano pasará más
hambre aún, no han traído carne y —teniendo en cuenta las conocidas cualidades
de nuestro Comisariado del Pueblo del Transporte— es probable que no la
traigan.
Venden conservas de carne
(si no están podridas por completo, naturalmente, lo que se comprobará en
futuras investigaciones) por dinero soviético. ¿Hay algo más sencillo? Pero
resulta que si se razona a la manera soviética, y como debe ser, la cosa no es
sencilla ni mucho menos. No me ha sido posible estar directamente al tanto del
asunto, pero organicé una
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
investigación y ahora tengo
un cuaderno en el que se expone el transcurso de esta famosa historia. Comenzó
el 11 de febrero, cuando, según el informe del camarada Kámenev, se tomó el
acuerdo en el Buró Político del CC del PC de Rusia de que era deseable la
compra de víveres en el extranjero.
¡Claro! ¿Es que los
ciudadanos rusos podrían solucionar este problema sin el Buró Político del CC
del PC de Rusia! Imaginaos: ¿cómo podrían 4.700 militantes que ocupan cargos de
responsabilidad (esto sólo según el censo115)
resolver el problema de la compra de víveres en el extranjero sin el Buró
Político del CC? Desde luego, ésta es una idea sobrenatural. El camarada
Kámenev, sin duda, conoce perfectamente nuestra política y la realidad y por
ello no confió demasiado en un gran número de militantes que ocupan cargos de
responsabilidad y comenzó agarrando al toro por los cuernos, y si no al toro,
por lo menos al Buró Político, e inmediatamente (yo no he oído decir que con
este motivo hubiera debates) obtuvo la resolución: "Llamar la atención del
Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior sobre lo deseable que es la
importación de víveres del extranjero; además, los aranceles..." etc. Se
llamó la atención del Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior. Las cosas
comenzaron a marchar. Esto fue el 11 de febrero. Recuerdo que hube de estar en
Moscú a últimos de febrero, o por entonces, e inmediatamente me encontré con
las lamentaciones, con unas lamentaciones desesperadas de los camaradas de
Moscú. ¿Qué pasa? No podemos comprar víveres de ninguna manera. ¿Por qué? Por
los farragosos trámites y el papeleo del Comisariado del Pueblo de Comercio
Exterior. Hacía mucho tiempo que yo no participaba en los asuntos ni sabía
entonces que sobre esto había una decisión del Buró Político, y simplemente
dije al jefe de servicios:investigue, consiga el documento y muéstremelo. Y
terminó este asunto en que, cuando volvió Krasín, Kámenev habló con él, las
cosas se arreglaron, y compramos las conservas. Todo está bien cuando bien
acaba.
129
No tengo la menor duda de que Kámenev y Krasin saben ponerse de
acuerdo y determinar la pauta política apropiada, exigida por el Buró Político
del CC del PC de Rusia. Si la pauta política hubiera de ser trazada por Kámenev
y Krasin también en los problemas comerciales, tendríamos la mejor de las
repúblicas soviéticas del mundo; pero lo que no debe hacerse es que para
cualquier transacción se traiga y se lleve a los miembros del Buró Político, a
Kámenev y Krasin — el último ocupado en asuntos diplomáticos en vísperas de la
Conferencia de Génova, asuntos que han exigido un trabajo intenso, descomunal—,
se traiga y se lleve a estos camaradas para comprar conservas a un ciudadano
francés. Así no se puede trabajar. Esto es simplemente una burla que no tiene
nada de nueva, ni de política, ni de económica. Ahora obran en mi poder los
resultados de la investigación de este asunto. Hasta tengo dos investigaciones:
una hecha por el jefe de servicios del Consejo de Comisarios del Pueblo,
Gorbunov, y su ayudante Miróshnikov; la otra es la realizada por la Dirección
Política del Estado. Por qué, precisamente, se interesó la Dirección Política
del Estado en este asunto, no lo sé ni estoy completamente seguro de que sea
justo, pero no me detendré en esto, porque temo que haga falta una nueva
investigación. Lo importante es que los datos han sido recogidos y obran ahora
en mi poder.
¿Cómo pudo suceder que a
fines de febrero, al llegar yo a Moscú, oyera auténticos alaridos de que
"no podemos comprar conservas", cuando el barco se hallaba ya en
Libau y allí estaban las conservas, y hasta habían cobrado en dinero soviético
por las susodichas auténticas conservas? (Risas.)
Si estas conservas no están podridas por completo (e insisto ahora en el
"si", porque no estoy seguro del todo de que no disponga para
entonces que se haga una segunda investigación, de cuyos resultados tendríamos
que daros cuenta en otro congreso), bueno, si las conservas no están podridas,
se comprarán, y ahora yo pregunto: ¿a
![]()
115 Se alude al censo de funcionarios de
responsabilidad, hecho en julio de 1921, para determinar la cantidad y calidad
del personal dirigente del partido en los centros distritales y provinciales,
su distribución territorial y su empleo conveniente.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
qué se debe que sin Kámenev
y Krasin no haya podido adelantarse este asunto? De las investigaciones que
obran en mi poder deduzco que un comunista que ocupa un cargo de
responsabilidad mandó al diablo a otro comunista que ocupa otro cargo de
responsabilidad. Por estas mismas investigaciones veo que un comunista que
ocupa un cargo de responsabilidad le dijo a otro comunista que ocupa otro cargo
de responsabilidad: "En lo sucesivo no hablaré con usted sin
notario". Al leer esta historia, recordé que cuando estuve deportado en
Siberia, hace veinticinco años, tuve que actuar de abogado. Actuaba como
abogado ilegal, porque yo era un deportado administrativo, y esto se prohibía;
pero como no había otro en el pueblo, venían a mí y me exponían ciertos
asuntos. Entonces lo más difícil era comprender de qué se trataba. Llegaba una
mujer, comenzaba el relato, desde luego, por sus parientes, y era terriblemente
difícil llegar a entender de qué se trataba. Le decía: "Tráeme una
copia". Y ella me contaba algo de una vaca blanca. Le volvía a decir:
"Tráeme una copia", y ella se marchó y dijo: "No me quiere oír
hablar de la vaca blanca sin una copia". Y esta copia fue motivo de
grandes risas en nuestra colonia. Pero pude conseguir un pequeño progreso: cuando
me venían a ver, traían la copia, y ya se podía descifrar de qué se trataba,
por qué se quejaban y qué les dolía. Esto ocurría hace veinticinco años en
Siberia (en un sitio que distaba muchos centenares de verstas de la primera
estación de ferrocarril).
¿Y por qué, después de tres
años de revolución, en la capital de la República Soviética han sido necesarias
dos investigaciones, la intervención de Kámenev y Krasin y las directrices del
Buró Político para comprar conservas? ¿Qué faltaba? ¿Poder político? No. Dinero
había, por lo tanto se contaba con poder económico y político. Todas las
instituciones están en su sitio. ¿Qué falta? Falta cultura en el 99 por ciento
de los trabajadores de la CCM, contra los cuales no tengo nada que objetar y a
los que considero excelentes comunistas, así como de los trabajadores del
Comisariado del Pueblo de Comercio Exterior, que no han sabido tratar el asunto
de una manera culta.
Cuando por primera vez oí
algo respecto a esto, dirigí por escrito una propuesta al CC: a mi juicio, a
todos los culpables, excepción hecha de los miembros del CEC de toda Rusia,
que, como sabéis, son inviolables, a todos los trabajadores de las instituciones
de Moscú, menos a los miembros del CEC de toda Rusia, habría que encerrarlos en
la peor cárcel de Moscú durante 6 horas, y a los del Comisariado del Pueblo de
Comercio Exterior, durante 36 horas. Y ahora resulta que no se ha podido dar
con el culpable. (Risas.) En
realidad, de lo que acabo de referir se deduce con completa evidencia que no se
encontrará al culpable. Simplemente, se trata de una falta de capacidad para
hacer las cosas prácticas, una falta habitual en la intelectualidad rusa:
desorden, confusión. Primero se comprometen, hacen, luego piensan, y cuando no
les resulta nada, corren hacia Kámenev a quejarse, llevan el asunto al Buró
Político. Desde luego, al Buró Político hay que llevar todos los problemas
estatales difíciles — más adelante aún tendré que hablar de esto—, pero primero
se debe pensar y luego hacer. Si uno obra, que se moleste en hacerlo con
documentos en la mano. Que envíe primero un telegrama, además hay teléfono en
Moscú, que envíe un telefonema a las instituciones correspondientes,que
entregue una copia a Tsiurupa y diga que considera la transacción urgente y
castigará los trámites morosos. Es necesario pensar en esta cultura elemental,
hay que tratar los asuntos, reflexionando previamente; si el asunto no se
resuelve en seguida, en dos minutos, mediante una conversación telefónica, que
tome uno los documentos, se empape de ellos y diga: "Si empiezas con el
papeleo, te meteré en la cárcel". Pero no hay ni el menor asomo de
reflexión, ni la mínima preparación, hay el ajetreo de costumbre, varias
comisiones, todos están cansados, agotados, enfermos, y las cosas sólo pueden
marchar cuando se logra reunir a Kámenev con Krasin. Este es un asunto típico.
Y no sólo se da en la capital, en Moscú, sino que se da también en otras
capitales, en las capitales de todas las repúblicas independientes y de las
distintas regiones; y en ciudades que no son capitales se hacen continuamente
cosas como éstas, y hasta cien veces peores.
130
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
En nuestra lucha debe
recordarse que los comunistas necesitan reflexionar. Os contarán magníficas
cosas sobre la lucha revolucionaria, sobre el estado de la lucha revolucionaria
en todo el mundo: mas para poder salir de la terrible escasez y miseria hace
falta ser reflexivos, cultos, probos, y de esto es de lo que no son capaces. No
sería justo que culpásemos a los comunistas que ocupan cargos de
responsabilidad de que no tienen escrúpulos. La inmensa mayoría de ellos, el 99
%, son personas no solamente escrupulosas, sino que han demostrado su lealtad a
la revolución en las situaciones más difíciles, tanto antes de la caída del
zarismo como después de la revolución, sacrificando literalmente su vida.
Cometeríamos un craso error si buscásemos en eso los motivos. Se necesita
tratar con cultura los asuntos estatales más sencillos, se ha de comprender que
es un asunto estatal, comercial, que si se encuentran obstáculos, se ha de
saber eliminarlos y llevar a los tribunales a los culpables del papeleo y los
trámites farragosos. En Moscú tenemos el tribunal proletario, y debe procesar a
los culpables de que no se hayan comprado varias decenas de miles de puds de
conservas. Yo creo que el tribunal proletario sabrá castigar, pero para
castigar es preciso encontrar a los culpables, y yo os garantizo que no se les
puede encontrar; que cada uno de vosotros revise este caso: no hay culpables,
pero hay ajetreo, hay alboroto, algo absurdo. Nadie sabe tratar los asuntos, no
comprende que los asuntos estatales no se deben tratar de esa manera, sino de
esta otra. Los guardias blancos y los saboteadores se aprovechan de todo eso.
Tuvimos una temporada de rabiosa lucha contra los saboteadores, y la seguimos
teniendo; desde luego, es cierto que hay saboteadores y que se los debe combatir.
¿Pero acaso se los puede combatir cuando existe una situación tal como la que
yo describo? Esto perjudica más que cualquier sabotaje, el saboteador no desea
más que ver a dos comunistas que discuten entre sí sobre cuál es el momento de
dirigirse al Buró Político para recibir una directriz de principios sobre la
compra de víveres, para colarse entonces por esa rendija. Si un saboteador algo
inteligente se coloca al lado de uno u otro comunista, o bien alternativamente
al lado de los dos y los apoya a ambos, eso es ya el acabóse. Asunto perdido
para siempre. ¿Quién tiene la culpa? Nadie. Porque dos comunistas que ocupan
cargos de responsabilidad, dos revolucionarios abnegados, discuten por
discutir, discuten del momento de presentar la cuestión al Buró Político para
recibir una directriz de principios sobre la compra de víveres.
Así están las cosas, en eso
consisten las dificultades. Cualquier empleado que haya cursado la escuela de
la gran empresa capitalista sabe hacer tal cosa, y el 99 % de los comunistas
que ocupan cargos de responsabilidad no saben ni quieren comprender que a ellos
les falta esa habilidad, que deben aprender desde el abecé. Si no comprendemos
esto, si no nos sentamos a estudiar otra vez desde la clase preparatoria, en
modo alguno resolveremos el problema económico, que es ahora la base de toda la
política.
Otro ejemplo que yo quisiera
citar es el de la cuenca del Donets. Vosotros sabéis que éste es el centro, la
verdadera base de toda nuestra economía. No se puede hablar de restauración
alguna de la gran industria en Rusia, ni de una verdadera construcción del
socialismo —ya que no puede construirse de otra manera más que con una gran
industria—, si no restablecemos, si no colocamos la cuenca del Donets a su
debida altura. En el CC ya fijamos nuestra atención en esto.
En lo que a esta región se
refiere, no se trataba de llevar de manera infundada, ridícula y absurda al
Buró Político una pequeña cuestión, sino que existía un asunto verdadero y
absolutamente inaplazable.
El CC debe estar al tanto de
que en estos verdaderos centros, base y cimiento de toda nuestra economía, se
trabaje realmente con eficacia, pues allí, a la cabeza de la DGIH, en la
Dirección General de la Industria Hullera había personas que, sin duda alguna,
no sólo eran fieles, sino realmente instruidas y tenían inmensa capacidad, y
hasta no me equivocaré si digo que eran personas de talento, y por eso para
allá se dirigía la atención del Comité Central. Ucrania es una república
independiente, eso está muy bien, pero en lo referente al partido, a veces —
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
¿cómo expresarlo con la
mayor suavidad?— da rodeos, y nosotros, de una manera u otra, debemos llegar
hasta ellos, porque allí hay gente astuta, y no diré que el CC de ellos nos
engaña, pero parece que se aleja un poco de nosotros. Para ver claro todo este
asunto, lo hemos discutido aquí, en el CC nuestro, y advertimos roces y
discrepancias. Allí existe una CEPM: Comisión de Explotación de PequeñasMinas.
Claro que entre la CEPM y la DGIH hay fuertes roces.
131
Pero nosotros, en el CC,
tenemos, sin embargo, alguna experiencia y decidimos por unanimidad no
destituir a los medios directivos, y si se producen roces, que se nos informe a
nosotros, incluso con todos los detalles, porque cuando tenemos en la región a
personas no solamente fieles, sino también capaces, hay que esforzarse por
ayudarles para que terminen de aprender, si suponemos que no lo han hecho.
Aquello terminó con que en Ucrania se celebró un congreso del partido; no sé
qué salió de allí, hubo de todo. Pregunté a los camaradas ucranios y pedí
especialmente al camarada Ordzhonikidze —a quien también se lo encargó el CC—
que fuera y viese qué había ocurrido allí. Por lo visto, hubo intrigas y toda
clase de embrollos, que la Comisión de Historia del Partido116 no descifraría ni en diez años, si se ocupara de ello. Pero de
hecho resultó que, a pesar de las directrices unánimes del CC, este grupo fue
sustituido por otro. ¿Qué ocurrió allí? En lo fundamental, una parte de este
grupo, a pesar de todas sus elevadas cualidades, cometió cierto error. Cayeron
en la posición de las personas que administran con excesivo celo 117. Allí tenemos que tratar con obreros.
Cuando se dice "obreros", se piensa muy a menudo que eso significa el
proletariado fabril. En absoluto quiere decir eso. Aquí, desde la época de la
guerra, han ido a las fábricas gentes que no tienen nada de proletarios, gentes
que iban a ellas para librarse de la guerra, ¿y acaso ahora nuestras
condiciones sociales y económicas son como para que a las fábricas vayan
verdaderos proletarios? Eso no es exacto. Está bien según Marx, pero Marx no
escribía de Rusia, sino de todo el capitalismo en conjunto, a partir del siglo
XV. Durante seiscientos años eso estuvo bien, pero para la Rusia de hoy no lo
está. Frecuentemente los que van a la fábrica no son proletarios, sino
elementos casuales de toda laya.
La tarea consiste en saber
organizar bien el trabajo para no quedar atrasados, para suprimir a su debido
tiempo los roces que pueda haber, y no separar la administración de la
política. Ya que nuestra política y el modo de administrar se apoyan en el hecho
de que toda la vanguardia esté unida a toda la masa proletaria, a toda la masa
campesina. Si alguien se olvida de estas ruedecillas, si se ocupa sólo de la
administración, la cosa irá mal. El error cometido por los militantes de la
cuenca del Donets es insignificante comparado con otros errores nuestros, pero
es un ejemplo típico, cuando el CC exigió por unanimidad: "No habléis más
de ese grupo, traednos al CC hasta los conflictos pequeños, porque la cuenca
del Donets no es una región cualquiera, sino una región sin la cual la
edificación socialista se convertiría en un simple buen deseo"; pero todo
nuestro poder político, toda la autoridad del CC han resultado insuficientes.
Por esta vez, desde luego,
ha habido un error en el modo de administrar; además, había también un montón
de errores de otro tipo.
Aquí tenéis un ejemplo de
que no todo estriba en el poder político, sino en saber dirigir, en saber
colocar acertadamente a las personas, en saber evitar los pequeños choques de
![]()
116 Comisión
de Historia del Partido:
esta comisión para reunir y estudiar datos y documentos de la historia de la
Revolución de Octubre y del Partido Comunista de Rusia se organizó, adjunta al
Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública, por disposición del Consejo de
Comisarios del Pueblo del 21 de septiembre de 1920.
117 Se trata de la Dirección General de la
industria hullera de la cuenca del Donets. G. Piatakov, que encabezaba esta
dirección, empleaba los métodos de ordeno y mando y burocrático-militares en la
dirección de la industria. Con ese motivo hubo discrepancias tanto entre los
dirigentes de la economía como entre dicha Dirección General y el personal
local. En la VI Conferencia del PC(b) de Ucrania, celebrada del 9 al 13 de
diciembre de 1921, los delegados de la organización de la cuenca del Donets y
de otras organizaciones hicieron uso de la palabra para condenar con energía
los métodos de trabajo de Piatakov.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
manera que no se interrumpa
el trabajo económico del Estado. Eso no lo tenemos, en eso consiste el error.
Creo que cuando hablamos de
nuestra revolución y sopesamos sus destinos debemos distinguir estrictamente
las tareas de la revolución que ya están cumplidas del todo y han entrado ya
como algo completamente imprescriptible en la historia del cambio de rumbo de
importancia histórica universal que hemos hecho, al salir del capitalismo.
Nuestra revolución tiene en su haber tales hechos. Dejemos gritar a los
mencheviques y a Otto Bauer, representante de la Internacional II y media:
"La revolución que tienen ellos allí es burguesa", pero nosotros
decimos que nuestra tarea consiste en llevar la revolución burguesa hasta el
fin. Como se ha, expresado una publicación de los guardias blancos: en nuestras
instituciones estatales se vino amontonando estiércol durante cuatrocientos
años; nosotros lo hemos sacado en cuatro años, y éste es nuestro mayor mérito.
¿Y qué han hecho los mencheviques y los eseristas? Nada. Ni en nuestro país ni
siquiera en la avanzada e ilustrada Alemania pueden sacar el estiércol medieval.
Y ellos nos reprochan este grandioso mérito nuestro. El haber llevado hasta el
fin la causa de la revolución es nuestro mérito imprescriptible.
Ahora huele a guerra. Unos
sindicatos obreros como, por ejemplo, los reformistas, toman resoluciones
contra la guerra y amenazan con la huelga contra la guerra. Si no me equivoco
hace poco vi un telegrama en un periódico en el que se decía que, en la Cámara
francesa, un excelente comunista había pronunciado un discurso contra la guerra
e indicó que los obreros preferirían la insurrección a la guerra118. No se debe plantear la cuestión como lo hacíamos en 1912,
cuando se imprimió el Manifiesto de Basilea. Solamente la revolución rusa ha
mostrado cómo se puede salir de la guerra y qué trabajo cuesta, qué significa
salir de una guerra reaccionaria por la vía revolucionaria. En todos los
ámbitos del mundo son inevitables las guerras imperialistas reaccionarias. Y la
humanidad no puede olvidar ni olvidará que, al solucionan todos los problemas
de esta naturaleza, hubo decenas de millones de muertos, y los habrá también
ahora. Porque vivimos en el siglo XX, y el único pueblo que ha salido de la
guerra reaccionaria por la vía revolucionaria, no en provecho de este o del
otro gobierno, sino derrocándolos a todos, ha sido el pueblo ruso, y le ha
hecho salir la revolución rusa. Lo conquistado por larevolución rusa es
imprescriptible. No se lo puede quitar ninguna fuerza, igual que ninguna fuerza
del mundo puede revocar que haya sido creado el Estado soviético. Esto es un
triunfo de alcance histórico universal.
132
Durante siglos se han venido
formando los Estados según el tipo burgués, y por primera vez ha sido hallada
una forma de Estado no burgués. Puede que nuestro mecanismo sea hasta malo,
pero dicen que la primera máquina de vapor que se inventó también era mala, e
incluso no se sabe si llegó a funcionar. No es eso lo que importa; lo que
importa es que el invento se consumó. No importa que la primera máquina de
vapor fuera hasta inservible por la forma; en cambio, ahora contamos con la
locomotora. No importa que nuestra máquina estatal sea pésima; a fin de
cuentas, está hecha, se ha realizado el mayor invento histórico y se ha fundado
un Estado de tipo proletario; por lo tanto, dejad que toda Europa, que miles de
periódicos burgueses se explayen acerca del desorden y la miseria que
padecemos, que digan que el pueblo trabajador no ve más que penurias; no
obstante, todos los obreros del mundo entero se sienten atraídos por el Estado
soviético. Estas son las grandiosas conquistas que hemos alcanzado y que son
imprescriptibles. Mas, para nosotros, representantes del Partido Comunista,
esto significa sólo abrir la puerta. Ahora se nos plantea el problema de
construir los cimientos de la economía socialista. ¿Se ha hecho esto? No, no se
ha hecho. Aún no tenemos una base socialista. Se equivocan de medio a medio los
comunistas que se imaginan que la tenemos. Todo el quid está en separar con
firmeza, nitidez y serenidad lo que constituye entre nosotros el mérito
histórico universal de la revolución rusa de lo que
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118 Se alude a la alocución de Jean Renault relacionada con la
discusión de la ley sobre el plazo del servicio militar.
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político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
hacemos mal en grado sumo,
de lo que aún no hemos hecho y aún habrá que rehacer muchas veces.
Los acontecimientos
políticos son siempre muy embrollados y complicados. Se pueden comparar con una
cadena. Para sujetar toda la cadena, uno debe agarrar el eslabón fundamental.
No se puede elegir con artificio el eslabón del que se quiere uno agarrar.
¿En qué consistía todo el
quid en 1917? En salir de la guerra, cosa que exigía todo el pueblo y eclipsaba
todo lo demás. La Rusia revolucionaria logró salir de la guerra. Se hicieron
grandes esfuerzos; pero, en cambio, se tuvo en consideración la necesidad
fundamental del pueblo, y esto nos dio el triunfo por muchos años. Y el pueblo
experimentó, el campesino vio, cada soldado que regresaba del frente comprendió
perfectamente que el Poder soviético encarna el poder más democrático, más
entrañable para los trabajadores. Por muchas tonterías y torpezas que hayamos
cometido en otros terrenos, como hemos tenido en cuenta esta cuestión
principal, todo ha estado bien hecho.
En los años 1919 y 1920,
¿dónde estaba el quid? En la defensa militar. Entonces la Entente, poderosa a
escala universal, se abalanzaba sobre nosotros, nos estrangulaba, y la
propaganda holgaba: cada campesino sin partido comprendía lo que ocurría. Venía
el terrateniente. Los comunistas sabían combatirlo. Por eso la inmensa mayoría
de los campesinos estaba con los comunistas, por eso hemos triunfado.
En 1921, el quid estaba en
el repliegue ordenado. Por eso se necesitaba una severa disciplina. La
"oposición obrera" decía: "Vosotros subestimáis a los obreros,
los obreros deben tener mayor iniciativa". La iniciativa debe consistir en
retirarse con orden y observar una rígida disciplina. Quien aportase el menor
elemento de pánico o de violación de la disciplina haría fracasar la
revolución, porque no hay nada más difícil que retroceder con gentes
acostumbradas a conquistar, que están empapadas de concepciones e ideales
revolucionarios y que en su fuero interno consideran cualquier repliegue algo
abominable. El mayor peligro reside en la alteración del orden, y la mayor
tarea consiste en mantener el orden.
Y ahora, ¿dónde está el
quid? El quid en sí — y a esto quiero llegar al resumir mi informe— no está en
la política, en el sentido de cambio de rumbo; de esto se habla excesivamente
en relación con la Nep. Pero se habla en vano. Esta es la charlatanería más
perjudicial. En relación con la Nep, se comienza a ajetrear, a reformar
instituciones, a fundar otras nuevas. Esta es la charlatanería más perniciosa.
Hemos llegado a la conclusión de que el quid de la situación está en los
hombres, en la selección de los hombres. Es difícil de asimilar para un
revolucionario acostumbrado a combatir pequeñeces, a combatir el culturalismo.
Pero hemos llegado a una situación que debe ser enjuiciada con serenidad en el
sentido político: hemos avanzado tanto que no podemos ni debemos mantener todas
las posiciones.
En el sentido internacional
es gigantesca la mejora de nuestra situación en estos últimos años. Hemos
conquistado el tipo de Estado soviético: esto es un paso adelante de toda la
humanidad, y la Internacional Comunista lo confirma cada día por las noticias
que nos llegan de todos los países. Y nadie tiene la menor sombra de duda.
Pero, en el sentido del trabajo práctico, las cosas están de manera que si los
comunistas no pueden prestar una ayuda práctica a la masa campesina, ésta no
los apoyará. El centro de la atención no está en legislar, en promulgar los
mejores decretos, etc. Hubo un período en que los decretos nos servían de forma
de propaganda. Se reían de nosotros, se decía que los bolcheviques no
comprendíamos que nuestros decretos no se cumplían; toda la prensa de los
guardias blancos estaba llena de burlas al respecto: pero aquel período fue
lógico, cuando los bolcheviques tomamos el poder y dijimos al campesino simple,
al obrero simple: he aquí cómo nosotros quisiéramos dirigir el Estado; he aquí
el decreto: probad. Hemos ofrecido inmediatamente al simple obrero y al simple
campesino nuestras ideas políticas en forma de
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político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
decretos. El resultado ha
sido la conquista de esa inmensa confianza que disfrutábamos y seguimos
disfrutando entre las masas populares.
133
Esta fue una época, un período indispensable al principio de la
revolución, sin él no nos hubiéramos colocado a la cabeza de la ola
revolucionaria, sino que iríamos a la zaga. Sin esto no contaríamos con la
confianza de todos los obreros y campesinos que querían construir la vida sobre
cimientos nuevos. Pero este período pasó ya, y nosotros no lo queremos
comprender. Ahora los campesinos y los obreros se reirán cuando se ordene
construir" reformar tal o cual institución. Ahora un simple obrero y un
simple campesino no se interesarán por esto, y tendrán razón, ya que el centro
de gravedad no está ahí. Tú, comunista, no debes ir ahora al pueblo con eso. A
pesar de que nosotros, los que estamos en las instituciones estatales, nos
hallamos siempre sobrecargados de estas pequeñeces, no es de este eslabón de la
cadena del que hay que asirse, no está en esto el quid, sino en que las
personas no ocupan los debidos puestos, en que un comunista que ocupa un puesto
de responsabilidad, que ha hecho admirablemente toda la revolución, está al
frente de una empresa comercial-industrial, de la que no entiende nada, e
impide que se vea la verdad, porque tras sus espaldas se esconden
admirablemente los mercachifles y los granujas. De eso se trata, de que no
tenemos un control práctico de lo que se ha cumplido. Esta es una misión
prosaica, insignificante, éstas son pequeñeces; pero, después de la más
grandiosa revolución política, vivimos en condiciones tales que debemos
permanecer cierto tiempo en medio del tipo de economía capitalista, y el quid
de toda la situación no está en la política, en el sentido estricto de la
palabra (lo que se dice en los periódicos es mera fraseología política, y no
hay en ello nada socialista), el quid de toda la situación no está en las
resoluciones, ni en las instituciones, ni en las reorganizaciones. Como las
necesitamos, las haremos; pero no vayáis con ello al pueblo; seleccionad a las
personas que os hagan falta, comprobad el cumplimiento práctico, y el pueblo lo
apreciará.
A pesar de todo, nosotros
somos en medio de la masa del pueblo como una gota en el mar, y sólo podremos
gobernar si sabemos expresar con acierto lo que el pueblo piensa. Sin esto, ni
el Partido Comunista conducirá al proletariado, ni el proletariado conducirá r
las masas, y toda la máquina se desmoronará. Ahora el pueblo y toda la masa de
trabajadores ven que lo esencial para ellos consiste sólo en que les ayuden
prácticamente en su miseria y en su hambre extremas y que les muestren que se
está operando en realidad una mejora necesaria para el campesino y adecuada a
sus costumbres. El campesino conoce el mercado y conoce el comercio. No hemos
podido implantar la distribución comunista directa. Nos faltaban las fábricas y
la maquinaria para ellas. Tenemos, pues, que abastecerlo mediante el comercio,
pero no peor que lo hacía el capitalista, pues, en caso contrario, el pueblo no
podrá soportar tal administración. En esto está el quid de la situación. Y si
no ocurre nada imprevisto, éste deberá ser el quid de todo nuestro trabajo para
el año 1922, con tres condiciones.
Primera, que no haya
intervención. Hacemos con nuestra diplomacia todo lo posible por evitarla: no
obstante, puede estallar cualquier día. Realmente debemos estar alertas y
aceptar ciertos sacrificios duros en beneficio del Ejército Rojo, desde luego
determinando rigurosamente la magnitud de estos sacrificios. Tenemos enfrente a
todo el mundo de la burguesía, que solamente busca la forma de estrangularnos.
Nuestros mencheviques y eseristas no son más que agentes de esta burguesía. Esa
es su posición política.
Segunda condición: que la
crisis financiera no sea demasiado grave. Es inminente. De ella oiréis hablar
cuando tratemos de la política financiera. Si se hace demasiado intensa y dura,
tendremos que rehacer otra vez mucho y lanzar todas las fuerzas hacia un solo
objetivo. Si no es demasiado dura, puede ser hasta provechosa: pasará por la
criba a los comunistas que trabajan en los diversos trusts del Estado. Pero no
hay que olvidarse de hacer esto. La crisis financiera zarandea las
instituciones y las empresas, y las inservibles son las primeras en saltar.
Pero habrá que tener presente no echar toda la culpa a los especialistas y
decir que
Informe
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los comunistas que
desempeñan cargos de responsabilidad son muy buenos, que lucharon en los
frentes y siempre trabajaron bien. Así pues, si la crisis financiera no llega a
ser dura en demasía, se podrá sacar provecho de ella y depurar, no como depuran
la Comisión Central de Control o la Comisión Central de Comprobacíón119, sino depurar como es debido a todos los comunistas que ocupan
cargos de responsabilidad en las instituciones de la hacienda pública.
Tercera condición: no
cometer en este tiempo errores políticos. Es natural que si los cometemos, toda
la organización de la economía se verá privada de fuerzas y entonces tendremos
que ocuparnos de discutir de enmiendas y orientaciones. Pero si no se incurre
en esos errores lamentables, el quid no estará en un futuro próximo en los
decretos, ni en la política, en el sentido estricto de esta palabra, ni en las
instituciones, ni en su organización
—de esto se ocuparán, en cuanto sea necesario, los medios de los
comunistas que ocupan puestos de responsabilidad y las instituciones
soviéticas—, sino que el quid de todo el trabajo estará en la selección de las
personas y en la comprobación del cumplimiento. Si en este sentidoaprendemos
prácticamente, si reportamos alguna utilidad práctica, venceremos una vez más
todas las dificultades.
134
Para terminar, debo tratar
la parte práctica del problema de nuestros Soviets, las instituciones
superiores, y la actitud del partido ante ellos. Se han entablado en nuestro
país relaciones equivocadas entre el partido y las instituciones soviéticas, y
en este punto tenemos completa unanimidad. He demostrado con un ejemplo cómo
incluso se trae un pequeño asunto práctico al Buró Político. Salir formalmente
de esto es muy difícil, porque en nuestro país dirige un solo partido
gubernamental, y a un miembro del partido no se le puede prohibir que se queje.
Por eso, todo lo del Consejo de Comisarios del Pueblo lo traen al Buró
Político. En esto ha habido también una grave falta por mi parte, porque muchas
de las relaciones entre el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Buró Político
las llevaba yo personalmente. Y cuando tuve que retirarme, resultó que dos
ruedas dejaron de marchar al mismo tiempo, y Kámenev hubo de realizar una labor
triple para mantener estas relaciones. Como no creo que pueda reincorporarme
pronto al trabajo, todas las esperanzas están puestas en que ahora hay otros
dos suplentes míos: el camarada Tsiurupa, depurado por los alemanes, y el
camarada Rykov, total y magníficamente depurado por los alemanes. Viene a
resultar que hasta Guillermo, el emperador de Alemania, nos ha servido; no lo
esperaba. Tiene un cirujano que ha curado al camarada Rykov, amputándole y
dejando en Alemania la peor parte que él tenía, y dejándole y enviándonos a
nosotros, totalmente depurada, su mejor parte. Si este método sigue empleándose
en lo sucesivo, será algo estupendo.
Bromas aparte, en cuanto a
las directrices fundamentales, aquí, en el CC, estamos completamente de
acuerdo, y abrigo la esperanza de que el congreso prestará una gran atención a
este problema y las aprobará en el sentido de que se debe librar al Buró Político
y al CC de las pequeñeces y elevar la labor de los que ocupan cargos de
responsabilidad. Es necesario que los comisarios del pueblo respondan por su
trabajo y no que lleven las cosas primero al Consejo de Comisarios del Pueblo y
luego al Buró Político. Formalmente, no podemos anular el derecho de quejarse
al CC, porque nuestro partido es el único partido gobernante. Es preciso poner
fin a todas las reclamaciones por asuntos sin importancia, pero hay que elevar
la autoridad del Consejo de Comisarios del Pueblo, para que allí participen más
los comisarios del pueblo, y no los suplentes, es preciso modificar el carácter
del trabajo del Consejo de Comisarios del Pueblo en el aspecto en que yo no he
logrado hacerlo en el último año: prestar mucha más atención a que se siga más
de cerca el control del cumplimiento. Voy a tener otros dos suplentes más: a
Rykov y a Tsiurupa. Cuando Rykov
![]()
119 La Comisión
Central de Comprobación de los miembros del partido fue fundada por el CC
del PC(b) de Rusia el 25 de julio de 1921 para dirigir el trabajo de las
comisiones locales de comprobación durante el período de la depuración del
partido.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
trabajó como Apoderado
Extraordinario del Consejo de Defensa Obrera y Campesina para el Abastecimiento
de la Marina y el Ejército Rojo120
supo arreglar las cosas, y éstas marcharon. Tsiurupa ha organizado uno de los
mejores comisariados del pueblo. Si los dos juntos dedican la máxima atención a
enderezar los comisariados del pueblo en el aspecto del cumplimiento y la
responsabilidad, habremos avanzado un paso, por pequeño que sea. Tenemos
dieciocho comisariados del pueblo, quince de los cuales, por lo menos, no valen
para nada; no es posible encontrar en todas partes a buenos comisarios del
pueblo; Dios quiera que la gente preste a esto más atención. El camarada Rykov
debe ser miembro del Buró del CC y del Presídium del CEC de toda Rusia, pues
entre estas instituciones debe haber una conexión, porque sin esa conexión las
ruedas fundamentales giran a veces en vacío.
En relación con esto hay que
llamar la atención para que las comisiones del Consejo de Comisarios del Pueblo
y del Consejo de Trabajo y Defensa se reduzcan, a fin de que conozcan y
resuelvan sus asuntos y no se dispersen en innumerables comisiones. Hace unos
días se llevó a cabo la depuración de las comisiones. Se contaron ciento veinte
comisiones. ¿Y cuántas resultaron indispensables? Dieciséis. Y eso que no es la
primera depuración. En vez de responder por los asuntos de su incumbencia, en
vez de que el Consejo de Comisarios del Pueblo tome una decisión y responda por
ella, se escuda en las comisiones. En las comisiones hasta el diablo se rompe
la crisma, nadie entiende nada en cuanto a la responsabilidad; todo es un lío,
y, en fin de cuentas, se adopta una resolución de la que todos son
responsables.
En relación con esto se debe
señalar que es indispensable ampliar y desarrollar la autonomía y la actividad
de las asambleas económicas regionales. Ahora, la división de Rusia en regiones
se ha realizado con bases científicas, teniendo en cuenta las condiciones
económicas, de clima, de vida, las condiciones en que se obtiene el
combustible, las de la industria local, etc. Tomando por base esta división, se
han creado asambleas económicas regionales y distritales 121. Indudablemente, habrá que hacer
enmiendas parciales, pero se debe elevar la autoridad de estas asambleas
económicas.
Luego, se debe procurar que
el CEC de toda Rusia trabaje con mayor energía y que sus sesiones se celebren
con mayor regularidad y sean más prolongadas. En las sesiones se debe deliberar
sobre los proyectos de ley, que a veces pasan apresuradamente y sin necesidad
imprescindible al Consejo de Comisarios del Pueblo. Más vale aplazar y dejar a
los funcionarios locales que reflexionen detenidamente, así como exigir más de
los que redactan las leyes, cosa que no se hace.
135
Si las sesiones del CEC de
toda Rusia llegan a ser más prolongadas, se dividirán en secciones y
subcomisiones y podrán controlar con más rigor el trabajo, logrando lo que, a
juicio mío, constituye todo el quid, la quintaesencia del actual momento
político: trasladar el centro de gravedad a la selección de las personas, al
control del cumplimiento práctico.
Hay que reconocer, sin temor
de confesarlo, que en el 99 por 100 de los casos los comunistas que ocupan
cargos de responsabilidad no están en sus sitios, no saben ejercer sus
funciones y ahora tienen que aprender. Si lo reconocemos, puesto que tenemos para
ello la suficiente posibilidad —y, a juzgar por la situación internacional
general, nos llegará el tiempo para poder aprender—, es preciso realizarlo a
toda costa. (Clamorosos aplausos.)
![]()
120 El cargo de Apoderado Extraordinario del Consejo de Defensa Obrera y Campesina para
el Abastecimiento de la Marina y el Ejército Rojo se instituyó por decreto
del CEC de toda Rusia del 8 de julio de 1919. Por disposición del CEC de toda Rusia del 16 de agosto de 1921,
el organismo subordinado a él fue disuelto y el personal y el mobiliario,
entregados a los organismos del Consejo Superior de Economía Nacional.
121 Véase la nota 76.
Informe
político del Comité Central del PC(b) de Rusia, ..... XI Congreso del Partido
Informaciones
periodísticas publicadas el 28 de marzo de 1922 en el núm. 70 de "Izvestia
del CEC de toda Rusia" y el 28 y 29 de marzo en los núms. 70 y 71 de
"Pravda".
T. 45, págs. 69-116.
En el décimo aniversario de Pravda
136
EN EL DÉCIMO ANIVERSARIO DE PRAVDA.
Se han cumplido diez años de
la fundación de la Pravda legal, del
diario bolchevique legal (según las leyes zaristas).
Ese decenio fue precedido, aproximadamente, de otro decenio: nueve años
(1903-1912), a partir del momento en que surgió el bolchevismo, o trece años
(1900-1912), si contamos desde que se fundó la vieja Iskra122 (1900), de orientación plenamente
"bolchevique".
El décimo aniversario de un
diario bolchevique editado en Rusia... ¡Sólo han pasado diez años desde
entonces! Mas, por el contenido de la lucha y del movimiento, en ese período se
han vivido cien años. La rapidez del desarrollo social durante los cinco años
últimos es verdaderamente sobrenatural, si se la mide con el viejo rasero, con
el rasero de los filisteos europeos del tipo de los héroes de las
Internacionales II y II y media; de esos filisteos civilizados, acostumbrados a
considerar "natural" que centenares de millones de seres (más de mil
millones, para ser exactos) de las colonias, países semidependientes y países
completamente pobres se resignen a soportar que se les trate como a los indios
o a los chinos; a soportar una explotación inaudita, el saqueo descarado, el
hambre, la violencia, las mofas, todo, con tal de que la gente
"civilizada" pueda resolver "libremente",
"democráticamente", "parlamentariamente" el problema de
repartirse el botín de modo pacífico o de exterminar a millones de personas para
distribuir el botín imperialista: ayer entre Alemania e Inglaterra, mañana
entre el Japón y Norteamérica (con una u otra participación de Francia e
Inglaterra).
La causa fundamental de este
magno aceleramiento del desarrollo mundial es la incorporación al mismo de
nuevos centenares y centenares de millones de personas. La vieja Europa
burguesa e imperialista, que se había acostumbrado a considerarse el ombligo del
mundo, se llenó de pus y reventó en la primera matanza imperialista como un
absceso hediondo. Por mucho que gimoteen con este motivo los Spengler y todos
los pequeños burgueses instruidos capaces de admirarse (o, por lo menos, de
ocuparse) de él, este decaimiento de la vieja Europa no es más que un episodio
en la historia del decaimiento de la burguesía mundial, atiborrada con la
rapiña imperialista y la opresión de la mayoría de la población de la Tierra.
Esa mayoría ha despertado
ahora y se ha puesto en movimiento, un movimiento que no podrán detener los
países más fuertes y "poderosos". ¡Cómo van a poder! Los actuales
"vencedores" de la primera guerra imperialista son impotentes para
vencer siquiera a Irlanda, pequeña, de una pequeñez insignificante; son
impotentes para vencer siquiera el embrollo que ha surgido entre ellos mismos
en problemas de finanzas y divisas. Pero la India y China hierven. Son más de
setecientos millones de seres. Son, si se les agregan los países asiáticos que
los rodean, semejantes a ellos por completo, más de la mitad de la población
del orbe. Allí avanza, avanza incontenible y más de prisa cada día, el año
1905, con la
![]()
122 Iskra" ("La Chispa"): primer
periódico marxista clandestino para toda Rusia, fundado por Lenin en diciembre
de 1900 en el extranjero, desde donde se enviaba a Rusia a escondidas.
Desempeñó un papel inmenso en la cohesión ideológica de los socialdemócratas
rusos y en los preparativos para unificar en un partido marxista revolucionario
las organizaciones socialdemócratas locales dispersas. Después de la escisión
del partido en bolcheviques y mencheviques en el II Congreso del POSDR (1903), Iskra pasó a manos de los mencheviques
(a partir del número 52) y empezó a denominarse "nueva" Iskra para diferenciarse de la
"vieja" Iskra, la Iskra leninista. La nueva Iskra dejó de ser un órgano del marxismo
revolucionario; los mencheviques transformaron el periódico en un órgano de la
lucha contra el marxismo y contra el partido, en una tribuna de oportunismo.
En el décimo aniversario de Pravda
substancial e inmensa
diferencia de que, en 1905, la revolución en Rusia podía transcurrir aún (por
lo menos al comienzo) aislada, es decir, sin incorporar en el acto a la
revolución a otros países. Pero las crecientes revoluciones en la India y en
China se incorporan y se han incorporado ya a la lucha revolucionaria, al
movimiento revolucionario, a la revolución internacional.
El décimo aniversario del
diario legal bolchevique Pravda nos
muestra de manera palmaria uno de los jalones del gran aceleramiento de la
mayor revolución mundial. En 1906-1907 parecía que el zarismo había derrotado a
la revolución en toda la línea. El partido bolchevique supo a los pocos años
penetrar —de otra forma, de otra manera—
en la ciudadela del enemigo y emprender cada día, "legalmente", la
obra de hacer saltar desde dentro a la maldita autocracia zarista y
terrateniente. Pasaron unos cuantos años más, y triunfó la revolución
proletaria organizada por el bolchevismo.
Cuando se fundó la vieja Iskra, en 1900, participaron en ello una
decena de revolucionarios. Cuando surgió el bolchevismo, participaron en ello,
en los congresos clandestinos de Bruselas y de Londres en 1903, unas cuatro
decenas de revolucionarios123.
En 1912-1913, cuando
apareció la Pravda bolchevique legal,
estaba respaldada por decenas y centenas de miles de obreros, que con sus
modestas colectas vencieron la opresión del zarismo y la competencia de los
traidores pequeñoburgueses al socialismo, de los mencheviques.
137
En noviembre de 1917, en las
elecciones a la Constituyente, de treinta y seis millones de electores votaron
por los bolcheviques nueve millones. Pero, en realidad, no en la votación, sino
en la lucha, contaban los bolcheviques a fines de octubre y comienzos de
noviembre de 1917 con el apoyo de la
mayoría del proletariado y del campesinado consciente, personificada en la
mayoría de los delegados al II Congreso de los Soviets de toda Rusia, en la
mayoría de la parte más activa y consciente del pueblo trabajador: en un
ejército que tenía entonces doce millones de hombres.
Tal es, en cifras, un
pequeño cuadro de la "aceleración" del movimiento revolucionario
mundial durante los veinte años últimos. Es un cuadro muy pequeño, muy
incompleto, que muestra muy a grandes rasgos únicamente la historia de un
pueblo de ciento cincuenta millones de almas, en tanto que en esos veinte años
ha empezado y se ha transformado en una fuerza invencible la revolución en
países que tienen mil millones de habitantes e incluso más (toda Asia, sin
olvidar tampoco a África del Sur, cuyos habitantes recordaron no hace mucho su
empeño de ser hombres y no esclavos,
y que lo recordaron con medios no "parlamentarios" del todo).
Y si algún "cachorro
spengleriano", perdonen ustedes la expresión, deduce de esto (de los
"sabihondos" jefes de las Internacionales II y II y media puede
esperarse cualquier tontería) que con ese cálculo se excluye de las fuerzas
revolucionarias al proletariado de Europa y América, responderemos: los
"sabihondos" jefes que acabamos de citar razonan siempre como si el
hecho de que deba esperarse el nacimiento de un niño a los nueve meses de la
concepción permitiera determinar la hora y el minuto del alumbramiento, la
posición del niño durante el parto, el estado de la parturienta al dar a luz y
el grado exacto de dolor y de peligro que deberán afrontar el niño y la madre.
¡Qué gente más "sabia"! En modo alguno pueden comprender que, desde
el punto de vista del desarrollo de la revolución internacional, el paso del
cartísmo124 a los Henderson, que se arrastran ante
la burguesía, o
![]()
123 Se refiere al II Congreso del POSDR, que se celebró en 1903,
primero en Bruselas y, luego, en Londres.
124 Cartismo: primer movimiento masivo de la clase
obrera de Inglaterra conocido en la historia; se desarrolló en los años 30 y 40
del siglo XIX. Tras de publicar la Carta del Pueblo (y de ahí la denominación
de cartismo), los participantes en este movimiento lucharon en defensa de
lasreivindicaciones contenidas en esa carta: sufragio universal, abolición
En el décimo aniversario de Pravda
de Varlin a Renaudel, o de
Guillermo Liebknecht y Bebel a Südekum, Scheidemann y Noske, no es más que algo
parecido al "paso" del automóvil de
una carretera lisa y llana de centenares de verstas a un bache sucio y hediondo en esa misma carretera, a un bache de
unas cuantas anas.
Son los hombres quienes
hacen su historia. Pero los cartistas, los Varlin y los Liebknecht la hacen con
su cabeza y su corazón. En cambio, los jefes de las Internacionales II y II y
media la "hacen" con otras partes del cuerpo completamente distintas:
abonan el terreno para nuevos cartístas, para nuevos Varlin, para nuevos
Liebknecht.
En el dificilísimo momento actual, el hacerse ilusiones causaría el mayor
daño a los revolucionarios. Aunque el bolchevismo se ha convertido en una fuerza internacional, aunque en todos los países civilizados y avanzados
han nacido ya nuevos cartistas, nuevos Vatlin, nuevos Liebknecht, que se
desarrollan en forma de partidos comunistas legales (como fue legal nuestra Pravda bajo el zarismo hace diez años),
a pesar de todo eso la burguesía internacional sigue siendo, por ahora,
incomparablemente más fuerte que su enemigo de clase. Esa burguesía, que ha
hecho cuanto dependía de ella para dificultar el alumbramiento, para decuplicar
lo peligros y los sufrimientos del nacimiento del poder proletario de Rusia,
aún está en condiciones de condenar a tormentos y a la muerte a millones y
decenas de millones de seres mediante guerras contrarrevolucionarias,
imperialistas, etc. No debemos olvidar esto. Debemos concebir hábilmente
nuestra táctica, teniendo en cuenta esta peculiaridad del momento. La burguesía
puede aún martirizar, atormentar y asesinar con libertad. Pero no puede detener
la plena victoria del proletariado revolucionario, ineluctable y no muy lejana,
desde el punto de vista de la historia universal.
2-V-1922.
Publicado el 5 de
mayo de 1922 en el núm. 98 de "Pravda".
T. 45, págs. 173-177.
![]()
de la obligatoriedad de
poseer tierra para ser diputado al Parlamento, etc. Durante varios años se
celebraron en todo el país mítines y manifestaciones en los que participaron
millones de obreros y artesanos.
El Parlamento inglés se negó
a aprobar la Carta del Pueblo y rechazó todas las peticiones de los cartistas.
El gobierno desencadenó contra ellos crueles represiones y encarceló a sus
líderes. El movimiento fue aplastado, pero el cartismo ejerció gran influencia
en el desarrollo ulterior del movimiento obrero internacional.
Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución
mundial
138
CINCO AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA Y
PERSPECTIVAS DE LA REVOLUCIÓN MUNDIAL.
Informe pronunciado ante el IV Congreso de la Internacional
Comunista el 13 de noviembre de 1922.125
(La aparición del camarada Lenin en la tribuna es acogida con clamorosos
y prolongados aplausos de toda la sala, que se transforman en ovación. Todos se
ponen en pie y cantan La Internacional.)
Camaradas: En la lista de
oradores figuro como el informante principal, pero comprenderéis que, después
de mi larga enfermedad, no estoy en condiciones de pronunciar un informe
amplio. No podré hacer más que una introducción a los problemas de más importancia.
Mi tema será muy limitado. El tema Cinco
años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial es
demasiado amplio y grandioso para que pueda agotarlo un solo orador y en un solo discurso. Por eso tomo
únicamente una pequeña parte del problema: la "nueva política
económica". Tomo deliberadamente sólo esta pequeña parte a fin de
familiarizaros con este problema, de suma importancia hoy, al menos para mí, ya
que me ocupo de él en la actualidad.
Así pues, hablaré de cómo
hemos iniciado la nueva política económica y de los resultados que hemos
logrado con ella. Si me limito a este problema, tal vez pueda hacer un balance
en líneas generales y dar una idea general de él.
Si he de deciros, para
empezar, cómo nos decidimos a adoptar la nueva política económica, tendré que
recordar un artículo mío escrito en 1918.126 En
una breve polémica de comienzos de 1918 me referí precisamente a la actitud que
debíamos adoptar ante el capitalismo de Estado.
Entonces escribí:
"El capitalismo de
Estado sería un paso adelante en
comparación con la situación existente hoy en nuestra República Soviética. Si
dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro país el capitalismo de
Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de
un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría
invencible"*.
* Véase la presente edición, t. 8. (N. de la Edit.)
![]()
125 El IV Congreso de la
Internacional Comunista se reunió del 5 de noviembre al 5 de diciembre de
1922. Se inauguró en Petrogrado, y las siguientes sesiones, a partir del 9 de
noviembre, transcurrieron en Moscú. Participaron en sus labores representantes
de 58 partidos comunistas, del Partido Socialista Italiano, del Partido Obrero
Islandés y del Partido Revolucionario Popular Mongol, así como de la
Internacional Juvenil Comunista, de la Internacional Sindical, del Secretariado
Internacional de las Mujeres, del Socorro Obrero Internacional y de la
Organización de los Negros de los EE.UU. El congreso discutió el informe de
balance del Comité Ejecutivo de la IC y las cuestiones: cinco años de la
revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial, la ofensiva del
capital, el programa de la Internacional Comunista, las tareas de los
comunistas en los sindicatos, los problemas oriental y agrario y otros. Lenin,
que encabezaba el buró de la delegación del PC(b) de Rusia al congreso, dirigió
toda la labor de esta delegación y participó activamente en la redacción de los
acuerdos más importantes del congreso. El informe Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución
mundial, que fue el acontecimiento central del congreso, lo presentó Lenin
en alemán en la sesión matutina del
13 de noviembre. El congreso aprobó las tesis sobre el frente obrero único,
reafirmó las tesis sobre la táctica de la Internacional Comunista, sobre las
tareas de los comunistas en el movimiento sindical, sobre el problema oriental
y adoptó resoluciones sobre la revolución socialista en Rusia, sobre la
Internacional Juvenil Comunista y otras.
126 Lenin se refiere a su artículo Acerca del infantilismo "izquierdista" y del espíritu
pequeñoburgués.
Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución
mundial
Esto lo dije, naturalmente,
en una época en que éramos más torpes que hoy, pero no tanto como para no saber
analizar semejantes cuestiones.
Así pues, en 1918 yo
sostenía la opinión de que el capitalismo de Estado constituía un paso adelante
en comparación con la situación económica existente entonces en la República
Soviética. Eso parecerá muy raro, y puede que hasta absurdo, pues nuestra república
era ya entonces una república socialista; entonces adoptábamos cada día con el
mayor apresuramiento —quizá con un apresuramiento excesivo— diversas medidas
económicas nuevas, que no podían calificarse más que de medidas socialistas. Y,
sin embargo, pensaba que el capitalismo de Estado suponía un paso adelante
comparado con aquella situación económica de la República Soviética y explicaba
más adelante esta idea, enumerando simplemente los elementos del régimen
económico de Rusia. Estos elementos eran, a mi juicio, los siguientes: "1)
economía campesina patriarcal, es decir, natural en grado considerable; 2)
pequeña producción mercantil (en ella se incluye la mayoría de los campesinos
que venden cereales); 3) capitalismo privado; 4) capitalismo de Estado, y 5)
socialismo". Todos estos elementos económicos existían a la sazón en
Rusia. Entonces me planteé la tarea de explicar las relaciones que existían
entre esos elementos y si no sería oportuno considerar alguno de los elementos
no socialistas, a saber, el capitalismo de Estado, superior al socialismo.
Repito: a todos les parece muy raro que un elemento no socialista sea apreciado
en más y considerado superior al socialismo en una república que se proclama
socialista. Pero comprenderéis la cuestión si recordáis que nosotros no
considerábamos, ni mucho menos, el régimen económico de Rusia como algo
homogéneo y altamente desarrollado, sino que teníamos plena conciencia de que,
al lado de la forma socialista, existía en Rusia la agricultura patriarcal, es
decir, la forma más primitiva de agricultura. ¿Qué papel podía desempeñar el
capitalismo de Estado en semejante situación?
Luego me preguntaba: ¿cuál
de estos elementos es el predominante? Es claro que en un ambiente
pequeñoburgués predomina el elemento pequeñoburgués. Comprendía que este
elemento era el predominante; era imposible pensar de otro modo. La pregunta
que me hice entonces (se trataba de una polémica especial, que no guarda
relación con elproblema presente) fue ésta: ¿qué actitud adoptamos ante el
capitalismo de Estado? Y me respondía: el Capitalismo de Estado, aunque no es
una forma socialista, sería para nosotros y para Rusia una forma más ventajosa
que la actual. ¿Qué significa esto? Significa que nosotros no sobrestimábamos
ni las formas embrionarias, ni los principios de la economía socialista, a
pesar de que habíamos hecho ya la revolución social; por el contrario, entonces
reconocíamos ya, en cierto modo: sí, habría sido mejor implantar antes el
capitalismo de Estado, y después, el socialismo.
139
Debo subrayar
particularmente este aspecto de la cuestión porque considero que sólo partiendo
de él es posible, primero, explicar qué representa la actual política económica
y, segundo, sacar de ello deducciones prácticas muy importantes también para la
Internacional Comunista. No quiero decir que tuviésemos preparado de antemano
el plan de repliegue. No había tal cosa. Esas breves líneas de carácter
polémico en modo alguno significaban entonces un plan de repliegue. Ni siquiera
se mencionaba un punto tan importante como es, por ejemplo, la libertad de
comercio, que tiene una significación fundamental para el capitalismo de
Estado. Sin embargo, con ello se daba ya la idea general, imprecisa, del
repliegue. Estimo que debemos prestar atención a este problema no sólo desde el
punto de vista de un país que ha sido y continúa siendo muy atrasado en cuanto
a la estructura de su economía, sino también desde el punto de vista de la
Internacional Comunista y de los países adelantados de Europa Occidental.
Ahora, por ejemplo, estamos redactando el programa. Mi opinión personal es que
procederíamos mejor si discutiéramos ahora todos los programas sólo de un modo
general, tras la primera lectura, por decirlo así, y los imprimiéramos, sin
adoptar ahora, este año, ninguna decisión definitiva. ¿Por qué? Ante todo,
porque, naturalmente, no creo
Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución
mundial
que los hayamos estudiado
todos bien. Y, además, porque casi no hemos analizado el problema de un posible
repliegue y la manera de asegurarlo. Y este problema requiere sin falta que le
prestemos atención en un momento en que se producen cambios tan radicales en el
mundo entero como son el derrocamiento del capitalismo y la edificación del
socialismo, con todas sus enormes dificultades. No debemos saber únicamente
cómo actuar en el momento en que pasamos a la ofensiva directa y, además,
salimos vencedores. A fin de cuentas, en un período revolucionario eso no es
tan difícil ni tan importante; por lo menos, no es lo más decisivo. Durante la
revolución hay siempre momentos en que el enemigo pierde la cabeza, y si lo
atacamos en uno de esos momentos, podemos triunfar con facilidad. Pero esto aún
no quiere decir nada, puesto que nuestro enemigo, si posee suficiente dominio
de sí mismo, puede agrupar con antelación sus fuerzas, etc. Entonces puede
provocarnos con facilidad para que lo ataquemos, y después hacernos retroceder
por muchos años. Por eso opino que la idea de que debemos prepararnos para un
posible repliegue tiene suma importancia, y no sólo desde el punto de vista
teórico. También desde el punto de vista práctico todos los partidos que se
preparan para emprender en un futuro próximo la ofensiva directa contra el
capitalismo deben pensar ya ahora también en cómo asegurarse el repliegue. Yo
creo que si tenemos en cuenta esta enseñanza, así como todas las demás que nos
brinda la experiencia de nuestra revolución, lejos de causarnos daño alguno,
nos será, probablemente, muy útil en muchos casos.
Después de haber subrayado
que ya en 1918 considerábamos el capitalismo de Estado como una posible línea
de repliegue, paso a analizar los resultados de nuestra nueva política
económica. Repito: entonces era una idea muy vaga todavía; pero en 1921, después
de haber superado la etapa más importante de la guerra civil, y de haberla
superado victoriosamente, nos enfrentamos con una gran crisis política interna
—yo supongo que la mayor— de la Rusia Soviética. Esta crisis interna puso al
desnudo el descontento no sólo de una parte considerable de los campesinos,
sino también de los obreros. Fue la primera vez, y confío en que será la última
en la historia de la Rusia Soviética, que grandes masas de campesinos estaban
contra nosotros, no de modo consciente, sino instintivo, por su estado de
ánimo.
¿A qué se debía esta
situación tan original y, claro es, tan desagradable para nosotros? La causa
consistía en que habíamos avanzado demasiado en nuestra ofensiva económica, en
que no nos habíamos asegurado una base suficiente, en que las masas sentían lo
que nosotros aún no supimos entonces formular de manera consciente, pero que
muy pronto, unas semanas después, reconocimos: que el paso directo a formas
puramente socialistas, a la distribución puramente socialista, era superior a
las fuerzas que teníamos y que si no estábamos en condiciones de replegarnos,
para limitarnos a tareas más fáciles, nos amenazaría la bancarrota. La crisis
comenzó, a mi parecer, en febrero de 1921. Ya en la primavera del mismo año
decidimos unánimemente — en esta cuestión no he observado grandes discrepancias
entre nosotros— pasar a la nueva política económica. Hoy, después de año y
medio, a finales de 1922, estamos ya en condiciones de hacer algunas
comparaciones. Y bien, ¿qué ha sucedido?
¿Cómo hemos vivido este año
y medio? ¿Qué resultados hemos obtenido? ¿Nos ha proporcionado alguna utilidad
este repliegue, y nos ha salvado en realidad, o se trata de un resultado
confuso todavía? Esta es la pregunta principal que me hago y supongo que tiene
también importancia primordial para todos los partidos comunistas, pues si la
respuesta fuera negativa, todos estaríamos condenados a labancarrota. Considero
que todos nosotros podemos dar, con la conciencia tranquila, una respuesta
afirmativa a esta pregunta, y precisamente en el sentido de que el año y medio
transcurrido demuestra de manera positiva y absoluta que hemos salido airosos
de esta prueba.
140
Trataré de demostrarlo. Para ello debo
enumerar brevemente todas las partes integrantes de nuestra economía.
Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución
mundial
Me detendré, ante todo, en
nuestro sistema financiero y en el famoso rublo ruso. Creo que se le puede
calificar de famoso aunque sólo sea porque la cantidad de estos rublos supera
ahora a mil billones. (Risas.) Esto
ya es algo. Es una cifra astronómica.
Estoy seguro de que no todos los que se encuentran aquí saben
siquiera lo que esta cifra representa. (Hilaridad
general.) Pero nosotros —y, además, desde el punto de vista de la ciencia
económica— no concedemos demasiada importancia a estas cifras, pues los ceros
pueden ser tachados. (Risas.) Ya
hemos aprendido algo en este arte, que desde el punto de vista económico
tampoco tiene ninguna importancia, y estoy seguro de que en el curso ulterior
de los acontecimientos alcanzaremos en él mucha mayor maestría. Lo que tiene
verdadera importancia es la estabilización del rublo. Para resolver este
problema trabajamos, trabajan nuestras mejores fuerzas, y concedemos a esta
tarea una importancia decisiva. Si conseguimos estabilizar el rublo por un
plazo largo, y luego para siempre, habremos triunfado. Entonces, todas esas
cifras astronómicas —todos esos billones y millares de billones— no
significarán nada. Entonces podremos asentar nuestra economía sobre terreno
firme y seguir desarrollándola sobre ese terreno. Creo que puedo citaros hechos
bastante importantes y decisivos sobre esta cuestión. En 1921, el período de
estabilización del rublo papel duró menos de tres meses. Y en el corriente año
de 1922, aunque no ha terminado todavía, el período de estabilización dura ya
más de cinco meses. Supongo que ya es suficiente. Claro que no lo será si
esperáis de nosotros una prueba científica de que en el futuro resolveremos por
completo este problema. Pero, a mi juicio, es imposible, en general,
demostrarlo por completo. Los datos citados prueban que desde el año pasado, en
que empezamos a aplicar nuestra nueva política económica, hasta hoy, hemos
aprendido ya a avanzar, Si hemos aprendido eso, estoy seguro de que sabremos
lograr nuevos éxitos en este camino, siempre que no cometamos alguna estupidez
extraordinaria. Lo más importante, sin embargo, es el comercio, la circulación
de mercancías, imprescindible para nosotros. Y si hemos salido airosos de esta
prueba durante dos años, a pesar de que nos encontrábamos en estado de guerra
(pues, como sabéis, hace sólo algunas semanas que hemos tomado a Vladivostok) y
de que sólo ahora podemos iniciar nuestra actividad económica de un modo
regular; si, a despecho de todo eso, hemos logrado que el período de
estabilización del rublo papel se eleve de tres meses a cinco, creo tener
motivo para atreverme a decir que podemos considerarnos satisfechos de eso.
Porque estamos completamente solos. No hemos recibido ni recibimos ningún
empréstito. No nos ha ayudado ninguno de esos poderosos Estados capitalistas
que organizan de manera tan "brillante" su economía capitalista y que
hasta hoy no saben adónde van. Con la paz de Versalles han creado tal sistema
financiero que ni ellos mismos se entienden. Si esos grandes países
capitalistas dirigen su economía de ese modo, opino que nosotros, atrasados e
incultos, podemos estar satisfechos de haber alcanzado lo principal: las
condiciones para estabilizar el rublo. Esto lo prueba la práctica, y no un
análisis teórico cualquiera, y soy del parecer de que la práctica es más
importante que todas las discusiones teóricas del mundo. La práctica demuestra
que, en este terreno, hemos logrado resultados decisivos: hemos comenzado a
hacer avanzar nuestra economía hacia la estabilización del rublo, lo que tiene
extraordinaria importancia para el comercio, para la libre circulación de
mercancías, para los campesinos y para la inmensa masa de pequeños productores.
Paso ahora a examinan
nuestros objetivos sociales. Lo principal, naturalmente, son los campesinos. En
1921, el descontento de una parte inmensa del campesinado era un hecho
indudable. Además, se declaró el hambre. Y esto implicó para los campesinos la
prueba más dura. Y es completamente natural que todo el extranjero empezara a
chillar: "Ahí tenéis los resultados de la economía socialista". Es
completamente natural, desde luego, que silenciaran que el hambre era, en
realidad, una consecuencia monstruosa de la guerra civil. Todos los
terratenientes y capitalistas, que se lanzaron sobre nosotros en 1918,
presentaron las cosas como si el hambre fuera una consecuencia de la economía
socialista. El hambre ha
Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución
mundial
sido, en efecto, una inmensa
y grave calamidad, una calamidad que amenazaba con destruir toda nuestra labor
organizadora y revolucionaria.
Y yo pregunto ahora: luego de esta inusitada e inesperada
calamidad, ¿cómo están las cosas hoy, después de haber implantado la nueva
política económica, después de haber concedido a los campesinos la libertad de
comercio? La respuesta, clara y evidente para todos, es la siguiente: en un
año, los campesinos han vencido el hambre y, además, han abonado el impuesto en
especie en tal cantidad que hemos recibido ya centenares de millones de puds, y
casi sin aplicar ninguna medida coactiva. Los levantamientos de campesinos, que
antes de 1921 constituían, por decirlo así, un fenómeno general en Rusia, han
desaparecido casipor completo. Los campesinos están satisfechos de su actual
situación. Lo podemos afirmar con toda tranquilidad. Consideramos que estas
pruebas tienen mayor importancia que cualquier prueba estadística. Nadie duda
que los campesinos son en nuestro país el factor decisivo. Y hoy se encuentran
en tal situación que no debemos temer ningún movimiento suyo contra nosotros.
Lo decimos con pleno conocimiento de causa y sin exagerar. Eso ya está
conseguido. Los campesinos pueden sentir descontento por uno u otro aspecto de
la labor de nuestro poder, y pueden quejarse de ello. Esto, naturalmente, es
posible e inevitable, ya que nuestra administración y nuestra economía estatal
son aún demasiado malas para poderlo evitar; pero, en todo caso, está excluido
por completo cualquier descontento serio del campesinado en su totalidad contra
nosotros. Lo hemos logrado en un solo año. Y opino que ya es mucho.
141
Paso a hablar ahora de la industria ligera. Precisamente en la
industria debemos hacer diferencias entre la industria pesada y la ligera, pues
ambas se encuentran en distintas condiciones. Por lo que se refiere a la
industria ligera, puedo decir con tranquilidad que se observa en ella un
incremento general. No me dejaré llevar por los detalles, por cuanto en mi plan
no entra citar datos estadísticos. Pero esta impresión general se basa en
hechos y puedo garantizar que en ella no hay nada equivocado ni inexacto.
Tenemos un auge general en la industria ligera y, en relación con ello, cierto
mejoramiento de la situación de los obreros tanto en Petrogrado como en Moscú.
En otras zonas se observa en menor grado, ya que allí predomina la industria
pesada; por eso no se debe generalizar. De todos modos, repito, la industria
ligera acusa un ascenso indudable, y la mejora de la situación de los obreros
de Petrogrado y de Moscú es innegable. En la primavera de 1921, en ambas
ciudades reinaba el descontento entre los obreros. Hoy esto no existe en
absoluto. Nosotros, que observamos día a día la situación y el estado de ánimo
de los obreros, no nos equivocamos en este sentido.
La tercera cuestión se
refiere a la industria pesada. Debo aclarar, a este respecto, que la situación
es todavía difícil. En 1921-1922 se ha iniciado cierto viraje en esta
situación. Podemos confiar, por tanto, en que mejorará en un futuro próximo.
Hemos reunido ya, en parte, los medios necesarios para ello. En un país
capitalista, para mejorar el estado de la industria pesada haría falta un
empréstito de centenares de millones, sin los cuales esa mejora sería
imposible. La historia de la economía de los países capitalistas demuestra que,
en los países atrasados, sólo los empréstitos de centenares de millones de
dólares o de rublos oro a largo plazo podrían ser el medio para elevar la
industria pesada. Nosotros no hemos tenido esos empréstitos ni hemos recibido
nada hasta ahora. Cuanto se escribe sobre la entrega de empresas en régimen de
concesión, etc., no significa casi nada, excepto papel. En los últimos tiempos
hemos escrito mucho de eso, sobre todo de la concesión Urquhart127. No
![]()
127
Se
trata de las negociaciones sobre la entrega en régimen de concesión de la
prospección y laboreo de minas al industrial y financiero inglés L. Urquhart,
que fue antes de la Revolución de Octubre presidente de la Sociedad Mixta Ruso-
Asiática y propietario de grandes minas en Rusia. El 9 de septiembre de 1922,
L. Krasin, Comisario del Pueblo de Comercio Exterior, firmó el tratado previo
de concesión con Urquhart. Según este tratado, se entregaban a Urquhart, en
régimen de concesión, por un plazo de 99 años, las empresas que habían sido de
la Sociedad Mixta Ruso-
Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución
mundial
obstante, nuestra política
concesionaria me parece muy buena. Mas, a pesar de ello, no tenemos aún una
concesión rentable. Os ruego que no olvidéis esto. Así pues, la situación de la
industria pesada es una cuestión verdaderamente gravísima para nuestro atrasado
país, ya que no hemos podido contar con empréstitos de los países ricos. Sin
embargo, observamos ya una notable mejoría y vemos, además, que nuestra
actividad comercial nos ha proporcionado ya algún capital, por ahora,
ciertamente, muy modesto, poco más de veinte millones de rublos oro. Pero, sea
como fuere, tenemos ya el comienzo: nuestro comercio nos proporciona medios que
podemos utilizar para elevar la industria pesada. Lo cierto es que nuestra
industria pesada aún se encuentra actualmente en una situación muy difícil.
Pero supongo que lo decisivo es la circunstancia de que estamos ya en
condiciones de ahorrar algo. Así lo seguiremos haciendo. Aunque a menudo se
hace esto a costa de la población, hoy debemos, a pesar de lodo, economizar.
Ahora nos dedicamos a reducir el presupuesto del Estado, a reducir la
administración pública. Más adelante diré unas cuantas palabras sobre nuestra
administración pública. En todo caso, debemos reducirla, debemos economizar
cuanto sea posible. Economizamos en todo, hasta en las escuelas. Y esto debe
ser así, pues sabemos que sin salvar la industria pesada, sin restablecerla, no
podremos construir ninguna clase de industria, y sin ésta pereceremos del todo
como país independiente. Lo sabemos de sobra.
La salvación de Rusia no
está sólo en una buena cosecha en el campo —esto no basta —; tampoco está sólo
en el buen estado de la industria ligera, que abastece a los campesinos de
artículos de consumo — esto tampoco basta—; necesitamos, además, una industria pesada. Pero, para ponerla en buenas
condiciones, se precisarán varios años de trabajo.
La industria pesada necesita
subsidios del Estado. Si no los encontramos, pereceremos como Estado
civilizado, sin decir ya que también como Estado socialista. Por tanto, en este
sentido hemos dado un paso decisivo. Hemos empezado a acumular los recursos necesarios
para poner en pie la industria pesada. Es verdad que la suma que hemos reunido
hasta la fecha apenas si pasa de veinte millones de rublos oro; pero, de todos
modos, esa suma existe y está destinada exclusivamente a levantar nuestra
industria pesada.
Creo que, como había
prometido, he expuesto brevemente, a grandes rasgos, los principales elementos
de nuestra economía nacional. Considero que de todo ello puede deducirse que la
nueva política económica nos ha reportado ya beneficios.Hoy tenemos ya pruebas
de que, como Estado, estamos en condiciones de ejercer el comercio, de
conservar nuestras firmes posiciones en la agricultura y en la industria y de
avanzar. Lo ha demostrado la práctica. Y pienso que, por el momento, esto es
bastante para nosotros. Tendremos que aprender muchas cosas todavía y
comprendemos qué necesitamos aprender. Hace cinco años que estamos en el poder,
con la particularidad de que durante estos cinco años hemos vivido en estado de
guerra permanente. Por tanto, hemos tenido éxitos.
142
Es natural, ya que nos
seguían los campesinos. Es difícil dar mayores pruebas de adhesión que las
mostradas por los campesinos. Comprendían que tras los guardias blancos se
encuentran los terratenientes, a quienes odian más que a nada en el mundo. Y
por eso, los campesinos nos han apoyado con todo entusiasmo, con toda lealtad.
No fue difícil conseguir
![]()
Asiática en los Urales y
Siberia (reservándose el Gobierno soviético el derecho de rescatar todas las
empresas entregadas en concesión a los cuarenta años de haberse firmado el
contrato). Las cláusulas del convenio obligaban a la parte soviética a prestar
al concesionario apoyo material para restablecer su capital circulante y las
empresas mismas en las proporciones que se determinasen cuando se pusiera en
claro la cuantía de los daños sufridos por el concesionario en las empresas de
su propiedad en virtud de las disposiciones que partieran del Gobierno
soviético.
Cuando Lenin leyó el contrato, firmado por Krasin, lo consideró
evidentemente desventajoso para el Estado soviético y se pronunció en contra de
su ratificación. El Pleno del CC del PC(b) de Rusia del 5 de octubre y el
Consejo de Comisarios del Pueblo, celebrado el 6 de octubre de 1922, adoptaron
la disposición de rescindir el contrato con L. Urquhart.
La concesión no le fue entregada
Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución
mundial
que nos defendieran de los
guardias blancos. Los campesinos, que antes odiaban la guerra, apoyaron por
todos los medios la guerra contra los guardias blancos, la guerra civil contra
los terratenientes. Sin embargo, esto no era todo, porque, en el fondo, se
trataba únicamente de si el poder quedaría en manos de los terratenientes o de
los campesinos. Para nosotros, esto no era bastante. Los campesinos comprenden
que hemos conquistado el poder para los obreros y que nos planteamos el
objetivo de crear el régimen socialista con ayuda de ese poder. Por eso, lo más
importante para nosotros era preparar en el aspecto económico la economía
socialista. No pudimos prepararla directamente y nos vimos obligados a hacerlo
de manera indirecta. El capitalismo de Estado, tal como lo hemos implantado en
nuestro país, es un capitalismo de Estado peculiar.
No corresponde al concepto
habitual del capitalismo de Estado. Tenemos en nuestras manos todos los puestos
de mando, tenemos en nuestras manos la tierra, que pertenece al Estado. Esto es
muy importante, aunque nuestros enemigos presentan la cosa como si no
significara nada. No es cierto. El hecho de que la tierra pertenezca al Estado
tiene extraordinaria importancia y, además, gran sentido práctico en el aspecto
económico. Esto lo hemos logrado, y debo manifestar que toda nuestra actividad
ulterior debe desarrollarse sólo dentro de ese marco. Hemos conseguido ya que
nuestros campesinos estén satisfechos y que la industria y el comercio se
reanimen. He dicho antes que nuestro capitalismo de Estado se diferencia del
capitalismo de Estado, comprendido literalmente, en que el Estado proletario
tiene en sus manos no sólo la tierra, sino también las ramas más importantes de
la industria. Ante todo, hemos entregado en arriendo sólo cierta parte de la
industria pequeña y media; todo lo demás queda en nuestras manos. Por lo que se
refiere al comercio, quiero destacar aún que tratamos de crear, y estamos
creando ya, sociedades mixtas, es decir, sociedades en las que una parte del
capital pertenece a capitalistas privados —por cierto, extranjeros la otra
parte nos pertenece a nosotros. Primero, de esa manera aprendemos a comerciar,
cosa que necesitamos, y, segundo, tenemos siempre la posibilidad de cerrar esas
sociedades, si así lo creemos necesario. De modo que, por decirlo así, no
arriesgamos nada. En cambio, aprendemos del capitalista privado y observamos
cómo podemos elevarnos y qué errores cometemos. Me parece que puedo limitarme a
cuanto queda dicho.
Quisiera referirme todavía a
algunos puntos de poca monta. Es indudable que hemos hecho y haremos aún
muchísimas tonterías. Nadie puede juzgarlas mejor ni verlas más claro que yo. (Risas.)
¿Por qué hacemos tonterías?
La razón es sencilla: primero, porque somos un país atrasado; segundo, porque
la instrucción en nuestro país es mínima; tercero, porque no recibimos ninguna
ayuda de fuera. Ni uno solo de los países civilizados nos ayuda. Por el
contrario, todos obran en contra nuestra. Y cuarto, por culpa de nuestra
administración pública. Hemos heredado la vieja administración pública, y ésta
ha sido nuestra desgracia. Es muy frecuente que esta administración trabaje
contra nosotros. Ocurrió que en 1917, después de que tomamos el poder, los
funcionarios públicos comenzaron a sabotearnos.
Entonces nos asustamos mucho
y les rogamos: "Por favor, vuelvan a sus puestos". Todos volvieron, y
ésta ha sido nuestra desgracia. Hoy poseemos una inmensidad de funcionarios,
pero no disponemos de elementos con suficiente instrucción para poder
dirigirlos de verdad. En la práctica sucede con harta frecuencia que aquí,
arriba, donde tenemos concentrado el poder estatal, la administración funciona
más o menos; pero en los puestos inferiores disponen ellos como quieren, de
manera que muy a menudo contrarrestan nuestras medidas. Hombres adictos, en las
altas esferas, tenemos no sé exactamente cuántos, pero creo que, en todo caso,
sólo varios miles, a lo sumo unas decenas de miles. Pero en los puestos
inferiores se cuentan por centenares de miles los antiguos funcionarios que
hemos heredado del régimen zarista y de la sociedad burguesa y que trabajan
contra nosotros, unas veces de manera consciente, y otras inconsciente. Es
indudable que, en este terreno, no se
Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución
mundial
conseguirá nada a corto
plazo. Tendremos que trabajar muchos años para perfeccionar la administración,
renovarla y atraer nuevas fuerzas. Lo estamos haciendo a ritmo bastante rápido,
quizá demasiado rápido. Hemos fundado escuelas soviéticas y facultades obreras;
estudian varios centenares de miles de jóvenes; acaso estudien demasiado de
prisa; pero, de todas maneras, la labor en este terreno ha comenzado y creo que
nos dará sus frutos. Si no nos precipitamos demasiado en esta labor, dentro de
algunos años tendremos una masa de jóvenes capaces de cambiar
radicalmentenuestra administración.
143
He dicho que hemos hecho
innumerables tonterías, pero debo decir también algo en este aspecto de
nuestros adversarios. Si éstos nos reprochan y dicen que el propio Lenin
reconoce que los bolcheviques han hecho muchísimas tonterías, yo quiero
responder: es cierto, pero, a pesar de todo, nuestras tonterías son de un
género completamente distinto que el de las vuestras. Nosotros no hacemos más
que empezar a estudiar, pero estudiamos con tanta regularidad que estamos
seguros de obtener buenos resultados. Pero si nuestros enemigos, es decir, los
capitalistas y los héroes de la II Internacional, recalcan las tonterías que
hemos hecho, me permitiré citar aquí, a título comparativo, las palabras de un
famoso escritor ruso, que, modificándolas un poco, resultarían así: cuando los
bolcheviques hacen tonterías, dicen: "Dos por dos, cinco"; pero
cuando las hacen sus adversarios, es decir, los capitalistas y los héroes de la
II Internacional, el resultado es: "Dos por dos, una vela de
estearina"128. Esto no es difícil demostrarlo. Tomad,
por ejemplo, el pacto con Kolchak que concertaron Norteamérica, Inglaterra,
Francia y el Japón. Yo os pregunto: ¿existen en el mundo potencias más cultas y
fuertes? ¿Y qué resultó? Se comprometieron a ayudar a Kolchak sin calcular, sin
reflexionar, sin observar. Ha sido un fracaso incluso difícil de comprender, a
juicio mío, desde el punto de vista de la razón humana.
Otro ejemplo más reciente y
de mayor importancia: la paz de Versalles. Yo os pregunto: ¿qué han hecho, en
este caso, las "grandes" potencias "cubiertas de gloria"?
¿Cómo podrán encontrar ahora la salida de este caos y de este absurdo? Creo que
no exageraré si repito que nuestras tonterías no son nada en comparación con
las que hacen juntos los Estados capitalistas, el mundo capitalista y la II
Internacional. Por eso supongo que las perspectivas de la revolución mundial
—tema que habré de tratar brevemente— son favorables. Y pienso que, si se da
determinada condición, se harán más favorables todavía. Desearía decir algunas
palabras sobre estas condiciones.
En 1921 aprobamos en el III
Congreso una resolución sobre la estructura orgánica de los partidos comunistas
y los métodos y el contenido de su labor129. La
resolución es magnífica, pero es rusa casi hasta la médula; es decir, se basa
en las condiciones rusas. Este es su aspecto bueno, pero también su punto
flaco. Flaco porque estoy convencido de que casi ningún extranjero podrá
leerla; yo la he releído antes de hacer esta afirmación. Primero, es demasiado
larga, consta de cincuenta o más puntos. Por regla general, los extranjeros no
pueden leer cosas así. Segundo, incluso si la leen, no la comprenderán
precisamente porque es demasiado rusa. No porque esté escrita en ruso (ha sido
magníficamente traducida a todos los idiomas), sino porque está sobresaturada
de espíritu ruso. Y tercero, si, en caso excepcional, algún extranjero la llega
a entender, no la podrá cumplir. Este es su tercer defecto. He conversado con
algunos delegados extranjeros y confío en que podré conversar detenidamente con
gran número de delegados de distintos países en el curso del congreso, aunque
no participe personalmente en él, ya que, por desgracia, no me es posible.
Tengo la impresión de que hemos cometido un gran error con esta resolución, es
decir, que nosotros mismos hemos levantado una barrera en el camino de nuestro
éxito futuro. Como ya he
![]()
128 La expresión "dos por dos, una vela
de estearina" es de uno de los personajes de la novela de Iván Turguéniev Rudin.
129
Lenin
se refiere a las tesis Estructura
orgánica de los partidos comunistas, métodos y contenido de su labor,
aprobadas por el III Congreso de la Internacional Comunista.
Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución
mundial
dicho, la resolución está
excelentemente redactada, y yo suscribo todos sus cincuenta o más puntos. Pero
no hemos comprendido cómo se debe llevar nuestra experiencia rusa a los
extranjeros. Cuanto expone la resolución, ha quedado en letra muerta. Y si no
comprendemos esto, no podremos seguir nuestro avance. Considero que lo más
importante para todos nosotros, tanto para los rusos como para los camaradas
extranjeros, es que, después de cinco años de revolución rusa, debemos
estudiar. Sólo ahora hemos obtenido la posibilidad de estudiar. Ignoro cuánto
durará esta posibilidad. No sé durante cuánto tiempo nos concederán las
potencias capitalistas la posibilidad de estudiar tranquilamente. Pero debemos
aprovechar cada minuto libre de las ocupaciones militares, de la guerra, para
estudiar, comenzando, además, por el principio.
El partido en su totalidad y
todos los sectores de la población de Rusia lo demuestran con su afán de saber.
Esta afición al estudio prueba que nuestra tarea más importante ahora es —
estudiar y estudiar. Pero también los camaradas extranjeros deben estudiar, no
en el mismo sentido en que lo hacemos nosotros: leer, escribir y comprender lo
leído, que es lo que todavía precisamos. Se discute si esto corresponde a la
cultura proletaria o a la cultura burguesa. Dejo pendiente la cuestión. Pero de
lo que no cabe ninguna duda es de que nosotros necesitamos, ante todo, aprender
a leer, a escribir y a comprender lo que leemos. Los extranjeros no lo
necesitan. Les hace falta ya algo más elevado: esto implica, primero, que
comprendan también lo que hemos escrito acerca de la estructura orgánica de los
partidos comunistas y que los camaradas extranjeros firmaron sin leerlo y sin
comprenderlo. Esta debe ser su primera tarea. Es preciso llevar a la práctica
esta resolución. Pero no puede hacerse de la noche a la mañana, eso sería
completamente imposible. La resolución es demasiado rusa: refleja la
experiencia rusa. Por eso, los extranjeros no la comprenden en absoluto y no
pueden conformarse con colocarla en un rincón como un icono y rezar ante ella.
Así no se conseguirá nada. Lo que necesitan es asimilar parte de la experiencia
rusa. No sé cómo lo harán. Puede que los fascistas de Italia, por ejemplo, nos
presten un buen servicio, explicando a los italianos que no son todavía
bastante cultos y que su país no está garantizado aún contra las centurias
negras130. Quizá esto sea muy útil. Nosotros, los
rusos, debemos buscar también la forma de explicar a los extranjeros las bases
de esta resolución, pues, de otro modo, se verán imposibilitados por completo
para cumplirla. Estoy convencido de que, en este sentido, debemos decir no sólo
a los camaradas rusos, sino también a los extranjeros, que lo más importante
del período en que estamos entrando es estudiar. Nosotros estudiamos en sentido
general. En cambio, los estudios de ellos deben tener un carácter especial para
que lleguen a comprender realmente la organización, la estructura, el método y
el contenido de la labor revolucionaria. Si se logra esto, las perspectivas de
la revolución mundial, estoy convencido de ello, serán no solamente buenas,
sino incluso magníficas. (Clamorosos
aplausos que duran largo rato. Las exclamaciones de "¡Viva nuestro
camarada Lenin!" promueven nuevas
ovaciones clamorosas.)
Publicado el 15 de
noviembre de 1922 en el núm. 258 de "Pravda".
T, 45, págs. 278-294.
![]()
130 Centurias
negras: bandas
monárquicas formadas por la policía zarista para combatir el movimiento
revolucionario. Asesinaban a revolucionarios, agredían a los intelectuales
progresistas y organizaban pogromos antisemitas.
Discurso pronunciado en el pleno del Soviet de Moscú
145
DISCURSO PRONUNCIADO EN EL PLENO DEL SOVIET DE MOSCÚ.
El 20 de noviembre de 1922.
(Clamorosos aplausos. Se canta La Internacional.) Camaradas: Lamento
mucho no haber podido venir antes a vuestra reunión y os pido mil perdones.
Estoy enterado de que hace unas semanas teníais el propósito de ofrecerme la
posibilidad de visitar el Soviet de Moscú. No he podido hacerlo porque, después
de mi enfermedad, a partir de diciembre, hablando en el lenguaje de los
profesionales, perdí la capacidad de trabajo para un período prolongado, debido
a lo cual he tenido que ir aplazando de una semana para otra mi discurso de
hoy. He tenido también que cargar adicionalmente sobre el camarada Kámenev una
parte muy considerable del trabajo que, en un principio, como recordaréis,
había encomendado al camarada Tsiurupa y, después, al camarada Rykov. Y he de
decir, recurriendo a la comparación que ya he utilizado, que el camarada
Kámenev se vio de pronto uncido a dos carretas. Si bien, continuando la
comparación, debo agregar que el caballejo ha resultado capaz y brioso en grado
sumo. (Aplausos.) Pero, de todos modos,
no está bien tirar de dos carretas a la vez, y espero con impaciencia el
momento en que regresen los camaradas Tsiurupa y Rykov para distribuirnos el
trabajo con algo más de equidad. Por mi parte, y a causa de la disminución de
mi capacidad de trabajo, debo dedicar al examen de los asuntos mucho más tiempo
del que quisiera.
En diciembre de 1921, cuando
tuve que dejar el trabajo por completo, nos encontrábamos a fines de año.
Entonces estábamos pasando a la nueva política económica y parecía que ese
paso, no obstante haberlo iniciado a comienzos de 1921, era bastante difícil,
yo diría que muy difícil. Hace más de año y medio que venimos aplicando esta
transición y parecería llegado el momento de que la mayoría se trasladara a los
nuevos puestos y se instalara conforme a las nuevas condiciones, sobre todo
conforme a las condiciones de la nueva política económica.
Donde menos cambios hemos
hecho es en política exterior. En este terreno hemos proseguido el rumbo que
emprendimos antes; y creo, lo digo con la conciencia tranquila, que lo hemos
proseguido con absoluta consecuencia e inmenso éxito. Vosotros, por cierto, no
precisáis que se os informe de eso con pormenores: la toma de Vladivostok, la
manifestación subsiguiente y la declaración de unión en Estado federal que
habéis leído días atrás en los periódicos131 han
mostrado y demostrado con claridad meridiana que en este terreno no tenemos
nada que cambiar. Seguimos un camino trazado con absoluta claridad y precisión
y nos hemos asegurado el éxito ante los países del mundo entero, aunque algunos
de ellos sigan todavía dispuestos a declarar que no desean sentarse con
nosotros a una misma mesa. Sin embargo, las relaciones económicas —y tras ellas
las relaciones diplomáticas — se van normalizando, deben normalizarse y se
normalizarán sin falta. Todo Estado que se oponga a normalizarlas corre el
riesgo de llegar tarde y de encontrarse en una situación desfavorable, quizás
bastante esencial en algo. Esto lo vemos ahora todos, y no sólo por la prensa,
por los periódicos. Creo que, durante los viajes al extranjero, los camaradas
se convencen también de cuán grandes son los cambios operados. En este sentido
no hemos hecho, empleando la vieja comparación, ningún transbordo a otros
trenes ni cambiado de caballos.
![]()
131 Lenin se refiere a la declaración
adoptada el 14 de noviembre de 1922 por la Asamblea Nacional de la República
Extremoriental sobre la unión de ésta con la Federación Rusa; la noticia se dio
el 15 de noviembre de 1922. El texto íntegro de la declaración se publicó en
los periódicos el 21 de noviembre de 1922, después del discurso de Lenin.
Discurso pronunciado en el pleno del Soviet de Moscú
Pero en lo que se refiere a
nuestra política interior, el cambio que hicimos en la primavera de 1921
—dictado por razones de fuerza y poder persuasivo extraordinarios, debido a lo
cual no hubo entre nosotros la menor discusión ni la menor discrepancia en este
punto—, sigue originándonos ciertas dificultades, yo diría que grandes
dificultades. Y no porque hayamos dudado de la necesidad del viraje —a este
respecto no hubo ninguna duda— ni de si la prueba de esta nueva política
económica nuestra ha reportado los éxitos que esperábamos. En esta cuestión,
puedo decirlo con toda firmeza, tampoco existe la menor duda ni en las filas de
nuestro partido ni entre las multitudes de obreros y campesinos sin partido.
El problema no ofrece
dificultades en este sentido. Las dificultades radican en que se nos ha
planteado una tarea cuyo cumplimiento requiere a menudo que se apele a nuevas
personas, que se adopten medidas extraordinarias y se empleen métodos también
extraordinarios. Dudamos aún de la justedad de una cosa o de otra, hay cambios
en una o en otra dirección, y debo decir que tanto lo uno como lo otro seguirá
existiendo durante un período bastanteprolongado. "¡Nueva política
económica!" Rara denominación. Esta política ha sido denominada nueva
política económica porque da marcha atrás. Ahora nos replegamos, parece que
retrocedemos; pero lo hacemos para, después de habernos replegado, tomar
impulso y saltar adelante con mayor fuerza. Sólo con esta condición nos hemos
replegado para aplicar nuestra nueva política económica. No sabemos aún dónde y
cómo debemos reagruparnos, adaptarnos, reorganizarnos, para luego, después del
repliegue, comenzar la ofensiva más tenaz. Para hacer todo eso en un orden
perfecto es necesario, como dice el refrán, en cosa alguna pensar mucho,
muchísimo, y hacer una. Esto es necesario para vencer las increíbles
dificultades con que tropezamos en el cumplimiento de todas nuestras tareas, en
la solución de todos nuestros problemas. Sabéis perfectamente cuántos
sacrificios ha costado conseguir lo que hemos hecho, sabéis cuán larga ha sido
la guerra civil y cuántas fuerzas ha requerido. Y bien, la toma de Vladivostok
nos ha mostrado (porque Vladivostok, aunque esté lejos, es una ciudad nuestra)
(prolongados aplausos ) a todos la
simpatía general por nosotros, por nuestras conquistas. Tanto aquí como allí es
la RSFSR. Esta simpatía nos ha librado de los enemigos interiores y de los
exteriores, que nos atacaban. Me refiero al Japón.
146
Hemos conquistado una
situación diplomática completamente definida, que no es otra cosa que una
situación diplomática reconocida por el mundo entero. Todos lo veis. Veis los
resultados; mas, ¡cuánto tiempo ha hecho falta para ello! Hemos conseguido
ahora que los enemigos reconozcan nuestros derechos tanto en la política
económica como en la comercial. Así lo prueba la conclusión de convenios
comerciales.
Podemos ver por qué
nosotros, que hace año y medio emprendimos la senda de la llamada nueva
política económica, avanzamos por ella con dificultades tan increíbles. Vivimos
en las condiciones propias de un Estado tan destruido por la guerra, tan fuera
de todo cauce más o menos normal, que ha sufrido y soportado tanto, que ahora
nos vemos obligados a comenzar todos los cálculos, tomando como referencia un
pequeño porcentaje: el porcentaje de anteguerra. Aplicamos esta medida a las
condiciones de nuestra vida, a veces con mucha impaciencia y calor, y siempre
nos convencemos de que las dificultades son inmensas. La tarea que nos hemos
señalado en este terreno resulta tanto mayor por cuanto la comparamos con las
condiciones de un
Estado burgués corriente.
Nos hemos planteado esa tarea porque comprendíamos que no podíamos esperar la
ayuda de las potencias más ricas, esa ayuda que suele llegar siempre en
condiciones semejantes. Después de la guerra civil nos pusieron en condiciones
casi de boicot, o sea, nos dijeron que no nos concederían las relaciones
económicas que están acostumbrados a conceder y son normales en el mundo
capitalista.
Ha transcurrido más de año y
medio desde que emprendimos la senda de la nueva política económica; ha
transcurrido mucho más tiempo desde que firmamos nuestro primer
Discurso pronunciado en el pleno del Soviet de Moscú
convenio internacional; y, sin embargo, todavía se deja sentir
ese boicot de toda la burguesía y de todos los gobiernos. No podíamos confiar
en nada más cuando pasamos a las nuevas condiciones económicas; y, sin embargo,
no albergábamos la menor duda de que debíamos pasar a ellas y lograr el éxito
completamente solos. Cuanto más tiempo pasa, tanto más claro queda que toda
ayuda que nos pudieran prestar, que nos prestarán los países capitalistas,
lejos de suprimir esta condición, lo más probable es que la aumenten, que la
agraven más aún en la inmensa mayoría de los casos. "Completamente
solos", nos dijimos. "Completamente solos", nos dicen casi todos
los Estados capitalistas con los que hemos concluido alguna transacción, con
los que hemos entrado en tratos, con los que hemos iniciado alguna negociación.
Y ahí está la singular dificultad que debemos comprender. Hemos estructurado
nuestro régimen estatal con un trabajo de increíbles dificultad y heroísmo
durante más de tres años. En las condiciones en que nos hemos encontrado hasta
ahora, no hemos tenido tiempo de examinar si rompíamos algo de más, si había
demasiadas víctimas, porque las víctimas eran muchas, porque la lucha que
iniciamos entonces (de sobra lo sabéis vosotros, y huelga explayarse en ello)
era una lucha a vida o muerte contra el viejo régimen social, al que combatimos
para conquistar nuestro derecho a la existencia, al desarrollo pacífico. Y lo
hemos conquistado. No son palabras nuestras, no son declaraciones de testigos a
los que se pueda acusar de parcialidad. Son declaraciones de testigos que se
encuentran en el campo enemigo y que, como es natural, muestran parcialidad,
mas no por nosotros, sino por el bando opuesto. Esos testigos se encontraban en
el campo de Denikin, a la cabeza de la ocupación. Y sabemos que su parcialidad
nos costó muy cara, nos costó muchas destrucciones. Por culpa suya hemos
sufrido toda clase de pérdidas, hemos perdido valores de todo género y el valor
principal, vidas humanas, a escala de increíble magnitud. Ahora, analizando con
toda atención nuestras tareas, debemos comprender que la principal consiste hoy
en no entregar las viejas conquistas. Y no entregaremos ni una sola de ellas. (Aplausos.) Al mismo tiempo, nos hallamos
ante una tarea completamente nueva, y lo viejo puede ser un obstáculo directo.
Esa tarea es la más difícil de comprender. Pero hay que comprenderla para
aprender a trabajar; para aprender, cuando sea necesario, a echar los bofes,
por así decir. Creo, camaradas, que estas palabras y consignas son comprensibles,
porque en el año, aproximadamente, que me he visto obligado a permanecer
ausente, en la práctica habéis tenido que hablar y pensar de esto en todos los
aspectos y en centenares de ocasiones, al abordar el trabajo con vuestras
propias manos. Y estoy seguro de que las reflexiones sobre el particular sólo
pueden llevaros a una conclusión: hoy se requiere de nosotros más flexibilidad
aún de la que hemos tenido hasta ahora en el terreno de la guerra civil.
147
No debemos renunciar a lo
viejo. Toda una serie de concesiones que nos acomodan a las potencias
capitalistas permiten plenamente a éstas entablar relaciones con nosotros, les
proporcionan beneficios, a veces quizás mayores de los debidos. Pero, al mismo tiempo,
concedemos sólo una pequeña parte de los medios de producción, que nuestro
Estado mantiene casi por completo en sus manos. En días pasados se discutió en
la prensa el problema de la concesión solicitada por el inglés Urquhart132, que en la guerra civil ha estado casi todo el tiempo contra
nosotros y decía: "Conseguiremos nuestro objetivo en la guerra civil
contra Rusia, contra la misma Rusia que se ha atrevido a privarnos de esto y
aquello". Y, después de todo eso, hemos tenido que entablar relaciones con
él. No nos hemos negado a ellas, las hemos acogido con gran alegría, pero hemos
dicho: "Usted perdone, pero no entregaremos lo que hemos conquistado.
Nuestra Rusia es tan grande, y nuestras posibilidades económicas tan numerosas,
que nos consideramos con derecho a no rechazar su amable propuesta; pero la
discutiremos serenamente, como hombres de negocios". Es cierto que nuestra
primera conversación no ha dado nada, pues, por motivos políticos, no
![]()
132 Véase la nota 127.
Discurso pronunciado en el pleno del Soviet de Moscú
podíamos aceptar su
propuesta. Hemos tenido que contestarle con una negativa. Mientras los ingleses
no reconocieran la posibilidad de nuestra participación en el problema de los
estrechos, de los Dardanelos, debíamos responder con una negativa; pero inmediatamente
después de esa negativa debíamos analizar a fondo el problema. Hemos analizado
si nos sería beneficioso o no, si nos sería provechoso acceder a esta concesión
y, si lo es, en qué circunstancias. Hemos tenido que hablar del precio. Y esto,
camaradas, os muestra con claridad hasta qué grado tenemos que abordar ahora
los problemas de una manera distinta a como los abordábamos antaño. Antes, el
comunista decía: "Entrego mi vida", y le parecía muy sencillo, aunque
no todas las veces era tan sencillo. En cambio, ahora, los comunistas tenemos
planteada otra tarea completamente distinta. Ahora debemos calcularlo todo, y
cada uno de vosotros debe aprender a economizar. En la situación capitalista,
debemos calcular cómo asegurar nuestra existencia, cómo sacar provecho de
nuestros enemigos que, como es natural, regatearán, pues jamás han perdido la
costumbre de regatear y regatearán a costa nuestra. Tampoco olvidamos esto y en
modo alguno nos imaginamos que los representantes del comercio se conviertan en
algún sitio en corderos y nos faciliten gratis todas las venturas. Eso no
ocurre, y no lo esperamos. Confiamos en que, acostumbrados a oponer
resistencia, saldremos airosos en este terreno también y seremos capaces de
comerciar, de obtener ganancias y de salir de las situaciones económicas
difíciles. Esta tarea es muy ardua. Y nos aplicamos a cumplirla. Quisiera que
nos diéramos perfecta cuenta del profundo abismo que media entre la tarea vieja
y la nueva. Por muy hondo que sea ese abismo, en la guerra aprendimos a
maniobrar y hemos de comprender que la maniobra que debemos realizar, la
maniobra en que nos encontramos, es la más difícil. En cambio, es probable que
sea la última. Debemos probar en ella nuestra fuerza y demostrar que no sólo
hemos aprendido de memoria nuestras enseñanzas de ayer y repetimos las viejas
lecciones. Discúlpennos, señores, hemos comenzado a estudiar de nuevo y
estudiaremos de modo que logremos éxitos concretos y visibles para todos. Y en
nombre de este estudio nuevo creo que precisamente ahora debemos prometernos
con firmeza otra vez unos a otros que nos hemos replegado bajo la denominación
de nueva política económica, que nos hemos replegado para no entregar nada
nuevo y, al mismo tiempo, para conceder a los capitalistas tales ventajas que
obliguen a cualquier país, por muy enemigo nuestro que sea, a aceptar
transacciones y relaciones con nosotros. El camarada Krasin, que ha conversado
muchas veces con Urquhart
—este dirigente y puntal de
toda la intervención armada—, decía que, después de los intentos de Urquhart de
imponernos a toda costa y en toda Rusia el viejo régimen, se sentó a la misma
mesa que Krasin y comenzó a decir: "¿A qué precio?
¿Cuánto? ¿Por cuántos
años?" (Aplausos.) Eso está
bastante lejos todavía de la conclusión de una serie de convenios sobre
arrendamiento de empresas en régimen de concesión y de que hayamos entablado,
por tanto, relaciones contractuales absolutamente precisas y firmes
—desde el punto de vista de
la sociedad burguesa—; pero ya vemos ahora que nos acercamos a eso, que casi
hemos llegado, pero que todavía no hemos llegado. Esto, camaradas, debemos
reconocerlo y no caer en la presunción. Estamos aún muy lejos de haber conseguido
plenamente lo que nos hará fuertes e independientes y nos dará la tranquila
seguridad de que no tememos ningún negocio con los capitalistas; de que, por
difícil que sea el negocio, lo concluiremos, calaremos en el quid y saldremos
airosos. Por eso, la labor que hemos iniciado en este terreno —tanto política
como del partido— debe continuar; por eso es necesario que pasemos de los
viejos métodos a métodos completamente nuevos.
148
Nuestra administración sigue
siendo la vieja, ynuestra tarea consiste ahora en transformarla a lo nuevo. No
podemos transformarla de golpe, pero necesitamos organizar las cosas de manera
que estén bien distribuidos los comunistas con que contamos. Es preciso que
estos comunistas manejen las administraciones a que han sido enviados, y no,
como ocurre a menudo, que sean esas administraciones las que los manejan a
ellos. No hay por qué ocultarlo y debemos hablar de ello con claridad. Esas son
las tareas que tenemos planteadas
Discurso pronunciado en el pleno del Soviet de Moscú
y las dificultades con que tropezamos, precisamente en el
momento en que hemos emprendido nuestro camino práctico, en que debíamos
aproximarnos al socialismo, y no como a un icono pintado con colores suntuosos.
Necesitamos tomar una dirección certera, necesitamos que se compruebe todo, que
todas las masas y toda la población comprueben nuestro camino y digan:
"Sí, esto es mejor que el viejo régimen". Esa es la tarea que nos
hemos fijado, la tarea que ha emprendido nuestro partido, un pequeño grupo de
hombres en comparación con toda la población del país. Este granito de arena se
ha planteado el objetivo de transformarlo todo y lo transformará. Hemos
demostrado que no se trata de una utopía, sino de una obra a la que los hombres
consagran su vida. Todos lo hemos visto, eso ya está hecho. Hay que transformar
de modo que la mayoría de las masas trabajadoras, los campesinos y los obreros,
digan: "No os alabéis vosotros mismos; ya os alabamos nosotros y decimos
que habéis conseguido mejores resultados, después de los cuales ni una sola
persona sensata pensará jamás en retornar al pasado". Pero todavía no
hemos alcanzado eso. De ahí que la Nep
siga siendo la consigna principal, inmediata, exhaustiva, del día de hoy.
No olvidaremos ni una sola de las consignas que aprendimos ayer. Podemos asegurárselo a quienquiera que sea con
absoluta tranquilidad, sin el menor asomo de titubeo, y cada paso que damos lo
confirma. Pero debemos adaptarnos todavía a la nueva política económica. Hay
que saber vencer, reducir a un mínimo determinado todos sus aspectos negativos,
que no es preciso enumerar, puesto que los conocéis perfectamente. Hay que
hacerlo todo con cálculo. Nuestra legislación nos brinda plenas posibilidades
para ello. ¿Sabremos organizar las cosas como es debido? Es un problema que
está lejos aún de haber sido resuelto. Lo estamos estudiando. Cada número del
periódico de nuestro partido publica decenas de artículos, que versan: en tal
fábrica, con tal fabricante existen tales condiciones de arrendamiento; pero
donde el director es un camarada nuestro, un comunista, las condiciones son
otras. ¿Proporciona beneficios o no, compensa o no? Hemos pasado a la propia
médula de todas las cuestiones cotidianas, y en eso consiste la inmensa
conquista. Hoy, el socialismo no es ya un problema de un futuro remoto, ni una
visión abstracta o un icono. De los iconos seguimos teniendo la opinión de
antes, una opinión muy mala. Hemos hecho penetrar el socialismo en la vida
diaria, y de eso es de lo que debemos ocuparnos. Esa es la tarea del momento,
ésa es la tarea de nuestra época. Permitidme que acabe expresando mi seguridad
en que, por muy difícil que sea esa tarea, por más nueva que sea, en
comparación con la que teníamos antes, y por más dificultades que nos origine,
la cumpliremos a toda costa entre todos, juntos, y no mañana, sino en el
transcurso de varios años, de modo que de la Rusia de la Nep salga la Rusia
socialista. (Clamorosos y prolongados
aplausos.)
Publicado el 21 de
noviembre de 1922 en el núm. 263 de "Pravda".
T. 45, págs. 300-309.
Acerca del monopolio del comercio exterior
148
ACERCA DEL MONOPOLIO DEL COMERCIO EXTERIOR.133
Al camarada Stalin,
para el Pleno del CC.
Considero que lo más
importante es analizar la carta del camarada Bujarin. En el primer punto él
afirma que "ni Lenin ni Krasin dicen nada de las incalculables pérdidas
que sufre la economía del país por la incapacidad del Comisariado del Pueblo de
Comercio Exterior para el trabajo, incapacidad derivada de su estructura
"funcional"; no dicen ni una palabra de las pérdidas ocasionadas
porque nosotros mismos no estamos en condiciones (y no lo estaremos durante
mucho tiempo, por causas harto comprensibles) de movilizar el fondo mercantil
de los campesinos y de lanzarlo al mercado mundial".
Esta afirmación es errónea
por completo, ya que Krasin habla claramente en el apartado II de la formación
de sociedades mixtas que constituyen, primero, el modo de movilizar el fondo
mercantil de los campesinos y, segundo, el de obtener, cuando menos, la mitad
de los beneficios procedentes de esta movilización para nuestro erario. Por
consiguiente, quien pasa por alto el quid de la cuestión es precisamente
Bujarin, que no quiere ver que "la movilización del fondo mercantil de los
campesinos" proporcionará beneficios entera y exclusivamente a los
comerciantes de la Nep. El problema estriba en si nuestro CPCE va a trabajar en
provecho de estos comerciantes o del Estado proletario. Este es un problema tan
radical que por él se puede y se debe luchar sin duda alguna en el congreso del
partido.
El problema de la
incapacidad del CPCE para el trabajo, comparada con este problema primordial,
básico y de principio, es completamente subordinado, ya que dicha incapacidad
no es ni más ni menos que la de todos nuestros comisariados del pueblo,
incapacidad que depende de su estructura social común y que exige de nosotros
largos años de ardua labor encaminada a elevar la instrucción y el nivel
general.
El segundo punto de las
tesis de Bujarin declara que "tales puntos como, por ejemplo, la 5a tesis
de Krasin, son totalmente aplicables también a las concesiones en
general". Esto es de nuevo una falta de lo más escandalosa a la verdad,
porque la 5a tesis de Krasin afirma que "en el campo se introducirá
artificiosamente el explotador más contumaz, el acaparador, el especulador, el
agente del capital extranjero que trafica con el dólar, la libra esterlina y la
corona sueca". Nada de eso se deriva de las concesiones, en las cuales
prevemos no sólo el territorio, sino también el permiso especial para comerciar
con artículos específicos, y además, esto es lo fundamental, mantenemos en
nuestras manos el comercio de tales o cuales artículos otorgados en concesión.
Sin objetar una palabra contra los argumentos de Krasin de que no mantendremos
el comercio libre en el marco que fija la resolución del Pleno
![]()
133 Conforme a la decisión del CC del 16 de
octubre de 1922, el problema del monopolio del comercio exterior debía
discutirse en el Pleno del Comité Central del partido convocado para el 15 de
diciembre, luego se aplazó para el 18 de diciembre). Lenin desplegó una gran
labor para preparar el Pleno. Pero, al agravarse su enfermedad, los médicos le
prohibieron, el 13 de diciembre, trabajar, y él no pudo tomar parte en las
labores del mismo. Con ese motivo, Lenin escribió en esa fecha la carta al
Pleno del CC aquí publicada, en la cual examinaba y rechazaba los argumentos de
Bujarin contra el monopolio del comercio exterior, expuestos en la carta de
éste del 15 de octubre de 1922 al CC. Lenin remitió la suya a Stalin, a Trotski
y a Avanésov.
Las cartas de Lenin, las conversaciones sostenidas con él y el
profundo estudio de los documentos relativos a este problema convencieron a los
miembros del CC de que era necesario conservar el monopolio del comercio
exterior. El Pleno de diciembre del Comité Central adoptó por unanimidad una
resolución en la que se confirmaba la "necesidad absoluta de conservar y
reforzar en el aspecto de la organización el monopolio del comercio
exterior". No obstante, Lenin concedía tanta importancia al problema
delcomercio exterior que proponía informar de él a la minoría comunista del X
Congreso de los Soviets de toda Rusia, que se iba a celebrar, y someterlo a la
discusión del XII Congreso ordinario del partido.
Acerca del monopolio del comercio exterior
del 6 de octubre, de que nos
arrancarán de las manos el comercio por la fuerza de la presión, y no sólo de
los contrabandistas, sino también de todo el campesinado, sin objetar nada a
este argumento económico y de clase básico, Bujarin hace a Krasin acusaciones
que asombran por lo infundadas.
En el tercer punto de su carta, Bujarin escribe: "§ 3 de
Krasin". (Enumera por error fortuito el
punto 3 en lugar del 4.)
"Nuestra frontera se mantiene", y pregunta: "¿Qué significa
esto? Esto significa en realidad que no se hace nada. Exactamente igual que la
tienda con un buen anuncio público, en la cual no hay nada (sistema "Glavzapor",
o sea, "El mejor guardián"). Krasin dice con absoluta claridad que
nuestra frontera se mantiene no tanto por la protección aduanera o los
guardafronteras como por la existencia del monopolio del comercio exterior.
Bujarin no objeta ni puede objetar nada en contra de este hecho claro, real e
indiscutible. La expresión "sistema Glavzapor" tiene el carácter de
esas expresiones a las que Marx respondía en su tiempo con el término de free trader vulgaris134,
porque eso no con tiene nada, salvo una frase absolutamente vulgar de
librecambista.
Luego, en el punto 4°
Bujarin acusa a Krasin de que, al parecer, éste no ve que debemos ir hacia el
perfeccionamiento de nuestra política aduanera, y a la vez me acusa a mí de
que, según él, me equivoco, al hablar de los vigilantes para todo el país, cuando
en realidad se trata sólo de los puntos de importación y exportación. En este
caso, las objeciones de Bujarin vuelven a asombrar por la ligereza y marran el
tiro, pues Krasin no sólo ve el perfeccionamiento de nuestra política aduanera,
no sólo la reconoce por entero, sino que la señala con una exactitud que no
admite ni sombra de duda. Esta mejora consiste precisamente en que, primero,
hemos adoptado el sistema de monopolio del comercio exterior, y,segundo, el
sistema de formación de sociedades mixtas.
150
Bujarin no ve —éste es su
error más asombroso y, además, puramente teórico—, que ninguna política
aduanera puede ser eficaz en la época del imperialismo y de diferencia
monstruosa entre los países pobres y los increíblemente ricos. Bujarin alude
varias veces a la protección aduanera, sin percatarse de que, en las
condiciones mencionadas, cualquiera de los países industriales ricos puede
romper totalmente esa defensa. Le basta con instituir al objeto una prima de
exportación para las mercancías que son gravadas en Rusia con un arancel. A
cualquier país industrial le sobra dinero para ello y, como consecuencia de
esta medida, puede quebrantar a tiro hecho nuestra industria nacional.
Por eso todos los
razonamientos de Bujarin sobre la política aduanera no significan en la
práctica más que la renuncia absoluta a proteger la industria rusa y el paso,
encubierto con un velo sutilísimo, al sistema de librecambio. Tenemos que
combatir eso con todas nuestras fuerzas e incluso en el congreso del partido,
puesto que hoy, en la época del imperialismo, no se puede hablar de ninguna
política aduanera seria, como no sea la del sistema de monopolio del comercio
exterior.
La acusación de Bujarin
contra Krasin (en el 5° punto) de que éste no comprende, al parecer, toda la
importancia del aumento de la circulación, es refutada de plano por lo que ha
dicho Krasin de las sociedades mixtas, ya que éstas no persiguen más objetivo
que el de aumentar la circulación, conservando la protección real, y no
ficticia, como ocurre con la protección arancelaria, de nuestra industria rusa.
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134 Librecambio: política económica de la burguesía
industrial que se caracteriza por reivindicar la libertad de comercio y la no
ingerencia del Estado en la vida económica del país. La consigna de libertad de
comercio fue muy empleada en el siglo XIX por los librecambistas ingleses con
fines de demagogia social. Procurando atraer a su lado a las grandes masas de
obreros en la lucha contra los grandes terratenientes, afirmaban que la
libertad de comercio mejoraría la situación material de los trabajadores.
Carlos Marx mostró en El Capital la
completa inconsistencia de estos asertos, cuyo origen estaba en que "el
librecambista vulgaris va a buscar las ideas, los conceptos y los criterios
para enjuiciar la sociedad del capital y del trabajo asalariado" sólo en
la "órbita de la circulación simple o cambio de mercancías".
Acerca del monopolio del comercio exterior
Si, más adelante, en el
punto 6°, objetándome a mí, Bujarin escribe que a él no le importa que el
campesino concierte un negocio sumamente ventajoso, y que la lucha no se
empeñará entre el campesino y el Poder soviético, sino entre éste y el
exportador, eso es, de nuevo, un error de bulto, porque el exportador, por
ejemplo, con las diferencias de precios señaladas por mí (el lino cuesta en
Rusia 4,50 rublos, y en Inglaterra 14) movilizará en torno suyo de la manera
más rápida, segura e indudable a todos los campesinos. De hecho, Bujarin asume
la defensa del especulador, del pequeño burgués y de la cúspide del campesinado
contra el proletariado industrial que no está absolutamente en condiciones de
reconstruir su industria, de hacer de Rusia un país industrial si no lo
protege, pero de ninguna manera con la política aduanera, sino sola y
exclusivamente con el monopolio del comercio exterior. Cualquier otro
proteccionismo en las condiciones de la Rusia actual es un proteccionismo
totalmente ficticio, de papel, que no da nada al proletariado. Por eso, desde
el punto de vista del proletariado y de su industria, esta lucha tiene la mayor
importancia, es una lucha de principio. El sistema de sociedades mixtas es el
único que puede mejorar en realidad la deficiente administración del CPCE, ya
que en este sistema trabajan juntos el comerciante extranjero y el mercader
ruso. Si ni siquiera en estas condiciones sabemos iniciarnos un poco,
instruirnos y aprender a fondo, podrá decirse que nuestro pueblo es un pueblo de
tontos de remate.
Si seguimos hablando de la
"protección aduanera", eso significa que cerraremos los ojos para no
ver los peligros señalados por Krasin con plena claridad y no refutados en
ninguna de sus partes por Bujarín.
Añadiré que la apertura
parcial de las fronteras acarrea gravísimos peligros monetarios porque, de
hecho, iremos a parar a la situación de Alemania; acarrea gravísimos peligros
relacionados con la penetración en Rusia, sin la menor posibilidad de control
por nuestra parte, de la pequeña burguesía y de toda clase de agentes de los
rusos en el extranjero.
Aprovechar las sociedades
mixtas para estudiar en serio y largo tiempo: ése es el único camino que
conduce al restablecimiento de nuestra industria.
Lenin.
Dictado por teléfono el 13 de diciembre de 1922. Publicado
íntegro por primera vez en 1930 en el núm. 2-3 de la revista
"Proletérskaga Revoliutsia".
T. 45, págs. 333-337.
151
ÚLTIMOS ARTÍCULOS Y CARTAS
23 de diciembre de
1922 — 2 de marzo de 1923.
I.
CARTA AL CONGRESO.135
Yo aconsejaría con
insistencia hacer en este congreso varios cambios en nuestra estructura
política.
Quisiera exponer las consideraciones que estimo más importantes.
Lo primero de todo es elevar
el número de miembros del CC a varias decenas e incluso a un centenar. Creo que
si no hiciéramos esta reforma, nuestro Comité Central se vería amenazado de
grandes peligros, en caso de que el curso de los acontecimientos no nos fuera
favorable del todo (y no podemos contar con que nos sea).
También pienso proponer al
congreso que se dé carácter legislativo, con ciertas condiciones, a las
decisiones del Gosplán, aceptando en este aspecto hasta cierto punto y previas
ciertas condiciones, lo que propone el camarada Trotski.
Por lo que se refiere al
primer punto, es decir, al aumento del número de miembros del CC, creo que es
necesario tanto para elevar el prestigio del CC como para realizar un trabajo
serio con miras a mejorar nuestro mecanismo administrativo y evitar que los
conflictos de pequeñas partes del CC puedan adquirir una importancia excesiva
para todos los destinos del partido.
Opino que nuestro partido
está en su derecho, al pedir a la clase obrera un CC de cincuenta a cien
miembros, y que ella puede dárselos sin poner en demasiada tensión sus fuerzas.
Esta reforma haría mucho más
sólido a nuestro partido y le facilitaría la lucha que sostiene, rodeado de
Estados hostiles, lucha que, a mi modo de ver, puede y debe enconarse mucho
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135 El 16 de diciembre de 1922 Lenin tuvo un
fuerte acceso de su enfermedad; los días siguientes se agravó más su estado. No
podía escribir, pues se le habla paralizado el brazo derecho, y se vio obligado
a dictar sus notas a una taquígrafa. Las cartas y artículos incluidos en el
presente volumen fueron dictados por Lenin desde fines de diciembre de 1922
hasta comienzos de marzo de 1923. La Carta
al Congreso incluye las notas dictadas del 23 al 26 de diciembre de 1922, y
el Suplemento a la carta del 24 de
diciembre de 1922 lo dictó el 4 de enero de 1923.
Las notas del 24 y 25 de diciembre de 1922 y del 4 de enero de
1923, en las que Lenin daba referencias de miembros del CC, fueron entregadas
por Nadiezhda Krúpskaya, la esposa de Lenin, en cumplimiento de la voluntad de
éste, al Comité Central del partido, después de haber fallecido ya Lenin. En
mayo de 1924 se dio lectura a la Carta al
Congreso, de Lenin, por delegaciones, en el XIII Congreso del partido.
En diciembre de 1927, el XV Congreso del PC(b) de la URSS tomó
el acuerdo de adjuntar la Carta al
Congreso (notas del 24 y 25 de diciembre de 1922 y del 4 de enero de 1923)
a las actas taquigráficas del congreso, así como de publicar estas notas y
otras cartas de Lenin sobre problemas internos del partido en las Recopilaciones Leninistas. Conforme a
este acuerdo, las notas del 24 y 25 de diciembre de 1922 y del 4 de enero de
1923 fueron publicadas en el Boletín N° 30 del XV Congreso del PC(b) de la
URSS. En cuanto a la segunda parte del acuerdo del XV Congreso del partido,
quedó largo tiempo sin cumplir, pues las cartas de Lenin sobre problemas
internos del partido no fueron incluidas ni en las Recopilaciones Leninistas ni en ninguna otra publicación. En 1956,
por acuerdo del CC del PCUS, estas cartas fueron puestas en conocimiento del XX
Congreso del partido y luego distribuidas por las organizaciones del partido y
dadas a la gran publicidad.
en los años próximos. Creo
que, gracias a esta medida, la estabilidad de nuestro partido sería mil veces
mayor.
Lenin.
23-XII-22
Taquigrafiado por M. V.
II
Continuación de las anotaciones taquigráficas.
24 de diciembre del año 22
Por estabilidad del Comité
Central, de la que hablaba antes, entiendo las medidas contra la escisión en
tanto en cuanto pueden ser adoptadas, en general. Porque, naturalmente, tenía
razón el guardia blanco de Rússkaya Myss136
(creo que era S. S. Oldenburg) cuando, primero, en el juego de esas gentes
contra la Rusia Soviética cifraba sus esperanzas en la escisión de nuestro
partido y, segundo, en que ésta se produjera debido a gravísimas discrepancias
en el seno del mismo.
Nuestro partido se apoya en
dos clases, y por eso es posible su inestabilidad y sería inevitable su caída
si estas dos clases no pudieran llegar a un acuerdo. Sería inútil adoptar unas
u otras medidas con vistas a esta eventualidad y, en general, divagar en torno
a la estabilidad de nuestro CC. En tal caso, no habría medida capaz de evitar
la escisión. Pero confío que eso es cosa de un futuro demasiado lejano y un
acontecimiento demasiado improbable para hablar de ello.
Me refiero a la estabilidad
como garantía contra la escisión en un próximo futuro, y tengo el propósito de
exponer aquí varias consideraciones de índole puramente personal.
Yo creo que lo fundamental
en el problema de la estabilidad, desde este punto de vista, son tales miembros
del CC como Stalin y Trotski. Las relaciones entre ellos, a mi modo de ver,
entrañan más de la mitad del peligro de esa escisión que se podría evitar, ya
cuyo objeto debe servir, entre otras cosas, según mi criterio, la ampliación
del CC hasta cincuenta o cien miembros.
El camarada Stalin, llegado
a secretario general, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy
seguro de que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia. Por otra
parte, el camarada Trotski, según demuestra su lucha contra el CC con motivo
del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación, no se
distingue únicamente por dotes relevantes. Personalmente, quizá sea el hombre
más capaz del actual CC, pero está demasiado ensoberbecido y se deja llevar
demasiado por el aspecto puramente administrativo de los asuntos.
Estas dos cualidades de dos
destacados dirigentes del CC actual pueden conducir, sin quererlo, a la
escisión, y si nuestro partido no toma medidas para impedirlo, la escisión
puede producirse de manera imprevista.
152
No seguiré caracterizando a
los demás miembros del CC por sus cualidades personales. Recordaré sólo que el
episodio de Zinóviev y Kámenev137 en
Octubre no fue, naturalmente,
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136 "Rússkaya Mysl"
("El Pensamiento Ruso"): revista publicada en Praga en 1922 bajo la
dirección de P. Struve.
137 Se alude a la conducta capituladora de
Zinóviev y Ká publicaron el 18 de octubre en el periódico semimenchevique Nóvaya Zhizn ("Vida Nueva")
una declaración sobre la preparación de la insurrección por los bolcheviques, calificándola de aventura. Con ello
revelaron al Gobierno Provisional burgués el acuerdo del CC de organizar la
sublevación en fechas próximas. El mismo día Lenin condenó este acto en la Carta a los miembros del partido de los
bolcheviques, llamándolo acto inaudito de esquirolaje.
una casualidad, pero de eso
se les puede culpar personalmente tan poco como a Trotski de no sentir el
bolchevismo.
En cuanto a los jóvenes
miembros del CC, diré unas palabras de Bujarin y Piatakov. Son, a mi juicio,
los que más se destacan (entre los más jóvenes), y, al tratarse de ellos, se
debería tener en cuenta lo siguiente: Bujarin no sólo es un valiosísimo y notable
teórico del partido, sino que, además, se le considera legítimamente el
favorito de todo el partido; pero sus concepciones teóricas pueden calificarse
de enteramente marxistas con muchas dudas, pues hay en él algo escolástico
(jamás ha estudiado y creo que jamás ha comprendido por completo la
dialéctica).
25.XII. Viene después
Piatakov, hombre sin duda de grandes voluntad y dotes, pero que se deja llevar
demasiado por el ejercicio de la administración y el aspecto administrativo de
los asuntos para que se pueda confiar en él en un problema político serio.
Naturalmente, una y otra
observación son valederas sólo para el presente, suponiendo que estos dos
destacados y fieles militantes no encuentrenocasión de completar sus
conocimientos y de corregir su formación unilateral.
Lenin.
25-XII-22.
Taquigrafiado por M. V.
Adición a la carta
del 24 de diciembre de 1922.
Stalin es demasiado brusco,
y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre
nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de secretario
general. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin
a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del
camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que
sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos
caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una pequeñez insignificante.
Pero creo que, desde el punto de vista de prevenir la escisión y de lo que he
escrito antes de las relaciones entre Stalin y Trotski, no es una pequeñez o se
trata de una pequeñez que puede adquirir importancia decisiva.
Lenin.
Taquigrafiado por L. F.
4 de enero de 1923
III
Continuación de las anotaciones taquigráficas.
26 de diciembre de 1922
La ampliación del CC hasta
cincuenta o incluso cien miembros debe perseguir, a mi modo de ver, un fin
doble o incluso triple: cuanto mayor sea el número de miembros del CC, tantos
más aprenderán a realizar el trabajo de éste y tanto menor será el peligro de
una escisión debida a cualquier imprudencia. La incorporación de muchos obreros
al CC ayudará a los obreros a mejorar nuestro cuerpo administrativo, que es
pésimo. En el fondo, lo hemos heredado del viejo régimen, puesto que ha sido
absolutamente imposible rehacerlo en un plazo tan corto, sobre todo con la
guerra, con el hambre, etc. Por eso podemos contestar tranquilamente a los
"críticos" que nos señalan con sonrisa burlona o con malicia los
defectos
de nuestra administración
que no comprenden nada las condiciones de nuestra revolución. En cinco años es
imposible por completo reformar la administración en medida suficiente, sobre
todo atendidas las condiciones en que se ha producido nuestra revolución.
Bastante hemos hecho con crear en cinco años un nuevo tipo de Estado en el que
los obreros van delante de los campesinos contra la burguesía, lo cual, habida
cuenta de la hostil situación internacional, es una obra gigantesca. Pero el
saber que eso es así en modo alguno debe impedirnos ver que, en el fondo, hemos
tomado la vieja administración del zar y de la burguesía y que ahora, al
advenir la paz y cubrir en grado mínimo las necesidades relacionadas con el
hambre, todo el trabajo debe orientarse a mejorar la administración.
Yo me imagino las cosas de
manera que unas decenas de obreros incluidos en el CC pueden, mejor que otros
cualesquiera, entregarse a la labor de revisar, mejorar y rehacer nuestra
administración. La Inspección Obrera y Campesina, a la que en un principio pertenecía
esta función, ha sido incapaz de cumplirla y únicamente puede ser empleada como
"apéndice" o auxiliar, en determinadas condiciones, de estos miembros
del CC. Los obreros que pasen a formar parte del CC deben ser principalmente, a
juicio mío, no de los que han actuado largo tiempo en las organizaciones
soviéticas (en esta parte de la carta, cuando digo obreros siempre me refiero
también a los campesinos), porque en ellos han arraigado ya ciertas tradiciones
y ciertos prejuicios que es deseable precisamente combatir.
Los obreros que se
incorporen al CC deben ser, principalmente, personas que se encuentren por
debajo del sector de los promovidos en estos cinco años a funcionarios
soviéticos y deben hallarse más cerca de los simples obreros y campesinos, que,
sin embargo, no entran, ni directa ni indirectamente, en la categoría de los
explotadores. Creo que esos obreros, que asistirán a todas las reuniones del CC
y del Buró Político y leerán todos los documentos del CC, pueden ser un núcleo
de fieles partidarios del régimen soviético capaces, primero, de dar
estabilidad al propio CC y, segundo, de aplicarse de verdad a renovar y mejorar
la administración.
Lenin.
Taquigrafiado por L. F.
153
26-XII-22.
Publicado por primera
vez en el núm. 9 de 1956 de la revista
"Kommunist".
T. 45, págs. 343-348.
Continuación de las anotaciones taquigráficas.
30 de diciembre de 1922
Contribución al
problema de las naciones o sobre la “autonomización”.138
Me parece que he incurrido en una grave culpa
![]()
138 El motivo que indujo directamente a
Lenin a escribir esta carta fue un conflicto habido en el Partido Comunista de
Georgia entre el Comité Territorial de Transcaucasia del PC(b) de Rusia,
encabezado por G. Ordzhonikidze, y el grupo de P. Mdivani, el cual frenaba de
hecho la unificación económica y política de las repúblicas transcaucásicas y
pretendía, en realidad, mantener separada a Georgia, haciendo así el juego al
nacionalismo burgués y a los mencheviques georgianos. Ordzhonikidze incurrió
asimismo en graves errores. No mostró la debida flexibilidad y precaución en la
aplicación de la política nacional del partido en Georgia, empleaba métodos de
ordeno y mando, se precipitaba en la aplicación de algunas medidas y no siempre
tenía en cuenta la opinión ni acataba las atribuciones del CC del PC de
Georgia. Ordzhonikidze tampoco mostró el debido aguante en las relaciones con
el grupo de Mdivani.
ante los obreros de Rusia
por no haber hablado con las suficientes energía y dureza del decantado
problema de la autonomización139,
denominado oficialmente, creo, problema de la unión de las repúblicas
socialistas soviéticas.
Este verano, cuando se
planteó el problema, yo estaba enfermo, y luego, en el otoño, confié demasiado
en mi restablecimiento y en que los plenos de octubre y diciembre me brindarían
la oportunidad de hablar de este problema140.
Pero no pude asistir ni al Pleno de octubre (dedicado a este problema) ni al de
diciembre, por lo que no he llegado a tratarlo casi en absoluto.
Me ha dado tiempo sólo de
conversar con el camarada Dzerzhinski, que ha vuelto del Cáucaso y me ha
contado cómo se plantea este problema en Georgia. También me ha dado tiempo de
intercambiar unas palabras con el camarada Zinóviev y expresarle mis temores
sobre el particular. Por lo que me ha contado el camarada Dzerzhinski, que ha
presidido la comisión enviada por el Comité Central para "investigar"
lo relativo al incidente de Georgia, yo no podía tener más que los mayores
temores. Si las cosas tomaron tal cariz que Ordzhonikidze pudo perder los
estribos y llegar a emplear la violencia física, como me ha hecho saber el
camarada Dzerzhinski, podemos imaginarnos en qué charca hemos caído. Al
parecer, todo este jaleo de la "autonomización" era erróneo e
intempestivo por completo.
Se dice que era necesario
unir la administración. ¿De dónde han partido estos asertos? ¿No será de esa
misma administración rusa que, como indicaba ya en uno de los anteriores
números de mi diario, hemos tomado del zarismo, habiéndonos limitado a ungirlo
ligeramente con el óleo soviético?
Es indudable que se debería
demorar la aplicación de esta medida hasta que pudiéramos decir que respondemos
de nuestra administración como de algo propio. Pero ahora, poniéndonos la mano
en el pecho, debemos decir lo contrario, que denominamos nuestra una
administración que, en realidad, aún no tiene nada de común con nosotros y
constituye un batiburrillo burgués y zarista que no ha habido posibilidad
alguna de transformar en cinco años sin la ayuda de otros países y en unos
momentos en que predominaban las "ocupaciones" militares y la lucha
contra el hambre.
En estas circunstancias es
muy natural que la "libertad de abandonar la unión", con la que
nosotros nos justificamos, sea un papel mojado inservible para defender a los
no rusos de la invasión del ruso genuino, del patriotero, miserable en el fondo
y dado a la violencia, como es el típico burócrata ruso. No cabe duda de que el
insignificante porcentaje de obreros soviéticos y sovietizados se hundiría en
este mar de inmundicia chovinista rusa como las moscas.
En defensa de esta medida se
dice que han sido segregados los Comisariados del Pueblo que tienen una
relación directa con la sicología de las naciones, con la instrucción pública
en las
![]()
En la carta Contribución al problema de las naciones o
sobre la "autonomización", Lenin explicó los problemas de mayor
importancia de la política del partido con respecto a las naciones. Tenía esta
carta por un documento directriz, le concedía suma importancia y se proponía
publicada más tarde como artículo. Pero el súbito y brusco agravamiento de su
enfermedad, a partir del 6 de marzo de 1923, le impidió dar las disposiciones
definitivas sobre el particular. El 16 de abril de 1923, L. Fótieva, secretaria
de Lenin, envió al Buró Político del CC del PC(b) de Rusia esta carta, que fue
dada a conocer en reuniones separadas de las delegaciones que asistieron al XII
Congreso del PC(b) de Rusia. Conforme a las indicaciones de Lenin, en el
proyecto de resolución del congreso sobre el problema nacional se introdujeron
importantes modificaciones y adiciones.
139 "Autonomización": idea de ingreso de todas las repúblicas
soviéticas nacionales en la RSFSR según los principios de la autonomía. El
proyecto de "autonomización" fue propuesto por J. Stalin. Lenin
criticó duramente este proyecto y propuso una solución completamente distinta
por principio: la agrupación de todas las repúblicas en la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas con igualdad completa de derechos. El 30 de diciembre de
1922, el I Congreso de los Soviets de toda la URSS adoptó el acuerdo de formar la
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
140 Se trata de los plenos del CC del PC(b)
de Rusia, que se reunieron en octubre y diciembre de 1922.En el orden del día
figuraban cuestiones de la formación de la URSS.
naciones. Pero, a este
respecto, se nos ocurre hacer la pregunta de si es posible independizar a estos
Comisariados y la de si hemos tomado medidas con la suficiente solicitud para
proteger de veras a los no rusos contra el esbirro genuinamente ruso. Creo que
no las hemos tomado, aunque pudimos y debimos hacerlo.
Me parece que en esto han
tenido un efecto fatal la precipitación y las aficiones administrativas de
Stalin, así como su enconamiento contra el decantado
"socionacionalismo". Por lo común, el enconamiento desempeña siempre
en política el peor papel.
Temo igualmente que el
camarada Dzerzhinski, que ha ido al Cáucaso a investigar el caso de los
"delitos" de esos "socionacionales", también se haya
distinguido aquí sólo por sus ánimos genuinamente rusos (se sabe que los
pueblos alógenos rusificados se pasan siempre de la raya en cuanto a sus ánimos
genuinamente rusos), y que la imparcialidad de toda su comisión esté
suficientemente caracterizada por el "guantazo" de Ordzhonikidze.
Creo que ninguna provocación, ni siquiera ofensa alguna, puede justificar este
guantazo ruso, y que el camarada Dzerzhinski tiene sin remedio la culpa de
haber reaccionado con ligereza ante el bofetón.
Ordzhonikidze era una
autoridad para todos los demás ciudadanos del Cáucaso. Ordzhonikidze no tenía
derecho a dejarse llevar por la irritación a la que él y Dzerzhinski apelan. Al
contrario, Ordzhonikidze estaba obligado a comportarse con un comedimiento que
no se puede pedir a ningún ciudadano corriente, con tanto mayor motivo si éste
es acusado de un delito "político". Y la realidad es que los
socionacionales eran ciudadanos acusados de un delito político, y todo el
ambiente en que se hizo esta acusación sólo así podía calificarlo
A este respecto cabe hacer
ya una importante pregunta de principio: ¿cómo comprender el internacionalismo?
Lenin
30-XII-22.
Taquigrafiado por M. V.
Continuación de las anotaciones taquigráficas.
31 de diciembre de 1922
154
Contribución al
problema de las naciones o sobre la “autonomizacion”.
(Continuación)
En mis trabajos sobre el
problema nacional he escrito ya que el planteamiento abstracto del problema del
nacionalismo en general no sirve para nada. Es necesario distinguir entre el
nacionalismo de una nación opresora y el nacionalismo de una nación oprimida,
entre el nacionalismo de una nación grande y el nacionalismo de una nación
pequeña.
Respecto al segundo
nacionalismo, los integrantes de una nación grande tenemos casi siempre la
culpa de cometer en el terreno práctico de la historia infinitos actos de
violencia; e incluso más aún: cometemos sin darnos cuenta infinitos actos de
violencia y ofensas. Me basta con evocar el despectivo trato que se da en las
regiones del Volga a los pueblos alógenos, la sola manera burlona de llamar
"polaquetes" a los polacos, la sorna con que se llama siempre
"príncipes" a los tártaros, "jojol" al ucranío y "varón
kapkásico" al georgiano y a los otros oriundos caucasianos.
Por eso, el
internacionalismo de la nación opresora, o de la llamada nación
"grande" (aunque sólo sea grande por sus violencias, grande como un
esbirro), debe consistir no sólo en observar la igualdad formal de las
naciones, sino también esa desigualdad que, por parte de la nación opresora, de
la nación grande, compense la desigualdad real que se da en la vida. Quien no
haya comprendido esto, no ha comprendido la actitud verdaderamente proletaria
ante el problema nacional; sigue sosteniendo, en el fondo, el punto de vista
pequeñoburgués, y por ello no puede menos de pasar a cada instante al punto de
vista burgués.
¿Qué tiene importancia para
el proletario? Para el proletario tiene no sólo importancia, sino que es de una
necesidad esencial gozar, en la lucha proletaria de clase, de la máxima
confianza entre los pueblos alógenos. ¿Qué hace falta para eso? Para eso hace
falta algo más que la igualdad formal. Para eso hace falta compensar de una
manera u otra, con su trato o con sus concesiones a las otras naciones, la
desconfianza, el recelo y los agravios inferidos en el pasado histórico por el
gobierno de la nación dominante.
Creo que, para los
bolcheviques, para los comunistas, huelga meterse en explicaciones y entrar en
detalles. Y creo que en este caso, respecto a la nación georgiana, presenciamos
un ejemplo típico de cómo la actitud verdaderamente proletaria exige cautela,
delicadeza y transigencia extremas por nuestra parte. El georgiano que desdeña
este aspecto del problema, que hace despectivas acusaciones de
"socionacionalismo" (cuando él mismo es no sólo un
"socionacional" auténtico y verdadero, sino un burdo esbirro ruso),
ese georgiano lastima, en el fondo, los intereses de la solidaridad proletaria
de clase, porque nada frena tanto el desarrollo y la consolidación de esta
solidaridad como la injusticia en la esfera nacional y nada hace reaccionar con
tanta sensibilidad a los nacionales "ofendidos" como el sentimiento
de igualdad y la vulneración de esa igualdad por parte de sus camaradas
proletarios, aunque sea por negligencia, aunque sea por gastar una broma. Por
eso, en este caso, es preferible pecar por exceso que por defecto en el sentido
de hacer concesiones y ser blandos con las minorías nacionales. Por eso, en
este caso, el interés vital de la solidaridad proletaria y, por consiguiente,
de la lucha proletaria de clase, requiere que jamás enfoquemos de manera formalista
el problema nacional, sino que tomemos siempre en consideración la diferencia
obligatoria en la actitud del proletario de la nación oprimida (o pequeña) ante
la nación opresora (o grande).
Lenin.
Taquigrafiado por M. V.
31-XII-22.
Continuación de las anotaciones taquigráficas.
31 de diciembre de 1922
¿Qué medidas prácticas se deben tomar en la situación creada?
Primero, hay
que mantener y fortalecer la unión de las repúblicas socialistas; sobre esto no
puede caber ninguna duda. Lo necesitamos nosotros, lo mismo que lo necesita el
proletariado comunista internacional, para luchar contra la burguesía mundial y
defenderse de sus intrigas.
Segundo, hay
que mantener la unión de las repúblicas socialistas en cuanto al personal
diplomático que, dicho sea de paso, es una excepción en el conjunto de nuestra
administración pública. No hemos dejado entrar en él ni a una sola persona de
alguna influencia procedente de la vieja administración zarista. Todo él,
teniendo presentes los cargos de alguna importancia, se compone de comunistas.
Por eso, este personal se ha ganado ya (podemos decirlo sin temor) el título de
personal comunista probado, depurado
en grado incomparable e
inconmensurablemente mayor de elementos de la vieja administración zarista,
burguesa y pequeñoburguesa que esa otra a la que nos vemos obligados a recurrir
en los restantes Comisariados del Pueblo.
Tercero, hay
que imponer un castigo ejemplar al camarada Ordzhonikidze (digo esto con gran
pesar, porque somos amigos y trabajé con él en el extranjero, en la
emigración), y también terminar de examinar o examinar de nuevo todos los
documentos de la comisión de Dzerzhinski para corregir la inmensidad de errores
y de juicios apasionados que hay sin duda en ellos. La responsabilidad política
por toda esta campaña de verdadero nacionalismo ruso debe hacerse recaer, como
es natural, en Stalin yDzerzhinski.
155
Cuarto, hay que implantar las normas más severas sobre el uso del
idioma nacional en las repúblicas de población alógena que forman parte de
nuestra Unión y comprobar su cumplimiento con particular celo. No cabe duda de
que, so pretexto de unidad del servicio ferroviario, so pretexto de unidad
fiscal, etc., con la administración pública que tenemos ahora, se cometerá una
infinidad de abusos de carácter ruso puro. Para combatir esos abusos se
necesita una inventiva especial, sin hablar ya de la sinceridad singular de
quienes se encarguen de hacerlo. Hará falta un código detallado que sólo podrá
estar algo bien en caso de que lo redacten individuos de la nación de que se
trate y residentes en su república. A este respecto, en modo alguno debemos
obcecarnos de antemano en que, como resultado de todo este trabajo, no
retrocederemos en el siguiente congreso de los Soviets, es decir, de que
mantengamos la unión de repúblicas socialistas soviéticas sólo en los aspectos
militar y diplomático, restableciendo en todos los demás aspectos la completa
autonomía de los distintos Comisariados del Pueblo.
Debe tenerse presente que el
fraccionamiento de los Comisariados del Pueblo y la falta de concordancia de su
labor con respecto a Moscú y los otros centros pueden contrarrestarse lo
suficiente por el prestigio del partido, si éste se emplea con la discreción e
imparcialidad precisas; el daño que pueda sufrir nuestro Estado por la falta de
administraciones públicas nacionales unificadas con la rusa es incalculable e
infinitamente menor que el daño que se nos inferirá no sólo a nosotros, sino a
toda la Internacional, a los cientos de millones de habitantes de Asia, la cual
debe salir al proscenio de la historia en un próximo futuro, siguiéndonos los
pasos. Sería un oportunismo imperdonable que, en vísperas de esta acción del
Oriente, en los comienzos de su despertar, menoscabásemos el prestigio que
tenemos en él aunque sólo fuese con la menor aspereza e injusticia hecha a
nuestras propias naciones alógenas. Una cosa es la necesidad de cohesión contra
los imperialistas de Occidente, que defienden el mundo capitalista. En este
caso no puede haber dudas, y huelga decir que apruebo sin reservas estas
medidas. Y otra cosa es cuando nosotros mismos adoptamos, aunque sea en
pequeñeces, actitudes imperialistas frente a naciones oprimidas, poniendo así
en tela de juicio toda nuestra sinceridad en la adhesión a los principios, toda
la defensa que hacemos de la lucha contra el imperialismo. Y el mañana de la
historia universal será el día en que despierten definitivamente los pueblos
oprimidos por el imperialismo, los cuales han abierto ya los ojos, y en que
empiece la larga y dura batalla decisiva por su emancipación.
Lenin.
31-XII-22.
Taquigrafiado por M. V.
Publicado por primera
vez en 1956 en el núm. 9 de la revista "Kommuntst".
T. 45, págs. 356-362.
156
PAGINAS DEL DIARIO.141
El trabajo publicado hace
unos días sobre la alfabetización en Rusia, según los datos del censo de 1920 (La alfabetización en Rusia, Moscú,
1922, Dirección General de Estadística, Sección de Estadística de Instrucción
Pública), constituye un acontecimiento de gran importancia.
A continuación doy el cuadro
estadístico de la alfabetización en Rusia entre 1897 y 1920, incluido en dicho
trabajo:
|
|
De cada 1.000 |
De cada 1.000 |
De cada 1.000 |
|||||
|
|
hombres: |
|
mujeres: |
habitantes: |
||||
|
|
saben leer y |
saben |
leer y |
saben |
leer y |
|||
|
|
escribir |
|
escribir |
|
escribir |
|
|
|
|
|
Años |
Años |
Años |
|||||
|
|
1897 |
|
1920 |
1897 |
1920 |
1897 |
|
192 |
|
1. Rusia Europea. |
326 |
|
422 |
136 |
255 |
229 |
|
330 |
|
2. Cáucaso Septentrional |
241 |
|
357 |
56 |
215 |
150 |
|
281 |
|
3. Siberia (Occidental) |
170 |
|
307 |
46 |
134 |
108 |
|
218 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Total... |
318 |
|
409 |
131 |
244 |
223 |
|
319 |
Mientras nosotros charlamos
de cultura proletaria y la relación que guarda con la cultura burguesa, los
hechos nos brindan cifras atestiguadoras de que incluso respecto a la cultura
burguesa deja mucho que desear nuestra situación. Resulta, como era de esperar,
que vamos muy retrasados en la alfabetización general, e incluso nuestro
progreso es demasiado lento, en comparación con la época zarista (1897). Esto
sirve de seria advertencia y reproche a quienes se perdían y se pierden en el
empíreo de la "cultura proletaria" 142.
Esto demuestra cuánto trabajo perseverante, de peones, nos queda aún por hacer
para alcanzar el nivel de un país civilizado corriente de Europa Occidental.
Esto demuestra, además, la inmensidad de trabajo que hemos de realizar para
conseguir, en el terreno de nuestras conquistas proletarias, un nivel realmente
algo cultural.
Es necesario que no nos
limitemos a este postulado indiscutible, pero demasiado teórico. Es necesario
que cuando revisemos en fechas próximas nuestro presupuesto trimestral, lo
hagamos también con sentido práctico. Desde luego, debemos reducir, ante todo,
los gastos, pero no del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública, sino de
los otros departamentos, a fin de que las sumas liberadas puedan invertirse en
los menesteres de este Comisariado.
![]()
141 En el texto mecanografiado falta el
título del artículo, que se publicó en Pravda
con el de Páginas del diario. Este
artículo de Lenin ejerció una influencia directísima en la instrucción pública
del país. El 10 de enero de 1923, el Comisariado del Pueblo de Instrucción
Pública propuso en un radiograma a las secciones de instrucción pública que
difundieran ampliamente el artículo Páginas
del diario e ideasen medidas concretas para cumplir las indicaciones de
Lenin contenidas en él.
142 Lenin se refiere a las ideas extrañas al marxismo que
inculcaban, con la denominación de "cultura proletaria", los miembros
de la Organización de la Cultura Proletaria ("Proletkult"), la cual
desplegaba labores culturales y docentes. Fundada en septiembre de 1917 como
organización obrera independiente y con iniciativa propia,
"Proletkult" siguió manteniendo su "independencia" incluso
después de la Revolución Socialista de Octubre, contraponiéndose así al Estado
proletario. Debido a ello, en "Proletkult" se infiltraron y
comenzaron a ejercer una influencia decisiva sobre sus posiciones los
intelectuales burgueses. Los miembros de esta organización negaban en realidad
la importancia de la herencia cultural del pasado y procuraban desentenderse de
las tareas culturales y docentes entre las masas y crear "con métodos de
laboratorio" una "cultura proletaria" singular, apartada de la
vida. Bogdánov, el ideólogo principal de la Organización de la Cultura
Proletaria, reconociendo de palabra el marxismo, preconizaba de hecho una
filosofía idealista subjetiva, machista. La Organización de la Cultura
Proletaria no era homogénea. Además de intelectuales burgueses, que llevaban la
voz cantante en muchas organizaciones, la integraba también la juventud obrera
que aspiraba sinceramente a contribuir al fomento cultural del Estado
soviético. Las organizaciones de la Cultura Proletaria cobraron el mayor
desarrollo en 1919. A comienzos de los años 20 entraron en decadencia y, en
1932, dejaron de existir.
No hay que escatimar el
aumento de la ración de pan a los maestros en un año como el corriente, cuando
estamos relativamente bien abastecidos de pan.
Hablando en general, la
labor que se lleva a cabo hoy en el terreno de la instrucción pública no puede
calificarse de muy limitada. Se hace bastante para poner en movimiento al viejo
magisterio, para incorporarlo a cumplir las nuevas tareas, para interesarlo en
la nueva manera de plantear las cuestiones pedagógicas, para despertar su
interés por problemas como el religioso.
Pero no hacemos lo
principal. No nos preocupamos, o nos preocupamos de un modo harto insuficiente,
de colocar al maestro nacional a esa altura que, si no se tiene, ni hablar se
puede de cultura alguna: ni proletaria, ni siquiera burguesa. Debemos tratar de
esa incultura semiasiática, que tenemos hasta hoy y que no lograremos superar
sin hacer un esfuerzo serio, pese a que contamos con todas las posibilidades
para ello, pues en ninguna parte las masas populares están tan interesadas por
la verdadera cultura como en nuestro país; en ninguna parte se plantean los
problemas de esta cultura de un modo tan profundo y consecuente como en nuestro
país; en ninguna parte, ni en un solo país, está el poder en manos de la clase
obrera, cuya gran mayoría comprende perfectamente las deficiencias de su, no
diré cultura, sino alfabetización; en ninguna parte está tan dispuesta como en
nuestro país a hacer tantos sacrificios, y los hace, para mejorar su situación
en este aspecto.
Hacemos todavía muy poco,
poquísimo, para reorientar nuestro presupuesto estatal íntegro en el sentido de
satisfacer ante todo las necesidades de la primera enseñanza del pueblo.
Incluso en el Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública podemos encontrar a
cada paso plantillas monstruosamente hipertrofiadas en una Editorial cualquiera
del Estado, sin tener absolutamente en cuenta que la preocupación principal del
Estado debe ser no porque haya ediciones, sino porque haya lectores, por que
haya la mayor cantidad de gente que sepa leer, por que cobren mayor amplitud
política las ediciones en la futura Rusia. Siguiendo una vieja (y mala)
costumbre, dedicamos mucho más tiempo y energías a los problemas técnicos, como
el de editar, que al problema político general de alfabetizar al pueblo.
157
Si tomamos el Departamento
de Escuelas Profesionales, estamos seguros de que también podríamos encontrar
en él mucho de superfluo, de hipertrofiado por los intereses departamentales,
inadecuado a las necesidades de una amplia instrucción pública. El Departamento
de Escuelas Profesionales está muy lejos de poder justificar lo que hace,
alegando el legítimo deseo de elevar y dar primero una orientación práctica a
la instrucción de nuestra juventud fabril. Si nos fijamos detenidamente en la
plantilla del Departamento de Escuelas Profesionales, encontraremos mucho,
muchísimo hipertrofiado y ficticio desde este punto de vista y que debe ser
suprimido. En un Estado proletario y campesino aún se puede y se debe
economizar mucho con objeto de impulsar la alfabetización del pueblo,
clausurando toda clase de pasatiempos de tipo semiseñorial, o las instituciones
de las cuales podemos prescindir aún, de las que todavía podremos y deberemos
prescindir durante largo tiempo, habida cuenta del estado de la alfabetización
del pueblo, del que habla la estadística,
El maestro nacional debe ser
elevado en nuestro país a una altura en la que jamás ha estado, ni está, ni
puede estar en la sociedad burguesa. Esta es una verdad que no necesita
demostración. Hacia un estado de cosas así debemos encaminarnos con una labor
metódica, constante y pertinaz a fin de elevar al maestro en el aspecto
espiritual y prepararlo en todos los demás para su cometido sublime de verdad
y, lo principal, tres veces principal, a fin de mejorar su situación económica.
Hay que intensificar
periódicamente el trabajo de organización de los maestros nacionales para
convertirlos, de puntal del régimen burgués, que son hasta hoy en todos los
países capitalistas sin excepción, en puntal del régimen soviético, para
apartar mediante ellos al campesinado de la alianza con la burguesía y atraerlo
a la alianza con el proletariado.
Señalaré brevemente el papel
especial que deben desempeñar en este sentido los viajes periódicos a las
aldeas, que, por otra parte, se practican ya entre nosotros y deben
intensificarse regularmente. En medidas como estos viajes no duele gastar
dinero, que se derrocha a menudo en una administración pública perteneciente
casi por completo a una vieja época histórica.
Venía reuniendo datos para
mi proyectado discurso —que no llegué a pronunciar— ante el congreso de los
Soviets, en diciembre de 1922, sobre el patronazgo dispensado por los obreros
de las poblaciones de tipo urbano a los habitantes del campo. Algunos de estos
datos me los ha proporcionado el camarada Jodorovski, y hoy someto el tema al
estudio de los camaradas, ya que no he tenido tiempo de estudiarlo yo mismo ni
hacerlo público en el congreso de los Soviets.
La cuestión política
fundamental que aquí se plantea es la actitud de la ciudad ante el campo,
cuestión de importancia decisiva para toda nuestra revolución. Mientras el
Estado burgués orienta regularmente todos sus esfuerzos a embrutecer a los
obreros de las ciudades, amoldando a este fin todas las publicaciones hechas a
expensas del Estado, de los partidos zaristas y burgueses, nosotros podemos y
debemos emplear nuestro poder en convertir realmente al obrero de la ciudad en
el vehículo de las ideas comunistas al medio del proletariado agrícola.
He dicho
"comunistas" y me apresuro a hacer algunas salvedades por temor de
que ello dé origen a alguna confusión o se entienda de una manera demasiado
simplista. En modo alguno debe interpretarse esto como si debiéramos llevar
inmediatamente al campo las ideas pura y exclusivamente comunistas. Mientras no
dispongamos en el campo de una base material para el comunismo, eso resultaría,
podemos afirmarlo, perjudicial e incluso funesto para el comunismo.
No hay que empezar por ahí.
Hay que comenzar por establecer relaciones entre la ciudad y el campo, sin
proponernos, en absoluto, el objetivo premeditado de implantar el comunismo en
el campo. Este objetivo no se puede alcanzar hoy, sería extemporáneo. El
proponérnoslo ocasionaría daño en lugar de beneficio.
Nuestra obligación y una de
las tareas fundamentales de la clase obrera, que se halla en el poder, es
entablar relaciones entre los obreros de la ciudad y los trabajadores del
campo, concluir una forma de alianza que pueda fraguar con facilidad entre ellos.
Para ello hay que fundar una serie de asociaciones (partidistas, sindicales y
particulares), integradas por obreros fabriles, con el fin de ayudar
regularmente al campo en su desarrollo cultural.
¿Lograremos que todas las
células urbanas patrocinen a todas las del campo para que cada célula de
obreros patrocinadora de la respectiva célula rural se preocupe regularmente,
en cada ocasión y en cada caso, de satisfacer tal o cual demanda cultural de la
célula patrocinada? ¿O tal vez se encuentren otras formas de relación? Me
limito en este punto a plantear el problema para llamar a ella la atención de
los camaradas e indicarles la experiencia que se tiene de Siberia Occidental
(de esta experiencia me ha hablado el camarada Jodorovski) y con el fin de
plantear en toda su magnitud este gigantesco problema cultural de trascendencia
histórica universal.
Para el campo no hacemos
casi nada, fuera de lo estipulado en nuestro presupuesto oficial o de nuestras
relaciones oficiales. Bien es verdad que las relaciones culturales entre la
ciudad y el campo adquieren ineludiblemente por sí solas en nuestro país un
carácter distinto. En el capitalismo, la ciudad daba al campo lo que la
degradaba en los sentidos político, económico, moral, físico, etc. La ciudad
comienza a dar ahora por sí sola al campo lo diametralmente opuesto. Pero todo
ello se hace precisamente por sí solo, de manera espontánea, mientras que todo
eso puede aumentarse (y luego centuplicarse), poniendo en esta labor
conciencia, método y regularidad.
Sólo comenzaremos a avanzar
(y entonces lo haremos, sin duda alguna, con rapidez centuplicada) cuando
sometamos a estudio esta cuestión y empecemos a fundar toda clase de
asociaciones obreras —evitando por todos los medios que se burocraticen— para
plantearla, discutirla y hacerla realidad.
2 de enero de 1923.
Publicado el 4 de enero de 1923 en el núm. 2 de "Pravda".
T. 45, págs. 363-368.
159
SOBRE LAS COOPERATIVAS.143
I
Me parece que en nuestro
país no se presta la suficiente atención a las cooperativas. Es poco probable
que todos comprendan que ahora, a partir de la Revolución de Octubre e
independientemente de la Nep (por el contrario, en este sentido habría que
decir: precisamente gracias a la Nep), las cooperativas adquieren en nuestro
país una importancia verdaderamente extraordinaria. En los sueños de los viejos
cooperativistas hay mucha fantasía. A menudo resultan cómicos por lo
fantásticos. Pero ¿en qué consiste esa fantasía? En que la gente no comprende
la importancia fundamental, la importancia cardinal de la lucha política de la
clase obrera por derrocar la dominación de los explotadores. Hoy es ya un hecho
ese derrocamiento en nuestro país, y mucho de lo que parecía fantástico,
incluso romántico y hasta trivial en los sueños de los viejos cooperativistas,
se convierte ahora en una realidad de lo más natural.
En efecto, dado que en
nuestro país el poder del Estado se encuentra en manos de la clase obrera y que
a este poder estatal pertenecen todos los medios de producción, sólo nos queda,
en realidad, por cumplir la tarea de organizar a la población en cooperativas.
Con la máxima organización de los trabajadores en cooperativas, alcanza por sí
mismo su objetivo ese socialismo que antes suscitaba legítimas burlas, sonrisas
y desdén entre los que estaban convencidos, y con razón, de que era necesaria
la lucha de clase, la lucha por el poder político, etc. Ahora bien, no todos
los camaradas se dan cuenta de la importancia gigantesca e inabarcable que
adquiere ahora para nosotros la organización de cooperativas en Rusia. Con la
Nep hicimos una concesión al campesino como comerciante, hicimos una concesión
al principio del comercio privado; de ello precisamente dimana (al contrario de
lo que algunos creen) la gigantesca importancia de las cooperativas. En el
fondo, todo lo que necesitamos es organizar con las suficientes amplitud y
profundidad en cooperativas a la población rusa durante la dominación de la
Nep, pues ahora hemos encontrado el grado de conjugación de los intereses
privados, de los intereses comerciales privados, de su comprobación y control
por el Estado, el grado de su subordinación a los intereses generales, lo que
antes constituía la piedra de toque para muchísimos socialistas. En efecto,
todos los grandes medios de producción en poder del Estado, y el poder del
Estado en manos del proletariado; la alianza de este proletariado con millones
y millones de campesinos pequeños y muy pequeños; la garantía de la dirección
de los campesinos por el proletariado, etc., ¿acaso no es eso todo lo que se
necesita para edificar la sociedad socialista completa, partiendo de las
cooperativas, y nada más que de las cooperativas, a las que antes tratábamos de
mercantilistas y que hoy, durante la Nep, merecen también, en cierto modo, el
mismo trato? ¿Acaso no es eso todo lo imprescindible para edificar la sociedad
socialista completa? Eso no es todavía la edificación de la sociedad
socialista, pero sí todo lo imprescindible y lo suficiente para edificarla.
Pues bien, esta
circunstancia es desestimada por muchos de los dedicados al trabajo práctico.
Entre nosotros hay menosprecio por las cooperativas, sin comprenderse la
excepcional importancia que tienen, primero, desde el punto de vista de los
principios (la propiedad de
![]()
143
Los
artículos Sobre las cooperativas y Nuestra revolución (A propósito de las notas de N. Sujánov) fueron entregados por N.
Krúpskaya al Comité Central en mayo de 1923. El Buró Político adoptó el 24 de
mayo la siguiente resolución: "Reconocer necesaria la rápida publicación
de los artículos de
Vladímir Ilich entregados
por Nadiezhda Konstantínovna, con la fecha señalada en ellos". El 26 de
junio, el Buró Político discutió el problema de las cooperativas a la luz de su
nuevo planteamiento en los artículos de Lenin. Las ideas leninistas sobre las
cooperativas campesinas constituyeron la base de las resoluciones del XIII
Congreso del PC(b) de Rusia Sobre las
cooperativas y Sobre el trabajo en el
campo.
los medios de producción en
manos del Estado); segundo, desde el punto de vista del paso a un nuevo orden
de cosas por el camino más sencillo,
fácil y accesible para el campesinado.
Y eso es, repitámoslo, lo
principal. Una cosa es fantasear sobre toda clase de asociaciones obreras para
construir el socialismo, y otra aprender a construir en la práctica de manera
que cada pequeño campesino pueda
colaborar en esa construcción. A ese grado hemos llegado ahora. Y es indudable que, una vez alcanzado, lo aprovechamos muy
poco.
Al pasar a la Nep, nos hemos
excedido no en el sentido de haber dedicado demasiado lugar al principio de la
libertad de industria y comercio, sino en el sentido de que nos hemos olvidado
de las cooperativas, las subestimamos y hemos comenzado ya a olvidar su
gigantesca importancia en los dos ante citados aspectos de su significación.
Me propongo ahora conversar
con el lector sobre lo que puede y debe hacerse en la práctica, por el momento,
partiendo de ese principio "cooperativista". ¿Con qué recursos se
puede y debe comenzar a desarrollar hoy mismo ese principio "cooperativista",
de manera que sea evidente para todos y cada uno su significado socialista?Es
necesario organizar en el aspecto político las cooperativas de suerte que no
sólo disfruten en todos los casos de ciertas ventajas, sino que estas ventajas
sean de índole puramente material (el tipo de interés bancario, etc.).
160
Es necesario conceder a las
cooperativas créditos del Estado que superen, aunque sea en poco, a los
concedidos a las empresas privadas, hasta alcanzar incluso el nivel de los
créditos para la industria pesada, etc.
Todo régimen social surge
exclusivamente con el apoyo financiero de una clase determinada. Huelga
recordar los centenares y centenares de millones de rublos que costó el
nacimiento del capitalismo "libre". Ahora debemos comprender, para
obrar en consecuencia, que el régimen social al que debemos prestar hoy día un
apoyo extraordinario es el cooperativista. Pero hay que apoyarlo en el
verdadero sentido de la palabra, es decir, no basta con entender por tal apoyo
el prestado a cualquier intercambio cooperativista, sino el prestado a un
intercambio de este tipo en el que participen
efectivamente verdaderas masas de la población. Conceder una prima al
campesino que participe en el intercambio de las cooperativas es, sin duda, una forma certera, pero, al mismo
tiempo, hace falta comprobar esa participación, el grado en que se hace a
conciencia y de buena fe; ése es el quid de la cuestión. Cuando un
cooperativista llega a una aldea y organiza allí una cooperativa de consumo, la
población, hablando en rigor, no participa en eso para nada, pero, al propio
tiempo, y guiada por su ventaja personal, se apresurará a probar a participar
en ella.
Esta cuestión tiene también
otro aspecto. Nos queda ya muy poco por hacer, desde el punto de vista del
europeo "civilizado" (ante todo, del que sabe leer y escribir), para
hacer participar, y no de una manera pasiva, sino activa, a toda la población
en las operaciones de las cooperativas. Hablando con propiedad, nos queda por
hacer "sólo" una cosa:
elevar a nuestra población a tal grado de "civilización" que
comprenda todas las ventajas de la participación de cada cual en las
cooperativas y organice esta participación. Eso "nada más". Ninguna otra sabiduría se necesita ahora
para, pasar al socialismo. Mas, para hacer realidad ese "nada más",
se precisa toda una revolución, toda una etapa de desarrollo cultural de las
masas del pueblo. Por eso nuestra norma debe ser: las menos lucubraciones y los
menos artificios posibles. En este sentido, la Nep es ya un progreso, pues se
adapta al nivel del campesino más corriente y no le exige nada superior. Mas,
para lograr, mediante la Nep, que tome parte en las cooperativas el conjunto de
la población, se necesita toda una época histórica que, en el mejor de los
casos, podemos recorrer en uno o dos decenios. Pero será una época histórica
especial, y sin pasar por esa época histórica, sin lograr que todos sepan leer
y escribir, sin un grado suficiente de comprensión, sin acostumbrar en grado
suficiente a la población a leer libros y sin una base material para ello, sin
ciertas garantías, por ejemplo,
contra las malas cosechas,
contra el hambre, etc., no podremos alcanzar nuestro objetivo. Todo depende
ahora de que sepamos combinar ese ímpetu revolucionario, ese entusiasmo
revolucionario que ya hemos demostrado lo suficiente y coronado con éxito completo,
de que sepamos combinarlo con las dotes de (aquí estoy casi dispuesto a
decirlo) mercader inteligente e instruido, lo que basta en absoluto para ser un
buen cooperativista. Por dotes de mercader entiendo el saber ser un mercader
culto. Que se lo aprendan bien los rusos o simplemente los campesinos, los
cuales creen que, como trafican, ya saben comerciar. Se equivocan de medio a
medio. Trafican, pero de eso a saber ser un comerciante culto va un gran
trecho. Ahora trafican a lo asiático, mientras que para saber comerciar hay que
hacerlo a lo europeo. Y de eso los separa toda una época.
Acabo: hay que conceder una
serie de privilegios económicos, financieros y bancarios a las cooperativas; en
eso debe consistir el apoyo prestado por nuestro Estado socialista al nuevo
principio de organización de la población. Pero, con ello, el problema se
plantea sólo a grandes rasgos, ya que sigue sin concretar ni describir con
pormenores todo el fondo práctico del problema, es decir, hay que saber
encontrar la forma de las "primas" (y las condiciones de su entrega)
que concedemos por la organización de la población en cooperativas, la forma de
las primas que nos permita prestar una ayuda suficiente a las cooperativas y
preparar a cooperativistas cultos. Ahora bien, cuando los medios de producción
pertenecen a la sociedad, cuando es un hecho el triunfo de clase del
proletariado sobre la burguesía, el régimen de los cooperativistas cultos es el
socialismo.
4 de enero de 1923.
II
Siempre que he escrito algo
de la nueva política económica he citado mi artículo de 1918 sobre el
capitalismo de Estado*. Eso hizo dudar en más de una ocasión a algunos
camaradas jóvenes. Pero sus dudas giraban sobre todo en torno a cuestiones
políticas abstractas.
* Véase la presente edición, t. 8. (N. de la Edit.)
Creían que no se debía
calificar de capitalismo de Estado a un régimen en el que los medios de
producción pertenecen a la clase obrera y en el que ésta es dueña del poder
estatal. Sin embargo, no se daban cuenta de que yo utilizaba el calificativo de
"capitalismo de Estado", primero,
para establecer el nexo histórico de nuestra posición actual con la posición
que ocupé yo en mi polémica contra
los llamados comunistas de izquierda; entonces yo demostraba ya también que el
capitalismo de Estado sería superior a nuestra economía contemporánea; lo que
me importaba entonces era dejar sentado el nexo de continuidad entre el
habitual capitalismo de Estado y el extraordinario, incluso excesivamente
extraordinario capitalismo de Estado, al que me referí al iniciar al lector en
la nueva política económica. Segundo,
para mí fue siempre de gran importancia el objetivo práctico. Y el objetivo
práctico de nuestra nueva política económica consistía en arrendar empresas
para que las explotasen en régimen de concesión; empresas que, sin duda alguna,
harían en nuestras circunstancias un tipo de capitalismo de Estado ya puro. En
ese aspecto trataba yo el capitalismo de Estado.
161
Pero existe otro aspecto más
de la cuestión, por el cual podríamos necesitar el capitalismo de Estado o, al
menos, trazar un paralelo con él. Se trata de las cooperativas.
Es indudable que las
cooperativas en un Estado capitalista son instituciones capitalistas
colectivas. Tampoco hay duda de que, en nuestra actual realidad económica,
cuando al lado de empresas capitalistas privadas —habiéndose socializado sin
falta la tierra y teniéndolas bajo el control obligatorio del poder del Estado,
que pertenece a la clase obrera— hay empresas de tipo socialista consecuente
(cuando tanto los medios de producción como el
suelo en que se halla
enclavada la empresa y toda ella en su conjunto pertenecen al Estado), se
plantea el problema de un tercer tipo de empresas que antes no eran
independientes desde el punto de vista de su importancia de principios, a
saber: las empresas cooperativas. En el capitalismo privado, la diferencia
existente entre empresas cooperativas y empresas capitalistas es la misma que
hay entre empresas colectivas y empresas privadas. En el capitalismo de Estado,
las empresas cooperativas se diferencian de las empresas capitalistas de
Estado, primero, en que son empresas privadas y, segundo, en que son empresas
colectivas. En nuestro régimen actual, las empresas cooperativas se diferencian
de las empresas capitalistas privadas en que son colectivas, pero no se
distinguen de las empresas socialistas siempre y cuando se hayan establecido en
un terreno del Estado y empleen medios de producción pertenecientes al Estado,
es decir, a la clase obrera.
Esta circunstancia es la que
no tomamos lo suficiente en cuenta cuando discutimos de las cooperativas. Se
relega al olvido que las cooperativas adquieren en nuestro país, gracias a la
peculiaridad de nuestro régimen político, una importancia excepcional por
completo. Si dejamos a un lado las empresas en régimen de concesión, que, por
cierto, no han alcanzado en nuestro país un desarrollo importante, las
cooperativas coinciden totalmente a cada paso, en nuestras circunstancias, con
el socialismo.
Explicaré mi idea: ¿En qué
consiste la fantasía de los planes de los viejos cooperativistas, empezando por
Roberto Owen? En que soñaban con la transformación pacífica de la sociedad
moderna mediante el socialismo, sin tener en cuenta cuestiones tan fundamentales
como la lucha de las clases, la conquista del poder político por la clase
obrera y el derrocamiento de la dominación de la clase de los explotadores. Por
eso tenemos razón para ver en ese socialismo "cooperativista" una
pura fantasía, algo romántico y hasta trivial por sus sueños de transformar,
mediante el simple agrupamiento de la población en cooperativas, a los enemigos
de clase en colaboradores de clase, y a la guerra de las clases en paz entre
las clases (la llamada paz civil).
No cabe duda de que, desde
el punto de vista de la tarea fundamental de nuestros días, nosotros teníamos
razón, ya que sin la lucha de la clase obrera por el poder político del Estado
no se puede poner en práctica el socialismo.
Pero fijaos cómo ha cambiado
la cosa ahora, una vez que el poder del Estado se halla en manos de la clase
obrera, una vez que el poder político de los explotadores ha sido derrocado, y
todos los medios de producción (excepto los que el Estado obrero, voluntariamente
y con ciertas condiciones, otorga por algún tiempo en régimen de concesión a
los explotadores) están en manos de la clase obrera.
Ahora tenemos derecho a
afirmar que, para nosotros, el simple desarrollo de las cooperativas es
idéntico (salvo la "pequeña" excepción precitada) para nosotros al
desarrollo del socialismo, y, a la vez, nos vemos obligados a reconocer el
cambio radical que se ha operado en todo nuestro punto de vista sobre el
socialismo. Ese cambio radical consiste en que antes poníamos y debíamos poner
el centro de gravedad en la lucha política, en la revolución, en la conquista
del poder, etc. Ahora el centro de gravedad se desplaza hacia la labor pacífica
de organización "cultural". Estoy dispuesto a afirmar que el centro
de gravedad se trasladaría en nuestro país hacia la obra de la cultura, de no
ser por las relaciones internacionales, de no ser porque hemos de pugnar por
nuestras posiciones a escala internacional. Pero si dejamos eso a un lado y nos
limitamos a nuestras relaciones económicas interiores, el centro de gravedad
del trabajo se reduce hoy en realidad a la obra cultural.
Se nos plantean dos tareas
principales, que hacen época. Una es la de rehacer nuestra administración
pública, que ahora no sirve para nada en absoluto y que tomamos íntegramente de
la época anterior; no hemos conseguido rehacerla seriamente en cinco años de
lucha, y no podíamos conseguirlo. La otra estriba en nuestra labor cultural
entre los
campesinos. Y el objetivo
económico de esta labor cultural entre los campesinos es precisamente
organizarlos en cooperativas. Si pudiéramos organizar en cooperativas a toda la
población, pisaríamos ya con ambos pies terreno socialista. Pero esta condición,
la de organizar a toda la población en cooperativas, implica tal grado de
cultura de los campesinos (precisamente de los campesinos, pues son una masa
inmensa), que es imposible sin hacer toda una revolución cultural.
Nuestros adversarios nos han
dicho muchas veces que emprendemos una obra descabellada, al implantar el
socialismo en un país de insuficiente cultura. Pero se equivocaron al decir que
nosotros no comenzamos en el orden que indicaba la teoría (de todo género de
pedantes), y la revolución política y social en nuestro país precedió a la
revolución cultural, a esa revolución cultural ante la que nos encontramos
ahora, pese a todo.
Hoy nos basta con esta
revolución cultural para llegar a convertirnos en un país completamente
socialista, pero esa revolución cultural presenta increíbles dificultades para
nosotros, tanto en el aspecto puramente cultural (pues somos analfabetos) como
en el aspecto material (pues para ser cultos es necesario cierto desarrollo de
los medios materiales de producción, se precisa cierta base material).
6 de enero de 1923.
Publicado por primera
vez el 26 y el 27 de mayo de 1923 en los núms. 115 y 116 de "Pravda".
T. 45, págs. 369-377.
163
NUESTRA REVOLUCIÓN.144
(a propósito de las notas
de N. Sujánov)
I
Estos días he hojeado las
notas de Sujánov sobre la revolución. Salta a la vista, sobre todo, la
pedantería de todos nuestros demócratas pequeñoburgueses, así como de todos los
héroes de la II Internacional. Sin hablar ya de que son cobardes en grado sumo
y de que incluso los mejores de ellos se deshacen en excusas cuando se trata de
la menor desviación del modelo alemán, omisión hecha de esta cualidad de todos
los demócratas pequeñoburgueses, harto manifestada por ellos durante toda la
revolución, salta a la vista el servilismo con que imitan el pasado.
Todos ellos se dicen
marxistas, pero entienden el marxismo de una manera pedante hasta lo imposible.
No han comprendido en
absoluto lo decisivo del marxismo, a saber: su dialéctica revolucionaria. No
han comprendido en absoluto ni aun las indicaciones directas de Marx de que en
los momentos de revolución hay que mostrar la máxima flexibilidad145, y ni siquiera se han fijado, por ejemplo, en las indicaciones
que hizo Marx en su correspondencia, que, si mal no recuerdo, data del año
1856, en la cual expresaba su esperanza de que la guerra campesina de Alemania,
que podía crear una situación revolucionaria, se fundiese con el movimiento
obrero146. Incluso eluden esta indicación directa
y dan vueltas y más vueltas alrededor de ella como el gato alrededor de la
leche caliente.
Se muestran en toda su
conducta como unos medrosos reformistas que temen apartarse de la burguesía y,
más aún, romper con ella, encubriendo al mismo tiempo su cobardía con las más
desfachatadas palabrería y jactancia. Pero incluso en el aspecto puramente
teórico salta a la vista en todos ellos su plena incapacidad para comprender
las siguientes consideraciones del marxismo: han visto hasta ahora un camino
determinado de desarrollo del capitalismo y de la democracia burguesa en Europa
Occidental y no les cabe en la cabeza que este camino pueda ser tenido por
modelo mutatis mutandis, es decir,
sólo introduciendo en él ciertas enmiendas (insignificantes por completo desde
el punto de vista del devenir de la historia universal).
Primero: una
revolución relacionada con la primera guerra imperialista mundial. En tal
revolución debían manifestarse rasgos nuevos o modificados, debido precisamente
a la guerra, porque jamás ha habido en el mundo una guerra como ésta y en
situación semejante. Seguimos viendo aun hoy que la burguesía de los países más
ricos no puede "normalizar" las relaciones burguesas después de esta
guerra, mientras que nuestros reformistas, pequeños burgueses que se las dan de
revolucionarios, tenían y tienen por límite (insuperable, además)
![]()
144 Lenin escribió el artículo Nuestra revolución con motivo de los
volúmenes tercero y cuarto de las Notas
sobre la revolución del menchevique N. Sujánov. N. K. Krúpskaya entregó sin
título este artículo a la redacción de Pravda, la cual le puso el que lleva.
145 Probablemente, Lenin se refiere a la caracterización de la
Comuna de París como "forma política perfectamente flexible" que Marx
dio en su obra La guerra civil en Francia
ya la máxima apreciación de "flexibilidad de estos parisienses" que
Marx dio en la carta a Kugelmann del 12 de abril de 1871.
146 Lenin alude al siguiente pasaje de la
carta de C. Marx a F. Engels del 16 de abril de 1856: "En Alemania todo
dependerá de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con alguna
segunda edición de la guerra campesina. Entonces todo saldrá a pedir de
boca".
las relaciones burguesas
normales, comprendiendo esta "normalidad" de una manera harto
estereotipada y estrecha.
Segundo: les
es completamente ajena toda idea de que, dentro de las leyes objetivas
generales a que está sujeto el desarrollo de toda la historia universal, en
modo alguno se excluyen, antes al contrario, se presuponen, períodos
determinados de desarrollo que constituyen una peculiaridad bien por la forma
bien por el orden del mismo. Ni siquiera se les ocurre, por ejemplo, que Rusia,
situada en la divisoria entre los países civilizados y los que han emprendido
definitivamente la primera vez, a causa de esta guerra, el camino de la
civilización —los países de todo el Oriente, los países no europeos—, que
Rusia, digo, podía y debía mostrar, por eso, ciertas peculiaridades que, claro
está, no se salen de la pauta general del desarrollo mundial, pero que distinguen
su revolución de todas las revoluciones anteriores habidas en los países de
Europa Occidental, introducen algunas innovaciones parciales al desplazarse a
los países orientales.
Por ejemplo, no puede ser
más estereotipada la argumentación que ellos emplean, y que seaprendieron de
memoria en la época del desarrollo de la socialdemocracia euroccidental, de que
nosotros no hemos madurado para el socialismo, de que en nuestro país no
existen, como se expresan diversos señores "doctos" de entre ellos,
las premisas económicas objetivas para el socialismo. Y a ninguno de ellos se
le ocurre preguntarse: un pueblo que afrontó una situación revolucionaria como
la formada durante la primera guerra imperialista, ¿no podía, bajo la
influencia de su situación desesperada, lanzarse a una lucha que le brindase,
por lo menos, alguna probabilidad de conquistar para sí condiciones no
corrientes del todo para el progreso sucesivo de la civilización?
164
"Rusia no ha alcanzado
tal nivel de desarrollo de las fuerzas productivas que haga posible el
socialismo". Todos los héroes de la II Internacional, y entre ellos,
naturalmente, Sujánov, van y vienen con esta tesis como chico con zapatos
nuevos. Repiten de mil maneras esta tesis indiscutible y les parece decisiva
para enjuiciar nuestra revolución.
Pero ¿y si lo peculiar de la
situación llevó a Rusia a la guerra imperialista mundial, en la
queintervinieron todos los países más o menos importantes de Europa Occidental,
y puso su desarrollo al borde de las revoluciones del Oriente, que estaban
comenzando y en parte habían comenzado ya, en unas condiciones que nos
permitían poner en práctica precisamente esa alianza de la "guerra
campesina" con el movimiento obrero, de la que escribió como de una
perspectiva probable en 1856 un "marxista" como Marx, refiriéndose a
Prusia?
¿Y si una situación
absolutamente sin salida que, por lo mismo, decuplicaba las fuerzas de los
obreros y los campesinos, nos brindaba la posibilidad de pasar de distinta
manera que en todos los demás países del Occidente de Europa a la creación de
las premisas fundamentales de la civilización? ¿Ha cambiado a causa de eso la
pauta general del devenir de la historia universal? ¿Ha cambiado por ello la
correlación esencial de las clases fundamentales en cada país que entra, que ha
entrado ya en el curso general de la historia universal?
Si para crear el socialismo
se exige un determinado nivel cultural (aunque nadie puede decir cuál es este
determinado "nivel cultural", ya que es diferente en cada uno de los
países de Europa Occidental), ¿por qué, pues, no podemos comenzar primero por
la conquista revolucionaria de las premisas para este determinado nivel, y
lanzarnos luego, respaldados con el
poder obrero y campesino y con el régimen soviético, a alcanzar a otros
pueblos?
16 de enero de 1923.
II
Para crear el socialismo
—decís— hace falta civilización. Muy bien. ¿Y por qué no hemos de poder crear
primero en nuestro país premisas de civilización como la expulsión de los
terratenientes y de los capitalistas rusos y comenzar luego ya el avance hacia
el socialismo? ¿En qué libros habéis leído que semejantes alteraciones del
orden histórico habitual sean inadmisibles o imposibles?
Recuerdo que Napoleón escribió: "On sNengage et puis... on
voit", lo que, traducido
libremente, quiere decir:
"Primero se entabla el combate serio, y ya se verá lo que pasa". Pues
bien, nosotros entablamos primero, en octubre de 1917, el combate serio y luego
vimos ya pormenores del decurso (desde el punto de vista de la historia
universal, son, sin duda, pormenores) como la paz de Brest o la nueva política
económica, etc. Y hoy no cabe ya duda de que, en lo fundamental, hemos
triunfado.
Nuestros Sujánov, sin hablar
ya de los socialdemócratas que están más a la derecha, no se imaginan siquiera
que, en general, las revoluciones no pueden hacerse de otra manera. Nuestros
pequeños burgueses europeos no ven ni en sueños que las revoluciones venideras
en los países de Oriente, incomparablemente más poblados, los cuales se
distinguen incomparablemente más por la diversidad de condiciones sociales, les
ofrecerán, sin duda, más peculiaridades que la revolución rusa.
Ni que decir tiene que un
manual escrito según las ideas de Kautsky era algo muy útil en su tiempo. Pero
ya va siendo hora de cambiar de pensamiento de que este manual prevé todas las
formas de desarrollo de la historia universal. Sería oportuno declarar simples
mentecatos a quienes así lo creen.
17 de enero de 1923.
Publicado el 30 de
mayo de 1923 en el núm. 117 de "Pravda".
T. 45, págs. 378-382.
Como tenemos que reorganizar la inspección obrera y campesina
164
COMO TENEMOS QUE REORGANIZAR LA
INSPECCIÓN OBRERA Y CAMPESINA.
(Propuesta al XII Congreso
del partido).147
No cabe duda de que la
Inspección Obrera y Campesina supone para nosotros una dificultad inmensa y de
que esta dificultad no ha sido superada hasta ahora. Creo que no tienen razón
los camaradas que la quieren superar negando que la Inspección Obrera y Campesina
sea útil o necesaria. Pero yo no niego, al paso, que el problema de nuestra
administración pública y de su perfeccionamiento sea muy difícil, esté muy
lejos de resolverse y revista, al mismo tiempo, una urgencia extraordinaria.
Nuestra administración
pública, excluido el Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros, es en sumo
grado una supervivencia de la vieja administración que ha sufrido los mínimos
cambios de alguna importancia. Sólo ha sido ligeramente retocada por encima; en
los demás aspectos sigue siendo lo más típicamente viejo de nuestra vieja
administración pública. Pues bien, para encontrar el medio de renovarla de
verdad, hay que echar mano, a mi parecer, de la experiencia de nuestra guerra
civil.
¿Cómo procedimos en los momentos de mayor riesgo de la guerra
civil?
Concentramos las mejores
fuerzas del partido en el Ejército Rojo; movilizamos a nuestros mejores
obreros; buscamos nuevas fuerzas donde está la más profunda raíz de nuestra
dictadura.
Por esa misma dirección,
estoy convencido de ello, debemos buscar la fuente para reorganizar la
Inspección Obrera y Campesina. Propongo a nuestro XII Congreso del partido que
adopte el siguiente plan de reorganización, basado en una ampliación peculiar de
nuestra Comisión Central de Control.
El Pleno del CC de nuestro
partido ha puesto ya de manifiesto su tendencia a desarrollarse en una especie
de conferencia superior del partido. Se reúne, por término medio, una vez cada
dos meses, a lo sumo, y la labor ordinaria realizada en nombre del CC corre a
cargo, como es sabido, de nuestro Buró Político, de nuestro Buró de
Organización, de nuestro Secretariado, etc. Creo que debemos llegar hasta el
fin del camino que así hemos emprendido y transformar definitivamente los
plenos del CC en conferencias superiores del partido que se reunirán una vez
cada dos meses con la asistencia de la
Comisión Central de Control.
Esta Comisión Central de Control se unirá, en las condiciones que se expresan a
continuación, con la parte fundamental de la Inspección Obrera y Campesina
reorganizada.
Propongo al congreso que
elija entre los obreros y los campesinos de 75 a 100 nuevos miembros (número,
claro, aproximado) para la Comisión Central de Control. Los elegidos
![]()
147 El artículo Cómo tenemos que reorganizar la Inspección Obrera y Campesina está
directamente relacionado con la Carta al
Congreso y desarrolla las ideas expuestas en ésta. Continuación directa y
desarrollo del mencionado artículo fue
otro artículo de Lenin, titulado Más vale
poco y bueno. Partiendo de las indicaciones de Lenin, el Comité Central
redactó para el XII Congreso del PC(b) de Rusia unas tesis de reorganización y
mejora del trabajo de las instituciones centrales del partido, así como un
proyecto de resolución del congreso sobre la reorganización de la Inspección
Obrera y Campesina y de la CCC. El XII Congreso del partido aprobó la
resolución sobre el problema de organización y la resolución Sobre las tareas de la Inspección Obrera y
Campesina y de la Comisión Central de Control, redactadas por el Comité
Central. De acuerdo con las propuestas de V. I. Lenin, el congreso amplió el CC
y la CCC y creó un organismo unificado: la Comisión Central de Control y la
Inspección Obrera y Campesina.
Como tenemos que reorganizar la inspección obrera y campesina
deben someterse a la misma
comprobación, desde el punto de vista del partido, que los miembros ordinarios
del CC, ya que deberán gozar de todos los derechos de éstos.
Por otra parte, la
Inspección Obrera y Campesina debe contar en total con 300 ó 400 empleados,
comprobados en especial en cuanto a honradez y conocimiento de nuestra
administración pública y aprobados también en un examen especial de nociones de
organización científica del trabajo en general, y, en concreto, de las
funciones administrativas, del trabajo de oficina, etc.
A juicio mío, esta fusión de
la Inspección Obrera y Campesina con la Comisión Central de Control rendirá
beneficio a ambas instituciones. Por una parte, la Inspección Obrera y
Campesina ganará de ese modo tanto prestigio que alcanzará, por lo menos, la altura
de nuestro Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros. Por otra parte,
nuestro CC seguirá definitivamente, con la Comisión Central de Control, por el
camino de la transformación de sus plenos en conferencia superior del partido,
camino por el que, en realidad, marcha ya y por el que debe marchar hasta el
fin para cumplir felizmente su misión en dos sentidos: en lo metódico,
conveniente y sistematizado de su
organización y su trabajo, y en el de su ligazón con masas grandes de verdad
por el conducto de nuestros mejores obreros y campesinos.
Preveo una objeción, que
puede partir directa o indirectamente de las esferas que hacen vieja nuestra
administración, es decir, de los partidarios de conservarla en forma que se
asemeja hasta lo imposible, hasta lo indecoroso, a la de antes de la revolución,
forma que aún conserva en el presente (dicho sea de paso, ahora hemos tenido
una ocasión, que rara vez se da en la historia, de fijar los plazos
indispensables para hacer cambios sociales radicales, y hoy vemos con claridad qué se puede hacer en cinco años y para
qué se necesitan plazos mucho más largos).
Esta objeción parece
consistir en que, de la transformación propuesta por mí, no resultará másque un
caos. Los miembros de la Comisión Central de Control irán vagando por todos los
organismos sin saber adónde, a qué ni a quién dirigirse, llevando a todas
partes la desorganización, distrayendo a los empleados de su trabajo corriente,
etc., etc.
166
Creo que el malévolo origen de esta objeción es tan evidente que
no hace falta ni siquiera responder. Se sobrentiende que tanto el Presídium de
la Comisión Central de Control como el comisario del pueblo de la Inspección
Obrera y Campesina y su Consejo (y también, cuando lo requieran las
circunstancias, nuestro Secretariado del CC) necesitarán más de un año de tenaz
labor para organizar como es debido su Comisariado del Pueblo y su labor
conjunta con la Comisión Central de Control. El comisario del pueblo de la
Inspección Obrera y Campesina puede seguir, a juicio mío, ejerciendo sus
funciones (y debe seguir ejerciéndolas), así como todo el Consejo, manteniendo
bajo su dirección la labor de toda la Inspección Obrera y Campesina, incluidos
todos los miembros de la Comisión Central de Control, los cuales deberán
tenerse por "enviados" a su disposición. Según mi plan, los 300 ó 400
empleados restantes de la Inspección Obrera y Campesina desempeñarán, por una
parte, meras funciones de secretarios de los otros miembros de la Inspección
Obrera y Campesina y de los miembros suplementarios de la Comisión Central de
Control, y, por otra parte, deberán poseer alta capacitación, estar probados en
especial, ser adictos en particular y recibir sueldos lo bastante elevados que
los eximan por completo de la actual situación verdaderamente deplorable (por
no decir algo peor aún) de funcionarios de la Inspección Obrera y Campesina.
Estoy seguro de que la
reducción del número de empleados hasta el que he indicado mejorará muchísimo
tanto la calidad de los funcionarios de la Inspección Obrera y Campesina como
la de todo el trabajo, permitiendo, a la vez, al comisario del pueblo y a los
miembros del Consejo centrar toda su atención en la organización del trabajo y
en la elevación metódica
Como tenemos que reorganizar la inspección obrera y campesina
y constante de la calidad
del mismo, elevación de absoluta necesidad para el poder obrero y campesino y
para nuestro régimen soviético.
Por otro lado, creo también
que el comisario del pueblo de la Inspección Obrera y Campesina tendrá que
aplicarse, en parte, a fundir y, en parte, a coordinar los institutos
superiores de organización del trabajo, de los que hay en la República no menos
de 12 (Instituto Central del Trabajo, Instituto de Organización Científica del
Trabajo, etc.). La uniformidad excesiva y la tendencia a la fusión que de ello
se desprende serán perjudiciales. Aquí se debe hallar, por el contrario, un
término medio razonable y conveniente entre la fusión de todas estas
instituciones en una sola y una acertada delimitación de las mismas con la
condición de que cada una de ellas goce de cierta independencia.
No cabe duda de que, con
esta transformación, ganará nuestro propio CC no menos que la Inspección Obrera
y Campesina, ganará en el sentido de su ligazón con las masas, así como en el
sentido de la regularidad y la eficacia de su trabajo. Entonces se podrá (y se
deberá) implantar un orden más severo y exigir más responsabilidad en la
preparación de las sesiones del Buró Político, a las que deberá asistir un
determinado número de miembros de la Comisión Central de Control, siendo
designados éstos o bien por un cierto período o según cierto plan de
organización.
El comisario del pueblo de
la Inspección Obrera y Campesina distribuirá con el Presídium de la Comisión
Central de Control el trabajo entre sus miembros, teniendo presente la
obligación de éstos a asistir a las reuniones del Buró Político y comprobar todos
los documentos que, de uno u otro modo, deberán ser sometidos a su examen, o
bien teniendo presente la obligación de ellos a dedicar su jornada laboral a la
preparación teórica y al estudio de la organización científica del trabajo o a
participar prácticamente en el control y perfeccionamiento de nuestra
administración pública, comenzando por los organismos superiores y terminando
por los organismos locales inferiores, etc.
Creo también que, además de
la ventaja política que reporta el hecho de que los miembros del CC y de la
Comisión Central de Control, debido a esta reforma, estarán mucho mejor
enterados y preparados para las reuniones del Buró Político (todos los documentos
referentes a las mismas deben llegar a manos de todos los miembros del CC y de
la Comisión Central de Control con veinticuatro horas de antelación, a más
tardar, salvo los casos que no admitan dilación alguna, casos que requieren un
orden especial para ponerlos en conocimiento de los miembros del CC y de la
Comisión Central de Control y una forma especial para resolverlos), es preciso
incluir también la de que en nuestro CC disminuirá la influencia de
circunstancias puramente personales y casuales, aminorándose así el peligro de
escisión.
Nuestro CC se constituyó
como grupo estrictamente centralizado y de sumo prestigio, pero su labor no se
ha colocado en las condiciones que corresponden a su prestigio. A ello debe
coadyuvar la reforma que propongo, y los miembros de la Comisión Central de
Control que deben asistir, en determinado número, a todas las reuniones del
Buró Político, tienen que formar un grupo cohesionado, el cual deberá cuidar de
que ninguna autoridad, trátese de quien se trate, tanto del secretario general
como de cualquier otro miembro del CC, pueda impedirle interpelar, controlar
documentos y, en general, ponerse absolutamente al corriente de todos los
asuntos y lograr que sus trámites lleven al curso más normal.
167
Claro que, en nuestra
República Soviética, el régimen social se basa en la colaboración de dos
clases, de los obreros y los campesinos, colaboración a la que ahora se admite
también, bajo ciertas condiciones, a gente de la Nep, es decir, a la burguesía.
Si surgen graves divergencias de clase entre ellas, la escisión será
inevitable; pero nuestro régimen social no entraña necesariamente razones que
hagan inevitable esta escisión, y la misión principal de nuestro Comité Central
y de la Comisión Central de Control, así como de nuestro partido en su
Como tenemos que reorganizar la inspección obrera y campesina
conjunto, consiste en estar
muy al tanto de las circunstancias que pueden dar motivo a una escisión y
prevenirlas, porque, en resumidas cuentas, los destinos de nuestra república
dependerán de que las masas campesinas marchen unidas a la clase obrera, conservando
la fidelidad a la alianza con ella, o permitan a la gente de la Nep, es decir,
a la nueva burguesía, apartarlas de los obreros, escindirlas de ellos. Cuanto
más claro veamos estos dos desenlaces posibles, cuanto más claro lo comprendan
todos nuestros obreros y campesinos, tanto mayores serán las probabilidades de
poder evitar la escisión, que sería funesta para la República Soviética.
23 de enero de 1923.
Publicado el 25 de
enero de 1923 en el núm. 16 de "Pravda".
T. 45, págs. 383-388.
168
MAS VALE POCO Y BUENO.
Por lo que se refiere a la
mejora de nuestra administración pública, creo que la Inspección Obrera y
Campesina no debe afanarse por la cantidad ni apresurarse. Hemos tenido hasta
ahora tan poco tiempo para reflexionar y preocuparnos de la calidad de nuestra
administración pública que sería natural la preocupación por que esté preparada
con especial seriedad y se concentre en la inspección Obrera y Campesina a
individuos de una cualidad realmente moderna, es decir, no desmerecedores de
los mejores modelos euroccidentales. Desde luego, ésta es una condición harto
modesta para una república socialista. Pero el primer lustro nos ha llenado la
cabeza de desconfianza y escepticismo. No podemos menos de sentir esa
desconfianza y ese escepticismo por quienes hablan demasiado y con excesiva
ligereza, por ejemplo, de la cultura "proletaria": para empezar nos
bastaría una verdadera cultura burguesa; para empezar podríamos prescindir de
los tipos más recalcitrantes de culturas de tipo preburgués, es decir, de
culturas burocrática, feudal, etc. En los problemas de cultura lo que más
perjudica es tener prisa y querer abarcarlo todo. Muchos de nuestros jóvenes
literatos y comunistas deberían aplicarse bien al cuento.
Por donde, en lo que se
refiere a la administración pública, debemos sacar ahora de la experiencia
anterior la conclusión de que sería mejor ir más despacio.
Nuestra administración
pública se encuentra en un estado tan deplorable, por no decir detestable, que
primero debemos reflexionar profundamente en la manera de combatir sus
deficiencias, recordando que radican en el pasado, el cual, si bien ha sido
subvertido, no ha desaparecido por completo, no ha quedado en la fase de
cultura perteneciente a tiempos remotos. Planteo aquí el problema de la cultura
precisamente porque en estas cosas debe tenerse por logrado únicamente lo que
entra en la cultura, en la vida corriente, en las costumbres. Y en nuestro
país, puede afirmarse, lo que hay de bueno en la organización social no ha sido
meditado a fondo, no ha sido comprendido ni sentido, ha sido tomado al vuelo,
no ha sido comprobado, ni ensayado, ni confirmado por la experiencia, ni
consolidado, etc. Es natural que tampoco podía ser de otro modo en una época
revolucionaria y dada la rapidez tan vertiginosa del desarrollo que nos ha
llevado en cinco años del zarismo al régimen soviético.
Es preciso sentar cabeza a
tiempo. Hay que impregnarse de salvadora desconfianza de un movimiento de
avance atropellado, de toda jactancia, etc. Es necesario preocuparse de
comprobar los pasos adelante que pregonamos a cada momento, que damos cada
momento y luego procuramos demostrar continuamente que no son de peso, ni
serios, ni se comprenden. Lo más nocivo en este caso sería apresurarse. Lo más
nocivo sería contar con que sabemos algo, por poco que sea, o pensar que hay
entre nosotros un número algo considerable de elementos para organizar una
administración realmente nueva y verdaderamente acreedora del nombre de
socialista, de soviética, etc.
No, en nuestro país, tal
administración e incluso el número de elementos que la forman mueven a risa por
lo exiguo, y debemos recordar que, para montarla, no se debe escatimar el
tiempo, y eso se llevará muchos, muchísimos años.
¿Qué elementos poseemos para
montar esa administración? Solamente dos: primero, los obreros, animados por la
lucha en pro del socialismo. Estos elementos no poseen suficiente instrucción.
Querrían proporcionarnos una administración mejor, pero no saben cómo hacerlo.
No pueden hacerlo. No han alcanzado hasta hoy el desarrollo ni la cultura
indispensables para ello. Y lo que se necesita precisamente es cultura. En este
sentido no se
puede hacer nada de golpe y
porrazo o de sopetón, con viveza o energía, o con cualquier otra de las mejores
cualidades humanas. Segundo, se necesitan conocimientos, educación e
instrucción, pues los que tenemos son irrisorios en comparación con todos los
demás Estados.
Y en este sentido no hay que
olvidar que somos aún demasiado propensos a compensar estos conocimientos (o a
creernos que podemos compensarlos) con el celo, la precipitación, etc.
Para renovar nuestra
administración pública tenemos que fijarnos a toda costa como tarea: primero,
aprender; segundo, aprender; tercero, aprender; y después, comprobar que lo
aprendido no quede reducido a letra muerta o a una frase de moda (cosa que, no hay
por qué ocultarlo, ocurre con demasiada frecuencia en nuestro país), que
loaprendido se haga efectivamente carne de nuestra carne y sangre de nuestra
sangre, que llegue a ser plena y verdaderamente un elemento integrante de la
vida diaria. En pocas palabras, no debemos presentar las mismas
reivindicaciones que la Europa Occidental burguesa, sino las que puede
presentar con dignidad y decoro un país que ha asumido la misión de
desarrollarse y hacerse socialista.
169
Las deducciones de lo
expuesto son que debemos hacer de la Inspección Obrera y Campesina, instrumento
llamado a mejorar nuestra administración, un organismo realmente modelo.
Para que pueda alcanzar la
debida altura, es preciso atenerse a la regla: en cosa alguna, pensar mucho y
hacer una.
Para ello es preciso que lo
mejor que haya de verdad en nuestro régimen social se aplique con los máximos
cuidado, reflexión y conocimiento a la fundación del nuevo Comisariado del
Pueblo.
Para ello es preciso que los
mejores elementos de nuestro régimen social, a saber: los obreros avanzados, en
primer lugar, y, en segundo, los elementos realmente instruidos —por los cuales
se puede responder de que ni se fiarán de las palabras ni pronunciarán una sola
contra su conciencia— no teman confesar ninguna dificultad ni se arredren ante
lucha alguna para alcanzar el fin propuesto en serio.
Hace ya cinco años que nos
venimos ajetreando para mejorar nuestra administración pública, pero esto es
precisamente sólo un ajetreo que en cinco años no ha demostrado más que su
ineficacia o incluso su inutilidad y su nocividad. Como todo ajetreo, tenía la
apariencia de trabajo; pero, en realidad, entorpecía nuestras instituciones y
embrollaba nuestros cerebros.
Es preciso que todo esto cambie al fin.
Hay que tomar por norma: más
vale poco en cantidad, pero bueno de calidad. Hay que tomar por norma: más vale
esperar dos o incluso tres años a obtener buen personal que apresurarse sin
ninguna esperanza de conseguirlo.
Yo sé que será difícil
atenerse a esta norma y aplicarla a nuestra realidad. Sé que la norma contraria
intentará abrirse camino en nuestro país con mil subterfugios. Sé que habremos
de oponer una resistencia gigantesca y mostrar una perseverancia diabólica, que
en este sentido el trabajo será, por lo menos durante los primeros años,
endemoniadamente ingrato; no obstante, estoy convencido de que sólo obrando así
alcanzaremos nuestra meta y que, únicamente después de haberla alcanzado,
crearemos una república digna en realidad del nombre de soviética, socialista,
etc., etc., etc.
Es posible que muchos
lectores encuentren demasiado insignificantes las cifras que cité como ejemplo
en mi primer artículo*. Estoy seguro de que se podrían aducir muchos cálculos
para demostrar que esas cifras son insuficientes. Pero creo que, por encima de
esos cálculos y de
cálculos de cualquier
índole, debemos poner una cosa: el interés por una calidad verdaderamente
modelo.
* Véase el presente volumen. (N.
de la Edit.)
Estimo que, en fin, es
precisamente éste el momento en que debemos ocuparnos de nuestra administración
pública como es debido, con toda seriedad; el momento en que el rasgo más
pernicioso de esta labor tal vez sea el apresuramiento. Por esto prevengo encarecidamente
contra la exageración de estas cifras. Por el contrario, soy de la opinión de
que, en este caso, hay que ser sobre todo parcos en las cifras. Hablemos con
franqueza. El Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina no
goza hoy ni de sombra de prestigio. Todos saben que no existe una institución
peor organizada que nuestra Inspección Obrera y Campesina y que, en las
condiciones actuales, no podemos pedir nada a este Comisariado. Hemos de
recordarlo bien, si queremos proponernos de verdad el fin de tener dentro de
unos años una institución que, primero, debe ser modelo; segundo, debe inspirar
a todos absoluta confianza y, tercero, debe demostrar a todos sin excepción que
está justificada en realidad la labor de una institución tan encumbrada como es
la Comisión Central de Control. A mi entender, hay que desterrar en el acto y
con decisión toda clase de normas generales sobre el número de empleados. A los
de la Inspección Obrera y Campesina debemos seleccionarlos de un modo muy
especial y sólo después de haberlos sometido a pruebas rigurosísimas. En
efecto, ¿qué objeto tendría montar un Comisariado del Pueblo en el que el
trabajo marche de cualquier manera, sin inspirar de nuevo la menor confianza, y
en el que la palabra tenga un prestigio ínfimo? Creo que, con la reorganización
del género que ahora nos proponemos, nuestro objetivo principal es evitarlo.
Los obreros que incorporemos
a la Comisión Central de Control en calidad de miembros suyos deben ser
irreprochables como comunistas, y creo que debemos esforzarnos aún largo tiempo
por enseñarles los métodos y las tareas de su trabajo. Además, como auxiliares
en esta labor deberá haber un personal determinado de secretaría que será
sometido a una triple prueba antes de recibir el nombramiento para su empleo.
Por último, los funcionarios que, a título de excepción, decidamos colocar
inmediatamente en la Inspección Obrera y Campesina deben reunir las condiciones
siguientes:
Primero, deben estar avalados por varios comunistas;
segundo, deben pasar un examen de conocimiento de nuestra
administración pública;
tercero, deben pasar un
examen de fundamentos teóricos de nuestra administración pública, de las
cuestiones esenciales de la ciencia administrativa, de la tramitación de
expedientes, etc.;
170
cuarto, deben trabajar bien
compenetrados con los miembros de la Comisión Central de Control y con su
Secretariado de manera que podamos responder del buen funcionamiento de todo
este mecanismo en su conjunto.
Sé que estos requisitos
presuponen condiciones de magnitud desmedida y mucho me temo que las consideren
irrealizables o las acojan con una sonrisa desdeñosa la mayoría de los
"prácticos" de la Inspección Obrera y Campesina. Pero yo pregunto a cualquiera
de los actuales dirigentes de la Inspección Obrera y Campesina o de las
personas que están en contacto con ella si me pueden decir con sinceridad qué
falta hace, en la práctica, un Comisariado del Pueblo como el de la Inspección
Obrera y Campesina. Creo que esta pregunta les ayudará a encontrar el sentido
de la medida. O no vale la pena hacer una reorganización más de las tantas que
ya hemos tenido, de algo tan desquiciado como la Inspección Obrera y Campesina,
o es preciso plantearse de verdad la tarea de crear en un proceso lento,
difícil y fuera de lo común, no sin recurrir a numerosas comprobaciones, algo
realmente ejemplar, capaz de infundir respeto a cualquiera, y no sólo porque lo
exijan los títulos y los grados.
Si no nos armamos de
paciencia ni dedicamos a esta obra unos cuantos años, más vale que no la
acometamos en absoluto.
A juicio mío, de las
instituciones que tan fecundos hemos sido en crear ya —escuelas superiores del
trabajo, etc.—, hay que elegir el mínimo, comprobar si están bien organizadas y
permitirles que continúen funcionando sólo si están en realidad a la altura de
la ciencia moderna y nos proporcionan todas las conquistas de ésta. Entonces no
será utópico esperar que dentro de unos años tengamos una institución capaz de
cumplir con su cometido, a saber: afanarse de manera sistemática y constante,
gozando de la confianza de la clase obrera, del Partido Comunista de Rusia y de
toda la masa de la población de nuestra república por mejorar nuestra
administración pública.
Las labores preparatorias
para ello podrían comenzarse hoy ya. Si el Comisariado del Pueblo de la
Inspección Obrera y Campesina estuviera conforme con el plan de esta
reorganización, podría comenzar en seguida a dar los pasos previos para
trabajar de un modo sistemático hasta llevarlos a completo término, sin
apresurarse ni renunciar a rehacer lo que ya se hizo antes.
Toda decisión de medias
tintas en ese terreno sería perjudicial en grado superlativo. Las normas de
todo tipo de los empleados de la Inspección Obrera y
Campesina que partiesen de
cualesquiera otras consideraciones estarían, en el fondo, basadas en las
antiguas consideraciones burocráticas, en los viejos prejuicios, en todo lo que
ha sido ya condenado, en lo que provoca las burlas generales, etc.
En el fondo, el problema se plantea de la manera siguiente:
O demostrar ahora que hemos
aprendido de veras algo de la organización del Estado (no es pecado aprender
algo en cinco años) o demostrar que no hemos madurado aún para ello; y entonces
no vale la pena acometer la obra.
Y creo que, teniendo
presente el personal de que disponemos, no será una inmodestia suponer que
hemos aprendido ya lo suficiente para reconstruir conforme a un sistema un solo
Comisariado del
Pueblo al menos. Por cierto,
este solo Comisariado del Pueblo debe ser el exponente de todo el conjunto de
nuestra administración pública.
Abrir inmediatamente un
concurso para redactar dos manuales o más sobre organización del trabajo en
general y, en particular, del trabajo administrativo. Se puede tomar como base
el libro de Ermanski que ya tenemos, si bien éste, dicho sea entre paréntesis,
se distingue por su simpatía manifiesta al menchevismo y no sirve para componer
un manual adecuado al Poder soviético. También se puede tomar como base el
libro recién publicado de Kérzhentsev, y, por último, pueden ser útiles
asimismo algunos de los textos parciales que tenemos.
Enviar a algunas personas
preparadas y concienzudas a Alemania o a Inglaterra a que recojan bibliografía
y estudien este problema. Y digo a Inglaterra por si no fuera posible enviar a
nadie a los EE.UU. o al Canadá.
Nombrar una comisión
encargada de redactar un programa previo para examinar a los pretendientes a
empleados de la Inspección Obrera y Campesina, así como a miembros de la
Comisión Central de Control.
Estos trabajos y otros
parecidos, claro está, no deberán entorpecer la labor del comisario del pueblo
y de los miembros del Consejo de la Inspección Obrera y Campesina ni del
Presídium de la Comisión Central de Control.
Paralelamente habrá que
nombrar una comisión preparatoria para seleccionar a los pretendientes a
miembros de la Comisión Central de Control. Confío en que para este cargo
podremos encontrar ahora a pretendientes de sobra tanto entre los funcionarios
con experiencia de todas las entidades como entre los estudiantes de nuestros
establecimientos soviéticos de enseñanza. No creo atinado excluir de antemano a
tal o cual categoría. Es probable que se haya de preferir para dicha
institución a un personal heterogéneo que reúna numerosas cualidades y dotes
diferentes, de manera que se habrá de trabajar con ahínco para componer una
lista de pretendientes. Por ejemplo, lo que menos sería de desear es que el
nuevo Comisariado del Pueblo se constituyera según un patrón único, digamos,
del tipo de las personas de carácter de burócrata, o bien excluyendo a las del
tipo de los agitadores, a las que se distingan por su don de gentes o su
facultad de penetración en mediosno muy habituales para funcionarios de este
tipo, etc.
171
* * *
Creo que expresaré del mejor
modo mi pensamiento si comparo mi plan con las instituciones de tipo académico.
Los miembros de la Comisión Central de Control deberán examinar
sistemáticamente, bajo la dirección de su Presídium, todos los papeles y
documentos del Buró Político. A la vez, deberán distribuir como es debido su
tiempo entre las diversas ocupaciones de control de los expedientes de nuestras
instituciones, empezando por las más pequeñas y parciales y acabando por las
superiores del Estado. Por último, figurarán asimismo entre sus tareas el
estudio de la teoría, es decir, de la teoría de la organización del trabajo al
que se van a dedicar, y el ejercicio de funciones en la práctica bajo la
dirección de camaradas con experiencia o de profesores de escuelas superiores
de organización del trabajo.
Pero yo creo que en modo
alguno deberán limitarse a trabajos académicos de este tipo. Además de
realizarlos, habrán de capacitarse para una labor que me atrevería a denominar
de preparación para la captura de, no diré granujas, pero sí de algo por el estilo
y de invención de estratagemas peculiares para enmascarar sus campañas, sus
artimañas, etc.
Semejantes propuestas darían
lugar en las instituciones de Europa Occidental a una indignación inaudita,
despertarían un sentimiento de escándalo moral, etc., pero confío en que
nosotros no nos hemos burocratizado aún lo suficiente para llegar a eso. En Rusia,
la Nep no ha tenido aún tiempo de granjearse tanto respeto como para sentirnos
agraviados por la idea de que se pretenda pillar a alguien. La fundación de
nuestra República Soviética es cosa tan reciente, y se han amontonado tantos
trastos de toda índole, que no creo se le ocurra a nadie sentirse ofendido de
pensar que se pueda rebuscar en ese montón de trastos, poniendo en juego
algunas tretas y haciendo pesquisas orientadas a veces a fuentes bastante
alejadas o dando rodeos bastante grandes; y si se le ocurre a alguien, puede
estar seguro de que todos nosotros nos reiremos de él de buena gana.
Confiamos en que nuestra
nueva Inspección Obrera y Campesina dejará a un lado esa cualidad que los
franceses llaman pruderie y que
nosotros llamaríamos ridícula gazmoñería o empaque ridículo y que hace el caldo
gordo a toda nuestra burocracia, tanto de los Soviets como del partido. Dicho
sea entre paréntesis, en nuestro país hay burocracia no sólo en los organismos
de los Soviets, sino también en los del partido.
Antes dije que debemos
aprender y aprender en las escuelas de organización superior del trabajo, etc.,
pero esto en modo alguno significa que yo comprenda ese "aprendizaje"
de manera algo escolar o que me limite a la idea de enseñar solamente como se
hace en las escuelas. Confío en que ni un solo revolucionario de verdad
sospechará que, en este caso, renuncio a entender por "aprendizaje"
alguna treta empleada medio en broma, alguna astucia, artimaña o algo por el
estilo. Sé que en un país respetable y serio de Europa Occidental la sola idea
que he exteriorizado sería causa de un espanto verdadero, y ningún
funcionario decente
aceptaría que se discutiese siquiera. Pero espero que no estemos aún lo
bastante burocratizados y que la discusión de esta idea no puede mover más que
a risa en nuestro país.
En efecto, ¿por qué no juntar lo útil y lo grato?
¿Por qué no emplear una
treta en broma o medio en broma para descubrir algo ridículo, algo pernicioso,
algo medio ridículo, medio nocivo, etc.?
Creo que nuestra Inspección
Obrera y Campesina ganará mucho si examina estas consideraciones y que la lista
de los casos que han valido a nuestra Comisión Central de Control o a sus
colegas de la Inspección Obrera y Campesina algunas de sus victorias más
brillantes se verá bastante enriquecida con las andanzas de nuestros futuros
"inspectores obrecampinos" y miembros de la "Comcencón" por
lugares no muy gratos de mentar en los respetables y remilgados manuales.
* * *
¿Cómo se pueden fundir los organismos del partido con los de la
administración soviética?
¿No hay en eso algo incompatible?
No planteo este problema en
nombre mío, sino en el de los aludidos antes por mí cuando dije que tenemos
burócratas no sólo en las instituciones soviéticas, sino en las del partido
también.
¿Por qué, pues, no fundir
efectivamente las unas con las otras, si ello redunda en beneficio de la obra?
¿Acaso no ha advertido nunca
nadie que en un Comisariado del Pueblo, como es el de Negocios Extranjeros, tal
fusión es de extraordinaria utilidad y se practica desde su mismo nacimiento?
¿Acaso en el Buró Político no se discuten desde el punto de vista de partido
muchos problemas, grandes y pequeños, sobre nuestros "pasos", en
respuesta a los "pasos" de las potencias extranjeras, para
contrarrestar, digámoslo así, por no emplear una expresión menos decorosa, sus
argucias? ¿No es acaso esta flexible unión de los organismos soviéticos con los
del partido una fuente de extraordinaria fuerza en nuestra política? Creo que
lo que se ha acreditado, lo que se ha consolidado en nuestra política exterior
y se ha hecho ya costumbre de manera que no despierta ninguna duda en esta
esfera será, por lo menos, tan conveniente (y yo creo que lo será mucho más)
para toda nuestra administración pública. Y la Inspección Obrera y Campesina se
dedica precisamente a toda nuestra administración pública, y sus labores deben
llegar a todas las instituciones públicas sin excepción, tanto a las locales
como a las centrales,tanto a las comerciales como a las puramente burocráticas,
tanto a las de enseñanza como a los archivos, teatros, etc., en suma, a todas
las instituciones sin excepción alguna.
172
¿Por qué, pues, para una
institución de tanta amplitud, cuyas formas de actuación requieren, además, una
flexibilidad extraordinaria, ha de ser inaceptable esa fusión peculiar, de la
institución de control del partido con la institución de control de los
Soviets?
Yo no vería en ello ningún
obstáculo. Más aún: creo que esa fusión es la única garantía de un trabajo
eficiente. Creo que cualquier duda al respecto parte de los rincones más
polvorientos de nuestra administración pública y que nuestra respuesta a ella puede
ser sólo una: la burla.
* * *
Otra duda: ¿Conviene unir la
labor didáctica con el ejercicio del cargo? Me parece que es no sólo
conveniente, sino imprescindible. Hablando en general, nos ha dado tiempo de
contagiarnos de toda una serie de prejuicios de los más nocivos y ridículos de la
organización estatal de Europa Occidental, pese a nuestra actitud
revolucionaria ante ella; y en parte, nos
han contagiado adrede
nuestros queridos burócratas, especulando con la malévola intención de sacar
ganancia reiterada del río revuelto de tales prejuicios; han sacado de ese río
revuelto tanta ganancia de pescadores que sólo quienes entre nosotros estaban
completamente ciegos no han visto lo mucho que se ha practicado esa pesca.
En todo el ámbito de las
relaciones sociales, económicas y políticas somos unos revolucionarios
"terribles". Pero en el terreno de la veneración de los superiores y
de la observancia de las formas y los ritos de la tramitación de los expedientes,
nuestro "revolucionarismo" es remplazado a menudo por una rutina de
lo más rancia. En este dominio se puede ver muchas veces un fenómeno
interesantísimo: cómo un gran salto adelante en la vida de la sociedad va
asociado a una monstruosa timidez ante los menores cambios.
Y se comprende, porque los
pasos adelante más atrevidos se han dado en un terreno que, desde hace mucho,
es patrimonio de la teoría, en un terreno que era cultivado principalmente o
casi exclusivamente en teoría. El ruso se desahogaba en casa con especulaciones
teóricas de atrevimiento extraordinario contra la abominable realidad
burocrática, razón por la cual esas especulaciones teóricas excesivamente
audaces adquirían entre nosotros un carácter muy unilateral. En Rusia se daban
la mano el atrevimiento teórico en las especulaciones generales y una timidez
sorprendente ante las reformas oficinescas más insignificantes. Cualquier
revolución agraria de la mayor trascendencia universal era meditada con una
audacia sin precedente en otros Estados, pero, a la vez, faltaba imaginación
para realizar una reforma oficinesca de décimo orden, faltaba imaginación o
paciencia para aplicar a esa reforma los mismos principios generales que daban
resultados tan "brillantes" en su aplicación a problemas generales.
Y por eso, nuestra actual
vida cotidiana reúne en grado sorprendente rasgos de increíble osadía y timidez
de pensamiento ante los menores cambios.
Creo que tampoco ha sido de
otra manera en ninguna revolución verdaderamente grande, porque las
revoluciones grandes de verdad nacen de las contradicciones entre lo viejo,
entre la tendencia al cultivo de lo viejo, y la más abstracta aspiración a lo
nuevo, que debe ser ya tan nuevo que no contenga ni un grano de lo viejo.
Y cuanto más radical sea la
revolución, tanto más se prolongará el período en que se mantenga cierto número
de dichas contradicciones.
* * *
El rasgo general de nuestra
vida consiste ahora en lo siguiente: hemos destruido la industria capitalista,
hemos intentado arrasar las instituciones medievales, la propiedad agraria de
los terratenientes, y en ese terreno hemos establecido a los campesinos
pequeños y pequeñísimos, que siguen al proletariado por la confianza que tienen
en los resultados de su labor revolucionaria. Sin embargo, no nos será fácil
sostenernos con esta sola confianza hasta el triunfo de la revolución
socialista en los países más desarrollados, porque los campesinos pequeños y
pequeñísimos, sobre todo durante la Nep, siguen estando, por necesidad
económica, a un nivel bajísimo de productividad del trabajo. Además, la
situación internacional ha dado lugar a que Rusia haya sido lanzada atrás, a
que, en total, el rendimiento del trabajo del pueblo sea hoy en nuestro país
bastante inferior al de antes de la guerra. Las potencias capitalistas
euroccidentales, en parte de manera consciente y en parte de un modo
espontáneo, han hecho todo lo que estaba a su alcance para lanzarnos atrás,
para aprovechar los elementos de guerra civil en Rusia con objeto de arruinar
lo más posible al país. Este desenlace precisamente de la guerra imperialista
les parecía tener, como es natural, considerables ventajas: si no llegamos a
derribar el régimen revolucionario en Rusia, en todo caso entorpeceremos su
avance hacia el socialismo; así se discurría, poco más o menos, en esas
potencias; y, desde su punto de vista, no se podía discurrir de otra manera.
Como resultado, han cumplido
a medias su tarea. No han logrado derrocar el nuevo régimen traído por la
revolución, pero tampoco le han brindado la posibilidad de dar en el acto un
paso adelante que acredite los pronósticos de los socialistas, un paso que
permita a éstos desarrollar con rapidez colosal las fuerzas productivas,
desarrollar todas las posibilidades que, sumadas, dieran el socialismo,
demostrar en lapráctica, con toda evidencia, a cada cual, que el socialismo
entraña fuerzas gigantescas y que la humanidad ha pasado ahora a una nueva fase
de desarrollo que entraña posibilidades brillantes en grado sumo.
173
El sistema de las relaciones
internacionales se ha formado hoy de manera que uno de los Estados de Europa,
Alemania, se encuentra avasallado por los Estados vencedores. Además, y gracias
a la victoria, varios Estados, por cierto los más antiguos de Occidente, están
en condiciones de poder aprovechar esa misma victoria para hacer a sus clases
oprimidas una serie de concesiones que, si bien son de poca monta, demoran el
movimiento revolucionario en ellos y crean una apariencia de "paz
social".
A la vez, otros países —el
Oriente, la India, China, etc.— se han visto definitivamente fuera de sus
cauces a causa precisamente de la última guerra imperialista.
Su desarrollo marcha
definitivamente por la vía general del capitalismo europeo. Ha comenzado en
ellos la misma efervescencia que en toda Europa. Y el mundo entero ve ahora
claro que se desarrollan en un sentido que no puede menos de conducir a la
crisis de todo el capitalismo mundial.
Así pues, hoy nos hallamos
ante el siguiente problema: ¿podremos mantenernos con nuestra pequeña y
pequeñísima producción campesina, dada la ruina en que estamos sumidos, hasta
que los países capitalistas de Europa Occidental culminen su desarrollo hacia
el socialismo? Pero lo hacen de manera distinta de como esperábamos antes. No
siguiendo un proceso de "maduración" igual del socialismo en su seno,
sino explotando unos Estados a otros, explotando al primer Estado vencido en la
guerra imperialista y a todo el Oriente. Por otra parte, el Oriente se ha
sumado de manera definitiva al movimiento revolucionario en virtud precisamente
de dicha primera guerra imperialista, viéndose incluido definitivamente en el
torbellino general del movimiento revolucionario mundial.
¿Qué táctica, pues, impone a
nuestro país el estado de cosas expuesto? Es claro que la siguiente: debemos
ser prudentes en sumo grado para conservar nuestro poder obrero, para mantener
bajo su autoridad y bajo su dirección a nuestros campesinos pequeños y muy
pequeños. De nuestra parte está la ventaja de que todo el mundo pasa ahora ya a
un movimiento que debe originar la revolución socialista mundial. Pero también
tenemos el inconveniente de que los imperialistas han logrado dividir el mundo
entero en dos campos, y esta división se complica por el hecho de que Alemania,
país de un desarrollo capitalista avanzado y culto de verdad, se ve ahora ante
infinitas dificultades para recuperarse. Todas las potencias capitalistas del
llamado Occidente le clavan las garras y no le dejan alzar cabeza. Por otra
parte, todo el Oriente, con su población de centenares de millones de
trabajadores explotados y llevados al último grado de existencia infrahumana,
ha sido puesto en condiciones en que sus fuerzas físicas y materiales no tienen
ni punto de comparación con las fuerzas físicas, materiales y militares de
cualquiera de los Estados, mucho más pequeños, de Europa Occidental.
¿Podemos eludir la futura
colisión con estos Estados imperialistas? ¿Podemos confiar en que las
contradicciones internas y los conflictos entre los prósperos Estados
imperialistas de Occidente y los prósperos Estados imperialistas de Oriente nos
den la segunda tregua, igual que nos dieron la primera, cuando la cruzada de la
contrarrevolución de Europa Occidental, encaminada a apoyar a la
contrarrevolución rusa, fracasó a causa de las contradicciones existentes en el
campo de los contrarrevolucionarios de Occidente y Oriente, en el campo de
los explotadores orientales
y de los explotadores occidentales, en el campo del Japón y de los EE.UU.?
Creo que a esta pregunta se
debe responder en el sentido de que la solución depende aquí de muchísimas
circunstancias, y sólo se puede prever el desenlace de la lucha en su conjunto,
basándose en que el propio capitalismo enseña y educa en fin de cuentas para la
lucha a la inmensa mayoría de la población del mundo.
El desenlace de la lucha
depende, en última instancia, del hecho de que Rusia, la India, China, etc.,
constituyen la mayoría gigantesca de la población. Y precisamente esta mayoría
de la población es la que se incorpora en los últimos años con inusitada rapidez
a la lucha por su liberación, de modo que, en este sentido, no puede haber ni
sombra de duda respecto al desenlace final de la lucha a escala mundial. En
este sentido, la victoria definitiva del socialismo está plena y absolutamente
asegurada.
Pero lo que nos interesa no
es esta inevitabilidad de la victoria definitiva del socialismo. Lo que nos
interesa es la táctica que nosotros, Partido Comunista de Rusia, que nosotros,
Poder soviético de Rusia, debemos seguir para impedir que los Estados contrarrevolucionarios
de Europa Occidental nos aplasten. Para asegurar nuestra existencia hasta la
siguiente colisión militar entre el Occidente imperialista
contrarrevolucionario y el Oriente revolucionario y nacionalista, entre los
Estados más civilizados del mundo y los Estados atrasados al modo oriental, los
cuales, sin embargo, constituyen la mayoría, es preciso que esta mayoría tenga
tiempo de civilizarse. A nosotros también nos falta civilización para pasar
directamente al socialismo, aunque contamos con las premisas políticas
necesarias para ello. Debemos atenernos a esa táctica o adoptar, para
salvarnos, la política siguiente.
Debemos esforzarnos por
organizar un Estado en el que los obreros conserven la dirección sobre los
campesinos, no pierdan la confianza de éstos y eliminen de sus relaciones
sociales, hasta el menor indicio de gastos excesivos, observando el más severo
régimen de economías.
174
Debemos abaratar al máximo
nuestra administración pública. Debemos suprimir de ella todos los indicios de
gastos excesivos que hemos heredado en tanta abundancia de la Rusia zarista, de
su burocracia capitalista. ¿No será eso el reino de la sobriedad campesina? No.
Si conservamos la dirección de la clase obrera sobre los campesinos, podremos,
llevando en nuestro Estado un régimen de máximas economías, lograr que todo
ahorro, por ínfimo que sea, se conserve para el desarrollo de nuestra gran
industria mecanizada, para el desarrollo de la electrificación, de la
extracción hidráulica de la turba, para acabar de construir la central
hidroeléctrica del Vóljov148, etc.
En esto, y solamente en
esto, está nuestra esperanza. Sólo entonces estaremos en condiciones, hablando
en sentido figurado, de apearnos de un caballo para montar en otro, es decir,
de apearnos del mísero caballo campesino, del caballo del régimen de economías
calculado para un país campesino arruinado, para montar en un caballo que el
proletariado busca y no puede dejar de buscar para sí: el caballo de la gran
industria mecanizada, de la electrificación, de la central hidroeléctrica del
Vóljov, etc.
Así ligo yo en mi
pensamiento el plan general de nuestra labor, de nuestra política, de nuestra
táctica, de nuestra estrategia a las tareas de la Inspección Obrera y Campesina
reorganizada. Esa es para mí la justificación de la excepcional solicitud, de la
extraordinaria atención que debemos prestar a la Inspección Obrera y Campesina,
colocándola a una altura excepcional, proporcionándole atribuciones de Comité
Central, etc., etc.
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148 Obras
de la central hidroeléctrica del Vóljov: obras de una central hidroeléctrica en el río Vóljov, a 120
kilómetros de Petrogrado (Leningrado). Fue la primera gran central
hidroeléctrica de la Unión Soviética. Sus obras empezaron en 1918, pero no se
desplegaron con plenitud hasta 1921, cuando hubo acabado la guerra civil.
Esta justificación consiste
en que sólo depurando al máximo nuestra administración, reduciendo al máximo
todo lo que no sea absolutamente indispensable en ella, nos mantendremos con
toda seguridad. Y, además, estaremos en condiciones de mantenernos a un nivel
que se eleva continuamente y avanza sin interrupción hacia la gran industria
mecanizada, y no al nivel de un país de pequeños campesinos, no al nivel de
sobriedad generalizada.
Esas son las sublimes tareas
con que yo sueño para nuestra Inspección Obrera y Campesina. Por eso planteo
para ella la fusión de la cúspide más prestigiosa del partido con un
Comisariado del
Pueblo de lo más "corriente".
2 de marzo de 1923.
Publicado el 4 de
marzo de 1923 en el núm. 49 de "Pravda".
T. 45, págs. 389-406.

