Libro N° 7056. Manual De Economía Política. Lapidus Y Ostrovitianov.
© Libro N° 7056. Manual De Economía Política. Lapidus Y Ostrovitianov. Emancipación. Marzo 7 de 2020.
Título
original: © Manual
De Economía Política. Lapidus Y Ostrovitianov
Versión Original: © Manual De Economía Política. Lapidus Y
Ostrovitianov
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición
digital de Versión original de textos:
http://bolchetvo.blogspot.com/
Licencia Creative Commons:
Emancipación
Obrera utiliza una licencia Creative
Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única
condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión
cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos
publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del
conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a
Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente
educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de Imagen original:
https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_IMG/Internacionales/Lapidus_y_Ostrovitaianov/Manual_de_economia_politica.jpg
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
MANUAL DE ECONOMÍA POLÍTICA
Lapidus y Ostrovitianov
MANUAL DE ECONOMÍA POLÍTICA
Lapidus y Ostrovitianov
Manual de economía
política
![]()
LAPIDUS Y OSTROVITIANOV
(MOSCÚ, 1929)
Este trabajo ha sido convertido
a libro digital
por militantes de EHK,
para uso interno y forma parte
del
material de trabajo para el
estudio,
investigación y formación del
pensamiento marxista
http://www.abertzalekomunista.net
Autor: Lapidus y Ostrovitianov.
Edición: Editorial Universitaria de Chile.1971.
CONTENIDO
PRESENTACIÓN
LIBRO PRIMERO. EL
VALOR REGULADOR DEL RÉGIMEN DE PRODUCCIÓN DE MERCANCÍAS.
CAPÍTULO PRIMERO. EL
TRABAJO, BASE DEL VALOR
1) La división del trabajo y la propiedad privada condiciones
previas del sistema económico basado en el intercambio. Necesidad del
intercambio.
2) El precio, regulador aparente de la economía basada en el
intercambio
3) ¿Cuáles son las condiciones que determinan el precio? Utilidad,
oferta y demanda
4) Los gastos de producción
5) Balance: el trabajo, base del valor. El valor, expresión de las
relaciones sociales
6) Trabajo concreto y trabajo abstracto
7) Trabajo individual y trabajo socialmente
necesario
8) Trabajo simple y trabajo complejo
1) La forma del valor, noción general.
2) Desarrollo de la forma del valor. Las tres formas de valor
3) El dinero, el fetichismo del dinero y de la mercancía en general
4) El dinero, medida de valor y medida de los precios
5) El dinero, medio de circulación
6) Otras funciones del dinero
LIBRO SEGUNDO: LA
PRODUCCIÓN DE PLUSVALÍA.
CAPÍTULO TERCERO: LA
PLUSVALÍA EN LA ECONOMÍA CAPITALISTA
1) Imposibilidad de obtener la plusvalía mediante intercambio
2) La fuerza de trabajo como mercancía. Valor de la fuerza de
trabajo
3) Formación de la plusvalía
4) El capital
5) Capital constante y capital variable. Norma de la explotación
6) Plusvalía absoluta y plusvalía relativa
7) Creación de la plusvalía relativa
8) Crecimiento de la explotación. El sistema Taylor.
LIBRO TERCERO. EL
SALARIO.
CAPÍTULO CUARTO. EL
SALARIO EN LA ECONOMÍA CAPITALISTA
1) El salario, precio de la fuerza de trabajo; las formas de
salario
2) Los factores del salario
LIBRO CUARTO. LA
TEORÍA DE LA GANANCIA Y EL PRECIO DE PRODUCCIÓN.
CAPÍTULO QUINTO. LA
GANANCIA Y EL PRECIO DE PRODUCCIÓN EN LA ECONOMÍA CAPITALISTA
1) Tasa de ganancia y tasa de plusvalía.
2) Composición orgánica del capital y tasa de ganancia
3) Rotación del capital y tasa de ganancia
4) Las relaciones entre la tasa de explotación y la tasa de
ganancia
5) Formación de la tasa media de ganancia: tendencia a que esta
tasa baje.
6) Los gastos de producción y el cálculo de estos gastos en la
economía capitalista
7) El precio de producción y la teoría del valor del trabajo
8) Precio de monopolio y ganancia de monopolio
PRESENTACIÓN
Este texto —obra de los
economistas soviéticos Lapidus y Ostrovitianov— fue reeditado en París por los
estudiantes comunistas de la Escuela de Derecho. La traducción al castellano ha
sido hecha con la colaboración de Annicke Le-corps a partir del texto francés.
Este Manual de Economía
Política desarrolla los conceptos fundamentales de El Capital : valor de cambio, valor de uso, trabajo abstracto,
trabajo concreto, fuerza de trabajo, valor de la fuerza de trabajo, plusvalía,
ganancia, tasa de ganancia, precio de producción, etc.
Para mayor claridad de la
exposición hemos transformado en escudos algunos ejemplos que en la versión
francesa figuran en moneda rusa.
A pesar de que este Manual
no constituye un trabajo de profundización de El Capital, ofrece, sin embargo, bajo una forma pedagógica, los
principales elementos para una formación teórica de base.
El Manual original
comprende, además, una parte dedicada al estudio de la economía soviética de la
época en que fue escrito. Como nuestra meta esencial es exponer los conceptos
fundamentales de El Capital, hemos
juzgado innecesario publicar dicha parte de la obra.
Queremos subrayar,
finalmente, que este Manual es, hoy imposible de encontrar. De ahí la
importancia que atribuimos a su publicación.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
LIBRO PRIMERO. EL VALOR REGULADOR DEL
RÉGIMEN DE PRODUCCIÓN DE MERCANCÍAS.
CAPÍTULO
PRIMERO. EL TRABAJO, BASE DEL VALOR
1) la
división del trabajo y la propiedad privada condiciones previas del sistema
económico basado en el intercambio. Necesidad del intercambio.
Aún hoy día, en las aldeas
perdidas de la Unión Soviética es cosa frecuente encontrar campesinos que
satisfacen necesidades rudimentarias únicamente con los medios de su propia
economía: su pan lo hacen con el trigo o el centeno que ellos mismos han sembrado;
su vestimenta la confeccionan con las gruesas telas que sus familias tejen
durante las largas veladas de invierno, con el lino que ellos mismos
cultivaron. Si hay que construir una choza su propio caballo le traerá al
campesino la madera que él mismo habrá cortado y ésta será la materia prima de
los muros; con su paja hará el techo; sólo necesitará que le proporcionen,
desde afuera, los clavos y algunos otros artículos menos importantes.
En las lejanas tierras del
norte donde viven los samoyedas y otros pueblos primitivos, la economía es aún
más sencilla. Las manadas de renos que andan errando por aquellas tierras
desérticas y las focas que los hombres van a cazar en el mar constituyen toda
la base de la economía: el reno y la foca le proporcionan al Samoyeda la carne
y la grasa para su alimento; la piel del reno le proporciona la materia para su
vestimenta y su tienda.
Muy distinto es el espectáculo de la gran ciudad moderna.
En ella no se puede
encontrar ni un solo hombre que satisfaga por sí mismo todas sus necesidades,
sin tener que acudir a la ayuda ajena; ni un solo hombre que se construya la
casa con materiales que él mismo haya fabricado, que confeccione su ropa y produzca
sus alimentos.
Centenares de millares de
hombres pueblan las grandes metrópolis y cada uno de ellos tiene sus
ocupaciones: miles de obreros metalúrgicos se pasan toda la vida en el torno o
en el banco de trabajo, al lado de las máquinas, muchos de ellos nunca fueron
al campo y no saben ni como arar la tierra ni como segar. Ocurre lo mismo con
millares otros trabajadores: sastres, albañiles, carpinteros, panaderos,
choferes.
¿Cómo puede cada uno,
trabajando en su estrecha especialidad, no morirse de hambre o de frío? Lo que
ocurre es que viven en una estrecha dependencia; trabajan los unos para los
otros: la tejedora sólo puede pasarse la vida en el telar, porque el panadero
amasa el pan y porque el albañil construye. Es evidente que el panadero no hace
el pan solamente para él, también lo hace para la tejedora, y el albañil
construye viviendas para millares de hombres ocupados en otros trabajos. Si
este lazo no existiera, la vida sería imposible en la sociedad moderna.
Recordemos lo que hemos
visto en Rusia durante la guerra civil. Cuando un gran número de empresas
industriales dejaron de trabajar y la superficie de las tierras cultivadas
disminuyó en el campo; cuando los ferrocarriles casi dejaron de funcionar, y la
relación entre las diferentes economías se debilitó, resultó imposible que el
obrero se quedara constantemente en su banco de trabajo; el hierro que
trabajaba el metalúrgico y el carbón que extraía el minero no podían
alimentarlos. ¡Cuántos obreros abandonaron entonces su industria por esta única
razón y se fueron hacia el campo!; ¡cuántos obreros empezaron a cultivar papas
o trigo en las afueras de
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
la ciudad! Y cuando llegó el
invierno, ¡cuántos obreros y empleados se fueron a cortar leña a los bosques
para calentarse!
En resumen, la vida obligaba
a los hombres a salir de los marcos estrechos de la división del trabajo y a
volver al estilo de vida del campesinado, que, en aldeas lejanas, satisface
todas sus necesidades por sus propios medios.
En conclusión, la división del trabajo sólo resulta posible
en la sociedad moderna, porque los productores aislados, ocupados en distintas
ramas del trabajo, entran en contacto unos con otros y ofrecen a los
trabajadores de las demás especialidades los productos de su propio trabajo.
Cuanto más desarrollada es
la sociedad, más profunda es la división del trabajo, y cuanto más importante
es la relación entre las economías aisladas, más estrecha es la
interdependencia de éstas.
En la época actual,1 la división del trabajo existe no sólo entre la ciudad
esencialmente industrial y el campo que produce los víveres y las materias
primas, sino también entre los países. Rusia es esencialmente un país agrícola,
Alemania (y aún más Inglaterra) es un país industrial. Se comprende
perfectamente que Rusia necesite de Alemania y de Inglaterra que la surten de
máquinas y productos industrializados. Se comprende que Alemania necesite el
trigo ruso. La interdependencia de estos países se manifestó sobre todo durante
la guerra, cuando Alemania estuvo condenada al hambre y varios productos
industrializados faltaron en Rusia.
Pero ¿cómo se realiza en la sociedad moderna la relación entre
estas distintas economías?
Hemos visto que será
bastante fácil organizar esta relación dentro de la futura sociedad comunista.
A decir verdad, no se encontrarán empresas aisladas, independientes unas de
otras, perteneciendo a particulares. La sociedad comunista será un todo dirigido
por un centro único. Este núcleo dirigente organizará la producción y la
repartición por ejemplo, destinará parte del pan hecho por los panaderos a las
necesidades de los metalúrgicos que fabrican las máquinas y viceversa; mandará
hacer a los constructores las herramientas y la maquinaria que necesitan las
panaderías mecanizadas.
¿Es posible semejante
relación entre distintas empresas dentro de la sociedad capitalista? Por cierto
que no. Pues, como ya lo hemos señalado, la s empresas pertenecen a diferentes
propietarios privados y cada uno de ellos, al organizar su empresa, piensa en
sus propios intereses y no en los de la sociedad. Dentro de los límites de su
empresa el capitalista es soberano, dispone de sus bienes a su antojo: pone la
empresa en marcha o la cierra, produce una mercancía u otra.
Pensándolo mejor y
considerando lo que hemos dicho anteriormente, resulta que el poder “ilimitado”
del capitalista es, en realidad, muy limitado. Necesita de las demás empresas y
de los demás capitalistas, aunque no fuera más que para recibir los productos
de consumo para él y sus obreros y procurarse las máquinas y las materias
primas necesarias a su fábrica. Y todos los demás capitalistas en las empresas
donde se fabrican estos productos, son también propietarios que quizás
necesitan de nuestro capitalista, pero, sea lo que sea, todos consideran, antes
que nada, sus intereses particulares, sus intereses de propietarios.
La relación entre estas
economías distintas, que necesitan una de la otra, pero entre las cuales cada
una constituye un elemento autónomo de propiedad, sólo se puede efectuar de una
manera: a través del intercambio de los
productos en el mercado.
![]()
1 Los autores se refieren a 1929 (N. del E.)
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
En la economía en la cual
predomina el intercambio, cada productor en particular fabrica bienes, no con
el propósito de satisfacer sus propias necesidades, sino con el de lanzarlos al
mercado y de cambiarlos por otros productos que necesita.
En este caso, los productos
se llaman mercancías y la economía basada en su producción se caracteriza por
el intercambio.
La economía capitalista es
una de las formas de la economía basada en el intercambio. Aquí sólo
retendremos que la idea del régimen caracterizado por el intercambio es más
amplia que la noción de “capitalismo”. Un r égimen basado en el intercambio,
pero que no sea capitalista, es posible como lo veremos más tarde; se puede en
cierto sentido, relacionar con esta categoría la economía soviética. La
economía mercantil simple, que en ningún caso se debe confundir con la
capitalista, aunque ambos sistemas está n basados en el intercambio, se
relaciona también con esta economía.
En la economía mercantil
simple, el productor de la mercancía es dueño y vendedor de ella; en la
economía capitalista, el productor de la mercancía no es dueño de ella,
pertenece al capitalista que posee fábricas equipadas con máquinas y tiene los
medios de producción. Esta es la razón por la cual el capitalista obliga al
obrero, privado tanto de los medios de producción como de los medios de
consumo, a trabajar para él.
Ya hemos visto que el
objetivo principal de nuestro trabajo es el estudio de las leyes que rigen la
economía capitalista. Pero esta tarea nos
resultará mucho más fácil si empezamos por la economía mercantil simple y no
por la capitalista. Sólo después de estudiar las leyes más sencillas de la economía mercantil
simple podremos comprender las leyes más complejas de la economía capitalista.
2) El precio, regulador
aparente de la economía basada en el intercambio
En la economía mercantil
simple como en cualquiera basada en el intercambio, el contacto entre los
poseedores de mercancías se establece en el
mercado. Todos los productores aislados (o los poseedores) de mercancías se
presentan en el mercado en la misma calidad de propietarios de mercancía s y
sólo se deshacen de sus productos si reciben otros a cambio de ellos.
Se entiende que cada uno de
los poseedores de mercancías, al presentarse en el mercado en calidad de
propietario independiente, sólo busca satisfacer sus propios intereses, o sea,
vender sacando el mayor provecho. Vender bien es recibir, a cambio de sus mercancías,
la mayor cantidad de otros productos.'
En la economía desarrollada
basada en el intercambio, cuando se cambian todas las mercancías por dinero,
(como lo veremos más tarde) se trata de recibir, a cambio, la mayor cantidad de
dinero. Pero ¿puede el poseedor individual de mercancías satisfacer su deseo y
vender al precio más ventajoso?
Aunque sea aparentemente “el
dueño absoluto” de sus mercancías, el cumplimiento de su voluntad no depende
sólo de él. El comprador es también un propietario que dispone de su dinero
como le place y a quién anima el deseo de comprar barato. Además, al lado de
nuestro comerciante, están otros comerciantes que venden las mismas mercancías.
A veces llegan pocos compradores y puede pasar que cada uno de los comerciantes
no venda todas sus existencias. De ello nace la competencia, que hace que los
poseedores de mercancías luchen entre sí, se disputen el comprador e intenten
vender más barato que su competidor.
El mercado se convierte en
el teatro de una lucha incesante entre compradores y comerciantes y entre
poseedores individuales de mercancías.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
Sólo entonces se convence el
propietario de los estrechos límites de su poder y de la estrecha dependencia
de su empresa frente a todas las demás que son también propiedades
individuales.
Antes de ir al mercado el
propietario actuaba completamente a tientas. Sólo el mercado puede, por el
pecio que fija, enseñar al productor individual de mercancías el lugar que su
empresa ocupa en el sistema de la economía social.
Por ejemplo, si el precio de
las botas sube mucho, significa que se han producido menos botas de las que se
necesitaban; si baja el precio significa que se han producido demasiadas, y, en
otras palabras que la no organización del sistema basado en el intercambio ha
llegado a una repartición del trabajo entre las distintas ramas de la industria
que no corresponde a las necesidades de los hombres. Inmediatamente, los
productores de mercancías tomarán en cuenta esta indicación del mercado. En el
primer caso aumentarán la producción de las botas, en el segundo restringirán.
Así, el movimiento de los precios dirige y regula la economía basada en el
intercambio y este regulador actúa espontáneamente. Los precios que se
establecen en el mercado, aunque son el resultado de la acción recíproca y de
la lucha de los propietarios-productores de mercancías no son, sin embargo,
independientes de la voluntad de cada uno ellos con una fuerza tan irresistible
como la de las leyes de la naturaleza. El precio de ciertas mercancías puede
ser arruinador para un productor determinado, pero mientras las condiciones que
lo han determinado sigan actuando, nada ni nadie podrá modificarlo en la
economía basada en el intercambio.
El precio desarrolla un
papel tan importante en la economía basada en el intercambio, que al iniciar el
estudio de dicha economía tenemos la obligación de preguntarnos: ¿De qué
depende el precio? ¿Qué es lo que lo determina? ¿Qué es lo que determina este
regula dor espontáneo de la economía de intercambio?
Tratemos de resolver esta pregunta.
3)
¿Cuáles son las
condiciones que determinan el precio? Utilidad, oferta y demanda
Si entro en una tienda y
pido un par de zapatos, el empleado me ofrece sonriendo no un par sino varios,
de forma y calidad distintas. Se comprende que el precio no va a ser siempre el
mismo.
Si el vendedor me pide por
un par de zapatos ciento veinte escudos y por otro sólo ochenta escudos, puedo,
naturalmente, informarme de la causa de esta diferencia de precio.
¿Qué me contestará el empleado?
Ya sea que el primer par es de mejor calidad o que está más de
moda.
En una palabra me explicará
primero la diferencia de precio por la calidad de los zapatos, por el uso que
se puede hacer de ellos.
¿Es exacta esta explicación? A primera vista puede parecerlo.
Es cierto que podré ponerme
un par de años el par de zapatos de buena calidad. El otro me durará menos. ¿No
será ésta la razón por la cual el primero cuesta más caro?
Estudiemos más a fondo esta
explicación. Consideremos, en vez del precio de dos pares de zapatos, el precio
de un par y de otra mercancía, por ejemplo, un plato.
Un plato, se sabe, es mucho
más barato que un par de zapatos. Vamos a admitir que es cuatro veces más
barato. ¿Se puede deducir de esto que dura menos que el par de zapatos? Por
cierto no. Un plato, sobre todo si es metálico puede durar largos años, mientras
que un par de zapatos sólo puede soportar algunas temporadas.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
La duración acerca del uso de una mercancía no es pues el factor
decisivo.
Pero, ¿quizás el par de
zapatos sea más caro que el plato porque resulta, en general, más útil? Es
posible no usa plato y tomar la sopa en la olla que sirvió para cocerla, como
lo siguen haciendo ciertos campesinos. Se puede pedir prestado un plato al vecino
pero no resulta tan fácil pedir prestado un par de zapatos ni tampoco salir sin
nada cuando hace frío.
Pero pensándolo bien, esta
explicación de la diferencia de precios de las distintas mercancías tampoco
resulta satisfactoria. Es real que el pan es infinitamente más barato que el
diamante; y, sin embargo, el hombre lo necesita mucho más que al diamante. Aún
más, todos sabemos que ciertas cosas de las cuales tenemos la más grande
necesidad son muy baratas, algunas nos son regaladas gratuitamente como el
aire, el agua del río, etc. ¿Podríamos decir entonces, que el par de zapatos
cuesta cuatro veces más caro que el plato porque lo necesitamos cuatro veces
más? ¿Dónde encontrar la medida que permita expresar en cifras la intensidad de
la necesidad que el hombre tiene de un objeto determinado?
Es imposible encontrar ésta
clase de medida; es menos posible de medir que la utilidad y la necesidad que
se siente por una cosa. Son nociones relativas y muy variables.
Supongamos que dos personas
entran en una tienda para comprarse pantalones: un estudiante pobre que gastó
tanto los suyos que tuvo que pedir prestado un pantalón un compañero para ir a
la tienda, y un funcionario bien pagado que ya tiene una vestimenta muy
completa y desea comprarse uno nuevo para estar más elegante en el teatro o
cuando vaya de visita. Admitamos que ambos compradores eligen el mismo
pantalón. ¿Cuál de los dos lo necesita más? El vendedor les pedirá, sin
embargo, el mismo precio a ambos.
Parece, no obstante, que se
puede hacer una objeción muy seria a todo lo anterior. Es verdad que no se
puede determinar con precisión en qué medida un objeto es más útil que otro,
pero sí se puede determinar a cuántas personas les gustaría comprar un objeto
determinado y a cuántas otras les gustaría venderlo.
Es cierto que no puedo
determinar cuántas veces más necesita el hombre los zapatos de goma que el pan,
pero se puede determinar cuántas personas han ido hoy al mercado o a la tienda
a comprarse zapatos de goma, cuántos había en venta en el mercado o en la
tienda. Si, por ejemplo, doscientas personas han pedido hoy el No 39 de los
cuales sólo había cien pares en venta, sólo se pudo satisfacer a la mitad de
los compradores. Esto significará que la demanda es mayor que la oferta. Si
mañana hay en las tiendas 200 pares para 100 compradores, significará que la
demanda será inferior a la oferta.
¿El precio de los zapatos de goma y de otras mercancías no se
determinará así en el mercado?
¿No será por la relación entre la oferta y la demanda?
La experiencia de la vida
confirma todas estas reflexiones. Cuando hay pocas mercancías sobre el mercado
los precios suben.
Recordemos la inflación del
precio del trigo en las provincias de la U.R.S.S. . en 1922, durante la
hambruna. Recordemos las ventas a precios rebajados de los productos a fines de
temporada, cuando las necesidades y la demanda disminuyen.
Todos saben que el precio
del trigo sube durante el verano, cuando las existencias se agotan y hay poco
trigo en venta en el momento preciso en que la demanda aumenta, cuando muchos
campesinos pobres tienen que comprarlo, y que, después de la cosecha, el precio
del trigo baja rápidamente.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
Todo el que estudia economía
política sabe que la ley de dependencia de los precios de la oferta y de la
demanda hace que los precios aumenten cuando hay una mayor demanda.2
¿Puede esta ley
satisfacernos y hacernos declarar que finalmente hemos encontrado el factor
determinante del precio de un producto determinado en una sociedad mercantil?
No es tan sencillo y el
problema no termina aquí. Veamos lo que resultaría si la ley de la oferta y de
la demanda proporcionara una explicación, plenamente satisfactoria del precio
de los productos y de las proporciones de los cambios.
El precio de dos mercancías
en que la oferta y la demanda se encuentran en las mismas proporciones tendría
que ser el mismo. Sí, por ejemplo, hay mil kilos de azúcar en el mercado cuando
los compradores sólo piden quinientos, y si, por otro lado, hay en el mercado
cien máquinas de coser para las cuales sólo se presentan cincuenta compradores,
es evidente que en el mercado del azúcar y de las máquinas de coser, la oferta
alcanza al doble de la demanda y que, en la hipótesis del precio determinado
por la oferta y la demanda, el kilo de azúcar y la máquina de coser deberían de
venderse al mismo precio. Pero nunca ocurre así. Y aún en estas condiciones la
máquina de coser cuesta bastante más cara que el kilo de azúcar.3
La ley de la oferta y de la
demanda puede explicar por qué la libra de azúcar costaba ayer treinta y dos
kopecks hoy cuesta treinta y cinco, por qué las máquinas de coser costaban cien
rublos y cuestan hoy ciento diez; pero esta ley nunca explicará por qué el
precio de las máquinas de coser se expresan en centenas de rublos cuando el
precio del azúcar se expresa solamente en kopecks.4
La ley de la oferta y la
demanda puede modificar los precios de las mercancías pero no determinar las
proporciones en las cuales las mercancías se cambian en el mercado, una por
otra o por dinero. Las variaciones de los precios en el mercado, bajo la influencia
de la oferta y de la demanda, no sobrepasan, por otro lado, ciertos límites.
Si, por ejemplo, a
consecuencia de una oferta insuficiente, los precios de un producto determinado
llegaran a subir demasiado, podría ocurrir que varias personas que antes lo
pedían, dejaran de pedirlo. Esto puede pasar no sólo durante el alza de los precios
de los artículos de lujo, que no son indispensables, sino también cuando suben
los precios de artículos muy necesarios. Todos saben que cuando la carne es
cara, los obreros se alimentan esencialmente de pan, que cuando el pan es caro
se alimentan de pasas y que desde hace varios años la gran mayoría de los
obreros alemanes no consume mantequilla sino margarina, porque no puede pagar
la mantequilla.
![]()
2 Sí la demanda crece al doble y la oferta
aumenta en las mismas proporciones y si las condiciones no cambian, el precio
no tiene por qué variar el precio varia solamente cuando la demanda aumenta en
relación a la oferta, o viceversa.
3 No es difícil darse cuenta que la hipótesis en la cual la ley
de la oferta y la demanda basta para determinar los precios, puede hacernos
concluir que el kilo de azúcar debe costar tanto como la máquina de coser en
condicio nes determinadas. También se podría afirmar que la libra de azúcar
debe costar tanto como la máquina. A decir verdad, nuestro razonamiento aún
sería exacto si dijéramos que hay en el mercado dos mil libras de azúcar cuando
sólo se piden mil. La relación entre la oferta y la demanda en el mercado del
azúcar sería la misma que en el mercado de la máquina de coser. De modo que el
precio de la libra de azúcar tendría que ser el mismo que el de una máquina de
coser.
4 No consideramos aquí la baja del valor del dinero que tiene
otras causas y que estudiaremos más adelante. Pero entendemos que sí el valor
de la moneda baja diez veces, el azúcar se pagará en escudos o rublos y las
máquinas de coser en centenas de rublos o escudos; quedará por explicar las
proporciones diferentes de estos precios.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
Un alza demasiado importante
de los precios a consecuencia de la demanda, de la disminución de la oferta, o
por cualquiera otra razón provoca a su vez una disminución de la demanda, hasta
que vuelvan a bajar los precios.
De la misma manera, cuando
ciertas mercancías abundan en el mercado y se deprecian, la producción de estas
mercancías llega a ser desventajosa y se detiene, lo que provoca la disminución
de la oferta, mientras las existencias van vendiéndose, y, finalmente, los
precios vuelven a subir.
En numerosos casos no son la
oferta y la demanda las que influyen sobre los precios, sino que es el precio
por la ley de la oferta y la demanda y tenemos que seguir investigando.
4)
Los gastos de producción.
Acabamos de decir que el
productor deja de producir una mercancía cuando su precio de venta resulta
desventajoso o cuando al venderla, pierde.
¿Cómo se da cuenta que la
producción de mercancías es desventajosa o deficitaria? Evidentemente se da
cuenta por lo que le cuesta.
Escuchen al comprador en el
mercado o en una tienda regatear con el comerciante y ofrecerle la mitad de lo
que le han pedido: escuchen al comerciante asegurar que la mercancía “le cuesta
más cara a él mimo”. El sastre explica sus precios por la carestía de la vida,
por el alza de los arriendos, etc.
¿Significa todo esto que el
precio de las mercancías se determina finalmente por los gastos de producción?
Estudiemos más a fondo este
punto, aunque sólo sea en el caso del sastre. Acordémonos de que todavía no se
trata de un capitalista que emplea obreros para ganar a costa del trabajo de
ellos y que estamos en presencia de un pequeño productor, de un representante
típico de la economía mercantil simple que vende la ropa que el mismo ha
confeccionado, para recibir a cambio los artículos que necesita para su propio
consumo.
¿Cómo determina este sastre los gastos de confección de un
terno?
En primer lugar tiene que
considerar el costo de las materias primas, precio del paño y del forro, de los
botones, del hilo, etc.
Tendrá que añadir los gastos
de calefacción, luz y mantenimiento general del taller. Evidentemente, estos
gastos no van a entrar totalmente en el precio de un terno, sino que en un
porcentaje muy bajo; si el sastre ha dedicado una jornada de trabajo a un terno
el precio del terno sólo incluirá la calefacción y la luz de la una jornada.
También tendrá que incluir el desgaste de la máquina de coser. Si la máquina de
coser cuesta mil escudos y sólo puede servir para coser mil ternos es natural
que el desgaste de la máquina entre en el precio del terno por el valor de un
escudo.5
Pero el sastre mismo ha
trabajado, ha dedicado una jornada entera a la confección del terno. ¿Tiene que
considerar esto? Por cierto. En caso contrario ¿para qué trabajaría? No ha
trabajado para compensar sus gastos, sino para recibir una remuneración por su
trabajo. Cuando vende el terno hecho busca antes que nada recibir a cambio del
producto de su trabajo, los productos
del trabajo de los demás. Así, el precio de un pantalón se puede considerar de
la siguiente forma:
![]()
5 Descartamos, para mayor sencillez, los gastos de reparación de
la máquina.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
|
Paño |
Eo 160 |
|
Forro, botones, hilo, etc. |
20 |
|
Calefacción y luz |
10 |
|
Desgaste de la máquina |
10 |
|
Trabajo del sastre |
60 |
|
|
Eo 260 |
¿Venderá nuestro sastre sus
pantalones a doscientos sesenta escudos, o sea al precio que cubre exactamente
sus gastos? Desde luego intentará obtener por ellos un precio más elevado, pero
sólo podrá hacer esto si la demanda es superior a la oferta. Supongamos que así
sea. El sastre conseguirá vender el pantalón a trescientos escudos en vez de
doscientos sesenta. Ya sabemos lo que resultará de ello. La confección de
pantalones aumentará en el mercado y el precio bajará hasta doscientos sesenta.
Entonces la confección de este artículo será menos provechosa y se restringirá.
En consecuencia, habrá nuevas alzas de precios, etc.
En resumen, asistimos a las
variaciones de los precios en relación con las modificaciones de la oferta y la
demanda. Pero observamos que estas variaciones no se alejan mucho de un nivel
determinado por los gastos de producción y el trabajo del sastre.
Parece que hemos encontrado
la causa que determina el nivel de los precios aparte de las variaciones
provocadas por la oferta y la demanda. La contestación parece evidente. Un
pantalón cuesta trescientas veces más caro, por ejemplo, que una libra de harina,
porque la confección de este artículo exige gastos (gasto en dinero y trabajo)
mucho más considerables.
Pero esta respuesta no nos
satisface. Analicemos la noción misma de los gastos de producción. El precio
del paño, ciento sesenta escudos en el ejemplo elegido, ocupa un lugar muy
importante.
Los gastos de botones, hilo,
combustible (para calefacción y luz) representan los precios de estos distintos
productos. Entonces, el precio de una prenda de vestir se explica, en su gran
mayoría, por los precios de los productos que han entrado en su confección.
Pero si los precios de ciertos productos se explican (en la mayoría de los
casos) por los precios de otros productos, ¿no será esto quedarse en lo mismo?
Comparar un precio con otro, ¿no será determinar un término desconocido por
otro igualmente desconocido hablar para no decir nada? ¿No hemos vuelto a
nuestro punto de partida?
Observamos, sin embargo, que
el precio del pantalón sólo se explica por el precio de las mercancías
compradas por el sastre, que serían E° 200 por los materiales y los otros E° 60
representarían el valor de su jornada de trabajo.
Pero ¿cómo se forma el
precio del paño y de los demás materiales? Primero el paño. ¿Por qué cuesta
ciento sesenta escudos? Tenemos la respuesta lista: porque fue necesario, para
confeccionarlo, por un lado comprar materias primas (la lana) y por el otro gastar,
para transformar la lana en paño, cierta cantidad de trabajo. Admitamos que el
precio de la materia prima sea de cien escudos ¿De qué depende el precio de la
lana? Una vez más del precio de las materias (digamos el precio de la oveja
menos los huesos, la carne y la piel) y del trabajo (esquila). Pero el precio
de la oveja se reduce, a su vez, a los gastos de alimentación y manutención. De
manera que podemos finalmente reducir todos los gastos que se necesitan para la
producción de todos los materiales, a gastos de trabajo. Si llevamos adelante
nuestro razonamiento, inevitablemente llegamos a un último término en el cual
sólo vamos a descubrir, además del trabajo de ciertas categorías de
trabajadores, materiales que existen ya en la naturaleza y que, por lo tanto,
no pueden ser considerados como participando en los gastos de producción (en la
medida en que el trabajo no se aplique a ellos).
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
Y ello resulta verdad no
sólo para el paño sino también para todos los demás elementos necesarios para
el sastre.
De manera que, como los
productores consideran sólo la fabricación de mercancía s y como son, a su vez,
los propietarios y los comerciantes de lo que producen, llegamos a la
conclusión de que el nivel del precio de un producto, en torno al cual se hacen
sentir en el mercado, variaciones limitadas, es finalmente determinado por los
gastos de trabajo.
5) Balance: El trabajo,
base del valor. El valor, expresión de las relaciones sociales
Si hacemos ahora el balance de lo anterior podemos saca las
conclusiones siguientes:
1. Todos los productos creados por el
trabajo social, en un régimen basado sobre el intercambio, toman la forma de
mercancías, es decir, de productos cuyo destino no es consumo propio sino el
intercambio.
Para que la mercancía se
pueda intercambiar en el mercado tiene que satisfacer ciertas necesidades, o
para emplear el lenguaje de la economía política, tener un valor de uso. El
producto que esté desprovisto de valor de uso, no será comprado por nadie y no
llegará a ser mercancía.
2.
Cualquier
mercancía, en las condiciones de un sistema de intercambio más o menos
desarrollado es trocada en el mercado por una cantidad determinada de otros
productos a través del dinero. Cada mercancía adquiere así un precio
determinado expresado en dinero.
El precio de la mercancía se
define espontáneamente en el proceso de la lucha entre productores individuales
de mercancías y entre compradores y vendedores. El movimiento de los precios en
el mercado determina la actividad de las empresas aisladas y establece entre
dicha actividad y la necesidad de los hombres cierto equilibrio.
3. El valor de uso de una mercancía, o su
utilidad, depende de sus propiedades naturales, físicas, químicas, mecánicas y
constituye la indispensable condición primera de la venta, pero no puede, como
lo hemos visto, explicar la esencia del precio, porque el precio se establece
en el mercado a consecuencia de las relaciones entre los miembros de la
sociedad basada en el intercambio; tenemos que investigar los factores que lo
determinan, no en las propiedades
naturales de la mercancía sino en las relaciones ente los hombres.
4. Al considerar las relaciones entre los
hombres vemos que el precio de la mercancía puede variar según la oferta y la
demanda. Pero la oferta y la demanda no explican el nivel en torno al cual
oscilan los precios. Desde luego este nivel sólo se puede explicar por los
gastos de trabajo necesario para la creación de una mercancía. Se le llama
valor trabajo o valor intrínseco y es la razón por la cual decimos que el valor trabajo es la base del precio de
cualquier mercancía.
Nuestro razonamiento nos ha
llevado de las propiedades naturales de la mercancía, del mercado y del
intercambio, hasta el trabajo humano.
Todos deben entender que
este trabajo humano es la base de toda vida social. Hacen falta objetos
materiales para satisfacer todas las necesidades de los hombres, de las más
sublimes a las más elementales. Estos objetos no caen hechos del cielo, el
hombre los produce a costa de un trabajo esforzado.
Pero el hombre no trabaja y
no vive solo en el mundo; vive y trabaja en sociedad. En el proceso de trabajo
los hombres llegan a ser dependientes unos de otros; se establecen entre ellos
relaciones de producción (de trabajo).
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
El trabajo de un individuo
(o de una empresa) llega ser, de esta manera, una parcela del trabajo social. Y
estas relaciones tienen que asegurar una repartición tal de las partes del
trabajo social que la sociedad entera pueda, en su conjunto, satisfacer sus
necesidades. La economía basada en el intercambio se caracteriza precisamente,
como lo hemos visto, por una repartición de los gastos de trabajo que resulta
del intercambio de sus mercancías entre las empresas individuales en él
mercado, en proporciones definidas. El intercambio de las mercancías no es más
que el proceso de regularización de las relaciones de trabajo entre los
hombres, y como lo hemos visto, una regulación espontánea que se efectúa por el
movimiento de los precios por bajo su valor.
Durante esta regulación
espontánea, no es corriente que él precio de un producto corresponda
exactamente a su valor.
El equilibrio de las
relaciones de producción en este tipo de economía realizado por dicha
regulación espontánea, de ninguna manera es estable, de ningún modo definitivo,
sino que, por el contrario, es extraordinariamente inestable y móvil. La ley
del valor no deja, por lo tanto de cumplir con su función reguladora.
La economía basada en el
intercambio sólo necesita del valor regulador espontáneo, porque es anárquica
desorganizada.
Por lo tanto, la raíz del
valor se hunde en relaciones sociales específicas, tales como las que se crean
en esta economía que analizamos. Al desaparecer estas relacione las relaciones
de producción de los hombres entre sí son sometidas a una regulación consciente,
y la necesidad del valor desaparece.
Desde este punto de vista,
el valor intrínseco es bastante diferente del valor de uso. El cambio de las
relaciones sociales no modifica el valor de uso. El azúcar fabricado en un
régimen capitalista no pierde a causa de la revolución y del establecimiento de
un régimen socialista, ninguna de sus propiedades.
6) Trabajo concreto y
trabajo abstracto
En la economía basada en el
intercambio, las mercancías se cambian, en general y en su mayor parte, según
el valor trabajo, es decir, según la cantidad de trabajo necesaria a su
producción.
Pero las mercancías
cambiadas unas por otras, lejos de ser uniformes, son muy distintas: nadie
pensará en cambiar zapatos idénticos. Pues bien, si se cambia en el mercado
zapatos por paño, se debe comparar el valor de productos de diferentes
trabajos: el trabajo del zapatero con el del tejedor. Estos dos trabajos son
totalmente diferentes. El zapatero usó tije ras, martillo, aguja, etc.; el
tejedor trabajó con su telar. Las materias primas, los movimientos, todo es
distinto. El trabajo de uno y de otro tenía formas diferentes porque estaban
ocupados en producir artículos de un valor de uso distinto. Pero los zapatos y
el paño, una vez en el mercado se convierten en equivalentes; el trabajo del
zapatero finalmente se compara, se asimila al del tejedor. Se comprende que las
diferentes particularidades concretas de las variadas formas de trabajo tengan
que eliminarse.
Los trabajos de los distintos oficios, los trabajos de los
productores de diferentes valores de uso, sólo se pueden comparar entre ellos
porque tienen, desde el punto de vista de la economía basada en el intercambio,
algo en común; todas las variedades de trabajo pueden reducirse a un trabajo
general, a un gasto de energía humana, independientemente de la forma que este
gasto de energía tome en los distintos casos.
Esta regla es fácil de
comprender, si nos acordamos de lo que hemos dicho anteriormente acerca del
grado más o menos ventajoso de tal o cual rama de trabajo.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
Si doce horas de trabajo de
un zapatero se estimaran menos en el mercado que doce horas del trabajo de un
panadero, se abandonaría la zapatería y una parte de los zapateros dejaría su
oficio. Los jóvenes que se preparaban a comenzar su aprendizaje de zapateros,
preferirán entrar en las panaderías. Ya que es evidente que el zapatero y su
aprendiz no se interesan en el trabajo concreto, ni en la producción de los
zapatos en particular, sino en el trabajo en general, en el trabajo productor
de valor que les permite intercambiar con otros productores de mercancías y
recibir de ellos en proporciones determinadas, que les sean ventajosas, las
mercancías que necesitan.
Esta igualdad de las
distintas formas de trabajo sólo puede resultar del intercambio. Diferentes
ocupaciones (formas de trabajo) se consideraban en la sociedad pre-capitalista,
en una época en que los cambios estaban poco desarrollados, como vergonzosos e
inconcebibles. Pero hoy en día el capitalista y el pequeño capitalista
consideran cualquier trabajo digno de respeto, si le permite al hombre “ganarse
honradamente el pan”. Esta apreciación también considera el trabajo bajo su
forma general; independiente de sus aspectos particulares, es decir, como
creador de valor.
El trabajo considerado en la
economía basada en el intercambio, desde el punto de vista del gasto de energía
humana se llama abstracto , el trabajo considerado desde el punto de vista de
la forma bajo la cual se gasta la energía se denomina concreto . El trabajo
abstracto crea el valor, el trabajo concreto crea el valor de uso.
Es necesario observar que
cualquier trabajo puede considerarse bajo estos dos aspectos. Por lo tanto, el
trabajo del sastre es a la vez concreto y abstracto. Si no fuera concreto no
podría producir mercancías de un valor de uso determinado. Ahora bien, el valor
de uso es necesario para hacer del producto del trabajo una mercancía. Además,
es necesario para el intercambio que existan en la sociedad varia s formas
concretas de trabajo, pues el intercambio sólo puede existir entre valores de
uso diferentes. Pero ya que el traje hecho por el sastre se cambia por zapatos,
una comparación de sus valores respectivos se hace inevitable y el trabajo del
sastre aparece entonces como trabajo general, bajo forma abstracta. Se puede
decir lo mismo del trabajo del escritor, del pedagogo; dichas formas de trabajo
también se pueden considerar desde el punto de vista del trabajo abstracto,
creador de valor intrínseco, desde el punto de vista del trabajo concreto,
creador de valor de uso.
Es muy necesario,
compenetrarse de esta idea pues es frecuente que los que inician el estudio de
la economía política piensen que sólo el trabajo que produce objetos materiales
puede ser considerado concreto, mientras que el trabajo intelectual sería trabajo
abstracto.
7) Trabajo individual y
trabajo socialmente necesario
Por lo tanto, el valor de
una mercancía se determina por el trabajo abstracto. Pero si comparamos las
distintas formas de trabajo, descartando sus particularidades concretas,
necesitamos una unidad de medida que nos permita apreciar la cantidad de trabajo
empleado para la producción de una mercancía determinada. Esta unidad de medida nos la da el tiempo.
El producto de doce horas de
trabajo del zapatero tiene el mismo valor que el producto de doce horas de
trabajo del panadero.
Según parece, cuanto más tiempo se necesita para producir una
mercancía, más valor adquiere.
Pero esta conclusión puede parecer rara.
Si, en efecto, se admite que
el valor de una mercancía se determina por el tiempo dedicado a producirla,
resulta que cuanto más flojo y torpe es un obrero, más tiempo gasta en producir
dicha mercancía y más valor crea.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
Veamos lo que vale este
argumento. Una tejedora confecciona un par de medias en seis horas: el mismo
par de medias lo confecciona otra en cuatro horas y una tercera en dos horas.
Depende, por un lado, de la máquina y de los materiales de la obrera, y por el
otro, de su habilidad y de la intensidad de su trabajo.
Pero ya las medias están
listas. Las tejedoras van a venderlas en el mercado. Si se estima la hora de
trabajo a cuatro escudos, ¿conseguirá una tejedora obtener por sus medias
veinticuatro escudos mientras la otra venderá a diez y seis y una tercera a ocho
escudos? Puede ser que la primera obrera intente obtener por sus medias un
precio correspondiente a su gasto de tiempo, veinticuatro escudos el par. Pero
si lo lograra, las demás tejedoras, que producen más barato, no renunciarían,
por lo tanto, a pedir un precio tan ventajoso. Entonces ocurriría que la
mayoría de las tejedoras venderían sus mercancías por sobre el valor
intrínseco. La producción de las medias subiría, se perdería el equilibrio y el
precio de las medias terminaría por caer. A consecuencia de ello es evidente
que en las condiciones del equilibrio social, la demanda corresponde a la
oferta (y es en este caso, únicamente, que nuestra hipótesis de la venta de las
medias a su valor intrínseco es justa), y el valor de un par de medias en el mercado
tiene que establecerse bajo veinticuatro escudos. ¿Significa esto que las
medias se venderán al precio correspondiente al menor gasto de trabajo, es
decir al de dos horas (ocho escudos)? No, ya que la demanda corresponde a la
oferta, y no es posible satisfacer el mercado con medias confeccionadas en dos
horas. El precio de las medias será entonces superior a ocho escudos. Por lo
tanto, el valor de las medias no se establecerá, ni según el trabajo de la
tejedora que mejor trabaja, ni según el trabajo de la tejedora que peor
trabaja. De una manera general, el valor
de la mercancía no se puede determinar por el trabajo individual o por el
de ciertas empresas, se determina por
el trabajo medio desde el punto de vista de la sociedad entera, necesario para
la producción de medias, trabajo medio
socialmente necesario.
Este trabajo socialmente
necesario para la producción de las medias depende de la cantidad de las
tejedoras existentes en la sociedad, del rendimiento de su trabajo y de la
cantidad de las mercancías que lanzan al mercado.
Admitamos que ciento diez
tejedoras vendan hoy medias. Veinte venden cada una veinte pares de medias, en
las cuales gastaron dos horas para producir cada par de medias. Treinta venden
cada una diez pares en las cuales gastaron cuatro horas de trabajo por par. Las
otras sesenta venden cada una cinco pares de medias a las cuales dedicaron seis
horas de trabajo por cada par de medias.
¿Cómo se va a determinar en
este caso el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un
par de medias? Para que se vendan todas las medias debemos suponer que la
sociedad está en equilibrio, es decir que la oferta corresponde a la demanda.
20
tejedoras ofrecen 20 pares de medias, en total 400 pares 30 tejedoras ofrecen
10 pares de medias, en total 300 pares 60 tejedoras ofrecen 5 pares de medias, en total 300 pares
Total 1.000 pares
Hay mil pares de medias en
el mercado. Hagamos el descuento del tiempo de trabajo que su producción costó
al conjunto de las tejedoras.
400 pares a 2 horas el par, o sea: 800 horas
300 pares a 4 horas el par, o sea: 1200 horas
300 pares a 6 horas el par, o
sea: 1800 horas
Total 3800 horas
Por lo tanto, la producción
de los mil pares de medias necesarias a la sociedad exigió tres mil ochocientas
horas de trabajo, lo que da como término medio, por cada par 3.800:1.000= 3.8
horas. Este tiempo de 3,8 horas (o 3 horas 48 minutos) será el tiempo
socialmente necesario
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
para producir un par de
medias, y el valor de un par de medias será de 7,60 escudos, si se paga la hora
a dos escudos y a 15,20 escudos, si, como lo hemos supuesto anteriormente, se
paga la hora de trabajo a cuatro escudos.
Determinar el tiempo de
trabajo socialmente necesario por el término medio aritmético entre el trabajo
individual de la empresa que tiene el rendimiento mayor y el de la empresa que
tiene el rendimiento menor sería un error: si hubiéramos adicionado seis horas
y dos horas después dividir por dos, nos hubiera dado un término medio de
cuatro horas. El valor social de un par de medias se determina por el promedio
de los valores individuales (de gastos individuales de trabajo) de todos los
que en la sociedad producen medias. Si las medias producidas en seis horas
fueran dos veces más numerosas, el tiempo de trabajo socialmente necesario
hubiera sido más largo. En este caso, es fácil hacer el cálculo: hubiéramos
tenido en el mercado mil trescientos pares de medias producidos en cinco mis
seiscientas horas en total, y el trabajo socialmente necesario a la producción
de un par hubiera sido de 5.600:1.300, es decir 4 horas 1/3.
Por lo tanto, el trabajo
socialmente necesario se determina por la técnica media en la sociedad, por las
costumbres medias y las cualidades del trabajador, y también por las
condiciones medias de trabajo.6
Pero la técnica en la
sociedad, las costumbres del trabajador y las condiciones del trabajo no son
normas fijas, invariables, determinadas de una vez para siempre. La técnica, ya
lo sabemos, se desarrolla, las condiciones de trabajo del obrero, sus conocimientos
profesionales, su grado de cultura, se modifican. El tiempo de trabajo
socialmente necesario para la producción de una mercancía determinada se
modifica con estos factores.
La introducción de una
máquina nueva y el aumento de rendimiento del trabajo que provoca, sólo puede
influir sobre el tiempo de trabajo socialmente necesario si esta innovación es
más o menos divulgada. Si un productor de mercancías, supongamos una tejedora,
introduce en la producción una máquina nueva que aumenta el rendimiento del
trabajo y disminuye otro tanto el trabajo individual necesario a la producción
de una unidad de mercancía, o si la tejedora que usa la nueva máquina hace un
par de medias en una hora, mientras esté sola trabajando con la nueva máquina
el tiempo de trabajo socialmente necesario casi no cambiará, pues sólo
producirá una pequeña cantidad de medias comparativamente al conjunto de la
producción de esta industria, y el tiempo que economizará se perderá en la masa
del tiempo de trabajo de las demás tejedoras.
Como su tiempo individual es
inferior al tiempo de trabajo socialmente necesario según el cual venderá sus
medias, es evidente que la introducción de la nueva máquina le procurará
ventajas muy grandes. Toda la diferencia entre el tiempo de trabajo socialmente
necesario y su tiempo de trabajo individual, irá a su bolsillo. Esta es una de
las razones por las cuales, en toda economía basada en el intercambio (incluso
la economía capitalista), los propietarios individuales intentan introducir en
la producción nuevas máquinas y mantener en secreto los progresos técnicos con
el fin de que su empleo no se generalice.7
En cuanto la nueva máquina
es usada por un número bastante grande de productores de mercancías, el
rendimiento del trabajo social se resiente; el valor individual de la mercancía
no
![]()
6 La palabra “media” se debe entender en
el sentido que la empleamos hasta ahora, es decir, considerando la cantidad de
mercancías lanzadas al mercado en condiciones de equilibrio, por empresas que
disponen de una técnica desigual.
7 El mejor conocimiento de las empresas que poseen la técnica más
desarrollada se aplica otra vez, por el hecho que el productor de las
mercancías gastando menos trabajo que sus competidores puede vender sus
productos más baratos y triunfar en la competencia, a la vez que logra mayores
beneficios. Más adelante se volverán a mencionar los progresos técnicos.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
es lo único en bajar, el
tiempo socialmente necesario disminuye también y el precio cae a consecuencia
de la baja del valor.
Se comprende que cualquier
productor de mercancías intente introducir nuevas técnicas. Durante algún
tiempo sacará de ello alguna ganancia hasta el momento en que el empleo de
estos nuevos progresos se generalice entonces el productor de mercancías buscará
otros progresos que también se generalizarán y la misma historia volverá a
empezar.
En la economía mercantil
simple este desarrollo de la técnica no resulta siempre posible ya que
cualquier innovación exige gastos considerables, y el artesano (o el campesino)
no dispone de los recursos necesarios. Es sólo después del paso al modo capitalista
de producció n que el aumento del rendimiento del trabajo puede desarrollarse y
traer la baja de los precios.
En el siglo XVIII la
fabricación del acero a partir del mineral de hierro,8 con el proceso del fogón, se demoraba tres semanas. La
introducción de un proceso nuevo a fines del siglo XVIII disminuyó este tiempo
a la mitad, y, finalmente, el proceso Bessemer empleado a partir de la mitad
del siglo XIX, necesita quince a veinte minutos para transformar el mineral en
acero. La introducción de este último proceso disminuyó en cuatro veces el
precio del acero.
La producción del aluminio
nos ofrece aún un ejemplo más sorprendente. Como su extracción era muy dificil,
el aluminio costó muy caro hasta mediados del siglo XIX.
Costaba ocho a diez veces
más caro que la plata. Actualmente es uno de los metales más corrientes y más
baratos. La electricidad, al permitir extraerlo en grandes cantidades de la
arcilla en la cual se encuentra, facilitó mucho su producción.
Es fácil comprender que si
el secreto del proceso eléctrico en la extracción del aluminio perteneciera a
un capitalista, cuya producción sólo formara una pequeña parte de la producción
general del aluminio, el tiempo socialmente necesario para esta industria casi
no variaría y el precio del metal no habría disminuido tanto.
Este ejemplo demuestra muy
bien la imposibilidad de explicar el precio por la oferta y la demanda. Si el
consumo del aluminio aumentó ocho mil veces en los treinta últimos años, la
causa de la disminución del precio de este metal no se encontrará en las relaciones
entre la oferta y la demanda. Al contrario, el aumento de la demanda es el
resultado de la disminución del precio cuya causa primera es la baja del valor
(disminución del tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción).
8) Trabajo simple y
trabajo complejo
Al intentar establecer el
valor de las mercancías, comparando el tiempo de trabajo gastado por los
hombres que ejercen distintas profesiones, y reduciendo este tiempo de trabajo
al tiempo socialmente necesario, nos encontramos frente a una dificultad. ¿Tenemos
derecho a igualar la hora de trabajo del obrero no especializado a la hora de
trabajo del tornero o del escritor?
![]()
8 Se denomina mineral, el hierro que contiene cierta cantidad de carbono que es
necesario destruir para que el mineral se transforme en acero. En el fogón, el
mineral en fusión se decantaba varias veces al contacto de oxígeno del aire,
hasta que la cantidad de carbono contenido cayera al punto deseado. En la
pudelación, el mineral es deshecho en un horno especial y revuelto; el carbono
se quema en la superficie de la masa incandescente. En el horno Bessemer, el
mineral incandescente entra en contacto con el aire no sólo de la superficie,
sino de toda la masa atravesada por hilillos aire. El proceso de combustión del
carbono se acelera y se realiza una economía de combustible.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
Si así fuera, el número de
torneros iría disminuyendo y todos preferirían el trabajo no especializado.
No es difícil entender por
qué. El obrero calificado debe dedicar mucho tiempo y esfuerzo al aprendizaje
del oficio de tornero.
El aprendiz no es el único
en gastar su tiempo, el maestro que lo forma gasta también el suyo. ¿Valdría la
pena gastar tanto trabajo para después ser remunerado como el obrero no
especializado, que no dedicó ninguna energía, ningún recurso, a un aprendizaje
previo?
Es evidente que si trabajos
tan diferentes se estimaran al mismo valor, el equilibrio social se rompería.
Sólo se encontraría un número muy pequeño de trabajadores deseosos de aprender
el oficio de tornero. El número de los torneros disminuiría, el desarrollo del
trabajo en metales se pararía, lo que tendría por consecuencia la suspensión
del desarrollo de la industria metalúrgica. Además, las otras industrias
sufrirían con ello. Los sastres no podrían comprar más máquinas de coser, los
campesinos no tendrían arados, trilladoras, etc.
Por lo tanto, el equilibrio
perturbado sólo podría restablecerse si el valor del producto del trabajo no
calificado se estableciera por debajo del valor del producto del trabajo
calificado.
De aquí en adelante es fácil
comprender cómo se comparan estas dos formas de trabajo: el trabajo simple y el
trabajo complejo. Tomemos como unidad una hora de trabajo simple, es decir, que
no exige preparación. Supongamos, al evaluar el trabajo del tornero, que
trabaje como obrero calificado de los veinte a los cuarenta y cinco años, o sea
durante veinticinco años. Supongamos que haya hecho cuatro años de aprendizaje:
a lo largo de estos cuatro años un viejo obrero, dedicó el cuarto de su tiempo
a la formación y a la instrucción del aprendiz.
En total cinco años fueron
dedicados al aprendizaje, cuatro por el alumno y uno por el maestro.
Veinticinco años de trabajo del tornero exigen luego cinco años de preparación,
a cada año de labor corresponde un quinto de año de aprendizaje. Se comprende que
el trabajo del tornero creará un valor de un quinto más elevado que el valor
del producto del mismo trabajo de un obrero sin calificación: una hora de su
trabajo complejo corresponderá a una hora doce minutos de trabajo simple.9
Ahora bien, si consideramos
el trabajo más calificado, que exige una preparación especial —por ejemplo el
de los ingenieros— la comparación con el trabajo simple resultará aún más
complicada: habrá que tomar en cuenta la necesidad de incluir en la apreciación
del trabajo del ingeniero no sólo el trabajo empleado para instruirlo a él
mismo, sino también el trabajo dedicado a los estudiantes que no pudieron
terminar sus estudios.
Si no fuera así, el
equilibrio social otra vez se rompería: como es imposible prever, en el momento
de la admisión a las escuelas superiores, qué estudiantes podrán terminar sus
estudios y llegar a ser buenos ingenieros, “los alumnos se dedicarán a una profesión
en la cual
![]()
9 Recordemos que, por el momento, sólo se
trata de una economía mercantil simple, en la cual el obrero sin calificación y
el tornero ofrecen ellos mismos en el mercado los productos de su trabajo. El
valor del producto del trabajo del obrero no especializado y del tornero no
debe confundirse con el salario que estas dos clases de trabajadores reciben en
un régimen capitalista, cuando venden, no el producto de su trabajo, sino su
fuerza de trabajo. Ya hemos indicado al pasar, y volveremos a ello más adelante,
que el trabajo del obrero es una cosa y el valor de su fuerza de trabajo (y su
precio, el salario) es otra. El salario del tornero se determina por la
cantidad de productos necesarios al mantenimiento de su fuerza de trabajo, por
el número de torneros sin trabajo, por la demanda de mano de obra, etc. Ocurre
lo mismo que con el salario del obrero sin calificación. Las relaciones entre
uno y otro pueden ser muy diferentes a las relaciones entre los valores de los
productos de su trabajo.
Capítulo primero. El trabajo, base del valor
únicamente la tercera parte
de ellos tendrá posibilidades de alcanzar la meta, sólo si el aumento de valor
de los productos de la profesión de la cual se trata compensa las pérdidas de
trabajo inevitables, en cierta medida”.10
Sería un error deducir de
ello que las obras de un pintor célebre se pagan caro, porque su valor
comprende el trabajo de muchos pintores que no han llegado a nada. No sólo se
trata de esto, cada una de estas obras es única en su estilo y no puede ser repetida.
Ahora bien, el valor de una mercancía (que haya sido producida hoy o hace un
año, no importa) se determina por el trabajo necesario para crearla, o más
exactamente, para crearla de nuevo en las condiciones actuales. El precio de
las mercancías que no pueden volver a ser creadas y cuya producción no se puede
regularizar por el intercambio, no depende inmediatamente del valor.
Por lo tanto, el trabajo del
ingeniero es aún más complejo que el del tornero. Pero, sin embargo, puede ser
expresado en unidades de trabajo simple como el trabajo del tornero.
Esta reducción del trabajo
complejo al trabajo simple, naturalmente, no se hace con anticipación en las
oficinas de las empresas o en otra parte. A lo mejor se hará así en un régimen
socialista, pero en la sociedad capitalista y en general en la sociedad basada
en el intercambio, la reducción del trabajo complejo a trabajo simple sólo se
produce espontáneamente por medio del intercambio, por medio del valor.
Es a tientas y con rupturas
constantes de equilibrio como el valor del producto del trabajo calificado se
establece en estas sociedades, y sólo es así como se efectúa la reducción del
trabajo complejo al trabajo simple.
![]()
10 I. Roubine. Ensayo sobre la teoría de
Marx; L. Lioubimov: Curso de Economía Política (en ruso). 67
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
CAPÍTULO
SEGUNDO. LA FORMA DEL VALOR Y EL DINERO.
1) LA forma de valor,
noción general.
Sabemos que el valor de cada
mercancía se determina por la cantidad de trabajo simple socialmente necesario
e indispensable para la producción de esta mercancía. Pero también sabemos que
no basta, para que un producto tenga valor, que se le haya dedicado trabajo.
También hace falta que se encuentre en el mercado frente al otro producto y que
éste se transforme, por medio del intercambio, en la encarnación material de
las relaciones de trabajo de los hombres entre sí. Sin lo cual el producto del
trabajo sólo tendría un valor de uso y ningún valor intrínseco. Si el campesino
va al mercado con centeno, este centeno sólo expresa su valor cuando el
campesino lo cambia por una cantidad determinada de otras mercancías, por
ejemplo, fósforos. Además, si la otra mercancía por la cual el centeno
determina su valor no existiera, el problema mismo del valor del centeno no se
plantearía. Así como el hombre nunca conocería su propio aspecto si no se
encontrara con otros hombres, sus semejantes, o si no se viera en un espejo, de
la misma manera ninguna mercancía puede determinar su valor mientras no se ha
encontrado con otras mercancías.
La economía basada en el
intercambio es hecha de tal forma que el valor de una mercancía que depende de
la cantidad de trabajo que ésta materializa, no puede expresarse clara y
directamente a través de la cantidad de horas y de minutos que fueron necesarios
para producirla. El valor de una mercancía sólo
puede expresarse a través de una cantidad determinada de otra mercancía.
El campesino que va a vender
su centeno no puede saber con anticipación cuántos cultivadores más irán a
vender el suyo y cuánto trabajo individual gastó cada uno en la producción del
centeno. Pues bien, la medida del trabajo socialmente necesario depende de la
cantidad de mercancías producidas y destinadas al intercambio y del trabajo
individual de todos los productores.
Resulta aún más difícil
establecer el trabajo socialmente necesario cuando se trata de una mercancía
que es el producto del trabajo de varios trabaja dores y en que cada uno de
ellos participó en la formación del valor del producto. Recordemos aquí el ejemplo
del traje cuyo precio no está solamente determinado por el trabajo del sastre,
sino también por el del tejedor que hizo el paño, del campesino que cuidó las
ovejas, del metalúrgico que hizo la máquina de coser y de muchos trabajadores
más.
Finalmente, como ya lo hemos
indicado, la economía basada en el intercambio es una economía desorganizada
que no tiene ningún regulador de las relaciones sociales de producción y que no
se preocupa, en consecuencia, de anotar los gastos de trabajo.
Solamente después del
encuentro del centeno con los fósforos en el mercado; solamente después que la
competencia haya establecido, por ejemplo, que una libra de centeno puede
cambiarse por dos cajas de fósforos, se puede decir que el centeno ha conocido,
por medio de los fósforos, como en un espejo, su propio valor y que el trabajo
socialmente necesario materializado en dos cajas de fósforos y en una libra de
centeno es equivalente.
Esta expresión del valor de
una mercancía con la ayuda de otra mercancía se llama forma del valor. La
mercancía que intenta expresarse en otra mercancía, la libra de centeno, en
nuestro ejemplo, está bajo una forma de valor
relativo; la mercancía que la refleja en algún modo, que le sirve de
medida, constituye la llamada forma
equivalente del valor. Esta forma equivalente se encuentra representada en
nuestro ejemplo por las dos cajas de fósforos que equivalen a una
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
libra de centeno. La
expresión del valor de una mercancía a través de otra puede representarse por
una ecuación:
1 libra de centeno = 2 cajas de fósforos
Las mercancías que
constituyen los dos miembros de esta ecuación son dos valores de uso diversos,
provistos de propiedades físico-químicas totalmente diferentes, y satisfacen
distintas necesidades. Es la condición necesaria para que el valor encuentre realmente
su expresión, su forma. Si, en efecto, pensáramos en determinar el valor del
centeno con la ayuda de otro centeno parecido, ¿qué resultado obtendríamos? Una
libra de centeno valdría una libra de centeno. Esta expresión no tendría
sentido y no podría, de ninguna manera, expresar el valor del centeno.
Por lo tanto, las formas
relativas y equivalentes del valor tienen que ser constituidas por valores de
uso diversos. Se comprende que el trabajo concreto gastado para producirlas
también tiene que haber sido distinto.
Pero si así es, si el
centeno y los fósforos son valores de uso diversos, para la producción de los
cuales se ha gastado formas diferentes de trabajo concreto. ¿Por qué podemos
colocar entre ellos el signo de equivalencia? Porque a pesar de las más grandes
diferencias, estas dos mercancías tienen en común una cierta cantidad de
trabajo abstracto socialmente necesario. Las dos mercancías que dan nacimiento
a la forma valor son a la vez distintas y parecidas. Si no fueran diferentes,
la creación de la forma valor sería imposible. Pero sin una similitud entre
ellas, la creación de la forma valor tampoco sería posible, pues no se pueden
comparar dos cosas que no tienen nada en común. Podemos representar por libras
y kilos todas las harinas, porque las harinas y las medidas, que expresan su
peso físico tienen precisamente esta propiedad en común: el peso. De la misma
manera, el valor de la harina se puede medir en cajas de fósforos, debido a que
las cajas de fósforos tienen, como la harina, un valor.
Existe, es verdad, una
diferencia esencial entre el peso y el valor: el peso es una propiedad natural
inherente a la harina y a las pesas de hierro, mientras, que lo que hay en
común entre el centeno y los fósforos considerados como mercancías, y lo que nos
permite comparar sus valores ya lo hemos dicho, no está en ellos mismos sino en
las relaciones de los hombres que los han producido y los intercambian. Si
estas relaciones no existieran, el valor mismo desaparecería con todas las
formas que lo expresan.
Notemos también (lo que por
otra parte está sobrentendido en lo que ya hemos dicho), que la relación de
cantidad en la cual una mercadería se considera como equivalente a otra no es
constante. Si, por ejemplo, el rendimiento del trabajo social de las fábricas
de fósforos se ha
duplicado, el valor de una
libra de centeno ya no será de dos caja s de fósforos como antes, sino de
cuatro. Si por el contrario, la producción del centeno exige menos de la mitad
del trabajo que antes, el valor de la libra de centeno equivaldrá a una caja de
fósforos. Naturalmente, puede ocurrir que ambas mercancías sufran la misma
modificación de valor; en este caso, la forma valor que expresa en alguna
manera la relación entre dos valores, se mantendrá sin cambio.
2) Desarrollo de la
forma del valor. Las tres formas de valor.
No hemos considerado hasta
ahora más que una forma de valor, en la cual cada mercancía sólo puede expresar
su valor en otra mercancía: el centeno sólo encontraba su equivalente de valor
en los fósforos. Hemos considerado, es verdad, una libra de centeno como la
forma relativa del valor y dos cajas de fósforos como la forma equivalente, lo
que era bastante convencional y unilateral. Si el poseedor del centeno sólo ve
en los fósforos la forma equivalente, el “espejo” en el que el centeno debe
reconocer su valor, el poseedor de los fósforos considera dos cajas de
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
fósforos como un valor
relativo del cual la libra de centeno será la forma equivalente, la medida con
la cual los fósforos definirán su propio valor. Es naturalmente justo. Pero no
deja, por lo tanto, de ser verdad que, en este caso, cada mercancía sólo se
opone a una mercancía en la cual se expresa su valor. Karl Marx denomina esta
forma la forma simple particular o
accidental del valor.
Pero, en realidad, la expresión de valor no termina con ella.
El desarrollo de los
intercambios hace que una mercancía no sólo se encuentre con otra, sino con un
gran número de ellas. La libra de centeno que se cambia hoy por dos cajas de
fósforos, se cambiará mañana por media libra de papas, pasado mañana por 2/3 de
libra de petróleo o por 1/10 de vara de tejidos. Cuando una mercancía se
encuentra con un gran número de otras mercancías reconoce su valor en distintos
“espejos” y se obtiene toda una serie de formas simples de valor.
a) 1 libra de centeno = 1/2 libra de papas
b) 1 libra de centeno = 2/3 libra de petróleo
c) 1 libra de centeno = 1/10 vara de tejidos.
A medida que va creciendo el
número de mercancías con que se encuentra la libra de centeno, y que le sirven
para expresar su valor, va creciendo el número de estas formas. Pero ya que una
mercancía expresa su valor en muchas otras, se la puede expresar así:
= 1/2 libra de papas
1
libra de centeno = 2/3 libra de petróleo
= 1/10 vara de tejidos
Distintas formas de valor
simple nos llevan así a una nueva forma de valor llamada forma total o desarrollada.
No es difícil comprender
que, aunque esta forma es más compleja que la primera, aunque una forma
relativa de valor se expresa aquí en diversas formas equivalentes, su esencia
es la misma que en la forma simple de valor de la cual nació al desarrollarse; aquí
también la forma equivalente tiene que representar otro valor de uso, aquí
nuevamente la ecuación sólo es posible debido a que todas las mercancías que
entran en ella representan trabajo humano abstracto, trabajo socialmente
necesario; aquí finalmente, lo más importante, es que la expresión del valor de
una mercancía en otra, no es más que la expresión material de ciertas
relaciones de trabajo existentes entre los hombres.
La diferencia entre las
formas simples y totales del valor consiste en el hecho de que la forma total
expresa de una manera mucho más notable que la forma simple la transformación
de cualquier trabajo concreto en un trabajo abstracto de algún modo indiferente,
creador de valor, el trabajo característico de la economía basada en el
intercambio: el trabajo del campesino que ha sembrado el centeno no sólo se
compara con el trabajo del fabricante de fósforos (o del químico); se puede ver
que el trabajo de un número infinito de hombres (el trabajo del cultivador, del
químico, del jardinero, del minero y de muchos otros) aparece en el mercado
como en un crisol único. Se puede ver cómo el mercado asocia y reúne todas las
formas particulares de trabajo, en un trabajo social único.
Pero la expresión del valor
no se limita a estas formas simples totales. La forma total, al desarrollarse
se transforma en una forma más alta, la
forma valor general.
Ya en la forma total o
desarrollada se manifiesta con fuerza; la tendencia a reducir todos los
aspectos particulares del trabajo social a una unidad determinada. Pero aún no
hay unidad completa. Cada mercancía expresa su valor en otras mercancías
distintas. Una libra de centeno corresponde a cantidades determinadas de
fósforos, papas, petróleo, etc. Pero el valor de cualquiera otra mercancía, por
ejemplo, de la leche se puede expresar a través de otras
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
mercancías distintas. Así obtenemos una
serie de ecuaciones que expresan la forma valor desarrollada.
= 1/2 libra de papas
1 libra de centeno = 3/4 libra de petróleo
= 2 cajas de fósforos
= 10 huevos
1 cuarto de leche11 = 2 libras de carne
= 20 cajas de fósforos
No es difícil comprender por
qué estas ecuaciones no son cerradas: toda mercancía (el centeno por ejemplo)
puede encontrar un número indefinido de expresiones de su valor, y las
expresiones del valor del centeno serán diferentes de las de la leche y de las
de otras mercancías.
Si, por ejemplo, el
campesino decidiera cambiar directamente, hoy, el centeno por tejidos y mañana
por fósforos, ¿cómo podría saber con la ayuda de la forma valor desarrollada
cuál de estos dos intercambios le ofrece más ventajas? El valor se establece espontáneamente
de manera que la producción disminuye cuando los intercambios son menos
ventajosos y se desarrolla cuando son más ventajosos. ¿Cómo podría saber el
campesino si le es más ventajoso criar vacas y vender su leche que sembrar
centeno, si expresara el valor de la leche en petróleo y el valor del centeno
en tejidos?
Es evidente que el proceso
de “nivelación” de todos los aspectos del trabajo y de su reducción a un solo
trabajo social abstracto, proceso que vimos realizarse en la forma simple, y
más aún, en la forma desarrollada del valor, debe continuar, debe terminar en
la tercera forma del valor que nace de la forma valor desarrollado y se llama
la forma valor general.
En esta tercera forma todas
las mercancías, cualquiera sea su diversidad, encuentran en una sola la
expresión de su valor. La leche, el centeno y muchas otras mercancías
expresarán, por ejemplo su valor en fósforos:
10 libras de centeno =
5 libras de papas =
2 litros de petróleo = 20
cajas de fósforos
1 docena de huevos =
2 libras de carne =
3 litros de leche, etc. =
Esta nueva forma de valor
nace de la forma valor desarrollada e incluso se puede creer, al considerar
esta ecuación, que sólo difiere en la inversión de los dos miembros: el hecho
es que si se escribiera “veinte cajas de fósforos” a la izquierda del signo de
equivalencia y todo lo demás a la derecha, se obtendría la forma valor
desarrollada.
Pero no se trata sólo de
esto. En la forma valor desarrollada, una mercanc ía tenía un número infinito
de “espejos” en los cuales podía reconocer su valor. La forma valor relativa
era única, las formas equivalentes eran numerosas. Cada equivalente determinaba
a su manera el valor de una sola mercancía. En cambio, en la forma valor
general, el equivalente general, el espejo de algún modo único, en el cual
todas las mercancías se contemplan es una mercancía única, los fósforos, en
nuestro ejemplo. En la primera forma (valor desarrollada) cada mercancía puede
tomar apariencias infinitas, en la segunda forma (valor general) todas las
mercancías no toman
![]()
11 Se trata aquí del cuarto de vedro:
medida rusa que equivale a trece litros.
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
únicamente una sola
apariencia, todas expresan su valor en los fósforos. La unidad de todas las
partes divididas de la economía basada en el intercambio se expresa aquí con
más fuerza. Sea lo que sea lo que hayas producido, sea tu trabajo noble o
indigno, desde el momento en que es socialmente necesario, el producto de este
trabajo cuando llega al mercado expresa su valor, como todas las demás
mercancías, en un sólo equivalente general; de esta manera pierde su fisonomía
propia, se transforma en valor entre muchos otros y llega a ser una parcela del
trabajo social único.
La mercancía que empieza a
servir de equivalente general, de “medida común de valor”, comienza, parece, a
desarrollar un papel muy particular. Voy al mercado, deseo saber lo que cuesta
una libra de centeno y me entero de que vale dos cajas de fósforos; pregunto
cuánto cuesta el litro de petróleo y me contestan: cuatro cajas de fósforos.
Los fósforos han dejado de interesarme como fósforos; sólo sirven para expresar
el valor de las demás mercancías.
Pero debemos tener claro,
después de lo anterior, que los fósforos sólo pueden llenar el papel de
equivalente general porque ellos mismos constituyen un valor que materializa
cierta cantidad de trabajo socialmente necesario.
Por lo tanto, a pesar de la
diferencia que existe entre las formas del valor, el contenido esencial de la
forma valor simple se puede comparar con todas las demás formas, al no ser el
valor desarrollado y el valor general sino el desarrollo de la forma valor
simple como ya lo hemos dicho.
3) El dinero, el
fetichismo del dinero y de la mercancía en general.
Al hablar del equivalente
general a través del cual todas mercancías determinan su valor, hemos elegido,
como ejemplo, los fósforos. Hemos procedido así para demostrar que cualquier
mercancía que tiene valor podría servir de equivalente general.
En realidad, en la socie dad
moderna, el papel de equivalente general lo cumple una mercancía partic ular
que se llama dinero. La forma general del intercambio se llama, por esta razón,
monetaria.12
Actualmente13 eloroeslamercancíamonetariaprincipal. Pero no fue siempre así.
En la antigüedad, como los
intercambios no estaban tan desarrollados como hoy día y como tenían un
carácter local, el papel del dinero lo desempeñaban otras mercancías de uso
corriente en una región determinada: en los países donde la caza era una de las
industrias más importantes, la piel de los animales era un medio de
intercambio; en los pueblos pastores era el ganado el que servía para el
intercambio etc.
![]()
12 Al aludir a la clasificación de Karl
Marx, algunos autores piensan que es necesario distinguir cuatro formas del
valor: forma simple, forma desarrollada general y forma dinero. Pero, escribe
Marx: “Cambios esenciales se producen en el momento de la transición de la
forma II a la III. En cambio, la única diferencia entre la forma III y la IV es
que el oro, y no la tela, posee la forma general de equivalente. En la forma IV
el oro representa lo que era la tela en la forma II: el equivalente general. El
progreso consiste únicamente en la forma de intercambiabilidad directa y
universal, es decir, la forma de equivalente general se identificó
definitivamente, como consecuencia de la costumbre social, con la forma natural
específica de la mercancía oro”. (El
Capital t. I, p. 53 ed. francesa, traducción Molitov, A. Costes, editor).
Evidentemente no tenemos razones para considerar la forma IV (forma dinero)
como una forma específicamente diferente de la forma III (valor general).
13 Se refiere a la época del “padrón oro” (N. del Ed.)
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
Entre ciertos indígenas de
África, cuenta R. André (a quién citamos según Trachtenberg. El papel
monedo.-edición rusa), los prisioneros robados a las tribus enemigas servían de
medida común de valor. “Un hermoso adolescente, una joven floreciente constituyen
la moneda más preciada”.14
Sólo poco a poco los metales
preciosos se destacan del conjunto de las demás mercancías corrientes y luego
el oro pasa a ocupar el primer lugar. Estos metales comienzan a desempeñar un
papel de equivalente general, primero bajo la forma de lingotes de formas
variadas y después bajo la forma de trozos de metal de forma y peso
determinado.15 Las verdaderas monedas aparecen mucho
más tarde.
No es difícil comprender lo
que permitió al oro y a los demás metales preciosos eliminar a las otras
mercancías que servían de moneda.
En primer lugar, estos
metales preciosos tienen la ventaja de no oxidarse con el tiempo y de no
gastarse sino muy lentamente, mientras que una moneda-mercancía, tal como el
ganado, por ejemplo, no sólo puede echarse a perder (el ganado puede enfermarse
y morir) sino también exige cuidados especiales. En segundo lugar, el oro puede
ser fácilmente dividido: si se tiene oro se pueden comprar mercancías de
distinto valor, más o menos caras; mientras que si se tiene una piel valiosa o
una vaca, sólo se puede comprar mercancías cuyo valor sea por lo menos igual a
la unidad de la mercancía que sirve de moneda o varias veces más grandes, ya
que una piel cortada en pedacitos perdería su valor, y en cuanto a la vaca se
refiere no se le puede hacer sufrir tal división.
Además, las monedas de oro
son cómodas en razón de su dimensión restringida (es decir que una pequeña
moneda materializa una cantidad bastante grande de trabajo social). Se pueden
transportar fácilmente, guardarse, etc. En fin, tienen la ventaja de poder
reconocerse fácilmente por el color, el sonido, etc. Estas propiedades
contribuyeron a hacer del oro la materia principal de la moneda.
El hecho que el oro tiene
propiedades físico-químicas definidas, y particularmente la de no oxidarse en
las condiciones ordinarias o el hecho que es fácil de dividir, no puede
explicarnos, sin embargo, por qué el oro ha llegado a ser el equivalente general
de todas las mercancías. Las propiedades físico-químicas de una mercancía sólo
definen, ya lo sabemos, su valor de uso, característica que debe poseer
cualquier producto transformado en mercancía.
La moneda de oro sólo puede
servir de medida de valor de otras mercancías porque ella misma es, como los
fósforos de que hemos hablado, una mercancía que tiene un valor determinado y
que materializa cierta cantidad de trabajo socialmente necesario. El oro sólo
puede desarrollar su papel en la sociedad moderna porque toda la organización
de esta sociedad nos lleva a una dominación espontánea de las leyes del valor y
porque la moneda no es más que la expresión general del valor.
Algunas almas sensibles se
quejan a veces de la importancia dominante que el oro ocupa en la sociedad
moderna y les gusta declarar su odio por el “ruin metal”; empiezan a ver el
vicio fundamental de la sociedad capitalista en el oro. Un “sabio” legislador
griego intentó, en otra época, prohibir la moneda de oro, con el propósito de
poner fin a las luchas y a los odios que nacen del espíritu de lucro.
![]()
14 Recordemos que en la época del comunismo
de guerra, en la U.R.S.S., la perturbación de la circulación monetaria llevó a
que ciertas mercaderías tales como el tabaco, la sal, la harina, desarrollaran
el papel de equivalente general.
15 La etimología de la palabra rusa rublo
es, respecto a esto, muy curiosa: rublo viene de ob. roubok que literalmente
significa pedazo cortado.
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
Pero es evidente que los
cilindritos de un metal amarillo y brillante no tienen la culpa de ello. La
moneda no hace más que traducir las relaciones que imperan en la sociedad
capitalista y, de un modo general, en la economía desorganizada basada en el intercambio.
El dinero no tiene por si mismo poder mágico y secreto. La forma dinero del
valor no difiere mucho de las demás formas del valor de donde nace al
desarrollarse. El poder del dinero no es más que la manifestación general del
poder de las cosas sobre los hombres, poder que caracteriza la economía
desorganizada basada en el intercambio.
Este poder de las cosas
sobre los hombres, observado en la economía desorganizada, lo descubrió Karl
Marx y lo llamó fetichismo de la mercancía. De la misma manera que el primitivo
adoraba un fetiche, un objeto que había hecho con sus manos, el hombre que vive
en una economía desorganizada depende de las cosas que ha hecho. Por cierto,
basta con instruir al salvaje, con transformarlo en un hombre culto para que el
fetichismo desaparezca como si una venda cayera de los ojos del fetichista. Muy
distinto resulta ser el fetichismo de la mercancía; comprender que las cosas
expresan relaciones sociales, que todo el mal no está en ellas sino en las
relaciones entre los hombres que las han engendrado, es un gran paso. Pero todo
no se limita a esto. Para terminar para siempre con el fetichismo de la
mercancía, hay que destruir las cosas con que nació. Es pueril prohibir e l
dinero como lo hicieron los sabios de la Grecia antigua, siempre volverá a
aparecer, a pesar de todas las prohibiciones, si subsisten las empresas
privadas (que constituyen propiedades privadas) que tienen la obligación de
ponerse en contacto unas con otras a través del mercado. Pero cuando la
sociedad esté reorganizada sobre bases que excluyan la propiedad privada y la
necesidad del mercado, el poder que ejercen sobre los hombres estos pequeños
discos de metal amarillo y brillante desaparecerá. Ya los hombres no serán
gobernados por las cosas; sino que al contrario los hombres gobernarán a las
cosas racionalmente, según un plan de conjunto.
El “fetichismo del dinero”
es una de las formas peores del fetichismo de la mercancía. Los usureros
descritos por varios escritores no son los únicos que se detienen,
estupefactos, delante del dinero y de su omnipotencia y que buscan la causa de
este fenómeno donde no se encuentra. Economistas eminentes actúan de la misma
manera. Por eso, podemos decir que es un gran éxito comprender cómo las cosas
traducen, en una sociedad desorganizada, las relaciones sociales. Pero un paso
más grande aún es comprender estas relaciones y transformarlas para llegar a
extirpar la raíz misma del fetichismo de la mercancía.
4) El dinero, medida de
valor y medida de los precios
Hemos visto que la forma
dinero del valor, variedad de la forma general, no es más que la forma más
desarrollada y más compleja del valor; hemos visto que expresa con más fuerza
las propiedades que la forma simple del valor tiene ya en estado embrionario.
Cada mercancía puede
expresar su valor en dinero sólo porque el dinero mismo tiene un valor. La
cantidad de dinero que recibiré al vender mi mercancía, en otros términos, el
precio que me pagarán, depende, a la vez, del trabajo materializado en mi
mercancía y del trabajo materializado en el dinero. Si una libra de centeno
representa el producto de veinte minutos de trabajo socialmente necesario y si
cada centavo oro representa dos minutos del mismo tiempo, el precio de la libra
de centeno será de diez centavos. Si a consecuencia del mejoramiento de la
maquinaria agrícola, se puede obtener una libra de centeno en diez minutos, su
precio cambiará y sólo será de cinco centavos. Por otro lado, el precio del
centeno puede modificarse en la misma forma, sin que el trabajo necesario para
su producción haya sufrido cambios: esto pasará si el trabajo necesario para la
extracción del oro se modifica. Pero no es difícil comprender que si la
extracción del oro resulta más fácil, el precio del centeno subirá en vez de
disminuir, pues cada centavo oro materializará una parte menor de trabajo
socialmente necesario.
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
El progreso de la técnica de
la extracción del oro debería, por lo tanto, provocar un alza relativa de los
precios. Pero, en realidad falta mucho para que esta alza sea importante pues
la producción anual del oro no se compara con las existencias. El trabajo
socialmente necesario se determina por la suma de trabajo indispensable para la
reproducción de todas las mercancías determinadas que existen en el mercado; de
todas maneras la maquinaria de las minas de oro solo progresa lentamente. Sin
embargo, no se puede decir que la influencia del valor (y del precio) del oro
sobre los precios es totalmente nulo: la “revolución de los precios” del siglo
XVI tuvo por causa principal el aumento de la producción del oro después del
descubrimiento de América. De aquí en adelante la producción de oro exigió
menos gastos de trabajo, lo que ocasionó una baja del valor del valioso metal.
Y la disminución de su valor tuvo por consecuencia un alza de los precios.
Naturalmente también puede
ocurrir que el precio de una mercancía sea modificado por estas dos causas a la
vez, por la modificación del valor del dinero y por la modificación del valor
de la mercancía misma, cuyo precio bajará o aumentará según el caso, en virtud
de la relación de estas dos causas. Sea lo que sea, una cantidad definida de
una mercancía determinada encuentra siempre, en un momento dado y a un nivel
preciso de la técnica social, su expresión de valor en una cantidad determinada
de dinero. Esta expresión monetaria del valor se llama precio de la mercancía. La cantidad de unidades monetarias que
expresan este precio depende naturalmente
de la unidad de medida. El precio de la misma mercancía variará aparentemente
según lo expresemos en onzas de oro o en gramos, en escudos oro en rublos oro o
en dólares oro. Pero es evidente que la masa de oro que corresponde a la
mercancía será la misma, que se cuente en onzas, escudos o rublos; sólo
cambiará la cantidad de unidades que expresan el precio.
Las unidades monetarias que
expresan los precios de las mercancías varían en los diferentes países. Antes
de la introducción de las monedas los precios se representaban por unidades de
peso. Desde la introducción del sistema monetario, distintas monedas, distintas
unidades monetarias se establecieron en los distintos países, en relación con
un sinnúmero de circunstancias históricas. En Inglaterra, la libra esterlina es
la unidad monetaria porque representaba antes el valor de una libra de plata.
Desde la revolución francesa, el franco que contiene 0,9 gr. de plata pura la
unidad monetaria de Francia.16 El
rublo oro que contiene aproximadamente 0,775 gr. de oro, es la unidad monetaria
de la U.R.S.S.
El dinero, equivalente
general y medida del valor de todas las mercancías, representado por unidades
de una dimensión o de un peso definido, cumple según la expresión de Marx, el
papel de patrón de los precios.
La modificación del valor
del oro, como lo hemos visto en nuestro ejemplo, no impide en absoluto que
cumpla como en el pasado, el rol de patrón de los precios. Si el valor del oro
contenido en un rublo baja a la mitad, el rublo sigue valiendo diez veces menos
que el tchervonetz oro.17
Es evidente que el oro puede
cambiar de valor, sin que su función como patrón de los precios cambie en nada.
Sean cuales sean los cambios que ocurran en el valor del oro, cantidades
determinadas de oro siempre tendrán entre sí la misma relación de valor. El
valor del oro podrá bajar en un 1.000% pero doce onzas de oro seguirán teniendo
doce veces más valor que una onza. Pues bien, en los precios, sólo se trata de
la relación recíproca de distintas cantidades de oro. Por otro lado, cualquiera
sea el alza o la baja de su valor, una onza de oro conserva el mismo
![]()
16 Se sabe que, desde la estabilización de
1928, el franco no vale más que la quinta parle de su valor de antes de la
guerra (N. del T.)
17 El rublo es la unidad monetaria de la
U.R.S.S. el tchervonetz es una unidad superior equivalente a diez rublos (N.
del T.)
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
peso; luego, el peso de sus
partes alícuotas no cambia, y el oro, como medida fija de los precios, sigue
prestando el mismo servicio, cualquiera sea su cambio de valor (K. Marx. El Capital, E. I.).
Aunque los distintos países
tienen unidades monetarias distintas, no es difícil traducir los precios
expresados en moneda de un país a la moneda de otro. Basta con considerar la
cantidad de oro contenido en cada moneda. Esto es lo que constituye el curso de
la moneda oro. En la operación de cambio de la moneda de un país por la de
otro, es necesario tomar en cuenta, además del peso de las monedas, los gastos
de envío de las monedas de un país a otro, o los gasto de refundición del metal
(si la refundición es menos costosa que el transporte de las monedas a su país
de origen).
5) El dinero, medio de
circulación
Sólo conocemos, hasta ahora,
una función esencial del dinero, que es la de servir de equivalente general, de
medida común para la expresión de los valores de todas las mercancías.18
No se expresa, en la
sociedad moderna, el valor de la mercancía en unidades de trabajo socialmente
necesario, en horas y en minutos, se expresa en dinero. Esta determinación del
valor ocurre aún sin que la mercancía haya sido cambiada por dinero real; puedo
decir, sin ver moneda de oro alguna, que diez kilos de centeno valen tanto
dinero. Por cierto, si estas monedas y sus valores no existieran, esta medida
de valor de las mercancías con la ayuda del dinero, por “ideal” que fuera,
sería imposible e incluso sería tan absurdo pensar en ella como pedirle a un
hombre que represente en metros el largo de una pieza, si no existieran en la
realidad metros de un largo determinado.
¿Pero, el dinero sirve sólo de medida del valor (y de patrón de
los precios)?
No. En la economía mercantil
el dinero sirve no sólo para apresar el valor de las mercancías, sino también,
en calidad de intermediario, para realizar los intercambios.
En una sociedad en la cual
el intercambio alcanza un alto grado de desarrollo, es poco corriente que el
poseedor de mercancías cambie directamente la mercancía que ha producido (o de
una manera general, que vende) por la mercancía que necesita para su propio
consumo. El campesino productor y vendedor del centeno o de la leche y que
desea procurarse petróleo, si no existiera el dinero, tendría que enfrentarse a
muchas dificultades. Podría ser que el comerciante de petróleo no necesitara ni
pan ni leche, sino que deseara, por ejemplo, paño. Luego sería necesario que el
campesino que necesita petróleo, encontrara primero en el mercado un
comerciante de paño, que necesitara leche, después de lo cual sólo podría
recibir del comerciante de petróleo, a cambio del paño que hubiera adquirido,
el petróleo que necesita. Si el comerciante de paño no necesitara ni pan ni
leche y deseara cualquiera otra mercancía, el intercambio resultaría aún más
complicado. Antes de obtener petróleo, el campesino necesitaría toda una serie
de intermediarios.
Hoy en día, aún pasa esto en
los pueblos primitivos, entre los cuales los intercambios están muy poco
desarrollados. Un viajero relata en estos términos como tuvo que proceder en
África para arrendar una canoa:
“Era divertido verme pagar el arriendo de la canoa.... El agente
de Sand quería que lo pagara
con marfil, que yo no tenía.
Me enteré de que Mohamed-Ibn-Salib tenía un colmillo de elefante y que estaba
dispuesto a cambiarlo por paño, pero ello no simplificó la situación ya que yo
no tenía paño. Finalmente me enteré de que Mohamed-lbn-Ha-nib tenía paño y que
estaba dispuesto a cambiarlo por cable de latón. Por suerte tenía cable de
latón. Le di a Moha-med-
![]()
18 El dinero, patrón del precio, sólo llena una función particular
en calidad de medida del valor.
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
Ibn-Hanib la cantidad que
deseaba; a su vez transmitió a Mohamed-Ibn-Salib una cantidad correspondiente
de paño; Ibn-Salib a su vez entregó al agente de Sand el colmillo de marfil.
Sólo después de esta operación pude disponer de la canoa”.19
Llamemos M1 a la mercancía
de la cual disponía nuestro viajero (el cable de latón), y M2 a la mercancía
que necesitaba (la canoa). El viajero deseaba efectuar el intercambio
siguiente:
M1-M2
No consiguió realizarlo directamente y sólo llegó a su fin por
diversos intermediarios, o sea:
M1 (cable de latón) - M3 (paño) - M4 (marfil) - M2 (canoa)
¿Los valores de uso del paño
y del marfil interesaban por sí mismos a nuestro viajero? De ninguna manera.
Entonces ¿por qué los adquirió? Para finalmente obtener a través de ellos la
mercancía que necesitaba para su uso personal, o sea, la canoa.
En una economía basada en el
intercambio desarrollado, sólo hay un intermediario, el dinero, en vez de
numerosas, mercancías intermediarias accidentales que cambian según las
circunstancias y cuyo número en ciertos casos puede ser muy elevado.
El campesino que vende trigo
ya no necesita buscar a un comerciante de petróleo que necesite trigo. Puede
vender su trigo a cualquier comprador que tenga dinero. Luego, con su dinero
podrá comprar petróleo; y el comerciante de petróleo podrá comprar, a su vez,
con el dinero obtenido, lo que necesita.
La circulación de las
mercancías en la cual participó el campesino se presenta bajo la forma
siguiente:
M1 (trigo) - D (dinero) - M2 (petróleo)
Aquí el dinero sirve de
intermediario entre dos mercancías. Una vez más el dinero revela su papel
relacionador, acerca una mercancía a otra que, sin él, no podrían encontrarse o
sólo muy difícilmente.
Esta es la segunda función
del dinero, intermediario general en el intercambio de las mercancías o, según
el término de Marx, medio de circulación
de las mercancías.
Al llenar esta función, el
dinero manifiesta particularidades notables sobre las cuales sólo nos
detendremos brevemente, pero volveremos a ellas al referirnos al papel moneda.
Primero, parece que el
dinero dura más tiempo que las demás mercancías en el proceso de circulación.
Cualquiera mercancía, una vez comprada, sirve para satisfacer nuestras
necesidades. Comemos el pan. Gastamos la ropa. Pero supongamos que “he vendido”
pan y que “he comprado” dinero ¿qué le ocurre después a este dinero? Parece que
tambié n se “gasta”. ¿Pero qué quiere decir “gastar” dinero (en cuanto dinero,
y no en cuanto metal)? Quiere decir usarlo para comprar algo, digamos petróleo
¿Qué le pasa al dinero en esta operación? No se come ni se pierde, sólo pasa a
otras manos, a las del comerciante de petróleo. Y este comerciante lo “gastará”
a su vez para comprar, supongamos paño. El mismo dinero servirá de
intermediario en un nuevo intercambio de mercancías.
M2(petróleo) -D(dinero) -M3(paño)
El dinero pasará a las manos
del poseedor del paño para figurar en un nuevo ciclo de intercambios. Así, el
dinero, medio de circulación pasa de mano en mano e incluso puede, en el mismo
día, servir para varios intercambios, es decir, participar varias veces en el
proceso M-D-M.
![]()
19 I. Traihtenberg: El papel-moneda (en ruso). Librería del Estado,
Moscú, 1925.
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
No es difícil figurarse cual
tiene que ser la cantidad de dinero necesaria para asegurar, en un momento
dado, la circulación de las mercancías.
Supongamos que hay en el
mercado mercancías por dos mil escudos. ¿Significa esto que hace falta, para
asegurar su circulación normal, dos mil escudos de dinero? No. Pues cada escudo
podrá servir varias veces en el día y contribuir a intercambios de mercancías
que cuestan más de un escudo. El campesino que ha vendido trigo por un escudo
comprará, por ejemplo, in mediatamente un escudo de petróleo. El comerciante de
petróleo podrá entonces comprar pan y el comerciante de paño, lana. Supongamos
que la circulación de este escudo se detenga aquí por este día. ¿A dónde hemos
llegado? El mismo escudo, en el mismo día, sirvió para el intercambio de estas
distintas mercancías:
|
Pan |
por 1 escudo |
|
Petróleo |
por 1 escudo |
|
Paño |
por 1 escudo |
|
Lana |
por 1 escudo |
|
En resumen mercancías por |
4 escudos |
El escudo pasó cuatro veces
de una mano a otra. Cuanto más rápida es la circulación del dinero, más
mercancías pone en circulación. Pero todos los escudos no circulan en el
mercado con la misma rapidez. Sin embargo, se puede calcular la rapidez mediana
de circulación de los escudos (o de cualquier unidad monetaria) en el mercado,
y entonces es fácil concluir que la suma de dinero necesaria para la
circulación debe ser igual a la suma de
todas las mercancías en circulación dividida por la rapidez mediana de la
circulación de la unidad monetaria. Si cada escudo sirve, por término medio, para cinco operaciones en el día,
no hará falta, en nuestro ejemplo, dos mil escudos de dinero para dos mil
escudos de mercancías, sino 2.000:5, o sea, cuatrocientos escudos.
Más tarde, tendremos que completar esta exposición que, por
ahora; nos basta.
6) Otras funciones del
dinero.
Pero, ¿está siempre
circulando el dinero? ¿Lo condenan los intercambios al papel de eterno viajero?
No es exactamente así.
Hemos visto que la cantidad
de dinero necesaria para la circulación se determina por el valor de las
mercancías y la rapidez de la circulación monetaria. Pero la cantidad de
mercancías que existe en el mercado no es una cantidad constante; si esta
cantidad disminuye los intercambios se aceleran, y una parte del dinero llegará
a ser superflua. ¿Qué le pasará a este dinero? Cierta cantidad de monedas se
podrá fundir y servir en calidad de metal a la confección de joyas, de
tapaduras de oro, etc. Pero una parte de las monedas se puede esconder en las
cajas fuertes, los baúles, debajo del colchón, etc. Mientras el dinero
permanece escondido, deja de ser medio de circulación y se transforma en
tesoro.
El que esconde dinero y lo
transforma en tesoro interrumpe el proceso M1-D-M2 en la mitad en la fase M1-D.
El valor del tesoro, el trabajo que materializa, parece estar dormido, listo
para despertar en cualquier momento y volver a desarrollar su papel en la
regulación de las relaciones sociales del sistema basado en el intercambio.
También puede producirse la transformación del dinero en tesoro sin que éste
sea superfluo en la circulación. El carácter de una mercancía o las condiciones
del mercado pueden requerir una interrupción momentánea del proceso M-D-M.
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
El campesino que desea
comprar una trilladora ahorra poco a poco, el dinero que obtiene de la venta de
los productos agrícolas, para reunir la suma necesaria. A veces resulta
ventajoso no comprar una mercancía inmediatamente después de vender la suya sino
esperar algún tiempo.
Finalmente, las condiciones
de la circulación de las mercancías pueden presentarse de tal modo que el
comprador reciba la mercancía antes de pagarla con dinero. Estos son los casos
de venta a crédito en los cuales no nos podemos detener largamente por ahora,
ya que volveremos a tratarlos más tarde. Limitémonos a indicar que puede
existir crédito, por ejemplo, cuando el campesino compra mercancías a un
comerciante en verano con la intención de pagárselas después de la venta de la
cosecha. El proceso de la circulación de la mercancía se presenta entonces con
la “deformación” siguiente:
1)
M(el campesino compra en verano tejidos a crédito)
2)
M1 - D (el campesino
vende su trigo en otoño);
3)
D(el campesino paga su deuda al comerciante)
El proceso habitual sólo tiene dos fases:
1) M1-D
2) D-M2
Cuando, en otoño, el
campesino paga al comerciante, es evidente que el dinero ya no es un medio de
circulación, puesto que las mercancías ya han circulado antes del pago. El pago
parece cerrar la brecha que se formó en el proceso M1-D-M2 por la compra a crédito.
En este caso se dice que el dinero ya no cumple la función de medio de
circulación, sino la de medio de pago.
Por lo tanto, constatamos
que el dinero cumple en la economía basada en el intercambio las siguientes
funciones: medida del valor, medio de circulación, medio de acumulación de
tesoro, y finalmente, medio de pago. Sin dinero la existencia de la economía basada
en el intercambio y su regulación espontánea por la ley del valor se volvería
muy difícil. Hemos empezado por estudiar el precio y, al intentar explicarlo,
hemos llegado a la ley del valor, base del precio. Ahora nos damos cuenta que
el precio de una mercancía no es más que su valor expresado en dinero. En este
punto nos hemos referido al precio, y siempre hemos supuesto que .el precio
correspondía al valor. Esta suposición sólo corresponde a la realidad cuando la
demanda de mercancías es igual a la oferta. Una vez más recordamos que, en la
economía desorganizada y basada en el intercambio, este equilibrio sólo puede
existir durante un instante muy corto, como excepción; en regla general, la
repartición del trabajo entre las ramas de la producción en forma proporcional
a las necesidades se obtiene a través de las variaciones constantes entre el
precio y el valor. Pero esta circunstancia no disminuye en absoluto la
importancia del valor, centro hacia el cual los precios se orientan
irresistiblemente en todas sus variaciones y en torno al cual oscilan.
Un autor ruso, L. I.
Lioubimov, hace, en su curso de economía
política, una comparación interesante entre el valor y el toque de la
campana que llama a los alumnos para que entren a clases. Es poco frecuente que
el alumno entre a clase en el mismo instante en que toca la campana. La mayoría
de los alumnos llega un poco antes o un poco después. Pero esto no quiere decir
que el toque de campana no tenga ninguna relación con la llegada de los alumnos
y el comienzo de las clases. El toque de campana indica el punto de equilibrio
que regula la llegada de los alumnos. Esta es sólo una buena comparación ya que
hay entre el valor y el toque de campana una enorme diferencia, pues una
voluntad consciente rige el toque de campana mientras que el valor regulador de
los precios se establece por sí solo, como lo hemos visto, espontáneamente. Las
comparaciones nunca se basan en analogías perfectas.
Precisemos que sólo hemos
considerado, en todo lo anterior, el dinero que tiene un valor integral
representado en nuestro tiempo por la moneda de oro.
Capítulo segundo. La forma del valor y el dinero
Todos sabemos que también
figuran, en la sociedad moderna, al lado del oro, monedas que tienen un valor
incompleto: monedas de plata, cobre, bronce, níquel y otras. Estas monedas
materializan menos trabajo que su precio nominal y la proporción en la cual se
cambian por oro lo indica (cuando ocurre este intercambio).
El papel moneda, que puede
(en ciertas condiciones solamente) reemplazar a la moneda de oro, ocupa aún un
lugar más importante en la sociedad moderna, aunque el trabajo empleado para
producirlo es prácticamente insignificante.
A primera vista este hecho
parece contradecir nuestros razonamientos; sugiere la idea de que el dinero no
debe tener necesariamente un valor intrínseco. La realidad es distinta.
La moneda de un valor
completo sólo puede reemplazarse por una moneda de valor incompleto o por papel
moneda cuando cumple el rol de medio de circulación, lo que se explica por el
papel momentáneo que desempeña en ciertas circunstancias.
Cuando el campesino vende su
trigo por un escudo y compra inmediatamente petróleo por un escudo, el dinero
sólo permanece un momento entre sus manos y se le escapa en seguida. Desde el
momento en que se deshizo de él y que recibió a cambio mercancías, cuyo valor
equivale a un escudo, poco le importa que este escudo haya sido de oro o
reemplazado por papel. El comerciante de petróleo pensará lo mismo si vuelve a
poner en circulación este escudo y compra paño. Pero debemos repetirlo, el
papel moneda sólo puede reemplazar a la moneda de un valor intrínseco en el
proceso de circulación. Si la moneda de valor intrínseco no existiera la moneda
que la reemplaza tampoco podría existir.
Estudiaremos más a fondo este problema en el capítulo del papel
moneda y del crédito.
Entonces, sacaremos conclusiones sobre las funciones del dinero.
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
LIBRO
SEGUNDO: LA PRODUCCIÓN DE PLUSVALÍA
CAPÍTULO
TERCERO: LA PLUSVALÍA EN LA ECONOMÍA CAPITALISTA
1) Imposibilidad de
obtener la plusvalía mediante intercambio
Hemos estudiado la ley del
valor de la economía mercantil simple formada por pequeños productores,
poseedores de medios de producción que viven de la venta del producto de su
trabajo. El propósito del intercambio de una mercancía por otra en esta economía
era satisfacer las necesidades del interesado.
Pasamos ahora al estudio de
las leyes que rigen la sociedad capitalista. Si consideramos con atención los
intercambios que existen en la sociedad capitalista, un cuadro muy distinto del
que hemos trazado en la economía mercantil simple se ofrece a nuestra vista.
Entre usted en la tienda de una ciudad capitalista e intente regatear los
precios con el vendedor. El primer argumento que le dará ya no será el de su
sastre, por ejemplo: “los tejidos están caros”; “hay que vivir”, etc... El
vendedor le dirá que “con la venta de este artículo ya no gana mucho” y
finalmente le dará este argumento supremo: “No lo puedo vender al costo, tengo
que ganar algo”. Vemos que el propósito mismo del intercambio de mercancías se
modificó con respecto al primer tiempo. Si se expresaba en la economía
mercantil simple con la fórmula “mercancía-dinero-mercancía” (M-D-M), esta
fórmula ya no vale para la economía mercantil capitalista de hoy día. Para el
capitalista actual el proceso del intercambio comienza con el dinero y termina
con el dinero: D-M-D. Pero si el intercambio de mercancías se terminara con la
misma suma de dinero con la cual empezó no tendría ningún sentido para el
capitalista. A sus ojo el intercambio sólo tiene sentido, sólo se justifica, si
le trae no la suma de dinero empleada, sino una suma mayor, por lo tanto, la
fórmula característica de la circulación capitalista de mercancías será: D-M-D
+d.
¿De dónde proviene el excedente “d”?
Surge inmediatamente una
respuesta: este excedente en dinero o, como lo llama el capitalista, este
beneficio se ha obtenido con el aumento del precio de las mercancías.
Veamos en qué medida se puede considerar justa esta respuesta.
El análisis de la ley del
valor nos ha enseñado que los precios de las mercancías tienden a acercarse al
nivel del valor, es decir, hacia el tiempo socialmente necesario empleado en la
producción. Desde el momento en que el precio de una mercancía se eleva por
encima de su valor, los productores de mercancías, atraídos por un precio más
alto, empiezan a producirla en mayor cantidad hasta el momento en que el
aumento de la producción hace caer el precio de la mercancía por debajo de su
valor. Entonces se produce un movimiento en sentido contrario y los productores
de mercancías pasan de este producto a otro. Estas variaciones de los precios
acompañadas del flujo y del reflujo del capital, durarán mientras un precio
correspondiente al valor no se establezca. Podemos comprender que un poseedor
de mercancías, durante estas variaciones, pueda ganar dinero en detrimento de
un competidor. Pero esa ganancia será momentánea y dejará de existir en cuanto
terminen las variaciones de los precios. Por lo tanto las oscilaciones de la
oferta y de la demanda no pueden explicar las ganancias de la clase capitalista
y sólo pueden explicar las modificaciones fortuitas de la repartición de las
ganancias entre los capitalistas.
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
Es evidente que la
repartición de los valores en circulación no va a modificar su suma, de la
misma manera que un anticuario no va a aumentar la masa de los metales
preciosos en un país, porque vende por unos dólares, una moneda del siglo de la
reina Ana.
Los miembros de la clase
capitalista de un país no pueden engañarse entre sí (K. Marx, El capital, t.1,
p. 185).
Pero, ¿quizás las ganancias
sean el resultado del inexplicable privilegio que tienen los comerciantes de
vender su mercancía a un precio superior a su valor? No, ya que no existen
capitalistas que se limiten a vender sin comprar. Consideremos, por ejemplo, a
un capitalista industrial, es decir, poseedor de una empresa. Una vez que ha
vendido la mercancía que ha producido, tiene que comprar con el dinero que
obtuvo, artículos de consumo y diferentes mercancías necesarias para la
continuación de su producción. De la misma manera el capitalista negociante que
no tiene producción propia y se dedica al comercio de las mercancías que recibe
hechas tiene que comprar otras cuando éstas se han agotado. De modo que los
capitalistas cambian constantemente de lugar; los que ayer eran vendedores son
hoy compradores y viceversa. Así pues
si ganaran como vendedores perderían como compradores.
Sea lo que sea lo que
hagamos para explicar las ganancias a través del proceso de circulación estamos
perdiendo el tiempo sin llegar al menor resultado. La circulación las
mercancías no puede ser el origen de las ganancias de los capitalistas.
La explicación de la
ganancia por un aumento nominal del precio de las mercancías que nos parecía al
principio tan comprensible, tan natural y tan convincente, aparece, a través
del análisis siendo incapaz de soportar la menor crítica. Todavía no hemos encontrado
el secreto de las ganancias de la clase capitalista. Nos encontramos delante
del siguiente problema: Nuestro poseedor de dinero tiene que comprar las
mercancías a su precio y volver a venderlas igualmente, y al concluir la
operación, sacar más valor del que ha puesto en circulación.20
2) La fuerza de trabajo
como mercancía. Valor de la fuerza de trabajo
Este problema sólo se podrá
resolver si encontramos en el mercado una mercancía que tenga la capacidad de
crear valor. El trabajo crea valor. De todas las mercancías que se encuentran
en el mercado capitalista la fuerza de trabajo es la única que puede trabajar.
Esta mercancía, por lo tanto, es la única que puede estar en el origen del
valor.
Sabemos que la fuerza de
trabajo no es una mercancía en todas las relaciones sociales. Recordemos la
esclavitud, el feudalismo y finalmente la economía mercantil simple que
acabamos de examinar; en todos estos casos la fuerza de trabajo no es una
mercancía. Se necesitan dos condiciones para que lo llegue a ser: primero el
obrero tiene que ser libre, o sea tener derecho a disponer libremente de su
fuerza de trabajo; ni el esclavo ni el siervo tienen este derecho dependen
personalmente del propietario o del señor. La segunda condición es que el
obrero sea libre frente a los medios de producción y a los medios de
existencia, que esté desprovisto de ellos, y entonces se verá obligado a vender
su fuerza de trabajo. Difiere en ello de los artesanos y de los campesinos, y
en general de los pequeños productores de mercancías que poseen medios de
producción: mesa de trabajo, herramientas, vivienda, y quienes en consecuencia,
no venden su fuerza de trabajo sino los productos de su trabajo.
Hemos encontrado, por lo
tanto, en el mercado la mercancía cuyo uso puede producir valor. Esta mercancía
es fuerza de trabajo. El enunciado del problema nos obliga a explicar la
aparición
![]()
20 K. Marx, El capital, T. 1, pp. 188 y siguientes.
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
de la ganancia capitalista
en conformidad con la teoría del valor. Al comprar la mercancía fuerza de
trabajo, el capitalista debe pagarla a su valor integral.
¿Qué es lo que determina el
valor de la fuerza de trabajo? Hemos visto que el valor de toda mercancía se
determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario a su producción.
Cuando afirmábamos esto acerca de todas las otras mercancías, vestimenta, zapatos,
betún, era comprensible, no causaba ninguna sorpresa. Pero, ¿cómo aplicar dicha
definición a la fuerza de trabajo? La fuerza de trabajo no se produce en las
fábricas nace de la vida por una multiplicación natural. Parece que hubiera
razones para admitir que la fuerza de trabajo fuera una excepción a la regla
general de la economía basada en el intercambio. Sin embargo si examinamos con
más cuidado la explotación del obrero por el capital, tal como existe en la
fábrica capitalista, nos damos cuenta de que la mercancía-fuerza de trabajo no
necesita en ningún caso ser diferenciada de las otras mercancías.
¿En qué consiste el uso que
hace el capital de la mercancía fuerza de trabajo? En el hecho que el obrero
debe vender su trabajo al capitalista, durante un tiempo determinado por el
contrato.
El trabajo es la actividad
del hombre que persigue una meta definida, la acción del hombre sobre la
materia que le ofrece la naturaleza para que dé a esta materia una forma que la
haga apta a la satisfacción de las necesidades del hombre.21
Cuando trabaja, cuando actúa
sobre la naturaleza exterior, el obrero gasta cierta cantidad de fuerza
muscular nerviosa (incluyendo la fuerza cerebral) cierta cantidad de energía,
etc. Para conservar su fuerza de trabajo tiene que reconstituir cada día la
energía gastada. Para ello necesita consumir cierta cantidad de medios de
existencia, ]e hace falta una vivienda con algunos muebles, vestimenta,
alimentos, etc.
Además es necesario que la
fuerza de trabajo afluya constantemente. Este flujo está más o menos asegurado
por la multiplicación natural de los obreros. Por lo tanto, el obrero debe
tener los recursos necesarios para mantener a su familia. Si el mínimo de
medios de existencia qué percibe no le asegura el mantenimiento de su familia,
puede ocurrir no sólo que el capital se vea privado del flujo de fuerza de
trabajo complementaria, sino aún más que el obrero no pueda reconstituir la
energía gastada en medida suficiente como para continuar trabajando para el
capitalista. Si el obrero tiene mujer e hijos y si los medios de existencia que
percibe sólo le alcanzan para reconstituir su fuerza de trabajo personal, es
evidente que compartirá sus medios de existencia con toda su familia, y no
podrá por consiguiente, recobrar la energía gastada. Por ello es obligatorio
incluir en el valor de la fuerza de trabajo el mantenimiento medio de una
familia.
Además todo obrero tiene
cierto número de necesidades que corresponden a su grado de cultura.
Por pobre que sea en general
su vestimenta no puede prescindir de ella para ir al trabajo. Si su salario no
le asegura la posibilidad de comprarse ropa, se alimentará menos, incluso se
conformará con pan y agua, para adquirir ropa aunque fuera de la última
calidad, en detrimento de la constitución de sus fuerzas físicas. Por lo tanto,
debe asegurársele al obrero cierto nivel de cultura.
Es evidente que este nivel
varía según los países. Por ejemplo el obrero norteamericano culto necesita un
terno en buen estado, leer el diario todos los días, ir al teatro, asistir a
conferencias, etc. ¿Eran consideradas estas cosas artículos “de primera
necesidad” para el obrero ruso antes de la revolución? Por cierto, no. Este
obrero no podía pretender ir al teatro, y sólo los elementos más conscientes
del proletariado avanzado sentían la necesidad de leer el diario. Las
condiciones de existencia en que se encontraban millares de obreros rusos que
vivían en verdaderos
![]()
21 K. Kautsky: La doctrina
económica de Karl Marx
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
campamentos aparecen hoy día
intolerables para el obrero europeo, y con mayor razón para el obrero
norteamericano.
¿Pero si comparamos la vida
del obrero ruso, con la del obrero chino, qué vemos? 22 La mayoría de los obreros chinos ni
piensan siquiera en la ropa interior. Incluso los trajes no son siempre para
ellos una “necesidad”; un trapo sucio hace las veces de ropa. Con frecuencia su
alimentación no es más que galletas mal cocidas; muchas veces pasan la noche en
la fábrica y duermen al lado de las máquinas, y el campamento donde se aloja un
cierto número de hombres es considerado un lujo.
Aparentemente el obrero
medio ruso no podría conformarse con semejantes condiciones de vida.
Todo ello se explica,
naturalmente por razones, históricas, por las circunstancias en que nace y se
desarrolla la clase obrera, y por las costumbres que a veces han tardado siglos
en implantarse.
Se puede comprender que
cuanto más calificado es el obrero, más costumbres y necesidades elevadas
tiene, y casi le es imposible no satisfacerlas, lo que aumenta aún más el valor
de la fuerza de trabajo calificada.
Pero el valor superior de la
fuerza de trabajo calificada no se explica solamente por la superioridad de
cultura del obrero calificado. También hay que tomar en cuenta el tiempo de
trabajo socialmente necesario dedicado al aprendizaje. Además, la conservación
y el aumento ulterior de la instrucción profesional, también exigen para este
obrero un nivel de cultura más alto que el del obrero no calificado. Todos los
artículos de consumo necesarios al obrero para la recuperación de la energía
gastada en el proceso del trabajo, para el mantenimiento de una familia media y
de cierto nivel de cultura, tienen un valor determinado que, como el de
cualquier mercancía, se calcula por el tiempo socialmente necesario a su
producción. El valor de todos estos medios de existencia constituye el valor de
la fuerza de trabajo.
A primera vista parece
extraño que el capitalista a quien nos representamos habitualmente como a un
explotador que sueña con medios de estrujar más al obrero, nos aparezca de
repente como un benefactor que se preocupa de darle al obrero los medios necesarios
para recobrar sus fuerzas, mantenerlas y conservar cierto nivel de
civilización. Toda la realidad capitalista parece contradecirnos ¿Cuándo hemos
visto que el capitalista al contratar un obrero pregunte si tiene familia y se
preocupe de pagar más al padre de familia que al soltero? Pero en realidad,
aunque el capitalista, nunca piense en asegurar al obrero el mínimo de medios
de existencia suficiente para la mantención de su familia y se esfuerce por el
contrario, en disminuir por todos los medios este mínimo, las leyes elementales
del mercado, que conducen el precio de las mercancías a su valor, lo obligan a
pagar al obrero por término medio una suma que corresponde precisamente a este
mínimo. Si el capitalista baja el salario del obrero por debajo de este mínimo,
el rendimiento y la calidad del trabajo sufren en seguida, porque el obrero
subalimentado hambriento, no trabaja tanto como el que llega a la fábrica
descansado después de recobrar sus fuerzas. No hablamos aquí de las variaciones
de la oferta y de la demanda de fuerza de trabajo, ni de la acción obrera,
factores susceptibles de determinar una diferencia entre el precio de la fuerza
de trabajo y su valor. Hablaremos de ello en el capítulo acerca del salario.
Concluimos, por ahora, que
la fuerza de trabajo, como las demás mercancías, tiene un valor que está
determinado por los medios de existencia necesarios a su reproducción, a la
instrucción profesional, al mantenimiento medio de una familia y al mantenimiento
de cierto nivel de cultura.
![]()
22 Recordemos que esta obra fue escrita en 1929 (N. de T.)
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
3) Formación de la
plusvalía
Si partimos de la hipótesis
de que el capitalista paga la fuerza de trabajo a su valor integral, nos
preguntamos de donde saca su ganancia. Abordamos aquí las propiedades
particulares de la mercancía -fuerza de trabajo, las propiedades que la
distinguen de cualquiera otra mercancía. El obrero y el capitalista se
encuentran sobre el mercado en calidad de poseedores iguales de mercancías. El
obrero tiene la mercancía -fuerza de trabajo y el capitalista cierta suma de
dinero. El capitalista compra la fuerza de trabajo por una suma determinada de
dinero, correspondiente a su valor, supongamos veinte escudos al día. Una vez
comprada la mercancía -fuerza de trabajo, el capitalista puede disponer de su
valor de uso. El valor de uso de la fuerza de trabajo, es el trabajo creador de
valor. El capitalista, en cuanto dispone de este valor de uso, empieza a
utilizarla haciendo trabajar al obrero. Si, como en nuestra hipótesis compró la
fuerza de trabajo por veinte escudos al día y estos veinte escudos representan
en dinero cinco horas trabajo, en cinco horas de trabajo el obrero le habrá
devuelto la suma dedicada a la compra de la mercancía -fuerza de trabajo. Pero
la fuerza de trabajo tiene esta propiedad particular: puede dar más trabajo del
necesario para mantenerla, en otros términos puede crear un valor más grande
que el suyo propio. Como conoce esta propiedad maravillosa de la mercancía
-fuerza de trabajo el capitalista no se contenta con las cinco horas de trabajo
durarte las cuales la fuerza de trabajo crea un valor igual al suyo propio, y
hace trabajar al obrero mucho más tiempo, supongamos diez horas. El valor que
crea el trabajo del obrero en la segunda mitad de su jornada es para el
capitalista un beneficio neto. Este
excedente de valor que el obrero crea más allá del valor de su fuerza de
trabajo se llama plusvalía. Marx llama tiempo de trabajo necesario al
tiempo durante el cual el obrero
reproduce el valor de su fuerza de trabajo, y tiempo de trabajo suplementario
al tiempo durante el cual crea plusvalía para el capitalista. La plusvalía es
el rasgo particular de la explotación capitalista. En realidad la explotación
ya existía en el tiempo de la esclavitud y del feudalismo. Pero nunca fue la
fuerza de trabajo una mercancía y nunca, por lo tanto, el producto suplementario
se transformó en plusvalía. Esta plusvalía creada por el obrero durante el
tiempo de trabajo suplementario es el origen
de la ganancia capitalista.
4) El capital.
Sabemos que la fuerza de
trabajo no participa sola en proceso de producción capitalista, Instrumentos de
producción tales como las máquinas, los edificios, las materias primas
auxiliares son también necesarios. Si el capitalista no fuera propietario de todos
estos instrumentos y medios de producción, el obrero no tendría la obligación
de venderle su fuerza de trabajo. El proceso de la producción y, por
consiguiente, la creación de la plusvalía sólo son posibles si se une la fuerza
de trabajo con los instrumentos y medios de producción. Todas estas cosas que
tienen un valor y que son necesarios para la creación de la plusvalía
constituyen el capital. Por lo tanto,
el capital incluye, antes que nada, edificios, máquinas y materias primas que pertenecen al capitalista junto con
la fuerza de trabajo que compra. El aire que se respira en la fábrica y sin el
cual el obrero no podría crear plusvalía no se incluye en el capital porque no
tiene valor por si mismo, aunque participa en la creación de la plusvalía.
En cambio, las máquinas, los
edificios y las materias primas no constituyen un capital porque la naturaleza
les hubiera atribuido esta propiedad. Si la máquina que pasa por las manos del
obrero dejara de contribuir a la creación de plusvalía, dejaría de ser un
capital. El martillo no es capital en manos de un artesano, pero se transforma
en capital en manos del capitalista que lo compra. La máquina inactiva y el
dinero guardado en una billetera tampoco son capital.
Las cosas se transforman en
capital no por sus propiedades naturales sino debido a relaciones determinadas,
más precisamente cuando sirven para la explotación de la fuerza de trabajo
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
asalariada, por el
capitalista. Por lo tanto, e l capital es solamente una “categoría histórica”
transitoria, propia sólo de la sociedad capitalista. Desde este punto de vista,
cualquier tentativa que pretenda aplicar a todos los modos de producción la noción
capital es inconsistente e injustificada desde el punto de vista del estudio
científico de la s relaciones sociales. Tentativas de este orden son, sin
embargo, corrientes entre los economistas burgueses quienes al dar a la noción
de capital un carácter eterno le hacen perder su carácter social, su carácter
de clase, y contribuyen así a oscurecer la conciencia de la clase obrera.
Kautsky dice muy bien a este
propósito: “Unos definen el capital como un instrumento de trabajo y en este
caso encontramos capitalistas aún en la edad de la piedra; y el gran mono que
se sirve de una piedra para abrir una nuez es también capitalista. De la misma
manara, el palo que usa el vagabundo para que caiga la fruta de un árbol se
transforma en capital y su poseedor en capitalista. Otros definen el capital
como una cantidad de trabajo acumulada por el ahorro, lo que transforma a los
hamsters y a las hormigas en colegas de los Rothschild, de los Bleichschroeder
y de los Krupp. Ciertos economistas incluyen en el capital todo, absolutamente
todo lo que facilita el trabajo o lo hace más productivo, el Estado, los
conocimientos del hombre, su capacidad mental. Es evidente que tales
definiciones tan generales llevan a lugares comunes que se pueden leer con
provecho en los silabarios de la primera edad, pero no nos facilitan en nada el
conocimiento de las formas, de las leyes y de las fuerzas motrices de la sociedad
humana”.23
De este modo los medios de
producción, el trabajo acumulado, etc. sólo se traducen en capitales cuando se
transforman, en las manos del capitalista, en medios para obtener y apropiarse
de la plusvalía.
5) Capital constante y
capital variable. Norma de la explotación
Hemos establecido que
cualquier valor que pertenece al capitalista y se transforma en sus manos en un
instrumento de creación y de apropiación de la plusvalía es un capital. Primero
consideremos los instrumentos de producción, una máquina, por ejemplo. Se sabe
que una máquina puede servir bastante tiempo y participar en diversos procesos
de trabajo. Por esta razón se gasta poco a poco, pero, durante toda su
existencia, su forma original no se modifica esencialmente. Supongamos que la
duración media de la existencia de esta máquina sea de diez años. Cada año la
máquina gastará la décima parte de su valor; esta parte de su valor pasará a la
mercancía producida durante el año con la ayuda de esta máquina. Si la máquina
materializa diez mil jornadas de trabajo y si produce en el año quinientas
unidades de mercancías es evidente que su valor pasará a cada unidad en la
proporción de
|
10.000 |
= 2 jornadas trabajo |
|
|
500 x10 |
||
|
|
Aunque, va
perdiendo poco a poco su valor, la máquina entera sigue participando en el
proceso de trabajo hasta el momento en que, después de diez años, se encuentra
totalmente fuera de uso. El mismo razonamiento puede aplicarse a los bancos de
trabajo, motores, aparatos de transmisión, edificios, etc.
Una parte del capital, a
saber, los instrumentos de producción, traspasa de este modo su valor, en la
medida en que se gasta, a la nueva mercancía.
No ocurre lo mismo con las
materias primas y las materias auxiliares tales como el combustible, etc. Sólo
pueden participar de la producción una vez y cambiando de forma material. La
materia prima se transforma, el combustible proporciona la fuerza motriz; el
valor total de estas
![]()
23 K. Kautsky, La doctrina económica de Karl Marx.
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
materias pasa a la nueva
mercancía. Sin embargo, a pesar de toda la diferencia que existe entre ellos,
los instrumentos y los medios de producción tienen un punto común y de una
importancia excepcional: ni éstos ni
aquéllos pueden crear un nuevo valor, sólo transfieren a la nueva mercancía
el valor creado por el trabajo socialmente necesario implicado en su
producción. Sólo en un caso podría el capitalista sacar provecho de ellos, si
los hubiera comprado por debajo de su .valor para considerarlos luego en su
valor integral en la mercancía hecha con su ayuda; pero entonces nos
encontramos en presencia del caso, que ya examinamos anteriormente, en el cual
un capitalista se enriquece en detrimento de otro caso que no nos puede
explicar nada sobre el origen de la ganancia.
¿En qué forma se hace esta
transferencia del valor de las máquinas, de las materias primas, etc., al valor
de la nueva mercancía? Esta transferencia se hace, una vez más, por medio del
trabajo. Expliquémoslo con un ejemplo. Supongamos que estemos en posesión de
dos fábricas; una en actividad, otra inactiva. Se encuentran acá y allá
instrumentos de trabajo: bancos de trabajo, máquinas, etc. Los instrumentos de
trabajo de la fábrica en actividad se gastan con el tiempo y el trabajo, los
instrumentos de la fábrica inactiva se gastan menos, es verdad, pero sin
embargo, se gastan con el tiempo, bajo la influencia de la atmósfera etc. Para
mantenerlos intactos hace falta ocuparse de ellos, cuidarlos, etc... En el
primer caso el desgaste producido por el tiempo y el trabajo se incluye en el
valor de las mercancía s obtenidas y el capitalista al venderlas recupera este
desgaste; en el segundo caso, el desgaste no se puede incluir en el valor de
las mercancía s, por lo tanto, el capitalista no lo recupera y esto constituye
para él una pérdida completa. Este ejemplo pone en evidencia las siguientes
propiedades del trabajo; no sólo tiene la facultad de crear nuevos valores,
sino también la de transferir el valor de los instrumentos y de los medios de
producción al valor de la mercancía obtenida. Esta facultad del trabajo, igual
que la de las fuerzas de la naturaleza, es gratis y no exige del obrero ningún
esfuerzo complementario.
La parte del capital que se
transforma en medios de producción, es decir, en materias primas, en materias
auxiliares y en medios de trabajo, no modifica su valor en el proceso de
trabajo. Por lo tanto, se llamó parte constante del capital, o más simplemente capital constante.
En cambio, la parte del
capital transformada en fuerza de trabajo cambia de valor en el proceso de
producción, reproduce su propio equivalente y un excedente, una plusvalía que
puede variar y ser más o menos grande. Esta parte del capital constante al principio,
se transforma incesantemente. Por lo tanto, se la llamó parte variable del
capital, o más simplemente capital variable .24
Sin capital constante la
creación de la plusvalía es imposible porque la fuerza de trabajo sólo puede
ponerse en actividad conjuntamente con los medios de producción. Pero aunque el
capital constante es la condición necesaria para la creación de la plusvalía,
no la puede crear por sí sólo. Sólo el trabajo puede crear plusvalía. De este
modo sea cual sea la suma del capital constante, no puede modificar en nada la
suma de la plusvalía, no puede ni aumentarla ni disminuirla. De manera que si
queremos determinar el grado de explotación del obrero por el capitalista,
podemos dejar de lado los gastos que le ocasionó al capitalista la creación del
capital constante, y sólo necesitamos conocer el valor de la fuerza de trabajo,
o lo que es lo mismo, el valor del capital-variable y la magnitud de la
plusvalía.
El grado de explotación del
obrero se puede expresar por la relación entre estos dos números, plusvalía y
capital variable (o en otros términos, por la relación entre el tiempo de
trabajo suplementario y el tiempo de trabajo necesario).
Esta relación expresada en porcentajes, se llama tasa de plusvalía o tasa de explotación.
![]()
24 Marx, El Capital,
traducción Molitov, tomo II, p. 69.
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
Veámoslo con un ejemplo que
aprovecharemos para memorizar algunas fórmulas admitidas en la economía
política marxista.
Supongamos que el valor de
las máquinas y de los edificios de una empresa capitalista sea de cien mil
escudos; las materias primas y las materias auxiliares cuestan veinte mil
escudos. El valor de la fuerza de trabajo sea cuarenta mil escudos, y la plusvalía
sea de veinte mil escudos. Está convenido que el capital se designa por la
letra c, el capital variable por la letra v y la plusvalía por las letras pl,
podemos escribir:
c = E° 100.00 + 20.000 E° = 120.000 E°
v = E° 40.000
|
pl = E° 20.000 |
|
|||||
|
La tasa de explotación equivale, ya lo sabemos, a |
|
|||||
|
|
|
|
pl |
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
v |
|
||
|
En el caso presente a |
|
|||||
|
20.000 |
|
|
||||
|
|
|
|
|
|
||
|
40.000 |
|
|
||||
|
o, si se expresa esta relación por un porcentaje a |
|
|||||
|
|
20.000 ✕ 100% |
|
= 50% |
|||
|
|
|
|||||
|
40.000 |
|
|
|
|||
Esto significa que a cada
hora que el obrero dedica a reproducir el valor de su fuerza de trabajo,
corresponde media hora, durante la cual crea plusvalía para el capitalista.
Es evidente que si pl y v
no cambian, tampoco cambia la tasa de explotación, aunque los medios de
producción le resulten más o menos caros al capitalista.
6) Plusvalía absoluta y
plusvalía relativa.
Hemos descubierto el origen
de la ganancia capitalista y determinado la noción de capital. Ahora debemos
examinar las distintas maneras de aumentar la plusvalía. Como la creación de la
plusvalía es la finalidad del modo capitalista de producción, no es necesario
decir que el sueño de todo capitalista es obtener la mayor plusvalía posible.
¿Cuáles son los procedimientos que permiten aumentar la plusvalía? Sabemos que
la jornada de trabajo del obrero se puede dividir en dos partes; la primera es
el tiempo de trabajo necesario durante el cual el obrero reproduce su fuerza de
trabajo, y la segunda el tiempo de trabajo suplementario durante el cual el
obrero crea la plusvalía para el capitalista.
Representemos esta repartición del tiempo en un gráfico.
|
tiempo
necesario |
tiempo
suplementario |
|
5
horas |
5
horas |
|
La tasa de la plusvalía equivale a 5/5 o 100%. |
|
¿Cómo se puede aumentar la
tasa de la plusvalía? Primero, al aumentar el tiempo de trabajo suplementario,
es decir, la jornada de trabajo, más allá de diez horas, por ejemplo en dos
horas.
tiempo necesario
5 horas
tiempo suplementario
5
horas+ 2 horas = 7 horas
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
El tiempo de trabajo
suplementario ha subido a siete horas, y la tasa de la plusvalía es igual a 7/5
o 140%. Esta manera de aumentar la plusvalía prolongando la jornada de trabajo
es una tentación para el capitalista, pues no le exige ningún otro gasto de
herramientas, de adquisición de nuevas máquinas, de bancos de trabajos, etc.
“El capital, dice Marx, es trabajo muerto que, igual que el vampiro, sólo se
reanima después de absorber trabajo vivo y vive tanto más tiempo cuanto más
trabajo vivo absorbe” . Siempre que el capital puede prolongar la jornada de
trabajo trata de hacerlo.
La prolongación de la
jornada de trabajo es el procedimiento favorito del capitalista en la primera
etapa del desarrollo capitalista, y lo es aún hoy día en los países más
atrasados. Pero sea cual sea la pasión que lo mueva o su sed de plusvalía, que
aumenta con el desarrollo de la explotación de la fuerza de trabajo, el capital
no puede prolongar indefinidamente la jornada de trabajo: límites naturales se
oponen a ello. ¿Cuáles? Los hay físicos y los hay morales. Por mucho que quiera
el capitalista que la jornada de trabajo no termine nunca la jornada sólo tiene
veinticuatro horas, y él y el capital que lo “puede” “todo” hoy día en el mundo
no han encontrado el medio para añadirle una hora más. Pero una decepción aún
más grande espera al capitalista: para mantener su única mercancía —la fuerza
de trabajo— en estado de servicio, el obrero necesita cierto número de horas de
sueño y de descanso y de alimentación para que recupere, por lo menos en parte,
la energía que gasta. Este mínimo de tiempo necesario para la recuperación de
las fuerzas físicas, este mínimo fisiológico fija un primer límite a la jornada
de trabajo.
El límite moral depende de
un determinado nivel de cultura que depende a su vez de las condiciones
históricas del desarrollo del capitalismo en cada país. La duración del trabajo
puede variar dentro de estos límites, que se fijan por una parte, considerando
el mínimo fisiológico absolutamente necesario para el restablecimiento de las
fuerzas físicas y, por el otro, el nivel de cultura.
El capitalista también puede aumentar la plusvalía absoluta al
intensificar el trabajo.
El capitalista intenta
intensificar el trabajo con las medidas más variadas: hace que los capataces
vigilen al obrero, le cobran multas por cada suspensión de su esfuerzo; cuando
las amenazas ya no producen efecto, imagina nuevos modos de retribución de los
cuales hablaremos más adelante en el capítulo acerca del salario. Finalmente,
intenta organizar la producción de una manera tal que el obrero tenga que hacer
independientemente de su voluntad, el máximo de esfuerzo. Las máquinas modernas
que trabajan rápidamente y sin interrupción no permiten al obrero relajarse,
porque el menor descuido provoca graves complicaciones y aún puede, en ciertos
casos, causar accidentes mortales.
Sin embargo, razonando bien,
es necesario constatar que el crecimiento de la intensidad del trabajo aumenta
al mismo tiempo el valor de la fuerza de trabajo. Cualquier trabajo es un gasto
de energía. Cuanto más intenso es el trabajo —tanto más energía se gasta. Un
mayor gasto de energía exige una mejor alimentación para la recuperación de las
fuerzas, es decir, un aumento de los medios de existencia necesarios para la
producción de la fuerza de trabajo del obrero.
De ello no deducimos que el
aumento de la intensidad del trabajo del obrero no sea ventajosa para el
capitalista. Primero, la intensidad del trabajo puede, dentro de ciertos
límites, aumentar más rápidamente que el valor de la fuerza de trabajo. Y aun
en el caso de que la intensidad del trabajo aumente tan rápidamente como el
valor de la fuerza de trabajo, el capitalista encuentra en ello ventaja.
Supongamos que anteriormente
el obrero producía dos escudos al día de productos necesarios y dos escudos al
día de plusvalía; si la intensidad del trabajo se dobla, el valor de la fuerza
de trabajo se dobla también. En una jornada el obrero creará cuatro escudos de
productos necesarios y cuatro escudos de productos suplementarios. Aunque la
tasa de explotación no ha cambiado (100%), el capitalista recibirá de cada
obrero el doble de plusvalía.
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
Si consideramos que los
gastos en máquinas y en instalación quizás no han subido, la ganancia del
capitalista aparece aún más evidente.
Pero la prolongación de la
jornada de trabajo y el aumento de la intensidad de trabajo se oponen más y
más, a medida que va creciendo la resistencia organizada de los obreros contra
el capitalismo. Ellos exigen la limitación legal de la jornada de trabajo. Esta
circunstancia obliga a los capitalistas a acudir a otras medidas susceptibles
de aumentar la plusvalía producida por el obrero. ¿Hay otras medidas posibles?
Volvamos a nuestro gráfico.
|
tiempo
necesario |
tiempo
suplementario |
|
5
horas |
6
horas |
|
v |
pl |
|
La tasa de la plusvalía es de pl/v ó 5/5=100%. |
|
El aumento de pl/v sólo es
posible al aumentar el tiempo de trabajo suplementario más allá de c y también
al disminuir el sector AB, es decir, el tiempo de trabajo necesario. Supongamos
que el capitalista haya logrado reducir AB a cuatro horas.
|
tiempo
necesario |
tiempo
suplementario |
|
4 horas |
6 horas |
|
v |
pl |
Es evidente que pl/v aumenta
y equivale a 150%, aunque el largo total de AC no ha cambiado. De este modo la
disminución del tiempo ha aumentado mecánicamente el tiempo complementario y la
tasa de plusvalía; la tasa de explotación ha subido a 6:4 = 150%. Perspectiva
tan atrayente para el capitalista, como la prolongación de la jornada de
trabajo.
Marx llama plusvalía
absoluta a la plusvalía producida por la prolongación de la jornada de trabajo.
En cuanto a la plusvalía que resulta de la reducción del tiempo de trabajo
necesario y de la modificación correspondiente en la relación de duración de las
dos partes constitutivas de la jornada de trabajo, Marx la llama plusvalía
relativa.
7) Creación de la
plusvalía relativa
¿Cómo y de qué manera
concreta puede el capitalista obtener el aumento de la plusvalía relativa y la
disminución del tiempo de trabajo necesario? Recordemos que en todas partes
hemos supuesto que por la fuerza de trabajo se pagaba su valor integral, es decir,
según el valor de los artículos de consumo necesarios para su reproducción. Por
lo tanto, descartamos, por ahora, la posibilidad de disminuir el tiempo de
trabajo necesario bajando el precio de la fuerza de trabajo por debajo de su
valor.
En estas condiciones la
disminución del tiempo de trabajo necesario sólo es posible bajando el valor
mismo de la fuerza de trabajo. Esta disminución se puede lograr bajando el
valor de los artículos de consumo del obrero: víveres, ropa, zapatos, etc. Pero
el valor de los artículos de consumo sólo puede disminuir si se emplea menos
trabajo para obtenerlos, lo que es posible si el rendimiento del trabajo
aumenta. El aumento del rendimiento de trabajo, a diferencia de la
intensificación del trabajo, no se logra a través de un esfuerzo mayor de parte
del obrero, sino de un mejoramiento de las condiciones de trabajo: introducción
de máquinas nuevas, mejor organización de las máquinas, eliminación de los
movimientos superfluos, mejoramiento del alumbrado, ventilación, etc ... Todas
estas medidas colocan al obrero en Condición de producir más con el mismo
desgaste de energía. Pero, para que el valor de la fuerza de trabajo disminuya,
hace falta que el aumento del rendimiento de trabajo se produzca en las ramas de
la industria que producen los medios de producción de los primeros. La baja de
valor de los productos de lujo, pianos, brillantes, y otros artículos análogos
no tendrá, es evidente, ninguna influencia sobre el valor de la fuerza de
trabajo.
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
De la misma manera que la
baja del valor de la fuerza de trabajo, el aumento del rendimiento de trabajo,
en una fábrica aislada, es ventajosa para el capitalista que puede, al vender
sus mercancías, recibir la diferencia entre su valor social y su valor individual.
Ya hemos tratado de este problema en el capítulo del trabajo individual y del
trabajo socialmente necesario. Esta diferencia le procura al capitalista un
excedente de plusvalía.
Pero, en este caso también
el aumento de plusvalía resulta de la disminución del tiempo de trabajo
necesario y de un aumento correspondiente del tiempo de trabajo suplementario.
Consideremos la empresa A y supongamos que la jornada de trabajo esté dividida
en tiempo necesario y en tiempo suplementario de la siguiente manera:
tiempo necesario tiempo suplementario
5 horas 5 horas
Supongamos además que el
rendimiento del trabajo corresponda en esta empresa a las condiciones medias de
la industria dada. El tiempo medio socialmente necesario para la producción de
una unidad de mercancía, de un metro de tejido, por ejemplo, es de media hora
(30 minutos). Por lo tanto, en diez horas de trabajo se producirán veinte
metros. Supongamos que el valor monetario de una hora de trabajo sea de E° 2,
un metro de tejido costará E° 1 y los veinte metros costarán veinte escudos;
diez escudos servirán para pagar el valor de la fuerza de trabajo, y diez
constituirán la plusvalía del capitalista.
Supongamos ahora que el
rendimiento del trabajo en esta empresa se haya duplicado a consecuencia de
ciertas mejoras técnicas. En diez horas de trabajo, con el mismo esfuerzo los
obreros producen el doble de tejido, o sea, cuarenta metros en vez de veinte.
Por lo tanto, ya no son treinta minutos de trabajo que se gastan en esta
empresa para un metro de tejido, sino quince minutos. Por consiguiente, el
precio del tejido debería bajar a quinientos pesos el metro. Pero, como el
aumento del rendimiento del trabajo sólo se produjo en la empresa A, el tiempo
de trabajo socialmente necesario para la producción del tejido no ha cambiado.
Ya sabemos que las mercancías se venden en el mercado sin considerar el tiempo
de trabajo individual empleado en la Producción, sino del trabajo socialmente
necesario. Por consiguiente, el capitalista propietario de la empresa no
venderá sus tejidos al valor individual de quinientos pesos el metro; los
venderá a un escudo, y estos cuarenta metros se venderán en cuarenta escudos. Por
lo tanto, a través de la explotación del trabajo, el capitalista ganará Eo 40
por diez horas de trabajo de cada obrero, cuando antes de los progresos
técnicos sólo ganaba veinte escudos. Sin embargo, seguirá pagándole al obrero
diez escudos, tal como antes, porque el valor de la fuerza de trabajo no habrá
cambiado. Es decir, el obrero ya no empleará la mitad de su jornada de trabajo
para producir el equivalente del valor de su fuerza de trabajo: bastará con el
cuarto de la jornada (Eo 40:10 = 4), o sea, dos horas treinta de las diez horas
de trabajo obtenemos el gráfico siguiente:
Tiempo necesario
2h1/2
Tiempo suplementario.
7h 1/2
La tasa de la plusvalía pl/v será igual a
7.5
7.5
![]()
o sea 300%.
Es evidente que el capitalista recibirá
sólo este enorme excedente de plusvalía, mientras las demás firmas no logren en
sus empresas el mismo rendimiento de trabajo.
Sabemos que la plusvalía
absoluta es el resultado de la explotación sin fin de la clase obrera: el
resultado de la prolongación de la jornada de trabajo y del aumento de la
intensidad de trabajo.
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
La plusvalía absoluta por
esta razón es un obstáculo al desarrollo de las fuerzas productoras de la
sociedad capitalista; el capitalista que saca ganancias importantes de la
explotación excesiva de la mano de obra no tiene interés en cambiar la técnica
de su empresa.
El caso de la plusvalía
relativa es distinta. Esta resulta del aumento del rendimiento del trabajo y
significa un progreso técnico. Pero de ninguna manera es el amor al progreso lo
que hace que el capitalista mejore la técnica de la producción, es una sed
insaciable de plusvalía.
Por lo tanto, el enorme
progreso técnico, la constante revolución de los procedimientos de producción
que acompaña el desarrollo del capitalismo, no son más que fines subjetivos que
persigue el capitalista. Son los resultados objetivos de la competencia entre
los capitalistas en la carrera de la plusvalía.
8) Crecimiento de la
explotación. El sistema Taylor.
Hasta ahora hemos hablado de
la explotación del obrero suponiendo que le pagaban su fuerza de trabajo a su
valor integral. Vamos a ver que no es siempre así y que la abundancia de la
mano de obra permite a los capitalistas no preocuparse por la recuperación de
las fuerzas del obrero; se reemplaza al obrero debilitado por su hermano sin
trabajo.
Por lo tanto, frecuentemente
la explotación del obrero es mucho más grave de lo que hemos dicho. El
desarrollo del capitalismo agrava esta situación, aunque el precio de la fuerza
de trabajo suba a veces. Si el capitalista paga más al obrero, lo obliga a
trabajar aún más.
La introducción de nuevas
máquinas que debería, según parece, mejorar las condiciones de trabajo del
hombre, las agrava en realidad. Primero, ocurre que la nueva máquina es para
muchos obreros, causa de cesantía; luego, a medida que se desarrolla la técnica,
el obrero se transforma más y más en un auxiliar de la máquina. El ritmo
(velocidad y tensión) de su trabajo debe adaptarse al ritmo de la máquina; el
obrero está muy tenso y el menor relajamiento en el esfuerzo mantenido puede
tener consecuencias desastrosas, debido a que la acción de todas las máquinas
está rigurosamente coordinada.
El sistema llamado trabajo en cadena está muy desarrollado
en las fábricas Ford: una “cadena” sin fin pasa de un taller a otro, trayendo
al obrero los materiales (el hierro, por ejemplo); la materia desbastada (la
pieza cilíndrica, por ejemplo), se coloca sobre la cadena que la lleva al taller
siguiente, donde sigue el trabajo (en este taller, por ejemplo, se ajusta una
rueda, etc.).
La cadena en movimiento
trae, sin cesar, materiales otorgando solamente un tiempo determinado para una
serie específica de movimientos y esto resulta más imperioso que cualquiera
orden verbal.
Aquí, el hombre se transforma realmente en un autómata, en un
auxiliar sin alma de la máquina.
El sistema Taylor
intensifica sobre todo el trabajo. Bajo el nombre de organización científica del trabajo o de racionalización de la
producción, se propaga más y más, no sólo en su patria de origen, los Estados Unidos, sino
también en Europa.
Es necesario decir que este
sistema abarca varios métodos que permiten aumentar la intensidad del trabajo y
también su rendimiento.
Al descartar varios defectos
de las máquinas y de las herramientas, al intentar colocar las herramientas de
manera que el obrero no tenga que alejarse de su puesto para ir a buscarla o
inclinarse para alcanzar los materiales, al asegurar un buen alumbrado y una
buena ventilación este sistema permite aumentar el rendimiento del trabajo sin
aumentar su intensidad.
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
Pero el capitalista quiere
gastar lo menos posible para aumentar el rendimiento del trabajo. No le basta
el rendimiento del trabajo y ésta es la razón por la cual acude a diversos
estratagemas para estimular al obrero y aumentar la intensidad de su trabajo.
Volveremos a hablar de estas medidas en el capítulo del salario.
Los datos que se han
recogido sobre la duración de la vida y sobre la capacidad de trabajo del
obrero confirman la agravación de las condiciones de existencia de la clase
obrera como consecuencia del progreso técnico y del aumento de la intensidad
del trabajo. Estos datos revelan el desgaste excepcional que ha experimentado
el organismo del obrero contemporáneo.
La tensión nerviosa excesiva
del trabajador provoca con frecuencia, enfermedades nerviosas. Para mantener
sus fuerzas, los obreros, sobre todo en los países capitalistas avanzados acuden a estimulantes: queman
su organismo al servicio del capitalismo.25 La
capacidad de trabajo de la mayoría de los obreros de la sociedad capitalista
empieza a bajar hacia los 35-40 años; el obrero canoso no encuentra fácilmente
trabajo en los Estados Unidos, pues se sabe que generalmente no está en estado
de cumplir con su tarea.26 En cambio, en las clases sociales
acomodadas, el hombre de 35-40 años recién empieza su carrera siendo
aproximadamente a esta edad que la mayoría de los sabios y de los hombres
político burgueses dan los primeros pasos significativos.
A pesar de todas las conquistas de la clase obrera en los
países capitalistas avanzados, la vida de los obreros en ellos es tan poco
envidiable, que un escritor alemán escribió:
“Para su felicidad, el
obrero norteamericano muere joven. Para su felicidad, decimos, porque el
destino que lo espera es el de mendigo, suicida, enajenado, o criminal de
derecho común por necesidad. Los que quieren ver el espectáculo desesperante de
la muerte lenta del hombre que vayan a echar una mirada a los hoteles populares de Kansas-City o en la
calle Clark al Sur de Chicago, que vayan a ver las colas de miserables que
esperan su ración en las puertas de los refectorios del Ejército de Salvación y
de otras misiones que distribuyen un poco de pan y de azúcar, que vayan a ver
estas colas interminables en las cuales a veces, dos o tres mil hombres esperan
pacientemente, en silencio, su turno”.
Estas líneas datan del año 1919, antes de la guerra.
Pero los recuerdos de antes
de la guerra no son nada en comparación con la situación de la clase obrera
después de la guerra.
La racionalización de la producción, que fue proclamada y aplicada,
primero en Alemania, después en Italia, Francia e Inglaterra, significa el
trasplante a Europa de todas las ventajas del Taylorismo y del Fordismo.
Un aumento extraordinario de
la intensidad del trabajo es el primer resultado. Pero esto no basta para
definir la racionalización
capitalista.
Parecería natural que se
acorte la jornada de trabajo y se aumenten los salarios después de que se
produce un fuerte aumento de la intensidad del trabajo. Pero, por el contrario,
vemos que la jornada de trabajo se prolonga al máximo.
En distintos países, Italia,
Inglaterra, Alemania, y otros, vemos a la burguesía sostener una vigorosa
ofensiva contra la jornada de ocho horas. Esta ofensiva tiene por resultado la
![]()
25 A. Hollitscher, citado por O. Ermansky en “La organización
científica del trabajo del sistema
Taylor” (ed. Rusa), cuenta que un gran
número de obreros norteamericanos gastan hasta diez dólares al mes en
excitantes a base de arsénico. Bien valía la pena conquistar estos diez dólares
de salario para envenenarse.
26 “Los obreros norteamericanos se tiñen el
pelo para disimular su edad. Los que no tienen dinero para la tintura usan
betún”. (obra citada)
Capítulo tercero: la plusvalía en la economía capitalista
liquidación casi completa,
en ciertos países, de la conquista más valiosa del movimiento obrero europeo,
conquista que le costó una lucha larga y difícil y muchos sacrificios. En
varios países la jornada de trabajo alcanza diez, doce y hasta quince horas.
Veremos más adelante, en el
capítulo del salario, que la racionalización capitalista ocurre junto con una
disminución repentina de los salarios.
Estos hechos demuestran en
forma cada vez más clara que la única salida para la clase obrera se encuentra
en la abolición del modo de producción capitalista y, por consiguiente, de
cualquier tipo de explotación.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
LIBRO
TERCERO. EL SALARIO
CAPÍTULO
CUARTO. EL SALARIO EN LA ECONOMÍA CAPITALISTA
1) El salario, precio de
la fuerza de trabajo; las formas de salario.
La ganancia es la meta de
todo capitalista. Ahora bien, como ya lo sabemos, la plusvalía que crean los
obreros en el proceso de la producción es la única fuente de ganancia. El
capitalista sólo puede apropiarse de esta plusvalía porque es el poseedor de las
máquinas y de los medios de producción, sin los cuales el obrero no puede
emplear su fuerza de trabajo. El secreto de la producción de plusvalía está en
el hecho que cuando el capitalista compra la fuerza de trabajo sólo le paga al
obrero el valor de esta fuerza, y no el valor que crea el trabajo. De este
modo, la fuerza de trabajo se transforma, en el régimen capitalista, en una
mercancía que tiene un valor determinado. Pero este valor —como el de cualquier
mercancía — tiene que encontrar su expresión en un equivalente determinado, y
lo hace frecuentemente en una suma de dinero que es el precio de la fuerza de
trabajo y que se llama salario.
“Puede
parecer, si se juzga por las apariencias, que el salario no sólo paga la fuerza
de trabajo, sino también el trabajo que ha realizado el obrero durante su
jornada. Es lo que piensan los capitalistas que tienen mucho interés en
mantener esta concepción errónea del salario; es lo que piensa, a veces, el
obrero. La explicación es la siguiente: 1) El obrero da realmente al
capitalista, a cambio de su paga, todo su trabajo de una jornada, 2) El obrero
recibe su paga después que el proceso del trabajo ha terminado y no antes. De
esta manera la forma salario disimula y oscurece las relaciones entre obreros y
capitalistas. Pero ya hemos explicado bastante la esencia del salario precio de
la fuerza de trabajo, al estudiar la plusvalía”.
Como ya lo hemos dicho, es
frecuente expresar el precio de la fuerza de trabajo o salario, en una suma de
dinero. Hablamos en este caso de la forma dinero del trabajo.
En los primeros tiempos del
desarrollo de la sociedad capitalista era bastante frecuente otra forma de
salario, el salario en especies. En este caso, el obrero no recibía dinero del
capitalista, sino una cantidad determinada de productos que él mismo producía
en la fábrica, o de productos necesarios para su mantenimiento y para el de su
familia (pan, ropa, etc.) que el patrón había comprado en el mercado.
Poco a poco, el desarrollo del capitalismo elimina estas formas
de retribución en especies.
Pero, si el salario
representa cierta suma de dinero, se comprende que hace falta considerar en la
apreciación de su cantidad, no el dinero en sí, sino la cantidad real de los
medios de existencia que este dinero representa. ¿Si por ejemplo dos obreros, uno
de Moscú, el otro de Samara, reciben cada uno dos rublos al día, podemos decir
que su salario es el mismo? Aparentemente lo es, si juzgamos por la suma de
dinero que reciben (salario nominal). Pero si examinamos el problema más de
cerca, si nos preguntamos lo que cada obrero puede comprar con sus dos rublos,
todo resulta distinto. Primero, el obrero necesita alimentos para mantener su
fuerza de trabajo. El obrero ruso gasta casi la mitad de su presupuesto en
alimentarse.27 Casi el cuarto de su presupuesto lo
gasta en el arriendo.28 Ahora bien, los alimentos y la vivienda
son más baratos en Samara que en Moscú. Por lo tanto, el salario real del
obrero de Samara, a diferencia del salario nominal, será superior al salario
real del obrero de Moscú.
![]()
27 Según la encuesta de 1908, 47,96%.
28 Según la misma encuesta, 23,01%.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
La forma de pago de la
fuerza de trabajo (en dinero o en especies) y el modo de calcular el salario
son tan importantes para el obrero como para el capitalista.
En la sociedad capitalista
se conocen dos formas esenciales de salario: salario por tiempo y salario por
piezas.
El obrero pagado por tiempo recibe un salario determinado por
hora, jornada, semana, o mes.
El obrero, pagado por
piezas, es pagado según la cantidad de mercancías que produce,
independientemente —en apariencia — del tiempo de trabajo. ¿Cuál es el
resultado que se logra con esta forma de salario?
El obrero pagado por tiempo
no tiene particular interés en trabajar intensivamente, trabaje más o menos, el
salario de la jornada no cambiará. El obrero pagado por piezas tiene siempre
presente que cuanto menos hace, menos recibe. En el caso del salario por
jornada, el capitalista tiene que mantener a todo un personal de capataces para
que los obreros no se relajen durante el trabajo. En el trabajo por piezas esta
vigilancia se vuelve inútil, el mismo sistema apura al obrero y lo obliga a
trabajar más intensamente. Y cuanto más intenso es el trabajo del obrero, más
plusvalía produce para el capitalista.
¿Pero cómo se determina el
salario que el obrero pagado a trato recibe por cada pieza? No es difícil
adivinar que, como el salario debe proporcionar al obrero el valor de los
medios socialmente necesarios para su existencia, el salario por piezas debe calcularse
de manera que el obrero medio pueda ganar en su jornada lo que le hace falta
para recuperar sus fuerzas. Supongamos que cada obrera de un taller de
confección cosa, como término medio, cinco camisas al día. Supongamos que
necesite, para vivir, cuatro escudos al día. Es evidente, que el equilibrio de
la fuerza de trabajo sólo puede mantenerse si la obrera recibe ochocientos
pesos por camisa.29 Consideremos que el capitalista le dé precisamente este precio.
¿Se limitarán todas las obreras a
coser cinco camisas al día? La obrera que vive en una pobreza constante
intentará producir más para ganar más y hará, por ejemplo, seis camisas al día,
lo que le proporcionará un salario de cuatro escudos ochocientos. Una obrera
experta será imitada por otras; cierta emulación se producirá porque cada
obrera intentará producir más que las demás. Puede ser que ocurra, finalmente,
que muchas obreras hagan más de seis camisas al día. ¿Qué pasará entonces? Como
la obrera media cose ahora seis camisas al día, basta, para que pueda vivir,
que reciba por cada camisa cuatro escudos divididos por seis, o sea,
seiscientos sesenta pesos.30 Si, al precio de un nuevo esfuerzo, las
obreras consiguen producir como término medio siete camisas al día, el precio
que recibe por camisa bajará de nuevo, esta vez, a quinientos sesenta pesos.
De este modo, la ventaja que
los obreros sacan del trabajo por piezas recuerda el pájaro azul que buscaban
los niños en el drama de Masterlink. Cada vez que creían encontrarlo, apenas lo
tenían entre sus manos, el pájaro azul se ponía gris.
La tensión extrema del
trabajo, consecuencia del trabajo por piezas, es nefasta para la clase obrera.
Conduce al cansancio crónico, a la nerviosidad, al deterioro prematuro del
organismo del trabajador; además de la baja del salario, el trabajo por piezas
provoca la competencia, la envidia y el desacuerdo entre los obreros. Además,
también puede ocurrir que la recompensa del esfuerzo de los obreros sea la
cesantía, pues la producción más fuerte de cada trabajador permite emplear
menos trabajadores para una labor determinada. Finalmente, el trabajo por
![]()
29 Suponemos, naturalmente, la demanda igual a la oferta.
30 Tampoco consideramos el aumento del
consumo de los medios de existencia que provoca una mayor intensidad de
trabajo. Hemos visto anteriormente (p. 161, Libro 11) que, en el mismo caso, el
capitalista no pierde nada con la intensidad del trabajo que se obtiene con el
trabajo por piezas.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
piezas puede dar una idea
equivocada del salario, parece que cada pieza que hace el obrero le es pagada,
mientras que, en realidad, el capitalista sólo le paga una parte del valor del
producto de su trabajo. Se oculta, de esta manera, el hecho mismo de la
explotación.
Esta es la razón por la
cual, en los países capitalistas, los obreros organizados luchan desde hace
tiempo contra el trabajo por piezas, y piden el salario por hora, por jornada o
por semana.
Además de estos dos modos
fundamentales de calcular el salario, existen en la sociedad capitalista varios
otros modos secundarios.
Estos modos se caracterizan,
en todas sus variedades, por la intención de disimular el carácter de clase de
la sociedad capitalista, por la intención de ocultar la explotación misma y de
obligar al obrero, ofreciéndole cebos engañosos, a trabajar con más intensidad
sin necesidad de emplear la violencia exterior.
En primer lugar, se debe mencionar aquí el sistema de las
primas.
Este consiste en establecer
una norma determinada para la producción diaria del obrero (digamos, para
volver a nuestro ejemplo, cinco camisas). El obrero recibe un salario diario
determinado (supongamos, cuatro escudos). Pero si la producción de la jornada
es más alta que la norma prescrita, se le paga una prima por cada pieza
suplementaria.
No hace falta decir que este
sistema no es más que una variedad del trabajo por piezas y, muchas veces, peor
que este último. Pues, como el capitalista considera el pago de las piezas
suplementarias como una prima y no como el salario normal de la fuerza de
trabajo, sólo paga el trabajo suplementario en una proporción insignificante:
si la obrera ha cosido dos camisas más, recompensará su celo dándole una prima
de un escudo, pagándole, por lo tanto, quinientos pesos por cada camisa
confeccionada por sobre la norma, siendo, en realidad, ochocientos pesos el
precio de una camisa según la norma. Aun cuando ocurre que el capitalista pague
por piezas la producción suplementaria, no la paga, en general, al mismo precio
que la producción normal de la jornada.
Señalemos, en segundo lugar, el sistema de la participación
obrera en las utilidades.
En este sistema, el obrero
recibe a fines de año, además de su salario, una suma de dinero complementaria
que representa, aparentemente, la parte de las utilidades que el capitalista
entrega a sus obreros.
No es difícil comprender el
mecanismo de esta participación en las utilidades: el capitalista quiere
obtener de sus obreros un trabajo más intenso y, con este fin, los interesa en
el rendimiento de la empresa; de este modo intenta suscitar en ellos el sentimiento
de que sus intereses coinciden plenamente con los del patrón.
Se entiende que esta
participación en las ganancias no es más que un engaño y sólo perjudica a los
obreros: el porcentaje que el capitalista da al obrero es insignificante ya que
toma la precaución de reducir previamente, en la misma proporción el salario
principal.31 Muchas veces el obrero se encuentra
atado a la empresa por un tiempo bastante largo, porque el capitalista sólo
paga “los beneficios” al cabo de cierto tiempo, a fines de año por ejemplo.
No obstante, los obreros se
han dado generalmente cuenta del perjuicio que les causa este sistema, y por
esta razón, no se extendió mucho.
![]()
31 Incluso los capitalistas admiten, a
veces, que la participación de los obreros en las utilidades no es más que una
ficción: “El director de la Sociedad de los Gases de Londres se jactaba, en la
Cámara de Comercio, que la participación
de los obreros en las ganancias no costaba nada a los accionistas” (C).
Ermansty: “La Organización Científica del trabajo”. (en ruso).
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
Para concluir, tenemos que
mencionar, además, otra forma de salario: el sistema de la escala variable. En
este sistema el salario cambia, según el precio de la mercancía que producen
los obreros. Sin hablar de las falsificaciones y de los fraudes que pueden
producirse, recordemos que de este modo el salario depende de las variaciones
del mercado. El capitalista, que tiene que enfrentarse con sus competidores,
disminuye el precio de venta de sus mercancías, y, con la ayuda de la escala
variable de los salarios, hace recaer en sus obreros parte de los riesgos de la
baja de los precios.
2) Los factores del
salario
El salario no es más que el precio de una mercancía determinada,
la fuerza de trabajo.
Finalmente, el nivel del salario se determina, como todos los
precios, por el valor.
Al capitalista aislado le
interesa comprar en el mercado la fuerza de trabajo y pagarla al precio más
bajo (mientras menos paga por la fuerza de trabajo, más plusvalía obtiene),
pero desde el punto de vista de la sociedad capitalista entera, desde el punto
de vista del equilibrio social, no sólo interesa que la fuerza de trabajo se
pague hoy al precio más bajo, sino también que el flujo de fuerza de trabajo
sea constante, que esta fuerza, en otros términos, no deje de reproducirse.
Y esto sólo es posible, si
el conjunto de la clase obrera recibe por su fuerza de trabajo un equivalente
que le permita, en el futuro, reconstituir esta fuerza de trabajo y volver a
ponerla a disposición del capitalista. Si hubiera tantos obreros como los que
el capitalista necesita, cada obrero recibiría exactamente el valor de su
fuerza de trabajo. Pero no es así, la oferta y la demanda de la fuerza de
trabajo no están equilibradas, o mejor dicho, casi nunca lo están. Esta es la
razón por la cual el precio de la fuerza de trabajo, el salario, se aleja
siempre de su valor, siendo éste, como en cualquier mercancía, el punto en
torno al cual oscilan los precios.
Por lo tanto, para conocer
las circunstancias de las cuales depende el salario del obrero en la sociedad
capitalista, debemos tener claro: 1o de qué depende el valor de la fuerza de
trabajo; 2o cómo se producen las modificaciones de la oferta y la demanda de la
fuerza de trabajo, que provocan variaciones incesantes de los salarios en torno
al valor.
Ya sabemos de qué depende el valor de la fuerza de trabajo.
Hemos visto que puede ser
más o menos grande según el sexo y la edad del trabajador, según su grado de
cultura y de instrucción profesional, y, en cierta medida, según la intensidad
del trabajo.
La situación de la fuerza de
trabajo en el mercado, la demanda de los capitalistas y la oferta de los
obreros dependen de un gran número de circunstancias, y antes que nada,
naturalmente, del estado general de la industria y la economía.
En las etapas de desarrollo,
cuando las viejas empresas se amplían o cuando se crean nuevas empresas, la
demanda de mano de obra puede crecer. Pero, como cualquiera ampliación de la
producción es, generalmente la consecuencia de un progreso de la técnica, de la
introducción de máquinas nuevas, más perfeccionadas, la demanda de mano de obra
aumenta mucho más lentamente que la producción. El capitalista introduce una
máquina más perfeccionada porque le asegura un rendimiento de trabajo superior
al de la máquina precedente y también una mayor intensidad del trabajo.
De manera que, si el
capitalista duplica la producción de su empresa, no necesitará, con mejores
máquinas, duplicar el número de sus obreros. Por ejemplo, será suficiente que
aumente 50% la cantidad de operarios.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
Es lo que ocurre en las
etapas de desarrollo industrial. Pero, en las condiciones de la anarquía
capitalista, crisis y depresiones económicas suceden inevitablemente a épocas
de prosperidad. Entonces, se comprende por qué la mano de obra disminuye de repente
en cifras absolutas. El capitalista despide incluso a una parte de su personal.
El innumerable ejército de
los cesantes que va a llamar a las puertas de los capitalista crea, es fácil
concebirlo, una situación tal que el trabajador, que ha tenido la suerte de
continuar trabajando en la fábrica, para no quedar cesante, no puede ni siquiera
soñar con recibir el valor íntegro de su fuerza de trabajo.
El obrero ya no puede, por
causa de esta baja del salario, reproducir su fuerza de trabajo. ¿Pero qué
resulta de esta situación? Al capitalista le tiene sin cuidado que se vaya un
obrero que ya no está en estado de trabajar; existe la reserva de los cesantes
que está esperando que el capitalista los llame y que les ofrezca la
posibilidad de trabajar, es decir, de ser explotados.
La situación del obrero, en
cuanto al nivel de salario se refiere se agrava aún más por el hecho de que el
ejército de reserva de los cesantes, que siempre está disposición del
capitalista, aumenta continuamente sus filas con elementos que proceden de las
clases intermedias de la sociedad, y sobre todo del campo y de la pequeña
burguesía. El desarrollo del capitalismo, como lo veremos más adelante, arruina
estas capas sociales y las empuja hacia el proletariado. Como son poco cultos,
como tienen exigencias relativamente elementales y son débiles en la lucha
contra el capitalista, se transforman en las víctimas y, al mismo tiempo,
contribuyen a la disminución de los salarios de los demás obreros.
Esto es lo que explica
(junto con el reemplazo relativo y constante de los obreros por las máquinas),
que la cesantía exista no sólo en las épocas de decadencia, sino también en los
períodos de desarrollo normal del capitalismo.
“Masas innumerables de
cesantes no se limitan a buscar trabajo cerca de su residencia. El desarrollo
de las comunicaciones les permite ir a cualquier parte donde tienen la
esperanza de encontrar trabajo. En todos los países, los obreros de las
regiones agrícolas se trasladan hacia las regiones industriales. De este modo,
en Rusia, un movimiento incesante de campesinos se traslada de los campos hacia
Moscú —y hacia Leningrado— y de una manera más general, hacia los suburbios
industriales de estas ciudades. Los campesinos emigraron en masa de las
regiones del Volga hacia Bahú, cuando se desarrolló en esta ciudad la industria
petrolera.
“La mano de obra no se
traslada únicamente dentro de las fronteras de un estado: masas de cesantes
dejan los países atrasados en los cuales existe una numerosa clase campesina
miserable y una pequeña burguesía arruinada, para ir hacia los países industriales
donde la mano de obra es insuficiente y se paga mejor. El imperio Ruso, Polonia
e Italia, desde hacía tiempo, proporcionaban mano de obra a la naciente
industria de los Estados Unidos. En los últimos veinte años una nueva reserva
de fuerza de trabajo se ofreció al capitalismo mundial. Es el océano humano del
Oriente, de China y sobre todo Japón”32
Tal es, en general, la situación de la fuerza de trabajo en el
mercado.
Aunque el obrero y el
capitalista se presentan en el mercado como dos poseedores iguales de
mercancías, uno como el poseedor de la fuerza de trabajo y el otro como el
poseedor del dinero que transformará en salario, sabemos que en esta lucha el
obrero tiene todas las de perder. Hemos visto que el capitalista tiene el
monopolio de los medios de producción, monopolio que obliga al obrero a vender
su fuerza de trabajo; hemos hablado el inmenso ejército de reserva de los
cesantes que está siempre a disposición de los capitalistas y dispuesto a
facilitarles la
![]()
32 De la misma manera que hoy en día
España, Polonia. Italia y Hungría proporcionan a la Francia moderna, una parte
importante de su mano de obra. Se estima en casi dos millones el número de
obreros extranjeros que trabajan en Francia (N. del T.).
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
disminución de los salarios.
A través de las medidas más variadas para intensificar el trabajo, a través del
progreso de la técnica, a través del trabajo por piezas, a través del trabajo
de la mujer y de los niños, a través de la prolongación de la jornada de
trabajo, el capitalista intenta disminuir el salario, o, por lo menos, la
participación del obrero en la masa de los valores creados y aumentar, por lo
tanto, la plusvalía absoluta o relativa.
Las aspiraciones del
capitalista se oponen a la resistencia de quienes venden sus fuerzas de
trabajo, es decir, de la clase obrera. “De la fuerza de esta resistencia pueden
depender, en cierta medida, la participación del obrero en el producto de
trabajo y el salario”. Cuanto más débil es la clase obrera, menos organizada y
menos posibilidades de éxito tiene. El capitalista prefiere tratar con obreros
que no están unidos entre ellos y que se las arreglan cada uno por su lado. En
cambio los intereses vitales de los obreros los empujan a organizarse para
luchar juntos contra el capitalista. La empresa capitalista moderna, donde
centenares y a veces millares de proletarios trabajan juntos, contribuye a
unirlos.
El sindicato es, en la
historia, la primera forma de asociación de obreros. Los sindicatos aparecieron
hace doscientos años en el país donde el capitalismo industrial conoció su
primer desarrollo, en Inglaterra, y hoy en día organizan en casi todos los países
del mundo la masa formidable de casi cincuenta millones de proletarios.
El papel de los sindicatos
en la lucha por el aumento de los salarios y por el mejoramiento de las
condiciones de trabajo es inmenso.
De los medios de acción de los sindicatos que se conocen, la
huelga es el primero de ellos.
Los sindicatos, reconocidos
por el capitalista, se esfuerzan por imponerle el contrato colectivo que
precisa las condiciones de salario, contratación, despido de obreros, jornada
de trabajo, etc.
Los sindicatos, con la ayuda
de la acción política de la clase obrera, actúan directamente en contra de
grupos o de algunos capitalistas; en el régimen capitalista, esta acción
combinada tiene, a veces, como resultado limitaciones de la jornada de trabajo,
del trabajo de las mujeres y de los niños, etc...
Pero sea cual sea la
importancia de los éxitos de la clase obrera en la lucha por el mejoramiento de
las condiciones de trabajo y aumento de los salarios, estos éxitos son, hay que
confesarlo, muy limitados dentro del marco del régimen capitalista.
La lucha de los obreros por
el mejoramiento de su condición choca, primero, con un gran obstáculo: además
de la riqueza los capitalistas tienen el poder político que no permite a los
obreros salirse de ciertos límites. A la huelga, los capitalistas opusieron el
lock-out, es decir, la clausura de las empresas, lo que condena a los obreros
al hambre.
“El ejemplo m ás notable al
respecto es la huelga de los mineros ingleses que defendieron, durante largos
meses, con un heroísmo incomparable, su derecho a la jornada de siete horas y a
las tarifas en vigor. La burguesía empleó todos los medios posibles para
vencerlos. El Gobierno, el Parlamento, la Iglesia, la prensa, la policía, la
tropa, los emigrados rusos blancos y hasta las organizaciones sindicales
inglesas y sus dirigentes reformistas, fueron movilizados por la burguesía en
esta lucha contra los mineros. Finalmente, los obreros capitularon bajo la
presión del hambre, la miseria y la traición de sus propios jefes. La derrota
de los mineros ingleses dio la señal para una nueva ofensiva contra la clase
obrera en Inglaterra y en otros países. Y no hace falta ser profeta para
predecir que la situación de la clase obrera empeorará después de esta lucha”.
Veremos más adelante, en el
capítulo de la acumulación capitalista, que existe una tendencia general a la
disminución de la participación de los obreros en la renta social. Con su
trabajo, los obreros crean, cantidades siempre más grandes de plusvalía; pero
la parte de los bienes que corresponde a los productores mismos no deja de
disminuir. El hecho de que el obrero europeo
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
y norteamericano reciba hoy
en día un salario superior al de hace cincuenta o cien años no está en
contradicción con la disminución de la participación del obrero en la suma
total de la renta, porque la intensidad y el rendimiento de trabajo crecieron
mucho más, y la suma del ingreso del capitalista creció infinitamente más que
la de los asalariados. Un país tan rico como los Estados Unidos nos da el
ejemplo más sorprendente de esta tendencia: “El país del capitalismo próspero
no escapó a esta tendencia a la disminución de la participación de la clase
obrera en la renta nacional. El prodigioso aumento del rendimiento del trabajo
del obrero obtenido en la industria no corresponde al aumento de los salarios.
El rendimiento medio del trabajo de un obrero norteamericano aumentó de 1916 a
1919 en un 30% mientras el salario nominal sólo aumentaba en un 11%.33
Ya hemos hablado, a
propósito de la plusvalía, de las desastrosas consecuencias que tiene para la
clase obrera el desarrollo de la técnica en el régimen capitalista; y hemos
dicho que, por esta causa, todas las ventajas de los aumentos de salario, a
veces, se reducen a nada.
“En cuanto a la Europa
capitalista de después de la guerra, no sólo se observa una disminución
relativa de la participación del obrero en la suma total de la renta sino
también una disminución absoluta de los salarios.
“G. Zinoviev indicaba en la
sexta sesión del comité ejecutivo ampliado de la Internacional comunista34 que el salario real de los obreros europeos, comparado con su
salario de antes de la guerra, se expresaba a fines de 1925 con las siguientes
cifras: Inglaterra 99%, Francia 90%, Alemania 75%, Italia 90%, Balcanes 50%.
Había en Europa cinco millones de cesantes.
“En los dos años que
siguieron, la situación de la clase obrera no mejoró. Ya hemos mencionado la
ofensiva de los capitalistas ingleses contra la clase obrera (imitada por otros
capitalistas), después de la derrota de los mineros. También hemos analizado lo
que la racionalización más reciente trae a los obreros.
“He aquí algunos datos sobre
el costo mínimo de la existencia de una familia obrera y el salario real en
Italia y en Polonia
|
|
POLONIA |
ITALIA |
|
|
|
|
|
costo
mínimo de la vida |
|
|
|
(mensual) |
350
a 500 (zloty) |
900
a 1.000 (liras) |
|
salario (mensual) |
200 a 300 |
200 a 700 |
La misma diferencia se observa en otros países”.
Estos hechos demuestran
claramente que los obreros no obtendrán un mejoramiento radical de su situación
en ningún país capitalista.
Sólo con la destrucción del
régimen capitalista y con el paso a la nueva sociedad, que ya no estará basada
sobre la explotación, como la situación de la clase obrera puede cambiar
radicalmente.
“Sería erróneo concluir de
lo anterior que la lucha económica no tiene significación en el cuadro del
régimen capitalista y que por lo tanto, los sindicatos son superfluos; además
del éxito relativo que hemos mencionado en la lucha por la jornada de trabajo,
por los salarios, etc., hay que señalar que la acción misma de los sindicatos
acostumbra a la masa obrera a organizarse y a luchar y, de este modo, la
prepara para la acción decisiva por el socialismo”.
![]()
33 N. Boukharine, “Estabilización capitalista y revolución
proletaria”.
34 El 20 de febrero de 1926.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
El hecho de que la caída del
capitalismo es la única solución para abrir nuevas perspectivas a la clase
obrera aparecerá con gran claridad cuando examinemos el problema del salario y
del trabajo en la U.R.S.S.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
LIBRO
CUARTO. LA TEORÍA DE LA GANANCIA Y EL PRECIO DE
PRODUCCIÓN
CAPÍTULO QUINTO. LA GANANCIA Y EL
PRECIO DE PRODUCCIÓN EN LA ECONOMÍA CAPITALISTA
1) Tasa de ganancia y
tasa de plusvalía.
Hemos estudiado la parte del
producto del trabajo que recibe el obrero en el régimen capitalista bajo la
forma de salario. Volvamos ahora a la parte del producto del trabajo del obrero
que el capitalista se apropia, en otros términos, volvamos a la plusvalía.
Ya sabemos cuales son los
papeles que desarrollan en la creación de la plusvalía las diferentes partes
del capital: sabemos que las máquinas, edificios, materias primas, en una
palabra el capital constante, sólo constituyen las condiciones de la creación
de plusvalía y que sólo el capital variable, o sea la fuerza de trabajo, puede
crear plusvalía.
Partiendo de esto hemos
llegado a la conclusión que no debíamos considerar, en la apreciación de la
tasa de explotación, al capital constante que no crea ningún valor. Sólo
debemos considerar dos elementos: 1o. el capital variable (v) o valor de la
fuerza de trabajo (o tiempo de trabajo necesario), 2°. la plusvalía (pl) o
tiempo suplementario. La relación entre estos dos elementos pl/v expresa lo que
hemos llamado la tasa de plusvalía o tasa de explotación.
Estaremos de acuerdo, a no
ser que los prejuicios de clase burguesa nos cieguen, que el grado de
explotación del obrero sólo se puede determinar de esta manera. En efecto, si
el obrero trabaja doce horas y recibe por su fuerza de trabajo un salario igual
a seis horas, estaremos de acuerdo en que da al capitalista el doble del valor
que recibe, cualquiera sea el valor de las máquinas, edificios, materias
primas, etc. con la ayuda de los cuales se efectúa el trabajo.
Pero no es así como razona
el capitalista. Su razonamiento se puede resumir más ó menos en estos términos:
“Poco me importa que no tomen en consideración las máquinas, materias primas y
materias auxiliares, mi dinero me pertenece independientemente del uso que hago
de él, puede servirme para comprar fuerza de trabajo o máquinas. Desde el
momento en que recibo como resultado de mis operaciones cierto excedente de
ingreso en comparación, con mis gastos, necesito saber, cuál es el porcentaje
de este excedente y cuál es mi ganancia en relación con la totalidad de mi
capital”.
Por lo tanto, lo que a los
trabajadores les interesa es la relación de la plusvalía con el capital
variable pl/v; lo que interesa al capitalista es la relación de la plusvalía
con el capital total invertido pl/c+c. Esta relación expresada en porcentaje se
llama tasa de ganancia.
Todo capitalista intenta
obtener la más elevada tasa de ganancia. Mientras mayor es la ganancia que
recibe por cada escudo de su capital (y esto es la tasa de ganancia) más
ventajosa es su empresa. Se tomará también en cuenta que el capitalista
considera siempre la ganancia recibida por un tiempo determinado, generalmente
un año.
Supongamos que estemos en
presencia de dos empresas, una fábrica de tejidos y una fábrica de fósforos.
Supongamos que ambas fábricas empleen el mismo número de obreros, que a estos
obreros los exploten en la misma medida y que al recibir sesenta mil escudos de
salario al año, creen también sesenta mil escudos de plusvalía. Supongamos que
la fábrica de tejidos represente un capital de seiscientos mil escudos y la
fábrica de fósforos un capital de trescientos mil escudos.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
Desde el punto de vista de
los obreros, ambas fábricas descuentan sobre el trabajo la misma plusvalía pl/v
(siendo en ambos casos igual a 100%). Desde el punto de vista del capitalista,
la fábrica de tejidos le da sesenta mil escudos por un capital invertido de
seiscientos mil escudos o sea 10%. La fábrica de fósforos da sesenta mil
escudos de ganancia por trescientos mil escudos de capital, o sea 20%. En el
caso de la fábrica de fósforos, cada escudo de capital produce doscientos pesos
al año en vez de cien. Poco le importa al capitalista donde coloca su capital,
en una fábrica de clavos o en una funeraria, con tal que saque de él la
ganancia máxima.
2) Composición orgánica
del capital y tasa de ganancia
¿De qué depende la tasa de ganancia que puede obtener el
capitalista de su empresa?
Sigamos con el ejemplo de
nuestras dos empresas, la fábrica de tejidos y la fábrica de fósforos. Es
evidente que la diferencia de la tasa de ganancia no depende de la explotación
y de la tasa de la plusvalía ya que estos dos factores son iguales en ambos
casos. El capital variable de ambas empresas, tiene que ser, evidentemente
igual. La diferencia entre las tasas de ganancia depende de las proporciones
del capital constante. El capital recibe menos ganancia en la fábrica de
tejidos, porque tuvo que invertir en ella más en máquinas, edificios, y
materias primas por la misma suma de capital variable que invirtió en la
fábrica de fósforos.
Si en vez de comparar la
fábrica de fósforos con la fábrica de tejidos, hubiéramos comparado con ella
cualquier otra fábrica cuyo capital constante hubiera sido dos veces menor e
igualmente dos veces menor el capital variable, la tasa de ganancia, sin embargo,
hubiera sido la misma que en la fábrica de tejidos.
La tasa de ganancia depende
también de la relación entre el capital constante y el capital variable. Esta
relación se llama composición orgánica del capital.
En nuestra fábrica de tejidos, el capital constante es de
quinientos cuarenta mil escudos (600.00
– 60.000 = 540.000), es
decir nueve veces más grande que el capital variable, en la fábrica de
fósforos, el capital constante (300.000 – 60.000 = 240.000) no es más que el
cuádruple del capital variable.35 Por
lo tanto, la composición orgánica del capital en la fábrica de fósforos será
igual a 240.000 : 60.000 ó 4 : 1 y, en la fábrica de tejidos a 540.000 : 60.000
ó 9 : 1.
Cuanto más gasta la
capitalista en la construcción de edificios, adquisición de máquinas y de
materias primas, en relación con el gasto de la fuerza de trabajo, más alta es
la composición orgánica del capital y menor tiene que ser, para la totalidad
del capital, la tasa de ganancia.
No es difícil darse cuenta
que la alta composición orgánica del capital36
depende antes que nada de la técnica de la empresa. En general, con el
desarrollo técnico, el número de las máquinas crece más rápidamente en la
fábrica que el de los obreros. El porcentaje de los gastos de mano de obra
disminuye constantemente en la suma total de los gastos de los capitalistas.
“Por lo tanto, la
composición orgánica puede crecer aún en el caso que el número de los obreros
(y del capital variable) aumente igualmente. Basta para ello que el capital
constante aumente más rápidamente. Si el número de los obreros se ha duplicado
en la fábrica y si, en el mismo
![]()
35 Para simplificar, admitamos que el capital efectúa su rotación
en un año.
36 Emplearemos las expresiones alta
composición orgánica del capital, composición orgánica media y composición
orgánica inferior, según si el porcentaje del capital constante es grande,
mediano o inferior (N. del T.)
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
tiempo, se ha gastado en
adquisición de máquinas (según el valor de éstas) cuatro veces más que antes,
la composición orgánica del capital ha subido”.37
La composición orgánica del
capital crece con el desarrollo de la técnica; la tasa de ganancia tiene que
bajar al mismo tiempo.
La composición orgánica del
capital puede ser diferente en dos talleres, donde el mismo número de obreros
trabaja con las mismas herramientas y donde la técnica es, por consiguiente,
parecida. En uno de estos talleres se trabaja el hierro y la composición
orgánica del capital será inferior a la del otro taller en el cual se elabora
el cobre, metal más caro. Aquí la diferencia de composición orgánica del
capital depende del valor de las materias primas (ver a K. Marx, El Capital, Tomos I y III).
3) Rotación del capital
y tasa de ganancia
Pero además del tamaño del
capital constante, además de la composición orgánica del capital entero, otra
circunstancia contribuye fuertemente a determinar la tasa de ganancia. El
capitalista no sólo se interesa en la ganancia que saca de su capital completo,
sino también en cuánto tiempo obtiene esta ganancia. Hemos visto que establece
la tasa de la ganancia al dividir su ganancia anual por el capital total
invertido en la empresa.
Pero este capital no
permanece invariable todo el año; una de sus partes se transforma a lo largo
del proceso de producción en mercancías terminadas. Sabemos que el valor y el
precio de las mercancías comprende el valor del desgaste de las máquinas, el valor
de las materias primas, el de la fuerza de trabajo, etc...
Las mercancías terminadas se
realizan en el mercado, es decir, se venden y el dinero sirve para nuevas
compras de fuerza de trabajo, materias primas, máquinas.
De este modo el capital
reconstituido vuelve a transformarse en mercancías, estas mercancías se
transforman de nuevo en capital dinero y este dinero se transforma de nuevo en
capital productivo. Llamamos a este proceso el movimiento circulatorio o rotación
del capital.
No es difícil darse cuenta
que el tiempo durante el cual las distintas partes del capital llevan a efecto
su rotación, no es el mismo. Las máquinas y los edificios son construidos para
durar años y decenas de años; devuelven su valor al capitalista poco a poco,
por pequeñas partes y sólo después de un tiempo bastante largo nuevas máquinas
reemplazarán a las antiguas.
No ocurre lo mismo con las
materias primas y la fuerza le trabajo. A lo largo del ciclo de la producción
su valor pasa enteramente a las mercancías; vendida la mercancía, nuevas
materias primas y nueva fuerza de trabajo se adquieren en el acto38 con el dinero sacado de esta operación comercial y el
movimiento circulatorio del capital vuelve a empezar.
Las partes del capital
invertidas en máquinas y en edificios y cuyo valor sólo se restituye por partes
se llama capital fijo.
Las partes del capital
colocadas en materias primas y en fuerza de trabajo y cuyo valor entra en su
totalidad en la mercancía terminada a lo largo de un ciclo de la producción se
llama capital circulante.
Se comprende que la
velocidad del movimiento circulatorio de las distintas partes de su capital no
dejan indiferente al capitalista; la importancia de la parte del capital que
tiene que adelantar
![]()
37 Sin embargo, no se puede afirmar que la
composición orgánica del capital corresponda exactamente a la técnica de una
empresa
38 Prescindimos de los distintos factores que complican estas
operaciones.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
por un tiempo más o menos
largo (es decir gastar previamente), tampoco lo deja indiferente. Cuanto más
grande es el capital fijo, más lento es el movimiento circulatorio; cuanto más
grande es la parte inmóvil del capital menor será la tasa de ganancia del
capitalista calculada en relación al capital global en un año. Al contrario,
cuanto más rápida es la rotación del capital circulante, más rotaciones efectúa
el capital circulante en el año y más ganancia s acumula el capital global en
el año.
¿Cómo pasan las cosas en realidad?
La composición orgánica del
capital crece con el desarrollo técnico. El crecimiento del capital constante
es, en otros términos, más rápido que el del capital variable.
Pero el crecimiento del
capital constante, antes que nada, significa el crecimiento de los gastos en
máquinas, edificios y, en una medida menos importante, en materias primas; por
lo tanto, el capital fijo crece en primer lugar; al mismo tiempo, la rotación
del capital constante disminuye su velocidad. Las grandes máquinas modernas
cuestan mucho más caro que las máquinas anteriores más livianas, menos
complicadas y que trabajaban con un proceso de elaboración mucho más lento.
“Naturalmente es importante
no olvidar la existencia, en cada grado determinado del desarrollo de la
técnica, de empresas en las cuales la rotación del capital tiene velocidades
diferentes; de este modo, en las empresas que producen medios de producción (construcción
de máquinas), la rotación del capital es más lenta que en las que producen
medios de consumo.39
“El tiempo de rotación del
capital de una empresa se puede calcular si se conoce la importancia de los
capitales invertidos y la suma del capital que efectuó su rotación en el año.
“Supongamos una empresa con
un capital fijo de ciento sesenta mil escudos y un capital circulante de
cuarenta mil escudos; supongamos que la rotación del capital fijo se efectúe en
ocho años y la del capital circulante en un mes; la suma del capital que efectúa
su rotación en un año es por lo tanto:
|
capital fijo |
E°
160.000 : 8 |
= |
E° 20.000 |
|
capital circulante |
E°
40.000 x 12 |
= |
E° 480.000 |
|
Total del capital
que efectuó su rotación en el año. |
E°
500.000 |
||
“La suma total del capital
invertido es de 160.000 más 40.000, es decir, 200.000 escudos. La suma del
capital que ha efectuado su rotación es una y media vez más grande (500.000).
Podemos decir, en otros términos, que el capital total de la empresa ha efectuado
dos y media veces su rotación en el año.
“Si se calcula así el tiempo
de rotación del capital de las empresas de un mismo nivel técnico, los
resultados confirman plenamente nuestra conclusión acerca de la lentitud de la
rotación en las empresas más desarrolladas desde el punto de vista técnico.
M. S. Stroumiline ha
construido el cuadro siguiente del tiempo de rotación del capital en diferentes
empresas de sociedades por acciones que funcionaban en Rusia en 1911: 40
|
Importancia de las empresas |
Número de movimientos |
|
según la rotación del capital |
circulatorios durante el año |
|
|
|
|
5.000.000 rublos .
. . . . . . |
.......1,51 |
|
3.000.000 rublos .
. . . . . . |
.......1,55 |
|
1.000.000 rublos .
. . . . . . |
.......1,90 |
|
500.000 rublos . .
. . . . . |
.......2,30 |
![]()
39 No consideramos aquí las diferenci2,30as
que existen entre las empresas, que producen las mismas mercancías. Ya hemos
tratado es3,18te punto.
40 S. Strourmiline: El
problema del capital industrial en URSS, Moscú, 1925. 105
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
101.000
rublos . . . . . . . . . . . . . . 3,18
![]()
10.000
rublos . . . . . . . . . . . . . . 3,10
“Este cuadro no indica el
nivel t écnico de las empresas pero puede decirse sin grandes posibilidades de
equivocación que la técnica es más elevada en las más grandes (tomando en
consideración la rotación del capital).
“Se puede, sin embargo,
aportar una corrección a estas consideraciones acerca del aumento del tiempo de
rotación del capital debido al desarrollo de la técnica: este desarrollo mejora
las comunicaciones (vías férreas, correos, telégrafos) y de ello resulta, a
veces, una aceleración de la rotación del capital. Para poder, en efecto,
realizar las mercancías y comenzar un nuevo proceso, es necesario que estas
mercancías lleguen a las manos del consumidor. Otros adelantos técnicos pueden
también acelerar la rotación del capital. Así, por ejemplo, la curtiembre del
cuero era muy larga cuando se hacía mediante procedimientos muy primitivos, lo
que hacía más lenta la rotación del capital invertido en la industria del
cuero; desde que se aplica la electricidad para curtir el cuero el proceso se
ha abreviado mucho.
“Además, hay que admitir que
la acción de estos distintos factores no tiene gran importancia, en comparación
con la acción de las causas que disminuyen la rotación del capital
(introducción de máquinas pesadas, perfeccionadas, etc.). Por lo tanto, nuestra
conclusión acerca de la disminución de la rotación del capital, por causa del
desarrollo técnico, permanece en general válida”.
4) Las relaciones entre
la tasa de explotación y la tasa de ganancia
Hasta ahora hemos
considerado el papel de la composición orgánica del capital y la influencia del
tiempo de rotación sobre la tasa de ganancia. Hemos supuesto invariable en los
distintos ejemplos dados la tasa de la explotación, y ésta es la razón por la
cual la plusvalía pareció pasar a segundo plano.
Pero debemos tener presente
que la plusvalía, su dimensión, y por consiguiente la tasa de explotación,
desarrollan un papel inapreciable en la formación de la tasa de ganancia. La
ganancia misma no es más que la plusvalía realizada por el capitalista.
Ya no necesitamos probarlo.
Cuanto más grande es la masa de plusvalía descontada del trabajo del obrero,
tanto más grande es la explotación y tanto más alta tiene que ser la tasa de
ganancia.
“Sin embargo es evidente que
la tasa de ganancia no crece, en porcentaje, en la misma proporción que la tasa
de explotación.
Volvamos a nuestro ejemplo
de la fábrica de tejidos. El capital total alcanza los seiscientos mil escudos
y la plusvalía los sesenta mil escudos; la tasa de explotación es de 100% y la
tasa de la ganancia de 10%.
“Si aumenta
en otro 100% la tasa de explotaci ón, la plusvalía aumentará de nuevo y
alcanzará ciento veinte mil escudos; la tasa de ganancia será igual a 120.000 /
600.000 x 100% = 20% y, por lo tanto, la tasa de ganancia sólo habrá aumentado
en un 10%.
“Pero si, en vez de
considerar en porcentaje el aumento de las tasas de explotación y de ganancia,
nos preguntamos cuántas veces han crecido, nos damos cuenta que una y otra se
han duplicado”.
En el régimen capitalista,
la explotación de la clase obrera crece con el desarrollo técnico, y este
crecimiento de la explotación tiene que aumentar la tasa de ganancia. Es
posible que no nos demos cuenta de este hecho, pues aunque el crecimiento de la
explotación aumenta la tasa de
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
ganancia, el crecimiento
simultáneo de la composición orgánica del capital y la disminución de su
rotación pueden disminuir y disminuyen esta tasa con una fuerza aún más grande.
“La relación entre la tasa
de ganancia, la composición orgánica del capital y la tasa de explotación se
puede expresar en una fórmula. Ya conocemos dos fórmulas que expresan la tasa
de ganancia y la tasa de explotación.
I ecuación
pl (plusvalía)
p’ (tasa de la
ganancia) =
![]()
(el capital global o
sea capital constante + capital variable)
II ecuación
pl (plusvalía)
pl’ (tasa de la
plusvalía) =
![]()
v (capital variable)
Con el fin de reunir estas
dos fórmulas en una sola, encontremos en la segunda ecuación el valor de pl e
introduzcámoslo en la primera ecuación.
La segunda ecuación nos da: pl = pl' ?v
introduzcamos este valor en la primera:
|
pl |
= |
pl’v |
o sea pl’ = |
pl’v |
|
|
c+v |
c+v |
c+v |
|||
|
|
|
Esta fórmula hace resaltar
con claridad que la tasa de ganancia es proporcional a la tasa de explotación.
Mirándola de más cerca, también se puede notar que expresa la interdependencia
entre la tasa de ganancia y la composición orgánica del capital.
5) Formación de la tasa
media de ganancia: tendencia a que esta tasa baje
Por lo tanto, el desarrollo
técnico, el desarrollo de la composición orgánica y la disminución de la
rotación del capital tienen que provocar una baja de la tasa de ganancia.
Si esta tendencia de la tasa
de ganancia es exacta, en cuanto a la sociedad capitalista en su conjunto, ¿lo
es también en distintos casos concretos?
Examinemos este punto desde más cerca.
Supongamos que dos
capitalistas estén “trabajando” uno al lado del otro con capitales de un valor
igual. Uno tiene una fábrica de construcción de máquinas y el otro una
curtiembre. En la fábrica del constructor de máquinas la composición orgánica
del capital es muy alta; es de un nivel muy inferior en la curtiembre. ¿Qué
pasa? Al ser la proporción del capital variable inferior en relación al capital
constante, en la fábrica del constructor de máquinas que en la fábrica del
curtidor, el primero deberá, con una explotación igual de los obreros en ambas
empresas, sacar de su capital menos ganancia que el segundo. Dos capitalistas
tienen capitales iguales y sacan de ellos ganancias distintas. Si ahora un
capitalista piensa en invertir capital en una nueva empresa, preferirá crear
una curtiembre. Como ésta da una tasa de ganancia más alta, los capitales
libres preferirán ir a la industria del cuero en vez de ir a la construcción de
máquinas. Incluso se puede decir que en la primera oportunidad que se presente nuestro
“constructor de máquinas” intentará liquidar su fábrica y colocar su capital en
la industria del cuero. ¿Cuál será el resultado de ello? El número de fábricas
de construcción de máquinas disminuirá. El número de fábricas de cuero
aumentará y a consecuencia de esto, los artículos de cuero bajarán de precio.
La tasa de la ganancia de las empresas que trabajan el cuero también bajará.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
Un fenómeno inverso ocurrirá
en la industria de construcción de máquinas. En ella la producción bajará, la
demanda de máquinas, en vez de bajar aumentará (los capitalistas que construyen
nuevas curtiembres van a necesitar máquinas). El precio de las máquinas (y de
los repuestos) por lo tanto va a subir. La tasa de ganancia en las empresas de
construcción de máquinas va a subir paralelamente.
¿Hasta cuándo subirán los
precios de las máquinas y bajarán los precios de los artículos de cuero? Hasta
que la tasa de ganancia de los curtidores no caiga por bajo de la tasa de
ganancia (aumentada) de los constructores de máquinas.
En este momento empezará un
movimiento de capital en sentido inverso. Los capitales afluirán a la
construcción de las máquinas hasta que la ampliación de esta rama provoque una
baja de los precios de las máquinas y una baja de las tasas de ganancia. Esto
es lo que ocurre en la sociedad capitalista en la carrera por las ganancias:
los capitales pasan continuamente de una rama de la industria a otra. Las
empresas en las cuales la tasa de ganancia es más alta pierden parte de sus
ganancias, las empresas en las cuales la tasa de ganancia es más baja (las
fábricas de máquinas) y que los capitales han abandonado, ven sus tasas de
ganancia subir a consecuencia de la deserción de los capitales.
Por lo tanto, la tasa de
ganancia de las distintas ramas de la producción en las cuales la composición
orgánica del capital varía tiende a una nivelación alrededor de una tasa media
para toda la sociedad.
“Para decir verdad, esta
nivelación de la tasa de ganancia no ocurre con total libertad, porque los
traslados de capitales de los cuales acabamos de hablar no son muy fáciles: el
capitalista no puede liquidar en seguida la empresa desventajosa porque el capital
que invirtió en ella tarda años en efectuar su rotación. Pero esta
circunstancia no hace más que atrasar un poco la acción de la ley que tiende a
nivelar la tasa de ganancia ”.
Es evidente que esta
transfusión del capital de una rama de la industria a otra, no sólo se
determina por el crecimiento del capital orgánico, sino también por otras
causas que pueden tener por resultado diferencias de la tasa de la ganancia en
ciertas empresas.
En primer lugar, hace falta
mencionar las diferencias de tiempo de rotación del capital y las de la tasa de
la explotación. Hemos visto que todas estas causas están estrechamente unidas
entre ellas y que el crecimiento de la composición orgánica del capital
generalmente está ligada a una disminución de la rotación del capital y a un
aumento de la tasa de explotación.
¿Entonces cuál es esta tasa
media de ganancia que es el resultado, en una sociedad determinada, de la
transfusión de capitales? Depende de la composición orgánica media del capital
en la sociedad, del tiempo medio de rotación del capital y de la tasa media de
explotación.
Sabemos que coexisten
empresas que tienen un número diferente de máquinas y que emplean un número
diverso de obreros; en otros términos, empresas que tienen capitales de
diferente composición orgánica, empresas en las cuales el tiempo de rotación
del capital y el grado de la explotación son distintos.
Pero, si buscamos el tamaño
del capital constante y del capital variable del conjunto de las empresas, en
una sociedad determinada en un momento dado y si consideramos su relación; si
actuamos en la misma forma respecto a la rotación del capital y a la tasa de
explotación, obtenemos la composición orgánica media del capital en un momento
dado y otras dimensiones medias que determinan la tasa de ganancia.
Probémoslo con la ayuda de
un ejemplo. Limitémonos, para que sea más sencillo, a considerar la composición
orgánica del capital. Supongamos que todas las empresas de una sociedad
determinada se pueden clasificar en tres categorías. 1° Las empresas de alta
composición
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
orgánica del capital, entre
las cuales dominan, por ejemplo, las fábricas de máquinas; 2o las empresas cuya
composición orgánica del capital es inferior (panaderías, restaurantes,
talleres de costura, etc.); 3o las demás, las empresas más típicas de esta
última categoría son, por ejemplo, las de la industria textil. Supongamos que
el mismo número de obreros trabaje en cada una de estas categorías de empresas;
el capital variable de cada categoría es de doscientos millones de escudos, la
tasa de explotación es igual en todas (digamos 100%). Pero en las ramas de la
industria de capital de una composición orgánica inferior, el capital constante
alcanza los doscientos millones de escudos; en las empresas de capital de una
alta composición orgánica, se invierte un capital constante de mil millones de
escudos y en las empresas de la tercera categoría se invierten seiscientos
millones de escudos. Supongamos, también, para simplificar, que el tiempo de
rotación del capital es igual en todas y que la tasa de explotación es también
igual.
¿Cómo vamos a determinar la
composición orgánica media del capital y la tasa media de ganancia?
Hagamos el balance de los
capitales constantes y variables de todas las empresas y también de la
plusvalía creada por los obreros (recordemos que la tasa de explotación es de
100% en todas partes)
Obtenemos el cuadro siguiente:
|
|
|
|
|
|
|
|
CAPITAL |
CAPITAL |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
CONSTANTE |
VARIABLE |
PLUSVALÍA |
|
|
|
|
|
|
|
|
EN MILLONES DE ESCUDOS |
||
|
|
Ramas de la industria de |
|
|
|
|
|
|||
|
|
alta composición orgánica |
|
|
|
|
|
|||
|
|
de capital (construcción |
|
|
|
|
|
|||
|
|
de máquinas, etc.) |
|
|
|
1.000 |
200 |
200 |
||
|
|
Ramas de la industria de |
|
|
|
|||||
|
|
composición |
orgánica |
|
|
|
||||
|
|
inferior |
de |
|
capital |
|
|
|
||
|
|
(panadería, etc.) |
|
|
|
|
200 |
200 |
200 |
|
|
|
Otras |
(industria |
textil, |
|
|
|
|
|
|
|
|
etc.); |
|
|
|
|
|
600 |
200 |
200 |
|
|
|
|
|
Totales |
|
1.800 |
600 |
600 |
|
Por lo tanto, el capital
constante alcanza a mil ochocientos millones de escudos y el capital variable
seiscientos millones. La composición orgánica del capital total se expresa con
la siguiente relación: 1.800.000.000 : 600.000.000 =3/1.
Siendo el capital global de
la sociedad (c + v) igual a dos mil cuatrocientos millones de escudos y
alcanzando la plusvalía (pl) a seiscientos millones, la tasa media de ganancia
600/2400, será igual a pl/ c+v x 100% = 25%. La tasa de ganancia de todas las
empresas de la sociedad tenderá a este nivel medio.
¿Significa esto que todos
los capitalistas, el constructor de
máquinas, el fabricante de tejidos, el panadero, cobrarán precisamente esta
tasa media de ganancia? De ninguna manera; cada capitalista intentará alcanzar la ganancia más elevada. A veces,
al beneficiarse de ciertas condiciones favorables en el mercado, puede ser que
la alcance; mientras los progresos técnicos que haya introducido y la
disminución de los gastos de producción que ellos originan no se hayan
generalizado; y mientras un pequeño número de capitalistas actúen en esta rama
de producción, podrá recibir cierto excedente superior a la ganancia media.
Este excedente se llama ganancia diferencial.
Pero en cuanto estos
progresos se hayan generalizado, en cuanto otros capitalistas los hayan
introducido en la misma rama de producción, inevitablemente desaparecerá la
ganancia
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
diferencial, y el precio de
las mercancías podrá caer hasta tal punto, que el capitalista ya no logre
obtener ni la tasa de ganancia media. Estos fenómenos provocarán a su vez el
reflujo del capital hacia otras ramas de la industria y, por lo tanto, la tasa
de ganancia volverá a subir.
Estas oscilaciones de la
ganancia en el régimen capitalista por encima y por debajo de la tasa media son
exactamente análogas a la variación de precios por encima y por debajo del
valor en una sociedad mercantil.
La tasa de ganancia media es
el punto de equilibrio de las distintas ganancias, en una sociedad en la cual
impera la carrera espontánea hacia la ganancia más alta.
El carácter elementalmente
espontáneo de la sociedad capitalista no se manifiesta sólo en ello.
Capitalistas progresistas que desean disminuir el precio de costo de una
mercancía, ganar a sus competidores y obtener más ganancia, introducen
mejoramientos técnicos. Pero, a medida que estos mejoramientos van
generalizándose entre los capitalistas competidores, la ganancia diferencial
desaparece y se produce un resultado totalmente inesperado para los
capitalistas; los mejoramientos técnicos se han propagado, la composición del
capital de la sociedad entera se ha modificado, lo que provoca inevitablemente
una baja de la tasa de ganancia media. Por lo tanto, la baja de la tasa de
ganancia condicionada por el crecimiento de la composición orgánica del capital
no se manifiesta directamente en la empresa capitalista que mejoró su técnica.
Actúa sobre la tasa media de ganancia, es decir sobre el regulador espontáneo
de la ganancia capitalista.
Es verdad que la baja de la
tasa de ganancia (es decir de la renta por cada escudo del capital)
generalmente es compensada en el momento de los progresos técnicos por la
ampliación de la producción (el número de escudos que le da renta al
capitalista aumenta). Sin embargo, existe entre las intenciones del capitalista
(obtener la tasa de ganancia más alta) y los resultados logrados (baja de la
tasa de ganancia media) una contradicción absoluta.
Esta contradicción es otra prueba del carácter elementalmente
espontáneo del capitalismo.
6) Los gastos de
producción y el cálculo de estos gastos en la economía capitalista
La ganancia es el motor de
la economía capitalista. El capitalismo no tienen nada en común con el
artesano, que con su producción sólo busca satisfacer sus necesidades, la
empresa que no da bastante renta no tiene razón de existir desde el punto de
vista del capitalista. Sin embargo, él sólo aspira a obtener cualquier
ganancia, el máximo es su santo y seña. Además de su disposición para el lucro,
la competencia lo empuja. Si, contra su naturaleza, un capitalista se
abstuviera de intentar lograr el máximo de ganancia y se contentara durante
algún tiempo con una ganancia mediocre, los demás, sus competidores, al recibir
ganancias más altas tendrían más posibilidades de ampliar sus empresas,
perfeccionar su maquinaria y no dejarían de aplastar despiadadamente a su
modesto colega.
¿Cómo puede el capitalista obtener más ganancia?
Ya que existe la
competencia, no será subiendo el precio de venta de la mercancía, sino
disminuyendo el precio de costo. La disminución del precio de costo permite al
capitalista disminuir el precio de venta, ganar a sus competidores y obtener
más ganancias.
Pero, para lograrlo, y de
una manera general, para juzgar el estado de sus negocios, el capitalista debe
tener una idea precisa de sus gastos de producción, de su naturaleza y de su
tamaño por cada unidad de mercancía dada.
Por lo tanto, el cálculo de
estos gastos tiene un papel inmenso en el buen funcionamiento de los negocios
(desde el punto de vista capitalista) y en la lucha del capitalista en el
mercado.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
Veamos más de cerca los gastos de producción.
Tomemos como ejemplo los
gastos de producción de los tejidos de algodón antes de 1913 (antes de la
guerra en Rusia).
|
Lista de gastos |
gastos (en |
gastos (en |
|
|
|
rublos oro) |
porcentaje |
|
|
|
|
del total) |
|
|
materias primas |
15 r. 40 K |
41% |
|
|
materias auxiliares |
3 r. 84 K |
10,5% |
|
|
combustibles |
1 r. 75 K |
7,5% |
|
|
salario |
6 r. 87 K |
18,5% |
|
|
amortización |
4 r. 20 K |
11,0% |
|
|
gastos generales |
4 r. 30 K |
11,5% |
|
|
Total |
36 r. 36 K |
100% |
|
Este cuadro nos enseña que
los gastos principales de producción de los tejidos de algodón41 se reducen al gasto de materias primas (41% del costo de
producción), combustibles, materias auxiliares, salarios.
Consideremos separadamente estos gastos.
1. El gasto de materias primas, es decir de
algodón, se coloca, en este ejemplo en el primer lugar por su importancia. Es
evidente que los gastos de materias serán totalmente distintos —y a veces
insignificantes— en las industrias productoras de materias primas, que en vez
de comprarlas, las encuentran en la naturaleza (carbón, petróleo, mineral de
hierro). En ciertas ramas de la producción, el valor de la materia prima ocupa
un lugar más importante que en nuestro ejemplo; la materia prima del diamante
que vende el joyero representa, es seguro, más del 41% del precio.
Sea lo que sea, en toda la
industria manufacturera, los gastos de materias primas constituyen uno de los
principales capítulos de los gastos de producción. Por lo tanto, la disminución
del precio de las materias primas tiene un papel inapreciable en la competencia
de los capitalistas entre ellos y en la carrera por la ganancia.
Como algunos fabricantes
desean más que todo la disminución de los precios de las materias primas,
luchas encarnizadas surgen entre los capitalistas que compran las materias
primas y los capitalistas que las venden.
Muchos capitalistas, entre
los más ricos, intentan abrir o adquirir empresas que producen las materias
primas que necesitan para su producción, con el fin de substraerse, de este
modo, a los caprichos de los vendedores de materias primas (y de combustibles).
Los capitalistas poseedores de fábricas de construcciones mecánicas intentan
adquirir minas de hierro, hulleras, etc.
Una lucha análoga se
desarrolla en la sociedad moderna entre los estados; cada estado intenta
conquistar, para sus capitalistas, los ricos mercados de materias primas de los
países atrasados de Asia, de África y de América.
Finalmente, la utilización
más o menos completa de las materias primas desarrolla un papel muy importante
en la lucha por la disminución de los precios de estas materias. El trabajo
siempre produce pérdidas. Mientras menos pérdidas hay, menor es el costo de la
mercancía.
![]()
41 I. G Borissov: Los precios y la política
comercial, Moscú, 1925, ediciones de la comisaría de las finanzas.
Simplificando algo estos cálculos, hemos redondeado los porcentajes.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
En este campo el éxito
depende, en una amplia medida, de los progresos de la ciencia y de la técnica;
cuanto más preciso es el funcionamiento de las máquinas que trabajan las
materias primas, mejor se utiliza esta materia.
Marx, al citar a un
economista francés (El Capital, libro
III, 1ª parte, t. IX, p. 174), relata que el reemplazo de las viejas muelas por
nuevas permitió obtener con la misma cantidad de trigo, una sexta parte más de
harina.
También se puede disminuir
sensiblemente el costo de producción utilizando los desechos. La chatarra se
vuelve a fundir; las pérdidas de la agricultura, detrito y estiércol sirven
para mejorar el suelo (o a veces sirven de combustibles); los huesos de las
carnicerías o de las fábricas de conservas se utilizan en la fabricación de
abonos o de jabones, etc...
Los progresos de la ciencia
moderna, los de la química especialmente, abren continuamente nuevas
posibilidades de utilización de desechos y ofrecen nuevas materias primas
baratas obtenidas de este modo, para la fabricación de distintos productos
necesarios. Mencionemos la utilización del nitrógeno atmosférico en la
fabricación de abonos (y de otros productos nitrogenados); recordemos también
la fabricación de varias substancias orgánicas complejas a través de
procedimientos sintéticos.
2. Los gastos de combustible y el consumo
de energía en general, ocupan el segundo lugar en los gastos de producción
inmediatamente después de los gastos de materias primas y de materias
auxiliares (no nos detendremos en estas últimas).
La invención de nuevos
motores y la utilización de nuevas fuentes de energía se cuentan, junto al
desarrollo formidable de los combustibles, entre los más grandes méritos de la
técnica del siglo XIX. La substitución de la fuerza motriz animal por la máquina
de vapor, por la turbina, por el motor eléctrico y por el de combustión
interna; la substitución del carbón de leña por la hulla y el petróleo, la
utilización, en fin, de las caídas de agua, todos estos cambios han disminuido
el gasto de combustibles, que no obstante sigue siendo uno de los más
importantes de la producción.
3. La fuerza de trabajo o mano de obra es
un elemento del cual ninguna industria puede prescindir. Mientras menor es la
composición orgánica del capital de la empresa, más baja es la relación del
capital constante con el variable, y más aumenta el porcentaje de la fuerza de
trabajo en los gastos o costos de producción.
La disminución del precio de
esta fuerza es, naturalmente, una de las principales preocupaciones del
capitalista.
Ya sabemos como actúa para
lograr esta meta. Aumenta la intensidad del trabajo, disminuye el salario,
aumenta el rendimiento del trabajo con la introducción de nuevas máquinas.
Todos estos gastos —materias
primas, combustible y fuerza de trabajo— constituyen el principal de los gastos
de producción y son llamados gastos de producción propiamente dichos.
Además hace falta mencionar
la amortización de los gastos generales que tienen bastante importancia, aunque
absorben sólo una parte sensiblemente más pequeña que los gastos de producción.
4. Detengámonos un momento en la amortización.
La amortización no es más
que la transferencia del precio de las máquinas y de los edificios al precio de
la mercancía.
Ya hemos dicho, cuando nos
referimos a la plusvalía, que el valor del capital constante se incorpora
parcialmente al valor de la mercancía. El cálculo preciso de la amortización,
es decir la parte del desgaste de las máquinas y de los edificios que entra en
cada unidad de mercancía, es a veces bastante difícil. Si, por ejemplo, afino
una pieza en un torno mecánico, ¿cómo saber
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
en qué medida se ha gastado
el torno a lo largo de este trabajo? ¿Cómo conocer con anticipación la duración
de trabajo que me dará el torno en total y los gastos de reparación que serán
necesarios?
Estimaciones aproximadas
basadas en la experiencia anterior son posibles, aún más, son necesarias. El
capitalista debe reservar parte del valor del capital fijo recuperado por la
venta de las mercancías, con el fin de constituir lo que se llama el fondo de
amortización que le permitirá, más tarde, reconstituir el capital fijo. Si se
equivoca en sus cálculos puede ser que las consecuencias de su error no
aparezcan mientras las máquinas y los edificios sigan funcionando. La
catástrofe se producirá cuando sea necesario reemplazar las viejas máquinas y
los fondos de amortización no alcancen para comprar máquinas nuevas.42
“¿Cómo puede el capitalista
asegurar la disminución de los gastos de amortización por cada unidad de
mercancía (es decir por cada metro de tejido, cada kilo de azúcar, etc.)? El
desarrollo de la técnica y el aumento de rendimiento del trabajo de los cuales
ya hemos hablado, cumplen en esto un papel muy importante.
La concentración de la
producción, o de las grandes empresas contribuye a ello, como lo veremos más
adelante. La racionalización de la producción —de la cual hemos hablado al
tratar el sistema Taylor— tiene cierta importancia; disminución de la inactividad
de las máquinas, eliminación del paro parcial de las máquinas, etc. El
capitalista al disminuir sus gastos de amortización “y también todos sus demás
gastos —no piensa en los intereses de los obreros; al buscar las máquinas más
baratas, empeora las condiciones de trabajo del obrero (descuidando, por
ejemplo, las disposiciones sobre seguridad del trabajo, etc.)”.
Hagamos notar que el
desarrollo de la técnica y de la composición orgánica del capital concedió a
los gastos de amortización 43 un lugar creciente entre los costos de
producción y que las economías que puede realizar en este campo, el
capitalista, adquieren una importancia cada vez mayor.
5.
Los
demás gastos del capitalista que no entran directamente en la producción de la
mercancía se llaman gastos generales.
El mantenimiento del
personal administrativo y de la administración, en general, de los empleados y
de los agentes (especialmente de los agentes encargados de la compra de las
materias primas), del personal auxiliar, mozos y guardias, los impuestos, las contribuciones,
los gastos de seguro, el mantenimiento de escuelas y de enfermerías entran en
estos gastos.
¿Son necesarios estos gastos
generales? ¿Puede el capitalista eliminarlos totalmente? No, no puede renunciar
a mantener una administración; arriesgaría mucho si no se asegurara; el Estado
lo obliga a pagar impuestos y contribuciones.
Pero es evidente que cualquier capitalista intenta reducir estos
gastos al mínimo.
La organización científica
del trabajo y el sistema Taylor no le permiten solamente aumentar la intensidad
y el rendimiento del trabajo de sus obreros. Le permiten también organizar el
trabajo de la empresa y de sus obreros de manera que disminuya sensiblemente
los gastos generales. De esta manera el trabajo por piezas disminuye los gastos
de vigilancia de la mano de obra; los cebos engañosos del sistema Taylor
obligan a los obreros a preocuparse de la conservación de los bienes del
capitalista y a hacer el máximo de esfuerzo. Finalmente, la organización
científica
![]()
42 Es un error creer que el capitalista
debe siempre poseer sus fondos de amortización en dinero efectivo. Veremos, al
tratar sobre el crédito, que el capitalista puede temporalmente aprovechar
estos fondos, mientras el antiguo capital fijo no está totalmente consumido.
43 Numerosos autores colocan la amortización en los gastos
generales.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
del trabajo, a l poner a
disposición del capitalista procedimientos científicos de facturación y de
contabilidad, disminuye los gastos de administración.44
Esta es la importancia
general de ciertos gastos en el precio de la mercancía terminada. El detalle de
estos distintos gastos constituye precisamente el cálculo que permite al
capitalista tomar medidas para la disminución de ciertas categorías de gastos,
con el fin de resistir a la competencia y no sucumbir en una lucha desigual.
El cálculo no le puede dar
ventaja. El inventario de su economía personal no le permite remediar la
inorganización, la inexistencia de un inventario general de toda la economía
capitalista. Cualquiera sea la precisión con la cual el capitalista calcule el
costo de la producción de una mercancía, no puede saber cuántas mercancías
análogas sus competidores lanzarán al mercado y a qué precio. El capitalista
sólo hace sus propios cálculos para utilizar más racionalmente su capital y
sacar más ganancia de él. Pero otros capitalistas hacen el mismo esfuerzo. La
lucha sigue y la anarquía de la sociedad capitalista sigue existiendo.
7) El precio de
producción y la teoría del valor del trabajo.
Al hacer el balance de lo que hemos dicho hasta ahora, llegamos
a las conclusiones siguientes:
1.
Cualquier
capitalista, al vender su mercancía, intenta recuperar los gastos de producción
y obtener además la mayor ganancia posible.
![]()
44 La proporción de los obreros ocupados en
la producción, en relación con el total de obreros y empleados en las empresas
capitalistas, disminuye, sin embargo, a medida que van desarrollándose el
capitalismo y la técnica (Ver en El Monitor de la Academia Socialista, XX, 3o
fascículo, Moscú, 1923, O. Ermansky: Los objetivos de la organización
científica del trabajo). Este hecho no nos contradice, porque tenemos en vista
la disminución de los gastos generales a un nivel determinado e invariable de
la técnica. La concentración de la producción desarrolla un papel decisivo en
la disminución de los gastos de producción y tiene también gran importancia en
la disminución de los gastos generales Cuanto más grande es la fábrica, menor
es la parte de los gastos de vigilancia, de alumbrado, etc., que entran en una
unidad de mercancía.
En cuanto a los impuestos,
el capitalista intenta cuanto puede por sustraerse a ellos. Los hay que
disimulan por todos los medios lícitos e ilícitos sus ingresos e intentan
obtener una estimación tan modesta como sea posible de sus bienes. Pero como el
Estado capitalista, que sólo defiende los intereses de la burguesía, necesita
dinero, los políticos burgueses intentan trasladar las cargas fiscales sobre
las masas trabajadoras. El capitalista obtiene, por lo tanto, una disminución
de sus gastos generales.
Los gastos de mantención de
escuelas, enfermerías, etc., sólo constituyen, todos lo saben, una parte
insignificante de los gastos del capitalista. Las sumas ínfimas que el
capitalista inteligente “dedica a estas obras, les son devueltas al céntuplo.
Dichas obras satisfacen al obrero y aumentan su celo.
Sin embargo, el capitalista
no se dedica siempre a estas obras por su propia voluntad El obrero lo obliga a
ello con su acción sindical, con la lucha económica (huelga, etc.) o política
(legislación del trabajo).
Otros gastos generales son
ocasionados no por la producción de tas mercancías, sino por la necesidad de
venderlas: gastos de mantención de un aparato comercial, gastos de publicidad,
etc. No son gastos de producción y, como no tratamos actualmente de comercio,
dejamos a un lado este punto.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
2.
En
el proceso de la competencia y transferencia de capitales la ganancia de los
capitalistas tiende a una tasa media que depende de la composición orgánica y
del, tiempo de rotación del capital de la sociedad entera.
3. Por lo tanto, el punto de equilibrio en
torno al cual oscilan los precios en la sociedad capitalista se determina por
los gastos de producción más la ganancia media.
Este regulador de la sociedad capitalista se llama el precio de
producción.
Pero inevitablemente, una
pregunta se impone a la mente. ¿No está en contradicción esta conclusión con lo
que hemos dicho del valor? Hemos establecido que el precio de una mercancía se
determina, en último análisis, por el trabajo socialmente necesario para su
producción. Al calcular el precio de las mercancías hemos considerado
continuamente las horas de trabajo y ahora no hablamos más que de los gastos
del capitalista, gastos de producción y gastos generales, y de ganancia.
Es verdad que no se trataba
en el capítulo del valor de la sociedad capitalista con su sistema de
explotación del trabajo sino de un régimen simple de producción de mercancías.
¿Pero cuáles son las
relaciones entre los precios de producción de los cuales hablamos ahora y el
valor de las mercancías del cual hemos hablado antes? Es muy importante
contestar esta pregunta porque todos nuestros razonamientos se apoyaban sobre
la teoría del valor.
Volvamos, por un instante, a
la sociedad de la cual hablamos más arriba. Esta sociedad posee un capital de
dos mil cuatrocientos millones de escudos, y todas sus empresas se pueden
repartir, considerando la composición orgánica del capital, en tres categorías.
|
|
|
|
|
|
Capital |
Capital |
Plusvalía |
|
|
|
|
|
|
constante |
variable |
|
|
|
|
|
|
|
|
v |
m |
|
|
|
|
|
|
EN MILLONES DE ESCUDOS |
||
|
Ramas de la industria de |
|
|
|
|
|||
|
alta composición orgánica |
|
|
|
|
|||
|
de capital (construcción |
|
|
|
|
|||
|
de máquinas, etc.) |
|
|
1.000 |
200 |
200 |
||
|
Ramas de la industria de |
|
|
|
||||
|
composición |
orgánica |
|
|
|
|||
|
inferior |
de |
|
capital |
|
|
|
|
|
(panadería, etc.) |
|
|
|
200 |
200 |
200 |
|
|
Otras |
(industria |
textil, |
|
|
|
|
|
|
etc.); |
|
|
|
|
600 |
200 |
200 |
|
|
|
|
Totales |
|
1.800 |
600 |
600 |
Consideremos un momento las
ramas de la producción inscritas bajo el título “otras”. Tienen un capital
constante de seiscientos millones de escudos, un capita l variable de
doscientos millones, una composición orgánica del capital igual a 600: 200 = 3:
1. Tal es precisamente la composición orgánica del capital de la sociedad
entera (1.800 / 600= 3/1; las empresas inscritas bajo este rubro tienen, por lo
tanto, una composición orgánica media de capital. Admitamos que dos escudos
representen una hora de trabajo socialmente necesario. Calculemos cuántas horas
de este trabajo están materializadas en las mercancías de todas las empresas,
en otros términos, cuál es el valor de las mercancías producidas por este
capital. (Para ello vamos a suponer, para ser más claros, que el capital
constante está gastado y que su valor pasó enteramente a las mercancías en un
solo movimiento de rotación efectuado exactamente en un año).
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
|
|
|
|
|
|
|
|
Valor
del capital |
|
Valor
del capital |
|
Plusvalía |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
constante, |
|
variable |
|
materializada |
|
Total |
|
|
|
|
|
|
|
|
transferido
a las |
|
transferido a las |
|
en |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
|
|
|
|
|
|
|
mercancías |
|
mercancías |
|
mercancías |
|
|
|
|
Ramas de la industria de |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
|
alta composición orgánica |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
|
de capital (construcción |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
|
de máquinas, etc.) |
|
|
|
1.000 |
|
200 |
|
200 |
|
1.400 |
||
|
|
Ramas de la industria de |
|
|
|
|
|
|
|
|
||||
|
|
composición |
orgánica |
|
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
|
inferior |
de |
|
capital |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
(panadería, etc.) |
|
|
|
200 |
200 |
200 |
600 |
|||||
|
|
Otras |
(industria |
textil, |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
etc.); |
|
|
|
|
|
600 |
|
200 |
|
200 |
|
1.000 |
|
|
|
|
|
Totales |
|
|
1.800 |
|
600 |
|
600 |
|
3.000 |
Por lo tanto, las mercancías
de los establecimientos de construcción de máquinas y otras empresas de alta
composición orgánica de capital materializan setecientos millones de horas de
trabajo; el valor de estas mercancías es igual a mil cuatrocientos millones de
escudos, el valor de las mercancías de las ramas de industrias de composición
orgánica media del capital es de mil millones de escudos, y el de la mercancía
de las empresas de capital de composición orgánica inferior es de seiscientos
millones de escudos.
¿Cuál será, por lo tanto, el precio de producción de las
mercancías de estas fábricas?
La tasa media de la ganancia
es, en la sociedad que estudiamos, de 25% y las fábricas de máquinas, como los
establecimientos de industrias análogas, han gastado un capital igual a 1.000 c
+ 200 v, es decir mil doscientos millones de escudos, luego, el precio de
producción de las máquinas construidas tiene que ser igual a los gastos de la
producción (1.200 millones) más la ganancia media de 25%. Es decir: 1.200 x
25/100 = 300 millones de escudos, o sea,
1.200 millones + 300 millones = 1.500 millones.
De la misma manera se puede
calcular el precio de producción de las empresas textiles y otras de
composición orgánica media de capital.
![]()
Hagamos también el mismo cálculo para las empresas de
composición orgánica inferior:
![]()
Comparemos ahora los precios de
producción de las mercancías de las distintas ramas con su valor.
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
|
|
|
|
|
Valor de |
Precio de |
Medida en la |
|
|
|
|
|
trabajo de las |
producción de |
cual el precio de |
|
|
|
|
|
mercancías |
las |
producción es |
|
|
|
|
|
|
mercancías |
superior o |
|
|
|
|
|
|
|
inferior al valor |
|
Ramas de la industria de |
|
|
|
|||
|
alta composición orgánica |
|
|
|
|||
|
de capital (construcción |
|
|
|
|||
|
de máquinas, etc.) |
|
1.400 |
1.500 |
+ 100 |
||
|
Ramas de la industria de |
|
|
|
|||
|
composición |
orgánica |
|
|
|||
|
inferior |
de |
|
capital |
|
|
|
|
(panadería, etc.) |
|
1.000 |
1.000 |
= |
||
|
Otras |
(industria |
textil, |
|
|
|
|
|
etc.); |
|
|
|
600 |
500 |
- 100 |
¿Qué nos enseñan estos cálculos?
Los propietarios de las
fábricas de máquinas, empresas de capital de alta composición orgánica, al
vender las máquinas al precio de la producción reciben más que el valor de
estas máquinas; al contrario los propietarios de las panaderías reciben menos.
¿Por qué? Porque los “panaderos”, en realidad, debían recibir, a consecuencia
de la composición orgánica inferior del capital de, su empresa, una tasa de
ganancia superior a la tasa media, pero tuvieron la obligación de renunciar a
este excedente de ganancia. Lo hicieron contra su voluntad para que los
propietarios de las empresas que construyen máquinas no vayan a preferir
colocar sus capitales en la panadería, más lucrativa, lo que inevitablemente
hubiera provocado una baja de los precios.
Por lo tanto, en este
proceso de nivelación de la tasa de ganancia, los capitalistas panaderos y sus
semejantes han perdido cien millones de escudos, las empresas de construcción
de máquinas ganan precisamente, en excedente, esta suma.
En las ramas de la
producción de capital de composición orgánica media, nuestros cálculos nos
enseñan que el precio de producción de las mercancías es igual al valor.
De la misma manera, si
comparamos la suma de los precios de producción de todas las mercancías de la
sociedad con el valor, vemos que estas dos dimensiones son iguales; y esto se
comprende: los constructores de máquinas han ganado tanto como los panaderos
han perdido.
Desde un punto de vista
puramente cuantitativo, en otros términos, desde el punto de vista de las
dimensiones del valor y del precio de producción existe cierta relación entre
ambos hechos, y entonces es evidente que si el valor no desaparece en la sociedad
capitalista, sólo se manifiesta con eficacia, bajo su forma anterior en la
sociedad considerada en su conjunto. El precio de producción crece sobre la
base del valor, nace del valor, ya que está constituido por los gastos de
producción y por la tasa de ganancia media, ya que la tasa de ganancia media al
provocar variaciones del valor, nace del valor: porque finalmente la tasa de
ganancia media no es más que la relación de la plusvalía de todas las empresas
de la sociedad con el valor del capital de esta sociedad.
Pero la conexión entre el
precio de producción y el valor no termina aquí: la conexión cuantitativa entre
la dimensión de las mercancías y su precio de producción se explica
alternativamente por conexiones más profundas que siguen existiendo en el
trabajo de los hombres en la producción, relaciones expresadas por el valor del
precio de producción.
¿Cuáles son las relaciones
de producción que encuentran su expresión en el valor? Las de los propietarios
individuales de las mercancías, las que el mercado rige espontáneamente por
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
medio de las cosas. El
valor, al regir las relaciones entre los hombres, enseña a donde tiene que ir
el trabajo del productor individual de mercancías, en otros términos, el valor
está regulando la repartición del trabajo social, en una sociedad en la cual el
trabajo social, en realidad, toma formas individuales basadas en la propiedad
individual.
Pero si en el régimen de
producción simple de mercancías la repartición del trabajo social se hace a
través del valor, si el trabajo se dirige en línea recta en esta sociedad hacia
la rama de producción que tiene el precio superior al valor; en la economía
capitalista las cosas no son exactamente iguales: aquí es el precio de
producción el que desarrolla el papel de regulador: la diferencia entre el
precio individual y el precio de producción determina la medida en la cual una
empresa es más o menos lucrativa, la cantidad de ganancias que puede dar al
capitalista por su capital y decide, por ello mismo, a donde tiene que ir el
capital.
De este modo, el precio de
producción conduce a una repartición determinada de los capitales entre las
ramas de la economía y las distintas empresas. Pero se comprende que al regular
la repartición de los capitales, el precio de producción regula también la
repartición del trabajo social: porque una determinada repartición de los
capitales provoca una determinada repartición del trabajo en la sociedad. En la
economía mercantil simple la repartición del trabajo social se hace
directamente por medio del valor, en la sociedad capitalista se hace
indirectamente por medio de los precios de producción y de la repartición de
los capitales. Esto porque existen en la economía capitalista, además de la
relación entre los poseedores de mercancías, otras relaciones sociales: primero
las que existen entre los capitalistas y los obreros y en segundo lugar las que
existen entre los distintos grupos de capitalistas industriales.45
Las relaciones sociales de
la economía mercantil simple, (es decir las relaciones entre distintos
poseedores de mercancías que regulan espontáneamente sus relaciones por
mediación de las mercancías en el mercado) no desaparecen en régimen
capitalista, sino que se vuelven más complejas y toman otra forma porque otras
relaciones se añaden a ellas.
Y, si es así, se comprende
que el valor, expresión de las relaciones de la economía mercantil simple, no
desaparece en la economía capitalista, y sólo toma en ella una forma más
complicada, precisamente la del precio, de producción. Aunque estas dos formas
no coinciden exactamente, un lazo profundo existe entre ellas.
8) Precio de monopolio y
ganancia de monopolio
Hasta ahora, en la
determinación de las leyes que rigen las relaciones de producción de la
economía capitalista, hemos partido de la hipótesis de un régimen de
competencia libre e ilimitada. Necesitábamos esta hipótesis para estudiar las
leyes de la economía capitalista bajo su forma más pura. Sin embargo,
encontramos en la sociedad capitalista real, distintos factores que limitan
frecuentemente la ley de la libre competencia. En estos factores entra la
política del Estado, que interviene por medio de un sistema de medidas en la
competencia libre y espontánea, y, por lo tanto la limita en cierta medida,
también entra en estos factores el monopolio natural de ciertos productos y
principalmente la política de las asociaciones patronales, los trusts, sindicatos,
etc... que constituyen los monopolios. Es evidente que los
![]()
45 La teoría del valor del trabajo sólo
estudia un tipo de relaciones de producción entre los hombres (considerados
como poseedores de mercancías); la teoría de los precios de producción supone,
en cambio, la existencia de tres tipos de relaciones de producción de la
sociedad capitalista (relaciones entre los poseedores de mercancías, relaciones
entre los capitalistas y los obreros, relaciones entre los distintos grupos de
capitalistas industriales). I. Roubine. Ensayos sobre la teoría del valor de
Karl Marx, Moscú, 1924
Capítulo cuarto. El salario en la economía capitalista
capitalistas utilizan
cualquier monopolio para subir los precios de las mercancías por encima de su
valor, y del precio de producción. De esta manera se establece en el mercado el
precio de monopolio ¿De qué depende este precio, qué leyes lo determinan? ¿Depende
exclusivamente del capricho y del arbitrio del capitalista, o depende, hasta
cierto punto, de las leyes que determinan los precios de producción en el
régimen de libre competencia?
Sabemos que el precio de
producción se determina, en el régimen de libre competencia, por los gastos de
producción, (precio de costo) más una ganancia media. La ganancia media resulta
de la transferencia de los capitales de las ramas de la producción de alta
composición orgánica del capital a la s ramas de capital de composición
orgánica inferior.
¿Qué influencia ejerce la
nivelación de la ganancia o la tasa de monopolio sobre todo este proceso?
El monopolio no aspira a
facilitar la transferencia del capital y de este modo a nivelar la ganancia,
sino a parar la acción de la ley de la competencia y, por lo tanto, a subir la
ganancia. El monopolio limita la ley del precio de producción. El precio está
establecido por el monopolio y ya no corresponderá exactamente al precio de
producción.
¿Significa esto que el
precio del monopolio depende exclusivamente del capricho del capitalista y
pierde toda relación con la ley del valor?
Antes de contestar esta
pregunta, veamos quien paga finalmente estos precios aumentados por los dueños
del monopolio, veamos de qué bolsillo sale la ganancia aumentada del monopolio.
Por un lado esta ganancia se puede obtener en detrimento de otros capitalistas
competidores, en primer lugar de los que no pertenecen a las asociaciones
patronales monopolistas; en este caso se descuenta la ganancia de la plusvalía
de los competidores. Finalmente, esta reducción podrá provocar la ruina de los
capitalistas, no organizados en los monopolios: los obligará a entrar en las
asociaciones que constituyen el monopolio.
La segunda fuente posible de
la ganancia del monopolio, es el consumidor. Cuando se trata del obrero, la
ganancia del monopolio equivale a una reducción del salario; cuando se trata
del campesino, la ganancia del monopolio se descuenta de la parte del valor
creado por el trabajo.
El consumidor no tiene más
que un medio de defensa contra el precio del monopolio: cuando este precio
llega a ser demasiado alto, el consumidor no compra más.
En el segundo caso como en
el primero, el alza de los precios y de la ganancia tiene límites determinados.
En el primer caso choca con la resistencia de los demás capitalistas, en el
segundo con la capacidad de compra del consumidor. Más allá de cierto límite,
los altos precios disminuyen la demanda hasta el punto que una baja de los
precios se vuelve ventajosa. Sólo dentro de estos límites el monopolio puede
subir el precio a su antojo.
Es fácil darse cuenta que si
el precio de monopolio no corresponde enteramente al precio de producción, los
límites dentro de los cuales oscila se determinan por las leyes del valor.?
Fin

