© Libro N° 7008.
¿Qué Hacer? Lenin, Vladimir Ilich. Emancipación. Febrero 22 de
2020.
Título
original: © ¿Qué
Hacer? Vladimir Ilich Lenin
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¿ QUE HACER?
Vladimir Ilich Lenin
Vladimir Ilich Lenin
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Impreso en la República Bolivariana de Venezuela.
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ISBN: 978-980-227-105-4
Rif: G-20003090-9
Marzo, 2010.
Problemas candentes
de nuestro movimiento1
Vladimir Ilich Lenin
Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y
la Información
“…La lucha interna da al partido fuerzas y
vitalidad; la prueba más grande de la debilidad
de un partido es la amorfía y la ausencia de fron-
teras bien delimitadas; el partido se fortalece
depurándose…”.
Carta de Lasalle a Marx, 24 de junio de 1852
NOTA DE LOS EDITORES
Se ha tomado como base de la presente edición la
publicada en español por Editorial Progreso, Moscú, 1981.
Prólogo
? QUE HACER?
Según el plan inicial del autor, el presente
folleto debía consagrarse a desarrollar minuciosamente las ideas expuestas en
el artículo “¿Por dónde empezar?”2 (Iskra3, Núm. 4, mayo de 1901).4 En primer
lugar, debemos disculparnos ante el lector por haber cumplido con retraso la promesa
que hicimos en dicho artículo (y que repetimos en respuesta a numerosos
requerimientos y cartas particulares). Una de las causas de dicha tardanza ha
sido la tentativa, hecha en junio del año pasado (1901), de unificar todas las
organizaciones socialdemócratas rusas en el extranjero.5 Era natural que
esperase los resultados de esta tentativa que, de haber tenido éxito, tal vez
se hubiese requerido exponer las
concepciones de Iskra en materia de organización desde un punto de vista algo
distinto; en todo caso, este éxito prometía acabar muy pronto con la existencia
de dos corrientes en la socialdemocracia rusa.
El lector sabe que el intento fracasó y que, como
procuramos demostrar a continuación, no podía terminar de otro modo después del
nuevo viraje de Rabócheie Dielo6, en su
número 10, hacia el “economismo”. Ha sido
absolutamente necesario emprender una enérgica lucha contra esta tendencia
imprecisa y poco definida, pero, en cambio, tanto más persistente y capaz de
resurgir en formas diversas. De acuerdo con ello, ha cambiado y se ha ampliado
en grado muy considerable el plan inicial del folleto.
Vladimir Ilich Lenin
Debían haber sido su tema principal los tres
problemas planteados en el artículo “¿Por dónde empezar?”, a saber: el carácter
y el contenido principal de nuestra agitación política, nuestras tareas de
organización y el plan de crear, simultáneamente y en distintas partes, una
organización combativa de toda Rusia. Estos problemas interesan desde hace
mucho al autor, quien trató ya de plantarlos en Rabó-chaya Gazeta7 durante una
de las tentativas infructuosas de reanudar su publicación.8 Dos razones han hecho
irreali-zable por completo nuestro primer propósito de circuns-cribirnos en
este folleto al examen de los tres problemas mencionados y de exponer nuestras
ideas, en la medida de lo posible de manera afirmativa, sin recurrir o casi sin
recurrir a la polémica. Por una parte, el “economismo” ha resultado más vivaz
de lo que suponíamos (empleamos la palabra “economismo” en su sentido amplio,
como se explicó en el número 12 de Iskra (diciembre de 1901), en el artículo
“Conversación con los defensores del econo-mismo”, que trazó, por decirlo así,
un esbozo del folleto9 que ofrecemos a la atención del lector).
Ha llegado a ser indudable que las distintas
opiniones sobre el modo de resolver estos tres problemas se explican mucho más
por una oposición radical entre las dos tenden-cias de la socialdemocracia rusa
que por divergencias de detalle. Por otra parte, la perplejidad de los
“economistas” al ver que Iskra sostenía de hecho nuestras concepciones ha
evidenciado que hablamos a menudo en lenguajes lite-ralmente distintos; que,
debido a ello, no podemos llegar a ningún acuerdo sin comenzar ab ovo;10 que es
necesario intentar “explicarnos” sistemáticamente con todos los “eco-nomistas”
en la forma más popular posible y basándonos en el mayor número posible de
ejemplos concretos sobre todos los puntos cardinales de nuestras discrepancias.
Y me he decidido a hacer esta tentativa de “explicarnos” con plena conciencia
de que ello va a aumentar muchísimo el volumen del folleto y a retardar su
aparición; pero no he vis-to ninguna otra posibilidad de cumplir la promesa
hecha en el artículo “¿Por dónde empezar?”. Así pues, a las disculpas por la
tardanza he de añadir las excusas por los inmensos defectos del folleto en lo
que a su forma literaria se refiere: he tenido que trabajar con una
precipitación extrema y, además, prestar atención a otras muchas ocupaciones.
El examen de los tres problemas indicados sigue
cons-tituyendo el tema principal del folleto. Pero he tenido que comenzar por
dos problemas de carácter más general: ¿por qué la consigna de “libertad de
crítica”, tan “inocente” y “na-tural”, es para nosotros una verdadera llamada
al combate?; ¿por qué no podemos llegar a un acuerdo ni siquiera en el problema
fundamental del papel de la socialdemocracia en relación al movimiento
espontáneo de masas?
Luego expongo las opiniones acerca del carácter y
el contenido de la agitación política, exposición que se ha convertido en un
esclarecimiento de la diferencia entre la política tradeunionista y la
socialdemócrata, en tanto que la exposición de los puntos de vista sobre las
tareas de organización se ha transformado en un esclarecimiento de la
diferencia entre los métodos primitivos de trabajo, que satisfacen a los
“economistas”, y la organización de revolucionarios, que consideramos
indispensable. Después insisto en el “plan” de un periódico político para toda
Rusia, tanto más que las objeciones hechas contra él carecen de fundamento y
que no se ha dado una respuesta a fondo a la pregunta hecha en “¿Por dónde
empezar?” de cómo podríamos emprender simultáneamente en todas partes la
formación de la organización que necesitamos.
Por último, en la parte final del folleto espero
demostrar que hemos hecho cuanto dependía de nosotros para pre-venir una
ruptura decisiva con los “economistas”, ruptura que, sin embargo, ha resultado
inevitable; que Rabócheie Dielo ha adquirido una significación particular, y si
se quiere “histórica”, por haber expresado de la manera más completa y con el
mayor relieve no el “economismo” consecuente, sino más bien la dispersión y las
vacilaciones que han cons-tituido el rasgo distintivo de todo un período de la
historia de la socialdemocracia rusa; que por eso adquiere también importancia
la polémica, demasiado detallada a primera vista, con Rabócheie Dielo, pues no
podemos avanzar sin superar definitivamente este período.
Febrero de 1902
N. Lenin11
Capítulo I
Dogmatismo
y “libertad de crítica”
? QUE HACER?
1. ¿Qué significa la “libertad de crítica”?
La “libertad de crítica” es hoy, sin duda, la
consigna
más en boga, la que más se emplea en las
discusiones
entre socialistas y demócratas de todos los países.
A pri-
mera vista, es difícil imaginarse nada más extraño
que
esas alusiones solemnes a la libertad de crítica,
hechas por
una de las partes contendientes. ¿Es que en el seno
de los
partidos avanzados se han levantado voces en contra
de
la ley constitucional que garantiza la libertad de
ciencia
y de investigación científica en la mayoría de los
países
europeos? “¡Aquí pasa algo!”, se dirá toda persona
ajena a
la cuestión que haya oído la consigna de moda,
repetida
en todas partes, pero que no haya profundizado aún
en
la esencia de las discrepancias. “Esta consigna es,
por lo
visto, una de esas palabrejas convencionales que,
como los
apodos, son legalizadas por el uso y se convierten
casi en
nombres comunes”.
En efecto, para nadie es un secreto que en el seno
de la
socialdemocracia internacional12 contemporánea se
han
formado dos tendencias cuya lucha ora se reaviva y
levanta
llamas ora se calma y consume bajo las cenizas de
impre-
sionantes “resoluciones de armisticio”. En qué
consiste la
“nueva” tendencia, que asume una actitud “crítica”
frente
17
Vladimir Ilich Lenin
al marxismo “viejo, dogmático”, lo ha dicho
Bernstein y lo ha mostrado Millerand con suficiente claridad.
La socialdemocracia debe dejar de ser el partido de
la revolución social para transformarse en un partido demo-crático de reformas
sociales. Bernstein ha apoyado esta reclamación política con toda una batería
de “nuevos” argumentos y razonamientos concertados con bastante armonía. Se ha
negado la posibilidad de basar el socialismo en argumentos científicos y
demostrar que es necesario e inevitable desde el punto de vista de la
concepción mate-rialista de la historia; se ha refutado la miseria creciente,
la proletarización y la exacerbación de las contradicciones capitalistas; se ha
declarado carente de fundamento el con-cepto mismo de “objetivo final” y
rechazado de plano la idea de la dictadura del proletariado; se ha denegado que
haya oposición de principios entre el liberalismo y el socialismo, se ha
rebatido la teoría de la lucha de clases, afirmando que es inaplicable a una
sociedad estrictamente democrática, gobernada conforme a la voluntad de la
mayoría, etc.
Así pues, la exigencia de que la socialdemocracia
revo-lucionaria dé un viraje decisivo hacia el socialreformismo burgués ha ido
acompañada de un viraje no menos decisivo hacia la crítica burguesa de todas
las ideas fundamentales del marxismo. Y como esta última crítica del marxismo
se venía haciendo ya mucho tiempo, utilizando para ello la tribuna política,
las cátedras universitarias, numerosos folletos y gran cantidad de tratados
científicos, como toda la nueva generación de las clases instruidas ha sido
educada
? QUE HACER?
sistemáticamente durante decenios en esta crítica,
no es de extrañar que la “nueva” tendencia “crítica” haya salido de golpe con
acabada perfección en el seno de la social-democracia, como Minerva de la
cabeza de Júpiter13. Por su fondo, esta tendencia no ha tenido que
desarrollarse ni formarse: ha sido transplantada directamente de las
publi-caciones burguesas a las publicaciones socialistas.
Prosigamos. Por si la crítica teórica de Bernstein
y sus anhelos políticos estaban aún poco claros para ciertas personas, los
franceses se han cuidado de demostrar pal-mariamente lo que es el “nuevo
método”. Francia se ha hecho una vez más acreedora de su vieja reputación de
“país en el que las luchas históricas de clase se han llevado siempre a su
término decisivo más que en ningún otro sitio” (Engels, fragmento del prólogo a
la obra de Marx Der 18 Brumaire).14 En lugar de teorizar, los socialistas franceses
han puesto manos a la obra; las condiciones políticas de Francia, más
desarrolladas en el aspecto democrático, les han permitido pasar sin demora al
“bernsteinianismo prác-tico” con todas sus consecuencias. Millerand ha dado un
brillante ejemplo de este bernsteinianismo práctico: ¡por algo Bernstein y
Vollmar se han apresurado a defender y ensalzar con tanto celo a Millerand!
En efecto, si la socialdemocracia es, en esencia,
ni más ni menos que un partido de reformas y debe tener el valor de reconocerlo
con franqueza, un socialista no sólo tiene derecho a entrar en un ministerio
burgués sino que inclu-so debe siempre aspirar a ello. Si la democracia
implica,
18 19
Vladimir Ilich Lenin
en el fondo, la supresión de la dominación de las
clases, ¿por qué un ministro socialista no ha de cautivar a todo el mundo
burgués con discursos acerca de la colaboración de las clases?, ¿por qué no ha
de seguir en el ministerio, aún después de que los asesinatos de obreros por
gendarmes hayan puesto de manifiesto por centésima y milésima vez el verdadero
carácter de la colaboración democrática de las clases?, ¿por qué no ha de
participar personalmente en la felicitación al zar, al que los socialistas franceses
no dan ahora otro nombre que el de héroe de la horca, del látigo y de la
deportación (“knouteur, pendeur et déportateur”)? ¡Y a cambio de esta infinita
humillación y este autoenvile-cimiento del socialismo ante el mundo entero, a
cambio de pervertir la conciencia socialista de las masas obreras —única base
que pueda asegurarnos el triunfo—, a cam-bio de todo eso ofrecer unos
rimbombantes proyectos de reformas tan miserables que eran mayores las que se
lograba obtener de los gobiernos burgueses!
Quien no cierre deliberadamente los ojos debe ver
por fuerza que la nueva tendencia “crítica” surgida en el socialis-mo no es
sino una nueva variedad de oportunismo. Y si no juzgamos a los hombres por el
brillo del uniforme que se han puesto ellos mismos, ni por el pomposo
sobrenombre que a sí mismos se dan, sino por sus actos y por las ideas que
propagan en realidad, veremos claramente que la “libertad de crítica” es la
libertad de la tendencia oportunista en el seno de la socialdemocracia, la
libertad de hacer de la socialdemocracia un partido demócrata de reformas, la
libertad de introducir en el socialismo ideas burguesas y elementos burgueses.
? QUE HACER?
La libertad es una gran palabra; pero bajo la
bandera de la libertad de industria se han hecho las guerras más rapaces, y
bajo la bandera de la libertad de trabajo se ha expoliado a los trabajadores.
La misma falsedad intrínseca lleva implícito el empleo actual de la expresión
“libertad de crítica”. Personas verdaderamente convencidas de haber impulsado
la ciencia no reclamarían libertad para las nuevas concepciones al lado de las
viejas, sino la sustitución de es-tas últimas por las primeras. En cambio, los
gritos actuales de “¡Viva la libertad de crítica!” recuerdan demasiado la
fábula del tonel vacío.
Marchamos en grupo compacto, asidos con fuerza de
las manos, por un camino abrupto e intrincado. Estamos rodeados de enemigos por
todas partes, y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido
en virtud de una decisión adoptada con toda libertad, preci-samente para luchar
contra los enemigos y no caer, dando un traspiés, en la contigua charca, cuyos
moradores nos reprochan desde el primer momento el habernos separa-do en un
grupo independiente y elegido el camino de la lucha y no el de la conciliación.
Y de pronto, algunos de los nuestros empiezan a gritar: “¡Vamos a esa charca!”.
Y cuando se les pone en vergüenza, replican: ¡ah, sí, señores, ustedes son
libres no sólo de invitarnos, sino de ir adonde mejor les plazca, incluso a la
charca; hasta creemos que su sitio de verdad se encuentra precisamente en ella,
y esta-mos dispuestos a ayudarles en lo que podamos para que se trasladen
ustedes allí! ¡Pero, en ese caso, suelten nuestras manos, no se agarren a
nosotros, ni envilezcan la gran pala-
20 21
Vladimir Ilich Lenin
bra libertad, porque también nosotros somos
“libres” para ir adonde queramos, libres para luchar no sólo contra la charca,
sino incluso contra los que se desvían hacia ella!
2. Los
nuevos defensores de la “libertad de crítica”
Precisamente esta consigna “libertad de crítica” ha
sido lanzada de manera solemne en los últimos tiempos por Rabócheie Dielo
(número 19), órganos de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero.15
Y no como un postulado teórico, sino como una reivindicación política, como
respuesta a la pregunta de si “es posible la unión de las organizaciones
socialdemócratas rusas que actúan en el extranjero”: “Para una unión sólida es
indispensable la libertad de crítica” (pág. 36).
De esta declaración se deducen dos conclusiones
bien claras: 1) Rabócheie Dielo asume la defensa de la tendencia oportunista en
la socialdemocracia internacional en gene-ral; 2) Rabócheie Dielo exige la
libertad del oportunismo en el seno de la socialdemocracia rusa. Examinemos
estas conclusiones.
A Rabócheie Dielo le disgusta, “sobre todo”, la
“tendencia de Iskra y Zariá16 a pronosticar la ruptura entre la Montaña y la
Gironda17 en la socialdemocracia internacional”.18
En general —escribe B. Krichevski, director de
Ra-bócheie Dielo—, las habladurías sobre la Montaña y la Gironda en las filas
de la socialdemocracia nos
? QUE HACER?
parecen una analogía histórica superficial y
extraña en la pluma de un marxista: la Montaña y la Gironda no representaban
dos temperamentos o corrientes intelectuales diferentes, como puede parecerle a
los historiadores de la ideología, sino distintas clases o sectores: por una
parte, la burguesía media; y por otra, la pequeña burguesía y el proletariado.
Pero en el movimiento socialista contemporáneo no hay choques de interés de
clase; sustenta en su totalidad, en todas (subrayado por B. Kr.) sus variedades,
incluidos los más declarados berns-teinianos, la posición de los intereses de
clase del proletariado, de su lucha de clase por la liberación política y
económica (pág. 32-33).
¡Atrevida afirmación! ¿No ha oído B. Krichevski
hablar del hecho, observado hace ya tiempo, de que precisamente la amplia
participación del sector de los “académicos” en el movimiento socialista de los
últimos años ha asegurado una difusión tan rápida del bernsteinianismo? Y lo
principal: ¿en qué funda nuestro autor su juicio de que incluso “los más
declarados bernsteinianos” sustentan la posición de la lucha de clases por la
emancipación política y económica del proletariado? Nadie lo sabe. Esta enérgica
defensa de los más declarados bernsteinianos no se apoya en ningún argumento,
en ninguna razón. El autor cree, por lo visto, que con repetir cuanto dicen de
sí mismos los más decla-rados bernsteinianos huelgan las pruebas de su
afirmación. Pero, ¿es posible imaginarse algo más “superficial” que este juicio
acerca de toda una tendencia fundado en lo que dicen
22 23
Vladimir Ilich Lenin
de sí mismos los representantes de la tal
tendencia? ¿Es posible imaginarse algo más superficial que la “moraleja”
subsiguiente sobre los dos tipos o cauces distintos e incluso diametralmente
opuestos de desarrollo del partido (Rabó-cheie Dielo, pág. 34-35)? Los
socialdemócratas alemanes, se dice, reconocen la completa libertad de crítica;
pero los franceses no, y precisamente su ejemplo demuestra todo lo “nociva que
es la intolerancia”.
Precisamente, el ejemplo de B. Krichevski
—responde-remos a eso— demuestra que a veces se llaman marxistas gentes que ven
la historia sólo “a lo Ilovaiski”.19 Para explicar la unidad del Partido
Socialista Alemán y la desunión del francés no hace falta en absoluto escarbar
en las peculiari-dades de la historia de tal o cual país, comparar las
condi-ciones del semiabsolutismo militar y el parlamentarismo republicano,
analizar las consecuencias de la Comuna y las de la Ley de excepción contra los
socialistas,20 confrontar la situación económica y el desarrollo económico,
recordar que “el crecimiento sin par de la socialdemocracia alemana” fue
acompañado de una lucha de energía sin igual en la historia del socialismo, no
sólo contra los extravíos teóricos (Mülberger, Dühring),21 los socialistas de
cátedra,22 sino también contra las equivocaciones en el terreno de la tác-tica
(Lassalle), etc. ¡Todo esto está de más! Los franceses riñen porque son
intolerantes; los alemanes están unidos porque son buenos chicos.
Y observen que, mediante esta sin par profundidad
de pensamiento, se “elimina” un hecho que rebate por com-
? QUE HACER?
pleto la defensa de los bernsteinianos. Sólo la
experiencia histórica puede dar una respuesta definitiva e irrevocable a la
pregunta de si sustentan la posición de la lucha de clase del proletariado. Por
tanto, en este sentido, tiene la máxima importancia, precisamente, el ejemplo
de Fran-cia, por tratarse del único país donde los bernsteinianos han intentado
actuar de manera independiente, con la aprobación calurosa de sus colegas
alemanes y, en parte, de los oportunistas rusos (véase Rabóchei Dielo, Núm. 2-3,
pág. 83-84). La alusión a la “intolerancia” de los franceses —además de su
significación “histórica” (en sentido “no-zdrioviano” 23)— no es más que una
tentativa de disimular con palabras graves hechos muy desagradables.
Tampoco estamos dispuestos, en absoluto, a entregar
a los alemanes como regalo a B. Krichevski y demás copiosos defensores de la
“libertad de crítica”. Si se tolera todavía en las filas del partido alemán “a
los más declarados bernsteinianos”, es sólo por cuanto acatan la resolución de
Hannóver,24 que rechazó de plano tanto las “enmiendas” de Bernstein como la de
Lübeck,25 con-tenedora esta última (pese a toda su diplomacia) de una clara
advertencia a Bernstein. Se puede discutir, desde el punto de vista de los
intereses del partido alemán, si esta diplomacia era oportuna o no, o si, en
tal caso, no valía más un mal ajuste que un buen pleito; se puede disentir, en
suma, de si conviene tal o cual procedimiento de re-chazar el bernsteinianismo;
pero lo que no se puede hacer es no ver que el partido alemán ha rechazo dos
veces el bernsteinianismo. Por tanto, creer que el ejemplo de los
24 25
Vladimir Ilich Lenin
alemanes confirma la tesis de que “los más
declarados bernsteinianos sustentan la posición de la lucha de clase del
proletariado por su emancipación política y econó-mica” significa no comprender
en absoluto lo que está pasando delante de todos nosotros.26
Es más, como hemos dicho ya, Rabóchei Dielo
presenta a la socialdemocracia rusa la reivindicación de “libertad de crítica”
y defiende el bernsteinianismo. Por lo visto, ha tenido que convencerse de que
se ha agraviado injusta-mente a nuestros “críticos” y bernsteinianos. ¿A cuáles
en concreto? ¿A quién, dónde y cuándo? ¿En qué consistió, ni más ni menos, la
injusticia? ¡Rabóchei Dielo guarda silencio sobre este punto, no menciona ni
una sola vez a ningún crítico o bernsteiniano ruso! Sólo nos resta hacer una de
las dos hipótesis posibles. O bien la parte agraviada injustamente no es otra
que el mismo Rabóchei Dielo (así lo confirma el que en ambos artículos de su
número 10 se trate sólo de agravios inferidos por Zariá e Iskra a Rabóchei
Dielo). En este caso, ¿cómo explicar el hecho tan extraño de que Rabóchei
Dielo, que siempre ha negado de manera tan obstinada toda solidaridad con el
bernsteinianismo, no haya podido defenderse sin hablar en pro de los “más
declarados bernsteinianos” y de la libertad de crítica? O bien han sido
agraviadas injustamente unas terceras personas. Entonces, ¿cuáles pueden ser
los motivos que impidan mencionarlas?
Vemos, pues, que Rabóchei Dielo sigue jugando al
escondite lo mismo que venía haciendo (y como de-
? QUE HACER?
mostraremos más adelante) desde que apareció.
Ade-más, observen esta primera aplicación práctica de la decantada “libertad de
crítica”. De hecho, esta libertad se ha reducido en el acto no sólo a la falta
de toda crítica, sino a la falta de todo juicio independiente en general. Ese
mismo Rábochei Dielo, que guarda silencio sobre el bernsteinianismo ruso, como
si fuera una enfermedad secreta (según la feliz expresión de Starovier),27
¡propo-ne para curarla copiar lisa y llanamente la última receta alemana contra
la variedad alemana de esta enfermedad! ¡En vez de libertad de crítica,
imitación servil... o, peor aún, simiesca! El idéntico contenido social y
político del oportunismo internacional contemporáneo se mani-fiesta en una y
otras variantes, según las peculiaridades nacionales. En este país, un grupo de
oportunistas viene actuando desde hace tiempo bajo una bandera especial; en
ése, los oportunistas han desdeñado la teoría, siguien-do en la práctica la
política de los radicales socialistas; en aquél, algunos miembros del partido
revolucionario han desertado al campo del oportunismo y pretender alcanzar sus
objetivos no con una lucha franca en defensa de los principios y de la nueva
táctica, sino mediante una corrupción gradual, imperceptible y, valga la
expresión, no punible de su partido; en el de más allá, esos mismos tránsfugas
emplean iguales procedimientos a la sombra de la esclavitud política,
manteniendo una proporción de lo más original entre la actividad “legal” y la
“ilegal”, etc., pero decir que la libertad de crítica y el bernsteinianismo son
una condición para unir a los socialdemócratas rusos,
26 27
Vladimir Ilich Lenin
sin haber analizado en qué se manifiesta
precisamente el bernsteinianismo ruso, ni qué frutos singulares ha dado, es
hablar por hablar.
Intentemos, pues, decir nosotros, aunque sea en
pocas palabras, lo que no ha querido exteriorizar (o quizás ni siquiera ha
sabido comprender) Rabóchei Dielo.
3. La crítica en Rusia
La peculiaridad fundamental de Rusia en el aspecto
que examinamos consiste en que el comienzo mismo del movimiento obrero
espontáneo, por una parte, y del viraje de la opinión pública avanzada al
marxismo, por otra, se distinguió por la unión de elementos a todas luces
heterogéneos bajo una bandera común para combatir a un enemigo común (la
concepción sociopolítica anticuada del mundo). Nos referimos a la luna de miel
del “marxismo legal”. En general fue un fenómeno de extraordinaria
ori-ginalidad que nadie hubiera podido siquiera creer posible en la década del
80 ó primeros años de la siguiente del siglo pasado. En un país autocrático,
donde la prensa estaba sojuzgada por completo, en una época de terrible
reacción política, cuando eran perseguidos los mínimos brotes de descontento
político y protesta, se abrió de pronto cami-no en las publicaciones visadas
por la censura la teoría del marxismo revolucionario expuesta en un lenguaje
esópico, pero comprensible para todos los “interesados”. El gobierno se había
acostumbrado a considerar peligrosa únicamente la teoría del grupo
(revolucionario) Libertad del Pueblo,
? QUE HACER?
sin ver, como suele ocurrir, su evolución interna y
regoci-jándose de toda crítica que fuera contra ella. Pasó mucho tiempo (mucho
según contamos los rusos) hasta que el gobierno se despertó y hasta que el
aparatoso ejército de censores y gendarmes pudo descubrir al nuevo enemigo y
caer sobre él. Mientras tanto, iba apareciendo un libro marxista tras otro;
empezaban a publicarse revistas y pe-riódicos marxistas; todo el mundo se hacía
marxista; se halagaba y lisonjeaba a los marxistas; los editores estaban entusiasmados
por la extraordinaria venta que tenían los libros marxistas. Se comprende
perfectamente que entre los marxistas principiantes envueltos por esa humareda
de éxito hubiera algún que otro “escritor envanecido”...28
Hoy puede hablarse de ese periodo con calma, como
de algo ya pasado. Para nadie es un secreto que la efímera prosperidad
alcanzada por el marxismo en la superficie de nuestras publicaciones fue debida
a la alianza de elemen-tos extremistas con otros muy moderados. En el fondo,
estos últimos eran demócratas burgueses, y esa deducción (confirmada con
evidencia por el desarrollo “crítico” pos-terior de dichos hombres) no podían
menos que hacerla ya ciertas personas en los tiempos de mantenimiento de la “alianza”.29
Pero si eso es así, ¿no recae la mayor
responsabilidad por la “confusión” ulterior precisamente en los
socialde-mócratas revolucionarios, que pactaron esa alianza con los futuros
“críticos”? Esta pregunta, seguida de una respuesta afirmativa, se oye a veces
en boca de gente que enfoca el
28 29
Vladimir Ilich Lenin
problema de una manera demasiado simple. Pero esa
gente no tiene la menor razón. Puede temer alianzas temporales, aunque sea con
personas poco seguras, sólo quien descon-fía de sí mismo, y sin esas alianzas
no podría existir ningún partido político. Ahora bien, la unión con los
marxistas legales fue una especie de primera alianza verdaderamente política
concertada por la socialdemocracia rusa. Gracias a esta alianza se ha logrado
el triunfo, de asombrosa rapidez, sobre el populismo, así como la grandiosa difusión
de las ideas del marxismo (si bien en forma vulgarizada). Además, la alianza no
fue pactada sin “condición” alguna, ni mucho menos. Pruebas al canto: la
recopilación marxista Datos sobre el desarrollo económico de Rusia,30 quemada
por la censura de 1895. Si el acuerdo literario con los marxistas legales puede
ser comparado con una alianza política, este libro puede compararse con un
pacto político.
La ruptura no se debió, desde luego, al hecho de
que los “aliados” resultaran ser demócratas burgueses. Por el contrario, los
adeptos de semejantes tendencias son aliados naturales y deseables de la
socialdemocracia, siempre que se trate de las tareas democráticas de esta
última, planteadas en primer plano por la situación actual de Rusia. Mas, para
esta alianza, es condición indispensable que los socialistas tengan plena
posibilidad de revelar a la clase obrera la oposición antagónica existente
entre sus intereses y los de la burguesía. Ahora bien, el bernsteinianismo y la
tenden-cia “crítica”, hacia las cuales evolucionaron totalmente la mayoría de
los marxistas legales, descartaban esa posibi-lidad y corrompían la conciencia
socialista, envileciendo
? QUE HACER?
el marxismo, predicando la teoría de la atenuación
de las contradicciones sociales, declarando absurda la idea de la revolución
social y de la dictadura del proletariado, re-duciendo el movimiento obrero y
la lucha de clases a un tradeunionismo estrecho y a la lucha “realista” por
reformas pequeñas y graduales. Era exactamente lo mismo que si la democracia
burguesa negara al socialismo el derecho a la independencia, y, por tanto, su
derecho a la existencia; en la práctica, eso significaba tratar de convertir el
incipiente movimiento obrero en un apéndice de los liberales.
En tales condiciones, como es natural, la ruptura se hizo imprescindible. Pero la particularidad
“original” de Rusia se manifestó en que esa ruptura sólo significaba que los
socialdemócratas se apartaban de las publicaciones “lega-les”, más accesibles
para todos y muy difundidas. Los “ex marxistas” se hicieron fuetes en ellas,
colocándose “bajo el signo de la crítica” y obteniendo casi el monopolio de “demoler
el marxismo”. Los gritos: “¡Contra la ortodo-xia!” y “¡Viva la libertad de
crítica!” (repetidos ahora por Rabóchei Dielo) se pusieron en el acto muy en
boga. Ni siquiera los censores ni los gendarmes pudieron resistir a esa moda,
como lo prueba la aparición de tres ediciones rusas del libro del famoso
(famoso a lo Eróstrato) Berns-tein31 o la recomendación por Zubátov32 de los
libros de Bernstein, del señor Prokopóvich y otros (Iskra, número 10). Los
socialdemócratas tienen planteada ahora una tarea difícil de por sí y, además,
complicada en grado increíble por obstáculos puramente externos: la tarea de
combatir la nueva corriente. Y esta corriente no se ha limitado al
30 31
Vladimir Ilich Lenin
terreno de las publicaciones. El viraje hacia la
“crítica” ha ido acompañado de un movimiento opuesto: la inclinación hacia el
“economismo” por parte de los socialdemócratas dedicados a la labor práctica.
Podría servir de tema para un artículo especial
esta interesante cuestión: cómo han surgido y han aumentado el nexo y la
interdependencia entre la crítica legal y el “eco-nomismo” ilegal. A nosotros
nos basta con señalar aquí la existencia incuestionable de este nexo. El famoso
Credo ha adquirido tan merecida celebridad precisamente por haber formulado con
toda franqueza ese nexo y haber revelado, sin proponérselo, la tendencia
política fundamental del “econo-mismo”: que los obreros se encarguen de la lucha
económi-ca (más exacto sería decir: de la lucha tradeunionista, pues esta
última comprende también la política específicamente obrera), y que la
intelectualidad marxista se fusione con los liberales para la “lucha” política.
La labor tradeunionista “entre el pueblo” resultó ser la realización de la
primera mitad de dicha tara, y la crítica legal, la realización de la segunda
mitad. Esta declaración fue un arma tan excelente en contra del “economismo”
que, si no hubiese aparecido el Credo, valdría la pena hacerlo inventado.
El Credo no fue inventado, pero sí publicado sin el
con-sentimiento y hasta en contra, quizás, de la voluntad de sus autores. Al
menos, el autor de estas líneas, que participó en sacar a la luz del día el
nuevo “programa”,33 tuvo que escuchar lamentos y reproches porque el resumen de
las opiniones de los oradores se difundió en copias, recibió el mote de Credo
? QUE HACER?
y ¡apareció incluso en la prensa junto con la
protesta! Refe-rimos este episodio porque revela un rasgo muy curioso de
nuestro “economismo”: el miedo a la publicidad. Un rasgo precisamente del
“economismo” en general —y no sólo de los autores del Credo— que se ha
manifestado en Rabóchaya Mysl,34 el adepto más franco y más honrado del
“economis-mo”, en Rabóchei Dielo (al indignarse contra la publicación de
documentos “economistas” en el Vademécum;35 en el comité de Kiev, que hace cosa
de dos años no quiso au-torizar la publicación de su Professión de foi36 junto
con la refutación37 escrita contra ella, y en muchos, muchísimos partidarios
del “economismo”.
Este miedo que tienen a la crítica los adeptos de
la li-bertad de crítica no puede explicarse sólo por astucia (si bien algunas
veces las cosas no ocurren, indudablemente, sin astucia, ¡no es prudente dejar
al descubierto ante el embate del enemigo los brotes, débiles aún, de la nueva
tendencia!); no, la mayoría de los “economistas” des-aprueba con absoluta
sinceridad (y, por la propia esencia del “economismo”, tiene que desaprobar)
toda clase de controversias teóricas, disensiones fraccionales, grandes problemas
políticos, proyectos de organizar a revoluciona-rios, etc. “¡Sería mejor dejar
todo eso a la gente del extran-jero!”, me dijo en cierta ocasión un
“economista”, bastante consecuente, expresando con ello la siguiente idea, muy
difundida (y también puramente tradeunionista): lo que a nosotros nos incumbe
es el movimiento obrero, las orga-nizaciones obreras que tenemos aquí, en
nuestra localidad, y el resto no son más que invenciones de los doctrinarios,
32 33
Vladimir Ilich Lenin
“sobrestimación de la ideología”, como decían los
autores de la carta publicada en el número 13 de Iskra, haciendo coro al número
10 de Rabóchei Dielo.
Ahora cabe preguntar: en vista de estas
peculiaridades de la “crítica” rusa y del bernsteinianismo ruso, ¿en qué debía
consistir la tarea de los que de hecho, y no sólo de palabra, querían ser
adversarios del oportunismo? Primero, era necesario preocuparse de reanudar la
labor teórica, apenas iniciada en la época del marxismo legal y que había
vuelto a recaer sobre los militantes clandesti-nos; sin esta labor era
imposible un incremento eficaz del movimiento. Segundo, era preciso emprender
una lucha activa contra la “crítica” legal, que corrompía a fondo los
espíritus. Tercero, había que combatir con energía la dispersión y las
vacilaciones en el movimiento práctico, denunciando y refutando toda tentativa
de subestimar, consciente o inconscientemente, nuestro programa y nuestra
táctica.
Es sabido que Rabóchei Dielo no hizo ni lo primero,
ni lo segundo, ni lo tercero; y más adelante tendremos que aclarar
detalladamente esta conocida verdad en sus más diversos aspectos. Por ahora,
sólo queremos mostrar la flagrante contradicción en que se halla la
reivindicación de “libertad de crítica” con las peculiaridades de nuestra
crítica patria y del “economismo” ruso. En efecto, echen un vistazo al texto de
la resolución con que la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero ha
confirmado el punto de vista de Rabóchei Dielo:
? QUE HACER?
En beneficio del ulterior desarrollo ideológico de
la socialdemocracia, consideramos absolutamente necesaria la libertad de
criticar la teoría socialde-mócrata, en las publicaciones del partido, es el
grado en que dicha crítica no esté en pugna con el carácter clasista y
revolucionario de esta teoría.38
Y se exponen los motivos: la resolución “coincide
en su primera parte con la resolución del Congreso de Lübeck del partido acerca
de Bernstein”... ¡En su simplicidad, los “aliados” ni siquiera notan qué
testimonium paupertais (cer-tificado de pobreza) se firma a sí mismo con esta
manera de copiar! “Pero... en su segunda parte, restringe más la libertad de
crítica que el Congreso de Lübeck”.
¿De modo que la resolución de la Unión está
dirigida contra los bernsteinianos rusos? ¡Porque, de otro modo sería un
absurdo completo referirse a Lübeck! Pero no es cierto que “restrinja la
libertad de crítica de un modo estricto”. En su resolución de Hannóver, los
alemanes rechazaron punto por punto precisamente las enmiendas que presentó
Bernstein, y en la de Lübeck hicieron una advertencia personal a Bernstein,
mencionando su nom-bre en el texto. En cambio, nuestros imitadores “libres” no
hacen la menor alusión a una sola de las manifestaciones de la “crítica” y del
“economismo”, especialmente rusos; si se guarda silencio de esa forma, la mera
alusión al ca-rácter clasista y revolucionario de la teoría deja mucha más
libertad para falsas interpretaciones, sobre todo si la Unión se niega a
calificar de oportunismo “el llamado
34 35
Vladimir Ilich Lenin
economismo”. Pero esto lo decimos de pasada. Lo
princi-pal consiste en que la posición de los oportunistas frente a los
socialdemócratas revolucionarios es diametralmente opuesta en Alemania y en
Rusia.
En Alemania, los socialdemócratas revolucionarios,
como es sabido, están a favor de mantener lo que existe: el viejo programa y la
vieja táctica, que todo el mundo conoce y que han sido explicados en todos sus
detalles a través de la experiencia de muchos decenios. Los “críticos”, en
cambio, quieren introducir modificaciones; y como estos “críticos” representan
una ínfima minoría, y sus aspiraciones revisio - nistas son muy tímidas, es
fácil comprender los motivos por los cuales la mayoría se limita a rechazar
lisa y llanamente las “innovaciones”. En Rusia, en cambio, son los críticos y
los “economistas” quienes desean mantener lo que existe: los “críticos” quieren
que se siga considerándolos marxistas y que se les asegure la “libertad de
crítica” que disfrutaban en todos los sentidos (pues, en el fondo, jamás han
recono-cido ningún vínculo de partido;40 además, entre nosotros no había un
órgano de partido reconocido por todos que pudiera “restringir” la libertad de
crítica, aunque sólo fuera por medio de un consejo). Los “economistas” quieren
que los revolucionarios reconozcan “la plenitud de derechos del movimiento en
el presente” (Rabóchei Dielo, número 10, pág. 25), es decir la “legitimidad” de
la existencia de lo que existe; que los “ideólogos” no traten de “desviar” el
movimiento del camino “determinado por la acción recíproca entre los elementos
materiales y el medio mate-rial” (Carta, en el número 12 de Iskra); que se
considere
? QUE HACER?
deseable sostener la lucha “que es posible para los
obreros en las circunstancias presentes”, y se considere posible la lucha “que
mantienen realmente en el momento actual” (Suplemento especial de Rabóchaya
Mysl,41 pág. 14).
En cambio, a nosotros, los socialdemócratas
revolucio-narios, nos disgusta ese culto a la espontaneidad, es decir, a lo que
existe “en el momento actual”; reclamamos que se modifique la táctica que ha
prevalecido durante los últimos años, declaramos que “antes de unificarse y
para unificarse es necesario empezar por deslindar los campos de un modo
resuelto y definido”.42 En pocas palabras, los alemanes se conforman con lo que
existe, rechazando las modificacio-nes; nosotros reclamamos que se modifique lo
existente, rechazando el culto a ello y la resignación con ello.
¡Precisamente esta “pequeña” diferencia es la que
no han advertido nuestros “libres” copiadores de resoluciones alemanas!
4. Engels sobre la importancia de la lucha teórica
“Dogmatismo, doctrinarismo”, “anquilosamiento del
partido, castigo ineludible por las trabas impuestas al pensamiento”, tales son
los enemigos contra los cuales arre-meten caballerescamente en Rabóchei Dielo
los paladines de la “libertad de crítica”. Nos alegra mucho que se haya
suscitado esta cuestión, y sólo propondríamos completarla con otra: ¿Y quiénes
serán los árbitros?
Tenemos a la vista los anuncios de dos
publicaciones. Uno es el programa de Rabócheie Dielo, órgano de prensa
36 37
Vladimir Ilich Lenin
de la Unión de Socialdemócratas Rusos (separata del
Núm. 1, de Rabóchei Dielo.). El otro es el Anuncio sobre la reanudación de las
publicaciones del grupo Emancipación del Trabajo.43 Ambos están fechados en
1899, cuando la “crisis del marxismo” estaba planteada a la orden del día desde
hacía ya mucho tiempo. ¿Y bien? En vano buscaríamos en el primero de dichos
documentos una alusión a este fenó-meno y una exposición definida de la actitud
que el nuevo órgano piensa adoptar ante él. Ni en este programa ni en los
suplementos del mismo, aprobados por el III Congreso de la Unión en 1901.
(Dos congresos, pág. 15-18), se dice una sola
palabra de la labor teórica ni de sus tareas inmediatas en el mo-mento actual.
Durante todo este tiempo, la redacción de Rabóchei Dielo ha dado de lado los
problemas teóricos, a pesar de que preocupaban a todos los socialdemócratas del
mundo entero.
Por el contrario, el otro anuncio señala, ante
todo, que en los últimos años ha decaído el interés por la teoría, recla-ma con
insistencia que se preste una “atención vigilante al aspecto teórico del
movimiento revolucionario del prole-tariado” y llama a “criticar
implacablemente las tendencias bernsteinianas y otras tendencias
antirrevolucionarias” en nuestro movimiento. Los números aparecidos de Zariá
muestran cómo se ha cumplido este programa.
Vemos, pues, que las frases altisonantes contra el
anquilosamiento de la idea, etc., encubren la despreocu-pación y la impotencia
en el desarrollo del pensamiento
? QUE HACER?
teórico. El ejemplo de los socialdemócratas rusos
ilustra con particular evidencia un fenómeno europeo general (señalado también
hace ya mucho por los marxistas ale-manes): la famosa libertad de crítica no
significa sustituir una teoría con otra, sino liberarse de toda teoría íntegra
y meditada; significa eclecticismo y falta de principios. Quien conozca, por
poco que sea, el estado efectivo de nuestro movimiento verá forzosamente que la
vasta difusión del marxismo ha ido acompañada de cierto me-nosprecio del nivel
teórico. Son muchas las personas muy poco preparadas, e incluso sin preparación
teórica alguna, que se han adherido al movimiento por su significación práctica
y sus éxitos prácticos. Este hecho permite juzgar cuán grande es la falta de
tacto de Rabóchei Dielo al lan-zar con aire triunfal la sentencia de Marx:
“cada paso del movimiento efectivo es más importante que una docena de
programas”. Repetir estas palabras en una época de dispersión teórica es
exactamente lo mismo que gritar al paso de un entierro: “¡Ojalá tengáis siempre
uno que llevar!”. Además, estas palabras de Marx han sido toma-das de su carta
sobre el Programa de Gotha,45 en la cual censura duramente el eclecticismo en
que se incurrió al formular los principios: si hace falta unirse —escribía Marx
a los dirigentes del partido—, pactad acuerdos para alcanzar los objetivos
prácticos del movimiento, pero no trafiquéis con los principios, no hagáis
“concesiones” teóricas. Tal era el pensamiento de Marx, ¡pero resulta que entre
nosotros hay gente que en nombre de Marx trata de aminorar la importancia de la
teoría!
38 39
Vladimir Ilich Lenin
Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber
movi-miento revolucionario. Jamás se insistirá bastante sobre esta idea en unos
momentos en que a la prédica de moda del oportunismo se une la afición a las
formas más estrechas de la actividad práctica. Y para la socialdemocracia rusa,
la importancia de la teoría es mayor aún, debido a tres cir-cunstancias que se
olvidan con frecuencia. En primer lugar, nuestro partido sólo empieza a
organizarse, sólo comienza a formar su fisonomía y dista mucho de haber ajustado
sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento revo-lucionario que
amenazan con desviar el movimiento del camino justo. Por el contrario,
precisamente los últimos tiempos se han distinguido (como predijo hace ya mucho
Axelrod a los “economistas”) por una reanimación de las tendencias
revolucionarias no socialdemócratas. En estas condiciones, un error “sin
importancia” a primera vista puede tener las más tristes consecuencias, y sólo
gente miope puede considerar inoportunas o superfluas las dis-cusiones
fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices. De la consolidación de
tal o cual “matiz” puede depender el porvenir de la socialdemocracia rusa
durante muchísimos años.
En segundo lugar, el movimiento socialdemócrata es
internacional por naturaleza. Esto no significa únicamente que debamos combatir
el chovinismo nacional. Significa también que el movimiento incipiente en un
país joven sólo puede desarrollarse con éxito a condición de que aplique la
experiencia de otros países. Y para ello no basta conocer simplemente esta
experiencia o limitarse a copiar las últi-
? QUE HACER?
mas resoluciones adoptadas; para ello es necesario
saber enfocar de modo crítico esta experiencia y comprobarla uno mismo. Quienes
se imaginen cuán gigantescos son el crecimiento y la ramificación del
movimiento obrero contemporáneo comprenderán cuántas fuerzas teóricas y cuánta
experiencia política (y revolucionaria) se necesitan para cumplir esta tarea.
En tercer lugar, ningún otro partido socialista del
mundo ha tenido que afrontar tareas nacionales como las que tiene planteadas la
socialdemocracia rusa. Más adelante debe-remos hablar de los deberes de índole
política y orgánica que nos impone esta tarea de liberar a todo el pueblo del
yugo de la autocracia. Por el momento, queremos señalar únicamente que sólo un
partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de
combatiente de vanguardia. Y para que el lector tenga una idea concreta, por
poco que sea, de lo que esto significa, que recuerde a precursores de la
socialdemocracia rusa como Herzen, Belinski, Chernyshevski y a la brillante
pléyade de revo-lucionarios de los años 70; que piense en la importancia
universal que está alcanzando ahora la literatura rusa; que ... ¡pero basta con
lo dicho!
Aduciremos las observaciones hechas por Engels en
1874 a la significación de la teoría en el movimiento socialdemócrata. Engels
reconoce tres formas de la gran lucha de la socialdemocracia, y no dos (la
política y la eco-nómica) —como es usual entre nosotros—, colocando también a
su lado la lucha teórica. Sus recomendaciones
40 41
Vladimir Ilich Lenin
al movimiento obrero, alemán, ya robustecido en los
as-pectos práctico y político, son tan instructivas desde el punto de vista de
los problemas y las discusiones actuales que el lector no nos recriminará, así
lo esperamos, por reproducir un extenso fragmento del prefacio al folleto Der
deutsche Bauernkrieg,46 que desde hace ya mucho es una rareza bibliográfica:
…los obreros alemanes tienen dos ventajas esen-
ciales sobre los obreros del resto de Europa. La
primera es que pertenecen al pueblo más teórico de
Europa y han conservado en sí ese sentido teórico,
casi completamente perdido por las clases llama-
das “cultas” de Alemania. Sin la filosofía alemana
que le ha precedido, sobre todo sin la filosofía de
Hegel, jamás se habría creado el socialismo cientí-
fico alemán, el único socialismo científico que ha
existido alguna vez. De haber carecido los obreros
de sentido teórico, este socialismo científico
nunca
hubiera sido, en la medida que lo es hoy, carne de
su carne y sangre de su sangre. Y demuestra cuán
inmensa es dicha ventaja, de un lado, la
indiferencia
por toda teoría, que es una de las causas
principales
de que el movimiento obrero inglés avance con
tanta lentitud, a pesar de la excelente
organización
de algunos oficios, y de otro, el desconcierto y la
confusión sembrados por el proudhonismo, en su
forma primitiva, entre los franceses y los belgas,
y,
en la forma caricaturesca que le ha dado Bakunin,
entre los españoles y los italianos.
? QUE HACER?
La segunda ventaja consiste en que los alemanes han
sido casi los últimos en incorporarse al movimien-to obrero. Así como el
socialismo teórico alemán jamás olvidará que se sostiene sobre los hombros de
Saint-Simon, Fourier y Owen —tres pensado-res que, a pesar del carácter
fantástico y de todo el utopismo de sus doctrinas, pertenecen a las mentes más
grandes de todos los tiempos, habiéndose an-ticipado genialmente a una
infinidad de verdades cuya exactitud estamos demostrando ahora de un modo
científico—, así también el movimiento obrero práctico alemán nunca debe
olvidar que se ha desarrollado sobre los hombros del movimiento inglés y
francés, que ha tenido la posibilidad de sacar simplemente partido de su
experiencia costosa, de evitar en el presento los errores que entonces no había
sido posible evitar en la mayoría de los casos. ¿Dónde estaríamos ahora sin el
precedente de las tradeuniones inglesas y de la lucha política de los obreros
franceses, sin ese impulso colosal que ha dado particularmente la Comuna de
París?
Hay que hacer justicia a los obreros alemanes por
haber aprovechado con rara inteligencia las ventajas de su situación. Por
primera vez desde que existe el movimiento obrero, la lucha se desarrolla en
forma metódica en sus tres direcciones concertadas y relacionadas entre sí:
teórica, política y económico-práctica (resistencia a los capitalistas). En
este ataque concéntrico, por decirlo así, reside precisamente la fuerza y la
invencibilidad del movimiento alemán.
42 43
Vladimir Ilich Lenin
Esta situación ventajosa, por su parte, y, por
otra, las peculiaridades insulares del movimiento inglés y la represión
violenta del francés hacen que los obreros alemanes se encuentren ahora a la
cabeza de la lucha proletaria. No es posible pronosticar cuánto tiempo les
permitirán los acontecimientos ocupar este puesto de honor. Pero, mientras lo
sigan ocupando, es de esperar que cumplirán como es debido las obligaciones que
les impone. Para esto, tendrán que redoblar sus esfuerzos en todos los aspectos
de la lucha y de la agitación. Sobre todo los jefes deberán instruirse cada vez
más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la
influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del
mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho
ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie. La
conciencia así lograda, y cada vez más lúcida, debe ser difundida entre las
masas obreras con celo cada vez mayor, y se debe cimentar cada vez más
fuertemente la organización del partido, así como la de los sindicatos...
Si los obreros alemanes siguen avanzando de este
modo, no es que marcharán al frente del movi-miento —y no le conviene al
movimiento que los obreros de una nación cualquiera marchen al frente del
mismo—, sino que ocuparán un puesto de honor en la línea de combate; y estarán
bien per-trechados para ello si, de pronto duras pruebas o grandes
acontecimientos reclaman de ellos mayor valor, mayor decisión y energía.47
44
? QUE HACER?
Estas palabras de Engels resultaron proféticas.
Algunos años más tarde, al dictarse la Ley de excepción contra los socialistas,
los obreros alemanes se vieron de improviso sometidos a duras pruebas. Y, en
efecto, estos les hicieron frente bien pertrechados y supieron salir
victoriosos de esas pruebas.
Al proletariado ruso le esperan pruebas
inconmen-surablemente más duras; tendrá que luchar contra un monstruo, en
comparación con el cual parece un verdadero pigmeo la Ley de excepción en un
país constitucional. La historia nos ha impuesto ahora una tarea inmediata, que
es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas del pro-letariado de
cualquier otro país. El cumplimiento de esta tarea, la demolición del más
poderoso baluarte no sólo de la reacción europea, sino también (podemos decirlo
hoy) de la reacción asiática, convertiría al proletariado ruso en la vanguardia
del proletariado revolucionario internacional. Y tenemos derecho a esperar que
conquistaremos este título de honor, que se merecieron ya nuestros
predecesores, los revolucionarios de los años 70, si sabemos infundir a
nues-tro movimiento, mil veces más vasto y profundo, la misma decisión abnegada
y la misma energía que entonces.
45
Capítulo II
La espontaneidad
de las masas
y la conciencia
de la socialdemocracia
? QUE HACER?
Hemos dicho que es preciso infundir a nuestro mo-
vimiento, muchísimo más vasto y profundo que el
de los años 70, la misma decisión abnegada y la
misma
energía que entonces. En efecto, parece que nadie
ha
puesto en duda hasta ahora que la fuerza del
movimiento
contemporáneo reside en el despertar de las masas
(y,
principalmente, del proletariado industrial), y su
debilidad,
en la falta de conciencia y de espíritu de
iniciativa de los
dirigentes revolucionarios.
Sin embargo, en los últimos tiempos se ha hecho un
descubrimiento pasmoso que amenaza con trastrocar
todas
las opiniones dominantes hasta ahora sobre el
particular.
Este descubrimiento ha sido hecho por Rabóchei
Dielo,
el cual, polemizando con Iskra y Zariá, no se ha
limitado
a objeciones parciales, sino que ha intentado
reducir “el
desacuerdo general” a su raíz más profunda: a “la
distinta
apreciación de la importancia comparativa del
elemento
espontáneo y del elemento ‘metódico’ consciente”.
Ra-
bóchei Dielo nos acusa de “subestimar la
importancia del
elemento objetivo o espontáneo del desarrollo”.
Responde-
mos a esto: si la polémica de Iskra y Zariá no
hubiera dado
ningún otro resultado que el de llevar a Rabóchei
Dielo a
descubrir ese “desacuerdo general”, ese solo
resultado nos
proporcionaría una gran satisfacción: hasta tal
punto es
49
Vladimir Ilich Lenin
significativa esta tesis, hasta tal punto ilustra
claramente el fondo de las actuales discrepancias teóricas y políticas entre
los socialdemócratas rusos.
Por eso mismo, la relación entre lo consciente y lo
espontáneo ofrece un magno interés general y debe ser analizado con todo
detalle.
1. Comienzo del ascenso espontáneo
En el capítulo anterior, hemos destacado el
apasiona-miento general de la juventud instruida de Rusia por la teoría del
marxismo, a mediados de los años 90. Las huelgas obreras adquirieron también
por aquellos años, después de la famosa guerra industrial de 1896 en San
Petersburgo,48 un carácter general. Su extensión a toda Rusia patentizaba cuán
profundo era el movimiento popular que volvía a renacer; y puestos a hablar del
“elemento espontáneo”, es natural que precisamente ese movimiento huelguístico deba
ser calificado, ante todo, de espontáneo. Pero hay diferentes clases de
espontaneidad. En Rusia hubo ya huelgas en los años 70 y 60 (y hasta en la
primera mitad del siglo XIX), acompañadas de destrucción “espontánea” de
máquinas, etc., comparadas con esos “motines”, las huelgas de los años 90
pueden incluso llamarse “conscientes”: tan grande fue el paso adelante que dio
el movimiento obrero en aquel período. Eso nos demuestra que, en el fondo, el
“elemento espontáneo” no es sino la forma embrionaria de lo consciente. Ahora
bien, los motines primitivos refleja-ban ya un cierto despertar de la
conciencia: los obreros
? QUE HACER?
perdían la fe tradicional en la inmutabilidad del
orden de cosas que los oprimía; empezaban… no diré que a com-prender, pero sí a
sentir la necesidad de oponer resistencia colectiva y rompían resueltamente con
la sumisión servil a las autoridades. Pero, sin embargo, eso era, más que
lucha, una manifestación de desesperación y de venganza. En las huelgas de los
años 90 vemos muchos más destellos de con-ciencia: se presentan
reivindicaciones concretas, se calcula de antemano el momento más conveniente,
se discuten los casos y ejemplos conocidos de otros lugares, etc.; si bien es
verdad que los motines eran simples levantamientos de gente oprimida, no lo es
menos que las huelgas sistemáti-cas representaban ya embriones de lucha de
clases, pero embriones nada más. Aquellas huelgas eran en el fondo lucha
tradeunionista, aún no eran lucha socialdemócrata; señalaban el despertar del
antagonismo entre los obreros y los patronos; sin embargo, los obreros no
tenían, ni podían tener, conciencia de la oposición inconciliable entre sus
in-tereses y todo el régimen político y social contemporáneo, es decir, no
tenían conciencia socialdemócrata. En este sentido, las huelgas de los años 90,
aunque significaban un progreso gigantesco en comparación con los “motines”,
seguían siendo un movimiento netamente espontáneo.
Hemos dicho que los obreros no podían tener
con-ciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser traída desde fuera. La
historia de todos los países demuestra que la clase obrera está en condiciones
de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia
tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en
50 51
Vladimir Ilich Lenin
sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al
gobier-no la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros,
etc.49 En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas,
históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de
las clases poseedoras. Por su posición social, los propios fundadores del
socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían a la intelectualidad
burguesa. De igual modo, la doctrina teórica de la socialdemocracia ha surgi-do
en Rusia independiente por completo del crecimiento espontáneo del movimiento
obrero, ha surgido como re-sultado natural e ineludible del desarrollo del
pensamiento entre los intelectuales revolucionarios socialistas. Hacia la época
que tratamos, es decir, a mediados de los años 90, esta doctrina no sólo era ya
el programa, cristalizado por completo, del grupo Emancipación del Trabajo,
sino que incluso se había ganado a la mayoría de la juventud revo-lucionaria de
Rusia.
Así pues, existían tanto el despertar espontáneo de
las masas obreras, el despertar a la vida consciente y a la lucha consciente,
como una juventud revolucionaria que, pertrechada con la teoría
socialdemócrata, pugnaba por acercarse a los obreros. Tiene singular
importancia dejar sentado el hecho, olvidado a menudo (y relativamente poco
conocido), de que los primeros socialdemócratas de aquel período, al ocuparse
con ardor de la agitación económica (y teniendo bien presentes en este sentido
las indicaciones realmente útiles del folleto, Acerca de la agitación, entonces
todavía en manuscrito), lejos de considerarla su única ta-
? QUE HACER?
rea, señalaron también desde el primer momento las
más amplias tareas históricas de la socialdemocracia rusa, en general, y la
tarea de dar al traste con la autocracia, en par-ticular. Por ejemplo, el grupo
de socialdemócratas de San Petersburgo, que fundó la Unión de Lucha por la
Emanci-pación de la Clase Obrera.50 redactó ya a fines de 1895 el primer número
del periódico titulado Rabóchei Dielo.
Completamente preparado para la imprenta, fue
re-cogido por los gendarmes, al allanar estos el domicilio de
AA Vanéiev,51
uno de los miembros del grupo, en la noche del 8 de diciembre de 1895. De modo
que el Rabóchei Dielo del primer período no tuvo la suerte de ver la luz. El
editorial de aquel número (que quizás alguna revista como Rússkaya Starina52
exhume de los archivos del De-partamento de Policía dentro de unos 30 años)
esbozaba las tareas históricas de la clase obrera de Rusia, colocando en primer
plano la conquista de la libertad política. Luego seguían el artículo “¿En qué
piensan nuestros ministros?”,53 dedicado a la disolución de los comités de
primera ense-ñanza por la fuerza de la policía, y diversas informaciones y
comentarios de corresponsales no sólo de San Petersburgo, sino de otras
localidades de Rusia (por ejemplo, sobre la matanza de obreros en la provincia
de Yaroslavl).54 Así pues, si no nos equivocamos, este “primer ensayo” de los
socialdemócratas rusos de los años 90 no era un periódico de carácter
estrechamente local, y mucho menos “económi-co”; tendía a unir la lucha
huelguística con el movimiento revolucionario contra la autocracia y lograr que
todos los
oprimidos por la política del oscurantismo
reaccionario
52 53
Vladimir Ilich Lenin
apoyaran la socialdemocracia. Y cuantos conozcan,
por poco que sea, el estado del movimiento de aquella época, no dudarán que
semejante periódico habría sido acogido con toda simpatía tanto por los obreros
de la capital como por los intelectuales revolucionarios y habría alcanzado la
mayor difusión. El fracaso de esta empresa demostró úni-camente que los
socialdemócratas de entonces no estaban en condiciones de satisfacer la demanda
vital del momento debido a la falta de experiencia revolucionaria y de prepara-ción
práctica. Lo mismo cabe decir de Sankt-Petersburgski rabochi Listok55 y, sobre
todo, de Rabóchaya Gazeta y del Manifiesto del Partido Obrero Socialdemócrata
de Rusia, fundado en la primavera de 1898. Se sobreentiende que no se nos
ocurre siquiera imputar esta falta de preparación a los militares de entonces.
Mas, para aprovechar la experiencia del movimiento
y sacar de ella enseñanzas prácticas, hay que comprender hasta el fin las
causas y la significación de tal o cual defecto. Por eso es de extrema
importancia hacer constar que una parte (incluso, quizá, la mayoría) de los
socialdemócratas que actuaron de 1895 a 1898 consideraba posible, con sobrada
razón ya entonces, en los albores del movimiento “espontáneo”, defender el
programa y la táctica de combate más amplios.56 La falta de preparación de la
mayoría de los revolucionarios, fenómeno completamente natural, no po-día
despertar grandes recelos. Dado que el planteamiento de las tareas era justo y
que había energías para repetir los intentos de cumplirlas, los reveses
temporales eran una desgracia a medias. La experiencia revolucionaria y la ha-
? QUE HACER?
bilidad de organización son cosas que se adquieren
con el tiempo. ¡Lo que hace falta es querer formar en uno mismo las cualidades
necesarias! ¡Lo que hace falta es tener con-ciencia de los defectos, cosa que
en la labor revolucionaria equivale a más de la mitad de su corrección!
Pero la desgracia a medias se convirtió en una
verdade-ra desgracia cuando comenzó a ofuscarse esa conciencia (que era muy
viva entre los militantes de los susodichos grupos), cuando aparecieron
hombres, y hasta órganos socialdemócratas, dispuestos a erigir los defectos en
vir-tudes y que incluso intentaron argumentar teóricamente su servilismo y su
culto a la espontaneidad. Es hora ya de hacer el balance de esta tendencia, muy
inexactamente definida con la palabra “economismo”, término demasiado estrecho
para expresar su contenido.
2. El
culto a la espontaneidad. Rabóchaya Mysl
Antes de pasar a las manifestaciones literarias de
este culto, señalaremos el siguiente hecho típico (comunicado en la fuente
antes mencionada), que arroja cierta luz sobre la forma en que surgió y se
ahondó en el medio de camaradas que actuaban en San Petersburgo la divergencia
entre las que serían después dos tendencias de la socialdemocracia rusa. A
principios de 1897, AA Vanéiev y algunos de sus camaradas asistieron, antes de
ser deportados, a una reunión privada de “viejos” y “jóvenes” miembros de la Unión
de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera. Se habló
54 55
Vladimir Ilich Lenin
principalmente de la organización y, en particular,
del Regla-mento de la Caja Obrera, cuyo texto definitivo fue publicado en el
número 9-10 de Listok Rabótnika58 (pág. 46). Entre los “viejos”
(“decembristas”, como los llamaban entonces en broma los socialdemócratas
petersburgueses) y algunos de los “jóvenes” (que más tarde colaboraron
activamente en Rabóchaya Mysl), se manifestó en el acto una divergencia acusada
y se desencadenó una acalorada polémica.
Los “jóvenes” defendían las bases principales del
reglamento tal y como ha sido publicado. Los “viejos” decían que lo más
necesario no era eso, sino fortalecer la Unión de Lucha transformándola en una
organización de revolucionarios a la que debían subordinarse las distintas
cajas obreras, los círculos de propaganda entre la juventud estudiantil, etc.
Por supuesto, los contrincantes estaban lejos de ver en esta divergencia el
comienzo de una di-sensión, un desacuerdo; por el contrario, la consideraban esporádica
y casual. Pero este hecho prueba que, también en Rusia, el “economismo” no
surgió ni se difundió sin lucha contra los “viejos” socialdemócratas (cosa que
los “economistas” de hoy olvidan con frecuencia). Y si esta lucha no ha dejado,
en su mayor parte, vestigios “docu-mentales”, se debe únicamente a que la
composición de los círculos en funcionamiento cambiaba con frecuencia, por lo
cual las divergencias tampoco ser registraban en documento alguno.
La aparición de Rabóchaya Mysl sacó el “economismo”
a la luz del día, pero tampoco lo hizo de golpe. Hay que
? QUE HACER?
tener una idea concreta de las condiciones de
trabajo y de la vida efímera de numerosos círculos rusos (y sólo puede tenerla
quien la ha vivido) para comprender cuánto hubo de casual en el éxito o fracaso
de la nueva tendencia en distintas ciudades, así como del largo período en que
ni los partidarios ni los adversarios de estas ideas “nuevas” pudieron
determinar, ni tuvieron literalmente la menor posibilidad de hacerlo, si era,
en efecto, una tendencia especial o un simple reflejo de la falta de preparación
de algunas personas. Por ejemplo, los primeros números de Rabóchaya Mysl,
tirados en hectógrafo, no llegaron en ab-soluto a la inmensa mayoría de los
socialdemócratas. Y si ahora podemos referirnos al editorial de su primer
número es sólo gracias a su reproducción en el artículo de VI59 (Listok
Rabótnika, Núm. 9-10, pág. 47 y siguientes), que, como es natural, no dejó de
elogiar con fervor (un fervor insensato) al nuevo periódico, el cual se
distinguía tanto de los periódicos y proyectos de periódicos que hemos
mencionado antes.60 Este editorial expresa con tanto relieve todo el espíritu
de Rabóchaya Mysl y del “economismo” en general que merece la pena examinarlo.
Después de señalar que el brazo con bocamanga
azul61 no podrá detener el desarrollo del movimiento obrero, el artículo
continúa: “El movimiento obrero debe esa vitalidad a que el propio obrero toma,
por fin, su destino en sus propias manos, arrancándolo de las manos de los
dirigentes”, y más adelante se explana en detalle esta tesis fundamental. En
realidad, la policía arrancó a los dirigentes (es decir, a los
socialdemócratas, a los organizadores de
56 57
Vladimir Ilich Lenin
la Unión de Lucha), puede decirse, de las manos de
los obreros,62 ¡pero las cosas son presentadas como si los obre-ros hubieran
luchado contra esos dirigentes y se hubieran emancipado de su yugo!
En vez de exhortar a marchar a volver atrás, a la
lucha tradeunionista exclusiva, se proclamó que “la base econó-mica del
movimiento es velada por el deseo constante de no olvidar el ideal político”,
que el lema del movimiento obrero debe ser: “lucha por la situación económica”
(!); o mejor aún: “los obreros, para los obreros”; se declaró que las cajas de
resistencia “valen más para el movimiento que un centenar de otras
organizaciones” (comparen esta afir-mación, hecha en octubre de 1897, con la
discusión entre los “decembristas” y los “jóvenes” a principios de 1897), etc.
Frasecitas como, por ejemplo, la de que no debe colo-carse en primer plano la
“flor y nata” de los obreros, sino al obrero “medio”, al obrero de la masa; que
la “política sigue siempre dócilmente a la economía”,63 etc., etc., se pusieron
de moda y adquirieron una influencia irresistible sobre la masa de la juventud
enrolada en el movimiento, la cual sólo conocía, en la mayoría de los casos,
retazos del marxismo tal y como se exponían en las publicaciones legales.
Esto significaba someter por completo la conciencia
a la espontaneidad; a la espontaneidad de los “social-demócratas” que repetían
las “ideas del señor VV”, a la espontaneidad de los obreros que se dejaban
llevar por el argumento de que conseguir aumentos de un kopek por rublo estaba
más cerca y valía más que todo socialismo y toda política; de que debían
“luchar, sabiendo que lo
? QUE HACER?
hacían no para imprecisas generaciones futuras,
sino para ellos mismos y para sus hijos”64. Las frases de este tipo han sido
siempre el arma favorita de los burgueses de Europa Occidental que, en su odio
al socialismo, se esforzaban (como el “socialpolítico” alemán Hirsch) por
trasplantar el tradeunionismo inglés a su suelo patrio, diciendo a los obreros
que la lucha exclusivamente sindical65 es una lucha para ellos mismos y para
sus hijos, y no para imprecisas generaciones futuras con un impreciso socialismo
futuro. Y ahora, “los VV de la socialdemocracia rusa”66 repiten estas frases
burguesas. Importa señalar aquí tres circunstancias que nos serán de gran
utilidad para seguir examinando las divergencias actuales.67
En primer lugar, el sometimiento de la conciencia a
la espontaneidad, antes mencionado, se produjo también por vía espontánea.
Parece un juego de palabras, pero, ¡ay!, es una amarga verdad. Este hecho no
fue resultado de una lucha abierta entre dos concepciones diametralmente
opuestas y del triunfo de una sobre otra; sino que se debió a que los gendarmes
“arrancaron” un número cada vez mayor de revolucionarios “viejos” y además
aparecieron en escena, también en número cada vez mayor, los “jóve-nes”, “VV de
la socialdemocracia rusa”. Todo el que haya, no ya participado en el movimiento
ruso contemporáneo, sino simplemente respirado sus aires, sabe de sobra que la
situación es como acabamos de describir. Y si, no obstante, insistimos de
manera especial en que el lector se explique del todo este hecho notorio; si,
para mayor claridad, por decirlo así, aducimos datos sobre Rabócheie Dielo del
pri-
58 59
Vladimir Ilich Lenin
mer período y sobre las discusiones entre los
“viejos” y los “jóvenes” de principios de 1897 es porque hombres que presumen
de “demócratas” especulan con el hecho de que el gran público (o los jóvenes)
lo ignora. Aún insistiremos sobre este punto más adelante.
En segundo lugar, ya en la primera manifestación
lite-raria del “economismo” podemos observar un fenómeno sumamente original, y
peculiar en extremo, que permite comprender todas las discrepancias existentes
entre los socialdemócratas y contemporáneos. El fenómeno consis-tente en que
los partidarios del “movimiento puramente obrero”, los admiradores del contacto
más estrecho y más “orgánico” (expresión de Rabóchei Dielo) con la lucha
pro-letaria, los adversarios de todos los intelectuales no obreros (aunque sean
intelectuales socialistas) se ven obligados a recurrir, para defender su
posición, a los argumentos de los “exclusivamente tradeunionistas” burgueses.
Esto nos prue-ba que Rabóchaya Mysl comenzó a llevar a la práctica desde su
aparición —y sin darse cuenta de ello— el programa del Credo. Esto prueba (cosa
que Rabóchei Dielo en modo alguno puede comprender) que todo lo que sea rendir
culto a la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea aminorar el
papel del elemento consciente, el papel de la socialdemocracia, significa —de
manera independiente por completo de la voluntad de quien lo hace— acrecentar
la influencia de la ideología burguesa entre los obreros. Cuantos hablan de
“sobrestimación de la ideología”,68 de exageración del papel del elemento
consciente,69 etc., se imaginan que el movimiento puramente obrero puede ela-
? QUE HACER?
borar por sí solo, y elaborará, una ideología
independiente con tal de que los obreros “arranquen su destino de manos de los
dirigentes”. Pero eso es un craso error. Para completar lo que acabamos de
exponer, añadiremos las siguientes palabras, profundamente justas e
importantes, dichas por C. Kautsky con motivo del proyecto de nuevo programa
del Partido Socialdemócrata Austríaco:70
Muchos de nuestros críticos revisionistas
con-sideran que Marx ha afirmado que el desarrollo económico y la lucha de
clases, además de crear las condiciones necesarias para la producción
socialista, engendran directamente la conciencia (subrayado por CK) de su
necesidad. Y esos críticos objetan que el país de mayor desarrollo capitalista,
Inglaterra, es el que más lejos está de esa conciencia. A juzgar por el
proyecto, podría creerse que esta sedicente concepción marxista ortodoxa,
refutada de la manera indicada, es compartida por la comisión que redactó el
programa austríaco. El proyecto dice: “Cuanto más crece el proletariado con el
desarrollo capitalista, tanto más obligado se ve a emprender la lucha contra el
capitalismo y tanto más capacitado está para emprenderla. El proletariado llega
a adquirir conciencia” de que el socialismo es posible y necesario. En este
orden de ideas, la conciencia socialista aparece como el resultado necesario e
inmediato de la lucha de clase del proletariado. Eso es falso a todas luces.
Por supuesto, el socialismo, como doctrina, tiene sus
60 61
Vladimir Ilich Lenin
raíces en las relaciones económicas actuales,
exac-tamente igual que la lucha de clase del proletaria-do; y lo mismo que esta
última, dimana de la lucha contra la pobreza y la miseria de las masas, pobreza
y miseria que el capitalismo engendra. Pero el so-cialismo y la lucha de clases
surgen juntos, aunque de premisas diferentes; no se derivan el uno de la otra.
La conciencia socialista moderna sólo puede surgir de profundos conocimientos
científicos. En efecto, la ciencia económica contemporánea es premisa de la
producción socialista en el mismo grado que, pongamos por caso, la técnica
moder-na; y el proletariado, por mucho que lo desee, no puede crear ni la una
ni la otra; de la ciencia no es el proletariado, sino la intelectualidad
burguesa (subrayado por CK): es del cerebro de algunos miembros de este sector
de donde ha surgido el socialismo moderno, y han sido ellos quienes lo han
transmitido a los proletarios destacados por su desarrollo intelectual, los
cuales lo introducen luego en la lucha de clase del proletariado, allí donde
las condiciones lo permiten. De modo que la conciencia socialista es algo
introducido desde fuera (von auβen Hineingetragenes) en la lucha de clase del
proletariado, y no algo que ha surgido espontáneamente (urwüchsig) dentro de
ella. De acuerdo con esto, ya el viejo programa de Heinfeld decía, con toda
razón, que es tarea de la socialdemocracia introducir en el proletariado la
conciencia (literalmente: llenar al proletariado de ella) de su situación y de
su misión. No habría
? QUE HACER?
necesidad de hacerlo si esta conciencia derivara
automáticamente de la lucha de clases. El nuevo
proyecto, en cambio, ha transcrito esta tesis del
viejo programa y la ha prendido a la tesis arriba
citada. Pero esto ha interrumpido por completo
el curso del pensamiento…
Puesto que ni hablar se puede de una ideología inde-pendiente,
elaborada por las propias masas obreras en el curso mismo de su movimiento,71
el problema se plantea solamente así: ideología burguesa o ideología
socialista. No hay término medio (pues la humanidad no ha ela-borado ninguna
“tercera” ideología, además, en general, en la sociedad desgarrada por las
contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las
clases ni por encima de las clases). Por eso, todo lo que sea rebajar la
ideología socialista, todo lo que sea sepa-rarse de ella significa fortalecer
la ideología burguesa. Se habla de espontaneidad. Pero el desarrollo espontáneo
del movimiento obrero marcha precisamente hacia la subordinación suya a la
ideología burguesa, sigue preci-samente el camino trazado en el programa del
Credo, pues el movimiento obrero espontáneo es tradeunionismo, es
Nur-Gewerkschaftlerei, y el tradeunionismo no es otra cosa que el sojuzgamiento
ideológico de los obreros por la burguesía. De ahí que nuestra tarea, la tarea
de la so-cialdemocracia, consista en combatir la espontaneidad, en apartar el
movimiento obrero de este afán espontáneo del tradeunionismo, que tiende a
cobijarse bajo el ala
62 63
Vladimir Ilich Lenin
de la burguesía, y enrolarlo bajo el ala de la
socialdemo-cracia revolucionaria. La frase de los autores de la carta
“economista”, publicada en el Núm. 12 de Iskra, de que ningún esfuerzo de los
ideólogos más inspirados podrá desviar el movimiento obrero del camino
determinado por la interacción de los elementos materiales y el medio material
equivale plenamente, por tanto, a renunciar al socialismo. Y si esos autores
fuesen capaces de pensar en lo que dicen, de pensar hasta el fin con valentía y
cohe-rencia —como debe meditar sus ideas toda persona que actúa en la palestra
literaria y social—, no les quedaría más remedio que “cruzar sobre el pecho
vacío los brazos innecesarios” y… y ceder el terreno a los señores Struve y
Prokopóvich, que llevan el movimiento obrero “por la línea de la menor
resistencia”, es decir, por la línea del tradeunionismo burgués, o a los
señores Zubátov, que lo llevan por la línea de la “ideología”
clerical-policíaca.
Recuerden el ejemplo de Alemania. ¿En qué consistió
el mérito histórico de Lassalle ante el movimiento obrero alemán? En haber
apartado ese movimiento del camino del tradeunionismo progresista y del
cooperativismo, por el cual se encauzaba espontáneamente (con la participa-ción
benévola de los Schulze-Delitzsch y sus semejantes). Para cumplir esta tarea
fue necesario algo muy distinto de la charlatanería sobre la subestimación del
elemento espontáneo, sobre la táctica-proceso, la interacción de los elementos
y del medio, etc.; para ello fue necesario desplegar una lucha encarnizada
contra la espontaneidad, y sólo como resultado de esa lucha, que ha durado
largos
? QUE HACER?
años, se ha logrado, por ejemplo, que la población
obrera de Berlín haya dejado de ser un puntal del Partido Progre-sista para
convertirse en uno de los mejores baluartes de la socialdemocracia. Y esta
lucha no ha terminado aún, ni mucho menos (como podrían creer quienes estudian
la historia del movimiento alemán en los escritos de Proko-póvich, y su
filosofía, en los de Struve). También hoy está fraccionada la clase obrera
alemana, si es lícita la expresión, en varias ideologías: una parte de los
obreros está agrupada en los sindicatos obreros católicos y monárquicos; otra,
en los sindicatos de Hirsch-Duncker,72 fundados por los admiradores burgueses
del tradeunionismo inglés, y una tercera, en los sindicatos socialdemócratas.
Esta última es incomparablemente mayor que las demás, pero la ideología
socialdemócrata ha podido conquistar esta supremacía y podrá mantenerla sólo en
lucha tenaz contra todas las demás ideologías.
Pero, preguntará el lector: ¿por qué el movimiento
espontáneo, el movimiento por la línea de la menor resis-tencia, conduce
precisamente al predominio de la ideología burguesa? Por la sencilla razón de
que la ideología burguesa es, por su origen, mucho más antigua que la ideología
so-cialista, porque su elaboración es más completa y porque posee medios de
difusión incomparablemente mayores.73 Y cuanto más joven sea el movimiento
socialista en un país, tanto más enérgica deberá ser, por ello, la lucha contra
toda tentativa de afianzar la ideología no socialista, con tanta mayor decisión
se habrá de prevenir a los obreros contra los malos consejeros que protestan de
“la exageración del
64 65
Vladimir Ilich Lenin
elemento consciente”, etc. Los autores de la carta
“econo-mista”, al unísono con Rabóchei Dielo, fulminan la intole-rancia, propia
del período infantil del movimiento.
Respondemos a eso: sí, nuestro movimiento se
encuen-tra, en efecto, en la infancia; y para que llegue con mayor rapidez a la
edad viril debe contagiarse precisamente de in-tolerancia con quienes frenan su
desarrollo prosternándose ante la espontaneidad. ¡Nada hay más ridículo y
nocivo que dárselas de viejos militantes que han pasado hace ya mucho por todos
los episodios decisivos de la lucha!
En tercer lugar, el primer número de Rabóchaya Mysl
nos muestra que la denominación de “economismo” (a la cual, por supuesto, no
pensamos renunciar, pues, de uno u otro modo, es un sobrenombre que ha
arraigado ya) no expresa con suficiente exactitud la esencia de la nueva
corriente. Rabóchaya Mysl no niega por completo la lucha política: en el
Reglamento de las cajas, publicado en su primer número, se habla de la lucha
contra el gobierno. Rabóchaya Mysl entiende sólo que “la política sigue siempre
dócilmente a la economía” (en tanto que Rabócheie Dielo varía esta tesis,
asegurando en su programa que “en Rusia, más que en ningún otro país, la lucha
económica está ligada de modo inseparable a la lucha política”). Estas tesis de
Rabóchaya Mysl y de Rabócheie Dielo son falsas desde el comienzo hasta el fin
si entendemos por política la política socialdemócra-ta. Como hemos visto ya,
es muy frecuente que la lucha económica de los obreros esté ligada (si bien no
de modo inseparable) a la política burguesa, clerical, etc.
? QUE HACER?
Las tesis de Rabóchei Dielo son justas si
entendemos por política la política tradeunionista, es decir, la aspiración
común de todos los obreros de arrancar al Estado tales o cuales medidas contra
las calamidades propias de su situa-ción, pero que no acaban aún con esa
situación, o sea, que no suprimen el sometimiento del trabajo al capital. Esta
aspiración es en verdad común tanto a los tradeunionis-tas ingleses, enemigos
del socialismo, como a los obreros católicos, a los obreros “zubatovistas”,
etc. Hay diferentes tipos de política. Vemos, pues, que Rabóchaya Mysl,
tam-bién en lo que respecta a la lucha política, lejos de negarla, rinde culto
a su espontaneidad, a su falta de conciencia. Al reconocer plenamente la lucha
política que surge en forma espontánea del propio movimiento obrero (o dicho
con más exactitud: los anhelos y las reivindicaciones políticas de los
obreros), renuncia por completo a elaborar indepen-dientemente una política
socialdemócrata específica que corresponda a los objetivos generales del
socialismo y a las condiciones actuales de Rusia. Más adelante, demostrare-mos
que Rabóchei Dielo incurre en el mismo error.
3. El
Grupo de Autoemancipación74 y Rabóchei Dielo
Hemos examinado con tanto detalle el editorial,
poco conocido y casi olvidado hoy, del primer número de Ra-bóchaya Mysl porque
expresó antes y con mayor relieve que nadie esa corriente general que saldría
después a la superficie por innumerables arroyuelos. VI tenía plena
66 67
Vladimir Ilich Lenin
razón cuando, al elogiar el primer número y el
editorial de Rabóchaya Mysl, dijo que había sido escrito “con fogosidad y
vigor” (Listok “Rabótnika”, Núm. 9-10, pág. 49). Toda persona de convicciones
firmes y que cree decir algo nuevo escribe “con vigor” y de manera que pone de
relieve sus puntos de vista. Sólo quienes están acostumbrados a nadar entre dos
aguas carecen de todo “vigor”; sólo esa gente es capaz, después de haber
elogiado ayer el vigor de Rab. Mysl, de atacar hoy a sus adversarios porque den
muestras de “vigor polémico”.
Sin detenernos en el Suplemento especial de
Rabóchaya Mysl (distintos motivos nos obligarán más adelante a re-ferirnos a
esta obra, que expresa con la mayor coherencia las ideas de los “economistas”),
comentaremos sólo breve-mente el Llamamiento del Grupo de Autoemancipación de
los Obreros (marzo de 1899, reproducido en Nakanunie74 de Londres, Núm. 7,
julio del mismo año). Los autores de este llamamiento dicen con toda razón que
“la Rusia obrera sólo empieza a despertar, a mirar en torno suyo y se aferra instintivamente
a los medios de lucha que tiene a mano”. Pero deducen de ahí la misma
conclusión falsa de que Rabóchaya Mysl, olvidando que lo instintivo es
precisamente lo inconsciente (lo espontáneo), en cuya ayuda deben acudir los
socialistas; que los medios de lu-cha “que se tienen a mano” serán siempre, en
la sociedad actual, medios tradeunionistas de lucha, y que la primera ideología
“que se tiene a mano” será la ideología burguesa (tradeunionista). Esos autores
tampoco “niegan” la política, sino que, siguiendo al señor VV, dicen solamente
(¡sola-
? QUE HACER?
mente!) que la política es una superestructura y
que, por ello, “la agitación política debe ser una superestructura de la
agitación en pro de la lucha económica, debe nacer de ella y seguirla”.
En cuanto a Rabóchei Dielo, comenzó su actividad
pre-cisamente por la “defensa” de los “economistas”. Después de haber afirmado
con evidente falsedad, ya en su primer número (pág. 141-142), que “ignoraba a
qué camaradas jóvenes se había referido Axelrod” en su conocido folleto,75 al
hacer una advertencia a los “economistas”, Rabóchei Dielo tuvo que reconocer,
en la polémica con Axelrod y Plejánov a propósito de esa falsedad, que,
“fingiendo no saber de quién se trataba, quiso defender de esa acusación injusta
a todos los emigrados socialdemócratas más jóvenes” (Axe-lrod acusaba de
estrechez de miras a los “economistas”).76 En realidad, dicha acusación era
completamente justa, y Rabóchei Dielo sabía muy bien que se aludía, entre
otros, a VI, miembro de su redacción.
Señalaré de paso que en la polémica mencionada,
Axe-lrod tenía completa razón, y Rabóchei Dielo se equivocaba de medio a medio
en la interpretación de mi folleto Las tareas de los socialdemócratas rusos.77
Este folleto fue escrito en 1897, antes de que apareciera Rabóchaya Mysl,
cuando yo consideraba con todo fundamento que la tendencia inicial de la Unión
de Lucha de San Petersburgo, que he definido más arriba, era la predominante. Y
por lo menos hasta mediados de 1898, esa tendencia predominó, en efecto. Por
eso, Rabóchei Dielo no tenía ningún derecho a
68 69
Vladimir Ilich Lenin
remitirse, para refutar la existencia y el peligro
del “econo-mismo”, a un folleto que exponía concepciones desplazadas en San
Petersburgo en 1897-1898 por las concepciones “economistas”.78
Pero Rabóchei Dielo no sólo “defendía” a los
“economis-tas”, sino que él mismo caía continuamente en sus equivo-caciones
principales. Esto se debía al modo ambiguo de interpretar la siguiente tesis de
su propio programa:
El movimiento obrero de masas79 surgido en los
últimos años es, a juicio nuestro, un fenómeno de la mayor im-portancia de la
vida rusa y está llamado principalmente a determinar las tareas80 y el carácter
de la actividad lite-raria de la Unión”. Es indiscutible que el movimiento de
masas representa un fenómeno de la mayor importancia. Pero la cuestión estriba
en la manera de concebir “cómo determina las tareas” este movimiento de masas.
Puede concebirse de dos maneras: o bien en el sentido del culto a la espontaneidad
de ese movimiento, es decir, reduciendo el papel de la socialdemocracia al de
simple servidor del movimiento obrero como tal (así la conciben Rabóchaya Mysl,
el Grupo de Autoemancipación y los demás “eco-nomistas”); o bien en el sentido
de que el movimiento de masas nos plantea nuevas tareas teóricas, políticas y
orgánicas, mucho más complejas que las tareas con que podíamos contentarnos
antes de que apareciera el mo-vimiento de masas.
Rabóchei Dielo tendía y tiende a concebirla
precisamen-te en el primer sentido, pues no ha dicho nada concreto
? QUE HACER?
acerca de las nuevas tareas y ha razonado todo el
tiempo como si el “movimiento de masas” nos eximiera de la nece-sidad de
comprender con claridad y cumplir las tareas que éste plantea. Será suficiente
recordar que Rabóchei Dielo consideraba imposible señalar al movimiento obrero
de masas como primera tarea el derrocamiento de la autocra-cia, rebajando esta
tarea (en nombre del movimiento de masas) al nivel de la lucha por
reivindicaciones políticas inmediatas (Respuestas, pág. 25).
Dejemos a un lado el artículo “La lucha económica y
política en el movimiento ruso”, publicado por B. Krichevski, director de
Rabóchei Dielo, en el Núm. 7 —artículo en que se repiten esos mismos
errores—,81 y pasemos directamente al número 10 de dicho periódico. Por
supuesto, no nos detendremos a analizar objeciones aisladas de B. Krichevski y
Martínov contra Zariá e Iskra. Lo único que nos interesa aquí es la posición de
principios que ha adoptado Rabócheie Dielo en su número 10. No nos detendremos,
por ejemplo, a examinar el caso curioso de que Rabóchei Dielo vea una
“contradicción flagrante” entre la tesis:
La socialdemocracia no se ata las manos, no
cir-cunscribe sus actividades a un plano o procedi-miento cualesquiera de lucha
política concebidos de antemano: admite todos los medios de lucha con tal de
que correspondan a las fuerzas efectivas del partido, etc. (Núm. 1 de Iskra)82
70 71
Vladimir Ilich Lenin
y la tesis:
Sin no existe una organización fuerte con
expe-riencia de lucha política en cualquier situación y en cualquier período no
se puede ni hablar de un plan sistemático de actividad, basado en princi-pios
firmes y aplicado rigurosamente, del único plan que merece el nombre de táctica
(Núm. 4 de Iskra).83
Cuando se quiere hablar de táctica, confundir la
admi-sión en principio de todos los medios de lucha, de todos los planes y
procedimientos con tal de que sirvan para lograr el fin propuesto, con la
exigencia de guiarse en un momento político concreto por un plan aplicado a
rajatabla equivale a confundir que la medicina admite todos los sistemas
tera-péuticos con la exigencia de que en el tratamiento de una enfermedad
concreta se siga siempre un sistema determina-do. Pero de lo que se trata,
precisamente, es de que Rabóchei Dielo, que padece de una enfermedad que hemos
llamado culto a la espontaneidad, no quiere admitir ningún “sistema
terapéutico” para curar esta enfermedad. Por eso ha hecho el notable
descubrimiento de que “la táctica-plan está en contradicción con el espíritu
fundamental del marxismo”,84 de que la táctica es “un proceso de crecimiento de
las tareas del partido, las cuales crecen junto con éste”.85
Esta segunda máxima tiene todas las probabilidades
de hacerse célebre, de convertirse en un monumento impe-recedero a la
“tendencia” de Rabóchei Dielo. A la pregunta
? QUE HACER?
de “¿A dónde ir?”, este órgano dirigente responde:
El mo-vimiento es un proceso de cambio de la distancia entre el punto de
partida y el punto subsiguiente del movimiento. Esta incomparable profundidad
de pensamiento no sólo es curiosa (si sólo fuera curiosa no valdría la pena
detenerse especialmente en ella), sino que representa, además, el pro-grama de
toda una tendencia, a saber: el mismo programa que R. M. expuso (en el
Suplemento especial suyo) con las siguientes palabras: es deseable la lucha que
es posible, y es posible la lucha que se sostiene en un momento dado. Ésta es
precisamente la tendencia del oportunismo ilimitado, que se adapta en forma
pasiva a la espontaneidad.
“¡La táctica-plan está en contradicción con el
espíritu fundamental del marxismo!”. Eso es una calumnia contra el marxismo,
eso equivale a convertirlo en la caricatura que nos oponían los populistas en
su guerra contra nosotros. ¡Eso es precisamente aminorar la iniciativa y la
energía de los militantes conscientes, mientras que el marxismo, por el
contrario, da un impulso gigantesco a la iniciativa y a la energía de los
socialdemócratas, abriendo ante ellos las perspectivas más vastas, poniendo a
su disposición (si podemos expresarnos así) las fuerzas poderosas de los
millones y millones que constituyen la clase obrera, la cual se alza a la lucha
“espontáneamente!”. Toda la historia de la socialdemocracia internacional
abunda en planes, propuestos ora por uno, ora por otro líder político, que
demuestran la perspicacia y la justedad de las concepcio-nes que uno tiene de
política y organización o revelan la miopía y los errores políticos de otro.
Cuando Alemania
72 73
Vladimir Ilich Lenin
dio uno de los mayores virajes históricos —la
formación del Imperio, la apertura del Reichstag, la concesión del sufragio
universal—, Liebknecht tenía un plan de la política y la acción en general de
la socialdemocracia, y Schweitzer tenía otro. Cuando sobre los socialistas
alemanes cayó la Ley de excepción, Most y Hasselman, dispuestos a exhortar pura
y simplemente a la violencia y al terrorismo, tenían un plan; Höchberg, Schramm
y (en parte) Bernstein tenían otro plan, y empezaron a predicar a los socialdemócratas
que, con su insensata brusquedad y su revolucionarismo, habían provocado esa
ley y debían ganarse el perdón con una conducta ejemplar; tenían un tercer plan
quienes pre-pararon y llevaron a la práctica la publicación de un órgano de
prensa clandestino.86
Al mirar al pasado, muchos años después de terminar
la lucha por la elección del camino y de haber pronun-ciado la historia su
veredicto sobre el acierto del camino elegido, no es difícil, claro está,
revelar profundidad de pensamiento, proclamando la máxima de que las tareas del
partido crecen con éste. Pero limitarse en un momento de confusión,87 cuando
los “críticos” y los “economistas” rusos hacen descender a la socialdemocracia
al nivel del tradeuninismo, y los terroristas propugnan con empeño la adopción
de una “táctica-plan” que repite los viejos errores, a semejante profundidad de
pensamiento significa extenderse a sí mismo un “certificado de pobreza”. Decir
en un momento en que muchos socialdemócratas rusos padecen precisamente de
falta de iniciativa y energía, de falta de “amplitud en la propaganda,
agitación y organiza-
? QUE HACER?
ción políticas”,88 de falta de “planes” para
organizar a mayor escala la labor revolucionaria, decir en un momento así, que
cuando “la táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del
marxismo” no sólo significa envilecer el marxismo en el sentido teórico, sino,
en la práctica, tirar del partido hacia atrás.
El socialdemócrata revolucionario89 —nos alec-ciona
más adelante Rabóchei Dielo— se plantea la única tarea de acelerar con su labor
consciente el desarrollo objetivo, y no suprimirlo o sustituirlo con planes
subjetivos. Iskra sabe todo esto en teoría. Pero la magna importancia que el
marxis-mo atribuye justamente a la labor revolucionaria consciente la lleva, en
la práctica, debido a su concepción doctrinaria de la táctica, a aminorar la
importancia del elemento objetivo o espontáneo del desarrollo.90
Otra vez la mayor confusión teórica, digna del
señor VV y cofradía. Pero desearíamos preguntar a nuestro filósofo: ¿en qué
puede manifestarse la “aminoración” del desarro-llo objetivo por parte de un
autor de planes subjetivos? Evidentemente, en perder de vista que este
desarrollo objetivo crea o afianza, hunde o debilita a estas o las otras
clases, sectores y grupos, a tales o cuales naciones, grupos de naciones, etc.,
condicionando así una u otra agrupación política internacional de fuerzas, una
u otra posición de los partidos revolucionarios, etc.; pero el pecado de tal
74 75
Vladimir Ilich Lenin
autor no consistirá entonces en aminorar el
elemento es-pontáneo, sino en aminorar, por el contrario, el elemento
consciente, pues le faltará “conciencia” para comprender con acierto el
desarrollo objetivo.
Por eso, el mero hecho de hablar de “apreciación de
la importancia relativa”91 de lo espontáneo y lo consciente revela una falta
absoluta de “conciencia”. Si ciertos “elemen-tos espontáneos del desarrollo”
son accesibles en general a la conciencia humana, su apreciación errónea
equivaldrá a “aminorar el elemento consciente”. Y si son inaccesibles a la
conciencia, no los conocemos ni podemos hablar de ellos. ¿De qué habla, pues,
B. Krichevski? Si considera erróneos los “planes subjetivos” de Iskra (y él los
declara erróneos), debe-ría probar qué hechos objetivos no son tenidos en
cuenta en esos planes y acusar a Iskra, por ello, de falta de conciencia, de
“aminoración del elemento consciente”, usando su lenguaje. Pero si, descontento
con los planes subjetivos, no tiene más argumento que el de invocar la
“aminoración del elemento espontáneo”, lo único que demuestra es:
1) En
teoría, comprende el marxismo a lo Karéiev y a lo Mijailovski, suficientemente
ridiculizados por Béltov;92
2) En
la práctica, se da por satisfecho en absoluto con los “elementos espontáneos
del desarrollo”, que arrastraron a nuestros marxistas legales al
bernteinianismo, y a nues-tros socialdemócratas, al “economismo”, y muestra
“gran indignación” con quienes han decidido apartar contra viento y marea a la
socialdemocracia rusa del camino del desarrollo “espontáneo”.
? QUE HACER?
Y más adelante, siguen ya cosas divertidísimas:
De la misma manera que los hombres, pese a todos
los éxitos de las ciencias naturales, seguirán multiplicándose por el método
antediluviano, el nacimiento de un nuevo régimen, pese a todos los éxitos de
las ciencias sociales y el aumento del número de luchadores conscientes,
seguirá siendo asimismo principalmente resultado de explosiones espontáneas.93
De la misma manera que la sabiduría antediluviana
dice que no hace falta mucha inteligencia para tener hijos, la sabiduría de los
“socialistas modernos” (a lo Narciso Tuporílov)94 proclama: cualquiera tendrá
inteligencia suficiente para participar en el nacimiento espontáneo de un nuevo
régimen social. Nosotros también creemos que cualquiera tendrá inteligencia
suficiente. Para participar de ese modo, basta dejarse arrastrar por el
“economismo” cuando reina el “economismo”, y por el terrorismo, cuan-do ha surgido
el terrorismo. Así, en la primavera de este año, cuando tanta importancia tenía
prevenir contra la inclinación al terrorismo, Rabócheie Dielo estaba perplejo
ante este problema “nuevo” para él. Y seis meses más tarde, cuando el problema
ha dejado de ser actual, nos ofrece a un mismo tiempo la declaración de que
“creemos que la tarea de la socialdemocracia no puede ni debe consistir en
contrarrestar el auge del espíritu terrorista”95 y la reso-lución del congreso:
“El congreso considera inoportuno
76 77
Vladimir Ilich Lenin
el terrorismo ofensivo sistemático”.96 ¡Con qué
magnífica claridad e ilación está dicho! No nos oponemos, pero lo declaramos
inoportuno; y lo declaramos de tal manera, que el terror no sistemático y
defensivo no va incluido en la “resolución”. ¡Es forzoso reconocer que
semejante reso-lución está a cubierto de todo peligro y queda garantizada por
completo contra los errores, como lo está un hombre que habla por hablar!
Y para redactar semejante resolución sólo hacía
falta una cosa: saber mantenerse a la zaga del movimiento. Cuando Iskra se
burló de Rabóchei Dielo por haber declarado que el programa del terrorismo era
nuevo,97 Rabóchei Dielo, enfada-do, acusó a Iskra de tener “la pretensión
verdaderamente in-creíble, de imponer a la organización del partido la solución
que ha dado a los problemas de táctica hace más de 15 años un grupo de
escritores emigrados”.98 En efecto, ¡qué preten-sión y qué exageración del
elemento consciente: resolver de antemano los problemas en teoría, para luego
convencer de la justedad de esa solución tanto a la organización como al
partido y a las masas!99 ¡Otra cosa es repetir simplemente cosas trilladas y,
sin “imponer” nada a nadie, someterse a cada “viraje”, ya sea hacia el
“economismo”, ya sea hacia el terrorismo! Rabóchei Dielo llega incluso a
generalizar este gran precepto de la sabiduría de la vida, acusando a Iskra y
Zariá de “oponer su programa al movimiento, como un espíritu que se cierne
sobre un caos amorfo”.100
Pero, ¿en qué consiste el papel de la
socialdemocracia sino en ser el “espíritu” que no sólo se cierne sobre el mo-
? QUE HACER?
vimiento espontáneo, sino que eleva a este último
al nivel de “su programa”? Porque no ha de consistir en seguir arras-trándose a
la zaga del movimiento, lo que, en el mejor de los casos, sería inútil para el
propio movimiento y, en el peor de los casos, nocivo en extremo. Pero Rabócheie
Dielo no sólo sigue esta “táctica-proceso”, sino que la erige en principio, de
modo que sería más justo llamar a esta tendencia seguidismo (de la palabra
“seguir a la zaga”), en vez de oportunismo. Y es obligado reconocer que quienes
han decidido firmemente seguir siempre a la zaga del movimiento están
asegurados, en absoluto y para siempre, contra la “aminoración del ele-mento
espontáneo del desarrollo”.
Así pues, hemos podido convencernos de que el error
fundamental de la “nueva tendencia” en la socialdemocra-cia rusa consiste en
rendir culto a la espontaneidad, en no comprender que la espontaneidad de las
masas exige de nosotros, los socialdemócratas, una elevada conciencia. Cuanto
más crece la lucha espontánea de las masas, cuanto más amplio se hace el
movimiento, tanto mayor, incompa-rablemente mayor, es el imperativo de elevar
con rapidez la conciencia en la labor teórica, política y orgánica de la socialdemocracia.
La activación espontánea de las masas en Rusia ha
sido (y sigue siendo) tan rápida que la juventud socialdemó-crata ha resultado
poco preparada para cumplir estas tareas gigantescas. Esta falta de preparación
es nuestra desgracia común, una desgracia de todos los socialdemócratas rusos.
La activación de las masas se ha producido y aumentado de
78 79
Vladimir Ilich Lenin
manera continua y sucesiva, y lejos de cesar donde
había comenzado, se ha extendido a nuevas localidades y nuevos sectores de la
población (bajo la influencia del movimiento obrero se ha reanimado la
efervescencia entre la juventud estudiantil, entre los intelectuales en general
e incluso entre los campesinos). Pero los revolucionarios se han rezagado de la
creciente actividad de las masas, tanto en sus “teorías” como en su labor, no
han logrado crear una organización permanente que funcione sin interrupciones y
sea capaz de dirigir todo el movimiento.
En el primer capítulo hemos consignado que Rabóchei
Dielo rebaja nuestras tareas teóricas y repite “espontánea-mente” el grito de
moda: “libertad de crítica”; quienes lo repiten no han tenido “conciencia”
suficiente para com-prender que las posiciones de los “críticos” oportunistas y
las de los revolucionarios en Alemania y en Rusia son diametralmente opuestas.
En los capítulos siguientes examinaremos cómo se ha
manifestado este culto a la espontaneidad en el terreno de las tareas políticas
y en la labor de organización de la socialdemocracia.
Capítulo III
Política tradeunionista y política social demócrata
80
? QUE HACER?
Comenzaremos una vez más haciendo un elogio a
Rabócheie Dielo. En su número 10 publica un artícu-
lo de Martínov sobre las discrepancias con Iskra,
titulado
“Las publicaciones de denuncias y la lucha
proletaria”. “No
podemos limitarnos a denunciar el estado de cosas
que
entorpece su desarrollo (el del partido obrero).
Debemos
también hacernos eco de los intereses inmediatos y
coti-
dianos del proletariado”.101 Así formula Martínov
la esencia
de esas discrepancias.
Iskra… es de hecho el órgano de la oposición
revolucionaria, que denuncia el estado de cosas
reinante en nuestro país y, principalmente, el
régi-
men político… Nosotros, en cambio, trabajamos y
seguiremos trabajando por la causa obrera en estre-
cha conexión orgánica con la lucha proletaria.102
Es forzoso agradecer a Martínov esta fórmula.
Adquiere
un notable interés general, porque, en el fondo, no
abarca
sólo, ni mucho menos, nuestras discrepancias con
Rabóchei
Dielo: abarca también, en general, todas las
discrepancias
existentes entre nosotros y los “economistas”
respecto a la
lucha política. Hemos demostrado ya que los
“economistas”
no niegan en absoluto la “política”, sino que
únicamente se
83
Vladimir Ilich Lenin
desvían a cada paso de la concepción
socialdemócrata de la política hacia la concepción tradeunionista. De la misma
manera se desvía Martínov, y por eso estaremos dispuestos a tomarlo por modelo
de las aberraciones economistas en esta cuestión. Trataremos de demostrar que
nadie podrá ofenderse con nosotros por esta elección: ni los autores del
Suplemento especial de Rabóchaya Mysl, ni los autores del Llamamiento del Grupo
de Autoemancipación, ni los autores de la carta economista” publicada en el
Núm. 12 de Iskra.
1. La
agitación política y su restricción por los economistas
Todo el mundo sabe que la lucha económica103 de los
obreros rusos alcanzó gran extensión y se consolidó a la par con la aparición
de “publicaciones” de denuncias económicas (concernientes a las fábricas y los
oficios). El contenido principal de las “octavillas” consistía en denun-ciar la
situación existente en las fábricas, y entre los obreros se desencadenó pronto
una verdadera pasión por estas denuncias. En cuanto los obreros vieron que los
círculos socialdemócratas querían y podían proporcionarles hojas de nuevo tipo
—que les decían toda la verdad sobre su vida miserable, su trabajo
increíblemente penoso y su situación de parias—, comenzaron a inundarlos, por
decirlo así, de cartas de las fábricas y los talleres.
Estas “publicaciones de denuncias” causaban inmensa
sensación tanto en las fábricas cuyo estado de cosas fusti-
? QUE HACER?
gaban como en todas las demás a las que llegaban
noticias de los hechos denunciados. Y puesto que las necesidades y las
desgracias de los obreros de distintas empresas y de diferentes oficios tienen
mucho de común, la “verdad sobre la vida obrera” entusiasmaba a todos. Entre
los obreros más atrasados se propagó una verdadera pasión por “ser publi-cado”,
pasión noble por esta forma embrionaria de guerra contra todo el sistema social
moderno, basado en el pillaje y la opresión. Y las “octavillas”, en la inmensa
mayoría de los casos, eran de hecho una declaración de guerra, pues la denuncia
producía un efecto terriblemente excitante, movía a todos los obreros a
reclamar que se pusiera fin a los escándalos más flagrantes y los disponía a
defender sus reivindicaciones por medio de huelgas. Los propios fabri-cantes
tuvieron, en fin de cuentas, que reconocer hasta tal punto la importancia de
estas octavillas como declaración de guerra, que, muy a menudo, ni siquiera
querían esperar a que empezase la guerra.
Las denuncias, como ocurre siempre, tenían fuerza
por el mero hecho de su aparición y adquirían el valor de una poderosa presión
moral. Más de una vez bastó con que apareciera una octavilla para que las
reivindicaciones fuesen satisfechas total o parcialmente. En una palabra, las
denuncias económicas (fabriles) han sido y son un resorte importante de la
lucha económica. Y seguirán conservando esta importancia mientras exista el
capitalismo, que origina necesariamente la autodefensa de los obreros. En los
países europeos más adelantados se puede observar, incluso hoy, que las
denuncias de escándalos en alguna “industria de
84 85
Vladimir Ilich Lenin
oficio” de un rincón perdido o en alguna rama del
trabajo a domicilio, olvidada de todas, se convierten en punto de partida para
despertar la conciencia de clase, para iniciar la lucha sindical y la difusión
del socialismo.104
Durante los últimos tiempos, la inmensa mayoría de
los socialdemócratas rusos han estado absorbidos casi entera-mente por esta
labor de organización de las denuncias de los abusos cometidos en las fábricas.
Basta con recordar Rabóchaya Mysl para ver a qué extremo había llegado esa
absorción y cómo se olvidaba que semejante actividad, por sí sola, no era aún,
en el fondo, socialdemócrata, sino sólo tradeunionista. En realidad, las
denuncias no se refe-rían más que a las relaciones de los obreros de un oficio
determinado con sus patronos respectivos, y lo único que lograban era que los
vendedores de la fuerza de trabajo aprendieran a vender a mejor precio esta
“mercancía” y a luchar contra los compradores en el terreno de las
transac-ciones puramente comerciales.
Estas denuncias podían convertirse (siempre que las
aprovechara en cierto grado la organización de los revolu-cionarios) en punto
de partida y elemento integrante de la actividad socialdemócrata, pero podían
conducir también (y, con el culto a la espontaneidad, debían conducir) a la
lucha “exclusivamente sindical” y a un movimiento obrero no socialdemócrata. La
socialdemocracia dirige la lucha de la clase obrera no sólo para conseguir
ventajosas condiciones de venta de la fuerza de trabajo, sino para destruir el
régimen social que obliga a los desposeídos a venderse a los ricos.
? QUE HACER?
La socialdemocracia representa a la clase obrera en
sus relaciones no sólo con un grupo determinado de patronos, sino con todas las
clases de la sociedad contemporánea, con el Estado como fuerza política
organizada. Se com-prende, por tanto, que, lejos de poder limitarse a la lucha
económica, los socialdemócratas no pueden ni admitir que la organización de
denuncias económicas constituya su actividad predominante. Debemos emprender
una intensa labor de educación política de la clase obrera, de desarrollo de su
conciencia política. Ahora, después del primer embate de Zariá e Iskra contra
el “economismo”, “todos están de acuerdo” con eso (aunque algunos lo están sólo
de palabra, como veremos enseguida).
Cabe preguntar: ¿en qué debe consistir la educación
política? ¿Podemos limitarnos a propagar la idea de que la clase obrera es
hostil a la autocracia? Está claro que no. No basta con explicar la opresión
política de que son ob-jeto los obreros (de la misma manera que era
insuficiente explicarles el antagonismo entre sus intereses y los de los
patronos). Hay que hacer agitación con motivo de cada hecho concreto de esa
opresión (como hemos empezado a hacerla con motivo de las manifestaciones
concretas de opresión económica). Y puesto que las más diversas clases de la
sociedad son víctimas de esta opresión, puesto que se manifiesta en los más
diferentes ámbitos de la vida y de la actividad sindical, cívica, personal,
familiar, religiosa, científica, etc., ¿no es evidente que incumpliríamos
nuestra misión de desarrollar la conciencia política de los obreros si no
asumiéramos la tarea de organizar una campaña de
86 87
Vladimir Ilich Lenin
denuncias políticas de la autocracia en todos los
aspectos? Porque para hacer agitación con motivo de las manifes-taciones
concretas de la opresión, es preciso denunciar esas manifestaciones (lo mismo
que para hacer agitación económica era necesario denunciar los abusos cometidos
en las fábricas).
Podría creerse que esto está claro. Pero aquí
precisa-mente resulta que sólo de palabra están “todos” de acuerdo con que es
necesario desarrollar la conciencia política en todos sus aspectos. Aquí
precisamente resulta que Rabóchei Dielo, por ejemplo, lejos de asumir la tarea
de organizar denuncias políticas en todos los aspectos (o comenzar su
organización), se ha puesto a arrastrar hacia atrás también a Iskra, que había
iniciado esa labor. Escuchen: “La lucha política de la clase obrera es sólo”
(precisamente no es sólo) “la forma más desarrollada, amplia y eficaz de la
lucha económica”.105 “En la actualidad, los socialdemócra-tas tienen planteada
la tarea de dar a la lucha económica misma, en la medida de lo posible, un
carácter político”.106 “La lucha económica es el medio que se puede aplicar con
la mayor amplitud para incorporar a las masas a la lucha política activa”:107
como ve el lector, Rabóchei Dielo está impregnado de todas estas tesis desde su
aparición hasta las últimas “instrucciones a la redacción”, y todas ellas
ex-presan, evidentemente, un mismo parecer de la agitación y la lucha
políticas.
Analicen, pues, este parecer desde el punto de
vista de la opinión, dominante entre todos los “economistas”, de
? QUE HACER?
que la agitación política debe seguir a la
económica. ¿Será cierto que la lucha económica es, en general,108 “el medio que
se puede aplicar con la mayor amplitud” para incor-porar a las masas a la lucha
política? Es falso por completo. Medios “que se pueden aplicar” con no menos
“amplitud” para tal “incorporación” son todas y cada una de las
ma-nifestaciones de la opresión policíaca y de la arbitrariedad autocrática,
pero en modo alguno sólo las manifestacio-nes ligadas a la lucha económica.
¿Por qué los jefes de los zemstvos109 y los castigos corporales de los
campesinos, las concusiones de los funcionarios y el trato que da la policía a
la “plebe” de las ciudades, la lucha con los hambrientos y la persecución de
los deseos de instrucción y de saber qué siente el pueblo, la exacción de
tributos y la persecución de las sectas religiosas, el adiestramiento de los
soldados a baquetazos y el trato cuartelero que se da a los estudiantes y los
intelectuales liberales?, ¿por qué todas estas mani-festaciones de opresión, y
miles de otras análogas, que no tienen relación directa con la lucha
“económica”, han de ser en general medios y motivos “que se pueden aplicar” con
menos “amplitud” para hacer agitación política, para incorporar a las masas a
la lucha política?
Todo lo contrario: es indudable que, en la suma
total de casos cotidianos en que el obrero (él mismo o sus alle-gados) está
falto de derechos o sufre de la arbitrariedad y la violencia, sólo una pequeña
minoría son casos de opresión policíaca en la lucha sindical. ¿Para qué
restrin-gir de antemano la envergadura de la agitación política y declarar que
se “puede aplicar con más amplitud” sólo
88 89
Vladimir Ilich Lenin
uno de los medios, al lado del cual, deben
hallarse, para un socialdemócrata, otros que, hablando en general, “pueden
aplicarse” con no menos “amplitud”?
En tiempos muy, muy remotos (¡hace un año!…),
Rabóchei Dielo decía: “Las reivindicaciones políticas in-mediatas se hacen
asequibles a las masas después de una huelga o, a lo sumo, de varias huelgas”,
“en cuanto el go-bierno emplea la policía y la gendarmería”.110 Ahora, esta
teoría oportunista de las fases ha sido ya rechazada por la Unión, la cual nos
hace una concesión al declarar que “no hay ninguna necesidad de desarrollar
desde el comienzo mismo la agitación política exclusivamente sobre el terreno
económico”.111¡Por este solo hecho el futuro historiador de la socialdemocracia
rusa verá mejor que por los más largos razonamientos hasta qué punto han
envilecido el socialismo nuestros “economistas”! Pero, ¡qué ingenuidad la de la
Unión imaginarse que, a cambio de esta renuncia a una forma de restricción de
la política, podía llevársenos a aceptar otra forma de restricción! ¿No hubiera
sido más lógico decir, también en este caso, que se debe desarrollar con la
mayor amplitud posible la lucha económica, que es preciso utilizarla siempre
para la agitación política, pero que “no hay ninguna necesidad” de ver en la
lucha econó-mica el medio que se puede aplicar con más amplitud para incorporar
a las masas a la lucha política activa?
La Unión atribuye importancia al hecho de haber
susti-tuido con las palabras “el medio que se puede aplicar con la mayor
amplitud” la expresión “el mejor medio”, que figura en
? QUE HACER?
la resolución correspondiente del IV Congreso de la
Unión Obrera Hebrea (Bund).112 Nos veríamos, efectivamente, en un aprieto si
tuviésemos que decir cuál de estas dos resolu-ciones es mejor: a nuestro
juicio, las dos son peores. Tanto la Unión como el Bund se desvían en este caso
(en parte, quizá, hasta inconscientemente, bajo la influencia de la tradición)
hacia una interpretación economista, tradeunionista, de la política. En el
fondo, las cosas no cambian en nada con que esta interpretación se haga empleando
la palabreja “el mejor” o la expresión “el que se puede aplicar con la mayor
amplitud”. Si la Unión dijera que “la agitación política sobre el terreno
económico” es el medio aplicado con la mayor amplitud (y no “aplicable”),
tendría razón respecto a cierto período de desarrollo de nuestro movimiento
socialdemócrata.
Tendría razón precisamente respecto a los
“economistas”, respecto a muchos militantes prácticos (si no a la mayoría de
ellos) de 1898 a 1901, pues esos prácticos-“economistas” aplicaron, en efecto,
la agitación política (¡en el grado en que, en general, la aplicaban!) casi
exclusivamente en el terreno económico. ¡Semejante agitación política era
acep-tada y hasta recomendada, como hemos visto, tanto por Rabóchaya Mysl como
por el Grupo de Autoemancipación! Rabóchei Dielo debería haber condenado
resueltamente el hecho de que la obra útil de la agitación económica fuera
acompañada de una restricción nociva de la lucha política; pero, en vez de
hacer eso, declara que ¡el medio más apli-cado (por los “economistas”) es el
medio más aplicable! No es de extrañar que estos hombres, cuando los tildamos
de “economistas”, no encuentren otra salida que ponernos
90 91
Vladimir Ilich Lenin
de vuelta y media, llamándonos “embaucadores”,
“des-organizadores”, “nuncios del papa” y “calumniadores”;113 no encuentren
otra salida que llorar ante todo el mundo, diciendo que les hemos inferido una
atroz afrenta, y de-clarar casi bajo juramento que “ni una sola organización
socialdemócrata peca hoy de economismo”.114 ¡Ah, esos calumniadores, esos
malignos políticos! ¿No habrán inven-tado adrede todo el “economismo” para
inferir a la gente, por simple odio a la humanidad, atroces afrentas?
¿Qué sentido concreto, real, tiene en labios de
Martí-nov plantear ante la socialdemocracia la tarea de “dar a la lucha
económica misma un carácter político”? La lucha económica es una lucha
colectiva de los obreros contra los patronos por conseguir ventajosas
condiciones de venta de la fuerza del trabajo, por mejorar las condiciones de
traba-jo y de vida de los obreros. Esta lucha es, por necesidad, una lucha
sindical, porque las condiciones de trabajo son muy diferentes en los distintos
oficios y, en consecuencia, la lucha orientada a mejorar estas condiciones
tiene que sostenerse forzosamente por oficios (por los sindicatos de Occidente,
por asociaciones sindicales de carácter provi-sional y por medio de octavillas
en Rusia, etc.). Dar a la “lucha económica misma un carácter político”
significa, pues, conquistar esas reivindicaciones profesionales, ese
mejoramiento de las condiciones de trabajo en los oficios con “medidas
legislativas y administrativas” (como se ex-presa Martínov en la página
siguiente de su artículo). Y eso es precisamente lo que hacen y han hecho
siempre todos los sindicatos obreros.
? QUE HACER?
Repasen la obra de los esposos Webb, serios
eruditos (y “serios” oportunistas), y verán que los sindicatos obreros ingleses
han comprendido y cumplen desde hace ya mucho la tarea de “dar a la lucha
económica misma un carácter político”; luchan desde hace mucho por el derecho
de huelga, por la supresión de todos los obstáculos jurídicos que se oponen al
movimiento cooperativista y sindical, por la promulgación de leyes de
protección de la mujer y del niño, por el mejoramiento de las condiciones de
trabajo mediante una legislación sanitaria y fabril, etc.
¡Así pues, tras la pomposa frase de “dar a la lucha
eco-nómica misma un carácter político”, que suena con “terri-bles” hondura de
pensamiento y espíritu revolucionario, se oculta, en realidad, la tendencia
tradicional a rebajar la política socialdemócrata al nivel de política
tradeunionista! So pretexto de rectificar la unilateralidad de Iskra, que
con-sidera más importante —fíjense en esto— “revolucionar el dogma que
revolucionar la vida”,115 nos ofrecen como algo nuevo la lucha por reformas
económicas. En efecto, el único contenido, absolutamente el único, de la frase
“dar a la lucha económica misma un carácter político” es la lucha por refor-mas
económicas. Y el mismo Martínov habría podido llegar a esta simple conclusión
si hubiese profundizado como es debido en la significación de sus propias
palabras. “Nuestro partido —dice, enfilando su artillería más pesada contra
Iskra— podría y debería presentar al gobierno reivindica-ciones concretas de
medidas legislativas y administrativas contra la explotación económica, contra
el desempleo, contra el hambre, etc.”.116 Reivindicar medidas concretas,
92 93
Vladimir Ilich Lenin
¿no es, acaso, reclamar reformas sociales? Y
preguntamos una vez más a los lectores imparciales: ¿calumniamos a los
rabochediélentsi117 (¡que me perdonen esta palabreja poco feliz hoy en boga!)
al calificarlos de bernsteinianos velados cuando presentan, como discrepancia
suya con Iskra, la tesis de que es necesaria la lucha por reformas económicas?
La socialdemocracia revolucionaria siempre ha
incluido e incluye en sus actividades la lucha por las reformas. Pero no
utiliza la agitación “económica” exclusivamente para reclamar del gobierno toda
clase de medidas: la utiliza también (y en primer término) para exigir que deje
de ser un gobierno autocrático. Además, considera su deber pre-sentar al
gobierno esta exigencia no sólo en el terreno de la lucha económica, sino
asimismo en el terreno de todas las manifestaciones en general de la vida
sociopolítica. En una palabra, subordina la lucha por las reformas como la
parte al todo, a la lucha revolucionaria por la libertad y el socia-lismo. En
cambio, Martínov resucita en una forma distinta la teoría de las fases,
tratando de prescribir infaliblemente la vía económica, por decirlo así, del
desarrollo de la lucha política. Al propugnar en un momento de efervescencia
revolucionaria que la lucha por reformas es una “tarea” especial, arrastra al
partido hacia atrás y hace el juego al oportunismo “economista” y liberal.
Prosigamos. Después de ocultar púdicamente la lucha
por las reformas tras la pomposa tesis de “dar a la lucha económica misma un
carácter político”, Martínov presenta como algo especial únicamente las
reformas económicas (e incluso sólo
? QUE HACER?
las reformas fabriles). Ignoramos por qué lo ha
hecho. ¿Quizá por descuido? Pero si hubiera tenido en cuenta no sólo las
reformas “fabriles”, perdería todo sentido la tesis entera suya que acabamos de
exponer. ¿Tal vez porque estima posible y probable que el gobierno haga
“concesiones” únicamente en el terreno económico?118 De ser así, resultaría un
error extraño. Las concesiones son posibles, y se hacen a veces tam-bién en el
ámbito de la legislación sobre castigos corporales, pasaportes, pagos de rescate,119
sectas religiosas, censura, etc., etc. Las concesiones “económicas” (o
seudoconcesiones) son sin duda las más baratas y las más ventajosas para el
gobier-no, pues espera ganarse con ellas la confianza de las masas obreras. Mas
por eso mismo, nosotros, los socialdemócratas, en modo alguno debemos dar
lugar, ni absolutamente con nada, a la opinión (o a la equivocación) de que
apreciamos más las reformas económicas, de que les concedemos una importancia
singular, etc. “Estas reivindicaciones —dice Martínov, refiriéndose a las
reivindicaciones concretas de medidas legislativas y administrativas formuladas
por él an-tes— no serían palabras vanas, puesto que, al prometer ciertos
resultados palpables, podrían ser apoyadas activamente por la masa obrera”. No
somos “economistas”, ¡oh, no! ¡Únicamente nos humillamos a los pies de la
“palpabilidad” de resultados concretos con tanto servilismo como lo hacen los
señores Bernstein, Prokopóvich, Struve, R. M. y tutti quanti! ¡Única-mente
damos a entender (con Narciso Tuporílov) que cuanto no “promete resultados
palpables” son “palabras vanas”! ¡No hacemos sino expresarnos como si la masa
obrera fuera inca-paz (y no hubiese demostrado su capacidad, pese a los que le
94 95
Vladimir Ilich Lenin
imputan su propio filisteísmo) de apoyar
activamente toda protesta contra la autocracia, incluso la que no le promete
absolutamente ningún resultado palpable!
Tomemos aunque sólo sean los mismos ejemplos
citados por el propio Martínov acerca de las “medidas” contra el desempleo y el
hambre. Mientras Rabóchei Dielo se ocupa, según promete, de estudiar y elabora
“reivindi-caciones concretas (¿en forma de proyectos de ley?) de medidas
legislativas y administrativas” que “prometan resultados palpables”, Iskra,
“que considera siempre más importante revolucionar el dogma que revolucionar la
vida”, ha tratado de explicar el nexo indisoluble que une el desempleo con todo
el régimen capitalista, advirtiendo que “el hambre es inminente”, denunciando
“la lucha de la policía contra los hambrientos”, así como el indignante
Reglamento provisional de trabajos forzados, y Zariá ha publicado en separata,
como folleto de agitación, la parte de su Crónica de la vida interior120
dedicada al hambre. Pero, Dios mío, ¡qué “unilaterales” han sido esos
orto-doxos de incorregible estrechez, esos dogmáticos sordos a los imperativos
de la “vida misma”! ¡Ni uno solo de sus artículos ha contenido —¡qué horror!—
ni una sola, ¡imagínense ustedes!, ni siquiera una sola “reivindicación
concreta” que “prometa resultados palpables”! ¡Desgra-ciados dogmáticos! ¡Hay
que llevarlos a aprender de los Krichevski y los Martínov para que se convenzan
de que la táctica es el proceso del crecimiento, de lo que crece, etc., de que
es necesario dar a la lucha económica misma un carácter político!
? QUE HACER?
“La lucha económica de los obreros contra los
patronos y el gobierno (“¡lucha económica contra el gobierno!”), además de su
significado revolucionario directo, tiene tam-bién otro: incita constantemente
a los obreros a pensar en su falta de derechos políticos”.121 Si hemos
reproducido este pasaje, no es para repetir por centésima o milésima vez lo que
hemos dicho ya antes, sino para agradecer de manera especial a Martínov esta
nueva y excelente fórmula “La lucha económica de los obreros contra los patronos
y el gobier-no”. ¡Qué maravilla! Con qué inimitable talento, con qué magistral
eliminación de todas las discrepancias parciales y diferencia de matices entre
los “economistas” tenemos expresada aquí, en su postulado conciso y claro, toda
la esencia del “economismo”, comenzando por el llamamiento a los obreros a
sostener “la lucha política en aras del interés general, para mejorar la
situación de todos los obreros”,122 siguiendo luego con la teoría de las fases
y terminando con la resolución del congreso sobre el medio “aplicable con la
mayor amplitud”, etc. “La lucha económica contra el gobier-no” es precisamente
política tradeunionista, que está muy lejos, lejísimo, de la política
socialdemócrata.
2. De
cómo Martínov ha profundizado a Plejánov
“¡Cuántos sénecas socialdemócratas han aparecido
últi-mamente en nuestro país!”, observó cierto día un camarada, refiriéndose a
la asombrosa inclinación de mucha gente propensa al “economismo” a alcanzar
indefectiblemente
96 97
Vladimir Ilich Lenin
con “su propia inteligencia” las grandes verdades
(por ejemplo, que la lucha económica incita a los obreros a pensar en su falta
de derechos), desconociendo con mag-nífico desdén de genios innatos cuánto ha
proporcionado ya el desarrollo anterior del pensamiento revolucionario y del
movimiento revolucionario. Un genio innato de esta índole es precisamente
Séneca-Martínov. Den un vistazo a su artículo “Problemas inmediatos” y verán
cómo llega con “su propio entendimiento” a cosas dichas hace ya mu-cho por Axelrod
(al que nuestro Séneca, como es natural, silencia por completo); cómo empieza,
por ejemplo, a comprender que no podemos pasar por alto la oposición de tales o
cuales sectores de la burguesía (Rabócheie Dielo, Núm. 9, pág. 61, 62, 71;
compárese con la Respuesta de la redacción de Rabóchei Dielo a Axelrod, pág.
22, 23-24), etc., pero, ¡ay! —sólo “llega” y no pasa de “empezar”, ya que, a
pesar de todo, no ha comprendido aún las ideas de Axelrod hasta el punto de que
habla de “lucha económi-ca contra los patronos y el gobierno”. Rabóchei Dielo
ha venido acumulando fuerzas durante tres años (de 1898 a 1901) para comprender
a Axelrod y, pese a ello, ¡no lo ha comprendido! ¿Quizás también se deba esto a
que la so-cialdemocracia, “a semejanza de la humanidad”, se plantea siempre
únicamente tareas realizables?
Pero los sénecas no se distinguen sólo porque
ignoran muchas cosas (¡eso sería una desgracia a medias!), sino también porque
no ven su ignorancia. Eso es ya una ver-dadera desgracia, y esta desgracia los
mueve a emprender en el acto la labor de “profundizar” a Plejánov.
? QUE HACER?
Desde que Plejánov escribió el folleto citado (Las
tareas de los socialistas en la lucha contra el hambre en Rusia), ha corrido
mucha agua bajo los puentes —cuenta Séneca-Martínov—. Los socialdemócra-tas,
que en el transcurso de diez años han dirigido la lucha económica de la clase
obrera…, no han tenido aún tiempo de ofrecer una amplia argumen-tación teórica
de la táctica del partido. Hoy esta cuestión ha madurado, y si quisiéramos
ofrecer esa argumentación teórica, tendríamos, sin duda, que profundizar considerablemente
los principios tácticos desarrollados en su tiempo por Plejánov… Ahora
tendríamos que definir la diferencia entre la propaganda y la agitación de una
manera distinta a como lo hizo Plejánov” (Martínov acaba de citar las palabras
de Plejánov: “El propagandista comu-nica muchas ideas a una sola o a varias
personas, mientras que el agitador comunica una sola idea o un pequeño número
de ideas, pero, en cambio, a toda una multitud”). Nosotros entenderíamos por
propaganda la explicación revolucionaria de todo el régimen actual o de sus
manifestaciones parciales, indiferentemente de que se haga en una forma
accesible sólo para algunas personas o para la multitud. Por agitación, en el
sentido estricto de la palabra (sic), entenderíamos el llamamiento dirigido a
las masas para ciertas acciones concretas, la ayuda a la intervención
revolucionaria directa del proletariado en la vida social.
98 99
Vladimir Ilich Lenin
Felicitamos a la socialdemocracia rusa —e
internacio-nal— por esta nueva terminología martinoviana, más es-tricta y más
profunda. Hasta ahora creíamos (con Plejánov y con todos los líderes del
movimiento obrero internacio-nal) que si un propagandista trata, por ejemplo,
el problema del desempleo, debe explicar la naturaleza capitalista de las
crisis, mostrar la causa que las hace inevitables en la socie-dad actual,
exponer la necesidad de transformar la sociedad capitalista en socialista,
etc., en una palabra, debe comu-nicar “muchas ideas”, tantas, que todas ellas
en conjunto podrán ser asimiladas en el acto sólo por pocas (relativa-mente)
personas. En cambio, el agitador, al hablar de este mismo problema, tomará un
ejemplo, el más destacado y más conocido de su auditorio —pongamos por caso el
de una familia de parados muerta de inanición, el aumento de la miseria, etc.—
y, aprovechando ese hecho conocido por todos y cada uno, orientará todos sus
esfuerzos a inculcar en la “masa” una sola idea: la idea de cuán absurda es la
contra-dicción entre el incremento de la riqueza y el aumento de la miseria;
tratará de despertar en la masa el descontento y la indignación contra esta
flagrante injusticia, dejando al pro-pagandista la explicación completa de esta
contradicción. Por eso, el propagandista actúa principalmente por medio de la
palabra impresa, mientras que el agitador lo hace de viva voz. Al propagandista
se le exigen cualidades distintas que al agitador. Así, llamaremos
propagandistas a Kautsky y a Lafargue; agitadores a Bebel y Guesde. Pero
segregar un tercer terreno o tercera función de actividad práctica, incluyendo
en esta función “el llamamiento dirigido a las
? QUE HACER?
masas para ciertas acciones concretas”, constituye
el mayor desatino, pues el “llamamiento”, como acto aislado, o es un
complemento natural e inevitable del tratado teórico, del folleto de propaganda
y del discurso de agitación, o es una función netamente ejecutiva.
En efecto, tomemos por ejemplo la lucha actual de
los socialdemócratas alemanes contra los aranceles cerealistas. Los teóricos
escriben estudios sobre la política aduanera y “llaman”, supongamos, a luchar
por la conclusión de tratados comerciales y por libertad de comercio; el
pro-pagandista hace lo mismo en una revista, y el agitador, en discursos
públicos. Las “acciones concretas” de las masas consisten en este caso en
firmar peticiones dirigidas al Reichstag,123 reclamando que no se eleven los
aranceles cerealistas. El llamamiento a esta acción parte indirecta-mente de
los teóricos, los propagandistas y los agitadores, y directamente, de los
obreros que recorren las fábricas y las viviendas particulares recogiendo
firmas. Según la “ter-minología de Martínov”, resulta que Kautsky y Bebel son
propagandistas, y los portadores de las listas de adhesión, agitadores. ¿No es
así?
El ejemplo de los alemanes me ha hecho recordar la
palabra alemana Verballhornung, que traducida literalmente significa
“ballhornización”. Juan Ballhorn fue un editor de Leipzig del siglo XVI;
publicó un cantón en el que, siguien-do la costumbre, incluyó un dibujo que
representaba un gallo, pero, en lugar de la estampa habitual del gallo con
espolones, figuraba uno sin espolones y con dos huevos
100 101
Vladimir Ilich Lenin
al lado. Y en la portada del cantón agregó:
“Edición co-rregida de Juan Ballhorn”. Desde entonces, los alemanes dicen
Verballhornung al referirse a una “enmienda” que, de hecho, empeora el
original. Y no puede menos que recor-darse a Ballhorn al ver cómo los Martínov
“profundizan” a Plejánov…
¿Para qué ha “inventado” nuestro Séneca este
embrollo? Para demostrar que Iskra, “lo mismo que Plejánov hace ya unos quince
años, presta atención a un solo aspecto del asunto”.124 Si traducimos esta
última frase del lenguaje de Martínov a un lenguaje corriente (pues la
humanidad no ha tenido aún tiempo de adoptar esta terminología recién
descubierta), resultará lo siguiente: en Iskra, las tareas de propaganda y
agitación políticas relegan a segundo plano la tarea de “presentar al gobierno
reivindicaciones concretas de medidas legislativas y administrativas” que
“prometen ciertos resultados palpables” (O, en otros términos,
reivin-dicaciones de reformas sociales, si se nos permite emplear una vez más
la vieja terminología de la vieja humanidad, que no ha llegado aún al nivel de
Martínov). Proponemos al lector que compare con esta tesis la retahíla
siguiente:
En estos programas (los programas de los
so-cialdemócratas revolucionarios) nos asombrará también que coloquen
eternamente en primer plano las ventajas de la actividad de los obreros en el
Parlamento (que no existe en nuestro país) dan-do de lado por completo (a causa
de su nihilismo revolucionario) la importancia de la participación
? QUE HACER?
de los obreros en las asambleas legislativas de los
fabricantes, asambleas que sí existen en nuestro país, para discutir asuntos de
las fábricas… o aun-que sólo sea, de la participación de los obreros en la
autogestión urbana.
El autor de esta retahíla expresa de una manera
algo más directa, clara y franca la idea a que ha llegado con su propio
entendimiento Séneca-Martínov. El autor es R. M., en el Suplemento especial de
Rabóchaya Mysl.125
3. Las
denuncias políticas y la necesidad de “infundir actividad revolucionaria”
Al lanzar contra Iskra su “teoría” de “elevar la
actividad de la masa obrera”, Martínov ha puesto al descubierto ¡de hecho! su
tendencia a rebajar esta actividad, pues ha de-clarado que el medio preferible,
de importancia singular, “aplicable con la mayor amplitud” para promoverla y su
campo de operaciones es la misma lucha económica, ante la cual se han postrado
todos los “economistas”. Este error es característico precisamente porque no es
propio sólo de Martínov, ni mucho menos. En realidad, se puede “elevar la
actividad de la masa obrera” únicamente a condición de que no nos limitemos a hacer
“agitación política sobre el terreno económico”. Y una de las condiciones
esenciales para esa extensión indispensable de la agitación política consiste
en organizar denuncias políticas omnímodas. Sólo con esas denuncias pueden
infundirse conciencia
102 103
Vladimir Ilich Lenin
política y actividad revolucionaria a las masas. De
ahí que esta actividad sea una de las funciones más importantes de toda la
socialdemocracia internacional, pues ni siquiera la libertad política suprime
en lo más mínimo esas denuncias: lo único que hace es modificar un tanto su
orientación. Por ejemplo, el partido alemán afianza sus posiciones y extiende
su influencia, sobre todo, gracias a la persistente energía de sus campañas de
denuncias políticas. La conciencia de la clase obrera no puede ser una verdadera
conciencia política si los obreros no están acostumbrados a hacerse eco de
todos los casos de arbitrariedad y de opresión, de todos los abusos y
violencias, cualesquiera que sean las clases afectadas; a hacerse eco, además,
desde el punto de vista socialdemócrata, y no desde algún otro…
La conciencia de las masas obreras no puede ser una
verdadera conciencia de clase si los obreros no aprenden —basándose en hechos y
acontecimientos políticos con-cretos y, además, actuales sin falta— a observar
a cada una de las otras clases sociales en todas las manifestaciones de su vida
intelectual, moral y política; si no aprenden a ha-cer un análisis materialista
y una apreciación materialista de todos los aspectos de la actividad y la vida
de todas las clases, sectores y grupos de la población. Quien orienta la
atención, la capacidad de observación y la conciencia de la clase obrera de
manera exclusiva —o, aunque sólo sea con preferencia— hacia ella misma, no es
un socialdemócrata, pues el conocimiento de la clase obrera por sí misma está
ligado de modo indisoluble a la completa claridad no sólo de los conceptos
teóricos…, o mejor dicho: no tanto de
? QUE HACER?
los conceptos teóricos como de las ideas, basadas
en la experiencia de la vida política, sobre las relaciones entre todas las
clases de la sociedad actual.
Por eso es tan nociva y tan reaccionaria, dada su
significa-ción práctica, la prédica de nuestros “economistas” de que la lucha
económica es el medio que se puede aplicar con más amplitud para incorporar a
las masas al movimiento político. Para llegar a ser un socialdemócrata, el
obrero debe formarse una idea clara de la naturaleza económica y de la
fisonomía social y política del terrateniente y del cura, del dignatario y del
campesino, del estudiante y del desclasado, conocer sus lados fuertes y sus puntos
flacos; saber orientarse entre los múltiples sofismas y frases en boga, con los
que cada clase y cada sector social encubre sus apetitos egoístas y su
verdadera “entraña”; saber distinguir qué instituciones y leyes reflejan tales
o cuales intereses y cómo lo hacen.
Mas esa “idea clara” no se puede encontrar en
ningún libro, pueden proporcionarla únicamente las escenas de la vida y las
denuncias, mientras los hechos están recientes, de cuanto sucede alrededor
nuestro en un momento dado; de lo que todos y cada uno hablan —o, por lo menos,
cu-chichean— a su manera; de lo que revelan determinados acontecimientos,
cifras, sentencias judiciales, etc., etc., etc. Estas denuncias políticas
omnímodas son condición indispensable y fundamental para infundir actividad
revo-lucionaria a las masas.
¿Por qué el obrero ruso muestra todavía poca
actividad revolucionaria frente al salvajismo con que la policía trata
104 105
Vladimir Ilich Lenin
al pueblo, frente a las persecuciones de las
sectas, los cas-tigos corporales impuestos a los campesinos, los abusos de la
censura, las torturas de los soldados, la persecución de las iniciativas
culturales más inofensivas, etc.? ¿No será porque la “lucha económica” no le
“incita a pensar” en ello, porque le “promete” pocos “resultados palpables”,
porque le ofrece pocos elementos “positivos”? No; semejante juicio, repetimos,
no es sino una tentativa de achacar las culpas propias a otros, imputar el filisteísmo
propio (y también el bernsteinianismo) a la masa obrera. Debemos culparnos a
nosotros mismos, a nuestro atraso con respecto al mo-vimiento de las masas, de
no haber sabido aún organizar denuncias lo suficientemente amplias, brillantes
y rápidas contra todas esas ignominias. Si lo hacemos (y debemos y podemos
hacerlo), el obrero más atrasado comprenderá o sentirá que el estudiante y el
miembro de una secta re-ligiosa, el mujik126 y el escritor son vejados y
atropellados por esa misma fuerza tenebrosa que tanto le oprime y le sojuzga a
él en cada paso de su vida. Al sentirlo, él mismo querrá reaccionar, sentirá un
deseo incontenible de hacerlo; y entonces sabrá armar hoy un escándalo a los
censores, manifestarse mañana ante la casa del gobernador que haya sofocado un
levantamiento campesino, dar pasado mañana una lección a los gendarmes con
sotana que desempeñan la función del Santo Oficio, etc.
Hemos hecho todavía muy poco, casi nada, para
lanzar entre las masas obreras denuncias omnímodas y actua-les. Muchos de
nosotros ni siquiera comprendemos aún esta obligación suya y seguimos
espontáneamente tras la
? QUE HACER?
“monótona lucha cotidiana” en el estrecho marco de
la vida fabril. En tales condiciones, decir que “Iskra tiene la tendencia a
rebajar la importancia de la marcha ascendente de la monótona lucha cotidiana,
en comparación con la propaganda de ideas brillantes y acabadas”,127 significa
arrastrar al partido hacia atrás, defender y ensalzar nuestra falta de
preparación, nuestro atraso.
En lo que respecta al llamamiento a las masas para
la acción, éste surgirá por sí mismo siempre que haya enér-gica agitación
política y denuncias vivas y aleccionadoras. Pillar a alguien en flagrante
delito y estigmatizarlo en el acto ante todo el mundo y en todas partes es más
eficaz que cualquier “llamamiento” e influye a veces de tal modo que después es
incluso imposible decir con exactitud quién “llamó” a la muchedumbre y quién
propuso tal o cual plan de manifestación, etc. Se puede llamar a una acción —en
el sentido concreto de la palabra, y no en el sentido general— sólo en el lugar
mismo donde la acción se lleve a cabo; y puede hacerlo únicamente quien va a
obrar en el acto. Y nuestra misión de publicistas socialdemócratas consiste en
ahondar, extender e intensificar las denuncias políticas y la agitación
política.
A propósito de los “llamamientos”, Iskra fue el
único órgano que, antes de los sucesos de la primavera, llamó a los obreros a
intervenir de modo activo en una cuestión —el aislamiento forzoso de
estudiantes— que no prometía absolutamente ningún resultado palpable al obrero.
Nada más publicarse la disposición del 11 de enero sobre “el
106 107
Vladimir Ilich Lenin
aislamiento forzoso de ciento ochenta y tres
estudiantes para hacer el servicio”, Iskra insertó un artículo sobre este
hecho128 y, antes de que comenzara toda manifestación, llamó con claridad “a
los obreros a acudir en ayuda de los estudiantes”, llamó al “pueblo” a
contestar públicamente el insolente desafío del gobierno. Preguntamos a todos y
cada uno: ¿cómo explicar la notable circunstancia de que, hablando tanto de
“llamamientos” y destacando los “llamamientos” incluso como una forma especial
de actividad, Martínov no haya mencionado para nada este llamamiento? ¿No será
filisteísmo, después de todo, la declaración de Martínov de que Iskra es
unilateral porque no “llama” suficientemente a la lucha por reivindicaciones
que “prometen resultados palpables”?
Nuestros “economistas”, entre ellos Rabócheie
Dielo, tenían éxito porque se adaptaban a la mentalidad de los obreros
atrasados. Pero el obrero socialdemócrata, el obre-ro revolucionario (y el
número de estos obreros aumenta día en día) rechazará con indignación todos
esos razona-mientos sobre la lucha por reivindicaciones que “prometan
resultados palpables”, etc., pues comprenderá que no son sino variantes de la
vieja cantilena del aumento de un kopek por rublo. Este obrero dirá a sus
consejeros de Rabóchaya Mysl y de Rabóchei Dielo: en vano se afanan, señores,
in-terviniendo con demasiado celo en asuntos que nosotros mismos resolvemos y
esquivando el cumplimiento de sus verdaderas obligaciones. Porque no es nada
inteligente decir, como lo hacen ustedes, que la tarea de los socialde-mócratas
consiste en dar a la lucha económica misma un
? QUE HACER?
carácter político; eso es sólo el comienzo, y no
radica en ello la tarea principal de los socialdemócratas, pues en el mundo
entero, sin exceptuar a Rusia, es la policía misma la que comienza muchas veces
a dar a la lucha económica un carácter político, y los propios obreros aprenden
a darse cuenta de con quién está el gobierno.129
En efecto, esa “lucha económica de los obreros
contra los patronos y el gobierno”, con que ustedes presumen como si hubieran
descubierto América, la sostienen en numerosos lugares perdidos de Rusia los
propios obreros, que han oído hablar de huelgas, pero que quizá nada sepan de
socialismo. Esa “actividad” nuestra, de los obreros, que todos ustedes quieren
apoyar presentando reivindicaciones concretas que prometen resultados
palpables, existe ya entre nosotros; y en nuestra minúscula labor cotidiana, sin-dical,
nosotros mismos presentamos esas reivindicaciones concretas, a menudo sin ayuda
alguna de los intelectuales. Pero esa actividad no nos basta; no somos niños a
los que se pueda alimentar sólo con la papilla de la política “eco-nómica”;
queremos saber todo lo que saben los demás, queremos conocer detalladamente
todos los aspectos de la vida política y tomar parte activa en todos y cada uno
de los acontecimientos políticos.
Para ello es necesario que los intelectuales
repitan me-nos lo que ya sabemos nosotros mismos130 y nos den más de lo que
todavía no sabemos, de lo que jamás podremos saber por nosotros mismos a través
de nuestra experiencia fabril y “económica”, o sea: conocimientos políticos.
Ustedes, los
108 109
Vladimir Ilich Lenin
intelectuales, pueden adquirir estos conocimientos
y tienen el deber de proporcionárnoslos cien y mil veces más que hasta ahora;
además, deben proporcionárnoslos no sólo en forma de razonamientos, folletos y
artículos (que a menudo —¡disculpen la franqueza!— suelen ser algo aburridos),
sino indispensablemente en forma de denuncias vivas de cuanto hacen nuestro
gobierno y nuestras clases dominan-tes en estos momentos en todos los aspectos
de la vida. Cumplan con mayor celo esta obligación suya y hablen menos de
“elevar la actividad de la masa obrera”. ¡Nuestra actividad es mucho de lo que
ustedes suponen y sabemos sostener, por medio de la lucha abierta en la calle,
incluso las reivindicaciones que no prometen ningún “resultado palpable”! Y no
son ustedes los llamados a “elevar” nuestra actividad, pues ustedes mismos
carecen precisamente de esa actividad. ¡Póstrense menos ante la espontaneidad y
piensen más en elevar su propia actividad, señores!
4. ¿Qué
hay de común entre el economismo y el terrorismo?
Hemos confrontado, en una nota a pie de página, a
un “economista” y a un terrorista no socialdemócrata, que por casualidad han
resultado solidarios. Pero, hablando en general, entre los unos y los otros
existe un nexo no casual, sino interno y necesario, del cual tendremos que
hablar aún más adelante y al que es preciso referirse precisamente cuando se
trata de inculcar la actividad revolucionaria. Los “economistas” y los
terroristas de nuestros días tienen una
? QUE HACER?
raíz común: el culto a la espontaneidad, del que
hemos hablado en el capítulo precedente como de un fenómeno general y que ahora
examinamos desde el punto de vista de su influencia en la actividad política y
la lucha política. A primera vista, nuestra afirmación puede parecer
paradójica: tan grande es, aparentemente, la diferencia entre quienes hacen
hincapié en la “monótona lucha cotidiana” y quienes preconizan la lucha más
abnegada del individuo aislado.
Pero no es una paradoja. Los “economistas” y los
terro-ristas rinden culto a dos polos diferentes de la corriente espontánea:
los “economistas”, a la espontaneidad del “movimiento puramente obrero”; los
terroristas, a la espon-taneidad de la indignación más ardiente de los
intelectuales que no saben o no tienen la posibilidad de vincular la labor
revolucionaria al movimiento obrero para formar un todo. Quienes hayan perdido
la fe en esta posibilidad, o jamás la hayan tenido, difícilmente encontrarán,
en efecto, otra manera de manifestar su sentimiento de indignación y su energía
revolucionaria que no sea el terrorismo. Así pues, el culto a la espontaneidad
en las dos direcciones indicadas no es sino el comienzo de la aplicación del
famoso programa del Credo: los obreros sostienen su “lucha económica con-tra
los patronos y el gobierno” (¡que nos perdone el autor del Credo porque
expresemos sus ideas con palabras de Martínov! Creemos tener derecho a hacerlo,
pues también en el Credo se habla de que los obreros, en la lucha econó-mica,
“chocan con el régimen político”), ¡y los intelectuales, con sus propias
fuerzas, despliegan su lucha política, como es natural, por medio del
terrorismo!
110 111
Vladimir Ilich Lenin
Esta conclusión es completamente lógica e
inevitable, y es forzoso insistir sobre ella, aunque quienes comienzan a
realizar dicho programa no han comprendido que tal conclusión es inevitable. La
actividad política tiene su ló-gica, que no depende de la conciencia de quienes
con las mejores intenciones exhortan o al terrorismo o a imprimir un carácter
político a la lucha económica misma. De buenas intenciones está empedrado el
camino del infierno, y en el caso presente las buenas intenciones no salvan aún
de la inclinación espontánea a “la línea del menor esfuerzo”, a la línea del
programa netamente burgués del Credo. Porque tampoco tiene nada de casual que
muchos liberales rusos —tanto los liberales declarados como los que se cubren
con una careta marxista— simpaticen de todo corazón con el terrorismo y traten
de mantener la intensificación de las tendencias terroristas en el momento
actual.
Pues bien, al surgir el “Grupo
Revolucionario-Socialista Svoboda”, que se había señalado precisamente la tarea
de ayudar por todos los medios al movimiento obrero, pero incluyendo en el
programa el terrorismo y emancipándose, por decirlo así, de la socialdemocracia,
este hecho vino a confirmar una vez más la admirable perspicacia de PB Axelrod,
quien predijo con toda exactitud estos resultados de las vacilaciones
socialdemócratas ya a fines de 1897 (en su trabajo A propósito de las tareas y
de la táctica actuales) y trazó sus famosas “dos perspectivas”. Todas las
discusiones y discrepancias posteriores entre los socialdemócratas rusos están
ya, como la planta en la semilla, en esas dos perspectivas.131
? QUE HACER?
Desde el punto de vista indicado, se comprende
también que Rabóchei Dielo, que no ha podido resistir a la espon-taneidad del
“economismo”, tampoco haya podido resistir a la espontaneidad del terrorismo.
Tiene sumo interés señalar aquí la argumentación especial que ha esgrimido
Svoboda en defensa del terrorismo. “Niega por comple-to” el papel intimidador
del terrorismo (Renacimiento del revolucionarismo, pág. 64), pero, en cambio,
destaca su “importancia excitadora”. Esto es característico, en primer lugar, como
una de las fases de la descomposición y deca-dencia del conjunto tradicional
(presocialdemócrata) de ideas que obligaba a asirse al terrorismo. Reconocer
que en la actualidad es imposible “intimidar” al gobierno —y, por consiguiente,
desorganizarlo— por medio del terro-rismo equivale, en el fondo, a condenar
rotundamente este último como sistema de lucha, como campo de actividad
consagrado por su programa. En segundo lugar, esto es aún más característico
como ejemplo de la incomprensión de nuestras tareas urgentes de “infundir
actividad revolucio-naria a las masas”.
Svoboda hace propaganda del terrorismo como medio
de “excitar” el movimiento obrero y darle un “fuerte im-pulso”. ¡Es difícil
imaginarse una argumentación que se refute a sí misma con mayor evidencia! Cabe
preguntar: ¿es que existen en la vida rusa tan pocos abusos que sea preciso aún
inventar “excitantes” especiales? Y, por otra parte, si hay alguien que no se
excita ni es excitable siquie-ra por la arbitrariedad rusa, ¿no es evidente que
seguirá contemplando también con indiferencia el duelo entre el
112 113
Vladimir Ilich Lenin
gobierno y un puñado de terroristas? La realidad es
que las masas obreras se excitan mucho por las infamias de la vida rusa, pero
nosotros no sabemos reunir, si puede decirse así, y concentrar todas las gotas
y chorrillos de la excitación popular que la vida rusa rezuma en cantidad
inconmensu-rablemente mayor de lo que todos nosotros nos figuramos y pensamos,
y que es preciso fusionar en un solo torrente gigantesco. Que esto es factible
lo demuestran de manera irrefutable la colosal propagación del movimiento
obrero y la avidez, ya señalada, de publicaciones políticas, así como los
llamamientos a dar a la lucha económica misma un carácter político; son formas
distintas de esquivar el deber más imperioso de los revolucionarios rusos:
organizar la agitación política en todos sus aspectos.
Svoboda quiere sustituir la agitación con el
terrorismo, confesando sin rodeos que “en cuanto empiece una agita-ción intensa
y enérgica entre las masas, el papel excitador de éste desaparecerá”.132 Esto
justamente muestra que tanto los terroristas como los “economistas” subestiman
la actividad revolucionaria de las masas, pese al testimonio evidente de los
sucesos de la primavera;133 además, unos se precipitan en busca de “excitantes”
artificiales y otros hablan de “rei-vindicaciones concretas”. Ni los unos ni
los otros prestan suficiente atención al desarrollo de su propia actividad de
agitación política y de organización de denuncias políticas. Y ni ahora ni en
ningún otro momento se puede sustituir con nada esta labor.
? QUE HACER?
5. La
clase obrera como combatiente de vanguardia por la democracia
Hemos visto ya que la agitación política más amplia
y, por consiguiente, la organización de denuncias políticas de todo género es
una tarea necesaria en absoluto, la tarea más imperiosamente necesaria de la
actividad, siempre que esta actividad sea de veras socialdemócrata. Pero hemos
llegado a esta conclusión partiendo sólo de la necesidad apremiante que la
clase obrera tiene de conocimientos políticos y de educación política. Sin
embargo, esta manera de plantear la cuestión sería demasiado estrecha y daría
de lado las tareas democráticas universales de toda la socialdemocracia, en
general, y de la socialdemocracia rusa actual, en particular. Para explicar
esta tesis del modo más concreto posible, intentaremos enfocar el problema
desde el punto de vista más “familiar” al “economista”, o sea, desde el punto
de vista práctico. “Todos están de acuerdo” con que es preciso desarrollar la
conciencia política de la clase obrera. Pero, ¿cómo hacerlo y qué es necesario
para hacerlo?
La lucha económica “hace pensar” a los obreros sólo
en las cuestiones concernientes a la actitud del gobierno ante la clase obrera;
por eso, por más que nos esforcemos en “dar a la lucha económica misma un
carácter político”, jamás podremos, en los límites de esta tarea, desarrollar
la conciencia política de los obreros (hasta el grado de conciencia política
socialdemócrata), pues los propios límites son estrechos. La formula de
Martínov es valiosa para nosotros, pero en modo alguno porque ilustre la capacidad
del autor para embrollar las cosas. Es valiosa
114 115
Vladimir Ilich Lenin
porque pone de relieve el error fundamental de
todos los “economistas”: el convencimiento de que ése puede desarrollar la
conciencia política de clase de los obreros desde dentro, por decirlo así, de
su lucha económica, o sea, partiendo sólo (o, al menos, principalmente) de esta
lucha, basándose sólo (o, al menos, principalmente) en esta lucha. Semejante
opinión es errónea de raíz; y precisamente por-que los “economistas”, enojados
por nuestra polémica con ellos, no quieren reflexionar, como es debido, en el
origen de nuestras discrepancias, acabamos literalmente por no comprendernos,
por hablar lenguas diferentes.
Al obrero se le puede dotar de conciencia política
de clase sólo desde fuera, es decir, desde fuera de la lucha económica, desde
fuera del campo de las relaciones entre obreros y patronos. La única esfera de
que se pueden extraer esos conocimientos es la esfera de las relaciones de
todas las clases y sectores sociales con el Estado y el gobierno, la esfera de
las relaciones de todas las clases entre sí. Por eso, a la pregunta de qué
hacen para dotar de conocimientos políticos a los obreros, no se puede dar únicamente
la res-puesta con que se contentan, en la mayoría de los casos, los militantes
dedicados a la labor práctica, sin hablar ya de quienes, entre ellos, son
propensos al “economismo”, a saber: “Hay que ir a los obreros”. Para aportar a
los obreros conocimientos políticos, los socialdemócratas deben ir a todas las
clases de la población, deben enviar a todas partes destacamentos de su
ejército.
Si empleamos adrede esta fórmula tosca y nos
expresa-mos adrede de una forma simplificada y tajante, no es en
? QUE HACER?
modo alguno por el deseo de decir paradojas, sino
para “incitar” a los “economistas” a pensar en las tareas que desdeñan de
manera tan imperdonable y en la diferencia —que ellos no quieren comprender—
entre la política tradeunionista y la política socialdemócrata. Por eso
ro-gamos al lector que no se impaciente y nos escuche con atención hasta el
final.
Tomemos el tipo del círculo socialdemócrata más
di-fundido en los últimos años y examinemos su actividad. “Está en contacto con
los obreros” y se conforma con eso, editando hojas que fustigan los abusos
cometidos en las fábricas, la parcialidad del gobierno con los capitalistas y
las violencias de la policía; en las reuniones con los obre-ros, los límites de
estos mismos temas; sólo muy de tarde en tarde se pronuncian conferencias y
charlas acerca de la historia del movimiento revolucionario, la política interior
y exterior de nuestro gobierno, la evolución económica de Rusia y de Europa, la
situación de las distintas clases en la sociedad contemporánea, etc.; nadie
piensa en establecer y desenvolver de manera sistemática relaciones con otras
clases de la sociedad. En el fondo, los componentes de un círculo de este tipo
conciben al militante ideal, en la ma-yoría de los casos, mucho más parecido a
un secretario de tradeunión que a un jefe político socialista.
Porque el secretario de cualquier tradeunión
inglesa, por ejemplo, ayuda siempre a los obreros a sostener la lucha
económica, organiza la denuncia de los abusos en las fábricas, explica la
injusticia de las leyes y disposicio-
116 117
Vladimir Ilich Lenin
nes que restringen la libertad de huelga y la
libertad de colocar piquetes cerca de las fábricas (para avisar a todos que en
la fábrica dada se han declarado en huelga), explica la parcialidad de los
árbitros pertenecientes a las clases burguesas del pueblo, etc., etc. En una
palabra, todo secre-tario de tradeunión sostiene y ayuda a sostener “la lucha
económica contra los patrones y el gobierno”. Y jamás se insistirá bastante en
que esto no es aún socialdemocracia, que el ideal del socialdemócrata no debe
ser el secretario de tradeunión, sino el tribuno popular, que sabe reaccio-nar
ante toda manifestación de arbitrariedad de opresión, dondequiera que se
produzca y cualquiera que sea el sector o la clase social a que afecte; que
sabe sintetizar todas estas manifestaciones en un cuadro único de la brutalidad
poli-cíaca y de la explotación capitalista; que sabe aprovechar el hecho más
pequeño para exponer ante todos sus con-vicciones socialistas y sus
reivindicaciones democráticas, para explicar a todos y cada uno la importancia
histórica universal de la lucha emancipadora del proletariado.
Comparen, por ejemplo, a hombres como Roberto
Knight (conocido secretario y líder de la Sociedad de Obreros Caldereros, uno
de los sindicatos más poderosos de Inglaterra) y Guillermo Liebknecht e
intenten aplicarles las contradicciones en que basa Martínov sus discrepan-cias
con Iskra. Verán que R. Knight —empiezo a hojear el artículo de Martínov— “ha
exhortado” mucho más “a las masas a ciertas acciones concretas”,134 mientras
que G. Liebknecht se ha dedicado más a “explicar desde un punto de vista revolucionario
todo el régimen actual o sus mani-
? QUE HACER?
festaciones parciales”;135 que R. Knight “ha
formulado las reivindicaciones inmediatas del proletariado e indicado los
medios de satisfacerlas”;136 mientras que G. Liebknecht, sin dejar de hacer
eso, no ha renunciado a “dirigir al mismo tiempo la intensa actividad de los
diferentes sectores opo-sicionistas” y “dictarles un programa positivo de
acción”;137 que R. Knight ha procurado precisamente “imprimir, en la medida de
lo posible, a la lucha económica misma un carácter político”138 y ha sabido muy
bien “presentar al gobierno reivindicaciones concretas que prometen ciertos
resultados palpables”;139 en tanto que G. Liebknecht se ha ocupado mucho más de
las “denuncias unilaterales”;140 que R. Knight ha concedido más importancia al
“desarrollo progresivo de la monótona lucha cotidiana”,141 y G. Liebk-necht, “a
la propaganda de ideas brillantes y acabadas”;142 que G. Liebknecht ha hecho
del periódico dirigido por él precisamente “un órgano de oposición
revolucionaria que denuncia nuestro régimen, y sobre todo nuestro régimen
político, por cuanto choca con los intereses de los más di-versos sectores de
la población”;143 mientras que R. Knight “ha trabajado por la causa obrera en
estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria”144 —si se entiende por
“estrecho contacto orgánico” ese culto a la espontaneidad que hemos analizado
más arriba en los ejemplos de Kri-chevski y de Martínov— y “ha restringido la
esfera de su influencia”, convencido, sin duda como Martínov, de que “con ello
se hacía más compleja esta influencia”.145 En una palabra, verán que Martínov
rebaja de facto la socialde-mocracia al nivel del tradeunionismo, aunque, claro
está,
118 119
Vladimir Ilich Lenin
en modo alguno lo hace porque no quiere el bien de
la so-cialdemocracia, sino simplemente porque se ha apresurado un poco a
profundizar a Plejánov, en lugar de tomarse la molestia de comprenderlo.
Pero volvamos a nuestra exposición. Hemos dicho que
el socialdemócrata, si es partidario, no sólo de palabra, del desarrollo
polifacético de la conciencia política del proletariado, debe “ir a todas las
clases de la población”. Surgen varias preguntas: ¿cómo hacerlo?, ¿tenemos
fuerzas suficientes para ello?, ¿existe una base que permita realizar esta
labor entre todas las demás clases?, ¿no implicará eso abandonar, o conducirá a
abandonar, el punto de vista de clase? Examinemos estas cuestiones.
Debemos “ir a todas las clases de la población”
como teóricos, como propagandistas, como agitadores y como organizadores. Nadie
pone en duda que la labor teórica de los socialdemócratas debe orientarse a
estudiar todas las peculiaridades de la situación social y política de las
diversas clases. Pero se hace muy poco, poquísimo, en este sentido,
desproporcionadamente poco si se compara con la labor tendiente a estudiar las
peculiaridades de la vida fabril. En los comités y en los círculos podemos
encontrar personas que incluso estudian a fondo especialmente algún ramo de la
siderurgia; pero apenas encontrarán ejemplos de miembros de las organizaciones
que (obligados por una u otra razón, como sucede a menudo, a retirarse de la
labor práctica) se dediquen de manera especial a reunir datos sobre algún
problema actual de nuestra vida social y polí-
? QUE HACER?
tica que pueda servir de motivo para desplegar una
labor socialdemócrata entre todos sectores de la población.
Cuando se habla de la poca preparación de la
mayoría de los actuales dirigentes del movimiento obrero, es for-zoso recordar
asimismo la preparación en este aspecto, pues está ligada también a la
concepción “economista” del “estrecho contacto orgánico con la lucha
proletaria”. Pero lo principal, por supuesto, es la propaganda y la agitación
entre todos los sectores de la población. El socialdemó-crata de Europa
occidental ve facilitada esta labor por las reuniones y asambleas populares, a
las que asisten cuantos lo deseen, y por la existencia del Parlamento, en el
cual el representante socialdemócrata habla ante los diputados de todas las
clases. En nuestro país no tenemos ni Parla-mento ni libertad de reunión; pero
sabemos, sin embargo, organizar reuniones con los obreros que quieren escuchar
a un socialdemócrata.
Debemos saber también organizar reuniones con los
componentes de todas las clases de la población que deseen escuchar a un
demócrata. Porque no es socialdemócrata quien olvida en la práctica que “los
comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario”;146 que, por
ello, debemos exponer y recalcar ante todo el pueblo los objetivos democráticos
generales, sin ocultar en nin-gún momento nuestras convicciones socialistas. No
es socialdemócrata quien olvida en la práctica que su deber consiste en ser el
primero en plantear, acentuar y resolver todo problema democrático general.
120 121
Vladimir Ilich Lenin
“¡Pero si no hay nadie que no esté de acuerdo con
eso!” —nos interrumpirá el lector impaciente—, y las nuevas instrucciones a la
redacción de Rabóchei Dielo, aprobadas en el último Congreso de la Unión, dicen
con claridad:
Deben servir de motivos para la propaganda y la
agitación políticas todos los fenómenos y aconte-cimientos de la vida social y
política que afecten al proletariado, bien directamente, como clase especial,
bien como vanguardia de todas las fuerzas revolucionarias en la lucha por la
libertad.147
En efecto, son palabras muy justas y muy buenas, y
nos consideraríamos satisfechos por ejemplo si Rabócheie Dielo las
comprendiese, si no dijese, al mismo tiempo, otras que las contradicen. Pues no
basta con titularse “vanguardia”, destacamento avanzado: es preciso, además,
actuar de tal modo que todos los otros destacamentos vean y estén obli-gados a
reconocer que marchamos a la cabeza. Y pregunta-mos al lector: ¿es que los
componentes de los demás “des-tacamentos” son tan estúpidos que van a creernos
como artículo de fe cuando hablamos de la “vanguardia”?
Imagínense de manera concreta el siguiente cuadro.
En el “destacamento” de radicales o de constitucionalistas liberios del
gobierno autocrático. Pero “nosotros”, si queremos ser demócratas avanzados,
debemos preocuparnos de incitar a quienes están descontentos únicamente del
régimen uni-versitario o del zemstvo, etc., a pensar que es malo todo el
régimen político. Nosotros debemos asumir la tarea de orga-
? QUE HACER?
nizar la lucha política, bajo la dirección de
nuestro partido, en forma tan múltiple que todos los sectores de oposición
puedan prestar, y presten de verdad, a esta lucha y a este partido la ayuda que
puedan. Nosotros debemos hacer de los militantes socialdemócratas dedicados a
la labor práctica líderes políticos que sepan dirigir todas las manifestaciones
de esta lucha múltiple, que sepan, en el momento necesario, “dictar un programa
positivo de acción” a los estudiantes en efervescencia, a los descontentos de
los zemstvos, a los miembros indignados de las sectas religiosas, a los
maestros nacionales lesionados en sus intereses, etc., etc.
Por eso es completamente falsa la afirmación de
Martí-nov de que “con respecto a ellos sólo podemos desempeñar el papel
negativo de denunciadores del régimen… Sólo podemos disipar sus esperanzas en
las distintas comisiones gubernamentales”.148 Al decir esto, Martínov demuestra
que no comprende nada en absoluto del verdadero papel de la “vanguardia”
revolucionaria. Y si el lector tiene esto en cuenta, comprenderá el verdadero
sentido de las siguientes palabras de conclusión de Martínov:
Iskra es un órgano de oposición revolucionaria que
denuncia nuestro régimen, sobre todo el político, por cuanto choca con los
intereses de los más diver-sos sectores de la población. Nosotros, en cambio,
trabajamos y trabajaremos por la causa obrera en estrecho contacto orgánico con
la lucha proletaria. Al restringir la esfera de nuestra influencia, hace-mos
más compleja esta influencia.149
122 123
Vladimir Ilich Lenin
El verdadero sentido de semejante conclusión es:
Iskra quiere elevar la política tradeunionista de la clase obrera (a la que se
limitan con tanta frecuencia nuestros militantes prácticos, ya sea por
equivocación, por falta de preparación o por convicción) al nivel de política
socialdemócrata. En cambio, Rabóchei Dielo quiere rebajar la política
socialde-mócrata al nivel de política tradeunionista. Y, por si eso fuera poco,
asegura a todo el mundo que “estas posiciones son perfectamente compatibles en
la obra común”.150 O, sancta simplicitas!
Prosigamos. ¿Tenemos bastantes fuerzas para llevar
nuestra propaganda y nuestra agitación a todas las clases de la población? Pues
claro que sí. Nuestros “economis-tas”, que a menudo son propensos a negarlo,
olvidan el gigantesco paso adelante que ha dado nuestro movimien-to de 1894
(más o menos) a 1901. Como “seguidistas” auténticos que son, viven con
frecuencia aferrados a ideas del período inicial, pasado hace ya mucho, del
mo-vimiento. Entonces, en efecto, nuestras fuerzas eran tan pocas que asombraban,
entonces era natural y legítima la decisión de consagrarnos por entero a la
labor entre los obreros y condenar con severidad toda desviación de esta línea,
entonces la tarea estribaba en afianzarse entre la clase obrera. Ahora ha sido
incorporada al movimiento una masa gigantesca de fuerzas; vienen a nosotros los
me-jores representantes de la joven generación de las clases instruidas; por
todas partes, en todas las provincias se ven condenadas a la inactividad
personas que ya han tomado o desean tomar parte en el movimiento y que tienden
hacia
? QUE HACER?
la socialdemocracia (mientras que en 1894 los
socialde-mócratas rusos podían contarse con los dedos).
Uno de los defectos fundamentales de nuestro movi-miento,
tanto desde el punto de vista político como de organización, consiste en que no
sabemos emplear todas estas fuerzas ni asignarles el trabajo adecuado (en el
capítu-lo siguiente, hablaremos con más detalle de esta cuestión). La inmensa
mayoría de dichas fuerzas carece en absoluto de la posibilidad de “ir a los
obreros”; por consiguiente, no puede ni hablarse del peligro de distraer
fuerzas de nuestra labor fundamental. Y para proporcionar a los obreros
cono-cimientos políticos auténticos, vivos y que abarquen todos los dominios,
es necesario que tengamos “gente nuestra”, socialdemócratas, en todas partes,
en todos los sectores sociales, en todas las posiciones que permiten conocer
los resortes internos de nuestro mecanismo estatal. Y nos hace falta esa gente,
no sólo para la propaganda y la agitación, sino más aún para la organización.
¿Existe una base que permita actuar entre todas las
clases de la población? Quienes no ven que existe, prueban una vez más que su
conciencia se rezaga del movimiento ascen-sional espontáneo de las masas. El
movimiento obrero ha suscitado y suscita entre unos el descontento; entre otros
despierta la esperanza de lograr el apoyo de la posición; a otros les hace
comprender que el régimen autocrático no tiene razón de ser, y que su
hundimiento es ineludible. Sólo de palabra seríamos “políticos” y socialdemócratas
(como ocurre, en efecto, muy a menudo) si no tuviéramos
124 125
Vladimir Ilich Lenin
conciencia de que nuestro deber consiste en
aprovechar todas las manifestaciones de descontento, en reunir y ela-borar
todos los elementos de protesta, por embrionaria que sea. Y no hablemos ya de
que la masa de millones de campesinos trabajadores, artesanos, pequeños
producto-res, etc., escuchará siempre con avidez la propaganda de un
socialdemócrata algo hábil.
Pero, ¿acaso existe una sola clase de la población
en la que no haya individuos, grupos y círculos descontentos por la falta de
derechos y la arbitrariedad, y, en consecuencia, capaces de comprender la
propaganda del socialdemócra-ta como portavoz que es de las demandas
democráticas generales más candentes? A quienes deseen formarse una idea
concreta de esta agitación política del socialdemó-crata entre todas las clases
y sectores de la población les indicaremos las denuncias políticas, en el
sentido amplio de la palabra, como el medio principal (pero, claro está, no
único) de esta agitación.
Debemos —escribía yo en el artículo “¿Por dónde
empezar?”,151 del que tendremos que hablar dete-nidamente más adelante—
despertar en todos los sectores del pueblo con un mínimo de conciencia la
pasión por las denuncias políticas. No debe des-concertarnos que las voces que
hacen denuncias políticas sean ahora tan débiles, escasas y tímidas. La causa
de ello no es, ni mucho menos, una re-signación general con la arbitrariedad
policíaca. La razón está en que las personas capaces de denun-
? QUE HACER?
ciar y dispuestas a hacerlo no tienen una tribuna
desde la que puedan hablar, no tienen un auditorio que escuche ávidamente y
anime a los oradores, no ven por parte alguna en el pueblo una fuerza a la que
merezca la pena dirigir una queja contra el “todopoderoso” gobierno ruso… Ahora
podemos y debemos crear una tribuna para denunciar ante todo el pueblo al
gobierno zarista: esa tribuna tiene que ser un periódico socialdemócrata.152
Ese auditorio ideal para las denuncias políticas es
precisamente la clase obrera, que necesita, primero y principalmente, amplios y
vivos conocimientos políticos y que es la más capaz de transformar estos
conocimientos en lucha activa, aunque no prometa ningún “resultado palpable”.
Ahora bien, la tribuna para estas denuncias ante todo el pueblo sólo puede ser
un periódico central para toda Rusia. “Sin un órgano político es inconcebible
en la Europa contemporánea un movimiento que merezca el nombre de movimiento
político”; y en este sentido, por Europa con-temporánea hay que entender
también, sin duda alguna, a Rusia. La prensa se ha convertido, en nuestro país,
desde hace ya mucho, en una fuerza; de lo contrario, el gobierno no gastaría
decenas de miles de rublos en sobornarla y en subvencionar a los Katkov y los
Mescherski de toda laya.
Y en la Rusia autocrática no es una novedad que la
prensa clandestina rompa los candados de la censura y obligue a hablar
públicamente de ella a los órganos lega-les y conservadores. Así ocurrió en los
años 70 e incluso
126 127
Vladimir Ilich Lenin
a mediados de siglo. ¡Y cuánto más extensos y
profundos son ahora los sectores populares dispuestos a leer la prensa
clandestina y a aprender en ella “a vivir y a morir”, como se expresaba el
obrero autor de una carta publicada en el Núm. 7 de Iskra!.153 Las denuncias
políticas son precisa-mente una declaración de guerra al gobierno, de la misma
manera que las denuncias de tipo económico son una declaración de guerra al
fabricante. Y la importancia moral de esta declaración de guerra es tanto mayor
cuanto más amplia y vigorosa es la campaña de denuncias, cuanto más numerosa y
decidida es la clase social que declara la guerra para empezarla. En
consecuencia, las denuncias políticas son, ya de por sí, uno de los medios más
potentes para disgregar las filas enemigas, para apartar del adversario a sus
aliados fortuitos o temporales y sembrar la hostilidad y desconfianza entre
quienes participan de continuo en el poder autocrático.
En nuestros días podrá convertirse en vanguardia de
las fuerzas revolucionarias sólo el partido que organice campañas de denuncias
de verdad ante todo el pueblo. Las palabras “todo el pueblo” encierran un gran
contenido. La inmensa mayoría de los denunciadores que no pertenecen a la clase
obrera (y para ser vanguardia es necesario pre-cisamente atraer a todas las
clases) son políticos realistas y hombres serenos y prácticos. Saben muy bien
que si es peligroso “quejarse” incluso de un modesto funcionario, lo es todavía
más quejarse del “todopoderoso” gobierno ruso. Y se quejarán a nosotros sólo
cuando vean que sus quejas pueden surtir efecto, que somos una fuerza política.
Para
? QUE HACER?
lograr que las personas ajenas nos consideren una
fuerza política debemos trabajar mucho y con tenacidad a fin de elevar nuestro
grado de conciencia, nuestra iniciativa y nuestra energía, pues no basta con
pegar el marbete de “vanguardia” a una teoría y una práctica de retaguardia.
Pero los admiradores demasiado celosos del
“estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria” nos preguntarán, y nos
preguntan ya, si debemos encargarnos de organizar denuncias verdaderamente ante
todo el pueblo sobre los abusos cometidos por el gobierno, ¿en qué se
manifestará entonces el carácter de clase de nuestro movimiento? ¡Pues,
precisamente, en que seremos nosotros, los socialdemó-cratas, quienes
organizaremos esas campañas de denuncias ante todo el pueblo; en que todos los
problemas planteados en nuestra agitación serán esclarecidos desde un punto de
vista socialdemócrata firme, sin ninguna indulgencia para las deformaciones,
intencionadas o no, del marxismo; en que esta polifacética agitación política
será realizada por un partido que une en un todo indivisible la ofensiva contra
el gobierno en nombre del pueblo entero, la educación revolucionaria del
proletariado —salvaguardando al mis-mo tiempo su independencia política—, la
dirección de la lucha económica de la clase obrera y la utilización de sus
conflictos espontáneos con sus explotadores, conflictos que ponen en pie y
atraen sin cesar a nuestro campo a nuevos sectores proletarios!
Pero uno de los rasgos más característicos del
“econo-mismo” consiste precisamente en que no comprende esta conexión; es más,
no comprende que la necesidad más
128 129
Vladimir Ilich Lenin
urgente del proletariado (educación política en
todos los aspectos por medio de la agitación política y de las denun-cias
políticas) coincide con la necesidad del movimiento democrático general. Esa
incomprensión se manifiesta tanto en las frases martinovianas como en
diferentes alu-siones del mismo sentido a un supuesto punto de vista de clase.
He aquí, por ejemplo, cómo se expresan al respecto los autores de la carta
“economista”, publicada en el Núm.
12 de
Iskra:154
Este mismo defecto fundamental de Iskra (la
sobrestimación de la ideología) es la causa de su inconsecuencia en los
problemas referentes a la ac-titud de la socialdemocracia ante las diversas
clases y tendencias sociales. Resolviendo por medio de deducciones teóricas…
… y no
mediante
… el
crecimiento de las tareas del partido, las cua-les crecen junto con éste… la
tarea de pasar sin de-mora a la lucha contra el absolutismo y sintiendo, por lo
visto, toda la dificultad de esta tarea para los obreros, dado el actual estado
de cosas…
… y no
sólo sintiendo, sino sabiendo muy bien que esta tarea le parece menos difícil a
los obreros que a los intelec-tuales “economistas” que los tratan como a niños
pequeños, pues los obreros están dispuestos a batirse incluso por rei-
? QUE HACER?
vindicaciones que, dicho sea con palabras del
inolvidable Martínov, no prometen ningún “resultado palpable”)…, “pero no
teniendo la paciencia de esperar que los obreros acumulen fuerzas para esta
lucha, Iskra empieza a buscar aliados entre los liberales y los
intelectuales…”.
Sí, sí, se nos ha acabado, en efecto, toda la
“paciencia” para “esperar” los días felices que nos prometen desde hace mucho
los “conciliadores” de toda clase, en los cuales nues-tros “economistas”
dejarán de imputar su propio atraso a los obreros y de justificar su
insuficiente energía con una pretendida insuficiencia de fuerzas de los
obreros. Pregun-tamos a nuestros “economistas”: ¿en qué debe consistir la
“acumulación de fuerzas por los obreros para esta lucha”? ¿No es evidente que
consiste en dar educación política a los obreros, en denunciar ante ellos todos
los aspectos de nuestra abyecta autocracia? ¿Y no está claro que justamente
para esta labor necesitamos tener “aliados entre los liberales y los
intelectuales” dispuestos a compartir con nosotros sus denuncias de la campaña
política contra la gente de los zemstvos, los maestros, estadísticos,
estudiantes, etc.? ¿Será, en realidad, tan difícil de comprender esta asombrosa
“treta”? ¿No les viene repitiendo PB Axelrod, ya desde 1897, que “el problema
de que los socialdemócratas rusos conquisten adictos y aliados directos o
indirectos entre las clases no proletarias se resuelve, ante todo y sobre todo,
por el carácter de la propaganda que se hace en el seno del proletariado
mis-mo”? ¡Pero no obstante, los Martínov y demás “economistas” siguen creyendo
que los obreros deben primero, por medio de “la lucha económica contra los
patronos y el gobierno”,
130 131
Vladimir Ilich Lenin
acumular fuerzas (para la política tradeunionista)
y sólo después “pasar”, según parece, del tradeunionista “infundir actividad” a
la actividad socialdemócrata!
En sus búsquedas —continúan los “economis-tas”—,
Iskra se desvía con frecuencia del punto de vista de clase, velando las
contradicciones entre las clases y colocando en primer plano la comunidad del
descontento con el gobierno, aunque las causas y el grado de este descontento
entre los “aliados” son muy diferentes. Tal es, por ejemplo, la actitud de
Iskra ante los zemstvos.
Iskra, según dicen los “economistas”, “promete la
ayuda de la clase obrera a los nobles insatisfechos de las limosnas
gubernamentales, sin decir una sola palabra del antago-nismo de clase que
separa a estos dos sectores de la pobla-ción”. Si el lector se remite al
artículo “La autocracia y los zemstvos”,155 al que probablemente aluden los
autores de la carta, verá que están consagrados156 a la actitud del gobierno
frente a la “agitación blandengue del zemstvo burocrático y estamental” y
frente a la “iniciativa que parte hasta de las clases poseedoras”. El artículo
dice que el obrero no puede contemplar con indiferencia la lucha del gobierno
contra el zemstvo; invita a la gente de los zemstvos a abandonar sus discursos
blandengues y pronunciarse con palabras firmes y tajantes cuando la
socialdemocracia revolucionaria se alce con toda su fuerza ante el gobierno.
¿Qué hay en esto de inaceptable para los autores de la carta? Nadie lo sabe.
? QUE HACER?
¿Piensan que el obrero “no comprenderá” las
palabras “clases poseedoras” y “zemstvo burocrático estamental”? ¿Creen que
incitar a la gente de los zemstvos a pasar de los discursos blandengues a las
palabras tajantes es “sobrestimar la ideología”? ¿Se imaginan que los obreros
pueden “acumular fuerzas” para luchar contra el absolutismo si no saben cómo
trata éste también a los zemstvos? Nadie lo sabe tampoco. Lo único claro es que
los autores tienen una idea muy vaga de las tareas políticas de la socialdemocracia.
Que esto es así nos lo dice con mayor claridad aún esta frase suya: “Idéntica
es la actitud de Iskra”, es decir, de nuevo “vela las contradicciones entre las
clases”, “ante, el movimiento estudiantil”. En lugar de exhortar a los obreros
a afirmar, por medio de una manifes-tación pública, que el verdadero origen de
la violencia, de la arbitrariedad y del desenfreno se halla en el gobierno
ruso, y no en la juventud universitaria,157 ¡deberíamos haber publi-cado, por
lo visto, razonamientos en el espíritu de R. Mysl! Y semejantes ideas son
expresadas por socialdemócratas en el otoño de 1901, después de los sucesos de
febrero y marzo, en vísperas de un nuevo crecer del movimiento estudiantil,
revelador de que, incluso en este terreno, la “espontaneidad” de la protesta
contra la autocracia adelanta a la dirección consciente del movimiento por la
socialdemocracia. ¡El deseo espontáneo de los obreros de intervenir en defensa
de los estudiantes apaleados por la policía y los cosacos adelanta a la
actividad consciente de la organización socialdemócrata!
“Sin embargo, en otros artículos —continúan los
autores de la carta—, Iskra condena duramente todo compromiso y defiende, por
ejemplo, la posición intransigente de los gues-
132 133
Vladimir Ilich Lenin
distas”. Aconsejamos que mediten bien sobre estas
palabras quienes suelen afirmar con tanta presunción y ligereza que las
discrepancias entre los socialdemócratas de nuestros días no son esenciales ni
justifican una escisión. ¿Pueden actuar con éxito en una misma organización
quienes afirman que hemos hecho todavía muy poco para denunciar la hostilidad
de la autocracia a las clases más diversas y para dar a conocer a los obreros
la oposición de los sectores más diversos de la población a la autocracia, y quienes
ven en esta actividad un “compromiso”, evidentemente un compromiso con la
teoría de la “lucha económica contra los patronos y el gobierno”?
Hemos hablado, al recordar el cuadragésimo
aniversario de la liberación de los campesinos (Núm. 3),158 de que es necesario
llevar la lucha de clases al campo; hemos mos-trado, a propósito del informe
secreto de Witte (Núm. 4), que la administración autónoma local y la autocracia
son inconciliables; hemos atacado el feudalismo de los terrate-nientes del
gobierno, al comentar la nueva ley (Núm. 8),159 y hemos aplaudido el congreso
ilegal de los zemstvos,160 alentando a los miembros y defensores de estos últimos
a abandonar las peticiones humillantes y pasar a la lucha; hemos estimulado a
los estudiantes, que empezaban a comprender la necesidad de la lucha política y
pasaban a ella (Núm. 3) y, al mismo tiempo, hemos fustigado la “bár-bara
incomprensión” de quienes propugnan el movimiento “exclusivamente
universitario” y exhortan a los estudiantes a no participar en las
manifestaciones callejeras (Núm. 3, con motivo del llamamiento del Comité
Ejecutivo de los Estudiantes de Moscú, fechado el 25 de febrero); hemos
? QUE HACER?
denunciado los “sueños absurdos” y la “hipocresía
falaz” de los astutos liberales del periódico Rossía161 (Núm. 5) y, a la vez,
hemos destacado la furiosa represión del go-bierno carcelero “contra pacíficos
literatos, contra viejos catedráticos y científicos, contra conocidos liberales
de los zemstvos”;162 hemos revelado el verdadero sentido del programa “de
patronato del Estado para mejorar las con-diciones de vida de los obreros” y
celebrado la “preciosa confesión” de que “más vale prevenir con reformas desde
arriba las demandas de reformas desde abajo que esperar a esto último” (Núm.
6);163 hemos animado (Núm. 7) a los funcionarios de Estadística que protestan y
hemos condenado a los funcionarios esquiroles (Núm. 9).
¡Quienes ven en esta táctica una ofuscación de la
con-ciencia de clase del proletariado y un compromiso con el liberalismo
prueban que no comprenden en absoluto el ver-dadero sentido del programa del
Credo y, de facto, aplican precisamente este programa, por mucho que lo
repudien! Porque, por eso mismo, arrastran a la socialdemocracia a “la lucha
económica contra los patronos y el gobierno” y se rinden ante el liberalismo,
renunciando a intervenir de manera activa en cada problema “liberal” y a fijar
frente a él su propia actitud, su actitud socialdemócrata.
6. Una
vez más “calumniadores”, una vez más “embaucadores”
Como recordará el lector, estas amables palabras
son de Rabóchei Dielo, que replica así a nuestra acusación de
134 135
Vladimir Ilich Lenin
“haber preparado indirectamente el terreno para
convertir el movimiento obrero en un instrumento de la democracia burguesa”. En
su simplicidad, Rabóchei Dielo ha decidido que esta acusación no es otra cosa
que una argucia po-lémica. Como si dijera: estos malignos dogmáticos han
resuelto decirnos toda clase de cosas desagradables, ¿y qué pude haber más
desagradable que ser instrumento de la democracia burguesa? Y se publica en
negrilla un “men-tís”: “una calumnia patente”,164 “un embaucamiento”,165 “una mascarada”.166
Como Júpiter, Rabóchei Dielo (aunque se parece poco
a Júpiter) se enfada precisamente porque no tiene razón, de-mostrando con sus
insultos precipitados que es incapaz de seguir el hilo de los pensamientos de
sus adversarios. Y sin embargo, no hace falta reflexionar mucho para comprender
por qué todo culto a la espontaneidad del movimiento de masas, todo
rebajamiento de la política socialdemócrata al nivel de la política
tradeunionista significa precisamente preparar el terreno para convertir el
movimiento obrero en un instrumento de la democracia burguesa.
El movimiento obrero espontáneo sólo puede crear
por sí mismo el tradeunionismo (y lo crea de manera in-evitable), y la política
tradeunionista de la clase obrera no es otra cosa que la política burguesa de
la clase obrera. La participación de la clase obrera en la lucha política, e
inclu-so en la revolución política, en modo alguno convierte aún su política en
una política socialdemócrata. ¿Se le ocurrirá a Rabóchei Dielo negar esto? ¿Se
le ocurrirá, al fin, exponer
? QUE HACER?
ante todo el mundo, sin ambages ni rodeos, el
concepto que tiene de los problemas candentes de la socialdemocracia
internacional y rusa? ¡Oh, no! Jamás se le ocurrirá nada semejante, pues se
aferra al recurso de “hacerse el ausente”: Ni soy quien soy; ni sé, ni quiero
saber nada del asunto. Nosotros no somos “economistas”, Rabóchaya Mysl no es
“economismo”, en general, en Rusia no hay “economismo”. Es un recurso muy hábil
y “político”, pero tiene un pequeño inconveniente: a los órganos de prensa que
lo practican se les suele poner el mote de “¿En qué puedo servirle?”.
Rabóchei Dielo cree que, en general, la democracia
burguesa en Rusia es una “quimera”.167 ¡Qué felices son! Como el avestruz,
esconden la cabeza bajo el ala y se imaginan que con ello han hecho desaparecer
todo lo que les rodea. La serie de publicistas liberales que anuncian
triunfalmente cada mes el desmoronamiento e incluso la desaparición del
marxismo, la serie de periódicos liberales (Sankt-Petersburgskie Viédomosti,
Russkie Viédomosti y otros muchos) dedicados a estimular a los liberales que
llevan a los obreros una concepción brentaniana de la lucha de clases168 y una
concepción tradeunionista de la política; la pléyade de críticos del marxismo,
cuyas verdaderas tendencias han puesto tan bien al descubierto el Credo y cuya
mercancía literaria es la única que circula por Rusia sin impuestos ni
aranceles; la reanimación de las tendencias revolucionarias no
socialdemócratas, sobre todo después de los sucesos de febrero y marzo; ¡todo
eso, por lo visto, es una quimera! ¡Todo eso no tiene en absoluto nada que ver
con la democracia burguesa!
136 137
Vladimir Ilich Lenin
Rabóchei Dielo y los autores de la carta
“economista”, aparecida en el Núm. 12 de Iskra, deberían “pensar en cuál es la
causa de que estos sucesos de la primavera hayan sus-citado una reanimación tan
considerable de las tendencias revolucionarias no socialdemócratas, en lugar de
fortalecer la autoridad y el prestigio de la socialdemocracia”. La causa es que
no hemos estado a la altura de nuestra misión, que la actividad de las masas
obreras ha sido superior a la nuestra, que no hemos tenido dirigentes y
organizadores revolu-cionarios preparados en grado suficiente, que conocieran a
la perfección el estado de ánimo de todos sectores opo-sicionistas y supieran
ponerse a la cabeza del movimiento, transformar una manifestación espontánea en
una mani-festación política, ampliar su carácter político, etc.; en estas
condiciones, nuestro atraso seguirá siendo aprovechado de manera inevitable por
los revolucionarios no socialdemó-cratas más dinámicos y más enérgicos; y los
obreros, por grandes que sean su abnegación y su energía en la lucha con la
policía y con las tropas, por muy revolucionaria que sea su actuación, no
pasarán de ser una fuerza que apoye a esos revolucionarios, serán la
retaguardia de la democracia burguesa y no la vanguardia socialdemócrata.
Tomemos el caso de la socialdemocracia alemana, de
la que nuestros “economistas” quieren imitar sólo los lados débiles. ¿Por qué
no se produce en Alemania ni un solo suceso político sin que contribuya
aumentar más y más la autoridad y el prestigio de la socialdemocracia? Pues
por-que la socialdemocracia es siempre la primera en la apre-ciación más
revolucionaria de cada suceso, en la defensa
? QUE HACER?
de toda protesta contra la arbitrariedad. No se
adormece con la consideración de que la lucha económica incitará a los obreros
a pensar en su falta de derechos y de que las condiciones empujan fatalmente el
movimiento obrero al camino revolucionario.
Interviene en todos los aspectos y en todos los
pro-blemas de la vida social y política: cuando Guillermo se niega a ratificar
el nombramiento de un alcalde progresista burgués, ¡nuestros “economistas” no
han tenido tiempo aún de explicar a los alemanes que esto es, en el fondo, un
compromiso con el liberalismo!; cuando se dicta una ley contra las obras y
estampas “inmorales”; cuando el gobierno influye para que sean elegidos
determinados profesores, etc., etc. La socialdemocracia está siempre en primera
línea, excitando el descontento político en todas las clases, despertando a los
dormidos, espoleando a los rezagados y proporcionando hechos y datos de todo
género para desarrollar la conciencia política y la actividad política del
proletariado. Y el resultado de todo eso es que hasta los enemigos conscientes
del socialismo sienten respeto por el luchador político de vanguardia, y no es
raro que un documento importante, no sólo de los medios burgueses, sino incluso
de las esferas burocráticas y palaciegas, vaya a parar, por una especie de
milagro, al despacho de la re-dacción de Vorwärts.
Ahí está la clave de la aparente “contradicción”,
la cual rebasa tanto la capacidad de comprensión de Rabóchei Dielo, que la
revista se limita a levantar las manos al cielo
138 139
Vladimir Ilich Lenin
clamando: “¡Mascarada!”. En efecto, ¡figúrense
ustedes: nosotros, Rabóchei Dielo, colocamos en primer plano el mo-vimiento
obrero de masas (¡y lo imprimimos en negrilla!), prevenimos a todos y a cada
uno contra el peligro de dis-minuir la importancia del elemento espontáneo,
queremos dar un carácter político a la misma, a la mismísima lucha económica,
queremos mantener un contacto estrecho y or-gánico con la lucha proletaria! Y
después de eso se nos dice que preparamos el terreno para convertir el movimiento
obrero en un instrumento de la democracia burguesa. ¿Y quién nos lo dice?
¡Hombres que llegan a un “compromiso” con el liberalismo, interviniendo en
todos los problemas “liberales” (¡qué incomprensión del “contacto orgánico con
la lucha proletaria”!) y dedicando tanto atención a los estudiantes e incluso
(¡qué horror!) a la gente de los zemstvos! ¡Hombres que, en general, quieren
consagrar una parte mayor de sus fuerzas (en comparación con los “economistas”)
a la actividad entre las clases no proletarias de la población! ¿No es eso,
acaso, una “mascarada”?
¡Pobre Rabóchei Dielo! ¿Llegará alguna vez a
desentrañar el secreto de esta treta?
Capítulo IV
El primitivismo en el trabajo de los economistas y
la organización de los revolucionarios
140
? QUE HACER?
Las afirmaciones de Rabóchei Dielo, antes
analizadas,
de que la lucha económica es el medio de agitación
política más ampliamente aplicable, de que nuestra
tarea
consiste ahora en dar a la lucha económica misma un
ca-
rácter político, etc., demuestran que se tiene una
noción
estrecha no sólo de nuestras tareas políticas, sino
también
de las de organización. Para sostener la “lucha
económi-
ca contra los patronos y el gobierno”, es
innecesaria en
absoluto una organización centralizada de toda
Rusia
—que, por ello mismo, no puede formarse en el curso
de semejante lucha— que agrupe en un solo impulso
co-
mún todas las manifestaciones de oposición
política, de
protesta y de indignación; una organización formada
por
revolucionarios profesionales y dirigida por
verdaderos
líderes políticos de todo el pueblo.
Y se comprende. La estructura de cualquier
organismo
está determinada, de modo natural e inevitable, por
el
contenido de la actividad de dicho organismo. De
ahí que
Rabóchei Dielo, con las afirmaciones que hemos
examinado
anteriormente, consagre y legitime, no sólo la
estrechez de
la actividad política, sino también la estrechez de
la labor de
organización. Y en este caso, como siempre, es un
órgano
de prensa cuya conciencia cede ante la
espontaneidad.
Sin embargo, el culto a las formas de organización
espon-
143
Vladimir Ilich Lenin
táneas, la incomprensión de cuán estrecha y
primitiva es nuestra labor de organización, de hasta qué punto somos todavía
unos “artesanos” en un terreno tan importante, esta incomprensión, digo yo, es
una verdadera enfermedad de nuestro movimiento. No es, por supuesto, una
enfermedad propia de la decadencia, sino una enfermedad debida al crecimiento.
Pero precisamente ahora, cuando la ola de la
indigna-ción espontánea nos azota, por decirlo así, a nosotros como dirigentes
y organizadores del movimiento, es necesaria en grado sumo la lucha más
intransigente contra toda defensa del atraso, contra toda legitimación de la
estrechez de mi-ras en este sentido; es necesario en grado sumo despertar, en
cuantos toman parte o se proponen tomar parte en la labor práctica, el
descontento por los métodos primitivos de trabajo que predominan entre nosotros
y la decisión inquebrantable de desembarazarnos de ellos.
1. ¿Qué es el primitivismo en el trabajo?
Intentemos responder a esta pregunta trazando un
pequeño cuadro de la actividad de un círculo socialdemó-crata típico de los
años comprendidos entre 1894 y 1901. Hemos aludido ya a la propensión general
de la juventud estudiantil de aquel período hacia el marxismo. Claro que esta
propensión no era sólo, e incluso no tanto, hacia el mar-xismo en calidad de
teoría como en calidad de respuesta a la pregunta “¿Qué hacer?”, de llamamiento
a emprender la campaña contra el enemigo. Y los nuevos guerreros iban
? QUE HACER?
a la campaña con un equipo y una preparación
primitivos en extremo. En muchísimos casos carecían casi por com-pleto hasta de
equipo y no tenían absolutamente ninguna preparación. Iban a la guerra como
verdaderos labradores, sin más pertrecho que un garrote en la mano. Falto de
todo contacto con los viejos dirigentes del movimiento, falto de toda ligazón
con los círculos de otros lugares o hasta de otros puntos de la ciudad (o de
otros centros de enseñanza), sin organización alguna de las diferentes partes de
la labor revolucionaria, sin ningún plan sistematizado de acción para un
período más o menos prolongado, un círculo de estudiantes se pone en contacto
con obreros y empieza a trabajar. Despliega paso a paso una agitación y una
propaganda cada vez más vastas, y con su actuación se gana las simpatías de
sectores obreros bastante amplios, así como de una parte de la sociedad
instruida, que pro-porciona dinero y pone a disposición del “comité” nuevos y
nuevos grupos de jóvenes.
Crece el prestigio del comité (o unión de lucha) y
aumenta su actividad, que se amplía de un modo espontáneo por com-pleto: las
mismas personas que hace un año, o unos cuantos meses, intervenían en círculos
de estudiantes y resolvían el problema de “¿a dónde ir?”, que entablaban y
mantenían re-laciones con los obreros, redactaban e imprimían octavillas, se
ponen en contacto con otros grupos de revolucionarios, consiguen publicaciones,
emprenden la edición de un perió-dico local, empiezan a hablar de organizar una
manifestación y, por fin, pasan a operaciones militares abiertas (que pueden
ser, según las circunstancias, la primera hoja de agitación, el
144 145
Vladimir Ilich Lenin
primer número del periódico o la primera
manifestación). Y por lo general, en cuanto se inician estas operaciones, se
pro-duce un fracaso inmediato y completo. Inmediato y completo, precisamente,
porque dichas operaciones militares no son el resultado de un plan sistemático,
bien meditado y preparado poco a poco, de una lucha larga y tenaz, sino
sencillamente el crecimiento espontáneo de una labor de círculo efectuada de
acuerdo con la tradición.
Porque la policía, como es natural, conoce casi
siempre a todos los dirigentes principales del movimiento local, que se han
“acreditado” ya en las aulas universitarias, y sólo espera el momento más
propicio para hacer la reda-da, consintiendo adrede que el círculo se extienda
y se desarrolle en grado suficiente para contar con un corpus delicti palpable,
y dejando cada vez intencionadamente unas cuantas personas, de ella conocidas,
“como semilla” (expresión técnica que emplean, según mis noticias, tanto los
nuestros como los gendarmes). Es forzoso comparar se-mejante guerra con una
campaña de bandas de campesinos armados de garrotes contra un ejército moderno.
Y es de admirar la vitalidad de un movimiento que se ha extendido, crecido y
conquistado victorias pese a la completa falta de preparación de los
combatientes.
Es cierto que, desde el punto de vista histórico,
el carácter primitivo del equipo era al principio no sólo inevitable, sino
incluso legítimo, como una de las condiciones que permitía atraer a gran número
de combatientes. Pero en cuanto em-pezaron las operaciones militares serias (y
empezaron ya, en
? QUE HACER?
realidad, con las huelgas del verano de 1896), las
deficiencias de nuestra organización de combate se hicieron sentir cada vez
más. El gobierno se desconcertó al principio y cometió una serie de errores
(por ejemplo, contar a la opinión pública monstruosidades de los socialistas o
deportar a obreros de las capitales a centros industriales de provincias), pero
no tardó en adaptarse a las nuevas condiciones de la lucha y supo colocar en
los lugares adecuados sus destacamentos de provocadores, espías y gendarmes,
pertrechados con todos los medios modernos.
Las redadas se hicieron tan frecuentes, abarcaron a
un número tan grande de personas y barrieron los círculos locales hasta el
punto de que la masa obrera quedó lo que se dice sin dirigentes, y el
movimiento adquirió un carácter esporádico increíble, siendo imposible en
absoluto estable-cer continuidad ni conexión alguna en el trabajo. El pasmoso
fraccionamiento de los militantes locales, la composición for-tuita de los
círculos, la falta de preparación y la estrechez de horizontes en el terreno de
los problemas teóricos, políticos y orgánicos eran consecuencia inevitable de
las condiciones descritas. Las cosas han llegado al extremo de que, en algunos
lugares, los obreros, a causa de nuestra falta de firmeza y de hábitos de lucha
clandestina, desconfían de los intelectuales y se apartan de ellos: ¡los
intelectuales, dicen, originan fracasos por su acción demasiado irreflexiva!
Cuantos conozcan, por poco que sea, el movimiento
saben que todos los socialdemócratas reflexivos perciben, al fin, que el
primitivismo en el trabajo es una enfermedad.
146 147
Vladimir Ilich Lenin
Mas para que no crea el lector no iniciado que
“construi-mos” con artificio una fase especial o una enfermedad peculiar del
movimiento, nos remitiremos al testigo ya citado. Que se nos disculpe la
extensión de la cita:
Si el paso gradual a una actividad práctica más
amplia —escribe B-v169 en el número 6 de Rabó-
chei Dielo—, paso que depende directamente del
período general de transición por que atraviesa
el movimiento obrero ruso, es un rasgo caracte-
rístico…, existe otro rasgo no menos interesante
en el mecanismo general de la revolución obrera
rusa. Nos referimos a la escasez general de fuerzas
revolucionarias aptas para la acción,170 que se
deja
sentir no sólo en San Petersburgo, sino en toda
Rusia. A la par con la intensificación general del
movimiento obrero, con el desarrollo general de
la masa obrera, con la creciente frecuencia de las
huelgas y con la lucha de masas de los obreros,
cada día más abierta —lo que recrudece las per-
secuciones gubernamentales, las detenciones, los
destierros y las deportaciones—, se hace más y más
patente esta escasez de fuerzas revolucionarias de
alta
calidad y, sin duda, no deja de influir en la
profun-
didad y el carácter general del movimiento. Muchas
huelgas transcurren sin una influencia enérgica y
directa de las organizaciones revolucionarias…,
se deja sentir la escasez de hojas de agitación y
de
publicaciones clandestinas… los círculos obreros
se quedan sin agitadores… Al mismo tiempo se
? QUE HACER?
deja notar la falta constante de dinero. En una
palabra, el crecimiento del movimiento obrero rebasa al crecimiento y al
desarrollo de las organizaciones revolucionarias. Los efectivos de
revolucionarios activos resultan demasiado insignificantes para concentrar en
sus manos la influencia sobre toda la masa obrera en efervescencia y para dar a
todos los disturbios aunque sea un asomo de armonía y or-ganización… Los
círculos y los revolucionarios no están unidos, no están agrupados, no
constituyen una organización única, fuerte y disciplinada, con partes
metódicamente desarrolladas… Y después de hacer constar que el surgimiento
inmediato de nuevos círculos en lugar de los aniquilados “de-muestra tan sólo
la vitalidad del movimiento…, pero no prueba que exista una cantidad suficiente
de militantes revolucionarios plenamente ap-tos”, el autor concluye: “La falta
de preparación práctica de los revolucionarios petersburgueses se refleja
también en los resultados de su labor. Los últimos procesos, y en particular los
de los grupos Autoemancipación y Lucha del Trabajo contra el Capital,171 han
demostrado claramente que un agitador joven que no conozca al detalle las
condiciones del trabajo y, por consiguiente, de la agitación en una fábrica
determinada, que no co-nozca los principios de la clandestinidad y que sólo
haya asimilado” (¿asimilado?) “las ideas generales de la socialdemocracia,
puede trabajar unos cuatro, cinco o seis meses. Luego viene la detención, que
muchas veces acarrea el aniquilamiento de toda la
148 149
Vladimir Ilich Lenin
organización o, por lo menos de una parte de ella.
Cabe preguntar: ¿puede un grupo actuar con éxito, con fruto, cuando su
existencia está limitada a unos cuantos meses? Es evidente que los defectos de
las organizaciones existentes no pueden atribuirse por entero al período de
transición; es evidente que la cantidad y, sobre todo, la calidad de los
compo-nentes de las organizaciones activas desempeñan aquí un papel de no
escasa importancia, y la tarea primordial de nuestros socialdemócratas… debe
consistir en unificar realmente las organizaciones con una selección rigurosa
de sus miembros”.
2. El
primitivismo en el trabajo y el economismo
Debemos analizar ahora una cuestión que, sin duda,
se plantean ya los lectores: ¿puede establecerse una relación entre el
primitivismo en el trabajo, como enfermedad de crecimiento que afecta a todo el
movimiento, y el “econo-mismo”, como una tendencia de la socialdemocracia rusa?
Creemos que sí. La falta de preparación práctica y la falta de habilidad en la
labor de organización son, en efecto, cosas comunes a todos nosotros, incluso a
quienes desde el primer momento han sustentado con firmeza el punto de vista
del marxismo revolucionario. Y es cierto que nadie podría culpar de esta falta
de preparación, por sí sola, a los militantes dedicados a la labor práctica.
Pero, además de la falta de preparación, el concepto “primitivismo en el
trabajo” implica también otra cosa: el reducido alcance de
? QUE HACER?
toda la actividad revolucionaria en general, la
incompren-sión de que con esta labor estrecha es imposible constituir una buena
organización de revolucionarios y, por último —y eso es lo principal—, las
tentativas de justificar esta estrechez y erigirla en una “teoría” particular,
es decir, el culto a la espontaneidad también en este terreno.
En cuanto se manifestaron tales tentativas, se
mani-festaron en dos direcciones. Unos empezaron a decir: la propia masa obrera
no ha planteado aún tareas políticas tan amplias y combativas como las que
quieren “imponerle” los revolucionarios, debe luchar todavía por
reivindicaciones políticas inmediatas, sostener “la lucha económica contra los
patronos y el gobierno”172 (y a esta lucha “accesible” al movimiento de masas
corresponde, como es natural, una organización “accesible” incluso a la
juventud menos pre-parada). Otros, alejados de toda “gradación”, comenzaron a
decir: se puede y se debe “hacer la revolución política”, mas para eso no hay
necesidad alguna de crear una fuerte organización de revolucionarios que eduque
al proletariado en una lucha firme y tenaz; para eso basta con que empu-ñemos
todos el garrote ya conocido y “asequible”.
Hablando sin alegorías: que organicemos la huelga
general,173 o que estimulemos el “indolente” desarrollo del movimiento obrero
por medio del “terrorismo excitante”.174 Ambas tendencias, los oportunistas y
los “revolucionistas”, capitulan ante el primitivismo imperante en el trabajo,
no confían en que sea posible desembarazarse de él, no com-prenden nuestra
primera y más urgente tarea práctica: crear
150 151
Vladimir Ilich Lenin
una organización de revolucionarios capaz de
asegurar a la lucha política energía, firmeza y continuidad.
Acabamos de citar las palabras de B-v: “El
crecimiento del movimiento obrero rebasa el crecimiento y el desarrollo de las
organizaciones revolucionarias”. Esta “valiosa noticia de un observador
directo” (comentario de la redacción de Rabócheie Dielo al artículo de B-v)
tiene para nosotros un doble valor. Demuestra que teníamos razón al considerar
que la causa fundamental de la crisis por que atraviesa en la actualidad la
socialdemocracia rusa está en el atraso de los dirigentes (“ideólogos”,
revolucionarios, socialdemó-cratas) respecto al movimiento ascensional
espontáneo de las masas. Demuestra que todas esas disquisiciones de los autores
de la carta “economista” (en el Núm. 12 de Iskra), de B. Krichevski y Martínov,
sobre el peligro de disminuir la importancia del elemento espontáneo, la
monótona lucha cotidiana, la táctica-proceso, etc., son precisamente una
defensa y una exaltación del primitivismo en el trabajo.
Esos hombres, que no pueden pronunciar la pala-bra
“teórico” sin una mueca de desprecio y que llaman “intuición de la vida” a su
prosternación ante la falta de preparación para la vida y ante el desarrollo
insuficiente, demuestran de hecho que no comprenden nuestras tareas prácticas
más imperiosas. Gritan a quienes se han reza-gado: “¡Seguid el paso! ¡No os
adelantéis!”. Y a quienes adolecen de falta de energía y de iniciativa en la
labor de organización, de falta de “planes” para organizar las cosas con amplitud
y valentía ¡les hablan de la “táctica-proceso”!
? QUE HACER?
Nuestro pecado capital consiste en rebajar nuestras
tareas políticas y orgánicas al nivel de los intereses inmediatos, “palpables”,
“concretos” de la lucha económica cotidiana, pero siguen cantándonos; ¡hay que
imprimir a la lucha económica misma un carácter político!
Repetimos: eso es literalmente la misma “intuición
de la vida” que demostraba poseer el personaje de la épica popular que gritaba
al paso de un entierro: “¡Ojalá tengáis siempre uno que llevar!”.
Recuerden la incomparable presunción,
verdaderamente digna de Narciso, con que esos sabios aleccionaban a Plejá-nov:
“A los círculos obreros les son inaccesibles en general (sic) las tareas
políticas en el sentido real, práctico, de esa palabra, es decir, en el sentido
de una lucha práctica, con-veniente y eficaz, por reivindicaciones políticas”
(Respuesta de la redacción de Rabóchei Dielo, pág. 24). ¡Hay círculos y
círculos, señores! Desde luego, a un círculo de “artesanos” le son inaccesibles
las tareas políticas, mientras esos artesa-nos no comprendan el primitivismo de
su trabajo y no se desembaracen de él. Pero si, además, esos artesanos tienen
apego a sus métodos, si escriben siempre en cursiva la pa-labra “práctico” y se
imaginan que el practicismo exige de ellos que rebajen sus tareas al nivel de
la comprensión de los sectores más atrasados de las masas, entonces, por
supuesto, serán incorregibles y, en efecto, las tareas políticas les serán
inaccesibles en general. Pero a un círculo de adalides como Alexéiev y Myshkin,
Jaulturin y Zheliábov les son accesibles las tareas políticas en el sentido más
real, más práctico, de
152 153
Vladimir Ilich Lenin
la palabra. Y les son accesibles precisamente por
cuanto sus fogosos discursos encuentran eco en la masa que se despier-ta
espontáneamente; por cuanto su impetuosa energía es secundada y apoyada por la
energía de la clase revolucio-naria. Plejánov tenía mil veces razón no sólo
cuando indicó cuál era esta clase revolucionaria, no sólo cuando demostró que
su despertar espontáneo era inevitable e ineludible, sino también cuando
incluso señaló a los “círculos obreros” una tarea política grande y sublime.
Y ustedes invocan el movimiento de masas, surgido
des-de entonces, para rebajar esa tarea, para reducir la energía y el alcance
de la actividad de los “círculos obreros”. ¿Qué es esto sino apego del artesano
a sus métodos? Se vanaglorian de su espíritu práctico y no ven el hecho
conocido de todo militante ruso entregado a la labor práctica: que milagros
puede hacer en la obra revolucionaria la energía no sólo de un círculo, sino
incluso de un individuo. ¿O creen que en nuestro movimiento no pueden existir adalides
como los que existieron en los años 70? ¿Por qué razón? ¿Por qué estamos poco
preparados? ¡Pero nos preparamos, nos seguiremos preparando y llegaremos a
estar preparados!
Es cierto que, por desgracia, en agua estancada de
la “lucha económica contra los patronos y el gobierno” se ha criado entre
nosotros verdín: han aparecido personas que se postran ante la espontaneidad y
contemplan con unción (como dice Plejánov) “la parte trasera” del prole-tariado
ruso. Sin embargo, sabremos limpiarnos ese verdín. Es ahora precisamente cuando
el revolucionario ruso,
? QUE HACER?
guiándose por una teoría verdaderamente
revolucionaria y apoyándose en una clase verdaderamente revolucionaria que
despierta de manera espontánea, puede al fin —¡al fin!— alzarse cuan alto es y
desplegar todas sus fuerzas de gigante. Para ello sólo hace falta que entre la
masa de mili-tantes dedicados a la actividad práctica —y entre la masa, mayor
aún, de quienes sueñan con la práctica ya desde el banco de la escuela— sea
acogido con burla y desprecio todo intento de rebajar nuestras tareas políticas
y el alcance de nuestra labor de organización. ¡Y lo conseguiremos, señores,
pueden estar seguros de ello!
En el artículo ¿Por dónde empezar? he escrito
contra
Rabócheie Dielo:
En veinticuatro horas se puede cambiar de táctica
en la agitación respecto a algún problema especial, se puede cambiar de táctica
en la realización de algún detalle de organización del partido; pero cambiar,
no digamos en veinticuatro horas, sino incluso en veinticuatro meses de
criterio acerca de si hace falta en general, siempre y en absoluto, una
organización combativa y una agitación polí-tica entre las masas es cosa que
sólo pueden hacer personas sin principios.175
Rabócheie Dielo contesta:
Esta acusación de Iskra, la única que pretende
estar basada en hechos, carece de todo fundamento. Los lectores de Rabóchei
Dielo saben muy bien que nosotros, desde el comienzo mismo, no sólo
154 155
Vladimir Ilich Lenin
hemos exhortado a la agitación política, sin
esperar a que apareciera Iskra… —diciendo al paso que, no ya a los círculos
obreros— ni aun siquiera al movimiento obrero de masas se le puede plantear
como primera tarea política la de derribar el ab-solutismo,
Sino únicamente la lucha por reivindicaciones
políticas inmediatas, y que “las reivindicaciones políticas inmediatas se hacen
accesibles a las masas después de una o, en todo caso, de varias huelgas”),
“sino que, con nuestras publi-caciones hemos proporcionado desde el extranjero
a los camaradas que actúan en Rusia los únicos materiales de agitación política
socialdemócrata” (y en estos materiales no sólo han practicado con la mayor
amplitud la agitación política exclusivamente en el terreno de la lucha econó-mica,
sino que han llegado, por fin, a la conclusión de que esta agitación limitada
es “la que se puede aplicar con la mayor amplitud”.
¿Y no advierten ustedes, señores, que su
argumentación demuestra precisamente la necesidad de que apareciera Iskra —en
vista del carácter de esos materiales únicos— y la necesidad de la lucha de
Iskra contra Rabócheie Dielo? “Por otra parte, nuestra actividad editorial
preparaba en la práctica la unidad táctica del partido” (¿la unidad de
convicción de que la táctica es un proceso de crecimiento de las tareas del
partido, las cuales crecen junto con éste? ¡Valiente unidad!) “… y, con ello,
la posibilidad de crear una “organización de combate” para cuya formación ha
hecho
? QUE HACER?
la Unión todo lo que está al alcance de una
organización residente en el extranjero”.176 ¡Vano intento de salir del paso!
Jamás se me ha ocurrido negar que hicieron ustedes todo lo que estaba a su
alcance. Lo que yo he afirmado y afirmo es que los límites de lo “accesible”
para ustedes se restringen por la miopía de sus concepciones. Es ridículo
hablar de “organizaciones de combate” para luchar por “reivindicaciones
políticas inmediatas” o para “la lucha económica contra los patronos y el
gobierno”.
Pero si el lector quiere ver perlas de
enamoramiento “económico” de los métodos primitivos, tendrá que pasar, como es
lógico, del ecléctico y vacilante Rabóchei Dielo al consecuente y decidido Rab.
Mysl. “Dos palabras ahora sobre la llamada intelectualidad revolucionaria
—escribía R. M. en el Suplemento especial, pág. 13—: es cierto que más de una
vez ha demostrado en la práctica que está to-talmente dispuesta a “entablar el
combate decisivo contra el zarismo”. Pero lo malo es que, perseguida de manera implacable
por la policía política, nuestra intelectualidad revolucionaria tomaba esta
lucha contra la policía política por una lucha política contra la autocracia.
Por eso sigue aún sin encontrar respuesta a la pregunta de “dónde sacar fuerzas
para luchar contra la autocracia”.
¿Verdad que es incomparable este olímpico desprecio
que siente por la lucha contra la policía un admirador (en el peor sentido de
la palabra) del movimiento espontá-neo? ¡Está dispuesto a justificar nuestra
inepcia para la actividad clandestina diciendo que, con el movimiento
156 157
Vladimir Ilich Lenin
espontáneo de masas, no tiene importancia, en el
fondo, la lucha contra la policía política! Muy pocos, poquísimos, suscribirán
esta monstruosa conclusión: con tanto dolor siente todo el mundo las
deficiencias de nuestras organi-zaciones revolucionarias.
Pero si no la suscribe, por ejemplo, Martínov, es
sólo porque no sabe o no tiene la valentía de reflexionar hasta el fin en sus
propias tesis. En efecto, ¿acaso una “tarea” como la de que las masas planteen
reivindicaciones concretas que prometan resultados palpables exige preocuparse
de manera especial por crear una organización de revoluciona-rios sólida,
centralizada y combativa? ¿No cumple también esta “tarea” una masa que en modo
alguno “lucha contra la policía política”? Más aún: ¿sería realizable esta
tarea, si, además de un reducido número de dirigentes, no se encargaran de
cumplirla también (en su inmensa mayoría) obreros que son incapaces en absoluto
de “luchar contra la policía política”?
Estos obreros, los hombres de medios de la masa,
pueden dar pruebas de energía y abnegación gigantescas en una huelga, en la
lucha contra la policía y las tropas en la calle, pueden decidir (y son los
únicos que pueden), el desenlace de todo nuestro movimiento; pero precisa-mente
la lucha contra la policía política exige cualidades especiales, exige
revolucionarios profesionales. Y nosotros debemos preocuparnos no sólo de que
las masas “planteen” reivindicaciones concretas, sino también de que la masa de
obreros “destaque”, en número cada vez mayor, a estos
? QUE HACER?
revolucionarios profesionales.
Llegamos así al problema de las relaciones entre la
orga-nización de revolucionarios profesionales y el movimiento puramente
obrero. Este problema, poco reflejado en las publicaciones, nos ha ocupado a
nosotros, los “políticos”, mucho tiempo en pláticas y discusiones con camaradas
más o menos inclinados al “economismo”. Merece la pena que nos detengamos en él
especialmente. Pero terminemos antes de ilustrar con otra cita nuestra tesis
sobre la relación entre el primitivismo en el trabajo y el “economismo”.
“El grupo Emancipación del Trabajo —decía el señor
NN en su
Respuesta177—exige que se luche directamente contra el gobierno, sin pensar
dónde está la fuerza mate-rial necesaria para esa lucha ni indicar qué caminos
ha de seguir ésta”. Y subrayando estas últimas palabras, el autor hace a
propósito del término “caminos” la observación siguiente:
Esta circunstancia no puede explicarse por fines
conspirativos, ya que en el programa no se trata de una conjura, sino de un
movimiento de masas. Y las masas no pueden avanzar por caminos secretos. ¿Es
posible, acaso, una huelga secreta? ¿Es posible celebrar en secreto una
manifestación o presentar en secreto una petición?178
El autor ha abordado de lleno tanto la “fuerza
material” (los organizadores de las huelgas y manifestaciones) como los
“caminos” que debe seguir esta lucha; pero se ha quedado,
158 159
Vladimir Ilich Lenin
sin embargo, confuso y perplejo, pues se
“prosterna” ante el movimiento de masas, es decir, lo considera algo que nos
exime de nuestra actividad revolucionaria, y no algo que debe alentar e
impulsar nuestra actividad revolucionaria. Una huelga secreta es imposible para
quienes participen en ella o tengan relación inmediata con ella. Pero para las
masas de obreros rusos, esa huelga puede ser (y lo es en la mayoría de los
casos) “secreta”, porque el gobierno se preocupará de cortar toda relación con
los huelguistas, se preocupará de hacer imposible toda difusión de noticias
sobre la huelga.
Y aquí es necesaria la “lucha contra la policía
política”, una lucha especial, una lucha que jamás podrá sostener activamente
una masa tan amplia como la que participa en las huelgas. Esta lucha deben
organizarla, “según todas las reglas del arte”, personas cuya profesión sea la
actividad revolucionaria. La organización de esta lucha no se ha hecho menos
necesaria porque las masas se incorporen espontáneamente al movimiento.
Al contrario: la organización se hace, por eso, más
nece-saria, pues nosotros, los socialistas, faltaríamos a nuestras obligaciones
directas ante las masas si no supiéramos impe-dir que la policía haga secreta
(y si a veces no preparásemos nosotros mismos en secreto) cualquier huelga o
manifes-tación. Y sabremos hacerlo precisamente porque las masas que despiertan
espontáneamente destacarán también de su seno a más y más “revolucionarios
profesionales” (siempre que no se nos ocurra invitar a los obreros, de
diferentes maneras, al inmovilismo).
? QUE HACER?
3. La organización de los obreros
y la organización de los revolucionarios
Si el concepto de “lucha económica contra los
patronos y el gobierno” corresponde para un socialdemócrata al de lucha
política, es natural esperar que el concepto de “or-ganización de
revolucionarios” corresponda más o menos al de “organización de obreros”. Y así
ocurre, en efecto; de suerte que, al hablar de organización, resulta que
hablamos literalmente en lenguas diferentes. Por ejemplo, recuerdo como si
hubiera ocurrido hoy la conversación que sostuve en cierta ocasión con un
“economista” bastante consecuen-te al que antes no conocía.179
La conversación giraba en torno al folleto ¿Quién
hará la revolución política? Pronto convinimos en que el defecto principal de
este folleto consistía en dar de lado el problema de la organización. Nos
figurábamos estar ya de acuerdo, pero…, al seguir la conversación, resultó que
hablábamos de cosas distintas. Mi interlocutor acusaba al autor de no tener en
cuenta las cajas de resistencia, las sociedades de socorros mutuos, etc.; yo,
en cambio, pensaba en la orga-nización de revolucionarios indispensable para
“hacer” la revolución política. ¡Y en cuanto se reveló esta discrepancia, no
recuerdo haber coincidido jamás con este “economista” sobre ninguna cuestión de
principio!
¿En qué consistía, pues, el origen de nuestras
discrepan-cias? Precisamente en que los “economistas” se apartan a cada paso de
las concepciones socialdemócratas para caer en el tradeunionismo, tanto en las
tareas de organización
160 161
Vladimir Ilich Lenin
como en las políticas. La lucha política de la
socialdemocra-cia es mucho más amplia y compleja que la lucha económi-ca de los
obreros contra los patronos y el gobierno. Del mis-mo modo (y como consecuencia
de ello), la organización de un partido socialdemócrata revolucionario ha de
ser inevitablemente de un género distinto que la organización de los obreros
para la lucha económica. La organización de los obreros deber ser, primero,
profesional; segundo, lo más amplia posible; tercero, lo menos clandestina
posible (aquí más adelante me refiero, claro está, sólo a la Rusia
autocrática).
Por el contrario, la organización de los
revolucionarios debe agrupar, ante todo y sobre todo, a personas cuya
pro-fesión sea la actividad revolucionaria (por eso hablo de una organización
de revolucionarios, teniendo en cuenta a los revolucionarios socialdemócratas).
Ante este rasgo común de los miembros de semejante organización, debe
desapare-cer en absoluto toda diferencia entre obreros e intelectuales, sin
hablar ya de la diferencia entre las diversas profesiones de unos y otros. Esta
organización debe ser necesariamente no muy amplia y lo más clandestina
posible. Detengámonos en estos tres puntos distintos.
En los países que gozan de libertad política, la
diferencia entre la organización sindical y la organización política es
completamente clara, como lo es también la diferencia entre las tradeuniones y
la socialdemocracia. Por supuesto, las relaciones de esta última con las
primeras varían de ma-nera inevitable en los distintos países, en dependencia
de
? QUE HACER?
las condiciones históricas, jurídicas, etc.,
pudiendo ser más o menos estrechas, complejas, etc. (desde nuestro punto de
vista, deben ser lo más estrechas y lo menos complejas posibles); pero no puede
ni hablarse de identificar en los países libres la organización de los
sindicatos con la orga-nización del partido socialdemócrata.
En Rusia, en cambio, el yugo de la autocracia borra
a primera vista toda diferencia entre la organización socialde-mócrata y el
sindicato obrero, pues todo sindicato obrero, todo círculo están prohibidos, y
la huelga, principal mani-festación y arma de la lucha económica de los
obreros, se considera en general un delito común (¡y a veces incluso un delito
político!). Por consiguiente, las condiciones de Rusia, de una parte, “incitan”
con gran fuerza a los obreros que sostienen la lucha económica a pensar en las
cuestio-nes políticas, y, de otra, “incitan” a los socialdemócratas a confundir
el tradeunionismo con la socialdemocracia (nuestros Krichevski, Martínov y
Cía., que hablan sin cesar de la “incitación” del primer tipo, no ven la
“incitación” del segundo tipo).
En efecto, imaginémonos a personas absorbidas en el
99 % por “la lucha económica contra los patronos y el gobierno”. Unas jamás
pensarán durante todo el período de su actuación (de cuatro a seis meses) en la
necesidad de una organización más compleja de revolucionarios. Otras
“tropezarán” tal vez con publicaciones bernsteinianas, bastante difundidas, y
extraerán de ellas la convicción de que lo importante de verdad es “el
desarrollo progresivo
162 163
Vladimir Ilich Lenin
de la monótona lucha cotidiana”. Otras, en fin, se
dejarán quizá seducir por la tentadora idea de dar al mundo un nuevo ejemplo de
“estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria”, de contacto del
movimiento sindical con el movimiento socialdemócrata. Cuanto más tarde entra
un país en la palestra del capitalismo y, en consecuencia, del movimiento
obrero —razonarán esas personas—, tanto más pueden participar los socialistas
en el movimiento sindical y apoyarlo, y tanto menos puede y debe haber sin-dicatos
no socialdemócratas. Hasta ahora, tal razonamiento es completamente justo; pero
la desgracia consiste en que van más lejos y sueñan con una fusión total de la
socialde-mocracia y el tradeunionismo. En seguida veremos, por el ejemplo, de
los estatutos de la Unión de Lucha de San Petersburgo, el nocivo reflejo de
esos sueños en nuestros planes de organización.
Las organizaciones obreras para la lucha económica
han de ser organizaciones sindicales. Todo obrero socialdemó-crata debe, dentro
de lo posible, apoyar estas organizacio-nes y actuar intensamente en ellas. De
acuerdo. Pero es contrario en absoluto a nuestros intereses exigir que sólo los
socialdemócratas puedan ser miembros de las organiza-ciones “gremiales”, pues
eso reduciría el alcance de nuestra influencia entre las masas. Que participe
en la organización gremial todo obrero que comprenda la necesidad de la unión
para luchar contra los patronos y el gobierno.
El fin mismo de las organizaciones gremiales sería
inaccesible si no agrupasen a todos los obreros capaces
? QUE HACER?
de comprender, por lo menos, esta noción elemental;
si dichas organizaciones gremiales no fuesen muy amplias. Y cuanto más amplias
sean estas organizaciones, tanto más amplia será nuestra influencia en ellas,
ejercida no sólo por el desarrollo “espontáneo” de la lucha económica, sino
también por el influjo directo y consciente de los miembros socialistas de los
sindicatos sobre sus camaradas. Pero en una organización amplia, es imposible
la clandestinidad rigurosa (pues exige mucha más preparación que para participar
en la lucha económica).
¿Cómo conciliar esta contradicción entre la
necesidad de una organización amplia y de una clandestinidad rigu-rosa? ¿Cómo
conseguir que las organizaciones gremiales sean lo menos clandestinas posible?
En general, no puede haber más que dos caminos: o bien la legalización de las
asociaciones gremiales (que en algunos países ha precedido a la legalización de
las organizaciones socialistas y políti-cas), o bien el mantenimiento de la
organización secreta, pero tan “libre”, tan poco reglamentaria, tan lose,180 como
dicen los alemanes, que la clandestinidad quede reducida casi a cero para la
masa de afiliados.
La legalización de asociaciones obreras no
socialistas y no políticas ha comenzado ya en Rusia, y está fuera de toda duda
que cada paso de nuestro movimiento obrero socialdemócrata, que crece con
rapidez, estimulará y multiplicará las tentativas de esta legalización,
efectuadas principalmente por los adictos al régimen vigente, pero también, en
parte, por los propios obreros y los intelec-tuales liberales. Los Vasíliev y
los Zubátov han izado ya la
164 165
Vladimir Ilich Lenin
bandera de la legalización; los señores Ozerov y
Worms le han prometido y dado ya su concurso, y la nueva corriente ha
encontrado ya adeptos entre los obreros. Y nosotros no podemos dejar ya de
tener en cuenta esta corriente. Es poco probable que entre los socialdemócratas
pueda existir más de una opinión acerca de cómo hay que tenerla en cuenta.
Nuestro deber consiste en denunciar sin desmayo toda participación de los
Zubátov y los Vasíliev, de los gendar-mes y los curas en esta corriente, y
explicar a los obreros los verdaderos propósitos de estos elementos.
Nuestro deber consiste en denunciar asimismo toda
nota conciliadora, de “armonía”, que se deslice en los dis-cursos de los
liberales en las reuniones obreras públicas, independientemente de que dichas
notas sean debidas al sincero convencimiento de que es deseable la colaboración
pacífica de las clases, al afán de congraciarse con las autori-dades o a simple
falta de habilidad. Tenemos, en fin, el de-ber de poner en guardia a los
obreros contra las celadas que les tiende con frecuencia la policía, que en estas
reuniones públicas y en las sociedades autorizadas observa a los “más fogosos”
e intenta aprovechar las organizaciones legales para introducir provocadores
también en las ilegales.
Pero hacer todo eso no significa en absoluto
olvidar que, en fin de cuentas, la legalización del movimiento obrero nos
beneficiará a nosotros, y no, en modo alguno, a los Zu-bátov. Al contrario:
precisamente con nuestra campaña de denuncias, separamos la cizaña. El trigo
está en interesar en los problemas sociales y políticos a sectores obreros aún
más
? QUE HACER?
amplios, a los sectores más atrasados; en
liberarnos nosotros, los revolucionarios, de funciones que son, en el fondo,
legales (difusión de libros legales, socorros mutuos, etc.) y cuyo desarrollo
nos proporcionará, de manera ineluctable y en cantidad creciente, hechos y
datos para la agitación.
En este sentido, podemos y debemos decir a los
Zubátov y a los Ozerov: “¡Esfuércense, señores, esfuércense!”. Por cuanto
tienden ustedes una celada a los obreros, mediante la provocación directa o la
corrupción “honrada” de los obreros con ayuda del “struvismo”,181 nosotros ya
nos en-cargaremos de desenmascararlos. Por cuanto dan ustedes un verdadero paso
adelante —aunque sea en forma del más “tímido zigzag”, pero un paso adelante—,
les diremos: “¡Si-gan, sigan!”. Un verdadero paso adelante no puede ser sino
una ampliación efectiva, aunque minúscula, del campo de acción de los obreros.
Y toda ampliación semejante ha de beneficiarnos y acelerar la aparición de
sociedades legales en las que no sean los provocadores quienes pesquen a los
socialistas, sino los socialistas quienes pesquen adeptos.
En una palabra, nuestra tarea consiste ahora en
combatir la cizaña. No es cosa nuestra cultivar el trigo en pequeños tiestos.
Al arrancar la cizaña, desbrozamos el terreno para que pueda crecer el trigo. Y
mientras los Afanasi Ivánovich y las Puljeria Ivánovna182 se dedican al cultivo
doméstico, no-sotros debemos preparar segadores que sepan arrancar hoy la
cizaña y recoger mañana el trigo.183 Así pues, nosotros no podemos resolver por
medio de la legalización el problema de crear una organización sindical lo
menos clandestina y
166 167
Vladimir Ilich Lenin
lo más amplia posible (pero nos alegraría mucho que
los Zubátov y los Ozerov nos ofreciesen la posibilidad, aunque fuese parcial,
de resolverlo de este modo, ¡para lo cual tene-mos que combatirlos con la mayor
energía posible!). Nos queda el recurso de las organizaciones sindicales
secretas, y debemos prestar toda ayuda a los obreros que emprenden ya (como
sabemos de buena tinta) este camino.
Las organizaciones sindicales pueden ser utilísimas
para desarrollar y reforzar la lucha económica y, además, con-vertirse en un
auxiliar de gran importancia para la agitación política y la organización
revolucionaria. Para llegar a este resultado y orientar el naciente movimiento
sindical hacia el cauce deseable para la socialdemocracia, es preciso, ante
todo, comprender bien lo absurdo del plan de organización que preconizan los
“economistas” petersburgueses desde hace ya cerca de cinco años.
Este plan ha sido expuesto en el Reglamento de la
Caja Obrera del mes de julio de 1897184 y en el Reglamento de la Organización
Sindical Obrera de octubre de 1900.185 El defecto de ambos reglamentos consiste
en que estructuran con todo detalle una vasta organización obrera y la
confun-den con la organización de los revolucionarios. Tomemos el segundo
reglamento por ser el más acabado. Consta de
52 artículos:
23 exponen la estructura, el funcionamiento y las atribuciones de los “círculos
obreros”, que serán orga-nizados en cada fábrica (“diez hombres como máximo”) y
elegirán los “grupos centrales” (de fábrica). “El grupo central —dice el Art.
2— observa todo lo que pasa en su
? QUE HACER?
fábrica y lleva la crónica de lo que sucede en
ella”. “El grupo central da cuenta cada mes a todos los cotizantes del estado
de la caja” (Art. 17), etc.
Diez artículos están consagrados a la “organización
dis-trital”, y 19, a la complejísima relación entre el Comité de la
Organización Obrera y el Comité de la Unión de Lucha de San Petersburgo
(delegados de cada distrito y de los “grupos ejecutivos”: “grupos de
propagandistas, para las relaciones con las provincias, para las relaciones con
el extranjero, para la administración de los depósitos, de las ediciones y de
la caja”).
¡La socialdemocracia equivale a “grupos ejecutivos”
en lo que concierne a la lucha económica de los obreros! Sería difícil
demostrar con mayor relieve cómo el pensamiento del “economista” se desvía de
la socialdemocracia hacia el tradeunionismo; hasta qué punto le es extraña toda
noción de que el socialdemócrata debe pensar, ante todo, en una organización de
revolucionarios capaces de dirigir toda la lucha emancipadora del proletariado.
Hablar de “la eman-cipación política de la clase obrera”, de la lucha contra
“la arbitrariedad zarista” y escribir semejante reglamento de una organización
significa no tener la menor idea de cuáles son las verdaderas tareas políticas
de la socialdemocracia. Ni uno solo del medio centenar de artículos revela la
míni-ma comprensión de que es necesario hacer la más amplia agitación política
entre las masas, una agitación que ponga en claro todos los aspectos del
absolutismo ruso y toda la fisonomía de las diferentes clases sociales de
Rusia. Es más, con un reglamento así, son inalcanzables no sólo los fines
168 169
Vladimir Ilich Lenin
políticos, sino incluso los fines tradeunionistas,
pues estos últimos requieren una organización por profesiones que ni siquiera
se menciona en el reglamento.
Pero lo más característico es, quizá, la pesadez
asom-brosa de todo este “sistema” que trata de ligar cada fábrica al “comité”
mediante una cadena ininterrumpida de reglas uniformes, minuciosas hasta lo
ridículo y con un sistema electoral indirecto de tres grados. Encerrado en el
estre-cho horizonte del “economismo”, el pensamiento cae en detalles que
despiden un tufillo a papeleo y burocracia. En realidad, claro está, las tres
cuartas partes de estos artículos jamás son aplicados; pero, en cambio, una
organización tan “clandestina”, con un grupo central en cada fábrica, facilita
a los gendarmes la realización de redadas increíblemente vastas. Los camaradas
polacos han pasado ya por esta fase del movimiento, en la que todos ellos se
dejaron llevar por idea de fundar cajas obreras a vasta escala, pero renunciaron
muy pronto a ella, al persuadirse de que sólo facilitaban presa abundante a los
gendarmes.
Si queremos amplias organizaciones obreras y no
am-plios descalabros, si no queremos dar gusto a los gendar-mes, debemos tender
a que estas organizaciones no estén reglamentadas en absoluto. ¿Podrán entonces
funcionar? Veamos cuáles son sus funciones: “Observar todo lo que pasa en la
fábrica y llevar la crónica de lo que sucede en ella” (Art. 2 del reglamento).
¿Existe una necesidad absoluta de reglamentar esto?
¿No podría conseguirse mejor por medio de crónicas en
? QUE HACER?
la prensa clandestina, sin crear para ello grupos
especiales? “Dirigir la lucha de los obreros por el mejoramiento de su
situación en la fábrica” (Art. 3). Para esto tampoco hace falta reglamentación.
Todo agitador, por poco inteligente que sea, sabrá averiguar a fondo, por una
simple conversa-ción, qué reivindicaciones quieren presentar los obreros y,
después, hacerlas llegar a una organización estrecha, y no amplia, de
revolucionarios, para que les envíe la octavilla apropiada. “Crear una caja…
con cotización de dos kopeks por rublo” (Art. 9) y dar cuenta cada mes a todos
de las entradas y salidas (Art. 17); excluir a los miembros que no paguen las
cuotas (Art. 10), etc.
Eso es un verdadero paraíso para la policía, pues
nada hay más fácil que penetrar en el secreto de la “caja central fabril”,
confiscar el dinero y encarcelar a todos los militantes mejores. ¿No sería más
sencillo emitir cupones de uno o dos kopeks con el sello de una organización
determinada (muy reducida y muy clandestina), o incluso, sin sello alguno,
hacer colectas cuyo resultado se daría a conocer en un periódico ilegal con un
lenguaje convencional? De este modo se alcanzaría el mismo fin, y a los gendarmes
les sería cien veces más difícil descubrir los hilos de la organización.
Podría continuar este análisis del reglamento, pero
creo que con lo dicho basta. Un pequeño núcleo bien unido, compuesto por los
obreros más seguros, más experimen-tados y mejor templados, con delegados en
los distritos principales, y ligado a la organización de revolucionarios
170 171
Vladimir Ilich Lenin
de acuerdo con las reglas de la más rigurosa
clandestinidad, podrá realizar perfectamente, con el más amplio concurso de las
masas y sin reglamentación alguna, todas las funcio-nes que competen a una
organización sindical, y realizarlas, además, de la manera deseable para la
socialdemocracia. Sólo así se podrá consolidar y desarrollar, a pesar de todos
los gendarmes, el movimiento sindical socialdemócrata.
Se me objetará que una organización tan lose, sin
nin-guna reglamentación, sin ningún afiliado conocido y regis-trado, no puede
ser calificada de organización. Es posible. Para mí la denominación no tiene
importancia. Pero esta “organización sin afiliados” hará todo lo necesario y
ase-gurará desde el primer momento un contacto sólido entre nuestras futuras
tradeuniones y el socialismo. Y quienes deseen bajo el absolutismo una amplia
organización de obreros, con elecciones, informes, sufragio universal, etc.,
son unos utopistas incurables.
La moraleja es simple: si comenzamos por crear
fir-memente una fuerte organización de revolucionarios, podremos asegurar la
estabilidad del movimiento en su conjunto y alcanzar, al mismo tiempo, los
objetivos so-cialdemócratas y los objetivos netamente tradeunionistas. Pero si
comenzamos a constituir una amplia organización obrera con el pretexto de que
es la más “accesible” a la masa (aunque, en realidad, será más accesible a los
gendarmes y pondrá a los revolucionarios más al alcance de la policía), no conseguiremos
ninguno de estos objetivos, no nos desembarazaremos de nuestros métodos
primitivos y, con
? QUE HACER?
nuestro fraccionamiento y nuestros fracasos
continuos, no logramos más que hacer más accesibles a la masa las tradeuniones
del tipo de las de Zubátov u Ozerov.
¿En qué deben consistir, en suma, las funciones de
esta organización de revolucionarios? Vamos a decirlo con todo detalle. Pero
examinemos antes otro razonamiento muy típico de nuestro terrorista, el cual
(¡triste destino!) vuelve a marchar al lado del “economista”. La revista para
obreros Svoboda (Núm. 1) contiene un artículo titulado “La orga-nización”, cuyo
autor procura defender a sus amigos los “economistas” obreros de
Ivánovo-Voznesensk.
Mala cosa es —dice— una muchedumbre silencio-sa,
inconsciente; mala cosa es un movimiento que no viene de la base. Vean lo que
sucede: cuando los estudiantes de una ciudad universitaria retornan a sus
hogares durante unas fiestas en el verano, el movimiento obrero se paraliza.
¿Puede ser una verdadera fuerza un movimiento obrero así, estimu-lado desde
fuera? En modo alguno… todavía no ha aprendido a andar solo y lo llevan con
andaderas. Y así en todo: los estudiantes se van y el movimiento cesa; se encarcela
a los elementos más capaces, a la crema, y la leche se agria; se detiene al
“comité” y, hasta que se forma otro nuevo, vuelve la calma. Además, no se sabe
qué otro se formará, quizá no se parezca en nada al antiguo; aquél decía una
cosa, éste dirá lo contrario. El nexo entre el ayer y el mañana está roto, la
experiencia del pasado no alecciona al porvenir. Y todo porque el movimiento no
tiene
172 173
Vladimir Ilich Lenin
raíces profundas en la multitud; porque no son un
centenar de bobos, sino una docena de inteligentes quienes actúan. Siempre es
fácil que una docena de hombres caiga en la boca del lobo; pero cuando la
organización engloba a la multitud, cuando todo viene de la multitud, ningún
esfuerzo, sea de quien sea, podrá destruir la obra (pág. 63).
La descripción es justa. Ofrece un buen cuadro de
nuestro primitivismo. Pero las conclusiones son dignas de Rabóchaya Mysl por su
falta de lógica y de tacto político. Son el colmo de la insensatez, pues el
autor confunde la cuestión filosófica e histórica social de las “raíces
profundas” del movimiento con una cuestión técnica y de organización: cómo
luchar mejor contra los gendarmes. Son el colmo de la falta de tacto político,
porque, en lugar de apelar a los buenos dirigentes contra los malos, el autor
apela a la “multitud” contra los dirigentes en general. Son un intento de
hacernos retroceder en el terreno de la organización, de la misma manera que la
idea de sustituir la agitación política con el terrorismo excitante nos hace
retroceder en el sentido político.
A decir verdad, me veo en un auténtico embarras de
richesses,186 sin saber por dónde empezar el análisis del galimatías con que
nos obsequia Svoboda. Para mayor cla-ridad, comenzaré por un ejemplo: el de los
alemanes. Nos negarán ustedes, me imagino, que su organización engloba a la
multitud, que entre ellos todo viene de la multitud y que el movimiento obrero
ha aprendido a andar solo. Sin
? QUE HACER?
embargo, ¡cómo aprecia esta multitud de varios
millones de hombres a su “docena” de jefes políticos probados, con qué firmeza
los sigue! Más de una vez, los diputados de los partidos adversos han tratado
de irritar en el Parlamento a los socialistas, diciéndoles:
¡Vaya unos demócratas! El movimiento de la clase
obrera no existe entre ustedes más que de palabra; en realidad, es siempre el
mismo grupo de jefes el que interviene. Año tras año, decenio tras dece-nio,
siempre el mismo Bebel, siempre el mismo Liebknecht. ¡Vuestros delegados,
supuestamente elegidos por los obreros, son más inamovibles que los
funcionarios nombrados por el emperador!.
Pero los alemanes han acogido con una sonrisa de
des-precio estas tentativas demagógicas de oponer la “multitud” a los “jefes”,
de atizar en ella malos instintos de vanidad, de privar al movimiento de
solidez y estabilidad, minando la confianza de las masas en la “docena de
inteligentes”. Los alemanes han alcanzado ya suficiente desarrollo del
pen-samiento político, tienen suficiente experiencia política para comprender
que, sin “una docena” de jefes de talento (los talentos no surgen por
centenares), de jefes probados, preparados profesionalmente, instruidos por una
larga práctica y bien compenetrados, ninguna clase de la socie-dad
contemporánea puede luchar con firmeza.
También los alemanes han tenido a sus demagogos,
que adulaban a los “centenares de bobos”, colocándolos por
174 175
Vladimir Ilich Lenin
encima de las “docenas de inteligentes”; que
glorificaban el “puño musculoso” de la masa, incitaban (como Most o Hasselmann)
a esta masa a acometer acciones “revoluciona-rias” irreflexivas y sembraban la
desconfianza respecto a los jefes probados y firmes. Y el socialismo alemán ha
crecido y se ha fortalecido gracias únicamente a una lucha tenaz e
intransigente contra toda clase de elementos demagógicos en su seno. Pero en el
período en que toda la crisis de la so-cialdemocracia rusa se explica por el hecho
de que las masas que despiertan de un modo espontáneo carecen de jefes
su-ficientemente preparados, desarrollados y expertos, nuestros sabihondos nos
dicen con la perspicacia de Ivánushka:187 “¡Mala cosa es un movimiento que no
viene de la base!”.
“Un comité compuesto de estudiantes no nos conviene
porque es inestable”. ¡Completamente justo! Pero la con-clusión que se deduce
de ahí es que hace falta un comité de revolucionarios profesionales, sin que
importe si son estudiantes u obreros las personas capaces de forjarse como
tales revolucionarios profesionales. ¡Ustedes, en cambio, sacan la conclusión
de que no se debe estimular desde fuera el movimiento obrero! En su ingenuidad
política, no se dan cuenta siquiera de que hacen el juego a nuestros “economistas”
y a nuestros métodos primitivos.
Permítanme una pregunta: ¿Cómo han “estimulado”
nuestros estudiantes a nuestros obreros? Únicamente transmitiéndoles los
retazos de conocimientos políticos que ellos tenían, las migajas de ideas
socialistas que habían podido adquirir (pues el principal alimento espiritual
del
? QUE HACER?
estudiante de nuestros días, el marxismo legal, no
podía darle más que el abecé, no puede darle más que migajas). Ahora bien, tal
“estímulo desde fuera” no ha sido demasiado grande, sino, al contrario,
demasiado pequeño, escandalo-samente pequeño en nuestro movimiento, pues no
hemos hecho más que cocernos con excesivo celo en nuestra propia salsa,
prosternarnos con excesivo servilismo ante la elemental “lucha económica de los
obreros contra los patronos y el gobierno”.
Nosotros, los revolucionarios de profesión, debemos
dedicarnos, y nos dedicaremos, a ese “estímulo” cien veces más. Pero
precisamente porque eligen esta abyecta expre-sión de “estímulo desde fuera”,
inspira de modo inevitable al obrero (por lo menos al obrero tan poco
desarrollado como ustedes) la desconfianza hacia todos los que les
propor-cionan desde fuera conocimientos políticos y experiencia revolucionaria,
y que despierta el deseo instintivo de recha-zarlos a todos, proceden ustedes
como demagogos, y los demagogos son los peores enemigos de la clase obrera.
¡Sí, sí! Y no se apresuren a poner el grito en el
cielo a propósito de mis “métodos” polémicos “exentos de cama-radería”! Ni
siquiera se me ocurre poner en tela de juicio la pureza de sus intenciones; he
dicho ya que la ingenuidad política también basta para hacer de una persona un
dema-gogo. Pero he demostrado que han caído en la demagogia, y jamás me cansaré
de repetir que los demagogos son los peores enemigos de la clase obrera. Son
los perores, por-que excitan los malos instintos de la multitud y porque a
176 177
Vladimir Ilich Lenin
los obreros atrasados les es imposible reconocer a
estos enemigos, los cuales se presentan, y a veces sinceramente, como amigos.
Son los peores, porque en este período de dispersión y vacilaciones, en el que
la fisonomía de nuestro movimiento está aún formándose, nada hay más fácil que
arrastrar demagógicamente a la multitud, a la cual podrán convencer después de
su error sólo las más amargas pruebas. De ahí que la consigna del momento de
los socialdemócra-tas rusos deba ser combatir con decisión tanto a Svoboda como
a Rabócheie Dielo, que caen en la demagogia. (Más adelante hablaremos
detenidamente de este punto).188
“Es más fácil cazar a una docena de inteligentes
que a un centenar de bobos”. Este magnífico axioma (que les valdrá siempre los
aplausos del centenar de bobos) parece eviden-te sólo porque, en el curso de su
razonamiento, han saltado de una cuestión a otra. Comenzaron por hablar, y
siguen hablando, de la captura del “comité”, de la captura de la
“or-ganización”, y ahora saltan a otra cuestión, a la captura de las “raíces
profundas” del movimiento. Está claro que nuestro movimiento es indestructible
sólo porque tiene centenares y centenares de miles de raíces profundas, pero no
se trata de eso, ni mucho menos. En lo que se refiere a las “raíces profundas”,
tampoco ahora se nos puede “cazar”, a pesar de todo el primitivismo de nuestro
trabajo; y, sin embargo, todos deploramos, y no podemos menos que deplorar, la
caza de “organizaciones”, que rompe toda continuidad del movimiento. Y puesto
que plantean la cuestión de la caza de organizaciones e insisten en tratar de
ella, les diré que es mucho más difícil cazar a una docena de inteligentes
? QUE HACER?
que a un centenar de bobos; y seguiré sosteniéndolo
sin hacer ningún caso de sus esfuerzos para azuzar a la mul-titud contra mi
“espíritu antidemocrático”, etc. Como he señalado más de una vez, debe
entenderse por “inteligen-tes” en materia de organización sólo a los
revolucionarios profesionales, sin que importe si son estudiantes u obreros
quienes se forjen como tales revolucionarios profesionales. Pues bien, yo
afirmo:
1) Que
no puede haber un movimiento revolucionario sólido sin una organización de
dirigentes estable que guarde la continuidad.
2) Que
cuanto más vasta sea la masa que se incorpore espontáneamente a la lucha —y que
constituye la base del movimiento y participa en él—, tanto más imperiosa será
la necesidad de semejante organiza-ción, y tanto más sólida deberá ser ésta,
pues con tanta mayor facilidad podrán los demagogos de toda laya arrastrar a
los sectores atrasados de la masa.
3) Que
dicha organización debe estar formada, en lo fundamental, por hombres que hagan
de las activi-dades revolucionarias su profesión.
4) Que
en un país autocrático, cuanto más restrinjamos el contingente de miembros de
dicha organización, incluyendo en ella sólo a los que hacen de las activi-dades
revolucionarias su profesión y que tengan una preparación profesional en el
arte de luchar contra la policía política, tanto más difícil será “cazar” a
esta
organización.
178 179
Vladimir Ilich Lenin
5) Tanto
mayor será el número de personas de la clase obrera y de las otras clases de la
sociedad que podrán participar en el movimiento y colaborar en él de un modo
activo.
Invito a nuestros “economistas”, terroristas y
“economis-tas-terroristas”189 a que refuten estas tesis, las dos últimas de las
cuales voy a desarrollar ahora. Lo de si es más fácil cazar a “una docena de
inteligentes” que a “un centenar de bobos” se reduce al problema que he
analizado antes: si es compatible una organización de masas con la necesidad de
observar la clandestinidad más rigurosa. Jamás podremos dar a una organización
amplia el carácter clandestino in-dispensable para una lucha firme y tenaz contra
el gobier-no. La concentración de todas las funciones clandestinas en manos del
menor número posible de revolucionarios profesionales no significa, ni mucho
menos, que estos últimos “pensarán por todos”, que la multitud no tomará parte
activa en el movimiento.
Al contrario: la multitud promoverá de su seno a un
número cada vez mayor de revolucionarios profesionales, pues sabrá entonces que
no basta con que unos estudiantes y algunos obreros que luchan en el terreno
económico se reúnan para constituir un “comité”, sino que es necesario formarse
durante años como revolucionarios profesionales, y “pensará” no sólo en los
métodos primitivos de trabajo, sino precisamente en esta formación.
La centralización de las funciones clandestinas de
la or-ganización no implica en modo alguno la centralización de
? QUE HACER?
todas las funciones del movimiento. La colaboración
activa de las más amplias masas en las publicaciones clandestinas, lejos de
disminuir, se decuplicará cuando una “docena” de revolucionarios profesionales
centralicen las funciones clandestinas de esta labor. Así, y sólo así,
conseguiremos que la lectura de las publicaciones clandestinas, la
cola-boración en ellas y, en parte, hasta su difusión dejen casi de ser una
obra clandestina, pues la policía comprenderá pronto cuán absurdas e imposibles
son las persecuciones judiciales y administrativas con motivo de cada uno de
los miles de ejemplares de publicaciones distribuidas.
Lo mismo cabe decir no sólo de la prensa, sino de
todas las funciones del movimiento, incluso de las manifestacio-nes. La
participación más activa y más amplia de las masas en una manifestación, lejos
de salir perjudicada, tendrá, por el contrario, muchas más probabilidades de
éxito si una “docena” de revolucionarios probados, no menos adiestra-dos
profesionalmente que nuestra policía, centraliza todos los aspectos de la labor
clandestina: edición de octavillas, confección de un plan aproximado, nombramiento
de un grupo de dirigentes para cada distrito de la ciudad, para cada barriada
fabril, cada establecimiento de enseñanza, etc., (se dirá, ya lo sé, que mis
concepciones “no son demo-cráticas”, pero más adelante refutaré de manera
detallada esta objeción nada inteligente).
La centralización de las funciones más clandestinas
por la organización de revolucionarios no debilitará, sino que reforzará la
amplitud y el contenido de la actividad de un
180 181
Vladimir Ilich Lenin
gran número de otras organizaciones destinadas a
las vas-tas masas y, por ello, lo menos reglamentadas y lo menos clandestinas
posible: sindicatos obreros, círculos obreros culturales y de lectura de
publicaciones clandestinas, círculos socialistas, y democráticos también, para
todos los demás sectores de la población, etc. Tales círculos y organizaciones
son necesarios en todas partes, en el mayor número y con las funciones más
diversas; pero es absurdo y perjudicial confundir estas organizaciones con las de
los revolucionarios, borrar las fronteras entre ellas, apagar en la masa la
conciencia, ya de por sí increíblemente oscure-cida, de que para “servir” al
movimiento de masas, hacen falta hombres dedicados de manera especial y por
entero a la acción socialdemócrata, y que estos hombres deben forjarse con
paciencia y tenacidad como revolucionarios profesionales.
Sí, esta conciencia se halla oscurecida hasta lo
increíble. Con nuestro primitivismo en el trabajo hemos puesto en entredicho el
prestigio de los revolucionarios en Rusia: en esto radica nuestro pecado
capital en materia de orga-nización. Un revolucionario blandengue, vacilante en
los problemas teóricos y de estrechos horizontes, que justifica su inercia con
la espontaneidad del movimiento de masas y se asemeja más a un secretario de
tradeunión que a un tribuno popular, carente de un plan amplio y audaz que
imponga respeto incluso a sus adversarios, inexperto e inhábil en su arte
profesional (la lucha contra la policía política), ¡no es, con perdón sea
dicho, un revolucionario, sino un mísero artesano!
? QUE HACER?
Que ningún militante dedicado a la labor práctica
se ofenda por este duro epíteto, pues en lo que concierne a la falta de
preparación, me lo aplico a mí mismo en primer término. He actuado en un
círculo190 que se asignaba tareas vastas y omnímodas, y todos nosotros, sus
componentes, sufríamos lo indecible al comprender que no éramos más que unos
artesanos en un momento histórico en que, mo-dificando ligeramente la antigua
máxima, podría decirse: ¡Dadnos una organización de revolucionarios y
removere-mos a Rusia de sus cimientos! Y cuanto más a menudo he tenido que
recordar la bochornosa sensación de vergüenza que me daba entonces, tanto mayor
ha sido mi amargura contra los seudosocialdemócratas que “deshonran el nom-bre
de revolucionario” con su propaganda y no compren-den que nuestra misión no
consiste en propugnar que se rebaje al revolucionario al nivel del militante
primitivo, sino en elevar a este último al nivel del revolucionario.
4. Amplitud de la labor de organización
Como hemos visto, B-v habla de “la escasez de
fuerzas revolucionarias aptas para la acción, que se deja sentir no sólo en San
Petersburgo, sino en toda Rusia”. Y es poco probable que alguien ponga en duda
este hecho. Pero el quid está en cómo explicarlo. B-v escribe:
No nos proponemos esclarecer las causas históricas
de este fenómeno; sólo diremos que la sociedad, desmoralizada por una larga
reacción política y disgregada por los cambios económicos que se han
182 183
Vladimir Ilich Lenin
producido y se producen, promueve un número
extremadamente reducido de personas aptas para la labor revolucionaria; que la
clase obrera, al pro-mover a revolucionarios obreros, completa en parte las
filas de las organizaciones clandestinas; pero el número de estos
revolucionarios no corresponde a las demandas de la época. Tanto más que la
situa-ción del ocupado en la fábrica once horas y media al día, sólo le permite
desempeñar principalmente funciones de agitador; en cambio, la propaganda y la
organización, la reproducción y distribución de publicaciones clandestinas, la
edición de procla-mas, etc., recaen ante todo, quiérase o no, sobre un número
reducidísimo de intelectuales.191
Discrepamos en muchos puntos de esta opinión de
B-v; no estamos de acuerdo, en particular, con las palabras subrayadas por
nosotros, las cuales muestran con singular relieve que, después de haber
sufrido mucho (como todo militante práctico que piense algo) a causa de
nuestros mé-todos primitivos, B-v no puede, agobiado por el “economis-mo”,
encontrar una salida de esta situación insoportable. No, la sociedad promueve
un número extremadamente grande de personas aptas para la “causa”, pero no
sabemos utilizarlas a todas.
En este sentido, el estado crítico, el estado de
transi-ción de nuestro movimiento puede formularse del modo siguiente: nos
falta gente, y gente hay muchísima. Hay infinidad de hombres, porque tanto la
clase obrera como
? QUE HACER?
sectores cada vez más diversos de la sociedad
proporcionan, año tras año, y en cantidad creciente, descontentos que desean
protestar y que están dispuestos a contribuir cuan-to puedan a la lucha contra
el absolutismo, cuyo carácter insoportable no comprende aún todo el mundo,
aunque masas cada día más vastas lo perciben más y más. Pero, al mismo tiempo,
no hay hombres, porque no hay dirigen-tes, no hay jefes políticos, no hay
talentos organizadores capaces de realizar una labor amplia y, a la vez, indivisible
y armónica, que permita emplear todas las fuerzas, hasta las más
insignificantes.
“El crecimiento y el desarrollo de las
organizaciones revolucionarias” se rezagan no sólo del crecimiento del
movimiento obrero, cosa que reconoce incluso B-v, sino también del crecimiento
del movimiento democrático general en todos los sectores del pueblo (por lo
demás, es probable que B-v consideraría hoy esto un complemento a su
conclusión). El alcance de la labor revolucionaria es demasiado reducido en
comparación con la amplia base espontánea del movimiento, está demasiado
ahogado por la mezquina teoría de “la lucha económica contra los patro-nos y el
gobierno”. Pero hoy deben “ir a todas las clases de la población”, no sólo los
agitadores políticos, sino también los organizadores socialdemócratas.192
No creo que un solo militante dedicado a la
actividad práctica dude que los socialdemócratas puedan repartir mil funciones
fragmentarias de su trabajo de organización entre personas de las clases más
diversas. La falta de especiali-
184 185
Vladimir Ilich Lenin
zación es uno de los mayores defectos de nuestra
técnica, que B-v deplora con tanta amargura y tanta razón. Cuanto más menudas
sean las distintas “operaciones” de la labor general, tantas más personas
capaces de llevarlas a cabo po-drán encontrarse (y, en la mayoría de los casos,
totalmente incapaces de ser revolucionarios profesionales), y tanto más difícil
será que la policía “cace” a todos esos “militantes que desempeñan funciones
fragmentarias”, tanto más difícil será que pueda montar con el delito insignificante
de un individuo un “asunto” que compense los gastos del Estado en el
mantenimiento de la policía política.
Y en lo que respecta al número de personas
dispuestas a prestarnos su concurso, hemos señalado ya en el capítulo
precedente el cambio gigantesco que se ha operado en este aspecto durante los
cinco años últimos. Pero, por otra parte, para agrupar en un todo único esas
pequeñas fracciones, para no fragmentar junto con las funciones del movimiento
el propio movimiento y para infundir al ejecutor de las funciones menudas la fe
en la necesidad y la importancia de su trabajo, sin la cual nunca trabajará,193
para todo esto hace falta precisamente una fuerte organización de
revo-lucionarios probados.
Con una organización así, la fe en la fuerza del
partido se hará tanto más firme y tanto más extensa cuanto más clandestina sea
esta organización; y en la guerra, como es sabido, lo más importante es no sólo
infundir confianza en sus fuerzas al ejército propio, sino hacer que crean en
ello el enemigo y todos lo elementos neutrales; una neutralidad
? QUE HACER?
amistosa puede, a veces, decidir la contienda. Con
seme-jante organización, erigida sobre una firme base teórica, y disponiendo de
un órgano de prensa socialdemócrata, no habrá que temer que el movimiento sea
desviado de su camino por los numerosos elementos “extraños” que se hayan
adherido a él (al contrario, precisamente ahora, cuando predominan los métodos
primitivos, vemos que muchos socialdemócratas lo llevan a la trayectoria del
Cre-do, imaginándose que sólo ellos son socialdemócratas). En una palabra, la
especialización presupone necesariamente la centralización y, a su vez, la
exige en forma absoluta.
Pero el mismo B-v, que ha mostrado tan bien toda la
necesidad de la especialización, no la aprecia bastante, a nuestro parecer, en
la segunda parte del razonamiento cita-do. Dice que el número de
revolucionarios procedentes de los medios obreros es insuficiente. Esta
observación es del todo justa, y volvemos a subrayar que la “valiosa noticia de
un observador directo” confirma por entero nuestra opinión sobre las causas de
la crisis actual de la socialdemocracia y, por tanto, sobre los medios de
remediarla. No sólo los re-volucionarios en general se rezagan del ascenso
espontáneo de las masas obreras. Y este hecho confirma del modo más evidente,
incluso desde el punto de vista “práctico”, que la “pedagogía” con que nos
obsequia tan a menudo, al discu-tirse el problema de nuestros deberes para con
los obreros, es absurda y reaccionaria en el aspecto político.
Este hecho testimonia que nuestra obligación
primor-dial y más imperiosa consiste en ayudar a formar obreros
186 187
Vladimir Ilich Lenin
revolucionarios que, desde el punto de vista de su
actividad en el partido, estén al mismo nivel que los intelectuales
revolucionarios (subrayamos “desde el punto de vista de su actividad en el
partido”, pues en otros sentidos, aunque sea necesario, está lejos de ser tan
fácil y tan urgente que los obreros lleguen al mismo nivel). Por eso debemos
orientar nuestra atención principal a elevar a los obreros al nivel de los
revolucionarios y no a descender indefectiblemente nosotros mismos al nivel de
la “masa obrera”, como quieren los “economistas”, e indefectiblemente al nivel
del “obrero medio”, como quiere Svoboda (que, en este sentido, se eleva al
segundo grado de la “pedagogía” economista).
Nada más lejos de mí que el propósito de negar la
ne-cesidad de publicaciones de divulgación para los obreros y de otras
publicaciones de más divulgación aún (pero, claro está, no vulgares) para los
obreros muy atrasados. Pero lo que me indigna es ese constante meter sin venir
a cuento la pedagogía en los problemas políticos, en las cuestiones de
organización. Pues ustedes, señores, que se desvelan por el “obrero medio”, en
el fondo más bien ofenden a los obreros con el deseo de hacerles sin falta una
reverencia antes de hablar de política obrera o de organización obrera.
¡Yérganse para hablar de cosas serias y dejen la pedagogía a quienes ejercen el
magisterio, pues no es ocupación de políticos ni de organizadores! ¿Es que
entre los intelec-tuales no hay también hombres avanzados, elementos “medios” y
“masas”? ¿Es que no reconoce todo el mundo que los intelectuales también
necesitan publicaciones de divulgación? ¿No se escribe esa literatura?
? QUE HACER?
Pero imagínense que, en un artículo sobre la
organiza-ción de los estudiantes universitarios o de bachillerato, el autor se
pusiera a repetir con machaconería, como quien hace un descubrimiento, que se
precisa, ante todo, una organización de “estudiantes medios”. Por seguro que
se-mejante autor sería puesto en ridículo, y le estaría muy bien empleado. Le
dirían: usted, dénos unas cuantas ideíllas de organización, si las tiene, y ya
veremos nosotros mismos quién es “medio”, superior o inferior. Y si las que tiene
sobre organización no son propias, todas sus disquisicio-nes sobre las “masas”
y los “elementos medios” hastiarán simplemente. Comprendan de una vez que los
problemas de “política” y “organización” son ya de por sí tan serios que no se
puede hablar de ellos sino con toda seriedad. Se puede y se debe preparar a los
obreros (lo mismo que a los estudiantes universitarios y de bachillerato) para
poder abordar ante ellos esos problemas; pero una vez los han abordado, den
verdaderas respuestas, no se vuelvan atrás, hacia los “elementos medios” o
hacia las “masas”, no salgan del paso con retruécanos o frases.194
Si el obrero revolucionario quiere prepararse por
entero para su trabajo, debe convertirse también en un revolucionario
profesional. Por esto no tiene razón B-v cuando dice que, por estar el obrero
ocupado en la fábrica once horas y media, las demás funciones revolucionarias
(salvo la agitación) “recaen ante todo, quiérase o no, sobre un número
reducidísimo de intelectuales”. No sucede esto “quiérase o no”, sino debido a
nuestro atraso, porque no comprendemos que tenemos el deber de ayudar a todo
188 189
Vladimir Ilich Lenin
obrero que se distinga por su capacidad para
convertirse en un agitador, organizador, propagandista, distribuidor, etc.,
profesional.
En este sentido, dilapidamos vergonzosamente
nuestras fuerzas, no sabemos cuidar lo que tiene que ser cultivado y
desarrollado con particular solicitud. Fíjense en los alemanes: tienen cien
veces más fuerzas que nosotros, pero comprenden perfectamente que los
agitadores, etc., capaces de verdad, no descuellan con excesiva frecuencia de
entre los obreros “medios”. Por eso procuran colocar en-seguida a todo obrero
capaz en condiciones que le permitan desarrollar plenamente y aplicar
plenamente sus aptitudes: hacen de él un agitador profesional, lo animan a
ensanchar su campo de acción, a extender ésta de una fábrica a todo un oficio,
de una localidad a todo el país.
De este modo, el obrero adquiere experiencia y
habilidad profesional, amplía su horizonte y su saber, observa de cerca de los
jefes políticos destacados de otros lugares y de otros partidos, procura
ponerse a la misma altura que ellos y unir en su persona el conocimiento del
medio obrero y la lozanía de las convicciones socialistas a la maestría
profesional, sin la que no puede el proletariado desplegar su tenaz lucha
contra sus enemigos perfectamente instruidos. Así, sólo así, surgen de la masa
obrera los Bebel y los Auer. Pero lo que en un país libre en el aspecto
político se hace en gran parte por sí solo, en Rusia deben hacerlo
sistemáticamente nuestras organizaciones. Un agitador obrero que tenga algún
talento y “prometa” no debe trabajar once horas en la fábrica.
? QUE HACER?
Debemos arreglarlo de manera que viva de los fondos
del partido, que pueda pasar a la clandestinidad en el mo-mento preciso, que
cambie de lugar de acción, pues de otro modo no adquirirá gran experiencia, no
ampliará su horizonte, no podrá sostenerse siquiera varios años en la lucha
contra los gendarmes. Cuanto más amplio y profundo es el movimiento espontáneo
de las masas obreras, tantos más agitadores de talento descuellan, y no sólo
agitadores, sino organizadores, propagandistas y militantes “prácticos” de
talento, “prácticos” en el buen sentido de la palabra (que son tan escasos
entre nuestros intelectuales, en su mayor parte un tanto desidiosos y tardos a
la rusa)
Cuando tengamos destacamentos de obreros
revolu-cionarios (y bien entendido que de “todas las armas” de la acción
revolucionaria) especialmente preparados y con un largo aprendizaje, ninguna
policía política del mundo podrá con ellos, porque esos destacamentos de
hombres consa-grados en cuerpo y alma a la revolución gozarán igualmente de la
confianza ilimitada de las más amplias masas obreras. Y somos los culpables
directos de no “empujar” bastante a los obreros a este camino, que es el mismo
para ellos y para los “intelectuales”, al camino del aprendizaje revolucionario
profesional, tirando demasiado a menudo de ellos hacia atrás con nuestros
discursos necios sobre lo que es “accesible” para la masa obrera, para los
“obreros medios”, etc.
En este sentido, igual que en los otros, el
reducido alcan-ce del trabajo de organización está en relación indudable e
íntima (aunque no se dé cuenta de ello la inmensa mayoría
190 191
Vladimir Ilich Lenin
de los “economistas” y de los militantes prácticos
noveles) con la reducción del alcance de nuestra teoría y de nuestras tareas
políticas. El culto a la espontaneidad origina una especie de temor de
apartarnos un poquitín de lo que sea “accesible” a las masas, un temor de subir
demasiado por encima de la simple satisfacción de sus necesidades direc-tas e
inmediatas. ¡No tengan miedo, señores! ¡Recuerden ustedes que en materia de
organización estamos a un nivel tan bajo que es absurda hasta la propia idea de
que podamos subir demasiado alto!
5. La
organización “de conspiradores” y la “democracia”
Entre nosotros hay mucha gente tan sensible a “la
voz de la vida” que nada temen tanto como eso precisamente, acusando de ser
adeptos del grupo Libertad del Pueblo, de no comprender la “democracia”, etc.,
a los que comparten las opiniones expuestas más arriba. Nos vemos precisados a
detenernos en estas acusaciones, que apoya también, como es natural, Rabócheie
Dielo.
Quien escribe estas líneas sabe muy bien que los
“eco-nomistas” petersburgueses acusaban ya a Rabóchaya Ga-zeta de seguir a
Libertad del Pueblo (cosa comprensible si se la compara con Rabóchaya Mysl).
Por eso, cuando, después de aparecer Iskra, un camarada nos refirió que los
socialdemócratas de la ciudad X califican a Iskra de órgano de Libertad del
Pueblo, no nos sentimos nada sorprendidos. Naturalmente, esa acusación era para
todos
? QUE HACER?
nosotros un elogio, pues, ¿a qué socialdemócrata
decente no habrán acusado de lo mismo los “economistas”?
Estas acusaciones son debidas a malentendidos de
dos géneros. En primer lugar, en nuestro país se conoce tan poco la historia
del movimiento revolucionario que toda idea de formar una organización
combativa centralizada que declare una guerra sin cuartel al zarismo es
calificada de adicta a Libertad del Pueblo. Pero lo magnífica organi-zación que
tenían los revolucionarios de la década del 70 y que debiera servirnos a todos
de modelo no la crearon, ni mucho menos, los adeptos de Libertad del Pueblo,
sino los partidarios de Tierra y Libertad,195 que luego se dividió en Reparto
Negro y Libertad del Pueblo. Por eso es absur-do, tanto desde el punto de vista
histórico como desde el lógico, ver en una organización revolucionaria de
combate algo específico de Libertad del Pueblo, porque ninguna ten-dencia
revolucionaria que piense realmente en una lucha seria puede prescindir de
semejante organización.
El error de los adeptos de Libertad del Pueblo no
con-sistió en procurar que se incorporaran a su organización todos los
descontentos ni orientar esa organización hacia una lucha resuelta contra la
autocracia. En eso, por el con-trario, estriba su gran mérito ante la historia.
Y su error consintió en haberse apoyado en una teoría que no tenía en realidad
nada de revolucionaria y en no haber sabido, o en no haber podido, establecer
un nexo firme entre su movimiento y la lucha de clases en la sociedad capitalista
en desarrollo. Y sólo la más burda incomprensión del
192 193
Vladimir Ilich Lenin
marxismo (o su “comprensión” en sentido
“struvista”) ha podido dar lugar a la opinión de que la aparición de un
movimiento obrero espontáneo de masas nos exime de la obligación de fundar una
organización de revolucionarios tan buena como la de los partidarios de Tierra
y Libertad o de crear otra incomparablemente mejor.
Por el contrario, ese movimiento nos impone
precisa-mente dicha obligación, ya que la lucha espontánea del proletariado no
se convertirá en su verdadera “lucha de clase” mientras no esté dirigida por
una fuerte organización de revolucionarios.
En segundo lugar, muchos —y entre ellos, por lo
visto, B. Krichevski196— no comprenden bien la polémica que siempre han
sostenido los socialdemócratas contra la concepción de la lucha política como
una lucha “de cons-piradores”. Hemos protestado y protestaremos siempre, desde
luego, contra la reducción de la lucha política a las proporciones de una
conjuración,197 pero eso, claro está, en modo alguno significaba que negásemos
la necesidad de una fuerte organización revolucionaria. Y, por ejemplo, en el folleto
citado en la nota, junto a la polémica contra quienes quieren reducir la lucha
política a una conjuración se encuentra el esquema de una organización (como
ideal de los socialdemócratas) lo bastante fuerte para poder recurrir tanto a
la “insurrección” como a cualquier “otra forma de ataque” “con objeto de
asestar el golpe decisivo al absolutismo”.198 Por su forma, una organización
revolucio-naria de esa fuerza en un país autocrático puede llamarse
? QUE HACER?
también organización “de conspiradores” porque la
palabra francesa “conspiration” equivale a “conjuración”, y el carácter
conspirativo es imprescindible en el grado máximo para semejante organización.
El carácter conspirativo es condición tan
imprescindible de tal organización que las demás condiciones (número,
selección, funciones, etc., de los miembros) tienen que con-certarse con ella.
Sería, por tanto, extrema candidez temer que nos acusen a los socialdemócratas
de querer crear una organización de conspiradores. Todo enemigo del
“econo-mismo” debe enorgullecerse de esa acusación, así como de la acusación de
ser partidario de Libertad del Pueblo.
Se nos objetará que una organización tan poderosa y
tan rigurosamente secreta, que concentra en sus manos todos los hilos de la
actividad conspirativa, organización necesa-riamente centralista, puede
lanzarse con excesiva ligereza a un ataque prematuro, puede enconar
irreflexivamente el movimiento antes de que lo hagan posible y necesario la
extensión del descontento político, la fuerza de la eferves-cencia y de la
exasperación de la clase obrera, etc. Nosotros contestaremos que, hablando en
términos abstractos, no es posible negar, desde luego, que una organización de
combate puede abocar en una batalla impremeditada, la cual puede acabar en una
derrota que en modo alguno sería inevitable en otras condiciones.
Pero, en semejante problema, es imposible limitarse
a consi-deraciones abstractas, porque todo combate entraña la posibi-lidad
abstracta de la derrota, y no hay otro medio de disminuir
194 195
Vladimir Ilich Lenin
esta posibilidad que preparar organizadamente el
combate. Y si planteamos el problema en el terreno concreto de las condi-ciones
actuales de Rusia, habremos de llegar a esta conclusión positiva: una fuerte
organización revolucionaria es sin duda necesaria para dar precisamente
estabilidad al movimiento y preservarlo de la posibilidad de los ataques
irreflexivos.
Justamente ahora, cuando carecemos de semejante
or-ganización y cuando el movimiento revolucionario crece espontánea y
rápidamente, se observan ya dos extremos opuestos, que, como es lógico, “se
tocan”, o un “economis-mo” sin el menor fundamento, acompañado de prédicas de
moderación, o un “terrorismo excitante”, con tan poco fun-damento, que tiende
“a producir artificiosamente, en el mo-vimiento que se desarrolla y se
consolida, pero que todavía está más cerca de su principio que de su fin,
síntomas de su fin”. 199 Y el ejemplo de Rabóchei Dielo demuestra que existen
ya socialdemócratas que capitulan ante ambos extremos. Y no es de extrañar,
porque, amén de otras razones, la “lucha económica contra los patronos y el
gobierno” jamás satisfará a un revolucionario, y extremos opuestos siempre
surgirán aquí o allá. Sólo una organización combativa centralizada que aplique
firmemente la política socialdemócrata y satisfaga, por decirlo así, todos los
instintos y aspiraciones revoluciona-rios puede preservar de un ataque
irreflexivo al movimiento y preparar un ataque con perspectivas de éxito.
Se nos objetará también que el punto de vista
expuesto sobre la organización contradice el “principio democrático”. La
acusación anterior tiene un origen ruso tan específico
? QUE HACER?
como específico carácter extranjero tiene esta
otra. Sólo una organización con sede en el extranjero (la Unión de
Socialdemócratas Rusos) ha podido dar a su redacción, entre otras
instrucciones, la siguiente:
Principio de organización. Para favorecer el
de-sarrollo y la unificación de la socialdemocracia es preciso subrayar,
desarrollar, luchar por un amplio principio democrático de su organización de
partido, cosa que han hecho especialmente imprescindible las tendencias
antidemocráticas aparecidas en las filas de nuestro partido.200
En el capítulo siguiente, veremos cómo lucha
precisa-mente Rabóchei Dielo contra las “tendencias antidemocrá-ticas” de
Iskra. Veamos ahora más de cerca el “principio” que proponen los “economistas”.
Es probable que todo el mundo esté de acuerdo en que el “amplio principio
demo-crático” presupone las dos condiciones imprescindibles que siguen:
primero, publicidad completa, y, segundo, carácter electivo de todos los
cargos.
Sin publicidad, más aún, sin una publicidad que no
quede reducida a los miembros de la organización, sería ridículo hablar de
espíritu democrático. Llamaremos de-mocrática a la organización del partido
socialista alemán ya que en él todo es público, incluso las sesiones de sus
con-gresos; pero nadie llamará democrática a una organización que se oculte de
todos los que no sean miembros suyos con el manto del secreto. Cabe preguntar:
¿qué sentido tiene
196 197
Vladimir Ilich Lenin
proponer un “amplio principio democrático”, cuando
la condición fundamental de ese principio es irrealizable para una organización
secreta?
El “amplio principio” resulta ser una mera frase
que suena mucho, pero que está vacía. Más aún. Esta frase demuestra una
incomprensión completa de las tareas urgentes del momento en materia de
organización. Todo el mundo sabe hasta qué punto está extendida entre no-sotros
la falta de discreción, conspirativa que predomina en la “gran” masa de
revolucionarios. Ya hemos visto con cuánta amargura se queja de ello B-v,
exigiendo, lleno de razón, “una severa selección de los afiliados”.201 ¡Y de
pronto aparecen gentes que se ufanan de su “sentido de la vida” y, en semejante
situación, no subrayan la necesidad de la más severa discreción conspirativa y
de la más rigurosa (y, por consiguiente, más estrecha) selección de los
afiliados, sino un “amplio principio democrático”! Esto se llama tomar el
rábano por las hojas.
No queda mejor parado el segundo rasgo de la
democra-cia: el carácter electivo. En los países que gozan de libertad
política, esta condición se sobreentiende por sí misma. “Se considera miembro
del partido todo el que acepta los principios de su programa y ayuda al partido
en la medida de sus fuerzas”, dice el artículo primero de los estatutos
orgánicos del Partido Socialdemócrata Alemán. Y como toda la liza política está
abierta para todos, igual que la rampa del escenario para el público de un
teatro, el que se acepte o se rechace, se apoye o se impugne son cosas que
? QUE HACER?
todos saben por los periódicos y por las reuniones
públicas. Todo el mundo sabe que determinado dirigente político ha comenzado de
tal manera, ha pasado por tal y tal evolución, se ha portado de tal y tal modo
en un momento difícil de su vida, se distingue en general por tales y tales
cualidades: por tanto, es natural que a este dirigente lo puedan elegir o no
elegir, con conocimiento de causa, para determinado cargo en el partido, todos
los miembros del mismo.
El control general (en el sentido literal de la
palabra) de cada uno de los pasos del afiliado al partido, a lo largo de su
carrera política, crea un mecanismo de acción automática que tiene por
resultado lo que en Biología se llama “super-vivencia de los mejor adaptados”.
La “selección natural”, producto de la completa publicidad del carácter
electivo y del control general, asegura que cada dirigente esté a fin de
cuentas “en su sitio”, se encargue de la labor que mejor concuerde con sus
fuerzas y aptitudes, sufra en su carne todas las consecuencias de sus errores y
demuestre a la vista de todos su capacidad para reconocer sus faltas y
evitarlas.
¡Pero prueben ustedes a encajar este cuadro en el
marco de nuestra autocracia! ¿Es acaso concebible en-tre nosotros que “todo el
que acepte los principios del programa del partido y ayude al partido en la
medida de sus fuerzas” controle cada paso del revolucionario clandestino? ¿Qué
todos elijan a uno o a otro entre estos últimos, cuando, en bien de su trabajo,
el revolucionario está obligado a ocultar su verdadera personalidad a las nueve
décimas partes de esos “todos”?
198 199
Vladimir Ilich Lenin
Reflexionen, aunque sólo sea un momento, en el
ver-dadero sentido de las sonoras palabras de Rabóchei Dielo y verán que la
“amplia democracia” de una organización de partido en las tinieblas de la
autocracia, cuando son los gendarmes quienes seleccionan, no es más que un
juguete inútil y perjudicial. Inútil porque, en la práctica, jamás ha podido
organización revolucionaria alguna aplicar una amplia democracia, ni puede
aplicarla, por mucho que lo desee. Perjudicial porque los intentos de aplicar
en la práctica un “amplio principio democrático” sólo facilitan a la policía
las grandes redadas y perpetúan los métodos primitivos de trabajo dominantes,
desviando el pensa-miento de los militantes dedicados a la labor práctica de la
seria e imperiosa tarea de forjarse como revolucionarios profesionales hacia la
redacción de prolijos reglamentos “burocráticos” sobre sistemas de votación.
Sólo en el extranjero, donde no pocas veces se juntan gentes que no pueden
encontrar una labor verdadera y real, ha podido desarrollarse en algún sitio,
sobre todo en diversos grupos pequeños, ese “juego a la democracia”.
Para demostrar al lector cuán indecoroso es el
proce-dimiento predilecto de Rabóchei Dielo para preconizar un “principio” tan
decoroso como la democracia en la labor revolucionaria, apelaremos de nuevo a
un testigo. Se trata de E. Serebriakov, director de la revista londinense
Nakanu-nie, que siente gran debilidad por Rabóchei Dielo y profun-do odio a
Plejánov y los “plejanovistas”; en los artículos referentes a la escisión de la
Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, Nakanunie se puso resueltamente
al
? QUE HACER?
lado de Rabóchei Dielo y descargó un nubarrón de
palabras detestables sobre Plejánov.
Tanto más valor tiene para nosotros el testigo en
este punto. En el artículo “Con motivo del llamamiento del Grupo de
Autoemancipación de los Obreros”,202 E. Sere-briakov decía que era “indecoroso”
plantear cuestiones “de obcecación, de primacía, de lo que se llama el
areópago, en un movimiento revolucionario serio”, y decía, entre otras cosas,
lo siguiente:
Myshkin, Rogachov, Zheliábov, Mijáilov,
Peróvska-ya, Figner y otros nunca se consideraron dirigentes y nadie los había
elegido ni nombrado, aunque en realidad sí lo eran, porque tanto en el período
de propaganda como en la lucha contra el gobierno cargaron con el mayor peso
del trabajo, fueron a los sitios más peligrosos y su actividad fue la más
fructífera. Y la primacía no resultaba de que la de-searan, sino de que los
camaradas que los rodeaban confiaban en su inteligencia, en su energía y en su
lealtad. Temer a un areógrafo (y si no se le teme no hay por qué mencionarlo)
que puede dirigir autoritariamente el movimiento es ya demasiada candidez.
¿Quién lo obedecería?
Preguntamos al lector: ¿en qué se diferencia el
“areópa-go” de las “tendencias antidemocráticas”? ¿No es evidente que el
“decoroso” principio de organización de Rabócheie Dielo es tan cándido como
indecoroso? Cándido porque
200 201
Vladimir Ilich Lenin
sencillamente nadie obedecerá a un “areópago” o a
gentes con “tendencias antidemocráticas”, toda vez que “los cama-radas que los
rodean no confiarán en su inteligencia, en su energía ni en su lealtad”. E
indecoroso como demagógica salida de tono que especula con la presunción de
unos, con el desconocimiento que otros tienen del estado en que realmente se
encuentra nuestro movimiento y con la falta de preparación de los terceros y su
desconocimiento de la historia del movimiento revolucionario.
El único principio de organización serio a que
deben atenerse los dirigentes de nuestro movimiento ha de ser el siguiente: la
más severa discreción conspirativa, la más rigurosa selección de los afiliados
y la preparación de revolucionarios profesionales. Si se cuenta con estas
cualidades, está asegurado algo mucho más importante que el “ambiente
democrático”, a saber: la plena confianza mutua, propia de camaradas, entre los
revolucionarios. Y es indiscutible que necesitamos más esta confianza porque en
Rusia no se puede ni hablar de sustituirla por un control democrático general.
Cometeríamos un gran error si creyéramos que, por
ser imposible un control verdaderamente “democrático”, los afiliados a una
organización revolucionaria se convierten en incontrolados: no tienen tiempo de
pensar en las formas de juguete de democracia (democracia en el seno de un
apretado núcleo de camaradas entre los que reina confianza mutua), pero sienten
muy en lo vivo su responsabilidad, pues saben además, por experiencia, que una
organización
? QUE HACER?
de verdaderos revolucionarios no se detendrá en
medios para deshacerse de un miembro indigno.
Además, en el país hay una opinión pública
bastan-te desarrollada de los medios revolucionarios rusos (e internacionales)
que tiene mucha historia y castiga con implacable severidad todo incumplimiento
del deber de la camaradería (¡y la “democracia”, la verdadera democracia, no la
de juguete, va implícita, como la parte en el todo, en este concepto de
camaradería!). ¡Tomen todo esto en consideración y comprenderán qué nauseabundo
tufillo a juego con los generales en el extranjero trasciende de todas esas habladurías
y resoluciones sobre las “tendencias antidemocráticas”!
Hay que observar, además, que la otra fuente de
tales habladurías, es decir, la candidez, se alimenta asimismo de una confusión
de ideas acerca de la democracia. En el libro de los esposos Webb sobre las
tradeuniones inglesas, hay un capítulo curioso: “La democracia primitiva”. Los
autores refieren en él que los obreros ingleses tenían por señal imprescindible
de democracia en el primer período de existencia de sus sindicatos que todos
hicieran de todo en la dirección de los mismos: no sólo se decidían todas las
cuestiones por votación de todos los miembros, sino que los cargos también eran
desempeñados sucesivamente por todos los afiliados.
Fue necesaria una larga experiencia histórica para
que los obreros comprendieran lo absurdo de semejante concepto de la democracia
y la necesidad, por una parte,
202 203
Vladimir Ilich Lenin
de que existieran instituciones representativas y,
por otra, funcionarios profesionales. Fueron necesarios unos cuan-tos casos de
quiebra de cajas de los sindicatos para que los obreros comprendieran que la
proporción entre las cuotas que pagaban y los subsidios que recibían no podía
decidirse sólo por votación democrática, sino que exigía, además, el consejo de
un perito en seguros.
Lean también el libro de Kautsky sobre el
parlamentaris-mo y la legislación popular y verán que las deducciones del
teórico marxista coinciden con las enseñanzas de prolon-gados años de práctica
de los obreros unidos “espontánea-mente”. Kautsky rebate con denuedo la forma
primitiva que Rittinghausen tiene de concebir la democracia, se burla de la
gente dispuesta a exigir en nombre de la democracia que “los periódicos del
pueblo sean redactados directamente por el pueblo”, demuestra la necesidad de
que existan perio-distas, parlamentarios, etc., profesionales, para dirigir de
un modo socialdemócrata la lucha de clase del proletariado; ataca el
“socialismo de anarquistas y literatos” que exaltan “por afán efectista” la
legislación que emana directamente del pueblo y no comprenden que su aplicación
es muy convencional en la sociedad contemporánea.
Todo el que haya desplegado una labor práctica en
nuestro movimiento sabe cuán extendido está entre la masa de la juventud
estudiantil y de los obreros el concepto “primitivo” de la democracia. No es de
extrañar que este concepto penetre tanto en estatutos como en publicacio-nes.
Los “economistas” de tipo bernsteiniano decían en
? QUE HACER?
sus estatutos: “Artículo 10. Todos los asuntos que
atañen a los intereses de toda la organización sindical se resolverán por
mayoría de votos de todos sus miembros”. Los “eco-nomistas” de tipo terrorista
los secundan: “Es preciso que los acuerdos del comité pasen por todos los
círculos y sólo entonces sean efectivos”.203
Observen que esta reclamación de aplicar
ampliamente el referéndum se plantea ¡después de exigir que toda la
organización se base en el principio electivo! Nada más lejos de nosotros,
claro está, que censurar por eso a los militantes dedicados al trabajo
práctico, que han tenido muy poca posibilidad de conocer la teoría y la
práctica de las organizaciones democráticas de verdad. Pero cuando Rabóchei
Dielo, que pretende ejercer una función dirigente, se limita en tales
circunstancias a insertar una resolución sobre el amplio principio democrático,
¿cómo no llamar a esto sino puro “afán efectista”?
6. El trabajo a escala local y a escala nacional
Si las objeciones que se hacen al plan de
organización que aquí exponemos, reprochándole su falta de demo-cracia y su
carácter conspirativo, carecen totalmente de fundamento, queda todavía
pendiente una cuestión que se plantea muchas veces y merece detenido examen: se
trata de la relación existente entre el trabajo local y el trabajo a escala
nacional. Se expresa el temor de que, al crearse una organización centralista,
el centro de grave-dad pase del primer trabajo, al segundo, el temor de que
204 205
Vladimir Ilich Lenin
esto perjudique al movimiento, debilite la solidez
de los vínculos que nos unen con la masa obrera, y, en general, la estabilidad
de la agitación local.
Contestaremos que nuestro movimiento se resiente
du-rante estos últimos años precisamente de que los militantes locales estén
demasiado absorbidos por el trabajo local; que por esta razón es necesario
desplazar algo, sin el menor género de dudas, el centro de la gravedad hacia el
trabajo en plano nacional; que, lejos de debilitar este desplazamiento, dará,
por el contrario, mayor solidez a nuestros vínculos y mayor estabilidad a
nuestra agitación local.
Examinemos la cuestión del órgano central y de los
órganos locales, rogando al lector que no olvide que la prensa no es para
nosotros sino un ejemplo ilustrativo de la labor revolucionaria y que, en
general, es infinitamente más amplia y más variada.
En el primer período del movimiento de masas
(1896-1898), los militantes locales intentan publicar un órgano destinado a
toda Rusia: Rabóchaya Gazeta; en el período siguiente (1898-1900), el
movimiento da un gigantesco paso adelante, pero los órganos locales absorben
total-mente la atención de los dirigentes. Si se hace un recuento de todos esos
órganos locales, resultará,204 por término medio, un número al mes. ¿No es esto
una prueba eviden-te del primitivismo de nuestros métodos de trabajo? ¿No
demuestra eso de manera fehaciente el atraso que nuestra organización
revolucionaria lleva del avance espontáneo del movimiento?
? QUE HACER?
Si se hubiera publicado la misma cantidad de
números de periódicos por una organización única, y no por gru-pos locales
dispersos, no sólo habríamos ahorrado una inmensidad de fuerzas, sino asegurado
a nuestro trabajo infinitamente más estabilidad y continuidad. Olvidan con
demasiada frecuencia este sencillo razonamiento tanto los militantes dedicados
a las labores prácticas, que trabajan activamente de manera casi exclusiva en
los órganos locales (por desgracia, en la inmensa mayoría de los casos, la situa-ción
no ha cambiado), como los publicistas que muestran en esta cuestión asombroso
quijotismo.
El militante dedicado al trabajo práctico suele
darse por satisfecho con el razonamiento de que a los militantes locales “les
es difícil”205 ocuparse de la publicación de un periódico central para toda
Rusia y que mejor es tener periódicos locales que no tener ninguno. Esto último
es, desde luego, muy cierto, y ningún militante dedicado al trabajo práctico
reconocerá antes que nosotros la gran importancia y la gran utilidad de los
periódicos locales en general. Pero no se trata de esto, sino de ver si es posible
librarse del fraccionamiento y del primitivismo en el tra-bajo tan
palmariamente reflejados en los treinta números de periódicos locales
publicados por toda Rusia en dos años y medio.
No se constriñan al principio indiscutible, pero
dema-siado abstracto, de la utilidad de los periódicos locales en general;
tengan, además, el valor de reconocer francamente sus lados negativos, puestos
de manifiesto en dos años y
206 207
Vladimir Ilich Lenin
medio de experiencia. Esta experiencia demuestra
que, en nuestras condiciones, los periódicos locales resultan en la mayoría de
los casos vacilantes en los principios y faltos de importancia política; en
cuanto al consumo de energías revolucionarias, resultan demasiado costosos, e
insatisfactorios por completo, desde el punto de vista técnico (me refiero,
claro está, no a la técnica tipográfica, sino a la frecuencia y regularidad de
la publicación).
Y todos los defectos indicados no son obra de la
casuali-dad, sino consecuencia inevitable del fraccionamiento que, por una
parte, explica el predominio de los periódicos locales en el período que
examinamos, y, por otra parte, encuentra un apoyo en ese predominio. Una
organización local, por sí sola, no está realmente en condiciones de asegurar
la firmeza de principios de su periódico ni de colocarlo a la altura de ór-gano
político; no está en condiciones de reunir y utilizar datos suficientes para
escribir de toda nuestra vida política.
Y, en cuanto al argumento que ordinariamente se
es-grime en los países libres para justificar la necesidad de numerosos
periódicos locales —que son baratos, porque los confeccionan obreros locales, y
pueden ofrecer una información mejor y más rápida a la población local—, la
experiencia ha demostrado que, en nuestro país, se vuelve contra dichos
periódicos. Estos resultan demasiado costosos en lo que al consumo de energías
revolucionarias se refiere; y son publicados muy de tarde en tarde por la
sencilla razón de que un periódico ilegal, por pequeño que sea, precisa un
inmenso mecanismo clandestino de
? QUE HACER?
imprenta, que requiere la existencia de una gran
industria fabril, pues en un taller de artesanos no es posible montar semejante
mecanismo. Mas cuando éste es primitivo, la policía aprovecha muchas veces
(todo militante dedicado al trabajo práctico conoce numerosos ejemplos de este
género) la aparición y difusión de uno o dos números para hacer una redada
masiva, que lo barre todo tan bien que es preciso volver a empezar de nuevo.
Un buen mecanismo clandestino de imprenta exige una
buena preparación profesional de los revolucionarios y la más consecuente
división del trabajo, y estas dos condiciones son desde todo punto
irrealizables en una organización local aislada, por mucha fuerza que reúna en
un momento dado. No hablemos ya de los intereses generales de todo nuestro
movimiento (una educación socialista y política de los obreros basada en
principios firmes); también los intereses locales específicos quedan mejor
atendidos por órganos no locales.
Sólo a primera vista puede parecer esto una
paradoja; en realidad, la experiencia de los dos años y medio de que hemos
hablado lo demuestra de manera irrefutable. Todo el mundo convendrá en que si
las fuerzas locales que han publicado 30 números de periódicos hubieran
trabajado para un solo periódico, habrían publicado sin dificultad 60 números,
si no 100, y, por consiguiente, se habrían reflejado de un modo más completo
las particularidades del movimiento puramente local.
No cabe duda de que no es fácil conseguir esta
coordina-ción; pero hace falta que, al fin, reconozcamos su necesidad;
208 209
Vladimir Ilich Lenin
que cada círculo local piense y trabaje activamente
en ese sentido sin esperar el empujón de fuera, sin dejarse seducir por la
accesibilidad y la proximidad de un órgano local, proximidad que —según lo
prueba nuestra experiencia revolucionaria— es, en buena parte, ilusoria. Y
prestan un flaco servicio al trabajo práctico los publicistas que,
considerándose muy próximos a los militantes prácticos, no se dan cuenta de
este carácter ilusorio y salen del paso con un razonamiento de simpleza tan
extraordinaria como de vacuidad tan asombrosa: hacen falta periódicos locales,
hacen falta periódicos comarcales, hacen falta periódicos centrales para toda
Rusia.
Es natural que, hablando en términos generales,
todo esto haga falta, pero también hace falta, cuando se aborda un problema
concreto de organización, pensar en las con-diciones de medio y tiempo. ¿No es,
en efecto, un caso de quijotismo cuando Svoboda,206 “deteniéndose”
específica-mente “en el problema del periódico”, escribe: “Nosotros creemos que
en todo lugar algo considerable de concen-tración de obreros debe haber
periódico obrero propio. No traído de fuera, sino justamente propio”.
Si este publicista no quiere pensar en el sentido
de sus palabras, piense usted al menos por él, lector: ¡cuántas decenas, si no
centenares de “lugares algo considerables de concentración de obreros” hay en
Rusia, y qué perpetua-ción de nuestro primitivismo en el trabajo resultará si
cada organización local se pusiera efectivamente a publicar su propio
periódico! ¡Cómo facilitaría este fraccionamiento
? QUE HACER?
a nuestros gendarmes la tarea de capturar —y además
sin hacer esfuerzos “algo considerables”— a los militantes lo-cales, desde el
comienzo mismo de su actuación, antes de haber podido llegar a ser verdaderos
revolucionarios!
En un periódico central para toda Rusia —continúa
el autor— no interesarían mucho las narraciones de los manejos de los
fabricantes “y de los pormenores de poca monta de la vida fabril en diversas
ciudades que no son la suya”, pero “al orlense no le aburrirá leer lo que
sucede en Oriol. Sabe siempre con quién se han ‘metido’, a quién ‘se le da para
el pelo’ y a él ‘le baila el ojo’ ”.207 Sí, sí, al orlense le baila el ojo,
pero a nuestro publicista también “le baila” demasiado la imaginación. En lo
que éste debiera pensar es en si se muestra tacto al defender la mezquindad de
esfuerzos. No cederemos a nadie la palma en reconocer cuán necesario e
importante es denunciar los abusos que se cometen en las fábricas, pero hay que
recordar que he-mos llegado ya a un momento en que a los vecinos de San
Petersburgo les aburre leer las cartas petersburguesas del periódico
petersburgués Rabóchaya Mysl.
Para denunciar los abusos que se cometen en las
fábricas locales, hemos tenido siempre, y debemos seguir teniendo siempre, las
hojas volantes; pero el periódico hay que ele-varlo, y no rebajarlo al nivel de
hojas volantes de fábrica. Para un “periódico” necesitamos denuncias no tanto
de “pequeñeces”, como de los grandes defectos típicos de la vida fabril,
denuncias hechas con ejemplos de singular realce y, por lo mismo, capaces de
interesar a todos los
210 211
Vladimir Ilich Lenin
obreros y a todos los dirigentes del movimiento,
capaces de enriquecer efectivamente sus conocimientos, ensanchar su horizonte,
dar comienzo al despertar de un distrito más, de un nuevo sector profesional de
obreros.
Además, en un periódico local, los manejos de la
administración de la fábrica o de otras autorida-des pueden recogerse en
seguida, aún recientes. Y mientras la noticia llega a un periódico central,
lejano, en el punto de origen ya se habrá olvidado lo sucedido: “¿Cuándo habrá
ocurrido eso?; ¡cual-quiera lo recuerda!” (loc. cit.).
En efecto, ¡cualquiera lo recuerda! Los 30 números
pu-blicados en dos años y medio corresponden, según hemos visto en la misma
fuente, a seis ciudades. De modo que a cada ciudad corresponde, por término
medio, ¡un número de periódico por medio año! E incluso si nuestro
insubs-tancial publicista triplica en su hipótesis el rendimiento del trabajo
local (cosa que sería indudablemente inexacta con relación a una ciudad media,
porque es imposible aumentar considerablemente el rendimiento sin salir del
primitivis-mo en el trabajo), no recibiríamos, sin embargo, más de un número
cada dos meses, es decir, una situación que en nada se parece a “recoger las
noticias aún recientes”.
Pero bastaría con que se unieran diez
organizaciones locales e invistieran de funciones activas a sus delgados con el
fin de montar un periódico central, que entonces
? QUE HACER?
pudieran “recogerse” por toda Rusia no pequeñeces,
sino escándalos notables y típicos en realidad, y esto cada dos semanas. Nadie
que sepa en qué situación se encuentran nuestras organizaciones lo dudará. Y en
cuanto a lo de pillar al enemigo con las manos en la masa, si se toma esto en
serio y no se habla por hablar, un periódico clandestino no puede, en general,
ni pensar en ello: esto puede hacer-lo sólo una hoja volante, porque el plazo
máximo para sorprender así al enemigo no pasa, en la mayoría de los casos, de
uno o dos días (tomen, por ejemplo, el caso de una huelga breve corriente, de
atropellos en una fábrica o de una manifestación etc.).
“El obrero no sólo vive en la fábrica, sino en la
ciudad también”, continúa nuestro autor, pasando de lo particular a lo general
con una consecuencia tan rigurosa que honraría al mismo Boris Krichevski. Y
señala los problemas de las dumas, hospitales y escuelas de las ciudades,
exigiendo que el periódico obrero no calle los asuntos urbanos en general. La
exigencia es de por sí magnífica, pero ilustra con particular evidencia la
abstracta vacuidad a que se limitan con demasiada frecuencia las disquisiciones
sobre los periódicos locales.
Primero, si en “todo lugar algo considerable de
concen-tración de obreros” se publicaran en efecto periódicos con una sección
urbana tan detallada como quiere Svoboda, dadas nuestras condiciones rusas, la
cosa degeneraría inevitablemente en verdadera cicatería, conduciría a
de-bilitar la conciencia de lo importante, que es un empuje
212 213
Vladimir Ilich Lenin
revolucionario general en toda Rusia contra la
autocracia zarista, y reforzaría los brotes, muy vivaces y más bien ocul-tos o
reprimidos que arrancados de raíz, de una tendencia que ya ha adquirido fama
por la célebre máxima sobre los revolucionarios que hablan demasiado del
parlamento inexistente y muy poco de las dumas urbanas existentes. Y hemos
dicho “inevitablemente”, subrayando así que no es esto, sino lo contrario, lo
que Svoboda quiere a sabiendas. Pero no basta con las buenas intenciones.
Para que la labor de esclarecimiento de los asuntos
urbanos quede organizada con la orientación debida res-pecto a todo nuestro
trabajo, hay que empezar por elaborar totalmente y dejar sentada con firmeza
esa orientación, y no sólo mediante razonamientos, sino mediante una
in-mensidad de ejemplos, para que adquiera ya la solidez de tradición. Esto es
lo que estamos muy lejos de tener y por esto precisamente hay que empezar antes
de que se pueda pensar en una vasta prensa local y hablar de ella.
Segundo, para escribir bien y de un modo
interesante de verdad sobre asuntos locales, hay que conocerlos bien, y no sólo
por los libros. Pero en toda Rusia apenas hay socialdemócratas que posean este
conocimiento. Para escribir en un periódico (y no en folletos de divulgación)
sobre asuntos locales y estatales, hay que disponer de datos frescos, variados,
recogidos y elaborados por una persona entendida. Y para recoger y elaborar
tales datos, no basta la “democracia primitiva” de un círculo primitivo, en el
que todos hacen de todo y se divierten jugando al referéndum.
? QUE HACER?
Para eso hace falta una plana mayor de autores
especia-lizados, de corresponsales especializados, un ejército de reporteros
socialdemócratas, que entablen relaciones en todas partes, que sepan penetrar
en todos los “secretos de Estado” (con los que tanto presume y que con tanta
facilidad revela el funcionario ruso) y meterse entre todos los “bastidores”;
un ejército de hombres obligados “por su cargo” a ser ubicuos y omniscios.
Y nosotros, partido de lucha contra toda opresión
eco-nómica, política, social y nacional, podemos y debemos encontrar, reunir,
formar, movilizar y poner en campaña un ejército así de hombres omnisapientes,
¡pero eso está todavía por hacer! Ahora bien, nosotros no sólo no hemos dado
aún, en la inmensa mayoría de los lugares, ni un paso en esa direc-ción, sino
que a menudo ni siquiera existe la conciencia de la necesidad de hacerlo.
Búsquense en nuestra prensa socialde-mócrata artículos vivos e interesantes,
crónicas y denuncias sobre nuestros asuntos y asuntillos diplomáticos,
militares, eclesiásticos, urbanos, financieros, etc., etc., se encontrará muy
poco o casi nada.208 ¡Por eso “me enfado terriblemente siempre que viene
alguien y me ensarta una retahíla de lin-dezas y preciosidades” sobre la
necesidad de periódicos “en todo lugar algo considerable de concentración de
obreros” que denuncien las arbitrariedades tanto en la administración fabril
como en la pública local y nacional!
El predomino de la prensa local sobre la central es
sínto-ma de penuria o de lujo. De penuria, cuando el movimiento no ha cobrado
todavía fuerzas para un trabajo a gran escala,
214 215
Vladimir Ilich Lenin
cuando aún vegeta en medio del primitivismo y casi
se ahoga “en las pequeñeces de la vida fabril”. De lujo, cuando el movimiento
ha podido ya plenamente con la tarea de las denuncias en todos los sentidos y
de la agitación en todos los sentidos, de modo que, además del órgano central,
se hacen necesarios numerosos órganos locales. Decida cada cual por sí mismo
qué es lo que prueba el predominio que hoy tienen los periódicos locales entre
nosotros. Por mi parte, me limitaré a formular con exactitud mi conclusión para
no dar pie a malentendidos.
Hasta ahora, la mayoría de nuestras organizaciones
locales piensan casi exclusivamente en órganos locales y trabajan de un modo
activo casi exclusivamente para ellos. Esto no es normal. Debe suceder lo
contrario, que la mayoría de las organizaciones locales piense sobre todo en un
órgano central para toda Rusia y trabaje principalmente para él. Mientras no
ocurra así, no podremos publicar ni un solo periódico que sea por lo menos
capaz de proporcionar realmente al movimiento una agitación en todos los sen-tidos
en la prensa. Y cuando esto sea así, se entablarán por sí solas unas relaciones
normales entre el órgano central necesario y los órganos locales necesarios.
A primera vista, la conclusión de que se precisa
desplazar el centro de gravedad del trabajo local al trabajo a escala de toda
Rusia puede parecer inaplicable al terreno de la lucha económica especial: el
enemigo directo de los obreros es en este caso un patrono determinado o un
grupo de patronos no ligados entre sí por una organización que recuerde, aun-
? QUE HACER?
que sea remotamente, una organización puramente
militar, rigurosamente centralista, dirigida hasta en los detalles más pequeños
por una voluntad única, como es la organización del gobierno ruso, nuestro
enemigo directo en la lucha política.
Pero no es así. La lucha económica —lo hemos dicho
ya muchas veces— es una lucha sindical, y por ello exige que los obreros se
unan por oficios, y no sólo por el lugar de trabajo. Y la necesidad de esta
unión profesional se hace tanto más imperiosa cuanto mayor es la rapidez con
que avanza la unión de nuestros patronos en toda clase de sociedades y
corporaciones. Nuestra dispersión y nuestros métodos primitivos de trabajo
obstaculizan directamente esta unión, que exige una organización de
revolucionarios única para toda Rusia y capaz de encargarse de dirigir
sin-dicatos obreros a escala de todo el país. Ya hemos hablado antes del tipo
de organización deseable con este objeto, y ahora añadiremos sólo unas palabras
en relación con el problema de nuestra prensa.
No creo que nadie dude de que todo periódico
socialde-mócrata deba tener una sección dedicada a la lucha sindical
(económica). Pero el crecimiento del movimiento sindical nos obliga a pensar
también en una prensa sindical. Creemos, sin embargo, que en Rusia todavía no
se puede ni hablar, salvo raras excepciones, de periódicos sindicales: son un
lujo, y no-sotros carecemos muchas veces hasta del pan de cada día.
La forma de prensa sindical adecuada a las
condicio-nes de trabajo clandestino, y ya ahora imprescindible, tendría que ser
entre nosotros la de folletos sindicales.
216 217
Vladimir Ilich Lenin
En ellos deberían recogerse y agruparse
sistemáticamen-te datos legales209 e ilegales las condiciones de trabajo en
cada oficio, sobre las diferencias que en este sentido existen entre los
diversos puntos de Rusia, sobre las principales reivindicaciones de los obreros
de una pro-fesión determinada, sobre las deficiencias de la legisla-ción
concerniente a ella, sobre los casos notables de la lucha económica de los
obreros de este gremio, sobre los gérmenes, la situación actual y las
necesidades de su organización sindical, etc.
Estos folletos, primero, librarían a nuestra prensa
social-demócrata de una inmensidad de pormenores sindicales que sólo interesan
especialmente a los obreros de este oficio.
Segundo, fijarían los resultados de nuestra
experiencia en la lucha sindical, conservarían los datos recogidos, que ahora
se pierden literalmente en el cúmulo de hojas y cró-nicas sueltas, y los
sintetizarían.
Tercero, podrían servir de algo así como una guía
para los agitadores, ya que las condiciones de trabajo varían con relativa
lentitud, las reivindicaciones fundamentales de los obreros de un oficio
determinado son extraordi-nariamente estables (compárense las reivindicaciones
de los tejedores de la región de Moscú, en 1885,210 y de la región de San
Petersburgo, en 1896)211 y un resumen de estas reivindicaciones y necesidades
podría servir durante años enteros de manual excelente para la agitación eco-nómica
en localidades atrasadas o entre capas atrasadas de obreros; ejemplos de
huelgas que hayan tenido éxito
? QUE HACER?
en una región, datos sobre un nivel de vida más
elevado y sobre mejores condiciones de trabajo en una localidad estimularían
también a los obreros de otros lugares a nuevas y nuevas luchas.
Cuarto, tomando la iniciativa de sintetizar la
lucha sindi-cal y reforzando de este modo los vínculos del movimiento sindical
ruso con el socialismo, la socialdemocracia se preocuparía al mismo tiempo de
que nuestro trabajo tra-deunionista no ocupara un puesto ni demasiado reducido
ni demasiado grande en el conjunto de nuestro trabajo socialdemócrata.
A una organización local que esté apartada de las
or-ganizaciones de otras ciudades le es muy difícil, a veces casi imposible,
mantener en este sentido una proporción adecuada (y el ejemplo de Rabocháya
Mysl demuestra a qué punto de monstruosa exageración de carácter
tradeunio-nista puede llegarse en tal caso). Pero a una organización de
revolucionarios a escala de toda Rusia que sustente con firmeza el punto de
vista del marxismo, que dirija toda la lucha política y disponga de una plana
mayor de agitadores profesionales jamás le será difícil determinar
acertadamen-te esa proporción.
218 219
Capítulo V
“Plan” de un periódico
político central
para toda Rusia
? QUE HACER?
“El error más grande de Iskra en este sentido
—escribe
B. Krichevski,212 imputándonos la tendencia a
“convertir
la teoría en doctrina muerta, aislándola de la
práctica”—
es un “plan” de una organización de todo el
partido” (es
decir, el artículo “¿Por dónde empezar?”). Y
Martínov lo
secunda, declarando:
… la
tendencia de Iskra de aminorar la importan-cia de la marcha progresiva de la
monótona lucha cotidiana en comparación con la propaganda de ideas brillantes y
acabadas… ha sido coronada por el plan de organización del partido, plan que se
nos ofrece en el artículo “¿Por dónde empezar?”, publicado en el número 4.213
Finalmente, hace poco, se ha sumado a los
indignados
con este “plan” (las comillas deben expresar la
ironía con
que lo acoge) L. Nadiezhdin, que en su folleto En
vísperas de
la revolución, que acabamos de recibir (edición del
“Grupo
Revolucionario-Socialista” Svoboda, que ya
conocemos),
declara que “al hablar ahora de una organización
cuyos
hilos arranquen de un periódico central para toda
Rusia
es dar ideas y hacer trabajo de gabinete”,214 dar
pruebas de
“literaturismo”, etc.
223
Vladimir Ilich Lenin
No puede sorprendernos que nuestro terrorista
co-incida con los defensores de la “marcha progresiva de la monótona lucha
cotidiana”, pues ya hemos visto las raíces de esta afinidad en los capítulos
sobre política y organiza-ción. Pero debemos observar en el acto que L.
Nadiezhdin, y sólo él, ha tratado honradamente de penetrar en el curso del
pensamiento del artículo que le ha disgustado; ha tra-tado de responder yendo
al grano, mientras que Rabóchei Dielo no ha dicho en esencia nada y ha tratado
tan sólo de embrollar la cuestión, mediante una sarta de indecorosas y
demagógicas salidas de tono. Y, por desagradable que ello sea, hay que perder
tiempo en limpiar antes los establos de Augías.
1. A
quién ha ofendido el artículo “¿Por dónde empezar?”215
Vamos a citar un ramillete de las expresiones y
exclama-ciones con que ha arremetido contra nosotros Rabócheie Dielo. “No es un
periódico el que puede crear la orga-nización del partido, sino a la inversa”…
“Un periódico que se encuentre por encima del partido, esté fuera de su control
y no dependa de él por tener su propia red de agentes”… “¿Por obra de qué
milagro ha olvidado Iskra las organizaciones socialdemócratas, ya existentes de
hecho, del partido a que ella misma pertenece?”… “Personas po-seedoras de
principios firmes y del plan correspondiente son también los reguladores
supremos de la lucha real del partido, al que dictan el cumplimiento de su
plan”…
? QUE HACER?
“El plan relega a nuestras organizaciones, reales y
vitales, al reino de las sombras y quiere dar vida a una red fan-tástica de
agentes”… “Si el plan de Iskra fuese llevado a la práctica, borraría por
completo las huellas del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia que se viene
formando en nuestro país”… “Un órgano de propaganda se sustrae al control y se
convierte en legislador absoluto de toda la lucha revolucionaria práctica”…
“¿Qué actitud debe asumir nuestro partido al verse totalmente sometido a una redacción
autónoma?”, etc., etc.
Como ve el lector, por el contenido y el tono de
estas citas, Rabócheie Dielo se ha ofendido. Pero no por lo que a él le toca,
sino por lo que toca a las organizaciones y co-mités de nuestro partido, a los
que Iskra, según pretende dicho órgano, quiere relegar al reino de las sombras
y hasta borrar sus huellas. ¡Que todos los horrores fueran así! Pero hay una
cosa extraña. El artículo “¿Por dónde empezar?” apareció en mayo de 1901, y los
artículos de Rabócheie Dielo, en septiembre de 1901; ahora estamos ya a
media-dos de enero de 1902. ¡En estos cinco meses (tanto antes como después de
septiembre), ni un solo comité, ni una sola organización del partido ha
protestado formalmente contra ese monstruo que quiere desterrar a los comités y
organizaciones al reino de las sombras! Y hay que hacer constar que, durante
este período, han aparecido, tanto en Iskra como en numerosas otras
publicaciones, locales y no locales, decenas y centenares de comunicaciones de
todos los confines de Rusia. ¿Cómo ha podido suceder que las organizaciones a
las que se quiere desterrar al reino de
224 225
Vladimir Ilich Lenin
las sombras no se hayan dado cuenta de ello ni se
hayan sentido ofendidas, y que, en cambio, se haya ofendido a una tercera
persona?
Ha sucedido esto porque los comités y las demás
orga-nizaciones están ocupados en trabajar de verdad, y no en jugar a la
“democracia”. Los comités han leído el artículo “¿Por dónde empezar?”, han
visto en él una tentativa “de trazar un plan concreto de esta organización a
fin de que se pueda emprender su creación desde todas partes”, y, habién-dose
percatado perfectamente de que ni una sola de “todas esas partes” pensará en
“emprender su creación” antes de estar convencida de que es necesaria y de que
el plan arquitectónico es certero, no han pensado, naturalmente, en “ofenderse”
por la osadía de los que han dicho en Iskra: “Dada la urgencia e importancia
del asunto, nos decidimos, por nuestra parte, a someter a la consideración de
los ca-maradas el bosquejo de un plan que desarrollaremos con más detalle en un
folleto en preparación”.
Parece mentira que no se comprenda, de enfocar este
problema con honestidad, que si los camaradas aceptan el plan sometido a su
consideración, no lo ejecutarán por “subordinación”, sino por el convencimiento
de que es necesario para nuestra obra común, y que, en el caso de no aceptarlo,
el “bosquejo” (¡qué palabra más presuntuosa!, ¿verdad?) no pasará de ser un
simple bosquejo.
¿No es demagogia arremeter contra el bosquejo de un
plan no sólo “demoliéndolo” y aconsejando a los camaradas que lo rechacen, sino
previniendo a gentes poco expertas en la labor
? QUE HACER?
revolucionaria contra los autores del bosquejo por
el mero he-cho de que estos se atreven a “legislar”, a actuar de “reguladores
supremos”, es decir, que se atreven a proponer un bosquejo de plan? ¿Puede
nuestro partido desarrollarse y marchar adelante si la tentativa de elevar a
los dirigentes locales a ideas, tareas, planes, etc., más amplios tropieza no
sólo con la objeción de que estas ideas son erróneas, sino con una sensación de
“agravio” por el hecho de que se les “quiera elevar”?
Porque también L. Nadiezhdin ha “demolido” nuestro
plan, pero no se ha rebajado a semejante demagogia, que ya no puede explicarse
simplemente por candor o por ideas políticas de un carácter primitivo; ha
rechazado re-sueltamente y desde el primer momento la acusación de “fiscalizar
al partido”. Por esta razón podemos y debemos responder con argumentos a la
crítica que Nadiezhdin hace del plan, mientras que a Rabócheie Dielo sólo cabe
contestar con el desprecio.
Pero el despreciar a un autor que se rebaja hasta
el punto de gritar sobre “absolutismo” y “subordinación” no nos exime del deber
de deshacer el lío en el que estas gentes meten al lector. Y aquí podemos
demostrar palmariamente a todo el mundo de qué jaez son las frases en boga
sobre la “amplia democracia”. Se nos acusa de haber olvidado los comités, de
querer o de intentar desterrarlos al reino de las sombras, etc. ¿Cómo contestar
a estas acusaciones, cuando, por razones de discreción conspirativa, no podemos
decir al lector casi nada en realidad de nuestras verdaderas relaciones con los
comités?
226 227
Vladimir Ilich Lenin
Quienes lanzan una acusación zahiriente que irrita
a la multitud nos llevan ventaja por su desfachatez y por su desdén a los
deberes del revolucionario que oculta cui-dadosamente de los ojos del mundo las
relaciones y los vínculos que tiene, establece o trata de entablar. Desde
luego, nos negamos de una vez para siempre a competir con gente de esa calaña
en el terreno de la “democracia”. En cuanto al lector no iniciado en los
asuntos del partido, el único medio de cumplir nuestro deber con él consiste en
hablarle no de lo que es o están im Werden,216 sino de una pequeña parte de lo
que ha sido, ya que se puede hablar de ello porque pertenece al pasado.
El Bund nos acusa de “impostores” con una
alusión;217 la Unión en el extranjero nos acusa de que tratamos de borrar las
huellas del partido. ¡Un momento, señores! Recibirán ustedes plena satisfacción
en el momento que expongamos al público cuatro hechos del pasado.
Primer218 hecho. Los miembros de una de las uniones
de lucha que participaron directamente en la formación de nuestro partido y en
el envío de un delegado al congreso que lo fundó se ponen de acuerdo con uno de
los miem-bros del grupo Iskra para establecer una biblioteca obrera especial
con objeto de atender las necesidades de todo el movimiento. No se consigue
abrir la biblioteca obrera; y los folletos Las tareas de los socialdemócratas
rusos y La nueva ley de fábricas,219 escritos para ella, van a parar indirectamente
y por mediación de terceras personas al extranjero, donde son publicados.220
? QUE HACER?
Segundo hecho. Los miembros del Comité Central del
Bund proponen a uno de los miembros del grupo Iskra organizar conjuntamente lo
que entonces el Bund llamaba “un laboratorio literario”, indicando que si no se
lograba realizar el proyecto, nuestro movimiento podía retroceder mucho.
Resultado de aquellas negociaciones fue el folleto La causa obrera en Rusia.221
Tercer hecho. El Comité Central del Bund, por
in-termedio de una pequeña ciudad provinciana, se dirige a uno de los miembros
del grupo Iskra, proponiéndole que se encargue de redactar Rabóchaya Gazeta,
que ha de reanudar su publicación y obtiene, desde luego, su conformidad. Más
tarde cambia la propuesta: se trata so-lamente de colaborar, debido a una nueva
composición de la redacción. Claro que también se da la conformidad. Se envían
los artículos (que se ha logrado conservar): Nuestro programa, protestando
enérgicamente contra la campaña bernsteiniana y contra el viraje de las
publica-ciones legales y Rabóchaya Mysl; Nuestra tarea urgente (“la
organización de un órgano del partido que aparez-ca regularmente y esté ligado
estrechamente a todos los grupos locales”; los defectos del “primitivismo en el
trabajo” imperante); Un problema vital (analizando la objeción de que primero
habría que desarrollar la actividad de los grupos locales y luego emprender la
organización de un órgano central; insistiendo en la importancia primordial de
“la organización revolu-cionaria”, en la necesidad de “elevar la organización,
la disciplina y la técnica de la conspiración al más alto
228 229
Vladimir Ilich Lenin
grado de perfección”).222 La propuesta de reanudar
la publicación de Rabóchaya Gazeta no llega a ponerse en práctica, y los
artículos quedan sin publicar.223
Cuarto hecho. Un miembro del comité organizador del
II Congreso ordinario de nuestro partido comunica a un miembro del grupo Iskra
el programa del congreso y presenta la candidatura de este grupo para redactar
Rabó-chaya Gazeta, que reanudaba su publicación. Esta gestión, por decirlo así,
preliminar, es sancionada luego por el comité al que pertenecía dicha persona,
así como por el Comité Central del Bund; al grupo Iskra se indica el lugar y la
fecha de celebración del congreso, pero el grupo (que por ciertos motivos no
estaba seguro de poder enviar un delegado a este congreso) redacta asimismo un
informe escrito para éste.
En dicho informe se sostiene la idea de que
eligiéndose sólo el Comité Central, lejos de resolverse el problema del
agrupamiento en un momento de completa dispersión como el actual, se corre,
además, el riesgo de poner en tela de juicio la gran idea de la creación del
partido, caso de caer nuevamente en una rápida y completa redada, cosa más que
probable cuando impera la falta de discreción cons-pirativa; que, por ello,
debía empezarse por invitar a todos los comités y a todas las demás
organizaciones a sostener el órgano central cuando reanudara su aparición,
órgano que realmente vincularía a todos los comités con lazos efectivos y
prepararía realmente un grupo de dirigentes de todo el movimiento; que los
comités y el partido podrían
? QUE HACER?
ya fácilmente transformar en Comité Central este
grupo, creado por los primeros, cuando dicho grupo se hubiera desarrollado y
fortalecido. Pero debido a una serie de de-tenciones el congreso no pudo
celebrarse; y por motivos de conspiración se destruyó el informe que sólo
algunos camaradas, entre ellos los delegados de un comité, habían podido
leer.224
Juzgue ahora el lector por sí mismo del carácter de
pro-cedimientos como la alusión del Bund a una impostura o el argumento de
Rabócheie Dielo acerca de que queremos desterrar a los comités al reino de las
sombras, “sustituir” la organización del partido por una organización que
difunda las ideas de un solo periódico. Pues precisamente ante los comités, por
reiteradas invitaciones de ellos, informamos sobre la necesidad de adoptar un
plan determinado de trabajo común. Y precisamente para la organización del
partido, elaboramos este plan en nuestros artículos envia-dos a Rabóchaya
Gazeta y en el informe para el congreso del partido, y repetimos que los
hicimos por invitación de personas que ocupaban en el partido una posición tan
influyente, que tomaban la iniciativa de reconstruirlo (de hecho). Y sólo
cuando hubieron fracasado las dos tentati-vas que la organización del partido
hizo con nosotros para reanudar oficialmente la publicación del órgano central
del partido, creímos que era nuestro deber ineludible presentar un órgano no
oficial, para que, en la tercera tentativa, los camaradas vieran ya ciertos
resultados de la experiencia y no meras conjeturas. Ahora todo el mundo puede
apreciar ya ciertos resultados de esa experiencia, y todos los cama-
230 231
Vladimir Ilich Lenin
radas pueden juzgar si comprendimos bien nuestro
deber y la opinión que merecen las personas que, molestas por el hecho de que
demostremos a unas su falta de consecuencia en el problema “nacional” y a otras
lo inadmisible de sus vacilaciones sin principios, tratan de equivocar a
quienes desconocen el pasado más reciente.
2. ¿Puede
un periódico ser organización colectiva?
La clave del artículo “¿Por dónde empezar?” está en
que hace precisamente esta pregunta y en que da una respuesta afirmativa. L.
Nadiezhdin es, que sepamos, la única persona que intenta estudiar esta cuestión
a fondo y demostrar la necesidad de darle respuesta negativa. A continuación,
reproducimos íntegramente sus argumentos:
…Mucho nos place que plantee Iskra (Núm. 4) la
necesidad de un periódico central para toda Rusia, pero en modo alguno podemos
convenir en que este planteamiento corresponde al título del artícu-lo “¿Por
dónde empezar?”. Es, sin duda, uno de los asuntos de suma importancia, pero no
se pueden colocar los cimientos de una organización comba-tiva para un momento
revolucionario ni con esa labor, ni con toda una serie de hojas populares, ni
con una montaña de proclamas. Es indispensable empezar a formar fuertes organizaciones
políticas locales. Nosotros carecemos de ellas, nuestra labor se ha
desarrollado principalmente entre los obre-
? QUE HACER?
ros cultos, mientras que las masas desplegaron de
modo casi exclusivo una lucha económica. Si no se educan fuertes organizaciones
políticas locales, ¿qué valor podría tener un periódico central para toda
Rusia, aunque esté excelentemente organiza-do? ¡Una llama de fuego que sale de
en medio de una zarza, y la zarza está ardiendo y no se consume! Iskra cree que
el pueblo se reunirá y organizará en torno a ese periódico, en el trabajo para
él. ¡Pero si le es mucho más fácil reunirse y organizarse en torno a una labor
más concreta! Esta labor puede y debe consistir en organizar periódicos locales
a vasta escala, en preparar inmediatamente las fuerzas obreras para
manifestaciones, en hacer que las organizaciones locales trabajen
constante-mente entre los parados (difundiendo de un modo persistente entre
ellos hojas volantes y octavillas, convocándolos a reuniones, llamándolos a
oponer resistencia al gobierno, etc.) ¡Hay que iniciar una labor política
activa en el plano local, y cuando surja la necesidad de unificarse en este
terreno real, la unión no será artificiosa, no quedará sobre el papel, porque
no es por medio de periódicos como se conseguirá esta unificación del trabajo
local en una obra común para toda Rusa!225
Hemos subrayado en este elocuente trozo los pasajes
que permiten apreciar con mayor relieve tanto el juicio equivocado del autor
sobre nuestro plan como, en general, su erróneo punto de vista, que él opone a
Iskra. Si no se
232 233
Vladimir Ilich Lenin
educan fuertes organizaciones políticas locales, de
nada valdrá el mejor periódico central para toda Rusia.
Completamente justo. Pero se trata precisamente de
que no existe otro medio de educar fuertes organizaciones políti-cas de un
periódico central para toda Rusia. Al autor se le ha escapado la declaración
más importante que Iskra hizo antes de pasar a exponer su “plan”: la
declaración de que era necesario “exhortar a formar una organización
revolucionaria capaz de unir a todas las fuerzas y de dirigir el movimiento no
sólo nominalmente sino en realidad, es decir, capaz de es-tar siempre dispuesta
a apoyar toda protesta y toda explosión, aprovechándolas para multiplicar y
reforzar los efectivos que han de utilizarse en el combate decisivo”. Después
de febrero y marzo, todos están ahora en principio de acuerdo con eso —continúa
Iskra—; pero lo que necesitamos es resolver el problema de una manera práctica,
y no en principio; lo que necesitamos es trazar inmediatamente un plan concreto
de esta obra para que todos puedan ahora mismo emprender la construcción desde
todas partes. ¡Y he aquí que, de la solución práctica del problema, nos empujan
una vez más hacia atrás, hacia una verdad justa en principio, incontestable,
grande, pero de todo punto insuficiente, incomprensible por com-pleto para las
grandes masas trabajadoras: hacia la “educación de fuertes organizaciones
políticas”! Pero, ¡si no se trata ya de eso, respetable autor, sino de cómo
precisamente hay que educar, y educar con éxito!
No es verdad que “nuestra labor se ha desarrollado
prin-cipalmente entre los obreros cultos, mientras que las masas
? QUE HACER?
desplegaban de modo casi exclusivo una lucha
económica”. Bajo esta forma, la tesis se desvía hacia la tendencia, habitual en
Svoboda y errónea de raíz, de oponer los obreros cultos a la “masa”. Pues
también los obreros cultos de nuestro país han desplegado en estos últimos años
“de modo casi exclu-sivo una lucha económica”. Esto, por una parte. Por otra,
tampoco las masas aprenderán jamás a desplegar la lucha política mientras no
ayudemos a formar a los dirigentes de esta lucha, procedentes tanto de los obreros
cultos como de los intelectuales; y estos dirigentes pueden formarse
exclusivamente enjuiciando de modo sistemático y coti-diano todos los aspectos
de nuestra vida política, todas las tentativas de protesta y de lucha de las
distintas clases y por diversos motivos. ¡Por eso es simplemente ridículo
hablar de “educar organizaciones políticas” y, al mismo tiempo, oponer la
“labor sobre el papel” de un periódico político a la “labor política activa en
el plano local”! ¡Pero si Iskra adapta precisamente su “plan” de un periódico
central al “plan” de crear una “disposición para el combate” que pueda apoyar
tanto un movimiento de obreros parados o un alzamiento campesino como el
descontento de la gente de los zemstvos, “la indignación de la población contra
los ensoberbecidos bachibozuks zaristas”, etc.!
Por lo demás, toda persona familiarizada con el
mo-vimiento sabe perfectamente que la inmensa mayoría de las organizaciones
locales ni siquiera piensa en ello; que muchas de las perspectivas aquí
esbozadas de “una labor política viva” no las ha puesto en práctica ni una sola
vez ninguna organización; que, por ejemplo, la tentativa de
234 235
Vladimir Ilich Lenin
llamar la atención sobre el recrudecimiento del
descontento y de las protestas entre los intelectuales de los zemstvos lleva el
desconcierto y la perplejidad tanto a Nadiezhdin (“¡Dios mío!, ¿pero será ese
órgano para los intelectuales de los zemstvos?”.226), como a los “economistas”
(véase la carta en el número 12 de Iskra), como a muchos militantes dedicados
al trabajo práctico. En tales condiciones se puede “empezar” únicamente por
hacer pensar a la gente en todo esto, por hacerla resumir y sintetizar todos y
cada uno de los indicios de efervescencia y de lucha activa. En los momentos
actuales de subestimación de la importancia de las tareas socialdemócratas, la
“labor política activa” puede iniciarse exclusivamente por una agitación
política viva, cosa impo-sible sin un periódico central para toda Rusia, que
aparezca con frecuencia y que se difunda con regularidad.
Los que consideran el “plan” de Iskra una
manifestación de “literaturismo” no han comprendido en absoluto el fondo del
plan, tomando como fin lo que se propone como medio más adecuado para el
momento actual. Esta gente no se ha molestado en meditar sobre dos
comparaciones que ilustran palmariamente el plan propuesto. La organización de
un periódico político central para toda Rusia —se decía en Is-kra— debe ser el
hilo fundamental al que podríamos asirnos para desarrollar, ahondar y ampliar
incesantemente esta or-ganización (es decir, la organización revolucionaria,
siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión).
Hagan ustedes el favor de decirnos: cuando unos
alba-ñiles colocan en diferentes sitios las piedras de una obra
? QUE HACER?
grandiosa y sin precedentes, ¿es una labor “sobre
el papel” tender el cordel que les ayuda a encontrar el lugar preci-so para las
piedras, que les indica la meta final de la obra común, que les permite colocar
no sólo cada piedra, sino cada trozo de piedra, el cual, al sumarse a los
precedentes y a los que sigan, formará la hilada recta y completa? ¿No vivimos
acaso un momento de esta índole en nuestra vida de partido, cuando tenemos
piedras y albañiles, pero nos falta precisamente el cordel, visible para todos
y en el cual todos puedan atenerse? No importa que griten que, al tender el
cordel, lo que pretendemos es mandar: si fuera así, señores, pondríamos
Rabóchaya Gazeta, Núm. 3, en lugar de Iskra, Núm. 1, como nos lo habían
propuesto al-gunos camaradas y como tendríamos pleno derecho a hacer después de
los acontecimientos que hemos referido más arriba. Pero no lo hemos hecho:
queríamos tener las manos sueltas para desarrollar una lucha inconciliable
contra toda clase de seudosocialdemócratas; queríamos que nuestro cordel, si
está bien derecho, sea respetado por su rectitud y no porque lo haya tendido un
órgano oficial.
La unificación de las actividades locales en
ór-ganos centrales se mueve en un círculo vicioso —nos alecciona L.
Nadiezhdin—. La unificación requiere homogeneidad de elementos, y esta
homogeneidad no puede ser creada más que por algún aglutinante, pero este
aglutinante sólo puede aparecer como producto de fuertes organizaciones locales
que, en el momento actual, en modo alguno se distinguen por su homogeneidad.
236 237
Vladimir Ilich Lenin
Verdad ésta tan respetable y tan incontestable como
la de que es necesario educar fuertes organizaciones políticas. Y no menos
estéril. Cualquier problema “se mueve en un círculo vicioso”, pues toda la vida
política es una cadena infinita compuesta de un sinfín de eslabones. Todo el
arte de un político estriba justamente en encontrar y aferrarse con nervio al
preciso eslaboncito que menos pueda ser arrancado de las manos, que sea el más
importante en un momento determinado y mejor garantice a quien lo sujete la
posesión de toda cadena.227
Si tuviéramos un destacamento de albañiles expertos
que trabajasen de un modo tan acorde que aun sin el cordel pudieran colocar las
piedras precisamente donde hace falta (hablando en abstracto, esto no es
imposible, ni mucho menos), entonces quizás podríamos aferrarnos también a otro
eslaboncito. Pero la desgracia consiste justamente en que aún carecemos de
albañiles expertos que trabajen tan bien concertados, en que las piedras se
colocan muy a menudo al azar, sin guiarse por el cordel común, de manera tan
desordenada que el enemigo las dispersa de un soplo, como si fuesen granos de
arena y no piedras.
Otra comparación: “El periódico no es sólo un
propa-gandista colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador
colectivo. En ese último sentido se le puede comparar con los andamios que se
levantan alrededor de un edificio en construcción, que señalan sus contornos,
facilitan las relaciones entre los distintos albañiles, les ayudan a
distribuirse la tarea y a observar los resultados
? QUE HACER?
generales alcanzados por el trabajo organizado”.228
¿Verdad que esto se parece mucho a la manera como el literato, hombre de
gabinete, exagera la importancia de su fun-ción? El andamiaje no es
imprescindible para la vivienda misma: se hace de materiales de peor calidad,
se levanta por un breve período, y luego, una vez terminado el edi-ficio,
aunque sólo sea en bruto, va a parar a la estufa. En cuanto a la edificación de
organizaciones revolucionarias, la experiencia demuestra que a veces se pueden
construir sin andamios (recuérdese la década del 70). Pero ahora no podemos ni
imaginarnos la posibilidad de levantar sin andamiaje el edificio que
necesitamos.
Nadiezhdin no está de acuerdo y dice: “Iskra cree
que el pueblo se reunirá y organizará en torno a ese periódico en el trabajo
para él. ¡Pero si le es mucho más fácil reunirse y organizarse en torno a una
labor más concreta!”. Así, así: “más fácil reunirse y organizarse en torno a
una labor más concreta”… Dice el refrán: “Agua que no has de beber, déjala
correr”. Pero hay gentes que no sienten reparo en beber agua en la que ya se ha
escupido. ¡Qué de infamias no habrán dicho nuestros excelentes “críticos” legales
“del marxismo” y admiradores ilegales de Rabóchaya Mysl en nombre de este mayor
concretamiento! ¡Hasta qué punto coartan todo nuestro movimiento nuestra
estrechez de miras, nuestra falta de iniciativa y nuestra timidez, que se
justifican con los argumentos tradicionales de que “¡es mucho más fácil… en
torno a una labor más concreta!”. ¡Y Nadiezhdin, que se considera dotado de un
sentido especial de la “vida”, que condena con singular severidad
238 239
Vladimir Ilich Lenin
a los hombres de “gabinete”, que imputa (con
pretensio-nes de agudeza) a Iskra la debilidad de ver en todas partes
“economismo”, que se imagina estar a cien codos por encima de esta división en
ortodoxos y críticos, no se da cuenta de que, con sus argumentos, favorece la
estrechez de miras que le indigna y bebe precisamente el agua llena de
escupitajos!
No basta, no, la indignación más sincera contra la
estre-chez de miras, ni el deseo más ardiente de hacer levantar a las gentes
que se prosternan ante esta estrechez si el que se indigna va a merced de las
olas y del viento y si se aferra con tanta “espontaneidad”, como los
revolucionarios de la década del 70, al “terror excitante”, al “terror
agrario”, al “toque a rebato” etc. Vean en qué consiste ese “algo más concreto”
en torno al que —cree él— será “mucho más fácil” reunirse y organizarse: 1)
periódicos locales; 2) preparación de mani-festaciones; 3) trabajo entre los
obreros parados. A simple vista se advierte que todo eso ha sido entresacado
totalmente al azar, por casualidad, por decir algo, porque, comoquiera que se
mire, será un perfecto desatino ver en ello algo de especial utilidad para
“reunir y organizar”.
Y el mismo Nadiezhdin dice unas páginas más
adelante:
Ya va siendo hora de hacer constar sencillamente un
hecho: en el plano local se realiza una labor pequeña en grado sumo, los
comités no hacen ni la décima parte de lo que podrían… los centros de
unificación que tenemos ahora son una ficción, son burocracia revolucionaria,
sus miembros se
? QUE HACER?
dedican a ascenderse mutuamente a generales, y así
seguirán las cosas mientras no se desarrollen fuertes organizaciones locales.
No cabe duda de que estas palabras encierran, al
mismo tiempo que exageraciones, muchas y amargas verdades. ¿Será posible que
Nadiezhdin no vea el nexo existente entre la pequeña labor realizada en el
plano local y el estrecho horizonte de los dirigentes locales, la escasa
amplitud de sus actividades, cosas inevitables, dada la poca preparación de los
mismos, puesto que se encierran en los marcos de las organizaciones locales?
¿Será posible que Nadiezhdin haya olvidado, lo mismo que el autor del artículo
sobre organización publicado en Svoboda, que el paso a una amplia prensa local
(desde 1898) fue acompañado de una intensificación especial del “economismo” y
del “primiti-vismo en el trabajo”?
Además, aunque se pudiera organizar de manera más o
menos satisfactoria “una abundante prensa local” (ya hemos demostrado más
arriba que es imposible, salvo en casos muy excepcionales), ni siquiera en ese
caso podrían tampoco los órganos locales “reunir y organizar” todas las fuerzas
de los revolucionarios para una ofensiva general con-tra la autocracia, para
dirigir la lucha aunada. No se olvide que aquí sólo se trata del alcance
“colectivo”, organizador, del periódico, y podríamos hacer a Nadiezhdin, defensor
del fraccionamiento, la misma pregunta irónica que él hace: “¿No habremos
heredado de alguna parte 200 mil organizadores revolucionarios?”. Prosigamos.
No se puede
240 241
Vladimir Ilich Lenin
contraponer la “preparación de manifestaciones” al
plan de Iskra por la sencilla razón de que este plan dice justamente que las
manifestaciones más extensas son uno de sus fines; pero de lo que se trata es
de elegir el medio práctico.
Nadiezhdin se ha vuelto a embrollar al perder de
vista que sólo puede “preparar” manifestaciones (que hasta ahora han sido
espontáneas por completo en la inmensa mayoría de los casos) un ejército ya
“reunido y organizado”, y lo que nosotros no sabemos precisa-mente es reunir y
organizar. “Trabajo entre los obreros parados”. Siempre la misma confusión, ya
que esto es también una de las operaciones bélicas de unos efec-tivos
movilizados y no un plan para movilizar dichos efectivos. El caso siguiente
demuestra hasta qué punto subestima Nadiezhdin, también en este sentido, el
daño que produce nuestro fraccionamiento, la falta de los “200.000
organizadores”.
Muchos (Nadiezhdin entre ellos) han reprochado a
Iskra la parquedad de noticias sobre el paro forzoso y la accidentalidad de las
crónicas sobre los fenómenos más habituales de la vida rural. El reproche es
merecido, pero Iskra aparece como culpable sin tener culpa alguna. Noso-tros
tratamos de “tender un cordelito” también por la aldea, pero en el campo no hay
casi albañiles y se ha de alentar por fuerza a todo el que comunique aun el
hecho más habitual, abrigando la esperanza de que esto multiplique el número de
colaboradores en este terreno y nos enseñe a todos a elegir, por fin, los
hechos que resaltan de verdad.
? QUE HACER?
Pero es tan escaso el mensaje que, sino lo
sintetizamos a escala nacional, no hay absolutamente nada con qué aprender. No
cabe duda de que un hombre que tenga, aunque sea aproximadamente, las aptitudes
de agitador y el conocimiento de la vida de los vagabundos que observa-mos en
Nadiezhdin podría prestar al movimiento servicios inestimables, haciendo
agitación entre los obreros parados; pero un hombre de esa índole enterraría su
talento si no se preocupara de dar a conocer a todos los camaradas rusos cada paso
de su actuación, para que sirva de enseñanza y ejemplo a quienes, en su inmensa
mayoría, aún no saben emprender esta nueva labor.
De la importancia de unificar y de la necesidad de
“reunir y organizar” habla ahora todo el mundo sin excep-ción, pero en la
mayoría de los casos no se tiene la menor idea concreta de por dónde empezar y
cómo llevar a cabo esa unificación. Todos convendrán, por seguro, en que si
“unificamos”, por ejemplo, los círculos aislados de barrio de una ciudad, harán
falta para ello organismos de barrio de una ciudad, harán falta para ello
organismos comunes, es decir, no sólo la denominación común de “unión”, sino
una labor realmente común, un intercambio de publicaciones de experiencia, de
fuerzas y distribución de funciones, no ya sólo por barrios, sino por oficios
de todos los trabajos urbanos. Todo el mundo convendrá en que un sólido
me-canismo conspirativo no cubrirá sus gastos (si es que puede emplearse una
expresión comercial) con los “recursos” (se sobreentiende que tanto materiales
como personales) de un barrio; que en este reducido campo de acción no pue-
242 243
Vladimir Ilich Lenin
da explayarse el talento de un especialista. Pero
lo mismo puede afirmarse de la unión de distintas ciudades, porque incluso el
campo de acción de una comarca aislada resul-ta, y ha resultado ya en la
historia de nuestro movimiento socialdemócrata, de una estrechez insuficiente:
lo hemos demostrado cumplidamente antes con el ejemplo de la agitación política
y de la labor de organización.
Es de imperiosa e impostergable necesidad ampliar
ante todo este campo de acción, crear un nexo real entre las ciudades
respaldado en una labor regular y común, porque el fraccionamiento deprime a la
gente que “está en el hoyo” (expresión del autor de una carta dirigida a Iskra)
sin saber lo que pasa en el mundo, de quién aprender, cómo conseguir
experiencia y de qué manera satisfacer su deseo de una actividad amplia.
Y yo continúo insistiendo en que este nexo real
sólo puede empezar a establecerse con un periódico central que sea, para toda
Rusia, la única empresa regular que haga el balance de toda la actividad en sus
aspectos más variados, impulsando con ello a la gente a seguir infatigablemente
hacia adelante, por todos los numerosos caminos llevan a la revolución, lo
mismo que todos los caminos llevan a Roma. Si deseamos la unificación no sólo
de palabra, es necesario que cada círculo local dedique inmediatamente, por
ejemplo, una cuarta parte de sus fuerzas a un trabajo activo para la obra
común.
Y el periódico le muestra enseguida229 los
contornos generales, las proporciones y el carácter de la obra; le
? QUE HACER?
muestra qué lagunas son las que más se dejan sentir
en toda la actividad general de Rusia; dónde no hay agita-ción, dónde son
débiles los vínculos, qué ruedecitas del inmenso mecanismo general podría un
círculo determi-nado arreglar o sustituir por otras mejores. Un círculo que aún
no haya trabajado y que sólo busque trabajo podría empezar ya, no con los
métodos primitivos del artesano en su pequeño taller aislado, que no conoce ni
el desa-rrollo de la “industria” anterior a él ni el estado general de los métodos
vigentes de producción industrial, sino como colaborador de una vasta empresa
que refleja todo el empuje revolucionario general contra la autocracia. Y
cuanto más perfecta sea la preparación de cada ruedecita, cuanto mayor cantidad
de trabajadores sueltos participen en la obra común, tanto más tupida será
nuestra red y tanta menos confusión provocarán en las filas comunes inevitables
descalabros.
El vínculo efectivo empezaría ya a establecerlo la
mera difusión del periódico (si es que éste merecería realmente el nombre del
periódico, es decir, si apareciese regularmente y no una vez al mes, como las
revistas voluminosas, sino unas cuatro veces). Hoy día son muy raras las
relaciones entre las ciudades en cuanto a los asuntos revolucionarios, en todo
caso son una excepción; entonces, estas relaciones se convertirían en regla, y,
naturalmente, no sólo asegura-rían la difusión del periódico, sino también (lo
que revista mayor importancia) el intercambio de experiencia, infor-maciones,
fuerzas y recursos.
244 245
Vladimir Ilich Lenin
La labor de organización alcanzaría en el acto una
am-plitud mucho mayor, y el éxito de una localidad alentaría constantemente a
seguir perfeccionándose, a aprovechar la experiencia ya adquirida por un
camarada que actúa en otro confín del país. El trabajo local sería mucho más
rico y variado que ahora; las denuncias de los manejos políticos y económicos
que se recogiesen por toda Rusia servirían para la nutrición intelectual de los
obreros de todas las profesiones y de todos los grados de desarrollo, suministra-rían
datos y darían motivos para charlas y lecturas sobre los problemas más
distintos, planteados, además, por las alusiones de la prensa legal, por lo que
se dice en sociedad y por los “tímidos” comunicados del gobierno.
Cada explosión, cada manifestación, se enjuiciaría
y discutiría en todos sus aspectos y en todos los confines de Rusia,
despertando el deseo de no quedar a la zaga, de hacer las cosas mejor que nadie
(¡nosotros, los socia-listas, no desechamos en absoluto toda emulación, toda
“competencia” en general!), de preparar conscientemente lo que la primera vez
se hizo en cierto modo de manera espontánea, de aprovechar las condiciones
favorables de una localidad determinada o de un momento determinado para modificar
el plan de ataque, etc. Al mismo tiempo, esta reanimación de la labor local no
acarrearía la desesperada tensión “agónica” de todas las fuerzas, ni la
movilización de todos los hombres, como sucede a menudo ahora, cuando hay que
organizar una manifestación o publicar un número de un periódico local: por una
parte, la policía tropezaría con dificultades mucho mayores para llegar hasta
la “raíz”,
? QUE HACER?
ya que no se sabría en qué localidad había que
buscarla; por otra, una labor regular y común enseñaría a los hombres a
concordar, en cada caso concreto, la fuerza de un ataque con el estado de
fuerzas de tal o cual destacamento del ejército común (ahora casi nadie piensa
en parte alguna en esa coordinación, pues los ataques son espontáneos en sus
nueve décimas partes), y facilitaría el “transporte” no sólo de las
publicaciones, sino también de las fuerzas revolucionarias.
Ahora, en la mayor parte de los casos, estas
fuerzas se desangran en la estrecha labor local; en cambio, entonces, habría
posibilidad y constantes ocasiones para trasladar a un agitador u organizador
más o menos capaz de un ex-tremo a otro del país. Comenzando por un pequeño
viaje para resolver asuntos del partido y a expensas del mismo, los militantes
se acostumbrarían a vivir enteramente a costa del partido, a hacerse
revolucionarios profesionales, a formarse como verdaderos guías políticos.
Y si realmente lográsemos que todos o una gran
mayoría de los comités, grupos y círculos locales emprendiesen acti-vamente la
labor común, en un futuro no lejano, estaríamos en condiciones de publicar un
semanario que se difundiese regularmente en decenas de millares de ejemplares
por toda Rusia. Este periódico sería una partícula de un enorme fuelle de
fragua que avivase cada chispa de la lucha de clases y de la indignación del
pueblo, convirtiéndola en un gran incendio.
En torno a esta labor, de por sí muy anodina y muy
pequeña aún, pero regular y común en el pleno sentido
246 247
Vladimir Ilich Lenin
de la palabra, se concentraría sistemáticamente y
se ins-truiría el ejército permanente de luchadores probados. No tardaríamos en
ver subir por los andamios de este edificio común de organización y destacarse
de entre nuestros revolucionarios a los zheliábov230 socialdemó-cratas; de
entre nuestros obreros, a los bebel231 rusos, que se pondrían a la cabeza del
ejército movilizado y levantarían a todo el pueblo para acabar con la ignominia
y la maldición de Rusia.
¡En esto es en lo que hay que soñar!
“¡Hay que soñar!”. He escrito estas palabras y me
he asus-tado. Me he imaginado sentado en el “Congreso de unifica-ción” frente a
los redactores y colaboradores de Rabócheie Dielo. Y he aquí que se pone en pie
el camarada Martínov y se encara a mí con tono amenazador: “Permítame que les
pregunte: ¿tiene aún la redacción autónoma derecho a soñar sin consultar antes
a los comités del partido?”. Tras él se yergue el camarada Krichevski
(profundizando filosófi-camente al camarada Martínov, quien hace mucho tiempo
había profundizado ya al camarada Plejánov) y prosigue en tono más amenazador
aún: “Yo voy más lejos, si no olvida que, según Marx, la humanidad siempre se
plantea tareas realizables, que la táctica es un proceso de crecimiento de las
tareas, las cuales crecen con el partido”.
Sólo de pensar en estas preguntas amenazadoras me
da escalofríos y miro dónde podría esconderme. Intentaré hacerlo tras Písarev.
? QUE HACER?
Hay disparidades y disparidades —escribía Písa-rev
a propósito de la existente entre los sueños y la realidad—. Mis sueños pueden
adelantarse al curso natural de los acontecimientos, o bien des-viarse hacia
donde el curso natural de los acon-tecimientos no puede llegar jamás. En el
primer caso, los sueños no producen ningún daño, incluso pueden sostener y
reforzar las energías del trabajador… En sueños de esta índole no hay nada que
deforme o paralice la fuerza de tra-bajo. Todo lo contrario. Si el hombre estuviese
privado por completo de la capacidad de soñar así, si no pudiese adelantarse
alguna que otra vez y contemplar con su imaginación el cuadro enteramente
acabado de la obra que empieza a perfilarse por su mano, no podría figurarme de
ningún modo qué móviles lo obligarían a emprender y llevar a cabo vastas y
penosas em-presas en el terreno de las artes, de las ciencias y de la vida
práctica… La disparidad entre los sueños y la realidad no produce daño alguno,
siempre que el soñador crea seriamente en un sueño, se fije atentamente en la
vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general,
trabaje a conciencia porque se cumplan sus fantasías. Cuando existe algún
contacto entre los sueños y la vida, todo va bien.232
Pues bien, los sueños de esta naturaleza, por
desgra-cia, son rarísimos en nuestro movimiento. Y la culpa la
248 249
Vladimir Ilich Lenin
tienen, sobre todo, los representantes de la
crítica legal y del “seguidismo” ilegal que presumen de su sensatez, de su
“proximidad” a lo “concreto”.
3. ¿Qué tipo de organización necesitamos?
Por lo que precede, puede ver el lector que nuestra
“táctica-plan” consiste en rechazar el llamamiento inme-diato al asalto, en
exigir que se organice “debidamente el asedio de la fortaleza enemiga” o, dicho
en otros términos, en exigir que todos los esfuerzos se dirijan a reunir,
orga-nizar y movilizar un ejército regular. Cuando pusimos en ridículo a
Rabócheie Dielo por el cambio que dio, pasando del “economismo” a los gritos
sobre la necesidad del asalto (gritos que dio en el número 6 de Listok Rabóchego
Die-la233 en abril de 1901), dicho órgano nos atacó, como es natural,
acusándonos de “doctrinarismo”, diciendo que no comprendemos el deber
revolucionario, que exhortamos a la prudencia, etc., desde luego, en modo
alguno nos ha extrañado esta acusación en boca de gentes que carecen de todo
principio y que salen del paso con la sabihonda “táctica-proceso”; como tampoco
nos ha extrañado que esta acusación la haya repetido Nadiezhdin, que en
gene-ral tiene el desprecio más olímpico por la firmeza de los principios
programáticos y tácticos.
Dicen que la historia no se repite. Pero Nadiezhdin
hace los imposibles por repetirla e imita con tesón a Tkachov, denigrando el
“culturalismo revolucionario”, vociferando sobre “las campanas al vuelo del
Veche”,234 pregonando un
? QUE HACER?
“punto de vista” especial “de vísperas de la
revolución”, etc. Por lo visto, olvida la conocida sentencia de que si el
origi-nal de un acontecimiento histórico es una tragedia, su copia no es más
que una farsa.235 La tentativa de adueñarse del poder —tentativa preparada por
la prédica de Tkachov y realizada por el terrorismo “horripilante” y que en
realidad horripilaba entonces— era majestuosa, y, en cambio, el te-rrorismo
“excitante” del pequeño Tkachov es simplemente ridículo; sobre todo, es
ridículo cuando se complementa con la idea de organizar a los obreros medios.
Si Iskra —escribe Nadiezhdin— saliese de su esfe-ra
del literaturismo, vería que estos (hechos como la Carta de un obrero, en el
número 7 de Iskra, etc.) son síntomas demostrativos de que pronto, muy pronto,
comenzará el “asalto”, y hablar ahora (sic) de una organización cuyos hilos
arranquen de un periódico central para toda Rusia es fomentar ideas y labor de
gabinete.
Fíjense en esta confusión inimaginable: por una
parte, terrorismo excitante y “organización de los obreros me-dios” a la par
con la idea de que es “más fácil” reunirse en torno a algo “más concreto”, por
ejemplo, de periódicos locales, y, por otra parte, hablar “ahora” de una
organización para toda Rusia significa dar ideas de gabinete, es decir
(empleando un lenguaje más franco y sencillo), ¡“ahora” ya es tarde! Y para
“fundar a vasta escala periódicos locales”, ¿no es tarde, respetabilísimo L.
Nadiezhdin? Comparen
250 251
Vladimir Ilich Lenin
con eso el punto de vista y la táctica de Iskra: el
terrorismo excitante es una tontería; hablar de organizar precisamente a los
obreros medios y de fundar a vasta escala periódicos locales significa abrir de
par en par las puertas al “econo-mismo”. Es preciso hablar de una organización
de revolu-cionarios única para toda Rusia, y no será tarde hablar de ella hasta
el momento en que empiece el asalto de verdad, y no sobre el papel.
Sí —continúa Nadiezhdin—, en cuanto a la
orga-nización, nuestra situación está muy lejos de ser brillante: sí, Iskra
tiene completa razón cuando dice que el grueso de nuestras fuerzas militares
está constituido por voluntarios e insurrectos… Está bien que tengáis una idea
lúcida del estado de nuestras fuerzas; pero, ¿por qué olvidáis que la mul-titud
no es en absoluto nuestra y que por eso no nos preguntará cuándo hay que romper
las hostilidades y se lanzará al “motín”?… Cuando la multitud em-piece a actuar
ella misma con su devastadora fuerza espontánea, puede arrollar y desalojar al
“ejército regular”, al que siempre se pensaba organizar en forma
extraordinariamente sistemática, pero no hubo tiempo de hacerlo.236
¡Extraña lógica! Precisamente porque “la multitud
no es nuestra”, es insensato e indecoroso dar gritos de “asalto” inmediato, ya
que el asalto es un ataque de un ejército regular y no una explosión espontánea
de la multitud. Precisamente
? QUE HACER?
porque la multitud puede arrollar y desalojar al
ejército regu-lar, necesitamos sin falta que toda nuestra labor de
“organi-zación extraordinariamente sistemática” del ejército regular marche a
la par con el auge espontáneo, porque cuanto mejor consigamos esta
organización, tanto más probable será que el ejército regular no sea arrollado
por la multitud, sino que se ponga a su frente y la encabece.
Nadiezhdin se confunde porque se imagina que este
ejército sistemáticamente organizado se ocupa de algo que lo aparta de la
multitud, mientras que, en realidad, éste se ocupa exclusivamente de una
agitación política múltiple y general, es decir, justamente de la labor que
aproxima y funde en un todo la fuerza destructora espontánea de la multitud y
la fuerza destructora consciente de la organiza-ción de revolucionarios. La
verdad es que ustedes, señores, inculpan al prójimo las faltas propias, pues
precisamente el grupo Svoboda, al introducir en el programa el terrorismo,
exhorta con ello a crear una organización de terroristas, y una organización
así desviaría realmente a nuestro ejército de su aproximación a la multitud
que, por desgracia, ni es aún nuestra ni nos pregunta, o nos pregunta poco,
cuándo y cómo hay que romper las hostilidades.
“Nos pillará desprevenidos la propia revolución
—con-tinúa Nadiezhdin, asustando a Iskra—, como nos ha ocu-rrido con los
acontecimientos actuales, que nos han caído encima como un alud”. Esta frase,
relacionada con las que hemos citado antes, nos demuestra palmariamente que es
absurdo el “punto de vista” especial “de vísperas de la
252 253
Vladimir Ilich Lenin
revolución” ideado por Svoboda.237 Hablando sin
ambages, el “punto de vista” especial se reduce a que “ahora” ya es tarde para
deliberar y prepararse. Pero en este caso, ¡oh, respetabilísimo enemigo del
“literaturismo”!, ¿para qué escribir 132 páginas impresas “sobre cuestiones de
teoría238 y táctica”? ¿No le parece que “al punto de vista de En vísperas de la
revolución” le iría mejor publicar 132 mil octavillas con un breve llamamiento:
“¡Por ellos!”?
Precisamente, corre menor riesgo de que lo pille
des-prevenido la revolución quien coloca en el ángulo principal de todo su
programa, de toda su táctica, de toda su labor de organización la agitación
política entre todo el pueblo, como hace Iskra. Los que se dedican en toda
Rusia a trenzar los hilos de la organización que arranque de un periódico
cen-tral para todo el país, lejos de que los pillen desprevenidos los sucesos
de la primavera, nos han ofrecido la posibilidad de pronosticarlos. Tampoco los
han pillado desprevenidos las manifestaciones descritas en los números 13 y 14
de Iskra; por el contrario, han tomado parte en ellas, con viva conciencia de
que su deber era acudir en ayuda del ascenso espontáneo de la multitud,
contribuyendo al mismo tiempo, por medio de su periódico, a que todos los
camaradas rusos conozcan estas manifestaciones y utilicen su experiencia.
¡Y si conservan la vida, tampoco dejarán que los
pille desprevenidos la revolución, que reclama de nosotros, ante todo y por
encima de todo, que saquemos experiencia en la agitación, sepamos apoyar
(apoyar a la manera socialdemó-crata) toda protesta y acertemos a orientar el
movimiento
? QUE HACER?
espontáneo, salvaguardándolo de los errores de los
amigos y de las celadas de los enemigos!
Hemos llegado, pues, a la última razón que nos
obliga a hacer particular hincapié en el plan de una organización formada en
torno a un periódico central para toda Rusia, mediante la labor conjunta en
este periódico común. Sólo una organización semejante aseguraría la
flexibilidad indis-pensable a la organización socialdemócrata combativa, es
decir, la capacidad de adaptarse en el acto a las condiciones de lucha más
variadas y cambiantes con rapidez; saber, “de un lado, rehuir las batallas en
campo abierto contra un ene-migo que tiene superioridad aplastante de fuerzas,
cuando concentra estas en un punto, y para saber, de otro lado, aprovechar la
torpeza de movimientos de este enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el
momento en que menos espere ser atacado”.239
Sería un gravísimo error montar la organización del
partido cifrando las esperanzas sólo en las explosiones y luchas de las calles
o sólo en la “marcha progresiva de la lucha cotidiana y monótona”. Debemos
desplegar siempre nuestra labor cotidiana dispuestos a todo, porque muchas
veces es casi imposible prever por anticipado cómo alter-narán los períodos de
explosiones con los de calma y, aun cuando fuera posible preverlo, no se podría
aprovechar la previsión para reconstruir la organización, porque en un país
autocrático estos cambios se producen con asombro-sa rapidez, a veces como
consecuencia de una incursión nocturna de los genízaros zaristas.240
254 255
Vladimir Ilich Lenin
De la revolución misma no debe uno forjarse la idea
de que sea un acto único (como, por lo visto, se la imaginan los nadiezhdin),
sino de que es una sucesión rápida de ex-plosiones más o menos violentas,
alternando con períodos de calma más o menos profunda. Por tanto, el contenido
fundamental de las actividades de la organización de nuestro partido, el centro
de gravedad de estas actividades debe con-sistir en una labor que es posible y
necesaria tanto durante el período de la explosión más violenta como durante el
de la calma más completa, a saber: en una labor de agitación política unificada
en toda Rusia que arroje luz sobre todos los aspectos de la vida y que dirija a
las más grandes masas. Y esta labor es inconcebible en la Rusia actual sin un
periódico central para toda Rusia, que aparezca muy a menudo. La organización
que se forme por sí misma en torno a este pe-riódico, la organización de sus
colaboradores (en la acepción más amplia del término, es decir, de todos los
que trabajan en torno a él) estará precisamente dispuesta a todo, desde salvar
el honor, el prestigio y la continuidad del partido en los momentos de mayor
“depresión” revolucionaria, hasta preparar la insurrección armada de todo el
pueblo, fijar fecha para su comienzo y llevarla a la práctica.
En efecto, figurémonos una redada completa, muy
co-rriente entre nosotros, en una o varias localidades. Al no haber en todas
las organizaciones locales una labor común llevada en forma regular, estos
descalabros van acompa-ñados a menudo de la interrupción del trabajo por largos
meses. En cambio, si todas tuvieran una labor común, bastarían, en el caso de
la mayor redada, unas cuantas
? QUE HACER?
semanas de trabajo de dos o tres personas enérgicas
para poner en contacto con el organismo central común a los nuevos círculos de
la juventud que, como es sabido, incluso ahora brotan con suma rapidez; y
cuando la labor común que sufre los descalabros está a la vista de todo el
mundo, los nuevos círculos pueden surgir y ponerse en contacto con dicho
organismo central más pronto aún.
Por otra parte, imagínense una insurrección
popular. Ahora es probable que todo el mundo esté de acuerdo en que debemos
pensar en ella y prepararnos para ella. Pero, ¿cómo prepararnos? ¡No se querrá
que el Comité Central nombre agentes en todas las localidades para preparar la
insurrección! Aunque tuviésemos un Comité Central, éste no lograría
absolutamente nada con designarlos, dadas las actuales condiciones rusas. Por
el contrario, una red de agentes241 que se forme por sí misma en el trabajo de
organización y difusión de un periódico central no tendría que “aguardar con
los brazos cruzados” la consigna de la insurrección, sino que desplegaría
justamente esa labor regular que le garantizase, en caso de insurrección, las
mayores probabilidades de éxito.
Esa misma labor es la que reforzaría los lazos de
unión tanto con las más grandes masas obreras como con todos los sectores
descontentos de la autocracia, lo cual tiene suma importancia para la
insurrección. En esa labor pre-cisamente se formaría la capacidad de enjuiciar
con tino la situación política general y, por tanto, la capacidad de elegir el
momento adecuado para la insurrección.
256 257
Vladimir Ilich Lenin
Esa misma labor es la que acostumbraría a todas las
orga-
nizaciones locales a hacerse unísono eco de los
problemas,
casos y sucesos políticos que agitan a toda Rusia,
responder
a estos “sucesos” con la mayor energía posible, de
la manera
más uniforme y conveniente posible; y la
insurrección es,
en el fondo, la “respuesta” más enérgica, más
uniforme y
más conveniente de todo el pueblo al gobierno.
Esa misma labor es la que acostumbraría, por
último, a
todas las organizaciones revolucionarias, en todos
los con-
fines de Rusia, a mantener las relaciones más
constantes,
y conspirativas a la vez, que crearían la unidad
efectiva del
partido; sin estas relaciones es imposible discutir
colecti- Conclusión vamente un plan de insurrección ni adoptar las medidas
preparatorias indispensables en vísperas de ésta,
medidas
que deben guardarse en el secreto más riguroso.
En pocas palabras, “el plan de un periódico
político
central para toda Rusia”, lejos de ser el fruto de
un trabajo
de gabinete de personas contaminadas de
doctrinarismo
y literaturismo (como les ha parecido a gentes que
han
meditado poco en él), es, por el contrario, el plan
más
práctico de empezar a prepararse en el acto y por
doquier
para la insurrección, sin olvidar al mismo tiempo
ni por un
instante la labor corriente de cada día.
258
? QUE HACER?
La historia de la socialdemocracia rusa se divide
mani-
fiestamente en tres períodos.
El primer período comprende cerca de un decenio, de
1884 a 1894, poco más o menos. Fue el período en
que
brotaron y se afianzaron la teoría y el programa de
la social-
democracia. El número de adeptos de la nueva
tendencia
en Rusia se podía contar con los dedos de las
manos. La
socialdemocracia existía sin movimiento obrero y
pasa-
ba, como partido político, por el proceso de
desarrollo
intrauterino.
El segundo período abarca tres o cuatro años, de
1894
a 1898. La socialdemocracia aparece como movimiento
social, como impulso de las masas populares, como
partido
político. Fue el período de infancia y
adolescencia. Con la
rapidez de una epidemia, se propaga el
apasionamiento
general de los intelectuales por la lucha contra el
populismo
y por la corriente de ir hacia los obreros, el
apasionamiento
general de los obreros por las huelgas. El
movimiento hace
grandes progresos. La mayoría de los dirigentes
eran hom-
bres muy jóvenes que estaban lejos de haber
alcanzado la
“edad de treinta y cinco años”, que el señor N.
Mijailovski
tenía por algo así como frontera natural.
Por su juventud, no estaban preparados para la
labor
práctica y desaparecían de la escena con asombrosa
ra-
261
Vladimir Ilich Lenin
pidez. Pero la magnitud de su trabajo, en la
mayoría de los casos, era muy grande. Muchos de ellos comenzaron a pensar de un
modo revolucionario, como adeptos del grupo Libertad del Pueblo. Casi todos
rendían en sus mocedades pleitesía a los héroes del terrorismo, y les costó
mucho trabajo sustraerse a la impresión seductora de esta tradición heroica;
hubo que romper con personas que a toda costa querían seguir siendo fieles a
Libertad del Pueblo y gozaban de gran respeto entre los jóvenes so-cialdemócratas.
La lucha obligaba a estudiar, a leer obras ilegales de todas las tendencias, a
ocuparse intensamente de los problemas del populismo legal. Formados en esta
lucha, los socialdemócratas acudían al movimiento obrero sin olvidar “un
instante” ni la teoría del marxismo que les alumbró con luz meridiana ni la
tarea de derrocar a la autocracia. La formación del partido, en la primavera de
1898, fue el acto de mayor relieve, y último a la vez, de los socialdemócratas
de aquel período.
El tercer período despunta, como acabamos de ver,
en 1897, y viene a sustituir definitivamente al segundo en 1898 (1898-?). Es el
período de dispersión, de disgregación, de vacilación. Igual que mudan la voz
los adolescentes, la socialdemocracia rusa de aquel período también la mudó y
empezó a dar notas falsas, por una parte, en las obras de los señores Struve,
Prokopóvich, Bulgákov y Berdiáiev, y, por otra, en las de VI-n, RM., B.
Krichevski y Martínov. Pero iban cada uno por su lado y retrocedían los dirigentes
nada más: el propio movimiento seguía creciendo y haciendo progresos
gigantescos.
? QUE HACER?
La lucha proletaria englobaba nuevos sectores de
obre-ros y se propagaba por toda Rusia, contribuyendo a la vez indirectamente a
avivar el espíritu democrático entre los estudiantes y entre los otros sectores
de la población. Pero la conciencia de los dirigentes cedió ante la magnitud y
el vigor del crecimiento espontáneo. Entre los socialdemó-cratas predominaba ya
otra clase de gente: los militantes formados casi exclusivamente en el espíritu
de la literatura marxista “legal”, cosa tanto más insuficiente cuanto más alto
era el nivel de conciencia que reclamaba de ellos la espontaneidad de las
masas.
Los dirigentes no sólo quedaban rezagados tanto en
el sentido teórico (“libertad de crítica”) como en el terreno práctico
(“métodos primitivos de trabajo”), sino que in-tentaban defender su atraso
recurriendo a toda clase de argumentos rimbombantes. El movimiento
socialdemó-crata era rebajado al nivel del tradeunionismo tanto por los
brentanistas242 de la literatura legal como por los seguidistas de la ilegal.
El programa del Credo comienza a llevarse a la práctica, sobre todo cuando los
“métodos primitivos de trabajo” de los socialdemócratas reavivan las tendencias
revolucionarias no socialdemócratas.
Y si el lector me reprocha que me haya explayado
con exceso de pormenores en un periódico como Rabócheie Dielo, le contestaré:
Rabóchei Dielo ha adquirido una impor-tancia “histórica” por haber reflejado
con el mayor relieve el “espíritu” de este tercer período.243 No era el
consecuente R. M., sino precisamente los Krichevski y Martínov, que
262 263
Vladimir Ilich Lenin
cambian de dirección como las veletas a los cuatro
vientos, quienes podían expresar de verdad la dispersión, las vaci-laciones y
la disposición a hacer concesiones a la “crítica”, al “economismo” y al
terrorismo. Lo que caracteriza a este período no es el desprecio olímpico de
algún admirador de “lo absoluto” por la labor práctica, sino precisamente la
unión de un practicismo mezquino con la más completa despreocupación por la
teoría.
Más que negar abiertamente las “grandes palabras”,
lo que hacían los héroes de este período era envilecerlas: el socialismo
científico dejó de ser una teoría revolucionaria integral, convirtiéndose en
una mezcolanza a la que se añadían “libremente” líquidos procedentes de
cualquier manual alemán nuevo; la consigna de “lucha de clases” no impulsaba a
una actividad cada vez más amplia, cada vez más enérgica, sino que servía de
amortiguador, ya que “la lucha económica está íntimamente ligada a la lucha políti-ca”;
la idea del partido no exhortaba a crear una organiza-ción combativa de
revolucionarios, sino que justificaba una especie de “burocracia
revolucionaria” y el juego infantil a formas “democráticas”.
Ignoramos cuándo acabará el tercer período y
empezará el cuarto (en todo caso anunciado ya por muchos sínto-mas). Del campo
de la historia pasamos aquí al terreno de lo presente y, en parte, de lo
futuro. Pero creemos con firmeza que el cuarto período ha de conducir al
afianzamiento del marxismo militante, que la socialdemocracia rusa saldrá
fortalecida y arreciada de la crisis, que la retaguardia opor-
? QUE HACER?
tunista será “relevada” por un verdadero
destacamento de vanguardia de la clase más revolucionaria.
A guisa de exhortación a este “relevo”, y
resumiendo lo que acabamos de exponer, podemos dar esta escueta respuesta a la
pregunta: ¿qué hacer?:
Acabar con el tercer período.
264 265
Anexo244
? QUE HACER?
Intento de fusionar Iskra con Rabócheie Dielo
Nos resta esbozar la táctica adoptada y
consecuente-
mente aplicada por Iskra en las relaciones
orgánicas con
Rabócheie Dielo. Esta táctica ha sido expuesta ya
por com-
pleto en el número 1 de Iskra, en el artículo “La
escisión de
la Unión de Socialdemócratas Rusos en el
Extranjero”.245
Admitimos en seguida el punto de vista de que la
verda-
dera Unión de Socialdemócratas Rusos en el
Extranjero,
reconocida por el I Congreso de nuestro partido
como
su representante fuera del país, se había escindido
en dos
organizaciones; que seguía pendiente el problema de
la
representación del partido, puesto que lo había
resuelto
sólo con carácter provisional y convencional, en el
Con-
greso internacional celebrado en París; la elección
de dos
miembros procedentes de Rusia, uno por cada parte
de
la Unión escindida, para el Buró Socialista
Internacional
permanente.246
Hemos declarado que, en fondo, Rabócheie Dielo no
tenía
razón; en cuanto a los principios, nos colocamos
resuelta-
mente al lado del grupo Emancipación del Trabajo,
pero
nos negamos, al mismo tiempo, a entrar en detalles
de la
escisión y señalamos los méritos de la Unión en el
terreno
de la labor puramente práctica.247
269
Vladimir Ilich Lenin
De modo que nos manteníamos, hasta cierto punto, a
la expectativa: hacíamos una concesión al criterio impe-rante entre la mayoría
de los socialdemócratas rusos, los cuales sostenían que incluso los enemigos
más decididos del “economismo” podían trabajar codo con codo con la Unión,
porque ésta había declarado más de una vez que estaba de acuerdo en principio
con el grupo Emancipación del Trabajo y que no pretendía, según afirmaba, tener
una posición independiente en los problemas cardinales de la teoría y de la
táctica.
El acierto de la posición que habíamos adoptado lo
corro-bora indirectamente el hecho de que, casi en el momento de aparecer el
primer número de Iskra (diciembre de 1900), se separaron de la Unión tres
miembros, formando el llamado grupo de iniciadores, los cuales se dirigieron:
1) a la sección de la organización de Iskra en el extranjero; 2) A la
Organi-zación Revolucionaria Sotsial-Demokrat, y 3) A la Unión, proponiendo su
mediación para entablar negociaciones conciliadoras. Las dos primeras organizaciones
aceptaron en seguida, la tercera se negó.
Por cierto, cuando en el Congreso de “unificación”,
celebrado el año pasado, uno de los oradores expuso los hechos citados, un
miembro de la administración de la Unión declaró que su negativa se debía
exclusivamente a que la Unión estaba descontenta de la composición del gru-po
de iniciadores. Estimando que es mi deber insertar esta explicación, no puedo,
sin embargo, dejar de observar por mi parte que no la considero satisfactoria:
como la Unión
? QUE HACER?
estaba al tanto de la conformidad de las dos
organizacio-nes para entablar negociaciones, podía dirigirse a ellas por
conducto de otro mediador o directamente.
En la primavera de 1901, tanto Zariá (Núm. 1,
abril) como Iskra (Núm. 4, mayo) entablaron una polémica di-recta contra
Rabócheie Dielo.248 Iskra atacó, sobre todo, el Viraje histórico de Rabócheie
Dielo, que en su hoja de abril, esto es, después de los acontecimientos de
primavera, dio ya muestras de poca firmeza respecto al apasionamiento por el
terrorismo y por los llamamientos “sanguinarios”. A pesar de esta polémica, la
Unión contestó que estaba dispuesta a reanudar las negociaciones de
conciliación por intermedio de un nuevo grupo de “conciliadores”. La
conferencia preliminar de representantes de las tres orga-nizaciones citadas se
celebró en el mes de junio y elaboró un proyecto de pacto basado en un
detalladísimo “acuerdo en principio”, publicado por la Unión en el folleto Dos
con-gresos y por la Liga en el folleto Documentos del Congreso de
“unificación”.
El contenido de este acuerdo (o, como suele
llamársele, resoluciones de la Conferencia de junio) adoptado con arreglo a los
principios demuestra con claridad meridiana que nosotros exigíamos, como
condición indispensable para la unificación, que se repudiara del modo más
de-cidido toda manifestación de oportunismo en general y de oportunismo ruso en
particular. “Rechazamos —dice el primer párrafo— todas las tentativas de
introducir el oportunismo en la lucha de clase del proletariado, tentati-
270 271
Vladimir Ilich Lenin
vas que se han manifestado en el llamado
“economismo”, bernsteinianismo, millerandismo, etc.… La esfera de
actividad de la socialdemocracia comprende… la
lucha ideológica contra todos los adversarios del marxismo revolucionario” (4,
c). “En todas las esferas de la labor de agitación y de organización, la
socialdemocracia no debe olvidar ni un instante la tarea inmediata del
proletariado ruso: derrocar a la autocracia” (5, a)… “la agitación, no sólo en
el terreno de la lucha diaria del trabajo asalariado contra el capital” (5,b) …
“no reconociendo… la fase de la lucha puramente económica y de la lucha por reivindi-caciones
políticas parciales” (5, c)… “consideramos de importancia para el movimiento
criticar las corrientes que erigen en principio… lo elemental… y lo estrecho de
las formas inferiores del movimiento” (5, d).
Incluso una persona completamente extraña, después
de leer más o menos atentamente estas resoluciones, ha de ver por su mismo
enunciado que se dirigen contra quienes eran oportunistas y “economistas” y han
olvidado, aunque sólo sea un instante, la tarea de derribar la autocracia,
con-tra quienes han aceptado la teoría de las fases, han erigido en principio
la estrechez de miras, etc. Y quien reconozca más o menos la polémica que el
grupo Emancipación del Trabajo, Zariá e Iskra han tenido con Rabócheie Dielo,
no dudará un instante que estas resoluciones rechazan, punto por punto,
precisamente las aberraciones en que había caído Rabócheie Dielo. Por eso,
cuando en el Congreso de “unificación” uno de los miembros de la Unión declaró
que los artículos publicados en el número 10 de Rabóchie
? QUE HACER?
Dielo no se debían al nuevo “viraje histórico” de
la Unión, sino al espíritu demasiado “abstracto”249 de las resoluciones, uno de
los oradores lo puso con toda razón en ridículo. Las resoluciones, contestó,
lejos de ser abstractas, son increíblemente concretas: basta echarles una
ojeada para ver que “se quería cazar a alguien”.
Esta expresión motivó en el congreso un episodio
carac-terístico. Por una parte, B. Krichevski se aferró a la palabra “cazar”,
creyendo que era un lapsus delator de mala inten-ción por nuestra parte (“tener
una emboscada”) y exclamó en tono patético: “¿A quién se iba a cazar?”. “Sí, en
efecto, ¿a quién?”, preguntó irónicamente Plejánov. “Yo ayudaré al camarada
Plejánov en su perplejidad —contestó B. Kriche-vski—, yo le explicaré que a
quien se quería cazar era a la redacción de Rabóchei Dielo (hilaridad general).
“¡Pero no nos hemos dejado cazar!” (exclamaciones de la izquierda: “¡Peor para
vosotros!”). Por otra parte, un miembro del grupo Borbá (grupo de
conciliadores), pronunciándose contra las enmiendas de la Unión a las
resoluciones, y en su deseo de defender a nuestro orador, declaró que,
eviden-temente, la expresión “se quería cazar” se había escapado sin querer en
el calor de la polémica.
Por lo que a mí se refiere, creo que el orador que
ha empleado la expresión no se sentirá del todo satisfecho con esta “defensa”.
Yo creo que las palabras “se quería cazar a alguien” fueron “dichas en broma,
pero pensadas en serio”: nosotros hemos acusado siempre a Rabóchei Dielo de
falta de firmeza, de vacilaciones, razón por la cual debíamos,
272 273
Vladimir Ilich Lenin
naturalmente, tratar de cazarlo para hacer
imposibles las vacilaciones en lo sucesivo. No se podía hablar aquí de mala
intención porque se trataba de falta de firmeza en los principios. Y hemos
sabido “cazar” a la Unión procedien-do lealmente,250 de manera que las
resoluciones de junio fueron firmadas por el propio B. Krichevski y por otro
miembro de la administración de la Unión.
Los artículos publicados en el número 10 de
Rabó-chei Dielo (nuestros camaradas vieron este número sólo cuando hubieron
llegado al congreso y unos días antes de inaugurarse éste) demostraban
claramente que del verano al otoño se había producido otro viraje en la Unión:
los “economistas” obtuvieron una vez más la supremacía, y la redacción, dúctil
a toda nueva “corriente”, volvió a de-fender a los “más declarados
bernsteinianos”, la “libertad de crítica” y la “espontaneidad” y a predicar por
boca de Martínov la “teoría de restringir” la esfera de nuestra in-fluencia
política (con el propósito aparente de complicar esta misma influencia).
Una vez más se ha confirmado la certera observación
de Parvus de que es difícil cazar a un oportunista con una simple fórmula,
porque le cuesta tan poco firmar cualquier fórmula como renegar de ella, ya que
el oportunismo con-siste precisamente en la falta de principios más o menos
definidos y firmes. Hoy, los oportunistas rechazan toda tentativa de introducir
el oportunismo, rechazan toda res-tricción, prometen solemnemente “no olvidar
un instante el derrocamiento de la autocracia”, hacer “agitación no sólo
? QUE HACER?
en el terreno de la lucha diaria del trabajo
asalariado contra el capital”, etc. Y mañana cambian de tono y vuelven a las
andadas so pretexto de defender la espontaneidad, de la marcha progresiva de la
lucha cotidiana y monótona, de ensalzar las reivindicaciones que prometen
resultados palpables, etc.
Al continuar afirmando que en los artículos del nú-mero
10 la “Unión no ha visto ni ve ninguna abjuración herética de los principios
generales del proyecto de la conferencia”,251 la Unión sólo revela con ello que
es incapaz por completo o que no quiere comprender el fondo de las
discrepancias.
Después del número 10 de Rabóchei Dielo nos quedaba
por hacer una sola tentativa: iniciar una discusión general para convencernos
de si toda la Unión se solidarizaba con estos artículos y con su redacción. La
Unión está disgustada con nosotros, sobre todo, por este hecho y nos acusa de
que intentamos sembrar la discordia en su seno, de que nos inmiscuimos en cosas
ajenas, etc. Acusaciones a todas luces infundadas, porque, teniendo una
redacción compuesta por elección y dúctil para “girar” al menor soplo del
viento, todo depende precisamente de la dirección del viento, y éramos nosotros
quienes determinábamos esa dirección en las sesiones a puerta cerrada, a las
que sólo asistían los miembros de las organizaciones venidas para unificarse.
Las enmiendas que se ha introducido en las
resoluciones de junio en nombre de la Unión nos han quitado el último asomo de
esperanza de llegar a un acuerdo. Las enmiendas
274 275
Vladimir Ilich Lenin
son una prueba documental del nuevo viraje hacia el
“eco-nomismo” y de la solidaridad de la mayoría de la Unión con el número 10 de
Rabóchei Dielo. Se borraba del número de manifestaciones del oportunismo el
“llamado economis-mo” (debido a la supuesta “vaguedad” de estas palabras, si
bien de esta motivación no se deduce sino la necesidad de definir con mayor
exactitud la esencia de una aberración muy extendida); también se borraba el
“millerandismo” (si bien B. Krichevski lo defendía en Rabóchei Dielo,252 y con
mayor franqueza aún en Vorwärts).253
A pesar de que las resoluciones de junio indicaban
de manera terminante que la tarea de la socialdemocracia consistía en “dirigir
todas las manifestaciones de lucha del proletariado contra todas las formas de
opresión política, económica y social”, exigiendo con ello que se introdujera
método y unidad en todas estas manifestaciones de lucha, la Unión añadía
palabras superfluas por demás, diciendo que la “lucha económica es un poderoso
estímulo para el movimiento de masas” (estas palabras, de por sí, son indis-cutibles,
pero, existiendo un “economismo” estrecho, no podían menos que llevar a
interpretaciones falsas).
Más aún, se ha llegado hasta a restringir con
descaro en las resoluciones de junio la “política”, ya eliminando las palabras
“ni por un instante” (no olvidar el objetivo del derrocamiento de la
autocracia), ya añadiendo las palabras “la lucha económica es el medio
aplicable con la mayor amplitud para incorporar a las masas a la lucha política
ac-tiva”. Es natural que, una vez introducidas estas enmiendas,
? QUE HACER?
todos los oradores de nuestra parte fueran
renunciando uno tras otro a la palabra, pues veían la completa inutilidad de
seguir negociando con gente que volvía a girar hacia el “economismo” y se
reservaba la libertad de vacilar.
“Precisamente, lo que la Unión ha tenido por
condición sine qua non para la solidez del futuro acuerdo, o sea, el
mantenimiento de la fisonomía de Rabóchei Dielo y de su autonomía, es lo que
Iskra consideraba un obstáculo para el acuerdo”.254 Esto es muy inexacto. Nunca
hemos atentado contra la autonomía de Rabóchei Dielo.255 Efectivamente, hemos
rechazado en forma categórica su fisonomía propia, si se entiende por tal la
“fisonomía propia” en los problemas de principio de la teoría y de la táctica:
las resoluciones de junio contienen precisamente la negación categórica de esta
fisonomía propia, porque, en la práctica, esta “fisono-mía propia” ha
significado siempre, lo repetimos, vacilacio-nes de toda clase y el apoyo que
prestaban a la dispersión imperante en nuestro ambiente, dispersión
insoportable desde el punto de vista del partido.
Con sus artículos del número 10 y con las
“enmiendas”, Rabóchei Dielo ha manifestado claramente su deseo de mantener
precisamente esta fisonomía propia, y semejante deseo ha conducido de manera
natural e inevitable a la ruptura y a la declaración de guerra. Pero todos
nosotros estábamos dispuestos a reconocer la “fisonomía propia” de Rabóchei
Dielo en el sentido de que debe concentrarse en determinadas funciones
literarias. La distribución acertada de estas funciones se imponía por sí
misma: 1)
276 277
Vladimir Ilich Lenin
Revista científica; 2) Periódico político; 3)
Recopilaciones y folletos de divulgación.
Sólo la conformidad de Rabóchei Dielo con esta
distri-bución demostraría su sincero deseo de acabar de una vez y para siempre
con las aberraciones combatidas por las resoluciones de junio; sólo esta
distribución eliminaría toda posibilidad de rozamientos y aseguraría
efectivamente la firmeza del acuerdo, sirviendo a la vez de base para que
nuestro movimiento crezca más y alcance nuevos éxitos.
Ahora ningún socialdemócrata ruso puede poner ya en
duda que la ruptura definitiva de la tendencia revoluciona-ria con la
oportunista no ha sido originada por cuestiones “de organización”, sino
precisamente por el deseo de los oportunistas de afianzar la fisonomía propia
del oportunis-mo y de seguir ofuscando las mentes con las disquisiciones de los
krichevski y los martínov.
Escrito entre el otoño de 1901 y febrero de 1902.
Publicado por primera vez en marzo de 1902,
en folleto aparte, en Stuttgart.
Enmienda
para
¿Qué hacer?
278
? QUE HACER?
El “grupo de iniciadores”, al que me he referido en
el
folleto ¿Qué hacer?,256 me pide que haga la
siguiente
enmienda al pasaje donde se expone su participación
en
el intento de conciliar las organizaciones
socialdemócratas
en el extranjero:
Sólo uno de los tres miembros de este grupo se
retiró de la Unión a fines de 1900; los restantes
no lo hicieron hasta 1901, cuando se hubieron
convencido de que era imposible conseguir que
la Unión aceptar celebrar una conferencia con
la organización de Iskra en el extranjero y con la
Organización Revolucionaria Sotsial-Demokrat, a
lo que se constreñía la propuesta del grupo de ini-
ciadores. La administración de la Unión rechazó al
principio esta propuesta, achacando su negativa a
participar en la conferencia a la “incompetencia”
de
los integrantes del grupo de iniciadores mediador y
expresando su deseo de entablar relaciones direc-
tas con la organización de Iskra en el extranjero.
Sin embargo, la administración de la Unión no tardó
en poner en conocimiento del grupo de iniciadores
que, después de aparecido el primer número de
Iskra,
en el cual se publicaba la nota sobre la escisión
de la
281
Vladimir Ilich Lenin
Unión, cambiaba de parecer y no quería ponerse en
contacto con Iskra. ¿Cómo explicar después de eso
la declaración de un miembro de la administración
de la Unión de que la negativa de ésta a participar
en la conferencia se debía exclusivamente a que
estaba descontenta de la composición del grupo de
iniciadores? Por cierto, tampoco se comprende que
la administración de la Unión aceptara participar
en la Conferencia de junio del año pasado: la nota
que apareció en el primer número de Iskra sigue
en vigor, y la repudia de la Unión por Iskra cobró
mayor realce en el primer volumen de Zariá y en el
cuarto número de Iskra, que aparecieron antes de
la Conferencia de junio.257
N. Lenin
Notas
282
? QUE HACER?
Notas
1. Lenin
escribió el libro ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento a fines
de 1901 y comienzos de 1902. Iskra publicó en diciembre, en el número 12, el
artículo de Lenin “Una con-versación con los defensores del economismo”, al que
denominó posteriormente esbozo de ¿Qué hacer? Lenin escribió en febrero de 1902
el prefacio del libro y éste vio la luz a comienzos de marzo, en Stuttgart,
publicado por la editorial de Dietz, según informó Iskra el 10 de marzo de
1902, en su número 18.
El libro ¿Qué hacer? desempeñó un relevante papel
en la lucha por la creación del partido marxista revolucionario de la clase
obrera de Rusia, en el triunfo de la tendencia leninista-iskrista en los
comités y organizaciones del Posdr y, más tarde, en su Congreso de 1903. El
libro adquirió gran difusión en 1902 y 1903 entre las organizaciones
socialdemócratas de Rusia.
2. El
artículo de Lenin “¿Por dónde empezar?”, publicado como editorial en el número
4 de Iskra, da respuesta a las cuestiones más importantes del movimiento
socialdemócrata de Rusia en aquellos tiempos: carácter y contenido principal de
la agita-ción política, tareas de organización y plan de creación de un
combativo partido marxista de toda Rusia. Lenin denominó al artículo “¿Por
dónde empezar?”. Esbozo del plan desarrollado más tarde en el libro ¿Qué hacer?
El artículo sirvió de docu-mento programático para la socialdemocracia
revolucionaria
y fue muy difundido en Rusia y en el extranjero.
285
Vladimir Ilich Lenin
3. Iskra
(La Chispa): primer periódico marxista clandestino de toda Rusia, fundado por
Lenin en 1900; desempeñó un papel decisivo en la creación del partido marxista
revolucionario de la clase obrera.
Ante la imposibilidad de editar en Rusia un
periódico revolu-cionario como consecuencia de las persecuciones policíacas,
Lenin concibió en todos los detalles, todavía desterrado en Siberia, el plan de
su publicación en el extranjero. Y terminada la deportación (enero de 1900),
emprendió inmediatamente la puesta en práctica de su plan.
El primer número de la Iskra leninista vio la luz
en diciembre de 1900, en Leipzig; los siguientes, en Munich; a partir de julio
de 1902, en Londres, y desde la primavera de 1903, en Ginebra.
Formaban la Redacción de Iskra V. I. Lenin, J.
Plejánov, Y. Mar-tóv, P. Axelrod, A. Potrésov y V. Zasúlich. Lenin era de hecho
el redactor-jefe y el director del periódico. Publicó en él artículos sobre
todos los problemas fundamentales de la organización del partido y de la lucha
de la clase del proletariado de Rusia y se hizo eco de los acontecimientos más
importantes de la vida internacional.
Iskra se convirtió en centro unificador de las
fuerzas del partido, en centro que agrupaba y educaba a sus cuadros. En
diversas ciudades de Rusia (Petersburgo, Moscú, Samara, etc.) se constituyeron
grupos y comités del Posdr de orientación leninista-iskrista, y en enero de
1902 se celebró en Samara un Congreso de iskristas, en el que se fundó la
organización rusa de Iskra.
Por iniciativa de Lenin y con su participación
personal, la Re-dacción de Iskra elaboró un proyecto de Programa del partido
(publicado en el número 21 del periódico) y preparó el II Con-greso del Posdr,
que se celebró en julio y agosto de 1902. Para entonces, la mayoría de las
organizaciones socialdemócratas locales de Rusia se habían adherido ya a Iskra,
aprobando su táctica, su programa y su plan de organización y reconocién-
? QUE HACER?
dolo como su órgano dirigente. El Congreso destacó
en una resolución especial el papel excepcional de Iskra en la lucha por la
creación del partido y proclamó al periódico órgano central del Posdr. El II
Congreso eligió la redacción, compuesta por Lenin, Plejánov y Mártov. En contra
del acuerdo adoptado por el Congreso, Mártov se negó a formar parte de la
Redacción de Iskra y sus números 46-51 se publicaron bajo la dirección de Lenin
y Plejánov. Con posterioridad, Plejánov adoptó las posiciones del menchevismo y
exigió que fuesen incluidos en la Redacción de Iskra todos los antiguos
redactores menchevi-ques repudiados por el Congreso. Lenin no pudo aceptar esto
y abandonó la Redacción del periódico el 19 de octubre (1° de noviembre) de
1903, siendo cooptado para el CC, desde el que luchó contra los oportunistas
mencheviques. El número 52 apareció bajo la dirección exclusiva de Plejánov,
quien el 13 (26) de noviembre de 1903, incumpliendo la voluntad del Congreso,
cooptó por su cuenta para la Redacción de Iskra a sus antiguos redactores
mencheviques. A partir del número 52, los mencheviques convirtieron Iskra en su
propio órgano.
4. Véase
V.I. Lenin, Obras completas, 5ª ed. en ruso, T. 5, págs. 1-13. (Nota de los
editores)
5. Por
iniciativa del grupo Borbá (“La lucha”) y con su mediación, las organizaciones
socialdemócratas en el extranjero (Unión de Socialdemócratas Rusos, Comité del
Bund en el extranjero, organización revolucionaria Sotsial-Demokrat y
organizacio-nes extranjeras de Iskra y Zariá) sostuvieron conversaciones en la
primavera y el verano de 1901 para tratar de llegar a un acuerdo y unificarse.
Como preparación del Congreso en que debía efectuarse la unificación, en junio
de 1901, se celebró en Ginebra una conferencia de representantes de las
organizacio-nes mencionadas (de ahí su denominación de “Conferencia de junio” o
“Conferencia de Ginebra”. En ella se elaboró una
resolución (acuerdo en principio), en la que se
consideraba ne-
286 287
Vladimir Ilich Lenin
cesario cohesionar todas las organizaciones
socialdemócratas y se condenaba el oportunismo en todas sus manifestaciones y
matices: “economismo”, bernsteinianismo, millerandismo, etc. Pero el nuevo
viraje de la Unión de Socialdemócratas Rusos y de su órgano Rabócheie Dielo (La
Causa Obrera) hacia el oportunismo condenó al fracasó los intentos de
unificación.
El Congreso de unificación de las organizaciones
del Posdr en el extranjero se celebró en Zurich los días 21 y 22 de septiem-bre
(4 y 5 de octubre) de 1901. Asistieron a él seis miembros de las organizaciones
de Iskra y Zariá en el extranjero (Lenin, Krúpskaya, Mártov y otros), ocho de
la organización revolu-cionaria Sotsial-Demokrat (de ellos, tres militantes del
grupo Emancipación del Trabajo: Plejánov, Axelrod y Zasúlich), 16 de la Unión
de Socialdemócratas del Bund en el extranjero y tres del grupo Borbá. Lenin,
que asistió al Congreso con el seudónimo de “Frei”, pronunció un brillante
discurso sobre el primer punto del orden del día: “Acuerdo en principio e
instrucciones a las redacciones”. Fue éste el primer discur-so público de Lenin
ante los socialdemócratas rusos en el extranjero. En el Congreso se presentaba
en junio pro el III Congreso de la Unión de Socialdemócratas Rusos. En vista de
ello, la parte revolucionaria del Congreso (los miembros de las organizaciones
de Iskra y Zariá, así como los de Sotsial-Demokrat) dio lectura a una
declaración sobre la imposibi-lidad de llegar a la unificación y abandonó el
Congreso. Por iniciativa de Lenin, estas organizaciones se unificaron en
octubre de 1901, formando la Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en
el extranjero.
6. Rabócheie
Dielo (La Causa Obrera): revista, órgano de la Unión de Socialdemócratas Rusos
en el Extranjero. Se publicó en Gi-nebra, desde abril de 1899 hasta febrero de
1902, apareciendo 12 números (en nueve volúmenes). La Redacción de Rabócheie
Dielo era el centro de los “economistas” en el extranjero. La revista apoyaba
la consigna bernsteiniana de “libertad de
? QUE HACER?
crítica” del marxismo y sustentaba posiciones
oportunistas en las cuestiones relacionadas con la táctica y las tareas de
organización de la socialdemocracia rusa. Los adeptos de Ra-bócheie Dielo
propagaban la idea oportunista de subordinación de la lucha política del
proletariado a la lucha económica, se prosternaban ante la espontaneidad del
movimiento obrero y negaban el papel dirigente del partido. En el II Congreso
del Posdr, los portavoces de Rabócheie Dielo representaban al ala de extrema
derecha, oportunista, del partido.
7. Rabóchaya
Gazeta (La Gaceta Obrera): órgano clandestino de los socialdemócratas de Kíev.
En total aparecieron dos núme-ros: el primero, en agosto de 1897; el segundo,
en diciembre (con fecha de noviembre) del mismo año. El I Congreso del Posdr
(marzo de 1898) proclamó a Rabóchaya Gazeta órgano oficial del partido. Después
del Congreso, debido a la deten-ción de los miembros del Comité Central y de la
redacción del periódico, así como de la destrucción de la imprenta, no pudo ver
la luz el tercer número de Rabóchaya Gazeta, preparado ya para su impresión. En
1899 se intentó reanudar su publicación. Lenin habla de este intento en el
apartado “a” del capítulo quinto de ¿Qué hacer? (Véase el presente volumen,
págs. 169-176).
8. Véase
el Cap. V.
9. Véase
V.I. Lenin, Obras completas, 5ª ed. en ruso, T. 5, págs. 360-367. (Nota de los
editores)
10. Ab
ovo: desde el principio. (Nota de los editores)
11. Lenin
también acostumbraba usar el seudónimo de Nicolás,
por eso acá firma N. Lenin.
288 289
Vladimir Ilich Lenin
12. A
propósito. En la historia del socialismo moderno es quizás un hecho único, y
extraordinariamente consolador en su gé-nero, que una disputa entre distintas
tendencias en el seno del socialismo se haya convertido, por vez primera, de
nacional en internacional. En otros tiempos, las discusiones entre lasa-lleanos
y eisenacheanos,12.1 entre guesdistas y posibilistas,12.2 entre fabianos12.3 y
socialdemócratas, entre partidarios de Libertad del Pueblo12.4 y
socialdemócratas12.5 eran discusiones puramente nacionales, reflejaban
peculiaridades netamente nacionales, se desarrollaba, por decirlo así, en
planos distintos. En la actualidad (ahora se ve esto bien claro), los fabianos
ingleses, los ministerialistas franceses12.6, los bernsteinianos12.7 alemanes y
los críticos rusos12.8 son una sola familia; se elogian mutuamente, aprenden
los unos de los otros y cierran filas con-tra el marxismo “dogmático”. ¿Será en
esta primera contienda, realmente internacional, con el oportunismo socialista,
donde la socialdemocracia revolucionaria internacional se fortalezca lo
suficiente para acabar con la reacción política que impera en Europa desde hace
ya largo tiempo?
12.1. Lassalleanos y eisenacheanos: dos partidos en
el movi-miento obrero alemán de la década del 60 y comienzos de la del 70 del
siglo XIX. Sostuvieron una encarnizada lucha, principalmente en torno a las
cuestiones de táctica y, sobre todo, en el problema más palpitante de la vida
política de Alemania de aquella época: las vías de su unificación.
-Lassalleanos: partidarios y continuadores del
socialista pequeñoburgués alemán Fernando Lassalle, miembros de la Unión
General Obrera Alemana, fundada en 1863 en el Congreso de Sociedades Obreras
celebrado en Leipzig. Su primer presidente fue Lassalle, que formuló el
programa y las bases tácticas de la Unión. En su actividad práctica, Lassalle y
sus partidarios apoyaban la política imperialista de Bismarck. “Objetivamente
—escribía Engels a Marx el 27 de enero de 1865—, esto fue una infamia y una
traición
? QUE HACER?
a todo el movimiento obrero a favor de los
prusianos”. Marx y Engels criticaron duramente en repetidas ocasiones la
teoría, la táctica y los principios de organización de los lassalleanos como
corriente oportunista en el movimiento obrero alemán.
-Eisenaccheanos: miembros del Partido Obrero
Social-demócrata Alemán, fundado en 1869 en el Congreso de constitución de
Eisenach. Encabezaban a los eisenacheanos Augusto Bebel y Guillermo Liebknecht,
que se hallaban bajo la influencia ideológica de Marx y Engels. En el pro-grama
de Eisenach se proclamaba que el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán se
consideraba “una sección de la Asociación Internacional de los Trabajadores,
cuyas aspira-ciones comparte”. En cuanto a la unificación de Alemania, los eisenacheanos
defendían “la vía democrática y proletaria, oponiéndose a que se hiciera la
menor concesión al prusia-nismo, al bismarckianismo y al nacionalismo” (V. I.
Lenin. Augusto Bebel. Obras completas, 5ª ed. en ruso. t. 23).
Al formarse en 1871 el Imperio alemán, desapareció
la discrepancia táctica fundamental entre lassalleanos y eise-nacheanos, y en
1875, el ascenso del movimiento obrero y el recrudecimiento de las
persecuciones gubernativas llevó a ambos partidos a unificarse en el Congreso
de Gotha, formando el Partido Socialista Obrero de Alemania (más tarde, Partido
Socialdemócrata de Alemania).
12.2. Guesdistas y posibilistas: corrientes
revolucionaria y oportunista, respectivamente, del movimiento socialista
francés. En 1882, al escindirse el Partido Obrero de Francia en el Congreso de
Saint-Etienne, formaron dos partidos.
-Guesdistas: partidarios de J. Guesde y P.
Lafargue, co-rriente marxista de izquierda, defendían la necesidad de que el
proletariado aplicase una política revolucionaria independiente. Los guesdistas
conservaron el nombre de Partido Obrero de Francia y permanecieron fieles al
290 291
Vladimir Ilich Lenin
programa de El Havre, aprobado por el partido en
1880, cuya parte teórica había escrito Marx. Gozaban de gran influencia en los
centros industriales de Francia y agrupa-ban a los elementos avanzados de la
clase obrera. En 1901 formaron el Partido Socialista de Francia.
-Posibilistas (P. Brousse, B. Malon y otros):
corriente re-formista, pequeñoburguesa, que apartaba al proletariado de los
métodos revolucionarios de lucha. Los posibilistas constituyeron el Partido
Obrero Social-Revolucionario. Negaban el programa revolucionario y la táctica
revolu-cionaria del proletariado, velaban los objetivos socialistas del
movimiento obrero y proponían limitar la lucha de los obreros en el marco de
“lo posible”, por lo que recibieron la denominación de “posibilistas”. Tenían
influencia prin-cipalmente en las regiones de Francia más atrasadas en el
aspecto económico y entre los sectores menos desarro-llados de la clase obrera.
En 1902, los posibilistas y otros grupos reformistas fundaron el Partido
Socialista Francés, con J. Jaurés al frente.
El Partido Socialista de Francia y el Partido
Socialista Francés se fusionaron en 1905, formando un solo partido: el Partido
Socialista Francés. Durante la guerra impe-rialista de 1914-1918, sus
dirigentes (Guesde, Sembat, etc.) traicionaron la causa de la clase obrera y se
hicieron socialchovinistas.
12.3. Fabianos: miembros de la Sociedad Fabiana,
organiza-ción reformista inglesa fundada en 1884. Recibión este nombre en
memoria del caudillo romano Fabio Máximo (siglo III a. n. e.), llamado
Cunctátor (“El Contempori-zador”) por su táctica expectante, que le hacía
rehuir los combates decisivos en la guerra contra Aníbal. La Sociedad Fabiana
estaba compuesta principalmente de intelectuales burgueses: científicos,
escritores y políticos (como SB Webb, B Show, R MacDonald y otros). Lenin decía
que los
? QUE HACER?
fabianos eran “la expresión más acabada del
oportunismo” (V.I. Lenin. El programa agrario de la socialdemocracia en la
primera revolución rusa de 1905-1907. Obras completas, 5ª ed. en ruso t. 16).
En 1900, la Sociedad Fabiana ingresó en el Partido Laborista. El “socialismo
fabiano” es una de las fuentes de la ideología laborista.
12.4. La Libertad del Pueblo: organización política
secreta de los populistas-terroristas, surgida en agosto de 1897 al escindirse
la organización populista Tierra y Libertad. Aun sustentando las posiciones del
socialismo utópico populista, los miembros de la Libertad del Pueblo
em-prendieron el camino de la lucha política considerando que la tarea más
importante consistía en derrocar la autocracia y conquistar la libertad
política.
Sostuvieron una heroica lucha contra la autocracia
zaris-ta. Pero basándose en la errónea teoría de los “héroes” activos y la
“multitud” pasiva, pensaban transformar la sociedad con sus propias fuerzas,
sin la participación del pueblo, mediante el terror individual, la intimidación
y la desorganización del gobierno. Después del asesinato de Alejandro II (1° de
marzo de 1881), el gobierno aplastó la organización la Libertad del Pueblo por
medio de crueles represiones, ejecuciones y provocaciones. Los repetidos
intentos hechos en los años 80 para reconstruirlo no dieron resultado.
12.5. Se alude a los miembros de la Federación
Socialde-mócrata de Inglaterra, fundada en 1884. A la par con los reformistas
(Hyndman y otros) y los anarquistas, formaba parte de ella un grupo de
socialdemócratas revoluciona-rios partidarios del marxismo (H. Quelch, T. Mann,
E. Aveling, Eleonora Marx y otros), que representaban el ala izquierda del
movimiento socialista inglés. Engels criticó duramente a la Federación
Socialdemócrata de Inglaterra, acusándola de dogmatismo y sectarismo, de
aislarse del
292 293
Vladimir Ilich Lenin
movimiento obrero de masas e ignorar sus
peculiaridades. La Federación adoptó en 1927 el nombre de Partido
Social-demócrata, el cual se fusionó en 1911 con los elementos de izquierda del
Partido Obrero Independiente para formar el Partido Socialista Británico. En
1920, la mayoría de sus afiliados participó en la fundación del Partido
Comunista de la Gran Bretaña.
12.6. Ministerialistas (millerandistas): adeptos de
una corriente oportunista en los partidos socialistas de Europa Occidental a
fines del siglo XIX y comienzos del XX, deben su nombre al socialista francés
A. Millerand, que en 1899 formó parte del gobierno burgués reaccionario de
Francia y aplicó jun-tamente con la burguesía una política imperialista.
12.7. Bernsteinianos: partidarios de una corriente
hostil al marxismo en la socialdemocracia alemana e internacional, surgida a
fines del siglo XIX en Alemania y que debe su nombre a Eduardo Bernstein, el
representante más franco de las tendencias oportunistas de derecha en el
Partido Socialdemócrata Alemán.
Después de la muerte de Engels, Bernstein propugnó
la revisión más descarada de la doctrina revolucionaria de Marx, de acuerdo con
el espíritu del liberalismo burgués (en los artículos “Problemas del
socialismo” y en el libro Premisas del socialismo y tareas de la
socialdemocracia), pre-tendiendo convertir el Partido Socialdemócrata en un
par-tido pequeñoburgués de reformas sociales. En Rusia fueron partidarios del
bernsteinianismo los “marxistas legales”, los “economistas”, los bundistas y
los mencheviques.
12.8. Los críticos rusos: Lenin alude a los
“marxistas legales” Struve, Bulgákov, Berdiáev y otros, que combatían el
mar-xismo revolucionario en las publicaciones legales.
? QUE HACER?
13. Júpiter
y Minerva: dioses del Panteón de la antigua Roma.
-Júpiter: dios del cielo, la luz, la lluvia y los
truenos: más tarde, divinidad suprema en el Imperio Romano.
-Minerva: diosa de la guerra y protectora de los
oficios, las ciencias y las arte.
Júpiter y Minerva son identificados en la mitología
romana con los dioses griegos Zeus y Atenea, aplicándoseles todos los mitos de
estos dos últimos, incluso el del nacimiento de Atenea, que salió ya armada de
la cabeza de Zeus.
14. Lenin
cita un fragmento, traducido por él mismo, del prefacio de Engels a la tercera
edición alemana de la obra de Marx El 18 Brumario de Luis Bonaparte (véase C.
Marx y F. Engels. Obras Escogidas en tres tomos, t. I, pág. 407, ed. en
español, Moscú).
15. La
Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero fue fundada en 1894 por
iniciativa del grupo Emancipación del Trabajo sobre la base de la aceptación
del programa del grupo pro todos los miembros de la Unión. Se encomendó al
grupo la dirección de las publicaciones de la Unión, a la que entregó su
imprenta en marzo de 1895. En el verano del mismo año, durante la estancia de
Lenin en el extranjero, se acordó que la Unión editase las recopilaciones
Rabótnik (“El trabajador”). Publicó seis números de Rabótnik, diez de Listok
“Rabótnika” (“La hoja del trabajador”), el folleto de Lenin Explicación de la
ley de multas (1897), etc.
El I Congreso del Posdr (marzo de 1898) reconoció a
la Unión como representante del partido en el extranjero. Más tarde,
predominaron en la Unión los elementos oportunistas —los “economistas”,
llamados también los “jóvenes”—, los cuales se negaron a solidarizarse con el
Manifiesto del Congreso por declararse en él que la conquista de la libertad
política era el objetivo inmediato de la socialdemocracia.
294 295
Vladimir Ilich Lenin
En el I Congreso de la Unión, celebrado en Zurich
en no-viembre de 1898, el grupo Emancipación del Trabajo se negó a dirigir las
publicaciones de la misma, excepto el número 5-6 de Rabótnik y los folletos de
Lenin. Las tareas de los socialde-mócratas rusos y la nueva ley de fábricas. En
abril de 1899, la Unión empezó a editar la revista de los “economistas”,
Rabó-cheie Dielo, y publicó declaraciones de simpatía con Bernstein, los
millerandistas, etc.
La lucha en el seno de la Unión prosiguió hasta su
II Congre-so (abril de 1900, Ginebra) y en el mismo Congreso. Como resultado de
esta lucha, el grupo Emancipación del Trabajo y sus adeptos abandonaron el
Congreso y constituyeron una organización independiente, denominada
Sotsial-Demokrat. En el II Congreso del Posdr (1908), los representantes de la
Unión (los adeptos de Rabócheie Dielo) adoptaron posiciones oportunistas en
extremo y lo abandonaron cuando reconoció a la Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria
Rusa en el Extranjero como única organización del partido fuera de Rusia. El II
Congreso del partido declaró disuelta la Unión.
16. Zariá
(La Aurora): revista político-científica marxista, editada en Stuttgart
(1901-1902) por la Redacción de Iskra. Sólo se publicaron cuatro números (en
tres volúmenes).
La revista Zariá criticó el revisionismo
internacional ruso y defendió las bases teóricas del marxismo.
17. Montaña
y Gironda: denominación de dos grupos políticos de la burguesía durante la
revolución burguesa francesa de fines del siglo XVIII. Se llamaba Montaña
—jacobinos— a los repre-sentantes más decididos de la clase revolucionaria de
aquellos tiempos (la burguesía), que defendían la necesidad de acabar con el
absolutismo y el feudalismo. Los girondinos, a diferencia de los jacobinos,
vacilaban entre la revolución y la contrarrevolución y seguían la senda de las
componendas con la monarquía.
? QUE HACER?
Lenin llamó “Gironda socialista” a la corriente
oportunista en la socialdemocracia, y “Montaña”, jacobinos proletarios, a los
socialdemócratas revolucionarios. Después de la escisión del Posdr en
bolcheviques y mencheviques, Lenin destacó con frecuencia que los mencheviques
representaban la corriente girondina en el movimiento obrero.
18. La
comparación de las dos tendencias existentes en el proleta-riado revolucionario
(la revolucionaria y la oportunista) con las dos corrientes de la burguesía
revolucionaria del siglo XVIII (la jacobina —la montaña— y la girondina) fue
hecha en el artículo de fondo del número 2 de Iskra (febrero de 1901) es-crito
por Plejánov. A los demócratas- constitucionalistas,18.1 “los sin título”18.2 y
los mencheviques les gusta mucho, hasta ahora, hablar del “jacobinismo” en la
socialdemocracia rusa, pero hoy prefieren callar u olvidar que Pléjanov lanzó
por vez primera este concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia.
Nota de Lenin para la edición de 1907. (Nota de los editores)
18.1. Demócratas-constitucionalistas: miembros del
Partido Demócrata Constitucionalista, principal partido de la bur-guesía
monárquica liberal de Rusia. Se fundó en octubre de 1905 con elementos de la
burguesía, terratenientes de los zemstvos e intelectuales burgueses, que se
encubrían con falaces frases “democráticas” para ganarse a los campesinos. Los
demócratas-constitucionalistas aspiraban a un entendi-miento con el zarismo;
exhortaban a crear una monarquía constitucional y combatían la consigna de República,
defen-dían la conservación del régimen de propiedad terrateniente y aprobaban
el aplastamiento del movimiento revolucionario por el zarismo. Durante la
Primera Guerra Mundial actuaron como ideólogos del imperialismo y partidarios
de la políti-ca anexionista del zarismo. Triunfante la Gran Revolución
Socialista de Octubre, los demócratas-constitucionalistas, enemigos
encarnizados del Poder soviético, participaron
296 297
Vladimir Ilich Lenin
en todas las acciones armadas de la
contrarrevolución y en las campañas de los intervencionistas. Después de ser
derrotados los intervencionistas y guardias blancos, los
demócratas-constitucionalistas prosiguieron su actividad contrarrevolucionaria
antisoviética en la emigración.
18.2. Los sin título: grupo semimenchevique,
semidemocons-titucionalista, de intelectuales burgueses rusos, formado en el
período en que empezó a decrecer la revolución de 1905-1907. Tomó su nombre del
semanario político Bez Zaglavia (“Sin título”) que se publicó en Petersburgo de
enero a mayo de 1906 bajo la dirección de Prokopóvich. Más tarde, los “sin
título” se agruparon alrededor del periódico demócrata-constitucionalista de
izquierda Továrisch (“El camarada”). Encubriéndose con su sin partidismo formal,
los “sin título” fueron vehículos de las ideas del liberalismo burgués y del
oportunismo y apoyaron a los revisionistas de la socialdemo-cracia rusa e
internacional.
19. Ilovaiski,
Dimitri (1832-1920): historiador monárquico, autor de manuales de historia muy
difundidos antes de la Revolu-ción en las escuelas primarias y secundarias de
Rusia. En sus manuales se ensalzaba a la autocracia y se reducía la historia a
la actividad de los zares y caudillos militares.
20. La
Ley de excepción contra los socialistas fue promulgada en Alemania por el
Gobierno de Bismarck, en 1878, para luchar contra el movimiento obrero y
socialista. En virtud de esta ley quedaron prohibidas todas las organizaciones
del Partido Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masa y la prensa
obrera. Fueron confiscadas las publicaciones so-cialistas y se persiguió y
expulsó a los socialdemócratas, pero las represiones no aplastaron al Partido
Socialdemócrata, que reorganizó su actividad adaptándola a las condiciones de
? QUE HACER?
la clandestinidad. Bajo la presión del creciente
movimiento obrero de masas, la Ley de excepción contra los socialistas fue
derogada en 1890.
21. Cuando
Engels arremetió contra Duhring, muchos represen-tantes de la socialdemocracia
alemana se inclinaron por las concepciones de este último y acusaron a Engels,
incluso pública-mente, en un congreso del partido, de brusquedad, intolerancia,
polémica impropia de camaradas, etc. Most y sus compañeros propusieron (en el
congreso de 1877)21.1 retirar de Vorwarts21.2 los artículos de Engels “por no
tener interés para la inmensa mayoría de los lectores” y Vahlteich declaró que
la publicación de esos artículos había perjudicado mucho al partido, que
tam-bién Duhring había prestado servicios a la socialdemocracia: “debemos
aprovecharlos a todos en beneficio del partido, y si los catedráticos discuten,
Vorwarts en modo alguno es el lugar adecuado para sostener tales discusiones”
(Vorwarts, 1877, nú-mero 65, 6 de junio). ¡Como ven, éste es también un ejemplo
de defensa de la “libertad de crítica”, y no estaría mal que meditaran en él
nuestros críticos legales y oportunistas ilegales, a quienes tanto place invocar
el ejemplo de los alemanes!
21.1. Del 27 al 29 de mayo de 1877 se celebró en la
ciudad de Gotha un Congreso ordinario del Partido Socialista Obrero de
Alemania. Al discutirse en él acerca de la prensa del partido, se rechazaron
los intentos de algunos delegados (Most, Valteich) de censurar al periódico
Vorwärts (Adelante), órgano central del partido, por haber publicado los
artículos de Engels contra Dühring (editados en 1878 en un libro con el título
de Anti-Dühring. La subversión en la ciencia, producida por el señor Eugenio
Dühring, así como el propio Engels por la brusquedad de la polémica.
21.2. Vorwärts (Adelante): diario, órgano central
de la socialdemo-cracia alemana; empezó a publicarse en Leipzig en 1876 bajo
298 299
Vladimir Ilich Lenin
la dirección de Guillermo Liebknecht y otros. Fue
suspendido en 1878 al promulgarse la Ley de excepción contra los socia-listas,
reapareciendo en Berlín en 1891. Engels luchó desde el periódico contra todas
las manifestaciones de oportunismo, pero en la segunda mitad de la década del
90, después de la muerte de Engels, la Redacción de Vorwärts cayó en manos del
ala derecha del partido y publicó sistemáticamente artículos de oportunistas,
que predominaban en la socialdemocracia alemana y en la II Internacional.
Durante la Primera Guerra Mundial, Vorwärts mantuvo una posición
socialchovinista, después de la Gran Revolución Socialista de Octubre, se
con-virtió en un centro de propaganda antisoviética.
22. Socialistas
de cátedra: representantes de una corriente de la Economía Política burguesa en
los años 70 y 80 del siglo XIX, que predicaban el reformismo liberal burgués
desde las cátedras universitarias haciéndolo pasar por socialismo. Los
socialistas de cátedra afirmaban que el Estado burgués está por encima de las
clases, puede conciliar a las clases hostiles e implantar gradualmente el
“socialismo” sin dañar los intere-ses de los capitalistas y teniendo en cuenta,
en lo posible, las reivindicaciones de los trabajadores. Marx, Engels y Lenin
denunciaron repetidas veces la esencia reaccionaria del socia-lismo de cátedra,
cuyas concepciones propagaban en Rusia los “marxistas legales”.
23. Nozdriov:
personaje de la obra del escritor ruso N. Gógol Las almas muertas, prototipo
del terrateniente pendenciero y estafador. Gógol denominaba a Nozdriov hombre
“histórico” porque dondequiera que aparecía se producían “historias” y
escándalos.
24. Lenin
se refiere a la resolución “Ataques a los puntos de vista fundamentales y a la
táctica del partido”, aprobada por el Congreso de Hannóver del Partido
Socialdemócrata Alemán
? QUE HACER?
(9-14 de octubre de 1899). El informe oficial sobre
esta cuestión fue presentado por A. Bebel. La aplastante mayoría del Congreso
aprobó la moción de Bebel, que rechazaba los intentos de revisar las bases
teóricas y tácticas de la socialde-mocracia. Sin embargo, en ella no se
criticaba duramente a los bernsteinianos, por lo que votaron a su favor
Bernstein y sus partidarios.
25. Lenin
alude a la resolución del Congreso de Lübeck del Parti-do Socialdemócrata
Alemán (22-28 de septiembre de 1901) contra Bernstein, la cual, después del
Congreso de Hannóver de 1899, lejos de cesar sus ataques al programa y la
táctica de la socialdemocracia, los recrudeció e incluso los sacó fuera del
partido. Durante los debates y en la resolución propuesta por Bebel (que el
Congreso aprobó por aplastante mayoría), se hizo a Bernstein una advertencia
expresa. El Congreso rechazó la contrarresolución del oportunista Heine, que
reclamaba “libertad de crítica” y silenciaba el problema de Bernstein. Sin
embargo, en el Congreso de Lübeck no se planteó como una cuestión de principio
la incompatibilidad de la revisión del marxismo con la pertenencia al Partido
Socialdemócrata.
26. Debe
advertirse que, al hablar de bernsteinianismo en el parti-do alemán, Rabóchei
Dielo se ha limitado siempre a un mero re-lato de los hechos, absteniéndose por
completo de calificarlos. Véase, por ejemplo, el Núm. 2-3, pág. 66, acerca del
Congreso de Stuttgart;26.1 todas las discrepancias se reducen a la “táctica”,
sólo se hace constar que la inmensa mayoría es fiel a la anterior táctica
revolucionaria. O el Núm. 4-5, pág. 25 y siguientes, que es una simple
repetición de los discursos pronunciados en el Congreso de Hannóver, acompañado
de la resolución de Bebel; la exposición de las concepciones de Bernstein y la
crítica de las mismas quedan aplazadas de nuevo (así como en el número 2-3)
hasta la publicación de un “artículo especial”. Lo
curioso del caso es que en la pág. 33 del Núm. 4-5
leemos: “las
300 301
Vladimir Ilich Lenin
concepciones expuestas por Bebel cuentan con una
inmensa mayoría en el congreso”, y un poco más adelante: “David ha defendido
las opiniones de Bernstein… Ante todo, ha tratado de demostrar que… Bernstein y
sus amigos, a pesar de todo (sic), sustentan la posición de la lucha de
clases”… ¡Esto se escribió en diciembre de 1899; pero en septiembre de 1901
Rabóchei Dielo no cree ya, por lo visto, que Bebel tenga razón y repite la
opinión de David como suya propia!
26.1. El Congreso de Stuttgart del Partido
Socialdemócrata Alemán, celebrado del 3 al 8 de octubre de 1898, discutió por
vez primera el problema del revisionismo en sus filas. En el congreso se dio
lectura a una declaración enviada especialmente por Bernstein, que se
encontraba emigrado, en la que exponía y defendía sus concepciones
oportunistas, manifestadas ya antes en la serie de artículos “Problemas del
socialismo”, aparecida en la revista Die Neue Zeit (“Tiempos nuevos”). Kautsky
y Bebel hicieron en el Congreso una crítica de principio del bernsteinianismo.
Rosa Luxemburgo mantuvo una posición más intransigente aún frente al
revisionismo. El congreso no adoptó ningún acuerdo sobre esta cuestión, pero
los debates mostraron que su mayoría permanecía fiel a las ideas del marxismo
revolucionario.
27. Starovier:
seudónimo de Alexandr Potrésov, miembro de la Redacción de Iskra y más tarde
menchevique.
28. Un
escritor envanecido: título de uno de los primeros relatos de Máximo Gorki.
29. Aludimos
al artículo de K. Tulin contra Struve (Véase V.I. Lenin, Obras completas, 5ta
edición en ruso, t- I, págs. 347-534), basado en un informe que tenía por
título “El reflejo del mar-xismo en las publicaciones burguesas”. Véase el
Prólogo (Nota de Lenin para la edición de 1907. Nota de los editores)
? QUE HACER?
30. Lenin
se refiere a la recopilación Datos sobre el desarrollo econó-mico de Rusia,
publicada con un tiraje de 2 mil ejemplares en una imprenta legal en abril de
1895. La recopilación contenía el artículo de Lenin (firmado con el seudónimo
de K. Tulin). El contenido económico del populismo y su crítica en el libro del
señor Struve (El reflejo del marxismo en las publicaciones burguesas), dirigido
contra los “marxistas legales”.
El gobierno zarista prohibió la difusión de la
recopilación y, al cabo de un año, la confiscó y quemó. Sólo se logró salvar
unos cien ejemplares, que fueron repartidos clandestinamente entre los
socialdemócratas de Petersburgo y de otras ciudades.
31. Se
alude al libro de Bernstein Premisas del socialismo y tareas de la
socialdemocracia que revisaba el marxismo revolucio-nario en un espíritu
reformista burgués. Se editó en ruso, en 1901, con distintos títulos: 1)
Materialismo histórico; 2) Problemas sociales; 3) Problemas del socialismo y
tareas de la socialdemocracia. Eróstrato: pastor de la antigua Efeso, en Asia
Menor, que según la leyenda, incendió en el año 356 a.n.e. el templo de Diana,
en Aceso, considerado como una de las siete maravillas del mundo, con el
exclusivo objeto de inmortalizar su nombre. Se aplica el nombre de Eróstrato a
los ambiciosos que pretenden hacerse célebres aunque sea cometiendo crímenes.
32. Zubátov:
coronel de la gendarmería, que intentó crear el lla-mado “socialismo
policíaco”. Formaba falsas organizaciones obreras protegidas por los gendarmes
y la policía para apartar a los obreros del movimiento revolucionario.
33. Se
trata de la Protesta de los 17 contra el Credo. El autor de
estas líneas participó en la redacción de la
protesta (fines de 1899)33.1. La protesta fue publicada en el extranjero, junto
con el Credo, en la primavera de 1900. Hoy se sabe ya, por el artícu-
302 303
Vladimir Ilich Lenin
lo de la señora Kuskova (publicado, creo, en la
revista Byloe33.2), que fue ella la autora del Credo y que entre los
“economistas” de entonces que se encontraban en el extranjero desempeñó un
papel prominente el señor Prokopóvich (Nota de Lenin para la edición de 1907.
(Nota de los editores)
33.1. Lenin escribió la Protesta de los
socialdemócratas de Rusia en agosto de 1899, cuando se encontraba deste-rrado.
Estaba enfilada contra el Credo, manifiesto de un grupo de “economistas” (S.
Prokopóvich, E. Kuskova y otros, que con posterioridad se hicieron
demócratas-constitucionalistas). La Protesta fue discutida y aprobada
unánimemente en una reunión de 17 marxistas desterra-dos, convocada por Lenin
en la aldea de Ermakóvskoe (comarca de Minusinsk). Las colonias de deportados
en Turujansk y Orlovo (provincia de Viatka) se adhirieron a la Protesta, que
Lenin envió después al extranjero, al gru-po Emancipación del Trabajo. A
comienzos de 1900 fue reproducida por Plejánov en la recopilación Vademécum
para la Redacción de Rabócheie Dielo.
33.2. Byloe (El Pasado): revista histórica,
dedicada principal-mente a la historia del populismo y de los movimientos
so-ciales que le precedieron. Se editó en Londres (1900-1904) y en Petersburgo
(1906-1907). En 1907 fue suspendida por el gobierno zarista, reapareciendo en
1908, en París, donde se publicó hasta 1912. Su edición en Rusia se reanudó en
1917, durando hasta 1926.
34. Rabóchaya
Mysl (El Pensamiento Obrero): periódico, órgano de los “economistas”; se
publicó desde octubre de 1897 hasta diciembre de 1902. Vieron la luz 16
números: los dos primeros, en Petersburgo; del número 3 al 11, en Berlín; del
12 al 15, en Varsovia, y el último, el 16, fuera de Rusia.
? QUE HACER?
Lenin criticó las concepciones de Rabóchaya Mysl
como varie-dad rusa del oportunismo internacional en una serie de obras,
principalmente en artículos aparecidos en Iskra, y en el libro ¿Qué hacer?
(véase el presente volumen).
35. El
Vademécum para la Redacción de Rabócheie Dielo. Reco-pilación editada por el
grupo Emancipación del Trabajo, con un Prefacio de J. Plejánov (Ginebra,
febrero de 1900), estaba dirigido contra el oportunismo en las filas del Posdr,
principalmente contra el “economismo” de la Unión de So-cialdemócratas Rusos en
el Extranjero y su órgano, la revista Rabócheie Dielo.
36. “Professión
de foi” (profesión de fe, programa, exposición de concepciones): hoja escrita a
fines de 1899 para exponer las concepciones oportunistas del Comité de Kiev del
Posdr. Su contenido coincidía en mucho con el conocido Credo de los
“economistas”. Lenin criticó este documento en su artículo A propósito de la
“Profession de foi”.
37. Por
lo que sabemos, la composición del comité de Kiev ha cambiado desde entonces.
38. Dos
congresos, pág. 10.
39. Dos
congresos, pág. 8, punto 1.
40. La
falta de vínculos claros con el partido y de tradiciones de partido constituye
por sí sola una diferencia tan cardinal entre Rusia y Alemania, que debería
haber puesto en guardia a todo socialista sensato contra cualquier imitación
ciega.
Pero he aquí una muestra de hasta dónde llega la
“libertad de crítica” en Rusia. Un crítico ruso, el señor Bulgákov, hace la
304 305
Vladimir Ilich Lenin
siguiente reprimenda al crítico austríaco Hertz:
“Pese a toda la independencia de sus conclusiones, Hertz sigue en este punto
(acerca de las cooperativas), según parece, demasiado atado por las opiniones
de su partido y, al disentir en los detalles, no se decide a desprenderse del
principio general” (El capita-lismo y la agricultura, t. II, p. 287). ¡Un
súbdito de un Estado esclavizado en el terreno político con una población que
el servilismo político y la absoluta incomprensión del honor de partido y de los
vínculos de partido tienen corrompida en el 999 por 1000, hace una reprimenda
altiva a un ciudadano de un Estado constitucional porque “lo atan demasiado las
opiniones del partido”! Lo único que les queda a nuestras organizaciones
clandestinas es ponerse a redactar resoluciones sobre la libertad de crítica…
41. Suplemento
especial de Rabóchaya Mysl: folleto editado por la Redacción del órgano
“economista” Rabóchaya Mysl en sep-tiembre de 1899. El folleto, en particular
el artículo “Nuestra realidad”, firmado por R M, exponía sin ambages las
concep-ciones oportunistas de los “economistas”. Lenin lo criticó en su
artículo “Una tendencia retrógrada en la socialdemocracia rusa” y en la
presente obra.
42. Del
anuncio sobre la publicación de Iskra.42.1
42.1. Véase V.I. Lenin. Obras completas, 5ta
edición en ruso, t. 4, p.
358 (Nota de los editores)
43. Grupo
Emancipación del Trabajo: primer grupo marxista ruso, fundado por J. Plejánov
en Ginebra, en 1883, hizo una gran labor de difusión del marxismo en Rusia.
En el II Congreso del Posdr, celebrado en agosto de
1903, el grupo Emancipación del trabajo declaró que dejaba de existir.
? QUE HACER?
44. El
III Congreso de la Unión de Socialdemócratas Rusos se celebró en Zurich, en la
segunda quincena de septiembre de 1901.
En él se aprobaron enmiendas y adiciones al
proyecto de acuerdo de unificación de las organizaciones de socialdemó-cratas
rusos en el extranjero, preparado por la Conferencia de Ginebra en junio del
mismo año. El Congreso aprobó también las Instrucciones para la redacción de
Rabócheie Dielo, que esti-mulaba a los revisionistas. Los acuerdos del Congreso
pusieron de manifiesto la preponderancia de las tendencias oportunistas entre
los dirigentes de la Unión y la negativa de estos a cumplir las resoluciones de
la Conferencia de junio.
45. Programa
de Gotha: programa aprobado pro el Partido Socialista Obrero de Alemania en su
Congreso de Gotha (1875), en el que se unificaron los dos partidos socialistas
alemanes existentes hasta entonces: los eisenacheanos (dirigidos por A. Bebel y
G. Liebknecht e influenciados ideológicamente por Marx y Engels) y los
lassallenaos. El programa adolecía de eclecticismo y era oportunista, ya que
los eisenacheanos hicieron concesiones a los lassalleanos en las cuestiones más
importantes y aceptaron sus fórmulas. Marx y Engels sometieron el proyecto del
Programa de Gotha a una crítica demoledora, viendo en él un considerable paso
atrás en comparación con el programa de Eisenach, apro-bado en 1869. (Véase C.
Marx y F. Engels. Obras Escogidas en tres tomos, t. III, pág. 5-38, ed. en
español, Moscú).
46. Dritter
Abdruck, Leipzig, 1875. Verlag der Genossenschafts-bu-chdruckerei (La guerra
campesina en Alemania, tercera edición, Leipzig, 1875. Editorial Cooperativa.
(Nota de los editores)
47. Lenin
cita un fragmento, traducido por él mismo, del prefacio de Engels a su obra La
guerra campesina en Alemania (Véase
C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en tres tomos,
t. II, pág.
179-181, ed. en español, Moscú).
306 307
Vladimir Ilich Lenin
48. Lenin
se refiere a las grandes huelgas declaradas por los obreros de Petersburgo en
1896. El movimiento huelguístico empezó el 23 de mayo en la importante empresa
textil de Kalinkin. Se extendió rápidamente a todas las fábricas textiles de
Pe-tersburgo y, luego, a las grandes empresas de construcción de maquinaria, de
goma papelera y azucarera. El proletariado de Petersburgo se alzó por vez
primera en un amplio frente de lucha contra los explotadores. Más de 30 mil
obreros tomaron parte en estas huelgas, que dirigió la Unión de Lucha por la
Emancipación de la Clase Obrera, de Petersburgo.
Las huelgas de Petersburgo contribuyeron a
desarrollar el mo-vimiento obrero en Moscú y otras ciudades de Rusia y
obliga-ron al gobierno zarista a acelerar la revisión de las leyes fabriles y a
promulgar la ley del 2 (14) de junio de 1897, reduciendo a once horas y media
la jornada de trabajo en las fábricas.
49. El
tradeunionismo en modo alguno descarta toda “política”, como se cree a veces.
Las tradeuniones han realizado siempre cierta agitación y cierta lucha política
(pero no socialdemócra-ta). En el capítulo siguiente expondremos la diferencia
existen-te entre política tradeunionista y política socialdemócrata.
50. La
Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, or-ganizada por Lenin en
el otoño de 1895, agrupaba a unos veinte círculos obreros marxistas de
Petersburgo. Toda su labor se basaba en los principios del centralismo y de una
rigurosa disciplina. Al frente de la Unión figuraba el Grupo Central, dirigido
por Lenin. Por vez primera en Rusia, la Unión de Lucha fusionó el socia-lismo
con el movimiento obrero. Dirigió el movimiento obrero, vinculando la lucha de
los trabajadores por sus reivindicacio-nes económicas con la lucha política
contra el zarismo y editó octavillas y folletos para los obreros. Las
publicaciones de la Unión de Lucha eran redactadas por Lenin, bajo cuya
direc-ción se preparó la publicación de Rabócheie Dielo, periódico
? QUE HACER?
de Petersburgo. Por iniciativa suya, los círculos
obreros se unificaron en uniones de lucha en Moscú, Kiev, Ekaterinoslav y otras
ciudades y regiones del país.
En la noche del 8 (20) de diciembre de 1895, fueron
detenidos gran parte de los miembros de la Unión, con Lenin al frente, y
confiscado el primer número de Rabócheie Dielo, preparado ya para la imprenta.
La importancia de la Unión de Lucha por la
Emancipación de la Clase Obrera, de Petersburgo, consiste, según expresión de
Lenin, en que fue el embrión del partido revolucionario que se apoya en el
movimiento obrero y dirige la lucha de clase del proletariado. En la segunda
mitad de 1898, la Unión de Lucha cayó en manos de los “economistas”, quienes a
través del periódico Rabóchaya Mysl propagaron las ideas del tradeunio-nismo y
el bernsteinianismo en su variante rusa. Sin embargo, los antiguos miembros de
la Unión que no fueron detenidos participaron en 1898 en la preparación y
celebración del I Congreso del Posdr y en la redacción del Manifiesto,
publicado más tarde, continuando las traiciones de la Unión de Lucha por la
Emancipación de la Clase Obrera que fundara Lenin.
51. AA
Vanéiev falleció en 1899, en Siberia Oriental, a causa de la tuberculosis que
contrajo cuando se hallaba incomunicado en prisión preventiva. Por eso hemos
tenido a bien publicar los datos que figuran en el texto, cuya autenticidad
garantizamos, pues proceden de gente que conocía personalmente a Vanéiev y
tenía intimidad con él.
52. Rússkaya
Stariná (La Antigüedad Rusa): revista de historia que apreció mensualmente en
Petersburgo desde 1870 hasta 1918. En ella se dedicaba gran espacio a la
publicación de memorias, diarios, apuntes y cartas de estadistas de Rusia y de
figuras
destacadas de la cultura, así como de documentos
diversos.
308 309
Vladimir Ilich Lenin
53. Véase
V.I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. II, pág. 75-80. (Nota de los
editores)
54. Se
alude a la represión de que fueron víctimas los huelguistas de la Gran
Manufactura de Yaroslavl el 27 de abril (9 de mayo) de 1895. La huelga, en la
que participaron 4 mil obreros, fue provocada por la decisión de la empresa de
establecer nue-vas tarifas que reducían los salarios. La huelga fue aplastada
cruelmente. El artículo sobre la huelga de Yaroslavl de 1895 lo escribió Lenin,
no se ha encontrado todavía.
55. S.
Petersburgski Rabochi Listok (Boletín Obrero de San Peters-burgo: órgano de la
Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, de Petersburgo. Se
publicaron dos números: el primero en febrero (con fecha de enero) de 1897, en
Rusia, y el segundo, en septiembre del mismo año, en Ginebra.
El periódico señaló la tarea de fundir la lucha
económica de la clase obrera con las amplias reivindicaciones políticas y
destacó la necesidad de crear el partido obrero.
56. “Al
repudiar la actividad de los socialdemócratas de fines de los años 90, Iskra no
tiene en cuenta que entonces falta-ban condiciones para toda labor que no fuera
la lucha por pequeñas reivindicaciones”, dicen los “economistas” en su Carta a
los órganos socialdemócratas rusos (Iskra, Núm. 12). Los hechos mencionados en
el texto demuestran que esta afirmación sobre la “falta de condiciones” es
diametralmente opuesta a la verdad. No sólo a fines, sino incluso a media-dos
de los años 90 existían de sobra todas las condiciones necesarias para otra
labor, además de la lucha por pequeñas reivindicaciones; todas las condiciones,
excepto una pre-paración suficiente de los dirigentes. Y en vez de reconocer
con franqueza esta falta de preparación por nuestra parte, por parte de los
ideólogos, de los dirigentes, los “economis-tas” quieren achacarlo todo a la
“falta de condiciones”, a la
? QUE HACER?
influencia del medio material, el cual determina un
camino del que ningún ideólogo conseguirá apartar el movimiento. ¿Qué es esto
sino servilismo ante la espontaneidad, apego de los “ideólogos” a sus propios
defectos?
57. La
“reunión privada” a la que alude Lenin se celebró en Pe-tersburgo entre el 14 y
el 17 de febrero (26 de febrero y 1° de marzo) de 1897. Asistieron a ella los
“viejos” —V. Lenin, A. Vanéiev, G. Krzhizhanovski y otros miembros de la Unión
de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, de Petersburgo, puestos en
libertad por tres días antes de salir para su lugar de deportación en Siberia—
y los “jóvenes”, que dirigían la Unión después de haber sido detenido Lenin.
58. Listok
Rabótnika (La Hoja de El Trabajador): Publicación no periódica de la Unión de
Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, editada en Ginebra desde 1896 hasta
1898. Vieron la luz diez números, los ocho primeros dirigidos por el grupo
Emancipación del Trabajo. En vista de que la mayoría de los miembros de la
Unión se pasó al campo de los “economistas”, el grupo se negó a dirigir la
publicación de la Unión, por lo que los números 9 y 10 de Listok (noviembre de
1898) aparecieron bajo la dirección de los “economistas”.
59. VI:
Vladimir Ivanshin, uno de los líderes del “economismo”.
60. Digamos
de paso que este elogio de Rabóchaya Mysl, en no-viembre de 1898, cuando el
“economismo” se había definido por completo, sobre todo en el extranjero,
partía del propio VI, que muy pronto formó parte del cuerpo de redactores de
Rabóchei Dielo. ¡Y Rabóchei Dielo todavía continuó negando la existencia de dos
tendencias en la socialdemocracia rusa,
como la sigue negando hoy!
310 311
Vladimir Ilich Lenin
61. Los
gendarmes zaristas vestían uniforme azul.
62. El
siguiente hecho característico prueba que esta comparación es justa. Después de
ser detenidos los “decembristas”, entre los obreros de la carretera de
Shlisselburgo se difundió la noticia de que había contribuido a ello el
provocador NN Mijáilov (un dentista), vinculado a un grupo que estaba en
contacto con los “decembristas”. Los obreros se indignaron de tal modo que
decidieron matar a Mijáilov.
63. Del
mismo editorial del primer número de Rabóchaba Mysl. Se puede juzgar por esto
cuál era la preparación teórica de esos “VV de la socialdemocracia rusa”, los
cuales repetían la burda vulgarización del “materialismo económico”, en tanto
que los marxistas hacían en sus publicaciones la guerra al auténtico señor VV,
llamado desde hacía tiempo “maestro en asuntos reaccionarios” por ese mismo
modo de concebir la relación entre la política y la economía.
64. Editorial
del Núm. 1 de R. Mysl.
65. Los
alemanes incluso tienen una palabra especial, “Nur-Gewerk-schaftler”, para
designar a los partidarios de la lucha “exclusivamente sindical”.
66. VV:
Seudónimo de Vasili Vorontsov, uno de los ideólogos del populismo liberal de
los años 80 y 90 del siglo XIX. Lenin de-nomina “V.V de la socialdemocracia
rusa” a los representantes del “economismo”, corriente oportunista en la
socialdemocra-cia de Rusia.
67. Subrayamos
“actuales” para quienes se encojan farisaicamente de hombros y digan: ¡ahora es
fácil denostrar a Rabóchaya
? QUE HACER?
Mysl cuando no es más que un arcaísmo! Mutato
nomine de te fabula narratur (“cambiando el nombre, la fábula habla de ti”. –
Nota de los editores), contestamos nosotros a esos fariseos contemporáneos cuya
completa sumisión servil a las ideas de Rab. Mysl será demostrada más adelante.
68. Carta
de los “economistas” en el Núm. 12 de Iskra.
69. Rabócheie
Dielo, Núm. 10.
70. Neue
Zeit, 1901-1902, XX, I, Núm. 3, pág. 79. El proyecto de la comisión a que se
refiere C. Kautsky fue aprobado por el Congreso de Viena70.1 (a fines del año
pasado) un tanto modificado.
70.1. En el Congreso de Viena del Partido
Socialdemócrata Aus-tríaco (2-6 de noviembre de 1901) se aprobó el nuevo
progra-ma del partido, en sustitución del viejo programa de Hainfeld (1888). En
el proyecto del nuevo programa que preparó una comisión especial por encargo
del Congreso de Brünn (1899), se hicieron serias concesiones al
bernsteinianismo.
71. Esto
no quiere decir, naturalmente, que los obreros no parti-cipen en esa
elaboración. Pero no participan como obreros, sino como teóricos del
socialismo, como los Proudhon y los Weitling; dicho con otras palabras, sólo
participan en el momento y en la medida en que logran, en grado mayor o menor,
dominar la ciencia de su siglo y hacerla avanzar. Y para que lo logren con
mayor frecuencia, es necesario pre-ocuparse lo más posible de elevar el nivel
de conciencia de los obreros en general; es necesario que estos no se encierren
en el marco, artificialmente restringido, de las “publicacio-
nes para obreros”, sino que aprendan a asimilar más
y más
312 313
Vladimir Ilich Lenin
las publicaciones generales. Incluso sería más
justo decir, en vez de “no se encierren”, que “no sean encerrados”, pues los
obreros leen y quieren leer cuanto se escribe también para los intelectuales, y
sólo ciertos intelectuales (de ínfima categoría) creen que “para los obreros”
basta relatar lo que ocurre en las fábricas y repetir cosas conocidas desde
hace ya mucho tiempo.
72. Sindicatos
de Hirsch-Duncker: organizaciones sindicales reformistas fundadas en Alemania
en 1868 por M. Hirsch y F. Duncker, dirigentes del partido progresista burgués.
Los organizadores de los sindicatos de Hirsch-Duncker propug-naban la “armonía”
de intereses del trabajo y del capital, por lo que consideraban posible que los
capitalistas pertenecieran a los sindicatos junto con los obreros. Negaban la
conveniencia de la lucha huelguística y afirmaban que los obreros podían
emanciparse de la opresión del capital en el marco de la propia sociedad
capitalista mediante la legislación del Estado burgués y con ayuda de la
organización sindical. Consideraban que la misión principal de los sindicatos
era servir de intermediario entre los obreros y los patronos y acumular
recursos pecu-niarios. Su actividad se circunscribía principalmente a las cajas
de ayuda mutua y a la labor cultural. Los sindicatos de Hirsch-Duncker, que
existieron hasta mayo de 1933, jamás fueron una fuerza seria en el movimiento
obrero alemán, pese a los esfuerzos de la burguesía y al apoyo de los
organismos gubernamentales. En 1933, los dirigentes oportunistas de los
sindicatos de Hirsch-Duncker ingresaron en el Frente de Trabajo fascista.
73. Se
dice a menudo que la clase obrera tiende espontáneamente al socialismo. Esto es
justo por completo en el sentido de que la teoría socialista determina, con más
profundidad y exactitud que ninguna otra, las causas de las calamidades que
padece la clase obrera, debido a lo cual los obreros la asimilan con tanta
? QUE HACER?
facilidad, siempre que esta teoría no ceda ante la
espontanei-dad, siempre que esta teoría supedite a la espontaneidad. Por lo
general, esto se sobreentiende, pero Rabóchei Dielo lo olvida y lo desfigura.
La clase obrera tiende al socialismo de manera espontánea; pero la ideología
burguesa, la más difundida (y re-sucitada sin cesar en las formas más
diversas), es, sin embargo, la que más se impone espontáneamente a los obreros.
74. “Grupo
de Autoemancipación de la clase obrera”: pequeño grupo de “economistas”; surgió
en Petersburgo en el otoño de 1898 y existió varios meses. Publicó un
manifiesto exponiendo sus objetivos —fechado en marzo de 1899 y aparecido en la
revista Nakanunie (La Víspera) en julio del mismo año—, sus estatutos y varias
proclamas dirigidas a los obreros.
75. En
torno a las tareas actuales y la táctica de los socialdemó-cratas rusos.
Ginebra, 1898, Dos cartas a Rabóchaya Gazeta, escritas en 1897.
76. La
polémica entre el grupo Emancipación del Trabajo y la Redacción de Rabócheie
Dielo se inició en abril de 1899 con la publicación, en el número 1 de dicho
periódico, de una reseña del folleto de Lenin Las tareas de los
socialdemócratas rusos (Ginebra, 1898). La Redacción de Rabócheie Dielo negaba
en la reseña el carácter oportunista de la Unión de Socialdemócratas Rusos en
el extranjero y la creciente influencia de los “econo-mistas” en las
organizaciones socialdemócratas de Rusia. Al mismo tiempo, afirmaba que “el
contenido del folleto coincide por completo con el programa de la Redacción de
Rabócheie Dielo” y que la Redacción ignoraba “a qué camaradas ‘jóvenes’ se
refiere Axelrod” en el prefacio al folleto.
En la Carta a la Redacción de Rabócheie Dielo,
escrita en agosto de 1889, P. Axelrod demostró la inconsistencia de los
intentos del periódico de identificar la posición de la socialdemocracia
314 315
Vladimir Ilich Lenin
revolucionaria (expuesta por Lenin en el folleto
Las tareas de los socialdemócratas rusos con la posición de los oportunistas
rusos y extranjeros. La polémica con Rabócheie Dielo continuó más tarde en las
páginas de Iskra y Zariá.
77. Nakanunie
(La Víspera): revista mensual de orientación populista, se editó en Londres, en
ruso, desde enero de 1899 hasta febrero de 1902, apareciendo 37 números. La
revista agrupó a su alrededor a representantes de diferentes partidos y
corrientes pequeñoburgueses.
78. Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 2, pág. 433-
470. (Nota
de los editores)
79. Defendiéndose,
Rabócheie Dielo completó su primera falsedad (“ignoramos a qué camaradas
jóvenes se ha referido PB Axel-rod”) con una segunda, al escribir en su
Respuesta: “Desde que apareció la reseña de Las tareas, entre algunos
socialdemócratas rusos han surgido o se han definido con mayor o menor claridad
tendencias hacia la unilateralidad económica, que significan un paso atrás en
comparación con el estado de nuestro movimiento esbozado en Las tareas” (pág.
9). Esto lo dice la Respuesta publi-cada en 1900. Pero el primer número de Rabócheie
Dielo (con la reseña) apareció en abril de 1899. ¿Es que el “economismo” surgió
sólo en 1899? No, en 1899 se oyó por vez primera la voz de protesta de los
socialdemócratas rusos contra el “economismo” (la protesta contra el Credo).
(Véase V.I. Lenin. Obras comple-tas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 163-176. –Nota
de los editores). El “economismo” surgió en 1897, como sabe muy bien Rabócheie
Dielo, pues, VI elogiaba a Rabóchaya Mysl ya en noviembre de 1898 (Listok
“Rabótnika”, Núm. 9-10).
80. Cursivas
de Rabóchei Dielo.
? QUE HACER?
81. Cursivas
nuestras.
82. Por
ejemplo, en ese artículo se expone con las siguientes palabras la “teoría de
las fases” o teoría de los “tímidos zigzags” en la lucha política: “Las
reivindicaciones políticas que, por su carácter, son comunes a toda Rusia
deben, sin embargo, durante los prime-ros tiempos81.1 corresponder a la
experiencia adquirida por el sector dado (¡sic!) de obreros en la lucha
económica. Sólo (!) tomando como base esta experiencia, se puede y se debe
iniciar la agitación política”, etc. (pág. 11). En la pág. 4, indignado el
autor por las acusaciones de herejía economista, carentes de todo fundamento,
según él, exclama con tono patético: “Pero, ¿qué socialdemócrata ignora que,
según la doctrina de Marx y Engels, los intereses económicos de las distintas
clases desem-peñan un papel decisivo en la historia y que, por tanto,81.2 en
particular la lucha del proletariado por sus intereses económicos debe tener
una importancia primordial para su desarrollo como clases y para su lucha
emancipadora?”. Este “por tanto” está completamente fuera de lugar. Del hecho
de que los intereses económicos desempeñan un papel decisivo en modo alguno se
deduce que la lucha económica (sindical) tenga una importancia primordial, pues
los intereses más esenciales y “decisivos” de las clases pueden satisfacerse en
general únicamente por medio de transformaciones políticas radicales, en
particular, el interés eco-nómico fundamental del proletariado sólo puede
beneficiarse por medio de una revolución política que sustituya la dictadura de
la burguesía con la dictadura del proletariado. B. Krichevski repite el
razonamiento de los “VV de la socialdemocracia rusa” (la política sigue a la
economía, etc.) y de los bernsteinianos de la alemana (por ejemplo, Woltmann
alegaba precisamente los mismos argumentos para tratar de demostrar que los
obreros, antes de pensar de una revolución política, deben adquirir una “fuerza
económica”).
82.1. Esto se escribe en agosto de 1900.
316 317
Vladimir Ilich Lenin
82.2. Cursivas nuestras.
83. Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 376. (Nota de los
editores)
84. Núm.
10, pág. 18.
85. Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 6-7. (Nota de los
editores)
86. Pág.
11; las cursivas son de Rabóchei Dielo.
87. Ein
Jahr der Verwirrung (Un Año de Confusión): así ha titulado Mehring el apartado
de su Historia de la socialdemocracia alemana en que describe los titubeos y la
indecisión que mani-festaron los socialistas en un principio, al elegir la
“táctica-plan” que correspondía a las nuevas condiciones.
88. Del
editorial del Núm. 1 de Iskra (Véase V.I. Lenin. Tareas urgentes de nuestro
movimiento. (Nota de los editores)
89. Se
alude al periódico Der Sozialdemokrat (El Socialdemócra-ta): órgano central del
Partido Socialdemócrata de Alemania durante el período de vigencia de la Ley de
excepción contra los socialistas. Se publicó en Zurich desde el 28 de
septiem-bre de 1879 hasta el 22 de septiembre de 1888, y en Londres desde el 1°
de octubre de 1888 hasta el 27 de septiembre de 1890. En 1879 y 1880 fue
dirigido por G. Vollmar, y desde enero de 1881, por C. Bernstein, sobre el que
Engels ejercía entonces gran influencia. La dirección ideológica de Engels
garantizaba la orientación marxista de Der Sozialdemokrat. Éste dejó de
publicarse al ser derogada la Ley de excepción contra los socialistas,
volviendo a ser órgano central del partido del periódico Vorwärts (Adelante).
? QUE HACER?
90. Pág.
18.
91. La
cursiva es de Rabócheie Dielo.
92. Jorge
Plejánov publicó con el seudónimo de N. Béltov su conocida obra Acerca del
desarrollo de la concepción monista de la historia, editada en Petersburgo en
1895.
93. Pág.
19.
94. Se
trata de la poesía satírica Himno del moderno socialista ruso, publicada en el
número 1 de Zariá (abril de 1901) por Y. Mártov con la firma de “Narciso
Tuporílov”. En ella ridicu-lizaba a los “economistas” por su adaptación al
movimiento espontáneo.
95. Rabóchei
Dielo, Núm. 10, pág. 23.
96. Dos
congresos, pág. 18.
97. Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 7-8 (Nota de los
editores).
98. Pág.
24.
99. Tampoco
debe olvidarse que, al resolver “en teoría” el problema del terrorismo, el
grupo Emancipación del Trabajo sintetizó la experiencia del movimiento
revolucionario anterior.
100. Pág.
29.
101. Pág.
63.
318 319
Vladimir Ilich Lenin
102. Ibíd.
103. Advertimos,
para evitar equívocos, que en la exposición que sigue entendemos por lucha
económica (según el uso arraigado entre nosotros) la “lucha económica práctica”
que Engels denominó, en la cita reproducida antes, “resistencia a los
capitalistas” y que en los países libres se llama lucha gremial, sindical o
tradeunionista.
104. En
este capítulo hablamos únicamente de la lucha política, de su concepción más
amplia o más estrecha. Por eso señalaremos sólo de paso, como un simple hecho
curioso, la acusación lan-zada por Rabóchei Dielo contra Iskra de “moderación
excesiva” con respecto a la lucha económica.104.1 Si los señores acusado-res
midieran por puds o por pliegos de imprenta (como gustan de hacerlo) la sección
de Iskra dedicada a la lucha económica durante el año y la compararan con la
misma sección de Ra-bóchei Dielo y Rabóchaya Mysl juntos, verían fácilmente
que, incluso en este sentido, están atrasados. Es evidente que el co-nocer esta
sencilla verdad les obliga a recurrir a argumentos que demuestran con claridad
su confusión. “Iskra —escriben—, quiéralo o no (!), tiene (!) que tomar en
consideración las demandas imperiosas de la vida y publicar, por lo menos (!),
cartas sobre el movimiento obrero”.104.2 ¡Menudo argumento para hacernos
trizas!
104.1. Dos congresos, pág. 27; acusación repetida
con machaco-nería por Martínov en su folleto “La socialdemocracia y la clase
obrera”.
104.2. Dos congresos, pág. 27.
105. Programa de Rabóchei Dielo, véase su número 1,
pág. 3.
? QUE HACER?
106. Martinóv
en el Núm. 10, pág. 42.
107. Resolución
del Congreso de la Unión107.1 y “enmiendas”: Dos congresos, pág. 11 y 17.
107.1. Se alude a la Unión de Socialdemócratas
Rusos en el Extranjero.
108. Decimos
“en general” porque en Rabóchei Dielo se trata pre-cisamente de los principios
generales y de las tareas generales de todo el partido. Es indudable que en la
práctica se dan casos en que la política debe, efectivamente, seguir a la
economía; pero sólo “economistas” pueden decir eso en una resolución para toda
Rusia. Porque hay también casos en que “desde el comienzo mismo” se puede hacer
agitación política “única-mente en el terreno económico”, pese a lo cual
Rabóchei Dielo ha llegado, por fin, a la conclusión de que “no hay ninguna
necesidad” de ello.108.1 En el capítulo siguiente probaremos que la táctica de
los “políticos” y de los revolucionarios, lejos de desconocer las tareas
tradeunionistas de la socialdemocracia, es, por el contrario, la única que
asegura su cumplimiento consecuente.
108.1. Dos congresos, pág. 11.
109. Jefes
de los zemstvos: cargo administrativo instituido por el gobierno zarista en
1889 con el propósito de afianzar el poder de los terratenientes sobre los
campesinos. Los zémskie nachálniki (“jefes de los zemstvos”) eran designados
entre los terratenientes nobles de cada lugar y gozaban de inmensas
atribuciones administrativas y judiciales sobre los campesinos, incluido el
derecho a encarcelarlos y someterlos a castigos
corporales.
320 321
Vladimir Ilich Lenin
110. Núm.
7, pág. 15 de agosto de 1900.
111. Dos
congresos, pág. 11.
112. La
Unión General Obrera Hebrea de Lituania, Polonia y Rusia (Bund) fue organizada
en 1897 en el congreso de cons-titución de los grupos socialdemócratas hebreos,
celebrado en Vilno; agrupaba principalmente a los artesanos semiproletarios
hebreos de las regiones occidentales de Rusia. Los bundistas seguían una
política oportunista, menchevique.
113. Expresiones
textuales del folleto Dos congresos, pág. 28, 30, 31 y 32.
114. Dos
congresos, pág. 32.
115. Rabóchei
Dielo, Núm. 10, pág. 60. Así aplica Martínov al estado caótico de nuestro
movimiento en la actualidad la tesis de que “cada paso de movimiento real es
más importante que una docena de programas”, cuya aplicación hemos analizado ya
antes. En el fondo, eso no es sino una traducción al ruso de la célebre frase
de Bernstein: “el movimiento lo es todo; el objetivo final, nada”.
116. Rabóchei
Dielo, Núm. 10, pág. 42-43.
117. Partidarios
de Rabócheie Dielo. (Nota de los editores)
118. Pág.
43: “Desde luego, si recomendamos a los obreros que presenten determinadas
reivindicaciones económicas al gobierno, lo hacemos porque el gobierno
autocrático está dispuesto, por necesidad, a hacer ciertas concesiones en el
terreno económico”.
? QUE HACER?
119. Pagos
de rescate: cantidades que, según el “Reglamento” del 19 de febrero de 1861
aboliendo el régimen de la servidumbre en Rusia, debían pagar los campesinos a
los terratenientes por los lotes de tierra que recibían. El total de los pagos
de rescate superaba en mucho el verdadero valor de los lotes y ascendía a unos
2 mil millones de rublos. Al abonar los pagos de rescate, los campesinos
pagaban, en realidad, a los terratenientes no sólo la tierra que venían
usufructuando desde tiempos inmemoriales, sino también su propia liberación.
Los abrumadores y desorbita-dos pagos de rescate provocaban la ruina y el
empobrecimiento en masa de los campesinos. El movimiento campesino durante el
período de la primera revolución rusa (1905-1907) obligó al go-bierno zarista a
abolir los pagos de rescate en enero de 1907.
120. Véase
V. I. Lenin, Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 297-319 (Nota de los
editores).
121. Martínov,
pág. 44.
122. Rabóchaya
Mysl, Suplemento especial, pág. 14.
123. Reichstag:
Parlamento alemán.
124. Pág.
52.
125. Pág.
15.
126. El
término mujik (en ruso), que significa “hombre”, era em-pleado para referirse a
los campesinos rusos, generalmente antes del año1917.
127. Martínov,
pág. 61.
322 323
Vladimir Ilich Lenin
128. Núm.
2, febrero (véase V. I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág.
391-396). (Nota de los editores)
129. La
exigencia de “dar a la lucha económica misma un carácter político” es la
manifestación más patente del culto a la espon-taneidad en la actividad
política. La lucha económica adquiere a menudo un carácter político de manera
espontánea, es decir, sin la intervención de los “intelectuales”, que son el
“bacilo revolucionario”, sin la intervención de los socialdemócratas
conscientes. Por ejemplo, la lucha económica de los obreros en Inglaterra
adquirió también un carácter político sin partici-pación alguna de los
socialistas. Ahora bien, la tarea de los so-cialdemócratas no se limita a la
agitación política en el terreno económico: su tarea es transformar esa
política tradeunionista en lucha política socialdemócrata, aprovechar los
destellos de conciencia política que la lucha económica ha hecho pe-netrar en
los obreros para elevar a estos al nivel de conciencia política
socialdemócrata. Pero los Martínov, en vez de elevar e impulsar la conciencia
política que se despierta de manera espontánea, se prosternan ante la
espontaneidad y repiten con machaconería, hasta dar náuseas, que la lucha
económica “incita” a los obreros a pensar en su falta de derechos políticos.
¡Es de lamentar, señores, que este despertar espontáneo de la conciencia
política tradeunionista no les “incite” a ustedes mismos a pensar en sus tareas
socialdemócratas!
130. Para
confirmar que todo este discurso de los obreros a los “economistas” no es una
invención gratuita nuestra, nos remitiremos a dos testigos que, sin duda,
conocen el mo-vimiento obrero directamente y no se inclinan, ni mucho menos, a
ser parciales con nosotros, los “dogmáticos”, pues uno de ellos es un
“economista” (¡que considera incluso a Rabócheie Dielo un órgano político!) y
el otro, un terrorista. El primer testigo es el autor de un artículo, notable
por su veracidad y viveza, publicado en el Núm. 6 de Rabóchei Dielo
? QUE HACER?
con el título “El movimiento obrero de San
Petersburgo y las tareas prácticas de la socialdemocracia”. Divide a los
obreros en: 1) revolucionarios conscientes; 2) sector intermedio, y
3) el
resto de la masa. Y resulta que el sector intermedio “a menudo se interesa más
por los problemas de la vida política que por sus intereses económicos
inmediatos cuya relación con las condiciones sociales generales ha sido
comprendida hace ya mucho”… Rabóchaya Mysl es “criticado con dureza”: “siempre
lo mismo, hace mucho que lo sabemos, hace mu-cho que lo leímos”, “tampoco esta
vez hay nada nuevo en la crónica política” (pág. 30-31). Pero incluso el tercer
sector, “la masa obrera más sensible, más joven, menos corrompida por la
taberna y por la iglesia, que casi nunca tiene posibi-lidad de conseguir un
libro de contenido político, habla a diestra y siniestra de los fenómenos de la
vida política y re-flexiona sobre las noticias fragmentarias acerca de un motín
de estudiantes”, etc. Y el terrorista escribe: “…Leen un par de veces unas
líneas dedicadas a minucias de la vida de las fábricas en ciudades que no son
las suyas y luego dejan de leer… Les aburre… No hablar en un periódico obrero
sobre el Estado… significa imaginarse que el obrero es un niño pequeño… El
obrero no es un niño” (Svoboda,130.1 ed. del Grupo Revolucionario-Socialista,
págs. 69-70).
130.1. Svoboda (Libertad): revista editada en Suiza
en 1901 y 1902 por el grupo del mismo nombre, fundado en mayo de 1901
y que se
denominaba grupo “revolucionario-socialista”. Apa-recieron dos números de la
revista: en 1901 y 1902. El grupo Svoboda no tenía “ideas, programa, táctica ni
organización firmes y serias, ni raíces en las masas” (véase V. I. Lenin.Acerca
del aventurerismo. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 25). En sus
publicaciones, el grupo Svoboda predicaba las ideas del “economismo” y del
terrorismo y apoyaba a las organizaciones
antiiskristas en Rusia. Dejó de existir en 1903.
324 325
Vladimir Ilich Lenin
131. Martínov
“se imagina otro dilema más real (?)” (La social-democracia y la clase obrera,
pág. 19): “O la socialdemocracia asume la dirección inmediata de la lucha
económica del pro-letariado y, con ello (!), la transforma en lucha
revolucionaria de clase”… “Con ello”, es decir, al parecer, con la dirección
inmediata de la lucha económica. Que nos indique Martínov dónde se ha visto
que, por el único y solo hecho de dirigir la lucha sindical, se haya logrado
transformar el movimiento tradeunionista en movimiento revolucionario de clase.
¿No caerá en la cuenta de que, para realizar esta “transformación”, debemos
asumir activamente la “dirección inmediata” de la agitación política omnímoda?…
“O bien otra perspectiva: La socialdemocracia abandona la dirección de la lucha
económica de los obreros y, con ello…, se corta las alas”… Según el juicio de
Rabóchei Dielo, antes citado, es Iskra la que “abandona”. Pero hemos visto que
Iskra hace para dirigir la lucha económica mucho más que Rabóchei Dielo y, por
añadidura, no se limita a eso ni restringe, en nombre de eso, sus tareas
políticas.
132. Renacimiento
del revolucionarismo, pág. 68.
133. Se
trata de la primavera de 1901, en la que comenzaron grandes manifestaciones en
las calles (Nota de Lenin para la edición de 1907. (Nota de los editores)
134. Pág.
39.
135. Pág.
38-39.
136. Pág.
41.
137. Pág.
41. Por ejemplo, durante la guerra franco-prusiana, Lie-bknecht dictó un
programa de acción para toda la democracia, cosa que Marx y Engels hicieron en
mayor escala en 1848.
? QUE HACER?
138. Pág.
42.
139. Pág.
43.
140. Pág.
40.
141. Pág.
61.
142. Pág.
61.
143. Pág.
63.
144. Pág.
63.
145. Pág.
63.
146. Véase
C. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista. Obras escogidas en tres
tomos, t. I, pág. 140, ed. en español, Moscú.
147. Dos
congresos, pág. 17. La cursiva es nuestra.
148. Las
cursivas son nuestras.
149. Pág.
63.
150. Pág.
63.
151. Iskra,
Núm. 4, mayo de 1901.
326 327
Vladimir Ilich Lenin
152. Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 10-11. (Nota de los
editores)
153. En el
número 7 de Iskra (agosto de 1901), en la sección “Crónica del movimiento
obrero y cartas de fábricas y talleres”, se publicó una carta de un obrero
tejedor de Petersburgo que testimonia la inmensa influencia de la Iskra
leninista sobre los obreros avanzados.
“… He mostrado Iskra a muchos camaradas y todo el
número se ha deshecho en pedazos, ¡pero es tan valioso!” —escribía el autor de
la carta—. Se habla en él de nuestra causa, de toda la causa rusa, cuyo valor
no se puede medir con kopeks ni determinar con horas… El domingo pasado reuní a
once personas y les leí “¿Por dónde empezar?”; no nos separamos hasta bien
entrada la noche. ¡Qué verdad es todo lo que dice, cómo se cala en todo!…
Queremos escribir una carta a su Iskra para que no sólo enseñe cómo hay que empezar,
sino cómo hay que vivir y morir”.
154. La
falta de espacio nos ha impedido responder circunstancial-mente en Iskra a esta
carta, tan típica de los “economistas”. Su aparición nos causó verdadero
júbilo, pues hacía ya mucho que llegaban hasta nosotros, desde los lados más
diversos, dimes y diretes acerca de que Iskra carecía de un consecuente punto
de vista de clase, y sólo esperábamos una ocasión propicia, o la expresión
cristalizada de esta acusación en boga, para darle una respuesta. Y tenemos por
costumbre contestar a los ataques no con la defensiva, sino con contraataques.
155. Números
2 y 4 de Iskra.
156. Y
durante el período comprendido entre estos artículos, se ha publicado otro
dedicado especialmente a los antagonismos de clase en el campo.156.1 (Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 429-437. (Nota de los
editores)
? QUE HACER?
156.1. Iskra, Núm. 3.
157. Iskra,
Núm. 2. —Véase V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 391-396.
(Nota de los editores)
158. Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 429-437. (Nota de los
editores)
159. Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 87-92 (Nota de los
editores).
160. Idem,
pág. 93-94. (Nota de los editores)
161. Rossía
(Rusia): diario liberal moderado. Se publicó en Pe-tersburgo desde 1899 hasta
1902, alcanzando gran difusión en los medios burgueses de la sociedad rusa.
162. Núm.
5: Correría policíaca contra la literatura.
163. Véase
V.I. Lenin. Una preciosa confesión. (Nota de los editores)
164. Dos
congresos, pág. 30.
165. Pág.
31.
166. Pág.
33.
167. Dos
congresos, pág. 32. Y a renglón seguido, se alude a “las condiciones concretas
rusas, que empujan fatalmente el movimiento obrero al camino revolucionario”.
¡No se quiere
comprender que el camino revolucionario del
movimiento
328 329
Vladimir Ilich Lenin
obrero puede no ser aún el camino socialdemócrata!
Bajo el absolutismo, toda la burguesía de Europa Occidental “empujaba”,
empujaba conscientemente a los obreros al ca-mino revolucionario. Pero los
socialdemócratas no podemos contentarnos con eso. Y si rebajamos de una u otra
forma la política socialdemócrata al nivel de la política espontánea, de la
política tradeunionista, con ello, precisamente, haremos el juego a la
democracia burguesa.
168. Brentano,
Lujo (1844-1931): economista burgués alemán partidario del llamado “socialismo
estatal”. Afirmaba que la igualdad social era posible en el marco del
capitalismo por medio de reformas y de la conciliación de los intereses de los
capitalistas y los obreros. Encubriéndose con frases marxistas, Brentano y sus
adeptos intentaban subordinar el movimiento obrero a los intereses de la
burguesía.
169. B-v:
Boris Sávinkov, uno de los dirigentes del partido socia-lrrevolucionario, de
carácter pequeñoburgués.
170. Las
cursivas son nuestras. (Nota de los editores)
171. Se
alude al grupo Lucha del Trabajo contra el Capital, organi-zado en Petersburgo
en la primavera de 1899. Estaba formado por algunos obreros e intelectuales,
carecía de estrechos vín-culos con el movimiento obrero de Petersburgo y se
disolvió en el verano de 1899, al ser detenidos casi todos sus compo-nentes.
Por sus opiniones estaba muy cerca del “economismo”. El grupo editó una hoja,
titulada “Nuestro programa”, que no llegó a difundirse, a causa de las
detenciones.
172. Rabóchaya
Mysl y Rabóchei Dielo, sobre todo la Respuesta a Plejánov.
? QUE HACER?
173. ¿Quién
hará la revolución política? Es un folleto publicado en Rusia en la
recopilación La lucha proletaria y reeditado por el comité de Kíev.
174. Renacimiento
del revolucionarismo y Svoboda.
175. Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 6. (Nota de los
editores)
176. Rabóchei
Dielo, Núm. 10, pág. 15.
177. NN:
Serguéi Prokopóvich, “economista” activo, más tarde
demócrata-constitucionalista.
178. Vademécum,
pág. 59.
179. Se
trata, por lo visto, de la primera entrevista de Lenin con A. Martínov, que
tuvo lugar en 1901.
180. Libre,
amplia. (Nota de los editores)
181. Struvismo:
es decir, marxismo legal (según el nombre de su representante principal, Piotr
Struve).
182. Afanasi
Ivánovich y Puljeria Ivánovna: familia patriarcal de pequeños terratenientes,
descrita en la novela Terratenientes de antaño, del conocido escritor ruso
Nicolás Gógol.
183. La
lucha de Iskra contra la cizaña ha originado esta airada salida de tono de
Rabóchei Dielo: “Para Iskra, en cambio, estos
importantes acontecimientos (los de la primavera)
son rasgos
330 331
Vladimir Ilich Lenin
menos característicos de la época que las
miserables tentati-vas de los agentes de Zubátov de “legalizar” el movimiento
obrero. Iskra no ve que estos hechos se vuelven precisamente contra ella y
prueban que el movimiento obrero ha alcanzado, a juicio del gobierno,
proporciones muy amenazadoras” (Dos congresos, pág. 27). La culpa de todo la
tiene el “dogmatismo” de estos ortodoxos, “sordos a las exigencias imperiosas
de la vida”. ¡Se obstinan en no ver trigo de un metro de alto para hacer la
guerra a cizaña de un centímetro! ¿No es esto un “sen-tido deformado de la
perspectiva con respecto al movimiento obrero ruso” (ibíd., pág. 27)?
184. Listok
Rabótnika, Núm. 9-10, pág. 46, del Núm. 1 de Rabó-chaya Mysl.
185. Boletín
especial, impreso en San Petersburgo y mencionado en el Núm. 1 de Iskra.
186. Aprieto
de abundancia. (Nota de los editores)
187. Ivánushka:
personaje de los cuentos populares rusos. (Nota de los editores)
188. Aquí
nos limitaremos a advertir que cuanto hemos dicho respecto al “estímulo desde
fuera” y a los demás razonamientos de Svoboda sobre organización es aplicable
por entero a todos los “economistas”, comprendidos los adeptos de Rabócheie
Dielo, pues, en parte, han preconizado y sostenido activamente estos puntos de
vista sobre los problemas de organización o, en parte, han caído en ellos.
189. Este
término sería, quizá, más justo que el precedente en lo que se refiere a
Svoboda, pues en “Renacimiento del revo-
? QUE HACER?
lucionarismo” se defiende del terrorismo; y en el
artículo en cuestión, el “economismo”. “No las quiero, no están maduras”,
puede, en general, decirse de Svoboda. Tiene buenas aptitu-des y las mejores
intenciones, pero el único resultado es la confusión; confusión,
principalmente, porque, al defender la continuidad de la organización, Svoboda
no quiere saber nada de continuidad del pensamiento revolucionario y de la
teoría socialdemócrata. Esforzarse por resucitar al revolucio-nario profesional
(“Renacimiento del revolucionarismo”) y proponer para eso, primero, el
terrorismo excitante y, segun-do, la “organización de los obreros medios”
(Svoboda, Núm. 1, pág. 66 y siguientes), menos “estimulados” desde fuera,
equivale, en verdad, a derribar la casa propia para tener leña con qué
calentarla.
190. Lenin
alude al círculo de socialdemócratas petersburgueses (“los viejos”) encabezado
por él. Sobre la base de este círculo se fundó en 1895 la Unión de Lucha por la
Emancipación de la Clase Obrera.
191. Rabóchei
Dielo, Núm. 6, pág. 38-39.
192. Entre
los militantes, por ejemplo, se observa en los últimos tiempos una reanimación
indudable del espíritu democrático, en parte a causa de los combates de calle,
cada vez más frecuen-tes, contra “enemigos” como los obreros y los estudiantes.
Y en cuanto nos lo permitan nuestras fuerzas, deberemos dedicar sin falta la
mayor atención a la labor de agitación y propaganda entre los soldados y
oficiales, a la creación de “organizaciones militares” afiliadas a nuestro
partido.
193. Recuerdo
que un camarada me refirió un día que un inspector fabril, que había ayudado a
la socialdemocracia y estaba dis-
puesto a seguir ayudándola, se quejaba amargamente,
diciendo
332 333
Vladimir Ilich Lenin
que no sabía si su “información” llegaba a un
verdadero centro revolucionario, hasta qué punto era necesaria su ayuda ni
hasta qué punto era posible utilizar sus pequeños y menudos servicios. Todo
militante dedicado a la labor práctica podría citar, sin duda, más de un caso
semejante, en que nuestros métodos primitivos de trabajo nos han privado de
aliados. ¡Pero los empleados y los funcionarios podrían prestarnos, y nos
prestarían, “pequeños” servicios, que en conjunto serían de un valor
inapreciable, no sólo en las fábricas, sino en correos, en ferrocarriles, en
aduanas, entre la nobleza, en la iglesia y en todos los demás sitios, incluso
en la policía y hasta en la corte! Si tuviéramos ya un verdadero partido, una
organización verda-deramente combativa de revolucionarios, no arriesgaríamos a
todos esos “auxiliares”, no nos apresuraríamos a introducirlos siempre y sin
falta en el corazón mismo de las “actividades clandestinas”; al contrario, los
cuidaríamos de un modo sin-gular, e incluso prepararíamos especialmente a
personas para esas funciones, recordando que muchos estudiantes podrían sernos
más útiles como funcionarios “auxiliares” que como revolucionarios “a breve
plazo”. Pero, vuelvo a repetirlo, sólo puede aplicar esta táctica una
organización completamente firme y que no tenga escasez de fuerzas activas.
194. Svoboda,
Núm. 1, artículo: “La organización”, pág. 66: “La masa obrera apoyará con todo
su peso todas las reivindica-ciones que sean formuladas en nombre del Trabajo
de Rusia” (¡Trabajo con mayúsculas sin falta!). Y el mismo autor excla-ma: “Yo
no les tengo ninguna rabia a los intelectuales, pero… “(éste es el pero que
Schedrían traducía con las palabras: ¡de puntillas no se es más alto!) …pero me
pongo terriblemente furioso cuando viene una persona a contarme una retahíla de
cosas muy bonitas y buenas y me hace que las crea por su (¿de él?) lindeza y
demás méritos” (pág. 62). También yo “me pongo terriblemente furioso”…
? QUE HACER?
195. Tierra
y Libertad: organización secreta de populistas re-volucionarios, fundada en
Petersburgo en el otoño de 1876. Sus componentes consideraban a los campesinos
como la fuerza revolucionaria fundamental de Rusia y trataban de alzarlos a la
insurrección contra le zarismo. Efectuaron una labor revolucionaria en diversas
provincias de Rusia: Tambov, Vorónezh, etc.
El fracaso de la labor revolucionaria entre los
campesinos y el recrudecimiento de la represión gubernamental contribuye-ron a
que en 1879 se formase en el seno de Tierra y Libertad un grupo de terroristas,
que renunciaron a la propaganda revolucionaria entre los campesinos y
proclamaron que el medio principal de lucha revolucionaria con el zarismo era
el terrorismo contra los gobernantes zaristas. En el Congreso celebrado aquel
mismo año en Vorónezh, Tierra y Libertad se escindió en dos organizaciones: la Voluntad
del Pueblo, que emprendió el camino del terror, y el Reparto Negro, que
man-tuvo las posiciones de Tierra y Libertad. Con posterioridad, una parte de
los componentes de el Reparto Negro —Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Deich e
Ignátov— abrazaron el marxismo y en 1883 fundaron en el extranjero la primera
organización marxista rusa: el grupo Emancipación del Trabajo.
196. Rabóchei
Dielo, Núm. 10, pág. 18.
197. Véase
Las tareas de los socialdemócratas rusos, pág. 21, la polé-mica contra P. L.
Lavrov. (Véase V. I. Lenin. Obras completas, 5ª Edic. en ruso, t. 2, pág. 451.
Nota de los editores)
198. Las
tareas de los socialdemócratas rusos, pág. 23 (véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 2, pág. 451. —Nota de los editores). Por cierto,
he aquí otro ejemplo de cómo Rabóchei Dielo no comprende lo que dice, o cambia
de opinión “según
de donde sople el viento”. En el número 1 de
Rabóchei Dielo,
334 335
Vladimir Ilich Lenin
se dice en cursiva: “El contenido del folleto que
acabamos de exponer coincide plenamente con el programa de la redacción de
Rabóchie Dielo” (pág. 142). ¿Es cierto eso? ¿Coincide con Las tareas de los
socialdemócratas rusos la idea de que no se puede plantear al movimiento de
masas como primera tarea derrocar la autocracia? ¿Coincide con ellas la teoría
de la “lu-cha económica contra los patronos y el gobierno”? ¿Coincide la teoría
de las fases? Que el lector juzgue de la firmeza de principios de un órgano que
comprende la “coincidencia” de manera tan original.
199. VZ, en
Zariá, Núm. 2-3, pág. 353.
200. Dos
congresos, pág. 18.
201. Rabóchei
Dielo, Núm. 6, pág. 42.
202. En:
Número 7 de Nakanunie, julio de 1899.
203. Svoboda,
Núm. 1, pág. 67.
204. Véase
el Informe presentado al Congreso de París,204.1 (pág. 14): “Desde entonces
(1897) hasta la primavera de 1900 fueron publicados en diversos puntos 30
números de varios periódicos… Por término medio, aparecería más de un nú-mero
al mes”.
204.1. Se alude el folleto Informe sobre el
Movimiento Socialde-mócrata Ruso al Congreso Socialista Internacional,
celebrado en París en 1900 (edición de la Unión de Socialdemócratas Rusos,
Ginebra, 1901). El informe lo escribió la Redacción de Rabócheie Dielo por
encargo de la Unión.
? QUE HACER?
205. Esta
dificultad es sólo aparente. En realidad, no hay círculo local que no pueda
asumir con energía una u otra función del trabajo a escala nacional. “No digas
que no puedes, sino que no quieres”.
206. Núm.
1, pág. 68.
207. Pág.
69.
208. Por
esta razón, incluso el ejemplo de los órganos locales de excepcional valía
confirma totalmente nuestro punto de vista. Por ejemplo, Yuzhni Rabochi208.1 es
un excelente periódico, al que no se puede acusar de falta de firmeza en los
principios. Pero como sale rara vez, y las redadas son muy frecuentes, no ha
podido dar al movimiento local todo lo que pretendía. Lo más apremiante para el
partido en estos momentos —plantear con firmeza de principios los problemas
fundamentales del movimiento y desplegar una agitación política en todos los
sentidos— ha sido superior a las fuerzas de ese órgano local. Lo muy bueno que
ha dado, como los artículos sobre el con-greso de los industriales mineros,
sobre el paro, etc., no era de carácter estrictamente local, sino necesario
para toda Rusia, y no sólo para el Sur. Artículos como esos no los ha habido en
toda nuestra prensa socialdemócrata.
208.1. Yuzhni Rabochi (El Obrero del Sur):
periódico socialde-mócrata, editado clandestinamente por el grupo del mismo
nombre desde enero de 1900 hasta abril de 1902. Aparecieron 12 números, que
fueron difundidos sobre todo en las organi-zaciones socialdemócratas del sur de
Rusia.
209. Los datos legales tienen especial importancia
en este sentido, y estamos particularmente atrasados en lo que se refiere a
saber
336 337
Vladimir Ilich Lenin
recogerlos y utilizarlos sistemáticamente. No será
exagerado decir que sólo con datos legales puede llegar a confeccionarse más o
menos un folleto sindical, mientras que es imposible hacerlo con datos ilegales
nada más. Recogiendo entre los obreros datos ilegales sobre problemas como los
que ha tratado Rabóchaya Mysl,209.1 derrocharemos en vano una inmensidad de
fuerzas de un revolucionario (al que fácilmente puede sustituir en este trabajo
un militante legal) y, a pesar de todo, no obtenemos nunca buenos datos, porque
los obreros, que generalmente sólo conocen una sección de una gran fábrica y
que casi siempre sólo conocen los resultados económicos, pero no las normas ni
las condiciones generales de su trabajo, no pueden adquirir los conocimientos
que suelen tener los empleados, inspectores, médicos fabriles, etc., y que
están profusamente diseminados en crónicas periodísticas y pu-blicaciones
especiales de carácter industrial, sanitario, de los zemstvos, etc.
Recuerdo como si fuera ahora mismo mi “primer
experimen-to”, que no me dejó ganas de repetirlo nunca. Me entretuve durante
muchas semanas en interrogar “con apasionamiento” a un obrero que venía a verme
sobre todos los detalles de la vida en la enorme fábrica donde él trabajaba.
Verdad es que, aún con grandísimas dificultades, conseguí más o menos compo-ner
la descripción (¡sólo de una fábrica!), pero sucedía que el obrero, limpiándose
el sudor, decía con una sonrisa al final de nuestro trabajo: “¡Me cuesta menos
trabajar horas extra que contestarle a sus preguntas!”.
Cuanto más energía pongamos en la lucha
revolucionaria, tanto más obligado se verá el gobierno a legalizar una parte de
la labor “sindical”, desembarazándonos así de parte de la carga que pesa sobre
nosotros.
209.1. Lenin se refiere a la hoja Cuestionario
sobre la situación de la clase obrera de Rusia (1898) y al folleto Cuestionario
para reunir datos acerca de la situación de la clase obrera en Rusia
? QUE HACER?
(1899), publicados por la Redacción de Rabóchaya
Mysl. La hoja contenía 17 preguntas, y el folleto, 158, acerca de las
condiciones de trabajo y de vida de los obreros.
210. El
movimiento huelguístico de 1885 afectó a numerosas empresas de la industria
textil de las provincias de Vladímir, Moscú, Tver y otras regiones del centro
industrial del país. La más famosa fue la declarada por los obreros de la
manufactura Nikólskoe, de Savva Morózov (huelga de Morózov), en enero de 1885.
Entre las reivindicaciones principales de los obreros figuraban la disminución
de las multas y la reglamentación de las condiciones de contratación. Las
tropas aplastaron la huelga de Morózov, en la que participaron cerca de 8 mil
trabajadores bajo la dirección de obreros avanzados; 33 huelguistas fueron
entregados a los tribunales, y más de 600, deportados. El movimiento
huelguístico de 1885 y 1886 obligó al gobierno zarista a promulgar la ley del 3
(15) de junio de 1886 (la lla-mada “ley de multas”).
211. Véase
la nota Núm. 46.
212. Rabóchei
Dielo, Núm. 10, pág. 30.
213. Loc.
cit., pág. 61.
214. Pág.
126.
215. En la
recopilación En doce años, Lenin suprimió el apartado “a)” del capítulo quinto,
insertando la siguiente nota: “En la presente edición se suprime el apartado
“a)”: “A quién ha ofendido el artículo “¿Por dónde empezar?”, pues contiene
exclusivamente una polémica con Rabócheie Dielo y el Bund
en torno a los intentos de Iskra de “mandar”, etc.
En este
338 339
Vladimir Ilich Lenin
apartado se decía, entre otras cosas, que el propio
Bund había invitado (en 1898-1899) a los miembros de Iskra a reanudar la
publicación del órgano central del partido y organizar un “laboratorio
literario”. (Nota de los editores)
216. En
proceso de gestación, de surgimiento. (Nota de los editores)
217. Iskra,
Núm. 8, Respuesta del Comité Central de la Unión General Obrera Hebrea de Rusia
y de Polonia a nuestro artí-culo sobre el problema nacional.
218. Enumeramos
deliberadamente estos hechos en orden dis-tinto de cómo ocurrieron.218.1
218.1. Lenin hace esta observación con fines
conspirativos. Los hechos son presentados precisamente en el orden en que
sucedieron.
219. Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª Ed. en ruso, t. 2, pág. 433-470 y 263-314 (Nota
de los editores).
220. En el
verano de 1897, la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, de
Petersburgo, propuso a Lenin (deste-rrado entonces en Siberia, en el pueblo de
Shúshenskoe) que participase en la creación de una serie especial de libros
para los obreros. Lenin escribió los folletos mencionados en el texto, que
fueron editados en Ginebra: Las tareas de los socialdemó-cratas rusos (1898) y
La nueva ley de fábricas (1899).
221. Dicho
sea de paso, el autor de este folleto me pide que haga saber que, lo mismo que
sus folletos anteriores, el presente fue enviado a la Unión, suponiendo que el
grupo Emancipa-ción del Trabajo redactaría sus publicaciones (circunstancias
? QUE HACER?
especiales no le permitían conocer entonces, es
decir, en febrero de 1899, el cambio operado en la redacción). Lo reeditará en
breve la Liga.221.1
221.1. La Liga de la Socialdemocracia
Revolucionaria Rusa en el Extranjero se fundó en octubre de 1901, por
iniciativa de Lenin, formando parte de ella la organización de Iskra en el
extranjero y la organización revolucionaria Sotsial-Demokrat (en la que entraba
el grupo Emancipación del Trabajo). La Liga tenía por misión las ideas de la
socialdemocracia revolucionaria y contribuir a constituir una organización
socialdemócrata combativa. La Liga representaba a la organización de Iskra en
el extranjero. Unía a los socialdemócratas rusos emigrados partidarios de
Iskra, ayudaba económicamente al periódico, organizaba su envío a Rusia y
editaba obras de divulgación marxista. Publicó también varios boletines y
folletos. El II Congreso del Posdr la confirmó como única organización del
partido en el extranjero, encargándole actuar bajo al dirección y el control
del Comité Central del Posdr.
Después del II Congreso del partido, los
mencheviques se atrincheraron en la Liga y lucharon contra Lenin, contra los
bolcheviques. En el II Congreso de la Liga (octubre de 1903), calumniaron a los
bolcheviques, después de lo cual Lenin y sus adeptos se retiraron del Congreso.
Los mencheviques adoptaron unos nuevos estatutos de la Liga, opuestos a los
estatutos del partido aprobados en el II Congreso del Posdr. Desde entonces, la
Liga se convirtió en un baluarte del men-chevismo. Existió hasta 1905.
222. Véase
V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 182-186, 187-192 y
193-198. (Nota de los editores).
223. En
1899, por iniciativa del Comité Central del Bund, se inten-tó reanudar la
publicación de Rabóchaya Gazeta. Lenin escribió
para el número 3 de este periódico los artículos
citados.
340 341
Vladimir Ilich Lenin
224. A
iniciativa del Comité de Ekaterinoslav del Posdr, apo-yado por el Bund y la
Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, a comienzos de 1900 se
intentó convocar el II Congreso del partido, restablecer el Comité Central y
reanudar la publicación del órgano central del partido, Rabóchaya Gazeta. En
febrero de 1900 se trasladó a Moscú Lalayants, miembro del Comité de
Ekaterinoslav, para sos-tener conversaciones con Lenin. Lalayants propuso al
grupo de Iskra —Lenin, Mártov y Potrésov— que participase en el Congreso y se
encargase de dirigir Rabóchaya Gazeta. Lenin y el grupo Emancipación del
Trabajo consideraban prematura la convocatoria del Congreso; sin embargo, el
grupo Eman-cipación del Trabajo no pudo negarse a participar en él, por lo que
encargó a Lenin de representarle, enviándole desde el extranjero la
correspondiente credencial. Pero las detencio-nes en masa efectuadas por la
policía en abril y mayo de 1900 impidieron la celebración del Congreso. A
Smolensk, donde debía tener lugar, llegaron únicamente los representantes del
Bund, de la redacción de Yuzhni Rabochi y de la Unión de Socialdemócratas Rusos
en el Extranjero.
225. En
vísperas de la revolución, pág. 54.
226. En
vísperas, pág. 129.
227. ¡Camarada
Krichevski! ¡Camarada Martínov! Llamo la atención de ustedes sobre esta
manifestación escandalosa de “absolutismo”, de “autoridad sin control”, de
“reglamentación soberana”, etc. Fíjense: ¡quiere poseer toda la cadena!
Apresú-rense a presentar querella. Ya tienen tema para dos artículos de fondo
en el número 12 de Rabócheie Dielo.
228. Al
insertar en Rabócheie Dielo la primera frase de esta cita (Núm. 10, pág. 62),
Martínov ha omitido precisamente la
? QUE HACER?
segunda frase, como subrayando así que no quiere
meterse en honduras o que es incapaz de comprender el fondo de la cuestión.
229. Con
una salvedad: siempre que simpatice con la orientación de este periódico y
considere útil a la causa ser su colaborador, entendiendo por ello no solamente
la colaboración literaria, sino toda la colaboración revolucionaria en general.
Nota para Rabócheie Dielo: esta salvedad se sobrentiende para los
revolu-cionarios que aprecian el trabajo y no el juego a la democracia, que no
hacen distinción entre ser “simpatizante” y participar de la manera más activa
y real.
230. Andrei
Zheliabov: fue uno de los participantes en el atentado contra el emperador de
Rusia Alejandro II, fue arrestado a la víspera, el 27 de febrero. Lo planeado
era que si el zar sobrevivía a la explosión, Zheliabov lo asesinaría con una
daga.
231. August
Bebel (1840-1913) fue un destacado dirigente so-cialdemócrata alemán.
232. Lenin
cita el artículo de D. Písarev “Errores de un pensa-miento en agraz”.
233. Listok
Rabóchego Diela (La hoja de Rabócheie Dielo): Suple-mento no periódico de la
revista Rabócheie Dielo; se editó en Ginebra desde junio de 1900 hasta julio de
1901, apareciendo únicamente ocho números.
234. Veche:
asamblea popular en la antigua Rusia, para la que se
convocaba al toque de campana. (Nota de los
editores)
342 343
Vladimir Ilich Lenin
235. Lenin
alude al siguiente pasaje de la obra de Carlos Marx El Dieciocho Brumario de
Luis Bonaparte: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y
personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces.
Pero olvidó agregar; una vez como tragedia y otra vez como farsa” (véase C.
Marx y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos, t. I, pág. 408, ed. en
español, Moscú).
236. Subrayado
del autor — Nota de los editores.
237. En
vísperas de la revolución, pág. 62.
238. Dicho
sea de paso, L. Nadiezhdin no dice casi nada de los problemas de teoría en su
“revista de cuestiones teóricas”, si prescindimos del siguiente pasaje,
sumamente curioso “desde el punto de vista de En vísperas de la revolución”:
“La bernstei-niada en su conjunto pierde para nuestro momento su carácter
agudo, como lo mismo nos da que el señor Adamóvich de-muestre que el señor
Struve debe presentar la dimisión o que, por el contrario, el señor Struve
desmienta al señor Adamóvich y no consienta en dimitir. Nos da absolutamente
igual, porque ha sonado la hora decisiva de la revolución” (pág. 110). Sería
difícil describir con mayor relieve la despreocupación infinita de L.
Nadiezhdin por la teoría. ¡Como hemos proclamado que estamos en “vísperas de la
revolución”, “nos da absolutamente lo mismo” que los ortodoxos logren o no
desalojar definitiva-mente de sus posiciones a los críticos! ¡Y nuestro sabio
no se percata de que, precisamente durante la revolución, nos harán falta los
resultados de la lucha teórica contra los críticos para luchar resueltamente
contra sus posiciones prácticas!
239. Iskra, Núm. 4: ¿Por dónde empezar? “Un trabajo
largo no asusta a los revolucionarios culturalistas que no comparten el punto
de vista de En vísperas de la revolución”, escribe Na-
? QUE HACER?
diezhdin (pág. 62). Con este motivo, haremos la
siguiente observación: si no sabemos elaborar una táctica política y un plan de
organización orientados sin falta hacia una labor muy larga y que al mismo
tiempo aseguren, por el propio proceso de este trabajo, la disposición de
nuestro partido a ocupar su puesto y cumplir con su deber en cualquier
circunstancia imprevista, por más que se precipiten los acontecimientos,
seremos simplemente unos deplorables aventureros políticos. Sólo Nadiezhdin,
que ha empezado a llamarse socialdemócrata desde ayer, puede olvidar que el
objetivo de la socialdemo-cracia consiste en transformar de raíz las
condiciones de vida de toda la humanidad, por lo cual es imperdonable que un
socialdemócrata se “asuste” por lo largo del trabajo.
240. Genízaros:
infantería regular en la Turquía de los sultanes, creada en el siglo XIV. Era
la fuerza policíaca principal y se distinguía por su crueldad excepcional. Los
regimientos de genízaros fueron disueltos en 1826. Lenin llamaba genízaros a
los policías zaristas.
241. ¡Ay!
¡Se me ha escapado una vez más la truculenta palabra “agentes” que tanto hiere
el democrático oído de los martínov! Me extraña que esta palabra no haya
molestado a los corifeos de la década del 70 y, en cambio, moleste a los
primitivos de la del 90. Me gusta esta palabra, porque indica de un modo claro
y tajante la causa común a la que todos los agentes subordinan sus pensamientos
y sus actos, y si hubiese que sustituir esta palabra por otra, yo sólo elegiría
el término “colaborador”, si éste no tuviese cierto dejo de literaturismo y
vaguedad. Porque lo que necesitamos es una organización militar de agentes. A
propósito sea dicho, los numerosos martínov (sobre todo, en el extranjero), que
gustan de “ascenderse recíprocamente a generales”, podrían decir, en lugar de
“agente en asuntos de pa-saportes”, “comandante en jefe de la unidad especial
destinada
a proveer de pasaportes a los revolucionarios”,
etc.
344 345
Vladimir Ilich Lenin
242. Brentanistas:
adeptos al economista alemán Ludwig Joseph Brentano (Aschaffenburg, 1844 -
Munich, 1931). Economista alemán, profesor de teoría política en la Universidad
de Ber-lín, Breslau, Estrasburgo, Viena, Leipzig y Munich. En 1868 escribió su
obra más conocida, dedicada al estudio del sindi-calismo inglés Die
Arbeitergilden der Gegenwart (Las guildas de trabajadores del presente) donde
Brentano estudia las raíces del sindicalismo moderno en el sistema de gremios
que con-trolaba el trabajo artesanal en el medioevo. Esta obra pronto se
convirtió en una referencia en el ámbito de los estudios de historia del
trabajo y del movimiento obrero.
243. Podría
contestar también con un refrán alemán: “Den Sack schlägt man, den Esel meint
man”, lo cual quiere decir: “quien a uno castiga, a ciento hostiga”. No sólo
Rabóchei Dielo, sino la gran masa de los militantes dedicados al trabajo
práctico y de los teóricos sentían entusiasmo por la “crítica” de moda, se
armaban un lío con la espontaneidad, se desviaban de la concepción
socialdemócrata de nuestras tareas políticas y orgánicas hacia la concepción
tradeunionista.
244. Este
“Anexo” fue suprimido por Lenin al ser reeditado ¿Qué hacer? en 1907, en la
recopilación Doce años.
245. Véase
V. I. Lenin, Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 384-385 (Nota de los
editores).
246. Buró
Socialista Internacional (BSI): Órgano ejecutivo e infor-mativo permanente de
la II Internacional, integrado por repre-sentantes de todos los partidos
socialistas adheridos a ella.
Para representar en él a los socialdemócratas
rusos, fueron elegidos J. Plejánov y B. Krichevski. Lenin pasó a formar parte
de BSI en 1905 en nombre de Posdr. El Buró dejó de actuar en 1914.
? QUE HACER?
247. Este
juicio sobre la escisión no sólo se basaba en el cono-cimiento de las
publicaciones, sino en datos recogidos en el extranjero por algunos miembros de
nuestra organización que habían estado allí.
248. Véase
V. I. Lenin, Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág.
1-13 (Nota de los editores).
249. Esta
afirmación se repite en Dos congresos, pág. 25.
250. A
saber: en la introducción a las resoluciones de junio dijimos que la
socialdemocracia rusa mantuvo siempre en conjunto la posición de fidelidad a
los principios del grupo Emancipación del Trabajo y que el mérito de la Unión
estaba sobre todo en su actividad en el terreno de las publicaciones y de la
organiza-ción. En otros términos, dijimos que estábamos completamen-te
dispuestos a olvidar el pasado y a reconocer que la labor de nuestros camaradas
de la Unión era útil a la causa, a condición de que acabaran por completo con
las vacilaciones, objeto de nuestra “caza”. Toda persona imparcial que lea las
resoluciones de junio las comprenderá sólo en este sentido. Pero si ahora la
Unión nos acusa solemnemente de faltar a la verdad250.1 por estas palabras sobre
sus méritos, después de haber provocado ella misma con su nuevo viraje hacia el
“economismo”250.2 la ruptura, esta acusación, como es natural, no puede menos
que provocar una sonrisa.
250.1. Dos congresos, pág. 30.
250.2. En los artículos del número 10 y en las
enmiendas.
251. Dos
congresos, pág. 26.
346 347
Vladimir Ilich Lenin
252. Núm.
2-3, pág. 83-84.
253. En
Vorwärts se inició una polémica a este respecto entre su redacción actual,
Kautsky y Zariá. No dejaremos de dar a conocer esta polémica a los lectores
rusos.
254. Dos
congresos, pág. 25.
255. Si no
contamos como restricción de la autonomía las reunio-nes de las redacciones,
relacionadas con la formación de un consejo supremo común de las organizaciones
unidas, cosa que Rabóchei Dielo aceptó también en junio.
256. ¿Qué
hacer?, pág. 141. Véase el presente volumen, pág. 202. (Nota de los editores)
257. Iskra,
Núm. 19, 1° de abril de 1902.
Índice
Prólogo 9
Capítulo I
Dogmatismo y “libertad de crítica” 15
1. ¿Qué
significa la “libertad de crítica”? 16
2. Los
nuevos defensores
de la “libertad de crítica” 22
3. La
crítica en Rusia 28
4. Engels
sobre la importancia de la lucha teórica 37
Capítulo II
La espontaneidad de las masas y la conciencia
de la socialdemocracia 47
1. Comienzo
del ascenso espontáneo 50
2. El
culto a la espontaneidad. Rabóchaya Mysl 55
3. El
Grupo de Autoemancipación
y Rabóchei Dielo 67
Capítulo III
Política tradeunionista y política
social demócrata 81
1. La
agitación política y su restricción
por los economistas 84
2. De
cómo Martínov ha profundizado
a Plejánov 97
348
3. Las
denuncias políticas y la necesidad
de “infundir actividad revolucionaria” 103
4. ¿Qué
hay de común entre el economismo
y el terrorismo? 110
5. La
clase obrera como combatiente de vanguardia
por la democracia 115
6. Una
vez más “calumniadores”, una vez más “embaucadores”
......................................................... 135
Capítulo IV
El primitivismo en el trabajo de los economistas
y la organización de los revolucionarios 141
1. ¿Qué
es el primitivismo en el trabajo? 144
2. El
primitivismo en el trabajo
y el economismo 150
3. La
organización de los obreros y la organización
de los revolucionarios 161
4. Amplitud
de la labor de organización 183
5. La
organización “de conspiradores”
y la “democracia” 192
6. El
trabajo a escala local y a escala nacional 205
Capítulo V
“Plan” de un periódico político central
para toda Rusia 221
1. A
quién ha ofendido el artículo
“¿Por dónde empezar?” 224

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